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La conmemoración del aniversario de la caída del Muro de Berlín ha tenido lugar en un ambiente triste, sin fanfarrias ni alharacas. Al contrario de la euforia y festejos populares que acompañaron el 9 de noviembre de 1989, ahora la "gran fiesta" organizada por la burguesía palideció: "Los europeos, pesimistas incorregibles, se acercaron al trigésimo aniversario (...) en un ambiente fúnebre. La moral está alicaída…”[1]. Como “signo de la falta de entusiasmo por este aniversario, ninguno de los grandes líderes occidentales va a venir a Berlín este sábado 9 de noviembre".[2] Finalmente sólo una odiosa propaganda burguesa sirvió de decoración a esta deslucida cita.
Los hechos son obstinados, y la burguesía no puede estar en absoluto orgullosa del balance de estos treinta años transcurridos. Hasta el mismo monstruo estalinista, tan denostado antes, el de los regímenes de los países del Este, llega incluso a suscitar una nostálgica añoranza entre las poblaciones de los territorios "liberados", por cuanto la situación se ha ido deteriorando desde entonces: "‘Hace treinta años, la comunicación, la solidaridad entre las personas era mucho mejor. Hoy en día, tenemos que luchar por todo, por el trabajo, por el alquiler, por el médico. Antes, el médico no era un contable, hoy es un empresario", dice Arnaud”.[3]
Efectivamente el estado de la sociedad sigue siendo catastrófico, especialmente en los territorios del antiguo bloque del Este, que son los más afectados. Las crecientes amenazas que se viven en la sociedad capitalista están empujando a estas angustiadas poblaciones en brazos de los populistas que prometen "protegerlas". Muchos de estos países (Hungría, Polonia, etc.) están pues muy marcados por estos regímenes abiertamente de derecha, que abogan por un nacionalismo virulento y un "blindaje" de las fronteras. La situación de descomposición y caos del mundo capitalista actual contrasta así radicalmente con las grandes promesas falsarias de la burguesía, con sus discursos hipócritas, con las ilusiones sembradas cuando cayó el Muro de Berlín en noviembre de 1989, cuando auguraba un futuro radiante: el de una especie de felicidad democrática para el mundo y para la "nación alemana reunificada".
En aquellos momentos, la perspectiva de acabar con el terror estalinista y la penuria crónica, el alivio y las inmensas ilusiones que invadieron a los alemanes del Este, fueron aprovechadas hasta la extenuación por la burguesía occidental (con la complicidad de la “derrotada” del Este) para dividir a los trabajadores y esparcir una vasta campaña ideológica mundial, la de la mayor mentira de la historia contra el proletariado: ¡la caída del muro y la bancarrota del estalinismo significan "la muerte del comunismo"!
Hoy en día, aunque de manera más insidiosa, habida cuenta del resentimiento y la ira que sienten las poblaciones frente a los llamados "beneficios de la democracia", los medios de comunicación burgueses y toda la clase política nos sirven ese mismo discurso ideológico nauseabundo actualizado: "Aunque Europa esté hoy en crisis en varios aspectos, no debemos olvidar que la caída del Muro de Berlín firmó sobre todo el fin del comunismo como régimen totalitario"[4].
En aquellos momentos la CCI ya combatió esta patraña despreciable de que estalinismo equivalía al comunismo, una mentira sistemáticamente repetida desde entonces: "La crisis y la bancarrota del estalinismo son las del capitalismo, no las del comunismo. (...) Se ha vuelto a abrir en grande la caja de las mentiras y, para empezar, han dado suelta a la más burda de ellas: la de afirmar que esta crisis, esta quiebra sería la del comunismo, la del marxismo. Demócratas y estalinistas, por encima de lo que les separa, siempre se han encontrado juntos en santa alianza cuando ello era necesario; estas santas alianzas tienen un cimiento básico, el de la afirmación ante los obreros de que lo que impera en el Este, más allá de sus deformaciones y defectos, es socialismo. Para Marx, Engels, Lenin, Luxemburgo, y para todo el movimiento comunista, el comunismo siempre ha significado fin de la explotación del hombre por el hombre, fin de las clases, fin de las fronteras, todo lo cual solo es posible a escala mundial, en una sociedad donde reina la abundancia, una sociedad basada en el "de cada uno según sus capacidades a cada uno según sus necesidades", donde "el reino del gobierno de los hombres cede el paso al de la administración de las cosas". Pretender que hubiera algo de comunista o algo de comprometido en el camino comunismo en la URSS y los países del Este, cuando allí lo que impera es la explotación, la miseria y la penuria generalizadas es la mayor mentira de la historia de la humanidad, una mentira tan grosera como sería la de pretender que las relaciones entre siervos y señores en la Edad Media tendrían algo de socialista"[5].
Todas las fracciones políticas burguesas se recrean en esta repetida mentira, compinchadas en esta burda asimilación del estalinismo al comunismo: desde los demócratas y los izquierdistas más a la izquierda hasta los partidos de extrema derecha, como lo demuestra, por ejemplo, la AfD en su insidiosa consigna: "Hoy como ayer: la libertad antes que el socialismo"[6]. Treinta años después, la burguesía sigue clavando el mismo clavo en la conciencia de los trabajadores. ¡Sólo la Izquierda Comunista es capaz de denunciarlo aún hoy!
Poco después de la caída del Muro de Berlín, en su discurso ante el Parlamento Europeo el 22 de noviembre de 1989, el presidente Mitterrand se refería emocionadamente ante su gran amigo, el canciller Kohl, a este acontecimiento histórico: "la libertad y la democracia, inseparables una de otra, obtuvieron una de sus victorias más sentidas”. Diez meses después de ello, asentados en los "beneficios" de la caída del Muro de Berlín, los caballeros de la libertad del mundo occidental desencadenaron una sangrienta cruzada en Oriente Medio, con ocasión de la primera Guerra del Golfo auspiciada por los Estados Unidos. Una guerra cuyos 500.000 muertos debían traer, según el entonces mandamás de la Casa Blanca, George Bush (padre), "un nuevo orden mundial" para "la paz, la prosperidad y la democracia".
Desde entonces, la dinámica destructiva del capitalismo manifiesta, contrariamente a toda esa charlatanería, que la situación se ha degradado enormemente en todas partes y en todos los aspectos. Veamos si no:
- ¿"Nuevo orden mundial" y "paz"? Tan pronto como cayó el Muro de Berlín se abrió una caja de Pandora. Lo que ha sucedido después no tiene nada de "nuevo orden mundial" y sí del mayor caos de la historia[7]. En todos los continentes y territorios del planeta, el “cada uno a la suya” se ha exacerbado y los conflictos bélicos se han multiplicado, generalizado y extendido. En los países de la periferia del capitalismo, en particular en África y Oriente Medio, como en Asia, el mundo se ha vuelto cada vez más inestable, con proliferación de masacres y derramamientos de sangre. Y, sobre todo, hemos visto como situaciones de guerra han regresado al corazón mismo de Europa y del mundo occidental, algo sin precedentes desde 1945. Desde la guerra en la ex-Yugoslavia con sus fosas comunes, pasando por los conflictos en Georgia y Ucrania, y sobre todo la multiplicación de los atentados desde la tragedia de las Torres Gemelas en los Estados Unidos en septiembre de 2001, ¡la "paz" ha sido sobre todo la paz de los cementerios! La catástrofe de las Torres Gemelas inauguró un terror, una trivialización de las escenas de guerra y barbarie casi por todas partes en el corazón del mundo “civilizado": atentados en Madrid en marzo de 2004, en Londres en julio de 2005, en París en la sala de conciertos Bataclan en noviembre de 2015, etc. También se podría añadir el horror más reciente de los estragos de la guerra en Siria y sus daños colaterales, cuyos bombardeos intensivos recuerdan las peores salvajadas de la Segunda Guerra Mundial. Y lo mismo cabe decir de las masacres y hambrunas en Yemen (con la participación de los imperialismos occidentales, como Francia, destacado proveedor de armas). No olvidemos el caos en Libia[8]. También hay que señalar que la carrera armamentista se relanza en todas partes de una manera aterradora.
- ¿"Prosperidad"? Durante los últimos treinta años, la situación económica se ha ido deteriorando globalmente a todos los niveles, acentuándose escandalosamente las desigualdades. Tras la gran conmoción financiera mundial de 2008, los proletarios sienten cada vez más en carne propia el yugo de la explotación mientras crece también el cinismo de las justificaciones de los políticos burgueses de los ataques al nivel de vida y a los salarios, del paro masivo y la explosión del trabajo precario, del endurecimiento de las condiciones de acceso a la sanidad, del aumento de la exclusión... Y, todo ello, se agrava con las reformas en curso y las por venir. A esto hay que añadir el saqueo sistemático de los recursos naturales y las agresiones al medio ambiente a causa de una búsqueda cada vez más desenfrenada de beneficios en un mundo en crisis. En resumen, la lógica infernal del capitalismo moribundo amenaza ahora claramente la supervivencia de la civilización humana.
- ¿Más "democracia"? En los últimos treinta años, los estados no han hecho más que endurecer su arsenal represivo. La descomposición ha asentado y fomentado los reflejos nacionalistas y xenófobos, las ideologías populistas y el cada uno a la suya. La burguesía ha aprovechado sobre todo los atentados mortíferos para reforzar su aparato jurídico y policial, el terror estatal y la criminalización de los conflictos sociales. La represión y la violencia brutales han aumentado gradualmente en todos los niveles. Esto significa que las tan cacareadas "libertades ciudadanas" esconden en realidad la verdadera faz del "Estado democrático", su naturaleza auténticamente dictatorial: un aparato que fríamente monopoliza la violencia en pro de mantener el orden contra los explotados. Y eso por no hablar del gran "impulso democrático" protagonizado por los países del mundo occidental, que no paran de construir nuevos muros, de levantar alambradas, de fortificar sus fronteras marítimas o terrestres y de dejar a sabiendas que los inmigrantes perezcan, como sucede con la Unión Europea en el Mediterráneo. La idea de "democracia" no es más que un mero concepto vacío puesto que la sociedad permanece dividida en clases antagónicas basadas en la explotación de la fuerza de trabajo. Esto no impide en absoluto que la burguesía adapte sus discursos hipócritas para seguir jactándose de sus "grandes principios", sus "valores", etc. Esto lo hace para encubrir y justificar todos sus crímenes, para “blanquear” mejor su sistema asesino y la rapiña de los explotadores.
Hoy, cuando este modo de producción en decadencia agoniza y nos arrastra al abismo, la burguesía nos pide que lo defendamos. Y para ello emplea la misma ideología mistificadora con la que ha acompañado estos 30 años de atrocidades de todo tipo: la "democracia". En este sentido es como hay que interpretar las insistencias del discurso conmemorativo pronunciado por la canciller Angela Merkel y sus advertencias sobre los peligros del "totalitarismo" y la “creciente contestación” (especialmente por parte del populismo en el Este): "los valores sobre los que se fundamenta Europa, la libertad, la democracia, la igualdad, el Estado de derecho y la preservación de los derechos humanos no están asegurados” y "deben ser siempre defendidos", aseguró. Según toda la burguesía: "si se puede aprovechar este trigésimo aniversario, debe ser para tratar de repensar, por quienes lo han adoptado, el modelo democrático"[9]. Teniendo que ocultar su bancarrota, la burguesía se ve obligada a “recuperar la credibilidad”, a “regenerarse”, a “repensar” su “modelo democrático” para… ¡poder atacar y amordazar mejor a los explotados!
De los treinta años transcurridos desde la caída del Muro de Berlín, el proletariado debe tener en cuenta algunas lecciones esenciales:
- El comunismo no está ni "muerto" ni "en bancarrota". En realidad, es el estalinismo, expresión política del capitalismo de Estado en el Este, lo que se ha hundido bajo los golpes de la crisis de este sistema en decadencia.
- El proletariado debe rechazar todas las campañas mediáticas falsificadoras, especialmente todas las trampas que alimentan las divisiones: las que oponen por ejemplo en Alemania a los "Ossies” (orientales) de los "Wessies" (occidentales), pero también las trampas que oponen las ideologías "populistas" al "antipopulismo" y otras ideologías democráticas.
- La burguesía sigue siendo una clase de mentirosos, obligada a ocultar permanentemente su dominación y la explotación de los proletarios. Sus promesas, como las de 1989-90, no son más que frases vacías destinadas a anestesiar al proletariado.
- La caída del muro y el colapso del bloque oriental son una de las manifestaciones más espectaculares de la crisis y descomposición del sistema. El capitalismo sólo puede alimentar una espiral de destrucción y no tiene otro futuro que ofrecer. Por lo tanto, debe ser destruido antes de que aniquile a la humanidad.
Frente a todas las lógicas de destrucción que nos impone este sistema, sólo hay una solución: la lucha de clase revolucionaria, la de una lucha internacional de todos los trabajadores, superando las divisiones, más allá y contra todas las separaciones nacionales, contra el Estado burgués. Solo el proletariado internacional puede ofrecer esta perspectiva como alternativa, la de otra sociedad, sin muros ni alambradas, sin clases, sin explotación: una verdadera sociedad comunista.
WH (3 de diciembre de 2019)
[1] “Caída del Muro de Berlín: nos equivocamos de funerales” en Le Monde del 9 de noviembre de 2019
[2] “Alemania conmemora la caída del Muro de Berlín hace 30 años”. En Le Point (9 de noviembre 2019).
[3] “Hace 30 años: la caída del Muro de Berlín” en La Depêche du Midi del 9 de noviembre de 2019.
[4] “Caída del Muro de Berlín: nos equivocamos de funerales” en Le Monde del 9 de noviembre de 2019
[5] Hundimiento de los países del Este. Quiebra definitiva del Estalinismo en Revista Internacional nº 60 (1º trimestre de 1990).
[6] Alternative für Deutschland (AfD) es un grupo nacionalista y euroescéptico situado en la extrema derecha. Una buena parte de la ex RDA está bajo la influencia política de esta formación. En muchos Länder es prácticamente el principal partido político. Ha reemplazado a Die Linke (“La Izquierda”) que era en gran medida el sucesor del ex SED (“Partido Socialista Unificado de Alemania” de la ex RDA), sabiendo captar para su demagogia todas las decepciones, las frustraciones y el miedo de las poblaciones ante la realidad de la crisis.
[7] Ver “Notas sobre el imperialismo y la descomposición. Hacia el mayor caos de la historia” [2] en Revista Internacional nº 68 (1º trimestre 1992)
[8] Ver https://es.internationalism.org/content/4497/caos-en-libia-una-odiosa-expresion-de-la-barbarie-capitalista [3]
[9] “Caída del Muro de Berlín: nos equivocamos de funerales” en Le Monde del 9 de noviembre de 2019
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Trabajadores de Francia en lucha,
Este es un comunicado de solidaridad con vosotros desde militantes proletarios de países de lengua hispana, porque la clase obrera es una clase internacional, una clase de emigrantes, y vuestra lucha es nuestra lucha. No es una lucha por las pensiones francesas, aunque este haya sido el detonante de vuestra indignación, es una lucha obrera por nuestras condiciones de vida y nuestra organización como clase.
En este espíritu de solidaridad queremos contribuir un grupo de compañeros de varios países del mundo tras una reunión de contactos y simpatizantes de la Corriente Comunista Internacional, para dar una perspectiva de futuro a la lucha.
Es necesario luchar como clase obrera. Esto es, no como individuos o sectores aislados o conglomerados a lo bruto en procesiones sindicales, sino como clase, y como clase obrera, explotada, que comparte necesidades con los obreros de todos los sectores y todo el mundo y no tiene intereses particulares sobre otros obreros más allá de las trampas que nos impone la burguesía para hacernos competir entre nosotros, o luchar como sectores aislados con intereses particulares.
En necesario retomar la continuidad con nuestra lucha histórica. Nuestra clase tiene una historia y una experiencia. La perspectiva es la huelga de masas (que surgió en nuestra historia en 1905 como el método moderno de lucha de nuestra clase), y los consejos obreros cuyo preludio son las asambleas abiertas generales. Asambleas, según la experiencia reciente de las huelgas anti-CPE (2006) y los Indignados (2011)[1], en las que discutir colectivamente nuestras necesidades y perspectiva de futuro. Asambleas controladas por la clase obrera y por principios de compañerismo, no seguidismo...donde todos podamos tomar la palabra como obreros, expresarnos, y con delegados revocables en todo momento para centralizar la lucha.
¡La huelga de tipo sindical es una trampa! No estáis en la calle gracias a ellos. Ellos tienen la función de ponerse al frente del movimiento para controlarlo y dividirlo. La organización de tipo sindical no es, en todo caso, un método de lucha sino de aislamiento y desmoralización[2].
¿Qué hacen los medios extranjeros con nuestra lucha común en Francia? La silencian, banalizan, muestran solo la perspectiva sindical, y sobre todo la convierten en una molestia referenciando especialmente los problemas que causa. ¡Pero los problemas que causa no son causa de los obreros en lucha, sino de la burguesía que no nos permite coordinarnos! Los trabajadores del mundo comparten vuestras preocupaciones e indignación, pero están aislados y encerrados en cada nación y en cada problema particular. La burguesía nos transmite, cuando no se calla, que sois unos privilegiados que se quejan por cualquier cosa, o que sois casi lo mismo que los chalecos amarillos, para que en el extranjero no distingamos. Tenéis que pedirnos ayuda abiertamente. Proletarios del mundo, ¡unámonos! Esa es la perspectiva. Pero es una perspectiva difícil a la vez que el único camino, cuyo proceso mismo avanza la consciencia de clase pero que está plagado de derrotas en el plano más tangible, material. Por eso, a la vez que extendemos la lucha en todos los sentidos, en este proceso tenemos que construir las mejores condiciones para enfrentar la derrota con la que nos toparemos.
Podremos replegarnos conscientemente o por el contrario caer en las trampas y provocaciones desmoralizadoras de los sindicatos y el gobierno. No todas las movilizaciones son positivas, pueden desgastarnos también. La pregunta, ¿cómo luchar? tiene una respuesta a largo plazo, y no es solo "cómo luchar ahora, en este mismo momento", aunque esto sea muy importante y ya lo hemos intentado explicar antes. La perspectiva de lucha ahora mismo y de cara al futuro tiene que ser un todo coherente y unificado. Hemos de saber cuándo y cómo replegarnos y qué hacer en nuestro repliegue, para mantener viva la perspectiva y la continuidad de la lucha, de cara a que los futuros brotes sean más fuertes.
Es necesario que los compañeros que quieren seguir la lucha no se empeñan en seguirla a todo trance, cuando ya se percibe una derrota parcial. Hay una alternativa a esa lucha “sin salida”, un callejón sin salida, que ofrecen los sindicatos: es reagruparnos en comités de lucha que saquen lecciones, aglutinen fuerzas y preparen con ello futuras luchas.
No es una lucha aislada por las pensiones, es una lucha primeramente por nuestras condiciones de vida como clase obrera, y en total, en general, una lucha hacia la revolución proletaria, la revolución comunista mundial. Es vital encontrar esta continuidad con la experiencia histórica acumulada por la clase obrera en las organizaciones revolucionarias.
Adoptado en una Reunión de Contactos de la CCI con presencia de compañeros de Francia, España, México, Chile, Colombia, Costa Rica y Brasil 13-1-2020.
Las notas explicativas han sido añadidas por la redacción de la Web en español de la CCI.
[1] Ver respectivamente Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [7] y 2011: de la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [8]
[2] Sobre la naturaleza y función de los sindicatos ver nuestro folleto LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA y el artículo Apuntes sobre la cuestión sindical https://es.internationalism.org/cci-online/201104/3103/apuntes-sobre-la-cuestion-sindical [9]
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Publicamos a continuación la hoja de intervención que, desde el pasado 13 de enero, está difundiendo nuestra organización en las manifestaciones que están teniendo lugar en Francia contra los ataques anti obreros del gobierno Macron, y, particularmente, contra la reforma de las pensiones.
Se trata, efectivamente, de la tercera hoja que hemos realizado y que se sitúa en continuidad con las que anteriormente difundimos a primeros de diciembre - ¡Aunemos nuestras luchas contra los ataques de nuestros explotadores[1] – y para las manifestaciones del 15 de ese mismo mes - ¡Solidaridad en la lucha de todos los trabajadores, de todas las generaciones![2] -. A su vez esta última hoja sale publicada en el último número de Revolution Internationale, órgano de la CCI en Francia del mes de enero, en gran parte dedicado a analizar el significado de estos movimientos sociales.
Este esfuerzo de intervención de nuestra organización responde, en primer lugar, a la importancia misma que le damos a este movimiento de luchas que, como analizamos, representa el resurgir de la combatividad del proletariado en un país sumamente importante para la lucha de clases como es Francia. Más aún, estos movimientos han puesto de manifiesto la existencia de una enorme solidaridad en las filas obreras. Esta solidaridad ha impulsado, significativamente un sentimiento de dignidad de clase del proletariado y de su lucha contra la explotación capitalista.
Pero también este esfuerzo de intervención de la CCI es, nos parece, una muestra de la responsabilidad que incumbe a las organizaciones revolucionarias de la clase obrera, de ayudar a entender cada momento de esa lucha en función de la perspectiva revolucionaria de conjunto del movimiento obrero. No se trata, por supuesto, de un análisis “desde fuera”, sino como parte integrante presente en el propio movimiento de lucha, señalando los aspectos en los que debe apoyarse la clase para ganar en unidad y conciencia (la solidaridad intergeneracional, hacer de la calle un lugar de confluencia y fraternización, etc.); y también las dificultades que nos debilitan (como p. ej., ceder la organización de la lucha a los sindicatos, la ausencia de asambleas etc.).
A través de etas hojas y en general de nuestra intervención hemos tratado de catalizar el movimiento de reflexión que se traducía por ejemplo en los trabajadores que intentaban reagruparse al final de las marchas para discutir, para tratar de comprender como seguir la lucha, como ganar unidad y determinación para futuros combates. Deben servir también para que, tras el previsible reflujo de la combatividad que se ha exhibido en las manifestaciones de diciembre y enero, persista ese esfuerzo de reflexión y discusión en comités de luchas, etc, que permitan sacar lecciones para los combates venideros.
Como siempre, animamos desde luego a cuantos lectores estuvieran interesados en discutir o difundir estas hojas en su entorno a que así lo hagan.
Después de años de atonía, el movimiento social contra la reforma de las pensiones está mostrando el despertar de la combatividad del proletariado en Francia. A pesar de todas las dificultades, la clase obrera ha empezado a levantar cabeza. Mientras que hace un año todo el terreno social estaba ocupado por el movimiento interclasista de los Chalecos Amarillos, hoy los explotados de todos los sectores y generaciones han aprovechado los días de acción organizados por los sindicatos para echarse a la calle, decididos a luchar en su propio terreno de clase contra este ataque frontal del gobierno contra todos los explotados.
Mientras que durante casi diez años los trabajadores han permanecido paralizados, totalmente aislados cada uno en su lugar de trabajo, en las últimas semanas, en cambio, han logrado volver al camino de la lucha colectiva.
Las aspiraciones de unidad y solidaridad en la lucha muestran que los trabajadores en Francia están empezando a volver a reconocerse como parte de una misma clase con los mismos intereses que defender. Así, en varias manifestaciones, en Marsella por ejemplo, se podía oír: “¡La clase obrera existe!”. En París, grupos de manifestantes que no desfilaban detrás de los banderolas sindicales cantaban: "Aquí estamos, aquí estamos por la dignidad de los trabajadores y por un mundo mejor". En la manifestación del 9 de enero, incluso los viandantes de las aceras, al paso de la manifestación sindical, cantaban el viejo himno del movimiento obrero: "La Internacional", mientras universitarios y alumnos de secundaria coreaban, tras sus propias pancartas: “Les jeunes dans la galère, les vieux dans la misère !’’ (¡Los jóvenes viviendo a salto de mata, los viejos malviviendo en la miseria!).
Está claro que, al negarse a seguir doblando el espinazo, la clase obrera en Francia está recobrando su dignidad.
Otro elemento muy significativo testigo del cambio de la situación social en Francia ha sido la actitud y el estado de ánimo de los "usuarios" en la huelga del transporte. Es la primera vez, desde el movimiento de diciembre de 1995, que una huelga de transportes no es "impopular", a pesar de todas las campañas fomentadas por los medios de comunicación sobre el "infierno" vivido por los "usuarios" para ir al trabajo, volver a casa o irse de vacaciones en Navidad. En ninguna parte, excepto en medios a las órdenes del poder, se oyó eso de que los ferroviarios de la SNCF[3] o de la RATP tomaban a los usuarios de "rehenes". En los andenes o en los trenes atestados y en el RER, la gente esperaba pacientemente. Para desplazarse por la capital, uno se las iba arreglando sin echar pestes contra los ferroviarios en huelga; coche compartido, bicicletas, patinetes... Pero, lo más importante, el apoyo y la estima hacia los ferroviarios se mostró en las numerosas donaciones a los fondos de solidaridad para los huelguistas que han sacrificado un mes de salario (¡se recaudaron más de 3 millones de euros en pocas semanas!) luchando no sólo por ellos mismos sino también por los demás.
Sin embargo, después de un mes y medio de huelga, tras manifestaciones semanales de cientos de miles de personas, y a pesar de toda la determinación mostrada, este movimiento no ha logrado que el gobierno retroceda.
Desde el principio, la burguesía, su gobierno y sus "interlocutores sociales" montaron una estrategia para hacer tragar el ataque a las pensiones. Lo de la "edad pivote"[4] ha sido una carta que se habían guardado en la manga para sabotear la réplica de la clase obrera y hacer tragar la "reforma" mediante la estrategia clásica de dividir el "frente sindical".
Para enfrentar a la clase dominante y hacer que el gobierno retroceda, los trabajadores deben tomar la lucha en sus propias manos. No deben confiarla a los sindicatos, esos "interlocutores sociales" que siempre han negociado a sus espaldas y en el secreto de las oficinas ministeriales.
Si seguimos pidiendo a los sindicatos que nos "representen", si seguimos esperando que organicen la lucha por nosotros, entonces sí que “¡estamos jodidos!”
Para apoderarnos de nuestra propia lucha, ampliarla y unificarla, debemos organizar asambleas generales masivas, soberanas y abiertas a toda la clase. Solo en estas Asambleas Generales podemos discutir todos juntos, decidir colectivamente sobre las acciones que tomar, formar comités de huelga con delegados elegidos y revocables en todo momento.
Los jóvenes trabajadores que participaron en el movimiento contra el "Contrato de Primer Empleo" en la primavera de 2006, cuando aún eran estudiantes, deben recordar y transmitir esta experiencia a sus compañeros de trabajo, más jóvenes o mayores. ¿Y cómo pudieron hacer retroceder al gobierno de Villepin obligándolo a retirar su "CPE"? Pues gracias a su capacidad de organizar la lucha en Asambleas Generales masivas en todas las universidades, y eso sin sindicato alguno. Tales Asambleas Generales no funcionaban con el cerrojo echado, sino, al contrario: los estudiantes llamaron a todos los trabajadores, activos y jubilados, a venir a debatir con ellos en sus Asambleas Generales y a participar en el movimiento de solidaridad con las jóvenes generaciones enfrentadas al desempleo y la precariedad. El gobierno de Villepin tuvo que retirar el CPE sin que por medio hubiera "negociación" alguna. Los estudiantes, los jóvenes trabajadores precarios y los futuros desempleados, no estaban representados por los "interlocutores sociales" y ganaron[5].
Los ferroviarios que encabezaron esta movilización contra la reforma de las jubilaciones no pueden continuar solos su huelga sin que los demás sectores se integren en la lucha. A pesar de su temple y determinación, no pueden luchar "en lugar" de toda la clase obrera. No va a ser una "huelga por encargo" lo que pueda hacer que el gobierno se eche atrás, por muy determinada que sea.
Hoy por hoy, la clase obrera no está todavía lista para entrar masivamente en lucha por mucho que numerosos trabajadores de todos los sectores, de todas las categorías profesionales (principalmente de la administración pública), de todas las generaciones hayan acudido a las manifestaciones organizadas por los sindicatos desde el 5 de diciembre. Lo que necesitamos para frenar los ataques de la burguesía es desarrollar la solidaridad activa en la lucha y no sólo llenando los cajas de solidaridad para que los huelguistas "aguanten"
La vuelta al trabajo iniciada ya en el sector del transporte (especialmente en la SNCF) no es, ni mucho menos, una capitulación. Quienes han vuelto al trabajo, quienes ya empiezan a no acudir a las manifestaciones, no son ni rompehuelgas ni cobardes. Hacer una "pausa" en la lucha es también un medio de no agotarse en una huelga larga y aislada, que sólo puede desembocar en un sentimiento de impotencia y amargura. Y no será la "colecta" organizada por la CGT lo que permitirá a los ferroviarios compensar su pérdida de salarios.
A la gran mayoría de los trabajadores movilizados les da la impresión de que si perdemos esta batalla, si no logramos obligar al gobierno a retirar su reforma, "¡estamos jodidos!"¡Eso no es verdad! La movilización actual y el rechazo masivo de este ataque es solo el comienzo, una primera batalla que anunciará otras mañana. Porque la burguesía, su gobierno y su patronal seguirán explotándonos, atacando nuestro poder adquisitivo, sumiéndonos en una creciente pobreza y miseria. La cólera no cesará hasta alcanzar nuevas estallidos, nuevos movimientos de lucha.
Aunque la clase obrera pierda esta primera batalla, no ha perdido la guerra. ¡No debe ceder a la desmoralización!
La "guerra de clases" se compone de avances y retrocesos, de momentos de movilización y pausas para así volver a empezar con más fuerza. No es nunca un combate "en línea recta" en el que se gana inmediatamente y a la primera. Toda la historia del movimiento obrero ha demostrado que la lucha de la clase explotada contra la burguesía no puede desembocar en victoria sino tras una serie de derrotas.
La única manera de fortalecer la lucha es aprovechar los períodos de repliegue para reflexionar y discutir juntos, agrupándonos por doquier, en nuestros lugares de trabajo, en nuestros barrios y en todos los lugares públicos.
Los trabajadores más combativos y decididos, ya sean activos o desempleados, jubilados o estudiantes, deben tratar de formar "comités de lucha" interprofesionales abiertos a todas las generaciones para prepararse para futuras luchas. Cuando este movimiento termine, será necesario sacar lecciones de él, entender cuáles han sido sus dificultades para poder superarlas en las próximas luchas.
Este movimiento social, a pesar de todas sus limitaciones, debilidades y dificultades, es ya una primera victoria. Después de años de parálisis, desconcierto y atomización, ha permitido que cientos de miles de trabajadores salgan a las calles para expresar su voluntad de luchar contra los ataques del Capital. Esta movilización les ha permitido expresar su necesidad de solidaridad y unidad. También les ha permitido experimentar las maniobras de la burguesía para hacer tragar el ataque.
Solo mediante la lucha el proletariado podrá tomar conciencia de que es la única fuerza de la sociedad capaz de abolir la explotación capitalista para construir un nuevo mundo. El camino a la revolución proletaria mundial, al derrocamiento del capitalismo, será largo y difícil. Estará plagado de trampas y derrotas, pero no hay otro.
Más que nunca, el futuro pertenece a la clase obrera.
Corriente Comunista Internacional
(13 de enero de 2020)
[1] https://es.internationalism.org/content/4499/aunemos-nuestras-luchas-contra-los-ataques-de-nuestros-explotadores [13]
[2] https://es.internationalism.org/content/4505/solidaridad-en-la-lucha-de-todos-los-trabajadores-de-todas-las-generaciones [14]
[3] SNCF : Sociedad Nacional de Ferrocarriles de Francia. RATP: Metro de París. RER: Red de Ferrocarriles de la región parisina.
[4] Para esto de la “edad pivote”, véase la nota nº 2 de la hoja anterior (15/12/2019) de RI sobre esta lucha: https://es.internationalism.org/content/4499/aunemos-nuestras-luchas-con... [13]
[5] Ver Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [7]
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Las campañas mediáticas sobre el cambio climático suelen contraponer la necesidad urgente de detener la emisión de gases de efecto invernadero a las necesidades “particulares” de los trabajadores o incluso de aquellos ``sin educación´´. Tenemos por un lado a los Chalecos Amarillos de Francia, protestando contra el impuesto al carbón que habría subido el precio del petróleo a niveles prohibitivos, cuando por otro lado no existe un sistema de transporte público adecuado. Tenemos también el eslogan de ``Trump digs coal´´ [Trump está con el carbón], que el presidente norteamericano ha escogido para dar a entender su apoyo a la industria del carbón y, supuestamente, a los obreros que trabajan en ella.
La campaña por un Green New Deal (o Revolución Industrial Verde) asegura tener la solución definitiva a todos los problemas que suponen el cambio climático, el desempleo y la desigualdad. Por ejemplo: ``El <<Sunrise Movement's Green New Deal>> [New Deal Verde del Movimiento Amanecer] eliminaría la emisión de gases de efecto invernadero en la producción eléctrica, el transporte, la manufactura, la agricultura y otros sectores en cuestión de 10 años. Se pone como objetivo a su vez alcanzar el 100% de energía renovable, incluyendo un programa de garantías laborales ''para asegurar un sueldo digno a todo el que lo desee''. Busca además ''mitigar la profundamente arraigada brecha salarial y de riqueza basada en cuestiones raciales, regionales y de género''´´[1].
Es innegablemente necesario señalar el efecto destructivo que está teniendo el capitalismo sobre la naturaleza, y particularmente el efecto que tienen sobre el clima los gases de efecto invernadero. También es innegable el aumento de la desigualdad, intrínseca al capitalismo, y el hecho de que los economistas estén llamando la atención sobre el incremento de la deuda y la guerra comercial entre EEUU y China es señal de una nueva recesión. Esta situación hace parecer el New Deal Verde como algo necesario.
Cuando nos venden algo maravilloso por un precio baratísimo, sospechamos pues pensamos “demasiado bueno para ser verdad”. Vamos a examinar exhaustivamente este New Deal Verde. Lo llaman así rememorando el famoso programa de Capitalismo de Estado que implantó el presidente Roosevelt en USA para enfrentar la grave crisis de 1929. Se supondría que este nuevo New Deal de coloración verde resolvería el problema global de la destrucción medioambiental y daría una gran vitalidad a la economía capitalista desgastada por 50 años de crisis. La realidad, es, como vamos a demostrar, que este New Deal Verde solo busca correr un tupido velo sobre la verdadera naturaleza del capitalismo y actúa en pos de entorpecer el desarrollo de la conciencia de la clase obrera y su lucha.
El New Deal Verde se inspira en una serie de medidas capitalistas de Estado de la década de 1930, encaminadas a reanudar el crecimiento económico tras la depresión[2]. El New Deal se orientaba de nuevo a la dirección estatal de la economía presente en la Gran Guerra de 1917-18, y además de sufragar el coste de una más que necesaria infraestructura, la Public Works Administration - PWA (Administración de Obras Públicas) ``construyó numerosos buques de guerra, incluyendo dos portaaviones, con dinero de su propia Agencia. La PWA también fabricó aviones de combate, mientras que la Agencia construía bases militares y pistas de aterrizaje´´[3]. No eran políticas muy diferentes a las de Alemania, en la misma época, cuando se construyeron la mayoría de las autobahns (autopistas), como parte del esfuerzo de producción para la guerra que se avecinaba.
El cambio climático es un problema global, que no puede ser resuelto país por país, pero que el New Deal Verde quiere solucionar exactamente así: ``Un new deal verde para Reino Unido...´´, ``Escocia ocupa un lugar único por su abundancia en recursos renovables...´´[4],``con el objetivo de eliminar, prácticamente, la contaminación por gases de efecto invernadero en EEUU...´´[5]. Es un sinsentido: hasta la contabilidad de la producción de gases de efecto invernadero a nivel nacional es un fraude; por ejemplo, en Gran Bretaña, el 40% del consumo de mercancías cuya producción genera gases de efecto invernadero, si son importadas, no se tienen en cuenta en las cifras nacionales. El capitalismo contamina a nivel mundial, y lo hace desde los rincones más remotos de los océanos hasta las regiones inhabitadas del Ártico.
Las ideas superficiales de crecimiento basado en energía verde quizá prometan mantener este crecimiento mediante gasto estatal, pero no se basan en ninguna consideración global real de los efectos medioambientales destructivos y de efecto invernadero que causarían. La transición a energías renovables requeriría grandes cantidades de minerales raros, y las explotaciones mineras que los extraen ya están causando una gran contaminación en China, donde se extrae el 70% de ellos. La producción de litio en el desierto de Atacama ya ha destruido los lagos de agua salada de los que dependía la población de flamencos, además de monopolizar el suministro de agua de los acuíferos y destruir así la agricultura local. Mientras tanto, dos empresas, Albemarle y SQM, se acusan la una a la otra de saltarse las normas. Se va a empezar a extraer cobalto del fondo oceánico, ignorándose el daño ecológico que se le infringirá a una región casi desconocida del planeta – y ya que es necesario para la energía renovable, se supone que esta práctica ''salvará al planeta''. Si necesitamos comprar nuevos coches eléctricos sin duda seguiremos manteniendo la industria automovilística, pero... ¿quién ha calculado la emisión de gases de efecto invernadero que supondrá esa nueva producción?
Entender cómo la civilización capitalista puede ser tan derrochadora con el mismo mundo del que dependemos todos, requiere entender la naturaleza propia del capitalismo.
El New Deal Verde promete detener la destrucción medioambiental del capitalismo, en concreto el cambio climático, con la ayuda del Estado burgués. Sencillamente, no es posible. El capitalismo no es una política gubernamental cuyas leyes se puedan elegir o modificar a voluntad en un parlamento: son el resultado de un largo desarrollo histórico de los mecanismos del modo de producción capitalista. Un paso importante en este proceso fue la separación de productores y medios de producción, por ejemplo, cuando los campesinos eran desplazados del campo en favor del ganado ovino y la industria lanera, más lucrativa.
Esto creó un sistema generalizado de producción de mercancías, producción para el mercado. En lugar de campesinos que podían producir casi todo lo que necesitaban en su parcela, surgieron los obreros asalariados y su consumo. Los capitalistas para los que trabajan – sea un capitalista individual, una compañía, una multinacional o una industria estatal – compiten entre ellos para obtener ventas con beneficio. El New Deal Verde no puede hacer nada para cambiar la forma en la que funciona el capitalismo.
Al capital le pasa algo parecido que al Rey Midas: todo lo que produce tiene que venderse con beneficio si el negocio quiere sobrevivir, todo se contabiliza según el resultado final, sin importar lo que se produzca. Pero para el capital, los recursos naturales del mundo son algo regalado, como Marx señalaba: ``los elementos naturales que van a la producción como elementos libres de coste, sea cual sea el papel que cumplan en la producción, no se incluyen como componentes del capital, sino como un poder natural libre del capital; en realidad, como un poder productivo natural libre de trabajo, pero que bajo la lógica del modo de producción capitalista se representa como un poder productivo del capital, como cualquier otro poder productivo´´[6]. En el capitalismo, lo que no cuesta nada no tiene valor (de cambio), y puede usarse y despilfarrarse a voluntad. Bajo esta lógica, un insustituible bosque tropical no vale nada. Un agricultor que tala los árboles de la selva para plantar palma, soja o cualquier otro cultivo, no tiene alternativa, es su única manera de tener ingresos suficientes o incluso los justos para sobrevivir. Bajo el capitalismo, no se plantea la cuestión de si una actividad económica satisface las necesidades de la naturaleza y la humanidad, a no ser que sea rentable hacerlo.
En el siglo XIX, el capital ya se afanaba en contaminar y destruir la naturaleza aun cuando todavía estaba expandiéndose por el mundo. Es bien conocida la contaminación provocada por la industria y la minería, como también lo es la que provoca el vertido libre de residuos fluyendo desde las ciudades. Se conoce algo menos su efecto sobre los suelos: ``en la agricultura moderna, igual que en la industria moderna, el aumento de la productividad y la movilidad del trabajo se compra al coste de devastar y debilitar la fuerza de trabajo misma. Además, todo el progreso de la agricultura capitalista ha sido un progreso en el arte de, no sólo robar al trabajador, sino de robarle al suelo; todo progreso hecho en pos de aumentar la fertilidad temporal del suelo se ha hecho arruinando los recursos que hacen posible esa fertilidad a largo plazo. Cuanto más proviene ese desarrollo del trasfondo de una industria a gran escala, como en Estados Unidos, más se acelera este proceso de destrucción. La producción capitalista, por tanto, sólo desarrolla la técnica y el proceso social de producción destruyendo, simultáneamente, al suelo y al obrero´´[7]. Lo que Marx mostraba en el siglo XIX sólo podía empeorar. A finales del siglo, Kautsky escribía: ``los fertilizantes suplementarios... permiten disminuir la pérdida de fertilidad del suelo, pero la necesidad de su uso, en cantidades cada vez mayores, añade una carga suplementaria a la agricultura – y se trata de una carga que no impone la naturaleza de forma inevitable, sino un resultado directo de la actual organización social. Superar la antítesis entre el campo y la ciudad devolverá a su cauce el flujo completo de los materiales que se han extraído del suelo´´[8]. Desde entonces la agricultura, como la industria, se ha expandido enormemente. Su rendimiento y productividad han crecido a un ritmo enorme, y los fertilizantes necesarios para mantenerlos se han convertido en una seria amenaza para el suelo y los cursos fluviales.
Sin importar cuán contaminante, asesino o explotador fuera el capitalismo en expansión, el periodo que sobrevino tras la Primera Guerra Mundial ha marcado una espiral sin precedentes de destrucción de la naturaleza y la vida humana. A la I Guerra Mundial le siguió la II Guerra Mundial, y en el periodo siguiente las guerras locales apoyadas por las potencias imperialistas más grandes se han multiplicado. Los capitalistas y sus Estados se ven envueltos en una competición económica y militar más aguda y la destrucción del medio ambiente alcanza nuevas cotas. El comercio capitalista, ya privado o bajo control estatal, ha aumentado la contaminación y el robo de los recursos del planeta a niveles sin precedentes. A todo ello debemos añadir la contaminación y la destrucción provocada por los contingentes militares en las guerras[9].
El peligro que se cierne sobre el medio ambiente, el clima y, en general, la naturaleza, sólo puede superarse superando el capitalismo. El New Deal Verde no tendrá más éxito que el mercado de emisiones que trató de limitar la emisión de gases de efecto invernadero mediante mecanismos comerciales. Lo que es aún peor, al presentar una ''solución'' falsa al problema, lo único que hará será sembrar de espejismos a la clase obrera, prolongando así la vida de este sistema e incrementando el peligro de que se hunda irreparablemente en la barbarie.
Alex
[1]https://www.theguardian.com/environment/2018/dec/29/green-new-deal-plans-proposal-ocasio-cortez-sunrise-movement [16]
[2]https://en.internationalism.org/content/16760/90-years-after-1929-crash-decadent-capitalism-can-never-escape-crisis-overproduction#_ftnref2 [17] (sólo disponible en inglés)
[5]https://www.theguardian.com/environment/2018/dec/29/green-new-deal-plans-proposal-ocasio-cortez-sunrise-movement [16]
[6]Marx, El Capital, vol. 3, Penguin Books, p. 879
[7]Marx, El Capital, vol. 3, Penguin Books, p. 638
[8]Kautsky, La Cuestión Agraria, vol.2, citado en Marx's Ecology de John Bellamy Foster, p. 239
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La civilización capitalista –este sistema mundial basado en el trabajo asalariado y en la producción para la ganancia– está muriendo. Al igual que la antigua esclavitud romana o la servidumbre feudal, está condenada a desaparecer. Pero a diferencia de los sistemas anteriores, amenaza con llevarse a toda la humanidad con ella.
Desde hace más de cien años, los síntomas de su declive se han hecho cada vez más evidentes. Dos guerras mundiales con niveles de destrucción sin precedentes, seguidas de décadas de conflictos guerreros entre dos bloques imperialistas (EE.UU. y la URSS); conflictos que siempre contenían la amenaza de una tercera y última guerra mundial. Desde el colapso del bloque oriental en 1989, no hemos visto paz sino guerras locales y regionales cada vez más caóticas, como las que actualmente asolan el Medio Oriente. Hemos pasado por convulsiones económicas globales, como las de los años 30, 70 o 2008, que han sumido a millones de personas en el desempleo y la pobreza y que aceleran el impulso hacia una guerra abierta. Y cuando el capitalismo ha logrado restaurar la acumulación –ya sea a raíz de una destrucción masiva, como después de 1945, o “dopándose” con la deuda– ahora comprendemos que el propio crecimiento y expansión del capital añade una nueva amenaza al planeta a través de la destrucción de la propia naturaleza.
Rosa Luxemburgo en 1916, respondiendo a los horrores de la primera guerra mundial, señaló la opción que enfrentaba la humanidad: "o triunfa el imperialismo y provoca la destrucción de toda cultura y, como en la antigua Roma, la despoblación, desolación, degeneración, un inmenso cementerio; o triunfa el socialismo, es decir, la lucha consciente del proletariado internacional contra el imperialismo, sus métodos, sus guerras. Tal es el dilema de la historia universal, su alternativa de hierro, su balanza temblando en el punto de equilibrio, aguardando la decisión del proletariado."[1] (El folleto de Junius).
A diferencia del sistema de esclavitud, que a la larga dio paso al feudalismo, y el feudalismo a su vez, permitió que el capitalismo creciera dentro de él, este sistema actual, en su agonía, no dará lugar automáticamente a nuevas relaciones sociales. Una nueva sociedad solo se puede construir por medio de la "la lucha consciente del proletariado internacional", por medio de la unión de todos los explotados del mundo, reconociéndose a sí mismos como una sola clase con los mismos intereses en todas partes del globo.
Esta es una tarea inmensa, que se ha hecho más difícil por la pérdida del sentido de identidad de clase en las últimas décadas, de modo que incluso a aquellos que sienten que hay algo profundamente malo en el sistema actual, les cuesta aceptar que la clase obrera existe, y mucho menos, aceptar que tiene la capacidad única de cambiar el mundo.
Sin embargo, la revolución proletaria sigue siendo la única esperanza para el planeta porque significa el fin de todos los sistemas en que la humanidad ha estado dominada por fuerzas económicas ciegas, la primera sociedad en que toda la producción se planifique conscientemente para satisfacer las necesidades de la humanidad en su interacción con la naturaleza. Se basa en la posibilidad y la necesidad de que los seres humanos tomen la vida social en sus propias manos.
Es por esta razón que debemos oponernos a los consignas y métodos de quienes organizan las actuales protestas climáticas, llamándonos a ejercer nuestros derechos democráticos de manifestación o de voto con el objetivo de presionar a los gobiernos y partidos políticos para que reaccionen ante la crisis ecológica. Esto es un engaño, porque el papel de todos estos gobiernos y partidos –ya sea de la derecha o de la izquierda– es gestionar y defender el propio sistema que está en la raíz de los múltiples peligros a los que se enfrenta el planeta: el capitalismo[2].
Las opciones que nos ofrecen los políticos de todas las tendencias son falsas. Una Gran Bretaña con Brexit o una Gran Bretaña que permanezca en la UE no protegerá a la clase trabajadora de las tormentas que se están gestando en la economía mundial. Un EE.UU. dirigido de acuerdo con el vandalismo de "America First" de Trump, o las políticas "multilaterales" más tradicionales de otras facciones, seguirá siendo un poder imperialista obligado a defender su estatus contra todas las demás potencias imperialistas. Los gobiernos que niegan el cambio climático o los gobiernos que parlotean sobre la inversión en un "New Green Deal" seguirán obligados a mantener una economía nacional rentable y por lo tanto llevan a cabo incesantes ataques a las condiciones de vida de la clase obrera. Seguirán atrapados en el mismo afán de acumulación que está convirtiendo la Tierra en un desierto.
Pero, nos dicen, al menos podemos votar por un equipo diferente, y en países donde incluso este "derecho" es negado, podemos exigir que se nos conceda.
De hecho, la ilusión de que podemos tener algún control sobre el monstruo capitalista emitiendo nuestros votos cada cuatro años es parte integral de todo el fraude de la democracia. El voto, la urna, no solo nos mantiene atrapados en las falsas opciones que se ofrecen, sino que es en sí mismo una expresión de nuestra impotencia, reduciéndonos a los atomizados "ciudadanos" individuales de tal o cual Estado.
La lucha de clase del proletariado ha mostrado una alternativa real a esta impotencia institucionalizada. En 1917-19, la clase obrera se rebeló contra la matanza de la guerra y formó consejos obreros en Rusia, Alemania, Hungría y otros países, consejos en los lugares de trabajo con delegados electos y revocables, así mismo, celebración de asambleas, que por primera vez contenían el potencial para un control consciente de la vida política y social. Este masivo levantamiento internacional puso fin a la guerra, ya que los gobernantes necesitaban unir sus fuerzas para aplastar la amenaza de la revolución mundial.
La humanidad ha pagado un alto costo por esta derrota: toda la barbarie de los últimos cien años tiene sus raíces en el fracaso del primer intento de derrocar el capitalismo mundial. Pagará un costo aún mayor si la clase obrera no recupera sus fuerzas y realiza un segundo asalto al cielo.
Esto puede parecer una perspectiva lejana, pero mientras exista el capitalismo habrá lucha de clases. Y como el capitalismo en su agonía no tiene otra opción que aumentar la explotación y la represión de sus esclavos asalariados, queda el potencial para que la resistencia de estos últimos pase de la defensiva a la ofensiva, de lo económico a lo directamente político, de la revuelta instintiva al derrocamiento organizado del capitalismo.
Corriente Comunista Internacional 16.11.19
[1]Rosa Luxemburgo, “El folleto Junius: la crisis de la socialdemocracia alemana (1915)”, en Obras Escogidas de Rosa Luxemburgo (Ediciones digitales Izquierda Revolucionaria, 2008), 279, https://www.marxists.org/espanol/luxem/09El%20folletoJuniusLacrisisdelas... [23].
[2] Ver El capitalismo amenaza el planeta y la supervivencia de la humanidad: Sólo la lucha mundial del proletariado puede acabar con la amenaza https://es.internationalism.org/content/4405/el-capitalismo-amenaza-el-planeta-y-la-supervivencia-de-la-humanidad-solo-la-lucha [24] y Hoja internacional de la CCI: Solo la lucha de clases internacional puede poner fin al curso del capitalismo hacia la destrucción https://es.internationalism.org/content/4465/hoja-internacional-de-la-cci-solo-la-lucha-de-clases-internacional-puede-poner-fin-al [25]
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El movimiento contra la reforma de las pensiones se ha llevado a cabo, de principio a fin, bajo el control de los sindicatos. Fueron ellos quienes llamaron a la huelga, fueron ellos quienes decidieron y organizaron las jornadas de acción, fueron ellos quienes dirigieron las pocas asambleas generales. Y ellos son los que voluntariamente nos llevaron a la derrota. No seamos ingenuos, el gobierno y los sindicatos han estado trabajando juntos durante 2 años... ¡para preparar y lograr que este golpe contra nuestras condiciones de vida se lleve a cabo!
El gobierno debía tener garantías plenas de que este ataque de gran envergadura, que había sido anunciado por Macron en 2017 como un verdadero "big bang", no provocara una respuesta masiva de toda la clase obrera. Así que el Primer Ministro Philippe se apoyó en la colaboración de los "interlocutores sociales", o sea los sindicatos, para sabotear la inevitable explosión de ira del conjunto de los trabajadores.
Este ataque general contra toda la clase obrera sólo podía desencadenar una reacción de indignación y de cólera espontánea en un sector particularmente combativo como es el del transporte. Para los trabajadores ferroviarios "llueve sobre mojado”, tras haber llevado a cabo varias movilizaciones en los últimos años, en particular la "huelga intermitente" de 2018 contra la degradación de sus condiciones de trabajo y la eliminación de sus derechos, en las que no obtuvieron nada. Por ello el ataque a su régimen de jubilación sólo podía empujarles a volver a la lucha más decididamente aún con la consigna: "¡Basta ya!¡ No cederemos!". Esta combatividad en el sector del transporte podía desembocar en una explosión incontrolable con el peligro de extenderse como una mancha de aceite pues el ataque general a las pensiones despertaría la indignación general de toda la clase obrera.
La clase dominante dispone de múltiples medios para "sentir el pulso" del descontento social (en un país donde Macron, el "presidente de los ricos", se ha convertido en el hombre más odiado de la mayoría de la población): encuestas de opinión, investigaciones policiales para "tomar la temperatura" de los sectores "peligrosos” y entre estos sobre todo de la clase obrera. Pero el instrumento más importante de este "termómetro social" es, sin duda, el aparato sindical, mucho más eficaz que los sociólogos de las agencias de encuestas o los funcionarios de la Policía. De hecho, este aparato sindical tiene la función de ser el instrumento por excelencia de encuadramiento de los explotados al servicio de la defensa de los intereses del Capital. El aparato sindical del estado capitalista tiene casi un siglo de experiencia y es particularmente sensible para captar el estado de ánimo de los trabajadores, su voluntad y su capacidad para emprender luchas contra la burguesía[1]. Las fuerzas que ejercen el control de la clase obrera son las encargadas de advertir constantemente a los patrones y al gobierno del peligro que representa la lucha de clases. Para eso sirven las reuniones y consultas periódicas entre los dirigentes sindicales y la patronal o el gobierno: para elaborar juntos, hombro con hombro, la mejor estrategia que permita al gobierno y a la patronal llevar a cabo sus ataques contra los trabajadores con la máxima eficacia.
Los sindicatos fueron los primeros en darse perfecta cuenta de que la clase obrera en Francia no estaba dispuesta a agachar la cabeza y aceptar sin rechistar nuevos ataques. La clase dominante sabe también que el proletariado no tiene hoy la menor ilusión sobre una posible "salida del túnel": todos los trabajadores son ahora conscientes de que "vamos a ir de mal en peor” y que no quedará otro remedio que luchar juntos, hombro con hombro, para defender sus condiciones de vida y el futuro de sus hijos. La popularidad del movimiento de los “chalecos amarillos” que se desencadenó hace un año contra la carestía de la vida y la miseria, ya era un buen indicador de la ira que rugía en las entrañas de la sociedad: el 80% de la población decía apoyar, entender o simpatizar contra esta “marea” anti-Macron (incluso aunque la clase obrera no podía reconocerse en los métodos de protesta[2] de este movimiento interclasista iniciado por pequeños empresarios asfixiados por los impuestos sobre los combustibles). La burguesía, por lo tanto, ya había percibido perfectamente, en estos dos últimos años, un verdadero aumento de la combatividad de los trabajadores. La tenacidad de los trabajadores de las emergencias médicas o de los trabajadores postales que llevan meses en huelga, eran otros tantos indicios de ello. La multiplicación de las luchas en el sector de la distribución, entre los conductores de autobuses, o en la aviación, también.
Ante esta acumulación del descontento de los explotados, la burguesía francesa tenía pues que “acompañar" la imposición de la reforma de las pensiones, con la aplicación de un "cortafuegos" para canalizar, encuadrar, dividir y agotar la inevitable respuesta del proletariado.
En las manifestaciones se les odia por haber “apuñalado por la espalda” al movimiento, pero lo cierto es que la CFDT y la UNAS han desempeñado perfectamente su papel de "sindicatos responsables y reformistas". Se trata de una verdadera obra de teatro[3].
- Acto 1: la CFDT llevaba dos años urdiendo junto al gobierno un texto reclamando un régimen universal “justo y equilibrado”, pero que rechaza el concepto de "edad de equilibrio”. Esta noción[4] llamado también “edad pivote” es una verdadera provocación que tiene como única razón de ser, focalizar contra ella toda la ira, desviando así la atención del asunto fundamental: el ataque general contra las pensiones. Mientras el Gobierno dice reflexionar.
- Acto 2: el 11 de diciembre, el gobierno anuncia oficialmente… (suena redoble de tambores) ... que la edad de equilibrio figurará en la reforma. La CFDT sale a escena “sumamente airada” porque dice que se ha cruzado la "línea roja", y se une al "frente sindical". Todo el espacio mediático aparece ocupado por este "debate": edad pivote: si o no. Las gentes del teatro llaman a este momento "el giro dramático del IIº Acto”.
- Acto 3: Finalmente - ¡oh sorpresa! – el viernes 10 de enero, en Matignon, sede del Primer Ministro, el gobierno da marcha atrás en la famosa "edad de equilibrio”. La CFDT y la UNSA gritan ¡Victoria! y abandonan el movimiento.
Los espectadores se marchan a sus casas llevando en sus bolsillos, eso sí, el "sistema de pensiones por puntos”, es decir, más años de trabajo para una pensión recortada.
Hace veinticinco años, el gobierno de Juppé, utilizó ya, más o menos, esa misma estrategia: un ataque general a la clase obrera (la reforma del sistema de Seguridad Social que endurecía el acceso a sus prestaciones para todos los trabajadores), y un ataque específico a un sector particular (sobre el régimen especial para los trabajadores ferroviarios, lo que les exigía ¡trabajar 8 años más!). Tras un mes de huelga, con los trabajadores ferroviarios ultracombativos a la cabeza del movimiento, Juppé lo retiró y los sindicatos gritaron: ¡Victoria!¡... el régimen de los ferroviarios se había mantenido. Este sector, verdadera "locomotora" de la protesta social, regresó a las estaciones y volvió al trabajo anunciando el fin del viaje para el movimiento conjunto. Así es como el gobierno pudo colar su reforma de la seguridad social.
Esta vieja estratagema no parece funcionar hoy tan bien. Nadie proclama victoria excepto, claro está, la CFDT y la UNSA. Todo el mundo denuncia esta trampa por lo que es: una farsa, una maniobra para hacer tragar la píldora. Incluso la prensa, pone en evidencia la triquiñuela.
Y si, a pesar de su determinación, los cientos de miles de manifestantes están abandonando paulatinamente la lucha sin que el gobierno haya retirado su ataque general a las pensiones, es porque la maniobra ha sido más amplia y compleja. Junto a los sindicatos "reformistas", los "radicales", la CGT, la FO y Solidaires[5], también han contribuido a aislar y agotar a los huelguistas. Dado el nivel de coraje y combatividad de nuestra clase, este desgaste prolongado ha tenido simplemente que ser más duradero que lo previsto. Ha exigido toda la “maestría” de los especialistas en el sabotaje de las luchas, para conseguir sus objetivos.
En septiembre, tras las vacaciones, quedó oficialmente lanzada la campaña sobre la reforma de las pensiones. FO, Solidaires y la CGT estaban en todas partes. ¿Cómo? Multiplicando las convocatorias de movilizaciones sectoriales. Cada empresa tenía su propio día de huelga y sus demandas específicas. "Cada uno en su casa” y “los sindicatos en la de todos”. El objetivo de esta pantomima es agotar las ganas de luchar previamente a lanzar un movimiento más amplio y bajo su control.
Sólo que esta dispersión organizada resultó muy criticada. En las manifestaciones, no pocos trabajadores protestan contra esta división y exigen unidad a los sindicatos porque “si todos estamos en el mismo barco, es necesario que luchemos juntos”. Esta presión es la que lleva a los sindicatos a convocar el 20 de septiembre, una gran manifestación unitaria… ¡para el 5 de diciembre! Una vez más nada se dejó al azar. Si se eligió tal fecha fue porque les permitiría durante el tiempo que aún restaba proseguir sus maniobras de dispersión y agotamiento. Al mismo tiempo, esa fecha era ya muy cercana a las fiestas de fin de año y de la famosa “tregua de los confiteros”[6], lo que hace que cualquier bloqueo de transporte sea impopular y así aislar a los más combativos.
Durante octubre y noviembre, los sindicatos "radicales" continúan su trabajo de zapa a través de huelgas aisladas y sectoriales. Aunque la indignación obrera es palpable, en muchos sectores, se cuidan muy mucho de llevar a cabo asambleas generales abiertas y ampliamente inclusivas, a unir a las distintas empresas y sectores en lucha enviando delegaciones masivas de unas a otras para poder reunirse y extender la huelga. ¡Nada de eso! Sólo huelgas y acciones aisladas mientras se espera la promesa de la gran manifestación del 5 de diciembre. Pero esta estrategia de agotamiento y desmoralización resulta, de nuevo, insuficiente. La clase obrera sigue presionando y la combatividad sigue aumentando.
El 16 de octubre, los ferroviarios detienen repentinamente el trabajo tras un accidente ferroviario en las Ardenas. Espontáneamente, utilizando sus teléfonos, se avisan unos a otros, extendiendo la huelga a todo un sector de la compañía de ferrocarriles (SNCF). Los agentes de la región de Paris (Île-de-Francia) fueron particularmente combativos. Las líneas de la red de transporte de cercanías (RER) quedan bloqueadas. Los sindicatos se suben a este tren en marcha y encabezan esta huelga invocando el "derecho de retirada"[7]. En otras palabras, se adhieren a una movilización que ya había empezado. A la burguesía le gusta poco esta autonomía obrera y esta dinámica a que los trabajadores se hagan con el control de la lucha y la extiendan, por lo que el gobierno y la patronal denuncian la ilegalidad de esta "huelga salvaje" y amenazan a los huelguistas con sanciones. Esto permitirá a los sindicatos recuperar definitivamente el control de la situación erigiéndose en protectores de los huelguistas y defensores del derecho de huelga. Durante este mes de octubre se vivirán, en efecto, en la SNCF cierto número de huelgas salvajes, en particular en el centro de mantenimiento de Châtillon donde, sin el permiso de los sindicatos, 200 trabajadores de 700 se agrupan para oponerse a las medidas que empeoran las condiciones de trabajo, medidas que fueron rápidamente retiradas a fin de detener inmediatamente la huelga e impedir así que el movimiento sea conocido y pueda “dar ideas” a los trabajadores[8].
Los sindicatos estaban pues advertidos de que debían mostrarse más “combativos” y sumarse al movimiento para poder controlarlo totalmente. El 9 de noviembre, la CGT se une a la UNSA Ferroviaria[9] y a Sud/Solidaires, en el llamamiento a una huelga prorrogable para el 5 de diciembre. Declarando que esta acción también se llevaría a cabo en la SNCF. Luego la CFDT en los ferroviarios anunció que se unía a la movilización[10].
Pero por detrás de ese "frente sindical" y de los discursos sobre la unidad en todos los sectores, entre bastidores continúan su acción de zapa y división. Su sabotaje de la unidad en las movilizaciones en el sector hospitalario es particularmente característico: desde marzo, los sindicatos y sus "colectivos inter- urgencias " estaban llevando a cabo acciones ultra corporativas, separando a los trabajadores de las urgencias del resto de servicios hospitalarios. Pero bajo la creciente presión de la voluntad de "luchar todos juntos", cambiaron su discurso convocando dos manifestaciones "unitarias", el 14 y el 30 de noviembre, “unitarias” pero ¡en la función hospitalaria!, y ello con objeto de apartar mejor esta lucha del movimiento general contra la reforma de las pensiones, invocando la “especificidad de los hospitales” (es decir, para dividir mejor). Esta decisión sindical creará una verdadera bronca en el seno de las Asambleas Generales del personal hospitalario y muchos de ellos se movilizarán, sin embargo, desoyendo las instrucciones sindicales, el 5 de diciembre.
Durante las grandes manifestaciones de diciembre, la necesidad de solidaridad entre todos los sectores y de todas las generaciones obreras, de luchar todos juntos, son recogidos por las consignas que se repiten machaconamente desde los altavoces de las furgonetas sindicales. Pero ¿para hacer qué? Nada. Sólo para redundar una y otra vez la misma cantinela en cada jornada de acción. Pero, eso sí, cada sector debe marchar encasillado con su sindicato, a veces incluso delimitado y guardado, separado de los demás por una cuerda y un "servicio de orden", el orden sindical. No existen momentos para quedarse a discutir al final de las marchas, aunque muchos trabajadores han expresado su deseo de hacerlo. Los sindicatos y la policía dispersan a los participantes. El tiempo apremia, los autobuses se van a ir.
A mediados de diciembre, los trabajadores ferroviarios de la SNCF y la RATP en huelga son conscientes de que, si permanecen aislados, el movimiento está condenado a la derrota. Entonces, ¿qué hacen los sindicatos? Organizar un simulacro de extensión: algunos representantes de la CGT van a reunirse con otros representantes de la CGT de otra empresa.
Para las manifestaciones convocadas en sábado, organizadas oficialmente así por los sindicatos para permitir a los empleados del sector privado participar en las movilizaciones, ni la CGT, ni FO ni Solidaires, hicieron esfuerzo alguno para movilizar en las empresas. Por el contrario, todos sus discursos se centran en alabar el coraje de los trabajadores ferroviarios "que luchan por todos nosotros", la capacidad de bloqueo de este sector (lo que daría a entender que los demás trabajadores son impotentes) y en la necesidad de apoyarlos... alimentando las cajas de resistencia organizadas sobre todo por la CGT en lugar de la solidaridad activa de los trabajadores en la lucha y la extensión del movimiento (¡aunque sea comprensible que todo el mundo quisiera ayudar económicamente a los ferroviarios por la pérdida de un mes de salario!). ¡A lo largo de todo el mes de diciembre, los sindicatos han promovido la huelga “por delegación”[11]!
Así, aislados en una huelga "indefinida”, se anima a los trabajadores ferroviarios a aguantar, "cueste lo que cueste" durante los 15 días de las fiestas de fin de año con la consigna: ¡nada de tregua de los confiteros!
Pero ni siquiera así, con los medios de comunicación desatando una campaña contra quienes han “tomado como rehenes a familias que sólo pretenden reunirse para la Navidad", estas dos semanas de "tregua" durante las cuales los "ferroviarios" luchan solos, consiguen agotar la rabia y la combatividad general ni hacer la huelga "impopular".
El 9 de enero, la nueva “jornada de acción multisectorial” ve nuevamente como cientos de miles de manifestantes salen nuevamente a las calles más decididos que nunca a rechazar la reforma.
El 10 de enero, el Primer Ministro Phillipe negoció con los sindicatos y anunció que veía “un diálogo constructivos y avances”, prometiendo preguntar al presidente Macron al día siguiente si se podría retirar lo de la “edad pivote”. Todos los sindicatos celebraron esta victoria, gran victoria según la CFDT y la UNAS, y pequeño paso adelante para la CGT, FO y Solidaires que insisten en que el gobierno comenzaba a retroceder bajo la presión de las calles y de los huelguistas del sector del transporte.
Así que al día siguiente se convocan nuevas manifestaciones. Este sábado 11 de enero, en Marsella, los sindicatos organizan animaciones al final de la marcha para hacer imposible cualquier discusión. En París, la policía tiene carta blanca para gasear una vez más a los manifestantes, para dispersarlos a porrazos. No se puede permitir que los manifestantes puedan reunirse y hablar. Pero, más que nada, la asistencia en ese día está en claro declive, los trenes vuelven a las vías, se siente el desgaste, el ambiente en las procesiones menos masivas es menos combativo. La estocada está lista. Philippe anuncia la retirada de la "edad pivote"... temporalmente. El “timing” es perfecto.
Y ahora que las movilizaciones se van agotando, que los ferroviarios en huelga no pueden aguantar más asfixiados económicamente y van volviendo gradualmente al trabajo ¿qué hacen los sindicatos "radicales"? Ahora que la dinámica es de reflujo, llaman a extender el movimiento, arengando a los trabajadores del sector privado a “tomar el relevo” y ¡denuncian la “cobardía de delegar la huelga”! El 9 de enero, al Sr. Mélenchon[12] salió en todas las televisiones proclamando “la huelga por delegación ya ha cumplido. Ahora todo el mundo debe implicarse”.
Ahora se les llena la boca de "asambleas generales soberanas" para hacer creer que ellos no son más que los portavoces de los trabajadores y que si algunos siguen agotándose en una huelga aislada, ellos no pueden hacer nada. Así el dirigente de la CGT Philippe Martinez recorría los platós televisivos con el mensaje: “es la Asamblea general y la base la que decide si los ferroviarios quieren perder aún más días de salario”.
Ahora es cuando multiplican las acciones para poner en evidencia que los trabajadores no secundan ni extienden la movilización ¡y echar la culpa de la derrota a los obreros! Ahora los sindicatos convocan tres jornadas de acción en una semana, los días 14, 15 y 16 de enero, cuando ya los trabajadores ferroviarios están volviendo gradualmente al trabajo.
Ahora, el gerifalte de la CGT, el Sr. Martínez, como su compadre de la Francia Insumisa, el Sr. Mélenchón, se prodigan por todos los platós y emisoras de radio, y aparecen rodeados de huelguistas, para protestar contra la violencia policial... ¡que se viene produciendo desde hace meses! Lo cierto es que los sindicatos (con la CGT a la cabeza) han permitido hasta ahora las palizas a los manifestantes, la dispersión de los finales de las manifestaciones con granadas de gas lacrimógeno, sin objetar ni rechistar. Sólo cuando Mélenchon pidió la dimisión del Prefecto de policía de París, los sindicatos empezaron también erráticamente a denunciar la represión de los huelguistas.
Ahora, todos los sindicatos quieren negociar con el gobierno que considere las diferentes “penosidades” en lo que supone un nuevo ataque corporativista para desmoronar el movimiento, ya que ¡todo el mundo trabaja bajo presión y la explotación es penosa para todos! Este “fleco” de las negociaciones está siendo seriamente considerado con un único objetivo: dividir, o incluso hacer competir a unos trabajadores con otros, en negociaciones perdidas de antemano, rama por rama, para determinar si algún trabajo es más "penoso" que otros. ¡El "frente sindical" se verá sin duda bien retratado cuando la CGT de ferrocarriles y la CFDT de Carrefour apuren para saber quién hace el trabajo más “arduo”!
Los sindicatos ya hicieron esto mismo durante la huelga de los trabajadores ferroviarios en el invierno de 1986, apelando a la extensión de la huelga al final del movimiento[13]. De hecho, lo que estos bomberos sociales profesionales buscan es la extensión y la profundización de la derrota para segar la hierba bajo los pies de la clase obrera y hacerla bajar la cabeza. Así el Gobierno cuenta con las necesarias garantías para que esta reforma pueda pasar al Parlamento sin más dificultad (y permitir así al gobierno imponer nuevos ataques).
La clase obrera, por el contrario, debe ser consciente del paso que ha dado. Después de diez años de atonía que sucedieron a las prolongadas movilizaciones convocadas en 2010 por todos los sindicatos que condujeron al agotamiento y la impotencia, la clase obrera ha comenzado a levantar cabeza, a querer luchar juntos, a querer unirse, a reconocerse como hermanos de clase. ¡Estos últimos meses han estado animados por el desarrollo de la solidaridad entre sectores y entre generaciones!
¡Esta es la victoria de este movimiento porque la verdadera ganancia de la lucha es la lucha misma, en la que todas las categorías profesionales, todas las generaciones se han encontrado finalmente juntas en la misma lucha, en las calles, contra una reforma que es un ataque a todos los explotados! Y esto es lo que el gobierno y los sindicatos tratarán de borrar en las semanas y meses venideros.
Nos corresponde a nosotros trabajadores reunirnos para debatir, discutir, sacar lecciones no olvidarlas y, en los combates de mañana, poder ser aún más numerosos y fuertes empezando por conocer y desenmascarar el papel de los sindicatos, esos profesionales... de la derrota. ¡Ellos siempre serán los últimos baluartes del Estado en las filas del proletariado para defender defensa del orden capitalista!
Léa, 14 de enero de 2020
[1] Ver nuestro folleto LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA y en la Web: apuntes sobre la cuestión sindical https://es.internationalism.org/cci-online/201104/3103/apuntes-sobre-la-cuestion-sindical [9]
[2] La ocupación de rotondas, la agitación ostentosa de símbolos republicanos y nacionalistas como las banderas tricolores o los cánticos de “La Marsellesa”. Para una denuncia de este movimiento reaccionario ver Hoja de intervención de la CCI sobre la trampa del movimiento de los chalecos amarillos https://es.internationalism.org/content/4378/hoja-de-intervencion-de-la-cci-sobre-la-trampa-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos [28] y Balance del movimiento de los "chalecos amarillos": Un movimiento interclasista, un obstáculo para la lucha de clases https://es.internationalism.org/content/4484/balance-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos-un-movimiento-interclasista-un [29]
[3] Ver nuestras anteriores hojas de intervención en la que denunciamos, desde principios de diciembre, estas maniobras. Contra los ataques del gobierno ¡LUCHA MASIVA Y UNIDA DE TODOS LOS EXPLOTADOS! https://es.internationalism.org/content/4516/contra-los-ataques-del-gobierno-lucha-masiva-y-unida-de-todos-los-explotados [30] ; Solidaridad en la lucha de todos los trabajadores, de todas las generaciones https://es.internationalism.org/content/4505/solidaridad-en-la-lucha-de-todos-los-trabajadores-de-todas-las-generaciones [14] ; Aunemos nuestras luchas contra los ataques de nuestros explotadores https://es.internationalism.org/content/4499/aunemos-nuestras-luchas-contra-los-ataques-de-nuestros-explotadores [13] e igualmente Comunicado internacional de solidaridad con la clase obrera en lucha en Francia https://es.internationalism.org/content/4514/comunicado-internacional-de-solidaridad-con-la-clase-obrera-en-lucha-en-francia [31]
[4] Según esa novedad terminológica puede uno jubilarse a los 62 años como ahora, pero tendrá una penalización. Si uno quiere la pensión completa deberá ir hasta los 64. lo que quiere decir ese lenguaje es que la jubilación será a los 64. En realidad, ya hoy la edad promedia de jubilación es casi de 64. En cierto modo, eso de la “edad de equilibrio” es relativamente poca cosa en una ley de “pensiones por puntos” que cambia las normas de contabilización a todos los niveles para rebajar drásticamente las pensiones. (Nota de la T.)
[5] Se trata de un sindicato “radical” conocido también como SUD (N de T)
[6] Una especie de “alto el fuego” con ocasión de las celebraciones navideñas (N de T).
[7] Detener el transporte cuando hay riesgos para los trabajadores o los usuarios (N de T).
[8] La declaración de los trabajadores de Châtillon [32] fue publicada en el RI n° 479. He aquí un extracto muy breve: "Nosotros, agentes de equipos en huelga en el Châtillon Technicentre, en la red del TGV Atlantique, hemos dejado de trabajar masivamente desde la noche del lunes 21 de octubre, sin consultar ni ser dirigidos por los sindicatos. (...) Nuestra cólera es real y profunda, estamos decididos a luchar hasta el final de nuestras reivindicaciones, por el respeto y la dignidad. (...) ¡Hartos de las reorganizaciones, de bajos salarios, de reducciones de puestos de trabajo y de la falta de personal! Hacemos un llamamiento a todos los trabajadores ferroviarios para que levanten la cabeza con nosotros, porque la situación actual de Châtillon es, de hecho, el reflejo de una política nacional".
[9] ¡mientras que la UNSA de otros sectores no llama a la huelga! De hecho, también en este caso, la UNSA de los ferrocarriles se ve obligada a mantener la combatividad en ese sector so pena de quedar totalmente desacreditados.
[10] ¡mientras que, a nivel nacional, la CFDT tampoco llama a la huelga!
[11] Hemos traducido así la expresión francesa del original “grève par procuration”, es decir que otros hagan huelga por mí. (N de la T)
[12] Líder de la formación izquierdista La Francia Insumisa [33]
[13] Reproducimos a continuación un artículo que saca lecciones de esta lucha: "SNCF diciembre 1986: Los trabajadores pueden luchar sin los sindicatos [34]".
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Tras el asesinato señalado por Estados Unidos del principal estratega militar de Irán, el general Qasem Soleimani, los discursos en muchas capitales del mundo, especialmente en Europa occidental, expresaran o no éstos un acuerdo explícito con la acción de USA, versaron sobre la necesidad de evitar una "escalada" de las tensiones militares en Oriente Medio. Cuando comprobaron la naturaleza limitada de la respuesta inicial de Irán -un ataque con misiles contra las bases aéreas estadounidenses en Irak que parecía haber causado pocos daños o pérdidas de vidas- las mismas voces respiraron con alivio, esperando que Irán lo dejara correr por el momento.
Pero la escalada de enfrentamientos militares en Oriente Medio - y la particular contribución de EE. UU. a la misma - tiene raíces más profundas y amplias que el actual enfrentamiento entre Irán y el gobierno de Trump. Ya en el período de la Guerra Fría, la región, estratégicamente vital, había sido escenario de una serie de guerras indirectas entre los bloques de Estados Unidos y Rusia, en particular las guerras árabe-israelíes de 1967 y 1973, así como las "guerras civiles" que asolaron el Líbano y Afganistán, o la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980. Con el colapso del bloque ruso a finales de esa década, EE.UU. buscó imponerse como única superpotencia mundial, exigiendo que sus antiguos socios del bloque occidental se sumaran a la primera guerra del "Nuevo Orden Mundial" de Bush (padre) contra el Irak de Saddam en 1991. Pero este Nuevo Orden Mundial pronto demostró ser un engaño. En lugar de alcanzar una nueva estabilidad global - por supuesto dominada por los Estados Unidos- cada nueva aventura militar norteamericana sólo ha servido para acelerar la carrera hacia el caos. La situación actual de los dos países que aquel invadió a principios del nuevo siglo, Afganistán e Irak, da claras muestras de ello. Con los gobiernos de Obama, el retroceso de los Estados Unidos en estos países y la necesidad de "pivotar" hacia el Lejano Oriente para enfrentar el creciente desafío de China subrayaron aún más el debilitamiento del control del imperialismo norteamericano sobre el Medio Oriente. En Siria ha tenido que ceder cada vez más terreno a la Rusia de Putin, que ahora ha formado una alianza con Turquía (miembro de la OTAN) para dispersar las fuerzas kurdas que antes habían ocupado el norte de Siria con el apoyo de los EE. UU.[1].
Pero si los EE. UU. han experimentado un retroceso, no por ello se han retirado de esa región. Más bien han cambiado su estrategia hacia un apoyo indefectible a sus dos aliados más fiables en ella: Israel y Arabia Saudí. Con la Administración Trump se ha abandonado virtualmente cualquier veleidad de actuar de árbitro entre Israel y los palestinos, apoyando por el contrario indisimuladamente los movimientos abiertamente anexionistas de Netanyahu. Tampoco esconde su respaldo al régimen saudí que está librando una brutal guerra en Yemen y que asesina descaradamente a portavoces de la oposición como el periodista Jamal Khashoggi, asesinado y descuartizado en la embajada saudí en Estambul. Y, sobre todo, presiona y presiona cada vez más a su principal enemigo en la región: Irán.
Irán ha sido una espina clavada en las carnes de los Estados Unidos desde la llamada Revolución Islámica que en 1979 derrocó al muy proamericano Sha de Persia. En los años 80, los norteamericanos apoyaron la guerra de Saddam contra Irán para debilitar al nuevo régimen. Pero el derrocamiento de Saddam en 2003 abrió una gran parte de Irak a la influencia iraní: el gobierno iraquí dominado por los chiitas en Bagdad está estrechamente alineado con el régimen de Teherán. Esto ha aumentado enormemente las propias ambiciones imperialistas de Irán en todo el Medio Oriente: estableciendo una especie de estado dentro de un estado a través de Hezbolá en el Líbano, y representando el principal apoyo para las fuerzas hutíes que combaten a Arabia Saudita y sus aliados en Yemen. Y Soleimani fue el principal arquitecto del imperialismo iraní en estas y otras aventuras.
La decisión de Trump de dar luz verde al asesinato de Soleimani no se basó, por lo tanto, en su mero capricho, por mucho que sea un personaje impredecible, sino que es parte de una estrategia imperialista respaldada por una parte considerable de la burguesía estadounidense. Es cierto que ha encarnizado las divisiones en el seno del aparato militar/político de la clase dominante estadounidense, enfureciendo sobre todo a los partidarios del enfoque más conciliador respecto a Irán propiciado por Obama y que se expresó por ejemplo en el acuerdo sobre el programa nuclear iraní, precisamente uno de los primeros acuerdos diplomáticos que Trump abandonó cuando se convirtió en presidente. Esta postura de intentar construir puentes con Irán ha sido también la de las principales potencias europeas, incluyendo a Gran Bretaña, por lo que éstas han vuelto a expresar sus recelos sobre la política de Trump tras el asesinato de Soleimani.
Quienes desde la burguesía critican a Trump, se lamentan de que no alcanzan a ver la “jugada” que hay detrás del asesinato de Soleimani, o que Trump no ha pensado bien las cosas. Siguen reafirmándose en su compromiso con soluciones racionales, políticas y diplomáticas a los conflictos y belicosidad que se extiende por todo el mundo. Pero la carrera del capitalismo hacia el militarismo no es producto de Trump u otros líderes nefastos, sino del callejón sin salida en que se haya el sistema capitalista. Tampoco estas facciones burguesas "responsables" están más liberadas de la maquinaria militar que Trump y otros populistas. De hecho, el uso de drones para la guerra en el Medio Oriente y las regiones circundantes fue promovido por primera vez bajo la Administración Obama.
La Administración Trump se basa en el reconocimiento de que tanto el viejo orden de alianzas militares disciplinadas, que prevaleció durante la Guerra Fría, como el proyecto de Nuevo Orden Mundial posterior a 1989, están igualmente muertos y que la verdadera dinámica en el mundo a partir de 1989 ha sido el “cada uno a la suya y el diablo se lleva la última”. Ese es el verdadero significado del lema de Trump: "America First". Y esto, a su vez, es la expresión, en el terreno de las relaciones internacionales, de la descomposición subyacente de la propia sociedad capitalista, de la fase final del declive del capitalismo como modo de producción, que se inició verdaderamente con el estallido de la Primera Guerra Mundial. En este contexto, los Estados Unidos han dejado de ser el gendarme del mundo para convertirse en el principal acelerador de su caída en el caos. Trump no es más que la personificación de esta tendencia implacable. Por eso, el resultado de la "jugada" del asesinato de Soleimani, sean cuales sean las fantasías subjetivas de Trump o de sus acólitos y partidarios, sólo puede ser, más pronto o más tarde, el de una escalada de la barbarie militar. Y tal y como pone de manifiesto la pesadilla que se vive en Siria, la primera víctima de esta escalada es la población, considerada como un mero "daño colateral" del militarismo. En este sentido, ya sea intencional o no, el derribo del avión ucraniano sobre Teherán el mismo día del ataque con misiles iraníes contra las bases aéreas estadounidenses demuestra el verdadero costo humano de estos enfrentamientos militares.
El ala izquierda del aparato político capitalista - los Demócratas y "Demócratas Socialistas” en los USA, los laboristas en Reino Unido, los trotskistas en todas partes - tienen su propia diana cuando se trata de señalar al culpable de la acumulación de tensiones en el Medio Oriente: Trump o el imperialismo estadounidense. Esto proviene de pensar que los Estados Unidos o las potencias occidentales son los únicos imperialistas, a los que se opondrían países no imperialistas o incluso antiimperialistas como Rusia, China, o Irán. Pero se trata de una mentira puesto que, en esta época, todos los países son imperialistas, desde los estados más grandes e influyentes hasta las potencias más pequeñas y menos globales. Irán tiene, y no son inferiores a los de Israel, sus propios apetitos imperialistas, como puede verse en la utilización de fuerzas que le son fieles para convertirse en la potencia líder en el Medio Oriente. Y detrás de ellos acechan los grandes estados imperialistas de Rusia y China. En cambio, los explotados por el capital, cualquiera que sea el estado nacional que ejerza su explotación, no tienen interés alguno en identificarse con las aventuras imperialistas de su respectiva clase dominante.
La izquierda, al mismo tiempo que reclama la defensa de las llamadas naciones y estados nacionales "oprimidos", afirma estar, también, del lado de los explotados y oprimidos en estos países. Pero en ellos el dominio asfixiante de la economía de guerra junto con el impacto de la crisis económica mundial -a la que podemos añadir el peso de las sanciones de EE. UU. en un país como Irán[2]- ha llevado ciertamente a una acumulación masiva de descontento social y oposición a los regímenes existentes en todo Oriente Medio. Esto se ha puesto de manifiesto en las revueltas populares en países como el Líbano, Irak e Irán en los dos últimos dos años. Pero, aunque los izquierdistas pregonen su apoyo a estos movimientos, lo que hacen en realidad es socavar la posibilidad de que surja un movimiento de clase independiente en estos países, porque se oponen a criticar las debilidades de estas revueltas en las que se mezclan diferentes intereses de clase. De hecho, con su apoyo al "nacionalismo de los oprimidos", los izquierdistas en realidad están alentando aún más la tendencia de estas revueltas a tomar una dirección nacionalista (como las consignas anti-iraníes que se gritaban en las protestas en Irak, o el ondear de la bandera libanesa como una falsa solución a las divisiones sectarias en el Líbano)[3]. Y ahora que los regímenes de Irán e Irak intentan por el momento derivar el descontento de la población hacia una histérica campaña de unidad nacional antiamericana, la izquierda celebra tales consignas antiestadounidenses y por tanto se muestra como una animadora del esfuerzo bélico de los Ayatolás. Y esta es una de las ironías de la situación: que el asesinato de Soleimani por parte de los Estados Unidos permite al régimen de Teherán utilizar estas campañas para redorar su credibilidad como defensor de los "intereses nacionales" iraníes.
Y, sin embargo, a pesar de las bien publicitadas imágenes de cientos de miles de personas en las calles llorando por Soleimani, dudamos que los explotados y oprimidos de Irán e Irak se hayan dejado engañar completamente. Después de todo, se trata del mismo Soleimani cuyas fuerzas de élite han estado al frente de la despiadada represión de las protestas contra el régimen que dejaron cientos de cadáveres en las calles. Las airadas manifestaciones antigubernamentales que estallaron en todo Irán inmediatamente después de que las autoridades admitieran haber derribado el avión ucraniano muestran que la "Unión Sagrada" promovida por el régimen tras el asesinato de Soleimani carecen de solidez.
La clase obrera en Irán ha librado algunas valerosas luchas en los últimos dos años, revelando una vez más que tiene el potencial -como vimos en ciertos momentos en 1978-79- de ofrecer un liderazgo a la masa de la población, de integrar su descontento en un movimiento auténticamente proletario[4].
Pero para que esto suceda, los trabajadores de Irán, Irak y otros países en primera línea de los conflictos imperialistas tendrán que ser capaces de evitar todas las trampas nacionalistas puestas en su camino. Y no podrán dar este vital paso adelante sin la solidaridad activa de la clase obrera internacional, sobre todo en los países centrales del sistema. Las luchas actuales de la clase obrera en Francia indican que no es una esperanza perdida[5].
Contra la escalada de la barbarie militar, el único camino para la humanidad es la escalada de la lucha de clases internacional contra el capital, sus rivalidades nacionales, su represión y sus guerras.
Amos, 12.1.20
[1] Este "cambio de chaqueta" de la Turquía de Erdogan funciona en ambos sentidos como, por otra parte, sucede con la mayoría de las alianzas en este período. Así en el Medio Oriente, se ha inclinado hacia Rusia en contra de los EE.UU., pero en Libia ha enviado tropas para apoyar al Gobierno de Acuerdo Nacional reconocido por la ONU, en contra de las fuerzas bajo el Khalifa Haftar, que son apoyadas por Rusia... Para el análisis de las situaciones imperialistas en Siria y Libia ver respectivamente: Invasión turca del norte de Siria: la cínica barbarie de la clase dominante https://es.internationalism.org/content/4489/invasion-turca-del-norte-de-siria-la-cinica-barbarie-de-la-clase-dominante [37] y Caos en Libia: una odiosa expresión de la barbarie capitalista https://es.internationalism.org/content/4497/caos-en-libia-una-odiosa-expresion-de-la-barbarie-capitalista [3]
[2] Recordemos también que el mismo Trump que declaró hipócritamente su apoyo a las protestas de la población iraní contra la pobreza y el desempleo antes del asesinato de Soleimani, amenaza ahora con hacer aún más desesperadas sus condiciones de vida infligiendo sanciones económicas aún más asfixiantes a Irán.
[3] Ver Ante la agravación de la crisis económica mundial y la miseria, las "revueltas populares" representan un callejón sin salida https://es.internationalism.org/content/4495/ante-la-agravacion-de-la-crisis-economica-mundial-y-la-miseria-las-revueltas-populares [38]
[4] Ver Manifestaciones en Irán: fuerza y límites del movimiento https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201803/4287/manifestaciones-en-iran-fuerza-y-limites-del-movimiento [39]
[5] Ver Solidaridad en la lucha de todos los trabajadores, de todas las generaciones Solidaridad en la lucha de todos los trabajadores, de todas las generaciones https://es.internationalism.org/content/4505/solidaridad-en-la-lucha-de-todos-los-trabajadores-de-todas-las-generaciones [14]
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El proletariado solo podrá liberar a la humanidad de las cadenas cada vez más asfixiantes del capitalismo mundial si su lucha es inspirada y fertilizada por la continuidad histórica crítica de sus organizaciones comunistas, ese hilo histórico que va desde la Liga de los Comunistas en 1848 hasta las organizaciones actuales que se reivindican de la Izquierda Comunista. Privado de esa brújula sus reacciones contra la barbarie y la miseria que impone el capitalismo se verán condenadas a una acción ciega, desesperada, lo que puede conducirlo a una cadena de derrotas definitiva.
El blog Nuevo Curso pretende hacer pasar como “Izquierda Comunista” la obra de Munis que nunca logró romper realmente con el planteamiento y las orientaciones erróneas de la Oposición de Izquierda que degeneraría en el trotskismo, una corriente que desde los años 40 se ha situado claramente en la defensa del capitalismo, junto a sus hermanos mayores, el estalinismo y la socialdemocracia.
Respondimos a esta pretensión con el artículo Nuevo Curso y una "Izquierda Comunista Española" ¿De dónde viene la Izquierda Comunista?[1] donde expusimos de forma argumentada que “el futuro partido mundial de la revolución comunista, para que pueda contribuir realmente a ella, no podrá asumir el legado de la Oposición de Izquierda. Tendrá que basar necesariamente su programa y sus métodos de acción en la experiencia de la izquierda comunista. (…) hay una herencia común de la izquierda comunista que la distingue de las otras corrientes de izquierda que han surgido de la Internacional Comunista. Por lo tanto, cualquiera que afirme pertenecer a la Izquierda Comunista tiene la responsabilidad de esforzarse por conocer y dar a conocer la historia de este componente del movimiento obrero, sus orígenes en reacción a la degeneración de los partidos de la Internacional Comunista, los diferentes grupos que están vinculados a esta tradición por haber participado en su lucha, las diferentes ramas políticas que la componen (la Izquierda Italiana, la Izquierda Holandesa-alemana, etc.). En particular, es importante aclarar los contornos históricos de la izquierda comunista y las diferencias que la distinguen de otras corrientes de izquierda, en particular la trotskista”
Este artículo escrito en agosto de 2019 ha sido totalmente ignorado por Nuevo Curso. El sonido de su silencio ha resonado ruidosamente en los oídos de todos los que defendemos la herencia y la continuidad crítica de la Izquierda Comunista. Esto resulta aún más chocante cuando Nuevo Curso publica cada día un nuevo artículo donde se abordan todos los temas imaginables desde Netflix, el mensaje navideño del Rey español hasta el origen de la fiesta de la Navidad. Sin embargo, no ha creído necesario dedicar nada a algo tan vital como la justificación argumentada de su pretensión de hacer pasar como Izquierda Comunista la continuidad más o menos crítica de Munis con la Oposición de Izquierdas que dio lugar al trotskismo.
Nuestro artículo se planteaba finalmente “Quizá pudiera tratarse de un culto sentimental a un antiguo combatiente obrero [Munis]. Si ese es el caso debemos decir que el resultado será una mayor confusión, pues sus tesis, convertidas en dogmas, no harán sino destilar lo peor de sus errores. (…) Otra explicación posible es que se pretenda combatir la auténtica Izquierda Comunista con una “doctrina” spam (…) utilizando los materiales de aquel gran revolucionario. Si tal es el caso es obligación de los revolucionarios combatir con la máxima energía semejante impostura”.
Lo peor de la derrota de la oleada revolucionaria mundial de 1917-23 es que se hizo pasar como “comunismo”, “marxismo” y “principios proletarios” la gigantesca adulteración que perpetró el estalinismo. Las organizaciones revolucionarias actuales no pueden permitir que todo el patrimonio duramente desarrollado durante casi un siglo por la Izquierda Comunista sea reemplazado por una doctrina spam basada en la confusión y la gangrena oportunista que significó la Oposición de Izquierda. Ello supondría un golpe brutal a la perspectiva de la revolución proletaria mundial.
En septiembre de 2017 descubrimos por primera vez la página web (blog) de Nuevo Curso[2], que inicialmente se presentaba como interesado en las posiciones de la Izquierda Comunista y abierto a la discusión. Eso es lo que decían al menos en la respuesta a la primera correspondencia que les enviamos:
«…no nos vemos como un grupo político, como un proto-partido o algo así… Al revés, como vemos nuestro trabajo es casi como algo «formativo», ayudando a la discusión en centros de trabajo, entre jóvenes, etc. y una vez clarificados unos mínimos, sirviendo de puente a esas nuevas personas que descubren el marxismo con las organizaciones internacionalistas (básicamente TCI y vosotros) que, tal como lo vemos nosotros, deberíais ser los aglutinantes naturales del partido futuro, aunque estéis muy débiles ahora (como toda la clase, claro).»[3]
Este planteamiento desapareció unos meses después, sin mediar una explicación detallada y convincente, se declaraban la continuación de una supuesta Izquierda Comunista española cuyos orígenes serían Munis y su grupo el FOR[4]. Ya hemos puesto de manifiesto que esa pretendida filiación significa una confusión entre la Izquierda Comunista y el trotskismo, y que, desde el punto de vista de la continuidad de los principios políticos, las posiciones de Nuevo Curso no siguen las de la Izquierda Comunista, sino las del trotskismo, o en el mejor de los casos, de las tentativas de ruptura con él[5]. No hay pues una continuidad programática de Nuevo Curso con la Izquierda Comunista.
Pero ¿Qué hay de la continuidad orgánica? Lo que originariamente decían ellos mismos es:
«Debajo del blog y de la «Escuela de Marxismo» estamos un pequeño grupo de cinco personas que trabajamos y vivimos juntas desde hace quince años en una cooperativa de trabajo que funciona como una comunidad de bienes. Fue nuestra forma de resistir a la precarización y ganarnos la vida. También de mantener un modo de vida donde pudiéramos discutir, aprender y ser útiles a nuestras familias y amigos en una época difícil» (ídem)
Y según reconocen igualmente, su actividad principal estaba lejos de ser la crítica marxista; más bien consistía genéricamente –a falta de una mayor concreción- en dedicar sus esfuerzos «a la posibilidad de que el trabajo se organizara de manera productiva (un nuevo movimiento cooperativo o comunitarista que hiciera evidente la posibilidad tecnológica de una sociedad des -mercantilizada, es decir comunista)»[6] (ídem)
Por otra parte, además de este núcleo central, y al parecer procedentes de dinámicas diferentes de reflexión y discusión, han convergido diferentes grupos de jóvenes en varias ciudades[7].
Con esos mimbres, lo que resulta sorprendente es el bagaje político y las referencias a las posiciones de la Izquierda Comunista que la página web de Nuevo Curso ha exhibido desde el principio. Y uno de los elementos que contribuyen a ello lo explican también en su carta:
«Uno de nosotros –se refiere al núcleo cooperativista, NdR-, Gaizka[8], fue un antiguo contacto vuestro en los noventa y como él dice, la cabeza se le amuebló y aprendió marxismo con vosotros. Contar con él y con la biblioteca que aportó, ha sido una parte importante en nuestro proceso. » (Ídem)
Efectivamente, este “miembro cooperativista” se presentó en diciembre de 2017 en nuestra Reunión Pública en Madrid sobre el centenario de la Revolución rusa, y resultó ser un viejo conocido, de sobrenombre Gaizka, que en los años 90 mantuvo una discusión programática con la CCI. Al terminar la reunión nos informó de que estaba en contacto con un grupo de jóvenes, “proporcionándoles formación marxista”, y nos animó a que retomáramos el contacto.
Nuestra respuesta a su propuesta de retomar el contacto fue que antes debería aclarar ciertos comportamientos políticos que en los años 90 fue incapaz de explicar, y que lo involucraban en actitudes carreristas y en una relación mantenida con el PSOE[9] al mismo tiempo que se reivindicaba de las posiciones de la Izquierda Comunista[10].
No respondió en Diciembre (2017), ni tampoco después, a las 4 cartas que le hemos enviado en el mismo sentido. Por eso, siguiendo la tradición proletaria de llegar a una claridad sobre este tipo de episodios inciertos que permanecen oscuros, continuamos pidiéndole explicaciones ahora. Y es que, a falta de esas explicaciones, el seguimiento de su actividad política[11] desde que lo conocimos muestra una vinculación mantenida principalmente con el PSOE.
En 1992, Gaizka contacta con la CCI y se presenta como miembro de un grupo llamado “Unión Espartaquista”, que pretende defender las posiciones de la Izquierda comunista alemana (que hoy parece que ya no le hacen tanta gracia). En realidad, se trata básicamente de él y su pareja[12]; y su conocimiento de las posiciones y las tradiciones de la Izquierda Comunista es más una aspiración.
Desde el principio muestra un interés por integrarse rápidamente en nuestra organización y se incomoda cuando las discusiones se alargan por falta de clarificación, o cuando se cuestionan algunos de sus comportamientos –en particular respecto a otro elemento que se suma a un círculo de discusiones en Madrid, en el que participó también puntualmente una delegación de Battaglia Communista.
También plantea problemas la discusión sobre su trayectoria política. Aunque nos había informado de que estuvo en contacto con las juventudes socialistas, mostraba una especie de fascinación hacia la experiencia de los Kibutz[13], y un discurso que a veces parecía vincularlo con Borrell[14] y el lobby pro- judío socialista[15]. Tampoco aclaró nunca su relación orgánica con el PSOE ni su ruptura[16].
En 1994 en la CCI se desarrollaban debates sobre el problema del peso del espíritu de círculo en el Movimiento obrero desde 1968 y el afinitarismo bajo la cobertura de proyectos de vida “comunitaristas”. En el curso de las discusiones sobre nuestros principios de organización, habíamos presentado nuestras posiciones sobre todo esto a Gaizka. Y es posible que fuera por eso que, cuando le pedimos explicaciones directamente sobre los aspectos que nos parecían poco aclarados de su trayectoria[17], en primer lugar, no se sintió en absoluto extrañado, a pesar de que le planteamos una confrontación que incluía una grabación (nunca antes habíamos grabado una discusión con él). Y, en segundo lugar, simplemente no dio ninguna explicación y desapareció del mundo de la Izquierda Comunista…
¡Hasta ahora!
Lo que plantea cuestiones en la trayectoria política de Gaizka no es que, en algún momento, fuera simpatizante o militante de las juventudes socialistas y que no lo hubiera planteado claramente; lo que merece una explicación es que, a pesar de su pretendida convicción en las posiciones de la Izquierda Comunista, su trascurso vital está lleno de trazos que muestran una relación política con personajes que son o han sido, altos mandatarios del PSOE.
En 1998-99, participa como “asesor”, sin que nunca se aclare lo que eso significa, en la campaña de Borrell para las primarias del PSOE, como así consta en algunas de sus propias reseñas en la web. Uno de nuestros militantes lo ve en TV en las oficinas del candidato[18]. Gaizka ha intentado quitarle hierro al asunto presentándose a sí mismo poco menos que como “el chico de los recados” de la campaña, en el que Borrell ni siquiera reparaba. Pero lo cierto es que algunos dirigentes del PSOE, como Miquel Iceta[19] por ejemplo, dicen públicamente que conocieron a Gaizka en esta campaña. Y no parece que tenga mucho sentido que los mandos del PSOE fueran a pedirle a Borrell que les presentara al botones.
Pero es que, además, durante los mismos años, Gaizka participa en una “Misión humanitaria” del Consejo Europeo de Acción Humanitaria y Cooperación de la UE[20] en Kosovo junto a David Balsa, actual presidente de la Conferencia Eurocentroamericana y entonces presidente del Consejo Europeo de Acción Humanitaria y Cooperación, ex líder de las Juventudes socialistas y ex miembro de la ejecutiva del Partido Socialista de Galicia. En un escrito al Partido Radical Italiano, Gaizka se refiere a él como «el chico que fue en mi lugar a Albania».
Más allá de lo que esto pueda sugerir respecto a la sospecha de una relación más estrecha de lo que nunca ha reconocido, de Gaizka con el PSOE, significa la participación activa en una guerra imperialista bajo la cobertura de “acción humanitaria” y los “derechos humanos”[21].
En 2003 asesora igualmente la campaña de Belloch[22] por el PSOE a la alcaldía de Zaragoza, y esta vez sí, dice: «estuve muy involucrado en la campaña del alcalde, Juan Alberto Belloch, de redefinir la ciudad como un espacio urbano, de paisaje económico, donde pueden desarrollarse el tipo de empresas ligadas a las comunidades reales, muy transnacionalizadas e hiperconectadas».
En 2004, tras los atentados del 11M y la victoria electoral del PSOE, Rafael Estrella prologa un libro de Gaizka con elogios y alabanzas a sus cualidades. Este señor fue diputado del PSOE, portavoz de la Comisión de Asuntos exteriores del congreso de los diputados y presidente de la Asamblea parlamentaria de la OTAN[23]. El libro subraya la incompetencia del PP para entender los atentados de Atocha, pero no se le escapa ni una sola crítica al PSOE. El mismísimo Felipe González lo cita en alguna ocasión.
Este mismo diputado del PSOE sería después embajador de España en Argentina a partir de 2007 (hasta 2012) e invitaría a Gaizka a presentar su libro en la embajada, poniéndole en contacto con los círculos políticos y empresariales de aquel país.
Otro “padrino” que jugó un papel importante en la aventura Sudamericana de Gaizka fue Quico Mañero, del que dijo en una dedicatoria de otro libro suyo: «A Federico Quico Mañero, amigo, conector de mundos y tantas veces maestro, que nos empuja desde hace años a “vivir en la danza” de los continentes y las conversaciones, recibiéndonos y cuidándonos en cada lugar en el que aterrizamos. Sin él no habríamos llegado nunca a vivir como neovenecianos».
Lo que dice Izquierda Socialista (corriente de izquierda del PSOE) de este señor es:
«La parte de REPSOL[24] correspondiente a Argentina es el negociado de don Quico Mañero, exmarido de Elena Valenciano[25], histórico dirigente del PSOE (secretario general de las Juventudes Socialistas) asesor y conseguidor de empresas cercano a Felipe González, que fue nombrado en 2005 miembro del Consejo de Administración argentino de Repsol-YPF. Actualmente está bajo investigación por el escándalo de Invercaria y los fondos de reptiles andaluces, de donde recibió 1,1 millones de euros.»[26].
En este mismo periodo, en 2005, Gaizka trabaja para la Fundación Jaime Vera del PSOE, que es tradicionalmente una institución de formación de cuadros políticos del partido, y que parece que a partir de 2005 inicia un programa internacional de formación de cuadros con vocación de ganar influencia más allá de las fronteras de España. En ese contexto, Gaizka participa en la formación de los llamados cyberactivistas K en Argentina, que apoyaron la campaña de Cristina Kichner en 2007, cuando llegó a la presidencia del gobierno:
«La idea nació hace dos años, por un acuerdo político del Gobierno. Fue en 2005, entre una veintena de jóvenes seleccionados por la Casa Rosada para capacitarse en la Fundación Jaime Vera, la escuela de gobierno de los líderes del PSOE, el partido socialista español. Allí estaban los creadores del ciberactivismo K: el militante Sebastián Lorenzo (www.sebalorenzo.com.ar [43]) y Javier Noguera (nogueradetucuman.blogspot.com), secretario de Gobierno de José Alperovich, gobernador de Tucumán. "Quedamos maravillados cuando hablaron de blogs y redes sociales", dijo Noguera a LA NACION. No era para menos: el "profesor" español era el referente mundial en ciberactivismo… El mismo que hace un mes, acompañado por el embajador Rafael Estrella, presentó en Buenos Aires su nuevo libro (ver antes, NdR)»[27].
Durante la década de los 2010s y sobre todo tras la derrota electoral del PSOE, hay menos evidencias de compromisos con este partido.
En efecto, antes de la victoria del PSOE en 2004, Gaizka intenta arrimar el ascua del PP a su sardina, y colabora esta vez con las juventudes del PP, en la creación de los liberales.org, que en palabras de los mismos organizadores serviría para «crear un directorio en el que poner un poco de orden al liberalismo hispano presente en internet. Este fin de semana nos hemos puesto manos a la obra y, tras muchas horas delante del ordenador, hemos cartografiado lo que en la Red existe, producto de las diferentes (y a veces antagónicas) familias liberales y libertarias (no confundir con anarquistas). Así ha nacido LosLiberales.org, un proyecto no partidario para liberales e interesados en aprender sobre este tipo de pensamiento…»[28].
Este tinglado incluía elementos como Jiménez Losantos[29], para cuyo periódico Libertad digital Gaizka escribió varios artículos, o los liberal -conservadores cristianos, de los que los propios autores dudaban si se podían considerar liberales o extrema derecha.
Según palabras del periodista Ignacio Escolar[30] en el libro La blogosfera hispana, ese club «duró poco. Desacuerdos ideológicos y personales entre los fundadores acabaron con el proyecto».
El examen del curriculum vitae político de Gaitzka habla claramente de una relación estrecha con el PSOE. El PSOE, desde que en el Congreso Extraordinario de abril 1921[31] abandonó definitivamente el campo del proletariado, tiene una larga hoja de servicios al Estado Capitalista: en la dictadura de Primo de Rivera (1923-30), su sindicato, la UGT, era el chivato de la policía delatando a numerosos militantes de la CNT y un gerifalte del entramado PSOE-UGT, Largo Caballero, fue consejero de Estado del dictador. En 1930, el PSOE cambió rápidamente de chaqueta y se puso al frente de las fuerzas que en 1931 implantarían la Segunda República, donde desempeñó la jefatura del gobierno en coalición con los Republicanos entre 1931-33. Hay que destacar que en esos 2 años 1500 obreros fueron asesinados en la represión de las huelgas y tentativas insurreccionales. Después, el PSOE fue el eje del gobierno del Frente Popular dirigiendo el esfuerzo de guerra, la militarización y dando carta blanca a la jauría estalinista para reprimir la insurrección obrera de Barcelona de mayo 1937. Con la restauración democrática de 1975, el PSOE ha sido la columna vertebral del Estado, siendo el partido que más años ha estado al frente del Gobierno (1982-1996, 2004-2011 y desde 2018). Las medidas más brutales contra las condiciones de la clase obrera han sido impuestas por gobiernos PSOE destacando los planes de reconversión de los años 80 que supusieron la pérdida de UN MILLON DE PUESTOS DE TRABAJO o el programa de recortes sociales que iniciaría el gobierno PSOE de Zapatero y que luego continuaría el gobierno PP de Rajoy.
Con este baluarte del Estado burgués ha colaborado Gaizka y no se trata de relaciones con “elementos de base”, más o menos engañados, sino con altos responsables del Partido, nada más ni nada menos, que con Borrell que acaba de ser nombrado responsable de la política exterior y de seguridad de la Comisión Europea, con Belloch que fue ministro del Interior, con Estrella que fue presidente de la asamblea parlamentaria de la OTAN.
En el curriculum vitae de Gaizka no se puede encontrar el menor rastro de convicción firme en las posiciones de la Izquierda Comunista, y para ser sinceros, ni siquiera de que tenga unas convicciones políticas, pues no dudó en coquetear por un tiempo con el campo de la derecha. El “marxismo” de Gaizka pertenecería más bien al campo del “marxismo – grouchismo”, recordemos que el famoso cómico Groucho Marx dijo aquello de “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros en el bolsillo”.
Por eso la pregunta es: ¿qué es lo que hace que hoy Gaizka pretenda crear con Nuevo Curso un vínculo “histórico” con una supuesta “Izquierda Comunista Española”? ¿Qué tiene que ver este señor con esas posiciones, con el combate histórico de la clase obrera?
Y en continuidad con eso, ¿Qué es lo que hace que un grupo parásito como el GCIC, alguno de cuyos militantes eran miembros de los órganos centrales de la CCI en 1992-94, y que estaban al corriente del comportamiento de Gaizka, igual que están hoy al corriente de que él es animador principal de Nuevo Curso, miren a otro lado, se callen, y traten de ocultar así mismo su trayectoria y declaren que este grupo es el futuro de la Izquierda Comunista y cosas como esa?
«Nuevo Curso es un blog de compañeros que empezó a publicar desde septiembre pasado tomas de posición regulares sobre la situación y sobre cuestiones más amplias, incluso teóricas. Desgraciadamente, nada más son en español. El conjunto de las posiciones que defiende es claramente de clase y se ubican en el marco programático de la Izquierda comunista… estamos muy impresionados no solamente por su recordatorio sin concesión de las posiciones de clase, pero sobre todo por la "cualidad marxista” de los textos de los compañeros…»[32]
«Ainsi, la constitution d’Emancipación comme groupe politique à part entière exprime le fait que le prolétariat international, bien que soumis et loin de pouvoir repousser a minima les attaques de tout ordre imposées par le capital, tend à résister par la lutte et à se dégager de l’emprise idéologique de ce dernier et que son devenir révolutionnaire reste d’actualité. Elle exprime la "vitalité" (relative) actuelle du prolétariat.»[33]
En la tradición del Movimiento Obrero, cuya continuidad histórica representa hoy la Izquierda Comunista, tan importantes como los principios programáticos son los principios organizativos, de funcionamiento, y el comportamiento y la honestidad de los militantes. Algunos de los congresos más importantes de la historia del Movimiento obrero, como el congreso de la Haya de la AIT en 1872, fueron dedicados a ese combate por la defensa de un comportamiento proletario (y eso a pesar de que el congreso tuvo lugar un año después de la Comuna de París y se confrontaba a la necesidad de hacer un balance y sacar lecciones)[34]. El propio Marx dedicó una obra completa, que le llevó más de un año, interrumpiendo su trabajo en el proyecto de El Capital, a la defensa de ese comportamiento contra las intrigas del Sr. Vogt, un agente bonapartista que organizó una campaña de calumnias contra él y sus compañeros. Recientemente hemos publicado un artículo sobre la denuncia de Bebel y Liebchneckt del comportamiento deshonesto de Lasalle y Schweitzer[35]. Y ya en el siglo XX, Lenin dedicó un libro -Un paso adelante dos pasos atrás- a sacar las lecciones del 2º congreso del POSDR sobre el peso de comportamientos ajenos al proletariado. También se puede citar a Trotsky, que convocó un Jurado de honor para defender su integridad contra las calumnias de Stalin.
Que un personaje con lazos estrechos con altos dirigentes del PSOE desembarque repentinamente en el campo de la Izquierda Comunista debe alertar a todos los grupos y militantes que luchan por los intereses históricos de nuestra clase, incluidos aquellos participantes en el blog Nuevo Curso que lo hacen de buena fe, creyendo luchar por los principios de la Izquierda Comunista.
En 1994 pedimos a Gaizka aclarar su trayectoria y relaciones que ya entonces resultaban dudosos. Desapareció del mapa. En 2018, con una mochila llena de contactos de “alto nivel” en las esferas del PSOE, se lo volvimos a pedir y guardó silencio. Por la defensa de la Izquierda Comunista, de su integridad y de su contribución futura, debemos exigirle cuentas.
Corriente Comunista Internacional 20-1-2020
[1]https://es.internationalism.org/content/4460/nuevo-curso-y-una-izquierda-comunista-espanola-de-donde-viene-la-izquierda-comunista [44]
[2] A partir de junio de 2019, Nuevo Curso se ha constituido de hecho en grupo político con el nombre de Emancipación, a pesar de que su página web sigue bajo el mismo título de Nuevo Curso. Esa evolución no afecta para nada al asunto del que trata este artículo
[3] Tue,7 Nov 2017
From: Nuevo Curso To [email protected] [45]
[4] Ver en nuestra web entre otros: 1) https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1028/en-memoria-de-munis-militante-de-la-clase-obrera [46]; 2) https://es.internationalism.org/content/4393/polemica-adonde-va-el [47]; 3) https://es.internationalism.org/revista-internacional/201804/4300/el-comunismo-esta-al-orden-del-dia-en-la-historia-castoriadis-muni [48] (I) y (II) /content/4363/castoriadis-munis-y-el-problema-de-la-ruptura-con-el-trotskismo-ii [49]; 4) https://es.internationalism.org/cci/200602/753/1critica-del-libro-jalones-de-derrota-promesas-de-victoria [50]; 5) https://es.internationalism.org/content/4388/las-confusiones-del-sobre-octubre-1917-y-espana-1936 [51];
[5] https://es.internationalism.org/content/4460/nuevo-curso-y-una-izquierda-comunista-espanola-de-donde-viene-la-izquierda-comunista [44]
[6] ¡Entienda quien pueda! No vamos a entrar aquí en intentar descifrar lo que significa concretamente ese tipo de actividad. Baste con constatar de momento, que a pesar de los alegres calificativos de “comunista”, no tiene nada que ver con una actividad revolucionaria o realmente comunista, como se reconoce en la misma carta, cuando se dice que para avanzar hacia el marxismo había que partir de la crítica de esa actividad.
[7] «Pero en los últimos año y medio o dos años, a nuestro alrededor
empezamos a notar un cambio. Se podía hablar de otra manera y aparecían decenas de chicos con un espíritu que nos gustaba pero que caían en el estalinismo o el trotskismo más folclórico» (de la carta de Nuevo curso, op. Cit.)
[8] En la carta se emplea el nombre verdadero; aquí utilizamos el sobrenombre por el que lo conocimos en los años 90.
[10] No tuvimos sin embargo ningún inconveniente –al contrario- en reunirnos con cualquiera de los grupos de jóvenes; y así lo hicimos con uno de ellos en noviembre de 2018
[11] Bajo su verdadero nombre y apellidos, Gaizka es un personaje público en la web, y eso permite seguir su presencia y participación en diferentes iniciativas políticas. Y al mismo tiempo explica que no podamos aportar toda la documentación aquí sin revelar su identidad
[12] Inicialmente había otros elementos que abandonaron el grupo
[13] Esa fascinación se mantiene hoy en el discurso más actual de Gaizka; pero se disfraza de una defensa de las experiencias comunitarias de los Kibutz, particularmente en su primera etapa a principios de siglo, sin referencias al rol político que han jugado en los intereses imperialistas del Estado de Israel. «Los indianos (o sea la comuna de Gaizka, NdR)son comunidades parecidas a los Kibutz (no hay ahorros individuales, las propias cooperativas están bajo control colectivo y democrático, etc.) pero existen distinciones importantes, como son la ausencia de una ideología compartida nacional o religiosa, el estar distribuidos a través de varias ciudades en vez de concentrados en unas instalaciones y el entender que hay criterios por encima de la racionalidad económica.» (de una entrevista a Gaizka).
[14] Borrell, ingeniero aeronáutico y economista de formación, entró en política en la década de 1970 como militante del PSOE durante la Transición española, y desempeñó diversos altos cargos durante los gobiernos de Felipe González, primero dentro del Ministerio de Economía y Hacienda en el desempeño de secretario general de Presupuesto y Gasto Público (1982-1984) y de secretario de Estado de Hacienda (1984–1991); posteriormente se incorporó al Consejo de Ministros al frente de la cartera de Fomento y Transportes. En la oposición tras las elecciones generales de 1996, Borrell se convirtió inesperadamente en 1998 en el aspirante elegido por la militancia del PSOE a la presidencia del Gobierno, rol que mantuvo hasta su renuncia en 1999. A partir de entonces, centrado en la política europea, se convirtió en diputado del Parlamento Europeo para el período 2004–2009 y llegó a desempeñar la presidencia de la cámara durante la primera mitad de la legislatura. Tras un tiempo retirado de la primera línea política, volvió al Consejo de Ministros en junio de 2018, con su nombramiento como ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación en el gobierno presidido por Pedro Sánchez. (Wikipedia)
[15] Borrell estuvo en 1969 en un Kibutz y su primera esposa y madre de sus dos hijos es de origen judío. Se le ha conocido como defensor de los intereses pro -judíos en el partido socialista.
[16] No es la única relación que permanece confusa. Hoy nos enteramos de que en el mismo periodo que quería una discusión para integrarse en la CCI, participaba y era el principal animador en España de la tendencia llamada cyberpunk, y promotor de actividades de cyberactivismo,
[17] La querencia por un modo de vida “comunitarista”, que explica su fascinación por los Kibutz, y que estuvo presente en la Unión Espartaquista, donde hubo la tentativa de vivir en comuna es uno de ellos
[18] En los años 80 un elemento llamado “Chenier” fue descubierto y denunciado en nuestra prensa como aventurero. Poco después se le vio trabajando a las órdenes de PS francés. Eso nos puso sobre alerta sobre una posible relación de Gaizka con el PSOE más estrecha de lo que nunca había reconocido
[19] Actual secretario general del PSC (Partido socialista de Cataluña); militante de las juventudes socialistas y del PSOE desde 1978; en 1998-99 diputado por Barcelona al congreso de los diputados
[20]Puesto que la Institución no es demasiado conocida, véase aquí una referencia a su fundación del diario UH de Mallorca, basada en una noticia de la agencia Efe: https://www.ultimahora.es/noticias/sociedad/1999/03/01/972195/espanol-preside-nuevo-consejo-europeo-accion-humanitaria-cooperacion.html [53]
[21] Precisamente la guerra en la exYugoslavia (los primeros bombardeos y masacres en Europa tras la 2ª guerra mundial), se libró en nombre del “humanitarismo”, y los ataques aéreos de la OTAN, se presentaron como “una ayuda a la población” contra las guerrillas. Para conocer nuestra posición sobre el conflicto imperialista de Kosovo en 1999, ver en nuestra web: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1157/editorial-la-paz-en-kosovo-momento-de-la-guerra-imperialista [54]
[22] Juan Alberto Belloch fue Ministro de Justicia e Interior con Felipe González (1993-1996) antes de presentarse a la alcaldía de Zaragoza
[24] REPSOL es la primera empresa española de extracción, refinado y comercialización de petróleo y sus derivados. Tiene una importante presencia internacional, especialmente en América del Sur.
[25] Dirigente del PSOE y número dos de Alfredo Pérez Rubalcaba, fallecido ministro del interior y auténtico “Richelieu” de gobiernos socialistas, que obligó a los controladores aéreos a trabajar a punta de metralleta
[26] web.psoe.es/izquierdasocialista/docs/648062/page/patriotas-por-dios-por-patria-repsol.html
[27] Diario La Nación, Argentina.
[28] El blog losliberales.org ya no existe, pero la cita está disponible en captura de pantalla
[29] Periodista originariamente militante maoísta de Bandera Roja y del partido estalinista en Cataluña (PSUC), que hoy apoya a Vox y al ala más derechista del PP. Ha escrito para ABC y el Mundo, y sido locutor en la COPE. Actualmente es animador del periódico Libertad digital y su radio es.radio
[30] Fundador del diario Público, que luego abandonó para promover Diario.es, del que es el principal responsable. Analista en las tertulias de TV de la Sexta
[31] En este congreso se produjo la separación de las últimas tendencias proletarias que todavía resistían en el PSOE, aunque es preciso reconocer que eran muy confusas (centristas). El tema de dicho congreso fue la adhesión o no a la Tercera Internacional, la cual fue rechazada por 8269 mandatos contra 5016 partidarios de la adhesión. Estos últimos dejaron el congreso fundando a continuación el Partido Comunista Obrero Español.
[32] Revolución o guerra nº 9 (GIGC)
[33] «Así, la constitución de Emancipación como grupo político a parte entera expresa el hecho de que el proletariado internacional, aunque sometido y lejos de poder repeler al menos los ataques de todo tipo que le impone el capital, tiende a resistir por la lucha y a desgajarse del peso de la ideología de éste, y que su devenir revolucionario sigue estando de actualidad. Expresa la vitalidad (relativa) actual del proletariado», Revolución o guerra nº 12
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CASAL OBRERO Y POPULAR calle Olympia Arozamena Torres 42 bajo VALENCIA 46018, metro Avenida del Cid.
sábado 7 de marzo 2020 a las 17:00 horas
En Francia la “reforma” de las pensiones supone un golpe muy duro para todos los trabajadores. A pesar de que los sindicatos de manera preventiva organizaron un dispositivo para llevar a los obreros a la derrota, estos han mostrado una gran combatividad, una voluntad de unirse, de solidaridad, de juntarse todas las generaciones.
La lucha ha sido finalmente derrotada. Sin embargo, la clase obrera aprende no solo de sus victorias sino aún más de sus derrotas. Este debe ser el objetivo de la Reunión: cómo luchar, cómo organizarse, como romper el control sindical, como lograr una auténtica unidad, quiénes son nuestros falsos amigos y nuestros enemigos declarados.
Esas lecciones son necesarias para la clase obrera en todos los países pues los golpes propinados en Francia no son un hecho aislado, expresa ataques que bajo diferentes formas y envolturas sufrirá la clase obrera en todo el mundo.
Animamos a participar para desgajar orientaciones para luchar.
LOS COMPAÑEROS QUE DESEEN PARTICIPAR VIA INTERNET NOS TIENEN QUE ENVIAR SU DIRECCION MAIL Y MEDIA HORA ANTES LES ENVIAREMOS EL ENLACE PARA PARTICIPAR
Agregamos a continuación la Presentación que hemos elaborado para la Reunión:
En diciembre de 2019 y enero de 2020, tuvieron lugar importantes luchas obreras en Francia. El sector del transporte se vio particularmente afectado: los trenes y el transporte urbano de la capital y sus suburbios estuvieron en huelga durante casi dos meses, lo que constituye un "récord" en cuanto a duración. Las movilizaciones no se limitaron a este sector: los sindicatos convocaron numerosas "jornadas de acción interprofesional" con huelgas y manifestaciones en las que participaron numerosos sectores, entre ellos los docentes, los trabajadores hospitalarios, los empleados de los servicios públicos, la energía (electricidad y refinerías...). Incluso se vio a abogados tirando sus togas frente a los tribunales para expresar su ira y participar en las manifestaciones.
Tras un decenio de apatía de la clase obrera en Francia, como en la mayoría de los demás países, este movimiento supuso un importante resurgimiento de la combatividad de la clase obrera. Es cierto que este movimiento sólo afectaba a un país, Francia. Pero es un país importante desde el punto de vista de la lucha de clases. Recordemos la enorme huelga de mayo de 1968, la mayor huelga de la historia: 9 millones de huelguistas durante casi un mes. Una huelga que dio la señal para una histórica reanudación internacional de las luchas obreras después de la terrible contrarrevolución que había caído sobre la clase obrera tras la derrota de la ola revolucionaria de 1917-1923. Además, la burguesía de todos los países es muy consciente de la importancia de las luchas del proletariado en Francia para los proletarios de otros países y por eso observa con gran atención los movimientos sociales de este país. Y organiza un apagón selectivo sobre estos movimientos para tratar de dar una imagen negativa de ellos en los medios de comunicación: usuarios de transporte a los que se les impide ir al trabajo o a las vacaciones, escenas de tiendas saqueadas por los black-blocks durante las manifestaciones, etc.
Actualmente, el movimiento está casi terminado. Cada vez son menos los trabajadores que participan en las jornadas de movilización y manifestaciones convocadas por los sindicatos. La clase obrera ha vuelto al trabajo sin haber obtenido nada de sus demandas. Es hora de hacer un balance de este movimiento. Para analizar sus fortalezas y debilidades. Para considerar las perspectivas que puede anunciar. Examinar las trampas que la burguesía ha tendido a la clase obrera para poder evitarlas en el futuro y responder a la pregunta: ¿CÓMO LUCHAR?
El origen de este movimiento fue un proyecto de ley del gobierno para reformar el sistema de pensiones. Esta "reforma" formaba parte del programa de Macron para las elecciones presidenciales de 2017 y se presentó como un "Big Bang" para crear un sistema de pensiones más "justo" y "equitativo". Se trata de una "pensión por puntos" en lugar de la pensión por reparto que ha existido hasta ahora, en la que los trabajadores contribuyen a pagar las pensiones de los jubilados. Es un sistema basado en el sistema de pensiones de capitalización que hace felices a los fondos de pensiones anglosajones y a los jubilados infelices cuando los precios del mercado de valores caen en picado. Sobre todo, es un ataque masivo a toda la clase obrera: obligación de trabajar más tiempo y reducción de las pensiones.
Algunos ejemplos:
- En la actualidad, para un trabajador del sector privado, la cuantía de la pensión se calcula sobre la base de los salarios de los 25 años más ventajosos. Con esta "reforma", esta cantidad se calculará sobre la base del total de los salarios recibidos. Esto incluye, por supuesto, los bajísimos salarios al principio de la carrera y los irrisorios ingresos de los períodos de desempleo. Para los funcionarios, el ataque es aún más brutal ya que hoy en día su pensión se calcula sobre el salario de fin de carrera que es, la mayoría de las veces, el más alto, mientras que los salarios al principio de su carrera son ridículos. ¡Para un maestro, la "reforma" daría una pérdida de ingresos del 30%!
- Asimismo, con esta "reforma" se prevé introducir una "edad pivote" de 64 años. Los trabajadores tendrán derecho a jubilarse a la edad de 62 años, pero en ese caso no recibirán su pensión completa. ¡Tendrán que trabajar hasta los 64 años!
- Pero más que eso: el proyecto mantiene la abolición de varios criterios para el trabajo arduo que anteriormente permitían a los trabajadores que sufrían las condiciones de trabajo más duras jubilarse a una edad más temprana. Este es el caso, por ejemplo, de la manipulación manual de cargas o de la exposición a agentes químicos peligrosos, al polvo y al humo, condiciones de trabajo que afectan gravemente a la salud y a la esperanza de vida de los explotados.
Este ataque masivo está lejos de ser el primero que sufre la clase obrera en Francia, como en otros países. De hecho, desde la crisis financiera de 2008, el proletariado de todos los países se ha enfrentado a ataques cada vez más brutales: como siempre, la burguesía hace pagar a los explotados por el agravamiento de la crisis económica. Cada burguesía nacional tiene el deber de garantizar la competitividad de sus empresas frente a una competencia mundial cada vez más feroz. Y la única manera es bajar los "costos de producción", es decir, aumentar la explotación de los trabajadores, y eliminar los "gastos inútiles". Después de todo, lo ideal, para cada burguesía nacional, sería que los explotados mueran lo antes posible en cuanto dejen de ser productivos. Por supuesto, los capitalistas y los políticos encargados de defender sus intereses no lo dicen abiertamente, pero a eso apuntan todas las políticas de alargamiento de la edad de jubilación adoptadas en muchos países en los últimos años. Y si los trabajadores jubilados tienen la mala idea de vivir más tiempo, sus pensiones se reducirán para que le cueste lo menos posible a la economía nacional.
El "Big Bang" de las pensiones era la medida estrella del mandato del Presidente Macron, pero fue precedido por toda una serie de pequeños "Big Bangs" desencadenados desde que asumió el cargo: el objetivo era hacer de Francia una "nación emergente" en sintonía con el siglo XXI y la "globalización". Inmediatamente, Macron abolió el Impuesto sobre la Fortuna introducido en 1989 por Mitterrand, una medida que ni siquiera el presidente derechista Sarkozy se atrevió a cuestionar. Al mismo tiempo, Macron decretó, sin pasar por el Parlamento, toda una serie de medidas destinadas a dar más "libertad" a los jefes de empresa, es decir, a permitir a los capitalistas explotar aún más duramente a los trabajadores. En segundo lugar, suprimió muchas de las subvenciones estatales a las asociaciones que ayudan a los más pobres. Por último, en nombre de la "abolición de los privilegios", atacó a los trabajadores del ferrocarril (la SNCF), eliminando una serie de pequeños beneficios que habían obtenido en el pasado, en particular gracias a su espíritu de lucha.
Frente a estos ataques, la ira de los explotados ha aumentado mes a mes. Los sindicatos han organizado "movilizaciones" para que "se desahogasen". Pero en 2018 y la primera mitad de 2019, tanto en los movimientos de huelga como en las manifestaciones, lo que dominaba entre los obreros era la resignación, el sentimiento de que, una vez más, el gobierno y la burguesía tenían las manos libres para atacar sus condiciones de vida, sobre todo por la falta de unidad de la clase obrera. Esta falta de unidad fue particularmente visible durante las huelgas de los trabajadores del ferrocarril contra el cuestionamiento de sus pequeñas ventajas. Su movimiento permaneció aislado y el gobierno impuso su "reforma".
Esta ira se amplificó aún más por la actitud arrogante y despectiva de Macron hacia los más desfavorecidos. Por ejemplo, cuando era Ministro de Economía bajo el presidente "socialista" François Hollande, llamaba "analfabetas" a las trabajadoras de la alimentación. Cuando se convirtió en presidente, su arrogancia se agravó hasta el punto de que ahora se le apoda "Júpiter".
La profunda ira contra Macron y su gobierno no sólo se dirigió a la clase obrera. De hecho, muchos segmentos de la población no pertenecientes a la clase trabajadora (artesanos, pequeños empresarios, tenderos, campesinos, profesionales) estaban cada vez más exasperados por el deterioro de su situación económica y por una política que favorecía abiertamente a los ricos. Y Macron justificó esta política en nombre de la "teoría del goteo": cuanto más ricos son los ricos, más su riqueza "gotea" hacia los más pobres. ¡Como si la riqueza de los burgueses hubiera caído del cielo y no fuera, precisamente, el fruto del trabajo de los explotados! El ex presidente de la derecha Sarkozy había sido descrito como el "presidente de los ricos". Macron se ganó rápidamente el título de "presidente del ultrarrico", que era bastante merecido para un ex empleado de alto rango del Banco Rothschild.
Este enorme descontento que se había desarrollado en toda la sociedad explotó con el movimiento del "chaleco amarillo" a partir de noviembre de 2018.
Este movimiento se inició tras la difusión viral en las redes sociales de llamadas de protesta contra el aumento de los impuestos a los combustibles decidido por el gobierno en nombre de la "transición ecológica". El aumento del precio de la gasolina y el gasóleo ha enfurecido a la gran mayoría de la población, especialmente a los sectores que dependen de sus automóviles para ir al trabajo o acompañar a sus hijos a la escuela debido a la falta de transporte público. Por eso el movimiento ha sido particularmente fuerte en las zonas periurbanas, en las pequeñas ciudades de provincia y en el campo. Por eso también es un movimiento interclasista en el que encontramos pequeños jefes, artesanos, enfermeros autónomos, campesinos, etc., así como pequeños agricultores. Obviamente no es casualidad que este movimiento de chalecos amarillos haya recibido, desde el principio, el apoyo de los partidos de la derecha y del Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen con el lema: "hay demasiados impuestos". Así, podemos ver al líder del partido de derecha "Les Républicains" (el partido de Chirac y Sarkozy) con un chaleco amarillo. Incluso Brigitte Bardot, conocida por sus simpatías por Le Pen, publica una foto suya con un chaleco amarillo.
Muy rápidamente, los reclamos van más allá de la mera cuestión del aumento del precio del combustible. Esta medida fue retirada por el gobierno después de un mes, pero sin calmar la movilización. Entre las demandas más populares estaba el aumento del salario mínimo, una medida que no fue apoyada por la derecha, obviamente, ni por Marine Le Pen porque los pequeños empresarios constituyen una gran parte de su clientela electoral. Una de las demandas en las que insisten los chalecos amarillos es la introducción del Referéndum de Iniciativa Ciudadana (RIC), algo parecido al modelo suizo. Esta demanda subraya el carácter interclasista y de inspiración democrática del movimiento. Pero este carácter interclasista y no proletario del movimiento es particularmente evidente en los métodos que emplea: los manifestantes se reúnen en rotondas alejadas de las concentraciones de trabajadores y cuando marchan por las ciudades, lo hacen detrás de las banderas nacionales y cantando "Le Marseillaise", es decir, los dos símbolos de la represión de la Comuna de París de 1871. En París, todos los sábados intentan ocupar los Campos Elíseos donde se encuentran las tiendas de lujo, algunas de las cuales son saqueadas por algunos de los "chalecos amarillos" que se dejan arrastrar por los "bloques negros" que imaginan que están luchando contra el capitalismo atacando sus símbolos. También intentan acercarse al Palacio donde reside el presidente con el lema "¡Macron renuncia!". ¡Como si la salida de Macron cambiara algo en la cada vez más insoportable miseria que están sufriendo!
El movimiento del chaleco amarillo recibe un apoyo muy fuerte entre la población: 80% de opiniones favorables durante muchos meses a pesar de la violencia y los saqueos que han sido muy publicitados en los medios de comunicación. Aunque este movimiento involucra a un cierto número de trabajadores, son principalmente los sectores más atrasados e inexpertos de la clase obrera. La mayoría de la clase obrera, aunque sienta simpatía por el movimiento, está al margen.
Este movimiento le costó mucho a la economía francesa: el gobierno tuvo que soltar casi 15 mil millones de euros para calmarlo. Causó una importante pérdida de popularidad a Macron: en las elecciones europeas de 2019, su partido, "La République en Marche" quedó en segundo lugar detrás del de Marine Le Pen. Dicho esto, el movimiento del chaleco amarillo nunca ha sido una amenaza real para la burguesía francesa y sus intereses. Una buena prueba de que este tipo de movimiento no preocupaba realmente a la burguesía es que recibió una considerable cobertura mediática internacional, hasta el punto de que incluso en Basora, Irak, tuvo eco y que el gobierno egipcio prohibió la venta de chalecos amarillos.
Incluso hoy en día, todavía hay demostraciones de chalecos amarillos, pero aparecen cada vez más como una reunión de unas pocas personas nostálgicas. Una de las razones de esto es que la escena social ha sido ocupada por una fuerza mucho más grande e históricamente más peligrosa para la burguesía, la clase obrera.
El ataque masivo en las pensiones, el "Big Bang" anunciado por Macron, fue cuidadosamente preparado por todos los sectores de la burguesía. Era necesario que la clase dominante evitara que la enorme ira de toda la clase obrera explotara incontrolablemente en el momento de este ataque. Los sindicatos estaban obviamente en primera línea en las maniobras para controlar sistemáticamente a la clase obrera. Así vimos:
- La creación de un "Intersyndicale" para liderar el movimiento contra la "reforma" de las pensiones. Reunía a la Confederación General del Trabajo (CGT, cercana al Partido Comunista), Force Ouvrière (tradicionalmente cercana al Partido Socialista), "Solidaires" (sindicato dirigido por corrientes de izquierda y bastante poderoso en los ferrocarriles), la FTUU, el principal sindicato de la educación, además de los sindicatos de estudiantes y de la escuela secundaria.
- Se creó previamente una división sindical, ya que uno de los principales sindicatos (el que obtiene más votos en las elecciones profesionales, la Confederación Democrática Francesa del Trabajo - CFDT) no participa en la Intersyndicale.
- La elección por parte de la Intersyndicale de la fecha del 5 de diciembre para lanzar el movimiento, es decir, menos de 3 semanas antes de las fiestas de fin de año que, en el pasado (en 1986 y 1995), habían permitido poner fin a los movimientos de huelga.
El 5 de diciembre de 2019 la escala de la movilización sorprende a todos. Es la movilización más fuerte desde 2010. El número de huelguistas en muchas áreas, el número de manifestantes en las calles de las ciudades grandes y pequeñas son impresionantes. Además, la atmósfera de estas manifestaciones no se parece en nada a la de las procesiones de años anteriores. Es una atmósfera feliz, marcada por la alegría de ser tantos, "todos juntos", para levantar la cabeza después de años de sumisión. Hay un gran sentido de solidaridad en las manifestaciones entre sectores y entre generaciones. Los que no se ven afectados por la "reforma" están presentes para mostrar su apoyo a las generaciones más jóvenes que sufrirán toda la violencia de este ataque. Escuchamos el lema: "Los jóvenes en la galera, los viejos en la miseria". La "galera" es el término utilizado para referirse al desempleo juvenil. Esta búsqueda de unidad y solidaridad entre todos los sectores y todas las generaciones es una indicación de que, a pesar de todas sus limitaciones y debilidades actuales, el proletariado puede recuperar su identidad de clase.
Entre los manifestantes, también hay una fuerte voluntad de discutir y entender. Las hojas que distribuye la CCI se reciben con gran simpatía. En las ciudades en las que se distribuyen, vemos a los manifestantes volver a dirigirse a nuestros militantes para expresar su acuerdo, comprar nuestra prensa o pedir un paquete de hojas para difundirlas ellos mismos.
Por último, no hay banderas tricolores en las manifestaciones. No se canta la "Marsellesa" sino la Internacional.
La movilización no se detiene después de ese día. Los trabajadores de los ferrocarriles y de la RATP (transporte parisino) continúan la huelga. Prácticamente no hay más trenes, metro o autobuses. La televisión informa de los inconvenientes causados por la huelga de transportes a muchos trabajadores. En las encuestas, la mayoría de la población sigue apoyando la huelga y culpa al gobierno por los inconvenientes, no a los huelguistas. Los huelguistas dicen que no están en huelga para ellos mismos sino para todos aquellos que no pueden ir a la huelga o se enfrentan a represalias. Se trata de la "huelga por poder" y la gran mayoría de los trabajadores apoyan a los huelguistas, en particular contribuyendo a los fondos de solidaridad.
La Intersyndicale llama a nuevas jornadas de movilización que, en general, son menos concurridas que la del 5 de diciembre, pero en las que se sigue afirmando una fuerte determinación. La movilización del 10 de diciembre es menos masiva que la del 5 de diciembre, pero el 17 de diciembre hay casi la misma cantidad de gente y en París la manifestación reúne a más gente que el 5 de diciembre. Es cierto que el 11 de diciembre el Primer Ministro pronunció un discurso en el que anunció las líneas generales de la "reforma" y confirmó la magnitud del ataque. El CFDT, el sindicato más "moderado", que apoya la "pensión por puntos", simula “rebelarse”. Considera que el gobierno había "cruzado la línea roja" manteniendo la "edad pivote" y llamó a unirse a la movilización del 17 de diciembre.
De hecho, la CFDT llevó a cabo una maniobra clásica utilizada en numerosas ocasiones por la burguesía, en particular en las huelgas del otoño de 1995, con un escenario y una división de roles bien definidos:
- en la lista de sus ataques, el gobierno anuncia una medida particularmente provocativa, la “edad pivote”;
- todos los sindicatos denuncian esta medida;
- el gobierno la retira, permitiendo que los sindicatos más moderados reclamen la victoria;
- los sindicatos "radicales" siguen llamando a la movilización, pero la unidad de los trabajadores se ha roto, provocando resentimientos e incluso enfrentamientos entre los explotados.
Ese es exactamente el teatrillo que se volvió a representar. El 11 de enero, el Primer Ministro anunció la retirada temporal de la edad pivote de 64 años, permitiendo a la CFDT gritar "¡victoria!"
El sórdido juego de la CFDT ha hecho que muchos trabajadores se enfaden con este sindicato. Algunos de ellos, alentados por los otros sindicatos, han participado en varias "acciones" contra la CFDT, incluyendo la ocupación pacífica de su sede en París mientras los miembros de este sindicato rompían sus cartas de adhesión. Pero la política de los sindicatos contra la clase obrera no se limita al comportamiento "amarillo" de la CFDT. En realidad, los demás sindicatos, en particular la CGT, aunque mostraban una postura "radical", contribuyeron a la derrota final de la clase obrera.
La "tregua de los confiteros" (como se denomina en Francia a las fiestas de fin de año) no puso fin a la movilización de los trabajadores. A pesar de las pérdidas salariales y de los llamamientos a la suspensión de la huelga por parte de los sindicatos "moderados", la huelga continuó en los ferrocarriles y el transporte en París. Esto fue una prueba de la existencia de una enorme combatividad en estos sectores y también en otros, ya que la huelga mantuvo su popularidad a pesar de las molestias a los usuarios que salían de vacaciones. Por lo tanto, la huelga continuó en 2020, durante buena parte del mes de enero. Y a medida que se fue agotando gradualmente (en particular debido a las pérdidas salariales cada vez más insoportables), la CGT pidió que la huelga se extendiera a otros sectores, como las refinerías, la electricidad, los puertos, el tratamiento de residuos, lo que provocó un amontonamiento de basura en varias ciudades.
La extensión de la lucha a otros sectores es vital para la fuerza de la clase obrera contra la burguesía. Pero cuando esta extensión tiene lugar en el momento de la decadencia de un movimiento, no es la lucha lo que se extiende sino la derrota. Los sindicatos lo saben perfectamente. El "radicalismo" mostrado en enero por la CGT no era en absoluto una política al servicio de los intereses de la clase obrera, sino todo lo contrario:
- llamando a la continuación de la huelga en una situación de debilidad, trataban de hacerles rechazarla en el futuro;
- al pedir la extensión del movimiento en el peor momento posible, pretendían provocar un sentimiento de desmoralización y la idea de que "luchar es inútil".
En Francia, la clase obrera no pudo evitar el ataque del gobierno. Por lo tanto, fue una derrota. Pero como el movimiento obrero ha señalado desde hace tiempo: "El camino al socialismo (...) está pavimentado de derrotas. (...) ¿Dónde estaríamos hoy sin todas estas 'derrotas', de las que hemos sacado nuestra experiencia, conocimiento, fuerza e idealismo?" (Rosa Luxemburgo, "El orden reina en Berlín", artículo escrito en la víspera de su asesinato).
También hay que aprender lecciones de esta derrota.
1°) La peor derrota habría sido no luchar, no reaccionar a los ataques de la burguesía. La frustración y la desmoralización habrían sido mucho peores si la clase obrera no hubiera reaccionado, si hubiera inclinado la cabeza. En la lucha del proletariado contra los ataques de la burguesía, no sólo hay una dimensión económica. También hay siempre una dimensión moral, una afirmación de su dignidad. Por eso uno de los lemas más cantados en las manifestaciones fue: "Estamos aquí por el honor de los trabajadores y por un mundo mejor". Como escribimos en nuestra hoja del 4 de febrero:
"Este movimiento social, a pesar de todas sus limitaciones, debilidades y dificultades, es ya una primera victoria. Después de años de parálisis, desorden y atomización, ha permitido que cientos de miles de trabajadores salgan a las calles para expresar su voluntad de luchar contra los ataques del Capital. Esta movilización les permitió expresar su necesidad de solidaridad y unidad. También les permitió experimentar las maniobras de la burguesía para superar este ataque."
2°) Una vez más se ha constatado que los sindicatos son los peores enemigos de la clase obrera, incluso y sobre todo cuando se dan una imagen "radical". Y esto, aunque la mayoría de los trabajadores sindicalizados no lo sepan. En este sentido, una de las condiciones para una lucha victoriosa de la clase obrera es que sea asumida directamente por los trabajadores, que su conducción no se ponga en manos de "especialistas" sindicales. Concretamente, esto significa:
- asambleas generales masivas y soberanas;
- la formación de comités de huelga con delegados elegidos y destituidos por las asambleas;
- el envío por las asambleas de delegaciones masivas a otros lugares de trabajo para lograr la indispensable extensión del movimiento, y esto desde el principio de la lucha.
En efecto, las huelgas de diciembre de 2019 y enero de 2020 en Francia han confirmado una vez más que, en el período histórico actual, la duración de una lucha no constituye una fortaleza. Durante mucho tiempo, la clase dominante se ha organizado para entablar una prolongada lucha armada con los trabajadores a fin de "dejar que su lucha se pudra" en un aislamiento cada vez mayor. En este sentido, la creación de "fondos de huelga", si bien fue a principios del movimiento obrero en el siglo XIX uno de los medios para el éxito de las luchas, hoy en día ha perdido este papel. Al contribuir a estos fondos de huelga, generalmente promovidos por los sindicatos, los trabajadores que no están directamente involucrados en la lucha quieren expresar su solidaridad con los que están en huelga para que puedan "aguantar". Por supuesto, no podemos condenar su acción, pero debemos tener claro que la única solidaridad efectiva es unirse a ellos en la lucha, participar en su rápida difusión.
Para concluir estas lecciones podemos citar lo que escribimos en nuestra hoja del 4 de febrero:
"Los jóvenes trabajadores que participaron en el movimiento contra el "Contrato de Primer Empleo" en la primavera de 2006, cuando aún eran estudiantes o bachilleres, deben recordar y transmitir esta experiencia a sus compañeros de trabajo. ¿Cómo pudieron hacer retroceder al gobierno de Villepin obligándolo a retirar su "CPE"? Gracias a su capacidad de organizar su lucha por sí mismos en sus masivas Asambleas Generales en todas las universidades, y sin ningún sindicato. Los estudiantes habían hecho un llamamiento a todos los trabajadores, activos y jubilados, para que vinieran a debatir con ellos en sus asambleas generales y participaran en el movimiento de solidaridad con las jóvenes generaciones que se enfrentaban al desempleo y la precariedad. El gobierno de Villepin tuvo que retirar la CPE sin ninguna 'negociación'".
Estas son algunas de las lecciones que la clase trabajadora tendrá que apropiarse o reapropiarse para futuras luchas con el fin de hacerlas más efectivas. Y también para que permitan el desarrollo de la unidad y la conciencia del proletariado en sus luchas decisivas contra el capitalismo, con vistas a su derrocamiento.
Nuestra sección en Francia se movilizó plenamente para participar en las luchas de diciembre y enero en ese país. Incluso antes de la fecha del 5 de diciembre, volvimos a publicar en nuestro sitio web un artículo en el que se extraen lecciones de la lucha masiva del otoño de 1995, lecciones que podrían ser útiles para la lucha actual. A lo largo del movimiento, publicamos varios artículos en el sitio web tomando posición sobre la lucha y las maniobras de las diversas fuerzas de la burguesía, así como un número de nuestro periódico dedicado en gran parte a este movimiento. Con motivo de las diversas manifestaciones organizadas por la Intersyndicale publicamos 4 hojas que, si tenían el mismo contenido político, trataban de dar cuenta de la evolución del movimiento:
Se distribuyeron varias decenas de miles de ejemplares de esas hojas, en particular en las cuatro ciudades más grandes de Francia: París, Marsella, Lyon y Toulouse, así como en Lille, en el corazón de la concentración de trabajadores más antigua del país, y en Nantes, ciudad en la que la clase obrera siempre ha estado en la vanguardia de las luchas (en particular en 1968). Como ya se ha mencionado, estas hojas fueron recibidas muy positivamente por muchos manifestantes. En la del 13 de enero llamamos a celebrar reuniones públicas el 18 de enero y el 8 de febrero en cinco ciudades. En estas reuniones públicas tuvimos, en su mayoría, una asistencia mayor que la habitual, especialmente en París. Y varios participantes vinieron justo después de leer nuestras hojas.
Obviamente, el objetivo de la CCI con esta intervención no podría ser influir en el curso de los acontecimientos. En el período actual, las organizaciones revolucionarias tienen la responsabilidad de participar en la reflexión de los elementos más avanzados de la clase obrera, que, por el momento, representan una muy pequeña minoría. Es esta perspectiva la que se da en nuestro folleto del 4 de febrero que hace una evaluación del movimiento:
"Los trabajadores más combativos y decididos ya sean activos o desempleados, jubilados o estudiantes, deben tratar de formar 'comités de lucha' interprofesionales abiertos a todas las generaciones para prepararse para futuras luchas. Debemos aprender las lecciones de este movimiento, entender cuáles han sido sus dificultades para poder superarlas en futuras luchas".
A esta reflexión, a estas discusiones, invitamos a todos los asistentes.
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La aparición de este nuevo virus y la reacción de la burguesía muestra cómo el desarrollo de las fuerzas productivas se ha enfrentado a la muerte y la destrucción causada por el capitalismo. Así, mientras China ha escalado hasta convertirse en la segunda potencia económica del mundo, se ve abatida sin embargo por una epidemia viral; y mientras que la ciencia médica avanza, el capitalismo no puede proteger a su población de las enfermedades, como tampoco puede protegerla de las crisis económicas, las guerras o la contaminación.
El Covid-19 es una de las muchas nuevas enfermedades infecciosas que han surgido, particularmente en los últimos 50 años, incluyendo el VIH (SIDA), el Ébola, el SARS, el SERM, la fiebre de Lassa, o el Zika. Como tantas nuevas enfermedades, Covid-19 es una infección vírica animal que ha saltado a la especie humana y que se extiende entre la gente a consecuencia de las condiciones de vida alteradas por el capitalismo en este período. Vemos hoy procesos de producción y distribución cada vez más globales. Por vez primera en la historia la mayoría de la población mundial vive en ciudades, y en condiciones de hacinamiento e infraestructuras higiénicas muy deficientes. Y, como sucede en China, muchos trabajadores no sólo se concentran en las fábricas, sino que descansan (¿?) en dormitorios de fábricas atestados, por ejemplo, los trabajadores de Foxconn viven 8 por habitación. A esto se suma el uso de carnes de animales silvestres. En Wuhan se cree que un mercado ilegal de animales salvajes fue el origen de la nueva infección. Además, la destrucción del medio ambiente natural y los efectos del cambio climático están forzando a que masas de animales silvestres invadan las ciudades en busca de alimentos. Las ciudades atestadas son un potencial caldo de cultivo para las epidemias, como muestra Wuhan, y el aumento de las conexiones internacionales un medio para transmitirlas al resto del planeta.
Estas condiciones son el resultado de que el sistema capitalista en decadencia se ve impelido a alterar y polucionar hasta el último rincón del planeta cómo vía para hacer frente a su crisis de sobreproducción. El impacto destructivo de esta expansión global quedó claramente demostrado por la Primera Guerra Mundial que marcó precisamente el inicio de esta época de decadencia del capitalismo. Al final de esta contienda se produjo la pandemia de la llamada “gripe española” que se estima que infectó a cerca de un tercio de la población mundial y mató a más de 50 millones de personas en tres fases. La tasa de mortalidad estaba vinculada a las condiciones de la guerra imperialista, incluyendo el hambre y la malnutrición, la falta de higiene y el movimiento de los soldados enfermos desde las trincheras, lo que generó un virus más mortal en la segunda oleada.
En el período más reciente podemos ver que como el VIH ha matado a 32 millones de personas, principalmente en África, dónde ahora se ha vuelto endémico. A pesar de los avances médicos que han hecho que el VIH pase de ser una enfermedad mortal a una crónica, el SIDA mató a 770.000 personas en 2018 debido a la falta de acceso a la atención médica[1]. Muchas otras enfermedades que la ciencia médica puede prevenir siguen causando enfermedad y muerte. Oímos hablar de los casos de sarampión en los EE.UU., tal vez en Samoa, y la importancia de la inmunización para prevenir su transmisión. Pero los medios de comunicación apenas mencionan los casi 300.000 casos de sarampión en la República Democrática del Congo, con la muerte de casi 6.000 niños[2], donde centros de salud en un estado lamentable deben también hacer frente al Ébola. Estas muertes no son de gran interés para la clase dirigente porque, a diferencia de la pandemia de gripe porcina de 2009 o de la actual epidemia de Covid-19 en China, no amenazan su producción y sus beneficios en la misma medida. Pero el capitalismo es responsable de las condiciones que dan lugar a estas epidemias: en este caso, un país inestable, resultado del desmembramiento de África por las potencias imperialistas, constantemente asolado por una lucha por sus recursos naturales (oro, diamantes, petróleo y cobalto) que se ha cobrado millones de vidas. El 50% de las exportaciones de la RD del Congo van a China. Es un ejemplo particularmente gráfico de lo que entendemos por descomposición del capitalismo: un período en el que la clase dominante no puede imponer su “solución” a la crisis - una nueva guerra mundial -, porque la clase obrera no está derrotada; pero en el que tampoco la clase obrera tiene la fuerza para llevar su lucha a un nivel que pueda amenazar al capitalismo. Anunció este período el colapso del bloque imperialista ruso, y se caracteriza, entre otras cosas, por una caótica proliferación de guerras localizadas[3].
La persistencia de la poliomielitis también está directamente relacionada con la descomposición, puesta que la lucha o los preceptos fundamentalistas impiden la inmunización, con el asesinato por los yihadistas de trabajadores sanitarios, por ejemplo, en Pakistán. Toda la propaganda sobre esto está plagada de hipocresía por cuanto las grandes potencias que lo “condenan” no vacilan en emplear esos mismos combatientes irregulares y terroristas, como Occidente utilizó a los muyahidines en Afganistán contra los rusos en los años 80 y, desde entonces, en muchos otros conflictos. De hecho, el aumento del terrorismo es una característica de los conflictos imperialistas en el período de descomposición[4].
En lugar de destinar recursos a la salud o la educación, el gasto mundial en armamento y “defensa” en 2019 fue un 4% superior al de 2018. En el caso de EE. UU. y China creció más del 6%. En Alemania más de un 9%. Para dar una idea de las escalofriantes prioridades de la burguesía, mientras el presupuesto del CDC (Centro para el Control de Enfermedades) en los EE. UU. se redujo de 10.800 millones de dólares en 2010 a 6.600 millones en 2020, ese mismo país acaba de aprobar un presupuesto de rearme de 738.000 millones de dólares. El presupuesto anual de defensa de China se estima en 250.000 millones de dólares. La OMS tenía un presupuesto de sólo 5.100 millones de dólares en 2016-2017.
Hoy existen muchas enfermedades mucho más mortíferas que el Covid-19, sin embargo, la burguesía se toma ésta como una amenaza, como lo hace con cada nueva enfermedad que puede convertirse en una pandemia y, por lo tanto, poner en peligro su productividad y beneficios, por ejemplo, a través de las bajas médicas por enfermedad – como vemos con este nuevo virus en China -, más allá del peligro que pueda representar para la salud y la vida humanas. Hay muchos aspectos de la enfermedad que pueden contribuir a su potencial pandémico: la infecciosidad, la naturaleza de la enfermedad. También es importante que haya surgido en una gran ciudad de 11 millones de habitantes en una zona bien conectado internacionalmente para el comercio y el turismo, y esto hace más difícil contener la propagación del virus. Es más difícil de contener que si hubiera surgido, como sucede en el caso del Ébola, en África, con muchas menos oportunidades de viajes al extranjero, o si hubiera surgido en 2003, como en el caso de la epidemia de SRAS, cuando la economía y los intercambios comerciales con China eran menores.
Gran parte de la respuesta inicial del Estado chino a este nuevo virus fue criminalmente negligente y carente de escrúpulos. Desde el 26 de diciembre se disponía de datos genéticos preliminares que indicaban la existencia de un virus similar al del SRAS, pero las autoridades chinas acosaron al Dr. Li Wenliang por alertar de este peligro el 30 de diciembre. Al mismo tiempo, informaban a la Organización Mundial de la salud sobre el virus. Pero las autoridades de Wuhan siguieron escamoteando información sobre la epidemia, organizando una gran comida comunitaria y un baile de Año Nuevo Lunar los días 18 y 19 de enero, aduciendo que no se transmitía de persona a persona. El 23 de enero, sin embargo, procedieron a aislar la ciudad cuando 5 millones de personas, casi la mitad de la población, ya se habían marchado para el día de Año Nuevo.
Todo esto ha provocado una enorme ira en la población, enfurecida por el hecho de que el gobierno ocultase la enfermedad al público e hiciese firmar a un médico una falsa confesión por "difundir rumores", cuando en realidad estaba alertando sobre ella. Esto ha engendrado una campaña por la libertad de expresión dentro de China. Los medios de comunicación y los políticos de los países occidentales se han hecho eco de esta campaña con sermones sobre los beneficios de la democracia, la “transparencia” y la libertad de expresión. Sin embargo, no debemos pensar, ni por un momento, que nuestra propia clase dirigente tiene el menor escrúpulo moral en mentir u ocultar la información cuando le conviene, aunque eso suponga poner en peligro vidas humanas. Las compañías farmacéuticas suprimen los ensayos clínicos que ponen en riesgo sus beneficios, incluso cuando implique ocultar que ciertos antidepresivos comportan un mayor riesgo de suicidio en adolescentes y adultos jóvenes[5]. Y los gobiernos de EE.UU. y el Reino Unido mintieron descaradamente sobre las armas de destrucción masiva para justificar la invasión de Irak en 2003.
El estado chino antepuso con completa frialdad su preocupación por mantener su autoridad sobre la vida y la salud de la población. Ha puesto en evidencia su naturaleza de rígida burocracia estalinista jerárquica, para encubrir el inicio de una epidemia cuando lo que se necesitaba era una acción oportuna para reducir y frenar la propagación del virus. Esto demuestra la brutalidad del régimen que no duda en sacrificar vidas humanas, pero también su irracionalidad, ya que la adopción de medidas oportunas en respuesta a la epidemia no sólo habría salvado vidas, sino que también habría ahorrado gran parte de las pérdidas que podemos esperar en la economía y gran parte del daño al prestigio de China como potencia mundial en ascenso a través, por ejemplo, de las Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda[6]. Esta irracionalidad del régimen chino en su respuesta a la epidemia está vinculada a su paranoia ante cualquier pérdida de poder o control, paranoia que se manifiesta en sus grandes campos de trabajo y "reeducación" para los uigures y otros pueblos, en su fruición por aplicar tecnologías de reconocimiento facial, o en su sistema de Crédito Social para mantener el control sobre la población en línea. Para preservar su autoridad no puede admitir la existencia de peligro o problema alguno.
Poner en cuarentena una ciudad de 11 millones de personas, cerrando todas las conexiones en los transportes y bloqueando todas las carreteras es algo nunca visto. Pero hacerlo después de que la mitad de la población haya sido autorizada a irse, empeora las cosas. Construir dos nuevos hospitales para 2600 nuevos pacientes en sólo 10 días es una impresionante pieza para la propaganda e incluso una formidable hazaña de ingeniería prefabricada (aun cuando no estaban listos cuando se necesitaban). Pero eso no significó que estuvieran dispuestos los médicos y enfermeros necesarios, ni aun contando con médicos del ejército y voluntarios de otras regiones. Los hospitales de Wuhan se han visto desbordados, al igual que los centros de cuarentena equipados con 10.000 camas. Los enfermos con coronavirus no pueden entrar en los centros de cuarentena y mucho menos en los hospitales. Los pacientes con otras afecciones, incluyendo el cáncer, no pueden recibir tratamiento hospitalario ya que todas las camas están ocupadas. Los pacientes enfermos y moribundos en los centros de cuarentena no tienen atención de enfermería. En los centros de cuarentena hay cientos de personas hacinadas en camas o colchones en el suelo con mascarillas de papel de dudosa eficacia, y con instalaciones sanitarias y de higiene muy deficientes, incluyendo baños y duchas portátiles en el exterior. Está claro que quien entre en un centro de cuarentena sin Covid-19 pronto lo tendrá. Aquellos sospechosos de ser portadores del virus son trasladados a la fuerza a los centros de cuarentena. Se ha sabido del caso del fallecimiento por hambre de un menor discapacitado después de que los parientes de los que dependía fueran trasladados a uno de dichos centros. Se trata más de medidas policiales que de medidas sanitarias.
Hacinar a la gente en centros de cuarentena que sólo pueden convertirse en centros de transmisión del virus recuerda a los hospitales para pobres que existieron hasta el siglo XIX en Europa y que eran fuentes de infección, por ejemplo, el aumento de la mortalidad materna por fiebre puerperal desde el siglo XVII hasta el XIX antes de que se comprendiera la necesidad de la higiene.
Se carece de equipo, incluida la ropa de protección para el personal de los hospitales; los médicos y las enfermeras trabajan durante muchísimas horas, lo que los hace más vulnerables a las enfermedades. Más 1700 de ellos han sido infectados y 6 han muerto.
En estas circunstancias está claro que morirán muchos pacientes que podrían haberse salvado con una atención médica adecuada. El Covid-19 parece tener más del doble de mortalidad en Wuhan que en otros lugares debido a esto. Sin embargo, independientemente de que las autoridades chinas sigan mintiendo sobre las cifras de infectados, tales cifras están en cuestión porque en muchos casos no se pueden contrastar con análisis. De ahí que se produjera un brusco aumento de los casos notificados en Wuhan el 11 de febrero, cuando se incluyeron los diagnosticados clínicamente – por los síntomas, pero sin prueba alguna-, con lo que el total de casos registrados supera los 60.000.
Pero esta inexactitud de las cifras no sólo afecta a China. A diferencia de Singapur, un país rico con muchos intercambios comerciales y que lleva preparándose para una epidemia desde el SRAS en 2003, muchos otros países más pobres no están preparados. "Cualquier país en el que abunden los viajes a o desde China, y no haya encontrado casos debería preocuparse", dice un profesor de epidemiología de Harvard[7]. Indonesia, por ejemplo, evacuó a 238 ciudadanos de Wuhan y los puso en cuarentena durante dos semanas, pero no les hizo pruebas de la enfermedad porque resultaba demasiado caro. Más aún, ¿qué pasa con el comercio y los clientes africanos de China y de su Nueva Ruta de la Seda? Habrá muchos lugares sin la infraestructura de salud para diagnosticar y atender a los pacientes con el virus.
Lo que resulta impresionante es que el nuevo virus ya ha sido secuenciado el 12 de enero. A continuación, la Coalición para la Innovación en la Preparación para las Epidemias (CEPI), creada en 2017 tras el brote del Ébola en África occidental, ha estado trabajando en la elaboración de una vacuna, con la esperanza de que pueda estar lista si el Covid-19 se propaga, y en particular si se convierte en una enfermedad estacional como la gripe. De hecho, mientras escribimos este artículo, el trabajo sobre la vacuna está ya en marcha, utilizando un nuevo método basado en la secuenciación de genes, que es más seguro que trabajar con un virus mortal, y ya ha servido para acelerar la producción de vacunas para Zika, el Ébola, el SARS y el SERM. Por supuesto, se requerirán pruebas de seguridad y eficacia antes de que pueda ser utilizada, y esto llevará tiempo. Pero este sorprendente potencial de las fuerzas productivas no significa nada por sí solo. Faltan fábricas para producir suficiente vacuna, y dado que ante el riesgo de pandemia los gobiernos no exportarán la vacuna hasta que hayan almacenado suficiente para su propio uso "invocando la defensa o la seguridad nacional"[8] el CEPI necesita planificar para que pueda ser fabricada en varios sitios.
La economía de China ha sufrido un parón concentrada como está en la necesidad de contener el nuevo virus. Para responder inyecta dinero a la economía mediante una relajación de las reglas que controlan las deudas de dudoso cobro. Pero hoy China representa el 16% del PIB mundial, cuatro veces más que cuando la epidemia de SARS en 2003 que redujo su PIB en un 1%. Hoy la economía de China está mucho más integrada en las cadenas de suministro mundiales que hace 17 años. Esto ya ha obligado a Hyundai a cerrar plantas de automóviles en Corea del Sur, a Nissan a cerrar una en Japón y a Fiat-Chrysler a advertir que podría cerrar alguna producción europea. La producción de teléfonos inteligentes podría bajar hasta un 10% este año. Los textiles (China produce el 40% de las exportaciones mundiales), los muebles y los productos farmacéuticos podrían verse afectados. Al igual que el turismo. Y China ahora representa casi el 20% de las importaciones mineras mundiales, y está tratando de cancelar las entregas de petróleo, gas y carbón que no necesita. Las acciones de las empresas estadounidenses con alta exposición a las ventas chinas caen un 5%. Tras su guerra comercial con los EE.UU. no resuelta, este es un mal momento para China y la economía mundial.
A largo plazo, esto puede hacer que China sea un socio que parezca menos fiable para las inversiones de las empresas multinacionales. Le hará desde luego aparecer como un socio comercial más frágil y un aliado imperialista menos poderoso para sus clientes en la Nueva Ruta de la Seda. Quizás dependa de la rapidez con la que pueda volver a la normalidad su economía.
Pase lo que pase con este nuevo virus Covid-19, que se convierta en una nueva pandemia, que desaparezca como sucedió con el SARS, o que permanezca como un nuevo virus respiratorio estacional, esta nueva enfermedad es otra advertencia de que el capitalismo se ha convertido en un peligro para la humanidad, y para la vida en este planeta. Las enormes capacidades de las fuerzas productivas, incluida la ciencia médica, para protegernos de las enfermedades chocan con esa criminal búsqueda de beneficios, con el hacinamiento de una gran proporción de la población humana en ciudades invivibles, y los riesgos de nuevas epidemias que eso supone. Pero la amenaza capitalista no termina ahí, sino que abarca también los riesgos derivados de la contaminación, la destrucción ecológica y las guerras imperialistas cada vez más caóticas.
Alex, 15.2.20
Traducido de World Revolution (órgano de la CCI en Gran Bretaña) nº 385.
[2] stories.msf.org.uk/contagion-in-congo/index.html.
[3] Ver nuestras "Tesis sobre la descomposición", https://en.internationalism.org/ir/107_decomposition [64]
[4] Ver El terrorismo, un arma de guerra del capitalismo https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200512/302/el-terrorismo-un-arma-de-guerra-del-capitalismo [65] y El terrorismo: arma y justificación de la guerra https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/832/el-terrorismo-arma-y-justificacion-de-la-guerra [66]
[5] Véase el libro de Ben Goldrace titulado Bad Pharma que denuncia esta trapacería. https://www.researchgate.net/publication/235432984_Bad_Pharma_-_Ben_Goldacre [67]
[6] Ver La ruta china de la seda hacia la dominación imperialista https://es.internationalism.org/content/4366/la-ruta-china-de-la-seda-hacia-la-dominacion-imperialista [68]
[7] Citado en The Economist 15.2.20
[8] The Economist 8 de febrero de 2020
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En su novela de 1957 "On the beach” convertida en película[1] un par de años más tarde, Nevil Shute imaginó a Australia como el último lugar de la Tierra donde los humanos sobrevivirían después de que una guerra nuclear destruyera el hemisferio norte. Se trataba de un efímero refugio mientras la radiactividad mortal avanzaba hacia el sur. La historia describe cómo los diversos personajes afrontaban la desaparición del planeta, así como su propia e inminente tragedia.
Pero hoy, en vez de albergar los últimos vestigios de la civilización tal y como los describiera Shute, el continente australiano se ha convertido en un presagio y un microcosmos (un microcosmos particularmente significativo puesto que es tan grande como toda Europa o los Estados Unidos), de un planeta Tierra convertido en desierto por la avidez insaciables del capitalismo por el beneficio. Todo lo relacionado con el cambio climático de origen antrópico, el calentamiento global y la absoluta incapacidad del capitalismo para ni siquiera empezar a hacer frente a esta amenaza mortal para la humanidad, se pone de manifiesto hoy en Australia. Y también la falsedad de todas las soluciones propuestas incluidas la de los Verdes.
Podríamos entrar en muchas cifras detalladas, gráficos, tasas de aumento de las temperaturas, escalas del alcance y la amplitud de los incendios que actualmente asolan Australia. Podríamos indicar la cantidad de hogares perdidos, de muertes y enfermedades causadas, etc. Nos limitaremos, en cambio, a señalar que se alcanzan niveles récord y que estos aumentan cada día más en cada vez más zonas del continente, alcanzando en ciertos lugares niveles de contaminación atmosférica superiores a los de Pekín o Delhi. En Sídney, capital de Nueva Gales del Sur, esas cifras son 11 veces superiores a las habituales, se disparan continuamente las alarmas de incendio, los transbordadores y otros sistemas de transporte están atracados en tierra y las escuelas están cerradas. Las personas con enfermedades respiratorias severas están colapsando los hospitales y consultorios médicos. Nadie advierte de que las mascarillas al estilo de Pekín que están haciendo su aparición son más que inútiles. La gente señala que el humo está entrando en sus casas y que temen por los efectos sobre su salud tanto a corto como a largo plazo. Las condiciones en las que deben actuar los bomberos – recordemos que el 85% de ellos son voluntarios, tras el recorte de las plantillas de “profesionales” – son cada vez más peligrosas: sin apenas descansos, intoxicados por el humo y con peligro de accidentes mortales.
Es cierto que siempre ha habido incendios de la maleza en Australia, pero el alcance, la duración y la intensidad de estos últimos los sitúan a un nivel inédito y peligroso. Y si "siempre ha habido incendios de matorrales", también han existido siempre cambios climáticos y fluctuaciones en el fenómeno del Dipolo del Océano Índico (IOD) que afecta a Australia y más allá de ésta. En este caso recalentando todo el sureste mientras se incrementan las precipitaciones en África. Pero, al igual que sucede con otros fenómenos meteorológicos de escala mundial (El Niño, por ejemplo), estos se distorsionan e intensifican hasta niveles "sin precedentes", según los expertos. Y ello se debe al aumento del calentamiento global provocado por los efectos del incremento del dióxido de carbono en la atmósfera de la Tierra.
Por graves que sean, la quema de maleza y la escasez de agua no son las únicas manifestaciones de los peligros que corren, tanto a corto como a largo plazo, las poblaciones de Australia y otros países. La deforestación está creando auténticos desiertos de polvo. El gobierno australiano no va a la zaga del brasileño (y otros), en cuanto a su complicidad con una explotación implacable y extensiva del suelo. Existen áreas vastísimas que la vista no alcanza en las que se ha arrasado cualquier forma de vegetación. Los icónicos koalas ya estaban siendo diezmados antes de los incendios. Extensísimas llanuras se han dedicado a la agricultura intensiva que requiere grandes volúmenes de agua y toneladas de fertilizantes. Se las despoja de cualquier brote lo que reduce la humedad del suelo impidiendo así aún más la formación de nubles sobre ellas. A medida que estas llanuras se secan con el calor, lo que queda son enormes extensiones de tierra árida que se descompone en polvo, que se esparce con el viento mezclado con pesticidas, lo que representa una preocupación adicional para las comunidades vecinas. Al igual que en Brasil de Bolsonaro, se toleraron los desmontes ilegales y la deforestación. Incluso fueron fomentados por las diversas autoridades australianas. Todo ello en aras del capitalismo y su irrefrenable afán de más y más ganancias. Dadas las advertencias de los expertos sobre la futura evolución del clima, y que nada va a cambiar en cuanto a la necesidad de beneficios del capitalismo, hace que uno se pregunte ¿cuánto tiempo seguirán siendo habitables vastas extensiones de Australia para las generaciones futuras?
El gobierno de coalición dirigido por el "hombre del pueblo", el Primer Ministro Scott Morrison, admite, a diferencia de su predecesor Tony Abbot, que el "calentamiento global" existe, pero que está "bajo control"[2] (¡como lo está en Australia en este momento!). Su posición y la de su gobierno no es esencialmente diferente de la de Abbot, quien dijo que el calentamiento global "probablemente sea bueno" puesto que estaba "reverdeciendo el planeta y aumentando los rendimientos agrícolas haciendo la vida más segura y agradable" y que, de todas formas, no había muchas posibilidades de detenerlo. Morrison ganó las elecciones afirmando “no tener miedo al carbón”, y asegurando que no antepondría la lucha contra el cambio climático a la defensa de los empleos. Y que la relación de este cambio con los incendios de la maleza era el de “un factor entre muchos otros”, pero en todo caso "una cuestión secundaria" respecto a la cual “no hay por qué preocuparse". El gobierno y su sector energético carecen de una política coherente sobre el cambio climático y en eso no difieren de la gran mayoría de las grandes potencias. Actualmente están utilizando los llamados créditos del carbono como contabilidad creativa para aparentar que están haciendo algo para reducir las emisiones tal y como se comprometió el gobierno australiano. El Gobierno Federal transfiere el problema a las autoridades locales, estatales y territoriales, "descentralizando" la cuestión imposibilitando cualquier responsabilización ni enfoque coherente. Esta táctica de "descentralización" es un viejo truco del Estado democrático que aplica así el viejo “divide y vencerás”. Mientras tanto, el parlamento de Nueva Gales del Sur está tratando de impulsar una legislación que minimiza las consideraciones climáticas en la producción de carbón. Las muy lucrativas exportaciones de carbón australianas ascienden a 36.000 millones de libras esterlinas al año, según algunos informes. Siete nuevas minas a cielo abierto se han puesto en marcha en Queensland. Fundamentalmente, como todos los gobiernos sea cual sea su color, la respuesta del gobierno australiano ha sido negar, desviar y oscurecer la cuestión del cambio climático mientras continúa a toda marcha el expolio del territorio en nombre del interés nacional y los beneficios.
La respuesta de los Verdes consiste en hacer mucho ruido sobre el cambio climático, pero cuando se entra en el meollo de la cuestión, se sitúan claramente en el mismo saco que el gobierno y sus políticos. El "movimiento Verde" se parece mucho al movimiento pacifista. Y en Australia, como en todas las demás grandes democracias, los dos movimientos, sus estructuras y su personal, son intercambiables y se intercambian de hecho en ciertos momentos de la historia.
La principal similitud entre ambos movimientos es que existen para abogar por lo que el capitalismo no puede proporcionar: un sistema sin beneficios, sin competencia y sin guerras. No sólo desvían al proletariado de la necesidad de enfrentarse al capitalismo en su conjunto, sino que significan importantes soportes para la perpetuación del sistema y son, por lo tanto, en parte responsables de los efectos acumulativos de su descomposición. Según los Verdes, la lucha del trabajo contra el capital debe ser evitada, para que puedan conseguirse sus "reformas", cuando estas no tienen ninguna posibilidad de éxito ya que el capitalismo es, por su naturaleza, un sistema de explotación destructor.
Para los Verdes, en general, la situación "requiere la atención del gobierno" y la "intervención" del “sector bancario”[3]. También piden la intervención del Estado para crear "nuevos puestos de trabajo a partir de fuentes de energía neutras en carbono", y el parlamento (los Verdes, al igual que los pacifistas, están muy implicados en el parlamento y la democracia) debería "salvar al pueblo", cuando ese mismo parlamento es, en realidad, quién representa los intereses del capital contra "el pueblo" en general y la clase obrera en particular. Para los Verdes, la clase obrera debe apoyar a su enemigo, sacrificarse por él, y renunciar a luchar en defensa de sus propios intereses de clase.
Para algunos Verdes en Australia, y en otros lugares sin duda, los incendios deben ser vistos como “una última llamada de atención" (de una larga lista de "últimas llamadas de atención"). La idea de estos activistas es que, dados los crecientes estragos ocasionados por los incendios y las inundaciones, las compañías de seguros se negarán a suscribir estos y otros riesgos críticos relacionados con el calentamiento de la Tierra y, en consecuencia, los bancos dejarán de prestar a las empresas que produzcan energía fósil combustibles fósiles, invirtiendo en cambio en las basadas en “soluciones ecológicas".
El problema fundamental de este enfoque es que se basa en la suposición de que el capitalismo es esencialmente un sistema "razonable", que adoptará un enfoque lógico y hará lo mejor para el mundo. Lo cierto es, en cambio, que no es así. Desde principios del siglo pasado disponemos de numerosas pruebas como dos guerras mundiales y las numerosas guerras irracionales e ilógicas que se suceden desde entonces a medida que el capitalismo se hunde cada vez más en su decadencia. Poco importa la radicalidad que quieran aparentar los Verdes. Su único propósito es hacernos creer que es posible reformar el sistema a través de la banca, las compañías de seguros y la "explotación verde". Pero la función principal de la ideología verde, como su gemela pacifista, es confundir y desmovilizar a la clase obrera, alejarla de su lucha contra el capital y encarrilarla en defensa del "interés nacional".
Lo que realmente desenmascara al movimiento de los Verdes (y ocasiona muchas disensiones internas en los distintos grupos) es el desarrollo del militarismo y la guerra. Si los Verdes alardean de pacifismo ¿cómo abordan la cuestión de la guerra imperialista? Pues dado su apoyo al interés de cada capital nacional, su enfoque se refleja en el adoptado por el influyente partido ecologista de Alemania que no dudó en apoyar a su Estado en la "guerra contra el terrorismo" en Afganistán y otras tantas "expediciones" militares en el extranjero. Los Verdes, en general, quieren el aparato militar/represivo del estado no sólo intacto sino fortalecido, agresivo y a toda marcha, incluso con combustibles fósiles.
Los incendios forestales australianos, así como todos los embustes políticos que los han acompañado son una prueba más del curso del capitalismo en su conjunto hacia la destrucción. El capitalismo no actúa en pro del bien de la humanidad sino para la acumulación de capital y la conquista militar. La razón no tiene nada que ver en ello: “El capital es una relación global entre clases, basada en la explotación del trabajo asalariado y la producción para la venta con el fin de obtener ganancias. La búsqueda constante de salidas para sus productos conduce a una competencia despiadada entre los Estados-nación por el dominio del mercado mundial. Y esta concurrencia exige que cada capital nacional se desarrolle o muera. Un capitalismo que no busque penetrar hasta el último rincón del planeta y a expandirse sin límites no existe. Del mismo modo, el capitalismo es totalmente incapaz de cooperar a escala mundial para responder a la crisis ecológica, como ya ha demostrado el funesto fracaso de las diversas cumbres y protocolos climáticos”[4].
En el "otro lado" del capital se encuentra el trabajo, que ya demostró una vez que puede lanzarse al asalto del cielo, y que tendrá que volver a hacerlo como la única fuerza capaz de proporcionar una alternativa de lucha al sombrío futuro que nos depara el capitalismo.
Baboon 28.12.2019
Adaptado de World Revolution, publicación de la CCI en inglés.
[1] Estrenada en España como “La hora final” (nota del traductor)
[2] citado del periódico The Guardian de Australia
[3] Como vimos, esta "intervención de la banca" significo la nacionalización de grandes bancos tras el "crash" de 2008.Para la clase obrera significo años de agobiante austeridad a fin de pagar esa política.
[4] De nuestra hoja internacional "Sólo la lucha de clases internacional puede poner fin al curso del capitalismo hacia la destrucción" [25]
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Unos días después de que la CCI publicara en español, francés, inglés y alemán (al menos, que yo sepa), por la importancia y seriedad del asunto, un llamamiento serio a la defensa del medio proletario[1] contra las actividades de un elemento de actividad muy siniestra la cual se negó siempre sistemáticamente a aclarar, la IGCL (exFICCI) ha publicado un comunicado en defensa de dicho elemento[2] y, sobre todo, atacando a la CCI[3].
En solidaridad, comentaré algunos de los pasajes de dicho comunicado de la IGCL:
“Lo mismo ocurre con su único reproche "político": Nuevo Curso no ha respondido a las críticas, incluidas las nuestras, de su reivindicación histórica con la Oposición de Izquierda Trotskista de los años 30. Pero ¿qué autoridad puede tener la CCI en esta materia, cuando se niega obstinadamente a responder públicamente a aquellos, de los que también somos parte, que apuntan su sucesivos y gravísimos abandonos de los principios marxistas?”
Esta es la lógica del ojo por ojo diente por diente. Según IGCL la CCI no tiene el derecho a que le responda Nuevo Curso porque ella misma no responde públicamente a la IGCL, o a “aquellos de los que también somos parte” cuyo nombre ni siquiera menciona. Para empezar, es una gran mentira que la CCI no haya respondido al IGCL (y se puede ver en la propia web[4]), y para acabar, este ‘ojo por ojo diente por diente’ es un principio totalmente ajeno a la clase obrera. Sería muy importante que ciertos elementos del medio proletario llamaran al debate sobre determinados asuntos, aunque en la evolución de su coherencia interna se negaran a responder a otros provisionalmente.
“Como señalamos el verano pasado: « la CCI está lanzando ahora un verdadero ataque parasitario – por utilizar sus propias palabras – contra estas fuerzas, en particular el Gulf Coast Communist Fraction, tratando de convencerles de que debaten en prioridad del parasitismo. Poco importaba para la CCI que el GCCF haya expresado su desacuerdo sobre esta cuestión, el hecho mismo de haber logrado a hacerle aceptar una reunión sobre este tema, en lugar de cuestiones políticas relacionadas con la experiencia y las lecciones programáticas de la Izquierda Comunista, ya es en sí mismo una trampa para nuevas fuerzas sin experiencia”
La CCI buscaba discutir prioritariamente este tema importante para buscar la claridad en torno a una divergencia importante con el GCCF (sin ni mucho menos dejar de lado “cuestiones políticas relacionadas con la experiencia y las lecciones programáticas de la Izquierda Comunista”, ¡como si hubiera alguna contradicción! ¡Esta es, incluso, una de esas cuestiones!), y que piensa que amenaza urgentemente a dicho grupo: su contacto próximo con el parasitismo. La CCI busca fomentar la discusión y la clarificación, y si el GCCF expresaba un desacuerdo no es algo negativo que cierra el debate de una vez por todas. La CCI no “hizo aceptar” nada al GCCF, ellos mismos decidieron aceptar en principio y finalmente cerrarse a la discusión. La CCI no tiene los medios ni la intención de hacer aceptar a la fuerza ni de confundir, sino que buscó la continuidad del debate para encontrar la mayor claridad[5]. La IGCL trata a los elementos del grupo GCCF como si fueran unos seguidistas sin fuerza de voluntad ni valentía ni responsabilidad para ser coherentes consigo mismos. Este es el doble trato que merecen quienes están en estrecho contacto con el parasitismo.
Por otro lado, ¿cómo puede un grupo que se presenta como “coherente consigo mismo” utilizar conceptos con los que no está de acuerdo: “un ataque parasitario – por utilizar sus propias palabras”? Solo puede tratarse de un objeto arrojadizo. Esto entra dentro de la típica dinámica parasitaria de acusar a otros de seguir su propia lógica, lo que ellos mismos se dedican a hacer. Lo dicen incluso de las formas más enrevesadas, acusando a la CCI de lo mismo. Quizás algunos elementos lo hagan de forma consciente, y otros presos del círculo vicioso de la lógica de ojo por ojo diente por diente. Es importante salir de este círculo de acusaciones fáciles y desmembradas para distinguir las denuncias serias y fundadas en defensa del medio proletario de las calumnias. En toda esta humareda de acusaciones, todas podrían parecer lo mismo. La CCI, sin embargo, no niega la necesidad de denuncias serias, rigurosas, fundamentadas y valientes, en defensa del medio, y declara que este es un asunto serio que no tomar a la ligera y que necesita de discreción y de una profunda investigación. Esto no es algo nuevo de la CCI sino de la tradición de la clase obrera (contra Vogt, Lassalle, Schweitzer, la Alianza de Bakunin, etc) y no es una herramienta para hundir personas, sino de clarificar las actitudes que pertenecen a la clase obrera y las que no, e investigar seriamente a elementos con actitud siniestra, en defensa del medio. La CCI también busca la necesidad de distinguir esto de las calumnias, y por tanto las dos cosas no son una unidad confusa sino su extremo opuesto.
Los elementos del medio político proletario debemos buscar la clarificación de qué hay detrás de este ataque de la IGCL no a través del método del desprecio prejuicioso, sino del análisis y la búsqueda de claridad. No sacando sus palabras de contexto, sino de la mayor claridad posible y la lectura detenida de su texto en contraste con el documento de la CCI y su actividad general. Así como seguir el resto de los textos publicados por la CCI sobre el IGCL o la FICCI, y los publicados por estos últimos sobre la CCI. Solo así podremos enfrentar la confusión y el empantanamiento del medio. El rigor y la seriedad son de lo más necesario. Este rigor y seriedad metódicos llevan a mi juicio a una denuncia clara de este tipo de actividad parásita, y a distinguir quién es parte del medio proletario y quién, aunque lo pretenda por otros motivos, no. La búsqueda de claridad es fundamental, y esta es imprescindible para la clase obrera. La CCI no busca tergiversar las palabras ni de los grupos parásitos, ni de la burguesía.
“Es difícil ver qué interés tendrían el PS y el Estado español en crear desde cero un grupo como Nuevo Curso cuya denuncia del carácter capitalista del propio PS es sistemática. Y que, por otra parte, ha desempeñado un papel activo en la aparición y reagrupación internacional de nuevas fuerzas revolucionarias y comunistas, en particular en el continente americano”.
La CCI en ningún momento ha dicho que el PSOE haya creado a Nuevo Curso. Cualquiera que lea el artículo de la CCI puede verlo. Por tanto, esto es una mentira[6]. No es que el IGCL esté confundido o sea incapaz de distinguir. El IGCL no tiene más método que aquel para mantener sus apariencias y atacar a la CCI. Aquí transmite la idea de que todo lo que aparentemente agrupa fuerzas revolucionarias es tal cosa. Está contra la naturaleza del IGCL distinguir entre dichos grupos (las agrupaciones que a la vez que denuncian el sistema capitalista, no pertenecen a la clase obrera, aunque lo pretendan, como la Alianza de Bakunin, o ellos mismos) y buscar una claridad al respecto, por eso incluyen todo en el mismo saco, para camuflarse ellos mismos. La superficialidad con la que defienden a Nuevo Curso (aunque no sea NC sino Gaizca el eje principal de las investigaciones del documento de la CCI) es la misma que la que podría usarse incluso para defender al izquierdismo (aunque NC no sea ni parte del izquierdismo ni de la Izquierda Comunista). ¿Qué ocurre pues? No le importa lo más mínimo si este elemento es honorable o no. Encontrar las herramientas para investigar y entender ayudaría a despejar la humareda de confusión tras la cual se esconde el IGCL mismo. El IGCL añade, con gran hipocresía, por cierto, que hablar de individuos concretos es entrar en "psicología de los comportamientos individuales" y que este es un terreno de por sí "nauseabundo y destructivo" donde es imposible verificar nada. Una vez más la IGCL ataca a la clase obrera impidiéndole distinguir y metiendo un gran miedo a entender los comportamientos individuales.
Además, la CCI claramente alerta también a “aquellos participantes en el blog Nuevo Curso que lo hacen de buena fe”. El fin de la CCI es recuperar la mayor claridad, y la mayor cualidad de elementos al medio proletario, no destruir, tumbar o derribar organizaciones, tal y como lo expresa la IGCL. En su denuncia del parasitismo, la CCI ofrece una perspectiva positiva.
“¿No emitió una resolución interna pidiendo la destrucción de la TCI (ex-BIPR) en su 16º Congreso en 2005? Hoy es el turno de Nuevo Curso”.
La IGCL no pone enlaces web a los textos de la CCI, citan solo las partes que les conviene, sacadas de todo contexto. Quieren incluso mezclar el último Congreso de la CCI[7] pero, para empezar, se equivocan totalmente en que la CCI niegue la lucha de clases. Solo que ni entienden ni buscan entender la teoría del curso histórico, simplemente lo usan como un arma arrojadiza.
Además, aluden a, y deforman los asuntos internos de la CCI ¡de 2005! Pero la IGCL, ex FICCI fue excluida de la CCI en 2003. ¿Cómo se habrían hecho con estos documentos? ¡Y afirman que la CCI pidió la destrucción de la TCI![8] Ante esto, pido, como simpatizante de la CCI y miembro de la Izquierda Comunista, a la TCI su solidaridad con la CCI en nombre de la defensa del medio proletario.
No me detendré más en el documento, que debe ser analizado en profundidad. Mi intención es expresar lo antes posible mi solidaridad con la CCI.
Fraternamente,
TV (19/02/2020)
[2] Más que en defensa de dicho elemento sale en defensa del grupo Nuevo Curso, haciendo un ‘hombre de paja’ con el texto de la CCI. Luego sus acusaciones de “personalizar lo político” significan en realidad disfrazar al individuo en el grupo, reinventándose los argumentos de la CCI. La IGCL, convenientemente, no tiene interés en teorizar una distinción entre la investigación rigurosa del honor de los individuos justificadamente sospechosos en defensa del medio, y por otro lado los ataques personales. Sin embargo, no tuvo problema alguno en hacer lo que ella misma denuncia, pero hacia la CCI (ver por ejemplo aquí una cita textual en la que revela nombres personales- apartado: Las verdaderas «divergencias políticas» de los amigos de Jonás: https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200512/306/los-metodos-policiales-de-la-ficci [73] La CCI ha investigado seriamente a un individuo dándole la oportunidad de explicarse numerosas veces. Si este fuera honrado y considerara un error las investigaciones de la CCI, sería su responsabilidad clarificar su más que sospechosa actividad, así como su negativa a explicarse en el pasado.
[4] Ha respondido a los ataques de la IGCL, aunque por supuesto no ha entrado en el juego de incluirlo en la Izquierda Comunista tratándolo como tal. Pese a ello, se ha defendido de sus ataques respondiendo a sus calumnias y tergiversaciones desde que hizo su falsa fracción interna de la CCI. Basta con escribir “ficci”, “giic” o “igcl” en el buscador de la web de la CCI español e inglés para ver que la CCI no ha ignorado a la IGCL, sino que ha buscado la más profunda claridad sobre sus comportamientos.
[5] La CCI, y se puede ver la madurez al respecto en las resoluciones del último 23er Congreso, comprende que la lucha contra el parasitismo es una de las luchas políticas fundamentales de este período de la descomposición. Este fenómeno, no es nada fuera de lo común en la sociedad burguesa, no es ni mucho menos un cuerpo extraño a ella. Ante aquel, es necesaria la lucha en defensa de la organización contra grupos que aparentan, pretenden ser parte del medio político proletario (con orígenes diversos, heterogéneos) cuya actividad colectiva (pese a incluir elementos contrariados) está dirigida a destruir las verdaderas organizaciones revolucionarias lo más veladamente posible, no necesariamente con ataques frontales continuos que les harían perder sus apariencias. Su origen no es necesariamente el de agentes burgueses a sueldo, como pretende tergiversar la IGCL para hacer de la CCI un muñeco de paja (aunque es un buen terreno para la infiltración de estos elementos, así como para aventureros políticos, y elementos desclasados). Distinguir estos grupos de las verdaderas organizaciones es un tema que abordar de forma metódica y rigurosa, buscando claridad y discusión con elementos en búsqueda que les cuesta distinguir las apariencias.
Es importante distinguir, por ejemplo, el parasitismo tanto del izquierdismo, por un lado, como del pantano por el otro, o de elementos en búsqueda, ya que la confusión real se podría confundir con el aprovechamiento y propagación de la misma. Las herramientas para distinguir son fundamentales y no son un invento de la CCI.
[6] La deformación es clarísima para quien haya leído ambos textos. La CCI declara que “él es animador principal de Nuevo Curso” y que “hoy Gaizka pretenda crear con Nuevo Curso un vínculo “histórico” con una supuesta “Izquierda Comunista Española”, pero en ningún momento dice que el PSOE haya creado a NC. Que un individuo con contacto mantenido, pero alternante (también con la derecha) con altos cargos de la burguesía en su trayectoria mientras estaba en contacto con la CCI haya sido el animador principal de NC no significa necesariamente que la burguesía haya creado este grupo.
[7] “En particular el de su último congreso que liquida el principio fundamental y central del marxismo de la lucha de clases como motor de la historia : « la dinámica general de la sociedad capitalista (...) ya no está determinada por la relación de fuerzas entre las clases » (Resolución del 23° congreso de la CCI).”-IGCL https://igcl.org/Nuevo-ataque-de-la-CCI-contra-el [74]
[8] Para la CCI, ¡la TCI es una organización de la Izquierda Comunista! Si hubiera habido algún debate interno entonces sobre la TCI (seguramente, aunque no en estos términos que expresa la IGCL) y esto fuera la resolución de la CCI, esto se habría publicado. ¿O se trata de una contribución sacada de contexto? No sabemos. No conozco dicha discusión interna, sea ficticia o real, ni su contenido. Lo que está claro es el carácter malicioso de la IGCL, que hace equivaler el documento de la CCI a una anterior supuesta conspiración interna y encubierta contra la TCI, ¿para qué sino para romper la necesaria solidaridad entre ambas organizaciones?
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Tras una gestación complicada, llena de intrigas, maniobras, pulsos y puñaladas traperas[1], se ha formado el primer “Gobierno de coalición” desde que en 1975 el Estado capitalista cambió de disfraz y pasó de la dictadura franquista al engaño democrático.
Este gobierno “social” y de “progreso” no parece haber suscitado demasiadas ilusiones, sin embargo, nos dicen que “es preferible a un gobierno de derechas”, que “alguna mejora traerá” y según Pablo Iglesias sería “la mejor vacuna contra la extrema derecha en toda Europa”[2].
Sin embargo, la experiencia histórica del proletariado en todos los países dice todo lo contrario:
Como se decía en las asambleas del movimiento de indignados en 2011: “PSOE y PP la misma mierda es”, “¿Dónde está la izquierda? Al fondo a la derecha”[5].
Vamos a ver concretamente la historia de los gobiernos de Izquierda en España. En un primer artículo veremos los gobiernos de la Conjunción Republicano -Socialista de 1931-33 y los del Frente Popular (1936-39). Nos apoyaremos en el legado de nuestros antepasados de Bilan de la Izquierda Comunista[6].
En 1923 el capital español, sumido en graves contradicciones y urgido de acabar la interminable sangría de la guerra de Marruecos, propició de forma casi unánime la dictadura de Primo de Rivera. La misión de esta fue, por una parte, desarrollar estructuras de capitalismo de Estado, requeridas por la decadencia del capitalismo, y, sobre todo, como recuerda Bilan, hacer frente al peligro proletario, pues los obreros en España, con la huelga de 1917, la huelga de La Canadiense de 1919 y el Trienio Bolchevique de 1917-20, habían intentado, de forma lamentablemente dispersa, unirse a la oleada revolucionaria mundial de 1917-23: “Las grandes huelgas de 1.917-18, los movimientos sociales que han seguido a la guerra hasta 1.923, obligaron al capitalismo a recurrir a la dictadura de Primo de Rivera que, bajo un feroz terror militar, debía impedir que el movimiento proletario consiguiera el desmoronamiento del sistema económico burgués. Solamente a este precio la burguesía pudo dirigir los beneficios realizados durante la guerra hacia el desarrollo de la red bancaria, de los medios de comunicación y de la electrificación”
El PSOE en 1921[7] eliminó definitivamente todo vestigio proletario y se erigió en uno de los apoyos más contundentes de una dictadura que, como acabamos de ver, tenía en su agenda tres de las piezas básicas de la barbarie capitalista: desarrollo del capitalismo de Estado, aplastamiento de la lucha proletaria y participación en la guerra imperialista marroquí. El PSOE inauguraba por todo lo alto su hoja de servicios a la explotación capitalista.
La UGT, el sindicato del PSOE, se convirtió en sindicato del régimen y ejerció como delator de obreros combativos. Largo Caballero, jefazo de la UGT y alto personaje del PSOE, fue promovido a consejero de Estado del dictador. Este puesto que legitimaba al régimen fue justificado diciendo “Me parece que sería un error que, porque haya dictadura, como si no la hubiera, nosotros abandonásemos los sitios de lucha... porque cuando más aprieta el enemigo nosotros debemos defendernos más”[8]. El PSOE estuvo a punto de participar en una Asamblea Nacional Consultiva que había montado el dictador. Sin embargo, su pretensión de que los representantes socialistas acudieran a título individual frustró la colaboración.
El PSOE comenzó a cambiar de chaqueta en 1929 cuando arreciaban las huelgas obreras y amplios sectores de la burguesía, incluidos los monárquicos, veían necesario no solo desprenderse del dictador sino igualmente del propio monarca, Alfonso XIII. De repente, los líderes del PSOE descubrieron que “era suicida colaborar con la dictadura” y que “el intervencionismo reformista se había agotado” (sic). Aun así, gran parte del conglomerado PSOE-UGT siguió apoyando al dictador y a su sucesor, el general Dámaso Berenguer, quien incapaz de controlar la situación, sobre todo frente a las huelgas obreras, su régimen fue llamado humorísticamente la “dictablanda”.
Los políticos republicanos, secundados por monárquicos como Alcalá Zamora, conspiraron abiertamente en el famoso Pacto de San Sebastián celebrado en agosto de 1930 al que finalmente se sumó el PSOE dos meses después tras no pocas vacilaciones. Aprovechando su aparato partidista y sindical implantado en toda España, el PSOE se puso al frente de la alianza pro - República, proclamando en un viraje de 360 grados “la organización de una huelga general que fuera acompañada de una insurrección militar que metiera a la Monarquía en los archivos de la Historia y estableciera la República sobre la base de la soberanía nacional representada en una Asamblea Constituyente” (Manifiesto de diciembre 1930).
Estos radicalismos de pacotilla tenían como fin borrar las huellas de su apoyo al dictador, ponerse al frente de las fuerzas antimonárquicas y, especialmente, tratar de desviar la marea de huelgas hacia objetivos políticos burgueses, tales como la “Asamblea Constituyente” y la República.
De la prometida “huelga general” nunca más se supo y la “insurrección” no pasó de lamentables intentonas golpistas rápidamente reprimidas con fusilamientos por los responsables de la “dictablanda”. Se organizó un “comité revolucionario” (sic) donde figuraban republicanos, monárquicos conversos, catalanistas y autonomistas gallegos, y donde quien “cortaba el bacalao” eran los representantes socialistas, Largo Caballero, Fernando de los Ríos e Indalecio Prieto.
Las elecciones municipales convocadas a la desesperada por la monarquía dieron el triunfo en las grandes ciudades a las candidaturas del “comité revolucionario”. Alfonso XIII puso pies en polvorosa y en medio de una euforia ilusa fue proclamada la República el 14 de abril de 1931. El “comité revolucionario” se autoproclamó Gobierno provisional. Había nacido el gobierno de coalición Republicano Socialista.
Una vez más, el PSOE se ponía al servicio del Capital. No hay ninguna incoherencia entre su anterior apoyo a una dictadura feroz y su nueva imagen de “promotor” de una República demagógicamente presentada como “República de los Trabajadores” a cuyo frente figurará Niceto Alcalá Zamora un terrateniente andaluz, monárquico de toda la vida. En 1923 y en 1931 un solo interés guía la acción del PSOE: la defensa del Capital Español.
Entre 1931-33 el poder es ejercido por socialistas y republicanos. Su demagogia “social” y “democrática” oculta la brutalidad de sus ataques a las condiciones de vida obreras y la bárbara bestialidad de la represión de las huelgas empleando masivamente el ejército y un nuevo cuerpo de represión bendecido como “republicano”, los Guardias de Asalto.
El nuevo gobierno tenía que hacer frente a los graves efectos de la Gran Depresión de 1929 que había traducido en el plano económico la Decadencia del Capitalismo que la Primera Guerra Mundial había expresado en el plano imperialista. Frente a la crisis tenía que desmovilizar las luchas obreras y proseguir las medidas de Capitalismo de Estado que había iniciado la dictadura de Primo de Rivera. Igualmente, debía hacer frente a un problema crónico en la España de la Decadencia Capitalista: el separatismo, principalmente catalán y vasco[9].
Las llamadas “medidas sociales” iban encaminadas a reforzar el poder de los sindicatos como órganos de control de la clase obrera. Pese a la oposición incendiaria de Derecha y terratenientes que las presentaban como “revolucionarias”, eran la “cara social” del Capitalismo de Estado que se materializó en 3 leyes:
Se extendió un miserable “Seguro Obrero” (un programa estatal anticipo de la actual Seguridad Social) a casi 5 millones de trabajadores que mejoró algo la situación de los jornaleros. Sin embargo, el gobierno republicano – socialista degradó con brutalidad la situación de los trabajadores: desempleo, caída de salarios, endurecimiento de las condiciones laborales y una represión omnipresente fueron el pan amargo que tuvo que tragar el proletariado en España.
La llamada “Reforma Agraria” presentada como la “solución” a la terrible miseria de los jornaleros y una gran mayoría de campesinos, resultó ser un gigantesco fraude. “A pesar de las grandes expectativas que había levantado, los efectos de la Ley de Reforma Agraria fueron muy limitados: a finales de 1933 sólo se habían ocupado 24 203 Has., repartidas entre 4339 campesinos, a los que habría que añadir otros tres o cuatro mil en las tierras previamente expropiadas a la Grandeza de España (las previsiones eran de entre 60 000 y 75 000 campesinos instalados por año)”[10].
Este gobierno “de los trabajadores” adoptó la Ley de Defensa de la República en octubre de 1931, preparada por el Estatuto Jurídico del Gobierno Provisional que otorgaba a éste, sin necesidad de aval judicial, la facultad de anular las libertades y derechos constitucionales «si la salud de la República, a juicio del Gobierno, lo reclama» (ídem.).La siniestra ley se presentó como “baluarte” contra fascistas y monárquicos (alfonsinos o carlistas) pero en realidad iba dirigida contra las huelgas obreras y contra anarquistas y comunistas, los cuales tuvieron “serios obstáculos para ejercer [el derecho a la libertad de asociación] pues se tolerarán, y no siempre, sus reuniones en locales cerrados pero se les prohibirá su ejercicio en lugares públicos. Por ejemplo, una manifestación que se formó a la salida de una reunión que el Partido Comunista de España celebró el 1 de mayo en San Sebastián fue disuelta contundentemente por la fuerza pública, produciéndose numerosos heridos (…) Más significativo aún fue lo que ocurrió el 28 de mayo de 1932. Aquel día unos huelguistas de Pasajes que se dirigían a San Sebastián fueron bloqueados por la Guardia Civil en el puente de Miracruz. Ante la negativa de aquellos a disolverse, los guardias civiles comenzaron a disparar ocasionado la muerte a ocho personas y más de cincuenta heridos.” El jefe del Gobierno, el republicano Azaña, gritó en las Cortes de forma muy “marcial” que contra esa Ley “ningún recurso será posible, una decisión adoptada por el ministro de la Gobernación no se va a recurrir ante un juez ni ante el Tribunal Supremo tampoco”. A esta ley la sustituyó la Ley de Orden Público (1933) del mismo calado, y se añadió otra “Ley de Vagos y Maleantes” que siguió vigente bajo el franquismo.
Dada la debilidad de la burguesía española, el régimen liberal necesitó del concurso activo de los militares. Durante el siglo XIX, O’Donnell, Narváez, Prim, Serrano, Martínez Campos y un larguísimo etcétera capitanearon los gobiernos como expresión del peso desmesurado del Ejército en el Estado burgués. Bilan lo explica: “A partir de este momento [1834, instauración definitiva del régimen liberal] aparecerá un fenómeno que una y otra vez encontraremos a lo largo de la evolución española, puesto que el desarrollo económico de la estructura de la sociedad española no contiene los fundamentos que permiten sentar las bases del estado capitalista moderno; es a través de la violencia, del ejército, como los liberales intentaron instaurar el régimen “del pueblo”, al igual que por medio del ejército serán aplastados tanto el propio liberalismo como los movimientos sociales que se desencadenaron en reacción a sus tentativas”. El gobierno republicano – socialista quiso apartar los militares de la política. Sin embargo, siguió confiando al ejército no solo la represión de las huelgas sino igualmente encargó a la justicia militar los juicios sumarísimos contra huelguistas y “agitadores”. Un socialista, Juan Simeón Vidarte, reconoció que “aunque ello parezca extraño, no llegó a modificarse el Código de justicia Militar y en todos los choques que se produjeron entre el pueblo y la Guardia Civil, siguieron interviniendo los Consejos de guerra” [11].
Como hemos visto, la “República de los trabajadores” ofrecía mucho circo, pero, a diferencia de los emperadores romanos, les quitaba el pan a los trabajadores. Esto provocó una creciente desilusión tanto en los obreros urbanos como agrícolas. Las huelgas no se hicieron esperar y ante ellas el Gobierno Republicano – socialista desplegó una salvaje represión.
La huelga de Telefónica iniciada el 4 de julio de 1931 suscitó una huelga de solidaridad que tuvo especial éxito en Sevilla que quedó paralizada el 20 de julio. “La respuesta del gobierno fue declarar el estado de guerra dos días después, por lo que las fuerzas militares ocuparon la ciudad llegando a utilizar la artillería contra el local de la CNT donde estaba reunido el comité de huelga. Hubo 30 muertos y 200 heridos” (ídem.). A estos muertos cabe agregar cuatro más a los que se aplicó la Ley de Fugas el 23 de julio, según reconoció el propio Manuel Azaña. “A esta huelga siguieron otras, no sólo en las ciudades (como la del metal en Barcelona el 4 de agosto de 1931) sino también en el campo, donde además se produjeron ocupaciones de fincas por jornaleros en demanda de la reforma agraria” (ídem.), de nuevo, el Gobierno “de los trabajadores” respondió a sangre y fuego.
En Castilblanco, un pueblo agrario de la provincia de Badajoz, la UGT convocó a manifestaciones para pedir trabajo para los jornaleros el 30 y 31 de diciembre de 1931. La Guardia Civil entró a tiros en la Casa del Pueblo donde se celebraba una reunión masiva causando un muerto, en respuesta jornaleros y mujeres acabaron linchando a 4 guardia civiles. Pocos días después “en Zalamea de la Serena, la intervención de la Guardia Civil —en lo que parecía, para algunos, un escarmiento por los sucesos de Castilblanco- mató a dos campesinos e hirió a tres más”[12]
El 2 de enero de 1932, los obreros de una fábrica azucarera de Épila (Zaragoza) se declararon en huelga hallando inmediatamente la solidaridad de los jornaleros de la localidad, una asamblea en la plaza del pueblo fue atacada por la Guardia Civil causando 2 muertos. “Al día siguiente, lunes 4 de enero, una manifestación de campesinos en Jeresa (Valencia), enfrentados a los patronos que no aceptaban las bases de trabajo propuestas, recibió a la Guardia Civil a caballo con insultos y piedras. Hubo una carga de sables y disparos. El resultado fue cuatro muertos y trece heridos, dos de ellos mujeres” (ídem.) El 5 de enero en la localidad industrial riojana de Arnedo una manifestación de obreros que acompañaba a los delegados sindicales de la UGT que trataban de negociar el fin de la huelga fue de nuevo atacada por la Guardia Civil provocando 11 muertos.
La huelga del Alto Llobregat (Barcelona), protagonizaba por mineros y trabajadores industriales iniciada el 19 de enero, culminó en una insurrección obrera con la toma de varios pueblos mineros donde se proclamó la “comuna libertaria”. El gobierno envió el ejército desencadenando una nueva oleada represiva. 204 obreros, considerados “cabecillas”, fueron deportados a las colonias de Marruecos y Guinea en condiciones espantosas, uno de ellos murió enfermo en la travesía.
“Justo un año después de la insurrección del Alto Llobregat se produjo un nuevo movimiento insurreccional anarquista, esta vez general, que provocó graves incidentes en Cataluña, Aragón, Valencia y Andalucía, expeditivamente reprimidos por las fuerzas gubernativas, que causaron numerosos muertos. Los sucesos más graves tuvieron lugar en la aldea de Casas Viejas (Cádiz) donde la intervención de las fuerzas de orden público provocó una matanza” (ídem.). Casas Viejas, un poblado de jornaleros de la provincia de Cádiz, sufrió una verdadera carnicería: los sucesivos destacamentos de Guardia Civil y Guardia de Asalto, siguiendo instrucciones directas de las autoridades de Madrid[13], acabaron asesinando a 22 personas, una choza fue incendiada deliberadamente causando 6 muertos, “Mataron a un anciano que se negó a abrirles la puerta de su casa y detuvieron a doce personas a las que condujeron esposadas a la choza calcinada de Seisdedos. Les mostraron el cadáver del guardia de asalto muerto y a continuación el capitán Rojas y los guardias los asesinaron a sangre fría” (ídem.)
En el Bienio “progresista” de 1931-33 1500 obreros fueron asesinados en la represión de las luchas. El currículo del PSOE había pasado del sostén a la Dictadura de Primo de Rivera al copo del “comité revolucionario” que promovería el engaño de la Segunda República (la demagógicamente proclamada “Republica de los Trabajadores”) para desembocar en la participación en un gobierno que durante 2 años derramó ríos de sangre proletaria.
Tras el paréntesis del gobierno de derechas de 1933-36, quien prosiguió las matanzas de obreros, la más grave la represión de la insurrección obrera de Asturias (octubre 1934) con cientos de muertos, torturados y encarcelados, en febrero de 1936 una nueva coalición de izquierdas, el Frente Popular, subió al poder.
Los gobiernos de Frente Popular surgieron en aquellos países de Europa donde la clase obrera no estaba totalmente derrotada a diferencia de Rusia y Alemania donde, respectivamente, el estalinismo y el nazismo, habían sellado el aplastamiento del proletariado. Su misión era alistar al proletariado para la guerra imperialista utilizando como banderín de enganche el antifascismo. Las dos experiencias más significativas de Frente Popular se dieron en Francia y España.
En Francia, en 1934 se tomó como pretexto los incidentes causados por los fascistas de la Croix de Fer para desatar una campaña histérica de “qué viene el fascismo”. A ello concurrió el pacto de la URSS con las grandes potencias “democráticas” “1934 es el año en que la URSS firma los acuerdos con Francia integrándose con todos los honores en la "alta sociedad" imperialista lo que se verá formalmente reconocido con su admisión en la Sociedad de naciones (precedente de la actual ONU). Los PC operan un cambio radical: la política "extremista" del "tercer periodo" caracterizada por una burda parodia del "clase contra clase" es reemplazada de la noche a la mañana por una política "moderada" de mano tendida a los socialistas, de formación de Frentes populares interclasistas en cuyo seno el proletariado debe someterse a las fracciones burguesas "democráticas" para conseguir el objetivo "supremo" de "cerrar el paso al fascismo"[14]. El 14 de julio de 1935, fiesta nacional francesa, se organizan manifestaciones gigantescas donde se mezcla el agua con el fuego: la bandera roja del proletariado con la bandera tricolor francesa, retratos de Marx con retratos de Robespierre, se canta La Internacional y La Marsellesa. Esta farsa monumental tiene como fin atar a los obreros al carro de la defensa nacional, su disolución en la masa amorfa del “pueblo de Francia”, todo ello sobre la base del antifascismo. “Bajo el signo de imponentes manifestaciones de masas se está disolviendo el proletariado francés en el régimen capitalista. A pesar de los miles y miles de obreros desfilando por las calles de París, se puede afirmar que, en Francia, ni más ni menos que en Alemania, no subsiste ya una clase proletaria que luche por sus propios objetivos. Y en esto, el 14 julio ha sido un momento decisivo en el proceso de disgregación del proletariado y en la reconstrucción de la sacrosanta unidad de la nación capitalista. (…) Así pues, los obreros han tolerado la bandera tricolor, han cantado La Marsellesa e incluso han aplaudido a los Daladier, Cot y demás ministros capitalistas, los cuales, junto con Blum, Cachin[15], han jurado solemnemente que “darán pan a los trabajadores, trabajo a los jóvenes y paz al mundo” o sea, dicho con otras palabras: plomo, cuarteles y guerra imperialista para todos” (Bilan n° 21, julio-agosto de 1935).
En el caso de España, se fue fraguando tras arduas negociaciones una nueva alianza entre republicanos y PSOE, aunque este último aportó dos partidos situados a su izquierda: PCE y POUM. Azaña aclaró en una declaración parlamentaria que “el Frente Popular no es la revolución social, ni es la labor de entronizamiento del comunismo en España”[16]. Su programa se limitaba a una amnistía de los numerosos represaliados de Asturias 1934, una vaga alusión a proseguir las “reformas sociales” de 1931-33, la continuación de las medidas de autonomía de las regiones españolas, y abandonaba las referencias a la “reforma agraria” sustituidas por medidas muy tímidas de “apoyo a los campesinos”. Su énfasis más importante era la “alianza contra el fascismo” donde en nombre de “cerrarle el paso” se buscaba la disolución del proletariado en el “pueblo español” y su sometimiento a unas fracciones burguesas pretendidamente “liberales” y “progresistas”.
El gobierno es confiado a los partidos republicanos, mientras que PSOE y sus adláteres apoyan desde el parlamento. Esta división de tareas tiene como fin desmovilizar y finalmente amordazar a la clase obrera “Izquierda – Derecha, República – Monarquía, apoyo a la izquierda en contra de la derecha y la Monarquía; he aquí los dilemas y las posiciones que han defendido los diversos movimientos que actuaban en el interior de la clase obrera. El verdadero dilema estaba en la oposición Capitalismo o Proletariado; Dictadura de la burguesía para aplastar al proletariado o Dictadura del proletariado para erigir un baluarte de la revolución mundial y suprimir el Estado y las clases” (Bilan).
El Frente Popular prosiguió la misma política anti obrera de sus predecesores. El desempleo y la carestía de la vida subieron sin descanso y las medidas “sociales” se redujeron. Hubo una oleada de huelgas de grandes proporciones, entre marzo y junio de 1936 tantas huelgas como en todo 1933[17], en general, las autoridades fueron más prudentes en el uso de la fuerza, aunque una huelga general para reclamar la readmisión de los despedidos por la insurrección de Asturias y la liberación de los presos detenidos fue reprimida por los Guardias de Asalto causando un muerto. El 8 de marzo con el gobierno ya definitivamente constituido, la Guardia Civil asesinó a 4 jornaleros en una manifestación en Escalona (Toledo) que pedía el reparto de tierras. “Entre el 1 de mayo y el 8 de julio se contabilizaron 192 huelgas agrarias. La repuesta de los jornaleros, entre los que el paro y el pauperismo alcanzaban proporciones alarmantes, fue a veces violenta y dio pie a incidentes sangrientos, como el de Yeste (Albacete) donde a finales de mayo la detención de unos campesinos que pretendían talar árboles en una finca particular condujo a un sangriento enfrentamiento entre la Guardia Civil y los jornaleros, en los que murieron un guardia y 17 campesinos, varios de ellos asesinados a sangre fría por los agentes” (ídem.)
Desde el mismo día de la formación del Gobierno del Frente Popular, un grupo muy representativo de militares (Mola, Goded, Sanjurjo, Franco etc.) conspiraba descaradamente para dar un golpe de Estado. La gran mayoría de la Derecha le apoyaba “Al día siguiente de formarse el gobierno de Azaña el periódico de la Comunión Tradicionalista El Pensamiento Alavés ya afirmaba “que no sería en el Parlamento donde se libraría la última batalla, sino en el terreno de la lucha armada” y esa lucha partiría de “una nueva Covadonga que frente a la revolución sirviera de refugio a los que huyeran de aquélla y emprendiera la Reconquista de España” (ídem.).
El gobierno trasladó a regiones periféricas a los generales más significados (Franco fue destinado a Canarias), sin embargo, la conspiración siguió su curso sin grandes obstáculos. Mola, máximo dirigente, desarrolló sus famosas instrucciones secretas que programaban una verdadera caza del hombre en las filas obreras, y fue tejiendo enlaces en los distintos cuarteles; si el golpe se retrasaba era más bien por las disensiones entre los conspiradores puesto que José Antonio, capitoste de la Falange, exigía un poder desmesurado y lo mismo sucedía con los carlistas. El gobierno “popular” se ufanaba de “tenerlo todo controlado”, "Azaña y muchos elementos de su partido, y el propio Casares Quiroga, jefe del gobierno, no creyeron que después de haber neutralizado con facilidad el golpe de Sanjurjo en 1932 en el ejército hubiera capacidad para preparar una acción seria, estimando además que tenían controlados a los posibles cabecillas y que en el caso de que esa rebelión se produjese sería fácil abortarla” (ídem.).
En realidad, pese a ser rivales, golpistas y Frente Popular, estaban unidos por el mismo enfrentamiento de clase contra el proletariado, “El Frente Popular en España, se revela ser, como demuestran los hechos actuales, no una fuerza de la que los obreros puedan servirse, sino un arma poderosa del enemigo que tiene por función su aplastamiento. Bajo su gobierno se ha podido organizar metódicamente toda la acción de la derecha, donde las ayudas no consistían solamente en la conspiración (este aspecto muy teatral es el menos importante), que han tenido facilidad para preparar” (Bilan).
Cuando por fin, el 18 de julio, los militares se sublevan, lo primero que hará el Frente Popular es intentar pactar con ellos, puesto que los republicanos de izquierda temían "tanto o más que el golpe militar de signo antirrepublicano, el desbordamiento del orden social por obra de una acción de masas"[18]
Fueron los obreros los que con su rebelión espontánea impidieron a los militares realizar sus propósitos, mientras que el principal propósito del gobierno del Frente Popular fue paralizar a los obreros: “encargó a Diego Martínez Barrio, presidente de las Cortes y líder de Unión Republicana, que formara un gobierno con el mayor apoyo político posible, dejando fuera a los dos extremos (la CEDA y el Partido Comunista de España), cuyo objetivo era conseguir "detener la rebelión" sin recurrir al apoyo armado de las organizaciones obreras. Martínez Barrio formó un gobierno que, aunque difería poco del anterior (no consiguió que se integraran en él los socialistas), incluyó a políticos moderados y dispuestos a llegar a algún tipo de acuerdo con los militares sublevados, como el líder del Partido Nacional Republicano Felipe Sánchez Román, que abandonó la coalición del Frente Popular cuando se integró en ella el Partido Comunista, o Justino de Azcárate” (ídem.)
El General Mola, contactado por Martínez Barrio, se carcajeó de éste cuando pretendió ofrecerle una transacción, “Ustedes tienen sus masas y yo tengo las mías”, le espetó. El fracaso de la negociación obligó a la burguesía republicana a realizar la maniobra más arriesgada: formar un nuevo gobierno, presidido por Giral, con el objetivo de encuadrar a los obreros en las redes de los Sindicatos, contando para ello con la colaboración fundamental de la CNT que, consumando definitivamente sus bodas de sangre con el Estado burgués, proclamó su defensa incondicional de la República. El anarquismo que se presentaba -y sigue presentándose- como el “gran enemigo del Estado” capitulaba vergonzosamente ante él enarbolando argumentos demagógicos: “El gobierno en la hora actual, como instrumento regularizador de los órganos del Estado, ha dejado de ser una fuerza de opresión contra la clase trabajadora, así como el Estado no representa ya el organismo que separa la sociedad en clases. Y ambos dejarán aún más de oprimir al pueblo con la intervención en ellos de elementos de la CNT”[19]
En la traición definitiva de la CNT y su integración irreversible en el Estado burgués, el PSOE jugó un papel esencial. Primero a través de su sindicato UGT que, tras haber sido el chivato que delataba a los militantes cenetistas durante la dictadura de Primo de Rivera y el bienio 1931-33, no cesó de ofrecer “alianzas” y “unidades de acción” a la CNT, logrando finalmente arrastrarla al terreno capitalista. Segundo con los “buenos oficios” de Largo Caballero que, tras haber sido consejero de Estado de Primo de Rivera y ministro de Trabajo en el gobierno republicano-socialista, tuvo la caradura de proclamarse “el Lenin español” lanzándose desde 1934 a una sobrepuja de “declaraciones revolucionarias”[20].
Contando con el apoyo de la CNT y “moviendo hacia la izquierda” el gobierno del Frente Popular, la burguesía republicana logrará sacar a los obreros de su terreno de clase (la lucha contra el Capital sin distinguir entre fascismo y República) para desviarlo y encerrarlo en el terreno capitalista de la lucha militar únicamente contra Franco cerrando filas detrás de la burguesía republicana. “Tras el derrumbe del gobierno de José Giral, el 4 de septiembre de 1936, Francisco Largo Caballero fue designado jefe del gobierno y ministro de la guerra. Su gran preocupación, aparte del curso de la contienda, fue intentar mantener la disciplina en el ejército y la autoridad dentro de la zona republicana a cualquier precio”[21].
La burguesía, especialmente en Cataluña, Valencia, Aragón, dejará manos libres a la CNT para encerrar a los obreros en la “incautación de fábricas y tierras” donde se expulsará a los patronos, terratenientes y curas y se implantará el “comunismo”, empresa en la que colaborarán gustosos los “reformistas” del PSOE, UGT y PCE. Una farsa escandalosa pues lo que significa esa “toma del poder” es que los obreros, rígidamente encuadrados por los sindicatos, se auto explotan al servicio de la producción capitalista[22]. El Estado, más fuerte que nunca, permite ese festival de demagogia, mientras como dice la cita anterior, el Gobierno de Largo Caballero se dedica a restablecer “la autoridad” y conducir todas las fuerzas hacia la guerra imperialista.
La farsa permitirá apagar en pocos meses las luchas reivindicativas y autoorganizadas de los obreros, lo que dominará es que, alistados por la CNT, el POUM, el PSOE, el PCE, los obreros aceptarán, por un lado, que sus milicias se integren y disuelvan en el ejército regular de la República -lo que Largo Caballero llamaba “imponer la disciplina en el ejército”- y, por otra parte, sacrificar sus necesidades humanas en el altar de la producción para la guerra. Así, las mejoras salariales y la semana de 40 horas serán borradas en unos pocos meses, por consejo de la CNT, para que los obreros pongan todo su sudor en sacar tanques, ametralladoras, cañones, para el asesinato mutuo entre obreros: en un bando los encuadrados por Franco, en el otro los alistados por la República.
Los líderes republicanos, sin desaparecer de las palancas de mando, pasarán a un segundo plano, los focos se centrarán en la “izquierda más radical”: Largo Caballero; Federica Montseny y García Oliver por la CNT; La Pasionaria por el PCE, ocuparán el centro de la escena para hacer de los obreros la carne de cañón de una contienda imperialista que opone, en un bando, la República española, tibiamente secundada por Francia y Gran Bretaña y de manera cada vez más decidida por la URSS que quiere aprovechar la ocasión para implantar su feroz dictadura en territorio español y, en el otro bando, la fracción fascista de Franco, Falange, los carlistas, la derecha en general, respaldados por Alemania e Italia. España 1936 será el teatro de operaciones donde se prepara el nuevo baño de sangre que ocasiona el capitalismo en decadencia: la Segunda Guerra Mundial con sus 60 millones de asesinatos.
“En Barcelona la fachada oscurece la realidad. Parece que la burguesía se retira provisionalmente de la escena política, parece que la burguesía no está a la cabeza de ciertas empresas, se ha llegado a considerar que el poder burgués no existe. Aquí la respuesta trágica de los hechos es cruel: todas las formaciones políticas, hasta la más extremista, la CNT, proclaman abiertamente que ponerse detrás de la máquina del estado capitalista sería útil para la clase obrera. Dos principios se oponen, dos clases, dos realidades: una, la de la colaboración y la traición; la otra de la lucha. Si de cara a una conflagración social del tipo de la de Barcelona los obreros son encaminados no a atacar la máquina estatal capitalista, sino a su salvaguarda, entonces es la colaboración y no la lucha de clases lo que triunfa. La socialización de una empresa dejando intacto el aparato estatal es un eslabón de la cadena que bloquea al proletariado detrás de su enemigo tanto en el frente interior como sobre el frente imperialista del antagonismo fascismo-antifascismo, al igual que el desarrollo de una huelga por la misma reivindicación de clase dentro de una industria socializada es un anuncio que puede conducir a la defensa y a la victoria del proletariado español e internacional” (Bilan).
La supeditación de toda la sociedad a la guerra imperialista significa terror policial, militarización draconiana (toque de queda), racionamientos, jornadas de trabajo de 12 y 14 horas, prohibición de toda huelga con los sindicatos CNT-UGT como primeros represores… En la vida social, si en los primeros meses tras la respuesta obrera de julio 1936, los señoritos habían desaparecido de los cafés, las propinas habían sido prohibidas, los burgueses habían adoptado vestiduras “proletarias” …, todo eso fue desapareciendo gradualmente para volver por sus fueros el lujo provocador de los burgueses, la restauración de las propinas, la expresión descarada de la división en clases.
Las milicias espontáneamente creadas por los obreros en julio de 1936 sufrieron un proceso de adulteración por etapas sucesivas: primero fueron encuadradas en los sindicatos “obreros” CNT y UGT, que encaminaron gran parte de ellas hacia el frente militar y fueron sometidas gradualmente a la disciplina del Ejército Regular. Se las “centralizó” en un Comité Central de Milicias Antifascistas con objeto de borrar de ellas toda orientación proletaria y dirigirlas vía la mistificación de la “lucha contra el fascismo” hacia la defensa del Capital bajo su etiqueta republicana. Pero, aún quedaban restos de resistencia proletaria en las milicias en las llamadas Patrullas de Control que intentaban, cada vez más aisladas, defender intereses obreros, por ejemplo, oponiéndose a patronos o a políticos republicanos o “comunistas”, demasiado descarados en la defensa del capital.
El gobierno republicano, espoleado por el Partido “comunista” que cada vez ganaba más terreno, debido a la influencia rusa, quería acabar con estos últimos focos de resistencia. La Central telefónica de Barcelona, ocupada por los obreros, resistía en todos los planos y, especialmente, intentaba controlar las llamadas de los altos dirigentes del Estado republicano. El 3 de mayo de 1937 “un grupo de 200 policías mandados por el consejero de Orden Público de la Generalidad de Cataluña, Rodríguez Salas, se dirigió a la central de la Telefónica y se personó en el departamento de censura (situado en la segunda planta) con la intención de tomar el control del edificio. Aquello pareció a los anarquistas una provocación, pues la Telefónica estaba ocupada legalmente por un comité anarcosindicalista de acuerdo a un decreto de la propia Generalidad acerca de las colectivizaciones”[23]. En defensa de los atacados una gran masa obrera se congregó en la plaza de Cataluña y pronto se generalizaron los enfrentamientos con los Guardias de Asalto y demás fuerzas represivas. Al día siguiente, una huelga masiva se extendió por las industrias de Barcelona, Tarragona y otros centros industriales catalanes. Los obreros recuperaron las últimas armas de que disponían y los choques armados se extendieron por el territorio. “Los obreros de Barcelona han tomado nuevamente, el 4 de mayo de 1937, el camino que iniciaron el 19 de Julio, y del que el capitalismo los había podido separar apoyándose en las múltiples fuerzas del Frente Popular. Provocando la huelga por todos lados, incluso en los sectores presentados como «conquistas de la revolución», se han enfrentado contra el bloque republicano-fascista del capitalismo. Y el gobierno republicano ha respondido con el mismo salvajismo con el que actuó Franco en Badajoz e Irún. Si el Gobierno de Salamanca no ha explotado esta conmoción del frente de Aragón para impulsar un ataque es porque ha intuido que su cómplice de izquierda ejecutaba admirablemente su papel de verdugo del proletariado” (Bilan).
Los ministros anarquistas corrieron a desmovilizar los obreros: “los dirigentes anarquistas García Oliver y Federica Montseny y el ejecutivo de la UGT Carlos Hernández Zancajo leían por la radio un llamamiento a sus seguidores para que depusieran las armas y volvieran al trabajo” (ídem.).
Hay que subrayar que “en el Frente de Aragón, unidades de la 26.ª División anarquista (anteriormente llamada la Columna Durruti) a las órdenes de Gregorio Jover, se congregaron en Barbastro para emprender la marcha sobre Barcelona. No obstante, al oír la alocución radiada por García Oliver permanecieron donde estaban. Pero la 28.ª División (la que fuera la Columna Ascaso) y también la 29.ª División del POUM, capitaneada por Rovira, no desistieron de la proyectada marcha sobre Madrid hasta que el jefe de la aviación republicana en el frente de Aragón, Alfonso Reyes, amenazó con bombardearles si la marcha se efectuaba” (ídem.). “Una fuerza de aproximadamente 5000 miembros, la mayoría de ellos guardias de asalto, parten de Madrid y Valencia hacia la capital catalana. Por la noche dos destructores republicanos, acompañados por el acorazado Jaime I llegaron al puerto de Barcelona procedentes de Valencia y cargados de hombres armados” (ídem.)
El Gobierno de la República no duda en dejar de lado momentáneamente la “guerra antifascista” para masacrar a sus huestes, por la sencilla razón de que éstas son sus “tontos útiles” y no puede consentir que se rebelen. Con esta movilización gigantesca y con el apoyo descarado de la CNT que el 6 de mayo hace un nuevo llamamiento solemne a abandonar la huelga, desde la mañana del 7 de mayo Barcelona es sometida a una ocupación militar en toda regla, el 8 de mayo los últimos focos de resistencia son aplastados. “Las fuerzas expedicionarias que entraron en Barcelona iban bajo el mando del teniente coronel Emilio Torres, que gozaba de cierta simpatía entre los anarquistas y precisamente por ello la CNT había propuesto que se le asignara a él dicha tarea para facilitar la vuelta a la normalidad” (ídem.). El 7 de mayo, la CNT repitió el llamamiento a la vuelta al trabajo, proclamando por la radio: «¡Abajo las barricadas! ¡Que cada ciudadano se lleve su adoquín! ¡Volvamos a la normalidad!»
¡La normalidad capitalista de la guerra, los racionamientos y la represión! Una normalidad impuesta con más de 500 muertos, más de 1000 heridos, miles de detenidos, torturados, desaparecidos. El gobierno republicano se reestructura, el “radical” Largo Caballero cede el mando a Negrín, quien da carta blanca a la jauría de los estalinistas para desencadenar la represión y a los mandos militares para imponer una disciplina de hierro en el ejército.
“El 19 de Julio los proletarios de Barcelona, con sólo sus puños desnudos, aplastaron el ataque de los batallones de Franco, armados hasta los dientes. Ahora, en las jornadas de mayo de 1937, cuando sobre los adoquines han caído muchas más víctimas que cuando en Julio rechazaron a Franco, ha sido el gobierno antifascista - incluyendo hasta los anarquistas y del que el POUM es indirectamente solidario - quien ha desencadenado la chusma de las fuerzas represivas contra los trabajadores” (Bilan).
La lección de la experiencia trágica de 1931-39 de Gobiernos de Izquierda es contundente: no es solo el PSOE como en 1931-33 sino todas las fuerzas que dicen “hablar en nombre de los trabajadores” (PCE, CNT, POUM) quienes cierran filas con el Capital y cubiertos con la máscara del “antifascismo” imponen la Guerra, la explotación capitalista, la represión y la miseria.
En el siguiente artículo analizaremos la experiencia de los gobiernos de izquierda desde 1975 con la “restauración” de la democracia.
C.Mir 16-2-20
[1] Para un análisis de las negociaciones, más bien auténticas guerras, entre PSOE y Podemos, ver Contra el espectáculo repugnante de la política burguesa existe una respuesta: la política revolucionaria del proletariado https://es.internationalism.org/content/4464/contra-el-espectaculo-repugnante-de-la-politica-burguesa-existe-una-respuesta-la [77]
[2] https://www.20minutos.es/noticia/4102257/0/para-iglesias-sera-el-gobierno-del-si-se-puede-y-la-mejor-vacuna-contra-la-extrema-derecha/ [78]
[3] Dos ejemplos: Podemos que se dice “republicano” se ha vuelto el más furibundo monárquico, no solo han dejado de denostar al rey Borbón, sino que lo elogian descaradamente. En los “debates” electorales, Pablo Iglesias, el mandamás de Podemos, se presentaba como el más aplicado defensor de la Constitución de 1978.
[4] La medida que tomó el gobierno socialista en 2019 para controlar los horarios de los trabajadores se presentó como un medio de evitar que se hicieran horas extras no pagadas y ha resultado ser todo lo contrario: con ella se están haciendo miles de horas extras que no se remuneran.
[5] Ver nuestra hoja internacional 2011: de la indignación a la esperanza, /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [8]
[6] Ver sobre todo nuestro libro ESPAÑA 1936: FRANCO Y LA REPUBLICA MASACRAN AL PROLETARIADO, capítulo I, https://es.internationalism.org/cci/200602/497/1la-leccion-de-los-acontecimientos-de-espana [79] . Mientras no se indique lo contrario las citas son tomadas de este libro.
[7] En 1921 se celebró un Congreso Extraordinario del PSOE que rechazó la adhesión a la Tercera Internacional, abandonando el partido las últimas tendencias proletarias (aunque muy confusas y de orientación centrista) que formarían inmediatamente el Partido Comunista Obrero Español, PCOE, que se fusionarían sin debate alguno, obligados por el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, con los grupos que habían constituido un año antes un primer partido comunista.
[9] Para un análisis más detallado ver de nuestro libro antes citado España 1936, Franco y la República masacran al proletariado, el Capítulo I: Bilan ante los acontecimientos de España
[13] “Pasada la medianoche, llegó a Casas Viejas una tercera unidad de orden público-compuesta por cuarenta guardias de asalto al mando del capitán Rojas, que había recibido la orden del Director General de Seguridad en Madrid, Arturo Menéndez, para que se trasladara desde Jerez de la Frontera y acabara con la insurrección, abriendo fuego «sin piedad contra todos los que dispararan contra las tropas». (ídem. Nota 9).
[14] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200806/2278/historia-del-movimiento-obrero-el-antifascismo-el-camino-a-la-trai [83]
[15] Líderes respectivamente del Partido Socialista francés y del PCF.
[16] https://es.wikipedia.org/wiki/Frente_Popular_(Espa%C3%B1a)#El_gobierno_del_Frente_Popular:_de_febrero_a_julio_de_1936 [84]
[17] Hay que señalar que los estalinistas del PCE rechazaron abiertamente las huelgas: “Una prueba de que la polarización política no era definitiva fue la actitud del Partido Comunista de España (uno de los representantes del "bolchevismo" que tanto temía la derecha), que mostró un firme apoyo al Gobierno republicano, e incluso moderó su exigencia de una reforma agraria revolucionaria e hizo llamamientos a los dos sindicatos, UGT y CNT, para que detuvieran la escalada de huelgas que se produjo a lo largo de la primavera de 1936”.
[18] Aróstegui, citado en https://es.wikipedia.org/wiki/Frente_Popular_(Espa%C3%B1a)#El_gobierno_del_Frente_Popular:_de_febrero_a_julio_de_1936 [84]
[19] Declaración del periódico de la CNT Solidaridad Obrera, citada por Burnett Bolloten Revolución y Contra – Revolución en España.
[20] Ver El antifascismo el camino a la traición de la CNT, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200806/2278/historia-del-movimiento-obrero-el-antifascismo-el-camino-a-la-trai [83]
[21]https://valencia.cnt.es/que-es-la-cnt/historia/noviembre-de-1936-la-cnt-entra-en-el-gobierno/ [85]
[22] Ver El mito de las colectividades anarquistas, https://es.internationalism.org/cci/200602/755/3el-mito-de-las-colectividades-anarquistas [86]
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El 14 de enero de 2020 tuvo lugar una explosión en la Empresa IQOXE “Industrias Químicas del Óxido de Etileno” en Tarragona que dejó 2 trabajadores muertos y 7 heridos en el lugar, y otro muerto más, que fue alcanzado por un material lanzado por la onda expansiva, que impactó en una vivienda a 3 kilómetros de distancia.
¿La explosión en Tarragona es un fenómeno local, una casualidad, el producto de la corrupción de un empresario, de un político; un accidente desgraciado o un fallo técnico etc.?
NO!!!. Para nosotros esa explosión es el resultado de la crisis y descomposición del capitalismo. Lo que está pasando en China con el coronavirus, los incendios en Australia y en la Amazonía, el accidente de Zaldíbar en el País Vasco, y la explosión mortal de Tarragona; no son fenómenos aislados que se explicarían por causas específicas. Como tampoco son hechos nuevos, recordemos San Juanico en México y Bhopal en India ambos en 1984; Chernóbil en 1986, la explosión de AZF en Toulouse en 2001, el accidente nuclear en Fukushima en 2011 etc., la lista sería interminable. Todos llevan la huella de la barbarie creciente del capitalismo.
Tarragona no es un caso especial, se repite lo que ha pasado en muchos otros accidentes en el lugar de trabajo, en infraestructura, en el transporte y comunicación etc. Recordemos los accidentes ocurridos en el metro de Valencia en 2006[1], que costó 43 muertos; las minas en República Dominicana[2], la caída del puente Morandi en Génova[3], entre muchos otros. En todos ellos se repite la complicidad que hay entre las autoridades del Estado y las empresas, y el ahorro de costes para el mantenimiento de infraestructuras, instalaciones y seguridad en áreas de trabajo. Por ejemplo:
En Brasil, el 17 de julio, un avión Airbús de la compañía TAM derrapó en la pista de aterrizaje del aeropuerto Congonhas, en plena zona residencial de Sao Paulo. Tras barrer materialmente una avenida muy frecuentada fue a chocar contra una estación de servicio y un depósito de la TAM que se incendiaron por el impacto. El trágico balance fue de por lo menos doscientos siete muertos. La mayor catástrofe ocurrida en Brasil en toda su historia.
[…] Desde hace años, el personal de aeropuertos de Brasil protesta contra el deterioro de sus condiciones de trabajo: casi ausencia de verificaciones en los aviones por razones de ahorro financiero, aviones repostados con combustibles de bajo precio y calidad, materiales obsoletos, tráfico aéreo parejo a una política de eliminación de mecánicos y controladores aéreos, para lograr así la máxima rentabilidad […].
En Sao Paulo la investigación ha revelado multitud de anomalías: la pista era notoriamente conocida desde hace años como muy peligrosa ya que no cumplía las condiciones de seguridad, el área de aterrizaje era demasiado reducida y el tráfico demasiado denso […].
La víspera del accidente el Gobierno había denegado el cierre de la pista reclamado por los controladores aéreos del aeropuerto. Es más, el avión de la TAM estaba desprovisto de uno de sus dos inversores de propulsión que permiten al aparato reducir la velocidad de aterrizaje[4].
Lo que muestra el caso de Brasil y los demás, es que el capitalismo estrujado por la crisis económica que le afecta desde hace años, responde con el ahorro en los costes para el mantenimiento, la seguridad etc., ocasionando que las ya de por sí deterioradas condiciones de la infraestructura y las instalaciones se vuelvan una bomba de relojería.
La agravación de la crisis hará que el capitalismo abandone aún más el mantenimiento de las infraestructuras, lo que significa una siembra masiva de bombas contra la vida de los trabajadores.
En la Resolución sobre la situación internacional de nuestro 19º Congreso Internacional a propósito de la doble catástrofe de Fukushima en Japón (2011), decimos: “Es el sistema capitalista en su conjunto –basado en la búsqueda desenfrenada de la ganancia, así como en la competencia entre sectores nacionales, y no sobre la satisfacción de las necesidades de la humanidad– el que es el responsable fundamental de las catástrofes presentes y futuras sufridas por la especie humana”[5]
Desde 2015 una institución del Estado, la Generalitat de Cataluña, tenía conocimiento de que la Empresa Iqoxe[6] había infligido normas de seguridad en el trabajo y en las instalaciones “Sin embargo, según la Generalitat, la empresa tenía los planes de seguridad industrial actualizados”[7]. Esto muestra su complicidad, dejando que la empresa siga funcionando poniendo en peligro la vida de los trabajadores, cubriendo las apariencias con multas que son calderilla para la empresa, y cuyo importe no redunda ni mucho menos en una mejora de las condiciones de seguridad en el trabajo o a atenuar los riesgos que se ciernen sobre las viviendas de los trabajadores. Así la izquierda española sacó pecho en la reciente cumbre de Madrid “por el clima” y, sin embargo, acumula multas y expedientes de las autoridades europeas pro la contaminación atmosférica de Madrid y Barcelona, por la mala depuración de las aguas en 17 ciudades de más de 15 mil habitantes. No solo el trabajo y la explotación, sino también la mala salud y la insalubridad de las condiciones de vida obreras financian la acumulación y los negocios de los capitalistas.
Lo mismo ha sucedido en Zaldibar, donde dos trabajadores han resultado sepultados por el derrumbe de toneladas de basura de un vertedero del que el propio gobierno vasco (PNV-PSOE) conocía su peligrosidad desde al menos un informe de junio de 2019, sabían que podía derrumbarse en cualquier momento y que no cumplía los estándares medioambientales mínimos[8],Para poner coto a los atentados del capitalismo siempre hay prórrogas y dilaciones. A los miles de personas de las poblaciones (Éibar, Ermua, Zaldibar…) afectadas por el colapso de ese vertedero y que han estado días y días respirando humos tóxicos, sin poder beber agua de los grifos por su alta contaminación, la única respuesta que les ha llegado del Estado ha sido un “mea culpa” hipócrita y, eso sí, mucho llamamiento a la calma. Nada de sublevarse. ¡¡¡Confiad en el Estado!!!
En Tarragona, los sindicatos también sabían que la empresa infringía las normas, y que la reducción de plantilla provocaba más carga laboral y más riesgos de accidentes[9].
Nos dicen que el Estado está al servicio de los ciudadanos y que busca su protección, ESTO ES UN ENGAÑO, como muestra los diferentes ejemplos en todo el mundo, el Estado sabía lo que pasaba y no hacía nada. El Estado no informaba, dejando a los trabajadores y a la población indefensos. Esto demuestra que el Estado protege los intereses de los capitalistas, y NUNCA de los trabajadores.
El capital Español presume de Tarragona como el principal polígono petroquímico del sur de Europa[10]. ¿A qué precio? Por una parte, estamos viendo que la seguridad en el trabajo y en las instalaciones están cada vez más deteriorado, lo que significa el desprecio de la vida de los trabajadores.
En segundo lugar, hay cada vez más precariedad, plantillas reducidas, aumento y carga de las jornadas de trabajo, lo que significa mayor explotación y un estrés laboral que favorece los accidentes.
En tercer lugar, alrededor del polígono petroquímico de Tarragona hay una serie de barrios proletarios (La Canonja, Vilaseca, Torreforta, entre otras). Dónde el aire está muy contaminado y los vecinos tienen que tener las ventanas permanentemente cerradas. Eso sin contar, que a pesar de estar en un perímetro de distancia por lo menos de 3 kilómetros, entre el polígono y la vivienda, sufren una constante amenaza de explosión.
Mientras tanto, en las declaraciones de Javier Pacheco[11] presidente de CCOO de Cataluña, le es más importante resaltar la necesidad de un puerto petroquímico que la vida de los trabajadores. Al sindicato le importa más las inversiones del capital español en petroquímica, que las necesidades de la seguridad de los trabajadores. Los sindicatos utilizan la memoria de los trabajadores muertos para canalizar y desviar la preocupación y la rabia de los trabajadores y sus familias hacia el objetivo de “una petroquímica fuerte”, lo que realmente le interesa al capital español.
El Estado no nos protege, los sindicatos -otro pilar del Estado capitalista- tampoco, por ejemplo CCOO sabía los recortes de plantilla, los incumplimientos de la empresa y las condiciones de inseguridad en las que laboraban los trabajadores. Sin embargo, no movió ni un dedo. Y de repente cuando la tragedia se produce, se lamenta de la situación y pide a los lobos que cuiden más a los corderos, o sea que el estado garante de la explotación se preocupe por la salud y el bienestar de los explotados. En Tarragona además han tenido el nauseabundo cinismo de convocar una huelga general, pero sólo en la petroquímica y ¡1 mes después del accidente! cuando se habían borrado de la memoria la indignación y la preocupación que se expresaron en concentraciones espontáneas de protesta de las horas siguientes a la explosión. Y tienen, además, la caradura de reivindicar en ella que “Las comarcas de Tarragona necesitan un equilibrio de la industria, el turismo y la cultura que dé oportunidades de progreso".( https://www.elnacional.cat/es/sociedad/huelga-general-petroquimica-tarragona-despues-explosion_471531_102.html [92] ) Patria y orden capitalista: el ideal de civilización de los sindicatos.
Los trabajadores no podemos confiar ni en el Estado Democrático ni en los sindicatos.
Tenemos que tomar la lucha en nuestras manos, organizando asambleas generales, donde podamos discutir, decidir y actuar unidos. Siempre llamando a todos los trabajadores a sumarse a la lucha, porque nuestros intereses son los mismos en todos los sectores y en todos los países.
La humanidad no puede depositar sus esperanzas en ninguna fracción de la clase explotadora, sino en la clase explotada, el proletariado, que constituye siempre la primera víctima de los desastres ocasionados por el capitalismo. La solidaridad, y la toma conciencia sobre la verdadera naturaleza del capitalismo, representan las semillas de una sociedad en la que el trabajo, la ciencia y la creatividad humana ya no estén al servicio de la guerra y los beneficios, sino de la vida y el pleno disfrute de ella[13].
Marjane
20 de Febrero 2020
[1] Ante la tragedia de Valencia. Consultado en: https://es.internationalism.org/cci-online/200607/984/ante-la-tragedia-de-valencia [93]
[2] Accidentes laborales: la vida no vale un peso para el capitalismo. Consultado en: https://es.internationalism.org/cci-online/200801/2159/accidentes-laborales-la-vida-no-vale-un-peso-para-el-capitalismo [94].
[3] Morti di Stato a Genova, ostaggi di Stato sulla nave Diciotti. Il cinismo e l’ipocrisia senza ritegno della borghesia. Consultado en: https://it.internationalism.org/content/1424/morti-di-stato-genova-ostaggi-di-stato-sulla-nave-diciotti-il-cinismo-e-lipocrisia [95]
[4] Catástrofes durante el verano. Quien mata es el capitalismo. Consultado en: https://es.internationalism.org/content/catastrofes-durante-el-verano-quien-mata-es-el-capitalismo [96]
[5] Resolución sobre la situación internacional XIX Congreso de la CCI. https://es.internationalism.org/revista-internacional/201108/3171/resolucion-del-xixo-congreso-de-la-cci-sobre-la-situacion-internac [97]
[6] “2015: sanción de 2.000 euros por infracción grave en materia de inadecuación del lugar de trabajo en relación con la normativa de seguridad y salud laboral. 2016: sanción de 1.250 euros por ofrecer condiciones de trabajo inferiores a las del convenio colectivo. 2017: sanción de 8.200 euros por infracción grave por falta de formación de los delegados de prevención de riesgos laborales. 2017: sanción de 6.000 euros por infracción grave por no tener actualizada la evaluación de los riesgos laborales”. Consultado en: La empresa química de Tarragona sumaba multas por inseguridad laboral. Consultado en: https://www.lavanguardia.com/local/tarragona/20200117/472927984172/explosion-empresa-quimica-iqoxe-tarragona-multas-inseguridad-laboral.html [98]
[7] La reducción de plantilla, uno de los motivos de la explosión de la planta química de Tarragona según CC.OO. https://www.niusdiario.es/sociedad/reduccion-plantilla-motivos-explosion-planta-quimica-tarragona-ccoo_18_2885145052.html [99]
[8] Una montaña de mierda sobre otra montaña de mierda: El PNV conocía el gran peligro de Záldivar. Consultado en: https://www.elespanol.com/reportajes/20200220/montana-mierda-pnv-conocia-gran-peligro-zaldibar/468704402_0.html [100]
[9] La reducción de plantilla, uno de los motivos de la explosión de la planta química de Tarragona según CC.OO. https://www.niusdiario.es/sociedad/reduccion-plantilla-motivos-explosion-planta-quimica-tarragona-ccoo_18_2885145052.html [99]
[10] Complejo de Tarragona: el mayor polo petroquímico de España. Consultado en: https://www.abc.es/espana/catalunya/abci-complejo-tarragona-mayor-polo-petroquimico-espana-202001142000_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.es%2F [101]
El mayor complejo petroquímico del sur de Europa provoca pesadillas. Consultado en: https://catalunyaplural.cat/es/el-mayor-complejo-petroquimico-del-sur-de-europa-provoca-pesadillas/ [102]
[11] Declaracions de Javier Pacheco a la vaga a la petroquímica de Tarragona. Consultado en: https://www.youtube.com/watch?v=PSJqqhu6uek [103]
[12] Evolución de la huelga en la petroquímica de Tarragona. Consultado en: www.ccoo.cat/aspnet/noticia.aspx?id=228311 [104].
[13] Huracán Katrina: El capitalismo conduce la humanidad al desastre. Consultado en: https://es.internationalism.org/cci-online/200509/120/huracan-katrina-el-capitalismo-conduce-la-humanidad-al-desastre [105]
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Con el asesinato de Qaseem Soleimani y otros nueve asociados, incluidos los jefes de los poderosos grupos militares de Irán, las Unidades de Movilización Popular y Kata'ib Hezbollah el 3 de enero de 2020, Trump envió una señal, totalmente consistente con su presidencia, de que todo "acuerdo" está fuera de lugar y nadie está a salvo en este tenso enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán. Hassan Nasrallah, presidente de Hezbolá en el Líbano y firme aliado de Irán, probablemente un poco nervioso en las horas posteriores al ataque, optó para llamar a Teherán para que no respondiera y para que " las tropas estadounidenses abandonen Iraq". Un día después, a pesar del ruido de algunos "intransigentes" dentro del régimen que fueron silenciados rápidamente, esa era la posición oficial de la República Islámica cuya élite gobernante señaló los detalles de su "retribución" a los estadounidenses a través de los conductos iraquíes. A pesar de ser promocionado en una campaña en los medios, no había ninguna gran posibilidad de una conflagración regional a través del intercambio de misiles (tampoco era probable el uso de tropas estadounidenses) y había aún menos posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, a pesar de los titulares sensacionalistas en algunas partes de la prensa burguesa. Por qué creemos que este no fue el caso y por qué esto significa que no habrá atenuación en la propagación de la barbarie militar sobre la que volveremos a continuación. Mientras tanto, la eliminación de Soleimani ha asestado un golpe al imperialismo iraní, pero nunca se trata de un hombre y queda por ver cuán grave es este golpe para la República Islámica; si esto lo socava aún más después de las recientes protestas (sofocadas, pero no desaparecidas); o si fortalece el nacionalismo iraní y su base. Cualquiera sea el caso, Soleimani, a lo largo de las décadas, ya había hecho mucho por la extensión del imperialismo iraní en todo el Medio Oriente y en el África subsahariana.
La fuerza Quds ("Jerusalén") y las unidades asociadas, que Soleimani levantó a partir de la década de 1980 y tomó el control hace unos 15 años, fueron responsables de la represión interna de los trabajadores iraníes que luchaban y protestaban y otros en 1999, diez años después de eso en 2009 y nuevamente una década después, en 2019/2020. Fueron responsables de las numerosas muertes de manifestantes iraquíes en el último tiempo y fueron estas fuerzas las que desataron una represión despiadada contra los manifestantes anti-Assad después de 2012, salvando virtualmente al carnicero sirio y su tambaleante régimen. Soleimani no era un fanático chiíta, sino un importante representante del imperialismo iraní. Era un aliado de los rusos, pero no era un títere ruso. También estuvo aliado, en diferentes momentos, con los estadounidenses, y con los kurdos, alauitas, maronitas, sunitas, cualquiera, de hecho, que promoviera su causa. Incluso ha utilizado a al-Qaeda contra los estadounidenses, por lo que Irán recibió su propio "retroceso". No es de extrañar que Soleimani fuera tan respetado por el régimen iraní dividido en facciones[1] y por qué fue ungido "mártir viviente" por el Líder Supremo, Ali Khamenei.
Irán y particularmente los elementos de Soleimani nunca fueron títeres o peones de Rusia que actuaban por orden de Moscú. No fue el caso recientemente y después de la caída del Shah, que tuvo lugar en 1979 cuando los bloques aún existían, Irán ha tendido a seguir su propio camino. El régimen de los Ayatolás fue una especie de comodín, presagiando de alguna manera el colapso de los bloques y la consiguiente lucha imperialista de todos contra todos. Pero, en todo caso, mientras él era directa e indirectamente responsable de muchas muertes en Estados Unidos, Soleimani seguía dispuesto a trabajar con los estadounidenses; y no hay duda de que incluso después de que el presidente George W. Bush atacó a Irán como parte del "Eje del Mal" en 2002, las armas diplomáticas y militares estadounidenses jugaron un papel importante en la construcción y consolidación de los Quds y las fuerzas iraníes asociadas en Irak. Incluso si las relaciones se complicaron más tarde.
Después de la atrocidad de las Torres Gemelas en 2001 y un cierto "acercamiento" por parte de Irán, el embajador de carrera y alto funcionario del Departamento de Estado Ryan Crocker y su equipo, se reunieron regularmente con funcionarios iraníes[2], incluido Soleimani, para discutir sobre sus enemigos comunes: al-Qaeda y los talibanes. Incluso después de que la diatriba inspirada en Neo-Con de Bush terminó las reuniones oficiales (y el acercamiento oficial), los contactos iraní-estadounidenses se mantuvieron en los años que siguieron. El juego que desarrolló Soleimani fue seguir hablando con los norteamericanos, haciendo concesiones aquí, haciendo favores allá, mientras seguía presionando a los Estados Unidos y matando y hostigando a las tropas estadounidenses y sus aliados. La revelación de cables diplomáticos por parte de Wikileaks muestra que Soleimani estaba en contacto con el general estadounidense David Petraeus, comandante general de fuerzas en Irak alrededor de 2008. Fue en este desarrollo sin precedentes de la guerra asimétrica, un factor general de descomposición capitalista que incluye el terrorismo, que el comandante iraní atrajo a los EE. UU a una trampa que se lanzaría en gran medida contra las instalaciones y el espacio proporcionados por los propios estadounidenses. En este momento había más de cien mil soldados estadounidenses en Irak y cada uno de ellos era un objetivo. Los iraníes los usaron y luego fueron sometidos a una constante violencia y presión psicológica que contribuyeron a la retirada gradual de las tropas estadounidenses; y aunque esto pudo haber complacido a los rusos, la fuerza impulsora detrás de esto fue el imperialismo iraní.
Trump se declaró vencedor sobre Isis recientemente, pero si un hombre fue responsable de la derrota de Isis (junto con la logística estadounidense, el poder aéreo ruso y las tropas terrestres kurdas) fue Soleimani y sus fuerzas. En la batalla contra Isis, los altos mandos estadounidenses e iraníes trabajaron muy estrechamente, con Irán a veces tomando las decisiones. La batalla sobre Amarili, controlada por Isis, una ciudad chiíta turcomana en Irak, vio ataques aéreos y terrestres combinados que involucraron a ambas fuerzas en lo que fue una derrota significativa para el Estado Islámico y una gran victoria para la coalición estadounidense / iraní. A este respecto, Soleimani también podría apoyarse en los rusos y los kurdos con cierta presión; lo que, una vez más, muestra la relativa independencia del imperialismo iraní.
Tomado del "extremo" del espectro de posibles respuestas de Estados Unidos a la continua agresión iraní, el golpe contra Irán / Soleimani fue dirigido por Trump al verdadero estilo de la mafia. El presidente, que estuvo tranquilo y lúcido durante todo el episodio, claramente dejó sus cartas sobre la mesa, se mostró abierto sobre los que estaban bajo su manga, y los iraníes, comprensiblemente, se replegaron. No había interés en un intercambio de misiles, ningún interés de Irán en sufrir mayores pérdidas y ningún interés por parte de Trump en involucrarse en una guerra más amplia. Tampoco hubo ningún interés por parte de China y Rusia en involucrarse en una guerra en el Medio Oriente sobre Irán, cuyas consecuencias eran obvias. Todas las guerras del imperialismo son fundamentalmente irracionales pero una Irán herida, sin liderazgo habría llevado a un peligroso escenario para los buitres imperialistas, creando un inestable vacío que podría ser aprovechado por cualquier tipo de elemento(incluyendo el propio Isis) haciendo aún más peligrosa las tendencias centrifugas que caracterizan esta situación.
Sin embargo, la política general de los Estados Unidos de aumentar la presión sobre Irán ciertamente provocará una mayor inestabilidad en la región. Aunque el asesor de seguridad nacional John Bolton se ha ido, Trump todavía está rodeado de "halcones" anti- iraníes. La carta al gobierno iraquí del jefe supremo iraquí estadounidense WH Seely, accediendo a la solicitud del primero de retirar todas las tropas estadounidenses, muestra la confusión que reinaba en los niveles superiores del ejército estadounidense. Los alemanes y los franceses despreciaron abiertamente la acción y Gran Bretaña, que necesita desesperadamente a Trump, se unió a las críticas de la UE. Ninguno de ellos tiene mucho que ganar con los Estados Unidos exacerbando aún más el caos en el Medio Oriente.
La relación entre Rusia e Irán, destacada por los acontecimientos recientes, merece una mirada breve y más cercana, particularmente en relación con el análisis general de la descomposición que hace la CCI[3] y la perspectiva planteada por la Tendencia Comunista Internacionalista, que habla del potencial de un "bloque amplio" para una guerra mundial, liderada por Rusia que, de acuerdo con la posición de las TCI, no puede esperar y "mirar" (los asesinatos de Estados Unidos) y no puede permitir que Irán sea atacado "con impunidad"[4]. Rusia no solo puede "permitir" esto, sino que facilita los ataques de las fuerzas iraníes en Siria por parte de Israel y no es reacio a atacar posiciones iraníes en Siria utilizando sus propias fuerzas. La tendencia primordial no es hacia la "coherencia" de una guerra mundial en todo el bloque, sino EL de cada uno contra todos y el desarrollo de la barbarie militar que es igual de peligrosa para la clase trabajadora y la humanidad, si no más.
En sus comentarios después de los ataques de los Estados Unidos, Putin no mencionó el nombre "Soleimani" ni una sola vez y su muda critica al ataque reflejaron la visión del Kremlin en su conjunto, lo que dejó a sus medios de comunicación la cuestión de "la agresión de Imperialismo estadounidense ". Las relaciones históricas de Rusia con Irán han dejado profundas cicatrices y sus relaciones relativamente recientes han sido ambiguas, por decir lo menos; pero la muerte de Soleimani le brinda al imperialismo ruso la oportunidad de fortalecer aún más su control en Siria y, posiblemente, en Irak.
Aunque su papel fue exagerado por Teherán, Soleimani trabajó muy de cerca con los rusos en Siria como aliado. Pero también hemos visto que ha trabajado muy de cerca con el alto mando estadounidense en Siria e Irak. La estrategia reciente de Soleimani y el IRGC (Quds y otras milicias) ha sido fortalecer el papel de Irán en Siria para ampliar su alcance; opuesto a esto, el objetivo ruso es fortalecer el régimen de Assad y, por lo tanto, su propia posición. En lugar de presionar por una confrontación más amplia sobre los ataques estadounidenses contra Irán, los rusos pueden no estar muy descontentos con el resultado de estos ataques estadounidenses; y si hubiera un líder mundial que Trump hubiera informado previamente de los ataques con aviones no tripulados, habría sido Putin.
Bajo el liderazgo de Soleimani, el IRGC ha estado comprando grandes extensiones de tierra y edificios alrededor de Homs y Damasco que se están convirtiendo en enclaves iraníes. Aquí hay tensiones claras que se dividen en tres sentidos y Rusia no está de acuerdo con Irán por Siria. Rusia podría haber protegido a las fuerzas iraníes en Siria de los ataques de Israel simplemente manteniendo desplegado su sistema de misiles S-300 recién instalado, pero, en colusión con el estado israelí, regularmente permite que los aviones de guerra israelíes entren en el espacio aéreo sirio, desaten sus armas contra las posiciones iraníes y salgan de nuevo. Irán ha expresado repetidamente su enojo con Rusia por esto, pero este último simplemente lo ignora. Rusia también le ha dicho a Israel que podría ayudar a reducir el suministro de armas de Irán a través de Damasco, una carta que tiene sobre Irán, y no está por encima de confrontar a las fuerzas iraníes en el país directamente, como lo hizo en la provincia de Deera cuando derrotó a la Cuarta División respaldada por Irán. Y junto con Israel, Rusia ha desarrollado recientemente vínculos con Arabia Saudita y los EAU, todos ellos no aliados de Irán.
Ninguna de estas cosas apunta a ningún tipo de coherencia de bloque con Rusia, o con Rusia "teniendo" que responder a los ataques estadounidenses contra los intereses iraníes en la forma en que la TCI lo prevé y nada de eso impide que Rusia se haga pasar por un "protector" de Irán y use sus "activos" que le han resultado muy útiles en Siria. Y con Turquía en la danza, molestando a todos con su impulso por el llamado Nuevo Imperio Otomano, que recientemente ha llevado a confrontaciones directas entre Turquía y el ejército sirio alrededor de Idlib, en realidad no estamos viendo el desarrollo de un impulso hacia la unificación de bloques militares Más bien vemos la guerra de cada uno contra todos y tendencias centrífugas dominantes. Sin entrar en la miríada de divergencias entre las diferentes potencias sobre diferentes regiones, un juego de ajedrez de nueve lados sin reglas ".
Desde principios de la década de 1950 hasta finales de la década de 1980, la Tercera Guerra Mundial fue una posibilidad clara. Los dos bloques imperialistas existieron, el mundo estaba más o menos dividido entre ellos y las tensiones aumentaron en todas partes, particularmente en torno a puntos clave. Pero durante el período 1968-89, cuando el regreso de la crisis económica mundial abierta "lógicamente" implicó una nueva marcha hacia la guerra, la obstinada insistencia del proletariado en luchar por sus propios intereses de clase evitó cualquier movilización para una conflagración imperialista. Sin embargo, hoy, con la completa ausencia de bloques imperialistas unificados, sin perspectivas de ellos en el horizonte y, posiblemente, desaparecidos para siempre, la burguesía no está obligada a confrontar y movilizar al proletariado de esta manera. Y este es el resultado de la incapacidad del capitalismo para imponer y cohesionar la disciplina necesaria para que los grandes bloques luchen en una guerra mundial. En lugar de eso, hay todo tipo de tendencias centrífugas moviéndose, entre la fragmentación, "nosotros primero después los demás", y la inestabilidad. La formación de bloques no está en la raíz del imperialismo: es al revés, y la consecuencia de 1989 es que el imperialismo ahora toma una forma diferente, pero no menos peligrosa, de acuerdo con la decadencia y descomposición general de todo el sistema capitalista. Los bloques imperialistas que luchan en la guerra mundial son una consecuencia del capitalismo decadente, pero la fragmentación de esta forma particular y su eliminación, ciertamente en el futuro previsible, es significativa mas allá de la decadencia del capitalismo y las consecuencias de la Caja de Pandora que se abrió en 1989.
El colapso del bloque oriental en 1989 fue una de las expresiones más espectaculares del "tiempo de paz" de la crisis y la descomposición de todo el sistema capitalista. La guerra mundial estuvo fuera de la agenda. La implosión del bloque oriental y todas sus estructuras tuvo sus repercusiones en el oeste, donde, casi de inmediato, los lazos del bloque se aflojaron. A pesar de las campañas ensordecedoras sobre la "muerte del comunismo" y la "victoria del capitalismo", no pasó mucho tiempo, dos años, para que la realidad del "Nuevo Orden Mundial" se afirmara. Poco después del intento de los EE. UU para evitar la fragmentación de su propio bloque a través de la coalición que libró la primera Guerra del Golfo en 1991, estalló la guerra en Yugoslavia 1992, la primera guerra directa en Europa desde 1945. Un conflicto brutal y bestial, dirigido contra civiles en formas que recuerdan a la Segunda Guerra Mundial;
Ciertamente es cierto que, desde la caída de la URSS, el imperialismo ruso se ha racionalizado y armado, emergiendo una vez más como un jugador importante en la arena mundial. Más importante aún, China ha aparecido como el principal retador de la hegemonía estadounidense, lo que demuestra que todavía existe una tendencia a la bipolarización entre los estados imperialistas más poderosos. Además, es sobre todo el ascenso de China lo que, ya bajo Obama, llevó a los Estados Unidos a declarar a Asia como el nuevo pivote y la contención de China su principal prioridad; este fue el verdadero significado detrás de la política de retirada de Obama de grandes partes del Medio Oriente, que el régimen de Trump ha llevado aún más lejos. Pero ni la creciente rivalidad entre EE. UU. Y China, ni las tensiones entre Rusia y EE. UU deben confundirse con la formación real de bloques, que se ve continuamente socavada por la tendencia dominante hacia la fragmentación. Esta tendencia ha sido ilustrada muy claramente no solo por el increíble caos militar en el Medio Oriente sino también por las amenazas a la unidad de la Unión Europea, la Organización Mundial del Comercio, la OTAN y una gran cantidad de organizaciones "internacionales" y de protocolos y acuerdos. en que se basan.
Nada de esto hace que la lucha de la clase trabajadora sea más fácil, de hecho, es más difícil, pero sí la hace aún más esencial para su futuro y el futuro de la humanidad. El proletariado unido sigue siendo la única fuerza posible capaz de enfrentar y eventualmente anular la perspectiva inimaginable que el capitalismo nos tiene reservado. Y, desde nuestro punto de vista, realmente no importa si somos explotados por explosivos, envenenados o fritos por el cambio climático. Mientras tanto, como los recientes desarrollos en la lucha de clases han indicado tentativamente, la clase trabajadora, como clase explotada, tiene el potencial de luchar, organizarse, constituir sus asambleas para consolidar y difundir sus combates contra el encerramiento de los sindicatos, aislados como "ciudadanos" y atrapados detrás del corporativismo y las fronteras nacionales.
Estaríamos mintiendo si no presentamos los desafíos serios y difíciles que enfrenta la clase trabajadora por estos desarrollos del capitalismo, desarrollos que solo pueden facilitar una mayor decadencia y barbarie. Pero a pesar de la retirada y la desmoralización de las últimas décadas, la clase trabajadora ha sido y sigue siendo la única fuerza social posible que puede ofrecer a la humanidad una salida de la pesadilla del capitalismo moribundo.
Babuino, 4.2.2
[2] The Shadow Commander https://www.newyorker.com/magazine/2013/09/30/the-shadow-commander [108]
[3] Ver Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
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Hoy las calles de Madrid vivirán un escenario de ambulancias, caos de los servicios sanitarios y dolor como el de los atentados de Atocha en 2004 (193 muertos y más de 1400 heridos). Pero, en esta ocasión será un día más de los de esta pandemia que ha ocasionado ya los 2300 muertos y cerca de 35 mil contagiados (oficialmente) en España, propagándose a una velocidad superior a la alcanzada en Italia que, hace unos días, batió todos los récords en cuanto a muertes diarias (651), e impacto letal de la epidemia (más de 7000 fallecidos), en la que ya se considera la peor catástrofe sanitaria de ambos países desde la 2ª Guerra Mundial. Y esos países son un anuncio de lo que probablemente espera a las poblaciones de metrópolis como Nueva York, Los Ángeles, Londres, etc. Una realidad que quedará palidecida cuando se contabilice el impacto de esta epidemia en América latina, África, donde los sistemas sanitarios son aún mucho más precarios o directamente inexistentes.
Pero desde semanas atrás los gobernantes de estos países – y también de Francia, como hemos mostrado en el artículo de nuestra publicación[1] en Francia, y sin duda de otras potencias capitalistas – podían imaginarse los estragos que podía causar esta epidemia. Y, sin embargo, como los demás Estados capitalistas - y no solo los populistas Johnson en Gran Bretaña o Trump en USA, etc. -, decidieron anteponer las necesidades de la economía capitalista a la salud de la población. Ahora en sus histriónicos e hipócritas discursos, esos mismos gobernantes dicen estar dispuestos a todo para proteger la salud de sus ciudadanos, y echan la culpa al “virus”, al que le declaran la “guerra”. Pero el culpable no puede ser algo que no es ni siquiera un ser vivo. La responsabilidad de la mortandad causada por esta pandemia es enteramente atribuible a unas condiciones sociales, a un modo de producción que, en vez de aprovechar las fuerzas productivas, los recursos naturales, el progreso del conocimiento para favorecer la vida, inmola la vida humana y la naturaleza toda en el altar de las leyes capitalistas de la acumulación y la ganancia.
Nos dicen a todas horas que esta pandemia afecta a todos sin distinguir ricos o pobres. Airean los casos de algunos “famosos” afectados o incluso fallecidos por Covid-19. Pero son anécdotas para esconder que son las condiciones de la explotación de los trabajadores las que explican el auge y la extensión de esta pandemia.
En primer lugar, por las condiciones de hacinamiento en barriadas insalubres en las que deben vivir los explotados, que son un caldo de cultivo que favorece la extensión de las epidemias. Esto es fácilmente comprobable viendo la mayor incidencia de esta pandemia en regiones industriales de alta concentración humana (Lombardía, Veneto y Emilia Romagna en Italia; Madrid, Cataluña y País Vasco en España), que en regiones más despobladas (Sicilia, Andalucía) por esas mismas necesidades de la explotación. La agravación del problema de la vivienda para los trabajadores acentúa aún más esta vulnerabilidad. En el caso de Madrid los hospitales que sufren la mayor saturación y cuyos servicios están colapsando, corresponden esencialmente a los que atienden a la población de las ciudades industriales del sur. También en estas infraviviendas es más difícil soportar la cuarentena decretada por las autoridades sanitarias. En los “chalets” de Somosierra o la villa de Niza en que se refugia Berlusconi con sus hijos, el confinamiento es más llevadero. Los explotadores quieren, ¡que cinismo!, presumir de “civismo”.
Y no digamos de las repercusiones sobre esta población con empleos precarios de tener que asumir el cuidado de los hijos pequeños o de los mayores que se han visto agolpados en infraviviendas. El caso de los ancianos es particularmente indignante, tras haber sido explotados durante toda su vida, y que hoy se ven hoy obligados a vivir solos, o desatendidos en residencias regidas por las mismas leyes del beneficio capitalista. Con un auxiliar por cada 18 pacientes en las salas de grandes dependientes, las residencias de ancianos se han convertido en uno de los principales focos de propagación de la pandemia, como se ha podido ver en España no sólo entre los llamados “usuarios” sino entre los propios trabajadores, que con contratos temporales y salarios de miseria se han visto obligados a cuidar a pacientes de riesgo, careciendo, en muchos casos de mínimas medidas de autoprotección[2]. Pero esa misma situación se puede ver en Francia, hasta hace poco presentada como el paradigma del Estado social. En España se ha llegado al caso de que pacientes ingresados deben permanecer aislados en sus habitaciones junto a cadáveres de sus compañeros, puesto que los servicios funerarios desbordados o carentes igualmente de medidas de autoprotección no dan a abasto para recoger los restos mortales. De igual modo se retrasan los traslados a los hospitales, que se encuentran en gran medida colapsados y donde el futuro que les espera es, en muchos casos, quedar relegados a pacientes de tercera o cuarta categoría, por las reglas de “triaje” que determinan el empleo de los recursos materiales y de personal en función de criterios de coste/beneficio, que constituyen auténticos atentados a la dignidad y la vida humanas, a los instintos sociales que han permitido a la humanidad llegar hasta nuestros días, y que hoy son puestos en marcha, sin tapujos, por las autoridades italianas, españolas[3], francesas, etc.
Y que podemos añadir a la conocida sobrexplotación y sobreexposición de los trabajadores sanitarios que concentran sobre ellos entre el 8 y el 12% de los contagios. Sólo en España más de 5000. Y estas estadísticas son bastante engañosas, por cuanto una buena parte de estos trabajadores aún no han sido testados si están o no contagiados por el coronavirus. Y aun así se ven forzados a trabajar sin los guantes, mascarillas y batas de protección necesarios, pero que han sido un gasto “prescindible” para la sanidad y la economía capitalistas. Como los hospitales, las camas de UCI, los respiradores, la investigación sobre los coronavirus y posibles remedios y vacunas… todo eso ha sido sacrificado en pro de la rentabilidad de la explotación.
Hoy las plañideras de los “media”, especialmente los coloreados de “izquierda”, tratan de concentrar las iras de la población contra las “privatizaciones” de la sanidad. Pero sea quien sea el titular del hospital, el dueño del laboratorio farmacéutico, o el propietario de la residencia de ancianos, lo cierto es que la salud de la población está sometida al imperio del beneficio de una minoría explotadora sobre toda la sociedad.
Esa dictadura de las leyes del capital por encima de las necesidades humanas se ha puesto claramente de manifiesto en la ejecución de las cuarentenas en Italia, España y Francia que han impuesto restricciones draconianas para ir a comprar, para visitar a los mayores, para recluir a niños o pacientes con discapacidades, pero que sin embargo ha tenido manga ancha para mantener el que se vaya a las obras de la construcción, para estibar los barcos con contenedores de todo tipo de material, para mantener la producción en las fábricas textiles, de electrodomésticos, de automóviles. Y para “asegurar” esas condiciones de la explotación, mientras se persigue a unos cuantos “runners” o a trabajadores que cogen el coche en pequeños grupos para ir a trabajar (y ahorrar parte de los gastos de desplazamiento), se permite el uso de metro o cercanías para mantener en marcha el proceso “productivo”. Muchos trabajadores se indignan frente a este criminal cinismo de la burguesía, y expresan su cólera través de redes sociales, puesto que en las actuales condiciones es imposible hacerlo juntos en las calles, en asambleas, etc. Así frente a la campaña urdida por los principales “media” con el eslogan “Quédate en casa”, se puso en marcha un hastag igualmente muy popular #YoNoPuedoQuedarmeEnCasa en el que se expresan “riders” (Deliveroo, Uber), cuidadoras de hogar, trabajadores del amplísimo sector de la economía sumergida, etc.
Por también han estallado protestas, plantes y huelgas contra el mantenimiento del trabajo en esas condiciones que desprecian la vida y la seguridad de los trabajadores. Como se gritaba en las protestas en Italia. “Vuestros beneficios valen más que nuestras vidas”.
En Italia estallaron desde la semana de 10 de marzo en la FIAT de Pomigliano donde trabajan diariamente 5 mil obreros, se pusieron en huelga para protestar contra las condiciones de inseguridad en que se les hacía trabajar. En otras fábricas del sector del metal, en Brescia, por ejemplo, se planteó un ultimátum a las empresas para que adecuaran la producción a las necesidades de protección de los trabajadores o se pondrían en huelga. Finalmente, las empresas decidieron cerrar las plantas. Y cuando, más recientemente, el 23 de marzo, un posterior decreto del primer ministro Conte, abrió las puertas a la continuación del trabajo en industrias no necesariamente esenciales, de nuevo estallaron huelgas espontáneas, que han llevado al sindicato CGIL a “amagar” con la convocatoria de una “huelga general” (¿?).
En España, se vieron inicialmente en la Mercedes de Vitoria, tras la aparición de un compañero contagiado de covid19 cuando los trabajadores decidieron que se paraba inmediatamente el trabajo. Lo mismo sucedió en la fábrica de electrodomésticos Balay de Zaragoza (1000 trabajadores) o en la Renault de Valladolid. Hay que decir que, en muchos casos, es la propia empresa la que ha propiciado el cierre patronal (Airbus en Madrid, SEAT en Barcelona o la FORD en Valencia en esas fechas y después la PSA de Zaragoza o la Michelin de Vitoria) para que sean las arcas del Estado – o sea plusvalía extraída al conjunto de la clase obrera - las que se encarguen de pagar parte de los salarios de sus trabajadores, cuando la realidad es que antes de la pandemia ya existían planes de despidos (en la FORD o en la Nissan de Barcelona).
Pero hay también manifestaciones abiertas de combatividad de clase como la huelga salvaje, es decir al margen y contra los sindicatos, que se ha producido en los autobuses de Lieja (Bélgica) contra la irresponsabilidad de la empresa de hacer trabajar a sus empleados en condiciones completamente expuestas al contagio, cuando Bélgica había sido uno de los primeros países en decretar un cierre de país. Otro tanto cabe decir por ejemplo del plante de los trabajadores de la factoría panadera Neuhauser y en los astilleros en Nantes o de la empresa SNF en Andrézieux (Francia)[4]. En Francia ha habido expresiones muy duras de protesta en los astilleros de Saint Nazare. Así se expresaba ante la televisión un obrero de dichos astilleros: “Me obligan a trabajar en espacios reducidos con 2 o 3 compañeros en cabinas de apenas 9 metros cuadrados y sin ninguna protección. Luego debo volver a mi casa donde están confinados mi mujer y mis hijos. Y me preguntó con mucha preocupación si yo no represento un peligro para ellos. No puedo aceptarlo”.
Conforme se va extendiendo la epidemia y sus efectos nefastos sobre los trabajadores van surgiendo focos, aún minoritarios, de protestas obreras a esta imposición de la lógica y las necesidades de la explotación capitalista: Lo hemos visto en la FIAT Chrysler en las plantas de Tripton (Indiana/USA) que protestaron por el hecho de tener que entrar a trabajar cuando está prohibido juntarse fuera de las factorías. Reacciones similares pudieron verse en las plantas de la empresa Lear en Hammond también en Indiana, en las factorías de Fiat en Windsor (Ontario/Canadá), o en la fábrica de camiones Warren en la periferia de Detroit. Los conductores de bus de la ciudad de Detroit también detuvieron su trabajo hasta que la empresa les asegurara un mínimo de seguridad en sus condiciones de trabajo. Es muy significativo que, en estas luchas en Estados Unidos, los trabajadores hayan debido imponer su decisión de parar el trabajo a la directriz marcada por el sindicato – en este caso la UAW – que alentaba continuar trabajando para no perjudicar a la empresa.
Y también en el puerto de Santos (Brasil) ha habido protestas de los trabajadores contra las imposiciones de las autoridades de mantener el trabajo. Y también en ese país crece también la inquietud en los trabajadores de las factorías de Volkswagen, Toyota, GM, etc. contra la continuación de la producción como si no existiera una pandemia.
Por muy limitadas que hayan sido esas protestas son una parte importante de la respuesta de clase del proletariado a la pandemia que tiene un carácter indudablemente de clase capitalista. Aún en un terreno meramente defensivo, los explotados rechazan aceptar ser la carne de cañón de los explotadores.
La propia burguesía es consciente del potencial de desarrollo de la combatividad y de toma de conciencia del proletariado que encierra esa acumulación de inquietud, indignación y sacrificios que se exigen a los trabajadores. Ahora hasta los principales protagonistas del “austericidio”[5] (como Merkel, o Berlusconi, o el español Luis de Guindos) se llenan la boca de promesas de ayudas sociales. Pero las armas de la clase explotadora siguen siendo las tradicionales de toda la historia de la lucha de clases: el engaño y la represión.
La hipocresía de las campañas de aplausos programados a los trabajadores del sector sanitario. Por supuesto que estos compañeros se merecen todo el reconocimiento y solidaridad porque son ellos, esencialmente, los que con su esfuerzo y apoyo están manteniendo mínimamente a flote la asistencia sanitaria. Llevan años haciéndolo contra los recortes de personal y el deterioro de los recursos materiales. Lo que es de un cinismo repugnante es ver como las autoridades que han propiciado precisamente esas condiciones de sobrexplotación e impotencia de estos compañeros, quieran sumarse a esa “solidaridad” con eso de que estamos todos en el mismo barco, cantando el himno nacional y exaltando los valores patrios como remedio (¿?) frente a la propagación de la pandemia. El nacionalismo repugnante de muchas de estas “movilizaciones” promovidas desde las propias instancias del Estado trata de ocultar que no puede haber comunidad de intereses entre explotadores y explotados, entre beneficiarios y perjudicados por la degradación de las infraestructuras sanitarias, entre quienes mantener la producción y la competitividad del capital nacional, y quién antepone la vida y las necesidades humanas. La patria es una patraña para los trabajadores, lo diga Salvini y Vox, o lo diga Podemos, Macron o Conte
Invocando precisamente esa “solidaridad nacional” se apela a la ciudadanía a delatar a quien supuestamente se “salta” la cuarentena, propiciando un clima de “caza de brujas” que a veces pagan madres con hijos autistas, parejas de ancianos que van a comprar o incluso trabajadores sanitarios que se dirigen a los hospitales. Resulta especialmente cínico responsabilizar de la extensión de la pandemia, de los muertos causados por ella, o del stress que sufren los trabajadores sanitarios a unos cuantos “infractores”. No hay nada más antisocial – es decir contrario a la comunidad humana - que el Estado capitalista que defiende precisamente los intereses de clase de la minoría explotadora, y eso lo esconde precisamente con la hoja de parra de esa supuesta solidaridad. Y doblemente hipócrita y criminal es intentar utilizar el desastre causado por la negligencia del Estado que defiende los intereses de la clase enemiga, como vía para enfrentar a unos trabajadores con otros. Si los trabajadores de los hospitales se niegan a aceptar trabajar sin medios de protección se les califica de insolidarios[6] y se les amenaza con sanciones, como se ha puesto recientemente de manifiesto con la destitución de la directora médica del hospital de Vigo (Galicia) por osar denunciar el “bla bla bla” de los políticos burgueses respecto a las medidas de protección. El gobierno de Valencia (mismos partidos que la coalición “progresista” que rige España) amenaza censurar las imágenes que muestren el estado calamitoso de la atención sanitaria[7] en esa región, invocando el derecho a la “intimidad” de los pacientes cuando estos ¡están amontonados en servicios de urgencia, etc!
Si los trabajadores de la Empresa Funeraria municipal de transportes se niegan a trabajar sin protección con cadáveres de fallecidos por el Covid-19 se les imputa que sean ellos quienes impidan poder hacer el duelo por las pérdidas, de familiares, amigos… Como en las infraviviendas, como cuando nos acarrean como animales en transportes públicos hacia los centros de trabajo, como en los centros de trabajo en los que la ergonomía está pensada en función de la productividad y no de la fisiología de los trabajadores, también los muertos por el coronavirus son hacinados en mortuorios masivos como el Palacio de Hielo de Madrid.
Toda esta brutalidad inhumana es presentada, sin embargo, como el summum de la unión de toda la sociedad. No es casual que en las ruedas de prensa del Gobierno español en que miente sin remordimiento alguno (¿Cuándo llegaran los test? ¿Y las mascarillas? ¿Y los respiradores? Respuesta perenne del ministro de Sanidad: “en los próximos días”) aparezcan generales del Ejército, Policía, Guardia Civil, con todas sus medallas. Se trata de imbuir en la población el conocido espíritu castrense: “Obedecer sin rechistar”. Se trata también de inducir un acostumbramiento de la población a todo tipo de restricciones de las propias libertades ciudadanas a discreción de la Autoridad, con efectos la aplicación de efecto muy discutible pero que fomentan la autodisciplina social y la delación como veíamos antes y que se venden como el único dique frente a las enfermedades y el caos social. Tampoco es casualidad que la burguesía occidental exprese hoy una indisimulada admiración por el control que determinadas tiranías, como la del capitalismo chino[8], ejercen sobre la población. Si hoy se deshacen en elogios por el éxito de la “vía china” contra el coronavirus es para camuflar su admiración por los instrumentos de ese control totalitario del Estado (reconocimiento facial, rastreo y seguimiento de los desplazamientos y las reuniones de la gente, utilización de esas informaciones para clasificar a la población en categorías de su ¿peligrosidad social?), y de poder presentar estas vías de un mayor control totalitario del Estado explotador como la vía para “proteger a la población” de epidemias y otras resultados del caos capitalista actual.
Hemos mostrado como ante una crisis social resultado se pone de manifiesto la existencia de dos clases antagónicas: proletariado y burguesía. La primera es quien está protagonizando lo mejor de los esfuerzos de la humanidad para tratar de frenar el impacto de esa epidemia. Es esencialmente ese trabajo de los sanitarios, los transportistas, los trabajadores de los supermercados y la industria alimentaria lo que ha constituido el salvavidas al que agarrarse en plena debacle del Estado. Se ha demostrado una vez más que el proletariado es, a nivel, mundial, la clase productora de la riqueza social, y que la burguesía es una clase parásita que se aprovecha de ese despliegue de tenacidad, creatividad, trabajo en equipo para agrandar su capital. Cada una de estas clases antagónicas ofrece una perspectiva complemente diferente al caos mundial en que ha sumido hoy el capitalismo a la humanidad: el régimen de explotación capitalista hunde a la humanidad en más guerras, epidemias, miseria, desastre ecológico; la perspectiva revolucionaria libera a la especie humana de su sojuzgamiento a las leyes de su apropiación privada por una minoría explotadora.
Pero los explotados no pueden escaparse individualmente de esa dictadura. No pueden eludir a través de acciones particulares las directrices caóticas de un Estado que actúa en efecto en provecho de un modo de producción que domina el mundo entero. El sabotaje o la desobediencia individual es el sueño imposible de clases que no tienen ningún futuro que ofrecer al conjunto de la humanidad. La clase obrera no es una clase de víctima impotentes. Es una clase que lleva consigo la posibilidad de un mundo nuevo liberado precisamente de la explotación, de las divisiones entre clases y naciones, del sometimiento de las necesidades humanas a las leyes de la acumulación.
Un filósofo (Buyng Chul Han) muy de moda por su descripción del caos de las actuales relaciones sociales capitalistas ha afirmado recientemente que “no podemos dejar la revolución al virus”. Es cierto. Sólo la acción consciente de una clase mundial para erradicar conscientemente las raíces de la sociedad de clases puede constituir una verdadera revolución.
Valerio 24 de marzo de 2020
[1] Ver en RI: La incuria criminal de la burguesía [114]
[2] https://elpais.com/espana/madrid/2020-03-21/el-dano-del-coronavirus-en-las-residencias-de-mayores-sera-imposible-de-conocer.html [115]
[3] https://www.elespanol.com/espana/20200320/criterios-decidir-prioridad-falten-camas-uci/475954325_0.html [116]
[4] Ver el mencionado artículo de Revolution Internationale
[5] Nombre por el que se conoció popularmente a las medidas decretadas por la Unión Europea ante la crisis de 2008 y que supusieron, entre otras, un desmantelamiento de las estructuras sanitarias.
[6] https://www.elconfidencial.com/espana/2020-03-24/sanitarios-ramon-cajal-plante-mascarillas_2513959/ [117]
[7] https://www.lasprovincias.es/comunitat/sindicatos-exigen-generalitat-20200325192618-nt.html [118]
[8] Obviamente para el verdadero comunismo, Rusia, China, Cuba, y sus variantes no son sino expresiones de una versión del capitalismo: el capitalismo de Estado.
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Al final de nuestro primer artículo sobre la pandemia de Covid-19 señalamos: «Pase los que pase con este nuevo virus Covid-19, que se convierta en una nueva pandemia como sucedió con el SARS, o que permanezca como un nuevo virus respiratorio estacional, esta nueva enfermedad es otra advertencia de que el capitalismo se ha convertido en un peligro para la humanidad y para la vida en este planeta. Las enormes capacidades de las fuerzas productivas, incluida la ciencia médica, para protegernos contra las enfermedades, chocan con esta criminal búsqueda de beneficios, con el hacinamiento de una gran proporción de la población humana en ciudades invivibles, y los riesgos de nuevas epidemias que eso supone».
Hoy esta pandemia se ha convertido en un problema de primera magnitud en todo el mundo y ha derivado en un auténtico “tsunami” económico de consecuencias desastrosas. Por razones de espacio no entraremos aquí en analizar esta dimensión de sus implicaciones en la economía. Lo haremos en un próximo artículo. En el que sigue nos concentraremos en analizar cómo esta epidemia revela la enfermedad del capitalismo.
Se confirman hoy los presagios más sombríos y la OMS debe reconocer que se trata de una pandemia mundial extendida ya a 117 países en todos los continentes, que el número de afectados supera, según las estadísticas oficiales los 120 mil, que los muertos en estas primeras semanas de la pandemia son más de 4 mil, etc. Lo que se inició como “un problema” en China, se ha convertido hoy en una crisis social en las principales potencias capitalistas del planeta (Japón, USA, Europa Occidental, etc.). Sólo en Italia el número de fallecimientos supera ya los ocasionados en todo el mundo por la epidemia de SARS de 2202-2003. Y, las medidas de control draconiano de la población que tomaron hace un mes las “tiránicas” autoridades chinas, tales como el confinamiento de millones de personas[1], y las propias de un auténtico “darwinismo social”[2], consistente en la exclusión de los servicios hospitalarios de todos aquellos que no sean “prioritarios” en la lucha por contener la enfermedad, son hoy moneda corriente en muchas de las principales ciudades de todos los países afectados en todos los continentes.
Los “media” burgueses nos bombardean a todas horas con un sinfín de datos, recomendaciones y “explicaciones” sobre lo que nos quieren presentar como una especie de plaga, una nueva catástrofe “natural”. Pero esta catástrofe no tiene nada de “natural”, sino que es el resultado de la asfixiante dictadura del modo de producción capitalista, senil y caduco, contra la naturaleza y dentro de ésta la especie humana.
Los revolucionarios no poseemos competencia para hacer estudios epidemiológicos o pronósticos sobre el curso de las enfermedades. Nuestro papel es explicar, sobre una base materialista, las condiciones sociales que hacen posible e inevitable el surgimiento de estos acontecimientos catastróficos. Así hemos puesto en evidencia que la esencia del sistema capitalista es anteponer la explotación, la ganancia y la acumulación a las necesidades humanas. Que otro capitalismo no es posible. Pero también que esas mismas relaciones de producción capitalistas que, en un momento de la historia, pudieron permitir un enorme avance de las fuerzas productivas (de la ciencia, de un cierto dominio de la naturaleza para contener los sufrimientos que ésta imponía a los hombres, ...) se han convertido hoy en una traba para su desarrollo. Hemos explicado también como la prolongación durante décadas de esta etapa de decadencia capitalista ha impulsado, a falta de una solución revolucionaria, a la entrada en una nueva fase: la de la descomposición social[3], donde se concentran aún más todas esas tendencias destructivas derivando en una multiplicación del caos, de la barbarie, del progresivo desmoronamiento de las propias estructuras sociales que garantizan un mínimo de cohesión social, amenazando la supervivencia misma de la vida sobre el planeta Tierra.
¿Elucubraciones de cuatro marxistas trasnochados? Desde luego que no. Los científicos que están hablando más rigurosamente sobre la actual pandemia de Covid-19 aseveran que la proliferación de este tipo de epidemias tiene su causa, entre otras, en el acelerado deterioro del medio ambiente que redunda en mayores contagios provenientes de animales (zoonosis) que se acercan a las concentraciones humanas para poder sobrevivir, y a la vez al hacinamiento de millones de seres humanos en megápolis que provocan curvas de contagio verdaderamente vertiginosas. Cómo ya expusimos en nuestro precedente artículo sobre Covid-19[4], efectivamente algunos médicos en China habían intentado advertir sobre un nuevo riesgo de epidemia por coronavirus SRAS, desde diciembre de 2019, pero directamente fueron censurados y reprimidos por el Estado, porque eso amenazaba la imagen de potencia mundial de primera fila a la que aspira el capital chino.
Tampoco es la CCI la primera en insistir en que uno de principales factores de impulso de la propagación de esta pandemia es la creciente descoordinación de las políticas de los distintos países, que es una de las características del capitalismo, pero que se ve reforzada hasta cotas cada vez mayores por el avance del “cada uno a la suya” y al “repliegue en uno mismo” que caracteriza a los Estados y a los capitalistas en la fase de la descomposición de este sistema y que tiende a impregnar todas las relaciones sociales.
No descubrimos nada nuevo cuando señalamos que la peligrosidad de esta enfermedad no reside tanto en el virus mismo, sino en el hecho de que esta pandemia se produce en un contexto de enorme deterioro, durante décadas y a escala mundial, de las infraestructuras sanitarias. Que de hecho es la “administración” de esas estructuras cada vez más escasas e inoperantes lo que dicta las políticas de los distintos Estados para tratar de espaciar la aparición de nuevos casos, aunque eso suponga prolongar el efecto de esta pandemia en el tiempo. Y, ¿no indica esa degradación irresponsable de los recursos - de conocimientos, tecnología, etc. - acumulados por décadas de trabajo humano, una falta absoluta de perspectiva, una completa despreocupación por el porvenir que pueda tener la especie humana, característicos de una forma de organización social – la capitalista – en descomposición?
Desde luego que en la historia de la humanidad ha habido otras epidemias sumamente letales. Estos días son fáciles de encontrar en los “media” burgueses reportajes y suplementos sobre como la viruela y el sarampión, el cólera o la peste causaron millones de muertos. Lo que falta en este tipo de afirmaciones es explicar que la causa de esas mortandades era esencialmente la penuria que afecta a la humanidad, tanto desde el punto de vista de las condiciones de vida como de los conocimientos sobre la naturaleza. El capitalismo plantea, precisamente, la posibilidad histórica de superar esa etapa de penurias materiales y, a través del desarrollo de las fuerzas productivas, poner las bases de una abundancia que podrá permitir una auténtica unificación y liberación de la humanidad en una sociedad comunista. Si se mira el siglo XIX, es decir de la etapa de máxima expansión capitalista, se puede ver cómo la salud, y, por tanto, la enfermedad, dejan de ser percibidos como una fatalidad, como se produce un avance no sólo de la investigación sino de la comunicación entre diferentes investigadores, como hay un auténtico cambio hacia un enfoque más “científico” de la medicina[5]. Y todo eso tiene una aplicación en la vida cotidiana de la población: desde las medidas para mejorar la higiene pública a las vacunas, desde la formación de expertos médicos a la creación de hospitales. La causa del aumento de la población (de mil a dos mil millones de personas) y sobre todo de la esperanza de vida (de 30 a 40 años a principios del siglo XIX hasta los 50-65 de 1900) es debida esencialmente a ese avance de la ciencia y la higiene. Nada de esto fue hecho por los burgueses por un espíritu altruista en pro de las necesidades de la población. El capitalismo nació «chorreando sangre y lodo», como decía Marx. Pero en medio de ese horror, su interés en obtener el máximo de rentabilidad de la fuerza de trabajo, de los conocimientos adquiridos por sus esclavos asalariados en décadas de aprendizaje de los nuevos procedimientos de producción, de asegurar la estabilidad de los transportes de suministros y mercancías, etc., hizo que la clase explotadora tuviera “interés”, - al menor coste, eso también es verdad, - en prolongar la vida activa de sus asalariados, en asegurarse la reproducción de esa mercancía que es la fuerza de trabajo, en aumentar la plusvalía relativa a través del aumento de la productividad de la clase explotada.
Esa situación fue girando en el cambio de período histórico entre el período ascendente del capitalismo y su decadencia, que los revolucionarios hemos situado, desde la Internacional Comunista, en la 1ª Guerra mundial[6]. No es ninguna casualidad que en torno a 1918-tuviera lugar una de las epidemias más mortíferas de la historia de la humanidad: la llamada “gripe española” de 1918-19. En el alcance de esta pandemia puede verse que no es tanto la virulencia del agente patógeno sino las condiciones sociales características de la guerra imperialista en la decadencia capitalista (dimensión mundial del conflicto, impacto de la guerra sobre la población civil de las principales naciones, etc.), lo que explica la magnitud de la catástrofe: 50 millones de muertes, cuando la Primera Guerra Mundial ocasionó 10 millones de muertos.
Esta guerra y este horror conocieron un segundo episodio aún más terrorífico en la 2ª Guerra Mundial. Las atrocidades de la primera carnicería imperialista tales como la utilización de gases asfixiantes se quedaron en poco ante las barbaridades de la Guerra Mundial de 1939-45 por parte de todas las potencias contendientes: utilización de seres humanos para la experimentación por alemanes y japoneses pero también por parte de las potencias democráticas (los británicos experimentaron con ántrax, los norteamericanos iniciaron las pruebas con napalm contra Japón y anfetaminas en sus propios soldados), para alcanzar el culmen con la utilización de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki.
¿Y en la “paz” posterior? Es cierto que las principales potencias capitalistas pusieron en marcha sistemas sanitarios, con el modelo del NHS británico creado en 1948 – y que se considera como uno de los hitos fundacionales del llamado “estado del bienestar” -, para proporcionar una asistencia sanitaria “universal” que tenía como objetivo, entre otros, la evitación de epidemias como la de la gripe española. ¿Se había vuelto el capitalismo humanitario? ¿Fueron una conquista de los trabajadores? Ciertamente NO. Esos recursos tienen por objeto asegurarse la reparación, al menor costo posible, de una fuerza de trabajo (una mercancía escasa pues la guerra ha sepultado importantes sectores del proletariado) y asegurar todo el proceso productivo en la reconstrucción. Eso no significa que los “remedios” empleados no se conviertan en nuevas fuentes de dolencias. Puede verse por ejemplo en la antibioticoterapia recetada para frenar las infecciones pero que, bajo los parámetros de las necesidades de la productividad capitalista, se emplea abusivamente para acortar los períodos de incapacidad laboral. Y eso ha acabado produciendo un importante problema de resistencias bacterianas – las conocidas como “super bacterias” – que acaban reduciendo el arsenal terapéutico para atacar las infecciones. Se ve también en el aumento de enfermedades como la obesidad y la diabetes ocasionadas por un deterioro de la alimentación de la clase trabajadora – o sea del abaratamiento de la reproducción de la clase explotada – y de las capas más pobres de la sociedad hasta el extremo de que el uso por parte del capitalismo de la tecnología alimentaria produzca obesidad en la miseria. Y se ve igualmente cómo los fármacos dispensados para hacer algo más llevadero el creciente dolor que este sistema de explotación infringe a la población trabajadora han desembocado en fenómenos como la llamada “epidemia de opiáceos” que, hasta la llegada del coronavirus, era por ejemplo el primer problema sanitario en los Estados Unidos, habiendo ocasionado más muertes que todas las bajas de la guerra de Vietnam.
La pandemia de Covid-19 no puede separarse del resto de problemas que se abaten sobre la salud de la humanidad. Por el contrario, ponen de manifiesto que ésta solo podrá empeorar si se mantiene sometida a una sanidad deshumanizada y mercantilizada como es la sanidad capitalista del siglo XXI. El origen de las enfermedades hoy no es tanto la falta de conocimientos o de tecnología por parte de la humanidad. Igualmente, los conocimientos actuales de epidemiología deberían permitir la contención de una nueva epidemia. Por ejemplo: en apenas dos semanas desde el descubrimiento de la enfermedad, los laboratorios de investigación ya habían sido capaces de secuenciar el virus causante de la Covid-19. El obstáculo para que la población lo venza es que la sociedad está sometida a un modo de producción que beneficia a una minoría social explotadora y que se ha convertido en un freno para esa lucha. Lo que se puede ver en que la carrera por la implementación de una vacuna, en lugar de ser un trabajo colectivo y coordinado es en realidad una guerra comercial entre laboratorios. Las auténticas necesidades humanas se ven subordinadas a las leyes de la selva capitalista. De la ley de la competencia encarnizada por el mercado, por ser el primero en llegar a él y poder imponer para el capitalista que logre esa ventaja.
En nuestro reciente 23º Congreso Internacional hemos aprobado una Resolución sobre la situación Internacional, en la que retomamos y reivindicamos la validez de lo que escribimos en nuestras Tesis sobre la descomposición: «Las tesis de mayo de 1990 sobre la descomposición destacan toda una serie de características en la evolución de la sociedad que resultan de la entrada del capitalismo en esta última fase de su existencia. El informe aprobado por el 22º Congreso señalaba el empeoramiento de todas estas características, como, por ejemplo:
Lo que podemos ver hoy, es que esas manifestaciones se han convertido en el factor decisivo en la evolución de la sociedad capitalista, y que sólo a partir de ellas se puede interpretar la aparición y el desarrollo de acontecimientos sociales de primera magnitud. Si vemos lo que está sucediendo con la pandemia de Covid-19 podemos ver la importancia de la influencia de dos elementos característicos de esta etapa terminal del capitalismo.
En primer lugar, China, que no es el simple marco geográfico del origen de las epidemias más recientes, como puede verse con la de SARS en 2002-2003 o Covid-19. Más allá del elemento circunstancial es necesario comprender las características del desarrollo del capitalismo chino en la etapa de la descomposición del capitalismo mundial y su influjo en la situación presente. China ha pasado en muy pocos años a convertirse en la 2ª potencia mundial con una importancia descomunal en el comercio y la economía mundiales, aprovechando primero el apoyo de los EEUU tras su cambio de bloque imperialista (en 1972), y, tras la desaparición de estos bloques en 1989, como principal beneficiario de la llamada globalización. Pero, precisamente por eso «El poder de China soporta todos los estigmas del capitalismo terminal: se basa en la sobreexplotación de la fuerza de trabajo proletaria, el desarrollo desenfrenado de la economía de guerra del programa nacional de "fusión militar-civil" y va acompañado de la destrucción catastrófica del medio ambiente, mientras que la "cohesión nacional" se basa en el control policial de las masas sometidas a la educación política del Partido Único (…) De hecho, China es sólo una metástasis gigantesca del cáncer militarista generalizado de todo el sistema capitalista: su producción militar se está desarrollando a un ritmo frenético, su presupuesto de defensa se ha multiplicado por seis en 20 años y ocupa el segundo lugar en el mundo desde 2010.».[7]
Ese desarrollo de China, puesto tantas veces de ejemplo de la pujanza perenne del capitalismo, es, en realidad, la principal manifestación de su decrepitud. El “esplendor” de sus conquistas tecnológicas o su expansión por el orbe a través de iniciativas como la nueva Ruta de la Seda, no puede hacernos perder de vista las condiciones de tremenda sobrexplotación (en jornadas extenuantes, en salarios de miseria, etc.) en que sobreviven cientos de millones de trabajadores, en unas condiciones de vivienda, alimentación, cultura, enormemente atrasadas, y que además se ven cada vez más esquilmadas. Por ejemplo, un ya exiguo gasto sanitario per cápita había retrocedido un 2’3%. Por ejemplo, con unos alimentos que son producidos con muy pocas normas de higiene o directamente al margen de éstas, como en el consumo de carne procedente de animales salvajes. En los dos últimos años se ha expandido en China la peor epidemia de la historia de la llamada “gripe porcina africana” que ha obligado a sacrificar al 30 % de esos animales y ha llevado a un incremento del precio de la carne de cerdo en un 70%.
El segundo elemento que pone de manifiesto el creciente impacto de la descomposición capitalista es el de la erosión de un mínimo de coordinación entre los distintos capitales nacionales. Es cierto que, como analizó el marxismo, el máximo de unidad al que puede aspirar el capitalismo -y aún a regañadientes- es el Estado nacional, y que por tanto no es posible un superimperialismo. Eso no significa que en la etapa de división del mundo en bloques imperialistas se crearan toda una serie de estructuras, desde la UNESCO a la Organización Mundial de la Salud, que trataran de gestionar un mínimo de intereses comunes entre los distintos capitales nacionales. Pero esa tendencia a un mínimo de coordinación va degradándose conforme avanza la etapa de descomposición capitalista. Como analizamos también en la citada Resolución sobre la Situación Internacional de nuestro 23º Congreso: «La profundización de la crisis (así como las exigencias de la rivalidad imperialista) está poniendo a prueba las instituciones y mecanismos multilaterales.» (punto 20)
Esto se ha puesto de manifiesto por ejemplo en el papel jugado por la Organización Mundial de la Salud. La coordinación internacional frente a la epidemia del SARS en 2002-2003, junto a la rapidez de algunos hallazgos[8] en laboratorios de todo el mundo explica la baja incidencia de un virus de una familia muy similar a la del actual Covid-19. Ese papel quedó sin embargo en entredicho con la actuación desmesurada de la OMS ante la epidemia de gripe A del año 2009 donde el alarmismo de esta institución sirvió para provocar ventas masivas del antiviral “Tamiflu” fabricado por un laboratorio en el que tenía intereses directos el antiguo secretario de Defensa norteamericano Donald Rumsfeld. Desde entonces, la OMS ha quedado relegada casi al papel de una ONG que formula recomendaciones “beatíficas” pero incapaz de imponer sus dicterios sobre los capitales nacionales en concurrencia. Ni siquiera son capaces de unificar los criterios estadísticos de contabilidad de los contagiados, lo que abre la vía a que cada capital nacional trate de escamotear, mientras le sea posible, el impacto de la epidemia en sus respectivos países. Así ha sucedido no sólo en China que trató de ocultar las primeras manifestaciones de la epidemia sino también de USA que pretende meter bajo la alfombra la cantidad de sus afectados para no poner en evidencia un sistema sanitario basado en los seguros privados y al que el 30 % de los ciudadanos norteamericanos no tiene prácticamente acceso. La heterogeneidad de criterios para aplicar las pruebas diagnósticas, o las diferencias en cuanto a los protocolos de actuación en las distintas fases tiene indudablemente repercusiones negativas para la contención de la extensión de una pandemia mundial. Y peores aún que cada capital nacional adopte medidas de prohibición de exportaciones de equipos de protección de los sanitarios o de aparatos respiradores como está haciendo, por ejemplo, la Alemania de Merkel. Se trata de medidas que favorecen el interés nacional en detrimento de necesidades probablemente más urgentes en otros países.
La propaganda mediática nos bombardea continuamente con llamamientos a la responsabilidad individual de los ciudadanos con objeto de impedir el colapso de unos sistemas sanitarios que, en muchos países, dan muestra de agotamiento (extenuación de los trabajadores, escasez de recursos materiales y técnicos, etc.). Lo primero que hay que denunciar es que estamos ante la crónica de un colapso anunciado. Y no por la “Irresponsabilidad” de los ciudadanos sino por décadas de recortes de los gastos sanitarios, de las plantillas de trabajadores de la salud y de los presupuestos de mantenimiento hospitalario y de la investigación médica[9],… Así por ejemplo en España, uno de los países más cercanos a ese “colapso que nos llaman a evitar, sucesivos planes de recortes han significado la desaparición de 8000 camas hospitalarias[10], con menos camas de atención intensiva que la media europea, y con un material en un pésimo estado de conservación (un 67% de los aparatos respiradores tienen más de 10 años). Una realidad muy parecida se observa en Italia o Francia. En esa Gran Bretaña que antes veíamos que se había publicitado como el modelo de sanidad universal, ha habido en los últimos 50 años una degradación continua de la calidad asistencial con más de 100 mil puestos vacantes por cubrir en el personal sanitario. Y ¡eso antes del Bréxit!.
Y son esos mismos trabajadores de la sanidad que han visto empeorar sistemáticamente sus condiciones de vida y trabajo teniendo que hacer frente a una creciente presión asistencial (más población y con más enfermedades) con plantillas cada vez más reducidas, sufren hoy una sobrepresión añadida por el colapso de los servicios sanitarios por la pandemia. Esas mismas autoridades sanitarias que ahora, ¡qué cinismo!, pide un aplauso para estos servidores públicos, son quienes les están llevando a la extenuación dejándolos sin los descansos reglamentarios, trasladándolos forzosamente de lugar de trabajo, haciéndoles trabajar - ante una pandemia de curso desconocido - careciendo de equipos de protección individual (mascarillas, vestimentas, desechables para los aparatos), o la formación adecuada. Hacer trabajar a los sanitarios en estas condiciones les hace más vulnerables al impacto mismo de la epidemia como se ve en Italia donde como poco el 10% de los contagios tiene lugar en el personal sanitario.
Y para obligar a los trabajadores a obedecer estas imposiciones recurren al arsenal represivo de los “estados de alarma” que amenazan con todo tipo de sanciones, multas, encausamientos a quien se niegue a segundar estas órdenes de autoridades que, en muchos casos, han sido los causantes directos de semejante caos.
Ante esta situación que impone al personal sanitario los “hechos consumados” del estado calamitoso de la sanidad, los trabajadores de este sector se ven además forzados a ser ellos los que, en aplicación de métodos cercanos a la eugenesia, seleccionen destinar los escasos recursos disponibles a los pacientes con mayores posibilidades de supervivencia, como ha podido verse con las pautas recomendadas por la asociación de anestesistas e intensivistas italianos[11], que caracteriza la situación como la de una guerra. Efectivamente una guerra a las necesidades humanas por parte de la lógica del capital, en la que los propios trabajadores de ese sector están sufriendo cada vez más ansiedad al tener que trabajar bajo estas leyes inhumanas. La angustia que expresan muchos de estos trabajadores es el resultado de que ni siquiera pueden rebelarse contra tales criterios, ni negarse a trabajar en unas condiciones indignas, ni rechazar los sacrificios de sus condiciones de vida, porque de hacerlo así, por ejemplo, a través de huelgas, perjudicarían enormemente a sus hermanos de clase, al resto de los explotados. No pueden ni siquiera reunirse, juntarse con otros compañeros, sentir físicamente la solidaridad entre los trabajadores porque eso contraviene los protocolos de la “dispersión social” que exige la contención de la epidemia.
Ellos, nuestros camaradas del sector sanitario no pueden luchar abiertamente, en la actual situación, pero el resto de la clase obrera no puede dejarlos solos. De Italia empiezan a llegar noticias de fábricas y centros de trabajo en las que los obreros cesan el trabajo exigiendo salir de los centros de trabajos y volver a sus casas puesto que se ha han decretado los confinamientos. Igualmente se han producido protestas demandando que las empresas les den equipos de protección (mascarillas, guantes, etc.), para seguir trabajando[12]. Todos los obreros somos víctimas de este sistema y todos los trabajadores acabaremos pagando, antes o después, el coste de esta epidemia. Sea también por los recortes sanitarios (suspensión de intervenciones quirúrgicas, consultas, etc. “no prioritarias”) sea por las decenas de miles de supresiones de contratos temporales, sea por la reducción de salarios por las bajas médicas, etc. Y eso va a ser el signo anunciador de nuevos y más brutales ataques anti obreros. Tenemos pues que seguir afilando con rabia el arma de la solidaridad obrera como la hemos visto recientemente en las luchas en Francia contra el recorte de las pensiones[13].
Estos colapsos son síntomas inequívocos de la senilidad terminal del sistema capitalista. Al igual que los virus afectan más a los organismos más desgastados y provocan episodios más graves de la enfermedad, lo mismo sucede con el sistema de asistencia sanitario distorsionado irrevocablemente por años de austeridad y “gestión” (¿?) en función no de las necesidades de la población sino de las exigencias de un capitalismo en plena decadencia. Y lo mismo cabe decir respecto a la economía capitalista, sostenida artificialmente con las manipulaciones de las propias leyes capitalistas del valor y del endeudamiento, lo que fragiliza hasta el extremo de que una epidemia pueda precipitar la llegada de una nueva y más brutal recesión mundial.
Pero el proletariado no es únicamente la víctima de esta catástrofe para la humanidad que es el capitalismo. Es también la clase que tiene la potencialidad y la capacidad histórica de erradicarlo definitivamente con su lucha, desarrollando su reflexión consciente, su solidaridad de clase. Reemplazando con su revolución comunista las relaciones humanas basadas en la división y la competencia por las fundamentadas en la solidaridad. Organizando la producción, el trabajo, los recursos de la humanidad y la naturaleza en función de las necesidades humanas y no de las leyes del beneficio de una minoría explotadora.
Valerio 12 de marzo 2020
[1] Está claro que impedir los desplazamientos o quedarse cada uno en su domicilio son medidas que vienen impuestas por la necesidad de impedir la progresión de los contagios. Pero la forma en que se imponen (sin apenas apoyo para el cuidado de niños o ancianos por parte del Estado, de forma selectiva – no afectan por ejemplo al trabajo en las fábricas – y desarrollando un auténtico marcaje policial de la población) lleva la marca del modus operandi del totalitarismo estatal capitalista. En próximos artículos volveremos también sobre el impacto de estas acciones en la vida cotidiana de los explotados de todo el mundo.
[2] Ver El “darwinismo social”, una ideología reaccionaria del capitalismo https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/200909/2639/el-darwinismo-social-una-ideologia-reaccionaria-del-capitalismo [121]
[3] Ver Tesis sobre la descomposición [109] y Resolución sobre la situación internacional del 23 Congreso de la CCI [122].
[5] Buscando causas objetivas de las infecciones y no religiosas o fantásticas (los 4 humores, por ejemplo), tratando de tener una imagen materialista de la anatomía y fisiología humanas, etc.
[6] Ver en los números más recientes de nuestra Revista Internacional los artículos que estamos dedicando al centenario de la Internacional Comunista [123].
[7] Resolución sobre la Situación Mundial del 23º Congreso de la CCI
[8] Como por ejemplo el papel de reservorio intermedio de las civetas que condujo a una eliminación fulminante de estos animales en China, lo que contuvo muy rápidamente la expansión de la epidemia.
[9] En Francia por ejemplo las investigaciones iniciadas respecto a los coronavirus a raíz de la epidemia de 2002-2003 se frenaron en seco en 2005 como consecuencia de los recortes presupuestarios.
[10] Esa tendencia es un proceso que se da en todos los países y con gobiernos de todos los colores como puede verse en este gráfico de Euroestat [124]
[11] Recomendaciones UCI en Italia.
[12] En próximos artículos de nuestras publicaciones desarrollaremos nuestro análisis de estos primeros movimientos de lucha contra los efectos de la pandemia.
[13] Ver La perspectiva que plantean las recientes luchas obreras en Francia https://es.internationalism.org/content/4540/la-perspectiva-que-plantean-las-recientes-luchas-obreras-en-francia [125]
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El marxismo es el método de pensamiento materialista dialéctico-histórico radical de la clase obrera. El marxismo solo puede ser la bandera de una clase explotada y revolucionaria a la vez, que tiene todo por ganar y no tiene intereses particulares sino cuya bandera es el internacionalismo y la satisfacción de las necesidades humanas (“a cada uno según su necesidad, cada uno según su capacidad”). Este método permite a la clase obrera ver y pasar, tal y como necesita para su lucha, de lo general a lo particular, de lo concreto a lo abstracto, de lo local a lo mundial, de lo histórico a cada momento, de la teoría a la práctica de forma unitaria. El propio método se expresa tanto en el modo de organización como en los principios morales, y en el resto de las posiciones programáticas y la actividad de los revolucionarios, así como en la cultura del debate.
Es en el origen del marxismo donde podemos comprender sus cimientos. Una visión histórica del marxismo ha de comenzar con los elementos de aquel que ya estaban en germen en la sociedad anteriormente. Podríamos remontarnos quizás al comunismo primitivo, pero vale la pena limitarse solo a algunas pinceladas del pensamiento de las clases anteriores durante el esclavismo y la sociedad feudal, así como el de la burguesía ascendente.
Tanto en las revueltas de los esclavos contra el decadente imperio romano como en el cristianismo primitivo existió un rechazo colectivo de la explotación, pero dicho rechazo no superó su esencia de ideología de explotados. En un esclavismo en crisis de sub -producción, quienes se rebelaban contra el modo de producción no podían vislumbrar nada mejor que un reparto de la pobreza en la comunidad de bienes, o la caridad de algunos ricos. El cristianismo, por sus características, fue adaptado, absorbido para ser la ideología dominante del orden feudal.
Es importante entender que el marxismo se nutre especialmente del pensamiento revolucionario surgido ya en antiguos modos de producción, y no solo del pensamiento de las clases explotadas, sino de toda la cultura producida en el pasado. Se nutre en particular del pensamiento científico que surgió aproximadamente en el siglo 6 A.C, la edad de oro de la Civilización esclavista griega, caracterizado por seguir el camino del maestro mientras al mismo tiempo se critican los errores de aquel, el cuestionamiento de puntos de vista parciales, y la idea del movimiento de la naturaleza por sí misma.
En la sociedad feudal la revuelta inglesa campesina de 1381 alcanzó un carácter general de rechazo de la servidumbre, y llegó a lemas como “las cosas no pueden ir bien en Inglaterra hasta que todo sea de todos; cuando no haya vasallos ni señores”. Dichas aspiraciones van más allá de un mero comunismo de la distribución de los bienes, hacia una visión idealista en la que toda la riqueza se hace propiedad común y la abolición de las clases. Pero “en todas las sociedades de clase que precedieron al capitalismo quedaban vestigios de los originales lazos comunales. Esto significa que las revueltas de las clases explotadas estuvieron siempre fuertemente influidas por un deseo de defender y preservar los derechos comunales tradicionales que la extensión de la propiedad privada les había usurpado”[1]. El campesinado no era una clase revolucionaria con un proyecto de futuro, y el suyo se trataba en gran medida de un deseo de retorno a las condiciones idealizadas del pasado, del comunismo primitivo. Los campesinos veían la salvación fuera de sí en Jesucristo, en los buenos reyes o en héroes del pueblo como Robin Hood.
“De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los “villanos” de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía”-El Manifiesto Comunista (1848).
El pensamiento de la burguesía ascendente antes del marxismo progresa en la filosofía y la economía política burguesa, así como en la ciencia (método de pensamiento materialista ya surgido en el modo de producción esclavista). La visión global de la transformación de las relaciones humanas con el mundo que tenía la burguesía respondía al impulso de su ascendencia, pero esto es, a un momento concreto, puntual.
La lucha por la superación completa de la filosofía alienada, de la ideología, por un método científico unitario y revolucionario podía ser solo, sin embargo, la bandera de una clase que no tuviera un interés privado particular en la sociedad, concreto, sino cuyos intereses fueran unitarios a nivel mundial y su perspectiva no entrara en contradicción con la satisfacción de las necesidades humanas. El sistema que sostiene a la burguesía se basa, sin embargo, no en la satisfacción de las necesidades humanas, sino en la acumulación de capital. Este interés particular, esta fuerza contraria a la satisfacción de las necesidades, acabaría por verse en contradicción con el progreso del pensamiento libre, de la consciencia de la necesidad. Solo una clase explotada que “no tiene nada que perder sino sus cadenas, y que tiene todo por ganar” tuvo la potencialidad de construir un método de pensamiento materialista dialéctico radical, aprovechando lo mejor de la cultura desarrollada hasta entonces, y es solo a esta a quien pertenece.
Antes del marxismo el pensamiento del proletariado se desarrolló en el idealismo de las guerras campesinas en Alemania (1525), con la fuerte influencia religiosa del imaginado Reino de Dios en la Tierra. Las teorizaciones de Münzer sí respondían a un primer desarrollo de la perspectiva de futuro del proletariado y sus incipientes necesidades[2]. El proletariado, despojado de todo derecho particular, totalmente desposeído y excluido, solo podía aspirar al futuro, no podía apegarse a restos de derechos comunales. Esto no quiere decir que su pensamiento no estuviera limitado por las condiciones de un capitalismo en sus inicios, así como la herencia del pensamiento pasado y la propia ideología de la burguesía. El pensamiento del proletariado, derivado de las condiciones en que se desarrolla, va a la vez desarrollando sus condiciones subjetivas, es decir, madurando su perspectiva en el marco del desarrollo de sus condiciones materiales. Lo hace posteriormente, a destacar, en los niveladores radicales, que tienen una mayor comprensión de la lucha obrera con un incipiente método de pensamiento materialista dialéctico: “no puede haber libertad universal hasta que no se establezca la comunidad universal”, pero incapaces de entender el proceso de dicha transformación.
La evolución de la sociedad burguesa, al crear una clase en contradicción con la misma, el proletariado, pondrá también la elaboración teórica disciplinada y sistemática, el pensamiento científico (materialismo dialéctico) radical, en interés de esta clase. Además, en oposición al interés de la burguesía, que necesitará cada vez más un pensamiento científico mellado a conveniencia tanto de la explotación como de la competencia, y mezclado con su ideología.
Desde los niveladores, la teoría del proletariado va madurando hasta Babeuf y Los Iguales, que materializaban en política práctica dicho pensamiento teórico. La unidad entre teoría y práctica se dibuja aquí con gran claridad, cuando basados en la experiencia directa de sus secciones y de la Comuna de 1793, imponen la revocabilidad de los delegados.
El reflujo de la lucha obrera durante la revolución francesa no erradicó el comunismo, y así tampoco la maduración teórica de la clase. En este momento de reacción, esta maduración se nutrió mucho de desarrollos teóricos más desligados del combate político, volviendo al utopismo. Los socialistas utópicos, negativamente influenciados por las características del período, sin embargo, sí se arraigaron en las necesidades de la clase e hicieron avances significativos que apuntaban hacia el lema de “a cada uno según sus necesidades, cada uno según sus capacidades” en contra de las teorías alienadas de “la igualación por lo bajo”.
Pero su comprensión de la sociedad, así como su método mismo no eran materialistas dialécticos, lo cual llevó a que gradualmente sus teorías sirvieran tanto en su momento concreto para el pensamiento teórico de la clase obrera, como a que en el desarrollo de las condiciones de la sociedad capitalista sus doctrinas se volvieran reaccionarias, en cuanto que inmutables y como arma de lucha contra el desarrollo del marxismo.
“La importancia de este socialismo y comunismo crítico-utópico está en razón inversa al desarrollo histórico de la sociedad. Al paso que la lucha de clases se define y acentúa, va perdiendo importancia práctica y sentido teórico esa fantástica posición de superioridad respecto a ella, esa fe fantástica en su supresión. Por eso, aunque algunos de los autores de estos sistemas socialistas fueran en muchos respectos verdaderos revolucionarios, sus discípulos forman hoy día sectas indiscutiblemente reaccionarias, que tremolan y mantienen impertérritas las viejas ideas de sus maestros frente a los nuevos derroteros históricos del proletariado. (…) Y para levantar todos esos castillos en el aire, no tienen más remedio que apelar a la filantrópica generosidad de los corazones y los bolsillos burgueses. Poco a poco van resbalando a la categoría de los socialistas reaccionarios o conservadores (…) En Inglaterra, los owenistas se alzan contra los cartistas, y en Francia, los reformistas tienen enfrente a los discípulos de Fourier” -El Manifiesto Comunista (1848)
Que las doctrinas de los ‘socialistas utópicos’ se volvieran reaccionarias ante el desarrollo histórico no significa que todos sus partidarios acabaran en el campo de la reacción, por la misma razón que la superación de sus ideas (partiendo de ellas en origen) pudo suponer un acercamiento a lo que sería el marxismo.
“La ideología burguesa ha producido dos visiones del proceso histórico simétricas en su falsedad. Una es el idealismo, para el que la historia sería la encarnación de unas ideas existentes por encima de los hombres; estos las ejecutarían "conscientemente" abrazando esas ideas e imponiéndolas en la realidad. La otra cara de la moneda es el empirismo o materialismo vulgar, según el cual las condiciones materiales determinarían la actividad de los hombres quienes no serían sino meros agentes de su evolución mecánica” [3]
Pese a ser visiones falsas, algunas de sus premisas fueron auténticamente progresistas para períodos históricos concretos, e incluso el desarrollo de aquellas estuvo provisionalmente en interés del proletariado.
“El marxismo rompe con el nudo gordiano de la contradicción a la que llevan estas dos visiones. No es ni determinista ni fatalista. Su tesis es que la revolución comunista surge en respuesta a unas condiciones históricas objetivas -la contradicción entre las relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas- que proporcionan el material, el potencial que debe ser realizado conscientemente por el proletariado a través de una revolución” (Idem). “El método de Marx consiste en partir del problema real y concreto que se plantea en el capitalismo, y buscar la solución contenida en las contradicciones que están presentes en la sociedad”[4].
Pero el pensamiento de Marx evolucionó hasta ser ganado por el proletariado[5]. Antes del desarrollo cualitativo del marxismo éste tenía precauciones con el pensamiento previo de la clase ya que la burguesía ascendente ofrecía aún una perspectiva de futuro, aunque limitada. Por entonces Marx se movía por círculos universitarios que realizaban una labor relacionada con el ala radical de la burguesía ascendente, pero en donde se mezclaban ciertos elementos proletarios. En el proceso de crítica a esta ala radical de la burguesía Marx se identificó con la situación y perspectiva que ofrecían las luchas y reuniones de la clase obrera. Esta transformación de Marx, más precisamente, esta transformación en el método de la clase se produce como resultado de la convergencia de varios factores. En primer lugar, Marx realizó una ruptura bastante completa con el pensamiento de la burguesía radical. Habiendo llegado al último extremo de lo que podía dar de sí la teoría política de los filósofos y economistas burgueses más avanzados, llega a ver el límite de esa metodología de pensamiento. En segundo lugar, es muy importante el ambiente político del París donde se encontraba Marx, un hervidero de grupos que venían del ala radical de revolución francesa, los primeros grupos obreros, Proudhon, la Liga de los Justos de Weitling, el cartismo, Engels, etc. Como síntesis y debate con todo ese medio se produce un avance político de Marx. Esto es muy importante. Todas las deformaciones del marxismo tienen en común presentar a Marx como un pensador genial, pero éste nunca avanzó en solitario sino a través de debate y la confrontación.
Un tercer elemento que confluye en el tiempo es la capacidad del pensamiento marxista para desarrollar una abstracción a partir de experiencias concretas. Esto es parte del método marxista. Lo que Marx ve en las luchas, por ejemplo, del robo de leña, de los viticultores del Mosela, las experiencias del proletariado en Inglaterra y Francia, etc., trasciende más allá de sus elementos concretos e inmediatos. Ve en la lucha contra sociedad capitalista las bases para transformación revolucionaria de la sociedad. Ve al proletariado, por las condiciones de la sociedad capitalista en que lucha, no como una clase explotada más, sino que contiene el potencial de acabar con la explotación. Es decir, el marxismo tiene una visión universal de las experiencias concretas. Estos 3 elementos hacen que Marx y Engels puedan escribir en ese período, delegados por la Liga de los Comunistas, El Manifiesto Comunista, fundamental contribución al marxismo.
La burguesía dice que el marxismo es un idealismo, es decir, una serie de ideas a realizar dogmáticamente en el futuro, o un materialismo vulgar rígido de la evolución histórica automática, es decir, que el comunismo si tuviera que venir vendría por sí solo. Estas dos caras de la misma moneda ambas anulan la actividad consciente del proletariado.
Las falsificaciones del marxismo se basan en, como decía Lenin en El Estado y la Revolución, “mellar su filo revolucionario”, mellar el método y convertir ciertas discusiones, resoluciones provisionales, o paradigmas en un recetario que aplicar a cualquier situación. Mellan la experiencia histórica de la clase y, sobre todo, se desligan de esta y su movimiento real. Lo convierten en un pensamiento de eruditos, en una teoría de Estado (o de ciertos Estados), en una agenda a desarrollar por la burguesía la cual podría tomar “algunas ideas” del marxismo para hacer el capitalismo “más humano”. Mellan su característica fundamental de arma de lucha obrera arraigada en las condiciones de vida de la clase. Lo convierten en un pensamiento aparte, desarraigado, que circula por encima de las cabezas de los obreros, ante el cual deben arrodillarse ciegamente o bien coger un poquito de aquí un poquito de allá, adaptándolo a la ideología burguesa en forma de las más variopintas teorías supuestamente salidas del pensamiento puro de individuos inspirados por el aire de la sociedad burguesa[6].
Todas las deformaciones del marxismo tienen una serie de elementos comunes, que niegan adquisiciones fundamentales del método de pensamiento de la clase obrera que ya hemos visto. Exponemos aquí algunos de los elementos interrelacionados más destacables:
Por supuesto, aunque estos principios deberían formar un todo coherente, algunos de estos puntos sí son desarrollados por las falsificaciones del marxismo, y es necesario no subestimar su capacidad de aparentar. La ausencia del método marxista o la separación entre teoría y práctica se pueden ver también en el parasitismo, por ejemplo, pero de la forma más velada y enrevesada, ya que necesitan darse la apariencia de una auténtica organización revolucionaria[7]. Al reivindicarse de los principios proletarios los convierten en un arma arrojadiza, una táctica de destrucción o reclutamiento, o una mera formalidad que recuerdan de vez en cuando. Convierten así el marxismo en un fantoche que se pasea en público, y que en cualquier momento puede desinflarse[8]. Es necesario no convertir estas falsificaciones en un muñeco de paja fácil de criticar y continuar con una lucha coherente con las necesidades de la clase obrera y en continuidad con su experiencia y necesidades del pasado. Las falsificaciones del marxismo no se han quedado en lecciones del pasado, sino que son una permanente amenaza. Solo en este espíritu podremos enfrentarnos permanentemente a estos peligros.
“Ser marxista hoy es, en particular, denunciar cualquier tipo de sindicalismo por las mismas razones de método que las que llevaron a Marx y a la AIT a animar y apoyar la sindicalización de los obreros” [9]
TV
[1] CCI, I- Del comunismo primitivo al socialismo utópico: https://es.internationalism.org/revista-internacional/199201/3232/i-del-comunismo-primitivo-al-socialismo-utopico [127]
[2] Ver Las guerras campesinas en Alemania de Federico Engels https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/guerracamp/index.htm [128]
[3] CCI, Tribuna del lector, En defensa del marxismo. 2011: https://es.internationalism.org/cci-online/201108/3187/tribuna-del-lector-en-defensa-del-marxismo [129]
[4] CCI, Marx y la expansión del desarrollo humano en el comunismo. 2011: https://es.internationalism.org/cci-online/201102/3058/marx-y-la-expansion-del-desarrollo-humano-en-el-comunismo [130]
[5] Ver a este respecto II - Cómo el proletariado se ganó a Marx para el comunismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/199203/3315/ii-como-el-proletariado-se-gano-a-marx-para-el-comunismo [131] .
[6] Ver La herencia oculta de la Izquierda del Capital: (II) Un método y un modo de pensamiento al servicio del capitalismo https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4267/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-ii-un-metodo-y-un-modo- [132]
[7] Ver Tesis sobre el parasitismo, https://es.internationalism.org/revista-internacional/199807/1196/construccion-de-la-organizacion-revolucionaria-tesis-sobre-el-para [133]
[8]Es muy importante, y no tan simple, distinguir los grupos u organizaciones que verdaderamente hacen una actividad en búsqueda de una coherencia con los elementos fundamentales del método marxista y los grupos o individuos que se reclaman de aquel y lo recuerdan de vez en cuando empleando un método velado de manutención de las apariencias. Solo en su trayectoria práctica y en combate permanente podremos distinguir.
[9] CCI, Cien años después de la muerte de Marx: el marxismo es el porvenir. RInt 33, 1983: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200803/2195/cien-anos-despues-de-la-muerte-de-marx-el-marxismo-es-el-porvenir [134]
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El 20 de julio de 1969, dos hombres dieron los primeros pasos en la Luna. Estas hazañas concretaron uno de los más audaces sueños de la humanidad, un plan sin parangón ya imaginado por Lucien de Samosata en el siglo II, más tarde por el poeta Cyrano de Bergerac y más recientemente por Julio Verne. Pero con el capitalismo, todo lo útil, cada conquista, cada avance, tiene su lado negativo. La Misión Apolo II trajo consigo un frenesí de competencia y una mentalidad belicosa que a nivel de Estados se llama imperialismo. La militarización del espacio es una vieja obsesión de las grandes potencias. En efecto, la carrera espacial fue una apuesta crucial en la Guerra Fría entre los EE.UU. y Rusia. Era necesario que llegaran primero a la luna y, si era posible, ellos solos[1].
En primer lugar, estos programas espaciales fueron una propaganda útil: el primer Sputnik, el primer hombre en el espacio fue transmitido triunfalmente alrededor del mundo por la URSS. Incluso hoy en día sigue habiendo un verdadero culto dedicado a Yuri Gagarin desde su viaje alrededor de la Tierra[2]. El vuelo de los tres astronautas del Apolo II fue presentado como el éxito de la avanzada tecnología americana.
Pero detrás de la propaganda, estos programas espaciales tenían una dimensión militar bastante concreta. El hecho es que todos los enviados al espacio procedían del ejército (el primer civil que puso un pie en la luna fue Harrison Schmitt en 1972... la última misión Apolo), la ciencia de los cohetes utilizada tanto por los americanos como por los rusos fue inicialmente desarrollada para misiles intercontinentales. La NASA apeló a Wernher von Braun, quien fue sacado de Alemania después de la guerra en una operación secreta que incluía a cientos de otros científicos que trabajaron para los nazis[3].
Después de su trabajo para el Tercer Reich y su éxito con su cohete V2[4], los EE.UU. lo emplearon para diseñar el cohete estadounidense Saturno V utilizado para ir a la luna. Los lanzadores soviéticos también fueron copias adaptadas de los V2 alemanes. El R-7, que puso en órbita al Sputnik I, no era más que un misil intercontinental. En cuanto a los europeos, Gran Bretaña y Francia también se beneficiaron de la tecnología alemana lanzando cohetes V2 y luego, en Francia, hubo un desarrollo a partir de esta base para su propio lanzador que terminó en el programa "Ariane". Los Estados ruso y americano construyeron primero misiles para transportar cargas nucleares antes de interesarse por la exploración espacial que la tecnología hacía posible.
Además, los primeros satélites enviados al espacio tenían un objetivo estrictamente militar: los 144 satélites del programa estadounidense Corona, iniciado en 1959, tenían como único objetivo espiar al enemigo. En 1962, los Estados Unidos realizaron su primer ensayo nuclear a gran altitud a 400 km ("Starfish Prime") mientras que los rusos desarrollaron sus "satélites kamikaze" para eliminar los satélites espías estadounidenses. La URSS incluso logró poner en órbita dos estaciones espaciales secretas armadas con cañones automáticos (Salyut 3 en 1974 y Salyut 5 en 1976).
Durante el mandato del presidente Reagan, el ejército de EE.UU. impulsó la "Iniciativa de Defensa Estratégica" popularizada bajo el nombre de "Star Wars" (Guerra de las Estrellas). El objetivo de este programa militar era poder interceptar los misiles balísticos cuya trayectoria (como el V2) saliera de la atmósfera terrestre. Durante este período se desarrollaron algunas armas reales, el antisatélite ASM-135 o el sistema antimisiles "Patriot", desplegado en particular durante la guerra del Golfo. La URSS intentó seguir el ritmo, pero rápidamente se rindió ante los enormes recursos que le lanzaron los estadounidenses: doce mil millones de dólares en cinco años, que les permitieron conseguir hasta 30.000 científicos para sus proyectos. Los avances tecnológicos realizados permitieron a los EE.UU. dominar completamente a sus rivales imperialistas en el ámbito del espacio. El esfuerzo realizado aquí por la URSS llevó a su ruina, terminando en su colapso económico y político en 1990[5].
Hoy en día, numerosos signos apuntan a un interés cada vez mayor de las principales potencias imperialistas por el espacio como campo de batalla, posiblemente en el enfrentamiento que les opone. Uno podría ver esto sólo como una cuestión tecnológica y científica, pero los corredores en esta carrera, cuando hablan abiertamente, ven las cosas mucho más "estratégicamente": "Frente a las disputas que tienen lugar en las agencias espaciales europeas y francesas, Thomas Husak (...) considera que 'dados los intereses estratégicos no podemos permitirnos estar divididos'. Una palabra para el sabio... Mucho más que los Estados Unidos y China, más allá de las cuestiones de soberanía, existe una participación en una verdadera guerra comercial en el desarrollo de las capacidades espaciales (lanzadores, aplicaciones...). La Unión Europea es muy consciente de ello, apostando fuertemente por el espacio con un presupuesto en constante aumento: cinco mil millones de euros en 2007, luego trece mil millones en 2018 y finalmente dieciséis mil millones en 2027"[6].
Hoy en día, además de los rusos, estadounidenses y europeos, hay otros actores que llegan a la escena de la competencia espacial: La India y China han mostrado sus ambiciones en este ámbito... ...demostrando su capacidad para destruir los satélites en órbita. Al lanzar satélites capaces de acercarse a otros satélites, Rusia ha preocupado a algunos otros estados lo suficiente como para empujar a Francia a dotarse de un comando espacial autónomo cuyo objetivo declarado es proteger los satélites franceses: "Podemos ver con esta intrusión que somos vulnerables, dijo Stéphane Mazouffre. Y eso es aún más cierto cuando Europa no ha desarrollado un sistema para destruir los satélites desde el suelo. En marzo de 2019, la India se convirtió en el cuarto país que destruyó, mediante un misil, uno de sus satélites en órbita baja"[7].
El General Friedling, líder del comando Inter ejércitos francés en el espacio, dejó claro en una entrevista que no era ilegal instalar armamento en el espacio "si su objetivo no era agresivo"[8]. ¡Cuando sabemos que los estados más desarrollados dependen para el 6 o 7% de su PIB del sistema de satélites GPS de EE.UU., podemos entender el interés que tienen en proteger sus satélites y sus comunicaciones espaciales!
Evidentemente, cuando la burguesía desarrolla una estrategia abiertamente agresiva, sobre todo en el dominio del espacio que no parece estratégico a primera vista, también desarrolla toda una gama de propaganda con el fin de ocultar sus verdaderas intenciones. En Francia, tal ha sido el papel, consciente o no, del astronauta Thomas Pesquet, que se convirtió en una expresión principal de la propaganda del Estado que pretendía mostrar el lado más "pacífico" de la actividad espacial de las grandes naciones. Aparte de que el equipamiento de la Estación Espacial Internacional (ISS) siempre ha sido internacional, los vínculos entre escuelas, las experiencias científicas directas y las numerosas fotos de la Tierra tomadas por Pesquet han dado una imagen muy "pacífica" y "neutral" de la actividad espacial actual[9]. La participación del presidente Macron en la bienvenida oficial que el astronauta recibió cuando regresó a la Tierra ilustra todo el esfuerzo de comunicación del estado francés detrás de este episodio. La exploración de la Luna y Marte plantea muchos elementos científicos, pero también más claramente elementos prosaicos; en particular, quién puede reclamar los recursos que eventualmente podrían ser extraídos de los suelos lunares o marcianos.
Desde inicios de ese siglo hemos visto proyectos más o menos fantásticos, desde el "turismo en el espacio" hasta la pura y simple explotación de los recursos minerales de los asteroides o incluso de la Luna y Marte. En la remota posibilidad, varios países se han dotado de legislación relativa a la propiedad de los objetos celestes[10]. El objetivo es establecer un apoyo jurídico para una eventual prospección minera en el espacio. Cierto número de empresas y multimillonarios como Richard Branson han proclamado su interés en estas oportunidades y en la creación de un turismo espacial, pero cierto número de elementos demuestran que en realidad se trata sólo de un espejismo. La empresa Virgin Galactic, fundada en 2004, sigue siendo incapaz de conseguir aquello para lo que fue creada, enviar "turistas" a la órbita terrestre. Si la creación de un "avión orbital" capaz de seguir una trayectoria saliendo de la atracción gravitatoria de la Tierra es una posibilidad, enviar turistas a la luna es otra historia completamente distinta: ¡incluso los cohetes de la NASA no pueden llevar más de cuatro pasajeros! Sin embargo, cosmológicamente hablando, la luna no está lejos, pero, técnicamente, nada está listo.
Si el "turismo espacial" parece una quimera, ¿qué pasa con la explotación de los recursos minerales del espacio? Para explotar recursos naturales extravagantes en el espacio sería necesario, en primer lugar, enviar un gran número de trabajadores al espacio con un equipo pesado particularmente sofisticado y, por tanto, costoso. Los beneficios de tal operación parecen así totalmente ilusorios, mucho más cuando la tecnología necesaria está aún por inventar. Nada de esto puede resolver los problemas del capitalismo, en cualquier caso; ¡lo que le falta no son materias primas sino compradores!
Finalmente, un reciente informe independiente publicado en febrero de 2019 concluyó que en las condiciones actuales no existe un objetivo preciso, ni la capacidad técnica, ni las finanzas para enviar a nadie a Marte desde ahora hasta… (2033) “Observamos que, incluso sin restricciones presupuestarias, una misión orbital a Marte en 2033 no puede planificarse de manera realista en el marco de los planes y la teoría actuales de la NASA” [11]. Cuando sabemos que el informe anterior pone una cifra de al menos 217 mil millones de dólares en el costo de un programa espacial para Marte, podemos ver la amplitud del esfuerzo exigido a la economía estadounidense en un momento en que las perspectivas económicas globales se están oscureciendo día a día. En cuanto a la razón que empuja a la agencia espacial estadounidense a planificar una expedición marciana, el informe concluye que ¡no hay ninguna! Es curioso observar que los problemas de costos no ahorran a la industria espacial “pacifica”: el presupuesto de la NASA representó el 4.5% del PIB de los EE.UU. en 1966, pero ahora solo representa el 0.5%. En septiembre pasado, India lanzó un módulo lunar cuya característica principal fue su bajo costo (seis veces más barato que un programa idéntico desarrollado por China). Pero los retrocesos de este alunizaje fueron precedidos de varios incidentes que afectaron el lanzamiento, lo que demuestra que tratar de hacer demasiado con tan poco no es realmente una estrategia que valga la pena en el espacio… Lejos de dopar la economía, estos proyectos no solo cuestan una fortuna sin ningún rendimiento, pero ya son presa del enfoque de “bajo costo” que está agrediendo a toda la economía capitalista. De todo esto solo podemos concluir una cosa: las perspectivas científicas y “pacíficas” que los estados están desarrollando para la conquista del Sistema Solar no son más que propaganda; ¡propaganda contra el objetivo real y oculto de proporcionarse una serie de satélites militares en el marco de una confrontación imperialista!
De hecho, el espacio es una apuesta esencialmente militar y estratégica: el espionaje, las telecomunicaciones, el rastreo por GPS y las comunicaciones militares convergen para hacer del espacio el actual campo de operaciones estratégicas de los principales imperialismos. "El espacio ya está militarizado, advierte Stéphane Mazouffre, director de investigación del laboratorio Icare del CNRS, en Orleans-La Source. Todos los países tienen satélites espías, satélites de comunicación dedicados a los militares que también utilizan sistemas GPS... Un satélite en sí mismo es un arma. ¿Por qué? Porque si su órbita puede ser alterada, es suficiente con que se acerque a otro satélite para perturbar su órbita y hacerlo inoperante. El simple hecho de poder acercar un satélite a otro puede considerarse como un posible ataque"[12]. Todos los despliegues de los ejércitos, desde el movimiento de tropas hasta los bombardeos estratégicos, dependen del sistema GPS o de su competidor europeo, Galileo. Todas las comunicaciones aseguradas pasan a través de satélites que, por consiguiente, deben ser protegidos del riesgo de ser totalmente desarmados frente a un enemigo. En esta óptica se puede entender por qué las grandes potencias se proveen de una operación espacial específicamente militar con su propio presupuesto. El colapso de los bloques imperialistas y el desarrollo del "cada uno para sí” han significado en gran medida que nuevos actores están constantemente buscando involucrarse en este dominio vital para sus propios intereses imperialistas. Estas intenciones son claras en el caso de Francia, que tiene cierta experiencia en este asunto[13]: "La ley sobre el programa militar francés (LPM) 2019-2025, prevé un presupuesto de 3,6 millones de euros para la defensa espacial. En particular, debe permitir la renovación de los satélites franceses de observación (CSO) y de comunicaciones (Siracusa), así como el lanzamiento en órbita de tres satélites de escucha electromagnética (Ceres) y la modernización del radar de vigilancia espacial de Graves"[14].
Como vemos, y a pesar de las tranquilizadoras declaraciones de intención, el espacio ha sido un campo de rivalidades entre los principales tiburones imperialistas durante mucho tiempo; y hoy más que nunca es un elemento clave en la afirmación de su poder militar. Más allá de los objetivos económicos que la propaganda burguesa y algunos operadores privados han difundido (turismo espacial, extracción de minerales de los asteroides, exploración planetaria, viajes regulares de ida y vuelta a la luna) que constituyen en sí mismos un componente del imperialismo, es también objeto de una intensa batalla para la protección de la tecnología avanzada de las grandes potencias frente a eventuales nuevos competidores. Pero sobre todo eso, lo que realmente está en juego en la militarización del espacio sólo puede ser la preparación para futuros conflictos.
"El capitalismo trae la guerra como las nubes traen la tormenta" dijo Jaures. Nunca podría haber imaginado que el capital, lejos de detenerse al nivel del suelo y del cielo, traería un siglo después la guerra y el militarismo mucho más alto que las nubes, por lo que la necesidad de destruir este sistema para detener este militarismo universal se hace cada vez más urgente.
H.D.
[1] En nuestra página web: https://en.internationalism.org/icconline/2009/10/apollo-11-lunar-landing [137] "... la aventura que no fue".
[2] El culto que el complejo militar-espacial dedica a Gagarin es objeto de burla en el cómic de Marion Montaigne publicado en 2017: Dans la combi de Thomas Pesquet (En el traje espacial de Thomas Pesquet), dedicado con humor a la personalidad del último astronauta francés
[4] El V2 fue un misil desarrollado por la Alemania Nazi durante la Segunda Guerra Mundial. La ventaja obtenida por Alemania con la V2 fue que este misil abandonó la atmósfera durante su trayectoria, lo que hacía imposible su interceptación
[5] Ver Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este /content/3451/tesis-sobre-la-crisis-economica-y-politica-en-los-paises-del-este [139]
[6] "El espacio, una apuesta vital y estratégica para la competitividad de la Unión Europea". En francés en La Tribune (27 de junio de 2018)
[7] "La militarización del espacio: un satélite es en sí mismo un arma". En francés, France 3, Centre-Val de Loire (26 de julio de 2019)
[8] "Francia podría enviar armas al espacio". Le Point, (18 de marzo de 2019)
[9] Este punto fue desarrollado muy explícitamente en el cómic, En el traje espacial de Thomas Pesquet, que cuenta todo su viaje espacial
[10] ¡Los EE.UU. en 2015, Luxemburgo en 2017!
[11] Citado de: "Informe independiente concluye que una misión humana a Marte en 2033, no es factible", Space-news (18 de abril de 2019)
[12] "Militarismo en el espacio: un satélite en sí mismo es un arma", France 3 Centre-Val de Loire (26 de julio de 2019)
[13] Así ha sido desde la política de "autodeterminación" de De Gaulle sobre "la disuasión nuclear", paralela pero también al margen de la OTAN. La creación del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES) en 1961 es una ilustración de ello, aunque éste se integró entonces en un marco europeo en los años 70, Francia siguió siendo el miembro más activo de la Agencia Espacial Europea
[14] "Francia pasa a la ofensiva en el espacio", Le Figaro (14 de julio de 2019)
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En diciembre de 2019 y enero de 2020, tuvieron lugar importantes luchas obreras en Francia. El sector del transporte se vio particularmente afectado: los trenes y el transporte urbano de la capital y sus suburbios estuvieron en huelga durante casi dos meses, lo que constituye un "récord" en cuanto a duración. Las movilizaciones no se limitaron a este sector: los sindicatos convocaron numerosas "jornadas de acción interprofesional" con huelgas y manifestaciones en las que participaron numerosos sectores, entre ellos los docentes, los trabajadores hospitalarios, los empleados de los servicios públicos, la energía (electricidad y refinerías...). Incluso se vio a abogados tirando sus togas frente a los tribunales para expresar su ira y participar en las manifestaciones.
Tras un decenio de apatía de la clase obrera en Francia, como en la mayoría de los demás países, este movimiento supuso un importante resurgimiento de la combatividad de la clase obrera. Es cierto que este movimiento sólo afectaba a un país, Francia. Pero es un país importante desde el punto de vista de la lucha de clases. Recordemos la enorme huelga de mayo de 1968, la mayor huelga de la historia: 9 millones de huelguistas durante casi un mes. Una huelga que dio la señal para una histórica reanudación internacional de las luchas obreras después de la terrible contrarrevolución que había caído sobre la clase obrera tras la derrota de la ola revolucionaria de 1917-1923. Además, la burguesía de todos los países es muy consciente de la importancia de las luchas del proletariado en Francia para los proletarios de otros países y por eso observa con gran atención los movimientos sociales de este país. Y organiza un apagón selectivo sobre estos movimientos para tratar de dar una imagen negativa de ellos en los medios de comunicación: usuarios de transporte a los que se les impide ir al trabajo o a las vacaciones, escenas de tiendas saqueadas por los black-blocks durante las manifestaciones, etc.
Actualmente, el movimiento está casi terminado. Cada vez son menos los trabajadores que participan en las jornadas de movilización y manifestaciones convocadas por los sindicatos. La clase obrera ha vuelto al trabajo sin haber obtenido nada de sus demandas. Es hora de hacer un balance de este movimiento. Para analizar sus fortalezas y debilidades. Para considerar las perspectivas que puede anunciar. Examinar las trampas que la burguesía ha tendido a la clase obrera para poder evitarlas en el futuro y responder a la pregunta: ¿CÓMO LUCHAR?
El origen de este movimiento fue un proyecto de ley del gobierno para reformar el sistema de pensiones. Esta "reforma" formaba parte del programa de Macron para las elecciones presidenciales de 2017 y se presentó como un "Big Bang" para crear un sistema de pensiones más "justo" y "equitativo". Se trata de una "pensión por puntos" en lugar de la pensión por reparto que ha existido hasta ahora, en la que los trabajadores contribuyen a pagar las pensiones de los jubilados. Es un sistema basado en el sistema de pensiones de capitalización que hace felices a los fondos de pensiones anglosajones y a los jubilados infelices cuando los precios del mercado de valores caen en picado. Sobre todo, es un ataque masivo a toda la clase obrera: obligación de trabajar más tiempo y reducción de las pensiones.
Algunos ejemplos:
- En la actualidad, para un trabajador del sector privado, la cuantía de la pensión se calcula sobre la base de los salarios de los 25 años más ventajosos. Con esta "reforma", esta cantidad se calculará sobre la base del total de los salarios recibidos. Esto incluye, por supuesto, los bajísimos salarios al principio de la carrera y los irrisorios ingresos de los períodos de desempleo. Para los funcionarios, el ataque es aún más brutal ya que hoy en día su pensión se calcula sobre el salario de fin de carrera que es, la mayoría de las veces, el más alto, mientras que los salarios al principio de su carrera son ridículos. ¡Para un maestro, la "reforma" daría una pérdida de ingresos del 30%!
- Asimismo, con esta "reforma" se prevé introducir una "edad pivote" de 64 años. Los trabajadores tendrán derecho a jubilarse a la edad de 62 años, pero en ese caso no recibirán su pensión completa. ¡Tendrán que trabajar hasta los 64 años!
- Pero más que eso: el proyecto mantiene la abolición de varios criterios para el trabajo arduo que anteriormente permitían a los trabajadores que sufrían las condiciones de trabajo más duras jubilarse a una edad más temprana. Este es el caso, por ejemplo, de la manipulación manual de cargas o de la exposición a agentes químicos peligrosos, al polvo y al humo, condiciones de trabajo que afectan gravemente a la salud y a la esperanza de vida de los explotados.
Este ataque masivo está lejos de ser el primero que sufre la clase obrera en Francia, como en otros países. De hecho, desde la crisis financiera de 2008, el proletariado de todos los países se ha enfrentado a ataques cada vez más brutales: como siempre, la burguesía hace pagar a los explotados por el agravamiento de la crisis económica. Cada burguesía nacional tiene el deber de garantizar la competitividad de sus empresas frente a una competencia mundial cada vez más feroz. Y la única manera es bajar los "costos de producción", es decir, aumentar la explotación de los trabajadores, y eliminar los "gastos inútiles". Después de todo, lo ideal, para cada burguesía nacional, sería que los explotados mueran lo antes posible en cuanto dejen de ser productivos. Por supuesto, los capitalistas y los políticos encargados de defender sus intereses no lo dicen abiertamente, pero a eso apuntan todas las políticas de alargamiento de la edad de jubilación adoptadas en muchos países en los últimos años. Y si los trabajadores jubilados tienen la mala idea de vivir más tiempo, sus pensiones se reducirán para que le cueste lo menos posible a la economía nacional.
El "Big Bang" de las pensiones era la medida estrella del mandato del Presidente Macron, pero fue precedido por toda una serie de pequeños "Big Bangs" desencadenados desde que asumió el cargo: el objetivo era hacer de Francia una "nación emergente" en sintonía con el siglo XXI y la "globalización". Inmediatamente, Macron abolió el Impuesto sobre la Fortuna introducido en 1989 por Mitterrand, una medida que ni siquiera el presidente derechista Sarkozy se atrevió a cuestionar. Al mismo tiempo, Macron decretó, sin pasar por el Parlamento, toda una serie de medidas destinadas a dar más "libertad" a los jefes de empresa, es decir, a permitir a los capitalistas explotar aún más duramente a los trabajadores. En segundo lugar, suprimió muchas de las subvenciones estatales a las asociaciones que ayudan a los más pobres. Por último, en nombre de la "abolición de los privilegios", atacó a los trabajadores del ferrocarril (la SNCF), eliminando una serie de pequeños beneficios que habían obtenido en el pasado, en particular gracias a su espíritu de lucha.
Frente a estos ataques, la ira de los explotados ha aumentado mes a mes. Los sindicatos han organizado "movilizaciones" para que "se desahogasen". Pero en 2018 y la primera mitad de 2019, tanto en los movimientos de huelga como en las manifestaciones, lo que dominaba entre los obreros era la resignación, el sentimiento de que, una vez más, el gobierno y la burguesía tenían las manos libres para atacar sus condiciones de vida, sobre todo por la falta de unidad de la clase obrera. Esta falta de unidad fue particularmente visible durante las huelgas de los trabajadores del ferrocarril contra el cuestionamiento de sus pequeñas ventajas. Su movimiento permaneció aislado y el gobierno impuso su "reforma".
Esta ira se amplificó aún más por la actitud arrogante y despectiva de Macron hacia los más desfavorecidos. Por ejemplo, cuando era Ministro de Economía bajo el presidente "socialista" François Hollande, llamaba "analfabetas" a las trabajadoras de la alimentación. Cuando se convirtió en presidente, su arrogancia se agravó hasta el punto de que ahora se le apoda "Júpiter".
La profunda ira contra Macron y su gobierno no sólo se dirigió a la clase obrera. De hecho, muchos segmentos de la población no pertenecientes a la clase trabajadora (artesanos, pequeños empresarios, tenderos, campesinos, profesionales) estaban cada vez más exasperados por el deterioro de su situación económica y por una política que favorecía abiertamente a los ricos. Y Macron justificó esta política en nombre de la "teoría del goteo": cuanto más ricos son los ricos, más su riqueza "gotea" hacia los más pobres. ¡Como si la riqueza de los burgueses hubiera caído del cielo y no fuera, precisamente, el fruto del trabajo de los explotados! El ex presidente de la derecha Sarkozy había sido descrito como el "presidente de los ricos". Macron se ganó rápidamente el título de "presidente del ultrarrico", que era bastante merecido para un ex empleado de alto rango del Banco Rothschild.
Este enorme descontento que se había desarrollado en toda la sociedad explotó con el movimiento del "chaleco amarillo" a partir de noviembre de 2018.
Este movimiento se inició tras la difusión viral en las redes sociales de llamadas de protesta contra el aumento de los impuestos a los combustibles decidido por el gobierno en nombre de la "transición ecológica". El aumento del precio de la gasolina y el gasóleo ha enfurecido a la gran mayoría de la población, especialmente a los sectores que dependen de sus automóviles para ir al trabajo o acompañar a sus hijos a la escuela debido a la falta de transporte público. Por eso el movimiento ha sido particularmente fuerte en las zonas periurbanas, en las pequeñas ciudades de provincia y en el campo. Por eso también es un movimiento interclasista en el que encontramos pequeños jefes, artesanos, enfermeros autónomos, campesinos, etc., así como pequeños agricultores. Obviamente no es casualidad que este movimiento de chalecos amarillos haya recibido, desde el principio, el apoyo de los partidos de la derecha y del Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen con el lema: "hay demasiados impuestos". Así, podemos ver al líder del partido de derecha "Les Républicains" (el partido de Chirac y Sarkozy) con un chaleco amarillo. Incluso Brigitte Bardot, conocida por sus simpatías por Le Pen, publica una foto suya con un chaleco amarillo.
Muy rápidamente, los reclamos van más allá de la mera cuestión del aumento del precio del combustible. Esta medida fue retirada por el gobierno después de un mes, pero sin calmar la movilización. Entre las demandas más populares estaba el aumento del salario mínimo, una medida que no fue apoyada por la derecha, obviamente, ni por Marine Le Pen porque los pequeños empresarios constituyen una gran parte de su clientela electoral. Una de las demandas en las que insisten los chalecos amarillos es la introducción del Referéndum de Iniciativa Ciudadana (RIC), algo parecido al modelo suizo. Esta demanda subraya el carácter interclasista y de inspiración democrática del movimiento. Pero este carácter interclasista y no proletario del movimiento es particularmente evidente en los métodos que emplea: los manifestantes se reúnen en rotondas alejadas de las concentraciones de trabajadores y cuando marchan por las ciudades, lo hacen detrás de las banderas nacionales y cantando "Le Marseillaise", es decir, los dos símbolos de la represión de la Comuna de París de 1871. En París, todos los sábados intentan ocupar los Campos Elíseos donde se encuentran las tiendas de lujo, algunas de las cuales son saqueadas por algunos de los "chalecos amarillos" que se dejan arrastrar por los "bloques negros" que imaginan que están luchando contra el capitalismo atacando sus símbolos. También intentan acercarse al Palacio donde reside el presidente con el lema "¡Macron renuncia!". ¡Como si la salida de Macron cambiara algo en la cada vez más insoportable miseria que están sufriendo!
El movimiento del chaleco amarillo recibe un apoyo muy fuerte entre la población: 80% de opiniones favorables durante muchos meses a pesar de la violencia y los saqueos que han sido muy publicitados en los medios de comunicación. Aunque este movimiento involucra a un cierto número de trabajadores, son principalmente los sectores más atrasados e inexpertos de la clase obrera. La mayoría de la clase obrera, aunque sienta simpatía por el movimiento, está al margen.
Este movimiento le costó mucho a la economía francesa: el gobierno tuvo que soltar casi 15 mil millones de euros para calmarlo. Causó una importante pérdida de popularidad a Macron: en las elecciones europeas de 2019, su partido, "La République en Marche" quedó en segundo lugar detrás del de Marine Le Pen. Dicho esto, el movimiento del chaleco amarillo nunca ha sido una amenaza real para la burguesía francesa y sus intereses. Una buena prueba de que este tipo de movimiento no preocupaba realmente a la burguesía es que recibió una considerable cobertura mediática internacional, hasta el punto de que incluso en Basora, Irak, tuvo eco y que el gobierno egipcio prohibió la venta de chalecos amarillos.
Incluso hoy en día, todavía hay demostraciones de chalecos amarillos, pero aparecen cada vez más como una reunión de unas pocas personas nostálgicas. Una de las razones de esto es que la escena social ha sido ocupada por una fuerza mucho más grande e históricamente más peligrosa para la burguesía, la clase obrera.
El ataque masivo en las pensiones, el "Big Bang" anunciado por Macron, fue cuidadosamente preparado por todos los sectores de la burguesía. Era necesario que la clase dominante evitara que la enorme ira de toda la clase obrera explotara incontrolablemente en el momento de este ataque. Los sindicatos estaban obviamente en primera línea en las maniobras para controlar sistemáticamente a la clase obrera. Así vimos:
- La creación de un "Intersyndicale" para liderar el movimiento contra la "reforma" de las pensiones. Reunía a la Confederación General del Trabajo (CGT, cercana al Partido Comunista), Force Ouvrière (tradicionalmente cercana al Partido Socialista), "Solidaires" (sindicato dirigido por corrientes de izquierda y bastante poderoso en los ferrocarriles), la FTUU, el principal sindicato de la educación, además de los sindicatos de estudiantes y de la escuela secundaria.
- Se creó previamente una división sindical, ya que uno de los principales sindicatos (el que obtiene más votos en las elecciones profesionales, la Confederación Democrática Francesa del Trabajo - CFDT) no participa en la Intersyndicale.
- La elección por parte de la Intersyndicale de la fecha del 5 de diciembre para lanzar el movimiento, es decir, menos de 3 semanas antes de las fiestas de fin de año que, en el pasado (en 1986 y 1995), habían permitido poner fin a los movimientos de huelga.
El 5 de diciembre de 2019 la escala de la movilización sorprende a todos. Es la movilización más fuerte desde 2010. El número de huelguistas en muchas áreas, el número de manifestantes en las calles de las ciudades grandes y pequeñas son impresionantes. Además, la atmósfera de estas manifestaciones no se parece en nada a la de las procesiones de años anteriores. Es una atmósfera feliz, marcada por la alegría de ser tantos, "todos juntos", para levantar la cabeza después de años de sumisión. Hay un gran sentido de solidaridad en las manifestaciones entre sectores y entre generaciones. Los que no se ven afectados por la "reforma" están presentes para mostrar su apoyo a las generaciones más jóvenes que sufrirán toda la violencia de este ataque. Escuchamos el lema: "Los jóvenes en la galera, los viejos en la miseria". La "galera" es el término utilizado para referirse al desempleo juvenil. Esta búsqueda de unidad y solidaridad entre todos los sectores y todas las generaciones es una indicación de que, a pesar de todas sus limitaciones y debilidades actuales, el proletariado puede recuperar su identidad de clase.
Entre los manifestantes, también hay una fuerte voluntad de discutir y entender. Las hojas que distribuye la CCI se reciben con gran simpatía. En las ciudades en las que se distribuyen, vemos a los manifestantes volver a dirigirse a nuestros militantes para expresar su acuerdo, comprar nuestra prensa o pedir un paquete de hojas para difundirlas ellos mismos.
Por último, no hay banderas tricolores en las manifestaciones. No se canta la "Marsellesa" sino la Internacional.
La movilización no se detiene después de ese día. Los trabajadores de los ferrocarriles y de la RATP (transporte parisino) continúan la huelga. Prácticamente no hay más trenes, metro o autobuses. La televisión informa de los inconvenientes causados por la huelga de transportes a muchos trabajadores. En las encuestas, la mayoría de la población sigue apoyando la huelga y culpa al gobierno por los inconvenientes, no a los huelguistas. Los huelguistas dicen que no están en huelga para ellos mismos sino para todos aquellos que no pueden ir a la huelga o se enfrentan a represalias. Se trata de la "huelga por poder" y la gran mayoría de los trabajadores apoyan a los huelguistas, en particular contribuyendo a los fondos de solidaridad.
La Intersyndicale llama a nuevas jornadas de movilización que, en general, son menos concurridas que la del 5 de diciembre, pero en las que se sigue afirmando una fuerte determinación. La movilización del 10 de diciembre es menos masiva que la del 5 de diciembre, pero el 17 de diciembre hay casi la misma cantidad de gente y en París la manifestación reúne a más gente que el 5 de diciembre. Es cierto que el 11 de diciembre el Primer Ministro pronunció un discurso en el que anunció las líneas generales de la "reforma" y confirmó la magnitud del ataque. El CFDT, el sindicato más "moderado", que apoya la "pensión por puntos", simula “rebelarse”. Considera que el gobierno había "cruzado la línea roja" manteniendo la "edad pivote" y llamó a unirse a la movilización del 17 de diciembre.
De hecho, la CFDT llevó a cabo una maniobra clásica utilizada en numerosas ocasiones por la burguesía, en particular en las huelgas del otoño de 1995, con un escenario y una división de roles bien definidos:
- en la lista de sus ataques, el gobierno anuncia una medida particularmente provocativa, la “edad pivote”;
- todos los sindicatos denuncian esta medida;
- el gobierno la retira, permitiendo que los sindicatos más moderados reclamen la victoria;
- los sindicatos "radicales" siguen llamando a la movilización, pero la unidad de los trabajadores se ha roto, provocando resentimientos e incluso enfrentamientos entre los explotados.
Ese es exactamente el teatrillo que se volvió a representar. El 11 de enero, el Primer Ministro anunció la retirada temporal de la edad pivote de 64 años, permitiendo a la CFDT gritar "¡victoria!"
El sórdido juego de la CFDT ha hecho que muchos trabajadores se enfaden con este sindicato. Algunos de ellos, alentados por los otros sindicatos, han participado en varias "acciones" contra la CFDT, incluyendo la ocupación pacífica de su sede en París mientras los miembros de este sindicato rompían sus cartas de adhesión. Pero la política de los sindicatos contra la clase obrera no se limita al comportamiento "amarillo" de la CFDT. En realidad, los demás sindicatos, en particular la CGT, aunque mostraban una postura "radical", contribuyeron a la derrota final de la clase obrera.
La "tregua de los confiteros" (como se denomina en Francia a las fiestas de fin de año) no puso fin a la movilización de los trabajadores. A pesar de las pérdidas salariales y de los llamamientos a la suspensión de la huelga por parte de los sindicatos "moderados", la huelga continuó en los ferrocarriles y el transporte en París. Esto fue una prueba de la existencia de una enorme combatividad en estos sectores y también en otros, ya que la huelga mantuvo su popularidad a pesar de las molestias a los usuarios que salían de vacaciones. Por lo tanto, la huelga continuó en 2020, durante buena parte del mes de enero. Y a medida que se fue agotando gradualmente (en particular debido a las pérdidas salariales cada vez más insoportables), la CGT pidió que la huelga se extendiera a otros sectores, como las refinerías, la electricidad, los puertos, el tratamiento de residuos, lo que provocó un amontonamiento de basura en varias ciudades.
La extensión de la lucha a otros sectores es vital para la fuerza de la clase obrera contra la burguesía. Pero cuando esta extensión tiene lugar en el momento de la decadencia de un movimiento, no es la lucha lo que se extiende sino la derrota. Los sindicatos lo saben perfectamente. El "radicalismo" mostrado en enero por la CGT no era en absoluto una política al servicio de los intereses de la clase obrera, sino todo lo contrario:
- llamando a la continuación de la huelga en una situación de debilidad, trataban de hacerles rechazarla en el futuro;
- al pedir la extensión del movimiento en el peor momento posible, pretendían provocar un sentimiento de desmoralización y la idea de que "luchar es inútil".
En Francia, la clase obrera no pudo evitar el ataque del gobierno. Por lo tanto, fue una derrota. Pero como el movimiento obrero ha señalado desde hace tiempo: "El camino al socialismo (...) está pavimentado de derrotas. (...) ¿Dónde estaríamos hoy sin todas estas 'derrotas', de las que hemos sacado nuestra experiencia, conocimiento, fuerza e idealismo?" (Rosa Luxemburgo, "El orden reina en Berlín", artículo escrito en la víspera de su asesinato).
También hay que aprender lecciones de esta derrota.
1°) La peor derrota habría sido no luchar, no reaccionar a los ataques de la burguesía. La frustración y la desmoralización habrían sido mucho peores si la clase obrera no hubiera reaccionado, si hubiera inclinado la cabeza. En la lucha del proletariado contra los ataques de la burguesía, no sólo hay una dimensión económica. También hay siempre una dimensión moral, una afirmación de su dignidad. Por eso uno de los lemas más cantados en las manifestaciones fue: "Estamos aquí por el honor de los trabajadores y por un mundo mejor". Como escribimos en nuestra hoja del 4 de febrero:
"Este movimiento social, a pesar de todas sus limitaciones, debilidades y dificultades, es ya una primera victoria. Después de años de parálisis, desorden y atomización, ha permitido que cientos de miles de trabajadores salgan a las calles para expresar su voluntad de luchar contra los ataques del Capital. Esta movilización les permitió expresar su necesidad de solidaridad y unidad. También les permitió experimentar las maniobras de la burguesía para superar este ataque."
2°) Una vez más se ha constatado que los sindicatos son los peores enemigos de la clase obrera, incluso y sobre todo cuando se dan una imagen "radical". Y esto, aunque la mayoría de los trabajadores sindicalizados no lo sepan. En este sentido, una de las condiciones para una lucha victoriosa de la clase obrera es que sea asumida directamente por los trabajadores, que su conducción no se ponga en manos de "especialistas" sindicales. Concretamente, esto significa:
- asambleas generales masivas y soberanas;
- la formación de comités de huelga con delegados elegidos y destituidos por las asambleas;
- el envío por las asambleas de delegaciones masivas a otros lugares de trabajo para lograr la indispensable extensión del movimiento, y esto desde el principio de la lucha.
En efecto, las huelgas de diciembre de 2019 y enero de 2020 en Francia han confirmado una vez más que, en el período histórico actual, la duración de una lucha no constituye una fortaleza. Durante mucho tiempo, la clase dominante se ha organizado para entablar una prolongada lucha armada con los trabajadores a fin de "dejar que su lucha se pudra" en un aislamiento cada vez mayor. En este sentido, la creación de "fondos de huelga", si bien fue a principios del movimiento obrero en el siglo XIX uno de los medios para el éxito de las luchas, hoy en día ha perdido este papel. Al contribuir a estos fondos de huelga, generalmente promovidos por los sindicatos, los trabajadores que no están directamente involucrados en la lucha quieren expresar su solidaridad con los que están en huelga para que puedan "aguantar". Por supuesto, no podemos condenar su acción, pero debemos tener claro que la única solidaridad efectiva es unirse a ellos en la lucha, participar en su rápida difusión.
Para concluir estas lecciones podemos citar lo que escribimos en nuestra hoja del 4 de febrero:
"Los jóvenes trabajadores que participaron en el movimiento contra el "Contrato de Primer Empleo" en la primavera de 2006, cuando aún eran estudiantes o bachilleres, deben recordar y transmitir esta experiencia a sus compañeros de trabajo. ¿Cómo pudieron hacer retroceder al gobierno de Villepin obligándolo a retirar su "CPE"? Gracias a su capacidad de organizar su lucha por sí mismos en sus masivas Asambleas Generales en todas las universidades, y sin ningún sindicato. Los estudiantes habían hecho un llamamiento a todos los trabajadores, activos y jubilados, para que vinieran a debatir con ellos en sus asambleas generales y participaran en el movimiento de solidaridad con las jóvenes generaciones que se enfrentaban al desempleo y la precariedad. El gobierno de Villepin tuvo que retirar la CPE sin ninguna 'negociación'".
Estas son algunas de las lecciones que la clase trabajadora tendrá que apropiarse o reapropiarse para futuras luchas con el fin de hacerlas más efectivas. Y también para que permitan el desarrollo de la unidad y la conciencia del proletariado en sus luchas decisivas contra el capitalismo, con vistas a su derrocamiento.
Nuestra sección en Francia se movilizó plenamente para participar en las luchas de diciembre y enero en ese país. Incluso antes de la fecha del 5 de diciembre, volvimos a publicar en nuestro sitio web un artículo en el que se extraen lecciones de la lucha masiva del otoño de 1995, lecciones que podrían ser útiles para la lucha actual. A lo largo del movimiento, publicamos varios artículos en el sitio web tomando posición sobre la lucha y las maniobras de las diversas fuerzas de la burguesía, así como un número de nuestro periódico dedicado en gran parte a este movimiento. Con motivo de las diversas manifestaciones organizadas por la Intersyndicale publicamos 4 hojas que, si tenían el mismo contenido político, trataban de dar cuenta de la evolución del movimiento:
Se distribuyeron varias decenas de miles de ejemplares de esas hojas, en particular en las cuatro ciudades más grandes de Francia: París, Marsella, Lyon y Toulouse, así como en Lille, en el corazón de la concentración de trabajadores más antigua del país, y en Nantes, ciudad en la que la clase obrera siempre ha estado en la vanguardia de las luchas (en particular en 1968). Como ya se ha mencionado, estas hojas fueron recibidas muy positivamente por muchos manifestantes. En la del 13 de enero llamamos a celebrar reuniones públicas el 18 de enero y el 8 de febrero en cinco ciudades. En estas reuniones públicas tuvimos, en su mayoría, una asistencia mayor que la habitual, especialmente en París. Y varios participantes vinieron justo después de leer nuestras hojas.
Obviamente, el objetivo de la CCI con esta intervención no podría ser influir en el curso de los acontecimientos. En el período actual, las organizaciones revolucionarias tienen la responsabilidad de participar en la reflexión de los elementos más avanzados de la clase obrera, que, por el momento, representan una muy pequeña minoría. Es esta perspectiva la que se da en nuestro folleto del 4 de febrero que hace una evaluación del movimiento:
"Los trabajadores más combativos y decididos ya sean activos o desempleados, jubilados o estudiantes, deben tratar de formar 'comités de lucha' interprofesionales abiertos a todas las generaciones para prepararse para futuras luchas. Debemos aprender las lecciones de este movimiento, entender cuáles han sido sus dificultades para poder superarlas en futuras luchas".
A esta reflexión, a estas discusiones, invitamos a todos los asistentes.
Desde hace años la clase dominante nos dice que la clase obrera no existe, que vivimos en una sociedad "postindustrial", que todos somos "ciudadanos" de la democracia o que sólo somos parte del "pueblo". Otra idea mil veces repetida es que “se ha perdido la unidad de la clase obrera”, dividida entre “blancos”, “negros”, fijos, precarios, nativos, emigrantes, empleados de las “nuevas tecnologías” etc. etc.
Este asalto ideológico se ha basado en factores reales y materiales: el agotamiento de las oleadas de luchas obreras entre 1968-89 (Mayo 68, Otoño Caliente Italiano, Polonia 1980, huelga minera inglesa etc.) ; la ruptura y reubicación de los centros tradicionales de la militancia de la clase obrera, especialmente en Europa occidental y en los Estados Unidos; la reorganización de las condiciones de trabajo con el fin de persuadirnos de que todos somos "autónomos" hoy en día, y la creciente tendencia de la sociedad capitalista a fragmentarse en una guerra de cada uno contra todos a todos los niveles. Además, el derrumbe del bloque mal llamado “socialista” en 1989-91, la llamada "muerte del comunismo", dio un tremendo impulso a la idea de que la lucha de clases es cosa del pasado y que, si existe, sólo puede ofrecer la perspectiva de una sociedad aún más represiva y empobrecida que la que ya estamos enfrentando. El hecho de que lo que se derrumbó en el Este era en realidad una forma de capitalismo altamente estatizado estaba, por supuesto, enterrado en este torrente de mentiras.
Un torrente de falacias destinado a ocultar la simple verdad: que la clase obrera existirá mientras exista el capitalismo, y dado que el capitalismo es por definición un sistema global, la clase obrera es por definición una clase explotada internacional que en todos los países tiene el mismo interés en resistir la explotación en la perspectiva de abolirla definitivamente.
Ha resultado extremadamente difícil para la clase obrera salir del reflujo en sus luchas que comenzó a finales de los años 80, y durante estas décadas, el sentido mismo de pertenencia a una clase mundial se ha perdido en gran medida. Pero la lucha de clases nunca desaparece del todo. A menudo pasa a la clandestinidad, pero eso no significa que los trabajadores hayan dejado de pensar, o de sentirse enojados por el continuo ataque a sus condiciones de vida y de trabajo, o de reflexionar sobre el estado cada vez más catastrófico del orden capitalista mundial. Y de vez en cuando, la lucha vuelve a estallar, recordando la predicción del Manifiesto Comunista, de que "la sociedad en su conjunto se divide cada vez más en dos grandes campos hostiles, en dos grandes clases directamente enfrentadas: la burguesía y el proletariado". En Francia, en 2006, los estudiantes, que ahora son cada vez más los trabajadores del mañana, dirigieron una lucha contra el "Contrato de Primer Empleo" o CPE, que era un intento directo del gobierno de reducir drásticamente la seguridad laboral de los que empezaban a trabajar. Celebraron asambleas generales en las universidades para organizar su movimiento y apelaron a la solidaridad de los trabajadores asalariados, los trabajadores de todas las generaciones y los proletarios marginados de los "banlieu", los barrios periféricos guetizados. El gobierno, perseguido por los recuerdos del mayo del 68 en Francia, de un movimiento de huelga generalizada, se echó atrás y retiró el CPE[1]. En 2011, los "Indignados" en España estaban formados en su mayoría por jóvenes proletarios y su indignación se dirigía a la falta de perspectivas agravada por la "crisis financiera" de 2008. También ellos se reunieron en asambleas de masas, esta vez en las plazas de las ciudades, donde se debatió no sólo sobre los métodos inmediatos de la lucha sino también sobre la naturaleza de la sociedad en la que vivimos y las posibilidades de una alternativa[2].
La lucha de los Indignados, a pesar de toda su importancia, sufría de una debilidad clave: no era capaz de establecer vínculos efectivos con los lugares de trabajo, con la clase obrera empleada, y por lo tanto era vulnerable al mito de que era realmente una lucha de los "ciudadanos" por una forma más sensible de democracia burguesa. En efecto, en el último año, a medida que se profundiza la crisis económica del capitalismo, hemos asistido a una sucesión de revueltas sociales en las que la clase obrera se ha ahogado en la masa del pueblo, movimientos que han distanciado aún más a los trabajadores de sus intereses de clase específicos que son, sin embargo, universales pues dan respuesta al conjunto de opresiones y discriminaciones que supura el capitalismo en todos sus poros[3].
En los países centrales, el ejemplo más claro de ese movimiento "interclasista" fue el de los chalecos amarillos en Francia. Muchos trabajadores participaron en las protestas de los chalecos amarillos a título individual, pero éstas estaban dirigidas por pequeños empresarios y dominadas por sus reivindicaciones (como la reducción de los impuestos sobre el combustible). Sobre todo, se sentía totalmente cómodo presentándose como un movimiento de ciudadanos franceses, desfilando bajo la bandera nacional y exigiendo "más democracia" (además de plantear demandas abiertamente nacionalistas para la limitación de la inmigración)[4].
El movimiento de los Chalecos Amarillos, que estalló en un país que tan a menudo ha sido teatro de movimientos proletarios radicales, fue una medida de la desorientación de la clase obrera y supuso una nueva amenaza para su capacidad de recuperar su identidad de clase.
Pero es precisamente aquí donde podemos empezar a comprender la importancia del reciente movimiento de huelga en Francia, en el que participaron principalmente los trabajadores ferroviarios, los trabajadores de la salud y otros sectores del sector público. Este movimiento fue sin duda una respuesta a un ataque directo a las condiciones de vida de los trabajadores - las llamadas "reformas de las pensiones" exigidas por el gobierno de Macron. Se centró en los lugares de trabajo en los que la clase obrera es, obviamente, una fuerza social viva, pero al mismo tiempo, hubo un fuerte impulso hacia la solidaridad entre los diferentes sectores. También hubo algunos signos - especialmente entre los trabajadores del ferrocarril - de una capacidad de acción fuera de los sindicatos, aunque, como explicamos en el artículo "Gobierno y sindicatos de la mano para implementar la 'reforma' de las pensiones"[5], los sindicatos mantuvieron un control general sobre el movimiento.
El significado de este movimiento ha sido sobre todo que nos da una idea de cómo la clase obrera puede volver a verse como clase - como algunas de las pancartas en las manifestaciones de huelga proclamaron, "Existimos", "Estamos aquí". Es la respuesta de los trabajadores a los ataques del capital que exige la despiadada crisis económica la que les permitirá recuperar su identidad de clase, una base indispensable para el desarrollo de una conciencia revolucionaria, el reconocimiento de que la clase obrera no sólo es explotada colectivamente por el capital, sino que también es la única fuerza de la sociedad que puede ofrecer una alternativa real al capital, una nueva sociedad en la que la explotación de la fuerza de trabajo, al igual que las anteriores formas de esclavitud, ha sido desterrada de una vez por todas.
Tomado de World Revolution sección de la CCI en Gran Bretaña
[1] Ver Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [7]
[2] Ver 2011: de la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [8]
[3] Ante la agravación de la crisis económica mundial y la miseria, las "revueltas populares" representan un callejón sin salida https://es.internationalism.org/content/4495/ante-la-agravacion-de-la-cr... [38]
[4] Ver Balance del movimiento de los "chalecos amarillos": Un movimiento interclasista, un obstáculo para la lucha de clases https://es.internationalism.org/content/4484/balance-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos-un-movimiento-interclasista-un [29]
[5] https://es.internationalism.org/content/4517/francia-el-gobierno-y-los-sindicatos-trabajan-juntos-para-imponer-la-reforma-de-las [60]
https://es.internationalism.org/content/4524/balance-de-las-luchas-en-fr... [141]
https://es.internationalism.org/content/4517/francia-el-gobierno-y-los-s... [60]
https://es.internationalism.org/content/4514/comunicado-internacional-de... [31]
https://es.internationalism.org/content/4491/francia-solo-la-solidaridad... [142]
https://es.internationalism.org/content/4499/aunemos-nuestras-luchas-con... [13]
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Las fuerzas terrestres de Bashar El Assad y la aviación rusa bombardean desde hace varios meses la región de Idlib en el norte de Siria. Cerca de tres millones de civiles (incluido un millón de niños) están acorralados en este último bastión de la rebelión,[1] como ya había ocurrido en Alepo o en Guta Oriental. El régimen de Assad trata de recuperar aquella zona mediante el terror y una ignominiosa política de tierra quemada. Diluvios de proyectiles lanzados por la aviación rusa caen indiscriminadamente sobre viviendas, edificios públicos (escuelas, hospitales, etc.), mercados y tierras de labor. Más de mil personas han perecido desde finales de abril de 2018, según la ONU, y casi un millón están tratando de huir de la masacre, hambrientas, sin hogar, abandonadas en medio de las gélidas temperaturas invernales. En este escenario de barbarie y caos, a las poblaciones resignadas sólo les queda una salida: ¡huir para no morir! echándose al camino hacia la frontera turca e intentando llegar a la frontera griega, la puerta más cercana para entrar en Europa.
Pero resulta que la frontera entre Siria y Turquía les está ahora cerrada. Mientras que desde 2015 el Estado turco prestaba un servicio (¡debidamente remunerado!) a las democracias europeas “acogiendo” las oleadas de millones de migrantes que aquellas se negaban a recibir como si fueran apestados, la ofensiva turca en el norte de Siria ha cambiado la situación. Los tres millones de personas de la región de Idlib son ahora rehenes, prisioneros de las potencias imperialistas de la región. Como hemos podido ver, Turquía y Rusia, junto con el vasallo de ésta, la Siria de Assad, son capaces de todo: de desangrar sin contemplaciones regiones enteras, aterrorizando a la gente y masacrándola para satisfacer sus insaciables apetitos de hiena. Hoy, la región de Idlib es el macabro patio de recreo del imperialismo, el sangriento teatro del capitalismo moribundo donde sólo reinan la miseria y la muerte.
Si ya Erdogan se niega a que entren nuevos migrantes, quiere además deshacerse de los tres millones y medio que ya están en suelo turco. Para el líder del régimen, no son ni más ni menos que objetos de subasta, rehenes de un regateo que utiliza hábilmente para satisfacer sus objetivos políticos. A nivel interno, los migrantes son ahora el blanco de una repugnante campaña de denigración destinada a aumentar la popularidad del AKP entre la población turca. Pero es sobre todo en el ruedo imperialista donde los migrantes son más útiles para el AKP.
Y así se han convertido en objeto de chantaje contra las potencias de la Unión Europea (UE). Erdogan ha amenazado durante meses con abrir la frontera occidental del país con Europa para conseguir que las potencias europeas apoyaran su campaña militar en el norte de Siria y le pagaran una renta financiera. El 28 de febrero, cumplió sus amenazas y decenas de miles de refugiados intentaron, con un riesgo considerable, entrar en Europa por la frontera griega, a pesar de la rotunda negativa de las autoridades helenas, apoyadas en esa opción por la UE y sus principales democracias. Al menos 13.000 migrantes se encuentran ahora amontonados en la frontera, presas de la crueldad de todos los bandos. Otros tratan de llegar a las islas de Quíos o Lesbos por mar, donde les esperan las mismas condiciones: inmovilizados, hacinados y aislados como animales, sin agua, sin calefacción, sin comida y sin la higiene más básica. En la isla de Lesbos, en el campo de Moria, por ejemplo, previsto para 2.300 personas hay 20.000, hacinadas, rodeadas de alambradas. La Repubblica da esta abominable descripción: "Los primeros en morirse son los niños. Aquí no hay nada para ellos, ni una cama, ni retretes ni luz. Aquí, para ellos, sólo hay barro, frío y espera. Un purgatorio húmedo y absurdo para volverse loco. De modo que, día tras día, mientras Europa y sus promesas se alejan en el horizonte, a los más frágiles no les queda más remedio que intentar suicidarse (...) pero como les da miedo, rara vez logran hacerlo. De vez en cuando, un adulto llama a la puerta de la clínica, al pie de la colina, trayendo en sus brazos a un niño con marcas elocuentes en su cuerpo. Todo el mundo sabe lo que acaba de hacer. Y volverá a hacerlo en unos meses". Más de tres cuartos de siglo después de Auschwitz: la misma realidad siniestra y espantosa que los capitalistas reservan en todas partes a las poblaciones consideradas "indeseables".
Quienes intentan entrar en ese "El Dorado" son detenidos con la mayor violencia y brutalidad por las autoridades griegas. Hemos visto imágenes insoportables y repugnantes en las que, en el mar, los guardacostas griegos intentan pinchar un bote hinchable repleto de migrantes y ahuyentarlos a tiros. En la región de Evros, la policía y el ejército rastrean la zona. Los 212 kilómetros de frontera son infranqueables. A los migrantes que tratan de cruzar se les “recibe” con lacrimógenos e incluso a tiro real, lo que, por lo visto, ha provocado varios heridos e incluso un muerto, según informaciones turcas. Los arrestados son golpeados, robados, humillados y devueltos. Creyendo que ya están a pocos metros del "paraíso", se enfrentan en realidad a la fría crueldad de la fortaleza europea, para la que siguen siendo indeseables, escoria o bestias vagabundas de las que ningún Estado quiere hacerse cargo. Con increíble cinismo y una hipocresía sin límites, cada cual pretende echar responsabilidades a los demás, pero todos comparten la misma voluntad: negativa categórica a acoger a esas poblaciones, víctimas de la barbarie que las propias potencias imperialistas han engendrado![2]
Inmediatamente después del anuncio del régimen turco de abrir las puertas a los inmigrantes a Europa, la reacción de los principales estados de la UE fue contundente: todos los representantes de la burguesía europea se pusieron a clamar como posesos contra la política "inaceptable" de Erdogan (Angela Merkel). El jefe del gobierno austriaco, Sebastian Kurz, elegido especialmente por su política anti-inmigración, fingía estar preocupado por "esos seres humanos utilizados para presionar" a la UE.
Las "grandes democracias" de Europa podrán llenarse la boca con discursos compasivos, pero por mucho que traten de descargar las culpas sobre sus competidores rusos y turcos, la realidad de la política migratoria europea revela la hipocresía y la ignominia que los anima. Y es, por cierto, la "patria de los derechos humanos" la que mejor ha expresado las verdaderas intenciones de los estados de la UE: "La Unión Europea no cederá ante este chantaje. (...) Las fronteras de Grecia y el espacio Schengen están cerradas y nos aseguraremos de que así permanezcan, que las cosas queden claras", declaró marcial y rotundamente Jean-Yves Le Drian, el ministro francés de Exteriores. Así, no importa cuántos millones de personas revienten de hambre y frío, los estados europeos no harán nada por ellos, si no es poner aún más trabas a su empeño, reforzando los medios para que la frontera griega sea aún más hermética. Ursula von der Leyen, la Presidenta de la Comisión Europea, ha garantizado que se dará "toda la ayuda necesaria" al Estado griego. La agencia Frontex ya ha enviado refuerzos policiales y se han puesto a disposición 700 millones de euros. La intransigencia de los dirigentes europeos refleja también el deseo de dejar sin carnaza a los movimientos populistas, que no han dudado en sacar tajada de este nuevo éxodo.
Las potencias europeas podrán clamar que son víctimas del vil manipulador Erdogan o derramar lágrimas de cocodrilo por la desventura de los migrantes ocultándose tras la máscara de la impotencia, pero todas son igualmente responsables y, por mucho que digan lo contrario, son responsables de que se permita que esos millones de civiles perezcan bajo los proyectiles rusos, las balas griegas y el cinismo turco.
Sus diatribas vomitivas sobre los derechos humanos y su fingida indignación no son más que pantallas para ocultar sus políticas anti-migrantes. Los rechazos a las fronteras, la caza de refugiados y el desmantelamiento de campamentos improvisados, la construcción de muros y alambradas, la militarización de las fronteras, el aumento de los controles administrativos y los criterios de acceso a los territorios, etc., todas esas medidas son ante todo ejecutadas y aplicadas con el más estricto rigor y el mayor celo por los estados democráticos[3] donde la dictadura del capital se expresa de la manera más perversa y cínica. Las democracias occidentales, tanto de izquierda como de derecha, tan cacareadas por la propaganda, no sólo son cómplices sino que también hacen sufrir el mismo trato despreciable, degradante e indigno que los "malos" de esta película (los Erdogan, Putin y demás)... aunque, eso sí, con el toque democrático de la hipocresía…
Después de que unos 30 soldados turcos murieran en un ataque de las tropas de Bashar El Assad, lo que hizo temer una escalada de las tensiones, Moscú y Ankara acordaron un alto el fuego el 5 de marzo. Una farsa que nadie se cree pues las reivindicaciones respectivas de esas dos potencias sólo pueden empujarlas sin frenos hasta límites extremos, lo que, tarde o temprano, acabará por prender fuego al polvorín y reavivará la lucha. No hay el menor signo de estabilización en Oriente Medio. La retirada de Estados Unidos y, en consecuencia, de Francia y Alemania, planteará finalmente una serie de peligros de los que la población civil será, como siempre, la primera víctima. Es innegable que Assad está decidido a recuperar todo el territorio que poseía antes de 2011. Para ello, no dudará en emborracharse con la sangre de millones de inocentes para lograr su objetivo. Sobre todo porque Putin, el único capaz de canalizar las ansias del "carnicero de Damasco", no parece totalmente opuesto a ese objetivo. El "amo del Kremlin" también tiene interés en mantener relaciones cordiales con Erdogan para poder presionar a la OTAN y mantener su valiosísima base naval de Tartus, en el oeste de Siria. Turquía, por su parte, tiene vía libre para eliminar a los kurdos, a quienes niega todo territorio autónomo en Siria, temiendo que sirva de apoyo a las reivindicaciones nacionalistas de los kurdos de Turquía. El pasado mes de octubre, tras violentos combates, consiguió establecer una "zona de seguridad", rompiendo así la continuidad territorial de la Rojava. Si hasta ahora la presencia norteamericana ha dado una garantía de protección a los kurdos, la salida de las tropas de EEUU de Siria significa muy probablemente la señal de su sentencia de muerte.
Tanto más porque las potencias europeas, como Francia y Gran Bretaña, han perdido mucho terreno y ya no están realmente en condiciones de mantener su estrategia de lucha contra Daesh y el régimen de Assad mediante un tinglado de alianzas con los rebeldes y los kurdos. Así, todos los elementos están ahora reunidos para nuevos exterminios de masas que lanzarán a los millones de personas que puedan a huir por los caminos del infortunio.
Lo que está ocurriendo en la frontera greco-turca no es una excepción, sino una ilustración entre muchas otras del horror que el capitalismo moribundo acarrea para cientos de millones de personas. El destino de los migrantes africanos en la frontera marroquí, el infierno de Libia[4] o el de los latinoamericanos entre México y Estados Unidos es similar. Todos están huyendo de la guerra, la violencia, el crimen y el desastre ambiental. Hoy en día, casi siete millones de personas se encontrarían en esta situación de errabundos sin ningún medio de supervivencia. Huyen de la barbarie del capital y son los peones y víctimas de las burguesías nacionales, que juegan constantemente con ellos e instrumentalizan la "cuestión de la migración" en nombre de sus siniestros intereses imperialistas.
Vincent, 8 de marzo de 2020.
[1] Los rebeldes al régimen de Assad no son sino una facción rival más dentro de la burguesía siria. Tienen el apoyo de Estados Unidos, Arabia Saudí, Turquía y otros estados, que los utilizan como peones para sus intereses imperialistas.
[2] Véase al respecto: “Bombardements en Syrie : l’intervention des grandes puissances amplifie le chaos”, en Révolution internationale (publicación en francés de la CCI) n°455 (noviembre-diciembre 2015).
[3] Véase : “Le “droit d’asile” : une arme pour dresser des murs contre les immigrés”, en la página (en francés) de la CCI (julio de 2019).
[4] Véase ‘https://es.internationalism.org/content/4497/caos-en-libia-una-odiosa-expresion-de-la-barbarie-capitalista [3] (Noviembre de 2019)
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Si bien la epidemia ya se había propagado ampliamente en Europa y especialmente en Italia, la burguesía francesa empezó a reaccionar con mucho retraso y muy tímidamente en la adopción de medidas con las que "proteger" a la población. Hasta que la situación no llegó a ser catastrófica en ciertas regiones como Picardía o Alsacia, el gobierno de Macron no despertó y tomó decisiones drásticas: confinamiento obligatorio, cierre de fronteras, controles policiales, movilización del ejército para acudir al rescate de unos equipos sanitarios que se veían totalmente desbordados.
"¡Estamos en guerra ¡” declaró el presidente Macron en su discurso del 16 de marzo. La terminología marcial afloró a partir de entonces en los discursos de ministros y políticos de todas las tendencias: "¡el enemigo está aquí"! ¡"unión Nacional"! ¡"guerra de posiciones"! ¡"movilización general"! “¡esfuerzo de guerra!” … El gobierno ha recurrido incluso a pobres ancianos, "héroes de la Segunda Guerra Mundial", para explicar que "toser en el codo" es un "acto de Resistencia".
Y aunque el “enemigo” sea "invisible" y "escurridizo", la lucha contra esta pandemia se atiene, es verdad, a lo que es una guerra: o sea el gobierno multiplica las mentiras y las medias verdades, envía a millones de trabajadores a arriesgar sus vidas en el frente (¡económico, supuestamente!), - y eso cuando no sacrifica a la tropa de la democracia en sus elecciones municipales, ¡en ofensivas suicidas e irresponsables!
¡"Estamos preparados y más que preparados. Si la guerra durase dos años, a nuestros soldados (de bata blanca) no les faltaría una máscara, ni una botella de gel hidro-alcohólico”, ¡podría haber declarado el general Macron! Pero la realidad es exactamente la contraria: con la negligencia y la incompetencia de Macron, el gobierno camina a tientas y se ampara en los médicos para "proteger" a la población. Y mientras el "señor de la guerra" jupiteriano y sus ministros realizan sus histriónicas apariciones, el personal de los hospitales se sacrifica para salvar vidas haciendo lo que puede con medios en gran medida insuficientes.
Con el COVID-19, las jornadas se alargan hasta la extenuación en todos los servicios hospitalarios hasta llegar a catorce horas, lo que produce el agotamiento de los cuidadores lo que, a su vez, aumenta el riesgo de errores dramáticos. ¡Sanitarios que exponen indignados su ira hasta en los platós de televisión! En Alsacia, ante la cantidad ingente de pacientes y de muertes por insuficiencia respiratoria, el Estado tuvo que improvisar un "hospital militar de campaña", en medio de una confusión logística sin precedentes, para apoyar a los hospitales civiles asfixiados por la falta de camas y medios.
En cuanto a las existencias de mascarillas, soluciones hidro-alcohólicas, gorros, batas, respiradores: ¡hay una escasez generalizada! En 2005, el Estado contaba con una reserva estratégica de 723 millones de máscaras (1400 millones en 2011 tras la crisis del H1N1). Pero con las restricciones desde el 2013, los recortes presupuestarios han acabado con tales existencias hasta dejarlas en 150 millones. Eso ha conducido al racionamiento, al uso de mascarillas caducadas e incluso a la reutilización de mascarillas desechables, y tras varias semanas de crisis el Estado ha liberado 12 millones de ellas provenientes de sus exiguas reservas, para dotar a 1’1 millones de trabajadores hospitalarios que, se supone, deben tirarlas a la basura cada cuatro horas. ¡Eso alcanza para unos pocos días y sólo para los hospitales a los que llegue! Y en cuanto a los servicios llamados "no prioritarios" y los laboratorios que realizan miles de pruebas diarias, ¡la misma cantinela “Ya no hay mascarillas”![1] El personal sanitario "de trinchera” (¡sic!), se ve así directamente expuesto a la enfermedad. ¡Un médico de urgencias en Compiègne acaba de morir por el virus y otros probablemente lo seguirán a la tumba! ¿Cómo puede Macron mirarse al espejo y repetir eso de que “la salud debe estar ante todo”?
Además, para ocultar su responsabilidad y la gravedad de la situación, el Estado, como en las repúblicas bananeras, miente descaradamente. La cantidad de enfermos está ampliamente subestimada, ya que tanto el Gobierno como los organismos regionales de salud han tratado de ocultar, durante días, que “ya no se realizan pruebas sistemáticamente”, cuando el ínclito Ministro de Sanidad quiere ocultar que en realidad no tienen para hacerlos. También las autoridades quieren hacernos creer, cada vez con mayor dificultad, que la "saturación de los hospitales" se da en ciertos departamentos. ¡Mentira descarada! La prensa e incluso las redes sociales están repletas de testimonios demoledores de trabajadores que, a menudo incluso llorando, muestran la magnitud del desastre.
Debe quedar claro: ¡este caos es producto de la decadencia del sistema capitalista, de los recortes presupuestarios que el Estado ha tenido que hacer durante décadas para mantener a flote el capital nacional!
Ya en 2004, el Estado optó por reducir drásticamente la investigación básica sobre coronavirus ¡por razones presupuestarias![2] La clase dirigente sabía perfectamente que sus hospitales que ya se colapsan ante la simple gripe estacional, ¡no aguantarían el impacto de una gran epidemia![3]¡El estado burgués deliberadamente eligió dejar morir a los trabajadores en masa para "sanear" sus finanzas!
Con un tono insoportablemente paternalista, el general Macron elogia hoy el coraje y el heroísmo de los médicos, cuidadores, enfermeras y conductores de ambulancias, ¡silenciando oportunamente que llevaba más de un año enviando a los gendarmes a gasearlos porque esos “soldados de bata blanca" exigían más recursos y personal para tratar a los pacientes! Durante un año de huelgas y manifestaciones, la burguesía no ha dejado de menospreciar a los médicos de urgencias, ofreciéndoles como alternativa un “plan Hospital” ridículo[4], y una buena dosis de repugnantes insinuaciones sobre sus supuestos privilegios como funcionarios. Macron puede hoy alabar a los trabajadores sanitarios como "héroes", ¡pero sus salarios no aumentarán y sus condiciones de trabajo seguirán empeorando!
El sistema sanitario en Francia, como en todo el mundo, está en ruinas, rebanado con el hacha del “rigor presupuestario" al que tan aficionado es el ministro Darmanin, uno de los mejores espadachines del general Macron. ¡En unos veinte años, el número de camas de hospital ha disminuido en 100.000 unidades! El número de hospitales y clínicas ha caído de 1.416 en 2014 a 1.356 en 2018[5]. Simbolizando el desmantelamiento del sistema sanitario, el gobierno decidió en 2014 vender el hospital militar de Val de Grâce, el más eficiente y mejor equipado de los hospitales franceses.
Francia disponía en 2017 por cada 100 mil habitantes de 309 camas de Cuidados Intensivos. Alemania[6] tenía 601. Y este país tiene - por el momento - una tasa de mortalidad ligada al COVID-19 sensiblemente inferior a la de sus vecinos. En algunas regiones, como el este de Francia o Córcega, la carencia de estas camas es dramática y ya ha comenzado el “triaje”. Es decir, una auténtica "medicina de guerra" en la que los heridos más deteriorados y lisiados (especialmente los ancianos) ¡son abandonados puesto que ya no pueden ser recuperados para la rentabilidad de la economía nacional!
Y todo eso acompañado además de una falta crónica de personal, sometido a ritmos infernales de trabajo, miles de horas extras y salarios miserables[7]. Este desmantelamiento del sistema sanitario se ha traducido también en la política del llamado numerus clausus para limitar la entrada de estudiantes en las escuelas de medicina y enfermería. Durante 50 años, los médicos y las enfermeras se han seleccionado por concurso entre un número de graduados que se fijaba arbitrariamente por orden ministerial, aplicando la más estricta lógica del rigor presupuestario, como cabría esperar. Esto ha llevado a la segunda mayor economía europea a "importar", literalmente, médicos y enfermeras peor pagados de España, el Magreb y la Europa del Este.
Para amortiguar el impacto de la crisis sanitaria en el "aparato productivo francés", el Estado Mayor gubernamental adoptó algunas medidas de emergencia, la primera de las cuales fue un semi- confinamiento muy tardío. La epidemia había comenzado en Europa a principios de febrero, pero el general Macron anunció finalmente medidas de confinamiento el 16 de marzo. Hasta ese momento su prioridad había sido tomar medidas de austeridad contra la clase obrera, incluyendo la imposición de su reforma de pensiones, aun cuando la epidemia seguía avanzando.
Pero el gobierno sí era conocedor del peligro que representaba el COVID-19. Fue la ex Ministra de Sanidad, ese “ángel de la guarda”, Agnes Buzyn, quien se desahogó públicamente declarando (sin duda amargada por sus pobres resultados electorales en la carrera por la alcaldía de París) que ya advirtió con antelación al jefe del Estado sobre el desastre que se avecinaba: «Sabía que estábamos al borde de un tsunami. El 30 de enero advertí (al primer ministro) Édouard Phiplippe que las elecciones no podrían celebrarse desde luego. Tendría que haberse parado todo. Fue una mascarada»[8].
¡Pero la "mascarada" se llevó a cabo! ¡El gobierno agravó, a sabiendas, la propagación de la epidemia enviando a millones de ciudadanos a los colegios electorales para celebrar la gran misa democrática! La llamativa incapacidad de una de las principales potencias mundiales para proporcionar a la población medios eficaces de protección (mascarillas, guantes y soluciones hidro-alcohólicas) impone sin embargo la aplicación de drásticas medidas de cuarentena. medidas drásticas de contención.
La "mascarada", por lo tanto, no se reduce a la organización criminal de elecciones en plena expansión de la epidemia, coincidiendo con el discurso de Macron, del 16 de marzo, en que pidió a sus «queridos compatriotas» que no salieran a la calle más que «para ir votar y hacer recados». Ante tan paradójica orden (salid de casa, pero no salgáis) nadie podía creerse la verdadera gravedad de esta pandemia, por lo que no sorprenderá que muchos “ciudadanos”, faltaran al “civismo” y aprovecharan el buen tiempo para pasear a orillas del Sena y en jardines públicos.
Este discurso del tipo ni carne ni pescado, junto a su decisión de mantener la primera ronda de las elecciones municipales, supusieron además una metedura de pata adicional que ha aprovechado Marine Le Pen para las necesidades de su campaña electoral.
Sólo cuando los médicos lanzaron el grito de alerta Macron y su ministro del Interior, Christopher Castaner, tomaron la decisión de exigir un confinamiento general, desplegando un ejército de 100 mil policías y soldados a todo lo largo y ancho del país para hacer cumplir el confinamiento y la multiplicación de restricciones. Ante la gravedad de la pandemia, la clase dirigente no tiene más salida que utilizar la coacción para evitar la hecatombe.
En la Costa Azul, un dron equipado con un altavoz sobrevuela los municipios de Niza y Cannes, ordenando a los transeúntes que permanezcan en sus casas, repitiendo una y otra vez: «Recordatorio de las instrucciones relativas a la epidemia del Covid-19: todos los desplazamientos fuera de casa están prohibidos salvo excepciones. Por favor, respete una distancia de seguridad de al menos un metro entre persona y persona».
La policía, con su habitual capacidad de discernir, no dudó en aplicar las medidas gubernamentales apuntando a los más indigentes y sin hogar: «Varios indigentes fueron multados por la policía en Francia por no respetar el confinamiento. (…) ¡Se han registrado casos en París, Lyon y Bayona en particular"!»[9] Los policías tampoco dudaron en multar a cuatro dolientes en la puerta de un cementerio por "no respetar las reglas de confinamiento", afirmando que "¡no hay nada de primera necesidad en un funeral"! La burguesía no tiene otra opción que desplegar sus fuerzas del orden, pero sin duda aprovecha también la situación para acostumbrar a la población a la militarización de la sociedad, para cuando venga el "enemigo interior” ¡no el virus sino la clase obrera en lucha!
En todas las televisiones y todos los días entrevistan a médicos movilizados en el "frente" para que exhorten a la población a cumplir estrictamente las medidas de confinamiento y distancia social. Porque esta es (lamentablemente) la única vía para luchar contra los estragos del Convid-19 y limitar el contagio.
¡La "mascarada" también puede verse en los millones de personas apiñadas cotidianamente en los transportes públicos, en las fábricas y talleres, en los supermercados en los que la burguesía "confina" a los trabajadores por centenares! La "mascarada" criminal de la burguesía y su gobierno se demuestra en los miles de empresas aún abiertas, cuya producción es "esencial" sólo de nombre. Y cuando los obreros de la construcción rechazaron exponerse innecesariamente, el Ministro de Trabajo, Pénicaud, se atrevió a hablar de «derrotismo». El presidente de la patronal MEDEF por su parte señalaba que «En la guerra contra esta epidemia, el mundo de la economía representa las fuerzas de retaguardia».
Para obligar a los proletarios, evidentemente Inquietos, a desplazarse su lugar de explotación, el gobierno ha desplegado sus armas más efectivas: la represión y la propaganda. Para ello, el Estado cuenta, por supuesto, con que sus guardianes sindicales aseguren la disciplina. Estos últimos piden constantemente la aplicación de «los medios indispensables para la protección de la salud y la seguridad de los empleados que tienen que trabajar» y «celebran el grado de compromiso de los agentes y empleados del servicio público".[10] Traducción: ¡Vayan a trabajar! ¡Nos ocupamos de su protección a través del "diálogo social" con la dirección y el jefe! Y, cuando, los trabajadores expresan sus reticencias demasiado abiertamente, los sindicatos se apresuran a hacer uso del "derecho a abandonar el trabajo en caso de peligrosidad”, eso sí cada uno en "su" empresa.
El «estado de emergencia sanitaria» no ha impedido al gobierno instar a los trabajadores a que se salten el confinamiento cuando no es posible el teletrabajo, En lo sucesivo, si los trabajadores se niegan a ir a trabajar, prefiriendo preservar su salud y la de sus seres queridos, se les enviará la policía a forzar a los trabajadores recalcitrantes ¡y lloverán sanciones para castigar todo aquello que el Estado considere que obstaculiza el buen funcionamiento de la economía nacional! Los empleadores podrán obligar a tomar vacaciones automáticamente como medio para "compensar" el absentismo. ¡Incluso los funcionarios de ciertos servicios de impuestos están obligados a permanecer trabajando! El confinamiento selectivo forma parte de la lógica del capital: no se debe permitir que esta pandemia mortal obstaculice la "continuidad" de la economía nacional.
«Mi prioridad es salvar el aparato productivo francés» dijo, sin rodeos, el ministro húsar de Economía, Bruno Le Maire. Y como señaló tan ricamente el periodista de Atlántico, Jean-Sébastien Ferjou, en la cadena de noticias LCI: «la verdadera cuestión, [...] es: ¿preferimos sacrificar a nuestra vieja y debilitada gente o preferimos sacrificar dos puntos del PIB?». El gobierno ya ha tomado su decisión: ¡sacrificaremos a los ancianos!
Pero para la atosigante campaña propagandística, la burguesía francesa, al igual que sus vecinos no ha escatimado en medios, llamando a la "movilización general" y a la "unidad nacional", desatando una nauseabunda campaña nacionalista.
La burguesía ya está preparando las mentes para la " ruina" económica resultante de esta “guerra sanitaria”, y ¡será la clase obrera quien tenga que pagar la factura! Ya empiezan a preparar el clima propicio a los “sacrificios" característico del período de "reconstrucción". ¡Los trabajadores con empleos precarios empiezan ya a perder las horas de trabajo que les permitían sobrevivir! ¡Los que entren en paro técnico verán recortados sus salarios, contrariamente a las promesas del gobierno! La maquinaria propagandística está ya a pleno rendimiento para convencer a la gente de que, debido a la epidemia, todos tendrán que apretarse el cinturón en el futuro. De igual modo que quisieron meternos en la cabeza que la raíz de la crisis de 2008 estaba en unos cuantos "banqueros corruptos" y “el descontrol financiero”, ahora tratan de lavarnos el cerebro con que es el COVID-19 lo que ocasiona la nueva crisis. Pero la realidad dice todo lo contrario: no es sólo que esta epidemia no es más que un mero catalizador, un acelerador de la crisis del sistema capitalista; ¡sino que es, en sí misma, un producto puro de esta crisis!
En la prensa y en las redes sociales, en la televisión y en YouTube, quienes salen a correr en solitario, son presentados como irresponsables, causantes de la propagación de la epidemia. ¿No se les ha ocurrido a los periodistas y a sus emuladores “youtubers”, que estos imprudentes corredores paseantes pueden haber encontrado ridícula la prohibición de pasear al aire libre tras haberse visto hacinados en los RER, en sus vestíbulos y talleres; y el día anterior, ¿en los colegios electorales? ¡El Estado desencadena una campaña de culpabilización de individuos para ocultar mejor su propia negligencia y su incapacidad para frenar la pandemia!
Pero donde la campaña ideológica de la burguesía es más perniciosa es en sus llamamientos a ovacionar a los trabajadores de la sanidad. Los canales de televisión reproducen en bucle las imágenes de la Torre Eiffel iluminada para ellos, y las escenas de los barrios aplaudiendo desde las ventanas, día tras día, a las 8 p.m., y a veces incluso con el sonido de fondo de La Marsellesa. A la burguesía no le falta cinismo e indecencia para pedir a la población que redoble sus aplausos tras la muerte del primer médico. ¡Los "soldados caídos por Francia" caen en el campo de honor homenajeados por el pueblo! Se trata de una completa perversión de la solidaridad proletaria haciéndose, en cambio, eco del discurso marcial del general Macron alabando el "heroísmo" de los médicos. Aunque estos aplausos pongan algo de bálsamo en sus corazones, lo que necesitan los sanitarios no son medallas por su buen y leal servicio a la "Nación". ¡Necesitan personal y equipo extra, necesitan mascarillas y protección ¡Necesitan que sus explotadores les “reconozcan” sus esfuerzos aumentando sus salarios[11] y plantillas más amplias para no caer extenuados por ritmos de trabajo infernales!
Frente a la negligencia de la burguesía y el colapso del sistema sanitarios que dificulta cada vez más el cuidado de los enfermos, la indignación va creciendo en las filas de los trabajadores. El desprecio de la clase dirigente por la vida humana hiere a los explotados. Son muchos los que no soportan esa indicación del gobierno para cazar a quienes tratan de esquivar el trabajo, ni de exponerse cuando no hay justificación para su presencia esencial en el trabajo. Los repartidores de Deliveroo y Uber-eats, los trabajadores de la fábrica SNF de Andrézieux, los de La Redoute y Saverglass en la región de Oise, se declararon en huelga para protestar contra sus peligrosas condiciones de trabajo. En Amazon y La Poste (Correos), los trabajadores también se declararon en huelga. En varios lugares muchos trabajadores se apresuraron a expresar su solidaridad en sus ventanas exigiendo recursos para los trabajadores de la salud, no con una ovación de pie a los "héroes de la Nación", sino al grito de «¡Dinero, Dinero para el Hospital público!».
Pero en lo inmediato, lo que va a predominar es el miedo y la consternación ante esta catástrofe sanitaria que la clase dominante se muestra incapaz de controlar. La imposibilidad de reunirse masivamente no permite, hoy en día, a la clase obrera reanudar el camino de la lucha en su propio terreno de clase.
Todas estas expresiones de cólera obrera muestran, sin embargo, que la combatividad sigue muy viva, que los proletarios no se resignan a aceptar como una fatalidad la negligencia de quienes los explotan. «No somos carne de cañón», se oye entre el personal sanitario.
En cuanto esta crisis sanitaria remonte, el Estado "protector" revelará una vez más su verdadera cara. Los ataques a todas las condiciones de vida de los proletarios (agravados por el hundimiento de la economía en el abismo de la recesión) sólo pueden conducir, a la larga, no a la unión sagrada de los explotados con sus explotadores, sino a nuevos estallidos de indignación y luchas.
Esta catástrofe sanitaria mundial sólo puede contribuir a la reflexión de la clase obrera y a la toma de conciencia de que el capitalismo es un sistema completamente podrido, una verdadera plaga que amenaza la supervivencia de la especie humana.
EG, 22 de marzo de 2020
[1] El general Macron puede contar, al menos, con una fuerza expedicionaria, la Cruz Roja China, que acaba de "donar" al Viejo Continente varios millones de mascarillas y equipos para ventilar e intubar a los enfermos. Por supuesto que las "donaciones" de Pekín además de anecdóticas, no son ni altruistas ni desinteresadas. Cuando los Estados son incapaces de coordinar mínimamente sus acciones, la “generosidad" de China es más bien una expresión del generalizado "sálvese quien pueda" que caracteriza al capitalismo en descomposición, del que la pandemia de COVID-19 es una ilustración espectacular. Volveremos a estas cuestiones en un futuro artículo.
[2] Véase la entrevista con el profesor Bruno Canard, director de investigación del CNRS y especialista en coronavirus, publicada en Le Monde: "Frente al coronavirus, se ha perdido mucho tiempo para encontrar remedios”. https://www.lemonde.fr/sciences/article/2020/02/29/bruno-canard-face-aux-coronavirus-enormement-de-temps-a-ete-perdu-pour-trouver-des-medicaments_6031368_16506 [147] (29 de febrero de 2020)
[3] Además, COVID-19 no es ni de lejos la enfermedad más virulenta que haya afectado a la humanidad. Puede anticiparse fácilmente cual sería el impacto de una pandemia de SERM-CoV, con una tasa de mortalidad del 30% [148]
[4] Como puede verse comparando esta "importantísima inversión de 300 millones de euros” (según la ex Ministra de Sanidad Agnès Buzyn), con el plan de ayuda de 750 mil millones de euros que el BCE acaba de liberar para "salvar la economía"
[5] Véase Panorama de la Dirección de Investigación, Estudios y Evaluación de Estadísticas [149] (en francés DRESS), así como un Informe de la DRESS publicado ese mismo año [149]
[6] Véase "Camas de Cuidados Intensivos en los hospitales" [150] Nadie pondrá en duda que ese deterioro ha continuado en estos dos últimos años
[7] El Estado, además, ha agravado la miseria al sustituir los puestos de enfermería por auxiliares de enfermería pagados con migajas
[8] Ver “Les regrets d’Agnès Buzyn” [151] ( Los lamentos de Agnès Buzyn). Le Monde 17 de marzo de 2020)
[9] "Coronavirus: personas sin hogar multadas por no cumplir con el confinamiento", AFP (20 de marzo de 2020)
[10] "Comunicado inter-sindical del 19 de marzo de 2020" [152] firmado, mano a mano, por las organizaciones de empleadores y empleados
[11] La promesa de una bonificación de 1.000 euros para los sanitarios no supone ni siquiera una mensualidad suplementaria del salario mínimo. Estas migajas son un verdadero insulto
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La pandemia de coronavirus está causando miles de muertes en todo el mundo. ¿Por qué? Porque la investigación sobre este tipo de virus, conocido desde hace mucho tiempo, ha sido abandonada porque se consideraba ¡no rentable![1] Porque cuando la epidemia comenzó, era más importante para la burguesía china hacer todo lo posible por ocultar la gravedad de la situación con el fin de proteger su economía y su reputación, no dudando en propalar mentiras y patrañas, en presionar a los médicos que daban la alarma. Porque en todos los países, las medidas de contención se adoptaron demasiado tarde en cada etapa, siendo la principal preocupación de los Estados "no bloquear la economía", ¡"no hacer sufrir a las empresas"! ¡Porque por todas partes faltan mascarillas, gel hidroalcohólico, medios para detectar la enfermedad, camas, respiradores y plazas para cuidados intensivos! ¿Habrá que recordar que en Francia los médicos de urgencias y los internos están en huelga desde hace más de un año para denunciar la catastrófica falta de recursos humanos y materiales en los hospitales?[2] Los dirigentes se atreven hoy a hablar de la protección de los más desamparados contra el virus, las personas mayores, a pesar de que los empleados de las residencias de ancianos medicalizadas (EHPAD), también están en huelga desde hace más de un año, indignados por lo que consideran malos tratos a los "residentes" debido a la falta de personal y, por tanto, de tiempo para ocuparse de ellos. En Francia, a pesar de ser la segunda potencia económica europea, es imposible hacerse con mascarillas. Incluso en los servicios de neumología, en primera línea de la pandemia, los médicos tienen que conformarse ¡con tres mascarillas al día! En Italia prevalece la misma situación vergonzosa e indigna. Muchos empleados se ven obligados a ir a trabajar, a menudo amontonados por miles en los transportes públicos, porque oficialmente son "indispensables para la continuidad económica del país"... ¡como las fábricas del sector automovilístico! Se encuentran apiñados en las líneas de producción, sin ninguna precaución, sin mascarillas, sin jabón. En los últimos días han estallado huelgas en Italia. He aquí un breve extracto de un testimonio de Bolonia: "Los obreros no son carne de matadero". "Las huelgas en las cadenas de las fábricas se están multiplicando. Obligados a trabajar sin ninguna protección para su salud, los trabajadores se rebelan: "Me veo obligado a trabajar en un entorno laboral que pone en peligro mi salud, la de mis familiares, la de mis compañeros de trabajo, la de las personas que conozco". (...) “En almacenes y fábricas de nada sirven todos esos sabios preceptos que escuchamos todos los días. En muchos de esos lugares hay una ausencia casi total de las condiciones mínimas necesarias para evitar la proliferación del virus:
- nunca se ha puesto en entredicho la presencia de trabajadores en cantidades significativas en espacios pequeños y repletos de mercancías;
- (...) ¡Incluso falta jabón en los baños!
- ¿guantes y mascarillas? Eso no son sino pretensiones innecesarias de los que no quieren trabajar, así dicen los dirigentes. (…)
- ¿Intervenciones públicas para verificar el respeto de estas pequeñas atenciones? Lo hará la fuerza pública en caso de huelga".
El grito de guerra de estas huelgas es "¡Vuestras ganancias valen más que nuestra salud!" Esta es, en efecto, la realidad bajo el capitalismo, ese sistema decadente de explotación. Pero estas luchas también muestran que hay esperanza. La clase obrera es portadora de solidaridad, dignidad y unidad. Es portadora de un mundo donde la búsqueda de beneficios ya no sea la regla, en el que “la internacional será el género humano”.
Ante esta pandemia, no sólo debemos desarrollar la solidaridad y cuidar a los más desfavorecidos, sino también desarrollar nuestra reflexión sobre lo que es el capitalismo, por qué se está pudriendo de raíz, discutiendo sobre ello cuando sea posible, a fin de alimentar la conciencia colectiva de la necesidad de derrocarlo.
[1] Además, existe un informe que conocían todos los estados datado de septiembre 2019 que alertaba de una pandemia señalando entre otros elementos que “El espectro de una urgencia sanitaria global se vislumbra en el horizonte (...). Los países, los donantes y las instituciones multilaterales deben prepararse para lo peor”. Son dos frases del premonitorio Un mundo en peligro. Informe anual sobre preparación de emergencias sanitarias , presentado... en el mes de septiembre del 2019. Fuente: https://www.lavanguardia.com/internacional/20200322/4816599990/cada-estado-no-puede-combatir-por-su-cuenta.html?utm_source=newsletters&utm_medium=email&utm_campaign=internacional&utm_term=20200322&utm_content=listado-de-noticias-de-la-seccion-de-internacional [154]
[2] Macron echó la semana pasada un discurso detestable y zalamero sobre "lo excelente que es el sistema de salud en Francia", supuestamente gratuito y accesible a todos, y elogió la abnegación de los sanitarios. La respuesta fue inmediata: en todas las redes había numerosas fotos de enfermeras, enfermeros y médicos blandiendo un cartel dirigido al presidente: "¡Puede usted contar con nosotros! ¡Lo contrario aún no se ha demostrado!".
Como se dice antes, los sanitarios llevan en huelga exactamente un año. Desde hace más de diez la degradación del sistema hospitalario francés ha llegado a extremos insoportables en hospitales públicos, en los psiquiátricos, las urgencias. Con el sistema “pagar por acto” han amontonado las deudas, los despidos, la precariedad, la ausencia de material de todo tipo.
“En marzo, la principal demanda del personal sanitario fue la creación de puestos y la apertura de camas. En ese momento, la ministra de sanidad les ofreció primas. En septiembre de 2019, cuando el personal sanitario se manifestó de nuevo para pedir más puestos y camas, lo mismo que en marzo. La ministra les ofreció plataformas telefónicas. En noviembre de 2019, cuando el personal de salud volvió a reclamar puestos y camas, y parecía bastante claro, como dicen, fue vergonzoso que el ministro les propusiera asumir la deuda del hospital, ¡pero sin puestos y sin camas! Porque aunque el personal trató de volver a manifestarse el mes pasado, el 14 de febrero, mientras tanto la ministra se fue y su sustituto llegó al mismo tiempo que la crisis del coronavirus, tanto que el personal de enfermería ni siquiera tiene tiempo de manifestarse para nada... pero todos podemos ver con nuestros propios ojos por qué no hemos tenido oídos, todos podemos ver por qué no hemos escuchado las llamadas de auxilio del Hospital Universitario de Montpellier, de las llamadas de auxilio del Grand-Este, que dicen que les faltan brazos ante la crisis y sólo podemos decir que así es” (18/03/2020, una humorista de France-Inter, radio pública) En los últimos tiempos el sector sanitario es uno de los más combativos de Francia. Lo que no puede decir esta humorista es que el 5 de noviembre, antes de que se iniciara el movimiento contra la “reforma” de las pensiones, los sindicatos de ese sector se las arreglaron para anticipar el movimiento y no “mezclarse” con los demás. Los sindicatos de los sanitarios, médicos, enfermeras, técnicos, celadores…lo hicieron todo por aislar un movimiento de una gran tenacidad combativa. Sin duda los hospitalarios, que ahora saben que tienen que hacerlo todo por combatir la pandemia, no olvidarán el deleznable cinismo de la clase dominante. Y no serán esos discursos aduladores del presidente y ministros, ahora diarios como un mantra obligatorio antes de enunciar situaciones y medidas a tomar, lo que haga hacer olvidar tanto desprecio, tanta mentira y tanta explotación.
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En el contexto de la aparición de NC y la revisión de la trayectoria de Gaizka y el significado que se revindiquen falsamente como la izquierda comunista; particularmente, señalando el legado de Munis como el creador de una izquierda comunista española. Nuestra posición se resume en tres puntos:
Primero. Tanto NC como G son parte del fenómeno del parasitismo. G, particularmente, se ha comportado como un aventurero, cambiando de ropajes según sus necesidades personales. Por ello, es necesario entender que el parasitismo no es un fenómeno nuevo, sino que ha estado acompañando el desarrollo del movimiento obrero. El objetivo último del parasitismo es la destrucción de las organizaciones revolucionarias y generar confusión dentro del medio proletario, es decir, que responde o sirve a los intereses de la burguesía, intentando desarticular la posibilidad de la revolución. En ese mismo sentido, es necesario entender ¿cuál es el objetivo particular de NC?
Segundo. Ante los peligros que representan NC Y G, es necesario denunciarlos públicamente como parásitos, con el fin de defender a las organizaciones obreras. El principal peligro es que estos parásitos siembran la desconfianza en las organizaciones obreras, pues falsifican la historia y tergiversan las posiciones de la izquierda comunista. En este sentido, el mayor efecto negativo hacia los elementos en búsqueda, que pueden ser cooptados por los parásitos. Por ello, es necesario diferenciar entre los parásitos y los seguidores, que son víctima de estas confusiones. ” Por lo que se refiere a los elementos más o menos proletarios que se dejan más o menos engañar por el parasitismo, la política del marxismo ha sido siempre muy diferente. Esta ha consistido en meter una cuña entre esos elementos y la dirección parásita orientada o animada por la burguesía, demostrando que son víctimas de ella. La meta de esta política es la de aislar la dirección parásita alejando a sus víctimas de su zona de influencia. Hacia esas «víctimas», el marxismo siempre ha denunciado su actitud y sus actividades a la vez que lucha para reavivar su confianza en la organización y en el medio proletario. El trabajo de Lafargue y de Engels hacia la sección española de la Primera internacional es una perfecta plasmación de esa política”[1]. Por lo tanto, las denuncias contra NC y G significan la defensa misma del medio proletario y de la posibilidad futura de la adhesión de nuevos miembros para la izquierda comunista.
Tercero. Una cuestión de fondo es la lucha entre la moral burguesa y la moral proletaria. Los parásitos están permeados por la moral de la burguesía y de la pequeña burguesía, actuando en favor de sus fines personales, haciendo del oportunismo y la mentira su bandera personal. En este sentido, es necesario rescatar los principios morales del proletariado y de sus organizaciones: la búsqueda de la organización antes que el comportamiento de secta, los intereses de clase están por encima de los personales y los medios deben ser acordes a los fines, etc.
En el marco de esta toma de posición, manifestamos la necesidad de continuar discutiendo los siguientes temas para clarificar:
1) Cómo NC y la acción de Gaizka, sirven a los propósitos de la burguesía.
2) Discutir con mayor profundidad el carácter de los aventureros, como personas dentro de la historia y el posible determinismo de las relaciones sociales de producción sobre estos. Es decir, debatir sobre el papel del individuo en la historia y preguntarse hasta qué punto existen las responsabilidades individuales y en qué medida el ambiente del capitalismo determina la forma de actuar de los parásitos.
Simpatizantes en México de la CCI
Marzo de 2020
[1] Tesis sobre el Parasitismo, https://es.internationalism.org/revista-internacional/199807/1196/construccion-de-la-organizacion-revolucionaria-tesis-sobre-el-para [133]
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"Cada uno de nosotros debe participar en este esfuerzo masivo para preservar la seguridad mundial", dijo el director de la OMS en un comunicado de prensa el 16 de marzo. El 27 de marzo, el presidente francés Macron declaró: "No superaremos esta crisis sin una fuerte solidaridad europea, tanto a nivel sanitario como presupuestario". Por su parte la Canciller alemana, Merkel, exigía ante la crisis sanitaria: "más Europa, una Europa más fuerte y una Europa que funcione bien". Los políticos instan a la población que demuestre solidaridad, civismo y unidad para luchar contra el "enemigo invisible". Y, en un momento de acuciantes necesidades de mascarillas, y equipos médicos dada la escandalosa escasez de ellos, los políticos y los medios de comunicación, han denunciado robos en hospitales, farmacias e incluso en vehículos de trabajadores sanitarios. La burguesía señala con el dedo y saca continuamente a relucir el comportamiento egoísta de estos canallas "infames y viles", en un momento en que el mundo entero está "en guerra", y, supuestamente unido, contra la pandemia del Covid-19.
Pero lo cierto es que mientras la burguesía muestra indignación y desprecio por esos comportamientos, ella misma aplica fríamente esos mismos métodos de bandidos en el planeta entero: robar y “requisar" los pedidos de otros países, pujar más que sus rivales en el zoco en que se ha convertido el mercado de productos sanitarios, arrebatarles los envíos a sus competidores en los transportes mismos. ¡Así es como la burguesía expresa su "solidaridad" para "preservar la seguridad mundial"!
Así, al principio de la epidemia en Europa, China inauguró una diplomacia interesada de envío de algunas mascarillas y respiradores a Italia, pero estos fueron inmediatamente retenidos por la República Checa. ¡Y, ésta, con asombrosa hipocresía, negó que se tratase de un robo, sino de un desafortunado "malentendido"!
A principios de marzo, fue Francia la que "requisó" en su territorio máscaras suecas en las barbas mismas de España e Italia, países muy afectados por la epidemia a los que iba inicialmente el envío. Sólo tras la presión del gobierno sueco, el gobierno francés aceptó, a regañadientes, quedarse sólo con la mitad del “botín”. Un mes más tarde, a medida que el escándalo se agrandaba (se trataba, por supuesto, de un "malentendido"), Macron apeló a, más "coherencia" y devolvió, muy a su pesar, todas las mascarillas a los destinatarios.
También se acusa a los Estados Unidos de adueñarse de equipos médicos encargados por Alemania, Canadá y Francia. Trump, a diferencia de sus homólogos extranjeros que aparentan ser más civilizados, muestra sin disimulo en toda su brutalidad sus intenciones: “¡necesitamos estas máscaras, no queremos que las tengan otras personas!".
En África, un epidemiólogo advirtió recientemente de una situación muy preocupante para el continente: los hospitales no pueden obtener los test, puesto que se da prioridad a las naciones más poderosas, a los “grandes padrinos”: los Estados Unidos o Europa. Esas "grandes democracias" están acaparando test, una mercancía desgraciadamente escasa, para sí mismos. Eso explica por qué las cifras de contagios por Covid-19 en África sean tan extrañamente bajas. ¡Y la lista de cínicos actos de piratería perpetrados por los estados burgueses podría alargarse aún más![1].
Incluso dentro de cada nación, la burguesía contiene difícilmente la guerra de todos contra todos. Y si los Estados luchan a pie de avión para apoderarse de suministros médicos, los estados federales, las regiones e incluso las ciudades también se están enzarzando entre ellas para proteger a "sus" habitantes.
Así en España, donde el regionalismo tiene gran peso, se desató una polémica cuando el gobierno decidió requisar y centralizar las existencias de mascarillas. Pero la incompetencia de las autoridades españolas llevó a cada gobierno regional a buscar sus propios suministros en competencia con los demás. El Estado central fue acusado de alimentar las tensiones e incluso de "invasión" por parte de Torra, el presidente de la Generalitat. ¡Todo se aprovecha para reafirmar mezquinos intereses "regionales" proclamando que cada uno en “su” casa hace lo que le da la gana! También en México, el gobernador de Jalisco está presionando al gobierno federal para que deje de retener los test en provecho de la región de Ciudad de México.
Y es esa misma burguesía la que tanto se adorna con finos discursos moralizantes, la que llama a la solidaridad internacional, la que exhorta a sus "tropas" a cerrar filas en torno al Estado protector. ¡Pero cuantas mentiras! ¡La "solidaridad" a la que apela la burguesía no es más que una expresión del “cada uno a la suya”, una exacerbación del caos y la barbarie capitalista a escala planetaria!
Ante esta crisis, dejar que el Estado nacional arrebate las mascarillas a los “extranjeros” solo puede agravar el mal. El capitalismo, cínico y mortífero, no tiene otra perspectiva que ofrecer a la humanidad que lo que este lamentable espectáculo de saqueo y pillaje ilustra hoy: ¡miseria y destrucción! La única fuerza social portadora de un proyecto histórico capaz de poner fin a la guerra de todos contra todos es la clase obrera, la que no tiene patria que defender, ¡la que tiene como interés las necesidades de toda la humanidad y no los de la "nación" (o su versión "regionalista")! Es la clase obrera, a través por ejemplo de los trabajadores sanitarios, quién está salvando vidas poniendo en riesgo la propia. Aunque la situación de pandemia y confinamiento impidan actualmente cualquier movilización masiva y limite las expresiones de solidaridad en la lucha, es la clase obrera la que intenta, en muchos sectores y en distintos países, resistirse a la negligencia de la burguesía y la anarquía del capitalismo. ¡Nuestra clase lleva en sí una sociedad nueva, sin fronteras y sin competencia entre unos y otros, donde los trabajadores de los hospitales ya no se verán obligados a hacer una abominable distinción entre los enfermos "productivos" e "improductivos" (los jubilados, los discapacitados, etc.), donde el valor de una vida ya no se medirá en las partidas presupuestarias!
Olive, 7 de abril de 2020.
Traducido de Révolution Internationale, órgano de la CCI en Francia.
[1] Pero a diferencia de los filibusteros de antaño, que robaban oro y bienes preciosos, estos matones también se pelean por la típica mercancía del capitalismo: los productos de gama baja: batas que se hacen añicos nada más salir de la caja, mascarillas enmohecidas, respiradores con conexiones inadaptables, etc.
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Ya han pasado más de 20 días de cuarentena y encierro, la máxima medida aplicada por gran parte de los Estados del mundo para aislar el virus del Covid-19 también conocido como Coronavirus. En Perú el Estado de emergencia viene acompañado con toque de queda impuesto por el Estado democrático, situación que viene reforzando la atomización social. Esta pandemia mundial, ya viene cobrando decenas de miles de víctimas mortales según cifras oficiales. La rápida y brutal propagación del virus ha puesto en jaque a todos los Estados y economías del mundo, las burguesías a nivel mundial de los distintos países siguen sin coordinar sus esfuerzos para contener la epidemia ante esta amenaza que presiona y agudiza cada vez más la crisis económica capitalista.
El FMI ya señala que la economía internacional se encuentra en una recesión igual o peor que la del 2008-2009. El covid 19 ha generado unas consecuencias económicas terribles a nivel internacional, donde la clase obrera se llevará una vez más la peor parte en esta situación. Por ejemplo, en Perú, la crisis del Coronavirus ha mostrado una amplia población vulnerable, más allá de los niños y ancianos: los trabajadores. Grandes sectores de trabajadores del país son vulnerables económicamente por el paro forzado, planteado por la pandemia.
En Lima y otras ciudades del país, el nivel de desempleo se ha triplicado en los primeros 15 días de la cuarentena[1]. El 30% de la población se ha quedado directamente en la ruina, sin trabajo y sin ahorros, puesto que 70% de la población vive en la economía informal, ganando al día para sostener a sus familias. Millones de trabajadores en el Perú viven con menos de 5 dólares diarios. Existe, además, una preocupación creciente en el sector privado por 3,7 millones de empleos formales, que se verán también afectados por esta crisis.
Las cadenas de pago se han roto por completo, muchas familias al no recibir sus salarios se ven en problemas para pagar alquileres, comprar víveres, medicinas y otros. Toda esta situación se ha empezado a multiplicar a todo nivel afectando directamente a los trabajadores y alimentando el pánico al conjunto de la población. Esta situación puso en alerta al gobierno y lo obligó a actuar.
Ante esta situación, el gobierno de Vizcarra, ha desarrollado un plan económico para intentar aplacar las consecuencias del confinamiento social, que ha consistido en una primera etapa en liberar la CTS[2], la segunda medida fue el bono de 380 soles (115 dólares) que se entregó en la primera quincena de la cuarentena y un segundo bono después de la quincena. La tercera medida en la misma línea fue liberar hasta un 25% de los fondos del Sistema Privado de Pensiones (AFPs). Pero estas medidas no son, ni serán suficientes para enfrentar la crisis económica que ha desatado ya la pandemia en el país, solo por mencionar que el 70% de la población de trabajadores informales independientes no gozan de CTS, ni AFPs, ni de ningún otro fondo de contingencia.
Por otro lado, la Cepal[3] ya señala que la crisis podría dejar 22 millones de personas más en la pobreza extrema en América Latina, ya mencionan que estamos ante el principio de una profunda recesión. “Estamos ante la caída del crecimiento más fuerte que ha tenido la región” señaló Alicia Barcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.
Muchas empresas locales se vienen aprovechando ya de toda esta situación, adelantando vacaciones no pagadas, remuneraciones “pendientes” de pago, despidiendo trabajadores, recortando costos de planillas, entre otras “maniobras” ejecutadas para no ver afectados sus beneficios en medio de la tragedia. Según Ricardo Herrera, abogado laboralista, explica que las empresas pueden optar por estas alternativas porque la Ley de Productividad y Competitividad Laboral lo permite. Esta, da lugar a que los trabajadores suspendan sus actividades por hasta 90 días sin recibir una remuneración[4]. Siempre la Ley del valor y las ganancias condenan a la explotación y la miseria a la clase obrera.
El arribo del coronavirus[5] ha dejado al desnudo la criminal falta de prevención y los recortes de presupuestos a la salud por parte del Estado burgués: Hospitales colapsados médicos y enfermeras, sin utensilios, sin equipos, sin “seguridad sanitaria” y un largo etc. El aumento semana a semana de contagiados han dejado en claro que todos los años de bonanza económica que gozó la burguesía Peruana, producto de los altos precios de las materias primas, privatizaciones, concesiones mineras, recaudación tributaria y otras operaciones, solo sirvieron para llenarse los bolsillos y que ahora los trabajadores pagarán los platos rotos por los intereses del Estado burgués y del Empresariado, los mismos que tienen el cinismo de llamar a la responsabilidad individual de los ciudadanos para evitar que se termine de caer, el ya colapsado sistema de salud pública, imponiéndonos el confinamiento por decreto.
El virus ha provocado una verdadera crisis sanitaria a nivel nacional y planetaria. En Perú, ESSALUD[6] y MINSA[7] vienen ocultando las terribles condiciones en que tienen que trabajar cientos de médicos y enfermeras. Toda esta situación de precariedad en la seguridad social fue denunciada por un grupo de trabajadores del Sindicato Nacional Médico del Seguro Social del Perú (Sinamssop), los mismos que fueron posteriormente arrestados en su local sindical por la policía nacional por órdenes de la presidenta de ESSALUD, Fiorella Molinelli.
Hospitales colapsados con cientos de enfermos, con cero material médico, cero equipos de protección médica, sin existencia de protocolos, ni infraestructura hospitalaria es lo que muestra el sistema social de salud hoy, en Francia, España, Italia, Brasil, Ecuador, México, el Perú y todo el planeta. Durante décadas a la burguesía le importo un rábano la salud pública, no hubo jamás una inversión sostenida técnicamente año tras año, por el contrario, solo hubo recortes en los presupuestos de salud. Por ejemplo, en España que ya presenta una de las peores infraestructuras sanitarias de Europa puede dar la idea de la precariedad de medios. Con 33 millones de habitantes (casi un 75% que la de España), Perú cuenta con unas 350 camas de Unidades de Cuidados Intensivos.
Hoy al reventar esta emergencia mundial de salud, vemos como las autoridades corren para comprar equipos y demás utensilios en plena crisis. Porque la orden de la Burguesía es detener la pandemia sin sacrificar la explotación y los beneficios. Lo primero que hay que denunciar es que estamos ante la crónica de un colapso anunciado del sistema de salud pública. Y no es por la “Irresponsabilidad” de los ciudadanos, sino por décadas de recortes de los gastos sanitarios, de las plantillas de trabajadores de la salud y de los presupuestos de mantenimiento hospitalario y de la investigación médica...[8]
Las noticias se esmeran en mostrar reportajes e imágenes sobre la cuarentena, calles vacías o personas que desacatan el toque de queda, la policía y el ejército en las calles haciendo sus labores de control del orden y represión obrera. Sin embargo, no hay ningún reportaje, imágenes o noticias que muestren los centros médicos u hospitales públicos que están atendiendo directamente los casos del coronavirus ¿por qué? Porque no quieren mostrar el colapso de su sistema de salud y sus instalaciones. Cada día más salen por las redes sociales médicos y enfermeras denunciando situaciones de las malas condiciones de trabajo en las que tienen que laborar diariamente.
El colapso no solo está en la atención médica. Por ejemplo, en Sao Paolo, Brasil se prepara el cementerio más grande del mundo, ya que el número de muertes va en ascenso, habiendo colapsado morgues y otros cementerios de la ciudad. En Guayaquil, Ecuador donde la miseria ha avanzado brutalmente en los últimos 10 años con olas de violencia, pandillas, comercio de drogas, hacinamiento, falta de infraestructura pública y servicios básicos son algunos problemas que ya se han visto con mayor claridad en esta pandemia. Muertos quemados en las calles por el colapso de la morgue y cementerios. Muchas familias tienen sus muertos afueras de sus casas, algunas autoridades empiezan a llenar contenedores con los cadáveres, situación que se asemeja a un escenario de guerra con cadáveres por todos lados.
El Estado burgués con Vizcarra al frente ha aprobado una ley que le permite disparar en “defensa propia” a las fuerzas del orden, ante posibles manifestaciones y reacciones de la clase obrera que se puedan generar. La Ley N.º 31012, ley de Protección Policial, ley que señala que la Policía Nacional del Perú, en el cumplimiento de su deber, puede hacer uso de sus armas u otro medio de defensa.... esta ley es una nueva arma contra el proletariado, ante el miedo de la burguesía y el gobierno a las manifestaciones de los trabajadores que ya empiezan a suscitarse por diferentes partes del país, debido a la insostenible situación de miseria que los empuja cada vez más la crisis económica agudizada por el covid19. La burguesía muestra sus garras una vez más con esta ley, que incluso para algunos especialistas jurídicos es inconstitucional.
Pero el ataque ideológico de la burguesía también está presente con un mensaje que hoy en día, los gobiernos están dando "todo lo necesario" para salvar - no a "los bancos" en primer lugar, como durante la "crisis financiera" del 2008, sino primero a la población. En Perú lo escuchamos con frases como “El Perú primero”, “todos contra el coronavirus” “Juntos podemos” frases que se repiten a diario en medio de la crisis. Debemos denunciar aquí el nacionalismo y esa falsa comunidad de intereses entre explotadores y explotados, que es utilizada como veneno ideológico para pedir sacrificios y diluir al proletariado en revueltas interclasistas. Ya lo hemos visto en las revueltas populares en Chile y Ecuador, donde el proletariado fue encuadrado en las banderas del indigenismo, la democracia, el izquierdismo, el Género, la asamblea constituyente y otras trampas ideológicas de la burguesía[9].
Esta pandemia mundial que se viene a sumar a los escalofriantes casos de desnutrición, tuberculosis o dengue con incontables números de muertes al año, sumando la infinidad de casos de contaminación y muerte por la actividad minera, son una manifestación más que el capitalismo mundial ha entrado en una etapa terminal, la de la descomposición social[10] que amenaza visiblemente la supervivencia de la humanidad.
En medio de esta situación nos queda afirmar que, pase lo que pase con el virus Covid-19, esta nueva enfermedad advierte de que el capitalismo se ha convertido en un peligro para la humanidad, y para la vida en este planeta. Las enormes capacidades de las fuerzas productivas, incluida la ciencia médica, para protegernos de las enfermedades chocan con esa criminal búsqueda de beneficios, con el hacinamiento de una gran proporción de la población humana en ciudades invivibles[11] (solo en Lima existen casi 9 millones de habitantes) y los riesgos de nuevas epidemias que esto supone.
Médicos y enfermeras de varios hospitales de Lima y algunas provincias se manifestaron y protestaron contra la falta de seguridad médica, la falta de materiales y la política sanitaria del gobierno. Muchos médicos y enfermeras han realizado plantones, usando pancartas y altavoces denunciando y protestando contra las malas condiciones laborales que tienen que enfrentar todos los días, poniendo en riesgo su salud y las de sus familias.
En Perú, el gobierno sabía desde enero lo que se venía y sin embargo, se zurró en las advertencias y subestimó la pandemia. Y cuando el daño estaba hecho, ESSALUD y el MINSA, lanzaron a los obreros de la salud, médicos, enfermeras, técnicos, incluso estudiantes de medicina, a enfrentar los casos, sin ninguna protección, como soldados en guerra obligados, situación que trajo contagios y muertes como ya sucedió en Lima y provincias.
Sin embargo, los trabajadores no se han quedado callados. Por ejemplo, el pasado 7 de abril en el Hospital de Ate-Vitarte, pomposamente presentado por Vizcarra como “modelo de lucha contra el covid-19”, médicos y enfermeras se negaron a trabajar y se plantaron en la puerta a protestar contra el gobierno por la falta de mascarillas, guantes, respiradores y protocolos de seguridad[12]. Muchos de ellos fueron amenazados con ser despedidos, otros fueron detenidos.
Muchos médicos y enfermeras también han tomado acciones por las redes sociales, haciendo videos con sus celulares, de las instalaciones de los hospitales denunciando la precariedad en la que trabajan. Esto se viene multiplicando a nivel nacional; sin embargo, los medios masivos de televisión ocultan todas estas noticias por órdenes de la burguesía y del gobierno, para que no salga a la luz la terrible miseria en la que se hunden los hospitales.
En otras partes del mundo también vienen surgiendo manifestaciones de trabajadores de la salud ante la crisis de la pandemia, como en Francia, España e Italia, donde han habido manifestaciones de protesta contra la precariedad laboral en la que trabajan, por falta de protocolos de seguridad, camillas, respiradores, guantes y mascarillas. En todas partes se reproduce el mismo patrón: la precariedad de los sistemas de salud pública, debido a los recortes presupuestales de la salud.
La Crisis Económica Mundial se recrudece cada vez más haciendo sentir sus efectos sobre la Clase obrera y cuyas manifestaciones más palpables son la precarización laboral y el aumento del desempleo, SITUACIÓN AGRAVADA AHORA CON LA PANDEMIA DEL CORONAVIRUS Y LA CAIDA DEL CRECIMIENTO ECONOMICO. Esa perspectiva de nuevos y más brutales ataques contra la clase obrera en todo el mundo plantea la posibilidad de un desarrollo de luchas del proletariado en su terreno de clase. Ese terreno no es de la rabia interclasista al estilo de la que por ejemplo en Francia se dio en el movimiento de los “chalecos amarillos” (como denunciamos en artículos que pueden consultarse en nuestra página web), sino por el contrario en el de las luchas que tuvieron lugar desde finales del pasado año , como hemos visto más recientemente en Francia[13] con los movimientos de trabajadores contra los cambios en las pensiones y donde se han planteado algunas reflexiones sobre como la clase obrera debe luchar y organizarse contra su enemigo histórico, aunque se han podido ver muchas debilidades en este movimiento de trabajadores, también se han planteado enseñanzas para la clase obrera mundial, situación que demuestra un nuevo periodo de luchas por venir con cierto grado de maduración política que se deberán seguir desarrollando.
Internacionalismo, sección de la CCI en Perú
11042020
[1] Comentarios de Oscar Dancourt exPresidente del Banco Central de Reserva del Perú, 3 de abril 2020.
[2] CTS , Compensación por Tiempo de Servicio, es un beneficio que se otorga a los trabajadores comprendidos en el régimen laboral de la actividad privada. Un bono acumulable del trabajador en su vida laboral.
[3] Cepal, Comisión Economica para America Latina, es una de las cinco comisiones regionales de las Naciones Unidas, se fundo pata contribuir al desarrollo economico de America Latina.
[4] Diario Peru21, sabado 4 de abril del 2020.
[5] https://es.internationalism.org/content/4541/covid-19-sintoma-de-la-etapa-terminal-de-la-decadencia-capitalista [159]
[6] Seguro Social de Salud del Perú.
[7] Ministerio de Salud del Perú.
[8] https://es.internationalism.org/content/4541/covid-19-sintoma-de-la-etapa-terminal-de-la-decadencia-capitalista [159]
[9] Ver nuestras hojas de intervención y artículos sobre Chile y Ecuador: https://es.internationalism.org/content/4555/chile-en-contra-de-la-asamblea-constituyente-vamos-por-la-verdadera-autonomia-e [160] , https://es.internationalism.org/content/4486/chile-el-dilema-no-es-democracia-o-dictadura-sino-barbarie-capitalista-o-revolucion [161] y https://es.internationalism.org/content/4475/medidas-del-gobierno-ecuato... [162]
[10] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[11] https://es.internationalism.org/content/4528/corona-virus-una-evidencia-mas-de-que-el-capitalismo-se-ha-convertido-en-un-peligro [163]
[12] LID, Perú 8 abril del 2020.
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Desde octubre en Chile ha estallado una “revuelta ciudadana” que fue originada por estudiantes y jóvenes obreros, evadiendo el peaje del metro por un aumento a la tarifa de este, desde entonces la revuelta se extendió a todo el país, así como también se fueron aumentando nuevas demandas, con respecto a las pensiones, salarios, salud, etc. El gobierno de Piñera y la burguesía han estado jugando al clásico juego de ceder demandas sociales (la llamada agenda social por el gobierno que reformará varios temas como los ya mencionados) y por otro lado reprimir salvajemente y comprar más armamento y vehículos blindados en contra de los trabajadores que han decidido unirse a las manifestaciones masivas, donde ya han muerto más de 31 proletarios a manos de la policía y el ejército del capital.
Explicamos que esta revuelta ciudadana-popular[1] no se plantea en un terreno de clase , eso , pese a que la gran mayoría que decidió ir a la calle son obreros o gente de la clase obrera ,por ataque a sus condiciones de vida , lo hacen dominados por la ideología burguesa y pequeñoburguesa y aparte no lo hacen mediante las herramientas de lucha que el movimiento obrero tiene.
Esta revuelta sirve a los intereses del Estado Capitalista y la burguesía pues la influencia de la pequeña burguesía radicalizada la desvía hacia reformar el estado burgués y no destruirlo , “mejorar” el capitalismo y construir un “Chile mejor y digno” , aumentar el poder del estado contra el “libre mercado” (clásico discurso patriotero y anti- obrero) , algo completamente incompatible con los objetivos históricos y revolucionarios del proletariado mundial que es superar el capitalismo y construir el socialismo a nivel internacional.
Las crisis del capital golpean a todas las clases sociales, no sólo al proletariado, sino a la pequeña burguesía e incluso a la burguesía, por eso es por lo que la forma en la que estallan las luchas es diferente. La revuelta es una lucha ajena al movimiento obrero, la revuelta sólo significa caos, desorganización, anarquía, violencia minoritaria y agresiones políticas, incluso hasta terrorismo, o sea, acciones que no tienen que ver con el proletariado y sus métodos de lucha. ¡¡LA REVUELTA ES SOLO UN CAOTICO SUBPRODUCTO DEL CAPITALISMO DECADENTE!!
Esta revuelta es multiclasista porque mezcla a los trabajadores con otras clases no explotadoras (indígenas, pequeños comerciantes etc.) , el proletariado no tiene autonomía en esta pseudo -lucha , se mezcla y se pierde en el “pueblo” y la “patria chilena” . El “pueblo” no es sinónimo de clase obrera ni nada de eso, el “pueblo”, así como la patria y la ciudadanía, son una masa amorfa que mezcla obreros como burgueses, junto con otras capas sociales. A diferencia de lo que dice la propaganda burguesa obrero no es solo la persona con casco que trabaja en una fábrica o en la construcción , obrero es todo persona que vende su fuerza de trabajo (física o intelectual)a cambio de un salario , por ende , gran parte de la humanidad son obreros , no importa si el salario que recibe es "alto" o el mínimo o si se tiene un título universitario y diplomados o no , cualquier asalariado es obrero. La izquierda del Capital con su discurso apelando al “pueblo” no hace más que dañar la identidad proletaria. En el modo de producción capitalista en decadencia, el pueblo y la ciudadanía no existe, las huelgas y manifestaciones masivas son solo producto del MOVIMIENTO OBRERO, ¡y no del PUEBLO!
También la clase obrera debe estar en contra de las violencias minoritarias, saqueos y robos que el lumpen y otras clases sin porvenir histórico realizan. El lumpen criminal es un enemigo declarado del movimiento obrero y su violencia anárquica y de minorías no tiene nada que ver con la violencia de masas y organizada de las más amplias capas de la clase obrera, los saqueos y robos no pertenecen a los trabajadores y deben abstenerse de caer en eso, porque son actos que muestran desesperación sin perspectivas de futuro-¡La clase obrera tiene un proyecto de sociedad para toda la humanidad!. De la misma forma ataques de minorías hacia individuos (un ejemplo histórico es el atentado terrorista a Pinochet o el asesinato de Jaime Guzmán)no tiene nada que ver con el revolucionario espíritu proletario , ya que el movimiento obrero no combate individuos , sino relaciones e instituciones , la violencia de los obreros va en contra de relaciones sociales , ya que debe superar las relaciones del capital , jamás contra un individuo en específico , es por eso que el terror y el terrorismo son incompatibles (que para variar es muy apoyado por el izquierdismo) con los trabajadores y su praxis consciente y revolucionaria.
La clase obrera debe ser consciente de que hay una complementariedad entre el trío Gobierno – Patronales – Derecha y el trío Izquierda – izquierdistas – Sindicatos y se dividen el trabajo para atacar a la clase obrera y derrotarla.
Sin embargo, hay que recordar que la represión de la burguesía viene desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, los sindicatos y la izquierda organizan huelgas y manifestaciones cuando los obreros no quieren y cuando los trabajadores están desgastados convocan huelgas , proclaman paros nacionales por un día y protestas por un par de horas ,funas ,cicletadas , concentraciones , etc. distintos tipos de pseudo -luchas que no funcionan en nada y solo desmoralizan a la clase obrera La burguesía tiene control sobre la clase trabajadora porque la izquierda y los sindicatos tienen un fuerte dominio sobre el movimiento proletario, el hecho de que la clase trabajadora sea derrotada una y otra vez es por culpa de la izquierda del capital y sus sindicatos. La extrema izquierda y la izquierda , con sus múltiples organizaciones políticas burguesas(trotskistas , estalinistas , guevaristas , anarquistas , feministas , antifascistas , gremios y corrientes estudiantiles , PC y PS , foquistas , izquierdistas amantes del “poder popular” o de la “autodeterminación nacional” , etc.) y los sindicatos , (ya sean los tradicionales como la CUT o de “base” y combativos como la CNT por ejemplo) son los peores enemigos del proletariado y los más férreos defensores del modo de producción capitalista. La izquierda y la derecha atacan a los trabajadores por todos lados, y es una de las razones por eso las cuales el proletariado está desorientado actualmente.
La izquierda del capital critica al gobierno de turno del derechista Sebastián Piñera, el cual es un clásico engaño a las masas obreras. La culpa de los ataques materiales al proletariado no proviene del gobierno de turno como dicen los izquierdistas, la oposición burguesa, provienen del modo de producción capitalista mundial que desde hace más de 100 años están en decadencia, con guerras imperialistas y crisis. Por ende, la solución no se encuentra en las elecciones burguesas, no se encuentra reemplazando un gobierno por otro, todos los partidos de masas se encuentran al servicio de la burguesía, no importa si quien gobierna, los capitalistas seguirán explotando a la clase obrera. La solución de los obreros es su internacionalismo revolucionario.
Un militante del KAPD, Bergmann, dijo en el Tercer Congreso de la Tercera Internacional que las armas de la burguesía contra el proletariado son “la espada y la mentira”. Ya conocemos la espada con la represión policial y militar del Gobierno Piñera. Veamos la mentira…
Otro principal enemigo del proletariado es LA DEMOCRACIA-PARLAMENTARIA. La izquierda durante todo el golpe militar (como también lo ha hecho en todos los países con un pasado relacionado con gobiernos totalitarios) le llenaba la cabeza a los trabajadores de que la democracia era su "salvación”, de que la "democracia era buena y la dictadura militar mala" y le llenaban de cuentos al proletariado con sus derechos humanos y ciudadanos. Pero tras más de 20 años de gobiernos democráticos ha quedado demostrado que la democracia es una falacia, que la democracia (aun en los países capitalistas más "perfectos” como los nórdicos) esconde la dictadura de los burgueses, eso debido a que el parlamentarismo nació con el ascenso de la burguesía. La democracia es la forma de gobierno favorita del capital. Los antifascistas junto con izquierdistas demócratas durante décadas han dicho lo mismo: ¡¡dictadura (o fascismo) no, democracia si!!. Es verdad que los gobiernos totalitarios son enemigo de los obreros y también mantienen el capitalismo, pero en la historia de la lucha de clases son minoría, y son minoría porque la burguesía prefiere su democracia, donde les hace creer a los proletarios de que son "libres" solo porque pueden votar, algo que es completa mentira. La única forma de que los obreros sean libres es cuando desarrollen su dictadura mundial mediante sus consejos de trabajadores. Aquí la principal batalla es: dictadura del proletariado versus democracia parlamentaria.
Una herramienta ideológica que el capital tiene para engañar a los obreros ha estado presente en todas las huelgas y luchas obreras: EL PATRIOTISMO. El patriotismo es un engaño que la burguesía tiene contra los trabajadores, amarrándolos al estado capitalista y embobando al proletariado para que peleen sus guerras imperialistas. El proletariado debe romper con cualquier patriotismo que exista, la clase obrera no debe defender ningún país, todo lo contrario, la revolución mundial de la clase obrera implica abolir todos los estados burgueses del mundo. Además, la única guerra válida para los obreros es la guerra de clases, cualquier otra lucha significa solo sangre derramada y sufrimiento para nuestra clase. Lo que dijo Karl Marx hace 100 años es hoy más que valido para la lucha de los obreros: ¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNIOS! Y así como se denuncia el patriotismo también se debe denunciar la "autodeterminación nacional”[3], debido a que los obreros no tienen patria cualquier lucha de autodeterminación nacional no tiene nada que ver con el movimiento proletario, detrás de "la lucha de autodeterminación nacional" y del "antiimperialismo" o” anticolonialismo" esta la burguesía local, en este caso, la burguesía mapuche. El indigenismo, la autodeterminación nacional y el antiimperialismo son ideologías reaccionarias que los obreros deben combatir porque divide al proletariado mundial.
El llamado a la plurinacionalidad es un engaño barato de la pequeña burguesía, si bien es completamente real la explotación horrible de los indígenas y de las tierras que habitan, la respuesta del nacionalismo indígena o de liberación nacional dentro del Estado burgués sólo llevará al empoderamiento de una burguesía indígena que no dudará en explotar a trabajadores de su misma nación. Los movimientos de liberación nacional indígenas, aunque cumplen un rol reivindicativo dentro de la sociedad capitalista, carecen de un sentido revolucionario, pues siguen enmarcados en la lógica burguesa del nacionalismo, un triste legado del colonialismo europeo. Un movimiento verdaderamente revolucionario reconoce que los sujetos revolucionarios no son los miembros de una cierta nación o grupo de naciones, sino que es el PROLETARIADO INTERNACIONAL, conformado como CLASE. La única manera de liberación de los indígenas es sumándose al movimiento del proletariado, y rechazando cualquier influencia ideológica de la burguesía.
Como ultimas ideologías que debemos denunciar, y al mismo tiempo son las más famosas y favoritas del capitalismo son: el feminismo y el ecologismo. El feminismo es una ideología multiclasista que somete las mujeres obreras a las mujeres burguesas, y no solo eso, el feminismo (Radical o no) siembra la división en las filas obreras[4], por eso es simplemente una ideología enemiga de la clase, aparte de estar lleno de la ideología posmodernista y progresista burguesa.
El ecologismo es también otra ideología de estado , el capitalismo mundial por sus contradicciones atenta contra la naturaleza y la única forma de "Salvar el planeta"[5] es superar el capitalismo , de otra forma es imposible , la lucha "Ecológica" en los territorios (Como protestas o cortes de calles en los barrios) no nos lleva a ningún lado , la única forma de responder contra las malas condiciones de vida en todos los aspectos de la vida social, es la huelga y las asambleas generales en los principales centros urbanos y fábricas, donde la mayor fuerza laboral está concentrada.
Por parte de la izquierda existe una complicidad con el gobierno hasta tiempo después de realizadas múltiples movilizaciones y de la declaración del estado de emergencia, momento en que comienzan a llamar a la movilización incesante a través de sus sindicatos y coordinadoras que anteriormente se habían quedado calladas ante los ataques a las condiciones de vida, empujando una triste "huelga general" que no hace nada más que desorientar al proletariado y llevarlo por el camino del reformismo con el resto de las ilusiones burguesas como la "justicia social", la democracia, el estado de derecho y la muy popularizada "dignidad del pueblo". Esta acción concertada de ambas facciones de la burguesía culmina en varias negociaciones y en un "Acuerdo por la paz y una nueva constitución", donde proponen realizar un plebiscito para que "el pueblo decida" si quiere redactar una nueva constitución por medio de una asamblea constituyente, reemplazando a la actual que fue redactada durante la dictadura de Pinochet.
La izquierda chilena, inspirándose en otras izquierdas latinoamericanas, ha estado varios años proponiendo la idea de la asamblea constituyente, pero es durante esta revuelta que han tenido la oportunidad de engatusar al proletariado con la mentira de que la asamblea podrá resolver todas estas demandas, o peor aún, que esta asamblea sería una de las demandas desde el principio. El mito de las "demandas sociales" encuentra sus raíces en el interclasismo frente a la debilidad del proletariado a la hora de conformarse como clase en medio de la revuelta, esto provoca que no sean las propuestas e ideas proletarias las dominantes, sino que estas se ahogan en un mar de ideas pequeñoburguesas de las cuales cada partido puede recoger las que más les convenga para avanzar sus metas.
De manera inteligente la burguesía decidió realizar un plebiscito en vez de proclamar inmediatamente la asamblea, decimos que fue inteligente pues esto les permite armar un conflicto entre los votantes de las dos opciones ("apruebo" y "rechazo"), también les permite mostrar la alternativa asambleísta como "refundacional" y la alternativa del rechazo como la reformista. Esto no podría estar más lejos de la verdad, ambos caminos son parte del reformismo burgués, que nunca atenta contra las relaciones materiales de la producción capitalista, sino que se enfoca en un cambio en el marco legal en que estas existen.
Muchas de las propuestas de la izquierda para apoyar la creación de esta constitución incluyen la estatalización del agua y de las pensiones, la renacionalización del cobre y otros recursos naturales, una mejora en los sistemas de educación y de salud, y muchas otras medidas que son parte de todos los paquetes legales de las izquierdas en el mundo, y que en Chile particularmente corresponden a una nostalgia burguesa por el gobierno de Allende. La administración estatal de los recursos naturales y de los servicios no garantiza ninguna victoria para la clase trabajadora, solamente representa un conflicto entre las facciones de la burguesía que se encuentran dentro y fuera del Estado. Ya se ha visto en la huelga en Francia que las pensiones estatales pueden ser igualmente precarias que la que son manejadas por privados[6], sirviendo como un fondo de emergencia para el Estado en caso de crisis. La nacionalización de los recursos naturales, más que entregar a la clase trabajadora algún tipo de libertad o de poder sobre estos recursos, lleva a una mayor explotación bajo la imperativa de "trabajar para el pueblo", como ocurrió en el conflicto de Allende con los mineros de El Teniente en el 73. La mentira del "neoliberalismo" forma gran parte de la justificación para realizar todas estas medidas, mientras la izquierda alega que no hay participación del Estado en la economía, la verdad es que el Estado se ha dedicado a subsidiar a las "grandes empresas" que tanto fingen odiar y que, sin la ayuda del Estado, estas empresas privadas ya habrían quedado en la bancarrota. Esta tendencia de la izquierda a las medidas de estatización y nacionalización es parte de la tendencia mundial de la burguesía a llevar a cabo el capitalismo de Estado, que le permite tener un control más firme de la economía y debilitar la fuerza de la clase trabajadora.
Las únicas formas de lucha de la clase obrera , que de verdad dañan al estado y al capital y que son una verdadera amenaza a la sociedad burguesa : las asambleas generales soberanas , donde todos los proletarios participan , sin importar su oficio , profesión , sexo , tipo de contrato , empresa o cualquier barrera inventada por el capital , los comités de delegados revocables en cualquier momento por las asambleas generales obreras , y la extensión de la huelga enviando delegaciones masivas a todas las empresas y fábricas , multiplicando también las asambleas a los centros de trabajo . Solo las asambleas generales abiertas para todo el mundo, los comités de delegados revocables y las huelgas autoorganizadas podrán hacer frente al estado y los trabajadores se impondrán a la pequeña burguesía. Cabe destacar que las asambleas no son solo lugares donde los obreros planifican como lucharan , sino que son lugares donde pueden debatir y discutir plenamente , el debate proletario es un tesoro muy preciado para el movimiento obrero y es un arma decisiva para que los trabajadores desarrollen su conciencia de clase comunista , en el día diario el trabajador está muy ocupado y es bombardeado ideológicamente por el capital , en la huelga cuando el trabajo se detiene el obrero aprovecha ese momento para debatir y cuestionar este sistema de explotación.
Nunca habrá un cambio revolucionario, es decir, un cambio real y sustancial en las condiciones materiales de nuestra sociedad, en el seno del Estado burgués, y cada paso que se da en intentar 'mejorarlo' es un paso hacia atrás para el movimiento proletario y un golpe a su conciencia de clase. Es necesario el surgimiento de órganos de representación del poder obrero, que sólo pueden levantarse en contraposición directa al Estado. Estas organizaciones han existido hace muchos años y son las que aparecen en cada levantamiento espontáneo del proletariado: Las asambleas generales y los comités de delegados revocables dedicados a organizar huelgas de masas, que en situaciones revolucionarias son las que abren el camino para conformar los CONSEJOS OBREROS.
7-4-20 Simpatizantes de la CCI en Chile
[1] Ver Chile: el dilema no es Democracia o Dictadura sino Barbarie Capitalista o Revolución Proletaria Mundial https://es.internationalism.org/content/4486/chile-el-dilema-no-es-democracia-o-dictadura-sino-barbarie-capitalista-o-revolucion [161] y Chile: Ante los ataques del Gobierno la respuesta no es la revuelta popular sino la lucha de clase del proletariado https://es.internationalism.org/content/4479/chile-ante-los-ataques-del-gobierno-la-respuesta-no-es-la-revuelta-popular-sino-la [167]
[2] Esta ley “fue votada por la oposición incluyendo Revolución Democrática, principal partido del Frente Amplio, y viene a sancionar el nefasto dictamen de la Dirección del Trabajo que permite a los empresarios “suspender” el contrato laboral, sin pagar el sueldo de los trabajadores” (https://www.izquierdadiario.es/El-Parlamento-chileno-aprobo-la-ley-de-Pinera-de-destruccion-del-empleo [168])
[3] Ver el folleto de la CCI Nación o Clase https://es.internationalism.org/cci/200606/968/nacion-o-clase [169]
[4] Desde sus inicios, el movimiento obrero luchó contra la opresión de la mujer, el movimiento obrero siempre ha luchado de verdad contra la opresión de la mujer cuya causa es la división en clases de la sociedad y la propiedad privada. Ver Huelga feminista: contra las mujeres y contra la clase obrera https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4291/huelga-feminista-contra-las-mujeres-y-contra-la-clase-obrera [170]
[5] Si bien el capitalismo pone en peligro la supervivencia de la humanidad y del planeta esto se trata de un peligro que debemos ver conscientemente lo que es totalmente opuesto a la visión apocalíptica que propagan ciertos medios burgueses izquierdistas con el fin de asustar y paralizar al proletariado. La CCI denuncia la utilización de ese miedo paralizante por las campañas de la burguesía como la muy reciente de “lucha por el clima”. Ver Hoja internacional de la CCI: Solo la lucha de clases internacional puede poner fin al curso del capitalismo hacia la destrucción https://es.internationalism.org/content/4465/hoja-internacional-de-la-cci-solo-la-lucha-de-clases-internacional-puede-poner-fin-al [25]
[6] A propósito se puede leer más sobre los movimientos de trabajadores contra las pensiones en Francia: https://es.internationalism.org/content/4540/la-perspectiva-que-plantean-las-recientes-luchas-obreras-en-francia [125]
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¡Una hecatombe! Miles de muertos cada día, hospitales tambaleándose, una odiosa "selección" entre enfermos jóvenes y viejos, sanitarios agotados hasta el tuétano, muchos de ellos contaminados y a veces fallecidos. Por todas partes falta material médico. Lo que no falta es una competencia feroz entre Gobiernos en nombre de la "guerra contra el virus". Mercados financieros que naufragan, escenas surrealistas de rapiña con Estados que se roban unos a otros cargamentos de mascarillas. Decenas de millones de trabajadores arrojados al infierno del desempleo, todo ello adobado por los montones de mentiras proferidas por los Estados y sus medios de comunicación... ¡Así es el espantoso espectáculo que nos ofrece el mundo de hoy! La pandemia de Covid-19 es la catástrofe sanitaria mundial más grave desde la gripe española de 1918-19, y eso que la ciencia, desde entonces, ha realizado progresos extraordinarios. ¿Por qué tal catástrofe? ¿Cómo se ha llegado a esto?
Se nos dice que este virus es diferente, que es mucho más contagioso que los demás, que sus efectos son mucho más perniciosos y mortales. Puede que todo eso sea cierto, pero no explica la amplitud del desastre. La causa fundamental de este caos planetario, de los cientos de miles de muertes, es el propio capitalismo. La producción para la ganancia y no para las necesidades humanas, la búsqueda permanente de una mayor rentabilidad al precio de la explotación feroz de la clase obrera, los ataques cada vez más violentos a las condiciones de vida de los explotados, la competencia desenfrenada entre las empresas y entre los Estados, son todas ellas características del sistema capitalista que se han combinado para producir el desastre actual.
Los que dirigen la sociedad, la clase burguesa con sus Estados y sus medios de comunicación, nos dicen con aire compungido que la epidemia era "impredecible". Eso es pura mentira, del mismo estilo que los escépticos del calentamiento climático. Los científicos llevan ya considerando desde hace tiempo la posible amenaza de una pandemia como la del Covid-19. Pero los gobiernos se han negado a escucharlos. Hasta se negaron a escuchar un informe de la CIA de 2009 ("Cómo será el mundo de mañana") que describe, con asombrosa precisión, las características de la actual pandemia. No se ha hecho nada por anticipar tal amenaza. ¿Por qué tanta ceguera por parte de los Estados y la clase burguesa a la que sirven? Por una razón muy sencilla: las inversiones deben producir ganancias, y cuanto antes mejor. Invertir por el futuro de la humanidad no rinde, no hace subir las cotizaciones en Bolsa. Y además las inversiones deben servir para fortalecer las posiciones de cada burguesía nacional frente a las demás en el ruedo imperialista. Si las sumas demenciales invertidas en gastos e investigación militar se hubieran dedicado a la salud y bienestar de la gente, tal epidemia nunca podría haberse desarrollado. Al contrario, en lugar de tomar medidas frente a tal catástrofe sanitaria anunciada, los gobiernos no han cesado de atacar implacablemente los sistemas de salud, tanto en lo que a investigación se refiere como en recursos técnicos y humanos.
Si hoy tanta gente se muere cayendo como moscas, en el corazón mismo de los países más desarrollados, es ante todo porque los gobiernos de todo el mundo no han parado de recortar los presupuestos para la investigación de nuevas enfermedades. Así, en mayo de 2018, Donald Trump suprimió una unidad especial del Consejo de Seguridad Nacional, compuesta por eminentes expertos, encargada de la lucha contra las pandemias. Pero la actitud de Trump es sólo una caricatura de la adoptada por todos los líderes. Por ejemplo, los estudios científicos sobre los coronavirus se abandonaron en todas partes hace unos 15 años porque se consideraba que desarrollar la vacuna ¡no era... “rentable”!
Repugnante es también el ver a los dirigentes y políticos burgueses, tanto de derechas como de izquierdas, andar lloriqueando por el hacinamiento en los hospitales y las condiciones catastróficas en las que se obliga a trabajar a los sanitarios, por mucho que sepan que sus respectivos Estados han aplicado una política metódica de “rentabilización” del sistema de asistencia sanitaria durante los últimos cincuenta años, sobre todo desde la gran recesión de 2008. Por todas partes, la norma ha sido limitar el acceso de la población a los servicios de salud, reduciendo el número de camas hospitalarias y aumentado la carga de trabajo y la explotación del personal sanitario. ¿Y qué decir de la escasez generalizada de máscaras y otros medios de protección, gel desinfectante y test de detección? En los últimos años, la mayoría de los Estados han dejado de almacenar esos productos vitales para ahorrar dinero. Y en estos últimos meses, no ha habido la menor anticipación del aumento de la propagación del Covid-19, que sin embargo se identificó ya en noviembre de 2019, llegando algunos de ellos a repetir durante semanas, para ocultar su irresponsabilidad criminal, que las mascarillas eran inútiles para los no sanitarios.
¿Y qué decir de las regiones del mundo con carencias crónicas como el continente africano o Latinoamérica? En Kinshasa (capital de la RD de Congo), los 10 millones de habitantes tendrán a su disposición…¡50 respiradores! En África Central, se están distribuyendo folletos con instrucciones sobre cómo lavarse las manos cuando la gente ni siquiera tiene agua para beber. En todas partes se oye el mismo grito de angustia: "¡Nos falta de todo para enfrentar la pandemia!".
La feroz competencia entre los Estados en la cancha mundial hace imposible incluso lograr un mínimo de cooperación para contener la pandemia. Cuando empezó, lo que más le importó a la burguesía china fue hacer todo lo posible por ocultar la gravedad de la situación, para proteger su economía y su reputación, no dudando el Estado en perseguir y luego dejar morir al primer médico que había dado la alarma. Incluso las apariencias de regulación internacional que la burguesía se había dado para gestionar la penuria han saltado por los aires, empezando por la impotencia de la OMS para imponer directivas hasta la incapacidad de la Unión Europea para poner en marcha medidas concertadas. Esta división ha agravado considerablemente el caos al causar la pérdida total del control sobre la evolución de la pandemia. La dinámica del “cada uno a la suya” y la agudización de la competencia general son claramente la característica dominante en las reacciones de la burguesía.
La "guerra de las mascarillas", como la llaman los medios de comunicación, es un ejemplo elocuente de la competencia cínica y desenfrenada entre todos los Estados. Hoy, cada Estado procura arrebatar a los demás ese material de supervivencia a base de pujar más e incluso robándolo. Estados Unidos ha arrebatado cargamentos de máscaras prometidos a Francia en las pistas chinas, a pie de avión. Francia confisca cargamentos de mascarillas que iban de Suecia a España en tránsito por sus aeropuertos. La República Checa confisca en sus fronteras aduaneras respiradores y mascarillas destinados a Italia. Alemania hace desaparecer de tapadillo máscaras destinadas a Canadá. E incluso se ha podido ver semejante “arrebatacapas” entre diferentes regiones del mismo país, como en Alemania y Estados Unidos. Ese es el verdadero rostro de las "grandes democracias": la ley fundamental del capitalismo, la competencia, la guerra de todos contra todos, ha engendrado una clase de filibusteros, de matones de la peor calaña.
Para la burguesía, "sus ganancias valen más que nuestras vidas", como clamaban los huelguistas de la industria automovilística italiana. Por todas partes, en todos los países, la clase dominante ha retrasado al máximo la aplicación de medidas de contención y protección de la población a fin de preservar, a toda costa, la producción nacional. No fue la amenaza de un montón de muertos lo que finalmente acabó por hacerle decretar el confinamiento. Las múltiples masacres imperialistas durante más de un siglo, en nombre del mismo interés nacional, han demostrado definitivamente el desprecio de la clase dominante por la vida de los explotados. ¡No, no les importan nuestras vidas! Sobre todo, porque este virus tiene la "ventaja" para la burguesía de segar especialmente a los ancianos y los enfermos, o sea otros tantos "improductivos" para ella. Dejar que el virus se propagara y hiciera su trabajo "natural", so pretexto de "inmunidad colectiva", fue además la opción inicial de Boris Johnson y otros dirigentes. Lo que en todos los países pesó a favor de la contención generalizada fue el temor a la desorganización económica y, en algunos países, al desorden social, el aumento de la ira ante la incuria y la hecatombe. Además, aunque conciernen a la mitad de la humanidad, las medidas de contención son a menudo pura pantomima: ¡millones de personas se ven obligadas, cada día, a apiñarse en trenes, metros y autobuses, en fábricas y talleres y en supermercados!. Y ya, por todas partes, la burguesía está tratando de que el "desconfinamiento" se lleve a cabo lo antes posible, incluso con una pandemia que sigue golpeando con dureza, pensando ya en cómo hacer para evitar agitaciones y posibles protestas, planeando volver a poner a los obreros a trabajar sector por sector, empresa por empresa.
La burguesía perpetúa y prepara nuevos ataques, con condiciones de explotación aún más despiadadas. La pandemia ya ha dejado sin trabajo a millones de trabajadores: diez millones en tres semanas en Estados Unidos, muchos de ellos, con empleos irregulares, precarios o temporales, se han visto privados de todo tipo de ingresos. Otros, que sólo disponen de escasos subsidios o ayudas sociales para sobrevivir, corren el riesgo de no poder pagar el alquiler y verse privados de atención sanitaria. Los estragos económicos ya han comenzado con la inminente recesión mundial: explosión de los precios de alimentos, despidos masivos, recortes salariales, aumento de la inseguridad, etc. Todos los Estados están adoptando medidas de "flexibilidad" de una brutalidad sin precedentes, pidiendo la aceptación de estos sacrificios en nombre de la “unidad nacional en la guerra contra el virus”.
¡El interés nacional que la burguesía invoca hoy no es el nuestro! La misma defensa de la economía nacional y la misma competencia generalizada le han servido en el pasado para aplicar recortes presupuestarios y ataques a las condiciones de vida de los explotados. Y mañana nos querrá hacer tragar la misma mentira cuando, después de los estragos económicos causados por la pandemia, exigirá que los explotados se aprieten aún más el cinturón, ¡acepten aún más explotación y miseria!
Esta pandemia es la expresión del carácter decadente del modo de producción capitalista, una de las muchas manifestaciones del grado de desintegración y delicuescencia de la sociedad actual, como la destrucción del medio ambiente y la contaminación de la naturaleza, el cambio climático, la multiplicación de los focos de guerra y de masacres imperialistas, la inexorable caída en la miseria de una parte cada vez mayor de la humanidad, el incremento de las migraciones de refugiados, el auge de la ideología populista y el fanatismo religioso, etc. (ver en internet nuestras Tesis sobre la descomposición del capitalismo [109]). Es un revelador del atolladero del capitalismo, un indicador de la única dirección hacia la que este sistema y su perpetuación amenazan con llevar y arrastrar a toda la humanidad: caos, miseria, barbarie, destrucción y muerte.
Algunos gobiernos y medios de comunicación burgueses afirman que el mundo nunca volverá a ser el mismo que antes de esta pandemia, que se sacarán las lecciones del desastre, que finalmente los Estados se van a orientar hacia un capitalismo más humano y mejor gestionado. Ya oímos la misma monserga cuando la recesión de 2008: con la mano en el corazón, los Estados y los líderes mundiales declararon la "guerra a las finanzas", prometiendo que los sacrificios necesarios para salir de la crisis serían recompensados. Basta con mirar las crecientes desigualdades en el mundo para ver que esas promesas de "regeneración" del capitalismo eran puras patrañas para hacernos tragar una enésima degradación de nuestras condiciones de vida.
La clase explotadora no puede cambiar el mundo para anteponer la vida y las necesidades sociales de la humanidad a las leyes despiadadas de su economía: el capitalismo es un sistema de explotación, en el que una minoría dominante obtiene sus beneficios y privilegios del trabajo de la mayoría. La clave del futuro, la promesa de otro mundo, verdaderamente humano, sin naciones ni explotación, reside sólo ¡en la unidad y la solidaridad internacional de los trabajadores en lucha!
El impulso de solidaridad espontánea que siente hoy toda nuestra clase ante la intolerable situación infligida a los trabajadores de la salud, los gobiernos y los políticos de todo el mundo lo desvían con campañas de aplausos en ventanas y balcones. Ciertamente, los aplausos dan ánimos a estos trabajadores quienes, con denuedo y entrega, en condiciones de trabajo dramáticas, cuidan de los enfermos y salvan vidas humanas. Pero la solidaridad de nuestra clase, la de los explotados, no puede reducirse a un aplauso de cinco minutos. Solidaridad es, ante todo, denunciar la negligencia de los gobiernos, en todos los países, ¡cualquiera que sea su color político! ¡Es exigir mascarillas y todos los medios de protección necesarios! Es, cuando es posible, ir a la huelga afirmando que mientras los sanitarios no tengan equipo, mientras se precipiten así hacia la muerte a cara descubierta, los explotados no hospitalarios ¡no trabajarán!
Hoy, confinados como estamos, no podemos librar batallas masivas contra este sistema asesino. No podemos reunirnos, expresar nuestra ira y mostrar nuestra solidaridad en nuestro terreno de clase, a través de luchas de masas, huelgas, manifestaciones, agrupamientos. Debido al confinamiento, pero no sólo por eso. También porque nuestra clase debe reapropiarse de una fuerza que ha poseído muchas veces en la historia pero que ha olvidado: la de unirse en la lucha, la de desarrollar movimientos masivos frente a las ignominias de la burguesía.
Las huelgas que estallaron en el sector del automóvil en Italia o en la gran distribución en Francia, o frente a los hospitales de Nueva York o los del norte de Francia, así como la enorme indignación de los trabajadores que se negaron a servir de "carne de virus", sólo pueden ser hoy por hoy reacciones dispersas porque están aisladas de la fuerza de toda una clase unida. Sin embargo, demuestran que los proletarios no se resignan a aceptar como una fatalidad la irresponsabilidad criminal de quienes los explotan.
Es esta perspectiva de combates de clase la que debemos preparar. Porque después de Covid-19, habrá una crisis económica mundial, desempleo masivo, nuevas "reformas" que sólo serán nuevos "sacrificios". Así que, de ahora en adelante, preparemos nuestras futuras luchas. ¿Cómo podemos hacerlo? Discutiendo, intercambiando información, en las redes sociales, los foros, por teléfono, siempre que sea posible. Entendiendo que la mayor plaga no es Covid-19, sino el capitalismo, que la solución no es unirse detrás del Estado asesino sino, por el contrario, oponerse a él, que la esperanza no está en las promesas de tal o cual político sino en el desarrollo de la solidaridad obrera en la lucha, que la única alternativa a la barbarie capitalista ¡es la revolución mundial!
¡EL FUTURO PERTENECE A LA LUCHA DE CLASES!
Corriente Comunista Internacional (10 de abril de 2020)
es.internationalism.org
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Ante nuestro artículo: «Quién es quién en Nuevo Curso»[1], que denuncia la colaboración del individuo llamado Gaizka con altos cargos e instituciones del Estado burgués, este sujeto ha mantenido hasta ahora un silencio absoluto. «No comment». La callada por respuesta. Y nos cuesta creer que no se haya enterado de lo que decimos, puesto que sus amigos han salido inmediatamente en su defensa[2]. Pero ni uno ni los otros han aportado un solo desmentido a los hechos que exponemos: NADA, Cero patatero.
Ese silencio significa una confirmación a gritos de la trayectoria advenediza y aventurera de Gaizka. No dice nada porque en realidad no tiene nada que oponer.
Que el silencio no puede sino corroborar las interpelaciones es algo bien sabido, y a este propósito Paul Frölich[3] cita una anécdota en su autobiografía sobre uno de los redactores de la prensa:
«Tenía un instinto para el comportamiento táctico. Una vez me sorprendió mucho que no respondiera a los ataques repetidos de otro periódico del partido. “Muy simple”, dijo, “me equivoqué sobre una cuestión importante y ahora les dejo que se desgañiten hasta quedarse afónicos y que la historia se olvide. Hasta entonces estoy sordo”»[4]
Sin embargo, cada vez que los revolucionarios han sido acusados de provocación o de colaboración con la burguesía, o simplemente de comportamientos indignos, han dedicado todas sus energías a desmentirlo. Marx dedicó un año a preparar un libro entero que respondía a las acusaciones de Herr Vogt[5] de que era un agente infiltrado. Igual que tiempo después, junto a Engels, como puede verse en su correspondencia[6], se implicó en todos los combates necesarios contra las tentativas de desprestigiar a la AIT. Bebel fue acusado de robar dinero de la caja de la ADAV (Asociación Obrera) y no paró hasta demostrar la falsedad de las acusaciones. Trotsky, completamente aislado y acosado por Stalin, aún reunió fuerzas para aprovechar el escaso terreno que le quedaba y convocar la Comisión Dewey[7] en su defensa, etc.
Sin embargo, al contrario, los verdaderos aventureros y provocadores han hecho todo lo posible para escabullirse y escurrir el bulto.
En efecto, por ejemplo Bakunin, en primer lugar frente a la circular privada de la AIT sobre «Las pretendidas escisiones en la Internacional», bajo la apariencia de un tono escandalizado, reconoce que sólo ha sido capaz de oponer… un prolongado silencio:
«Durante dos años y medio hemos soportado en silencio esta agresión inmunda. Nuestros calumniadores empezaron primero con acusaciones vagas, mezcladas con cobardes reticencias y venenosas insinuaciones, pero al mismo tiempo tan estúpidas que, a falta de otras razones para callarme, el mal gusto mezclado de menosprecio que habían provocado en mi curación habría bastado para explicar y legitimar mi silencio»[8].
En vano se puede escrutar toda la carta en búsqueda de algún argumento, que brilla por su ausencia. Eso sí, Bakunin anuncia que convocará un Jurado de Honor, y que escribirá un artículo antes del siguiente congreso (NdR: de La Haya, 1872):
«Por otra parte, yo me había reservado siempre el llamar a todos mis calumniadores ante un jurado de honor, que sin duda el próximo congreso no me negaría… Restablecerlos (los hechos, NdR) en su verdad, contribuyendo en la medida de mis fuerzas, a la demolición del sistema de mentiras edificado por Marx y sus acólitos, ese será el objetivo de un escrito que me propongo publicar antes de la reunión del congreso»
Ni que decir tiene que nunca convocó tal Jurado de Honor, ni escribió ningún artículo. En lugar de eso, nada más enterarse de la publicación del informe de La Alianza de la Democracia Socialista y la Asociación Internacional de los Trabajadores[9], lo que escribía en una carta del 25 de septiembre de 1873 al Journal de Genève (además de insultos contra Marx, por «comunista, alemán y judío») era una capitulación:
«Le confieso que todo esto me ha disgustado profundamente con la vida pública. Estoy harto de todo eso. Después de pasar toda mi vida luchando, estoy cansado. Tengo más de sesenta años y una enfermedad cardíaca que empeora con la edad hace mi existencia cada vez más difícil. Que otros jóvenes se pongan a trabajar. En cuanto a mí, ya no siento la fuerza, ni quizás la confianza necesaria para empujar la piedra de Sísifo contra la reacción triunfante en todas partes. Por lo tanto, me retiro del combate, y pido a mis queridos contemporáneos sólo una cosa: el olvido.»[10]
Y como se puede ver Bakunin también despliega aquí otra de las estrategias clásicas de los aventureros que es la de presentarse como víctima que sufre cuando se desenmascaren sus comportamientos personales.
De forma semejante, cuando Schweitzer[11] fue acusado de robar dinero dedicado a los obreros enfermos que no podían acudir al trabajo, para gastárselo en champagne y “delicatesen”, a diferencia de Bebel nunca fue capaz de defenderse:
«Schweitzer fue acusado públicamente más de una vez de esta vergonzosa acción, pero nunca se atrevió a defenderse»[12].
Y más aún, cuando en el congreso de Barmen-Elberfeld (Wuppertal) Bebel y Liebknecht lo denunciaron como agente del gobierno, él, que estaba sentado en el mismo escenario, justo detrás de ellos, no pronunció una sola palabra, dejando que sus acólitos se ocuparan con insultos y amenazas:
«Nuestros discursos contenían un resumen de todas las acusaciones que habíamos lanzado contra Schweitzer. Hubo varias interrupciones violentas, especialmente cuando le acusamos de ser un agente del gobierno; pero yo me negué a retirar nada… Schweitzer, que estaba sentado detrás de nosotros cuando hablábamos, no pronunció ni una palabra en respuesta. Nos fuimos enseguida protegidos por algunos delegados contra los asaltos de los defensores fanáticos de Schweitzer, en medio de una tormenta de imprecaciones e insultos como “¡granujas!”, “¡traidores!”, “¡canallas!” y así. A la puerta nos reunimos con nuestros amigos que nos escoltaron bajo su protección hasta llegar a salvo al hotel»[13].
Y aún se puede ver el ejemplo histórico de Parvus, acusado por Gorki de estafarle dinero por los derechos de su obra en Alemania, denunciado como aventurero y social patriota por Trotsky[14], que había sido su amigo, rechazado por Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin y Leo Jogiches, que lo trataban de vendido al imperialismo alemán, y al que Lenin impidió volver a Petrogrado tras la revolución, porque tenía “las manos sucias”; y que nunca tomó a cargo su defensa contra todas esa acusaciones, dejando que otros (Radek en particular) lo defendieran en el medio de los exiliados en Suiza durante la guerra (1915).
Y podríamos seguir, Lassalle, Azev…, etc. todos intentaron hacer olvidar las acusaciones contra ellos con un muro de silencio, desaparecer o hacer como si nada (como Parvus).
Pero no es necesario remontarse tan atrás; en 2005 pudimos ver cómo el “ciudadano B”, que se proclamaba “unánimemente” (puesto que se trataba solo de sí mismo) como “Círculo de Comunistas Internacionalistas” de Argentina poniéndose a las órdenes de la FICCI[15] (actualmente Grupo Internacional de la Izquierda Comunista –GIGC-) para denigrar a la CCI, hizo mutis por el foro en cuanto denunciamos su impostura[16].
También existen ejemplos de crisis de mutismo cuando la CCI ha denunciado aventureros en sus filas. Tal fue el caso del descubrimiento y la sanción al militante conocido como Simón[17], a lo que éste respondió con un tozudo silencio que incluso provocó una «Resolución sobre el silencio del camarada Simón», que decía:
«1) Desde que el camarada Simón se ha retirado de la vida de la CCI a finales de agosto 1994, no ha accedido en ningún momento a la demanda de la organización de que diera a conocer por escrito los desacuerdos que tenía con sus análisis y tomas de posición y que en parte motivaron, según él, su retirada… Este silencio de Simón es aún más inadmisible puesto que tenía desacuerdos de fondo con las dos resoluciones adoptadas por la reunión ampliada del Secretariado Internacional del 3 de Diciembre de 1994».
Pero ese silencio empecinado de los aventureros y elementos turbios cuando les pillan con las manos en la masa, no es solamente una confirmación de las acusaciones lanzadas contra ellos o una forma de tratar de hacer que se olviden, también es una estrategia para que otros salgan en su defensa.
Si Gaizka no ha dicho “esta boca es mía” desde que publicamos nuestra denuncia, a sus amigos les ha faltado tiempo para salir en su defensa. Y así el GIGC sólo 4 días después ha publicado un comunicado: «Nuevo ataque de la CCI contra el campo proletario internacional (1ero de Enero –sic-de 2020[18])».
No nos sorprende que un grupo parásito con un comportamiento gansteril y policiaco salga en defensa de un aventurero. Además ya hizo lo mismo en 2005 tomando a cargo la causa del ciudadano B de Argentina. Y quizás debemos empezar a pensar que el GIGC tenga poderes premonitorios puesto que entonces publicó y distribuyó un comunicado del “Círculo” de Argentina, antes de que el ciudadano B lo publicara en su web.
Lo desgraciado del asunto es que el GIGC (entonces FICCI) embaucó al BIPR[19] (actualmente TCI), que aunque discretamente, sin tomar la palabra directamente, publicó los comunicados de la FICCI/ciudadano B que denigraban a la CCI dando pábulo a los comportamientos indignos tanto de unos como del otro.
Por supuesto el GIGC no aporta en su comunicado ningún desmentido a lo que denunciamos en nuestro artículo salvo la afirmación de que ellos “no han notado nada”: «debemos señalar que hasta la fecha no hemos notado ninguna provocación, maniobra, denigración, calumnia o rumor, lanzado por los miembros de Nuevo Curso, ni siquiera a título individual, ni tampoco ninguna política de destrucción contra otros grupos o militantes revolucionarios». Algo en lo que siquiera nos detendremos un segundo.
En realidad la finalidad del comunicado es atacar a la CCI, puesto que sería ella «la que ha desarrollado esas prácticas bajo el disfraz de su teoría de la descomposición y el parasitismo y que vuelve a retomar ahora». Y por otro lado habría caído «en el podrido campo de la personalización de las cuestiones políticas».
El sitio web Pantópolis del Doctor Bourrinet[20] ha reproducido inmediatamente el artículo precedido de una introducción que compite y supera en odio a la CCI a la del GIGC.
Otro grupo que ha condenado nuestra exposición de Gaizka es la GCCF[21], que ha dicho[22]: «solo podemos condenar esta pieza de primera indignante e inmoral de chismes personalizados completamente aparte de un terreno político»[23]
En suma, dos recriminaciones: 1) Que no es Gaika, sino la CCI quien tendría comportamientos indignos del proletariado, de denigración y provocación; 2) que en nuestra denuncia se sustituyen las cuestiones políticas por las personales.
No es la primera vez que frente al rigor en la defensa del medio proletario y la denuncia de comportamientos indignos, las organizaciones revolucionarias son atacadas con calumnias sobre su “autoritarismo” y sus “maniobras”, como si fueran ellas quienes empleasen los mismos medios que los aventureros y provocadores descubiertos. Ese fue el caso en la AIT: «La burguesía que comprendió, desde su punto de vista lógicamente, el peligro histórico que para sus intereses de clase representaban las lecciones sacadas por la Primera Internacional, respondió a las revelaciones del Congreso de La Haya, haciendo todo lo posible por desprestigiar ese esfuerzo. Y así, la prensa y los políticos de la burguesía señalaron que la lucha contra el bakuninismo no era una lucha de principios, sino una sórdida disputa por el poder dentro de la Internacional, acusando a Marx de haber eliminado a su rival, Bakunin, mediante una campaña de falsificaciones. Lo que, en otras palabras, la burguesía intentaba inculcar a los trabajadores es que las organizaciones obreras utilizaban los mismos métodos, y no eran por tanto mejores, que las organizaciones de sus explotadores. El hecho de que la inmensa mayoría de la Internacional apoyase a Marx fue atribuido al “triunfo del autoritarismo” en sus filas, y a la supuesta tendencia de sus miembros a ver enemigos de la Asociación acechando por todas partes. Bakuninistas y lassalleanos llegaron incluso a difundir rumores de que el propio Marx era un agente de Bismark.»[24]
El propio Bakunin no dudó en presentar la lucha de la Internacional por la defensa de sus estatutos y funcionamiento contra el espíritu sectario y sus intrigas como una “pelea de sectas”: «Así en su Carta a los Hermanos en España Bakunin se queja de que la resolución de la Conferencia de Londres (1872) contra las sociedades secretas, fue, en realidad, adoptada por la Internacional con objeto de “despejar el camino a su propia conspiración, a la de la sociedad secreta que, bajo el liderazgo de Marx, existe desde 1848, habiendo sido fundada por Marx, Engels y el fallecido Wolf, y que resulta ser la más impenetrable sociedad alemana de comunistas autoritarios (...) Hay que reconocer que la lucha que se ha entablado en el seno de la Internacional, no es más que una lucha entre dos sociedades secretas”»[25]
En la visión del mundo de estos elementos como Bakunin, el GIGC, o Gaizka, no cabe la honestidad, los principios organizativos o la moral proletaria; solo proyectan en los demás su propia forma de comportarse. Como dice la sabiduría popular, «cree el ladrón que todos son de su condición».
Sin embargo, «Lo que resulta más serio y mucho más peligroso es que tales infamias encuentren un cierto eco en las filas del propio medio revolucionario. Tal fue el caso, por ejemplo, de la biografía de Marx escrita por Franz Mehring. En este libro, Mehring, que perteneció a la combativa ala izquierda de la IIª Internacional, declara que el folleto del Congreso de La Haya sobre la Alianza resultaba “imperdonable” e “indigno de la Internacional”. En su libro, Mehring defiende no solo a Bakunin, sino también a Lassalle y Schweitzer, contra las acusaciones de Marx y los marxistas.»[26]
«Ese desprestigio de la lucha marxista contra el bakuninismo y el lassalleanismo, por parte de Mehring, tuvo efectos devastadores para el movimiento obrero en las siguientes décadas, pues no sólo condujo a una cierta rehabilitación de aventureros políticos como Bakunin y Lassalle, sino que, sobre todo, permitió al ala oportunista de la socialdemocracia antes de 1914 borrar las lecciones de las grandes luchas por la defensa de la organización revolucionaria de los años 1860 y 1870. Fue un factor decisivo de la estrategia oportunista para aislar a los bolcheviques en la IIª Internacional, cuando en realidad su lucha contra el menchevismo pertenece a la mejor tradición de la clase obrera. La IIIª Internacional sufrió también el legado de Mehring, y así en 1921, un artículo de Stoecker (“Sobre el bakuninismo”), se basó igualmente en las críticas de Mehring a Marx, para justificar los aspectos más peligrosos y aventureros de la llamada Acción de marzo de 1921 del KPD (Partido comunista alemán) en Alemania.»[27]
Pero vayamos a la segunda acusación, la de personalizar las cuestiones políticas y, más precisamente, de evocar “chismes o asuntos privados”. Para empezar, nuestra denuncia no se basaba en airear cosas intimas, sino en exponer comportamientos políticos públicos, ampliamente documentados. Lo que expusimos sobre Gaizka son hechos que pertenecen a la esfera de la acción pública de los políticos de la burguesía y que, por tanto, deberían ser considerados atentamente por los militantes comunistas ¿qué hacía en el campo de la Izquierda Comunista un individuo que había frecuentado reiteradamente los círculos políticos de alto nivel del Estado burgués?
Ahora bien, en segundo lugar, existen hechos “privados” (intrigas, maniobras, contactos secretos, relaciones oscuras etc.) cuyo conocimiento es necesario para comprender y poder denunciar acciones destructivas contra el proletariado o contra las organizaciones revolucionarias. Denunciarlos no tiene nada que ver con el chismorreo.
Sobre esto, mejor que responder nosotros mismos, dejemos a Engels que lo haga. En uno de los múltiples artículos que Marx y él mismo tuvieron que escribir en defensa de la AIT, acusada desde toda la prensa burguesa, y por los provocadores y seguidores de Bakunin, y puesta en cuestión por los propios militantes indecisos, Engels responde a un artículo del Vperyod[28] de Peter Lavrov[29], que cuestiona el informe de la comisión del congreso de la Haya sobre “La Alianza de la Democracia Socialista y la AIT”[30], porque se trataría de una “polémica cáustica sobre asuntos personales y privados con informaciones que solo pueden venir de chismes” , y esto es lo que dice:
«El cargo principal (contra el informe sobre la Alianza, NdR), sin embargo, es que el informe está repleto de asuntos privados … de chismes. Su afirmación es en cualquier caso frívola en extremo. Los hechos en cuestión están probados por auténtica evidencia y aquellos que están implicados han tenido buen cuidado de no contestarlos.
Pero el Amigo Peter[31] es de la opinión de que los asuntos privados, como las cartas privadas, son sagrados y no deberían publicarse en debates políticos. Aceptar la validez de este argumento en cualesquiera que sean los términos significa hacer imposible que se escriba sobre la historia… Así que, si uno está describiendo la historia de una pandilla como la Alianza, en la que se encuentra tal cantidad de embaucadores, aventureros, canallas, espías de la policía, estafadores y cobardes, junto a aquellos a los que han engañado, ¿debería uno falsificar esa historia ocultando a sabiendas las villanías individuales de esos señores como “asuntos privados”?...
Cuando sin embargo Vperyod describe el informe como un torpe mejunje esencialmente de hechos privados, está cometiendo un acto difícil de caracterizar, … Nadie puede leer “Un complot contra la Internacional” sin convencerse de que los asuntos privados intercalados son la parte más insignificante, son ilustraciones para proveer un cuadro más detallado de los personajes implicados, y podrían suprimirse sin poner en cuestión el punto principal del informe. La organización de una sociedad secreta con la única intención de someter al movimiento obrero de Europa a la dictadura oculta de unos pocos aventureros, las infamias cometidas para llevar a cabo ese propósito, particularmente por Nechaiev en Rusia –ese es el tema central del informe, y mantener que todo gira solo sobre asuntos privados es, cuanto menos, irresponsable»[32].
¿Podemos tolerar en el Medio político proletario un elemento que ha mantenido contactos y ha colaborado con altos mandatarios del Estado burgués? ¿Podemos creer que alguien así se presente ahora como representante de la Izquierda Comunista? ¿Podemos construir organizaciones del proletariado y preparar el futuro partido de la revolución con individuos como éste dejándole hacer? El silencio enconado de Gaizka es una confirmación de su colaboración con el Estado burgués como denunciamos. Su hoja de servicios principalmente al PSOE[33] y en algún momento a los liberales; y después sus contactos con la Izquierda Comunista y su desaparición al indagarse sobre aspectos problemáticos de su comportamiento para una militancia comunista[34], configuran la trayectoria de un aventurero.
La aspiración de un grupo formado alrededor de este elemento de ser considerado parte de la Izquierda Comunista, si llegara a verse realizada incluso puntualmente, significaría la introducción de un caballo de Troya cuya finalidad no puede ser otra que desvirtuar y socavar la herencia de la tradición proletaria y sus principios programáticos y organizativos que representan las organizaciones de la Izquierda Comunista. Y ello independientemente de la honestidad de los miembros del grupo de Gaizka que puedan estar engañados.
En ese sentido y salvando todas las distancias, igual que Bakunin, como dice Engels, quería imponer su dictadura a escondidas a la Internacional, que agrupaba el movimiento obrero de Europa, Gaizka quiere ser, igualmente encubierto tras un grupo –Nuevo Curso- donde posiblemente hayan elementos ofuscados, una referencia de la Izquierda Comunista, especialmente para los jóvenes en búsqueda de posiciones políticas proletarias. Pero su vinculación con la Izquierda Comunista sólo puede confundir las posiciones de ésta haciendo pasar principios izquierdistas o estalinistas y métodos de aventurero como posiciones de Izquierda.
En ese empeño criminal, Gaizka cuenta con el apoyo organizado del grupo parásito y gansteril de la GIGC, que lo presenta precisamente como adalid del reagrupamiento; pero también con el consentimiento que significa el silencio frente a sus iniciativas de otros grupos del Medio proletario.
11.04.2020
[2] Nos referimos al Groupe International de la Gauche Comuniste y a la web de Monsieur Bourrinet: Pantópolis
[3] Un miembro de la Izquierda de Bremen durante las luchas revolucionarias en Alemania. Fue delegado de los Comunistas Internacionalistas de Alemania (IKD) en el congreso de fundación del KPD (partido comunista de Alemania, diciembre 1918)
[4] Paul Frölich "Im radikalen Lager" Politische Autobiografie 1890-1921, capitulo Leipzig, Berlín 2013 pag. 51 : «He had an instinct for tactical behaviour. Once I was very surprised that he did not respond to repeated attacks from another party newspaper. "Very simply", he said, "I was wrong about one important point. Now I let them bark until they are hoarse and history is forgotten. Until then I'm deaf"». Se trata de Paul Lensch (1873-1926), un elemento con una historia dudosa en el movimiento obrero, que trabajó con Frölich como redactor de talento en el diario socialdemócrata Leipziger Volkszeitung y al que caracteriza como «un bulldog de espaldas anchas y patas fuertes, tan mordiente sin piedad como acogedor (…) que se supone que tenía mucho de la elegancia de Mehring, pero en quien la brutalidad de su carácter acababa siempre abriéndose paso. Un fanfarrón avispado (…) sin nada que lo uniera en sus adentros a la clase obrera». También capaz de estar en el “sitio justo” si eso ayudaba a su carrera; en 1910 fue parte de la izquierda de la Socialdemocracia jugando un dudoso papel en el asunto Radek; luego presente la noche del 4 de agosto de 1914 en el apartamento de Rosa Luxemburgo (contra la guerra imperialista) y poco tiempo después, en 1915 partidario de la extrema derecha de la Socialdemocracia y defensor junto a Cunow y Haenisch del “socialismo de guerra” –que defendía la guerra con una argumentación “marxista”- en la revista Die Glocke, de Parvus, entre otras. Lensch no era simplemente un socialdemócrata que se dejó arrastrar a la derecha y finalmente a la traición del proletariado; en tanto que elemento sin ninguna vinculación militante ni confianza en la clase obrera, era ante todo un carrerista deshonesto que se escondía tras el marxismo y que era capaz de guardar silencio cuando fuera necesario.
[5] En ese libro, que le ocupó un año de trabajo, Marx no solo se defendía de las acusaciones canallas de Vogt, sino que asumía igualmente la defensa de la Liga de los Comunistas, y ello a pesar de que ésta ya había desaparecido; sin embargo defender la tradición que representaba, el Manifiesto Comunista, los principios de organización, la continuidad del Movimiento obrero, fue de vital importancia; al contrario de todos los que consideran que Marx habría perdido el tiempo en minucias, o incluso su buen criterio político y su entrega desinteresada a la lucha del proletariado
[6] Marx/Engels Collected Works, 2010 Lawrence &Wishart Electric Book, Vol 24
[7] Puesto que Stalin había aplastado cualquier vestigio de lo que fueron los medios obreros en el periodo revolucionario, la Comisión tuvo que estar compuesta mayoritariamente por miembros de la intelectualidad y la cultura con prestigio por su independencia de criterio y su honestidad. Dewey era uno de ellos. Las sesiones de la comisión se desarrollaron en México.
[8] En Jacques Freymond, La Primera Internacional, Ed. ZERO 1973, pag. 355
[9] El informe fue encargado a una comisión de encuesta por el congreso de la Haya de la AIT (1872). Después de que el congreso escuchó y discutió el informe, tomó la decisión de excluir a Bakunin y algunos de sus seguidores de la Internacional.
[10] Biblioteca Virtual Sit Inn – www.sitinn.hpg.com.br [177], Bakunin por Bakunin – Cartas. Carta au Journal de Gêneve. En portugués en el original. Traducido por nosotros: «o Sr. Marx, o chefe dos comunistas alemães, que, sem dúvida por causa de seu tríplice caráter de comunista, alemão e judeu, me odiou». « Eu vos confesso que tudo isso me enojou profundamente da vida pública. Estou farto de tudo isso. Após ter passado toda minha vida na luta, estou cansado. Já passei dos sesenta anos, e uma doença no coração, que piora com a idade, torna minha existência cada vez mais difícil. Que outros mais jovens ponham-se ao trabalho. Quanto a mim, não sinto mais a força, nem talvez a confiança necessária para empurrar por mais tempo a pedra de Sysipho contra a reação triunfante em todos os lugares. Retiro-me, pois, da liça, e peço a meus caros contemporâneos apenas uma coisa: o esquecimento»
[11] Ver en nuestra web: https://es.internationalism.org/content/4488/lassalle-y-schweitzer-la-lu... [57]
[12] Bebel, My Life, The University of Chicago press, The Baker & Taylor co., New York, pag. 152. En inglés en el original, traducido por nosotros: «Schweitzer was more tan once publicly accused of this shameful action, but he never dared to defend himself»
[13] Idem, pag 156. «Our speeches contained a summary of all the accusations we had levelled against Schweitzer. There were sveral violent interruptions, especially when we accused him of being a Government agent; but I refused to withdraw anything… Schweitzer, who sat behind us when we spoke, did not utter a Word in reply. We left at once, some of the delegates guarding us against assault from the fanatical supporters of Schweitzer, amid a storm of imprecations, such as “Knaves!” “Traitors!” “Rascals!” and so forth. At the doors our friends me tus and took us under their protection, escorting us in safety to our hotel»
[14] Ver en Nashe Slovo nº 2: «Epitaphy for a living friend»
[15] “Fracción Interna de la CCI”, grupo parásito cuyos miembros fueron excluidos de la CCI negándose a defender sus posiciones y sus actuaciones ante la comisión de recurso que el 15° congreso había nombrado. Uno de sus miembros destacados, conocido por Jonás, había sido expulsado antes por comportamientos indignos de la militancia revolucionaria. Ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/200207/3276/documentos-de-la-vida-de-la-cci-el-combate-por-la-defensa-de-los-p [178] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/834/fraccion-interna-de-la-cci-intento-de-estafa-a-la-izquierda-comunis [179]
[16] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200602/471/circulo-de-comunistas-internacionalistas-argentina-que-es-y-que-funcion [180]
[17] Simón sería excluido en el 11º congreso de la CCI por comportamientos incompatibles con la militancia comunista
[18] Visiblemente se trata de un error, puesto que El GIGC data su artículo contra la CCI el 1 de Enero, antes no solo de que publicáramos la interpelación a Gaizka –ver nota 1- (28.01), sino de la fecha que lleva a pie de página (20.01). Al publicar nuestro artículo de denuncia, el GIGC se ha apresurado a corregir la fecha de publicación de su texto.
[19] Buró Internacional por el Partido Revolucionario, de tendencia Damenista, actualmente Tendencia Comunista Internacionalista (TCI)
[21] Gulf Coast Communist Fraction
[22] Vaya por delante que no pretendemos en absoluto igualar por el mismo rasero a la GIGC/Bourrinet y la GCCF. El GIGC es un grupo parásito que solo existe para atacar a la CCI y aunque hubiéramos publicado un artículo de denuncia de Mata Hari ellos dirían que “no han notado nada”, para pasar directamente al ataque. Y otro tanto puede decirse de Bourrinet. La GCCF es un grupo joven sin experiencia y en búsqueda de clarificación, sensible a las zalamerías de Gaizka y del GIGC/Bourrinet.
[23] «we have nothing but condemnation for this egregious and immoral hit-piece of personalized gossips completely removed from a political terrain»
[24] "Cuestiones de organización, IV - La lucha del marxismo contra el aventurerismo político [182]".
[25] Idem
[26] Idem
[27] Ver nota (1) del mismo artículo
[28] Vperyod (Adelante) un periódico en ruso editado en Gran Bretaña, de tendencias narodniki
[29] Lavrov Pyotr Lavrovich (1823-1900) filósofo, sociólogo y periodista ruso, partidario narodniki (populismo); miembro de la 1ª Internacional que participó en la Comuna de París
[30] En Alemania el informe se tradujo como “Un complot contra la Internacional” por eso en las Obras citadas (del inglés), Engels se refiere así al informe de la comisión de encuesta de la Haya, en lugar de “La Alianza de la Democracia Socialista y la Asociación Internacional de los Trabajadores”, pero se trata del mismo informe.
[31] Engels se refiere así a Pyotr Lavrov, como explica al inicio del artículo, para respetar el anonimato que éste escrupulosamente le requiere y del cual Engels se burla, puesto que el verdadero nombre del redactor de Vperyod es bien conocido tanto en Gran Bretaña como en Rusia; por eso propone referirse al autor como Peter, “un nombre muy popular en Rusia
[32] Engels, Refugee Literature III, Marx/Engels Collected Works, 2010 Lawrence &Wishart Electric Book, Vol 24 pag 21-22 (traducido por nosotros): «The main charge, however, is that the report is full of private matters …collected by hearsay. His assertion is, anyway, frivolous in the extreme. The facts in question are attested by authentic evidence, and those concerned took good care not to contest them. But Friend Peter is of the opinion that private matters, such as private letters, are sacred and should not be published in political debates. To accept the validity of this argument on any terms is to render the writing of all history impossible…
Again, if one is describing the history of a gang like the Alliance, among whom there is such a large number of tricksters, adventurers, rogues, police spies, swindlers and cowards alongside those they have duped, should one falsify this history by knowingly concealing theindividual villainies of these gentlemen as "private matters"?... When, however, the Forward describes the report as a clumsy concoction of essentially private facts, it is committing an act that ishard to characterise. Nobody can read the "Komplott gegen die Internationale" without being convinced that the private matters interspersed in it are the most insignificant part of it, are illustrations meant to provide a more detailed picture of the characters involved, and that they could all be cut without jeopardising the main point of the report. The organisation of a secret society, with the sole aim of subjecting the European labour movement to a hidden dictatorship of a few adventurers, the infamies committed to further this aim, particularly by Nechayev in Russia —this is the central theme of the book, and to maintain that it all revolves around private matters is, to say the least,irresponsible.»
[33] Partido Socialista Obrero Español
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El panorama es desolador, los muertos se cuentan por cientos, el olor ácido inunda muchos sectores de la ciudad, familias enteras han perecido, al igual que muchos trabajadores de la salud. Hasta ahora el estado ecuatoriano reconoce 315 muertes por COVID-19[1], sin especificar de ese número cuántos corresponden a la ciudad de Guayaquil; no obstante, la cantidad de fallecidos por COVID-19 en Guayaquil, no representa la cantidad objetiva que la población, médicos, periodistas y personas extranjeras han sido testigos de la enorme tragedia; por su parte el Estado incapaz de responder a la emergencia sanitaria, trata de ocultar las cifras de los cuerpos esparcidos por calles y avenidas que ante la denuncia de mucha gente, poco a poco son retirados para almacenarlos en tres dependencias hospitalarias, además, las morgues están llenos de cadáveres sin identificar. Ante esta situación, cada día se vive el drama de cientos de familias reclamando los restos de sus seres queridos para proceder con un entierro digno. Es un espectáculo de horror producto de la falta de hospitales, sin personal médico suficiente, sin medicamentos, con recortes presupuestarios permanentes, lo que indica que la burguesía no está interesada en resolver necesidades elementales de la gente, el comportamiento cínico y mentiroso de la burguesía es propio y exclusivo de criminales.
Por ahora la ciudad de Guayaquil sigue sumergida en la histeria y el miedo, cuyas imágenes recorren el mundo provocando indiganción y solidaridad en muchos trabajadores. Igual reacción provoca muchos lugares donde los Estados no pueden atender a miles de infectados por una epidemia que la burguesía conocía desde hacía años que podía ocurrír.
Los medios de información exponen la magnitud del desastre, ningún país hasta hoy, ha mostrado cuán preparado estaba ante una emergencia de la magnitud que está viviendo la humanidad, todo lo contrario, demuestra la desatención y el deterioro de los sistemas sanitarios que han colapsado en China, EEUU, España, Italia, incluso, se podría pronosticar los mismos efectos en países que se han vuelto supuestamente modelos de excelencia en administración burguesa como Dinamarca. El comportamiento de la burguesía, en todos los países ha sido similar, primero han minimizado el impacto de la pandemia, luego han cambiado por un comportamiento más alarmante de preocupación, sin embargo, todo resulta inútil ante el deplorable sistema sanitario mundial con el que cuentan hoy los Estados que no pueden responder a la emergencia del COVID-19, una epidemia que ha estado latente en los últimos veinte años. Por tanto, la conducta hipócrita de los gobernantes, no se resume sino, en tratar de salvar la economía por sobre las vidas de las personas, tal como lo dijo el Vicepresidente de USA a inicios de marzo de 2020, en otras palabras, cómo continuar acumulando capital en perjuicio de trabajadores y población en general.
Como parte del deterioro del sistema sanitario mundial, el estado ecuatoriano, como ha ocurrido en otros países, el 2019 despidió 2500 trabajadores entre médicos, enfermeros y personal de limpieza; el presupuesto para salud del 2020, la asamblea nacional, lo aprobó con menos 81 millone de dólares respecto al año anterior, (3.097 millones de dólares/presupuesto de salud 2019). Si comparamos el presupuesto de salud 2019 con el pago de la deuda externa del mismo año que fue de 8.107 millones de dólares, eso demuestra la preferencia del Estado ecuatoriano en la acumulación de capital dejando de lado la salud y otras necesidades de la población.
Por tal razón, el impacto que ha provocado el COVID-19 en Guayaquil, se debe a una burguesía que no le interesa la salud de la población, ni le interesa invertir en infraestructura y menos aún, en los trabajadores sanitarios. Es así que, desde el 16 de marzo que oficialmente se declaró la pandemia en Ecuador, ese mismo día, el Ministro de Economía Richard Martinez declaró su intención de pagar 325 millones de dólares a los tenedores de Bonos del Estado, cosa que lo efectivizó el 21 marzo, en medio de una crisis sanitaria que desbordaba de muertos por doquier. Este mismo acto llevó a que renunciara la Ministra de Salud, Catalina Andramuño, acusando al gobierno de Moreno de no proporcionarle los recursos para enfrentar la pandemia. Mientras tanto, la Alcaldesa de Guayaquil, la derechista Cintya Viteri, además de lavarse las manos, le trasnfirió la responsabilidad de levantar los cadáveres al gobierno central de Moreno. Por su parte, el Vicepresidente Otto Sonnenholzner, desde el 16 de marzo, aparece como un héroe enfrentado la pandemia, aunque en verdad, se trata de una campaña promocionándose para las próximas presidenciales. Éste panorama, resume el grado de descomposición de la burguesía en Ecuador y en muchos países del mundo.
La tragedia que atraviesa la ciudad de Guayaquil, probablemente, hasta ahora, es la más cruda y dramática, sin embargo, la responsabilidad no corresponde al virus ni a la población a quien se intenta transferir la responsabilidad de “indisciplinados”, sino, es el sistema capitalista, incapaz de satisfacer las necesidades humanas el verdadero responsable del desastre sanitario tal como se lo anunciaba en nuestro artículo publicado el 25 de marzo de 2020: “una realidad que quedará palidecida cuando se contabilice el impacto de esta epidemia en América Latina, África, donde los sistemas sanitarios son aún mucho más precarios o directamente inexistentes”.[2] Un anuncio previsible, precisamente por las contradicciones del capitalismo a nivel mundial.
Los impactos que ha provocado la burguesía en el tratamiento de la crisis de la pandemia en Guayaquil, son varios:
La crisis sanitaria del COVID-19, lo que ha hecho es demostrar el carácter que siempre ha tenido la burguesía con respecto a las necesidades humanas, por tal motivo, los trabajadores, además de conocer cómo se comporta su clase enemiga, debe preparase para intervenir en un futuro no tan lejano para cambiar de raíz la sociedad capitalista que no promete ningún futuro. La única posibilidad de salir de este horrible atolladero, es la revolución proletaria con una perspectiva comunista. En este callejón sin salida de la burguesía, queda claro que:
En una sociedad desordenada y anárquica que solo busca la ganancia, no contempla la satisfacción de las necesidades humanas, por tal razón, las fuerzas productivas con que cuenta la humanidad, es el producto del trabajo de la clase obrera internacional que es explotada al servicio de la burguesía, por tanto, serán los mismos trabajadores que podrán llevar adelante la revolución mundial para cambiar el destino de la humanidad, en una sola comunidad humana mundial.
Contra el virus de la sociedad capitalista en descomposición,
¡Proletarios de todos los países uníos!
Internacionalismo Ecuador
Sección de la Corriente Comunista Internacional
Abril de 2020.
[1] En el momento que publicamos este artículo el gobierno ecuatoriano reconoce 369 muertos lo que expresa una fuerte subestimación. Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-51705060 [184]
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En estos días raros en lo que lo anormal se ha hecho norma, sin arañar siquiera la superficie del sistema de dominación, sino como una continuación exacerbada de esa asfixiante dominación de lo cotidiano. Con un Estado capitalista cada vez más empoderado como entidad mediadora de toda la vida social; un grupo de compañeros que llevamos muchos años compartiendo militancia en diversas iniciativas de la ciudad de Alicante y alrededores, nos hemos reunido para iniciar un debate sobre la situación actual e histórica. Nuestra militancia, que ha divergido en el trascurso de los años, conserva dos elementos desde una perspectiva de Clase: la afirmación de la necesidad real de la autonomía de la Clase obrera (nuestra Clase) y del internacionalismo proletario. En consecuencia, aun cuando existen criterios divergentes en ciertas cuestiones, nos reconocemos en el movimiento revolucionario histórico e internacional del proletariado.
- La necesidad constante de acumulación del capital determina la constancia imparable de sus crisis. La ciencia histórica de la Clase obrera llegó a establecer una pauta temporal, cada 10 - 15 años la crisis es un fenómeno imparable.
- La crisis se solventaba a través de la destrucción de personas, mercancías y mercados; la guerra es el fenómeno prioritario para favorecer la destrucción necesaria que impone la lógica suicida del capital.
- La mundialización del capitalismo (desde principios del siglo XX), y la desaparición progresiva de los mercados precapitalistas, exacerba las rivalidades interburguesas y da entrada a una situación de crisis acumulada, donde se desarrollan guerras imperialistas a gran escala con un poder de destrucción masivo.
- La segunda guerra imperialista mundial y la terrible destrucción que genera (como secuela de la primera guerra imperialista), con el consenso de los obreros de todos los países aliados a sus respectivas burguesías bajo las banderas del fascismo o la democracia (ambas caras perversas del perverso capital), propician la recuperación económica de los llamados “30 gloriosos”, los años de reconstrucción y crecimiento acelerado. Un balón de oxígeno a un capital acorralado por su propio desarrollo.
- Desde el retorno de la crisis (años 70) y de la lucha proletaria, no han sido pocos los intentos del capital de volver a enrolarnos en una gran guerra, ni pocas las guerras locales que se han librado sobre nuestros cuerpos y los de nuestros hermanos y hermanas de Clase.
- Sin embargo, dos factores han impedido el desarrollo de una guerra a gran escala en el sentido clásico: la humanidad rechaza ser enrolada en nuevas guerras, hay una conciencia (aun no de clase) de rechazo lógico a la guerra desde una óptica pacifista, no revolucionaria. Un intento forzado del capital hacia la guerra pudiera acelerar, la actualmente lenta, toma de conciencia. Por otro lado, la proliferación de armas nucleares pudiera convertir una última aventura guerrera, en la última de las guerras. La burguesía, una clase sin escrúpulos a la no le asusta derramar la sangre ajena, si teme por sus propias venas.
La actual crisis del coronavirus arroja algunas cuestiones que precisan ser sopesadas y clarificadas, cuestiones generales:
. Ideológicamente, exacerba los elementos más brutales de la ideología dominante, los pilares sobre los que se sostiene la falsa conciencia de la realidad: el nacionalismo, la defensa de la nación y la lucha unida y por encima de las divisiones de la sociedad en clases contra el virus malvado, la unión de ricos y pobres por encima de la realidad misma, la llamada constante (entre vítores y aplausos y casposas canciones) a la sacrosanta UNIDAD NACIONAL. La atomización, la estrategia de la separación de nuestros iguales y de nosotros mismos, cristalizada a la perfección en el confinamiento, la proscripción del contacto, del cariño, de la solidaridad.
. Políticamente, renueva las necesidades del capitalismo de Estado, el papel superior y rector del Estado como garante y mediador directo de todas, TODAS, las relaciones humanas. Y no olvidemos (como tan interesadamente hace la izquierda capitalista) que el Estado, es el órgano de poder de la burguesía, no es un estamento neutral que vela objetivamente por los intereses de la mayoría, es el estado de poder de una minoría. La represión con excusa vírica, la militarización de la vida social, son sólo algunos síntomas de esta enfermedad, y posiblemente vengan para quedarse. Se habla de economía de guerra, estado de guerra y se nos quiere convertir a todos en soldaditos, desde esa asquerosa lógica MILITARISTA.
En el terreno económico valoramos diversas opciones, que por el momento no somos capaces de dilucidar:
Bueno, la verdad es que lo que está pasando no lo empezaremos a ver más o menos claro hasta que no pase un tiempo, obviamente.
En lo económico vemos como está afectando a todos los países en mayor o menor medida y no está tan claro que "bloque imperialista" es el que sale ganando, si bien es cierto que la libre circulación de mercancías beneficia la acumulación, no es menos cierto que en los últimos años se libra una guerra comercial entre China, USA y la UE. Las políticas proteccionistas han aumentado frente a un pastel más pequeño (el mundo) a repartir entre los mismos carroñeros. Está por valorar como afecta y como el capital va a aprovechar el fenómeno del coronavirus, pero una hipótesis se cierne y se entrecruzan desde la misma necesidad de la guerra imperialista:
Nos preguntamos si puede el fenómeno vírico ser un sustituto de la guerra imperialista clásica, ya que pudiera llegar a equiparar su capacidad destructiva de mano de obra, mercancías y mercados, favoreciendo procesos cíclicos de reconstrucción. De ser esta opción viable (ello no sólo depende de la voluntad de la burguesía) la reedición de estas situaciones, de los estados de excepción y de la paralización temporal y parcial de ciertas áreas económicas, se tornará cíclica y constante. De hecho, este tipo de situaciones ya se da en ciertas regiones del planeta, donde lo que aquí se considera excepcional, es algo normal en los ciclos de supervivencia. Pudiera ser esto una evidencia de la decadencia imparable del sistema capitalista, o bien una vía de acumulación frente a su decadencia imparable. Dicho de otro modo, sería la forma que adopta la guerra imperialista a gran escala en el futuro inmediato.
No obstante, nos plantemos serias dudas sobre esta hipótesis, ya que para que esto fuera así, debería provocar además de la destrucción de mercados y mercancías (algo factible por el hundimiento económico) millones de muertes para conseguir destruir suficiente mano de obra que de otra forma quedaría en la miseria. No parece el caso, el número de muertes, aunque se le dé mucho bombo no es ni mucho menos alarmante, más bien parece ser que lo que se quiere evitar es el colapso de los hospitales. Solo la miseria cotidiana ya causa millones de muertes por el hambre y las enfermedades o la contaminación en los países industrializados...Y aunque igualmente factible, demasiado peligroso incluso para las élites, siendo equiparable a una guerra nuclear. Es decir, una auténtica pandemia vírica mayoritaria afectaría tanto a ricos como a pobres, a no ser que estos tuvieran la vacuna de antemano.
No debemos obviar tampoco los reiterados avisos sobre la inminente destrucción de millones de empleos a causa de la robotización, las migraciones masivas a causa de fenómenos meteorológicos por el cambio climático y la sobrepoblación de las ciudades convertidas en muchos casos en gigantescas favelas.
Quizás esta "pandemia" sirva de excusa para un nuevo replanteamiento de las relaciones laborales, más y más precariedad, etc.., y para un nuevo orden mundial, pero esto entraría en el terreno de la conspiranoia, con su "internacional" capitalista capaz de dictar que políticas deben cumplir los Estados, ¿todos? Aunque a decir verdad los capitalistas tienen su internacional en distintos organismos BM, FMI, G7, OMS...
Sabemos del simulacro sobre una epidemia vírica llevado a cabo en septiembre y que ha salido a la luz.
¿Puede que se trate de una cortina de humo que esconda un "inminente" colapso de la economía mundial y que sirva para resetear el sistema...y ya de paso colar nuevas medidas de represión para un nuevo tiempo???
Para la lógica del capitalismo sin duda es necesaria la destrucción de mano de obra, a la vez que un abaratamiento del trabajo, y desde distintas posiciones (unas más conspiranoicas que otras) esto se da por hecho. La sobrepoblación es un problema de seguridad y principal para todos los Estados.
Tampoco es descartable que efectivamente estas pandemias se deban a las crisis climáticas y a la nociva relación entre los humanos y otras especies, sumado a la incapacidad de los Estados para darles solución más allá de la aplicación de medidas policiales/militares... y quizás para de paso ganar una pasta.
- Los límites del capital no están sólo, ni principalmente en sus contradicciones económicas, en esa tendencia matemática al decrecimiento de la tasa de ganancia. El capital demuestra en este sentido, su capacidad creativa, la apertura de nuevas formas de acumularse, aun cuando sea en falso, de sacar cabeza sobre el sangriento lodazal que es su dominio.
- El límite real del capital, en el sentido de PODER derribarlo y trasformar el mundo de raíz, instaurar la verdadera Vida frente a la supervivencia, es la revolución proletaria mundial.
- Como en toda guerra imperialista, la burguesía centra sus esfuerzos en el terreno ideológico, nos bombardea con un aluvión de acciones inertes para realizar durante el encierro y mantenernos activos y sin pensar (como buenos zombis), a la par que expande sus elementos ideológicos clásicos con ferocidad: defensa de la economía nacional y rechazo “a lo de fuera” (ahora convertido en peligrosa enfermedad) y desconfianza de nuestros iguales. La soledad nos seguirá matando, más rápido que cualquier virus.
- No es preciso negar la existencia del virus para exigir la necesidad de negar, en la práctica, la brutalidad de la sociedad realmente existente. La lógica militar y guerrera del capital.
- Hoy como ayer, la consigna internacionalista y revolucionaria del proletariado será enfrentar a todas las burguesías y sus Estados, retomar la frase cierta, de que, dados a elegir, elegimos nuestra autonomía de Clase, porque, sin duda, todas las fracciones de la burguesía son peores.
Nuestra intención es seguir discutiendo y debatiendo, la actividad más subversiva que hoy se puede desarrollar es recuperar las armas de la crítica, y deseamos abrir esa discusión a todos los camaradas que deseen aproximarse a ella y compartir sus posiciones con nosotros. Por lo que este documento es solo el principio de una herramienta para el debate… CONTINUARÁ…
PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES, ABRACEMOSNOS
PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES, TOSAMOS FUERTE CONTRA EL BURGUES MÁS PRÓXIMO
Fdo: ex-CAUs
Saludamos la iniciativa de reunirse y discutir. Es una expresión del esfuerzo de toma de conciencia en la clase obrera y simultáneamente una contribución a su desarrollo.
Los compañeros fijan como punto de partida su adhesión a la clase obrera y al internacionalismo. Esto lo ven como marco de discusión donde se expresan divergencias. Por otra parte, conciben sus reflexiones como algo abierto, en evolución, y declaran su intención de “seguir discutiendo y debatiendo, la actividad más subversiva que hoy se puede desarrollar es recuperar las armas de la crítica, y deseamos abrir esa discusión a todos los camaradas que deseen aproximarse a ella y compartir sus posiciones con nosotros”.
Nos parece el método adecuado en el mundo proletario: partir de lo que nos une para en ese marco abordar lo que nos pueda separar mediante un debate sano y abierto.
Ese es el método que vamos a seguir en nuestra respuesta con el fin de animar una discusión en la que participen otros grupos y compañeros.
Frente a la crisis pandémica y la crisis económica en ciernes, los compañeros postulan rechazan que el capitalismo desaparecerá por sí solo, abatido por sus propias contradicciones, al contrario, afirman que “El límite real del capital, en el sentido de PODER derribarlo y trasformar el mundo de raíz, instaurar la verdadera Vida frente a la supervivencia, es la revolución proletaria mundial”. Por tanto “No es preciso negar la existencia del virus para exigir la necesidad de negar, en la práctica, la brutalidad de la sociedad realmente existente. La lógica militar y guerrera del capital”, por lo que “Hoy como ayer, la consigna internacionalista y revolucionaria del proletariado será enfrentar a todas las burguesías y sus Estados, retomar la frase cierta, de que, dados a elegir, elegimos nuestra autonomía de Clase, porque, sin duda, todas las fracciones de la burguesía son peores”.
Compartimos plenamente estas posiciones, así como la denuncia de cómo el capital está “gestionando” la crisis pandémica: aprovecha el confinamiento para imponer una ideología de guerra y de Unión Nacional, que favorece la atomización, el individualismo, el cada uno a la suya, el todos contra todos, el miedo a “lo extraño” y, por tanto, insidiosamente estimula la xenofobia y el racismo. “La burguesía centra sus esfuerzos en el terreno ideológico, nos bombardea con un aluvión de acciones inertes para realizar durante el encierro y mantenernos activos y sin pensar (como buenos zombis), a la par que expande sus elementos ideológicos clásicos con ferocidad: defensa de la economía nacional y rechazo “a lo de fuera” (ahora convertido en peligrosa enfermedad) y desconfianza de nuestros iguales. La soledad nos seguirá matando, más rápido que cualquier virus”
Compartiendo este valioso terreno común, queremos analizar lo que no nos parece válido en las posiciones que expresan los compañeros.
Una parte de su texto desarrolla especulaciones sobre la posibilidad de que la pandemia hubiera sido provocada por el capital para que, extinguiendo masivamente vidas, jugara el papel de una guerra imperialista: liquidar fuerza de trabajo y mercancías para reanudar la acumulación de capital[1]. Los propios compañeros se plantean serias dudas sobre estas ideas.
Los compañeros, sin embargo, dudan un tanto de la gravedad de la pandemia: “el número de muertes, aunque se le dé mucho bombo no es ni mucho menos alarmante, más bien parece ser que lo que se quiere evitar es el colapso de los hospitales. Solo la miseria cotidiana ya causa millones de muertes por el hambre y las enfermedades o la contaminación en los países industrializados...”. No es la naturaleza estrictamente virológica de la enfermedad lo que la hace tan letal, sino una serie de factores sociales históricos de gran relevancia: el colapso de los sistemas sanitarios en todo el mundo; su propagación rápida y vertiginosa en base a la enorme intensificación de la producción mundial en las últimas décadas; la desorganización y la parálisis social y económica que ha hecho emerger y ha agravado; la respuesta misma de los Estados que revela una incompetencia evidente y una incuria indignante. Son este conjunto de factores, ligados a la fase histórica de descomposición del capitalismo[2], lo que hace del virus el catalizador de una crisis social de dimensión mundial.
En la historia de la humanidad, las grandes pandemias conocidas han ido ligadas a momentos históricos de decadencia de un modo de producción. La peste negra del siglo XIV estalla en la decadencia del feudalismo. La primera guerra mundial, entrada del capitalismo en decadencia, acarrea la terrible pandemia de la gripe española que provocará 50 millones de muertos.
La COVID19 es, para nosotros, una expresión de la Decadencia del Capitalismo y de forma más precisa de su fase terminal de Descomposición. Necesita comprenderse en el marco de un sistema cuyas contradicciones provocan enormes catástrofes como dos Guerras Mundiales y una interminable cadenas de guerras localizadas aún más devastadoras; los grandes cataclismos económicos que se traducen en un desempleo crónico, en una agravación de la precariedad, el derrumbe de los salarios, el empobrecimiento generalizado; en la alteración climática y la destrucción medioambiental que llevan igualmente a catástrofes tildadas de “naturales”; en el deterioro general de la salud; y, no menos importante, la dislocación social con una barbarie moral y una descomposición ideológica que favorece toda clase de derivas místicas e irracionales.
Es muy positivo que los compañeros reivindiquen la necesidad de la revolución proletaria mundial como única respuesta posible a esta escalada de la barbarie. Pero ¿Cuál es la base material de esta reivindicación? Para nosotros es la decadencia del capitalismo, como ya señaló la Plataforma de la Internacional Comunista (1919): “Ha nacido una nueva época. Época de disgregación del capitalismo, de su hundimiento interior. Época de la revolución comunista del proletariado”.
Esta pandemia pone precisamente de manifiesto la validez de aplicar el concepto marxista de decadencia – cuando el modo de producción se convierte en un freno a las fuerzas productivas que él mismo ha desarrollado – a la situación del capitalismo actual: cuando la peste del siglo XIV no se conocían los microbios en general, en 1918-19 no se habían descubierto los virus. Pero ¿hoy? El virus del Covid 19 se ha secuenciado en semanas. Lo insoportable de las muertes por el coronavirus no es su cantidad, sino que todas serían perfectamente evitables si la ciencia y la tecnología ya existentes no estuvieran sometidas a las leyes de la ganancia y la concurrencia.
Los compañeros desarrollan ciertas ideas que relativizan la noción de Decadencia del Capitalismo, así, afirman que “La necesidad constante de acumulación del capital determina la constancia imparable de sus crisis. La ciencia histórica de la Clase obrera llegó a establecer una pauta temporal, cada 10 - 15 años la crisis es un fenómeno imparable”.
En la ascendencia del capitalismo (su apogeo en el siglo XIX y principios del XX) las crisis tenían un carácter cíclico pues eran “la manifestación de que el mercado interno se halla saturado y necesita ampliarse de nuevo. Por consiguiente, son periódicas (cada 7 a 10 años) y se resuelve con la apertura de nuevos mercados. Estallan de repente. Son de corta duración y no son generalizadas a todos los países. Desembocan en un nuevo impulso industrial. No plantean crisis políticas del sistema”[3].
En el periodo ascendente las crisis cíclicas eran la manifestación del desarrollo del capitalismo, cada una de ellas era un estímulo para nuevas expansiones por todo el mundo, para la conquista de mercados y un desarrollo espectacular de las fuerzas productivas.
En cambio, en la decadencia (desde la segunda década del siglo XX), las crisis “se desarrollan progresivamente en el tiempo. Una vez empezadas se caracterizan por su larga duración. De este modo, mientras que la relación recesión-prosperidad era de unos 1 a 4 en el siglo XIX (2 años de crisis en un ciclo de 10 años), la relación entre la duración del marasmo y la de la recuperación pasa a 2 en el siglo 20. Entre 1914 y 1980, ha habido 10 años de guerra generalizada (sin tener en cuenta a las guerras locales permanentes), 32 años de depresión (1918-22, 1929-39, 1945-50, 1967-80), o sea un total de 42 años de guerra y de crisis, contra, sólo 24 años de reconstrucción (1922-29 y 1950-67). Mientras que, en el siglo XIX, la máquina económica se impulsaba de nuevo por sus propias fuerzas, al terminar cada crisis, las crisis del siglo XX desde un punto de vista capitalista no tienen “solución” sino en la guerra generalizada. Al ser estertores de un sistema moribundo, las crisis plantean al Proletariado la necesidad y la posibilidad de la revolución comunista. El siglo XX es claramente "la era de las guerras y de las revoluciones" como lo indicaba, cuando se fundó, la Internacional Comunista”.
Desde 1914 la economía capitalista no funciona según el esquema crisis – prosperidad en una dinámica ascendente, sino, que tiende a una crisis crónica, que, pese a la intervención masiva de los Estados -capitalismo del Estado- es cada vez más grave.
Los compañeros denuncian claramente la naturaleza imperialista de la guerra y combaten con firmeza las banderas con las que las fuerzas del capital (desde la extrema derecha a la extrema izquierda) pretenden movilizar tras ellas a los proletarios: nación, fascismo, democracia etc.
Esto es muy justo y lo compartimos, sin embargo, estiman que “dos factores han impedido el desarrollo de una guerra a gran escala en el sentido clásico: la humanidad rechaza ser enrolada en nuevas guerras, hay una conciencia (aun no de clase) de rechazo lógico a la guerra desde una óptica pacifista, no revolucionaria. Un intento forzado del capital hacia la guerra pudiera acelerar, la actualmente lenta, toma de conciencia. Por otro lado, la proliferación de armas nucleares pudiera convertir una última aventura guerrera, en la última de las guerras. La burguesía, una clase sin escrúpulos a la que no le asusta derramar la sangre ajena, si teme por sus propias venas”
Estamos totalmente de acuerdo con el primer factor. Si la humanidad no se hundió en los años 70-80 del siglo pasado en una Tercera Guerra Mundial fue por la resistencia del proletariado de las grandes concentraciones industriales a dejarse alistar para la guerra. Esta resistencia fue más bien pasiva y planteada a nivel individual lo que limitó seriamente su fuerza como dicen los compañeros.
Ahora bien, el segundo factor que apuntan no nos parece correcto. La guerra imperialista tiene una lógica infernal que hace que una vez desencadenada se convierte en una vorágine de destrucción y barbarie que es casi imposible detener.
En el periodo ascendente del capitalismo “la guerra tiene la función de asegurar a cada nación capitalista una unidad y una extensión territorial necesaria para su desarrollo. En este sentido, a pesar de las calamidades que lleva consigo, es un momento de la naturaleza progresiva del capital. Las guerras están limitadas a 2 o 3 países por lo general limítrofes y son de corta duración, provocan pocas destrucciones, determinan, tanto para los vencidos como para los vencedores un nuevo impulso”.
En oposición a ello, las guerras de la decadencia “ya no son el resultado de las necesidades económicas del desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, sino, esencialmente, de causas políticas. Ya no son momentos de la expansión del modo de producción capitalista, sino la expresión de la imposibilidad de su expansión. Ya no puede desarrollar la valorización de su capital, sino únicamente mantenerla a expensas de los países del bloque adverso con el resultado final de la degradación de la totalidad del capital mundial. Las guerras son guerras generalizadas al conjunto del mundo y tienen como consecuencia enormes destrucciones de la economía mundial yendo así hacia la barbarie generalizada. De ningún modo son las guerras del siglo XX "curas de juventud", sólo son convulsiones de un sistema moribundo”.
Las guerras imperialistas no ofrecen ninguna solución a las contradicciones del capital, sino que, por el contrario, las agravan. Si bien es cierto que, como dicen los compañeros, “La segunda guerra imperialista mundial y la terrible destrucción que genera (…), propician la recuperación económica de los llamados “30 gloriosos”, los años de reconstrucción y crecimiento acelerado. Un balón de oxígeno a un capital acorralado por su propio desarrollo”, esa reconstrucción se debió a que, por un lado, Estados Unidos no sufrió en su propio país ninguna destrucción, por lo que pudo erigirse en factor de acumulación a escala mundial y, por otra parte, había todavía áreas no capitalistas en el planeta para permitir ese balón de oxígeno al capitalismo.
Desde ese punto de vista, la guerra imperialista es un engranaje irracional que escapa al control de los diferentes imperialismos nacionales participantes. Es posible que cada cual “lamente” la ruina que se está generando, pero la apuesta de cada capital nacional es salir ganador y poder cargar sobre los rivales (y sobre la propia clase obrera) las consecuencias de la guerra. De ahí que la proliferación actual de armas nucleares no constituya el menor freno en el sentido de volver “racionales” a los capitalistas y evitar ir “demasiado lejos”.
La naturaleza cada vez más incontrolable y alejadas de toda racionalidad para la lógica del propio sistema, de sus contradicciones nos permite comprender la pandemia actual. De la misma forma que las guerras imperialistas -especialmente las que se generalizan- se convierten en un mecanismo imparable, las pandemias, como la actual, son un engranaje que, una vez puesto en marcha, resultan de muy difícil control.
Esa irracionalidad lleva al extremo de que los países más “avanzados” se estén robando unos a otros los suministros necesarios para hacer frente a la pandemia, aunque eso signifique ¡¡¡ agravarla aún más a escala mundial!!! Y por tanto para sí mismos a medio plazo. Como hemos señalado en el artículo sobre la “guerra de las mascarillas”[4], ante problemas mundiales, la clase explotadora no puede deshacerse de su fragmentación en intereses nacionales contrapuestos. La dinámica centrífuga irracional también se expresa en la actual pandemia en el fenómeno de que, dentro de los Estados nacionales, las administraciones regionales se disputan y se hacen trampa unas a otras los suministros sanitarios, como hemos podido ver en Estados Unidos, Alemania y España.
Estamos viendo que la pandemia expresa una crisis económica mundial en ciernes que finalmente está tomando forma y tiende a tomar proporciones que muchos analistas ven incluso mayores que en 2008.
Concentrándonos en el plano epidemiológico, nos hablan de “pasar la cuarentena” en la esperanza del “día después”. Sin embargo, en primer lugar, ese “día después” tarda en llegar y tiende a prolongarse. En segundo lugar, existe un consenso en los medios científicos de que pueden darse nuevas oleadas de infección cuyas consecuencias son imprevisibles. En última instancia, los sistemas de salud, ya de por sí muy deteriorados antes de la pandemia, ¿en qué condiciones quedan para enfrentar esta y otras muchas enfermedades? No olvidemos que en años recientes han proliferado epidemias de ébola, dengue, SIDA, cólera, zika etc.
Por ello, pensamos que la cuestión clave no es la pandemia en sí, sino las condiciones históricas en las que se está desarrollando como resultado y factor acelerador de las graves contradicciones en las que el capitalismo cae tras un siglo de decadencia y más de 30 años de descomposición social e ideológica.
Corriente Comunista Internacional 20-4-20
[1] Las ideas “conspiranoicas” tienen cierto impacto. Una encuesta en USA mostraba que un 33% de los encuestados creían que la pandemia había sido provocada de manera artificial. Tenemos el propósito de hacer un artículo sobre el tema.
[2] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[3] La lucha del proletariado en el capitalismo decadente https://es.internationalism.org/revista-internacional/200805/2265/la-lucha-del-proletariado-en-el-capitalismo-decadente [189] . Mientras no se diga lo contrario las citas siguientes proceden de este documento.
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Continuando la serie que iniciamos sobre los Gobiernos de Izquierda entre 1931-39[1], vemos ahora qué hicieron los gobiernos monocolores del PSOE (1982-96 con Felipe González y 2004-2011 con Zapatero). Este estudio histórico tiene el objetivo militante de dar una respuesta NEGATIVA a las preguntas sobre el actual gobierno de coalición PSOE-UP: ¿sería preferible a un gobierno de derecha? ¿crearía un muro contra la extrema derecha de Vox? ¿llevaría políticas que, aunque fuera mínimamente, ayudarían a los obreros y a “los más desfavorecidos”?
La guerra de 1936 significó el alistamiento del proletariado para un enfrentamiento entre bandos burgueses (el franquista y el republicano) que causó una cruel masacre (un millón de muertos), abrió la puerta a la barbarie de la Segunda Guerra Mundial (60 millones de muertos) y condujo a la instauración de un régimen de terror: el franquismo.
Derrotado el proletariado, la burguesía española podía prescindir de las formalidades democráticas y ejercer su dictadura sin tapujos mediante un régimen basado en la tutela militar de una “coalición” de derechas: Falange, abiertamente fascista, la derecha conservadora tradicionalista, la democracia cristiana y los monárquicos de Don Juan, el abuelo del actual rey. Este agrupamiento se rige no tanto por el engranaje democrático (partidos, votaciones, derechos etc.) sino por la dictadura personal del “caudillo” (Franco).
La ideología del régimen cambiará al hilo de la evolución mundial, aunque siempre tuvo dos pilares fundamentales resumidos en el “nacional – catolicismo”: un nacionalismo trasnochado y ridículo basado en recordar las “glorias imperiales” de España, perdidas en la noche de los tiempos, y un integrismo católico. El famoso “por el imperio hacia dios”.
En 1939-43 Franco coquetea con la Alemania nazi. Sin embargo, al ver que está perdiendo la guerra, se distancia gradualmente mediante un pacto “discreto” con los británicos. Finalizada la contienda, se integra en el bloque imperialista USA exhibiendo una ruidosa ideología anticomunista. USA firmará un pacto para establecer bases militares en la península (1953), favorecerá su admisión en la ONU (1956) y con la visita de Eisenhower (1959) le dará un fuerte espaldarazo.
En los 60, el crecimiento económico será utilizado por el régimen para agitar la bandera del “Desarrollismo”. Un “desarrollo” logrado con salarios de miseria, una explotación brutal, la emigración a Europa de 2 millones de trabajadores, y que tendrá pies de barro: el turismo, la especulación inmobiliaria y un núcleo industrial relativamente rentable.
Sin embargo, este régimen, acostumbrado a tratar de forma despiadada a una clase obrera sometida y amordazada, carecerá de los medios políticos adecuados (sindicatos “obreros”, libertades democráticas, partidos políticos) para hacer frente a un resurgimiento de la lucha obrera.
Ya en 1946 hubo una huelga general en Manresa (ciudad industrial de la provincia de Barcelona) que estalló de forma espontánea. En 1947 se produjo la lucha de los astilleros Euskalduna de Bilbao, en 1951 el famoso boicot a los tranvías en Barcelona y en 1956 huelgas en la cuenca minera de Asturias donde los obreros eligen comisiones obreras (organismos cuyo nombre fue recuperado para desarrollar un sindicalismo clandestino por parte del PCE[2]). La oleada de huelgas que en 1962 tiene como epicentro Asturias se extiende a fábricas de Barcelona y Valencia.
Desde mediados de los 60 se produce una maduración subterránea en los obreros de muchos países, con la irrupción de nuevas generaciones proletarias que no han vivido la época más dura de la contrarrevolución y que se expresan en el Mayo 68 y se extiende a numerosos países (el Otoño Caliente Italiano de 1969, el Cordobazo argentino de 1969, la insurrección en Polonia 1970 etc.)[3]
Esta recuperación histórica del proletariado tiene su eco en España. La huelga de la construcción de Madrid de 1970, la huelga de Seat en Barcelona (1971), la huelga masiva de Vigo que crea una Asamblea General de Ciudad y la huelga de Ferrol (1972), la huelga masiva de Pamplona (1973), la huelga del Bajo Llobregat (1974), son las manifestaciones más avanzadas de una amplia combatividad obrera que desborda no solamente las estructuras sindicales del régimen, sino que en muchos casos escapa al control del sindicato clandestino CCOO.
En 1974 se bate en España el récord mundial de huelgas en un Estado donde ¡la huelga está prohibida! Esto supone una seria deslegitimación del régimen, por ello, amplios sectores de la burguesía española quieren librarse de él e ir a la “restauración de la democracia”. Estados Unidos y otros países del bloque occidental comprenden el peligro y la CIA favorece la eliminación por el grupo terrorista ETA del sucesor del “caudillo”, Carrero Blanco (atentado de 1973). Sectores del régimen ven necesario “evolucionar”, entre ellos Fraga, que se había distinguido en los años 60 por su furibunda represión de la prensa “aperturista”.
Empujado por presiones nacionales e internacionales, el régimen comienza en 1974 una “apertura” (el “Espíritu del 12 de febrero”) tolerando actos de los partidos de oposición, llevando conversaciones con el PSOE[4] y dando cada vez más cancha a los sindicatos “obreros”. Todo ello desembocará en el nombramiento de Juan Carlos como nuevo jefe del Estado y, aprovechando la muerte del dictador en noviembre de 1975, la “transición a la democracia” a través de sucesivas maniobras: las cortes franquistas se hacen el harakiri y aceptan la “reforma política” (mayo de 1976), la formación del gobierno Suarez (julio 1976) que combina figuras del régimen con algunas caras de la “Oposición Democrática”[5], las elecciones de 1977 y la constitución de diciembre de 1978.
La democracia nace manchada con sangre obrera: en medio de una gigantesca oleada de huelgas, la lucha de los obreros de Vitoria (marzo de 1976) que culmina en una Asamblea General de Ciudad es ferozmente reprimida con 5 obreros asesinados[6].
Igualmente, otra “hazaña” de la democracia son los Pactos de la Moncloa (1977) que ahora se quieren revivir. Estos supusieron un primer hachazo a las condiciones obreras que habían tenido una leve mejora como fruto de las numerosas luchas desde 1962. En nombre de la democracia y de la “participación” a través de los sindicatos “obreros” se reducían los salarios, se empezaba a favorecer los despidos en masa y se daba carta blanca a los empresarios para endurecer el régimen laboral “a condición de pactarlo con los sindicatos representativos”.
La derrota en 1939 del bando republicano supuso la desbandada de los partidos del Frente Popular. Los republicanos ya no levantarían cabeza y hoy son irrelevantes. El PSOE perdió la mayoría de sus cuadros en España, subsistiendo algunos núcleos en torno a su sindicato UGT en Asturias y País Vasco. El único partido que mantendrá una estructura sólida será el PCE, pese a los violentos golpes represivos del régimen. En una primera etapa, el PCE animará guerrillas en áreas dispersas de la geografía española. Sin embargo, su aplastamiento le llevará a un cambio de estrategia: creación de núcleos clandestinos en las fábricas, entre la intelectualidad y en algunas zonas agrarias. Esta política tendrá como eje la “reconciliación nacional” para restaurar la democracia. Esta “reconciliación nacional” pretende acoger a “sectores disidentes del régimen franquista”. Se trata pues de un veneno contra la clase obrera que es encerrada en la nación, la democracia y que lava la cara incluso a la parte “dialogante” (¿?) de la dictadura.
El PCE logrará establecer estructuras de control de la clase obrera que vendrán muy bien a la burguesía con el resurgimiento de las luchas que acabamos de exponer. De hecho, el régimen franquista será el mejor propagandista del PCE al atribuirle obsesivamente toda huelga, toda “alteración del orden público”, al designarlo como un enemigo omnipresente. Lo bien cierto es que cuando se abre la “transición a la democracia”, el PCE es con mucha distancia el partido mejor implantado a escala nacional, poseyendo el sindicato más eficaz -CCOO- y contando con cuadros políticos muy experimentados.
Este desnivel entre el peso enorme del PCE y el muy pequeño del PSOE es un peligro para el bloque USA que teme que los estrechos vínculos de los partidos “comunistas” con Rusia hagan bascular una España en convulsión hacia el bloque imperialista rival, peligro que se manifestó claramente en Portugal, donde el derrumbamiento en 1974 de la dictadura de Salazar abrió una grieta importante que aprovecharon sectores del ejército aliados con el PCP para intentar consolidarse en el poder teniendo éxito hasta su liquidación definitiva en 1976-77.
El PCE comprendió la necesidad de distanciarse de la URSS: en 1968 aprovechó la invasión rusa de Checoslovaquia para “criticar” a Rusia, además Carrillo -gerifalte del partido estalinista- se inventó para la ocasión -en comandita con el PC italiano- la doctrina “eurocomunista” por la que renunciaba a la dictadura de partido único, el método de sumisión al bloque ruso, y se comprometía a respetar los “cauces democráticos”. Más aún, en 1977 reconoció y “saludó” la monarquía de Juan Carlos[7].
Simultáneamente, una pandilla andaluza en torno a Felipe González -el famoso “Clan de la Tortilla”- tomó al asalto el PSOE apartando al viejo aparato de dinosaurios, instalados en el exilio. La operación gozó inmediatamente del apoyo del SPD alemán de Willy Brandt. Asimismo, los trotskistas contribuyeron a la implantación del sindicato socialista, la UGT, para hacer contrapeso al sindicato estalinista, CCOO.
Sin embargo, estos pasos, además del claro apoyo de todos los sectores de la burguesía, incluida la franquista[8], no fueron suficientes. Se necesitaba “más ayuda” para darle las estructuras y el personal necesario para gobernar. El PCE, de la mano de Carrillo, se autosaboteó y a través de sucesivas expulsiones fue empujando hacia el PSOE a numerosos cuadros, especialmente aquellos que se habían tomado en serio la pamplina del “eurocomunismo”. Tales fueron los casos de Semprún y Solé Turá, ministros en los gobiernos PSOE.
Con todos estos mimbres, el PSOE se convirtió en la principal oposición al gobierno UCD. Este gobierno se reveló cada vez más inviable, pues ya había cumplido su función de adaptar las viejas estructuras del franquismo al nuevo marco de la democracia parlamentaria y se colocaba en un “centro” que le empujaba a tierra de nadie. De ahí que la convocatoria de elecciones en octubre de 1982 proporcionara un triunfo sonado al PSOE en nombre del “cambio”.
El “cambio” se tradujo en una adaptación a las estructuras económicas europeas que permitieran la integración en la UE (1986) y un reforzamiento de la adhesión a la OTAN mediante un referéndum (1986) que mostró el cinismo y la duplicidad del PSOE: pasó del “no a la OTAN”, al ambiguo “OTAN de entrada no” para acabar con un SI abierto y descarado.
Sin embargo, donde el PSOE mostró su naturaleza de partido que es la negación de la O de Obrero y la S de socialista, fue con su ataque a los trabajadores donde actuó como una apisonadora:
Estos golpes ampliaron considerablemente la obra iniciada por los Pactos de la Moncloa e inauguraron un ENGRANAJE PERMANENTE de degradación laboral que, desde entonces, se ha ido profundizando gobierno tras gobierno.
Confirmando lo que había hecho en los gobiernos de la República (ver la primera parte de este artículo) al PSOE no le tembló la mano en la REPRESION anti – obrera. Tres casos de asesinato de obreros en lucha fueron:
El PSOE reforzó el aparato de represión con leyes que en nombre del “antiterrorismo” proporcionaban medios legales y policiales para aplastar las luchas obreras y los militantes comunistas. Un ejemplo de ello fue la famosa ley Corcuera, un sindicalista de la UGT nombrado ministro del Interior, que fue popularmente conocida como la “ley de la patada en la puerta”.
Apartado de todo gobierno durante la larga noche del franquismo, el PSOE había suscitado grandes ilusiones que se vieron cruelmente decepcionadas. El Gobierno PSOE fue una clara demostración de lo que es la Izquierda del Capital: EN LA OPOSICION DICE LO QUE NUNCA HARÁ Y EN EL GOBIERNO HACE LO QUE NUNCA HABIA DICHO. En la campaña electoral de 1982 prometió 800 mil puestos de trabajo y durante los 14 años de gobierno se destruyeron más del doble de esa cifra.
Tras 8 años de gobiernos de la derecha bajo la batuta de Aznar, en 2004 el PSOE volvió de nuevo al poder con Rodríguez Zapatero como cabeza visible. Su primera medida, con la que logró una pequeña popularidad, fue retirar las tropas españolas del avispero iraquí. En 2003 se habían producido manifestaciones masivas contra la guerra de Irak en numerosos países confirmando el rechazo a la guerra muy extendido en el proletariado internacional. No obstante, estas demostraciones estaban dominadas por la ideología pacifista lo que debilitó su fuerza[9].
La retirada de Irak no desmentía la naturaleza imperialista y militarista del PSOE. El Gobierno PSOE de González se había implicado fuertemente en la primera guerra de Irak (1990-91) e igualmente en la guerra de Yugoslavia. Por su parte, el gobierno Zapatero participó activamente en acciones guerreras en El Líbano[10], Afganistán y Libia[11].
Con el habitual cinismo “socialista”, Zapatero y sus ministros justificaron estas intervenciones diciendo que eran “humanitarias”, buscaban la “paz” y estaban bendecidas por la ONU. Nuestro artículo antes citado desmonta estas justificaciones: “Zapatero y Llamazares[12] gustan de santificar sus operaciones guerreras con la bendición de la ONU. Pero las acciones amparadas por la ONU son tan imperialistas como las que emprende por cuenta propia Estados Unidos en Irak. Las Resoluciones de la ONU dieron el visto bueno a la primera guerra del Golfo (1991) que causó medio millón de muertos o muchos episodios bárbaros en Yugoslavia (1991-95), Ruanda (un millón de muertos) etc.”. Las verdaderas motivaciones son desveladas a continuación “¿Cuál es el papel del Capital Español en esta telaraña sangrienta? Enviando tropas a El Líbano defiende su pretensión de ser una potencia “mediterránea” con “algo que decir” en Oriente Medio, enviando tropas a Afganistán busca no quedarse fuera de una batalla crucial para el control de Asia Central, vientre estratégico del planeta. Irak era una apuesta perdedora y por eso ZP se retiró revocando la orientación anterior de Aznar”
El primer gobierno Zapatero planteó el ataque a los trabajadores enmascarado mediante la estrategia perversa de tomar a los más pobres como coartada para atacar al conjunto de la clase obrera y todo ello en nombre de la “solidaridad” y del “sacrificio” por “los que menos tienen”. Como denunciamos en Acción Proletaria nº 190 “Lo que [lo]distingue de Aznar no es el carácter despiadadamente anti -obrero de su acción de gobierno, sino el lenguaje con el que pretende embaucarnos para que lo aceptemos. Del “autoritarismo” de Aznar hemos pasado al “talante”. Si el gobierno “socialista” ha generalizado la reducción a 33 días por año trabajado de la indemnización por despido, lo hace con el paripé de la lucha contra la precariedad laboral”[13]
Como consecuencia indirecta de los despidos en los astilleros, en 2005 se produjo un accidente en El Ferrol donde murieron 4 obreros, nuestra denuncia dejaba claro que “Navantia (la antigua Bazán) es una empresa pública. Nos dicen que desde que está en manos del PSOE, está gestionada con “sensibilidad social”. Todo esto es una mentira monumental. Los ritmos se han endurecido. Los contratos eventuales y la subcontratación se han multiplicado (…) El término “accidente” no es exacto, debemos llamarle crimen. Crimen porque juegan con la vida de los trabajadores a sabiendas de los riesgos cada vez mayores que corren. Crimen porque no tiene más lógica que la supervivencia de la empresa, de sus negocios, de sus beneficios, cueste lo que cueste y caiga quien caiga”[14]
En 2006, el Gobierno pactó con Patronal y Sindicatos -¡todos cómplices contra la clase obrera!- una nueva Reforma Laboral cuyo objetivo era ampliar aún más los casos de precariedad hasta generalizarla para los nuevos contratos[15].
La especulación inmobiliaria que se extendió a numerosos países (especialmente USA, Gran Bretaña y España) permitió aplazar la crisis que finalmente estalló en 2008, pero este respiro se hizo a costa de los trabajadores. Los precios de la vivienda se dispararon. Como denunciamos en el artículo Debate sobre el problema de la vivienda[16] “130 años después de la aparición del libro de Federico Engels[17] el capitalismo no solo no ha resuelto el problema de la vivienda, sino que lo ha agravado hasta extremos de pesadilla. Hoy, en Europa o en USA los hijos de esa generación vuelven a padecer el problema de la vivienda: sus altos precios, los empleos precarios, los salarios indignos, les obligan a permanecer en casa de los padres. Vuelve a repetirse el que varias familias tengan que hacinarse en pisos de 3-4 habitaciones. A ello se añade el número creciente de los sintecho que afecta cada vez más a obreros”.
El Gobierno Zapatero siguió su método habitual de proclamar una cosa y hacer lo contrario. Con gran estruendo anunció “medidas de ayuda”, pero en la práctica disminuyó el plazo para los desahucios, redujo las ayudas a la vivienda y las desgravaciones fiscales por primera vivienda etc. Ayudando a la especulación inmobiliaria contribuyó a hinchar los precios de las casas hasta hacerlos inalcanzables.
En los gobiernos Zapatero el problema de la emigración se aceleró y su política fue una represión feroz envuelta en discursos grandilocuentes de “tolerancia” y “bienvenida” a los emigrantes: “Zapatero, que se presenta hoy como el más sensible de todos los dirigentes mundiales al drama de la emigración, no vaciló hace menos de 3 años en levantar una "sirga" electrificada para que los emigrantes que trataban de entrar en Ceuta y Melilla quedaran atrapados en las alambradas. Tampoco le tembló la mano a la hora de "subcontratar" a la gendarmería marroquí que no tiene fama precisamente de modales "democráticos" para dispersar en mitad de la nada africana a quienes habían viajado durante meses y años para llegar a "las puertas de Europa", no ha dudado en invertir un chorro de millones de euros en navíos de guerra y sofisticados sistemas de vigilancia electrificada que blinden Europa. En esta carrera de inhumanidad y cinismo la Izquierda no tiene nada que envidiar a la derecha. Es, si cabe, aún más repugnantemente cínica. El PSOE, mientras denuncia la xenofobia del PP y se presenta como "integrador", se encarga de organizar "razzias" para aterrorizar a los emigrantes como la que hemos visto semanas atrás en Torre Pacheco (Murcia). Es esa misma izquierda que denuncia el racismo de la Derecha, la que suelta euros a los gobiernos de los países de origen de los emigrantes para que encierren a quienes osan huir de la miseria, como ha puesto en evidencia Amnistía Internacional que ha denunciado el "Guantanamito" de Nuadibú en Mauritania construido y financiado por el gobierno "socialista"[18].
Con el estallido de la Gran Recesión de 2008-2011 el margen de maniobra para presentar de una forma políticamente enmascarada el ataque a los trabajadores se redujo. El segundo gobierno Zapatero se caracteriza por medidas brutales cuyos efectos siguen perdurando, endurecidos a continuación por el Gobierno Rajoy.
Como denunciamos en el artículo Plan de austeridad del Gobierno Zapatero: El peor ataque a los trabajadores desde que se instauró la democracia[19] el tercer gobierno “socialista” tras la muerte del dictador, lanzó un ATAQUE FRONTAL en mayo de 2010:
1.- Bajada de sueldo a los empleados públicos en mayo 2010
2.- Eliminación del subsidio de 400 euros
3.- Enésima Reforma Laboral en septiembre de 2010[20]
4.- Recorte general de prestaciones sociales
5.- Amputaciones brutales en servicios y en personal tanto en la Sanidad como en la Enseñanza
6.- Nueva y muy grave reforma de las pensiones
Estas medidas se vieron acompañadas por otras muchas igualmente letales: el coste de la electricidad se disparó (¡más del 50% en los años de gobierno PSOE!), los desahucios se multiplicaron de forma exponencial, el desempleo llegó a los 5 millones[21].
El gobierno Rajoy (2011-2018) tomó el relevo e impulsó la rueda AUSTERICIDA aún más lejos siguiendo la senda del PSOE. En 1982-96 el gobierno González lanzó un primer gran ataque que abonó el terreno a las medidas del gobierno Aznar. Repitiendo el “modelo” el Gobierno Zapatero fue la lanzadera de los enormes recortes del gobierno Rajoy. Los Gobiernos PSOE son pioneros en el ataque a los trabajadores.
Durante la primera legislatura “socialista” las luchas obreras habían quedado aisladas, a pesar de tener algunas, atisbos de conciencia y combatividad. Se puede citar la mencionada lucha de Vigo en 2006 y la de SEAT[22]. Sin embargo, el gobierno PSOE percibió, con la colaboración imprescindible de los sindicatos, el descontento creciente que sus ajustes estaba suscitando en los obreros. Los sindicatos pusieron de su parte con la convocatoria de varias “huelgas generales” que eran, como denunciamos, UNA MOVILIZACION PARA DESMOVILIZAR[23].
El gobierno del “buenismo” lanzó una dura represión anti -obrera. En diciembre de 2010, tomó a los controladores aéreos como cabeza de turco para aplicar el Estado de Alarma por primera vez desde los tiempos de Franco. Era un aviso ante futuras luchas[24]. Frente al movimiento del 15 M el gobierno PSOE, con el siniestro Rubalcaba al frente del ministerio del Interior, desplegó una sórdida represión[25].
No es objeto de este artículo analizar este movimiento que tuvo una dimensión internacional[26], lo que sí queremos subrayar es la toma de conciencia que mostraron las Asambleas masivas sobre la naturaleza capitalista del PSOE. Era denunciado como principal autor de las medidas de la austeridad, como agente del capital, como cómplice de la derecha. Y se comprendía a su vez que la pretendida “alternativa” de IU era un engaño más. Diversos eslóganes testimoniaban esta reflexión: “PSOE, PP, la misma mierda es”, “Entre rosas y gaviotas[27] nos toman por idiotas”, “¿Dónde está la izquierda? Al fondo a la derecha”.
No se trata de sobrestimar este esfuerzo de conciencia, eran solo primeros atisbos. Sin embargo, expresaban que los jóvenes obreros habían perdido las ilusiones en los gobiernos “socialistas”[28] y empezaban a ver que la Izquierda no es sino el ala zurda del Estado capitalista.
Contrariamente a la operación de marketing político que Pablo Iglesias y sus amiguetes hoy defenestrados (Bescansa, Monedero, el niñato Errejón) montaron alrededor de Podemos, esta fuerza capitalista no tiene nada que ver con el 15 M, en realidad es una cuerda de buitres carroñeros que utilizan sus debilidades para darse una imagen de “renovación” y cubrirle las espaldas al PSOE, como se puede ver hoy en el gobierno de coalición. Pero de ello hablaremos en futuros artículos[29].
C. Mir 20-4-20
[1] https://es.internationalism.org/content/4521/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-i [192]
[2] Ver en Acción Proletaria nº 1 Comisiones Obreras una ilusión contrarrevolucionaria.
[3] Ver Hace 50 años Mayo 68 https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4296/hace-50-anos-mayo-de-1968 [193]
[4] Fraga, nombrado embajador en Londres proclamaba a los cuatro vientos la necesidad de articular el “bipartidismo” formado por una Derecha democrática “templada” y un partido socialista también “templado”.
[5] Desde 1971 con la constitución de la “Asamblea de Cataluña”, los partidos de oposición clandestina se habían unido para articular una negociación con los sectores más “abiertos” del régimen. A escala de España, el PCE se rodeó de personajillos de “oposición” para constituir en 1974 la “Junta Democrática” y en 1975 el PSOE formó su propio tinglado, la Plataforma Democrática. Finalmente, todos se juntaron a regañadientes con la tutela del bloque imperialista USA, colaborando con el Gobierno Suarez para dar una fachada democrática a la dictadura franquista.
[6] Ver Hace 40 años la naciente democracia española se estrenó con los asesinatos de obreros en Vitoria /content/4144/hace-40-anos-la-naciente-democracia-espanola-se-estreno-con-los-asesinatos-de-obreros [194]
[7] Sobre la contribución vital de Carrillo al capital español ver Santiago Carrillo: siniestro personaje al servicio de la burguesía y del capitalismo https://es.internationalism.org/cci-online/201210/3498/santiago-carrillo-siniestro-personaje-al-servicio-de-la-burguesia-y-del-capit [195]
[8] El PSOE era conocido en los ambientes políticos como “la lavadora” por la cantidad de políticos de segundo nivel procedentes del franquismo que acogió en sus filas. Dos ejemplos significativos fueron Barrionuevo (ministro del Interior en el gobierno PSOE entre 1982-88) y Vera, su ayudante, ambos procedentes del franquismo.
[9] Para una denuncia del pacifismo ver, entre otros, Las verdaderas causas de la Segunda Guerra Mundial https://es.internationalism.org/revista-internacional/198910/2140/internationalisme-1945-las-verdaderas-causas-de-la-segunda-guerra- [196]
[10] Ver Líbano: 6 soldados muertos en misión de guerra https://es.internationalism.org/cci-online/200706/1936/libano-6-soldados-muertos-en-mision-de-guerra [197]
[11] Ver Del «¡No a la guerra!» de Irak, al «¡Sí a la guerra!» de Libia https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201103/3076/del-no-a-la-guerra-de-irak-al-si-a-la-guerra-de-libia [198]
[12] Llamazares fue coordinador general de Izquierda Unida (el tinglado que se montó el PCE para impedir su desaparición definitiva) entre 2000-2008 y apoyó de forma incondicional al gobierno Zapatero.
[13] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200607/991/la-situacion-economica-en-espana-crisis-economica-y-empobrecimiento-cre [199]
[14] Cuatro trabajadores muertos en Ferrol: ¡Expresemos nuestra indignación y nuestra solidaridad! https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200506/8/cuatro-trabajadores-muertos-en-ferrol-expresemos-nuestra-indignacion-y-nu [200]
[15] Una respuesta de clase a la precariedad que se organizó mediante una Asamblea General de Ciudad fue la huelga masiva del metal de Vigo. Ver Huelga del metal de Vigo, los métodos proletarios de lucha /content/910/huelga-del-metal-de-vigo-los-metodos-proletarios-de-lucha [201]
[16] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200601/410/debate-sobre-el-problema-de-la-vivienda [202]
[17] Se trata de un famoso libro de Engels: Contribución al problema de la vivienda https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/vivienda/index.htm [203]
[18] Ver Emigración: Contra el cinismo de la burguesía, ¡Solidaridad de todos los trabajadores! /content/2314/emigracion-contra-el-cinismo-de-la-burguesia-solidaridad-de-todos-los-trabajadores [204]
[19] https://es.internationalism.org/cci-online/201005/2872/plan-de-austeridad-del-gobierno-zapatero-el-peor-ataque-a-los-trabajadores-de [205]
[20] En un artículo de denuncia de esta andanada y donde hacíamos un recapitulativo de todas las “reformas” perpetradas desde 1976 señalábamos que “Lo que la burguesía española necesita, con la urgencia que la plantea la agravación de la crisis capitalista mundial es descargar un nuevo y criminal hachazo a lo que ella llama "costes laborales" que son en realidad nuestras vidas” y, para dar ejemplo, el gobierno del “talante social” de Zapatero estrenaba la reforma “con los trabajadores de una empresa pública como es la agencia oficial de noticias (EFE), que se negaron a aceptar una reducción de salarios del 8% y que por ello sufrieron 29 despidos por "causas objetivas" Ver /content/2901/reforma-laboral-2010-un-criminal-hachazo-mas-contra-todos-los-trabajadores [206]
[21] Hay que subrayar el APOYO UNANIME a los ajustes anti -obreros de todos los partidos, tanto de derecha como nacionalistas. Los hoy independentistas catalanes fueron pioneros en la aplicación de los recortes en sanidad y educación, los gobiernos regionales del PP o del PNV no se quedaron atrás. Ver nuestro artículo https://es.internationalism.org/cci-online/201101/3031/en-murcia-los-funcionarios-protestan-por-problemas-que-afectan-a-todos-asalar [207]
[22] Ver Huelga espontánea de los trabajadores de SEAT: PARA PODER DESARROLLAR LA LUCHA HAY QUE ENFRENTAR EL SABOTAJE SINDICAL , https://es.internationalism.org/cci-online/200512/363/huelga-espontanea-de-los-trabajadores-de-seat-para-poder-desarrollar-la-lucha- [208] hoja repartida por nuestra organización.
[23] Ver denuncia de las seudo- huelgas sindicales https://es.internationalism.org/cci-online/201007/2894/una-toma-de-posicion-sobre-la-huelga-del-8-de-junio [209] y https://es.internationalism.org/cci-online/201009/2960/trabajadores-ante-la-pantomima-del-29-s-organicemos-las-luchas-por-nosotros-m [210] . Al mismo tiempo intervinimos y apoyamos en luchas que apuntaban alternativas a la trampa sindical, por ejemplo, en la huelga del Metro de Madrid https://es.internationalism.org/cci-online/201007/2892/solidaridad-con-la-lucha-de-los-trabajadores-del-metro-de-madrid [211] . Las discusiones sobre el asunto nos movieron a tratarlo más globalmente en Apuntes sobre la cuestión sindical: https://es.internationalism.org/cci-online/201104/3103/apuntes-sobre-la-cuestion-sindical [9]
[24]Ver Estado de alarma, militarización: ¡Hoy son los controladores mañana puede ser cualquier grupo de trabajadores! https://es.internationalism.org/cci-online/201012/2999/estado-de-alarma-militarizacion-hoy-son-los-controladores-manana-puede-ser-cu [212]
[25] Ver entre otros: https://es.internationalism.org/cci-online/201106/3128/comunicado-de-lxs-detenidxs-en-la-manifestacion-del-15-de-mayo-de-2011 [213] , /content/3125/represion-en-valencia-solidaridad-con-los-indignados-indignacion-con-el-estado [214] y https://es.internationalism.org/cci-online/201106/3130/que-hay-detras-de-la-campana-contra-los-violentos-en-torno-a-los-incidentes-d [215]
[26] Ver Las movilizaciones de los indignados en España y sus repercusiones en el mundo - Un movimiento cargado de futuro https://es.internationalism.org/revista-internacional/201108/3175/las-movilizaciones-de-los-indignados-en-espana-y-sus-repercusiones [216] , Movimiento de indignados en España, Grecia e Israel: - De la indignación a la preparación de los combates de clase https://es.internationalism.org/revista-internacional/201111/3264/movimiento-de-indignados-en-espana-grecia-e-israel-de-la-indignaci [217] y nuestra hoja internacional 2011: de la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [8]
[27] Son los respectivos iconos electorales de PSOE y PP
[28] Cabe recordar que para prevenir esta pérdida los grupos izquierdistas y las juventudes del PSOE habían promovido en 2008 una campaña bajo el eslogan “Zapatero no nos falles”
[29] Ver Podemos: un poder del Estado capitalista https://es.internationalism.org/cci-online/201406/4033/podemos-un-poder-del-estado-capitalista [218]
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Publicamos a continuación la contribución que nos ha enviado un compañero próximo para proseguir la clarificación sobre el significado de la pandemia de Covid-19 y sus repercusiones en el proletariado. Nos parece sumamente importante que en las actuales condiciones de confinamiento y de aislamiento físico que como dice el propio compañero, las campañas de la burguesía pretenden convertir en aislamiento social, se tomen todo tipo de iniciativas para desarrollar el debate, la denuncia de las patrañas de la burguesía. Eso mantendrá un clima de solidaridad de clase cuando juntarnos físicamente es imposible. Que cunda el ejemplo.
Compartimos además una gran parte de lo que señala este compañero. Nos gustaría precisar que en nuestro análisis tal y como hemos mostrado en los artículos que aparecen en nuestra web[1], la motivación esencial para retrasar la puesta en marcha de medidas de confinamiento es la resistencia capitalista para detener la producción y perder ganancias y, sobre todo, ventajas competitivas frente a otros rivales[2]. Por eso ese retraso, como señala también esta contribución, es común en países con gobiernos de izquierdas o de derechas, "feministas" o "ultra -cristianos".
También queríamos aportar un matiz a la denuncia que hace este artículo a la campaña de "ovaciones" a los sanitarios, que es efectivamente una perversión organizada desde todas las instancias del Estado burgués, de un sentimiento sincero de solidaridad que nace entre los trabajadores ante el esfuerzo realizado por sus hermanos del sector sanitario. Esa perversión aprovecha y utiliza a conveniencia del Estado la expresión individual -e individualista- de la solidaridad que es completamente estéril y no tiene nada que ver con la SOLIDARIDAD PROLETARIA DE CLASE.
Los trabajadores debemos denunciar esa manipulación repugnante de la solidaridad que pretende conducirla al terreno de la UNION NACIONAL y la IDEOLOGIA DE GUERRA. Contra ello hemos de buscar medios para expresar la solidaridad en un terreno de clase. Uno de ellos, escribiendo contribuciones para la prensa revolucionaria.
CCI
La enfermedad COVID-19 ha puesto al Estado español en una situación que no sabe manejar, una situación que resalta de forma escandalosa que la sociedad capitalista es una sombra de una sociedad humana, incapaz ya incluso de mantener a la población explotada en condiciones que permitan nuestra explotación de forma consistente en el tiempo. La tragedia humana de los hospitales palidece frente a la tragedia que está por venir, cuando haya pasado la epidemia y llegue el momento de la “reconstrucción” y los “sacrificios”. La clase obrera tiene una posibilidad de responder, pero para ello es crítico entender qué está haciendo la burguesía. Pese a los miles de muertos que ha habido ya y a los miles que quedan por llegar a causa del virus, esta es en realidad la calma que precede a la tormenta. Hay que tener los ojos bien abiertos.
Repasando lo que está sucediendo en España estas últimas semanas, el interrogante más grande que surge es por qué el conjunto de la burguesía, desde el gobierno hasta los medios de comunicación, tardó tanto en reaccionar. Estos días varios medios escriben sobre el “sesgo de retrospectiva”, argumentando que es muy fácil pensar retrospectivamente que estaba claro que la situación se iba a desarrollar así cuando, en realidad, no estaba tan claro en su momento. En este caso, ese es un argumento que no tiene pie. La única información necesaria para poder prever esta situación es la presencia de un virus tan contagioso como este. Ante la ausencia de medidas, ¿cómo es posible pensar que no va a extenderse? Y, sin embargo, eso es lo que defendió no sólo el gobierno sino también los medios de comunicación y el conjunto de los partidos políticos de la burguesía. Es probable que, en el caso de España, se quisiera esperar al 8 de Marzo, para no quitar el protagonismo mediático a la pseudo- polémica entre el feminismo y el anti- feminismo[3] con la que la burguesía ha estado envenenando nuestra mente en los últimos tiempos. Parece probable también que las consideraciones económicas hayan jugado un papel importante en la demora de la reacción de la burguesía. Pero en conjunto es un asunto que no está nada claro y que se ha repetido tanto antes como después en otros países. Tenemos que estar atentos, tanto por las posibles intenciones siniestras detrás de una espera intencionada como por las implicaciones que tendría que estas esperas sean consecuencia de la ineptitud de una burguesía de facultades decadentes.
Otro aspecto al que los revolucionarios tenemos que prestar mucha atención, probablemente la máxima atención, es al manejo de la tensión social durante esta situación de cuarentena generalizada. Los medios con los que hoy cuenta la burguesía para manipular la conducta de los trabajadores no tienen precedente alguno: además de los medios clásicos, estos días, la mayoría de la población está manteniendo el contacto social mediante redes sociales en las que algoritmos maquiavélicos deciden (y llevan cuenta de) qué ven sus usuarios, cuándo y cómo. El nuevo rito de los aplausos a las 20:00 ejemplifica bien en qué dirección nos están empujando: la de una masa estúpida, ebria de nacionalismo, admiración al Estado y gregarismo agresivo. Los chivatazos a la policía e insultos desde las ventanas a quienes aparentan saltarse la cuarentena dan testimonio del peligro y la efectividad potencial de esta estrategia de la burguesía. Un elemento de esta campaña de “unidad nacional” especialmente llamativo está siendo el de las mascarillas caseras: decenas de artículos periodísticos y cientos de publicaciones en redes sociales exaltando el heroísmo estajanovista de quienes fabrican a mano mascarillas de tela “para ayudar”. Pese a la obsesión (supuesta) de los medios con “combatir bulos”, dan su visto bueno y animan a participar en la producción de estas mascarillas que resultan totalmente inútiles frente al coronavirus. El parecido entre los artículos que loan esta actividad inútil pero patriótica y la propaganda de la era estalinista es llamativo.
Otro factor al que hay que estar muy atentos, además de denunciar, es la intervención amplísima del ejército. Los medios se centran en la Unidad Militar de Emergencia (UME), cuyas actividades son más fáciles de justificar desde una perspectiva de “gestión de la crisis”: por ejemplo, labores de desinfección. Sin embargo, el despliegue militar va mucho más allá de la UME y de ese tipo de labores. La tarea principal de los militares está siendo patrullar las calles, en un movimiento claramente intimidatorio. Diversos cuerpos militares se dejan ver por las calles vacías, acrecentando nuestra sensación de indefensión frente al Estado, ya de por sí bastante acentuada por el aislamiento domiciliario. Es difícil saber cuál es la intención concreta del Estado con este movimiento, y hay que estar alerta. La burguesía ha demostrado incontables veces su disposición a masacrar (activamente) trabajadores en caso necesario.
Por último, una pequeña observación sobre la terminología con la que se nos bombardea: el término “distanciamiento social” llama bastante la atención, porque el distanciamiento necesario para prevenir el contagio no es social sino físico. La burguesía, sin embargo, nos quiere aislados socialmente, con nuestras relaciones humanas reducidas a la interacción con sus “redes sociales” y los ritos de éxtasis nacionalista que nos dicten.
Lo peor está por llegar, y llegará después de la cuarentena. Es necesario estar muy atentos a cómo se desarrolla la situación, qué trampas y estrategias está llevando a cabo la burguesía y cómo podemos denunciarlas y combatirlas. El proletariado está en una situación de debilidad, pero eso podría cambiar rápido. El capitalismo está mostrando de forma muy clara su verdadera naturaleza, de una forma tan patente que no hay medio de propaganda ni técnica de manipulación social que pueda ocultarlo por completo. Estemos alerta.
Comunero
[1] Ver principalmente Covid 19: O el proletariado mundial acaba con el capitalismo o el capitalismo acaba con la humanidad https://es.internationalism.org/content/4548/covid-19-o-el-proletariado-mundial-acaba-con-el-capitalismo-o-el-capitalismo-acaba-con [221] ; Covid-19: Síntoma de la etapa terminal de la decadencia capitalista https://es.internationalism.org/content/4541/covid-19-sintoma-de-la-etapa-terminal-de-la-decadencia-capitalista [159] y Pandemia de COVID-19 en Francia: ¡La negligencia criminal de la burguesía! https://es.internationalism.org/content/4551/pandemia-de-covid-19-en-francia-la-negligencia-criminal-de-la-burguesia [222]
[2] No olvidemos que el mundo se halla inmerso en una violenta guerra comercial y esta no ha desaparecido con la pandemia, así hay países que no quieren vender a otros, material sanitario urgente o suben desmesuradamente los precios de tales productos. ¡Para las naciones y para los capitalistas individuales lo único es la ganancia y la acumulación!
[3] Sobre la ideología feminista ver Huelga feminista: contra las mujeres y contra la clase obrera https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4291/huelga-feminista-contra-las-mujeres-y-contra-la-clase-obrera [170]
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Si el socavón recesivo que se avecina sobre la economía mundial va a tener un efecto devastador sobre el empleo, los salarios, las prestaciones sociales y, en general el conjunto de las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera en todo el mundo, las perspectivas para el proletariado en España son de las más sombrías , dada la debilidad del capitalismo español, su dependencia de dos sectores como la construcción y el turismo (al que está vinculada) que representan entre ambos el 30% del PIB. Pero es que esa tormenta se abate sobre unos trabajadores que, en la “recuperación” tras el bache ya severo de 2008-2014 habían sufrido un deterioro bestial de sus condiciones de vida y trabajo.
Así, la supuesta disminución de las cifras de desempleo se ha realizado a base de aumentar la precariedad laboral, especialmente entre los jóvenes: el 50% de los menores de 30 años están excluidos del mundo laboral y entre los trabajadores de 25 a 29 años la temporalidad afectaba ya antes de la pandemia a más del 54% de la población activa. En estos años atrás esa precarización ha tomado la forma de la “uberización” del empleo, es decir la subcontratación del trabajador a través de una plataforma de Internet, que aparentemente se ve en los llamados “riders” (los servicios a domicilio de comida, paquetería, etc.) pero que se han extendido también a sectores como la limpieza o los cuidados de personas dependientes.
Con esa presión, los explotadores españoles habían conseguido ya, mucho antes del primer caso de Covid, un recorte brutal de un 10% en los salarios reales. La ganancia media anual por trabajador era ya a finales de 2019 inferior a la de 2008, para los obreros menores de 35 años. Esas condiciones salariales habían ya conducido a un agravamiento del problema de la vivienda, de la carestía de alquileres, de pobreza energética. En su última visita a España en 2019, el relator de la ONU señalaba ya el aumento de los trabajadores pobres, es decir que aún “disfrutando” de un salario vivían por debajo del umbral “oficial” de la pobreza y que el 50% de la población no llegaba con sus ingresos a fin de mes.
Y esta era, insistimos, la situación antes del primer contagio de Covid-19, por lo que podemos imaginarnos lo que va a significar la repercusión dramática de la pandemia. Las previsiones de los “expertos” económicos tanto españoles como internacionales, cifran la caída del PIB entre un 8% y un 15% y el aumento del desempleo hasta un 20 -24%. Las ONG que atienden bancos de alimentos para suministrar a personas en situación de extrema pobreza han visto ya cuadruplicada su demanda en el mes y medio que llevamos desde la declaración de la cuarentena, y esperan que esas necesidades se multiplicarán ¡por 7!
La burguesía española sabe que va a tener que atacar a muerte las condiciones de vida de los trabajadores y organiza una estrategia para poner todos los obstáculos posibles y debilitar y desviar de antemano los intentos de respuesta de nuestra clase creando un clima de “unidad nacional”. Para ello ha recurrido al espectro de los Pactos de la Moncloa, una ceremonia de consagración de un supuesto interés común entre explotadores y explotados en los que ambos, supuestamente, “ganarían”.
Para los trabajadores de hoy es necesario recuperar una verdadera “memoria histórica” de nuestra lucha, de los ejemplos de los combates en que se fortaleció nuestra unidad y nuestra conciencia, pero también de los engaños con que nos embaucaron para que aceptáramos los sacrificios que le interesaban al capital. Nuestra organización y nuestras publicaciones tienen ya más de 40 años de historia, por lo que podemos apoyarnos en lo que escribimos en aquel momento de la firma de los Pactos de la Moncloa para mostrar lo que de verdad significaron. Así en la editorial de nuestra publicación Acción Proletaria nº 16 de Octubre/Noviembre del 77, indicábamos:
«Tras muchos tiras y aflojas los cuatro grandes partidos del capital español (Alianza Popular, UCD, PSOE, PCE) han acordado un programa de medidas económicas y políticas: EL PACTO DE LA MONCLOA. El acuerdo es de vida o muerte para la burguesía española ahogada por la catastrófica situación económica, dividida por profundas luchas internas y pendiente siempre de la amenaza proletaria.
El gobierno Suárez no ha podido afrontar la situación en ningún momento. Su partido, UCD, es incapaz de una gestión eficaz; su atadura al capital privado le impide tomar medidas económicas serias; su carácter derechista lo anula cara a mistificar al proletariado.
Pero, al mismo tiempo, UCD goza de la confianza de los sectores más atrasados del capital español (entre ellos el Ejército) y está muy vinculado al capital extranjero. Por ello, aun siendo un partido ineficaz, la burguesía no solo debe contar con él sino que debe, de momento, mantenerle al frente del gobierno. De ahí la complicada situación a la que han llegado: un gobierno Suárez apoyado desde fuera por todos los partidos representados en las Cortes (…).
Es cierto que en el terreno político se ha llegado a un acuerdo con facilidad: las autonomías, la amnistía, la “nueva” ley de Orden Público han dado al Estado la fachada democrática precisa para unir a todas las facciones de la burguesía y mistificar al proletariado:
“El documento de la Moncloa incluye importantes contrapartidas políticas para compensar el sacrificio que se pide a los trabajadores al asegurar a los ciudadanos un mayor control democrático de la gestión estatal y una más eficaz garantía de esos bienes invisibles (¡¡!!! –NdR-) que son la libertad y los derechos cívicos” (EL PAÍS) (…). Esa unidad de todas las facciones del capital se concentra contra la clase obrera, atacando sus condiciones de vida. Así el Pacto de la Moncloa acuerda un tope salarial del 22%, el chantaje del despido libre, proclama el descontrol de los precios y promueve una política de aumento del paro…
Y, en el número siguiente, Acción Proletaria nº 17, mostrábamos claramente como el objetivo último de ese pacto era imponer esas medidas a unos trabajadores que en ese momento se hallaban aún muy movilizados. Merece la pena comparar las patrañas ideológicas empleadas entonces por los partidos de la izquierda del capital, con el “relato” como les gusta describirlo hoy al PSOE y a Podemos. ¿A qué nos suenan?
«(…) es necesario que los trabajadores en general asuman la limitación en el crecimiento de los salarios como único procedimiento para posibilitar la creación de nuevos empleos” (Felipe González: EL SOCIALISTA nº 33, 4 de diciembre 1977) (…) “La política salarial del Pacto es el fruto de una interpretación y aplicación unilateral del mismo por el gobierno… Esta interpretación habría sido distinta, más favorable a los trabajadores, si en vez de haberla hecho solo el gobierno se hubiera hecho también por las centrales sindicales y los partidos políticos(…) La actitud de nuestro partido es clara. Hemos firmado el Pacto porque estamos convencidos de que es la mejor forma para superar la crisis y consolidar la democracia” (Simón Sánchez Montero: MUNDO OBRERO nº 48, 1-7 de diciembre de 1977[1])
Otro estupendo ¡No!... pero SÍ. Ahora resulta que el Pacto es malo porque lo aplica la derecha pero si lo aplicara la izquierda sería perfecto ¡Arriba la explotación! ¡Vivan los pactos sociales! ¡Ole al trabajo asalariado! El PCE tan “comunista” como siempre”.
Y un año más tarde de la firma de dichos pactos, pudimos analizar que sólo les habían sido útiles a los capitalistas: «Lo que se ha cumplido del Pacto de la Moncloa. Se han cumplido:
1º) El aumento de las cuotas a la Seguridad Social, que han subido más del 18%...
2º) La llamada “política de rentas” que no es sino la congelación de los salarios en un tope del 20%... los salarios han perdido un 1,2% de su capacidad adquisitiva: en los convenios y laudos aprobados ha habido un 40% donde los aumentos han sido inferiores al 20%...
3º) La reforma fiscal ha sido un éxito. Con la historia de que “ahora Hacienda somos todos” han hecho pasar por la piedra a muchos obreros que aparte del IRTP (cuya recaudación ha aumentado un 23%, o sea MÁS QUE LOS SUELDOS) ha tenido que pagar un impuesto personal que de momento solo afecta a un 11% de los obreros industriales, pero que va en el sentido de reducir, vía impuestos, nuestro salario real.
4º) … los precios subirán más o menos el 17% (que por mucho que digan es mucho) pero ¿De dónde ha salido esa baja relativa de los precios? Tres han sido los factores que la han producido:
No nos engañemos, la actual baja de los precios no ha significado un aumento de nuestra capacidad adquisitiva, sino un REDUCCIÓN…
LO QUE NO SE HA CUMPLIDO
De las medidas acordadas en el Pacto de la Moncloa ha habido un montón que no se han cumplido, y la mayoría de ellas figuraban en el capítulo de “PROMESAS DE MEJORAS SOCIALES PARA LOS TRABAJADORES”. Así, no se ha cumplido: la mejora del Seguro de Desempleo, el llamado “programa de lucha contra el paro”, la creación de puestos escolares, la construcción de viviendas sociales, la mejora de la ayuda familiar, la inclusión en la Seguridad Social de jornaleros y campesinos.
Los sindicatos y partidos “obreros” (PCE, PSOE) nos engañaban ofreciéndonos, a cambio de la congelación salarial, unas “mejoras sociales”: «Los trabajadores obtendrían un salario indirecto en especie, en forma de mayor calidad en los servicios sociales, 700.000 nuevos puestos escolares y un programa de construcción de viviendas y de mejora en materia de urbanismo» (Laureano Lázaro, de la Comisión Económica del PCE). Ese fantasmal “salario indirecto en especie” ha sido una tomadura de pelo para hacernos aceptar una BAJA del salario real.
Pero ¿Por qué no se han cumplido? Porque eran promesas que sabían perfectamente que NO LAS IBAN A CUMPLIR. Su finalidad no era cumplirse, sino ENGAÑARNOS haciéndonos olvidar la defensa de nuestros salarios y nuestras condiciones de vida.». Acción Proletaria nº 22, noviembre-diciembre 1978.
Hoy el gobierno de la coalición “progresista” del PSOE y Podemos[2] nos quiere revender esos Pactos de la Moncloa como una especie de paraíso del consenso perdido que habría que recuperar para enfrentarse al cataclismo social que se avecina. En realidad, pretenden una nueva y más brutal inmolación de los trabajadores para salvaguardar los intereses del capital nacional. Por eso la alternativa para la clase obrera es la misma que formulamos entonces…
Los pactos del 77 tuvieron lugar, como veíamos, en un contexto histórico concreto: la puesta en marcha de la mistificación del Estado democrático que permitiera subsanar las muchas insuficiencias del franquismo para hacer frente al desarrollo de las luchas obreras que se vivía a escala internacional. Ese interés común de todos los sectores de la burguesía para hacer frente al enemigo de clase, es decir, el proletariado se evidenciaba también en el apoyo de todas las burguesías occidentales a la “transición democrática” española en el contexto de la disciplina de bloque imperialista USA[3]
Hoy la situación no es la misma. El apoyo internacional al capital español es mucho más incierto ante la desaparición de los dos bloques imperialistas desde la posguerra y la política de cada uno para sí. Por otro lado, la cohesión entre las distintas fracciones del aparato político de la burguesía española ha ido mostrando fisuras y grietas cada vez más profundas como ha quedado en evidencia en el conflicto de Catalunya o en la trapisonda de la formación del gobierno del PSOE más Podemos desde las últimas elecciones[4]. Por mucho que la burguesía intente no complicar la situación actual de crisis sanitaria y crisis económica con una crisis política y nuevas elecciones, lo bien cierto es que el gobierno actual suscita el desconcierto y el descontento nada disimulado incluso de formaciones que respaldaron su investidura, como han evidenciado tanto el Partido Nacionalista Vasco como Esquerra Republicana de Cataluña. Es verdad además que hoy las luchas obreras no representan, por el momento, una amenaza tan patente como lo eran en el momento de la firma de los Pactos de la Moncloa.
Eso permite un margen de maniobra a la burguesía, que va a forzar la “melodía social” – el ingreso mínimo vital, alguna medida más efectista que real sobre los alquileres, etc, - con el que acompañar el descenso al abismo del paro y la miseria que se cierne sobre los trabajadores en España, al mismo tiempo que en el mundo entero. Por ejemplo, en el último mes ¡26 millones de trabajadores se han inscrito en las listas de desempleo en Estados Unidos!
Los llamamientos al “consenso social” y a reeditar un clima de “unidad de todos los españoles” forman parte de la “Lista de Reproducción” de esa melodía mistificadora. La clase obrera en cambio debe saber que sus intereses comunes están con los trabajadores que han sufrido también los peores efectos de la pandemia y que sufrirán las peores consecuencias de la recesión, y no con quién ha enviado desarmados a sus hermanos de clase a la lucha contra el virus, o quien defiende las leyes de la explotación capitalista[5].
Valerio 30 de Abril
[1] Mundo Obrero era entonces el órgano del P”C”E
[2] Y más que nadie Pablo Iglesias, al que podría aplicársele la canción del Cuervo Ingenuo de Javier Krahe que tanto le gustaba cantar cuando atribuía al “régimen del 78” y a la doblez del PSOE el origen de todos los males.
[3] La burguesía en España recibió el apoyo político en la formación de cuadros sindicales y líderes “de izquierdas” de las principales potencias del bloque occidental y en particular de Francia y Alemania. La formación del mismísimo PSOE fue principalmente un producto de esa política, ante la necesidad de contar con un partido de izquierdas que no fuera sospechoso de dejarse influenciar por el bloque “soviético” como los PC’s (que precisamente frente a esas sospechas, viraron hacia el “eurocomunismo”). Ver la segunda parte de nuestra Serie sobre los gobiernos de izquierdas en España: https://es.internationalism.org/content/4562/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-ii-los-gobiernos [225]
[4] Ver el artículo de nuestra publicación El 18 de Brumario de Pedro Sánchez https://es.internationalism.org/content/4503/el-18-brumario-de-pedro-sanchez [226]
[5] Ver Covid 19: O el proletariado mundial acaba con el capitalismo o el capitalismo acaba con la humanidad https://es.internationalism.org/content/4548/covid-19-o-el-proletariado-mundial-acaba-con-el-capitalismo-o-el-capitalismo-acaba-con [221] , así como nuestra Hoja Internacional sobre el COVID19: https://es.internationalism.org/content/4556/covid-19-barbarie-capitalista-generalizada-o-revolucion-proletaria-mundial [227]
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En el contexto del covid-19, que solo ha demostrado el hecho de que el modo de producción capitalista está en decadencia y que es una amenaza para la humanidad misma, los diferentes gobiernos burgueses alrededor del mundo han creado leyes para proteger la economía del capital, a cambio de sacrificar y torturar aún más a las masas proletarias (Francia, España, Estados unidos, etc.).
Bajo ese ambiente el gobierno chileno de Sebastián Piñera, junto con el parlamento burgués han votado una ley de “protección al empleo” ¿En qué consiste esta ley anti- obrera? “¿Cómo financiará el trabajador su sueldo? Utilizando el seguro de cesantía, es decir, su propio dinero. Usando ese fondo, su ingreso se reducirá a un 70% de su sueldo los primeros tres meses, luego llegará a un 55%, luego 45% y así irá decreciendo mes a mes. Además, el empresario podrá pagar durante el tiempo de la suspensión tan sólo el 50% de las cotizaciones previsionales de los trabajadores. ¿Quién gana con esta ley? Los empresarios. ¿Quiénes perdemos? Las y los trabajadores.”
Obviamente esto es solo una pequeña muestra de que el capitalismo mundial, con sus estados y gobiernos, son incompatibles con el bienestar y la vida de los obreros. Cabe destacar que esta ley es apoyada por la oposición, O SEA POR LA IZQUIERDA, pues sectores de la ex -nueva mayoría y del frente amplio votaron a favor de esta malvada ley, demostrando que no hay ninguna diferencia entre izquierda y derecha y que la burguesía necesita de ambos bandos para dominar a los proletarios.
Estos ataques en realidad van mucho más allá del gobierno actual, van mucho más allá de Chile, ¡¡ES ESTE MODO DE PRODUCCION QUE SE CAE A PEDAZOS EL QUE ORIGINA TANTO MALESTAR A LOS TRABAJADORES!! Los gobiernos y los estados (independientemente si son de izquierda o de derecha, democráticos o totalitarios, todos son iguales) responden únicamente a las necesidades del capital. ¡LA PANDEMIA Y SUS EFECTOS ECONOMICOS DEMUESTRAN LA NECESIDAD DE LA UNIDAD Y POLITIZACION DEL MOVIMIENTO OBRERO!! ¡LA NECESIDAD DE LA REVOLUCION COMUNISTA MUNDIAL!!
Los trabajadores tenemos que defendernos con nuestros medios de lucha: la huelga, la manifestación, la solidaridad como clase… Pero ¿Cómo organizar la lucha? La experiencia histórica de la clase obrera demuestra que los sindicatos van contra la lucha obrera, que la clase obrera debe autoorganizar su lucha mediante Asambleas Generales de trabajadores y comités elegidos y revocables que respondan ante ellas.
Gran parte de la debilidad actual del movimiento obrero puede atribuirse a la acción de los sindicatos como aparatos al servicio del Estado Capitalista y de manera cada vez evidente en favor de los empresarios. Con la entrada de la decadencia del capitalismo a inicios del siglo XX comenzó la instrumentalización de los sindicatos como aparatos contrarrevolucionarios[1]. Organizaciones que constituían fuerzas importantes para el movimiento obrero ahora no son más que obstáculos para su desarrollo, saboteadores deliberados. ¿Por qué?, porque si en el capitalismo ascendente los obreros podían ocasionalmente ganar ventajas del desarrollo capitalista de las fuerzas productivas y de la negociación con la burguesía, en la época de la decadencia todo desarrollo de las fuerzas productivas va en contra de la vida del proletariado y pone en peligro el porvenir de la humanidad[2], el sindicato se convierte en un órgano defensor del status quo que no desarrolla la lucha de clases, sino que hace todo lo contrario, intenta convencer a la clase explotada de que tiene intereses en común con la clase explotadora.
Una vez establecido eso, surge la pregunta: ¿Cuál es la alternativa? La misma historia nos ayuda a verlo. Al mismo tiempo que las organizaciones sindicales y los partidos parlamentarios se volvían en contra del proletariado, en todo el mundo comenzaron a aparecer organizaciones de lucha radicalmente nuevas, estas no planteaban representar a los trabajadores de una empresa o rubro ante la burguesía, sino que buscaban reunir a la fuerza colectiva de todos los trabajadores de una cierta ciudad o pueblo, en vías de tomar decisiones colectivas relevantes para la vida de los trabajadores. Estos consejos obreros[3] claramente no nacieron de la nada, fueron el fruto de grandes luchas, huelgas realmente masivas con millones de trabajadores en las calles por semanas e incluso meses, jornadas en que se realizaban grandes asambleas donde los obreros tenían la oportunidad de discutir sobre el destino de su movilización. En estas asambleas los obreros ponían su vida política en directa conexión con su cotidianidad práctica, se decidían las acciones a tomar, las reivindicaciones y demandas a avanzar, y se elegían delegados y comités de huelgas revocables que se encargarían de los asuntos administrativos directos de la huelga y de su representación política. A su vez los delegados de las asambleas, con la masificación de las huelgas y las necesidades que eso implicaba, se comenzaron a reunir en consejos que reunirían entonces a la representación de todas las ramas obreras, llevando adelante la lucha que pedía a gritos pasar de la organización particular de cada fábrica a la organización unitaria de la colectividad completa del proletariado.
Las distintas instancias a nivel internacional de la formación de estos consejos y sus subsecuentes aplastamientos brutales por parte de los Estados burgueses han demostrado la capacidad organizativa del proletariado cuando toma conciencia de su condición social y el peligro que representan estas organizaciones para los Estados, esto último se recalca en el esfuerzo de la burguesía por borrar estos sucesos de la historia[4].
Las luchas deben ser tomadas a cargo por los obreros mismos enfrentándose al control sindical e imponiendo su propia organización de clase que va en el sentido histórico de los Consejos Obreros. En las fábricas y centros de trabajo los trabajadores mismos han de imponer que todas las decisiones se tomen mediante Asambleas abiertas a los demás obreros sin distinción de sector o condición. Las Asambleas deben coordinarse mediante Comités obreros y promover Asambleas Generales de ciudad de todos los trabajadores, para integrar en la lucha los compañeros precarios, desempleados, jubilados, de pequeñas empresas[5].
Los consejos obreros, no solo por su contenido y capacidad revolucionaria sino también por ser la expresión internacional de la lucha proletaria de su período, representan un paso gigante en la experiencia revolucionaria y un punto de partida para las organizaciones del futuro cercano. Ilustran que la lucha de clases solo puede darse en un terreno que reúna a la colectividad de la clase trabajadora y que le permita libremente desarrollar su conciencia revolucionaria. Es evidente que, por ejemplo, hoy en día la tecnología de las comunicaciones tiene una potencialidad que los antiguos revolucionarios con sus telégrafos jamás habrían imaginado, pero esa potencialidad sólo se realizará en la medida que los operadores de estas tecnologías se unan a la lucha general, pero más importantemente, en la medida que la clase obrera las controle y las conduzca con sus propios intereses revolucionarios de clase, a través de su autoorganización.
Simpatizantes de la CCI en Chile 2-5-2020
[1] Ver Apuntes sobre la cuestión sindical https://es.internationalism.org/cci-online/201104/3103/apuntes-sobre-la-cuestion-sindical [9] y Debates sobre la cuestión sindical /content/2365/debates-sobre-la-cuestion-sindical-la-lucha-reivindicativa-de-los-obreros-tiene-que-ser [229]
[2] Ver La lucha del proletariado en el capitalismo decadente https://es.internationalism.org/revista-internacional/200805/2265/la-lucha-del-proletariado-en-el-capitalismo-decadente [189]
[3] Ver la Serie ¿Qué son los Consejos Obreros? https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2769/que-son-los-consejos-obreros-i [230] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201005/2865/que-son-los-consejos-obreros-2-parte-de-febrero-a-julio-de-1917-re [231] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201008/2910/que-son-los-consejos-obreros-iii-la-revolucion-de-1917-de-julio-a- [232] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201012/3004/que-son-los-consejos-obreros-iv-1917-21-los-soviets-tratan-de-ejer [233] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3086/que-son-los-consejos-obreros-v-los-soviets-ante-la-cuestion-del-es [234]
[4] Experiencias históricas de la importancia de la Revolución en Rusia 1917 y la tentativa revolucionaria en Alemania (1918-23) son o bien censuradas o denigradas o deformadas de forma escandalosa. Para documentarse sobre estas experiencias ver las listas de nuestros artículos sobre ellas en https://es.internationalism.org/cci-online/200805/2245/lista-de-articulos-sobre-la-revolucion-rusa [235] y https://es.internationalism.org/content/4373/lista-de-articulos-sobre-la-tentativa-revolucionaria-en-alemania-1918-23 [236]
[5] Ver las experiencias de las luchas de 2006 (Francia) y 2011 (España, Grecia, USA, Israel) donde las Asambleas masivas han sido el corazón y el pulmón del movimiento: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [7] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201111/3264/movimiento-de-indignados-en-espana-grecia-e-israel-de-la-indignaci [217] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201108/3175/las-movilizaciones-de-los-indignados-en-espana-y-sus-repercusiones [216] y /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [8]
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La democracia no es una desviación del totalitarismo estatal, sino su forma más avanzada. La forma más perfeccionada y enrevesada de la dictadura de la burguesía. La voluntad popular que proclama es una ilusión. El pueblo, la ciudadanía, es en realidad la disolución política de la clase obrera y su sumisión al Estado. Las opiniones de los votantes no son libres, no surgen por generación espontánea. Los políticos que hacen carrera en el Estado burgués (en el parlamento, los sindicatos, etc.) deben, por sistema, conquistar la confianza de la burguesía. Se comportan fieles al interés de distintas facciones de la burguesía, y ante todo fieles al Estado-nación, para captar a diferentes secciones de la población, abarcando a esta lo máximo posible. Solo pueden sobrevivir así. Esta es la carrera por el gobierno de la nación o por la oposición. No son las masas las que conquistan el gobierno sino el gobierno de la burguesía el que conquista a las masas. Las opiniones de quienes son o se vuelven políticos especialistas no expresan sus buenos deseos ni su honradez o coherencia, sino la interiorización de un mecanismo automático que, al igual que en el fascismo o el estalinismo, anula y excluye la política de la clase obrera.
Con la entrada del capitalismo en su fase de decadencia, “los partidos políticos de la burguesía ya no prevalecen como emanaciones de diferentes grupos de interés como lo fueron en el siglo XIX. Se convierten en expresiones del capital estatal hacia secciones específicas de la sociedad. En cierto sentido, podríamos decir que los partidos políticos de la burguesía en cualquier país son meramente facciones de un partido estatal totalitario”[1].La ideología no es libre e individual. La ideología dominante es la ideología de la clase dominante. La burguesía tiene el monopolio de medios para asaltar masiva y cotidianamente el pensamiento general de la sociedad. Tiene la propiedad privada de los medios de producción de las ideas que cotidianamente saturan la radio, la televisión, las redes sociales, la prensa, las instituciones, los programas educativos, etc. Estos medios no están exentos de la competencia por colocar sus productos ideológicos en la sociedad. La libertad de expresión no existe en la sociedad burguesa. Lo que existe es la competencia impulsiva. Ni hablar de para el proletariado, que está excluido de la libertad de expresar la competitividad de la propiedad privada que no tiene. La competencia misma absorbe los productos teóricos de la ciencia a una ciencia interesada y parcial, si alguna producción científica no fue ya sesgada desde su puesta en marcha. Todas las opiniones las adapta oficialmente para compatibilizarlas con la perpetuación del capitalismo.
Pese a la brutal competencia, la burguesía coincide en el interés de explotar a la clase obrera. El fin de la I Guerra Mundial lo demuestra claramente. La contradicción entre la presión de la competencia cada vez más acentuada y la dominación general sobre la clase obrera resulta cada vez más en la pérdida de control por la burguesía de su propio aparato político. El ‘cada uno a la suya’ domina cada vez más sobre la sociedad oficial, e infecta por supuesto, sin piedad, a la clase obrera. Si la indisciplina presiona cada vez más la vida de la burguesía, esto no quiere decir que la política proletaria quede libre, sino que el individualismo se propaga cada vez más por la sociedad. La etapa de la descomposición capitalista y su característica falta de perspectiva de futuro, hacen explosionar este fenómeno[2].
Los conceptos de libertad, educación, sanidad, y todos los conceptos en abstracto, sin considerar a los intereses de qué clase corresponden, son en realidad expresión de los requerimientos idealizados para la acumulación de capital. Una salud y una educación para renovar idealmente las energías y disposición de los obreros para la explotación. Son ideas que, expresadas en abstracto, se tienden a agarrar como lapas a la sociedad burguesa. “El desarrollo del movimiento revolucionario del proletariado en todos los países ha hecho que la burguesía y sus agentes en las organizaciones obreras forcejeen convulsivamente con el fin de hallar argumentos ideológico-políticos para defender la dominación de los explotadores. Entre esos argumentos se esgrime particularmente la condenación de la dictadura y la defensa de la democracia” (…) “Ante todo, ese argumento se basa en los conceptos "democracia en general" y "dictadura en general", sin plantear la cuestión de qué clase se tiene presente. Ese planteamiento de la cuestión al margen de las clases o por encima de ellas, ese planteamiento de la cuestión desde el punto de vista -como dicen falsamente- de todo el pueblo, es una descarada mofa”[3] (Resolución aprobada por el 1er Congreso de la Internacional Comunista en 1919).
La burguesía no cambia de ropajes según la llamada voluntad popular en las elecciones, sino principalmente según conviene en relación con tres factores: 1) su enfrentamiento contra la clase obrera; 2) sus necesidades como capital nacional en el terreno económico y político; 3) su posición y enfrentamientos imperialistas. Todo esto se realiza en el marco del Capitalismo de Estado, una tendencia universal de todos los capitales nacionales que se impone en la decadencia para hacer frente a las contradicciones crecientes que plantea la Decadencia del sistema. Así lo prepara la burguesía con su propaganda, sus encuestas, sus campañas, y sus promesas. Este circo es toda una nube de humo, necesaria para la burguesía, que cubre y asegura su dominación totalitaria. Un circo en el que por supuesto los actores compiten rastreramente. Las apariencias características de la democracia son posibles para los Estados más poderosos porque los mayores ataques a la clase obrera los ejercen sobre el proletariado en los países periféricos. Su desarrollo no es una conquista obrera, sino la respuesta de la burguesía al desarrollo de la consciencia revolucionaria del proletariado. Es necesaria, sobre todo, por tanto, en los países centrales del capitalismo, donde el proletariado tiene mayor experiencia.
La democracia difunde cotidianamente la ilusión de que la sociedad burguesa es una sociedad sin clases. Sería una especie de lucha de intereses parciales libres dentro de la sociedad: de izquierdas progres y derechas conservadoras, de fascistas y demócratas[4], de derechos de ciertos colectivos, de ciertos sectores productivos en detrimento de otros, de altruistas y egoístas, etc. En resumidas cuentas, un cuadro de la sociedad burguesa donde falta el motor que la mueve: la competencia y la acumulación de capital a través de la explotación. Alrededor de estos intereses parciales se alían y enfrentan supuestamente todos los estratos sociales, que a su vez se comprometen en el interés patriótico como bien común. El ecologismo, el feminismo, la defensa de lo público, la caza, los derechos de los inmigrantes, la sexualidad, en fin, cualquier cuestión más allá de las clases, serían luchas a través de las cuales maduraría una consciencia más respetuosa, considerada o solidaria.
“Aunque es verdad que la revolución proletaria engendrará nuevas relaciones en todos los ámbitos de la vida, es erróneo creer que se puede contribuir a ello organizando luchas sectoriales sobre problemas específicos tales como el racismo, la condición femenina, la ecología, la sexualidad u otros aspectos de la vida cotidiana. La lucha contra los fundamentos económicos de la sociedad capitalista contiene la lucha contra sus aspectos superestructurales (forma de vida, costumbres, ideología…) pero lo recíproco es falso”[5] (Plataforma Política de la CCI).
El ecologismo es la ilusión de que a la burguesía y sus instituciones les preocupa la naturaleza en general. Pero es en realidad una reacción parcial de la burguesía ante la indignación proletaria por el futuro. Estas reacciones parciales, lejos de suponer pequeñas conquistas o avances progresivos en la interacción de la sociedad humana con el resto de la naturaleza, son en realidad:
(1) A nivel ideológico el lavado de imagen de la burguesía local para romper el internacionalismo de la clase obrera y apaciguar la indignación con campañas de reforestación, apariencia verde de las ciudades, leyes locales o parciales de protección de fauna y flora, etc. Además de que en la mayor parte de los casos esto no resulta en más que meras apariencias volátiles relacionadas con la imagen “verde” de las empresas y el Estado, la burguesía no puede sino trasladar con disimulo la mayor falta de escrúpulos a los centros de producción fuera de los países centrales del capitalismo, o a otros lugares o sectores en los que su credibilidad no se vea tan comprometida pudiendo afectar a sus ganancias o reputación.
(2) La intensificación de la explotación de los obreros en sectores en los que se apela al voluntariado, la solidaridad, el sacrificio… aislando a los obreros en una lucha atomizada por reciclar, complacerse con los altos precios de los productos menos insalubres, sentirse culpables, resignarse a peores condiciones de trabajo y vida en supuesto beneficio de la naturaleza, etc.
La burguesía podrá ponerse y quitarse una máscara verde para proseguir su expolio de la naturaleza, pero no puede ir contra las leyes automáticas de su sistema. Por eso, “no basta con examinar este problema a través de las lentes de la ecología, o de las ciencias naturales, por sí solas. Para entender las causas subyacentes de la devastación ecológica, y la posibilidad de revertirla, tenemos que entender su conexión con las relaciones sociales existentes, con el sistema económico que gobierna la tierra: el capitalismo (…) Por sí solo, incluso el conocimiento científico más desinteresado es incapaz de hacer retroceder la marea del expolio medioambiental. De ahí que las interminables advertencias de los organismos científicos preocupados por el derretimiento de los glaciares, el envenenamiento de los océanos o la extinción de especies sean sistemáticamente ignoradas o contrarrestadas por las verdaderas políticas de los gobiernos capitalistas, cuya primera regla es siempre "expandirse o morir", independientemente de que estos gobiernos estén liderados por burdos negadores del cambio climático como Trump o por liberales serios y autoproclamados socialistas. La solución a la crisis ecológica -que, cada vez más, no puede separarse de la irreversible crisis económica del capitalismo y de su impulso hacia la guerra imperialista- sólo puede lograrse si la humanidad "recupera el control" mediante la supresión de la acumulación de capital, con todas sus expresiones externas, notablemente el dinero, el Estado y todas las fronteras nacionales. El trabajo debe emanciparse de la explotación capitalista: todo el proceso de producción debe organizarse sobre la base de las necesidades de los productores y de su interacción a largo plazo con el resto de la naturaleza[6]”.
El caso es el mismo en el resto de las luchas parciales, en las que la clase obrera es llamada a hacer frente común con diferentes facciones de la burguesía. Lo determinante, la transformación de las relaciones sociales no solo queda intacto, sino que los obreros quedan políticamente desarmados, impotentes y aislados, como fuerza de choque de la clase dominante. De manera análoga al ecologismo, el feminismo sería la ilusión de que a la burguesía le preocupa la condición de la mujer. “El capitalismo quiere impedir que las mujeres obreras constituyan un factor activo en la conciencia, la unidad y la solidaridad de todos los trabajadores (…) La historia de las luchas del proletariado ha evidenciado que la profundidad de un movimiento podía medirse en parte por la proporción de obreras implicadas en él. En “tiempos normales” las mujeres proletarias, al soportar una opresión todavía más agobiante que los proletarios hombres suelen estar menos implicadas que ellos en los conflictos sociales. Cuando los conflictos alcanzan una gran profundidad, las capas más oprimidas del proletariado, las obreras en particular se lanzan al combate y a la reflexión de clase (…) Solamente desde la unidad como clase obrera se podrá desarrollar un movimiento de lucha que desemboque en la superación de todas las divisiones, discriminaciones, opresiones particulares, que llevan consigo las sociedades de explotación” [7].
Así también, a la burguesía le preocuparía una salud, una educación y una serie de libertades no sometidas a los intereses de la acumulación capitalista. En breve, el capitalismo podría “humanizarse”, y lo hará poco a poco, cacho a cacho. Esto no es más que un espejismo. La consciencia sobre estas relaciones de los humanos entre sí y con la naturaleza son inseparables de la naturaleza de la lucha de la clase dominante explotadora o de la clase de la producción asociada, desposeída, explotada y revolucionaria a la vez. Ninguna consideración moral real está en la naturaleza del Capital. Aunque sí el interés de someter a la clase obrera a ilusiones desmembradas, negando el progreso de los métodos que están en la naturaleza de la clase obrera. Para conseguirlo se retuerce y contorsiona mil veces, retorciendo a la sociedad entera a su paso.
¿Qué clase de moral puede producir la burguesía? Una moral hipócrita y doble, maquiavélica, que envenene al proletariado, le haga sentirse culpable y le haga buscar culpables relativos o aparentes de expresiones parciales de la sociedad capitalista. La democracia se purificaría purgándose de aquellos elementos con los propios mecanismos y métodos que los produjeron.
Así se ve en la superficie. Sin embargo, la consciencia obrera, por naturaleza excluida de la sociedad burguesa oficial, tiene un desarrollo subterráneo, que es la antítesis de la ideología burguesa. Y aunque es subterránea, cuando llega a cierta madurez vemos abiertamente que “sin embargo, se mueve”. Su desarrollo mismo expresa todo lo positivo y duradero de la sociedad humana. Es el hilo conductor en la historia de una sociedad mundial que, sin la intervención del proletariado por el comunismo, avanza hacia la barbarie.
La burguesía niega que el mismo proceso de la lucha proletaria hacia la revolución suponga el desarrollo de la solidaridad, de la confianza, de la voluntad y creatividad, la negación consciente de la explotación. La burguesía tiene que negar que la experiencia histórica de la clase obrera constituya un progreso, e impedir que la clase obrera recupere su memoria, sus lecciones y sus tradiciones, entre ellas la cultura del debate[8] y su relación con la continuidad de las organizaciones comunistas. El avance de la lucha obrera misma expresa en la práctica de las relaciones políticas de los trabajadores el potencial de superación del conflicto individuos-sociedad. La burguesía democrática tiene que denigrar este proceso con la mentira de que, al final acabará en una "dictadura peor", en una nueva dictadura de una "burguesía roja". Tiene que anular a la clase, hacer que se conciba a sí misma como un fracaso, una impotencia, para que renuncie al proceso mismo, como si el resultado final estuviera desligado del movimiento hacia él. Imponerle el miedo a la revolución como un acto en el que uno arriesga la vida. ¡Todo lo contrario! Además de vencer la pasividad, la vida automática y la destrucción del pensamiento, la consciencia revolucionaria salva la vida, acabó con la I Guerra Mundial, salva a los obreros de ser masacrados por las provocaciones de la burguesía, salva a los obreros de la abrumadora violencia personal del Estado. La burguesía denigra el compromiso militante como una pesada carga, la responsabilidad del que asume las culpas, del que pone la cara para que le abofeteen, del mártir religioso. Sería lo opuesto a pasar desapercibido, lo que en realidad quiere decir estar indefenso, aislado y anulado. Lo denigra también como una labor de intelectuales brillantes capacitados para la labor de jefes, que no estaría a la altura de cualquier obrero. La burguesía dibuja a los militantes obreros como individuos carismáticos que actúan por cuenta propia y que deben reaccionar precipitadamente, sin pensar, exponiendo su integridad. Al contrario, el compromiso de los obreros con su clase está en el interés y necesidad de aquellos. Cuanto más conscientes y organizados estén los obreros menos caerán en las trampas de la burguesía. La anulación de los individuos por el interés general es una característica de la burguesía, no del proletariado.
Los militantes obreros luchamos por el comunismo precisamente porque no llegará automáticamente, porque requiere el compromiso consciente de la clase obrera contra la anulación de la consciencia en la democracia. El proceso mismo expresa el potencial del comunismo. Como descubrió Marx, el comunismo no es un estado de las cosas ideal que habrá de implantarse, sino el movimiento vivo del proletariado que anula y supera el estado de las cosas existente.
La dictadura del proletariado deberá ser, tras la destrucción de los Estados de la burguesía, la supresión de los restos de la sociedad de clases por el poder exclusivo de la clase obrera. El proletariado debe luchar por su dictadura de clase, no por la verdadera democracia.
Teivos. 29/05/2020
[1] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201712/4264/notas-sobre-la-consciencia-de-la-burguesia-decadente?fbclid=IwAR0fd2Gk0e5gLyOvOJ7to7Bda1HAr6OzJgZn3RQn80v6GWGkTr5XenkVxm4 [239]
[2] Consultar un reciente informe sobre la descomposición: https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017 [240]
[4] Ver al respecto de la oposición entre fascismo y democracia el texto ‘Auschwitz o la gran coartada’, publicado en 1960 por el ‘Partido Comunista Internacional’. El trauma de los campos de exterminio de la II Guerra Mundial ha sido aprovechado por la burguesía para oponer la democracia a tales atrocidades. Nada más lejos de la realidad: https://sinistracomunistainternazionale.com/2019/06/15/auschwitz-o-la-gran-coartada/ [242]
[5] https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [243]
[6] https://es.internationalism.org/content/4424/no-hay-solucion-para-la-catastrofe-ecologica-sin-la-emancipacion-del-trabajo-de-la [244]
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Antes de que el tsunami de la crisis de Covid-19 arrasara el planeta, las luchas de la clase obrera en Francia, Finlandia, EE.UU. y otros lugares eran indicios de un nuevo estado de ánimo en el proletariado, de un rechazo a inclinarse ante las exigencias impuestas por una crisis económica creciente. En Francia, en particular, pudimos discernir signos de una recuperación de la identidad de clase que se ha visto erosionada por décadas de descomposición capitalista, por el auge de una corriente populista que falsea las verdaderas divisiones de la sociedad y que, en Francia, ha salido a la calle con un chaleco amarillo[1].
En este sentido, la pandemia de Covid-19 no pudo llegar en peor momento para la lucha del proletariado: en el momento en que comienza a salir a la calle, a reunirse en manifestaciones para resistir a los ataques económicos cuyos orígenes en la crisis capitalista son difíciles de ocultar, la mayoría de la clase obrera no ha tenido más remedio que replegarse a la casa individualmente, evitar las grandes concentraciones, "auto -aislarse" bajo la mirada de un aparato de Estado con plenos poderes que ha sido capaz de hacer fuertes llamamientos a la "unidad nacional" frente a un enemigo invisible que -se nos dice- no discrimina entre ricos y pobres, patronos y trabajadores.
Las dificultades a las que se enfrenta la clase obrera son reales y profundas, y las examinaremos más a fondo en este artículo. Pero lo que es en cierto modo notable es el hecho de que, a pesar del miedo omnipresente al contagio, a pesar de la aparente omnipotencia del Estado capitalista, los signos de combatividad de clase que vimos en el invierno no sólo no se han evaporado, sino que, en una fase inicial y frente a la chocante negligencia de la burguesía, hemos visto movimientos defensivos muy extendidos de la clase obrera. Los trabajadores de todo el mundo se han negado a ir como "corderos al matadero", han librado una lucha decidida en defensa de su salud, de su propia vida, exigiendo medidas de seguridad adecuadas o el cierre de las empresas que no se dedican a la producción esencial (como las fábricas de automóviles).
Las grandes características de estas luchas son las siguientes:
Se han producido a escala mundial, dada la naturaleza global de la pandemia, pero uno de sus elementos más importantes es que han sido más evidentes en los centros capitalistas, en particular en los países más afectados por la enfermedad: en Italia, por ejemplo, la Tendencia Comunista Internacionalista menciona huelgas espontáneas en Piamonte, Liguria, Lombardía, Véneto, Emilia Romaña, Toscana, Umbría y Apulia[2]. Fueron sobre todo los obreros de las fábricas italianas los primeros en plantear el lema "no somos corderos enviados al matadero". En España, las huelgas en Mercedes, FIAT, Balay electrodomésticos; los trabajadores de Telepizza, en huelga contra las represalias a los trabajadores que no querían arriesgar sus vidas entregando pizzas, y otras protestas de los repartidores en Madrid. Tal vez lo más importante de todo - entre otras cosas porque desafía la imagen de una clase obrera americana que se ha unido sin críticas a la demagogia de Donald Trump - ha habido luchas generalizadas en los Estados Unidos: huelgas en FIAT en Indiana, Warren Trucks, por los conductores de autobuses en Detroit y Birmingham Alabama, en los puertos, restaurantes, en la distribución de alimentos, en el saneamiento, en la construcción; huelgas en Amazon (que ha sido golpeado por las huelgas en otros países también), Whole Foods, Instacart, Walmart, FedEx, etc. También hemos visto un gran número de huelgas de alquiler en los Estados Unidos. Se trata de una forma de lucha que, si bien no implica automáticamente a los proletarios, tampoco es en absoluto ajena a las tradiciones de la clase (podríamos citar, por ejemplo, las huelgas de alquiler de Glasgow que formaron parte integrante de las luchas de los trabajadores durante la Primera Guerra Mundial, o la huelga de alquiler de Merseyside en 1972 que acompañó a la primera ola internacional de luchas después de 1968). Y en los Estados Unidos en particular hay una amenaza real de desalojo que pende sobre muchos de los sectores "confinados" de la clase obrera.
En Francia y Gran Bretaña, esos movimientos han sido menos generalizados, pero hemos visto que los trabajadores postales y de la construcción, los trabajadores de almacenes y de contenedores se en Gran Bretaña y, en Francia han hecho plantes, se han producido huelgas en los astilleros de Saint Nazaire. Amazon en Lille y Montelimar, en la logística... En América Latina, los ejemplos incluyen a Chile (Coca Cola), trabajadores portuarios en Argentina y Brasil, empacadores en Venezuela. En México, "Las huelgas se han extendido por la ciudad mexicana de Ciudad Juárez, que limita con El Paso (Texas), involucrando a cientos de trabajadores de maquiladoras que exigen el cierre de fábricas no esenciales, que se han mantenido abiertas a pesar del creciente número de muertes por la pandemia de COVID-19, incluyendo a 13 empleados de la planta de asientos para automóviles Lear, de propiedad estadounidense. Las huelgas... siguen acciones similares de los trabajadores de las ciudades fronterizas de Matamoros, Mexicali, Reynosa y Tijuana"[3]. En Turquía, huelgas en la fábrica textil Sarar (en contra del consejo de los sindicatos), en el astillero de Galataport y por parte de los trabajadores del correo. En Australia, huelgas de los trabajadores portuarios y de la distribución. La lista podría ampliarse fácilmente.
Varias de las huelgas han sido espontáneas, como en Italia, en las fábricas de automóviles de los Estados Unidos y en los centros de Amazon, los sindicatos han sido ampliamente criticados y a veces se han opuesto frontalmente por su abierta colaboración con la dirección. Según un artículo de la Libcom, que ofrece un amplio panorama de las recientes luchas en los EE.UU.: "Los trabajadores de las plantas de ensamblaje de Fiat Chrysler's Sterling Heights (SHAP) y Jefferson North (JNAP) en Metro Detroit tomaron el asunto en sus manos anoche y esta mañana y forzaron un paro de la producción para detener la propagación del coronavirus. Los paros laborales comenzaron en Sterling Heights anoche, sólo horas después de que el United Auto Workers y los fabricantes de automóviles de Detroit llegaran a un pésimo acuerdo para mantener las plantas en funcionamiento durante la pandemia mundial... El mismo día, decenas de trabajadores de la planta de Lear Seating en Hammond, Indiana, se negaron a trabajar, lo que obligó a cerrar la fábrica de piezas y la cercana Planta de Ensamblaje de Chicago"[4]. El artículo también contiene una entrevista con un trabajador de la industria automotriz que declara: "El sindicato y la empresa se preocupan más por hacer camiones que por la salud de todos. Siento que no van a hacer nada a menos que tomemos medidas. Tenemos que unirnos. No pueden despedirnos a todos".
Estos movimientos se producen en un terreno básico de clase: en torno a las condiciones de trabajo (demanda de equipos de seguridad adecuados) pero también en torno a la indemnización por enfermedad, los salarios impagados, las sanciones a los trabajadores que se negaron a trabajar en condiciones inseguras, etc. Muestran un rechazo al sacrificio que está en continuidad con la capacidad de la clase para resistir el alistamiento para la guerra, factor subyacente en la situación mundial desde el relanzamiento de las luchas de clase en 1968.
Los trabajadores de la salud, aunque han demostrado un extraordinario sentido de la responsabilidad, también han expresado su descontento con sus condiciones, su ira con los llamamientos hipócritas y los elogios de los gobiernos, aunque esto ha adoptado principalmente la forma de protestas y declaraciones individuales, pero ha habido acciones colectivas[5], incluidas huelgas, en Malawi, Zimbabue, Nueva Guinea y manifestaciones de enfermeras en Nueva York.
Pero este sentido de responsabilidad proletaria, que también impulsa a millones de personas a seguir las reglas del autoaislamiento, muestra que la mayoría de la clase obrera acepta la realidad de esta enfermedad, incluso en un país como Estados Unidos, donde varias fracciones de la burguesía (entre ellas los “trumpistas”) defienden un negacionismo de la pandemia. Así pues, las luchas que hemos visto se han limitado necesariamente a los trabajadores "esenciales" que luchan por unas condiciones de trabajo más seguras -y estas categorías están destinadas a seguir siendo una minoría de la clase, por muy vital que sea su papel- o por trabajadores que muy pronto se han cuestionado si su trabajo era realmente necesario, como los trabajadores del automóvil en Italia y en los Estados Unidos; y por lo tanto su principal demanda era que se les enviara a casa (a sueldo de la empresa o del Estado en lugar de ser despedidos, como muchos lo han sido). Pero esta demanda, aunque necesaria, sólo podía implicar una especie de retirada táctica en la lucha, más que su intensificación o extensión. Ha habido intentos -por ejemplo, entre los trabajadores de Amazon en los Estados Unidos- de celebrar reuniones de lucha en línea, de hacer piquetes mientras se observan distancias seguras, etc., pero no se puede evitar el hecho de que las condiciones de confinamiento suponen un enorme obstáculo para cualquier desarrollo inmediato de la lucha.
Y en condiciones de aislamiento es más difícil resistir el gigantesco aluvión de propaganda y ofuscación ideológica desarrollado por los Estados.
Los medios de comunicación cantan a diario himnos a la unidad nacional, basados en la idea de que el virus es un enemigo que no discrimina: en el Reino Unido el hecho de que Boris Johnson y el Príncipe Carlos fueron infectados por el virus se presenta como la prueba de ello[6]. La referencia a la guerra, el espíritu del "blitz" durante la Segunda Guerra Mundial (en sí mismo el producto de un importante ejercicio de propaganda destinado a ocultar cualquier descontento social) es incesante en el Reino Unido, en particular con los aplausos que recibe un veterano de la Fuerza Aérea de 100 años que recaudó millones para el NHS al completar 100 tramos de su gran jardín. En Francia, Macron también se ha presentado como un líder de guerra; en los Estados Unidos, Trump se ha esforzado por definir el Covid-19 como el "virus chino", desviando la atención del lamentable manejo de la crisis por parte de su administración y jugando con el tema habitual de "America First". En todas partes -incluso en el área de Schengen de la Unión Europea- el cierre de las fronteras se ha destacado como el mejor medio para contener el contagio. Se han formado gobiernos de unidad nacional donde antes reinaba una división aparentemente insoluble (como en Bélgica), o los partidos de la oposición se vuelven más que nunca "leales" al "esfuerzo bélico" nacional[7].
El llamamiento al nacionalismo se acompaña con la presentación del Estado como la única fuerza que puede proteger a los ciudadanos, ya sea mediante la aplicación enérgica del confinamiento o en su apariencia más amable como proveedor de ayuda a los necesitados, ya sean los billones que supuestamente se estarían repartiendo para mantener a los trabajadores despedidos, así como a los autónomos cuyos negocios han tenido que cerrar, o los servicios de salud administrados por el Estado. En Gran Bretaña, el "National Health Service" ha sido durante mucho tiempo un icono sagrado de casi toda la burguesía, pero sobre todo de la izquierda, que lo considera su logro especial, ya que fue introducido por el gobierno laborista de la posguerra que lo presenta como algo ajeno a la mercantilización capitalista de la existencia, a pesar de las malvadas invasiones de los empresarios privados. Esta jactancia del NHS e instituciones similares se apoya en los rituales semanales de aplausos y el incesante elogio de los trabajadores de la salud como héroes, sobre todo por los mismos políticos que han sido decisivos en los enormes recortes de los servicios de salud realizados en la última década.
Según el político laborista de izquierda Michael Foot, Gran Bretaña nunca estuvo más cerca del socialismo que durante la Segunda Guerra Mundial (¡¡¡), y hoy en día, cuando el Estado tiene que dejar de lado las preocupaciones sobre la rentabilidad inmediata para mantener unida a la sociedad, la vieja ilusión de que "todos somos socialistas " (que era una idea comúnmente expresada por la clase dirigente durante la ola revolucionaria después de 1917) ha cobrado un nuevo impulso gracias a las masivas partidas de gastos impuestas a los gobiernos por la crisis de Covid-19. El influyente filósofo de izquierda Slavo Zizek, en una entrevista en Youtube titulada "Comunismo o barbarie"[8], parece dar a entender que la propia burguesía se ve obligada a tratar el dinero como un mero mecanismo de contabilidad, una forma de vale de tiempo de trabajo, totalmente desvinculado del valor real. En resumen, los bárbaros se estarían convirtiendo en comunistas (¡¡¡). En realidad, la creciente separación del dinero del valor es el signo del completo agotamiento de la relación social capitalista y, por tanto, de la necesidad del comunismo, pero el desprecio de las leyes del mercado por parte del Estado burgués no es un paso hacia un modo de producción más elevado, sino una nueva muralla defensiva de este orden en decadencia. Y la función de la izquierda del capitalismo es sobre todo ocultar esto a la clase obrera, desviarla de su propio camino, lo que exige romper el control del Estado y preparar su destrucción revolucionaria.
Pero en la era del populismo la izquierda no tiene el monopolio de las falsas críticas al sistema. La indudable realidad de que el Estado utilizará en todas partes esta crisis para intensificar su vigilancia y control de la población -y, por tanto, la realidad de una clase dominante que "conspira" sin cesar para mantener su dominio de clase- está dando lugar a una nueva cosecha de "teorías de la conspiración", según las cuales el peligro real representado por el Covid-19 se descarta o niega rotundamente: se trataría de una "estafa" respaldada por una siniestra cábala de globalistas para imponer su programa de "gobierno único". Y estas teorías, que son particularmente influyentes en los EE.UU., no se limitan al ciberespacio. La facción Trump en los EE.UU. ha estado revolviendo la olla, afirmando que hay pruebas de que Covid-19 escapó de un laboratorio de Wuhan - incluso si los servicios de inteligencia de EE.UU. ya han descartado esto. China ha respondido con acusaciones similares contra los EE.UU. También ha habido grandes protestas en los EE.UU. exigiendo la vuelta al trabajo y el fin del encierro, incitadas por Trump e inspiradas a menudo por las teorías conspiranoicas (así como por fantasías religiosas: la enfermedad es real, pero podemos vencerla con el poder de la oración). También ha habido algunos ataques racistas contra personas del lejano oriente, identificadas como responsables del virus. No hay duda de que tales ideologías afectan a partes de la clase obrera, en particular a aquellos que no reciben ningún tipo de apoyo financiero de los empleadores o del Estado, pero las manifestaciones de vuelta al trabajo en los EE.UU. parecen haber sido dirigidas principalmente por elementos pequeñoburgueses ansiosos de hacer funcionar de nuevo sus negocios. Como hemos visto antes, muchos trabajadores han luchado por ir en la dirección opuesta a estas mistificaciones.
Esta vasta ofensiva ideológica refuerza la atomización objetiva, impuesta por el confinamiento, el temor de que cualquier persona ajena a su hogar pueda ser fuente de enfermedad y muerte. Y el hecho de que el encierro probablemente durará algún tiempo, que no habrá vuelta a la normalidad y que puede haber más períodos de encierro si la enfermedad pasa por una segunda oleada, tenderá a exacerbar las dificultades de la clase obrera. Y no podemos permitirnos olvidar que estas dificultades no comenzaron con el confinamiento, sino que tienen una larga historia detrás, sobre todo desde el inicio del período de descomposición después de 1989[9], que ha visto un profundo retroceso tanto en la combatividad como en la conciencia, una creciente pérdida de la identidad de clase, una exacerbación de la tendencia al "cada cual a la suya" en todos los niveles. Así pues, la pandemia, como producto claro del proceso de descomposición, marca una nueva etapa en el proceso, una intensificación de todos sus elementos más característicos[10].
No obstante, la crisis de Covid-19 también ha centrado la atención en la dimensión política en un grado sin precedentes: la conversación diaria, así como el incesante parloteo de los medios de comunicación, se centra casi totalmente en la pandemia y el confinamiento, la respuesta de los gobiernos, la difícil situación de los trabajadores de la salud y otros trabajadores "esenciales" y los problemas de la supervivencia cotidiana de una gran parte de la población en su conjunto. No cabe duda de que el mercado de las ideas se ha visto en gran medida acorralado por las diversas formas de la ideología dominante, pero hay áreas en los que una minoría importante puede plantear cuestiones fundamentales sobre la naturaleza de esta sociedad. La cuestión de qué es "esencial" en la vida social, de quién hace el trabajo más vital y, sin embargo, es pagado tan miserablemente por ello, la negligencia de los gobiernos, el absurdo de las divisiones nacionales frente a una pandemia mundial, de qué tipo de mundo viviremos después de Covid: son cuestiones que no pueden ser completamente ocultadas o desviadas. Y la gente no está totalmente atomizada: los encerrados utilizan los medios sociales, los foros de Internet, las videoconferencias o las audioconferencias no sólo para continuar con el trabajo asalariado o mantenerse en contacto con la familia y los amigos, sino también para discutir la situación y hacer preguntas sobre su verdadero significado. Físicamente (si se está a la distancia social necesaria...) reunirse con los residentes del bloque de apartamentos o del barrio también puede convertirse en un ámbito de discusión, aunque no debemos confundir el ritual semanal de aplausos con la solidaridad real o los grupos locales de ayuda mutua con la lucha contra el sistema[11].
En Francia, un eslogan que se hizo popular fue "el capitalismo es el virus, la revolución es la vacuna". En otras palabras, las minorías de la clase están llevando la discusión y la reflexión a su conclusión lógica. La "vanguardia" de este proceso está formada por aquellos elementos, algunos de ellos muy jóvenes, que han comprendido claramente que el capitalismo está totalmente en bancarrota y que la única alternativa para la humanidad es la revolución proletaria mundial, es decir, por aquellos que están avanzando hacia posiciones comunistas, y por lo tanto la tradición de la izquierda comunista. La aparición de esta generación de personas "en búsqueda" del comunismo plantea a los grupos existentes de la izquierda comunista una inmensa responsabilidad en el proceso de construcción de una organización comunista que podrá desempeñar un papel en las futuras luchas del proletariado.
Las luchas defensivas que hemos visto en la primera etapa de la pandemia, el proceso de reflexión que ha ocurrido durante los confinamientos, son indicios del potencial intacto de la lucha de clases, que también puede estar "bloqueado" durante un período considerable pero que a largo plazo podría madurar hasta el punto de poder expresarse abiertamente. La imposibilidad de reintegrar a un gran número de despedidos en el momento más álgido de la crisis, la necesidad de que la burguesía recupere los "regalos" que ha ido repartiendo en aras de la estabilidad social, la nueva ronda de austeridad que la clase dominante se verá obligada a imponer: esta será sin duda la realidad de la próxima etapa del Covid-19, que es a la vez una historia de la crisis económica histórica del capitalismo y de su descomposición progresiva. Una historia también de agudización de las tensiones imperialistas, ya que varias potencias tratan de utilizar la crisis de Covid-19 para perturbar aún más el orden imperialista mundial: en particular, es posible que haya una nueva ofensiva del capitalismo chino dirigida a desafiar a los Estados Unidos como la principal potencia mundial. En cualquier caso, los intentos de Trump de culpar de la pandemia a China ya anuncian una actitud cada vez más agresiva por parte de los EE.UU. Se pedirá a los trabajadores que hagan sacrificios para "reconstruir" el mundo post-Covid, y para defender la economía nacional contra la amenaza del exterior.
Una vez más, debemos precavernos contra el peligro del inmediatismo. Un peligro probable - dada la actual debilidad de la identidad de clase y la creciente miseria que afecta a todas las capas de la población mundial - será que la respuesta a nuevos ataques contra los niveles de vida podría tomar la forma de revueltas interclasistas, "populares" en las que los trabajadores no aparecen como una clase distinta con sus propios métodos y demandas sino diluidos entre una masa popular amorfa y dominada por ideologías ajenas como la pequeñoburguesa o, peor aún, la lumpen. Vimos una ola de tales revueltas antes del confinamiento e, incluso durante el mismo, ya han reaparecido en el Líbano y en otros lugares, lo que pone de relieve el hecho de que este tipo de reacción es un problema más agudo en las regiones más "periféricas" del sistema capitalista[12]. Un reciente informe de las Naciones Unidas advirtió que algunas partes del mundo, especialmente en África y en países devastados por la guerra como el Yemen y el Afganistán, experimentarán hambrunas de "proporciones bíblicas" como resultado de la crisis de la pandemia, lo que también tenderá a aumentar el peligro de reacciones desesperadas que no ofrecen ninguna perspectiva[13].
Sabemos también que el desempleo masivo puede, en un período inicial, tender a paralizar a la clase obrera[14]: la burguesía puede utilizarlo para disciplinar a los trabajadores y crear divisiones entre empleados y desempleados, y en cualquier caso es intrínsecamente más difícil luchar contra el cierre de empresas que resistir a los ataques contra los salarios y las condiciones. Y sabemos que, en períodos de crisis económica abierta, la burguesía siempre buscará coartadas que oculten la decadencia y barbarie del sistema capitalista: a principios de los 70, fue la "crisis del petróleo"; en 2008, "los banqueros codiciosos". Actualmente el chivo expiatorio será el virus. Pero estas excusas son necesarias precisamente porque la crisis económica, y en particular el desempleo masivo, es una acusación contra el modo de producción capitalista, cuyas leyes, al final, le impiden alimentar a sus esclavos.
Más que nunca, los revolucionarios deben ser pacientes. Como dice el Manifiesto Comunista, los comunistas se distinguen por su capacidad de comprender "la línea de marcha, las condiciones y los resultados generales finales del movimiento proletario". Las luchas de masas de nuestra clase, su generalización y politización, es un proceso que se desarrolla a lo largo de un largo período y pasa por muchos avances y retrocesos. Pero no nos limitamos a cumplir deseos cuando insistimos, como hacemos al final de nuestra hoja internacional sobre la pandemia, en que "el futuro pertenece a la lucha de clases"[15].
Amos
[1] Sobre las luchas en Francia a finales de 2019 ver La perspectiva que plantean las recientes luchas obreras en Francia https://es.internationalism.org/content/4540/la-perspectiva-que-plantean-las-recientes-luchas-obreras-en-francia [125] . Sobre los chalecos amarillos ver Balance del movimiento de los "chalecos amarillos": Un movimiento interclasista, un obstáculo para la lucha de clases https://es.internationalism.org/content/4484/balance-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos-un-movimiento-interclasista-un [29]
[2] https://www.leftcom.org/en/articles/2020-03-14/italy-we-re-not-lambs-to-the-slaughter-class-struggle-in-the-time-of-coronavirus [249]
[4] https://libcom.org/article/workers-launch-wave-wildcat-strikes-trump-pushes-return-work-amidst-exploding-coronavirus [251]
[5] Ver las luchas en Perú (ver https://es.internationalism.org/content/4558/covid-19-en-peru-muerte-miseria-y-crisis [185] ) y también en Bélgica y Francia.
[6] Este estribillo se ha visto en cierta medida socavado por la creciente evidencia de que los elementos más pobres de la sociedad, incluidas las minorías étnicas, están siendo mucho más afectados por el virus
[7] En España hay que hacer notar que en las primeras semanas del confinamiento el PP y Ciudadanos junto al PNV y al principio ERC han apoyado sin fisuras al gobierno de izquierdas. Solamente Vox y los independentistas de Puigdemont y Torra han jugado el papel de “malos de la película”.
[9] Ver Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole [253]
[10] En nuestro último congreso internacional hemos examinado las dificultades de la clase obrera para desarrollar su lucha. Ver Documentos del 23º Congreso Internacional de la CCI https://es.internationalism.org/content/4455/documentos-del-23o-congreso-internacional-de-la-cci-2019 [254]
[11] Ver distintos artículos o textos de debate proletario en nuestra recopilación Dossier especial COVID19: el verdadero asesino es el capitalismo https://es.internationalism.org/content/4566/dossier-especial-covid19-el-verdadero-asesino-es-el-capitalismo [255]
[12] Ver Ante la agravación de la crisis económica mundial y la miseria, las "revueltas populares" representan un callejón sin salida https://es.internationalism.org/content/4495/ante-la-agravacion-de-la-crisis-economica-mundial-y-la-miseria-las-revueltas-populares [38]
[14] En las Tesis sobre la Descomposición alertamos de que “Uno de los factores que está agravando esa situación es evidentemente, que una gran proporción de jóvenes generaciones obreras está recibiendo en pleno rostro el latigazo del desempleo, incluso antes de que muchos hayan podido tener ocasión, en los lugares de producción, junto con los compañeros de trabajo y lucha, de hacer la experiencia de una vida colectiva de clase. De hecho, el desempleo, resultado directo de la crisis económica, aunque en sí no es una expresión de la descomposición, acaba teniendo, en esta fase particular de la decadencia, consecuencias que lo transforman es aspecto singular de la descomposición. Aunque en general sirve para poner al desnudo la incapacidad del capitalismo para asegurar un futuro a los proletarios, también es, hoy, un poderoso factor de "lumpenización" de ciertos sectores de la clase obrera, sobre todo entre los más jóvenes, lo que debilita de otro tanto las capacidades políticas actuales y futuras de ella” https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
https://es.internationalism.org/content/4556/covid-19-barbarie-capitalis... [227]
https://es.internationalism.org/content/4548/covid-19-o-el-proletariado-... [221]
https://es.internationalism.org/content/4636/todas-las-pandemias-del-pas... [257]
https://es.internationalism.org/content/4541/covid-19-sintoma-de-la-etap... [159]
https://es.internationalism.org/content/4614/confinamiento-ante-la-pande... [258]
https://es.internationalism.org/content/4546/pandemia-del-covid-19-el-ca... [259]
https://es.internationalism.org/content/4767/la-crisis-de-covid-muestra-... [260]
https://es.internationalism.org/content/4626/segunda-ola-de-la-pandemia-... [261]
https://es.internationalism.org/content/4593/guerras-de-vacunas-el-capit... [262]
https://es.internationalism.org/content/4651/guerra-de-vacunas-para-el-c... [263]
https://es.internationalism.org/content/4560/guerra-de-las-mascarillas-l... [190]
https://es.internationalism.org/content/4551/pandemia-de-covid-19-en-fra... [222]
https://es.internationalism.org/content/4559/en-guayaquil-ante-una-crisi... [265]
https://es.internationalism.org/content/4649/hospitales-matadero-un-test... [266]
https://es.internationalism.org/content/4558/covid-19-en-peru-muerte-mis... [185]
https://es.internationalism.org/content/4576/en-peru-la-cuarentena-escon... [267]
https://es.internationalism.org/content/4570/la-pandemia-en-mexico-como-... [268]
https://es.internationalism.org/content/4683/chile-lo-unico-que-ofrece-e... [269]
https://es.internationalism.org/content/4777/crisis-del-covid-19-oportun... [270]
https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los... [271]
https://es.internationalism.org/content/4613/gran-bretana-protestas-en-e... [272]
https://es.internationalism.org/content/4561/la-pandemia-un-revelador-y-... [273]
https://es.internationalism.org/content/4554/sobre-la-pandemia-covid19-c... [274]
https://es.internationalism.org/content/4590/las-teorias-conspiranoicas-... [275]
Esta pandemia nos está mostrando la barbarie del capitalismo y las grandes amenazas que hace pesar sobre la humanidad. Estamos viendo una crisis económica que los “expertos” dicen que será peor que la de 1929 o la del 2008.
En Nueva York hay un muerto cada dos minutos por el Covid19 y los ricos huyen de la ciudad y se aíslan en una burbuja de lujo, protegidos por seguridad privada y pública. Mientras, en todo el mundo los trabajadores se hacinan en barrios dormitorio con precarias condiciones y servicios de salud; en su mayoría tiene que salir a trabajar utilizando transportes públicos sin medios de protección, exponiendo a ellos y sus familias al virus; en los centros de trabajo tampoco tienen garantizada la protección a la salud.
Esta situación denuncia al capitalismo como una sociedad de clases y de explotación, en decadencia y descomposición.
Estamos aquí para preguntarnos quién puede hacer frente a esta situación, quién puede cambiar al mundo.
La CCI defiende que la única clase revolucionaria es el proletariado:
1. Es la primera clase de la historia que es explotada y revolucionaria a la vez. Hasta ahora todos los cambios sociales habían sido hechos por clases explotadoras que reforzaban la división en clases, la explotación y el Estado. En cambio, con el proletariado se abre la posibilidad de abolir la explotación, las clases, las fronteras y los Estados.
2. Es una clase mundial con los mismos intereses en todos los países, por lo que puede unirse y luchar por una comunidad humana mundial.
3. Es el productor colectivo de las principales riquezas y servicios en el mundo, lo que le da una fuerza y la base para impulsar su unidad y su organización y poder acabar con el capitalismo.
4. Es la primera clase capaz de desarrollar la conciencia, la solidaridad y la autoorganización como acción masiva de todos los trabajadores y no de una minoría “dirigente”.
La CCI se reivindica del Manifiesto Comunista de 1848 que dice: “El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa”.
Entre 1848 y 1917, el proletariado a través de una dura lucha “económica, política e ideológica” como recordaba Engels, fue capaz de crear una vasta red de organizaciones: Partidos de masas, sindicatos, cooperativas, mutuas, universidades obreras, ligas de jóvenes o de mujeres etc. Con ellas logró definir su identidad de clase, es decir, reconocerse como clase obrera. Lo que permitía adquirir una conciencia de clase, a pesar de los peligros del parlamentarismo, el reformismo, la dominación elitista del grupo parlamentario, el economicismo, etc.
Esta fuerza permitió al proletariado internacional responder a la barbarie de la 1ra. Guerra Mundial con la oleada revolucionaria también mundial de 1917 a 1923. El proletariado tomó el poder en Rusia desarrollando su propia organización como clase a través de los Consejos Obreros. Estos fueron creados por el proletariado también en otros países (Alemania, Hungría, Italia, Austria), como dijo Lenin, el término Soviet (Consejo Obrero en ruso) había dejado de ser latín para las masas obreras. Hubo ecos en otros países de Europa, Asía, América y África. Estas experiencias a pesar de su derrota demostraron claramente que:
1. El proletariado puede tomar el poder y hacer la revolución,
2. El movimiento revolucionario es internacional,
3. Los Consejos Obreros son la forma de organización masiva de todo el proletariado.
La revolución fue aplastada en Rusia gracias al estalinismo que se apoderó del partido bolchevique en degeneración y del Estado soviético, debido a que finalmente quedó aislada y el comunismo en un solo país es imposible. Uno detrás de otro, los partidos creados por el proletariado degeneraron y fueron recuperados por la burguesía integrándolos en el Estado capitalista, ocurrió primero con los partidos socialistas, después con los partidos comunistas y finalmente con la Oposición de Izquierda de Trotsky. Los sindicatos fueron también integrados en el Estado capitalista sirviendo al interés de la burguesía disfrazados de obreros.
“El instrumento más eficaz que ha desarrollado el capitalismo en decadencia para asegurar su supervivencia ha sido la recuperación sistemática de todas las formas de lucha y organización que la clase obrera había heredado del pasado y que el cambio de perspectiva histórica ha vuelto caduco. Todas las tácticas sindicales, parlamentarias, frentistas que habían tenido un sentido y una utilidad para la clase obrera en el siglo XIX, se convirtieron en otros tantos medios para paralizar su lucha, transformándose en arma fundamental de la contrarrevolución” (Manifiesto del Primer Congreso de la CCI).
Durante la larga noche de la contra revolución, el proletariado estuvo dividido, amordazado y aplastado, sin embargo, no desapareció como clase. En primer lugar, por el esfuerzo de los pequeños grupos de la Izquierda comunista (Bilan, Internationalisme); en segundo lugar, hubo algunas luchas como en Alemania del Este 1953, Hungría 1956.
Desde 1968, vuelve a desarrollarse la lucha, la unidad y la conciencia del proletariado. La expresión de este renacimiento histórico es: El mayo francés, el otoño caliente italiano, el Cordobazo argentino, la insurrección del Báltico en Polonia etc. Hasta 1989 hubo sucesivas oleadas de lucha en diferentes países destacando el gran movimiento obrero en Polonia en 1980.
Como respuesta la burguesía desarrolló sus armas ideológicas, políticas y sindicales. La más importante es la democracia. Produce la ilusión de que votando podemos cambiar las cosas, que tenemos partidos que nos representan y sobre todo la democracia promueve el veneno del individualismo, nos vemos como ciudadanos y no como parte de la clase obrera. Bajo el manto de la democracia, la burguesía desarrolla toda clase de engaños y divisiones, los sindicatos, el nacionalismo, la autogestión, las luchas parciales, etc.
Con estas armas, la burguesía logró debilitar la lucha del proletariado, y reforzar su aparato represivo y de división.
A esta dificultad de la lucha del proletariado, vino a añadirse la caída del muro de Berlín, el derrumbe del bloque del Este y el hundimiento de los regímenes llamados comunistas. Esto permitió, una gigantesca campaña a la burguesía machacando que el comunismo estaba muerto, que el marxismo había fracasado e incluso la clase obrera ya no existía.
“Esta identificación del comunismo con el estalinismo es la mayor mentira en la historia de la humanidad. No solo la clase dominante quiere demostrar que la revolución proletaria sólo puede conducir a un sistema totalitario bárbaro y al caos. sino que busca también borrar de la memoria de la clase obrera su lucha histórica contra el sistema capitalista”.
Fue un golpe duro a la conciencia y a la identidad de la clase obrera que provocó un fuerte retroceso en la conciencia de los obreros y en las luchas. Y los efectos se siguen viviendo hoy. Para la CCI el hundimiento de los regímenes “comunistas” era el hundimiento de una forma particular de capitalismo de Estado, debido a una fase nueva en la historia del capitalismo que es su descomposición social e ideológica. La CCI en las tesis sobre la descomposición defiende que: “El hundimiento del bloque imperialista del Este ha venido a confirmar la entrada del capitalismo en una nueva fase de su período de decadencia: la de la descomposición general de la sociedad”.
En las mismas tesis, la CCI afirma que: “A pesar del golpe en su toma de conciencia dado por el hundimiento del bloque del Este, el proletariado no ha sufrido derrotas importantes en el terreno de sus luchas. Su combatividad sigue intacta. Pero, además, y es éste un factor que determina en última instancia la evolución de la descomposición, o sea, la agravación inexorable de la crisis del capitalismo es un estímulo esencial de la lucha y de la toma de conciencia de la clase, condición misma en su capacidad para resistir al veneno ideológico de la putrefacción de la sociedad”.
Será en la lucha contra los golpes cada vez más terribles que da el capitalismo en crisis, contra las condiciones de vida de la clase obrera donde esta ira forjando su identidad y desarrollando su conciencia. Al desempleo, la precariedad, la reducción de salarios, la eliminación de prestaciones sociales etc., el proletario tiene que responder en su propio terreno de clase, desarrollando asambleas generales, abiertas a los demás obreros, extendiendo y unificando sus luchas, haciendo frente al sabotaje de los sindicatos. Un obstáculo contra esta perspectiva son las revueltas populares interclasistas como las que se vivieron el año pasado en diferentes países y han vuelto a aparecer, por ejemplo, en el Líbano. Igualmente son factor de división, interclasismo, las luchas parciales: el feminismo, el movimiento “por el clima”, la lucha racial etc.
A lo largo de la historia, la clase obrera ha cambiado su piel. En los últimos 50 años se han incorporado al proletariado trabajadores profesionales y más recientemente riders, uberizados etc. Esto ha sido aprovechado por los servidores de la burguesía para proclamar que “la clase obrera ha desaparecido pues cada vez hay menos trabajadores con casco y mono azul” y, simultáneamente, para sembrar toda clase de divisiones y enfrentamientos dentro de la clase.
Contra estas divisiones y trampas, la perspectiva a la cual deben dirigirse las luchas y todos los esfuerzos que hacemos en estas reuniones es: “La victoria de la clase obrera significará para el género humano la liberación definitiva de los grilletes que le han sometido a las leyes ciegas de la economía y la naturaleza. Señalará el final de la prehistoria de la humanidad, estableciendo el principio de la verdadera historia y del dominio de la libertad sobre las ruinas del dominio de la necesidad” (Manifiesto del Primer Congreso Internacional de la CCI, 1975)
CCI
• Principios del comunismo
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/47-princi.htm [276]
• Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases (2019)
• "TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION [109]".
La burguesía como clase dominante, históricamente ha mostrado la potencialidad humana que provoca el trabajo asalariado, con ello se ha creado maravillas mejor que en cualquier época del pasado, y sin embargo, ese desarrollo, contradictoriamente, es incapaz de satisfacer las necesidades de la clase obrera y de la humanidad en su conjunto. En este marco general, como hemos analizado anteriormente, las reacciones de la burguesía frente al COVID-19 se enfocan directamente contra los trabajadores.
En medio de la cuarentena, los despidos son masivos en EEUU, España, Italia, Brasil, Perú, etc. Por otra parte, las condiciones laborales de miles de trabajadores sanitarios son deplorables, lo que ha provocado desesperación, miedo y reclamos por falta de instrumentos tan elementales como guantes y mascarillas. A esta situación se suma la dificultad de la burguesía por garantizar alimentación en diferentes lugares para afrontar la pandemia, esto debido al desempleo que antes de la pandemia ya registraban países como América Latina, por tanto, es imposible que mucha gente permanezca en casa sin que el Estado garantice ni siquiera las mínimas condiciones de alimentación.
A todo esto, el anuncio de que habrá pronto una recesión económica de magnitudes sin precedentes, con lo cual la burguesía anticipa los ataques que dirigirá hacia la clase obrera, esto está provocando cada vez un malestar general, nerviosismo, rabia e indignación que es importante que los elementos más avanzados del proletariado se anticipen a cómo canalizar dicha indignación, por tanto podríamos preguntarnos ¿Cómo debe prepararse la clase obrera para responder a la crisis del capitalismo mundial?
La clase obrera a lo largo de su historia ha desarrollado una larga experiencia en el marco de la lucha de clases, en este terreno ha consolidado su programa, ha madurado sus instrumentos de combate tanto en el campo político como en el campo organizacional, ha fortalecido su unidad de clase por fuera de las fronteras nacionales y ha desplegado una genuina solidaridad. Sólo en el terreno de la lucha de clases, el proletariado puede identificar su perspectiva revolucionaria y por lo tanto, la posibilidad de destruir el Estado y erigir una sociedad diferente. Por tal razón, ¿Qué es una lucha de clases, cualquier manifestación social que aparece en la calle podría ser tipificada de lucha de clases?
Por ahora no es posible el combate en la calle, ni huelgas de trabajadores, de igual modo tampoco podemos encontrarnos físicamente para debatir. La posibilidad que tenemos a nuestro alcance, es la reflexión que también es un arma de la lucha de clases, y en ese contexto, profundizar los métodos de combate del proletariado, su historia y las perspectivas de qué sociedad debería instaurar la clase obrera a nivel mundial; en el corto tiempo se puede constatar que hay mucha gente preocupada por el destino de la humanidad, esas inquietudes son importante que encuentre respuestas y qué mejor si nosotros como una fracción de la clase obrera, podamos aportar al esclarecimiento y por ese motivo, es importante preparamos.
Por otra parte, las luchas del proletariado no son lineales, van de tumbo en tumbo hasta que alcanzan la magnitud para provocar en el enemigo el suficiente daño y abrir un período revolucionario. Por eso es significativo identificar que las luchas de hoy o de mañana son o serán la continuidad de las luchas proletarias anteriores. Por tal razón es importante la historia. Por ejemplo, después de las luchas obreras de España de 2011, vino un período de enfriamiento o de reflujo hasta asistir a las luchas que acaban de ocurrir en Francia y que han permanecido por más de 50 días en combate (finales de 2019 y principios de 2020). Estas luchas han mostrado un embrión importante que puede ser el inicio de la reactivación de las luchas obreras en varios países.
Con la pandemia, también se ha visto huelgas puntuales en el norte de Italia, España, Francia, Canadá, Brasil, EEUU, Perú de trabajadores de la salud. Aunque estas huelgas son puntuales, muestran algo en común:
Los peligros para el proletariado son varios, pero en esta presentación queremos resaltar en especial el peligro que representan las revueltas populares. Las revueltas populares o interclasistas, es un obstáculo serio para el desarrollo de la conciencia de la clase obrera. Las luchas interclasistas siempre desvían la perspectiva del proletariado, precisamente por la presencia de múltiples expresiones del izquierdismo, anarquismo que son manifestaciones ajenas a las posiciones de la clase obrera, al internacionalismo, al programa comunista y en muchos casos, son la reproducción contrarrevolucionaria que han heredado del estalinismo, maoísmo, etc.
El interclasismo que promueve el izquierdismo y el anarquismo, por lo general terminan en saqueos y en desorden violento en que es imposible instaurar asambleas y muchas veces boicotean las asambleas de obreros que son acusados de “flojos” que se la pasan reflexionando. Por el contrario, la revolución proletaria contiene mucha reflexión porque no se trata sólo de enfrentar al Estado y desahogar la ira, sino, que su tarea es la de revolucionar toda la sociedad y para ello se requiere de la comprensión para llevar adelante esa tarea histórica.
La burguesía que ya no puede prometer perspectivas de futuro a la humanidad, cuenta con varias armas contra el proletariado:
La reunión, juzgamos, debe calibrarse en torno a 4 ejes principales:
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La entrada del año 2020, ya anunciada como una cuesta económica con gruesos nubarrones recesivos (ver artículo sobre la crisis en este número), trajo al descubierto el horror y la barbarie de este sistema de producción en plena descomposición que es el capitalismo, con la pandemia del Covid-19. Muchos justifican la irresponsabilidad de los gobiernos al subestimar el problema, arguyendo que se trata de “algo nuevo” y por eso los Estados no estaban preparados. Incluso, así se trate de países del “primer mundo”, todas las condiciones miserables de la infraestructura hospitalaria y el colapso de los sistemas de salud no son el resultado de la pandemia, sino que son consecuencia de décadas de desmantelamiento de los sistemas de seguridad social (pensiones, salud, educación, etc…) a escala planetaria, porque para el capitalismo simplemente “no son áreas rentables”. Además, desde hace casi dos décadas colectivos de investigadores ya habían advertido que era altamente probable una pandemia de este tipo y que se debía invertir más en investigación y en recursos de prevención, sin embargo, ningún gobierno se hizo eco pues implicaba desviar a esas áreas “no rentables” un capital que siempre será requerido para apuntalar la plusvalía de la burguesía en su conjunto.
La situación en México es escandalosa, no son nuevas las denuncias del desabasto terrible de medicamentos, no sólo para tratamientos de cáncer, sino medicamentos de la llamada “lista básica”; tampoco es nuevo que ya suman más de 300 hospitales que están en ruinas, sin especialistas…en fin, el Covid-19 vino a agudizar dramáticamente lo que el capitalismo ha tratado de esconder por décadas, ya sea bajo gobiernos del PRI, del PAN o de la “Cuarta Transformación” (4T): el criminal deterioro del sistema de salud. Nada más hay que ver las diversas protestas, asambleas y paros de labores en varias ciudades por parte del personal médico que ha denunciado estas carencias y sobre todo la desprotección sanitaria en que trabajan miles de ellos ante esta enfermedad tan contagiosa.
Todas las entidades del país tardaron en reaccionar con la inútil esperanza que “no fuera tan grave” o se quedara como simple “epidemia china”. El gobierno de izquierda de la burguesía mexicana, el de la 4T de Andrés Manuel López Obrador[1], dejó pasar todo el mes de enero y en febrero era ya imposible ocultar los riesgos y por eso decide suspender actividades “no esenciales” (escuelas, eventos masivos, bares, etc.) ¡a partir del 23 de marzo! …5 días después de haber permitido la realización del “Festival Vive Latino” donde se congregaron en la Ciudad de México ¡más de 40 mil personas! Poco antes de la emergencia nacional en México, AMLO mostraba de manera muy demagógica e irresponsable “amuletos” como “remedio mágico de protección”. Tratando de cuidar como siempre los intereses del capital, el gobierno de la 4T trató de retrasar lo más que pudo la declaración de la emergencia sanitaria para “no dañar la economía” del país. Traducción: la vida de las personas, de los trabajadores…son sacrificables en el altar de la ganancia del capital. Un sistema de explotación que no tiene consideración de la salud ni de la vida humana. Por ejemplo, una semana antes de “decretar la emergencia” en México (el 30 de marzo), los vuelos internacionales entraban y salían del país sin medidas de prevención.
El colmo del cinismo llegó a mitad de marzo. La burguesía de la región con negocios en México y como parte integrante del Tratado de Libre Comercio (T-MEC) entre México, Estados Unidos y Canadá, empezaron a frotarse las manos ante las “oportunidades” que la pandemia abriría para México. Según la Secretaría de Economía, el cierre de cadenas productivas en China catapultaba a México como una buena opción para asumir ese papel.
Así, la mayoría de las empresas siguieron laborando a todo vapor durante los meses de febrero y marzo. Uno de los sectores qué más “resistió” a cerrar fue la industria maquiladora. Hasta la semana del 20 de abril decidieron cerrar totalmente las maquilas, sobre todo fronterizas, ¡pero con un pago de sólo el 50% de los salarios! En aras de mantener la actividad productiva se ponía en peligro de muerte a cientos de miles de trabajadores. Otro ejemplo, el poderoso Grupo México del sector minero ha sido denunciado por obligar a los trabajadores a seguir laborando en condiciones inhumanas (principalmente en Sombrerete, Zacatecas). Las empresas automotrices fueron de las primeras en parar (VW, Audi, Nissan, Ford, etc.), pero no por ser empresas responsables ante la pandemia sino simplemente porque los suministros electrónicos provenientes de China se cortaron desde febrero. Todas las empresas tratan de sacar provecho de la situación: las casas de empeño despojan a los trabajadores de sus pocos bienes, los bancos extienden sus créditos para beneficiarse con los intereses, millones de trabajadores en varios sectores están obligados a trabajar en línea a ritmos extenuantes, etc. El sistema capitalista hace todo por seguir funcionando, instala el “tele- trabajo” o el también llamado “office-home”, es decir se “flexibiliza el trabajo” y se alargan las jornadas desde casa. El capital ya está delineando lo que será el futuro laboral en el mundo en favor del capital y empeorando las condiciones ya miserables de millones de trabajadores.
No vivimos en un sistema de producción que exista para satisfacer las necesidades humanas, ¡vivimos en un sistema de explotación del trabajo asalariado donde la vida humana es sólo “estadística”!
“Las disputas cotidianas del gobierno con grupos empresariales, el amotinamiento de policías y los conflictos con jueces y magistrados, muestra que la tendencia de la descomposición sigue siendo dominante, a tal grado que algunos periodistas han considerado la posibilidad de que se esté preparando por la ultraderecha, un golpe de Estado “suave”. Tal vez esta afirmación exagere los hechos, pero lo cierto es que la ruptura del tejido de la clase en el poder se ha venido ampliando pese a los intentos del nuevo gobierno.” (“Gobierno de AMLO: la burguesía gobierna desde la izquierda para reforzar su dominio” en Revolución Mundial no 142, Oct 2019 – Abril, 2020).
Esas confrontaciones se han acelerado en el marco de esta pandemia. TV Azteca llamando a la “desobediencia” contra las medidas de las autoridades sanitarias, Televisa abiertamente contra la 4T, periódicos como El Financiero no pierden oportunidad para lanzar gasolina al fuego, todo ello es la punta de iceberg ya que son en realidad expresión del enfrentamiento sórdido entre grupos de la burguesía por el poder. Esas divisiones impiden construir una estrategia común contra la pandemia y lo que vemos es que cada fracción avanza “cada uno por su lado”.
Así, los distintos niveles de gobierno toman cada uno sus medidas y, dependiendo de su filiación política y los intereses de las facciones que están detrás de ellos, se unen u oponen al gobierno federal. Por ejemplo, para nadie es un secreto que el Covid-19 pone al descubierto un grupo de gobernadores confrontados a la 4T. “Los gobernadores de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, Miguel Riquelme, Jaime Rodríguez y Francisco García, respectivamente, se rebelaron contra el gobierno federal al señalar que no han recibido el debido respaldo de recursos durante la crisis por Covid-19, y anunciaron que no seguirán el calendario de reaperturas que señaló la Secretaría de Salud federal, para marcar el fin de la cuarentena.” (proceso.com.mx, 17-abril-2020). En la misma tesitura se encuentra el gobierno de Jalisco. Se trata de un “bloque” de la burguesía norteña y de occidente. Las divisiones y confrontaciones entre fracciones traen consigo otro problema: las guerras de cifras, por ejemplo, en cuanto al número de muertos reales y la manipulación de los hechos. Televisa anuncia falsamente la muerte de un empresario, personajes de la farándula entran al juego difundiendo o exagerando hechos, usan la dificultad en el control del avance de la pandemia para divulgar rumores sobre las cantidades de muertos, falsos tratamientos, etc…un manejo criminal de la información que desorienta a la población. En sus pugnas las fracciones de la burguesía hacen lo que sea para asestar un golpe a sus rivales a costa de desorientar aún más a la población por el manejo criminal de la información, poniendo en peligro miles de vidas.
Se acusan unos a otros, esconden recursos y material médico para denunciar al otro, los “ineptos” siempre son los “enemigos políticos”. Lo que aparece en la superficie de la realidad y que AMLO llama “vida democrática” es sin duda alguna una feroz confrontación para dirimir qué fracción se impone a la otra. La pandemia ha exacerbado esa situación. Gobernadores (de Jalisco y Nuevo León principalmente) reclaman que no les dan recursos para enfrentar la emergencia, el gobierno federal les responde diciendo que ya “se mandaron recursos, hay que ver dónde se quedaron” (Subsecretario de Salud). Se roban unos a otros, se acusan de corrupción, se dan puñaladas traperas, “y es esa misma burguesía la que tanto se adorna con finos discursos moralizantes, la que llama a la solidaridad internacional, la que exhorta a sus "tropas" a cerrar filas en torno al Estado protector. ¡Pero cuantas mentiras! ¡La ‘solidaridad’ a la que apela la burguesía no es más que una expresión del ‘cada uno a la suya’, una exacerbación del caos y la barbarie capitalista a escala planetaria![2]
Esa dinámica del “cada uno a la suya” agudiza la competencia general y les impide asumir una estrategia común contra la pandemia, es claramente una expresión de la fase terminal del capitalismo: la descomposición social.
El Estado mexicano y sus políticos quieren apresurar las cosas empujando a la “vuelta a la producción” lo más rápido que se pueda para evitar una recesión mayor. AMLO ya había anunciado el alegre plazo de principios de mayo, sin embargo, el jueves 16 de abril corrige la página y manda la emergencia sanitaria hasta el 30 de mayo. Todos presionan para que la máquina industrial se reactive, el regreso parcial de mitad de mayo es una concesión a esas presiones que puede salir caro. La pandemia mundial del Covid-19 dotó a la burguesía de un chivo expiatorio ideal para esconder las verdaderas causas del desempleo masivo, de la miseria, del hambre y de la barbarie. Como dice AMLO, el Covid-19 “nos cayó como anillo al dedo”, esta pandemia les permite crear el escenario perfecto para ocultar la quiebra del sistema y hacer un discurso en el que resaltan “sus trabajos” para reactivar una economía “víctima de la pandemia”, así, el gobierno de AMLO abre el grifo al “microcrédito”, el “crédito a la palabra” y con la intensificación de la política de austeridad, se van a justificar más despidos y más represión contra migrantes, y lo fabuloso para el capital, es que el sistema no estaría puesto en tela de juicio porque argumentarán que estamos pasando sólo por un bache del cual “saldremos airosos”. Cuando AMLO dice que para rescatar la economía “primero los pobres”, lo que en realidad está diciendo es que, si no se otorgan migajas a una clase trabajadora miserable, la situación social se puede volver convulsa, sin paz para seguir con los negocios capitalistas. Un país donde la mitad de su población laboral vive del comercio informal, es decir, de vender mercancías en la calle, que viven al día, muestra ya los estragos de años y años de ataques a las condiciones de vida de los trabajadores. Una de las preocupaciones del Estado mexicano regenteado por la izquierda del capital es que está ante una bomba social: ambulantes que no tendrán dinero para aguantar uno o dos meses sin trabajar, más los desempleados que bajo el eufemismo de “descansados” engrosarán inmediatamente las filas de los desempleados. En un país donde no existe el “seguro de desempleo”, ante el cierre de la economía por la cuarentena, la posibilidad de revueltas y saqueos está presente y es necesario advertir que estas acciones interclasistas, de violencia ciega, donde se pierde toda referencia a los medios propios de lucha proletaria, de una visión de solidaridad de clase y lo que priva es la rapiña, es también un peligro muy real para el proletariado. Algunos obreros han expresado ya su impotencia repitiendo la idea de algunos empresarios de que “es preferible morir de Covid-19 que de hambre”.
Cuando el gobierno federal dice que se regresará a fines de mayo de forma escalonada pone una condición: “que los ciudadanos cumplan estrictamente con las medidas de la emergencia”, en otras palabras, se culpabiliza al individuo, al “ciudadano” porque la propagación sería por “ser irresponsables” y si se tarda más en abrirse la economía ¡también será culpa de los individuos incumplidos! Tamaña barbaridad toma su verdadera dimensión cuando en este tipo de países más de la mitad de la población vive en la pobreza y el confinamiento se vuelve casi imposible. Cuando se culpabiliza a los individuos el sistema queda libre de responsabilidad y los trabajadores, metidos en esa dinámica, se ven impedidos de reflexionar sobre las causas de fondo de esta barbarie que vivimos. Nos pide la burguesía “cuidarnos”, “quedarnos en casa”, aplicar el confinamiento “voluntario” como si fuera el Estado el “defensor de la vida” ¡hipocresía perversa! Y en esta lógica, también la campaña política consiste en culpar también a “los malos empresarios” que “no respetan las reglas”[3] del confinamiento. De esta manera se trata de poner en primer plano a los patrones supuestamente tramposos o irresponsables e incluso corruptos que estarían entorpeciendo el buen manejo de la emergencia y se esconde así el fundamento del problema que es precisamente la permanencia de la agonía del sistema capitalista como un todo. En fin, otro aspecto de la “ansiosa prisa” por abrir la economía es no disminuir sus ganancias y ganar terreno a los rivales que lo hagan tarde, es una lucha sin cuartel donde las empresas y los Estados se disputan y seguirán disputando cada nicho de mercado, cueste lo que cueste.
En circunstancias de crisis la burguesía se desgañita en llamar a la unidad nacional y, en particular, insiste en que la única fuerza capaz de hacerse cargo es el Estado, tras del cual tendría la población que cobijarse como si fuera un instrumento al servicio de todas las clases sociales y no un aparato de la clase dominante y que, incluso, tiene que imponerse sobre algunos grupos burgueses, por ejemplo, negándose a rescatar o a condonar impuestos a determinadas empresas, como lo hace la administración federal de AMLO. A pesar de los chillidos de sus voceros periodísticos e intelectuales que no han comprendido ese servicio vital que hace siempre, sobre todo, la izquierda del capital para el buen funcionamiento del sistema en su conjunto. Esta cuestión nos remite a un tema que la CCI ha desarrollado ampliamente desde su nacimiento (1975) y que se refiere al control cada vez más monstruoso que ejerce el Estado sobre todos los resortes de la sociedad, no solamente sobre la economía, sino también sobre la política, la ideología y todo el resto de la superestructura social y que lo hemos catalogado como Capitalismo de Estado[4].
Justamente al colocar al Estado como benefactor del conjunto de la sociedad, una campaña que está a todo vapor en el mundo entero, por ejemplo, alardeando sobre el gasto que se ha estado haciendo en equipamiento, en medicamentos e insumos de uso diario, en expansión hospitalaria a algunas instalaciones como las militares, el contrato de hospitales privados, la contratación de personal médico adicional, la participación del gobierno mexicano en las investigaciones internacionales para la vacuna, e incluso todo el discurso prudente y “científico” durante el transcurso de la pandemia, etc., le permite a la izquierda del capital en el gobierno desplegar una careta de preocupación por la salud y la economía de todos los ciudadanos.
De esta manera, el gobierno de AMLO, obtiene al menos dos beneficios, por un lado, diferenciarse de sus congéneres antecesores y así ganar terreno para las disputas políticas futuras en el marco de la democracia electoral y, por el otro, continúa con sus esfuerzos de hacer más eficiente el funcionamiento de la maquinaria estatal para que los negocios capitalistas funcionen; es decir, si bien las acciones que se enumeran en el párrafo anterior aparecen como signos del “nuevo gobierno” y pueden confundirse con una verdadera preocupación por la población, lo que en realidad significan en perspectiva es que se trata de medidas tendientes a minimizar lo más posible la merma no solo de las instalaciones sanitarias necesarias para la reproducción de la fuerza de trabajo, sino también para que esa fuerza laboral no sea diezmada en exceso para las empresas capitalistas privadas o públicas que reanudarán operaciones en una dinámica todavía más infernal para recuperar sus ganancias y su posicionamiento frente a sus competidores. Y esto con sus bemoles, pues es sabido que bajo la cubierta de toda la propaganda oficial que hemos referido, en realidad la enfermedad, como en todos los países, no se está atendiendo como se requiere ni los recursos “adicionales” son suficientes ni adecuados como lo hemos visto al inicio de este texto.
Esta es la realidad cruda y descarnada que se revela con la “Guía bioética” ya aplicada EU o en Europa, en particular en Italia o España que impone al personal médico la elección de quién vale la pena rescatar y quién no, sacrifican “a los más débiles”, a los “no productivos” (los ancianos, jubilados y afectados por otras enfermedades graves) para que “sobrevivan los más fuertes”; un “darwinismo social” eugenista[5] que expresa la verdadera moral capitalista: “Ante la posible saturación de hospitales y carencia de servicios médicos debido a la pandemia del coronavirus, las autoridades sanitarias le darán prioridad a los pacientes jóvenes sobre los adultos mayores o sobre quienes padecen enfermedades crónicas, ya que los jóvenes –se argumenta– tienen una ‘mayor cantidad de vida por completarse’”[6].
En fin, mientras que la burguesía intenta imponer la idea que los trabajadores tenemos que acogernos a la protección del Estado, las diversas fracciones no paran de acusarse unas a otras, de robarse entre ellas las mascarillas e implementos médicos y también aprovechan la ocasión para denigrar la actuación de otras fracciones calculando el beneficio político para su camarilla. AMLO pide “tregua en beneficio de la patria”, que seamos ciudadanos obedientes, “mexicanos responsables” convocando a los explotados a hacer unidad con la burguesía nacional. Esa defensa de la economía burguesa y de sus capacidades para competir en el mercado internacional siempre les ha redituado para justificar recortes al presupuesto y, en particular, agresiones redobladas a las condiciones de vida de los trabajadores. Esta es precisamente la única perspectiva que nos ofrece el capital y habrá que esperar después cómo se las arreglan para volver a hacer pasar una mayor explotación y ataques a todos los niveles con ayuda de sus lugartenientes principales, los sindicatos, de todos los colores.
“Esta pandemia es la expresión del carácter decadente del modo de producción capitalista, una de las muchas manifestaciones del grado de desintegración y delicuescencia de la sociedad actual, como la destrucción del medio ambiente y la contaminación de la naturaleza, el cambio climático, la multiplicación de los focos de guerra y de masacres imperialistas, la inexorable caída en la miseria de una parte cada vez mayor de la humanidad, el incremento de las migraciones de refugiados, el auge de la ideología populista y el fanatismo religioso, etc. (ver en internet nuestras Tesis sobre la descomposición del capitalismo [109]). Es un revelador del atolladero del capitalismo, un indicador de la única dirección hacia la que este sistema y su perpetuación amenazan con llevar y arrastrar a toda la humanidad: caos, miseria, barbarie, destrucción y muerte.”[7]
No hay que hacerse ilusiones, el Covid-19 no es la “última plaga”. El capitalismo en su descomposición acelerada no hará más que acentuar y generalizar todo tipo de amenazas para la humanidad. Para la inmensa mayoría de explotados y oprimidos del mundo la alternativa histórica a todo este atolladero sigue siendo la Revolución Comunista Mundial. El destino pertenece a la lucha de clases.
Marsán, 21-mayo-2020.
[1] ) “El gobierno que hoy encabeza López Obrador y su partido Morena, aunque se presenten como una expresión desde la izquierda, honesta y en combate contra la corrupción, tiene la misma naturaleza burguesa de los anteriores gobiernos y de los otros partidos con los que se complementan y se sincronizan para asegurar el sometimiento de los trabajadores.” (Revolución Mundial No. 142 Oct 2019 - Abril 2020).
[2] ) https://es.internationalism.org/content/4560/guerra-de-las-mascarillas-la-burguesia-es-una-clase-de-matones [190]
[3] Por ejemplo, AMLO ha hecho una conferencia de prensa para evidenciar a las grandes empresas que no cumplen la consigna de restringir sus actividades y que obligan a sus empleados a continuar el trabajo, pero “omite” a algunas empresas aliadas de su administración
[4] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198901/1124/comprender-la-decadencia-del-capitalismo-vi-el-modo-de-vida-del-ca [280]
[5] La "supervivencia del más apto", término que no fue acuñado por Darwin sino por el filósofo británico Herbert Spencer, es el eje teórico de lo que se conoce como “Darwinismo social”. Luego, un primo de Darwin, Francis Galton, fundó una pseudociencia, la eugenesia, cuya divisa es mejorar la especie humana a través de la supervivencia de los más fuertes; los viejos, débiles y enfermos quedarían fuera del desarrollo de la humanidad
[6] Esta determinación se tomó en la Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica, elaborada por el Consejo de Salubridad General (CSG) y publicada en el Diario Oficial de la Federación. (proceso.com.mx, 14-abril-2020). Ver El “darwinismo social”, una ideología reaccionaria del capitalismo https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/200909/2639/el-darwinismo-social-una-ideologia-reaccionaria-del-capitalismo [121]
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Hasta el momento la pandemia del Covid-19, es la situación más catastrófica que la humanidad está presenciando después de las guerras mundiales y aunque el número de muertos actual no llega a superar a las masacres de 1914 y 1939, el grado de horror y miseria vividos con la pandemia ya es casi comparable con aquellos acontecimientos del pasado. El modo de producción capitalista arrastra a la sociedad al caos y con ello a la economía. La crisis económica desestabiliza el mundo entero hoy, esta profunda crisis, que tiene más de 50 años, se manifiesta cada vez más violenta. El colapso de los sistemas de salud a nivel planetario, despidos masivos, desempleo, reducción de los salarios reales, pérdida del poder adquisitivo, quiebras generalizadas, en fin, pauperización y empeoramiento de las condiciones de vida de la clase trabajadora es lo que se ve en el horizonte[1]. El constante desarrollo de la tendencia del “cada uno a la suya”, característica de la descomposición[2] del sistema capitalista, acelera cada vez más la crisis mundial.
En Perú, ya vemos como la burguesía capea la situación de crisis económica, señalando que es el covid 19 el responsable de sus pérdidas económicas. Esta agravación de la crisis ha hecho que la burguesía expulse a miles de trabajadores a la calle, pues las empresas necesitan ser más competitivas, aumentar la productividad (o sea la explotación), el delivery, plataformas virtuales, en fin vienen con sus llantos hipócritas, para ser escuchados por el gobierno de Vizcarra, el mismo que les ha extendido las manos, dándoles libertad de seguir despidiendo masivamente a los trabajadores y recortarles los salarios. Esta situación se multiplica y recorre el mundo de arriba abajo, porque la lógica de la ganancia y las leyes del mercado se deben salvaguardar a toda costa por encima de las calamidades y necesidades de los trabajadores.
Grandes cadenas de supermercados, de restaurantes, Bancos, Mineras y otros sectores de la economía nacional, han empezado a presionar al gobierno para ampliar sus operaciones en medio de la cuarentena, Muchos ya lo han logrado gracias a los poderosos lobbies que negocian con el gobierno de Vizcarra. La burguesía aprovecha el momento en la crisis de la pandemia, y en complicidad con la pequeña burguesía han provocado una ola de escasez y especulación con los alimentos de primera necesidad y las medicinas (los precios se han triplicado en la mayoría de los productos básicos). No es casualidad que grandes empresas que se dedicaban a rubros distintos orienten sus actividades a la distribución masiva de alimentos de primera necesidad hoy en día, porque ahí está el negocio.
Grandes negocios se levantan en plena pandemia desde el sector farmacéutico y médico. ventas de equipos, mascarillas, guantes, utensilios y medicamentos la lista es inmensa y los precios de estos artículos se han cuadruplicado. Ni que decir de las largas colas que los proletarios deben hacer para conseguir medicinas y en el peor de los casos, cuando ya están contagiados para conseguir atención medica en los hospitales donde muchos ya han muerto en plena espera, por el colapso del sector salud, abandonado desde hace décadas por los sucesivos gobiernos de la burguesía. Pero al Capital no le interesa eso, tiene que seguir reproduciéndose e imponiendo sus propias leyes por encima de las necesidades de las personas. La ley de la ganancia se impone una vez más en medio de la desgracia, la miseria y las muertes. Por cierto, ya se han destapado varios escándalos de corrupción en las compras del Estado en plena pandemia, irregularidades en los procesos de compra de la seguridad social y la policía nacional. Altos funcionarios del Estado se han visto involucrados en terribles escándalos de corrupción. Por ejemplo, en la Región de Loreto, una de las más golpeadas por la pandemia, los enfermos de Covid-19 que entran a los hospitales tienen que portar todo su pack de tratamiento médico incluyendo tanque de oxígeno. Esta situación ha presionado los precios al alza de una forma salvaje de 5 a 10 veces más que en la etapa pre- crisis.
La burguesía y su prensa quieren hacer ver el problema de la escasez y especulación, como aprovechamiento de unos cuantos empresarios y comerciantes "inescrupulosos", pero la verdad es que se intenta ocultar el rostro repugnante del capitalismo y cuya dinámica real no es más que la expresión de un sistema podrido que se funda en las leyes ciegas de mercado, leyes anárquicas que operan a espaldas de los hombres como decía Marx.
El gobierno resulta ser el mejor cliente frente a este gran negocio donde se pinta como un “Estado solidario”, “que se preocupa por la salud de la población”, como si fuese un gran "papá" repitiendo hasta el hartazgo su propaganda que “El Perú es primero”. Todo un asalto ideológico mediante el cual intenta imponer sobre la clase trabajadora el veneno del nacionalismo, la "unidad nacional" es decir la unión de los explotados con los explotadores. El “sacrificarnos juntos para superar la pandemia”, se intenta imponer a toda costa, en medio de la brutal atomización y sufrimiento que genera el encierro.
Y de este naufragio tampoco se salvan los jubilados, los que en el pasado dieron años de su vida para los explotadores. Por ejemplo, el negocio de las AFPs[3] manejado por los bancos, se ha visto casi desnudado en medio de la pandemia. El 90 % de los aportantes del sistema privado de pensiones exigen retirar sus fondos ante las permanentes perdidas de las administradoras de fondos ocasionadas por la crisis económica mundial y sobre todo porque ya a muchos no les alcanza ni para comer. El oportunismo de algunos políticos del congreso de la república es escandaloso. Para quedar como los buenos de la película generaron mecanismos para que los jubilados pudiesen retirar parte de los fondos de pensiones, situación que, junto a los paquetes de subsidios del gobierno, ahora generan presiones inflacionarias en los precios de la canasta básica familiar. Y aunque esta situación muestra un retroceso para la burguesía encargada de administrar estos fondos, tampoco resulta un triunfo para los trabajadores que cada vez más se ven más desprotegidos, empeorando sus condiciones de vida.
La burguesía enfrenta esta situación, tanteando el terreno. Se enfrenta a un escenario incierto, muestra incapacidad y una permanente desorientación. Un ejemplo se dio cuando Vizcarra sacó a las calles contingentes de policías y militares, y estos comenzaron a contagiarse con el virus, muchos se negaron a cumplir sus funciones, hubo bajas en las fuerzas armadas, pero también muchas peleas abiertas entre ellos, en las calles, dentro de sus instituciones y cuarteles, por el pánico generalizado por los contagios y muertes. Esta situación generó un clima de descontrol en las calles, se mostraba un desconcierto en el gobierno y la burguesía, se hablaba de sublevaciones, disputas; había surgido una nueva preocupación para la clase dirigente en ese momento ¿Quién hará cumplir el orden burgués? Otro tanto, lo podemos ver en las mazmorras carcelarias del Estado: en Lurigancho y otros penales, los presos se han amotinado por la enorme cantidad de contagiados y en cárceles como la de Picsi, han tomado prácticamente todas las instalaciones aprovechando el vacío y desmanejo en que el Estado ha caído Esta situación demuestra la pérdida del control del aparato de alguno sectores del aparato represivo-Clara manifestación de la tendencia al "sálvese quien pueda y el cada uno a la suya", una de las características esenciales del periodo de Descomposición que hoy atraviesa el Capitalismo en decadencia.
El Estado viene implementando, con el pretexto del "Estado de emergencia sanitario", toda una feroz política de represión y control social. Se están preparando anticipadamente contra cualquier manifestación de los trabajadores, porque lo que intentan es controlar y reprimir esas posibles manifestaciones explosivas de los proletarios ante la crisis económica y la cuarentena de hambre que impone el gobierno. Y como no podía ser de otra manera la política del palo, del garrote represivo siempre viene acompañada de la zanahoria. El gobierno junto a la represión se ha colocado la careta filantrópica regalando una miserable cantidad de dinero a los "más vulnerables", la llamada política de los subsidios.
El Perú es uno de los países de América Latina que más ha invertido en subsidios para la población desde que se declaró el Estado de emergencia. Estos se traducen en bonos dirigidos a los hogares más míseros, ayuda que por supuesto no ha llegado a toda esa población que señalaba el gobierno. Hay barrios enteros donde las familias han puesto banderas blancas en señal de auxilio, ante la amenaza del hambre y la desprotección. Como no pueden salir a buscarse el sustento diario por la cuarentena, no tienen recursos para su alimentación. La prensa ya no puede ocultar los cientos de casos en todo el país, la desesperación, el hambre y la miseria se extiende cada vez más. Pese a las amenazas de detención, de multas o cárcel, el hambre no entiende de eso y la gente sale como sea a generarse un ingreso por miserable que este sea. El fracaso de los subsidios del gobierno es notorio, hay denuncias incluso que señalan que sectores de la burguesía, como políticos, alcaldes, empresarios y otros, han recibido el bono “por error”, en las bases de datos de los censos. Ya lo dijimos: estamos ante la política estatal del “palo y la zanahoria”, o sea entregan un bono de miseria a cambio de que no salgas a la calle a reclamar y si lo haces te estará esperando la represión.
Cuarentena es la respuesta de la burguesía ante esta situación, una cuarentena que está matando de hambre a millones de familias en todo el país, generando pánico y desesperación. La burguesía se refugia en sus casas y urbanizaciones exclusivos, en zonas donde nadie puede pasar y donde tienen espacios para sus familias sin ninguna necesidad de salir. En los barrios proletarios, en los cerros y asentamientos de la urbe o la periferia viven familias enteras con 6 a 8 miembros en espacios de menos de 40 mt2 en muchos casos, donde es más fácil que las familias se infecten por las condiciones de hacinamiento en que viven. El confinamiento decretado hace dos meses, ha dejado a miles de familias obreras sin empleo, sin ingresos; muchas de ellas ya han visto cortados los servicios esenciales por falta de pago (luz, agua); muchas familias están siendo arrojadas a la calle por no tener para el alquiler, a lo que se suma el stress del encierro y la angustia que se traduce en peleas y violencia domésticas. Es una realidad que se repite en gran parte de Lima y ciudades como Piura, Iquitos, Arequipa, Chiclayo donde muchos miles de proletarios se han visto arrojados a la miseria más absoluta y son presa fácil del virus.
Despidos masivos, ha sido la otra respuesta de la burguesía frente a esta situación. Muchas empresas han despedido a miles de trabajadores en los diferentes sectores de la actividad económica como en servicios, manufactura, turismo, exportaciones, entre otros. La burguesía no ha tenido piedad, para preservar sus ganancias no le ha temblado la mano echando a la calle a miles de trabajadores que han tenido que regresar a sus casas, a pasarla, sin sueldos, ni pagos en varios casos. En Lima y otras ciudades del país, el nivel de desempleo se ha triplicado en los primeros 15 días de la cuarentena. El 30% de la población se ha quedado directamente en la ruina, sin trabajo y sin ahorros, puesto que 70% de la población vive en la economía informal, ganando al día para sostener a sus familias. Millones de trabajadores en el Perú viven con menos de 5 dólares diarios. Existe, además, una preocupación creciente en el sector privado por 3,7 millones de empleos formales, que se verán también afectados por esta crisis[4].
La clase explotadora, ha empezado a rediseñar el funcionamiento de su sistema, con protocolos de seguridad para evitar el contagio[5].Todo un show mediático de desinfección, mascarillas y lentes, lavatorios y alcohol en spray colocados a las puertas de las fábricas, farmacias y centros comerciales. Pero las verdaderas intenciones saltan a la vista: la reactivación económica en el país, en su máxima consigna y claro, no les importa que los trabajadores puedan infectarse con el virus, no les interesa protegerlos de verdad porque la carne de cañón obrera es lo que sobra. A la burguesía le interesa un rábano la salud de los obreros, porque ellos no son los que trabajan y no producen nada. A ellos solo les interesa que los obreros vuelvan al trabajo y sacar lo máximo de beneficios en medio de esta tragedia. Y por ello presionan a su Estado para que vaya desconfinando y poniendo en funcionamiento las actividades económicas que más ganancias le dejan: minería, agroindustria, pesca, pese a que los infectólogos y hasta el propio Colegio Médico afirman que aún no hemos llegado a lo peor de la pandemia.
Pero se está montando también toda una campaña para después del levantamiento de la cuarentena, campaña plagada de sentimentales mensajes y que dicen que el mundo ya no va ser como antes, que habrá una nueva convivencia post pandemia y que la gente finalmente se acostumbrará al distanciamiento social, a la reclusión, del hogar al trabajo y viceversa. Quieren vender la idea que la sociedad "va a cambiar" a raíz de la pandemia y que se viene un "nuevo mundo" más limpio, más ecológico cuando es todo lo contrario. Una mentira más de nuestros enemigos. El capitalismo no cambia más que sus formas y después de la pandemia se mantendrá intacto en su esencia.
En realidad, lo que buscan los explotadores con sus reglas de "distanciamiento social" y sus vacías promesas de un "nuevo mundo" es evitar una vez más, que los trabajadores expresen su descontento, aislarlos al máximo unos de otros que no se reúnen en asambleas o se lancen a las huelgas. Hace 20 años lo hicieron con el terrorismo; esta vez usan el miedo paralizante del contagio y la muerte para que los trabajadores no reflexionen su situación de explotados, para separarlo de sus hermanos de clase que sufren como ellos, extremar la atomización, controlar las calles, cerrar cualquier espacio, local o plaza donde los proletarios puedan reunirse para discutir, reflexionar y luchar. Un adelanto de lo que será la "nueva convivencia social" se ha mostrado en Chile donde han habido manifestaciones, por alimentos y medicinas y contra la indolencia del gobierno, siendo los participantes reprimidos por las fuerzas del orden de inmediato y con una ferocidad inaudita[6]. Eso es lo que se viene, ese es el nuevo mundo post pandemia que nos promete la burguesía dispuesta a todo como respuesta a cualquier manifestación de descontento de la clase obrera ¡el mismo mundo de mierda bajo el capitalismo, pero con mascarillas!
Ideológicamente la clase dominante saca también ventaja de la situación, primero el Estado se auto presenta como el protector de la población destinando millones de soles en subsidios y con su propaganda de “el Perú es primero”, con la cual pretende dar la falsa idea de que en la nación se podrían unificar las dos clases antagónicas. Sus cantos de sirena llamando a la población al sacrificio para "juntos vencer al Coronavirus"; encerrándolos y matándolos de hambre, en depresión e incertidumbre frente a esta situación. Mientras siga el encierro, sabe que podrá debilitar aún más la identidad de clase de clase y hacerlo perder su perspectiva de lucha, para cuando se dé el retorno a la "normalidad". Por eso, el gobierno de Vizcarra viene dando largas cada 15 días, extendiendo la cuarentena, para evitar una posible explosión social de los trabajadores en las calles, ante el desempleo, la enfermedad, el hambre y demás miserias.
El recurso de la cuarentena no es sólo evitar los contagios. Con una sola medida, busca varios objetivos: la atomización, el individualismo, el nacionalismo, el cada uno a la suya, el sálvese quien pueda. Elementos de ideologías extrañas al proletariado y su organización. Elementos que el proletariado debe combatir en todo momento de su encierro y en su combate contra su enemigo histórico de clase: la burguesía.
La pandemia del Covid19 llegó en un mal momento para la lucha de clases. Las condiciones de bloqueo y encierro hacen imposible la forma clásica de lucha basada en Asambleas, manifestaciones y delegaciones masivas contra el ataque a las condiciones de vida en lo inmediato. Las dificultades de la clase trabajadora son diversas en tiempos de pandemia y debemos analizarlas.
Sin embargo, en plena pandemia, los trabajadores, en varios países se han negado a sacrificarse en la "línea de combate" contra el virus. A las huelgas obreras en Canadá, EEUU, Francia, a las huelgas de los obreros del automóvil en Italia, a las manifestaciones de los obreros egipcios en Kuwait, se suman la de los trabajadores de salud en prácticamente toda América Latina, desde México a Argentina. A esa lucha se han sumado sus hermanos trabajadores en el Perú. Desde que se inició la pandemia no ha dejado de haber cada semana una movilización de los sectores de trabajadores más afectados. Comenzó con la negativa y abandono del trabajo por los obreros portuarios de Ilo (Moquegua) pues la patronal quería obligarlos al descargo de mercancías provenientes de China, foco del contagio .Le han seguido decena de manifestaciones de trabajadores de la salud, médicos enfermeras y técnicos de hospitales públicos a la que se han sumado los obreros de limpieza municipales, por la enorme saturación y la bestiales condiciones de inseguridad con que el Estado los lanza a trabajar, prácticamente inermes frente al virus. Los trabajadores de los hospitales ya han visto morir a muchos de sus hermanos trabajadores y por ello, sin abandonar a sus pacientes, han salido a las calles con pancartas y altavoces a gritar por mejores condiciones de seguridad en el trabajo y esta situación se ha multiplicado por todo el país. El punto de los reclamos son la falta de equipos de seguridad médica, camas UCI. Además, contra la precariedad laboral, la falta de pago y los contratos-basura del personal médico joven.
Estos movimientos se inscriben dentro del terreno de clase, muchos de ellos son espontáneos pero válidos para la experiencia de lucha internacional de la clase trabajadora, que, aunque aún minoritarias señalan el camino de lo que en futuro la clase obrera mundial deberá hacer frente a su enemigo aunando sus luchas más allá de fronteras y nacionalidades. Es importante subrayar esto último. Ha habido una reacción internacional de los trabajadores en muchas partes del planeta en medio de la emergencia de la pandemia y pese a las amenazas de despidos o represión, los trabajadores no han tenido miedo de salir a pelear. Esta reacción es parte del cambio de ánimo que experimenta la clase obrera en su dinámica de lucha a nivel internacional[7].
Pero somos conscientes también que existe toda América Latina una fuerte tendencia a que la lucha de clase trabajadora sea apartada de su terreno de clase y se vea envuelta y ahogada en medio de las revueltas interclasistas en el futuro. Primero: por las recientes revueltas populares vistas en Chile[8] y Ecuador[9] que pueden seguir influenciando como “experiencias” recientes; segundo, por la fuerte influencia que ejercen los movimientos interclasistas e izquierdistas en América Latina, sobre todo en los países andinos, como por ejemplo el indigenismo, el frentismo, el sindicalismo o los movimientos ciudadanistas. Tercero: debilidades generales de la clase trabajadora internacional, pérdida de confianza, de solidaridad, de identidad, perdida de su proyecto histórico como clase.
Debemos recordar, que la clase trabajadora en el Perú se había venido manifestando con luchas aisladas pero sostenidas. A fines del 2019 de trabajadores del Poder Judicial y la Reniec[10]. También la huelga de los repartidores de Glovo; el paro de los trabajadores de Saga-Fallabella[11]. Las movilizaciones de estudiantes de secundaria por la reducción de pasajes en el Metropolitano. Se hacen llamar "Secundaria combativa" también manifestaciones de maestros, de obreros de la construcción, huelga indefinida de los trabajadores de todos los locales de Saga Falabella y a comienzos de este año los obreros de limpieza en el distrito de Villa María del Triunfo y la de los obreros de salud en hospitales del Cuzco y Chiclayo. Los sindicatos para no perder el control sobre los trabajadores en huelga, anunciaba un Paro nacional para Marzo.
Era una ola, en ascenso de luchas aisladas, pero en un terreno de clase, que la pandemia cortó pero que queda como parte de la experiencia de la clase obrera. Estas luchas evidenciaron muchas debilidades similares a las que hemos visto en la gran huelga de los trabajadores en Francia contra la reforma de las pensiones[12].
Existe una cierta politización de la vida a nivel internacional, hay elementos de la clase que empiezan a buscar respuestas a una serie de preguntas relacionadas a la vida cotidiana en este sistema. En este sentido se podría decir que la atomización no es completa, los elementos en búsqueda utilizan los medios para descubrir y discutir desde el punto de vista del proletariado; son minorías de las minorías, pero son expresiones muy importantes. Podemos decir, que existe una resistencia y una reflexión en la clase, estos elementos harán que la clase trabajadora se lanzará más pronto o más tarde a luchas contra los golpes masivos que le prepara la Burguesía.
Será en la lucha contra los golpes cada vez más terribles que da el capitalismo en crisis, contra las condiciones de vida de la clase obrera donde esta ira desarrollando su identidad y su conciencia. Al desempleo, la precariedad, la reducción de salarios, la eliminación de prestaciones sociales, el proletario tiene que responder en su propio terreno de clase, desarrollando asambleas generales, abiertas a los demás obreros, extendiendo y unificando sus luchas.
¡El Futuro Pertenece a la Lucha de Clases!
Internacionalismo, sección de la CCI en Perú
mayo 2020
[1] https://es.internationalism.org/content/4556/covid-19-barbarie-capitalista-generalizada-o-revolucion-proletaria-mundial [227]
[3] Administradora de fondo de pensiones (AFP) del sistema privado
[6] Para la situación en Chile ver https://es.internationalism.org/content/4567/chile-la-ley-de-proteccion-al-empleo-otro-ataque-del-capitalismo-los-obreros [284] y https://es.internationalism.org/content/4555/chile-en-contra-de-la-asamblea-constituyente-vamos-por-la-verdadera-autonomia-e [160]
[7] Ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [271]
[8] https://es.internationalism.org/content/4479/chile-ante-los-ataques-del-gobierno-la-respuesta-no-es-la-revuelta-popular-sino-la [167]
[9] https://es.internationalism.org/content/4490/los-efectos-de-la-descomposicion-capitalista-en-el-ecuador-solo-el-proletariado-podra [285]
[10] Registro Nacional de Identificación y Estado Civil: RENIEC
[11] Empresa de Grandes Almacenes
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El 8 de marzo hubo marchas masivas en las grandes ciudades y un paro nacional de mujeres el día 9 en todo el país. Convocados estridentemente por el colectivo “las Brujas del Mar” con amplio apoyo mediático, se sumaron otras agrupaciones feministas, grupos estudiantiles, las llamadas ONG, universidades, varios gobiernos estatales, instituciones privadas, sindicatos, partidos y, hasta miembros de la iglesia católica. Personajes de la pequeña burguesía estuvieron muy activos organizando y disponiendo de amplios recursos. ¡Hipocresía cínica y asquerosa de los sindicatos, partidos e iglesia, que a diario discriminan, explotan y vejan a las mujeres! Todo esto en un contexto internacional de movilizaciones feministas por la “igualdad de género” (casi bajo el mismo formato) bajo el himno “Un violador en tu camino” y los colores negro, verde y violeta que dio continuidad a este tipo de acciones sobre todo después de 2018 cuando tuvieron un relanzamiento internacional muy mediático alrededor del llamado movimiento “Me Too” y que, en Francia, por ejemplo, sumó también otro hashtag como #Delata a tu cerdo[1].
En este breve artículo desarrollaremos en particular dos cuestiones:
En una sociedad capitalista donde priva el patriarcado, el sufrimiento de la mujer por la violencia doméstica, el machismo, la discriminación, etc., es una realidad estrujante que, siendo una constante desde las sociedades precapitalistas[2], el capitalismo, a medida que avanza su descomposición social generalizada[3], la ha convertido en un fenómeno trágico que se expresa en violaciones, ataques y asesinatos de odio cada vez más irracionales, en un contexto en que la diversificación de los negocios de la mafia organizada enlazada o no con el Estado intensifica la diversificación del comercio sexual. Este actuar se irradia socialmente aumentando la violencia y el crimen en contra de las mujeres en todos los ámbitos, desde la familia, hasta los centros de trabajo e instituciones educativas, donde se usa el pequeño poder para desplegar desde el acoso sexual y laboral hasta otros tipos de violencia indecible. Pero esto ¡No es una fatalidad! El movimiento obrero y su método marxista, desde el siglo XIX ha planteado “la cuestión de la mujer” no como un asunto aparte sino como un problema humano de relación natural entre hombres y mujeres dentro de un marco histórico[4] y siempre con la visión de la necesidad de superación de la dominación y opresión en la relación entre hombres y mujeres, lo que solo podría ser posible hasta la sociedad comunista dadas sus raíces materiales y sociales.
Desde El Manifiesto del Partido Comunista (1848) se asesta un golpe certero a los alegatos hipócritas de la burguesía sobre el modelo y los valores eternos de la familia demostrando que ésta se basa en el lucro privado y que sólo la burguesía tiene una familia y que, por contra, hay una carencia forzosa de relaciones familiares de los proletarios, las cuales son destrozadas por la sobre explotación asalariada convirtiendo a los hijos y a la mujer en meros instrumentos de producción; luego, August Bebel con su libro La Mujer y el Socialismo de 1879 desarrolló en un marco histórico la necesaria solución de las contradicciones en este tema. Expuso la visión de la futura sociedad comunista y la denuncia de la sociedad capitalista que presume los ideales de la revolución burguesa de libertad e igualdad, pero… dando por hecho la sumisión de la mujer a todos los niveles: en el político, el no derecho a voto; en el social, en el matrimonio con la subordinación económica y sexual al hombre… Luego, las investigaciones de Lewis H. Morgan sobre todo en su obra La Sociedad Antigua (1887) motivaron a Friedrich Engels a enriquecer su libro Los Orígenes de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado (1884), con argumentos que establecieron los orígenes de la opresión de la mujer con el surgimiento de la propiedad privada y las divisiones de clases indisolublemente ligados a la familia patriarcal, debilitando rápidamente la influencia y la posición de la mujer al ser sustituido el derecho materno por el paterno[5].
La actual condición de la mujer afecta muy negativamente a las mujeres trabajadoras, pues a las interminables exigencias del trabajo doméstico y la educación de los hijos, hay que sumar las penurias de la pobreza, la precariedad laboral, los bajos salarios, el maltrato patronal, que comparten con sus compañeros varones. Por eso, durante el siglo XIX –sobre todo en Europa y EUA– junto con las demandas de mejoras económicas y políticas para los trabajadores, el movimiento socialdemócrata consideraba el derecho al voto para las mujeres trabajadoras.
La reivindicación de un día de la mujer tuvo orígenes dramáticos y de combate obrero:
- El 8 de marzo de 1857, miles de trabajadoras textiles fueron reprimidas en Nueva York por protestar contra sus condiciones laborales y pedir un recorte de la jornada laboral y el fin del trabajo infantil.
- En 1909, la huelga de las camiseras de Nueva York de 1909 destacó por su enorme dimensión después de las importantes luchas de las obreras textiles de Chicago en 1908 bajo las mismas demandas.
Estas experiencias llevaron a enarbolar como motivo de lucha el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer por la Conferencia de Mujeres Socialistas en Copenhague en 1910.
- En fin, 1911 fue el año del incendio de la fábrica textil de Triangle Shirtwaist en Nueva York donde murieron calcinados 123 mujeres y 23 hombres al ser encerrados bajo llave, reafirmando la voluntad de continuar el combate por sus reivindicaciones como se hizo sobre todo en 1912 en el marco de esa conmemoración.
- En adelante, en los años 1913 y 1914 este día de lucha se enfoca en contra de la primera guerra mundial hasta desembocar en 1917 cuando el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer detona huelgas y manifestaciones que dan el banderazo a la Revolución Rusa.
En resumen, en los años de 1911 a 1917 este motivo de lucha se enfrentó contra el capitalismo como parte del conjunto del movimiento obrero en búsqueda de su unidad y en la perspectiva del combate histórico por el comunismo a la que se integraba a las mujeres obreras. Después, el capitalismo arrebató estas expresiones de lucha y las convirtió en una celebración estéril. Por ejemplo, en 1975 la ONU declaró el Año Internacional de la Mujer y en 2011, el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.
Las organizaciones proletarias siempre alertaban contra el peligro de diluir las demandas y preocupaciones de las obreras como clase explotada, en las acciones feministas de las mujeres de la burguesía y la pequeña burguesía, en tanto la ideología feminista entorpecía la unidad indispensable del proletariado (y continúa haciéndolo) al limitar la perspectiva de sus exigencias dentro del perímetro de la sociedad capitalista; es decir, transformándolo en un movimiento interclasista que niega la existencia de la lucha de clases y que, al restringir la problemática al género, atrapa a los explotados en la esperanza que el capitalismo puede ofrecer “igualdad” de derechos sociales y el derecho al sufragio en particular. Tanto Alejandra Kollontai en 1907 como Rosa Luxemburgo en 1912[6], fustigaron a las mujeres burguesas y pequeño burguesas- que actúan como leonas contra las “prerrogativas del macho” pero una vez conseguidas sus aspiraciones trotan como dóciles corderos defendiendo sus privilegios de clase. Esto se zanjó definitivamente, por ejemplo, cuando una gran parte del llamado movimiento sufragista feminista en Inglaterra (que pugnaba por el voto de las mujeres) apoyó a la burguesía en la Primera Guerra Mundial[7] y solo entonces el Estado inglés le otorgó ese “derecho” por su contribución al esfuerzo de guerra.
Desde entonces se han sucedido movilizaciones feministas enarbolando esencialmente la misma demanda de igualdad de derechos entre los sexos pretendiendo que la solución venga del interior del capitalismo, que el Estado “patriarcal” acabe por… conceder de manera misericordiosa a las mujeres sus derechos y que las defienda de la “violencia de género”, cuando es harto evidente que sin la tolerancia del Estado no podría concebirse la desprotección y violencia cebada contra las mujeres, sobre todo contra las no explotadoras. Por otro lado, es muy evidente que las supuestas conquistas “feministas” como el que la mujer pueda votar, ser gerente de una empresa, acceder a diversos cargos… no representan una “liberación” del patriarcado y mucho menos un avance en la superación del actual estado de cosas que estamos comentando. Esta ideología, borra de la reflexión los fundamentos del problema, como lo veíamos, y se mantiene sobre las ideas falsificando sus causas cuando despotrica en contra del “machismo”, el “heteropatriarcado”, la “corrupción” estatal.
Las manifestaciones recientes se autodefinen como de la “cuarta ola”, la cual, con una pretendida nueva “filosofía” de “inclusión” y “empoderamiento”, termina proponiendo, como las versiones anteriores, la búsqueda de la solución a la violencia en contra de las mujeres dentro del capitalismo, en sus estructuras y sus leyes. Demostrando así que son un “nuevo” instrumento dedicado a la defensa y la reproducción de la ideología burguesa. Todas las vertientes feministas reprochan al marxismo que “no avanza lo suficientemente lejos” pues éste considera que la opresión de la mujer es irresoluble en tanto no se destruyan las condiciones materiales que la hacen posible y se instaure un nuevo orden social[8]. Las proclamas feministas, por más radicales que se presenten, incluyen en su discurso la preservación del capitalismo, pero… sin sus “despreciables consecuencias” y contradicciones, que es necesario reconocer, no pueden desaparecer hasta que éste sea destruido. Esta ideología es pequeñoburguesa y tributaria sobre todo del izquierdismo pues el feminismo es otro de sus temas por excelencia para cumplir su papel mistificador dentro del espectro político del Estado burgués.
La situación de la mujer es alarmante y en particular la de las trabajadoras. Es sobrecogedor el que en las regiones como América Latina las mujeres tengan que cargar con preocupantes aumentos de asesinatos que, según algunas cifras, por ejemplo, en México durante 2019 afectaron a 3,825 mujeres, un aumento de 6% con relación a 2018, es decir, entre 10 y 11 mujeres al día[9]. Decenas de miles de mujeres se vieron impulsadas a participar en las marchas y el paro feministas manifestando su coraje e indignación por el agravamiento de la situación y por la indolencia del Estado ante los crímenes, las violaciones, mutilaciones, etc., que no respetan edades y son a todas luces despreciables. Siendo una preocupación más que genuina, la gran mayoría de ellas no vieron la trampa que les tendieron de nuevo pues esta “fiesta”, que si no fuera por la tragedia que se ha descrito se antojaría chusca, se ha calificado como un ejemplo de ejercicio “ciudadano” y de la “sociedad civil” y así lo fue. Reproduce y acentúa lo que ha sido el feminismo sobre todo desde principios del siglo XX, un fenómeno interclasista que siempre busca eliminar los intereses de la clase trabajadora, terminar con las divisiones de clase y la explotación para unir a las mujeres de todas las clases en la defensa del capitalismo que es la verdadera causa de su opresión. Además, estos movimientos toman un tinte cada vez más reaccionario puesto que sus voceras se desgañitan en instaurar una visión “separatista” no solo oponiendo de manera irracional pura y simplemente a hombres y mujeres sino ubicando al hombre como el “enemigo”, así en abstracto, lo que se refleja en su #UnDíaSinNosotras.
Así, esta ideología separatista va aún más allá de la separación de “raza”, de oficio, de fábrica, de naciones… que siempre ha imbuido la ideología burguesa en las filas de los trabajadores para entorpecer y evitar su unidad como clase. Aunque este germen está en el origen del feminismo, en estos años está cuajando como una ideología rancia propia de la descomposición capitalista y vuelve con su cantaleta de que la única solución sería la reeducación (por parte del mismo Estado capitalista patriarcal que dicen combatir) de las personas y en particular de los hombres e insiste en el ensayo de un nuevo lenguaje como el abandonar las palabras genéricas que denoten la masculinidad y adoptar universalmente gramemas que “incluyan” a los dos géneros… además de insistir en colores o símbolos para… reeducar a la humanidad en… ¡este mismo sistema capitalista que concentra toda la carga de los sistemas de producción basados en la propiedad privada!. Además, remachando métodos de violencia de lucha ciega totalmente ajenos a los trabajadores como las acciones minoritarias “radicales” de encapuchados que supuestamente quisieran detonar una respuesta generalizada[10].
Las luchas que no van a la raíz de la explotación y la opresión son expresiones marginales en tanto que aún cuando responden a problemas reales del capitalismo, no atacan sus causas, como el feminismo oficial o radical o de otro tipo; son también utilizadas sistemáticamente por la burguesía para golpear la conciencia proletaria o como instrumento utilizado en sus pugnas internas, como está sucediendo actualmente. No es casual que las peleas entre las diferentes fracciones burguesas en la Universidad Nacional Autónoma de México fueran el escenario de la “toma” de escuelas y facultades por parte de “feministas separatistas”. Como tampoco lo es que la líder del colectivo “Las brujas del mar”, Arussi Unda, fuera evidenciada a través de la web (seguramente por el gobierno federal) en su cercanía con el expresidente Felipe Calderón. Luego, el cinismo de otra convocante, la panista Xóchitl Gálvez, en una “mesa de discusión” presentada en TV-Milenio, confiesa lo que la burguesía tenía en mente al permitir y promover el “paro femenino”, al advertir que en su empresa los hombres tendrían que cumplir las labores que han dejado de hacer las mujeres, es decir se trataba de un paro no en contra del capital, sino en contra de los mismos trabajadores. Obviamente, la administración federal tiene su propia cuota, pues habiéndose opuesto al principio precisamente denunciando las maniobras de sus opositores políticos, acabó “aceptando” para aparecer como comprensivos y favorables a las reivindicaciones feministas y también para restarles presión a las otras fracciones capitalistas. Como siempre, el cálculo burgués por encima de las consideraciones humanas.
El feminismo no debe ser una referencia para las mujeres, especialmente para los millones de trabajadoras que son explotadas diariamente en la industria, en el campo y en los servicios. Al contrario, deben siempre desconfiar de su “hermana mayor”, como se ha considerado a sí mismo el feminismo creado por la burguesía y la pequeña burguesía para mantener todo tipo de divisiones dentro de la clase obrera. Las trabajadoras deben buscar su propia identidad de clase con intereses muy definidos en cuanto a sus condiciones de vida y de trabajo en esta sociedad y clarificar cuál es su genuina perspectiva histórica de liberación como clase oprimida y explotada al lado de los hombres proletarios: la revolución comunista. La opresión y la discriminación de la mujer solamente podrán ser superadas y abolidas con la superación de todas las divisiones, discriminaciones y opresiones que llevan consigo las sociedades de explotación. Más allá no hay más que mistificación.
RR, 09-05-2020
[1] Nuestra sección en España hizo una denuncia muy importante de estas movilizaciones ver Huelga feminista: contra las mujeres y contra la clase obrera https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4291/huelga-feminista-contra-las-mujeres-y-contra-la-clase-obrera [170]
[2] No entraremos aquí en el tema de que la capacidad fisiológica específica de la mujer, el parto, estuvo probablemente al origen de una división social progresiva del trabajo que determinaba las diferencias en cuanto a las ocupaciones de las hembras con relación a los hombres, pero que todavía no registraba un antagonismo entre el hombre y la mujer puesto que ambos eran socialmente importantes para la comunidad. Pero la verdadera división sexual del trabajo fue una característica mayor de las primeras sociedades de clase que afirmaron muy rápido la dominación completa de la familia patriarcal en paralelo con el desarrollo de la propiedad privada
[3]https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[4] Carlos Marx. Manuscritos de economía y Filosofía. 1844 https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/index.htm [289]
[6] Alejandra Kollontai. Extractos de Los fundamentos sociales de la cuestión femenina. 1907 https://www.marxists.org/espanol/kollontai/1907/001.htm [291] y Rosa Luxemburgo. Sufragio femenino y lucha de clases. 1912 https://www.marxists.org/espanol/luxem/1912/mayo/12.htm [292]
[7] Una parte se desgajó, la que se manifestaba en contra de la guerra y en la cual figuraba otra revolucionaria, Sylvia Pankhurst que compartía la misma posición que sus camaradas mencionados, al contrario de su madre y de sus hermanas Emmeline y Christabel que fueron sufragistas y demócratas burguesas
[8] De hecho, el movimiento obrero reconoce que la extensión y la industrialización del trabajo desempeñó un papel progresista liberando a las mujeres de sus exclusivas labores domésticas y crearon las condiciones para la unidad proletaria, aunque seguía manteniendo, aparte de la explotación bestial de las mujeres en el trabajo asalariado, las dificultades acrecentadas para la manutención y la educación de los hijos de las familias obreras
[9] No hablaremos aquí sobre la discusión entre el gobierno y las organizaciones feministas para legislar como feminicidio a los asesinatos de mujeres. Con seguridad, el Estado tendrá el mismo desdén hacia esas muertes cualquiera sea su denominación legaloide
[10] No es el lugar para desarrollar sobre los métodos de lucha propios de la clase trabajadora, para el objetivo de este artículo hemos insistido ya sobre la necesaria unidad de intereses, de organización y de acción de las que tiene necesidad para desarrollar su lucha y avanzar en su proyecto histórico, lo que es diametralmente opuesto al accionar y objetivos del feminismo
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En estos momentos en que la vida de cientos de miles de explotados está en peligro de muerte, hay que preguntarnos ¿qué o quién es el responsable de esta situación? La burguesía encuentra una fácil respuesta lavándose las manos achacando a la naturaleza —más claramente al Covid-19— la horrenda situación actual. Sin embargo, hay que escarbar hasta el fondo para encontrar la realidad que se oculta tras esa gran mentira.
En el mundo impera el capitalismo que, si bien en la primera parte de su existencia ha impulsado el avance de la sociedad, ahora se encuentra en su fase de decadencia, lo que significa que se ha convertido en una traba para el desarrollo de la humanidad e incluso en un peligro para esta, lo que quedó demostrado con el estallido de las dos Guerras Mundiales. Sin embargo, la entrada en la última fase de la decadencia desde 1989, a la que llamamos de descomposición[1], significa que los efectos de la decadencia se magnifican y cambian cualitativamente a lo que puede ser ilustrado como la putrefacción de la sociedad: multiplicación de guerras locales, más miseria, destrucción del medio ambiente, la reaparición de viejas enfermedades y, como ahora la vemos, una peligrosa pandemia.
El sistema capitalista nació, como dice Marx, “chorreando sangre y lodo” y esa violencia la mantiene en la búsqueda de la ganancia económica a toda costa, incluso a costa de vidas humanas. La clase dominante tiene que ocultar esta realidad para tratar de mantener su sistema en pie: oculta entre muchas otras cosas, de manera sistemática, el origen de las crisis económicas, diciendo que son debidas a cuestiones ‘externas al sistema económico’, que son debidas, por ejemplo, a: la irresponsabilidad de los especuladores, las inadecuadas políticas económicas de los gobiernos, las actitudes de políticos como Trump, al Brexit, a la guerra comercial, etc., etc. Si bien estas cuestiones agravan la crisis, no son su origen. Las crisis económicas son en realidad, la muestra de las contradicciones internas del capitalismo. Así fue, por ejemplo, en la recesión de 2008 en la que los gobiernos culparon al mal manejo financiero, del hecho que millones de trabajadores se quedaran sin ahorros, sin casas y sin trabajo como consecuencia de esa gran caída la producción.
La crisis económica hoy es achacada a la pandemia por el Covid-19, y con esa gran mentira la burguesía, nuevamente, hará todo para que los explotados, en especial la clase trabajadora, se sacrifiquen, incluso hasta la muerte, como lo estamos viendo, para que la ganancia de los capitalistas y su sistema económico no sean afectados.
Sin embargo, la crisis abierta actual tiene hoy nuevas características, resultado de que —a pesar de paliativos temporales— no ha dejado de desarrollarse desde fines de la década de los sesenta. Así, la recesión que se abrió en 2008 tiene una salida temporal en 2013, pero no logra generar la expansión económica a largo plazo. Por el contrario, desde inicios del 2018, los analistas de la burguesía (como Bloomberg y Reuters, 8-enero), ya estimaban la posibilidad de que EUA entrara en recesión en 2020. En agosto de ese mismo año, se había registrado una desaceleración de la actividad manufacturera a nivel mundial (BBC News, 20-agosto-2019) y los niveles de deuda pública se encontraban ya “en cifras récord en la mayoría de los 194 países del mundo”: Japón, con un 237.5% del PIB, Venezuela, con un 214.4%, Grecia y China con 174.2%, etc. (El país, 29-agosto-2019). La deuda mundial a finales de ese año había alcanzado el récord de 188 billones de dólares, es decir, 14.6% más en comparación con abril y equivalente al 230% del PIB internacional (FMI, nov. 7).
Menos de un año después, desde mayo de 2019, el FMI anunciaba que el 70% de los países presentaría “desaceleración” económica. En agosto, ya se daba a conocer la situación de 8 países que daban signos de entrada a recesión: China con la menor tasa de crecimiento (6%), en los últimos 17 años, y EUA, el Reino Unido, Alemania, Italia, Brasil, Singapur, mostraron contracciones en su economía y Argentina se encontraba ya en plena recesión, con una inflación superior al 50%. Los analistas anunciaban: “Dadas estas cifras, no hay ninguna alternativa para evitar otra recesión mundial, que es muy probable que se produzca en 2021” (El país, 29-agosto-2019).
Sin embargo, ya a mediados de octubre de 2019, se advertía un alto riesgo de que la recesión mundial se adelantara para 2020, e incluso se alargara en el espacio y en tiempo. “Existe una posibilidad incómodamente alta de que una recesión afecte a la economía mundial en los próximos 12 o 18 meses, y los responsables políticos podrían no ser capaces de revertir ese rumbo” (Moody's Analytics). Pero los pronósticos seguían lejos de la realidad. Una semana después, el 21 de octubre de 2019 el Banco Central de Alemania anunció que este país ya estaba en recesión, y le siguió Hong Kong. A finales de 2019 se pronosticaba “la menor tasa de crecimiento en ocho años”, mientras la deuda mundial había aumentado más de un 60% desde 2007 (El independiente, 5-oct-2019). Las deudas públicas, empresariales, del sector financiero y de las familias de todo el planeta alcanzaban los 255 billones de dólares, tres veces superior al PIB mundial. Si dividimos la deuda por el total de la humanidad (niños incluidos), cada persona debe unos 32,500 dólares (IIF 2-enero-2020).
Estos datos muestran que la crisis en que se encuentra el mundo no es debida al covid19. La situación económica actual tiene su origen en las propias contradicciones del capitalismo y no podrán superarse, con toda la agravación de desempleo y de miseria que significan, hasta que éste sea derrocado.
La pandemia, desde luego, ha venido a acelerar y profundizar la caída en la recesión, a un grado tal que Kristalina Georgieva, directora del FMI, predice que será “la peor caída económica desde la Gran Depresión de 1929” (9-abril-2020).
De esta manera, la recesión mundial se ha adelantado y sus signos están ya presentes en el primer trimestre de este año, con el peligro de empeorar hasta la depresión mundial. Analistas de la burguesía, al inicio del año expresaban la esperanza: “…de que la recesión no dure más allá de los dos primeros trimestres de este año…”. Sin embargo, han tenido que reconocer que hay “…un malestar prolongado que tiene cierto sabor a depresión (…) una grave recesión que se mide en años, no trimestres...”, que es comparada con “la Gran Depresión de 1929-1933”. (El Financiero, 24-marzo-2020).
De esta manera, el panorama actual y futuro significa condiciones terribles para la mayoría de la población, durante y después de la pandemia y en especial para el proletariado en todo el mundo, por la pérdida de puestos de trabajo, peores condiciones de contratación, el aumento de los precios de los productos básicos, etc., etc. Es decir, más miseria, enfermedad y muerte.
La crisis económica en México tiene que analizarse en el contexto de la apertura de la recesión económica mundial. Sin embargo, en México como en el conjunto de las economías de menor industrialización, sus efectos son más agudos. Además, es necesario insistir que lo que hoy vemos en México, al igual que en todo el mundo, no se trata fundamentalmente de cómo gestiona la economía un partido político determinado, un grupo o un individuo de la burguesía. Como dijimos anteriormente, el capitalismo es un sistema decadente, que no solamente es incapaz de ofrecer mejoras, sino que su existencia misma, amenaza a la humanidad con su destrucción, y más ahora en su fase de descomposición.
Ya en agosto de 2018 México presentaba tendencias al estancamiento: pasando del 2% de crecimiento en 2018 al 1.6% en 2019; de enero a julio, la misma Secretaría de Hacienda informó que la inversión física tuvo una caída de 15.8%. En los primeros siete meses de 2019 los ingresos presupuestarios del sector público tuvieron una caída de 2.7% respecto a 2018. Recientemente, se estima hasta una disminución del 6.6% del PIB para 2020 (FMI).
Según los datos oficiales, al cierre de 2019 la precarización laboral se concentra en la población joven. De los 15 millones de trabajadores entre 18 y 30 años, el 59.5% laboran en el “sector informal”, lo que significa que además de falta de estabilidad en el trabajo y de recibir bajos salarios, no cuentan con servicios médicos y ni siquiera con la esperanza de tener jubilación. Lo que vive y espera la vieja generación —de 65 años o más— también es alarmante. A partir de 2021 los trabajadores que se jubilen con el sistema AFORE[2] recibirán mensualmente tan sólo el 30% de su último salario. En este marco, es necesario señalar que las medidas “asistencialistas” de López Obrador, con subsidios para jóvenes y ancianos no son suficientes para abatir la miseria y en realidad son solamente migajas utilizadas como instrumentos de control ideológico. Para rematar, como efecto del confinamiento en México, de mediados de marzo a la primera semana de abril, se han despedido a 346 mil trabajadores —cifra que es mayor al número de empleos “permanentes” creados en 2019: 326,439— y las asociaciones empresariales amenazan con que la cifra de despedidos llegará a 1.4 millones. Cuando la burguesía presenta estas cifras quiere hacer creer que el deterioro a sus condiciones de vida y trabajo proviene de la situación extraordinaria que ha creado la pandemia. Sin embargo, ésta sólo ha hecho visibles los ataques que ya se venían aplicando y ha acelerado los que la burguesía tenía planteados como resultado de la agravación de la crisis.
Así, es preciso señalar que la política económica de AMLO no ha variado sustancialmente en relación a la de los gobiernos anteriores: el “mecanismo de austeridad” es sinónimo de recorte presupuestal en todas las áreas, a pesar de las promesas de impulso al gasto social. Una muestra clara es lo que ha hecho en sector salud cuyos cambios han significado recorte de los servicios y peores condiciones de atención. Por ejemplo, la desaparición del “Seguro popular” significó el recorte de 6,000 trabajadores de la salud que redujo aún más la cobertura de servicios, que de por sí ya reportaban, en 2018, cifras entre el 60% y 80% de lo mínimo recomendado por la OMS para diferentes componentes[3]. Recordemos que desde principios de año se ha presentado el desabasto de muchos medicamentos en clínicas y hospitales oficiales, acrecentado por la disputa que se presenta entre el gobierno y las empresas distribuidoras. Aunque se informaba que se ha aumentado al presupuesto 40 mil millones para la salud, esa suma no está destinada para ampliar la infraestructura, la cobertura o el número de servicios, sino sólo para dar soporte a la estructura ya existente. Toda esta austeridad en los gastos de salud ha potenciado sus efectos negativos de frente a los peligros mortales de la pandemia por el coronavirus. Por ejemplo, se ha reducido el personal de salud en un 30% por su mayor propensión al contagio, mientras que ya se reconocía la falta de 70,000 puestos antes de la pandemia (ídem.).
Hay que añadir que a fin de preservar los “equilibrios macroeconómicos”, el gobierno de López Obrador, incluso en el escenario de emergencia que trae la expansión del coronavirus, insiste en mantener la ‘austeridad’ en los gastos, el recorte de la plantilla laboral y el impulso del “rescate” de la industria petrolera. Así, no hay que olvidar que el FMI ha expuesto que el riesgo mayor para la economía mexicana en 2020 se encuentra en PEMEX, ya que representa una carga financiera, por efecto de su endeudamiento, que sigue siendo de 99 mil millones de dólares, por lo que existe la amenaza de que las calificadoras rebajen la calidad de la deuda y la lleven al nivel de “basura”. Por otra parte, la baja en los precios del petróleo -que ha obligado a la OPEP a exigir a sus miembros bajar la producción, será una carga muy pesada para el Estado que se apoya significativamente en la venta de este combustible. Con una situación, en que el precio por barril -a fines de abril- está en 8.53 dólares, y los costos de extracción en 14.4 dólares, crecen las dificultades económicas de PEMEX, pero también las del gobierno (y de los capitales privados con concesiones), lo que presagia la necesidad de rescates crediticios urgentes, como la CEPAL lo ha recomendado, lo cual no solucionará el problema, sino sólo lo esconderá por unos años. Ese escenario está coronado con la salida de capitales que no solo afecta a la paridad del peso con el dólar (al cerrar el 2019, la paridad estaba en 19.20 pesos por un dólar, a fines de abril está en 25.13), sino además refleja la dificultad presente en el proceso de acumulación.
Como ha sido por mucho tiempo en todo el mundo, la respuesta de la clase obrera ante los ataques de la crisis también ha estado casi ausente en México, a pesar del descontento que el proletariado mostró al inicio del sexenio por los despidos masivos que se realizaron, éste fue contenido al presentarlo como expresiones del recorte de la plantilla fraudulenta dejada por los gobiernos anteriores[4]. Por otro lado, una parte importante del proletariado se ha dejado arrastrar por las pugnas para crear los nuevos sindicatos, pero especialmente también por los cantos de sirena de la democracia y la “4ª Transformación” que Obrador ha mantenido como promesa.
Sin embargo, la clase trabajadora no está derrotada. Ya ha vuelto a la escena luchando en diferentes países, principalmente contra los cambios en la política de pensiones en Francia[5] desde finales de 2019 hasta principios de 2020 y en Italia hubo reacciones espontaneas de trabajadores porque los querían obligar a trabajar, a sabiendas de que se exponen al contagio de la pandemia del Covid-19[6]. En México ha habido protestas aún muy débiles por ejemplo de mineros en Coahuila, en varias ciudades se han manifestado enfermeros y médicos ante las malas condiciones de trabajo en el sector de salud pública y recientemente en Cd. Juárez, los obreros de la maquila también han expresado su descontento por el recorte salarial que los patrones quieren imponerles durante el tiempo de confinamiento. El periodo del confinamiento por la pandemia hará muy difícil la expresión de la lucha proletaria en todo el mundo, pero también traerá más ataques derivados de la suspensión de la actividad productiva y comercial en varios sectores. Las peores condiciones de vida y de trabajo para la clase trabajadora que traerán la recesión y los llamados de la burguesía a más sacrificios por la unidad nacional, para recuperar la actividad económica y sus ganancias, puede provocar que el proletariado reaccione y que se lance de nuevo a la calle para protestar y reflexionar, reanudando el camino para reconocerse como la única clase que puede derrocar este sistema de competencia, miseria, caos social y muerte.
RM, 25-abril-2020.
[1] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[2] Sistema de ahorro individualizado para el retiro
[3] Por cada 10,000 habitantes: 8/18 camas; 27/44 miembros del personal de salud, 1/12 doctores generales y especialistas (www.elindependientedehidalgo.com.mx [296])
[4] La plantilla de los llamados “aviadores” existía; sin embargo, era la menos interesada en protestar.
[5] Ver La perspectiva que plantean las recientes luchas en Francia https://es.internationalism.org/content/4540/la-perspectiva-que-plantean-las-recientes-luchas-obreras-en-francia [125]
[6] Ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro
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Durante las revueltas multiclasistas de octubre 2019[1] aparecieron ciertas pseudo -asambleas, principalmente en los barrios, creadas por la izquierda del capital y sus dirigentes llamadas “asambleas territoriales”, estas reuniones impulsadas por la pequeño burguesía e instrumentalizadas por la izquierda nacen al inicio del movimiento y siempre tuvieron un objetivo democrático-reformista de crear un “Chile mejor” y a favor de la “asamblea constituyente”[2] y no hacían más que bombardear ideológicamente a los trabajadores. Estas “asambleas populares” son un engaño para los obreros, ya que no tienen nada que ver con asambleas obreras soberanas de verdad. Estas asambleas populares lo único que hacen es que los trabajadores se pierdan en “la masa popular chilena” interclasista, perdiendo aún más su autonomía e identidad de clase.
Hacen que los obreros se pierden en el “pueblo chileno”: Como se dijo anteriormente estas asambleas son eminentemente multiclasistas, donde los trabajadores (asalariados y desempleados) se pierden en el pueblo y la ciudadanía, bajo los lemas izquierdistas y anti -obreros del “Chile despertó” y “todos somos chilenos”. Siempre el proletariado debe recordar que es solo una clase a nivel mundial y que los obreros no tienen ninguna patria o nación, porque su lucha contra su explotación es internacional. El pueblo, la ciudadanía y los “chilenos” en realidad es una masa amorfa que une a proletarios con burgueses, y por ende solo confunde y daña la conciencia revolucionaria de los trabajadores como clase revolucionaria internacional, los obreros en todas partes siempre deben luchar por su identidad y autonomía de clase, de otras capas no explotadoras, ¡y jamás unirse al pueblo y la patria!
Son dirigidas por la izquierda del capital y los sindicatos, no funcionan bajo un sistema delegados revocables en cualquier momento: Y el hecho de que sean multiclasistas hacen que la pequeña burguesía sea la “protagonista cara a la galería” mientras la izquierda y los izquierdistas muevan los hilos disfrazados de “representantes populares” de estas pseudo -asambleas territoriales, pues históricamente siempre se ha visto que quien dirige al “pueblo” de un determinado país es la burguesía escondida tras la agitación de la pequeña burguesía radical bajo las banderas patrias. Las verdaderas asambleas abiertas y soberanas de trabajadores son dirigidos por los propios obreros en huelga, de forma autónoma, respecto de a la izquierda y a la pequeña burguesía. El hecho de que la pequeño burguesía radical y patriota se ponga a la cabeza solo hará que los obreros terminen derrotados, desmoralizados, confundidos, solo haya caos y finalmente termine en una pequeña reforma al capitalismo, pues la pequeña burguesía decadente no plantea ninguna solución a la explotación de la clase obrera. ¡No hay que olvidar que los sindicatos, la izquierda y la pequeño burguesía individualista y decadente son enemigos declarados de las masas proletarias! De hecho es muy importante recordar que las verdaderas asambleas obreras NO TIENEN DIRIGENTES NI LIDERES!! , sino que funcionan bajo un sistema de delegados revocables en cualquier momento , donde los trabajadores en asambleas eligen, a mano alzada , a delegados para comunicarse con otras asambleas y así expandir la lucha , el hecho de que existe un sistema de delegados revocables significa que en todo momento son las masas obreras quienes tienen el auténtico poder y no un puñado de dirigentes sindicalistas-izquierdistas aliados del patrón e instrumentos del Estado[3].
Son caóticas y con una alta actividad lumpen: La diferencia entre una asamblea obrera y una reunión pequeñoburguesa es que las primeras se caracterizan por ser altamente organizadas y ordenadas, donde incluso se toman actas y tienen un método, en general, para funcionar, aunque aparecen espontáneamente forjadas por los obreros no significa que sean desordenadas. Sin embargo, las asambleas populares se caracterizan por ser eminentemente caóticas y sin planificación, sin ninguna orientación en general, además se ha visto muy desarrollada la violencia minoritaria del lumpen en estas asambleas, donde se ha visto saqueos y destrucción completamente irracional apoyada por estas “asambleas territoriales”. No hay que olvidar que la clase obrera es la clase de la conciencia, lo más importante para los obreros son las asambleas y la organización, el caos y la anarquía son incompatibles con el proletariado.
Están impregnadas por las ideologías burguesas del patriotismo, feminismo, indigenismo y de liberación nacional: El hecho de que las asambleas no sean controladas por los obreros sino por otras capas sociales hacen que tengan en ellas una gran influencia de ideologías reaccionarias ajenas a los trabajadores y que dañan su conciencia y autonomía de clase. En el caso de acá se vio una fuerte influencia del feminismo , una ideología sexista que divide a los trabajadores solo por su sexo , el patriotismo que es simplemente una ideología del capital que envenena la conciencia internacionalista de los obreros y sirve solo como instrumento para que los proletarios sirvan como carne de cañón en sus guerras imperialistas , esta ideología fue lamentablemente la que más se ha extendido en esta revuelta popular y en las asambleas territoriales , pues los gritos de la izquierda del capital de “Chile despertó” , “crear un Chile digno” o “un nuevo Chile” no hacen más que amarrar al proletario a la patria capitalista y destruir su internacionalismo revolucionario , demostrando una vez más que la izquierda y la burguesía son una sola .Por último el indigenismo y las luchas de liberación nacional también se ha hecho presente , muy apoyadas por los dirigentes de izquierda, donde se busca apoyar la “causa mapuche” , lucha burguesa nacionalista. Los obreros se oponen a cualquier forma de patriotismo o lucha de liberación nacional, así como se oponen a cualquier forma de división entre los trabajadores, por eso rechazan el feminismo sexista-reaccionario, los estados-naciones y la lucha indígena nacionalista.
No se realizan en los lugares de trabajo ni se aspira a una huelga: Debemos entender que la única forma de lucha del proletariado es la HUELGA , pero no la huelga sindical , sino la huelga salvaje basada en asambleas generales soberanas y comités de delegados obreros revocables en cualquier momento , por eso es importante que las asambleas abiertas y los comités de acción obrera se extiendan geográficamente a todos los centros de trabajo , ciudades , barrios , calles , etc. ¡Para llevar a cabo una huelga auténticamente masiva donde toda la población obrera participe y no solo un puñado de obreros agrupados en su sindicato , rompiendo con cualquier clase de división o frontera que exista entre el proletariado! . Estas “asambleas” territoriales no han mostrado la mínima intención en llevar a cabo huelgas obreras salvajes y denunciar a los sindicatos (lo cual en cierta medida también es imposible pues los propios sindicalistas controlan esas pseudo- asambleas) ni tampoco a extender las asambleas a los centros de trabajo o a otros barrios y ciudades, demostrando una vez más su carácter pequeñoburgués
Casi no hay debate político proletario, caracterizadas por el apolitismo burgués: Lamentablemente debido a que la burguesía le vendió al proletariado el hecho de que el comunismo “murió con la URSS” hizo que entrara en un profundo proceso de despolitización, por ende, este pensamiento apolítico ha sido aprovechado por la pequeña burguesía y desarrollado en sus “asambleas territoriales” para sus fines, bajo sus aberrantes lemas como “todos son iguales” , “la política es un chiste” o “el pueblo avanza sin partido” . Aquí hay que dejar algo en claro, los obreros son una CLASE POLITICA, una clase política con conciencia socialista, y su proyecto político es la revolución comunista mundial de los consejos obreros, y de la misma forma tiene una organización política: la izquierda comunista internacional, con el apoliticismo de los obreros solo gana el sistema capitalista[4]. Como último hay que aclarar que como hay dos clases sociales hay dos formas de política : la política proletaria , que como se dijo anteriormente es la izquierda comunista y la revolución socialista internacional de los trabajadores , y una política burguesa basada en las elecciones y en partidos del régimen parlamentario , los obreros deben oponerse a las elecciones y los partidos políticos burgueses (de extrema izquierda a extrema derecha) que solo gobierna para los capitalista , pero no desde una perspectiva “apolítica” , sino desde una perspectiva proletaria-comunista[5].
Todo lo que hemos explicado hasta ahora es demostrar la diferencia entre una autentica asamblea obrera y soberana y una asamblea “popular” pequeñoburguesa-izquierdista , las verdaderas asambleas son controladas por los trabajadores de forma autónoma frente a los sindicatos y a los partidos políticos , que lucha por la expansión de la huelga y que se desarrollan tanto en los centros de trabajo como en las calles , donde los trabajadores discuten y deciden ellos mismos , sin dirigentes ni líderes y con un alto grado de organización y orden. Las asambleas pequeñoburguesas son controladas por la izquierda, los obreros son solo espectadores pasivos, son caóticas y casi sin orden, caen muchas veces en las violencias marginales, el debate no existe y están en zonas alejadas donde no hay fabricas ni centros de trabajo, están destinadas para el fracaso y la desmoralización de los trabajadores. Sin embargo, para explicar mejor aún estas diferencias vamos a hacer un recorrido histórico donde se muestran estas grandes diferencias.
Las asambleas de trabajadores que se desarrollaron en Rusia en 1905 y en 1917, y en Alemania y Hungría en 1918-19 fueron auténticas asambleas de clase, base para los consejos obreros, los obreros auto organizados en asambleas generales soberanas elegían delegados para los consejos y eran las propias masas proletarias quienes elegían el rumbo de sus huelgas e insurrecciones[6]. Luego de la contrarrevolución burguesa estalinista/fascista los obreros en 1968 de nuevo empezaron a desarrollar auténticas asambleas obreras en las fábricas, que se expandirían a varias partes de Europa en ese entonces e incluso en Latinoamérica, como lo fue en el Cordobazo argentino donde los obreros, organizados en asambleas, se enfrentaron contra el gobierno, debilitándolo considerablemente , en la década de los 80 Polonia fue el epicentro del movimiento obrero asambleario , donde los trabajadores se enfrentaron contra el estado capitalista ruso bajo los MKS (comités inter- fábricas) en asambleas generales[7].
Las últimas asambleas generales aparecieron en Europa y Norteamérica durante el 2008-11 debido a la crisis económica, aunque a diferencia del siglo pasado tenían una gran debilidad que era que los obreros estaban atrapados en el “pueblo y la patria” , luchando como “ciudadanos” y no como trabajadores revolucionarios que niegan la sociedad mercantil , aun así fue un primer y débil paso para la clase y las nuevas generaciones obreras , que estaban seriamente dañadas ideológicamente desde la década de los 90 por la caída de la URRS y supuestamente por la “desaparición del comunismo” (capitalismo de estado ruso que la burguesía vendió como comunismo)[8] .
En cambio , debido a lo mencionado anteriormente de que el proletariado estaba débil políticamente por el hecho de que la burguesía le vendió la mentira de que “el comunismo no funcionaba y que el capitalismo era un mal menor” , hizo que el proletariado perdiera su identidad de clase y se perdiera en la “masa popular nacional” , por ende en las últimos años aparecieron también pseudo- asambleas “populares” , creadas por los izquierdistas y los sindicatos , que no hacían más que daño a los trabajadores y solo fomentaban su pérdida de conciencia y autonomía de clase . Estas asambleas populares” aparecieron en Argentina en 2001 con el “movimiento piquetero”, que era un movimiento lumpen y caótico sin futuro[9], y ahora han vuelto a aparecer en Chile, bajo el contexto de las revueltas populares interclasistas en todo el mundo, ahora llamadas “Asambleas territoriales “y “Cabildos auto convocados”. Antes, en la década de los 70, también hubo falsas asambleas izquierdistas que hacían daño a los trabajadores y los encerraban en la fábrica y la autogestión, eran los llamados “cordones industriales”, que a diferencia de lo que dicen los anarquistas y comunizadores los cordones industriales no eran asambleas obreras de fábrica sino nuevas reuniones sindicales donde los dirigentes y jefes de los sindicatos tenían el poder y coordinaban todo a favor del gobierno burgués de la UP y Allende , los trabajadores no tenían ningún poder político en los “cordones industriales” , aparte de ser auto explotados por la autogestión reaccionaria[10]
¡Trabajadores, compañeros de clase, la burguesía sabe lo verdaderamente peligroso que son para sus intereses, las verdaderas asambleas generales y soberanas de trabajadores, por eso es, junto a la izquierda y los sindicatos, inventan y coordinan pseudo- asambleas que no tienen nada que ver con el movimiento obrero y solo buscan atrapar al proletariado en la “patria, el pueblo y la ciudadanía! ¡Debemos combatir seriamente contra esas asambleas “populares” y volver a desarrollar nuestra autonomía política de clase trabajadora!
Rodrix 23-6-20
[1] Ver Chile: Ante los ataques del Gobierno la respuesta no es la revuelta popular sino la lucha de clase del proletariado (https://es.internationalism.org/content/4479/chile-ante-los-ataques-del-gobierno-la-respuesta-no-es-la-revuelta-popular-sino-la [167]
[2] Chile: ¡En contra de la asamblea constituyente! ¡vamos por la verdadera autonomía e internacionalismo del proletariado! https://es.internationalism.org/content/4555/chile-en-contra-de-la-asamblea-constituyente-vamos-por-la-verdadera-autonomia-e [160]
[3] Bajo el capitalismo decadente, el Estado es totalitario y utiliza sus diferentes aparatos (derecha, izquierda, extrema derecha, extrema izquierda, sindicatos etc. para controlar políticamente a la población y especialmente al proletariado y complementar frente a este la labor de represión permanente de ejército, policía, judicatura, sistema carcelario etc.
[4] Ver Movimiento 15 M: la ponzoña del apoliticismo https://es.internationalism.org/cci-online/201107/3148/movimiento-15-m-la-ponzona-del-apoliticismo [300]
[5] Ver Contra el espectáculo repugnante de la política burguesa existe una respuesta: la política revolucionaria del proletariado https://es.internationalism.org/content/4464/contra-el-espectaculo-repugnante-de-la-politica-burguesa-existe-una-respuesta-la [77]
[6] Ver Serie de los consejos obreros (https://es.internationalism.org/series/486 [301])
[7] Ver "Polonia (agosto de 1980): Hace 40 años, el proletariado mundial retomaba de nuevo la huelga de masas [302]".
[8] Ver La lucha proletaria en todo el mundo: confirmación de la auto-organización de los trabajadores (https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/200903/2505/la-lucha-proletaria-en-todo-el-mundo-confirmacion-de-la-auto-organiza [303])
[9] Ver Movimiento piquetero 1 y 2 ("DESDE ARGENTINA: Contribución sobre la naturaleza de clase del movimiento piquetero (I) [304]") (https://es.internationalism.org/rm/2004/83_piqueteros2.html [305]) y Revueltas 'populares' en Argentina: Sólo la afirmación del proletariado en su terreno podrá hacer retroceder a la burguesía https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/231/revueltas-populares-en-argentina-solo-la-afirmacion-del-proletariad [306]
[10] Ver ¿Cómo se organiza y lucha la clase obrera? - Los “cordones industriales” en Chile (https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/201104/3096/como-se-organiza-y-lucha-la-clase-obrera-los-cordones-industriales-en [307])
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A raíz de discusiones con un grupo de compañeros de un país centroamericano hemos visto la necesidad de republicar nuestro folleto LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA en varias entregas. La preocupación de los compañeros era ¿cómo defienden los obreros sus necesidades más inmediatas? La experiencia concreta de la clase obrera durante más de un siglo es que los sindicatos, que en el siglo XIX fueron una organización de combate para la lucha inmediata, se transformaron desde que la primera guerra mundial que abrió la decadencia del capitalismo en APARATOS DEL ESTADO BURGUÉS encargados de sabotear la lucha, imponer la división y la desorganización de los obreros y hacerles tragar todos los sacrificios que exige la explotación capitalista. Por ello, tanto la lucha revolucionaria como la lucha reivindicativa de la clase obrera solo puede llevarse a cabo FUERA Y EN CONTRA de los sindicatos, autoorganizándose en Asambleas Generales, Comités elegidos y revocables, y, en una situación revolucionaria, en Consejos Obreros.
El folleto está compuesto de cinco apartados y una introducción, esta última publicada acá como una primera entrega. En las siguientes semanas irán apareciendo cada uno de siguientes apartados que analizan distintos aspectos de la función de los sindicatos en el periodo de ascendencia y decadencia del capitalismo. Entre ellos, por qué hoy estos forman parte integral del Estado, y en algunas de sus formas más totalitarias de Capitalismo de Estado, llevan a la auto -explotación de los obreros – como ha pasado en los regímenes estalinistas; también, el folleto analiza la razón por la cual los sindicatos fueron parte del movimiento de obrero en el periodo de ascendencia y el motivo por el cual estos pasaron al campo burgués en la decadencia; además, analiza por qué el sindicalismo revolucionario y el anarco -sindicalismo[1], así como la propuesta izquierdista con la tesis de la “doble función” de los sindicatos, con su supuesta “crítica” al reformismo, resulta un veneno para la toma de conciencia del proletariado al rescatar algo de los sindicatos. Como último apartado, el folleto realiza un análisis de las verdaderas formas de lucha del proletariado, que han adquirido una nueva forma en la decadencia del capitalismo, donde el combate contra la burguesía tiene un carácter explosivo, enfrentativo y directo.
Los sindicatos, verdaderos saboteadores de las formas de lucha autónomas de la clase, siguen siendo uno de los principales mecanismos de la burguesía para minar la toma de conciencia y la lucha por su autonomía, por eso, para la CCI, el combate contra los sindicatos es fundamental en el periodo de decadencia, cuando la clase obrera se enfrenta de manera directa contra la burguesía. Esta siempre buscará el medio sindical para ahogar la solidaridad y la unidad de la clase cuando la lucha de clases adquiere un alto nivel de combatividad.
Suponemos que ya el título de este folleto sea de por sí una manera patente de dejar bien sentada nuestra postura respecto a la CUESTIÓN SINDICAL.
Es este un punto clave de la plataforma de la CCI[2]. No es una posición más, así, añadida no se sabe cómo a un montón de puntos heterogéneos. Decir claramente que los SINDICATOS, cualquier organización de tipo sindical, se llame como se llame, está CONTRA la clase obrera, sin excepciones o casos particulares, no es producto de una imaginación calenturienta o de un "purismo revolucionario" desconocedor de las realidades. Es fruto, al contrario, de la realidad más patente y cotidiana. Es fruto de las únicas lecciones que pueden sacar los revolucionarios de las experiencias del proletariado desde 1917. Sacar las lecciones de todo lo que ha implicado el cambio de periodo histórico en el capitalismo, del hecho de que la revolución se ha puesto al orden del día y de la terrible contrarrevolución de los años 30.
Desde entonces los sindicatos se han integrado en el Estado capitalista, sirviendo, en la mayoría de los casos, de "correas de transmisión", de alistadores eficaces de la clase obrera para los partidos socialdemócratas o estalinistas, es decir, de los partidos más aptos para acelerar el necesario proceso de capitalismo de Estado (pocas veces, los sindicatos están ligados a partidos de centro o derecha).
Así, todas las políticas sindicaleras, como las campañas "unitaristas" o "de libertad sindical", no son más que el reflejo de la lucha política del momento, más o menos exacerbada entre las diferentes fracciones del capital. El unitarismo italiano ha venido reflejando a nivel sindical el "compromiso histórico" entre el PC y la Democracia Cristiana. En cambio, en España, a pesar del "profundo deseo de unidad sindical", como dicen los bonzos sindicales, las dos centrales más fuertes, CCOO y UGT, han acabado por tirarse los trastos a la cabeza y sus dirigentes insultándose cual verduleras (y que estas nos perdonen) ante las cámaras de T.V., reflejando las tensiones en la izquierda española, y las pretensiones gubernamentales del P.S.O.E. (U.G.T.)
Pero no basta con demostrar y afirmar el papel contrarrevolucionario de los sindicatos. Tan importante es denunciar el papel que el Izquierdismo tiene en el tinglado sindical. En los grandes aparatos sindicales, en donde predominan los grandes partidos de la izquierda del capital, socialistas y "comunistas", poco espacio político suelen dejar estos a los izquierdistas (maoístas, trotskistas, etc.). En periodos de relativa calma social, al izquierdismo poco le dejan hacer en el aparato sindical. Su particularidad consiste en desmarcarse respecto de la dirección pidiendo, por ejemplo, 3.000 pesetas más en lugar de 2.500.
El izquierdismo es, en el abanico de fuerzas del capital, la última muralla contra el avance de la conciencia proletaria. Es la muralla "radical". Como en otras cuestiones, la ideología izquierdista se manifiesta en la cuestión sindical con un doble lenguaje anti y pro -sindical. El izquierdismo mantiene de manera más o menos clara, las posiciones políticas de la III Internacional degenerada, de manera más radicalizada que la de sus hermanos mayores de los P.C.
Para el izquierdismo, la clase obrera solo puede llegar a una conciencia "economicista" de sus intereses. Los sindicatos son, pues, la expresión de ese "nivel ínfimo" de la conciencia de clase. Por esa regla de tres, los sindicatos son para los izquierdistas órganos de la clase obrera a pesar de todos sus defectos.
Sobre esa visión capitalista de lo que es la conciencia de clase, se basan prácticas sindicales diferentes, de contornos difíciles de precisar, a menudo intercambiables.
Hay izquierdistas que no ofrecen prácticamente ninguna variante respecto a los PC y a sus sindicatos. Para ellos el sindicato bajo la influencia del partido y encuadrado por él tiene que ser un medio de presión en las luchas inter -burguesas y a la vez un medio de vigilancia policíaca y de "asistencia social" sobre la clase obrera sobre todo cuando el partido está en el poder. Para estos izquierdistas, como los grupos maoístas O.R.T. y P.T.E. en España[3], su partido también tiene que "tener su sindicato" o, al menos, una fracción dentro de otro sindicato más poderoso, en donde el partido pueda ejercer su influencia como "aportador de la conciencia política" a la clase obrera. El papel de estas organizaciones izquierdistas, organizadas como fracción dentro de un sindicato, es el de servir de conciencia "radical" a la fracción mayoritaria y a la dirección. Servir de tope para los obreros más combativos, intentar amaestrarlos, sindicalizando su combatividad, castrarlos en el aparato. En el ejemplo expuesto, el PTE (Partido del Trabajo de España) y la ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores) escisiones ambos del PC, después de haber cumplido esa función de perros guardianes con ladrido radical dentro de Comisiones Obreras durante los últimos años del franquismo, fueron expulsados sin miramientos por la fracción mayoritaria del PCE, sin ni siquiera agradecerles la fiel labor cumplida. Y ambos partidos tuvieron que irse con sus obreros a montar otros dos sindicatos con la ridícula pretensión de ser más "unitarios", más "nuevos", más "combativos" (la CSUT del PTE y el SU de la ORT). En fin, dos callejones sin salida más en el laberinto capitalista.
Para otras fracciones del izquierdismo, en particular el trotskismo, el problema no es analizar lo que HOY son las organizaciones sindicales, apéndices del capital, sino saber cómo es la "base", y si se puede cambiar la dirección "burocratizada". Lo de menos para los izquierdistas es saber por qué SIEMPRE las direcciones sindicales son burocráticas e inamovibles y por qué el aparato sindical CORROMPE SISTEMÁTICAMENTE la combatividad de la "base". Hay grupos, a menudo escisiones de escisiones del izquierdismo sobre política sindical, que en pleno desconcierto y desesperanza acabar por decir que "hay que entrar en los sindicatos para destruirlos desde dentro". Y siempre, quienes acaban siendo destruidos son ellos mismos.
Por el hecho que "política" es una palabra que recubre en general la política burguesa, es decir, todas las maniobras y engaños que cotidianamente practican todos los partidos del capital nacional (desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda) por el hecho que esa política de los profesionales del engaño constituye uno de los aspectos más asquerosos de la vida de la sociedad capitalista, es frecuente que se desarrolle entre los trabajadores un desprecio visceral de "la política".
Sin embargo, el "apoliticismo" no es lo contrario de la política burguesa. La lucha contra el Estado capitalista y todos sus sirvientes, el combate por la instauración de un verdadero poder directo de los obreros a nivel internacional, no es una tarea "apolítica" sino el contenido real de la auténtica política obrera[4]. La lucha revolucionaria del proletariado es una lucha política en el sentido original de la palabra, decir algo que concierne el poder central de la sociedad. Como tal, los obreros deben asumir el carácter político de su lucha. Transformar el asco por la política burguesa en apolitismo no es en realidad dar prueba de lucidez ni de "radicalidad" sino caer en una de las numerosas trampas del poder del capital.
En fin, de cuentas, los anarco-sindicalistas y otros "autónomos" "antipolíticos" proponen a la clase obrera lo mismo que la izquierda y extrema izquierda: que la clase se quede confinada en sus fábricas o barrios, que no se ponga a la altura de su quehacer político. Para izquierda y extrema izquierda, la política es asunto de sus partidos. A los obreros, con su "conciencia economicista limitada", les basta con sus sindicatos, sus procesiones y sus "jornadas de lucha". Para la C.N.T. y los "autónomos", aunque poniéndose del otro lado, razonan de la misma manera: organicémonos en la base, en nuestras fábricas y barrios, de manera autónoma, y la política que la hagan... ellos, los políticos a quienes, en fin, de cuentas, respetan y dejan hacer. En los mítines y reuniones de autónomos, la Mesa se crispa cuando alguien habla de “política", y eso que, muy a menudo, sus "dirigentes" pertenecen a un grupo político y están allí disfrazados de apolíticos con lo cual se auto- embaucan e intentan embaucar a la clase obrera. Si para la izquierda y extrema izquierda la clase obrera es un rebaño que puede servir para presionar, para la CNT y los Autónomos, los trabajadores son niños chicos a los que hay que prohibir hacer política para que no se corrompan.
La clase obrera de España pagó muy caro el "apoliticismo" de la CNT, en los años de la guerra, como explica la nota al final de este folleto. La CNT actual, bastante más débil, procura recoger el descontento y el asco de los obreros por las centrales sindicales "políticas", para llevarlo al pozo sin fondo de su arcaica ideología pequeñoburguesa de apoliticismo, del "individualismo" y federalismo[5]. Pretende desarmar a la clase obrera de las únicas armas con que cuenta: su conciencia política de clase y su organización autónoma de clase, los consejos obreros.
Ante nuestra clase, no se trata de afirmar que "nosotros somos el poder" como lo hacen elementos del movimiento asambleario en España. Porque, por el momento, es, sencillamente, mentira. En nuestra clase, de lo que se trata es de decir, la verdad. De lo que se trata es de decir con palabras justas, claras y definitivas lo que hoy solo pueden ser los sindicatos. De lo que se trata es de quitar todas las ilusiones que en ellos aún tiene parte de nuestra clase, para poder alcanzar la lucidez que la lucha por la revolución proletaria mundial exige.
C.C.I., marzo de 1978
[1] Es necesario precisar que, en un primer momento, el sindicalismo revolucionario (y algunas tendencias anarco-sindicalistas) fueron a principios del siglo XX una reacción proletaria primaria, confusa e insuficiente a la creciente integración de los sindicatos en el capitalismo. Ver en nuestra Web la sección Anarquismo y Sindicalismo https://es.internationalism.org/go_deeper [309]
[2] Punto VII de la Plataforma Política de la CCI, ver https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [243]
[3] Se trata de grupos izquierdistas que tuvieron un cierto peso en las postrimerías del franquismo, pero que hoy han desaparecido completamente.
[4] Ver Contra el espectáculo repugnante de la política burguesa existe una respuesta: la política revolucionaria del proletariado https://es.internationalism.org/content/4464/contra-el-espectaculo-repugnante-de-la-politica-burguesa-existe-una-respuesta-la [77]
[5] Para un estudio histórico de la CNT ver nuestra Serie sobre la CNT: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200703/1322/historia-del-movimiento-obrero-la-cnt-nacimiento-del-sindicalismo- [310] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/200705/1903/historia-del-movimiento-obrero-la-cnt-ante-la-guerra-y-la-revoluci [311] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/200708/2002/historia-del-movimiento-obrero-el-sindicalismo-frustra-la-orientac [312] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2068/historia-del-movimiento-obrero-la-contribucion-de-la-cnt-a-la-inst [313] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/200802/2189/historia-del-movimiento-obrero-el-fracaso-del-anarquismo-para-impe [314] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/200806/2278/historia-del-movimiento-obrero-el-antifascismo-el-camino-a-la-trai [83]
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En el siglo pasado, la conquista del derecho a organizarse en coaliciones y sindicatos constituyó uno de los objetivos fundamentales de la clase obrera.
En la revolución francesa de 1789, la burguesía que acababa de conquistar el poder político, lo primero que hizo fue despojar a la clase obrera del derecho de asociación que esta apenas acababa de conquistar. Por una ley orgánica del 14 de junio de 1791, todo acuerdo entre trabajadores para defender intereses comunes fue prohibido, acusado de "atentado contra la libertad y la declaración de los derechos del hombre” y castigado con una multa de 500 libras.
Desde entonces fue necesario más de medio siglo de luchas obreras para que fuesen aceptados algunos cambios en las leyes que –a la vez que castigaban los atentados al "libre ejercicio de la industria y a la libertad de trabajo"– "toleraban" el derecho de coalición. En Inglaterra la ley contra las coaliciones solo cayó progresivamente bajo la presión del proletariado. Tras las reformas de 1825 y 1859, en junio de 1871 fue finalmente reconocida la existencia legal de Trade Unions (sindicatos).
Reconocidos legalmente o no, los sindicatos obreros no llegaron a crearse y subsistir más que al precio de luchas incesantes de los trabajadores contra el Estado burgués.
Hoy las relaciones entre clase obrera, sindicatos y Estado son completamente distintas: el enfrentamiento entre obreros y sindicatos caracteriza toda lucha obrera consecuente.
Desde 1919, cuando en Alemania los sindicatos participaron activamente en la represión sangrienta de la insurrección obrera en Berlín, la historia de los principales combates obreros ha estado marcada por el choque violento con las organizaciones sindicales. Con el renacer de la lucha de clases desde 1960, este hecho se ha repetido una y mil veces, en todos los países: la gran huelga de 1968 en mayo en Francia surgió contra la voluntad de los sindicatos; en Italia durante las huelgas generalizadas del "Otoño Caliente" de 1969, los obreros echaron a los delegados sindicales de las Asambleas. En Inglaterra, las huelgas que se multiplicaron a partir de 1960 y, sobre todo, entre 1968 y 1972, eran en el 90% de los casos huelgas salvajes, es decir, sin el permiso y contra la voluntad de los sindicatos.
En Bélgica, desde 1960 se desarrollan las huelgas antisindicales y en 1973 los portuarios de Amberes en huelga atacan y saquean el local de los sindicatos; en Venezuela, los trabajadores de la principal zona industrial del país toman como rehenes a los líderes sindicales y se enfrentan violentamente a las fuerzas militares que vienen a liberarlos; en Polonia, en 1970, los trabajadores en huelga de los astilleros asaltan la sede del Partido "obrero" y de sus sindicatos en unos combates insurreccionales que sufren una violenta represión estatal que causa más de 300 muertos.
En los países del Este, países de CAPITALISMO DE ESTADO, cínicamente llamados "comunistas", los sindicatos están oficialmente integrados en el Estado, de la misma forma que el Ejército y la Policía. Su trabajo está claramente definido como órganos del Estado, en las fábricas encargados de encuadrar a la clase obrera dentro de ellas, en vistas a controlarla policialmente ("hacer respetar la disciplina del trabajo") y a empujarla a cumplir eficazmente los imperativos de la producción capitalista (aumento de los rendimientos, baja de los costes salariales...) Así, por ejemplo, el Comité Ejecutivo de la C.G.T. china acordaba en el curso de una reunión del 10 de Julio de 1953, que "todos los escalones sindicales deben considerar el reforzamiento de la disciplina en el trabajo como su deber primordial y permanente" y recomendaba "castigar de una manera apropiada a los elementos recalcitrantes que cometen constantemente graves infracciones". Igualmente, en el Xº Congreso de los sindicatos soviéticos (1949) se definían como principios de los sindicatos el "organizar la emulación socialista para asegurar la ejecución y mejora de los Planes de Producción, el aumento de la productividad del obrero y la reducción de los precios de coste" (del libro: "El sindicalismo en el mundo" de Guy Lefranc).
Es decir, y hablando claro, hacer trabajar a los obreros, obligarles a rendir al máximo, conseguir sacarles la máxima plusvalía.
En los países donde el Estado se sirve para gobernar de los mecanismos llamados "democráticos", la colaboración entre sindicatos y Estado es menos visible, menos oficial, pero no menos real. Es, a veces más perceptible, allí donde las principales Centrales sindicales están unidas a los partidos políticos que, a menudo, ejercen el poder: países escandinavos, Inglaterra, Alemania, Bélgica... En este último país, por ejemplo, los sindicatos participan desde 1918 en las "mesas redondas de concertación" organizadas por el Estado para las relaciones entre patronos y sindicatos; están representados en los Tribunales de Trabajo que juzgan los conflictos laborales; están presentes en el Consejo Central de Economía, así como en el Banco Nacional de Bélgica. Se encargan de administrar los subsidios de paro a los obreros sindicados y para ello están subvencionados por el Estado. En definitiva, están estrechamente asociados con el Estado, en la gestión de la economía nacional y en el mantenimiento de la esclavitud asalariada.
En todos los países donde los sindicatos están atados a Partidos situados en la oposición su asociación con el Estado puede parecer menos evidente, debido al juego de oposición que están obligados a llevar los partidos que los dirigen. Tal ha sido el caso de los principales sindicatos de Italia y Francia. No obstante, su integración en los engranajes del Estado resulta evidente, incluso bajo formas institucionales: así en Francia, las centrales llamadas "representativas" están ampliamente subvencionadas por el Estado, participan en el Consejo Económico Social, en los comités de Empresa, administran comedores, guarderías, economatos, residencias turísticas... y son puntualmente consultados por el Gobierno para cualquier decisión social importante[1].
En cualquier caso, en todos los países, los sindicatos se han convertido en los muy respetables y oficiales "representantes de la clase obrera" ante el Estado y al hacerlo se han hecho parte de él.
Es así como hoy se puede oír al responsable de la Patronal francesa pedir en un tono tan decidido como sincero, lo que sus antepasados de 1791, los burgueses revolucionarios, habían combatido con tanta energía: "un sindicato fuerte": “Como contrapartida a la libertad de los jefes de empresa, es deseable que como elemento de equilibrio, el sindicalismo obrero pueda afirmarse. Personalmente, cuanto más partidario soy de la libertad, más deseo un sindicalismo obrero fuerte y esto es, ciertamente, la concepción de una sociedad coherente" (F. Ceyrac: presidente de la C.N.P.F. –Organización patronal francesa– Declaraciones a la revista "L'Express")
Hoy, cuando la crisis económica del capitalismo mundial se profundiza llevando consigo el resurgir de las luchas proletarias, cuya extensión al conjunto del planeta no tiene precedentes, el proletariado debe conocer todas las consecuencias de la contrarrevolución. Debe grabar en su memoria una respuesta clara a las cuestiones que la historia le ha planteado violentamente en la práctica.
Las luchas "salvajes" antisindicales, que durante 60 años han saltado esporádicamente y que hoy se multiplican en todo el mundo, ¿son fenómenos excepcionales, marginales? o bien ¿son una manifestación clara de la única manera de luchar para el proletariado en el presente periodo histórico?
La integración de los sindicatos dentro del Estado, ¿Es un fenómeno real, acabado e irreversible? o bien ¿Es una simple apariencia? Los sindicatos, ¿Guardan aún algo de obrero? ¿Pueden ser enteramente recuperados para las masas obreras? o ¿Se pueden crear nuevas formas de organización sindical? y, de manera más general, las formas de lucha proletaria ¿Pueden ser las mismas en el capitalismo decadente que sobrevive desde la I Guerra Mundial, que en el capitalismo ascendente del siglo XIX?
El proletariado no puede sacar lecciones para su lucha más que de su propia experiencia histórica y mundial. De su capacidad para comprender esta experiencia, depende la posibilidad de su desarrollo como clase revolucionaria capaz de destruir el capitalismo y crear el comunismo. Para responder a estas cuestiones candentes, nos es necesario tomar lo esencial de la evolución de los sindicatos y, más globalmente de las formas de lucha obrera desde el siglo XIX.
[1] Cabe añadir que en Alemania el sindicato IG Metal participa en el Consejo de Administración de una empresa multinacional de la talla de Volkswagen.
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El asesinato a sangre fría de George Floyd por parte de la policía ha provocado indignación en los Estados Unidos y en todo el mundo. Se trata, como es sabido, del último de una larga lista de asesinatos policiales en los que negros e inmigrantes han sido las principales víctimas. Y no solo en los EE.UU., sino también en el Reino Unido, Francia y otros estados "democráticos". En los EE.UU., en marzo, la policía le disparó a Breonna Taylor en su propia casa. En Francia, Adama Traoré fue asfixiado estando en manos de la policía en 2016. En Gran Bretaña, en 2017, Darren Cumberbatch fue golpeado hasta la muerte también por la policía. Esto es solo la punta del iceberg[1].
En su respuesta a las protestas que estallaron inmediatamente en los EE.UU., la policía demostró que se trata de una fuerza de terror militarizada, con o sin la ayuda del ejército. La brutal represión de esas manifestaciones – 10 mil detenciones en los EE.UU. – evidencia que las policías, en los EE.UU. como en otros países "democráticos", actúan de la misma manera que la policía de regímenes abiertamente dictatoriales como Rusia o China.
La ira ante esta brutalidad policial es desde luego sincera y compartida tanto por los blancos como por los negros, por los latinos, los asiáticos, y sobre todo por los jóvenes. Pero vivimos en una sociedad que se ve dominada material e ideológicamente por una clase dominante, la burguesía o clase capitalista. Y los estallidos de ira, por justificados que estén, no bastan para desafiar el sistema que sustenta la violencia policial, o para evitar las muchas trampas puestas por la burguesía. Las protestas no fueron iniciadas por la clase dominante, pero ésta ya ha conseguido llevarlas a su propio terreno político burgués.
En los primeros estallidos de indignación en los Estados Unidos, las protestas tendieron a tomar la forma de disturbios: saqueos de tiendas, incendios de edificios simbólicos, etc. Las acciones provocadoras perpetradas por la policía alimentaron desde luego esa violencia de los primeros días de las protestas. Algunos de los manifestantes justificaron los disturbios refiriéndose a Martin Luther King que dijo que "el disturbio es la voz de quienes no son escuchados". Y es cierto: son una expresión de impotencia y desesperación. No conducen absolutamente a nada excepto a una mayor represión por parte de un Estado capitalista que siempre saldrá ganando frente a las acciones desorganizadas y dispersas en las calles.
Pero la alternativa propuesta por las organizaciones de activistas oficiales tales como Black Lives Matter[2] - marchas pacíficas que reclaman justicia e igualdad- representan igualmente un callejón sin salida e incluso de forma aún más insidiosa puesto que hacen el juego a fuerzas políticas del capital. Analicemos por ejemplo su propuesta de privar de fondos a la policía o incluso a abolirla por completo. Por un lado, es algo completamente ilusorio en esta sociedad, es como aspirar a que el Estado capitalista se disolviera voluntariamente. Y, al mismo tiempo, esparce la criminal ilusión de que es posible reformar ese Estado en interés de los explotados y oprimidos, cuando su función misma es tenerlos bajo control en interés de la clase dominante.
La prueba de que la clase dominante no se ve en absoluto incomodada por estas reivindicaciones aparentemente tan radicales, es que pocos días después de las primeras protestas los medios de comunicación y los políticos capitalistas -principalmente, pero no sólo, los de la izquierda- "se arrodillaron", literal o figuradamente, en ferviente condena del asesinato de George Floyd y en apoyo entusiasta de las protestas. El ejemplo de los principales políticos del aparato del Partido Demócrata en los EE.UU. es el más obvio. Pero pronto se sumaron sus homólogos de todo el mundo, incluidos los más patentes representantes de la policía. Así se realiza la recuperación burguesa de una ira legítima.
No podemos hacernos ilusiones: la dinámica de este movimiento no puede llevarlo a transformarse en un instrumento de los explotados o transformarse en un arma de los explotados y oprimidos, puesto que es un instrumento en manos de la clase dominante. Las movilizaciones actuales no son un "primer paso" hacia una verdadera lucha de clases, sino que se utilizan para bloquear su desarrollo y maduración.
El capitalismo no podría haberse convertido en el sistema mundial que es hoy en día sin la trata de esclavos y el sometimiento colonial de las poblaciones indígenas de Asia, África y América. El racismo impregna pues sus genes. Desde sus comienzos mismos ha utilizado las diferencias raciales – y las de todo tipo – para enfrentar a unos explotados contra otros, para impedir una lucha unida contra su verdadero enemigo: la minoría que los explota. Pero también ha utilizado profusamente la ideología del "antirracismo", es decir la idea de que se puede luchar contra racismo no uniéndose como clase sino agrupados en torno a tal o cual comunidad oprimida. Pero organizarse sobre la base de su "comunidad" racial o nacional se convierte en otro medio más de diluir la verdadera división en clases que subyace a este sistema. No existe pues una "comunidad negra" como tal porque existen capitalistas negros y trabajadores negros, y no tienen interés alguno en común. Recordemos sin ir más lejos la masacre de mineros negros en la huelga en Marikana en 2012, perpetrada por el Estado sudafricano "post-apartheid".
El asesinato de George Floyd no fue el resultado de un plan deliberado de la burguesía. Pero sí ha hecho posible que la clase dominante focalice la atención sobre la cuestión de la raza cuando en realidad es el conjunto del sistema capitalista lo que evidencia su bancarrota. bancarrota.
La sociedad capitalista se halla en un profundo estado de decadencia. Las bárbaras masacres que siguen extendiéndose por África y el Oriente Medio o las incesantes guerras de bandas en América Latina, que fuerzan a millones de personas a convertirse en refugiados, son claros síntomas de ello. Al igual que la actual pandemia Covid-19, un subproducto de la devastación del capitalismo en la ecología del planeta. Al mismo tiempo, el sistema está sumido en una crisis económica insoluble. Tras el “crash” de 2008, los Estados capitalistas lanzaron una brutal estrategia de austeridad destinada a hacer pagar la crisis a los explotados. La resultante diezma de los servicios de salud es una de las principales razones por las que la pandemia ha tenido un impacto tan catastrófico. Y al mismo tiempo este impasse mundial ha sumido al sistema en una crisis económica más profunda, comparable a la depresión de los años 30.
Este nuevo hundimiento en la crisis económica ya está causando un empobrecimiento generalizado, una agravación del problema de la vivienda e incluso hambre hasta en los Estados Unidos que ofrece a sus trabajadores una cobertura social mínima en caso de desempleo o enfermedad. Es innegable que la miseria material ha alimentado la ira de las protestas. Pero frente a la obsolescencia histórica de todo un modo de producción sólo hay una fuerza que puede unirse contra ella y ofrecer la perspectiva de una sociedad diferente: la clase obrera internacional.
La clase obrera no está inmunizada contra la putrefacción de la sociedad capitalista: sufre también el peso de todas las divisiones nacionales, raciales y religiosas que se agudizan con el siniestro avance de la descomposición social[3], que se manifiesta de forma aún más evidente en la expansión de las ideologías populistas. Pero esto no cambia la realidad fundamental: los explotados de todos los países, sea cual sea el color de su piel, tienen el mismo interés que es el de defenderse de los ataques cada vez más duros a sus condiciones de vida, sean los recortes sociales, el desempleo, los desahucios, los hachazos a las pensiones u otras prestaciones sociales, y contra la violencia del Estado capitalista. Sólo esta lucha es la base para superar todas las divisiones que benefician a nuestros explotadores y para resistir los ataques racistas y los pogromos en todas sus formas. Y cuando la clase obrera se organiza para unir sus fuerzas demuestra también su capacidad de organizar la sociedad sobre una nueva base. Los consejos obreros que surgieron en todo el mundo tras la revolución en Rusia en 1917[4], los comités de huelga “inter fabricas” que surgieron en la huelga de masas polaca de 1980[5] - son la prueba de que la lucha de la clase obrera, en su propio terreno, plantea la perspectiva de crear un nuevo poder proletario sobre las ruinas del estado capitalista, y de reorganizar la producción para la satisfacción de las necesidades de la humanidad.
Es cierto que hace ya algunas décadas que la clase obrera ha ido perdiendo conciencia de sí misma como clase opuesta al capital, como resultado tanto de vastas campañas ideológicas (la matraca incesante sobre la "muerte del comunismo" que siguió al colapso de la forma estalinista de capitalismo), y de cambios radicales (tales como como el desmantelamiento de los centros tradicionales de lucha de la clase obrera en los países más industrializados). Pero justo antes de que la pandemia del Covid-19 se extendiera por todo el mundo, habíamos visto en Francia luchas que ponían de manifiesto que la clase obrera distaba mucho de estar muerta y enterrada. Evidentemente la llegada de la pandemia y el bloqueo social que representaron los confinamientos frenaron el potencial inmediato de una extensión de este movimiento. Aún entonces, en esas primeras fases de las cuarentenas, hubo reacciones muy militantes de la clase obrera en muchos países resistiéndose a ser tratados como “corderos al matadero”, contra la obligación de trabajar sin un equipo de seguridad adecuado simplemente para no alterar los beneficios de la burguesía. Estas luchas, que también se han dado en los EE.UU., ya han superado las divisiones raciales y nacionales[6]. Al mismo tiempo la situación de confinamiento ha puesto de manifiesto que el funcionamiento de este sistema depende por completo del trabajo "esencial" de la clase que explota tan despiadadamente.
La cuestión central para el futuro de la humanidad es esta: ¿Podrá la minoría capitalista seguir dividiendo a la mayoría explotada por razas, religiones o naciones, y así arrastrarla en su caída hacia el abismo? ¿O la clase obrera, en todos los países del mundo, se reconocerá a sí misma como lo que es, la clase que, en palabras de Marx: "es revolucionaria o no es nada"?
Amos, junio 2020
[1] Hace unos días se han dado a conocer también las muertes de emigrantes o de personas de etnia gitana en las dependencias policiales de la España gobernada por “socialistas” y “comunistas”
[2] Véase https://es.wikipedia.org/wiki/Black_Lives_Matter [317]
[3] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[4] Ver nuestro Manifiesto sobre la Revolución de octubre 1917 https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201710/4237/manifiesto-de-la-corriente-comunista-internacional-sobre-la-revolucion [277]
[5] Ver Un año de luchas obreras en Polonia /content/2318/un-ano-de-luchas-obreras-en-polonia [318]
[6] Ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [271]
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Entre los medios burgueses actuales es muy común calificar al estudiante como un “Radical” o un “subversivo”, como alguien que “se atreve y da la cara”, pero la verdad es bastante distinta de lo que dicen los medios masivos del capital, lamentablemente ese errado estigma ha quedado muy marcado en la sociedad capitalista. Para desmentir esta falacia debemos estudiar los orígenes y el transcurso hasta la actualidad del movimiento estudiantil.
El movimiento estudiantil comenzó a hacerse popular en las luchas de los 60 y 70, después de más de 40 años de contrarrevolución estalinista, cuando los obreros franceses en las fábricas comenzaron a organizar comités de acción e irse a huelgas salvajes los estudiantes los acompañaron y se unieron a ellos, siendo finalmente calificada como una “Revuelta obrero-estudiantil”[1]. Sin embargo, la burguesía y sus historiadores se han esforzado mucho en ver el mayo francés como un “movimiento estudiantil” y dejar de lado las huelgas de los obreros ¿Por qué? Porque el estudiantado universitario de esa época tenía como objetivo acceder a cargos medios y altos en las empresas y el Estado, es decir, formar parte de la clase dominante, la universidad era una institución elitista y solo los hijos de los capitalistas o de la pequeña burguesía podían estudiar en esos establecimientos. Es cierto que la masificación de la universidad que entonces comenzaba causaba frustración pues no habría puestos para tantos aspirantes, igualmente la sociedad, bajo el impulso de las luchas obreras empezaba a salir de la contrarrevolución y ello fomentaba en el estudiantado un espíritu rebelde y contestario que venía a ser un subproducto de la nueva situación y no un producto de la lucha de clase proletaria.
Lo que en realidad caracterizó al mayo francés del 68 fue la superposición de dos bandos: por un lado, el proletariado industrial que comenzó a luchar mediante asambleas y comités de huelgas salvajes, afuera de los sindicatos, y que por ende fue una autentica lucha proletaria e internacionalista. En el otro bando el estudiantado con sus protestas y “manifestaciones culturales” y que solo representaban a una pequeña burguesía en decadencia. Desde entonces el estudiantado pequeñoburgués, por su pensamiento activista e intelectual, siguió apoyando a los trabajadores en sus distintas luchas, como en la huelga obrera de Polonia de 1980 o en el Cordobazo argentino de 1969. Sin embargo, cuando las luchas de clase durante las revueltas de los 60-70 comenzaron a decaer los restos del movimiento estudiantil de la época comenzaron a caer en el terrorismo guerrillero y al anarquismo, demostrando que el movimiento estudiantil no representa más que una nueva faceta de la pequeña burguesía desesperada e inútil.
Sin embargo, en la actualidad la mayor parte de los estudiantes no provienen de la burguesía o la pequeña burguesía, aproximadamente el 95% de los estudiantes son de extracción obrera y se convertirán en futuros asalariados, por ende, la universidad también se ha “proletarizado”, la mayor parte de los estudiantes también sufrirá el desempleo, la precariedad y la subcontratación. Si antes los estudiantes universitarios pasaban a ocupar puestos importantes en burocracias estatales, en empresas privadas o en la misma academia, ahora las fuerzas de producción han avanzado a tal nivel que es necesaria una especialización (y un adoctrinamiento) de la fuerza de trabajo en general, desde los primeros años de vida hasta la adultez, llenando las universidades de futuros proletarios. Las instituciones que se encargaban de asignar a los jóvenes burgueses a un lugar en la sociedad burguesa ahora también se tienen que encargar de asignar a los jóvenes proletarios su lugar en esta misma sociedad, esta es la gran contradicción de la educación burguesa (especialmente la educación terciaria o superior) al día de hoy.
La historia del movimiento estudiantil chileno en su forma actual comienza aproximadamente en el 2006, aunque en la década de los 60 hubo muchas protestas entre estudiantes de extrema izquierda y de extrema derecha. El movimiento de 2006 comenzó con los secundarios (que siempre han sido más “radicalizados” y activistas que los universitarios), se le llamo “pingüinazo” debido a que el uniforme de los secundarios se asemeja en colores a los pingüinos, y la consigna que caracterizó ese movimiento durante los años posteriores fue: EDUCACION GRATUITA Y DE CALIDAD, el gran epicentro del movimiento estudiantil.
Ante esto hay que aclarar que la única “gratuidad” en la educación burguesa viene a expensas de los salarios de los obreros y que cualquier estándar de “calidad” que busquen alcanzar debe obedecer a los cánones de la sociedad burguesa. Entendiendo el sistema educativo en su conjunto e integrado a la división social del trabajo, la educación que imparte no puede aspirar a ser más que el adoctrinamiento y la formación para ser futuros obreros explotados, asalariados, insertados dentro de una jerarquía estricta de trabajo. La consigna “educación gratuita” expresa en primer lugar la ilusión de que una enseñanza pública a cargo del Estado sería una “mejora” cuando en realidad la financiación de la enseñanza nace de la plusvalía expropiada a los trabajadores. Por otro lado, esparce la ilusión de “la promoción individual”, cuando lo que sucede en realidad es que por muchos títulos, posgrados y certificados de idiomas que un estudiante acumule, el destino de la inmensa mayoría es la precariedad, el desempleo y unas pésimas condiciones de trabajo y vida. En fin, la educación no tiene como finalidad ayudar a la toma de conciencia de la clase obrera, sino todo lo contrario, entorpecerla y facilitar la penetración en las filas obreras de la ideología burguesa y pequeñoburguesa.
Pese a que el estudiantado se ha “proletarizado” y la mayoría proviene de la clase obrera, el pensamiento burgués izquierdista sigue penetrando entre los estudiantes. Aquí no hay que subestimar el peso ideológico de la burguesía. Con la llegada de la decadencia y la traición de las organizaciones tradicionales del proletariado, sus secciones juveniles se fueron convirtiendo en órganos de adoctrinamiento y propaganda. Aquí es donde aparece el veneno político e ideológico característico del “movimiento estudiantil”, como estas organizaciones solo pueden mantenerse con vida mientras contribuyan a avanzar las metas de su partido, es decir, debilitando el movimiento de la clase trabajadora, sus “contribuciones” a la política de los estudiantes no son más que un estorbo inmenso para el desarrollo de su conciencia de clase. Organizaciones como las diferentes “coordinadoras estudiantiles” buscan cooptar cualquier acción consciente de los estudiantes proletarios para su propio beneficio, siempre de la mano de los partidos izquierdistas.
Obviamente ha habido excepciones en donde los estudiantes de extracción obrera rompieron con el movimiento estudiantil y se organizaron como obreros, bajo asambleas generales y comités de delegados, una muestra de eso fue Francia el 2006, en su movimiento contra el CPE[2]. Además, hay que aclarar que muchos de los movimientos de los estudiantes nacen de problemas relacionados al mundo universitario, problemas relacionados con la burocracia de la universidad, con los cursos o los profesores, demandas que no se pueden generalizar al resto de la clase ni pueden resolverse en sus causas últimas dentro de la universidad.
A pesar de todo esto, aún en este sector hay esbozos de conciencia de clase y existe cada vez un mayor desdén desde los estudiantes (cada vez más proletarios) hacia los grupos políticos burgueses, y existe un descontento general con el funcionamiento de la política de los centros de alumnos y de las federaciones estudiantiles. Aunque un rechazo a estas prácticas de la burguesía no significa un rechazo completo a su política ni tampoco una aceptación del programa proletario, es parte de la conciencia embrionaria de la clase, que sin el aporte del movimiento obrero general se quedará en puro embrión. Al mismo tiempo el movimiento obrero se ve forzado a incorporar las fuerzas de las nuevas generaciones proletarias, gran parte de las cuales pasa o pasará por la universidad, pues sin ellos no tienen a quién pasar la antorcha. Mientras exista el conflicto principal de la educación burguesa, es decir, la contradicción entre la sociedad burguesa pintada por la escuela y la realidad material de la que participan sus estudiantes habrá un potencial importante de la juventud que solamente puede realizarse en la lucha de clases.
Aquí es importante que los obreros revolucionarios dentro y fuera de las escuelas discutan el problema de la educación capitalista, con objeto de realizar una denuncia de sus contenidos, sus métodos y su forma de transmisión. Estos están sesgados por la ideología burguesa, el mantenimiento de la explotación y por las necesidades de la acumulación capitalista y son radicalmente antagónicos respecto a la conciencia de clase del proletariado y a cómo será la ciencia y el conocimiento en la futura sociedad donde, como dijeron Marx y Engels, “El libre desarrollo de cada uno sea la condición para el libre desarrollo de todos”.
La respuesta a estos obstáculos que afectan a los estudiantes solo se encontrará cuando los jóvenes obreros rompan con la universidad, el estudiantilismo, el academicismo y sobre todo con el izquierdismo progresista. Cuando los jóvenes se organicen con los trabajadores, lejos de la academia burguesa universitaria, bajo asambleas generales, cuando piensen y luchen como obreros y rechacen las corrientes burguesas que abundan en sus círculos. La revolución solo puede ser hecha por el movimiento obrero en su conjunto, jamás por fracciones particulares o categorías interclasistas. Los paros universitarios o “Revueltas” estudiantiles, caracterizadas por el caos, y la desorganización, no son más que una manifestación de la bancarrota política en que se encuentra el llamado “movimiento estudiantil” y un trampolín para individuos que buscan carreras políticas. ¡SOLO LOS TRABAJADORES SON LOS SUJETOS POLITICOS DE LA REVOLUCION!
Simpatizantes de la CCI en Chile 22-6-20
[1] Para un conocimiento del movimiento proletario de mayo 1968 ver Hace 50 años, Mayo de 1968 https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4296/hace-50-anos-mayo-de-1968 [193]
[2] Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [7]
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Las tensiones raciales en EE. UU, están relacionadas con el papel desempeñado por el sistema esclavista en el desarrollo de la acumulación primitiva en ese país. Esclavitud la hubo por todas partes (Brasil, colonias españolas, el Caribe isleño y continental…) pero en ningún otro país desarrollado ese sistema ha condicionado tanto como en EE. UU las relaciones sociales y las dificultades para la unidad de la clase obrera. A otro nivel de desarrollo y de importancia, el caso de Sudáfrica tiene algunas similitudes[1].
El capitalismo en sus orígenes, tras el "descubrimiento" de las Américas, estuvo marcado por la esclavitud[2]. Y fue en las Américas, especialmente, no sólo en los Estados Unidos, donde este sistema echó raíces. Para comprender la historia del advenimiento del capitalismo, de la formación de la clase obrera, la situación actual incluso, es necesario abordar el problema de la esclavitud.
El trauma de la esclavitud, la trata de esclavos, ha marcado la historia del continente africano, claro está, pero, sobre todo, consecuentemente, la del continente americano en todos los aspectos, en particular en el desarrollo de la clase obrera. Una gran parte de la clase trabajadora norteamericana es de origen esclavo. No vamos a hablar aquí del papel de las clases dominantes (aristocracia y burguesía) de los antiguos regímenes monárquicos europeos en el abominable "comercio triangular" entre las principales ciudades portuarias de las potencias europeas, las costas africanas y las Américas.
Como escribe Marx: “El descubrimiento de las regiones de oro y plata de América [especialmente por los colonizadores españoles y portugueses NdR], la cruzada de esclavización y exterminio en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo en las Indias Orientales, la transformación de África en un cazadero de esclavos negros: son todo hechos que señalan la era de producción capitalista. Estos procesos “idílicos” representan otros tantos factores fundamentales en el movimiento de acumulación originaria”. (El Capital, "XIV: La llamada acumulación originaria”, “4. Génesis del capitalista industrial”, según la edición de 1946 del FCE, México[3])
La acumulación originaria capitalista bajo los antiguos regímenes aún marcados por el feudalismo, se hizo a menudo con mano de obra esclava. Y África, para desgracia de este continente, será, desde el siglo XVII, el XVIII y hasta gran parte del XIX, ese "cazadero de esclavos". Este tipo de explotación no será la propia del capitalismo, pero le sirvió en sus inicios en la acumulación originaria (o “primitiva”): “La aplicación esporádica de la cooperación en gran escala en la antigüedad, en la Edad Media y en las colonias modernas se basa en un régimen directo de despotismo y servidumbre, que es casi siempre un régimen generalmente de esclavitud. La forma capitalista [de cooperación] presupone, por el contrario, desde el primer momento, la existencia de obreros libres y asalariados que venden su fuerza de trabajo al capital. Sin embargo, históricamente, esta forma se desarrolla por oposición a la economía agraria y el artesanado independiente, tenga o no éste forma gremial. Frente a estas formas, la cooperación capitalista no aparece como una forma histórica especial de cooperación, sino que ésta reviste la forma peculiar del proceso capitalista de producción, forma específica que lo caracteriza y distingue” (…) “Su premisa, el empleo simultáneo de un número relativamente grande de obreros asalariados (…) constituye el punto de arranque de la producción capitalista” (XI, “Cooperación”, Libro I). Esto quiere decir que del mismo modo que el capitalismo comenzó y se desarrolló en un medio no-capitalista, al principio inmensamente dominante, también se desarrolló en medio y gracias a otras formas de explotación y “cooperación”, pues el capitalismo no posee una forma particular de cooperación, pues ésta es el capitalismo mismo.
El feudalismo sometió a su control las viejas comunidades comunistas primitivas a las que “dejó hacer” mientras pagaran regularmente un tributo en especie (productos agrarios, ganaderos o artesanales) y en seres humanos (criados y soldados). En cambio, el capitalismo tiene por tendencia transformar todas las relaciones sociales en mercantiles y salariales, sin embargo, en la marcha hacia ellas es capaz de utilizar a su servicio formas antiguas de explotación como la esclavitud haciéndolas mucho más rentables mediante una barbarie refinada y sistemática.
En el siglo XIX se mantuvo hasta más allá de mediados de siglo la existencia de la esclavitud a tan gran escala como la de los estados algodoneros del Sur de EEUU (llegó a haber 5 millones de esclavos). Éstos vendían su producción a los estados del Norte y, sobre todo, al primer gran país capitalista de entonces, Gran Bretaña. Durante décadas, tras la independencia norteamericana, el sistema esclavista se mantuvo pujante [4] sirviendo a la acumulación en ese inmenso país. Pero el enfrentamiento entre el capitalismo de los estados del norte y los estados esclavistas del Sur acabó siendo inevitable, en particular debido al dinamismo expansionista hacia el Oeste, desembocando en la Guerra de secesión.
Y, tras la colonización de Egipto, Gran Bretaña empezó a dejar de comprar el algodón del Sur de USA, incrementándose, con el acostumbrado cinismo de las clases dominantes, la campaña antiesclavista por buena parte de la burguesía británica[5].
Lo más notorio no sólo fue la insólita permanencia, sino el incremento exponencial del número de esclavos durante décadas: «Al levantarse en 1790 el primer censo de esclavos en los Estados Unidos, la cifra era de 697 000; en 1861 ascendía ya a cuatro millones», recuerda Marx en El Capital (I, XIII «Maquinaria y gran industria», 6) «La teoría de la compensación, aplicada a los obreros desplazados por las máquinas»). Y eso, en el primer país del mundo “liberado” del antiguo régimen, lumbrera “democrática”, junto con Francia, para las burguesías ascendentes de otros países.
«Por eso [mientras los regímenes precapitalistas no entran en el mercado mundial NdR] en los Estados norteamericanos del Sur el trabajo de los negros conservó cierto suave carácter patriarcal mientras la producción se circunscribía sustancialmente a las propias necesidades. Pero, tan pronto como la exportación de algodón pasó a ser un resorte vital para aquellos Estados, la explotación intensiva del negro se convirtió en factor de un sistema calculado y calculador, llegando a darse casos de agotarse en siete años de trabajo la vida del trabajador. Ahora ya no se trataba de arrancarle una cierta cantidad de productos útiles. Ahora, todo giraba en torno a la producción de plusvalía por la plusvalía misma» (El Capital, I, “Capital constante y capital variable”, 2. “El hambre de trabajo excedente”). A pesar de esas enormes ganancias, seguía siendo un sistema no plenamente capitalista.
Las consecuencias de la «mancilla», o sea el ultraje a la moral humana que representaba la esclavitud en el país que acabaría siendo el más poderoso de la Tierra, no desaparecieron, así como por ensalmo, tras la guerra de Sucesión. Desapareció el esclavismo, pero no sus consecuencias en la difícil lucha de la clase obrera. Por mucho que le interesara a la burguesía acabar con la esclavitud, sabemos perfectamente que las lacras de las sociedades de clase pasadas se concentran en el capitalismo como si fuera un crisol de todas ellas. La cruenta guerra de Secesión[6] aceleró la extensión del trabajo asalariado a todo Estados Unidos, los trabajadores negros fueron incorporados gradualmente al trabajo “libre”, pero esa “libertad para ser explotado” se envolvió prácticamente desde el principio por un sistema de segregación racial que añadía horribles sufrimientos a esta parte de nuestra clase y creaba una división peligrosa en el seno del proletariado.
Las leyes de separación racial siguieron vigentes en prácticamente todos los estados avaladas por sentencias repetidas del Tribunal Supremo. En el colmo del cinismo el Tribunal Supremo, solo 3 años después del final de la guerra de Secesión (en 1868) sentenció que “Los negros debían vivir aparte. El blanco los llamaba solo por su nombre de pila y podía maltratarlos por cualquier motivo. Los negros podían votar, pero solo si pagaban un impuesto especial y se sabían de memoria los nombres de todos los presidentes y jueces del Tribunal Supremo” [7].
El sistema legal de segregación amparó y estimuló un sistema paralelo, supuestamente “popular” (gracias al concurso fanático de la pequeña burguesía blanca) de agresiones, matanzas colectivas, linchamientos sistemáticos. La pequeña burguesía sobre todo en los estados meridionales, pero no sólo en ellos, desencadenaba su furia destructora con una regularidad de metrónomo para aterrorizar a los proletarios de origen esclavo. El racismo de la pequeña burguesía norteamericana refleja uno de los rasgos ideológicos del capitalismo norteamericano: una cultura impregnada de un puritanismo violento de inspiración bíblica una de cuyas bases es el horror furibundo, visceral, enfermizo a toda mezcla de “razas”. Cierto, el racismo y el rechazo del otro es una mentalidad muy compartida en todas las sociedades de clase, pero el caso de Estados Unidos es un elemento fundador del país.
En Opelousas (Luisiana, 1868), Nueva Orleans y Memphis (1866) la chusma blanca reaccionó con linchamientos a los intentos de los negros de ejercer los “nuevos derechos”. “En Thibodaux (Lousiana, 1887) murieron más de 300 cortadores de azúcar durante una huelga por el derecho a dejar de vivir en las cabañas de los antiguos esclavos”
El siglo XX fue aún mucho peor: “Hasta 250 murieron en Wilmington (Carolina del Norte, 1928), incluidas mujeres y niños cuando la turba blanca asaltó uno de sus periódicos por un artículo en contra de la segregación. Varios cientos más murieron en East Saint Louis (Misuri, 1917) cuando se extendió el rumor de que un trabajador negro había hablado con una mujer blanca en una reunión sindical. En Elaine (Arkansas, 1919) el detonante de la muerte de más de 200 negros, también aquí con mujeres y niños entre ellos, fue una reivindicación laboral de los recolectores en los campos de los terratenientes blancos. Y en Tulsa (Oklahoma, 1921) todo empezó cuando un grupo de blancos intentó linchar a un joven negro al que acusaban de haber robado. Murieron hasta 300 personas y 8.000 perdieron sus viviendas cuando la airada población blanca incendió la calle Black Wall y todo el barrio negro que crecía a su alrededor”.
El sistema de segregación racial fue reforzado por una milicia paralegal que perseguía los trabajadores negros y les infligía salvajes torturas en actos rituales, el Ku Klus Klan. Oficialmente disuelta en 1871 reapareció en 1915 y aún hoy se conserva a través de grupos locales que defienden una ideología xenófoba, supremacista blanca y racista. Los grandes partidos democráticos estadounidenses, han alentado en ocasiones abiertamente estas expresiones descaradamente bárbaras del capitalismo, en otros momentos se han “indignado” para favorecer la trampa del “antirracismo”, sin embargo, siempre las han tolerado como medio complementario
Cuando la esclavitud en USA llegaba a su apogeo, Marx (1860) describe la vida de los proletarios en Inglaterra[8], una “vida” atroz como ya la había descrito Engels en su famoso libro en 1845[9]. Sin duda la vida de los proletarios en aquellos tiempos era tan miserable y agotadora como la de muchos esclavos. Pero no es lo mismo, para el futuro de la clase revolucionaria, la explotación esclavista que “la existencia del obreros libres y asalariados que venden su fuerza de trabajo al capital”. El proletariado vive una nueva forma de explotación que contiene la posibilidad, si es capaz de desarrollar una lucha consciente, de la superación de las contradicciones del capitalismo mediante la sociedad comunista. La explotación del proletariado encierra un sufrimiento universal que abarca a todas las formas de opresión y explotación que han existido en las sociedades de clase y que, en consecuencia, solamente puede ser resuelto por una revolución universal que vaya a las raíces de todas las explotaciones y opresiones que existen en el capitalismo y, por ende, en todas las sociedades de clase[10]. Por eso uno de los aspectos de la lucha de la clase obrera debía ser la lucha contra la esclavitud, especialmente en un país como Estados Unidos.
La AIT (Asociación Internacional de Trabajadores, Primera Internacional), ante la situación de guerra civil norteamericana, no vaciló en enviar un mensaje de apoyo, redactado por Marx, a los nordistas de Lincoln. No se trataba de apoyar a una fracción de la burguesía contra otra clase reaccionaria (los grandes propietarios del Sur)[11]. Marx pensaba, con razón, que el final de la esclavitud iba a dar un impulso a la unidad de la clase obrera. Y así escribe en El Capital (coetáneo más o menos del final de la guerra de Secesión en los USA y el final «oficial» de la esclavitud, 1865), estableciendo un vínculo con la lucha unitaria por las 8 horas: «En los Estados Unidos de América, el movimiento obrero no podía salir de su postración mientras una parte de la República siguiese mancillada por la institución de la esclavitud. El trabajo de los blancos no puede emanciparse allí donde está esclavizado el trabajo de los negros. De la muerte de la esclavitud brotó inmediatamente una vida nueva y rejuvenecida. El primer fruto de la guerra de Secesión fue la campaña de agitación por la jornada de ocho horas, que se extendió con la velocidad de la locomotora desde el océano Atlántico al Pacífico, desde Nueva Inglaterra a California» (El Capital, libro I, “VIII, La jornada de trabajo, 2. El hambre de trabajo excedente. Fabricante y boyardo”).
¿Y la clase obrera de EEUU? Tanto los marxistas como los anarquistas plantearon claramente la unidad de la clase obrera, fuera del color que fuera. Esta tradición se plasmó a principios de siglo XX en los IWW, el conocido sindicato revolucionario de EEUU, que se formó favorable a una política internacionalista, contra la guerra y evidentemente por la unificación de la clase obrera, fuera del color que fuera[12]. Ya conocemos los límites del sindicalismo revolucionario y el fracaso de los IWW. Pero, en la memoria obrera permanecerá "La experiencia de IWW, la valentía ejemplar de sus militantes frente a una clase dominante que no se arredra para echar mano de la mayor y más vil violencia o hipocresía, esa experiencia de IWW está pues ahí para recordarnos que los obreros de Estados Unidos son decididamente hermanos de clase de los obreros del mundo entero, que su interés y sus luchas son los mismos y que el internacionalismo no es vana palabra para el proletariado, sino más bien la piedra angular de su existencia” “Durante mucho tiempo, el movimiento obrero en Estados Unidos estuvo muy preocupado por las divisiones entre quienes habían nacido en el país, los obreros anglófonos (aunque ya fueran éstos la segunda generación de emigrantes) y los obreros inmigrados recién llegados, los cuales no hablaban y leían poco o nada en inglés. En su correspondencia con Sorge en 1893, Engels lo ponía en guardia contra el uso cínico que hacía la burguesía de las divisiones en el seno del proletariado y que retrasaban el desarrollo del movimiento obrero en Estados Unidos. En efecto, la burguesía utiliza hábilmente todos los prejuicios raciales, étnicos, nacionales y lingüísticos para dividir a los obreros entre sí y contrarrestar así el desarrollo de una clase obrera capaz de concebirse a sí misma como una clase unida. Estas divisiones fueron un serio obstáculo para la clase obrera en Estados Unidos ya que separaba a los obreros nacidos en América de la gran experiencia adquirida en Europa por los obreros recién inmigrados. Esas divisiones acarrearon, para los obreros americanos más conscientes, dificultades para mantenerse al nivel de los avances teóricos del movimiento obrero internacional…”,
“[En una carta de] Engels a Sorge el 2 de diciembre de 1893, (en Marx and Engels, Basics writings on politics and philosophe, ed. Lewis Feuer, 1959),Engels respondía a una pregunta de Friedrich Adolf Sorge sobre la ausencia de un partido socialista significativo en Estados Unidos, explicando que “la situación en los Estados Unidos comporta dificultades muy importantes y particulares que obstaculizan el desarrollo regular de un partido obrero”. Entre esas dificultades una de las más importantes era “la inmigración que divide a los obreros en dos grupos: los nativos y los extranjeros, éstos últimos están divididos a su vez entre sí en 1) irlandeses, 2) alemanes, 3) y en muchos pequeños grupos donde a veces sólo comprenden sus propias lenguas: checos, polacos, italianos, escandinavos, etc. Y finalmente los negros. Construir un solo partido arrancando de esta base requiere de poderosas motivaciones que raramente se encuentran. Frecuentemente se presentan empujes vigorosos, pero a la burguesía le basta con esperar pasivamente a que las diferentes partes de la clase obrera se dispersen de nuevo”
Los trabajadores negros, que ya habían empezado a huir hacia el Norte durante la esclavitud (en donde incluso en esos Estados podían ser perseguidos y reenviados al Sur), empezaron sobre todo a partir de principios del siglo XX a irse a las zonas industriales. Y esa “división” de la que habla Engels se plasmó en la aparición de guetos, una tendencia que se fue acentuando con la contrarrevolución. La abominable ignominia de la esclavitud “moderna” tenía la particularidad de su “único” origen “racial” (África subsahariana) (contrariamente a la esclavitud antigua, medieval u oriental en las que el esclavo podía ser de orígenes muy diversos) de modo que los esclavos recién proletarizados eran vistos inmediatamente como recién salidos de su condición de objeto-mercancía. La burguesía USA, por otra parte, prohibió hasta muy recientemente la emigración “de color”, favoreciendo en los grandes años de la emigración hacia USA de finales del XIX hasta los años 30, a las poblaciones europeas. Es cierto que la “tradición” del hábitat urbano en EEUU ha sido el de los barrios “étnicos”, pero con los guetos la separación fue mucho más tajante.
La segregación racial fue abolida oficialmente en 1964, un siglo después de la supresión de la esclavitud. Se trataba de dar cauce a un sector creciente de la burguesía de raza negra que se veía obstaculizado en sus negocios por esas leyes. El “gran fruto” de las Leyes de Derechos Civiles fue la promoción de personajes de raza negra a las altas esferas de la política y los negocios. En la administración Bush destacaron Colin Powell el carnicero de Irak y Condolezza Rice, secretaria de Estado, la cúspide fue la elección de Obama en 2008 como primer presidente negro.
Sin embargo, para los trabajadores negros nada cambió. Siguieron víctimas de la discriminación policial y judicial que hace que una persona de raza negra tenga 7 veces más probabilidades de acabar en la cárcel que una blanca.
Especialmente cruel es el trato de la policía -donde cada vez hay más negros- con las personas prietas. Fue horrible el crimen de Los Ángeles en 1992 que desató violentas protestas. Durante el mandato de Obama hubo más asesinatos policiales que nunca[13].
El asesinato de Georges Floyd el 26 de mayo “a manos” de 4 policías de Minneapolis ha sido una trágica demostración suplementaria de esa continuidad de la violencia oficial de la clase dominante. Las clases dominantes, mediante sus Estados, poseen el monopolio de la violencia. Lo ejercen en general para imponer su dominación, especialmente contra la clase obrera. Al lado de las fuerzas del orden “oficiales”, hay milicias, grupos armados más o menos ilegales. A lo largo de los años, Estados Unidos, se ha convertido en paradigma de la violencia más extrema. Y en muchos otros países esa violencia oficial, extraoficial o ilegal extrema (mencionemos a México de “ejemplo”) se ha instalado para siempre mientras dure este sistema criminal. Todas esas lacras son antiguas, sí, pero la tendencia de ese modelo se ha hecho general, se agudiza por todos los rincones del planeta. Vivimos hoy la descomposición del sistema capitalista y esa violencia criminal oficial, extraoficial o ilegal, es su marchamo. Democracias, dictaduras, con partidos únicos o pluralistas, hoy, el destino está marcado por esa extrema violencia de un sistema criminal, el capitalismo.
Ante semejantes atropellos, muy conocidos esta vez gracias a las imágenes transmitidas por el mundo entero de la agonía de Floyd, se lanzaron a las calles impregnados de indignación gentes de toda raza y condición para acabar exigiendo… ¡una policía más democrática! y otras reivindicaciones que consisten en exigir al verdugo que sea más humano. Por un lado, Trump echando más leña al fuego, alentando supremacistas dispuestos a disparar contra todo lo que no sea blanco; del otro lado, las fracciones demócratas (y muchos republicanos, como el expresidente Bush) del abanico político estadounidense haciendo genuflexiones, convocando a artistas y vedettes indignados, apoyando manifestaciones “patrióticas” (New York Times).
Con la contrarrevolución, a partir de los años 30, las matanzas, los linchamientos se multiplican. En la Depresión de 1929, la pequeña burguesía blanca -bien manipulada por los medias que aprovechaba su cerril búsqueda de chivos expiatorios- atribuyó la crisis a “los negros”, “En Harlem (Nueva York) hubo un indeterminado número de muertos y más de cien heridos, además de numerosos saqueos, a raíz del presunto robo de un joven negro en la tienda de un blanco. Fue el primer disturbio moderno porque arrasó los comercios. A partir de entonces, Harlem sufrió episodios de violencia racial casi continuada hasta los años sesenta”.
En realidad, la «mancilla» de la esclavitud que había ensuciado el desarrollo capitalista en Estados Unidos y otros lugares, acabó creando una barrera difícilmente franqueable en las luchas obreras en Estados Unidos.
Estas barreras se han agudizado con el proceso social de Descomposición Capitalista[14]. Esta encierra un pudrimiento de las relaciones sociales que empuja a la fragmentación de la sociedad en grupos étnicos, religiosos, localistas, de “afinidad”, que se encierran en su “pequeño gueto” para darse una falsa sensación de comunidad, de protección frente a un mundo cada vez más inhumano. Esta tendencia favorece la división en las filas obreras -acentuada hasta el paroxismo por la venenosa acción de partidos, sindicatos, instituciones, propaganda etc.- en “comunidades” de raza, religión, origen nacional etc. Para añadir más leña al fuego de las divisiones raciales y lingüísticas en el proletariado en EU. la emigración de trabajadores de América Latina que se hizo masiva desde los años 70´s, ha sido utilizada por la burguesía para crear más guetos, someter a la ilegalidad a los trabajadores inmigrantes y empujar hacia abajo las condiciones de vida de todos los trabajadores[15]
No obstante, algunas luchas obreras en los últimos 50 años han franqueado esa barrera: Detroit 1965, la huelga salvaje de la Chrysler en 1968, la huelga salvaje de Correos en 1970, el metro de Nueva York en 2005, la huelga en Oakland durante el movimiento Ocupy en 2011…A pesar de sus limites estas luchas son una experiencia de la que sacar lecciones en el combate por la unidad de clase.
En el siglo XIX luchar contra la esclavitud era luchar por la clase obrera. Hoy, la brutalidad de la policía, de los ultras blancos supremacistas y del Estado en general (y sus cárceles) por un lado y los movimientos antirracistas por el otro, someten a una tenaza a la parte “prieta” de la clase obrera, queriendo transformarla en eso: en una población aparte. Racismo y antirracismo pertenecen a la burguesía. Contra la clase obrera.
Por eso el llamado del proletariado es: No somos ni blancos, ni negros, ni de ningún color ¡Somos Clase Obrera! Como decía una pancarta en las protestas contra la ley anti – emigrantes 187 del estado de California NO SOMOS COLOMBIANOS, NO SOMOS MEXICANOS, SOMOS TRABAJADORES.
Pinto 11-7-20
[1] Ver la Serie de nuestra Revista Internacional sobre el movimiento obrero en Sudáfrica: /content/4080/del-nacimiento-del-capitalismo-la-vispera-de-la-segunda-guerra-mundial [322] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201510/4119/de-la-ii-guerra-mundial-hasta-mediados-de-los-anos-1970 [323] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201705/4209/lucha-de-clases-en-sudafrica-iii-del-movimiento-de-soweto-a-la-sub [324] y https://es.internationalism.org/content/4523/de-la-eleccion-del-presidente-nelson-mandela-en-1994-2014 [325]
[2] Ver 1492: “Descubrimiento de América” - La burguesía celebra 500 años de capitalismo https://es.internationalism.org/cci-online/201108/3181/1492-descubrimiento-de-america-la-burguesia-celebra-500-anos-de-capitalismo [326]
[3] Las numeraciones de libros o volúmenes, capítulos y subcapítulos de El Capital no parecen ser necesariamente las mismas de una edición a otra.
[4] La tesis mayoritaria de los historiadores norteamericanos de los años 70 era que el Sur perdió porque era un precapitalismo ineficaz y poco rentable. Desde hace unos años, la tesis mayoritaria es ahora que el sistema esclavista era plenamente capitalista. Es difícil saber lo que quieren mostrar o demostrar, quizás lo que buscan sea saber qué sistema ha sido más brutal, explotador e inhumano. Y para eso se sirven del marxismo, para el que el capitalismo ante todo es una relación social, la última sociedad de clase que hay que derribar para acabar con la explotación del hombre por el hombre. Así, según un conocido historiador francés, Nicolas Barreyre, hablando muy recientemente del sistema de los algodoneros del Sur de EEUU, “En los años 1970, la idea dominante en los historiadores, como en los economistas, era que el Sur esclavista vivía en una economía precapitalista ineficaz y poco rentable que no podía sobrevivir frente al Norte, que había entrado desde principios del XIX en la revolución industrial y capitalista. Tras la crisis de 2008, los historiadores se han vuelto a interesar por los orígenes del sistema económico americano, forjando lo que se ha llamado la ‘nueva historia del capitalismo’. La idea es que la economía esclavista del Sur era plenamente capitalista, que contribuyó al auge del capitalismo en el Norte” (Entrevista en Le Monde del 28/06/2020). No pretendemos enmendarles la plana a tan eximios historiadores. La lógica de los historiadores de los años 70 de que la economía de los Estados del Sur americano era “ineficaz y poco rentable” por ser “precapitalista” parece resultar de una visión “marxista” más bien vulgar. El capitalismo, en su auge, utilizó otras economías no-capitalistas para su expansión, tanto de mercados como de fuentes de materias primas y de capitales. Y hasta su plena asimilación o destrucción muchas de esas economías pudieron enriquecerse y servir para la acumulación primitiva del capital, sobre todo cuando pertenecían a la misma nación. Por el mundo entero, en el siglo XIX, había sistemas todavía no dominados por el capitalismo con los que éste hacía negocios, amenazándolos si necesario era.
[5] La hipocresía de la burguesía inglesa no tiene límite. De un lado, toleró la esclavitud en aquellos países que podían servirle de aliados y en aquellas colonias donde convenía a sus intereses, simultáneamente, se convertía en “martillo de esclavistas” frente a rivales como España, Portugal o Brasil, que no tenían la suficiente potencia económica para prescindir de la esclavitud que abolieron muy tardíamente (en 1886 en España y en 1888 en Brasil)
[6] Fue una de las más mortíferas de la historia “Murieron 630.000 personas. Aún hoy esta cifra supone la mitad de todas las bajas que ha tenido EE.UU. en todas las guerras que ha librado desde entonces, incluida la de Afganistán” https://www.lavanguardia.com/internacional/20200603/481582308546/violencia-racial-eeuu-historia-racismo.html?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_content=claves_de_hoy [327]
[7] Fuente ya citada en nota 6, mientras no se indique lo contrario nos referiremos a dicha fuente en posteriores citas.
[8] Basta con leer: El Capital, I, “WIII: La jornada de trabajo”, “3. Ramas industriales inglesas sin límite legal de explotación”, [un capítulo estremecedor, con el ejemplo de los niños y sus ¡15 horas de trabajo para un niño de siete años!]
[9] La situación de la clase obrera en Inglaterra https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/situacion/index.htm [328]
[10] Ver Principios del Comunismo especialmente los puntos VI y VII. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/47-princi.htm [276]
[11] “cuando en los mismos lugares en que había nacido por primera vez, hace cerca de cien años [o sea en 1776, año de la independencia de Estados Unidos, NDR], la idea de una gran República Democrática (…), cuando, en esos mismos lugares [Estados Unidos NdR], la contrarrevolución se vanagloriaba (…), declarando que «la esclavitud era una institución caritativa, la única solución, en realidad, del gran problema de las relaciones entre el capital y el trabajo», y proclamaba cínicamente el derecho de propiedad sobre el hombre «piedra angular del nuevo edificio», la clase trabajadora de Europa comprendió (…) que la rebelión de los esclavistas sería el rebato de la cruzada general de la propiedad contra el trabajo y que los destinos de los trabajadores, sus esperanzas en el porvenir e incluso sus conquistas pasadas se ponían en tela de juicio en esa guerra del otro lado del Atlántico” (Mensaje de la AIT a Abraham Lincoln, 1864, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/1864lincoln.htm [329]).
En 1864, hace pues más de 150 años, cuando aún la clase obrera se estaba afirmando como clase de transformación de la sociedad, sus organizaciones apoyaban y debían apoyar a fracciones de la burguesía que luchaban contra los restos -todavía importantes y fuertes- de antiguos sistemas de explotación. Hoy, el apoyo a las “repúblicas democráticas”, a los “derechos humanos” y demás consignas burguesas no es que sean consignas “de otra época”, sino que son, sobre todo, patrañas y armas contra el proletariado. Y eso desde la entrada del capitalismo en decadencia.
[12] Ver nuestra Serie sobre los IWW: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/513/historia-del-movimiento-obrero-iww-1905-1921-el-fracaso-del-sindica [330] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/967/historia-del-movimiento-obrero-los-iww-1905-1921-el-fracaso-del-sin [331]
[13] Se puede consultar el reportaje Los conflictos raciales en la era Obama, https://www.vozpopuli.com/internacional/Barack_Obama-Racismo-Estados_Unidos-racismo-estados_unidos-obama-conflicto_racial-matanzas-negros_0_933206737.html [332]
[14] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[15] Ver Manifestaciones de «latinos» en Norteamérica; ¡Sí a la unidad de la clase obrera! ¡No a la unidad con los explotadores! https://es.internationalism.org/cci-online/200605/936/manifestaciones-de-latinos-en-norteamerica-si-a-la-unidad-de-la-clase-obrera-n [333]
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Todos los medias reconocen que la pandemia global de SARS-CoV2 que ha infectado a más de 10 millones de personas y ha provocado la muerte de 500,000 de ellas, según cifras oficiales al momento de escribir este artículo, está empujando a la “comunidad” científica a una “carrera contra reloj” para desarrollar una vacuna. Pero también tienen que admitir que esta “carrera de la vacuna” aún está muy lejos de estar en la etapa de “sprint final”. Mientras que desde el siglo XIX con la creación en 1881 por Louis Pasteur de la primera vacuna contra la rabia sobre el principio de la inoculación, ha habido enormes progresos en los métodos de cultivo celular de virus sobre la base de la biotecnología y la ingeniería genética, que permitieron la emergencia simultánea de varias vacunas virales, ahora se nos dice que la vacuna contra Covid-19 no estará disponible ¡hasta finales de 2021! Pero, de hecho, todos los especialistas están de acuerdo en declarar que llevará en promedio de 10 a 15 años encontrar y desarrollar una nueva vacuna “confiable” porque, además de los retrasos en su diseño y fabricación, requiere un tiempo incompresible y tres etapas esenciales de experimentación a gran escala: probar la vacuna en animales, probar en una población no infectada y finalmente probar en enfermos. “Habrá muchas pruebas y errores, pero tenemos muchas opciones para explorar”, dijo Benjamin Neuman, virólogo de Texas A&M University-Texarkana. “Porque nunca se ha diseñado una vacuna muy eficaz contra un miembro de la familia de los coronavirus conocidos por los humanos”.
¡Declaración asombrosa porque el coronavirus no es desconocido para los científicos! El SARS-CoV1 (apareció a fines de 2002 en el sudeste de China) y el MERS-CoV (apareció en septiembre de 2012 en Arabia Saudita), los dos hermanos mayores del SARS-CoV2, ya han dado lugar a importantes investigaciones científicas en vistas a la creación de vacunas. En el primer caso, la investigación se detuvo y el proyecto de vacuna fue enterrado antes de que incluso se hubiera probado en humanos. En el segundo caso, la investigación aún está en curso y probada en animales. A pesar de que durante años los científicos han considerado “la amenaza de una pandemia como la de Covid-19”, los estudios científicos sobre coronavirus y el desarrollo de vacunas se han considerado... ¡“no rentables”! El campo de la investigación científica al servicio de la salud pública está constantemente limitado, obstaculizado por la falta de recursos financieros y logísticos. Este ha sido uno de los primeros sectores en ser víctima de recortes presupuestarios, sin importar cuál sea la fracción política que se encuentre en los gobiernos: “Donald Trump, en mayo de 2018, suprimió una unidad especial del Consejo de Seguridad Nacional, compuesta por eminentes expertos, encargados de combatir las pandemias”.[i] “Después de la gripe porcina en 2009, los funcionarios de la Comisión Europea publicaron un informe con recomendaciones políticas. Pero la Comisión fue reprendida duramente por los Estados miembros [...]. Después del SARS en 2003, el Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC) fue creado. Está haciendo un gran trabajo. Pero no cuenta más que con 180 colaboradores […]. En Sciensano (instituto de investigación y nacional de salud pública de Bélgica), hay personas muy competentes... pero la institución es débil, porque no hay suficiente inversión en ella”.[ii]
Ahora nos dicen: “Para desarrollar una vacuna contra el SARS-CoV2, los investigadores están desarrollando sus estudios sobre el SARS-CoV1 y el MERS-CoV”[iii]. ¡Han pasado 17 años desde que apareció el primer virus! ¡17 años perdidos en la búsqueda de una vacuna que podría haber salvado decenas de miles de vidas!
Frente a la magnitud y los estragos de la actual pandemia mundial, la lógica simple que debería prevalecer naturalmente es el desarrollo de la cooperación, la coordinación internacional, los esfuerzos científicos concertados y la centralización para concentrar y movilizar el progreso tecnológico y el conocimiento científico en la búsqueda de una vacuna acortando el tiempo necesario, tanto como sea posible, en la lucha contra este flagelo.
Este no es el caso en absoluto en la realidad actual. Al contrario. La carrera mundial que actualmente estamos presenciando para encontrar vacunas y tratamientos está tomando un ritmo frenético, caótico y desordenado, cada uno por su lado: “Más de cien proyectos han sido lanzados en el mundo y una decena de ensayos clínicos están en curso para intentar encontrar una cura para la enfermedad”.[iv] Se escucha en los medios de difusión que eso hacen todos los gigantes farmacéuticos como Sanofi (empresa farmacéutica francesa), Gilead Sciences (empresa farmacéutica estadounidense), GlaxoSmithKline (la gigante farmacéutica británica), Regeneron Pharmaceuticals (compañía con sede en Nueva York), Johnson & Johnson (firma estadounidense), la sociedad china CanSino, por nombrar algunos. Pero lo hacen cada uno por su lado.
¿Por qué nos enfrentamos a tal situación? Son las leyes mismas del capitalismo, reflejadas por el yugo de las ambiciones de todos los Estados y la competencia entre ellos lo que prohíbe a la sociedad funcionar de otra manera que no sea a través de la ley de ganancias y la competencia generalizada, en el cada uno para sí, los unos contra los otros, en orden disperso y caótico. Es así como estas leyes del capitalismo han frenado, retrasado, saboteado y obstruido todas las medidas de prevención y a los presupuestos de investigación en todos los sectores de la salud, el funcionamiento del capitalismo y sus leyes se oponen directamente a la agrupación de datos y centralización de recursos e investigación esenciales para el descubrimiento de una vacuna eficaz.
Esta carrera de velocidad para encontrar la vacuna y el “remedio milagroso” contra Covid-19 no está exenta de consecuencias trágicas para el resto de la salud mundial: en todas partes, los investigadores/virólogos están advirtiendo sobre los peligros de esta prisa repentina: “Muertes debidas a investigaciones imprudentes [...] Hoy, la ciencia avanza demasiado rápido y esto tiene consecuencias considerables [...] Ya no hay tiempo suficiente para reflexionar críticamente sobre los resultados científicos, lo que tiene graves consecuencias”.[v]
Numerosos trabajos son actualmente dirigidos hacia las “vacunas sustitutas” y se orienta a reciclar tratamientos de virus más antiguos o reanudar la investigación sobre las pistas de vacunas abandonadas, como aquellas contra el paludismo o el Ébola, que en el pasado se consideraron “no rentables”[vi] pero que, de la noche a la mañana, se convierten en una “perspectiva interesante” para acceder al nuevo mercado abierto por la pandemia del SARS-CoV2. Esto refleja la impotencia y consternación de la “comunidad” científica.
Sin embargo, sobre todo, esto solo puede conducir a la circulación apresurada en el mercado de vacunas “baratas” de baja calidad insuficientemente probadas. Lo que también significará que un número vertiginoso e incalculable de nuevas víctimas pagarán las consecuencias, a costa de sus vidas.
En realidad, el capitalismo, la clase burguesa y sus Estados no tienen nada que hacer con la salud de las poblaciones: “Si las sumas demenciales que se invierten en investigación y los gastos militares se hubieran dedicado a la salud y el bienestar de poblaciones, nunca se hubiera desarrollado una epidemia de este tipo”.[vii]
“De las empresas que desarrollan una vacuna contra el coronavirus, ¿cuál será la primera en comercializarla?”[viii], “Vacuna contra el coronavirus: ¿será un país el prioritario?”[ix]: ¡estas son las grandes preguntas que plantea la burguesía a través de sus medias! Los hechos son claros: en lugar de centralizar y unir todo el trabajo de los científicos para producir lo más rápido posible un tratamiento y una vacuna, cada compañía farmacéutica guarda celosamente el estado y el nivel de su investigación en sus laboratorios para ser el primero en encontrar la vacuna, para obtener la patente que le otorga el monopolio de fabricación por un período de al menos 7 a 12 años. A fin de cubrir los inmensos gastos requeridos por su trabajo, recurren a las inversiones que se ofrecen al mejor postor a cambio de tremendos acuerdos mercantiles. Entre ellos, el gigante farmacéutico francés Sanofi, que anunció sin escrúpulos que distribuiría eventualmente una vacuna priorizando a los Estados Unidos, que ha invertido 30 millones de dólares para apoyar sus investigaciones complementando el contrato de 226 millones de dólares del gobierno norteamericano, concluido en diciembre de 2019 con esta empresa para la producción de vacunas contra virus... de la gripe. El escándalo que ha provocado esta revelación de Sanofi y, en particular, la indignación de Macron es pura mascarada. En realidad, detrás de sus declaraciones hipócritas y sus comentarios con un color “humanitario”, evocando que una vacuna no puede estar sujeta “a las leyes del mercado”, que “deben ser bienes de utilidad pública” y que “su acceso debe ser justo y universal”, esconde el miedo de Europa de perder puntos en la carrera internacional de vacunas en el mercado mundial. Más allá del deseo de las firmas farmacéuticas de obtener ganancias por cuenta propia, de acuerdo con la lógica competitiva, principal motor de la sociedad capitalista, no pueden escapar de la ley del capitalismo de Estado, que hace que cada Estado nacional ejerza de manera definitiva un control y una vigilancia más estricta de las orientaciones y la gestión de su economía nacional, así como sobre las empresas que dependen de ella, incluso si son poderosas “multinacionales”[x]. En otras palabras: es el Estado el que dirige la política financiera de sus empresas.
Al igual que como en “la guerra de las máscaras”, la guerra de las vacunas es “un ejemplo edificante de la competencia cínica y desenfrenada en la que participan todos los Estados”[xi] que persiguen un único objetivo. Eso significa: ser el primero en obtener la vacuna y tener el monopolio de la misma, u obtenerla de manera privilegiada, para evitar ser expulsado de la carrera y tener que “mendigar” ayuda y no ser los grandes perdedores en este enfrentamiento. Los comentaristas burgueses lo admiten: “En las rivalidades entre Estados Unidos y Europa sobre una futura vacuna y las nuevas tensiones entre Donald Trump y China, las divisiones entre las grandes potencias se han profundizado”[xii]. Frente a los poderosos Estados estadounidense y chino, “Europa lanza miles de millones para la batalla por las vacunas [...] Ningún Estado miembro [...] tiene el poder de desarrollar una cartera integral de vacunas”[xiii]. Así, la administración Trump ha subsidiado la investigación de AstraZeneca con 1.2 millones de euros, a cambio de la promesa de 300 millones de dosis de la vacuna. Y los Estados de la UE (Alemania, Francia, Países Bajos, Italia) quieren aprovechar un “fondo de emergencia” de alrededor de 2.4 millones de euros a fin de acelerar las negociaciones sobre el suministro preferencial de vacunas con las empresas farmacéuticas. Resta por saber si este intento por establecer una cartera común será exitoso en vista de la incapacidad de la Unión Europea para implementar medidas concertadas en términos de contención y gestión de la escasez de materiales médicos.
La maniobra de los Estados Unidos en la OMS al retirar su contribución a esta organización dirigida por el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, acusado por Trump de ser controlado por China, es también una ilustración reveladora de la salvaje y despiadada guerra comercial e imperialista que se libra entre los tres tiburones más grandes (China, Estados Unidos, UE) en el planeta[xiv]: unos y otros lo rechazan con la mayor hipocresía y de una manera perfectamente interesada se culpan de esta falta de coordinación: Estados Unidos acusa a la OMS de “colusión” con China, la UE critica el comportamiento “egoísta” de Estados Unidos.
Los periódicos de “izquierda” como The Guardian y muchos otros se ven obligados a admitir que existe una falta de coordinación, pero sus lamentaciones no son más que quejas destinadas a enmascarar la responsabilidad del sistema capitalista en su conjunto. En última instancia, lo que revela la batalla para obtener vacunas es que la salud de las poblaciones no es en absoluto la preocupación central de los Estados y la clase dominante. Solo les preocupa usar la salud para afirmar y fortalecer su lugar en la arena imperialista mundial.
El verdadero gran perdedor en esta guerra de vacunas es la humanidad, que deberá pagar un tributo de un número todavía mayor de víctimas para la supervivencia de este sistema incurablemente enfermo que no lleva a ninguna parte, excepto a más sufrimientos. Solo una sociedad capaz de movilizar, unir y centralizar sus esfuerzos de manera asociada a nivel mundial podrá superar esta situación a partir de las necesidades humanas reales.
Aube, 30 de junio de 2020
[i] Ver nuestro volante internacional: “Barbarie capitalista generalizada o Revolución proletaria mundial”.
[ii] Entrevista a un virólogo belga, De Standaard (30-31 de mayo de 2020).
[iii] RTL infos (29 de mayo de 2020).
[iv] La Croix (15 de mayo de 2020).
[v] De Standaard (20-21 de mayo de 2020).
[vi] Por ejemplo, las investigaciones sobre una vacuna contra el virus del Ébola han sido cínicamente abandonadas porque los Estados africanos fueron calificados como “insolventes” en detrimento directo de las numerosas víctimas en la población.
[vii] “Barbarie capitalista generalizada o Revolución proletaria mundial”.
[viii] Etoro (18 de marzo de 2020).
[ix] Rtbf (18 de mayo de 2020).
[x] “Crisis económica: el Estado, el último baluarte del capitalismo”
[xi] “Guerra de las máscaras: la burguesía es una clase de matones”. https://es.internationalism.org/content/4560/guerra-de-las-mascarillas-la-burguesia-es-una-clase-de-matones [190]
[xii] La Croix (15 de mayo de 2020).
[xiii] De Standaard (5 de junio de 2020).
[xiv] El contrato exclusivo, ganado por el gobierno de los Estados Unidos para la producción de Remdesivir, un antiviral ya utilizado en el tratamiento del Ébola (pero de dudosa eficacia para limitar los efectos de Covid), en la nariz y las barbas de la UE, acababa de ser recomendado para su uso generalizado en Europa, trae una nueva confirmación de sus hábitos de gánster en esta guerra donde todos los golpes son permitidos.
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Un lector nos envía un recorte de «Opinión» de un periódico[1] que reivindica el libro de «La doctrina del shock» de Naomi Klein para entender la situación del estado de alarma por la pandemia de Covid19. No pretendemos aquí hacer una crítica ni del artículo ni del libro en cuestión, sino simplemente abordar algunas ideas que tienen un peso en el medio de minorías de trabajadores, en círculos y grupos que reflexionan sobre la situación. Particularmente la «conspiranoia» y la idea de que se habría sobrestimado a propósito la pandemia para reforzar el control estatal
En general, las teorías de Naomi Klein, que se basan parcialmente en las de Milton Friedman, se pueden considerar parte de lo que se conoce por “teorías conspirativas”. Estas teorías parten de la base de un capitalismo totipotente dirigido por minorías selectas y clandestinas que manipulan a la sociedad. Y es cierto que la burguesía es maquiavélica[2]; pero de ahí a las teorías conspirativas hay un gran salto que se pasa por la entrepierna precisamente el análisis marxista de la sociedad de clases y sus relaciones de fuerza, etc.
Se puede decir que las teorías conspirativas hoy forman parte de lo que en las tesis de la descomposición describimos como tendencia al pensamiento irracional y místico, al mismo nivel que el ocultismo o la religión[3]. Y por otra parte sirven para bloquear las tentativas de dar una visión crítica de lo que está pasando. La tendencia a hacer prevalecer los prejuicios y anteponer el misticismo o lo irracional ha existido siempre en el capitalismo, pero en este periodo cobra su verdadera dimensión de bloqueo al desarrollo de la crítica y la conciencia: «Los hombres, aun los criminales, se desarrollan de un modo tan armónico como la sociedad que los educa. La fantasía audaz convive dentro de un mismo cráneo con la tendencia servil a las fórmulas hechas. Las audacias más insolentes se concilian con los prejuicios más groseros. Shakespeare alimentaba su obra creadora con argumentos que habían llegado hasta él desde la profundidad de los siglos. Pascal demostraba la existencia de Dios con ayuda del cálculo de probabilidades. Newton describió las leyes de la gravedad y creía en el Apocalipsis. Desde que Marconi instaló la telefonía sin hilos en la residencia del Papa, el representante de Cristo difunde por medio de la radio la bendición mística. En tiempos normales, estas contradicciones no salen del estado latente. Pero durante las catástrofes adquieren una fuerza explosiva. Cuando se trata de una amenaza a los intereses materiales, las clases ilustradas ponen en movimiento todos los prejuicios y extravíos que la Humanidad arrastra en pos de sí»[4].
Así hemos podido escuchar diferentes declaraciones, de religiosos y políticos, sobre el origen satánico de esta epidemia, igual que en el siglo XIII se atribuía la pandemia de peste al castigo de Dios. Pero igualmente desde el polo opuesto de la cultura “de izquierdas”, Miguel Bosé, Bunbury o el rapero KSO han difundido que todo esto de la pandemia es una pantomima para que Bill Gates pueda implantarnos chips de control con las vacunas[5].
En el recorte se da una visión de los acontecimientos que no coincide con la secuencia de los hechos. La supuesta exageración voluntaria de la letalidad del virus y la organización de una gran maniobra contra la población, no explica porqué algunos de los dirigentes de los principales países capitalistas (por no decir TODOS, sin distinción de pelaje político de derechas o izquierdas o populista) han tenido que rectificar su política inicial de seguir con una cierta normalidad, pasando a una política de confinamiento, que efectivamente contiene un fracaso del empleo de los modernos medios para detectar la infección y seguir y contener las epidemias y que remite a los usos del medioevo[6]. Por otra parte en el recorte se juega con las estadísticas para banalizar la situación actual. Es cierto que se producen más muertes por enfermedades crónicas o accidentes de tráfico; de hecho es sólo desde hace unas décadas cuando el capitalismo podía presumir de que las infecciones habían dejado de ser las principales causas de muerte, expresando un desarrollo de la biomedicina en general[7]. El retorno de una pandemia como la actual pone en cuestión ese desarrollo[8], a lo que hay que añadir que los recortes económicos en los sistemas de salud de cada nación se han convertido en una traba mayor para confrontar las epidemias. Desde el punto de vista de los datos mismos, se están comparando cifras de morbilidad y mortalidad de 2 meses con las de un año. Los datos para los fallecidos por gripe o complicaciones son anuales, mientras que los de covid19 se refieren a dos meses como mucho, lo que significa, como así ha sido, un colapso de los servicios sanitarios[9].
Lo que las teorías conspirativas presentan como pujanza del capitalismo es precisamente, al contrario, su hundimiento en la descomposición. Y el aparente reforzamiento del Estado totalitario, expresa en realidad un debilitamiento (puesta en cuestión de la “democracia”, que es la mejor forma de organizarse para la burguesía, empleo de la coerción como expresión de la dificultad de confrontar la situación, etc.). Todo esto no quiere decir que la situación automáticamente favorezca o impulse la respuesta del proletariado. Eso es otra discusión, que implica diferentes consideraciones como la agravación de la crisis y su impacto en los ataques a la clase obrera, la puesta en evidencia de que el capitalismo no tiene una perspectiva que ofrecer para la humanidad, la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción en el manejo de la pandemia, la imposibilidad de reunirse y manifestarse por un tiempo, etc.
Por otra parte, las teorías de Milton Friedman, de que los sectores dominantes del capitalismo aprovecharían los momentos de hundimiento en la crisis para introducir reformas, sobreexplotación y reorientar la producción, etc. tienen un cierto calado en los medios de discusión de trabajadores. Esa visión significa en la práctica la negación de la decadencia del capitalismo y la idea de que éste ha encontrado la forma de progresar indefinidamente. También induce la idea de que habría unos capitalistas “malos” y “conspiradores” que aprovecharían las crisis para imponer la miseria y los ataques. Con esto se nos viene a decir que habría que apoyar a sectores capitalistas más “abiertos” y, sobre todo, al Estado para que “preserve el bien común”.
Pero independientemente de que capitales privados puedan aprovechar tal o cual situación para adelantar posiciones e incluso ganar beneficios, el capital global prosigue su hundimiento en una crisis mortal.
Por otra parte, esas teorías traen ciertas reminiscencias de la posición de Vercessi en la Izquierda italiana (Bilan), que pensaba que el capitalismo organizaba la guerra imperialista para derrotar al proletariado, es decir, la creaba artificialmente para aplastarlo, cuando la realidad era justamente la inversa: la guerra imperialista mundial fue solamente posible gracias a la derrota general del proletariado internacional.
No pretendemos haber aclarado las cuestiones en esta breve carta, sino más bien estimular una discusión y reflexión de la que esperamos que se recoja el guante.
Acción Proletaria 8-7-20
[1] No hay una referencia de qué periódico se trata, pero sí consta el autor: Daniel Reboredo (historiador y analista político)
[2] Como todas las clases explotadoras de la historia, pero de forma aún más cínica y perversa, la burguesía oculta sus verdaderas intenciones con toda clase de manipulaciones, maniobras y conspiraciones. Esto se ha acentuado con la decadencia del capitalismo donde el Estado se vuelve totalitario, tanto si adopta la forma descaradamente dictatorial de partido único como si se disfraza bajo los ropajes democráticos. Ahora bien, ese totalitarismo no impide que el capitalismo se vea envuelto en cada vez mayores contradicciones que le llevan a la crisis aguda y la descomposición social, ideológica, política etc. Esto lo hemos analizado en varios artículos: https://es.internationalism.org/revista-internacional/199404/1856/como-esta-organizada-la-burguesia-i-la-mentira-del-estado-democrat [337] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/233/pearl-harbor-1941-torres-gemelas-2001-el-maquiavelismo-de-la-burgue [338] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201710/4239/maquiavelismo-consciencia-y-unidad-de-la-burguesia [339] ,
[3] Ver: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109] donde ponemos en evidencia la raíz de las teorías conspiranoicas: “la profusión de sectas, el resurgir del espíritu religioso, incluidos algunos países avanzados, el rechazo hacia un pensamiento racional, coherente, construido, incluso en algunos ámbitos "científicos", y que ocupa en los media un lugar preponderante gracias a la embrutecedora publicidad y a sus emisiones estúpidas” (tesis 8). En esas condiciones “la conciencia, la clarividencia, la coherencia y unidad de pensamiento, el gusto por la teoría, deben abrirse un difícil camino en medio de la huida hacia quimeras, drogas, sectas, misticismos, rechazo de la reflexión y destrucción del pensamiento que están definiendo a nuestra época” (tesis 13).
[4] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1932/histrev/tomo2/hoja4.htm [340]. Cuando Trotsky escribía esto en su «Historia de la revolución rusa» se refería a la amenaza de la revolución para la clase dominante en Rusia. Hoy por todo un período no existe una amenaza semejante; aunque la crisis del Covid19 sí significa igualmente una amenaza –a una escala mucho menor- para la gestión de la crisis del capitalismo global y a título particular para muchos empresarios, y también para la estabilidad social
[5] Esto contribuye igualmente a la campaña antivacunas, gracias a la cual asistimos hoy a brotes epidémicos de sarampión que no se conocían desde hace tiempo, que, en nombre del ecologismo, naturalismo, etc se oponen a los progresos que la sanidad había desarrollado en el terreno de la prevención y la Salud Pública.
[6] El empleo por primera vez de la cuarentena y el confinamiento (y otras medidas de represión y control de la población infectada) jugó un papel importante en las epidemias de peste de los siglos XVI y XVII en las ciudades-Estado del norte de Italia (Florencia, Venecia). Estas medidas fueron el producto de la comprensión de que (aunque no existía ninguna teoría microbiana que atribuyera la enfermedad a la infección por gérmenes) la enfermedad se expandía por contagio entre las personas. Hoy los propios científicos reconocen el atraso en la respuesta frente a las pandemias: «tan tarde como en 1990, respetados investigadores empleaban una “ley” epidemiológica del siglo XIX para hacer predicciones sobre el SIDA –esto provocó una gran subestimación. Los avances en otros campos dieron a la Epidemiología una oportunidad para evolucionar. En 2001, cuando los editores del International Journal of Epidemiology preguntaban de forma provocadora si no era ya hora de “pasar página”, teniendo en cuenta las potencialidades de la genética para explicar las enfermedades infecciosas respecto a las capacidades de la Epidemiología para describirlas, su conclusión fue que tenía la capacidad de transformar positivamente la epidemiología tanto como la teoría de los gérmenes un siglo antes» Nature, Vol 575, 7 Nov 2019: A new twenty-first century science for effective epidemic response
[7] Se cita a menudo el comentario de Sir Frank MacFarlane Burnet en los años 1970s para señalar esto: «El futuro de las enfermedades infecciosas será muy gris». Nature, Op cit
[8] Y en esto llueve sobre mojado, tras el desarrollo de otras zoonosis empezando por el VIH, y siguiendo por el Ébola, SARS1, etc
[9] Existe otro factor, al que los historiadores se han referido para explicar porqué en las pandemias anteriores en la historia, una enfermedad menos letal como por ejemplo el cólera, causaba más impacto social que la viruela, que sin embargo provocaba muchas más víctimas. Debido a la permanencia de casos de viruela en el tiempo, la población había acabado asumiendo el riesgo de contraerla como uno de los azares de la vida; mientras que el cólera, por su presentación repentina, creaba mucha más alarma en la población. De la misma forma, la gripe estacional es endémica y aunque cada año puede incluir mutaciones nuevas, su impacto y letalidad en la población no crea alarma social. Sin embargo, la llamada gripe aviar, o el primer coronavirus (SARS1), a pesar de una menor letalidad causaron mayor alarma social
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El interés de esta breve carta es, pues, poner de relieve la trampa que pueden constituir estas insidiosas campañas cuando proponen, por ejemplo, "salidas falsamente opuestas y estériles que no cuestionan en absoluto el sistema existente". Por lo tanto, resultan ser callejones sin salida muy peligrosos. Otro punto importante: esta carta, al denunciar fuertemente a los propagandistas burgueses, pide explícitamente la vigilancia política necesaria para defender una idea que consideramos central: "los miembros de la clase obrera no tienen ningún interés en aliarse con elementos de la clase dominante, cualquiera que sea su color de piel". Apoyamos este espíritu de lucha y esta intransigencia rigurosa que compartimos plenamente y que también pone muy acertadamente en perspectiva la necesidad fundamental y vital de una "unión internacional de la clase obrera contra la reacción".
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No es raro ver empresas que apoyan los recientes movimientos en los Estados Unidos: la cuenta de Twitter de la plataforma de streaming Netflix se colmó con un mensaje que decía: "Guardar silencio es convertirse en cómplice", mientras que la empresa de equipamiento deportivo Nike publicó un vídeo acompañado de música lacrimógena invitándonos a "participar en el cambio".
En los medios de comunicación, la dicotomía entre "alborotadores" y "manifestantes pacíficos" está muy presente. Los disturbios en los que se destruyen bienes de los proletarios, como sus coches, son vistas con complacencia por parte de ciertas organizaciones de la extrema izquierda del capital. Por otro lado, la técnica que defienden las organizaciones de derechos civiles es apelar al proceso democrático/reformista. En realidad, se trata de dos caminos falsamente opuestos y estériles que no cuestionan en absoluto el sistema existente.
Como la policía es uno de los órganos de defensa de la clase dirigente, no es ilógico ver que se desarrollen los prejuicios más reaccionarios entre sus filas. Al contrario de lo que sugieren algunos grupos como la NAACP (Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color), no es habrá ninguna milagrosa reforma policial que pueda detener el racismo.
El racismo tiene sus raíces en la división de clases de la sociedad en el capitalismo[1]. Todos los partidos y organizaciones políticas burguesas tienen el objetivo de defender los intereses del capital nacional. Así que no hay nada excepcional en el hecho de que, por ejemplo, el número de deportaciones de inmigrantes fuera mayor bajo el mandato de Obama que bajo el de Trump, aunque el Partido Demócrata trata de hacerse pasar por el partido progresista. De hecho, el hipócrita apoyo al "cambio social" por parte de algunas de las empresas mencionadas es sólo otra cortina de humo que presenta a toda la población de un país como si estuviera formada por simples ciudadanos aislados que deberían estar vinculados a la defensa del Estado.
Es cierto que muchos negros son objeto de violencia por parte de la policía (y esto no es un fenómeno exclusivo de los Estados Unidos). Sin embargo, los miembros de la clase obrera no tienen interés en aliarse con elementos de la clase dominante, independientemente de su color de piel. Por el contrario, esto sólo reforzará la dominación de la clase burguesa y subestimará el papel progresivo de la unión internacional de la clase obrera contra la reacción.
B. J
[1] Ver Esclavitud y racismo herramientas de la explotación capitalista https://es.internationalism.org/content/4591/esclavitud-y-racismo-herramientas-de-la-explotacion-capitalista [342]
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La muerte de George Floyd en Minneapolis el 25 de mayo causó una onda expansiva en muchos países[1]. En los Estados Unidos, una ola de protestas contra este enésimo e insoportable asesinato de un hombre negro por parte de la policía se extendió por todo el país, no sólo en las grandes ciudades sino también, con menos frecuencia, en los pueblos pequeños. Estas manifestaciones fueron seguidas por múltiples movilizaciones en todo el mundo: en Italia, Gran Bretaña, Alemania, Nueva Zelanda, Canadá, Irlanda, etc.
El 2 de junio, una manifestación en la explanada del Palacio de Justicia de París en apoyo del "Comité Adama Traoré", que también murió mientras estaba bajo custodia policial, atrajo a una multitud de casi 20.000 personas, lo que resulta aún más sorprendente si se tiene en cuenta que la manifestación fue formalmente prohibida por la Prefectura. La muerte de Adama Traoré durante su detención es un recordatorio de otras muertes relacionadas con las intervenciones policiales de los últimos años: los de Zied y Bouna, electrocutados en un transformador mientras huían de la policía, los de Ibrahima Bah, muertos en un accidente de motocicleta durante una intervención policial, los de Babacar Gueye, un indocumentado muerto a tiros por un policía de la BAC... una lista que no deja de crecer y que da testimonio de la brutalidad y las humillaciones que la policía despliega a diario al pie de los edificios en los barrios pobres.
Estas manifestaciones son el producto de una profunda indignación por la violencia de las fuerzas de seguridad, que no dudan en utilizar sus armas y todos los medios, incluidos los legales, para brutalizar a la gente tanto en las "cités"[2] como en las manifestaciones. La policía da la impresión evidente de que puede actuar con casi total impunidad; el más mínimo "error garrafal", incluso filmado por las cámaras telefónicas, se vuelve inmediatamente contra la víctima acusada de "insulto" o "rebelión" y se inicia un procedimiento judicial que suele ser expeditivo y, la mayoría de las veces, perdido de antemano.
Esta realidad de injusticia es más o menos la misma en todo el mundo. La represión cada vez más violenta de todo movimiento de protesta social, el uso de armas cada vez más peligrosas, la sospecha sistemática de los jóvenes y de las personas de origen inmigrante (aunque vivan allí desde hace mucho tiempo), en particular en los suburbios de la clase obrera, son factores que irritan a las generaciones más jóvenes, que son testigos y muy a menudo víctimas del estado policial.
Sin embargo, la indignación por sí sola no es suficiente, ya que puede perderse completamente en la ilusión de una posible mejora de la sociedad burguesa. Las recientes manifestaciones contra el racismo y la violencia policial no han escapado a esta lógica. Bajo la aparente radicalidad de las consignas y demandas, los participantes hacen el juego a la clase dominante, a su policía y a sus tribunales. Las demandas de los partidarios del "Comité Adama Traoré" se reducen al lema: "¡Justicia para Adama!"
Lo mismo ocurre con el colectivo "Justicia y Verdad para Babacar" (Gueye) que desplegó una bandera similar durante la manifestación del 13 de junio en París. Estas demandas caen completamente dentro del ámbito de los "derechos civiles". Se inscriben en la defensa pura y simple de la sociedad burguesa, ya que apelan a la "Justicia de la República", es decir, a las instituciones "democráticas" que son precisamente los engranajes fundamentales de la violencia estatal y la garantía del orden social.
De hecho, detrás de los lemas se encuentra la idea de que todos somos "ciudadanos iguales ante la ley" y que la justicia democrática debería ser la misma para todos. La "justicia" en el mundo capitalista es simplemente la sanción de las relaciones entre clases sociales antagónicas. En realidad, el Estado siempre ha sido, a través de su monopolio de la violencia, "un aparato especial de represión" contra los explotados, como recordó Lenin al citar a Friedrich Engels en El Estado y la Revolución[3]. Por eso, además, la policía, garante del orden burgués, no podría ser menos "violenta" y más "democrática" de lo que ya es, en la medida en que, para citar a Engels, está, por su función, enteramente ligada al Estado, es decir, a "una organización de la clase explotadora para mantener sus condiciones externas de producción, por lo tanto, sobre todo para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión dadas por el modo de producción existente (esclavitud, servidumbre, trabajo asalariado)"[4].
La clase obrera ha experimentado durante mucho tiempo lo que es la policía: el brazo armado de la dominación de clase que impone el "orden público" por la ley y la fuerza. Por lo tanto, la idea de una "buena fuerza policial", una fuerza policial "democrática", es totalmente mistificadora e ilusoria. Por el contrario, la policía sólo puede volverse cada vez más brutal y violenta como resultado de la exacerbación de las contradicciones sociales generadas por la crisis del capitalismo, produciendo cada vez más tensiones y fracturas en la sociedad. En estas condiciones, el trabajo policial se hace cada vez más difícil, más sofisticado y costoso, más violento. El Estado clava cada vez más su talón de hierro sobre los explotados, que no tendrán más remedio que rebelarse contra unas condiciones de explotación cada vez más insostenibles.
Ya bajo la presidencia del "socialista" François Hollande, tras los atentados de 2015 y la instauración del estado de emergencia, la burguesía ha procedido a un enorme refuerzo de su ya muy agresivo arsenal legislativo y represivo. Las disposiciones adoptadas entonces permitieron la aplicación de una política abiertamente más represiva. Si bien las protestas contra la Ley del trabajo en 2016 se caracterizaron por un aumento significativo de la violencia policial, el movimiento de los "chalecos amarillos" y la reciente lucha contra la reforma de las pensiones han hecho que la policía desencadene una mayor violencia, causando graves lesiones e incluso muertes. Naturalmente, la impunidad policial también se ha reforzado en las manifestaciones exteriores, como lo demuestra la muerte de Steve Caniço, empujado al Loira por la policía durante el festival de música de 2019, y las múltiples agresiones a jóvenes de origen inmigrante.
La simultaneidad de los movimientos de lucha contra la violencia policial y el racismo en todo el mundo y su promoción por parte de los Estados y los medios de comunicación demuestran que se trata de una campaña ideológica internacional dirigida por la burguesía, cuyo objetivo es revalorizar los Estados democráticos y limpiar su imagen, para adaptar y preparar mejor a la policía para los retos de la represión del mañana. La aparición en el fondo de un argumento sobre el "privilegio de los blancos", el enfoque en el asesinato de negros por la policía en los Estados Unidos y otros países forman parte de esta campaña ideológica, que sugiere que es posible otra fuerza policial más humana. Se trata nada menos que de un intento de rehabilitar la imagen de la "aplicación de la ley" y de preparar el aparato coercitivo para el malestar social que podría resultar de la nueva situación abierta por la pandemia de Covid-19.
Pero hay un segundo elemento que subyace insidiosamente en esta campaña democrática y antirracista, fuertemente marcada por la realidad de la decadencia de las relaciones sociales propias de la fase de descomposición del capitalismo, con sus matices racistas y xenófobos. El privilegio de la “Piel Blanca" es, en una nueva forma, un viejo conocido en los Estados Unidos: "La Teoría del Privilegio de la Piel Blanca". Fue ideado por los nuevos izquierdistas del decenio de 1960, que afirmaron que la clase dominante y la clase obrera blanca tenían un acuerdo para dar a los trabajadores blancos un nivel de vida más alto a expensas de los trabajadores negros que sufrían racismo y discriminación"[5].
En el período actual, marcado por la incapacidad de la clase obrera para reconocerse como la única fuerza social capaz de derrocar el capitalismo, la burguesía puede promover descaradamente ideologías destinadas a dividir al proletariado: por sexo, por religión, por raza, por orientación sexual... La "lucha de razas" debe pues sustituir en adelante a la lucha de clases. Se trata de una trampa ideológica que grupos como el "Comité Adama Traoré" transmite sin escrúpulos y que los prejuicios reaccionarios, alimentados por el repliegue y el miedo a la diferencia, promueven alegremente. Así, en el informe: Con dolor de corazón, pudimos escuchar a la hermana de Adama Traoré, sistemáticamente rodeada de gabinetes de espejos, hacer comentarios abiertamente racistas: "Para ellos, el hombre negro representa una cierta virilidad que debe ser rota, que debe ser castrada. [...] El único crimen de estos hombres, de hecho, es tener una corpulencia imponente y atlética". Esta ideología consagra la división de los explotados, el encierro en "raza", familia, "comunidad", religión y cada hombre para sí mismo. Esta ideología radical ataca ciegamente todo tipo de símbolos, como las estatuas de los colonizadores o los esclavistas, reforzando así las fuerzas centrífugas de la venganza y la reacción. En última instancia, consagra in fine las "razas sociales" como un factor determinante de los antagonismos sociales, que, aparte de la falsedad de tal concepción, sólo puede alimentar la fragmentación del cuerpo social.
La estrategia de oponerse a las "razas" para dividir a la clase obrera no es nada nuevo en los Estados Unidos como en Francia. En Estados Unidos, por ejemplo, se utiliza desde hace mucho tiempo: "Junto con su política de fomento de la inmigración, la burguesía no dudó en llevar a cabo, al mismo tiempo, campañas xenófobas y racistas para dividir a la clase obrera. Los llamados trabajadores "nativos" (trabajadores nativos, trabajadores "del país", "de ascendencia"), algunos de los cuales eran a su vez descendientes de inmigrantes en segunda o tercera generación, se enfrentaron a los recién llegados que fueron denunciados por sus diferencias lingüísticas, culturales y religiosas. Es importante recordar que el miedo y la desconfianza hacia los extranjeros tienen profundas raíces psicológicas en esta sociedad, y el capitalismo nunca ha dudado en explotar este fenómeno para sus propios fines sórdidos. La burguesía, la burguesía americana en particular, ha utilizado esta táctica de "divide y vencerás" para frustrar la tendencia histórica a la unidad de la clase obrera y esclavizar mejor al proletariado”.
En una carta a Hermann Schlüter en 1892, Engels señaló: "Su burguesía sabe mucho mejor que el propio gobierno austriaco cómo oponer a una nacionalidad contra otra: judíos, italianos, bohemios, etc., contra alemanes e irlandeses, y cada uno de ellos contra los demás." Esta es una clásica arma ideológica del enemigo de clase.
La lucha de la clase obrera, por ser un trabajo asociado cuya condición de explotación es universal, abarca todas las demás luchas de los oprimidos contra los aspectos específicos engendrados por la sociedad de clases, como el racismo, la destrucción del medio ambiente, la homofobia, el sexismo, etc., que son el resultado del enemigo de clase. La solución a estos problemas no está en la sociedad que los creó, sino en su superación. La clase obrera es la única capaz de destruir los fundamentos del racismo, de la competencia de cada uno contra todos, de la violencia ejercida por la clase dominante y su Estado contra los explotados, por su lugar en la sociedad y en las relaciones de producción, por su papel revolucionario. Las luchas fragmentarias, vinculadas al racismo o a la ecología, incapaces de abordar la raíz del problema, es decir, la explotación capitalista, diluyen las fuerzas de la clase obrera en luchas estériles, impotentes ante la historia.
Sólo el proletariado, a través de su lucha por unificar a todos los trabajadores a nivel internacional contra la fuente de sus divisiones y explotación, tiene la clave de la lucha contra el racismo, la fragmentación social y la violencia estatal: "El hecho de que exista una receptividad al temor irracional expresado en el racismo y la xenofobia propagados por la ideología burguesa entre ciertos elementos de la clase obrera no nos sorprende en la medida en que la ideología de la clase dominante, en una sociedad de clases, ejerce una inmensa influencia sobre la clase obrera hasta que se desarrolla una situación abiertamente revolucionaria. Sin embargo, por muy exitosa que sea la intrusión ideológica de la burguesía en la clase obrera, para el movimiento revolucionario el principio de que la clase obrera mundial es una unidad es un principio básico de la solidaridad proletaria internacional y de la conciencia de la clase obrera. Todo lo que insista en particularismos nacionales, agrave, manipule o contribuya a la "desunión" de la clase obrera es contrario a la naturaleza internacionalista del proletariado como clase, y es una manifestación de la ideología burguesa que combaten los revolucionarios. Nuestra responsabilidad es defender la verdad histórica de que "los trabajadores no tienen patria".
HG, 4 de julio de 2020
[1] Ver Movilizaciones antirracistas: La respuesta al racismo no es el antirracismo burgués, sino la lucha de clases internacional https://es.internationalism.org/content/4579/movilizaciones-antirracistas-la-respuesta-al-racismo-no-es-el-antirracismo-burgues-sino [345] y, para una visión más global, Esclavitud y racismo, herramientas de la explotación capitalista https://es.internationalism.org/content/4591/esclavitud-y-racismo-herramientas-de-la-explotacion-capitalista [342]
[2] Se conoce con este nombre a los barrios pobres donde se hacina la población emigrante.
[4] Engels, Los Orígenes de la Familia, la propiedad y el Estado (1884) https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/index.htm [290]
[5] "La inmigración y el movimiento obrero", Revista Internacional n° 140 (1er trimestre de 2010) https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2766/la-emigracion-y-el-movimiento-obrero [347] . Las siguientes citas son del mismo artículo.
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A medida que millones de personas se infectan y cientos de miles de personas mueren en todo el mundo por la pandemia de Covid-19, se ofrece un sinfín de explicaciones de la causa de este flagelo, muchas de ellas bajo la forma de teorías de conspiración. A pesar de los pronunciamientos de organismos como la Organización Mundial de la Salud y las Naciones Unidas[1] de que los orígenes de esas enfermedades radican en la destrucción de los hábitats naturales, lo que da lugar a una mezcla no regulada de especies animales y humanas (a lo que se añadiría el procesamiento intensivo y antihigiénico de animales a escala industrial), gran parte de la población cree que la pandemia ha sido desatada deliberadamente por individuos, complots, o países malignos guiados por sus propios fines siniestros.
Estas "teorías" van desde la acusación del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de que la China "comunista" fabricó y difundió el virus Covid, hasta la noción muy extendida de que la pandemia está siendo utilizada por los Estados para vigilar y controlar a sus ciudadanos por una siniestra "élite mundial" o por personas como el inversor George Soros o el multimillonario Bill Gates de Microsoft para fomentar sus propios designios de dominación mundial.
Estas "teorías" no se quedan en el nivel puramente ideológico sino que se manifiestan en la vida cotidiana, en la acción, a través de las protestas de los grupos de presión y los medios de comunicación social que influyen en el comportamiento de millones de personas, en particular, pero no exclusivamente, en los Estados Unidos. Prueba de ello es, por ejemplo, la transformación desde una franja marginal a una influencia importante del movimiento "antivacunas" -los que se oponen al uso obligatorio por parte del Estado de las vacunas utilizadas para prevenir enfermedades- que, según se dice, en 2019 contribuyó al peor brote de sarampión en una generación en América. En mayo de este año, una encuesta demostró que casi un cuarto de los ciudadanos estadounidenses dijeron que rechazarían una vacuna contra el Covid-19, ¡incluso si se desarrollaba! En Australia, la cifra se acercó a más del 50%.
Más siniestro aún es el desarrollo de un espíritu de pogromo, manifestado en ataques físicos a personas de apariencia asiática consideradas responsables de la propagación del virus. Los canales de noticias de la televisión de la India, ya conocidos por difundir el odio contra los musulmanes, acusaron a los misioneros musulmanes de propagar "deliberadamente" el COVID-19, apodándolos "villanos del virus" y "bombas humanas" de la India. La ola de violencia anti musulmana orquestada en Nueva Delhi dejó al menos 53 muertos y más de 200 heridos.
Es cierto que el desarrollo de las redes sociales, como Facebook y YouTube, ha fomentado el crecimiento de todo tipo de vídeos, canales y subgrupos de conspiración con figuras como David Icke o Alex Jones de InfoWars, antiguos maestros en la venta de visiones del mundo en las que los judíos, los banqueros, los Illuminati o las siniestras organizaciones "globalistas" dirigen y manipulan el mundo - en el mismo momento en que los organismos internacionales que se ocupan del comercio mundial, la salud mundial, el control de armas o los acuerdos climáticos están siendo dejados de lado por el nacionalismo desenfrenado.
En Internet habitan y organizan a los adeptos del "bienestar" cuyos cuerpos son sus templos en los que no debe pasar ninguna vacuna promovida por el Estado; su aversión al "gran gobierno" o a la "gran farmacia" es compartida por los "libertarios" de la izquierda o de la derecha que están convencidos de que la propagación del Covid-19 es una política deliberada de los principales Estados del mundo para documentar y controlar a sus poblaciones. Aquellos que queman las torres de telecomunicaciones 5G también viven aquí. Al margen de estos movimientos, el ala armada de la pequeña burguesía aplastada, como la fraternidad de Boogaloo, que adora las armas y promueve la "guerra de razas" creando (en su visión distorsionada) espacio para su particular marca de caos autogestionado. El mito del individuo rudo y destructor de fronteras que tanto prevalece en la cultura de los Estados Unidos - los "anti- máscaras" entre ellos - no es más que un reflejo de la extrema división del trabajo ejercida por el capital en la que cada persona parece estar reducida a un ser desesperado e indefenso, divorciado de los medios para producir un medio de vida y de los productos de su trabajo.
Pero no es el desarrollo de la tecnología el responsable de la proliferación de las sectas millennials, no hay que culpar al medio por el mensaje. Ese honor recae en la desintegración del propio capitalismo. Y la clase dominante es perfectamente capaz de usar su propia putrefacción para hacer la guerra contra su propia población y sus enemigos.
Ya hemos mencionado que el Presidente Trump ha citado a China como el culpable de la creación y distribución del nuevo virus. Esto concuerda con los intereses imperialistas de EE.UU. que promueven el vilipendio y debilitamiento de su creciente enemigo. Trump es incitado en esta arena por el candidato presidencial demócrata Biden. Los propios partidarios de Trump en QAnon, mientras tanto, están felices de presentar a América y al mundo en las garras de una banda traidora de gánsteres (que incluye a muchos presidentes anteriores de los EE.UU., pero excluye extrañamente a Reagan y Kennedy) en la que Trump y "unos pocos hombres valientes" son los únicos verdaderos patriotas...[2]. Para esta cábala gobernante, las teorías de conspiración son una idiotez, útil cortina de humo: Covid-19 es un "engaño", noticias falsas, como lo son las afirmaciones de recompensas rusas por la matanza de soldados estadounidenses. Los demócratas - que albergan una amplia gama de soluciones "alternativas" a la pandemia y a la crisis económica - también emplean teorías de conspiración para presentar a la camarilla de Trump como la única causa del declive de los EE.UU. en el mundo, presentando a Trump como la marioneta del ruso Putin. Los que se hacen pasar por "racionales" como la Alianza para la Ciencia desacreditan a los anti-vacunas y su tipo de conspiración... mientras que promueven la producción con fines de lucro de alimentos genéticamente modificados.
En tiempos de plagas pasadas, además de una cierta solidaridad social frente a la tragedia, hubo repetidos intentos de buscar chivos expiatorios. "La enfermedad más mortal y devastadora de Europa, la Peste Negra de 1347-51, desató la violencia masiva: el asesinato de catalanes en Sicilia, y de clérigos y mendigos en Narbona y otras regiones; y especialmente los pogromos contra los judíos, con más de mil comunidades a lo largo de Renania, en España y Francia, y hacia el este a través de grandes franjas de Europa erradicadas, sus miembros encerrados en sinagogas o acorralados en islas fluviales y quemados hasta la muerte - hombres, mujeres y niños. "[3] En Italia, los Flagelantes habían culpado a los judíos así como a una jerarquía eclesiástica corrupta de despertar la ira de Dios. Para evitar darles municiones, el Papa Clemente VI absolvió a los judíos (y a Dios y a la iglesia, por supuesto) y responsabilizó a un desalineamiento de los planetas.
Así, además de apuntar a los "forasteros", "los otros", o las minorías, la culpa de las enfermedades perturbadoras también podía ser puesta en la puerta de la clase dirigente: Pericles se avergüenza de liderar a los atenienses debilitados por el virus contra sus rivales espartanos durante la Plaga de Atenas, 430-426 a.C., y durante la Pandemia Antonina (hubo muchas en el Imperio Romano) de 165-190 d.C., entre 170-300 matronas notables fueron "juzgadas" y ejecutadas por "envenenar" a miembros masculinos de la clase dominante que habían sido víctimas de la plaga. Este ataque impotente a las "élites" es un aspecto importante que dicta la forma y la función de las teorías de conspiración en la actual época de descomposición y populismo político.[4]
A pesar de las limitadas ideas de la antigüedad (por ejemplo, la opinión del historiador de época Tucídides de que la peste ateniense "fue causada por la aglomeración de las multitudes rústicas en pequeñas viviendas y cuarterías asfixiantes") era imposible en tiempos pasados tener una comprensión científica del origen y la transmisión de las plagas. De ahí la búsqueda de chivos expiatorios y la proliferación de explicaciones irracionales.
Hoy en día, la comprensión de la humanidad de lo que está pasando es - al menos en teoría - mucho mayor. El genoma de Covid-19 (el conjunto completo de genes o material genético presente en una célula u organismo) fue cartografiado un par de semanas antes de su descubrimiento formal a principios de este año. Esto hace que la aceptación generalizada de las teorías conspirativas sobre el origen de la pandemia y los intentos de mejorarla parezcan aún más anómalos, incluso teniendo en cuenta el hecho de que se trata de un nuevo virus con, en el presente, aspectos desconocidos.
Sin embargo, las plagas y pandemias surgen de condiciones sociales específicas y su impacto depende igualmente del punto histórico particular alcanzado por una sociedad determinada. La crisis de Covid-19 es producto de la profunda decadencia del capitalismo y de las inmensas contradicciones que surgen de la yuxtaposición de los asombrosos avances en todas las ramas de la tecnología y la aparición de pandemias, sequías, incendios, deshielo de los casquetes polares y el smog urbano. Todo ello se expresa en el plano ideológico, así como las disparidades manifiestas entre la creciente pauperización y el desempleo de una gran parte de la población del planeta y el enriquecimiento de una minoría explotadora.
Las teorías de conspiración rivalizan hoy en día con las religiones en su intento de describir y explicar la compleja realidad: como la religión, ofrecen certeza en un mundo incierto. Los diversos movimientos de la "verdad" personifican los procesos ocultos e impersonales de la acumulación capitalista lisiada, apuntando a individuos o a misteriosas camarillas conectadas. Parecen convincentes en la medida en que sus "críticas" contienen a menudo algunas verdades básicas, por ejemplo, que el Estado está empeñado en reunir, cotejar y almacenar cada vez más datos sobre sus ciudadanos, o que existe un "Estado oculto" que opera detrás de la fachada de la democracia[5].
Pero las teorías de la conspiración sitúan estos tópicos a medio digerir en marcos totalmente falsos, como la idea de que es posible optar por la exclusión (o "salirse de la red") y evitar la fría mirada de la tecnología de vigilancia del Estado (la mentalidad de la supervivencia) sin destruir el propio aparato estatal, en el caso del "Estado oculto", que es el producto de un complot internacional cooperativo, más que la expresión del Capitalismo de Estado en evolución, una expresión directa de la naturaleza competitiva del capitalismo, dictada por el impulso de dominar o destruir estados rivales en una serie de guerras cada vez más bárbaras de cada uno contra todos. Las teorías de conspiración se convierten así no solo en una mala interpretación del mundo, sino en un bloqueo contra el desarrollo de la conciencia necesaria para cambiarlo.[6]
Surgido de la misma profunda desconfianza en las "élites" gobernantes que condujo al fenómeno populista de los últimos años, el gusto por las explicaciones irracionales de la realidad ha ido de la mano con un creciente rechazo de la ciencia. De ahí la frustración del médico oficial de Donald Trump, el Dr. Anthony Fauci: "Hay un sentimiento general anti-ciencia, anti-autoridad, anti-vacunas entre algunas personas en este país - un porcentaje alarmantemente grande de personas, relativamente hablando", dijo el principal portavoz médico de los EE.UU. en el Grupo de Trabajo sobre el Coronavirus de la Casa Blanca. Esto lo dice el líder que da credibilidad científica a la administración Trump, ¡proveedores de teorías de conspiración por excelencia! En Gran Bretaña, una comisión de la Cámara de los Lores (¡sí, todavía quedan Señores del Reino!) que investigaba el poder de los medios digitales fue informada de "una pandemia de desinformación... Si se permite que florezcan, estas verdades falsificadas darán lugar al colapso de la confianza pública, y sin confianza, la democracia tal como la conocemos simplemente decaerá en su irrelevancia. La situación es así de grave".
Pero si la clase dirigente utiliza y abusa de la ciencia para dar credibilidad a sus políticas -como vimos claramente en el Reino Unido en la forma en que el gobierno jugó inicialmente con una versión a medias de la teoría de la "Inmunidad de la manada" como posible justificación de su reacción totalmente negligente a la pandemia- no es sorprendente que la propia ciencia pierda cada vez más credibilidad. Y si el auge de las "verdades falsas" también conduce, como teme la Cámara de los Lores, a una pérdida de convicción en la idea de la democracia, esto plantea dificultades aún mayores para la capacidad de la clase dirigente de mantener el control de la sociedad a través de un aparato político ampliamente aceptado por la mayoría de la población.
Pero la pérdida de control por parte de la burguesía no contiene en sí misma el potencial para un cambio social positivo. Sin el desarrollo de una alternativa seria al dominio burgués, solo conduce al nihilismo, la irracionalidad y el caos.
La creciente proliferación de teorías de conspiración - la prevalencia de negaciones sin sentido de la realidad chocante y aterradora - no se basa meramente en la pérdida de control de la clase dominante sobre su sistema económico y su propio aparato político. Surge sobre todo de un vacío social, una ausencia. Es la falta de perspectiva - una visión alternativa y vitalizadora del futuro pero enraizada en el presente - que surge del relativo retroceso de las luchas y la conciencia proletaria en los últimos 30 años más o menos lo que contribuye a la confusión social actual. En 1917, en medio de una Guerra Mundial aparentemente interminable y estancada que mató a millones de personas y destruyó décadas de civilización humana acumulada, fue la Revolución Rusa, organizada y ejecutada por la propia clase obrera, la que inspiró una ola de movimientos revolucionarios en todo el mundo, obligando a la clase dominante a poner fin a la guerra y ofreciendo la posibilidad de una forma diferente de organizar el mundo, basada en la necesidad humana[7]. La humanidad ha pagado el precio del fracaso de la potencia soviética surgida en Rusia para extenderse por todo el mundo, condenándola así a la degeneración interna y a la contrarrevolución.
Desde el punto de vista de la clase dominante, la revolución proletaria solo es posible en sí misma como resultado de una conspiración: la Primera Internacional fue denunciada como la mano oculta detrás de cada expresión de descontento de la clase obrera en la Europa del siglo XIX; la insurrección de Octubre no fue más que un golpe de Estado de Lenin y los bolcheviques. Pero mientras que las ideas comunistas son la mayoría de las veces solo propuestas por una minoría del proletariado, la teoría revolucionaria puede en ciertos momentos hacerse evidente para un gran número de personas una vez que empiezan a desprenderse del letargo de la ideología dominante, y así transformarse en una "fuerza material". Estos profundos cambios en la conciencia de las masas pueden estar muy lejos de nosotros, pero la capacidad de la clase obrera para resistir los ataques del capitalismo también apunta a esta posibilidad en el futuro... Vimos esto de manera embrionaria al principio de la pandemia, cuando los trabajadores se negaron a ir "como corderos al matadero" a fábricas y hospitales desprotegidos por el bien de los beneficios del capitalismo. Y si las condiciones actuales de la peste y los espectáculos orquestados como el movimiento Black Lives Matter cortan la capacidad del proletariado internacional para unirse[8], las terribles privaciones que se están desarrollando actualmente - el aumento de las tasas de explotación de los trabajadores, el desarrollo del desempleo masivo en todo el mundo - lo obligarán a enfrentar todas las falsas visiones que nublan su conciencia de lo que se debe hacer.
Robert Frank, 7 de julio de 2020
[1]Las pandemias son el resultado de la destrucción de la naturaleza, dicen la ONU y la OMS, The Guardian, 17 de junio de 2020 https://www.theguardian.com/world/2020/jun/17/pandemics-destruction-natu... [349]
[2]Ver por ejemplo los astutos videos producidos por la organización QAnon, incluyendo El Plan para Salvar el Mundo.
[3]Pandemias: olas de enfermedad, olas de odio desde la plaga de Atenas hasta el A.I.D.S. de Samuel K. Cohn, https://academic.oup.com/histres/article/85/230/535/5603376 [350] El autor argumenta de forma polémica que a pesar de los chivos expiatorios y el asesinato en masa de judíos en la época medieval de la plaga y otros ejemplos citados por él mismo, dicha "cultura de la culpa" todavía tiene que sopesarse con las pruebas de solidaridad social ante las catástrofes provocadas por la enfermedad. Véase también See Cohn's Epidemics: Hate and Compassion from The Plague of Athens to AIDS, Oxford University Press
[4]Ver "La elección de Trump y el desmoronamiento del orden mundial capitalista", Revista Internacional 158, Primavera 2017 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201703/4201/la-eleccion-de-trump-y-el-derrumbe-del-orden-mundial-capitalista [351]
[5] Para un análisis marxista del Estado totalitario de la decadencia capitalista ver: ¿Cómo está organizada la burguesía? La mentira del Estado democrático https://es.internationalism.org/revista-internacional/199404/1856/como-esta-organizada-la-burguesia-i-la-mentira-del-estado-democrat [337] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/199407/1849/como-esta-organizada-la-burguesia-ii-la-mentira-del-estado-democra [352]
[6]Ver Las teorías conspiranoicas una expresión de la descomposición ideológica del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4590/las-teorias-conspiranoicas-una-expresion-de-la-descomposicion-ideologica-del [275]
[7] Ver Manifiesto de la Corriente Comunista Internacional sobre la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia La revolución mundial es el único futuro de la humanidad https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201710/4237/manifiesto-de-la-corriente-comunista-internacional-sobre-la-revolucion [277]
[8] Ver Movilizaciones antirracistas: La respuesta al racismo no es el antirracismo burgués, sino la lucha de clases internacional https://es.internationalism.org/content/4579/movilizaciones-antirracistas-la-respuesta-al-racismo-no-es-el-antirracismo-burgues-sino [345]
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Frente a las grandes convulsiones sociales, el primer deber de los comunistas es defender sus principios con la mayor claridad, ofreciendo a los trabajadores los medios para comprender dónde se encuentran sus intereses de clase. Los grupos de la Izquierda Comunista se han distinguido sobre todo por su fidelidad al internacionalismo en las guerras entre camarillas burguesas, alianzas y estados. A pesar de las diferencias de análisis a lo largo del período histórico en que vivimos, los grupos existentes de la Izquierda Comunista - la CCI, la TCI (Tendencia Comunista Internacionalista), las diversas organizaciones bordiguistas - han sido capaces, en general, de denunciar todas las guerras entre Estados como imperialistas y de llamar a la clase obrera a rechazar todo apoyo a sus protagonistas. Esto los distingue claramente de los pseudorevolucionarios como los trotskistas, que invariablemente aplican una versión completamente falsificada del marxismo para justificar el apoyo a esta o aquella facción burguesa.
La tarea de defender los intereses de la clase proletaria también surge, por supuesto, cuando estallan grandes conflictos sociales, no sólo movimientos que son claramente expresiones de la lucha proletaria, sino también grandes movilizaciones que implican un gran número de personas que se manifiestan en las calles y a menudo se oponen a las fuerzas del orden burgués. En este último caso, la presencia de trabajadores en tales movimientos, e incluso de reivindicaciones relacionadas con las necesidades de la clase obrera, puede hacer muy difícil un análisis lúcido de su naturaleza de clase. Todos estos elementos estaban presentes, por ejemplo, en el movimiento de los "chalecos amarillos" en Francia, y algunos (como el grupo de la Guerra de Clases) han concluido que era una nueva forma de lucha de clases proletaria[1]. Por otro lado, muchos grupos de la Izquierda Comunista pudieron ver que se trataba de un movimiento interclasista, en el que los trabajadores participaban esencialmente como individuos detrás de consignas pequeñoburguesas e incluso detrás de reivindicaciones y símbolos abiertamente burgueses (democracia ciudadana, bandera tricolor, racismo antiinmigrante, etc.)[2]. Esto no significa que sus análisis no contengan considerables puntos de confusión. El deseo de ver, a pesar de todo, un cierto potencial de la clase obrera en un movimiento que obviamente había comenzado y luego continuado en terreno reaccionario, todavía se podía discernir en algunos grupos, como veremos más adelante.
Las protestas de Black Lives Matter (BLM) plantean un desafío aún mayor a los grupos revolucionarios: es innegable que nacieron de una genuina ola de ira ante una expresión particularmente repugnante de brutalidad policial y racismo. Además, la ira no se limitaba a la población negra, sino que se extendía mucho más allá de las fronteras de los Estados Unidos. Pero los arrebatos de ira, la indignación y la oposición al racismo no conducen automáticamente a la lucha de clases. En ausencia de una alternativa proletaria genuina, pueden ser fácilmente instrumentalizados por la burguesía y su estado. En nuestra opinión, este ha sido el caso de las actuales demostraciones de BLM. Por lo tanto, los comunistas se enfrentan a la necesidad de mostrar exactamente cómo toda una panoplia de fuerzas burguesas norteamericanas, empezando por el BLM en el terreno, pasando por el Partido Demócrata, siguiendo con grandes empresarios, altos cargos militares y policiales, políticos etc., han estado presentes desde el primer día para apropiarse de esa ira legítima y utilizarla para sus propios intereses.
¿Cómo reaccionaron los comunistas? No nos ocuparemos aquí de los anarquistas que piensan que los pequeños actos de vandalismo de los Bloques Negros durante esas manifestaciones son una expresión de la violencia de clase, ni de los "comunistas" que piensan que el saqueo es una forma de "expropiación proletaria", o un golpe a la forma de la mercancía. Podemos volver a estos argumentos en futuros artículos. Nos limitaremos a las declaraciones hechas por grupos de la izquierda comunista tras los primeros disturbios y manifestaciones tras el asesinato policial de George Floyd en Minneapolis.
Tres de estos grupos pertenecen a la corriente Bordiguista y cada uno tiene el nombre de "Partido Comunista Internacional". Los diferenciaremos a través de sus publicaciones: Il comunista / The Proletarian; Il Partito Comunista; Il Programma Comunista / Cahiers Internationalistes. El cuarto grupo es la Tendencia Comunista Internacionalista (TCI).
Todas las posiciones adoptadas por estos grupos contienen elementos con los que podemos estar de acuerdo: por ejemplo, la denuncia inflexible de la violencia policial, el reconocimiento de que dicha violencia, como el racismo en general, es producto del capitalismo y que sólo puede desaparecer mediante la destrucción de este modo de producción.
La posición del grupo El Proletario es muy clara en este tema: “"Para eliminar el racismo, que tiene sus raíces en la estructura económica y social de la sociedad burguesa, es necesario eliminar el modo de producción en el que se desarrolla, empezando no por la cultura y la "conciencia", que son sólo reflejos de la estructura económica y social capitalista, sino por la lucha de clases proletaria en la que el elemento decisivo es la condición común de los asalariados, independientemente del color de su piel, su raza o su país de origen. La única forma de derrotar todas las formas de racismo es la lucha contra la clase dominante burguesa, independientemente de su color de piel, raza o país de origen, porque es la beneficiaria de toda la opresión, de todo el racismo, de toda la esclavitud"[3].
Los eslóganes de Il Partito están en la misma línea: "¡Trabajadores! Su única defensa está en la organización y la lucha como clase. ¡La respuesta al racismo es la revolución comunista! ”[4]
Sin embargo, cuando se trata de la cuestión más difícil para los revolucionarios, todos estos grupos cometen, en mayor o menor medida, el mismo error fundamental: para ellos, los disturbios que siguieron al asesinato y las manifestaciones de Black Lives Matter formaban parte del movimiento de la clase obrera. Cahiers Internationalistes escribe: "Hoy en día los proletarios americanos se ven obligados a responder por la fuerza a los abusos de la policía, y hacen bien en responder juntos a la agresión, al igual que lo hacen contra el canalla del suprematismo blanco, demostrando en la práctica de la defensa común que el proletariado es una sola clase: lo que afecta a un proletario afecta a todos”[5]
Para Il Partito: "La gravedad de los crímenes cometidos por los representantes del estado burgués en las últimas semanas y la vigorosa reacción del proletariado a estos crímenes, ciertamente incita a la búsqueda de comparaciones históricas. Las manifestaciones y disturbios que siguieron al asesinato de Martin Luther King, Jr. en 1968 vienen inmediatamente a la mente, al igual que las manifestaciones y disturbios que siguieron a la absolución de los policías que golpearon a Rodney King en 1992".
Para la TCI “los acontecimientos de Minneapolis son un resurgimiento del mismo problema histórico y sistémico. Además de sufrir el doble de la tasa de desempleo de sus contemporáneos blancos (una cifra constante desde el decenio de 1950), el proletariado negro sigue estando desproporcionadamente afectado por la violencia policial, sin que haya signos reales de disminución del número de víctimas. Sin embargo, la clase obrera ha demostrado una vez más ser combativa en estos tiempos difíciles. Los trabajadores negros de EE.UU., y el resto del proletariado en solidaridad con ellos, salieron a las calles y resistieron la represión estatal. Nada ha cambiado. En 1965 como en 2020, la policía mata, y la clase obrera responde desafiando el vil orden social por el que mata. La lucha continúa”[6]
Por supuesto, todos los grupos añaden que el movimiento "no va lo suficientemente lejos". Así para Cahiers Internationalistes: “estas rebeliones (que los medios de comunicación, órganos de expresión de la burguesía, reducen obstinadamente a 'protestas contra el racismo y la desigualdad', condenando así cualquier forma que vaya más allá de las quejas y gemidos de los pobres diablos) deben permitir a los proletarios de todo el mundo recordar que el nudo que hay que cortar es el del poder: no basta con rebelarse, quemar comisarías de policía, recuperar los bienes de las tiendas y el dinero de las casas de empeño”.
Para Il Partito: "El actual movimiento antirracista comete un grave error al distanciarse de la base de clase en el racismo, continuando su acción política únicamente por motivos raciales con la esperanza de apelar al estado burgués. Está lejos de reconocer abiertamente el papel de la policía y el ejército en el mantenimiento del estado capitalista y la dominación política de la burguesía. Para la gente de color, y para el proletariado en su conjunto, la solución está en la conquista del poder político lejos del estado, no en llamar al estado."
Para la TCI “Aunque nos emociona ver a los proletarios derrotar a los policías, este tipo de disturbios tienden a desaparecer después de una semana, con un brutal retorno al orden y un fortalecimiento de las estructuras opresivas...”
Criticar un movimiento porque no va lo suficientemente lejos sólo tiene sentido si va en la dirección correcta. En otras palabras, esto se aplica a los movimientos que están en el terreno de la clase. Desde nuestro punto de vista, este no fue el caso de las demostraciones sobre el asesinato de George Floyd.
No hay duda de que muchos de los participantes en las manifestaciones, ya sean negros, blancos u "otros", eran y son trabajadores. Así como tampoco hay duda de que estaban y están justamente indignados por el repugnante racismo de los policías. Pero esto no es suficiente para dar a estas manifestaciones un carácter proletario.
Esto es cierto tanto si las protestas tomaron la forma de disturbios como de marchas pacíficas. Los disturbios no son un método de lucha proletaria, que necesariamente toma una forma organizada y colectiva. Un motín -y sobre todo el saqueo- es una respuesta desorganizada de una masa de individuos dispares, una expresión pura de rabia y desesperación que expone no sólo a los propios saqueadores, sino también a todos los que participan en las protestas callejeras, a una mayor represión por parte de fuerzas policiales fuertemente militarizadas y mucho mejor organizadas que ellas.
Muchos manifestantes señalaron la inutilidad de los disturbios, que a menudo fueron provocados deliberadamente por los asaltos bestiales de la policía y dieron lugar a nuevas provocaciones de elementos sospechosos en la multitud. Pero la alternativa defendida por BLM, que fue inmediatamente asumida por los medios de comunicación y el aparato político existente, en particular el Partido Demócrata, fue la organización de marchas pacíficas con vagas demandas de "justicia" e "igualdad", o más específicas como "dejar de financiar a la policía". Todas estas son demandas políticas burguesas.
Por supuesto, un verdadero movimiento proletario puede contener todo tipo de demandas confusas, pero lo que lo motiva ante todo es la necesidad de defender los intereses materiales de la clase y, por lo tanto, la mayoría de las veces se centra -al menos en un primer momento- en demandas económicas destinadas a mitigar el impacto de la explotación capitalista. Como Rosa Luxemburgo mostró en su panfleto sobre la huelga de masas, escrito después de las históricas luchas proletarias de 1905 en Rusia, puede haber, en efecto, una interacción constante entre las demandas económicas y políticas, y la lucha contra la represión policial puede, en efecto, formar parte de esta última. Pero hay una gran diferencia entre un movimiento obrero que exige, por ejemplo, la retirada de la policía de un lugar de trabajo o la liberación de los huelguistas encarcelados, y una oleada general de ira que no tiene ninguna relación con la resistencia de los trabajadores como obreros y que es inmediatamente asumida por las fuerzas políticas de "oposición" de la clase dominante.
Más importante aún, el hecho de que estas reivindicaciones se centran esencialmente en la cuestión de la raza significa que no pueden servir como un medio para unificar a la clase trabajadora. Independientemente del hecho de que a las protestas desde el principio se unieron muchos blancos, incluidos trabajadores y estudiantes, la mayoría de los cuales eran jóvenes, las protestas son presentadas por BLM y los demás organizadores como un movimiento de personas negras que otros pueden apoyar si lo desean. Mientras que una lucha de la clase obrera tiene una necesidad orgánica de superar todas las divisiones, ya sean raciales, sexuales o nacionales, de lo contrario será derrotada. Podemos citar ejemplos en los que la clase obrera se movilizó contra los ataques racistas utilizando sus propios métodos: en Rusia, en 1905, conscientes de que los pogromos contra los judíos estaban siendo utilizados por el régimen gobernante para socavar el movimiento revolucionario en su conjunto, los Soviets colocaron guardias armados para defender los barrios judíos contra los pogromos. Incluso durante un período de derrota y guerra imperialista, esta experiencia no se perdió: en 1941, los estibadores de la Holanda ocupada se declararon en huelga contra la deportación de los judíos.
No es una coincidencia que las principales facciones de la clase dirigente corrieran a identificarse con las manifestaciones de BLM. Cuando la pandemia del Covid-19 comenzó a golpear a América, fuimos testigos de muchas reacciones de la clase obrera ante la irresponsabilidad criminal de la burguesía en sus maniobras para obligar a sectores enteros de la clase a ir a trabajar sin las medidas de seguridad y el equipo adecuados. Esta fue una reacción mundial de la clase trabajadora[7]. Y si bien es cierto que uno de los motivos de las protestas desencadenadas por el asesinato de George Floyd fue el número desproporcionado de víctimas negras del virus, es sobre todo el resultado de la posición de los negros y otras minorías en los estratos más pobres de la clase obrera, es decir, su posición de clase en la sociedad. El impacto de la pandemia de Covid-19 ofrece la oportunidad de poner de relieve la centralidad de la cuestión de clase, y la burguesía ha estado muy dispuesta a relegarla a un segundo plano.
Cuando se enfrentan al desarrollo de un movimiento de la clase obrera, los revolucionarios pueden, en efecto, intervenir en la perspectiva de llamar a la clase obrera a "ir más lejos" (mediante el desarrollo de formas autónomas de autoorganización, la extensión a otros sectores de la clase, etc.). ¿Pero qué pasa si mucha gente se moviliza en un terreno interclasista o burgués? En este caso, la intervención sigue siendo necesaria, pero los revolucionarios deben aceptar entonces que su intervención será "a contracorriente", principalmente con el fin de influir en las minorías que cuestionan los objetivos y métodos fundamentales del movimiento.
Los grupos bordiguistas, sorprendentemente tal vez, no han hablado mucho sobre el papel del partido en relación con estos eventos, aunque Cahiers Internationalistes tiene razón - en abstracto - cuando escribe que : "La revolución es una necesidad que requiere organización, programa, ideas claras y la práctica del trabajo colectivo: en términos simples y precisos, la revolución necesita un partido que la dirija".
El problema sigue siendo: ¿cómo puede surgir ese Partido? ¿Cómo podemos pasar del actual medio disperso de pequeños grupos comunistas a un verdadero partido, un organismo internacional capaz de proporcionar dirección política a la lucha de clases?
Esta pregunta queda sin respuesta para Cahiers Internationalistes, que revela entonces la profundidad de su incomprensión del papel del partido: "¡El proletariado en lucha, el proletariado rebelde debe organizarse con y en el partido comunista!"
Declarar simplemente que su grupo es el Partido no es suficiente, especialmente cuando hay al menos otros dos grupos que afirman ser el verdadero Partido Comunista Internacional. Tampoco es lógico afirmar que todo el proletariado puede organizarse "en el Partido Comunista". Tales formulaciones expresan una incomprensión total de la distinción entre la organización política revolucionaria -que necesariamente reagrupa sólo a una minoría de la clase- y los organismos que reagrupan a toda la clase, como los consejos obreros[8]. Ambos son instrumentos esenciales de la revolución proletaria. Sobre este punto, Il Partito es al menos más consciente de que el camino de la revolución reside en el surgimiento de órganos independientes de clase, ya que convoca asambleas de trabajadores, aunque debilita su argumento al llamarlas "en cada lugar de trabajo y dentro de cada sindicato existente", como si las verdaderas asambleas de trabajadores no fueran esencialmente antagónicas a la forma misma del sindicato. Pero Il Partito omite algo aún más crucial: no ha habido ninguna tendencia a que se desarrollen auténticas asambleas de trabajadores en las manifestaciones de BLM.
El ICT se niega a llamarse El Partido. Dice que está por el partido pero que no es el partido[9]. Sin embargo, nunca ha hecho una crítica realmente profunda de los errores que están en la raíz del sustitucionismo bordiguista - el error, cometido en 1943-45, de declarar la formación del Partido Comunista Internacionalista en un solo país, Italia, en las profundidades de la contrarrevolución. Tanto los Bordiguistas como la TCI tienen su origen en el PCInt de 1943, y ambos teorizan este mismo error a su manera: los Bordiguistas con la distinción metafísica entre el partido "histórico" y el partido "formal", la TCI con su idea de la "necesidad permanente del partido"[10]. Estas concepciones disocian la tendencia al surgimiento del partido del movimiento real de la clase y la relación de fuerzas efectiva entre la burguesía y el proletariado. Ambas implican el abandono de la distinción vital hecha por la Izquierda Comunista Italiana entre fracción y partido[11], que tenía por objeto mostrar precisamente que el partido no puede existir en todo momento, y por lo tanto definir el verdadero papel de la organización revolucionaria cuando la formación inmediata del partido no está todavía en el orden del día.
La última parte de la hoja de la TCI pone claramente en evidencia esta incomprensión. El subtítulo de esta sección de la hoja da el tono: "7. La rebelión urbana debe convertirse en una revolución internacional". Para seguir a continuación: "Para que el poder de los capitalistas y sus mercenarios sea concretamente desafiado y abolido, necesitamos un partido revolucionario internacional. Este partido sería una herramienta indispensable en manos de la clase obrera para organizar y dirigir su agresión no sólo hacia la destrucción del estado racista, sino también hacia la construcción del poder obrero y el comunismo”.
Este párrafo contiene toda una colección de errores, desde el subtítulo: la revuelta actual puede avanzar en línea recta hacia la revolución mundial, pero para ello se necesita el partido mundial; este partido será el medio de organización y la alquimia para convertir el plomo en oro, los movimientos no proletarios en revoluciones proletarias. Este pasaje revela hasta qué punto la TCI ve al partido como una especie de deus ex machina, un poder que viene de quién sabe dónde, no sólo para permitir que la clase se organice y destruya el estado capitalista, sino que tiene la capacidad aún más sobrenatural de transformar los disturbios, o las manifestaciones que caen en manos de la burguesía, en pasos de gigante hacia la revolución.
Este error no es nuevo. En el pasado, ya habíamos criticado la ilusión del PCInt en 1943-45 de que los grupos partisanos en Italia - completamente alineados con los Aliados en la guerra imperialista - podían de alguna manera unirse a la revolución proletaria por la presencia del PCInt en sus filas[12]. Lo vimos de nuevo en 1989, cuando Battaglia Comunista no sólo tomó el golpe de Estado perpetrado por las fuerzas de seguridad que derrocaron a Ceausescu en Rumania como un "levantamiento popular", sino que también argumentó que lo único que faltaba era el partido que lo guiara por el camino de la revolución proletaria[13].
El mismo problema apareció el año pasado con los "chalecos amarillos". Aunque la TCI describe el movimiento como "interclasista", nos dice que.. "Se necesita otro órgano. Es un instrumento para unificar la efervescencia de clase, permitiéndole dar un salto cualitativo, es decir, político, para darle una estrategia, y tácticas anticapitalistas, para dirigir las energías que emanan del conflicto de clase hacia un asalto al sistema burgués; no hay otra manera. En resumen, es necesaria la presencia activa del partido comunista, internacional e internacionalista. De lo contrario, la rabia del proletariado y de la pequeña burguesía desclasada será aplastada y dispersada; ya sea brutalmente, si es necesario, o con falsas promesas"[14]
Aquí también se invoca al partido como la panacea, una piedra filosofal a -histórica. Lo que falta en este escenario es el desarrollo del movimiento de clases en su conjunto, la necesidad de la clase obrera de recuperar el sentido de su propia existencia como clase, y de modificar la relación de fuerzas existente con el Capital a través de luchas masivas. La experiencia histórica ha demostrado que esos cambios históricos no sólo son necesarios para que las minorías comunistas existentes puedan desarrollar una influencia real dentro de la clase obrera: también son el único punto de partida posible para transformar el carácter de clase de las revueltas sociales y ofrecer una perspectiva a toda la población oprimida por el capital. Un ejemplo elocuente fue la entrada masiva de los trabajadores franceses en las luchas de mayo-junio de 1968: al lanzar un enorme movimiento de huelga en respuesta a la represión policial de las manifestaciones estudiantiles, la clase obrera también cambió la naturaleza de las manifestaciones, integrándolas en un despertar general del proletariado mundial[15].
Hoy en día, la posibilidad de tales transformaciones parece remota, y en ausencia de un sentido generalizado de identidad de clase, la burguesía tiene más o menos rienda suelta para recuperar la indignación causada por el avanzado declive de su sistema. Pero hemos visto pequeños pero significativos signos de un nuevo estado de ánimo en la clase obrera, un nuevo sentido de sí misma como clase, y los revolucionarios tienen el deber de cultivar estas plántulas lo mejor posible. Pero esto significa resistir la presión ambiental de inclinarse ante los hipócritas llamados de la burguesía por la justicia, la igualdad y la democracia dentro de las fronteras de la sociedad capitalista.
Amos, julio de 2020
[1] https://libcom.org/article/class-war-102019-yellow-vests [354] Este grupo parece ser una especie de fusión entre el anarquismo y el bordiguismo, más bien al estilo del Grupo Comunista Internacionalista (ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/516/para-que-sirve-el-grupo-comunista-internacionalista-gci [355] ), pero sin sus prácticas más dudosas (amenazas contra grupos de la Izquierda Comunista, apoyo apenas velado a las acciones de las camarillas nacionalistas e islamistas, etc.).
[2] Para comprender qué fue dicho movimiento ver https://es.internationalism.org/content/4484/balance-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos-un-movimiento-interclasista-un [29]
[3] Véase el artículo de El Proletario Nº 537, "Estados Unidos: Revueltas urbanas tras el asesinato del afroamericano George Floyd por la policía de Minneapolis".
[4] Ver el artículo de Il Partito, "El Racismo protege el sistema capitalista, sólo la clase obrera puede erradicarlo" (junio 2020)
[5] Ver el artículo de Cahiers Internationalistes, “Después de Minneapolis ¡Que la revuelta de los proletarios americanos sea un ejemplo para los proletarios de todas las metrópolis” (28/05/2020)
[6] Ver el artículo de la TCI Minneapolis brutalidad policial y lucha de clases (31-5-20).
[7] Ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro (https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [271] ) donde se señala que las luchas obreras en el momento del confinamiento por la pandemia en Estados Unidos “desafían la imagen de una clase obrera americana que se ha unido sin críticas a la demagogia de Donald Trump - ha habido luchas generalizadas en los Estados Unidos: huelgas en FIAT en Indiana, Warren Trucks, por los conductores de autobuses en Detroit y Birmingham Alabama, en los puertos, restaurantes, en la distribución de alimentos, en el saneamiento, en la construcción; huelgas en Amazon (que ha sido golpeado por las huelgas en otros países también), Whole Foods, Instacart, Walmart, FedEx, etc.”
[8] Ver en nuestra Revista Internacional la serie ¿Qué son los Consejos Obreros? https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2769/que-son-los-consejos-obreros-i [230] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201005/2865/que-son-los-consejos-obreros-2-parte-de-febrero-a-julio-de-1917-re [231] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201008/2910/que-son-los-consejos-obreros-iii-la-revolucion-de-1917-de-julio-a- [232] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201012/3004/que-son-los-consejos-obreros-iv-1917-21-los-soviets-tratan-de-ejer [233] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3086/que-son-los-consejos-obreros-v-los-soviets-ante-la-cuestion-del-es [234]
[9] Aunque no facilita las cosas que la parte italiana de la TCI, como lo hemos señalado numerosas veces, Battaglia Comunista se presenta a sí misma como “Partido Comunista Internacionalista”.
[10] Para una crítica de estas concepciones ver: El partido desfigurado: la concepción bordiguista https://es.internationalism.org/revista-internacional/198010/2132/el-partido-desfigurado-la-concepcion-bordiguista [356] y Sobre el Primer Congreso del Partido Comunista Internacionalista de Italia https://es.internationalism.org/content/4431/sobre-el-primer-congreso-del-partido-comunista-internacionalista-de-italia [357]
[11] Ver La noción de Fracción en la historia del movimiento obrero https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4148/la-nocion-de-fraccion-en-la-historia-del-movimiento-obrero-1a-part [358]
[12] Ver en el sitio en francés de la CCI Las ambigüedades sobre los partisanos en la constitución del Partido Comunista Internacionalista de Italia https://fr.internationalism.org/rinte8/partisan.htm [359]
[13] Ver La tormenta del Este y la respuesta de los revolucionarios https://es.internationalism.org/revista-internacional/200712/2124/la-tormenta-del-este-y-la-respuesta-de-los-revolucionarios [360]
[14] Ver el artículo de la TCI en su sitio en inglés “Some Further Thoughts on the Yellow Vests Movement” (08/01/2019).
[15] Para una lista de artículos sobre Mayo 68 ver Hace 50 años mayo 1968 https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4296/hace-50-anos-mayo-de-1968 [193]
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Mientras que la burguesía intenta cínicamente minimizar la extensión sanitaria de la pandemia de Covid-19, subestimar el número de víctimas, devolver a los trabajadores al trabajo, el espantoso espectáculo de cientos de miles de muertos, de hospitales saturados obligados a clasificar a los enfermos, la competencia irracional para encontrar una vacuna, todo esto expone la negligencia criminal y la irresponsabilidad de la clase dominante y sus estados. Esta crisis sanitaria no sólo se traducirá en cientos de miles de muertes, sino también en una profundización sin precedentes de la pobreza, en los países centrales del capitalismo y aún más en los países periféricos donde la miseria ya es algo cotidiano. Si el capitalismo logra contener esta crisis sanitaria, será para ofrecer a la humanidad y a la clase obrera recesión económica, desempleo masivo y cada vez más miseria. El capitalismo no dejará de intentar restaurar la rentabilidad de su sistema mediante planes de austeridad, llamados a apretarse el cinturón, recortes salariales, aumentos de la jornada laboral, escasez pero también competencia económica, rivalidades imperialistas que corren el riesgo de degenerar en conflictos bélicos y masacres.
Frente a la escala internacional de la tragedia y la crisis acelerada del capitalismo, la ira de los explotados no hará más que aumentar. Al principio de la pandemia se alzaron voces, en manifestaciones (dispersas y esporádicas) o en pancartas colgadas en los balcones, para denunciar la responsabilidad de la burguesía y su Estado, la búsqueda desenfrenada del beneficio y la rentabilidad a expensas de las necesidades y la protección del pueblo, especialmente de los explotados.
La burguesía puede, sin embargo, contar con sus partidos y grupos de izquierda "radicales" para tratar de desviar la ira de los proletarios y esterilizar cualquier reflexión sobre la naturaleza del capitalismo y la perspectiva revolucionaria. Muchos grupos de izquierda afirman que lo que llaman "capitalismo" ha preparado bien el terreno para la pandemia. Sin embargo, sólo centran la atención en los efectos de este sistema, dando una imagen muy parcial, engañosa y fija de la realidad (los beneficios de los grandes empresarios, las multinacionales, los "excesos del neoliberalismo", etc.) para desviar la atención de la responsabilidad fundamental del sistema capitalista como modo de producción. De este modo, contrabandean su propaganda adulterada y difunden su veneno ideológico minimizando los peligros y las apuestas que amenazan no sólo a los proletarios sino a toda la humanidad (desastres económicos, ecológicos, sanitarios, etc.). Sobre todo, introducen una visión totalmente sesgada y truncada de cómo luchar contra el capitalismo y sacar a la humanidad del atolladero en el que este sistema nos empuja. No proponen ninguna visión general, histórica e internacional que permita cuestionar los fundamentos en los que se asienta este sistema de explotación y los flagelos que provoca[1].
En cuanto al confinamiento, el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) escribe, por ejemplo: "el Estado sigue negándose a imponer el cierre de los sectores de producción, peor aún, impone medidas que desafían el derecho laboral protegiendo a las empresas". En efecto, este partido trotskista francés no invoca otra cosa que el "respeto al derecho al trabajo", que ya establece en todas partes las "reglas" de la explotación capitalista. La preocupación de la NPA es, por lo tanto, cómo, en su opinión, hacer que la economía capitalista funcione mejor cuando se está agotando. De la misma manera, el NPA pide "un programa para salir de la crisis con el fin de romper con el capitalismo y recuperar el control del sistema bancario a través de la socialización de los bancos". Aboga por "poner el aparato productivo al servicio de las necesidades sociales y sanitarias y de la transición ecológica" mediante una serie de "medidas de emergencia ante la inacción del poder" como "el derecho incondicional de retirada de los asalariados expuestos" a la pandemia. Su alter ego británico, el Partido Socialista de los Trabajadores, propone "presionar para que las enormes existencias de viviendas vacías en ciudades como Londres, muchas de las cuales se mantienen simplemente con fines de inversión, se conviertan en propiedad pública". Esta vivienda podría utilizarse tanto para alojar a los sintecho como para permitir que las personas se aislaran o "se deberían imponer controles de precios a estas empresas para evitar beneficios". ¿Capitalismo sin inversión y sin la ley de la ganancia? Un puro espejismo y un enorme farol de charlatán, todo a través del mismo truco: transferir el capital de los jefes privados a manos del Estado y presentar la propiedad "pública" como garante "democrático" del interés general y de las necesidades de la sociedad. El trotskismo desvía una y otra vez al proletariado de los objetivos históricos que el marxismo ya ha identificado claramente después de la Comuna de París en 1871: la completa destrucción del aparato estatal burgués, que el proletariado no puede apoderarse o utilizar por su cuenta. La tendencia Claire del NPA, recientemente rebautizada como Alternativa Comunista Revolucionaria, llama, a su manera, a los trabajadores a participar en el "esfuerzo nacional": "Seamos portadores de reivindicaciones, iniciativas para el control y la reorganización de la sociedad, para la salud y la emergencia social". La Unión Comunista Libertaria (UCL) pide a los trabajadores que hagan funcionar "los sectores vitales" y reclama el control obrero que debe "reorganizar las cadenas de producción para protegerse del virus", luego "requisar y socializar" ciertos sectores hasta el punto de "molestar a los capitalistas" y hacer funcionar la economía "de una manera radicalmente diferente".
Una vez en el poder, los izquierdistas muestran abiertamente su verdadera cara. En España, Podemos, que ahora participa en el gobierno, apoya, en nombre de la política de desconfinamiento, el retorno de los trabajadores a las fábricas a costa de sus vidas y respalda toda forma de represión[2]. Esto en un momento en que, desde el comienzo de la crisis sanitaria, los trabajadores españoles están en huelga contra el peligro de permanecer en el trabajo. En Grecia, Syriza, cuando llegó al poder entre 2015 y 2019, impuso las peores medidas de austeridad (reducción de salarios y pensiones, ampliación de los empleos a tiempo parcial: en 2019, uno de cada tres empleados tenía que sobrevivir con una media de 317 euros al mes) en nombre de la recuperación y la defensa de la economía nacional[3].
La izquierda del capital desempeña aquí perfectamente su papel de control y de mistificación de la clase obrera, tratando de encadenarla al mito de un capitalismo gestionado por un "Estado social y democrático" ya no por los beneficios sino por los intereses del "pueblo". Ahora bien, el hecho de que la propiedad esté en manos privadas o sea nacionalizada por el Estado, no cambia la cuestión; estas dos formas de propiedad son sólo dos caras de la misma moneda, la del modo de producción capitalista. Esto es lo que la Izquierda Comunista de Francia señaló en 1946, denunciando ya, desde entonces, las mistificaciones trotskistas del Estado estalinista: "El concepto marxista de la propiedad privada de los medios de producción, como fundamento de la producción capitalista, y por lo tanto de la sociedad capitalista, parecía contener la otra fórmula: la desaparición de la propiedad privada de los medios de producción equivaldría a la desaparición de la sociedad capitalista. (...) Ahora bien, el desarrollo del capitalismo, o más exactamente, el capitalismo en su fase decadente nos presenta una tendencia más o menos acentuada pero también generalizada a todos los sectores, hacia la limitación de la posesión privada de los medios de producción, hacia su nacionalización. Pero las nacionalizaciones no son socialismo. (...) Si la tendencia a liquidar la posesión privada significa realmente una tendencia al anticapitalismo, llegamos a esta asombrosa conclusión: dado que esta tendencia opera bajo la dirección del Estado, el Estado capitalista se convertirá en el agente de su propia destrucción. Esta teoría del estado capitalista anticapitalista es a lo que conducen todos los protagonistas "socialistas" de las nacionalizaciones, el dirigismo económico y todos los planificadores". El capitalismo de Estado no es ni un invento ni la esperanza de un futuro capitalista más "humano", sino la forma real del capitalismo en su fase de declive histórico, del que los izquierdistas son fervientes defensores, como ha demostrado una vez más de manera contundente su posicionamiento ante la pandemia[4].
La mayoría de estos grupos reivindican un "derecho de retirada" como una nueva forma de lucha. Convergences révolutionnaires (CR), otra tendencia del NPA, elogia así "la respuesta de los trabajadores de base y la iniciativa de los militantes locales que han impuesto o luchado por imponer su derecho de retirada". Para CR, también sería "una nueva forma de huelga". Así, aprendemos que la lucha de clases en tiempos de pandemia sólo equivaldría a imponer "el derecho de retirada". Este "derecho" se habría convertido en el nec plus ultra de la lucha definitiva contra la obligación de los proletarios de ir a trabajar con el riesgo de contraer un virus mortal. ¡Los izquierdistas se burlan abiertamente de los trabajadores! Les piden que apliquen... la ley, la ley preconizada por los sindicatos y las instituciones para evitar las huelgas masivas y romper cualquier reacción basada en la solidaridad de clase a través de iniciativas individuales. Las reacciones espontáneas, colectivas y solidarias de los proletarios han demostrado de hecho la inanidad de estos supuestos "medios de lucha" individualistas, divisorios y nocivos que propugnan los trotskistas. Lo hemos visto con el ejemplo de las huelgas que han aparecido en los últimos meses en Italia en la industria automovilística, en la oficina de correos de Londres, en Estados Unidos, en Francia en muchos sectores, entre las trabajadoras textiles de Bangladesh, etc. Estas expresiones de combatividad estaban muy dispersas y sujetas en gran medida a la supervisión de los sindicatos. Pero demostraron que la combatividad de la clase obrera no desapareció[5].
Mientras que algunos grupos de izquierda se movilizan para "presionar" al Estado a fin de "reorientar" su actividad en una dirección "más social", otros, más "radicales" (junto con los sindicatos "más combativos"), abogan por "acciones" de ocupación de edificios públicos o administrativos, ocupaciones de empresas, sus sedes, requisas de viviendas o viviendas ocupadas. Esto contribuye a agotar, encerrar y desmoralizar a los trabajadores de tal o cual lugar y, sobre todo, a impedir la extensión espontánea de la lucha. Estas acciones en pequeños grupos, que generan impaciencia y desorden individual, nunca han llevado a un profundo cuestionamiento de la sociedad. Por el contrario, estos actos, la mayoría de las veces dirigidos a "símbolos" de la explotación capitalista, son antagónicos a los auténticos movimientos de clase y a la revolución proletaria. Esta última no es el producto de la acción de una minoría sino el trabajo de toda la clase obrera. Por otra parte, la revolución no se dirige en sí misma contra los agentes económicos, las instituciones privadas o los individuos, por muy poderosos que sean, sino contra la clase dirigente y el Estado, contra el sistema de explotación a nivel mundial: el capitalismo.
Por lo tanto, el lenguaje "radical" de las organizaciones de izquierda está, en realidad, dirigido a defender el Estado, a impedir que se planteen las cuestiones correctas. Sirve para desviar el pensamiento de los trabajadores, para pudrir el desarrollo de la conciencia de clase, especialmente entre los elementos en búsqueda, empujándolos a cuestionar su aspiración a querer comprender el verdadero papel explotador del Estado, a cuestionar su rechazo del capitalismo. De hecho, este lenguaje pretende desviar, bloquear y paralizar a los trabajadores en su lucha y llevarlos a un callejón sin salida ante la abierta bancarrota del sistema revelada por la pandemia, manteniéndolos atados de pies y manos a merced de la burguesía y sobre todo con la perspectiva de hacerles aceptar la lógica de nuevos "sacrificios" para la defensa de su estado nacional convertido en "trabajador".
Todos los izquierdistas proponen viejas recetas desconcertantes que perpetúan y propagan la ilusión de una "solución" dentro del marco capitalista de la nación, la empresa, incluso la localidad. Para algunos, sería necesario establecer "una economía planificada sostenible, bajo control democrático" (según los términos de Revolución, la revista de la Tendencia Marxista Internacional, de la obediencia trotskista) que llaman "socialismo". En esta línea, se inscribe el "programa" de toda la gama de organizaciones trotskistas. Entre ellos, Lutte Ouvrière (LO) quien una vez más defiende su doble lenguaje agitando su "programa mínimo" y su "programa máximo" al mismo tiempo. Por un lado, en palabras, proclama que "la clase obrera tendrá que derrocar un sistema agonizante" como en su Lucha de Clases mensual del 8 de mayo de 2020 ; pero, por otra parte, se trataría de "hacer pagar a los accionistas y a los multimillonarios, no a los trabajadores", todo lo cual se resume en este "programa revolucionario" publicado en la contraportada de su periódico donde "se tratará de sustituir el estado de la burguesía para crear un régimen en el que las propias masas populares ejercerán el poder asegurando el control democrático de todo el funcionamiento del poder económico y político". Aparte de las muchas trampas que contiene esta frase, LO se cuida de no hacer explícitos los medios por los que esta sociedad dirigida por las "masas populares" puede lograrse "controlando" el "poder económico y político". Sin duda, a través de las urnas. Ella hace un punto de honor al presentar un candidato en cada elección presidencial para "defender la voz de los trabajadores" en esta mascarada electoral, recordando cada vez un poco más su pertenencia al campo burgués. Además, toda su crítica al Estado sobre la gestión de la pandemia se reduce a la defensa de la gestión del gobierno en el poder: "el Estado ni siquiera ha pensado en requisar y obligar a las pocas empresas que podrían, hace dos meses, haber fabricado las mascarillas y el gel en cantidad suficiente", incluso presumiendo de los méritos del Estado chino: "Si se lanzara a la construcción de hospitales de campaña, como ha podido hacer China, lo entenderíamos, pero no es así". ¡Ese es, de hecho, el buen consejo que los izquierdistas dan a sus respectivos estados! En realidad, lo único que hacen es proponer medidas que la mayoría de las burguesías nacionales, tarde o temprano, ya han tomado. El Estado francés ha establecido una logística para distribuir a los enfermos a los hospitales franceses e incluso luxemburgueses, alemanes y suizos cuyas unidades de emergencia y cuidados intensivos están menos saturadas. El Estado francés ha requisado hoteles para alojar a los sintecho. Los Estados han exigido a las empresas que se dediquen temporalmente a la fabricación de máscaras.
Para los demás, la mayoría de los cuales afirman tener una tradición anarquista, la economía de mercado tendría que ser sustituida por la autogestión, es decir, la llamada gestión de las empresas por los trabajadores en una sociedad que sigue siendo capitalista, y un sistema político federalista. Esta visión está notablemente teorizada por el "comunalismo" de la Federación Anarquista, que afirma que "el localismo es un rasgo estructural de la ecología social, porque el equilibrio entre las actividades humanas y su entorno debe adaptarse a cada tipo diferente de medio ambiente, y porque es la única manera de que cada grupo humano tome su propio destino en sus propias manos con pleno conocimiento y responsabilidad". La UCL también pide "el fin de este sistema, poniendo todos los medios de producción y distribución en manos de los trabajadores, sustituyendo la economía de mercado por una economía socializada y autogestionada, y el Estado por un sistema federalista autogestionado". Ellos también están pidiendo a los trabajadores que pasen a la autogestión como ya la conocen o han tenido esa amarga experiencia en el pasado muchos asalariados de numerosas empresas autogestionadas[6]. En un comunicado de prensa del 14 de abril, las cuatro federaciones anarcosindicalistas de la CNT en el sector público también piden un "servicio público autogestionado" ante la pandemia.
La autogestión, si ya era una utopía pequeñoburguesa en el siglo pasado cuando era preconizada por las corrientes proudhonianas, se ha convertido hoy en una pura mistificación capitalista, un arma económica del capital cuyo objetivo es hacer que los trabajadores acepten el peso de las dificultades de las empresas golpeadas por la crisis haciéndoles organizar las modalidades de su propia explotación, y cuya función es dividir a la clase obrera encerrándola y aislándola fábrica por fábrica, barrio por barrio, sector por sector, pero también atar a los trabajadores a las preocupaciones de la economía capitalista, que por el contrario tienen la tarea de destruir[7].
Todos sus consejos a los distintos gobiernos, todas sus propuestas, todas sus manipulaciones ideológicas, no son fortuitas. La política de los grupos de izquierda no es nueva, corresponde a su papel en el aparato estatal durante décadas, un papel de guardianes y agitadores del capitalismo. Encerrando a los trabajadores en la ilusión de controlar la producción, de una distribución más justa de la riqueza, en la idea simplista de que bastaría con hacer pagar a los ricos y a los patrones, para hacer cumplir el derecho laboral, todo ello sin derrocar el capitalismo ni atacar las relaciones capitalistas de producción, Los izquierdistas tratan de desviar el pensamiento de los trabajadores más combativos hacia el terreno podrido de la gestión "justa" y "democrática" de un sistema que debería ser "actualizado" (NPA), de un sistema en decadencia que sólo puede llevar a la humanidad a la espiral infernal del caos y barbarie. Es por esta razón que nunca han planteado, vaya, ni siquiera de manera platónica, la necesidad de destruir el sistema capitalista y sus estados, la necesidad revolucionaria antes de cualquier otra política de organización de la sociedad. En otras palabras, enmascaran lo que realmente está en juego y la inevitable crisis del capitalismo. Estas políticas son nada más y nada menos que políticas burguesas, las de las organizaciones de izquierda que hace mucho tiempo pasaron al campo de la contrarrevolución.
La política de las organizaciones revolucionarias es precisamente la promoción del derrocamiento del estado capitalista como condición previa para el cambio social. Sin esta condición previa, no hay esperanza de que triunfe la revolución internacional y de que avancemos hacia el establecimiento de una sociedad sin clases. Esta última también tendrá la tarea de preservar la salud, el ecosistema de nuestro planeta y por lo tanto el de la humanidad.
Hoy la perspectiva para el proletariado es comprender que el mayor flagelo no es Covid-19 sino el capitalismo, que la solución no es unirse detrás del Estado asesino sino, por el contrario, oponerse a él, que la esperanza no está en las recetas o consignas de todos estos grupos de izquierda sino en el desarrollo de la solidaridad obrera, en la lucha, como lo demuestran las últimas reacciones de los trabajadores de todo el mundo contra los sacrificios que queremos imponerles. La única alternativa a la barbarie capitalista es la destrucción de este sistema por la revolución mundial.
S. y P., 28 de junio de 2020
[1] Para comprender las razones de por qué estos grupos que se presentan como “defensores de la clase obrera” hacen todo lo contrario sirviendo al capitalismo ver la Serie La Herencia oculta de la Izquierda del Capital: https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201712/4261/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-i-una-falsa-vision-de-l [363] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4267/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-ii-un-metodo-y-un-modo- [132] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4268/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-iii-un-funcionamiento-q [364] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201803/4278/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-iv-su-moral-y-la-nuestr [365] y /content/4322/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-v-el-debate-en-la-burguesia-pugna-brutal [366]
[2] Para reflexionar sobre la naturaleza de Podemos como servidor incondicional del capitalismo ver Podemos: un poder del Estado capitalista https://es.internationalism.org/cci-online/201406/4033/podemos-un-poder-del-estado-capitalista [218]
[3] Ver El nacionalismo feroz de Syriza /content/4084/el-nacionalismo-feroz-de-syriza [367]
[4] Ver La experiencia rusa: propiedad privada y propiedad colectiva https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2089/la-experiencia-rusa-propiedad-privada-y-propiedad-colectiva [368]
[5] Ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [271]
[6] Ver Correspondencia con «Nuevo Proyecto Histórico»: Sobre la autogestión https://es.internationalism.org/cci-online/200601/383/correspondencia-con-nuevo-proyecto-historico-sobre-la-autogestion [369]
[7] Ver el Punto XI de nuestra Plataforma política https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [243]
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Veamos como resumía Marx lo esencial del proceso de formación de las primeras organizaciones obreras: “Bajo la forma de coaliciones tuvieron lugar los primeros intentos de los trabajadores para ASOCIARSE entre ellos. La gran industria aglomera en un lugar una multitud de hombres desconocidos entre sí, la competencia los divide en intereses particulares. Pero la defensa del salario, este interés común que tienen contra el patrón, los une en una misma idea de resistencia: LA COALICIÓN. Así la coalición siempre tiene una doble finalidad, la de acabar con la competencia mutua para establecer une competencia general contra el capitalismo. Si bien la primera meta de la resistencia no es más que la defensa del salario, a medida que los capitalistas a su vez se reúnen en una idea de represión, las coaliciones, primeramente, aisladas, se reúnen en grupos y, frente al Capital –siempre unido– el mantenimiento de la ASOCIACIÓN es más importante que la defensa del salario. Esto es tan real, que los economistas ingleses, están sorprendidos de ver a los obreros sacrificar une buena parte de su salario en favor de las asociaciones que, a los ojos de estos economistas, no han sido establecidas más que en favor del salario. En Inglaterra no se han limitado a coaliciones parciales cuya finalidad era organizar una simple huelga pasajera, desapareciendo después. Se han formado coaliciones permanentes: las TRADE UNIONS que sirven a los obreros de trampolín en su lucha contra los capitalistas." (K. Marx: "Miseria de la Filosofía"[1])
Los sindicatos, trade-unions, aparecen entonces como organizaciones permanentes de la clase trabajadora destinadas a permitirle la resistencia organizada contra el Capital.
Productos de condiciones económicas, instrumentos económicos, no son ni pueden ser –contrariamente a lo que afirman los anarcosindicalistas y los reformistas– organizaciones "apolíticas".
Es político todo lo relacionado con el gobierno del Estado. Y al ser el Estado burgués gerente y defensor de las relaciones que ligan el capital al trabajo, la resistencia a estas relaciones es inevitablemente resistencia al Estado y por tanto lucha política.
Así, Marx añade inmediatamente después de estos párrafos: "En esta lucha –verdadera guerra civil– se reúnen y se desarrollan todos los elementos necesarios para la batalla definitiva. Una vez llegada a este punto, la asociación toma un carácter político. Las condiciones económicas hablan transformado a la masa del país en trabajadores. La dominación del Capital ha creado en esta masa una situación común, unos intereses comunes. De esta forma esta masa es ya una clase frente al capital, pero aún no lo es para sí misma. En la lucha, de la cual no hemos señalado más que algunas fases, esta masa se reúne constituyéndose en clase para sí. Los intereses que ella defiende se transforman en intereses de clase. Pero la lucha de clase contra clase es una lucha política... No digáis que el movimiento social excluye el movimiento político. No hay movimiento político que no sea a la vez movimiento social" (K. Marx "Miseria de la Filosofía")
Pero si está claro que la lucha de clase del proletariado es inevitablemente política, pues tiene inevitablemente algo que ver con el gobierno del Estado, queda aún por saber de qué tipo de lucha política se trata.
En efecto, en el siglo XIX, la realidad histórica de un capitalismo en plena fase de expansión da a la lucha política del proletariado la posibilidad de expresarse bajo dos aspectos diferentes: la lucha en el terreno del Estado burgués cara a la obtención de REFORMAS económicas y políticas de un lado; por otra parte la preparación de la lucha revolucionaria hacia la destrucción del Estado burgués y de la sociedad que lo engendra.
En el siglo XIX, el capitalismo vive el apogeo de su fase histórica ascendente. En las principales potencias económicas, el capital se extiende con toda su fuerza, transformando el planeta entero a su imagen. Los capitalistas ingleses, franceses, americanos y alemanes invaden con sus mercancías un mundo que ofrece a su producción siempre creciente unos mercados que parecen infinitos. Es el granero de expansión imperialista y de las revoluciones industriales.
En este marco histórico, la mejora de las condiciones de existencia de la clase obrera constituye objetivamente, no solo una posibilidad real sino también, en ciertos casos, un estimulante al desarrollo capitalista. Así, por ejemplo, la reducción del tiempo de trabajo a diez horas, por la clase obrera inglesa en 1848, no solo constituye una conquista real de la clase obrera (es decir, no fue anulada al día siguiente de su promulgación con una obligación de hacer horas extras) sino también se traduce en aguijón para la economía británica. Así comentaba Marx este acontecimiento en "Salario, precio y ganancia", ilustrando la necesidad y la posibilidad de la lucha por reformas económicas: "...(Los economistas oficiales)... nos anunciaron grandes males (en el caso de que la ley de las 10 horas fuera obtenida por los trabajadores); la acumulación disminuida, los precios en alza, los mercados perdidos, la producción disminuida con la inevitable reacción sobre los salarios, en fin, la ruina... ¿Resultado? Un alza de los salarios en dinero para los obreros de las fábricas a pesar de una disminución de la jornada de trabajo, un aumento importante de las plantillas, una caída continua del precio de los productos, un fabuloso desarrollo de las fuerzas productivas de su trabajo, una expansión nunca vista de los mercados para sus mercancías."[2]
Sin embargo, la burguesía nunca otorga reformas de buena gana. Toda concesión al proletariado se hace, de momento, en detrimento de las ganancias capitalistas. No es más que en el plano general y, al cabo de cierto tiempo que el aguijón impuesto al crecimiento capitalista hace sentir sus efectos benéficos. Por tanto, solo la lucha encarnizada de la clase obrera puede arrancar reformas a la clase dominante, y tal es el sentido de sus luchas reivindicativas en el siglo XIX.
Por otra parte, en este periodo de libre cambio, la burguesía gobernó a través de su Parlamento. Dentro de este recinto, las distintas fracciones de la clase dominante se afrontan realmente y deciden la política gubernamental. Para la clase obrera, el sufragio universal, constituye un medio real de influir sobre la política del Estado burgués, al poder estar representada dentro de él. No se trata de que los parlamentos burgueses hagan gran caso de las exigencias específicas de los representantes obreros: en el campo del Estado burgués el antagonismo burguesía-proletariado solo puede ser favorable a la primera. Pero la burguesía de esta época sigue muy dividida entre fracciones progresistas y fracciones reaccionarias. La burguesía moderna lucha todavía contra los representantes de las clases dominantes del antiguo régimen cuyo poder económico es todavía muy poderoso y, a la vez, contra las fracciones más retrógradas de su propia clase. Es pues como dice el Manifiesto Comunista: "Aprovechando las disensiones internas de la burguesía las organizaciones proletarias les arrancan el reconocimiento, bajo la forma de leyes, de ciertos intereses de los trabajadores"[3].
En este marco general, la lucha por sus derechos democráticos constituía para el proletariado una necesidad. La conquista del sufragio universal, del derecho de coalición, la lucha parlamentaria son la manifestación política, el corolario indispensable de la lucha y de la organización sindical. Sindicatos y parlamentarismo son las formas específicas producidas por la necesidad de la lucha por reformas en el capitalismo ascendente y la posibilidad de las mismas.
La lucha por las reformas no es más que uno de los aspectos de la lucha del proletariado en el siglo XIX. La clase obrera es una clase explotada y toda reforma sea cual sea no puede jamás significar su emancipación. El sentido más profundo de la lucha proletaria reside y se entiende no en la lucha por la mejora de su explotación sino en la destrucción de la explotación. "Una clase oprimida es la condición vital de toda sociedad basada en el antagonismo de clases. La emancipación de la clase oprimida implica necesariamente la creación de una nueva sociedad." (K. Marx "Miseria de la Filosofía")
Los revolucionarios proletarios no veían en las luchas por reformas una verdadera perspectiva para la clase obrera ni tampoco constituía el eje esencial de su actividad. Encerrada en sus propios límites, la lucha por reformas no puede conducir más que a una defensa de la explotación. Ya no es un paso adelante hacia la emancipación definitiva de la clase explotada sino una nueva cadena para sus pies. Marx defendió tanto la necesidad de la lucha por reformas como denunció con toda su energía que las tendencias reformistas intentaban encerrar a la clase obrera, “no veían en la lucha por salarios más que la lucha por los salarios", y no una escuela de combate donde la clase forja las armas de su emancipación definitiva.
Marx calificaba de "cretinismo parlamentario", la tendencia a hacerse ilusiones sobre las posibilidades de la lucha parlamentaria y a consagrarles demasiadas energías.
A propósito de la lucha por reformas, el Manifiesto Comunista decía: "De vez en cuando, los trabajadores obtienen victorias, pero su triunfo es efímero. El verdadero éxito de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez más amplia de todos los trabajadores."
Y, en "Salario, precio y ganancia": "Al margen y totalmente fuera de la servidumbre general que implica el sistema de salarios, los trabajadores no deben exagerar el resultado final de sus luchas diarias. Que no lo olviden: combaten los efectos, pero no las causas, retrasan la caída, pero no curan la enfermedad. Que tengan cuidado de no dejarse coger enteramente a estas escaramuzas inevitables que provocan las usurpaciones del capital. Deben comprender que el sistema presente, con todas las miserias que les inflige, engendra al mismo tiempo las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para reconstruir la economía y la sociedad. De su conciencia deben arrancar, esta consigna conservadora "un salario digno por una jornada de trabajo digna" e inscribir el grito revolucionario: "¡ABOLICIÓN DEL SALARIO!"
De igual manera, la resolución sobre Sindicatos de la 1era Internacional dice: "El objetivo inmediato de los Sindicatos obreros ha estado limitado a las necesidades de la lucha diaria, a unas acciones contra la usurpación incesante del capital, en una palabra, a las cuestiones de salarios y horas de trabajo. Esta actividad no es solo legítima, es; además, necesaria... (pero)... los Sindicatos se preocupan demasiado exclusivamente de las luchas locales e inmediatas contra el capital. No han comprendido todavía su poder de acción contra la esclavitud asalariada. Se han mantenido demasiado apartados de los movimientos generales y de las luchas políticas... aparte de su obra inmediata de reacción contra las maniobras del Capital deben actuar ahora como lugares de organización de la clase obrera en el gran fin de su emancipación. Deben ayudar todo el movimiento social y político que vaya en esa dirección." (Resolución sobre los Sindicatos, su pasado, presente y porvenir, Congreso de la A.I.T. Ginebra 1866)
La lucha sistemática por la conquista de mejoras y reformas y, la comprensión de esa lucha no como un fin en sí, sino como un momento de la lucha global revolucionaria, eran cosas complementarias para los revolucionarios del siglo XIX. Los partidos obreros marxistas que, paralelamente al impulso creciente de los Sindicatos, se desarrollan en la última mitad del siglo XIX y forman la II Internacional lo entienden así en un principio, no solo por servir como representantes parlamentarios a la clase obrera, sino al constituirse en los animadores políticos de los sindicatos, donde, cara a todas las luchas locales y parciales defienden siempre los intereses comunes de todo el proletariado como clase mundial e históricamente revolucionaria.
Las coaliciones efímeras de los primeros tiempos se convirtieron en Sindicatos, constituyendo las organizaciones permanentes que, en estrecha colaboración con los partidos parlamentarios de masas, y alrededor de una lucha sistemática y progresiva por reformas, fueron el lugar donde el proletariado se unificaba y desarrollaba su conciencia de clase.
Pero el hecho mismo de que el capitalismo estuviera en el apogeo de su fase ascendente significaba que su destrucción por la revolución comunista no estaba aún al orden del día de la historia. Frente a la expansión de las fuerzas productivas bajo la égida de las relaciones capitalistas y sindicales, frente a los éxitos de la lucha parlamentaria y sindical, en la obtención de verdaderas reformas en favor de la clase obrera, la idea misma de la revolución comunista aparecía como un proyecto lejano, irrealizable.
Las irregularidades que Marx denunciaba en el sindicalismo y en el parlamentarismo se desarrollan y, con la famosa consigna: "El fin no es nada, el movimiento lo es todo", el reformismo invade el movimiento obrero. Los dirigentes obreros, en un principio representantes de la clase obrera frente al Capital, se transforman progresivamente en representantes del Capital frente a los obreros. La burocracia sindical y parlamentaria domina cada vez más las organizaciones proletarias.
Una de las manifestaciones más claras de esta evolución es la tendencia a separar las luchas económicas de las luchas políticas. Del mismo modo que se tiende a concebir el partido como un aparato parlamentario, se intenta hacer del sindicato una organización puramente económica, al separar lo político de lo económico en las luchas proletarias (Partido y Sindicato), lo que de hecho se preparaba era la integración de ambas organizaciones (Partido y Sindicato) en las estructuras del Estado capitalista.
La izquierda revolucionaria de la II Internacional llevaría un combate cotidiano contra esta degeneración general. Rosa Luxemburgo repetiría incansablemente: "No hay dos luchas diferentes en la clase obrera, una política y otra económica. Hay UNA SOLA LUCHA DE CLASE tendente a la vez a limitar la explotación capitalista dentro de la sociedad burguesa y a suprimir la explotación capitalista suprimiendo a la sociedad burguesa". (R. Luxemburgo: "Huelga de masas, partido y sindicatos")
Pero la izquierda revolucionaria no conseguirá enderezar la situación. La entrada del capitalismo en su fase de decadencia precipitará sin dificultades a Partidos parlamentarios y Sindicatos dentro del campo de la burguesía.
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En los últimos dos meses se han producido algunas luchas obreras en España: Nissan y Alcoa contra los despidos; Navantia en Cádiz contra el peligro de pérdida de puestos de trabajo; las trabajadoras de la limpieza del hospital Gregorio Marañón de Madrid contra la degradación de sus condiciones laborales implementada a través de un cambio de su estatuto laboral; celadores y enfermeras en diversos hospitales; los trabajadores MIR en toda España ante unos contratos infames; en el hospital Sant Pau de Barcelona etc.
Se anuncian nuevas luchas para el mes de agosto. Los trabajadores de las ITV de Asturias en respuesta a la obligación que se les ha impuesto de ir a trabajar los sábados. También en Asturias, los trabajadores de ENCE decidieron en asamblea ir a la huelga en protesta por el trato degradante que un encargado infligió a 5 compañeros.
Primero que nada, queremos expresar nuestra solidaridad con estas respuestas que, pese a sus debilidades -que luego analizaremos- al luchar por la defensa de sus condiciones de vida se sitúan en un terreno de clase. A pesar de que son luchas aisladas, no sólo a causa de la pandemia, sino aisladas a nivel internacional y nacional, muestran que en sectores del proletariado existe combatividad, espíritu de lucha. Con pandemia o sin pandemia, hay intentos en el proletariado de romper con la pasividad, de luchar por sus necesidades.
Las lecciones que hoy se sacan de estas luchas, tanto de sus fuerzas como de sus debilidades, serán una experiencia y, por tanto, una contribución para las futuras luchas que tendrá que llevar.
Las luchas obreras no pueden encerrarse en mundo mezquino de la empresa, el sector, la ciudad, la región. Deben verse en un marco internacional e histórico, pues son una respuesta a fenómenos de dimensión mundial y consecuencias históricas. Las luchas obreras enfrentan políticas de tal o cual gobierno o de tal cual partido, acciones crueles de tal o cual compañía, pero eso sería quedarse en lo secundario y particular, perdiendo de vista lo esencial: la pandemia y la crisis económica.
Las luchas que vemos en España hacen frente, como el resto de los obreros del mundo, a una pandemia de proporciones muy graves (a 3 de agosto, según el instituto Hopkins había 714.994 muertos y más de 19 millones de casos[1]) y a la escalada de una crisis económica que los economistas anuncian como más grave que la de 1929. Dos datos elocuentes: 1º) “El Banco de España calcula una caída del PIB en el segundo trimestre de hasta el 21,8%. España entra en recesión con la mayor contracción nunca experimentada en tiempos de paz. La tasa de paro superará el 20% y alcanzará el 26% si la recuperación se está ralentizando”[2]. 2º) El PIB de USA en el segundo trimestre de 2020 ha caído en un 32,1%, el peor dato de toda su historia y el desempleo puede llegar al 25%[3]
La vida de los obreros y de las futuras generaciones está seriamente amenazada y sus condiciones de vida se degradan a gran velocidad.
Contra una brutal reforma de las pensiones se produjeron huelgas y manifestaciones masivas en Francia[4]. Dijimos que esas luchas no eran un hecho aislado, sino que anunciaban un cambio progresivo en el estado de ánimo de los trabajadores en los países industrializados: desarrollo de la combatividad, planteamiento en un terreno de clase etc. Eran solamente un primer paso, pero integraban experiencias de solidaridad que habíamos visto en Finlandia (huelga de trabajadores de correo y solidaridad en otros sectores obreros) y de combatividad (en USA, en las fábricas de GM[5]).
Durante la pandemia hubo luchas contra el sacrificio que hacía el capital de las vidas obreras con peligro de contagio también de sus familias[6]. Pensamos que las luchas obreras que se dan actualmente en España forman parte de ese esfuerzo de la clase obrera por recuperarse y desarrollar su lucha, por ir descubriendo su identidad de clase.
Los trabajadores han mostrado una fuerte combatividad. Las compañeras limpiadoras del Gregorio Marañón han hecho huelga y han convocado concentraciones. A estas se han unido enfermeras, celadores y los MIR en huelga. En una carta pública, que parece fue adoptada por una asamblea de trabajadoras se dice: “los MIR, o ahora las y los celadores, están comenzando a organizarse y están saliendo a la lucha. Su lucha y la nuestra es la misma, ¡y por eso debemos golpear todos juntos!”. Una asamblea de trabajadores precarios de distintos sectores se celebró en las puertas del hospital Gregorio Marañón en apoyo de las trabajadoras de la limpieza. Estas expresiones de solidaridad, por limitadas que sean, expresan preocupaciones existentes en sectores obreros por unirse y comprenderse dentro de una lucha común.
Los trabajadores de los MIR en toda España se han movilizado. Han tratado de implicar a compañeros de los hospitales y han puesto mesas para explicar su lucha a los pacientes y a sus familiares. Pese al corporativismo, su planteamiento es claramente por reivindicaciones obreras: “Los MIR reclaman la mejoría de sus salarios de miseria, algunos por debajo del SMI (Salario Mínimo Interprofesional) si no llegan a hacer guardias. También mayor control y supervisión para que no terminen realizando tareas para las que no están formados ni psicológicamente ni profesionalmente. Además, denuncian que la Administración Pública les utiliza como mano de obra barata con la que se intenta cubrir los agujeros del sistema sanitario. Durante la cuarentena esta situación se agudizó y estos trabajadores-estudiantes fueron llevados hasta límites insoportables. Con jornadas continuadas de más de 24 horas en muchos casos y sin apenas días de libranza, ahora mucho de este personal en primera línea ni siquiera tiene asegurado un puesto de trabajo fijo”[7]
En Cádiz, la manifestación de los trabajadores de Navantia se ha visto acompañada por trabajadores de Airbus y otras empresas. En Nissan se han realizado numerosas manifestaciones, pese a que los sindicatos han logrado encerrar la lucha en las cuatro paredes de la empresa. Una minoría de trabajadores protestó contra esta política diciendo que no se debía ir a la factoría de la empresa en Corrales de Buelna (Cantabria), sino extenderla en Barcelona, aunque no lograron imponer su criterio.
Denunciamos las trampas que sindicatos, gobiernos autonómicos y grupos izquierdistas han desarrollado para desviar la lucha obrera y llevarla a la derrota.
La primera trampa es HACER PASAR EL INTERES DE LA EMPRESA COMO INTERES DE LOS TRABAJADORES. Así en Navantia, los sindicatos piden “carga de trabajo”, o sea, que se le den más barcos a la empresa. Con ello, dicen, los trabajadores tendrán trabajo y podrán vivir.
Ahí hay gato encerrado. Se le pueden dar más contratos de barcos a la empresa, pero estos se van a hacer con MENOS TRABAJADORES, es decir, yendo unos a la calle y los que quedan TRABAJANDO MAS. El interés de la empresa es aumentar las ganancias y la acumulación y ello exige despidos, menos salarios, más horas de trabajo, ritmos más fuertes. Son intereses opuestos y antagónicos. Los sindicatos al presentar el interés de los trabajadores ligado a que haya “más contratos para la empresa”, lo que hacen es ATAR A LOS OBREROS AL CARRO DEL CAPITAL.
En la Primera Internacional, dentro de los sindicatos ingleses se expresaron ya esas ideas: “si la economía inglesa prosperaba los obreros también saldrían ganando”. Weston se hizo portavoz de estas ilusiones diciendo que la economía inglesa era como una sopera que cuando más grande fuera más sopa habría para los obreros, Marx demostró la falacia de tales argumentos: “El ciudadano Weston, a su vez, se olvida de que la 13 sopera de la que comen los obreros contiene todo el producto del trabajo nacional y que lo que les impide sacar de ella una ración mayor no es la pequeñez de la sopera ni la escasez de su contenido, sino sencillamente el reducido tamaño de sus cucharas”[8].
El gobierno regional de la señorita Diaz Ayuso ha tendido a las compañeras de la limpieza del Gregorio Marañón una trampa siniestra. Pretende que dejen de trabajar con contratos públicos para que trabajen con contratas privadas. Mediante esta jugada quiere imponerles condiciones de sueldo, horario etc., mucho peores.
Esta maniobra ha dado pie a una maniobra complementaria protagonizada por sindicatos, trotskistas, el sindicato radicaloide CGT etc.: desviar la lucha a la defensa de la sanidad pública contra las privatizaciones.
Privada o pública toda la sanidad está en manos del Estado capitalista. Directamente cuando es de titularidad pública, indirectamente a través de contratos, auditorias y controles, si es de propiedad privada. En la decadencia del capitalismo se desarrolla el CAPITALISMO DE ESTADO y éste controla por diferentes medios el conjunto de la sociedad. Pública o privada es la misma explotación.
La sanidad no escapa a ello. Es una herramienta fundamental que tiene el Capital para reparar rápidamente la fuerza de trabajo y evitar epidemias que provocan grandes daños en la economía, es decir, EN SUS GANANCIAS Y SU ACUMULACION. Precisamente, la pandemia del COVID 19 se ha producido porque desde la crisis de 2008 el capital en todos los países respondió con brutales RECORTES en sanidad y otros sectores, esto ha degradado tan violentamente los mecanismos de control sanitario que el capital se ha visto obligado a imponer una medida propia de la edad media, el confinamiento, para evitar que la pandemia provocara muchas más muertes.
En la carta pública antes mencionada se dice: “la sanidad no se vende, se defiende”. Es verdad que, con las privatizaciones de áreas de la sanidad, grupos capitalistas hacen negocios suculentos. Pero ¿Dónde está realmente el “negocio” para el Capital en su conjunto, para todo el Capital Nacional? Pues en que toda la sanidad, pública y privada, sea lo más barata posible para que el capital pueda explotar a los trabajadores, imponiendo peores salarios y peores condiciones de trabajo.
Por ello, “defender la sanidad pública” es un engaño, es luchar por el INTERES DEL CAPITAL que es tener un sistema sanitario que le permita que sigamos trabajando, aunque estemos enfermos, no se colapsen los hospitales y no se produzcan situaciones de parálisis de la economía.
Pública o privada la sanidad no es un “servicio a las personas” sino una HERRAMIENTA DE LA EXPLOTACION CAPITALISTA. Lo que necesitan las trabajadoras de la limpieza es defender sus salarios, defender sus condiciones de trabajo, luchar junto con los demás trabajadores. Con la trampa de la sanidad pública, los sindicatos y los izquierdistas atan a los obreros al carro del Capital nacional, traducen con “argumentos paternalistas” lo que defiende Vox, que es “por España, todos sacrificarse por España”. En nombre de lo público sindicatos y Estado sacrifican a los trabajadores.
En Alcoa sindicalistas y trotskistas proponen “nacionalizar la empresa”, “rescatarla de la multinacional canadiense”, dicen que con ello se “mantendrán los puestos de trabajo”.
¡Es un engaño! Les vamos a responder con lo que decían en 1938 unos revolucionarios de la Izquierda comunista en México, el Grupo de Trabajadores Marxistas que ante la comedia de las nacionalizaciones del petróleo y los ferrocarriles realizadas por el gobierno “progresista” del general Cárdenas denunciaron:
“¿Cuál es, entonces, según el marxismo, el alcance y significado de la "expropiación" de la propiedad de las compañías petroleras? En palabras sencillas: esta propiedad ha pasado de las manos de un grupo de explotadores (las compañías petroleras) a las manos de otro (el Estado mexicano). Nada más ni menos, la naturaleza de esta propiedad no ha cambiado en nada: queda propiedad capitalista como antes. Los trabajadores quedan en la misma posición de proletarios: tienen que vender su fuerza de trabajo al propietario de los instrumentos de producción, es decir, al dueño de los campos petrolíferos, de la maquinaria. del aparato de distribución, y el propietario (hoy el Estado mexicano) se queda con la plusvalía producida por los trabajadores, es decir, les explota. En otras palabras, la industria petrolera mexicana se ha convertido en una sola gigantesca Petromex, con capataces y especialistas "nacionales" en vez de extranjeros, y la tarea principal de esta Petromex grande es exactamente la misma que antes de la Petromex chica: Impedir o romper huelgas, como lo hizo en la huelga de protesta del año pasado”[9]
Con Alcoa en manos del Estado español (o de su sucursal autonómica gallega) los despidos serán incluso muchos más porque, nos dirán, “ahora la empresa es del pueblo” y para que funcione “hay que hacer sacrificios”. Pedirán aún más sacrificios: rebaja de salarios, más ritmos, renunciar a prestaciones sociales etc. Es lo que ha pasado con las cajas de ahorros que fueron nacionalizadas en 2011-2012: el Estado las saneó, despidió a numerosos trabajadores, impuso condiciones laborales peores… y, finalmente, las entregó a las manos privadas.
Contra las ilusiones reaccionarias de que “el Estado nos salve” debemos recordar lo que dicen los compañeros de México: “El Estado moderno es la organización que se da la burguesía para defender sus intereses colectivos, sus intereses de clase, contra los ataques de los obreros por un lado y de los capitalistas individuales por otro (en primer lugar contra aquellos capitalistas y compañías que no quieren sacrificar parte de sus intereses individuales en favor de la defensa de los intereses colectivos de toda la clase burguesa contra los trabajadores). Todas las actividades del Estado capitalista, aunque se llame "obrerista", sirven para un solo fin: el reforzamiento del régimen capitalista. En la fase de la expansión del capitalismo, el reforzamiento de éste tenía un carácter progresivo, a pesar de la opresión creciente que de ello resultó, porque en aquellos tiempos, la historia todavía no había puesto la revolución proletaria en el orden del día. El único progreso posible era el capitalista. Hoy. En su fase de descomposición, es decir en la fase imperialista que vivimos, el reforzamiento o la "reforma" del capitalismo tiene un carácter sumamente reaccionario y contrarrevolucionario, porque hoy solamente la destrucción del capitalismo puede salvar a la humanidad de la barbarie. El rol actual del Estado es defender al capitalismo contra la revolución proletaria. En la fase imperialista, el Estado capitalista, cualquiera que sea su forma, es la verdadera encarnación de la reacción y contrarrevolución. Hoy no hay ni puede haber un Estado capitalista progresivo. Todos son reaccionarios y contrarrevolucionarios”.
En el estado capitalista los sindicatos son un aparato que colabora con las empresas, los gobiernos etc., para imponer el orden capitalista en el trabajo. Sin embargo, su función principal es sabotear desde dentro la lucha de los trabajadores. Ya hemos visto las banderas ideológicas que agitan (el bien de la empresa; la sanidad pública; las nacionalizaciones), pero también debemos ver cómo sabotean la lucha.
Encierran la lucha dentro de la empresa o del sector. Con ello los trabajadores quedan aislados y todos los instrumentos del Estado capitalista se abalanzan sobre ellos imponiéndoles finalmente la desmoralización y la derrota. En Nissan impidieron que los trabajadores se dirigieran a compañeros de otras empresas y desviaron las acciones a apedrear escaparates de concesionarias de Nissan o hacer un viaje agotador a Corrales de Buelna donde previamente la empresa había prometido mantener la producción oponiendo a los trabajadores de esa factoría contra sus compañeros de Barcelona.
Desde el año pasado, Nissan tenía previsto despidos y los sindicatos no hicieron nada: “Cabe recordar que Nissan Motor anunció que desde 2019 y hasta el primer trimestre de 2023 se desprenderá de más de 12,500 trabajadores en el mundo para mejorar la eficacia de su línea de producción”[10]. En junio de 2020, Nissan en Aguascalientes – México, añadió 200 despidos más tomando como excusa la situación actual de la pandemia con el apoyo total de los sindicatos.
En Alcoa los sindicatos reducen la lucha a cortes de carreteras que molestan a gente que tiene que ir con su coche, furgoneta o camión a ganarse el pan, con lo que crean un enfrentamiento entre trabajadores y hacen la lucha impopular.
En la limpieza del Gregorio Marañón los sindicatos desvían hacia la “no privatización”, añadiendo que si se mantienen en lo público entonces habrá que aceptar “algunos sacrificios”. ¿Cuáles? No lo aclaran, por lo que están ofreciendo al gobierno los palos para golpear a los trabajadores. Por eso, la carta de las trabajadoras de la limpieza desarma a los trabajadores al pedir que “el Comité de Empresa del Hospital, y los distintos sindicatos presentes en el mismo, deben organizar asambleas a comienzo de septiembre de todo el personal sea cual sea su función, y sea cual sea su categoría, incluyendo aquellos servicios que ya estén externalizados”. ¡Es como si pidiéramos el zorro que cuide a las gallinas!
Por eso decimos NO. No ponerse en manos de los sindicatos, pues ponerse en manos de los sindicatos es ponerse en manos del enemigo capitalista. La lucha de la clase obrera debe hacerse fuera y contra los sindicatos[11]:
Los compañeros que quieren impulsar una lucha obrera autónoma que no se vea condenada al fracaso deben crear comités de lucha, como decía nuestro artículo sobre las luchas en Francia: "Los trabajadores más combativos y decididos ya sean activos o desempleados, jubilados o estudiantes, deben tratar de formar 'comités de lucha' interprofesionales abiertos a todas las generaciones para prepararse para futuras luchas. Debemos aprender las lecciones de este movimiento, entender cuáles han sido sus dificultades para poder superarlas en futuras luchas".
Marjane y Omar 5-8-20
[2] https://www.elconfidencial.com/economia/2020-06-25/banco-espana-estima-caida-pib-segundo-trimestre-22_2654968/ [377]
[3] https://elceo.com/internacional/estados-unidos-anticipa-alto-nivel-de-desempleo-en-el-segundo-trimestre-de-2020/ [378]
[4] Ver La perspectiva que plantea las recientes luchas en Francia https://es.internationalism.org/content/4540/la-perspectiva-que-plantean-las-recientes-luchas-obreras-en-francia [125]
[5] https://es.internationalism.org/content/4496/huelga-en-general-motors-los-sindicatos-dividen-y-enfrentan-entre-si-los-trabajadores [379]
[6] Ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [271]
[7] https://www.izquierdadiario.es/Medicos-internos-residentes-convocan-huelga-y-la-Comunidad-de-Madrid-responde-con-amenazas [380]
[9] https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/200807/2291/un-texto-de-la-izquierda-comunista-mexicana-gtm-1938 [381]
[10] https://monitoreconomico.org/noticias/2020/jun/25/nissan-anuncia-despido-de-empleados-en-aguascalientes/#:~:text=Cabe%20recordar%20que%20Nissan%20Motor,pa%C3%ADses%20que%20se%20ver%C3%A1n%20afectados [382]
[11] Ver la Serie Los sindicatos contra la clase obrera https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i [383] y https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii [384]
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Tras el anuncio del aumento de los precios de la carne, los trabajadores de muchas fábricas reaccionaron con huelgas espontáneas. El 1 de julio, los trabajadores de Tczew, cerca de Gdansk, y de Ursus, en las afueras de Varsovia, se declararon en huelga. En Ursus, se celebraron asambleas generales, se eligió un comité de huelga y se presentaron demandas comunes. En los días siguientes, las huelgas continúan extendiéndose: Varsovia, Lodz, Gdansk, etc. El gobierno trata de impedir una mayor expansión del movimiento haciendo rápidas concesiones como aumentos de salario. A mediados de julio, los trabajadores de Lublin, un importante nudo ferroviario, hacen una huelga. Lublin se encontraba en la línea del tren que conectaba Rusia con Alemania del Este. En 1980, era una línea vital para el suministro de las tropas rusas en Alemania Oriental. Las demandas de los trabajadores eran: no represión contra los trabajadores en huelga, retirada de la policía de las fábricas, aumentos salariales y elecciones sindicales libres[1].
Los trabajadores ya habían aprendido de las luchas de 1970 y 1976[2]. Vieron claramente que el aparato sindical oficial estaba del lado del estado estalinista y del lado del gobierno cada vez que presentaban demandas. Por eso tomaron la iniciativa directa en las huelgas masivas de 1980. Sin esperar instrucciones de arriba, marcharon juntos, celebraron asambleas para decidir por sí mismos dónde y cuándo luchar. Esto se vio más claramente en Gdansk, Gdynia y Sopot, el cinturón industrial del Mar Báltico. Sólo los astilleros Lenin de Gdansk tenían 20.000 trabajadores.
Las demandas comunes fueron presentadas en asambleas masivas. Se formó un comité de huelga. Al principio, las demandas económicas estaban en primer plano. Los trabajadores estaban decididos. No querían que se repitiera el aplastamiento sangriento de la lucha como en 1970 y 1976. En un centro industrial como Gdansk-Gdynia-Sopot, era obvio que todos los trabajadores tenían que unirse para asegurar que la relación de fuerzas estuviera a su favor. Se creó un comité de huelga inter-empresas (MKS) con 400 miembros, dos delegados por compañía. En la segunda mitad de agosto, se reunieron entre 800 y 1.000 delegados. Al formar un comité de huelga entre fábricas, se superó la habitual dispersión de fuerzas. Ahora los trabajadores podrían enfrentar el capital de manera unida. Todos los días se celebraban asambleas generales en los Astilleros Lenin. Se instalaron altavoces para que todos pudieran seguir las discusiones de los comités de huelga y las negociaciones con los representantes del gobierno. Poco después, se instalaron micrófonos fuera de la sala de reuniones del Comité Interempresarial de Huelga para que los trabajadores presentes en las asambleas generales pudieran intervenir directamente en sus debates. Por las noches, los delegados (la mayoría de ellos provistos de casetes con la grabación de los debates) volvían a sus lugares de trabajo y presentaban los debates y la situación en "sus" asambleas generales de fábrica, dando su mandato ante ellos.
Estos fueron los medios por los cuales el mayor número de trabajadores pudieron participar en la lucha. Los delegados tenían que rendir sus mandatos, eran revocables en cualquier momento, y las asambleas generales eran siempre soberanas. Todas estas prácticas estaban en total oposición a la práctica sindical.
Mientras tanto, después de que los trabajadores de Gdansk-Gdynia-Sopot se unieran, el movimiento se extendió a otras ciudades. Para sabotear la comunicación entre los trabajadores, el gobierno cortó las líneas telefónicas el 16 de agosto. Inmediatamente, los trabajadores amenazaron con ampliar aún más su movimiento si el gobierno no los restauraba inmediatamente. El gobierno se echó atrás.
La asamblea general decidió crear una milicia de trabajadores. Aunque el consumo de alcohol estaba muy extendido, se decidió colectivamente prohibirlo. Los trabajadores sabían que tenían que tener la cabeza despejada en su enfrentamiento con el gobierno.
Una delegación del gobierno se reunió con los trabajadores para negociar. Esto se hizo delante de toda una asamblea general y no a puerta cerrada. Los trabajadores exigieron una nueva composición de la delegación gubernamental porque estaba compuesta por representantes de rango demasiado bajo. El gobierno se echó atrás otra vez. Cuando el gobierno amenazó con la represión en Gdansk, los trabajadores ferroviarios de Lublin declararon: "Si los trabajadores de Gdansk son atacados físicamente y si incluso uno de ellos es golpeado, paralizaremos la línea ferroviaria estratégicamente más importante entre Rusia y Alemania Oriental". El gobierno comprende muy bien lo que estaba en juego: toda su economía de guerra. Sus tropas habrían sido golpeadas en el lugar más frágil y, en los días de la Guerra Fría, habría sido fatal.
En casi todas las grandes ciudades, los trabajadores se movilizaron. Más de medio millón de ellos entendieron que eran la única fuerza decisiva del país capaz de oponerse al gobierno. Sintieron lo que les dio esa fuerza:
- la rápida expansión del movimiento en lugar de su agotamiento en enfrentamientos violentos como en 1970 y 1976;
- su auto-organización, su capacidad de tomar la iniciativa por sí mismos en lugar de depender de los sindicatos;
- la celebración de asambleas generales en las que han podido unir fuerzas, ejercer el control sobre el movimiento, permitir la mayor participación posible de las masas y negociar con el gobierno delante de todos.
En resumen, la extensión del movimiento era la mejor arma de solidaridad; los trabajadores no se contentaban con hacer declaraciones, sino que tomaban la iniciativa de las propias luchas. Esto es lo que hizo posible desarrollar una relación de fuerzas diferente. Mientras los trabajadores lucharan de forma tan masiva y unida, el gobierno no podría llevar a cabo ninguna represión. Durante las huelgas de verano, cuando los trabajadores se enfrentaron al gobierno de forma unida, ninguno de ellos fue asesinado o golpeado. La burguesía polaca comprendió que no podía permitirse tal error, sino que, más bien, tendría que debilitar a la clase obrera desde dentro.
Además, los trabajadores de Gdansk, a los que el gobierno había otorgado concesiones, exigieron que éstas se garantizaran también a los trabajadores del resto del país. Querían oponerse a cualquier división y así mostrar su solidaridad con otros trabajadores.
La clase obrera se convirtió en el punto de referencia para toda la población. Junto con otros trabajadores que viajaron a Gdansk para establecer contacto directo con los trabajadores en huelga, los campesinos y los estudiantes se acercaron a las puertas de la fábrica para recibir boletines de huelga y otras informaciones. La clase obrera se había convertido en el polo de referencia de toda la población y demostraba que representaba una amenaza para la clase dirigente.
El peligro que representaban las luchas en Polonia se pudo ver a través de las reacciones de los países vecinos. Las fronteras entre Polonia y Alemania Oriental, Checoslovaquia y la Unión Soviética se cerraron inmediatamente. Mientras que antes los trabajadores polacos viajaban con frecuencia a Alemania Oriental, especialmente a Berlín, para hacer compras porque había aún menos mercancía en las tiendas polacas que en Alemania Oriental, la burguesía buscaba aislar a la clase obrera. Se debía evitar a toda costa el contacto directo entre trabajadores de distintos países. ¡Y la burguesía tenía una buena razón para dar ese paso! Porque en la región minera de carbón cerca de Ostrava en Checoslovaquia los mineros, siguiendo el ejemplo polaco, también se habían declarado en huelga. En las regiones mineras rumanas, en Togliattigrad en Rusia, los trabajadores seguían el mismo camino que sus hermanos de clase en Polonia. Aunque en los países de Europa occidental no había habido huelgas en solidaridad directa con las luchas de los trabajadores polacos, los trabajadores de muchos países seguían el ejemplo de sus hermanos de clase en Polonia. En Turín, en septiembre de 1980, se podía oír a los trabajadores cantando: "Gdansk nos muestra el camino".
Debido a su perspectiva y métodos de lucha, la huelga masiva en Polonia tuvo un enorme impacto en los trabajadores de otros países. A través de ella, la clase obrera demostró, como lo hizo en 1953 en Alemania Oriental, en 1956 en Polonia y Hungría, en 1970 y 1976 en Polonia nuevamente, que en los países llamados "socialistas" la explotación capitalista existe como en Occidente y que sus gobiernos son enemigos de la clase obrera. A pesar del aislamiento impuesto en las fronteras polacas, a pesar del telón de acero, la clase obrera de Polonia, mientras permaneció movilizada, representó un polo de referencia a escala mundial. Precisamente en la época de la Guerra Fría, durante la guerra de Afganistán, las luchas de los trabajadores polacos contenían un importante mensaje: se oponían a la carrera armamentista y a la economía de guerra mediante la lucha de clases. La cuestión de la unificación de los trabajadores entre el Este y el Oeste, aunque no era una cuestión concretamente planteada, resurgió en tanto que perspectiva.
El movimiento fue capaz de desarrollar tal fuerza porque creció rápidamente y porque los propios trabajadores tomaron la iniciativa. La extensión más allá de la fábrica, las asambleas generales, la revocabilidad de los delegados, todas estas medidas contribuyeron a su fortaleza. Mientras que al principio no había influencia sindical, los miembros de los "sindicatos libres"[3] se esforzaron por obstaculizar la lucha.
Aunque inicialmente las negociaciones se llevaron a cabo de manera abierta, después de algún tiempo se afirmó que se necesitaban "expertos" para elaborar los detalles de las negociaciones con el gobierno. Cada vez más, los trabajadores ya no podían seguir las negociaciones, y mucho menos participar en ellas, ya que los altavoces que transmitían las negociaciones ya no funcionaban debido a problemas "técnicos". Lech Walesa, miembro de los "sindicatos libres", fue coronado líder del movimiento gracias a la orden de despido dictada contra él por la dirección de los Astilleros de Gdansk. El nuevo enemigo de la clase obrera, el "sindicato libre", había trabajado para infiltrarse en el movimiento y comenzó su trabajo de sabotaje. De esta manera, lo hizo todo por distorsionar completamente las demandas de los trabajadores. Si bien inicialmente las demandas económicas y políticas eran las primeras de la lista, el "Sindicato Libre" y Walesa impulsaron ahora el reconocimiento de los sindicatos "independientes", dejando en segundo plano las demandas económicas y políticas. Seguían la vieja táctica "democrática": defender los sindicatos en lugar de los intereses de los trabajadores.
La firma de los Acuerdos de Gdansk el 31 de agosto marcó el agotamiento del movimiento (aunque las huelgas continuaron durante algunos días en otros lugares). El primer punto de estos acuerdos autoriza la creación de un sindicato "independiente y auto-gestionado" que tomará el nombre de Solidaridad. Los quince miembros del presídium del Comité Inter-empresarial de Huelga formaron la dirección del nuevo sindicato.
Como los trabajadores habían tenido claro que los sindicatos oficiales trabajaban con el Estado, la mayoría de ellos creía ahora que el recién fundado sindicato Solidarnosc, con sus 10 millones de trabajadores, no era corrupto y defendería sus intereses. No habían pasado por la experiencia de los trabajadores de Occidente que ya se habían enfrentado durante décadas a los sindicatos "libres"[4].
Entre tanto, Walesa ya estaba prometiendo en ese momento: "Queremos crear un segundo Japón y establecer la prosperidad para todos", y muchos trabajadores, debido a su inexperiencia con la realidad del capitalismo en Occidente, podían tener tan grandes ilusiones, Solidarnosc y Walesa a la cabeza asumieron el papel de bombero del capitalismo para extinguir la combatividad de los trabajadores. Estas ilusiones entre la clase obrera de Polonia no eran más que el peso y el impacto de la ideología democrática en esta parte del proletariado mundial. El veneno democrático, que ya es muy poderoso en los países occidentales, sólo podía tener una fuerza aún mayor en Polonia después de cincuenta años de estalinismo. Esto es lo que la burguesía polaca y mundial entendió muy bien. Estas ilusiones democráticas fueron el caldo de cultivo en el que la burguesía y su sindicato Solidarnosc pudieron llevar a cabo su política anti-obrera y desatar la represión.
En el otoño de 1980, cuando los trabajadores se declararon de nuevo en huelga para protestar contra los acuerdos de Gdansk, al darse cuenta de que incluso con un sindicato "libre" a su lado, su situación material había empeorado, Solidarnosc ya empezaba a mostrar su verdadero rostro. Justo después del fin de las huelgas masivas, Walesa va de aquí para allá en un helicóptero del ejército para pedir a los trabajadores que paren sus huelgas con urgencia. "No necesitamos más huelgas porque están empujando a nuestro país al abismo, tenemos que calmarnos".
Desde el principio, Solidarnosc comenzó a sabotear el movimiento. Siempre que fue posible, tomó la iniciativa sobre y contra los trabajadores, impidiéndoles lanzar nuevas huelgas.
En diciembre de 1981, la burguesía polaca pudo finalmente desatar la represión contra los trabajadores. Solidaridad hizo lo mejor que pudo para desarmar políticamente a los trabajadores preparándolos para su derrota. Mientras que en el verano de 1980 ningún trabajador había sido golpeado o asesinado debido a la auto-organización y la extensión de las luchas, y porque no había sindicatos que supervisaran a los trabajadores, en diciembre de 1981, más de 1.200 trabajadores fueron asesinados, decenas de miles fueron encarcelados o conducidos al exilio. Esta represión militar se organizó, además, con una intensa coordinación entre la clase dirigente del Este y del Oeste.
Después de las huelgas de 1980, la burguesía occidental ofreció a Solidarnosc toda clase de ayuda para fortalecerlo contra los trabajadores. Se lanzó una campaña como la de "paquetes de medicinas para Polonia" y se establecieron créditos baratos en el marco del FMI para evitar que los trabajadores de Occidente siguieran el ejemplo de Polonia y tomaran sus luchas en sus propias manos. Antes de la represión del 13 de diciembre de 1981, los planes se coordinaban directamente entre los líderes del gobierno. El 13 de diciembre, el mismo día de la represión, el canciller socialdemócrata Helmut Schmidt y el líder de la RDA, el estalinista por excelencia, Erich Honecker, se reunieron cerca de Berlín, afirmando no saber "nada de los acontecimientos". Pero en realidad, no sólo habían dado su aprobación a la represión, sino que la burguesía polaca había podido beneficiarse de la experiencia de sus compinches occidentales en el enfrentamiento con la clase obrera.
Un año más tarde, en diciembre de 1981, Solidarnosc dejó clara la terrible derrota que había sido capaz de imponer a los trabajadores. Después del fin de las huelgas en 1980, incluso antes de que comenzara el invierno, Solidarnosc ya había demostrado lo fuerte que era el pilar del Estado en el que se había convertido. Y si, desde entonces, el antiguo dirigente de Solidarnosc, Lech Walesa, fue elegido jefe del Gobierno polaco, fue precisamente porque ya había demostrado que era un excelente defensor de los intereses del Estado polaco en su calidad de dirigente sindical.
Aunque han pasado veinte años desde entonces, y aunque muchos trabajadores que participaron en el movimiento de huelga en ese momento quedaron desempleados o se vieron obligados a emigrar, su experiencia es inestimable para toda la clase obrera. Como ya lo escribió la CCI en 1980, "En todos estos puntos, las luchas de Polonia representan un gran paso adelante en la lucha del proletariado a escala mundial, por lo que estas luchas son las más importantes desde hace medio siglo”. Fueron el punto más alto de una ola internacional de luchas. Como dijimos en nuestro informe sobre la lucha de clases en 1999 en nuestro 13º congreso: "Los acontecimientos históricos a este nivel tienen consecuencias a largo plazo. La huelga de masas en Polonia fue una prueba definitiva de que la lucha de clases es la única fuerza que puede obligar a la burguesía a dejar de lado sus rivalidades imperialistas. En particular, demostró que el bloque ruso (condenado históricamente por su débil posición de ser el "agresor" en cualquier guerra) era incapaz de responder a su creciente crisis económica con una política de expansión militar. Es evidente que los trabajadores de los países del bloque del Este (y la propia Rusia) no podrían servir totalmente como carne de cañón en cualquier futura guerra para la gloria del "socialismo". Por lo tanto, la huelga masiva en Polonia fue un factor poderoso en la implosión del bloque imperialista ruso”.
Welt Revolution No. 101, órgano de la CCI en Alemania
[1] Ver Un año de luchas obreras en Polonia /content/2318/un-ano-de-luchas-obreras-en-polonia [318]
[2] En el invierno de 1970-71, los trabajadores de los astilleros del Báltico se declararon en huelga contra el aumento de los precios de los alimentos básicos. El régimen estalinista reaccionó inicialmente con una feroz represión de las manifestaciones, que provocó varios cientos de muertos, en particular en Gdansk. Sin embargo, las huelgas no se detuvieron. Finalmente, el líder del partido, Gomulka, fue despedido y sustituido por una figura más "simpática", Gierek. Gierek tuvo que hablar durante ocho horas con los trabajadores del astillero de Szczecin antes de convencerlos de que volvieran a trabajar. Por supuesto, rápidamente había traicionado las promesas que les había hecho en ese momento. Así, en 1976, nuevos y brutales ataques económicos habían provocado huelgas en varias ciudades, especialmente en Radom y Ursus. Varias docenas de personas murieron como resultado de la represión.
[3] No se trataba de un sindicato propiamente dicho, sino de un pequeño grupo de trabajadores que, junto con el KOR (Comité de Defensa de los Trabajadores), formado por intelectuales de la oposición democrática después de la represión de 1976, hacían campaña por la legalización del sindicalismo independiente.
[4] Ver los dos primeros artículos de nuestra Serie, futuro folleto, LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i [383] y https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii [384] . Ver también Apuntes sobre la cuestión sindical https://es.internationalism.org/cci-online/201104/3103/apuntes-sobre-la-cuestion-sindical [9]
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Quiero expresar mi total apoyo al texto de la CCI publicado sobre Gaizka[1]. Sobre todo, hay que reconocer que la CCI no ha publicado el artículo sobre Gaizka como parte de un ataque al individuo (su nombre real se omite cuidadosamente), sino como una identificación de un elemento oportunista, aventurero, capaz de descarrilar el medio revolucionario[2]. En términos más generales, el artículo de la CCI pretende poner un dedo en la llaga en lo que respecta a la debilidad programática y organizativa del medio, de la que es expresión la aceptación acrítica de Nuevo Curso (NC) por parte del medio.
El último artículo, junto con el de la historia de la llamada 'Izquierda Comunista Española'[3], desvela el carácter fraudulento de la política de Nuevo Curso. Sus aperturas al trotskismo histórico han sido adecuadamente criticadas como antitéticas a las posiciones programáticas de la izquierda comunista. Entonces, ¿por qué publicar un artículo sobre el elemento líder de Nuevo Curso? La existencia de NC demuestra cuán fácilmente el medio puede ser embelesado por elementos aventureros. En lo que sigue, señalaré algunas de las preguntas que el ascenso de Gaizka plantea al medio.
No es nuestro objetivo aquí repetir lo que ya se ha confirmado con respecto a la naturaleza de este elemento particular en España. Pero me parece que la naturaleza de estos elementos aventureros debe ser entendida más históricamente. La historia del proletariado, y la historia de sus organizaciones políticas, se ha visto empañada por la aparición de "grandes líderes" que han tratado de utilizar estos movimientos para su propia gloria personal. Uno de los principales ejemplos fue la figura de Lassalle[4], pero ha habido otros. Pero el aventurismo tiene que encontrar un huésped fértil para poder crecer. Debemos considerar las razones por las cuales algunos elementos dispersos y débilmente politizados son capaces de crear otro grupo "comunista de izquierda" que es igualmente capaz de reagruparse bajo la dirección de cualquier otro grupo existente en el medio. ¿Y por qué es que otros grupos están dispuestos a aceptar la existencia de tendencias que están tan claramente en contradicción con su propio programa?
Históricamente, como han demostrado los textos de la CCI sobre el aventurismo[5], la prominencia de los elementos aventureros se basa principalmente en la debilidad del medio proletario en un momento histórico particular. Esto no quiere decir que las organizaciones sean incapaces de hacer nada en un momento histórico difícil para los comunistas, pero requiere una fuerte firmeza teórica y organizativa para poder ir contra la corriente.
En otras palabras, es imperativo que el medio sea capaz de enfrentar el ataque a sus principios teóricos. Debería haber una reflexión completa sobre cómo y por qué es que estamos siendo perseguidos por elementos que buscan desviarse de la tradición de la Izquierda Comunista. En general, el problema parece residir en la debilidad del medio. Pero antes de entrar en esta debilidad, podría ser fructífero entender cómo una nueva organización puede legítimamente formar parte del medio. Al hacerlo, defendemos el concepto de medio, precisamente porque nos impide poner nuestra herencia entre paréntesis cada vez que aparece un nuevo grupo, y porque limita lo que se puede considerar legítimamente como "comunista"; y además porque puede excluir lo que, sobre la base de la experiencia histórica, nunca puede ser una posición de la clase obrera.
Y, sin embargo, es posible llegar al medio con nuevas ideas, y unirse al medio como un nuevo grupo, o unirse a uno de los grupos existentes, mientras se sostienen opiniones que podrían parecer perturbar la sabiduría común. De hecho, es precisamente la feroz lucha contra los dogmas de la 2ª Internacional lo que permitió a las Fracciones de Izquierda romper claramente con la vieja organización y mantener su núcleo proletario.
Sin embargo, no puede haber teoría que no se desarrolle en el debate con la realidad y en el debate con otros grupos políticos que existen actualmente. Y no podemos ignorar lo que ya ha sido ampliamente probado por la historia, por ejemplo, el papel regresivo de los sindicatos. Para nosotros los comunistas no puede haber una reinvención de la rueda: en este momento, dada la fragilidad de nuestra corriente política, y dada la distribución demográfica de nuestros militantes, y sobre todo, el difícil momento político en que nos encontramos (con las fronteras, el populismo, la política de la culpa, etc.) cualquier siembra de duda política sobre los principios básicos de nuestra política es casi suicida.
Al defender el medio y los puntos de acuerdo (no reconocidos) que representa, debería ser igualmente impensable que uno represente a la vez una organización comunista y una organización burguesa.
Por supuesto, es imposible vivir y trabajar en el capitalismo sin enredarse un poco en él, pero todavía hay una diferencia importante con trabajar como asesor de una figura política y con apoyar activamente a un partido burgués y su ideología. Si se aceptara esa doble representación de las causas comunistas y burguesas, se oscurecería el significado del comunismo y se enturbiaría la forma en que la clase obrera debe dirigir su atención.
Como se ha dicho antes, una ruptura se hace necesaria. Ninguna de estas dos condiciones, a pesar de ser de sentido común, ha sido cumplida por la figura principal del Nuevo Curso. No se ha dado ninguna explicación de las oscilaciones políticas de Gaizka, y tampoco su organización ha definido fundamentalmente sus diferencias en relación con los demás grupos. Tampoco se ha emitido una defensa real de la existencia de la llamada izquierda española. La claridad de la teoría comunista debe ser salvaguardada mediante el debate, desarrollando abiertamente un conjunto de posiciones compartidas que definan la política comunista. Desafortunadamente, el medio parece ser incapaz de hacerlo.
Esto nos deja en una posición política particularmente difícil, en la que los elementos aventureros son capaces de crecer sin inhibiciones, y ganar una legitimidad no ganada. Sería una tontería negar la posibilidad de diferencias legítimas en puntos programáticos entre grupos comunistas. Pero es de vital importancia que no dejemos las puertas abiertas a las maniobras de los aventureros, lo que parece poco ganado por ser el peligro más inmediato si seguimos dejando que grupos como Nuevo Curso y su mentor entren sin obstáculos. Grupos parasitarios como el llamado Grupo Internacional de la Izquierda Comunista (GICL) persistirán, sin duda, en defender la posición exactamente opuesta a la de la CCI, saludando la aparición de una nueva corriente entre las demás, ya que se ajusta a su objetivo de implosionar el medio para sus propios fines de liquidar la teoría y la organización. Demuestra además su propósito final y su odio subyacente al esclarecimiento, su amor por la "elección", es decir, la democracia, y su incapacidad para entablar debates sin ver sus opiniones como su propiedad personal. Sus errores le llevan a distorsionar las críticas actuales de NC como una forma de difamación, ya que es su propio modus operandi, y simplemente no pueden pensar fuera de él.
No podemos negar que nuevos argumentos o teorías revisadas podrían ser válidos en el debate político entre grupos. La invocación de la llamada "izquierda española" es tanto una consecuencia como un síntoma de la falta de voluntad de debate en el seno del medio, es decir, de cartografiar plenamente todo lo que podría permanecer legítimamente, y es, por tanto, un obstáculo a la capacidad del medio para avanzar en una plataforma común. La pretensión de crear una “nueva tradición comunista” significa eludir el debate y constituye una expresión de la naturaleza fundamentalmente parasitaria de este grupo.
Entonces, tenemos que preguntarnos, ¿qué ha hecho el medio hasta ahora? En general, ha aceptado la existencia de los nuevos elementos, y no se ha comprometido críticamente con sus posiciones. Los textos traducidos que aparecen de Nuevo Curso son introducidos por otros grupos con poco o ningún comentario sobre sus desviaciones políticas. Aparentemente, para algunas partes del medio, la reverencia por el "milagro" de la aparición de nuevos elementos los lleva a una actitud casi devocional hacia todos y cada uno de los elementos que aparecen.
El momento parece engañar a la mayoría de los grupos políticos actuales. Algunos jóvenes elementos nuevos, liderados por su propia llegada a posiciones comunistas, tienden a pensar que el partido está a punto de ser fundado en un futuro (muy) cercano. El error fundamental es pensar que, aunque seamos capaces de reagrupar el medio comunista de izquierda como una sola organización, ésta se convierte instantáneamente en el "partido". No es un partido porque no tiene ningún impacto real en el seno de la clase obrera: no sería más que otro partido, indistinguible de todos los demás pequeños partidos de izquierda que no tienen nada como contenido. Sería una tontería "reagruparse" sólo para reagruparse. Por el contrario, lo que se necesita ahora es una vigorosa discusión teórica para hacer posible tal reagrupación en el futuro sobre una sólida base programática y organizativa
Saludo el trabajo que la CCI ha hecho para identificar teóricamente las raíces del Nuevo Curso, y para detallar de qué manera un aventurero como Gaizka ha sido capaz de ir bajo el disfraz de una "nueva teoría" para atraer elementos de búsqueda en el pantano entre el comunismo y el izquierdismo. Sólo puedo esperar de todo corazón que el medio sea capaz de superar sus debilidades y pueda comenzar a reiniciar los debates necesarios para iniciar un proceso de necesaria solidificación programática y, posteriormente, la exclusión de elementos que no se acercan activamente a estas posiciones.
Merwe, 2020-07-10
[1] Ver ¿Quién es quien en Nuevo Curso? https://es.internationalism.org/content/4519/quien-es-quien-en-nuevo-curso [72] . Ante el silencio cobarde y revelador de una voluntad de ocultarse y eludir una clarificación de las cuestiones, hicimos un nuevo artículo analizando el por qué esa actitud: Defensa del medio político proletario: Gaizka calla. Un silencio atronador https://es.internationalism.org/content/4557/defensa-del-medio-politico-proletario-gaizka-calla-un-silencio-atronador [390]
[2] Lo que el compañero llama Medio Revolucionario es el conjunto de grupos que nos reclamamos de la tradición y del combate de la Izquierda Comunista que se levantó contra la degeneración de los partidos comunistas y su paso final al campo del capital. Ver al respecto La Izquierda Comunista y la continuidad del marxismo https://es.internationalism.org/cci/200510/156/la-izquierda-comunista-y-la-continuidad-del-marxismo [391]
[3] Ver Nuevo Curso y una "Izquierda Comunista Española" ¿De dónde viene la Izquierda Comunista? https://es.internationalism.org/content/4460/nuevo-curso-y-una-izquierda-comunista-espanola-de-donde-viene-la-izquierda-comunista [44]
[4] Ver Lassalle y Schweitzer: La lucha contra los aventureros políticos en el movimiento obrero https://es.internationalism.org/content/4488/lassalle-y-schweitzer-la-lucha-contra-los-aventureros-politicos-en-el-movimiento-obrero [57]
[5] Ver Cuestiones de organización, IV - La lucha del marxismo contra el aventurerismo político https://es.internationalism.org/revista-internacional/199701/1234/cuestiones-de-organizacion-iv-la-lucha-del-marxismo-contra-el-aven [182]
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Las derrotas son para el proletariado siempre dolorosas. Sin embargo, como clase explotada y revolucionaria a la vez, no tiene otra escuela que sacar lecciones de sus derrotas. Estas lecciones arman su conciencia, la refuerzan y acaban alimentando su determinación y combatividad. Como decía Rosa Luxemburgo, en el proletariado “sus errores son tan gigantescos como sus tareas. No tiene un esquema predeterminado y válido para siempre, ni un jefe infalible que le muestre la senda por la que ha de marchar. La experiencia histórica es su único maestro, el camino de espinas hacia su propia liberación no sólo está empedrado de padecimientos ingentes, sino también de innumerables errores. La meta de su viaje, su liberación, depende de que el proletariado sepa aprender de sus propios errores”[1]
La lucha en Nissan ha sido una derrota: a cambio de indemnizaciones y de una vaga promesa de “planes de reindustrialización”, 2500 obreros de la fábrica de la Zona Franca de Barcelona pierden su trabajo y los 20000 de las empresas auxiliares ven su empleo prácticamente perdido. De un plumazo el Capital ha impuesto 23000 despidos. Esa es la cruda realidad.
Los sindicatos “son un aparato que colabora con las empresas y los gobiernos para imponer el orden capitalista en el trabajo. Sin embargo, su función principal es sabotear desde dentro la lucha de los trabajadores” y esto lo hacen encerrando “la lucha dentro de la empresa o del sector. Con ello los trabajadores quedan aislados y todos los instrumentos del Estado capitalista se abalanzan sobre ellos imponiéndoles finalmente la desmoralización y la derrota. En Nissan impidieron que los trabajadores se dirigieran a compañeros de otras empresas y desviaron las acciones a apedrear escaparates de concesionarias de Nissan o hacer un viaje agotador a Corrales de Buelna donde previamente la empresa había prometido mantener la producción oponiendo a los trabajadores de esa factoría contra sus compañeros de Barcelona” [2]
Cuando acallan la respuesta obrera, los sindicatos firman lo que quiere la patronal, eso sí, adornando su canallada con migajas y vagas promesas. Recordemos que en Sony, Delphi y otras muchas empresas prometieron “nuevo empleo” en “nuevas empresas” que jamás se abrieron[3].
Los sindicatos han celebrado ruidosamente el “acuerdo” de los 23000 despidos. CCOO proclama que “prioriza la reindustrialización de las plantas para evitar despidos traumáticos y garantizar el máximo de empleos”, UGT promete que “todos los que queramos vamos a tener trabajo» y «las indemnizaciones van a ser cojonudas, cuantiosas, al mismo nivel que las prejubilaciones». CGT, un sindicato que se las da de “radical”, lo ve como “primera fase de la reindustrialización de nuestras fábricas”. Para Anticapitalistas “críticos” de Podemos, el acuerdo “da tiempo para poner en marcha un plan de reconversión sostenible que asegure los 25.000 puestos de trabajo”.
Estos planteamientos son, por una parte, una promesa que jamás se cumplirá, pero, lo peor es que tienden una trampa al proletariado atándolo de pies y manos al carro del capital.
Nos hablan de “futuras empresas”, de “reindustrialización”. Con ello nos quieren convencer que nuestra vida depende de la acumulación, las inversiones, la ganancia del capital y de la economía nacional. Quieren que hagamos nuestras las necesidades del capital. ¡Y tienen la cara dura de presentarse como “anticapitalistas” y “luchadores por el socialismo”!
Ocultan la verdad: la verdad es que el capitalismo está sumido en una crisis brutal posiblemente la peor desde 1929 y que con el COVID 19 amenaza nuestras vidas, y, en esas condiciones, el “horizonte” de “industrializar” y “crear nuevas empresas” es una utopía reaccionaria que nos encadena a lo que le interesa al capital que es “ser competitivos” en la jungla del mercado mundial. Y “competitivos” significa menos empleo, menos salario, menos jubilaciones, peores condiciones de vida. ¡No existe otra forma para que la economía nacional y las empresas puedan mantener sus ganancias y sus posiciones en el mercado mundial!
Y ocultan lo que de verdad necesitamos como clase obrera: luchar por nuestras necesidades humanas de comer, vivir, dar un futuro a nuestros hijos, defender nuestras condiciones de vida, lo que nos lleva necesariamente a enfrentarnos contra el capital y su Estado, a buscar nuestra unidad como clase internacional y desarrollar la perspectiva de la revolución proletaria mundial.
Dentro del aparato político del capital existe un arco iris va desde la extrema derecha a la extrema izquierda, pasando por todos los colores intermedios como el verde de los Ecologistas. En el flanco de extrema izquierda hay grupos como Corriente Roja que reconocen algunas verdades, pero al final ese método acaba siendo el medio para seguir defendiendo el Capital pues no olvidemos que la peor mentira es una verdad a medias[4].
En un texto aparecido en Kaosenlared[5] da como título “Nissan: lo peor de una gran derrota es venderla como una gran victoria”, denuncia que con promesas e indemnizaciones, los sindicatos nos han hecho tragar 23000 despidos. También denuncia el Frente Común que han organizado contra los trabajadores de Nissan los sindicatos, el “independentista” Torra, la ministra Reyes Maroto, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau y la patronal Fomento del Trabajo. Todos se han unido contra la clase obrera.
Alerta de que la derrota en Nissan “deja las manos libres a las patronales del sector para proceder a despidos, reestructuraciones y un empeoramiento general de las condiciones salariales y laborales. Más aún cuando la patronal ha visto la pasividad cómplice con Nissan del Gobierno PSOE-UP y de la Generalitat de Torra y Aragonés”.
Denuncia que los trabajadores de las empresas auxiliares se van a ir a la calle en condiciones mucho peores que sus compañeros de la matriz Nissan. Queremos aquí denunciar una práctica generalizada del Capital en los últimos 30 años dirigida entre otros fines a DIVIDIRNOS: dentro de las grandes plantas de producción, por ejemplo en la industria automotriz, no solo trabajan los obreros de la plantilla de la gran empresa (Nissan, Ford, GM etc.) sino otros muchos trabajadores que pertenecen a cientos de pequeñas empresas. Pero, al mismo tiempo, en polígonos industriales próximos o incluso en otros países, hay una enorme red de empresas auxiliares que realizan partes del carro. Todos estos compañeros tienen condiciones de trabajo mucho peores que sus hermanos de la casa matriz y en caso de despidos sus indemnizaciones son más que miserables.
Sin embargo, los obreros de las empresas matriz no son unos “privilegiados”. Las indemnizaciones como dice Corriente Roja son “pan para hoy y hambre para mañana” pues los empleos que se destruyen o bien nunca serán sustituidos o si se reemplazan es en condiciones de sueldo, trabajo, jubilación, precariedad etc. mucho peores. Desde hace 40 años asistimos a una caída global y permanente de las condiciones de trabajo y vida de toda la clase obrera mundial, aunque en el camino tales o cuales obreros individuales hayan “gozado” de indemnizaciones más o menos jugosas[6].
Todo lo que denuncia Corriente Roja es cierto, pero su trampa, en primer lugar, está en la “explicación” que da de por qué los sindicatos han vendido a los obreros.
En todo momento no habla de sindicatos sino de “direcciones sindicales”. Denuncia la “estrategia sindical para organizar la derrota” diciendo que se trata de una “estrategia de las direcciones sindicales dirigida desde el principio a organizar la derrota y salvar la cara, arte en el que son virtuosos maestros”.
Para embellecer a los sindicatos y mantener la confianza de los obreros en ellos, Corriente Roja, los Trotskistas etc., hablan de una “división” entre la “base” y la “dirección”. La base sería “obrera” y daría a los sindicatos una naturaleza de “órganos proletarios”, mientras que la dirección sería “burguesa”, “traidora”, “vendida” etc.
Con ello ocultan que los sindicatos fueron integrados desde la primera guerra mundial en el Estado convirtiéndose en un aparato integralmente al servicio del Capital[7]. Esos aparatos son una prisión donde los obreros que caen en ella, o bien solo están para obtener algunas ventajas individualistas (residencias de vacaciones, servicios legales etc.) o si quieren defender a su clase se ven obligados a seguir una directrices que van contra ella y contra ellos mismos. La “base” no hace obrero al sindicato sino que es la carne de cañón, la masa de maniobra, que el sindicato utiliza para someter los obreros al Capital y sabotear sus luchas.
Las direcciones sindicales son la estructura jerárquica que el aparato sindical necesita para integrarse en el servicio del Capital y su Estado. Por ello la dirección¡siempre será anti obrera! Los trotskistas, los izquierdistas, presentan regularmente “candidaturas combativas” que pretenden “renovar la dirección” y “ponerla al servicio de la base”. El resultado es que algunos de esos electos se vuelven aún más burócratas que la cúpula sindical o son como un adorno “radical” de la política sindical.
La prueba de la falsedad de las “explicaciones” sobre la “dirección traidora” de Corriente Roja la da ella misma al mostrar que CGT se ha comportado igual que los grandes sindicatos “oficialistas”: “CGT tenía una magnífica ocasión de demostrar que era un sindicato de clase y combativo frente al oficialismo. Sin embargo, lo que hemos visto ha sido su bancarrota como sindicato alternativo” puesto que “En nombre de la «unidad» por arriba con los burócratas, CGT ha firmado todos los comunicados de los comités de empresa, no ha organizado la lucha de las subcontratas, no ha trabajado por organizar una gran manifestación central, ni por bloquear la Zona Franca, ni por impulsar una huelga general. Por el contrario, en el comunicado final da su apoyo al acuerdo de cierre”.
¡Los sindicatos nunca podrán ser reconquistados para la clase obrera! Es otra ilusión desmoralizante que venden Corriente Roja, los trotskistas y demás izquierdistas. Sindicatos “oficiales”, sindicatos “alternativos”, sindicatos “asamblearios”, sindicatos “anarquistas”… todos son sindicatos y, por tanto, aparatos al servicio del capital[8].
La segunda mentira de Corriente Roja y que la coloca en la misma trinchera que Sindicatos, Patronal, Gobierno central y gobierno “independentista” es que presenta la lucha de Nissan como la lucha “de toda la Automoción y la de toda la clase trabajadora catalana. Su lucha era una señal tanto para toda la clase obrera como para la patronal y para los gobiernos y su suerte era determinante para el futuro de la automoción y la industria”
Corriente Roja solo habla de lo mismo que sus “criticados”: el futuro de la automoción y de la industria, el porvenir de la clase obrera “catalana”. Es decir, encierra a los obreros en la cárcel del interés de los sectores productivos, de la nación catalana, de la acumulación de capital.
Corriente Roja no habla para nada del futuro del proletariado, del porvenir terrible que encierra el capitalismo en crisis y descomposición, ni de la defensa de las condiciones de vida y trabajo de los obreros, de su solidaridad, su autoorganización, su unidad internacional… Todo eso es un idioma que Corriente Roja quiere que no hablen los obreros para que sólo hablen de “la industria”, la “automoción”, Cataluña… es decir, el idioma del capital.
A Corriente Roja no le interesa el interés de la clase obrera (que históricamente hablando encierra el porvenir de la humanidad) lo único que le interesa es el Capital Español y esto lo revela cuando lamenta que el acuerdo de Nissan “deja las manos libres al gobierno Sánchez para seguir adelante con un «plan de reconstrucción» a medida de las necesidades de las empresas del Ibex y de las multinacionales extranjeras. Como las del automóvil, que condenan las plantas españolas a montar coches de combustión, mientras reservan las actividades de mayor valor tecnológico y la producción del coche eléctrico para sus países de origen”. ¡Denuncia al Gobierno Sánchez por ser “poco español” y dejar para España los “coches de combustión”. ¡Corriente Roja es tan españolista como Vox!
La “solución” que ofrece Corriente Roja es “solo la nacionalización permitía no sólo salvar todos los puestos de trabajo amenazados, sino también contar con una gran empresa pública que, bajo control de los propios trabajadores, tomara el mando en la tarea de la reconversión ecológica del sector del automóvil y salvara los empleos”.
Con propiedad estatal o con propiedad privada, la clase obrera sigue explotada, sigue sometida al trabajo asalariado, sigue produciendo plusvalía, es decir, sigue bajo las leyes del capital. En el artículo antes citado sobre las luchas en España (ver nota 2) expusimos la denuncia de la trampa de las nacionalizaciones que hicieron nuestros antepasados de la Izquierda Comunista mexicana.
Las nacionalizaciones son un instrumento del capitalismo de Estado, una tendencia universal del capitalismo decadente que prepara la guerra imperialista y hace frente a la crisis y a la clase obrera.
La confusión sofística que hacen los izquierdistas y, en general, la Izquierda del Capital, entre nacionalización y socialismo, se basa primero que nada en la negación de la naturaleza internacional de la revolución proletaria y la monstruosidad del “socialismo en un solo país”. Con el sofisma nacionalización = socialismo nos meten en la cabeza que socialismo sería defender la nación.
Esta falsificación se apoya en una error que se expandió en el movimiento obrero de la Segunda Internacional y que la Tercera Internacional no logró combatir con suficiente fuerza: identificar capitalismo con propiedad privada. Ya Engels combatió ese grave error al señalar que “El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, es el Estado de los capitalistas, el capitalista colectivo ideal. Y cuantas más fuerzas productivas asuma en propiedad, tanto más se convertirá en capitalista colectivo y tanta mayor cantidad de ciudadanos explotará. Los obreros siguen siendo obreros asalariados, proletarios. La relación capitalista, lejos de abolirse con estas medidas, se agudiza”[9]
Si, en contra del análisis de Engels compartido por Marx[10], se parte de esa identificación propiedad privada = capitalismo se acaba concluyendo que “toda modificación para limitar esa propiedad privada, significaría limitar el capitalismo, modificándolo en un sentido no capitalista, opuesto al capitalismo, anticapitalista” como dice muy claramente nuestro antepasado de la Izquierda Comunista francesa[11] que denuncia que “A esta teoría del Estado capitalista-anticapitalista se apuntan todos los protagonistas "socialistas" de las nacionalizaciones, del dirigismo económico, y todos los hacedores de "planes” y especialmente los trotskistas para quienes “las nacionalizaciones son, en todo caso, un debilitamiento de la propiedad privada capitalista. Aunque no las califiquen -como hacen estalinistas y socialistas- de "islotes de socialismo" en régimen capitalista, están sin embargo convencidos de que son "progresistas".
La clase obrera no debe confiar en nacionalizaciones, promesas de inversión, “planes del Estado”, debe confiar únicamente en su lucha como clase, por reivindicaciones obreras, autoorganizadas en Asambleas Generales fuera y contra de sindicatos y demás servidores del capital, luchas que deben buscar su extensión, construir la unidad de la clase obrera en la perspectiva de la Revolución Proletaria mundial, única salida a la crisis y la barbarie del capitalismo.
Smolny 31-8-20
[1] La Crisis de la Socialdemocracia https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/La_crisis_de_la_socialdemocracia.pdf [393]
[2] Luchas obreras en España https://es.internationalism.org/content/4600/luchas-obreras-en-espana [394]
[3] Sobre la lucha de Delphi ver nuestras hojas de intervención Delphi: la fuerza de los trabajadores es la solidaridad (https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200705/1917/delphi-la-fuerza-de-los-trabajadores-es-la-solidaridad [395] ) y Cierre de Delphi: Sólo con la lucha masiva y solidaria seremos fuertes https://es.internationalism.org/cci-online/200702/1283/cierre-de-delphi-solo-con-la-lucha-masiva-y-solidaria-seremos-fuertes [396]
[4] Para ver quién es Corriente Roja y sus procedimientos “radicales” de engaño leer Corriente Roja gato por liebre https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200512/348/corriente-roja-gato-por-liebre [397]
[5] https://archivo.kaosenlared.net/nissan-lo-peor-de-una-gran-derrota-es-venderla-como-una-gran-victoria/ [398]
[6] Debemos señalar que esas indemnizaciones no son ningún regalo. Salen de la enorme bolsa que es la plusvalía que globalmente es robada a los obreros, además en la mayoría de los casos si son más “generosas” es como arma política para mejor dividir a los obreros, poner fin a sus luchas o evitar que vayan demasiado lejos.
[7] Ver nuestra Serie Los sindicatos contra la clase obrera (https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i [383] , https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii [384] y https://es.internationalism.org/content/4603/los-sindicatos-en-el-periodo-ascendente-del-capitalismo-iii [399]) y Apuntes sobre la Cuestión Sindical https://es.internationalism.org/cci-online/201104/3103/apuntes-sobre-la-cuestion-sindical [9]
[8] Ver ¿Es posible un nuevo sindicalismo? https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200601/390/es-posible-un-nuevo-sindicalismo [400]
[9] Del socialismo utópico al socialismo científico https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/3.htm [401]
[10] Ver la Crítica del programa de Gotha https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/critica-al-programa-de-gotha.htm [402] . Ver igualmente Comunismo contra socialismo de Estado en nuestra Serie sobre el Comunismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/199412/1845/ix-comunismo-contra-socialismo-de-estado [403]
[11] Ver La experiencia rusa: propiedad privada y propiedad colectiva https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2089/la-experiencia-rusa-propiedad-privada-y-propiedad-colectiva [368]
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El movimiento obrero chileno (y mundial en realidad) se encuentra en una encrucijada difícil, pues pese a que día tras día los ataques económicos del capitalismo se intensifican en contra del proletariado los trabajadores no logran responder mediante sus propios métodos políticos de lucha proletaria: huelgas salvajes, asambleas, comités delegados revocables y extensión de la huelga mediante delegaciones. Esto debido a que se ve influenciado por las ideologías reaccionarias de la burguesía y pequeñoburguesa (patriotismo, feminismo, ecologismo , democratismo , etc.) lo que hace que finalmente los obreros caigan en las trampas de las luchas parciales (luchas indígenas ,estudiantiles , de minorías sexuales , ecológicas , etc.) y de las revueltas populares multiclasistas , o sea , luchas caóticas , sin orden y sin futuro donde la violencia y los saqueos del lumpen tiene un papel activo y en donde individuos capitalistas “bondadosos y humanitarios” muestran incluso su simpatía , movimiento contaminados por ideologías reaccionarias ajenas al proletariado y en donde los trabajadores no luchan de forma autónoma , o sea como una sola clase mundial que no reconoce patrias, sino que se unen a la pequeño burguesía local mediante el “pueblo” , “la ciudadanía” y la “patria chilena” , dejándose influenciar por su ideología capitalista y finalmente siendo completamente derrotados .
La revuelta multiclasista-popular de octubre dio alas a la ideología pequeñoburguesa y supuso finalmente un golpe al movimiento obrero, quedando aún más atomizados y derrotados que antes[1]. ¿Y, finalmente, en que quedó la famosa “¿revolución?” chilena de octubre, llamada así por la izquierda y extrema izquierda del capital, meses después? Pues en nada realmente, el capitalismo sigue intacto, los obreros siguen sometidos a las atrocidades de la flexibilización y precarización, el estado burgués se mantiene intacto y de hecho gracias al lumpen reaccionario y anárquico muchos puestos de trabajo fueron destruidos, lo que aumentó el desempleo entre la clase obrera. Lo único que se consiguió de esa fatídica “revuelta popular” fue lograr una “Asamblea constituyente[2]”, pero debemos recordarle a los trabajadores que la asamblea constituyente y una nueva constitución no hacen más que revalidar el poder de la burguesía y su estado , no beneficiaria en nada a la clase obrera el hecho de que se realice o no la famosa “asamblea constituyente” que es tan apoyada por la izquierda del capital y sus sindicatos , de hecho , la socialdemocracia rusa y la burguesía buscaban destruir al proletariado insurgente y sus consejos obreros mediante la asamblea constituyente convocada por los mencheviques[3]. Todo esto demuestra lo que ya se ha dicho antes: los obreros deben luchar a muerte contra la ideología tóxica de la pequeña burguesía ni tampoco luchar bajo las banderas patrias del estado capitalista, atrapado en el “pueblo” y de la mano junto a capas no explotadoras, pues no conseguirán nada y solo serán derrotados.
De la misma forma los trabajadores deben recordar que los sindicatos (desde los tradicionales como la CUT a los más radicales) son instituciones del capitalismo que, junto con la izquierda, defienden la sociedad burguesa[4]. Por ende, las huelgas sindicales-legales que paralizan solo una determinada empresa o sector no le sirven en absoluto a la clase trabajadora, solo la desmoraliza y aísla del resto del movimiento obrero, todas las huelgas sindicales llevan a la derrota de la clase trabajadora.
La actual pandemia más la futura crisis económica que seguirá a esta no demuestran más de que el capitalismo mundial es un sistema moribundo que amenaza la propia existencia humana y que los obreros a escala internacional necesitan unirse y desarrollar una praxis revolucionaria, basada en el marxismo, para acabar con este sistema.
El desempleo, el hambre, la miseria y la muerte es lo que más se ha visto como consecuencia de la pandemia entre los trabajadores, en los barrios obreros los proletarios viven en la constante desesperación y angustian tanto mental como física , el mundo empresarial-burgués están en un campo de batalla , por un lado las empresas que han cerrado para evitar el aumento de la pandemia han tendido a despedir trabajadores y a bajar los salarios de los que aún siguen , lo que ha hecho que la pobreza y la miseria aumente entre el proletariado , por otro lado las empresas que siguen funcionando y actúan de manera desafiante a la pandemia arriesgan la salud y vida de los trabajadores ya empobrecidos , como sea en ambos bandos los obreros son quienes pierden. En los barrios proletarios, para acabar con el hambre, se ha llegado a recurrir incluso a ollas comunes que nos traen los peores recuerdos de las crisis económicas de los 30’, demostrando que el único futuro que el capitalismo les promete a los obreros es la máxima miseria y barbarie.
De la misma forma los proletarios que trabajan en los servicios que son imprescindibles para la sociedad en estos momentos , principalmente en los sistemas de salud y educación , se han visto expuestos a una sobrecarga y explotación laboral nunca antes vistas , y es que en los hospitales no solo la gente enferma sufre sino también los propios trabajadores de la salud también sienten un gran calvario pues la falta de recursos e instrumentos más el aumento de casos y por ende trabajar muchas más horas hacen que los trabajadores hayan llegado a su límite.
De la misma forma los docentes de la educación , para poder realizar a cabo sus actividades económicas en los tiempos impuestos por las autoridades , han tenido que trabajar largas horas durante las madrugadas , e incluso los profesores y trabajadores de la educación que trabajan más que en un solo colegio o establecimiento han colapsado , durante horas y horas sin descanso los profesoras revisan exámenes y programan sus asignaturas , pues si antes de la pandemia la sobrecarga laboral de los docentes era alta ahora en la pandemia se multiplico.
La lista de trabajadores que ven arriesgada su salud, desde la perspectiva de la pandemia o de la sobrecarga, es amplia. Aunque los trabajadores de salud y educación son los más afectados no son los únicos, los trabajadores de reparto a domicilio o de las industrias alimentarias también se han visto muy dañados. Debido al confinamiento las calles están más vacías, lo que hace que los criminales y delincuentes tengan mayor actividad, eso hace que los trabajadores de reparto a domicilio o los obreros que viven en los barrios sean constantemente amenazados por el lumpen, ya ha habido muchos trabajadores que han sido asaltados e incluso heridos, así que incluso hasta en el tema de la propia seguridad el capital amenaza al proletariado
El gobierno derechista de Sebastián Piñera ha sido completamente impotente en enfrentarse a la pandemia, lo cual tampoco es una gran novedad ya ningún gobierno burgués en el mundo ha sabido manejar esta situación sin atacar o empeorar la vida de los trabajadores , debido a que la pandemia ha atacado y puesto a prueba una base fundamental del capitalismo : las fuerzas productivas , si las fuerzas productivas no trabajan el capital muere , pero si los obreros van al trabajo arriesgan su vida y las pandemias han muerto , ningún gobierno capitalista ha sabido superar esa contradicción .
Sin embargo, la izquierda del capital ha aprovechado para realizar nuevamente su campaña de defensa del capitalismo con “argumentos progresistas”, haciéndonos creer que la culpa de que los trabajadores estén sufriendo hoy la tiene el gobierno y no el sistema capitalista mundial que va más allá de cualquier estado o gobierno de turno y por ende lanzan llamados como “renuncia Piñera”. No hay que olvidar que todos los gobiernos son servidores incondicionales del capitalismo mundial, desde gobiernos de extrema izquierda a extrema derecha pues independiente del gobierno que salga la maquinaria estatal y sus instituciones siguen intactas y por ende el capital también, los obreros son atacados por la izquierda y por la derecha que no son más que distintas facciones de la burguesía y que por ende los ataques que los trabajadores reciben del capitalismo no se resuelven en las elecciones sino en la huelga , organizados en los centros de trabajo y calles. Los trabajadores deben enfrentarse a esta campaña de la izquierda y extrema izquierda del capital y recordarles que bajo los gobiernos izquierdistas el capitalismo y las malas condiciones de vida eran igual de malas que ahora.
Ya hemos explicado que los obreros unidos a la patria y la pequeña burguesía en el “pueblo” o la “ciudadanía” es una derrota asegurada para los trabajadores y que por esa misma razón las revueltas populares y luchas parciales interclasistas no son una opción, de la misma forma también explicamos que las huelgas sindicales también son una derrota asegurada para el proletariado. Entonces la solución es:
Esa es la auténtica forma de lucha proletaria, no existe otra, así es como lucha el movimiento obrero en esta época de decadencia y descomposición capitalista que amenaza la vida de la humanidad completa, además así es como los obreros no solo conseguirán mejoras económicas, sino que también lograrán tomar el poder y realizarán la revolución mundial.
De la misma forma los trabajadores debemos combatir profundamente los saqueos y robos que se realizaron en los barrios, producto del hambre y la desesperación por parte principalmente de los desempleados. Aunque entendemos perfectamente que debido a la horrible situación socioeconómica que vive la clase trabajadora muchos obreros y desempleados recurren al robo y saqueos de camiones de comida la verdad es que el saqueo y el robo no son métodos obreros, sino métodos lumpenes y por ende que no tienen nada que ver con el proletariado. Una autentica forma de que los desempleados de los barrios obreros luchen contra el hambre es mediante asambleas y comités de delegados (Como se expuso antes) y ganar a la lucha a los trabajadores de los supermercados e industrias alimentarias para que realicen una huelga de solidaridad apelando a la solidaridad de clase.
Rodrix 03-08-20
[1] Ver Chile: el dilema no es Democracia o Dictadura sino Barbarie Capitalista o Revolución Proletaria Mundial https://es.internationalism.org/content/4486/chile-el-dilema-no-es-democracia-o-dictadura-sino-barbarie-capitalista-o-revolucion [161] y Chile: Ante los ataques del Gobierno la respuesta no es la revuelta popular sino la lucha de clase del proletariado https://es.internationalism.org/content/4479/chile-ante-los-ataques-del-gobierno-la-respuesta-no-es-la-revuelta-popular-sino-la [167]
[2] Ver Chile: ¡En contra de la asamblea constituyente! ¡vamos por la verdadera autonomía e internacionalismo del proletariado! https://es.internationalism.org/content/4555/chile-en-contra-de-la-asamblea-constituyente-vamos-por-la-verdadera-autonomia-e [160]
[3] Para comprender la trampa de la Asamblea Constituyente contra la revolución proletaria en Rusia 1917, ver ¿Qué son los consejos obreros? (IV) - 1917-21: los soviets tratan de ejercer el poder https://es.internationalism.org/revista-internacional/201012/3004/que-son-los-consejos-obreros-iv-1917-21-los-soviets-tratan-de-ejer [233]
[4] Ver las primeras entregas de nuestra Serie Los sindicatos contra la clase obrera https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii [384] y https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i [383]
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Desde la victoria de Alexander Lukashenko en las elecciones presidenciales del 9 de agosto de 2020, una victoria ligada a un fraude masivo y a la intimidación, la población ha salido a la calle, siguiendo los llamamientos de la oposición. Decenas de miles, agitando la bandera nacional, han protestado contra el régimen y exigiendo "elecciones libres". Antes de las elecciones, la principal candidata de la oposición, Sviatlana Tsikhanouskaya, ya había atraído a grandes multitudes a sus mítines. Poco después de que se anunciaran los resultados de las elecciones, los sindicatos vinculados a la oposición convocaron una huelga general. Al igual que las manifestaciones, las huelgas se han extendido por todo el país, incluso en fábricas emblemáticas como la de Bel AZ (maquinaria minera) y MTZ (tractores). El "último dictador de Europa", en el poder desde hace un cuarto de siglo, ha reprimido brutalmente las manifestaciones, multiplicando las detenciones y la represión (algunas de las cuales han provocado muertes).
Lukashenko, el líder de un país bajo la influencia rusa tras la implosión de la URSS está hoy en día bajo asedio. Hace treinta años, los regímenes de Europa del Este se derrumbaron uno tras otro, lo que es una expresión aplastante del desorden del aparato estatal llamado "soviético" y de la bancarrota de su estrategia imperialista[1]. Pero el régimen ha permanecido en el poder, principalmente a través de una feroz represión. El hecho de que el último vestigio del estalinismo en Europa Oriental se esté sacudiendo hoy en día demuestra que un anacronismo está a punto de terminar bajo los repetidos golpes del mismo proceso de desintegración de las alianzas imperialistas que llevó a la desaparición del bloque oriental. Una vez más un país en situación estratégica en lo que respecta a Rusia espera acercarse a Occidente, lo que genera cada vez más caos, a imagen de la actual dislocación de Ucrania[2].
La oposición pro- occidental, encabezada por Tsikhanouskaya, ha aprovechado la calamitosa situación económica (desempleo masivo, creciente inseguridad laboral, etc.) y la desastrosa gestión de la pandemia del COVID por parte del gobierno, para sacar a la población a la calle y llamar a la huelga. Pero la clase obrera no tiene nada que ganar si se deja arrastrar a los conflictos entre facciones de la burguesía bielorrusa, cada una de ellas apoyada por buitres imperialistas dispuestos a abatir a su presa.
¡Al contrario! Todas las llamadas "revoluciones" para liberarse del "comunismo" o del gran hermano ruso han terminado con regímenes democráticos no menos burgueses, regímenes de explotación que, bajo el látigo de la crisis, han empeorado aún más las condiciones de los explotados. Todas las supuestas revoluciones en favor de la democracia han sido teatro de maniobras imperialistas particularmente cínicas: cuando no era el bloque occidental el que utilizaba sus peones para debilitar el campo contrario, era la URSS la que empujaba a los dirigentes a hacerse a un lado para mantener su influencia, como en 1989 cuando el "socialista" Ceausescu fue expulsado para dejar paso a una camarilla pro- rusa. En 2004, mucho después de la implosión de la URSS, la "Revolución Naranja" estalló en Ucrania, llevando al poder a elementos pro- occidentales profundamente corruptos como el “apparátchik”[3] Viktor Yushchenko y la "princesa del gas" Yulia Tymoshenko. La "Revolución Naranja" provocó una guerra civil, la intervención militar rusa, la fragmentación del país y el caos general y la pobreza[4]. Hoy en día, estos países están dirigidos en su mayoría por regímenes autoritarios que presiden las deplorables condiciones de vida y el desempleo masivo.
En Bielorrusia, la burguesía pro- europea también está utilizando a la población como un factor para maniobrar contra el gobierno existente. El 14 de agosto, tras haber huido a Lituania, Tsikhanouskaya anunció la creación de un "Consejo de Coordinación" para asegurar una transferencia pacífica del poder y la celebración de nuevas elecciones. Para el ala democrática de la burguesía, se trata de sacar a Lukashenko del poder y alistar a la clase obrera con la promesa de elecciones. Pero las elecciones no significan nada para el proletariado, ya sea que se lleven a cabo según las "normas internacionales" (como exige el Consejo de Coordinación) o que sean abiertamente fraudulentas, siguen siendo una pura mistificación, cuya única función es reducir al proletariado a la impotencia. Al final, son la burguesía y sus intereses de clase los que los ganan. Las contradicciones del capitalismo no desaparecen; la explotación de los trabajadores, la pobreza y la guerra no se desvanecen simplemente porque la burguesía haya organizado "elecciones libres".
Basta con mirar el pedigrí del "presídium" del consejo de coordinación para reconocerlo. Aparte de Tsikhanouskaya, que se ha apresurado a tomar contacto con las cancillerías occidentales para respaldar su "revolución", la personalidad más visible no es otra que Svetlana Alexievitch, anteriormente una escritora muy disciplinada bajo Brezhnev y miembro de la Unión oficial de escritores soviéticos, que cambió convenientemente de opinión y denunció a los "rojos", lo que le valió el Premio Nobel de Literatura en 2015. En el consejo también hay abogados, un sindicalista (líder del comité de huelga del MTZ), un ex - ministro (Pavel Latushko, otro que ha sentido el cambio de viento) y un líder del Partido Cristiano Demócrata de Bielorrusia, una organización de homófobos fanáticos.
Pero ¿no hay huelgas en las fábricas? Los comités de huelga y las asambleas generales, ¿no son la prueba de que estamos asistiendo a un movimiento proletario? Es el argumento de los partidos de izquierda, en particular de los trotskistas[5]. Pero no basta con que los trabajadores estén presentes en una movilización para hacer de ella un movimiento de la clase obrera. En realidad, las huelgas fueron totalmente pilotadas por los sindicatos, en particular por el Congreso Bielorruso de los Sindicatos Democráticos cuyo objetivo, preocupado por el "futuro del país", es asegurar "una rápida transferencia de poder" y "ayudar al país a salir de su aguda crisis política"[6]. Fueron los sindicatos, perros guardianes del capital, los que convocaron las asambleas e impulsaron las huelgas con el único objetivo de obligar a Lukashenko a dimitir. El Congreso de Sindicatos Democráticos de Bielorrusia también está vinculado a muchas organizaciones sindicales internacionales (Confederación Sindical Internacional, Organización Internacional del Trabajo) y se beneficia de la larga experiencia de estos organismos sindicales en el control de la clase obrera y el sabotaje de sus luchas.
Estas huelgas no son ni un "paso adelante" ni la premisa de un movimiento de clase. Es un terreno podrido que desarma al proletariado a todos los niveles, que lo entrega con las manos atadas a la burguesía. Además de las ilusiones que está sembrando en la propia Bielorrusia, la clase dominante también la utiliza en todo el mundo para hacer creer a los trabajadores que la democracia burguesa es el objetivo más elevado de la política.
La clase obrera no puede elegir un campo burgués contra otro, no puede dejarse arrastrar detrás de los sindicatos o de los partidos burgueses más "democráticos". Los ataques contra las condiciones de vida y de trabajo lanzados por el régimen de Lukashenko son los mismos que los gobiernos democráticos están imponiendo en todo el mundo. El capitalismo es un sistema en crisis que no tiene nada más que ofrecer a la humanidad.
La única alternativa al deslizamiento del capitalismo hacia la barbarie es la revolución proletaria mundial, que es la única ruta hacia una sociedad verdaderamente comunista. Pero el camino que conduce a ella es largo, difícil y tortuoso. La clase obrera solo puede emprender este camino luchando por sus propias reivindicaciones, sobre todo contra la política de austeridad del Estado, para poder armarse con la experiencia de la confrontación con la burguesía y los obstáculos que ésta pone constantemente en su camino, como el sindicalismo y la defensa de la democracia. Es fundamental que el proletariado saque las lecciones de estas luchas para recuperar su identidad de clase y preparar el terreno para las futuras luchas revolucionarias.
Pero para avanzar en esta dirección, también es indispensable que la clase se apropie de las lecciones de las luchas pasadas, como las de Polonia en 1980[7].
Hace 40 años, una huelga que comenzó en los astilleros de Gdansk se extendió como un incendio forestal por todo el país. Las asambleas generales eran realmente masivas y soberanas. Las negociaciones con el gobierno de Jaruzelski se celebraron en público y no en alcobas estatales secretas. La huelga masiva fue finalmente derrotada por el sindicato "libre y democrático" Solidarnosc que llevó a los trabajadores a las fauces de la represión. Tras la caída del bloque oriental, las primeras elecciones "libres" (y las generosas finanzas americanas) llevaron al líder de Solidarnosc, Lech Walesa, a la presidencia del país. Bajo su gobierno, las políticas de austeridad se multiplicaron.
Democráticas o autoritarias, de izquierda o de derecha, todas las facciones de la burguesía son reaccionarias, incluso cuando están dirigidas por un profesor de inglés aparentemente simpático. Hoy en Bielorrusia, como ayer en Polonia, ¡los explotados no tienen nada que ganar con unas elecciones supuestamente libres! ¡Con Tsikhanouskaya o Lukashenko, es la misma explotación capitalista!
EG, 31.8.20
[1] Ver nuestras Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este /content/3451/tesis-sobre-la-crisis-economica-y-politica-en-los-paises-del-este [139] y, para un marco global de análisis, nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[2]Volveremos en otro artículo sobre las apuestas imperialistas en Bielorrusia y el peso de la descomposición en estos acontecimientos. El intento de asesinato de Alexei Navalny, un opositor pro- europeo de Vladimir Putin forma parte de la misma dinámica de rivalidades imperialistas.
[3]Término en ruso que designa a un funcionario de la administración soviética
[4] Ver Sobre la “revolución naranja” en Ucrania - La cárcel del autoritarismo y la trampa de la democracia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1048/sobre-la-revolucion-naranja-en-ucrania-la-carcel-del-autoritarismo [406]
[5]Aquí es muy lamentable que esta visión deformada de la lucha de clases haya sido retomada en el seno del medio político proletario a través de declaraciones que ven esta movilización de los trabajadores como un "primer paso adelante" en lugar de denunciar la naturaleza burguesa del movimiento y la muy peligrosa trampa que representa para el proletariado. En un artículo "Entre las disputas imperialistas y los movimientos de clase", los camaradas de la Tendencia Comunista Internacionalista afirman que "la única nota positiva es la amplia participación de la clase obrera. El paro de la producción y la interrupción de la cadena de explotación es el único elemento genuinamente de clase en el movimiento; obviamente, sin embargo, esto no es suficiente. Es un buen comienzo, por supuesto, pero se necesita más".
[6]Alexander Yaroshuk , sobre la creación de un comité nacional de huelga: “¡la postergación es la muerte!", de una entrevista del 17 de agosto en el sitio Belarus Partisan retransmitida a través del sitio Médiapart
[7] Ver Polonia (agosto de 1980): Hace 40 años, el proletariado mundial retomaba de nuevo la huelga de masas https://es.internationalism.org/content/4597/polonia-agosto-de-1980-hace-40-anos-el-proletariado-mundial-retomaba-de-nuevo-la-huelga [302]
El pasado domingo 18 se produjeron violentos incidentes, hubo al menos un manifestante asesinado por los Carabineros, se produjeron manifestaciones “festivas”... para conmemorar algo que el proletariado no tiene nada que celebrar, sino al contrario, que denunciar: las revueltas populares interclasistas que fueron una protesta nihilista, sin ningún porvenir, que fueron impotentes frente a la represión, que diluyen al proletariado en una masa amorfa que se convierte en víctima de la manipulación de la burguesía que los utiliza para sus intereses y reforzar la explotación, la miseria y la barbarie.
El próximo domingo 25 se celebra un referéndum para formar una asamblea constituyente que promete nada menos que una "verdadera democracia" eliminando "definitivamente" las "concesiones" a la dictadura de Pinochet.
En primer lugar, se trata de un engaño vil. Hay una total continuidad entre el Estado abiertamente dictatorial y el Estado que adopta el disfraz democrático. Por ello las promesas de una "verdadera democracia" no hacen sino hacernos correr tras una utopía reaccionaria que solo desmoraliza.
En segundo lugar, en esta “consulta popular” “hablan” individuos atomizados, vistos como “ciudadanos” de la “patria chilena” donde se borra lo único que es real: la división en clases de la sociedad, solo el proletariado puede con su lucha de clase dar una perspectiva frente a un mundo que, como vemos con la grave crisis del COVID, se hunde en una barbarie creciente y solo ofrece desempleo, miseria, destrucción, caos.
Frente a esa ceremonia de la confusión que solo favorece a la burguesía y la explotación capitalista, que refuerza la ruta terrible hacia la barbarie, alzamos la voz de textos que hemos publicado sobre la situación en Chile, donde denunciamos esas mentiras, trampas y maniobras del Estado Capitalista.
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Durante el mes de septiembre, en Chile como en varias partes de Latinoamérica, se celebran las famosas "fiestas patrias" o las celebraciones del día de la independencia, en donde se celebran las victorias de las fuerzas latinoamericanas en contra del colonialismo europeo. Para ser más precisos, acá en Chile el 18 de septiembre se celebra la primera junta nacional de gobierno y el 19 de septiembre las glorias de las fuerzas armadas. Pero ¿deben participar los obreros en esas malignas y venenosas "Fiestas patrias"? ¿tienen los proletarios algo que celebrar o alguna patria que defender? ¡Nuestra respuesta como comunistas internacionalistas es un gran y claro NO!
Evidentemente los únicos que ganaron durante las guerras de independencia fueron la clase burguesa republicana-progresista, que durante ese periodo estaba en periodo de ascensión, pues la revoluciones francesas y americanas abrieron las puertas para que las revoluciones burguesas triunfaran alrededor de los países más desarrollados, como también en varias de sus colonias. Durante ese periodo de las triunfantes revoluciones burguesas el capitalismo se consolidó como el nuevo modo de producción y la burguesía ya había cumplido su papel revolucionario en la historia de la lucha de clases. Una vez que en 1818 la guerra de independencia terminó y se proclamó el acta de independencia el estado chileno formalmente nació, y con ella la burguesía se consagró como la clase dominante y su estado chileno como arma para su dominio.
Desde entonces el estado chileno, con sus innumerables aparatos instituciones de propaganda que tiene como la televisión, los diarios, la radio, etc. , han bombardeado al proletariado con las reaccionarias ideologías del patriotismo , nacionalismo y el MILITARISMO , donde se le cuentan innumerables patrañas ideológicas como la de "unidad nacional del pueblo chileno" o "todos somos hermanos y nos sentimos orgullosos de Chile" o el clásico "todos somos chilenos" . En absoluto, contrario a las mentiras democráticas de la burguesía, nosotros decimos que los proletarios no tienen absolutamente nada que celebrar e incluso se deben abstener de participar en estas anti- proletarias fiestas, pues los obreros de todo el mundo siguen siendo explotados y humillados bajo la esclavitud asalariada, esa esclavitud asalariada que se oculta precisamente detrás de las banderas y fiestas patrias burguesas. El estado democrático chileno y su economía están bañados en sangre proletaria ¿acaso no fue el estado chileno y sus gloriosas fuerzas armadas quienes masacraron a los obreros del salitre por exigir mejores condiciones?[1] , ¿acaso no fue el estado chileno imperialista quien mediante su propaganda militarista reclutó a miles de obreros y campesinos pobres en el ejército para que participaran en la carnicera guerra del Pacifico y se enfrentaran contra sus hermanos de clases de Bolivia y Perú por intereses capitalistas? , ¿acaso no es el estado chileno con sus policías los que reprimen , encarcelan y ejecutan a trabajadores que se van a la huelga? Esos crímenes del estado chileno cuentan con el completo silencio de la burguesía y sus medios propagandísticos a la hora de celebrar sus fiestas de independencia[2].
Y como todas las ideologías reaccionarias se complementan y están unidas el patriotismo siempre ha ido de la mano con su viejo amigo: EL MILITARISMO, y es que el 19 de septiembre, un día después de la junta nacional de gobierno, se celebran los días de glorias del ejército , como si los obreros tuvieran que celebrarle algo a los perros guardianes de la burguesía y el estado que históricamente los han reprimido y asesinado. Así vemos como todas las instituciones del estado se alinean a la hora de propagar la ideología militarista entre la clase obrera, un buen ejemplo de esto son las escuelas y universidades, donde a los niños y jóvenes se les adoctrinan desde edades tempranas ideologías completamente nacionalistas-militaristas. En todas partes del mundo las fuerzas armadas están al servicio de la sociedad burguesa y su "orden" criminal, pues estas instituciones fueron creadas precisamente para proteger a la maquinaria estatal, por ende, el proletariado mundial debe luchar por la abolición de esta institución, desarrollando sus propias milicias, que son trabajadores armados al servicio de los consejos obreros y la revolución mundial.
Frente al patriotismo burgués, los obreros chilenos no deben caer en ilusiones como la plurinacionalidad, el indigenismo[3] (la cual busca un acuerdo entre las burguesías de las distintas naciones en un país, en desmedro de todo el proletariado) o el "latinoamericanismo" que tanto le gusta a la izquierda. Este último es bastante nocivo pues da la ilusión de que una Latinoamérica unida podría "hacerle frente al imperialismo" y "salir del subdesarrollo". Esta no puede ser una idea más lejana a la verdad, si la "Latinoamérica unida" de la que hablan no es más que el sueño imperialista de la burguesía latinoamericana que inútilmente busca alcanzar a los países más avanzados. Para Bolívar y sus amigos era fácil imaginarlo, si eran todos españoles nacidos en América era fácil para ellos llegar y declararse "latinoamericanos" e "independientes", pero la verdad es que lo único que une a los proletarios de las distintas etnias americanas es una historia compartida de explotación colonial e imperialista que hoy también comparten con los proletarios del mundo entero. Entonces, la única respuesta que es parte de una alternativa revolucionaria es el verdadero internacionalismo proletario, no solo en palabras, sino que en acción y organización, ya basta de desmembrar al movimiento obrero entre distintas nacionalidades, etnias y países, avancemos en su realización como movimiento internacional de la clase.
Para concluir , podemos decir que en este periodo de decadencia capitalista , donde el estado cada vez se hace uno con el capitalismo y por ende se vuelve más y más totalitario , el patriotismo juega un rol principal a la hora de defender el modo de producción capitalista y preparar a los proletarios para una futura guerra imperialista , pues adoctrina a los trabajadores a "defender la patria" y a "Sentirse orgullosa de ésta" con el único objetivo de defender la explotación asalariada y la acumulación de capital. Pero en contra de este peligroso veneno ideológico llamado patriotismo (y del militarismo que siempre van juntos) nosotros los trabajadores revolucionarios debemos decirle fuerte y claro a todo el proletariado que ¡LOS TRABAJADORES NO TIENEN PATRIA! y que ¡LA REVOLUCION PROLETARIA MUNDIAL BUSCA ABOLIR TODOS ESTADOS A FAVOR DE LA DICTADURA INTERNACIONAL DE LOS CONSEJOS OBREROS Y DE LA COMUNIDAD HUMANA MUNDIAL! Por ello los trabajadores del mundo debemos RECHAZAR estas rancias fiestas patrias del capital e incitar a sus compañeros de clase a hacer lo mismo, Los trabajadores no tienen nada que celebrar. Su fuerza no está en actos simbólicos, celebraciones folklóricas etc. Su fuerza está en luchar contra la explotación capitalista en la perspectiva de su abolición en todo el mundo y para ello el medio es la huelga de masas que surge fuera y contra los sindicatos, que se extiende, busca su unificación como clase y se organiza en Asambleas Generales, comités elegidos y revocables y en una situación prerrevolucionaria en la formación de Consejos Obreros.
¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNIOS!
Rodrix & Lucas
[1] Ver El movimiento obrero en Chile a principios del siglo XX https://es.internationalism.org/content/4395/el-movimiento-obrero-en-chile-principios-del-siglo-xx [410]
[2] Olvidan por ejemplo la masacre de proletarios en la que se complementaron, aunque fueran rivales por la disputa del poder del Estado capitalista, Allende y Pinochet en 1970-73. Ver Hace 30 años, la caída de Allende: dictadura y democracia son las 2 caras de la barbarie capitalista https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/846/hace-30-anos-la-caida-de-allende-dictadura-y-democracia-son-las-2-c [408]
[3] Ver Indigenismo y luchas campesinas en América Latina /content/2870/indigenismo-y-luchas-campesinas-en-america-latina [411]
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Para enfrentar la catástrofe sanitaria producida por la pandemia, a la burguesía “no le quedaba otra alternativa” que decretar el confinamiento de más de la mitad de la población mundial, cerca de cuatro mil millones de seres humanos. Si esta actuación se les hizo necesaria se debió a la incapacidad de los estados y sus sistemas sanitarios para poder limitar la amplitud y la propagación de la epidemia de Covid-19; lo que ha permitido ver que el verdadero interés de la burguesía ha sido proteger su economía todo lo posible y limitar al máximo la caída de sus beneficios. No hay duda; la clase dominante se planteó seriamente permitir que la epidemia se extendiera por el conjunto de la población de manera que sobrevivieran únicamente los más resistentes. Pero el riesgo de que la pandemia derivara en una situación aún más dramática era grande; o sea que la economía se hundiese en una situación aún más dramática. Finalmente casi todos los Estados se decidieron a aplicar la “táctica del confinamiento”, es decir que dada a la incapacidad de hacerle frente y la impotencia para dar una respuesta sanitaria diferente, había que volver a las prácticas de la Edad Media: aislar, marginar, encerrar en sus casas a las personas de mayor riesgo de contagio -“posibles apestados”-; la diferencia está en que ahora están ampliando esas prácticas a toda la población mundial.
El encierro obligatorio de áreas enteras de la población mundial, donde la mayoría vive hacinada, en condiciones precarias e insalubres, en alojamientos minúsculos, en peligrosa promiscuidad dentro de megalópolis con millones de personas, no ha hecho sino agravar una situación ya de por sí muy difícil para vivir. Quien más duramente sufre las consecuencias del confinamiento es la clase de los asalariados, los explotados que están padeciendo en sus carnes la brutalidad de las medidas y sus consecuencias. En las zonas subdesarrolladas como en África, América Latina o incluso Asia, las condiciones de vida de millones de obreros están en una situación insostenible y el confinamiento agrava aún más las cosas.
El aislamiento, la falta de contactos sociales, la promiscuidad, la alteración de los desplazamientos y de la movilidad han provocado graves efectos psicológicos y físicos en la salud de las poblaciones.
En estas condiciones los traumatismos del confinamiento que sufren los explotados no son comparables con los que puede padecer la clase burguesa en sus grandes mansiones, dotadas de mayor confort material. El confinamiento tiene aún que poner ante la luz pública la escandalosa y repulsiva iniquidad de la sociedad burguesa dividida en clases sociales antagónicas.
Contrariamente a lo que la burguesía nos quiere meter en la cabeza, no todos sufrimos igual los dramas de la vida, sucede lo mismo ante las consecuencias del confinamiento. En la sociedad capitalista son siempre los proletarios quienes pagan más directa y duramente en su carne y en sus condiciones de vida los dramas que engendra este pútrido sistema. En la clase de los explotados los más débiles, los que han acabado siendo los “inútiles” y los “indeseables” a los ojos del capitalismo son quienes sufren en primer lugar las consecuencias de la inhumanidad y la barbarie de este sistema.
Como escribió Rosa Luxemburgo -1912 - en El Asilo de noche: “los proletarios pierden poder adquisitivo cada año y se alejan cada día más de las condiciones de vida logradas por la clase obrera, para acabar hundidos en el pozo de la miseria. Caen silenciosamente, como desechos, en lo más bajo de la sociedad. Igual que trastos viejos, inútiles, a quienes el capital no puede extraer una gota más de sudor, detritus humanos a quienes con una escoba podría barrer”. Encima de la miseria material, el podrido capitalismo prosigue incrementando la marginación, la atomización de los individuos, la destrucción de las relaciones familiares, la exclusión de las personas mayores, el sufrimiento psíquico…; sembrando la desventura en nombre de la libertad de empresa, en nombre de la obligación de trabajar y de dejarse explotar para lograr vivir. Son los lazos humanos dentro de la clase obrera, concretamente los lazos afectivos y de solidaridad, los que el capitalismo destruye con su fiera rabia, sacrificando la vida y la salud de los explotados en el sagrado altar del beneficio. Hipócritamente, la clase dominante nos cuenta que lo hace para proteger a los más débiles, a los ancianos, a los niños más necesitados mintiendo vergonzosamente. Prosiguen las políticas de desmantelamiento y destrucción de los servicios que podrían conceder un mínimo de seguridad a la clase obrera, incrementando aún más su explotación. Todo esto lo tapan desarrollando masivamente sus campañas ideológicas. Durante la pandemia la burguesía no ceja en su propaganda de que el Estado se ocupa de los más vulnerables, cuando la realidad es que él mismo es el responsable de la calamidad social psíquica y sanitaria provocadas por la pandemia.
En las Residencias de la tercera edad de todo el mundo el drama humano es total. Al comienzo se silenció, obligados por el estado burgués, pero rápidamente se hizo visible la sórdida realidad a medida que iban aumentando los infectados, los muertos, y no pudieron disimularla durante más tiempo. Hoy se cuentan por decenas de miles los muertos contabilizados diariamente; por ejemplo, en los establecimientos franceses el número pasa de los diez mil. En España, al menos las cifras que tienen cierta credibilidad informan de que el número de cadáveres supera los de otros países de la UE; muchos de estos cadáveres descubiertos en las habitaciones de las residencias, abandonados en las propias camas desde hacía varios días. Dramas idénticos se han dado y están ocurriendo en muchos otros países, recordándonos hasta qué punto los “viejos” no son para el capitalismo otra cosa que bocas superfluas que alimentar y que es necesario apartarlos de la sociedad, adelantando su muerte.
A lo anterior, hay que sumar los que han muerto solos en su domicilio, abandonados a su suerte. La falta de protección económico-social a las residencias y la de asistencia organizada a las personas mayores que vivían en la pobreza ha provocado una auténtica masacre en ese umbral de la población. El cinismo de la burguesía es tal que niega su responsabilidad, que únicamente a ella le compete, ante este sin número de desgracias y situaciones que ya conocía de antemano.
Las Residencias para “enfermos terminales” (unas 700.000 solamente en Francia donde la población residente en estos establecimientos ha aumentado un 90,3% en una década), donde permanecen sin protección adaptada y especialmente fragilizados, millones de personas en todo el mundo, están siendo presa fácil para el ataque de los virus.
Por otra parte, aunque con el mismo retraso que para el resto de la población, han optado por confinarles, por aislarles en su habitación prohibiéndoles todo contacto con el exterior, incluso con los de su propia familia, sus parientes y amigos más capacitados pero que residen en otros lugares. Lo mismo ocurre en los orfanatos, las prisiones, los campos de refugiados, los centros de emigrantes y otros centros de atención juvenil. Las residencias de pensionistas y tercera edad son los centros de mayor propagación de contaminación y más teniendo en cuenta que estas personas están fragilizadas por la edad o la enfermedad.
Pero no se detiene ahí el drama humano sino que lo desarrolla: más que las consecuencias que la pandemia misma trae, estos seres humanos, a quienes se les dice que si se les aísla “es por su propio bien”, están también condenados a sufrir una tristeza y una desesperación profunda al verse separados de todo contacto con sus parientes; y a esto es a lo que los “especialistas” denominan públicamente “la depresión de la ancianidad”. Esto es lo que la sociedad capitalista les inflige provocándoles un sentimiento profundo de abandono y soledad: pierden totalmente el interés por la vida e incluso por la propia identidad. Es muy cierto que además de todos los que mueren por la pandemia, hay que sumar aquellos que simplemente se dejan morir de tristeza y soledad en un rincón.
En esta tesitura, las familias han experimentado la brutalidad de esta sociedad cuando en sus intentos por aportar algo de ayuda o apoyo, han sido multados: es el caso de una persona que se atrevió a romper el encierro para recorrer 300 kilómetros y acompañar a su padre en sus últimas horas; y aún peor, el de una mujer que vino a saludar a su marido y tuvo que hacerlo plantada en la calle al otro lado de la verja de la residencia.
Como se puede constatar, el Estado ha desempeñado bien su papel a lo largo de este periodo de confinamiento: mantener el orden social de forma fría y mecánica, sin la menor preocupación por esa necesidad de relación social que es inherente a todos los humanos y particularmente a los más débiles. Al contrario, en nombre del “interés de todos” y haciéndose pasar por el buen samaritano, en su tarea de preservar la salud de los más débiles, el Estado ha ejercido una política odiosa de máximo control y coerción. En total coherencia con sus principios, ha llegado incluso a prohibir y a limitar la presencia de las familias en los funerales, mandando a la policía a cerrar el acceso a los cementerios. Debido a que en esta sociedad la muerte es una mercancía como otras y que en tiempos de epidemia puede significar un beneficio, una empresa funeraria en Francia llega a cobrarle una cifra escandalosa -250 € a las familias por ir a recoger un cuarto de hora antes los despojos que habían sido dejados en un espacio abierto, un solar –en les Halles de Rungis- antes de ser enterrados.
Desde siempre es bien conocida la precariedad propia del medio estudiantil. Muchos de estos futuros proletarios sobreviven con pequeñas chapuzas que les permiten lo justo para para continuar y proseguir sus estudios.
Alejados la mayor parte del tiempo de sus familias viven, con más frecuencia de la que se piensa, en la mayor soledad, pero sobre todo con gran inseguridad, sin saber qué les depara el futuro y viendo que las condiciones de existencia se agravan día tras día con el confinamiento. Desde hace algunos años los suicidios entre los estudiantes son cada día más numerosos. En Francia, por ejemplo, hace unos meses un estudiante desesperado intentó inmolarse prendiéndose fuego delante del Centre Régional des Œuvres Universitaires et Scolaires de la Universidad de Lyon. El cierre de los pequeños negocios y la imposibilidad material y física de volver con su familia ha allanado el terreno a esas atrocidades. Nunca antes hubo tantas llamadas al Servicio telefónico de ayuda psicológica; en adelante esto se incrementará más aún puesto que en numerosos países, incluidos los más desarrollados (EEUU, Canadá, Reino Unido, Francia) y ante la incapacidad de las autoridades para organizar un dispositivo eficaz que preserve la salud de los estudiantes, el Estado no prevé la apertura de la totalidad de los centros a principio de curso sino que lo hagan paulatinamente, que la asistencia de los alumnos a las clases se haga alternando clases presenciales con otras telemáticas. El estudiante quedará así condenado a permanecer todo el día solo en su pequeño cuarto, delante del ordenador y sin el menor contacto físico con otras personas. Un obstáculo más que favorece el aislamiento social y la atomización de los individuos.
Desde el momento en que el Estado burgués aparta de la sociedad a las personas mayores nada dice que vaya a tratar mejor a los futuros proletarios cuando una gran mayoría no tendrá otra perspectiva que la del paro y de la creciente precariedad en un contexto de recrudecimiento de la crisis económica.
En los medios de comunicación hemos encontrado a lo largo de muchas semanas y meses el mismo martilleo: “¡quedaos en casa, sed responsables, protegeos y proteged a los demás!” Está claro: quien no respetase estos mandatos será tratado de irresponsable, de poner la vida de los demás en peligro. El capitalismo responsabiliza así de la pandemia a todas las personas incapaces de tener un “comportamiento ciudadano”.
En aquellos momentos el confinamiento fue respetado; estaba claro que la mayoría de la población entendió que a falta de medios no le quedaba otra que enclaustrarse para protegerse. No es solamente en lo que se refiere a confinamiento también es dominante en otros aspectos de la vida: la igualdad de derechos, por ejemplo, es un fantasma propalado persistentemente por la ideología burguesa. De esta clase es sabido que siempre parece estar sorprendida de la miseria o de las condiciones desastrosas en la que viven apiñados la gran mayoría de la clase obrera, de los precarios, los parados, de las familias enteras que están forzosamente confinadas de la mañana a la noche en espacios reducidos. En todo ese sector de la vivienda la clase dominante únicamente atiende a las reglas que le garantizan beneficio y rentabilidad.
Aunque se sabe que la violencia contra los niños o contra las mujeres no es, por desgracia, un fenómeno nuevo; en estas condiciones de confinamiento no ha hecho más que aumentar de manera dramática y explosiva. En el momento en que el Estado se decide a “salvar la economía” se ha evidenciado que no ha puesto en práctica ningún otro medio para ayudar a las personas que se encuentran en situaciones desesperadas y en peligro de muerte, que exhortarles a que llamen al teléfono de los Servicios de urgencias sociales, ya que no tiene otra manera de hacer frente a este recrudecimiento de la violencia.
En todo el mundo, como resultado de esta situación, ha habido un fortísimo estallido de la violencia de todo tipo en los domicilios familiares: un incremento del 30% en Francia, donde las intervenciones de los servicios policiales en los domicilios también han aumentado: un 48%. En Europa las llamadas a Urgencias han aumentado un 60%. En Túnez las agresiones contra las mujeres se han multiplicado por cinco; en India el número de denuncias hechas por violencia conyugal se ha doblado. En Brasil los datos de violencia familiar constatados han aumentado del 40 al 50%. En México las llamadas por violencia han aumentado allí el 60% durante la cuarentena, con doscientos casos suplementarios de feminicidio. Más de 900 mujeres han sido dadas como desaparecidas en Perú, …
Para la burguesía estos desastres humanos solo representan cifras o porcentajes sobre el papel que olvidará enseguida. Si los servicios sanitarios han sido sableados por el Estado durante muchas decenas de años; los servicios sociales de protección a la infancia, de lucha contra la violencia contra las mujeres y todos los servicios de protección de los más débiles o desprotegidos han sido, simplemente, eliminados.
¿Cuántos estragos de verdadero sufrimiento y cuántas lesiones psíquicas y físicas han sido ocultadas a lo largo del tiempo? ¿Cuántas situaciones de desesperación, de depresión y tentativas de suicidio se han incrementado por estas condiciones de encierro y abandono? Las medidas de confinamiento y las restricciones drásticas de lazos sociales impuestas a la población, incluyendo a los asalariados enviados a los lugares de trabajo a servir como “carne de virus” para “salvar la economía” con riesgo de contaminarse ellos y su entorno han logrado poner de manifiesto el carácter impersonal y abstracto de las relaciones sociales en el capitalismo.
Cuando el virus continúa propagándose por todos los continentes y en muchos países europeos se ha producido un rebrote significativo, una segunda oleada de contagios y muertes, los medios de comunicación enfilan y estigmatizan a los jóvenes en su voluntad de juntarse, de agruparse, de buscar la proximidad, calificándoles de “irresponsables” respecto a los viejos y al resto de la población, suscitando además una división ideológica entre generaciones. Es evidente que si bien deben tomarse todas las precauciones para evitar contagios y propagaciones también debe considerarse que estos encuentros demuestran un ansia de relación social, un deseo de encontrarse con su familia, amigos o parientes tras meses de soledad y aislamiento de gran impacto psicológico.
Estos jóvenes no hacen sino expresar una necesidad vital para la especie humana, la de vivir en sociedad, en colectividad. El hecho de culpabilizarles de la nueva oleada del virus en Europa, como hacen los medios de comunicación desde hace semanas, demuestra también toda la brutalidad y carencia de humanidad de la sociedad burguesa.
La burguesía intenta presentarse como una clase que dirige una sociedad válida para todos; una sociedad donde todos encuentran su sitio y no se rechaza a nadie. Pero cuando le golpea una crisis sanitaria, económica o social de esta magnitud el velo se descorre y emerge sin adornos el monstruoso aspecto de este sistema de explotación en el que la vida es sólo una mercancía que no le merece mucha atención y frente a la que sólo actúa cuando lo juzga rentable y además con una condición: que no le cueste muy caro. Con la crisis económica y el hundimiento de esta sociedad en una deshumanización y un caos cada vez mayores los gobiernos decretan políticas cada vez más irresponsables, aniquiladoras de la vida misma. Oyendo a esta clase de embusteros, leyendo sus periódicos y a los ideólogos que están a su servicio que nos cuentan que el mundo futuro nunca será como el de antes; que en el futuro “habrá mejores servicios de salud, mascarillas y se harán test”, que “el mundo será más solidario”, que “se van a ocupar de los mayores dotándoles de buenas residencias“, que “la soledad habrá acabado”, que “no se cometerán dos veces los mismos errores”, etc. Estas patrañas hipócritas son tan poco creíbles como cuando al principio de la guerra mundial la burguesía, con la mano en el corazón, proclamaba: “¡Esta será la última de todas!”, “¡nunca otra!” y poco después estalla la Segunda Guerra Mundial y con ella el regreso de la barbarie generalizada. Lo cierto es que el mundo posterior no será como el de antes, será mucho peor. A quienes engañan las promesas de la burguesía, es a quienes creen en ella. La clase proletaria no puede mantener la menor ilusión en el universo de sufrimientos y atrocidades que le reserva la clase dominante y en el que le hunde cada vez más profundamente el capitalismo.
Sam 02 de mayo de 2020
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La CCI en Brasil celebró recientemente algunos debates con contactos y simpatizantes de nuestra organización sobre el tema, "Frente a la alternativa fascismo-antifascismo, el proletariado no tiene campo para elegir". Damos cuenta de las discusiones y preguntas que surgieron, añadiendo algunos comentarios y aclaraciones a posteriori de nuestra parte.
El tema de la situación en el Brasil fue precedido por aspectos generales considerando la pandemia del Coronavirus, que los medios de comunicación de todo el mundo han cubierto ampliamente, prestando especial atención a la situación en los Estados Unidos y sobre todo en Brasil, por las acciones de Trump y Bolsonaro. Mucho más explícitamente que en otros países, estos repugnantes personajes han expresado de manera cruel y descarada la verdadera naturaleza y preocupación de la burguesía mundial ante la crisis del Coronavirus: salvaguardar a toda costa el beneficio generado por la explotación de la clase obrera, obligando a los trabajadores a permanecer en sus puestos de trabajo con un alto riesgo de contagio, a veces, incluso, sin protección. En realidad, la política de las demás fracciones de la burguesía mundial también demuestra el creciente peligro que el capitalismo mundial constituye para la supervivencia de la humanidad, al encontrarse en la incapacidad de hacer frente a la pandemia del Covid 19 a pesar del considerable desarrollo de las fuerzas productivas. Y si dan tanto bombo al caso Bolsonaro, es para tratar de ocultar el hecho de que en realidad no son tan disímiles.
Yendo más allá del Covid, el proletariado brasileño tiene que enfrentarse a la estupidez criminal de Bolsonaro y a sus odiosas orientaciones políticas abiertamente anti obreras y criminales, que encuentran un terreno fértil en la proliferación de sectas, bandas, el rechazo de lo racional, coherente, ... este proletariado también tiene que enfrentarse a un enemigo mucho más insidioso y por lo tanto aún más peligroso...
De hecho, en nombre del antifascismo, fuerzas principalmente ligadas a la izquierda o extrema izquierda del capital intentan movilizar contra el "diablo fascista" Bolsonaro. Más si el diablo existiera, sería una expresión más del capitalismo, al lado de otras como la democracia burguesa. Básicamente, todos defienden el orden existente, el capitalismo, que está arrastrando al mundo a una catástrofe fatal para la humanidad.
Un contacto muy cercano introdujo la discusión “La semana pasada observamos una ola de manifestaciones antifascistas en las redes sociales. Mucha gente ha modificado sus fotos de perfil, publicando varios modelos de la bandera antifascista. Esta ola fue alimentada por tensiones anteriores, pero parece haber sido desencadenada por una reacción de repudio a las manifestaciones del grupo "Os 300 do Brasil" y, sobre todo, a los videos de Bolsonaro bebiendo leche. Los 300, liderados por la becaria Sara Winter, realizaron una pequeña manifestación en Brasilia marchando con antorchas, al estilo del Ku Klux Klan. El grupo está acusado de ser una milicia con el objetivo declarado de exterminar a la izquierda. Por otro lado, los videos que toman leche son un símbolo de la supremacía blanca. Por supuesto, Bolsonaro niega haber tenido esta intención, pero la tensión no se ha disipado, sobre todo porque este caso se suma al del ex secretario de cultura, Roberto Alvim, que hizo un discurso cuyo texto parafraseó a Joseph Goebbels. Parece que hay muchas señales de que el gobierno de bolsonaro coquetea con el fascismo. Frente a eso, surgen algunas preguntas. ¿El actual gobierno es fascista? Incluso si no, ¿existe el riesgo de que se desarrolle en esa dirección? El avance de la extrema derecha no es un fenómeno típico de Brasil. De hecho, parece ser aún más agresivo en otras partes del mundo, especialmente en Europa. Desde la profundización de la crisis en 2010, algunos países europeos están siendo impulsados por una ola nacionalista que se ha agravado con la crisis de la inmigración. En Brasil, el antifascismo ya se ha manifestado con cierta notoriedad en las últimas elecciones presidenciales con el movimiento "Ele Não", cuando incluso los grupos de izquierda que generalmente hacían campaña por cero votos abrazaron la campaña de Haddad[1]. Sin embargo, a diferencia de 2017, las recientes manifestaciones parecen haber ampliado su espectro ideológico, alcanzando a los partidos más a la derecha. Incluso Celso de Mello, ministro del STF (Tribunal Supremo de Justicia), expresó su preocupación cuando afirmó que "el huevo de la serpiente parece estar a punto de eclosionar en Brasil.”
A pesar de la situación de pandemia, se están produciendo algunas manifestaciones en defensa de la democracia en el país. En Twitter, el intercambio masivo de fotos de perfil por banderas antifas ha generado largos debates sobre su naturaleza. Algunos estalinistas han criticado su masificación, incluyendo su uso por personas liberales conocidas. Afirmaron que el antifascismo es simultáneamente "anticapitalista", por lo que no todo el mundo puede afirmarse como tal. Sin embargo, esta reacción parece seguir los deseos estalinistas de control, tratando de llevar la bandera a su reino ideológico. En cualquier caso, la pregunta sigue siendo: ¿es el antifascismo incompatible con el liberalismo?
Las manifestaciones antifascistas ya provocan reacciones en el campo bolsonarista. El 1 de junio, el diputado Daniel Silveira (PSL/RJ) presentó un proyecto de ley que propone una modificación de la Ley Antiterrorista Nº 13.260, del 16 de marzo de 2016, para tipificar a los grupos antifascistas como organizaciones terroristas. Días después, un grupo neonazi de São Paulo publicó en Internet una lista con nombres y datos de personas identificadas por ellos como antifascistas. Estos datos fueron compartidos por las propias personas en Internet.
Ante la amenaza del avance de la extrema derecha, parece irresistible no adherirse a la causa antifascista, porque el fascismo representa la cara más perversa del Estado. Sin embargo, antes de actuar por impulso, debemos hacer un reflejo racional de la situación. ¿Un rostro menos perverso significa una menor perversidad del cuerpo del Estado? ¿Cuáles son los resultados prácticos de adherirse al antifascismo? ¿Es la democracia un mal menor? ¿Es el extremo opuesto al fascismo? ¿Qué son el fascismo y la democracia? ¿Por qué el Estado adopta a veces formas políticas dictatoriales, a veces democráticas? ¿Cómo deben posicionarse los comunistas ante este movimiento? ¿Cómo debería posicionarse el movimiento obrero?
Aunque el antifascismo es más notable hoy que hace 20 años, no es la primera vez que los comunistas han sido seducidos por esta bandera. En el pasado, cuando el fascismo se manifestó por primera vez entre los años 20 y 30, varios grupos comunistas y anarquistas se unieron a la causa antifascista. La Cuarta Internacional Trotskista animó a sus miembros y partidarios a unirse a las filas de la guerra contra el Eje. Durante la Guerra Civil Española, los anarquistas y comunistas apoyaron a la República participando en las elecciones y tomando las armas para frenar el avance de la extrema derecha en España[2]. ¿Cuáles son las lecciones históricas de estas experiencias?
Por otro lado, no todos los revolucionarios se adhirieron al antifascismo. Bilan[3] fue un crítico de dicha adhesión porque la consideraba un factor de confusión para el proletariado, además de contribuir a su adhesión al nacionalismo. En Grecia, la Unión Comunista Internacionalista se negó a apoyar a las democracias contra el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Cuáles eran sus preocupaciones? ¿No consideraban el fascismo una amenaza? ¿No lucharon contra eso?
Las experiencias pasadas, aunque no se pueden replicar, pueden arrojar luz sobre los acontecimientos actuales. En vista de ello, a partir de este análisis histórico, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿a quién le interesa el antifascismo y cómo debemos posicionarnos ante esta bandera?”
Como señalamos en la reunión, estamos de acuerdo con esa introducción y con la necesidad de proporcionar una base histórica para cualquier debate político. Y precisamente en este sentido, recordamos qué análisis del movimiento obrero participaron en el engaño posterior del antifascismo al proletariado, y cuáles otros, por el contrario, sentaron las bases para una defensa sin concesiones de la lucha de clases contra la burguesía y sus diversas expresiones, fascistas o democráticas.
La intransigencia de la Izquierda Comunista Italiana[4], que de hecho dirigía el Partido Comunista de Italia, se expresó particularmente, y de manera ejemplar, ante el ascenso del fascismo en Italia tras la derrota de los combates en 1920. En la práctica, esta intransigencia se manifestó en un rechazo total a forjar alianzas con partidos burgueses (liberales o "socialistas") ante la amenaza fascista: el proletariado sólo podía luchar contra el fascismo en su propio terreno, la huelga económica y la organización de milicias para la autodefensa de los trabajadores. En el plano teórico, Bordiga fue responsable del primer análisis serio (y aún válido) del fenómeno fascista, análisis que presentó a los delegados del 4º Congreso de la Internacional Comunista en refutación del análisis por ésta defendido:
La popularidad de los movimientos "antifascistas" impulsados por la izquierda, así como por la derecha democrática, ha sido motivo de preocupación en nuestros contactos. Como se ha señalado, las acciones caóticas de Bolsonaro, muy en sintonía con los disparates de Trump, donde aparece bebiendo leche, en un tono claramente racista, alentando a los grupos que se autodenominan "fascistas", añaden más elementos a la preocupación de nuestros contactos, sobre todo porque la reacción antifascista, y su discurso, es atractivo para muchos críticos del régimen. Entonces, ¿es posible que el fascismo surja en Brasil? ¿Es Bolsonaro uno de sus primeros portavoces? ¿Cómo lo defiende el movimiento antifascista?
El debate llevó a una conclusión muy clara: a pesar de las acciones caóticas de Bolsonaro - algunas de ellas claramente racistas – estas no son una expresión del ascenso del fascismo porque este último es el producto de condiciones históricas muy concretas que no se cumplen hoy en día. De hecho, el fascismo surge en una época de derrota física e ideológica de la clase obrera, como en los años 30. El proletariado italiano y alemán en particular fue totalmente aplastado por el fascismo, el proletariado ruso por el estalinismo, y el proletariado de otros países industrializados democráticos, gobernados por el antifascismo. Esto no sólo fue gracias al fascismo, sino también a través de las corrientes de izquierda -especialmente su inclinación "crítica" trotskista- que llevaron a la "lucha", primero a la clase obrera en defensa del "mal menor" de la República en España, y luego enlistaron a la clase obrera en la 2ª Guerra Mundial del siglo XX en la defensa de las democracias occidentales.
El debate sobre el "mal menor" cuestionó el falso dualismo de "fascismo versus democracia". Como se ha argumentado, el antifascismo es, pues, un callejón sin salida, que tiene efectos perniciosos para la unidad de clase, ya que sostiene una serie de elementos, ya señalados, que pretenden socavar precisamente su unidad; por un lado, hacerles creer que ante el peligro del "fascismo" es necesario organizarse para salvar los intereses de una nación; en otras palabras, es imperativo defender la "democracia" que se sitúa como "un mal menor".
No. Tanto Mussolini como Hitler llegaron al poder precisamente gracias a la democracia burguesa y sus instituciones parlamentarias. La democracia era la base, la tribuna, que el fascismo usaba para llegar al poder, y establecer su agenda.
En este caso, ¿no tiende la llegada democrática de Trump el poder y en particular de Bolsonaro a demostrar la realidad actual de este peligro de fascismo? Insistimos, las condiciones históricas son diferentes de aquellas en las que el fascismo llegó al poder democráticamente en Alemania. Hoy el proletariado no ha sufrido una derrota decisiva como fue el caso en todo el mundo con la derrota de la primera ola revolucionaria mundial de 1917-23[6]. La confusión radica en que el capitalismo en su actual fase de descomposición[7] produce payasos/monstruos como Bolsonaro o Trump, que expresan de manera caricaturesca la tendencia al caos y el cada uno para sí.
El debate fue bastante claro sobre esto. La democracia no es algo que se oponga al fascismo, que es una de las formas de Capitalismo de Estado típicas del período de decadencia, sino que fue (a principios del siglo XX) una configuración totalmente nueva de la organización de la burguesía, en la que los Estados se fortalecen mediante la intervención en la economía. En los EE.UU., en este mismo período, como resultado de la crisis capitalista de 1929, el New Deal surge; en una parte de Europa, el fascismo; en Rusia, el estalinismo. El capitalismo mundial, en respuesta a su crisis sistémica, busca la protección de esta forma de administración que, por cierto, en las actuales condiciones de la pandemia mundial, tiende a reforzarse aún más.
Aunque se plantean elementos que podrían asociarse con el fascismo, como un claro anticomunismo, o un discurso abiertamente racista, la existencia de un régimen fascista en la época actual no es factible. En efecto. En particular porque solo la democracia es capaz de combinar las mistificaciones democráticas y la represión para hacer frente a un desarrollo de la lucha de clases contenido en la situación histórica actual.
Pero ¿esa perspectiva sigue inscrita en el futuro? Depende de la evolución de la correlación de fuerzas entre el proletariado y la burguesía.
Algunas intervenciones han expresado un gran pesimismo a este respecto. Algunos contactos señalan que no hay luchas autónomas en Brasil, que la izquierda del capital es popular - especialmente en vista de la perspectiva antifascista -, que el discurso en defensa de la democracia se fortalece, que las ideas de la Izquierda Comunista son débiles, que tienen poca influencia en Brasil y en América Latina... Una sola mirada a Brasil y al presente sólo puede llevar a tal pesimismo.
La lucha del proletariado es internacional y también su dinámica. A diferencia del período de los años treinta del que hablamos en el encuentro del fascismo, el proletariado abandonó el período de la contrarrevolución en 1968 con las luchas en Francia que iniciaron una dinámica internacional de lucha de clases que culminó con las luchas masivas en Polonia en 1980[8]. A pesar de las grandes dificultades que ha tenido la lucha de clases desde los años 90, el proletariado no ha sufrido una derrota, como la conseguida luego de la derrota de la Primera Ola Revolucionaria Mundial. Una demostración de que el proletariado está dando algunos pasos en su terreno de clase: la situación a finales de 2019 - principios de 2020 estuvo marcada por las demostraciones de combatividad obrera a nivel internacional, particularmente en Europa y América del Norte. En Europa: el movimiento en Francia contra las pensiones, la huelga de correos y transportes en Finlandia. En los EE.UU.: la huelga más masiva en General Motors en los últimos 50 años, y la primera en los EE.UU. en 12 años, después de un período en el que hubo poca movilización internacional de la clase obrera. La huelga masiva en enero de 2020 de los 30.000 maestros de las escuelas públicas de Los Ángeles, la segunda ciudad más grande de los Estados Unidos, la primera en 30 años. Es cierto que las condiciones dadas por la persistente amenaza de la pandemia constituyen un verdadero obstáculo para el desarrollo de la lucha de clases, mientras que los ataques económicos contra la clase obrera no tienen parangón desde la Segunda Guerra Mundial. Pero necesariamente, no sabemos aún cómo y cuándo la clase trabajadora volverá a la escena. Todas las fracciones del proletariado del mundo enfrentan dificultades, pero no las mismas. Es en el centro del capitalismo, donde se han desarrollado las luchas históricas, donde las condiciones son más favorables, precisamente por estas experiencias y esta tradición de lucha. Sin embargo, cada lucha del proletariado en el mundo constituye una contribución a la lucha del proletariado mundial. Por lo tanto, a pesar de las grandes dificultades a las que se enfrenta en este momento, no se pueden ignorar las luchas pasadas del proletariado brasileño. En particular sus luchas masivas en 1979, su resistencia y enfrentamiento a la política anti obrera de los gobiernos de Lula y Dilma (recordemos la movilización de los controladores aéreos en febrero de 2007[9] y su represión por parte de Lula).
Una visión inmediata de la lucha de clases contiene el peligro de abandonar el terreno de la lucha de clases del proletariado por movilizaciones típicamente burguesas como las recientes en torno al BLM (Black Lives Matter) con un claro contenido burgués, al exigir un "capitalismo humano"[10].
Un contacto preguntó: ¿cómo movilizar al proletariado sin entrar en estos frentes antifascistas? No hay que pensar que en cualquier momento el proletariado puede entrar en la lucha. En particular, en la actual situación de pandemia, las condiciones para una movilización de la clase obrera no existen realmente. Sabemos que el proletariado tiene el reto de desarrollar una lucha que esté a la altura de los ataques económicos en todo el mundo sin comparación desde la Segunda Guerra Mundial. En la situación actual, la responsabilidad de los revolucionarios no es empujar a los trabajadores a la lucha a toda costa, sino incitarlos a discutir entre ellos lo que está en juego, a reagruparse para ello, aunque sea de manera muy minoritaria.
¿Hay, en la situación actual, un camino entre el anticapitalismo y el futuro comunismo? Ninguno. Por lo tanto, cada vez más clases medias, la pequeña burguesía, arruinada por el capitalismo, se declarará "anticapitalista". Incluso partes importantes de la clase obrera, que luchan por reconocer su propia perspectiva revolucionaria, pueden adoptar esta consigna de anticapitalismo. Esto expresa una gran debilidad. Pero cuando se trata de una organización política que defiende y predica el anticapitalismo, entonces ya no es una debilidad sino un error. No es casualidad, como se señaló, que muchos grupos antifascistas, vinculados a la extrema izquierda del capitalismo, como el trotskismo, se llamen a sí mismos "anticapitalistas". Este es el caso en Francia de una organización trotskista afiliada a la Cuarta Internacional que se llama Nuevo Partido Anticapitalista.
Alberto (Julio 2020)
[1] Candidato del PT, el partido del expresidente Lula.
[2] Sobre la guerra en España ver nuestro libro ESPAÑA 1936: FRANCO Y LA REPUBLICA MASACRAN A LOS TRABAJADORES https://es.internationalism.org/cci/200602/539/espana-1936-franco-y-la-republica-masacran-al-proletariado [415]
[3]Publicación en francés de la Fracción de Izquierda del Partido Comunista de Italia entre 1933 y 1938. Se puede conocer el análisis de nuestros predecesores de BILAN en el artículo El antifascismo fórmula de confusión https://es.internationalism.org/revista-internacional/200603/785/documento-el-antifascismo-formula-de-confusion-bilan-mayo-del-34 [416]
[4]Leer a este propósito "La noción de Fracción en la historia del movimiento obrero – 1a parte". Revista international n° 156. https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4148/la-nocion-de-fraccion-en-la-historia-del-movimiento-obrero-1a-part [358]
[5] Se puede ver otra posición de la Izquierda Comunista -en este caso de un militante del KAPD- sobre el fascismo en el texto Orígenes económicos, políticos, y sociales del fascismo que hemos publicado con una introducción crítica. Ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/197704/111/origenes-economicos-politicos-y-sociales-del-fascismo [417]
[6] Ver Lecciones de 1917-23 - La primera oleada revolucionaria del proletariado mundial https://es.internationalism.org/revista-internacional/200704/1829/lecciones-de-1917-23-la-primera-oleada-revolucionaria-del-proletar [418]
[7] Para comprender esta fase histórica actual ver Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[8] Sobre estos dos acontecimientos y sus lecciones ver: Hace 50 años Mayo 68 https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4296/hace-50-anos-mayo-de-1968 [193] y Polonia (agosto de 1980): Hace 40 años, el proletariado mundial retomaba de nuevo la huelga de masas https://es.internationalism.org/content/4597/polonia-agosto-de-1980-hace-40-anos-el-proletariado-mundial-retomaba-de-nuevo-la-huelga [302]
[9] Ante los enfrentamientos en la capital, los controladores aéreos responden con la lucha (en portugués) https://pt.internationalism.org/ICCOnline/2007/Brasil_luta_controladores_aereos [419]
[10] Ver Movilizaciones antirracistas: La respuesta al racismo no es el antirracismo burgués, sino la lucha de clases internacional https://es.internationalism.org/content/4579/movilizaciones-antirracistas-la-respuesta-al-racismo-no-es-el-antirracismo-burgues-sino [345] y Los grupos de la Izquierda Comunista ante el movimiento Black Lives Matter: una incapacidad para identificar el terreno de la clase obrera https://es.internationalism.org/content/4605/los-grupos-de-la-izquierda-comunista-ante-el-movimiento-black-lives-matter-una [420]
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Desde el 8 de agosto y los restantes fines de semana del mes, pudimos ver a miles de trabajadores de la sanidad británica echarse a las calles de las principales ciudades, en fuertes protestas por los bajos salarios, los altos precios de matriculación, el aumento ilimitado de turnos y cargas de trabajo, la falta de Equipos de Protección Individual (EPI) para prevenir contagios de Covid-19, la falta sistémica de fondos y la presentación por parte del gobierno de su ''heroico sacrificio'' como una carga que hay que sobrellevar cueste lo que cueste.
En épocas anteriores, estas expresiones de combatividad por parte de sectores de la clase obrera que defienden sus condiciones de vida y trabajo parecerían algo rutinario, parte de la vida cotidiana. No obstante, en un contexto en el que los trabajadores muestran pocos signos de recuperación ante un retroceso de la combatividad y la consciencia que dura ya décadas[1] – y particularmente con ese telón de fondo de ''unidad nacional'' exigido por los Estados frente a la crisis del Covid – estas expresiones de lucha de clase son algo a destacar.
Organizados principalmente a nivel local como enfermeros, trabajadores de asilos y personal del sector sanitario en general, y coordinados y acorralados por los comités sindicales y grupos adheridos al Partido Laborista, hubo trabajadores hablando en docenas de manifestaciones en Leeds, Liverpool, Manchester y Glasgow sobre el estrés que les ha provocado tener que ver morir a pacientes y compañeros (más de 540 miembros del personal sanitario han fallecido), la incertidumbre de saber cuándo se infectarían y podrían transmitir la enfermedad a su familia, la lucha por sobrevivir teniendo que enfrentar deudas por cursos de formación de hasta 60.000 o incluso 90.000 libras, por tener que vivir con salarios reales que, en muchos casos, han caído hasta un 20% desde la última década, a pesar de las huelgas de 50.000 médicos jóvenes en 2016 y el ''acuerdo'' del pago en tres años de 2018...
En lo esencial, los trabajadores están indignados por haberse visto excluidos de las ''compensaciones'' que el gobierno prometió pagar, en Julio, a 900.000 trabajadores de sectores públicos ''clave'' en los que se incluía a miembros de las fuerzas armadas, servidores civiles, miembros de la judicatura y doctores de más antigüedad por su parte en la ''batalla'' contra el Covid, ignorando a enfermeros y otros trabajadores de asilos. Volveremos a este punto más adelante.
El aspecto ad hoc de las protestas – los trabajadores no esperaron a ''sus'' sindicatos a que dieran voz a su ya evidente indignación – lo subrayaron los desfiles con pancartas, casi todas hechas a mano, mostrando mensajes como: ''Heroes to 0%'' [Heroes to zeroes - Héroes al 0%], ''Claps don't pay the bills'' [Los aplausos no pagan las facturas], ''Pay NHS a fair wage – you owe us'' [Pago de un salario justo al NHS – nos lo debéis], ''Some cuts don't heal'' [Hay (re)cortes que no sanan], ''Stop clapping and start talking'' [Dejad de aplaudir y empezad a hablar] o ''A nurse is for life, not just for Covid19'' [Un/a enfermero/a lo es para toda la vida, no sólo para el Covid19]. Las protestas – 100 trabajadores en Cambridge, 100 en Bournemouth, 2000 en Londres y así por todo el país – atrajeron sobre todo a trabajadores jóvenes que nunca antes se habían manifestado o formado parte de una lucha proletaria, junto a algunos ''veteranos'' cercanos a la jubilación que querían mostrar su solidaridad con compañeros afectados por presiones cada vez más intolerables. ¡Se usaron muchas plataformas como grupos de Facebook de trabajadores sanitarios, con títulos como ‘‘NHS workers say NO! To public sector pay inequality'' [Trabajadores de la NHS dicen NO a la desigualdad de salarios del sector público] que afirma tener 80.000 miembros, ''NHS Pay 15'' que exige una subida de salarios del 15% (consigna que se observó en la manifestación del 26 de Agosto de los trabajadores del hospital Guy's y St. Thomas de Londres), y ''Nurses United UK'' [Enfermeros/as unidos de Gran Bretaña] para recabar apoyos. Las banderas sindicales brillaron por su ausencia, aunque no faltaron, desde luego, los grupos políticos ''radicales'' diciendo que el objetivo principal de los manifestantes tenía que centrarse en hacer más ''combativos'' a los sindicatos. Estas ideas acabarán seguramente teniendo eco ya que, hasta donde sabemos, ninguno de estos grupos ad hoc antes mencionados ha desafiado abiertamente a los sindicatos o al sindicalismo.
A los trabajadores sanitarios los han adoctrinado durante meses como parte esencial del ''esfuerzo nacional'' – incluso por parte de elementos militares y con el reclutamiento de miles de ''voluntarios'' (en un momento de alza de contratos de ''cero horas'' y la amenaza del desempleo masivo) – teniendo que poner sus vidas en riesgo en el ''frente'' de la ''guerra contra el Covid'', cualquiera que fuese el precio a pagar. Todo esto incluyendo horas de trabajo extra interminables, renuncia a las vacaciones e instrucciones confusas sobre los EPIs (ausentes en más de un caso) que cambiaban día tras día. Por todo ello los irritados manifestantes, aun de forma limitada, mostraron una patente resistencia a la presión del Estado para trabajar más por menos salario, en nombre del ''bien nacional''. Al hacerlo fueron fiel reflejo de las luchas de otros tantos millones de obreros alrededor del mundo que han intentado resistir la creciente explotación – y a veces, represión – a la que les somete el capital. Algunos ejemplos:
Además: ``En al menos 31 de los países que ha analizado Amnistía Internacional, el equipo de investigación registró informes de huelgas, amenazas de huelgas o protestas del personal sanitario y de trabajadores y trabajadoras esenciales a causa de condiciones laborales peligrosas. En muchos países, las autoridades respondieron a estas acciones con represalias. ´´[4]:
A pesar de todo esto, las medidas descaradas de represión no son el arma principal de la clase dominante a la hora de imponerle el ''estado de emergencia'' a los obreros. En los antiguos centros del capitalismo – Europa, EEUU y demás – hay una tendencia generalizada al juego político del divide y vencerás, orientado sobre todo a poner a los trabajadores sanitarios como un ''caso especial'', sembrando la división entre ellos y separándolos a su vez de sus hermanos y hermanas de clase de otros sectores:
La tendencia a ver el sector sanitario como el alfa y el omega de la lucha – esa maldición del corporativismo que ya causó la derrota de las huelgas mineras y del acero británico en los 80 – es una debilidad patente que quedó expresada en las protestas de Agosto en Reino Unido, incluso a pesar de que en una de las concentraciones se cantó la consigna ''los bomberos también merecen un aumento''. También hay que tener en cuenta la tendencia a culpar a los Tories de ''privatizar el sector sanitario'', cuando la realidad es que todos los partidos han estado intentando reducir al mínimo los servicios sanitarios durante décadas, como forma de asegurar la reproducción ampliada del capital y la fuerza de trabajo que necesita este proceso. La Iniciativa de Financiación Privada (Private Finance Initiative) fue de hecho asumida y fortalecida por el último gabinete laborista, lo que ciertamente ''puso en venta la NHS'' y empeoró las condiciones de trabajo.
La combatividad que se ha podido ver en Reino Unido[6] y otros lugares durante el verano está en marcado contraste con el ambiente reinante de miedo e incertidumbre que ha generado la crisis del Covid, y los despidos y cierres patronales masivos que le han seguido. Estas luchas han supuesto un esperado recordatorio de que la clase obrera no ha sido aplastada por la extenuación ni los cantos de sirena del auto- sacrificio. La necesaria politización de estas luchas – el reconocimiento de qué es la clase obrera en términos históricos y en qué puede y debe convertirse – queda aún como tarea pendiente de la mayoría del proletariado.
RF, 10-09-20
[1]Ver: ''Informe sobre la lucha de clases: Formación, pérdida y reconquista de la identidad de clase proletaria'' https://es.internationalism.org/content/4452/informe-sobre-la-lucha-de-clases-formacion-perdida-y-reconquista-de-la-identidad-de [424]
[2] World Socialist Website, 7 de Julio 2020, https://www.wsws.org/en/articles/2020/07/17/afri-j17.html [425]
[3]Worker's World, 13 de Agosto 2020; https://www.workers.org/2020/08/50567/ [426]
[4] https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/noticias/noticia/articulo/global-el-personal-sanitario-silenciado-expuesto-y-atacado/ [427]
[5]Ver Révolution Internationale, https://fr.internationalism.org/content/10227/segur-sante-nouveau-coup-porte-a-classe-ouvriere [428]
[6]Entre los sectores que ya estaban en lucha en primavera y verano encontramos a los profesores universitarios, las enconadas protestas de los trabajadores de British Airways que acabaron en miles de despidos y otros tantos contratados de nuevo con salarios más bajos y peores condiciones... para más información al respecto de las huelgas y la resistencia de los obreros al principio de la pandemia, leer ``Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro´´ https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [271]
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El capitalismo, el sistema de producción que domina el planeta y todos los países en él, se está hundiendo en un avanzado estado de decadencia y descomposición. Un siglo de decadencia está alcanzando sus últimas etapas, amenazando la supervivencia de la humanidad con una espiral de guerras caóticas, depresión económica, desastres ecológicos y pandemias devastadoras.
Cada nación en la Tierra está comprometida en mantener este sistema moribundo. Todos los gobiernos, ya sea que se vistan con ropas democráticas o dictatoriales, ya sea que sean abiertamente pro- capitalistas o falsamente "socialistas", existen para defender los verdaderos objetivos del capital: la expansión de la ganancia a expensas del único futuro posible para nuestra especie, una comunidad mundial donde la producción tiene un solo objetivo: la satisfacción de las necesidades humanas.
Por lo tanto, la elección de qué partido o presidente toma las riendas del gobierno es una falsa elección que no puede alejar a la civilización capitalista del camino hacia la catástrofe. Esto se aplica tanto a las próximas elecciones de los EE.UU. como a cualquier otro circo electoral.
Para muchos está claro que Trump es un defensor declarado de todo lo que está podrido del capitalismo: desde sus negaciones de la realidad de Covid-19 y del cambio climático, pasando por su defensa descarada de la brutalidad policial en nombre de la ley y el orden, hasta sus apelaciones rabiosas al racismo y a la extrema derecha, hasta su repugnante trato personal a las mujeres que se le acercan. Pero el hecho de que sea, en palabras de su antiguo sicario legal Michael Cohen, "un mentiroso, un estafador y un racista" no impide que importantes facciones de la clase capitalista lo respalden porque sus políticas de abierto nacionalismo económico y de desregulación de los servicios medioambientales y sanitarios sirven para aumentar sus beneficios.
En las últimas elecciones Trump estafó a muchos trabajadores estadounidenses haciéndoles creer que el proteccionismo de "America First" salvaría sus empleos y reviviría las industrias tradicionales. Pero incluso antes de la crisis de Covid, la economía mundial -incluida China- ya se dirigía hacia una nueva recesión y las consecuencias económicas de la pandemia van a ser aún más brutales. El proteccionismo es una ilusión porque ninguna economía puede aislarse de las leyes implacables del mercado mundial.
Según Trump, Joe Biden amenaza con convertir a Estados Unidos en una "utopía socialista", porque es una mera marioneta en manos de la "izquierda radical" personificada por gente como Bernie Sanders y el "Escuadrón" en torno a Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar y otros.
En realidad, Biden fue elegido como candidato demócrata porque representa la continuación de las principales políticas demócratas de Obama y Clinton, que tienen mucho en común con las de Trump: el "giro hacia Oriente" para enfrentarse al imperialismo chino comenzó bajo Obama, que también fue conocido como el "Deportador en jefe" por su despiadada acción contra los inmigrantes "ilegales". Por supuesto que los demócratas tienen sus diferencias con Trump: están más estrechamente vinculados al sistema militar y de seguridad, que sospecha profundamente del adulador enfoque de Trump hacia la Rusia de Putin, y se avergüenzan de su imprudente ruptura de los tratados y alianzas internacionales porque socava la credibilidad diplomática de los Estados Unidos. Pero estas son diferencias sobre la mejor estrategia para el imperialismo americano. Asimismo, objetan el escaso respeto de Trump por las normas de la "democracia" porque saben lo importante que es la ilusión democrática para la preservación del orden social. Esa es la verdadera razón por la que ellos - e importantes representantes del ejército - se opusieron a la amenaza de Trump de utilizar tropas federales contra los manifestantes en varias ciudades de EE.UU.
El Partido Demócrata nunca ha sido más que el partido alternativo del capitalismo estadounidense. Es cierto que recientemente ha habido un crecimiento de agrupaciones como la Alianza Socialista Democrática y defensores del Nuevo Tratado Verde (Green New Deal), Las Vidas Negras son Importantes (Black Lives Matter) y las diversas formas de políticas de identidad en o alrededor del partido oficial. Pero esta "izquierda radical" sólo ofrece una versión más izquierdista del capitalismo de estado, al que todas las facciones de la clase dominante -incluyendo la derecha y los fanáticos de la libre empresa- están obligados a adherirse en un mundo devastado por la crisis y la guerra. Ninguna de las políticas de la izquierda cuestiona la existencia del Estado nacional, la producción para el beneficio, el sistema salarial -que son la esencia del capitalismo y la fuente de sus contradicciones insolubles. Por eso, por ejemplo, los planes para un Green New Deal no detendrán la destrucción capitalista de la naturaleza, que tiene su origen en el insaciable afán de acumulación del capitalismo.
Ningún político o partido capitalista puede ofrecer una salida a la crisis de su sistema. El futuro del mundo está en manos de la clase que produce todo lo necesario para vivir, que es explotada por el capital en todos los países, y que en todas partes tiene los mismos intereses: unirse en defensa de sus condiciones de trabajo y de vida, desarrollar la autoorganización y la conciencia necesarias para enfrentarse al sistema capitalista y proponer su propia solución histórica: el auténtico socialismo, o como Marx prefirió llamarlo, el comunismo, donde la humanidad será por fin libre del Estado, las fronteras y la esclavitud asalariada.
Esta puede parecer una perspectiva muy lejana. En su día a día, la clase obrera está dividida de mil maneras diferentes: en la competencia por los puestos de trabajo, por las fronteras nacionales, por el género y por la "raza", sobre todo en un país como los EE.UU. con su venenoso legado de esclavitud y racismo[1].
Pero la clase obrera es también una clase que se ve obligada a trabajar colectivamente, y a defenderse colectivamente. Cuando levanta la cabeza, tiende a superar las divisiones en sus filas porque no tiene otra opción si quiere evitar ser derrotada. El racismo y el nacionalismo son quizás las herramientas más potentes para dividir a los trabajadores, pero pueden y deben ser superados por el avance de la lucha de clase. Cuando la pandemia del Covid-19 golpeó por primera vez, los trabajadores estadounidenses reaccionaron contra el hecho de ser obligados a trabajar sin protección en fábricas de automóviles, hospitales, supermercados o almacenes; y todos los trabajadores, "blancos", "negros", "latinos" u otros se mantuvieron hombro con hombro en los piquetes[2].
Tales momentos de unidad van en contra de las expresiones "clásicas" de la división racial y contra la supremacía blanca y los movimientos fascistas que rezuman del cuerpo podrido del capitalismo. Pero también van en una dirección diferente de las movilizaciones de Black Lives Matter que ponen la raza por encima de la clase y que han sido totalmente instrumentalizadas por los demócratas, por los grandes intereses empresariales y por una parte significativa del propio Estado[3]. Las luchas basadas en la raza no pueden conducir a la unificación de la clase obrera: partes de la clase dominante están felices de "arrodillarse" y dar su bendición al BLM porque saben que puede ser utilizado para ocultar la realidad fundamental del capitalismo como una sociedad basada en la explotación de una clase por otra.
La clase obrera de los Estados Unidos se enfrenta a una enorme embestida ideológica en el período previo a las elecciones, con los políticos y las superestrellas de los medios de comunicación proclamando a lo largo y ancho que su única esperanza reside en el voto - cuando su verdadero poder no reside en la cabina de votación sino en la vinculación a través de los lugares de trabajo, en las asambleas generales abiertas a todos los trabajadores, en la unión en la calle en torno a las demandas de clase. También se enfrenta al peligro real de verse involucrado en conflictos violentos entre "milicias" armadas, como hemos visto en algunas de las recientes protestas de la BLM. El peligro de una "guerra civil" en un terreno completamente burgués podría aumentar aún más tras las elecciones, especialmente si Trump se niega a reconocer el resultado. Esto sólo enfatiza la necesidad de que los trabajadores rechacen los cantos de sirena de la derecha y la izquierda, que rechacen las falsas opciones del supermercado democrático y que se unan en torno a sus propios intereses de clase.
Amos, 26.9.20
[1] Ver nuestro artículo Esclavitud y racismo, herramientas de la explotación capitalista https://es.internationalism.org/content/4591/esclavitud-y-racismo-herramientas-de-la-explotacion-capitalista [342]
[2] Ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [271]
[3] Ver Movilizaciones antirracistas: La respuesta al racismo no es el antirracismo burgués, sino la lucha de clases internacional https://es.internationalism.org/content/4579/movilizaciones-antirracistas-la-respuesta-al-racismo-no-es-el-antirracismo-burgues-sino [345]
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Cuando el mundo se enfrenta a la prueba de la pandemia de Covid-19, en la CCI también hemos pasado por la dolorosa experiencia del fallecimiento de nuestro camarada Kishan el 26 de marzo de 2020. Esta es una gran pérdida para la CCI y su sección en la India, y lo echaremos mucho de menos. Kishan hizo una importante contribución a la vida del CCI y fue un camarada con un gran espíritu de lucha hasta su último aliento.
Kishan nació en 1939 en una remota aldea de Bengala Occidental en la India. Ingresó en la universidad en los años 60, en un momento en que la clase obrera había reaparecido en escena histórica con la huelga de 9 millones de trabajadores en Francia en 1968, seguida del Otoño Caliente en Italia en 1969, las luchas de los trabajadores polacos en 1970, que significó el fin del período de contrarrevolución. El decenio de 1960 fue un período de protesta en las universidades de todo el mundo, en particular contra la guerra de Vietnam y el racismo. Los jóvenes que se involucraron en estos movimientos eran sinceros en su deseo de un cambio "revolucionario", pero actuaron principalmente en un terreno pequeñoburgués con la ilusión de "cambiar la vida inmediatamente". Sin embargo, tanto antes como después de 1968 hubo organizaciones de izquierda, es decir, organizaciones burguesas, dispuestas a reclutar jóvenes y bloquear su interés en las posiciones de la clase obrera. Estas fueron las condiciones globales en las que Kishan fue absorbido por el movimiento naxalita. Durante 1963-65 cursó una maestría en física en la Universidad de Bengala del Norte. Completó su maestría con un título de primera clase. Mientras era un estudiante de postgrado, se convirtió en parte de una joven generación atraída por el movimiento naxalita. Gradualmente el término Naxalismo se convirtió en sinónimo de Maoísmo. Como joven estudiante Kishan se sumergió en la vorágine del movimiento, dejando su investigación incompleta y siendo encarcelado por estas actividades. Después de ocho años de prisión fue liberado en 1978. Las indecibles torturas en la cárcel le afectaron hasta el final de su vida. Con una celda estrecha y una comida insuficiente, a veces incomestible, Kishan contrajo la tuberculosis y esta infección de los pulmones fue una constante compañera hasta el último día de su vida. Durante su estancia en prisión leyó a Marx en particular y esto le ayudó a abrirse a la discusión de las ideas marxistas de la izquierda comunista cuando se encontró con ellas.
Kishan fue uno de los pocos que, habiendo sido absorbido por el maoísmo, una forma particularmente viciosa de ideología burguesa de izquierdas fue capaz de romper completamente con él y comprometer su vida con el proletariado a través de la adhesión a la tradición de la izquierda comunista. Esa ruptura requirió inevitablemente una decantación mediante un largo y paciente trabajo de discusión con la Corriente Comunista Internacional durante los años ochenta y noventa. En el año 1989 la formación del núcleo de la CCI en la India fue un estímulo para esta dinámica de clarificación. Cuando Kishan se puso en contacto con el CCI, descubrió la verdadera historia de la izquierda comunista. Se sorprendió cuando se dio cuenta, a través de la elaboración teórica de la CCI de que el maoísmo no es más que otra forma de ideología burguesa, una corriente política contrarrevolucionaria. "El maoísmo no tiene nada que ver con la lucha de la clase obrera, ni con su conciencia, ni con sus organizaciones revolucionarias. No tiene nada que ver con el marxismo: no es ni una tendencia dentro de la teoría revolucionaria del proletariado ni un desarrollo de la misma. Por el contrario, el maoísmo no es más que una burda falsificación del marxismo; su única función es enterrar todo principio revolucionario, confundir la conciencia de clase proletaria y sustituirla por la más estúpida y estrecha ideología nacionalista. Como 'teoría', el maoísmo no es más que otra de esas miserables formas adoptadas por la burguesía en su periodo de decadencia de contrarrevolución y guerra imperialista"[1]. La explicación de la Corriente Comunista Internacional sobre el maoísmo tuvo un impacto trascendental en el camarada Kishan. La actitud política de poder hacer una crítica completa de su pasado fue esencial para que Kishan se convirtiera en militante de una verdadera organización revolucionaria.
El Partido Comunista de la India se formó en 1925, cuando la Internacional Comunista ya estaba degenerando y las luchas más importantes de la ola revolucionaria habían sido derrotadas, en particular las revoluciones rusa y alemana. La orientación del PCP en la India fue convertirse en un movimiento anticolonial y antibritánico, vinculado con muchos otros movimientos nacionalistas. Hubo un fuerte impacto del nacionalismo y el patriotismo en el PC de la India. La clase obrera de la India sufre de una falta de tradición y continuidad de la izquierda comunista. Esto subraya la importante responsabilidad de la sección de la CCI en la India de dar a conocer mejor el patrimonio histórico de la izquierda comunista.
Al tomar el camino del estudio profundo y la discusión continua, gradualmente Kishan se convirtió en un militante de la CCI en la India. Su lealtad a la CCI y a la lucha del proletariado internacional lo delimitó como un verdadero internacionalista proletario. Siempre defendió las posiciones de la CCI con inmensa dedicación. Estaba decidido a participar en los debates de la CCI a nivel internacional y dentro de nuestra sección en la India a través de sus frecuentes contribuciones. El camarada Kishan contribuyó con su pasión a la vida de la CCI a muchos niveles. Viajó por todo el país para encontrar nuevas librerías donde se pudiera vender la literatura de la CCI. Participó en círculos de discusión y reuniones públicas siempre que fue posible. Desempeñó un papel notable en el aumento del número de suscriptores de la literatura del CCI. Participó y desempeñó un papel muy activo en varios congresos internacionales del ICC, así como en conferencias territoriales de nuestra sección india. Sus valiosas y bien pensadas contribuciones reforzaron el proceso de aclaración política. Su mayor fortaleza fue defender nuestra organización de todos los ataques y calumnias dirigidas a ella.
El camarada Kishan tenía la capacidad de superar los muchos altibajos de la vida. Su firme convicción en la política de la CCI y su actitud optimista le ayudaron a mantenerse firme en las situaciones políticas más difíciles. Es difícil evaluar adecuadamente la contribución de Kishan a la lucha política por la emancipación de la clase obrera en un breve texto de homenaje. También debemos añadir que Kishan fue muy hospitalario y con los pies en la tierra. Muchos camaradas de la CCI, ya sea que vengan de otros países o de otras partes de la India, experimentaron su generosa hospitalidad. Expresamos nuestro revolucionario saludo y solidaridad a su familia. La CCI está al lado de su hija y su esposa con toda su simpatía y solidaridad.
Corriente Comunista Internacional
[1] El maoísmo un engendro burgués, 3ª parte de una serie sobre China, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1193/china-eslabon-del-imperialismo-mundial-iii-el-maoismo-un-engendro- [432] . Para estudiar más en profundidad lo que es la izquierda del capital y sus corrientes izquierdistas ver la Serie La herencia oculta de la izquierda del capital https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201712/4261/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-i-una-falsa-vision-de-l [363] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4267/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-ii-un-metodo-y-un-modo- [132] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4268/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-iii-un-funcionamiento-q [364] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201803/4278/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-iv-su-moral-y-la-nuestr [365] y /content/4322/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-v-el-debate-en-la-burguesia-pugna-brutal [366]
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Ya son más de 230 días de cuarentena y estado de emergencia sanitaria, lo cual profundiza la crisis económica mundial previa a la aparición del virus, descargando todos sus efectos sobre las espaldas de la clase obrera. La pandemia sólo vino a agravar una situación que lleva al menos 50 años en la vida del capitalismo. Desde la entrada del sistema en su período de decadencia a principios del siglo XX, pasando por la gran depresión en la década de los treinta de esa centuria, la humanidad ha tenido que soportar toda clase de penurias. Esta crisis económica mundial, es producto de las propias contradicciones de este modo de producción, que encuentra cada vez más sus límites históricos y que con la entrada en la fase última de su larga agonía, esto es, la descomposición[1], se hace cada vez insoportable la vida para la clase trabajadora y la humanidad entera. Ya las terribles manifestaciones a nivel global se aprecian en la perdida y caída de los salarios, despidos masivos, precariedad agravada y empobrecimiento de las condiciones de vida.
Según fuentes oficiales, en el país existen ya más de 8 millones de desempleados, como parte de una recesión brutal en la que ha entrado la economía nacional y mundial. Más de un millón de empresas quebradas, más de 7 millones de endeudados y un largo etc., son algunos de los efectos de la crisis mundial; una crisis que se presenta como la peor en la historia del capitalismo, sin punto de comparación con aquella de 1929, según señalan los mismos expertos de la burguesía.
Mientras el programa Reactiva Perú[2] destinó 60 millones de "rescate" para las grandes empresas, gran parte de la población se ahoga en la miseria, hambre y el desempleo, además de las consecuencias psicológicas del encierro, que ya se empiezan a manifestar en la población, porque el miedo y la incertidumbre sobre el futuro han empezado a hacer su tarea[3]. Todo esto es consecuencia de un sistema putrefacto y nauseabundo, que ya no puede ofrecer otra cosa que no sea el deterioro sostenido de las condiciones de vida de los trabajadores.
Pese a esta terrible situación en el país, la burguesía nunca pierde. Por ejemplo, los bancos han obtenido ganancias en un 53% más, además de recibir dichos créditos del programa Reactiva Perú; hasta la fecha, tienen una utilidad neta de 2300 millones de soles (638$ mil millones) incrementando sus ganancias, que ya son mayores a la etapa pre - pandemia (aprox. 1500 millones de soles). Esto refleja que la crisis económica la sigue pagando la clase obrera en general y que la crisis económica solo azota a los trabajadores y a otros sectores no explotadores de la sociedad.
En el caso de las grandes empresas “afectadas” del país, han recibido con el programa "Reactiva" más de 60 millones de soles de ayuda, en créditos, préstamos que por cierto jamás se devolverán al Estado, pues la historia económica del país ha demostrado con muchos ejemplos que cuando se dan estos paquetes de “préstamos” y créditos en situaciones similares, nunca retornan a la fuente que los entregó. Es por ello, que ya los especialistas hablan de un mayor nivel de endeudamiento para el Estado para los próximos años, que en el trascurso de los últimos meses por la presencia del Covid-19, se ha incrementado exponencialmente. La deuda pública neta pasó de 13% en el 2019 a 25.6% para el 2020. Waldo Mendoza, presidente del consejo fiscal del Ministerio de Economía y Finanzas, señaló que “si las empresas que accedieron a esos créditos no llegan a pagarlos, el MEF tendrá que hacerse cargo de esas obligaciones. El aval estimado, según el MMM[4], es de más o menos US$ 4,000 millones”.
Sabemos que el Estado burgués es un instrumento indispensable para mantener el orden jurídico político que garantiza la explotación del trabajo humano, para transformar la naturaleza en beneficio del comercio y la producción capitalista y que, desde la fundación de la república democrática en 1821, este ha sido el instrumento de la clase dominante para exprimir al máximo las materias primas de moda en el mercado mundial: guano, salitre, lanas, azúcar o minerales. Todo ello, acompañado de un largo rosario de latrocinios y canalladas sin cuento, desatados por los sucesivos gobiernos en esta parte del planeta.
Esta "ayuda o salvataje" lanzada por el gobierno de Vizcarra a las grandes empresas, es similar a la que recibieron los bancos y grandes empresas en EEUU en medio de la crisis de las subprime el 2008. Esta situación supone que el Estado ha echado mano hasta el agotamiento de las reservas fiscales y ha usado préstamos internacionales hasta entrar en déficit fiscal, déficit que pasaría en términos del PBI de 1.6% en el 2019 a 10.7% para este año. Por cierto, a los trabajadores solo les tocó en algunos casos bonos miserables o dádivas para paliar el desempleo y el hambre.
Estas medidas del Estado no son nuevas. Siempre ante estas crisis, el Estado sale a cumplir su papel como aparato político de la burguesía, son las formas y mecanismos que ofrece el capitalismo de Estado[5], en su intervención permanente frente a la crisis económica.
Debemos sumarle a esta situación la batería de ataques contra la clase obrera que el Estado y la burguesía organizada en la Confiep[6] preparan. La presidenta de dicho gremio, María Isabel León, presentó al gobierno un listado de propuestas laborales que incluyen la creación de un régimen laboral de emergencia, con duración de por lo menos un año, para ayudar a las empresas afectadas por la crisis. Este nuevo régimen planteado durante el Gobierno de Martín Vizcarra dispone, por ejemplo, reducción de salarios a los trabajadores, así como el alargamiento de sus jornadas (trabajando domingos y feriados inclusive) otorgándoles en "compensación" acceso a su CTS, AFP[7] o a subvenciones estatales. Esto se suma a las ya dadas anteriormente, como la "suspensión perfecta", eufemismo inventado para encubrir el despido de miles de obreros, sin más ni más.
Proponen también, que se permita a los empleadores realizar contrataciones temporales de emergencia, “sustentadas en la necesidad de superar la emergencia”, o sea, más contratos basura. Los gremios empresariales sugieren otorgar a los empleadores la posibilidad de prorratear el pago de las gratificaciones y CTS a sus trabajadores para generarles un ahorro a las empresas. Por si fuera poco, la Confiep le propuso al gobierno, crear un régimen de incentivos para la contratación de personal, incluyendo el poder incrementar la deducibilidad tributaria para los pagos realizados en la capacitación de nuevo personal. De igual manera, se plantea incrementar la deducibilidad en el gasto de contratación por un plazo de dos años para los empleadores que contraten trabajadores a tiempo indefinido. Además, se recomendó inafectar de tributos el pago realizado al desvincular a un trabajador si este pago se destina a crear nuevas empresas.
Toda esta agenda técnica/política de la burguesía que se ha planteado al Estado y que ya empieza a implementarse, está diseñada para seguir atacando las condiciones laborales de los trabajadores, precarizando sus contratos, cada vez más y desprotegiéndoles frente al futuro; la necesidad de la burguesía de mantener e incrementar sus ganancias frente a la crisis económica mundial, es un esfuerzo permanente de la clase explotadora que en plena crisis económica presenta también mayores dificultades en sus procesos de acumulación de capital.
Una de las mayores mistificaciones que vende el capitalismo decadente es la del "emprendedurismo", el "todos podemos ser empresarios", concepto que se empieza a difundir por todos lados, mientras el monstruo del desempleo va en aumento generando cada vez más miseria y empobrecimiento. Este concepto que implica una propuesta de autoempleo, pero que no es más que una ilusión laboral y alternativa del “recurseo”[8], incrementa la informalidad laboral y la precariedad. La idea de autogenerarse un ingreso es la premisa, en este espejismo, que lo único que demuestra en el fondo es una profundización de la precariedad de la vida obrera y una fragmentación y debilitamiento cada vez mayor del trabajo, así como un deterioro mayor del nivel de salarios en el mercado laboral. El cuento del emprendedurismo sólo oculta la miseria extrema, producto del desempleo.
La quiebra de más de un millón de empresas arroja a miles de trabajadores a la calle, una ola masiva de desempleados en las calles empieza a generar más y más mercados informales de vendedores y ambulantes, donde la clase trabajadora se ve forzada a buscarse la vida, en medio de una salvaje competencia, vendiendo cualquier cosa para poder alimentarse día a día. Ya hemos mencionado los más de 8 millones de desempleados que existen hasta la fecha y es posible que esa cifra vaya en aumento.
El fenómeno creciente de la informalidad en el mercado laboral, constituye un factor que puede obrar en la perdida actual de la conciencia política de clase la obrera en la región y específicamente en el Perú, en la pérdida de su identidad y de su autonomía de clase, debido a la dispersión que produce en sus fuerzas, reforzando también una visión de “sálvese quien pueda” y porque es posible caer en el terreno de las ilusiones de “triunfar con su propio negocio” que prende naturalmente en el terreno ideológico de la pequeña burguesía[9]. Los trabajadores no podemos renunciar a la búsqueda de nuestro sustento y de nuestras familias. Pero a lo que sí debemos renunciar es a las ilusiones de que habrá un nuevo “desarrollo económico”, que nos abrirá un espacio seguro y cómodo en el terreno de la competencia capitalista. Por sus mismas contradicciones, el capitalismo lo único que puede ofrecer es el sacrificio de millones de trabajadores, de pequeños comerciante o propietarios, para salvar a los grandes capitales.
Los efectos de la fase de descomposición en la que se encuentra el sistema capitalista se evidencian en la agudización de la guerra de facciones que mantiene la burguesía nacional. Esta confrontación, contiene dos elementos que se potencian con la putrefacción capitalista, por un lado, el crecimiento vertiginoso de mafias que pululan en el aparato de Estado y por otro, las dificultades cada vez mayores para la burguesía en su conjunto de controlar sus propias fuerzas. La lucha a muerte por sobrevivir en las aguas pantanosas del juego político, dan paso al cada cual para sí y a la inestabilidad que socava la gobernabilidad. La llamada "lucha contra la corrupción", no es más que una hipócrita campaña, que encierra un problema real, pero que es utilizada por estas facciones como un medio de ajustar sus cuentas y neutralizar enemigos políticos. El caso de corrupción del presidente Vizcarra y su destitución del cargo (vacancia) es un capítulo más de todos los que han ocurrido al menos en lo que va de siglo XXI, lo que muestra que este comportamiento de la burguesía no es una cuestión pasajera ni coyuntural, ni tampoco se soluciona con “campañas ciudadanas”. Como se ha mencionado, ocurre en un marco histórico social, donde esta pudrición del sistema se ha vuelto su elemento dominante, afectando de manera irreversible todos los aspectos de la sociedad. Las facciones burguesas en el Estado se acusan mutuamente de latrocinios, de compras amañadas del Estado que se han hecho en plena pandemia y que derrochan irregularidades. Frente a esta situación, la población ha reaccionado, harta de la corrupción imperante, pero también, en medio de una situación económica y social que empeora y que siembra incertidumbre y desesperación. La vacancia vino a extremar la tensión creada por las medidas de restricción por la pandemia, que ocasionaron el cierre de empresas, la disminución de la actividad comercial, privando de su sustento a millones de peruanos. Sin embargo, la clase trabajadora no puede ser víctima de los cantos de sirena de la burguesía, engancharse en la ilusión de un sistema político “más ético” o “más responsable” de sus acciones. No puede caer en el terreno de las luchas ciudadanas, de la revuelta social o del vandalismo, ese no es su terreno de clase. Participar en estas luchas contra la corrupción o contra Merino, por el regreso de Vizcarra, etc., no es más que sumarse al coro de las facciones burguesas en pugna, que mañana asestarán más golpes contra sus condiciones de vida. Por otro lado, los trabajadores no deben ser ni carne de cañón, ni parte del teatro electoral, en donde ya las facciones burguesas empezaron a barajar sus cartas para las próximas elecciones presidenciales del 2021, alistando candidatos, coaliciones, apoyos a proyectos mineros, entre otros temas de la agenda política de la burguesía, que nada, pero nada tienen que ver con los intereses de la clase trabajadora, por el contrario, solo buscan renovar y aceitar todo su aparato político apuntándolo contra los trabajadores.
Los trabajadores formamos parte de una clase mundial, que resiste a una serie de ataques permanentes que desmejoran nuestras condiciones de vida. Al igual que nuestros hermanos de clase a nivel global, el proletariado peruano no está derrotado, aunque sí está muy golpeado por la crisis, el desempleo, las secuelas del Covid y ahora la difteria, además, el stress de toda esta situación viene agobiando a los trabajadores. Las huelgas aún son pocas y aisladas. Principalmente han salido a las calles los obreros de la salud, los más expuestos por el Estado al contagio, negándose a ser carne de cañón, como ha pasado en varias partes del mundo, reclamando por la falta de mascarillas y demás protocolos de seguridad ante la precariedad en que trabajan. En Lima y provincias, dentro o fuera de los hospitales, hay protestas de enfermeras, médicos, obstetras. Pero también hubo trabajadores de otros sectores como la minería que se inscribieron en la resistencia, por ejemplo, oponiéndose a entrar al socavón por temor al contagio, como sucedió con los obreros de la zona de Antapacay. También, hubo luchas contra los ataques directos a los obreros municipales en Lima y Chiclayo, quienes han protestado por la falta de implementos, contra los despidos o la falta de pagos.
Los trabajadores se defienden como pueden de la ofensiva Patronal-Estatal. La gran mayoría aún está muy golpeada, muchos trabajadores desmoralizados por la falta de ingresos o acosados con el exceso de trabajo, la exigencia de horas extras o la amenaza de despido, así es como se resume esta situación. El panorama económico es oscuro en los próximos años y sobre los trabajadores se seguirán descargando las más pesadas consecuencias de la crisis del Capitalismo.
Sólo la unidad y la solidaridad de clase en sus luchas serán decisivas para resistir a la próxima ola de ataques a sus condiciones de vida. La evolución de la crisis económica nos llevara cada vez más a escenarios de terror, pero la clase obrera internacional tendrá que dar batalla para recuperar su consciencia política a través de la lucha de clases, que se presentara tarde o temprano frente a los ataques de la burguesía y las convulsiones de este moribundo sistema. Solo el proletariado, desarrollando luchas en su terreno de clase, de forma autónoma, unida y solidaria, puede representar una alternativa futura para la humanidad.
Internacionalismo, sección en Perú de la Corriente Comunista Internacional
[1]https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[2] Es un programa del gobierno del Perú sin precedentes, que tiene como objetivo dar una respuesta rápida y efectiva a las necesidades de liquidez que enfrentan las empresas ante el impacto del COVID-19.
[3] Ver Confinamiento ante la pandemia: El Estado burgués pone de manifiesto toda su brutalidad https://es.internationalism.org/content/4614/confinamiento-ante-la-pandemia-el-estado-burgues-pone-de-manifiesto-toda-su-brutalidad [258]
[4] Marco Macroeconómico Multianual, documento relevante del gobierno del Perú, en materia económica, el cual contiene proyecciones macroeconómicas y los supuestos en la que estas se basan proyectas para un periodo de cuatro años
[5] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200712/2117/la-crisis-del-capitalismo-de-estado [434]
[6] Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP)
[7] Administradores de Fondos de Pensiones (AFP) y la Compensación por tiempo de servicios (CTS)
[8] En concreto, el que no tiene trabajo se lo inventa, esto es, crea su puesto de trabajo (el famoso recurseo), sobre la base de buscar desarrollar un emprendimiento generalmente categorizado en la provisión de servicios con bajo valor agregado
[9] Nuestra organización en las Tesis sobre la Descomposición antes citada había alertado, hace ya 30 años, de este peligro: “Uno de los factores que está agravando esa situación es evidentemente, que una gran proporción de jóvenes generaciones obreras está recibiendo en pleno rostro el latigazo del desempleo, incluso antes de que muchos hayan podido tener ocasión, en los lugares de producción, junto con los compañeros de trabajo y lucha, de hacer la experiencia de una vida colectiva de clase. De hecho, el desempleo, resultado directo de la crisis económica, aunque en sí no es una expresión de la descomposición, acaba teniendo, en esta fase particular de la decadencia, consecuencias que lo transforman es aspecto singular de la descomposición. Aunque en general sirve para poner al desnudo la incapacidad del capitalismo para asegurar un futuro a los proletarios, también es, hoy, un poderoso factor de "lumpenización" de ciertos sectores de la clase obrera, sobre todo entre los más jóvenes, lo que debilita de otro tanto las capacidades políticas actuales y futuras de ella”
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Los EE.UU., el país más poderoso del planeta, se ha convertido en un escaparate de la descomposición avanzada del orden mundial capitalista. La carrera por la elección presidencial ha arrojado una dura luz sobre un país desgarrado por las divisiones raciales, por los conflictos cada vez más brutales dentro de la clase dirigente, por la espantosa incapacidad de hacer frente a la pandemia Covid-19 que ha dejado cerca de un cuarto de millón de muertos, por el devastador impacto de la crisis económica y ecológica, por la propagación de ideologías irracionales y apocalípticas. Sin embargo, estas ideologías, paradójicamente, reflejan una verdad subyacente: que estamos viviendo en los "últimos días" de un sistema capitalista que gobierna en todos los países del mundo.
Pero incluso en esta fase final de su decadencia histórica, mientras la clase dominante demuestra cada vez más su pérdida de control sobre su propio sistema, el capitalismo puede volver su propia podredumbre contra su verdadero enemigo, la clase obrera, y el peligro de que pueda tomar conciencia de sus verdaderos intereses. La participación récord en estas elecciones y las ruidosas protestas y celebraciones a ambos lados de la línea divisoria política Trump - Biden representan un poderoso refuerzo de la ilusión democrática - de la falsa idea de que cambiar un presidente o un gobierno puede detener el deslizamiento del capitalismo hacia el abismo, que el voto permite al "pueblo" hacerse cargo de su destino.
Hoy en día esta ideología está encabezada por la creencia de que Joe Biden y Kamala Harris salvarán la democracia estadounidense del acoso autoritario de Trump, que curarán las heridas de la nación, restaurarán la racionalidad y la fiabilidad de la relación de los EE.UU. con otras potencias mundiales. Y estas ideas son amplificadas por una gigantesca campaña internacional que saluda en el resultado electoral la renovación de la democracia y el retroceso del asalto populista a los valores liberales.
Pero nosotros, los trabajadores, debemos estar alerta. Si Trump y "America First" se alzaron abiertamente para agudizar el conflicto económico e incluso militar con otros estados capitalistas - China en particular - Biden y Harris también perseguirán el impulso de Estados Unidos para la dominación imperialista[1], tal vez con métodos y retórica ligeramente diferentes. Si Trump defendió los recortes de impuestos para los ricos y terminó su reinado presidiendo un gran aumento del desempleo, una administración Biden, enfrentada a una crisis económica mundial que se ha visto fuertemente agravada por la pandemia, no tendrá más remedio que hacer que la clase explotada pague por la crisis mediante el aumento de los ataques a sus condiciones de vida y de trabajo. Si los trabajadores inmigrantes e "ilegales" creen que estarán más seguros bajo una administración Biden, recordemos que bajo el presidente Obama y el vicepresidente Biden 3 millones de trabajadores "ilegales" fueron deportados de los Estados Unidos[2].
Sin duda, gran parte del apoyo actual a Biden se produce en reacción a los verdaderos horrores del Trumpismo: las mentiras descaradas, el racismo de perro rabioso, la dura represión de las protestas, la total irresponsabilidad ante el Covid-19 y el cambio climático. No hay duda de que Trump es un claro reflejo de un sistema social en putrefacción. Pero Trump también afirma que habla en nombre del pueblo, que actúa como un "outsider" que se opondrá a las irresponsables "élites". E incluso cuando socava abiertamente las "normas" de la democracia capitalista, refuerza el argumento contrario de que más que nunca debemos unirnos a la defensa de estas normas. En este sentido, Biden y Trump son dos alas del mismo fraude democrático.
Esto no significa que las dos alas trabajen juntas pacíficamente. Incluso si Trump es removido como presidente, el trumpismo no desaparecerá. Trump ha normalizado las milicias armadas de derecha que desfilan por las calles y ha llevado a los cultos de conspiración marginal como QAnon al centro de la corriente ideológica. Esto a su vez ha alimentado el crecimiento de escuadrones antifascistas y milicias del poder negro listas para oponerse a los supremacistas blancos en un terreno militar. Y detrás de todo esto, toda la clase burguesa y su maquinaria estatal está dividida por intereses económicos y de política exterior en conflicto que no pueden ser eliminados por los discursos "curativos" de Biden. Existe la posibilidad de que estos conflictos se vuelvan más intensos y violentos en el período que se avecina. Y la clase obrera no tiene ningún interés en verse atrapada en este tipo de "guerra civil", debe rechazar dar su energía e incluso su sangre a la batalla entre las facciones populistas y antipopulistas de la burguesía.
Estas facciones no dudan en apelar a su versión de la "clase obrera". Trump se presenta como el campeón de los obreros cuyos empleos han sido puestos en peligro o destruidos por la "injusta" competencia extranjera. Los demócratas, especialmente las figuras de izquierda como Sanders u Ocasio-Ortez, también afirman hablar en nombre de los explotados y los oprimidos.
Pero la clase obrera tiene sus propios intereses y no coinciden con ninguno de los partidos de la burguesía, republicano o demócrata. Tampoco coinciden con los intereses de "América", de la "nación" o del "pueblo", ese legendario lugar donde los explotados y los explotadores viven en armonía (aunque en competencia despiadada con otras naciones). Los trabajadores no tienen ninguna nación. Forman parte de una clase internacional que en todos los países es explotada por el capital y oprimida por sus gobiernos, incluso por aquellos que se atreven a llamarse socialistas, como China o Cuba, simplemente porque han nacionalizado la relación entre el capital y sus esclavos asalariados. Esta forma de capitalismo de estado es la opción preferida del ala izquierda del Partido Demócrata, pero no significa, como Engels señaló una vez "que se acabe con la relación capitalista". Más bien, se pone a la cabeza".
El socialismo real es una comunidad humana mundial donde las clases, la esclavitud asalariada y el estado han sido abolidos. Esta será la primera sociedad en la historia donde los seres humanos tienen un control real sobre el producto de sus propias manos y mentes. Pero para dar el primer paso hacia tal sociedad se requiere que la clase trabajadora se reconozca como una clase opuesta al capital. Y tal conciencia sólo puede desarrollarse si los trabajadores luchan con uñas y dientes por sus propias necesidades materiales, contra los esfuerzos de la clase empleadora y su estado para reducir los salarios, recortar los puestos de trabajo y alargar la jornada laboral. Y no puede haber duda de que la depresión global que se está formando a raíz de la pandemia hará que tales ataques sean el programa inevitable de todas las partes de la clase capitalista. Frente a estos ataques, los trabajadores tendrán que entrar masivamente en la lucha en defensa de sus niveles de vida. Y no puede haber lugar para la ilusión: Biden, como cualquier otro gobernante capitalista, no dudará en ordenar la sangrienta represión de la clase obrera si amenaza su orden.
La lucha de los trabajadores por sus propias reivindicaciones de clase es una necesidad, no sólo para contrarrestar los ataques económicos lanzados por la burguesía, sino sobre todo como base para superar sus ilusiones en tal o cual partido o líder burgués, y para desarrollar su propia perspectiva, su propia alternativa a esta sociedad en decadencia.
En el curso de sus luchas, la clase obrera se verá obligada a desarrollar sus propias formas de organización, como las asambleas generales y los comités de huelga electivos y revocables, formas embrionarias de los consejos obreros que, en los pasados momentos revolucionarios, se han revelado como el medio a través del cual la clase obrera puede tomar el poder en sus propias manos e iniciar la construcción de una nueva sociedad. En este proceso, un auténtico partido político proletario tendría un papel vital: no en pedir a los trabajadores que lo voten para llegar al poder, sino en defender los principios derivados de las luchas del pasado y en señalar el camino hacia el futuro revolucionario. En palabras de la Internacional, "Ni en dioses, reyes o señores está el supremo salvador". Ni Trump, ni Biden, ni falsos mesías - la clase obrera sólo puede emanciparse por sus propios esfuerzos, y al hacerlo, liberar a toda la humanidad de las cadenas del capital.
Amos
[1] Es preciso recordar que los demócratas han sido los iniciadores de muchas de las guerras en las que USA ha estado implicado: la 2ª Guerra Mundial y la guerra de Vietnam entre otras.
[2] A Obama que aumentó de forma muy fuerte las medidas contra los emigrantes le llamaban “El Deportador en jefe” haciendo un juego de palabras con el título oficial que tiene el presidente de Estados Unidos de Comandante en Jefe.
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A principios del siglo XX las condiciones que habían permitido el desarrollo extraordinario del capitalismo empiezan a desaparecer. Termina la implantación del mercado mundial y con ello, los antagonismos entre potencias capitalistas por la dominación de los mercados se exacerban en la medida en que la necesidad de encontrar salida a su producción choca con la capacidad de absorción del mercado mundial. El desarrollo mismo del capital ha acumulado las dificultades para la continuación de su expansión. Hay "demasiados capitalistas" para el volumen del mercado, en particular Alemania e Italia no pueden abrir mercados para su desarrollo más que a expensas de las viejas potencias dominantes. Ya desde principios de siglo, los roces entre potencias imperialistas se multiplican.
La vida económica y social de cada una de las naciones se encuentra cada vez más trastornada. Para hacer frente a una concurrencia que se desarrolla tanto en el terreno de la venta de mercancías en el mercado mundial como en el armamento militar (carrera de armamentos) toda la economía se orienta al máximo hacia la reducción de los costes de producción (por tanto, básicamente hacia la reducción de los salarios) y hacia la preparación del ejército y del aparato militar para ponerlo a la altura de las técnicas modernas. El margen de maniobra que poseían los capitales nacionales y que permitía al proletariado llevar una lucha dentro de la sociedad burguesa por la obtención de reformas, se reduce practicamente a nada, La guerra despiadada que sostienen entre sí los distintos capitales nacionales se traduce en una guerra interna del capital contra toda mejora de las condiciones de existencia de la clase productora: la eficacia económica y militar de cada capital depende, ahora más que nunca y en primer lugar, de su capacidad para extraer de sus explotados la máxima producción. Ningún capital nacional puede acordar concesiones a sus proletarios sin dar marcha atrás en la competencia internacional.
Las bases económicas objetivas que habían arrastrado al proletariado a fijar su actividad de clase alrededor de la conquista sistemática de reformas se desmoronan irreversiblemente poniendo al desnudo y exacerbando hasta los últimos límites los antagonismos fundamentales de clase. En lo político, los sectores más potentes de cada capital nacional se imponen al resto de su clase, concentrando progresivamente todo el poder en manos del Ejecutivo del Estado (Gobierno), transformándose el Parlamento en una simple correa de transmisión del Gobierno que solo se mantiene en vida por razones de mistificación política[2].
Se acaba la era del apogeo histórico del capitalismo y se abre la época de su decadencia histórica.
Pero, con esos trastornos radicales de la sociedad burguesa, las condiciones mismas de la lucha proletaria se transforman totalmente. Se acabó el tiempo en que el proletariado podía negociar en los recintos parlamentarios la mejora de sus condiciones de vida; se acabó el tiempo en que la mejora de sus condiciones de vida podía constituir un estimulante para el desarrollo del capital; se acabó la época en que podía comprometerse en la conquista de un "programa mínimo". De ahora en adelante no tiene enfrente más que a un Estado cada vez más centralizado, omnipresente y omnipotente que no puede "ofrecerle" más que una explotación cada vez más implacable y alistarlo como carne de cañón en los conflictos Inter imperialistas. De ahora en adelante, los métodos de lucha política indirecta, consistentes en hacer presión sobre el Estado para modificar su comportamiento, acaban por desmoronarse ante los imperativos a que está sometida la sobrevivencia de cada capital nacional. Todo programa de reformas se convierte en una utopía irrealizable y todos los métodos de lucha que se habían elaborado en función de él, se transforman en barreras contra la expresión de los intereses proletarios.
La primera guerra mundial al marcar definitivamente la entrada del capitalismo en su fase de decadencia pone violentamente al proletariado frente a la alternativa: "COMUNISMO O BARBARIE". O el proletariado se compromete en un combate revolucionario de masas abandonando los viejos métodos de lucha parlamentaria y sindical, o se somete a la barbarie capitalista.
El viejo aparato sindical y parlamentario de la II Internacional, roído hasta la médula por el cáncer del reformismo, no durará apenas: se pasará, con armas y bagajes, al campo del capital, sirviéndole inmediatamente como banderín de enganche para su carnicería imperialista.
Y, al contrario, en el transcurso de las explosiones revolucionarias que sacuden Europa, los obreros se dotan de las nuevas formas de lucha y organización, anunciadas desde primeros de siglo por los combates del joven proletariado ruso: la lucha directa de masas contra el Estado capitalista organizada en Consejos Obreros. Y encuentran frente a ellos, al lado de la burguesía y de los partidos parlamentarios, a los sindicatos.
Desde la primera Guerra Mundial, la decadencia del capitalismo ha sometido a la humanidad a la barbarie de un ciclo de vida hecho de crisis-guerra-reconstrucción. Esto no ha hecho más que reforzar las condiciones históricas que hacen imposible toda defensa de los intereses proletarios por medio de la lucha por reformas y mejoras (programa mínimo), obligando a toda organización que se sitúe en ese terreno a transformarse en fuerza de la burguesía, integrada en las estructuras del Estado. Estas condiciones son, principalmente, la imposibilidad de reformas o mejoras parciales, y el desarrollo del totalitarismo estatal en todos los regímenes sean o no “democráticos”.
Para enfrentarse a una competencia internacional que se ha agudizado hasta sus límites extremos; para hacer frente a unos gastos improductivos que crecen en proporción al ahondamiento de las contradicciones del sistema:
En tal contexto, la burguesía no puede ya, incluso bajo la presión de las más fuertes luchas obreras, conceder verdaderas reformas.
Es así como se ha podido comprobar fácilmente que, desde hace más de medio siglo, cualquier lucha por reivindicaciones salariales no lleva a ningún sitio. En lo económico, los aumentos de sueldo no son más que recuperaciones del alza constante del nivel de los precios. El aumento de salarios conseguido en Francia en junio del 36 (acuerdos de Matignon: media de un 12%) quedó anulado en 6 meses: solamente entre septiembre del 36 y Enero del 37 los precios subieron en un 11%. Sabemos también, por ejemplo, lo que quedó de los aumentos obtenidos en junio del 68 en los acuerdos de Grenelle, también en Francia, al cabo de un año.
En el terreno de las condiciones de trabajo, el fenómeno es el mismo. Mientras en el periodo ascendente del capitalismo el tiempo de trabajo disminuía efectivamente bajo le presión de las luchas obreras (de 1850 a 1900 la duración semanal del trabajo en la industria pasó de 72 a 64,5 horas en Francia y de 63 a 55,3 horas en USA), en el capitalismo decadente, la jornada de trabajo va a conocer un estancamiento, e incluso un crecimiento (sin hablar del tiempo de transporte que aumenta día a día). En mayo-junio del 68, la clase obrera de Francia tenía que volver a luchar por una reivindicación que teóricamente había sido "satisfecha" en el 36: la semana de 40 horas del 36 se había convertido en 44,3 en el 49 y en 45,7 en el 62.
El periodo de reconstrucción que se abre en 1945 después de las miserias y barbaries de la crisis y la guerra ha podido hacer creer, sin embargo, que un arreglo de las condiciones de trabajo y de vida era aún posible bajo el capitalismo: la relativa prosperidad que conocía el Capital había llegado a resolver en parte el paro ofreciendo una cierta seguridad de empleo. En todas partes los defensores del sistema hablan del "espectacular" aumento del nivel de vida en los países industrializados. ¿Qué realidad encubría pues esta "mejora" que incluso llevó a algunos a decir que el proletariado había desaparecido, diluido en una pretendida "sociedad de consumo"?
"En el terreno estrictamente económico la situación de la clase obrera no fue nunca peor. En numerosos países, el negarse a hacer horas extras es causa inmediata de despido y en todas partes la introducción del llamado salario base, deliberadamente mezquino, de las primas y bonificaciones a la productividad etc... fuerzan al trabajador a aceptar "de buen grado" jornadas de 10 a 12 horas…
En el aspecto más profundo de la explotación, el de la productividad por cabeza y por hora, el trabajador se ve llevando a una situación aterradora. La producción que se le extrae cada día crece de manera prodigiosa. Primero, las Innovaciones técnicas que quitan al obrero toda la intervención creadora en su trabajo, miden todos sus movimientos al segundo y lo convierten en un mecanismo de servidumbre viviente sujeto a la misma cadencia de los ingenios mecánicos. Y además del cronometraje, trampa atroz y repugnante que fuerza a los hombres a trabajar cada vez más intensamente con el mismo utensilio y en la misma unidad de tiempo. En tercer lugar, el reglamento de disciplina castiga el menor alto en el trabajo incluso para encender un cigarrillo o ir al servicio. La producción que se extrae por estos medios al trabajador es enorme y, en la misma proporción, su agotamiento físico y mental". (Munis: "Los sindicatos contra la revolución")
Los discursos vacíos de los defensores del Capital no pueden esconder esta realidad que los trabajadores sienten en su carne desde hace siglos: el Capitalismo no hace sino deteriorar irreversiblemente sus condiciones de existencia. Frente a estos hechos, frente a esas derrotas sistemáticas de las luchas por verdaderas reformas ¿Qué papel les queda a los sindicatos? Reconocer tal estado de cosas les obligaría a reconocer su ineficiencia por lo tanto a disolverse.
Por todo eso, ellos se ven obligados, para subsistir, a convertirse en "consoladores" de la clase obrera, igual que la Iglesia lo fue para los siervos durante siglos. No prometen la felicidad en el cielo, pero inventan "victorias" allí donde solo hay derrotas, y disfrazan de "conquistas obreras" lo que no es sino intensificación de la explotación; transforman cualquier lucha obrera en una calmante procesión. Igual que la Iglesia en la Edad Media, los sindicatos son la avanzadilla de la burguesía dentro de la clase explotada.
Por el desarrollo de los conflictos entre capitalistas de una misma nación, conflictos entre diferentes fracciones del Capital mundial, conflictos entre clases antagonistas y de manera general, exacerbación del conflicto global entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el marco social demasiado estrecho para conocerlos, en resumen, por sus propios mecanismos, la sociedad capitalista en decadencia tiende a disgregarse por todas partes. Y como ocurrió en la decadencia del esclavismo y feudalismo, la fuerza totalitaria del Estado, al intervenir a todos los niveles controlándolo todo, se transforma en factor esencial del mantenimiento del viejo edificio social.
Si en la prosperidad del siglo XIX el reino del "libre cambio" y del no intervencionismo económico era posible, en su fase decadente, el capital desarrolló un Estado reforzado, coordinador y controlador directo de todos los aspectos de la vida social, y, en primer lugar, de las relaciones entre las clases.
En estas condiciones, toda la organización sindical, forzada por la naturaleza misma de su función a buscar la legalidad, sufre de manera permanente una presión que tiende a transformarla en correa de transmisión del Estado, por el único juego del respeto a las leyes capitalistas cuya aceptación tienen que imponer por lo tanto a los trabajadores. En el totalitarismo del capitalismo decadente los engranajes del Estado poseen un poder de integración cuya potencia no puede ser combatida más que por la acción revolucionaria directa contra el Estado mismo. Al no asentar su actividad en ese terreno, por definición, los sindicatos no tienen ninguna fuerza para resistirlo.
La integración de los sindicatos en el Estado toma frecuentemente formas directas, sin matices; se transforman oficialmente en parte integrante del aparato estatal y en muchos casos la sindicación de los trabajadores se ha vuelto obligatoria por la ley. Es lo que se produce en la mayoría de los países nacidos en las llamadas "luchas de liberación nacional", bajo las formas más seniles del capitalismo decadente, igual que en los regímenes fascistas o los llamados "socialistas".
En los regímenes "democráticos" y en particular cuando los sindicatos están ligados a partidos políticos de la oposición (o en regímenes donde están sometidos a la clandestinidad) la integración puede tomar formas menos visibles. Pero por el hecho mismo que aceptan el marco de la legalidad estatal (o que procuran por todos los medios que se les acepte, como ocurría por ejemplo en España bajo el franquismo) se encuentran de hecho integrados al engranaje del aparato estatal. Las oposiciones entre fracciones del aparato político de la burguesía solo sirven para dar a las organizaciones sindicales un barniz de combatividad, al menos verbal, que les permita aparecer mejor como "organizaciones obreras".
Se haga descaradamente, o tome las formas de juego de las comedias políticas de la burguesía, en el capitalismo decadente los sindicatos son inevitablemente absorbidos por el Estado. Paralelamente a la imposibilidad de seguir siendo organizaciones obreras por la imposibilidad de su tarea original, el capitalismo decadente ha ido generando en el seno del Estado la necesidad de una serie de funciones, para las cuales los sindicatos están perfectamente preparados (encuadramiento de la clase obrera, gestión del mercado de la fuerza de trabajo, regulación y control de los conflictos entre Capital y trabajo, etc.…). Es por lo que, como hemos visto en la primera parte de este texto, se ve a menudo al aparato del Estado crearlos, defenderlos, subvencionarlos... Es solo como engranajes de este aparato, asociados a la gestión diaria de la explotación capitalista como pueden sobrevivir en un mundo donde su función original es imposible.
Es en las fábricas y frente a las explosiones de la lucha obrera cuando los sindicatos son más indispensables al Estado capitalista. Introducidos en el seno mismo de la clase revolucionaria, son los mejor preparados para desarmar, desmovilizar, dividir, toda tendencia revolucionaria en la clase. En los países con vieja tradición sindicalista, se han hecho expertos en la materia.
La principal debilidad de toda clase explotada es la falta de confianza en sí misma. Todo está construido, en las sociedades de clases, para inculcar en el espíritu de los explotados la idea de la imposibilidad de cambiar su situación y de su impotencia para transformar el orden de las cosas. El sindicalismo, al no ofrecer otra alternativa a la clase que la de mejoras ilusorias de su condición de explotado, y al presentar siempre la lucha como un "terrible sacrificio para los trabajadores" haciendo de la negociación la única meta de las luchas, contando alabanzas al "ideal" obrero bueno, padre de familia, responsable y serio en su trabajo, es uno de los más eficaces propagadores de la ideología de la clase dominante entre los trabajadores. El espíritu que difunden es el de la desmoralización, de la abnegación, es lo contrario mismo del espíritu combativo de una clase revolucionaria.
Los sindicatos sobresalen en la tarea de dividir toda lucha de la clase obrera encerrándola en formas de lucha totalmente ineficaces (jornadas de acción, paros parciales, bajo rendimiento, etc.…) y limitando toda lucha proletaria al taller, fábrica o sector. Impedir la unificación de las luchas, su generalización, es el arte principal de los sindicatos.
Y cuando elementos revolucionarios se destacan en una fábrica, poniendo en entredicho a los sindicatos y su agitación, la burocracia sindical sabe jugar el papel de policía, manejando la represión física cuando pueden, recurriendo a la calumnia en otras ocasiones ("agentes provocadores del gobierno", "agentes de la C.I.A.", etc.…). En todos los casos se comportan como fieles perros guardianes del sistema.
Se podrían escribir libros y libros, contando los diferentes métodos de sabotaje de las luchas empleados por los sindicatos. Para ello bastaría con contar las huelgas de las últimas décadas, pero ese no es nuestro objetivo. De lo que ahora se trata es de comprender por qué esto es así, cómo hacer para combatir la lepra sindical, y, antes de nada, lo que no hay que hacer.
Teniendo en cuenta que su incapacidad para salir del marco de las luchas por reformas lleva a los sindicatos a ser integrados en el Estado burgués ¿No podría concebirse un sindicalismo que se dé fines revolucionarios y que, de hecho, podría escapar a la fuerza de absorción del aparato estatal? Esto es lo que han intentado hacer los anarco- sindicalistas con su sindicato revolucionario[3].
El sindicalismo revolucionario fue una reacción contra la degeneración parlamentaria y reformista de los sindicatos. Por ello, en un primer momento, pudieron expresar, al menos parcialmente, una verdadera corriente en el seno de la clase obrera. Pero para oponerse al parlamentarismo, el sindicalismo revolucionario volvía a tomar la vieja idea anarquista tan combatida por Marx, preconizando el rechazo de la lucha política (en la cual creían ver el nacimiento de toda degeneración reformista). Con ello volvían a encontrarse, a causa de la preocupación de "apoliticismo", con sus enemigos reformistas que, como hemos visto, defendían también, pero por otros caminos, el apoliticismo de los sindicatos.
Sindicalismo y parlamentarismo, están estrechamente ligados a una forma de lucha correspondiente a un periodo histórico. Rechazar el uno sin el otro es caer inevitablemente en una actitud incoherente que solo puede llevar a callejones sin salida.
En el capitalismo decadente la lucha revolucionaria no puede tomar formas sindicales: la lucha revolucionaria es una lucha directa, de masas, generalizada, que no se puede meter en el molde de una organización construida en función de la lucha permanente y sistemática por reformas, y aún menos para reformas imposibles.
El sindicalismo revolucionario tenía que adoptar o una política adaptada a la forma sindical –y en el capitalismo decadente eso lo condena a pasarse al terreno capitalista– o disolverse como organización sindical para integrarse en la lucha revolucionaria, o desaparecer de la escena social. En USA los IWW[4] desaparecieron. En Francia y en España, a pesar de las resistencias, a veces fuertes, cayeron en el primer caso en la participación en la Guerra Civil[5].
En todo caso, la experiencia del sindicalismo revolucionario no ha hecho sino demostrar una sola cosa: la imposibilidad de construir sindicatos revolucionarios en la época decadente del capitalismo. Es decir, la imposibilidad de construir sindicatos verdaderamente obreros.
[1] Los 3 artículos anteriores de la Serie Los sindicatos contra la clase obrera -que forman parte del folleto del mismo nombre- son los siguientes: https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i [383] , https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii [384] y https://es.internationalism.org/content/4603/los-sindicatos-en-el-periodo-ascendente-del-capitalismo-iii [399]
[2] Para un análisis de la naturaleza totalitaria que toma el Estado en todos los países en la decadencia capitalista ver la Serie ¿Cómo está organizada la burguesía? La mentira del Estado democrático https://es.internationalism.org/revista-internacional/199404/1856/como-esta-organizada-la-burguesia-i-la-mentira-del-estado-democrat [337] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/199407/1849/como-esta-organizada-la-burguesia-ii-la-mentira-del-estado-democra [352]
[3] Hemos escrito varias Series sobre el sindicalismo revolucionario: 1) Una serie general (https://es.internationalism.org/series/218 [437] ); 2) El sindicalismo revolucionario en Estados Unidos (https://es.internationalism.org/series/497 [438] ); 3) El sindicalismo revolucionario en Alemania (https://es.internationalism.org/series/493 [439] ); 4) La CNT en España (https://es.internationalism.org/series/494 [440] ).
[4]Organización sindicalista revolucionaria que floreció en los EEUU durante las dos primeras décadas del siglo XX. Su nombre (IWW) significa: Obreros Industriales del Mundo
[5]La C.N.T., único ejemplo de organización sindical que intentó varias veces realizar su "programa máximo", la "revolución social" (en 1933-1934), no lo hizo sino después de que los anarquistas de la FAI llevaran en su interior una lucha severa. Durante la dictadura de Primo de Rivera, la C.N.T., que se reclamaba del "apoliticismo revolucionario", estuvo en contacto con todo tipo de conspiradores: Maciá, la Alianza Republicana y otras organizaciones de oposición en el país.
En julio de 1927 se fundó la FAI. Sus miembros, rechazando todo tipo de compromisos "tácticos", se propusieron la conquista de la C.N.T. a fin de realizar la revolución social. Se constituyeron así en punto de reagrupamiento de todos los que desaprobaban la orientación reformista del anarco - sindicalismo.
Durante el Congreso Nacional de 1930 las dos tendencias se enfrentaron: los líderes de la CNT insistían en el carácter sindical y proponían aliarse con otras tendencias para facilitar la implantación de la República, mientras los "puros" de la FAI insistían en el anarquismo de la Confederación, rechazando todo compromiso. Ganaron estos últimos por lo que los viejos líderes fueron dimitidos y muchos de ellos dejaron la Confederación para formar el "trentismo" (Pestaña, etc). La CNT no participó pues, por los pelos, en el compromiso interclasista de 1930.
Bajo el impulso de la FAI, también "apolítica", la CNT fue de huelga general en tentativa de insurrección hasta 1936. Fuertemente debilitada por la represión pagó ampliamente en la persona de numerosos de sus militantes la imposibilidad del sindicalismo revolucionario. El Congreso de 1935 significó la vuelta de los "trentistas" que, entretanto, habían contraído todo tipo de alianzas con la burguesía. El intento de insurrección de la derecha del 18 de Julio de 1936 y el levantamiento proletario del 19 puso a las claras el papel de la CNT; las fuerzas "obreras" con CNT y FAI a la cabeza, subieron al poder. En Cataluña, plaza fuerte de la CNT, esta participó en el Comité de Milicias Antifascistas poniéndose primero "al margen del Gobierno de la Generalitat" para, a continuación, entrar en él dándole el necesario apoyo "obrero". El "apoliticismo sindicalista" había triunfado: los "puros" de la FAI acabarían aceptando ministerios en la República antes tan combatida.
Los "antiautoritarios", partidarios de la "revolución social apolítica", agitando sacrosantos principios morales, no han entendido nunca que la destrucción del Estado no es más que un momento de la lucha de clase del proletariado contra la burguesía.
Defendiendo posiciones revolucionarias (anti-frentismo, antiparlamentarismo) en nombre de la pureza de una ideología, la transgredieron en la práctica bajo la presión de los acontecimientos lo cual para ellos no revistió ninguna importancia pues la ideología seguía siendo "la misma de siempre". Así, CNT y FAI se aliaron con partidos burgueses, participaron en el gobierno de la República, dejaron masacrar al proletariado en las huelgas de Mayo 1937 "para no romper la unidad", con lo que revelaron una evidencia: el apoliticismo, es decir, el rechazo de un conjunto de posiciones de clase claras y consecuentes, es un arma de la burguesía.
Desde 1936 la política de "unidad antifascista" de la CNT le hace jugar el mismo papel que los demás sindicatos y Partidos: controlar a la clase obrera al servicio del capital. A pesar de la honradez de sus militantes, la "apolítica" CNT se pasó al bando de la burguesía.
¡Triste destino el del "sindicalismo revolucionario"! Tantas luchas, tantos militantes revolucionarios sacrificados para, al final, conseguir sentarse en algunos ministerios de la República La CNT, aliándose con los verdugos de los obreros revolucionarios (muchos de ellos militantes de base de la Confederación) enterró para siempre el anarco- sindicalismo en el basurero de la historia al lado de los Partidos Parlamentarios, los Sindicatos, los trotskistas, estalinistas y demás.
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Nos acercamos al primer aniversario del Gobierno de coalición PSOE – Unidas Podemos que se nos presenta como una respuesta “social” y “humana” a la situación cada vez más catastrófica que nos golpea: caída de los salarios, desempleo desbocado, miseria galopante, y, por encima de todo, el grave peligro que representa la pandemia, de la que, casi un año después, no se le ve solución[1].
La Serie que iniciamos con Los gobiernos de izquierda en la República y en la guerra del 36[2] y Los Gobiernos PSOE de la democracia[3], intenta demostrar de forma argumentada y recordando la experiencia histórica del proletariado que, como dijimos en el primer artículo de la Serie:
Y si denunciamos la farsa de los gobiernos de izquierda no es para sembrar el escepticismo, es para defender la única respuesta posible y realista: la lucha masiva como clase del proletariado en todos los países. No existe otra alternativa.
La crisis de 2008 obligó al Gobierno PSOE de Zapatero a mostrarse como ENEMIGO DE LOS TRABAJADORES lanzando desde 2009 durísimos ataques a sus condiciones de vida. Sin embargo, esta política fue denunciada por los jóvenes obreros que participaron en el movimiento 15 M que afirmaban en las asambleas “PSOE-PP la misma mierda es” y ¿Dónde está la Izquierda? Al fondo a la derecha”[4]. Aunque los sindicatos, calumniando a esa parte de la clase trabajadora como “Rojo – millonarios” y organizando la farsa de varias “huelgas generales”, lograron impedir que el movimiento se extendiera a los centros de trabajo, la burguesía comprendió que era mejor pasar el PSOE a la oposición y encargar al PP la ejecución de los planes de austeridad. Como dijimos en el segundo artículo de la Serie, esto se hacía en plena continuidad y complicidad entre ambos partidos, más aun, frente a las contradicciones y falta de coherencia de la Derecha, el PSOE ha sido siempre quien ha marcado el camino a seguir por los gobiernos capitalistas: “El gobierno Rajoy (2011-2018) tomó el relevo e impulsó la rueda AUSTERICIDA aún más lejos siguiendo la senda del PSOE. En 1982-96 el gobierno González lanzó un primer gran ataque que abonó el terreno a las medidas del gobierno Aznar. Repitiendo el “modelo”, el Gobierno Zapatero fue la lanzadera de los enormes recortes del gobierno Rajoy. Los Gobiernos PSOE son pioneros en el ataque a los trabajadores”.
Sin embargo, en marzo 2018, el gobierno del PP fue defenestrado por una moción de censura, en la que colaboraron todos los partidos, para colocar al PSOE al frente del gobierno.
Esta operación se hizo mediante una serie de intrigas, maniobras en la sombra, conversaciones secretas, poniendo de relieve la verdadera naturaleza del Estado capitalista, pues como dijimos en el artículo que escribimos entonces “detrás de las máscaras democráticas de la clase dominante, del circo electoral y parlamentario, las verdaderas y trascendentes decisiones se toman por las élites burguesas que controlan los resortes del estado y del poder económico, dándoles posteriormente a través de sus poderosos medios de “comunicación” una validación “democrática”[5].
Y no desalojaron al gobierno Rajoy porque fuera tibio en sus ataques anti obreros. Al contrario, ¡la burguesía española estaba muy satisfecha de su brutalidad!, sin embargo, en el asunto catalán, el gobierno Rajoy falló estrepitosamente agudizando los problemas, en lugar de paliarlos
Los sectores dominantes del capital español eligieron al PSOE pues, como decimos en ese mismo artículo “Desde 1923, en toda la decadencia del capitalismo, el PSOE ha sido un puntal del Estado español. Apoyó la dictadura de Primo de Rivera. En una voltereta de última hora logró ser el eje del régimen republicano nacido en 1931 y resistió con uñas y dientes el asalto al poder del partido estalinista en 1936. Es cierto que fue excluido por el franquismo en el marco de lo más fuerte de la contrarrevolución, sin embargo, a partir de principios de los 70, los sectores más inteligentes de aquel pusieron sus ojos en el PSOE, no en balde, Felipe González pudo desplazarse por España disfrazado de “Isidoro” sin ser molestado por la policía. Fraga propuso desde 1971 un “régimen compartido” con una “fuerte socialdemocracia que cerrara el paso a los de Moscú”. Ya hemos analizado como el PSOE ha sido el eje del régimen del 78”
El gobierno PSOE se presentó en sociedad en mayo de 2018 con muchas mujeres, abierto a los homosexuales, al “mundo de la cultura” y, sobre todo, el “lado humano”: un barco de emigrantes que, el malo malísimo populista de Salvini rechazaba, fue admitido en el puerto de Valencia[6].
Tras los gestos vino la cruda realidad y el PSOE siguió la misma política que el PP en cuanto al ataque a la clase obrera. Sin embargo, carente de una mayoría parlamentaria y torpedeado desde todos los lados, se vio obligado a convocar dos elecciones sucesivas (en abril y en noviembre de 2019). Esto repetía el espectáculo del gobierno Rajoy que en 2016 tuvo que llamar dos veces a las urnas y necesitó el apoyo del propio PSOE para salir adelante[7].
Este creciente desorden en el aparato político lo vimos a lo largo de 2019. Por un lado, las fracciones independentistas catalanas a la vez que se peleaban a muerte entre ellas hacían lo imposible para sabotear las políticas del gobierno central. En el propio PSOE los barones regionales y el “aparato” no hacían otra cosa que colocar piedras en el zapato del Gobierno Sánchez. PP y Ciudadanos que sentían en el cogote el pestilente aliento franquista de Vox se lanzaban a una escalada de manifestaciones para denunciar el gobierno “ilegítimo” y “vendepatrias”. El propio Podemos jugaba al ratón y al gato: por un lado, proponía el “Gobierno de Coalición” y, del otro lado, apoyaba bajo mano a los catalanistas y lanzaba violentas “críticas” al PSOE. Un espectáculo de “todos contra todos”, de indisciplina generalizada frente a los intereses del capital español que concretiza claramente nuestras Tesis sobre la Descomposición: “El atolladero histórico en que está metido el modo de producción capitalista, los fracasos sucesivos de las diferentes políticas instauradas por la burguesía, la huida ciega permanente en el endeudamiento con el cual va sobreviviendo la economía mundial (…), la falta de la menor perspectiva (si no es la de ir parcheando la economía) hacia la cual pueda movilizarse como clase, y cuando el proletariado no es todavía una amenaza de su supervivencia, lleva a la clase dominante, y en especial a su aparato político, a una tendencia a una indisciplina cada vez mayor y al sálvese quien pueda”, lo cual expresa más profundamente “no sólo la dislocación de la sociedad burguesa, sino y sobre todo la destrucción de todo principio de vida colectiva en el seno de una sociedad sin el menor proyecto, la menor perspectiva, incluso a corto plazo, incluso la más ilusoria”.
La formación del gobierno de coalición PSOE-UP es el vivo retrato de esa situación: los supuestos “aliados” se atacaban a muerte, se desmentían entre sí, lanzaban sobrepujas imposibles, discutían con furia las prebendas, las poltronas, las áreas de influencia… Solo finalmente, el temor a un desorden aún mayor y la pesadilla de unas nuevas elecciones, les empujó al “abrazo” Iglesias – Sánchez que bien recuerda el famoso abrazo de Vergara de 1839 que supuestamente puso fin a la primera guerra carlista y sin embargo hubo otras dos más, todavía más sangrientas[8].
El tándem PSOE – Unidas Podemos nos promete “hacer más humano” el capitalismo ofreciéndonos algunas migajas frente a la avaricia y la corrupción sin límites de la Derecha. Esto ya de entrada nos envía el mensaje suicida de que nos acomodemos al capitalismo, aceptemos nuestra condición de esclavos asalariados y mendiguemos un poquito de caridad al monstruo explotador[9]. La política del PSOE-UP propone descaradamente la claudicación del proletariado ante el capitalismo, su renuncia a su lucha histórica por crear una nueva sociedad, la sociedad comunista.
Sin embargo, es preciso comprender que incluso sus promesas de “mejorar un poquito” o “ser más humanos” son puro humo que ciega nuestros ojos.
Esto lo podemos comprobar con su gestión de la pandemia. PSOE-UP en nada se han distinguido de sus colegas de “derecha” o “centro” en Europa (los Merkel, Macron, Johnson etc.). Han demostrado la misma brutalidad policial, han puesto en peligro la vida de millones de trabajadores enviándoles a trabajar con el riesgo de contraer el virus y de propagarlo en sus familias, la misma explotación hasta límites jamás vistos de los trabajadores de la sanidad, el mismo caos y desorden en la gestión etc. Han favorecido que las compañías farmacéuticas y otros buitres capitalistas hicieran jugosos negocios a costa de la escasez de material sanitario, mascarillas, medicinas etc.
Cuando era evidente que la pandemia podía costar miles de vidas organizaron la manifestación feminista del 8 de marzo que agravó considerablemente los contagios[10], el gobierno “socialista” de Valencia se resistió a suspender las Fallas por miedo a perder el negocio turístico que suponen.
Durante el confinamiento, miles de trabajadores emigrantes tuvieron que seguir trabajando alojados en barracones o, incluso peor, en plena intemperie, como en Huelva. El gobierno “humanista” PSOE-UP envió a la guardia civil para reprimir sus conatos de protesta.
El desconfinamiento se ha hecho con un único criterio que ha prevalecido sobre consideraciones médicas o epidemiológicas: asegurar la producción a pleno rendimiento, hacer que los trabajadores sigan expuestos al contagio al tener que ir a trabajar en transportes públicos abarrotados sin ninguna protección. Más aún, como sabe el Gobierno que los padres solo pueden ir a trabajar si sus hijos están en la escuela, estas se han abierto descuidando, más allá de medidas cosméticas, la protección de los trabajadores de la educación y de los propios niños. ¡Todo únicamente por el bien de las ganancias capitalistas, la continuación de la acumulación de capital y la defensa de la posición del capital español frente a sus competidores!
Aquí, una vez más, el gobierno “humanista” se ha comportado con la misma inhumanidad que el resto de los gobiernos del mundo. Durante los últimos meses, tras la salida del primer confinamiento, cada país europeo se ha dedicado a mirar de reojo al vecino a ver qué medidas tomaba para ganarle en competitividad. Esto no solo se ha visto en Turismo, donde, por la urgencia, la competencia ha aparecido más patente y hasta un tanto ridícula (“¡Quédese en Francia!” o “véngase a Baleares por pasillos aéreos seguros” y así), sino y, sobre todo, en las grandes empresas aeronáuticas como Airbus, para así salir de la epidemia mejor parados que el contrincante. En Europa y a nivel mundial: la burguesía maoísta china alardeando de sus capacidades, los USA de Trump queriendo mantener a costa de lo que sea su maltrecha competitividad, la errática y a veces absurda gestión del iluminado López Obrador en México, o la del bufón se su majestad, Jonhson, en Gran Bretaña, por no hablar del dirigente hindú, Mori, que incita a trabajar como sea para que China no se lleve la partida. Y esto ha llegado incluso a una guerra solapada entre regiones como ha ocurrido en España.
Una gestión errática a partir del momento en que pareció evidente la “segunda oleada”: cada burguesía, sin excepciones, se ha dedicado a acelerar, frenar, dar marcha atrás y volver a acelerar el cacharro del aparato de Estado con un único criterio: intentar casar las máximas necesidades de la explotación y las mínimas de la protección de los explotados. Lo ocurrido en múltiples residencias de ancianos de muchos países es la consecuencia más patente de ese “equilibrio” mortífero, que es lo único que inspira la “protección social” desde su fundación hasta sus implacables recortes, sus privatizaciones o sus nacionalizaciones y cuyo siniestro esqueleto la Covid ha puesto ahora al desnudo.
En respuesta a la pandemia, el gobierno “de progreso” no ha aumentado el personal en los hospitales, ni les ha dotado de los medios técnicos necesarios, su única política ha sido agravar hasta límites increíbles sus condiciones de trabajo. Se ha impuesto como práctica generalizada los traslados forzosos que obligan a un trabajador a hacer todos los días más de 200 kilómetros de ida y vuelta; se han reducido las pausas de descanso del personal; solamente en la Comunidad Valenciana harían falta 11000 contrataciones más para seguir mantenimiento el ritmo de trabajo previo a la pandemia que ya entonces era muy fuerte. Los trabajadores de la sanidad, ya muy golpeados en la primera oleada de la pandemia por los contagios y las muertes, vuelven a verse muy afectados en la actual segunda ola sin que ni gobierno ni autonomías muevan un dedo por su situación. Así, en octubre en Valencia, los muertos en ese colectivo “son ya más de 460 trabajadores de hospitales y centros de salud, una cifra a la que hay que sumar los casi 800 en cuarentena”[11]
Por su negativa a contratar más trabajadores, el Gobierno “de las personas” ha provocado el cuasi colapso de la atención primaria en la sanidad y un incremento vertiginoso de las listas de espera: en la sanidad valenciana las demoras son de 311 días en neurocirugía y de 187 días en traumatología.
¿Dónde está la cacareada “inclinación social y humana” del Gobierno PSOE-UP? ¿En qué se diferencian de la “gestión” de Diaz Ayuso, la gobernadora pepera de Madrid, presentada como el “ejemplo” de sumisión al capital?
Los gobiernos de izquierda suelen presentar sus medidas como si fueran “grandes reformas” que mejorarían la condición obrera. Así el gobierno PSOE-UP nos habla de medidas a favor de la emigración, de la Renta Básica Universal, de los ERTE frente a la pandemia, de la protección de los desempleados, de favorecer el acceso a la vivienda. Estaríamos asistiendo a una “gran mejora” de nuestras condiciones de vida, sin embargo, cuando se analizan sus “propuestas espectaculares” en la práctica y se desmenuza su letra pequeña, comprobamos que no solamente son humo, sino que encierran nuevos y más brutales ataques contra el conjunto de trabajadores. Pongamos el bisturí del análisis a las pomposas medidas sociales del gobierno de coalición.
Hay un indicador muy convincente: “El gasto educativo bajará del 4,8% del PIB en 2020 al 4,5% en 2021, mientras que el gasto en Sanidad descenderá siete décimas, del 7’6% al 6,9% del PIB. También bajan en porcentaje del PIB el gasto en empleo, vivienda y servicios comunitarios y en protección social”[12], “el gasto en Empleo será la partida que registre una mayor caída, al pasar del 4,3% del PIB al 3,2% en 2021, representando el 6,7% del gasto total, frente al 8,1% de este año”. En cambio, “En porcentajes de PIB, únicamente se mantendrá el gasto en Defensa (1%) y en actividades recreativas, cultura y religión (1,3%)”.
¡Con el COVID por medio el “gobierno de progreso” REDUCE EL PRESUPUESTO DE SANIDAD! ¡Con la crisis económica galopante el “gobierno humano” REDUCE EL PRESUPUESTO DE EMPLEO Y PROTECCION SOCIAL! Y LOS GASTOS DE GUERRA SE MANTIENEN. Más claro agua.
Esta medida ha sido anunciada a bombo y platillo y presentada como un “salto cualitativo” en el Estado del Bienestar. Los propagandistas del gobierno han dado la idea engañosa de que iríamos hacia la “total erradicación de la pobreza” pues “cada ciudadano desde su nacimiento hasta su muerte tendría asegurada una renta básica”.
Esto es una utopía reaccionaria que choca frontalmente con la realidad del capitalismo y su crisis cada vez más grave. El capitalismo necesita que todos sus obreros se hallen permanentemente en una situación de inseguridad respecto a la posibilidad de ganarse la vida. Esa es la condición básica del obrero bajo las relaciones de producción capitalista. Esto lo dejó bien claro Engels en Los Principios del Comunismo: “Todo esclavo individual, propiedad de un señor determinado, tiene ya asegurada su existencia por miserable que sea, por interés de éste. En cambio, el proletario individual es, valga la expresión, propiedad de toda la clase de la burguesía. Su trabajo no se compra más que cuando alguien lo necesita, por cuya razón no tiene la existencia asegurada. Esta existencia está asegurada únicamente a toda la clase de los proletarios. El esclavo está fuera de la competencia. El proletario se halla sometido a ello y siente todas sus fluctuaciones” [13]
Veamos la realidad concreta del Ingreso Mínimo Vital (IMV): para empezar, se limita exclusivamente, en palabras del ministro de la Seguridad Social, Escrivá, a los muy pobres. Según cálculos de expertos esto significa que quedarían excluidos el 80% de las personas que tienen ingresos por debajo de los 800 € mensuales.
Sin embargo, la aplicación práctica del IMV es aún más repugnantemente mezquina y roñosa. Según datos de la UGT de “714.000 solicitudes presentadas. Solo se han resuelto 32.629, el 4,57%. Y de las resoluciones solamente el 12,7% han sido favorables. El 0,58% del total presentadas. Poco más ¡de 4.000! De ahí que el secretario general de la UGT declare que el IMV “no lo cobra nadie”[14]
Por otra parte, el IMV reorganiza bajo una nueva forma ayudas de beneficencia que se daban en las comunidades autónomas, por lo que en realidad el alcance de la medida es aún más cicatero y ridículo. Según los cálculos más optimistas llegará como mucho a 100 mil familias y al agrupar las antiguas ayudas más las que daban las autonomías resulta que el monto total del IMV ¡es inferior a las prestaciones anteriores!
Con el cinismo y la hipocresía típicos de la burguesía estos programas de Renta Básica excluyen a la inmensa mayoría de las personas que realmente las necesitan. Esto no solo pasa en España, ocurre en la mayoría de los países que aplican estas políticas sociales, según un estudio “las ayudas condicionadas en 30 países encontraron un promedio de error sorprendentemente alto: 50% quedaban excluidos de las ayudas. Otro estudio con 38 programas de ayudas focalizados a la pobreza en 23 países encontró que se excluye entre el 44 y el 97% de las personas a las que supuestamente dichos programas iban destinados a llegar”
Así pues, el IMV del que tanto se vanagloria Iglesias es peor que el timo de la estampita. Sin embargo, ese ruido esconde un ataque taimado a los trabajadores sobre varios planos.
El ataque ideológico: El IMV es presentado en dos vertientes. La primera transforma una gran capa de trabajadores desempleados o con ingresos muy bajos en pobres, es decir, en “asistidos por la caridad de papá Estado”. Los elimina de su verdadera condición: forman parte del cuerpo de la clase obrera, una clase internacional e histórica que tiene en sus manos el porvenir de la humanidad. El segundo ataque es aún más perverso. En su cara bonita, el IMV y la Renta Básica Universal elimina de las conciencias la noción de clases sociales para imponer la venenosa de “ciudadanos” que tendrían asegurada la vida desde el nacimiento hasta la muerte.
El ataque económico: Los despidos, los recortes salariales, la reducción de prestaciones sociales en sanidad, educación, pensiones etc., son justificados en nombre de “atender a los más desfavorecidos”. Los trabajadores que rechazan este chantaje son atacados como “cómplices de VOX” pues éste habría tachado el IMV como “paguita para vagos”.
Presentan los ERTE[15] como un “Escudo Social”, una generosa ayuda a los trabajadores ante la crisis económica provocada por el COVID. Resulta curioso que tanto el Banco de España como los empresarios han aplaudido calurosamente esta medida. Su aplauso tiene una explicación: a quien realmente favorecen es a los capitalistas.
Para empezar el grueso de las prestaciones del “Escudo Social” va destinado a las empresas con exoneraciones fiscales y subvenciones. Además, muchas empresas han hecho trampa contratando a trabajadores que sustituyeran a los del ERTE pagándoles mucho menos. Del mismo modo, sin que Inspección de Trabajo moviera un dedo, han obligado a trabajadores sometidos a ERTE a trabajar a jornada completa.
En cambio, para los trabajadores todo son trabas y recortes. Las prestaciones por ERTE son en principio del 70% del salario, sin embargo, con toda una serie de “matizaciones” por duración de jornada, productividad, renuncia a horas extras etc., al final ese 70% teórico queda reducido a un 40% como mucho. Hay que tener en cuenta que “el trabajador no cobra las pagas extras ni disfruta de las vacaciones ni otros complementos salariales. Igual que en la prestación por desempleo, a partir del sexto mes el pago se reduce del 70% al 50% del salario bruto”[16].
En realidad, se trata de un subsidio miserable que supone para los trabajadores afectados una brutal reducción de sus condiciones de vida. Pero, peor aún, las prestaciones de los ERTE o no las pagan o se tienen que cobrar tarde y mal, con meses de retraso. Un artículo de La Vanguardia (mayo 2020) reconocía esta situación: “¿Y yo cuándo cobraré?”. Se la hacen los miles de trabajadores que han sido incluidos en un ERTE y que aún no han recibido un euro de la prestación, ni en abril ni en mayo, pese a que han pasado dos meses”[17]. Pone un ejemplo entre miles: “La fábrica cerró el 14 de marzo y todavía no sabemos cuándo cobraremos”, explica Pedro Noguera, empleado en una planta de corte de piedra de la multinacional ISS Facility. La plantilla se encuentra con un mensaje de error cada vez que consulta el apartado de prestaciones en la web del Servicio de Empleo Público Estatal (SEPE). La queja se repite día tras día en las redes sociales. La alternativa del teléfono está descartada porque es “misión imposible”.
Una trabajadora de Artes Gráficas confiesa a Público que sus prestaciones se aprobaron en abril y que empezó a cobrar una pequeña parte en octubre. Una trabajadora de un restaurante de Valencia ha cobrado tras 3 meses de espera ¡93 euros! Otro trabajador en Lérida “se quedó sin nómina ni escudo social durante dos meses y medio. Se vio afectado por un ERTE desde el pasado 18 de marzo. Hasta el mes de mayo no volvió al trabajo en la modalidad de media jornada. El pago del expediente de regulación no lo recibió hasta principios de julio”[18]. En julio, según datos de los sindicatos, 30000 trabajadores solamente en Cataluña no habían recibido nada de los ERTE. “En una encuesta realizada por la patronal Pimec para valorar el impacto de la covid-19, la entidad ha detectado que un 70% de las compañías admiten retrasos de sus empleados para cobrar del SEPE”.
El ERTE no garantiza los puestos de trabajo. Pese a que las prórrogas se han extendido hasta marzo 2021, se calcula que unos 800 mil trabajadores sometidos a ERTE pueden convertirse en desempleados definitivos. Y ello en una situación donde solamente el 35% de los desempleados cobran alguna prestación. Lo que viene después de los ERTE no es la “Nueva Normalidad” que anuncia el gobierno sino una escalada terrible del desempleo y la miseria.
Suben el salario mínimo hasta 950 €. Parece muy bonito. Sin embargo, la medida tiene truco por todos los lados. Para empezar, NO CUBRE el gasto medio mensual que, según el INE es de 1013 € por persona. El salario mínimo solo afecta al 16% de los trabajadores y únicamente al 6% de las grandes empresas. Pero, además, y esto es clave, con una precariedad que está por el 40% muchos trabajadores no llegan ni de lejos a ese salario mínimo, la mayoría de los eventuales está en ingresos entre 600-800 €, todo ello sin contar la masa importante de trabajadores informales. Así pues, esos aumentos espectaculares del Salario Mínimo son “el humo que ciega nuestros ojos”. Oficialmente el gobierno “social” anuncia para 2020 una subida salarial media del 1,1% lo que es pura miseria que no compensa ni la inflación ni todo el aumento de gastos que ha supuesto la pandemia en los hogares obreros. ¡Además es inferior a la media oficial europea que es del 2,1%!
Cuando estaba en la oposición, Podemos se había hecho el campeón de la “lucha contra los desahucios”. Una vez cómodamente instalado en las poltronas del gobierno, los señoritos “sociales” de Podemos se han olvidado de “la lucha”[19]. En Canarias los desahucios han continuado contando con la pasividad del Gobierno central, el gobierno canario y los ayuntamientos. Ello ¡cuando en toda Canarias hay 130 mil viviendas vacías! En el País Vasco está el caso de una vecina de 88 años arrojada de su vivienda en Santurce. En Barcelona el 23 de noviembre los Mossos de Esquadra, en manos de la Generalitat independentista, se han ensañado con unos cientos de personas que intentaban impedir un desahucio que ¡era ilegal según el decreto “anti -desahucios” de la propia Generalitat!
Pese a la paralización de las actividades judiciales que ha supuesto el confinamiento, los desahucios no se han frenado, así “La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha calificado de "escandaloso" que haya habido 162 desahucios en España por cada día hábil en este año 2020, pese a la completa paralización de la actividad judicial entre el 14 de marzo y el 4 de junio”[20]. Por su parte, el ayuntamiento de Madrid, gobernado por el PP, ha desahuciado en plena pandemia 250 personas del barrio de Malasaña sin que ni Podemos ni el PSOE protestaran.
¿Dónde quedan las promesas de Sánchez e Iglesias de “viviendas para todos” mediante alquileres “sociales”?
En este tema el campeón del cinismo es Podemos. Cuando estaba en la oposición se salió del Pacto de Toledo, el mecanismo donde todos los partidos parlamentarios conspiran para recortar las pensiones, pero, una vez más, con las mieles del poder en los labios, han participado junto con el resto de los partidos en las nuevas medidas del Pacto de Toledo que buscan que “la media de edad de jubilación en España es de 64,6 años. Para reducir ese gasto extra en pensiones, el Gobierno planea un endurecimiento a las jubilaciones anticipadas y más incentivos para las personas que sigan trabajando y retrasen así su edad de jubilación a la legal”. Para hablar claro: después de utilizar las jubilaciones anticipadas como un medio para hacernos tragar despidos masivos, ahora van a por ellas para arrancar a los trabajadores esa miserable compensación, prolongar su vida laboral y condenarlos a pensiones más reducidas.
Otros acuerdos del Pacto de Toledo contienen un ataque apenas disimulado: (1) Se amplia el periodo de cotización de 15 a 25 años con lo que las pensiones serán necesariamente más bajas; (2) Se deja en el aire la cláusula que garantizaba la revalorización automática de las pensiones frente a la subida de los precios; (3) Se prevé la reducción gradual de las pensiones máximas; y, (4) se estimulan los planes personales y de empresa, esto con la finalidad de “animar a los trabajadores a ahorrar para el futuro” (¡¡¡). Es un medio indirecto de reducir las pensiones oficiales.
¿En que quedó el golpe de efecto “humanitario” de acoger el Acuarius? Pues en una gran estafa: “España sólo concede asilo a nueve de los 374 inmigrantes que lo solicitaron | Interior deniega el refugio a 49 viajeros del barco llegado a Valencia y más de 300 continúan a la espera de resolución tras dos años y medio”[21]. De 629 emigrantes que llegaron en el Aquarius solamente 9 han sido acogidos.
Actualmente, el gobierno “progresista” sigue una brutal política de cierre de fronteras, deportaciones y campos de internamiento. Lo estamos viendo en Canarias, en lo que va de año han llegado 18000 emigrantes africanos. Solo un 10% ha podido llegar a la península, el resto se hacina en carpas, instalaciones portuarias, hoteles inservibles… en condiciones muy degradadas y como único destino la devolución a los países de origen. La Izquierda “humana” hace lo mismo que el gobierno de derechas en Lesbos (Grecia).
Ante la situación de la pandemia PSOE-UP han sacado toda su demagogia social: todos los trabajadores están protegidos, se han implementado todo tipo de medidas “sociales”, “vamos a salir juntos de esta catástrofe”. Si esta hubiera estado gestionada por la Derecha, nos chantajean, esto hubiera sido mucho peor.
Es lo único que ofrecen, a la vez que atacan nuestra conciencia de clase: un MAL MENOR respecto de la derecha; REPARTIR LA MISERIA para, supuestamente, “ayudar a los más desfavorecidos”.
Esas dos “ofertas” -el MAL MENOR y el REPARTO DE LA MISERIA- son la confesión más clara de que el capitalismo está en quiebra y solo podemos esperar de él desempleo, miseria, guerras, pandemias, destrucción medioambiental, barbarie moral… es decir, la pendiente hacia la destrucción de la humanidad.
La crisis económica a la que la pandemia ha abierto las compuertas va a ser terrible. El desempleo ya se está disparando, los salarios siguen a la baja tras una década ya de por sí muy debilitados. El enorme endeudamiento con el que los Estados han hecho frente a la pandemia lo pagarán en los años venideros los trabajadores bajo diversas formas: caída de salarios, despidos, desempleo, inflación, destrucción de sus míseros ahorros… En esas condiciones que dominarán los próximos años y no la superchería de la “nueva normalidad”, el gobierno PSOE-UP, como anteriormente Zapatero, se quitará la careta y pasará del Mal Menor y el Reparto de la Miseria al MAL MAYOR Y LA MISERIA PURA Y DURA.
Por ello solo nos queda la lucha como clase con todo lo que conlleva: organización masiva en Asambleas Generales, lucha unificada rompiendo todas las divisiones, conciencia de clase. Y un componente esencial de esta conciencia es comprender que la Izquierda del Capital es enemigo de los trabajadores y compinche de la Derecha. Está desde hace más de un siglo única y exclusivamente al servicio del capital.
C. Mir 26-11-20
[1] Es cierto que han aparecido dos vacunas, pero su aplicación masiva y la certeza de sus efectos aún están por aclarar.
[2] https://es.internationalism.org/content/4521/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-i [192]
[3] https://es.internationalism.org/content/4562/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-ii-los-gobiernos [225]
[4] Para un balance crítico de este movimiento ver, entre otros, 2011 De la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [8]
[5] Gobierno PSOE ¿Qué hay detrás de la moción de censura? /content/4315/gobierno-psoe-que-hay-detras-de-la-mocion-de-censura [442] . Para un análisis más detallado de cómo funciona realmente el Estado burgués ver la Serie de dos artículos ¿Cómo está organizada la burguesía? La mentira del Estado “democrático”: https://es.internationalism.org/revista-internacional/199404/1856/como-esta-organizada-la-burguesia-i-la-mentira-del-estado-democrat [337] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/199407/1849/como-esta-organizada-la-burguesia-ii-la-mentira-del-estado-democra [352]
[6] En lo que concierne a las operaciones de imagen el PSOE siempre ha sido un experto, la “acogida a los emigrantes”, seguía el ejemplo de estreno espectacular de Zapatero retirando las tropas españolas de Irak en 2004. Como demostramos en el 2º artículo de esta Serie, el PSOE defiende sin complejos la guerra imperialista, de la misma manera que, tras el “gesto” de Valencia, las medidas contra los emigrantes se han endurecido.
[7] Ver La coalición vergonzante del PSOE con el PP https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201705/4212/la-coalicion-vergonzante-del-psoe-con-el-pp [443]
[8] Para un análisis del carrusel de “negociaciones”, trampas, maniobras y golpes bajos que conllevó la gestación del “Gobierno de Coalición” ver El 18 de Brumario de Pedro Sánchez https://es.internationalism.org/content/4503/el-18-brumario-de-pedro-sanchez [226]
[9] Los grupos que se sitúan “más a la izquierda” del dúo PSOE-UP (trotskistas, anarquistas, maoístas, “renovadores” del estalinismo etc.) critican sus “vacilaciones”, sus “concesiones a la derecha”, sin embargo, parten de la misma política: sería posible reformar o mejorar el capitalismo. Este planteamiento los denuncia como el ala izquierda del Estado Capitalista, la “mano amiga” de ese monstruoso aparato de dominación. La lucha por reformas tenía sentido en el periodo de ascenso del capitalismo que finalizó con la primera guerra mundial. No consistía, contrariamente a lo que proponen PSOE-UP o sus compinches “más a la izquierda” en pedir migajas al capital o en acreditar la falsa idea de que este se puede mejorar, los partidos de la 2ª Internacional concebían la lucha por reformas como una etapa entonces posible de la lucha por la destrucción del capitalismo. Su degeneración oportunista que los llevó a olvidar este axioma fundamental provocó su bancarrota y su integración en el Estado Capitalista. Sobre esto ver, aparte de los dos primeros artículos de esta Serie, El terror dirigido por la socialdemocracia contra la clase obrera preparó el terreno al fascismo (/content/2566/v-el-terror-dirigido-por-la-socialdemocracia-contra-la-clase-obrera-preparo-el-terreno [444] ) y 1914, el camino a la traición de la socialdemocracia https://es.internationalism.org/revista-internacional/201504/4097/1914-el-camino-hacia-la-traicion-de-la-socialdemocracia-alemana [445]
[10] Sobre las movilizaciones feministas que la burguesía ha puesto tan de moda ver Huelga feminista: contra las mujeres y contra la clase obrera https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4291/huelga-feminista-contra-las-mujeres-y-contra-la-clase-obrera [170]
[11] Los datos que se exponen sobre la situación de los trabajadores están tomados de https://www.lasprovincias.es/comunitat/traslados-forzosos-medicos-20201113192511-nt.html#vca=fixed-btn&vso=rrss&vmc=em&vli=Comunitat%3Fns_campaign=rrss&ns_mchannel=boton&ns_fee=0&ns_source=em&ns_linkname=undefined [446]
[12] https://archivo.kaosenlared.net/en-2021-el-gobierno-rebajara-la-inversion-en-educacion-sanidad-y-proteccion-social-en-porcentaje-del-pib/ [447]
[14] https://archivo.kaosenlared.net/el-desastre-del-ingreso-minimo-vital-y-la-estupidez-cipolla-tenia-razon/ [448]
[15] ERTE: Expediente de Regulación Temporal de Empleo
[16] Otro engaño “social” al hilo del confinamiento ha sido que el anunciado Plan “Me cuida” destinado a subvencionar a trabajadores que han tenido que abandonar su puesto durante la pandemia para cuidar a familiares o hijos ha sido dejado sin presupuesto, con lo que solo figura en la propaganda gubernamental, pero no en ninguna realidad
[17] https://www.lavanguardia.com/economia/20200513/481128124472/erte-prestacion-cobrar-empleo-paro-coronavirus-marzo.html?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_content=claves_de_hoy [449]
[18] Empleo coronavirus: Retrasos e impagos: los 'olvidados' de los ERTE | Diario Público (publico.es) [450]
[19] Esto no es ninguna sorpresa si vemos qué es Podemos y cómo se formó: ver Podemos, un poder del Estado capitalista https://es.internationalism.org/cci-online/201406/4033/podemos-un-poder-del-estado-capitalista [218]
[20]La PAH ve "escandaloso" que haya 162 desahucios por cada día hábil en 2020 (lavanguardia.com) [451]
[21] Las Provincias 15-11-20
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Desde hace dos días todo el país, se ha visto arrastrado por la ola de protestas originada por la indignación que ha sido motivada por la vacancia de Vizcarra del gobierno, varios sectores de la sociedad se han movilizados pidiendo la restitución de Vizcarra, pidiendo democracia y rechazando una “dictadura” por parte del poder del congreso a cargo del señor Merino, actual presidente del gobierno, en este periodo de transición, como le llaman.
El estallido social, recorre todos los rincones del país, multitudinarias protestas se desarrollan por todo el territorio nacional, esta revuelta ciudadana con cientos de trabajadores y estudiantes invaden las calles y plazas exigiendo un alto a la dictadura y exigiendo democracia.
El gobierno de turno de Merino[1] y la burguesía han salido con todo, por cierto, a reprimir estas manifestaciones, no han dudado en poner freno con mano dura soltando sus fuerzas represivas.
Esta revuelta ciudadana y popular no se plantea en un terreno de clase, pese a que la gran mayoría que allí se moviliza son obreros o estudiantes hijos de obreros, pero también facciones de la burguesía desplazada del poder y su oposición. Todos los trabajadores que se movilizan contra el gobierno de turno de Merino, por democracia, por un nuevo gobierno con o sin Vizcarra, se encuentran en un terreno que está dominado por los intereses del Capital, su lógica de miseria, pandemia, desempleo y guerra imperialista.
Esta revuelta sirve a los intereses del Estado Capitalista y la burguesía pues la influencia de la pequeña burguesía radicalizada la desvía hacia reformar el estado burgués y no a destruirlo, “mejorar” el capitalismo y construir un “Perú mejor y digno”, “Fortalecer la democracia”, “luchar contra la corrupción”, elementos totalmente contrarios a los objetivos históricos del proletariado mundial, situación que lo encuadra en el terreno de la burguesía y que solo fortalece el Estado capitalista, alejándolo cada vez de su auténtica lucha por el comunismo y una sociedad sin explotación.
La revuelta es una lucha ajena al movimiento obrero, la revuelta sólo significa caos, desorganización, anarquía, violencia minoritaria y agresiones políticas, incluso hasta terrorismo, o sea, acciones que no tienen que ver con el proletariado y sus métodos de lucha.
Esta revuelta es interclasista porque contiene elementos de distintas clases sociales antagónicas, en ella el proletariado no tiene identidad, ni autonomía política en esta revuelta popular, se mezcla y se pierde en el “pueblo” y la “patria peruana”, el “pueblo” no es sinónimo de clase obrera, al contrario, el “pueblo”, así como la patria y la ciudadanía, son conceptos donde se encuadra a los trabajadores y los convierte en ciudadanos esclavos del orden burgués dominante.
Volvemos a decirlo, la izquierda del capital, la oposición y otros agentes de las distintas facciones de la burguesía han arrastrado a las calles en revuelta a cientos de trabajadores, estudiantes y a otros sectores no explotadores de la sociedad, a luchar por la democracia, contra la dictadura, la patria y la corrupción elementos políticos de la ideología burguesa que se intenta imponer a toda costa al proletariado.
Es así que en todo este escenario los partidos de derecha, partidos de izquierda o centro y sindicatos forman una perfecta unidad contra el proletariado aquí y en el mundo. Todos ellos uno a uno, son los que se encargan de reprimir y atacar siempre a la clase obrera y en estas condiciones actuales de aumento de la precariedad de nuestras condiciones de vida no debemos olvidar, que ellos son los responsables de toda esta inhumanidad.
Sin embargo, hay que observar también que la burguesía es cada vez más incapaz e irresponsable de conducir la sociedad y su propio aparato político: el Estado. Es por ello que debemos de reflexionar a profundidad para luchar contra todas estas lacras que solo viven acosta de nosotros. Nuestra lucha es ardua y consciente en completa unidad e internacionalismo de clase.
La solución no se encuentra en nuevas elecciones burguesas, en el recambio burgués del nuevo político para el próximo gobierno de turno, la democracia no es la solución a esta crisis política, no es la solución a los problemas reales del proletariado. Esta crisis política es el fracaso político de la burguesía, su incapacidad cada vez mayor de seguir conduciendo su propio aparato, es la pelea permanente entre las burguesías de las distintas facciones por una cuota del poder del Estado Capitalista. Solo el proletariado pueda dar una salida histórica a toda esta crisis política producto de la descomposición política en la que ha entrado el capitalismo decadente en los últimos años, a través de su lucha decisiva en completa unidad e internacionalismo proletario.
En medio de esta crisis política de la burguesía peruana vemos como han venido utilizando estas viejas armas contra el proletariado:
-La democracia y las elecciones: Ya lo hemos señalado la solución no está en la democracia o en la dictadura, ambas son parte de lo mismo, la democracia representa al fin y al cabo el modo de vida que impone el capitalismo, la cual también es una dictadura, la dictadura del capitalismo sobre los hombros de los trabajadores. Es una manera discreta de llevar la explotación de todos los trabajadores en completa paz social. Esta se legitima cada 5 años en las urnas electorales.
-La lucha contra la corrupción: El Estado capitalista cada vez está más sujeto a la dinámica de la corrupción, con el desarrollo de la descomposición del capitalismo decadente, la burguesía es incapaz de sostener una lucha contra la corrupción, porque la corrupción le representa la ventaja en la brutal competencia entre facciones por la toma del poder[2].
-La defensa de la Patria: Es otra vieja arma de la burguesía contra el proletariado siempre se ha usado para desmovilizar a la clase obrera, cuando está en busca de sus propios intereses de clase. La ideología de la patria ha servido siempre para alistar al proletariado a la guerra y la muerte. Hoy se usa para movilizar a los trabajadores a defender la patria, representada en el Estado burgués, o sea se moviliza a los trabajadores a defender el aparato que administra su explotación asalariada.
- La Unidad Nacional: Este viejo slogan le sigue sirviendo a los explotadores y no han dudado en utilizarlo esta vez, llamando a la unidad nacional, a la unidad de explotadores y explotados, esa unidad forzada, que siempre nos intentan imponer por la “fuerza de la razón”, unidad que nos hace perder el horizonte de nuestros intereses de clase, una unidad que nos hace abrazar a nuestros explotadores como si fuéramos hermanos.
¿Pelear por Vizcarra? ¿Sacar a Merino?
Ponerse en cualquier bando es peligroso porque estos señores representan facciones distintas de la burguesía en disputa, apoyar a cualquiera de ellos sería un error fatal para los trabajadores, porque debilitaría más su identidad política de clase y su proyecto político de vida. Tampoco se trata de defender la democracia o el Estado de Derecho, como ya lo hemos explicado líneas arriba, ni mucho menos defender la patria de estas garrapatas.
Así como pasó en Chile[3] cuando los trabajadores sumergidos en la revuelta popular cayeron en la trampa de apoyar la Asamblea Constituyente, logrando un recambio democrático modificando las nuevas tareas y leyes para explotar mejor a los trabajadores en ese país, no cambió nada, a fin de cuentas. Del mismo modo estas revueltas populares originadas por la indignación que trajo la destitución de Vizcarra solo pretenden arrastrarnos al terreno burgués de la política de recambio y de la democracia, que nada tiene que ver con los intereses reales del proletariado.
En medio de esta expresión de violencia y nihilismo representadas en estas revueltas populares se pierden los trabajadores apoyando el bando “más bueno” de la burguesía, a los “menos corruptos”, etc., es muy duro ver a obreros apoyar a Vizcarra, o clamar por democracia.
Los trabajadores deben aprender a rechazar estas trampas que le tiende la burguesía y evitar caer en estas revueltas populares que por más que se pinten como un método para “expresarse y luchar”, no son más que un callejón sin salida, donde se pierde toda identidad de clase y nuestros verdaderos intereses de clase explotada. Solo la lucha internacional del proletariado puede abrir una vía de solución al caos incontrolable que nos arrastra el capitalismo decadente hoy. El proletariado debe defender su identidad y autonomía política de clase en sus luchas y frente a estos terrenos donde la burguesía utiliza sus armas ideológicas contra ella.
Internacionalismo, sección en Perú de la Corriente Comunista Internacional
[1]A partir de este martes ocupará una posición que por la que han pasado en los últimos cuatro años Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018) y Martín Vizcarra (2018-2020), ninguno de los cuales pudo terminar su mandato en medio de una crisis política. Merino de Lama estará en el cargo hasta julio de 2021.
[2]Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[3]Ver nuestra hoja Chile: Ante los ataques del Gobierno la respuesta no es la revuelta popular sino la lucha de clase del proletariado https://es.internationalism.org/content/4479/chile-ante-los-ataques-del-gobierno-la-respuesta-no-es-la-revuelta-popular-sino-la [167]
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Desde hace varias semanas, el número de personas contaminadas por el Covid-19 ha aumentado considerablemente en varias regiones del mundo, en particular en Europa, que parece haberse convertido una vez más en uno de los epicentros de la pandemia. La "posible segunda ola" anunciada hace varios meses por los epidemiólogos es ahora una realidad y es muy probable que sea mucho más virulenta que la anterior. En varios países, el número de muertes por día ya asciende a varios cientos y las unidades de cuidados intensivos necesarias para tratar a los pacientes más gravemente afectados ya están al borde de la saturación o incluso abrumadas, como en Italia, aunque sólo estamos en el comienzo de esta nueva ola.
Ante la gravedad y el rápido deterioro de la situación, cada vez son más los Estados que no tienen otra solución que improvisar toques de queda o confinamientos locales o nacionales para mantener a la población en casa, fuera de las horas de trabajo, por supuesto.
Durante los últimos meses, los medios de comunicación de muchos países no han dejado de transmitir los discursos mezquinos y engañosos de las autoridades, que no han dudado en estigmatizar a los "jóvenes irresponsables y egoístas" que se agrupaban "para organizar fiestas clandestinas", o a los veraneantes que aprovechan los últimos días del verano para tomar una copa en la terraza de un café mientras se quitan temporalmente las máscaras (¡los gobiernos de la cuenca mediterránea les han animado sin embargo fuertemente a hacerlo para "salvar el sector turístico en peligro"! ). Esta importante campaña que se dirige diariamente a la "irresponsabilidad de los ciudadanos" no es más que un encubrimiento de la negligencia y la falta de previsión de la que es culpable la clase dirigente desde hace muchos años, al igual que lo ha sido en los últimos meses tras el relativo reflujo de la "primera ola"[1].
Si bien los gobiernos eran muy conscientes de que no existía ningún tratamiento probado, que el desarrollo de la vacuna distaba mucho de haber concluido y que el virus no sería necesariamente estacional, no se tomaron medidas para prevenir una posible "segunda ola". El número de personal hospitalario no ha aumentado desde el pasado mes de marzo, ni tampoco el número de camas en las unidades de cuidados intensivos. Las políticas de desmantelamiento de los sistemas de salud han continuado incluso en varios países. Por ello, todos los gobiernos han impulsado a la sociedad a volver al "mundo de antes", celebrando el regreso de los "días felices" con un lema en la boca: "¡debemos salvar la economía nacional!".
Hoy, con la misma consigna, las burguesías europeas obligan a los explotados a encerrarse una vez más en sus casas, al mismo tiempo que les incitan a desplazarse al lugar de trabajo, ¡ignorando la mezcla de poblaciones que favorece la proliferación del virus (sobre todo en las grandes metrópolis) y la falta de medidas sanitarias suficientes para garantizar la seguridad de las personas en el lugar de trabajo y en las escuelas!
El descuido y la irresponsabilidad mostrados por la clase dirigente en los últimos meses la han vuelto incapaz de controlar la pandemia. Como resultado, la abrumadora mayoría de los estados europeos tienden claramente a perder el control de la situación. Esto es para la gran desgracia de aquellos que se ven obligados a ir a trabajar cargando con la angustia y el miedo a verse contagiados, ellos mismos y sus seres queridos.
Contrariamente a lo que afirma, no hay duda de que el objetivo de la clase dominante no es salvar vidas sino limitar al máximo los efectos catastróficos de la pandemia en la vida del capitalismo, evitando al mismo tiempo acentuar la tendencia al caos social.
Para el capital, el funcionamiento de la máquina capitalista debe ser asegurado a toda costa. En particular, es esencial permitir que las empresas obtengan beneficios. Sin trabajadores asalariados en los sitios de producción, no hay trabajo posible, y por lo tanto no se puede obtener ningún beneficio en perspectiva. Un riesgo que la burguesía desea evitar a toda costa. Por lo tanto, la producción, el comercio, el turismo y los servicios públicos deben garantizarse al máximo; las consecuencias en la vida de cientos de miles, o incluso millones de seres humanos son de poca importancia. La clase dirigente no tiene otra alternativa para garantizar la supervivencia de su propio sistema de explotación.
Haga lo que haga, ya no es capaz de detener el inexorable hundimiento del capitalismo en su crisis histórica. Este declive irreversible la empuja a mostrarse tal cual es, totalmente insensible al valor de la vida humana. Dispuesta a hacer cualquier cosa para preservar su dominio, incluyendo dejar morir a decenas de miles de personas, empezando por los pensionistas, que son considerados "inútiles" a los ojos del capital. ¡La pandemia arroja una clara luz sobre la contradicción irreconciliable entre un capitalismo que se pudre en la raíz y la vida de la humanidad!
Los explotados, por lo tanto, no tienen nada que esperar de los Estados y sus gobiernos que, independientemente de sus colores políticos, forman parte de la clase dominante y permanecen a su servicio. Los explotados no tienen nada que ganar aceptando sin rechistar los "sacrificios" que se les imponen para "salvar la economía".
Tarde o temprano, la burguesía logrará desarrollar una vacuna efectiva. Pero las condiciones de descomposición social[2] que llevaron a esta pandemia no desaparecerán. En vista de la guerra entre los estados en su loca "carrera por la vacuna", su distribución ya parece muy problemática. Al igual que los desastres industriales o ambientales, es más que probable que en el futuro la humanidad se enfrente cada vez más a pandemias mundiales, que sin duda serán aún más mortíferas.
Ante la catástrofe económica agravada por la pandemia, la explosión del desempleo, la creciente miseria y el aumento del ritmo y la presión, la clase obrera no tendrá más remedio que luchar para defender sus condiciones de vida. La ira ya está creciendo en casi todas partes y la burguesía está tratando de aliviarla momentáneamente prometiendo a todas las familias trabajadoras que las celebraciones de fin de año podrán tener lugar (aunque será necesario limitar las grandes reuniones). Pero esta "pausa" del confinamiento para la tregua de los confiteros[3] no cambiará nada en sustancia. El año 2021 no será mejor que el año 2020, con o sin vacuna. En algún momento, la lucha tendrá que ser reanudada, una vez que el choque de esta pandemia sea superado.
Sólo retomando el camino de la lucha contra los ataques de la burguesía, su Estado y sus patronos, la clase obrera podrá desarrollar su unidad y solidaridad. Sólo su lucha de clase, al romper la sagrada unión con sus explotadores, podrá, a largo plazo, abrir una perspectiva para toda la humanidad amenazada de extinción por un sistema de explotación en plena decadencia. El caos capitalista sólo puede seguir empeorando, con más y más desastres y nuevas pandemias. Por lo tanto, el futuro está en manos del proletariado. Sólo el proletariado tiene los medios para salvar el planeta y derrocar al capitalismo para construir una nueva sociedad.
Vincent 11-11-20
[1] Ver Dossier especial COVID19: el verdadero asesino es el capitalismo https://es.internationalism.org/content/4566/dossier-especial-covid19-el-verdadero-asesino-es-el-capitalismo [255]
[2] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[3] Tregua de los Confiteros: es una tradición en Francia que en las fiestas navideñas se acuerda cesar temporalmente los conflictos.
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Desde la degeneración de los antiguos partidos obreros y de la Internacional Comunista la burguesía ha desarrollado un nuevo aparato de su dominación: la izquierda del capital, que a medida que han pasado los años ha ido formando nuevas ideologías y organizaciones izquierdistas anti-obreras. Así a los partidos socialistas y “comunistas”, al trotskismo, el maoísmo y el anarquismo, se han añadido “nuevas izquierdas” como el Frente Amplio en Chile, Podemos en España, Morena en México, Syriza en Grecia etc.
En si la izquierda del capital es muy heterogénea, ya que va desde organizaciones socialdemócratas pacifistas hasta organizaciones guerrilleras que practican el terrorismo, desde organizaciones que se dicen simplemente “progresistas” hasta partidos estalinistas totalitarios, desde el indigenismo hasta el patriotismo “popular”, etc. Hoy en día el principal enemigo del proletariado es la izquierda del capital y sus sindicatos que día a día bombardean ideológicamente a los obreros y tratan de dañar su autonomía de clase, ahora en esta denuncia solo nos concentraremos en una organización que se presenta como “nueva” y “salida de la lucha”: el Colectivo 18 de octubre[1].
Muchos trabajadores están muy decepcionados con los 30 años de “Concertación” que han seguido a la dictadura pinochetista. Han visto que Lagos o Bachelet han seguido las mismas líneas capitalistas que Pinochet y con ellos nada ha mejorado para los trabajadores, sino que, al contrario, todo ha empeorado. Han visto también que el Partido “comunista” o el Frente Amplio no han hecho otra cosa que cubrir con “críticas” más o menos “fuertes” esa política burguesa de los gobiernos socialistas.
Cara a esta constatación del engaño que han sufrido y para seguir enganchándolos al carro de la Izquierda -y a través de ella al engranaje mortal de la explotación capitalista- Iniciativa 18 de octubre nos promete que “los liderazgos que ignoraron las demandas y que se han apropiado por decenios de los espacios de poder ya no estarán. Los nuevos sectores emergentes como los nuevos liderazgos sociales, el FA que surgiera de la crítica a la política tradicional, y que no lograron encabezar este proceso de ruptura con el modelo neoliberal y nuevos Partidos que han surgido, más los liderazgos dentro de los Partidos opositores tradicionales que no se han desprestigiado y que se sumen oportunamente al cambio; de ellos, de todos ellos se configurará la nueva dirección política del periodo de cambios que viene”.
Se trata de MAS DE LO MISMO, quieren que los partidos de izquierda y extrema izquierda tengan nuevas caras, den entrada a los “sectores emergentes” y cuenten con “nuevos liderazgos sociales”. Todo eso es humo que ciega nuestros ojos, es obligarnos a seguir tropezando en la misma piedra, a seguir confiando en el Estado Capitalista, a seguir creando obstáculos y trampas a la necesidad de la autonomía de clase del proletariado, a la perspectiva de su lucha basada en asambleas generales y en cuando haya fuerza masiva los Consejos Obreros. Se trata de un engaño vil para que no avancemos hacia la única solución posible a la grave crisis que afecta mundialmente al capitalismo: la revolución proletaria mundial.
Últimamente los partidos de izquierda hablan mucho de los “jóvenes”, que son “sangre nueva”, que todos son “revolucionarios”, que ellos “cambiarán Chile”. Pero la “juventud” no es una clase, es una categoría social policlasista donde hay hijos de papá, obreros, pequeñoburgueses, lumpenes… Cuando las manifestaciones del año pasado al grito de “Chile despertó” veíamos a los jóvenes burgueses en la Alameda y en la plaza Baquedano y hasta el presidente Piñera les aplaudió diciendo que era una “marcha transversal sin colores políticos”.
Aunque la izquierda del capital sea muy heterogénea, todas se caracterizan actualmente por el apoyo a las revueltas populares multiclasistas y movimientos burgueses de liberación nacional, creer que “pueblo” es lo mismo que clase obrera, apoyo a las luchas sindicales, incentivo de una especie de “patriotismo popular” que divide a los obreros del mundo entero, mistificación de la democracia burguesa bajo las banderas del reaccionario “antifascismo” u otras ideologías demócratas “antidictaduras” , hacer creer a las masas de que el enemigo es el “neoliberalismo” y no el capitalismo de estado mundial. Empezaremos primero por el más clásico de todos en la actualidad: el apoyo a las revueltas multiclasistas, el Colectivo 18 de octubre dice “En una sociedad asediada por el abuso, la explotación y la alienación, irrumpe como una hermosa tempestad, el 18 de octubre. Millones de ciudadanos se levantan exigiendo el respeto de sus derechos como seres humanos y como ciudadanos…”
Acá vemos claramente como estos izquierdistas no solo apoyan las revueltas populares sino que también la ven como una especie de gran momento histórico que podría incluso “acabar con el sistema y sus abusos” , pero ya nosotros , los verdaderos comunistas , hemos aclarado por diversos medios a los trabajadores de que esta revuelta popular no tiene ningún futuro histórico ni tampoco ninguna relevancia para la clase obrera , por ende tampoco hace ni el daño más mínimo al sistema capitalista , esta revuelta popular solo es un movimiento caótico y desorganizado , donde el proletariado no lucha bajo su autonomía internacional de clase , sino que se pierde en el “pueblo y la patria chilena”[2] , el protagonista de esta revuelta popular , por ende , no son los trabajadores , sino estudiantes o jóvenes radicales marginales (Capas sociales sin futuro histórico) , con su violencia minoritaria e irracional . Este movimiento solo es producto de la descomposición capitalista como tal, este movimiento es solo descomposición social y no una “Revolución que pondrá fin al sistema” como pretenden engañarnos[3].
Es más, el hecho de que esta revuelta fuera multiclasista y por ende estuviera impregnada por ideologías demócratas ajenas al proletariado el sistema aprovechara a realizar reformas internas que permitirán al capitalismo perpetuarse más en el tiempo y así “calmar los ánimos de la gente” , por ejemplo la asamblea constituyente burguesa , que le dará un poco más de “oxigeno” al capitalismo moribundo . Todo lo contrario, a lo que dice la izquierda sobre esta revuelta, nosotros los internacionalistas decimos claramente que estos caóticos movimientos multiclasistas fueron un duro golpe a la conciencia y autonomía del proletariado, un golpe que perseguirá por mucho tiempo a los obreros.
Al igual que toda la izquierda -así como la Derecha- el Colectivo 18 de octubre se reclama del “pueblo” y la “ciudadanía”, nos quiere hacer creer que todos formaríamos parte del “pueblo chileno”. Prácticamente en cada línea usan la palabra “pueblo” y “ciudadanía” para referirse a los trabajadores. Con ello ocultan, primero que no somos “ciudadanos iguales de la nación” sino que somos clase explotada y oprimida, las naciones no son la “comunidad de todos los ciudadanos”, sino que están divididas en clases: la minoría explotadora y el proletariado de cuya explotación nacen las principales riquezas y servicios. Y lo segundo que ocultan es que solamente el proletariado como clase histórica y mundial puede dar una solución a los graves problemas que nos afectan en todos los países, desde el desempleo, la miseria y las guerras, hasta la pandemia o la destrucción medioambiental.
¿Qué es el pueblo y la ciudadanía en cuestión? Es una masa amorfa de un territorio nacional que une a proletarios con burgueses, cuando el proletariado no pelea en su terreno de clase, como obreros bajo asambleas generales y comités de delegados revocables, y se mezcla con otras capas sociales, dejándose al mismo tiempo llevar por ideologías capitalistas ajenas a su clase entonces lucha como “pueblo” y estallan estas revueltas sin futuro. Durante décadas los izquierdistas han usado la palabra pueblo o ciudadanía para referirse a la clase obrera con el único objetivo de dañar su autonomía de clase, pero ante la propaganda izquierdistas los obreros más combatientes y decididos deben enfrentarse a estas campañas, explicándole a sus hermanos de clase de que en el capitalismo solo existen dos clases : proletariado y burguesía , y de que el pueblo es solo una mentira y mistificación hecha para dañar más al movimiento obrero. Cabe destacar que esto no significa que individuos de otras capas no explotadoras no puedan participar en las luchas obreras , todo lo contrario , la clase obrera debe luchar para que otras capas sociales se unan a su causa internacionalista-socialista , la revolución rusa y alemana demostró lo importante que es que los trabajadores se ganen a la pequeño burguesía y a otras capas , la insurrección de Petrogrado en 1917 no pudo haber sido posible sin el apoyo de los soldados y el campesinado , pero los trabajadores deben tener cuidado y siempre estar vigilantes de que sean la pequeño burguesía quien se subordine y acepte a la dirección revolucionaria de la clase obrera y sus consejos y no al revés , pues si en cambio el proletariado se decide mezclar con otras capas y aceptar su ideología capitalista decadente entonces estallará un movimiento sin futuro donde los trabajadores no ganarán nada y terminarán más atomizados que antes[4].
Otra cosa que este grupo propaga en su manifiesto, y de una forma muy ridículamente exagerada, es el patriotismo, patriotismo que muchas veces la izquierda del capital lo disfraza de “patriotismo popular”, y es que nos faltaría espacio y tiempo en este artículo para citar las innumerables veces en que este grupo anti- obrero usa el término “chilenos”. El proletariado es una sola clase a nivel mundial, el capitalismo de estado existe a escala planetaria debido al trabajo asociado de millones de proletarios alrededor de todo el globo, y por ende la auténtica destrucción del capital y sus instituciones se realizará con la actividad revolucionaria de todos los trabajadores del mundo, o sea, LA REVOLUCION COMUNISTA MUNDIAL DE LOS CONSEJOS OBREROS , debido a eso cualquier forma de ideología que tienda a dividir a los obreros por países , fábricas o sectores es simplemente reaccionaria . La patria o los estados naciones son simplemente una gran unidad productiva que aparecieron en los primeros siglos de acumulación originaria del capital y tenían como única función diferenciar las riquezas y dominios de una clase burguesa en ascenso con otra , así que en palabras simples la patria o el estado es solo eso : una gran propiedad privada , controlada por una burguesía local para administrar sus ganancias , por eso es que el patriotismo es una ideología simplemente reaccionaria , que lo único que busca es proteger el estado burgués, y preparar a los proletarios para una futura carnicería imperialista . Cuando este colectivo 18 de octubre hace tanta apología a los “chilenos” y a la “patria” solo nos demuestra una vez más que tan enemigos del movimiento obrero son esta gente.
Los proletarios no tienen patria, dice el Manifiesto Comunista. La Patria no es nuestra, es la propiedad privada de todos los capitalistas reunidos en el Estado. Chile no es nuestro, es DE ELLOS. No somos ni chilenos, ni peruanos, ni argentinos, somos únicamente CLASE OBRERA.
Iniciativa 18 de octubre propone a los obreros “ganarse” a ¡los capitalistas! pues nos dice que “un reto fundamental será, ser capaces de ganar e incluir a los Sectores Medios y Pequeños empresarios que marcaran la diferencia para que socialmente se logre construir la Gran Mayoría Ciudadana que sea la fuerza del cambio, con expresión Nacional, Regional y Local”
Iniciativa 18 de octubre dice a los obreros que se unan a quienes les explotan, les hacen trabajar más y más horas, hacen de los centros de trabajo verdaderas cárceles, viven a costa de sacarles la máxima plusvalía. ¡Pide que el cordero se someta al lobo! Pide que los obreros se sometan al capitalismo, se pongan de rodillas ante su explotación so pretexto de ¡ganarlos!
Con esas políticas no son los obreros quienes “ganan” a los capitalistas (cosa imposible porque sus intereses son antagónicos) sino que es el Capitalismo quien gana y aplasta a los obreros. El “socialismo” de Iniciativa 18 de octubre, como toda la izquierda y extrema izquierda, es, como denunció el Manifiesto Comunista “Todo el socialismo de la burguesía se reduce, en efecto, a una tesis y es que los burgueses lo son y deben seguir siéndolo ... en interés de la clase trabajadora”[6].
La izquierda y extrema izquierda del capital durante la década de los 20, cuando la oleada revolucionaria fue derrotada, nace de la mano con los frentes populares y los “gobiernos obreros” la ideología “antifascista” , que solo representa a la burguesía democrática y “más humanitaria” y que tenía como único fin proteger los estados democráticos y sus gobiernos parlamentarios frente al fascismo que comenzaba a surgir , o sea , buscaban defender al capitalismo democrático , lo cual los hacia enemigos del proletariado , sin contar el hecho de que los antifascistas fueron los precursores de la guerra civil española[7] y por ende tomaron parte en la segunda guerra mundial , la mayor carnicería imperialista que le costó la vida a millones de obreros alrededor de todo el mundo . Pues bien esta ideología como tal creó nuevas mistificaciones sobre la democracia burguesa, haciéndole creer a los trabajadores de que “la democracia es un mal menor frente al fascismo o dictaduras militares” , por ende durante las dictaduras militares la izquierda del capital luchaba bajo las banderas de la “democracia” y el “antifascismo” nuevamente (pese a que las dictaduras militares no eran fascistas en absoluto) , lo que hizo que grandes partes del proletariado se unieran nuevamente a las ideologías burguesas democráticas y republicanas y perdieran sus objetivos comunistas revolucionarios , para la izquierda del capital lo peor del mundo son solo las dictaduras militares y nada más , y es que este nuevo colectivo llamado 18 de octubre dice “En Chile se levanta después de 30 años de sumisión la exigencia de cambios estructurales y del modelo neoliberal, con una nueva Constitución que consagre los derechos de las personas, cambios en el rol y organización del Estado…” Esto nos demuestra que para estos burgueses izquierdistas el enemigo de fondo no es la democracia, los sindicatos y la izquierda, que son los auténticos responsables de las derrotas de las luchas obreras mundiales, sino solo las “dictaduras militares”, ¿acaso a estos izquierdistas se les olvidó de que fue la propia izquierda y la democracia quienes llamaron a los militares al poder? Quieren que olvidemos que en una concentración en la Casa de la Moneda fue Allende quien pidió a las masas que aplaudieran a Pinochet a quien llamó “general defensor de la Constitución”. ¿No fue casi lo mismo lo que ocurrió en Alemania en 1920 donde la socialdemocracia, luego de aplastar al proletariado, permitió que las freikorps contrarrevolucionarias hicieran un golpe de estado? Si algo nos demuestra es que la izquierda y la democracia no solo van de completamente de la mano con las dictaduras y la derecha, sino que técnicamente las dictaduras “de derecha” no podrían existir si no fuera por la izquierda y su democracia parlamentaria, que con su aparato sindical ataca ideológicamente a los obreros sin descanso. El Estado democrático es tan explotador y bárbaro como sus rivales del fascismo o la dictadura militar, la ideología burguesa demócrata “anti- dictadura” y “anti- pinochetista” de la izquierda , los sindicatos y los antifascistas debe ser combatida enérgicamente por los proletarios, las derrotas decisivas de los obreros fueron gracias a la democracia parlamentaria , ¿en dónde creen que se han cometido mayores atrocidades y derrotas a los trabajadores , en 150 años de historia republicana-demócrata o solo en 17 años de dictadura militar? La respuesta es más que obvia, pero la izquierda del capital no le cuenta eso a los trabajadores.
La Iniciativa 18 de octubre nos propone dentro de esa lógica frentista de “todos los chilenos unidos” llegar a un Gobierno Ciudadano: “influir en la construcción colectiva de un programa de transición que logre agrupar una amplia mayoría, para en democracia, ser parte de un futuro gobierno ciudadano que siente las bases del desmontaje del modelo neoliberal y ponga en marcha una democracia de todos y para todos”.
En Chile hemos tenido durante los últimos 30 años cuando nos “liberaron” de la dictadura pinochetista gobiernos de todos los colores: desde el centro de Alwyn hasta el “socialismo humano” de Bachelet, pasando por los dos gobiernos de derecha de Piñera. ¿Qué han hecho? Pues solamente una cosa: agravar la explotación, acrecentar la miseria, aumentar las cifras de desempleo, aumentar la represión… ¡Nada ha cambiado!
Y nos proponen seguir tropezando en la misma piedra, seguir confiando en un ilusorio “gobierno ciudadano”. Un gobierno no es sino el defensor en la cúpula del Estado de los intereses capitalistas. Sus promesas antes de ejercer el gobierno son muy bonitas y muy “para el pueblo”, pero cuando toman las riendas del gobierno lo único que hacen es servir a los capitalistas y reforzar la explotación, meternos en toda clase de aventuras guerreras.
¿Qué ha pasado con los gobiernos del “pueblo” como los de Syriza en Grecia, los del PSOE- Unidas Podemos en España, ¿el de MORENA en México y su Cuarta Transformación o el de Evo Morales en Bolivia? No solamente nada ha cambiado, sino que la explotación, el desempleo, la miseria, la represión, la pandemia, se han hecho mucho peores[8].
Todo gobierno, y especialmente los gobiernos de izquierda, LO QUE DICEN CUANDO ESTAN EN LA OPOSICION NUNCA LO HARÁN y CUANDO ESTÁN EN EL GOBIERNO HACEN LO QUE NUNCA HABÍAN DICHO. Y esto a los auténticos comunistas no nos sorprende pues el Gobierno es el instrumento del Estado Capitalista y este, con cualquier gobierno y escondido con los ropajes de la democracia, es siempre LA DICTADURA DEL CAPITAL, la dictadura de la minoría explotadora sobre la mayoría explotada.
La última patraña ideológica de la izquierda del capital, y que es muy común en la actualidad que en las huelgas sindicales y movimientos populares multiclasista dirigidos por la izquierda anti- marxista ver pancartas y gritos como “muerte al neoliberalismo” o “Chile será la tumba del neoliberalismo”[9], pero ¿de verdad existe eso llamado “neoliberalismo”? nuestra respuesta como verdaderos comunistas es NO , el neoliberalismo es un invento de la izquierda para esconder al auténtico enemigo de clase que los obreros deben combatir : EL CAPITALISMO DE ESTADO . En este periodo de decadencia capitalista, originado desde la primera guerra mundial, el capital ha llegado a sus límites históricos y no puede sobrevivir solo, por ende, necesita cada vez más del estado para poder mantenerse, y esto se comprobó en las recientes crisis donde los estados, a través de distintas inversiones y prácticas, salvaron a miles de empresas de la bancarrota. El único momento histórico en que la iniciativa privada regia y el liberalismo laissez faire podía funcionar era en el periodo de ascensión del capitalismo, cuando el capital, para sobrevivir a sus crisis juveniles, conquistaba nuevos mercados no-capitalistas, pero ahora el capitalismo y el estado son uno solo, y los obreros no pueden enfrentarse al capital sin enfrentarse al estado. De la misma forma tenemos que aclararle los peligros de las nacionalizaciones y estatismo al público obrero, pues si el capitalismo de estado es el verdadero y único sistema que rige a escala mundial, las nacionalizaciones son la forma en que se asentará y reforzará este modo de producción , las nacionalizaciones , muy practicadas por la izquierda con sus frentes populares y muy alabadas por los sindicatos , solo buscan fortalecer al capital nacional y reforzar el contra- insurgente estado burgués , por ende los obreros deben combatir contra esas nacionalizaciones que solo buscan defender el capitalismo estatal-nacional aún más[10] .
También hay que hacer especial mención de que detrás del discurso “anti transnacional” y de “soberanía” de este grupúsculo llamado 18 de octubre se encuentra solo la rancia ideología nacionalista y chovinista, apoyada por sectores no explotadores como el campesinado y los indígenas.
Para Iniciativa 18 de octubre “En Chile se levanta después de 30 años de sumisión la exigencia de cambios estructurales y del modelo neoliberal, con una nueva Constitución que consagre los derechos de las personas, cambios en el rol y organización del Estado, una distribución equitativa de las riquezas, aspirando refundar un futuro modelo de desarrollo con justicia y dignidad y ponga fin a la desigualdad reinante en todas las esferas de la vida”.
Con esta palabrería justifican el apoyo a la asamblea constituyente capitalista, y es que ya hemos aclarado varias veces a los lectores obreros de que a asamblea constituyente es una histórica trampa que la burguesía tiene para aplastar a los obreros , y es que la asamblea constituyente solo revalida la democracia y por ende la dictadura de la burguesía , durante la revolución rusa la burguesía con su partido menchevique buscaban realizar la asamblea constituyente para aplastar al proletariado insurgente y sus soviets , pero los trabajadores lograron prevenir la trampa e impidieron la asamblea constituyente , en Alemania ocurrió lo mismo , pero el proletariado y los Espartaquistas no corrieron la misma suerte , y la república de Weimar con su democracia parlamentaria nació a partir de la sangre de los obreros sublevados , aplastado a los consejos de obreros y soldados , da lo mismo si la asamblea constituyente de la izquierda se aprueba o no , los capitalistas y su democracia seguirán aplastando a los trabajadores . Sin embargo lamentablemente acá no podemos decir que toda la izquierda del capital apoya la asamblea constituyente como tal, pues sectores más “Radicales” de la extrema izquierda (comunizadores , anarquistas , foquistas-guevaristas) se oponen , pero eso sí , a favor de continuar con la revuelta multiclasista o incluso apoyando el terrorismo guerrillerista , o sea , métodos completamente anti proletarios y anticomunistas.
Como conclusión podemos decir que el colectivo 18 de octubre es otra de las tantas organizaciones izquierdistas a los que el proletariado debe combatir y superar, donde los obreros comunistas les esclarezcan a las masas el peligro de ese sector llamado: IZQUIERDA DEL CAPITAL
Simpatizantes de la CCI en Chile 6-12-20
[1] Colectivo 18 de Octubre (@colectivo18deoctubre) • Fotos y videos de Instagram.
[2] Ver la serie de artículos que hemos publicado sobre la situación en Chile: Chile: EL DILEMA NO ES DICTADURA – DEMOCRACIA SINO BARBARIE CAPITALISTA O LUCHA DE CLASES PROLETARIA https://es.internationalism.org/content/4615/chile-el-dilema-no-es-dictadura-democracia-sino-barbarie-capitalista-o-lucha-de-clases [456]
[3] Para ver qué es lo que llamamos Descomposición del Capitalismo ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[4] Sobre la revolución en Rusia 1917 hemos escrito numerosos documentos. Ver en particular: Manifiesto de la Corriente Comunista Internacional sobre la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia La revolución mundial es el único futuro de la humanidad https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201710/4237/manifiesto-de-la-corriente-comunista-internacional-sobre-la-revolucion [277] y Lista de artículos sobre la revolución rusa https://es.internationalism.org/cci-online/200805/2245/lista-de-articulos-sobre-la-revolucion-rusa [235]
[5] Ver nuestro folleto Nación o Clase https://es.internationalism.org/cci/200606/968/nacion-o-clase [169]
[7] Ver nuestro libro ESPAÑA 1936: FRANCO Y LA REPUBLICA MASACRAN A LOS TRABAJADORES https://es.internationalism.org/cci/200602/539/espana-1936-franco-y-la-republica-masacran-al-proletariado [415]
[8] Ver Evo al desnudo https://es.internationalism.org/cci-online/200606/981/evo-al-desnudo [457] , El nacionalismo feroz de Syriza /content/4084/el-nacionalismo-feroz-de-syriza [367] y la tercera parte de la Serie Los gobiernos de izquierda en defensa de la explotación capitalista https://es.internationalism.org/content/4625/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-iii-la-trampa-esta [458]
[9] Ver ¿Crisis del neoliberalismo o crisis del capitalismo? https://es.internationalism.org/cci-online/200810/2380/crisis-del-neoliberalismo-o-crisis-del-capitalismo [459]
[10] Ver La experiencia rusa: propiedad privada y propiedad colectiva https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2089/la-experiencia-rusa-propiedad-privada-y-propiedad-colectiva [368] y El carácter reaccionario de las nacionalizaciones en la fase imperialista del capitalismo (textos de la Izquierda Comunista Mexicana) https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/200807/2291/un-texto-de-la-izquierda-comunista-mexicana-gtm-1938 [381]
[11] Ver Chile: ¡En contra de la asamblea constituyente! ¡vamos por la verdadera autonomía e internacionalismo del proletariado! https://es.internationalism.org/content/4555/chile-en-contra-de-la-asamblea-constituyente-vamos-por-la-verdadera-autonomia-e [160]
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Después de la Reforma Agraria que implementó el gobierno militar de fines de los 60[1], asistimos desde mediados de la década de los 90 a un proceso de reconcentración de las tierras en una serie de grupos industriales burgueses, que desde entonces las dedican al pingue negocio de la Agro - exportación de frutas y hortalizas al mercado norteamericano y europeo. Las mayores empresas se ubican al norte (La Libertad, Lambayeque, Ancash) y al sur de Lima (Ica).Actualmente estos capitalistas agrarios son dueños de casi medio millón de hectáreas y del agua en esas regiones, gozando además de incentivos y exoneraciones tributarias otorgadas por los sucesivos gobiernos de turno. La Agroindustria peruana se ha convertido en la "niña mimada", en el "sector bandera" de la economía peruana (tradicionalmente acaparado por la minería) y es el que hoy genera las mayores ganancias y goza de abundantes incentivos y jugosas exoneraciones tributarias por parte del Estado.
Los obreros que laboran en esas fábricas y tierras provienen de la migración y de los poblados que rodean las propiedades y a medida que el sector entraba en bonanza mayor era la contratación de "mano de obra". Tantos obreros han sido contratados que la burguesía hablaba de Ica como de una "región modelo con pleno empleo", una suerte de paraíso económico, digno de imitarse en el resto del país. Pero la propaganda del Estado y los capitalistas agroindustriales no hacían sino ocultar las tenebrosas condiciones de explotación de los obreros agrarios. Salarios miserables de 39 o menos soles diarios; no CTS[2] ni gratificaciones; presión y chantaje para aumentar la productividad y cuotas de productos. Largas jornadas que empiezan a las 3 am hasta entrada la noche, bajo un sol abrazador y en posturas y labores dañinas para la salud, debiendo soportar además los gritos y maltratos de los capataces, siendo obligados los trabajadores a laborar en silencio prohibiéndose cualquier tipo de ayuda o solidaridad entre ellos. La necesidad de fuerza de trabajo ha llevado a los capitalistas incluso a contratar niños para la recolección. Por supuesto, todo acompañado de la permanente amenaza de despido o el no pago del jornal si es que hubiera reclamos contra estas miserables condiciones de trabajo.
Desde la vacancia a Pedro Pablo Kuczynski a finales de 2017 hasta la fecha, han desfilado por el Congreso 4 presidentes. El penúltimo solo duró una semana en el poder. Además, el actual “gobierno de transición”, que no completa todavía un mes en su ejercicio, ya ha tenido tres ministros del Interior. Los hechos de corrupción crecen sin parar, como un cáncer que carcome las instituciones burguesas y que tanto “denuncian” los medios de comunicación, no son más que una expresión agudizada de la fase histórica de descomposición del sistema capitalista[3]. Mientras todo esto sucede, las ganancias de los grandes capitales peruanos aumentan, alcanzando niveles que hacen que sus potentados en nada se lamenten de la pandemia. La prolongación de esta situación en el tiempo, a lo que se agregan el impacto económico y social de la pandemia, la incapacidad de desarrollar una estrategia sanitaria capaz de frenar la ola de contagios y finalmente, las maniobras de las facciones burguesas confrontadas en el congreso, que terminaron en la vacancia del expresidente Martín Vizcarra, fueron la gota que derramó el vaso. La explosión de la indignación social llevó a los hechos del 14 de noviembre, con la muerte de dos jóvenes, lo que aumentó la presión sobre la cúpula gubernamental, que no habría vacilado en continuar asesinando si así fuese necesario. En este ambiente de protesta y reclamo, surge el paro agrario. Todo hace suponer que se aprovechó este momento para plantear lo que posiblemente ya venía gestándose en este sector de la producción. Además, hay que hacer notar que a pesar de que el sistema capitalista está hundido en la crisis económica y que la burguesía peruana no escapa a sus efectos, esta ha podido, por el momento, mantener cierto control sobre la situación social. Es cierto que una de las tendencias dominantes del capitalismo en descomposición es que la burguesía pierda el control sobre sus fuerzas políticas, como se explicó al principio de este apartado; sin embargo, esta comprendió rápidamente que podría acabar en otra versión de lo ocurrido en otros países, como Chile[4], por ejemplo. La actitud obstinada, predominante hasta el breve gobierno de Merino, dio paso a una más “conciliadora”, más “atenta a las demandas del pueblo”. En vez de plantear una Constituyente o una reforma de la Constitución, como paliativo inmediato, se proyecta la idea de que habrá que esperar hasta las elecciones del próximo año, para llevar a buen puerto al “gobierno de transición”. Por el momento, este gobierno de turno vende la mentira de que los reclamos de los trabajadores serán escuchados, que las injusticias cometidas serán enmendadas. Algunas evidencias al respecto, serían la derogación de la Ley de Promoción Agraria, para evitar, además, que la conflictividad social pase a ser liderada por los trabajadores, la aprobación por parte del Congreso de la devolución del dinero a los aportantes del sistema de pensiones (ONP), aprobación por el Congreso de ley de formalización de taxis colectivos, así como la aprobación de la eliminación de la inmunidad parlamentaria, planteamiento político burgués surgido mucho antes de la llegada de la pandemia. A esto se suman otros hechos, como la reforma de la Policía Nacional y el pase a retiro de parte del alto mando policial. Esto parece indicar, que el sector de la burguesía que está ahora a la cabeza del Estado y algunos partidos en el Congreso, enfilan sus baterías en una estrategia con tufo populista, de manera de asegurar una participación exitosa y nuevas cuotas de poder en los comicios del año entrante. En síntesis, esto indica que las facciones burguesas son capaces de poner a un lado momentáneamente sus diferencias y actuar de forma coordinada, cuando los trabajadores aparecen en escena y cuando sus prebendas y beneficios económicos se ven amenazados. También, muestra que el arsenal ideológico y los engaños no se han agotado y que los trabajadores no debemos caer en sus trampas ni confiar en sus promesas. Aunque la burguesía peruana ha logrado correr la arruga, debemos estar conscientes de que, a final de cuentas, no será capaz de dar respuesta a los graves problemas sociales ni renunciará a continuar explotando al proletariado; tampoco será capaz de evitar las confrontaciones en su seno, cada facción seguirá defendiendo con uñas y dientes sus cuotas de poder. Solo una acción unida, organizada de los trabajadores, poniendo en práctica los métodos de lucha naturales al movimiento obrero, podrá poner fin a esta pesadilla del capitalismo en descomposición.
Afirmamos que a diferencia de las movilizaciones ciudadanistas en Lima, esta huelga de los obreros de las empresas agroindustriales ha tenido un neto contenido de clase. El proletariado demostró su fuerza y capacidad cuando asume directamente su lucha contra la explotación. Las obreras y obreros de Ica comenzaron protestando contra las insoportables y tormentosas condiciones de trabajo y a la vez que paralizaba las labores, se dirigía a tomar la carretera Panamericana para hacerse oír.
- La huelga es la principal arma de lucha de los trabajadores. Así lo comprendieron los obreros de los diversos fundos y empresas que coordinaron paralizar en masa y salir a la carretera. Asimismo, los obreros y obreras dirigieron directamente, sin intermediarios, la lucha plasmando diversas formas de auto organización como los piquetes o las ollas comunes. En Ica, la inexistencia de sindicatos impidió cualquier tipo de maniobreo o subordinación de los huelguistas al desviacionismo y el boicot a la lucha propios del sindicalismo.
-Se manifestó una clara identidad de clase y el llamado a que otros trabajadores se solidaricen y se sumen a la lucha. Pudimos oír frases tales como "Nosotros los obreros somos los que producimos la riqueza para que ellos estén bien"; o “abajo la explotación”, “aumento de salario", etc. Todo esto, marca una neta diferencia, por ejemplo, con las movilizaciones ciudadanistas en Lima, dos semanas antes. Todas las reivindicaciones y pancartas de los trabajadores agitaban consignas CONTRA LA EXPLOTACIÓN CAPITALISTA. Ningún llamado propio de la letanía democrática como "Nueva constitución”, “derechos del pueblo" o "defensa de la patria" se escuchó en los 5 días de lucha obrera.
Y, pese a la brevedad de la huelga, los obreros de Ica recibieron la solidaridad de sus hermanos de clase de los valles de Moche y Viru, en el Norte, quienes, a su vez, impulsaron la huelga en su zona con el saldo de un obrero asesinado por las hordas policiales.
-Pese al fuerte instinto de clase que marcó la huelga, las debilidades que aquejan en la actualidad al proletariado mundial se pudo ver reflejado también en esta lucha. Por ejemplo, la ilusión legalista y democrática de creer que la derogatoria de la Ley de Promoción Agraria, es un "triunfo" cuando en realidad es que un cambio de leyes jamás puede cambiar la situación objetiva de la explotación cuya raíz es la diferencia de clases, la explotación asalariada, el Estado burgués, el Capitalismo. Nada de eso se pudo percibir. La huelga no logró superar un estadio reivindicativo, necesario, pero no suficiente para avanzar hacia la solución de los graves problemas que aquejan al proletariado y a toda la humanidad oprimida.
-Algunas manifestaciones nacionalistas, tales como enarbolamiento de algunas banderas peruanas en las barricadas, pero pocas comparadas con la orgia patriotera exhibida por los manifestantes de las marchas ciudadanistas en Lima.
En síntesis, aunque estas protestas del sector agrario comparten un contexto político y social, signado por las pugnas entre facciones de la burguesía y el impacto económico y social de la pandemia, ellas se diferencian de las que se dieron en los días cercanos al 14 de noviembre. En ese sentido, nada tienen que ver con el lamento impotente del movimiento ciudadano, con el resentimiento de sectores de la pequeña burguesía que se sienten desplazados y amenazados por la crisis, que se ven cada vez más cerca de la pobreza que azota a otras capas explotadas y que fijan sus esperanzas en una imposible “regeneración moral” de la podrida élite política. La lucha del proletariado, en nada se parece a los lloriqueos de toda esa panda de periodistas, intelectuales y políticos, que piden instituciones fuertes “que pongan orden”, que repriman toda manifestación de protesta o indignación de la población, apagándolas a sangre y fuego. Tampoco se parece a las acciones desesperadas y estériles del terrorismo o del golpismo, hijos predilectos del voluntarismo fanático de las ideologías pequeñoburguesas, que también quieren imponer sus propios intereses y asumir la dirección del Estado para continuar la explotación de los trabajadores. En el fondo, el objetivo final del proletariado es destruir el sistema capitalista, con todas sus instituciones, no cambiar a un verdugo por otro, a una gerencia por otra, que dejaría intacta la maquinaria que perpetua la miseria social y que amenaza la existencia misma de la humanidad.
Al momento del cierre de este artículo, los trabajadores agrarios han vuelto a la escena, esta vez, para reclamar la no aprobación en el Congreso de un texto que represente un nuevo régimen laboral. Nuevas acciones de bloquear la carretera Panamericana Sur por un día se desarrollaron, ya que no se aprobó lo solicitado, es decir, una remuneración basada en el 45% del salario mensual, esto significa 73 soles por jornada fuera de gratificaciones y CTS. Este amago de la burguesía, que encierra el peligro de meter la lucha en un laberinto burocrático, hasta agotarla y desmoralizar a los trabajadores, para quitar potencia a su iniciativa, es una treta ya conocida, con los sindicatos como cómplices.
Si bien ha habido alguna expresión de auto organización, ha habido debilidades. Se nota una gran decisión por luchar, pero no habido asambleas y/o un Comité de Huelga que centralice la lucha. Se ha confiado la negociación a los "dirigentes" y pasivamente se han sentado a esperar por 15 días. Cuando han visto que el Congreso no aprobaba el pedido de aumento de salarios, inmediatamente los obreros han salido a cuestionar que los estén engañando y han retomado nuevamente la huelga.
Los trabajadores ahora piden también la destitución del actual presidente y la reyerta ha dejado hasta ahora un saldo de 26 policías heridos, además, desde el Ministerio del Interior se pidió a los manifestantes que despejen la vía y se escuchan voces que claman por imponer “mano dura”. En un acto de provocación, infiltrados en la protesta quemaron una ambulancia, lo cual es parte de una estrategia, apoyada por los medios de comunicación, para crear en la población una matriz que rechace la protesta. Finalmente, el gobierno de Sagasti desata una brutal represión contra los trabajadores, ahogando a las comunidades aledañas a la protesta en gas lacrimógeno, usando incluso armas de fuego contra los manifestantes, causando heridos, utilizando helicópteros y carros de combate, para apoyar un enorme contingente de fuerzas policiales y militares que no repararon en desatar su furia contra una población indefensa, alegando que no son manifestantes sino “vándalos” que quieren causar un daño a los vehículos en incluso a las propiedades de los grandes empresarios. Las empresas agrícolas han suspendido sus operaciones, pidiendo el “restablecimiento del orden público, la seguridad y libre tránsito” en La Libertad e Ica, señalando que la paralización se mantendrá “hasta que se restablezca el Estado de derecho”. Estas acciones están dirigidas, primero, a crear una imagen caótica, desastrosa y sin sentido de la protesta, para satanizarla, además, dividir a los trabajadores, utilizando el chantaje de que la paralización de actividades significará pérdidas de ingreso y empleo para unos 100 mil trabajadores. No contentos con esto, las grande empresas tratan de descargar todo el rechazo que sienten los trabajadores por la explotación que sufren en otras más pequeñas, diciendo que “muchos trabajadores del campo han visto vulnerados sus derechos durante muchos años por culpa de empresas tramposas” [5] , con lo cual tratan de confundir con respecto a su responsabilidad directa en la precarización de las condiciones salariales y de vida de los trabajadores, además de la hipocresía que exhiben, ya que no dicen nada de los costos de producción que reducen contratando a estas pequeñas empresas intermediarias.
Hay que destacar, que uno de los aspectos centrales de la estrategia de la burguesía, es mantener enredados a los trabajadores en el fetichismo democrático[6] , en la falsa visión que considera al Estado no como el aparato de dominio de los capitalistas sobre la clase trabajadora sino como una suerte de árbitro, de poder neutral, por encima de las clases, del cual pueden, presionándolo, hacerlo interceder para así, obtener leyes que reconozcan mejoras y aumentos. Esta visión, es alimentada por supuesto por todas las organizaciones la izquierda del Capital, como las Federaciones y sindicatos agrarios, las ONG como CONVEAGRO, la CGTP, congresistas de izquierda y algunos dirigentes de los propios obreros en lucha, que, cual bomberos, están negociando con las patronales y el Ministerio del trabajo negociaciones en las cuales todos están de acuerdo en afectar lo menos posible las ganancias de la burguesía agroindustrial, limitando el aumento de salario a 54 soles, lo cual ha provocado que los obreros indignados hayan salido de nuevo a tomar las carreteras en Ica y los valles norteños. Los obreros intuyen que en esas altas esferas de negociación se está cocinando una nueva estafa contra ellos, que los están "meciendo”, sin comprender que esos grupúsculos que negocian en su nombre son parte también de la clase explotadora.
Aunque los trabajadores no pueden renunciar a las luchas reivindicativas, momento que puede ser aprovechado para debatir y sacar lecciones, deben comprender que quedarse en este terreno es una trampa que siempre llevará al callejón sin salida de las trampas leguleyas y del respeto a la Constitución. La verdadera liberación de los trabajadores vendrá cuando hagan saltar en pedazos al orden burgués, con sus leyes, sus constituciones y sus sindicatos, planteando así una verdadera transformación que libere también a la humanidad de este sistema social putrefacto.
Internacionalismo Perú sección de la Corriente Comunista Internacional 24/12/2020
[1]Gobierno del general Velasco Alvarado (1968-75) que se presentó como “gobierno del pueblo” con una fuerte demagogia nacionalista y popular.
[2]CTS: Compensación por Tiempo de Servicio, es una indemnización por despido o finalización de contrato laboral. Es bastante miserable.
[3] “Así, la fase de descomposición de la sociedad capitalista no aparece únicamente como la continuación cronológica de las caracterizadas por el capitalismo de Estado y la crisis permanente. En realidad, las contradicciones y expresiones de la decadencia del capitalismo que la han ido marcado sucesivamente en sus distintas fases se mantienen e incluso se han profundizado, de tal modo que la fase de descomposición es la resultante de la acumulación de todas esas características de un sistema moribundo, la fase que remata tres cuartos de siglo de agonía de un modo de producción condenado por la historia […] La ausencia total de perspectivas de la sociedad actual se expresa con todavía mayor evidencia en lo político e ideológico. Por ejemplo: la increíble corrupción que está aumentando, prosperando en los aparatos políticos, la oleada de escándalos en la mayoría de los países, como en Japón, donde resulta cada día más difícil distinguir aparato de gobierno y hampa gansteril […]”. https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[4] Ver una colección de artículos sobre los acontecimientos chilenos en Chile: EL DILEMA NO ES DICTADURA – DEMOCRACIA SINO BARBARIE CAPITALISTA O LUCHA DE CLASES PROLETARIA https://es.internationalism.org/content/4615/chile-el-dilema-no-es-dictadura-democracia-sino-barbarie-capitalista-o-lucha-de-clases [456]
[5] https://elcomercio.pe/economia/peru/firmas-agricolas-anuncian-suspension-de-operaciones-para-evitar-violencia-contra-sus-instalaciones-nndc-noticia/ [461]
[6] “Esa visión idílica y crédula de la «democracia» es un mito. La «democracia» es el taparrabos ideológico que sirve para ocultar la dictadura del capital en sus áreas más desarrolladas. No hay diferencia fundamental de naturaleza entre los diferentes modelos que la propaganda capitalista opone unos a otros por las necesidades de sus campañas ideológicas de mistificación. Todos los sistemas pretendidamente diferentes por su naturaleza, que han servido de estandarte a la propaganda democrática desde principios de siglo, son expresiones de la dictadura de la burguesía, del capitalismo. La forma, la apariencia pueden variar, pero no el fondo […] En su forma más sofisticada de la dictadura del capital que la «democracia» es, el capitalismo de Estado debe afrontar el reto de hacer creer que reina la mayor libertad. Para ello, a la coerción brutal, a la represión feroz se le prefiere, cuando es posible, la manipulación suave que permite llegar al mismo resultado sin que la víctima se entere.” https://es.internationalism.org/revista-internacional/199404/1856/como-esta-organizada-la-burguesia-i-la-mentira-del-estado-democrat [337]
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"Así es como los resultados son contestados en las repúblicas bananeras". La declaración se produjo después de la intrusión en el Capitolio de varios cientos de partidarios de Donald Trump que vinieron a interrumpir la certificación de la victoria de Joe Biden el 5 de enero. Uno pensaría que un juicio tan duro de la situación política de los Estados Unidos habría venido de alguien visceralmente hostil a ese país, o de un "izquierdista" americano. Nada de esto: su autor es el expresidente George W. Bush, que también es miembro del mismo partido que Trump. Esto muestra la seriedad de lo que ocurrió ese día en Washington. Unas horas antes, al pie de la Casa Blanca, el presidente derrotado, como un demagogo del Tercer Mundo, había calentado a sus partidarios: "¡Nunca nos rendiremos! ¡Nunca concederemos la derrota! [...] ¡Nunca recuperaremos nuestro país siendo débiles! Sé que todos aquí pronto marcharán al Capitolio, pacíficamente, patrióticamente, para hacer que sus voces sean escuchadas”. Siguiendo este llamado a la revuelta, la multitud vengativa, liderada por las hordas facistoiodes de los "Proud Boys", sólo tuvo que subir al Paseo Nacional hacia el Capitolio y asaltar el edificio, bajo el ojo vigilante de las fuerzas de la ley. ¿Cómo es que los cordones de los policías encargados de proteger el acceso al Capitolio pudieron dejar pasar a los asaltantes, mientras que las impresionantes medidas de seguridad durante las protestas de Black Lives Matter frente al mismo edificio evitaron cualquier desbordamiento? Estas terribles imágenes sólo podían dar lugar a la teoría de que el asalto a este emblema de la democracia americana era un "9/11 político".
Sin embargo, ante el caos, las autoridades no tardaron en reaccionar: se desplegaron las tropas antidisturbios y la Guardia Nacional, se oyeron disparos que causaron cinco muertos, se instauró un toque de queda mientras el ejército patrullaba las calles de Washington... Estas imágenes, totalmente alucinantes, recuerdan en efecto las noches post electorales de las "repúblicas bananeras" de los países del Tercer Mundo desgarradas por las rivalidades sangrientas de las camarillas mafiosas. Pero estos eventos, que sido titular mundial varios días, no son el producto de un exótico general megalómano. Tuvieron lugar en el corazón de la principal potencia mundial, que presume de ser la "mayor democracia del mundo".
La "profanación del templo de la democracia americana" por una multitud compuesta de supremacistas blancos armados con palos de selfish, milicias armadas fanáticas y desquiciadas, o un conspirador que lleva un casco con cuernos, es una expresión flagrante de la creciente violencia e irracionalidad que asola a la sociedad de los Estados Unidos. Las fracturas dentro de su aparato político, la explosión del populismo desde la elección de Trump, son ilustraciones elocuentes de la putrefacción de la sociedad capitalista sobre el terreno. De hecho, como hemos estado señalando desde finales de los años 80[1], el sistema capitalista, que entró en decadencia con la Primera Guerra Mundial, se ha ido hundiendo durante varias décadas en la fase final de esta decadencia, la de la descomposición. La manifestación más espectacular de esta situación fue el colapso, hace tres décadas, del bloque ruso. Este considerable acontecimiento no fue simplemente un signo de la fragilidad de los regímenes que gobernaban los países de ese bloque. Expresaba un fenómeno histórico que afectaba a toda la sociedad capitalista a escala mundial y que ha ido empeorando desde entonces. Los Estados más poderosos habían logrado hasta ahora lanzar los efectos más espectaculares hacia las ya frágiles regiones "periféricas": multitudes enfurecidas que servían de carne de cañón para los intereses de tal o cual camarilla burguesa, ultra- violencia a diario, la más negra miseria que aparecía en cada esquina, la desestabilización de los Estados, incluso de regiones enteras... Todo esto parecía ser la prerrogativa de las "repúblicas bananeras".
En los últimos años, esta tendencia general ha afectado cada vez más explícitamente a los países "centrales". Por supuesto, no todos los estados se ven afectados de la misma manera, pero está claro que la descomposición está golpeando ahora con fuerza a los países más poderosos: la multiplicación de los atentados terroristas en Europa, las victorias sorpresivas de individuos tan irresponsables como Trump o Boris Johnson, la explosión de ideologías irracionales y, sobre todo, la desastrosa gestión de la pandemia de coronavirus, que por sí sola expresa la aceleración sin precedentes de la descomposición[2]... Todo el capitalismo mundial, incluidas sus partes más "civilizadas", avanza inexorablemente hacia la barbarie con convulsiones cada vez más agudas.
Si bien los Estados Unidos son ahora los más afectados por este pudrimiento en la raíz entre los países desarrollados, también representan una de las principales fuentes de inestabilidad. La incapacidad de la burguesía para impedir que un títere multimillonario y populista se convirtiera en presidente, producto de los "reality shows", ya expresaba un creciente caos en el aparato político americano. Durante su mandato, Trump continuó profundizando las "fracturas" raciales y de otro tipo de la sociedad estadounidense y alimentando el caos en todo el mundo con sus declaraciones punzantes y sus golpes de efecto nebulosos, que presentó con orgullo como sutiles maniobras comerciales. Baste recordar sus reveses con el Estado Mayor americano que le había impedido, en el último minuto, bombardear Irán, o su "encuentro histórico" con Kim Jong-un a quien había apodado tan finamente "el hombre de los cohetes" unas semanas antes.
Cuando estalló la pandemia de COVID-19, tras décadas de recortes constantes de los sistemas de salud, todos los estados mostraron una negligencia criminal. Pero, una vez más, Estados Unidos dirigido por Donald Trump se colocó al frente del desastre, tanto a nivel nacional con un número récord de muertes[3], como internacional, desestabilizando una institución de "cooperación" mundial como la OMS.
El asalto al Capitolio por bandas de fanáticos trumpistas está totalmente en consonancia con esta dinámica de caos explosivo en todos los niveles de la sociedad. Este acontecimiento es una manifestación de los crecientes, totalmente irracionales y cada vez más violentos enfrentamientos entre diferentes partes de la población (los "blancos" contra los "negros", las "élites" contra el "pueblo", los hombres contra las mujeres, los heterosexuales contra los homosexuales, etc.), de los cuales la aparición de milicias racistas sobre armadas y de conspiradores totalmente delirantes es la expresión caricaturesca.
Pero estas "fracturas" son sobre todo un reflejo de la confrontación abierta entre las fracciones de la burguesía americana, con los populistas en torno a Trump por un lado y las fracciones más preocupadas por los intereses a largo plazo del capital nacional por otro: en el seno del Partido Demócrata y del Partido Republicano, en la maquinaria del aparato del Estado y del ejército, en las ondas de los principales canales de noticias o en el podio de las ceremonias de Hollywood, las campañas, la resistencia y los golpes bajos contra los gestos del presidente populista, han sido constantes y a veces muy virulentos.
Estos enfrentamientos entre diferentes sectores de la burguesía no son nada nuevo. Pero en una "democracia" como la de los Estados Unidos, y contrariamente a lo que ocurre en los países del Tercer Mundo, se expresaron hasta ahora en el marco de las instituciones, en el marco del "respeto al orden". El hecho de que estos enfrentamientos tomen hoy en día esta forma caótica y violenta en esta "democracia modelo" da testimonio de un dramático empeoramiento del caos dentro del aparato político de la clase dominante, un paso significativo en el hundimiento del capitalismo en la descomposición.
Al agitar a sus seguidores, Trump ha dado un nuevo paso en su política de "tierra quemada" tras su derrota en las últimas elecciones presidenciales, que aún se niega a reconocer. El golpe de fuerza contra el Capitolio, instancia del poder legislativo y símbolo de la democracia americana, provocó una escisión en el seno del partido republicano, su fracción más "moderada" sólo pudo, en efecto, denunciar este "golpe" contra la democracia y disociarse de Trump para intentar salvar al partido de Abraham Lincoln. En cuanto al otro lado, los demócratas, tuvieron que subir a la tribuna a denunciar a diestro y siniestro la irresponsabilidad y la conducta criminal de Trump al galvanizar a sus tropas más excitadas.
En un intento de restaurar la imagen de América, ante el asombro de la burguesía mundial, y para contener la explosión de caos en "la tierra de la Libertad y la Democracia", Joe Biden y su camarilla, se comprometieron inmediatamente en una lucha a muerte contra Trump. Se apresuraron a denunciar las acciones irresponsables de este perturbado jefe de Estado, que ya no le permitía permanecer en el poder durante trece días antes de la toma de posesión definitiva del presidente que acababa de salir de las urnas.
La cadena de dimisiones de los ministros del gabinete republicano, los llamamientos a la dimisión o a la destitución de Trump, y las recomendaciones al Pentágono para que vigile de cerca sus acciones para asegurarse de que no aprieta el botón de las armas nucleares, son una prueba del deseo de eliminar del juego político al que sigue siendo presidente. Tras el asalto al Capitolio, esta crisis política dio lugar al alejamiento de Trump por parte de la mitad de su electorado, y la otra mitad siguió apoyando y justificando el ataque. La carrera política de Trump parece estar en serio peligro. En particular, se está poniendo todo en marcha para que ya no pueda presentarse a las elecciones y no pueda volver a presentarse en 2024. Hoy en día, el presidente depuesto sólo tiene un objetivo: salvar su propio pellejo ante la amenaza de ser procesado por sus llamados a la insurrección. Después de llamar a sus tropas, pero sin condenar sus acciones, para "regresar pacíficamente a casa" la noche del asalto al Capitolio, Trump se ha tragado sus bravatas dos días después: calificó el asalto de "aborrecible" y dijo que estaba "indignado por la violencia". Y continuando con un perfil bajo, finalmente reconoció su derrota electoral a regañadientes y dijo que dejaría el "trono" a Biden, pero al mismo tiempo se negó a estar presente en la ceremonia de traspaso de poderes del 20 de enero.
Puede que Trump sea eliminado definitivamente del juego político, ¡pero no es el caso del populismo! Esta ideología reaccionaria y oscurantista es una corriente que sólo puede surgir con el fenómeno mundial de la degradación social cada vez mayor, del que los Estados Unidos son hoy el epicentro. La sociedad americana está más que nunca dividida, fracturada. El aumento de la violencia continuará con el peligro permanente de enfrentamientos (incluidos los enfrentamientos armados) entre la población. La retórica de Biden de "reconciliar al pueblo americano" muestra una comprensión de la gravedad de la situación, pero más allá de algún éxito parcial o temporal, no podrá detener la tendencia subyacente de confrontación y dislocación social en la primera potencia mundial.
El mayor peligro para el proletariado en los EE.UU. sería dejarse arrastrar al enfrentamiento entre las diferentes fracciones de la burguesía. Buena parte del electorado de Trump está formada por trabajadores que rechazan a las élites y buscan un "hombre providencial". La política de Trump de revivir la industria había reunido detrás de él a muchos proletarios del "cinturón del óxido" que habían perdido sus trabajos. Había un riesgo de enfrentamientos entre los trabajadores pro-Trump y pro-Biden. Además, el desmoronamiento de la sociedad corre el riesgo de agravar aún más la división racial, endémica en los Estados Unidos, entre blancos y negros, al impulsar las ideologías identitarias.
La tendencia de la burguesía a perder el control de su juego político, como vimos con la llegada de Trump a la presidencia, no significa que la clase obrera pueda beneficiarse de la descomposición del capitalismo. Por el contrario, la clase dominante está constantemente volviendo los efectos de la descomposición contra la clase obrera. Ya en 1989, cuando el colapso del bloque oriental fue una manifestación espectacular de la descomposición del capitalismo, la burguesía de los principales países aprovechó este acontecimiento para desencadenar una gigantesca campaña democrática mundial mediante el lavado intensivo de cerebros, destinada a poner en el mismo saco la barbarie de los regímenes estalinistas y la verdadera sociedad comunista. Los engañosos discursos sobre "la muerte de la perspectiva revolucionaria" y "la desaparición de la clase obrera" habían desorientado al proletariado, causando un profundo retroceso de su conciencia y combatividad. Hoy en día, la burguesía está instrumentalizando los hechos del Capitolio con una nueva campaña internacional a la mayor gloria de la democracia burguesa.
Mientras los "insurgentes" seguían ocupando el Capitolio, Biden declaró inmediatamente, "Estoy conmocionado y triste de que nuestra nación, durante mucho tiempo un faro de esperanza para la democracia, se enfrente a un momento tan oscuro. ... La labor de hoy y de los próximos cuatro años será restaurar la democracia", seguida de una cascada de declaraciones similares, incluso desde el interior del Partido Republicano. El mismo sonido se escuchó en el extranjero, en particular de los líderes de los principales países de Europa Occidental: "Estas imágenes me hicieron enojar y entristecer. Pero estoy segura de que la democracia americana demostrará ser mucho más fuerte que los agresores y los alborotadores", dijo Merkel. "No nos rendiremos a la violencia de unos pocos que quieren desafiar [la democracia]", dijo Macron. “Toda mi vida, Estados Unidos ha representado cosas muy importantes: una idea de libertad y una idea de democracia", dijo Johnson. Tras la movilización en torno a las elecciones presidenciales, en las que se registró una participación récord de votantes, y el movimiento Black Lives Matter que pide una fuerza policial "más limpia" y "más justa", grandes sectores de la burguesía mundial buscan alinear al proletariado en defensa del estado democrático contra el "populismo". El proletariado está siendo llamado a ponerse del lado de la camarilla "democrática" contra el "dictador" Trump. ¡Esta falsa "elección" es pura mistificación y una verdadera trampa para la clase obrera!
Con el telón de fondo del caos internacional que Trump ha alimentado constantemente, ¿impondrá el "demócrata" Biden un "orden mundial más justo"? No, no lo hará. El ganador del Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, y su exvicepresidente, Joe Biden, ¡han vivido ocho años de guerras ininterrumpidas! Las tensiones con China, Rusia, Irán y todos los demás tiburones imperialistas no desaparecerán milagrosamente.
¿Dará Biden a los migrantes un destino más humano? Para tener una idea, ¡basta con mirar la crueldad con la que todos sus predecesores y todas las "grandes democracias" tratan a estos "indeseables"! Hay que recordar que durante los ocho años de la presidencia de Obama (de la que Biden fue vicepresidente) hubo más deportaciones de inmigrantes que durante los ocho años de la presidencia del republicano George W. Bush. Las medidas anti- inmigrantes de la administración Obama sólo allanaron el camino para la escalada anti- inmigración de Trump.
¿Los ataques económicos a la clase obrera se detendrán con el llamado "retorno de la democracia"? ¡Claro que no! El hundimiento de la economía mundial en una crisis sin salida, agravada aún más por la pandemia de Covid-19, dará lugar a una explosión de desempleo, más miseria, más ataques a las condiciones de vida y de trabajo de los explotados en todos los países centrales dirigidos por gobiernos "democráticos". Y si Joe Biden logra "limpiar" la policía, las fuerzas de represión del estado "democrático", en los EE.UU. como en todos los países, seguirán desatándose contra cualquier movimiento de la clase obrera y reprimiendo todos sus intentos de lucha en defensa de sus condiciones de vida y sus necesidades más básicas.
Por lo tanto, no hay nada que esperar del "retorno de la democracia americana". La clase obrera no debe dejarse adormecer y atrapar por los cantos de sirena de las fracciones "democráticas" del estado burgués. No debe olvidar que fue en nombre de la defensa de la "democracia" contra el fascismo como la clase dominante logró reclutar decenas de millones de proletarios para la Segunda Guerra Mundial, bajo la égida de sus fracciones de izquierda y frentes populares. ¡La democracia burguesa es sólo la cara más retorcida e hipócrita de la dictadura del capital!
El ataque al Capitolio es otro síntoma de un sistema moribundo que está arrastrando a la humanidad lentamente hacia los infiernos. Frente a la sociedad burguesa en descomposición, sólo la clase obrera mundial, al desarrollar sus luchas en su propio terreno de clase contra los efectos de la crisis económica, puede derrocar el capitalismo y poner fin a la amenaza de destruir el planeta y la especie humana en un caos cada vez más violento.
Corriente Comunista Internacional 10 enero 2021
[1] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109] y Informe sobre la descomposición hoy https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017 [240]
[2] Ver Dossier especial COVID19: el verdadero asesino es el capitalismo https://es.internationalism.org/content/4566/dossier-especial-covid19-el-verdadero-asesino-es-el-capitalismo [255]
[3] En el momento de redactar este artículo, se han producido 363.581 muertes oficiales en los Estados Unidos y casi 22 millones de personas infectadas. (Fuente: "Coronavirus: el mapa que muestra el número de infectados y muertos en el mundo por covid-19", BBC News Mundo).
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Este texto es el resumen de una discusión con simpatizantes de la CCI en Chile. La discusión propuesta por ellos fue muy animada y se plantearon numerosas cuestiones. Por ello la publicamos.
Todas las clases de la historia se han dado una conciencia para defender sus intereses y en el caso de las clases históricas[2] el proyecto de sociedad que llevan consigo. En todos los cambios de modo de producción que han precedido al proletariado la conciencia ha sido un factor secundario o complementario, el motor de los cambios revolucionarios fue sobre todo las condiciones objetivas que impulsaron y facilitaron la acción egoísta de las nuevas clases explotadoras.
En cambio, la Revolución Proletaria Mundial es la primera revolución de la historia donde el factor dominante es la CONCIENCIA, aunque esta se apoye sobre la evolución objetiva de la sociedad expresada en la contradicción entre el desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas y las relaciones capitalistas de producción, según la formulación clásica de Marx: “Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social”[3].
La conciencia de clase es el conocimiento por el proletariado de los medios y los fines de su lucha tanto su lucha inmediata contra la explotación capitalista como su lucha histórica por abolir la explotación capitalista y crear el comunismo como sociedad que crea la comunidad humana mundial sin clases, sin estado, sin fronteras.
La conciencia de clase del proletariado es el producto histórico del conjunto del proletariado como clase histórica y mundial, es decir, como la continuidad crítica de todas sus generaciones en todos los países. Por tanto, no es creada desde fuera del proletariado por intelectuales burgueses como pensaba Kautsky ni es el producto de los individuos obreros forzados por las condiciones objetivas, como dicen los consejistas.
La conciencia de clase no viene únicamente de las luchas inmediatas, sino del conjunto de la lucha de clase del proletariado que, como decía Engels, tiene varias dimensiones: lucha económica, lucha política y lucha ideológica, a las que debe añadirse la lucha moral y la lucha organizativa.
En la elaboración de la conciencia de clase tienen un papel central las organizaciones comunistas que contribuyen a ella mediante su elaboración teórica, la defensa de la continuidad histórica crítica del proletariado, la denuncia de las trampas, maniobras y mistificaciones de la burguesía, la propaganda y la agitación cuando hay luchas de la clase. Como dice nuestro texto Función de la Organización Revolucionaria, ésta “es, más que en el pasado, el lugar privilegiado de la resistencia de las débiles fuerzas proletarias contra la presión gigantesca del capitalismo, fuerte éste de cincuenta años de dominación contrarrevolucionaria. Es por eso por lo que, aunque la organización no exista por y para sí misma, le es vital conservar de modo resuelto el órgano que le confío la clase, fortaleciéndolo, trabajando por el agrupamiento de revolucionarios a escala mundial”[4]
Esta contribución no sustituye a la clase, sino que expresa de forma avanzada y permanente el esfuerzo de toma de conciencia que existe en toda ella y que, como dijo Marx, tiene una forma subterránea, por ello hablamos de maduración subterránea de la conciencia en la clase. Las organizaciones comunistas expresan de forma abierta y pública lo que existe de forma poco visible en el conjunto del proletariado[5]. Como decía Liebknecht, “los revolucionarios expresan en voz alta lo que los obreros dicen en voz baja; de manera clara lo que está aún confuso en la cabeza de muchos obreros; de forma general lo que existe parcialmente en diversos sectores obreros”. Esto expresa lo que dice el Manifiesto Comunista “Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros. No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario. Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletarios más que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto”
La conciencia de clase tiene dos dimensiones:
La época actual, los últimos 30 años, la hemos caracterizado como la Descomposición del capitalismo. Hasta la fecha la Descomposición capitalista ha tenido dos grandes acontecimientos: el hundimiento del bloque imperialista ruso en 1989 presentado como “el fin del comunismo” y la actual crisis pandémica mundial.
La entrada del capitalismo en su Decadencia planteó la posibilidad y la necesidad de la revolución proletaria mundial. En cambio, la Descomposición, fase terminal de la decadencia capitalista, no es una etapa necesaria para la revolución proletaria, se levanta más bien como un obstáculo y esto se expresa especialmente en la toma de conciencia de la clase y el desarrollo de su conciencia de clase.
En las Tesis sobre la Descomposición[6] escritas en 1990 decimos:
Tesis 8:
“La ausencia total de perspectivas de la sociedad actual se expresa con todavía mayor evidencia en lo político e ideológico. Por ejemplo:
-la increíble corrupción que está aumentando, prosperando en los aparatos políticos, la oleada de escándalos en la mayoría de los países;
-el aumento del terrorismo, de las capturas de rehenes como medio de guerra entre Estados, en detrimento de las "leyes" que el capitalismo se había dado en el pasado para "reglamentar" los conflictos entre fracciones de la clase dirigente;
-el aumento constante de la criminalidad, de la inseguridad, de la violencia urbana;
-el aumento del nihilismo, del suicidio de los jóvenes, de la desesperanza, como así lo expresaba el "no future" de las revueltas urbanas en Gran Bretaña, del odio y de la xenofobia que animan a "skinheads" y "hooligans”;
-la imparable marea de la drogadicción, fenómeno hoy de masas, poderosa causa de la corrupción de los Estados y de los organismos financieros, que afecta a todas las partes del mundo y, en especial, a la juventud, un fenómeno que expresa cada vez menos la huida hacia mundos quiméricos, que se parece cada día más a la locura y al suicidio;
-la profusión de sectas, el resurgir del espíritu religioso, incluidos algunos países avanzados, el rechazo hacia un pensamiento racional, coherente, construido, incluso en algunos ámbitos "científicos”;
-la invasión en los media del espectáculo de la violencia, del horror, de la sangre y de las matanzas, incluso en programas para niños;
-el "cada cual a lo suyo", la marginalización, la atomización de los individuos, la destrucción de las relaciones familiares, la exclusión de los ancianos, la aniquilación de lo afectivo y su sustitución por la pornografía, el deporte comercializado y mediatizado, las concentraciones de masas de jóvenes en plena histeria colectiva a modo de canción y baile, sustituto siniestro de una solidaridad y de unos lazos sociales totalmente ausentes.
Todas esas manifestaciones de la putrefacción social que, hoy, a una escala desconocida en la historia, invaden por todos sus poros a la sociedad humana, expresan no sólo la dislocación de la sociedad burguesa, sino y sobre todo la destrucción de todo principio de vida colectiva en el seno de una sociedad sin el menor proyecto, la menor perspectiva, incluso a corto plazo, incluso la más ilusoria”.
Sería la peor ceguera negar que este ambiente social no tiene efectos negativos sobre la toma de conciencia del proletariado ni sobre sus organizaciones comunistas. Del conjunto de rasgos de putrefacción social e ideológica que acabamos de enumerar podemos destacar algunos por su especial impacto sobre la conciencia de clase del proletariado:
El cada cual a la suya exacerba el individualismo y la competencia que siempre han estado en la estructura misma del capitalismo afectando especialmente a las capas pequeñoburguesas, al mismo tiempo exacerba la desconfianza y la rivalidad entre individuos. Este virus se infiltra en las filas del proletariado y de las organizaciones comunistas atacando la noción misma de clase, reemplazada por la de “suma de individuos” y por ende ataca la naturaleza profundamente colectiva y solidaria del proletariado y de los principios de sus organizaciones comunistas.
La falta de perspectivas lleva al inmediatismo, al empirismo, al localismo, refuerza la visión pequeñoburguesa de concebir el mundo como un “eterno presente” donde cada pequeño hecho deviene un “acontecimiento histórico” que a la semana siguiente es arrinconado en el olvido sustituido por otro “nuevo acontecimiento histórico”. En tales condiciones la conciencia de clase del proletariado se ve atacada en su raíz pues resulta muy difícil ver los hechos, las luchas, los sufrimientos etc., tanto en función del porvenir revolucionario del proletariado como a la luz de las lecciones del pasado.
El irracionalismo atiza el fanatismo, la creencia en toda clase de teorías místicas, la negación de lo más evidente etc., todo lo cual dificulta construir un pensamiento coherente, un análisis lúcido con previsión de futuro, rasgos de la conciencia proletaria. Un ejemplo evidente es el auge que están tomando las teorías conspiranoicas, por ejemplo, respecto a que la pandemia habría sido creada por extraños “poderes ocultos”[7].
Tesis 13
El proletariado se ve afectado por la descomposición porque “la pequeña burguesía, con la que convive, es uno de sus principales vehículos. Puede incluso decirse que estas capas se identifican muy bien con la descomposición, pues al dejarlas su propia situación sin la menor posibilidad de porvenir, se amoldan a la causa principal de la descomposición ideológica: la ausencia de toda perspectiva inmediata para el conjunto de la sociedad”
La descomposición nace de la falta de perspectivas. La burguesía no tiene ningún futuro que ofrecer, mientras que el proletariado tiene una enorme dificultad para afirmar su propia perspectiva revolucionaria la única que puede significar un porvenir para la humanidad. Tales condiciones dan a la pequeña burguesía “su minuto de gloria”. La pequeña burguesía es una clase mezquina, localista, de mentalidad cerrada, cobarde, rastrera e idealista a la vez[8], atormentada alternativamente por el cinismo unas veces y la culpabilidad otras, incapaz de plantear la más mínima perspectiva como no sea refugiarse en lo inmediato, lo circunstancial, lo local, lo afinitario. La influencia de la pequeña burguesía sobre el proletariado, con el que convive en los barrios, pero igualmente en los centros de trabajo como encargados y pequeños funcionarios de la burocracia capitalista, se amplifica, oponiendo toda clase de trabas a la lucha proletaria que se basa en la conciencia, la solidaridad, la confianza, la visión de futuro, la amplitud de miras, la entrega desinteresada.
“Los diferentes factores que son la fuerza del proletariado chocan directamente con las diferentes facetas de la descomposición ideológica:
-la acción colectiva, la solidaridad, encuentran frente a ellas la atomización, el "sálvese quien pueda", el "arreglárselas por su cuenta" ;
-la necesidad de organización choca con la descomposición social, la dislocación de las relaciones en que se basa cualquier vida en sociedad;
-la confianza en el porvenir y en sus propias fuerzas se ve minada constantemente por la desesperanza general que invade la sociedad, el nihilismo, el "no future" ;
-la conciencia, la clarividencia, la coherencia y unidad de pensamiento, el gusto por la teoría, deben abrirse un difícil camino en medio de la huida hacia quimeras, drogas, sectas, misticismos, rechazo de la reflexión y destrucción del pensamiento que están definiendo a nuestra época”.
Frente a estos peligros muy reales que hacen más difícil la lucha del proletariado hemos de ver que SOLO EL PROLETARIADO TIENE LAS BASES PARA LUCHAR CONTRA LOS EFECTOS DE LA DESCOMPOSICION.
Tesis 13
“Únicamente el proletariado lleva en sí una perspectiva para la humanidad, y por eso es en sus filas en donde existen las mejores capacidades de resistencia a la descomposición”
El proletariado como clase histórica ofrece la perspectiva del comunismo. Es verdad que, si miramos sociológicamente a la suma de individuos obreros, la inmensa mayoría de ellos no se reconocen en la perspectiva comunista. Sin embargo, pertenecen a una clase en la cual las generaciones que les han precedido han participado masivamente, a través de la acción conjunta de millones de proletarios, en la conciencia comunista. Y esto es lo que las organizaciones comunistas y sus militantes hemos de defender con uñas y dientes. Como dice La Sagrada Familia de Marx y Engels: “No se trata de saber lo que tal o cual proletario, o aun el proletariado entero, se propone momentáneamente como fin. Se trata de saber lo que el proletariado es y lo que debe históricamente hacer de acuerdo con su ser. Su finalidad y su acción histórica le están trazadas, de manera tangible e irrevocable, en su propia situación de existencia, como en toda la organización de la sociedad burguesa actual”
Tesis 16:
“Para acabar con la amenaza que es la descomposición, las luchas obreras de resistencia a los efectos de la crisis no son suficientes: únicamente la revolución comunista podrá destruir esa amenaza. Del mismo modo, en todo el período venidero, el proletariado no podrá utilizar en beneficio propio el debilitamiento que la descomposición está provocando en el seno de la burguesía misma. En este período, su objetivo será resistir ante los efectos nocivos de la descomposición en su propio seno, no contando más que con sus propias fuerzas, con su capacidad para luchar colectiva y solidariamente, en defensa de sus intereses como clase explotada, aunque, eso sí, la propaganda de los revolucionarios deberá insistir constantemente en los peligros de la descomposición”
En la situación actual, el proletariado debe resistir el peso de la descomposición. Frente al nihilismo debe buscar perspectiva histórica. Frente al irracionalismo conciencia. Frente al individualismo desbocado acción colectiva y solidaridad. Es una batalla muy grande para sacar incluso la más pequeña lucha adelante. Sin embargo, esas batallas no son inútiles, preparan el futuro. Las grandes luchas masivas de nuestra clase se preparan hoy: por un lado, con una multitud de pequeñas luchas obreras en su terreno de clase -como por ejemplo en Francia o algunas reacciones frente al COVID-, por otra parte, con la intervención y la actividad permanente de las organizaciones comunistas.
Tesis 17:
“A pesar del golpe en su toma de conciencia dado por el hundimiento del bloque del Este, el proletariado no ha sufrido derrotas importantes en el terreno de sus luchas. Su combatividad sigue intacta. La agravación inexorable de la crisis del capitalismo es un estímulo esencial de la lucha y de la toma de conciencia de la clase, condición misma en su capacidad para resistir al veneno ideológico de la putrefacción de la sociedad”
Reconocemos de manera realista las dificultades actuales de la gran mayoría del proletariado. Sin embargo, esa lucidez no debe hacernos perder de vista que el proletariado mundial no está derrotado y sigue conservando un enorme potencial de combatividad y toma de conciencia.
Ese punto de partida fundamental debe ser la guía para combatir los efectos de la descomposición y, por tanto, contribuir a superar las dificultades presentes del proletariado.
Esta conciencia nos debe alertar contra uno de los principales peligros que depara la descomposición: “Si bien las luchas parciales contra los efectos de la descomposición no pueden ser un terreno de unificación de clase, en cambio la lucha contra los efectos de la crisis misma es la base para que se desarrolle su fuerza y su unidad de clase. Y esto es así porque: si bien los efectos de la descomposición (la contaminación, la droga, la inseguridad...) afectan de modo relativamente indiferenciado a todas las capas de la sociedad y son un terreno idóneo para las campañas y trampas aclasistas (ecología, colectivos y movimientos antinucleares, movilizaciones antiracistas...), en cambio, los ataques económicos (baja del salario real, despidos, aumentos de cadencias...) resultados directos de la crisis, afectan de modo específico al proletariado, o sea, a la clase que produce la plusvalía y que enfrenta al capital en ese terreno” En los dos últimos años se han dado situaciones sociales que muestran los peligros para la autonomía política y la capacidad de lucha propia del proletariado.
En primer lugar, se han dado las revueltas populares multiclasistas (Ecuador, Chile, Líbano[9]) en las cuales vemos cómo reivindicaciones elementales de clase son deformadas y conducidas a terrenos de lucha como ciudadanos, de protesta impotente, de violencia nihilista, de “más democracia” y “más unidad popular”.
En segundo lugar, hemos visto el movimiento de los Gilets Jaunes en Francia[10] donde el descontento e incluso reivindicaciones proletarias eran totalmente capturadas por planteamientos de defensa de reivindicaciones de “menos impuestos”, “subvenciones a las pequeñas empresas” etc., claramente situados en un terreno nacionalista y pequeño burgués.
En fin, tenemos los movimientos claramente burgueses como el “movimiento por el clima” o el Black Lives Matter de USA y aún más la pretendida respuesta “antifascistas” al bochornoso espectáculo del asalto al Capitolio USA[11].
Esos movimientos son un peligro para el proletariado. Rechazar las luchas multiclasistas, denunciar los movimientos burgueses como el del clima o del “antirracismo” es contribuir a la autonomía de clase del proletariado, resistir los peores efectos de la descomposición y, por tanto, ir construyendo pacientemente las bases de la conciencia de clase.
“La crisis económica, al contrario de la descomposición social, la cual concierne esencialmente las superestructuras, es un fenómeno que afecta directamente la infraestructura de la sociedad en la que se basan aquéllas; por eso, la crisis pone al desnudo las causas primeras de toda la barbarie que se cierne sobre la sociedad, permitiendo así al proletariado tomar conciencia de la necesidad de cambiar radicalmente de sistema y no ya de pretender mejorar algunos aspectos de él”.
Las cuestiones climáticas, la criminalidad, la corrupción, la opresión de la mujer, el racismo etc., son lacras pestilentes del capitalismo en descomposición, sin embargo, muestran efectos de su barbarie y no permiten comprender sus causas. Al mismo tiempo, por su propia naturaleza llevan a una “respuesta como ciudadanos y como suma de individuos” ocultando la única lucha realista y que tiene una perspectiva: la lucha de clase del proletariado. Propician más bien una estéril lucha contra símbolos, personajes, casos extremos, pero que no van jamás a las raíces del capitalismo, su explotación y su barbarie. En consecuencia, la denuncia intransigente de las luchas parciales y la defensa de la lucha del proletariado en su terreno de clase, constituyen una tarea fundamental en la contribución a la conciencia de clase del proletariado.
Tesis 16:
“Sólo será en el período revolucionario, cuando el proletariado esté a la ofensiva, cuando entable directa y abiertamente el combate por su propia perspectiva histórica, cuando entonces podrá utilizar ciertos efectos de la descomposición de la ideología burguesa y de las fuerzas del poder capitalista, como punto de apoyo para volverlas contra el capital”.
Si hoy la burguesía utiliza contra la conciencia y la lucha del proletariado los efectos de la descomposición, en una situación prerrevolucionaria y revolucionaria la situación se invertirá: el proletariado podrá revolver contra la burguesía y especialmente su estado, los efectos de corrupción, barbarie, nihilismo etc., que hoy lo agobian.
Tesis 17:
Pero, para poder avanzar en esa dirección es necesario romper claramente con el consejismo y el sindicalismo revolucionario que pretenden atar al proletariado a únicamente la lucha económica encerrada en la empresa.
“la conciencia de la crisis por sí sola no puede resolver los problemas y las dificultades ante los que se enfrenta y deberá enfrentarse cada día más el proletariado. Únicamente: la conciencia de la importancia de lo que se está jugando en la situación histórica de hoy y, en especial, de los peligros mortales que la descomposición entraña para la humanidad;
Su determinación en proseguir, desarrollar y unificar su combate de clase;
Su capacidad para desactivar la cantidad de trampas que la burguesía, incluso afectada por su propia descomposición, no dejará de tenderle en su camino;
permitirá a la clase obrera responder golpe a golpe a los ataques de todo tipo desencadenados por el capitalismo para finalmente pasar a la ofensiva y acabar de una vez con este sistema cruel y despiadado.
La responsabilidad de los revolucionarios es participar activamente en el desarrollo de ese combate del proletariado”
CCI 16-1-21
[1] Texto para la discusión: La conciencia de clase y el papel de los revolucionarios https://es.internationalism.org/revista-internacional/197510/2059/la-conciencia-de-clase-y-el-papel-de-los-revolucionarios [465]
[2] El marxismo llama clases históricas a aquellas capaces de instaurar un nuevo modo de producción social, son pues clases históricas los patricios esclavistas, los feudales, la burguesía y, finalmente, en el pleno sentido del término, el proletariado.
[3] Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm [466]
[4] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198204/135/informe-sobre-la-funcion-de-la-organizacion-revolucionaria [467]
[5] Hay que tener en cuenta, además, que en el capitalismo decadente con el carácter totalitario que toma el Estado -tanto si es democrático como abiertamente dictatorial- la propaganda machacona de los “medios de comunicación” y la ocupación de las Redes Sociales hacen aún más subterráneo y difícil el esfuerzo de toma de conciencia que existe en la clase. La maduración subterránea de la conciencia en el proletariado es aún más subterránea que en el pasado.
[6] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[7] Ver Las teorías conspiranoicas una expresión de la descomposición ideológica del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4590/las-teorias-conspiranoicas-una-expresion-de-la-descomposicion-ideologica-del [275]
[8] Engels decía que el pequeño burgués se acuesta creyéndose un demonio y se levanta considerándose un ángel, o viceversa.
[9] Por tomar el caso de Chile ver Chile: EL DILEMA NO ES DICTADURA – DEMOCRACIA SINO BARBARIE CAPITALISTA O LUCHA DE CLASES PROLETARIA https://es.internationalism.org/content/4615/chile-el-dilema-no-es-dictadura-democracia-sino-barbarie-capitalista-o-lucha-de-clases [456]
[10] Ver Balance del movimiento de los "chalecos amarillos": Un movimiento interclasista, un obstáculo para la lucha de clases https://es.internationalism.org/content/4484/balance-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos-un-movimiento-interclasista-un [29]
[11] Ver Asalto del Capitolio en Washington: Los Estados Unidos en el centro de la descomposición mundial del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4635/asalto-del-capitolio-en-washington-los-estados-unidos-en-el-centro-de-la-descomposicion [468]
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He estado en torno a reuniones de la CCI toda mi vida, y ellas en torno a mí, pero sólo he asistido a un par de reuniones públicas (en los viejos tiempos en los que la gente podía sentarse conjuntamente en las salas). Ayer fue la primera reunión en línea, no pública, a la que he asistido y me provocó muchos pensamientos y reflexiones. Estas son algunas de ellas.
La intervención de Nick me pareció especialmente importante. Como persona que se encuentra en la periferia del mundo académico, soy muy consciente del culto a lo nuevo, de la producción de trabajo intelectual en interés de ello, y de las lógicas económicas, culturales y políticas que lo impulsan. Por supuesto, esto refleja las lógicas más amplias de la sociedad que generan un millón de ‘nuevas’ ideas, productos y movimientos que encarnan procesos e imperativos (el capital, el beneficio, la explotación) que han cambiado poco desde la época de Marx, pero que en su forma exterior pueden parecer - (tecnologías verdes, antirracismo...) - que ofrecen soluciones a las crisis del momento. Ante la proliferación de viejas y gastadas formas que se presentan como las infinitas posibilidades de lo perpetuamente nuevo, no es de extrañar que la gente se confunda y vea las causas de las crisis como soluciones. (Pido disculpas por mi estilo académico de escribir - es un hábito que es difícil de desaprender).
Por eso creo que Nick ha acertado de lleno al recordarnos el consejo de un difunto camarada: el papel de los revolucionarios es repetir. Mientras la gente se pierde en los extravíos que el capitalismo genera como parte de su curso "natural", es vital que los revolucionarios ofrezcan decididamente perspectivas que corten el ruido y que se basen en conceptos y teorías que generaciones de experiencias de lucha y pensamiento han demostrado ser precisas y eficaces. Nick también señaló que esto no pretende ser una repetición mecánica. Con esto, entiendo que el camarada quería decir que debería ser un tipo de repetición reflexiva que aprende y se ajusta -de forma muy cuidadosa y crítica- en respuesta a las condiciones cambiantes del momento. Veo este tipo de repetición más como una espiral que como un círculo, que se repite, pero nunca vuelve exactamente al mismo lugar dos veces.
Para mí, esto plantea una cuestión importante: cómo responder conceptual y prácticamente a las condiciones cambiantes y a las relaciones socio-ecológicas-productivas de la sociedad capitalista y, al mismo tiempo, mantener un rumbo revolucionario claro. ¿Cómo conseguir el equilibrio adecuado?
En un momento de la reunión, se afirmó inequívocamente que "no puede existir un antirracismo revolucionario". Comprendo la antipatía hacia el antirracismo y hacia las formas en que las diversas identidades -y el propio concepto de identidad- son explotadas por las ideologías capitalistas de izquierda y derecha en el mantenimiento de nuestro actual y apocalíptico modo de producción. El antirracismo liberal sólo puede concebir, en el mejor de los casos, una explotación equitativa para todas las "razas" bajo el capitalismo y no deshará las relaciones sociales que requieren, crean y mantienen las jerarquías, ya estén basadas en el género, el color de la piel de alguien o cualquier otra categoría.
Esto reafirma la posición de la CCI en relación con el feminismo, tal como se expone aquí: https://es.internationalism.org/revista-internacional/199607/1775/xiii-la-transformacion-de-las-relaciones-sociales-segun-los-revolu [471]
Al mismo tiempo, tengo la sensación de que este tipo de afirmaciones a menudo se repiten en un sentido más o menos mecánico, dando la impresión de que los marxistas pueden ser bastante frívolos sobre las cuestiones de raza y género. No porque no se tomen estas cuestiones en serio, sino porque a veces no quieren pensar sobre sí mismos en relación con estas categorías del ser que se encuentran en el corazón del poder capitalista. Nos guste o no, todos, incluidos los revolucionarios, somos producto de la sociedad capitalista -que a su vez es un variado guiso de otras formas sociales autoritarias, patriarcales, igualitarias, feudales, etc.- y encarnamos sus formas de hacer, pensar y ser, inevitablemente y sin remedio. Creer que todo el mundo es igual, que la raza y el género son construcciones, una herramienta ideológica de la clase dominante, etc., no es lo mismo que estar libre de las maneras más y menos sutiles, los modos de hablar, los gestos, etc. en los que el racismo, el sexismo, etc. existen y se perpetúan. Estos son increíblemente perniciosos y pegajosos, difíciles de detectar y de eliminar porque impregnan todo lo que tocan. Por ejemplo, en el artículo citado anteriormente, leemos que los movimientos proletarios están necesariamente implicados en "un incesante combate contra la penetración de las ideas de la clase dominante en sus filas". Se trata de una afirmación importante que, sin embargo, está escrita en el lenguaje imperial, y redactada con una terminología militarista tomada directamente de los libros de juego y el discurso burgueses.
Podría preguntarse "bueno, ¿de qué otra manera deberíamos escribir este tipo de declaraciones? Este es el lenguaje que utilizamos, estamos inmersos en una guerra". De eso se trata exactamente, porque la modernidad colonial ha construido todo un mundo a su imagen y semejanza. Tenemos que transformar necesariamente el mundo en otra cosa desde dentro de ese mundo, y para ello es necesario prestar mucha atención a las formas en que podríamos cambiar los modos cotidianos de práctica y discurso para no perpetuar las divisiones que tan bien funcionan para dividir a la clase. No se trata de "simples" mistificaciones identitarias o políticamente correctas, sino que tienen implicaciones reales para cultivar la solidaridad y la fuerza de la clase. Requiere trabajo -en la práctica y en la teoría- superar nuestra propia enculturación. No desaparece por arte de magia porque alguien sostenga perspectivas teóricas antitéticas al orden capitalista o que reflejen fielmente el mundo. Hay cuerpos enteros de literatura nacidos de las luchas decoloniales, indígenas y negras que pueden dar fe de esto, y sólo porque muchas de estas luchas puedan no alinearse completamente con las luchas revolucionarias proletarias, no significa que no podamos aprender de ellas.
Está claro que la ideología liberal de izquierdas está teniendo mucho más éxito a la hora de captar las pasiones de un sector más amplio de la clase obrera que las organizaciones marxistas en la actualidad. Hay muchas razones que lo explican, entre ellas las largas y despiadadas campañas de propaganda durante siglos. En parte, sin embargo, creo que esto también se debe a que organizaciones como BLM y otras organizaciones liberales están haciendo el necesario trabajo de autorreflexión, están leyendo esas literaturas más amplias, con el fin de cultivar solidaridades entre aquellos que han sufrido de manera diferente bajo el capitalismo debido a las identidades que el capitalismo utiliza para dividir y gobernar. En última instancia, por supuesto, estas solidaridades operan en la defensa del capitalismo, pero no veo por qué los revolucionarios no pueden ni siquiera imaginar formas de antirracismo, antisexismo, etc. que trabajen hacia el objetivo mayor de oponerse al capitalismo sobre una base de clase. De hecho, creo que no intentar imaginarlas probablemente obstaculizará el cultivo de las solidaridades que necesitamos, y activamente hará menos probable que se produzca una revolución amplia y significativa. Como mínimo, creo que es una conversación válida que hay que proseguir, más que algo que esté total y definitivamente resuelto.
JB
Camarada,
En primer lugar, queremos saludar tu contribución a la reflexión sobre el combate de nuestra clase contra los efectos de la decadencia y (por extensión) de la descomposición del capitalismo, en particular la opresión de las diferentes categorías (identidades) de las personas. También saludamos tu participación en las reuniones de contactos de la CCI. Es un primer paso para superar un enfoque académico estéril – “la producción de trabajo intelectual en interés de ello [el culto a lo nuevo]” - frente a las cuestiones que planteas en tu carta.
En tu carta desarrollas principalmente dos puntos. El primero es
“No veo por qué los revolucionarios no pueden ni siquiera imaginar formas de antirracismo, antisexismo, etc. que trabajen hacia el objetivo mayor de oponerse al capitalismo sobre una base de clase. De hecho, creo que no intentar imaginarlas probablemente obstaculizará el cultivo de las solidaridades que necesitamos, y activamente hará menos probable que se produzca una revolución amplia y significativa”. Para empezar, queremos señalar que tienes una imagen bastante glamurosa de los defensores (protagonistas) de lo que llamamos "luchas parciales" (algunas de las cuales hoy en día también se llaman luchas identitarias) como el antirracismo, el antisexismo, etc., cuando nos dices que “organizaciones como BLM y otras organizaciones liberales están haciendo el necesario trabajo de autorreflexión, están leyendo esas literaturas más amplias, con el fin de cultivar solidaridades entre aquellos que han sufrido de manera diferente bajo el capitalismo”. Pareces olvidar aquí lo que dices en otra parte de que, dado que tales movimientos para la emancipación de "identidades" oprimidas específicas desarrollan sus políticas y actividades dentro de los límites de la sociedad capitalista y "son productos de la sociedad capitalista", podemos estar seguros de que no están libres de lo que has definido en tu carta como “un variado guiso de otras formas sociales autoritarias, patriarcales, igualitarias, feudales, etc.”, y no vemos por qué debería ser de otra manera.
Para dejar claro nuestro punto de vista sobre la naturaleza de estos movimientos "identitarios", nos gustaría desarrollar la cuestión del antirracismo, ya que es un ejemplo clave de las luchas contra la represión de determinados grupos de personas bajo el capitalismo. Puede que estés de acuerdo con nosotros en que la opresión es inherente al capitalismo y que el capitalismo sin diferentes tipos de opresión no puede existir: ya sea la opresión basada en la etnia, el género, la raza, la edad o cualquier otra. Al igual que la opresión de las mujeres, la opresión racial (de los negros ciertamente, pero también de los millones de indígenas que han sido parcial o totalmente aniquilados por los Conquistadores Españoles durante su conquista de América) está impresa en los genes del capitalismo. La esclavitud de africanos, indios y javaneses fue un elemento indispensable en la expansión global del capitalismo. Por tanto, para erradicar el racismo es necesario acabar con el modo de producción capitalista1.
Pero, como escribes en tu carta, “el antirracismo liberal no deshará las relaciones sociales que requieren, crean y mantienen las jerarquías”. Y estamos de acuerdo contigo. Pero ¿qué pensar de las formas más radicales de antirracismo, por ejemplo, la que se vincula con la lucha por el anticapitalismo? ¿Podrá este tipo de antirracismo deshacer las relaciones sociales del capitalismo? Para la CCI no hay ninguna diferencia fundamental entre la versión liberal y la radical del antirracismo. Incluso el antirracismo radical, como el que defiende, por ejemplo, Angela Davis (brevemente en los Panteras Negras, luego estalinista durante mucho tiempo y, más recientemente, socialdemócrata), que afirma que "no podemos erradicar el racismo sin erradicar el capitalismo", no acabará, desde luego, cuestionando la base de las relaciones productivas capitalistas.
La razón de que cada lucha contra el racismo fracase en desafiar la dominación capitalista es el hecho de que cualquier movimiento antirracista particular no lucha por la emancipación de la humanidad oprimida como un todo, sino sólo contra la discriminación, dirigida hacia su categoría particular. Una de las seis principales reivindicaciones de BLM es el exclusivo "poder político negro independiente y la autodeterminación negra en todas las esferas de la sociedad" (Plataforma de BLM). Un movimiento de este tipo, que toma las diferencias raciales como punto de partida de su lucha, para luchar por más poder para la gente de su propia "raza", excluyendo a otras "razas", perpetúa las divisiones raciales introducidas en la sociedad y en la clase obrera en lugar de servir para superar estas divisiones y construir la solidaridad de clase para derrotar a la burguesía y destruir el capitalismo.
Peor aún: la ideología de las protestas antirracistas se desarrolla en un terreno que puede ser fácilmente manipulado por los izquierdistas y las facciones con buena publicidad como "la corriente Socialista Democrática dentro del Partido Demócrata en los EE.UU." (ver el " Informe sobre el impacto de la descomposición en la vida política de la burguesía, del 23º Congreso de la CCI"2). Incluso son un regalo de bienvenida para estas facciones de la burguesía ya que, al centrarse en aspectos particulares del capitalismo, desvían la atención de la crisis histórica del sistema actual. En tus propias palabras “las formas en que las diversas identidades -y el propio concepto de identidad- son explotadas por las ideologías capitalistas de izquierda y derecha en el mantenimiento de nuestro actual y apocalíptico modo de producción”.
A primera vista, una organización de base como BLM (que no tiene una estructura bien definida y jerárquica, sino descentralizada, con énfasis en la organización local) parece muy espontánea y abierta de mente. Su estructura deja espacio para que las organizaciones locales desarrollen sus propias iniciativas, en las que se posibilita el "trabajo autorreflexivo" y la "lectura de esas literaturas más amplias". Pero esto no hace de esta organización un medio adecuado para el desarrollo de una lucha efectiva contra el capitalismo. Para que tal lucha se desarrolle se necesita algo completamente diferente.
Puede ser que los movimientos antirracistas cultiven un tipo de solidaridad "entre aquellos que han sufrido de manera diferente bajo el capitalismo" y siempre es bueno ver expresiones de solidaridad entre las personas. Pero las preguntas esenciales son: ¿qué tipo de solidaridad y sobre qué base material? La solidaridad de los "aliados blancos" con la lucha de los negros o de los de color, por ejemplo, es completamente diferente de la solidaridad proletaria. Mientras que la primera es una actividad motivada por la indignación ante la injusticia infligida a otro grupo de personas y estará limitada por las divisiones raciales, la segunda solidaridad se basa en las necesidades materiales comunes y la misma meta histórica. La solidaridad obrera no está limitada por las divisiones que el capitalismo ha impuesto a la sociedad, sino que es universal. Es inherente a la solidaridad proletaria la capacidad de trascender todas las divisiones, ya sean raciales, sexuales, corporativistas o nacionales: es la expresión de una clase cuya lucha autónoma está destinada a desarrollar una alternativa fundamental al capitalismo. “El proletariado es la primera clase en el seno de la cual no hay intereses económicos divergentes; en ese sentido su solidaridad anuncia la naturaleza de la sociedad por la que lucha” (véase el Texto de Orientación Sobre la Confianza y la Solidaridad, Parte 2, 20013).
Por ejemplo: ¿es posible que personas de clases antagónicas, que participan en el mismo movimiento, cultiven fuertes lazos de solidaridad en sus filas? No creemos que esto sea posible. Este tipo de solidaridad siempre será superficial y volátil. Por lo tanto, al contrario de lo que piensas, estas organizaciones liberales (como BLM, por ejemplo) no pueden "cultivar solidaridades entre aquellos que han sufrido de manera diferente bajo el capitalismo".
Examinemos un poco más a fondo Black Lives Matter. Black Lives Matter Global Network Foundation (BLMGN), el nombre oficial de la organización se autodenomina "un Movimiento de lucha por la Libertad, la Liberación y la Justicia" para la población negra de los Estados Unidos. Se fundó en 2013, tras el aumento de la violencia policial contra la población negra.
Ya en 2016 la Fundación Ford y otras corporaciones crearon un fondo para BLM y comenzaron a respaldar sus actividades con enormes cantidades de apoyo financiero que, junto con los millones de dólares de donaciones que recauda cada año, le dieron a BLM la posibilidad de construir una burocracia de personal asalariado y puestos de lobby o influencia. Gran parte de este dinero se gasta en salarios, consultores y viajes; sin embargo, no existe una verdadera transparencia en las finanzas, como lo demuestra una Declaración desde la Primera Línea (grupos locales) de BLM del 30 de noviembre de 2020. En esta declaración pública 10 grupos locales de BLMGN publicaron déficits de liderazgo, organización y contabilidad financiera. "Según nuestra experiencia, a los organizadores de los grupos locales se les ha impedido sistemáticamente establecer una transparencia financiera" ("Es hora de responsabilizarse; Declaración desde la Primera Línea de BLM"4).
Desde el principio, los líderes de BLM se han orientado activamente hacia el Partido Demócrata. "Destacados portavoces de Black Lives Matter realizaron repetidos viajes a la Casa Blanca en 2015 y 2016 para mantener reuniones con el presidente Obama y sus representantes. El Partido Demócrata estaba confiriendo autoridad oficial al grupo" ("Black Lives Matter se aprovecha del capitalismo negro"; WSWS; 4 de abril de 20175). Por lo tanto, aunque BLM no esté afiliado ni tenga vínculos formales con el Partido Demócrata, BLM ha desarrollado estrechos vínculos con el Partido Demócrata.
En la carrera por la presidencia de 2020, los líderes de BLM han propagado activamente la participación en las elecciones demócratas. Se han dirigido regularmente a los líderes del Partido Demócrata para que accedan a sus demandas. En agosto de 2020, Alicia Garza dijo, por ejemplo, que, cuando Joe Biden elija a su compañero de fórmula, sería mejor elegir "a una mujer negra en particular y no sólo a una mujer de color". Patrisse Cullors, por su parte, dijo que estaba "llamando al Partido Demócrata a reunirse en la misma mesa", con el fin de cambiar la plataforma del partido para abordar más audazmente la brutalidad policial y la injusticia racial.
Después de que quedara claro que Biden había ganado las elecciones presidenciales, BLM publicó una declaración en la que decía "felicitar a Joe Biden por convertirse en presidente, y en particular a Kamala Harris, por convertirse en la primera mujer del país -una mujer negra- en servir como vicepresidenta. Esta histórica victoria es un testimonio del trabajo que las mujeres negras han estado haciendo en las calles, en esta campaña y a todos los niveles políticos" (Declaración de BLMGN sobre la victoria de Biden-Harris; 7 de noviembre de 2020)6.
Por lo tanto, la política de BLM es esencialmente capitalista, y la retórica de la justicia social ("desfinanciar a la policía") sólo arroja un barniz de radicalismo sobre ella.
La trayectoria capitalista de BLM es el producto directo de su ideología antirracista, que sostiene que cada opresión puede ser combatida en sus propios términos, sin la abolición de todas las formas de opresión dentro de la sociedad capitalista. Para la clase obrera tal lucha no es una opción. Para los trabajadores no puede terminar la lucha si las demandas de un sector de la clase aún no han sido concedidas. El lema de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) era "todos para uno, uno para todos". Esta consigna se puso en práctica, por ejemplo, en la huelga de masas en Polonia en 1980, cuando los trabajadores, cuyas demandas fueron concedidas por el gobierno, decidieron no volver al trabajo antes de que se hubieran satisfecho las demandas de todos los trabajadores de Polonia7. Por lo tanto, al contrario de lo que piensas, son estas luchas antirracistas, antisexistas, etc. las que realmente “obstaculizan el cultivo de las solidaridades que necesitamos, y activamente hacen menos probable que se produzca una revolución amplia y significativa”. El antirracismo no hace más que atar a los manifestantes más aún al Estado burgués. Este tipo de luchas son un obstáculo para el desarrollo de la lucha de la clase obrera, su solidaridad y su consciencia, que son los únicos instrumentos capaces de lograr un derrocamiento amplio y radical de la base del racismo: el modo de producción capitalista.
El segundo punto que desarrollas en tu carta es sobre el hecho de que incluso los revolucionarios no están “libres de las maneras más y menos sutiles, los modos de hablar, los gestos, etc. en los que el racismo, el sexismo, etc. existen y se perpetúan” (…) “Todos, incluidos los revolucionarios, somos producto de la sociedad capitalista -que a su vez es un variado guiso de otras formas sociales autoritarias, patriarcales, igualitarias, feudales, etc.- y encarnamos sus formas de hacer” (…) “Nuestra propia enculturación no desaparece por arte de magia porque alguien sostenga perspectivas teóricas antitéticas al orden capitalista”.
Ante el peso de esta herencia de la sociedad capitalista sobre los revolucionarios también haces una sugerencia de solución: "podemos aprender de la literatura nacida de las luchas decoloniales, indígenas y negras que puede mostrar cómo luchar contra nuestra propia enculturación". Evidentemente, "hay que trabajar -en la práctica y en la teoría- para superar nuestra propia enculturación". Pero crees que los marxistas “a veces no quieren pensar sobre sí mismos en relación con estas categorías del ser que se encuentran en el corazón del poder capitalista”.
Es cierto que "todos, incluidos los revolucionarios, somos producto de la sociedad capitalista (...) y encarnamos sus formas de hacer". Y los revolucionarios no están “libres de las maneras más y menos sutiles, los modos de hablar, los gestos, etc. en los que el racismo, el sexismo, etc. existen y se perpetúan”. Pero reconoces que no somos víctimas pasivas de esos comportamientos, ya que "podemos aprender de la literatura nacida de las luchas decoloniales, indígenas y negras que puede mostrar cómo luchar contra nuestra propia enculturación".
Para limitarnos a la cuestión del racismo, la CCI ya ha escrito artículos que expresan nuestro punto de vista sobre la cuestión del racismo y el antirracismo y, en la preparación de estos artículos, hemos discutido esta cuestión muchas veces. En estas discusiones también nos referimos regularmente a la "literatura nacida de las luchas decoloniales, indígenas y negras", que va desde W.E.B. Du Bois a Franz Fanon hasta obras académicas más recientes. Así pues, podemos asegurarte que los revolucionarios no aceptan ser víctimas inconscientes de estos comportamientos racistas, y tampoco abogan por la ignorancia de los estudios serios que están produciendo diversos escritores e instituciones académicas. Pero sí parten de un marco teórico diferente, basado en las tradiciones del movimiento obrero8.
Los revolucionarios son militantes de la clase que luchan por una sociedad comunista y, en ese marco, su comportamiento no puede estar en contradicción con el objetivo que quieren alcanzar, ya que tal comportamiento obstaculizaría precisamente no sólo "el cultivo de las solidaridades necesarias", sino también el desarrollo de una cultura fraternal de debate, la organización de una lucha eficaz, la constitución de una organización de combate sólida, etc.
La participación en una organización revolucionaria y la lucha ideológica y teórica que se desarrolla en una organización así hace a estos revolucionarios menos vulnerables al peso y a la influencia de la ideología burguesa o pequeñoburguesa que a cualquier militante individual de la clase.
En este marco, no nos queda del todo claro lo que quieres decir con tu observación de que los marxistas “a veces no quieren pensar sobre sí mismos en relación con estas categorías [cuestiones de raza o género] del ser que se encuentran en el corazón del poder capitalista”. Puede que a veces sea así, pero depende de lo que entiendas por "marxistas" y de si te refieres a todos los marxistas o sólo a ciertos elementos que se hacen pasar por marxistas.
Los revolucionarios no se limitan a la autorreflexión individual, a una especie de terapia, (que, por cierto, no rechazan). La autorreflexión en el sentido revolucionario de la palabra se lleva a cabo en un marco colectivo, sobre un fundamento colectivo, como un todo asociado, extrayendo las lecciones de las luchas anteriores, clarificando lo que está en juego en cada situación, y buscando mejores medios para desarrollar sus capacidades políticas con el fin de contribuir a la lucha de la clase contra todas las formas de opresión.
Por otra parte, la CCI no comparte tu posición de que cuestiones como la raza y el género "se encuentran en el corazón del poder capitalista". La cuestión central en el seno del capitalismo es la contradicción entre el capital y el trabajo asalariado, entre la clase burguesa y la clase obrera. La liberación de la raza y el género de su opresión por la sociedad capitalista sólo puede provenir de la lucha de la clase principal de la sociedad capitalista, el proletariado, porque sólo esta clase contiene y reúne el sufrimiento universal de todos los oprimidos del mundo. Es ésta la que debe asumir la lucha contra las divisiones raciales y sexuales como parte integrante de su lucha por su unificación.
El proletariado es la clase de la desposesión, sin ninguna propiedad, y sometida a una existencia precaria, en la que sólo tiene su fuerza de trabajo para vender. Es una clase que no tiene ninguna economía que defender. La clase obrera, por definición, no tiene nada que perder... sino sus cadenas. Esto hace del proletariado una clase revolucionaria capaz de abolir toda opresión.
18 diciembre 2020
1 Ver Para lucha contra el racismo hay que luchar contra el capitalismo https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201712/4258/para-lucha-contra-el-racismo-hay-que-luchar-contra-el-capitalismo [472]
2 Ver globalmente https://es.internationalism.org/content/4455/documentos-del-23o-congreso-internacional-de-la-cci-2019 [254] y específicamente https://es.internationalism.org/content/4458/informe-sobre-el-impacto-de-la-descomposicion-en-la-vida-politica-de-la-burguesia-2019 [473]
3 Ver nuestro Texto de Orientación sobre la confianza y la solidaridad https://es.internationalism.org/revista-internacional/200911/2695/texto-de-orientacion-sobre-la-confianza-y-la-solidaridad-i [474] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/200911/2714/texto-de-orientacion-sobre-la-confianza-y-la-solidaridad-ii [475]
6 https://blacklivesmatter.com/black-lives-matter-global-network-statement-about-biden-harris-victory/ [478]
7 Ver Polonia (agosto de 1980): Hace 40 años, el proletariado mundial retomaba de nuevo la huelga de masas https://es.internationalism.org/content/4597/polonia-agosto-de-1980-hace-40-anos-el-proletariado-mundial-retomaba-de-nuevo-la-huelga [302]
8 Ver Esclavitud y racismo, herramientas de la explotación capitalista https://es.internationalism.org/content/4591/esclavitud-y-racismo-herramientas-de-la-explotacion-capitalista [342]
El año pasado se ha caracterizado, una vez más, por una serie de catástrofes, entre ellas una pandemia mundial que hasta ahora se ha cobrado más de 2 millones de vidas y ha dado un acelerón a la crisis del capitalismo, sumiendo a millones de personas en el desempleo, la precariedad y la miseria. El año 2021 acaba de comenzar con un nuevo acontecimiento de importancia histórica: el asalto al Capitolio por hordas de fanáticos trumpistas. Estos dos eventos no están separados el uno del otro. Ambos revelan una intensificación de la Descomposición social, la última fase de la decadencia del capitalismo. Esta reunión pública será, por tanto, una oportunidad para exponer este marco analítico, para identificar su relevancia, pero también para cuestionarlo a través del prisma de los hechos y la evolución histórica de la sociedad capitalista.
Para preparar esta reunión, los participantes pueden consultar el siguiente texto:
TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
La reunión pública se llevará por Internet el sábado 13 de febrero a las 18 horas de Europa (12 horas Lima; 14 horas Santiago de Chile; 11 horas México; 14 horas Buenos Aires).
Todos los que deseen participar pueden hacerlos enviando un mensaje a: [email protected] [45] , o a la sección de Contacto de nuestro sitio Web es.internationalism.org
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La administración Trump ya había causado una serie de fiascos humillantes pero letales para la burguesía estadounidense -entre otras cosas, empeorando activamente la pandemia de Covid 2020-, pero siempre hubo esperanza entre las facciones más inteligentes de la clase dominante estadounidense de que tener a un narcisista incompetente en el poder supremo era sólo una pesadilla pasajera, de la que pronto despertarían. Pero la victoria electoral del Partido Demócrata no fue la avalancha que se esperaba, ni para la nueva administración de Joe Biden ni para el nuevo Congreso[1].
Peor aún, en el Capitolio, sede sagrada de la democracia estadounidense, se produjo un motín televisado, incitado por el jefe de Estado saliente que rechazó los resultados oficiales de las elecciones presidenciales. Una turba intentó impedir violentamente la sucesión democrática, alentada por el propio presidente en funciones, como en una república bananera, según reconoció George W Bush. Realmente es un momento políticamente definitorio en la descomposición del capitalismo mundial. La auto- agresión populista del Reino Unido a través del Brexit puede parecer simplemente absurda para otros países, porque Gran Bretaña es una potencia secundaria, pero la amenaza de inestabilidad representada por la insurrección en el Capitolio de los EE.UU. ha causado conmoción y miedo en toda la burguesía internacional.
El posterior intento de hacerle un impeachment a Trump por segunda vez puede volver a fracasar y, en cualquier caso, galvanizará a millones de sus partidarios en la población, incluida una gran parte del partido republicano.
La toma de posesión del nuevo presidente el 20 de enero, que suele ser una ocasión para una muestra de unidad y reconciliación nacional, no lo será: Trump no asistirá, al contrario de lo que es habitual con los presidentes salientes, y Washington DC estará bajo cierre militar para evitar una mayor resistencia armada de los partidarios de Trump. La perspectiva no es el restablecimiento gradual y a largo plazo del orden y la ideología democrática tradicional por parte de un gobierno de Biden, sino una acentuación -de naturaleza cada vez más violenta- de las divisiones entre la democracia burguesa clásica y el populismo, este último no desaparece con el fin del régimen de Trump.
Desde 1945, la democracia estadounidense es el buque insignia del capitalismo mundial. Después de haber desempeñado un papel decisivo en la victoria de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, y de haber contribuido en gran medida a reducir Europa y Japón a ruinas, fue capaz de sacar al mundo de los escombros y reconstruirlo a su imagen durante la Guerra Fría. En 1989, con la derrota y la desintegración del bloque rival ruso, Estados Unidos parecía estar en la cúspide de su dominio y prestigio mundial. George Bush Senior anunció la llegada de un Nuevo Orden Mundial tras el colapso del bloque ruso en 1989. Washington pensó que podría mantener su supremacía impidiendo que cualquier nueva potencia surgiera como un serio competidor de su liderazgo mundial. Pero en lugar de ello, la afirmación de su superioridad militar ha acelerado un desorden mundial con una serie de victorias pírricas (Kuwait, los Balcanes en la década de 1990) y costosos fracasos en política exterior en Irak, Afganistán y Siria[2]. Estados Unidos ha socavado cada vez más las alianzas en las que se apoyaba su antiguo liderazgo mundial, lo que ha animado a otras potencias a actuar por su cuenta.
Además, el poder y la riqueza de EE.UU. han sido incapaces de atenuar las crecientes convulsiones de la economía mundial: la chispa de la crisis de 2008 emanó de Wall Street y sumió a EE.UU. y al mundo en la más grave desaceleración desde que resurgió la crisis abierta en 1967.
Las consecuencias sociales y políticas de estos retrocesos estadounidenses, y la ausencia de alternativas, han sido, por un lado, el incremento de las divisiones y el desconcierto en el Estado burgués, y en la población en general, lo que ha llevado al creciente descrédito de las normas políticas establecidas del sistema político democrático estadounidense.
Las presidencias anteriores de Bush y Obama no lograron forjar un consenso duradero para el orden democrático tradicional entre el conjunto de la población. La "solución" de Trump a este problema no fue resolver esta desunión, sino acentuarla aún más con una política estridente e incoherente de vandalismo que destrozó aún más el consenso político a nivel interno y socavó los acuerdos militares y económicos con sus antiguos aliados en el escenario mundial. Todo esto se hizo bajo la bandera de "América primero", pero en realidad sirvió para aumentar la pérdida de estatus de Estados Unidos.
En una palabra, la actual crisis política de la democracia estadounidense, simbolizada por el asalto al Capitolio, complementa las consecuencias caóticas y autodestructivas de la política imperialista de Estados Unidos y pone de manifiesto que la primera potencia mundial está en el centro y es el principal protagonista de la descomposición del capitalismo mundial a todos los niveles.
China, a pesar de su creciente poder económico y militar, no podrá llenar el vacío de liderazgo mundial creado por la desorientación de EEUU. Entre otras cosas porque este último sigue siendo capaz y está decidido a impedir el crecimiento de la influencia china como objetivo principal con o sin Trump. Por ejemplo, uno de los planes de la Administración Biden será intensificar esta política anti - china con la formación de un D10, una alianza de las potencias democráticas (el G7 más Corea del Sur, India y Australia). No es necesario explicar el papel que esto desempeñará en el agravamiento de las tensiones imperialistas.
Pero estas tensiones no pueden canalizarse en la formación de nuevos bloques por razones obvias. El empeoramiento de la descomposición del capitalismo hace cada vez más improbable la posibilidad de una guerra mundial generalizada.
En 1989 predijimos que el nuevo período de descomposición del capitalismo traería consigo mayores dificultades para el proletariado[3].
Los recientes acontecimientos en Estados Unidos vuelven a confirmar esta predicción.
El más importante de ellos en relación con la situación actual de EEUU es el peligro de que sectores de la clase obrera se movilicen detrás de las contiendas cada vez más violentas de las facciones opuestas de la burguesía, es decir, no sólo en el terreno electoral sino en las calles. Parte de la clase obrera puede ser engañada para elegir entre el populismo y la defensa de la democracia, las dos falsas alternativas que ofrece la explotación capitalista.
En relación con esto está el hecho de que en la situación actual otras capas de la población no explotadora se ven impulsadas cada vez más a la acción política por toda una serie de factores: los efectos de la crisis económica, el agravamiento de la catástrofe ecológica, el fortalecimiento de la represión estatal y su carácter racista, que les lleva a actuar como conducto de campañas burguesas como el movimiento Black Lives Matter[4], o como medio de luchas interclasistas.
Sin embargo, la clase obrera a nivel internacional en el período de descomposición no ha sido derrotada como en la década de 1930. Sus reservas de combatividad permanecen intactas y los nuevos ataques económicos a su nivel de vida que se avecinan -que incluirán la factura por los daños económicos causados por la pandemia de Covid- obligarán al proletariado a responder en su terreno de clase.
La organización revolucionaria tiene un papel limitado pero muy importante que desempeñar en la situación actual, ya que, si bien tiene poca influencia todavía, e incluso durante un largo período, la situación de la clase obrera en su conjunto está llevando a una pequeña minoría a posiciones de clase revolucionarias, especialmente en los propios Estados Unidos.
El éxito de la labor de transmisión a esta minoría se basa en una serie de necesidades. En el contexto actual es significativa la combinación, por un lado, de un rigor y una claridad programática a largo plazo, ligada por otro lado a la capacidad de la organización de tener un análisis coherente y en desarrollo de toda la situación mundial: su marco histórico y sus perspectivas.
La situación mundial en el último año ha batido cada vez más récords en la putrefacción del capitalismo mundial: la pandemia de COVID, la crisis económica, la crisis política en EEUU, la catástrofe ecológica, la situación de los refugiados, la indigencia de partes cada vez más grandes de la población mundial. La dinámica del caos se acelera y se hace más imprevisible, ofreciendo nuevos y más frecuentes desafíos a nuestros análisis y exigiendo una capacidad de cambio y adaptación en función de esta aceleración sin olvidar nuestros fundamentos.
Corriente Comunista Internacional 16-1-21
[1] Ver Asalto del Capitolio en Washington: Los Estados Unidos en el centro de la descomposición mundial del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4635/asalto-del-capitolio-en-washington-los-estados-unidos-en-el-centro-de-la-descomposicion [468]
[2] Esta perspectiva la anunciamos en el texto Militarismo y Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [480]
[3] Ver Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole [253]
[4] Ver Trump – Biden la falsa elección de la democracia capitalista https://es.internationalism.org/content/4616/trump-biden-la-falsa-eleccion-de-la-democracia-capitalista [481] y Los grupos de la Izquierda Comunista ante el movimiento Black Lives Matter: una incapacidad para identificar el terreno de la clase obrera https://es.internationalism.org/content/4605/los-grupos-de-la-izquierda-comunista-ante-el-movimiento-black-lives-matter-una [420]
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El año 2020 ha vuelto a poner de manifiesto la barbarie en la que el capitalismo está sumiendo cada vez más a la humanidad.
El número de víctimas de la pandemia de Covid-19 es espantoso: cuando publicamos este documento se ha superado los 2 millones de muertos[1], "viejos" (a veces de apenas 60 años) rechazados en los hospitales porque no hay más camas (Italia), descampados transformados en cementerios improvisados (Brasil), camiones frigoríficos aparcados en la calle para almacenar el excedente de cadáveres (Nueva York), Trabajadores de hospitales que necesitan mascarillas, guantes, batas (Francia), cientos de millones de personas encerradas en sus casas, prohibidas de la vida social, ancianos que mueren aislados, sin siquiera una mano que les sostenga para tranquilizarlos, jóvenes señalados y tratados como egoístas, irresponsables, incluso asesinos en potencia.
No es casualidad que esta situación nos recuerde a las epidemias de peste que azotaron a la sociedad medieval mientras se hundía en su propia decadencia. El capitalismo es ahora también un sistema decadente; ya no tiene ningún futuro que ofrecer a la humanidad, excepto más y más sufrimiento. Según la OMS, esta pandemia no es más que una "señal de alarma" porque debemos "prepararnos para el futuro para algo que puede ser aún peor".
"¿Nosotros,” prepararnos? Pero ¿quién es ese "nosotros"? ¿Los Estados que, en todas partes y durante décadas, han destruido los sistemas de salud, reduciendo el número de médicos y enfermeras y cerrando hospitales? ¿Estados que militarizan la sociedad, que elevan al personal sanitario sacrificado al rango de "héroes de guerra" con medallas, que proclaman "emergencias sanitarias" para controlar y reprimir mejor? "Hago la guerra por la mañana, al mediodía, por la tarde y por la noche. Y espero el mismo compromiso de todos nosotros", dijo el presidente francés Emmanuel Macron. Este "nosotros" sólo prepara a la humanidad para un mañana aún más oscuro. Todos los Estados, a su nivel, han participado en la propagación del virus al continuar con su mórbida competencia, al ser incapaces de coordinarse para limitar los viajes internacionales; han llegado a entablar una patética "guerra de máscaras", para robarse unos a otros. Esta incapacidad para contener la epidemia revela que la gangrena está alcanzando las más altas cotas de los Estados y empieza a afectar incluso a la gestión de la economía mundial, agravando la crisis histórica del capitalismo. Así, la recesión mundial iniciada en 2019 se ha agravado considerablemente por el efecto "sálvese quien pueda", a diferencia de lo que ocurrió en 2008, cuando, en forma de G7, G8 o G20, los Estados lograron coordinarse mínimamente para limitar y frenar los efectos de la llamada crisis de los subprimes[2].
Incapaz de ofrecer la más mínima perspectiva a la humanidad, el capitalismo es un sistema que se está pudriendo en la raíz. En todos los estratos de la sociedad, el no futuro pesa en los pensamientos y genera un aumento de los miedos, la irracionalidad y el sálvese quien pueda.
Los tejemanejes de los laboratorios y su búsqueda de beneficios a toda costa, consecuencia de la naturaleza de este sistema de explotación, conducen al rechazo de las vacunas y de la ciencia. La incapacidad de los Estados para controlar la epidemia, la incoherencia de las medidas adoptadas y las mentiras de los gobiernos, en lugar de entenderse como producto de este capitalismo en declive, se atribuyen a la oscura voluntad de un puñado de individuos manipuladores. La visión conspiranoica, de que todo lo que pasa es fruto de una tenebrosa conspiración de “las élites”, se desarrolla, fuera de toda coherencia de pensamiento. Se niega la verdadera responsabilidad, la del sistema y su clase dirigente, la burguesía.
Pero el año 2020 también es una fuente de esperanza. En enero, hace un año en Francia, el movimiento contra la reforma de las pensiones llegó a su fin[3]. Durante varios meses, cientos de miles de manifestantes pisaron el asfalto, felices de estar juntos en las calles y en la lucha, de mantenerse unidos, de sentir ese sentimiento de solidaridad entre generaciones, entre sectores, que los animaba a todos. Los trabajadores ferroviarios de más de 50 años, que realizaron huelgas semana tras semana, no tienen nada que ganar; la reforma no les afecta directamente. No, ellos luchaban por las próximas generaciones, por los más jóvenes, por el futuro.
Por supuesto, este movimiento también reveló grandes debilidades. Los trabajadores del ferrocarril permanecieron demasiado aislados, y los empleados del sector privado sólo participaron en la huelga por delegación. No hubo verdaderas asambleas generales que permitieran a todos los trabajadores, a los pensionados, a los parados y a los estudiantes precarios debatir, desarrollar juntos una reflexión política, organizarse, tomar la lucha en sus manos. Esta meta aún no ha sido tomada y es alta. Pero este movimiento es un destello, una promesa: la clase obrera de Francia ha demostrado que vuelve a ser combativa y solidaria. ¡Qué contraste con el mortífero mundo de individuos en competencia que nos impone la burguesía!
En 2020 se produjeron otras manifestaciones, primero contra la violencia policial y luego contra la ley de "seguridad global", que prohíbe filmar a la policía golpeando tranquilamente a la gente. La represión estatal es obviamente repugnante, al igual que las leyes que la legitiman. Sólo exigir una policía menos brutal y una justicia más justa es engañarse con la trampa de un capitalismo humano y una democracia al servicio del interés común. No es casualidad que la izquierda del capital se suba a este corcel, galopando para reclamar alto y claro un “estado más justo”. Es una farsa que da la idea de que se podría “reformar” el capitalismo.
Con la atomización y el asombro ligados a la epidemia, con el agravamiento de la crisis económica que golpea a los trabajadores paquete a paquete, en forma de despidos, la lucha masiva es en lo inmediato muy difícil. ¡Pero el futuro pertenece a la lucha de clases! No hay otro camino.
Sólo la lucha masiva y unida encarna una perspectiva. La solidaridad intergeneracional expresada en las manifestaciones de principios de 2020 demuestra una vez más que la lucha de la clase obrera lleva el germen de una comunidad humana unida. Las discusiones preparan este futuro de lucha. Debatir sobre las movilizaciones de clase más masivas y unitarias de los últimos años frente a los ataques, la de la reforma de las pensiones, la del CPE en 2006[4], la de los indignados en 2011[5], para aprender de las fortalezas y debilidades de estos movimientos, sigue siendo una necesidad. Estas, al igual que la historia del movimiento obrero y sus grandes luchas, demuestran de lo que es capaz nuestra clase cuando toma masivamente sus luchas en sus manos.
"Sólo saldremos victoriosos si no hemos olvidado cómo aprender" (Rosa Luxemburgo).
Pawel, 4 de enero de 2021
[1] 2.192.399 muertos a 15 de enero 2021, ver Dos millones de muertos por coronavirus: el mapa que muestra dónde han fallecido las víctimas de covid-19 - BBC News Mundo [184]
[2] Ver La irrupción de la descomposición en el terreno económico: Informe sobre la crisis económica https://es.internationalism.org/content/4629/la-irrupcion-de-la-descomposicion-en-el-terreno-economico-informe-sobre-la-crisis [484]
[3] Balance de las luchas en Francia contra la "reforma" de las pensiones https://es.internationalism.org/content/4524/balance-de-las-luchas-en-francia-contra-la-reforma-de-las-pensiones [141]
[4] Ver Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [7]
[5] 2011: de la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [8]
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El 25 de noviembre, la noticia del deceso de la muerte de Maradona viajó por todo el mundo y sumió a Argentina en un “duelo” sobre publicitado. La travesía de este “niño de oro”, que salió de los barrios bajos de los suburbios de Buenos Aires, ha inspirado a más de una generación de hijos de trabajadores, especialmente en los barrios del centro de la ciudad. Viniendo de una familia muy pobre, Diego Maradona rápidamente se hizo un nombre, por su legendaria habilidad con el balón, así como por su combatividad, su franqueza al hablar y sus demandas de “libertad” y una vida sin trabas. Pero la vida de este colorido personaje se hundió muy rápidamente en una espiral destructiva, atrapada por un medio a imagen de la sociedad actual: deporte espectáculo, negocios, mafia, drogas y escándalos.
Nacido en plena Guerra Fría entre la URSS y Estados Unidos, alimentó a lo largo de su vida un fuerte sentimiento antinorteamericano y una marcada simpatía por los regímenes estalinistas de Centro y Sudamérica[1]. En 2005, luego de un encuentro con el presidente venezolano, declaró: “Amo a las mujeres, pero salí completamente enamorado [del almuerzo] porque he conocido a Fidel Castro, Muamar Gadafi y, ahora, conozco a un gigante como Chávez”. El jugador “dorado” se había convertido así en el embajador “dorado” de los dirigentes estalinistas que no dejaron de utilizarlo y de aparecer a su lado para mejorar su popularidad. A principios de la década de 2000 se mudó a Cuba (entre otras cosas para someterse allí a un infructuoso tratamiento de desintoxicación) y permaneció cerca de Fidel Castro. En Argentina, los Videla, Kirchner y otros también se beneficiaron con el apoyo del célebre futbolista.
Al hacerlo, también estaban explotando otro peso ideológico muy pesado que el deporte alimenta en gran medida: el patriotismo y el nacionalismo. Si Maradona dijo que tenía dos sueños de niño: “participar en el Mundial de futbol y ganarlo con Argentina”, estaba lejos de tener conciencia que sus logros deportivos alimentarían el fervor nacionalista, llegando incluso a servir a los intereses imperialistas de Argentina como en el Mundial de 1986 en México y en los cuartos de final contra Inglaterra, apenas cuatro años después de la guerra entre estos dos Estados por la soberanía de las islas Malvinas, de Georgia del Sur y de Sándwich del Sur. El fracaso militar argentino en este conflicto llenó el estadio Azteca de México de un ambiente de venganza: “Todo un pueblo está esperando una victoria argentina sobre el ‘imperialismo’ británico y obviamente cuenta con Maradona para lograrlo”[2]. Durante este partido y fuera de la vista del árbitro Maradona marcará su famoso gol con la mano: “la mano de Dios”, comentó más tarde. Este reflejo, ampliamente publicitado hasta hoy, fue tanto una expresión de un supersticioso deseo de gloria como de un nacionalismo vengativo.
No era la primera vez que el deporte ha servido como vector de este tipo de ideología nauseabunda para avivar conflictos y agudas tensiones entre Estados: “En 1969, el partido de fútbol entre Honduras y El Salvador por la clasificación a la Copa del año siguiente fue un preludio de la guerra que pronto estalló entre estos dos países. También podemos recordar el partido entre el Dynamo de Zagreb y Red Star de Belgrado en 1990 que desembocó en una batalla campal que dejó cientos de heridos y varios muertos, contribuyendo a agravar las tensiones nacionalistas ya existentes que desembocarían en la guerra en la ex Yugoslavia. Entre los partidarios serbios más radicales estaba el señor de la guerra Arkan, un especialista en la ‘depuración étnica’, ¡un nacionalista más tarde buscado por la ONU por ‘crímenes contra la humanidad’!”[3]. Podríamos multiplicar las historias de este tipo para las que el deporte es un terreno fértil.
Tal reclutamiento ideológico no podría funcionar sin la exageración ensordecedora que acompaña a cada encuentro “importante” de la “selección nacional”. Ya sea fútbol, rugby o muchos otros deportes populares, cada evento adquiere la apariencia de una ceremonia religiosa, con sus protocolos, sus himnos y sus seguidores fanáticos. En un mundo que se está agotando, asfixiado por sus propias contradicciones y en plena descomposición, esto permite a millones de trabajadores explotados encontrar una “salida excitante”. Frente a las dificultades de la vida cotidiana, la falta de perspectiva y la atomización de los individuos, los eventos deportivos crean una falsa impresión de unidad, o, se podría decir, de “comunión” detrás de “su” equipo y “su” bandera. ¡Esta solemnidad cuasi religiosa y nacionalista es un verdadero veneno para la clase obrera!
A lo largo de su carrera deportiva y hasta el final de su vida, Maradona no solo encarnó la “grandeza nacional” de Argentina, también fue objeto de un fanatismo llevado al paroxismo. Un verdadero “dios” viviente cuyo culto ilimitado se expresaba a través de imágenes, de capillas, pero también de ceremonias nupciales. Esta idolatría, nuevamente expresada en su funeral, es el sello más llamativo de una sociedad sin perspectiva y sin futuro que busca esperanza y consuelo en las hazañas de un futbolista talentoso y carismático.
Si el mito forjado en torno a la figura de Maradona es síntoma de un mundo sin futuro, lo es también su vida extradeportiva, marcada por los excesos del Star-system que lo llevan poco a poco a una auténtica ruina personal: “Si hubiera sido un narcotraficante, me hubiera muerto de hambre”, declaró con ironía Maradona, reconociendo su adicción a la cocaína.
El mundo del deporte hiper mediatizado es una verdadera guarida de mafiosos donde la corrupción es la regla[4]. A principios de la década de 1990, mientras jugaba para el club italiano Napoli, se vio implicado en un caso de tráfico de drogas entre Francia y el sur de Italia. “Las intervenciones telefónicas revelan que reclamaba ‘mercancía y mujeres’ a los matones locales. Sus relaciones con Luigi Giuliano, padrino de un supuesto clan camorrista de reputación violenta, aparecieron en los periódicos.”[5] De ahí surge su adicción a las drogas y luego al alcohol, contra la que intentará luchar el resto de su vida.
Marius, 23-diciembre-2020
[1] En particular, lució un imponente tatuaje en el hombro con la efigie del Che Guevara, una de las figuras emblemáticas y sanguinarias del estalinismo. Ver Correo del lector: Guevarismo, una ideología contrarrevolucionaria https://es.internationalism.org/RM/89_Guevarismo.html [486]
[2] “Diego Maradona, ‘dios’ del fútbol, ha muerto”, Le Monde (25-noviembre-2020).
[3] “El deporte, un concentrado de nacionalismo”, Revolution Internationale n ° 413 (junio-2010).
[4] Último ejemplo: la investigación sobre el voto de Platini para atribuir el Mundial de 2022 a Qatar, en beneficio de la contratación de su hijo...
[5] “Diego Maradona, ‘dios’ del fútbol, ha muerto”, Le Monde (25-noviembre-2020).
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Cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró en mayo de 2020 que la vacuna contra el SARS-CoV-2 iba a ser un "bien público mundial", sólo fueron capaces de creerlo aquellos que todavía se hacen ilusiones sobre la capacidad del mundo capitalista para desempeñar un papel progresista para la humanidad, y que además está en medio de una crisis mundial sin precedentes. Asimismo, los llamamientos al uso de "licencias obligatorias"[1] sólo podrían ser una cándida utopía.
En efecto, nada podría hacer pensar que la vacuna contra el Covid-19 escaparía a las leyes del capitalismo y a sus consecuencias: la competencia, lucha por los mercados, el espionaje, el robo de tecnología, incluso cuando se trata de salvar millones de vidas humanas. Y con razón: la actual crisis sanitaria tiene lugar en un mundo en plena descomposición[2].
En cuanto apareció la enfermedad, la comunidad científica supo que sólo una vacuna podría vencerla. Así que la industria farmacéutica se puso manos a la obra para ser la primera en suministrar la preciada vacuna. Pero más allá de los considerables intereses comerciales para los laboratorios de investigación y los grupos farmacéuticos, hay un evidente interés político para los Estados que pueden acceder a ella.
Desde las primeras horas de la pandemia comenzó la guerra de las vacunas tal como en epidemias anteriores. Hay muchos ejemplos. Tal es el caso de la batalla contra el SIDA[3] que comenzó tan pronto como se descubrió el agente responsable de esta enfermedad sin precedentes. Los equipos de Luc Montagnier en el Instituto Pasteur fueron seguidos de cerca por los de Robert Gallo en el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos. El leitmotiv de estos equipos no era, evidentemente, identificar rápidamente el agente para empezar a combatirlo, sino ser los primeros en poder hacerse con la propiedad del mismo y adelantarse así a futuros tratamientos y vacunas.
Finalmente fue el equipo francés el que, en enero de 1983, ganó por un estrecho margen. Pero la guerra no había hecho más que empezar y se desataría realmente en las pruebas de campo, donde esta vez los estadounidenses se vengarían. El laboratorio Abott se posicionaría con amplitud en este prometedor mercado, ofreciendo la posibilidad de vender miles de millones de pruebas que podrían aplicarse en pocos años en todo el mundo.
Luego vino la guerra de los tratamientos, donde se pondría de manifiesto el máximo desprecio por la vida humana, Francia debía tomar venganza tras su derrota en la guerra de las pruebas. En cuanto se anunciaron las primeras esperanzas para la ciclosporina, la ministra de Sanidad de la época, Georgina Dufoix, le concedió públicamente la "etiqueta de Francia", antes de ver cómo estas esperanzas se desvanecían finalmente con las primeras pruebas realizadas con la molécula. Al otro lado del Atlántico, el vicesecretario general de Sanidad anunció la solución milagrosa del AZT, aunque los ensayos en curso aún no habían dado ningún resultado.
Estos escandalosos anuncios que encarnan los fríos intereses de dos estados en competencia también mostraron un total desprecio por los miles de pacientes que sólo podían depositar sus esperanzas en un tratamiento rápido que los salvara de una muerte segura. Pero para cada Estado lo único que importaba era la necesidad de ser el primero sobre la faz del mundo.
El escándalo de la "sangre contaminada" en Francia en los años 1980-90 reveló que el Estado había retrasado al menos seis meses las pruebas para detectar el VIH y la hepatitis C en los donadores de sangre, a pesar de que la técnica estaba ya adoptada desde octubre de 1984, como demostró un estudio estadounidense. La "guerra de las pruebas" y la obsesión por los recortes presupuestarios habían llevado al Estado francés a mantener prácticas deliberadamente criminales de transfusión de sangre contaminada a hemofílicos y otros pacientes para liquidar sus existencias y ahorrar dinero a toda costa, lo que provocó la muerte de miles de pacientes entre 1984 y 1985.
Hoy en día, la guerra por la vacuna contra el SIDA continúa, aunque, a pesar de que no es tan rentable como un tratamiento a largo plazo (de hecho, para toda la vida), la investigación es mucho más lenta debido a los planes de austeridad que llevan a los estados a raspar los fondos del cajón y a reducir drásticamente los presupuestos para la investigación básica.
En 2019, en África, la situación fue más o menos similar en torno a la epidemia del Ébola[4] en un clima de acusaciones, de malversación de fondos, de favoritismo hacia los dirigentes congoleños pero también hacia la OMS en cuanto a la elección de una vacuna en lugar de otra, etc. Mientras que el laboratorio alemán Merck había propuesto una vacuna eficaz, pero en cantidades insuficientes, el laboratorio estadounidense Johnson & Johnson propuso otra vacuna, anunciada como complementaria, ¡pero nunca probada en humanos! La batalla comenzó a introducir a este recién llegado con operaciones de lobby y otros medios de presión.
La situación actual sigue el mismo patrón con la vacuna para el COVID. Mientras que crece la retórica sobre la cooperación internacional para crear una vacuna, mientras que el "sentido común" podría sugerir que la unión de fuerzas en la investigación farmacéutica conduciría a resultados más rápidos y eficaces; el pasado mes de noviembre había 259 vacunas candidatas en el mundo, diez de las cuales estaban en fase 3 (la última antes del procedimiento de "autorización de comercialización"). 259 equipos, cada uno trabajando por su cuenta, vigilando los avances de los demás para no ser superados, buscando no la eficacia sino la exclusividad del proceso. Los primeros en lograrlo, Pfizer y BioNTech, anunciaron que su vacuna tenía una eficacia del 90%. Unos días después los rusos anunciaron una eficacia del 92%. Entonces Moderna alzó su nariz y anunció un 94% de efectividad. ¡Sin embargo, Pfizer afirma haber revisado sus cálculos y finalmente ha anunciado una eficacia del 95%! ¿Quién está en lo cierto?
Esta cínica, gélida y espantosa sobrepuja de marketing para promocionar y vender su producto cuando está en juego la vida de decenas de millones de víctimas resume el funcionamiento mortal de esta sociedad podrida.
Muchos denuncian la ganancia económica que supone la futura vacuna, pero se equivocan al culpar a las "Big Pharma", esos pocos laboratorios gigantes que se disputan el mercado de la salud. También se equivocan cuando exigen que los poderes públicos regulen la situación y "obliguen" a los fabricantes a "cooperar" por el bien público. Porque lo que está en juego no es la codicia de unos pocos accionistas, sino una lógica que abarca todo el planeta, toda la actividad humana: la lógica capitalista. La investigación científica no escapa a las leyes del capitalismo, necesita dinero para avanzar y el dinero sólo va donde se pueden esperar beneficios: ¡sólo se presta a los ricos!
¿Debemos esperar que los Estados regulen esta gran feria del acaparamiento? Por el contrario, los Estados capitalistas están en el centro de la batalla y son los primeros en dirigir la investigación a través de su financiación. En un mundo presa de las rivalidades imperialistas es naturalmente en el ámbito de la defensa y el armamento donde más se financia la investigación. Pero el ámbito de la salud no está exento. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, las autoridades estadounidenses revisaron su estrategia en materia de investigación de vacunas, hasta entonces bastante descuidada, para financiar la investigación de las llamadas vacunas de "amplio espectro", capaces de inmunizar contra varios virus en un intento de combatir lo que se considera la creciente amenaza del bioterrorismo. En otro orden de cosas, la muy activa política sanitaria de China en África en las últimas décadas ha estado impulsada únicamente por sus intereses imperialistas. Cualquier cosa es buena para ganar un punto de apoyo e influencia en el planeta. China lleva mucho tiempo aumentando su presencia en África mediante inversiones, acuerdos económicos, apoyo político, militar, humanitario y, por tanto, sanitario.
Hoy en día todos los Estados están detrás de sus propios laboratorios y todos defienden sus propios intereses sin preocuparse por la equidad o la solidaridad. Con un desprecio constante por las consecuencias mortales de la enfermedad, los Estados luchan por captar el mayor número posible de vacunas, sabiendo que en esta batalla sólo triunfarán los más ricos y que, en consecuencia, la mayor parte de la humanidad no tendrá acceso a las vacunas, o lo tendrá muy tarde. El pasado mes de abril se creó la plataforma COVAX, una plataforma multilateral dedicada a la compra y distribución de futuras vacunas y que promete un acceso equitativo para todos. Todos los jefes de Estado acogieron con satisfacción esta cooperación. Pero a escondidas, todo el mundo hacía acuerdos bilaterales con los laboratorios para reservar dosis. Mientras que la industria prevé producir entre 3 000 y 4 000 millones de dosis de aquí a finales de 2021, las reservas secretas ascienden a 5 000 millones, sólo para unos pocos países: Estados Unidos, Rusia, China, la Unión Europea y algunos países menos ricos que intentan destacarse, como Brasil.
Hoy en día COVAX se queda con la vacuna británica Oxford-AstraZeneca, que cuesta mucho menos que la de sus competidores, pero que tiene una eficacia probada de no más del 62% hasta la fecha[5]. Los países más pobres, que no disponen de los equipos necesarios para almacenar y transportar las vacunas de Pfizer o Moderna, tendrán que conformarse con lo que el Reino Unido tenga en stock.
Mientras tanto, la gente está muriendo. Mientras tanto, la burguesía sigue desbordada por los acontecimientos, sigue reaccionando día tras día, con la misma despreocupación, la misma escasez de medios hospitalarios y logísticos. En el corazón de las mayores potencias industriales, la campaña de vacunación se ve fuertemente obstaculizada por las deficiencias logísticas de los países miembros de la UE, como en Alemania, donde la entrega y distribución de la vacuna se vio interrumpida en varias ciudades debido a las dudas sobre el respeto de los niveles de frío al transportar miles de dosis. En los Estados Unidos, a pesar de una impresionante movilización logística bajo el control del ejército, "ha habido fracasos", según el famoso Dr. Fauci. Sólo algo más de 4.2 millones de personas recibieron la primera dosis de una de las dos vacunas autorizadas en el país (Pfizer y Moderna), muy lejos de la promesa gubernamental de vacunar a 20 millones de personas, mientras la pandemia batía récords diarios de contagio y muertes en los hospitales saturados (a 19 de febrero 491.003 muertos y 27.787.211 infectados), hasta el punto de que el responsable del programa mencionó, para acelerar el ritmo de la campaña, la posibilidad de administrar la vacuna por... ¡medias dosis! La decisión británica de posponer la administración de la segunda dosis de la vacuna durante varias semanas, para que el máximo número de personas reciba la primera dosis es, desde el punto de vista inmunológico, igual de irracional... Los procedimientos de vacunación son excesivamente lentos y totalmente inadecuados para la urgencia y las necesidades más apremiantes. En Francia, por ejemplo, de forma caricaturesca, la última semana de diciembre fue objeto de una patética operación mediática con la vacunación ante las cámaras de unas cuantas abuelitas estrellas, mientras que otras decenas de miles esperarán probablemente hasta finales de enero para recibir su primera inyección, con, además, excusas increíbles como "se necesita mucho tiempo para vacunar a los ancianos". Pero ni siquiera se oculta en este país que, si se ha priorizado a los residentes de EHPAD (Establecimientos para alojar personas mayores dependientes) sobre los profesionales sanitarios, ¡es porque no había suficientes dosis disponibles para estos últimos!
Detrás de estos nuevos "escándalos sanitarios", que no hacen más que revelar una vez más la incapacidad del capitalismo para reaccionar de otra manera que no sea la de defender sus intereses a corto plazo, en una total falta de preparación e improvisación, observamos situaciones, como en Francia, en las que la logística acaba basándose en la buena voluntad de los farmacéuticos y de los médicos enfrentados a la limitación de los costes al mínimo estricto : La escasez de super -congeladores en las farmacias de los hospitales ha obligado al Estado a centralizar el almacenamiento de las vacunas en las farmacias de las ciudades, que tienen que organizarse para distribuirlas a los hospitales. En estas condiciones, no estamos al final de esta crisis sanitaria.
Pero lo más fraudulento de la situación es que la vacunación no sólo se nos presenta como la panacea de la crisis sanitaria; toda la burguesía también nos la presenta como la única salida a la crisis económica y al deterioro acelerado de las condiciones de vida que se agrava por doquier, mientras intenta ocultar el impasse y las contradicciones insalvables de su modo de producción. Porque lo que actualmente aflige a la humanidad no es el resultado de una desafortunada coincidencia. Es el producto de un sistema al final de su trayecto, que se descompone arrastrando todo con él. En consecuencia, el descuido de la burguesía no se debe a la incompetencia de unos pocos dirigentes, sino a la creciente incapacidad de la clase dominante para contener los efectos de la decadencia de su sistema. Mientras esta lógica esté en marcha, la humanidad no podrá escapar de las lacras que se derivan de ella.
GD, 6 de enero de 2021
[1]Proceso que obliga a los inventores de un medicamento, tratamiento o vacuna a permitir la fabricación de genéricos, lo que permite un acceso más rápido, generalizado y barato
[2] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[3] Véase, por ejemplo, "SIDA: la guerra de los laboratorios", Le Monde (7 de febrero de 1987)
[4] Véase "RDC: la guerra de las vacunas entorpece la lucha contra el Ébola", Le Soir (2 de agosto de 2019)
[5] "Covid-19: Por qué la vacuna de Oxford-AstraZeneca, autorizada por el Reino Unido, podría cambiar las cosas". The Conversation (4 de enero de 2021)
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El 27 de enero una enfermera del antiguo hospital La Fe de Valencia, rehabilitado como “hospital de campaña” para los enfermos de COVID, hizo circular una carta anónima sobre las condiciones de los enfermos y del trabajo del personal sanitario[1].
La trabajadora redacta su testimonio a partir de su trabajo en el hospital Antigua Fe de Valencia rehabilitado como Hospital de Campaña Ernest Lluch y pomposamente anunciado como una “gran y rápida medida en la lucha contra el COVID”.
Pero detrás de la luz cegadora de la propaganda encontramos la tenebrosa realidad: “Todos los pacientes que están allí son ancianos, personas olvidadas por la sociedad, ya que no son productivas y no aportan nada a la economía. Son pacientes derivados desde todos los hospitales de València para “desahogar a los hospitales”, pero lo que realmente significa es que los mandan a este centro para no ver el problema”
La ratio enfermera – paciente en los hospitales COVID es 1 para 6, esto trae como consecuencia “Por norma general, entras a las habitaciones tres veces si tu turno es de 12h diurnas, a no ser que ocurra alguna urgencia y el paciente sea capaz de tocar el timbre para avisarnos. Digo lo de ser capaz, porque ha sucedido más de una vez que al paciente le ha pasado algo grave, y por no poder avisarnos no nos hemos enterado. El paciente ha acabado en el suelo muerto y ni nosotros sabíamos cuánto tiempo había estado así”.
Dada la sobrecarga de trabajo, los enfermos quedan desatendidos por la noche con consecuencias macabras: “Además, si su edad se encuentra entorno a los 70 años en adelante, la mayoría de los pacientes ni son reanimables ni intensivables, por lo que, si por la noche tienen una saturación baja, sabiendo cual va a ser su destino (la muerte), no se vuelve a entrar a esa habitación hasta las 7 de la mañana. Así, se confirma lo que al inicio del turno se pensaba y se deja morir sola a una persona”.
La carta denuncia que “Nos falta material, espacio para trabajar y, sobre todo, faltan recursos humanos. Las personas que estamos trabajando allí, a pesar de todo el cansancio físico y mental, hacemos todo lo que podemos. Si quieres llegar a todo, acabas siendo una mera administradora de medicación que toma constantes y pincha insulinas”. Como resultado, “las muertes se normalizan y, sobre todo aquí, internamente se agradecen, porque la vida que les damos en el “hospital" no es vida “.
Se está practicando, como denunciamos al principio de la pandemia[2], una velada eugenesia, como denuncia la carta: “Ahora mismo está siendo palpable como la gente mayor es población prescindible para nuestra sociedad, y si además eres COVID positivo se te castiga por ello”
Los trabajadores de dicho centro en declaraciones a un periódico corroboran el testimonio “Lo que describe sobre cómo está muriendo la gente aquí se ajusta a lo que está pasando. Pero no solo aquí, en muchísimos lugares de España o del mundo ¿O es que pensabas que la pandemia era una broma?”, espetó una de las sanitarias que atendió a este periódico”. “Desde luego que nos encontramos fallecidos al ir a verlos por las mañanas. Y por las tardes y a cualquier hora”[3].
Las condiciones en las que se encuentran los enfermos son espantosas: “No tienen agua caliente para ducharse, los telefonillos no funcionan y suenan en el control de enfermería, pero no puedes comunicarte con ellos, por lo que tienes que imaginarte lo que les pasa. La gran mayoría de habitaciones son minúsculas, pero dentro hay dos pacientes en camas de no se sabe qué año, una basura donde se tiran los pañales y empapadores y no hay ventilación. No os podéis imaginar el olor que hay ahí dentro y lo cargado que está el ambiente. No tienen televisión para hacerles las horas algo amenas y una gran parte de ellos están atados. Sí, habéis leído bien, atados. La justificación es que están desorientados, se quitan la vía y no damos abasto. Pero ¿hay algo más inhumano y desolador que sujetar a una persona de las muñecas? ¿Cómo nos sentiríamos nosotros si estuviéramos en esas condiciones y encima nos ataran? No se pueden ni rascar, por lo que no hablemos de si tienen sed”.
Otros sanitarios confirman esta barbarie: ““Claro que inmovilizamos a pacientes. Es durísimo, pero a veces es la única solución cuando están fuera de sí y se arrancan las vías”. “Se está haciendo una sanidad de guerra. Los pacientes están muriendo solos y mal atendidos, porque la ratio de profesionales es bajísima. Los sanitarios están haciendo todo lo que pueden, pero cuando son tantos los pacientes, que encima tienen que estar solos, ocurre esto”.
“No hay nadie allí que vaya a darles conversación, no tienen visitas de sus seres queridos. Muchos de ellos no saben ni usar un móvil. Te piden ayuda y la grandísima mayoría de veces no puedes dársela porque tienes diez pacientes más a tu cargo y no llegas a todo. Aunque se les hace el aseo, que es cambiarles el pañal y colocarlos bien en la cama dos veces por turno, están sucios. Se les acumulan las legañas, las bocas sucias, las lenguas llenas de mugre incrustada por la falta de higiene. Aparecen úlceras por la cantidad de horas que están en la misma posición”. Como consecuencia “Las personas ingresadas lloran por el desconsuelo de estar allí, se revuelven en las camas, muchas de ellas pierden el norte, acaban desorientadas y con la fuerza muscular de una lechuga, ya que no hay nadie que vaya a hacerles rehabilitación en condiciones. Solo se contrata a una fisioterapeuta para todo el hospital y las visitas que puede hacer a las personas con cierta movilidad son de 5 minutos”. Los que no mueren vuelven a sus casas en sillas de ruedas incapaces de moverse.
“Tengo pacientes que me han pedido que los matara, porque no podían soportar estar en esas condiciones. Me piden que los desate, que los dejemos irse a sus casas”. Para que no protesten “se les droga con haloperidol. Los que aún mantienen cierta cordura te gritan que no hay derecho a tenerlos así y yo no puedo hacer otra cosa que darles la mano y la razón”.
El relato de la hija de un anciano muerto por COVID en el hospital Ernest Lluch va en la misma línea “Lavaban a mi padre con agua fría porque no había agua caliente en el hospital”. “El personal estaba totalmente sobrepasado por la situación”. “Hacía pipi o caca y tardaban hora y media en ir a cambiarle el pañal”. “Se quedó dos veces sin comer. Una porque se le rompió el cubierto de plástico y el chico se fue a por otro, pero nunca volvió”.
La enfermera recuerda su trabajo temporal en Residencias de Ancianos donde la situación es horrorosa: “Esto se queda en nada cuando vas a una residencia de ancianos (que también he estado) de las que “interviene Conselleria” para ayudar a limpiarla de coronavirus. Es inhumano y desolador ver cómo, por falta de personal, los ancianos, que siguen siendo personas, se pasan el día encarados a una pared, con los pañales llenos de heces y orín durante horas. Con asistencia enfermera escasa porque ni siquiera el material para medir las constantes son fiables y porque si hay poco personal de TCAES, hay mucho menos de enfermería. El tiempo que estuve allí fuimos 2 enfermeras para 80 residentes[4]”.
Esta situación inhumana supone un trauma tremendo para los trabajadores de la sanidad, obligados a horarios de más de 12 horas, sin medios, sin protección, el sufrimiento que expresa la carta es un grito que sale de las entrañas de estos proletarios: “Lloro en mi casa, antes de entrar a mi trabajo, a la salida y me muerdo la lengua para no llorar delante de ellos (…) El trauma psicológico que se nos está creando al personal sanitario que estamos trabajando allí es importante, yo misma he pedido ayuda psicológica por ansiedad”.
Gobierno, partidos y sindicatos que los llamaba “héroes”, que los presentaba como “soldados de la guerra contra el COVID”, los ignora y humilla: “Da igual que informemos a los superiores o a los sindicatos. Llevamos de pelea con ellos desde hace meses por las condiciones laborales y la respuesta es que no pueden hacer nada. Conselleria se lava las manos y el gobierno aún más”.
“Me encuentro en un estado de ansiedad frente al trabajo que no había sentido nunca. Siento desesperación y desesperanza por la humanidad. Las condiciones que les estamos dando en Ernest Lluch son iguales que las de cualquier matadero y, aunque intento dar lo mejor de mí, desde Conselleria y, por consecuencia, la Dirección de mi hospital se me obliga a trabajar de una manera que me hace sentir cómplice de este maltrato. Si esto significa ser enfermera, no quiero serlo. Si esto significa la vocación, la he perdido. No se puede olvidar que estamos hablando de personas que han luchado, amado, llorado, jugado y sentido. Son personas con una vida muy larga y no tenemos derecho a tirársela a la basura de esta manera”
El fenómeno criminal que denunciamos no se limita a Valencia, es un problema mundial. En Madrid el hospital Zendal, presentado por el PP como modelo, tiene las mismas carencias “déficit de personal cualificado, insuficiencia y falta de dotación de carros de paradas, disfunción del suministro de gases medicinales, no funcionamiento o inadecuación de los aseos, alteración del suministro de agua corriente, falta de intimidad de los pacientes”[5].
En Italia se hizo macabramente famoso el video donde “Un hombre de 84 años aparece muerto en el lavabo del hospital Cardarelli de Nápoles. Era un posible caso de coronavirus que estaba en una sala de urgencias abarrotada, a la espera de un test después de que su estado se agravase en los últimos días (…) los centros hospitalarios están al borde del colapso, por falta de personal y falta de camas ante la vertiginosa propagación de la Covid-19. En muchas regiones las tasas de ocupación de los hospitales están por encima del 100%. El hospital Valduce de Como, por ejemplo, ha tenido que cerrar durante 12 horas su sala de urgencias porque no podían atender a más pacientes (…) En Nápoles hay pacientes que están siendo tratados con oxígeno en sus propios coches mientras esperan a ser atendidos”[6]
En Gran Bretaña, la BBC ha publicado el testimonio de una doctora: “La Unidad de Cuidados Intensivos está llena de pacientes infectados por el coronavirus. Todas las cirugías que no son urgentes han sido aplazadas, incluso las que tienen que ver con pacientes con cáncer. Falta personal y camas para cuidados intensivos y a ello se le suma la escasez de antibióticos y respiradores mecánicos (…) los médicos y enfermeros que atienden a los pacientes más graves en turnos de hasta 13 horas deben utilizar bolsas para residuos hospitalarios, delantales de plástico desechables y lentes de esquiar como protección. Mientras que a las personas se les exige una distancia social de por lo menos dos metros, los médicos examinan a los más enfermos a unos 20 cms de sus rostros sin el resguardo adecuado (…) Las enfermeras de la Unidad de Cuidados Intensivos están en riesgo de contagiarse todo el tiempo, pero les han dicho que utilicen las mascarillas abiertas por los costados, lo que no les provee una protección adecuada, por eso nos tenemos que poner bolsas de basura en la cabeza (…) Las máscaras de protección que tenemos ahora tienen las fechas de vencimiento alteradas. Ayer encontré una con tres etiquetas superpuestas: un sello de vencimiento de 2009, otro de 2013 y otro encima de 2021”
Podríamos seguir: los cadáveres abandonados en las calles de Guayaquil en marzo pasado; las enormes fosas donde se amontonan las muertes "no reclamadas" en el estado de Nueva York, en la isla de Hart; las residencias de ancianos en Francia, España, Gran Bretaña y otros países “privilegiados” convertidas en ratoneras donde los mayores caen como moscas y, al mismo tiempo, sus cuidadores se infectan y muchos mueren… Es el rostro de la barbarie que nos enseña el capitalismo que se presenta como el más “civilizado” y “democrático”. Nada podemos esperar del capital, de sus Estados, de sus partidos, de sus gobiernos, únicamente el desarrollo de la lucha de clase del proletariado y su politización revolucionaria mundial podrá abrir la solución.
Smolny 12-2-21
[1] València - s1.eestatic.com [490].
[2] Para una visión global de la pandemia leer Dossier especial COVID19: el verdadero asesino es el capitalismo https://es.internationalism.org/content/4566/dossier-especial-covid19-el-verdadero-asesino-es-el-capitalismo [255]
[3] Fuente para esta y otros testimonios: Un anónimo destapa el drama del Covid en la vieja Fe: "Hay pacientes atados. Me pedían que los matara" (elespanol.com) [491].
[4] Según la carta, para atender decentemente a los ancianos se necesitarían no 2 enfermeras sino un mínimo de 8.
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Leemos en La Haine, una revista ideológica de la Izquierda del Capital, un artículo que denuncia la complicidad entre el liberalismo y el fascismo, recogiendo una cita de Bertold Brecht: “Los intelectuales tienden un velo sobre el carácter dictatorial de la democracia burguesa al presentarla como el absoluto opuesto del fascismo y no como otra fase natural del mismo en el que la dictadura burguesa se revela de modo más abierto” y señalando que “fascismo y liberalismo comparten su innegable devoción al orden mundial capitalista. Aunque sea preferible el guante de terciopelo del gobierno hegemónico y consensual y el fascismo sea más proclive a aplicar sin reparos el puño de hierro de la violencia represiva, ambos pretenden mantener y desarrollar las relaciones sociales capitalistas, y han cooperado a lo largo de la historia moderna para lograrlo”[1]
Ya de entrada nos deslizan una trampa: decir que el “guante de terciopelo” de la democracia sería preferible al “puño de hierro” del fascismo, nos proponen pues que hay que elegir entre las diferentes variantes del Estado capitalista ocultando que éste es siempre la dictadura del Capital y nos engañan haciéndonos creer que la democracia sería menos represiva o más “considerada” con los explotados. Todo esto es radicalmente falso: democracia y fascismo son dos formas de la dictadura del capital, la democracia es culpable de tantas matanzas, represión y guerras como el fascismo y, en última instancia, la democracia es la que ha preparado la cama al fascismo como se ha demostrado reiteradas veces: en Italia con el ascenso al poder por vías democráticas de Mussolini (1922); el triunfo electoral nazi en 1933; la complicidad entre la República y Franco en España (1936) o las puertas abiertas que Allende ofreció a Pinochet en Chile (1973).
Aunque el artículo denuncia la identificación que hace el liberalismo entre fascismo y comunismo[2] que considera ambos como “totalitarios”, desliza otra trampa al afirmar: “la línea divisoria fundamental no es la que separa dos modos diferentes de gobernanza capitalista, sino capitalismo y anticapitalismo”. Esto es igualmente una falsedad: lo que se opone al capitalismo no es el “anticapitalismo”, una ambigua y confusa oposición que no ofrece ninguna alternativa[3], la verdadera alternativa es la lucha de clase del proletariado por el comunismo.
El artículo reconoce la complicidad entre los partidos liberales -la derecha clásica de la burguesía- y el fascismo. Sin embargo, no dice ni una palabra de todo lo que hizo la izquierda del capital contra los obreros y que facilitó el triunfo de Mussolini, de Hitler, de Franco o de Pinochet. Decía un poeta alemán, Lessing, que la “peor mentira es una verdad a medias”. Ocultar la responsabilidad de la Izquierda del Capital es falsear la realidad histórica. La Izquierda del Capital aplastó primero a la clase obrera y la encadenó a dos trampas consecutivas: 1) defensa de la democracia; 2) elegir bando entre los verdugos capitalistas. Con esta estrategia política abrió el camino hacia el fascismo. Los ideólogos de la Izquierda del Capital intentan esconder que ella, junto con los sindicatos, es un pilar fundamental del Estado Capitalista, cómplice de derecha y extrema derecha.
En numerosos artículos hemos demostrado ese papel criminal de la Izquierda del Capital. Una visión falsa de la historia es la que presenta al fascismo como el medio para impedir una revolución proletaria. En los años cruciales de la oleada revolucionaria mundial de 1917-23, las experiencias de Alemania, Italia y Hungría nos demuestran que las cosas no sucedieron así. Fue, al contrario: primero la Izquierda del capital, auxiliada por los sindicatos, aplastó a los obreros y, después, cuando estos estaban derrotados y desmoralizados, las hordas fascistas remataron la faena instaurando el más feroz terror capitalista. En Alemania el SPD y los sindicatos aplastan la tentativa revolucionaria del proletariado alemán (1918-23), alumbran la República de Weimar y esta, a su vez, aniquilada toda resistencia de clase en el proletariado, cede democráticamente el poder a Hitler en 1933. En Hungría, los socialistas sabotean los Consejos Obreros (que habían tomado el poder en marzo de 1919), permitiendo su derrota en agosto de 1919, lo que dio paso a la feroz dictadura fascista del almirante Horthy[4].
Vamos a ver lo que ocurrió en Italia, el artículo denuncia justamente la colaboración de la gran burguesía en el asalto al poder de Mussolini y sus hordas fascistas. Grandes industriales financiaron a sus bandas de matones que aterrorizaban a los obreros y les dieron el espaldarazo final con la Marcha sobre Roma el 28 de octubre 1922. Denuncia igualmente la colaboración de la monarquía que llamó a Mussolini al gobierno pese a que no tenía mayoría parlamentaria. Del mismo modo, denuncia la colaboración de los liberales que apoyaron la modificación de la ley electoral de 1923 que propuso el partido fascista y fueron en coalición con éste en las elecciones de 1924 regalándole una abrumadora mayoría parlamentaria.
Pero el artículo se detiene ahí cumpliendo con ello su función mistificadora. No dice nada del papel que jugaron el partido socialista, los sindicatos y la rama oportunista que finalmente controlaría el Partido Comunista en Italia. Conocer todo esto es vital para la clase obrera actual.
Con la guerra de 1914 que marca la entrada del capitalismo en su época de decadencia se produce la traición y la integración en el Estado capitalista de la gran mayoría de partidos socialistas, así como de los sindicatos.
El Partido Socialista Italiano adoptó una política de “neutralidad” frente a la guerra imperialista acomodándose a las necesidades del capital italiano que dudaba entre el bando germano – austriaco o el franco – inglés (se decantó por este último en la tardía fecha de 1917). El PSI “se centró en frenar la lucha de clases durante todo el tiempo que duró la guerra, bajo el hipócrita pretexto: “ni sabotear, ni participar”, lo que, de hecho, no era más que un pisoteo de los principios más elementales de la lucha de clases internacional. Esta posición la compartían también los negociantes y el Vaticano, protector del imperio católico austríaco. Igual que los socialistas, el papa Benedicto XV lanza su famosa circular invitando a las potencias a negociar una paz honorable, sin anexiones ni indemnizaciones. En pocas palabras, temiendo que de la guerra pudiera surgir la revolución proletaria, el P.S.I. en su lucha ambigua contra la guerra, simplemente, lucha contra la revolución”[5]
Esta política fue secundada por los sindicatos que no movieron un dedo para apoyar la insurrección obrera en Turín (1917) dejando que fuera aplastada por el ejército con un saldo de 50 muertos y 200 heridos. Los sindicatos se sumaron a las “Comisiones Internas” creadas por el gobierno que tenían como misión garantizar el pleno funcionamiento de la industria y especialmente de la producción de guerra: “compuestas únicamente por obreros sindicalizados recibieron como misión socavar la tensión en los talleres. Se convertían en instituciones permanentes a quienes se les confiaba el cálculo del trabajo a destajo o bien, el despido de los obreros” (ídem.).
PSI y sindicatos pedían a los obreros en Italia “que renunciaran a hacer huelgas, que pospusieran su lucha de clases para no debilitar las fuerzas del Estado democrático, para no comprometer la eventualidad de una paz rápida. Mientras decían esas mentiras, los beneficios de la industria pesada italiana crecían como hongos, y los cadáveres llegaban a formar montañas” (ídem.).
La posguerra de 1914-18 debilitó al capital italiano. El alineamiento en el último minuto con los vencedores -USA, Gran Bretaña y Francia- no le reportó gran cosa. Ni siquiera su reivindicación de Trieste fue complacida. La posguerra lo sumió en una grave crisis, con una fuerte carestía de alimentos. El precio del pan fue aumentado provocando en 1919 numerosas huelgas que fueron aplastadas causando 320 muertos. En el campo la agitación de los jornaleros se recrudecía.
Sin embargo, desde mediados de 1919 las huelgas y acciones obreras se extienden por todo el país y muestran su simpatía con la revolución en Rusia tratando de extenderla al territorio italiano. En respuesta, el gobierno del liberal Nitti formó un cuerpo militarizado especializado en enfrentar a los obreros en lucha, la Guardia Real, con miles de miembros fuertemente equipados. “Aún antes de que el fascismo hiciera pesar el terror, centenares de trabajadores cayeron bajo las bajas de dicha guardia. Ese esfuerzo democrático del aparato de Estado le dará plena satisfacción a la burguesía. En abril de 1920, la tropa dispara a los huelguistas en Décima y deja nueve obreros muertos en las calles; la conmemoración del 1° de mayo deja 15 muertos; el 26 de junio hubo 5 muertos en el levantamiento de Ancona contra la expedición de tropas italianas para ir a ocupar Albania. En Mantua trabajadores y soldados invaden la estación, arrancan los rieles para detener los trenes de la Guardia Real, los que estaban destinados a la guerra contra los Soviets cargados de armas y de municiones, golpean a todos los oficiales, asaltan la prisión que incendian después de haber liberado a los presos. Cada vez que hay muertos en las calles, los trabajadores continúan la lucha proclamando huelga general: correos, empleados de los ferrocarriles, Milano” (ídem.).
En todos estos movimientos el PSI y los sindicatos o están ausentes o se oponen radicalmente. En Milán condenan la huelga general y salen a la calle al grito de Viva la República.
El movimiento obrero se radicaliza en el norte industrial y muy especialmente en Turín. En esta ciudad los obreros constituyen Consejos de Fábrica desde mayo 1919. En sucesivas oleadas, las luchas se extienden a Milán, a la región de Liguria y a los obreros del campo. La respuesta del organismo patronal, la Cofindustria, es el cierre de fábricas, ante lo cual los obreros las ocupan, forman milicias obreras y se organizan en Consejos de Fábrica. El movimiento, sin embargo, se encierra en el “control de la producción”, llegándose a emitir dinero para el intercambio de mercancías entre empresas y barrios obreros, también intentando extender este modo de organización a los campesinos en algunas regiones del centro de Italia. El anarquista Malatesta celebra esta desviación: “los trabajadores pensaron que el momento estaba maduro para la toma de posesión de una vez para siempre de los medios de producción. Se armaron para su propia defensa y comenzaron a organizar la producción por su propia cuenta. El derecho de propiedad fue de hecho abolido era un nuevo régimen, una nueva forma de vida social que hacía su entrada. Y el gobierno se echó a un lado al sentirse impotente para ofrecer oposición”[6].
Todo esto es un engaño: no se tomaron “para siempre” los medios de producción pues estos seguían completamente bajo las leyes de las relaciones de producción capitalistas que operan a escala mundial y de los cuales no se puede escapar en el encierro local. El colmo es decir que el gobierno burgués “se echa a un lado” (¡cuando lanzó el ejército contra los obreros causando numerosos muertos!)
El PSI y los sindicatos se opusieron a las ocupaciones y a los Consejos de Fábrica. A espaldas de estos negociaron con el gobierno algunas migajas y propusieron una “asociación empresarios – trabajadores” para la gestión de las empresas, medida que ataba a los obreros al interés de la empresa y por tanto del capital. Tras la firma de este acuerdo, las ocupaciones aún resistieron un mes. El 27 de septiembre de 1920, un intento de desalojo de las fábricas ocupadas provocó una huelga general en Turín. Hubo un cierre patronal y el gobierno Giolitti envió miles de soldados que cercaron las fábricas con ametralladoras. Los sindicatos y el PSI denunciaron la huelga e impidieron su extensión al resto de Italia. Al cabo de 15 días los obreros abandonaron las fábricas admitiendo la derrota.
Vencido el movimiento de ocupaciones, los sectores dominantes del capital italiano apuestan claramente por el partido fascista de Mussolini. Es el hombre del momento pues con su mano izquierda practica una demagogia anticlerical, anticapitalista (que se basa en reducir el capitalismo a una “oligarquía” de grandes empresarios y terratenientes), “anti- estado” (Mussolini proclama en Udine, septiembre 1922, “Ya estamos hartos del Estado ferroviario, del Estado postal, del Estado de los seguros. Estamos hartos de que el Estado ejerza sus funciones a costa de todos los contribuyentes italianos y agrave el agotamiento de las finanzas”), anticorrupción etc.
Y con su mano derecha recibe cuantiosas subvenciones de las grandes firmas de la industria de guerra (FIAT, Ansaldo, Edison) e incluso de los socialistas franceses, que participaban en el gobierno de guerra de su país, aportaron cuantiosos fondos por intermedio de Cachin, futuro dirigente del Partido Comunista francés (¡¡¡).
Pero la principal tarea del Partido Nacional Fascista son las expediciones punitivas contra los obreros de la industria y del campo que se multiplican desde el otoño de 1920 y que causan innumerables víctimas con el beneplácito gubernamental que envía la policía para facilitarles la labor.
La clase obrera se ve brutalmente golpeada desde dos frentes: el frente legal de la represión del gobierno y el frente ilegal de la canalla fascista. Como denuncia la 2ª parte de nuestro artículo Revolución y contra – revolución en Italia “las fuerzas legalmente constituidas del estado democrático y, las escuadras fascistas, fusionaron en un bloque monolítico, prácticamente todas las ligas antibolcheviques y patrióticas”[7].
¿Y qué hacen ante ello el PSI y los sindicatos? Pues firmar con los fascistas un Pacto de Pacificación en agosto de 1921. El día 2 de dicho mes “hubo una reunión en Roma con los representantes del Consejo del Fascio, del P.S.I., de los grupos parlamentarios fascista y socialista, de la C.G.I.L. y, finalmente, de De Nicola, presidente de la Cámara, para acordar no dejar que las calles sean objeto de "violencia, ni incitar a las pasiones partidistas extremistas" (art. 2). Las dos partes "se comprometen mutuamente a respetar las organizaciones económicas" (art. 4). Cada uno reconoce en el adversario una fuerza viva de la Nación con la que hay que contar; cada uno acepta pasar por ello”.
Con dicho pacto que los fascistas incumplieron llegando a asaltar las propias sedes socialistas y sindicales, el PSI y los sindicatos les daban legitimidad presentándolos como una “fuerza democrática de la Nación”. Es decir, encerraban al proletariado en la cárcel nacional y con ello lo obligaban a ver al fascismo como mero “adversario político” y no como mamporrero sangriento del capital. Le comprometían a la “no violencia” frente a sus brutalidades (Turati, dirigente socialista proclamará “¡Hay que tener el coraje de ser cobarde!”) y, sobre todo, lo encadena al Estado democrático, quien un año después apadrinará el ascenso definitivo del partido fascista al poder (1922-23).
Aquí entran en escena los sindicatos que desarrollan dos líneas de ataque. Por un lado, exhortan a los obreros a renunciar a la huelga y a no oponerse a las expediciones de castigo fascistas pues “se puede caer en la ilegalidad y dar un pretexto a los fascistas”. Por otra parte, también reclaman la renuncia a la huelga para “dar tiempo a la economía nacional para recuperarse”, lo que permite a la patronal rebajar salarios y lanzar despidos masivos.
El PSI y los sindicatos focalizan todas las esperanzas obreras en las elecciones donde “derrotaremos democráticamente al fascismo”. Esta maniobra no hará sino reforzar al bando mussoliniano como reconoce francamente el Duce: “Este fantasma de las elecciones es más que suficiente para cegar a los viejos parlamentarios que ya están haciendo campaña por nuestra alianza. Con este cebo, haremos con ellos lo que queramos. Nacimos ayer, pero somos más inteligentes que ellos”
Frente a la sucia labor de sabotaje del PSI y los sindicatos, la Internacional Comunista, en lugar de jugar un papel de apoyo a la lucha proletaria y de vanguardia de esta, corroída por el oportunismo, jugó el papel contrario de desarmar a los obreros y debilitar su respuesta al ascenso de Mussolini.
En el Partido Comunista de Italia fundado finalmente en enero 1921 en Livorno se pueden distinguir 3 grandes corrientes:
Dominada por el oportunismo la IC apoyó a las dos primeras corrientes en detrimento de la tercera y puso el PC italiano en las manos de Gramsci y Togliatti. Todo ello llevó a una política desastrosa frente al ascenso del fascismo. Tres fueron los ejes de esa política:
En el Tercer Congreso de Tercera Internacional se preconizó la línea de ganar a los sectores de izquierda de los viejos partidos socialistas. Esta política era una respuesta falsa a un problema correcto. Había en los partidos socialistas un sector de jóvenes obreros o militantes de toda la vida que sinceramente luchaban por el interés proletario y veían en la revolución de octubre un faro para proseguir la lucha por la revolución mundial. Sin embargo, la respuesta dada era falsa y peligrosa en dos sentidos:
La aplicación de esta política en Italia retrasó la fundación del partido comunista (se formó en enero 1921 en Livorno tras la derrota del movimiento de ocupaciones) y, sobre todo, debilitó la posición avanzada y coherente de las fracciones comunistas alrededor de Bordiga, para reforzar al máximo las posiciones de la supuesta “ala izquierda” del PSI y la línea confusa y claudicante de Gramsci, Tasca y compañía.
Estos graves errores se hicieron aún peores con las orientaciones adoptadas por el Cuarto Congreso de la Tercera Internacional que, vía las posiciones del “Frente Unido” y el “Gobierno Obrero”, preconizaban la alianza con los partidos socialistas y la colaboración gubernamental con ellos, con lo cual se echaba al cubo de la basura la denuncia intransigente de los Partidos Socialistas como lacayos del Capital (posición adoptada por el Primer Congreso de la IC) y la lucha por el único gobierno posible: los consejos obreros como “forma al fin encontrada de la dictadura del proletariado” (abandonando lo que había defendido el Primer Congreso de la IC).
“La nueva línea de conducta internacional de Zinóviev prefería ver a la socialdemocracia como el ala derecha del proletariado y no como el ala izquierda de la burguesía. La socialdemocracia, a la cabeza de las viejas organizaciones de la época reformista, había reunido todas sus fuerzas en un frente anti proletario para salvar el régimen burgués en la noche del 4 al 14 de agosto, y había entregado a la reacción sus Noske, Scheidemann, Böhm y Peild para el aplastamiento de la República Húngara de Consejos, un canciller federal en Austria en la persona de K. Renner, para incitar a los campesinos contra los obreros” (de la segunda parte del artículo Revolución y contrarrevolución en Italia).
Como en el resto del mundo, los sindicatos italianos habían mostrado con quien estaban tanto por su conducta durante la guerra como frente a las luchas masivas de signo revolucionario de 1919-20. El joven partido comunista en Italia siguió a pies juntillas las Tesis sobre la cuestión sindical del Segundo Congreso de la Tercera Internacional que había proclamado sin ningún argumento que “Los sindicatos, que durante la guerra se habían convertido en los órganos del sometimiento de las masas obreras a los intereses de la burguesía, representan ahora los órganos de la destrucción del capitalismo”[8] y “Dada la pronunciada tendencia de amplias masas obreras a incorporarse a los sindicatos, y considerando el carácter objetivo revolucionario de la lucha que esas masas sostienen pese a la burocracia profesional, es importante que los comunistas de todos los países formen parte de los sindicatos para convertirlos en órganos conscientes para la liquidación del régimen capitalista y el triunfo del comunismo”.
El PC italiano se olvidaba de que los sindicatos 1) habían apoyado el esfuerzo de guerra del capital italiano y habían saboteado todo intento de huelga; 2) se habían enfrentado a lucha revolucionaria de 1919-20; 3) habían propugnado una política de claudicación frente a la ofensiva patronal y las expediciones punitivas de las escuadras fascistas (1921-22). Estas 3 conductas eran pruebas concluyentes de que los sindicatos se habían convertido en engranajes del Estado capitalista[9].
En el PC italiano triunfó la línea de Gramsci (apoyado sin recato por el Comité Ejecutivo de la IC) que pretendía que el fascismo tenía como causa el atraso de la burguesía italiana por el peso que los terratenientes y los residuos feudales tenían en su estructura, olvidando con ello, que el capitalismo había entrado en decadencia en todo el mundo y las trabas y particularidades de cada país no debían ser motivo -como argüían los mencheviques en Rusia y, en general, los socialistas en todos los países- para encerrarse en “revoluciones democráticas anti- feudales” cerrando la puerta a la única revolución necesaria y posible, la Revolución Comunista Mundial.
Gramsci distinguía dentro de la burguesía entre “fuerzas fascistas” y “fuerzas antifascistas” propugnando establecer con estas últimas un “Bloque Histórico” que llevaría al poder al proletariado (¡¡¡). En consecuencia, no había que luchar por la revolución proletaria ni unir los obreros italianos al movimiento por la revolución mundial, sino por una “Asamblea Constituyente” que daría luz a un “nuevo Estado” desde el cual sería posible luchar por el comunismo. Una alianza con liberales, católicos etc., sería la transición hacia una “República Federativa de Soviets” (¡¡¡). Bordiga denunció estas estupideces: “Debemos rechazar la ilusión de que un gobierno de transición pueda ser tan ingenuo como para permitir, por medios legales, maniobras parlamentarias, expedientes más o menos hábiles, asediar las posiciones de la burguesía, es decir, apoderarse legalmente de todo su aparato técnico y militar para distribuir tranquilamente las armas al proletariado. ¡Esta es una concepción verdaderamente infantil! No es tan fácil hacer una revolución”[10]
En la segunda parte de este artículo veremos concretamente como el SPD y el PC alemán desarmaron al proletariado en 1930-33 frente al ascenso del partido nazi.
Smolny 13-2-21
[2] El capitalismo ha podido sobrevivir frente al proletariado gracias a la Gran Mentira del siglo XX -probablemente la mentira más grande la historia-: la identificación de los regímenes estalinistas con el “comunismo”, cuando lo que hubo en Rusia (o lo que hay ahora en China, Cuba o Corea del Norte) no tiene nada que ver con el comunismo, sino que es una forma particular del capitalismo de Estado.
[3] El “anticapitalismo” es una forma de “oposición” al capitalismo que en realidad lo reproduce ideológicamente. Para comprender la trampa del “anticapitalismo” ver el capítulo III del Manifiesto Comunista, Literatura socialista y comunista, donde denuncia los “anticapitalismos” de la época: el socialismo feudal, el socialismo pequeñoburgués, el “socialismo alemán”, el socialismo burgués, delimitando esta basura ideológica de los intentos socialistas y comunistas proletarios. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm [374]
[4] Ver 1919: El ejemplo de Rusia 1917 inspira a los obreros húngaros https://es.internationalism.org/revista-internacional/200910/2678/i-1919-el-ejemplo-de-rusia-1917-inspira-a-los-obreros-hungaros [496] y /content/3051/ii-1919-el-ejemplo-de-rusia-1917-inspira-los-obreros-hungaros [497]
[5] Revolución y contrarrevolución en Italia (1ª parte) https://es.internationalism.org/revista-internacional/197504/1941/revolucion-y-contrarrevolucion-en-italia-i [498]
[6] Citado en el libro de Vernon Richards, Errico Malatesta vida e ideas.
[7] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197508/2009/revolucion-y-contra-revolucion-en-italia-ii-frente-al-fascismo-el- [499]
[8] "Tesis, manifiestos y resoluciones adoptados por los Cuatro Primeros Congresos de la Internacional Comunista (1919-1923) [500]".
[9] Ver Apuntes sobre la cuestión sindical https://es.internationalism.org/cci-online/201104/3103/apuntes-sobre-la-cuestion-sindical [9] y la serie LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i [383] , https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii [384] , https://es.internationalism.org/content/4603/los-sindicatos-en-el-periodo-ascendente-del-capitalismo-iii [399] y https://es.internationalism.org/content/4620/los-sindicatos-organos-del-estado-capitalista-iv [501]
[10] Citado en la segunda parte de Revolución y contrarrevolución en Italia
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En el mundo sindicalista existe una rama "crítica": los izquierdistas[1]. Volviendo a tomar por su cuenta los principales errores de la 3ª Internacional, defienden hoy la táctica de la defensa y participación en los sindicatos –de los cuales critican sus "errores permanentes"–; los consideran como organizaciones obreras y se dan por tarea "desburocratizarlos" reconquistando sus puestos de dirección.
Para justificar su apoyo "crítico" a los sindicatos, ciertas tendencias trotskistas expresan la idea de que los sindicatos tienen una doble función: en tiempos de "calma", cuando no hay luchas importantes, los sindicatos defenderían a la clase obrera frente a la patronal; en tiempos de efervescencia social defenderían a la patronal contra la clase obrera. Este razonamiento no es más que una manera enrevesada de defender a los sindicatos, aun dando la impresión de rechazarlos. Era, por ejemplo, la posición del grupo "Poder Obrero" en Mayo 68 en Francia, que especificaba en su Plataforma política:
"En la etapa presente, en la mayor parte de los países capitalistas, los sindicatos ejercen objetivamente una doble función:
- Defender contra la patronal los intereses inmediatos de los asalariados;
- Defender a la sociedad capitalista cuyas bases aceptan contra todo movimiento de los trabajadores que pudiera ponerla en dificultad".
(P.O. N° 90, Mayo de 1968)
Esta idea no supera en profundidad a la que dice que la policía defiende los intereses de los trabajadores cuando les salva de ahogarse en la playa y que no los defiende cuando los golpea durante una huelga, sirviendo entonces la patronal.
No se determina la naturaleza de clase de una organización por su actitud en los momentos de calma social, cuando el proletariado pasivo está sometido al poder de la burguesía tanto en lo económico como en lo político. Si se quiere determinar la naturaleza de clase de una organización, hay que hacerlo en el momento en que las clases se enfrentan abiertamente.
La función de los sindicatos queda clara cuando se les ve a lo largo de cualquier lucha obrera que se generaliza, impedir los contactos entre obreros de diferentes fábricas, falsificar las reivindicaciones de los trabajadores, utilizar la mentira y la calumnia para lograr la vuelta al trabajo, diciendo, contra toda verdad, en cada empresa en lucha, que "las otras han vuelto" y que "no podemos continuar solos"; en una palabra, cuando juegan el papel de rompehuelgas. Es entonces cuando su naturaleza de clase aparece claramente. La comedia reivindicativa que juegan diariamente en los periodos de calma, presentándose como defensores de la clase obrera en las mascaradas de negociaciones colectivas y en la aplicación escrupulosa del derecho al trabajo, ese conjunto de reglas que rigen la explotación del obrero no hace de ellos representantes de la clase obrera frente al capital, sino funcionarios del capital encargados de facilitar el normal y cotidiano funcionamiento de la explotación en el seno de la clase obrera. Las lágrimas de cocodrilo de los sindicatos ante los abusos más notables del capital, las "jornadas de protesta" de algunas horas, su preocupación, por los problemas de los obreros como individuos dentro de la fábrica, todas estas "pequeñas tareas" sobre las cuales el mito oficial funda la identificación de los sindicatos con los intereses de la clase obrera, mito que los izquierdistas recogen en forma "crítica", no son de hecho más que una condición necesaria para la eficacia del encuadramiento sindical en el momento de luchas verdaderas.
Del mismo modo que los policías deben salvar a náufragos o dirigir el tráfico para justificar su existencia y poder reprimir las luchas obreras en nombre del "interés público", los sindicatos deben desempeñar funciones de "asistencia social" a los obreros y de válvula que libera la presión excesiva para poder asegurar cuando surgen luchas, su función de encuadramiento y de represión en nombre del "interés obrero".
Sabotaje de las luchas obreras y representación oficial de los trabajadores en el marco de la explotación capitalista no son en el capitalismo decadente dos funciones diferentes, y menos aún contradictorias de los sindicatos, sino las dos caras de una sola y única función anti- proletaria.
Otro argumento machacado una y otra vez por los izquierdistas para justificar su apoyo "crítico" y su participación en estos órganos es el que consiste en presentarlos como organizaciones que por ellas mismas serían formas de organización válidas para la lucha obrera pero que estarían desviadas de su verdadera función debido a la burocratización y a las "malas direcciones" que encuentran a su cabeza. Se trataría pues de reconquistar los sindicatos y volverlos más democráticos (reivindicación del derecho de minoría) y cambiando las direcciones podridas por verdaderos jefes obreros a su cabeza.
En lugar de comprender la burocracia y los malos jefes sindicales como producto inevitable de la naturaleza capitalista de los sindicatos, querrían presentarlos como la causa de los "errores" y de las "traiciones" sindicales.
La burocratización de una organización no es el reforzamiento del poder de decisión de sus órganos centrales. Contrariamente a lo que piensan los anarquistas, centralización no es sinónimo de burocratización. Al contrario, en una organización atravesada por la actividad consciente y apasionada de sus miembros, la centralización es el medio más eficaz para estimular la participación de cada miembro en la vida de la organización. Lo que caracteriza el fenómeno de la burocratización es el hecho que la vida de la organización no se realiza con la participación de la totalidad de sus miembros, sino que artificial y formalmente se reduce a la de sus "burós", de sus órganos centrales.
Si tal fenómeno se ha generalizado en todos los sindicatos, en este periodo de decadencia del capitalismo no es por la "maldad" de los responsables, ni por un fenómeno inexplicable de “burocratización”.
Si la burocracia se ha apoderado de los sindicatos es porque los trabajadores no pueden aportar ni vida ni pasión a un órgano que no es suyo.
La indiferencia de los obreros respecto a la vida sindical no es, como piensan los izquierdistas, una prueba de la inconsciencia de los trabajadores. Significa, al contrario, la existencia en el proletariado de una comprensión sorda de la ineficacia de los sindicatos en la defensa de sus intereses de clase y de su pertenencia a la clase enemiga.
Las relaciones entre trabajadores y sindicato no son relaciones de la clase obrera con su instrumento de lucha. Son casi siempre relaciones entre individuos con problemas individuales y un asistente social.
Hay burocracia porque no hay y no puede haber vida obrera en los sindicatos. Los izquierdistas que militan en ellos toman entre otras tareas la de "reanimar" la vida sindical. A veces consiguen convencer a algún que otro joven militante sindical que "se lo cree" al principio, antes de que lo abandone desengañado, o se meta dentro aceptando el papel de bonzo. Lo único que consiguen hacer es retrasar la toma de conciencia de la clase del carácter capitalista de estas organizaciones. El "leit-motiv" de estos izquierdistas: "es una mala organización obrera, pero son obreros al menos", es finalmente la mejor defensa de estos órganos cuando la desconfianza de los trabajadores se acrecienta. Las burocracias sindicales encuentran de hecho en los "exaltados" profesionales de la "crítica constructiva", sus mejores aliados, los cazadores de los trabajadores que "se pierden en el anti- sindicalismo".
En cuanto a la táctica de la reconquista de la dirección de los sindicatos para hacerlos verdaderas organizaciones de clase, refleja la misma miopía, y eso cuando no se trata sencillamente de justificación de rastreras ambiciones burocráticas. La actitud anti obrera de los sindicatos no está causada por los “malos jefes”, aunque tuvieran “buenos jefes”, honrados y escrupulosos, seguirían cumpliendo la misma función anti obrera. No es casualidad si desde hace casi un siglo los sindicatos han tenido siempre "malos dirigentes".
No es porque los jefes son malos por lo que los sindicatos no se prestan a las verdaderas luchas de la clase obrera. Al contrario, es porque los sindicatos como organizaciones, no pueden servir a la lucha proletaria, que sus jefes son inevitablemente "malos". Como lo hacía constar Pannekoek[2]: “Lo que han dicho y vuelto a decir Marx y Lenin del Estado, a saber, que su modo de funcionamiento a pesar de la existencia de una democracia formal no permite utilizarlos como instrumento de la revolución proletaria, se aplica pues a los sindicatos. Su potencia contrarrevolucionaria no será aniquilada ni tampoco cortada por un cambio de dirigentes, el de jefes reaccionarios por hombres de "izquierdas" o "revolucionarios". Es esa forma misma de organización la que reduce a las masas a la impotencia y les impide convertirlos en instrumentos de su voluntad".
[1] En esta “área crítica” se pueden incluir también corrientes sindicalistas que se presentan como más “radicales” o como más próximas a los obreros: el sindicalismo revolucionario, el sindicalismo de base, el sindicalismo asambleario etc.
[2]Anton PANNEKOEK (1873-1960) Revolucionario holandés, cofundador del Partido Comunista holandés en 1918.
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En el 23º Congreso de la CCI, presenté una serie de enmiendas a la resolución sobre la situación internacional. Esta contribución se centrará en aquellas de mis enmiendas, rechazadas por el Congreso, que giran en torno a las dos divergencias centrales que tengo con la posición del Congreso: sobre las tensiones imperialistas, y sobre la relación global de fuerzas de clase entre proletariado y burguesía. Hay un hilo rojo que une estos desacuerdos y que gira en torno a la cuestión de la descomposición. Aunque toda la organización comparte el mismo análisis de la descomposición como fase terminal del capitalismo decadente, a la hora de aplicar este marco a la situación actual, salen a la luz diferencias de interpretación. En lo que todos estamos de acuerdo es en que esta fase terminal no sólo fue iniciada por, sino que tiene sus raíces más profundas en la incapacidad de cada una de las dos clases principales de la sociedad capitalista para aplicar sus soluciones opuestas a la crisis del capitalismo decadente: la guerra generalizada (la burguesía) o la revolución mundial (el proletariado). Pero, desde el punto de vista de la posición actual de la organización, parece haber una segunda causa y característica esencial de esta fase terminal, que es la tendencia del cada uno contra todos: entre estados, dentro de la clase dominante, dentro de la sociedad burguesa en general. Sobre esta base, en lo que concierne al imperialismo, la CCI tiende actualmente a subestimar la tendencia a la bipolaridad (y por lo tanto a la reconstitución eventual de los bloques imperialistas), y con ello el peligro creciente de enfrentamientos militares entre las grandes potencias mismas. Sobre esta misma base, la CCI tiende hoy, en lo que respecta a la relación de fuerzas de clase, a subestimar la gravedad de la actual pérdida de perspectiva revolucionaria del proletariado, lo que nos lleva a pensar que éste puede recuperar su identidad de clase y comenzar a reconquistar una perspectiva revolucionaria, esencialmente a través de las luchas obreras defensivas.
Por mi parte, aunque estoy de acuerdo en que el "cada uno contra todos" burgués es una característica muy importante de la descomposición (jugando un enorme papel en la inauguración de esta fase terminal con la desintegración del orden mundial imperialista posterior a la Segunda Guerra Mundial), no estoy de acuerdo en que sea una de sus principales causas fundamentales. Por el contrario, sigo convencido de que el estancamiento entre las dos clases principales a causa de su incapacidad para imponer su propia perspectiva de clase es la causa esencial, y no se excluyen. Para mí, la CCI se aleja de nuestra posición original sobre la descomposición al dar al "cada uno contra todos" una importancia causal similar a la de la ausencia de perspectiva. Tal como yo lo entiendo, la organización se está moviendo hacia la posición de que, con la descomposición, hay un nuevo factor que no existía en las fases anteriores del capitalismo decadente. Este factor es el predominio del cada uno contra todos, de las fuerzas centrífugas, mientras que, antes de la descomposición, la tendencia a la disciplina de bloque, las fuerzas centrípetas, tendían a imponerse. Para mí, por el contrario, no hay ninguna tendencia importante en la fase de descomposición que no existiera ya de antemano en el período de la decadencia. La novedad de la fase de descomposición consiste en que todas las contradicciones ya existentes se exacerban al máximo. Lo mismo ocurre con la tendencia del cada uno contra todos, que también se exacerba al máximo en la descomposición. Pero también se exacerba la tendencia a las guerras entre las principales potencias, así como todas las tensiones en torno a la creación de nuevos bloques, los intentos de Estados Unidos de acabar con los nuevos aspirantes, etc.
Por ello, he presentado la siguiente enmienda al punto 15 de la resolución, recordando la persistencia de la bipolaridad imperialista (el desarrollo de una rivalidad principal entre dos potencias principales), y los peligros que esto supone para el futuro de la humanidad:
"Durante el período de los bloques militares después de 1945, había dos tipos de guerra principalmente en la agenda:
- una eventual Tercera Guerra Mundial, que probablemente habría llevado a la aniquilación de la humanidad
-guerras locales indirectas más o menos bien controladas por los dos líderes del bloque.
En la actualidad, aunque la Tercera Guerra Mundial no está en la agenda, esto no significa que la tendencia a la bipolaridad de los antagonismos imperialistas haya desaparecido. El ascenso y la expansión de China, que podría llegar a desafiar a Estados Unidos, es en la actualidad la principal expresión de esta tendencia (por el momento todavía claramente secundaria) hacia la formación de nuevos bloques.
En cuanto al fenómeno de las guerras locales, por supuesto que han continuado sin interrupción en ausencia de bloques, pero tienen una tendencia mucho más fuerte a salirse de control, dado el número de potencias regionales y de grandes potencias involucradas, y el grado y la extensión de la destrucción y el caos que causan. En este contexto, existe un mayor peligro que en el pasado de que se utilicen bombas atómicas y otras armas de destrucción masiva, y que se produzcan enfrentamientos militares directos incluso entre las propias grandes potencias."
El rechazo de esta enmienda por parte del Congreso habla por sí mismo. Estamos dando la espalda a lo que probablemente sea el peligro más importante de guerra entre las grandes potencias en los próximos años: que Estados Unidos utilice su todavía existente superioridad militar contra China en un intento de frenar el ascenso de esta última. En otras palabras, el peligro actual no es el de una guerra mundial entre dos bloques imperialistas, sino el de aventuras militares destinadas a montar o impedir un desafío al statu quo imperialista existente, y que sería propenso a convertirse en una conflagración global incontrolable muy diferente de las dos guerras mundiales del siglo XX. La actual rivalidad sino- estadounidense se asemeja a la que existía en la época de la Primera Guerra Mundial entre el aspirante alemán y la potencia mundial existente, Gran Bretaña. Este último conflicto provocó el declive de ambos. Pero esto ocurría a escala europea, mientras que hoy ocurre a escala mundial, de modo que ya no hay ningún tercero (como Estados Unidos en las dos Guerras Mundiales) esperando a intervenir desde fuera para cosechar los beneficios. Hoy, el "no futuro" será muy probablemente para todos. Lejos de ser excluida por nuestra teoría de la descomposición, los conflictos contemporáneos entre las grandes potencias la confirman de forma llamativa.
En una respuesta en nuestro sitio web a una crítica de esta parte de la resolución del 23º Congreso por parte de un simpatizante de la CCI (Mark Hayes), después de afirmar que "el militarismo y la guerra imperialista siguen siendo características fundamentales de esta fase final de la decadencia", añadimos: "aunque los bloques imperialistas hayan desaparecido y probablemente no vayan a volver a formarse". "En la misma respuesta, argumentamos "La perspectiva es hacia las guerras locales y regionales, su extensión hacia los propios centros del capitalismo a través de la proliferación del terrorismo, junto con el creciente desastre ecológico, y la putrefacción general". Guerras regionales, proliferación del terrorismo, desastres ecológicos: ¡sí! Pero ¿por qué excluimos tan cuidadosamente de esta perspectiva el peligro de enfrentamientos militares entre las grandes potencias? ¿Y por qué afirmamos que probablemente no se vuelvan a formar bloques imperialistas? En realidad, lo que solemos olvidar es que el "cada uno contra todos" no es más que un polo de la contradicción, cuyo otro polo es la tendencia a la bipolaridad y a los bloques imperialistas.
La tendencia del cada uno contra todos, y la tendencia a la bipolaridad, existen permanente y simultáneamente en el capitalismo decadente. La tendencia general es que una se imponga sobre la otra, de modo que una es primordial y la otra secundaria. Pero ninguna de las dos desaparece nunca. Incluso en el punto álgido de la guerra fría (cuando el mundo estaba dividido en dos bloques que se mantuvieron estables durante décadas) la tendencia de cada uno contra todos nunca desapareció del todo (hubo enfrentamientos militares entre miembros del mismo bloque en ambos bandos). Incluso en el punto álgido de cada uno contra todos, y de la abrumadora superioridad de Estados Unidos (después de 1989) la tendencia a los bloques nunca desapareció del todo (la política de los Balcanes y de Europa del Este de Alemania después de su unificación). Además, el dominio de una tendencia puede pasar rápidamente a la otra, ya que no se excluyen mutuamente. Por ejemplo, el "todos contra todos" imperialista de los años 20 (mitigado sólo por el miedo a la revolución proletaria) se transformó en la constelación de bloques de la Segunda Guerra Mundial. La bipolaridad de la posguerra se transformó rápidamente en un cada uno contra todos sin precedentes en 1989. Todo esto no es nuevo. Es la posición que la CCI siempre ha defendido.
El principal obstáculo a la tendencia a la bipolaridad imperialista en el capitalismo decadente no es cada uno contra todos, sino la ausencia de un candidato lo suficientemente fuerte como para montar un desafío global a la potencia líder. Este fue el caso después de 1989. Por lo tanto, el refuerzo de la tendencia bipolar en los últimos años es sobre todo el resultado del ascenso de China.
A este nivel, tenemos un problema de asimilación de nuestra propia posición. Si pensamos que el cada uno contra todos es una de las principales causas de la descomposición, la propia idea de que el polo opuesto, el de la bipolaridad, está actualmente recuperando fuerza, y podría algún día incluso ganar la partida, aparece necesariamente como una puesta en cuestión de nuestra posición sobre la descomposición. Es cierto que, en torno a 1989, fue el desmoronamiento del bloque oriental (que hizo innecesaria su contraparte occidental) lo que inauguró la fase de descomposición, desencadenando la mayor explosión del "cada uno contra todos" de la historia moderna. Pero este "todos contra todos" fue el resultado, no la causa, de una evolución más profunda: el estancamiento entre las clases. En el centro de estos desarrollos estaba la pérdida de perspectiva, el "no futuro" imperante que caracteriza esta fase terminal. Más recientemente, la ola contemporánea de populismo político es otra manifestación de esta falta fundamental de perspectiva por parte de toda la clase dominante. Por eso he propuesto la siguiente enmienda al punto 4 de la resolución:
"El populismo contemporáneo es otro signo claro de una sociedad que se dirige hacia la guerra:
- el propio auge del populismo no es sino un producto de la creciente agresividad y de los impulsos de destrucción generados por la sociedad burguesa actual
- Sin embargo, como esta agresividad "espontánea" no es suficiente por sí misma para movilizar a la sociedad para la guerra, los movimientos populistas actuales son necesarios para este fin por la clase dominante.
En otras palabras, son a la vez un síntoma y un factor activo del impulso hacia la guerra".
Esta enmienda también fue rechazada por el congreso. En palabras de la comisión de la enmienda:
"No estamos en desacuerdo con el hecho de que el populismo forma parte de un clima de violencia creciente en la sociedad, pero creemos que hay una diferencia de concepción sobre la marcha hacia la guerra que no se corresponde con el planteamiento general de la resolución". Esto es muy cierto. La intención de la enmienda era modificar, incluso corregir, la resolución en este punto. (La comisión de la enmienda, por cierto, dio el mismo argumento para su rechazo de la enmienda al punto 15, véase más arriba). Quería no sólo hacer sonar la alarma en relación con el creciente peligro de guerra, sino también mostrar que la irracionalidad particular del populismo es sólo una parte de la irracionalidad de la clase burguesa en su conjunto. Esta irracionalidad es ya una característica importante del capitalismo decadente, mucho antes de la descomposición: la tendencia de partes crecientes de la clase dominante a actuar de manera perjudicial para sus propios intereses. Así, todas las principales potencias europeas salieron debilitadas de la Primera Guerra Mundial, y el desafío a todo el resto del mundo por parte de Alemania y Japón en la Segunda Guerra Mundial ya tenía algo de suicida. Pero esta tendencia no era todavía omnipresente. En particular, Estados Unidos se benefició tanto económica como militarmente de su participación en ambas guerras mundiales. E incluso podría argumentarse que, para el bloque occidental, la Guerra Fría resultó tener cierta racionalidad, ya que su política de contención militar y estrangulamiento económico contribuyó al colapso de su homólogo oriental sin necesidad de una guerra mundial. Por el contrario, en la fase de descomposición, es la propia primera potencia mundial, Estados Unidos, la que está a la vanguardia de la creación del caos, del desbocamiento, y es difícil ver cómo alguien podría beneficiarse de las guerras entre Estados Unidos y China. La irracionalidad y la "falta de futuro" son las dos caras de una misma moneda, una de las principales tendencias del capitalismo decadente. En este contexto, cuando algunas de las corrientes populistas de la Europa occidental continental abogan ahora por hacer preferentemente negocios en el futuro con Rusia o China, y están dispuestas a romper con sus enemigos "anglosajones" preferidos (Estados Unidos y Gran Bretaña), esto es claramente una expresión de "no futuro". Pero, al oponerse a ellos, la racionalidad de personas como Angela Merkel consiste en reconocer que, si la polarización entre Estados Unidos y China sigue acentuándose como en la actualidad, a Alemania no le quedaría más remedio que ponerse del lado de Estados Unidos, sabiendo que, en ningún caso, permitiría que Europa cayera bajo la dominación "asiática".
Pasando a la parte de la resolución sobre la lucha de clases, se hace patente fundamentalmente la misma divergencia sobre la aplicación del concepto de descomposición. Una parte clave de la resolución es el punto 5, ya que trata de los problemas de la lucha de clases en los años 80, la década al final de la cual se inicia la fase de descomposición. Resumiendo, las lecciones de esta década, concluye lo siguiente:
"Pero peor aún, con esta estrategia de dividir a los trabajadores y fomentar el "cada uno a la suya", la burguesía y sus sindicatos pudieron presentar las derrotas de la clase obrera como victorias.
Los revolucionarios no deben subestimar el maquiavelismo de la burguesía en la evolución de la relación de fuerzas de clase. Este maquiavelismo sólo puede continuar con el agravamiento de los ataques a la clase explotada. El estancamiento de la lucha de clases, y luego su retroceso a finales de los años 80, fue el resultado de la capacidad de la clase dominante para volver contra la clase obrera ciertas manifestaciones de la descomposición de la sociedad burguesa, especialmente la tendencia al "cada uno por su lado".
El punto 5 tiene razón al subrayar la importancia del impacto negativo del "cada uno por su lado" en las luchas obreras de la época. También es correcto subrayar el maquiavelismo de la clase dominante al promover esta mentalidad. Sin embargo, lo que llama la atención es que el problema de la falta de perspectiva está ausente en este análisis de las dificultades de la lucha de clases. Lo cual es tanto más notable cuanto que los años 80 han pasado a la historia como la década del "no futuro". Es el mismo enfoque que ya hemos encontrado en relación con el imperialismo. Los acontecimientos se analizan sobre todo desde el punto de vista de cada uno contra todos, en detrimento del problema de la falta de perspectiva. Para corregirlo, propongo la siguiente enmienda, que se añadirá al final del punto:
"Sin embargo, estos enfrentamientos con los sindicatos no revirtieron en absoluto, ni siquiera detuvieron, la regresión a nivel de la perspectiva revolucionaria. Esto fue aún más el caso en la década de 1980 que en la de 1970. Las dos luchas obreras más importantes y masivas de la década (Polonia 1980, los mineros británicos) se tradujeron en un aumento del prestigio de los sindicatos implicados".
El Congreso rechazó esta enmienda. El argumento dado para ello por la Comisión de Enmiendas (CA) fue:
"La regresión en la perspectiva revolucionaria comenzó con la caída de los regímenes estalinistas en 1989. La Polonia de 1980 no tenía las mismas características que la lucha sectorial de los mineros en Gran Bretaña en 1984-5. En Polonia hubo una dinámica de huelga de masas, con la extensión geográfica del movimiento y la autoorganización en asambleas generales soberanas (MKS) en un país estalinista, antes de la fundación del sindicato Solidarnosc. Polonia 1980 fue el último movimiento de la segunda ola de luchas. Debido a la pérdida de adquisiciones, debemos releer nuestros análisis de la tercera ola de luchas".
Esto tiene al menos el mérito de ser claro: antes de 1989, no había regresión en la perspectiva revolucionaria. Pero ¿cómo se correlaciona con nuestro análisis de la descomposición? Según este análisis, fue la incapacidad de las dos clases principales de avanzar en sus propias soluciones lo que causó y condujo a la fase de descomposición. Si ésta comienza en 1989, lo que la causó ya debía existir de antemano: la ausencia de perspectiva, tanto de la burguesía como del proletariado. La Comisión de Enmiendas, pero también el punto 5 de la propia resolución, citan a Polonia como prueba de que no había retroceso en la perspectiva antes del 89. Pero, en todo caso, Polonia demuestra lo contrario. La primera ola de luchas de una nueva e invicta generación del proletariado, que comenzó en 1968 en Francia y en 1969 en Italia, produjo una nueva generación de minorías revolucionarias. La propia CCI es un producto de este proceso. Por el contrario, la ola de luchas de finales de los años 70, que culminó con la huelga de masas de 1980 en Polonia, no produjo nada parecido. Y lo que siguió, en los años 80, fue una crisis que afectó al conjunto del medio político proletario existente. Ninguna de las grandes luchas obreras de los años ochenta produjo un ímpetu político en el conjunto de la clase, ni un ímpetu revolucionario entre sus minorías revolucionarias, como el de la década anterior. Ignorando esto, la resolución presenta las cosas como si cada una por sí misma fuera la principal debilidad, cuidadosamente separada de la cuestión de la perspectiva. Este planteamiento del Congreso se subraya también en el rechazo de otra formulación de enmienda que hice, y que decía que "ya antes de los acontecimientos históricos mundiales de 1989, la lucha de clases estaba 'pisando fuerte' en el plano de la combatividad y retrocediendo en relación con la perspectiva revolucionaria". El argumento de la Comisión de Enmiendas. "Esta enmienda introduce la idea de que existía una continuidad entre las dificultades de la lucha de clases en los años 80 (pisar el terreno) y la ruptura provocada por el derrumbe del bloque del Este". Entonces, ¿no hay "continuidad"? Por supuesto que se puede argumentar así. Pero ¿tiene esto algo que ver con nuestro análisis de que el estancamiento entre las clases es la causa de la descomposición? 1989 fue efectivamente una ruptura, pero con una prehistoria de lucha de clases, así como de lucha imperialista. Aunque esta idea de "cada uno para sí mismo" como central en la descomposición, algo así como a la par de la ausencia de perspectiva, no es (¿o no lo es todavía?) la posición oficial de la organización, yo diría que está al menos implícita en la argumentación de esta resolución.
En el punto 6 de la resolución se abordan los acontecimientos en torno a 1989 y su relación con la lucha de clases:
"Cuando la tercera oleada de luchas comenzó a desgastarse a finales de los años 80, un acontecimiento importante de la situación internacional, el colapso espectacular del bloque del Este y de los regímenes estalinistas en 1989, asestó un golpe brutal a la dinámica de la lucha de clases, cambiando así la relación de fuerzas entre el proletariado y la burguesía en beneficio de esta última de manera importante. Este acontecimiento anunció a bombo y platillo la entrada del capitalismo en la fase final de su decadencia: la de la descomposición. Cuando el estalinismo se derrumbó, hizo un último servicio a la burguesía. Permitió a la clase dominante poner fin a la dinámica de la lucha de clases que, con avances y retrocesos, se había desarrollado durante dos décadas.
En efecto, en la medida en que no fue la lucha del proletariado, sino la putrefacción de la sociedad capitalista en la raíz lo que acabó con el estalinismo, la burguesía pudo explotar este acontecimiento para desencadenar una gigantesca campaña ideológica destinada a perpetuar la mayor mentira de la historia: la identificación del comunismo con el estalinismo. Al hacerlo, la clase dominante asestó un golpe extremadamente violento a la conciencia del proletariado. Las ensordecedoras campañas de la burguesía sobre la llamada "bancarrota del comunismo" han provocado un retroceso del proletariado en su marcha hacia su perspectiva histórica de derrocar al capitalismo. Fueron un gran golpe contra su identidad de clase".
Aquí, los dramáticos acontecimientos de 1989 parecen no tener nada que ver con la relación global de las fuerzas de clase. Esta suposición, sin embargo, está en contradicción, no sólo con nuestra teoría de la descomposición, sino también con nuestra teoría del curso histórico. Según la CCI, fue el bloque oriental, después de 1968, el que, debido a que se estaba quedando cada vez más rezagado en la mayoría de los demás niveles, necesitó buscar una resolución militar de la Guerra Fría. Atacando en Europa con medios de guerra "convencionales" (donde la correlación de fuerzas no le era tan desfavorable), el Pacto de Varsovia tendría que depositar sus esperanzas en su enemigo occidental (por miedo a la MAD - "Destrucción Mutua Asegurada") no atreviéndose a tomar represalias a nivel nuclear. Pero, durante los años 1979 y 80, el bloque oriental no pudo jugar esta carta, y una de las principales razones fue que no podía contar con la conformidad de su "propia" clase obrera. Sin embargo, esto sería esencial para una guerra a tal escala. A este nivel, la huelga masiva de 1980 en Polonia fue una reivindicación masiva de nuestro análisis. Las tropas soviéticas, movilizadas en ese momento cerca de la frontera en preparación de una invasión de Polonia, se amotinaron, los soldados se negaron a marchar contra sus hermanas y hermanos de clase en Polonia. Pero Polonia 1980 demostró no sólo que el proletariado era un obstáculo para la guerra mundial, sino también que era incapaz de ir más allá de este bloqueo de su oponente para avanzar en su propia alternativa revolucionaria. La clase obrera de Occidente habría tenido que saltar a la palestra. Pero en los años ochenta fue incapaz de hacerlo. El escenario estaba así preparado para el estancamiento que dio paso a la fase de descomposición al final de la década. La resolución tiene toda la razón al afirmar que el derrumbe del estalinismo en 1989, y el uso máximo que hizo de ello la propaganda burguesa, fue el principal golpe contra la combatividad, la identidad de clase, la conciencia de clase del proletariado. Lo que impugno es la afirmación de que esto no estaba preparado antes por el estancamiento entre las clases, y en particular por el debilitamiento de la presencia de la perspectiva del lado del proletariado. Aparentemente sin darse cuenta, la propia resolución admite la existencia de este vínculo entre 1989 y antes cuando escribe (punto 6) que la burguesía pudo explotar este acontecimiento "en la medida en que no fue la lucha del proletariado sino la putrefacción de la sociedad capitalista en sus pies lo que puso fin al estalinismo".
Las luchas obreras de finales de los 60 acabaron con la contrarrevolución, no sólo porque fueron masivas, espontáneas y a menudo autoorganizadas, sino también porque rompieron con el dominio ideológico de la Guerra Fría, según el cual había que estar del lado del "comunismo" (bloque oriental) o de la "democracia" (bloque occidental). Con el combate obrero de los años 60 apareció la idea de una lucha contra la clase dominante tanto del este como del oeste, del marxismo contra el estalinismo, de una revolución por medio de los consejos obreros que condujera al comunismo real. Esta primera politización (como señala la resolución) fue contrarrestada con éxito por la clase dominante durante los años 70. Ante la consiguiente despolitización, la esperanza en los años 80 era que las luchas económicas, en particular la confrontación con los sindicatos, pudieran convertirse en el crisol de una repolitización, quizás incluso a un nivel superior. Pero, aunque efectivamente hubo luchas masivas durante los años 80, aunque efectivamente hubo enfrentamientos con los sindicatos, e incluso con el sindicalismo de base radical, principalmente en occidente, pero también, por ejemplo, en Polonia contra el nuevo sindicato "libre", no lograron producir la esperada politización. Este fracaso ya es reconocido por nuestra teoría de la descomposición, ya que define la nueva fase como una fase sin perspectiva, y esta ausencia de perspectiva como la causa del estancamiento. La politización proletaria es siempre política en relación con un objetivo más allá del capitalismo. Debido a la centralidad de la idea de una especie de estancamiento entre las dos clases principales para nuestra teoría de la descomposición, las diferencias de evaluación de las luchas de los años 80 son de especial relevancia para la estimación de la lucha de clases hasta el día de hoy. Según la resolución, el combate proletario, a pesar de todos los problemas con los que se encontró, se desarrollaba básicamente de forma positiva hasta que, en 1989, fue detenido en seco por un acontecimiento histórico mundial fundamentalmente exterior a él. Dado que los efectos, incluso de los acontecimientos más abrumadores, se disipan con el tiempo, debemos confiar en la capacidad de la clase para reanudar su camino interrumpido por la misma vía. Este camino es el de su radicalización política a través de sus luchas económicas. Además, este proceso se verá acelerado por la profundización de la crisis económica, que a la vez obliga a los trabajadores a luchar y les hace perder sus ilusiones, abriendo los ojos a la realidad del capitalismo. Por ello, la resolución aboga por el modelo de los años 80 como camino a seguir. Refiriéndose a la huelga de masas de 1980, dice:
"Esta gigantesca lucha de la clase obrera en Polonia reveló que es en la lucha masiva contra los ataques económicos donde el proletariado puede tomar conciencia de su propia fuerza, afirmar su identidad de clase antagónica al capital y desarrollar su confianza en sí mismo".
La resolución piensa quizás en estas luchas económicas cuando concluye el punto 13 con una cita de nuestras Tesis sobre la Descomposición:
"Hoy, la perspectiva histórica sigue completamente abierta. A pesar del golpe que el derrumbe del bloque del Este ha asestado a la conciencia proletaria, la clase no ha sufrido ninguna derrota importante en el terreno de su lucha (...) Además, y este es el elemento que en última instancia determinará el resultado de la situación mundial, la inexorable agravación de la crisis capitalista constituye el estimulante esencial para la lucha de clases y el desarrollo de la conciencia, la condición previa para su capacidad de resistir el veneno que destila la podredumbre social. Porque si bien no hay base para la unificación de la clase en las luchas parciales contra los efectos de la descomposición, sin embargo, su lucha contra los efectos directos de la crisis constituye la base para el desarrollo de su fuerza y unidad de clase".
Perfectamente cierto. Pero la lucha proletaria contra los efectos de la crisis capitalista no sólo tiene una dimensión económica, sino también política y teórica. La dimensión económica es indispensable: una clase incapaz de defender sus intereses inmediatos nunca podría hacer una revolución. Pero las otras dos dimensiones no son menos indispensables. Esto es aún más cierto hoy, cuando el problema central es la falta de perspectiva. Ya en los años 80, la principal debilidad de la clase no estaba en el nivel de sus luchas económicas, sino en el nivel político y teórico. Sin un desarrollo cualitativo en estos dos niveles, las luchas económicas defensivas tendrán dificultades crecientes para mantenerse en un terreno proletario de solidaridad de clase. Esto es aún más cierto hoy en día, ya que hemos llegado a una etapa en la que la despolitización, que fue una característica importante ya en los años 80, está siendo sustituida por diferentes versiones de podrida politización tales como el populismo y el antipopulismo, la antiglobalización, las causas identitarias y las revueltas interclasistas. Sobre la base del avance de todas estas politizaciones pútridas en los últimos años, presenté en el congreso el siguiente análisis de la actual relación de fuerzas de clase:
"Sin embargo, estas primeras reacciones proletarias no lograron revertir el reflujo mundial de combatividad, identidad de clase y de conciencia de la clase desde 1989. Por el contrario, lo que estamos viviendo actualmente no es sólo la prolongación, sino incluso la profundización de este reflujo. En el plano de la identidad de clase, la modificación del discurso de la clase dominante es el indicio más claro de esta regresión. Después de años de propaganda sobre su supuesta desaparición en los antiguos núcleos capitalistas, hoy es la derecha populista la que ha "redescubierto" y "rehabilitado" a la clase obrera como el "verdadero corazón de la nación" (Trump)".
Y
"En el plano de la perspectiva revolucionaria, la forma en que incluso los representantes institucionales clásicos del orden dominante (como el Fondo Monetario Internacional) responsabilizan al capitalismo del cambio climático, de la destrucción del medio ambiente o del creciente abismo de ingresos entre ricos y pobres, muestra hasta qué punto la burguesía, como clase dominante, está, por el momento, sentada con seguridad y confianza en su silla de montar. Mientras el capitalismo sea considerado como parte de (la forma contemporánea, por así decirlo) la 'naturaleza humana', este discurso anticapitalista, lejos de ser una indicación de una maduración, es un signo de un mayor retroceso de la conciencia dentro de la clase".
El Congreso rechazó este análisis de la profundización del retroceso desde 1989. Tampoco compartió mi preocupación de recordar que las luchas defensivas, en sí mismas, son todo menos una garantía de que la causa proletaria está en el buen camino:
"Sin embargo, el grado en que la crisis económica puede ser el aliado de la revolución proletaria, y el estímulo de la identidad de clase, depende de una serie de factores, el más importante de los cuales es el contexto político. Durante los años 30, incluso las luchas defensivas más militantes, radicales y masivas (ocupaciones de fábricas en Polonia, protestas de los desempleados en Holanda, huelgas generales en Bélgica y Francia, huelgas salvajes en Gran Bretaña (incluso durante la guerra) y en Estados Unidos, e incluso un movimiento que adoptó una forma insurreccional (España) fueron incapaces de invertir la regresión de la conciencia dentro de la clase. En la fase actual, las derrotas parciales de la clase, incluso a nivel de su conciencia de clase, son todo menos excluyentes. A su vez, obstaculizarían el papel de la crisis como aliada de la lucha de la clase.
Pero a diferencia de los años 1920/30, tales derrotas no llevarían a la contrarrevolución, ya que no han sido precedidas por ninguna revolución. El proletariado aún podría recuperarse de tales derrotas, que tendrían mucho menos carácter definitivo". (Enmienda rechazada, final del punto 13)
Esta cuestión de si hay o no un mayor debilitamiento del proletariado en el nivel de la actual correlación de fuerzas de clase fue una de las dos principales divergencias en el Congreso respecto a la lucha de clases. La otra se refería a la maduración subterránea que, según la resolución, se está produciendo actualmente en el seno de la clase. Se trata de una maduración subterránea de la conciencia, aún no visible, el famoso "Viejo Topo" al que se refiere Marx. La divergencia en el Congreso no fue sobre la validez general de este concepto de Marx, que todos compartimos. Tampoco se trataba de si ese proceso puede tener lugar incluso cuando las luchas obreras están en retroceso - todos afirmamos que sí. La cuestión que se debatía era si tal proceso está teniendo lugar o no en este momento. El problema aquí es que la resolución es incapaz de dar ninguna prueba empírica en apoyo de esta afirmación. O bien su postulado es producto de una ilusión, o bien de una lógica puramente deductiva, según la cual, lo que debería estar ocurriendo -según nuestro análisis- puede suponerse que está ocurriendo. Las pruebas que se aportan son escasas: la existencia continuada de organizaciones revolucionarias, la existencia de contactos de estas organizaciones. Aunque el Viejo Topo se esconde, deja huellas de su laboriosidad en la superficie. Criticando la insuficiencia de las indicaciones dadas en la resolución, planteo:
"En este sentido, el desarrollo cualitativo de la conciencia de clase por parte de las minorías revolucionarias no nos da, en sí mismo, una indicación de lo que está sucediendo momentáneamente a nivel de maduración subterránea dentro de la clase en su conjunto - ya que esto puede tener lugar tanto durante una fase revolucionaria como contrarrevolucionaria, tanto durante las fases de desarrollo como de reflujo de la clase en su conjunto .Del mismo modo, la aparición de pequeñas minorías y de elementos jóvenes en busca de una perspectiva de clase y de posiciones comunistas de izquierda también es posible incluso durante las horas más oscuras de la contrarrevolución, ya que son, ante todo, la expresión de la naturaleza revolucionaria del proletariado (que nunca desaparece mientras la clase obrera siga existiendo).Sería diferente si empezara a aparecer toda una nueva generación de militantes revolucionarios. Pero aún es demasiado pronto para emitir un juicio sobre esta posibilidad". (Enmienda rechazada).
Y propuse los siguientes criterios:
"Por definición, no es fácil detectar una maduración subterránea fuera de los periodos de lucha abierta: difícil, pero no imposible. Hay dos indicadores de las actividades subterráneas del viejo topo a los que debemos prestar especial atención
a) la politización de sectores más amplios de los elementos de búsqueda de la clase como la que presenciamos en los años 60/70
b) el desarrollo de una cultura de la teoría y de una cultura del debate (como las que empezaron a expresarse incipientemente desde los anti-CPE hasta los Indignados) como manifestaciones fundamentales del proletariado como clase de conciencia y de asociación. Sobre la base de estos dos criterios, hay un alto grado de probabilidad de que actualmente estemos pasando por una fase de "regresión subterránea" (en la que el Viejo Topo ha hecho una pausa temporal), caracterizada por un renovado fortalecimiento de la sospecha de las organizaciones políticas, por la mayor atracción de la política pequeñoburguesa, y por un debilitamiento del esfuerzo teórico y de la cultura del debate".
Sin su objetivo más allá del capitalismo, el movimiento obrero no puede defender eficazmente sus intereses de clase. Tampoco pueden las luchas económicas en sí mismas -por indispensables que sean- bastar para recuperar la conciencia de clase revolucionaria (incluyendo su dimensión de identidad de clase). De hecho, en el cuarto de siglo que siguió a 1989, el factor individual más importante de la lucha de clases proletaria no fue el de las luchas de defensa económica, sino el trabajo teórico y analítico de las minorías revolucionarias, sobre todo en el desarrollo de una comprensión profunda de la situación histórica existente, y una rehabilitación profunda y convincente de la reputación del comunismo. Esto puede parecer una evaluación extraña, dado que las minorías revolucionarias son un mero puñado de militantes, en comparación con los varios miles de millones que componen el proletariado mundial en su conjunto. Sin embargo, a lo largo de la historia, minúsculas minorías han desarrollado regularmente, sin participación de las masas, ideas capaces de revolucionar el mundo, capaces de "conquistar a las masas". Una de las principales debilidades del proletariado en las dos décadas posteriores a 1989 fue, de hecho, el fracaso de sus minorías en la realización de esta labor. Los grupos históricos de la izquierda comunista tienen una responsabilidad particular en este fracaso. El resultado fue que, cuando empezó a aparecer una nueva generación de proletarios politizados (como los Indignados en España o los diferentes movimientos "Occupy" a raíz de las crisis "financiera" y del "Euro" después de 2008), el medio político proletario existente fue incapaz de armarlos suficientemente con las armas políticas y teóricas que habrían necesitado para orientarse y sentirse inspirados para afrontar la tarea de inaugurar el principio del fin del reflujo proletario.
Steinklopfer, 24/05/2020
Los textos de discusión que publicamos aquí son el producto de un debate interno en la CCI sobre el significado y la dirección de la fase histórica en la vida del capitalismo decadente que se abrió definitivamente con el colapso del bloque imperialista ruso en 1989: la fase de descomposición, la fase terminal de la decadencia capitalista. Una de las ideas clave del texto de orientación que publicamos en 1990, las Tesis sobre la descomposición[1], es que la historia nunca se detiene: al igual que el periodo de decadencia capitalista tiene su propia historia, la fase de descomposición también la tiene, y es esencial para los revolucionarios analizar los cambios o desarrollos más importantes que se producen en ella. Esta es la motivación del texto del camarada Steinklopfer, cuyo punto de partida es el reconocimiento -en la actualidad único para la CCI- de que efectivamente estamos viviendo la fase de descomposición, y que sus raíces se encuentran en un estancamiento social entre las dos grandes clases de la sociedad, la burguesía y el proletariado, ninguna de las cuales, ante una crisis económica ya permanente, ha sido capaz de imponer su perspectiva en la sociedad: para la burguesía, la guerra imperialista mundial, para el proletariado, la revolución comunista mundial. Pero en el curso del debate sobre la descomposición, que abarca la evolución de las rivalidades imperialistas y la relación de fuerzas entre las clases, han aparecido divergencias que, a nuestro juicio, han madurado hasta el punto de poder publicarse en el exterior. En nuestra opinión, la posición actual del camarada Steinklopfer tiende a debilitar nuestra comprensión del significado de la descomposición, pero esto es algo que tendremos que demostrar mediante una confrontación abierta de ideas.
La contribución del camarada comienza argumentando que -implícitamente al menos, como dice más adelante- la CCI está revisando su posición sobre las causas de la descomposición; que junto con el estancamiento social, una causa fundamental de la descomposición es también la tendencia creciente del sálvese quien pueda: "desde el punto de vista de la posición actual de la organización, parece haber una segunda causa esencial y característica de esta fase terminal, que es la tendencia de cada uno contra todos: entre los Estados, dentro de la clase dominante, dentro de la sociedad burguesa en general".
La consecuencia de añadir esta segunda causa se resume a continuación "Sobre esta base, en lo que concierne al imperialismo, la CCI tiende actualmente a subestimar la tendencia a la bipolaridad (y por tanto a la reconstitución eventual de los bloques imperialistas), y con ello el peligro creciente de enfrentamientos militares entre las grandes potencias mismas. Sobre esta misma base, la CCI tiende hoy, en lo que se refiere a la relación de fuerzas de clase, a subestimar la gravedad de la actual pérdida de perspectiva revolucionaria del proletariado, lo que lleva a pensar que éste puede recuperar su identidad de clase y comenzar a reconquistar una perspectiva revolucionaria esencialmente a través de las luchas obreras defensivas".
El camarada Steinklopfer también parece pensar que es el único que considera que "no hay ninguna tendencia importante en la fase de descomposición que no existiera ya de antemano en el período de decadencia. La novedad de la fase de descomposición consiste en que todas las contradicciones ya existentes se exacerban al máximo".
Antes de responder a la crítica del camarada sobre nuestra posición respecto a los conflictos imperialistas y el estado de la lucha de clases, creemos que es necesario decir que ninguna de sus descripciones de la comprensión general de la organización sobre la descomposición es exacta.
Las Tesis sobre la Descomposición ya presentan esta fase como "la conclusión, la síntesis de todas las contradicciones y expresiones sucesivas de la decadencia capitalista": podemos añadir que también es la "conclusión" de algunos rasgos clave de la existencia del capitalismo desde el principio, como la tendencia a la atomización social que Engels, por ejemplo, señaló en sus Condiciones de la clase obrera inglesa en 1844.
Ya en 1919, la Internacional Comunista, en su Primer Congreso, señaló que.
"La cultura humana ha sido destruida y la humanidad está amenazada de aniquilación total. Sólo hay una fuerza capaz de salvar a la humanidad y es el proletariado. El viejo "orden" capitalista ha dejado de funcionar; su existencia futura está fuera de toda duda. El resultado final del modo de producción capitalista es el caos. Este caos sólo puede ser superado por la clase productiva y más numerosa: la clase obrera"[2].
Y, de hecho, este juicio estaba totalmente justificado cuando consideramos el estado de los países centrales del capitalismo tras la Primera Guerra Mundial: millones de cadáveres, millones de refugiados, colapso económico y hambre, y una pandemia mortal. Una pesadilla similar persiguió a Europa y a gran parte del mundo inmediatamente después de la segunda guerra imperialista. Pero si observamos la situación del capitalismo durante la mayor parte del período comprendido entre 1914 y 1989, podemos ver que la tendencia al caos total fue en gran medida frenada (incluso, como también reconoce el camarada Steinkopfler, nunca desaparece del todo) por la capacidad de la clase dominante de imponer sus soluciones y perspectivas a la sociedad: el impulso hacia la guerra en los años 30, el reparto del planeta después de 1945 y la formación de bloques, un largo período de recuperación económica. Con la prolongada crisis económica de finales de los años 60 y el creciente estancamiento entre las clases, la tendencia a la fragmentación y al caos a todos los niveles se desata hasta adquirir una nueva calidad. Contrariamente a lo que afirma el camarada Steinklopfer, no concluimos de ello que se haya convertido retrospectivamente en una "causa" de la descomposición, pero ciertamente se convierte en un factor activo de su aceleración. Esta comprensión del cambio cualitativo que opera en la fase de descomposición creemos que falta en el texto del camarada Steinkopfler.
También queremos dejar claro que, al igual que los signos de decadencia se hacían cada vez más evidentes antes de la Primera Guerra Mundial (capitalismo de Estado, corrupción de los sindicatos, carrera armamentista entre las grandes potencias...), la CCI constató los signos de descomposición antes de 1989: la victoria de los muláhs en Irán, los atentados terroristas de París de 1986, la guerra del Líbano y las dificultades de la lucha de clases, de las que se hablará más adelante. Así pues, el colapso del bloque del Este no fue en absoluto un rayo salido de la nada, sino el producto de una larga evolución previa.
En cuanto a las diferencias concretas a nivel de los antagonismos imperialistas, ciertamente llegamos tarde a comprender la importancia del ascenso de China, pero en los últimos años hemos integrado claramente este factor en nuestro análisis tanto de las rivalidades imperialistas globales como de la evolución de la crisis económica mundial. No rechazamos la idea de que, incluso en un mundo dominado por el sálvese quien pueda a nivel imperialista, podemos ver una clara tendencia a la "bipolarización", es decir, a que las rivalidades entre los dos Estados más poderosos se conviertan en un factor importante de la situación mundial. De hecho, ésta ha sido siempre nuestra posición, como se desprende del texto de orientación sobre "Militarismo y descomposición", redactado al comienzo de la nueva etapa, donde afirmábamos que "la presente situación implica, bajo la presión de la crisis y de las tensiones militares, una tendencia a la reconstitución de dos nuevos bloques imperialistas"[3]. A continuación, evaluamos la posibilidad de que otras potencias (Alemania, Rusia, Japón...) plantearan un desafío a los Estados Unidos y se convirtieran en candidatos al papel de nuevo líder del bloque. En nuestra opinión, en ese momento, ninguno de estos contendientes tenía las "calificaciones" necesarias para desempeñar este papel, y concluimos que era muy probable que nunca se reconstituyeran nuevos bloques imperialistas, aunque insistimos en que esto no significaba en absoluto una atenuación de los conflictos imperialistas. Por el contrario, estos conflictos tomarían la forma de una carrera de todos contra todos cada vez más caótica, en muchos sentidos una amenaza más peligrosa para la humanidad que el período anterior, en el que los conflictos nacionales o regionales estaban hasta cierto punto controlados por la disciplina de los bloques. Creemos que este pronóstico se ha confirmado en gran medida, como podemos ver de forma más evidente en los actuales conflictos multilaterales en Siria y Libia.
Por supuesto, en esta fase, como hemos dicho, subestimamos la posibilidad de que China se convierta en una gran potencia mundial y en un serio competidor de Estados Unidos. Pero el ascenso de China es en sí mismo un producto de la fase de descomposición[4] y, si bien proporciona una prueba definitiva de la tendencia a la bipolarización, hay una gran diferencia entre el desarrollo de esta tendencia y un proceso concreto que conduzca a la formación de nuevos bloques. Si observamos los dos polos principales, las actitudes cada vez más agresivas de ambos tienden a socavar este proceso en lugar de reforzarlo. China es objeto de una profunda desconfianza por parte de todos sus vecinos, sobre todo de Rusia, que a menudo se alinea con China en asuntos de interés inmediato (como la guerra de Siria), pero a la que le aterra quedar subordinada a China como consecuencia de la fuerza económica de esta última, y es uno de los más feroces opositores a la iniciativa de Pekín de la "Ruta de la Seda". Mientras tanto, Estados Unidos se ha dedicado a desmantelar casi todas las estructuras de bloques que había utilizado anteriormente para preservar su "Nuevo Orden Mundial" y resistir así el deslizamiento hacia el "sálvese quien pueda" en las relaciones internacionales. Trata cada vez más a sus aliados de la OTAN como enemigos, y en general -como afirma con firmeza el propio camarada Steinklopfer- se ha convertido en uno de los principales factores que agravan el carácter caótico de las relaciones imperialistas actuales.
En esta situación, el peligro de guerra refleja este proceso de fragmentación. Ciertamente, no podemos descartar la posibilidad de enfrentamientos militares entre Estados Unidos y China, pero tampoco podemos descartar brotes cada vez más irracionales tirando de India contra Pakistán, de Israel contra Irán, de Irán contra Arabia Saudí, etc. Pero este es precisamente el sentido, y la terrible amenaza, del sálvese quien pueda como factor que agrava la descomposición y pone en peligro el propio futuro de la humanidad. Seguimos pensando que esta tendencia no sólo está muy por delante de la tendencia a la formación de nuevos bloques, sino que entra en conflicto directo con ella.
Como hemos visto, el camarada Steinklopfer sugiere que la resolución sobre la relación de fuerzas del 23º Congreso ya no se ocupa del problema de la perspectiva revolucionaria, y que este factor ha desaparecido de nuestra comprensión de las causas (y consecuencias) de la descomposición. De hecho, la cuestión de la politización de la lucha de clases y de los esfuerzos de la burguesía por impedir su desarrollo está en el centro de la resolución. El tono se establece en el punto uno de la resolución, que habla de la reactivación de la lucha de clases a finales de los años 60 y de la reaparición de una nueva generación de revolucionarios: : "Frente a una dinámica de politización de las luchas obreras, la burguesía (que había sido sorprendida por el movimiento de mayo de 1968) desarrolló inmediatamente una contraofensiva a gran escala y a largo plazo para impedir que la clase obrera diera su propia respuesta a la crisis histórica de la economía capitalista: la revolución proletaria". En otras palabras: para la clase obrera la politización significa esencialmente plantear la cuestión de la revolución: es exactamente la misma cuestión que la de la "perspectiva revolucionaria". Y la resolución continúa mostrando cómo, frente a las oleadas de lucha de clases en el período entre 1968 y 1989, la clase dominante utilizó todos sus recursos y mistificaciones para impedir que la clase obrera desarrollara esta perspectiva.
En cuanto a la cuestión de las luchas en Polonia, que desempeñan un papel central en el argumento del camarada Steinklopfer: no hay desacuerdo entre nosotros en que Polonia 1980 fue un momento clave en la evolución de la relación de fuerzas de clase en el período abierto por los acontecimientos de mayo de 1968 en Francia. El camarada tiene razón al decir que, a diferencia de mayo del 68 y de la subsiguiente ola internacional de movimientos de clase cuyo epicentro estaba en Europa occidental, las luchas en Polonia no dieron lugar a toda una nueva generación de elementos politizados, algunos de los cuales (a partir del 68) encontraron su camino hacia las posiciones de la izquierda comunista. Sin embargo, planteó un profundo desafío a la clase obrera mundial: la cuestión de la huelga de masas, de la organización autónoma y de la unificación de los trabajadores como poder en la sociedad. Los obreros polacos se elevaron a este nivel, aunque no pudieron resistir los cantos de sirena del sindicalismo y de la democracia en el plano político. La cuestión, como dijimos en su momento, parafraseando a Luxemburgo sobre la revolución rusa, se planteaba en Polonia, pero sólo podía ser resuelta a nivel internacional, y sobre todo por los batallones políticamente más avanzados de la clase en Europa occidental. ¿Recogerían los trabajadores de Occidente el guante y desarrollarían tanto la autoorganización como la unificación en el contexto de ofrecer la perspectiva de una nueva sociedad? La CCI aportó varios textos a principios de los años 80 para evaluar este potencial[5].
Más concretamente, ¿podría la nueva ola de luchas iniciada en Bélgica en 1983 recoger el guante? Aunque la CCI observó muchos avances importantes en esta oleada de luchas (las tendencias a la autoorganización y la confrontación con el sindicalismo de base en Francia e Italia, por ejemplo), este paso vital de politización no se dio, y la tercera oleada empezó a tener dificultades. En el 8º congreso de la CCI, en 1989, hubo un animado debate entre los camaradas que consideraban que la tercera ola avanzaba inexorablemente, y lo que entonces era una minoría que subrayaba que la clase obrera ya sufría el impacto de la descomposición en términos de atomización, pérdida de identidad de clase, la ideología del sálvese quien pueda en forma de corporativismo, etc., todo ello resultado de la incapacidad de la clase para desarrollar una perspectiva para el futuro de la sociedad. Por lo tanto -y aquí debemos discrepar de una formulación de la Comisión de Enmiendas a la resolución de la lucha de clases del 23º congreso, a la que el camarada Steinklopfer hace referencia en su texto- existe efectivamente una continuidad entre las dificultades de la clase en los años 80 (la influencia de la descomposición) y el retroceso del periodo posterior al 89 (donde vimos una enorme regresión tanto a nivel de conciencia como de combatividad). Pero, en nuestra opinión, también aquí el camarada Steinklopfer subestima el cambio cualitativo provocado por los acontecimientos de 1989, que tuvieron la apariencia de descender sobre la clase obrera desde el cielo, aunque en realidad llevaban mucho tiempo fermentando dentro de la sociedad burguesa. Provocaron un retroceso de la conciencia de clase y de la combatividad que sería mucho más profundo y duradero de lo que sospechábamos, incluso si fuimos capaces de predecirlo inmediatamente después del colapso[6].
Populismo y movilización bélica
Por lo tanto, no hay desacuerdo sobre el hecho de que la clase obrera ha atravesado en las últimas décadas un largo proceso de desorganización, caracterizado por la pérdida de identidad de clase y de su perspectiva de futuro. También estamos de acuerdo en que ciertos movimientos que se produjeron durante este periodo de retroceso generalizado apuntaban a la posibilidad de una reactivación de la lucha, tanto a nivel de combatividad, como de conciencia sobre el impasse del capitalismo: como dice el compañero Steinklopfer, en estos movimientos vimos "el desarrollo de una cultura de la teoría y una cultura del debate (como empezaron a expresarse incipientemente desde los anti-CPE hasta los Indignados) como manifestaciones fundamentales del proletariado como clase de conciencia y de asociación".
Sin embargo, discrepamos fuertemente de dos de las conclusiones del camarada sobre las dificultades actuales de la clase:
En primer lugar, no creemos que el populismo sea el producto o la expresión de un claro rumbo hacia la guerra por parte de la clase dominante de los principales países capitalistas. Ciertamente es un producto del nacionalismo y el militarismo agravados, de esa violencia y racismo nihilistas que rezuman de la descomposición de este sistema. En este sentido, por supuesto, tiene muchas similitudes con el fascismo de los años treinta. Pero el fascismo fue el producto de una contrarrevolución real, de una derrota histórica sufrida por la clase obrera, y expresó directamente la capacidad de la clase dominante de movilizar al proletariado para una nueva guerra imperialista mundial. El populismo, en cambio, es el resultado del estancamiento entre las clases, que implica una falta de perspectiva no sólo por parte de la clase obrera, sino también de la propia burguesía. Expresa una creciente pérdida de control por parte de la burguesía de su aparato político, una creciente fragmentación tanto dentro de cada Estado-nación como a nivel de las relaciones internacionales. Si el auge del populismo significara realmente que la burguesía ha recuperado la posibilidad de hacer marchar a la clase obrera a la guerra, tendríamos que concluir que el concepto de descomposición tal como lo hemos definido hasta ahora ya no es válido. Implicaría que la burguesía tiene ahora una "perspectiva" que ofrecer a la sociedad, aunque sea una perspectiva totalmente irracional y suicida.
La enmienda del camarada Steinklopfer sostiene que "el populismo contemporáneo es otro signo claro de una sociedad que se dirige hacia la guerra:
- el propio auge del populismo no es sino un producto de la creciente agresividad y de los impulsos de destrucción generados por la sociedad burguesa actual
- Sin embargo, como esta agresividad "espontánea" no es suficiente por sí misma para movilizar a la sociedad para la guerra, los movimientos populistas actuales son necesarios para este fin por la clase dominante.
En otras palabras, son a la vez un síntoma y un factor activo del impulso hacia la guerra".
En otras palabras, fenómenos como el Brexit en el Reino Unido o el trumpismo en los Estados Unidos no son, en primer lugar, el resultado de la pérdida de control de la burguesía sobre su aparato político (y cada vez más, económico), una expresión concentrada del cortoplacismo y la fragmentación de la clase dominante. Al contrario: las facciones populistas son los mejores representantes de una burguesía que realmente se está uniendo detrás de la movilización para la guerra.
Dada su visión del curso de los acontecimientos, no es de extrañar que el camarada Steinkopfler diagnostique erróneamente una orientación de la burguesía hacia la guerra o destaque contradictoriamente las expresiones de carácter proletario en 2006 y 2011, que son signos de una maduración de la conciencia y que atestiguan, por el contrario, que la burguesía no tiene todas las cartas a su favor para llevar a la clase obrera a la guerra.
Ciertamente, como nos recuerda el camarada, siempre hemos sostenido que la conciencia proletaria puede desarrollarse en profundidad -en gran parte, pero no totalmente, como resultado del trabajo de las organizaciones revolucionarias- incluso en un período de contrarrevolución en el que su alcance está severamente limitado, como vimos con el trabajo de las fracciones italiana y francesa de la izquierda comunista en los años 30 y 40. Pero si continúa incluso en tales períodos, ¿qué significado tiene el término "regresión subterránea"? ¿No implicaría que la situación actual es aún peor que la de los años 30? No está claro en el texto del camarada cuánto tiempo ha durado este proceso de regresión subterránea: si vimos un desarrollo general de la conciencia entre la generación joven en 2006 y 2011, sería lógico argumentar que estos movimientos habían sido precedidos por un proceso "subterráneo" de maduración. En cualquier caso, estamos de acuerdo en que a nivel de luchas abiertas y de extensión de la conciencia de clase, estos avances fueron, como prácticamente todos los movimientos ascendentes de la clase, seguidos de una fase de retroceso y regresión: por ejemplo, unos años después del movimiento de los Indignados, que había sido especialmente fuerte en Barcelona, algunos de los mismos jóvenes que en 2011 habían participado en asambleas y manifestaciones que habían planteado consignas claramente internacionalistas, caían ahora en el callejón sin salida absoluto del nacionalismo catalán[7].
Pero esto no demuestra que el propio Viejo Topo haya decidido tomarse un descanso, ni en 2012 ni antes. El período 2006-2011 fue acompañado por la aparición de una minoría politizada que parecía prometedora, pero que en gran medida naufragó en los pantanos del anarquismo y el modernismo, por lo que su contribución neta al desarrollo real del medio revolucionario fue extremadamente limitada. Las minorías en búsqueda que se han ido desarrollando en los últimos años, a pesar de su juventud e inexperiencia, parecen partir de un nivel más alto que las que encontramos una década antes: son, en particular, más conscientes de la naturaleza terminal del sistema capitalista y de la necesidad de renovarse con la tradición de la izquierda comunista. En nuestra opinión, estos avances son precisamente el producto de una maduración subterránea.
Según el camarada Steinklopfer, el hecho de que los recientes movimientos que se sitúan ya en el terreno de la "reforma" de la sociedad burguesa, como las manifestaciones en torno a la cuestión climática, pretendan a menudo situar el problema a nivel del sistema, de la propia sociedad capitalista, no expresa más que la confianza de la clase dominante, que puede permitirse soplar aire caliente sobre la necesidad de ir más allá del capitalismo precisamente porque no teme en absoluto que la clase obrera se tome en serio ese discurso. Pero no es menos plausible que esta discursividad anticapitalista sea un anticuerpo típico de la sociedad burguesa, que tiene una profunda necesidad de desbaratar cualquier cuestionamiento incipiente de sus bases fundamentales. En otras palabras: a medida que la naturaleza apocalíptica de este sistema se hace más y más evidente, se hace cada vez más necesario que la ideología burguesa impida una auténtica comprensión de sus raíces y de la alternativa real.
Al final del texto del camarada Steinklopfer, es difícil ver de dónde vendrá el renacimiento de la identidad de clase y la perspectiva revolucionaria y nos queda la impresión de que ha caído en un profundo pesimismo. El compañero no se equivoca al señalar que las luchas económicas, la resistencia inmediata a los ataques contra el nivel de vida, no son suficientes en sí mismas para generar una clara conciencia revolucionaria, sin embargo siguen siendo absolutamente vitales para que la clase obrera recupere el sentido de sí misma como fuerza social diferenciada, sobre todo en un periodo en el que el creciente malestar con el estado de la sociedad capitalista está siendo empujado hacia un sinfín de movilizaciones interclasistas y abiertamente burguesas. En los años 30, en medio de toda la algarabía sobre las conquistas revolucionarias de los trabajadores españoles, los compañeros de Bilan se quedaron casi solos al afirmar que en tales condiciones la más pequeña huelga en torno a reivindicaciones económicas (¡sobre todo en las industrias de guerra controladas por la CNT!) sería un primer paso para que la clase obrera encontrara el camino de vuelta a su propio terreno. Las recientes huelgas en torno a la cuestión de las pensiones en Francia, y en varios países en torno a la salud y la seguridad en el trabajo al comienzo de la pandemia de Covid, fueron mucho menos "noticiables" que los viernes por el clima de las marchas de Black Lives Matter, pero contribuyen realmente a una futura recuperación de la identidad de clase, mientras que estas últimas sólo pueden obstaculizarla.
Estamos de acuerdo con el camarada Steinklopfer, por supuesto, en que la recuperación de la identidad de clase y el desarrollo de una conciencia revolucionaria son inseparables: para que la clase obrera entienda realmente lo que es, debe entender también lo que debe ser históricamente, como decía Marx: la portadora de una nueva sociedad. Y también estamos de acuerdo en que las organizaciones de la izquierda comunista tienen un papel indispensable en este proceso dinámico. El camarada nos deja un juicio muy severo sobre el papel real que han jugado estas organizaciones en la última década y más:
"En el curso de la historia, minúsculas minorías han desarrollado regularmente, sin ninguna participación de las masas, ideas capaces de revolucionar el mundo, capaces de "conquistar a las masas". Una de las principales debilidades del proletariado en las dos décadas posteriores a 1989 fue, de hecho, el fracaso de sus minorías en la realización de esta labor. Los grupos históricos de la izquierda comunista tienen una responsabilidad especial en este fracaso. El resultado fue que, cuando empezó a aparecer una nueva generación de proletarios politizados (como los Indignados en España o los diferentes movimientos de "ocuppys," a raíz de las crisis "financiera" y del "euro" después de 2008), el medio político proletario existente fue incapaz de armarlos suficientemente con las armas políticas y teóricas que habrían necesitado para orientarse y sentirse inspirados para afrontar la tarea de inaugurar el principio del fin del reflujo proletario"
De ello no se desprende en absoluto cómo, y con qué aportaciones teóricas, las organizaciones de la izquierda comunista podrían haber armado a la nueva generación hasta el punto de evitar el retroceso que siguió a los movimientos de 2011. Pero parece haber un problema metodológico detrás de este juicio. Las organizaciones de la izquierda comunista deben ciertamente hacer una crítica severa de los errores que cometieron frente a la "nueva generación de proletarios politizados", errores sobre todo de carácter oportunista. Esta crítica es necesaria sobre todo porque se inscribe en un ámbito en el que los pequeños grupos revolucionarios pueden actuar directamente: el reagrupamiento de los revolucionarios, los pasos necesarios para construir un medio revolucionario vivo y responsable y así sentar las bases del partido del futuro. Pero parecería rayar en el sustitucionismo sugerir que nuestros esfuerzos teórico-políticos por sí solos podrían haber detenido el reflujo que siguió después de 2011, que fue esencialmente una continuación de un proceso que había estado en plena vigencia desde 1989. Los futuros debates determinarán si existe una verdadera divergencia sobre la cuestión de la organización en este caso.
CCI, 24 de agosto de 2020
[1] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[2] Plataforma de la Internacional Comunista https://www.marxists.org/espanol/tematica/internacionales/comintern/4-Primeros3-Inter-2-edic.pdf [504]
[3] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [480]
[4] Ver especialmente los puntos 10 a 12 de la Resolución sobre la situación internacional de nuestro 23º congreso, https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida [122]
[5] Ver Un año de luchas obreras en Polonia /content/2318/un-ano-de-luchas-obreras-en-polonia [318] , Una brecha abierta en Polonia https://es.internationalism.org/revista-internacional/198007/2307/huelga-de-masas-en-polonia-se-ha-abierto-una-nueva-brecha [505] y Polonia (agosto de 1980): Hace 40 años, el proletariado mundial retomaba de nuevo la huelga de masas https://es.internationalism.org/content/4597/polonia-agosto-de-1980-hace-40-anos-el-proletariado-mundial-retomaba-de-nuevo-la-huelga [302]
[6] Ver Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole [253]
[7] Ver España y Cataluña: dos patrias para imponer la miseria /content/3482/espana-y-cataluna-dos-patrias-para-imponer-la-miseria [506]
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Durante las últimas semanas hemos asistido a movilizaciones y disturbios repartidos en varios puntos de la geografía, ligados a la acusación de injurias y enaltecimiento del terrorismo (y posterior encarcelamiento) del rapero Pablo Hasél. Estos disturbios, protagonizados por gente joven y en general simpatizante del discurso del izquierdismo, han puesto en el centro del foco mediático la figura de un rapero en el que parecen converger las pasiones de todos los comentaristas políticos de todos los signos, ya sea en negativo o en positivo.
El caso de este elemento, Pablo Hasél, con cuyo historial lidiaremos más adelante, forma parte de una campaña orientada a encauzar HACIA LA DEFENSA DEL ESTADO CAPITALISTA Y SUS ENGAÑOS el descontento generalizado y, a su vez, mistificar el endurecimiento de la represión estatal con el que piensan contestarlo, un endurecimiento de la represión del que lleva ya dando avisos desde hace tiempo y en el que seguirá ahondando una vez se asiente el polvo sobre este caso.
Desde que se proclamaron la Ley Corcuera[1] y la Ley Mordaza[2] (leyes ambas que el gobierno progresista no tiene la más mínima intención de abolir), desde la respuesta que se dio a movilizaciones como las del 11-M, sobre todo en Barcelona, desde la respuesta que dio la policía a los que confundieron sus intereses con los de la fracción independentista de la burguesía catalana el día del Referéndum de 2017[3]… y un largo etc., venimos asistiendo a la concreción de un fenómeno mundial en la actuación de la burguesía española: un fortalecimiento del aparato represivo del Estado capitalista que responde a la cada vez mayor pérdida de control y perspectivas que tiene la burguesía en su conjunto en todos los países, que frente a un sistema capitalista en plena descomposición histórica[4] (agravada por la crisis y la pandemia) no tiene más opción que preparar y afinar sus elementos de intimidación frente a las posibles respuestas que pueda dar, en especial, la clase obrera, ante una situación general que se degrada cada vez más.
La campaña anti- represiva y por los “derechos democráticos” de la que se reclaman, incluso, elementos del mismo Gobierno que está al timón del aparato represivo del Estado, no viene sino a subrayar la necesidad que ha tenido la burguesía de matar dos pájaros de un tiro en esta situación, cubriendo una doble necesidad típica de su clase:
A esto último es a lo que se han expuesto los jóvenes que, comprensiblemente hastiados de la pésima situación que atraviesan todos los trabajadores, han salido a la calle a montar un espectáculo y a destrozar todo lo que puedan, cayendo en una de las típicas trampas que son marca de la casa del izquierdismo y el antifascismo: creer que la violencia ciega e individual y el saqueo tienen la más mínima utilidad para nada que tenga que ver con la “lucha obrera” de la que dicen reclamarse (sino que más bien, precisamente, permiten justificar la represión), así como hacer suya la causa de las mistificaciones democráticas y patrioteras de la burguesía, esta vez encarnadas en la figura de un estalinista desquiciado y viejo conocido de sectores nacionalistas de la burguesía catalana: Pablo Hasél.
Se trata de un elemento que, durante muchos años, como muestra en sus “canciones”, se ha mostrado cercano a grupos como el GRAPO, la ETA y sobre todo el PCE-r, asumiendo una retórica que toma ciertos elementos difusos del estalinismo y el maoísmo, así como los métodos propios de estos y otros grupos de guerrilla y terroristas en general, como demuestra su canción “No me da pena tu tiro en la nuca”. Sumado a este ya de por sí elocuente historial, desde hace ya un tiempo Hasél parece haber hecho muy buenos amigos en los medios nacionalistas de la burguesía catalana: ha salido en su defensa Jordi Cuixart, presidente de Òmnium Cultural, con quien se cartea desde prisión.
Pero el motivo por el que Hasél ha ocupado hoy el centro de la escena mediática no son sus opiniones sobre la trayectoria que debería seguir un tiro, sino el resultado de la trayectoria típica que suelen recorrer estalinistas como él: de la línea dura del “anti -revisionismo” y la “justicia proletaria” (- Pablo Iglesias dixit, señor Vicepresidente del Gobierno) directos a una especie de actitud servil y encorvada de abogado de Estado, en defensa pública y razonable de todo lo democrático, respetuoso, civil y de derecho que puede haber en el trastornado mundo político de la burguesía. Y no es que a los verdaderos revolucionarios les sea indiferente que el Estado refuerce su capacidad represiva. El movimiento obrero está plagado de luchas de huelguistas y diversos sectores de la clase obrera para frenar maniobras represivas de los capitalistas, frenar sus campañas de quema de imprentas y prohibición de publicaciones, pedir la liberación de trabajadores en lucha y exigir la retirada de las penas con las que el Estado suele responder a los impulsos de lucha de los obreros de todo el mundo. Pero el problema, en este caso, es doble:
1- Que estamos hablando de un elemento que, como demuestra su propia trayectoria vital y como denuncian nuestros camaradas en otro artículo anterior[5], no tiene absolutamente nada que ver con la lucha del proletariado.
2- Que desde un primer momento ha habido una campaña de sectores importantes de la burguesía para apoyarle, destacar su caso, construir en torno a él un polo de atracción de las energías de tantos jóvenes hartos de la situación general, que hemos visto desatadas en las calles de tantas localidades, y por supuesto, como siempre, orquestar un falso debate en torno a este caso para imponer un ambiente ideológico favorable a la burguesía, cuya tónica esta vez es: ¿debería el Estado encarcelar o no debería encarcelar en situaciones así?
Tenemos que ver lo que hay tras esta campaña política y esta propaganda: Hasél no pertenece a nada que se parezca siquiera a una caricatura de la tradición del movimiento obrero, como jamás pertenecerán a ella ni los métodos ni la ideología del estalinismo ni del terrorismo, ni ninguna otra ideología burguesa, democrática o no. Y defenderlo de forma violenta en la calle solo sirve a objetivos de la burguesía: tanto la burguesía españolista de disfraz “progresista” como la catalanista que también lo patrocina.
¿Qué reflexiones sacar ante el hecho de que miles de jóvenes que se llaman “antifascistas” se manifiesten diariamente y durante días de forma violenta en defensa de la “libertad de expresión” de alguien como Hasél?
¿Qué hay detrás de esta expresión violenta de una juventud desmoralizada, sin una perspectiva que le pueda ofrecer un sistema capitalista al que por enésima vez se nos presenta como el terreno en el que hay que defender las libertades individuales y la lucha por una “democracia perfecta”? Porque esa, y no otra, es la consigna del momento en cuyo símbolo han convertido a Hasél sus colegas y correligionarios políticos, viéndose nuestro rapero en la honrosa situación, lo quiera o no, de pasar de pantomima de guerrillero romántico del estalinismo a icono liberal.
¿Qué papel cumple el elemento Hasél en esta explosión, un individuo conocido hasta ahora solamente por sus admiradores y el nacionalismo reaccionario que lo ha encumbrado y alimentado?
Por mucho que pueda haber una rabia genuina de fondo en el impulso de muchos jóvenes de salir a la calle a “echar vapor”, este tipo de manifestaciones no sólo no tienen nada que ver con los métodos de la clase obrera, sino que desde un primer momento están destinadas a fracasar y a justificar la represión, además de estar marcadas por el nihilismo y la falta total de perspectivas. Al Estado totalitario del Capital, dotado de amplio instrumental democrático, no le faltan barómetros para medir la presión que agobia a los obreros, sobre todo en este caso los más jóvenes, que ante una situación pandémica han visto hundirse sus ya mermados ingresos y la mínima estabilidad que pudieran haber conseguido en el periodo de recuperación ínfima de la crisis que ha precedido a la pandemia. Saben que cosas como lo que ha ocurrido en Linares, aunque se trate de disturbios sin orientación clara, marcados por el interclasismo y por el dejarse llevar por la rabia y la impotencia, sí que representan un verdadero estallido de hartazgo acumulado ante el enésimo ultraje, que ha ocurrido en el enésimo día que vivimos de falta total de seguridad económica y de perspectivas. No se ha vuelto a oír nada de Linares desde que estallaron los disturbios por Hasél, no se ha visto a los grandes medios comentar que el juez que llevaba el caso de la agresión policial a un hombre y su hija, que fue la chispa que encendió la situación en Linares, ha imputado al susodicho por atentado contra la autoridad[6].
Ya a mediados de enero, los principales instrumentos de este barómetro que mencionábamos antes, los sindicatos, anunciaban la amenaza de convocar huelgas en febrero por toda la geografía si el Gobierno no cumplía sus promesas de derogación de la anterior reforma laboral y de subir el SMI[7]. Una amenaza ciertamente inofensiva, al estilo al que acostumbra el sindicalismo, pero que bien puede ser indicador de que la burguesía sabe que la situación y los ánimos empeoran, y está dispuesta a contenerlos lo máximo posible y encauzarlos al servicio de su política justo cuando estén a punto de estallar. La figura de un rapero, ya conocido por conflictos previos con la justicia, se trae al frente de la escena con una provocación (pues no deja de ser cierto que las acusaciones contra él, en términos legales, lo parecen) y al día siguiente tenemos ya lista la campaña para polarizar la opinión y concentrar el sentimiento de indignación, de rebeldía (¡y de “lucha obrera”, incluso!) en el “ultraje” que se estaría cometiendo contra la democracia burguesa en la persona de nuestro rapero “antisistema”, al que uno de los burgueses catalanes más prominentes saluda en sus cartas con un “Carissimo Pablo”[8].
Pero no llamemos ladrón a nadie por robar una vez. Sus fans más afectos podrían argumentar que, quizá, ésta cercana relación con una destacable figura de la política burguesa es algo colateral, una simpatía no buscada ni requerida por un honesto revolucionario que se ha visto arrastrado al centro del escenario político sin quererlo.
El problema, y es un grave problema sin duda, es que Hasél lleva ya varios años (desde antes de 2018, al menos) relacionándose abiertamente con Òmnium Cultural, sin contar con su constante apoyo de siempre a organizaciones como la ETA, GRAPO, Terra Lliure… No es este el lugar para analizar en detalle el carácter de estos grupos, pero lo que está claro es que alguien que se reclame de organizaciones terroristas que defienden lo opuesto a los métodos conscientes y masivos del proletariado no formará parte nunca de la lucha de la clase obrera.
Porque, ¿cuál es la tradición histórica a la que pertenecen verdaderamente este tipo de organizaciones del antifascismo y sus métodos?
La defensa del caso Hasél se ha centrado, sobre todo, en el plano ideológico, en la defensa de los derechos democráticos, o la democracia en general, y el antifascismo. Las referencias ideológicas del mismo Hasél no andan muy lejos, su apoyo a varias organizaciones de corte antifascista es bien conocido. Hablamos de organizaciones que tienen el honor de haber nacido en un seminario inspirado por el nacionalismo racista al estilo de Sabino Arana, como la ETA; o que asumen métodos de guerrilla en los que la acción de masas del proletariado no cuenta para absolutamente nada, como los del GRAPO, cuya simbología y consigna principal: la república popular y federativa, apuntan a algo muy cercano a ese espantajo de régimen burgués que, bajo un gobierno de coalición republicano-socialista, respondía a obreros y campesinos en huelga con tiros a la barriga. Un año y medio después y gracias a una ingeniosa trampa tendida por el PSOE, esa República cuya memoria honra cada vez que puede el medio en el que se mueven este tipo de organizaciones metía a Franco, la Legión y el Ejército en Asturias, contra los obreros insurrectos, asesinándolos en masa al grito de ¡Rendíos al Gobierno de España! ¡Viva la República![9]
El GRAPO, además de gustarle también el asesinato a sangre fría, es además un grupo inspirado en sus orígenes por el maoísmo, la ideología burguesa que se ha esforzado con más insistencia en hacer pasar los métodos y la acción de un ejército imperialista como cualquier otro por algo que puede sustituir a la revolución proletaria y sus órganos de acción de masas (las asambleas y consejos obreros)[10]. Sin duda es algo que está en plena sintonía con la misma ideología antifascista de las facciones burguesas que tienen a su cuenta el alistamiento de millones de obreros para la guerra mundial, y que no solo toleraron durante un tiempo considerable las atrocidades de la burguesía alemana bajo el régimen nazi o las de la burguesía japonesa, sino que más tarde se escudarían en ellas para justificar las atrocidades propias que cometieron, por solo mencionar algunas, en la represión estalinista o en los bombardeos masivos de Dresde, Tokio, Osaka, Hiroshima, Nagasaki… ese es el mundo político al que pertenece Hasél y al que pertenece el “antifascismo”, en cuyo fondo se da la mano con todas las demás ideologías burguesas de derecha e izquierda: es el mundo de la burguesía y sus métodos de asesino que busca esconderse a plena luz.
No hay nada que interese a nuestra clase en lo que defienden aquellos que, de nuevo, ayer como hoy, inducen a la juventud a sacrificar sus energías (y a poner en riesgo sus vidas) defendiendo la que definen como la “auténtica” democracia y el antifascismo. Este sacrificio solo beneficia a quienes los han alentado, a quienes detentan el poder en el sistema capitalista y sus propios intereses presentes y futuros en una lucha terrible por mantener su pequeña parcela de poder en un sistema corrupto, descompuesto y sin nada que ofrecer a la sociedad sino hambre, paro, miseria, enfermedades y caos.
Los jóvenes que participan en estas algaradas son, en gran parte, jóvenes hartos de verse marginados, explotados y sin futuro; jóvenes que se han visto persuadidos por el humo que venden los líderes de la sociedad burguesa y sus promesas irreales. Jóvenes manipulados por programas políticos vacíos para nuestra clase y cuyo corto o nulo recorrido ha puesto en evidencia la historia. La defensa de la democracia y el antifascismo fue el tótem guerrero de la burguesía para alistar a los obreros en la última gran guerra imperialista mundial. Nuestra clase debe recuperar esa lección, como tantas otras.
La burguesía solo puede ofrecer que este tipo de “hazañas” se reproduzcan hasta el hartazgo en la televisión y otros medios de su propaganda cínica, dando espacio a esperanzas vanas e ilusiones de protagonismo que durarán lo que les convenga a los manipuladores profesionales de la burguesía.
La participación en disturbios como estos no va a garantizar a ningún obrero, joven o no, ningún avance, ni en la conciencia respecto a su papel verdadero en la sociedad ni en la conciencia de las formas de organización necesarias para que la lucha de su clase pueda salir triunfante, sino que les desvía de poder retomar una lucha por la auténtica defensa de una perspectiva revolucionaria, cuyo objetivo únicamente se logrará con el derrocamiento de este sistema de explotación y barbarie.
En Paris, en 2006, miles de jóvenes emprendieron luchas en defensa de sus intereses contra el Contrato de Primer Empleo, coincidiendo con los intereses inmediatos del proletariado. Sus reivindicaciones y formas de lucha y la extensión de ésta se definían en asambleas masivas y abiertas a todos los trabajadores[11]. No pusieron a ningún esperpento como líder, ni fueron a buscar el apoyo de un individuo que en lugar de limitarse a “cantar” se dedica a escupir sandeces y amenazas, amparado y defendido por miembros de la burguesía, del Gobierno central y del Govern catalán.
Jamás echaremos en cara a ningún obrero, de la edad que sea, el hartazgo y las ganas de echar abajo el paisaje físico mismo que el capital ha diseñado para contener el tiempo que pasamos en este mundo, entre sus edificios-jaula, para ser explotados la mitad del día y emplear la otra mitad en recuperar a medias nuestras fuerzas para repetir lo mismo al día siguiente. Pero la fuerza y la verdadera perspectiva vital de nuestra clase yacen en el potencial de convertir ese rechazo y esa rabia en una acción de masas internacional, que sea consciente y que beba de lo mejor de los métodos revolucionarios de la tradición del movimiento obrero. El saqueo y la destrucción ciega son “el vapor que se dispara sin pistón”, en palabras de Trotsky, algo que ya de entrada pone inútilmente a sus protagonistas en la mira de la represión, y que esencialmente están en las antípodas de los métodos de organización históricos de nuestra clase. Métodos estos que, frente a todos los payasos de circo como Hasél, Iglesias y sus amigos burgueses, deberá recuperar para plantar cara a un mundo capitalista degradado que no tiene ya razón histórica de existir.
Discutir estas cuestiones, desarrollar un terreno de respuesta proletarias contra estas trampas e ideologías, reapropiarse de las experiencias y posiciones de la historia de nuestra clase que ya tiene más de 3 siglos y expresada hoy por la lucha de la Izquierda Comunista, esa es la tarea del momento.
Gauta y Valeria 22-3-21
[1] Esta ley fue aprobada el 21 de febrero de 1992 por el Gobierno PSOE, fue conocida también como “ley de la patada en la puerta” y aumentaba considerablemente las facultades de la policía con lo que los “derechos democráticos” reconocidos a los “ciudadanos” quedaban considerablemente restringidos en toda una serie de situaciones definidas muy ambiguamente. Es el método democrático para endurecer la represión dando la impresión de que la ley “protege” a los súbditos del capital. Es de destacar que el principal animador de esta ley infame era el ministro del Interior, el antiguo sindicalista Corcuera. Es una prueba mas de como los sindicatos forman parte del Estado Capitalista y sus dirigentes participan de la represión.
[2] Esta ley fue establecida en 2015 por el gobierno Rajoy endureciendo todavía más los criterios de intervención de la policía y sus atribuciones. Esta ley muestra la continuidad y complicidad entre la Derecha (PP) y la Izquierda (PSOE y hoy el gobierno de coalición “progresista”). Ver al respecto la Serie Los Gobiernos de Izquierda en defensa de la explotación capitalista https://es.internationalism.org/content/4521/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-i [192] , https://es.internationalism.org/content/4562/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-ii-los-gobiernos [225] y https://es.internationalism.org/content/4625/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-iii-la-trampa-esta [458]
[3] Ver entre otras tomas de posición Cataluña, España ¡Los proletarios no tienen patria! https://es.internationalism.org/revista-internacional/201712/4262/cataluna-espana-los-proletarios-no-tienen-patria [508] y Enfrentamientos en Cataluña: El pasado reaccionario está en la democracia y la nación, el futuro está en el proletariado https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201710/4240/enfrentamientos-en-cataluna-el-pasado-reaccionario-esta-en-la-democrac [509]
[4] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109] e Informe sobre la pandemia de Covid-19 y el periodo de descomposición capitalista https://es.internationalism.org/content/4630/informe-sobre-la-pandemia-de-covid-19-y-el-periodo-de-descomposicion-capitalista [510]
[5] https://es.internationalism.org/content/4655/pablo-hasel-no-representa-la-lucha-de-la-clase-obrera-sino-sus-enemigos [511]
[6] https://www.elconfidencial.com/espana/2021-02-25/el-juez-imputa-victima-de-la-paliza-policias-en-linares_2964095/ [512]
[7] https://www.eleconomista.es/economia/noticias/10991816/01/21/CCOO-y-UGT-anuncian-movilizaciones-para-que-el-Gobierno-suba-el-SMI-y-derogue-la-reforma-laboral.html [513]
[8] ``Carta abierta a Pablo Hasel´´ https://www.elsaltodiario.com/tribuna/carta-cuixart-hasel-siempre-adelante [514]
[9] https://www.todocoleccion.net/militaria-guerra-civil/propaganda-politica-rebeldes-asturias-rendios~x30793654 [515]
[10] Ver nuestra serie sobre el maoísmo: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1193/china-eslabon-del-imperialismo-mundial-iii-el-maoismo-un-engendro- [432] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/200704/1823/china-1928-1949-i-eslabon-de-la-guerra-imperialista [516] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/200703/1779/china-1928-1949-ii-un-eslabon-de-la-guerra-imperialista [517]
[11] Ver Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [7]
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El artículo de La Haine cita un análisis de Trotski que es correcto: “La democracia burguesa se transforma legal y pacíficamente, en una dictadura fascista. El secreto es bien sencillo: la democracia burguesa y la dictadura fascista son instrumentos de una única clase, la de los explotadores. Es absolutamente imposible prevenir la sustitución de un instrumento por el otro apelando a la Constitución, al Tribunal Supremo de Leipzig, a nuevas elecciones, etc. Lo que hace falta es movilizar las fuerzas revolucionarias del proletariado. El fetichismo constitucional brinda la mejor ayuda al fascismo”
Igualmente, denuncia justamente el apoyo del gran capital al ascenso nazi: “Los nazis alcanzaron el poder trabajando dentro del sistema parlamentario y buscando el favor de los grandes magnates de la industria y de los banqueros. Estos últimos proporcionaron el apoyo que les permitió crecer como partido y, en último término, asegurar su victoria electoral en septiembre de 1930. Posteriormente Hitler rememoraría (en un discurso pronunciado el 19 de octubre de 1935) lo que supuso contar con los recursos materiales necesarios para financiar a 1.000 oradores nazis con sus propios vehículos, para que pudieran celebrar unos 100.000 mítines en el trascurso de un año”[1]
Sin embargo, SE QUEDA AHÍ. No habla para nada del papel determinante que jugó la Izquierda del Capital y los sindicatos en el triunfo nazi. Como en la primera parte de este artículo, vamos a restablecer la verdad de los hechos.
El partido socialdemócrata alemán (SPD) fue el faro de la 2ª Internacional (1889-1914), por ello su voto a los créditos de guerra en la nefasta fecha del 4 de agosto de 1914 fue un golpe a todo el movimiento obrero mundial. Selló la desbandada de la Segunda Internacional y dio un fuerte espaldarazo a la traición de la mayoría de los partidos socialistas que abandonaron el internacionalismo proletario para apoyar la unión nacional de la guerra imperialista. Los sindicatos siguieron la misma línea convirtiéndose en sargentos reclutadores de obreros y policías contra toda tentativa de huelga[2].
Sin embargo, el proletariado internacional empezó a levantarse contra la guerra desde 1915 guiado por la fracciones y corrientes que permanecieron fieles al internacionalismo (bolcheviques, espartaquistas, tribunistas etc.). Este movimiento culminó con la Revolución de octubre 1917 en Rusia la cual a su vez desató una oleada revolucionaria mundial (1917-23).
En Alemania, tras oleadas de huelga sucesivas, motines en la tropa y en la marina, el noviembre de 1918 la insurrección y la huelga masiva de obreros derribó el trono del Kaiser y forzó el fin definitivo de la guerra mundial. Este gran combate mostró, junto con la revolución de octubre 1917 en Rusia, que el proletariado mundial es la única fuerza capaz de detener la sangría asesina de la guerra imperialista.
Para enfrentar la tentativa revolucionaria que maduraba entre los obreros de Alemania, la burguesía puso al frente del gobierno al partido socialdemócrata quien, auxiliado por los sindicatos, organizó -en colaboración con el Estado mayor- los Frei Korps (Cuerpos Francos) una milicia que agrupó la basura de la sociedad: oficiales frustrados, cadetes militares, lumpenes y facinerosos. El gobierno socialdemócrata tuvo que emplearse a fondo contra las sucesivas tentativas proletarias (Berlín, Baviera, Ruhr, Bremen, Hamburgo etc.) y solamente en 1923 pudo sofocar definitivamente el ímpetu revolucionario. La represión fue brutal y en esos 5 años se cobró la barbarie de 100 mil obreros asesinados. Rosa Luxemburgo y Karl Liebchneck cayeron a manos de los verdugos socialdemócratas.
Así pues, no fue la derecha ni los nazis quien aplastó al proletariado, fue la Izquierda del Capital, personificada en el SPD, junto con los sindicatos quien se encargó de la sucia tarea de enfrentar la tentativa revolucionaria[3].
Como señala el Bulletin d’Information de la Fraction de Gauche italienne N°6 - Février 1933[4] «En este momento, el polo de concentración del capitalismo sólo podía verificarse en su ala izquierda, otro tipo de concentración habría comprometido definitivamente el destino de la burguesía porque el bloque de los trabajadores se habría sentido demasiado fuerte y habría roto por la violencia de la reacción. Lo esencial era romper por medio del terror la vanguardia del proletariado reunida en el Spartakus Bund, aplastar sin piedad el esfuerzo que esta Liga hacía para convertirse en la guía indispensable para la victoria revolucionaria. Al mismo tiempo, una gran maniobra fue hacer creer a los trabajadores que el capitalismo iba a su encuentro. La importancia histórica de la Asamblea de Weimar está representada por los asesinatos de K. Liebknecht, R. Luxemburg, Levine y el aplastamiento de los marineros revolucionarios”.
En agosto de 1919 se proclamó en Weimar una nueva constitución que fue presentada como “la más avanzada” y “la más democrática del mundo”. Autorizaba que los votantes propusieran leyes aprobadas mediante referéndum[5], consagraba la “democracia económica” al instituir unos fantasmales “consejos de empresa” para colaborar con los capitalistas en la gestión productiva, diseñaba un Estado federal con un consejo territorial (Bundesrat), adoptó una reforma agraria…
Derrotado el proletariado, este sufrió los efectos de la hiperinflación (1923) y una escalada sin precedentes del desempleo que en 1926 alcanzó una cuarta parte de la población laboral, la miseria se hizo insoportable, pero fue embellecida por la demagogia socialdemócrata que cuanto más se vaciaban los bolsillos de los trabajadores más hablaba de derechos sociales y cogestión en la empresa. La miseria galopante, el desempleo, eran conscientemente disimulados por el capital y su Estado con el despliegue de una “libertad de opinión” y de “creación cultural”, en ese periodo “Ante la miseria, el hambre y la falta de atención sanitaria, el ocio se convirtió en un medio de evasión de masas, lo que creó una poderosa industria del ocio (Unterhaltungsindustrie) en torno a la prensa, la radio y, sobre todo, el cine, en una verdadera ola de escapismo social. Fue una época de esplendor para teatros, clubes nocturnos y cabarés”[6]
El capital alemán, animado por una oleada de inversiones norteamericanas, se reorganizó en gigantescos trust que preparaban una fusión organizada con el Estado, sentando las bases del capitalismo de Estado, “Ya antes de la guerra, la organización económica en Alemania, los cárteles, los konzers, la fusión del capital financiero e industrial había alcanzado un nivel muy elevado. Pero, a partir de 1926, el movimiento se acelera, fusionándose konzerns como el de Thyssen, el de la Rheinelbe-Union, Phoenix, Rheinische Stahlwerke, para formar la Stahlwerein, la cual controlará la industria carbonífera y todos sus subproductos; la metalurgia y todo lo que con ésta se relaciona. Y sustituirán los hornos Thomas, que necesitan mineral de hierro (que Alemania ha perdido al perder Lorena y Alta Silesia) por hornos Siemens-Martin, que pueden utilizar chatarra”[7]
Como señala BILAN “Un examen de la situación que va desde marzo 1923 a marzo de 1933 permite comprender que entre la Constitución de Weimar hasta Hitler se desarrolla un proceso de una continuidad total y orgánica. La derrota de los obreros ocurre tras una etapa de florecimiento de la democracia burguesa y «socializante» plasmada en la República de Weimar y que permite la reconstitución de las fuerzas capitalistas. Entonces, progresivamente, se va a ir cerrando el garrote. Pronto será Hindenburg, en 1925, quien se convertirá en defensor de esa Constitución y cuanto más y mejor reconstituye el capitalismo su armazón, tanto más se restringe la democracia o se amplía en momentos de tensión social incluso con la presencia todavía de gobiernos socialistas de coalición (H. Muller), aunque, debido tanto a centristas como a socialistas no hacen sino incrementar el sentimiento de desamparo entre los obreros, esa democracia tiende a desaparecer (gobierno de Brüning con sus decretos-ley) para acabar dejando el sitio al fascismo, el cual ya no encontrará frente a sí a la más mínima oposición obrera. Entre la democracia y su mejor producto, la república de Weimar, y el fascismo no se manifestará ninguna oposición: aquella permitirá el aplastamiento de la amenaza revolucionaria, dispersará al proletariado, enturbiará su conciencia, éste, al cabo de esa evolución, será la bota de acero capitalista que rematará la labor, realizando rígidamente la unidad de la sociedad capitalista a base de ahogar toda amenaza proletaria”.
El triunfo del nazismo es la culminación de un proceso de derrota del proletariado que opera en 3 etapas: 1ª Aplastamiento de las tentativas revolucionarias de 1918-23 perpetrado por el SPD y los sindicatos; 2ª La operación de engaño democrático, “florecimiento cultural” y “cogestión en las empresas” organizada por la República de Weimar (1923-33) y 3ª El reforzamiento autoritario del Estado “más democrático del mundo” combinada con el sabotaje de toda resistencia obrera organizada por el trío SPD – PC alemán – sindicatos.
Vamos a centrarnos en esta última cuyos jalones son 3:
La propaganda nacionalista del PC alemán. Desde 1921 este partido propagó la ideología nacionalista del “victimismo alemán”, derrotado por las potencias de Entente y traicionado por los “malos políticos” y el Kaiser. “En vez de difundir la ideología de clase, el KPD, por razones oportunistas y diplomáticas, propulsó una ideología nacionalista (la consigna de la liberación social y nacional, la teoría de que la nación alemana era oprimida por el imperialismo). El KPD creyó que por recurrir a esta maniobra podría causar confusión dentro de la pequeña burguesía del Nacional Socialismo. En realidad, solo causó confusión dentro del proletariado; este no pudo hacer nada para oponerse al ascenso del fascismo, mientras que este ascenso atrajo a las filas del Nacional Socialismo a militantes del KPD, que habían sido engañados por sus propias consignas nacionalistas” (BILAN). El PC se lanzó a una loca carrera de competencia con los nazis a ver quién defendía más a la patria alemana. Con ello no hacía otra cosa que fortalecer la propaganda nazi destruyendo la conciencia de clase proletaria. Durante muchos años “socialistas” y “comunistas” han jugado a ser más consecuentes y extremistas que la derecha o la extrema derecha en los temas de “defensa de la nación” esta vil maniobra siempre tiene el mismo resultado: DESTROZAR AL PROLETARIADO Y FORTALECER A LA DERECHA Y LA EXTREMA DERECHA. Pretender apropiarse de los temas del capital para jugar a ser más papista que el papa es una vieja táctica para servir en bandeja al capitalismo la cabeza de la clase obrera.
La trampa electoral. Las elecciones son siempre un terreno de juego donde la burguesía SIEMPRE GANA porque el voto es individual, cada obrero encerrado en la urna es concebido como “ciudadano de la democracia”, por tanto, la identidad, la conciencia y la unidad como clase son atacadas. Pero en las condiciones alemanas de 1930-33 el juego electoral que llevaron a cabo tanto el SPD como el PCA facilitó el triunfo de los nazis. El PCA calificaba al SPD de “social fascista” de tal forma que lo denunciaba más furiosamente que a los propios nazis. El SPD, por su parte, hacía de “bueno” y “ofrecía colaboración para cerrar el paso al fascismo”. Con este juego del gato y el ratón, los obreros ATOMIZADOS COMO INDIVIDUOS se vieron divididos y enfrentados y muchos de ellos asqueados y desmoralizados acabaron votando a los nazis.
El Frente único obrero. “En las fábricas, en los tajos, los nazis creaban sus células de fábrica, no hacían ascos al empleo de huelgas reivindicativas, convencidos como estaban de que, gracias a los socialistas y a los centristas, esas huelgas nunca irían más allá de lo previsto; y fue en el momento en que el proletariado se declaraba vencido, en noviembre de 1932, antes de las elecciones convocadas por Von Pappen que acababa de disolver el gobierno socialista de Prusia, cuando estalló la huelga de transportes públicos en Berlín, dirigida por fascistas y comunistas. Esta huelga destrozó al proletariado berlinés, pues los comunistas aparecieron ya incapaces de expulsar de ella a los fascistas, de ampliarla y de hacer que sirviera de señal para una lucha revolucionaria. La disgregación del proletariado alemán vino acompañada, por un lado, de un desarrollo del fascismo que volvió las armas de los obreros contra los obreros mismos y, por otro lado, de medidas de orden económico, de ayuda creciente al capitalismo (recordemos a este respecto que fue Von Papen quien adoptó las medidas de subvención a las empresas que emplearan parados con derecho a disminuir los salarios)” (BILAN). El PC alemán agitó la demagogia de la “unidad por la base” con los obreros “afiliados al sindicato nazi”. El resultado fue el reforzamiento de los sindicatos fascistas que gozaron de un aura de “combatividad” y “defensa del interés obrero” gracias a la “unidad” que proponían sin descanso los “comunistas”.
El partido nazi nació en los bajos fondos del Estado capitalista. Una parte de sus dirigentes procedía de los Cuerpos Francos, las milicias que aplastaron las tentativas revolucionarias obreras de 1918-23. Desde su fundación en 1919-20 tuvo como ejes la propaganda contra el Tratado de Versalles[8], el nacionalismo más furibundo, el antisemitismo y la ideología anticapitalista.
Gradualmente fue ganando ascendiente en la pequeña burguesía e incluso en sectores obreros gracias a su demagogia anticapitalista: el anticapitalismo pese a su presentación radical no pone en cuestión el capitalismo, sino que lo refuerza pues o bien pretende una vuelta atrás nacionalista a un pasado imposible de reconstruir, o bien, se polariza sobre símbolos o epifenómenos del capitalismo (la corrupción, los monopolios, los ricos) o sobre sectores concretos presentados racialmente (el antisemitismo). El nazismo “vino a dar un desahogo a la desesperación de las masas pequeñoburguesas por medio de una fraseología radical y revolucionaria, aun yendo tan lejos como para defender ciertas formas de expropiación (bancos, judíos, grandes empresas, etc.); sus lazos con el capital se expresaron en su propaganda en pro de la colaboración de clases, por la organización corporativa contra la lucha de clases y el marxismo”[9]
Pero su aportación más importante al Capital Alemán fue la sanguinaria política de terrorismo contra los medios obreros ejercida desde 1925 y prólogo de Terror estatal de la dictadura nazi de 1933-45. A partir de 1925 la máquina de las Camisas Pardas (las milicias nazis) se pone en marcha con constantes expediciones de castigo en los barrios obreros de Berlín, Múnich y otras ciudades. Es un método de terror inspirado en los procedimientos que Mussolini había empleado con éxito desde 1921 contra el proletariado italiano. El objetivo era inspirar el terror en un proletariado ya muy debilitado por el efecto combinado de la derrota de la tentativa revolucionaria de 1918-23, la anestesia desmovilizadora de la República de Weimar y la acción de la izquierda del capital y los sindicatos. El terror de las milicias nazis entre 1925-33 tomará una naturaleza sistemática, organizada y planificada con minuciosidad, con dirigentes como Goebbels, todo ello contando con la complicidad y benevolencia del Estado democrático que nunca hará nada por detenerlo más allá de alguna medida simbólica[10]. El Terror del Estado nazi (1933-45) nació en la democracia y fue preparado, ensayado, sistematizado, por la acción de las camisas pardas bajo la cobertura de la República de Weimar.
Beneficiado por esta hoja de servicios, a partir de 1930 el partido nazi se convierte en la fuerza electoral dominante en el aparato político alemán. Los cimientos de esta preponderancia son 3:
Como concluye Bilan “En Alemania, el fascismo se ha edificado en el doble cimiento de las derrotas proletarias y de las necesidades imperiosas de una economía acorralada por una crisis económica muy profunda. El fascismo canaliza todas las contradicciones que ponen en peligro al capitalismo, dirigiéndolas hacia la consolidación de éste. Contiene los deseos de tranquilidad del pequeño burgués, la desesperación del desempleado hambriento, el odio ciego del obrero desorientado y sobre todo la voluntad capitalista de eliminar todo factor perturbador de una economía militarizada, de reducir al máximo los gastos de mantenimiento de un ejército de desempleados permanentes”.
Smolny 24-3-21
[2] No es objeto de este artículo explicar las causas de la traición de los partidos socialistas. En el artículo El camino hacia la traición de la socialdemocracia alemana ofrecemos un análisis, ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/201504/4097/1914-el-camino-hacia-la-traicion-de-la-socialdemocracia-alemana [445]
[3] Para un conocimiento detallado de la experiencia revolucionaria en Alemania 1918-23 y ver el papel de perro rabioso del capital (así se calificaba a sí mismo el dirigente socialdemócrata Ebert) del SPD y los sindicatos se puede acceder a Lista de artículos sobre la tentativa revolucionaria en Alemania https://es.internationalism.org/content/4373/lista-de-articulos-sobre-la-tentativa-revolucionaria-en-alemania-1918-23 [236]
[4] Predecesor de BILAN. Traducido del francés por nosotros.
[5] Son el precedente de las “Iniciativas legislativas populares” que DRY y otros engañabobos agitaron en el movimiento de indignados en España. Ver Movimiento ciudadano ¡Democracia Real Ya!: dictadura del Estado contra las asambleas masivas https://es.internationalism.org/cci-online/201106/3118/movimiento-ciudadano-democracia-real-ya-dictadura-del-estado-contra-las-asamb [520]
[7] Documento – El aplastamiento del proletariado alemán y la ascensión del fascismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/199301/3150/documento-el-aplastamiento-del-proletariado-aleman-y-la-ascension- [522] . Este documento lo citaremos a continuación refiriéndonos a su nombre: la revista BILAN, publicación entre 1933-38 de la Izquierda Comunista de Italia.
[8] Firmado en 1919 impuso unas brutales reparaciones al capital alemán, el gran perdedor de la guerra mundial.
[9] Orígenes económicos, políticos, y sociales del fascismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/197704/111/origenes-economicos-politicos-y-sociales-del-fascismo [417]
[10] Un dato entre muchos. Cuando Hitler fue juzgado y condenado por la fallida intentona golpista de Múnich (1923) se le condenó a 5 años que comenzó en la prisión de Landsberg (marzo de 1924) donde “recibió un tratamiento privilegiado por parte de los guardias: tenía una habitación con vistas al río, llevaba corbata, le permitían recibir visitas y correo de sus admiradores, además de contar con los servicios de un secretario privado”, 8 meses más tarde fue indultado (Ascenso de Adolf Hitler al poder - Wikipedia, la enciclopedia libre [523]).
[11] Como dice nuestro artículo antes citado ““La inconsistencia del contenido ideológico de la demagogia Nazi se muestra claramente en su propaganda racista. El descontento de las masas fue orientado contra el tratado de Versalles, válvula de escape del capitalismo, y contra los judíos, los cuales eran vistos como los representantes del capital internacional y promotores de la lucha de clases. Este enredo de estupideces incoherentes solo pudo sentar raíces en las mentes de la pequeña burguesía, cuyo rol secundario en la economía la hace incapaz de entender en lo más mínimo los hechos económicos y acontecimientos históricos dentro de los cuales ha sido lanzada”
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La burguesía de la región a través de sus medios de comunicación nos vino mostrando a Paraguay como un país que venía manejando con eficiencia la pandemia. El país con menos contagios desde que empezó a propagarse el virus del Covid 19, a finales de febrero del 2020.
Pero la realidad siempre rebasa las ilusorias cifras, las declaraciones triunfantes, rimbombantes, las proclamas tajantes, amenazadoras, que muestran solidez e integridad en las actuaciones políticas por parte de la burguesía y sus sátrapas regados en el abanico de partidos políticos que van desde la derecha conservadora, como el Partido Colorado y sus facciones hasta los llamados radicales de izquierda del Frente Guasu.
Todos gritan al unísono ‘’Democracia’’, ‘’Elecciones’’, ‘’Nación’’, ‘’Diálogo’’, ‘’A luchar contra la corrupción’’. Y este grito se escucha en todos lados, en el norte como en el sur, en occidente como en oriente. Es la misma clase putrefacta, enajenada y criminal de la burguesía, con diferentes rostros, arropadas con diferentes banderas, la que se aferra con uñas y dientes, al capitalismo decadente que vive su última etapa, la descomposición, mostrando sus efectos en todo el planeta: Hambrunas, pobreza extrema que ya no es propia de los países llamados del Tercer Mundo, ahora se extiende por Europa y Norteamérica, desempleo en constante crecimiento, catástrofes naturales (inundaciones, sequías), terror y terrorismo ya sea estatal o gansteril, un estado cada vez más policiaco, militarizado atravesado por la corrupción en todos sus estamentos, el incremento irracional en las agresiones al medio ambiente, agresión que sumado a todas las condiciones inhumanas en que se han desarrollado las megas ciudades junto a la altamente contaminante producción capitalista, han provocado tal daño a los ecosistemas que nos han otorgado una demostración más de lo poco que les importa la humanidad: el Covid 19[1].
Hemos dicho por todos nuestros medios que la pandemia del covid 19 es una expresión y una aceleración de la descomposición capitalista[2] y que desde que se desató la pandemia, hemos sido testigos de la conducta criminal e irresponsable de la burguesía, poniendo por delante sus intereses mezquinos, en detrimento de la población. He aquí, el porqué, conociendo de antemano, lo que se venía no hicieron nada para mejorar los presupuestos públicos en salud e investigación para mejorar los colapsados sistemas sanitarios descuidados por décadas[3].
Paraguay y su clase dominante no podía ser la excepción, totalmente fiel a su naturaleza la burguesía paraguaya: explotadora, represora, agresiva y criminal; para ella los intereses de la Nación pasan por el ritmo de la explotación y el incremento de sus ganancias a costilla de los proletarios paraguayos y de los sectores sociales no explotadores. La burguesía de Paraguay se comporta tan igual como la burguesía italiana, alemana, rusa, china, mexicana, salvadoreña, brasileña, etc. Y ese incremento de ganancias no importa cómo se dé, ya sea por la vía de la explotación directa del trabajador, por el asalto y pillaje de las arcas del Estado, o por las contrataciones (ventas y compras) de insumos para el Estado, expropiando con terror y sangre tierras de los campesinos precarios, o incursionando en negocios vinculados al narcotráfico y contrabando.
Aprovechando esta pandemia, su naturaleza gansteril la llevaría a lucrar despiadadamente sin ningún límite. Por ello, se escuchan en todos los medios, los relatos de corrupción en todos los gobiernos de América y del mundo, sin distingo político, ya sea de la derecha, centro o de la izquierda. En contraste se oye sobre la falta de Hospitales, de camas, de Unidades de Cuidados Intensivos, de medicamentos para mitigar los efectos del Covid 19, y con ello, cifras que van registrando cada vez más cientos de muertes por el virus y casos de contagios.
Este drama se vive en todos lados, solo cambian la ubicación de las víctimas, de Perú a Ecuador, de Chile a Argentina, de Brasil a México, de Bolivia a Paraguay... pero sigue siendo la misma clase social: La Burguesía, la que sigue controlando este macabro juego de la salud, las medicinas, los equipos y ahora las vacunas, todo apoyado en un sistema criminal y putrefacto como el Capitalismo y su aparato político.
Las protestas que se desataron a partir del 5 de marzo por la noche, tiene como antecedente una serie de manifestaciones de los trabajadores de la salud y de la educación por mejores condiciones laborales, recursos e insumos para enfrentar el pico de contagios y por el no retorno a clases presenciales, pero también el sector de la transportación junto a empresarios medianos y pequeños demandaban por alza en los pasajes los unos y los otros por ayuda estatal por el colapso en el comercio debido a la pandemia y sus efectos en la economía. Se sumaron más reclamos e indignación por el alza en los combustibles y por la falta de asistencia social por parte del Estado a los sectores sociales más golpeados por la pandemia y sus consecuencias.
La sociedad paraguaya era un hervidero, cual olla de presión explotó tras el incremento en la conducta cínica de los ocupantes del ‘’Palacio de López’’.
Las protestas iniciadas el 5 de marzo, fueron el marco para el juego parlamentario de la oposición burguesa al gobierno de turno, aprovechando la profunda indignación de la población, toda la oposición desde el Partido Liberal Radical Auténtico hasta los del Frente Gausú, se monta sobre las protestas empujando a los manifestantes por el recambio electoral democrático, atrapando a los manifestantes en el laberinto de la Democracia y las Elecciones. Nuevamente, actuando coordinadamente las fuerzas políticas de la burguesía (ya sea de derecha como el PLRA o de izquierda como el FG) conducen a los manifestantes al callejón sin salida de la democracia. Así ocurrió en marzo de 1999 y en marzo de 2017. Los trabajadores, campesinos precarios, sectores sociales pauperizados, desempleados, estudiantes, en fin, una masa heterogénea e indignada, fueron los que pusieron los muertos, los heridos y los encarcelados.
Desde la entrada del Capitalismo a su etapa de Decadencia, marcada por la I Guerra Mundial, el Capitalismo ingresaba por los senderos de un constante hundimiento en la Crisis Económica, la misma que se profundizó a finales de la década de los 60 del siglo pasado y se agudizó e intensificó sus consecuencias a partir de la década de los 90 del mismo siglo con la entrada del Capitalismo a su última fase: La Descomposición. La descomunal Deuda Soberana de los Estados, el Capitalismo de Estado presente con mayor intensidad y agudeza en todas las Naciones del planeta, son dos elementos significativos de estos tiempos que van acompañando todos los otros elementos antes descritos, propios de la fase de Descomposición capitalista. El capitalismo no podrá ser destruido por la vía de la Democracia y las Elecciones. No será barrido de la historia humana caminando atrás de los partidos políticos de la burguesía, aunque se proclamen de izquierda, o de extrema izquierda. Todos ellos actúan en función a su propio interés de clase dominante.
Entre los manifestantes que iniciaron la lucha por vivir en mejores condiciones está la clase obrera, pero esta no se ve como clase, no guarda su autonomía de clase frente al resto, están confundidos en el pueblo, en el ciudadano, y su confusión será su perdición, en esas revueltas populares interclasistas.
El camino que le toca transitar al proletariado paraguayo es largo, pero no es tardío, sus hermanos de clase ya vienen luchando en otros escenarios. En el 2020, con la pandemia encima salieron a protestar obreros italianos de la FIAT, obreros españoles de la fábrica de electrodomésticos Balay en Zaragoza o los de la Renault de Valladolid, la huelga salvaje (al margen de los sindicatos) de los conductores de transporte en Bélgica, las recientes movilizaciones de los obreros agroindustriales en Perú[4], o la de los trabajadores de la salud en Ecuador. Todos ellos luchando por mejoras en las condiciones de trabajo, en solidaridad con compañeros víctimas del virus y que, a pesar de ello, la burguesía los obliga a laborar sin ninguna protección sanitaria para evitar mayores contagios, luchan por salarios en plena crisis económica, una crisis que ha sido presionada por la aparición de la pandemia.
Es necesario comprender que estas luchas son aún muy débiles y limitadas y que existe un peligro muy serio de que los obreros -como ha ocurrido en Paraguay- se vean enredados en una lucha por objetivos burgueses. Las medidas de confinamiento y toda la presión social que se ha generado en torno a la pandemia reforzando la atomización, la dislocación y la fragmentación social, alzan nuevos obstáculos contra el desarrollo de la lucha obrera[5].
El proletariado tendrá que encontrarse como clase explotada en medio de esta confusión que impulsa la burguesía con su ideología democrática, deberá desarrollar su autonomía de clase frente a estas revueltas populares que la arrastran a terrenos ajenos a ella, solo imponiendo su identidad y autonomía de clase en sus propias luchas podrá ir recuperando su confianza y se podrá abrir una perspectiva mundial donde el proletariado como clase explotada vaya asumiendo el papel que le corresponde como la única fuerza social capaz de parar los fines de la burguesía mundial y sus Estados en el marco del capitalismo. La pandemia hoy juega en contra de este desarrollo de la consciencia de la clase y contra el desarrollo de su combate, pero la agudización de la crisis económica generará una mayor reflexión del papel que tiene la clase obrera con la humanidad.
Internacionalismo Ecuador -Sección de la CCI
[1].https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109].
[2] Ver https://es.internationalism.org/content/4630/informe-sobre-la-pandemia-de-covid-19-y-el-periodo-de-descomposicion-capitalista [510]
[3].Ver nuestros análisis sobre las causas y consecuencias de la pandemia en: https://es.internationalism.org/content/4566/dossier-especial-covid19-el-verdadero-asesino-es-el-capitalismo [255].
[4] Ver Huelga de los obreros de la agroindustria en Perú https://es.internationalism.org/content/4632/huelga-de-los-obreros-de-la-agroindustria-en-peru [525]
[5] Ver Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases (2019) https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019 [278]
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Diferentes cadenas de TV y otros medios han publicado a propósito del encarcelamiento del rapero Pablo Hasél algunas entrevistas en las que se reivindica de la lucha de la clase obrera; pero lo cierto es que, gesticulaciones aparte, las referencias políticas del cantante no remiten a la experiencia histórica y la tradición de la clase obrera, sino a ideologías y formas de lucha que son completamente ajenas al terreno del proletariado, que han servido para objetivos capitalistas y, respecto de la clase obrera, han actuado para descarrilar y confundir, y en definitiva frenar sus luchas[1].
Pablo Hasél se reivindica del GRAPO y de la ETA, que no tienen absolutamente nada que ver con la lucha obrera sino con las peleas entre bandas de la burguesía. El primero arrastra la alargada sombra de haber sido inspirado y ampliamente manipulado por los servicios secretos y la segunda ha sido el brazo armado del nacionalismo vasco, heredera de la ideología reaccionaria carlista que cambió en los años 70 por la “liberación nacional” surfeando la ola de la protesta contra la guerra del Vietnam. Y desde luego tampoco ha sido para nada ajena a la intervención de los servicios USA y franceses, además de los españoles. ETA ha canalizado hacia la lucha nacional de una fracción de la burguesía vasca la radicalización de los jóvenes frente al desempleo y a la incapacidad del capitalismo de ofrecerles una perspectiva[2].
La forma de la lucha de la clase obrera en nuestra época es la huelga de masas, organizada en las asambleas, la defensa del internacionalismo y la perspectiva de una nueva sociedad que supere y erradique el capitalismo: el comunismo mundial.
Hasél se reivindica del “tiro en la nuca” y el piolet; pero lo primero es propio de las ejecuciones de los nazis y en general de los ejércitos (incluyendo los del bando democrático) en las guerras imperialistas. En cuanto al piolet es precisamente conocido porque fue así, con un golpe en el cráneo, como Mercader (agente estalinista) mató a Trotsky, una de las más grandes figuras del movimiento obrero. Su muerte permitió que la corriente que representaba, el trotskismo, capitulara y traicionara el internacionalismo tomando partido por la defensa de la URSS en la guerra.
La lucha obrera no puede prescindir de la violencia en su lucha por la destrucción del Estado burgués, que como ha recordado el ministro Ábalos ante los altercados en Barcelona, Valencia y otras ciudades, es el único que tiene el monopolio de la fuerza (en defensa de los intereses de la burguesía -añadimos nosotros); pero la violencia del proletariado es organizada y consciente, con la perspectiva de la toma del poder, la extensión de la revolución y la construcción de la sociedad comunista; es una violencia de masas. La aparición del llamado “terror rojo” en el curso de la revolución en Rusia fue la expresión de la degeneración del “Estado obrero” hacia lo que después se convertiría en el régimen estalinista[3]. Este régimen nada tenía que ver con la liberación del proletariado y sí con el exterminio de su propia población, con la represión más cruel de los propios revolucionarios (por ejemplo, los Procesos de Moscú, etc.).
Para colmo Hasél se reivindica del antifascismo y de la lucha por una “democracia real”.
El antifascismo fue la forma en que la burguesía consiguió derrotar los vestigios de la oleada revolucionaria frente a la 1ª guerra mundial que produjo la revolución rusa y la tentativa revolucionaria en Alemania entre otras. En nombre de la lucha contra el fascismo se arrastró la lucha de la clase obrera al terreno de la guerra imperialista de los aliados contra el Eje de Hitler. Empezando por España, donde la guerra imperialista en el frente de la República contra Franco acabó con la insurrección del proletariado inicialmente contra Franco y contra la República que respondía a sus reivindicaciones con “disparos a la barriga” (en palabras del ilustre presidente Azaña). Y hay que recordar que entonces el partido comunista, junto al POUM e incluso la CNT[4], los continuadores de cuyo legado ideológico ahora están en las filas de Unidas Podemos, tomaron partido por la guerra imperialista contra los trabajadores.
La única corriente que resistió a la presión de los acontecimientos, que hizo de ¡No traicionar! su consigna, fue la Izquierda Comunista, que tuvo el coraje de defender, como hizo la Internacional Comunista frente a la Iª guerra mundial, no tomar partido por ninguno de los bandos imperialistas, denunciando a todos y luchando por la única alternativa posible: la lucha de clase del proletariado en la perspectiva de la revolución mundial.
En cuanto a la lucha por una verdadera democracia en España, conviene recordar que la llamada transición democrática (que dio lugar a lo que hoy se conoce como el régimen del 78) fue una operación de Estado del conjunto de la burguesía, con el apoyo e impulso del bloque USA entonces, y el principal objetivo era responder al desarrollo de las luchas obreras que desde los años 60 se desarrollaban cada vez más masiva y autónomamente, huelgas masivas y asambleas conjuntas que en Vitoria 1976 llegaron a ser asambleas de ciudad[5]. El franquismo solo podía responder con la represión, mientras que la democracia intentaba “torear” las luchas con la intervención sindical y las promesas de la izquierda. Porque sería bueno recordar también que los ancestros de los que ahora están en Unidas Podemos y echan pestes del régimen del 78, colaboraron ampliamente en esa operación. El partido comunista del Sr ministro Alberto Garzón, dirigido por Santiago Carrillo, llamó a la “reconciliación nacional” avalando la reconversión de los antiguos franquistas en modernos demócratas, empezando por el mismísimo Adolfo Suárez. Los partidos extraparlamentarios de la extrema izquierda, trotskistas, maoístas, etc. los restos de los cuales están en la continuidad de los “anticapitalistas” de Unidas Podemos, respaldaron las orientaciones del PC en la calle y las fábricas.
Y es que como decía Lenin, la memoria es revolucionaria, y por eso conviene acordarse de todo esto para ver que efectivamente, Pablo Hasél no representa la lucha de la clase obrera, sino a sus enemigos.
Hic Rhodas 27-2-21
[1] En un próximo artículo vamos a denunciar la campaña de antifascismo y ensalzamiento de la democracia que se está haciendo en torno a Hasél y las manifestaciones “anti represivas” que se han estimulado por instancias del Estado y veremos igualmente que esas movilizaciones no son una respuesta a la represión estatal sino una trampa.
[2] Para lo que es el terrorismo se puede ver, entre otros muchos artículos, El terrorismo, un arma de guerra del capitalismo https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200512/302/el-terrorismo-un-arma-de-guerra-del-capitalismo [65] , sobre quien fue ETA y lo que hay en el conflicto nacionalista vasco se puede consultar, entre otros, Tregua de ETA: para eliminar el terror, la clase obrera debe erradicar el capitalismo https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200605/932/tregua-de-eta-para-eliminar-el-terror-la-clase-obrera-debe-erradicar-el [527] y Conflicto vasco: contra la barbarie de las luchas nacionales la alternativa es la lucha de clases https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200601/396/conflicto-vasco-contra-la-barbarie-de-las-luchas-nacionales-la-alternat [528]
[3] Ver Terror, terrorismo y violencia de clase https://es.internationalism.org/revista-internacional/197806/944/terror-terrorismo-y-violencia-de-clase [529] y Resolución sobre el terror, el terrorismo y la violencia de clase https://es.internationalism.org/revista-internacional/197810/2134/resolucion-sobre-el-terror-el-terrorismo-y-la-violencia-de-clase [530]
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Desde buena parte de la nueva izquierda dominante, el altermundialismo, el “movimiento antiglobalización” etc., como se puede desprender de líderes como Noam Chomsky, se transmite la idea de que el estado surgió como voluntad de los seres humanos, o incluso que es el responsable de las clases sociales. Este concepto del estado lleva a su vez el germen de la idea de que el estado pudiera ser disuelto a voluntad, o de que pudiera ser un instrumento al servicio de “todos”, un instrumento interclasista. La idealización de la que se hace Noam Chomsky respecto al estado queda bien ilustrada en su interpretación de los primeros economistas burgueses y de los hombres de la ilustración. Hablando de Adam Smith nos dice “este entendía que en un mercado en perfecta libertad, conduciría a una perfecta igualdad, no solo de oportunidades sino también de condiciones [……]no nos hemos acercado ni remotamente a esto, porque el estado se ha utilizado tanto como se ha podido.”[1]. Como si cupiera la posibilidad de que el estado no se utilizase, o no se utilizase para determinados intereses y sí para otros. Póngase el caso, como tanto les gusta afirmar a los izquierdistas, “dar un instrumento al pueblo para su emancipación”. En realidad, la idea de que el estado surge por voluntad del ser humano, no nos permite una correcta comprensión de la naturaleza del estado, y tener esto claro es vital de cara a saber a qué nos estamos enfrentando. La idealización del estado surge o tiene su raíz, en el espacio común que supuestamente nos daría el ser ciudadanos, que está al mismo tiempo vinculada al concepto de la democracia. La clase dominante es la primera interesada en hacernos creer, que todos iríamos en un mismo barco, que compartimos intereses comunes como ciudadanos que somos todos. El pueblo, la nación, son conceptos consustanciales al estado y que la burguesía no puede renunciar a ellos. Como decía Maquiavelo el ABC de todo gobernante es hacer creer al resto, que sus intereses coinciden con los tuyos. Y aquí viene una de las primeras características del estado. Que surge no por voluntad, sino por necesidad. El estado es el instrumento de dominio de una clase sobre otra. O, dicho de otro modo, es el órgano que genera toda sociedad dividida en clases con el fin de encauzar las contradicciones y conflictos que genera una sociedad de dicha naturaleza. Que evidentemente se trata de una sociedad violenta muy violenta, como no puede ser de otra manera, una sociedad dividida en clases.
Es el desarrollo de las fuerzas productivas y de la división del trabajo, lo que en un determinado momento genera el estado y no al revés. Y de esto se desprende que mientras existan clases sociales existirá el estado, lo cual nos obliga a pensar en un estado de transición, porque al día siguiente del triunfo de la revolución, seguirán existiendo no solamente el resto de las capas no explotadoras de la sociedad, sino también la burguesía en lucha encarnizada contra el poder que le ha sido arrebatado.
Pero el cómo afrontar este estado de transición y qué es lo que implica, es un problema que todavía nos hará falta más experiencias para poderlo afrontar satisfactoriamente. Podemos abordar unas líneas generales que nos ha dejado en su legado la historia de la clase. La subestimación del problema del estado, seña de identidad de los anarquistas, y que floreció, fruto de la inexperiencia del movimiento obrero, en el marco de la primera internacional: El enfrentamiento dialectico entre marxistas y anarquistas, nos aportó muchas claves en lo que respecta a la naturaleza del estado. Estrechamente ligado a su visión ahistórica, Bakunin negaba el estado de transición, como si este pudiera desaparecer a voluntad. En ese sentido son muy instructivas las aportaciones de todos aquellos que se esforzaron por profundizar en esta cuestión. Friedrich Engels nos dice en su artículo De la autoridad[2]: “Todos los socialistas están de acuerdo en que el Estado político, y con él la autoridad política, desaparecerán como consecuencia de la próxima revolución social, es decir, que las funciones públicas perderán su carácter político, trocándose en simples funciones administrativas, llamadas a velar por los verdaderos intereses sociales. Pero los antiautoritarios exigen que el Estado político autoritario sea abolido de un plumazo, aun antes de haber sido destruidas las condiciones sociales que lo hicieron nacer. Exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad. ¿No han visto nunca una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay [……] ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad del pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?”[3].
Pero indudablemente la experiencia más interesante y la que más lecciones nos aporta es la revolución rusa. Aquí la subestimación del problema del estado se materializa de una forma diferente. Los bolcheviques, en su afán de hacer de la necesidad virtud, creyeron que con unir a la palabra estado el epíteto proletario ya tenían resuelto el problema. Sin duda alguna era la manera más fácil de sortear las dificultades que les venían encima fruto del cada vez más agudo aislamiento de la revolución. El problema es que esta visión lejos de ralentizar la degeneración de la revolución, lo que hizo fue acelerarla. Una visión que venía de la tradición parlamentaria con la que no se supo romper, y que compartían la inmensa mayoría de los revolucionarios de aquel entonces. El partido representa a la clase y por tanto mientras el partido conservara el poder, la revolución estaría asegurada. Hoy en día gracias a esa experiencia, sabemos que eso no es así. No podemos abordar aquí el tema de la relación entre la clase y el partido[4]. No es el cometido de este artículo.
Simplemente unas líneas generales; precisamente porque el partido es solo una parte de la clase, esté no puede tomar el poder en nombre de la clase, por muy avanzado y consciente que sea su vanguardia. Porque el comunismo ni se puede delegar ni decretar, si no que será la obra de todo el proletariado. Detrás de esta visión defendida por los bolcheviques, se encuentra la idea dominante por aquel entonces, de identificar la dictadura del proletariado con el estado. En realidad, el propio término “estado proletario” es una contradicción en sí mismo, puesto que el estado es un ente intrínsecamente conservador. Como hemos visto arriba, tiene como misión amortiguar y encauzar los conflictos sociales, o sea conservar la sociedad tal cual está. Fruto de las lecciones sacadas de la propia historia, no se puede hablar por tanto de un estado proletario, si no de un estado en manos del proletariado. Porque la dictadura del proletariado se debe ejercer sobre el propio estado de transición. El hecho de que la revolución de 1917 fracasara debido fundamentalmente a que esta quedara circunscrita a Rusia, y por tanto sin ningún futuro, puesto que un bastión proletario en mitad del mundo capitalista tiene los días contados: el aislamiento cada vez más brutal al que fue sometido, así como la intervención militar capitalista, unido al afán meramente productivista que se iba imponiendo en el marco de la economía de guerra a las que las circunstancia obligaron, que incluso estableció el sistema Taylor[5] de producción, condujo a un reforzamiento de la cuestión militar en decaimiento de toda cuestión política, facilitando con ello la creación de todo un entramado de organismos que escapaban del control proletario: el consejo superior de economía, la checa, el ejército; institucionalizándose los consejos obreros en el marco de un cada vez más evidente partido-estado, acabado estos convertidos en meras cámaras de ratificación de dicho estado.
Como decía, el hecho de que la revolución rusa fuera destruida debido a la degeneración de esta y no por el aplastamiento manu militari por la burguesía exterior, tuvo un impacto mucho más brutal para el proletariado internacional, porque los bolcheviques haciendo de la necesidad virtud llamaron comunismo a lo que no era otra cosa que capitalismo de estado. En este sentido premonitorias fueron las palabras de Karl Radek en el Kummunist nº1 de abril de 1918[6]: “Si la revolución rusa fuera aplastada por la contrarrevolución burguesa, renacería como el Fénix; si, por el contrario, perdiera su carácter socialista y con ello decepcionara a las masas trabajadoras entonces este golpe tendría consecuencias diez veces más terribles para el futuro de la revolución rusa e internacional”.
Décadas de contrarrevolución basadas en principios comunistas equivocados que dieron como resultado horrores como el estalinismo o el maoísmo atestiguan el valor de estas palabras. El estado es un instrumento de dominio de una clase sobre otra y, por tanto, si no está en manos del proletariado, caerá en manos de otra clase, para ejercerla sobre el proletariado, como lo vimos también en el caso de la experiencia española de julio del 36. Un proletariado abatido, asumido en plena contrarrevolución, como era el proletariado de entreguerras, materializándose su confusión en aquellas semanas del 36, en la formula contradictoria “tenemos el poder, pero no lo queremos”. Es un paradigma de la problemática del estado, cuando el proletariado abatido e influenciado por los cánticos de sirena del anarquismo, se vio totalmente amarrado e imposibilitado de llevar a cabo su misión histórica. El poder, el estado, solo podrá desaparecer, cuando desaparezca la sociedad en clases de la cual ha surgido.
Laro
Como hemos dicho al principio, saludamos calurosamente la contribución del compañero. Manifiesta una preocupación para comprender la perspectiva revolucionaria que posee el proletariado como clase histórica, en un momento en que las generaciones proletarias del presente tienen una gran dificultad para asumir su propia identidad de clase y, en consecuencia, su alternativa revolucionaria.
La reflexión del compañero es profundamente militante como lo prueba el punto de partida de su escrito: una denuncia clara de la visión falsa y mistificadora del Estado que propaga la ideología burguesa y que repiten como papagayos los servidores izquierdistas del Capital, incluidos individuos que se reclaman de un anarquismo radical como Noam Chomsky.
El compañero deja claro que el Estado no nace de la “voluntad de los seres humanos”, sino que es “el instrumento de dominio de una clase sobre otra. O, dicho de otro modo, es el órgano que genera toda sociedad dividida en clases con el fin de encauzar las contradicciones y conflictos que genera una sociedad de dicha naturaleza”.
El compañero partiendo de este marco de análisis ve inevitable la existencia de un Estado en el periodo de transición del capitalismo al comunismo, pero, precisa con rotundidad que este estado jamás será “proletario”: “el propio término “estado proletario” es una contradicción en sí mismo, puesto que el estado es un ente intrínsecamente conservador. Como hemos visto arriba, tiene como misión amortiguar y encauzar los conflictos sociales, o sea conservar la sociedad tal cual está. Fruto de las lecciones sacadas de la propia historia, no se puede hablar por tanto de un estado proletario, si no de un estado en manos del proletariado”.
El compañero sigue el método histórico para considerar el problema del Estado en la revolución comunista refiriéndose a la Comuna de París y muy especialmente a la revolución en Rusia 1917, que nos da un material riquísimo para armarnos sobre la cuestión cara al futuro[7].
Si compartimos las conclusiones que saca el compañero, queremos, sin embargo, hacer dos precisiones que nos parecen necesarias para proseguir la clarificación.
Respecto de la experiencia de la revolución rusa el compañero dice “la subestimación del problema del estado se materializa de una forma diferente. Los bolcheviques, en su afán de hacer de la necesidad virtud, creyeron que con unir a la palabra estado el epíteto proletario ya tenían resuelto el problema”.
Si bien es cierto que hubo indudables confusiones en los bolcheviques -compartidas en realidad por todo el movimiento obrero de la época[8]- estos realizaron un esfuerzo por plantear la cuestión del Estado, antes de la toma del poder por los soviets en octubre de 1917. Lenin consagró muchas horas de agosto 1917 en su forzado exilio en Finlandia, a su obra El Estado y la Revolución[9]. Una obra que sigue el método vital de reapropiarse críticamente todo lo que previamente el movimiento obrero -y especialmente Marx y Engels- había desarrollado sobre la cuestión. En este marco Lenin aporta algo crucial: el Estado burgués hay que destruirlo mediante una revolución violenta mientras que el Estado del periodo de transición debe ser extinguido por la acción consciente y organizada del proletariado a través de los Consejos Obreros.
En 1921 en el debate sobre los sindicatos, Lenin señala que los obreros deben hacer huelga contra “su estado” pues este puede escapársele de las manos, y, posteriormente, trata de reflexionar sobre el problema del Estado “proletario” argumentando que este es como un “automóvil que va por su propio camino a espaldas de la voluntad de su conductor”.
Creemos que, más allá de sus limitaciones y de su degeneración oportunista, muy acusada a partir de 1920-21, el partido bolchevique no trató de forma tan simplista la cuestión del Estado y, especialmente mediante el trabajo de Lenin, hizo esfuerzos de clarificación del problema[10].
Hay un pasaje que pensamos está en contradicción con todo lo que muy acertadamente el compañero desarrolla: “Décadas de contrarrevolución basadas en principios comunistas equivocados que dieron como resultado horrores como el estalinismo o el maoísmo atestiguan el valor de estas palabras”.
No fueron “principios comunistas equivocados” los que produjeron la contrarrevolución sino la traición de esos principios, su abandono y falsificación descarados. Como muy justamente el compañero señala “El hecho de que la revolución de 1917 fracasara debido fundamentalmente a que esta quedara circunscrita a Rusia, y por tanto sin ningún futuro, puesto que un bastión proletario en mitad del mundo capitalista tiene los días contados”. La contrarrevolución emergió del aislamiento de la revolución en Rusia, sin embargo, fue ejecutada desde el propio estado surgido tras la revolución -el estado soviético- y por el partido bolchevique que acabó siendo absorbido por ese estado, lo cual, como señala el compañero fue trágico para el proletariado mundial y sus consecuencias aún las seguimos soportando: “el hecho de que la revolución rusa fuera destruida debido a la degeneración de esta y no por el aplastamiento manu militari por la burguesía exterior, tuvo un impacto mucho más brutal para el proletariado internacional”.
Está claro que la conciencia comunista se desarrolló de manera insuficiente cara a todos los problemas que planteaba la oleada revolucionaria mundial de 1917-23 y la experiencia de la revolución en Rusia. Es igualmente evidente que los revolucionarios cometieron errores -los cuales, como dijo Trotski, “pueden pagarse con montañas de cadáveres”, pero es importante dejar claro que el vector de la contrarrevolución no fueron los errores o las insuficiencias de los comunistas, sino la traición perpetrada por la fracción en torno a Stalin que se materializó en la monstruosidad del “socialismo en un solo país”. Por ello, lo que hubo en la URSS o ulteriormente en China, Cuba, Corea del Norte etc., es la expresión de un capitalismo de Estado envuelto en las banderas del “comunismo”.
CCI 25-2-21
[1] Extraído de una entrevista a Noam Chomsky, en el marco de una obra más amplia con otras entrevistas hechas a este y artículos suyos que lleva por título Lucha de clases. Este libro puede encontrarse en su versión española en www.planetadelibros.com/libro-lucha-de-clases/115913 [534].
[3] La comuna de Paris, 18 de marzo – 28 de mayo de 1871. Fue la primera vez en la historia en que el proletariado tomaba el poder en sus manos. A pesar de su corta duración se sacaron valiosas lecciones de ella. Karl Marx profundiza en esta experiencia en su obra La Guerra civil en Francia https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/index.htm [536]
[4] Ver el texto El partido y sus lazos con la clase https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/892/el-partido-y-sus-lazos-con-la-clase [537]
[5] El sistema propio de los países capitalistas, que pagan al trabajador por el número de piezas realizadas por horas. Establecido en mayo de 1918 en el marco del llamado “comunismo de guerra”, y que puso la bases para el desarrollo de un capitalismo de estado, que supuso una explotación del proletariado sin precedentes.
[6] Kommunist, (El Comunista). Publicación en torno a la cual se constituyó la primera facción de izquierda comunista en el interior del partido comunista ruso. Se publicaron cuatro números de abril a junio de 1918. No se pudo publicar más porque la revista fue clausurada y el grupo disuelto en nombre de la “unidad del partido”
[7] Hemos escrito numerosos textos sobre esta cuestión. El último fruto precisamente de un debate con compañeros de América del Sur: Debate sobre el comunismo y el periodo de transición del capitalismo al comunismo https://es.internationalism.org/content/4459/debate-sobre-el-comunismo-y-el-periodo-de-transicion-del-capitalismo-al-comunismo [538] . Del mismo modo, una recopilación de textos sobre el tema se puede encontrar en El Estado en el periodo de transición del capitalismo al comunismo https://es.internationalism.org/series/488 [539]
[8] Cabe señalar que solamente Pannehoek en 1912 había hecho una contribución sobre el tema. Sin embargo, Rosa Luxemburgo no abordó la cuestión, así como otros revolucionarios de la izquierda de la Segunda Internacional, Lenin denuncia en el Estado y la Revolución que el oportunismo en la 2ª Internacional enterró a muchos metros de profundidad las contribuciones inapreciables de Marx y Engels sobre la cuestión del Estado.
[9] Ver «El Estado y la revolución» (Lenin) - Una brillante confirmación del marxismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/199712/1217/ii-el-estado-y-la-revolucion-lenin-una-brillante-confirmacion-del- [540]
[10] Ver VIII - La comprensión de la derrota de la Revolución Rusa (1) - 1918: la Revolución critica sus errores https://es.internationalism.org/revista-internacional/199912/1153/viii-la-comprension-de-la-derrota-de-la-revolucion-rusa-1-1918-la- [541] VIII - La comprensión de la derrota de la Revolución Rusa (2) - 1921: el proletariado y el Estado de transición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200007/3479/viii-la-comprension-de-la-derrota-de-la-revolucion-rusa-2-1921-el- [542] y VIII - La comprensión de la derrota de la Revolución rusa - 1922-23: Las fracciones comunistas se enfrentan a la contrarrevolución en alza (3) https://es.internationalism.org/revista-internacional/200010/985/viii-la-comprension-de-la-derrota-de-la-revolucion-rusa-1922-23-las [543]
La pandemia golpea brutalmente a toda la población y especialmente a la clase obrera. Actualmente hay 118 millones de infectados, 2,6 millones de muertos en el mundo y un país como Italia ha franqueado la cifra dolorosa de las 100 mil defunciones. Pero otra amenaza terrible se perfila: la agravación de la crisis económica, con más de 50 millones de desempleados solamente en Estados Unidos.
Frente a esta avalancha ¿como va a responder la clase obrera? ¿cómo puede responder? Para ello no solamente queremos basarnos en las respuestas recientes (las luchas en Francia a finales de 2019 o las movilizaciones en fábricas y centros de trabajo de Italia, Francia, USA al principio de la pandemia), sino sobre todo en la naturaleza del proletariado como clase histórica y en su experiencia histórica. “No se trata de saber lo que tal o cual proletario, o aun el proletariado integro, se propone momentáneamente como fin. Se trata de saber lo que el proletariado es y lo que debe históricamente hacer de acuerdo a su ser. Su finalidad y su acción histórica le están trazadas, de manera tangible e irrevocable, en su propia situación de existencia, como en toda la organización de la sociedad burguesa actual” (La Sagrada Familia, Marx y Engels).
Para preparar esta reunión, los participantes pueden consultar el siguiente texto:
Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases (23 congreso de la CCI) https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019 [278]
La reunión pública se llevará por Internet el sábado 27 de marzo a las 18 horas de Europa (12 horas Lima; 14 horas Santiago de Chile; 11 horas México; 14 horas Buenos Aires).
Todos los que deseen participar pueden hacerlos enviando un mensaje a: [email protected] [45] , o a la sección de Contacto de nuestro sitio Web es.internationalism.org
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La convocatoria de elecciones al gobierno regional madrileño para el 4 de mayo y todo el carrusel de acontecimientos que se han suscitado ha sido encarado dramáticamente por los políticos, los medios de “comunicación”, las redes sociales, como una nueva versión de la Batalla de Madrid donde chocarían frontalmente Fascismo y Democracia.
La ideología burguesa y la manipulación que realizan todos los servidores del capitalismo y su Estado (políticos, “creadores de opinión pública”, bloggeros “independientes” etc.) presentan las cosas de manera superficial y haciendo comparaciones que no vienen a cuento. La “batalla de Madrid” que pretenden hoy revivir, tuvo lugar en 1936-37 en las condiciones terribles de la Guerra española de 1936-39, donde los obreros, derrotados por la ideología antifascista, se dejaron llevar al matadero de un conflicto que tenía una doble dimensión imperialista: a nivel internacional la pugna creciente entre el bando democrático y el bando fascista que desembocó en la barbarie de la Segunda Guerra Mundial con sus 60 millones de muertos; a nivel nacional, el enfrentamiento entre Franco y la República que causó un millón de muertos[1].
Hoy las condiciones no son las mismas, el proletariado -pese a las debilidades y dificultades que arrastra- no está derrotado y no está dispuesto como entonces a servir de carne de cañón a los bandos capitalistas en conflicto. Los contendientes se enfrentan con todo el juego sucio habitual de la política burguesa: maniobras, mentiras, insultos, provocaciones, traiciones, cambios repentinos de chaqueta ….
Pero sería un error ver este proceder como algo “de todas formas pacífico” y muy diferente al de la confrontación con las armas en la mano. Nuestros antepasados de la Izquierda Comunista de Francia dejaron muy claro que “Guerra y paz son dos momentos de una misma sociedad: la sociedad capitalista. No son dos oposiciones históricas que se excluirían mutuamente. Al contrario, guerra y paz en el régimen capitalista son momentos complementarios indispensables el uno para el otro, fases sucesivas de un mismo régimen económico, aspectos particulares y complementarios de un fenómeno único (…) En la época del capitalismo decadente, la guerra al igual que la paz expresan esa decadencia y participa poderosamente en su aceleración”[2]. En la actual campaña madrileña vemos un grado tal de provocación, de amenazas violentas, de ruptura de cualquier regla mínima de juego “democrático”, que podemos decir que el rostro de la barbarie capitalista asoma siniestro en la campaña madrileña. Y este no es un fenómeno español, sino que tiene una dimensión mundial que puede verse, por ejemplo, en el asalto al Capitolio norteamericano por una turba de partidarios de Trump[3].
No podemos habituarnos al repugnante olor a podrido que desprenden todos los actos de la política burguesa, desde la acción del gobierno, hasta las sesiones parlamentarias, pasando por las interminables campañas electorales[4]. La proliferación de cartas amenazantes con balas y navajas ensangrentadas y la escalada brutal de Vox, que comenzó con el acto de Vallecas buscando el altercado violento con los grupos antifascistas; siguió con sus carteles xenófobos contra los niños emigrantes y remató con su negativa a condenar las amenazas a Iglesias, es un claro indicador.
Con esta conducta, Vox se muestra como lo que es: una expresión especialmente cínica y desvergonzada de la barbarie capitalista. Sin embargo, es un error ver a Vox como una “excepción”, un cuerpo extraño dentro de la política burguesa que sería, a pesar de todas sus canalladas, “respetuosa con unas mínimas reglas democráticas”. Vox expresa “sin complejos” la brutalidad, la ausencia de reglas, el cada uno a la suya de TODA LA POLITICA CAPITALISTA EN TODOS SUS PARTIDOS Y EN TODOS LOS PAÍSES.
Vox hace de forma descarada lo que sus demás colegas hacen de manera más hipócrita envuelta en las “buenas intenciones”; Vox dice sin remilgos lo que sus rivales dicen con medias palabras; Vox exhibe descaradamente la barbarie del capitalismo que sus compinches intentan ocultar con palabrería sobre la democracia, la tolerancia, la integración y demás demagogia[5]. Vox con su desfachatez, su actitud arrogante y provocadora, bebe en la descomposición ideológica del capitalismo que se manifiesta en “el aumento del nihilismo, del suicidio de los jóvenes, de la desesperanza, el "no future" de las revueltas urbanas en Gran Bretaña, del odio y de la xenofobia que animan a "skinheads" y "hooligans" (…) la profusión de sectas, el resurgir del espíritu religioso, incluidos algunos países avanzados, el rechazo hacia un pensamiento racional, coherente, construido, incluso en algunos ámbitos "científicos", y que ocupa en los media un lugar preponderante” (Tesis sobre la Descomposición) [6].
En un próximo artículo analizaremos el complicado ajedrez político de maniobras y jugadas de unos y otros que ha conducido a las elecciones madrileñas. PP y PSOE querían devorar al “centro” de Ciudadanos; Diaz Ayuso pretendía matar dos pájaros de un tiro: en primer lugar, arrebatar a su jefe -Casado- el papel de “oposición frontal” al Gobierno de izquierdas. Y, en segundo lugar, adoptando muchas de las banderas de la extrema derecha, robar a Vox su espacio político lo que ha puesto a éste en el disparadero.
Esta cadena caótica de maniobras y golpes bajos, que incluyó mociones de censura a traición, compra de políticos y finalmente los sobres amenazantes, ha dinamitado la campaña electoral con la ruptura de las más mínimas normas en el juego entre partidos lo que ha llevado a la cancelación de los debates programados y la división en “dos campañas”: por un lado, la de la Izquierda enarbolando la “defensa de la democracia contra el fascismo”; por otro lado, la Derecha insistiendo en “otro dilema”: “libertad o comunismo”, “libertad” entendida como “iniciativa privada”, “liberalismo” e incluso el “castizo modo de vida madrileño” (¡¡¡) mientras que el “comunismo” serían las medidas de “estatización” del Señorito Iglesias que se ligan al capitalismo de Estado chavista o el que existió en la antigua URSS y que nada tienen que ver con el comunismo[7].
La prensa, la televisión y los “formadores de tendencia” en las Redes Sociales, han tratado de dar la impresión de que se viviría una atmosfera “guerra civilista”. Es cierto que Vox ha organizado mítines en barrios obreros con ánimo deliberado de provocar, pero es una evidente exageración decir que se han multiplicado los altercados callejeros entre “fascistas y antifascistas”. Por ejemplo, en los enfrentamientos en Vallecas a propósito de un mitin de Vox fue más bien la policía quien encendió los ánimos y provocó los choques. Están proliferando demasiados bulos para cultivar una tensión “antifascista”.
El frente unido de izquierdas -PSOE, Podemos y Más Madrid- llama a la movilización “antifascista”, rememora el “No pasarán” de la guerra del 36 y convoca al “pueblo de Madrid” a dar “con los votos” un portazo a Vox y la Derecha.
Los trabajadores debemos comprender las trampas que encierran estos llamamientos:
1ª El Voto. La burguesía necesita del voto para legitimar sus gobiernos y las políticas de desempleo, miseria, agravación de la pandemia, guerra imperialista etc., que estos practican. El voto atomiza a los obreros, les arrebata su verdadera identidad como clase para darles la falsa identidad de “ciudadanos españoles” que “deciden” los destinos de la nación. El arma de lucha de los trabajadores no es el voto sino la huelga, la asamblea, la unificación de las luchas, el debate proletario, la conciencia comunista…
2ª El interclasismo. Llamando al “pueblo de Madrid” y con la palanca del “todos unidos contra el fascismo”, el proletariado es diluido en un Frente interclasista donde se asocia al policía que le aporrea, al empresario que le explota, al político que le engaña etc. Solo la autonomía política del proletariado, su lucha en su terreno de clase puede defenderle y abrir una perspectiva para toda la humanidad.
3ª La defensa de la Democracia. La democracia es la máscara de la Dictadura del Capital. Detrás de la Cara Bonita del Estado democrático -elecciones, libertades, partidos, sindicatos, “ayudas sociales” etc.- se oculta la cara menos presentable del Estado formada por la policía, los tribunales, las cárceles, el ejército y una aplastante burocracia. La alternativa no es democracia o fascismo, sino comunismo o barbarie.
4ª El falso dilema fascismo -antifascismo. El fascismo no es el Mal Mayor y la Democracia sería el Mal Menor, ambos son instrumentos de la dictadura del capital y su enfrentamiento es la cadena que apresa al proletariado para llevarlo a la guerra imperialista y a aceptar los peores ataques a sus condiciones de vida. Hay una continuidad total entre los gobiernos de derecha y los gobiernos de izquierda, entre fascistas - populistas y demócratas. Hitler y Mussolini subieron al poder aupados por la democracia con la complicidad de la izquierda[8]; Franco al servicio de la República en 1934 dirigió la represión de la insurrección obrera de Asturias; Pinochet fue proclamado como “general constitucional” en 1972 por Allende; Vox ha sido apoyado bajo mano tanto por el PP -del que nació- como por el PSOE.
De la misma manera que la CUP en Cataluña culpabiliza a los obreros por no utilizar el voto para “cerrarle el paso al españolismo”, el trío madrileño de izquierdas apunta el dedo acusador contra los obreros que no van a votar para “cerrarle el paso al fascismo”. El llamamiento anti -españolista de la CUP o el llamamiento “antifascista” del trío de izquierdas madrileño pretende desviar y encerrar a los obreros en la defensa del capital. No podemos olvidar, como nos mostró la trágica experiencia de 1936, que la insurrección obrera de Barcelona en mayo de 1937 fue aplastada por la canalla estalinista y catalanista acusando a los obreros de “hacer el juego al fascismo” y un anarquista como Camilo Bernieri que Bilan -órgano de la Izquierda Comunista de Italia- saludó por su defensa de posiciones proletarias, fue asesinado por los esbirros estalinistas bajo la acusación de “agente fascista”. Quien piense que Izquierda y Derecha del Capital representan, unos y otros, los intereses de la clase explotadora más criminal de la historia, se ve acusado de agente del “fascismo”, como le ocurrió a Trotsky calumniado por el estalinismo como “agente de la Gestapo nazi”[9].
Con todo el ruido sobre la “batalla de Madrid”, la amenaza de la “vuelta del fascismo” y “la democracia está en peligro”, los verdaderos problemas que enfrentamos los trabajadores y la inmensa mayoría de la población quedan oscurecidos o relegados a “asuntos personales” que deberían dejarse de lado ante “lo importante”. Veamos:
1. La agudización de la pandemia.
A pesar de las vacunaciones -que van a un ritmo peligrosamente lento-, la pandemia sigue haciendo estragos terribles: el mundo ha superado la cifra de 3 millones cien mil muertos y 147 millones de contagios, en España las cifras oficiales rebasan los 77 mil muertos y los 3 millones y medio de contagios. La situación en la India bordea el genocidio y la variante del virus que allí está creciendo constituye una amenaza mundial.
La pandemia ha puesto al desnudo cual es la política de todos los gobiernos del mundo, sean del color que sean, izquierda o derecha, populistas o demócratas: todos han abandonado a la muerte y la enfermedad a los trabajadores sacrificando las necesidades humanas en el altar de la producción y la acumulación capitalista[10].
En esa política de defensa del capital han coincidido totalmente el gobierno de izquierdas del PSOE- Podemos y el gobierno de derechas de la señorita Ayuso. Ambos han coincidido plenamente en explotar hasta límites inhumanos a los trabajadores de la salud y de ello es muestra, por limitarse a Madrid, que los 600 trabajadores del nuevo hospital Zendal, enteramente dedicado al COVID, no hayan sido contratos nuevos sino traslados de otros hospitales. El desvío de recursos humanos hacia el COVID ha hecho que, por ejemplo, la atención primaria haya sido casi completamente abandonada, los médicos de esta área han pasado de atender como media diaria 20-30 personas a una media de 57-70.
2.La escalada del desempleo y la oleada de despidos
El desempleo está actualmente en 3 millones 800 mil obreros y en el primer trimestre de 2021 137 mil empleos han sido destruidos. Esto es un eco de la ola de desempleo mundial con 50 millones de desempleados en USA y una cifra similar -según estadísticas no oficiales- en China.
Se anuncian nuevas carretadas de despidos: el Corte Inglés (3500), Ford (670), Puertollano, BBVA (3000), la fusión Caixabank – Bankia conllevará 8000 despidos mientras que para el resto de la banca se anuncia un total de 18,000 despidos. Por todos lados el desempleo golpea brutalmente a los trabajadores colocándolos en el disparadero de la miseria, de perder la casa, de perder todo medio de vida. Los despidos son disimulados con los ERTE que, sin embargo, encierran pérdidas de salario de hasta el 40%
3. El hachazo a las pensiones
Un nuevo golpe a las pensiones es preparado por el Gobierno de “progreso” del PSOE – Podemos. Es verdad que Vox ha elevado la ignominia racista con su cartel “un MENA – menor no acompañado – más de 4000 euros. Tu abuela 460 euros”. Pero en ese cartel la segunda frase es dramáticamente cierta como resultado de los sucesivos hachazos a las pensiones de los gobiernos “populares” y “socialistas”. Y se hará aún más terrible con la próxima reforma que prepara el “siempre sonriente” ministro “socialista” Escrivá.
4. El aumento desbocado de la pobreza
“Casi 800.000 personas en España podrían caer en la pobreza severa por el impacto del coronavirus, hasta alcanzar la cifra de 5,1 millones en nuestro país viviendo con menos de 16 euros al día. En el mundo serían más de 200 millones de personas”, en 2021 “La tasa de pobreza relativa en España pasaría del 20,7% hasta el 22,9%, lo que supone un millón de personas más por debajo de la línea de pobreza, estimada en 24 euros al día”. El gobierno de la “igualdad” y del “progreso social” ampara la escalada brutal de la desigualdad: “El 10% más pobre de la población podría perder proporcionalmente siete veces más que el 10% más rico. De hecho, los milmillonarios en España han recuperado más de la mitad de su fortuna que perdieron tras el impacto del coronavirus, unos 26.500 millones de euros”[11]. Los desahucios no se han detenido y los trabajadores emigrantes que sobreviven en el circuito informal están en una situación dramática debido al COVID.
5. Una política de emigración cada vez más inhumana
Vox vocifera contra los emigrantes, pero el gobierno “progresista” del PSOE-Podemos actúa contra los emigrantes. Este gobierno “humanista” y “acogedor” hacina a los emigrantes en auténticos campos de concentración como los de Canarias o procede a “devoluciones en caliente” de los refugiados. El PSOE que se estrenó en el gobierno de 2018 “acogiendo” a los emigrantes que el populista Salvini había rechazado, ha utilizado ese “gesto” como taparrabos para endurecer aún más la política de emigración negando permisos de residencia, retrasando el otorgamiento de la nacionalidad española y continuando con el pago a los gobiernos de Argelia y Marruecos de una subvención por cada emigrante que rechazan de sus fronteras[12].
La barbarie de la confrontación política burguesa no nace del dilema democracia -fascismo, sino que emana de la decadencia y descomposición del capital del cual el Estado -sea democrático o de partido único- es el defensor y organizador. Elegir entre democracia y fascismo, es atarse de pies y manos a la barbarie capitalista que con la pandemia se ha acelerado y se expresa en todos los campos de la vida social: guerras imperialistas, destrucción ecológica, descomposición ideológica y moral, corrupción y mafia, terrorismo, éxodo migratorio… así como en el desencadenamiento de los ataques más brutales contra los trabajadores. La lucha obrera es contra la explotación capitalista por su abolición con el levantamiento de una nueva sociedad, la COMUNIDAD HUMANA MUNDIAL, el comunismo.
C. Mir 29-4-21
[1] Ver nuestro libro España 1936, Franco y la República masacran al proletariado https://es.internationalism.org/cci/200602/539/espana-1936-franco-y-la-republica-masacran-al-proletariado [415]
[2] Internationalisme 1945 - Las verdaderas causas de la Segunda Guerra Mundial https://es.internationalism.org/revista-internacional/198910/2140/internationalisme-1945-las-verdaderas-causas-de-la-segunda-guerra- [196]
[3] Ver Asalto del Capitolio en Washington: Los Estados Unidos en el centro de la descomposición mundial del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4635/asalto-del-capitolio-en-washington-los-estados-unidos-en-el-centro-de-la-descomposicion [468]
[4] Ver Contra el espectáculo repugnante de la política burguesa existe una respuesta: la política revolucionaria del proletariado https://es.internationalism.org/content/4464/contra-el-espectaculo-repugnante-de-la-politica-burguesa-existe-una-respuesta-la [77]
[5] Ver Vox francamente capitalista https://es.internationalism.org/content/4501/vox-francamente-capitalista [546]
[6] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[7] Ver Cinco preguntas sobre el comunismo https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200510/246/5-preguntas-sobre-el-comunismo [547]
[8] Ver la serie La responsabilidad de la Izquierda en el ascenso]] del fascismo https://es.internationalism.org/content/4650/la-responsabilidad-de-la-izquierda-del-capital-en-el-ascenso-del-fascismo-i [548] y https://es.internationalism.org/content/4661/la-responsabilidad-de-la-izquierda-del-capital-en-el-ascenso-del-fascismo-ii [549]
[9] Ver El asesinato de Trotski en 1940 - A Trotski lo mataron porque era un símbolo para la clase obrera https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/761/el-asesinato-de-trotski-en-1940-a-trotski-lo-mataron-porque-era-un- [550]
[10] Ver Dossier especial COVID19: el verdadero asesino es el capitalismo https://es.internationalism.org/content/4566/dossier-especial-covid19-el-verdadero-asesino-es-el-capitalismo [255]
[11] Citas tomadas de Pobreza | La pobreza severa en España superará el 10% de la población tras la crisis del covid-19 - El Salto - Edición General (elsaltodiario.com) [551]
[12] Para una denuncia de lo que está haciendo realmente este gobierno de izquierdas ver Los gobiernos de Izquierda en defensa de la explotación capitalista (III) La trampa está en la letra pequeña https://es.internationalism.org/content/4625/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-iii-la-trampa-esta [458]
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Ante la comprobación del carácter abiertamente anti obrero de los sindicatos, las huelgas "salvajes", antisindicales, se han multiplicado en todos los países del mundo. Estas luchas expresan en la práctica el antagonismo obreros-sindicatos y traducen una conciencia de la naturaleza capitalista de estas organizaciones. Pero ¿cuál es el contenido de estas luchas?[1]
El hecho que el capitalismo ya no pueda conceder mejoras reales ha reducido las luchas proletarias a un combate de resistencia contra el ataque permanente del Capital a sus condiciones de vida.
Hemos demostrado, con los ejemplos de 1936 y 1968 en Francia, como el capitalismo se ve obligado a quitar a los trabajadores toda mejora que estos, en sus luchas más generalizadas, le hayan arrancado. Sin embargo, 1936 y 1968, donde se ve como fuertes concesiones salariales quedan reducidas a cero al año siguiente debido al constante aumento de los precios, son excepciones correspondientes a un movimiento de lucha de gran amplitud. La situación normal, la que caracteriza al capitalismo actual, no es la de los precios corriendo detrás de los salarios sino al contrario son los salarios los que intentan recuperar el terreno perdido ante los precios. No es el capital quien con sus constantes agresiones intenta recuperar lo que los obreros le arrancan, sino que son los obreros quienes, con sus luchas, intentan resistir a la permanente intensificación y agravación de su explotación[2].
Pero lo que caracteriza el contenido de las luchas proletarias en el capitalismo decadente no es el hecho de que sean luchas de resistencia en sí (esto es un común denominador en todas las luchas proletarias desde que los obreros se enfrentan a sus explotadores) sino:
No hay ya terreno de conciliación entre el Capital y la clase obrera. El antagonismo original entre burguesía y proletariado es continuamente llevado hasta sus últimos límites en la fase de decadencia capitalista. Por ello toda lucha obrera verdadera se mete inevitablemente en un terreno político y REVOLUCIONARIO.
Este contenido revolucionario estalla con mayor o menor amplitud según que:
Es así como en los países tales como la España franquista o en los países del Este, las huelgas obreras han tomado a menudo la forma de lucha insurreccional que se extiende a ciudades enteras y se transforma en enfrentamientos generalizados con las fuerzas del Estado (Vigo, Pamplona, Vitoria en España[3]; Gdansk, Szcedin en Polonia 1970, son los ejemplos más conocidos[4]).
Pero sean cuales sean las circunstancias precisas; sea cual sea la intensidad de los combates, la resistencia obrera en nuestra época no puede afirmarse ya sin que estalle su esencia revolucionaria.
Esta nueva característica de la lucha obrera ha llevado a los revolucionarios, desde la primera Guerra Mundial, a proclamar acabada la vieja distinción socialdemócrata entre el programa "mínimo", definido por un conjunto de reformas a obtener en el seno del capitalismo y el programa "máximo" (la revolución comunista). Consecuentemente, en nuestra época, la Decadencia del Capitalismo, solo el programa máximo puede expresar los intereses de la clase obrera[5].
Cuando la posibilidad de obtener reformas bajo el capitalismo es una utopía solo LO QUE CONDUCE A LA REVOLUCIÓN PUEDE SER AUTÉNTICAMENTE PROLETARIO.
¿Significa esto que la clase obrera debe abandonar sus luchas económicas como le aconsejan, desde Proudhon, todos los que consideran –en nombre de la "revolución total"–, las luchas económicas como mezquinas, integradas en la explotación y salvaguardia del capitalismo?
Esto no tiene ningún sentido desde el punto de vista de la clase revolucionaria. El proletariado es una clase, es decir, un conjunto de hombres definidos según criterios económicos (posición que ocupan en el proceso de producción). Por lo tanto, preconizar que abandone sus luchas económicas es concretamente pedirle: o que abandone todo combate para quedarse pasivo frente a su explotación, o que se sumerja en cualquier lucha a-clasista (cooperativas, feminismo, ecología, regionalismo, antirracismo, etc.) disolviéndose en una masa heterogénea e invertebrada de "hombres de buena voluntad" y ávidos de "justicia humanista". En ambos casos, eso es lo mismo que el viejo grito de la burguesía a los proletarios: "abandonad la lucha de clase".
Solo los que no han comprendido porqué y cómo la clase obrera es la fuerza revolucionaria de nuestra época pueden llegar a tal conclusión. Si la clase obrera es la única capaz de concebir y realizar el proyecto de la sociedad comunista, no es porque esté dotada de un gusto particularmente pronunciado para las ideas y las empresas "generosas". Del mismo modo que las demás clases revolucionarias de la historia, si el proletariado es llevado a luchar por la destrucción del sistema dominante es únicamente porque la defensa de su interés inmediato le obliga objetivamente. Y como para toda clase, estos intereses tienen fundamentos económicos. Por ello la destrucción del sistema capitalista es el único medio para evitar una situación de permanente degradación de sus condiciones de vida. Esta situación histórica y mundial, extendida a todo el planeta, obliga a la clase obrera a desarrollar en las luchas de defensa de sus condiciones de vida un combate para la destrucción del sistema en sí mismo.
La lucha revolucionaria del proletariado no es, pues, la negación del carácter económico de su lucha sino el resultado de una comprensión global de la realidad de este combate. Cuando adopta conscientemente el carácter político de su lucha económica diaria, exacerbándola hasta la destrucción definitiva del Estado capitalista y la instauración de la sociedad comunista, el proletariado no abandona la defensa de sus intereses económicos, sino que los asume en todas sus consecuencias.
Mientras el proletariado exista, mientras existan clases, incluso al día siguiente de la toma del poder revolucionario, la lucha obrera seguirá teniendo bases económicas. Las bases económicas de la acción histórica de los hombres no desaparecerán más que con el nacimiento de la sociedad comunista, es decir, con la desaparición de las clases, y, claro está, del proletariado mismo. Mientras tanto, la clase obrera va forjando las armas de su lucha revolucionaria por medio de la resistencia contra la explotación. Es lo que permite y, a la vez, lo que la obliga a unificarse como clase y es en su desarrollo como puede comprender la necesidad y la posibilidad del comunismo.
Lo que el proletariado debe abandonar no es el carácter económico de su lucha (esto le es imposible, ya que lucha como clase) sino todas las ilusiones de llevar a buen término la defensa de sus intereses dentro de un marco estrictamente económico sin asumir el carácter político, global y revolucionario, de su lucha. Frente al inevitable fracaso inmediato de sus luchas reivindicativas en el capitalismo decadente lo que la clase obrera debe concluir no es que sus luchas sean inútiles, sino que el único medio para que sean útiles a su causa es concebirlas y transformarlas en momentos de aprendizaje y preparación para luchas más generalizadas, más organizadas, y más conscientes del enfrentamiento final con el sistema. Bajo el capitalismo decadente, era en la que la revolución comunista está al orden del día, la eficacia de las luchas inmediatas de la clase obrera no puede ser prevista ni medida en función de éxitos inmediatos o locales, sino únicamente en función de una perspectiva histórica y mundial: la de la REVOLUCIÓN COMUNISTA.
Con la pérdida de los sindicatos se plantea a la clase obrera el problema de darse una organización nueva. Pero esto no es cosa simple en el capitalismo decadente.
La gran fuerza de los sindicatos viene de su capacidad para hacerse reconocer como el único marco posible para la lucha. Así, patronos y gobierno no aceptan otro "interlocutor válido" que el Sindicato. Todos los días, machaconamente, por medio de panfletos, hojas, discursos, carteles, prensa, radio y televisión, el capitalismo repite incansablemente al proletariado: "vuestra organización son los Sindicatos".
La operación no siempre tiene el éxito esperado: en un país donde el bombardeo sobre la "representatividad" de los Sindicatos llega a límites insoportables como es Francia, solo uno de cada cinco obreros está sindicado. Por eso, es preciso encontrar nuevas formas de afiliar a los obreros más combativos y, en ese terreno, la colaboración que prestan los izquierdistas es de un valor incalculable para sus amos capitalistas[6].
Sometidos sin descanso a una presión ideológica aplastante por parte de todos los medios de comunicación burgueses, reprimidos cuando se salen de este marco, los obreros de los países donde hay "libertad sindical" encuentran tremendas dificultades para organizar sus luchas fuera de los sindicatos y demás cauces legales. Es necesaria una situación insoportable para encontrar la fuerza necesaria para oponerse a la inmensa y omnipotente máquina del Estado, sus partidos y sus Sindicatos. Esto es lo que caracteriza y hace tan difícil la lucha de la clase obrera en el capitalismo decadente: al oponerse al Sindicato no choca solo contra un puñado de burócratas sindicales sino contra el conjunto del Estado capitalista.
Pero el hecho mismo de esa tremenda dificultad hace más significante todo surgimiento de la clase fuera de los Sindicatos. De ahí toda la importancia que reviste la cuestión de las formas de organización extra- sindicales.
El problema de las formas de organización de la lucha obrera no es un problema independiente y separado del contenido de su lucha. Al contrario, hay una relación estrecha entre el contenido revolucionario que tienden a tomar inmediatamente las luchas proletarias en la decadencia capitalista y las formas de organización que la clase se da en ellas.
En el transcurso de las luchas revolucionarias de este siglo, el proletariado se ha dotado de una forma de organización adaptada a su labor revolucionaria: los SOVIETS O CONSEJOS OBREROS, asambleas de delegados elegidos y revocables por las asambleas generales de los obreros. Estos órganos de centralización y unificación de la clase constituyen el lugar donde se forjan, en el fuego de la lucha, las fuerzas materiales y teóricas para el ataque proletario contra el Estado. Pero, por su misma forma, tienen una potencialidad mayor. Del hecho de que son Asambleas de Delegados elegidos por asambleas generales casi permanentes, su existencia está abiertamente vinculada a la existencia de una lucha generalizada en la clase. Si la clase no está en lucha en el conjunto de las fábricas y centros de trabajo, si no hay asambleas generales de trabajadores en todos los lugares donde combaten, los Consejos no pueden existir.
Su existencia no puede ser permanente más que cuando la lucha abierta y general del conjunto de la clase se hace permanente y esto solo ocurre en un proceso revolucionario: LOS CONSEJOS OBREROS SON EL ÓRGANO DEL PODER PROLETARIO[7].
Por tanto, ¿cómo se organiza la clase a lo largo de las luchas en que, aun enfrentándose brutalmente con el Estado y sus apéndices sindicales, no alcanza el estadio de una insurrección generalizada?
La experiencia de miles de huelgas salvajes durante más de medio siglo en todo el mundo ha dado una respuesta clara a esta pregunta. En todos los rincones del planeta, en las más variadas condiciones históricas y geográficas, la clase ha creado las formas de organización más sencillas, unitarias y masivas, las que han permitido la incorporación y la participación colectiva del conjunto de compañeros: LAS ASAMBLEAS GENERALES DE HUELGUISTAS, coordinadas entre ellas por medio de COMITÉS DE DELEGADOS ELEGIDOS Y REVOCABLES, y responsables permanentemente ante ellas.
En estas formas de organización encontramos los mismos fundamentos que sirven de base a los Consejos Revolucionarios. Formas y contenido están ligados en el capitalismo decadente. Del mismo modo que las luchas más consecuentes del proletariado llevan en germen la lucha revolucionaria, sus formas de organización constituyen el embrión de los órganos de la Revolución Proletaria.
Existe una unidad histórica, no inmediata ni local, entre, por un lado, las Asambleas Generales (y los comités de delegados elegidos y revocables) y los Consejos Obreros. Las primeras corresponden a la situación donde las relaciones de fuerza entre las clases son desfavorables al proletariado, en cambio, los segundos, expresan y profundizan la maduración de una situación revolucionaria internacional.
Cara a la muerte de las formas sindicales, la clase obrera tiene resuelta la cuestión de las formas de organización que debe darse para llevar a buen puerto sus luchas abiertas. Pero los sindicatos no constituían únicamente formas de organización para la lucha directa. Al ser organizaciones permanentes, eran también una forma de organización de los trabajadores en los momentos de calma. Junto al Partido de masas, constituían verdaderos polos de agrupamiento de la clase. Con su desaparición como instrumentos proletarios se plantea a la clase el problema de saber si puede organizarse en tanto que clase fuera de los períodos de lucha y cómo hacerlo.
Cuando la lucha cesa, por ejemplo, después de una huelga salvaje, los Comités de Huelga desaparecen a la vez que las asambleas. Los trabajadores vuelven a ser en los momentos de calma una masa de individuos atomizados y vencidos que aceptan más o menos de buen grado el dominio de los sindicatos. Esta vuelta a la pasividad puede durar más o menos tiempo, pero es inevitable si no hay una nueva lucha abierta. Para evitar tal vuelta a la pasividad es corriente que los obreros más combativos intenten seguir organizados, buscando el crear una organización permanente que permita reagrupar a la clase fuera de sus combates. El fracaso ha sancionado una y otra vez estos intentos:
Sin embargo, con el desgaste creciente de la mistificación sindical, la vuelta a las prácticas sindicales tiende cada vez más a hacerse bajo la cubierta de formas ambiguas, más confusionistas, que se esconden bajo un lenguaje "antisindicalista".
En el curso de las luchas abiertas, sobre todo las que se enfrentan resueltamente con el aparato sindical, la imposibilidad de separar la lucha inmediata de la lucha histórica revolucionaria aparece en toda su evidencia. Después de estas luchas es normal que la idea de intentar "inventar" una "nueva" forma de organización permanente que, igual que la Asamblea, no sea "ni únicamente económica, ni únicamente política" toma forma entre algunos trabajadores. Pero no basta con la "voluntad" para que la realidad corresponda a los deseos. Por querer mantener dos de las características principales de los Sindicatos:
estos intentos acaban todos, a mayor o menor plazo, en un fracaso sancionado por la recaída inevitable en el cretinismo sindicalista. A medida que el entusiasmo generado por la lucha directa se apaga, la organización, impotente ante la desmovilización de los obreros, cae progresivamente en la preocupación de encontrar "reivindicaciones concretas", "realistas", intentando inventarlas para "volver a movilizar a las masas". Con esto acaba convirtiéndose inevitablemente en una simple competidora de las Centrales Sindicales (si estas piden 40 horas, aquella pide 36; si un salario de 8.000 pide 10.000; si reivindicaciones "cuantitativas" pide "cualitativas").
Con ello ahogan a los obreros en la mitología de las "victorias inmediatas" presentando ante ellos las posiciones revolucionarias como "demasiado abstractas", "imposibles de comprender por el obrero normal".
En política la organización no hace más que buscar los medios para distinguirse de las organizaciones sindicales clásicas y de sus partidos buscando un lenguaje "más a la izquierda" o más "radical": por ejemplo, las llamadas "reivindicaciones imposibles de conseguir dentro del capitalismo" o la siniestra autogestión. Así, al poco tiempo, la organización que no quería ser ni un partido ni un sindicato acabo siendo ...un sindicato más politizado, izquierdoso, generalmente muy minoritario y confuso, cuya única particularidad real es la de negarse a aparecer como lo que es: un sindicato. Algunas corrientes izquierdistas se han convertido en especialistas en el desarrollo de este género de prácticas: tales son los casos de "Autonomía Operaia" en Italia o de Plataformas Anticapitalistas en España que son los casos más caracterizados de este tipo de sindicalismo encubierto.
Sean las Uniones Obreras (AAU) en Alemania de 1919-23, los Comités de Acción en Francia (1968-69), los CUB (Comités Unitarios de Base) y las Asambleas Autónomas en Italia o las CC.OO. en España, se trata siempre en el origen de núcleos obreros formados por los trabajadores más combativos.
Todos estos círculos o núcleos obreros expresan la tendencia general de la clase hacia su organización. Pero contrariamente a lo que piensan los izquierdistas que pretenden liarnos con la historia de inventar nuevas formas de organización, no hay quince formas de organización posibles para el proletariado. Una forma de organización debe estar adaptada a la meta que con ella se persigue. A cada meta le corresponde una forma de organización más adaptada y eficaz. La clase no tiene quince objetivos distintos, no tiene más que uno: luchar contra la explotación que sufre, combatiendo todos los efectos que le causa, como decía Rosa Luxemburgo lucha contra la explotación en la perspectiva de abolir la explotación.
El proletariado no dispone para este combate más que de dos armas: SU UNIDAD Y SU CONCIENCIA.
Por tanto, una vez terminada la lucha, los trabajadores que se organizan con el fin de contribuir al combate general de la clase no pueden darse más que dos tipos de tareas principales:
Las formas de organización de la clase están marcadas por la necesidad de cumplir ambas tareas. Pero aquí surgen problemas: ambas tareas no son más que dos aspectos de una misma tarea general, dos contribuciones a un mismo combate. Pero ellas no tienen características contradictorias:
Para poder unificarse, la clase necesita una organización donde cualquier obrero puede participar por el solo hecho de ser obrero.
Pero para poder elevar el nivel de conciencia de la clase es preciso que los más avanzados no se queden con los brazos cruzados esperando que se eleve por sí solo. Su deber es difundir sus convicciones, hacer propaganda, intervenir con sus convicciones políticas entre el resto de la clase. Mientras que la clase obrera sea una clase explotada (cuando deje de serlo dejará de ser clase) subsistirán en su seno inmensas diferencias en cuanto a la conciencia y la voluntad revolucionaria de sus miembros. En el curso de la lucha todos los proletarios tienden hacia la conciencia revolucionaria. Pero no todos evolucionan al mismo ritmo. Existen siempre individuos y fracciones de la clase más decididos, más conscientes de las necesidades y los medios de la acción revolucionaria; mientras que hay otros más miedosos, más vacilantes, o más vulnerables a la ideología de la clase dominante. La conciencia revolucionaria se generaliza en el curso del largo proceso de la lucha de la clase donde la intervención de los compañeros más activos es un factor en este proceso. Pero tal trabajo exige un acuerdo político importante entre los que lo hacen. Además, no puede ser hecho más que de forma organizada. A la vez, la organización que se da esta tarea no puede estar formada más que por individuos de acuerdo con una PLATAFORMA POLÍTICA. Si tal organización aceptara en su seno a todas las convicciones políticas existentes en la clase, si se negara a darse la base de un conjunto de posiciones políticas que resumiera la experiencia histórica de la lucha obrera, sería incapaz de desarrollar sus tareas.
Unificarse por una parte y elevar su nivel de conciencia de otra, son las dos tareas que la clase debe desempeñar de manera organizada. Pero no puede hacerlo con un solo tipo de organización. Es por lo que siempre se han dado dos formas fundamentales de organización:
La gran mayoría de los intentos de crear organizaciones unitarias de la clase fuera de la lucha abierta están caracterizadas por la voluntad más o menos afirmada de crear una organización que sea a la vez unitaria y política, es decir una organización que sea a la vez abierta a todos los trabajadores y se dé por tarea defender posiciones políticas en el seno de la clase, en particular respecto a los Sindicatos.
Y ese es el primer motivo de su fracaso sistemático. Hemos visto por qué una organización política no puede ser "abierta" –como una organización unitaria– sin convertirse en una fuente de confusiones.
Pero la raíz de estos fracasos se encuentra sobre todo en la imposibilidad general con que choca la clase obrera en el capitalismo decadente: la de organizarse de manera unitaria fuera de los periodos de lucha abierta.
Los Sindicatos obreros podían ser en el siglo XIX organizaciones permanentes y unitarias de la clase por su misma función; la lucha sistemática por reformas podía y debía ser una tarea permanente. Alrededor de ellos, los trabajadores podían efectivamente reagruparse y crear un lugar auténtico y vivo de formación de la conciencia de clase, pues se traducía regularmente por la obtención de resultados concretos. Pero cuando esta lucha se hizo imposible e ineficaz, cuando la resistencia obrera no puede expresarse más que en y por la lucha obrera, no queda ningún eje capaz de permitir el reagrupamiento de la clase fuera de la lucha. Los obreros no pueden reagruparse por mucho tiempo alrededor de una actividad sin eficacia inmediata.
La única actividad que puede engendrar una organización estable en un terreno de clase, fuera de los períodos de lucha, es una actividad que no puede ser concebida a corto plazo, sino que debe colocarse al nivel del combate histórico y global de la clase. Y esta organización no es otra sino la organización política proletaria cuyas bases son: sacar las lecciones de la experiencia histórica del proletariado, recuperar el programa comunista y hacer un trabajo sistemático de intervención política. Por lo tanto, es esta una tarea de minorías que no puede en ningún caso constituir una base real de reagrupamiento general y unitario de la clase.
Así pues, atenazados entre la incapacidad de convertirse en una organización unitaria de la clase y la de convertirse en una verdadera organización política sin haber abandonado antes toda pretensión de ser unitaria, cualquier intento de organización unitaria y permanente acaba o disolviéndose o manteniéndose en vida adoptando la única actividad que puede darle una ilusión de existencia: convertirse en un sindicato.
Los núcleos obreros que se forman fuera de periodos de lucha abierta no pueden ser nada más que lugares o círculos provisionales, donde los trabajadores comienzan la profundización de su conciencia de clase. Toda tentativa de consolidarlos intentando transformarlos en lo que no pueden ser, es decir, organizaciones estables, acabará llevándolos a los callejones sin salida que ya hemos visto.
[1] En este artículo de la Serie vemos la ALTERNATIVA Y RESPUESTA OBRERA a la naturaleza capitalista que han adquirido los Sindicatos la cual la hemos venido demostrando en los 5 primeros artículos de la serie: https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i [383] , https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii [384] , https://es.internationalism.org/content/4603/los-sindicatos-en-el-periodo-ascendente-del-capitalismo-iii [399] , https://es.internationalism.org/content/4620/los-sindicatos-organos-del-estado-capitalista-iv [501] y https://es.internationalism.org/content/4645/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-v-la-tactica-de-los-izquierdistas-para-hacerlos [553]
[2] Esta es una diferencia crucial respecto al capitalismo ascendente y a la naturaleza que tenían entonces los sindicatos en esa época. Mientras actualmente los obreros corren siempre detrás de un empeoramiento interminable de sus condiciones de vida, en el siglo XIX -periodo ascendente del capitalismo- este último corría siempre detrás de las mejoras pequeñas o grandes que la lucha obrera arrancaba. En los siglos XX y XXI (Decadencia del Capitalismo) las condiciones de vida obrera están siempre en una línea globalmente descendente hacia un empeoramiento inacabable; en cambio, en el siglo XIX (apogeo del capitalismo) las condiciones de vida obrera seguían una línea global ascendente en la perspectiva de un mejoramiento.
[3] Sobre esta última ver Hace 40 años la naciente democracia española se estrenó con los asesinatos de obreros en Vitoria /content/4144/hace-40-anos-la-naciente-democracia-espanola-se-estreno-con-los-asesinatos-de-obreros [194]
[4] El folleto LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA lo escribimos antes de la huelga de masas de Polonia 1980
[5] Los partidos de izquierda (PS, PC, Podemos etc.) y extrema izquierda (maoísmo, trotskismo, anarquismo oficial) juegan con esa distinción programa mínimo – programa máximo para hacer del segundo una utopía del que solo se habla de vez en cuando en algún discurso y para disfrazar su defensa del Capital y su explotación cada vez más brutal como “programa mínimo”.
[6] Ver el quinto artículo de esta Serie Los sindicatos contra la clase obrera (V): la táctica de los izquierdistas para hacerlos tragar a los trabajadores https://es.internationalism.org/content/4645/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-v-la-tactica-de-los-izquierdistas-para-hacerlos [553]
[7] Ver la Serie ¿Qué son los Consejos Obreros? https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2769/que-son-los-consejos-obreros-i [230] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201005/2865/que-son-los-consejos-obreros-2-parte-de-febrero-a-julio-de-1917-re [231] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201008/2910/que-son-los-consejos-obreros-iii-la-revolucion-de-1917-de-julio-a- [232] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201012/3004/que-son-los-consejos-obreros-iv-1917-21-los-soviets-tratan-de-ejer [233] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3086/que-son-los-consejos-obreros-v-los-soviets-ante-la-cuestion-del-es [234]
[8]Es frecuente que esta disolución se produzca a través de un proceso de descomposición que toma las formas más lamentables. A medida que el núcleo de partida se hace cada vez menos numeroso hasta constituir un puñado de individuos aislados, la desesperación les gana y les precipita en un activismo alocado que conduce a la teorización de acciones de tipo individual: el sabotaje, el terrorismo o incluso acciones de "transformación" inmediata de la vida cotidiana: ... Italia, que conoció en 1969 las luchas antisindicales más generalizadas es el ejemplo más abundante de tales degeneraciones. Ver Auge y decadencia de la «Autonomía obrera» https://es.internationalism.org/revista-internacional/197901/948/auge-y-decadencia-de-la-autonomia-obrera [554]
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Hace 150 años, el 18 de marzo de 1871, comenzó el primer asalto revolucionario del proletariado, dando lugar a la Comuna de París. Frente a la guerra total declarada por la burguesía contra ella, la Comuna resistió durante 72 días, hasta el 28 de mayo de 1871: su despiadada represión costó la vida a 20,000 proletarios. Desde entonces, para la clase obrera, de generación en generación, la Comuna de París ha sido un ejemplo, una referencia, un patrimonio de los explotados de todo el mundo. Un patrimonio que no pertenece a su verdugo, la burguesía, que ahora multiplica conmemoraciones indecentes para falsear su historia y arrojar al olvido las preciosas lecciones que el movimiento obrero ha aprendido de ella.
Durante varias semanas, periódicos, canales de televisión y radio vieron desfilar a historiadores, periodistas, políticos, escritores, todos los cuales hicieron su trabajo sucio de propaganda al servicio de su clase. De derecha a izquierda, pasando por la extrema izquierda, toda la burguesía presenta sus mentiras desde las más descaradas hasta las más sutiles.
Si la derecha se indignó por la timidez con que el Estado planeaba “conmemorar” el bicentenario de la muerte de Napoleón I, evidentemente mostró toda su altivez hacia los Comuneros[1], estos “asesinos”, estos “alborotadores”, estos “agentes del desorden” que tendrían que quedarse donde están, es decir, a dos metros bajo tierra. Tenemos que remontarnos a 2016 para ver a Le Figaro, un conocido diario francés de derecha, adelantar con crudeza lo que el “partido del orden” siempre ha pensado en el fondo de manera inequívoca: “Los comuneros han destruido París, masacrado la gente honesta e incluso hicieron pasar hambre a París destruyendo los enormes almacenes del granero de la abundancia, el granero de las reservas de cereales que abastecían a los panaderos de París”. La villanía y la ignominia son ilimitadas. Así es como los insurgentes, tratados como alimañas en ese momento, se hicieron responsables de su propia hambruna y al mismo tiempo de la hambruna de la “gente honesta”. En otras palabras, si la clase trabajadora en París fue reducida a comer ratas, ¡fue su culpa! Como es habitual, desde las secuelas del evento, la derecha, que siempre ha sido aterrorizada por las “clases peligrosas”, repite con rencor su discurso de odio equiparando a los comuneros con salvajes sanguinarios.
Pero esta campaña de acusaciones groseras, emprendida sin delicadeza, conoció muy rápidamente sus límites a los ojos de la clase obrera. Por tanto, correspondió a las fuerzas de izquierda del capital llevar a cabo el trabajo esencial y verdaderamente de falsificación del significado de la Comuna de París.
A partir del próximo 18 de marzo y durante 72 días, la administración municipal de París organizó nada menos que cincuenta actos para supuestamente celebrar el 150 aniversario de la Comuna. El tono se marcará a partir del 18 de marzo en la plaza Louise Michel (18° distrito de París), en presencia de Anne Hidalgo, la alcaldesa “socialista” de la capital.
Este lugar no se elige al azar. Louise Michel fue una de las combatientes más conocidas y heroicas de la Comuna que, durante su juicio, rechazó la piedad de los verdugos de la Comuna gritándoles en su cara: “¡Ya que parece que todo corazón que late por la libertad solo tiene derecho a un poco de plomo, estoy reclamando mi parte! Si no eres cobarde mátame.” Entonces, ¿quiénes son estas personas que hoy quieren escenificar de manera totalmente truncada la memoria de la Comuna? ¿Quiénes es la Señora Hidalgo y todo su concejo municipal “socialista”? Nada menos que los descendientes de los socialdemócratas traidores que pasaron irremediablemente al campo de la burguesía durante la Primera Guerra Mundial.
Desde entonces, en la oposición o en el gobierno, los “socialistas” siempre han actuado en contra de los intereses de la clase trabajadora. Por tanto, es con toda hipocresía y con fines de recuperación política que el primer asistente de Anne Hidalgo durante los saludos al Nuevo Año de 2021 utiliza cínicamente la memoria de Louise Michel citando: “Todos buscan su camino, nosotros buscamos el nuestro y creemos que el día en que llegue el reino de la libertad y la igualdad el género humano será feliz”. Para los comuneros, estas palabras significaron el fin de la esclavitud asalariada, el fin de la explotación del hombre por el hombre, la destrucción del Estado burgués. Este era el significado de las palabras “libertad” e “igualdad” para ellos. Por eso, en lugar de la bandera tricolor de Versalles que ondea hoy en el techo del Hôtel de Ville en París, los comuneros izaron allí la bandera roja, ¡un símbolo de la lucha de los trabajadores en todo el mundo! Pero para esta clase de explotadores y asesinos, el “reino de la libertad” no es más que el reino del comercio, la dominación y la explotación de los proletarios en las cárceles industriales.
El Partido Socialista bien puede multiplicar los espectáculos a la gloria de la democracia burguesa en los cuatro equinas de la capital, los intelectuales, escritores, cineastas de izquierda bien pueden estrenar películas y abundantes obras para diluir el carácter revolucionario de la Comuna, la prensa puede, como The Guardian[2], hacerla pasar por una “lucha popular” y compararla con el movimiento interclasista de los “chalecos amarillos” para negar su carácter inconfundiblemente proletario, la Comuna de París tampoco fue una lucha por la implementación de valores y democracia burguesa, esa forma sofisticada de dominación de clase y del capital, ni una lucha del “pueblo de París”, ni siquiera de la “pequeña burguesía artesanal”. Al contrario, encarnaba una lucha a muerte por derrocar el poder de la clase burguesa, de la que el Partido Socialista y todos los notables de la “izquierda” son hoy los dignos representantes.
Los izquierdistas no se quedan fuera a la hora de contribuir a la falsificación de las experiencias del movimiento obrero. La mayoría de las veces, estas son las deformaciones más insidiosas.
Así, los trotskistas del NPA (Nuevo Partido Anticapitalista) se montan sobre el caballo de la “democracia directa” para distorsionar el significado de la Comuna. Estos izquierdistas admiten que los comuneros atacaron al Estado, pero para deducir lecciones falsas, para sacar conclusiones inofensivas para la capital que defienden con celo. El NPA de Loiret, por ejemplo, en un boletín publicado el 13 de marzo, abre sus columnas al historiador Roger Martelli[3]cuya prosa es un verdadero alegato en favor de la democracia burguesa: “Sin doctrinas fijas, sin siquiera un programa completo, la Comuna hizo en unas semanas lo que la República tardará en decidir. Allanó el camino para un concepto de ‘convivencia’, basado en la igualdad y la solidaridad. Finalmente, destacó la posibilidad de un reclamo que sea menos representativo, más directamente ciudadana. En resumen, quería implementar concretamente el ‘gobierno del pueblo por el pueblo’ que el presidente Lincoln había anunciado el advenimiento años antes”. ¡Qué vergüenza! ¡Martelli escupe descaradamente sobre la tumba de los comuneros! El NPA, de manera totalmente abierta y “desinhibida”, hace pasar a la Comuna como una simple reforma democrática radical vestida de participación popular. ¡A fin de cuenta, el porvenir prefigurado por la Comuna es devuelto al ideal democrático burgués!
Jean Jaurès, a pesar de sus prejuicios reformistas, tuvo al menos la honestidad intelectual, a diferencia de los falsificadores del NPA, para decir que: “la Comuna fue en su esencia, en el fondo la primera gran batalla campal del trabajo contra el capital. Y fue incluso por esto que fue derrotada, que fue degollada”[4].
Por su parte, Lutte Ouvrière (LO), el otro principal partido trotskista francés, contribuye con su lenguaje falsamente radical a esta campaña de falsificación pretendiendo oponer la democracia parlamentaria (en la que LO ha participado descaradamente durante décadas) a la dictadura del proletariado, es decir, a sus ojos, una forma más radical de democracia burguesa. Así lo explicó este partido electorero en 2001: “En un programa que no tuvieron tiempo de desarrollar, los comuneros propusieron que todas las comunas desde las grandes ciudades hasta los caseríos rurales más pequeños se organizaran según el modelo de la Comuna de París y que constituyeran la estructura básica de una nueva forma de Estado verdaderamente democrático”[5]. Por esa razón, LO se apresura a aclarar: “Esto no significa que los comunistas revolucionarios sean indiferentes a las llamadas libertades democráticas, al contrario, aunque sólo sea porque permiten a los militantes defender sus ideas de manera más abierta”[6].
Las organizaciones de izquierda del capital juegan sin duda el papel más pérfido, consistente en presentar a la Comuna como un experimento de democracia “radical”, que no habría tenido otro horizonte que el de mejorar el funcionamiento del Estado. ¡Nada más! 150 años después, la Comuna de París tiene que enfrentarse de nuevo a la Santa Alianza de todas las fuerzas reaccionarias burguesas, como tuvo que enfrentarse en su momento a la Santa Alianza del Estado prusiano y la República francesa. Estos son los tesoros políticos legados por la Comuna que la clase burguesa busca esconder y enterrar.
De hecho, como afirmaron en voz alta Marx y Engels tras el acontecimiento, la Comuna de París fue el lanzamiento del primer asalto revolucionario del proletariado al querer destruir el Estado burgués. La Comuna buscó inmediatamente establecer su poder aboliendo el ejército permanente y las administraciones estatales, estableciendo la revocabilidad permanente de los miembros de la Comuna, responsables ante todos aquellos que los habían elegido. Mucho antes de las revoluciones de 1905 y 1917 en Rusia, cuando las condiciones históricas no estaban maduras, los comuneros se embarcaron en el camino de la formación de consejos obreros, “la forma finalmente hallada de la dictadura del proletariado” como decía Lenin. No es, por lo tanto, la construcción de un Estado “verdaderamente democrático” lo que buscaron los comuneros, sino al cuestionamiento del dominio de la clase burguesa. La Comuna de París demostró que “la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal y como está y servirse de ella para sus propios”[7]. Esta es una de las lecciones esenciales que Marx y el movimiento obrero extrajeron de esta trágica experiencia.
Si la Comuna de París fue un asalto prematuro que terminó con la masacre de la flor y nata del proletariado mundial, el hecho es que fue una lucha heroica del proletariado parisino, una contribución invaluable a la lucha histórica de los explotados. Por ello, sigue siendo fundamental que la clase obrera del siglo XXI sea capaz de apropiarse y dar vida a la experiencia de la Comuna y las invaluables lecciones que los revolucionarios han extraído de ella.
Paul, 18-marzo-2021
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Para profundizar las lecciones de la Comuna de París, recomendamos leer los siguientes artículos:
- “La Comuna de París, primer asalto revolucionario del proletariado”, ubicada en: https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/201109/3203/la-comuna-de-paris-primer-asalto-revolucionario-del-proletariado [556]
- “1871: la primera revolución proletaria: el comunismo, una sociedad sin Estado”, octava parte de nuestra serie: “El comunismo no es un bello ideal sino una necesidad material”, ubicada en: https://es.internationalism.org/revista-internacional/199407/1852/viii-1871-la-primera-dictadura-del-proletariado [557]
- A propósito del 140o aniversario de la Comuna de París https://es.internationalism.org/revista-internacional/201108/3174/a-proposito-del-140o-aniversario-de-la-comuna-de-paris [558]
- Lecciones de la Comuna de París /content/4164/lecciones-de-la-comuna-de-paris [559]
- “Glorificación del Sagrado Corazón: un nuevo crimen contra la Comuna de París”, disponible solo en lengua francesa en: https://fr.internationalism.org/content/9995/glorification-du-sacre-coeur-nouveau-crime-contre-commune-paris [560]
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[1] En el Consejo municipal de París, los representantes electos de derecha se opusieron a la celebración del 150 aniversario de la Comuna, liderando una campaña ensordecedora sobre la legitimidad e incluso el deber nacional de celebrar la muerte de Napoleón Bonaparte
[2] “¿Viva la Comuna? La insurrección obrera que sacudió al mundo”, The Guardian (7-marzo-2021).
[3] Vinculado a la corriente renovadora del partido estalinista en Francia, el PCF, ahora cercano al partido de izquierda, La France insoumise, con un discurso muy nacionalista
[4] Jean Jaurès: Historia socialista. Sobre la contribución de este militante ver Jean Jaurès y el movimiento obrero /content/4074/jean-jaures-y-el-movimiento-obrero [561]
[5] “Democracia, democracia parlamentaria, democracia comunal”. Círculo León Trotsky, n° 89 (26-enero-2001). En este artículo que dice mucho sobre la ideología democrática de LO, el partido trotskista agrega sin pestañear: “Entre todas las instituciones burguesas, los municipios [es decir los engranajes de la democracia burguesa donde LO tiene más posibilidades de obtener funcionarios electos] siguen siendo hoy, potencialmente, los más democráticos, porque son los más cercanos a la población, los más sujetos a su control”. Sin comentarios…
[6] “La Comuna de París y sus enseñanzas para hoy”, Lutte de classe n° 214 (marzo de 2021)
[7] Marx y Engels, Prefacio al Manifiesto del Partido Comunista (24-junio-1872). https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm [374]
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Tras la revolución rusa de 1917, la revolución alemana de 1918 y la creación de la Internacional Comunista en 1919, tuvo lugar el trágico aplastamiento de la revuelta de obreros, soldados y marinos de Kronstadt en marzo de 1921, cuyo centésimo aniversario conmemoramos hoy con el texto “Las enseñanzas de Kronstadt” de la Revista Internacional 3[1], para así mejor extraer las lecciones clave de este acontecimiento de cara a futuras luchas.
En marzo de 1921 el Estado soviético, dirigido por el Partido Bolchevique, empleó su poder militar para poner fin al levantamiento de obreros y marinos de la guarnición de Kronstadt, situada sobre la isla Kotlin en el golfo de Finlandia, a 30 km de Petrogrado (hoy San Petersburgo). Los 15.000 insurgentes recibieron un ataque de 50.000 soldados del Ejército Rojo la noche del 7 de marzo. El levantamiento fue sofocado tras diez días de amargos combates. No hay datos precisos del número de víctimas, pero se estima que hubo 3.000 bajas mortales entre los insurgentes, caídos ya durante los combates o en las ejecuciones posteriores, más unas 10.000 bajas en el Ejército Rojo. Según un comunicado de la Cheka que data del primero de mayo de 1921, fueron arrestados 6.528 rebeldes, de los que 2.168 fueron ejecutados, 1.955 condenados a trabajos forzados (1.486 de ellos con penas de 5 años) y 1.272 fueron absueltos. Las familias de los rebeldes fueron deportadas a Siberia, y 8.000 marineros, soldados y civiles consiguieron escapar a Finlandia.
Menos de cuatro años tras la toma del poder por la clase obrera en octubre de 1917, este acontecimiento fue una trágica expresión de la degeneración de una revolución aislada llegando al final de su camino. Se trató de una revuelta obrera de partidarios del régimen soviético, protagonizada por aquellos que en 1905 y 1917 habían estado a la vanguardia del movimiento, y que durante la revolución de octubre se habían ganado el epíteto de “el orgullo y la gloria de la revolución”. En 1921, los insurgentes de Kronstadt exigieron el cumplimiento de las mismas peticiones que defendían los obreros de Petrogrado, en huelga desde febrero: liberación de todos los socialistas encarcelados, abolición del régimen militar, libertad de expresión, de prensa y de reunión para los trabajadores, raciones equitativas para todos los obreros… pero lo que destaca la importancia de este movimiento y expresa su carácter profundamente proletario no es solo la reacción contra esas medidas restrictivas, sino, especialmente, la reacción frente a la pérdida de autoridad política de los consejos obreros en beneficio del Partido y el Estado, que sustituyeron a los consejos y se autoproclamaron representantes de los objetivos e intereses del proletariado. Esto lo puso en evidencia el primer punto de la resolución que adoptaron los insurgentes: “En vista del hecho de que los soviets, a día de hoy, no expresan la voluntad de los obreros y campesinos, se deben celebrar inmediatamente nuevas elecciones por voto secreto, con libertad para llevar a cabo una agitación previa para todos los obreros y campesinos”.
La burguesía, cuando habla de la supresión del levantamiento por parte del Ejército Rojo, intenta demostrar a los proletarios que hay una cadena ininterrumpida que une a Marx y Lenin con Stalin y el gulag. El objetivo de la burguesía es asegurar la indiferencia de los obreros hacia la historia de su propia clase y que no se reapropien de sus experiencias. Las teorías anarquistas llegan a las mismas conclusiones partiendo de la naturaleza supuestamente autoritaria y contrarrevolucionaria del marxismo y los partidos que actúan en su nombre. Los anarquistas tienen una visión abstracta y “moral” de estos acontecimientos. Tomando la idea de un autoritarismo inherente al Partido Bolchevique, son incapaces de explicar la degeneración de la revolución en general, y el episodio de Kronstadt dentro de ella en particular. Se trata de una revolución que estaba asfixiándose tras siete años de guerra mundial y guerra civil, con una infraestructura industrial en ruinas y una clase obrera diezmada, hambrienta y que se enfrentaba a levantamientos campesinos en las provincias. Una revolución que había sido dramáticamente aislada y cuya extensión internacional se había vuelto algo cada vez más improbable tras el fracaso de la revolución en Alemania. Los anarquistas, simplemente, deciden cerrar los ojos ante todos los problemas que se les plantearon a la clase obrera y el Partido Bolchevique.
Considerada desde la perspectiva de la revolución proletaria mundial, la lección histórica fundamental que nos da la represión de Kronstadt trata de la violencia de clase. Si bien la violencia revolucionaria es un arma del proletariado para derribar al capitalismo y a sus enemigos de clase, no se puede recurrir a ella bajo ningún contexto en sus propias filas, contra otros proletarios. El comunismo no es algo que se le pueda imponer al proletariado mediante el uso de la fuerza y la violencia, porque estos métodos son el opuesto categórico de la naturaleza consciente de su revolución, que solo puede avanzar mediante la experiencia de la clase y su evaluación crítica y constante de esta experiencia. La decisión del Partido Bolchevique de aplastar el levantamiento de Kronstadt solo puede entenderse en el contexto del aislamiento internacional de la revolución y de la terrible guerra civil que había arrasado el país. No obstante, tal decisión queda como un trágico error, ya que fue tomada contra obreros que se habían levantado para defender la herramienta principal de la transformación política consciente de la sociedad, el órgano vital de la dictadura proletaria: el poder de los Soviets.
Se puede leer el artículo aquí: Las enseñanzas de Kronstadt [565] (https://es.internationalism.org/revista-internacional/197507/940/las-ens... [565] )
CCI, marzo de 2021
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Gracias a extraer las lecciones de la lucha del movimiento obrero en su historia, la CCI ha sido capaz de sistematizar el modo en que distinguir entre la verdadera Izquierda Comunista y la falsa “izquierda comunista”, compuesta básicamente por grupos parásitos y elementos aventureros.
Esta no es una cuestión que, al contrario que otras, se pueda resolver por intuición, sentido común o como “asuntos privados”, desde la ingenuidad de respirar la atmósfera de la ideología burguesa. La Izquierda Comunista debe recuperar, mantener y desarrollar la continuidad histórica y experiencia sobre los comportamientos comunistas coherentes, la coherencia comunista en las relaciones entre militantes y con el conjunto de la organización. Es así, de modo que se arme para combatir los peligros de la duplicidad, de los peligros más indirectos y poco aparentes en la organización de la vanguardia política de la clase obrera. Peligros que, con el avance de la descomposición del capitalismo, se hacen más y más peligrosos.
Un principio de método de pensamiento, en el núcleo del método marxista es y era, citando a Marx: “no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí” (Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política). “Aunque en la vida cotidiana todo tendero sabe distinguir entre lo que un individuo dice ser y lo que realmente es, nuestra historiografía todavía no ha adquirido este banal conocimiento. Se cree palabra por palabra lo que cada época afirma y se imagina de sí misma.” (La Ideología Alemana). Es decir, no podemos confiar en alguien, o un grupo, simplemente por lo que éste reclama ser (i.e., parte de la Izquierda Comunista). Los marxistas no podemos basarnos en este método, típico de la burguesía, que espera que la clase obrera se crea palabra por palabra las promesas y las apariencias con las que se presenta, secuestrándola en su juego idealista.
Los marxistas, por el contrario, deben “explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción” (Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política). Es decir, sólo un método de pensamiento histórico y materialista puede enfrentar este juego de apariencias.
Debemos pues, plantearnos la siguiente pregunta: ¿de dónde proviene aquello que un grupo o individuo hace en la práctica? ¿cuál es el origen y el desarrollo de estos comportamientos en la historia? ¿a la influencia de qué tendencia social y de qué clase han correspondido en su historia? Debemos discutir las lecciones y experiencias pasadas del movimiento obrero en este tipo de situaciones, cuando comportamientos como las acusaciones mutuas, las acusaciones de lucha de poderes, las denigraciones, las ambigüedades, la búsqueda de alianzas, los gritos de socorro, reclamarse víctima de un abuso, etc., aparecen. Si nos quedamos en la superficie de una situación en la que la IGCL acusa a la CCI de emplear métodos estalinistas, y la CCI denuncia una tendencia destructiva hacia la Izquierda Comunista por parte de la IGCL (¡y la IGCL también denuncia algo parecido!), … si lo miramos en las apariencias la cuestión parece un puzle digno de un tribunal burgués. ¡Esto solo beneficia a los parásitos, los aventureros y todo el medio de la falsa “izquierda comunista” que reproduce la ideología burguesa de las apariencias!
Para impedir que la imaginación enrevesada domine la realidad debemos proceder:
La mayor dificultad para desenmascarar al parasitismo es que algunos de sus procederes más poderosos son:
La historia del IGCL, y lo mismo ocurre en este caso con NC y el aventurero Gaizka, se sumerge escondida en un lugar que “nadie tiene por qué saber” y “no es excesivamente importante”, no necesita estar clara ni debatirse. Deberíamos confiar ciegamente en lo que ellos dicen ser. El caso del blog de Nuevo Curso, que adopta la forma de un periódico burgués, es especialmente ilustrativo: ha tenido tantos cambios de imagen que de no ser porque la CCI siguió en su desarrollo su turbia historia real parecería inaccesible (no hablamos aquí de la historia que se creó a posteriori). Qué decir del aventurero Gaizka, que volvió a una reunión pública de la CCI en Madrid como si en el pasado no hubiera sido descubierto por la CCI en sus relaciones y comportamientos de aventurero. Realmente Gaizka conoce de sobra su pasado, no se ha olvidado, y no tiene ningún interés en ventilarlo, ya que no puede limpiarlo, porque los mismos métodos le sirven en el presente.
La IGCL huye a toda costa de las “divergencias fundamentales” que les hicieron constituirse como falsa fracción (no hablamos aquí tampoco de las “divergencias” de las que se dieron cuenta a posteriori que tenían).
En coherencia con lo dicho antes sobre el método histórico, debemos armarnos con la necesidad de unos principios éticos proletarios y unos principios de organización, que vayan más allá de unos principios políticos en abstracto que fácilmente se puedan convertir en meras apariencias. Necesitamos encontrar esta ética en la historia de nuestra clase y apropiarnos de ella para luchar contra la ambigüedad y la duplicidad. Debemos luchar contra la evidente situación, el hecho evidente e innegable, de que nuevos elementos que se acercan a la Izquierda Comunista no distinguen bien y perciben el mismo olor a putrefacción de la política burguesa (lo cual ocurrió en la desmoralización de los miembros del NCI en 2005, por ejemplo). La función para el capitalismo de la falsa “izquierda comunista”, es que aquí tampoco se distinga bien entre el bueno el feo y el malo.
En relación con la ética proletaria tenemos también una serie de hechos que, en el conjunto de su historia, caracterizan a la IGCL como un grupo totalmente ajeno a la clase obrera. Algunos de estos comportamientos, que son hechos:
Cuando eran una “organización dentro de la organización”:
-El rechazo al pago de las cuotas
-El rechazo de la defensa de su comportamiento cuando este fue criticado
-El desarrollo de reuniones secretas
Antes y después de su exclusión se comportaron como espías:
- Dentro, circularon rumores de que un camarada era un agente policial
- Tras su exclusión, indirectamente dieron a entender que había un topo en la CCI, ya que les llegó mágicamente (nunca han dicho cómo) información interna de la CCI, que hicieron pública, incluyendo relaciones familiares entre militantes y las iniciales reales de algunos militantes.
- Hacer pública la fecha de una conferencia de la CCI en México
- Difundir información irrelevante como “la CCI está alquilando una habitación de lujo” que solo puede tener el fin de atacar a la CCI diciendo “mirad, la CCI es rica y despilfarradora”
- Robo de material
- Hablar de Marc Chirik como si hubiera sido un gurú, o un rey con herederos
- Difundir que una persona concreta está dirigiendo la CCI
- Decir que la tradición de la Izquierda Comunista de la búsqueda de la verdad de los hechos es “propagar la desconfianza”.
- Actitud del vendedor e intimidación: Insistir en enviar su Boletín a pesar de las protestas, tanto a militantes de la CCI como a los contactos cuyas direcciones robaron. ¿Para qué sería? Entre otras cosas, para hacer huir a los contactos de esta atmósfera intimidante.
- Mentiras ridículas, por ejemplo, que la CCI “oculta sus problemas internos”. Cuando está claro que es la única organización que actualmente saca lecciones abiertamente de dichos problemas.
La solución a los serios problemas por los que pasa la Izquierda Comunista, agravados por la falta de claridad frente al parasitismo y el aventurismo, no puede pasar por esconder la ropa sucia debajo de la cama, cavarle una tumba al pasado, sino entender por qué estaba sucia y ventilarla con el debate bajo principios éticos proletarios, para limpiar la verdad. No olvidando, sino desarrollando lecciones claras para la lucha. Las falsificaciones y la ambigüedad sobre la historia comienzan por un primer paso de esconder la ropa sucia como si fuera algo de lo que avergonzarse (el otro lado de la lógica de la vergüenza sería presentar los errores como si estos fueran una vergüenza…y así entrar en el círculo de la vergüenza, la envidia y la revancha). Esta actitud oportunista que ha demostrado la TCI (ver carta “For a factual history of the communist left”), una organización de la verdadera Izquierda Comunista, corre el peligro de llevar poco a poco a la Izquierda Comunista a un terreno donde es difícil distinguir la confusión real y los errores de los actos deliberados de confusionismo en el que proliferan los elementos y grupos con intereses ajenos a la clase obrera. Por ejemplo, si la TCI no lucha claramente por la verdad de los hechos, los elementos ajenos a la clase se pueden disfrazar en un terreno poco claro donde no hace falta aclarar este tipo de cosas.
Con esta carta quiero expresar mi solidaridad con la lucha de la CCI, y su lucha por la verdad de los hechos, la claridad de la tradición de la Izquierda Comunista, y la ética proletaria. Lo hago así en respuesta a los dos últimos textos que me habéis hecho llegar para la discusión.
Fraternamente,
Teivos 10-4-21
[1] https://igcl.org/Balance-y-perspectivas-del-23o [571] IGCL, Julio 2019 “Balance y perspectivas del 23o Congreso de la CCI: Introducir el veneno de la teoría del parasitismo entre las nuevas fuerzas revolucionarias”
Volvemos a publicar aquí una carta que dirigimos al BIPR (hoy TCI) en diciembre de 2004 tras la aparición en su sitio web de una declaración procedente de un misterioso "Círculo de Comunistas Internacionalistas", que contenía acusaciones extremadamente graves contra la CCI. A pesar de las protestas de nuestra organización, que no tomó en cuenta, el BIPR no hizo ningún intento de verificar la realidad de este grupo ni el contenido de las acusaciones en cuestión.
https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/199/carta-a... [572]
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La humanidad es una especie emigrante. “Los movimientos de población forman parte de la historia de la especie humana, una especie que apareció en una pequeña región de África Oriental hace 200.000 años y se extendió por todo el mundo, dondequiera que hubiera recursos explotables para alimentarse y satisfacer otras necesidades básicas de la vida”[1]. El desarrollo del capitalismo se hizo mediante oleadas gigantescas de emigración forzosa y forzada[2]. “En el siglo XV la acumulación primitiva de capital se levanta sobre el sudor y la sangre de millones de campesinos y artesanos arrancados de sus aldeas de origen y empujados a concentrarse en las ciudades de los países originarios del capitalismo (principalmente Gran Bretaña y Holanda). Otra fuente del primer desarrollo capitalista, que se prolonga hasta el siglo XIX, es la trata de esclavos que dio lugar a enormes desplazamientos forzados de mano de obra. Según National Geographic, entre los siglos XVI al XIX 12 millones de esclavos negros fueron trasladados del África atlántica a América. En la época de apogeo del capitalismo la emigración hacia los “nuevos continentes” (América, Oceanía) atrajo nuevas masas procedentes de los países europeos”[3]. Mientras en el periodo ascendente del capitalismo la emigración acompañaba la expansión de éste yendo desde Europa hacia los países colonizados, en el siglo XX con la decadencia del capitalismo la emigración cambia de signo: multitudes de los países más pobres afluyen a los países centrales donde los centros de trabajo adquieren una imagen multicolor: obreros de todas las razas y países son aglomerados por la explotación asalariada, la clase obrera es una clase de emigrantes[4].
Con la agudización de la descomposición capitalista en los países más débiles -África, Asía, América central y del sur- la miseria, las guerras, la destrucción medioambiental, la violencia, el caos…, fuerzan a millones de seres humanos a una huida desesperada hacia los países centrales -principalmente USA y Europa. Hasta los años 70 del siglo pasado, el emigrante tenía un trabajo prácticamente asegurado y podía ahorrar. Desde los años 90, la situación se degrada, el trabajo es inseguro y apenas permite vivir. Pero, en la última década, la emigración es sencillamente una huida para salvar la vida. Esto muestra la terrible degradación del orden capitalista en los últimos 50 años. Ya no se puede hablar propiamente de emigrantes sino más bien de refugiados condenados a un éxodo desesperado. “En 2015, más de 6 millones de personas se vieron obligadas a abandonar su país, lo que elevó el número de refugiados en el mundo a más de 65 millones (más que la población de Gran Bretaña). A este número hay que añadir los 40 millones de personas que están desplazadas dentro de su propio país. Se trata de un fenómeno sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial”[5] (ídem.). En 2020, la cifra de emigrantes internacionales según la ONU es de 270 millones de personas, un récord histórico.
Confrontados a un envejecimiento imparable de la población y una caída vertiginosa de la natalidad -ambos expresan la gravedad de la crisis capitalista- los países centrales necesitan todos los años una inyección de emigrantes para renovar su fuerza laboral. Los Estados los colocan en las condiciones más vulnerables (ilegalidad, marginación, presión policial y hostigamiento racista, todo ello rematado por la amenaza permanente de deportación) para forzarlos a aceptar pésimas condiciones laborales, consiguiendo con ello empujar a la baja las condiciones del conjunto de la clase obrera. Sin embargo, por la situación antes analizada, ese flujo se convierte periódicamente en avalanchas fuertemente desestabilizadoras. Las crisis migratorias de 2015 y 2019 en Europa o las auténticas estampidas humanas hacia Estados Unidos desde Centroamérica así lo acreditan.
Para cerrar el acceso por el Mediterráneo, la UE despliega una fuerza naval llamada Frontex que en 10 años ha rechazado expeditivamente más de 60000 emigrantes y ha sido denunciada por realizar devoluciones directas en la crisis de las islas griegas[6].
Sin embargo, esto no es suficiente, junto a la propia represión de los estados miembros, la UE subcontrata la “faena sucia” de caza, represión y retorno a los países de origen a Turquía por el este, Libia por el centro y Marruecos al oeste.
El capital marroquí cumple a la perfección esta “subcontrata” pues sus fuerzas represivas tienen una merecida reputación de brutalidad y poco escrúpulo en materia de “derechos humanos”. Desde 2005 la policía marroquí encierra, asesina, viola, golpea o devuelve emigrantes y realiza algo más atroz: los mete en autobuses abandonándolos en pleno desierto[7].
Sin embargo, al desempeñar estas funciones, generosamente retribuidas por la UE, Marruecos -al igual que su colega turco- dispone de una formidable arma de presión y chantaje sobre Europa y más especialmente sobre España, puerta sur del Mediterráneo.
Cuando Marruecos ha querido obtener alguna ventaja imperialista -especialmente a cuenta del Sahara Occidental- o económica -por ejemplo, con la pesca- o simplemente recibir más subvenciones, su maniobra habitual es dejar pasar a los emigrantes por los puntos calientes españoles: Canarias, Melilla y Ceuta. Es el caso de la reciente crisis ceutí, en un par de días han entrado en la ciudad 10000 personas con el estímulo de las autoridades marroquíes. Más de 1500 niños y familias enteras entraron a nado o por agujeros en las vallas fronterizas.
En Marruecos la población juvenil está desesperada por el desempleo, las atroces condiciones laborales y la represión del régimen del “reformador” Mohamed VI. “La COVID ha contraído la economía un 7,1% y disparado el paro juvenil a cerca del 40%. La pobreza en las ciudades se ha multiplicado por siete durante el último año. En febrero, al menos 24 personas, la mayoría de ellas mujeres, murieron ahogadas por una inundación en un sótano de Tánger que funcionaba como una fábrica textil ilegal”[8].
Al mismo tiempo, al norte de Marruecos se concentran miles de emigrantes que huyen en desbandada de la situación que reina en la gran mayoría de países africanos. Para ACNUR[9] “La mayor parte de los migrantes son víctimas o testigos de atropellos brutales a manos de traficantes, contrabandistas, milicias o autoridades estatales, que los someten a torturas impensables como quemaduras con aceite, metales ardiendo o plástico derretido; descargas eléctricas e inmovilización en posturas dolorosas, además de golpearlos, obligarlos a realizar trabajos forzados o incluso asesinarlos”. Según dicho informe “en el 47% de los casos, las víctimas informaron que los perpetradores fueron autoridades policiales, lo que derrumba la idea que los responsables son siempre contrabandistas o traficantes”. “Al menos 1750 personas murieron en 2018 y 2019 cuando emigraron de naciones de África occidental u oriental”.
El capital marroquí utiliza para su provecho el drama de la emigración. Cobra bajo forma de subvenciones, inversiones, acuerdos comerciales, ventajas imperialistas etc. Pero cuando quiere más no duda en abrir su frontera con España. Es un juego siniestro del gato y el ratón. Tras haber dejado las puertas abiertas el lunes y martes, el miércoles 19 de mayo, Marruecos volvió a cerrar fronteras y las porras, las palizas, las detenciones, volvieron a actuar. Ello produjo los incidentes de Castillejos -ciudad marroquí aledaña a Ceuta- donde cientos de jóvenes se defendieron a pedradas de la gendarmería. Es una manipulación sangrienta que denuncia al Capital como lo que es: un sistema asesino comandado por asesinos patentados.
El capital español, un imperialismo de tercera división, le gusta exhibir músculo cada vez que tiene un contencioso con su vecino del sur. En 2002, el gobierno derechista de Aznar desplegó un exagerado operativo militar para desalojar a media docena de soldados marroquís que habían incursionado en Perejil, un islote frente a las costas cercanas a Ceuta. En 2005, el gobierno “socialista” de Zapatero desplegó las tropas de la Legión y la Guardia Civil para repeler brutalmente una riada de emigrantes a los que Marruecos había dejado pasar por Melilla. 5 emigrantes murieron. Ahora, el gobierno de la “izquierda progresista” de Sánchez del que forma parte el “amigo de los emigrantes”, Podemos, lanza los tanques en la playa del Tarajal y despliega el ejército y la guardia civil. Este despliegue lo han sufrido los emigrantes pues se han producido “agresiones a menores por parte de miembros del ejército, incumplimiento del deber de protección de la infancia, devoluciones en caliente sin las mínimas garantías, criminalización de las personas migrantes. Al menos un hombre ya ha fallecido. El Gobierno español ha devuelto a más de 4.000 personas”[10].
El capital español juega a dos barajas con los países del Magreb intentando contentar a dos enemigos irreconciliables: Marruecos y Argelia. Esta última patrocina al Polisario, “movimiento de liberación del Sahara Occidental”, ocupado por Marruecos. Así, la hospitalización en España por COVID del líder de este grupo ha provocado la represalia marroquí. Pero, la respuesta armada del capital español ha tomado a los emigrantes como presa. Es la realidad de todas las guerras: los capitales nacionales se enfrentan utilizando a masas humanas como carne de cañón.
El Estado español que dice ser “democrático”, “humanitario” y “avanzado”, ha intentado tapar la barbarie de su respuesta con la latosa repetición de imágenes “humanitarias”: el guardia civil que salvó a un bebé, unos soldados tomando del hombro a un emigrante o las labores del personal sanitario atendiendo a mujeres y niños ateridos de frío. Es el taparrabos hipócrita del Gobierno “más progresista de la historia española” que oculta la desesperación de cientos de emigrantes que deambulan por Ceuta escondiéndose de la policía y el ejército para no ser devueltos o internados. “Los niños, niñas y jóvenes que están llegando a territorio ceutí son devueltos sin que nadie haya hablado con ellos, duermen en la calle y sufren disparos con escopetillas de plomo por las calles” (ídem.). En Ceuta unas mujeres de origen marroquí, ayudadas por familias españolas y de Gibraltar, han organizado por su cuenta, ante la total inactividad de los organismos oficiales, servicios de ducha, comida y ropa a los emigrantes negros o árabes. Según su testimonio, son unos mil los que acuden cada día y están asustados pues “no quieren ir al Hospital Universitario de Ceuta porque tienen miedo de que se los lleve la Policía Nacional y los devuelvan a Marruecos”[11].
La televisión entrevista a los jóvenes marroquíes que repiten una y otra vez que “en Marruecos no hay futuro”, que “sueñan con España”. ¡Quieren que nos creamos el “sueño español”! En España habría trabajo, respeto de los “derechos humanos”, “servicios sociales”.
El “sueño español” oculta la realidad de la PESADILLA CAPITALISTA tanto para los emigrantes como para los trabajadores “de España” pues lo que es en realidad el llamado “sueño español” consiste en:
Los Centros de Detención
Los CIES (centros de internamiento para extranjeros), cárceles donde pueden ser encerrados por más de 60 días SIN HABER COMETIDO DELITO ALGUNO, teóricamente en espera de deportación. Hay 8 en España, donde se han llegado a hacinar hasta 14000 emigrantes cuando su cabida oficial es de ¡1472 personas! En mayo de 2020 se vaciaron debido a las revueltas y protestas porque no recibían ninguna atención frente al peligro de contagio por COVID. Sin embargo, se reabrieron en septiembre de 2020 y se calcula que ya hay más de 1000 encerrados en condiciones sanitarias, de alimentación y de trato realmente inhumanas.
“Desde que se abrieron los CIE, diez personas han fallecido entre sus muros o en el traslado forzoso al que las sometieron”[12]. En la mayoría de los casos los hechos no se denuncian, ni siquiera aparecen en los medios de comunicación, por ello esa cifra puede ser muy inferior a real. Tenemos una ilustración en Valencia, en julio 2019, donde un interno marroquí se suicidó supuestamente, pero el análisis de las cámaras de vigilancia “permitió apreciar la posible existencia de varios delitos imputables a los funcionarios públicos: inducción al suicidio, trato degradante, daño a la vida o a la integridad moral, denegación de la asistencia sanitaria (…) lo arrastraron por el suelo estando inconsciente y lo dejaron tirado en la celda de aislamiento, solo, sin vigilancia, sin agua, sin comida, y con la ventana cerrada en plena canícula” (ídem.)
A los CIES se unen los campamentos habilitados en 3 islas canarias (Fuerteventura, Gran Canaria y Tenerife) donde, en plena pandemia, el gobierno hacinó a más de 9000 emigrantes procedentes de las costas africanas en unas condiciones de alojamientos infames, comida mala y escasa, trato degradante. El campamento de Arguineguin en Gran Canaria “En el bautizado como campamento de la vergüenza llegaron a estar hacinadas cerca de 2.700 personas, cuando su capacidad ronda las 400. Debido a la ausencia de espacio físico, se tuvieron que desmontar las duchas [había] personas con COVID durmiendo al ras del suelo, faltaban asistencia letrada e intérpretes (…) las insalubres condiciones en las que se encontraban unas personas que sobrevivían con tres bocadillos al día. Y, a diferencia de las palabras del ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, que aseguraba en una entrevista que ninguna persona está “nunca más de 72 horas”, hay documentados casos de personas que han estado varias semanas”[13]
Sin trabajo ni vivienda
Los que “gozan de libertad” se ven forzados a dormir a la intemperie, en solares, en casas abandonadas o, en el mejor de los casos, en pisos patera donde se hacinan hasta 14 personas en viviendas de 3 habitaciones. Con trabajos informales o haciendo de gorrillas en los aparcamientos, lava lunas en los semáforos, vendiendo como manteros siempre en un ay para recoger las mercancías y correr ante la llegada de la policía…
Trabajo precario e informal
Cuando tras mucho sufrimiento y peripecias, una parte consigue un trabajo, las condiciones son salarios miserables, precariedad laboral, carencia de protección sanitaria -como fue el caso de los trabajadores agrícolas de Lérida en pleno COVID o en la fresa de Huelva que los llevó a hacer huelga siendo reprimidos por la Guardia Civil. La gran mayoría está en la informalidad -mujeres internas cuidando ancianos cobrando 600 € al mes descansando medio domingo; mujeres de la limpieza cobrando como mucho 500 €, trabajadores agrícolas cobrando 5 € la hora-. En febrero de 2020 el relator de la ONU denunció “que las condiciones en las que viven algunos de los trabajadores del campo de Huelva son "mucho peores que las de los campos de refugiados"[14].
Pero las condiciones de los trabajadores “nativos” se asemejan cada vez más a las de sus hermanos emigrantes. El salario medio en España sufrió en 2020 una caída del 3,1%, la mayor en medio siglo[15]. La precariedad laboral sigue una escalada imparable afectando especialmente a los jóvenes “España cerró 2020 con la peor tasa de desempleo juvenil de toda la Unión Europea: cuatro de cada 10 personas menores de 25 años están en paro, y el 25% de los comprendidos entre los 25 y los 30 años tampoco tienen trabajo, según la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE”[16].
La oleada de despidos que hay en curso actualmente pone los pelos de punta. Los bancos están en el centro de esta destrucción de puestos de trabajo: Caixabank 8000, Bankia 5000, BBVA 3500, Unicaja 1500, Banco Sabadell 1817 y un largo etcétera. A ello se deben sumar los 3500 despidos de El Corte Inglés, los 670 de Ford etc.
En cuanto a la vivienda la situación es espantosa. “Un millón y medio de familias viven en infraviviendas y más de 30.000 personas no tienen hogar en España, El 51,8% son españoles y el 48,2% son extranjeros”[17]
El capital ataca a TODOS, trabajadores emigrantes y trabajadores nativos. Y ataca EN TODO: no solo en las condiciones de vida sino igualmente en sus guerras y pugnas donde somos sus peones, su carne de cañón, como enseña elocuentemente el reciente conflicto de Ceuta. Por ello, nuestra guía es:
- NO ELEGIR CAMPO: ni España ni Marruecos, CONTRA EL CAPITAL EN TODOS LOS PAÍSES.
- NO DIVIDIRNOS NI ENFRENTARNOS, los emigrantes son trabajadores pues, como se gritaba en una manifestación contra el racismo, NATIVA O EXTRANJERA LA MISMA CLASE OBRERA.
- Rechazar tanto a los LOBOS (Vox, PP) que dicen “defender a los trabajadores españoles frente a los emigrantes” como a los LOBOS DISFRAZADOS DE CORDEROS (PSOE, Podemos) que dicen “defender a todos sin discriminación”. Unos y otros coinciden en lo mismo: ENDURECER LA EXPLOTACION CAPITALISTA DE NATIVOS Y EMIGRANTES.
Marjane y Omar 31-5-21
[1] Informe sobre la descomposición del 22º Congreso Internacional de la CCI https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017 [240]
[2] Ver EL CAPITAL Capítulo XXIV La llamada acumulación originaria de https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/eccx86s.htm [575]
[3]Marruecos: protesta contra la barbarie capitalista a los emigrantes https://es.internationalism.org/content/4359/marruecos-protesta-contra-la-barbarie-capitalista-los-emigrantes [576]
[4] Ver La emigración y el movimiento obrero https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2766/la-emigracion-y-el-movimiento-obrero [347]
[5] Ídem. Nota 1
[6] Ver ¿Qué es Frontex? - El Orden Mundial - EOM [577]
[7] Ver https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200510/206/crisis-de-la-emigracion-en-la-frontera-hispano-marroqui-la-hipocresia-d [578]
[8] https://www.lavanguardia.com/internacional/20210520/7467029/corona-torcida-rey-marruecos.html?utm_term=botones_sociales_app&utm_source=social-otros&utm_medium=social [579]
[9] ACNUR: Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, fuente: Muerte y abuso, dos realidades que sufren miles de migrantes africanos en su ruta hacia el Mediterráneo | Noticias ONU (un.org) [580]
[10] https://archivo.kaosenlared.net/exigen-el-cese-de-las-vulneraciones-de-derechos-humanos-contra-las-personas-migrantes-en-ceuta/ [581]
[12] Por el Cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros y el fin de las deportaciones – Campaña CIEs NO (wordpress.com) [583]
[14] España investigará la extrema miseria de las infraviviendas de Huelva - El Día (eldia.es) [585]
[15]El salario medio en España sufrió en 2020 la mayor caída en medio siglo, según Adecco | Economía | EL PAÍS (elpais.com) [586]
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Hace unos días atrás, en Chile, ocurrió en solo un mismo día el asesinato de dos niños menores a manos de delincuentes armados, a esto le es sumado también el asesinato de otro niño que ocurrió en una comuna rural hace más de un mes atrás, hecho que conmovió profundamente a la gente y que incluso hizo que la muchedumbre invadiera el recinto penitenciario donde estaba el acusado con el fin de hacer “justicia con sus propias manos”.
Aprovechando estos hechos los llamados “medios de comunicación” (TV, redes sociales, prensa…), los políticos de derecha y extrema derecha, la policía etc., han lanzado una campaña totalitaria reclamando “mano dura”: cadena perpetua, pena de muerte, más policía, sobre todo en barrios obreros y marginales… Esto ha hecho que entre los individuos de la sociedad burguesa se pusiera de moda reclamar que “volviera la pena de muerte” y de que “se necesitan más atribuciones a la policía” con el fin de acabar con la delincuencia y el lumpen, sin embargo, eso es un grave error muy fatal que no conducirá a ningún lado y que solo tendrá una sola victima: los obreros y sus familias.
Queremos dejarlo muy claro: la propaganda sobre la pena de muerte, el reforzamiento de la policía y las tendencias a la militarización de la sociedad, la histeria de los medios de “comunicación” sobre la criminalidad y la “inseguridad ciudadana” no son más que la expresión de la putrefacción y miseria en que se hunde la sociedad de cabo a rabo, por un lado por la crisis de sobreproducción histórica del capitalismo decadente y por otro por el bloqueo de perspectivas en que se encuentran las dos clases fundamentales de la sociedad: La burguesía y el proletariado.
En los momentos de crisis del capitalismo, que en la decadencia se multiplican y son cada vez más frecuentes, el bandidaje y la delincuencia aumentan, esto debido a que en estos tiempos las filas de desempleados aumentan, y una parte de ellos, junto a jóvenes precarios, acaban hundiéndose en las filas del lumpen buscando desesperadamente solventar sus necesidades y las de sus familias, debido a que ya el capitalismo es completamente inútil para la humanidad. Sin embargo, esto empeora durante el periodo de descomposición del capital, pues al empezar a pudrirse aún más las relaciones humanas los crímenes tienden a ser mucho más violentos y frecuentes, esto porque la salud mental , la marginalidad , el individualismo , la competencia y el odio irracional entre los seres humanos empeora en múltiples aspectos ( las revueltas multiclasistas son un buen ejemplo de ello[1]) , teniendo como resultado a criminales que ya no solo no les importa su vida sino tampoco la del resto . Esta especie de “circulo criminal o delincuencial” durante el periodo de descomposición arrasa cada vez más en los barrios obreros y marginales (principalmente en los países del tercer mundo , aunque ya en los supuestos países desarrollados esto también ha crecido) y atrae cada vez más a algunos individuos proletarios, pues los trabajos precarios , los bajos salarios , la sobrecarga , la falta de seguridad social y un sinfín de problemas que el capitalismo estatal explotador ejerce sobre la clase obrera empujan a ciertos sectores a unirse a las filas del lumpen imbuidos de la falsa creencia de que van a ganarse la vida de una forma más fácil , y más el hecho de que en el periodo de descomposición el lumpen se hace más y más violento entonces hay un grave problema que afecta a no solo toda la población sino principalmente a la clase obrera , pues ellos -y particularmente los desempleados- son los principales afectados de ello. Como dicen las Tesis sobre la Descomposición escritas por la CCI en 1990[2] “una gran proporción de jóvenes generaciones obreras está recibiendo en pleno rostro el latigazo del desempleo, incluso antes de que muchos hayan podido tener ocasión, en los lugares de producción, junto con los compañeros de trabajo y lucha, de hacer la experiencia de una vida colectiva de clase. De hecho, el desempleo, resultado directo de la crisis económica, aunque en sí no es una expresión de la descomposición, acaba teniendo, en esta fase particular de la decadencia, consecuencias que lo transforman es aspecto singular de la descomposición. Aunque en general sirve para poner al desnudo la incapacidad del capitalismo para asegurar un futuro a los proletarios, también es, hoy, un poderoso factor de "lumpenización" de ciertos sectores de la clase obrera, sobre todo entre los más jóvenes, lo que debilita de otro tanto las capacidades políticas actuales y futuras de ella, lo cual ha implicado, a lo largo de los años 80, que han conocido un aumento considerable del desempleo, una ausencia de movimientos significativos o de intentos reales de organización por parte de obreros sin empleo
Esta calamidad de la lumpenización social proviene de “la ausencia total de perspectivas de la sociedad actual se expresa con todavía mayor evidencia en lo político e ideológico. Por ejemplo: el aumento constante de la criminalidad, de la inseguridad, de la violencia urbana, en la que se han ido metiendo cada día más y más niños, los cuales acaban también siendo víctimas de la prostitución ; la imparable marea de la drogadicción, fenómeno hoy de masas, poderosa causa de la corrupción de los Estados y de los organismos financieros, que afecta a todas las partes del mundo y, en especial, a la juventud, un fenómeno que expresa cada vez menos la huida hacia mundos quiméricos, que se parece cada día más a la locura y al suicidio ;el "cada cual a lo suyo", la marginalización, la atomización de los individuos, la destrucción de las relaciones familiares, la exclusión de los ancianos, la aniquilación de lo afectivo y su sustitución por la pornografía, el deporte comercializado y mediatizado” (idem.).
Como hemos dicho anteriormente la descomposición del capitalismo aumenta los problemas de salud mental y lumpenizacion de la sociedad a un punto casi caótico, habiendo incluso zonas de las ciudades donde la policía burguesa ni siquiera se atreve a meterse, dejando a muchas familias obreras abandonadas a su suerte. Sin embargo la descomposición también aumenta otros factores: la ignorancia, el apolitismo, el individualismo, todo esto ha hecho de que entre la escena nacional chilena volviera sobre la mesa un nuevo tema: la pena de muerte, un acto horrible e indiscriminado, que no soluciona nada y no acaba con el lumpen , donde solo el estado totalitario-policial gana y las clases obreras siguen sufriendo un sinfín de humillaciones bajo la pobreza y explotación . La pena de muerte es algo tan aberrante, ridículo e inútil que incluso muchos estados capitalistas la han eliminado.
La pena de muerte es una de las expresiones más crueles del individualismo y la sociedad decadente de la mercancía : de la competencia a muerte, de la obsesión por acumular dinero y riquezas, de la guerra de todos contra todos, del fraude y el robo, características congénitas del capitalismo, nace una putrefacción social que tiene su expresión ilegal y marginal en el lumpen, el cual no es sino la forma más extrema y criminal de las costumbres y los modos de acción que practica el capitalismo. Frente a ese espejo repugnante de su propia barbarie, el capitalismo “civilizado”, “de guante blanco”, se rasga las vestiduras, pide indignado justicia y desarrolla la pena de muerte para deshacerse del lumpen, convirtiéndose literalmente en un genocidio “legal” sin fin. La lumpenizacion es una muestra de la descomposición social la pena de muerte lo es aún más.
Además, no hay que olvidar que la prisión y la policía tienen dos propósitos: por un lado, mantener soldada una sociedad que tiende por todos los lados a la violencia, el cisma, el estallido, la dislocación social. Y, sobre todo, mantener el control social y político en contra de la clase obrera, pues sabemos muy bien que la prisión está diseñada exclusivamente para castigar la pobreza y encerrar a los obreros revolucionarios que se declaren en huelga, cuanto la gentuza ignorante aclama “pena de muerte contra los delincuentes” no lo dice contra los criminales de las clases altas como los grandes narcos, políticos corruptos, empresarios delincuentes , etc. Sino contra gente pobre de las clases explotadas que muchas veces roba por necesidad o porque el capital se aseguró de no permitirles desarrollar ninguna oportunidad , he ahí el máximo cinismo y asquerosidad del capitalismo , la policía de los estados burgueses actuales desprecia y odia a las clases bajas y al movimiento obrero , golpea a niños pobres que roban por necesidad , manosean a mujeres en sus repugnantes cárceles , asesina a obreros combatientes en las empresas y fabricas , pero protegen a la clase capitalista criminal con su vida … he ahí la verdadera y única violencia existente en la sociedad burguesa : la violencia que la clase burguesa y sus policías totalitarias aplican contras las clases desposeídas . Luego la burguesía y sus medios de prensa vociferen día y noche contra la delincuencia, sabiendo de antemano que son ellos mismos quienes defienden con uñas y dientes el sistema social que la crea y que son ellos quienes la mantienen, siendo el lumpen la otra “cara de la moneda” del capitalismo cada vez más podrido.
Sin embargo , no hay que olvidar que el lumpen fue y siempre será una capa social ENEMIGA DEL MOVIMIENTO OBRERO[3] , aun en la actualidad cuando la lumpenizacion crece y más individuos obreros se hunden en ella y aunque haya personas que lo hacen solo por necesidad el lumpen siempre será una capa reaccionaria y enemiga de los trabajadores y las minorías comunistas , pues en nada se diferencian de la clase capitalista en el sentido de que viven robando a los trabajadores , como también de la misma forma el proletariado socialista combate de todas formas posible sus actos vandálicos “políticos” : el saqueo , destrucción irracional , las “funas” o ataques personales , violencia individual y la narco-política . Pero es eso lo que diferencia al proletariado con sus enemigos de clase respecto a cómo enfrentar el lumpen : QUE PELEAN CONTRA UNA CAPA MARGINAL Y NO CONTRA INDIVIDUOS , por eso los obreros deben oponerse a la pena de muerte y otros tipos de ejecuciones o asesinatos “legalizados” , no solo porque no resuelven el tema de la delincuencia , sino porque el único enemigo que el proletariado debe destruir es el capital , los trabajadores se enfrentan contra relaciones sociales , jamás contra individuos específicos , pues así como dentro del programa comunista de la clase obrera mundial no entra nada que tenga que ver con “asesinatos” o “torturas” a capitalistas , tampoco lo hay para ninguna otra capa social enemiga de la clase , incluyendo el lumpen , la clase obrera busca emancipar a la humanidad , no dañarla aún más[4].
De la misma forma denunciamos frontalmente la creación de “penas más duras” y “Creación de cárceles” más la militarización de los barrios obreros que los gobiernos burgueses siempre aplican para supuestamente acabar con la delincuencia , eso no solo no acaba con la delincuencia , sino que tiene dos principales efectos : 1) fortalece al lumpen, ya que en el periodo de descomposición la policía se encuentra más influenciada por la lumpenizacion y corrupción , cosa que se acrecienta en los países periféricos (oficialmente ya son narco-policías y narco-burguesía) , y terminan como guardaespaldas del narcotráfico , teniendo como consecuencia un lumpen igual de activo más la protección de la policía del capital para estos , 2) es una medida de control de la burguesía para detener a la clase obrera , pues siguiendo la lógica de que esta policía solo busca proteger a los grandes narcos y a la clase capitalista criminal y que la historia de que nos “protegen de la delincuencia” siempre fue un mito , la policía y las cárceles tienen cada vez un rol más político , detener a los obreros más combatientes , a los revolucionarios… pues cuando hay asaltos o un trabajador sufre algún robo la policía nunca llega , pero estalla una manifestación obrera y todo la fuerza policial va al ataque . Carabineros de Chile es el más grande ejemplo de los ejemplos expuestos antes, pues jamás se presentan ante un crimen, pero son los primeros en reprimir protestas incluso completamente pacíficas y familiares, sin contar que esa institución está muy contaminada por marginales y amigo de narcos, y que está involucrado en innumerables hechos de corrupción.
La política de mano dura, pena de muerte, cumplimiento íntegro de las penas, es defendida por la Derecha, la extrema derecha y los populistas.
A esta política de brutalidad y represión, Izquierda y extrema izquierda, aparentan oponer “una alternativa” pues responden con su política de “buenismo” y nos hablan de “tolerancia”, “integración”, “cohesión social”, todo ello de forma hipócrita, pues apoyan sin rechistar las medidas represivas o si están en el gobierno es ella misma quien las toma. ¿Qué hicieron los gobiernos de concertación democrática respecto a las leyes represivas, la naturaleza de los carabineros etc.? ¿Qué hizo Bachelet, campeona de los derechos humanos? Nada de nada, lo mismo que ahora hace Piñera, la diferencia es que Bachelet era más discreta y solapada mientras que Piñera actúa de forma provocadora y descarada.
Al proletariado se le entrampa en una falsa alternativa: o la mano dura de la derecha o el buenismo de la izquierda. Ambas alternativas convergen en un mismo mensaje contrarrevolucionario y anti obrero: 1º habría una solución posible dentro del capitalismo y 2º el Estado es quien nos protege y vela por la vida y la paz de “todos los ciudadanos”.
Además, debemos recordar que la izquierda y extrema izquierda beben en la tradición del estalinismo, el chavismo y otros regímenes que aplican en grandes dosis la pena de muerte, organizan campos de exterminio etc. (por ejemplo, China junto a USA e Irán es el país que más penas de muerte aplica anualmente). En China y Corea del Norte hay campos de “reeducación” donde se explota y maltrata a millones de prisioneros.
En contra de lo que dice la izquierda reaccionaria del capital , de acabar con la delincuencia con “reformas que ataquen la desigualdad social” y con “mejores rehabilitaciones” los verdaderos comunistas internacionales no tenemos más que condenar aquello , pues esa idea de crear “un capitalismo más equitativo” es algo tan estúpido y utópico a la vez , pues es imposible de reformar hacia algo más “justo” un sistema que , por naturaleza , es desigual debido a la necesidad de acumulación de capital , más aún en países tercermundistas donde las crisis y contradicciones capitalistas se amplifican , lo único que busca esa estupidez de “mayor justicia e igualdad” dentro de los marcos capitalistas es desarrollar más las nacionalizaciones y el capitalismo de estado , y por ende aumentar la explotación a la clase obrera , y ni por si acaso acabar con la delincuencia .
Bajo esta época las mayores ganancias y acumulaciones del capital se concentran en los países del centro del mundo, y por ello es que, en estos países, como hay mayor capacidad de inversión capital, han podido reducir un poco la delincuencia (como en los países nórdicos, tan alabados por la izquierda).
Sin embargo, tras 50 años de crisis capitalista casi permanente y una descomposición que afecta a todos los países del mundo y que con la pandemia golpea sobre todo a los países centrales y “más adelantados”, lo que vemos es que las condiciones de vida de los trabajadores del mundo TIENDEN A IGUALARSE POR ABAJO, que los países centrales pierden poco a poco su condición de “islotes al abrigo de la miseria y la descomposición social” y tienden a parecerse en ciertos aspectos a lo que sucede en los países más periféricos. Como dicen las Tesis sobre la Descomposición:
” la transformación del Tercer mundo en inmensas villas miseria, en donde miles de millones de personas procuran sobrevivir como ratas en alcantarillas;
el desarrollo de ese mismo fenómeno en el corazón mismo de las ciudades de los países "adelantados", en donde la cantidad de gente sin techo, sin recursos, no hace sino aumentar, hasta el punto de que la esperanza de vida en algunos barrios ya es menor que la de los países atrasados (…)
Todas esas calamidades económicas y sociales, aunque se deben en general a la decadencia misma del sistema, dan cuenta, por su acumulación y amplitud, del callejón sin salida en que se ha metido un sistema que no tiene el más mínimo porvenir que proponer a la inmensa mayoría de la población mundial, si no es el de una barbarie en aumento e inimaginable. Un sistema cuyas políticas económicas, cuya investigación e inversiones se hacen sistemáticamente en detrimento del futuro de la humanidad y, por lo tanto, en detrimento del sistema mismo”
Por ello, la clave para la revolución es el movimiento obrero del primer mundo en unidad con el proletariado de todos los países sea cual sea el nivel económico de estos[5].
De la misma forma cosas como la rehabilitación del delincuente no son más que una gran estupidez ¿Cómo una persona se puede rehabilitar dentro del mismo sistema que lo creó para ser un criminal? Aparte de que las ciencias psicológicas nos han demostrado de que las personas solo pueden cambiar hasta cierto momento de su desarrollo, lo único que pasará será que una persona ira a la cárcel por un crimen, en la cárcel se volverá aún más delincuente y marginado, luego saldrá y el propio sistema capitalista lo rechazará, y así volverá a ser un delincuente y volverá a hacer daño. y así sucesivamente…la rehabilitación de un ser humano jamás se podrá hacer bajo un sistema antihumano, aparte de que, como se dijo anteriormente, la rehabilitación solo se puede hacer hasta cierto punto del desarrollo humano …al fin y al cabo la “rehabilitación del delincuente” es algo tan estúpido como creer en un capitalismo más equitativo
¿Se quiere buscar el fin total del lumpen? ¿Qué no haya más niños inocentes asesinados? ¿Qué todos los seres humanos del planeta puedan vivir libres y en paz? ¿Qué todas las personas puedan surgir y autorrealizarse plenamente? La única forma en que se llegue a eso es mediante la revolución comunista mundial del proletariado y el control de la producción mediante los consejos de obreros y soldados junto a sus asambleas generales , la respuesta para acabar con la delincuencia no se encuentra en la policía ni tampoco en las prisiones que cada vez más tiene un carácter político contrarrevolucionario , pues , además , el programa comunista del proletariado es en sí emancipador y atenta contra cualquier institución que busque oprimir y encarcelar al ser humano…pero tampoco se encuentra dentro de la izquierda del capital que nos hace soñar con un capitalismo más justo para así acabar con todos los males … no , la solución es el movimiento obrero mundial y su politización marxista y revolucionaria , la revolución de los soviets ...
Rodrix
[1] Ver Chile: el dilema no es Democracia o Dictadura sino Barbarie Capitalista o Revolución Proletaria Mundial https://es.internationalism.org/content/4486/chile-el-dilema-no-es-democracia-o-dictadura-sino-barbarie-capitalista-o-revolucion [161] y Chile: Ante los ataques del Gobierno la respuesta no es la revuelta popular sino la lucha de clase del proletariado https://es.internationalism.org/content/4479/chile-ante-los-ataques-del-gobierno-la-respuesta-no-es-la-revuelta-popular-sino-la [167]
[2] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[3] El Manifiesto Comunista señala a propósito del lumpen: “El proletariado andrajoso , esa putrefacción pasiva de las capas más bajas de la vieja sociedad, se verá arrastrado en parte al movimiento por una revolución proletaria, si bien las condiciones todas de su vida lo hacen más propicio a dejarse comprar como instrumento de manejos reaccionarios”.
[4] Frente a la demagogia burguesa que habla de “violencia en general” provocando una amalgama cínica de “violencia = violencia”, se hace necesario distinguir entre la violencia de la burguesía (terror, guerra imperialista y terrorismo como arma complementaria), la violencia de la pequeña burguesía (terrorismo nihilista e impotente), la violencia del lumpen (robo, vandalismo, violencia irracional) y la violencia de clase del proletariado que es una violencia consciente, constructiva, que rechaza la venganza, la tortura, la humillación etc. Ver a este propósito Terror, terrorismo y violencia de clase (https://es.internationalism.org/revista-internacional/197806/944/terror-terrorismo-y-violencia-de-clase [529] ) y Resolución sobre el terror, terrorismo y violencia de clase https://es.internationalism.org/revista-internacional/197810/2134/resolucion-sobre-el-terror-el-terrorismo-y-la-violencia-de-clase [530]
[5] Ver El proletariado de Europa Occidental en una posición central de la generalización de la lucha de clases https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/855/el-proletariado-de-europa-occidental-en-una-posicion-central-de-la- [590]
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A nadie se le escapa que el 150 aniversario de la Comuna de París ha dado lugar a una amplia cobertura mediática: libros, emisiones de radio, documentales de televisión, artículos de prensa, etc. La burguesía no dudó en aprovechar tal oportunidad para disfrazar una vez más la historia de la Comuna multiplicando las mentiras y las distorsiones, haciendo que el primer asalto revolucionario del proletariado pareciera un vulgar levantamiento del "pueblo" de París a favor de una república "social" y "universal" a imagen y semejanza de lo que hoy se supone que es la república burguesa. En definitiva, un experimento reducido que tendría un perímetro estrictamente hexagonal.
Como siempre, la burguesía se basa en las apariencias para difundir sus mentiras. Es el caso del documental animado emitido en el canal Arte titulado "Los malditos de la Comuna"[1], que retransmite estas falsificaciones apoyándose en el relato objetivo de la comunera y miembro de la AIT, Victorine Brocher, trabajadora combativa y valiente, pero que también drena las ilusiones del proletariado de la época sobre el carácter universal de los ideales de 1789. Si efectivamente la "república social y universal" era todavía un ideal presente en el proletariado en 1871, el verdadero espíritu de la Comuna de París iba mucho más allá. Al sacudir el poder de la burguesía por primera vez en la historia, los comuneros encarnaron la posibilidad de otro futuro. Así, detrás de la apariencia de la "República Social" se encuentran los cimientos de una sociedad sin clases y sin Estado. Por consiguiente, y en contra de lo que muchos periodistas y académicos tratan de insinuar, los comuneros no son los herederos de los sans-culottes de 1792-1794, sino del proletariado parisino de los días de junio de 1848, que también fue masacrado durante la sangrienta represión de la burguesía[2]. Aunque la revolución proletaria mundial no estaba todavía en el orden del día, la Comuna anunció la dirección que iban a tomar las futuras luchas proletarias a escala mundial. Esto es lo que la burguesía trata de ocultar. Moviliza todos sus canales ideológicos para reducir la Comuna a un simple acontecimiento de la historia francesa y negar así su verdadera naturaleza proletaria como experiencia internacional. ¡Pero la Comuna pertenece a la historia de la clase obrera! Fue una experiencia inestimable que permitió al proletariado aprender lecciones decisivas sobre el proceso revolucionario y la toma del poder. Frente a las denigraciones, las desviaciones, la dilución de que es objeto hoy por parte de la clase dominante, las organizaciones revolucionarias deben defender y transmitir los logros de esta "lucha heroica". Esto es lo que intentamos hacer publicando a continuación extractos de libros considerados como "clásicos" del movimiento obrero y del marxismo sobre este episodio.
Desde el día siguiente a la masacre, el movimiento obrero tuvo que enfrentarse a las calumnias y mentiras de la burguesía, todavía embriagada por su macabra victoria. Algunos comuneros que habían escapado de las matanzas o de la prisión se convirtieron en los más fervientes defensores de la Comuna. Prosper-Olivier Lissagaray fue uno de ellos. Su Historia de la Comuna de París[3] de 1871 fue un acto fabuloso de defensa del carácter proletario de la Comuna y una denuncia abierta del salvajismo de los versalleses. Este relato históricamente riguroso, impulsado por una búsqueda incesante de la verdad, es mucho mejor que todas las "Historias" de periodistas o académicos que se encuentran actualmente en las estanterías de las librerías, la mayoría de las cuales, voluntariamente o no, falsean o distorsionan el verdadero significado de esta "marea más alta del siglo", como afirmó Lissagaray.
Como podemos ver en el prefacio de la primera edición publicado a continuación, esta historia es, pues, la obra de un militante movido por un mismo objetivo: defender el honor del proletariado parisino mancillado por los montones de calumnias vertidas por los maestros del pensamiento de la clase burguesa de la época: periodistas, políticos, escritores, académicos…
La Historia del Cuarto Estado de 1789 iba a ser el prólogo de esta historia. Pero el tiempo es escaso; las víctimas se deslizan hacia la tumba; las perfidias liberales amenazan con superar las gastadas calumnias de los monárquicos; me limito hoy a la introducción estrictamente necesaria.
¿Quién hizo el 18 de marzo? ¿Qué hizo el Comité Central? ¿Qué fue la Comuna? ¿Cómo han fallado cien mil franceses a su país? ¿Dónde están las responsabilidades? Legiones de testigos lo dirán.
Es un proscrito el que tiene la pluma, sin duda: pero un proscrito que no fue ni miembro, ni oficial, ni funcionario de la Comuna; que, durante cinco años, ha vandalizado los testimonios; que quería siete pruebas antes de escribir; que ve al vencedor vigilando la más mínima inexactitud para negar todo lo demás; que no conoce mejor alegato para los vencidos que el simple y sincero recital de su historia.
Esta historia, además, se debe a sus hijos, a todos los trabajadores de la tierra. El niño tiene derecho a conocer las razones de las derrotas de su padre; el Partido Socialista, las campañas de su bandera en todos los países. El que hace al pueblo falsas leyendas revolucionarias, el que lo divierte con historias cantarinas, es tan criminal como el geógrafo que elaborara mapas mentirosos para los navegantes.
Londres, noviembre de 1876.
En la actualidad, cuando los trabajadores de todo el mundo experimentan las peores dificultades para reconocerse como pertenecientes a una misma clase, les invitamos a sumergirse en esta formidable narración que es nada menos que la historia de su propia clase.
En cuanto estalló la guerra franco-prusiana en julio de 1870, la Asociación Internacional de Trabajadores reaccionó enérgicamente para denunciar la furia bélica a la que la burguesía europea arrastraba al proletariado. Los dos discursos del Consejo General de la Asociación Internacional de Trabajadores sobre la guerra francoalemana, escritos por Karl Marx, son una defensa implacable del internacionalismo proletario. El Tercer Discurso, más conocido como La Guerra Civil en Francia[4], también escrito por Marx, de nuevo en nombre del Consejo General del AIT, constituye el análisis más profundo y rico que el movimiento obrero ha sido capaz de producir sobre este episodio. Publicamos a continuación uno de los extractos más significativos en el que Marx revela la esencia proletaria y revolucionaria del acontecimiento. Lejos de albergar ilusiones sobre un supuesto movimiento republicano y democrático en línea con la Revolución Francesa, Marx defiende aquí el carácter novedoso y original de la Comuna en la escala de la historia.
Generalmente, las creaciones históricas por completo nuevas están destinadas a que se las tome por una reproducción de formas viejas e incluso difuntas de la vida social, con las cuales pueden presentar cierta semejanza. Así, esta nueva Comuna, que quiebra el Poder estatal moderno, ha sido confundida con una reproducción de las comunas medievales, que, habiendo precedido a ese Estado, le sirvieron luego de base. Al régimen comunal se le ha tomado erróneamente por un intento de fraccionar, como lo soñaban Montesquieu y los girondinos, esa unidad de las grandes naciones en una federación de pequeños Estados, unidad que, aunque instaurada en sus orígenes por la violencia política, se ha convertido hoy en un poderoso factor de la producción social. El antagonismo entre la Comuna y el Poder estatal se ha presentado equivocadamente como una forma exagerada de la vieja lucha contra el excesivo centralismo. (…) La variedad de interpretaciones a que ha sido sometida la Comuna y la variedad de intereses que la han interpretado a su favor, demuestran que era una forma política perfectamente flexible, a diferencia de las formas anteriores de gobierno que habían sido todas fundamentalmente represivas. He aquí su verdadero secreto: la Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo. (…) Sí, caballeros, la Comuna pretendía abolir esa propiedad de clase que convierte el trabajo de muchos en la riqueza de unos pocos. La Comuna aspiraba a la expropiación de los expropiadores. Quería convertir la propiedad individual en una realidad, transformando los medios de producción – la tierra y el capital – que hoy son fundamentalmente medios de esclavización y de explotación del trabajo, en simples instrumentos de trabajo libre y asociado. ¡Pero eso es el comunismo, el "irrealizable" comunismo! Sin embargo, los individuos de las clases dominantes que son lo bastante inteligentes para darse cuenta de la imposibilidad de que el actual sistema continúe – y no son pocos – se han erigido en los apóstoles molestos y chillones de la producción cooperativa. Ahora bien, si la producción cooperativa ha de ser algo más que una impostura y un engaño; si ha de substituir al sistema capitalista; si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, sino comunismo, comunismo "realizable"?
Como señaló Marx en las últimas líneas de La guerra civil en Francia, "el París de los trabajadores con su Comuna será celebrado para siempre como el glorioso precursor de una nueva sociedad." La ola revolucionaria mundial que surgió después de que el proletariado tomara el poder en octubre de 1917 en Rusia demostró que la previsión de Marx era correcta 45 años antes. Los proletarios de Rusia, siguiendo los pasos de los comuneros, llevaron la experiencia revolucionaria mucho más lejos. Al igual que los obreros parisinos de 1871, el proletariado de Rusia, al conseguir tomar el poder, tuvo que enfrentarse a la cuestión del Estado. Por esta razón práctica, Lenin sintió la necesidad de volver a los logros teóricos producidos por el movimiento marxista y, en particular, a las lecciones aprendidas por la Asociación Internacional de Trabajadores, bajo la pluma de Marx, en los diferentes Discursos mencionados anteriormente. El folleto de Lenin El Estado y la Revolución[5] concede un lugar importante a las lecciones de la Comuna, una prueba más del inestimable legado que dejó el asalto revolucionario parisino de 1871. Contrariamente a lo que afirman muchos historiadores e intelectuales, la Comuna no fue en absoluto "la última revolución del siglo XIX", sino un movimiento que anunciaba la fuerza revolucionaria que el proletariado desplegaría en cuanto las condiciones históricas fueran favorables para la victoria de la revolución mundial. Por lo tanto, como muestra el siguiente extracto, la vanguardia revolucionaria se apoyó en la experiencia de las luchas pasadas para hacer frente a los retos a los que se enfrentaba la clase obrera.
1. ¿EN QUE CONSISTE EL HEROÍSMO DE LA TENTATIVA DE LOS COMUNEROS?
Es sabido que algunos meses antes de la Comuna, en el otoño de 1870, Marx previno a los obreros de París; demostrándoles que la tentativa de derribar el gobierno sería un disparate dictado por la desesperación. Pero cuando en marzo de 1871 se impuso a los obreros el combate decisivo y ellos lo aceptaron, cuando la insurrección fue un hecho, Marx saludó la revolución proletaria con el más grande entusiasmo, a pesar de todos los malos augurios. Marx no se aferró a la condena pedantesca de un movimiento "extemporáneo", como el tristemente célebre renegado ruso del marxismo Plejánov, que en noviembre de 1905 había escrito alentando a la lucha a los obreros y campesinos y que después de diciembre de 1905 se puso a gritar como un liberal cualquiera: "¡No se debía haber empuñado las armas!" Marx, por el contrario, no se contentó con entusiasmarse ante el heroísmo de los comuneros, que, según sus palabras, "tomaban el cielo por asalto". Marx veía en aquel movimiento revolucionario de masas, aunque este no llegó a alcanzar sus objetivos, una experiencia histórica de grandiosa importancia, un cierto paso hacia adelante de la revolución proletaria mundial, un paso práctico más importante que cientos de programas y de raciocinios. Analizar esta experiencia, sacar de ella las enseñanzas tácticas, revisar a la luz de ella su teoría: he aquí cómo concebía su misión Marx.
La única "corrección" que Marx consideró necesario introducir en el "Manifiesto Comunista" fue hecha por él a base de la experiencia revolucionaria de los comuneros de París.
El último prólogo a la nueva edición alemana del "Manifiesto Comunista", suscrito por sus dos autores, lleva la fecha de 24 de junio de 1872. En este prólogo, los autores, Carlos Marx y Federico Engels, dicen que el programa del "Manifiesto Comunista" está "ahora anticuado en ciertos puntos".
"…La Comuna ha demostrado, sobre todo – continúan –, que *la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines. . .* "
Las palabras puestas entre asteriscos, en esta cita, fueron tomadas por sus autores de la obra de Marx "La guerra civil en Francia".
Así, pues, Marx y Engels atribuían una importancia tan gigantesca a esta enseñanza fundamental y principal de la Comuna de París, que la introdujeron como corrección esencial en el "Manifiesto Comunista".
Es sobremanera característico que precisamente esta corrección esencial haya sido tergiversada por los oportunistas y que su sentido sea, probablemente, desconocido de las nueve décimas partes, si no del noventa y nueve por ciento de los lectores del "Manifiesto Comunista". De esta tergiversación trataremos en detalle más abajo, en el capítulo consagrado especialmente a las tergiversaciones. Aquí, bastará señalar que la manera corriente, vulgar, de "entender" las notables palabras de Marx citadas por nosotros consiste en suponer que Marx subraya aquí la idea del desarrollo lento, por oposición a la toma del Poder por la violencia, y otras cosas por el estilo.
En realidad, es precisamente lo contrario. El pensamiento de Marx consiste en que la clase obrera debe destruir, romper la "máquina estatal existente" y no limitarse simplemente a apoderarse de ella.
El 12 de abril de 1871, es decir, justamente en plena Comuna, Marx escribió a Kugelmann:
"Si te fijas en el último capítulo de mí '18 Brumario', verás que expongo como próxima tentativa de la revolución francesa, no hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como se venía haciendo hasta ahora, sino romperla [subrayado por Marx; en el original zerbrechen], y esta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente. En esto, precisamente, consiste la tentativa de nuestros heroicos camaradas de París" (pág. 709 de la revista "Neue Zeit", t. XX, I, año 1901-1902). (Las cartas de Marx a Kugelmann han sido publicadas en ruso no menos que en dos ediciones, una de ellas redactada por mí y con un prólogo mío.)
En estas palabras: "romper la máquina burocrático-militar del Estado", se encierra, concisamente expresada, la enseñanza fundamental del marxismo en punto a la cuestión de las tareas del proletariado en la revolución respecto al Estado.[6]
[1]En francés “Les damnés de la Commune”.
[2] Ver Las Revoluciones de 1848: la perspectiva comunista se hace más clara https://es.internationalism.org/revista-internacional/199307/1965/vi-las-revoluciones-de-1848-la-perspectiva-comunista-se-hace-mas-c [592]
[3] Se puede encontrar la edición PDF en español en "Historia de la Comuna [Vol. I]" (papelesdesociedad.info) y "Historia de la Comuna [Vol. II]" (papelesdesociedad.info).
[5] Ver «El Estado y la revolución» (Lenin) - Una brillante confirmación del marxismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/199712/1217/ii-el-estado-y-la-revolucion-lenin-una-brillante-confirmacion-del- [540]
[6]Vladimir Lenin, “El Estado y la Revolución (1917)”, Marxists Internet Archive, 2003, https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/hoja4.htm [593].
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Una vez más, la burguesía peruana ha puesto en marcha un proceso electoral. Un proceso que viene marcado por la conflictividad social y política vivida el año pasado, que cerró con las violentas protestas de la población en Lima, después que el Congreso aprobara la vacancia a Martín Vizcarra, a lo que siguió la renuncia de su sucesor, Manuel Merino (quien no duró más de una semana en el cargo), que enmarcamos como luchas interclasistas, en el terreno de reivindicaciones ciudadanas, para terminar con las protestas de los trabajadores del sector agroindustrial, que se ubicó en un terreno de clase[1] . Estos acontecimientos, tuvieron como marco general el empeoramiento de los efectos de la pandemia, lo cual aumentó la percepción en la sociedad sobre la poca capacidad de la clase dominante, no solo para gestionar de forma responsable la pandemia, sino para organizar sus propias fuerzas políticas. En este artículo, vamos a analizar más en profundidad las implicaciones que tiene el hecho de que los actuales comicios se dan en el contexto de una aceleración del proceso histórico de descomposición del sistema capitalista, que ha agudizado también el pugilato entre facciones de la burguesía peruana y, además, los peligros que encierra para el proletariado caer en la trampa de este nuevo circo electoral.
Al igual que otras burguesías del mundo, la peruana no oculta su verdadero interés: tratar de asegurar las condiciones mínimas, desde el punto de vista político, que requiere el funcionamiento de la producción y el capital. Mientras esto ocurre, la cifra de fallecidos por Covid-19 en el país alcanza a 65608 personas. No hay que olvidar, que, en agosto del año pasado, Perú llegó a ser uno de los países del mundo con el mayor número de fallecidos por millón de habitantes. Pero, ¿es acaso esta situación un resultado solo de la negligencia de la burguesía peruana? En nuestro Informe sobre la pandemia de Covid-19 y el período de descomposición capitalista[2], dejamos claro que dicha pandemia, representa no solo la crisis más significativa desde la entrada del sistema en su última fase de declive histórico, la de la descomposición social, inaugurada por el colapso del Bloque del Este en 1989, sino que esta traduce “toda una serie de elementos de caos que representan la putrefacción generalizada del sistema capitalista.”. Dichos elementos, son palpables a nivel mundial, entre ellos, la agravación de la crisis económica preexistente, como resultado de las medidas implementadas para tratar de frenar la pandemia, la rivalidad entre grandes potencias, que ha caracterizado la vida del capitalismo y que ha derivado en una agudización del “cada cual para sí”, que siempre ha formado parte de la naturaleza competitiva de este sistema y su división en Estados nacionales, que ha resultado en una incapacidad de desarrollar acciones conjuntas para combatir el virus, pero también, un empeoramiento de los sistemas sanitarios y de atención a la salud de la población, que resultaron de su desmantelamiento y reducción, por razones relacionadas con sus altos costos para el capital[3]. En este sentido, las recurrentes crisis políticas que ha vivido el país, sobre todo en el contexto de la pandemia, la falta de coordinación institucional e incluso, la utilización de los efectos de la pandemia como un arma de confrontación entre facciones de la burguesía, cada una buscando debilitar o desprestigiar al adversario, una baja inversión en salud durante décadas, un sistema sanitario con déficit de médicos y camas, entre otros aspectos, han retrasado o vuelto poco efectivas las medidas necesarias para combatir el virus. El caos que vive hoy el mundo y particularmente el Perú con la pandemia es el resultado de un abandono progresivo de la población, no solo en lo tocante a la salud, sino que expresa un aspecto característico de la descomposición capitalista, que es “la creciente pérdida de control de los medios que la misma burguesía se había dado hasta hoy para limitar y encauzar los efectos del declive histórico de su modo de producción.”[4]. Queda claro, que no es la burguesía de un país u otro, o determinada facción de esta, sino, el capitalismo, como un sistema político-social que antepone sus intereses económicos, su intención de perpetuarse, antes que las condiciones de vida de la población.
A pesar de la alta cifra de ausentismo, la mayor de los últimos 20 años, según la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), donde 7,1 millones no fueron a votar[5], la burguesía peruana se anota un punto a su favor, ya que logró movilizar a más de 18 millones de votantes, de un universo de 24 millones. En este sentido, logró apagar momentáneamente la conflictividad social e incluso, poner la cuestión de la pandemia en un segundo plano, para enfocar toda su maquinaria propagandística y comunicacional en crear expectativas electorales en la población. No obstante, esto no significa que haya logrado revertir de alguna manera las confrontaciones en su seno, el desgaste de sus fuerzas y el rechazo de la población a sus viejas fuerzas políticas. En este marco, surge la candidatura de Pedro Castillo, quien proviene de un partido de izquierda socialista, montado sobre la ola del desprestigio de los viejos partidos y del caos provocado por la pandemia. Este candidato, ha logrado capitalizar políticamente, situaciones como la pobreza, que durante el año 2020 alcanzó el 30, 1 %, similar a la de hace una década[6], y el pequeño liderazgo en algunas provincias del país y en el sector educación, siendo uno de los principales líderes sindicales de la huelga magisterial de 2017. Vinculado a otros, como Vladimir Cerrón, fundador del partido “Perú Libre”, definido como “marxista-leninista-mariateguista”, que ha sido señalado por otras facciones de la burguesía de tener vínculos con Sendero Luminoso y con Movadef (Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales), cuya formación como organización política, obedece a las aspiraciones de Sendero Luminoso para entrar en el juego político, entre otras cosas, para lograr la amnistía de sus líderes actualmente presos. Hay que destacar que el mismo Cerrón, declaró al diario Gestión que “El Movadef para todo el mundo está claro que es Sendero Luminoso”[7]. En 2019, participó en el evento “Encuentro Latinoamericano de Gobiernos Locales y Democracia Participativa”, por invitación de Nicolás Maduro, durante el cual afirmó: “Estados Unidos quiere quebrar la unidad latinoamericana, a la democracia, estamos aquí para articular esfuerzos y evitarlo […] Debemos analizar la permanente intromisión de EE.UU. a través de organismos como la OEA, la dependencia tecnológica, el acceso a la educación.” (Gestión, 09-06-2019). La campaña de Castillo, se ha centrado en presentarlo como un candidato contra la corrupción, cuyo objetivo principal es cerrar el paso al regreso del fujimorismo, además de prometer mayores reivindicaciones para los docentes, para los campesinos, control de las importaciones “para frenar la competencia desleal de las importaciones que afectan a la industria nacional” (Correo C, 17 de mayo de 2021, p.2), nueva reforma agraria, discutir nuevamente las condiciones en que operan las empresas extranjeras en el sector minero, convocatoria de un referéndum constituyente para elaborar una nueva Constitución, ya que considera que la actual es una “Constitución de la dictadura” que tiene “una matriz colonial y desconoce las instituciones políticas y culturales de pueblos originarios y comunidades campesinas” (Ibídem, p.2), incluir en el sistema político la revocatoria de presidente y parlamentarios, ha hecho también críticas a los medios de comunicación, todo lo cual indica, que busca ser percibido como alguien que otorgará a la población los beneficios económicos y sociales negados históricamente[8].
Por otro lado, está la candidata del partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori, hija del ex presidente Alberto Fujimori, quien purga una condena de 25 años por cargos de corrupción y violación de derechos humanos. Esta candidata, está acusada de delitos vinculados al caso “Lava Jato” por haber recibido aportes a sus anteriores campañas presidenciales, por lo que el Fiscal de la causa, ha pedido para ella 30 años de prisión. Este partido, se define de derecha, continuador de la doctrina fujimorista, anticomunista y conservador.
Este cuadro, que muestra las fuerzas políticas que se enfrentan y que representan lo peor del pasado político del Perú, lleno de corrupción y violencia, es un resultado evidente de la profundización de la descomposición del sistema, en particular, de cómo afecta esta fase histórica a las fuerzas de la burguesía como clase dominante, caracterizada por la tendencia creciente a la pérdida de control político sobre su propias fuerzas, lo cual se ha vuelto una tendencia dominante de la evolución social y política[9]. El hecho de que la burguesía se encuentre atrapada en una trama interminable y compleja de corrupción, pases de factura y chantajes, que ha tomado cuerpo en todas sus instituciones, hacen que se vea obligada a manipular hasta el absurdo las propias leyes que ha creado para regular su sistema político, lo que hace más difícil el establecimiento de condiciones que garanticen un determinado nivel de gobernabilidad y estabilidad política. Es un peligro real para el proletariado peruano, verse arrastrado a la pudrición que representan estas facciones en pugna, es decir, ser presa de la polarización social que intentan profundizar ambos bandos, planteando las cosas como una lucha entre “democracia y comunismo”, diciendo que hay que proteger los “logros de la democracia y la economía”, frente al “autoritarismo comunista”, cuando en realidad, ambos representan los intereses de la clase explotadora. Cualquiera de estos candidatos, de ser electos como presidentes, desarrollarán el mismo carácter represivo contra la clase trabajadora. Ambos tienen potencialmente la capacidad de reabrir un capítulo de violencia política y social, ya que no escapan a una tendencia (abierta con la entrada del capitalismo en su fase de decadencia) a desarrollar formas totalitarias de Estado y a profundizar la polarización social y el resentimiento, del cual estas mismas facciones son portadoras, pero que también late en las capas más empobrecidas de la población y en una clase media arruinada.
Otro aspecto, es la relación que tiene esta contienda electoral con el ámbito de las confrontaciones geopolíticas- imperialistas en la región. Si bien el surgimiento de la candidatura de Castillo es parte de una dinámica política interna, no se pueden descartar vínculos ideológico-políticos con la izquierda regional, tanto por las características de su programa de gobierno, que fue saludado por Evo Morales, quien declaró: “Saludamos y expresamos respeto y admiración a Pedro Castillo de Perú que tiene un programa similar al nuestro: revolución democrática y cultural pacífica, defendiendo recursos naturales e impulsando una Asamblea Constituyente, en beneficio del pueblo para que haya justicia social”[10], como por la ideología de su partido, definido como “marxista-leninista-mariateguista”[11] Las intenciones de Castillo, en una eventual presidencia, de suprimir instituciones como la Defensoría del Pueblo o el Tribunal Constitucional, acompañadas de medidas como las estatizaciones y el control de importaciones, además de su anti neoliberalismo[12] marcan una serie de similitudes con las medidas adoptadas por otras facciones de la izquierda del capital en Suramérica. Castillo, ha evitado pronunciarse claramente si está en contra o a favor de gobiernos como el de Nicolás Maduro, pero hay que considerar el hecho de que Vladimir Cerrón, de su partido, sí reconoció como democrático a aquel gobierno y que este, costeó completamente su viaje a Venezuela en junio de 2019. Estos aspectos, pueden tomarse como indicios, que un eventual gobierno de Castillo se acercaría a lo que han hecho otros gobiernos de la izquierda del capital, cuyo acceso a la dirección del sistema político, ha permitido a sus ejecutores permanecer por largos períodos en el poder y controlar férreamente las instituciones. Para la izquierda regional, un eventual triunfo de Castillo, pudiera ser tomado como un eslabón más en la extensión de sus aspiraciones geopolíticas. Si bien no podemos dar credibilidad absoluta a aquellos planteamientos que hablan de una “conspiración orquestada desde la izquierda del Foro de Sao Paolo”, como si esta pudiera controlar a su antojo cada situación política en la región, no se puede obviar que la izquierda regional no ha perdido oportunidades para explotar a su favor situaciones de orden político, que puedan hacer ver que esta se ha fortalecido como opción de gobierno frente a la derecha y que goza de la aceptación de la población. Aunque el elemento de la confrontación con Estados Unidos o el “anti americanismo” no ha aparecido como posición en esta contienda electoral, sabemos que, de llegar Castillo a la presidencia, tendrá que decantarse en este sentido. Además, no hay que olvidar que, si bien en el capitalismo todos los Estados, pequeños o grandes, tienen aspiraciones imperialistas o de establecimiento de zonas de influencia, el marco global que domina está dinámica geopolítica regional es el de las principales potencias imperialistas que se confrontan hoy, como es China, Rusia y Estados Unidos. Si una cosa es segura, es que tanto China como Rusia, seguirán explotando las debilidades del imperialismo USA en la región, de manera de disminuir su histórica influencia en esta parte del mundo.
Como se mencionó más arriba, los trabajadores no debemos caer en la polarización política, ni tomar partido por ninguna de las facciones burguesas que participan en este proceso electoral. Defender las instituciones burguesas, su ideología y mecanismos políticos, es defender a nuestros explotadores y verdugos. La posición marxista que defendemos los que formamos parte de la izquierda comunista, ha quedado expresada en la plataforma de nuestra organización de la siguiente manera: “En un momento en que la tarea fundamental del proletariado es destruir las instituciones estatales burguesas y por tanto el parlamento, en que debe establecer su propia dictadura sobre las ruinas del sufragio universal y otros vestigios de la sociedad capitalista; su participación en las instituciones parlamentarias y electorales lleva, sean cuales sean las intenciones de los que la preconizan, a maquillar con una apariencia de vitalidad a estas instituciones moribundas.”[13]¨. Si bien, en la ascendencia del sistema el parlamentarismo y las elecciones significaron mecanismos a través de los cuales se consiguieron algunas reivindicaciones reales para la clase, con la entrada del sistema en su fase de decadencia, (que fue marcada por la primera guerra mundial), estos pierden todo sentido, en primer lugar, porque las posibilidades de conseguir mejoras reales en nuestras condiciones de vida son prácticamente inexistentes, ya que el mantenimiento del sistema depende, más bien, de una explotación cada vez más sistemática y brutal del trabajo, y por otro lado, las elecciones se han reducido a contiendas en las cuales solo se elige a quienes, bajo toda clase de promesas engañosas, continuarán el trabajo de llevarnos a condiciones cada vez más precarias de vida, cuando no para honrar la legalidad y legitimidad burguesa, dándole el poder a los más nefastos regímenes políticos, que utilizan esa misma legalidad burguesa contra el proletariado. Bien a través de la “democracia directa”, de una “mayor participación ciudadana en las decisiones políticas”, todas han resultado fórmulas que han servido para imponer sobre los hombros de los trabajadores todo el peso de la crisis económica, exigiendo los mayores sacrificios, como ocurre hoy en día con la pandemia. Si bien en la actualidad no estamos frente a movilizaciones importantes de nuestra clase, ni esta próximo un momento definitivo de la lucha de clases, desde hace décadas están dadas las condiciones para que el proletariado lleve a cabo una verdadera revolución, una que destruya el capitalismo desde sus cimientos. Es este, el verdadero objetivo del movimiento obrero y no servir en bandeja de plata a la burguesía lo que tanto nos ha costado construir, al participar en sus procesos electorales. El camino a seguir es el de las luchas contra la precarización de nuestras condiciones de vida, darle el sentido político que tienen estas luchas, fortalecer nuestra autonomía e identidad de clase, defendiendo nuestros intereses como trabajadores a nivel internacional.
INTERNACIONALISMO Perú sección de la Corriente Comunista Internacional
[1] Ver nuestros artículos PERÚ: FRENTE A LA CRISIS POLITICA DE LA BURGUESIA, AUTONOMIA E INTERNACIONALISMO PROLETARIO https://es.internationalism.org/content/4622/peru-frente-la-crisis-politica-de-la-burguesia-autonomia-e-internacionalismo-proletario [595] y Huelga de los obreros de la agroindustria en Perú en https://es.internationalism.org/content/4632/huelga-de-los-obreros-de-la-agroindustria-en-peru [525]
[2] Informe sobre la pandemia de Covid-19 y el periodo de descomposición capitalista https://es.internationalism.org/content/4630/informe-sobre-la-pandemia-de-covid-19-y-el-periodo-de-descomposicion-capitalista [510]
[3] Para un análisis detallado de la naturaleza de la pandemia, sus implicaciones y consecuencias ver https://es.internationalism.org/content/4566/dossier-especial-covid19-el-verdadero-asesino-es-el-capitalismo [255]
[4] Ibid., documento nota 2
[5] Elecciones 2021: ¿Cuántas personas no fueron a votar el 11 de abril? https://gestion.pe/peru/politica/elecciones-generales-peru-2021-cuantas-personas-no-fueron-a-votar-el-11-de-abril-onpe-nndc-noticia/?ref=gesr [596]
[6] Pobreza en Perú se dispara a cifra de hace una década. https://www.vozdeamerica.com/america-latina/pobreza-en-peru-se-dispara-cifra-de-hace-una-decada?s=09 [597]
[7] Vladimir Cerrón: “Movadef para todo el mundo está claro que es Sendero Luminoso”. https://gestion.pe/peru/politica/vladimir-cerron-movadef-para-todo-el-mundo-esta-claro-que-es-sendero-luminoso-pedro-castillo-elecciones-2021-nndc-noticia/ [598]
[8] “Con el neoliberalismo nuestras empresas estatales fueron privatizadas; la libertad de mercado, libertad de empresa, libertad de industria y libertad de finanzas, quebraron nuestra incipiente industria nacional pública y privada; se socializaron las pérdidas y privatizaron las ganancias; se dio exclusividad monopólica a las empresas extranjeras; con la flexibilización laboral se autorizó mayor explotación legal al trabajador; se incrementó la brecha de desigualdad en el país, el hombre quedó reducido a ser un medio de producción o simple mercancía; y nos llevaron a una condición de neocolonia .En otras palabras, impusieron libertad para los ricos y coacción para los pobres.” Perú Libre. Ideario y Programa, por Vladimir Cerrón. https://perulibre.pe/wp-content/uploads/2020/03/ideario-peru-libre.pdf [599]
[9] “Así, la fase de descomposición de la sociedad capitalista no aparece únicamente como la continuación cronológica de las caracterizadas por el capitalismo de Estado y la crisis permanente. En realidad, las contradicciones y expresiones de la decadencia del capitalismo que la han ido marcado sucesivamente en sus distintas fases se mantienen e incluso se han profundizado, de tal modo que la fase de descomposición es la resultante de la acumulación de todas esas características de un sistema moribundo, la fase que remata tres cuartos de siglo de agonía de un modo de producción condenado por la historia […]. Otro aspecto importante de nuestra visión sobre la descomposición se muestra a continuación: “La situación actual se define, en cambio, en que la clase obrera no es todavía capaz de entablar ya el combate por su propia perspectiva, la única verdaderamente realista, la de la revolución comunista, pero también en que la burguesía es incapaz de proponer la menor perspectiva, ni siquiera a corto plazo, pues la capacidad que ésta demostró en el pasado, incluso en el período de decadencia, para limitar y controlar el fenómeno de descomposición va a desaparecer ante los golpes de ariete de la crisis. […]. Tesis sobre la descomposición: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo. https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[10] Evo Morales saluda a Pedro Castillo: “Tiene un programa similar al nuestro”. https://peru21.pe/politica/evo-morales-saluda-a-pedro-castillo-tiene-un-programa-similar-al-nuestro-peru-libre-elecciones-2021-nndc-noticia/ [600]
[11] Para conocer más detalles sobre nuestra posición acerca de los llamados “partidos comunistas” o facciones de la izquierda del capital que se autodenominan “marxistas-leninistas”, a continuación, presentamos extractos de nuestra Plataforma política: “Al dejar el Capital en manos del Estado, el capitalismo de Estado crea la ilusión de la desaparición de la propiedad privada de los medios de producción y de la eliminación de la clase burguesa. La teoría estalinista del socialismo en un solo país, así como la mentira de los países “socialistas” o “en transición al socialismo”, encuentran sus fundamentos en esa apariencia mistificadora […] El triunfo de la contrarrevolución en Rusia se hizo bajo el signo de la reorganización de la economía nacional mediante las formas más acabadas de capitalismo de Estado, cínicamente presentadas como “desarrollos de Octubre” y “construcción del socialismo”. El ejemplo ha sido seguido en otros sitios: China, Países del Este, Cuba, Corea del Norte, Vietnam… Nada hay de proletario o comunista en estos países. Allí reina la dictadura del capital en su expresión más decadente, enmascarada por una de las mistificaciones más grandes de la historia. Toda defensa, incluso si es “crítica” o “condicionada”, de estos países es una actividad absolutamente contrarrevolucionaria.”. Además, se puede ver en nuestra sitio en internet https://es.internationalism.org/ [601] el artículo: Los gobiernos de Izquierda en defensa de la explotación capitalista (III) La trampa está en la letra pequeña https://es.internationalism.org/content/4625/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-iii-la-trampa-esta [458]
[12] Ver nuestra serie sobre “El comunismo no es un bello ideal, sino una necesidad material” https://es.internationalism.org/series/365 [602] y también los artículos: “Una ideología al servicio de la burguesía: el pretendido carácter marxista del “socialismo del siglo XXI” /content/1927/una-ideologia-al-servicio-de-la-burguesia-el-pretendido-caracter-marxista-del [603] y ¿Crisis del neoliberalismo o crisis del capitalismo? https://es.internationalism.org/cci-online/200810/2380/crisis-del-neoliberalismo-o-crisis-del-capitalismo [459]
[13] Plataforma de la Corriente Comunista Internacional. https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [243]
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No es la primera vez que Hamás u otros yihadistas islámicos hacen llover cohetes sobre objetivos civiles en ciudades israelíes, matando indiscriminadamente, contando entre sus primeras víctimas un padre y una hija árabe-israelíes en la ciudad de Lod, que volaron en su coche. Tampoco es la primera vez que las fuerzas armadas israelíes responden con devastadores ataques aéreos y fuego de artillería, apuntando a los líderes y las armas de Hamás, pero infligiendo también un número de muertos civiles entre los habitantes hacinados de los edificios y calles de Gaza decenas de veces superior a todo lo "conseguido" por los cohetes de Hamás. Tampoco es la primera vez que Israel está a punto de invadir militarmente la franja de Gaza, lo que sólo puede provocar más muertes, más desesperación y traumas a las familias palestinas. Ya vimos todo esto en 2009 y 2014.
Si es, en cambio, la primera vez que operaciones militares de esa envergadura se ven acompañadas, en diversas ciudades israelíes, de una ola de enfrentamientos violentos entre judíos y árabes israelíes. Se trata esencialmente de pogromos: bandas de derechas blandiendo la estrella de David y gritando "Muerte a los árabes", a la caza de árabes para apalearlos y asesinarlos; y, al mismo tiempo, ataques a judíos y quemas de sinagogas por parte de multitudes "inspiradas" por el islamismo y el nacionalismo palestino. Siniestras e irónicas reediciones de las Centurias Negras de la Rusia zarista o de la Noche de los Cristales Rotos en la Alemania de 1938.
El gobierno israelí de Netanyahu ha sido en gran medida quien ha fomentado esa escalada de terror vía la aprobación de nuevas leyes que refuerzan la definición de Israel como Estado judío, y a través de la política de anexión de la totalidad de Jerusalén como su capital. Esto equivale pura y llanamente a declarar que la "solución dos Estados" para el conflicto Israel/Palestina está muerta y enterrada, y que la ocupación militar de Cisjordania se va a convertir en permanente. La chispa que encendió los disturbios de los árabes palestinos en Jerusalén - la amenaza de expulsar a los residentes árabes de Jerusalén Este y sustituirlos por colonos judíos- surgió de toda esta estrategia de ocupación militar y limpieza étnica.
Las "democracias" de Europa y Estados Unidos exhiben sus habituales lágrimas de cocodrilo ante la escalada del conflicto militar y el desorden civil. ¡Hasta Netanyahu ha pedido el fin de la violencia callejera por parte de judíos y árabes por igual! Pero Estados Unidos, bajo el mandato de Trump, ya había respaldado las políticas abiertamente anexionistas de Israel, que forman parte de un proyecto imperialista más amplio de reunir a Israel, Arabia Saudí y otros Estados árabes en una alianza contra Irán (pero también contra grandes potencias como Rusia y China). Y por mucho que, por ejemplo, Biden haya pretendido distanciarse del abrazo acrítico de Trump al régimen saudí, lo cierto es que su primera preocupación en la crisis actual ha sido insistir en que "Israel tiene derecho a defenderse", porque el Estado sionista, a pesar de todas sus aspiraciones a jugar su propio juego en Oriente Medio, sigue siendo un componente clave de la estrategia estadounidense en la región.
Pero el Estado israelí no es el único provocador. Hamás respondió a la represión de los disturbios de Jerusalén lanzando una salva continua de cohetes contra objetivos civiles en Israel sabedor, por supuesto, que eso provocaría una lluvia de fuego sobre la desprotegida población de Gaza. También ha hecho todo lo posible por fomentar la violencia étnica dentro de Israel.
Una de las características de la guerra en la época de la decadencia capitalista es que las primeras víctimas son las poblaciones civiles, sobre todo la clase obrera y los oprimidos. Tanto Israel como Hamás actúan en la lógica bárbara de la guerra imperialista.
Frente a la guerra imperialista, los revolucionarios siempre han llamado a la solidaridad internacional de los explotados contra todos los estados y “proto-estados” capitalistas. Y esta sigue siendo la única barrera que puede oponerse a la caída en la guerra y la barbarie.
Pero las clases dominantes de Oriente Medio, junto con sus más poderosos patrocinadores imperialistas, han avivado durante mucho tiempo las llamas de la división y el odio. Hubo pogromos contra los colonos judíos en Palestina en 1936, atizados por una dirección política palestina que pretendía aliarse con la Alemania nazi contra la potencia dominante en la región, Gran Bretaña. Pero estos hechos quedaron eclipsados por la limpieza étnica masiva de la población árabe que acompañó a la "Guerra de Independencia" de 1948, creando el intratable problema de los refugiados palestinos que ha sido sistemáticamente instrumentalizado por los regímenes árabes. La sucesión de guerras entre Israel y los Estados árabes circundantes, las incursiones israelíes contra Hamás y Hezbolá, la transformación de Gaza en una inmensa prisión, todo ello ha profundizado el odio entre árabes y judíos hasta el punto de que parece “lógico” a ambos lados de la línea divisoria. Frente a ello escasean los ejemplos de solidaridad entre trabajadores árabes y judíos, ni existen apenas expresiones políticas organizadas de internacionalismo.
Otros elementos contingentes afloran también en las acciones provocadoras del Estado israelí. Netanyahu, el primer ministro en funciones, no ha podido formar gobierno tras una serie de elecciones generales no concluyentes, y aún se enfrenta a una serie de cargos por corrupción. Y, sin duda, podría beneficiarle personalmente aparecer como un líder en esta nueva crisis nacional. Pero, en profundidad, actúan tendencias que podrían escapar al control de quienes intentan beneficiarse del actual desorden.
Las grandes guerras árabe-israelíes de los años 60 y 70 se libraron en el contexto de los dos bloques imperialistas que dominaban el planeta: Israel respaldado por Estados Unidos, los Estados árabes apoyados por la URSS. Pero tras la ruptura del sistema de bloques a finales de los 80, la pulsión innata a la guerra imperialista en el capitalismo decadente ha tomado una forma mucho más caótica y potencialmente incontrolada. En particular Oriente Medio se ha convertido en el terreno de juego de una serie de potencias regionales (Israel, Turquía, Irán, Arabia Saudí...), cuyos intereses no coinciden necesariamente con las pretensiones de los grandes “padrinos” mundiales. Tales potencias regionales están ya muy implicadas en los sangrientos conflictos que asolan la región: Irán utiliza a su peón Hezbolá en el conflicto múltiple de Siria, y Arabia Saudí se ha metido de lleno en la guerra de Yemen contra los aliados hutíes de Irán. Turquía ha llevado su guerra contra los “peshmergas” kurdos a Siria e Irak (a la vez que mantiene una intervención militar en una Libia desgarrada por la guerra). Además de asolar países enteros en la ruina y el hambre, estas guerras contienen un riesgo real de escaparse de control y extender la destrucción por todo Oriente Medio.
Este caos militar creciente es una expresión de la descomposición global del sistema capitalista[1]. Como también lo es un elemento estrechamente relacionado con él en el plano social y político: la intensificación de los enfrentamientos entre facciones políticas burguesas, de las tensiones entre grupos étnicos y religiosos, de los pogromos contra las minorías. Esta es una tendencia mundial, que se vio por ejemplo en el genocidio de Ruanda en 1994, en la persecución de los musulmanes en Myanmar y China, en la agudización de la división racial en EE. UU. Es cierto, como hemos visto, que las divisiones étnicas en Israel/Palestina vienen de lejos, pero no lo es menos que se están viendo agravadas por toda esa atmósfera de frustración y desesperanza generada por el aparentemente irresoluble "problema palestino". Y si bien los pogromos son a menudo instrumentos de la política estatal, en las condiciones actuales pueden escapar de ese control y acelerar un deslizamiento general hacia la descomposición social. El hecho de que esto empiece a suceder en un Estado altamente militarizado como Israel es una señal de que los intentos del capitalismo de Estado totalitario de frenar el proceso de desintegración social pueden acabar agravándolo aún más.
Las guerras y los pogromos son el futuro que el capitalismo depara al mundo entero si la clase obrera internacional no redescubre sus propios intereses y su propio futuro, que es la revolución comunista. Si los proletarios de Oriente Medio están, por ahora, demasiado abrumados por las masacres y las divisiones étnicas, corresponde a las fracciones centrales del proletariado mundial retomar el camino de la lucha, el único que conduce a salir de la pesadilla de este orden social putrefacto.
Amos, 14 de mayo de 2021
[1] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
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El lunes 3 de mayo, poco después de las 22 horas ocurrió la fractura de una trabe que formaba parte del puente de paso del metro en la línea 12 (“la dorada”), desplomándose los dos últimos de los vagones. A pesar de que se han decretado medidas de confinamiento, el metro mantiene su actividad y sus aglomeraciones, sin embargo, por ser un horario nocturno, no había muchos usuarios viajando, no obstante, la gravedad del suceso dejó un saldo de 24 muertos y cerca de 80 lesionados.
El sistema del metro es una empresa estatal y esta línea del metro que se vio afectada es la más nueva de las que forman la estructura de este medio de transporte de la CDMX. Cada día en esa línea se trasladan 180 mil personas que habitan y laboran en las colonias aledañas, pero además es paso y conexión hacia áreas muy marginales como las que corresponden a Chalco, son por tanto los usuarios de esta línea, trabajadores (como lo son todos los que hacen uso del transporte urbano). La población trabajadora al salir de sus casas y dirigirse a su labor tiene que vivir a diario las aglomeraciones y robos en el uso del transporte, pero también pone en juego su vida al utilizar el metro que está construido sin el cumplimiento de las medidas técnicas adecuadas. Porque no es solo la línea 12 la que presenta graves disfuncionamientos, en otras líneas y estaciones durante los últimos años, han ocurrido choques e incendios, como producto del abandono en que se le ha dejado, siguiendo el principio de austeridad que los gobiernos usan como respuesta a la agudización de la crisis económica[1]. En ese sentido, el hecho de que “accidentes” de este tipo se repitan se vuelve una amenaza patente en contra de la población de explotados que usa esos medios de transporte.
Los altos costos de mantenimiento de la estructura han llevado a que se abandonen las verificaciones periódicas. El argumento que la burguesía y sus gobiernos presentan para justificarlo es que el pago por el boleto es muy bajo. Justamente con la promesa de mejorar su servicio, en diciembre de 2013, el gobierno de la ciudad (en ese momento a cargo de Mancera, con su partido el PRD[2], elevó en cerca del 70% la tarifa y el servicio no solo no mejoró, sino que los retardos cotidianos y los accidentes se incrementaron.
Los diseños urbanísticos responden a las necesidades de la burguesía y justo por eso es que se ha construido un sistema de transporte masivo. Este sistema permite el desplazamiento de la fuerza de trabajo, pero para que sea funcional para el capital, requiere además de mantenerlo con subsidios estatales. Este mecanismo, aunque lo presentan como una medida de beneficio para los trabajadores, responde en realidad a la necesidad de contener el precio de la fuerza de trabajo a través del abaratamiento de una de las mercancías (el transporte) que forman parte de la canasta de medios de subsistencia que definen el nivel del salario.
El desarrollo que sigue el capitalismo ha llevado a que aun cuando los avances tecnológicos permiten mejorar la construcción de estos sistemas que conectan a las urbes, la falta de control y de visión global, aunado a los problemas de corrupción y a las improvisaciones constante en sus políticas de corto plazo que los Estados tienen que asumir con el fin conciliar las disputas que desgarra a la burguesía, impiden que estas mejoras tecnológicas se puedan aplicar, así, estos proyectos cuando aparecen, en vez de mejorar cualitativamente las condiciones de vida de los trabajadores la degradan aún más.
Muchos de los proyectos arquitectónicos, como los templos y pirámides levantados en los modos de producción anteriores respondían principalmente a la búsqueda de fortalecer ideológicamente al poder, en el capitalismo, las construcciones y proyectos urbanos levantados por el Estado, aunque también las rodean de un aurea ideológica, responden fundamente a necesidades económicas y criterios de rentabilidad que aseguren la obtención de ganancias. El metro en México, aunque se construyó de forma muy tardía a fines de los años 60, fue un proyecto que la burguesía sabía le permitiría abaratar el transporte y acortar los tiempos de traslado de los trabajadores, repercutiendo en la mejora de la productividad laboral y en el proceso productivo en general. Por esa razón puso mucha atención en su elaboración, pero en la medida en que las líneas se iban extendiendo, la preocupación que se añadía era como operar con menores costos, dado que el sistema avanzaba sobre una dinámica de crisis económica en aceleración; sin embargo, la línea 12, desde su origen aparece rodeada por la dinámica que define la descomposición capitalista.
No pudiendo la burguesía imponer una salida duradera y real a la crisis que se acelera, el sistema se encuentra en un atorón histórico, en el que el Estado va perdiendo capacidad para cohesionar a la burguesía, generándose una dispersión de sus fuerzas, llevando a que la corrupción se vuelve dominante en su forma de vida y avance sin disciplina, generando un proceso caótico, que se percibe en todos los escenarios sociales[3], desde los más complejos hasta los más simples, como puede ser la construcción de una línea del metro.
La línea 12 del metro se levantó justamente sobre ese marco de descomposición que afecta y perturba las bases del funcionamiento de la sociedad capitalista, a grado tal que sus contradicciones ponen en cuestión su viabilidad para la humanidad. La planeación de la línea dorada inició en 2006 y llevó seis años su culminación. Desde el principio de su construcción surgieron conflictos por los costos programados por las empresas a las que se les concesionó el proyecto (ICA, Alstom y Carson), las cuales para ajustarse recurrieron al uso de materiales más baratos y al cambio de dirección, colocando parte de sus recorrido en una plataforma elevada pero siguiendo una ruta sinuosa, que, aunque abarataba costos resultaba en un recorrido peligroso; esto último será un problema crónico generador continuo de dificultades técnicas (que culmina con el colapso del día 3 de mayo) … Al final, a pesar de la modificación del proyecto, la disputa por las ganancias y los agregados por la corrupción (de empresarios y funcionarios de gobierno), la línea 12 termina construyéndose con un tercio más de los costos de los programados.
El “gran proyecto” se inaugura con mucho escándalo en octubre de 2012, sin embargo, en marzo de 2014 tiene que cesar sus actividades, en tanto se detectan fallas técnicas de alto riesgo, como roces y desgastes en las vías, incompatibilidad entre el tipo de rieles y las llantas, etc.
Rodeado de una gran polémica sobre las actuaciones fraudulentas del gobierno de la ciudad y de las empresas constructoras y supervisoras, vuelve a abrir sus instalaciones en noviembre de 2015. A semejanza de la práctica general de la burguesía que avanza sin perspectivas de frente a la crisis y solamente va, a través del crédito, remendando la economía, así el gobierno de la CDMX realiza ajustes parciales a las estaciones y rutas, sin resolver los graves defectos y problemas técnicos presentes desde su concepción. Por eso el sismo de septiembre de 2017 volvió a sacar a la luz las irregularidades y los problemas en su estructura, lo que obligó nuevamente a cerrar el servicio durante casi cuatro meses.
La desconfianza y la sospecha se mantenía entre los usuarios de esa línea, sin embargo, no tenían más remedio que continuar usándolo. Desde hace un año, a través de las redes electrónicas, los habitantes en la cercanía de las estaciones y del paso del metro mostraban fotos de los daños claramente visibles que presentaba, empero esas notas nunca fueron tomadas en serio y el mantenimiento siguió siendo cada vez más limitado.
No se trata por eso de un accidente azaroso, es un fenómeno que devela la descomposición y el efecto destructivo y criminal que tiene el sistema capitalista[4]. De forma sistemática se han recortado los recursos para darle funcionalidad al metro, haciéndolo por eso, no solamente un medio ineficiente sino además peligroso. Pero si los trabajadores son los afectados por esto, la burguesía, de todas las fracciones, como bestias carroñeras se lanzan a querer sacar ganancias políticas de este hecho.
Lo cotidiano de la vida actual de la burguesía es la lucha del “cada uno para sí”, es decir una lucha irracional en la que cada fracción opera para sus intereses, sin lograr llevar una alianza duradera con otra, conformando una dinámica caótica. Este fenómeno se acrecienta durante las disputas electorales en tanto la fusión de los grupos de la mafia integrados con los gobiernos (federales y locales) o con algunos de los partidos, hacen la defensa de sus intereses o el cobro de cuentas hacia aquellos que los traicionaron, al mejor estilo de los gánsteres.
En el marco de las campañas para las elecciones del 6 de junio de este año, la fractura de la burguesía se ha ampliado, como lo ejemplifica el hecho de que poco más de 80 personajes de la burguesía involucrados directamente en las elecciones han sido asesinados y otros tantos más han sido amenazados. Es ese mismo escenario el que se encuentra detrás de las persecuciones legales hacia gobernadores, diputados o candidatos (ya sea acusados de fraude o por algún otro delito). Ahora el problema del metro se presenta como un terreno fértil para ampliar la disputa.
En el mismo lugar del desplome del metro se vio a diputados, candidatos y dirigentes del PAN queriendo aprovechar del dolor de un par de señoras que buscaban a un familiar para hacer proselitismo electoral. Pero las declaraciones de López Obrador o de Marcelo Ebrard (actual secretario de relaciones exteriores y jefe de gobierno de la CDMX en el momento en que se construyó la línea 12) no son menos grotescas, al querer limpiar sus culpas y fingir hipócritamente dolor por los afectados…
Todos los personajes de la burguesía, desde empresarios, hasta miembros de partidos y gobiernos se lanzan acusaciones entre sí, al tiempo que derraman hipócritas lágrimas de dolor, con la intención de sacar ganancia de la desgracia. La estructura sindical del metro comandada por Fernando Espino (personaje mafioso, que ha sido diputado por el PRI, Partido Verde y por Nueva Alianza), también se ha incorporado a la rapiña, anunciando un paro de labores para protestar por la limitación de los recursos para cumplir con su trabajo de supervisión y reparación.
Ningún grupo de la burguesía quiere quedarse fuera de la rapiña, todos van a intentar presentarse como los “amigos” de las víctimas. Las “investigaciones” de la burguesía tal vez encuentren un “chivo expiatorio”, sin embargo, cualquiera que sea su resultado buscaran encubrir que el verdadero culpable es el capitalismo. En ese sentido, es que los trabajadores no pueden creer ni tomar partido por ninguna de estas fracciones, porque la acción criminal de la burguesía no corresponde solo a una de ellas. Todas las fracciones, todos sus gobiernos y todos sus partidos están involucrados. El capitalismo es un sistema podrido que en su descomposición arrastra al mundo a todo tipo de desastres siempre más numerosos y a un mayor hundimiento en la miseria y barbarie.
Revolución Mundial / 7-mayo-2021
[1] El abandono en que se ha dejado al sistema de transporte más importante de la ciudad no es un caso aislado, en realidad es el conjunto de servicios que forman parte del salario indirecto a los que se les recorta recursos, degradando así al salario global. El olvido en que se encuentra el transporte se repite en la educación y la pandemia pudo de manifiesto el desmantelamiento en el que se encuentra el sistema de salud. Pero el problema al que nos referimos no ocurre solamente en la CDMX, ni es una política exclusiva de su gobierno (dirigido por el partido de la izquierda del capital, Morena), es una política que se repite en todos los Estados, en todos los países y por todos los partidos sean de izquierda o de derecha.
[2] PRD: Partido de la Revolución Democrática, partido de izquierda escindido del PRI, en el que militó el actual presidente López Obrador
[3]Recomendamos leer: “Tesis sobre la descomposición: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo”, ubicada en: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[4] Los desastres por la operación de proyectos sin solidez técnica, aunque tienen una presencia mayor en los países menos industrializados, con el proceso de descomposición se ha extendido la repetición de esos problemas hacia todos los países. Recordar la precipitación del puente Morandi en Génova en 2018 y que denunciamos en nuestro artículo, “Effondrement du pont de Gênes en Italie: la loi du profit engendre les catastrophes!”, disponible en francés en: https://fr.internationalism.org/content/9754/effondrement-du-pont-genes-... [607] o en italiano: https://it.internationalism.org/content/1424/morti-di-stato-genova-ostaggi-di-stato-sulla-nave-diciotti-il-cinismo-e-lipocrisia [95]
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Ya ha pasado más de un año desde el inicio de la pandemia del COVID, pandemia que ha afectado principalmente a proletarios y que demuestra la descomposición total del genocida régimen capitalista a nivel mundial. Chile no ha sido la excepción, y pese a que el proceso de vacunación ha sido relativamente bueno comparado con otros países de la región, el gobierno de Sebastián Piñera ha sido uno de los peores en manejar la pandemia, pues desde el inicio el gobierno se ha negado a realizar cualquier proyecto que no vaya en beneficio de la clase capitalista, se ha negado completamente a realizar si quiera cuarentenas totales, pues necesita que los trabajadores salgan a producir y a consumir. De la misma forma se ha negado completamente a cerrar los aeropuertos e incluso concedió "permiso de vacaciones" para que la gente viajara durante el verano, esto con el único fin de satisfacer las necesidades de acumulación de capital de la burguesía relacionada con el turismo y el comercio ¿el resultado? una masacre dentro de la clase obrera. Al día de hoy hay cerca de 1.200.000 contagiados, más de 100 muertes diarias que suman un total de casi 42.000 en el transcurso de la pandemia[1], la mayoría proletarios y las peores victimas los barrios obreros. Los niveles de desempleo llegaron hasta el 12,2% durante el año 2020, eso sin contar a las personas que se acogieron a la "Ley de protección al empleo"[2], que permitió la suspensión de los contratos y que los obreros sobrevivieran durante ese tiempo con un seguro de cesantía ¿las respuestas del gobierno burgués chileno? conceder un montón de "bonos" económicos que literalmente no le llegan a casi nadie por las "letras chicas", los obreros , debido a su bajo nivel de conciencia de clase , en vez de autoorganizar huelgas , asambleas y consejos de fábrica , se han adaptado al hambre del capital y han llevado a cabo precarias "ollas comunes" en los barrios , lo cual es solo una medida defensiva donde los trabajadores solo "agachan la cabeza" contra los patrones y el estado para poder sobrevivir.
También la policía terrorista chilena, llamada Carabineros de Chile, ha mostrado una vez más su función anti- obrera, casi todos los días de los peores momentos de la pandemia esta policía fue protagonista sin ninguna razón en derribar ollas comunes levantadas en los barrios por trabajadores precarios y desocupados para poder comer, como también arrestar a trabajadores ambulantes por supuestamente "vender sin permiso" e incluso a asesinar a desempleados que trataban de sobrevivir, como fue el caso de un joven malabarista asesinado en Panguipulli hace un mes atrás por solamente estar trabajando en la calle, hecho que conmocionó a todo el país e incluso impulsó una gran revuelta en aquel pueblo. De la misma forma esta narco-policía fueron los primeros en reprimir a los trabajadores de la salud, de la educación, a los desempleados y hambrientos en los barrios obreros que protestaban contra los calvarios de esta pandemia capitalista que tanto caos y muerte ha causado.
La izquierda y extrema izquierda plantean que "hay que abolir a la policía”, y “crear una nueva institución policial más democrática, profesional y acorde a los derechos humanos". Esto no es más que una trampa de la burguesía, un intento por pintar sus instituciones de un color popular y democrático que solo mistifica su verdadera función dentro de la sociedad: la represión del proletariado y la protección de la propiedad burguesa. La profundización de la democracia, al contrario de “empoderar al pueblo”, solo legitima la dictadura capitalista. Solo la autonomía política y organizativa de la clase obrera puede permitir hacerle frente al terror del Estado burgués, cuya policía es uno de sus pilares fundamentales.
Sin embargo, y es otro aspecto que como revolucionarios de la clase debemos destacar, es que pese a que la burguesía criminal y su gobierno reaccionario derechista (en complicidad con la izquierda del capital obviamente) no han hecho absolutamente nada, ni tampoco pueden hacer nada, en enfrentar la pandemia, la clase obrera, clase que salvará a la humanidad, si ha combatido de forma estratégica en todos los frentes y de forma muy valiente. Los trabajadores de la salud en Chile, pese a que los hospitales públicos se caen a pedazos ya que este gobierno totalitario solo invierte en fortalecer las fuerzas armadas y comprar armas, han hecho un esfuerzo sobre humano en curar y atender a los pacientes de COVID, aunque, las camas para pacientes críticos se acaban e incluso las morgues ya no dan abasto los trabajadores sanitarios han seguido en su labor.
En el tema de la educación aquí también hay una mención especial para el gobierno asesino de Piñera que insiste en devolverlos a los aulas , esto con el fin de mantener contento a los dueños burgueses de colegios privados de clase alta , a este gobierno criminal y sus ministros hazmerreir jamás le importaría si los estudiantes-proletarios están aprendiendo o no , aun así , los profesores han mostrado resistencia a esta idea asesina que solo pueden llevar aún más al matadero a la clase obrera , eso sí bajo la batuta del "colegio de profesores" , una organización gremial que solo agrupa a profesores de colegios públicos. (Cabe decir que las organizaciones gremiales forman parte del aparataje sindical del Estado y por tanto son agentes desmovilizadores, colaboracionistas y corporativistas por definición. Mostrándose como órganos "neutrales" que representan los intereses de los trabajadores del gremio, organizaciones como el colegio médico y el colegio de profesores cumplen roles políticos necesarios para la coordinación de la explotación capitalista. Recientemente se ha visto cómo los dirigentes de estas organizaciones denuncian las medidas del gobierno frente a la pandemia mientras constantemente colaboran con este gobierno para ejecutarlas , por ejemplo , los dirigentes del colegio médico literalmente han criticado desde el inicio al gobierno de Piñera , sin embargo , aparte de eso no han hecho nada por los trabajadores de los hospitales , la sobreexplotación y falta de seguridad de los obreros de la salud sigue siendo alta , y cada día más hermanos proletarios mueren en los recintos hospitalarios por ello , pero al colegio de médicos poco le importa , a ellos solo les importa hacerse famosos en las cámaras y en los "medios independientes de izquierda" para una futura carrera parlamentaria . también se repite la misma historia con los trabajadores de los centros comerciales, todo el rato los sindicatos han llorado frente a las cámaras que una nueva apertura del comercio como tal sería grave para los obreros que trabaja ahí , pero cuando al inicio de la pandemia (año 2020) los proletarios de los centros comerciales de autoorganizaron y empezaron a realizar manifestaciones por los cierres de los malls ¿quiénes fueron los primeros en controlar esas luchas proletarias y empezar a dialogar con los capitalistas? los sindicatos y la izquierda , gracias a ello en los peores momentos de la pandemia los centros comerciales siguen abiertos . Una resistencia proletaria que nos parece importante mencionar es la de los proletarios de los aeropuertos, que buscaban cerrar los aeropuertos que todavía se mantenían abiertos por meros intereses capitalistas, pues este gobierno terrorista no se demoró ni dos segundos en volver a abrirlo cuando creyó que la vacuna haría milagros y todo se mejoraría. Sin embargo, esta lucha no llegó a huelga, sino que se limitó a pequeñas protestas, protestas que siempre fueron controlados por los sindicatos de ese sector
El gobierno carnicero de Piñera, como se ha dicho antes, prácticamente no ha entregado ninguna ayuda social, salvo bonos con letra chica que no le llegan a nadie. Aprovechándose de esta situación, la izquierda parlamentaria ha exigido en tres ocasiones retiros del fondo de pensiones AFP (los burgueses lo llaman fondo de pensiones, pero en realidad es un sistema de retiro forzado donde la clase obrera cotiza obligatoriamente durante toda su vida y cuando se jubila se queda solo con una misera parte yendo todo el resto a mano de capitalistas privados, se puede ver como una especie de segunda plusvalía). Es tanto el terror de este gobierno que literalmente los obreros tienen que sacar de sus fondos de retiro para vivir, fuera de "devolver al pueblo su dinero" como clama la izquierda, esta es una medida desesperada que a la larga empeorará las condiciones de los obreros al jubilar. Esto demuestra una vez más el fracaso de este modelo de pensiones, que se ha visto completamente ineficiente a la hora de solventar las necesidades humanas, y lo único que ha hecho es inundar más a las masas proletarias en la pobreza y el hambre capitalista. Pero la izquierda y extrema izquierda no se han quedado calladas ante este dilema, y como los mejores defensores del capitalismo de estado han promovido desde hace varios años ya la intervención estatal en las pensiones, como también un “fondo de retiro universal” que lo único que hará será fortalecer aún más el estado capitalista. La explotación hacia los obreros y su humillación seguirán intactos, y aún en los países donde el estado capitalista se hace cargo prácticamente de todo (Europa nórdica, por ejemplo) la masacre hacia el proletariado sigue bajo garantía estatal.
Por otro lado, el gobierno de Piñera, como ya se ha dicho anteriormente, se ha mostrado profundamente a favor de los intereses del empresariado a la hora de desarrollar las medidas sanitarias, interponiendo la economía y las ganancias burguesas a la vida y bienestar de los obreros. El clientelismo y la servidumbre a los capitalistas es más que repugnante por parte de este gobierno, sin embargo, no hay que olvidar que no hay ninguna diferencia con la izquierda del capital, pues el número de ministros y parlamentarios corruptos y anti obreros entre ambas facciones es la misma , y es que la clase obrera jamás podrá olvidar que la Concertación[3] tiene sangre obrera en las manos , aparte de que no hicieron prácticamente nada a la hora de cambiar las leyes impuestas por la dictadura pinochetista. Por supuesto con el Frente Amplio y el PC los obreros no pueden esperar nada, solo son los hijos de la Concertación, demostrando que la izquierda del capital y la derecha son uno al atacar al proletariado.
Como último punto quisiéramos destacar el carácter reaccionario de la izquierda y extrema izquierda chilena, pues la izquierda parlamentaria del Capital (Frente amplio, PC, PS, etc.) ha sido una oposición inexistente que ha permitido las mayores masacres al proletariado y que ha tranzado con el gobierno "detrás de la cortina", donde todos los políticos burgueses se dan las manos. Si la derecha es en sí un parasito que se ha encargado de destruir la vida de la clase, la izquierda busca aparecer como su protectora. De la misma forma la extrema izquierda "extraparlamentaria" sigue soñando con que vuelva la dañina revuelta popular algún día, la misma revuelta multiclasista que hizo que proletarios se mezclaran con intereses de otras clases no explotadoras, la misma revuelta que dañó la autonomía de los obreros, que tuvo como único protagonista la violencia lumpen y marginal, y que en general no aportó nada la clase obrera[4]. Si la izquierda del capital representa un peligro para los obreros revolucionarios, la extrema izquierda no es más que sus restos descompuestos más "radicales". Ejemplos reaccionarios de la izquierda del capital es por ejemplo en Argentina, que décadas de gobiernos kirchneristas solo han traído pobreza y miseria a los obreros argentinos, o en Colombia con la extrema izquierda terrorista, donde las FARC y el ELN por décadas masacraron a trabajadores y campesinos pobres. Todos los gobiernos de "izquierda" que se llenan la boca hablando de "la patria grande latinoamericana" y del "legado de Chaves, Allende o Castro" son claramente anti obreros y solo piensan en el bien de la burguesía local y de los estados, igual que sus difuntos líderes que tanto adoran. Todos esos gobiernos izquierdistas no solo son iguales a la hora de defender su ideología nacionalista y estatista, sino también son uno a la hora de explotar y reprimir a los obreros, como las fuerzas sandinistas que han asesinado a un sin número de trabajadores pobres[5] , o en Bolivia donde el "socialista" Evo Morales mandó a reprimir y encarcelar a mineros en huelga hace algunos años atrás[6]. Siguiendo ese legado capitalista y reaccionario en Chile la burguesía busca oxigenar y mantener su podrido sistema de explotación mediante la "asamblea constituyente", asamblea constituyente que la izquierda y los dirigentes sociales "del pueblo" tanto defienden, y es que defender la asamblea constituyente es defender la democracia , y defender la democracia es defender a la burguesía y el capitalismo[7].
Lamentablemente, décadas de un bombardeo ideológico burgués "democrático" y "antidictadura" de la izquierda del capital chilena ha dañado profundamente el movimiento obrero local, por ello es que las revueltas populares y luchas multiclasistas abundan en Chile, e igual que en todo el tercer mundo el movimiento obrero es débil, nuevo y está completamente dividido en "ciudadanos atomizados", por ello es que la solución para la catástrofe capitalista solo puede existir con la unidad y centralización de todo el movimiento obrero mundial, para lo cual los proletarios necesitan romper con cualquier forma de nacionalismo y localismo y unirse bajo la banderas roja de la revolución comunista mundial, única alternativa a la barbarie capitalista y sus revueltas multiclasistas. Sobre todo, hay que hacerle mucho hincapié al tema de la unidad del proletariado y el superar ideologías reaccionarias del capital, pues en el periodo de descomposición “el individualismo, la ignorancia, el racismo y las peores actitudes humanas abundan en la sociedad” [8]
Tampoco hay que olvidar el papel reaccionario que los sindicatos le han hecho al movimiento obrero , pues no solo intentan captar cualquier huelga o manifestación obrera que ocurra , sino que cualquier chispa de lucha o combatividad obrera la tratan de desviar hacia la elección de los nuevos constituyentes y la elaboración de la nueva constitución , así como también la ultraizquierda trata de llevar , todavía , a los trabajadores hacia la revuelta popular multiclasista , que ya desde hace tiempo está muerta , por ejemplo la mayoría de las centrales sindicales han llamado a participar a los obreros a las elecciones burguesas y apoyar a sus dirigentes en la "asamblea constituyente" , mientras los izquierdosos más "Radicales" de la burguesía , como los guevaristas (de la izquierda guevarista de Chile) y anarquistas por ejemplo , insisten en desarrollar sus asambleas "Territoriales" multiclasistas y caóticas para volver a revivir el hediondo cadáver pequeñoburgués de la "Revuelta popular". En contra de este daño que los izquierdistas tratan de hacerle al movimiento laboral, nosotros los comunistas internacionalistas, mediante la propaganda y la teoría revolucionaria , le debemos recordar a la clase obrera :
1) que los trabajadores no ganan nada en el parlamento burgués ni nada con una nueva constitución
2) la revuelta multiclasista no tiene nada que ver con las luchas obreras autónomas de la clase
3) solo las huelgas basadas en asambleas generales abiertas y "comités de acción" aportan a la lucha de clases mundial y a la formación de los futuros consejos obreros y comités de fabrica
4) el neoliberalismo y "libre mercado" no existe, es un invento de la izquierda para fortalecer el capitalismo de estado anti- proletario[9]
La izquierda y los sindicatos tratan de juntar toda su basura ideológica burguesa en estos momentos: "anti neoliberalismo", "indigenismo», "parlamentarismo" , "apoyo al pueblo chileno y la revuelta", etc. Todo con el fin de desorientar a los trabajadores. De hecho, uno de los mayores ejemplos del carácter contrarrevolucionario del sindicalismo que uno de sus miembros, el dirigente del sindicato del metro Eric Campos se está proponiendo como constituyente, demostrando como los sindicatos, al contrario de fortalecer la lucha de la clase, llevan a los obreros bajo las garras del capital. A pesar de sus vínculos con la izquierda parlamentaria, el aparataje sindical puede, por la tremenda influencia que tiene sobre la clase, prescindir de la mistificación parlamentaria y "apoyar" (es decir, pacificar y desmovilizar) las organizaciones auténticamente obreras, incluso a través de sindicatos "de base". Sin embargo, los obreros revolucionarios de la izquierda comunista deben luchar sin descanso en las fábricas y lugares de trabajo para recordarle a sus hermanos de clase que la izquierda y sus sindicatos son agentes de la burguesía y el estado, y que la organización es la única forma de acercarnos a la revolución comunista, la organización de la sociedad por los consejos obreros , así como también advertir a los proletarios en sus asambleas que los sindicatos , en su afán de atacar a los obreros a favor del capital , incluso pueden levantar "comités elegidos y revocables" , como en Alemania en 1918 , por ende , la clase obrera debe luchar política e ideológicamente y siempre estar alerta.
Rodrix & Lucas, simpatizantes de la CCI en Chile
[2] Ver Chile: La ley de “protección al empleo”, otro ataque del capitalismo a los obreros https://es.internationalism.org/content/4567/chile-la-ley-de-proteccion-al-empleo-otro-ataque-del-capitalismo-los-obreros [284]
[3] Alianza de la izquierda del capital y del centro derecha que ha gobernado Chile desde la caída de Pinochet, salvo los intervalos presididos por Piñera
[4] Ver Chile: el dilema no es Democracia o Dictadura sino Barbarie Capitalista o Revolución Proletaria Mundial https://es.internationalism.org/content/4486/chile-el-dilema-no-es-democracia-o-dictadura-sino-barbarie-capitalista-o-revolucion [161] y Chile: Ante los ataques del Gobierno la respuesta no es la revuelta popular sino la lucha de clase del proletariado https://es.internationalism.org/content/4479/chile-ante-los-ataques-del-gobierno-la-respuesta-no-es-la-revuelta-popular-sino-la [167]
[5] Ver El abril sangriento de Nicaragua: Sólo la lucha autónoma del proletariado puede acabar con la explotación y la barbarie represiva https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201805/4304/el-abril-sangriento-de-nicaragua-solo-la-lucha-autonoma-del-proletaria [610]
[6] Sobre la naturaleza y los engaños del régimen de Evo Morales (2006-2020) ver Evo al desnudo https://es.internationalism.org/cci-online/200606/981/evo-al-desnudo [457]
[7] Ver Chile: ¡En contra de la asamblea constituyente! ¡vamos por la verdadera autonomía e internacionalismo del proletariado! https://es.internationalism.org/content/4555/chile-en-contra-de-la-asamblea-constituyente-vamos-por-la-verdadera-autonomia-e [160]
[8]Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[9] Ver ¿Crisis del neoliberalismo o crisis del capitalismo? https://es.internationalism.org/cci-online/200810/2380/crisis-del-neoliberalismo-o-crisis-del-capitalismo [459]
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A lo largo de 2021 la banca y las grandes empresas han anunciado despidos masivos que vienen a endurecer aún más las ya de por sí difíciles condiciones de vida de la clase obrera, agravadas por la pérdida masiva de vidas humanas causada por la pandemia (cuando escribimos este texto el mundo ha cruzado otra frontera de la muerte: 4 MILLONES de fallecidos por la pandemia -datos del 5 julio 2021- y en España los contagios se disparan brutalmente).
Este alud de despidos no es ninguna novedad. En 1983-88, con el primer gobierno “socialista” se destruyeron UN MILLON DE PUESTOS DE TRABAJO, cuando el jefe del gobierno, Felipe González, ¡había prometido crear 800 mil empleos! En 1992-93, también bajo el mismo gobierno, hubo una nueva carretada de despidos. Desde entonces, los despidos se hicieron permanentes, organizados por el gobierno mano a mano con los sindicatos, la patronal y los tribunales laborales. Con la crisis de 2008-2011 los despidos volvieron a masificarse en torno a los recortes sociales, eliminando numerosos puestos en sanidad y educación.
Desde hace más de 40 años el miedo a perder el trabajo y la inestabilidad laboral -agravada por la precariedad cada vez más generalizada- son una tortura que acompaña la vida del trabajador, derrumbando para siempre el mito del capitalismo “social” de un “trabajo para toda la vida”. Todo ello confirma lo que señaló Engels hace más de 170 años en Los Principios del Comunismo: “El proletariado es la clase social cuyas dicha y pena, vida y muerte y toda la existencia dependen de la demanda de trabajo, es decir, de los períodos de crisis y de prosperidad de los negocios, de las fluctuaciones de una competencia desenfrenada. Su trabajo no se compra más que cuando alguien lo necesita, por cuya razón no tiene la existencia asegurada”[1].
El gobierno PSOE-Podemos había prometido garantizar con los ERTE los puestos de trabajo. HA SIDO UN VIL ENGAÑO: el gobierno “más progresista de la historia” en combinación con la patronal y los sindicatos está organizando un vendaval de despidos quitando la T (de temporal) y dejándolos en ERE (despido definitivo).
Desde 2008 se han perdido en la banca 120000 puestos de trabajo y 2021 va a suponer 35000 despidos: 2935 en BBVA, 7400 en Caixa Bank, Bankia (pendientes de contabilizar); 3572 en el Banco Santander (el tercer ERE en 4 años); 2717 en Banco Sabadell, 1500 en Unicaja, 750 en Ibercaja etc.
Por su parte, El Corte Inglés va a despedir 3000 trabajadores, aplicando un ajuste duro por primera vez en su historia, pues se trata de despidos sin prejubilación ni ningún otro paliativo.
Ford arroja a la calle 630 trabajadores eliminando prácticamente el turno de noche. No se han calculado las repercusiones que estos despidos pueden tener en las empresas subcontratadas, pero podemos hablar fácilmente de la desaparición de 3000 empleos.
Y ahí no acaba la cosa. El blog de economía Bussines Insider afirma: “La tormenta de despidos masivos irá mucho más allá de la banca en 2021: los ERE de las grandes empresas en plena pandemia suman ya más de 30.000 afectados”[2], concretando que “desde el inicio de 2021, 32 grandes empresas han iniciado trámites de ERE para reducir sus plantillas, que afectarán a 30.000 trabajadores”. Entre las empresas que han hecho ERE están “NH, El Corte Inglés, Adolfo Domínguez, Endesa o H&M, han anunciado la presentación de ERE a finales de 2020 y comienzos de 2021 a pesar de haberse beneficiado del régimen de ERTE durante el año anterior”.
Endesa, la eléctrica que se beneficia de las desmesuradas nuevas tarifas de la luz aprobadas por el gobierno “de izquierdas”, pretende despedir a 1200 trabajadores. La cadena de tiendas de ropa H&M planea dejar en la calle a 1100 trabajadores, mientras que Naturgy, una empresa energética que dicen es “de éxito” tira a 1000 compañeros. La cadena de perfumería Douglas arroja 492 al desempleo. Eurest 411, Logitravel 400, Coca Cola 360, Bosch 336, Adolfo Domínguez 300, Heineken 228, Tubacex 129, la cosmética Avon otros 129 y un largo etcétera.
En el caso de las PYME (pequeñas y medianas empresas) los efectos sobre el empleo han sido devastadores: “las pequeñas empresas, las de menos de cincuenta empleados, cerraron septiembre con casi 240.000 menos que en febrero y con una caída de más de 260.000 en doce meses, retrocesos que, en las medianas, las que tienen plantillas de 50 a 250, fueron, respectivamente, de 118.000 y de 130.000”[3]
Los despidos no se limitan a España, se practican en todo el mundo. El periódico Financial Times, habla de 30 millones de trabajadores despedidos en los 25 países de la OCDE durante la pandemia de forma oculta e indirecta[4]. Esto se sumaría a los 25 millones de puestos de trabajo destruidos oficialmente en la Eurozona y USA durante la pandemia. Según Financial Times “el desempleo oculto podría persistir, dificultando la recuperación económica y arrastrando a la baja los salarios y los niveles de consumo privado”. Añade un dato inquietante: “En el caso de la eurozona, que pasó de una tasa de paro del 6,5% en febrero a un 8,1% en agosto, la economista de ABN Amro Aline Schuling asegura que su desempleo real es al menos 4 o 4,5 puntos porcentuales mayor, teniendo en cuenta la previsión de que 1 de cada 5 trabajadores con jornada reducida terminen siendo despedidos, incluyendo aquellos que trabajan en sectores que han recuperado plenamente su actividad”.
Los ERTE y otras medidas similares en los demás países están ocultando la auténtica magnitud del desempleo. “En total, según la economista senior del Economic Policy Institute Heidi Shierholz, al menos 33 millones de trabajadores se han visto afectados directamente por una clasificación errónea de su situación laboral, o han abandonado el mercado de trabajo o han visto reducirse sus horas de trabajo y su salario durante la pandemia”. En USA el desempleo oficial es 7,9% pero en realidad, según un ex asesor de Obama, sería del 9,6%.
La clase obrera es atacada en todos los frentes, los despidos no vienen solos:
Los ERTE como ya hemos denunciado[7] no son un “escudo social” contra el desempleo sino SU ACELERADOR. Los ERTE afectan actualmente a 743000 trabajadores. Como señala el blog de economía antes mencionado “El Gobierno siempre defendió a capa y espada que los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) iban a ser un dique de contención para que las empresas evitaran los despidos. Pero sobrepasados los primeros compases de la pandemia y con la economía todavía renqueante, muchas grandes compañías han anunciado ya sus intenciones de recortar plantilla. El Corte Inglés, la hotelera NH Hotel Group, la cadena de ropa H&M, así como Douglas y Adolfo Domínguez, son algunos ejemplos”[8]. Ford combina el ERE (630 despidos) con el ERTE (afectando a 6100 trabajadores hasta octubre). La multinacional del acero, Arcelor, plantea un ERTE como “puente hacia la jubilación”. Todas estas triquiñuelas denuncian la demagogia del gobierno: los ERTE han sido la lanzadera de los ERE puros y duros.
Los tribunales de trabajo que, según la ideología democrática protegen al trabajador y serían un instrumento eficaz de la acción sindical, no se oponen a los despidos, simplemente los califican de “improcedentes” con lo cual se ejecutan, aunque le cuesten un poco más caros a las empresas (tienen que indemnizar al trabajador con 33 a 45 días por año trabajado).
El capital no se recupera, pese a las proclamas eufóricas del gobierno a cuenta de los fondos europeos: “Según el informe Perspectivas España 2021, el 66% de las empresas no registrará unas ventas similares a las de 2019 hasta 2022”. En el mismo sentido, la tasa de vulnerabilidad de las empresas (el peligro de caer en la insolvencia) se ha disparado: “está cerca de duplicarse en sectores como la hostelería y el ocio, en los que se acerca al 70%, supera el 50% en la automoción y ronda el 40% en el transporte y la logística, según explicó hace unos días el director general de Economía y Estadística del Banco de España, Óscar Arce”[9]
Vamos hacia una agravación de la crisis con una escalada subsiguiente del desempleo en un contexto de precariedad laboral disparada. Esta, en 2018 afectaba a 4,35 millones de trabajadores en España lo que significa el 26,8% de la población empleada. La pandemia “ha expulsado del mercado de trabajo a casi 300.000 jóvenes en lo que va de año, en un fenómeno de destrucción del empleo que coincide con un incremento, superior incluso, de los menores de treinta años que no estudian ni trabajan”[10]
La precarización laboral se acompaña con el desarrollo del trabajo informal y del sistema de los “riders”, los trabajadores de reparto de alimentos y otras mercancías. Estos eran considerados como falsos autónomos -es decir, “auto – empresarios” que “colaboran” con una plataforma digital (Deliveroo, Glovo etc.). El gobierno “progresista” con la ley de 2021 los ha reconocido como “trabajadores”. Esta “gran victoria” ha permitido a las plataformas distribuidoras seguir con su brutalidad explotadora recurriendo a subcontratas y otros subterfugios contando con que el gobierno mira hacia otro lado. Así, las subcontratas pagan sueldos de miseria: “Jobandtalent ofrece repartir para Glovo con salarios de 640 euros brutos por 20 horas a la semana y con la obligación de que sea el repartidor el que ponga el vehículo. Un repartidor de JTHiring, empresa subcontratada por JustEat, cobra 621 euros brutos por 17 horas y media a la semana”.
Los despidos en la Banca han encontrado una respuesta obrera, en varios bancos se han dado huelgas por primera vez en 30 años. Los trabajadores del BBVA “empezaron a movilizarse por las distintas ciudades del país, frente a las principales sedes del banco. Después empezaron con los paros parciales, el martes 25 de mayo de una hora y el lunes 31, de dos. Pero el plato fuerte llegó el miércoles 2 de junio, porque los empleados de la entidad fueron a huelga y se trataba de la primera que protagonizaba la plantilla de un banco en 30 años. Según los sindicatos fue respaldada por el 70%”[11].
También hubo huelgas en Caixa Bank. El 3 de julio hubo manifestaciones masivas en Palma de Mallorca, Toledo y Oviedo. Estas ganas de lucha se han expresado en otros sectores: el 24 de junio, los conductores de Autobuses Castillo fueron a la huelga contra «reiterados retrasos en el cobro mensual, así como reivindicando el pago íntegro de la nómina de mayo»[12]. En Vizcaya, los trabajadores sanitarios del hospital de Ortuella entraron en huelga por la falta de personal recorriendo en manifestación la población[13], esta movilización se extendió a toda la sanidad vizcaína con concentraciones delante de la diputación reclamando más contrataciones. Mas de 38000 interinos de la administración pública de Aragón han ido a la huelga contra las medidas de “regularización” que en realidad los condenan a la interinidad de por vida. En Huesca, los interinos, descontentos con la propuesta sindical, han ido a la huelga en la provincia. Esa misma protesta ha sido protagonizada por 18000 empleados públicos de la administración regional de Castilla – La Mancha. En Torrelodones, periferia de Madrid, los trabajadores de parques y jardines se concentran en protesta en el ayuntamiento contra “los despidos realizados por la empresa adjudicataria del servicio de jardinería”[14]. En la industria azulejera de Castellón 15000 trabajadores han sido llamados a la huelga ante la ridícula subida salarial y la reducción de los pluses de antigüedad.
Estas luchas confirman tendencias a la combatividad que ya vimos el verano pasado[15]. Sin embargo, son muy dispersas y se ven fácilmente controladas y saboteadas por los sindicatos. Estos buscan dos objetivos:
1º La división y el aislamiento de los trabajadores: encerrarlos en la cárcel de la empresa. Los sindicatos han empujado a una respuesta separada de los trabajadores de BBVA y Caixa Bank. EN NINGUN MOMENTO HAN CONVERGIDO. Denunciamos la fragmentación y división de la lucha organizada por los sindicatos. Nada se hizo para plantear una lucha común con los demás trabajadores. Los trabajadores de Caixa Bank afectados por 7400 despidos (cifra final) hicieron huelga dos días después de la huelga de BBVA. DIVIDE Y VENCERAS es el lema del capital contra los trabajadores que los sindicatos aplican concienzudamente.
2º Aceptar los despidos. En la banca los sindicatos plantearon la huelga desde la aceptación de los despidos “quejándose” de su cantidad desproporcionada: “Un argumento que sigue sin convencer a los sindicatos, que creen que la cifra de salidas propuesta por la dirección del banco es desproporcionada”. Como decía Economía Digital en el artículo que venimos citando “En las últimas semanas y desde el día 10 de mayo, la plantilla ha llevado a cabo varias movilizaciones frente a las sedes del banco en todas las ciudades de España con el objetivo de que BBVA reciba el mensaje y opte por reducir el número de salidas y mejorar las condiciones económicas”. Es un planteamiento derrotista de ACEPTACION DE LA LOGICA DEL CAPITAL, los sindicatos lo reducen todo a un regateo para conseguir UNOS POCOS DESPIDOS MENOS. Esto significa que estos “defensores oficiales de los trabajadores” quieren que aceptemos la peor plaga del capitalismo: EL DESEMPLEO. Por ejemplo, en el BBVA los despidos han sido “solamente” de 2935 frente a los 3800 inicialmente anunciados por la empresa. ¡Como si esos casi 3000 compañeros no sufrieran un golpe en sus vidas! ¡Como si la aceptación de la facultad de la empresa para despedir “por causas justificadas” no fuera la puerta abierta para futuros despidos!
La lucha de la clase obrera contra los despidos y el desempleo es especialmente difícil. Los obreros se enfrentan a una sobreproducción generalizada que hace que si la huelga se reduce únicamente a paralizar la actividad o la producción -como quieren los sindicatos- ESTA NO SIRVE PARA NADA. El desempleo -o la amenaza de caer finalmente en él- “sirve para poner al desnudo la incapacidad del capitalismo para asegurar un futuro a los proletarios”[16], pero, al mismo tiempo, es un poderoso factor de intimidación y de atomización. El capital chantajea a los trabajadores con aquello de “acepta menos salarios o peores condiciones de trabajo porque de lo contrario TE ECHAREMOS A LA CALLE”. Por otro lado, cuando se anuncia un expediente de regulación de empleo, sindicatos y empresa imponen a los trabajadores una situación angustiosa: rumores, entrevistas selectivas, maniobras, discriminaciones, promesas personalizadas… “tú no irás a la calle si te portas bien” (dice la empresa), “te aseguramos el puesto de trabajo si te afilias al sindicato” (dicen los sindicatos). Los “menores de 45 años no se verán afectados”, “los mayores de 60 deberían aceptar el despido voluntario”. Estas campañas insidiosas hacen que el ambiente en la etapa de aplicación del ERE se haga insoportable. El miedo al desempleo se acompaña con una auténtica tortura sicológica.
Hacer frente a esta estrategia necesita de un gran esfuerzo de solidaridad, compañerismo, autoorganización y conciencia. Todo esto es muy difícil de conseguir por todo un tiempo dadas las importantes dificultades que arrastra la clase obrera actualmente[17].
No obstante, no hay otro camino que la lucha. Esta para ser fuerte y eficaz y poder superar la maniobra combinada de empresas – sindicatos – gobierno, necesita que:
Ambos requisitos son imprescindibles pues los obreros de BBVA, de Arcelor, de Ford, de los hospitales, NO ENFRENTAN A UN EMPRESARIO AISLADO sino a TODO EL ESTADO CAPITALISTA que es un aparato formado por Gobierno, Patronal, Sindicatos, Tribunales, policía etc. Tampoco tienen como “aliado” la “opinión pública”, los políticos locales o “los ciudadanos”. Esos no son aliados sino instrumentos que tiene el Estado Capitalista para desviar a los obreros hacia el terreno del interclasismo, de la lucha ciudadana, de la protesta democrática. El proletariado tiene que luchar y organizarse como CLASE y buscar la solidaridad de todos los trabajadores.
“La perspectiva histórica sigue abierta. A pesar del golpe en su toma de conciencia dado por el hundimiento del bloque del Este, el proletariado no ha sufrido derrotas importantes en el terreno de sus luchas. Su combatividad sigue intacta. Pero, además, y es éste un factor que determina en última instancia la evolución de la descomposición, o sea, la agravación inexorable de la crisis del capitalismo es un estímulo esencial de la lucha y de la toma de conciencia de la clase, condición misma en su capacidad para resistir al veneno ideológico de la putrefacción de la sociedad. La lucha contra los efectos de la crisis misma es la base para que se desarrolle su fuerza y su unidad de clase. La crisis económica, al contrario de la descomposición social, la cual concierne esencialmente las superestructuras, es un fenómeno que afecta directamente la infraestructura de la sociedad en la que se basan aquéllas; por eso, la crisis pone al desnudo las causas primeras de toda la barbarie que se cierne sobre la sociedad, permitiendo así al proletariado tomar conciencia de la necesidad de cambiar radicalmente de sistema y no ya de pretender mejorar algunos aspectos de él.
Sin embargo, la conciencia de la crisis por sí sola no puede resolver los problemas y las dificultades ante los que se enfrenta y deberá enfrentarse cada día más el proletariado. Únicamente: la conciencia de la importancia de lo que se está jugando en la situación histórica de hoy y, en especial, de los peligros mortales que la des composición entraña para la humanidad; su determinación en proseguir, desarrollar y unificar su combate de clase; su capacidad para desactivar la cantidad de trampas que la burguesía no dejará de tenderle en su camino ; permitirá a la clase obrera responder golpe a golpe a los ataques de todo tipo desencadenados por el capitalismo para finalmente pasar a la ofensiva y acabar de una vez con este sistema cruel y despiadado” (Tesis sobre la Descomposición).
C. Mir 9-7-21
[2] Avalancha de ERE en 2021: lista de despidos colectivos en grandes empresas | Business Insider España [612]
[3] Las pymes pierden cuatro de cada cinco empleos que destruye la crisis del coronavirus | Público (publico.es) [613]
[4] 30 millones de desempleados en la OCDE no figuran en las estadísticas | Business Insider España [614]
[6] Artículo de Ángeles Escrivá en La Mar de Onuba. Sin garantías para las temporeras en la nueva campaña de la fresa en Huelva - (lamardeonuba.es) [616]
[7] Ver Los gobiernos de Izquierda en defensa de la explotación capitalista (III) La trampa está en la letra pequeña https://es.internationalism.org/content/4625/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-iii-la-trampa-esta [458]
[8] La medida de los ERTE no es eficaz y sigue habiendo desempleo y EREs | Business Insider España [617]
[9] Las pymes pierden cuatro de cada cinco empleos que destruye la crisis del coronavirus | Público (publico.es) [613]
[10] Crisis del coronavirus: La pandemia intensifica la precariedad y expulsa del mercado laboral a 300.000 jóvenes que no estudian ni trabajan | Público (publico.es) [618]
[13] https://static2.elcorreo.com/www/multimedia/202106/16/media/cortadas/ortuella-protesta-residencia-RwIdY8J64ZXTfR9tGtGMt3N-624x385@El%20Correo.jpeg [621]
[14] https://aquienlasierra.es/torrelodones/concentracion-puertas-ayuntamiento-empresa-limpieza/87137/ [622]
[15] Ver Luchas obreras en España https://es.internationalism.org/content/4600/luchas-obreras-en-espana [394] y ¿Qué lecciones sacar de la derrota obrera en Nissan? https://es.internationalism.org/content/4606/que-lecciones-sacar-de-la-derrota-obrera-en-nissan [623]
[16] Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[17] Ver la Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases de nuestro 23º Congreso https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019 [278]
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En recientes artículos[1] ya hemos argumentado que las protestas del “Black Lives Matter” (BLM) se sitúan en un terreno completamente burgués, concretado en vagas reivindicaciones como “igualdad de derechos” y “trato justo” u otras más específicas como “menos dinero para la policía”[2]. Esta protesta no fue en absoluto capaz y ni siquiera lo pretendió, de poner en cuestión las relaciones capitalistas de producción que garantizan que la subordinación y la opresión “del otro” es uno de los pilares del dominio capitalista.
Pero, ¿significa esto que la clase obrera no puede ofrecer ninguna alternativa a las capas de la sociedad capitalista que están sujetas a formas particularmente violentas de opresión? Al contrario, a lo largo de toda su historia la clase obrera, tanto en EEUU como en otras partes del mundo ha mostrado su capacidad para dar pasos significativos que superen la barrera de la división étnica, con la condición de que luche en su terreno de clase y con su propia perspectiva proletaria[3].
Uno de los primeros momentos de verdadera solidaridad obrera con una minoría étnica tuvo lugar en 1892 en Nueva Orleans, donde tres sindicatos reivindicaron mejores condiciones de trabajo. La “New Orleans Board of Trade”[4] intentó dividir a los trabajadores por criterios raciales, invitando a los dos sindicatos de mayoría de trabajadores de raza blanca a negociaciones mientras despreciaba al sindicato de mayoría de obreros negro. En repuesta a esta maniobra de la Junta, los tres sindicatos llamaron a una huelga conjunta que fue respaldada unánimemente.
Otro momento importante fue la defensa organizada por la clase obrera en Rusia contra los pogromos antisemitas en Octubre de 1905, el año de la primera revolución en Rusia. Ese mes, las llamadas Centurias Negras, bandas organizadas apoyadas por la policía secreta zarista, mataron miles de personas y mutilaron hasta decenas de miles en 100 ciudades por todo el país. En respuesta a esas brutales masacres, el Soviet de Petrogrado hizo un llamamiento a los trabajadores del país a tomar las armas y defender los distritos obreros de otros asaltos pogromistas.
Otro ejemplo heroico de solidaridad de la clase obrera tuvo lugar en Febrero de 1941 en Holanda, hace 80 años. La causa inmediata fue el secuestro de 425 judíos en Ámsterdam y su deportación a un campo de concentración en Alemania. Esta primera incursión en los Países Bajos contra una parte de la población perseguida y aterrorizada provocó una fuerte indignación entre los trabajadores de Ámsterdam y de las ciudades vecinas. El ataque a los judíos se sintió como un ataque a toda la población proletaria de Ámsterdam. La indignación se impuso al miedo. La respuesta fue: ¡huelga!
En los Países Bajos, los judíos no eran vistos como forasteros. Sobre todo en Ámsterdam, donde vivía la inmensa mayoría de los judíos, se les consideraba parte integrante de la población. Además, Ámsterdam contaba con el mayor proletariado judío del continente europeo occidental, sólo comparable al de Londres tras los pogromos rusos. La orientación de una parte importante de este proletariado judío era hacia el movimiento obrero y en torno al cambio de siglo muchos de ellos se pasaron al socialismo. En la primera mitad del siglo XX, varios de estos proletarios desempeñarían un papel importante en las organizaciones obreras holandesas.
Como muestra la referencia al final (un extracto de nuestro libro La Izquierda Comunista Germano-Holandesa[5]), en las semanas anteriores a la huelga, un grupo internacionalista, el Frente Marx-Lenin- Luxemburgo (Frente MLL), ya había expresado claramente su posición respecto a las atrocidades de las bandas fascistas y había hecho un llamamiento a los trabajadores para que se defendieran. «En todos los barrios obreros habrá que formar tropas de defensa. Hay que organizar la defensa contra la violencia brutal de los bandidos nacionalsocialistas. Pero los trabajadores también tendrán que utilizar su poder económico. Los actos vergonzosos de los fascistas deben ser respondidos con huelgas masivas». (Spartacus nº 2, mediados de febrero de 1941; citado por Marx Perthus, Henk Sneevliet)
La huelga que estalló el martes 25 de febrero fue una manifestación única de solidaridad con el pueblo judío perseguido. Estuvo completamente bajo el control de los trabajadores y la burguesía no tuvo la oportunidad de utilizarla para sus propios fines bélicos, como hizo con la huelga ferroviaria de 1944. La huelga no tenía como objetivo la liberación de Holanda de la ocupación alemana. El Frente MLL no sostenía la posición de que la huelga tenía como objetivo sabotear la maquinaria de guerra alemana o alinearse con la Resistencia nacional. Se trataba de una declaración de la clase obrera, una demostración de su fuerza y, por tanto, de una duración limitada. Después de dos días, los trabajadores cerraron filas y pusieron fin a la huelga.
En medio de la barbarie de la Segunda Guerra Mundial y en un contexto de derrota histórica de la clase obrera, esta huelga no pudo dar lugar a una movilización general de la clase obrera en Holanda ni a reacciones obreras en el resto de Europa, pero aun así tuvo un significado político internacional, que llegó mucho más allá de las fronteras de Holanda. La resistencia de los trabajadores, en febrero de 1941, contra la deportación de los judíos a los campos de concentración, nos muestra que la clase proletaria no está en absoluto indefensa o condenada a la inacción cuando determinados grupos étnicos son el chivo expiatorio y posteriormente se convierten en víctimas de pogromos o incluso de genocidio.
El Frente MLL lo entendió muy bien. Por ello, apoyó sin reservas la huelga como expresión de una auténtica indignación proletaria por el acoso al pueblo judío, tanto a hombres como a mujeres y niños. Para el Frente MLL, la huelga contra la brutalidad antijudía estaba incondicionalmente ligada a la lucha general contra todo el sistema capitalista. La huelga holandesa de febrero de 1941 demostró que, para defender a los grupos étnicos perseguidos, la clase obrera debe permanecer en su propio terreno y no debe dejarse arrastrar al terreno burgués, como ocurrió, por ejemplo, con las protestas del BLM en Estados Unidos.
El terreno de la clase obrera es donde la solidaridad no está limitada por las divisiones que el capitalismo ha impuesto en la sociedad y donde se vuelve realmente universal. La solidaridad proletaria es por definición la expresión de una clase cuya lucha autónoma está destinada a desarrollar una alternativa fundamental al capitalismo. En la medida en que anuncia la naturaleza de la sociedad por la que lucha, es capaz de abarcar e integrar la solidaridad de toda la humanidad. Esto es lo que hace que la solidaridad proletaria y la huelga de febrero de 1941 en Holanda sean tan significativas para nosotros hoy.
El artículo se puede encontrar aquí: La izquierda comunista holandesa y alemana, capítulo 10, 1939-1942, 4 - La huelga de febrero de 1941 y sus consecuencias políticas (internationalism.org)
CCI, Abril 2021
[1] Ver en particular: https://es.internationalism.org/content/4605/los-grupos-de-la-izquierda-comunista-ante-el-movimiento-black-lives-matter-una [420] ; Ver igualmente https://es.internationalism.org/content/4641/los-comunistas-y-la-cuestion-del-antirracismo [625]
[2] En EEUU la consigna se plasma como “defunding the police”, que pide que se retiren los fondos en policía y se dediquen a gastos sociales
[3] Ver Esclavitud y racismo, herramientas de la explotación capitalista https://es.internationalism.org/content/4591/esclavitud-y-racismo-herramientas-de-la-explotacion-capitalista [342]
[4] Junta de Comercio de Nueva Orleans
[5] Para pedir el libro es cribe a nuestro apartado
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Nadie pone en duda el aumento del número de desempleados en el mundo a causa del cierre de la actividad económica por el Covid-19. En México, según datos oficiales, el número de desempleados aumentó en 117% tras la pandemia, lo que representa 2.43 millones de trabajadores, de los cuales cerca de 57 mil llevan más de un año sin laborar. Los trabajadores han quedado en una situación de mayor fragilidad con la pandemia por el peligro de exponerse diariamente a contagiarse en el transporte y en el trabajo, por la incertidumbre de perder su empleo por el riesgo de quiebras y cierres de empresas o por el esfuerzo extra que ahora debe realizar con el teletrabajo en tanto le implica cubrir gastos extras para llevar a cabo sus labores. Bajo estas circunstancias, sin embargo, la situación actual pone más obstáculos para que los trabajadores protesten por mejores condiciones de vida y de trabajo. Vimos, por ejemplo, cómo las protestas en México de los trabajadores de la salud se multiplicaron en muchos hospitales, pero estas eran muy minoritarias y aisladas por las exigencias que ha puesto la propia pandemia que no ha dado descanso a enfermeros, médicos, camilleros, afanadores, etc., para atender siquiera sus necesidades vitales (entre ellos ha habido también muchos muertos)[1].
De esta manera es importante resaltar que el paro en la UNAM muestra con claridad que el proletariado no está derrotado, que manifiesta una combatividad y tiene intacta sus capacidades para luchar en la defensa de sus condiciones de vida y de trabajo a pesar de muchas dificultades y obstáculos de la situación actual. La UNAM es la universidad más importante en México, con aproximadamente 40 mil profesores a nivel medio superior, superior y de postgrado. Los profesores están comprendidos en tres categorías: “de carrera” que también son pagados por los trabajos de investigación, “de asignatura” que son remunerados sólo por las clases y “ayudantes” (que ganan entre 80 y 100 pesos la hora), las dos últimas categorías constituyen aproximadamente el 80% de profesorado. La mayor parte de éstos no tienen contrato de base, por lo que, su contratación se renueva cada año o incluso cada semestre. Los profesores entre este 80%, es decir los que trabajan en condiciones más precarias, son los que promovieron el paro.
A partir de la pandemia, se redujeron las actividades de investigación, pero no se detuvieron las clases, las cuales fueron retomadas en línea con recursos de los propios profesores trabajando desde sus casas y desde luego con un aumento considerable de la carga laboral para preparar el material de clases y la evaluación en línea.
Aunado al incremento de las cargas laborables por el teletrabajo, se presentaron para cientos de profesores retrasos en sus pagos, acumulando un retardo de hasta un año, por lo que en febrero de 2021 iniciaron reuniones de profesores para discutir su situación, hasta desembocar en un paro de actividades de 3 días a partir del 16 de marzo convocado por profesores de la Facultad de Ciencias. Parte de un texto entregado a la Oficina de la Dirección General de Atención Ciudadana el 15 de marzo de 2021 (Dirigido al pueblo de México y a la Opinión pública) habla de: “Trabajo en condiciones de maltrato… con salarios que a través del tiempo han perdido el poder adquisitivo, con restricción de horas para poder laborar…pues se les priva de apoyos que sólo se pueden alcanzar al laborar más horas de las permitidas, con inestabilidad laboral, pues las contrataciones son por semestre…deuda de sueldos…impuestos injustificados”. El paro se fue extendiendo desde el 16 de marzo a diferentes facultades, escuelas y colegios de los diferentes niveles de la UNAM, y en el transcurso cobró la forma de paro indefinido. A partir del 3 de mayo, en algunas facultades y colegios se retomaron las clases de manera parcial, aunque el 5 de mayo, al menos 22 Facultades continuaban en paro, se presenta ya un desgaste y desesperación.
Lo particular de esta movilización es que la mayoría de los paros y las protestas se organizaron a través de asambleas que se han llevado a cabo por zoom, incluyendo a alumnos y profesores, sin embargo, los mítines y manifestaciones presenciales que se han realizado han tenido muy poca asistencia, como la del 25 de marzo que reunió unos 500 manifestantes y la del 11 de mayo, en que los asistentes fueron aún a menos. Este paro inicialmente se ha organizado fuera del control sindical, por lo que se empezaron a crear organizaciones de profesores en las que definen un pliego petitorio que expresa sus necesidades y su reconocimiento como explotados: “Salarios justos a profesores, pago completo, devolución de parte del salario no pagado desde años, contra la precariedad laboral, basificación a profesores de asignatura, por la dignificación del trabajo académico…”[2]
Pese al avance que se muestra en su reconocimiento como trabajadores explotados, hay que señalar que estas agrupaciones de profesores que surgen, desde un inicio se mantienen aisladas, cada una encerrada en su facultad, sin establecer la relación y conexión con las otras facultades y escuelas de la misma UNAM y menos aún con otras universidades que presentan idénticos problemas. Se ha llegado el caso en la “Asamblea General de Profesores de Asignatura y Ayudantes de la UNAM”, realizada el 24 marzo-2021, cuando una profesora de otra universidad pública (UACM), informaba de problemas semejantes que sufren los trabajadores académicos en esos planteles, le fue cortada la palabra por quien fungía como presídium, bajo el argumento: “…estamos acotados solamente a la UNAM, yo entiendo que este problema parece ser bastante grande en el IPN, UACM, UAM, pero ahora solamente estamos acotados a la UNAM…” Ante el reclamo por parte de un profesor asistente por ese tipo de argumentos, nuevamente se confirmó la respuesta categóricamente: “Desde la asamblea del sábado pasado se acordó esto […] no podemos incrementarnos al IPN […] quien no quiera participar ahora se puede salir…” Los diversos miembros de las agrupaciones que forman parte del aparato de izquierda de la burguesía que estaban presentes (trotskistas, feministas…) y otros, que se presumen “radicales”, no dijeron ni una sola palabra al respecto y continuaron su asamblea[3].
Es por eso que estas protestas no logran atemorizar a la rectoría, que empezó a hacer los pagos atrasados a cuentagotas, calculándolos de forma errónea y manteniendo adeudos, pero además ignorando las otras peticiones como aumento salarial y basificación, alegando que para esas peticiones el interlocutor al que ellos reconocen es el sindicato del AAPAUNAM, en tanto es el titular del contrato colectivo. Mostrando así que, si los tres sindicatos que se relevan el trabajo de dominio de los trabajadores en la UNAM se han mantenido agazapados, es porque están esperando el momento más adecuado de aparecer y darle más efectividad a su golpe: ya como voceros directos de la rectoría (repitiendo el AAPAUNAM su papel tradicional) o como pretendidas expresiones “críticas” y “alternativas” (como ya lo están haciendo el STUNAM y el SITTAUNAM).
Aprovechando el aislamiento en que son llevadas a cabo las discusiones, el izquierdismo[4] también aprovecha para desviar la discusión introduciendo la consigna de la “democratización universitaria” o la destitución de alguno de los personajes de la estructura de gobierno universitaria. Incluso la campaña ideológica desatada en torno al pretendido cambio que representa el gobierno de la “4T”, cumple su objetivo de extender y profundizar la confusión. Por ejemplo, un grupo de profesores apeló al Estado intentando repetidamente presentar sus demandas en una de las reuniones “mañaneras” del presidente de la nación hasta que el 30 de marzo lo lograron, recibiendo la respuesta de que era un asunto que le corresponde arreglarlo a las autoridades de la UNAM.
Desde luego, esta ha sido una movilización que surge en el terreno de la clase trabajadora. La movilización se dio por ataques directos al salario de profesores que los afectaron de forma inmediata y cobra importancia por la situación difícil para la movilización que impone la pandemia. Es importante también porque es uno de los primeros paros de actividades realizados virtualmente, o tal vez es la primera vez que ocurre en el mundo. El movimiento mantuvo su combatividad por algunas semanas, centrándose en las peticiones económicas, pero fue decayendo por su aislamiento. Esto permitió que al finalizar el semestre se asumiera por parte de las autoridades una respuesta de agresión directa, despidiendo a decenas de profesores de facultades y escuelas, como ha venido ocurriendo en la FES Acatlán, Ciencias Políticas y los CCHs.
El paro de profesores no superó muchos de los obstáculos que se presentan a las movilizaciones proletarias y por ello presentó muchas debilidades algunas provenientes de las añejas dificultades particulares del proletariado en México y algunas causadas por la propia situación derivadas de la pandemia:
El paro ha sido muy corporativista, no ha habido unidad de los profesores, no hubo una fuerza solidaria suficiente que permitiera romper las barreras administrativas que la burguesía impone entre los trabajadores y asegurar la unidad de los profesores sin importar su “categoría”. Tampoco hubo unidad real entre los profesores de los diferentes colegios, escuelas y facultades; cada entidad tenía sus asambleas por separado y por lo tanto las demandas y las acciones estaban dispersas en un sinnúmero de divisiones. Tampoco se buscó el apoyo de profesores de otras instituciones educativas y mucho menos de otro tipo de trabajadores. Si no hay una dinámica hacia la unidad y la extensión del movimiento, éste decae irremediablemente hasta la derrota. Junto con ello faltó la realización de asambleas generales masivas y conjuntas con las que se asegurara el control del desarrollo del movimiento. Esta división también se pone de manifiesto en las decisiones sobre el levantamiento del paro. Cada plantel decide el momento en lo que lo hará, acelerando la disipación de la incipiente solidaridad y unidad proletaria que se alcanzó, en tanto crea una mayor división y resentimientos de unos trabajadores contra otros. Por ello, los patrones cuidan mucho que los golpes se den sectorialmente para evitar la unidad de los trabajadores que es una de sus principales fuerzas y esencial para lograr victorias significativas.
La prolongación del paro que en algunos centros educativos ya va a cumplir 3 meses –en estas circunstancias de falta de unidad y extensión– ha llevado a la impotencia y al cansancio, por lo que se ha visto forzado a plantear la vuelta al trabajo también de manera dispersa, en un clima que favorece la entrada de la estructura sindical (lo mismo la oficialista que la “crítica” o la “independiente”) para afianzar el control y la confusión, abriendo la puerta a la represión (con despidos, como ya se está presentando) y a movilizaciones de minorías desesperadas, consumando la derrota del movimiento.
Sólo un balance que considere los aciertos, pero sobre todo los obstáculos y los errores en este movimiento puede evitar que se siga desarrollando la desmoralización y la desconfianza en el combate y en la propia clase trabajadora. Es imprescindible recobrar las lecciones que han dejado las luchas del proletariado alrededor del mundo para armarse para las luchas futuras, en las que nuevamente los profesores junto con otros sectores de la clase trabajadora tendrán que enfrentar los terribles ataques que no dejará de propinar este sistema capitalista en putrefacción.
Dos lecciones fundamentales que vienen ya desde las grandes luchas de 1905 en Rusia y otros países[5] son que:
1) La lucha debe ser impulsada, organizada y extendida por LOS TRABAJADORES MISMOS, fuera del control sindical, mediante Asambleas Generales y comités elegidos y revocables.
2) La lucha está perdida si queda encerrada en la empresa, el sector o la nación; por el contrario, debe EXTENDERSE rompiendo todas las barreras que el capital impone y que la atan a éste.
El camino de la lucha proletaria, que inicia con reivindicaciones económicas buscando la unidad cada vez más extensa de la clase trabajadora, es el único que puede llevar a la transformación radical, a la comunidad humana mundial. Hay que continuar avanzando en este camino largo y difícil pero el único que puede evitar la destrucción de la humanidad de la cual la pandemia del Covid 19 está dando el aviso.
Revolución Mundial, 15-junio-2021
[1] Para un balance de las luchas obreras en el mundo durante lo más fuerte de la pandemia ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [271]
[2] https://www.terra.com.mx/nacionales/2021/3/23/paro-en-la-unam-2021-que-facultades-estan-en-huelga-virtual-indefinida-por-que-13260.html [628]
[3] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=fdnmKmcghBs [629]
[4] Nos referimos a las diversas agrupaciones de corte estalinistas, anarquistas, feministas, etcétera que levantan un proyecto burgués presentándose como defensores de los trabajadores y que tienen amplia presencia en la UNAM. Para comprender los métodos contra la clase obrera de este tipo de organizaciones se puede consultar la Serie La Herencia oculta de izquierda del Capital https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201712/4261/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-i-una-falsa-vision-de-l [363] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4267/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-ii-un-metodo-y-un-modo- [132] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4268/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-iii-un-funcionamiento-q [364] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201803/4278/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-iv-su-moral-y-la-nuestr [365] y https://es.internationalism.org/content/4322/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-v-el-debate-en-la-burguesia-pugna-brutal [366]
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Todos los días y a todas horas en lo que va del año se han repetido los mensajes de los partidos de izquierda y derecha llamando a votar. Esa ruidosa campaña para promover las elecciones que cada determinado tiempo se reedita, es una actividad necesaria para la burguesía porque con ella renueva y busca perpetuar al instrumento con el que refuerza su control ideológico. Los discursos engañosos, las promesas e incluso los insultos con que se presentan los candidatos y partidos en cada elección, son parte de una rutina con la que se busca sembrar la esperanza en la democracia y las urnas.
La burguesía a lo largo del tiempo ha ido depurando sus mecanismos de sometimiento y control, particularmente con la democracia y las urnas electorales ha logrado crear la ilusión de que ellas permiten expresar la voluntad y otorgan la capacidad de elegir. Por eso es que la burguesía para evitar que los trabajadores se reconozcan como parte de una clase explotada y revolucionaria, busca a toda costa diluirla como individuos aislados y revestirlos como “ciudadanos libres”. Colocados los explotados en la condición de ciudadano se convierten en un cuerpo pasivo que solo atiende y cumple los mandatos de acudir mansamente a las urnas a elegir al que será su verdugo…
Los trabajadores no obtienen ninguna mejora con el cambio de los personajes del personal que dirigen al Estado. Sea de izquierda o de derecha el partido que se coloque a la cabeza del gobierno, mantiene los mismos objetivos: la defensa de los intereses de la burguesía y la perpetuación del sistema capitalista. Durante años en cada proceso electoral López Obrador se dedicó a llamar a votar por él para lograr un “cambio social” y al subir al gobierno todo ha quedado igual para los trabajadores, su vida, que el capitalismo la marca por la explotación y la miseria no solo no ha mejorado sino se ha degradado más. El ataque continuo que grupos de empresarios realizan desde los medios de difusión masivos al gobierno de AMLO, hacen parecer que son motivados por su accionar diferente. El propio López Obrador se encarga de hacerlo creer así, sin embargo, detrás de ese enfrentamiento hay una disputa motivada por el choque de intereses políticos y económicos de fracciones burguesas, pero ambos bandos defienden intereses que están muy lejanos de los que atañen a los trabajadores.
El voto y las urnas tienen sobre todo como función el control ideológico de la población, de ninguna manera son un “poder” o una “fuerza social” son tan solo una expresión formal que la burguesía establece para revestir a la dictadura del capital de tonos democráticos en el que sus partidos hacen un juego de repartición del gobierno. No obstante, los compromisos pactados desde los partidos de la burguesía son tan solo la parte más visible de la estructura de poder, pero no la principal; los acuerdos y coaliciones entre los grupos de empresarios y las diversas fracciones de la burguesía son en realidad donde se definen los objetivos, los proyectos políticos e incluso donde establecen quien encabezará el gobierno. Esto no significa que permanentemente logre obtener una homogeneidad en sus decisiones y orientaciones, en tanto existen intereses enfrentados. En lo único que siempre los mantiene unidos es en su combate en contra de los trabajadores. El proceso de descomposición que sufre el capitalismo está marcando una tendencia en la que cada vez más se presentan dificultades en la burguesía para mantener su unidad. En esta pugna permanente y creciente, cada fracción de la burguesía busca satisfacer ambiciones personales exacerbadas por una tendencia al cada uno para sí (1).
Esa fractura y fragmentación de la unidad de la burguesía mexicana toma cada vez mayor dimensión, dividiendo incluso a sus partidos. El último gobierno de México en el que la burguesía logró mantener la cohesión fue en el de Miguel de la Madrid (1982-88), después de este, se desataron una serie de fenómenos que mostraban el avance que la descomposición social tomaba. Es en ese marco de ruptura de la unidad de la burguesía y de descomposición ya muy avanzada en el que ha llegado al gobierno AMLO, encabezando a un partido, denominado MORENA (2), que es expresión de la misma descomposición en tanto es producto de la fractura del Partido de la Revolución Democrática (PRD), el cual fue un partido con el que la burguesía buscaba consolidar su aparato político de izquierda.
Al fracturarse su partido de izquierda, al repetirse esa misma situación en el resto de sus partidos de derecha y por la agudización de la competencia que empuja a un crecimiento de las prácticas de corrupción, se pretendía, en un acto pragmático, que a través de AMLO y su partido, se lograra cohesionar a las diversas fracciones de la burguesía, muy heterogéneas en sus intereses económicos y políticos, utilizando como un soporte social a una masa descontenta muy bien controlada, formada lo mismo por grupos de la pequeña burguesía, que por grupos de sectores depauperados. De esa forma se pretendía imitar la estrategia usada por el PRI, que era el centro de cohesión de la burguesía con una amplia estructura social, formada por sus “sectores” (obrero campesino y popular) a los cuales usaba como grupos de presión. De esa manera se arma un gobierno con un proyecto propulsor de la economía nacional, de reorganización de las instituciones para encontrar una limitación de la violencia y de la descontrolada corrupción.
Para dar soporte a su proyecto, el nuevo gobierno construye una campaña ideológica en la que presenta a sus tareas como equivalentes a las enfrentadas en la formación del Estado nacional y consolidación del poder de la burguesía (3). A partir de este proyecto se pretendía controlar las disputas en las que se mezclan intereses políticos y económicos de todos los grupos burgueses, incluyendo los de las agrupaciones mafiosas que extienden su poder económico al político al fusionarse en las estructuras de gobierno, generalizando la violencia y la corrupción. Pero los esfuerzos por lograr la cohesión se esfuman rápidamente, ampliándose las disputas y el ambiente de violencia generalizada que, en vez de limitar la corrupción ha propiciado su desarrollo, mostrando que –dicho sea de paso– la corrupción es parte de la vida de la burguesía.
Apenas conformado el gobierno, se abren disputas por la suspensión de la construcción del gigante nuevo aeropuerto en la CDMX y a partir de ello se han ampliado y extendido hasta el presente. La fractura de la clase en el poder ha llegado a tales niveles que el gobierno de AMLO ha buscado respaldo en el ejército para con ello forzar a un cierto orden. De manera que les ha entregado a las fuerzas militares la concesión de la construcción de sus “megaproyectos” (nuevos aeropuertos, el internacional y los locales, el tren Maya…) y su futura operación, así como la administración de los puertos y aduanas comerciales. En términos políticos, les ha entregado, a través de la “Guardia Nacional”, el control y la negociación con las agrupaciones de las mafias del narcotráfico. La situación que ha expuesto la estrecha relación económica y política entre el gobierno de AMLO y la estructura militar ha sido la apología y defensa (hasta obtener su liberación) de personajes como el general Salvador Cienfuegos, jefe militar en el gobierno de Peña Nieto, detenido por la policía norteamericana por colaborar y proteger los negocios de grupos dedicados al narcotráfico.
En este proceso conflictivo y en mitad del período sexenal, se han realizado las campañas y elecciones, en la que definen no solamente a diputados y senadores federales y locales sino además a gobernadores de 15 estados y en cientos de localidades el cambio de munícipes y alcaldes. Por el momento de fractura de la burguesía y por la amplitud de puestos del Estado que había que renovar, se ha presentado como un momento estratégico en el que cada fracción de la burguesía intenta colocarse en un mejor lugar dentro de la estructura del poder, por lo que rehace sus alianzas, no solamente a través de sus partidos (en esta ocasión los tres principales partidos, PRI, PAN y PRD, se han aliado en contra del partido de AMLO, Morena), sino también con las fuerzas del narcotráfico dispersas a lo largo del país.
Sin duda las elecciones es un momento relevante para la burguesía porque refuerza su control ideológico y le permite redefinir la distribución formal de su poder, sin embargo, el nivel de descomposición le ha dificultado tener todo el escenario bajo su control. Los millones que gasta en ese “rito democrático”, no han podido impedir que pierda credibilidad y para reanimarlo integran nuevos partidos (aun cuando son pequeñas expresiones de la burguesía) e insertan en las boletas electorales a personajes de la farándula más ridícula.
Desde la década de los 70 la burguesía mexicana buscó fortalecer la mascarada electoral a través de la “apertura democrática” y la “reforma electoral”, sin embargo, con el despegue de sus disputas internas el escenario electoral pierde también control por lo que el Estado buscó crear un instrumento de contención de esos enfrentamientos (4). Este instrumento creado para tal fin en 1990, fue el Instituto Federal Electoral (IFE, transformado posteriormente a instituto nacional, INE), con él logró ordenar un poco las disputas, además de animar a la esperanza en la democracia y dar credibilidad al voto, reforzando el engaño del “poder ciudadano”.
El grado de los enfrentamientos de la burguesía han alcanzado tal magnitud en la actualidad que el INE se ha convertido en un promotor de la división, llevando un enfrentamiento abierto en contra del gobierno de Obrador y su partido.
No es extraño que, si la estructura estatal encargada de evitar el escalamiento de la violencia electoral se ha desquebrajado, se extiendan los atentados y crímenes. Este escenario de crímenes empieza a tomar dimensiones en las elecciones del 2006 al presentarse 14 asesinatos relacionados en ella, luego, en las elecciones del 2012 fueron 32, pero en 2018 ya fueron 152 los crímenes. En contrasentido al ofrecimiento de pacificación que López Obrador hiciera en campaña bajo el lema, “abrazos no balazos”, la violencia sigue acelerándose, llenando de sangre sus boletas electorales: esta vez fueron 91 los candidatos o personal de los partidos que fueron asesinados durante la campaña electoral de este año.
La pasada campaña electoral ha sido llevada a cabo en medio de la división de la burguesía tan profunda que se escucharon amenazas de golpe de Estado y se expandieron las prácticas que emulando al gansterismo llenaron las urnas de sangre. En ese marco es en el que la burguesía ha distribuido los puestos de gobierno, pero las grietas políticas que la cruzan se han hecho más anchas.
Los resultados de las elecciones han dejado la mayoría en las cámaras a Morena, aunque en algunos estados se han otorgado a la alianza PRI-PAN-PRD. De manera que la división del poder podrá ser usado por el gobierno como argumento que justifique sus “dificultades” para poder lograr el cambio prometido. Estos resultados de las elecciones se han interpretado por los partidos de “oposición” y por el gobierno como un triunfo, cada uno de los partidos aseguran han salido vencedores y todos ellos tienen razón, porque su ruidosa campaña electoral, marcada por la demagogia y el crimen ha logrado que por lo menos el 50% de los 93.5 millones de personas registrados en el padrón oficial, fueran sumergidos en una profunda borrachera electoral. El gran triunfo de la burguesía en estas votaciones ha sido el que lograron que miles de trabajadores fueran sometidos por la confusión de la campaña electorera, alejándolos de su terreno de clase, transformando así su descontento y su necesidad en confusión y esperanza en la democracia…
La clase trabajadora nunca tendrán ninguna posibilidad de obtener un beneficio de las elecciones, por el contrario, la aceptación de su condición de ciudadano, lo conduce a perder su identidad de proletario. Es por ello urgente que los trabajadores reflexionen y tomen conciencia que los gobiernos de izquierda o de derecha son expresiones del poder de la burguesía.
Revolución Mundial, 12-junio-2021
NOTAS:
1 La fase de descomposición no es solo un problema de México, es una tendencia que avanza en el capitalismo. Una de sus manifestaciones más relevantes es la dificultad de la burguesía para lograr su unidad y mantener el control de su política. Hemos visto como incluso en países industrializados, como EUA esta tendencia ha llevado a la formación de gobiernos populistas como el de Trump, caracterizado por su actuación política irresponsable. Para ampliar sobre este problema, recomendamos leer: “Presidencia de Trump: símbolo de un sistema social moribundo”, ubicado en: https://es.internationalism.org/revista-internacional/201611/4186/presidencia-de-trump-simbolo-de-un-sistema-social-moribundo [633]
2 MORENA: Movimiento Regeneración Nacional, es creado en 2011 como un movimiento social, orientado para la participación electoral de 2012. En su estructuración como “movimiento”, agrupó a sectores salidos de otros partidos (PRD y PRI principalmente) y de otras agrupaciones regionales, a partir de esta suma de grupos e individuos en 2012 oficialmente se transforma en partido
3 AMLO define a su gobierno como parte de una “4ª Transformación”, por ser pretendidamente continuidad de los siguientes momentos del pasado: 1º la Independencia (1810 a 1821), 2º la Guerra de Reforma encabezada por Juárez (1859-1861) y 3º la llamada Revolución mexicana que consolidó la república constitucional (1910-1917)
4 La violencia electoral que se presentó en la primera mitad del siglo XX, revelaba también fisuras al interior de la burguesía, como la que se presentó en las elecciones de 1929 hacia los “vasconcelistas” o en 1952 en contra de los seguidores del candidato Miguel Henríquez Guzmán. Pero esa violencia, a diferencia de la actual, se dirigía directamente por el gobierno con el fin de disciplinar a aquellos sectores de la misma burguesía que se salían del orden y la unidad. La integración de las mafias a las estructuras del Estado ha hecho que la violencia se generalice sin control, en tanto los sangrientos ajustes de cuenta se operan lo mismo por policías y militares que por sicarios a sueldo de algún grupo del aparato político de la burguesía mezclado con las mafias. Esa situación ya empezaba a revelarse cuando reprimían a los seguidores de Cuauhtémoc Cárdenas (1988), a los que el gobierno buscaba disciplinar, sin embargo, al incorporarse en esta práctica las “guardias blancas” de los caciques o de grupos burgueses locales, se mostraba ya la dificultad de la burguesía para tener el control absoluto de su aparato político
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La región ahora ocupada por el moderno estado turco siempre ha sido una encrucijada del mundo, un área donde chocan todos los caminos, pueblos e influencias. Esto, en general, ha sido muy positivo para el desarrollo de la humanidad. Hoy, sin embargo, se están produciendo muchas influencias y colisiones globales en Turquía y sus alrededores que no son en absoluto positivas y más bien expresan el estancamiento del capitalismo y la amenaza que representa no solo para la población de Turquía y la región, sino para toda la humanidad. Aunque la putrefacción de un capitalismo en descomposición es hoy claramente visible en las grandes potencias, es un fenómeno global que existe en y se aplica a todos los estados. De hecho, hoy se expresa particularmente en Turquía, que se ha convertido en un punto de colisión para todas las contradicciones de un capitalismo moribundo; un lugar donde las expresiones de descomposición muestran una tendencia innata a la autodestrucción que está afectando y afectará a todos los países de la tierra. Las tendencias generales que operan actualmente en Turquía son las mismas que las de todos los estados capitalistas y sólo pueden intensificarse dado el desarrollo ineludible de la insoluble crisis económica del capitalismo. El caos, el militarismo y la inestabilidad que azotan a Turquía son presagios del futuro del capitalismo y, en este momento, muy peligrosos para el caldero de Oriente Medio del que Turquía forma parte.
La economía turca está en quiebra y sus perspectivas son nefastas; está desesperada por la inversión extranjera y, con perspectivas debilitadas de atraerla, muy preocupada por la creciente dependencia de China. Las condiciones de vida de la clase trabajadora, incluido el sistema de salud del que depende, están siendo constantemente atacadas en una atmósfera en la que muchas expresiones de malestar se topan con la fuerza brutal de la represión. Turquía está altamente militarizada y sus ambiciones imperialistas, sus incursiones militares externas, tienen un toque de locura, reflejando la grandiosa "visión" de la camarilla gobernante turca, sus pretensiones de ser un actor importante en el escenario mundial. Las aventuras del imperialismo turco cerca y lejos, suspirando por un pasado glorioso que nunca existió, solo pueden traer más problemas a medida que Turquía se gana más enemigos en el exterior, mientras que en casa su participación en guerras cada vez más insensatas exige mayores sacrificios de la clase trabajadora. El estado turco parece superficialmente fuerte, pero todo su edificio está construido sobre arena; socavados por el debilitamiento de su economía, las crecientes divisiones políticas y una cierta pérdida de control por parte del gobernante AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), anteriormente relativamente fuerte, lo han obligado a depender del derechista Partido del Movimiento Nacionalista (MHP) para ganar las cruciales Elecciones de 2017, el referéndum de 2018 y para mantenerlo en el poder hoy. Otro elemento de la creciente inestabilidad, un fenómeno mundial pero que se expresa particularmente en Turquía y Oriente Medio, ha sido el dramático aumento de refugiados y personas desplazadas debido a la propagación de la guerra y el militarismo en la región. Pero el estado turco ha instrumentalizado esta abyecta miseria en su beneficio al utilizar a estas masas no solo para mano de obra barata y precaria dentro de Turquía, particularmente los refugiados sirios, sino también como amenaza contra Europa para extorsionarla pidiendo dinero, principalmente de Alemania: la amenaza es que desatará esta avalancha de refugiados en Europa occidental si no se sale con la suya[1].
Como en todas partes, el estado turco está activamente involucrado en la destrucción del medio ambiente, subrayado por esquemas para impulsar el crecimiento mediante el uso de recursos naturales, la minería extensiva y la deforestación, por ejemplo, o proyectos imperialistas como la propuesta de construir un canal desde el Mar Negro hasta el Mar de Mármara (un proyecto presentado por primera vez hace 500 años por el sultán Solimán el Magnífico), una propuesta que el propio presidente Erdogan calificó de "loca" en 2011[2]. El costo proyectado del canal es de al menos diez mil millones de dólares, y también hay planes para un nuevo aeropuerto y centro de carga de diez mil millones de dólares junto con una nueva autopista. Estos son en parte proyectos para celebrar el centenario de la República de Turquía en 2023 en un frenesí de nacionalismo. No solo hay una deforestación masiva, sino amenazas reales para el suministro de agua de Turquía provenientes del proyecto del canal de Estambul, como lo señalaron los propios asesores del gobierno.
Estos son solo algunos de los elementos que expresan cómo Turquía es una ilustración de la descomposición del capitalismo[3]. Desde hace décadas, Turquía se ha visto particularmente golpeada por las turbulencias económicas, militares, políticas y sociales desatadas por el colapso de los bloques imperialistas relativamente estables en 1989, abriendo una nueva y más peligrosa era de un perro-come-perro capitalista; y ahora llega el último flagelo del capitalismo en descomposición, la pandemia de Covid-19.
Todos los elementos negativos existentes, en particular la economía, se ven agravados por esta pandemia pronosticada desde hace mucho tiempo, y se han creado muchos nuevos problemas y dificultades. La clase dominante también ha mostrado su desprecio por la vida humana "no rentable", particularmente cuando pensó al principio que había un "rayo de luz" en esta "enfermedad parecida a la gripe" pasajera en el sentido de que muchos de los ancianos y enfermos serían eliminados , liberando al estado de la costosa carga de cuidar a aquellos que estaban más allá de la explotación[4]; en algunas de las principales capitales del mundo, los países más ricos de la Tierra, esta tendencia de deshacerse de las responsabilidades humanas inútiles fue generosamente alentada por los estados a través de su negligencia criminal y no menos importante a través de su ideología nacionalmente adaptada de "inmunidad colectiva" mucho antes de que hubiera alguna señal de vacuna. Y luego, cuando la pandemia tomó su curso natural, la burguesía y sus estados se dieron cuenta -algo que ya había sido señalado antes por varias agencias, incluidos los servicios de inteligencia de Estados Unidos- que una pandemia de este tipo no solo perturba gravemente la economía capitalista, sino que puede convertirse fácilmente en una amenaza existencial para él[5].
En los primeros meses de la pandemia, parecía que a Turquía le estaba yendo bastante bien, cerrando escuelas, universidades e industrias del ocio rápidamente; las oraciones congregacionales estaban prohibidas en las mezquitas y su sistema de pruebas parecía funcionar de manera eficiente. Pero gran parte de esto fue propaganda cuidadosamente orquestada por el régimen de Erdogan, argumentando que el mundo estaba celoso de los logros de Turquía. Pero incluso en el período inicial de la pandemia, el New York Times encontró muertes mucho más altas que las cifras oficiales[6]. La introducción de Wikipedia sobre la "pandemia de Covid-19 en Turquía" parece que fue escrita por un comité de piratas del AKP con un arma en la cabeza: todo ha sido simplemente genial; el sólido sistema de salud de Turquía ha cubierto de manera sobresaliente, mucho mejor que otros, y sigue estando al tanto de la situación. Otros países (algunos de sus rivales imperialistas más cercanos) son castigados por no actuar con la suficiente rapidez, a diferencia de Turquía. La introducción está salpicada de ejemplos de cómo Turquía es uno de esos países a la vanguardia de la lucha contra el virus. No se puede creer en ninguna de sus cifras y parece un ejemplo de libro de texto de propaganda estalinista.
La realidad es que Turquía ocultó el verdadero alcance de esta crisis durante meses para proteger la economía, y las descaradas mentiras del estado (como en todas partes) alentaron la propagación del virus. La Asociación Médica Turca (TTB) dijo, justo antes de fin de año, que el gobierno en realidad "había perdido el control de la situación"[7]
Los médicos en Turquía han sido directamente amenazados por el estado por cuestionar sus cifras de virus y señalar el lamentable estado de sus hospitales y servicios de salud, junto con la falta de equipo de protección. El socio de la coalición gubernamental de Erdogan, Devlet Bahceli, líder del Partido del Movimiento Nacionalista (MHP), pidió declarar ilegal a la Asociación Médica Turca y la detención de sus líderes[8]. Como en todas partes, Turquía está utilizando la pandemia para fortalecer el aparato represivo del estado y presionar a la clase trabajadora en particular. Contrariamente al nauseabundo informe de Wikipedia, Totalanalysis con sede en Londres ha estado monitoreando casos de Covid-19 en muchos países y publicó su Índice de Transparencia de Datos Covid, en el que Turquía ocupa el puesto 97 de un total de 100, seguido de Serbia, Turkmenistán y Corea del Norte. Una última obscenidad relacionada con la pandemia (seguramente con muchas más por venir) y el armamento de las vacunas es la forma en que, en común con el beneficio de la miseria de los refugiados, el estado turco parece haber sentado las bases para intercambiar algunos de sus refugiados uigures por dosis del tratamiento chino Sinovac: tres millones de dosis por adelantado y más si todo va según lo planeado[9]. Hasta la fecha, las tasas de infección diarias están aumentando junto con las muertes diarias y la tasa de mortalidad general es actualmente de algo más de 30.000[10].
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, es un fanfarrón y alborotador que se adapta bien a su papel como líder del estado turco. Ha estado hablando durante años sobre los logros de Turquía, el pasado glorioso de Turquía y su destino futuro como gran potencia[11] y esto solo se intensificará hasta el centenario de la fundación de la república turca por Ataturk. Erdogan se ha hecho pasar por el defensor de los musulmanes en todas partes, jugando una carta religiosa que oculta las ambiciones imperialistas de Turquía[12]. Es muy posible que, con el fin del sistema de bloques, el debilitamiento de Estados Unidos en el Medio Oriente y la tendencia intensificada hacia todos contra todos, Erdogan sienta que finalmente ha llegado el momento de Turquía[13]. Durante las últimas dos décadas de mayor caos e inestabilidad en la arena mundial, Erdogan, un maestro de la lengua bífida ha jugado todo tipo de juegos con los estadounidenses, la UE y los rusos, utilizando sus cartas con un efecto óptimo. Pero en el pasado, Erdogan también ha sido golpeado en el tablero de ajedrez imperialista por las principales potencias: su "visión" del imperialismo turco juega con un sentimiento de "resentimiento turco" y se ha endurecido en consecuencia. Este resentimiento fue aún más real para el estado turco cuando su líder escapó por poco de un escuadrón de la muerte y fue perseguido por F-16 cargados de misiles en el fallido golpe de 2016. Pero los agravios y los apetitos imperialistas del estado turco no pueden reducirse a las reacciones de un solo hombre, y la "visión" de Erdogan se está convirtiendo en una devastadora realidad material de militarismo y guerra que genera militarismo y una guerra más amplia.
Turquía es un excelente ejemplo de descomposición capitalista, expresándose en particular a nivel imperialista. Sus viejas ambiciones han sido revividas por el giro de la crisis del capitalismo y ha desarrollado una política de estirar sus tentáculos cerca y lejos. Subrayando la naturaleza problemática de su relación con Rusia, ha realizado acuerdos recientes con Ucrania, incluida la venta de armas, como el exitoso avión no tripulado de combate Bayraktar TB2 que ha utilizado para enfrentarse a las fuerzas rusas en Libia. Turquía ha apoyado a Ucrania contra la anexión de Rusia a Crimea[14]. Las relaciones turco-ucranianas se han calentado durante varios años, pero han alcanzado un nuevo récord en un momento de tensiones en la frontera entre Rusia y Ucrania. Erdogan se ha presentado modestamente como un "pacificador", pero esto podría conducir a un aumento importante de las tensiones y el militarismo en el Mar Negro.
Turquía se ha trasladado a África militarmente después de utilizar su "poder blando" no menos imperialista para pavimentar su camino. Ha ampliado su influencia en el Golfo Pérsico con el establecimiento de una gran base militar en Qatar, manteniendo un acto de equilibrio con las otras potencias del Golfo, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Ankara ha hecho recientemente propuestas hacia estos dos últimos países, incluida la producción conjunta de drones con el régimen saudí, así como hablar sobre el restablecimiento de los lazos diplomáticos y de inteligencia con Egipto[15]. Las cálidas palabras también han ido y venido recientemente con Tel Aviv, el acto de equilibrio de Turquía solo puede volverse más problemático a medida que la inestabilidad y cada uno de ellos dominen aún más.
Turquía ha extendido y fortalecido su influencia a las repúblicas de Asia Central, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán y Kazajstán, donde ve a China como una amenaza directa y rival. Y se apresuró a proporcionar armas a su aliado Azerbaiyán antes de su guerra de 44 días con Armenia el año pasado, en particular sus drones armados que abrumaron a las fuerzas armenias y que él mismo ha utilizado en operaciones militares en Siria, Irak y Libia. Israel también participó en el apoyo a Azerbaiyán, que ve como un amortiguador contra Irán, pero fueron el armamento turco y los combatientes indirectos, suministrados a su socio chiíta "antagonista", los que derrotaron a las fuerzas armenias. La "Iniciativa Nueva Asia" de Turquía, uno de los indicadores de los intereses imperialistas turcos, tiene como objetivo reforzar las relaciones con los estados turcos de Asia. Desde 2003, Turquía ha establecido 17 nuevas misiones, cinco embajadas y 12 consulados en países asiáticos. China, por su parte, está interesada en Turquía, pero también desconfía de ella, y ha tendido a ser más abierta a los otros países de Oriente Medio, como Arabia Saudita e Irán. Pero debido a la posición geoestratégica de Turquía, su influencia en los estados turcos y la "Nueva Ruta de la Seda" (BRI) de China[16], Wang Yi, ministro de Relaciones Exteriores de China, tuvo cálidas palabras para Turquía en su reciente viaje de principios de abril por Oriente Medio.
Durante la última década, Turquía se ha implantado mucho más en África, particularmente en África Oriental, lo que la llevó a describirse a sí misma como un "estado afro-euroasiático", completando una potencial expansión militar de tres frentes. De 12 embajadas repartidas por todo el continente en 2009, ha aumentado a 42 una década después, con más a la vista, y el comercio subsahariano aumentó de mil millones de dólares a casi ocho veces más que durante el mismo período[17]. La base militar más grande de Ankara se encuentra en Somalia, donde sus fuerzas entrenan a las tropas locales; otros destinatarios de la asistencia "bilateral" de Turquía son Sudán, Níger, Djibouti (donde se estableció la primera base militar de China en el extranjero hace 3 años), Chad y Guinea. Turquía ha jugado con la idea de que sus intenciones no son coloniales sino "fraternales" hacia África. Ha habido cierta retórica neo- otomana en su propaganda, dados los vínculos entre el antiguo imperio y África Oriental, pero la "ayuda" y los proyectos turcos han sido generalmente bien recibidos por las burguesías locales. A pesar de los problemas de Francia en la región y de los esfuerzos de China por sacar ventaja, Turquía también rivaliza con países como Irán, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, así como con China, en este floreciente escenario imperialista.
El paso de Turquía a África se enfrenta directamente a las empresas diplomáticas, comerciales y educativas del clérigo con sede en Estados Unidos, Fethullah Gulen, una vez aliado y ahora archienemigo de Erdogan. El sistema educativo Hizmet de Gulen es global pero particularmente fuerte en África, donde tiende a proporcionar una alternativa más barata a las escuelas francesas para los niños de las élites. La máscara "fraternal" de Turquía ha tendido a ceder el paso a su autoritarismo al exigir que los estados africanos cierren la red "terrorista" de Gulen. Al igual que las bases militares y las "botas sobre el terreno", la inversión en curso en el auge del "poder blando" de Turquía en África y en otros lugares, que involucra escuelas, centros de salud, ONG, etc., aumenta grandemente el costo de una economía de guerra insostenible.
Sin embargo, es en el Mediterráneo central, el flanco sur de la OTAN, donde el sálvese quien pueda imperialista, con Turquía en el centro, realmente se exacerba, planteando peligros más agudos de crecientes tensiones y conflictos, exacerbados por el impulso de Ankara para ser una mayor potencia regional. Luchando como buitres, sobre una Libia devastada por la guerra, Turquía y Qatar respaldaron al Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) reconocido por la ONU, mientras que la facción opuesta, el Ejército Nacional Libio (LNA) ha sido respaldada militar y financieramente por Rusia, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y con el apoyo activo de Francia. Desde el precario alto el fuego de octubre pasado, muchas de las tropas extranjeras y mercenarios permanecen en el país, incluidas las fuerzas sirias pro-Ankara, amenazando la frágil "paz" y el programa de "transición" de la ONU. El apoyo de Turquía al GNA, con armas (particularmente drones) y cazas, ayudó a cambiar la relación de fuerzas en Libia y permitió al GNA tomar el control de áreas clave. Su acuerdo con el GNA incluía el acceso de Turquía a aguas "demarcadas" en el Mediterráneo oriental para la exploración y perforación[18] de petróleo y gas, pero estas aguas son disputadas por Grecia, Egipto y Chipre (de hecho, Creta y Chipre se encuentran en aguas reclamadas por Turquía); y los países mencionados, así como Israel, han excluido a Turquía de su Foro de Gas del Mediterráneo Oriental (EMGF). Esto, a su vez, ha llevado a Turquía a etiquetarlos, junto con Francia, como una "alianza del mal" que estaba dañando la "esperanza de democracia" de Libia. Si bien estos esquemas de oleoductos son más baratos que el envío de petróleo y gas, parecen propuestas muy poco fiables desde el punto de vista económico y son propensos a la inestabilidad política que acecha al Medio Oriente. Pero Turquía está luchando por el derecho a acceder a lo que llama su "patria azul" para ganar más autonomía energética, y por eso está en Libia a largo plazo, utilizándola como trampolín para acceder a las aguas del Mediterráneo central y una implantación más fuerte en esta zona vital. Turquía y el jefe del nuevo gobierno interino de Libia, el primer ministro Abdul Hamid Dbeibah, acaban de reafirmar (el 13 de abril) el acuerdo marítimo de 2019[19] que ha enfurecido a otros estados, mientras que Turquía ha prometido al gobierno libio 150.000 vacunas covid, un hospital Covid-19 en Trípoli y el apoyo de Ankara para la reconstrucción del ejército libio.
El gasoducto ruso/turco, Turkstream, fue inaugurado por los presidentes Putin y Erdogan en enero de 2020, pero se basa en esta "asociación" altamente calificada. El proyecto fue detenido por Putin luego del derribo de un avión de combate ruso Su-24 por Turquía en la frontera turco-siria en 2014 y restablecido después de la efusiva disculpa de Ankara. La dependencia de la UE de Turquía con respecto a los refugiados significa que sus esfuerzos diplomáticos para regular los problemas en estas aguas, y la relación entre los miembros de la OTAN, Turquía y Grecia, parecen ser extremadamente difíciles. Existe un riesgo real para Turquía en el sentido de que, al sobredimensionarse, se desborda y provoca enfrentamientos más graves; ser activo en tantos frentes y creando tantos enemigos revela una irracionalidad típica de la descomposición capitalista.
Hasta 1989, Turquía, con su ejército grande y moderno, era un pilar del bloque occidental, a pesar de una confrontación con Grecia, miembro de la OTAN en 1974, que presagiaba algunos de los problemas que surgieron en una escala mucho mayor con la implosión del Pacto de Varsovia a finales de los 80. Hasta ese momento, Turquía era un eje de las políticas estadounidenses en Oriente Medio, Eurasia y Europa del Este. Pero la apertura de la Caja de Pandora en 1989 empeoró dramáticamente la situación para todas las potencias principales y secundarias en el Medio Oriente y más allá. La disciplina que mantenía unido al Bloque Occidental se hizo añicos cuando el cemento que mantenía unido al bloque, que nunca tuvo una calidad duradera, se convirtió en polvo con el "Nuevo Orden Mundial" de principios de los noventa. Turquía estaba inmediatamente en desacuerdo con Estados Unidos por la primera Guerra del Golfo, el intento fallido de Estados Unidos de cohesionar el fragmentado ex bloque bajo sus auspicios. La compra por parte de Turquía, miembro de la OTAN, del sistema de defensa aérea ruso, el S-400, en 2019, dejó al descubierto la ruptura porque el sistema no puede integrarse en el marco militar de la OTAN. En respuesta, Estados Unidos prohibió la transferencia de su avión de combate F-35, cuyos detalles podrían estar disponibles para los entrenadores rusos del sistema S-400 con base en Turquía. La situación se complica aún más por el hecho de que 937 partes separadas del F-35 han comenzado a fabricarse en Turquía[20] con al menos un avión ya entregado.
Así, Turquía está dividida entre Rusia y una OTAN en crisis, con cierto antagonismo hacia "Occidente" y avanzando hacia un peligroso campo de cooperación con Rusia. Todas las viejas contradicciones y ambiciones de Turquía se reavivaron con el colapso del 89 y han estado estallando desde entonces, planteando problemas más insolubles en una situación de tendencias centrífugas crecientes. Las relaciones actuales de Turquía con Rusia, como muestran algunos de los ejemplos anteriores, no son directas ni definitivas, sino que se basan en intereses comunes contingentes que están ampliamente abiertos a disputas y conflictos. Y aunque Trump amenazó con destruir la economía turca si se "veía fuera de los límites" en Siria, Putin también la amenazó después de que su avión SU-24 fuera derribado sobre Siria en noviembre de 2015, y agregó que fue "una puñalada por la espalda por los cómplices de terroristas". Algunos de los problemas que se avecinan en la relación con Rusia se mencionan anteriormente: la amenaza existente de cerrar el estrecho del Bósforo a la armada rusa y la amenaza potencial de permitir que los buques de guerra estadounidenses utilicen su nuevo canal propuesto que, con un calentamiento de las relaciones con Ucrania, ser una amenaza significativa para Rusia. En Siria, Rusia también ha golpeado a las milicias apoyadas por Turquía en su lucha contra las fuerzas sirias respaldadas por Rusia en el noroeste de Siria: en octubre de 2020, un campo de entrenamiento militar fue atacado por las fuerzas rusas, matando a decenas de milicianos e hiriendo a muchos. Más recientemente, las fuerzas respaldadas por Turquía en la misma zona fueron alcanzadas por un aluvión de misiles cargados con bombas de racimo, supuestamente disparadas por un buque de guerra ruso en el Mar Negro. La devastación fue generalizada, lo que se sumó al continuo dolor de la población civil.
Si todo el Medio Oriente es una cesta víboras, entonces hay otra formidable cesta de víboras dentro de la cesta: la cuestión de los kurdos. Aparte de los movimientos conciliadores a medias de Turquía hacia los kurdos la última década, el miedo real de Turquía se centra en las zonas autónomas kurdas que operan en Siria e Irak. El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, reconocido por Estados Unidos como una "organización terrorista") y su rama siria, el Partido Unión Democrática con sus Unidades de Protección del Pueblo YPG, se están consolidando, en parte, en territorio sirio. Esto provocó que la operación militar turca de 2019 "Fuente de paz" cruzara Siria con facciones sirias aliadas para hacerlas retroceder. El armamento estadounidense de los kurdos con armamento sofisticado y sensible[21] para combatir a Isis fue más allá de la "carne de cañón" kurda utilizada tanto por los iraníes como por los estadounidenses contra el Isis. Las unidades de comando kurdas YPG (Yekineyen) fueron equipadas con el mismo equipo de alta tecnología utilizado por las Fuerzas Especiales de EE. UU. (El Pentágono no puede transferir este equipo a ninguna otra fuerza, pero la CIA puede y lo hizo).
A mediados de octubre de 2019, Trump dio la orden de que las tropas estadounidenses se hicieran a un lado, permitiendo efectivamente que las fuerzas turcas ingresaran al noreste de Siria y se enfrentaran a las fuerzas kurdas que pasaron de ser preciados y primados aliados de Estados Unidos a "terroristas" perseguidos de un día para otro, en una nueva "traición" kurda por parte de Occidente. Lo importante del armamento original de los kurdos por parte de Estados Unidos es que, en primer lugar, expone de inmediato la debilidad y la desesperación del Tío Sam, que es parte de un debilitamiento a largo plazo del liderazgo estadounidense resultante de la descomposición. Enfureció a los turcos y los obligó a aprovechar esta debilidad, sumándose a las tendencias generales de caos, inestabilidad y guerra en la región. Al mismo tiempo, la fragmentación y la redistribución de las fuerzas kurdas llevó a que algunas de las unidades del YPG y sus combatientes de Yekineyen se unieran al ejército sirio, probablemente con su equipo "sensible", y proporcionando al carnicero Assad herramientas más actualizadas de su oficio.
La guerra de Turquía en Irak se ha intensificado contra el PKK en el Kurdistán iraquí en y alrededor de la cordillera de Zagros, donde los aviones no tripulados de combate y aviones de combate turcos han causado una mayor devastación en ataques implacables. El nacionalismo kurdo siempre ha sido parte del imperialismo[22] y después de décadas de ser utilizados como carne de cañón por las potencias globales y regionales, y constantemente "traicionados" por ellos, los kurdos desarrollaron un dicho de que "solo las montañas son nuestras amigas". Pero aquí en sus reductos, junto con la población civil, las montañas se han convertido en su prisión y en sus tumbas. La inestabilidad general provocada por el deterioro de la situación también ha provocado combates entre los kurdos en el norte de Irak.
Desde principios de año, en lo que parece ser un cambio de énfasis, Turquía ha estado haciendo propuestas a sus rivales, con Erdogan llamándose a sí mismo y al presidente Macron "pacificadores" (nunca se ha hablado tanto de "paz" en medio de tantas guerras); ha abierto conversaciones diplomáticas con Egipto, ha tenido palabras cálidas para los Emiratos Árabes Unidos y ha abierto desarrollos militares conjuntos con Arabia Saudita. Ha reforzado sus acuerdos militares existentes con Ucrania con su programa "Black Sea Shield (Escudo del Mar Negro )", que cubre una amplia gama de operaciones, incluidos motores aeroespaciales y tecnología de misiles[23]. El 9 de abril, el Ministerio de Defensa turco publicó sus felicitaciones por el 72º aniversario de la OTAN diciendo que "juntos somos más fuertes". En enero, Erdogan, dirigiéndose a los embajadores de la UE, dijo que "estamos listos para volver a encarrilar nuestras relaciones"; en febrero, directamente a Estados Unidos, Erdogan hizo hincapié en "nuestros intereses comunes". Y el 24 de marzo, dijo al Congreso del AKP, más cerca de la realidad, "seguiremos dando forma a nuestras relaciones con todos los países". No puede haber predicciones sobre lo que esto significa para el futuro, pero está claro que Turquía avanza en muchos frentes hacia territorios muy peligrosos en una situación de crecientes tensiones imperialistas e inestabilidad que las acciones de Turquía solo agravarán. "... está claro que la política de Ankara es un factor importante para la propagación del militarismo y el caos y un factor importante para extender la inestabilidad y el conflicto a una región que se extiende desde el Sahel hasta Afganistán. En resumen, la idea de estabilizar la región, frenar las ambiciones imperialistas en todos los ámbitos es pura invención de la imaginación y el impacto de la pandemia de Covid 19, que está golpeando duramente a la región, sólo añadirá más combustible a la guerra, la barbarie y el caos"[24].
En cuanto a la economía, los principales organismos financieros mundiales coinciden en que las perspectivas de la economía turca como sombrías y el manejo de Erdogan como "poco ortodoxo"[25]. Acaba de despedir a su tercer gobernador del Banco Central en 2 años mientras intenta manipular la relación dólar/lira mediante una forma de engaño. En este momento, el Banco Central de Turquía debe decenas de miles de millones de dólares a los bancos de Turquía, lo que deja al primero con un gran agujero en su balance (en el pasado reciente, los bancos turcos han estado muy involucrados en la lucha contra las sanciones a la economía turca, particularmente su Halkbank). La lira cayó un 15% después de que el tercer gobernador del Banco Central fuera despedido y reemplazado por una persona designada por el AKP, dejando a las empresas turcas con deudas en dólares, en apuros. La economía ortodoxa dice que se necesitan tasas de interés más altas para combatir la inflación, pero Erdogan se ha opuesto a esto, en parte porque "... los fabricantes de Anatolia orientados a la exportación que son una parte cada vez más importante de la base política (de Erdogan)" (Borzou Daragahi , Independent, 24 de marzo de 1921) se ven afectados negativamente por ellos; de modo que la irracionalidad a corto plazo de Erdogan prevalece sobre la salud general de la economía turca. Una vez más, el último plan "loco" del "tomador de riesgos" de Erdogan le ha estallado en la cara, dejando la economía de su país en serios problemas. La inflación, que ha aumentado por sexto mes consecutivo y ahora se sitúa oficialmente en algo menos del 16%, significa que los trabajadores y los pobres pagarán más por los artículos básicos diarios, mientras que el desempleo oficial se elevó al 13,4% en enero y el desempleo juvenil (15-24) fue de casi el 27%, y es probable que ambas cifras sean subestimadas. Las reservas de divisas de Turquía son bajas y están cayendo. Tras la miseria dejada por la crisis económica de 2008 y la nueva miseria económica provocada por la pandemia, hay más sufrimiento por venir para la clase trabajadora, particularmente a medida que se intensifica la economía de guerra, que ya está agotando las arcas del Estado.
A pesar de la apariencia y las trampas de un estado que pretende aparecer como todopoderoso, el AKP gobernante se está debilitando bajo las presiones. Hacia fines de 2019 hubo divisiones en el partido a medida que el milagro económico se desvanecía y la impopularidad se establecía incluso entre sus partidarios. El ex primer ministro y presidente del AKP, Ahmet Davutoglu, fue una renuncia importante; Ali Babacan, exjefe de economía y al que se le atribuye haber presidido el crecimiento sin precedentes de Turquía, también abandonó el órgano de gobierno. Estos parecen pérdidas pequeñas, pero bajo el nuevo sistema de organización del AKP (diseñado para fortalecerlo) cada voto es esencial. El margen de maniobra política de Erdogan se está volviendo más limitado y es una debilidad de la clase dominante que tiene que depender del Partido del Movimiento Nacionalista (MHP) en su "alianza popular" para ganar las elecciones y mantenerse en el poder. El descontento con el AKP está creciendo en general, pero particularmente dentro de su núcleo de votantes y el apoyo en las encuestas a Erdogan está cayendo. El segundo partido más grande del país, el Partido Republicano del Pueblo (CHP)[26], la principal oposición desde 2002, también ha ido perdiendo apoyo, sobre todo debido a su complicidad con las maniobras y la represión del AKP.
El mismo día de marzo en que el AKP destituyó a su último gobernador del Banco Central, las autoridades turcas iniciaron una demanda para disolver el Partido Democrático Popular (HDP, el tercer partido más grande) liderado por los kurdos, acusándolo de estar vinculado al proscrito Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Pocos días después, mostrando la naturaleza frenética y desesperada de la campaña en curso, Ankara anunció que se retiraría de la Convención de Estambul de 2011 sobre la violencia contra las mujeres, diciendo que el plan buscaba "normalizar la homosexualidad" y no encajaba con Los "valores sociales y familiares" de Turquía. Fue una estratagema contra lo que fue una declaración vacía, una distracción para apuntalar el núcleo duro del AKP, pero como algunos países de Europa del Este y muchos países africanos, también muestra la incitación a la violencia y la bajeza y brutalidad del pensamiento burgués. La retirada dio lugar inevitablemente a una serie de contramanifestaciones que tuvieron el efecto de endurecer el apoyo de los fieles al AKP y que también fueron una lección de división, sin perspectiva proletaria.
Sufriendo de la economía de guerra, el proletariado es golpeado por todos lados. Hemos visto el abismo entre la propaganda estatal y la realidad de un servicio de salud que ya se estaba deteriorando antes de la aparición de la pandemia. Como en muchos otros países, el turismo de salud está aumentando en Turquía, pero, como en muchos otros países, esto no es una indicación de la disponibilidad y solidez del sistema de salud; por el contrario, es un signo de su restricción, aumentando las privatizaciones y los pagos por adelantado, lo que lo convierte en una preocupación más para la clase trabajadora y la gran mayoría a quienes se les niegan los servicios y se los envía al final de una cola cada vez mayor. Y eso es para los que tienen derecho, que muchos no lo tienen; los estudiantes que se gradúan, por ejemplo, no tienen seguro médico
Otro ataque brutal y frontal a los trabajadores viene con el código 29 del lugar de trabajo que suena siniestro. El Código 29 se ha utilizado como una forma de escapar legalmente de la prohibición de despedir trabajadores durante la pandemia. Pero nuevamente, estos ataques a la clase trabajadora son anteriores a la pandemia y esta última será una excusa para nuevos ataques. El Código-29 existe desde 2018 y dice que un trabajador puede ser despedido por mostrar "comportamientos que no cumplen con las normas y la ética y la buena voluntad". Ha sido ampliamente utilizado por los patrones y los trabajadores afectados por él no tienen derecho a indemnización por despido, notificación ni prestación por desempleo; su acceso a la atención médica también podría ser problemática. Las mujeres trabajadoras enfrentan problemas adicionales del Código-29, al ser sometidas a preguntas "sobre lo que hacen en el trabajo", mientras que el Código habla sin vergüenza de "conducta inmoral"; es una forma de presión represiva y humillante. Este ataque particular a las trabajadoras vuelve a complacer a la base conservadora del AKP; es un soplo, de manera similar al rechazo a la Convención contra la violencia contra la mujer. Pero casi medio millón de trabajadores han sido despedidos bajo el Código 29 en los últimos tres años[27] y, como sabe el estado, más importante que las cifras es el factor miedo que propaga. Se han aumentado los turnos de 8 a 12 horas, las horas extraordinarias se han hecho obligatorias (si es que se pagan), mientras que los jefes han cancelado los autobuses que recogen a los trabajadores, convirtiéndolos en prisioneros en las fábricas. Pero luchar contra el Código 29 solo o tratar de hacerlo más aceptable es un juego que los sindicatos juegan con sus campañas centradas en temas particulares.
A pesar de algunas "reformas" de bienestar muy específicas, implementadas más con fines de propaganda que cualquier otra cosa, la clase trabajadora está siendo atacada por todos los lados. La inflación y el desempleo son rampantes y el estado no tiene más que un nacionalismo ilusorio y una represión brutal para ofrecer al proletariado. Dada la cercanía de los sindicatos oficiales al partido gobernante, no es de extrañar que los trabajadores se vuelvan hacia los sindicatos independientes para protegerse, pero esto es un error en lo que respecta a las necesidades de su lucha. Con el descrédito de los sindicatos oficiales, la función de los sindicatos independientes es contener la lucha dentro del marco sindical y luego socavarla. Ya sea que estos sindicatos estén prohibidos por el estado o no, y los elementos del estado los ataquen o no, la función de estas estructuras sindicales sigue siendo exactamente la misma: mantener vivo el marco sindical y mantener la lucha de clases dentro de los límites del estado y una reforma ilusoria[28]. En los últimos años hemos visto la aparición de sindicatos independientes en China, Vietnam, Sudáfrica, Egipto e Irán, y fue el sindicato independiente Solidarnosc en Polonia 1981 el que logró derrotar la importante lucha de la clase trabajadora[29].
Los tiempos eran duros para la clase trabajadora antes de la pandemia y ahora son aún más duros. Antes del Covid-19, la clase trabajadora estaba comenzando tentativamente una respuesta a los asaltos acumulados a sus condiciones de vida por parte del capitalismo, pero esto fue detenido por una pandemia que constituyó un desafío directo a la salud y la vida de la clase trabajadora. Sin embargo, incluso en estas circunstancias, ha habido expresiones de luchas en defensa de las condiciones proletarias en todo el mundo. Pero las condiciones para la lucha no son propicias en las circunstancias del virus, dada la necesidad de que los trabajadores se unan y se organicen. Lo que esto vuelve a enfatizar es la necesidad de superar las divisiones planteadas por el Estado, como las establecidas entre los trabajadores turcos, kurdos y sirios, y de que el control sindical, "independiente" o no, sea reemplazado por la autoorganización y asambleas de trabajadores que tomen el control de sus propias luchas. Los omnipresentes encierros del presente no hacen más que aumentar las dificultades de la lucha de clases junto con el factor inhibidor de nuevos ataques, no menos en Turquía que en cualquier otro lugar. Pero "... la capacidad de la clase trabajadora para responder a la crisis del sistema no ha desaparecido de ninguna manera; y esto implica que pronto o más tarde veremos reacciones significativas a la embestida del capital. Mientras tanto, los revolucionarios tienen mucho trabajo que hacer para fertilizar los frágiles brotes de la conciencia ya visibles en pequeñas minorías en todo el mundo, productos de una más profunda corriente de conciencia de que el actual sistema de producción está profunda e irreversiblemente en bancarrota"[30]
Baboon, 18.4.21
[1] Una situación similar se da respecto a Marruecos y la emigración, ver Ceuta: los emigrantes, moneda de cambio de las pugnas capitalistas https://es.internationalism.org/content/4680/ceuta-los-emigrantes-moneda-de-cambio-de-las-pugnas-capitalistas [636]
[2] Bloomberg, 10.12.2019. Las cuestiones medioambientales han provocado enfrentamientos con el Estado y desempeñaron un papel importante en las protestas del Parque Gezi de 2013. Ahora hay un Partido Verde del Futuro en Turquía vinculado al Congreso Democrático de los Pueblos de izquierdas cuyo objetivo es "proteger a los contribuyentes". El movimiento verde es un útil complemento del Estado capitalista y en Alemania lo vemos apoyando a ultranza los intereses del imperialismo alemán. Turquía es el único país del G20 que no ha ratificado los Acuerdos sobre el Cambio Climático de París. Diez almirantes turcos retirados han sido arrestados por el Estado tras criticar el proyecto del canal por derogar la Convención de Montreux de 1936 que restringe los movimientos navales. Esta reacción muestra la paranoia del Estado dentro de una tendencia general creciente a romper los tratados, además de señalar la importancia del estrecho del Bósforo para Turquía. Pero este nuevo canal podría aumentar las tensiones en torno al Mar Negro, militarizando las aguas dominadas por los rusos y dando a Turquía una carta importante que jugar al tiempo que aumenta los riesgos de confrontación con Rusia
[3] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[4] El Tesoro británico, al elaborar un balance del coste de la pandemia, ha incluido el dinero ahorrado por el Estado en pensiones y otros pagos a los ancianos "sacrificados" por la enfermedad
[5] Sobre la pandemia hemos escrito numerosos artículos, ver nuestro Dossier: https://es.internationalism.org/content/4566/dossier-especial-covid19-el-verdadero-asesino-es-el-capitalismo [255]
[7] Deutsche Welle, 15.12.20
[8] British Medical Journal (BMJ), 29.9.20. No es una amenaza vana. Todo el Comité Central de la Asociación médica turca fue detenido en 2018 cuando criticó una incursión militar turca en Siria. Y más de 3.000 médicos fueron obligados a dejar sus puestos de trabajo por decreto tras el fallido golpe de Estado de 2016
[9] "Por qué Erdogan ha abandonado a los Uigures", Foreign Policy, 3.2.21
[10] Según la John Hopkins University había en Turquía más de 50000 muertos y más de 5,6 millones de contagios (datos 19 julio 2021)
[12] Estas denominaciones religiosas son reaccionarias; el grupo paramilitar fascista Lobos Grises se autodenomina "musulmán" en algunos lugares
[13] Este marco que toman los conflictos imperialistas desde el fin de la división en grandes bloques imperialistas ha sido analizado por nuestro texto Militarismo y Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [480]
[15] El portavoz de Erdogan, Ibrahim Kalin, declaró recientemente a Arab News (16.3.21) que Egipto era "el cerebro del mundo árabe, el corazón del mundo árabe". Véase también https://carnegieendowment.org/2021/03/19/will-page-turn-on-turkish-egypt [640]....
[16] Ver La ruta china de la seda hacia la dominación imperialista https://es.internationalism.org/content/4366/la-ruta-china-de-la-seda-hacia-la-dominacion-imperialista [68]
[17] Deutsche Welle, 4.2.21
[18] Ahmed Helal, Atlantic Council, October 28, 2020
[20] Ver BBC report https://www.bbc.co.uk/news/world-europe-48620087 [642]
[21] "Los kurdos sirios se arman ahora con armamento sensible de EEUU y el Pentágono niega haberlo suministrado" (Military Times, 7.5.17)
[22] "Kurdish nationalism – another pawn in imperialist conflicts [643]"... Y también El internacionalismo como respuesta a la problemática kurda https://es.internationalism.org/cci-online/201305/3727/el-internacionalismo-como-respuesta-a-la-problematica-kurda [644] , Los anarquistas y el imperialismo kurdo /content/4160/los-anarquistas-y-el-imperialismo-kurdo [645]
[23] https://jamestown.org/program/the-akinci-strike-drone-and-ukrainian-turkish-defense-cooperation/ [646]
[24] "1990-2020: 30 years of war and destruction in the Middle East. Part II - An infernal spiral of all-out confrontations and bloody massacres [647]".
[26] Partido de corte socialdemócrata creado en 1923 por el fundador de la Republica turca Kemal Attaturk
[27] agencynews34.com/ssi-code-29-description-sputnik-turkey.
[29] Sobre la huelga de masas en Polonia ver Polonia (agosto de 1980): Hace 40 años, el proletariado mundial retomaba de nuevo la huelga de masas https://es.internationalism.org/content/4597/polonia-agosto-de-1980-hace-40-anos-el-proletariado-mundial-retomaba-de-nuevo-la-huelga [302] y Un año de luchas obreras en Polonia /content/2318/un-ano-de-luchas-obreras-en-polonia [318]
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Desde principios del mes de abril, el Covid-19 se ha extendido a gran velocidad por las cuatro esquinas del planeta. Si la situación parece estabilizarse un poco en Europa y retroceder en los Estados Unidos después de un gran brote de contaminaciones, América Latina y el subcontinente indio están ahora en una situación turbulenta. Países como Chile, cuya población ha sido tratada masivamente con vacunas chinas[1], se ven afectados por una explosión de contaminaciones. La situación es tan grave que incluso dentro de las autoridades chinas, se han visto obligadas a reconocer la eficacia “insuficiente” de las vacunas. Oficialmente, la pandemia ha cobrado la vida de más de 3.2 millones de personas en todo el mundo, y sin duda muchas más, considerando las cifras a veces descaradamente falsas de países como China[2].
Si un año de investigación ha permitido comprender mejor el virus, comprender mejor cómo se propaga y cómo luchar contra él, el abandono persistente de todos los Estados y la irresponsabilidad de la burguesía no permiten en absoluto la implementación de medidas coherentes y eficaces para limitar la propagación del virus a nivel internacional. Los Estados, enredados en una lógica de competencia, no han sido capaces de coordinarse un mínimo en la política de vacunas.
De frente a esta ausencia de descoordinación, cada Estado ha tenido que poner en marcha medidas sanitarias de corto alcance, con vaivenes en el confinamiento, semi confinamientos, estados de alerta o toques de queda, abriendo esto y cerrando aquello. Sin los medios adecuados para luchar contra la pandemia después de décadas de recortes presupuestales en los sistemas de salud impuestos por la crisis, preocupados por la “economía” y el riesgo de que los competidores los dejen atrás, los Estados han terminado por aceptar las muertes diarias y han seguido ajustando sus medidas sanitarias a fin de evitar una situación de caos en hospitales y cementerios (con diversos grados de éxito). Esto es lo que la clase dominante llama cínicamente “vivir con el virus”. El resultado: aunque algunos Estados han vacunado rápidamente y por todos lados, permitió que el virus se propagara a otros lugares, favoreciendo así la aparición de variantes de Covid-19 más resistentes a las vacunas.
Pero en esta danza de la muerte, probablemente fue en India y Brasil donde vimos las peores escenas de la catástrofe. En Brasil, “la epidemia está fuera de control”, en palabras de un científico brasileño: se abren nuevos cementerios por todas partes, los cadáveres se transportan en autobús, la enfermedad mata a varios miles de víctimas al día. Pronto el número de muertos llegará al medio millón[3], superando a Estados Unidos en esta carrera por el récord macabro. Los hospitales están llenos, la gente muere en camilla esperando una cama. Y todo esto en pleno avance de la nueva variante de Manaus, la gran ciudad amazónica donde, a fines de 2020, se había creído en el espejismo de la inmunidad colectiva, en el mismo momento en que una segunda ola se extendía en Brasil en una vorágine apocalíptica. Mientras tanto, Bolsonaro, el presidente del país, que afirmó que estábamos lidiando con una “gripezinha”, seguía repitiendo “que hay que volver al trabajo y dejar de quejarse”, mientras cambiaba de ministros como de camisa en una siniestra noria gubernamental.
En Brasil, el tráfico de animales amazónicos y la deforestación masiva están exponiendo a los humanos a virus que hasta ahora habían estado “encubiertos”. Según el biólogo Lucas Ferrante, investigador en Manaus: “Es en el Amazonas donde hay mayor riesgo de ver la aparición de un nuevo virus, y este riesgo es infinitamente mayor que el que hemos visto en Wuhan”[4]. La destrucción de la selva amazónica ha adquirido dimensiones catastróficas en los últimos años. La burguesía brasileña, que obtiene jugosos beneficios de la explotación de la selva amazónica, no está lista para detener la destrucción[5].
Pero durante 15 días, la situación en India ha estado en los titulares de la prensa. Es difícil describir con palabras el horror de la catástrofe sanitaria en este país. India es hoy el país más poblado del mundo. A pesar de su desarrollo económico, los servicios de salud ya estaban subdesarrollados antes de la pandemia. La salud no era una prioridad para el Estado. El presidente indio, Narendra Modi, una especie de alter ego mesiánico de Bolsonaro, se jactaba en febrero de “haber vencido la pandemia” y de que el país “era un ejemplo para el mundo”. Modi incluso se permitió hacer un poco como China y las otras grandes potencias poseedoras de una vacuna: usarla para su influencia imperialista. A partir de ahora está prohibida exportarla.
Desde enero, este gobierno, fuertemente marcado por el hinduismo fundamentalista, ha fomentado deliberadamente una peregrinación (la Kumbh Mela) de inmensas multitudes viniendo de todo el país. Durante las dos primeras semanas de abril, 2.8 millones de hindúes se sumergieron juntos sin cubrebocas, distanciamiento, control de temperatura, ni pruebas previas, en las aguas del Ganges infestadas por las cremaciones rituales de cadáveres infectados. ¡Verdaderas bombas de virus, sin olvidar las reuniones de campaña electoral!
La reacción de tanta arrogancia y desprecio no tardó en llegar. Las cifras de contagio y mortalidad se han disparado: 4,000 decesos y alrededor de 4 millones de contagios al día, “estadísticas muy por debajo de la realidad”, dicen los periódicos, confirmado por el angustioso espectáculo de la falta de oxígeno, camas ocupadas por varias personas, filas frente de los hospitales donde la gente muere sobre las camillas, ¡en el sidecar de su moto o en el suelo!
Todo esto es una vergüenza en un país que, como Brasil, pretende convertirse en un gigante económico. En la India, en lugar de imágenes de familias que buscan terrenos baldíos o parques para enterrar a sus seres queridos, las piras alineadas a lo largo de cientos de metros han brotado por todas partes para incinerar los cadáveres que se amontonan y darles un último homenaje, miserable e indigno. Como en Brasil y en otros lugares, los más desamparados, son el proletariado y las capas no explotadoras, que pagan el alto precio por tal abandono y por los traumas que engendra.
Cuando se piensa que esos dos países, junto con Sudáfrica[6] (3), habían sido clasificados con un potencial de desarrollo similar al de China, ¡presentado en alguna parte como la expresión del dinamismo de un capitalismo eterno!
El Covid, como las otras pandemias y plagas que amenazan a la especie humana, no es solo un producto sino también un poderoso acelerador de la descomposición social a escala planetaria. La India de Modi y el Brasil de Bolsonaro, aunque están dirigidos por gobiernos populistas que los exponen a decisiones particularmente estúpidas e irracionales, son solo dos de las expresiones más extremas del estancamiento que representa el capitalismo para el futuro de la humanidad.
No equivocarse: Modi, Bolsonaro, Trump y muchos otros representantes del auge del populismo, junto con su administración errática y de mente estrecha, siguen siendo, a pesar de sus discursos “anti-élite”, defensores implacables del capital nacional y los relevos de las necesidades del capitalismo mundial: los países importadores de soya fomentan la brutal explotación y destrucción de la selva amazónica, así como la extracción de oro. Y del lado de Modi, se han implementado leyes para acabar con la agricultura “protegida” para abrir aún más el campo a las necesidades del capital. A pesar de la victoria de Biden sobre Trump en Estados Unidos, la tendencia hacia la autodestrucción y el cada uno para sí al seno de la clase dominante es inherente al mundo en el que vivimos ahora.
Como lo planteamos en nuestro “Informe sobre la pandemia de Covid-19 y el período de descomposición capitalista” (julio-2020): “La pandemia de Covid […] se ha convertido en un emblema indiscutible de todo este período de descomposición al reunir una serie de factores del caos que expresan la putrefacción generalizada del sistema capitalista, en particular:
- la prolongación de la crisis económica de larga duración iniciada en 1967 y la acumulación e intensificación de las medidas de austeridad derivadas de ella, precipitaron una respuesta inadecuada y caótica de la burguesía a la pandemia, que ha obligado a la clase dominante a empeorar masivamente la crisis económica al detener la producción durante un período significativo;
- los orígenes de la pandemia radican claramente en la destrucción acelerada del medio ambiente creada por la persistencia de la crisis capitalista crónica de sobreproducción;
- la rivalidad desorganizada de las potencias imperialistas, especialmente entre los viejos aliados, transformó la reacción de la burguesía mundial a la pandemia en un fiasco mundial;
- la ineptitud de la respuesta de la clase dominante a la crisis de salud reveló la creciente tendencia de la burguesía y su Estado a perder el control político sobre la sociedad al seno de cada nación;
- el declive de la competencia política y social de la clase dominante y su Estado ha estado sorprendentemente acompañado de una putrefacción ideológica: los dirigentes de las naciones capitalistas más poderosas lanzan mentiras ridículas y mensajes absurdamente supersticiosos para justificar su ineptitud.
Covid-19 ha reunido de manera más clara que antes en las principales áreas de dominio de la vida de la sociedad capitalista, todos los impactos por la descomposición: económica, imperialista, política, ideológica y social. La actual catástrofe sanitaria revela sobre todo una creciente pérdida de control de la clase capitalista sobre su sistema y su creciente pérdida de perspectiva para la sociedad humana en su conjunto. […] La tendencia fundamental a la autodestrucción que es la característica común a todos los períodos de decadencia ha cambiado su forma dominante en el período de descomposición capitalista, de la guerra mundial a un caos mundial que no hace sino incrementar la amenaza del capitalismo para la sociedad y la humanidad en su conjunto”[7].
Si el surgimiento de la pandemia frenó el desarrollo de las luchas obreras en el mundo, no ha alterado la reflexión sobre el carácter caótico en el que se baña la sociedad capitalista. La pandemia ofrece una prueba suplementaria de la necesidad de la revolución proletaria. Pero este resultado histórico dependerá ante todo de la capacidad de la clase obrera, única fuerza revolucionaria, para recuperar la conciencia de sí misma, de su existencia y de sus capacidades revolucionarias. Porque sólo el proletariado, movilizado y organizado en torno a la lucha por la defensa de sus intereses y de su autonomía de clase, tiene el poder de acabar con el yugo tiránico y mortal de las leyes del capital y dar a luz a otra sociedad.
Iñigo, 6-mayo-2021
[1] China y Rusia han aprovechado la oportunidad de inundar de vacunas los países africanos o de América Latina con fines abiertamente imperialistas. Respecto de la situación en Chile ver Chile: lo único que puede ofrecer el capitalismo es miseria y pandemia https://es.internationalism.org/content/4683/chile-lo-unico-que-ofrece-el-capitalismo-es-pandemia-y-miseria [269]
[2] Los datos que a 19 de julio ofrece la John Hopkins University que parece tener una relativa seriedad son de más de 190 millones de contagios y 4 millones 89 mil muertos. Según esta estadística son ya 12 países que han sobrepasado la cifra de los 100.000 muertos.
[3] Actualmente según la John Hopkins, ver nota 2, en Brasil hay 542000 muertos y 20 millones de contagios.
[4] “Amazonie: point de départ d’une nouvelle pandémie?”, France Culture (19-abril-2021).
[5] Ver nuestra denuncia en Incendios en Amazonia y todo el mundo: El capitalismo abrasa el planeta https://es.internationalism.org/content/4463/incendios-en-amazonia-y-todo-el-mundo-el-capitalismo-abrasa-el-planeta [652]
[6] Ver: “Covid-19 en Afrique: Du vain espoir de 2020 à la dure réalité de 2021”, Révolution internationale n° 487 (marzo-abril 2021), disponible solo en francés en: https://fr.internationalism.org/content/10421/covid-19-afrique-du-vain-e... [653]
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Publicamos a continuación un artículo de la Izquierda Comunista, del grupo Bilan, que celebra el 65º aniversario de la Comuna de París. El interés de este artículo, en medio de la contrarrevolución y de la marcha hacia la Segunda Guerra Mundial, es destacar la continuidad histórica entre la Comuna de 1871 y la Revolución de Octubre de 1917. El artículo ilustra tanto el carácter proletario de estas dos experiencias revolucionarias como su alcance internacional y la tragedia de su derrota. Destaca, sobre todo, frente a los falsos amigos y la política chovinista de los "frentes populares", que el proletariado debe aprender de sus experiencias, sabiendo, como ya subrayaba Rosa Luxemburgo en su época, que es de "derrota en derrota" como progresa la lucha del proletariado para afirmar y desarrollar su conciencia revolucionaria.
Entre el París de la gloriosa Comuna de 1871 y el París del Frente Popular hay un abismo que ninguna fraseología puede ocultar. El primero ganó a los trabajadores de todo el mundo, el otro vio al proletariado francés arrastrado por el barro de la traición. Queremos, utilizando las profundas expresiones de Marx, que "el París de los obreros de 1871, el París de la Comuna" sea "celebrado como el precursor de una nueva sociedad" y no como un simple episodio "nacional", un momento de defensa de la patria, de lucha contra el "Prussiano", como querrán presentarlo inevitablemente los esbirros del Frente Popular.
Ciertamente, las circunstancias históricas en las que surgió podrían permitir esa especulación. ¿No escribió el propio Marx: «Intentar derrocar al nuevo gobierno en la crisis actual, cuando el enemigo está casi a las puertas de París, sería un acto de pura locura”? Los trabajadores deben cumplir con su deber cívico”. Pero cuando en marzo de 1871 apareció la Comuna, fue Marx quien sacó a relucir por primera vez su profundo carácter internacionalista, escribiendo: "Si la Comuna representaba realmente todos los elementos sanos de la sociedad francesa, si era por tanto el verdadero gobierno nacional, era al mismo tiempo un gobierno obrero, y como tal, en su calidad de audaz campeón del trabajo y de su emancipación, tenía un carácter marcadamente internacionalista.”
La grandeza de la Comuna radica en que fue capaz de superar los prejuicios de la época, inevitables en la fase de formación de los Estados capitalistas, para afirmarse, no como representante de la "Nación" o de la república democrática ("se cree -dice Engels en su prefacio a la "Comuna" de Marx- que ya se ha hecho un avance bastante audaz si se ha liberado de la creencia en la monarquía hereditaria para jurar en la república democrática. Pero, en realidad, el Estado no es otra cosa que una máquina de opresión de una clase por otra, y eso tanto en una república democrática como en una monarquía"), sino la del proletariado mundial. Marx escribe con razón: "el secreto de la Comuna es éste: fue, ante todo, un gobierno de la clase obrera, el resultado de la lucha entre la clase que produce y la clase que se apropia del producto de ésta; la forma política, finalmente encontrada, bajo la cual fue posible lograr la emancipación del trabajo".
Es esta significación histórica, brillantemente elaborada por Marx al calor de los propios acontecimientos, la que ha quedado de la insurrección obrera parisina y la que le dio la colosal importancia que tuvo para el desarrollo del movimiento obrero. Fue la aparición de "la forma política, finalmente encontrada, bajo la cual era posible lograr la emancipación del trabajo". Lo sorprendente es que, hasta 1914, el movimiento internacional vivió del recuerdo heroico de la Comuna, se alimentó de él, pero también tuvo que, con el triunfo del oportunismo, desdibujar su verdadero significado.
La burguesía francesa, ayudada por Bismarck, iba a aplastar con hierro y fuego a la Comuna, que, en las condiciones de desarrollo económico y social de la época, no podía tener perspectivas. Solo después de muchos años, la burguesía, ayudada por el oportunismo, logró desdibujar la inmensa importancia de este acontecimiento entre los trabajadores. Pero donde la violencia fracasó, la corrupción tuvo éxito. En 1917, parecía que solo los bolcheviques rusos habían aprendido de la escuela de la Comuna, que solo ellos habían mantenido su significado y a través de su crítica se habían empoderado de los problemas insurreccionales. Sin la Comuna, la revolución de octubre de 1917 no habría sido posible. Fue uno de esos momentos históricos en los que "la lucha desesperada de las masas, incluso por una causa perdida, es necesaria para una mayor educación de estas masas y para su preparación para futuras luchas" (Lenin), un primer fruto, una experiencia sangrienta, un paso concreto hacia la revolución mundial. La Comuna fue grande y lo seguirá siendo porque los obreros parisinos se dejaron enterrar bajo sus escombros en lugar de capitular. Ninguna amenaza de Thiers, ninguna violencia pudo superar su heroísmo. Fueron necesarias las masacres de mayo de 1871, las de Père-Lachaise, para restablecer el orden y el triunfo de la burguesía. E incluso los oportunistas de la Segunda Internacional, que rechazaron deliberadamente las lecciones de la Comuna, tuvieron que inclinarse ante su heroísmo. Antes de la guerra, los partidos socialistas tuvieron que glorificar la Comuna para desestimar mejor sus lecciones históricas. Pero esta actitud entrañaba una contradicción fundamental, ya que convertía a los insurgentes parisinos en un foco permanente de la lucha revolucionaria internacional, donde los auténticos marxistas venían a aprender.
La Comuna rusa de 1917 no habrá conocido este glorioso destino. Su transformación en un caldo de cultivo de la contrarrevolución, su desintegración bajo la acción de la corrupción del capitalismo mundial ha hecho de él un elemento de repulsión del que solo podemos aprender con dificultad. El soviet para el obrero ya no significa un paso adelante en relación con la Comuna, sino un paso atrás. En lugar de perecer bajo sus propios escombros, frente a la burguesía, el Soviet aplastó al proletariado. Su bandera es hoy la de la guerra imperialista. Pero tanto y en la misma medida que no habría habido octubre de 1917 sin la Comuna de 1871, no habría posibilidad de una revolución triunfante sin el final lamentablemente trágico de la revolución rusa.
Qué importa, al fin y al cabo, que la Comuna sirva al bombo chauvinista del Frente Popular, que Rusia se haya convertido en un poderoso instrumento para la preparación de la guerra imperialista: el destino de los grandes acontecimientos de la historia es esclavizarse a los intereses de la conservación capitalista, tan pronto como han dejado de ser una amenaza para su dominación. Lo único que nadie en el mundo puede borrar de la Comuna es su carácter de pionera de la liberación obrera. Lo único que queda de los soviets rusos es la gigantesca experiencia de dirigir un Estado proletario[1] en nombre y por cuenta del proletariado mundial.
Ahí están los fundamentos de estos acontecimientos que la renovación de las batallas revolucionarias debe devolver a la arena política. No importan las formas históricas: comuna o soviética (más bien comuna que soviética), el proletariado mundial no podrá repetir los errores históricos de ninguna de las dos, porque, como muy bien dice Marx, no tiene que "realizar un ideal, sino sacar los elementos de la nueva sociedad que la propia vieja sociedad burguesa lleva en sus entrañas". No hay que oponer a estas dos experiencias históricas un ideal utópico y abstracto, perderse en un entusiasmo vacío o en una repulsión sentimental, sino extraer de la fase histórica en la que se hundió la revolución rusa "los elementos de la nueva sociedad", como hizo Lenin sobre la Comuna. Como lo demuestra luminosamente la Comuna húngara de 1919[2], al margen de este trabajo, se asiste inevitablemente a la repetición de errores, de fracasos, que, por la existencia de una experiencia anterior, comprometen la lucha del proletariado durante muchos años.
Los trabajadores no pueden "repetir" en el curso de su lucha emancipadora, sino que deben innovar, precisamente porque representan la clase revolucionaria de la sociedad actual. Las inevitables derrotas que se producen en este camino son entonces solo estimulantes, valiosas experiencias que determinan, más adelante, el desarrollo victorioso de la lucha. Por otra parte, si mañana repitiéramos uno solo de los errores de la revolución rusa, comprometeríamos durante mucho tiempo el destino del proletariado, que se convencería de que no tiene nada más que intentar.
Por lo tanto, mientras el proletariado es golpeado en todos los países, permitamos que los traidores falsifiquen el alcance de la Comuna. Dejemos que Rusia siga su curso. Pero cuidemos de conservar las lecciones de estas dos experiencias, de preparar las nuevas armas para la revolución de mañana, de resolver lo que la revolución rusa no pudo hacer, porque si "el gran acto socialista de la Comuna fue su propia existencia y su propio funcionamiento" (Marx), el mérito de la revolución rusa fue haber abordado los problemas de la gestión de una economía proletaria en conexión con el movimiento obrero de todos los países y en el frente de la revolución mundial. El "gran acto" de la Comuna terminó en masacres, la gestión del Estado ruso terminó con el "socialismo en un solo país". Hoy sabemos que es mejor que las próximas revoluciones terminen como la Comuna de París que en la vergüenza de la traición. Pero estamos trabajando, no con la perspectiva de la derrota, sino con la voluntad de preparar las condiciones para la victoria.
Dos comunas han vivido. Vivan las comunas del proletariado mundial.
Bilan n° 29 (marzo-abril de 1936)
[1]Esta noción de "Estado proletario" atestigua que no se pudieron extraer todas las lecciones del fracaso de la Revolución Rusa y de la degeneración de la Tercera Internacional en aquel momento. Incluso hoy, algunos grupos del medio político proletario conservan esa confusión sobre la naturaleza del Estado. En realidad, no puede haber Estado proletario en la medida en que este aparato, que se impone como expresión de la sociedad dividida en clases, se opone radicalmente a la necesaria autonomía del proletariado y a su proyecto, que es precisamente el de hacerla marchitar hasta la desaparición completa de las propias clases. (Nota del editor)
[2] Ver 1919: El ejemplo de Rusia inspira a los obreros húngaros https://es.internationalism.org/revista-internacional/200910/2678/i-1919-el-ejemplo-de-rusia-1917-inspira-a-los-obreros-hungaros [496] y https://es.internationalism.org/content/4379/1919-el-ejemplo-ruso-inspira-los-obreros-hungaros-ii-el-abrazo-del-oso-de-la [655]
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La precipitada retirada de las fuerzas estadounidenses y de otros países occidentales de Afganistán es una cruda manifestación de la incapacidad del capitalismo para ofrecer algo más que una creciente barbarie. El verano de 2021 ya ha visto una aceleración de acontecimientos interconectados que muestran que el planeta ya está en llamas: el estallido de olas de calor y de incendios incontrolables desde la costa oeste de EEUU hasta Siberia, las inundaciones, los continuos estragos de la pandemia de Covid-19 y la dislocación económica que ha causado. Todo esto es "una revelación del nivel de putrefacción alcanzado durante los últimos 30 años"[1]. Como marxistas, nuestro papel no es simplemente comentar este caos creciente, sino analizar sus raíces, que se encuentran en la crisis histórica del capitalismo, y mostrar las perspectivas para la clase obrera y el conjunto de la humanidad.
Los talibanes son presentados como enemigos de la civilización, un peligro para los derechos humanos y los derechos de las mujeres en particular. No cabe duda de que son brutales y de que se rigen por una visión que se remonta a los peores aspectos de la Edad Media. Sin embargo, no son una rara excepción a los tiempos que vivimos. Son el producto de un sistema social reaccionario: el capitalismo decadente. En particular, su ascenso es una manifestación de la descomposición, la etapa final de la decadencia del capitalismo[2].
En la segunda mitad de los años 70 se produjo una escalada de la Guerra Fría entre los bloques imperialistas estadounidense y ruso, con la colocación de misiles de crucero por parte de Estados Unidos en Europa Occidental obligando a la URSS a participar en una carrera armamentística que cada vez podía permitirse menos. Sin embargo, en 1979 uno de los pilares del bloque occidental en Oriente Medio, Irán, se hundió en el caos. Todos los intentos de las fracciones inteligentes de la burguesía por imponer el orden fracasaron y los elementos más retrógrados del clero aprovecharon este caos para llegar al poder. El nuevo régimen rompió con el bloque occidental, pero también se negó a unirse al bloque ruso. Irán tiene una extensa frontera con Rusia y, por tanto, había actuado como una pieza clave en la estrategia occidental de cercar a la URSS. Ahora se había convertido en un cañón suelto en la región. Este nuevo desorden animó a la URSS a invadir Afganistán cuando Occidente intentó derrocar el régimen prorruso que había conseguido instalar en Kabul en 1978. Con la invasión de Afganistán, Rusia esperaba que en una fase posterior también pudiera acceder al océano Índico.
En Afganistán asistimos a una terrible explosión de barbarie militar. La URSS desató todo el poderío de su arsenal sobre los muyaidines ("luchadores por la libertad") y la población en general. Por otro lado, el bloque estadounidense armó, financió y entrenó a los muyahidines y a los señores de la guerra afganos opuestos a los rusos. Entre ellos había muchos fundamentalistas islámicos y también una creciente afluencia de yihadistas de todo el mundo. Estados Unidos y sus aliados enseñaron a estos "luchadores por la libertad" todas las artes del terror y la guerra. Esta guerra por la "libertad" mató entre 500.000 y 2 millones de personas y dejó el país devastado. También fue la cuna de una forma más global de terrorismo islámico, tipificada por el ascenso de Bin Laden y Al-Qaida.
Al mismo tiempo, Estados Unidos empujó a Irak a una guerra de ocho años contra Irán, en la que fueron masacrados alrededor de 1,4 millones de personas. Mientras Rusia se agotaba en Afganistán, lo que contribuyó fuertemente al colapso del bloque ruso en 1989, e Irán e Irak se veían arrastrados a la espiral de la guerra, la dinámica en la región mostraba que el punto de partida, la transformación de Irán en un Estado "canalla", era uno de los primeros indicios de que las contradicciones cada vez más profundas del capitalismo empezaban a socavar la capacidad de las grandes potencias para imponer su autoridad en diferentes regiones del planeta. Detrás de esta tendencia había algo más profundo: la incapacidad de la clase dominante para imponer su solución a la crisis del sistema -otra guerra mundial- a una clase obrera mundial que había demostrado su falta de voluntad para sacrificarse en nombre del capitalismo en una serie de luchas entre 1968 y finales de los años 80, sin ser capaz, sin embargo, de plantear una alternativa revolucionaria al sistema. En definitiva, un impasse entre las dos grandes clases determinó la entrada del capitalismo en su fase final, la fase de descomposición, caracterizada, a nivel imperialista, por el fin del sistema de dos bloques y la aceleración del "sálvese quien pueda"[3]
En la década de 1990, tras la salida de los rusos de Afganistán, los señores de la guerra victoriosos se enfrentaron entre sí, utilizando todas las armas y los conocimientos de la guerra que les dio Occidente para controlar las ruinas. Las matanzas al por mayor, la destrucción y las violaciones masivas destruyeron la poca cohesión social que había dejado la guerra.
El impacto social de esta guerra no se limitó a Afganistán. La plaga de la adicción a la heroína que estalló a partir de los años 80, llevando la miseria y la muerte a todo el mundo, fue una de las consecuencias directas de la guerra. Occidente animó a la oposición a los talibanes a cultivar opio para financiar los combates.
El despiadado fanatismo religioso de los talibanes fue, pues, producto de décadas de barbarie. También fueron manipulados por Pakistán, para tratar de imponer alguna forma de orden a sus puertas.
La invasión de Estados Unidos en 2001, lanzada con la excusa de deshacerse de Al Qaeda y los talibanes, junto con la invasión de Irak en 2003, fueron intentos del imperialismo estadounidense de imponer su autoridad ante las consecuencias de su declive. Intentó que otras potencias, especialmente las europeas, actuaran en respuesta al atentado contra uno de sus miembros. Salvo el Reino Unido, todas las demás potencias se mostraron tibias. De hecho, Alemania ya había iniciado un nuevo camino "independiente" a principios de los años 90, al apoyar la secesión de Croacia, que a su vez provocó la horrible matanza de los Balcanes. En las dos décadas siguientes, los rivales de Estados Unidos se envalentonaron aún más al ver cómo este país se veía envuelto en guerras imposibles de ganar en Afganistán, Irak y Siria. El intento de EE.UU. de afirmar su dominio como única superpotencia restante revelaría cada vez más el verdadero declive del "liderazgo" imperialista de EE.UU.; y lejos de conseguir imponer un orden monolítico en el resto del planeta, EE.UU. se había convertido ahora en el principal vector del caos y la inestabilidad que marcan la fase de descomposición capitalista.
La política de retirada de Afganistán es un claro ejemplo de realpolitik. Estados Unidos tiene que liberarse de estas guerras costosas y debilitantes para concentrar sus recursos en reforzar sus esfuerzos para contener y socavar a China y Rusia. La administración de Biden ha demostrado no ser menos cínica en la búsqueda de las ambiciones estadounidenses que Trump.
Al mismo tiempo, las condiciones de la retirada de EE.UU. han hecho que el mensaje de la administración Biden "America ha vuelto", de que EE.UU. es un aliado fiable, haya recibido un duro golpe. A largo plazo, la administración probablemente se basa en el miedo a China para obligar a países como Japón, Corea del Sur y Australia a cooperar con el "giro hacia el este" de Estados Unidos, destinado a contener a China en el Mar de China Meridional y en otros lugares de la región.
Sería un error concluir de ello que Estados Unidos se ha alejado simplemente de Oriente Medio y Asia Central. Biden ha dejado claro que EE.UU. seguirá una política "por encima del horizonte" en relación con las amenazas terroristas. Esto significa que utilizará sus bases militares en todo el mundo, su marina y su fuerza aérea para infligir destrucción a los estados de estas regiones si ponen en peligro a EEUU. Esta amenaza también está relacionada con la situación cada vez más caótica de África, donde a Estados fallidos como Somalia podría unirse Etiopía, asolada por la guerra civil, con sus vecinos apoyando a uno u otro bando. Esta lista aumentará a medida que los grupos terroristas islámicos de Nigeria, Chad y otros lugares se envalentonen con la victoria de los talibanes para intensificar sus campañas.
Si la retirada de Afganistán está motivada por la necesidad de centrarse en el peligro que supone el ascenso de China y el resurgimiento de Rusia como potencias mundiales, sus limitaciones parecen evidentes, ofreciendo incluso al imperialismo chino y ruso una vía de entrada en el propio Afganistán. China ya ha invertido masivamente en su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda en Afganistán y ambos estados han iniciado relaciones diplomáticas con los talibanes. Pero ninguno de estos estados puede superar un desorden mundial cada vez más contradictorio. La ola de inestabilidad que se extiende por África, Oriente Medio (el colapso de la economía libanesa es el más reciente), Asia Central y Extremo Oriente (Myanmar en particular) es un peligro para China y Rusia tanto como para Estados Unidos. Son plenamente conscientes de que Afganistán no tiene un verdadero Estado que funcione y de que los talibanes no podrán construirlo. La amenaza de los señores de la guerra al nuevo gobierno es bien conocida. Partes de la Alianza del Norte ya han dicho que no aceptarán el gobierno, y el ISIS, que también ha estado involucrado en Afganistán, considera a los talibanes como apóstatas porque están dispuestos a hacer tratos con el Occidente infiel. Es posible que parte de la antigua clase dirigente afgana intente trabajar con los talibanes, y muchos gobiernos extranjeros están abriendo canales, pero esto se debe a que les aterra que el país vuelva a caer en el caos y el caudillismo, lo que se extenderá a toda la región.
La victoria de los talibanes sólo puede alentar a los terroristas islámicos uigures que actúan en China, aunque los talibanes no los apoyen. El imperialismo ruso conoce el amargo coste del enredo en Afganistán y puede ver que la victoria de los talibanes proporcionará un nuevo impulso a los grupos fundamentalistas de Uzbekistán, Turkmenistán y Tayikistán, estados que forman una barrera entre ambos países. Aprovechará esta amenaza para reforzar su influencia militar en estos estados y en otros, pero puede ver que ni siquiera el poderío de la maquinaria bélica estadounidense podría aplastar una insurgencia de este tipo si ésta obtiene suficiente apoyo de otros estados.
Estados Unidos fue incapaz de derrotar a los talibanes y establecer un estado cohesionado. Se ha retirado sabiendo que, aunque ha tenido que sufrir una auténtica humillación, ha dejado una bomba de relojería de inestabilidad a su paso. Rusia y China tienen ahora que tratar de contener este caos. Cualquier idea de que el capitalismo puede traer estabilidad y alguna forma de futuro a esta región es una pura ilusión.
Estados Unidos, Gran Bretaña y todas las demás potencias han utilizado el coco de los talibanes para ocultar el terror y la destrucción que han infligido a la población de Afganistán durante los últimos 40 años. Los muyahidines apoyados por Estados Unidos masacraron, violaron, torturaron y saquearon tanto como los rusos. Al igual que los talibanes, llevaron a cabo campañas de terror en los centros urbanos controlados por los rusos. Sin embargo, esto fue cuidadosamente ocultado a la vista por Occidente. Lo mismo ha sucedido en los últimos 20 años. Los medios de comunicación occidentales han destacado la terrible brutalidad de los talibanes, mientras que las noticias sobre las víctimas, los asesinatos, las violaciones y las torturas infligidas por el gobierno "democrático" y sus partidarios fueron cínicamente barridas bajo la alfombra. De alguna manera, no vale la pena mencionar la voladura de jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, por los proyectiles, bombas y balas del gobierno respaldado por los "democráticos", amantes de los "derechos humanos", Estados Unidos y el Reino Unido. De hecho, ni siquiera se ha informado del alcance total del terror que han infligido los talibanes. Se considera que no es "digno de mención" a menos que pueda ayudar a justificar la guerra.
Los parlamentos de Europa se han hecho eco de los políticos estadounidenses y británicos al lamentar el terrible destino de las mujeres y otras personas en Afganistán bajo los talibanes. Los mismos políticos han impuesto leyes de inmigración que han llevado a miles de refugiados desesperados, entre ellos muchos afganos, a arriesgar sus vidas intentando cruzar el Mediterráneo o el Canal de la Mancha. ¿Dónde están sus lamentos por los miles de personas que se han ahogado en el Mediterráneo en los últimos años? ¿Qué preocupación muestran por los refugiados que se ven obligados a vivir en poco más que campos de concentración en Turquía o Jordania (financiados por la UE y Gran Bretaña) o vendidos en los mercados de esclavos de Libia? Estos portavoces burgueses que condenan a los talibanes por su inhumanidad alientan la construcción de un muro de acero y hormigón alrededor de Europa del Este para detener el movimiento de los refugiados. El hedor de su hipocresía es abrumador.
El panorama de la guerra, la pandemia, la crisis económica y el cambio climático es realmente temible. Por eso la clase dominante llena sus medios de comunicación con ellos. Quiere que el proletariado esté sometido, que se acobarde ante la sombría realidad de este sistema social en descomposición. Quieren que seamos como niños agarrados a las faldas de la clase dominante y su Estado. Las grandes dificultades que ha tenido el proletariado en la lucha por la defensa de sus intereses en los últimos 30 años permiten que este miedo se apodere más. La idea de que el proletariado es la única fuerza capaz de ofrecer un futuro, una sociedad completamente nueva, puede parecer absurda. Pero el proletariado es la clase revolucionaria y tres décadas de retroceso no lo han erradicado, aunque la duración y profundidad de este retroceso hace más difícil que la clase obrera internacional recupere la confianza en su capacidad para resistir los crecientes ataques a sus condiciones económicas. Pero sólo a través de estas luchas la clase obrera puede volver a desarrollar su fuerza. Como dijo Rosa Luxemburgo, el proletariado es la única clase que desarrolla su conciencia a través de la experiencia de las derrotas. No hay ninguna garantía de que el proletariado pueda estar a la altura de su responsabilidad histórica de ofrecer un futuro al resto de la humanidad. Esto ciertamente no tendrá lugar si el proletariado y sus minorías revolucionarias sucumben a la aplastante atmósfera de desesperación y desesperanza promovida por nuestro enemigo de clase. El proletariado sólo puede desempeñar su papel revolucionario mirando a la cara la sombría realidad del capitalismo en descomposición y negándose a aceptar los ataques a sus condiciones económicas y sociales, sustituyendo el aislamiento y la impotencia por la solidaridad, la organización y la creciente conciencia de clase.
Corriente Comunista Internacional 22-8-21
[1] https://es.internationalism.org/content/4630/informe-sobre-la-pandemia-de-covid-19-y-el-periodo-de-descomposicion-capitalista [510]
[2] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
[3] Sobre la nueva situación imperialista impuesta por la descomposición ver Militarismo y Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [480]
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En unas pocas semanas, las catástrofes climáticas se han producido a un ritmo alarmante en todo el mundo. En Estados Unidos, Pakistán, España y Canadá, las temperaturas se han acercado a los 50°C. En el norte de la India, el calor causó varios miles de muertes. 800.000 hectáreas de bosques siberianos, una de las regiones más frías del mundo, ya se han convertido en humo. En Norteamérica, la ya tradicional temporada de grandes incendios forestales ya ha comenzado: ¡sólo en la Columbia Británica ya han ardido más de 150.000 hectáreas! En el sur de Madagascar, una sequía sin precedentes ha sumido a 1,5 millones de personas en la hambruna. Cientos de miles de niños están muriendo, porque no tienen nada que comer ni beber, ¡en una indiferencia casi unánime! Kenia y otros países africanos están viviendo la misma situación dramática.
Pero mientras algunas partes del mundo se asfixian, las fuertes lluvias han afectado a Japón, China y Europa, provocando inundaciones sin precedentes y desprendimientos de tierra mortales. En Europa Occidental, sobre todo en Alemania y Bélgica, las inundaciones, en el momento de escribir este artículo, han causado más de 200 muertos y miles de heridos. Miles de casas, pueblos enteros, ciudades y calles han sido arrasados. En el oeste de Alemania, la red de carreteras, las líneas eléctricas, las tuberías de gas, las redes de telecomunicaciones y los ferrocarriles quedaron devastados. Muchos puentes de ferrocarril y de carretera se derrumbaron. Nunca antes esta región se había visto afectada por inundaciones de tal magnitud.
En China, en la ciudad de Zhengzhou, capital de la provincia central de Henan y poblada por 10 millones de habitantes, cayó el equivalente a un año de lluvias en tres días. Las calles se transformaron en furiosos torrentes, con alucinantes escenas de devastación y caos: carreteras derrumbadas, asfalto destrozado, vehículos arrastrados por el agua... Miles de usuarios del metro se encontraron atrapados en estaciones, trenes o túneles, a menudo con el agua hasta el cuello. Se informa de que al menos 33 personas han muerto y muchas han resultado heridas. 200.000 personas han sido evacuadas. Los suministros de agua, electricidad y alimentos se cortaron repentinamente. Nadie había sido advertido. Los daños agrícolas se cuentan por millones. En el sur de Henan, la presa del embalse de Guojiaju se rompió y otras dos amenazan con derrumbarse en cualquier momento.
Las terribles conclusiones del pre - informe del IPCC que se ha filtrado a la prensa son escalofriantes: "La vida en la Tierra puede recuperarse de un cambio climático importante evolucionando hacia nuevas especies y creando nuevos ecosistemas. La humanidad no puede”. Los científicos llevan décadas advirtiendo de los peligros del cambio climático. ¡Estamos cada vez peor! Ya no se trata sólo de la extinción de especies o de catástrofes localizadas; los cataclismos son ahora permanentes... ¡y lo peor está por llegar!
Desde hace años se multiplican las olas de calor, los incendios, los huracanes y las imágenes de destrucción. Pero si las carencias y la incompetencia de los Estados más pobres en la gestión de las catástrofes ya no sorprenden a nadie, la creciente incapacidad de los grandes países considerados “ricos” para hacerles frente es especialmente significativa del nivel de crisis en el que se está hundiendo el capitalismo. No sólo los fenómenos climáticos son cada vez más devastadores, numerosos e incontrolables, sino que los Estados y los servicios de emergencia, bajo el peso de décadas de recortes presupuestarios, están cada vez más desorganizados y suelen fracasar en sus operaciones.
La situación en Alemania es una clara expresión de esta tendencia. Aunque el Sistema Europeo de Alerta de Inundaciones (EFAS), creado tras las inundaciones de 2002, anticipó las inundaciones de los días 14 y 15 de julio, como ha declarado la hidróloga Hannah Cloke, "las advertencias no se tomaron en serio y los preparativos fueron inadecuados"[1]. El gobierno central se deshizo de los sistemas de alerta entregándolos a los estados federales, o incluso a los municipios, sin procedimientos estandarizados ni recursos sustanciales. Como consecuencia, mientras las redes eléctricas y telefónicas se habían colapsado, imposibilitando la alerta y la evacuación de la población, la protección civil sólo pudo hacer sonar las sirenas donde aún funcionaban. Antes de la reunificación, había unas 80.000 sirenas en Alemania Occidental y Oriental; ahora sólo 15.000 siguen funcionando[2]. Debido a la falta de comunicación y coordinación, las operaciones de las fuerzas de rescate también fueron desordenadas. En otras palabras, ¡la austeridad y la incompetencia burocrática han contribuido en gran medida a este fiasco!
Pero la responsabilidad de la burguesía no termina con los fallos de los sistemas de seguridad. En estas regiones urbanizadas y densamente pobladas, la permeabilidad del suelo se reduce considerablemente, lo que aumenta el riesgo de inundaciones. Desde hace décadas, para concentrar mejor la mano de obra en aras de la rentabilidad, las autoridades nunca han dudado en autorizar la construcción de muchas viviendas en zonas inundables.
Una gran parte de la burguesía no podía dejar de admitir la relación entre el calentamiento global y el aumento de las catástrofes. Entre los escombros, la canciller alemana declaró solemnemente: "Debemos darnos prisa. Debemos avanzar más rápido en la lucha contra el cambio climático”[3]¡Esto son buenos deseos! Desde los años setenta, casi todos los años se celebran cumbres internacionales y otras conferencias, con su cuota de promesas, objetivos y compromisos. Cada vez, los "acuerdos históricos" resultan no ser más que piadosas esperanzas, mientras las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando año tras año.
En el pasado, la burguesía fue capaz de movilizarse sobre cuestiones específicas desde el punto de vista de su economía, como la reducción drástica de los gases fluorados responsables del "agujero" de la capa de ozono. Estos gases se utilizaban en acondicionadores de aire, frigoríficos y botes de aerosol. Se trata, sin duda, de un esfuerzo importante en vista de los riesgos que sigue planteando el deterioro de la capa de ozono, pero nunca ha exigido un trastorno drástico del aparato de producción capitalista. Las emisiones de CO2 son una cuestión mucho más importante en este sentido.
Los gases de efecto invernadero son los vehículos que transportan trabajadores y mercancías, la energía que hace funcionar las fábricas, la producción de metano y la destrucción de los bosques provocada por la agricultura intensiva. En resumen, las emisiones de CO2 van al corazón de la producción capitalista: la concentración del trabajo en grandes metrópolis, la anarquía de la producción, el intercambio de mercancías a escala mundial, la industria pesada... Por eso la burguesía es incapaz de encontrar soluciones reales a la crisis climática. La búsqueda del beneficio, la sobreproducción masiva de mercancías, así como el saqueo de los recursos naturales, no es una "opción" para el capitalismo: es la condición sine qua non de su existencia. La burguesía sólo puede promover el aumento de la producción ante la ampliación de la acumulación de su capital, sin la cual pone en peligro sus propios intereses y beneficios ante la exacerbada competencia globalizada. La esencia tácita de esta lógica es: "después de mi el diluvio". Los fenómenos climáticos extremos ya no sólo afectan a las poblaciones de los países más pobres, sino que ahora perturban directamente el funcionamiento del aparato productivo industrial y agrícola de los países centrales. ¡La burguesía está así atrapada en el vicio de las contradicciones insolubles!
Ningún Estado es capaz de transformar radicalmente su aparato productivo sin sufrir un brutal revés ante la competencia de otros países. La canciller Merkel puede afirmar que hay que "ir más rápido", pero el Gobierno alemán nunca ha querido oír hablar de normativas medioambientales demasiado estrictas para proteger sectores estratégicos como el acero, los productos químicos o los automóviles. Merkel también consiguió aplazar el abandono (muy gradual) del carbón durante años: la minería de carbón a cielo abierto en Renania y Alemania del Este sigue siendo uno de los mayores contaminantes de Europa. En otras palabras, el precio de la fuerte competitividad de la economía alemana es la destrucción descarada del medio ambiente. La misma lógica implacable se aplica a las cuatro esquinas del planeta: renunciar a emitir CO2 a la atmósfera o a destruir los bosques sería, tanto para el "taller del mundo" que es China como para todos los países industrializados, dispararse en el pie.
Ante esta expresión flagrante del estancamiento del capitalismo, la burguesía utiliza las catástrofes para defender mejor su sistema. En Alemania, donde la campaña para las elecciones federales de septiembre está en pleno apogeo, los candidatos compiten entre sí para “demostrar” quien lucha más contra el cambio climático. Pero todo esto es sólo un escaparate. La "economía verde", que supuestamente creará millones de puestos de trabajo y promoverá el llamado "crecimiento verde", no representa una salida para el capital, ni económica ni ecológicamente. A los ojos de la burguesía, la "economía verde" tiene sobre todo un valor ideológico destinado a fingir la posibilidad de reformar el capitalismo. Si surgen nuevos sectores con sabor ecológico, como la producción de paneles fotovoltaicos, de biocarburantes o de vehículos eléctricos, no sólo no podrán servir nunca de verdadera locomotora para el conjunto de la economía, dados los límites de los mercados solventes, sino que su impacto catastrófico sobre el medio ambiente ya no es dudoso: destrucción masiva de bosques para extraer tierras raras, reciclaje deplorable de baterías, cultivo intensivo de colza, etc.
La "economía verde" es también un arma contra la clase trabajadora, que justifica los cierres de fábricas y los despidos, como demuestran las palabras de Baerbock, el candidato verde en las elecciones alemanas: "Sólo podremos eliminar progresivamente los combustibles fósiles [y los trabajadores que los acompañan] si contamos con un cien por cien de energías renovables"[4]. Hay que decir que cuando se trata de despidos y explotación de la mano de obra, los Verdes saben mucho, ya que contribuyeron activamente a las despreciables reformas del gobierno de Schröder durante siete años.
La impotencia de la burguesía ante los efectos humanos, sociales y económicos cada vez más devastadores del cambio climático no es, sin embargo, una fatalidad. Ciertamente, al estar atrapada en el círculo vicioso de las contradicciones de su propio sistema, la burguesía sólo puede llevar a la humanidad al desastre. Pero la clase obrera, a través de su lucha contra la explotación con vistas al derrocamiento del capitalismo, es la respuesta a esta contradicción evidente entre, por un lado, la obsolescencia de los métodos de producción capitalistas, su anarquía total, la sobreproducción generalizada, el saqueo insensato de los recursos naturales, y, por otro, la necesidad imperiosa de racionalizar la producción y la logística para responder a las necesidades humanas urgentes y no a las del mercado. Al librar a la humanidad del beneficio y la explotación capitalistas, el proletariado tendrá efectivamente la posibilidad material de llevar a cabo un programa radical de protección del medio ambiente. Si aún queda mucho camino por recorrer, ¡el comunismo es más necesario que nunca para la supervivencia de la humanidad!
EG 23-7-21
[1] "Alemania: tras las inundaciones, primeros intentos de explicación", Libération.fr (17 de julio de 2021).
[2] « Warum warnten nicht überall Sirenen vor der Flut ? [660] », N-TV.de (19 juillet 2021).
[3] « Choquée par les dégâts “surréalistes”, Angela Merkel promet de reconstruire [661] », LeMonde.fr (18 juillet 2021).
[4] « Klimaschutz fällt nicht vom Himmel, er muss auch gemacht werden [662] », Welt.de (22 juillet 2021)
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El 11 y 12 de julio de este año se han presentado en Cuba las manifestaciones callejeras más importantes desde hace 62 años, de frente a las cuales el gobierno cubano y junto a ella todo el aparato de izquierda de la burguesía pretende explicarlas como resultado del pretendido “bloqueo económico” y la manipulación realizada desde el gobierno de los EUA en contra del “comunismo”. Por su parte, los medios de divulgación de la ideología de derecha lo presentan como un levantamiento del pueblo en contra del “comunismo”. Ambas posturas parten del falso argumento que es suponer que lo existente en Cuba es socialismo o comunismo. ¡Es una mentira! Cuba no es otra cosa sino un residuo de los regímenes estalinistas, que son una forma extrema de la dominación del capitalismo de Estado, expresando la decadencia de este sistema moribundo y mortífero para la humanidad. Izquierda y derecha esconden en sus argumentos que Cuba es un país con una economía dirigida por las leyes capitalistas, en el que existen clases sociales enfrentadas y una feroz explotación de los trabajadores, por lo que, como en cualquier otro país, se manifiestan expresiones de descontento de parte de los explotados, rechazando la vida miserable que este sistema ofrece[1]. Sin embargo, el reconocimiento de la existencia en Cuba de clases sociales confrontadas (burguesía y proletariado), no significa que toda manifestación de descontento ha de exponer una respuesta consciente del proletariado, aun cuando inicialmente exprese necesidades reales de los explotados, porque el proceso de toma de consciencia y el logro de la autonomía del combate del proletariado no es ni inmediato ni mecánico, sobre todo porque los trabajadores tienen que enfrentar de forma continua a la ideología dominante y al ambiente de confusión que profundiza la descomposición del capitalismo. Como ejemplo de esto, son las movilizaciones que en 2019 se presentaron en Chile y Ecuador, en las que el interclasismo impidió el avance de la combatividad y el actuar consciente de los trabajadores[2]. En mayo de 2020 en los EUA también se presentaron manifestaciones protestando por el asesinato de George Floyd pero en ellas la clase trabajadora aparece diluida y controlada por la misma burguesía. Había sin duda un descontento por la acción criminal de la policía; fueron muchos los trabajadores que de forma individual se integraron a las manifestaciones y, sin embargo, la burguesía a partir del movimiento “Black Lives Matter”, logró concentrar el coraje en el “racismo” y llevarlo a la ilusión democrática, reclamando una mejor policía y un poder judicial más democrático, lo que lo llevó incluso a integrarlo al terreno electoral[3].
En Sudáfrica en los primeros días del mes de julio se vivieron también revueltas en las que la respuesta de la policía dejó más de 200 muertos y cientos de detenidos. Las manifestaciones sin duda las encabezaban miembros de las clases marginadas y fueron estos mismos los que entregaron sus vidas y sin embargo los motivos por los que estaban en las calles eran totalmente ajenas a sus intereses. La pugna al interior del partido gobernante, Congreso Nacional Africano, que llevó al encarcelamiento del expresidente Jacob Zuma (acusado de corrupción), fue el motivo para que, desde una fracción de la burguesía se impulsara una campaña propagandista (desde las redes sociales) encendiendo el ánimo chauvinista y racial de la población zulú, lanzando a las masas depauperadas y explotadas a un camino sin perspectivas, aprovechando el descontento permanente que existe y que en el marco de la pandemia se resalta por la impotencia y la incertidumbre. De manera que para entender las revueltas que se han presentado en Cuba se requiere analizar los motivos, los efectos y, ante todo, la participación que en estas ha tenido el proletariado, teniendo en cuenta que esta expresión se lleva a cabo en un momento de la aceleración del pudrimiento del sistema, que ha provocado un mayor hundimiento en la pauperización, agravando las condiciones de vida de los proletarios, por la escasez de bienes de primera necesidad, pero también por el descuido de la atención médica necesaria por la pandemia[4].
Como en el resto del mundo, en Cuba la crisis económica viene aplastando las condiciones de vida de los trabajadores, pero al fundirse con la pandemia, el rastro de muerte y miseria que va dejando a su paso se acrecienta de manera dramática. La expansión del virus del Covid-19 ha puesto en evidencia la gran mentira difundida por el gobierno cubano y repetido por la canalla de izquierda y extrema izquierda del capital, sobre la existencia del gran modelo del sistema de salud cubano y que fundan en el hecho de contar con más de 95 mil médicos, lo que implica que son 9 médicos por cada 1,000 habitantes, sin embargo repiten el mismo historial de descuidos que encontramos a lo largo del planeta e incluso son más graves, como lo confirma el hecho de que la gran mayoría de la población no está vacunada (la tasa de vacunación es solo de 22%), pero además no cuenta con medicinas, oxígeno, antígenos, gel, ni jeringas...
La crisis de 2008 había dejado secuelas latentes que la pandemia ha revivido y relanzado con mayor magnitud. La dificultad para reactivar la inversión es un problema presente en todos los países y aunque con el cierre de gran parte de la producción lo ha profundizado, lo cierto es que ya se mostraban aún antes de la expansión del virus del Covid-19 y en el caso de Cuba, por su inestabilidad crónica se acrecientan aún más los conflictos al cerrarse las actividades turísticas (de las que el Estado obtiene sus principales ganancias), cayendo así su PIB en el año 2020 en 11% y disminuyendo en 80% sus importaciones.
Desde los años 60, en el marco de la “guerra fría”, la isla de Cuba fue integrada en la esfera de dominio del bloque imperialista comandado por la URSS, así, cumpliendo intereses imperialistas el Estado cubano se integró en el enfrentamiento con el bloque opositor comandado por EUA, el cual, como parte de esta confrontación le impuso algunas restricciones comerciales (calificadas por la propaganda castrista como “bloqueo económico”, mientras que el gobierno norteamericano lo define como un “embargo”[5]), no obstante, la URSS sostuvo económica y políticamente a la isla, al grado que fue el principal comprador de sus escasos productos exportables, le cubría el 70% de sus importaciones, lo equipó militarmente, pero además le transfirió una gran masa de capitales. Por eso cuando cayó el bloque estalinista a fines de los años 80, Cuba quedó sin padrino y su economía se colapsó.
Entre 1990 y 1993 el PIB de Cuba cayó 36%, lo que la llevó a entrar en lo que llamaron un “período especial”, que significó un recrudecimiento de las condiciones de vida de la población y, si logró sobrevivir, fue por su acercamiento con capitales de origen europeo (mayoritariamente español) que invirtieron en proyectos turísticos y financieros, posteriormente con el apoyo que obtiene del Estado venezolano, logró detener el colapso. El gobierno de Chávez aprovechando las altas rentas recibidas por el petróleo, en un marco de colaboración imperialista, llevó a cabo proyectos políticos y empresariales con el Estado cubano, sin embargo, los flujos monetarios obtenidos por el petróleo venezolano se detienen en 2015, quebrando junto a la economía venezolana, la cubana, llegando ambas economías a niveles de insolvencia.
Una de las medidas que el gobierno de Castro aplicó en 1994, en el marco del “período especial”, fue el uso de la doble moneda: el peso cubano (CUP), en el que recibían sus salarios los trabajadores y el peso convertible (CUC), utilizado para el comercio con turistas. De esta manera se controlaba por parte del Estado el manejo de todas las divisas que llegaran, ya sea vía turistas o por remesas.
Se vuelve relevante mencionar a este proyecto porque en diciembre de 2020 se ha decretado por el gobierno de Díaz Canel, sucesor de los Castro, la unificación monetaria, acompañando el decreto con la formación de tiendas con pago exclusivo en moneda foránea, llamadas de MLC (Moneda Libremente Convertible), las cuales concentran las pocas mercancías de subsistencia y hacen obligatorio su pago en moneda extranjera, haciendo así más difícil para los trabajadores adquirir esas mercancías. Pero además, al operarse este “ajuste monetario”, ha destapado niveles de inflación tan severos que se han tenido que dar incrementos del 450% en los salarios y de 500% en las jubilaciones, sin embargo no logran recuperar las condiciones de vida de los trabajadores, ya que enseguida se han incrementado los precios de mercancías básicas como la energía eléctrica y el transporte[6], pero además, la paralización de la economía y la escasa actividad productiva (que no alcanza a cubrir la demanda interna) hace que exista un desabasto crónico de alimentos y medicinas, que obligan, a los que pueden pagar, a hacer filas de hasta 6 horas. El combustible al escasear, ha provocado la falta de transporte público, pero además ha motivado apagones de energía eléctrica cotidianos, de hasta por 12 horas.
En ese ambiente, que se torna aún más explosivo al incrementarse los casos del Covid-19[7], la desesperación y la exasperación crecen y alientan a la protesta, que aparece inicialmente en la ciudad de San Antonio de los Baños. Algunas centenas de personas salieron a las calles gritando ¡Libertad y comida! y ¡Abajo el MLC!… durante casi una hora se transmitió por redes sociales esas manifestaciones, hasta que el gobierno bloqueó el Internet y lanzó a la policía a la represión, pero ya para entonces las manifestaciones se replicaban en 40 ciudades y pueblos e incluso en La Habana. En todos los lugares en donde tuvieron lugar las manifestaciones, los gases fueron las primeras armas de ataques de la policía, luego vinieron las balas de la policía y el ejército, que dejaron un muerto (habitante de uno de los barrios más pobres de La Habana) y para rematar, las detenciones masivas. El primer día de la manifestación fueron 150 los detenidos, en los días siguientes el número creció y para remarcar la lección de temor, se mantuvo a los detenidos en condición de “desaparecidos”.
Uno de los grandes mitos que se mantiene por la burguesía en relación a Cuba es la pretendida existencia del socialismo, con este argumento no solo se ha podido confundir y someter al interior de Cuba a los explotados, sino incluso a nivel mundial ha sido aprovechado por el aparato de izquierda de la burguesía para confundir al proletariado, identificando el estalinismo con el comunismo, cuando en realidad el estalinismo representa la total deformación del marxismo y del comunismo. Pero también hacen uso de esta gran mentira todos los Estados y sus medias, haciendo pasar a las políticas repetidas por años en Cuba, como el racionamiento y el actuar tiránico del Estado, como la base sobre la que se levanta la propuesta comunista. Esas visiones difundidas ampliamente, como hemos dicho al inicio, impiden entender lo que pasa con el proletariado en Cuba.
Hasta donde la información recuperada nos permite ver, el descontento de la gran mayoría de la población en Cuba se debe a la falta de alimentos y medicinas, a los altos precios de los productos, por los constantes apagones de luz[8] y sin duda hay también un hartazgo existente de frente a la tiranía estalinista, no resulta nada extraño que en varias ciudades se concentraran las manifestaciones frente a los locales del partido “comunista” cubano. Sin embargo, también es muy evidente que, en toda esta revuelta, el proletariado queda diluido políticamente, confundido y dominado por el nacionalismo y la esperanza en la democracia.
En todas las manifestaciones vemos las banderas nacionales ser ondeadas y los discursos nacionalistas son los dominantes, utilizados por los voceros del Estado cubano para justificar la represión, pero también la burguesía y pequeñaburguesía involucradas en los grupos opositores “anticastristas” (que inmediatamente coparon el espacio de la protesta), invocan al nacionalismo para pedir la democratización, e incluso los grupos asociados a fracciones de la burguesía norteamericana (operando principalmente desde Miami), para “salvar” a la nación llaman a la invasión militar… En este caos social, el proletariado cubano se encuentra confundido, sin poder reconocer su condición de clase y, por lo tanto, sin poder actuar de forma autónoma, lo cual permite que su descontento sea aprovechado por las fracciones burguesas y pequeñoburguesas.
Una característica de Cuba ha sido la falta de tradición de lucha de parte de la clase obrera, podemos recordar que aun cuando se han establecido condiciones salvajes de explotación desde el siglo XIX, la clase obrera tuvo un acercamiento político muy cercano con el movimiento liberal burgués (encabezado por Martí) que aunque pudo ser políticamente explicable en esa fase del desarrollo capitalista, después, durante el siglo XX, definido ya el carácter decadente del sistema capitalista, la clase trabajadora continúo esperanzada en la búsqueda de la “liberación nacional” prometida por todos los partidos burgueses[9]. Luego, estas dificultades para el proletariado se profundizan por la imposibilidad de recuperar las experiencias y el empuje de la oleada revolucionaria que tuvo en el centro a las revoluciones de Rusia (1917) y Alemania (1919), lo cual se confirma con el hecho de que la formación del Partido Comunista (PC) se da hasta 1925, en un momento en el que la oleada revolucionaria mundial va en declive y la 3ª Internacional y junto a ella los PC, entran en un proceso de degeneración, abandonando los principios internacionalistas.
Y para culminar, el hecho de que el proletariado cubano viva sometido por una tiranía estalinista que se presenta como comunista, crea un medio de confusión muy complicado para el desarrollo de su conciencia. A lo largo de más de 60 años de régimen castrista los trabajadores han vivido en aislamiento, con engaños, represión y hambre, que no es un ambiente que le permita recuperar las experiencias de los combates de sus hermanos de clase en otras regiones y poder exponer su fuerza como clase. Por esa razón suele ser semejante la situación política que los trabajadores cubanos presentan en cada revuelta desatada.
En la revuelta de 1994, conocida como el “Maleconazo”, el detonante fue también el desabasto de alimentos, medicinas y electricidad y de igual forma los trabajadores fueron capturados en la ilusión de la democracia interna o en la “libertad” esperada en Miami. Ni en 94, ni ahora se percibe la posibilidad de la reflexión masiva de los proletarios en Asambleas Generales. Esa falta de reflexión los hace presa fácil de las posturas burguesas dominantes, dirigidas desde el gobierno y el partido oficial o desde los diversos “grupos opositores” integrados dentro de Cuba y en EUA, que han llevado rápidamente a las expresiones de descontento al terreno engañoso de la democracia o más aún a de las disputas imperialistas, colocando a esa masa descontenta como carne de cañón de intereses burgueses.
Cuando insistimos sobre la vulnerabilidad de los trabajadores en Cuba a los venenos nacionalistas y democráticos, no tiene como fin despreciar sus protestas o desaconsejar su lucha reivindicativa, al contrario, la denuncia de esos venenos se hace indispensable para armar la lucha proletaria tanto en Cuba como en el mundo.
Es cierto que un error grave de la Internacional Comunista, que ha pesado mucho sobre las luchas de la clase trabajadora del siglo pasado hasta ahora, particularmente en América latina, fue la “teoría del eslabón más débil”, que sitúa la mayor posibilidad de la revolución proletaria en los países donde el capitalismo es más débil. Nuestro documento, “El proletariado de Europa Occidental en una posición central de la generalización de la lucha de clases”,[10] critica severamente esta falsa visión, subrayando que “las revoluciones sociales no se producen allí donde la antigua clase dominante es más débil o su estructura está menos desarrollada, sino al contrario, allí donde su estructura alcanzó la mayor madurez compatible con las fuerzas productivas, y donde la clase portadora de las nuevas relaciones sociales y llamada a destruir las antiguas, es más fuerte. Mientras Lenin buscaba e insistía en el punto de mayor debilidad de la burguesía, Marx y Engels buscaron e insistieron en los puntos donde el proletariado es más fuerte, está más concentrado, y más apto para operar la transformación social”.
Los obreros en Cuba confrontan a un Estado brutal, sin mecanismos sindicales y democráticos de mistificación social, recurriendo únicamente a un terror permanente y grotesco, en los países del llamado “socialismo” (hoy reducidos a China, Cuba, Vietnam, Corea del Norte o Venezuela) “sigue pesando muy duramente la losa de la contrarrevolución en la forma de un régimen político totalitario, sin duda rígido y frágil, pero, precisamente por ello, el proletariado tiene muchas más dificultades para superar las mistificaciones democráticas, sindicales, nacionalistas, e incluso religiosas. En estos países se desarrollarán, como así ha sucedido hasta el presente, explosiones obreras violentas, acompañadas siempre que sea necesario del surgimiento de fuerzas destinadas a desorientarlas, como es el caso de Solidarnosc,[11] pero no podrán ser el escenario del desarrollo de la conciencia obrera más avanzada”. Será la lucha de sus hermanos en los países centrales del capitalismo la que les demostrará que la democracia, los sindicatos “libres” etc., son un engaño vil que refuerza y hace más opresiva la explotación. Será la lucha de esos sectores cruciales del proletariado la que mostrará que el problema de la humanidad no son las tiendas vacías o las colas para conseguir un kilo de arroz –expresiones caricaturescas de la barbarie global del capitalismo decadente–, sino la SOBREPRODUCCION GENERALIZADA que provoca hambre y miseria con supermercados rebosantes de alimentos y centros comerciales saturados de mercancías invendibles. Será esa lucha la que dará sentido y orientación a los esfuerzos de resistencia a la explotación, a las tentativas de toma de conciencia que en esos países se van a dar. Como decimos en el artículo que estamos citando: “Lo anterior no quiere decir que la lucha de clases o la actividad de los revolucionarios, carezca de sentido en otras regiones del mundo. La clase obrera es una. La lucha de clases existe en todos los lugares donde se enfrentan proletarios y capital. Las enseñanzas de las diferentes manifestaciones de esta lucha ocurran donde ocurran, son válidas para toda la clase. En particular la experiencia de las luchas en los países de la periferia influenciará la lucha en los países centrales. La revolución será, igualmente, mundial y afectará a todos los países. Las corrientes revolucionarias de la clase serán valiosísimas en todos los lugares donde el proletariado se enfrente con la burguesía, es decir, en todo el mundo”.
Revolución Mundial / 28-julio-2021
[1] Algunos artículos en los que desarrollamos los argumentos de la inexistencia de una revolución comunista en Cuba y el carácter burgués del gobierno cubano, son:
- “Balance de 70 años de luchas de “liberación nacional” II. En el siglo XX, la “liberación nacional”, eslabón fuerte de la cadena imperialista”: https://es.internationalism.org/revista-internacional/201110/3231/balanc... [664]
- “Che Guevara: mito y realidad (a propósito de una correspondencia)”: https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200711/2097/che-guevar... [665]
- “Como en todo país capitalista, en Cuba los trabajadores pagan la crisis”: https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/201012/3022/america-l... [666]
- “Se retira Fidel Castro… la explotación y miseria de los trabajadores cubanos continúa”: https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/200803/2204/se-retira... [667]
- “Fidel Castro, vivo o muerto al servicio de la burguesía”: https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/201701/4194/fidel-cas... [668]
[2] Recomendamos la lectura de nuestro artículo: “Ante la agravación de la crisis económica mundial y la miseria las «revueltas populares» representan un callejón sin salida” en nuestra Revista Internacional n°163, segundo trimestre de 2019.
[3] Ver nuestro artículo, “Movilizaciones antirracistas: La respuesta al racismo no es el antirracismo burgués, sino la lucha de clases internacional”, ubicado en: https://es.internationalism.org/content/4579/movilizaciones-antirracista... [345]
[4] Cuba inició recientemente la producción, de manera precipitada, de dos vacunas “nacionales” (Abdala y Soberana 2), por no ajustarse al protocolo internacional Covax y no presentar las medidas de verificación, no se puede conocer su eficacia, más aún cuando falta medidas de refrigeración para conservarlas y de jeringas para inyectarlas, aunque el gobierno cubano no deja de utilizarlo como argumento propagandístico. Después de las protestas, el ex padrino ruso ha enviado dos aviones cargados de más de 88 toneladas de comida, de material de protección médica y un millón de cubrebocas.
[5] No ampliaremos este asunto por el momento, solo indicamos que, aunque sí existen mecanismos intimidatorios de parte del gobierno de EUA para evitar operaciones comerciales con el gobierno cubano, eso no impide para que del total de las importaciones cubanas el 6.6% provengan de EUA.
[6] El transporte no solamente es escaso, sino además ha tenido un incremento del 500%.
[7] Esta situación pone en evidencia que la burguesía por todo el planeta (incluyendo a Cuba) opera sus políticas bajo la búsqueda de ganancias, desmantelando aquellas partes que no le reditúen, como son los servicios de salud, por lo que tienden a su desmantelación, creciendo por eso la impotencia ante problemas como los que actualmente se vive con la pandemia.
[8] Habría que considerar que, en Puerto Rico, país “asociado” a los EUA, también ha estado sufriendo apagones de luz sistemáticos por varias horas, a pesar de que recientemente ha privatizado esa actividad, de la misma forma en la frontera de México han tenido lugar ese tipo de dificultades, lo que muestra sin duda, que la inoperancia del sistema para cubrir las necesidades es un problema general del capitalismo, sin embargo el caso de Cuba se resalta porque se ha convertido en un fenómeno repetido a diario y por prolongado tiempo.
[9] El mismo Fidel Castro se presentaba como continuador del pensamiento liberal de Martí y Chivás. Ya instalado Castro con su grupo en la Sierra Maestra, ofreció una entrevista al periodista norteamericano, Robert Taber, quien le preguntó: “¿Es usted comunista o marxista?” y la respuesta fue: “No hay comunismo ni marxismo en nuestras ideas. Nuestra filosofía política es una democracia representativa y la justicia social dentro de una economía planificada…” (abril-1957). Esa misma respuesta la repitió en diversas ocasiones en su visita a los EUA en abril de 1959. Solo es en diciembre de 1961, presionado por la invasión fallida promovida por el gobierno de EUA, que Cuba se denomina “comunista”, lo que implicaba acercar sus intereses imperialistas hacia el bloque opositor a los EUA.
[11] En relación a la gran huelga de masas de los obreros en Polonia en 1980 y el sabotaje llevado a cabo por el sindicato Solidarnosc, recomendamos leer los artículos:
- “Polonia (agosto de 1980): Hace 40 años, el proletariado mundial retomaba de nuevo la huelga de masas”: https://es.internationalism.org/content/4597/polonia-agosto-de-1980-hace... [302] “
- “Lecciones siempre válidas para la lucha del proletariado mundial”: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/757/polonia... [669]
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Con motivo del 20 “aniversario” de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, llamamos la atención de nuestros lectores sobre nuestro primer artículo de la Revista Internacional 107 “En Nueva York como por todas partes el capitalismo siembra la muerte”[1]. El artículo denuncia la masacre de miles de civiles, la mayoría de ellos proletarios, como un acto de guerra imperialista, pero al mismo tiempo denuncia las lágrimas hipócritas derramadas por la clase dominante. Como dice el artículo, el ataque a Nueva York “no es un ataque “contra la civilización”, sino, al contrario, la mismísima expresión de la ‘civilización’ burguesa”. La banda terrorista que participó en la destrucción de las Torres Gemelas son asesinos de poca monta cuando examinamos su acción a la luz del gigantesco número de muertos infligido al planeta por todos los estados legalmente reconocidos durante los últimos cien años, en dos guerras mundiales e innumerables conflictos locales y regionales desde 1945.
En este sentido, el 11-S estaba en continuidad con los bombardeos de Guernica, Coventry, Dresde, Hiroshima y Nagasaki en los años 30 y 40, y de Vietnam y Camboya en los 60 y 70. Pero también fue una clara señal de que el capitalismo decadente había entrado en una fase nueva y terminal, la verdadera "desintegración interna" que predijo la Internacional Comunista en 1919. La apertura de esta nueva fase estuvo marcada por el colapso del Bloque imperialista ruso en 1989 y la consiguiente fragmentación del Bloque estadounidense, y vería cómo el inevitable impulso del capitalismo hacia el conflicto imperialista adoptaba formas nuevas y caóticas. Esto quedó simbolizado, en particular, por el hecho de que (aunque estuviera menos claro en el momento de escribir el artículo) el atentado fue encabezado por Al Qaeda, una facción islamista que había sido ampliamente apoyada por Estados Unidos en sus esfuerzos por poner fin a la ocupación rusa de Afganistán, pero que ahora se había dado la vuelta para morder la mano que la alimentaba. El "Nuevo Orden Mundial" proclamado por George Bush padre tras la caída de la URSS demostró rápidamente ser un mundo de creciente desorden, en el que los antiguos aliados y subordinados de Estados Unidos, desde los Estados desarrollados de Europa hasta las potencias de segunda y tercera categoría como Irán y Turquía, e incluso los pequeños señores de la guerra como Bin Laden, estaban cada vez más decididos a seguir sus propios programas imperialistas.
El artículo muestra pues cómo Estados Unidos fue capaz de instrumentalizar los atentados, no sólo para azuzar el nacionalismo en casa -acompañado, como pronto se hizo evidente, de un brutal refuerzo de la vigilancia y la represión estatal, y plasmado en la "Ley Patriótica" aprobada el 26.10.01- sino también para lanzar su ataque contra Afganistán, cuyos primeros pasos ya se observaban en el momento de escribir aquel artículo (3.10.01). Afganistán, por supuesto, ha ocupado durante mucho tiempo un lugar estratégico en el tablero imperialista mundial, y Estados Unidos tenía razones específicas para querer derrocar al régimen Talibán que tenía estrechos vínculos con Al Qaeda. Pero el objetivo fundamental de la invasión estadounidense -seguida dos años más tarde por la invasión de Irak y el derrocamiento de Saddam Hussein- era avanzar hacia lo que los "neoconservadores" del gobierno de Bush hijo denominaban “Dominio de Espectro Completo”[2]. En otras palabras, garantizar que Estados Unidos siguiera siendo la única "superpotencia" poniendo fin al creciente caos en las relaciones imperialistas e impidiendo el ascenso de cualquier contendiente serio a nivel mundial. La "Guerra contra el Terrorismo" sería el pretexto ideológico de esta ofensiva.
20 años después podemos ver que el plan no salió demasiado bien[3]. Las últimas tropas estadounidenses han tenido que abandonar Afganistán y están en camino de salir de Irak. Los Talibanes han vuelto al poder[4]. Lejos de frenar la marea del caos imperialista, las invasiones estadounidenses se convirtieron en un factor de su aceleración. En Afganistán, la temprana victoria contra los Talibanes se volvió agria cuando los islamistas se reagruparon y, con la ayuda de otros estados imperialistas, se aseguraron de que Afganistán permaneciera en un estado permanente de guerra civil, caracterizado por las sangrientas atrocidades de ambos bandos. En Irak, el desmantelamiento del régimen de Saddam condujo tanto al surgimiento del ISIS como al refuerzo de las ambiciones iraníes en la región, alimentando las guerras aparentemente interminables en Siria y Yemen. Y a escala planetaria, el avance de la descomposición sembró el terreno para el regreso con fuerza del imperialismo ruso y, sobre todo, para el ascenso de China como principal rival imperialista de Estados Unidos. Las diferentes estrategias para "volver a hacer grande a Estados Unidos", desde los neoconservadores hasta Trump, han sido incapaces de revertir el inexorable declive del poderío estadounidense, y Biden, a pesar de afirmar que "Estados Unidos ha vuelto", ha tenido que presidir ahora la mayor humillación de Estados Unidos desde el propio 11-S.
Al analizar el modo en que Estados Unidos trató de "sacar provecho del crimen" del 11-S, nuestro artículo de entonces muestra las similitudes entre el 11-S y el bombardeo japonés de Pearl Harbour, que también fue utilizado por el Estado estadounidense para movilizar a la población, incluidos los sectores reticentes de la clase dominante, en aquel caso en favor de la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Cita pruebas bien documentadas de que el Estado estadounidense "permitió" que los militares japoneses lanzaran el ataque, y avanza provisionalmente la hipótesis de que el Estado estadounidense, hasta cierto punto, aplicó la misma política de "laissez faire" o “dejar hacer” en el preludio de la acción de Al Qaeda, aunque puede que no fuera plenamente consciente de la magnitud de la destrucción que supondría. Esta comparación se desarrolla más a fondo en el artículo publicado en la Revista Internacional 108 “Pearl Harbor 1941, 'Torres Gemelas' 2001: El maquiavelismo de la burguesía”[5] . Volveremos a esta cuestión en otro artículo, donde discutiremos la diferencia entre el reconocimiento marxista de la burguesía como la clase más maquiavélica de la historia – naturalmente desacreditada por la propia burguesía como una forma de "teoría de la conspiración" - y la actual plétora de "teorías de la conspiración" populistas que a menudo toman como dogma de fe la idea de que el 11-S fue un "trabajo desde dentro".
World Revolution, órgano de la Corriente Comunista Internacional en Gran Bretaña
[1]https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/222/en-nueva-york-como-por-todas-partes-el-capitalismo-siembra-la-muert [671]
[2] El departamento de defensa de los EE. UU. lo define como “El efecto acumulativo del dominio en los terrenos aéreo, terrestre, marítimo y espacial y en el ámbito de la información, que incluye el ciberespacio, que permite la realización de operaciones conjuntas sin oposición efectiva ni interferencia prohibitiva”.
[3]En “plan” imperialista lo denunciamos en el artículo de la Revista Internacional nº 108 La guerra 'antiterrorista' siembra el terror y la barbarie https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/234/la-guerra-antiterrorista-siembra-el-terror-y-la-barbarie [672]
[4] Ver Detrás del declive del imperialismo estadounidense, el declive del capitalismo mundial https://es.internationalism.org/content/4705/detras-del-declive-del-imperialismo-estadounidense-el-declive-del-capitalismo-mundial [673]
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“…, he estado leyendo muchos textos de la CCI, para ser más exactamente del comunismo no es un bello ideal, y ahora voy en la parte de como las oposiciones de izquierda se organizan contra el estalinismo y la URSS, y como Trotski titubea entre estos dos , pero lamentablemente me ha costado un poco entender pues el material es en si algo complejo y denso , así que tenía unas preguntas:
1) La burguesía del futuro ¿serán solo los burócratas del estado? considerando que el capitalismo de estado se desarrolla más ... ¿Llegara algún punto en que la clásica burguesía individual y privada desaparezca por completo a favor de la burocracia estatal si la decadencia se sigue desarrollando?
2) Si el capitalismo de estado se expande y será el nuevo 'orden social imperante ¿Qué significo el "modelo chileno neoliberal" , los "chicago Boys" , el tea party americano , y el pinochetismo neoliberal?
3) ¿Es posible una guerra civil burguesa entre los burócratas estatales y la burguesía privada?
4) ¿podría decirse que la revuelta popular chilena fue, aparte de multiclasista, una "Revolución de los burócratas estatales" contra la burguesía privada? ¿una revolución del capitalismo estatal contra uno de los pocos países que sigue teniendo un capitalismo tan privatizador?
Las preguntas que nos planteas sobre el capitalismo de Estado son muy útiles para desarrollar la clarificación. Esta clarificación solo puede realizarse si tiene lugar sobre la base de una discusión internacional. En ese sentido te animamos a participar activamente en las discusiones con simpatizantes y contactos de otros países. Tus preguntas y las conclusiones críticas que extraigas de las respuestas que te hacemos llegar podrían ser una contribución muy buena a esa discusión.
Hemos puesto en negrita tus preguntas y a continuación en letra normal nuestra respuesta.
La burguesía del futuro ¿serán solo los burócratas del estado? considerando que el capitalismo de estado se desarrolla más ... ¿Llegara algún punto en que la clásica burguesía individual y privada desaparezca por completo a favor de la burocracia estatal si la decadencia se sigue desarrollando?
Tenemos que ver lo que planteas en el marco de la posición marxista sobre el capitalismo de Estado1. El capitalismo de Estado surge con la decadencia del capitalismo. No es una solución a la decadencia sino una expresión de ella. El capitalismo de Estado cumple 3 funciones en el capitalismo decadente en todos los países:
Economía de guerra y organización de la guerra y la acción imperialistas;
Limitar los efectos de la crisis económica, aplazarla, echarla hacia otros países;
Controlar al proletariado y al conjunto de la población.
Este recordatorio general nos sirve de marco para responder a tus preguntas.
En la decadencia capitalista -como en todos los modos de producción que precedieron al capitalismo- el Estado es la tabla de salvación del sistema, el baluarte último de su defensa. Por eso el Estado tiene que intervenir en todos los dominios de la vida social, económica, imperialista etc., para hacer que el capital funcione y no se vea bloqueado y hundido por sus contradicciones que no cesan de agravarse.
Además, ya en las últimas etapas del capitalismo ascendente (fines del siglo XIX) se desarrolló un proceso de concentración del capital que llevaba a la desaparición de numerosos sectores de la propia burguesía y de la pequeña burguesía, sin que ello significara que estas desaparecieran totalmente.
En la decadencia, el Estado ha tomado a cargo esta tendencia y es él mismo quien favorece la concentración del capital, utilizando mecanismos de nacionalización, aunque igualmente echa mano de los bancos, los créditos, las subvenciones estatales etc., para impulsar ese proceso.
Es cierto que todas estas condiciones refuerzan enormemente el peso del Estado en la sociedad, tanto en los países que se presentan como “socialistas” (donde la gran mayoría de la economía es propiedad formal del Estado) como en los países que se dicen “liberales” donde todo aparece como un mundo de capitalistas privados y como un juego del mercado. Ese reforzamiento del Estado en todos los países hace que se desarrolle sin descanso una monstruosa burocracia estatal que absorbe masas importantes de la plusvalía extraída a los trabajadores.
Aunque haya contradicciones y conflictos entre la burocracia estatal y la burguesía privada, en realidad ambas coinciden en la necesidad del capitalismo de Estado. En países donde la burguesía tradicional es más débil, la burocracia estatal interviene en todos los dominios y se produce una estatización general de toda la economía; ahí donde la burguesía clásica es más fuerte se produce una combinación y colaboración entre ambas.
Bueno compañero, no tenemos una bola de cristal para saber cómo será el futuro ciertamente, pero lo que, si podemos, es ver como la descomposición capitalista nos lleva como sociedad al abismo y que esta afecta a la vida a la burguesía notablemente, la burguesía cada vez más tiene dificultades para ponerse de acuerdo, por los intereses que tienen individualmente, de esa manera los conflictos entre las diferentes fracciones de la burguesía se multiplican y se hacen más ásperos. Esto obliga al capitalismo de Estado a multiplicar sus controles, a endurecer los mecanismos represivos, a desarrollar métodos de espionaje y control social, como se ha visto con el escándalo Wikileaks y otros.
Este reforzamiento del control social y de la intervención totalitaria del Estado no significan un reforzamiento de la eficacia del capitalismo de Estado, sino que lo hacen más vulnerable y preso de contradicciones crecientes.
La burguesía individual y privada en relación con la burocracia estatal no tienen mucha diferencia, está más presionada por sus intereses particulares y la sanción del mercado se le hace más directa y acuciante. Sin embargo, ambos tienen la misma razón de ser de las ganancias, ambos son parte de la misma clase explotadora. No hay que olvidar que ambas partes de la burguesía llevan el mismo interés de clase. En la actualidad, hay muchos burócratas que tienen actividades fuera de las esferas del aparato político (Estado), son propietarios de empresas mercantiles, de servicios, accionistas, gerentes, dueños de múltiples empresas en el mercado local, nacional… En el Perú, muchos burócratas del Estado tienen empresas de servicios de consultorías, comerciales, etc. Muchas veces han sido denunciados públicamente por “malas prácticas laborales” o “por no pagar impuestos” como cualquier vulgar burgués del sector privado, por cierto. Existen también lo que se llaman “puertas giratorias”: ministros y altos dignatarios del Estado que se pasan a la empresa privada y, viceversa, jefes empresariales carismáticos que acaban siendo presidentes o ministros destacados. Finalmente, como los gobiernos, incluidos aquellos que se presentan de izquierdas, favorecen servilmente los intereses de grandes empresas nacionales o multinacionales, alegando numerosas excusas: la posición estratégica de la empresa, la conservación de puestos de trabajo, el bien de la economía nacional etc. Todo esto muestra la unidad y la interacción entre la burguesía privada y la burguesía estatal en el marco global del Capitalismo de Estado.
Hay que tomar en cuenta además que, si bien el Estado se fortalece y en determinadas circunstancias una burocracia estatal parece ponerse por encima de la sociedad, esto no hace que desaparezca la explotación basada en la apropiación de la fuerza de trabajo, no hace que desaparezca la propiedad privada sobre los medios de producción, bien que sea el Estado (representado por una burocracia), bien a través de capitalistas individuales o formados en grandes corporaciones.
Podemos concluir que lo que une a todas las fracciones de la burguesía -sean privadas o pertenezcan a la burocracia estatal- es el interés nacional del capital. Habrá sectores -tanto dentro de la burocracia estatal como dentro de la burguesía privada- que sean más conscientes de los intereses generales del Capital Nacional y otros demasiado atados a intereses particulares.
Esto es una fuente de conflictos dentro de la burguesía, pues el interés particular de un sector puede acabar perjudicando los intereses económicos o imperialistas del capital nacional en su conjunto.
Del mismo modo, capitales nacionales más poderosos pueden imponer sus intereses estratégicos o económicos a capitales nacionales más débiles, lo que será igualmente motivo de tensiones y conflictos. Por ejemplo, Estados Unidos considera las naciones latinoamericanas como su “patio trasero” y ello le lleva a imponer gobiernos plegados a sus intereses o ministros que defiendan claramente su influencia. Esto suscita respuestas nacionalistas de sectores de las burguesías latinoamericanas que denuncian la dominación yanki y piden al proletariado que apoye este “objetivo nacional”. El proletariado debe denunciar esta trampa pues lo ata de pies y manos al interés nacional del capital.
A menudo hay cliques -que agrupan a políticos, burócratas estatales y propietarios privados- que tejen alianzas y mezclan sus intereses con los de la nación en su conjunto perjudicando a otros sectores capitalistas.
Asistimos pues una maraña de conflictos Inter burgueses. En esas pugnas, cada bando trata de alistar a la población y especialmente al proletariado a sus intereses, presentándolos no como su interés egoísta sino como “el del pueblo”, “el progreso”, la “democracia”, la “economía verde” y otras fórmulas “políticamente correctas”. El proletariado debe rechazar tajantemente esos llamados que le hacen perder su autonomía de clase y le llevan a sufrimientos y miseria sin cuento.
Finalmente pensamos que tu pregunta sobre si la burguesía individual desaparecerá pensamos que no, ya que es la piedra angular de la ideología burguesa, la competencia privada siempre será considerada el modelo “natural” de funcionamiento de la economía y la base del equilibrio de la oferta y demanda, mecanismo de regulación del mercado. Aun en los momentos en que la dominación de la clase dominante parece tomar la forma de una dominación absoluta de una burocracia o de un líder, detrás están los capitalistas privados, quienes se escudan tras esta apariencia, para garantiza su sobrevivencia económica, ejemplos de esto, es el comportamiento de la burguesía durante el fascismo o el nazismo. En los llamados países “socialistas”, aunque en teoría no existían “capitalistas individuales”, esta burocracia hace su papel, operando a sus anchas, con amplios privilegios y amasando riquezas, o dejando que otros capitalistas individuales foráneos participen de forma conjunta en la extracción de plusvalía, mientras obligan a los trabajadores a soportar una explotación bárbara.
En China, por ejemplo, se ha desarrollado una enorme burguesía privada, lo que llaman “emprendedores”. Esta burguesía hace sus negocios dentro de un marco estrictamente definido por el Estado. Este, asimismo, define las reglas para la inversión extranjera. Este “modelo” definido como “socialismo de características chinas” no es muy diferente del que reina en las economías “liberales”. En Estados Unidos, por ejemplo, las agencias federales tutorizan las empresas privadas marcándoles inversiones, préstamos, concesiones, compras etc. Por otra parte, las compras del Pentágono, de obras públicas, de planes de inversión tecnológica etc., son asumidas directamente por el Estado representando más del 50% del producto nacional.
Si el capitalismo de estado se expande y será el nuevo 'orden social imperante ¿Qué significo el "modelo chileno neoliberal" , los "chicago Boys" , el tea party americano , y el pinochetismo neoliberal?
Antes que nada, debemos aclarar que el capitalismo de Estado no es el “nuevo orden social imperante” sino que se viene dando en todos los países desde la primera guerra mundial. En esta, por necesidades de la guerra el Estado militarizó la economía. Tras la guerra se relajó en algunos países la presencia del Estado, sin embargo, con la crisis del 29 y los preparativos de la Segunda Guerra Mundial, la tendencia al capitalismo de Estado se consolidó definitivamente en todos los países. El nazismo y el fascismo, por un lado, el estalinismo, por otro, y finalmente los programas de intervención económica del Estado (plan De Man en Bélgica, New Deal en USA, keynesianismo en Gran Bretaña etc.) fueron las diferentes vías que tomó el desarrollo universal del capitalismo de Estado.
Tras la segunda guerra mundial, toda la economía mundial sigue por diferentes vías la tendencia general al capitalismo de Estado.
Esta pregunta tiene una respuesta en la pregunta 4. Se nos habla de una variedad de “modelos capitalistas”: Chicago Boys, modelo chileno, modelo japonés, modelo chino, modelo “socialista” …
En realidad, las diferencias entre ellos obedecen a cómo se articula dentro del Capitalismo de Estado los intereses de las distintas fracciones capitalistas, las condiciones históricas del desarrollo del capitalismo en cada país, las influencias imperialistas etc., sin embargo, todas son caminos para implantar el capitalismo de Estado.
Podemos decir que el Modelo chileno neoliberal, los chicago boys, o el pinochetismo neoliberal, cumplieron un papel en su momento para el crecimiento de las economías burguesas nacionales y extranjeras. Son composiciones que el capitalismo en aquel momento echó mano, para atenuar sus crisis y lograr cierta estabilidad, cosa que ahora ni se nombra. Hay que decir que ese “modelo chileno” no es patrimonio único de Pinochet y su dictadura militar, los gobiernos “democráticos” de la Concertación que se vienen sucediendo desde 1990 han cumplido fielmente los imperativos de ese “modelo”. El capitalismo chileno, como el mundial, está muy afectado por la aparición brutal de la pandemia, pero sobre todo por la crisis histórica del capitalismo y lo pudimos ver en el origen de las revueltas populares en Chile, el aumento de tarifas del metro y otros incrementos en servicios de salud, educación, puso en descubierto toda la precariedad que encerraba “el paraíso económico de América Latina” comparable como un gran castillo de naipes.
¿Es posible una guerra civil burguesa entre los burócratas estatales y la burguesía privada?
En la descomposición capitalista actual, dado el grado de su agudización se está viendo enfrentamientos entre las diferentes facciones de las burguesías nacionales, por ejemplo. Como ya lo explicamos en la pregunta 1. la vida de la burguesía se ve afectada cada vez más por la aceleración de la descomposición y la profundización de la crisis histórica del capitalismo, por su afán de mercados y la competencia brutal que cada vez más se desarrolla. No nos extrañaría ver enfrentamientos más frontales entre facciones de las diferentes burguesías locales/nacionales en Chile, Perú, Ecuador o USA, por ejemplo. Sin embargo, no pensamos que el enfrentamiento sea necesariamente entre burgueses privados y burócratas estatales, existen otras razones: intereses imperialistas, influencia de potencias extranjeras, conflictos entre sectores económicos, corrupción, narcotráfico, tendencias centrífugas etc.
Con la agravación de la crisis y la descomposición capitalista que exacerba la tendencia innata al capitalismo de “Cada cual a la suya” se producen situaciones donde una fracción burguesa trata de eliminar a las demás rompiendo las reglas de lo que la burguesía llama “la convivencia democrática”. Lo vemos en países como Bielorrusia, Nicaragua, Venezuela, Filipinas etc. Esto no es una “anomalía” sino una consecuencia de la agravación de la descomposición y evidencia la barbarie de los enfrentamientos de la burguesía. Ahora bien, estas pugnas no ponen en cuestión el capitalismo de Estado ni tienen como línea de división el enfrentamiento burguesía privada / burocracia estatal, sino que expresan la grave dislocación de la cohesión social y obligan a un control aún más totalitario del Estado.
Pensamos que no van a haber “guerras civiles” entre la burguesía estatal y la burguesía privada, lo que son fuente de guerras dentro de las naciones y entre naciones es la confrontación imperialista o la lucha de intereses entre las diferentes fracciones de la burguesía (cada una de ellas es una combinación de sectores estatales y privadas).
¿Podría decirse que la revuelta popular chilena fue, aparte de multiclasista, una "Revolución de los burócratas estatales" contra la burguesía privada? ¿una revolución del capitalismo estatal contra uno de los pocos países que sigue teniendo un capitalismo tan privatizador?
Antes que nada, queremos recordar que, en una escisión del trotskismo en 1948, que se llamó Socialismo o Barbarie, se teorizó la idea de que el mundo iba hacia un nuevo modo de producción que sería la Burocracia y que la URSS sería exponente de ese nuevo modo de producción. Al principio, los componentes de Socialismo o Barbarie estaban abiertos a la discusión y nuestros predecesores de INTERNATIONALISME llevaron un debate con ellos criticando esa teoría del “nuevo modo de producción” que suponía, entre otras cosas, que el proletariado desaparecería y en su lugar el mundo, según teorizaba Socialismo o Barbarie, se dividiría entre una casta de dirigentes y una masa de dirigidos, con lo cual desaparecerían igualmente las clases sociales tal como el marxismo siempre las ha comprendido. Socialismo o Barbarie acabó en la más total dislocación como consecuencia de tan peregrinas teorías y su principal ideólogo finalizó su carrera apoyando al bloque imperialista norteamericano2.
Hablas de “revolución de la burocracia estatal” o de “revolución del capitalismo estatal”. Sería necesario previamente precisar el término revolución.
El materialismo histórico solamente emplea el término revolución para referirse al cambio de un modo de producción a otro. Las revoluciones burguesas acabaron con el modo de producción feudal. Bajo el capitalismo solamente es posible una revolución: la revolución proletaria mundial.
Se habló de “revolución cubana” cuando Castro y su banda tomaron al asalto La Habana en 1959, no fue una “revolución”, fue golpe de Estado tan reaccionario como el de los militares en Chile 1973 o en Argentina. Los trotskistas a cualquier tumulto le llaman “revolución” y emplean términos como “revolución antiburocrática”, “revolución de liberación nacional” etc., mostrando que solo sirven al Capital.
En el capitalismo decadente no hay ninguna revolución burguesa posible, todos los trastornos que llevan, aunque sea por medios violentos, a cambios de gobierno o incluso en las estructuras del Estado, son todos reaccionarios y sirven a la conservación del capitalismo.
Como lo vimos en nuestro artículo sobre las revueltas populares en Chile, debemos ver la acción de la burguesía en su conjunto siempre contra el proletariado. La burguesía ha dado una salida a esa crisis planteando la asamblea constituyente, hoy vemos una Mujer (Elisa Loncón) como representante de ello, de origen indígena. La burguesía plantea la cuestión del género, la raza...frente a la lucha de clases allí la trampa ideológica y política que denunciamos en nuestro artículo sobre la revuelta popular en Chile3.
En este sentido no hay ninguna revolución de los burócratas estatales, contra la burguesía privada como señalas, el capitalismo tiene muchas formas de actuar y accionar en determinados momentos de la historia y sus necesidades; en un momento puede ser privatizador, social, proteccionista. etc., y eso depende de las dificultades económicas que atraviesan los Estados nacionales. Generalmente los Estados de América Latina, como el caso del Estado Chileno, cumplían órdenes desde los años 60s del Banco mundial y el FMI, estos les dictaban las recetas que tenían que seguir y aplicar en sus economías nacionales, bajo la condición de acceder a grandes cantidades de préstamos. Si los Estados nacionales acataban dichas ordenes, se convertían en los consentidos y “buenos sujetos de crédito”, de esta forma Chile, Perú y muchos otros países en América Latina fueron Estados privatizadores, desarrollando ventas y concesiones de las principales empresas estatales por órdenes del FMI y el BM. Pero esto es lo que sucedió. Ahora bien, debemos mencionar que los Estados no son “simples títeres” de las grandes corporaciones u organismos de financiamiento internacional, esta es una idea que ha vendido la izquierda, para cuestionar a la derecha y reclamarle su actitud “entreguista” y antipatriótica. Esto encierra el peligro de creer que si el capitalismo es gestionado por una burguesía verdaderamente nacionalista e independiente de dichos organismos internacionales de financiamiento (como de hecho ocurre con el “anti-neoliberalismo” y anti yanquismo que profesa la izquierda del capital), se acabará la explotación y la pobreza. En realidad, las políticas del FMI o del BM, son parte de una estrategia global del sistema, de confrontación inter imperialista, en la cual, unas potencias influyen en la dinámica del mercado, para proteger sus intereses y ganar terreno en la arena imperialista mundial. Esto ha pasado por ejemplo en Venezuela, donde el chavismo se negó a recibir créditos por parte del FMI, pero los acepta de China o de Rusia, en iguales o peores condiciones que si lo hicieran con aquel y donde el pago de estos préstamos también depende de la explotación brutal de los trabajadores. Es importante, en este sentido, hay que analizar un poco más el papel del crédito en la fase de decadencia y descomposición capitalista y la relación que esto tiene con la necesidad de la burguesía mundial de aplazar los efectos de la crisis (necesidad que es la misma para todos los Estados, sobre todo porque la huida ciega en el endeudamiento es una política global) y de sustentar sus políticas imperialistas y de establecimiento de zonas de influencia. Las políticas de “desarrollo endógeno” gestionadas por una burocracia o por un puñado de capitalistas, han sido tan desastrosas como las de desarrollo basado en el libre mercado
INTERNACIONALISMO Perú, sección de la Corriente Comunista Internacional
Como materiales de reflexión crítica te proponemos:
La experiencia rusa - Propiedad privada y propiedad colectiva
Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este
/content/3451/tesis-sobre-la-crisis-economica-y-politica-en-los-paises-del-este [139]
¿Crisis del neoliberalismo o crisis del capitalismo?
La lucha del proletariado en el capitalismo decadente
El carácter reaccionario de las nacionalizaciones en la fase imperialista del capitalismo https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/200807/2291/un-texto-de-la-izquierda-comunista-mexicana-gtm-1938 [381]
1 Ver el punto IV de la Plataforma política de la CCI https://es.internationalism.org/cci/200509/145/plataforma-politica-de-la-corriente-comunista-internacional [675]
2 Ver el análisis del grupo Socialismo o Barbarie en la Serie de dos artículos titulada Castoriadis, Munis y el problema de la ruptura con el trotskismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/201804/4300/el-comunismo-esta-al-orden-del-dia-en-la-historia-castoriadis-muni [48] y /content/4363/castoriadis-munis-y-el-problema-de-la-ruptura-con-el-trotskismo-ii [49]
3 Ver Chile: EL DILEMA NO ES DICTADURA – DEMOCRACIA SINO BARBARIE CAPITALISTA O LUCHA DE CLASES PROLETARIA https://es.internationalism.org/content/4615/chile-el-dilema-no-es-dictadura-democracia-sino-barbarie-capitalista-o-lucha-de-clases [456]
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Desde hace varios meses, las catástrofes climáticas se suceden a un ritmo frenético en los cuatro rincones del planeta: sequías, incendios gigantescos, lluvias torrenciales, corrimientos de tierra, inundaciones...[1] Mientras las víctimas de la crisis medioambiental se cuentan por millones cada año y hasta los Estados más poderosos se muestran cada vez más incapaces de hacer frente a las catástrofes, el último informe del IPCC viene a confirmar que los trastornos climáticos alcanzarán proporciones incontrolables en la próxima década.
En nuestra prensa, hemos señalado regularmente que las raíces del calentamiento global se encuentran en el propio funcionamiento del capitalismo. No sólo las catástrofes climáticas son cada vez más devastadoras, numerosas e incontrolables, sino que los Estados, bajo el peso de décadas de recortes presupuestarios, están cada vez más desorganizados y no protegen a sus poblaciones, como hemos visto recientemente en Alemania, Estados Unidos y China, por ejemplo. La burguesía ya no puede negar la magnitud de la catástrofe, pero sigue explicando, sobre todo a través de sus partidos ecologistas, que los gobiernos deben tomar por fin medidas enérgicas en favor del medio ambiente. Todas las facciones de la burguesía tienen su “solución milagrosa”: economía verde, decrecimiento, producción local, etc. Estas supuestas soluciones coinciden en vender la ilusión de que el capitalismo podría ser "reformado". Pero la carrera por el beneficio, el saqueo de los recursos naturales, la sobreproducción delirante de mercancías etc., no son "opciones" para el capitalismo frente a las cuales habría otras más “ecológicas”, ¡son las condiciones sine qua non de su existencia!
Ante la catástrofe prevista, la indignación y la preocupación son inmensas, como demuestran las "marchas del clima" de 2019, que reunieron a millones de jóvenes de muchos países. Sin embargo, en su momento señalamos que estas marchas se desarrollaban en un terreno totalmente burgués: los "ciudadanos" estaban, de hecho, llamados a ejercer "presión" sobre el Estado burgués, esa monstruosa máquina cuya razón de ser es defender los intereses capitalistas que están en el origen del deterioro sin precedentes del medio ambiente. En realidad, el problema del clima sólo puede resolverse a escala mundial, y el capitalismo, en el que las naciones se enfrentan despiadadamente entre sí, es incapaz de dar una respuesta a la altura de lo que está en juego: las grandes conferencias sobre el medio ambiente, en las que cada Estado busca cínicamente proteger sus propios intereses sórdidos bajo la apariencia de defender el medio ambiente, son ejemplos flagrantes de ello. La única clase que puede afirmar un verdadero internacionalismo y poner fin a la anarquía de la producción es la clase obrera y la sociedad contenida en sus propias entrañas: ¡el comunismo!
Tras un verano de 2021 que anuncia futuras catástrofes, los partidos ecologistas y de izquierda del capital (trotskistas, estalinistas, anarquistas, socialdemócratas, etc.) intentarán volver a poner en escena las marchas por el clima. Este es otro intento de la burguesía de canalizar la ira hacia los mismos callejones sin salida políticos: la dilución de la clase obrera en el "pueblo", las ilusiones sobre la capacidad del Estado "democrático" para "cambiar las cosas". Por eso invitamos a nuestros lectores a leer o releer la hoja internacional que distribuimos en las primeras marchas de 2019 y que conserva toda su vigencia en la actualidad. Por supuesto, los animamos a que la difundan si comparten su combate.
El capitalismo amenaza el planeta y la supervivencia de la humanidad: Sólo la lucha mundial del proletariado puede acabar con la amenaza
[1] Ver Inundaciones, sequías, incendios... ¡El capitalismo lleva la humanidad hacia un cataclismo global! https://es.internationalism.org/content/4703/inundaciones-sequias-incendios-el-capitalismo-lleva-la-humanidad-hacia-un-cataclismo [678]
En 2003, Christophe Bourseiller, con sus ínfulas de historiador, escribió una Historia General de la Ultraizquierda, una colección de amalgamas y difamaciones destinadas a empañar la reputación de la izquierda comunista. Hoy repite esta operación con un nuevo libro titulado Nouvelle histoire de l'ultra-gauche, igual de calumnioso1.
En la página 363 de este nuevo libro se puede leer el siguiente pasaje: «Cuando la ministra del Interior, Michèle Alliot-Marie, se refiere en sus discursos a una amenaza procedente del "movimiento anarco-autonómo" y de la "ultraizquierda", desconoce sin duda la compleja historia de las izquierdas comunistas. Sin embargo, los activistas neo-urbanos y post-situacionistas de Tarnac se inscriben en el complejo destino de la corriente ultraizquierdista.» Bourseiller lamenta esta ignorancia de la antigua ministra encargada de la represión de la clase obrera y se propone remediarla. Tras 18 años de leal servicio, continúa su labor de instructor para la policía. Se trata probablemente de una obra provechosa que facilita un mínimo de formación a los encargados de la vigilancia y la represión de los pequeños grupos revolucionarios que, pese a su escasa audiencia en la actualidad, representan el futuro, es decir, el levantamiento y la organización de las masas trabajadoras de todo el mundo para conquistar su emancipación y liberar a la humanidad de la lacra que constituye el capitalismo. Este labor de inteligencia y recopilación, que sólo puede interesar a la policía, es una constante en la historia de la sociedad burguesa, como muestra el famoso libro de Victor Serge Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión.
Tras la victoriosa insurrección de octubre de 1917 y el acceso a los archivos de la Okhrana, la policía política zarista, el partido bolchevique encargó a Victor Serge que hiciera una revisión de los principales documentos que allí se encontraban. Victor Serge resumió su trabajo en un libro extraordinario. Allí puede leerse: «Se escriben voluminosos tratados sobre el movimiento revolucionario que sirven para la instrucción de las jóvenes generaciones de gendarmes. El libro contiene sobre cada partido su historia (origen y desarrollo), un resumen de sus ideas y su programa, una serie de cifras acompañadas de textos explicativos que dan el esquema de su organización, las resoluciones de sus últimas asambleas y notas sobre sus militantes más destacados. En definitiva, una monografía concisa y completa. (...). Para el zar, [el departamento de policía] preparó una especie de diario manuscrito en un solo ejemplar, publicado de diez a quince veces al año, en el que se registraban los más mínimos incidentes del movimiento revolucionario (detenciones, registros exitosos, represiones, disturbios). Nicolás II lo sabía todo»2. Esta es la tarea que se impuso Bourseiller: le vemos, escrupuloso como buen funcionario del ministerio, elaborando la lista de nombres en el momento de la constitución y luego de la disolución de los distintos grupos políticos, la lista de quienes estuvieron presentes en tal o cual reunión, etc.
Pero sucede, a menudo, que estos probos empleados no dominan la materia. Esto le pasa a Bourseiller, que comete muchos errores. Algunos ejemplos:
- Típico de quién hace una lectura superficial, confunde a Arturo Labriola (1873-1959), que en su día fue sindicalista revolucionario antes de convertirse en reformista, con Antonio Labriola (1843-1904), amigo de Engels y el hombre que ayudó a introducir el marxismo en Francia e Italia (p. 64).
- Confunde la posición de la Izquierda Comunista de Francia (GCF) y de la CCI con la de Trotsky, quien pensaba que, en el periodo de decadencia del capitalismo, las fuerzas productivas dejarían de crecer: «(...) "La Izquierda Comunista de Francia" desarrolla al mismo tiempo una visión catastrofista y sitúa a sus militantes ante la perspectiva de "los días finales". Las fuerzas productivas han dejado de crecer. Es la hora de la revolución» (p. 129).
- Jean Malaquais o Maximilien Rubel nunca fueron miembros de la Izquierda Comunista en Francia (p. 151).
Y, junto a errores, hay inevitablemente varias estupideces de lo más cómicas, como ésta: «Más de diez años después de su exilio voluntario [en Venezuela], aquí está de nuevo en la escena política. A los ojos de los adolescentes que le rodean, [Marc Chirik] adopta de buen grado el rostro de un segundo "padre" y se deleita en este papel de guía» (p. 137).
Columnista de France Inter, profesor en el Instituto de Estudios Políticos en Lille3, Bourseiller desfila por los salones de la clase dirigente, por los platós de televisión y los campus, pero se muestra incapaz de hacer de un trabajo de historia con la misma seriedad que se exigía a algunos funcionarios de la Okhrana, como señaló Victor Serge. Por ello orienta su trabajo hacia la prensa sensacionalista, la prensa rosa, buscando impresionar a la burguesía con las excentricidades de los situacionistas, o la violencia de los autonomistas, pero dando la espalda por completo a la investigación científica sobre "la compleja historia de las izquierdas comunistas".
Otro error, que no es tal, pues en realidad responde a su voluntad deliberada de confundir y amalgamar: «El grupo de Cornelius Castoriadis sigue siendo inevitable. Nunca la etiqueta de "buscador" le ha pegado tan bien a un colectivo. Socialisme ou Barbarie es una sorprendente extensión de la escuela germano-holandesa (GIC, Union Communiste, Spartacus)» (p. 159). La realidad científica es que nunca hubo convergencia entre Socialisme ou Barbarie y la izquierda germano-holandesa. Los lectores interesados pueden encontrar la verdadera trayectoria de Socialisme ou Barbarie en nuestro artículo "Castoriadis, Munis y el problema de la ruptura con el trotskismo", en nuestra Revista Internacional nº 161 [48] y 162. [49]
Bourseiller quiere ayudar a la policía, aunque la información que da no es fiable. Pero, sobre todo, hace un inmenso servicio a la clase dominante al atacar a la Izquierda Comunista, al tratar de desacreditarla entre quienes buscan posiciones revolucionarias y los medios para superar, para erradicar el sistema capitalista. La corriente de la izquierda comunista, como expresión política segregada por la clase obrera, es regularmente objeto de diversos ataques y calumnias:
- Como se vincula a la tradición del bolchevismo y forma parte de la lucha histórica por el comunismo, se le trata de meter en el mismo saco que el estalinismo, acusándole así de todos los males que tuvo que sufrir la propia clase obrera: la KGB, el estajanovismo, el Gran Terror, el Gulag4.
- Por su postura contra la Segunda Guerra Mundial imperialista, responsable de 60 millones de muertos, entre ellos Auschwitz y todos los campos de exterminio, los bombardeos de Dresde, Hamburgo, Hiroshima y Nagasaki etc.; se presenta a la Izquierda Comunista como “negacionista”, es decir, que no admite que hubiera un genocidio de los judíos de la parte de los nazis, como lo hicieron en su momento Faurisson y Rassinier. Con esta acusación intentan desvirtuar la denuncia que la Izquierda Comunista hizo de la ideología antifascista que fue precisamente la condición que hizo posible esta guerra y todas las masacres que engendró5.
- Bourseiller, que retoma también esta acusación de negacionismo, es igualmente el iniciador de una nueva campaña de desprestigio de la izquierda comunista arrojándola al mismo caldero que los situacionistas, los anarquistas, los “autónomos” y otros bloques negros. Este caldero, inventado por él, se llama "ultraizquierda" y contra él pretende lanzar sus venenosos dardos: «Así se ha fundido la ultraizquierda con los problemas del nuevo siglo. Enemigo por excelencia del capital, esta serpiente marina no deja de resurgir en la actualidad. Actualmente, los hijos de la ultraizquierda actúan en las ZAD (Zone À Défendre). Se pueden ver en los "bloques autónomos" o "bloques negros" que interrumpen las manifestaciones» (p. 7). «Son los "infiltrados", los "provocadores", los “violentos” que, dentro de las manifestaciones, se enfrentan a la policía, vandalizan negocios, pintarrajean monumentos». (contraportada).
Bourseiller simula creer que los revolucionarios «ignoran las persecuciones raciales» (p. 97) de los nazis, y les reprocha que no se implicasen «en la resistencia antinazi» (p. 113). Así el toma partido por la política de "unión sagrada" defendida por los socialchovinistas de 1914 y 1939, y de hecho escamotea el compromiso de los revolucionarios (a menudo a costa de sus vidas) contra las guerras imperialistas y todas las formas de explotación y opresión: desde la república democrática que masacró a los trabajadores revolucionarios en París en junio de 1848 y en mayo de 1871 durante la sangrienta semana de la Comuna, y en Berlín en enero de 19196, hasta el totalitarismo estalinista y nazi que los exterminó en campos de concentración y otras masacres. Un ejemplo de esta posición intransigente del marxismo revolucionario fue la posición internacionalista de Lenin en 1914 denunciando la guerra imperialista: «Los socialistas siempre han condenado las guerras entre los pueblos como una empresa bárbara y bestial. (…) Los socialchovinistas asumen la mistificación burguesa del pueblo, según la cual la guerra se libra en defensa de la libertad y la existencia de las naciones, y se ponen así del lado de la burguesía contra el proletariado.»7
Después, el fracaso y el aplastamiento de la revolución proletaria dejaron las manos libres a la clase dominante para desencadenar una nueva guerra imperialista aún más criminal. Y tras Lenin, la Izquierda Comunista, que seguía enarbolando la bandera del internacionalismo, denunció treinta años más tarde la guerra y la ideología del antifascismo en un Manifiesto dirigido a los obreros y soldados en junio de 1944: «En cada país se os ha movilizado con ideologías diferentes, pero con el mismo objetivo, el mismo resultado, lanzaros a la carnicería unos contra otros, hermanos contra hermanos en la miseria, obreros contra obreros. El fascismo y el nacionalsocialismo reclaman un espacio vital para sus masas explotadas, ocultando únicamente su feroz voluntad de liberarse de la profunda crisis que los mina desde sus raíces. El bloque anglo-ruso-estadounidense pretendía, decían, liberaros del fascismo y devolveros vuestras libertades, vuestros derechos. Pero estas promesas no eran más que el cebo para haceros participar en la guerra, para eliminar, después de haberla parido, al gran competidor imperialista: el fascismo, superado como modo de dominación y vida del capitalismo»8.
Ya hemos respondido a estas infamias sobre el supuesto negacionismo de la izquierda comunista, especialmente en nuestro folleto, Fascismo y democracia: dos expresiones de la dictadura del capita [680]l9. En su día la GPU persiguió a los revolucionarios y los denunció como "hitlerotrotskistas", hoy los ideólogos de la burguesía los denuncian como "negacionistas". Todo se hace para desacreditar a la izquierda comunista con acusaciones que son tan delirantes hoy como ayer. Las amenazas de estos gendarmes ideológicos parecen inútiles, pero conocen los efectos destructivos de la calumnia y pretenden apoyarse mañana en la fuerza policial del Estado cuando comience el enfrentamiento revolucionario entre las clases10.
Avrom E, 30 de Abril de 2021.
En la segunda parte de este artículo veremos como Bourseiller se dedica a amalgamar la extrema izquierda del aparato político del capital con la Izquierda Comunista para desprestigiar a ésta.
1 Ver Christophe Bourseiller, Histoire générale de l’ultra-gauche, Paris, Ed. Denoël, 2003, y Nouvelle Histoire de l’ultra-gauche. Ya denunciamos el primero en Révolution internationale n° 344 : “À propos du livre de Bourseiller “Histoire générale de l’ultra-gauche” [681]” (marzo 2004).
2 Victor Serge, Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión, capítulo Estudio científico del movimiento revolucionario. Ediciones Serie popular Era. 1972.
3 Imparte un curso titulado. “Aproximación al extremismo en la política”.
4 Ver La Izquierda Comunista y la continuidad del marxismo https://es.internationalism.org/cci/200510/156/la-izquierda-comunista-y-la-continuidad-del-marxismo [391]
5 Ver, entre otros, Campañas sobre el negacionismo: la corresponsabilidad de los Aliados y de los nazis en el holocausto https://es.internationalism.org/revista-internacional/201004/2837/campanas-sobre-el-negacionismo-la-corresponsabilidad-de-los-aliado [682] Campañas contra el "negacionismo" - El antifascismo justifica la barbarie https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1230/campanas-contra-el-negacionismo-el-antifascismo-justifica-la-barba [683] Nazismo y Democracia: todos culpables de la masacre de los judíos https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/840/nazismo-y-democracia-todos-culpables-de-la-masacre-de-los-judios [684]
6 También fue una república democrática la que, con el gobierno provisional de Kerensky que incluía a los socialistas-revolucionarios y mencheviques, intentó masacrar a los obreros rusos en julio de 1917. Este intento fracasó porque el partido bolchevique advirtió a los trabajadores contra la trampa que se les tendía. También fue la república democrática española la que, con un gobierno español de socialistas, estalinistas y anarquistas de la CNT, reprimió a los trabajadores revolucionarios en Barcelona en mayo de 1937, y los sacrificó en los frentes militares antifascistas de la guerra de España 1936-39, un ensayo general de la Segunda Guerra Mundial Imperialista.
7 Lenin, El socialismo y la guerra [685] (1915).
8 Manifiesto de la izquierda comunista a los proletarios de Europa. Reproducido en el libro de la CCI, La izquierda comunista de Italia.
9 Publicado en francés. Ver en particular el capítulo VI: "Después del 68, la burguesía agita el peligro fascista para debilitar a la clase obrera".
10 Para ver nuestra denuncia de las campañas sobre el negacionismo. “Campañas contra el 'negacionismo': la corresponsabilidad de los 'aliados' y los 'nazis' en el 'holocausto [682]" [682], en Revista Internacional n° 89.
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Estas últimas elecciones presidenciales, han mostrado la continuación del brutal ataque ideológico de la burguesía peruana contra los trabajadores, a través de una campaña que ha consistido en la denigración del comunismo. Planteándose el falso dilema de democracia versus comunismo, relacionando al comunismo con terrorismo, expropiación de bienes, nacionalización, estatización, entre otros calificativos, con lo cual se ha intentado degradar al comunismo, negándolo, una vez más, como la única perspectiva de sociedad humana del futuro1. Además, estas últimas elecciones también han mostrado con más claridad los ánimos de la burguesía, su desespero, su insanidad, su incapacidad e irresponsabilidad, en fin, su decadencia como clase dominante sin ninguna perspectiva de futuro para la sociedad. La manifestación profunda de la aceleración de la descomposición2 reflejada también en la vida de la burguesía y puntualmente en la fracción de la burguesía representada por Keiko Fujimori del partido Fuerza Popular, se ha manifestado de forma violenta e irracional no aceptando los resultados electorales en un primer momento, volcándose a las calles denunciando fraude electoral, haciendo un llamado a la revuelta, entre otros actos desesperados. Todo esto comparado al comportamiento de Trump visto en las últimas elecciones de los EEUU con el asalto del capitolio en Washington3.
Keiko Fujimori al perder las elecciones lanzó el grito de guerra de fraude electoral, avivando sus seguidores a la revuelta en las calles, comunicándose con exmilitares de las fuerzas armadas para un intento de golpe de Estado, creando un escenario de incertidumbre y terror en la población. Las marchas de protesta encabezadas por Keiko Fujimori contra el JNE y ONPE4 pidiendo auditoria internacional para revisar los resultados de las elecciones en Perú, generaron un clima de inestabilidad al señalar un supuesto fraude electoral que se había cometido, cuestionando el trabajo del JNE y ONPE, dicho de otro modo, cuestionando sus propias instituciones. La otra facción de la burguesía en disputa, Perú Libre con Pedro Castillo al frente, salieron con una serie de contra marchas a señalar que habían ganado las elecciones con total transparencia, en ese momento se desarrollaron enfrentamientos por todo el país entre manifestantes de Keiko Fujimori y manifestantes de Pedro Castillo, dejando un muerto y varios heridos.
El grito de Fraude electoral y todas las acciones subsiguientes de Keiko Fujimori, configuran la dinámica del caos social, la irresponsabilidad, la desesperación que cada vez más muestran los elementos de la burguesía en la descomposición social del capitalismo decadente. Todos los hechos trascurridos hasta el viaje a Washington para la entrevista con la OEA por parte de una comisión del partido Fuerza Popular, representa también la manifestación de desesperación e irracionalidad cada vez más notorios en las facciones de la burguesía por su pugna por tomar el aparato político del Estado. Los enfrentamientos violentos que se dieron representan las fracturas en el escenario político de la vida de la burguesía, producto de la confrontación entre las dos facciones de la burguesía peruana, que se disputaban el gobierno en aquel momento.
Estos enfrentamientos entre diferentes sectores de la burguesía, aunque no son nuevos, vienen configurando un espiral de caos y violencia dentro de la política peruana, manifestación externa pero también interna del aparato político de la clase dominante, que muestra el hundimiento gradual del capitalismo en descomposición.
Las agudizaciones de los conflictos entre las diferentes facciones de la burguesía se irán haciendo cada vez más presentes en el próximo periodo y presenciaremos más el caos al interior del aparato político. El gobierno actual no estará excepto de este caos y violencia imparable, no se librarán de la continua fractura y división de los enfrentamientos entre las facciones de la burguesía peruana que se mostrarán más violentas unas a otras disputándose mayores privilegios, posiciones de poder y demás beneficios, propios de la clase explotadora.
¿Pero que ha significado el ascenso de Castillo al gobierno? Castillo se adscribe a la línea de los gobiernos de “nueva izquierda” que se dieron con Chavez, Lula, Morales etc. ¿Por qué la burguesía dominante en Perú apuesta por una fórmula que ha sido un clamoroso fracaso? En parte es por un desgaste evidente de todo el aparato político, profundamente gastado, irresponsable y corrompido hasta la médula (todos los presidentes desde 1985 están procesados, huidos, encarcelados o se han suicidado). También por la necesidad de cerrar el paso a una fracción irresponsable -la del fujimorismo-. Quizá también la opción Castillo sea un medio de dar alguna esperanza ante la terrible debacle provocada por el COVID (Perú ya tiene 199,000 muertos por COVID un porcentaje elevadísimo en relación con su población y con la tasa de mortalidad COVID más alta del mundo).
La polarización que desarrolló estas últimas elecciones en la sociedad peruana, la tenemos que ubicar en el terreno burgués del ataque ideológico contra la clase obrera y también como una expresión del pudrimiento de la ideología dominante. La polarización ha ejercido un viejo ataque al comunismo como programa histórico del proletariado. Se ha mostrado al comunismo como en las peores campañas de la guerra fría, se ha puesto de ejemplos a gobiernos donde solo ha habido formas extremas y aberrantes de Capitalismo de Estado como China, Cuba, Rusia, Venezuela y otros5. Han querido hacer pasar una vez más el estalinismo por comunismo y lo peor es que se ha querido relacionar con lo que fue Sendero Luminoso o MRTA6 en el Perú, o sea, poner al comunismo como sinónimo de terrorismo.
La burguesía en Perú ha intentado entrampar al proletariado en una falsa elección. Es una vieja política de la burguesía desde hace más de un siglo: la disyuntiva tramposa Fascismo – Democracia llevó a la derrota del proletariado y abrió la puerta a la Segunda Guerra Mundial con más de 60 millones de muertos. En Perú manejaron la disyuntiva tramposa Democracia – Terrorismo en la guerra entre el Estado dominante y el aspirante Sendero Luminoso con más de 30 mil muertos. En esta campaña electoral se nos ha querido entrampar entre la “democracia liberal” de Keiko Fujimori y el “socialismo dictatorial” del Señor Castillo. Todo ello ampliamente escenificado por los medios de comunicación en una campaña agobiante. Habría que elegir, nos dicen, entre la “política social” de Castillo y la “vuelta a la dictadura fujimorista” de Keiko. Los que predican la opción Castillo nos hablan de “esperanza”, “liberación”, “gobierno popular”; los que sustentan la “alternativa” Keiko nos aterrorizan con imágenes de terrorismo, Venezuela, caos estatizador…
Pero no debemos dejar de lado a la fracción de la izquierda del Capital que también se ha declarado enemiga del Comunismo. Perú Libre si bien en su ideario se reivindica del "marxismo-Leninismo", y como buen partido demagogo y electorero proclama que su objetivo es "socialista", sabemos perfectamente que su aspiración es más bien un Estalinismo a la "cubana" o sea una forma extrema de capitalismo de Estado y ese es su punto de confluencia con las agrupaciones "moderadas” que hoy se han subido al coche de Castillo (Mendoza, Francke, Zevallos, Juventud Popular, Frente Amplio, Runa, Antauristas) para darle un color más a lo "Lula o Evo Morales", a su gobierno. Por otro lado, recordemos que en sus mítines Castillo mismo se ha autoproclamado contrario al comunismo, llegando a la afirmación ignorante y estúpida de que "comunista es el que come y no trabaja” (sic!!!). Las dos fracciones del Capital han atacado y falsificado al comunismo en esta campaña. Y cuando se ataca el Comunismo se ataca a la Clase obrera y su proyecto histórico.
Keiko y Castillo, pese a su acérrima rivalidad, han coincidido cien por cien en dos cosas: LA DENIGRACIÓN DEL COMUNISMO Y LA DEFENSA DE LA DEMOCRACIA. Hay que recordar que la democracia ha sido el santo y seña para la barbarie de numerosas guerras imperialistas, que la democracia ha aplastado tentativas revolucionarias como en Alemania (1918-23), que en nombre de la democracia el Capital ha hecho tragar terrorismo, miseria, hambrunas, pandemias, crisis económica, caos social, destrucción del medioambiente, etc. La campaña electoral en Perú, como después en México, o como veremos pronto en Chile, tiene como objetivo mistificar y ocultar la verdadera naturaleza de toda democracia como la DICTADURA DEL CAPITAL. ¡La democracia burguesa es solo la cara más retorcida e hipócrita de la dictadura del capital!
La democracia es el modo de vida que impone el capitalismo, es la libertad de explotación y esclavitud que condiciona la burguesía sobre los trabajadores.
“La caída espectacular de los regímenes estalinistas permitió a la clase dominante desencadenar una propaganda masiva para entorpecer y desmoralizar a una clase obrera que la había estado hostigando con sus luchas durante dos decenios. Basándose en unas premisas totalmente erróneas de que el estalinismo sería igual al comunismo, se nos echaba en cara con arrogancia que estábamos asistiendo a la muerte del comunismo, a la bancarrota definitiva del marxismo, a la desaparición de la clase obrera y hasta al fin de la historia… “ 7.
Marx muestra que el comunismo es un paso inmenso hacia adelante para la especie humana, al permitir resolver conflictos que la habrán atormentado no solo en la sociedad burguesa, sino a lo largo de su historia: es “la solución al enigma de la historia”. En el comunismo, el hombre no será rebajado, sino que se elevará hasta los límites posibles de su naturaleza. Marx subraya varias dimensiones de la actividad social humana en cuanto sean suprimidas las cadenas del capital: Si la división del trabajo, y más todavía la producción bajo el imperio del dinero y del capital, dividen la humanidad en una infinidad de unidades en competencia, el comunismo restaura la naturaleza social del hombre, de modo que hace placentero el trabajo, en gran parte porque entiende que trabaja para los demás;
La división del trabajo es superada, además, en cada individuo, los productores ya no estarán agobiados por una forma única de actividad, sea manual o intelectual; el productor será un individuo completo cuyo trabajo combina actividades mentales y físicas, artísticas e intelectuales; Liberado de la necesidad y del azote del trabajo forzado se abre el camino para una experiencia nueva del mundo, “la emancipación de todos los sentidos”; el individuo ya no se considera como atomizado y en contradicción con la naturaleza, sino que hace la experiencia de una conciencia nueva de su unidad con ella.
Por ello, para nosotros el comunismo no es el terrorismo, la barbarie, la falta de libertad y la miseria con la que tanto se llena la boca la burguesía y sus perros de todo pelaje, para nosotros el comunismo es la superación de este viejo orden social como lo hemos señalado: “Las contradicciones del capitalismo indican también cuál es su solución: el comunismo. Una sociedad hundida en el caos por el imperio de las relaciones mercantiles sólo puede superarse con una sociedad que suprima el trabajo asalariado y la producción para el intercambio, una sociedad de “productores libremente asociados” en la que las relaciones entre seres humanos dejan de ser oscuras para hacerse simples y claras. Por eso, el Capital es también una descripción del comunismo; en gran parte en negativo, pero también de una manera más directa y positiva poniendo de relieve cómo funcionaría una sociedad de productores libremente asociados”8
En la segunda vuelta de las elecciones en Perú, las calles, mercados, centros de trabajo, redes sociales, en las familias, entre los trabajadores... surgieron muchas interrogantes, reflexiones, dudas, búsquedas, generando ciertas discusiones sobre ¿qué es el comunismo?, ¿ el comunismo es Venezuela, Cuba, Bolivia, Argentina, China o Rusia?, nunca se escuchó hablar tanto del comunismo en el país, ni siquiera en tiempos de Sendero Luminoso y aunque es cierto que más se escucharon comentarios negativos contra el comunismo, hubo muchas reflexiones y búsquedas en saber que es el comunismo realmente. Jóvenes trabajadores, emprendieron cierta búsqueda por saber que es el comunismo, a partir de que se planteó críticas a Pedro Castillo del partido Perú Libre en la segunda vuelta de la contienda electoral.
La campaña contra el comunismo que cobró fuerza después de la caída del muro de Berlín ha sido en general un obstáculo al desarrollo de la consciencia de clase. Si bien se puede percibir en ciertos momentos que vuelve un interés por temas relacionados con el marxismo y el comunismo, no es menos cierto que las nuevas generaciones tienen más dificultades para hacerse de las tradiciones, de las posiciones producidas a lo largo del movimiento obrero.
La insistencia sobre el comunismo y sus maldades ha hecho que pequeñas minorías se planteen tímidamente reflexiones sobre qué es realmente y ello forma parte de un esfuerzo de toma de conciencia que de manera muy minoritaria se da en muchos países sobre la gravedad de la situación histórica actual y por qué alternativas luchar frente a ella.
En medio de estas reflexiones y cuestionamientos sobre el comunismo, hay una búsqueda de una sociedad mejor, de una sociedad humana donde no exista la explotación, ni clases sociales. Esta búsqueda de claridad y consciencia se dan con mayor fuerza y profundidad en el desarrollo de luchas obreras masivas a nivel internacional, en esos momentos de ascenso de las luchas a escala internacional, es donde se forja esta claridad y conciencia. El año pasado se dieron luchas en varios sectores de la clase obrera tanto en Perú como en otras partes del mundo (Enfermeras, médicos, obreros agroindustriales) que demuestran que la clase obrera existe y lucha contra las miserables condiciones de explotación en que nos sume la burguesía, empeoradas hoy en día con la pandemia 9.
El mayor peligro para el proletariado en el Perú sería dejarse arrastrar al enfrentamiento entre las diferentes fracciones de la burguesía y creer que el gobierno de Perú Libre con Pedro Castillo es un gobierno “socialista” que representaría los intereses de la clase obrera en el país. El gobierno de Castillo se muestra como un gobierno de la nueva Izquierda, que pasarán a ser los verdugos de turno de la clase obrera. Ellos no podrán evitar la fractura de la burguesía que viene dándose a todo nivel en el aparato político, tampoco podrán contener la crisis histórica del capitalismo, por más acciones que apliquen de políticas de capitalismo de estado, como nos tienen acostumbrados. Por otro lado, ante la propuesta del nuevo gobierno por organizar una Asamblea Constituyente, revisar contratos mineros y otros mecanismos que representarán también trampas para la clase obrera, porque la encuadrarán en el terreno democrático burgués, que no es su terreno de clase, decimos: la UNIDAD y AUTONOMIA de la clase obrera frente a estas pugnas Inter burguesas se hace necesaria hoy más que nunca. Solo la UNIDAD y AUTONOMIA en las luchas políticas y económicas de la clase obrera, podrán evitar este caos donde la burguesía arrastra a los trabajadores y a la sociedad en su conjunto. Frente a este caos del “sálvese quien pueda” que generan las burguesías de los Castillos y Fujimoris en Perú decimos VIVA LA AUTONOMIA POLITICA DEL PROLETARIADO INTERNACIONAL.
Internacionalismo Perú
Sección de la Corriente Comunista Internacional
[email protected] [687]
10092021
1 Ver nuestra Serie sobre el Comunismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/200601/514/ii-el-comunismo-no-es-un-bello-ideal-sino-una-necesidad-material [688]
2 Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
3 Ver mas en https://es.internationalism.org/content/4635/asalto-del-capitolio-en-washington-los-estados-unidos-en-el-centro-de-la-descomposicion [468]
4Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
5 Ver mas en https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200510/246/5-preguntas-sobre-el-comunismo [547]
6Sendero Luminoso y MRTA=Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, grupos armados terroristas.
En 2003, Bourseiller concluyó su Histoire générale de l'ultra-gauche1 profetizando la desintegración definitiva de la ultraizquierda: «Nacida en 1920, cuando los "izquierdistas" de la Tercera Internacional se hicieron a la mar y se liberaron de la tutela bolchevique, [la ultraizquierda] se desintegró en el siglo pasado. Como un espejismo de verano, que se desvanece en el camino»2. No se dio cuenta de que eso de la ultraizquierda no fue nunca más que un espejismo. Pero finalmente cambió su profecía: «Me equivoqué. Actualmente asistimos, contra todo pronóstico, al retorno de un movimiento en plena efervescencia» (p. 7). Y piensa… que es una oportunidad inmejorable para volver a atacar la reputación de la Izquierda comunista. Si ayer su técnica consistía en crear una nebulosa destinada a confundir el marxismo, el anarquismo y el modernismo metiéndolos todos en un mismo saco; hoy le gustaría que confundiéramos la Izquierda Comunista con la violencia nihilista de los “ZADistas” (de las Zones Á Defendre) y los Black Bloc.
Bourseiller ya esparce una gran patraña en sus entrevistas cuando afirma que fue Lenin quien creó la noción de ultraizquierda. Pero en su libro La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo [690], Lenin jamás habló de ultraizquierda. Polemiza fraternalmente, eso sí, con una tendencia aparecida en el seno del movimiento comunista, tendencia que denomina "las izquierdas", el "izquierdismo" o "comunistas de izquierda" y que se caracteriza por ser una reacción proletaria a la degeneración de la revolución en Rusia y a las posiciones oportunistas aparecidas en el seno de la Internacional Comunista a partir de su segundo congreso en 1920. Bourseiller se cuida muy mucho de citar un pasaje de esa obra de Lenin que es revelador de la continuidad política entre los bolcheviques y la izquierda comunista: «El error que representa el doctrinarismo de izquierda en el movimiento comunista es, en la actualidad, mil veces menos peligroso y menos grave que el error que representa el doctrinarismo de derecha»3.
El término "izquierdismo" se adoptó finalmente en los años 70 para designar a las organizaciones que se sitúan en la extrema izquierda del espectro político burgués. Los trotskistas y una parte de los maoístas defendían la vía parlamentaria y nacional hacia el comunismo y se fijaban como objetivo una vaga república social construida mediante una alianza (el Frente Único) con los partidos de la izquierda oficial. Esta franja del izquierdismo es un poco como la Greta Thunberg de lo social, porque se arrastra de rodillas implorando a los partidos de izquierda y a los sindicatos que se unan y lancen consignas de lucha, llamamientos a la huelga general, etc. Son, claramente, chusma que buscan evitar que los trabajadores se den cuenta de quiénes son sus enemigos. Pero hay otros maoístas y anarquistas4 que optan más bien por la acción directa, el sabotaje, y una huelga general que, se supone, debe derribar de un plumazo el régimen burgués a favor del federalismo y la autogestión. Su objetivo, fuertemente influenciado por la ideología de la pequeña burguesía, es crear, basándose en la fábrica o la aldea, comunidades autónomas. Se trata de una concepción ilusoria y peligrosa que pretende desviar al proletariado de su verdadera tarea política: la toma del poder y la internacionalización de la revolución.
La tendencia a la que se refería Lenin ha retomado su verdadero nombre, Izquierda Comunista, y se caracteriza por su apego al marxismo, al internacionalismo, a la perspectiva de la revolución proletaria y a su objetivo final, el comunismo. Los medios que preconiza para alcanzar este objetivo son la huelga de masas, la internacionalización de las luchas, la destrucción de los Estados en cada nación y la dictadura del proletariado en forma de poder internacional de los consejos obreros. Se ve a sí mismo como un puente entre el viejo partido que traicionó y el futuro partido mundial que, a su debido tiempo, podrá desempeñar plenamente su papel de orientación política y militante dentro de la clase obrera. Y, al igual que la izquierda marxista dirigió la lucha contra el oportunismo en la Segunda Internacional, la izquierda comunista asumió la lucha contra el oportunismo que volvió a surgir en la Tercera Internacional. En este sentido, la Izquierda Comunista representa la continuidad del movimiento obrero ya que se inscribe en la tradición de la lucha de Lenin (siendo éste mismo el fundador de una Fracción de Izquierda dentro del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, la Fracción Bolchevique) y la de Rosa Luxemburgo contra el revisionismo y el reformismo.
Es verdad que Trotsky sí empleó a veces el término "ultraizquierda" durante la década de 1930. Lo hizo para enmascarar su propia deriva oportunista y tratar desacreditar a quienes criticaban ésta intransigentemente. En particular a la Fracción de la Izquierda Italiana que publicó Prometeo y Bilan.
Pero este terminó se utilizó sobre todo durante los años 70, cuando resurgió la corriente de la Izquierda Comunista, criticando el voluntarismo y la confusión que imperaban entonces en un agitado medio de elementos pequeñoburgueses. Una parte del medio político de esa época se definió como ultraizquierda para ubicarse a la izquierda del izquierdismo, al igual que el izquierdismo pretendía situarse a la izquierda de los llamados partidos comunistas. Claramente diferenciada de este maremágnum, la izquierda comunista se situó en el terreno de la clase y denunció a todas las organizaciones, de izquierda o de extrema izquierda, pertenecientes al aparato político del capital.
Ese magma informe llamado "ultraizquierda" no tiene nada que ver con las organizaciones del medio político proletario que defienden un marxismo vivo y el objetivo comunista que supone la desaparición de las clases y del Estado. Esa ultraizquierda es, por el contrario, una reunión heterogénea de diversos intelectuales, de radicalidad anarquista, sin filiación histórica real y sin tradición organizativa, donde siempre han abundado todo tipo de relecturas modernistas del marxismo, propias de la impaciencia de la pequeña burguesía decepcionada por la clase obrera. Formado por personalidades mucho más interesadas en hacerse un nombre que en defender las posiciones de clase, es también un terreno propicio para todo tipo de aventurerismo.
Bourseiller denuncia las "pobres utopías sociales" encarnadas por la izquierda comunista y se empeña en apuntalar esa ficción de la ultraizquierda. Lo define como una corriente marxista antiautoritaria. Pero se trata de una burda amalgama, ¡una auténtica obra de falsificación!, cuyo objetivo es desacreditar a la izquierda comunista borrando las fronteras que la distinguen del anarquismo y del modernismo, que, al igual que la Internacional Situacionista, intentan enterrar tanto al marxismo como a la clase obrera como clase revolucionaria.
En continuidad con lo que fue la socialdemocracia revolucionaria, la Izquierda Comunista siempre se ha diferenciado netamente del anarquismo y de sus teorías antiautoritarias. Entre otras cosas, denunció claramente la guerra de España en 1936 como preparación para la Segunda Guerra Mundial, y siguió siendo internacionalista durante ésta. Antón Pannekoek escribía en 1948: «Al parecer, existe en la actualidad una tendencia en el seno del anarquismo a acercarse a la idea de los consejos, sobre todo cuando incluyen grupos de trabajadores. Pero la vieja doctrina anarquista en su estado puro es demasiado estrecha, demasiado restringida, para ser útil hoy en día para la lucha de la clase obrera»5.
Respecto a ese modernismo siempre tan atractivo para los pequeñoburgueses, la Izquierda Comunista lo combatió sin tregua como arma de destrucción de la perspectiva proletaria y de la militancia obrera. Ese modernismo que, en la estela de la Escuela de Frankfurt y del grupo Socialismo o Barbarie, y tras constatar la derrota de las revoluciones proletarias, llegó a la conclusión que lo que había que hacer era olvidarse de ella y volver a Stirner, Proudhon y Marcuse6. ¡Malditos bobos! Carente de poder material, de propiedad, de patria en la sociedad burguesa, el proletariado sólo puede desarrollar su conciencia y su unidad sacando lecciones de las derrotas trágicas que sufre. Al sentirse decepcionados de la clase obrera que no habría acabado con el capitalismo lo suficientemente rápido para su gusto, los modernistas se refugiaron en discursos efectistas al estilo de Hegel. Ya fueron denunciados por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista: «De este modo, la literatura socialista y comunista francesa perdió toda su virilidad. quedó completamente emasculada. Y como en manos alemanas dejó de ser la expresión de la lucha de una clase contra otra, el profesor germano se felicitó por haber superado la estrechez francesa y por haber defendido no las necesidades reales, sino la "necesidad de lo real"; de haber defendido no los intereses del proletario, sino los intereses del ser humano, del hombre en general, del hombre que no pertenece a ninguna clase ni a ninguna realidad y que sólo existe en el cielo brumoso de la fantasía filosófica».7
Quienes estuvieron próximos a las posiciones revolucionarias en los años 70 recordarán perfectamente esa arrogancia modernista que combinaba la mentalidad del intelectual pequeñoburgués con la del lumpenproletariado. La ultraizquierda es, en efecto, una quimera en la que Bourseiller mezcla deliberadamente a los situacionistas, a los comunistas libertarios y a la Izquierda Comunista con objeto de comprometer a esta última.
El colmo de toda esta manipulación y lo que constituye su principal motivación, es su pretensión de arruinar la reputación de la Izquierda Comunista amalgamándola con los ZADistas y los “black bloc”8. Se le da bien el arte de la calumnia. La Izquierda Comunista nunca ha dejado de condenar, en base al marxismo, esa violencia minoritaria, el terrorismo, la “propaganda por el hecho” de los anarquistas que, presuntamente, despiertan o agitan a las masas9. Pero Bourseiller le imputa la culpabilidad de esta violencia nihilista que consiste en romper escaparates, marquesinas de autobús, enfrentarse a la policía, todo ello justificado por la guerra de clases y los ataques a la mercancía. El proletariado no tiene nada que ver con esta violencia gratuita y esa ideología nihilista del no future, de la revuelta populista. Ese es más bien terreno propicio a las manipulaciones orquestadas por aventureros o policías provocadores10.
Los ZADistas justifican su violencia idealizando la naturaleza sin comprender la forma en que el capitalismo altera la relación entre el hombre y la naturaleza11. Muy próximos a los planteamientos “ciudadanistas” y autogestionarios, acaban postulando una defensa de la pequeña propiedad o el individualismo más desaforado. Su acción no conduce a la abolición de las clases sino a la autoexplotación de la clase obrera.
Lo que defiende la corriente de la Izquierda Comunista no es una ilusoria marcha atrás en la historia, sino una lucha por el futuro en el que la disolución de las clases y la ley del valor (esclavitud asalariada) permitan una aceleración de la socialización internacional y una producción orientada a la satisfacción de las necesidades humanas, una superación de la alienación humana. Sólo la revolución proletaria internacional hará posible este salto del reino de la necesidad al reino de la libertad.
Al igual que los bolcheviques en Rusia, la Fracción de Bordiga lideró la lucha dentro del Partido Socialista y se encontró a la cabeza del Partido Comunista de Italia fundado en Livorno en 1921. En 1959, Bordiga se seguía burlando de esas "lamentables parodias” del auténtico programa comunista consistentes en proclamar esas «fórmulas del tipo la tierra para los campesinos, las fábricas para los trabajadores»12. Esta es, en efecto, la tradición de la izquierda comunista que defiende los principios del marxismo contra las alambicadas teorías del ZADismo.
A lo largo de su historia, el proletariado ha tenido que defender su autonomía de clase contra el interclasismo estimulado por la degradación de la situación de esas capas sociales intermedias a consecuencia de la crisis del capitalismo. Pero antes de ser lo bastante fuerte como para alinear tras ella a estos estratos sociales, la clase obrera debe combatir por sus reivindicaciones propias, con sus métodos de lucha propios, y criticar implacablemente en su acción a todos aquellos que se empeñan en negar su naturaleza revolucionaria, a los que tratan de desviarla de sus objetivos, de quienes pretenden manipularla, a los aventureros, … Es decir, ¡aquellos que se han ganado el favor de Bourseiller!: «La revuelta en los suburbios aparece al final como la prefiguración de una insurrección popular global. En cuanto a las categorías derivadas del marxismo, como la clase proletaria, pertenecen a una época pasada. Al final de su vida, Guy Debord hizo hincapié no en la clase obrera, sino en "las clases peligrosas", un grupo que incluye a marginados de todo tipo, ya sean delincuentes, desempleados, matones o... desclasados» (p. 359).
Esta campaña dirigida por Bourseiller es complementaria, ¡ahí reside el secreto de su razón!, con la evolución cada vez más totalitaria de democracia burguesa que puede verse, por ejemplo, en Francia, con las leyes de "seguridad global" y “contra el separatismo” recientemente adoptadas, y que refuerzan su arsenal jurídico después de haber rearmado a sus fuerzas represivas. Así es como la burguesía se prepara para enfrentarse a su enemigo de clase, apaleándolo en las calles, llevándolo a los tribunales por comentarios "antisistema", desacreditándolo con sus calumnias.
Bourseiller deforma la historia de forma abusiva y tortuosa13. Este tipo de personaje que se esfuerza en poner su granito de arena a las empresas ideológicas destinadas al mantenimiento del orden social existente acaba siempre trabajando para la policía, sea o no consciente de ello. Esto es lo que hizo decir a Joseph Conrad: «La desfachatez desplegada en estas operaciones, que juegan insidiosamente con la estulticia y la credulidad humanas, la bravuconería que revela descaradamente el fraude al tiempo que insiste en la regularidad del juego, provoca asco y repugnancia». 14
Y nuestra conclusión es ésta: esta intensa preparación de la burguesía para futuros enfrentamientos de clase es ya una prueba en sí misma de que la Comuna de París, Berlín Múnich, Budapest y Petrogrado no han muerto. Renacerán más grandes y fuertes en todos los países y, como ayer, podremos leer el mañana en sus banderas desplegadas: ¡Abolición del trabajo asalariado! ¡Abolición de la propiedad privada!
Avrom E., 30 de abril de 2021
1 Ver la primera parte de nuestra denuncia en https://es.internationalism.org/content/4711/nuevos-ataques-contra-la-izquierda-comunista-bourseiller-se-reinventa-la-compleja [691]
2 Christophe Bourseiller, Histoire générale de l'ultra-gauche (2003). Véase nuestra denuncia en Révolution internationale n° 344 (marzo de 2004): "À propos du livre de Bourseiller: "Histoire générale de l'ultra-gauche" [681]
3 Lenin, La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo [690] (1920).
4 A distinguir siempre de la corriente anarquista internacionalista que se negó a traicionar al proletariado en las dos guerras mundiales y se mantuvo fiel a la lucha de clases.
5 Citado en Serge Bricianer, Pannekoek y los Consejos Obreros [692], 1977
6 Stirner y Proudhon fueron dos teóricos del anarquismo. Marcuse, de la Escuela de Frankfurt, defendió en los años 70 que el proletariado había dejado de ser la clase revolucionaria en el capitalismo.
7 Karl Marx y Friedrich Engels, El Manifiesto Comunista [374], capítulo III, "Literatura socialista y comunista" (1848).
8 Los ZADistas son los activistas de las ZAD (Zones Á Defendre), una especie de territorios “okupados” que autogestionan para, dicen, impedir operaciones especulativas, de degradación medioambiental. Se denominaron “black bloc” a sectores de las manifestaciones contra la globalización que propugnaban llevarlas hacia el choque contra la policía. Desde entonces son una constante en gran parte de las manifestaciones. Nota de la Traducción.
9 Pannekoek denunció estas teorías funestas en dos artículos de 1933, "El acto personal" y "La destrucción como medio de lucha", traducidos al francés en la revista Echanges, nº 90 (primavera-verano de 1999).
10 Véase, en francés, nuestro artículo: "Black blocs: la lutte prolétarienne n'a pas besoin de masque" [693], Révolution internationale n° 471 (julio agosto 2018).
11 Véase nuestro artículo en CCI on line: "No hay solución a la catástrofe ecológica sin la emancipación del trabajo de la explotación capitalista" [244].
12 Amadeo Bordiga, "las tablas [de la ley]inmutables de la teoría del partido comunista", en Bordiga y la pasión por el comunismo, (1974). En apoyo de Bordiga, escribimos en nuestros comentarios a este texto: «En el comunismo, la empresa individual debe ser abolida como tal. Si la empresa sigue siendo propiedad de los que trabajan en ella, o incluso de la comunidad local que la rodea, no se ha socializado realmente, y las relaciones entre las distintas empresas autogestionadas deben basarse necesariamente en el intercambio de mercancías». ( en "Damen, Bordiga y la pasión por el comunismo" [694], Revista Internacional nº 158).
13 Para los lectores que quieran descubrir la verdadera historia y las posiciones defendidas por la izquierda comunista, recomendamos los dos libros publicados por la CCI, La izquierda comunista de Italia, en español y La izquierda germano holandesa, en francés e inglés.
14 Joseph Conrad, Un recuerdo personal (2012)
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La CCI celebra con los simpatizantes y lectores interesados Reuniones Públicas, Permanencias y reuniones de profundización de carácter internacional por lenguas (inglés, francés y español). Se trata de espacios de debate con vistas a esclarecer cuestiones de interés para la lucha inmediata e histórica del proletariado.
Las Reuniones Públicas parten de una toma de posición de la CCI sobre la situación histórica o sobre problemas generales del movimiento obrero. En cambio, las Permanencias abordan temas planteados por nuestros simpatizantes o contactos.
Varios lectores habían pedido discutir sobre las luchas parciales. Nuestra Plataforma considera “luchas parciales” aquellas centradas “sobre problemas específicos tales como el racismo, la condición femenina, la ecología, la sexualidad u otros aspectos de la vida cotidiana”.
Este tipo de luchas, hoy tan en boga, no sirve a la lucha revolucionaria del proletariado, por el contrario, como denuncia nuestra plataforma “lejos de reforzar la necesaria autonomía de la clase obrera tienden por el contrario a diluirla en la confusión de categorías particulares e invertebradas (sexo, raza, juventud…) totalmente impotentes. Por ello constituyen un instrumento de la contrarrevolución que los gobiernos burgueses han aprendido a utilizar eficazmente para preservar el orden social”.
Para no dispersarse en múltiples temas, la Permanencia propuso abordar una de las luchas parciales, el feminismo que en muchos países se ha convertido en una ideología de Estado. Partiendo de una presentación (ver archivo adjunto) hubo un debate vivo en el que los participantes hicieron un esfuerzo de responderse, dando elementos de profundización del tema y partiendo del punto de vista de la solidaridad.
Sin embargo, hubo pocas referencias a las experiencias de lucha del movimiento obrero por la condición de la mujer proletaria y sus denuncias históricas del feminismo que fue desde el principio una ideología burguesa.
Mucho antes que las feministas hicieran sus “críticas” al machismo, el movimiento obrero había denunciado desde sus albores el machismo y las condiciones de opresión de la mujer trabajadora. Engels en su libro El origen de la propiedad privada, la familia y el estado, explica como el fin del comunismo primitivo y el desarrollo de la propiedad privada y de modos de producción basados en la explotación, conllevó inevitablemente la opresión de la mujer, su sumisión al macho para garantizar la continuidad de la propiedad privada y del linaje familiar. Engels habla de “primera derrota histórica de la mujer”.
Los primeros pasos del capitalismo, la acumulación primitiva que se extiende desde el siglo XV, se vio acompañada de una brutal campaña ideológica contra la mujer, acusada de brujería y de ser con su tentación carnal, “portadora del demonio”, una envoltura religiosa que abarcó tanto el catolicismo como el protestantismo, para hacer de las mujeres meras máquinas reproductoras que llenaran las reservas de fuerza de trabajo para el desarrollo capitalista.
El enfoque del movimiento obrero fue el de ver el problema de la mujer no como una opresión parcial y específica, sino como un componente inseparable de la lucha obrera contra la explotación y, como fin último, la abolición de la explotación y de todas las opresiones que emanan de las sociedades de clase y que el capitalismo ha llevado a su extremo. En el movimiento obrero el planteamiento es la lucha común de mujeres y hombres proletarios.
En cambio, el enfoque del feminismo ha sido desde el principio la lucha por reivindicar una posición específica de la mujer dentro de la sociedad capitalista, por la obtención de los privilegios que el macho goza en las empresas o en las instituciones estatales. El feminismo no pide ninguna liberación, ni siquiera de la mujer, sino que aboga por una “democratización” de la carrera por los poderes económicos y políticos, su enfoque es una competencia entre hombres y mujeres, una “lucha de sexos”.
Así pues, mientras el enfoque del movimiento obrero es revolucionario, emancipador y unitario, el planteamiento del feminismo es reaccionario, reproductor de la opresión y creador de divisiones y de competencia.
El feminismo reemplaza la lucha de clases por la “lucha de sexos”; a la unidad y la perspectiva de liberación universal, opone la división hombres – mujeres y el encierro en la categoría “mujer”.
En la reunión se expresó una necesidad de profundizar el tema de la condición histórica y actual de las mujeres proletarias (es decir discutir sobre las aportaciones del marxismo y más allá de Federico Engels, las obras y luchas de August Bebel, Eleonora Marx, Klara Zetkin, Alexandra Kollontaï, Sylvia Pankhurst y de las experiencias de las luchas de la posguerra en Europa y EUA (opuestas / enfrentadas / negadas por las luchas del feminismo).
No pudiendo asistir a la reunión, un compañero envió la siguiente contribución que se inscribió en el debate: “La vida social comporta luchas en diversos ámbitos: laboral, residencial, de sexo, ecológico, identitario, etc. Estas luchas han de enmarcarse en el proyecto global socialista, de otro modo son recuperadas por la burguesía, en un contexto interclasista.
Frecuentemente se plantea la difícil situación de participar en un movimiento reivindicativo, pero sin integrarse totalmente en él, puesto que hacerlo supone un planteamiento interclasista que es negativo para el movimiento general de avance hacia el socialismo.
Por eso debemos ser particularmente críticos contra todas las llamadas a «frentes unidos» y debemos asumir la tarea de mostrar que la lucha parcial apunta a la lucha global de la formación de una sociedad nueva en una democracia proletaria, Saludos”.
Aunque, el compañero tiene razón en denunciar el interclasismo de las luchas parciales y en condenar la ideología del “Frente Unido”1, hay dos puntos en su intervención que se deben aclarar:
Habla de recuperación por la burguesía, el problema es que esas luchas son burguesas de cabo a rabo, porque niegan la división en clases de la sociedad, porque atomizan a los explotados en categoría sociales que reproducen desde la raíz la sociedad capitalista y su ideología castradora, porque tienen como objetivo dividir al proletariado y sembrar en su seno la cizaña de la competencia y el enfrentamiento.
Las luchas parciales nada tienen que ver con la lucha reivindicativa del proletariado. Esta forma parte de su lucha histórica global. Aunque, sindicatos e izquierdistas tratan de castrarla reduciéndola a un planteamiento economicista, la lucha reivindicativa contra la explotación es inseparable de la lucha histórica por abolir la explotación.
Otro compañero animó mucho la discusión, dijo que había roto con la ideología y el medio político de las luchas parciales del género. A diferentes niveles acordó con la posición general de la CCI en cuanto a que la única solución al machismo y a otras herencias de la sociedad de clases es la revolución proletaria. Donde tenía dudas es ¿Cómo responder ante las situaciones concretas de opresión de la mujer en algunos países?, por ejemplo, se preguntó “¿Cómo convencer a una mujer proletaria en un país musulmán de que sólo la lucha obrera la liberará? si en otros países capitalistas sí hay avances [“hoy día en Europa ya se acepta largamente el sexo antes del matrimonio”] en este tema?”.
El proletariado es una clase revolucionaria y explotada a la vez, no puede desarrollar ninguna liberación parcial dentro de la sociedad capitalista, su revolución primero es política y consiste en derribar el Estado capitalista en todos los países y desarrollar el poder mundial de los Consejos Obreros abriendo con ello el periodo de transición del capitalismo al comunismo. En ese periodo irá extirpando paso a paso las raíces de la explotación capitalista y, de forma concomitante, irá eliminando la interminable carga de opresiones que conlleva el capitalismo y de forma milenaria, las sociedades de clases.
¿Quiere eso decir que hasta ese periodo histórico deberá permanecer indiferente a los brutales sufrimientos que el capitalismo en descomposición causa a toda la población mundial y en todas las esferas de la vida social? ¿Qué podría hacer el proletariado contra el salvajismo y la crueldad con la que los regímenes islámicos tratan a las mujeres?
No somos ilusos, sabemos que en la actual relación de fuerzas entre las clases que existe a escala mundial, el proletariado no tiene la más mínima fuerza para detener directamente esa barbarie. Pero eso no quiere decir que, como clase histórica, se quede con los brazos cruzados.
En primer lugar, “la lucha contra los fundamentos económicos de la sociedad capitalista contiene la lucha contra sus aspectos superestructurales (forma de vida, costumbres, ideología…)” (Punto XII de nuestra Plataforma) y “los ataques económicos (baja del salario real, despidos, aumentos de cadencias...) resultados directos de la crisis, afectan de modo específico al proletariado, o sea, a la clase que produce la plusvalía y que enfrenta al capital en ese terreno; la crisis económica, al contrario de la descomposición social, la cual concierne esencialmente las superestructuras, es un fenómeno que afecta directamente la infraestructura de la sociedad en la que se basan aquéllas; por eso, la crisis pone al desnudo las causas primeras de toda la barbarie que se cierne sobre la sociedad, permitiendo así al proletariado tomar conciencia de la necesidad de cambiar radicalmente de sistema y no ya de pretender mejorar algunos aspectos de él”2.
En segundo lugar, cuando el proletariado logra afirmar su propio terreno de clase independiente, su autonomía de clase, y desarrollar la confianza en su lucha como clase, tiene la capacidad, rompiendo todo planteamiento interclasista y de frente unido, de expresar su solidaridad con las luchas de sectores explotados y oprimidos y de dar sentido y fuerza a la lucha contra barbaries como la guerra imperialista que afectan a todas las capas de la sociedad. En ese terreno y en tales condiciones puede dar los medios para impulsar la rebelión activa contra las muchas barbaries de esta sociedad de clases: contra la opresión de las mujeres, contra la discriminación de minorías etc.
En fin, y no menos importante, la lucha ideológica del proletariado, expresado fundamentalmente por sus organizaciones comunistas, denuncia de forma implacable todas las formas de opresión y de barbarie capitalista, planteando frente a ellas la respuesta histórica del proletariado contra la respuesta parcial y mentirosa de feminismos, ecologismos, “antirracismos” y otros “ismos” reaccionarios.
Por otra parte, la discusión de la Permanencia dejó claro que ni siquiera en los países llamados democráticos (España, Brasil, EE.UU., etc.) existe realmente la igualdad entre hombres y mujeres. Sólo ocurre en los ámbitos legales formales, y en la práctica lo que se produce es violencia y desigualdad, con altas tasas de feminicidio y desigualdad salarial. Por lo tanto, ni siquiera en estos países capitalistas existe esa proclamada “igualdad” y, peor aún, la “igualdad” que propone el feminismo es “la igualdad” para la competencia, la guerra de todos con todos, el enfrentamiento y la destrucción mutua. Es pues una igualdad en la reproducción de la barbarie creciente del capitalismo.
Como explicó un participante, la “liberación de la mujer” no es bajo el capitalismo más que una “libertad formal” para escalar puestos en la empresa (¿qué liberación tiene la humanidad si la opresión que ejerce el presidente de una república o de una empresa es tomada a cargo por una mujer?), para matar gente ocupando puestos en las altas jerarquías de los ejércitos, para ser capataces y jefecillos en las empresas etc. La explotación no desaparece, sino que se agrava, si es multicolor o multisexual.
Si bien es cierto que el proletariado femenino soporta una “doble carga”: la explotación en el trabajo y la opresión machista, como explicó una compañera, eso no se soluciona con la “lucha de sexos” o culpando al marido /compañero. El movimiento obrero incluye en su bandera el combate contra el machismo. Por ejemplo, la Izquierda Comunista tiene como principio el rechazo y el combate contra toda forma de opresión y violencia contra las mujeres o contra compañeros que tengan una diferente orientación sexual. Todo esto no tiene nada que ver con la hipócrita ideología democrática, sino que está inscrito en la naturaleza revolucionaria y emancipadora de los principios proletarios.
CCI 24-10-21
La transformación de las relaciones sociales según los revolucionarios de finales del siglo XIX https://es.internationalism.org/revista-internacional/199607/1775/xiii-la-transformacion-de-las-relaciones-sociales-segun-los-revolu [471]
El comunismo primitivo y el papel de la mujer en la emergencia de la solidaridad https://es.internationalism.org/revista-internacional/201305/3733/el-comunismo-primitivo-y-el-papel-de-la-mujer-en-la-emergencia-de- [699]
El comunismo primitivo - El papel de la mujer en la emergencia de la cultura /content/3567/el-comunismo-primitivo-el-papel-de-la-mujer-en-la-emergencia-de-la-cultura [700]
Huelga feminista: contra las mujeres y contra la clase obrera https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4291/huelga-feminista-contra-las-mujeres-y-contra-la-clase-obrera [170]
El feminismo al servicio del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4403/el-feminismo-al-servicio-del-capitalismo [701]
La condición de las mujeres en el siglo XXI https://es.internationalism.org/cci-online/201210/3489/la-condicion-de-las-mujeres-en-el-siglo-xxi [702]
1 Ver el punto IX de nuestra Plataforma: El frentismo, estrategia para desviar al proletariado , https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [243]
2 Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
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Hoy con la noticia de la muerte del líder de Sendero Luminoso Abimael Guzmán1 (La cuarta Espada) se levanta todo un mito y leyenda del “personaje del mal” como lo señala la prensa burguesa, señalando los crímenes irrepetibles ocasionados por este grupo terrorista; lo siempre curioso es que no se va más allá, con la muerte de Guzmán, la prensa oculta el carácter real de este grupo y el terrorismo de Estado vivido a la par en aquellos años de guerra civil, un periodo que la clase obrera en Perú sufrió por la violencia brutal, causándole un retraso en su toma de conciencia y en el desarrollo de sus luchas, tanto por el terrorismo desarrollado por Guzmán y su pandilla, como también por parte del terrorismo de Estado.
Hoy más que nunca en la fase de descomposición de la sociedad capitalista2 donde la burguesía no logra controlar el caos político al interior de su aparato Estatal, se presenta una vez más, este pasaje de la historia, volver recordar a uno de sus personajes que animó y desarrolló la izquierda radical en Perú.
Sendero Luminoso expresó un ala de la burguesía que utilizaba un lenguaje “radical” de supuesta denuncia de la democracia y pretendida aspiración al “comunismo” (en realidad, capitalismo de Estado) que por sus métodos (guerrillas, terrorismo, culto a la personalidad, fanatismo...) pudo movilizar en sus filas ciertos sectores de la pequeña burguesía “alzada en armas”.
Denunciamos la hipocresía de la burguesía y el hecho de que esta trate de manejar ciertas situaciones para lograr sus objetivos, como, por ejemplo, recordar los dantescos hechos desatados por Sendero, por un lado, o la acción criminal de las fuerzas del Estado, por otro. Frente a esto, es muy importante que los revolucionarios le recordemos a la clase obrera, que plantearse las cosas de esta manera, es algo que no está en el terreno de clase, no es el método del proletariado, ni el fin, ni el medio para llegar al comunismo. Las luchas de liberación nacional, guerrilleras, a través de la violencia golpista o terrorista, como en el caso de SL, son parte del amplio catálogo de “opciones” que se plantearon facciones de la burguesía, o que aspiraban serlo, sobre todo después de la segunda guerra mundial, en el contexto de la dinámica de confrontación de los principales imperialismos a nivel planetario, donde la pequeña burguesía, siempre tuvo un papel de infantería de choque. Nunca tuvieron nada que ver con el comunismo, aunque siempre levantaron el estandarte de la “lucha obrera o de clases”.
Un aspecto de la “lucha popular” de Sendero Luminoso, es que se plantean sobre el terreno del nacionalismo, del desplazamiento de los viejos grupos o facciones de la clase dominante, que consideraban caducos, apátridas o “vendidos” al imperialismo norteamericano. De esta manera, se vieron obligados por las circunstancias, bien a adoptar las versiones burguesas del maoísmo o el estalinismo, para crear a partir de estas el guevarismo, castrismo, o también, tratar de crear otras más “adaptadas” a las características socio/culturales de sus países de origen, incluyendo ingredientes como el indigenismo, la lucha campesina, los héroes de la independencia hispanoamericana (enarbolada sobre todo por los militares, como en Venezuela con Chávez). Todas ellas tienen en común el idealismo propio de la visión burguesa, que tanto criticaron Marx y Engels. Por ello, es por su visión de clase, más que por una incomprensión de la historia, de las ideas o por falta de razonamiento, que representaron las aspiraciones propias de las clases dominantes. Las clases dominantes siempre han usado el terror para imponerse, así con métodos terroristas, empezando por la misma Revolución Francesa. Además, estos movimientos tipo SL, aparte de su carácter burgués, solo sirvieron para que el Estado tuviera la justificación para imponer el terror, a través del terrorismo de estado y reprimir todo intento de lucha de los trabajadores. Una situación similar se vivió en países como El Salvador, Nicaragua o la misma Colombia actual, donde las guerrillas de las FARC y el ELN siguen sembrando el terror y ejerciendo acciones terroristas sobre las poblaciones fronterizas entre Venezuela y Colombia. Ni que hablar de las guerrillas en países africanos. Otra cosa importante, es que una vez que estos grupos abandonan sus métodos de lucha y se acogen a la “vía democrática” dejan de ser “monstruos” y se convierten en ejemplares demócratas, a los cuales se les permite formar partidos políticos u otro tipo de organizaciones e incluso, participación parlamentaria. Un ejemplo de ello fue el famoso “Acuerdo de paz” que firmó Juan Manuel Santos con una parte de las guerrillas de las FARC. Pero un ejemplo vivo de esta izquierda, heredera del estalinismo, el maoísmo, guevarismo y castrismo, la tenemos en Venezuela hoy día, aplicando métodos terroristas contra la población, matándola de hambre, reprimiendo brutalmente a los trabajadores y llevándolos a la miseria. Es el terror del Estado capitalista y el terrorismo de las facciones de la burguesía, lo que es para nosotros no es la diatriba “democracia o comunismo” o tomar parte de ese discurso polarizador y profundamente hipócrita de la burguesía. Para cerrar, estos grupos, que se hacían o se hacen llamar “antiimperialistas”, son en realidad piezas de los antagonismos de las grandes potencias3.
La burguesía peruana ha mostrado hasta mas no poder la muerte del líder terrorista Abimael Guzmán como una "oportunidad para la reconciliación" y de "caminar unidos en el bicentenario". La burguesía peruana mediante su prensa ha tratado la muerte del terrorista de la misma forma en la que el senderista celebraba la masacre de los campesinos y "contrarrevolucionarios", bailando "Zorba el griego". Sendero Luminoso y la burguesía peruana no tienen ninguna diferencia con el "yihadista" que celebra la muerte del "infiel" lanzando cánticos y alabanzas durante días.
Preguntarnos entonces porque logró movilizar sectores "pobres" y "privilegiados" hay que entenderlo en su esencia, como lo que esa lucha armada representó: una envoltura de lucha “fuerte” (acciones armadas y de terrorismo ofrecidas como “alternativa” al pacifismo y al posibilismo democrático) para un proyecto nacional peruano capaz de movilizar sectores radicalizados de la pequeña burguesía cuya situación en aquel momento se vio fuertemente afectado por las reforma Agraria del régimen de Velasco en los 60s y el desarrollo que la burguesía en general tuvo en ese régimen .Recordemos que un buen sector de dirigentes e ideólogos de SL pertenecían a la pequeña burguesía provinciana familias de hacendados como la familia de la esposa de Guzmán o intelectuales urbanos de Ayacucho como los Morote, o eran hijos de comerciantes como Edith Lagos. La lógica pequeñoburguesa y activista (son los "únicos que hacen algo") atrajo (y atrae) a sectores estudiantiles y magisteriales que terminan identificándose con ese radicalismo burgués justificando incluso sus vericuetos oportunistas tales como haberse pasado 20 años denostando las elecciones y después de la captura de Guzmán pasasen a organizarse como partido con miras a las elecciones (Movadef) y su acceso al poder por la vía electoral.
Era lógico ,que ante los reacomodos de las facciones burguesas en los 60s,en una parte de la pequeña burguesía eso le afectase y reaccionase con el ADN típico de ellos: el histerismo y la búsqueda por reubicarse en la pirámide del poder que la burguesía le niega y en ese sentido el maoísmo le venía como anillo al dedo para su "lucha “con su carga de concepciones idealistas y burguesas de un supuesto "campesinado como protagonista de la revolución comunista", del líder iluminado que recupera la pureza social con el "comunismo" y del partido y los militantes ciegamente subordinados al militarizado aparato partidario (Estalinistas por supuesto).
El materialismo dialéctico entiende pues que lo real no es solo lo "tangible" o lo "concreto", sino también aquellas "ideas que nos explican lo que no es tangible". Era tan real la miseria del campesinado como la idea de que "al comunismo se llega mediante el partido y su férrea e inequívoca dirección”, y con "la lucha audaz y aleccionadora de los combatientes", ("la mística del senderista" tan admirada por Alan García, por ejemplo).
La miseria del campesinado más la concepción burguesa de la revolución y el comunismo, es lo que explica esta adhesión de los "más pobres" como de los "privilegiados" al senderismo. Pero además también explica ello el por qué la izquierda del capital de los 80's no rompía o le costaba criticar el actuar de Sendero Luminoso.
Dado que "así es la revolución", o que "es una forma de hacer la revolución", o quizás "que debe ser así pero con menos excesos", la burguesía pudo enfocarse primero en armar a las rondas campesinas y mucho después preocuparse por sus condiciones de vida, es decir, darle una salida apelando a lo ideológico a pesar de la "realidad material", de igual forma la aceptación en las ciudades del autogolpe de 1992 y el “Fujishock” se comprende precisamente por la idea que se instaló en la mente de muchos en aquella época sobre la revolución y el comunismo, y que ante esa parodia burguesa del marxismo y el comunismo, cualquier cosa es mejor4.
Por otro lado, la burguesía muestra un temor a que la “población no comprenda quién fue Abimael Guzmán”, este “temor” no es tanto al “desconocimiento de la juventud”, sino a que la población vea (equivocadamente) a Guzmán como un “justo luchador social que peleó contra las injusticias en el Perú”. Puesto que, si esto es así, se “valida” la lucha senderista, aunque se condene a la vez el uso del terror. Es decir, la burguesía peruana teme que la condena a la “violencia terrorista” sea superada por el reclamo contra las condiciones de miseria que esta impone al proletariado. Esto es algo que la burguesía peruana no puede permitirse en absoluto.
Una muestra de esto podemos ver cuando un tipo como Guido Bellido5 (el que habla de manera condescendiente de los senderistas) en las pampas de Ayacucho (la región más golpeada por Sendero) tuvo el 29 de Julio del 2021, su proclamación como primer ministro con una amplia cantidad de visitantes locales que desbordó a los cordones policiales. La burguesía peruana sabe muy bien esto.
Pero si las condiciones materiales son tan desgraciadas (hoy peor con la pandemia), que pueden llevar a mirar a pocos o muchos, con simpatía las motivaciones que tuvo Sendero Luminoso para iniciar su lucha armada no significan que Sendero Luminoso pueda resurgir otra vez, puesto que la prédica del “comunismo” que la izquierda del capital y Sendero Luminoso con Guzmán se dedicaron a propagar generó un rechazo hoy en día a toda la clase trabajadora.
El terrorismo tiene asidero hoy más que nunca, el capitalismo en su fase final no solo limita la esperanza de bienestar de la clase obrera cada vez más, sino que en su etapa de descomposición social lleva a sumar la cada vez mayor deshumanización de la humanidad; la aparición de ideologías extrañas y nihilistas, la irracionalidad desbordante que intenta ocultar el razonamiento y la verdad, el terrorismo, la violencia ciega e irracional se inscribe en este caos en el que la sociedad y la humanidad entera se hunden y se pudren, producto del bloqueo de las dos fuerzas de la sociedad: la burguesía y el proletariado.
Preguntarnos porque hoy el proletariado no reasume su proyecto histórico y la sola mención de "Comunismo" ha sido convertida en sinónimo de Terrorismo, Entender esto es fundamental .En el caso de la clase obrera en el Perú no se debe solo a las brutalidades cometidas por SL y al daño físico e ideológico que esa organización burguesa infligió a los trabajadores sino que principalmente obedece a la campaña que desde los 90s la burguesía Mundial lleva a cabo contra el Comunismo como proyecto político del proletariado, falsificándolo y tratando de identificarlo con Estalinismo o terrorismo, estrategia que tan buenos resultados le ha dado por el momento. Es por ello que el accionar de SL y sus métodos, como expresión radicalizada de la izquierda del Capital le hizo perfectamente el juego a la burguesía mundial6.
A manera de conclusión, denunciamos tajantemente el accionar del grupo SL siempre. Este no ha sido más que un factor para bloquear la toma de conciencia del proletariado y el de desprestigiar las luchas obreras a través de sus métodos, es ahora que intentamos llegar a una reflexión y hacer conocer como a nivel mundial se ha comparado al comunismo como una vía terrorista, como un mal fin de vida, pues decimos NO, solo la clase obrera es la portadora del cambio a una verdadera vida, la del comunismo, y para llegar a ello deberá a través de su organización, la autonomía en sus luchas y su toma de conciencia, lograr el derrocamiento de la burguesía de la faz del planeta.
Edmund
03102021
1 Abimael Guzmán, el hombre que condujo toda esa violencia se consideró a sí mismo como la «cuarta espada» del comunismo internacional tras Lenin, Stalin y Mao.
2https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
3 Sobre la lucha nacional ver nuestro folleto Nación o Clase https://es.internationalism.org/cci/200606/968/nacion-o-clase [169] y nuestra serie Balance de 70 años de liberación nacional https://es.internationalism.org/revista-internacional/201707/4221/balance-de-70-anos-de-luchas-de-liberacion-nacional-primera-parte [704] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/201110/3231/balance-de-70-anos-de-luchas-de-liberacion-nacional-ii-en-el-siglo [664] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/201202/3316/balance-de-70-anos-de-luchas-de-liberacion-nacional-iii-las-nuevas [705]
4 Para conocer nuestra posición sobre el terror, el terrorismo y la violencia de clase proletaria, ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/197810/2134/resolucion-sobre-el-terror-el-terrorismo-y-la-violencia-de-clase [530].
5 Actual primer ministro de la República Peruana.
6 Ver Perú: tras las elecciones arrecia la campaña anticomunista https://es.internationalism.org/content/4717/peru-tras-las-elecciones-arrecia-la-campana-anticomunista [706]
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Pese al triunfalismo de los gobiernos, la pandemia sigue diariamente segando la vida de miles de seres humanos, según los datos de la John Hopkins University que recopila datos oficiales (fuertemente subestimados por todos los estados) el 4 de octubre había 236 millones de casos y 4.834.870 muertes.
Oculta por todo el ruido de la “economía verde” y la falsa protesta de la “juventud por el clima”, la destrucción del planeta en todos los planos continúa imparable, amenazando el futuro de la humanidad.
Las tensiones imperialistas se agudizan tras la vergonzosa retirada de USA de Afganistán, especialmente la polarización China – USA muestra un mundo de caos imperialista cada vez más amenazante.
Ultimo, pero aún más importante, la inflación se dispara y las perturbaciones crecientes de la economía mundial denuncian la hipocresía y la mentira de los gobiernos que no se cansan de proclamar la “recuperación económica”.
Todos estos fenómenos muestran la aceleración de la barbarie capitalista que caerá en todo su peso brutal sobre la clase obrera y el conjunto de la humanidad oprimida.
Es necesario discutir colectivamente para comprender qué está ocurriendo y cómo contribuir a la lucha de la clase obrera contra el capitalismo y en la perspectiva de su destrucción como sistema bárbaro e inhumano.
La Reunión Pública tendrá lugar por vía Internet. Todos los que estén interesados pueden escribir a [email protected] [45] para que les enviemos el enlace para poder participar.
La fecha de la Reunión Pública es OCTUBRE sábado 30 a las 18 horas de Europa
Corriente Comunista Internacional
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La administración Biden no sólo mantiene las agresivas medidas económicas contra China, implementadas por Trump, sino que sobre todo ha aumentado la presión en el plano político (defensa de los derechos de los uigures y de Hong Kong, acercamiento a Taiwán, con el que actualmente negocia un acuerdo comercial, acusaciones a China de hackeo informático) y también en el plano militar en el Mar de China, y ello de forma bastante espectacular desde principios de abril:
- El 7 de abril, Estados Unidos desplegó un grupo de portaaviones (el USS Theodore Roosevelt, acompañado de su flotilla) en el Mar de China Meridional y el destructor de misiles USS John S. McCain transitó por el Estrecho de Taiwán (situado entre China y Taiwán);
- El 11 de mayo, buques estadounidenses, franceses (el portahelicópteros anfibio (PHA) Tonnerre y la fragata Surcouf), japoneses y australianos iniciaron unas maniobras militares conjuntas (ARC21) en el Mar de China Oriental, las primeras de este tipo en esta zona estratégica, no muy lejos de las Senkaku, islotes deshabitados administrados por Japón en el Mar de China Oriental y reclamados por Pekín, que los llama Diaoyu. Antes de estas maniobras, los buques franceses habían participado en los ejercicios de La Pérouse en el Golfo de Bengala con buques estadounidenses, australianos, hindúes y japoneses. Luego, el Tonnerre pasó al sur de Taiwán para llegar a Japón, mientras que el Surcouf también eligió el estrecho de Taiwán;
- A la presencia francesa en Japón le seguirá en 2021 la de la fragata alemana Hessen, ya que Berlín expresó en 2020 su deseo de tener una mayor presencia en el Indo-Pacífico, y el archipiélago acogerá en 2022 al grupo aeronaval británico Queen Elizabeth.
- En septiembre, Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia anunciaron un nuevo acuerdo de defensa, conocido como "Aukus", cuyo objetivo es ampliar la presencia militar de los países en los mares que rodean a China. Los tres países compartirán inteligencia militar y conocimientos tecnológicos que permitirán a Australia construir submarinos de propulsión nuclear. El pacto Aukus es una bofetada a Francia, ya que Australia cancela el contrato centenario de más de 50.000 millones de euros1 con Francia para construir una flota de submarinos. Reaccionando con furia, Francia retiró a sus embajadores de Estados Unidos y Australia. China denunció el pacto como el inicio de una nueva Guerra Fría, aunque sin duda se alegra de las nuevas divisiones entre sus rivales occidentales2.
China, por su parte, ha reaccionado airadamente a estas presiones políticas y militares, en particular las relativas a Taiwán:
- A principios de abril, en respuesta a la presencia de la flota estadounidense, el portaaviones Liaoning, acompañado de 5 buques de guerra, operó en las aguas al este de la "isla rebelde". Los cazas taiwaneses tuvieron que despegar a toda prisa para repeler la entrada de quince aviones chinos en la zona de identificación de defensa aérea de Taiwán;
- El 19 de mayo, un grupo de expertos con sede en Hong Kong y afiliado al Partido Comunista Chino publicó un estudio en el que se subrayaba que las tensiones en el estrecho de Taiwán habían llegado a ser tan elevadas que indicaban un riesgo "sin precedentes" de guerra entre el continente y Taiwán.
- El 15 de junio, en respuesta a la reunión de la OTAN que marcaba un cierto acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Europea sobre la cuestión China, veintiocho cazas chinos entraron en la zona de identificación de defensa aérea de la antigua Formosa, la mayor incursión de cazas y bombarderos del Ejército popular de liberación jamás registrada;
- A principios de julio, la revista china Naval and Merchant Ships publicó un plan para un ataque sorpresa en tres etapas contra Taiwán, que llevaría a una derrota total de las fuerzas armadas de la "provincia rebelde".
A finales de agosto, el informe anual del Ministerio de Defensa taiwanés advertía de que China "puede ahora combinar operaciones digitales de su ejército que inicialmente paralizarían nuestras defensas aéreas, centros de mando marítimos y capacidades de contraataque, lo que supone una enorme amenaza para nosotros" (P.-A. Donnet, China en condiciones de paralizar la defensa de Taiwán, según Taipéi, Asialyst, 02.09.21)
Así, las advertencias, amenazas e intimidaciones se han sucedido en los últimos meses en el Mar de China. Subrayan la creciente presión ejercida por Estados Unidos sobre China. En este contexto, Estados Unidos está haciendo todo lo posible para atraer a otros países asiáticos detrás de ellos, preocupados por las ambiciones expansionistas de Pekín ("El ejercicio ARC21 es un medio de disuasión ante el comportamiento cada vez más agresivo de China en la región", afirma Takashi Kawakami, director del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Takushoku (Japón), citado el 14 de mayo por el diario Les Echos). Así, Estados Unidos intenta crear una especie de OTAN asiática, la QUAD, que reúne a Estados Unidos, Japón, Australia e India. Por otra parte, y en el mismo sentido, Biden quiere reactivar a la OTAN para implicar a los países europeos en su política de presión contra China.
Para completar el panorama, tampoco hay que olvidar las tensiones entre la OTAN y Rusia: tras el incidente del vuelo de Ryanair secuestrado e interceptado por Bielorrusia para detener a un disidente, que se había refugiado en Lituania, se produjeron las maniobras de la OTAN en el Mar Negro frente a Ucrania en junio, donde se produjo un enfrentamiento entre una fragata británica y barcos rusos, y, en septiembre, las maniobras conjuntas entre los ejércitos ruso y bielorruso en las fronteras de Polonia y los Estados bálticos.
Estos acontecimientos confirman que el aumento de las tensiones imperialistas está generando una polarización entre Estados Unidos y China, por un lado, y la OTAN y Rusia, por otro, lo que a su vez está empujando a China y Rusia a reforzar sus vínculos entre sí para enfrentarse a Estados Unidos y la OTAN.
Sin embargo, la "debacle de Kabul" (véase nuestro artículo "Detrás de la decadencia de Estados Unidos, la decadencia del mundo capitalista"3 en nuestra página web) subraya hasta qué punto la descomposición y la persistente desestabilización acelerada por la crisis de Covid-19 estimulan las fuerzas centrífugas, exacerban el "sálvese quien pueda" de los distintos imperialismos, frustrando así constantemente cualquier estabilización de las alianzas:
- La precipitada retirada de Estados Unidos de Afganistán, destinada a concentrar fuerzas militares frente a China, se llevó a cabo sin ninguna consulta a los aliados, mientras que Biden había prometido unos meses antes en la cumbre del G7 y en la reunión de la OTAN el retorno de la consulta y la coordinación; esta retirada significa también de facto el abandono por parte de Estados Unidos de sus aliados sobre el terreno (véase el anterior abandono de los kurdos y el enfriamiento de las relaciones con Arabia Saudita) y sólo puede reforzar la desconfianza de países como India y Corea del Sur hacia un aliado que está demostrando ser poco fiable, así como la determinación europea de crear estructuras de defensa más independientes de Estados Unidos.
- Por otra parte, la vuelta al poder de los talibanes constituye un grave peligro potencial de infiltración islamista en China (a través del "problema uigur"), sobre todo porque sus aliados, los talibanes paquistaníes (el TTP), están inmersos en una campaña de atentados contra las obras de la "Nueva Ruta de la Seda", que ya ha provocado la muerte de una docena de "cooperantes" chinos. Esto está llevando a China a intensificar sus intentos de establecerse en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central (Turkmenistán, Tadjikistán y Uzbekistán) para contrarrestar el peligro. Pero estas repúblicas forman parte tradicionalmente de la zona de influencia rusa, lo que aumenta el peligro de enfrentamiento con este "aliado estratégico", con el que, de todos modos, sus intereses a largo plazo son fundamentalmente opuestos: la nueva Ruta de la Seda pasa por delante de Rusia y ésta recela del creciente control económico de China sobre sus territorios siberianos;
- El caos y la actitud imperialista de sálvese quien pueda en el mundo acentúan constantemente la imprevisibilidad del posicionamiento de los distintos Estados: Estados Unidos se ve obligado a mantener la presión con bombardeos aéreos regulares sobre las milicias chiíes que acosan a sus fuerzas en Irak; los rusos tienen que "hacer de bomberos" en el enfrentamiento armado entre Armenia y Azerbaiyán, instigado por el interés imperialista de Turquía; La propagación del caos en el Cuerno de África a través de la guerra civil en Etiopía, con Sudán y Egipto apoyando a la región de Tigray y Eritrea apoyando al gobierno central etíope, está perturbando en particular los planes chinos de utilizar Etiopía como base para su proyecto de la ruta de la seda en el noreste de África, y para ello han instalado una base militar en Djibuti.
- La propagación incontrolada de la pandemia ligada a la generalización de la variante delta requiere una mayor atención de los Estados a la situación interna, que puede tener un impacto imprevisible en sus políticas imperialistas. Por ejemplo, el estancamiento de la vacunación en EE.UU., tras un fuerte arranque inicial, está provocando una nueva oleada de infecciones en los estados del centro y del sur. Esto lleva a nuevas medidas coercitivas por parte del gobierno de Biden, lo que a su vez reaviva las recriminaciones de los partidarios de Trump. Del mismo modo, en Rusia, el gobierno se enfrenta a un resurgimiento de la epidemia, mientras que la vacunación está estancada y la población desconfía enormemente de las vacunas rusas, lo que ha llevado al alcalde de Moscú (donde el 15% de la población está vacunada) a tomar medidas que hacen la vacunación casi obligatoria.
En China, donde el gobierno confía en la inmunidad de rebaño antes de abrir el país, la preocupante situación sanitaria requiere una atención constante. Por un lado, hasta que se consiga, China impone estrictos cierres cada vez que se identifican infecciones, lo que dificulta gravemente las actividades comerciales. Por ejemplo, el pasado mes de mayo, después de que algunos estibadores del puerto de Yantian se infectaran, el tercer mayor puerto de contenedores del mundo estuvo totalmente aislado durante una semana, y los trabajadores se vieron obligados a permanecer en cuarentena en el lugar. Ahora de nuevo, regiones enteras están confinadas debido a la expansión de la variante delta, la erupción más fuerte desde Wuhan en diciembre de 2019. En segundo lugar, esta búsqueda de la inmunidad de rebaño ha llevado a varias provincias y ciudades chinas a imponer fuertes sanciones a los recalcitrantes. Estas iniciativas fueron muy criticadas en las redes sociales chinas y el gobierno las frenó porque tendían a "poner en peligro la cohesión nacional". Por último, quizá el problema más grave sea la evidencia cada vez más convergente sobre la limitada eficacia de las vacunas chinas.
En este contexto, el aumento de las tensiones bélicas es ineludible. Por un lado, indica una cierta polarización, especialmente entre Estados Unidos y China, subrayada por una creciente agresividad por parte de Estados Unidos, que sabe que, a pesar de las enormes inversiones de China en la modernización de sus fuerzas armadas, éstas aún no pueden igualar el poder militar de Estados Unidos, especialmente en el aire, en el mar y en términos de su arsenal nuclear.
Sin embargo, el caos y el sálvese quien pueda exacerbados hacen que cualquier alianza sea constantemente inestable, estimulan los apetitos imperialistas en todas las direcciones y empujan más bien a las grandes potencias a evitar un enfrentamiento directo entre sus ejércitos, con un compromiso masivo de personal militar sobre el terreno ("botas sobre el terreno"), como ilustra la retirada de los soldados estadounidenses de Afganistán. En cambio, recurren a empresas militares privadas (la organización Wagner por parte de los rusos, Blackwater/Academy por parte de los EE.UU., ...) o a milicias locales para llevar a cabo acciones sobre el terreno: uso de milicias suníes sirias por parte de Turquía en Libia y Azerbaiyán, milicias kurdas por parte de los EE.UU. en Siria e Irak, milicias chiíes de Hezbolá o Irak por parte de Irán en Siria, milicias sudanesas por parte de Arabia Saudí en Yemen, ....
La forma que está tomando la expansión de estas tensiones anuncia, por tanto, la multiplicación de enfrentamientos bélicos cada vez más sangrientos y bárbaros en un entorno marcado por la inestabilidad y el caos.
18.09.21/ R. Havanais
1 https://www.rfi.fr/fr/asie-pacifique/20210917-australie-apr%C3%A8s-la-rupture-du-contrat-du-si%C3%A8cle-avec-la-france-la-question-du-co%C3%BBt-de-ce-revirement [710]
2 Analizaremos este episodio imperialista en un futuro artículo
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Sin embargo, la “lucha de clases” que nos presenta Barbaria y el “proletariado” del que nos habla, nada tienen que ver con la auténtica lucha de clases ni con el auténtico proletariado. Barbaria nos dice: “Cuando los tejedores de Lyon se levantaron en armas en 1831, la burguesía hizo memoria de clase. Recordó las invasiones de esos pueblos primitivos que asaltaron el Imperio romano y que llamaron bárbaros, porque su lengua sonaba como el ruido. Tampoco los tejedores de Lyon hablaban una lengua que pudiera comprender la burguesía. En la lucha milenaria entre la civilización y la barbarie, la revolución se expresa en una lengua que no es la lengua de los amos, una lengua que el Imperio de la civilización no puede alcanzar. Cada vez que las clases explotadas se han levantado a lo largo de la historia, han llevado consigo la misma barbarie, la misma comunidad humana contra la explotación. Barbaria es un lugar en la memoria. Es allí donde se guarda la historia milenaria de nuestra clase, desde las comunidades primitivas hasta la comunidad humana mundial” (https://barbaria.net/quienes-somos/ [712] ).
Esta visión hace desaparecer al proletariado, diluido en todas las clases explotadas de la historia. Si bien el proletariado es solidario con ellas e integra lo mejor de su lucha, el proletariado es diferente pues no solo es la clase explotada bajo el capitalismo, sino que es igualmente la clase revolucionaria. Los esclavos y los siervos no podían acabar con la explotación, en cambio, el proletariado es la primera clase explotada de la historia que tiene la capacidad y la conciencia para acabar con el capitalismo y crear la nueva sociedad, el comunismo.
En los debates de la Liga de los Comunistas, Engels escribió Los Principios del Comunismo1, donde demostró por qué el proletariado es diferente de los esclavos y de los siervos y cómo en esta diferencia reside su naturaleza revolucionaria. Barbaria deja todo esto de lado y defiende que las revueltas interclasistas, los “movimientos sociales” tales como los Gilets Jaunes o las protestas de Chile o Ecuador en 2019, serían la expresión de la lucha de clases: “Una realidad falsamente comprendida nos trata de hacer creer que vivimos en un mundo sin revoluciones y revueltas. Basta dirigir nuestra mirada desde Rumanía a Albania, de Argelia a Irak, de Bolivia a Ecuador, de Argentina a Oaxaca, para ver la intensidad de las revueltas y revoluciones que han recorrido la faz de la tierra en los últimos 25 años, por no hablar del intenso proceso de lucha de clases que se desplegó en el 2011 en el mundo árabe, justo cuando muchos socialdemócratas habían dictaminado el fin de las revoluciones (…) El futuro inmediato será, por tanto, de intensa lucha de clases. Es algo que se observa ya desde hace algunos meses en regiones como China, Irán, Irak, Kurdistán, Haití… Y que de modo más reciente está atravesando también a Francia con el movimiento de los gilets jaunes, Hungría o Túnez”.
Hoy, el proletariado sufre cruelmente la pérdida de la identidad de clase, la falta de confianza en sus propias fuerzas, Barbaria hurga en esa herida vendiendo como “lucha de clases” la movilización interclasista y nacionalista de los Chalecos Amarillos que cantan La Marsellesa y enarbolan la bandera tricolor francesa con la que fue aplastada la Comuna de Paris2.
Barbaria habla de “revolución”. El cambio de régimen en Cuba en 1959 a manos del castrismo nos lo vendieron como una “revolución”. El desalojo de Trump de la presidencia de Estados Unidos habría sido una “revolución ciudadana”. Los trotskistas convierten en “revolución” cualquier tumulto en un país exótico. Barbaria pone su granito de arena en esta ceremonia de la confusión hablándonos, como hemos visto antes, de “revueltas y revoluciones” en Irak (¿), Haití (¿), Kurdistán (¿??), China (¿?????), los Chalecos Amarillos (¿???) …
Los disturbios y convulsiones que Barbaria amalgama como “revueltas y revoluciones” son muy diferentes unos de otros, sin embargo, tienen algo en común: no tienen nada que ver con la lucha del proletariado, unos son revueltas desesperadas y nihilistas; otros movimientos claramente burgueses, otros enfrentamientos imperialistas. En China, por ejemplo, lo que conocemos es la protesta nacionalista de los uigures o el movimiento democrático de Hong Kong. Respecto del Kurdistán, ¿se refiere Barbaria al movimiento guerrero y nacionalista de Rojava tan ensalzado por los anarquistas?3
Pero ¿en qué consiste la revolución proletaria para Barbaria? En un texto titulado 11 puntos sobre Marx se pueden encontrar cosas muy generales, formalmente correctas, sobre la abolición de las relaciones capitalistas de producción, la dictadura del proletariado, la destrucción del Estado etc. Sin embargo, cuando se trata de concretar nos encontramos con afirmaciones como esta: “La respuesta de estas comunas, como Puerto Resistencia, es una muestra de la capacidad de nuestra clase para construir relaciones sociales al margen de las impuestas por el capital y sus Estados, donde a la par que se reorganizan las condiciones materiales de vida, se produce una revolución en los valores y en las relaciones humanas. El mundo deja de estar invertido, como sucede en el capitalismo, y las necesidades sociales pasan a ser prioritarias respecto a cualquier otro criterio (como la acumulación de capital sin límites) en las decisiones que las comunas toman en los usos de los recursos disponibles y en los esfuerzos que se dedican a lograrlos. Todo se da la vuelta, deja de estar al revés. Así, por ejemplo, una activista de las luchas medioambientales, que hasta entonces necesitaba escolta ante las múltiples amenazas y asesinatos cometidos por los paramilitares, ahora camina libre, sin miedo, entre sus vecinos. La movilización proletaria le ha devuelto su seguridad, ha frenado la violencia del capital en aquellos espacios donde nuestra clase ha impuesto su lógica de vida (frente la lógica de muerte del capital). (https://barbaria.net/2021/05/30/por-que-lucha-el-proletariado-en-colombia/ [713] )
De este pasaje se desprenden una serie de conclusiones: 1) ¡Se podría construir relaciones sociales al margen de las impuestas por el capital dentro del propio capitalismo!; 2) ¡Habría una “revolución en los valores y en las relaciones humanas” (sic)!; 3) ¡dentro del capitalismo se podría conseguir que las “necesidades humanas pasan a ser prioritarias respecto a la acumulación capitalista”!!! En resumen, las “revueltas y revoluciones” que nos presenta Barbaria acreditarían ideas como que: 1) el comunismo se puede crear ya dentro del capitalismo; 2) se podrían crear “espacios liberados” de la represión del Estado capitalista; 3) se podría cambiar la economía sin necesidad de destruir el capitalismo… Es decir, la negación de todo lo que se afirma “teóricamente” en los 11 puntos sobre Marx.
El pasaje sobre Puerto Resistencia presenta como actos “revolucionarios” hechos que expresan el estallido de la sociedad en fragmentos donde pequeñas comunidades se protegen desesperadamente, sin ningún futuro, de la dislocación de las relaciones sociales. Capas sociales marginadas, proletarios individuales, se ven arrastrados por el torbellino de la descomposición y esto es glorificado por Barbaria como “atisbos de una sociedad nueva, destellos de comunismo, los balbuceos, los comienzos, de la constitución revolucionaria de una clase que se resiste a sucumbir junto a un capitalismo moribundo”. Para colmo, Barbaria propone como alternativa generalizar mundialmente este hundimiento en la barbarie: “es todavía insuficiente lo que estamos viendo en las comunas de Cali o de Medellín, o en los barrios de Santiago en Chile, estas nuevas relaciones sociales solamente pueden imponerse a la lógica del capital a nivel mundial”.
¡Barbaria se reclama de la “barbarie”! El proletariado pertenecería a “la lucha milenaria entre civilización y barbarie”, y recordaría a los “antiguos bárbaros que asaltaron Roma”.
Nos preguntamos si esta “reivindicación” viene de la más espantosa confusión o de una voluntad deliberada de presentar el deslizamiento creciente del capitalismo hacia la barbarie como la “perspectiva revolucionaria”. Los promotores de Barbaria deben explicarlo.
Sin embargo, lo que para nosotros está muy claro es, en primer lugar, que la civilización que nace con los modos de producción esclavista, feudal, despótico asiático y capitalista, es la peor y más sofisticada forma de barbarie pues es institucionalizada y santificada en el Estado con sus ejércitos, su policía, sus cárceles, sus tribunales…
En segundo lugar, como anunció Engels en 1890 la alternativa que se presenta a la humanidad es Barbarie o Comunismo. El rostro de la barbarie se está perfilando de forma cada vez más acelerada con el COVID 19, el desastre ecológico, las guerras imperialistas, el caos creciente… El jueguecito ingenioso de Barbaria de incluir al proletariado en la “tradición de los bárbaros” nos muestra como “pasos hacia la revolución” lo que no son sino manifestaciones del hundimiento en la barbarie.
Barbaria habla mucho de la Izquierda Comunista, en el blog encontramos varios artículos: Amadeo Bordiga un dinosaurio del comunismo (sic); Sobre la fundación del PC de Italia y la Izquierda Comunista Italiana; El pasado de nuestro ser4 etc.
Los compañeros de Programa Comunista hacen una crítica bastante juiciosa del artículo sobre Bordiga5. Denuncian la manipulación que hace Barbaria desligando Bordiga del combate de los grupos de la Izquierda Comunista tratando “de definir una aportación personal del mismo de la que apropiarse, para construir sobre ella una teoría propia, una visión suya, particular, de problemas que sólo pueden ser abordados, en términos marxistas, desde el trabajo anónimo y colectivo del órgano partido”.
Los compañeros subrayan que la biografía de Barbaria sobre Bordiga “se corta cuidadosamente en 1929 y deja fuera todo el trabajo que, desde la IIª Postguerra, realizaron Bordiga y tantos otros compañeros por restaurar el marxismo”.
Esta amputación se manifiesta igualmente en los demás textos de Barbaria. Habla de las izquierdas comunistas de Alemania, Rusia etc., pero solo hasta finales de los años 20. Habla de Bilan sin mencionar ni una palabra sobre sus continuadores, Internationalisme y la CCI. No encontramos el más mínimo rastro de los grupos actuales de la Izquierda Comunista, la CCI, la TCI, Programa Comunista…
No vamos a especular sobre los motivos de este olvido, corresponde explicarlo a Barbaria. Sin embargo, hay una conclusión que cualquier lector puede sacar de esta ausencia: la Izquierda Comunista pertenecería a un pasado remoto, que se podría estudiar como un “fondo documental” del cual extraer las interpretaciones que a cada cual le convengan. La consecuencia es evidente: se le roba al proletariado su principal fuerza, la continuidad histórica critica de sus organizaciones comunistas, el hilo histórico que va desde la Liga de los Comunistas hasta los pequeños grupos actuales de la Izquierda Comunista. Barbaria comete la barbaridad de hacer desaparecer estos últimos del horizonte, dando a entender al proletariado y a sus minorías revolucionarias que no cuenta con ese legado histórico fundamental. Esta amputación de la memoria contra nuestra clase no es nueva. Estamos asistiendo últimamente a empresas como la de Nuevo Curso que ignora totalmente los grupos de la Izquierda Comunista para hacer pasar como “izquierda comunista” un refrito de posiciones basadas en el revolucionario Munis que no logró romper realmente con el trotskismo6.
Es posible que los promotores de Barbaria no estén de acuerdo con las posiciones que defendemos en la CCI o en otros grupos actuales de la Izquierda Comunista. El análisis que hemos realizado anteriormente lo demuestra palmariamente. Si alguien pretende tomar como base de su actividad organizada la Izquierda Comunista - Barbaria da a entender que la Izquierda Comunista sería “el pasado de su ser”- lo que debe hacer es entablar un debate amplio y profundo con las organizaciones que hoy se reclaman de la Izquierda Comunista, si finalmente, tras un debate exhaustivo, llega a la conclusión que defienden posiciones erróneas la formación de un nuevo grupo es una contribución. Lo que es deshonesto es hablar de la Izquierda Comunista, dando a entender que es “el pasado del ser” de Barbaria, y, al mismo tiempo, ignorar totalmente a los grupos actuales de la Izquierda Comunista.
Pensamos que la contribución que hacemos debe ser sometida a un debate crítico y no ignorada. Nos atenemos a lo que señaló BILAN en su primer número (noviembre 1933): “Nuestra facción se reivindica de un largo pasado político, una profunda tradición en el movimiento italiano e internacional; un conjunto de posiciones políticas fundamentales. Pero no pretende aprovechar sus precedentes políticos para pedir la adhesión a las soluciones que defiende para la situación actual. Por el contrario, invita a los revolucionarios a someter a la verificación de los acontecimientos las posiciones que defiende actualmente, así como las posiciones políticas contenidas en sus documentos básicos”.
Acción Proletaria 26-10-21
2 Ver, entre otros, Hoja de intervención de la CCI sobre la trampa del movimiento de los chalecos amarillos https://es.internationalism.org/content/4378/hoja-de-intervencion-de-la-cci-sobre-la-trampa-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos [28] y Balance del movimiento de los "chalecos amarillos": Un movimiento interclasista, un obstáculo para la lucha de clases https://es.internationalism.org/content/4484/balance-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos-un-movimiento-interclasista-un [29]
3 Ver Los anarquistas y el imperialismo kurdo /content/4160/los-anarquistas-y-el-imperialismo-kurdo [645]
4 https://barbaria.net/2020/07/21/amadeo-bordiga-un-dinosaurio-del-comunismo/ [714] , https://barbaria.net/2021/02/09/audio-sobre-la-fundacion-del-pcdi-y-la-izquierda-comunista-italiana/ [715] , https://barbaria.net/2018/05/27/el-pasado-de-nuestro-ser/ [716]
5 Ver Grupo Barbaria, el bordiguismo a la carta https://www.pcint.org/05_Elprol/022/022_barbaria.htm [717]
6 Ver Nuevo Curso y una "Izquierda Comunista Española" ¿De dónde viene la Izquierda Comunista? https://es.internationalism.org/content/4460/nuevo-curso-y-una-izquierda-comunista-espanola-de-donde-viene-la-izquierda-comunista [44]
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Este noviembre en Chile ocurrirán las elecciones presidenciales que decidirán quién será el sucesor de Piñera, cuyo gobierno ha sido, como siempre, un acérrimo enemigo del proletariado. En particular, la revuelta popular de Octubre de 2019 y su cierre con el "pacto por la paz y una nueva constitución" anunciado por los partidos miembros del parlamento han dado golpes importantes, tanto a las condiciones de vida de la clase obrera como a su conciencia política. Quienes han leído los artículos anteriores sobre la situación en Chile1 sabrán que durante la revuelta los obreros no estuvieron presentes como clase, y como resultado fueron arrollados por la policía y el ejército, en una jornada que a la izquierda le encanta ensalzar como un levantamiento heroico de la "ciudadanía" para "exigir sus derechos", pero que en realidad fue una expresión de una lucha interclasista junto con la provocación violenta de la burguesía.
Antes de las elecciones de los miembros para la convención constituyente, se discutió en los medios burgueses largamente sobre los cupos reservados en esta para mujeres y miembros de pueblos originarios, por el lado de la izquierda diciendo que "se escucharán las voces de los oprimidos" y por el lado de la derecha que sería una medida "antidemocrática". Estas medidas corresponden a un ataque ideológico que en primera instancia distrae a la clase obrera de su propia lucha, desviando su atención hacia las disputas y el teatro parlamentario. Sin embargo, la función principal aquí es, por una parte, la mistificación de la democracia burguesa (es decir, que en el parlamento estaría representados todos los ciudadanos) y, por otra parte, la negación de la sociedad de clases pues se presenta a la sociedad como un montón de grupúsculos sin una base material, donde "cada uno tiene su propia lucha", esto dificulta enormemente el desarrollo tanto de una toma de conciencia en el proletariado como de una política unitaria y centralizada para la clase.
Las elecciones de los constituyentes resultaron en una gran victoria para la izquierda y un golpe contra la conciencia obrera. La "Lista del Pueblo" conformada por candidatos independientes con ideas de izquierda obtuvo la mayor cantidad de asientos, seguida por las coaliciones de la izquierda tradicional. El hecho de haber "derrotado a la derecha", más aún con "caras nuevas" pone muy alegres a algunos, pero la verdad es que para la clase esto no es ninguna mejora, la estúpida derecha sólo va siendo reemplazada por una izquierda más renovada pero igual de engañosa y anti proletaria. Y si bien algunos miembros de la asamblea constituyente vienen de sectores no explotadores o incluso de extracción proletaria, no los hace defensores del interés de la clase obrera. Es el programa y la estructura de los partidos y organizaciones que representan lo que es burgués pues pertenece al aparato del Estado y esos individuos de “origen social humilde” lo que hacen es avalar ante los obreros a esos partidos y organizaciones2.
Estas nuevas organizaciones “Renovadas” de izquierda no son propios de la clase obrera, sus intereses son los de fracciones de la burguesía que utilizan a clientelas pequeñoburguesas disputándose las vías del poder y desarrollando su propio caos político.
La desmovilización de la clase luego de este proceso no es algo casual, sino que es la meta de la estrategia ideológica de la burguesía, quieren decirle a la clase obrera que "ya se les entregamos una solución y eligieron a sus representantes, no queda nada más que hacer". Esto se aplica a todas las elecciones burguesas, especialmente para las elecciones presidenciales y parlamentarias en los países democráticos. Tomando esto en cuenta analizaremos las elecciones que se vienen en Chile.
Desde la revuelta popular en Chile ha habido dos bandos en pugna: la izquierda y extrema izquierda del capital, representadas por el PC, el Frente Amplio, aparte de los trotskistas que pertenecen al ala más extremista de la burguesía. Estos fanáticos que sueñan con "un Chile mejor" donde "el pueblo tenga el poder" no hacen más que defender el fracasado sistema de estatizaciones radical y nacionalizaciones, que solo busca fortalecer el capitalismo y el estado burgués contra la clase obrera, de hecho, solo fortaleciendo más y más el estado totalitario, con la izquierda a la cabeza, el capitalismo puede paliar o retrasar las crisis, que por cierto cada vez son más largas, recurrentes y costosas para el proletariado3.
Las características culturales y económicas del periodo capitalista moderno son:
-esta etapa de descomposición ha generado un gradual caos en la política de la burguesía provocando desestabilización en su aparato político, los partidos tradicionales se han visto ahora envueltos en aliarse con partidos políticos independientes donde la influencia de sectores de la pequeña burguesía juega un mayor papel, sin por ello poner en duda el interés nacional del capital.
-Los inundan con ideologías democráticas, donde supuestamente quieren construir un mejor Chile a partir de las elecciones. Una mentira y engaños horribles, ya que el programa comunista del proletariado no busca construir un "mejor país», sino abolir todos los estados a favor de la revolución comunista mundial.
-Hacen creer que pueblo es lo mismo que clase obrera, cuando “el pueblo” no es más que una masa amorfa de obreros, con burgueses y pequeñoburgueses, la palabra "pueblo" daña la autonomía proletaria.
-la diseminación de ideologías reaccionarias, posmodernas, capitalistas y multiclasistas como el indigenismo y el ecologismo ... que solo igual que el discurso del "pueblo" solo buscan confundir al proletariado con otras capas sociales y que pierda su identidad de clase. No hay que olvidar el circo que hizo la izquierda cuando nombraron a Elisa Loncon como presidenta de los constituyentes, solo por ser indígena... El fetichismo de la izquierda por las minorías es algo que los comunistas y los obreros debemos combatir.
-Critican la "política como tal”, lo cual es un discurso reaccionario y ya explicaremos porque más adelante
-Defienden la revuelta multiclasista de octubre, una revuelta que no trajo ningún beneficio al proletariado, la violencia de los lumpen fueron los protagonistas y solo terminó fortaleciendo la democracia burguesa.
La izquierda del capital presentó dos candidatos en las primarias de julio : el frenteamplista Gabriel Boric , apoyado por Convergencia Social , que se caracteriza por ser un político que odia a los obreros , pero que finge ser amigo de ellos por ser de "izquierdas" , fue este mismo hombre quien aprobó la ley "anti barricadas" , una ley pro- policiaca que solo busca detener las huelgas y arrestar más fácil a los trabajadores , aparte de que este individuo fue uno de los principales agitadores a favor de una nueva constitución burguesa-democrática. El segundo candidato presidencial de la izquierda fue Daniel Jadue , miembro del partido anti-¿"comunista"? de Chile (el mismo partido que apoyó las dictaduras anti obreras del este , que está metido en actos de corrupción capitalista como el caso de la universidad Arcis , e incluso tiene más propiedades que cualquier otro partido del capital) , que estaba agrupado bajo el conglomerado "Chile digno" , Daniel Jadue también es otro político de la burguesía , que no se molestaba en aliarse con la derecha para arrestar trabajadores durante la revuelta, ni tampoco se arrugó en aprobar leyes que dañen a la clase obrera . En las primarias Gabriel Boric venció.
También hay que hacer una mención especial a otra organización política burguesa que acaba de nacer: La Lista del Pueblo. Esta lista del pueblo no se presentó a presidenciales , pero si tiene la mayoría de los miembros de la asamblea constituyente , y está compuesto principalmente por dirigentes o gente famosa que se declara "independiente" y "enemiga de la política" (pero que en la práctica son izquierdistas al servicio del capital nacional) , como por ejemplo Jorge Baradit , un famoso escritor chileno de "izquierdas" quien al mismo tiempo es en cierta medida un conspiranoico , o el "profesor Maza" , un profesor de la universidad de Chile que también se caracteriza por apoyar a la izquierda del capital . Y ¿cuál es la función de esta Lista del Pueblo? Fortalecer la democracia y el capitalismo con la nueva asamblea constituyente burguesa, aplastar a los obreros y engañarlos.
Cabe destacar que toda esa gente y organizaciones antes mencionadas son los mejores representantes de la cultura individualista y descompuesta del capitalismo , pues prácticamente durante todo el periodo de elecciones se pelearon y apuñalaron en la espalda : Daniel Jadue no dejaba de hablar mal de Boric y el Frente Amplio , como también se juntaba con gente ligada a la narco política (se fotografió junto al abogado de un narco alcalde de la comuna de san Ramón) , de la misma forma la Lista del Pueblo insultaba constantemente a los dos candidatos presidenciables por no ser "lo suficientemente del pueblo" , aunque siempre trataban de apoyar de forma disimulada a Jadue más que a Boric . De la misma forma dentro de la izquierda del capital en general hubieron traiciones , escisiones en el Frente Amplio ya que por un tiempo muchos de sus militantes buscaron apoyar a Pamela Jiles (una populista de izquierda) , gente del PS y de la antigua Concertación se iba de aquel conglomerado para apoyar a Yasna Provoste , una demócrata Cristiana que tiene sangre obrera en las manos , un sin fin de problemas y conflictos en el PC , Frente Amplio , DC , etc. que si nos pusiéramos a mencionar todo jamás acabaríamos . Pero con esto solo queremos describir como el capitalismo, sistema basado en la competencia y la traición hacia los pares, se identifica tanto con la izquierda del capital.
En el otro bando de la derecha del capital se encontraron: Joaquín Lavín, de la Unión Demócrata independiente, Ignacio Briones Rojas, de Evolución Política, Sebastián Sichel Ramírez, un "independiente" de derecha y Mario Desbordes, de Renovación Nacional y el partido regionalista de los independientes. Estos políticos de derecha o están ligados a la dictadura de Pinochet , o buscan continuar el legado fracasado de Piñera , pero en cualquier caso esta gente solo busca implantar medidas económicas en contra de la clase obrera y a favor del capital , igual que la izquierda del capital pero con la única diferencia de que la derecha es lo suficientemente descarada como para exponer su discurso pro capitalista , a diferencia de la izquierda que finge ser amigo del proletariado para luego apuñalarlo por la espalda . La derecha también estuvo llena de peleas y traiciones, sobre todo en lo que respecta a la asamblea Constituyente como tal, pues gran parte de la derecha se opone a esta defendiendo la constitución de Pinochet, sin embargo, una parte más "liberal" de Evopoli y Renovación nacional (Centro derecha) apoya la asamblea constituyente.
Cabe destacar como ultima aclaración que los candidatos de izquierda (Jadue y Boric) se encontraban agrupados bajo una sola alianza: Apruebo Dignidad, y los candidatos de derecha también se encontraban agrupados bajo otra alianza: Chile Vamos. Las primarias sirven, técnicamente, para dilucidar cual candidato burgués es la mejor "carta" para postular a candidato presidencial en las elecciones de noviembre, que serán las definitivas, y precisamente como estas no fueron las elecciones definitivas no todos los candidatos se presentan. Obviamente en las elecciones definitivas de noviembre habrá muchos más candidatos y aparecerán nuevas alianzas: Yasna Provoste por la Democracia Cristiana, el ultraderechista José Antonio Kast por el partido republicano, el estalinista Eduardo Artes por Unión Patriótica, Paula Narváez por el Partido Socialista, etc. Y aunque todos estos personajes se ataquen entre ellos, y sus seguidores fanáticos hagan lo mismo en la calle, todos sabemos que lo que une a esa gente es una sola cosa: defender el capitalismo, la democracia y destruir al movimiento obrero revolucionario.
El apoliticismo y el fanatismo de los políticos "independientes" que desprecian y critican a los partidos políticos tradicionales es una característica principal de este periodo capitalista en descomposición , donde la clase obrera no ha aparecido como tal más que en contadas ocasiones y lo que ha predominado es la visión de una “suma de individuos obreros”, lo cual no quiere decir ni mucho menos que haya desaparecido su perspectiva histórica revolucionaria, por esa misma razón el proletariado no ha logrado desarrollar la fuerza suficiente para marcar una alternativa proletaria contra el apoliticismo reinante, esto obviamente se enmarca, como ya se ha dicho antes, en la descomposición del capitalismo, teoría desarrollada por la CCI4
Hay que dejar algo en claro : LA CLASE OBRERA ES UNA CLASE POLITICA5 , porque es una clase que aspira a la toma del poder y a la abolición del estado burgués como tal , el proletariado tiene una teoría política : el comunismo , la acción revolucionaria de los proletarios es una acción política , y estos tienen una organización política : las facciones de la izquierda comunista , y en una situación revolucionaria el partido comunista internacional , cualquier individuo que diga que "la política es mala" simplemente es un reaccionario al servicio del capitalismo .
Por supuesto que los comunistas internacionalistas critican a los partidos políticos del sistema como tal , porque tanto los partidos políticos de extrema izquierda como de extrema derecha se adaptan y defienden el sistema capitalista y sus derechos burgueses como tal , pero no lo criticamos desde esa perspectiva reaccionaria de que "toda la política es mala" , sino desde una perspectiva proletaria marxista , entendiendo que los partidos políticos parlamentarios (como extraparlamentarios) tienen como único fin defender el capitalismo, independiente del discurso que estos utilicen (progre , radical , conservador , etc.)
Para explicarlo de forma más concreta lo que es el apolitismo reaccionario en la actualidad se debe entender que los partidos políticos tradicionales de la burguesía tanto de derecha como izquierda han sufrido un desgaste producto de sus fracasos, en sus gobiernos y experiencias anteriores por la dislocación social y política que cada vez el Estado sufre en la descomposición, su gestión se hace cada vez más dificultosa, hay una tendencia a la perdida creciente del control del aparato político de la burguesía. Y esto se ve cada vez más con la aplicación de políticas de capitalismo de Estado para salvarse de la crisis y el caos político causado por el agravamiento del cada uno a la suya que también se desarrolla en la vida de la burguesía. Vemos hoy en día viejos partidos o miembros de viejos partidos aparecer en nuevas agrupaciones independientes. Como ha pasado recientemente en las últimas elecciones presidenciales en Perú. Nadie confía en el APRA o el Fujimorismo y muchos miembros salieron de esos partidos para conformar nuevas agrupaciones políticas independientes. Sin embargo, la teoría marxista nos dejó claro que la política no es solo tener una visión del mundo para transformarlo, sino que es una fuerza que engloba a todos los individuos como tal, así que simplemente no existen "individuos apolíticos», Lenin también lo dijo "si no eres parte de la solución, eres parte del problema" ... un obrero no es revolucionario y anticomunista al mismo tiempo. Detrás de estos supuestos nuevos políticos independientes no está solo la burguesía como tal, sino la izquierda o derecha del capital respectivamente, por ejemplo, detrás del independiente Sichel está la derecha, y detrás de los independientes de la Lista del Pueblo está la extrema izquierda. Como se dijo antes los partidos políticos tradiciones del régimen capitalista están en decadencia por el nuevo auge del apolitismo , pero a cambio aparecen estos "nuevos" y "jóvenes" candidatos independientes , sin embargo , estos independientes no son más que un subproducto de estas dos grandes fuerzas burguesas en decadencia (izquierda y derecha) que solo buscan volver a estabilizarse detrás de esto , o para ser más claros , la izquierda y derecha capitalista no desaparecen , sino que vuelven a través de estos independientes , y con ello el capitalismo y la democracia burguesa se perpetúan. El apoliticismo es parte del desarrollo de ideologías nefastas nihilistas que se dan en esta fase del capitalismo en descomposición, la irracionalidad y otras formas cuestionadoras de la ciencia son fuerzas a las que se ven expuestos la clase obrera.
Simpatizantes de la CCI en Chile 8-11-21
1 Ver Chile: EL DILEMA NO ES DICTADURA – DEMOCRACIA SINO BARBARIE CAPITALISTA O LUCHA DE CLASES PROLETARIA https://es.internationalism.org/content/4615/chile-el-dilema-no-es-dictadura-democracia-sino-barbarie-capitalista-o-lucha-de-clases [456] ; Chile: ¡En contra de la asamblea constituyente! ¡vamos por la verdadera autonomía e internacionalismo del proletariado! https://es.internationalism.org/content/4555/chile-en-contra-de-la-asamblea-constituyente-vamos-por-la-verdadera-autonomia-e [160] ; Chile: el dilema no es Democracia o Dictadura sino Barbarie Capitalista o Revolución Proletaria Mundial https://es.internationalism.org/content/4486/chile-el-dilema-no-es-democracia-o-dictadura-sino-barbarie-capitalista-o-revolucion [161] ; Chile: Ante los ataques del Gobierno la respuesta no es la revuelta popular sino la lucha de clase del proletariado https://es.internationalism.org/content/4479/chile-ante-los-ataques-del-gobierno-la-respuesta-no-es-la-revuelta-popular-sino-la [167]
2 Ver Colectivo 18 de Octubre, las propuestas tramposas de la Izquierda del Capital https://es.internationalism.org/content/4628/chile-colectivo-18-de-octubre-las-propuestas-tramposas-de-la-izquierda-del-capital [719]
3 Sobre el papel del Estado en la economía y la sociedad ver Cuestiones sobre el Capitalismo de Estado en la actualidad https://es.internationalism.org/content/4714/cuestiones-sobre-el-capitalismo-de-estado-en-la-actualidad [720]
4 Ver Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-desc... [109]
5 Ver Contra el espectáculo repugnante de la política burguesa existe una respuesta: la política revolucionaria del proletariado https://es.internationalism.org/content/4464/contra-el-espectaculo-repugnante-de-la-politica-burguesa-existe-una-respuesta-la [77]
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En general, comparto la perspectiva del 24º Congreso. Las siguientes son algunas reflexiones sobre varios de los puntos tratados en sus informes y resoluciones, agrupadas en dos temas: (1) El avance de la decadencia y del período de descomposición, y (2) Descomposición y lucha de clases.
Es importante comprender la pandemia del Covid-19 dentro del marco de la descomposición, y profundizar en las consecuencias que el avance de la descomposición ha desarrollado a distintos niveles. Entre ellos, dos puntos. En primer lugar, la lógica de los fenómenos naturales, que, pese a los avances científicos, no es suficientemente conocida y comprendida, se ve influida por el caos capitalista y se vuelve ella misma cada vez más caótica.
En segundo lugar, las medidas de prevención de epidemias como las vacunaciones masivas, la higiene pública, la limpieza, etc., no tienden a abandonarse, perderse de vista, ni han quedado trasnochadas ni olvidadas. Sin embargo, tanto el caos creciente del sistema capitalista y la tendencia al “cada uno a la suya”, como otros factores asociados: emigraciones masivas, hacinamiento de la población, erosión cada vez más agresiva de una cierta estabilidad ciudad-campo, etc., tienden a hacer que estas medidas sean cada vez menos eficientes, más cortoplacistas e ilusorias. Un ejemplo son las oleadas de ilusión según las que cada país a la suya parecía enfrentar provisionalmente mejor la pandemia, luego iba a peor, luego a mejor… en múltiples oleadas pandémicas. Pese a que la dimensión mundial del capitalismo requiere de medidas mundiales para evitar la reproducción viral, en esta ocasión ni siquiera han logrado coordinarse los diferentes Estados de Europa. La medida estrella han acabado siendo las mascarillas, que es una medida cutre de último recurso, de cuando “lo demás falló y no hay vuelta atrás” (como las mascarillas en las metrópolis chinas frente a la insalvable contaminación), y de “resistencia con los dedos cruzados” de varias oleadas. Entrando en esta lógica, las demás medidas parecen tender a perder importancia en favor de las medidas más cutres, en una sociedad que es cada vez menos capaz de implementar las medidas serias, adquiridas entre otras cosas por el desarrollo de la ciencia epidemiológica, de manera coordinada.
La tendencia al totalitarismo estatal no es verdadero signo de un mayor control por la burguesía de la sociedad, sino un recurso ante el mayor caos y un gran aumento de las contradicciones del capitalismo. Es necesario profundizar en cómo la descomposición afecta a los mecanismos del capitalismo de Estado.
La pérdida de control del trabajo humano, que actúa cada vez más como una fuerza alienada, es una característica que ya está en la esencia de la economía burguesa. También es así para el cambio día a día característico de la tendencia capitalista a revolucionar continuamente los medios de producción. Sin embargo, en las circunstancias actuales de la fase de descomposición con la falta de perspectiva de futuro que la caracteriza, el descontrol y al caos se convierten en una tendencia predominante en todas las esferas de la sociedad. El resultado, la creciente tendencia a que los ‘cambios diarios’ se impregnen cada vez más de imprevisibilidad, irracionalidad y descontrol en todos los ámbitos de la sociedad burguesa.
A pesar de dos Guerras Mundiales, el capitalismo sigue operativo (aunque decadente y en descomposición), y su tendencia a la barbarie ha escalado desde hace ya tres décadas a un punto cualitativo de descomposición, más que hacia una catástrofe repentina y final, la cual tampoco es del todo descartable con la agravación de la descomposición, pero no como tendencia principal.
Existe en la clase obrera la necesidad de analizar en profundidad las evidencias históricas y construir un marco de comprensión y predicción de la sociedad burguesa como arma para su comprensión del desarrollo de las condiciones reales para su lucha, y debemos responder lo mejor posible a esta necesidad.
En esta línea, es necesario explicar el desarrollo de la indisciplina de las potencias de segunda categoría, y el desarrollo de alianzas contingentes, inconsecuentes y desordenadas con los Estados más poderosos, por ejemplo, en las guerras localizadas en Oriente Medio. Los aliados en algunas contiendas son a la vez fuertes oponentes en otras, lo cual está acompañado de una gran inestabilidad e impredecibilidad. Los medios de destrucción están además cada vez más ampliamente distribuidos, incluso entre potencias de segunda y tercera que los usan irracionalmente como el caso de las armas químicas en Siria. Existe, por tanto, la necesidad de explicar las diferencias fundamentales en el caos y la indisciplina a nivel imperialista en contraste con la disciplina de los Bloques previa a la fase de descomposición. No podemos quedar atrapados en un “marxismo invariante del pasado”. Es cierto que la tendencia al “cada uno a la suya” es inherente a la sociedad burguesa y la competencia capitalista, como lo demuestra la defensa con uñas y dientes de cada capital nacional, manifiesta brutalmente en la decadencia. Sin embargo, la capacidad de las facciones burguesas más potentes de controlar el terreno imperialista y ejercer una cohesión internacional de bloque a través del “miedo al bloque rival”, desaparece con la descomposición del Bloque del Este. Por ejemplo, la “fidelidad” y disciplina de China con un Bloque (esta había podido cambiar de bloque durante la guerra fría hacia los EE. UU, lo cual expresaba tanto como agravaba la tendencia a la descomposición de los bloques), desaparece a principios de los 90 en favor de sus propias ambiciones. Otro ejemplo claro es la capacidad de los pequeños señores de la guerra para desafiar a las grandes potencias en Oriente Medio, hasta el punto de la retirada reciente de los EE. UU de Afganistán.
La pandemia ha puesto de manifiesto frontalmente la falta de credibilidad de una burguesía cada vez más desordenada, hipócrita, aparente y confusa. La imposibilidad de renunciar a los beneficios de la acumulación en una situación de extrema necesidad sanitaria ha obligado a la burguesía a elaborar contorsiones ideológicas a un ritmo diario (por ejemplo, en la justificación del uso de mascarillas, la vacunación, los aforos, los viajes y la “movilidad”, etc.). Y ha visto la necesidad de dar diariamente argumentaciones de apariencia científica, amoldadas a conveniencia no solo a la lógica del capital sino al desorden de la descomposición y el cada uno a la suya en el seno de la propia burguesía.
La confusión e incoherencia de la burguesía no hace fuerte la toma de consciencia proletaria per se, sino que más bien azuza las tendencias a abandonar el pensamiento racional, el cual estaría supuestamente personificado en la 'institución de 'la razón’, el Estado.
Entre las condiciones para esta deriva irracional están:
la degeneración de la ciencia en la sociedad burguesa, y su mezcla cada vez más insoluble con la ideología burguesa
la falta de perspectiva de futuro
el aislamiento y la atomización de los individuos y el cada uno a la suya
el auge de las redes sociales como la vía de entrada de la ideología del relativismo y todo vale.
Estas condiciones son caldo de cultivo de:
la irracionalidad, la religiosidad y el misticismo
las teorías de la conspiración
Estos desarrollos, entre otras cosas, aportan un “gregarismo indignado” con las manifestaciones de la descomposición capitalista, y suelen ser aprovechadas en general por la pequeña burguesía, aunque no podemos descartar que cada vez más incluso por facciones de la burguesía que anteriormente fueron más responsables frente al interés nacional de su capital.
Es importante entender lo que significa que la burguesía se aprovecha de la descomposición. Es decir, que la burguesía use los efectos de la descomposición para desviar y canalizar las luchas obreras, o dar un sustento ideológico a nuevas variantes reformistas (por ejemplo, la “guerra de culturas y modos de vida”). Es necesario reconocer el verdadero impacto sobre la moral y la combatividad de la clase de la recanalización de la frustración de una sociedad sin perspectivas hacia alternativas burguesas (entre ellas las luchas parciales1), y también y por separado, de la indignación por los efectos de la descomposición hacia el interclasismo.
Con la descomposición, y ante la ausencia de una perspectiva general de futuro para la sociedad, el aprovechamiento de las ‘luchas parciales' parece estar ganando importancia para las facciones burguesas más importantes (por ejemplo, el PSOE español con el feminismo, o el Partido Demócrata de EEUU con el antirracismo y el ecologismo), apelando a los ciudadanos molestos con cuestiones parciales, desmembradas e inconexas, cuyo abordaje da aparentemente una especie de “perspectiva día a día” de futuro, de “pequeños granitos de arena” descontextualizados, de duro y progresivo progreso social cada vez más ilusorio.
En concreto, el feminismo y el ecologismo están ganando una importancia central, incluso en el programa de los partidos de gobierno como ideología casi-oficial (como una especie de ideal social de futuro). La pequeña burguesía, la clase sin futuro por excelencia, parece hacer a la burguesía un “préstamo político” de su ideología, a saber, la ilusión de un capitalismo sin algunas de sus “desagradables consecuencias” 2 (por ejemplo, el pequeño negocio “más responsable” con los cultivos que produce y que rechaza tanto su proletarización como su ruina ante la competencia capitalista), y se ha convertido en cierta medida en la ideología oficial de algunos Estados en una sociedad sin más futuro que ofrecer3. Además, el izquierdismo, ante el proclamado “fin de la lucha de clases” posmoderno tiende a asumir las luchas parciales como una especie de “enriquecimiento de la lucha de clases, la cual, si no, sería muy pobre”, y por supuesto con una visión totalmente aberrante de la lucha de clases. En su caso, el anarquismo, se ha prácticamente asimilado a las luchas parciales, lo cual queda manifiesto en la ideología de los centros alternativos, okupas, autogestionados de barrio, etc.4.
La “ideología del futuro” de la sociedad tiende, en este proceso, a ser cada vez más contradictoria con la realidad. La burguesía tiende a desarrollar promesas cada vez más surrealistas e incrédulas y de corta visión y amplitud, lo cual contribuye a su pérdida de credibilidad. Por ejemplo, a la vez que la condición de la mujer es cada vez más denigrante en una sociedad en la que “todo vale” y que no hace más que engordar el sentimiento de culpa, en la que las ideologías más degradantes se abren paso, las soluciones de la burguesía (principalmente a través de ilusorios parches ideológicos, impotentes y frágiles ante el futuro de la historia) en realidad suman confusión, frustración y denigración moral a las condiciones más tangibles: el desarrollo oficial del feminismo ha desarrollado una ideología contestataria y temerosa que permea a las mujeres, el aislamiento en sus “problemas de mujer”, y los traumas violentos cantados por los medios a diestro y siniestro aspiran a moldear una naturaleza femenina impulsivamente reactiva ante la provocación. Obliga a venerar el trabajo asalariado y a la condición masculina en el capitalismo, sobre todo los puestos especialistas, y a identificarse con un papel de “mujer dura y vengativa” que busca culpables y renuncia a la sensibilidad, reflexión y visión amplia que tanto podía aportar a las luchas obreras cuando los hombres se encontraban más embrutecidos, ensimismados y desensibilizados por sus condiciones particulares de vida. No solo no han mejorado las condiciones por las que se desarrolla la violencia machista, sino que han empeorado, y las mujeres se ven relegadas a una contestación pasiva, atomizada (salvo por los éxtasis gregarios de las manifestaciones feministas) y desarmada teóricamente.
Las ilusiones desmembradas que produce la ideología dominante están cada vez más alejadas de la tendencia real de la sociedad. Estas ideologías aún pueden cobrar cierto sentido cohesivo gracias a la ilusión de (a) los medios de propaganda masiva y (b) principalmente en los países centrales donde las desagradables consecuencias de, por ejemplo, la destrucción de la naturaleza o la violencia contra las mujeres se suavizan. La ilusión de que existen “cambios para bien” en estas cuestiones parciales se apoyan principalmente en la propaganda masiva (por ejemplo, las campañas de “sensibilización” estatal) y son factores de cohesión social frágiles y estériles a largo plazo ante la realidad de una sociedad en descomposición. No pueden más que aportar una cohesión social a modo de globo que se hincha hasta explotar para rellenar un espacio cada vez más grande. No prometen más que un futuro explosivo, plagado de conflictos irracionales, que es lo que podemos esperar y predecir en estas circunstancias.
A principios de los años 90 el clima ideológico era el del “mal menor de la democracia”, que con el fin de los bloques prometía acabar con la guerra, los armamentos, una situación más pacífica y estable, etc. Ahora toda esa justificación es cada vez más vacía, a la par que los discursos oficiales de la burguesía que se han de refugiar en pequeños asuntos parciales cada vez más.
Hemos de comprender también todas las implicaciones de que el proletariado solo está a la ofensiva en la revolución, pero hasta entonces es la burguesía la que está constantemente a la ofensiva. Esto no significa que el proletariado no pueda crear hasta entonces, pero solamente a nivel de consciencia y a pesar de sus momentos de retroceso. Estos últimos hacen parecer que la clase desaparece con sentimientos de falta de adquisiciones reales, desesperación e impacto en la moral y combatividad cuanto más profundo se cae en las trampas y provocaciones de la burguesía.
Con la pandemia, por ejemplo, la burguesía también presenta sus ataques como posibles "beneficios para la sociedad", por ejemplo, echando mano del ecologismo en relación al 'trabajo desde casa', o incluso de “la vuelta a los entornos rurales despoblados gracias al trabajo online”, que no es en realidad más que expresión de la tendencia al aislamiento y la descomposición de la sociedad. No será en ningún caso un “retorno a la vida en el campo”, ni los trabajadores experimentarán un mayor vínculo con la naturaleza.
Es decir, la burguesía está al ataque permanente contra el proletariado. Otro ejemplo es la anulación a toda costa de la identidad de clase en los momentos de la pandemia donde la realidad productiva de la sociedad era más evidente: todas las necesidades básicas de la sociedad cubiertas íntegramente por las mentes y cuerpos asociados de la clase obrera. La burguesía procuró destruir ideológicamente la dura recuperación de la identidad de clase con la ideología de “dar gracias” y “a los mejores ciudadanos”, añadiendo a la policía e incluso al ejército a la lista.
El inmediatismo, junto a una falsa visión de la lucha de clases y del marxismo (una visión empirista según la cual el proletariado reacciona como clase inconsciente ante convulsiones económicas), sumado a una falta de comprensión profunda del desarrollo de la sociedad burguesa y su clase dominante, lleva a una tendencia a proclamar de manera voluntarista el fin del capitalismo, o a ver el colapso inminente de este. Esto supone tanto (a) una subestimación del capitalismo, como (b) una idealización de las capacidades del proletariado.
Es necesario reconocer que los efectos de la descomposición no son un punto de partida para el desarrollo de la consciencia de clase. El proletariado, desposeído de ningún medio, no puede 'reconducir los efectos de la descomposición’ como punto de partida de su lucha ya que:
estos tienden a afectar a todas las capas de la sociedad en general y, por tanto, la indignación a su respecto tiende a expresarse en un terreno interclasista.
si la ideología dominante está en descomposición, domina sobre la sociedad entera también el efecto de la descomposición ideológica. El proletariado no tiene en este ambiente “más hueco” para expresarse, sino al contrario, más problemas para aportar una perspectiva racional.
El eje de desarrollo de su consciencia y unidad deberá ser principalmente, sin embargo, a partir de sus luchas defensivas (y frente a la crisis económica), es decir, la extensión de sus luchas defensivas por sus condiciones de vida. Tenemos, por tanto, la necesidad absoluta de defender las luchas defensivas del proletariado como la base principal sobre la que se podrá desarrollar la lucha de la clase. Es una necesidad fundamental la claridad a este respecto. Por supuesto, estas no son un campo de flores para la clase sino más bien un campo minado en el que la burguesía se anticipa constantemente a través de los sindicatos y la ideología sindical, entre otros métodos.
En relación con varios de los puntos anteriores surgen preguntas esenciales: ¿puede el proletariado solidarizarse con movimientos de otras capas no explotadoras o colocarse a la cabeza de movimientos de descontento social imponiendo su propio terreno de clase? ¿Cómo intervenir en las luchas interclasistas? ¿Puede el proletariado reaccionar al inicio de estas, antes de verse empantanado y desarmado, y canalizar positivamente la indignación a través de su cultura del debate, las asambleas masivas, etc.? Aun no siendo el terreno más favorable para el proletariado, hemos visto que sí es posible, como ocurrió en el movimiento de “Indignados 2011”, aunque dada la debilidad y falta de identidad con la que emprendió la lucha, se vio más bien arrastrado en muchos casos por los planteamientos de la pequeña burguesía. Sin embargo, esta posibilidad no implica que las luchas de tendencia interclasista hayan de “ser toleradas” por la organización, o contemplarlas como un factor positivo de maduración de una ‘indignación general’. Al contrario, solo rechazando de entrada y de raíz la dimensión interclasista de las luchas podrá el proletariado madurar y expresar su consciencia. Si el proletariado pierde su terreno de clase en una ‘indignación en general’ por las condiciones de vida contempladas como un asunto ciudadano, nacional, del “pueblo pobre”, corporativista o particular (en cuestiones como, por ejemplo, el aumento del precio de los combustibles, el precio del billete del metro, o las carencias y ataques en las condiciones de vivienda), entonces se desarma política y moralmente en una tendencia a la impotencia y frustración.
Hay muchos fenómenos del capitalismo que afectan a todas las capas de la sociedad, incluidos los burgueses tomados como individuos. Un movimiento interclasista puede responder a ataques que afectan al proletariado como clase, pero plantea un terreno de lucha y reivindicación que niega y desvía el terreno proletario. Por ejemplo, en Ecuador el aumento del precio de los combustibles afectaba al proletariado, pero el planteamiento dominante fue las reivindicaciones de las empresas de transporte para obtener ventajas fiscales, etc. En Chile, el detonante fue la subida del precio del billete de metro en Santiago, pero la respuesta no fue del proletariado como clase, sino la revuelta interclasista. En los Chalecos Amarillos dominaba un planteamiento popular, nacional, que puede “absorber” reivindicaciones de sectores atrasados del proletariado. Hemos de rechazar la idea de que detrás de estas luchas estaría el proletariado, aunque no se le viera, agitando en la sombra contra la represión, luchando por expresarse, etc. Si fuera así en verdad, lo último que necesita la clase es que la organización ceda ante el interclasismo considerándolo “positivo de fondo”. Al contrario, se debe condenar desde su surgimiento el peligro de la revuelta interclasista, para que el proletariado pueda reaccionar poniéndole fin en favor de su propia perspectiva, conquistando quizás a otras capas de la sociedad hacia sus métodos y fines, imponiendo la tendencia a la huelga de masas como un hecho radicalmente opuesto a la revuelta popular interclasista.
Es verdad que la burguesía siempre está al ataque y se anticipa con ideologías que pretenden diluir al proletariado entre una masa de ciudadanos. La organización debe estar permanentemente atenta y armarse teóricamente para analizar y distinguir el origen y desarrollo de cada movimiento para comprender si existen reivindicaciones y perspectivas obreras en él, y averiguar si el proletariado se tiende a fortalecer con la capacidad de imponer su perspectiva o, por el contrario, se ve arrastrado desde el principio fuera de su terreno de clase. Las resoluciones de este último 24º Congreso se empeñan acertadamente, además, en la necesidad de mayor precisión para diferenciar el terreno interclasista del terreno burgués y del terreno proletario. Con el avance de la descomposición esta capacidad de distinguir será cada vez más fundamental.
Opero, 9.11.2021
1 La Plataforma de la CCI considera “luchas parciales” aquellas centradas “sobre problemas específicos tales como el racismo, la condición femenina, la ecología, la sexualidad u otros aspectos de la vida cotidiana”. Ver punto XII https://es.internationalism.org/cci/200509/145/plataforma-politica-de-la-corriente-comunista-internacional [675]
2 ¿Cuándo exactamente comienza a “ceder” la pequeña-burguesía su ideología como arma sistematizada por la burguesía contra el proletariado? Es probable que este hecho comenzara a ocurrir en el desarrollo de la decadencia con el auge del totalitarismo estatal, que absorbe para sí cada vez más todas las herramientas ideológicas para dominar al proletariado. Actualmente, ante la ausencia de otra perspectiva, la burguesía en su lucha contra el proletariado parece comenzar a apoyarse políticamente cada vez más en aquellas ideologías que menos expresan su verdadera naturaleza, sino más bien la de la pequeña burguesía rebelde, las minorías que buscan su hueco en el capitalismo, etc. Por ejemplo, actualmente toda la ideología ecologista del “consumo responsable” no es solo expresión de los negocios desaventajados en el mercado mundial, o facciones burguesas que encuentran así un hueco en el mercado…en todo caso estas necesitarían de la amplia propaganda de la burguesía sobre el consumo responsable, el reciclaje, los productos ecológicos (etiqueta que cada vez más mercancías ostentan y cada vez más hipócritamente).
3 En cuanto a la relación entre las luchas parciales y la pequeña burguesía: En concreto, el feminismo fue un arma de la burguesía para alistar a las mujeres a la I Guerra Mundial. Sin embargo, fue más bien como un arma ideológica por un interés político de atar a todas las capas de la sociedad a la guerra (sobre todo al proletariado), y no tanto fruto de un interés de una facción de la burguesía aspirando a que la mujer tuviera las mismas condiciones que los hombres en el seno de la clase dominante. Existe una diferencia entre el feminismo burgués y el pequeño burgués en la que sería necesario profundizar.
4 La relación entre el anarquismo y la pequeña burguesía radicalizada es clara, pero posiblemente sea necesario aclarar mejor su relación con las luchas parciales.
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Hace ya 20 años, en el 2001, el informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) resaltaba un texto del Global Scenario Group (“Grupo de Escenario Global” o GSG), convocado por el Instituto Medioambiental de Estocolmo, que esbozaba tres escenarios posibles para el futuro de la humanidad a raíz del cambio climático:
“El marco del GSG incluye tres tipos generales de escenario de cara al futuro: ‘Mundos Convencionales’, ‘Barbarie’ y la ‘Gran Transición’ – con diversas variantes dentro de cada clase. Todas ellas son compatibles con patrones y tendencias actuales, pero entrañan consecuencias muy diferentes para la sociedad y el medio ambiente del siglo XXI… en el escenario del ‘Mundo Convencional’, la sociedad se desarrolla a escala global, gradualmente, a partir de las tendencias y patrones dominantes hoy, con un desarrollo impulsado principalmente por mercados en rápido crecimiento al ir desarrollándose un modelo de sociedad industrial avanzada, propio de países ‘desarrollados’, en los países en vías de desarrollo. En el escenario de la ‘Barbarie’, las tensiones sociales y medioambientales surgidas del desarrollo convencional no se resuelven, se debilitan las normas humanitarias y el mundo se vuelve más autoritario y anárquico. La ‘Gran Transición’ explora la vía de las soluciones visionarias al desafío de la sostenibilidad, portando el surgimiento de nuevos valores, estilos de vida e instituciones’’ (p. 140 del informe del Grupo de Trabajo 3 del IPCC de 2001).
Ya en el 2021, tras las olas de calor sin precedentes desde Canadá hasta Siberia, las inundaciones en el norte de Europa y China, las sequías e incendios en California y las nuevas señales de derretimiento del hielo ártico, la primera parte del informe del IPCC, que se centra en el análisis científico de las tendencias del clima, reconoce sin rodeos que la continuación “convencional” de la acumulación capitalista nos está llevando a la barbarie. Con un ojo puesto en la conferencia sobre el clima en octubre y noviembre del COP26 en Glasgow, el informe asegura que si no se organiza una acción drástica global de reducción de emisiones para las próximas décadas, no será posible limitar el aumento de la temperatura a 1’5ºC por encima de los niveles pre-industriales, el umbral que se considera fundamental para evitar las peores consecuencias del cambio climático. Y no sólo eso: el informe habla de una serie de “límites planetarios” o puntos de inflexión cuya superación podría desencadenar procesos incontrolables de calentamiento planetario, lo que se traduciría en que amplias regiones del planeta se volverían inhabitables para la especie humana. Según muchos de los expertos citados en el informe, cuatro de estos límites ya se han superado, al nivel de cambio climático, pérdida de biodiversidad y métodos de cultivo insostenibles, con otros tantos, como la acidificación de los océanos, la contaminación por plásticos y el agotamiento del ozono en vías de sumarse a los otros factores en una espiral de retroalimentación1.
El informe afirma claramente que todos estos factores se derivan de la “intervención humana”2 y no de procesos naturales como la actividad solar o las erupciones volcánicas3, explicaciones que suelen ser el último recurso de los cada vez más desacreditados negacionistas del cambio climático.
La parte del informe que trata de las posibles soluciones a esta crisis aún no se ha publicado, pero a partir de informes anteriores ya sabemos que por mucho que se hable de “transiciones” a un nuevo modelo económico, que dejaría de producir gases de efecto invernadero a niveles insostenibles, el “Panel Intergubernamental” no tiene más respuesta que la de apelar a los gobiernos, es decir, a los Estados capitalistas, a que se atengan a razones y trabajen juntos por un plan de transformación radical de sus economías. En otras palabras, el modo de producción capitalista, cuya ansia implacable de beneficios está en el centro de estos problemas, debe convertirse en algo que nunca podrá ser: una comunidad unificada en la que la actividad productiva está regulada por lo que los seres humanos necesitan para vivir y no por las necesidades del mercado.
Esto no quiere decir que las instituciones capitalistas sean completamente ignorantes del peligro que supone el cambio climático. La proliferación de conferencias internacionales sobre el clima y la existencia del mismo IPCC dan testimonio de ello. Al ir siendo cada vez más frecuentes las catástrofes que mencionábamos antes, se hace evidente también su enorme coste: económico, en primer lugar, por la destrucción de hogares, cultivos e infraestructura, pero también sociales, ya que propagan el empobrecimiento, provocan oleadas de refugiados, etc. Todos los políticos y burócratas, salvo los más obtusos, comprenden que esto se traduce en una carga mayor para las arcas del Estado, como muestra la pandemia del Covid (que también está ligada a la crisis medioambiental4). Las empresas capitalistas también están respondiendo a nivel individual: prácticamente todos los negocios se arrogan “credenciales verdes” y su compromiso con nuevos modelos de sostenibilidad. La industria automovilística es un claro ejemplo: consciente de que el motor de combustión interna (y la industria petrolífera) es una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero, la mayoría de los fabricantes de automóviles se están pasando al coche eléctrico de cara a la próxima década. Pero lo que nunca podrán dejar de hacer es competir entre ellos para vender la mayor cantidad posible de “coches verdes”, incluso cuando la producción de coches eléctricos no se libra de tener significativas consecuencias medioambientales – sobre todo por la extracción de materias primas como el litio que se necesita para fabricar baterías, que se basa en proyectos de minería masiva y el consiguiente desarrollo de redes de transporte internacional. Y lo mismo puede decirse a nivel de las economías nacionales. La conferencia COP ya anticipa la gran dificultad de convencer a economías “en desarrollo” como Rusia, China y la India de que reduzcan su dependencia de los combustibles fósiles y sus emisiones. Y no prestan oídos a estos argumentos por razones perfectamente capitalistas, ya que todo ello supondría una disminución drástica de su competitividad en un mercado ya saturado de mercancías.
Desde los días del Manifiesto Comunista, los marxistas han insistido en que el capitalismo está dominado por sus crisis de sobreproducción y la consiguiente búsqueda de nuevos mercados en una “conquista del mundo”, convirtiéndose así en un sistema mundial, y en que esta “tendencia a universalizarse” crea la posibilidad de una nueva sociedad en la que las necesidades humanas y el desarrollo pleno de los individuos se conviertan en la meta de toda actividad social. Pero, al mismo tiempo, esta misma tendencia contiene a su vez las semillas de su disolución, de la auto-destrucción del capital, y de ahí la imperiosa necesidad que tenemos de una transición hacia una nueva comunidad humana, el comunismo5. Ya durante la Primera Guerra Mundial, marxistas como Bujarin y Luxemburgo demostraron más detalladamente esta posibilidad de auto-destrucción: cuanto más global se volviese el capitalismo, más se vería envuelto en la brutal competición militar entre naciones imperialistas, empeñadas en encontrar nuevas fuentes de materias primas, fuerza de trabajo más barata y nuevos mercados para su producción.
Pero aunque Marx, Engels y otros pudieran advertir desde muy temprano que el capitalismo estaba envenenando el aire y agotando el suelo, no pudieron ser testigos de las consecuencias ecológicas de un mundo en el que el capitalismo ha penetrado ya en casi todas las regiones de los cinco continentes, sometiendo toda la Tierra a la urbanización rampante y a sus métodos de producción y distribución. La expansión capitalista, impulsada por las contradicciones económicas resultantes de la relación entre el capital y el trabajo asalariado, ha llevado al extremo la alienación de la humanidad frente a la naturaleza. De la misma manera que hay límites a la capacidad del capitalismo para realizar la plusvalía que extrae de los trabajadores, también el saqueo de los recursos naturales de la Tierra en pos de beneficios pone nuevos topes a la capacidad del capitalismo de alimentar a sus esclavos y perpetuar su reino. El mundo ya no es lo suficientemente grande para el capitalismo. Y lejos de que esto haga a los Estados capitalistas entrar en razón y ponerse a trabajar juntos por el bien del planeta, el agotamiento de los recursos y las consecuencias del cambio climático tenderán a agravar las rivalidades militares, dándose un panorama en el que cada Estado seguirá el sálvese quien pueda frente al desastre. El Estado capitalista, ya de forma abiertamente despótica o cubriéndose con el barniz democrático, solo puede aplicar las leyes del capital, la verdadera fuente de las preocupantes amenazas que se ciernen sobre el futuro de la humanidad.
El capitalismo, si sigue como hasta ahora, solo puede acabar hundiendo al mundo en una barbarie generalizada. La única “transición” que puede impedirlo es la transición al comunismo6, que a su vez nunca podrá ser fruto de peticiones gubernamentales, votos a partidos “verdes” o protestas de “ciudadanos preocupados”. Esta transición solo puede asumirla la lucha común e internacional de la clase explotada, el proletariado, que será en la mayoría de los casos la primera víctima de la crisis climática, como también lo es de la económica. La lucha de los trabajadores contra los ataques a sus condiciones de vida contiene ya la semilla de un movimiento revolucionario generalizado, que rendirá cuentas al capitalismo por toda la miseria que ha infligido a la especie humana y al planeta que la sostiene.
Amos
2 Este eufemismo (“la intervención humana”) es una de las manifestaciones más repugnantes de la ideología democrática. Según esta, la destrucción ecológica sería la “obra mancomunada de todos los humanos”, pero eso es MENTIRA, la sociedad está dividida en clases con intereses antagónicos (burguesía y proletariado) y la “intervención humana” consiste en realidad en la ACCION ANARQUICA Y CAOTICA DEL CONJUNTO DE NACIONES Y DE CAPITALISTAS. No hay “intervención humana”, sino INTERVENCION DEL CAPITAL
3 El fenómeno de la erupción del volcán Cumbre Vieja en La Palma (Canarias – España) es desde luego algo natural. Sin embargo, el hecho de que ni el gobierno español ni el regional canario ni avisaran ni hicieran nada para prevenir a la población no tienen nada de “natural” sino que evidencian la incuria y el desprecio a la humanidad de los gobiernos del capital. Del mismo modo, la situación de abandono terrible en el que ha quedado la población de La Palma no es algo “natural” es la clara responsabilidad del Estado español. Este lo único que ha hecho son los viajes de pura propaganda y promesas vacías del Señor Sánchez.
4 Ver Dossier especial COVID19: el verdadero asesino es el capitalismo https://es.internationalism.org/content/4566/dossier-especial-covid19-el-verdadero-asesino-es-el-capitalismo [255]
5 Ver la cita de los Grundrisse de Marx en nuestro reciente artículo https://en.internationalism.org/content/17032/growth-decay [724]
6 El anarquismo con su demagogia seudo -radical pretende que se puede pasar de la noche a la mañana del capitalismo al comunismo, que no hace falta ninguna “transición” y que dicha idea sería “reformista”. Detrás de ese radicalismo de fachada lo que hay un auténtico reformismo pues ese paso “al comunismo sin transición” lo que oculta son “pequeños cambios” a nivel local o de fábrica, autogestiones y otras zarandajas, que no hacen sino revestir con radicalismo la reproducción capitalista. Frente a esa ideología, el marxismo ha defendido que el proletariado necesita derribar el Estado capitalista en todos los países, instaurar la Dictadura del Proletariado, encarnada en el poder mundial de los Consejos Obreros y abrir mediante la lucha activa y masiva de la clase obrera la transición al comunismo. Ver entre otros Debate sobre el comunismo y el periodo de transición del capitalismo al comunismo https://es.internationalism.org/content/4459/debate-sobre-el-comunismo-y-el-periodo-de-transicion-del-capitalismo-al-comunismo [538]
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El jueves 28 de octubre el Instituto Nacional de Estadística comunicaba que los precios se han disparado en un 5,5% la mayor subida desde 1992.
Es un golpe brutal contra toda la clase obrera que se une al conjunto de golpes que estamos sufriendo: desempleo sin freno, recortes salariales y de pensiones, precariedad … y de forma más global, la pandemia, la destrucción ecológica, las tensiones guerreras, la barbarie moral…
LA CLASE OBRERA NECESITA LUCHAR. Para contribuir a su lucha vamos a responder a algunas preguntas:
¿Cuáles son las causas de la escalada inflacionaria?
¿Nos va a proteger el gobierno de izquierdas?
¿Nos van a defender los sindicatos?
¿Cómo podemos luchar?
Culpan de la inflación a los abusos de las eléctricas, los problemas de suministro de piezas, el encarecimiento del gas y el carbón, el exceso de demanda… Con ello ocultan cínicamente las causas reales de la inflación. Esta viene en última instancia de más de medio siglo de crisis capitalista mundial y tiene como raíz más profunda el endeudamiento monstruoso al que han recurrido todos los países desde hace más de 40 años para escapar de la crisis. El endeudamiento devalúa el dinero y como consecuencia provoca una inflación estructural.
La inflación ha estado presente de forma soterrada en toda la economía mundial, sin embargo, durante los últimos 30 años ha sido enmascarada: “Si este recurso al endeudamiento no provoca -hasta ahora- choques inflacionistas en las principales economías es por tres razones: 1ª) La tendencia deflacionaria que afecta a la economía mundial desde 2008. 2ª) La sobrevaloración de los activos de las empresas e incluso de los gobiernos se ha hecho crónica y ha degradado las cifras económicas que han dejado de ser fiables durante décadas. 3ª) Tipos de interés cero o incluso negativos”1
Para hacer frente a la crisis que ya se incubaba desde 2019, pero que se ha visto disparada por el cierre económico en respuesta a la pandemia, los Estados han recurrido a gigantescos planes de endeudamiento. Esto, pese a los paliativos que antes hemos descrito, tenía que provocar inevitablemente una llamarada inflacionaria. Esta se ha visto alimentada por otros factores: los cuellos de botella en los suministros, el desorden en las respuestas de los estados, los abusos de empresas monopólicas como las eléctricas, las presiones políticas de países como Rusia o Argelia que han utilizado sus posiciones privilegiadas en el suministro de gas para chantajear a sus clientes. Dicen que la inflación es temporal, quizá revierta puntualmente, pero la realidad es que ha reaparecido tras años de estar enmascarada y se va a agudizar debido al desorden económico mundial, la competencia feroz entre Estados y el encarecimiento de los suministros. La crisis y la descomposición capitalista tienen una traducción cotidiana en la vida obrera: no poder calentarse ante el frío invierno por los precios astronómicos de la luz, verse con un salario que se acaba en 15 días por unos alimentos que aumentan su coste semana tras semana…
En el discurso de clausura del congreso del PSOE extremeño, Sánchez ha proclamado: “Somos el partido de los avances sociales y las conquistas laborales, el PSOE es el instrumento de conquista social y de progreso social”.
¡No se puede tener mayor caradura! El gobierno de izquierdas va a implantar une nueva Reforma Laboral que agravará la precariedad, la baja de salarios y la mayor indefensión obrera frente a las empresas, empeorando la que decretó el gobierno PP en 2012.
El gobierno de izquierdas va a rebajar las pensiones de las generaciones que se van a jubilar a partir de ahora y, encima, va a aumentar en 0,5% las cotizaciones de los trabajadores actuales.
El gobierno de izquierdas impone unos impuestos demagógicos a las eléctricas sobre unos “beneficios caídos del cielo” mientras favorece un incremento desmesurado del recibo de la electricidad que semana tras semana alcanza récords históricos haciendo imposible calentarse este invierno, cocinar o lavar la ropa.
El gobierno de izquierdas alumbra una nueva “ley de vivienda” que da alas a la especulación inmobiliaria y al encarecimiento de los alquileres, haciendo muy difícil tener una vivienda decente a la mayoría de los trabajadores, especialmente a los jóvenes.
Y todo eso lo encubre con “bonos culturales” a los jóvenes, “bonos vivienda” para “los más vulnerables” y un nuevo anuncio en el congreso extremeño: ¡100 millones de euros para “ayudar y proteger a los 1,2 millones de hogares que son vulnerables en nuestro país ahora que empieza el invierno”. ¡Eso es pura calderilla! y además resulta que, al mismo tiempo, ayudará “a las industrias y a las empresas a proteger su contrato ante el alza de los precios de la energía”. ¡Es el colmo del cinismo! ¡En nombre de ayudar a los “hogares” los 100 millones irán sobre todo a las empresas! Las medidas “sociales” del PSOE y de sus socios de Podemos consisten en favorecer a los capitalistas simulando que ayudan a los trabajadores2.
Hemos de echar una mirada atrás y recordar lo que hicieron los Gobiernos PSOE de la democracia. El primero, el gobierno González (1982-96): “mostró su naturaleza de partido que es la negación de la O de Obrero y la S de socialista: (-) La Reconversión Industrial que arrojó al desempleo UN MILLON DE TRABAJADORES; (-) La primera rebaja de las pensiones con la Reforma de 1985 que obligó a CCOO a convocar una huelga general para desmovilizar la protesta obrera; (-) Los primeros pasos hacia la PRECARIEDAD GENERALIZADA disfrazados cínicamente de “Plan de Empleo Juvenil” que obligó a juntarse a CCOO y UGT en la convocatoria de una seudo -huelga general en 1988 para aparentar una “lucha” que hiciera tragar la medida. Estos golpes ampliaron considerablemente la obra iniciada por los Pactos de la Moncloa e inauguraron un ENGRANAJE PERMANENTE de degradación laboral que, desde entonces, se ha ido profundizando gobierno tras gobierno”3.
El segundo, con Zapatero al frente (2004-2011) “se caracteriza por medidas brutales cuyos efectos siguen perdurando, endurecidos a continuación por el Gobierno Rajoy” (ídem.).
Esto no va a cambiar con el Gobierno PSOE “enriquecido” con los demagogos de Podemos que contribuyen al ataque salvaje a la clase obrera y lo único que “pueden” es la hipocresía de “oponerse” a la “reforma laboral” en una opereta de “enfrentamientos” entre Yolanda Díaz (la “buena” de la película) y Nadia Calviño (la “mala” de Bruselas).
Hay una clara continuidad entre los gobiernos de izquierda y su relevo por la Derecha: “En 1982-96 el gobierno González lanzó un primer gran ataque que abonó el terreno a las medidas del gobierno PP de Aznar. Repitiendo el “modelo” el Gobierno Zapatero fue la lanzadera de los enormes recortes del gobierno Rajoy. Los Gobiernos PSOE son pioneros en el ataque a los trabajadores” (ídem.)
Hemos de luchar por nosotros mismos como clase pues los gobiernos, sean del color que sean, están al servicio del capitalismo, de la explotación, de la barbarie.
La UGT ha puesto el grito en el cielo ante la subida de los precios y ha reclamado un salario mínimo de 1000 €. Estas declaraciones ruidosas cara a la galería encubren lo que hacen realmente de forma más silenciosa junto con sus “colegas” de CCOO: apoyar la “nueva” Reforma Laboral, presentándola como una “conquista” de la mano de la nueva estrella, aplaudida en el congreso de CCOO, Yolanda Díaz. Han avalado la reforma de las pensiones del ministro Escrivá. En las negociaciones de convenios apoyan las rebajas salariales, la precariedad, los ritmos más bestiales, el teletrabajo…
Y no debemos perder la memoria: en 1977, los “nuevos sindicatos” que sustituían a los sindicatos franquistas apoyaron los Pactos de la Moncloa que propiciaron subidas salariales por debajo de la inflación que entonces llegaba a cotas del 20-30%4.
Ensalzando el “modelo” del Pacto de la Moncloa, el periódico La Vanguardia (30-10-21) recordaba con un sobresalto de sinceridad: “la inflación cabalgaba en España hacia el 30%. Con aquella escalada de los precios era imposible pactar y refrendar una nueva Constitución. Los pactos de la Moncloa (otoño del 1977) hicieron posible frenar aquella dinámica. El sacrificio salarial de los trabajadores, a cambio de mayores derechos sindicales, hizo posible la Constitución de 1978”.
Más claro agua: los trabajadores fueron sacrificados a cambio de: “derechos sindicales” (o sea, capacidad del Estado para sabotear las luchas obreras y dividir y engañar a los obreros) y de la Constitución de 1978 (traducción: organización democrática del Estado para controlar, desviar y dividir a los trabajadores con la pretensión de convertirlos en individuos “ciudadanos” atomizados e inofensivos).
En este marco de democracia, los sindicatos combinan “negociación” con “movilización” y en ambos casos venden a los trabajadores.
Cuando “negocian” lo que hacen es contribuir y aplaudir las medidas que propugnan los capitalistas y el gobierno cuyo resultado es siempre el mismo: baja de salarios, precariedad, subida de precios, recortes sociales etc. Cuando “movilizan” lo hacen para sabotear una verdadera lucha obrera planteando “huelgas generales” en el peor momento y que dividen y enfrentan a los trabajadores.
La clase obrera no puede confiar en los gobiernos de izquierda ni en los buenos oficios y las “movilizaciones” de los sindicatos. Ambos son aparatos del Estado Capitalista especializados en “ser amigos de los trabajadores” para clavarles la puñalada por la espalda. En el Estado Capitalista las diferentes fracciones compiten por el poder, los privilegios, las ganancias, la reproducción del capital, sin embargo, cara a los trabajadores hay un “reparto de tareas”: Derecha (junto con extrema derecha) y Patronal hacen de “enemigos declarados”, Izquierda y Sindicatos hacen de “falsos amigos”.
Como decía un revolucionario alemán compañero de Rosa Luxemburgo -Franz Mehring- en el capitalismo la clase obrera solo tiene falsos amigos y enemigos declarados. Por eso, solo podemos luchar como clase autónoma, en nuestro terreno de clase, con nuestra propia organización como clase, con nuestra propia perspectiva revolucionaria. De otra manera seremos conducidos a la derrota.
En los años 70 con una inflación disparada, los obreros hacían huelgas llamadas “salvajes” (nombre despectivo con los que periodísticas y políticos llamaban las huelgas fuera de los sindicatos). En estas huelgas reclamaban AUMENTOS IGUAL PARA TODOS. Por ejemplo, se reivindicaba un aumento lineal de pongamos 200 euros. Esto hacía que los sueldos más bajos tenían un mayor aumento y los sueldos más altos no perdían, eran un medio de construir la unidad y la solidaridad como clase.
Los sindicatos “democráticos” hicieron una furiosa campaña para acabar con esta reivindicación. Proponían sustituirla por aumentos en porcentaje. Por ejemplo, subidas del 5%. Esto sembraba la división y el enfrentamiento entre trabajadores. ¡Esta es la “respuesta” de los sindicatos frente a la inflación!: “movilizar” para DIVIDIR Y ENFRENTAR.
La clase obrera necesita responder contra la inflación, contra la escalada de la explotación y contra la barbarie capitalista: unir las luchas superando las divisiones por empresa, región, categoría…, la inflación nos golpea a todos necesitamos una respuesta unida; tomar la lucha en mano mediante Asambleas Generales y comités elegidos y revocables para decidir todos juntos como clase frente al sabotaje sindical. Comprender que se trata de una lucha que tiene que orientarse hacia la lucha proletaria mundial por abolir la explotación, la miseria, la barbarie, acabando con el capitalismo.
Smolny 02-11-21
1 Informe sobre la crisis del 24º Congreso Internacional de la CCI, https://es.internationalism.org/content/4709/informe-sobre-la-crisis-economica-del-24o-congreso-internacional-de-la-cci-2021 [726]
2 Ver Los gobiernos de Izquierda en defensa de la explotación capitalista (III) La trampa está en la letra pequeña https://es.internationalism.org/content/4625/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-iii-la-trampa-esta [458]
3 Ver Los Gobiernos de Izquierda en defensa de la explotación capitalista (II) Los gobiernos PSOE de la democracia https://es.internationalism.org/content/4562/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-ii-los-gobiernos [225]
4 Ver ¿Nuevos Pactos de la Moncloa? Entonces y ahora Unión Nacional para empeorar nuestra vida https://es.internationalism.org/content/4564/nuevos-pactos-de-la-moncloa... [727]
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La CCI ha publicado un artículo sobre los recientes signos de un renovado espíritu de lucha en la clase obrera de varios países: Luchas en Estados Unidos, en Irán, en Italia, en Corea... ¡Ni la pandemia ni la crisis económica han roto la combatividad del proletariado!1 Las luchas en Estados Unidos son particularmente importantes, y esta contribución de un simpatizante cercano a ese país pretende examinarlas con más detalle.
Espoleada por las condiciones impuestas por la pandemia, la constante erosión de los niveles de vida y de trabajo de la clase obrera en Estados Unidos se ha transformado en los últimos dos años en un ataque directo de la burguesía. Los trabajadores se han enfrentado a un ataque constante desde el comienzo de la pandemia de coronavirus, primero, arrojados a las fauces del disfuncional sistema de seguro de desempleo de Estados Unidos; segundo, forzados a continuar su trabajo, arriesgando la salud de ellos mismos y de sus familias, ya que se consideraba necesario o "esencial" seguir adelante.
Todo esto mientras los capitalistas intentan obligar a los trabajadores a marchar al ritmo arrítmico de sus tambores: algunas facciones se reúnen detrás de las teorías de la conspiración pregonadas por la derecha populista, ya que se convierte en milicias marginales y pseudo -comunidades en línea basadas en las mentiras ilusorias que se propagan tan rápidamente a través de los medios de comunicación social, otros se aprovechan de la necesidad de seguridad y precaución con el fin de reforzar el estado de seguridad ya inflado. La única perspectiva que la burguesía puede plantear en esta época de crisis está teñida de una impotencia que sólo puede ser un reflejo de la impotencia del sistema capitalista sacudido por las convulsiones mientras se retuerce en la agonía de su crisis de senilidad, la crisis de descomposición: "¡ustedes, los trabajadores esenciales, mantendrán nuestra sociedad a flote!" En su intento de vigorizar a una clase obrera ya sobrecargada de trabajo y mal pagada con una "ética del trabajo", es decir, movilizando a los sectores esenciales de la economía para que produzcan sin parar para mantener la cabeza de los capitalistas a flote, la burguesía no puede ocultar una verdad fundamental sobre la sociedad que ha construido: la fuerza colectiva de la clase obrera sigue siendo el poder que mantiene los engranajes girando, el agua que hace girar la rueda, el combustible que alimenta el fuego. Sin embargo, para sorpresa de la burguesía, la clase obrera se ha tomado esto en serio y ahora está mostrando precisamente lo que significa estar en el centro de la economía.
El "Striketober", llamado así por las explosiones masivas de huelgas que se produjeron en octubre, ha dado paso a un noviembre igualmente combativo, ya que los trabajadores de todo el país están pasando a la acción y se niegan a trabajar en condiciones degradantes por un salario inhumano. Incluso antes de octubre, la segunda mitad de este año ha visto el desarrollo de huelgas en todo el país - más notablemente en las plantas de Frito Lay y Nabisco, mientras que en septiembre una huelga de carpinteros en Washington sentó las bases para las luchas en curso que estamos siguiendo de cerca a medida que continúan surgiendo en todos los sectores de la economía. Los carpinteros de Washington se enfrentaron a un ataque en dos frentes, como suelen hacer muchos trabajadores: se enfrentaron a un ataque tanto de la patronal como de los sindicatos. Mientras la Hermandad Unida de Carpinteros (UBC) presentaba a los trabajadores contratos con una concesión tras otra, llenando cada página con los deseos de la Asociación General de Contratistas (GCA) de la patronal, algunos de los trabajadores más militantes del sindicato formaron su propio grupo: el Grupo Peter J. McGuire, llamado así por el fundador socialista de la UBC. Aunque este grupo es una clara respuesta a la existencia de un descontento obrero generalizado, sigue atrapado en la trampa del sindicalismo de base; según su presidente, el grupo Peter J. McGuire ha "promovido el tipo de liderazgo adecuado para el Sindicato de Carpinteros"2. Aunque el sindicalismo de base no consigue liberarse del marco sindical, este descontento más amplio dentro de la mano de obra permitió al grupo Peter J. McGuire ganar cierta influencia: tras un año de organización y agitación en el lugar de trabajo y entre los compañeros del sindicato, cuando se presentó a los carpinteros un acuerdo provisional en el que no se satisfacían las demandas de los miembros del sindicato, una abrumadora mayoría de los trabajadores de la UBC votó en contra del acuerdo y se puso en huelga hasta que se pudiera presentar un acuerdo que fuera aprobado. Para consternación tanto de los capitalistas como de la dirección del sindicato, los trabajadores mantuvieron la lucha y votaron en contra de cinco acuerdos provisionales antes de que la dirección internacional de la UBC se implicara; alegando fraude e interferencia, la dirección nacional del sindicato tomó el control total de la rama local3 que era la fuente de tantos problemas, y la huelga finalmente llegó a su fin cuando el acuerdo final presentado a los trabajadores fue aprobado por un estrecho margen.
En muchos sentidos, el escenario estaba preparado para la experiencia de "Striketober" y su continuación en el momento actual. Aunque los carpinteros de Washington han vuelto al trabajo, las lecciones de su lucha presentan una perspectiva importante para las luchas actuales que se están llevando a cabo en este momento. Los carpinteros de la UBC se enfrentaron a la oposición no sólo de los representantes de los capitalistas, sino también de sus propios supuestos "representantes" en el sindicato. Aunque la izquierda comunista conoce el peligro que representan los sindicatos desde hace tiempo, las lecciones que formaron y siguen confirmando el análisis de que los sindicatos son órganos estatales que sirven para frenar a los trabajadores deben generalizarse y enfatizarse para entender las dificultades a las que se enfrentan hoy las luchas "striketober". Este es uno de los aspectos más importantes en la actual ola de lucha. Como ejemplo de esto, así como para examinar el segundo aspecto que resuena en muchas de las luchas actuales, debemos mirar las luchas de los trabajadores de maquinaria agrícola de John Deere en el Medio Oeste.
Los trabajadores de John Deere están "representados" por el sindicato United Auto Workers (UAW), que algunos reconocerán desde el principio de la pandemia, cuando maniobró con los jefes de las plantas de automóviles en Michigan para mantener a los trabajadores en las fábricas con una protección mínima en el mejor de los casos. Ahora, la UAW y John Deere están trabajando juntos para ampliar el sistema escalonado de salarios y beneficios que se estableció en 1997. Fue en ese año cuando se dividió a los trabajadores de John Deere en función de su año de contratación; los trabajadores contratados después de 1997 formarían parte de un segundo escalón de trabajadores, lo que conllevaba una reducción salarial en comparación con los contratados anteriormente y la eliminación de muchas prestaciones disponibles para la plantilla anterior a 1997, como la asistencia sanitaria tras la jubilación. Este año, la UAW presentó a sus miembros un contrato que crearía un tercer nivel de trabajadores, con salarios aún más bajos entre ellos y con la eliminación de más beneficios, incluidas sus pensiones. Esto fue rápidamente rechazado por los miembros del sindicato, y los trabajadores de John Deere de aproximadamente 11 fábricas y 3 centros de distribución, desde Iowa a Georgia, Illinois a Colorado, han estado en huelga desde entonces; negándose a degradar a sus futuros colegas, han votado no a varios acuerdos provisionales presentados por Deere y la UAW durante el curso de su huelga. Una vez más, vemos a los trabajadores de John Deere luchando contra una ofensiva conjunta de su patronal y del propio sindicato de trabajadores. Los trabajadores de base se ven obligados a mantenerse firmes por sí mismos, pero el hecho de que estén "solos" no indica un aislamiento o un debilitamiento de la lucha. Es, más bien, un hecho positivo que los trabajadores estén dispuestos a rechazar los consejos del sindicato y a insistir en mantener sus propias reivindicaciones. Se trata de una tendencia en muchas de las batallas que libra la clase obrera, en las que los sindicatos van a la zaga de una clase cada vez más combativa que está despertando la militancia obrera en todo el país (y en todo el mundo). De hecho, los trabajadores del sector automovilístico de Detroit, Michigan, que también son miembros de la UAW, expresaron su solidaridad con los trabajadores de John Deere en huelga4. Está claro que los trabajadores de John Deere no están solos en la lucha contra las maniobras del sindicato, ni tampoco están solos en la lucha contra el sistema de trabajo escalonado que les imponen la patronal y los sindicatos.
La lucha contra el sistema de dos niveles de salarios y beneficios también está presente en la huelga de los trabajadores de Kellogg's, ya que su sindicato, el Bakery Confectionary. Cabe señalar que el sindicato de la BCTGM "representa" a los trabajadores de Nabisco y Frito Lay que se declararon en huelga a principios de este año, alegando semanas de trabajo absurdamente largas (a veces de hasta 70 horas) y sin pago de horas extras. El nivel salarial más bajo que se negoció en el último contrato debía limitarse al 30% de la plantilla, un control débil contra esta política de división, pero un control, al fin y al cabo. Kellogg's pretende elevar este tope y permitir la contratación de más trabajadores en este nivel inferior. Los trabajadores han visto esto como un claro ataque no sólo a los futuros colegas, sino también a sus actuales compañeros de trabajo - permitir que Kellogg's levante este tope podría muy bien abrir el camino a una mayor denigración de la fuerza de trabajo actual y una caída en el nivel de vida de estos trabajadores. A esto se añade otro problema: los trabajadores no hacen más que envejecer. A medida que los trabajadores del nivel superior se jubilen o busquen empleo en otro lugar, poco a poco será el nivel inferior el que domine y acabe por constituir la totalidad de la mano de obra. No cabe duda de que se trata de un sistema que no sólo divide a los trabajadores, sino que los mantiene en un estado de precariedad cada vez mayor. Esto es evidente no sólo en las luchas de Striketober, en las que los trabajadores están identificando activamente esto como un ataque a su existencia y oponiendo una seria resistencia a ello, sino en las regulaciones laborales que han dado forma a la división del trabajo en los Estados Unidos en la fase del capital decadente durante décadas - el sistema de trabajo escalonado creado por la automatización y el New Deal.
Las políticas aplicadas a lo largo de la década de 1930 que constituyeron el New Deal proporcionaron puestos de trabajo sindicados seguros con pensiones y prestaciones en la industria manufacturera y el transporte, los sectores de la economía en los que la intensificación de la productividad era totalmente posible a gran escala, preparando así el escenario para la mejora masiva del nivel de vida de los trabajadores de la industria manufacturera en comparación con su nivel anterior a la Gran Depresión, que resultaría del periodo de reconstrucción de la posguerra. A pesar de que estas políticas dieron a los trabajadores de estas industrias una buena posición durante las siguientes décadas, hubo un enorme sector de la mano de obra estadounidense que no participó en estas mejoras: los trabajadores del sector servicios. Si bien el sector de los servicios era insignificante en los años 30, experimentaría un crecimiento masivo en las décadas siguientes debido a la implantación generalizada de tecnologías de ahorro de mano de obra asistida por ordenador en toda la industria pesada: la automatización iba a conmocionar el mercado laboral y estimular el crecimiento del sector de los servicios de un modo que sentaría las bases para el estado actual del trabajo y la economía en nuestros días. Como dice el autor Jason Smith en su obra Smart Machines and Service Work, debido a la rápida implantación de la automatización, "las fábricas que habían estado sacudidas por el descontento de los trabajadores estaban ampliando la producción a un ritmo sin precedentes, y con muchos menos trabajadores"5 De este modo, la industria manufacturera se deshizo de puestos de trabajo y los trabajadores se vieron abocados al desempleo sin otra opción que vender su mano de obra a bajo precio en el sector de los servicios. Debido a la presencia dominante de los sindicatos, a menudo eran los trabajadores que no estaban afiliados a ningún sindicato los que podían ser despedidos con mayor facilidad, y en el panorama de la economía laboral estadounidense, esto solía significar los trabajadores negros. También en esta época, las mujeres empezaron a entrar en el mercado laboral de forma más significativa que antes, espoleadas por los eslóganes de la segunda ola del feminismo de "empleos para mujeres". Los puestos de trabajo que encontraban a menudo eran en el abultado sector de los servicios, encontrando trabajo en "servicios administrativos y empresariales, en la sanidad, la educación y el comercio minorista"6.
Debemos tener en cuenta que la falta de protecciones legales y regulaciones del sector de los servicios significaba que, en general, los trabajadores de servicios cobraban mucho menos y recibían muchas menos prestaciones por término medio que sus homólogos de la industria. De ahí la creación de un sistema de dos niveles en el conjunto de la economía laboral, no sólo en los contratos sindicales contra los que luchan hoy los trabajadores. La forma en que se produjo esta división de la clase dividió convenientemente a los trabajadores en función de la raza y el género; el resabio ideológico de la esclavitud, la imagen racista del trabajador negro "sumiso" se mantuvo con su entrada en los trabajos del sector de servicios, mientras que la imagen patriarcal de la mujer "sumisa" también se confirmó con su empleo. Así, el capital había dividido a la clase obrera de tal manera que los prejuicios anteriores podían ser afirmados por la realidad mientras ningún trabajador se atreviera a mirar más allá de la superficie. Los trabajadores del sector manufacturero, predominantemente blancos y masculinos, podían separarse fácilmente de sus homólogos negros y femeninos, mientras que los movimientos por la igualdad racial y de género separarían a los trabajadores de la lucha de clases y los conducirían a luchas identitarias sin salida que no pueden encontrar una respuesta emancipadora a las cuestiones de raza y género en la sociedad capitalista. Mientras tanto, los trabajadores del sector manufacturero, que lleva décadas reduciéndose, se encuentran con una movilidad descendente, y esto también se expresa a través de otra versión del callejón sin salida de las luchas identitarias; en lugar de encontrar solidaridad con los de las industrias de servicios, ya que cada vez más se convierte en la única vía de empleo en muchos lugares del país, se repliegan en su identidad blanca y sienten que deben defender su posición social de las minorías, los inmigrantes, las feministas y la "élite" (que, en la mayoría de los casos, sólo se refiere a los demócratas ricos). Esto alimenta la llama del populismo que ha arrasado en Estados Unidos desde el ciclo electoral de 2016 y que sigue conformando las posturas del partido republicano por el momento.
Esta división, sin embargo, no es una brecha insalvable; de hecho, es en las luchas de hoy donde se puede encontrar una respuesta a estas divisiones. No sólo los trabajadores luchan en la industria, sino también en el sector de los servicios. Al igual que las huelgas descritas anteriormente, los trabajadores sanitarios de las instalaciones de Kaiser Permanente a lo largo de la costa oeste se disponían a ir a la huelga en contra de un acuerdo de dos niveles; los sindicatos han intervenido en el último momento con un acuerdo, que seguía careciendo de muchas de las demandas de los trabajadores, con el fin de evitar la huelga. No sólo las enfermeras han sido sofocadas7, sino también los farmacéuticos de Kaiser8 que iban a hacer huelga a partir del 15 de noviembre. Otra huelga que fue aplastada por la representación sindical fue la de los miembros del equipo de producción de cine y televisión de la Alianza Internacional de Empleados Teatrales de Escena (IATSE), que iban a ir a la huelga hasta que se presentó y ratificó un acuerdo provisional a pesar de que la mayoría rechazó el acuerdo9. Esto demuestra que, fuera del panorama industrial tradicional, existe una creciente indignación y demanda de mejores niveles de vida y de trabajo por parte de los propios trabajadores, mientras que los sindicatos corren para ponerse al día y lastrar a estos trabajadores. Los trabajadores que hasta ahora no estaban sindicados también se han visto obligados a pasar a la acción: siguiendo el ejemplo de los conductores de autobuses escolares del condado de Cumberland (Carolina del Norte), que han organizado "bajas por enfermedad" para protestar por sus salarios irrisorios10, los trabajadores de las cafeterías del cercano condado de Wake han recurrido a la misma táctica11 por casi la misma razón.
Todo esto demuestra que la combatividad de los trabajadores en todo el país está reverberando: las huelgas estimulan a los trabajadores que se enfrentan a condiciones similares y engendran más huelgas. Sin embargo, la clase obrera todavía se enfrenta a muchos obstáculos que vienen con la pandemia, el período de decadencia capitalista en general, y su fase de descomposición. Uno de ellos, como ya se ha mencionado brevemente, es la cuestión de los sindicatos que sirven al Estado capitalista en el período de decadencia. Mientras luchan por contener muchas de las luchas en curso, han intervenido para impedir la huelga en muchos otros casos. Hay que tener en cuenta que no sólo los sindicatos suponen una amenaza directa, sino también una amenaza indirecta; la UAW está actualmente preparada para votar medidas que "democratizarían" el sindicato, haciendo que sus elecciones sean directas en contraposición al actual sistema de delegados. Si bien la aplicación de esta medida puede parecer una victoria para las bases, también plantea una ilusión que puede servir para desbaratar futuras luchas: la identificación de las bases con el propio sindicato, la ilusión de que el sindicato pertenece a los trabajadores. La CCI ya ha escrito anteriormente sobre el carácter de los sindicatos en el capitalismo decadente12, por lo que no profundizaré en ello.
La clase trabajadora se enfrenta a otra amenaza: las luchas interclasistas y las luchas parciales de identidad que han levantado sus feas cabezas en los últimos años. Particularmente en los Estados Unidos, el verano anterior de la acción "Black Lives Matter" (Las vidas negras importan), que tenía su base en la indignación muy real y en los problemas específicos de la gente negra en América, encontró su base en un terreno burgués y levantó un eslogan que no se acerca al corazón de la cuestión, el eslogan "desfinanciar a la policía". Los demócratas han hecho todo lo posible para gesticular vagamente hacia la creación de una política que haría precisamente esto, sólo para revertir inmediatamente el curso; incluso reducido a tales consignas y la promoción de la política demócrata, la simple demanda liberal que resonó en las marchas de BLM encuentra su eco amortiguado. Si las actuales luchas de clase se desarrollan más, a medida que los trabajadores que luchan se unen a través de las líneas de la planta, la empresa y la industria, la desigualdad material muy real de los trabajadores negros será una cuestión que la clase obrera tendrá que responder en su propio terreno, sin concesiones a ningún movimiento burgués. Un último obstáculo son las acciones aisladas que se vienen produciendo en forma de renuncia masiva al empleo. El mercado laboral sigue siendo tenso, ya que cada vez más trabajadores están renunciando a sus puestos de trabajo, a menudo compartiendo sus textos finales a sus supervisores en las redes sociales en una muestra de solidaridad con todos aquellos que pueden estar considerando hacer lo mismo. Aunque esto puede poner en aprietos a los capitalistas, el carácter aislante de la dimisión individual evita por completo la cuestión de la autoorganización, y las experiencias compartidas de los trabajadores no pueden expresarse con tanta claridad a través de las redes sociales, por muy lejos que lleguen los textos compartidos en solidaridad.
Sin embargo, a pesar de estos obstáculos, la clase obrera parece seguir avanzando tímidamente. Las derrotas que ha sufrido no parecen frenar el impulso de la clase obrera, y cada vez son más los trabajadores que no se encuentran con otra opción que la de ir a la huelga para conseguir una vida mejor cada día. No podemos dejar de expresar una gran satisfacción por este rechazo de los trabajadores a aceptar la degradación de sus vidas, y debemos subrayar claramente que sólo uniéndose se pueden llevar estas luchas cada vez más lejos, llegando quizás a un punto en el que se deban plantear cuestiones políticas muy importantes. Es una clara demostración en la acción unida en muchas plantas, como en John Deere, que sólo a través de una mayor extensión de la lucha se puede mantener el impulso. Dicha extensión requiere la intervención de los militantes comunistas para proporcionar una perspectiva política, especialmente cuando la lucha puede desarrollarse para cruzar las fronteras dentro y fuera de los Estados Unidos - la clase obrera en todo el mundo, a pesar de las enormes dificultades a las que se enfrenta, ha demostrado que no está derrotada, que todavía contiene un potencial para luchar y llevar sus luchas hacia adelante. Si bien podemos observar este fenómeno con gran entusiasmo, también es imperativo que participemos en estas luchas para que podamos ayudar a la clase obrera a realizar su fuerza y su tarea histórica: la abolición de la sociedad de clases.
Noah L, 16/11/2021
1 https://es.internationalism.org/content/4736/luchas-obreras-en-estados-unidos-iran-italia-corea-ni-la-pandemia-ni-la-crisis [729] . Ver también Huelga del metal en Cádiz: nuestra fuerza es luchar como clase obrera https://es.internationalism.org/content/4738/huelga-del-metal-en-cadiz-nuestra-fuerza-es-luchar-como-clase-obrera [730]
3 Ibid.
5 Jason E. Smith, Smart Machines and Service Work, pp. 8, 2020, Reaktion Books
6 Ibid. pp. 30
12 Ver nuestro folleto LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA, que estamos publicando por entregas en la Web en español : https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i [383] ; https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii [384] ; https://es.internationalism.org/content/4603/los-sindicatos-en-el-periodo-ascendente-del-capitalismo-iii [399] ; https://es.internationalism.org/content/4620/los-sindicatos-organos-del-estado-capitalista-iv [501] ; https://es.internationalism.org/content/4645/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-v-la-tactica-de-los-izquierdistas-para-hacerlos [553] ; https://es.internationalism.org/content/4667/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-vi-contenido-y-formas-de-la-lucha-obrera-en-el [738] y https://es.internationalism.org/content/4706/la-intervencion-de-los-revolucionarios-frente-los-sindicatos-vii [739]
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Mientras arrecia la pandemia y el desastre ecológico, la crisis económica nos golpea con el aumento desbocado de los precios, la escalada del desempleo y la precariedad, y en ese contexto, los capitalistas nos aprietan aún con más furia. Lo vemos en Cádiz donde en el convenio del metal pretenden eliminar dos pagas extras, una pérdida de 200 euros mensuales.
La Bahía de Cádiz es un retrato espeluznante de lo que es la crisis capitalista: más de 40% de desempleo, numerosas empresas cerradas, cierre de AIRBUS Puerto Real, cierre de Delphi1…, los jóvenes obligados a emigrar a Noruega y otros países, supuestamente “más afortunados”.
Contra esta amenaza a la vida y el futuro de todos los trabajadores los obreros del metal están luchando con una firmeza y combatividad que hace tiempo que no se veía.
No es la única lucha. Los empleados públicos de Cataluña se manifestaron masivamente contra el abuso intolerable de la interinidad (más de 300000 trabajadores estatales son precarios); se están dando luchas en los ferrocarriles de Mallorca, en Vestas (Coruña) contra 115 despidos; Unicaja contra más de 600 despidos; el metal de Alicante; las protestas en diferentes hospitales por el despido de los trabajadores contratados por el COVID.
Estas luchas coinciden con luchas en otros países: en Estados Unidos, Irán, Italia, Corea etc.2
Queremos manifestar nuestra solidaridad con los obreros en Cádiz. Su lucha contribuye a romper la pasividad y la resignación, expresa la indignación ante los atropellos de este sistema, todo lo cual puede ir animando los primeros pasos de una respuesta proletaria a la crisis y la barbarie del capitalismo.
Los empresarios en las negociaciones del convenio propusieron “congelar los salarios en 2020 y 2021, eliminar dos pagas extras, aumentar la jornada laboral, crear una nueva categoría por debajo del especialista y no negociar la recuperación del tóxico, penoso y peligroso”3. Esto es una andanada brutal frente a la cual, los sindicatos trataron de rebajar la tensión con dos estériles jornadas de lucha, sin embargo, frente al malestar y la combatividad, han terminado por convocar huelga indefinida desde el 16 de noviembre que ha sido seguida masivamente y se ha extendido a la bahía de Gibraltar.
E l 17 y el 18, el sindicalismo radical entrampó a los obreros en los cortes de tráfico lo que llevó a enfrentamientos con la policía en una estéril “guerrilla urbana” que da munición para que la prensa, la TV, las Redes Sociales, los calumnien como “terroristas” etc. Así El Mundo lanza una acusación odiosa contra los trabajadores: “Cancelación de cirugías, un parto en una ambulancia… La huelga del metal impide el acceso de sanitarios y enfermos al hospital de La Línea” (17-11-21).
Como se demostró en Euzkalduna 1984, en Gijón 1985 y en anteriores luchas en Cádiz, esos enfrentamientos solo sirven para aislarse, impedir que otros trabajadores se incorporen y enajenar las posibles simpatías de la población. Refuerzan al capital y su Estado, y le dan medios para desencadenar una represión feroz.
Pero los trabajadores están buscando otros medios para ser fuertes. El 19 se formó un piquete de más de 300 trabajadores para pedir la solidaridad de los trabajadores de Navantia de San Fernando. El propio 19, se organizaron manifestaciones en los barrios obreros de la Cádiz, Puerto Real y San Fernando. Tras una concentración delante de la sede de la patronal, los trabajadores recorrieron la ciudad, siguiendo un itinerario improvisado explicando sus reivindicaciones a los transeúntes. El 20 se ha realizado una masiva manifestación en el centro de Cádiz y concentraciones en los barrios para apoyar a los compañeros.
Solo podemos tener fuerza si extendemos la lucha a los demás trabajadores, si con manifestaciones, piquetes y asambleas, organizamos LA EXTENSION DE LA LUCHA. La lucha es fuerte si se extiende rompiendo las barreras de la empresa, el sector, la ciudad, forjando en la calle la lucha unida de toda la clase obrera.
Desde el principio, los sindicatos han monopolizado la negociación con la patronal, con la intermediación del Consejo Andaluz de Relaciones Laborales. Ya sabemos lo que son esas “negociaciones”: una parodia donde finalmente se firma lo que el Capital quiere. Esto se ha vivido muchas veces en Cádiz: en Delphi, los sindicatos hicieron tragar los despidos, lo mismo pasó en las diferentes luchas de astilleros o más recientemente en AIRBUS. Recordando estas puñaladas por la espalda, el 20, una concentración de obreros delante de la sede de los sindicatos gritaba “¿Dónde están? No se ven, Comisiones y UGT”.
Para tener fuerza, la segunda necesidad es que la lucha sea conducida por la Asamblea General de todos los trabajadores y que esta organice los comités elegidos y revocables para llevar la defensa de las reivindicaciones, impulsar acciones de lucha etc.
Desde las experiencias de 1905 y 1917-23, las luchas donde la clase obrera tiene fuerza se organizan por los trabajadores mismos en Asambleas Generales abiertas al resto de la clase obrera: desempleados, jubilados, precarios etc. Esa fue la experiencia del metal de Vigo en 20064 y del movimiento de indignados en 20115.
L os trabajadores no pueden dejar la lucha en manos de los Sindicatos. Una declaración de una Coordinadora de Trabajadores del Metal de Cádiz decía “los sindicatos deben de asesorarnos y representarnos NO tomar las decisiones por nosotros y en secreto”. ¡Rotundamente No! ¿Cuál es su “asesoría”? Aceptar lo que pide la patronal y en cuanto a luchar, su “movilización” consiste en actos de presión aislados sin ninguna fuerza o en choques minoritarios con la policía. No nos representan, a quien representan es al Capital y su Estado. En su función misma de aparatos del Capital está ese “tomar decisiones por nosotros y en secreto”.
Se quiere encerrar la lucha en un “movimiento ciudadano” para “Salvar Cádiz”. Es cierto que se cierran industrias, que uno de cada tres jóvenes tiene que emigrar. Pero esto es lo que vemos en todos los países. Detroit, antes centro de la industria automovilística USA, es hoy un desierto de ruinas de hierro y cemento. Lo mismo sucede en la minería asturiana. Los ejemplos son a miles. No es Cádiz lo que se hunde, es el capitalismo mundial quien se hunde en un proceso de crisis económica, destrucción ecológica, pandemias, guerras, barbarie generalizada.
“Salvar Cádiz” desvía la lucha obrera hacia un terreno localista totalmente impotente. Durante 40 años nos han hecho luchar por “carga de trabajo para los astilleros gaditanos”, inversiones en la Bahía etc. ¡Ya vemos los resultados! Cada vez más desempleo, más precariedad, más necesidad de emigrar.
El gran peligro que corre la lucha es que la solidaridad que empieza a manifestarse se canalice hacia “Salvar Cádiz”. Esto nos hunde en el interclasismo que es el peor veneno para lucha obrera. Esta es desviada hacia un objetivo capitalista de “desarrollo económico”, supuestamente para “crear empleos” y hacia la “unidad” con los pequeños empresarios que nos explotan, los policías que nos golpean, los políticos que nos venden, la pequeña burguesía egoísta y mezquina.
Ponen la lucha en Cádiz en el mismo saco que las protestas de empresarios del transporte. Así, Kichi, el “radical” alcalde de Cádiz dice: “Hemos tenido que meter fuego para que Madrid nos haga caso”. Esto es adulterar y falsificar la lucha obrera convirtiéndola en un “movimiento de ciudadanos enfadados” que “hacen fuego” para que las “autoridades democráticas” les den “lo suyo”.
¡No! La lucha obrera no es una lucha egoísta por reivindicaciones parciales. Como dice el Manifiesto Comunista “Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de la inmensa mayoría”. La lucha reivindicativa forma parte del movimiento histórico de la clase obrera por construir una sociedad consagrada a la plena satisfacción de las necesidades humanas.
No es hacia la “Bahía de Cádiz” donde hay que mirar para que la lucha salga adelante. Es hacia el conjunto de la clase obrera que está sufriendo lo mismo que sus hermanos de Cádiz: inflación, precariedad, rebajas en los convenios, recortes en las prestaciones sociales, caos en los hospitales, la amenaza de la continuación del COVID. Pero, recíprocamente, los trabajadores de las demás regiones deben ver en sus compañeros en Cádiz, SU LUCHA y solidarizarse uniéndose a ella presentando sus propias reivindicaciones.
En contra de las mentiras democráticas, la sociedad actual no es una suma de ciudadanos “iguales ante la ley”. Está dividida en clases, una minoría explotadora que lo tiene todo y no produce nada y frente a ella, la clase obrera, la mayoría explotada que produce todo y tiene cada vez menos. Solo la lucha como clase puede hacer que las reivindicaciones de los trabajadores de Cádiz puedan ser alcanzadas, solo la lucha como clase puede abrir un porvenir frente a la crisis y la barbarie del capitalismo.
Corriente Comunista Internacional 21-11-21
1 Para conocer nuestra intervención en la lucha obrera en Delphi ver: Delphi: la fuerza de los trabajadores es la solidaridad (https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200705/1917/delphi-la-fuerza-de-los-trabajadores-es-la-solidaridad [395] ); Cierre de Delphi: Sólo con la lucha masiva y solidaria seremos fuertes (https://es.internationalism.org/cci-online/200702/1283/cierre-de-delphi-solo-con-la-lucha-masiva-y-solidaria-seremos-fuertes [396] ).
2 Ver Luchas obreras en Estados Unidos, Irán, Italia, Corea... ¡Ni la pandemia ni la crisis económica han roto la combatividad del proletariado! https://es.internationalism.org/content/4736/luchas-obreras-en-estados-unidos-iran-italia-corea-ni-la-pandemia-ni-la-crisis [729]
3 De un comunicado de la Coordinadora de Trabajadores del Metal de la Bahía de Cádiz
4 Ver Huelga del metal de Vigo: Los métodos proletarios de lucha https://es.internationalism.org/cci-online/200605/910/huelga-del-metal-d... [741]
5 Ver 2011: de la indignación a la esperanza https://es.internationalism.org/cci-online/201204/3349/2011-de-la-indign... [742]
En la actualidad, una serie de huelgas en Estados Unidos, encabezadas por trabajadores enardecidos, está sacudiendo gran parte del país. Este movimiento, denominado "striketober" (contracción de "strike" y "october"), está movilizando a miles de trabajadores que denuncian las insoportables condiciones de trabajo, el cansancio físico y psicológico, y el escandaloso aumento de los beneficios obtenidos por los empresarios de grupos industriales como Kellog's, John Deere y PepsiCo, o del sector sanitario y las clínicas privadas, como en Nueva York, por ejemplo. Es difícil contabilizar el número exacto de huelgas porque el gobierno federal sólo cuenta las que implican a más de mil empleados. El hecho de que la clase obrera pueda reaccionar y mostrar combatividad en un país que se encuentra en el centro del proceso de descomposición mundial es una señal de que el proletariado no está derrotado.
Durante casi dos años, en todo el mundo, una capa de plomo había caído sobre la clase obrera con la aparición de la pandemia de Covid-19, los repetidos episodios de encierro, las hospitalizaciones de urgencia y los millones de muertos. En todo el mundo, la clase obrera es víctima de la negligencia generalizada de la burguesía, de la dilapidación de los servicios sanitarios, sobrecargados y siempre sometidos a las exigencias de la rentabilidad1. El día a día y el miedo al mañana reforzaron un sentimiento de expectación ya fuerte en las filas de los trabajadores, acentuando aún más el repliegue de cada cual sobre sí mismo. Tras el resurgimiento de la combatividad que se había expresado en varios países durante 2019 y a principios de 2020, la confrontación social se detuvo repentinamente. Si el movimiento contra la reforma de las pensiones en Francia había mostrado un nuevo dinamismo en la confrontación social2, la pandemia de Covid-19 resultó ser un poderoso sofocante.
Pero en medio de la pandemia, las luchas sobre el terreno de la clase obrera pudieron, sin embargo, surgir aquí y allá, en España, Italia, Francia, a través de movimientos esporádicos que ya expresaban una relativa capacidad de reacción frente a las insoportables condiciones de trabajo, sobre todo ante el aumento de la explotación y el cinismo de la burguesía en sectores como la sanidad, el transporte o el comercio3. Sin embargo, el aislamiento impuesto por el virus mortal y el clima de terror transmitido por la burguesía hicieron que estas luchas fueran impotentes para afirmar una alternativa real a la palpable degradación sanitaria, económica y social.
Peor aún, estas expresiones de descontento con las condiciones de trabajo infernales y amenazantes para la salud, las negativas (minoritarias) a ir a trabajar sin máscaras y protección, fueron presentadas por la burguesía como reivindicaciones egoístas, irresponsables y, sobre todo, culpables de socavar la unidad social y económica de cada nación en su lucha contra la crisis sanitaria.
Mientras que desde hace años se convoca a la población estadounidense a confiar en el Estado todopoderoso, imponiendo su lógica sanitaria, económica y social, alimentada, como en todas partes, por las mentiras populistas de Donald Trump, que quería ser el campeón del pleno empleo, y por la perorata del "nuevo Roosevelt", Joe Biden, miles de trabajadores están creando lentamente las condiciones para recuperar una fuerza colectiva que antes habían olvidado. Poco a poco van redescubriendo la confianza en sus propias fuerzas y en su capacidad para rechazar el ignominioso "sistema salarial de dos niveles"4, demostrando así la solidaridad entre generaciones, donde la mayoría de los trabajadores experimentados y "protegidos" luchan junto a sus colegas jóvenes y más precarios.
Esta solidaridad entre generaciones ya se había manifestado en Francia en 2014, durante las luchas en la SNCF y Air France contra reformas idénticas. También se expresó en España, durante el movimiento de los Indignados en 2011, y en Francia, en 2006, durante la lucha contra el CPE5. Esta solidaridad entre generaciones representa un gran potencial para el desarrollo de futuras luchas, es la marca de una búsqueda de la unidad en las filas de la clase obrera. Contra ello la burguesía trata de crear toda clase de divisiones hablando despectivamente de los trabajadores jubilados o veteranos como "viejos acomodados y aprovechados" y de los trabajadores jóvenes como “perezosos” e “irresponsables”. Esto lo hemos visto en el movimiento “Juventud por el Clima” (reactivado con ocasión de la Cumbre de Glasgow) donde se calumnia a los trabajadores más mayores como “egoístas” que no quieren sacrificarse para “salvar el planeta”6.
Aunque estas huelgas están muy bien encuadradas por los sindicatos (lo que, además, ha permitido a la burguesía presentar estas movilizaciones como el "gran retorno" de los sindicatos en Estados Unidos), hemos visto algunos signos de cuestionamiento de los acuerdos firmados por diferentes sindicatos. Esta protesta es embrionaria y la clase obrera está aún lejos de una confrontación directa y consciente con estos perros guardianes del Estado burgués. Pero es un signo muy real de combatividad.
Algunos podrían imaginar que estas luchas en Estados Unidos son la excepción que confirma la regla: ¡no lo son! En los últimos meses han surgido otras luchas:
- En Irán, este verano, las huelgas en el sector petrolero contra los bajos salarios y el alto coste de la vida hicieron que los trabajadores de más de 70 centros participaran en el movimiento. Ha sido la primera vez en 42 años desde el advenimiento de la República Islámica. Otros sectores también apoyaron a los huelguistas;
- En Corea, los sindicatos tuvieron que organizar una huelga general en octubre por la protección social, contra la precariedad y la desigualdad;
- En Italia, en septiembre y octubre, hubo numerosas jornadas de acción, paros y convocatorias de huelga general contra los despidos, también contra las discusiones entre la Confederación General del Trabajo italiana, el gobierno y la patronal para un "pacto social" para salir de Covid cuyo objetivo era facilitar los despidos y suprimir salario mínimo;
- En Alemania, el sindicato de servicios públicos Ver.di se siente obligado a amenazar con huelgas para responder a la preocupación obrera por los bajos salarios.
Si se escucha a los economistas burgueses, la inflación actual que hace subir los precios de la energía y de los bienes básicos, drenando así el poder adquisitivo, en Estados Unidos, Francia, Reino Unido o Alemania7, sería sólo un producto cíclico de la "recuperación económica". Estaría vinculado a "aspectos puntuales", como los cuellos de botella en el transporte marítimo, al "recalentamiento" de la producción industrial, sobre todo en el espectacular aumento de los precios de los carburantes y el gas, sólo sería un mal momento para pasar antes de llegar a un equilibrio en la producción de bienes. Todo se hace para tranquilizar y justificar un proceso inflacionario "necesario"... que, a pesar de todo, es probable que dure.
El dinero "helicóptero", los cientos de miles de millones de dólares, euros, yenes y yuanes que los gobiernos han impreso y derramado sin contar con el coste, durante muchos años, para hacer frente a las consecuencias económicas y sociales de la pandemia y evitar el caos generalizado, sólo ha debilitado el valor de las monedas y está impulsando un proceso inflacionario crónico. Habrá que pagar un precio, y la clase trabajadora va a ser la primera víctima.
Aunque todavía no se haya producido una reacción directa y masiva contra este ataque, la inflación puede servir como un poderoso factor de desarrollo y de unificación de las luchas: el aumento de los precios de los productos de primera necesidad, del gas, del pan, de la electricidad, etc., no puede sino degradar directamente las condiciones de vida de todos los trabajadores, ya trabajen en el sector público o en el privado, ya estén en activo, en paro o jubilados.
Además, los gobiernos no se equivocan. Aunque todavía no han impuesto programas formales de austeridad y, por el contrario, han inyectado masivamente millones y millones de dólares, yuanes y euros, saben que es absolutamente necesario impulsar la actividad y que existe una bomba social. Mientras los gobiernos pensaban acabar rápidamente con todas las medidas de apoyo vinculadas a Covid y "normalizar" las cuentas lo antes posible, Biden (para evitar el desastre social) ha puesto en marcha un "plan histórico" de intervención que "creará millones de empleos, hará crecer la economía, invertirá en nuestra nación y en nuestra gente"8. ¡Parecería que los gobiernos se habrían acordado de repente de “los de abajo”! Así en España, el socialista Pedro Sánchez está aplicando un plan masivo de 248.000 millones de euros de gasto social total, para gran disgusto de una parte de la burguesía, que no sabe cómo se pagará la factura. También en Francia, detrás de toda la algarabía y la retórica electoral para las elecciones presidenciales de 2022, el gobierno intenta anticiparse al descontento y al malestar social con "vales de energía" y una "asignación por inflación" para millones de contribuyentes.
Reconocer y destacar la capacidad de reacción del proletariado no debe llevar a la euforia y a la ilusión de que se abre una “autopista hacia el cielo” para la lucha obrera. Debido a la dificultad de la clase obrera para reconocerse como clase explotada y tomar conciencia de su papel revolucionario, el camino de las luchas significativas que permitan abrir un período revolucionario está todavía lejos.
En estas condiciones, la confrontación sigue siendo frágil, mal organizada, enmarcada en gran medida por los sindicatos, esos órganos del Estado especializados en el sabotaje de las luchas y que juegan tanto y más con el corporativismo y la división. En Italia, por ejemplo, las reivindicaciones iniciales y la combatividad de las últimas luchas han sido desviadas por los sindicatos y los izquierdistas italianos hacia un peligroso callejón sin salida: la podrida consigna de "la primera huelga industrial masiva en Europa contra el pase sanitario" que el gobierno italiano ha impuesto a todos los trabajadores.
Del mismo modo, mientras que algunos sectores se ven fuertemente afectados por la crisis, los cierres, las reestructuraciones y el aumento de los ritmos de trabajo, otros sectores se enfrentan a la falta de mano de obra y/o a un boom de producción puntual (como en el transporte de mercancías, donde faltan cientos de miles de conductores en Europa). Esta situación encierra un peligro de división dentro de la clase a través de reivindicaciones por categorías que los sindicatos no dudarán en explotar o incitar.
Añadamos a esto los llamamientos de la izquierda "radical" del capital a movilizarse también en el terreno burgués: contra la extrema derecha y los "fascistas" o a favor de las "marchas ciudadanas" por el clima... Esta es una expresión más de la vulnerabilidad de los proletarios ante los discursos de la izquierda "radical", capaz de utilizar cualquier medio para desviar la lucha hacia un terreno no proletario, especialmente el del interclasismo.
Si bien la inflación puede actuar como factor de unificación de las luchas, también afecta a la pequeña burguesía, con el aumento del precio de la gasolina y de los impuestos, elementos que, por otra parte, habían dado lugar a la aparición del movimiento interclasista de los "chalecos amarillos" en Francia9. El contexto actual sigue siendo, de hecho, propicio para que se produzcan revueltas "populares" en las que las reivindicaciones proletarias queden enterradas en las preocupaciones estériles y reaccionarias de los propios pequeños empresarios golpeados por la crisis. Este es, por ejemplo, el caso de China, donde el colapso del gigante inmobiliario Evergrande simboliza de forma muy espectacular la realidad de una China sobreendeudada y frágil, pero que lleva a la protesta de los pequeños propietarios que han sido robados y que reaccionan como tales.
Las luchas interclasistas son una verdadera trampa y no permiten en absoluto a la clase obrera afirmar sus propias reivindicaciones, su propia combatividad, su propia autonomía para una perspectiva revolucionaria. La putrefacción de la sociedad capitalista, acrecentada por la pandemia, pesa y seguirá pesando sobre la clase obrera, que sigue teniendo grandes dificultades para luchar como clase.
El absentismo laboral, la cadena de dimisiones en las empresas, la negativa a volver al trabajo, a menudo duro, por salarios muy bajos, no han dejado de crecer en los últimos meses. Pero se trata de reacciones individuales que reflejan más un intento (ilusorio) de escapar de la explotación capitalista que de enfrentarse a ella mediante una lucha colectiva junto con todos los compañeros. La burguesía no duda en explotar esta debilidad para denigrar y hacer sentir culpables a estos "dimisionarios", a estos trabajadores "rebeldes", haciéndoles directamente "responsables" de la falta de personal en los hospitales o restaurantes. Es su trampa eterna: SEMBRAR LA DIVISION EN LAS FILAS OBRERAS.
A pesar de todas las dificultades y escollos, este último período ha abierto una brecha y confirma claramente que la clase obrera puede imponerse en su propio terreno de lucha. El desarrollo de su conciencia pasa por esta renovación de la combatividad y es todavía un largo camino lleno de escollos. A su nivel, los revolucionarios deben acoger y acompañar estas luchas, pero su primera responsabilidad es luchar lo mejor posible por su extensión, por su politización, necesaria para mantener viva la perspectiva revolucionaria, siendo capaces de reconocer sus límites y debilidades denunciando con firmeza las trampas que les tiende la burguesía y las ilusiones que les amenazan vengan de donde vengan.
Stopio, 3 de noviembre de 2021
1 Ver Dossier especial COVID19: el verdadero asesino es el capitalismo https://es.internationalism.org/content/4566/dossier-especial-covid19-el-verdadero-asesino-es-el-capitalismo [255]
2 Ver Balance de las luchas en Francia contra la "reforma" de las pensiones https://es.internationalism.org/content/4524/balance-de-las-luchas-en-francia-contra-la-reforma-de-las-pensiones [141]
3 Hubo algunas protestas por el riesgo que se hacía correr a los trabajadores durante la pandemia, ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [271]
4 Un sistema de salarios más bajos para los nuevos contratados, la llamada "cláusula del abuelo", que muchos sindicatos habían firmado con las dos manos
5 Sobres estas dos experiencias ver: 2011: de la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [8] y Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [7]
6 Ver Nuevas "marchas climáticas": El capitalismo está destruyendo el planeta https://es.internationalism.org/content/4715/nuevas-marchas-climaticas-el-capitalismo-esta-destruyendo-el-planeta [744]
7 También en España, sobre todo con la escandalosa subida de la luz, ver España: La escalada de la inflación un golpe brutal contra los trabajadores https://es.internationalism.org/content/4733/espana-la-escalada-de-la-inflacion-un-golpe-brutal-contra-los-trabajadores [745]
8 Este programa, típico del capitalismo de Estado, pretende también modernizar la economía estadounidense para enfrentarse mejor a sus competidores, especialmente China
9 Ver Balance del movimiento de los "chalecos amarillos": Un movimiento interclasista, un obstáculo para la lucha de clases https://es.internationalism.org/content/4484/balance-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos-un-movimiento-interclasista-un [29]
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El año 2015 ha sido testigo de la película de alto perfil Suffragette, así como del anuncio de una nueva biografía de Sylvia Pankhurst1. El artículo que estamos reimprimiendo aquí apareció originalmente en World Revolution en 1980. En aquella época, se había escrito muy poco sobre la vida y la política de Sylvia Pankhurst y sus propios escritos eran difíciles de conseguir. Como se señala en el artículo, los libros que trataban sobre Sylvia solían dejar un gran e inexplicable vacío desde 1914 hasta los primeros años de la posguerra; es decir, el periodo de su ruptura con el movimiento sufragista y su oposición internacionalista a la guerra, que la llevó a apoyar con entusiasmo a los bolcheviques en la revolución rusa y a reclamar el poder soviético en Gran Bretaña.
Con el colapso de los regímenes estalinistas y con las consiguientes campañas de la burguesía sobre el "fin del comunismo", el apoyo entusiasta de Sylvia al bolchevismo y a una revolución soviética se hizo aún más desagradable. En su lugar, vimos un esfuerzo por parte de la izquierda liberal para apropiarse de Sylvia como feminista, radical, rebelde, antifascista, anticolonialista y defensora de la paz mundial y la justicia social... Desde la década de 1990 ha habido una verdadera oleada de biografías y libros sobre diversos aspectos de su vida y política2. En 2007 se organizó un festival en Londres para celebrar su vida como "activista, artista y feminista", con oradores invitados como un antiguo diputado laborista, la célebre académica Germaine Greer y el embajador de Etiopía3. Incluso hubo una campaña, apoyada por barones laboristas y antiguos jefes sindicales en la Cámara de los Lores, para erigir una estatua suya frente al Parlamento.
La nueva biografía de Rachel Holmes, titulada Sylvia Pankhurst: ‘Feminism and Social Justice’, debe verse en este contexto.
Como decíamos en nuestro artículo sobre el "Festival Sylvia Pankhurst" de 2007: "Para la burguesía, Sylvia Pankhurst debe ser recordada como una feminista, una izquierdista o una liberal. Para el proletariado, sin ocultar los hechos de su abandono de la política revolucionaria y sus posteriores traiciones, es alguien que, bajo la influencia de la lucha de clases, rompió con la política burguesa y fue ganada para el comunismo (...). ) Gracias a la obstinada determinación de Pankhurst y de otros militantes de la clase obrera menos conocidos (muchos de ellos mujeres), la débil pero auténtica voz de la oposición comunista de izquierdas se hizo oír en este país, dejando un corpus de escritos que se convertiría en una fuente de fuerza y aprendizaje para una nueva generación de revolucionarios cincuenta años después, de la que la CCI sigue siendo una expresión organizativa hoy en día. Este es el verdadero legado de Sylvia Pankhurst; este es el legado que los comunistas defienden hoy; y por eso decimos a la izquierda y a los servidores liberales de la burguesía: ¡manos fuera de Sylvia Pankhurst!"
Este artículo se publicó por primera vez en 1980, en World Revolution 33 y 34. Creemos que los argumentos esenciales que contiene siguen siendo válidos hoy en día, aunque algunos enfoques y formulaciones podrían ser diferentes si hubiéramos escrito el artículo más recientemente. En los casos en que los términos o las frases parecen ser más claramente erróneos, hemos adjuntado "Notas del editor"
Esta serie de artículos4 es un intento de contrarrestar las distorsiones de las feministas e izquierdistas actuales que ignoran convenientemente la política de Sylvia Pankhurst y el ‘Worker’s Dreadnought’, y prefieren la visión más respetable -en términos actuales- del sufrimiento heroico en la causa de los derechos de las mujeres.
Es muy notable cómo los libros que tratan de Sylvia, o de los Pankhurst en general, dejan un gran vacío en su vida durante la guerra y la posguerra. El Partido Socialista de los Trabajadores ha tenido incluso ocasión de intentar reivindicar la política de Sylvia como parte de su propia tradición. (véase Revolutionary Perspectives 16, la revista de la Communist Workers’ Organisation). Pero la ruptura de Sylvia con las sufragistas no debe permanecer enterrada, ya que muestra una clara crítica revolucionaria del feminismo. En estos artículos, pues, queremos extraer las implicaciones de las críticas más bien fragmentarias que hizo en su historia ‘The Suffragette Movement’: an intimate account of persons and ideals (1931) y mostrar el desarrollo de su política.
A principios de 1914, Sylvia y la Federación del Este de Londres de la Unión Social y Política de las Mujeres [WPSU] fueron expulsadas por Christabel y Emmeline Pankhurst de dicho grupo, siendo la razón fundamental la orientación obrera de la ELF (East London Federation):
"Tenéis una constitución democrática para vuestra federación, ¡no estamos de acuerdo con eso!". Además, ella (Christabel) insistió en que un movimiento de mujeres trabajadoras no tenía ningún valor; las mujeres trabajadoras eran la parte más débil del sexo, ¿cómo podría ser de otra manera? Sus vidas eran demasiado duras, su educación demasiado escasa, para equiparlas para la contienda. "Seguramente es un error utilizar a las más débiles para la lucha. Queremos mujeres elegidas, las más fuertes e inteligentes". (Sylvia Pankhurst, ‘El movimiento sufragista’).
Era una división que Sylvia siempre había tratado de evitar y que lamentó mucho en su momento. Sin embargo, con el comienzo de la Primera Guerra Mundial se hizo evidente lo necesaria que era. Aunque un examen exhaustivo del movimiento sufragista queda fuera del alcance de estos artículos, es necesario examinar brevemente algunas de las características importantes del movimiento, para ver en qué consistió esta escisión y qué significó el rechazo del feminismo para Sylvia Pankhurst.
"Sin embargo, en sus demandas de igualdad política, nuestras feministas son como sus hermanas extranjeras, a ellas, los amplios horizontes abiertos por el aprendizaje socialdemócrata les siguen siendo ajenos e incomprensibles. Las feministas buscan la igualdad en el marco de la sociedad de clases existente; en ningún caso atacan las bases de esta sociedad. Luchan por las prerrogativas y los privilegios. No acusamos a las representantes del movimiento femenino burgués de no entender el asunto, su visión de las cosas fluye inevitablemente de su posición de clase" (Alexandra Kollontai, ‘The Social Basis of the Women Question’)
El marco de análisis que Kollontai aplica a la WSPU quedó ampliamente claro por el apoyo entusiasta que esta organización dio al esfuerzo bélico con el estallido de la Primera Guerra Mundial. De hecho, Emmeline y Christabel criticaron duramente al gobierno británico por no esforzarse lo suficiente en la lucha contra Alemania, en particular por el papel que debían darles a las mujeres. En su deseo de promover la causa del imperialismo británico, exigieron la contratación generalizada de mujeres en la industria y en el sector de los servicios para liberar a más trabajadores para ir a morir en las trincheras.
Los orígenes de la WSPU contrastan con este descarado chovinismo que se desarrolló a medida que se acercaban los años de la guerra. De hecho, Emmeline había cortado sus vínculos con la Sociedad Fabiana por su negativa a oponerse a la Guerra de los Bóers. El hecho de que la familia Pankhurst hubiera estado involucrada en el Partido Laborista Independiente a finales del siglo XIX, y en las luchas de los trabajadores de la zona de Manchester, ilustra aún más claramente la evolución negativa experimentada por la WSPU. Comenzó a hacerse evidente una oposición al movimiento socialista y a las luchas de los trabajadores; por ejemplo, exigiendo contra ellos un trato duro por parte del Estado, así, la WSPU se quejó de que el gobierno, "en lugar de arrestar a los líderes (de los mineros) estaba tratando de llegar a un acuerdo de paz con ellos" (Emmeline Pankhurst, Mi propia historia, 1914). Otro ejemplo es la campaña que inició en 1915, financiada por los industriales, contra el movimiento de delegados sindicales "bolcheviques".
La WSPU se formó en 1903 cuando Emmeline todavía estaba en el ILP5 y, de hecho, siguió siendo un miembro muy activo; incluso el nombre que eligió para la organización es indicativo de sus preocupaciones más amplias en ese momento. Sin embargo, con la posterior polarización sobre la situación de las mujeres (como división sexual de la sociedad y no como un aspecto de la división de clases), y en el parlamento como medio de cambio social, esta relación se volvió cada vez más tormentosa, y en 1907 se produjo la ruptura definitiva. Esto coincidió con una reorganización de sus miembros. A partir de entonces, las actividades de la WSPU estuvieron firmemente controladas por Emmeline, Christabel y un grupo selecto, que exigían a sus miembros una adhesión absoluta a su política. Esto significaba concentrarse en un solo objeto: el voto. A ningún miembro se le permitía luchar por otras reformas sociales o trabajar para cualquier otro partido político o incluso cuestionar la corrección de las políticas de la WSPU. La WSPU debía ser "un ejército sufragista en el campo". "Es un ejército puramente voluntario y nadie está obligado a permanecer en él". (Emmeline Pankhurst: Mi propia historia).
Su objetivo era simplemente la igualdad política con los hombres tal y como estaba en ese momento, e incluso se oponía al concepto de sufragio total de los adultos. No se trataba de una mera táctica, ya que si bien pretendía implicar a las mujeres de la clase trabajadora, también seguía una política consciente de atraer a las mujeres de la clase rica, media y alta a su dirección. Esencialmente, las intenciones de la WSPU eran utilizar a las mujeres de la clase trabajadora para establecer los derechos de las "damas" de la sociedad. Así lo expresó Christabel "... la esperanza inmediata de la nación está en aquellas mujeres que han conseguido tener una educación y cierta independencia y solidez económica. Florence Nightingale, una mujer de esa clase, hizo más por su país de lo que todo el Partido Laborista ha logrado o puede lograr. En este buen día que ya ha amanecido, no tenemos a una sola Florence Nightingale, sino a una multitud de mujeres así, felices en su propia vida y equipadas mental, moral y económicamente para el servicio de su país. Son ellas las que tienden a las mujeres más pobres y menos afortunadas la mano amiga que les permitirá salir del marasmo de la pobreza. Son ellas las que pueden concebir un mejor orden social y mostrarán con qué acciones prácticas y constructivas se puede lograr esa mejoría". (Christabel Pankhurst, The Suffragette, diciembre de 1913)
¡Política burguesa sin duda! Este apoyo abierto al capitalismo y el desarrollo de la política de "guerra de sexos" se derivan naturalmente del rechazo y la oposición a una comprensión de clase de la sociedad.
Aunque el simple hecho de un conflicto con el Estado no pruebe nada más que la ideología burguesa nunca puede producir una visión única del mundo, es obvio que un movimiento que adquirió proporciones tan masivas como el movimiento de "votos para las mujeres" no puede ser descartado puramente por la política de la WSPU. Está claro que la base de su fuerza no residía en las ideas de la WSPU, sino en las condiciones generales impuestas a las mujeres, y en la intransigencia del capital británico en su negativa a acceder a las demandas para mejorar la suerte de las mujeres burguesas y pequeñoburguesas, por no hablar de las mujeres de la clase obrera. El hecho de que la WSPU se convirtiera en el centro de esta lucha es realmente una crítica al movimiento obrero por su incapacidad de ofrecer una alternativa política clara.
Existían, bajo el paraguas del movimiento sufragista, algunos grupos con una orientación claramente obrera. Pero su preferencia por la falsa unidad de todas las mujeres y el eslogan "votos para las mujeres" permitió que la WSPU se convirtiera en la figura principal y que sus ideologías anti obreras tuvieran tanta influencia. Que el compromiso en aras de esa unidad es destructivo es una lección que Sylvia comprendió sólo después de su expulsión de la WSPU, y que quizás se pone de manifiesto por el rápido desarrollo de su política después de 1914.
Los primeros pasos en el rechazo de este tipo de acuerdo llegaron en octubre de 1912, cuando Sylvia comenzó su actividad en el este de Londres. Al principio formaba parte de una campaña electoral y de una "Working Women's Deputation" sobre un proyecto de ley de reforma del sufragio, pero pronto perdió el pleno respaldo de la WSPU. En febrero de 1913 la financiación se había retirado, pero las ideas y la práctica se habían establecido y en mayo de ese año se formó la Federación del Este de Londres del WSPU. Aunque era una unión de varias ramas del WSPU, tenía una orientación definida y genuina hacia las mujeres de la clase trabajadora y perseguía una práctica radicalmente diferente a la corriente principal de esa organización. La Federación comenzó a establecer vínculos con organizaciones del movimiento obrero, en particular con la ILP [Independent Labour Party], y apoyó y participó en manifestaciones masivas de la clase. Fue el propio éxito de este trabajo y la escalada del conflicto social en el East End, ampliamente retratado en [la película] ‘The Suffragette Movement’, lo que hizo inevitable la ruptura con la WSPU. A fin de cuentas, es irrelevante que Emmeline y Christabel obligaran a la ELF a hacerlo: las cadenas del compromiso se estaban rompiendo de todos modos. En agosto de 1913, Sylvia había hecho un llamamiento para la formación de un "Ejército Popular; una organización a la que hombres y mujeres puedan unirse para luchar por la libertad y para estar preparados para hacer frente a la brutalidad de los funcionarios". Aunque esta organización nunca tuvo mayor importancia, el reconocimiento de los conflictos de clase que se avecinaban y el cuestionamiento básico del orden social existente prefiguraron la dirección que iba a tomar a medida que se desarrollaba la política del Women’s Dreadnought6 y del Worker’s Dreadnought.
En la primera parte de este artículo se analizan los fundamentos de la ruptura de Sylvia Pankhurst con el movimiento sufragista oficial, la WSPU. En esta parte se analizará más detenidamente el desarrollo de su política, haciendo hincapié en las cuestiones relevantes para el feminismo. (Tras la ruptura, su organización pasó a llamarse Federación de Sufragistas del Este de Londres. Este fue el primero de varios cambios de nombre, pero en lugar de fechar y referirnos a todos ellos simplemente llamaremos a la organización por el nombre más distintivo de su periódico, el ‘Dreadnought’).
En marzo de 1914 apareció el primer número de ‘The Women's Dreadnought’. En él hay una larga explicación de la actividad del grupo en el extremo este de Londres, de la que se desprende lo siguiente: "El principio esencial del voto es el de la igualdad entre hombres y mujeres:
El principio esencial del voto es que cada uno de nosotros tenga una cuota de poder para ayudarse a sí mismo y a todos nosotros. Se opone directamente a la idea de que unos pocos, más favorecidos, ayuden y enseñen y patrocinen a los demás. Seguramente es porque los sufragistas creemos en el principio de que cada individuo tiene derecho a compartir tanto el gobierno como el servicio, y porque hemos aprendido por una larga y amarga experiencia que toda forma de gobierno es una tiranía -por muy bondadosa que sea su intención- que estamos luchando por el voto". (Sylvia Pankhurst, WD, 8 de marzo de 1914)
Es una lástima que Sylvia nunca hiciera una crítica exhaustiva de la WSPU, ya que eso significa que debemos confiar en críticas indirectas como la de la primera parte de esta cita. Sin embargo, deja clara la orientación totalmente diferente del Dreadnought. A pesar de sus ilusiones iniciales en el movimiento sufragista (o más bien en el "poder de las mujeres") y la idea de que el voto equivale al autogobierno, lo importante es el énfasis en el objetivo del autogobierno. Esto está en total oposición a los puntos de vista de la WSPU, como se ha visto en la primera parte de este artículo, y al hecho de que esta última sólo abogaba por la acción ilegal porque a las mujeres se les negaba el voto (es decir, se les negaba la acción constitucional).
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Sylvia no tardó en denunciar la respuesta chovinista de la WSPU. Consideró su apoyo a la guerra como una traición a todo aquello por lo que el movimiento había luchado, pero lo que es más importante, la importancia de la división entre las mujeres que se oponían a la guerra y las que la apoyaban no pasó desapercibida y sería uno de los factores que, con el paso del tiempo, determinó su ruptura con el feminismo. Mientras Emmeline Pankhurst escribía sobre el placer de ver a las mujeres trabajando, el Dreadnought se oponía a la guerra y, aunque no veía ninguna forma clara y práctica de detenerla, iba más allá de las observaciones superficiales de Emmeline y dedicaba mucho espacio en su periódico a exponer las condiciones reales y terribles, en el hogar y en el trabajo, que sufrían las mujeres de la clase trabajadora.
En sus inicios, el Dreadnought parece haber estado muy influenciado por el Partido Laborista Independiente (ILP); su política era básicamente pacifista y declaradamente reformista, y dio la prioridad a conseguir el voto para las mujeres. Sin embargo, el Dreadnought se implicó rápidamente en cuestiones sociales más amplias, principalmente con la idea de ayudar a las mujeres a protegerse contra las condiciones que imponía la guerra (de hecho, su actividad en este campo constituye una lista impresionante, que incluye la gestión de un "Salón de la Mujer" para reuniones, etc., la gestión de centros de ayuda, un centro para madres y bebés y guarderías). Estaba representada en los comités de ayuda de los ayuntamientos, pero éstos le parecieron tan insatisfactorios que también gestionó sus propios planes de ayuda. Esta ampliación de su actividad contribuyó sin duda a la radicalización de su política, en el sentido de que el voto ya no podía considerarse la única cuestión. Sin embargo, el núcleo de esta radicalización se debió a la creciente oposición del grupo a la guerra y a la fuerza de su orientación obrera: señalaba claramente que la situación de los hombres y mujeres de la clase obrera era la misma en Alemania que en Gran Bretaña y, aunque su trabajo se concentraba en las mujeres, entendía que la lucha no era contra los hombres de la clase obrera, sino con ellos contra el sistema. Como es lógico, pronto abandonó la consigna del voto para las mujeres y empezó a pedir el voto para todos los hombres y mujeres.
Sobre esta base, se hizo más evidente, a medida que avanzaba la guerra, la tendencia socialista de la política del grupo y le obligó a buscar una mejor comprensión de la sociedad existente y cómo cambiarla. Aumenta sus vínculos con las principales organizaciones socialistas y da a conocer en su prensa las luchas obreras internacionales. De hecho, sus vínculos con individuos y grupos de otros países y la preocupación por informar sobre lo que ocurría en el extranjero fueron evidentes a lo largo de su vida y constituyeron una gran fortaleza tanto para el desarrollo de la política del grupo como para el crecimiento de su influencia en Gran Bretaña (otras organizaciones británicas sufrían de una visión más bien estrecha en este sentido). Ya en 1914 el periódico citaba los escritos antibélicos de los bolcheviques, Liebknecht, etc. Cuando, a partir de 1916, las luchas obreras comenzaron a intensificarse a nivel internacional, el Dreadnought pudo aprender mucho de estos acontecimientos y responder positivamente. Las revoluciones en Rusia en 1917, en particular, fueron un tremendo estímulo.
El Dreadnought los apoyó porque pudo ver un intento positivo de los trabajadores de tomar el control de la sociedad, de detener la guerra y de luchar por una sociedad más racional y humana. La Revolución de Febrero [en 1917 en Rusia] afectó rápidamente a la política del grupo en dos áreas básicas: en primer lugar, en el reconocimiento de la importancia de la huelga de masas, es decir, de la lucha colectiva y radical de los trabajadores en las fábricas y en las calles, como la única forma de poner fin a la guerra y de derribar el capitalismo; y en segundo lugar, la importancia de la forma de organización soviética como el medio por el que la clase obrera puede expresar sus propios intereses y organizarse eficazmente para la guerra de clases. Esto también tuvo otras consecuencias, ya que el Dreadnought comenzó a trazar una línea más definida entre él y la corriente principal del Partido Laborista (LP) y la socialdemocracia en general. Las experiencias de Sylvia con las sufragistas habían provocado, obviamente, muchas críticas al LP, pero ahora estas críticas se habían visto reforzadas por el apoyo activo del LP a la guerra, y cuando el ILP se opuso a la retirada unilateral de Rusia de la guerra, la ruptura entre la política del ILP y la suya propia se hizo evidente. De hecho, para entonces el grupo se asoció con los internacionalistas y revolucionarios minoritarios de la antigua Segunda Internacional. Comenzó a hacer críticas políticas mucho más fuertes a la socialdemocracia, incluso antes del final de la guerra, denunciando el papel del LP de desactivar y oponerse a una revolución obrera. Otra consecuencia fue que el Dreadnought empezó a definirse más claramente como una organización política y a perder su carácter de grupo de bienestar social. En parte, esto se debió a que su apoyo a Rusia y su radicalismo general ahuyentaron a muchos ayudantes y fuentes de financiación, pero también fue una decisión consciente, ya que, como escribió Sylvia más tarde: "... todos nosotros preferiríamos poseer comodidad y bienestar como un derecho, que tener un mínimo de ello conferido como una caridad, aunque sea gentil o simpáticamente dado". (SP, "Notas autobiográficas")
En poco más de tres años, el Dreadnought pasó de ser una sociedad sufragista obrera y reformista a una organización socialista de pleno derecho. Y si bien se perdieron miembros a causa de este cambio, el grupo pasó de tres o cuatro sucursales en el este de Londres a casi cuarenta en todo el país (aunque es cierto que su fuerza siempre estuvo en Londres y Manchester).
Estos cambios en su política se reflejaron en el cambio de nombre del periódico a ‘The Workers' Dreadnought’ en junio de 1917. Durante el año siguiente, el grupo, aunque rechazaba al Partido Laborista y al Parlamento como medios para hacer la revolución, sostenía la necesidad de que los revolucionarios participaran e hicieran propaganda dentro de estas instituciones. Pero el desarrollo continuo de su comprensión de la forma en que crece la revolución de la clase obrera y el papel de los revolucionarios en este proceso llevó al rechazo de tal actividad.
El factor más importante en el periodo en que existió el Acorazado Obrero fue su participación y relaciones con la Tercera Internacional y su ala británica, el Partido Comunista de Gran Bretaña. El Dreadnought fue una voz importante, y de hecho políticamente el grupo más claro y coherente, en el intento de crear un partido comunista unido. Desgraciadamente, su desarrollo relativamente tardío obstaculizó su papel en los debates sobre la unidad y su mayor claridad no pudo alcanzar el nivel de influencia política que merecía sobre las demás organizaciones. Es interesante señalar aquí que, aunque el Dreadnought era relativamente pequeño en comparación con el Partido Socialista Británico (que era el grupo más grande en aquella época), su periódico vendía más que The Call del BSP. Cuando el PC se reunió finalmente a principios de 1921, el Dreadnought ya estaba bien establecido en el ala izquierda de la Internacional, pero fue también en esta época cuando los puntos de vista de la izquierda estaban siendo cada vez más atacados e incluso suprimidos. La inmadurez política y organizativa de la mayoría del CPGB hizo que fuera especialmente intolerante, y ocho meses después Sylvia fue expulsada y la mayoría de los ex miembros del Dreadnought se fueron con ella. La razón formal de su expulsión fue su negativa a detener la publicación del Dreadnought independientemente del control del partido. Los aciertos y errores de esta disputa no son realmente importantes; lo que sí cuenta es que en el fondo era una negativa a capitular ante el desarrollo del oportunismo en la Comintern.
Tras esta escisión, el PC continuó con su práctica de reprimir los puntos de vista de la izquierda, mientras que el Acorazado demostró su preocupación por el movimiento comunista en su conjunto sacando a la luz las diferencias políticas. Explicó y aclaró sus críticas a las posiciones del PC, mostrando las contradicciones en ellas y señalando los resultados negativos de su creciente énfasis en la táctica, así como el análisis más general de la decadencia de la Revolución Rusa. Este aspecto de la historia del Acorazado será tratado con mayor profundidad en el próximo número de WR7.
En el resto de este artículo queremos profundizar en otras cuestiones, más o menos relacionadas con el feminismo, que son centrales en sus experiencias. Nos fijamos en los detalles de los primeros años del Acorazado debido a nuestra preocupación por dar a conocer los hechos, pero también para observar cosas que siguen siendo relevantes hoy en día. En retrospectiva, los puntos fuertes que llevaron al grupo a desarrollarse de forma tan positiva son claros, pero las ideas y la práctica que rechazó más tarde también encierran lecciones para todos aquellos que desean la emancipación de la clase obrera. Estos hechos son necesarios no para justificar, digamos, la asistencia social en la actualidad, como vía para esta emancipación, sino para comprender las limitaciones de tales ideas. Teniendo en cuenta lo que se acaba de decir sobre las críticas de Sylvia al camino tomado por la Tercera Internacional, queda inmediatamente claro que no la llevaron a rechazar el marxismo y toda la experiencia de la Revolución Rusa, sino a buscar una comprensión aún más clara del camino a seguir. De la misma manera, hoy en día, condenar lo que Rusia es ahora no significa que deba equipararse con los objetivos originales de la revolución. Muchos individuos se han involucrado en los movimientos feministas y libertarios por reacción contra Rusia (y también los PC y los trotskistas) pero en realidad esto no es porque estos últimos sean marxistas sino porque son burgueses. Su comportamiento no debería llevar a nadie a rechazar el potencial de la clase obrera.
La participación de Sylvia Pankhurst en el WSPU antes de 1914 y sus actividades durante los años de la guerra significaron, obviamente, una gran acumulación de experiencia en el Parlamento y de lucha por las reformas. Al final, esto no la llevó a ser absorbida de una vez por todas por este circo. Al contrario, la llevó a una frustración total por la inutilidad de todo ello.
"Sabemos que el aliento de la intriga parlamentaria, el ambiente de la sala de la comisión parlamentaria, todo el ambiente de la Cámara de los Comunes y los malabarismos de los partidos políticos es antagónico al fuego blanco y limpio del entusiasmo comunista revolucionario. Los camaradas que no han presionado y se han sentado en la tribuna, hora tras hora, día tras día; que no han examinado año tras año las actas literales diarias, y han redactado y elaborado enmiendas a los proyectos de ley del Gobierno, no pueden conocer la mezquindad des vitalizadora ni el horrible fraude de la maquinaria parlamentaria". (SP, WD, 24 de septiembre de 1921)
Sin embargo, el rechazo al Parlamento no fue sólo por aburrimiento;
"...los que han elegido el camino de la acción parlamentaria se justifican que grandes masas de trabajadores inconscientes todavía tienen fe en el Parlamento. Así es, respondemos, entonces debemos socavar esa fe; pero horrorizados por la magnitud de la tarea de crear un cuerpo de trabajadores conscientes lo suficientemente fuerte como para efectuar cualquier cambio, los comunistas oportunistas proponen llevar a cabo la revolución con multitudes de trabajadores inconscientes. Nosotros, que creemos que la revolución sólo puede ser llevada a cabo por aquellos cuyas mentes están despiertas y que están inspirados por un propósito consciente, hemos decidido evitar la maquinaria administrativa del capitalismo. Hemos decidido esto debido a la clara e inconfundible dirección de las masas que da este rechazo, una dirección, más segura y efectiva, porque es una dirección dada por la acción, no simplemente por las palabras". (ibid.)
Este último punto es realmente muy importante: es el núcleo del abstencionismo, porque la lucha por una nueva sociedad es una lucha por una nueva forma de vivir y significa una nueva forma de organizarse, una nueva práctica. Rechazar las formas del capitalismo debe conducir a la búsqueda de una práctica mejor.
Esto nos lleva a la cuestión de las reformas y aquí radica la relevancia de lo anterior para el feminismo, porque para este movimiento se hace mucho hincapié en los aspectos aparentemente positivos de los proyectos de ley que llegan al parlamento. Pero si, como hizo el Acorazado, se rechaza el parlamento como medio de cambio, entonces también hay que rechazar la lucha por las reformas.
Este rechazo se basaba en la experiencia práctica de militantes como Pankhurst, pero debe situarse en el contexto del fin definitivo del periodo de relativa prosperidad capitalista que había hecho posible las reformas duraderas. Los revolucionarios más claros siempre lucharon contra la influencia corruptora del reformismo en el movimiento obrero, pero cada vez más fueron capaces de ver que sólo la revolución estaba a la orden del día en el nuevo periodo de decadencia.
La siguiente cita muestra muy claramente este vínculo entre el parlamento, las reformas y el feminismo. Muestra el motivo por el cual las mujeres (en parte, al menos) obtuvieron el voto durante la Primera Guerra Mundial. Desechando las leyendas sobre la utilidad de las mujeres durante la guerra y la militancia anterior a ella, Sylvia prosigue
"¿No empieza el Parlamento a saberse instintivamente una máquina condenada? El "bolchevismo", que no es más que el socialismo con otro nombre, pero el socialismo real, que implica la transformación -no un mero parche- del sistema social, se vislumbra en el horizonte. Cuando están en apuros, los hombres piden ayuda a aquellos a los que despreciaron. Fuera del juego de los partidos, las mujeres más activas e independientes siguen siendo una multitud descontenta de rebeldes; dentro, ¿no es de esperar que se conformen con las reglas? En todos los países los Parlamentos están amenazados y eso tan misterioso e inexplicable, la voluntad de las masas populares, seguramente y con velocidad creciente, avanza hacia un organismo social más nuevo. Al darse cuenta de esto, los viejos carcamales del Parlamento y los poderes que están detrás de ellos dicen: "Debemos hacer algo para popularizar la vieja institución; traigamos a las mujeres"". (SP, WD, 2 de noviembre de 1918)
Hay dos puntos que vale la pena subrayar aquí. En primer lugar, esto sigue siendo exactamente el uso que el capitalismo hace de las "reformas" en este periodo. Tanto si se trata de los requisitos para votar, como en este caso, como del Servicio Nacional de Salud o, más recientemente, de la Enmienda sobre la Igualdad de Derechos, siempre implican en cierta medida la necesidad de mantener a la población, y especialmente a la clase obrera, pasiva. No son más que una pretensión de cambio, y el Acorazado condenó con razón todas las "reformas" como meros retoques de un sistema que realmente requiere ser destruido. Esto es cien veces más cierto hoy en día.
En segundo lugar, también hay un rechazo implícito de cualquier supuesta "cualidad especial" de las mujeres como grupo separado. El "poder de las mujeres" aparentemente mostrado por las luchas de las sufragistas no fue un factor decisivo, poco más que una molestia: cuando los hombres y mujeres de la clase trabajadora se ponen en movimiento el capitalismo comienza a temblar, porque son las luchas de la clase trabajadora las que amenazan la base de todo el sistema.
En sus inicios, el Dreadnought creía que el remedio para todos los males de la sociedad era simplemente dar el voto a las mujeres. Es exactamente la misma idea que motiva a las feministas de hoy en día (incluso si el voto no es claramente una solución): si sólo las mujeres tuvieran más poder, la sociedad sería un lugar mejor. Pero, en realidad, ¿qué pruebas hay de esta creencia? A pesar de todas las supuestas "reformas" desde la Primera Guerra Mundial que han afectado a la situación de las mujeres y que aparentemente han permitido o conseguido más libertad para ellas, ¿no siguen siendo las condiciones de las mujeres básicamente las mismas?
"Denle a un hombre 5.000 libras al año para que sea ministro de Sanidad, nombrar empleados a 500 libras al año cada uno, ¡para que nos arrojen unas pastillas de quinina! ¿De qué sirve un Ministerio de Sanidad, mientras vivimos bajo el sistema capitalista?" (Citado en WD, 2 de noviembre de 1918)
Tal vez no sea una respuesta exhaustiva a esta pregunta, pero seguramente es reveladora.
Cuando el Acorazado llegó a rechazar esta idea lo hizo porque vio que la idea de la hermandad simplemente cubría las divisiones materiales muy reales entre los diferentes grupos de mujeres. No sólo entre las que apoyaban y las que se oponían a la guerra, sino que en todos los temas estos grupos tienen intereses diferentes, es decir, ambiciones monetarias y sociales distintas. Teniendo esto en cuenta, lo mejor que se puede decir de un intento de unificar a las mujeres es que está condenado al fracaso.
"Las mujeres no constituyen un grupo económico; y por esa razón no pueden, en las condiciones actuales, actuar juntas en cuestiones mundiales o nacionales; porque tales cuestiones implican consideraciones económicas. En la evolución de la sociedad humana, los que acaban marchando bajo la misma bandera son quienes se dejan llevar (directa o indirectamente) por la misma motivación económica" (F. Connor, WD, 13 de agosto de 1921)
Ciertamente hay algunos aspectos que atraviesan las fronteras de clase y afectan a todas las mujeres, pero sin el cemento de las condiciones económicas comunes no puede haber una verdadera unidad. La pura verdad es que las mujeres burguesas y las mujeres de la clase obrera viven vidas que son mundos aparte y sus reacciones a esta sociedad son completamente opuestas.
Ya debería estar claro que cuando el Acorazado abrazó la política revolucionaria no ignoró en absoluto la cuestión de las mujeres. Por el contrario, se esforzó por garantizar que la intervención a favor de las mujeres de la clase obrera se considerara una parte importante del conjunto de la intervención del movimiento revolucionario. En esta cuestión, su preocupación era muy similar a la del rechazo a la actividad en el parlamento, el Partido Laborista y los sindicatos: el rechazo al reformismo y los objetivos reformistas, y el establecimiento de una práctica revolucionaria. Su énfasis estaba en la autoorganización de los trabajadores. Como ejemplo de esta intervención, en un artículo titulado "Los soviets de la calle", Sylvia Pankhurst comparaba los partidos pacifistas, que habían surgido al finalizar la Primera Guerra Mundial y se habían extendido calle por calle por todo Londres, con la participación de las mujeres rusas en los soviets. El Estado intentó prohibir estos partidos, pero no pudo evitar que se extendieran. La Iglesia y los trabajadores de la caridad (¿los actuales trabajadores sociales?), a los que normalmente les gusta hacerse responsables de cualquier cosa de esta naturaleza, se quedaron "mirando con asombro":
"La revolución soviética se acerca, pero las mujeres trabajadoras no deben esperar a que llegue para crear sus comités de calle. Son los comités de taller de las madres, pues las calles y las casas son sus talleres. Deben poner en marcha los soviets de las calles lo antes posible... Las mujeres deben organizarse para protegerse a sí mismas y a sus familias y para ayudar en la lucha general de la clase obrera para conquistar el poder del gobierno y acabar con la esclavitud asalariada y la pobreza y el dominio de los ricos... Lo primero que deben hacer las mujeres trabajadoras es organizarse, celebrar sus propias reuniones en la calle y crear sus propios soviets". (SP, WD, 27 de marzo de 1920).
Hoy en día los soviets no son una posibilidad inmediata, pero estamos en un periodo revolucionario8 y recientemente ha habido una tendencia a la escalada de las luchas sociales y, de hecho, a formar parte de las olas de huelgas masivas que han tenido lugar. Así que el llamamiento a las mujeres de la clase obrera para que participen activamente en la autoorganización del proletariado, al margen de la dirección izquierdista y liberal, sigue siendo muy importante.
Por último, Sylvia Pankhurst no sugirió en ningún momento la necesidad de una organización femenina independiente. Reconoció que las mujeres de la clase obrera se enfrentaban a su propia situación específica, pero que ésta formaba parte de la división general de clases de la sociedad, y que si participaban en las luchas resultantes de esta situación, en general su lugar era "marchar junto a sus hermanos de la clase obrera" hacia la revolución comunista. Para alcanzar este objetivo se necesitan hombres y mujeres conscientes y unidos. Se trata de una conciencia de toda la realidad social, no simplemente de las divisiones sexuales. Lo que subyace es su reconocimiento de que la emancipación de la mujer sólo puede producirse con la revolución comunista. Los izquierdistas y las feministas de hoy en día regatean sobre si la liberación de la mujer puede llegar antes o después de la "revolución", pero seamos claros, no son las teorizaciones interminables las que cambian las relaciones9.
Si observamos de cerca los grandes movimientos y oleadas de lucha de los trabajadores, el cambio en la forma en que los proletarios se tratan entre sí es evidente. La participación colectiva en esas luchas exige nuevas relaciones porque lo vital es el éxito de la lucha, y la necesidad de una organización eficaz tiende a superar las divisiones sexuales que promueve el capitalismo. La liberación de las mujeres y los hombres de la clase obrera es ante todo un problema práctico que sólo se resuelve participando en los pasos prácticos hacia la revolución comunista, y creando una comunidad humana mundial.
El Acorazado Obrero desapareció en 1924. El hecho de que en su vida posterior Sylvia Pankhurst no siguiera formando parte del movimiento comunista de izquierda no debe llevar a nadie a desestimar las críticas que hizo al feminismo en este periodo de su vida. La existencia del Dreadnought entre 1914 y 1924 se corresponde estrechamente con el periodo de la ola revolucionaria, un periodo en el que los revolucionarios estaban en su punto más fuerte y claro. A mediados de los años veinte las luchas revolucionarias de clase estaban en declive y tendió a predominar en la mayoría de los revolucionarios la capitulación ante la contrarrevolución o el desencanto con la política. Muy, muy pocos grupos revolucionarios sobrevivieron a los años veinte. Si es lamentable, también es comprensible y de hecho era inevitable10.
DS
1 Sufragista es una película interesante porque se centra en la experiencia de un grupo de mujeres de la clase trabajadora del East End de Londres, en lugar de los partidarios feministas de la clase media. Describe con fuerza la brutal violencia ejercida por el Estado democrático contra los manifestantes pacíficos y los presos en huelga de hambre, así como su sofisticada vigilancia de cualquier persona sospechosa de actividad política. Y, sin embargo, a pesar de su ambientación, no se menciona el movimiento obrero más amplio ni sus luchas de la época, mientras que Sylvia Pankhurst, que fundó la Federación de Sufragistas del Este de Londres, sólo se menciona una vez, y sólo por su desacuerdo con la política de "acción directa" de los dirigentes, lo que deja entrever que era conservadora o pacifista. Al terminar con la muerte de la sufragista Emily Davidson en 1913, la película evita tratar la cuestión de la guerra y la división del movimiento sufragista
2Una lista incompleta incluye: Sylvia Pankhurst - Sexual politics and political activism, de Sheila Rowbotham y Barbara Winslow (1996); Sylvia Pankhurst: A Life in Radical Politics de Mary Davis (1999); Sylvia Pankhurst: The Life and Loves of a Romantic Rebel (2003) y Sylvia Pankhurst: The Rebellious Suffragette (2012) de Shirley Harrison, y Sylvia Pankhurst: Suffragette, Socialist and Scourge of Empire, de Katherine Connelly (2013)
3Véase el artículo de la CCI sobre este evento, Hands off Sylvia Pankhurst!
4 El plan original era producir tres, pero sólo aparecieron dos, en los WRs, 33 y 34. Se presentan aquí en una versión ligeramente editada como un solo artículo
5 Siglas en inglés del Partido Laborista Independiente (nota de la traducción)
6 Dreadnought: acorazado, nombre que tomó el periódico.
7 Nota del editor: De hecho, este tercer artículo nunca apareció, pero el papel del grupo Workers' Dreadnought en las negociaciones para formar un Partido Comunista en Gran Bretaña, y como parte de la oposición de izquierdas dentro de la Tercera Internacional, se trata con más detalle en el libro de la CCI The British Communist Left.
8 Nota del editor: Este libro fue escrito en un período en el que se estaban produciendo luchas masivas en Gran Bretaña y en otros lugares, dando la apariencia de una ola en continuo crecimiento y desarrollo. Cuando empezó a reflexionar sobre la relación de fuerzas entre las clases, la CCI cambió posteriormente su caracterización del curso histórico de un "curso hacia la revolución" a un "curso hacia las confrontaciones de clase", para dejar claro que el resultado revolucionario no estaba en absoluto predestinado. Pero también está en el proceso de criticar las ambigüedades restantes que han dejado la puerta abierta a una visión lineal y esquemática de la lucha de clases y no han reconocido suficientemente las dificultades, las derrotas y los períodos de retroceso experimentados por el proletariado desde mayo del 68 y, sobre todo, desde el inicio de la fase de descomposición a finales de los años 80.
9 Nota del editor: Esto es cierto, pero la verdadera cuestión aquí no es tanto la teorización en sí como la naturaleza burguesa de dicha teorización por parte de los izquierdistas y feministas
10 Nota del editor: La desaparición de grupos de revolucionarios en el periodo de la contrarrevolución capitalista no era inevitable y algunos grupos minúsculos sobrevivieron, incluso en Gran Bretaña (véase The British Communist Left). El verdadero problema fue que Pankhurst y el grupo Dreadnought no reconocieron la profundidad de la derrota sufrida por la clase obrera en la oleada revolucionaria y la necesidad de trabajar como fracción para sacar las lecciones
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En contra de lo que la burguesía quiere hacernos creer, el estalinismo no tiene nada que ver con el comunismo. Son dos mundos, dos tipos de sociedad completamente antagónicos. La doctrina "comunista" de los partidos y regímenes estalinistas constituye una revisión y adulteración total de los principios y posiciones del movimiento obrero y de la lucha por el comunismo.
El comunismo sólo puede existir a escala mundial. El socialismo en un país es imposible. Cuando Stalin proclamó en 1926 la "construcción del socialismo en Rusia", los revolucionarios de la izquierda comunista denunciaron esta teoría como una farsa y la vieron como una señal del colapso definitivo de la revolución en Rusia y de la integración de este país en la cadena capitalista mundial.
En 1847, Engels escribió:
"¿Puede la revolución tener lugar en un solo país? No. La industria a gran escala, al crear el mercado mundial, ya ha acercado tanto a los pueblos de la tierra, especialmente a los más civilizados, que cada pueblo depende de lo que ocurra en los demás. Además, ha normalizado el desarrollo social en todos los países civilizados hasta el punto de que en todos ellos la burguesía y el proletariado se han convertido en las dos clases decisivas de la sociedad, y la lucha entre estas dos clases se ha convertido en la principal lucha de nuestro tiempo. La revolución comunista, por tanto, no será una revolución puramente nacional; se producirá al mismo tiempo en todos los países civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, América, Francia y Alemania (...). También tendrá repercusiones considerables en todos los países del mundo, y transformará y acelerará completamente el curso de su desarrollo. Es una revolución universal; por lo tanto, tendrá un fundamento universal. ("Principios del Comunismo").
El mercado mundial impone sus leyes a todos los países. Ningún país puede escapar a esas leyes instaurando un régimen de autarquía. Sólo la destrucción mundial del capitalismo puede abrir un proceso histórico que conduzca al comunismo. El triunfo de la revolución proletaria en un país no significa que automáticamente el comunismo pueda construirse en ese país. Al contrario, la acción política y militar del capitalismo y las leyes de la economía mundial harán imposible esa pretensión reaccionaria de “construir el socialismo en un solo país”. Por eso, la tarea crucial del proletariado en el país o países donde triunfa la revolución no es construir estructuras comunistas ilusorias, sino extender la revolución a todo el mundo.
El comunismo es una sociedad sin clases y, por tanto, sin Estado.
La destrucción del Estado burgués en todos los países abre el proceso de transición del capitalismo al comunismo. Durante este período, en la medida en que siguen existiendo las clases sociales (aunque la burguesía ha sido expulsada del poder, siguen existiendo clases no explotadoras como los campesinos, los artesanos, etc.) y sigue imperando la ley del valor, existe necesariamente un semi estado que trata de evitar la ruptura de la sociedad bajo el efecto de los persistentes conflictos de clase, con el peligro que contienen de la restauración del capitalismo1.
Sin embargo, este semi estado es un instrumento conservador con el que el proletariado no puede identificarse. Debe controlarlo y, al mismo tiempo, a medida que libera a la producción de los grilletes de la ley del valor e integra en ella a los demás estratos sociales, debe debilitar este semi estado hasta su completa y total extinción2. El comunismo es la "sustitución del gobierno de los hombres por la administración de las cosas" (Engels) y, como tal, no tiene nada que ver con los regímenes estalinistas3, donde domina un Estado burocrático y policial, abiertamente dictatorial y totalitario. Con el triunfo de la contrarrevolución estalinista a partir de finales de los años 20, el Estado en Rusia, lejos de extinguirse, sólo se hipertrofió monstruosamente.
El comunismo es totalmente incompatible con la división del mundo en naciones, lenguas, razas... Por lo tanto, la propia noción de "naciones comunistas" es un completo disparate. La sociedad comunista sólo puede ser la comunidad humana mundial.
La tendencia a la hipertrofia totalitaria del Estado no es, como siempre se nos ha hecho creer, una peculiaridad propia de los regímenes estalinistas. Es una característica general de todos los países capitalistas, ya sean "democráticos" o "dictatoriales".
De manera demagógica Derecha e Izquierda se enzarzan en un “debate” donde la Derecha clama por “menos Estado” y “más libertad para la iniciativa privada”, mientras que la Izquierda pide “más Estado” para “proteger a los más desfavorecidos”. Ambos polos de la política burguesa ocultan que el capitalismo decadente requiere el fortalecimiento extremo del Estado para evitar la dislocación total de la sociedad y mantener al proletariado bajo control. Por eso el Estado es un Estado totalitario, adopte o no una apariencia "democrática"4 y, tanto Derecha como Izquierda, cuando están en el gobierno no hacen otra cosa que reforzar el control del Estado sobre la economía y el conjunto de la sociedad. La Derecha que suele ganar las elecciones prometiendo “menos impuestos” y “más libertad” hace todo lo contrario cuando se instala en el gobierno: sube los impuestos a la mayoría a la par que los rebaja a los más ricos y adopta medidas de control burocrático so pretexto de “organizar la libertad del mercado”. Sus privatizaciones consisten en que el Estado regalen empresas a los “amiguetes” guardando este un control de ellas mediante gestores nombrados a dedo por los gobernantes.
Por su parte, la Izquierda utiliza sus propuestas de mayor control público “en beneficio de todos” para atacar a los trabajadores con reducción de las pensiones, recorte de salarios y de servicios públicos etc. Sus medidas de “lucha contra el paro” en forma de ayudas, bonos, subvenciones etc., consisten en dar dinero a espuertas a los capitalistas para que creen puestos de trabajo precarios y pesimamente pagados.
El comunismo se basa sobre la producción masiva de bienes de consumo para satisfacer plenamente las necesidades materiales humanas. No tiene nada que ver con los regímenes basados en el desarrollo de la industria pesada, la producción de armamento, la destrucción del medio ambiente y el racionamiento draconiano que, durante los últimos sesenta años, han devastado los países del bloque ruso5.
La posibilidad de satisfacer plena y abundantemente las necesidades de todos los seres humanos, de abolir el hambre y la escasez, no es una utopía. El capitalismo ha permitido el desarrollo de las fuerzas productivas hasta un nivel que permite alcanzar este objetivo, pero la naturaleza de este sistema, basado en el trabajo asalariado y la producción de mercancías, conduce justo a lo contrario: hambre, desempleo y destrucción.
Precisamente, la contradicción fundamental del modo de producción capitalista, la que conduce a la crisis y al holocausto bélico, no es la sub -producción de bienes de consumo sino, por el contrario, su exceso, su sobreproducción. Por otra parte, como señaló Engels, en la sociedad comunista, "en lugar de crear miseria, la producción más allá de las necesidades actuales de la sociedad asegurará la satisfacción de las necesidades de todos y hará aparecer nuevas necesidades junto con los medios para satisfacerlas. Será la condición y la fuente de un nuevo progreso, que logrará sin desordenar periódicamente todo el orden social, como ha sucedido hasta ahora. ("Principios del Comunismo")
Los regímenes que existieron en los países de Europa del Este son todo lo contrario al comunismo: son una forma extrema y aberrante de capitalismo. Son una caricatura de la naturaleza misma del capitalismo decadente: todos los recursos, todas las energías, toda la tecnología, toda la ciencia, están totalmente dedicados al armamento, es decir, al despilfarro y a la destrucción.
Los grandes países industrializados de Occidente, en la medida en que están más desarrollados, pueden dedicar cierta parte de sus fuerzas productivas al consumo y al desarrollo de la tecnología, lo que les permite disimular lo que queda al descubierto en los países del Este: la subordinación radical de la economía a la producción bélica y al despilfarro.
El engaño del estalinismo consiste en hacer pasar por comunismo la propiedad estatal de los medios de producción. Pero, como demostraron Marx y Engels, el capitalismo es ante todo una relación social de producción que presupone la separación del trabajador de todos los medios de subsistencia y su sometimiento, para sobrevivir, al trabajo asalariado, es decir, al trabajo de producir para los propietarios de los medios de producción. Estos propietarios pueden ser capitalistas individuales, un consorcio de capitalistas o bien el Estado. El tipo de propiedad de los medios de producción no cambia para nada la explotación de los trabajadores. Estos sufren la misma explotación si el titular de la empresa es el Estado, incluso si los propietarios “oficiales” de la empresa son “los propios trabajadores” como sucede con las empresas “autogestionadas” tan del gusto de los anarquistas6.
Por otro lado, los estalinistas, así como los trotskistas, nos han presentado durante décadas la planificación central y el monopolio estatal del comercio exterior como "comunismo". El capitalismo, a escala nacional, admite la regulación de la economía. En los países de “libre mercado”, esta planificación estatal de la vida económica es omnipresente y, por tanto, más eficaz y rigurosa que el sistema ruso de "planificación central", donde (como hemos demostrado en varios artículos sobre el actual colapso del bloque del Este) el Estado central no controla absolutamente nada7.
En realidad, como ha argumentado la izquierda comunista durante muchos años, este control estatal de la economía es una tendencia universal del capitalismo en todos los países. La única diferencia es que en los países de “libre mercado” el control estatal coexiste con la burguesía privada y su dominio sobre la sociedad y la vida económica se ejerce de forma indirecta (manipulación del mercado, del crédito, del dinero, de los impuestos, del poder adquisitivo...), sin necesidad de la propiedad estatal8.
La propiedad social (no estatal) es una característica de la sociedad en transición del capitalismo al comunismo.
Supone la disposición de la producción social por el conjunto de la sociedad, y no por una clase minoritaria que se apoya en el Estado (como es el caso de los regímenes estalinistas). Esto sólo puede lograrse, en primer lugar, a través del control colectivo por parte de toda la clase obrera de esta producción, y este control sólo puede ejercerse a través de la mediación, no de un partido o de una capa burocrática, sino de los consejos obreros.
En segundo lugar, este objetivo sólo puede ser alcanzado por la propia orientación de la producción, que debe tener como objetivo el desarrollo masivo de los medios de consumo y la transformación consciente de las condiciones de vida de la humanidad. Todo esto es completamente contrario al desarrollo de la industria pesada, la producción de armas y el despilfarro que caracterizan al capitalismo en todos los países. La planificación es un instrumento del comunismo. Pero no es lo mismo planificar que desarrollar la economía de guerra para las necesidades del capital nacional. Se trata de planificar para satisfacer las necesidades de toda la comunidad humana mundial, hacer un uso racional de los recursos del mundo y transformar la naturaleza de forma armoniosa.
La planificación, en el comunismo, es una actividad concebida a escala mundial, consciente, realizada colectivamente y de forma unitaria por toda la población. La "planificación" en el capitalismo se realiza a escala nacional (y, por tanto, de forma anárquica y contradictoria en los distintos países), a ciegas en la medida en que se somete a los imperativos de las leyes económicas que rigen el mercado mundial. Su único objetivo es defender los intereses de cada burguesía nacional en competencia con sus rivales de otros países y en contradicción con los intereses de los que explota, los trabajadores.
Más que nunca, el futuro pertenece al comunismo.
Acción Proletaria 1991
1 El anarquismo “resuelve” platónicamente el problema proclamando la abolición inmediata, de la noche a la mañana, del Estado. Detrás de esa frase de apariencia ultra radical se esconde la propuesta reaccionaria de establecer “comunas locales”, una vuelta imposible a los tiempos de la Edad Media donde la naciente burguesía trataba de lograr autonomía frente a los señores feudales afirmando su poder en las ciudades.
2 Dentro de la tradición de la Izquierda Comunista hemos escrito numerosos documentos sobre la cuestión del semi – estado en la transición del capitalismo al comunismo y la política que debe llevar el proletariado a través de su dictadura de clase, los Consejos Obreros. Ver la Serie El Comunismo no es un bello ideal sino una necesidad material. También un resumen actualizado de estas contribuciones se encuentro en Debate sobre el comunismo y la transición del capitalismo al comunismo https://es.internationalism.org/content/4459/debate-sobre-el-comunismo-y-el-periodo-de-transicion-del-capitalismo-al-comunismo [538]
3 O los actuales regímenes del “socialismo del siglo XXI” de Maduro, Ortega y demás sátrapas
4 Hemos escrito igualmente mucho sobre la cuestión de la tendencia de todos los países al Capitalismo de Estado sea su régimen “liberal”, “socialista”, “populista” o cualquiera otra etiqueta. Ver una actualización de esta contribución en Cuestiones sobre el capitalismo de Estado en la actualidad https://es.internationalism.org/content/4714/cuestiones-sobre-el-capitalismo-de-estado-en-la-actualidad [720]
5 Esto lo escribimos en 1991. Lo que sucede en Cuba o en Venezuela actualmente confirma plenamente ese análisis. Sin embargo, se podría aducir que, en cambio, el régimen estalinista de China ha llevado a un fuerte desarrollo económico y a un mayor bienestar de la población. No podemos abordar aquí las causas del ascenso espectacular de China en la competencia brutal económica e imperialista que domina el mundo (ver la Resolución sobre la situación internacional de nuestro 23º Congreso https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida [122] ), sin embargo, ese ascenso se ha levantado sobre una explotación feroz de la clase obrera a la que se le han impuesto una condiciones de vida y trabajo brutales
6 Ver el punto 11 de nuestra Plataforma, La autogestión auto explotación de los trabajadores, https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [243]
7 Ver Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este /content/3451/tesis-sobre-la-crisis-economica-y-politica-en-los-paises-del-este [139]
8 Ver ¿Crisis del neoliberalismo o crisis del capitalismo? https://es.internationalism.org/cci-online/200810/2380/crisis-del-neoliberalismo-o-crisis-del-capitalismo [459]
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El mes pasado fuimos testigos de la combatividad de los obreros del metal gaditanos1, cuya huelga fue exitosamente abortada hace poco por los expertos en la materia de entrampar y diluir la disposición a la lucha de los trabajadores: los sindicatos, ya “oficiales” o “alternativos” o “de base”, que en todo movimiento de respuesta de los trabajadores a la degradación de sus condiciones de vida están siempre presentes como dique de contención, como órgano privilegiado del Estado burgués para despistar y dirigir a vías estériles la combatividad de los obreros. Toda una serie de organizaciones ajenas al sindicalismo, no obstante, han saltado también al ruedo con declaraciones de “solidaridad” con los trabajadores, con mayor o menor grado de puesta en escena. Aquí podremos citar incluso a organizaciones tales como Vox o la Iglesia. Con este escrito queremos contribuir a la comprensión de circunstancias como esta, e insistir en que todos los obreros, sea cual sea su procedencia, deben precaverse de los “falsos amigos” a los que intenta presentarles el Estado, y ver cómo la historia de nuestra clase está llena de ejemplos de trampas de este tipo.
No obstante, también destacaremos que esta huelga se ha dado en un contexto de aumento nada desdeñable de la combatividad a nivel internacional, con huelgas que hemos podido ver en el Estado español previas a las del metal en Cádiz, y en Estados Unidos, Francia, Italia, Corea2… y si algo pone en común la realidad universal de la clase obrera, es que no importa en qué esquina del mundo estallen estos movimientos, para todos es igualmente válido el hecho de que sólo cuando los trabajadores toman en sus propias manos las riendas de la lucha y buscan extenderla, organizando sus propias asambleas donde decidir y debatir, abiertas a todos los miembros de nuestra clase, están verdaderamente en situación de avanzar y comprender cuál es la naturaleza histórica de la clase obrera y de su lucha. La presión de la inflación, la subida de precios y el agravamiento de la crisis y la pandemia parecen estar encontrando respuesta en algunos sectores de nuestra clase, y con este escrito sobre la situación en Cádiz queremos contribuir a la reflexión y a las luchas que vendrán.
Lo haremos guiándonos por el método teórico proletario de balance de las luchas, el cual debe estar en coherencia con su propio interés de clase. La comprensión histórica que las organizaciones de la clase obrera han alcanzado duramente es que, en la fase de decadencia histórica del capitalismo, sus luchas no pueden avanzar sino a través de una serie de derrotas económicas objetivas, y que, hasta la revolución, las únicas victorias se podrán dar en el plano subjetivo del desarrollo de su consciencia y combatividad de clase, es decir, el desarrollo de su perspectiva revolucionaria.
En coherencia con lo que acabamos de decir, debemos rechazar de raíz las falsas lecciones y el falso método de los izquierdistas que consiste en desarrollar las ilusiones reformistas, por ejemplo, exaltando como “modelo a seguir” los métodos estériles de lucha y reproduciendo la ideología sindical, y así insisten en que sectores específicos de la clase sí podrían salir ganando de luchas aisladas. En el desarrollo de estas ilusiones converge toda la burguesía, en el podrido terreno democrático del mayor o menor acuerdo ciudadano, es decir, la idea de si merece más o menos la pena insistir más tiempo en la mejora de las condiciones de trabajo en un sector particular, como si fuera un cálculo mercantil de beneficios y pérdidas. No está en el interés del proletariado engañarse o hacerse ilusiones. Debe estar claro que, mientras la clase obrera no tome la lucha en sus propias manos enfrentando como clase a todos los brazos del Estado, la única ganadora será la burguesía.
Como expresamos hace ya casi 40 años “Una de las consecuencias del capitalismo de estado es que el poder en la sociedad burguesa tiende a pasar de las manos de los órganos legislativos al aparato ejecutivo del estado. Esto tiene un profundo efecto en la vida política de la burguesía, ya que esta ocurre en el marco del estado. Como consecuencia, en la decadencia la tendencia dominante en la vida política burguesa es hacia el totalitarismo, así como en la vida económica es hacia la estatalización. Los partidos políticos de la burguesía ya no prevalecen como emanaciones de diferentes grupos de interés como lo fueron en el siglo XIX. Se convierten en expresiones del capital estatal hacia secciones específicas de la sociedad. En cierto sentido, podríamos decir que los partidos políticos de la burguesía en cualquier país son meramente facciones de un partido estatal totalitario” (Revista Internacional nº 31)3.
Los acontecimientos en torno a las luchas en Cádiz han confirmado una vez más que, ante la lucha proletaria, el Estado reacciona reforzando hasta el mayor extremo necesario su papel conservador de la sociedad de clases existente, y que las distintas facciones de ese aparato totalitario convergen en la defensa del capital nacional, la falsificación y represión de la lucha a través de una característica división de papeles de distintos brazos del Estado. ¿Es que Vox llamando a la huelga, o Kichi llamando a manifestaciones violentas mientras el PSOE condena su piromanía irresponsable, o el sindicato “de las bases” del Metal de Cádiz (CTM) con sus eslóganes radicales incluso contra la represión del “Estado”, ¿o Podemos llamando a la lucha ciudadana dialogante?… expresan divisiones de la burguesía? No. “En su enfrentamiento al proletariado, el estado puede emplear muchas ramas de su aparato en una división del trabajo coherente; una huelga aislada de los trabajadores podría tener que enfrentarse a un conjunto de sindicatos, campañas propagandísticas de prensa y televisión de diferentes matices, campañas de varios partidos políticos, la policía, los servicios de 'bienestar' y, a veces, al ejército. Pero ver la ejecución de un uso coordinado de todas estas partes del estado no implica que cada parte vea el marco general en el que cada una está llevando a cabo su función. En primer lugar, es innecesario para todo el conjunto de la burguesía entender qué está sucediendo. La burguesía es capaz de delegar esta responsabilidad a una minoría suya. Por lo tanto, el Estado no se ve obstaculizado de forma significativa por el hecho de que toda la clase dominante no vea el cuadro completo”. (Idem)
Tras nueve días de huelga, se firmó en Sevilla el nuevo pacto entre CCOO, UGT y la patronal para terminar de sentenciar el nuevo impasse: subida salarial del 2% revisada en 2024 y compensaciones del 80% de diferencia con el Índice de Precios de Consumo (IPC), a pagar tres años después. Un chiste de mal gusto que a los obreros no les sirve de absolutamente nada. Pero era lo que se podía esperar de las centrales sindicales, cuyo historial, aquí y en cualquier otra parte del mundo, es ya bien conocido. Su función es la defensa del interés de conjunto del capital nacional, lo que se concreta en la “negociación” para imponer lo que el capital necesita y la “movilización” para sabotear la respuesta obrera.
En esta segunda faceta de su defensa del capital nacional, su cometido no es otro que el de funcionar de termómetros de la conflictividad laboral para el Estado: cuando notan una disposición a la lucha lo suficientemente significativa por parte de los trabajadores de un entorno determinado y se ven forzados a declarar una huelga, no lo hacen porque tengan en mente los intereses de la clase obrera, ya inmediatos o históricos, sino porque su principal función es quemar esas energías de lucha que ven salir a la superficie, y contener todo conflicto entre obreros y burgueses en las vías “razonables” de la política de Estado. Sus herramientas son las marchas-procesión con las que intentan ante todo impedir la extensión de la lucha, los “comités de huelga” que forman para impedir la organización de asambleas controladas directamente por la plantilla, los “parones”- pantomima de pocas horas con servicios mínimos… todo vale para cumplir su función esencial: salvar la cara como pretendidos “representantes de los trabajadores”.
Cuando las luchas se recrudecen y hay un ambiente muy caldeado a nivel general en una región o un país entero, los llamados sindicales a la “unidad” y a la “convergencia de luchas” que les hemos oído tantas veces en otros años no han sido otra cosa que otro intento rastrero más de apropiarse de las energías y las referencias que tienen en mente los trabajadores, para así mejor dirigir el ímpetu de las huelgas y concentraciones y que acaben donde ellos quieren siempre que acabe: en la negociación pactada, en las “concesiones” de una y otra parte que siempre inclinarán la balanza en contra de los obreros, en las negociaciones por sector, por separado, en que todas las lecciones posibles que puedan sacarse de una experiencia de lucha se ignoren y se ponga el énfasis y la fuerza en arrancarle migajas de concesiones que no le duelan demasiado al bolsillo de la burguesía… y que la subida de la inflación o los cambios en la productividad se encargarán de borrar en los próximos meses. Las “concesiones” pactadas en Sevilla son la enésima muestra de que los sindicatos, ante todo, tienen la función de canalizar la disposición a la lucha de los trabajadores en un nuevo status quo para que no paren las rotativas, y se reanude la producción y la acumulación de capital lo antes posible.
Siempre a los márgenes de las grandes centrales sindicales, como fieles comparsas que acompañan a la cohorte imperial en todas las manifestaciones, encontramos toda una miríada de organizaciones sindicales que se suelen autodenominar con calificativos del tipo “sindicato de base”, “alternativo”, “de clase”… y cuyo único propósito parece ser el venderse como alternativa más crítica y luchadora para los trabajadores que quieren un sindicato “de verdad” y estén hartos de las traiciones de los grandes sindicatos oficiales.
Un ejemplo de esta “combatividad” lo tenemos en el artículo del Sindicato de Estudiantes (SE) con el que difunde la hoja conjunta que repartieron el mismo SE, la Coordinadora de Trabajadores del Metal (CTM) y la Confederación General del Trabajo (CGT) en la concentración del 25 de noviembre:
``Los trabajadores hemos demostrado una fuerza tremenda para conseguir un convenio digno […] ¡Mantengamos la huelga el jueves 25 y el viernes 26 y demostremos a la patronal que queremos lo que es nuestro!´´4
¡En estos párrafos se condensa la deformación y falsificación de la lucha obrera que hacen esos sindicatos “alternativos”!
1º Hablan de que “queremos lo que es nuestro”. Los proletarios no tenemos nada nuestro dentro de las condiciones de la sociedad burguesa, como no sea la energía de nuestros brazos y nuestro cerebro para vendérsela al mejor postor de la burguesía y así poder sobrevivir. Esa es otra de las realidades que los sindicatos intentan confundir defendiendo ante los obreros que, antes que pensar en nada más como clase, tenemos que defender nuestra pequeña concesión del año ante el capital y no reflexionar más que en cómo acomodar los beneficios del capital a la continuación de nuestra explotación. El intercambio legal, de igual a igual, cuando para nosotros no hay igualdad ninguna frente a la explotación capitalista
2º La lucha la encaminan al objetivo capitalista de “un convenio digno”: Los Convenios Colectivos son instrumentos legales a través de los cuales Gobierno, Patronal y Sindicatos estructuran periódicamente las condiciones laborales (salarios, jornada, ritmos, productividad etc.) para adecuarlas a las necesidades generales del capital nacional. La legislación laboral, sin importar si es escrita por un Estado abiertamente dictatorial o por uno democrático y social, no es otra cosa que el conjunto de directrices pactadas de las diferentes facciones de explotadores para mejor estabilizar la acumulación de capital en las diferentes industrias y ramas de la producción. El Convenio “digno” o “indigno” subordina los obreros a los intereses de la explotación y la acumulación capitalista. El Convenio no tiene nada que ver con las reivindicaciones obreras contra la degradación de los salarios, las jornadas agotadoras, los ritmos de explotación etc. Estas expresan las necesidades que tenemos como clase frente al capital mientras que el Convenio las desnaturaliza y adultera haciendo de ellas meros apéndices contractuales de la reproducción del capital.
3º Hablan de una “fuerza tremenda” como trabajadores. ¡Es un engaño vil! La lucha encerrada en el sector metal, limitada a la Bahía de Cádiz no supone una “fuerza tremenda”. Es verdad que la lucha ha significado un esfuerzo por extenderse, pero esencialmente ha quedado encerrada en las cárceles ciudadanas y sectoriales. Y ESO NO ES UNA FUERZA TREMENDA SINO UNA DERROTA. Lo único que nos dará fuerza es la extensión hacia toda la clase de una lucha que tomemos bajo control de nuestras propias fuerzas, y con las que nos pongamos en cuestión la situación y los intereses históricos que tenemos todos los obreros como clase, al mismo tiempo que luchamos por las subidas salariales, etc., en nuestros propios términos.
Lo único que interesa a estos sindicalistas “radicales” es recoger y devolver al redil de las consignas de siempre a los obreros más inquietos que intentan buscar algo más, abriéndoles la puerta mediante la crítica de la docilidad de los grandes sindicatos mientras les meten por la ventana, esencialmente, la misma lógica de negociación, de conciliación y de “terreno común” con los intereses de los burgueses del sector de que se trate, la misma hostilidad a la autonomía proletaria y a la extensión de la lucha, el mismo cortafuegos al desarrollo de nuestra conciencia como clase.
Exactamente igual que lo que pasó con Alcoa, Navantia, Airbus y otras tantas huelgas históricas de gran combatividad, los sindicatos de este tipo tienen hasta la poca dignidad de vender dossiers detallando lo ejemplar que han sido luchas como estas para la historia de toda la clase obrera, la ejemplar resistencia numantina que se mostró en ellas frente a los ataques de la policía, la aldea de irreductibles galos en la que convirtieron momentos de lucha que en vez de acabar en un libro de formación profesional de trampas sindicales, podrían haber enriquecido con lecciones mucho más profundas la perspectiva de los obreros implicados y de todo el proletariado, si la lucha en cuestión no hubiese sido contenida por el sindicalismo a los confines de la fábrica o la provincia.
Queremos terminar referenciando uno de los muchos ejemplos históricos significativos en esta cuestión; uno de los episodios de lucha más memorables que precedieron al “otoño caliente italiano” de 1969, y que delató claramente el lugar de las barricadas que acaban ocupando los sindicatos, y el izquierdismo en su conjunto (en este caso el estalinista PCI – Partito Comunista d’Italia) cuando los obreros no se tragan la píldora de una negociación a sus espaldas con la patronal, justo como ha sucedido en Cádiz y en otros tantos sitios:
``Dos años más tarde [1962] veremos nuevamente esa violencia policial en los enfrentamientos de la Plaza Statuto de Turín, esta vez en un terreno claramente obrero. Resultó que dos sindicatos - la UIL y el Sindicato Italiano del Auto - que ya en aquel momento habían dejado claro el lado del que estaban firmó por su cuenta y a toda prisa un convenio con la dirección de FIAT que perjudicaban gravemente a los trabajadores: «Entonces entre 6 y 7 mil personas enfadadas tras conocer esto, se congregaron por la tarde en la Piazza Statuto, frente a la sede de la UIL. Durante dos días, esa plaza se convirtió en el escenario de durísimos choques entre los manifestantes y la policía. Los primeros […] levantaron rudimentarias barricadas, y cargaron una y otra vez contra el cordón policial. Estos, por su parte, embestían a la muchedumbre con sus jeeps, y llenaban la plaza de gases lacrimógenos, y golpeaban a los manifestantes con las culatas de sus fusiles. Los choques se sucedieron hasta bien entrada la noche, así como el sábado 7 y el lunes 9 de Julio. Los dirigentes del PCI y del sindicato CGIL, Pajetta y Garavini, trataron infructuosamente de disuadir a los manifestantes de que se dispersaran. Al final mil manifestantes fueron detenidos y muchos de ellos encausados.» […] Veamos la postura del PCI, que ilustra perfectamente el punto de vista de la clase a la que llevaba perteneciendo más de cuatro décadas: «l'Unitá [órgano del PCI], del día 9 de julio, definirá la revuelta como "intentos de provocación por parte de los hooligans", y a los manifestantes como "elementos incontrolados y exasperados", "pequeños grupos de irresponsables", "jóvenes gamberros", "anarquistas", "internacionalistas",...»5.
El carácter totalitario del Estado capitalista, tanto en la práctica como en el ámbito ideológico, ha tenido una de sus muestras más ejemplares y significativas en las declaraciones de las organizaciones políticas de la burguesía con respecto a la huelga en Cádiz: con un tinte superficial determinado o una fraseología colateral más o menos variable, el mensaje ha sido el mismo, la insistencia se ha hecho recaer machaconamente sobre el mismo punto y se ha procurado martillear la cabeza de los trabajadores con un mismo mensaje fundamental: lo que importa es la supremacía del interés de conjunto del capital nacional.
Empecemos por los últimos a los que se esperaba para la “fiesta”: Abascal y la Iglesia. La implicación de organizaciones como Vox y la Pastoral Obrera, a pesar de ser testimoniales, revela hasta qué punto el Estado ha arremangado todos sus brazos para enfangar la lucha en la mayor confusión posible. El papel clásico de autodenominarse como defensores de todas las causas obreras habidas y por haber ha sido del izquierdismo (al cual pasaremos a analizar en detalle más adelante). Pero esta vez la “oveja negra” de la burguesía española, Vox, así como una organización eclesiástica también se han tomado la libertad de meter las manos en el asunto con declaraciones como estas:
``La lucha de los obreros del metal es la reivindicación legítima de una provincia condenada a la miseria. En lugar de escuchar sus demandas, Marlaska ofrece abandono y represión. La única solución posible es la reindustrialización de la Bahía y la protección de los trabajadores´´ (Abascal en Twitter)6.
``Nos sentimos en la obligación de sumar nuestra voz para denunciar la incapacidad de llegar a un acuerdo las partes negociadoras del conflicto colectivo, así como la inoperancia de las administraciones afectadas a la hora de mediar y ofrecer una solución que sea satisfactoria […] Aplaudimos las movilizaciones como único medio que han dejado a los trabajadores para defender sus derechos y reivindicaciones ante el fracaso de la negociación del convenio colectivo. Animamos a que no cejen en sus denuncias, intensifiquen su solidaridad, sigan movilizándose por el reconocimiento práctico de sus derechos laborales y de una retribución justa que no les haga perder poder adquisitivo´´ (declaraciones del Secretariado diocesano de la Pastoral Obrera de la Diócesis de Cádiz y Ceuta)7.
Ambas declaraciones confluyen en los tres puntos principales en los que se apoyan la ideología de la burguesía y su Estado, a la hora de entorpecer cualquier posibilidad de acción autónoma del proletariado:
1- La idea de que los problemas referentes al empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores (por bajada de salarios, desempleo, inflación, crisis…) sólo pueden encontrar solución en el fortalecimiento de la competitividad del capital nacional en el marco del mercado mundial: en este caso, se afirma que sólo el refuerzo del músculo industrial de los capitalistas españoles puede dar salida a la miseria de los obreros gaditanos, los cuales se ven reducidos a la situación de impotencia histórica en la que sus destinos, personales y colectivos, dependen de en qué negocio decidan invertir sus explotadores.
2- La idea de que la incapacidad de llegar a un acuerdo por parte de las partes negociadoras (patronal y sindicatos) es la principal causante de la prolongación de la huelga. “¡Que acabe ya!” A los píos hermanos en Cristo parecía atormentarles la duración de los sufrimientos y tensiones, contrariamente a su costumbre de pensar en los dolores humanos como un castigo que hay que aceptar de por vida por el pecado original. Lo que les preocupaba, parece ser, es que la huelga no acabase ya lo más pronto posible, aterrados ante la mera idea, quizá, de que los obreros tuvieran tiempo de darse cuenta de más de “lo que les conviene” al continuar la lucha, con el consiguiente peligro de que empezaran a hartarse de la pantomima teatral de los sindicatos.
3- La idea de que “la cuestión laboral”, a la que tratan como un subíndice de código legislativo, debe tratarse desde el prisma de los derechos laborales y de la ideología democrática. Baste con que los explotadores y su Estado tengan miramientos para con los derechos reconocidos de los trabajadores. Por tanto, si este tipo de situaciones se repiten a lo largo de la historia, una y otra y otra vez, sería por una mala fe o una omisión por parte de los capitalistas que disfrutarían mandando a la miseria a los obreros o que se “olvidarían” de aplicar las leyes y normas contempladas en la Constitución para que todo el mundo esté satisfecho en la fábrica. Obviamente, esto es un sinsentido: los capitalistas están obligados por las circunstancias del mercado y la competencia entre capitales locales y nacionales, grandes y pequeños, a tomar las medidas que toman. La ideología democrática que arma el reconocimiento de los “derechos laborales” es un principio político de la burguesía, no del proletariado.
Para los obreros existe antes la necesidad, inmediata e histórica, de reconocerse como clase explotada y revolucionaria, antes que el reconocimiento de “derechos” por parte de sus explotadores. Que estos últimos se pongan orientaciones comunes con directrices ideológicas sobre las condiciones sociales generales más “seguras” y estables de continuar la acumulación de capital (en lo cual se resumen los tratados de “derechos” de todo tipo, y en este caso los laborales) es algo que los que pertenecemos a la clase obrera debemos criticar sin piedad como el espantajo que es.
La extrema derecha ha cumplido además otro papel, enmarcado en la respuesta del Estado totalitario. Ha actuado como un agente de deslegitimación de toda crítica al gobierno de izquierdas y a los sindicatos. La burguesía a través de las Redes Sociales ha desarrollado una campaña para identificar toda crítica a los sindicatos con Vox e instaurar el temor en los trabajadores a converger con la extrema derecha, aunque fuera “sin querer”.
No obstante, y como no suele ser de otra forma, la fracción de la burguesía más a destacar en esta situación, y la que más apuros ha pasado para ofrecer una imagen coherente frente a la tesitura de la huelga del metal, ha sido sin duda el izquierdismo: con un gobierno de coalición PSOE-Podemos ejerciendo el poder gubernamental, la izquierda del capital ha tenido que hacer malabares para equilibrar las dos funciones que demandan de ella las necesidades de Estado:
La primera, más circunstancial, que es la de ejercer de hecho el poder del Gobierno y tener que velar, por tanto, por la estabilidad y continuación general de la acumulación de capital, por los intereses generales de la burguesía y el capital nacional español (cosa que, de todas formas, es algo cada vez más difícil para las fracciones de la burguesía de todo el planeta). Como no puede ser de otra forma, y nunca lo será mientras exista el Estado burgués, esto la ha colocado al frente de los esfuerzos de contención de la lucha y de represión física de los obreros.
La segunda, más clásica dentro del izquierdismo, que es la de ejercer de oposición dentro del Estado, orientando todos sus esfuerzos a darse una fraseología obrerista e incluso “revolucionaria” para así mejor controlar, confundir, desvirtuar y desproveer de contenido real todas las luchas que puedan surgir en el seno de la clase obrera. Por ello han tenido que balancearse entre la necesidad de reprimir la huelga y la de autocontener y entrecomillar esta represión al mismo tiempo. La división de tareas entre PSOE (para la primera función) y Podemos y asociados (para la segunda) ha sido su forma de buscar este delicado equilibrio.
Es la persistencia de esta contradicción la que ha llevado a una particular falta de coherencia dentro de las filas de la coalición, y las organizaciones izquierdistas en general que les son afines en el arco parlamentario. Así, mientras el Ejecutivo mandaba la “tanqueta” y la Unidad de Intervención Policial contra los obreros en huelga, podíamos ver cómo el 23 de noviembre (a una semana de estallar la lucha) se publicaba la noticia de que el Ayuntamiento de la capital, controlado por el Adelante Cádiz de Kichi y el grupo municipal del PSOE, aprobaban bautizar una de las vías como Proletariado del Metal8. Comentar más a fondo la cuestión no le haría honor a la muy poco sutil ironía que encierra este enésimo insulto vomitivo de los izquierdistas a la clase obrera.
Pero más allá de este excelente ejemplo de lo que queremos ilustrar con la expresión “falsos amigos del proletariado”, los ataques ideológicos más sutiles a los que nos venimos refiriendo en el encabezado de esta sección del artículo (y que como veremos han sido comunes a organizaciones de la burguesía de signo político muy distinto) los han protagonizado Podemos y su viejo socio Íñigo Errejón, tal y como los expone el artículo del Diario de Cádiz9 que relata sus declaraciones oficiales y en redes sociales:
1º - como veníamos advirtiendo, hacer pasar la defensa de los intereses del capital nacional como la defensa de las condiciones de vida de los obreros. Para Errejón, la vía a seguir es que el Gobierno se implique en la defensa de los empleos del metal gaditano, cumpla los convenios y reindustrialice la bahía. Este paladín del proletariado, al igual que Kichi y todos los de su ralea, se suma a todos los ataques ideológicos lanzados contra los obreros y les dice: “vuestros intereses como clase, ya sean inmediatos por aliviar la presión material de los bajos salarios y los ataques económicos, ya sean históricos por tomar consciencia de cuál es vuestro papel como clase social, no importan. Lo que importa es que no se desestabilice el negocio, la acumulación de capital, que la burguesía disponga de una industria fuerte y se pueda continuar la explotación”. En el mismo sentido va la declaración institucional de Unidas Podemos, cuya preocupación principal parece ser “garantizar y aumentar la producción industrial en la provincia”, para lo cual sindicatos y patronal debían “seguir negociando para llegar a un acuerdo beneficioso para la provincia de Cádiz, que permita reactivar la actividad productiva del sector industrial”.
Como ya dijo el Manifiesto Comunista denunciando este punto de vista: “Todo el socialismo de la burguesía se reduce, en efecto, a una tesis y es que los burgueses lo son y deben seguir siéndolo... en interés de la clase trabajadora”.
2º - la batería de preguntas con las que Errejón recriminó a Marlaska los métodos empleados en la represión de la huelga, exigiéndole aclarar si creía que enviar la famosa tanqueta era una respuesta “legítima y correcta para reprimir” la lucha de los trabajadores del metal:
``El líder de Más País, Íñigo Errejón, ha advertido al Gobierno de coalición de que pueden pagar «muy caro» el «inmenso error» que supone la imagen de la tanqueta en «los barrios obreros de Cádiz», al deslizar que los acompañará durante lo que quede de legislatura.«Esta es una imagen que un gobierno del PP se podría permitir, pero ustedes no se lo pueden permitir»´´10.
Errejón parece reprocharle a Marlaska que no ha sabido reprimir a los obreros de forma más “inteligente” o sutil. Por lo que igualmente, para Errejón la represión es esencialmente legítima y correcta, solo es una cuestión de técnica.
De esta forma, Podemos, Errejón y compañía revelan y unen hábilmente, el entretejido de todos los brazos del aparato de Estado que se opondrán de forma unificada al avance de la clase obrera a cada paso:
El ejecutivo-represor, en el que PSOE y Podemos (este último con la asistencia ideológica de Más País, etc.) se han dividido los papeles descaradamente.
El político-ideológico, en el que han confluido todas las organizaciones de la burguesía en la defensa de la industria y la producción nacional (partidos y sindicatos).
El político-económico, “sobre el terreno”, de las organizaciones sindicales (oficiales tanto como “alternativas”) y patronales, cuya función es conducir a los obreros en lucha a callejones sin salida con todo tipo de maniobras y confusiones.
También cabría mencionar el papel de las redes sociales, mediante las cuales Abascal, Errejón y todos los demás personajes relevantes de la política burguesa han escupido su veneno ideológico a la cara de la clase obrera, reafirmando (si hacía falta) la fama sobradamente merecida que tienen en general las redes sociales como vehículo idóneo de la ideología burguesa, con su manipulación, confusión y superficialidad11.
La combatividad que han demostrado los trabajadores en el contexto de la huelga de los obreros del metal de Cádiz es significativa. Además, no se trata de una respuesta puntual en reacción a la crisis sanitaria, sino que proviene de una tendencia a enfrentarse al empeoramiento de las condiciones de vida, más o menos interrumpida desde 2019, que se ha manifestado en numerosos países, y mantenida frágilmente durante la pandemia. Podemos comprenderla en el contexto del desarrollo de la inflación en las condiciones de la pandemia, y en el contexto de la aparición en algunas partes del proletariado internacional de un desarrollo frágil y tímido de su combatividad.
Esta combatividad no solo expresa la capacidad de luchar del proletariado, sino que también vemos algunos signos de desconfianza hacia los grandes sindicatos, como ha sido el caso de los trabajadores de la empresa Pilkington en Sagunto, que manifestaron su rechazo hacia el ERE acordado por CGT, CCOO y UGT12. Sin embargo, este enfado con los sindicatos, que también hemos visto en los EEUU13, no ha avanzado hacia una comprensión del papel anti obrero de estos, ni mucho menos un rechazo de la ideología sindical.
El sindicalismo de base ha cumplido aquí su papel, como hemos desarrollado en el artículo, y ha conseguido bloquear una respuesta autónoma de la clase. Con el final de la lucha, estos sindicatos prosiguen su papel de quemar a los trabajadores más combativos con falsos eventos de debate y de falsa toma de lecciones para reforzar las ilusiones en la democracia y el sindicalismo. No ha habido signos, por tanto, de una verdadera perspectiva de politización de la clase más allá de este enfado embrionario. Esta perspectiva se podrá solo manifestar a través del surgimiento de una cultura de debate masiva sobre la dirección de la lucha y sus métodos, y el desarrollo de Asambleas Generales abiertas a todos los trabajadores con comités de delegados elegidos y revocables en todo momento. Y para ello debemos rechazar también las falsas asambleas organizadas por los sindicatos, que llamarán “abiertas”, “obreras”, “populares”, etc. Debemos rechazar de raíz la ideología sindical. La palabra “asamblea” no asegura nuestra perspectiva de clase.
Hemos visto la persistencia de algunos elementos de la “contraofensiva a gran escala y a largo plazo para impedir que la clase obrera diera su propia respuesta”14 que desarrolló la burguesía en reacción a la tendencia a la politización de las luchas obreras tras Mayo del 68, que marcó el fin de la contrarrevolución. Por ejemplo, el uso del sindicalismo “radical”, el uso de la ideología corporativista y nacionalista, o incluso las campañas de la muerte del comunismo (la burguesía ha juzgado conveniente recordar en el periódico local de Cádiz al acabar la huelga que el marxismo está obsoleto y que la clase obrera en realidad ya no existe 15). Como el papel de oposición de la izquierda del capital tiene hoy la debilidad de encontrarse en el gobierno, además de los malabares PSOE-Podemos que hemos presentado parece desarrollarse la tendencia a revivir el fantasma del fascismo para amenazar con que “ojo, podría ser peor”, y mantener a flote el mito de la democracia como el mal menor.
Hemos visto también la maquiavélica perversión burguesa de la solidaridad y la identidad de clase. A la burguesía se le ha llenado la boca con las palabras “solidaridad” y “clase obrera”. El mayor veneno para el proletariado es la perversión de su propia teoría. Ha sido en realidad un ataque a la identidad de clase a través de la creación de falsas identidades: la de los “héroes sacrificados de la nación” (puesta de moda durante el confinamiento), la de los pobres y más vulnerables, la de los sectores de cuello azul que representan el poderío industrial de la nación, etc. La falsa solidaridad vomitada por la burguesía es reflejo de esta falsa visión y se expresa en forma de “solidaridad ciudadana”, de apoyo al sector, de un esfuerzo de unidad nacional, etc.
Hemos visto también el intento de la burguesía de presentar una especie de “solidaridad” interclasista, la de la pequeña burguesía rural con las empresas transportistas que tendrían entre sí “algunas cosas en común”. Esta es la “solidaridad” de los que tienen en común la frustración por no poder ascender en la escalera competitiva de la acumulación capitalista, y que olvidarán su aparente frente común en la primera oportunidad. Como advertimos en los documentos del último congreso “si bien la inflación puede actuar como factor de unificación de las luchas, también afecta a la pequeña burguesía”. El proletariado debe rechazar de raíz su emparejamiento con la pequeña burguesía y todas esas nociones que la incluyen como “el pueblo”, “los pobres”, etc.
Incluso se han potenciado falsas visiones a través de las redes sociales aprovechando los callejones sin salida en los que parecen entrar los propios trabajadores, como la “solidaridad económica” de Tubacex, que en realidad mandaba dos mensajes: los trabajadores de Tubacex no se iban a unir a la lucha (es más, vaciaban su caja de resistencia), y que aguantar encerrado en la empresa sería un método proletario.
En Francia en 2019 también vimos la palabra “revolución” en algunas pancartas. Pero debemos comprender su contenido real. Si bien las palabras “clase obrera” y “solidaridad” han surgido de repente como un oasis en el desierto, esta vez debemos denunciarlas como un espejismo: la perversión de estos términos por parte de la burguesía en anticipación a una verdadera recuperación de la identidad de la clase.
La verdadera solidaridad del proletariado es la extensión de la lucha, la discusión bajo un interés común como clase mundial en asambleas abiertas, la confrontación con el capitalismo en su conjunto, la generalización de los problemas concretos de una parte de la clase a las condiciones de la clase obrera mundial.
Todas estas perversiones son trampas que impiden a la clase obrera darse cuenta de que es "revolucionaria o nada". Y le llevan a la ilusión desmoralizante de que sí sería parte de la sociedad civil mientras al mismo tiempo se ve completamente excluida.
La confrontación sigue siendo frágil, aislada, y enmarcada en gran medida por los sindicatos. Pero para desarrollar su combatividad y consciencia a largo plazo, el proletariado debe evitar las trampas de la burguesía y asumir la necesidad de enfrentar a la totalidad del Estado, retomando sus propios medios y fines de lucha.
Gauta y Opero. 13.12.2021
1 Ver Huelga del metal en Cádiz: nuestra fuerza es luchar como clase obrera https://es.internationalism.org/content/4738/huelga-del-metal-en-cadiz-nuestra-fuerza-es-luchar-como-clase-obrera [730]
2 https://es.internationalism.org/content/4736/luchas-obreras-en-estados-unidos-iran-italia-corea-ni-la-pandemia-ni-la-crisis [729]
3 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201712/4264/notas-sobre-la-consciencia-de-la-burguesia-decadente [750]
5 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2773/el-otono-caliente-italiano-de-1969-i-un-momento-de-la-recuperacion [752]
6 https://www.lavozdigital.es/cadiz/provincia/lvdi-abascal-reivindica-reindustrializacion-cadiz-y-critica-represion-marlaska-202111231944_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.lavozdigital.es%2Fcadiz%2Fprovincia%2Flvdi-abascal-reivindica-reindustrializacion-cadiz-y-critica-represion-marlaska-202111231944_noticia.html [753]
7 https://www.diariodecadiz.es/noticias-provincia-cadiz/Huelga-metal-Cadiz-Obispado-solidariza-trabajadores_0_1631237801.html [754]
8 https://www.elindependiente.com/espana/2021/11/23/la-revolucion-del-callejero-de-cadiz-de-kichi-y-el-psoe-quitan-principe-de-asturias-ponen-proletariado-del-metal/ [755]
9 https://www.diariodecadiz.es/noticias-provincia-cadiz/huelga-metal-cadiz-congreso-errejon-tanquetas-policia_0_1631538649.html [756]
10 https://www.lavozdigital.es/cadiz/provincia/lvdi-errejon-afea-gobierno-imagen-tanqueta-perseguira-toda-legislatura-y-202111232011_noticia.html [757]
12 https://www.eleconomista.es/motor/noticias/11493482/11/21/Pilkington-logra-un-acuerdo-para-mantener-su-linea-de-laminado-en-Sagunto.html [759]
13 https://es.internationalism.org/content/4741/estados-unidos-pesar-de-los-capitalistas-el-covid-y-los-sindicatos-la-lucha-de-clases [760]
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Para los trabajadores, el “final del túnel” nunca estará a la vista mientras exista el capitalismo, de hecho, la pandemia ha dejado patente que los efectos de la crisis económica siempre pueden empeorar y actuar contra sus condiciones de vida. Dichos efectos, arrasan el planeta entero y con mayor presión en algunos países. De Francia a Ecuador, de Argentina a USA, de Perú a China, vemos el espectro de la inflación recorrer el mundo, devorando los salarios de los trabajadores, una situación que, precisamente, ha acelerado la pandemia. Según datos del FMI, en el 2021 la inflación mundial llegará a 3,6% muy por encima de lo esperado en julio pasado cuando proyectaba un alza de precios de 2.4% este año y de 2.1% el próximo1
Mientras la Burguesía proclama la recuperación económica mundial, vemos que sus intentos de reactivación de la economía a través de planes en Europa, USA o China, se vienen enfrentando al mismo tiempo a un conjunto de factores que limitan dichos planes que se encuentran en la crisis del Covid y las manifestaciones de la descomposición capitalista2 que se profundizan cada vez más. Tal como sostenemos en nuestro Informe de la crisis económica del 24 Congreso Internacional: Estamos ante más de 100 años de decadencia capitalista, con una economía distorsionada por la economía de guerra y los efectos de la destrucción del medio ambiente, profundamente alterada en sus mecanismos de reproducción por la deuda y la manipulación estatal, erosionada por las pandemias y cada vez más afectada por los efectos de la decadencia. En estas condiciones, es ilusorio pensar que la economía se recuperará sin sobresaltos3
En verdad, a nivel global no se proyecta una vigorosa recuperación económica, todo lo contrario, vemos un mayor caos mundial en el terreno económico que se muestra en la anarquía del comercio mundial, la escasez que afecta a las economías de las grandes potencias, la deriva de muchos países periféricos, la interrupción de las cadenas de suministro que está alimentando un repunte de los precios con una posible recesión, debido a las restricciones crediticias que se ven venir, la amenaza de que burbujas financieras estallen y se produzca una gran crisis financiera, muy similar a la vivida en el 2008, pero con un mayor impacto4.
El panorama no se ve bien por donde se mire, la misma burguesía no puede esconder su preocupación ante esta situación y muestra en muchos casos una impotencia ante el problema económico. Frente a este panorama, las diferentes burguesías tratarán de salvar su pellejo, respondiendo de forma general con un “sálvese quien pueda” en las relaciones comerciales entre los Estados, reforzadas por la descomposición del capitalismo, lo cual, hace más difícil concretar alguna estrategia que aspire a una recuperación. Estamos apenas en el principio de una evolución caótica de la situación, donde las condiciones de vida de la clase trabajadora serán cada vez más degradadas. De hecho, ya hemos observado cómo se desarrollan estás tendencias centrífugas que caracterizan el accionar de la burguesía mundial: Doce años después [del año 2008] la división, la "guerra de las máscaras" y luego la "guerra de las vacunas", la cacofonía en las decisiones de cierre de fronteras contra la propagación del Covid-19, la ausencia de una acción concertada a escala internacional (aparte de Europa, que se esfuerza por protegerse de sus competidores) para limitar el colapso económico, todo ello apunta al avance del "sálvese quien pueda" y a la inmersión de las más altas esferas políticas del capitalismo en una gestión cada vez más irracional del sistema5
No es nuevo que los trabajadores siempre paguen las consecuencias de las crisis económicas del capitalismo. La gravedad de la situación ha sumido la clase trabajadora en una nueva escalada de miseria. Reducir el peso del pan para enfrentar un aumento de precio, las tarifas de agua y luz suben, todos los productos en general se han incrementado debido a la inflación, hay mayores impuestos que pagar (¡y vienen más!), son ejemplos de que hay como consecuencia un costo de vida más alto que tendremos que pagar; sin embargo, se ha despedido trabajadores en distintos sectores del comercio y la producción, se han reducido los salarios (¡que de por sí ya son miserables!), se han incrementado las inhumanas condiciones de trabajo, hay un aumento de los contratos basura por doquier. Dicho de otra forma, la burguesía ha impuesto un escenario que generó una mayor degradación de las condiciones de vida obrera. El año pasado, el PBI descendió 11. 1%, afectando el empleo y el ingreso sobre todo de los sectores más empobrecidos. A pesar de las proyecciones de recuperación del PBI para el 2021 (20, 9%), el mercado laboral todavía se encuentra un 20% por debajo de su nivel anterior a la pandemia6
Los medios de comunicación de la burguesía nos bombardean todos los días con información sobre los incrementos de precios en los mercados de distintos barrios de la capital y las provincias del país; señalando el incremento de precios de los alimentos de la “canasta básica familiar”. Aquí la prensa burguesa plantea la inflación de forma confusa, porque identifica a la inflación con los precios de los productos básicos, cuando el hecho concreto es que el incremento de los precios se traslada a todos los bienes y servicios y no solo a los alimentos básicos como repite estúpidamente la prensa.
Miles de millones de dólares y en otras divisas se han inyectado en las economías del mundo para hacer frente a los diversos problemas que ha planteado la pandemia y evitar que se generalice el caos (Planes de estímulo, los llaman). Esta situación solo ha debilitado el valor de las monedas y ha impulsado un proceso inflacionario en todo el mundo. A esto, debemos sumarle otros factores: la interrupción en la cadena de suministros, problemas con el transporte marítimo, el desorden en las respuestas de los Estados7 durante la pandemia, los abusos de empresas monopólicas como las eléctricas, del gas (Alicorp8 en Perú es un ejemplo), entre otras, han contribuido a la reaparición de la inflación.
La inestabilidad política en el Perú es otro ingrediente que ha generado presiones inflacionarias. Esta situación ha contenido la inversión privada, haciendo que la producción se detenga y por ende se den presiones inflacionarias, que son las que han causado en parte los incrementos de precios de gran parte de los bienes y servicios en el país. Para el caso de los factores de producción importados como el trigo, la Aspan9 señaló que las panaderías optaron por reducir el peso del pan para paliar el alza de precios ante el incremento del precio internacional del trigo (en el 2020 la tonelada costaba 210 US$, hoy en el 2021 cuesta 278 US$) el mayor tipo de cambio y el incremento en el costo de electricidad. En Huánuco, por ejemplo, el peso del pan francés es de 16 gramos, cuando antes pesaba 40 gramos10.
Por otro lado, el incremento de las tarifas de electricidad y agua, se explican por el aumento de la inflación y el tipo de cambio. Una situación que ha venido presionando también los precios al alza. El tipo de cambio se ha venido incrementando en el país por la inestabilidad política, que ha hecho temer a ciertos sectores de inversionistas, retirando sus dólares del mercado al ver la incertidumbre que les ha generado el actual gobierno de Pedro Castillo. Esos retiros masivos de dólares del mercado han ocasionado que el precio del dólar se incremente ante la reducción de la oferta de este, en el mercado. Como señalan las leyes de la oferta y la demanda, ante una reducción de la oferta en el mercado, los precios se incrementan. Una vez más, se demuestra que las variaciones de precios y otros procesos ligados a la producción de mercancías, están sujetos a las leyes de la economía capitalista, siendo la forma de cómo funciona el sistema, responsable de las crisis.
Hemos visto que muchos productos importados y otros que tienen factores importados en su producción como el pan, se han visto afectados en sus precios, ya que las materias primas para la elaboración de este, como el trigo, se compran en dólares en el exterior.
El plan de estímulo «Reactiva Perú» que se dio en el 2020 y que consistió en préstamos a empresas, sirvió para ayudar a grandes empresas (71% de lo desembolsado) representando 17 mil millones en préstamos, cuya devolución dependerá de una supuesta recuperación. Empresas como Intercorp, Grupo El Comercio, Grupo San Pablo11, entre otros grandes grupos, fueron beneficiados, mientras gran parte de la población esperaba recibir un miserable bono de 700 soles (220 US$), que, en muchos casos, nunca llegó. Una vez más se demuestra que el Estado es el instrumento por excelencia de la clase explotadora para actuar solo en su beneficio.
Además, el actual gobierno de Castillo también alista un paquete de medidas para elevar los impuestos a los trabajadores y empresas. El gobierno habla de incrementar los impuestos a las rentas y otras actividades, pero se sabe que estas medidas siempre crean más dificultades a los trabajadores. Las grandes empresas generalmente nunca pagan los impuestos y en Perú, hay 158 grandes empresas que deben impuestos al Estado desde hace mucho tiempo (mina Buenaventura, mina Antacpaccay, mina las Bambas, minera Cerro Verde, Telefónica del Perú, Latam Airlines, América Móvil Perú, Supermercados Peruanos, Banco Pichincha, entre otras…). sin embargo, persiguen a la clase obrera, en diversos sectores de la economía intentando «formalizarlos» para quitarles el poco dinero que ganan.
Con el pretexto de formalizar a un amplio sector de trabajadores, el gobierno busca ordenarlos y sistematizarlos en planillas con sueldos miserables, tratándoles de quitar lo máximo posible con el pretexto de pensar en su «jubilación», trabajadores que, tomando en cuenta la progresiva degradación de sus condiciones laborales y de vida, no llegarán a ver una jubilación. Un ejemplo claro de lo que aquí decimos, es el informe de Comex y el IPE12 publicado recientemente, donde se señala que el 48.5% de trabajadores por aplicativo no quiere aportar para pensiones y esto solo en el sector de conductores y repartidores, que representa el 1.4% de la PEA13 del país. Vemos aquí una resistencia de los trabajadores a someterse a estos sistemas que solo le quitarán el poco dinero que llevan a sus hogares. Esta es una situación que se repite en toda la clase trabajadora del país y que está representada dentro de la Población económicamente Activa (PEA). Esto es uno de los múltiples esfuerzos que hace la burguesía peruana para «formalizar» a los «trabajadores informales».
Uno de los ataques contra la clase trabajadora que siempre realiza la burguesía en cualquier parte del mundo, en situación de crisis económica, es incrementar los impuestos y para darle un tinte «democrático» a la medida a implementar, señalan que serán incrementos para «todos» tanto para la burguesía como la clase obrera. Al final la burguesía emprende procesos judiciales al Estado que toman años determinar si le corresponde o no pagar impuestos. En muchos casos nunca los pagan. Solo la clase obrera carga con ellos14.
El balance de los 100 días del gobierno Castillo, es una muestra que los trabajadores no pueden esperar nada de este gobierno ni de ningún otro.
Además de la situación ya descrita que le toca vivir a la clase obrera en Perú, el gobierno de Castillo prepara un paquete de reformas laborales contra los trabajadores. Ya algunos grupos de trabajadores de la provincia del Cuzco se pronunciaron, aunque de forma tímida sobre esto «Los trabajadores no permitiremos que vengan a desaparecer nuestros derechos laborales y sociales». El paquete de reformas consta de cinco proyectos de ley que plantean modificaciones en materia laboral, de las cuales cuatro establecen cambios en la ley de productividad y competitividad laboral, mientras que el restante promueve la inclusión laboral de jóvenes y adultos mayores.
Esto demuestra, que todo gobierno, se llame de izquierda o derecha, no dejará de servir al capital, en el caso peruano, va a implantar una nueva Reforma Laboral que agravará la precariedad, promoverá la baja de salarios y aumentará la vulnerabilidad obrera frente a las empresas, empeorando la actual condición de la clase obrera en su conjunto.
La inflación puede llegar a ser un estímulo a la lucha inmediata por los aumentos salariales, lo cual, pudiera favorecer la búsqueda de la unidad más allá de los sectores y de las corporaciones, como ocurrió a finales del año pasado con los trabajadores de la agroindustria15 , en un contexto donde es toda la clase obrera la que está bajo ataque. Además, podría ser un factor de radicalización de las luchas ante la imposibilidad del Estado de satisfacer realmente las demandas. Y aunque existe la posibilidad que esta situación de inflación genere revueltas populares y saqueos en las calles en diversas partes del mundo, la clase obrera debe seguir demostrando que no es una clase derrotada y que debe ser consciente que es la única clase en la historia de la humanidad, de poder acabar con la burguesía y su economía.
Por eso saludamos las luchas obreras que se han dado en USA, Irán, Italia, Corea y en otros lugares del planeta, que demuestran que ni la pandemia ni la crisis económica han roto la combatividad del proletariado16. Solo en la lucha internacional del proletariado está el futuro de toda la humanidad, frente al capitalismo que nos lleva directo a la barbarie.
Solo la clase obrera con su unidad y luchando en su terreno de clase, con autonomía política y determinación, puede no solo oponerse a los efectos más palpables de la crisis económica, como la inflación, sino que tiene potencialmente la capacidad de acabar con la explotación y la barbarie capitalista que se nos impone permanentemente. Ante los ataques de la burguesía a nivel internacional, se impone la necesidad de una respuesta internacional de la clase obrera, para luchar contra el capitalismo decadente, único responsable de la situación actual.
Internacionalismo Perú
Sección de la CCI
[email protected] [687]
16112021
1 https://gestion.pe/mundo/fmi-inflacion-mundial-alcanzara-un-pico-a-fines-del2021-y-se-estabilizara-en-el-2022-noticia/ [763]
4 Ver La irrupción de la descomposición en el terreno económico: Informe sobre la crisis económica https://es.internationalism.org/content/4629/la-irrupcion-de-la-descomposicion-en-el-terreno-economico-informe-sobre-la-crisis [484]
5 https://es.internationalism.org/content/4709/informe-sobre-la-crisis-economica-del-24o-congreso-internacional-de-la-cci-2021 [726]
7https://es.internationalism.org/content/4733/espana-la-escalada-de-la-inflacion-un-golpe-brutal-contra-los-trabajadores [745]
8 Es una empresa de bienes de consumo peruana con operaciones en varios países de América.
9Asociación Peruana de Empresarios de la Panaderia y Pasteleria.
10Gestión 15 de setiembre del 2021.
11Fuente: Ministerio de Economía y Finanzas.
12Sociedad de Comercio Exterior del Perú (COMEX) y el Instituto Peruano de Economía (IPE)
13Gestión 11 de noviembre del 2021.
14 Sobre los impuestos debemos aclarar que en última instancia todos son pagados por los trabajadores. En efecto, el impuesto que pagan las empresas y los capitalistas individuales salen de la plusvalía que previamente, como resultado del mecanismo del trabajo asalariado, ha sido extraída de la fuerza de trabajo.
15 Huelga de los obreros de la Agroindustria en Perú. https://es.internationalism.org/content/4632/huelga-de-los-obreros-de-la-agroindustria-en-peru [525]
La huelga de los trabajadores de Cádiz ha constituido una experiencia significativa que ha despertado interés y simpatía en amplios sectores de la clase obrera. Es necesario sacar lecciones de esta lucha pues se sitúa en un momento en que vemos un cierto número de huelgas en España, en Estados Unidos y en otros países:
Frente a un capitalismo que nos hunde en la miseria y la barbarie, la única respuesta es la lucha obrera contra la explotación capitalista en la perspectiva de abolirla.
Para discutir de esta lucha, sacar balance, extraer perspectivas, invitamos a participar en la REUNION PUBLICA vía Internet que organizamos para el domingo 19 de diciembre a las 18 horas de España.
Todos los interesados pueden escribirnos a nuestro mail: [email protected] [45] para enviarles el enlace de participación.
Corriente Comunista Internacional
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La fuerza del proletariado reside en su capacidad para sacar lecciones de su lucha que tiene más de 3 siglos de historia. Gracias a ellas puede desarrollar su conciencia de clase para luchar por la liberación de la humanidad del yugo del capitalismo.
El proletariado necesita volver constantemente sobre sus luchas pasadas, no tanto para caer en la nostalgia, sino justamente para todo lo contrario: examinar de forma implacable sus debilidades, limitaciones, errores, lados flojos etc., para desgajar de ello un tesoro de lecciones que le sirvan para encarar su lucha revolucionaria.
Volver al movimiento de indignados (2011) es necesario para reafirmar su naturaleza proletaria, pero al mismo tiempo comprender sus tremendas limitaciones y debilidades. Solamente de esta forma podremos integrar cara al futuro sus enseñanzas.
Todo movimiento proletario debe ser analizado en su contexto histórico y mundial. El 15 M se produjo en 2011 dentro de un ciclo de luchas que se desarrolló en 2003-2011.
En 1989-91, el hundimiento de la URSS y sus regímenes satélites permitió a toda la burguesía mundial lanzar una abrumadora campaña anticomunista que machacaba sin descanso 3 slogans: Fin del Comunismo, Fracaso del Marxismo y Desaparición Política de la Clase Obrera. Esto provocó un fuerte retroceso en la combatividad y la conciencia de los obreros1.
Desde entonces, la mayoría de los obreros no se reconocen como tales, sino que se ven, unos, la minoría más afortunada, como “clase media”, y el resto como “los de abajo”, el “precariado”, los “fracasados en la vida” etc. Frente a la noción de clase, científica, unificadora, universal y con perspectiva de futuro, se propaga la visión reaccionaria, divisionista, de “categorías sociales” con gran regocijo de la burguesía que, mediante su ejército de servidores (partidos, sindicatos, ideólogos, “influencers”) la estimulan machaconamente gritando en todos los rincones -desde Internet hasta las universidades, pasando por el parlamento y los medios de “comunicación”- que la clase obrera no existe, que es un concepto “trasnochado”, que solo hay “ciudadanos” de la “comunidad nacional”.
El retroceso se expresó igualmente en el retorno potente de las ideologías democráticas, sindicalistas, humanistas, reformistas, que proclaman el “fin de la historia”, no habría más mundo que el capitalismo y lo mejor que podría hacerse es “mejorarlo” y encontrar un “hueco individual” en su seno.
Todo intento de cambiar el capitalismo conduciría a situaciones mucho peores, lo que se vería acreditado por lo que ocurrió en la URSS o lo que vemos en Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua etc., que demostrarían que el dilema histórico formulado por Engels a fines del siglo XIX, Comunismo o Barbarie, sería falso, porque el “Comunismo también es barbarie”.
A pesar de este enorme lastre, desde 2003 hay un renacimiento de las luchas obreras. Hubo huelgas significativas como la del Metro de Nueva York (2005), la huelga de Vigo (2006), las huelgas en el norte de Egipto (2007), protestas de jóvenes obreros en Grecia (2008), pero, los dos movimientos más importantes fueron la lucha contra el CPE en Francia (2006) y el movimiento de indignados en España (2011)2.
“Estos dos movimientos masivos de la juventud proletaria redescubrieron, espontáneamente, los métodos de lucha de la clase obrera, sobre todo la cultura del debate en asambleas generales masivas abiertas a todos. Se caracterizaron también por la solidaridad entre generaciones, a diferencia del movimiento estudiantil de finales de la década de 1960, muy marcado por el peso de la pequeña burguesía, que se desarrolló contra la generación que había sido reclutada para la guerra.
Si en el movimiento contra el CPE3, la gran mayoría de los estudiantes que luchaban contra la perspectiva del desempleo y la precariedad se reconocían como parte de la clase obrera, los Indignados en España (aunque su movimiento se extendió internacionalmente a través de las redes sociales) no tenían una clara conciencia de pertenencia a la clase explotada.
Mientras que el movimiento masivo contra el CPE fue una respuesta proletaria a un ataque económico (lo que hizo que la burguesía se viese obligada a recular retirando el CPE), el movimiento de los Indignados estuvo marcado, esencialmente, por una reflexión global sobre la bancarrota del capitalismo y la necesidad de otra sociedad” (Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases del 23º Congreso Internacional de la CCI, 20194).
Pese a esas contribuciones, estos movimientos no lograron superar el retroceso de la conciencia y la combatividad de 1989 y estuvieron muy marcados por sus efectos, así como los derivados del proceso de Descomposición social e ideológica que desde los años 80 afecta al capitalismo5.
Su limitación más importante fue que no lograron movilizar al conjunto de la clase obrera y se dieron en un número limitado de países. Se redujeron a las nuevas generaciones obreras. “los trabajadores de los grandes centros industriales permanecen pasivos o sus luchas son esporádicas, el miedo al desempleo constituye un factor central en esta inhibición. No se da una movilización unificada y masiva de la clase obrera sino solamente una parte, su sector más joven”6.
Entraron en lucha los jóvenes obreros (muchos de ellos todavía estudiantes, la gran mayoría afectados por la precariedad, el desempleo, el trabajo totalmente individual y aislado, vinculados a pequeñas empresas muchas de ellas con sede en ninguna parte). En tales condiciones, al peso asfixiante del retroceso histórico antes explicado, se añadió la inexperiencia, la ausencia total de vida colectiva previa, la terrible dispersión social.
La lucha de los indignados se tropezó con un muro que no pudo superar: la pérdida de la identidad de clase que se arrastra desde 1989.
Esta pérdida provocó que la inmensa mayoría de los participantes en el movimiento no se reconocieran como parte de la clase obrera.
Muchos eran todavía estudiantes o habían tenido estudios superiores7. Los que todavía estudiaban hacían trabajos esporádicos para pagarse los estudios y muchos de los que trabajaban en empleos precarios y mal pagados pensaban que esa situación era transitoria, a la espera de conseguir un puesto acorde con la carrera o carreras que habían cursado. Es decir, muchos participantes creían que su pertenencia a la clase obrera era circunstancial, una especie de purgatorio para llegar finalmente al “cielo” de la “clase media”.
Otro factor que impedía que se reconocieran como clase obrera, es que cambiaban constantemente de empresa o puesto laboral, la mayoría laborando en pequeñas empresas o en subcontratas que operan en fábricas o centros de distribución, comercio o servicios8.
Muchos de ellos trabajan solos, sin apenas frecuentar a otros compañeros, encerrados en casa con el teletrabajo o participan en lo que se llama “uberización del trabajo”, “Al utilizar una plataforma de Internet como intermediario para encontrar trabajo, la uberización disfraza la venta de mano de obra a un patrón como si fuese "autoempleo", agudizando además el empobrecimiento y la precariedad del "autoempleado". La uberización del trabajo individual acentúa la dificultad para hacer huelgas, puesto que la auto explotación de estos trabajadores dificulta considerablemente su capacidad para luchar colectivamente y desarrollar la solidaridad contra la explotación capitalista” (op.cit. nota 4).
Aunque expresaba simpatía por la clase obrera, la mayoría no se sentía parte de ella, se veía como una suma de individuos atomizados, frustrados e indignados por una situación cada vez más angustiosa de miseria, inestabilidad y ausencia de futuro.
La situación de desempleo acompaña como una sombra agobiante a las jóvenes generaciones obreras. Viven atrapados en un engranaje de empleos precarios que se alternan con fases de desempleo más o menos prolongadas, cayendo muchos de ellos en una situación de desempleo de larga duración. Esto tiene como efecto algo que ya anunciamos hace 30 años en nuestras Tesis sobre la Descomposición “Una gran proporción de jóvenes generaciones obreras está recibiendo en pleno rostro el latigazo del desempleo, incluso antes de que muchos hayan podido tener ocasión, en los lugares de producción, junto con los compañeros de trabajo y lucha, de hacer la experiencia de una vida colectiva de clase. De hecho, el desempleo, resultado directo de la crisis económica, aunque en sí no es una expresión de la descomposición, acaba teniendo, en esta fase particular de la decadencia, consecuencias que lo transforman en aspecto singular de la descomposición. Aunque en general sirve para poner al desnudo la incapacidad del capitalismo para asegurar un futuro a los proletarios, también es, hoy, un poderoso factor de "lumpenización" de ciertos sectores de la clase obrera, sobre todo entre los más jóvenes, lo que debilita de otro tanto las capacidades políticas actuales y futuras de ella” (op.cit. nota 4).
SON CLASE OBRERA pero subjetivamente no se ven en ella, esto hizo que el movimiento de 2011 no rompiera el cordón umbilical con la tramposa “Comunidad Nacional”9, por ejemplo, el eslogan «somos el 99% frente al 1%», tan popular en el movimiento de ocupaciones de Estados Unidos, no expresa una visión de una sociedad dividida en clases, sino la visión típicamente democrática que tantas veces repite el izquierdismo del “pueblo”, los “ciudadanos de a pie” frente a un reducido 1% de “plutócratas” y “oligarcas” que “traicionaría” la nación. En esta óptica las clases no existen, sino que existiría una suma de individuos, la mayoría “fracasados” frente a una élite selecta de “triunfadores”. Así pues, los participantes en el movimiento tenían enormes dificultades para comprender que “la sociedad está dividida en clases, una clase capitalista que lo tiene todo y no produce nada y una clase explotada -el proletariado- que lo produce todo y tiene cada vez menos. El motor de la evolución social no es el juego democrático de la "decisión de una mayoría de ciudadanos" (este juego es más bien la máscara que encubre y legitima la dictadura de la clase dominante) sino la lucha de clases” (op.cit. nota 2).
Al no tener la fuerza y la perspectiva que da el reconocerse como parte de una clase histórica que representa el único futuro para la humanidad, los jóvenes indignados eran terriblemente vulnerables a la ilusión de una “renovación del juego democrático”.
En todo el mundo, el Estado democrático es un vil engaño que encubre la dictadura del capital. Sin embargo, dado que domina la ideología de “el comunismo ha fracasado” o “el comunismo es la pesadilla que vemos en Cuba, Venezuela o Corea del Norte”, los participantes en el movimiento 15 M se agarraron al clavo ardiendo de “renovar la democracia” siguiendo esa vieja mistificación que tanto repiten los políticos: “la democracia es el menos malo de los regímenes”.
Con esta bandera nos venden la moto de “luchar por una democracia de verdad”. Así el grupo burgués que acompañó y controló el movimiento en España se llamaba “Democracia Real Ya”10. Nos dicen “Vale, la democracia no es perfecta, arrastra la losa de los políticos, la corrupción, la complacencia con los poderes financieros y empresariales”, entonces, la cuestión no es luchar por Utopías que acaban en la barbarie siniestra de Corea del Norte, Cuba o Venezuela, sino que más vale “depurar la democracia” y lograr una “democracia al servicio de todos”.
Esta es una Utopía Reaccionaria pues la democracia es la que es y no se puede ni “reformar” ni “mejorar”. Nuevas Constituciones, referéndums, acabar con el bipartidismo, democracia participativa etc., son los remiendos que no cambian nada y cuya única finalidad es atarnos de pies y manos a la dictadura del Capital bajo su disfraz democrático.
El eslogan más extendido en las Asambleas del 15 M era “Le llaman democracia y no lo es”. Era una trampa, una mistificación muy peligrosa, que socavó desde dentro el movimiento y le impidió desarrollarse. Los Estados burgueses son eso: Democracia. Le llaman Democracia y SÍ QUE LO ES, es eso Democracia, o sea, el disfraz democrático del Estado Totalitario de la decadencia capitalista.
Como denunciaron las Tesis sobre la Democracia burguesa y la dictadura proletaria, adoptadas por el Primer Congreso de la Internacional Comunista en 1919, no existe ni existirá una Democracia que sea buena, pura, participativa, humana y al “servicio de todos”, “la república burguesa más democrática no es nada más que el instrumento por el cual la burguesía oprime a la clase obrera, por la que un puñado de capitalistas oprime a las masas trabajadoras”11
No vivimos en una sociedad de “ciudadanos libres e iguales”, vivimos en una sociedad DIVIDIDA EN CLASES. Y, en consecuencia, el Estado no es un órgano neutral, al servicio de los ciudadanos, sino la DICTADURA de la clase dominante, el Capital, quien encamina la sociedad no a la satisfacción de las necesidades de los “ciudadanos” sino hacia la ACUMULACION DE CAPITAL, la ganancia empresarial y el interés nacional.
El capital domina la sociedad en nombre de la Nación que sería una supuesta “comunidad de ciudadanos libres e iguales” y se parapeta en el Estado quien, para guardar la apariencia de “representante de la mayoría” organiza un ritual de elecciones, derechos, consultas, oposición, “equilibrio de poderes”, “alternancia” etc.
En pequeñas minorías dentro de las Asambleas empezó una crítica, aún tímida, del engaño democrático. Hubo quienes “completaban” la consigna “Le llaman democracia y no lo es” con otra consigna: “Es una dictadura y no se ve”. Aquí existía un atisbo de toma de conciencia. Le llaman Democracia, PERO es una dictadura, la dictadura del capital.
La dictadura que, en lugar del Partido único o la autocracia militar, presenta una constelación de partidos y sindicatos que hablan “distinto” pero que van todos a lo mismo: la defensa del Capital nacional.
La dictadura que no tiene un Gran Dictador vitalicio, sino que va cambiando de dictador cada cuatro años plebiscitado por unas elecciones cuyo juego el Estado organiza y controla tratando de que su resultado sea la opción mayoritaria del Capital Nacional12.
La dictadura que en lugar de las amenazas y el despotismo descarado de los regímenes autoritarios se oculta virtuosa e hipócritamente detrás de bellas palabras de Solidaridad, el interés de todos, la voluntad de la mayoría etc.
La dictadura que, en lugar de robar abiertamente para el beneficio de la minoría, se disfraza de “justicia social”, “velar por los más desfavorecidos”, “nadie se quede detrás” y demás zarandajas.
La dictadura que en lugar de reprimir sin tapujos o de negar cualquier derecho u organización, nos encierra en “derechos” que nos despojan de todo y en “organizaciones” que nos dividen y nos desorganizan como clase.
Este principio de comprensión (“Es una dictadura y no se ve”) fue muy minoritario, lo que dominó en las Asambleas fue la ilusión de una “renovación democrática”13.
¿Diez años después, en que ha quedado la “renovación democrática” que tanto ilusionó a muchos jóvenes en las Asambleas? Pues ya vemos en qué ha consistido. Los dos grandes partidos (PP y PSOE) se han visto acompañados por nuevos tiburones: Vox, Ciudadanos y Podemos. Estos “renovadores” han demostrado ampliamente que son MÁS DE LO MISMO. Los mismos engaños, el mismo servicio incondicional al capital español, la misma ambición insaciable de poder, las mismas clientelas…14 La democracia no se ha renovado, ha fortalecido la máquina del Estado contra los trabajadores y contra toda la población.
El virus democrático hizo que la lucha fuera ineficaz frente a las operaciones de represión policial, pues “a pesar de algunas respuestas solidarias y basadas en la acción masiva contra la violencia policial, predominó la “lucha” concebida como presión pacífica y ciudadana sobre las instituciones capitalistas, lo que lo llevó fácilmente a un callejón sin salida” (op.cit. nota 2).
Con la mentira democrática, la burguesía española consiguió que el movimiento 15 M no se articulara “alrededor de la lucha de la principal clase explotada -el proletariado- quien produce colectivamente las principales riquezas y asegura el funcionamiento de la vida social: fábricas, hospitales, escuelas, universidades, oficinas, puertos, obras, correos” (op.cit. nota 2), sino que se fuera diluyendo en una indignación interclasista totalmente impotente. Pese a algunos intentos tímidos de extensión a los centros de trabajo, esto fracasó y el movimiento quedó cada vez más confinado en las plazas. Tampoco cuajó el agrupamiento y la acción común de las minorías que expresaban un “ala proletaria” frente a la confusión dominante en las Asambleas. Por ello, el movimiento, a pesar de las simpatías que suscitó, fue perdiendo fuerza hasta reducirse a una minoría cada vez más desesperadamente activista.
La bandera del movimiento fue la “indignación”. La indignación es distinta de la venganza, el odio, la revancha, la reparación y otras manifestaciones morales propias de la burguesía y la pequeña burguesía. Por ello, la indignación encaja más en la moral proletaria que esos sentimientos profundamente reaccionarios y destructivos. Sin embargo, la indignación, por legítima que fuera, expresaba más una impotencia que una fuerza, más una perplejidad que una certidumbre. La indignación es un sentimiento muy primario en la lucha de clase del proletariado y como tal no posee la capacidad para afirmar, aún a un nivel elemental, la fuerza, la identidad y la conciencia de nuestra clase.
Los obreros se indignan por el despido de un compañero, por las maniobras de los sindicatos, por la arrogancia y la prepotencia de jefes y capataces, por los accidentes laborales que siegan de golpe una vida humana o condenan a la invalidez a un compañero. Sin embargo, la indignación vista en sí misma, no define ni mucho menos el terreno de clase del proletariado. Si no se enmarca en su autonomía política de clase, en sus reivindicaciones y en su búsqueda de una perspectiva propia, la indignación aparece como un sentimiento “humano” indiferenciado que cualquier individuo de cualquier clase social puede sentir y que puede formar parte de cualquier lucha burguesa o pequeña burguesa. Cuando la indignación se eleva a categoría independiente y absoluta el terreno de clase proletario desaparece15.
Que los proletarios movilizados en España adoptaran como bandera “la indignación” revelaba la dificultad manifiesta que tenían para encontrar la vía de la clase proletaria a la que pertenecían. Era la manifestación de su impotencia y entrañaba el peligro de verse desviados hacia un terreno burgués, democrático, de “protesta del pueblo”, totalmente interclasista.
La indignación tiene una naturaleza pasiva y puramente moral. Puede corresponder a una etapa embrionaria de la toma de conciencia que tiene necesariamente que ser superada por la afirmación de un terreno de clase de alternativa por el comunismo. Si se queda como bandera del movimiento la puerta queda abierta a su extinción o, si, intenta el enfrentamiento, el resultado es necesariamente su encuadramiento en un terreno burgués, una derrota proletaria sin paliativos.
Este peligro lo hemos visto claramente en las movilizaciones en Estados Unidos por el asesinato de George Floyd por la policía. La indignación fue canalizada hacia la reivindicación de una policía “más humana”, que actúe “democráticamente”, es decir, un terreno radicalmente burgués de defensa del Estado democrático y de sus aparatos represivos.
Los jóvenes trabajadores que ocupaban las plazas y celebraban asambleas masivas diarias necesitaban dejar de lado ese planteamiento inicial de la “indignación”. Al no conseguirlo, al no lograr prender la mecha de la lucha en los centros de trabajo, el movimiento estaba perdido.
Si el movimiento de indignados fue una respuesta a la grave crisis capitalista de 2008, los participantes se empeñaron en ver los descalabros financieros que se sucedían, los violentos recortes que los gobiernos implantaban, la brutal austeridad que impulsaban, no como una crisis, sino como una “estafa”. Los recortes, la miseria, la precariedad eran vistos como resultado de la corrupción (“No hay pan para tanto chorizo” fue una de las consignas más repetidas en las asambleas) y no como fruto de las convulsiones y el impasse histórico del capitalismo.
“La bancarrota del banco Lehman Brothers y la crisis financiera de 2008 permitieron a la burguesía dar un nuevo golpe a la conciencia del proletariado, mediante una gran campaña ideológica de alcance mundial que trataba de inculcar la idea (planteada por los partidos de izquierda) de que los responsables de la crisis eran los “banqueros corruptos”, haciendo creer que el capitalismo se personifica en los “traders” bursátiles o en el poder del dinero. La clase dominante pudo así ocultar las raíces del fracaso de su sistema. Pretendía, por un lado, que la clase obrera se viese arrastrada a la defensa del Estado "protector" ya que se suponía que las medidas del rescate a los bancos habían de proteger a los pequeños ahorradores. Pero más allá del efecto de estas mistificaciones, el mayor impacto de esta campaña sobre la clase obrera ha sido el de reforzar su impotencia frente a un sistema económico impersonal cuyas leyes generales serían como leyes naturales que no pueden ser controladas o alteradas” (op.cit. nota 4).
La gran mayoría de participantes veían como causante de sus sufrimientos “a un puñado de "malos" (financieros desaprensivos, dictadores despiadados) cuando [el Capital] es una compleja red de relaciones sociales que tiene que ser atacada en su totalidad y no dispersarse persiguiendo sus múltiples y variopintas manifestaciones (las finanzas, la especulación, la corrupción de los poderes político-económicos)” (op.cit. nota 2).
Esta terrible debilidad daba a la burguesía un enorme margen de maniobra para enredar el movimiento en toda clase de mistificaciones a cuál más desmovilizadora y desmoralizadora.
En primer lugar, no se reconoce la obsolescencia histórica del capitalismo y la necesidad imperiosa de destruirlo, sino que se le ve como un sistema que se “podría reformar y mejorar”.
En segundo lugar, no se ve el capitalismo como una relación social, sino como una suma de individuos, empresas o sectores (financieros, industriales etc.). Con este planteamiento se abre la puerta a pensar que hay fracciones del Capital “mejores y más progresistas”, mientras que otras serían peores o reaccionarias. Se identifican los males del capitalismo no en el sistema mismo como conjunto mundial de naciones que pelean a muerte por la ganancia y el dominio imperialista, sino en individuos “malos” o en las “finanzas”, los “especuladores” etc. Es decir, la vía queda abierta para el Frentismo: ir detrás de tal o cual fracción de la burguesía, considerada “menos mala”, contra otra fracción, tachada de ser “la peor”. La vía queda abierta para todas las trampas con las que la burguesía ha llevado al proletariado a la barbarie guerrera y al sacrificio de sus condiciones de vida: elegir entre Democracia o Fascismo, entre Dictadura o Democracia, entre el Mal Menor y el Mal Mayor16.
En fin, la “lucha contra la corrupción” esconde la realidad de que el ROBO está en la plusvalía que el Capital extrae a los obreros de manera legal y consentida mediante un “contrato de trabajo” que sería de “igual a igual”. La corrupción es una parte de la plusvalía que se roba legal y estructuralmente a los obreros y, por tanto, el problema no es la corrupción, sino la plusvalía. Con el “No hay pan para tanto chorizo” se ocultó la explotación capitalista, la explotación del proletariado por el conjunto del Capital.
Así pues, esa falsa visión de la crisis, esa campaña contra “las malas finanzas” y la “corrupción”, atacaba la autonomía política del proletariado, negaba la explotación capitalista y la existencia de clases y ataba de pies y manos a los proletarios tras el carro del frentismo y de elegir plato en el menú envenenado de las opciones capitalistas.
Las Asambleas se llenaron de pequeños burgueses radicalizados por los efectos de la crisis y ante ellos, la falta de confianza de los jóvenes obreros en sus propias fuerzas hizo que se dejaran embaucar por el pico de oro de esos sectores dominados por la palabrería, las inconsecuencias, el cretinismo, las oscilaciones constantes, el empirismo y el inmediatismo.
Todos los movimientos auténticos del proletariado han llevado la compañía de capas de la pequeña burguesía, de capas sociales no explotadoras. La Revolución rusa de 1917 supo ganar a su causa a campesinos y soldados. Es necesario comprender la naturaleza del proletariado y la naturaleza de la pequeña burguesía y de otras capas no explotadoras.
“De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía no hay más que una verdaderamente revolucionaria: el proletariado. Las demás perecen y desaparecen con la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto genuino y peculiar”, dice el Manifiesto Comunista.
Sobre la pequeña burguesía, el Manifiesto analiza “Los elementos de las clases medias, el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el labriego, todos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales clases. No son, pues, revolucionarios, sino conservadores. Mas todavía, son reaccionarios, pues pretenden volver atrás la rueda de la historia”.
¿Quiere eso decir que el proletariado debe ver a la pequeña burguesía como enemigo? No. Lo que debe hacer es combatir a muerte la influencia nefasta y destructora de la pequeña burguesía, especialmente de la ideología pequeñoburguesa. Sin embargo, debe imponer su propio terreno de clase, su autonomía política como clase, sus reivindicaciones, y desde esa posición de fuerza ganar a su causa al menos una parte de la pequeña burguesía, puesto que:
1º “Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de la inmensa mayoría”
2º La pequeña burguesía y las capas no explotadoras en descomposición “lo que tienen de revolucionario es lo que mira a su tránsito inminente al proletariado; con esa actitud no defienden sus intereses actuales, sino los futuros; se despojan de su posición propia para abrazar la del proletariado”.
La grave debilidad del movimiento 15 M no fue la presencia en sí de capas de la pequeña burguesía radicalizada, el problema estuvo en que los jóvenes obreros, las minorías decididamente proletarias, no fueron capaces de defender y hacer asumir a las Asambleas las posiciones, reivindicaciones y perspectivas de clase. En su lugar, lo que tendió a dominar fueron los planteamientos individualistas, ciudadanistas, las “soluciones” como las cooperativas, los huertos urbanos etc., es decir, tras los primeros esfuerzos de reflexión y de intuiciones en un terreno de clase, acabó predominando el deslizamiento hacia las ilusiones pequeñoburguesas, con lo cual la partida estaba ganada para la burguesía.
Esta crítica despiadada de las debilidades y desviaciones que sufrió el movimiento de Indignados no invalida para nada su carácter de clase proletario y su aporte a las luchas futuras. El proletariado es una clase explotada y revolucionaria a la vez, su principal fuerza no es una sucesión de éxitos, sino la capacidad de sacar lecciones de sus derrotas.
En el último escrito de Rosa Luxemburgo, un día antes de ser asesinada por los esbirros de la Socialdemocracia, El orden reina en Berlín, aclara “¿Qué nos enseña toda la historia de las revoluciones modernas y del socialismo? La primera llamarada de la lucha de clases en Europa, el levantamiento de los tejedores de seda de Lyon en 1831 acabó con una severa derrota. El movimiento cartista en Inglaterra también acabó con una derrota. La insurrección del proletariado de París, en junio de 1848, finalizó con una derrota asoladora. La Comuna de París se cerró con una terrible derrota. Todo el camino que conduce al socialismo está sembrado de grandes derrotas. ¡Dónde estaríamos nosotros hoy sin esas "derrotas", de las que hemos sacado conocimiento, fuerza, idealismo! Todas forman parte de nuestra fuerza y nuestra claridad en cuanto a las metas a alcanzar”17.
Las duras lecciones que acabamos de exponer forman parte de las orientaciones que las luchas futuras deberán seguir, sin embargo, la lucha de 2011 nos aporta una serie de elementos positivos muy importantes.
El artículo que antes hemos citado, El 15 M cinco años después, resume esas adquisiciones, (ver nota 5), hacemos hincapié en algunas de ellas.
La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores, o no será, decía la Primera Internacional. Las Asambleas Generales masivas, abiertas al conjunto de los obreros, son la respuesta concreta a esa necesidad. En las Asambleas los obreros discuten, piensan, deciden y ejecutan los acuerdos JUNTOS. Una participante en el 15 M exclamaba “¡Qué maravilloso que diez mil desconocidos nos hayamos juntado!”.
Las Asambleas son el corazón y el cerebro de las luchas obreras. Corazón pues son un crisol de solidaridad, compañerismo, unidad, fraternidad. Cerebro, porque deben ser el órgano colectivo y unitario de dirección del movimiento, analizando los obstáculos y peligros que lo amenazan y proponiendo los pasos a dar.
Pero las Asambleas fueron también una respuesta concreta al problema que analizábamos al principio: la mayoría de los jóvenes obreros se hallan atomizados y dispersos en teletrabajos, trabajos “uberizados”, pequeñas empresas, situaciones de desempleo etc., al unirse en Asamblea, al tomar las plazas (el slogan del movimiento era Toma la Plaza) lograron crear un lugar de reagrupamiento, de construcción de la unidad, de organización de la lucha.
No se trata de glorificar las Asambleas, ya hemos visto cómo en ellas, las confusiones que atenazaban a los participantes, la afluencia de la pequeña burguesía y SOBRE TODO la labor de zapa de la burguesía y concretamente de DRY, hicieron que acabaran perdiendo la fuerza que tenían. Siguiendo la leyenda bíblica, esas Salomés le cortaron el cabello al Sansón proletario. Frente a ello, las futuras asambleas “deberán reforzarse con un balance crítico de las debilidades que manifestaron:
- No se extendieron más que muy minoritariamente a los centros de trabajo, los barrios, los parados… Si el núcleo central de las Asambleas debe ser la Asamblea General de Ciudad tomando plazas o edificios, este debe nutrirse de la actividad de una vasta red de asambleas principalmente en fábricas y centros de trabajo
- Las comisiones (de coordinación, cultura, actividades etc.) deben estar bajo el control estricto de la Asamblea General a la que han de rendir cuentas escrupulosamente. Hay que evitar lo que pasó en el 15 M donde las comisiones se tornaron instrumentos de control y sabotaje de las asambleas manipuladas por grupos en la sombra como DRY (Democracia Real Ya)”
La sociedad capitalista supura por todos sus poros “la marginalización, la atomización de los individuos, la destrucción de las relaciones familiares, la exclusión de los ancianos, la aniquilación de lo afectivo”, es decir, “la destrucción de todo principio de vida colectiva en el seno de una sociedad sin el menor proyecto, la menor perspectiva” (op.cit nota 5).
Frente a ello, el movimiento 15 M sembró una primera semilla: “manifestaciones en Madrid para liberar a los detenidos o impedir que la policía detuviera a emigrantes; actos masivos contra los desahucios en España, Grecia o Estados Unidos; en Oakland «La Asamblea de Huelga ha acordado enviar piquetes u ocupar cualquier empresa o escuela que sancione a empleados o estudiantes de cualquier forma por participar en la Huelga General del 2 de noviembre».
También, el movimiento mostró una búsqueda de la solidaridad entre las distintas generaciones de la clase obrera, por ejemplo, los jóvenes obreros acogieron con entusiasmo la presencia, aportando sus propias reivindicaciones, de los jubilados.
Sin embargo, fue un primer paso, todavía muy débil, lastrado por la pérdida de la identidad de clase, y colocado todavía más en un terreno de “solidaridad en general” que en el terreno universal y liberador de la SOLIDARIDAD DE CLASE PROLETARIA. Por ello, la ola populista que sacudió los países centrales (Brexit, Trump) eclipsó esas tentativas imponiendo la xenofobia y odio a los emigrantes. El proletariado debe retomar el terreno de su solidaridad declase. Las Asambleas Generales deben concebirse como instrumento del conjunto de la clase, abiertas a obreros de todas las empresas, precarios, trabajadores “uberizados”, desempleados, jubilados…
La lucha tiene que extenderse rompiendo las barreras de la empresa, la región, la nacionalidad, la categoría, la raza, afirmándose el proletariado como la clase que es un crisol donde se anuncia la verdadera humanidad unificada en el comunismo. Toda lucha debe concebirse como parte de la lucha de TODA LA CLASE OBRERA, dándose como primera prioridad LA EXTENSION Y UNIFICACION DE LAS LUCHAS.
Con el arma de la solidaridad de clase hay que combatir a muerte la FALSA SOLIDARIDAD que propaga la burguesía, sus sindicatos, sus partidos: la “solidaridad ciudadana”, la “solidaridad nacional”, las colectas caritativas que humillan a los obreros convirtiéndolos en pordioseros.
La sociedad actual nos condena a la inercia del trabajo, el consumo, la reproducción de modelos de éxito que provocan millones de fracasos, la repetición de estereotipos alienantes que no hacen sino amplificar lo que repite la ideología dominante. Frente a ello, y como falsas respuestas que hunden aún más en la putrefacción social y moral, aparece “la profusión de sectas, el resurgir del espíritu religioso, el rechazo hacia un pensamiento racional, coherente, construido, incluso en algunos ámbitos «científicos», y que ocupa en los media un lugar preponderante gracias a la embrutecedora publicidad y a sus emisiones estúpidas; la invasión en esos mismos media del espectáculo de la violencia, del horror, de la sangre y de las matanzas, incluso en programas para niños; la nulidad y la venalidad de la mayoría de las producciones «artísticas», literarias, musicales, de pintura y arquitectura, que no saben sino expresar la angustia, la desesperación, el estallido del pensamiento, la nada” (op.cit nota 5).
Frente a ello, en las primeras semanas del movimiento en España, se desarrolló un vivo debate de masas, abordando una multitud de temas que reflejaban la preocupación no solo por la situación actual, sino por el futuro; no solo los problemas económicos, sociales o políticos, sino igualmente cuestiones morales y culturales. La importancia de este esfuerzo, aún tímido y lastrado por debilidades democratistas y aproximaciones pequeñoburguesas, es evidente. Todo movimiento revolucionario del proletariado se levanta siempre sobre un gigantesco debate de masas, por ejemplo, la Revolución en Rusia 1917 tuvo su columna vertebral en el debate y la cultura masiva. John Reed recuerda que «la sed de instrucción, tan largo tiempo refrenada, se convirtió con la revolución en un verdadero delirio. Sólo del Instituto Smolny salieron cada día, durante los seis primeros meses, toneladas de literatura, que, ya en carros, ya en vagones, iban a saturar el país. Rusia absorbía, insaciable, como la arena caliente absorbe el agua. Y no grotescas novelas, historia falsificada, religión diluida o esa literatura barata que pervierte, sino teorías económicas y sociales, filosofía, las obras de Tolstoi, de Gogol, de Gorki»18.
Este desarrollo de la cultura del debate es un arma cargada de futuro, pues ello permite a la masa del proletariado forjar su convicción, su entusiasmo, su capacidad de lucha, como dice La Ideología Alemana, libro de Marx y Engels, “la revolución no sólo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la clase que derriba salir del cieno en que se hunde y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases”19. De forma concreta, la cultura del debate permite al proletariado atender a tres necesidades fundamentales:
Afirmarse como clase dando un marco en el que puede ganarse a capas sociales no explotadoras
Adquirir una conciencia clara de los objetivos y los medios concretos de su lucha
Combatir hasta liberarse plenamente todo el peso de la ideología burguesa y pequeñoburguesa
C. Mir 27-12-21
1 Lo que pusimos en evidencia en enero 1990, ver Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole [253]
2 Para un análisis de estas luchas ver: Huelga del metal de Vigo: Los métodos proletarios de lucha /content/910/huelga-del-metal-de-vigo-los-metodos-proletarios-de-lucha [201]; Las revueltas de la juventud en Grecia confirman el desarrollo de la lucha de clases https://es.internationalism.org/revista-internacional/200904/2483/las-revueltas-de-la-juventud-en-grecia-confirman-el-desarrollo-de- [766] ; Luchas en Egipto: una expresión de la solidaridad y la combatividad obreras https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200711/2101/luchas-en-egipto-una-expresion-de-la-solidaridad-y-la-combatividad-obr [767] ; Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [7] y 2011: de la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [8]
3 CPE: Contrato de Primer Empleo, una medida del gobierno francés que legalizaba la precariedad so pretexto de dar “oportunidades de empleo” a los jóvenes.
4 https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019 [278]
5 Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
6 El 15 M cinco años después /content/4169/el-15-m-cinco-anos-despues [768]
7 El capitalismo, desde los años 60, se ha visto obligado, por las necesidades de su reproducción, a generalizar la educación universitaria a una mayoría de la población. No ha sido una obra benéfica, sino con el objetivo de aumentar la productividad del trabajo.
8 En las plantillas de las grandes empresas, por ejemplo, en las fábricas automovilísticas, trabajan no solamente los contratados de la empresa, sino una miríada de subcontratas o de empresas auxiliares que pertenecen a otra empresa o están encuadrados en otro convenio colectivo, tienen otras condiciones laborales, otros sueldos, otros horarios, comen aparte etc.
9 El nacionalismo pesó como una losa en el movimiento de indignados en Grecia donde en las concentraciones y marchas se agitaban banderas nacionales. En España, si bien no hubo banderas españolas, muchos de los jóvenes que participaron en las asambleas de Barcelona se dejaron arrastrar a la repugnante movilización por la “independencia de Cataluña” desde 2012. Ver España y Cataluña: dos patrias para imponer la miseria /content/3482/espana-y-cataluna-dos-patrias-para-imponer-la-miseria [506]
10 Para una denuncia de esta gentuza ver Movimiento ciudadano ¡Democracia Real Ya!: dictadura del Estado contra las asambleas masivas https://es.internationalism.org/cci-online/201106/3118/movimiento-ciudadano-democracia-real-ya-dictadura-del-estado-contra-las-asamb [520] Cabe señalar que muchos de los cuadros que militaron en DRY se unieron posteriormente a esa empresa de engaño e hipocresía capitalista que es Podemos.
12 Con el desarrollo de la descomposición política e ideológica del capitalismo, la burguesía de los países centrales tiende a perder el control del juego electoral. De ello es expresión la aparición de fracciones populistas que son defensoras acérrimas del capital nacional, pero que actúan de forma indisciplinada, caótica, defendiendo opciones imperialistas, económicas etc., que no son válidas para el interés global del Estado capitalista.
13 A pesar de la resistencia a que DRY impusiera un “Decálogo Democrático”
14 Ver Vox francamente capitalista https://es.internationalism.org/content/4501/vox-francamente-capitalista [546] y Podemos: un poder del Estado capitalista https://es.internationalism.org/cci-online/201406/4033/podemos-un-poder-del-estado-capitalista [218]
15 Para un análisis del significado y límites de la indignación ver el capítulo sobre ese tema de nuestro Informe sobre la lucha de clases internacional para el 24º Congreso de la CCI (2021) https://es.internationalism.org/content/4719/informe-sobre-la-lucha-de-clases-internacional-para-el-24o-congreso-de-la-cci-2021 [770] , también la denuncia del librito de Hessel sobre la indignación, ver https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201107/3158/a-proposito-de-los-libros-indignaos-y-comprometeos-de-stephane-hessel [771]
16 Ver el punto IX de nuestra Plataforma, https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [243]
18 Diez días que estremecieron el mundo, https://www.marxists.org/espanol/reed/diezdias/index.htm [773]
19 Ídem., Segundo Capítulo de Feuerbach, Oposición entre las concepciones materialista e idealista, sección 6ª Conclusiones de la concepción materialista de la historia: continuidad del proceso histórico, transformación de la historia en historia universal, necesidad de la revolución comunista
Miles de migrantes atrapados durante varias semanas en la frontera polaca, abandonados a su suerte en bosques húmedos y congelados, sin comida ni agua. Familias vagando en medio de la nada, obligadas a beber agua de los pantanos circundantes, durmiendo en el suelo a temperaturas bajo cero. Exiliados exhaustos, a menudo enfermos, golpeados por tropas del ejército bielorruso que intencionadamente los condujeron a las fronteras de la Unión Europea (UE). Las autoridades polacas reaccionando bestialmente no dudan en enviar a mujeres, niños, discapacitados y ancianos de vuelta al bosque y golpear a quienes intentan cruzar las cercas de alambre de púas, que se han desplegado ilegalmente a lo largo de la frontera. Este triste espectáculo recuerda desgraciadamente a muchos otros, igual de repugnantes. Pero la instrumentalización de los migrantes con fines abiertamente imperialistas añade el color del cinismo más desvergonzado a este angustioso panorama.
La repentina presencia de migrantes en esta región hostil, una ruta raramente utilizada por los refugiados no es casual: el dictador bielorruso, Alexander Lukashenko, ha mantenido un conflicto abierto con la UE desde su disputada reelección en agosto de 2020, con este fin ha alentado e incluso organizado, el transporte de migrantes ofreciéndoles una salida ilusoria a Europa. Arrojándolos, como forma de extorsión, a la frontera polaca. Según los informes, incluso se están fletando vuelos chárteres a Minsk, para transportar a los refugiados.
Para Lukashenko y su camarilla, los migrantes son simplemente una moneda de cambio en respuesta a las sanciones y presiones occidentales1. Además, tan pronto como comenzaron las negociaciones con la UE y Rusia, el gobierno bielorruso devolvió a unos cientos de inmigrantes al mismo lugar del que partieron, de forma "voluntaria" (¡qué eufemismo!), como muestra de "buena fe". ¡Hasta aquí las muertes! Hasta aquí el trauma. Hasta aquí las esperanzas frustradas.
El uso de refugiados en el contexto de las rivalidades imperialistas se ha desarrollado espectacularmente en los últimos años, aprovechando un contexto en el que los estados más ricos se han convertido en verdaderas fortalezas y se justifican diariamente con la retórica más xenófoba. Recientemente hemos visto a Turquía amenazar con abrir las compuertas a la emigración en la frontera griega, o a Marruecos en la frontera española jugando todos al mismo tiempo al "chantaje migratorio" para defender sus sórdidos intereses nacionales. Incluso Francia, en el contexto de las tensiones posteriores al Brexit, está sugiriendo, más o menos sutilmente, que podría no acordar con el Reino Unido la política de gestión de los migrantes de Calais, para actuar unilateralmente, según le convenga. También es muy posible que detrás de los refugiados bielorrusos, la Rusia de Putin esté avanzando sus peones.
"Los polacos están haciendo un servicio muy importante a toda Europa", dijo Horst Seehofer, el ministro alemán del Interior. ¡Y vaya qué servicio! Polonia y su gobierno populista no dudaron en desplegar miles de soldados en la frontera y amenazar explícitamente a los refugiados: "Si cruzan esta frontera, usaremos la fuerza. No lo dudaremos”2. Al menos el mensaje es claro y la intimidación se ha administrado con el celo anunciado: gases lacrimógenos lanzados a personas hambrientas y agotadas, palizas regulares, se dejan abandonados a los enfermos...
La UE, que afirma ser tan intransigente sobre el "respeto de la dignidad humana", también hizo la vista gorda cuando Polonia se arrogó a sí misma, el 14 de octubre, desafiando las "convenciones internacionales", el "derecho" a devolver sistemáticamente a los migrantes a Bielorrusia sin verificar si las solicitudes de asilo eran válidas, ni tan siquiera de conformidad con las estrictas reglas de la legalidad burguesa. La burguesía se ha dotado así de un arsenal normativo y legal totalmente desfavorable para los migrantes y además no duda en saltarse sus propias reglas cuando surge la necesidad.
La misma arbitrariedad se aplica a los muros levantados contra los migrantes. Cuando el Reino Unido quiso restablecer una frontera en Irlanda del Norte, la burguesía se ofendió por tal osadía que resultaba una "amenaza para la paz", "que recuerda a las peores horas de la Guerra Fría". Pero cuando Lituania y Polonia decidieron construir miles de kilómetros de cercas de alambre de púas, esto se llamó "proteger las fronteras europeas" y "hacer un servicio muy importante"...
El gobierno populista de Polonia, después de haber sido vilipendiado rotundamente por sus medidas contra el aborto y sus declaraciones euroescépticas, de repente está en el centro de atención. Esta crisis es una verdadera bendición para la imagen de Polonia frente a sus "socios europeos". Claramente, si el estado polaco está haciendo un gran "servicio", es porque está haciendo el trabajo sucio de los otros estados de la UE sin pensarlo dos veces.
Recordemos que las "grandes democracias" de Europa, cuando no encierran a los solicitantes de asilo en campos de concentración abyectos, como Moria en Grecia, lo que hacen es subcontratar la "gestión de los flujos migratorios" a regímenes bien conocidos por su "respeto a la dignidad humana": Turquía, Líbano, Marruecos o Libia, donde el peor tipo de traficantes de esclavos todavía operan bajo la mirada benevolente (y la billetera) de la Unión Europea. Al otro lado del Atlántico, el presidente Biden, que había prometido solemnemente romper con la repugnante política migratoria de su predecesor, está demostrando ser igual de brutal: desde septiembre, su administración ha estado "evacuando" a miles de migrantes a un infierno haitiano, casi 14.000, según los medios estadounidenses.
Los Estados "democráticos" siempre se presentan como garantes de la "dignidad humana", pero la realidad demuestra que no le dan más importancia que los regímenes más "autoritarios". Para ambos, sólo cuentan su cálculo de intereses en el ruedo imperialista.
Corresponde a los partidos de la izquierda del capital, desde los ecologistas hasta los trotskistas, blandir una apariencia igualmente hipócrita de indignación. En Polonia y otros países europeos, se han celebrado pequeñas manifestaciones, encabezadas por izquierdistas, para exigir la aplicación del "derecho internacional" y la recepción de refugiados en nombre del "derecho de asilo".
Sin embargo, el derecho burgués, con sus convenciones internacionales y sus "derechos humanos", se siente bastante cómodo con las barreras físicas y reglamentarias inhumanas erigidas contra los migrantes: el "derecho de asilo" se aplica poco a poco de acuerdo con criterios ultra selectivos, y frente a los abusos de Polonia, que de hecho son incompatibles con la Convención de Ginebra, los estados europeos solo necesitan mirar hacia otro lado.
Al "luchar por la aplicación de los derechos de los refugiados", las ONG y las organizaciones de izquierda están de hecho abandonando a los migrantes a los impedimentos insalvables de las administraciones, poniéndolos de manera permanente bajo el control de la policía y frente al muro igualmente infranqueable de la burocracia. No hay nada que esperar en el derecho burgués, que sólo expresa los siniestros intereses de la clase dominante y su barbarie. Los "centros de clasificación", los guardacostas que hacen retroceder los frágiles barcos de migrantes (como hace Frontex), los innumerables muros, los subsidios a los países que utilizan regularmente la tortura, todo esto existe bajo el estricto respeto de la "ley".
La única respuesta a los crímenes de la burguesía contra los migrantes es la solidaridad internacional de todos los proletarios. Este es el método que el movimiento obrero siempre ha defendido: cuando se fundó la Asociación Internacional de Trabajadores en 1864, ya tenía que oponerse a los discursos que acusaban a los inmigrantes de reducir los salarios. Frente a este reflejo nacionalista, afirmó por el contrario "que la emancipación del trabajo no es ni un problema local ni nacional, sino social, que abarca a todos los países en los que existe la sociedad moderna". Entonces como ahora, no podemos caer en los engaños de la burguesía, no son los migrantes los que están atacando nuestras condiciones de vida, sino el capital.
EG, 21 noviembre 2021
El miércoles 24 de noviembre de 2021, 27 refugiados se ahogaron, cerca de Calais, en su intento de cruzar el Canal de la Mancha. Desgraciadamente, esta tragedia no es nueva: desde la primera década del 2000, más de 700 personas se han ahogado en el desesperado intento por cruzar el Canal de la Mancha.
En todo el mundo, las poblaciones huyen de la pobreza, la guerra, la violencia de bandas y mafias y también de los desastres climáticos. Regiones enteras del mundo se están convirtiendo en lugares en los que vivir es una completa pesadilla. Estas migraciones masivas, que alcanzaron niveles sin precedentes en 2015, se han vuelto a intensificar dramáticamente debido a la aceleración de la miseria económica y social provocada por la Covid. A pesar de los muros fronterizos y la feroz represión a la que se enfrentan los migrantes, en las últimas semanas se está produciendo la concentración de refugiados en la frontera polaca, con el ánimo puesto en la búsqueda de una posibilidad de futuro, lo que les obliga a soportar situaciones dramáticas, cuando no la muerte.
Después del acuerdo de Le Touquet, en febrero de 2004, entre Gran Bretaña y Francia, las medidas coercitivas se han vuelto cada vez más brutales y sistemáticas. Recordemos el salvajismo de la policía francesa cuando desmanteló la llamada "Jungla" de Calais, el 25 de octubre de 20163. En todas partes, el único medio con el que los estados burgueses se ocupan de la "cuestión de los migrantes" se reduce a la violencia policial y una vigilancia orwelliana que obliga a los refugiados a correr cada vez más riesgos, en este caso tratando de cruzar el canal en botes de goma. A la indecente pugna política entre Boris Johnson y Emmanuel Macron tras la tragedia en el Canal de la Mancha, podemos añadir declaraciones cínicas como las del ministro francés Darmanin, que justificó de inmediato la política de la UE de militarizar costas y fronteras, al tiempo que culpaba a los traficantes de personas: "los mayores culpables de esta situación injusta son sobre todo los traficantes de personas". Palabras similares pronunció Johnson, que habló de que las bandas criminales "son las que se benefician de la situación”.
Es cierto que los traficantes de personas son explotadores sin conciencia de la miseria humana, pero los políticos de las grandes democracias no son menos criminales. Son ellos y sus hipócritas políticas los que están detrás del surgimiento y florecimiento de los traficantes de personas, y como resultado los migrantes son cada vez más criminalizados por la creciente dificultad a la que se enfrentan al verse obligados a ir de un país a otro. La burguesía está buscando un chivo expiatorio para encubrir sus propias políticas inhumanas. Las organizaciones criminales se utilizan para ocultar al verdadero criminal: el capitalismo. Así como los medios de comunicación señalan con el dedo a Lukashenko4, como si fuera el único que instrumentaliza a los refugiados. Este por su parte señala como culpables a las bandas criminales, que son las que le sirven de coartada.
Lo que ninguno de los políticos puede decir, es que sus políticas están dictadas por la obligatoriedad de defensa de la propiedad privada y el capital nacional. Entre todos los que se ven obligados a convertirse en refugiados, sólo aquellos que están adecuadamente calificados y cuya fuerza de trabajo puede ser utilizada de manera rentable, son aceptables para el capital. Todo lo demás deben ser rechazado mediante barreras físicas o administrativas, y cada vez más por la represión y la fuerza armada. La ley aplicable por el capital es que " se abran las fronteras" solo cuando se adapta a las necesidades de explotación y ganancia. Desde su perspectiva, los cuerpos en las playas son solo un precio menor que pagar, un daño colateral sin mayor importancia.
WH 29.11.21
1 Esta forma de proceder es idéntica a la que hubo entre Marruecos y España en mayo de 2021 donde los emigrantes fueron utilizados por ambos como arma en su pugna económica e imperialista. Ver Ceuta: los emigrantes, moneda de cambio de las pugnas capitalistas https://es.internationalism.org/content/4680/ceuta-los-emigrantes-moneda-de-cambio-de-las-pugnas-capitalistas [636]
2 «En ausencia de una política común de acogida, Europa desestabilizada por Bielorrusia», Mediapart (11 de noviembre de 2021).
3 Le Touquet es la localidad francesa en la que británicos y franceses firmaron un acuerdo en 2003, que entró en vigor un años después, por el que se establecían puestos de control fronterizo para el control de los emigrantes. Básicamente el acuerdo hacía de la localidad francesa de Calais el puesto fronterizo de acceso a Gran Bretaña, con la presencia de agentes británicos. A cambio los británicos correrían con los gastos. El acuerdo no tenia fecha de caducidad mientras no fuera denunciado por una de las partes. Con esto lo que se consiguió fue que Calais pasara a ser una “jungla” de chabolas en las que se hacinaban en condiciones infrahumanas más de 10.000 emigrantes, esperando el milagro de cruzar, hasta que en 2016 fue brutalmente desmantelado por la policía francesa.
4 Presidente de Bielorrusia país fronterizo de Polonia.
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Este 2021, hemos presenciado terribles olas de calor sin precedentes desde Canadá hasta Siberia, las inundaciones en el norte de Europa y China, las sequias e incendios en California y las nuevas señales de derretimiento del hielo ártico1. El aumento de la deforestación del Amazonas en Brasil y parte de Perú, así como la contaminación por relaves mineros también en algunas zonas del Perú.
El crimen del modo de producción capitalista contra el medio ambiente y el planeta es resultado de que su lógica económica es la acumulación de capital y la defensa de los intereses imperialistas del capital nacional. La barbarie a la que se enfrenta cada vez más la clase obrera, como clase explotada por ser en la mayoría de los casos la primera en sufrir los efectos del desastre ecológico producido por este sistema, es una preocupación permanente mientras se siga agudizando y profundizando la descomposición del capitalismo decadente2.
En Chile, por ejemplo, existen al menos 12 mil personas afectadas por la contaminación de metales pesados en Arica. Testimonios como el de María José Bejares que llegó a vivir a la población Los Industriales, ubicada en Arica, en el norte de Chile, en 1991. Recuerda bien cómo ella, de apenas 5 años, y sus amigos, jugaban entre unos montículos de distintos colores ubicados a pocos metros de su casa, donde se deslizaban colina abajo y moldeaban la tierra con sus propias manos, como si fuera arcilla. Más tarde, volvían a sus viviendas empapados de este material, sin saber que estaban jugando sobre un verdadero basural de desechos tóxicos. Arsénico, plomo, cadmio y mercurio abundaban en ese informal patio en el que jugaron cientos de niños Ariqueños. 30 años después, las consecuencias son evidentes.
Desde Los Industriales, donde aún vive, María José enumera las enfermedades de sus cercanos (y las propias): sus padres murieron de cáncer—su mamá, al útero con falla multisistémica en 2015, y su papá, al pulmón con metástasis cerebral en 2012—, su hermana mayor tuvo cáncer de mamas y su hermana menor tiene fibrosis pulmonar. Su marido sufre la enfermedad de Perthes, que afecta los huesos de la cadera, su hijo mayor es autista, y ella tuvo un embarazo molar en 2013, por lo que estuvo un mes hospitalizada. La historia se repite en el pasaje donde vive. Varios vecinos tienen cánceres de distinto tipo, lesiones cutáneas, enfermedades cardiovasculares, mujeres con abortos espontáneos y con dificultad para concebir, y niños con una serie de trastornos neurológicos, entre otras dolencias. "Llevamos 36 años muriendo", dice la mujer. "Esto no puede ser casualidad. Uno va viendo cómo los vecinos van cayendo enfermos de a poquito, es muy doloroso", agrega3.
Primero que nada, queremos manifestar nuestra solidaridad con estos trabajadores víctimas de la barbarie capitalista, de la lógica de la acumulación del capital que sacrifica millones de vidas humanas al dios Ganancia y al dios Acumulación de Capital.
Entre 1984 y 1985 la empresa minera sueca Boliden trasladó casi 20 mil toneladas de residuos tóxicos desde su planta Rönnskär, en Suecia, a la ciudad de Arica. El relave fue recibido por la desaparecida empresa chilena Promel que, supuestamente, se encargaría de procesarlo a cambio de más de 1 millón de dólares de la época. Los acopios tóxicos fueron abandonados en el Sitio F en 1984. Sin embargo, el trabajo nunca se hizo y el material fue abandonado sin medidas de protección en una zona conocida como "sitio F", que estaba a 250 metros de Sica Sica, la población más cercana. El problema se agudizó un par de años después, en 1989, cuando se autorizó la construcción de viviendas sociales a pocos metros del lugar.
Eran una especie de "casetas", con cocina, baño, luz eléctrica, agua potable y alcantarillado, pero el suelo era de tierra. Y la tierra estaba contaminada. Poco a poco, algunos pobladores comenzaron a experimentar picazones, alergias y erosiones en la piel. Pero nadie sospechaba del relave. En un informe en que Promel le solicita al Servicio Nacional de Salud de Chile de la época autorización para desembarcar el contenido proveniente de Suecia, este no era "tóxico" y cualquier persona podía manipularlo4.
El Estado Capitalista Chileno de aquel entonces fue cómplice en esta situación, junto con la empresa Promel, que permitió el pase de los residuos tóxicos depositados en esta zona de Arica. Vemos el predominio de las leyes del capital, sobre la salud de la población sobre todo de la población trabajadora y la contaminación de vastos territorios producto de la actividad industrial capitalista como parte de su dinámica salvaje y depredadora, consecuencia de la presión de la competencia por mercados y recursos.
La acumulación capitalista nos está llevando a la barbarie, que se manifiesta en la contaminación ecológica, el cambio climático, la pandemia del covid 19, la destrucción del planeta y la humanidad en su conjunto. Nuestras tesis de la descomposición en su punto 7 señalan claramente y con mucha vigencia que la degradación del medio ambiente que está alcanzando cotas impresionantes (agua corriente asquerosa, ríos muertos, océanos basura, aire irrespirable de las ciudades, decenas de kilómetros cuadrados contaminadas por la radioactividad en Ucrania y Bielorusia), que está amenazando el equilibrio del planeta entero con la desaparición de las selvas ecuatoriales, como la amazónica, los "pulmones de la Tierra", con el llamado efecto invernadero, con la destrucción de la capa de ozono (ver nota 2).
Para acabar con esta locura destructiva del capitalismo, no podemos esperar nada de los Estados, sean estos dictatoriales o “elegidos democráticamente”. Los Estados son el órgano de cada Capital Nacional y están al servicio de sus necesidades de acumulación y de sus intereses imperialistas.
De la misma manera, nada puede esperarse de las conferencias internacionales, G20, COP26 etc., Estas son espectáculos donde el cinismo y la hipocresía de los gobernantes alcanzan cotas inauditas. El capitalismo se basa en la competencia a muerte entre capitalistas y a nivel mundial en la guerra de cada Estado nacional contra los demás, tanto en el plano económico como imperialista. El Capital no tiene un “interés mundial”, su único interés es nacional y empresarial, es decir, egoísta, depredador y competitivo.
Tampoco podemos esperar nada de los partidos verdes y los movimientos ecologistas que tanto proliferan actualmente. Para darse una idea ¿qué ha hecho el partido verde más famoso, el de Alemania, que estuvo en el gobierno en 1999-2005 y ahora vuelve otra vez como miembro de la coalición semáforo?
Pues se dedicó a apoyar empresas guerreras del capital alemán, como, por ejemplo, en Yugoslavia y en el terreno del medio ambiente no hizo absolutamente nada, retrasó por ejemplo toda medida sobre las centrales nucleares. Utilizó la ecología como argumento para hacer tragar despidos masivos de trabajadores a los que se tachaba de “enemigos del medio ambiente” por luchar contra los despidos.
Los partidos verdes ocultan la responsabilidad del capitalismo proclamando que la culpa de la destrucción del planeta es de los obreros que consumen “demasiado”, que “trabajan en industrias contaminantes”, “lavan la ropa”, “se duchan”, “usan calefacción cuando hace frío” etc. Su “solución” es que ACEPTEMOS los despidos y la miseria en nombre del “futuro del planeta”.
Las campañas de la burguesía a favor de las reformas en el modo de producir (políticas ambientales, modelos de sostenibilidad, industria del reciclaje, autos eléctricos o verdes, reducción de plásticos, etc.) no detendrán los daños muchos de ellos irreversibles causados a la tierra, el aire y al agua y con ello a la humanidad. La ilusión democrática de creer que desde las instituciones burguesas o ejerciendo un voto se podrá cambiar esta situación, solo nos lleva a perpetuar esta situación de explotación, miseria y enfermedades como en el caso de Arica, Chile y sus más de 12 mil personas contaminadas con metales pesados.
Desde partidos, medios de comunicación, redes sociales etc., nos invitan a participar en los “movimientos por el clima” si “queremos hacer algo por el planeta”. Esto es otra trampa del Capital, pues estos movimientos:
Visten de verde los planes del capital de “transición ecológica” y “renovación digital” cuyo objetivo es aumentar la explotación y los despidos de trabajadores, para salvar la continuación de la acumulación capitalista y modernizar los armamentos (drones, armas más pequeñas, pero más mortíferas…)
Plantean como solución que cada cual se aplique a sí mismo la austeridad capitalista: no utilizar la calefacción, no lavar demasiadas veces la ropa, no “abusar de la ducha”, no caer en el “consumismo”, es decir, aceptar comer menos, vestir peor etc. Es además un medio culpabilizarnos de la destrucción ecológica cuyo único causante es el capitalismo
Proponiendo “reformas” y “parches” que no solucionan nada y que agravan los problemas ocultan las verdaderas causas del desastre ecológico. Por ejemplo, lo que han sufrido los habitantes de Arica es resultado de esas “reformas” ecológicas del capital que consisten en que los residuos tóxicos son vendidos por los países más ricos a los países más pobres a cambio de unas subvenciones de las cuales se aprovechan los capitalistas de estos últimos países y el propio Estado.
El capitalismo está hundiendo al mundo en una barbarie generalizada.
Un ejemplo concreto de lo que aquí decimos lo hemos vivido en plena pandemia del covid 19 cuando la desaceleración económica y las restricciones de movilidad, provocadas por la pandemia global del nuevo Coronavirus, han dado un pequeño respiro al planeta, con una constatada disminución de emisiones contaminantes. Mas los expertos advierten que esto impactará levemente el avance del cambio climático y que, si no se toman las medidas adecuadas, se podría experimentar un efecto rebote5.Esto quiere decir que hay una relación entre el modo de producción capitalista y los niveles de contaminación, que se han visto reducidas, producto de las restricciones de movilidad y el paro de la producción.
Marx, Engels y otros pudieron advertir desde muy temprano que el capitalismo estaba envenenando el aire y agotando el suelo, no pudieron ser testigos de las consecuencias ecológicas de un mundo en el que el capitalismo ha penetrado ya en casi todas las regiones de los cinco continentes, sometiendo toda la Tierra a la urbanización rampante y a sus métodos de producción y distribución. La expansión capitalista, impulsada por las contradicciones económicas resultantes de la relación entre el capital y el trabajo asalariado, ha llevado al extremo la alienación de la humanidad frente a la naturaleza (ver nota 1).
Solo la lucha de la clase obrera, con su unidad y solidaridad internacional como clase explotada podrán acabar con la anarquía de la producción capitalista y su desastre ecológico, climático y humano. Solo las luchas obreras en defensa de sus condiciones de vida, que implican también el deterioro del planeta y por consecuencia de su salud, serán las que por su desarrollo internacional masivo impondrán las condiciones para la Revolución Proletaria Mundial que destruya el capitalismo y abra el proceso de construcción del comunismo, la comunidad humana mundial, donde se puede establecer una relación armoniosa y de verdadera transformación revolucionaria entre el hombre y la naturaleza.
En esa lucha tendrá que enfrentar también las manifestaciones ciudadanas ecológicas que con sus luchas parciales solo responden y hacen el juego a la lógica mercantil capitalista, perpetuándola.
“En efecto, si bien las luchas parciales contra los efectos de la descomposición no pueden ser un terreno de unificación de clase, en cambio la lucha contra los efectos de la crisis misma es la base para que se desarrolle su fuerza y su unidad de clase. Y esto es así porque :
si bien los efectos de la descomposición (la contaminación, la droga, la inseguridad...) afectan de modo relativamente indiferenciado a todas las capas de la sociedad y son un terreno idóneo para las campañas y trampas aclasistas (ecología, colectivos y movimientos antinucleares, movilizaciones antiracistas...), en cambio, los ataques económicos (baja del salario real, despidos, aumentos de cadencias...) resultados directos de la crisis, afectan de modo específico al proletariado, o sea, a la clase que produce la plusvalía y que enfrenta al capital en ese terreno ;
la crisis económica, al contrario de la descomposición social, la cual concierne esencialmente las superestructuras, es un fenómeno que afecta directamente la infraestructura de la sociedad en la que se basan aquéllas; por eso, la crisis pone al desnudo las causas primeras de toda la barbarie que se cierne sobre la sociedad, permitiendo así al proletariado tomar conciencia de la necesidad de cambiar radicalmente de sistema y no ya de pretender mejorar algunos aspectos de él.
Sin embargo, la conciencia de la crisis por sí sola no puede resolver los problemas y las dificultades ante los que se enfrenta y deberá enfrentarse cada día más el proletariado. Únicamente:
la conciencia de la importancia de lo que se está jugando en la situación histórica de hoy y, en especial, de los peligros mortales que la descomposición entraña para la humanidad;
su determinación en proseguir, desarrollar y unificar su combate de clase;
su capacidad para desactivar la cantidad de trampas que la burguesía, incluso afectada por su propia descomposición, no dejará de tenderle en su camino;
permitirá a la clase obrera responder golpe a golpe a los ataques de todo tipo desencadenados por el capitalismo para finalmente pasar a la ofensiva y acabar de una vez con este sistema cruel y despiadado” (tesis 17, Tesis sobre la Descomposición, ver nota 2).
CCI (con la colaboración de un simpatizante muy próximo de Chile) 260122
1Ver Desastre ecológico: La necesidad de una transición… ¡al comunismo! https://es.internationalism.org/content/4734/desastre-ecologico-la-necesidad-de-una-transicion-al-comunismo [778]
2Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
3BBC News Mundo
4BBC News Mundo
5https://www.tec.ac.cr/hoyeneltec/2020/07/03/reduccion-emisiones-provocada-pandemia-no-respuesta-sostenible-cambio-climatico [779]
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Putin justifica el despliegue militar en la frontera con Ucrania denunciando las intenciones "agresivas" de la OTAN y de las potencias occidentales. Por su parte, los portavoces políticos y mediáticos de las "democracias" occidentales llaman a mantenerse firmes contra las amenazas "agresivas" de Rusia a la soberanía de Ucrania, señalando la intervención de las fuerzas especiales rusas para ayudar a "restaurar el orden" en Kazajistán como una prueba más de las ambiciones de "construcción" (o reconstrucción) del imperio de Putin.
Esas son las acusaciones mutuas entre potencias capitalistas e imperialistas; en cambio, la posición de nuestra clase, “los trabajadores no tienen patria”, es negarse a meterse en estas contiendas, y menos todavía a hacer sacrificios, económicos o físicos, en nombre de sus explotadores, ya sean estadounidenses, europeos, rusos o ucranianos. Y para desenmascarar la propaganda que se vierte por ambas partes, la tarea de los revolucionarios no es sólo denunciar todas las mentiras que se vierten, sino también hacer un análisis coherente, profundizar en las raíces de esta agudización de las tensiones Inter imperialistas.
Antes de 1989, Moscú estaba a la cabeza de la segunda potencia mundial, líder de todo un bloque imperialista. Ucrania y muchas de las otras repúblicas "independientes" que hoy rodean a la Federación Rusa formaban parte de la URSS, la llamada "Unión Soviética". Pero en 1989-91, culminación de una larga crisis económica y política cuyos orígenes hemos analizado en su tiempo1, el bloque oriental se desmoronó y la propia URSS acabó siendo arrastrada por el derrumbe. Uno de los principales medios de esta victoria sin precedentes para el bloque liderado por Estados Unidos fue la política de cercar a la URSS, forjando una alianza con China, utilizando a Turquía como base de misiles, buscando una "Pax Americana" en todo Oriente Medio. Esto vino acompañado por una intensa carrera armamentística que aceleró la quiebra de la URSS. El bloque ruso, cada vez más asediado, trató de romper el cerco, invadiendo Afganistán en 1979, pero aquella maniobra para acceder a los "mares cálidos" resultó contraproducente, ya que las tropas rusas se empantanaron en una guerra imposible de ganar contra las fuerzas islamistas apoyadas por Estados Unidos y sus aliados. Y más o menos al mismo tiempo, las huelgas masivas de la clase obrera en Polonia mostraron a los gobernantes de la URSS lo poco que podían contar con los trabajadores de su propio bloque en cualquier otra aventura militar, menos todavía en la propia Europa. Estados Unidos surgió de la situación como única "superpotencia", proclamando el presidente Bush senior el advenimiento de un "Nuevo Orden Mundial" de paz, prosperidad y democracia, a la vez que los estrategas militares estadounidenses planeaban el "Full Spectrum Dominance” (el domino total) y el "Nuevo Siglo Americano". Sin embargo, en pocos años, el triunfo de Estados Unidos acabó resultando inútil2. Con el enemigo común del Este abatido, el propio bloque occidental comenzó a fragmentarse, y la norma del "sálvese quien pueda" fue sustituyendo a la antigua disciplina de bloque, una “norma” que plasmaba, en las relaciones internacionales, los inicios de una fase nueva y terminal en el largo declive del sistema capitalista: la descomposición3. Este proceso quedó claramente ilustrado con la guerra de los Balcanes a principios de los años 90, en la que los aliados más "leales" de EEUU se encontraron enfrentados, apoyando incluso a diferentes facciones en las sangrientas masacres que acompañaron la desintegración de Yugoslavia. La respuesta estadounidense a aquella amenaza a su hegemonía fue intentar reafirmar su autoridad echando mano de su abrumadora superioridad militar, con cierto éxito, en la primera Guerra del Golfo de 1991, pero con resultados mucho más negativos en las invasiones de Afganistán en 2001 y de Irak en 2003. Le tocaba ahora Estados Unidos meterse en conflictos imposibles de ganar contra bandas islamistas. En lugar de bloquear la tendencia al “sálvese quien pueda”, estas aventuras aceleraron las tendencias centrífugas en toda la región estratégicamente vital de Oriente Medio. En particular, el principal enemigo de Estados Unidos en la región -Irán- se benefició del desorden en el vecino Irak, haciendo avanzar a sus peones en el Líbano, Yemen, Siria y otros lugares. Al mismo tiempo, ese nuevo desorden mundial creó un espacio para que China -que ya se había beneficiado de las inversiones masivas económicas occidentales destinadas a encontrar una salida a las recesiones económicas de los años 70 y 80- emergiera como un verdadero rival imperialista de EEUU.
Tras un breve periodo -los años de Yeltsin- en el que Rusia parecía dispuesta a venderse al mejor postor, el imperialismo ruso, dirigido por el ex miembro del KGB, Putin, comenzó a reafirmarse, contando con sus únicas bazas reales: la enorme maquinaria militar heredada del periodo de la Guerra Fría y sus considerables reservas energéticas, especialmente de gas natural, que podían utilizarse para chantajear a los países más dependientes de la energía. Y aunque no podía enfrentarse directamente a sus rivales imperialistas, hizo todo lo posible para agudizar las divisiones entre ellos, especialmente mediante el uso juicioso de la ciberguerra y la contrapropaganda oculta. Un ejemplo obvio fueron sus esfuerzos por debilitar a la Unión Europea (UE) mediante el apoyo a las fuerzas populistas en el referéndum del Brexit, en Francia, en Europa del Este, etc. En Estados Unidos sus trolls de las redes sociales apoyaron la candidatura de Trump, pues éste se había mostrado bastante manso ante las ambiciones y acciones rusas, quizás sometido a la presión rusa a causa de sus andanzas financieras, cuando no sexuales, por Moscú. Pero también porque existe una facción considerable de la burguesía estadounidense favorable a coquetear con Rusia como contrapeso a China. La reactivación imperialista de Rusia pasó por varias etapas: en lo interno, poniendo fin a las liquidaciones y saldos de Yeltsin e imponiendo un control mucho más estricto sobre la economía nacional, pero sobre todo mediante acciones militares: en Chechenia, reducida a escombros entre 1999 hasta la década de 2000, que sirvió de advertencia contra futuros intentos de secesión en la Federación Rusa; en Georgia en 2008, donde las fuerzas rusas intervinieron en apoyo de la secesión de Osetia del Sur para frenar el avance de Georgia hacia la OTAN; la anexión de Crimea en 2014, culminación de la reacción rusa ante la "revolución naranja"4 en Ucrania y la aparición de un gobierno prooccidental que pretendía ingresar en la OTAN. Y en Siria, donde las armas y fuerzas rusas han sido decisivas para evitar la caída de El Asad y la posible pérdida de la base naval rusa en Tartús. En los años 70 y 80, Estados Unidos había conseguido en gran medida expulsar la influencia rusa de Oriente Medio (por ejemplo, en Egipto, Afganistán...). Ahora Rusia está de vuelta y es EE.UU el que se ha retirado. En muchas de estas acciones militares Rusia ha contado con el apoyo abierto o tácito de China, no porque haya una convergencia imperialista entre ambos países, sino porque China saca partido de las políticas que debilitan el dominio de EEUU.
Sin embargo, a pesar de la recuperación de Rusia y de los numerosos reveses sufridos por Estados Unidos, éste no ha renunciado a todas las ganancias que ha conseguido en los países limítrofes con Rusia; en muchos aspectos, la vieja política de cerco continúa. La expansión de la OTAN ha sido la punta de lanza de esta política, atrayendo a Estonia, Lituania, Letonia, Polonia, Hungría, la República Checa, Eslovaquia, Rumanía, Bulgaria, Croacia, Albania, Montenegro, Macedonia del Norte y Eslovenia, la mayoría de las cuales formaban parte del bloque ruso. Todo esto ha ocurrido en las últimas dos décadas. No es pues de extrañar que el Estado ruso se sienta amenazado por esos esfuerzos por hacer entrar a Georgia y Ucrania en la OTAN. Una de las principales exigencias de Putin para "desactivar" la crisis ucraniana incluye la promesa de que Ucrania nunca ingrese en la OTAN y de que se retiren las tropas o las armas extranjeras de los países que se incorporaron en la OTAN desde 1997. Además, Estados Unidos dio el mayor respaldo a varias "revoluciones de colores", sobre todo en Ucrania, tratando de canalizar las protestas contra la miseria económica y los despóticos gobernantes prorrusos en apoyo de las fuerzas políticas pro europeas y pro estadounidenses. Por tanto, Rusia sigue estando esencialmente a la defensiva en esta situación. Sin embargo, Moscú también sabe que Estados Unidos se enfrenta a grandes dificultades, preocupados por el auge de China y ansiosos por no comprometerse en demasiados frentes a la vez, como lo demuestra la humillante retirada de Afganistán. Por lo tanto, es un "buen" momento para que Putin se ponga a desenvainar espadas y sonar clarines los cuales, como siempre, puede ayudar a reforzar su imagen de hombre fuerte de puertas adentro, sobre todo ahora que su popularidad se ha ido desmoronando debido a escándalos de corrupción, a políticas cada vez más represivas contra los políticos y periodistas de la oposición, y, sobre todo, a las crecientes dificultades económicas del país. Esto no significa ni mucho menos que Ucrania sea una inocente criatura en estos montajes bélicos. Ucrania realiza anualmente ejercicios militares conjuntos con los aliados de la OTAN y es uno de los 26 países que participan en el programa Defender-Europa 2021 de la OTAN, que son operaciones militares dirigidas por el ejército de EE.UU "para reforzar la preparación y la interoperabilidad entre los ejércitos de EE.UU, la OTAN y sus socios" en toda Europa (léase: "Defender Europe 21 Fact Sheet"). Kiev ha tomado medidas para mejorar a su personal y equipos militares y cumplir así los criterios de adhesión a la OTAN. En junio de 2020, Ucrania se convirtió incluso en un “enhanced opportunity partner” (algo así como “asociado preferente”) de la OTAN, aumentando su cooperación con la alianza militar. A principios de 2021, el ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania anunció que el Consejo de Seguridad Nacional y Defensa había aprobado una estrategia destinada a recuperar Crimea. La administración de Zelensky pretendía la "plena soberanía ucraniana" no sólo sobre Crimea, sino también sobre la ciudad portuaria de Sebastopol.
¿Nos dirigimos hacia un conflicto directo entre Rusia y EE.UU por Ucrania, incluso hacia una tercera guerra mundial, como sugieren algunos de los informes más alarmistas?5 Ni EE.UU ni Rusia forman parte de un bloque militar estable que tenga la disciplina necesaria para movilizarse para una guerra global. Y ninguno de los dos tiene interés en un enfrentamiento militar inmediato y directo. A pesar de los considerables activos agrícolas e industriales de Ucrania6, invadir y anexionar Ucrania se puede comparar con una serpiente pitón engullendo a una vaca: invadirla o engullirla será una cosa, pero digerirla sin reventar otra muy distinta. Y como hemos dicho, Estados Unidos tiene preocupaciones más urgentes en el frente imperialista, de ahí la advertencia bastante ineficaz de Biden de que ocurrirán “cosas malas” si Rusia se lanza a una invasión, y de su compromiso con conversaciones diplomáticas de alto nivel. No debemos olvidar, sin embargo, que el conflicto de baja intensidad con las fuerzas separatistas rusas en el este de Ucrania ha continuado a pesar de varios intentos de alto el fuego. Incluso si Rusia no acaba invadiendo el país, puede verse obligada a intensificar su apoyo a las fuerzas separatistas o a socavar la integridad de Ucrania como Estado en otros frentes. Y aunque lo último que quiere "Occidente" es pisar con bota militar el territorio de Ucrania, no por ello está reducido a la impotencia. Puede seguir proporcionando armas y entrenamiento al ejército ucraniano, y también puede responder con algunas medidas económicas perjudiciales contra Rusia, como el bloqueo total de los principales bancos estatales y agencias de inversión rusas, y nuevas sanciones que incluyan la minería, los metales, el transporte marítimo y los seguros7.
La fase de descomposición en la que entró el capitalismo mundial hace treinta años está marcada por conflictos militares caóticos y una creciente pérdida de control por parte de la clase dominante. Anteriormente, durante la guerra fría, las principales potencias planetarias tuvieron suspendida la espada de Damocles nuclear sobre la cabeza de la humanidad. Todavía está colgada ahí en un mundo que ya no obedece los dictados de bloques coherentes, y donde más países que nunca están armados con armas de destrucción masiva. En resumen, sean cuales sean los cálculos "racionales" de los jugadores en el tablero imperialista, no podemos descartar estallidos repentinos, escaladas o inmersiones en una destructividad irracional. La guerra sigue siendo el modo de vida de este sistema decadente, y el hecho de que el poder esté dispuesto a jugarse la vida de la humanidad y del propio planeta es ya una razón para condenar este sistema y luchar por una comunidad humana global que acabe relegando los estados nacionales y las fronteras en el museo de antiguallas.
Amos (World Revolution, enero de 2022)
1 Léanse las Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [139]
2 Militarismo y Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [480]
3 Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
4 Sobre la “revolución naranja” en Ucrania - La cárcel del autoritarismo y la trampa de la democracia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1048/sobre-la-revolucion-naranja-en-ucrania-la-carcel-del-autoritarismo [406]
5 Por ejemplo, el del diario de la derecha británica The Daily Express, especialista en ese tipo de aspavientos alarmistas: World War 3 warning: Russia invasion to spark devastating global conflict – urgent alert | World | News | Express.co.uk [781]
6 Ver por ejemplo el análisis de uno de los grupos bordiguistas: https://www.international [782] communist-party.org/CommLeft/CL36.htm#UkraineLeaf.
7 The West must stand firm to combat Russia's threats to Ukraine | View | Euronews [783] (Occidente debe mantenerse firme ante las amenazas de Rusia a Ucrania)
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Aunque la especie humana se ha caracterizado por su práctica migratoria, el motivo de su desplazamiento ha respondido a condiciones diferentes en cada situación histórica. En el capitalismo, de forma específica, los flujos de la población acompañaron su nacimiento y expansión, pero también en su época actual de decadencia y deslizamiento hacia la barbarie. Sin embargo, la emigración tuvo un carácter diferente en la época ascendente del capitalismo (siglo XVI hasta la primera guerra mundial) y en la época actual de decadencia y descomposición del capitalismo.
En los siglos XVI-XIX, en los países donde primero se desarrolla el capitalismo (Europa) hay una emigración interior, grandes masas de campesinos atados a la explotación feudal o de artesanos, son desplazados por el hambre o por la fuerza hacia las grandes concentraciones urbanas donde son progresivamente integrados en la explotación capitalista. En ese periodo el trabajo esclavo es otra fuente de emigración: gigantescos desplazamientos desde África a las colonias americanas, del mismo modo, hay un desplazamiento interior en la América dominada por España, los indios son enviados al exterminio en las explotaciones mineras de oro y plata.
En el siglo XIX, la expansión capitalista por todo el globo requiere una emigración masiva desde las regiones más atrasadas de Europa (y también desde Asia), hacia Estados Unidos, Argentina, Australia…, territorios de colonización capitalista.
En este periodo histórico, la época ascendente del capitalismo, la burguesía supo aprovechar la disponibilidad de la fuerza de trabajo para afirmar la dinámica de la acumulación, e incluso había una gran posibilidad de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.
Con la entrada del capitalismo en su periodo histórico de decadencia -que arranca con la primera guerra mundial, 1914- la emigración cambia de naturaleza. Ya no es el componente necesario del desarrollo y la expansión de la acumulación capitalista, sino la expresión de las dificultades y contradicciones que encuentra dicha acumulación. Esta se hace más difícil, contradictoria y convulsa en los países más débiles, acompañado por guerras imperialistas constantes, todo lo cual provoca oleadas migratorias masivas. De forma concreta, masas enormes procedentes de los países más débiles (Asia, América Latina, África, Europa del Sur y del Este) huyen de condiciones de miseria hacia los países centrales para intentar encontrar un trabajo mal pagado.
Este flujo migratorio sirve en los países centrales de paliativo a las dificultades de la acumulación pues compensa la creciente baja de la natalidad o las pérdidas masivas de mano de obra a causa de la guerra, mediante fuerza de trabajo extremadamente barata con lo que consigue empujar a la baja las condiciones de vida y trabajo de todos los obreros
Al mismo tiempo, otro rasgo de los desplazamientos migratorios aparece en el siglo XX que va a agudizarse fuertemente en el siglo XXI. No surge directamente de las dificultades económicas del capitalismo, sino de la brutalidad de la destrucción provocada por su impasse histórico: las guerras imperialistas. Durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, ya se habían presentado grandes movilizaciones de poblaciones huyendo de la barbarie guerrera o forzados por la bota de los imperialismos (los enormes desplazamientos de judíos y de otros grupos étnicos perpetrados por los nazis; los organizados por el estalinismo al interior de la URSS; o los realizados por los norteamericanos de japoneses y otras nacionalidades sospechosos de “colaborar con el enemigo”).
Desde principios del siglo XXI constatamos otro cambio en la naturaleza de los movimientos migratorios. Los desplazamientos desde países más pobres han aumentado fuertemente y siguen sirviendo de paliativo a la crisis capitalista, pues permite empujar a la baja el coste de la reproducción de la fuerza de trabajo global en los países centrales. Sin embargo, lo que es nuevo, en los últimos años, es que la proporción de inmigrantes que huyen de su país por razones de guerra o represión se ha multiplicado vertiginosamente, creando una situación como la que vivimos al final de la Guerra de España o al final de la Segunda Guerra Mundial. Año tras año, el número de refugiados que llaman a las puertas de Europa por todo tipo de medios, incluidos los más peligrosos, va en aumento. Las guerras imperialistas, el crimen y la inseguridad más extremas, la represión, las catástrofes ecológicas están en el origen de este éxodo desesperado de masas enormes de población. Los desplazamientos de poblaciones que hoy se presentan, tienen por característica además de su masividad, el que no son fenómenos aislados que provienen de algunos países, sino hay una expulsión simultáneamente de personas en diversas partes del planeta, generando oleadas continuas de migrantes, marcadas por la desesperación, que hace de estas, un éxodo descontrolado que avanza sin la certeza de encontrar un país en el que puedan llevar a cabo su vida, mostrando así que las migraciones actuales, que terminan las más de las veces siendo atrapados en concentraciones de refugiados que a veces se prolongan durante años (cuando no son finalmente devueltos a sus países de origen con el consiguiente peligro para sus vidas), son expresiones específicas de la fase de descomposición del capitalismo.
De forma similar, en la actualidad, en las áreas en las que estallan las guerras, por el caos que generan, obligan a salir a la población, pero en otras tantas áreas más del planeta, es la violencia que imponen las pandillas y bandas de grupos delincuenciales y del lumpen que extorsionan, roban y asesinan, creando un ambiente infernal que empuja a la población a huir en un andar desesperado y suicida, porque no tienen ningún destino fijo ya que todos los países (salvo como fue el caso de Alemania en 2015 que tenía necesidad urgente de mano de obra a precio de saldo) NO QUIEREN RECIBIRLOS y los rechazan como si portaran el peor de los virus, pero además en su camino encuentran hambre y agresiones que provienen lo mismo por traficante de personas o policías y militares.
Según los datos de la ONU en 2020 fueron 281 millones de personas las que formaron las grandes caravanas de migrantes, de las que miles de ellos encontraron la muerte intentando cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa o en los caminos que los acercaban a la frontera de los Estados Unidos… Los movimientos migratorios son fenómenos que han estado presentes en el desarrollo del capitalismo, pero en la descomposición han tomado características específicas que revelan la ampliación de la barbarie y la podredumbre del sistema.
Siria se ha convertido en el referente principal de los países que expulsan a enormes cantidades de personas, que escapando de la guerra1, buscan refugio en países de Europa. Son millones los muertos los que han resultado de ese embrollo imperialista y otros tantos millones de personas son los que se han visto obligados a desplazarse. Esta situación, con mayor o menor grado, pero alimentada por la misma desesperación se presenta en el Congo o en Libia, marcados por la guerra y el caos interno, pero también en los países Centroamericanos y del Caribe, en los que aun cuando no viven en una guerra abierta, el ambiente infernal de violencia generado es similar al de un estado de guerra. Este ambiente podrido, propio de la descomposición, está marcado por la pérdida relativa del control político de parte de la burguesía. La dificultad para cohesionarse en torno al Estado crea una dispersión de sus fuerzas, en el que va dominando la tendencia al caos, revelado por la formación de estructuras armadas irregulares, las cuales imponen su dominio en regiones, llevando a cabo una cotidiana extorsión y agresión en contra de la población, que sumado a la pauperización a la que son sometidos, crean un verdadero infierno. Son estas condiciones las que están presentes lo mismo en Haití, El Salvador, Honduras, Guatemala o Venezuela...
Las pandillas denominadas “Mara Salvatrucha”, inicialmente fueron formadas en los años 80 por migrantes salvadoreños en los barrios marginales de Los Ángeles, en el sur de los USA, pero al ser deportados a su país de nacimiento (a fines de los 90 y principios del actual siglo), mantuvieron su estructura y actividad criminal, extendiendo su presencia en Honduras y Guatemala. En estos países, como en El Salvador, está presente también la dinámica dominante de la dislocación social, lo cual permite que este tipo de grupos actúen con impunidad. El poderío que han tomado estas agrupaciones de fuerzas lumpenizadas en El Salvador es tal, que incluso gobiernos como el de Mauricio Funes y Nayib Bukele han entablado negociaciones (abiertas y secretas) sin tener ningún resultado. De tal manera que las circunstancias de violencia infernal presentes en el llamado “triángulo negro de Centroamérica” es lo que expulsa masivamente a la población.
En otros países como Venezuela, las condiciones que ha impuesto el régimen chavista no solo conducen a la extensión del hambre y la miseria, también en ella se resaltan los avances del proceso de descomposición del capitalismo. Repitiendo ese escenario de caos, en el que el Estado en su intento de imponer el orden social, fomentó y utilizó como fuerza represiva a pandillas como los denominados “colectivos”, que justificaban su accionar violento contra la población, bajo el lema: “Los colectivos toman Caracas en defensa de la revolución”, sin embargo, el Estado al perder su fuerza de cohesión, conduce a que esas estructuras, aunque siguen siendo “convocadas” para defender al gobierno, actúan robando y agrediendo por cuenta propia, como expresión de su fuerza y poder alcanzado, sin que el Estado ni pueda ni quiera evitarlo. Una situación más reveladora de la dislocación de las fuerzas del Estado, que da pauta a la formación y actuación de pandillas y grupos mafiosos, se expone con los “pranes”, que aun cuando han sido detenidos, operan desde la cárcel el control de zonas, organizando los robos y los asesinatos.
En Haití, el mismo escenario de podredumbre está presente. A partir del golpe de Estado que bajó del poder al dictador Jean-Claude Duvalier en 1986, se han sucedido diversas asonadas militares y revueltas, revelando una gran fractura al interno de la burguesía que lleva a que se extiendan las dificultades para asumir el control. Tal hecho se confirma con el asesinato del presidente Martine Moise (7-julio-2021), pero de manera generalizada, con el poder que alcanzan las pandillas, imponiendo el terror a la población.
La declaración que hace un migrante haitiano a un reportero antes de aventurarse a cruzar el rio Bravo con su familia, expone la desesperación de los miles que forman las caravanas, al decir que: “huyen de la violencia de su gobierno y de los delincuentes, y que prefieren estar detenidos por ‘los migras’ que en Haití…” (La Jornada, 26-diciembre-2021).
Las propias organizaciones de la burguesía dan cuenta del proceso de degradación social que se extiende. Jean Gédeon, del Centro de Análisis e Investigación en Derechos Humanos (organización que contabiliza la violencia en Haití) explica que: “…las bandas se han independizado y han dejado de ser la correa de transmisión de los partidos políticos para convertirse en un fenómeno a medio camino entre el narco mexicano, las pandillas centroamericanas y la guerrilla colombiana. Bandas como el G9 an fanmi (G9 y familia), 400 Mawoso (los 400 vulgares) o Izo 5 Segonn (Izo cinco segundos) son el nuevo Estado que controla el comercio, el transporte, los préstamos entre particulares o el sistema de justicia.” (El País, 28-octubre-2021). Como producto de esa dinámica de degradación social, ha llevado a que se encuentren cerca de 15,000 haitianos cercados en campamentos en México para impedir que intenten cruzar la frontera y entrar a los Estados Unidos.
Las imágenes de la policía fronteriza norteamericana persiguiendo y golpeando a los migrantes haitianos (el 21-septiembre-2021) no es sino un pequeño ejemplo de lo que sufren las poblaciones en movimiento, intentando huir de la descomposición social. En los primeros días del mes de diciembre un accidente en una carretera de Chiapas, en el sur de México, puso de manifiesto otro de los peligros a los que son sometidos los migrantes. En el camión iban más de 160 personas hacinadas, según el testimonio de un sobreviviente, “Éramos tantos que había que ir de pie, agarrados a donde podíamos”. El accidente dejó más de 90 heridos y perdieron la vida 56 personas que provenían de Guatemala, Republica Dominicana, Ecuador, Honduras y El Salvador. El ansia por salir del infierno que viven, los lleva a arriesgar su vida, otorgando su confianza y su dinero a los traficantes, que la mayor de las veces resultan ser policías, militares o grupos de criminales asociados con los cuerpos de represión oficiales; incluso notas periodísticas hacen ver lo cotidiano de esta realidad: “El traslado de decenas de migrantes en camiones es una práctica clandestina que se ha vuelto cada vez más frecuente en México por los traficantes, que cobran miles de dólares por hacerlo.” (BBC News Mundo, 10-diciembre-2021).
Ante la oleada de migrantes que aparecen por todos lados del planeta en búsqueda de un país en el que puedan encontrar refugio, surgen inmediatamente las declaraciones hipócritas de voceros gubernamentales invocando la defensa de los “derechos humanos” e incluso culpan a otros Estados de xenofobia y racismo, cuando en los hechos la burguesía, desde todos los gobiernos va repitiendo (en diversos grados) actos represivos en contra de los migrantes. Esta actitud represiva se revela lo mismo en el accionar de las democracias europeas que en los USA.
La mayor crisis migratoria que se ha desarrollado en las últimas décadas, como producto de la guerra, se ha destapado en Siria, sin embargo, como decimos más arriba, el fenómeno se repite en diversas partes del mundo. Si para aquellos que son sometidos a tal ambiente de violencia es una decisión desesperada su huida (la cual es llevada a cabo en las peores condiciones), ve incrementado su dramatismo ante las respuestas de rechazo y represión que reciben de los “grandiosos Estados democráticos”: el confinamiento en campamentos en los que falta todo, hacinados en condiciones infrahumanas sufriendo además del continuo asedio de las fuerzas represivas. Este escenario se repite para los migrantes de Yemen y Afganistán que se encuentran “atorados” entre Bielorrusia y Polonia y en el que ambos Estados los utilizan como instrumento de confrontación, lanzándolos de un lado y otro, dejando como resultado de esa rivalidad sufrimientos y muertes2.
Como puede verse, las amenazas y llamados a construir muros para combatir el avance de los migrantes, no es un argumento exclusivo de Trump, todas las fracciones de la burguesía, aunque cuidan de no exponerlo tan burdamente, mantienen esas ideas en el momento en que enfrentan el problema.
La podredumbre y el descontrol que se ha generalizado en Centroamérica, el Caribe y en otros países como Venezuela, han generado se incrementen los flujos de las personas que huyen de la violencia y miseria, intentando encontrar en USA un refugio. De igual manera que en los casos referidos, es la desesperación la que alienta a la conformación de grupos masivos para avanzar en caravanas, esperando así tener un poco de protección, pero aunque logren sobrevivir al asedio en las zonas de mayor peligro, como lo son el “Tapón de Darién” (en la frontera de Panamá y Colombia) y el trayecto “de la bestia” (como llaman al ferrocarril que cruza México hasta llegar a la frontera con USA), se encuentran ante el muro de contención, reforzado por barrotes y alambre de púas, pero además vigilado por la policía militarizada de México (que está al mando del gobierno de izquierda encabezado por López Obrador) y la feroz policía fronteriza norteamericana, conocida por la violencia sistemática contra los migrantes, lo mismo cuando el gobierno de los USA es encabezado por el partido demócrata o por el republicano.
El discurso anti migrante de Trump, cargado de xenofobia y racismo, es el mismo que, en los hechos, se han aplicado por todos los gobiernos, incluso se destaca el gobierno de Obama (calificado de “progresista”) como el período en que más se ha perseguido a los migrantes. Pese al hipócrita discurso de conciliación usado por Obama durante su campaña electoral, prometiendo una “reforma migratoria” y que lo convirtió por ello en una esperanza para los latinos, durante los 8 años que estuvo a la cabeza del gobierno deportó a 2 millones 850 mil 980 trabajadores migrantes, más que en cualquier otro gobierno.
La actuación persecutoria de Obama fue tan agresiva como la aplicada por Trump, sin duda este último hizo una campaña escandalosa contra los migrantes, con adjetivos ofensivos y racistas en contra de la población latina y africana, llevó una gran persecución en contra de indocumentados mediante redadas policiales y utilizó la prisión y la separación de los infantes de sus padres como castigo, deportando 750 mil, un número inferior al alcanzado por las medidas de Obama, razón por la cual le llamaban el “deportador en jefe”.
En similares circunstancias se encuentra el anuncio de Trump de levantar un gran muro en la frontera con México, que amenazaba con extenderlo 800 kilómetros, sin embargo, al final de su gobierno construyó 129 kilómetros, en cambio los gobiernos de Clinton, Bush y Obama ampliaron el muro en una extensión de 597 kilómetros.
De la misma forma, Biden, que usó la crítica al discurso provocador contra los migrantes de Trump para ganar popularidad y, como Obama lo hiciera, prometió una “reforma migratoria”, su respuesta ha sido, en apenas un año que lleva en el gobierno: la deportación de 26 mil “ilegales” (según datos no oficiales provenientes de “defensores de migrantes”), el reforzamiento policial de sus fronteras (usando la agresión directa como se ha visto en la actuación de la policía en la frontera de México) e incluso reactivando las mismas medidas dictadas durante el gobierno de Trump en las que coloca a México como el país de contención3. Lo que significa que Biden, como lo hiciera Trump, traslada al gobierno mexicano la responsabilidad de detener y confinar a la creciente masa de emigrados provenientes de Centroamérica, el Caribe y África.
Pero si los gobiernos de los países industrializados asumen una actitud represiva ante la oleada de migrantes que se mueve sin control, los gobiernos de los países latinoamericanos, de los que salen las caravanas y por los que pasan, no son menos agresivos. Repitiendo los discursos hipócritas de respeto, no solo dan paso libre a que los grupos delincuenciales los hostiguen y asesinen, sino que su propia policía y ejército son usados para perseguirlos, reprimirlos y deportarlos. Así lo ha hecho desde la derecha el gobierno chileno con Sebastián Piñera o desde la izquierda en México con López Obrador. La magnitud que toma la migración la hace que se presente como un fenómeno sin control, generado por el proceso de descomposición del sistema, por lo cual cada Estado busca trasladar el problema hacia otro país, pero es evidente que este no encontrará solución en los marcos del capitalismo.
Como expresión de la descomposición capitalista, han tomado presencia en países industrializados, partidos populistas como AfD en Alemania, AN en Francia, o personajes como el caso de Trump en Estados Unidos, que propagan la ideología xenófoba. En aparente oposición a esta política de odio, se presentan las posturas, como la expresada por Ángela Merkel en 2015 (en ese momento canciller de Alemania), buscando flexibilizar las medidas fronterizas para aprovechar económicamente a la población migrante, o como la respuesta del que fuera primer ministro de Italia, Mateo Renzi, que en una pretendida preocupación por la cantidad de migrantes muertos, acaecidos en Lampedusa, llamaba (en 2014) a los principales gobiernos europeos a la apertura de sus fronteras para acoger a los migrantes (aspecto del que por cierto, se desdijo muy pronto, declarando que Italia no tenía por qué llevar como “deber moral el recibir a personas que estén peor que nosotros…”).
Aunque ambas posturas de la burguesía pueden no coincidir en la forma que debe de tomar su respuesta ante el éxodo migratorio, ninguna de ellas es una solución para este problema, que la podredumbre del capitalismo ha engendrado. Ninguna de las medidas de contención y ataque tienen una solución, porque es el capitalismo quien genera el problema.
Muy lejos está de por lo menos, contener el fenómeno migratorio. Las mismas instituciones del capital, como el Banco Mundial, pronostica que “en los próximos 50 años las sequías, la pérdida de cosechas y la desertificación provocarán el desplazamiento de 500 millones de personas procedentes en su mayoría del hemisferio sur, lo que aumentarán las migraciones en Europa…” (El País, 29-noviembre-2021).
El capitalismo, aunque siempre se ha levantado sobre la explotación de los trabajadores, en su fase de expansión lograba con su crecimiento, el mejoramiento relativo del conjunto de la humanidad, sin embargo, desde hace mucho tiempo ha dejado de ser un Modo de Producción con efectos materiales positivos, por el contrario, su crecimiento se convierte cada vez más en destrucción. En este proceso destructivo, los migrantes ya no son solamente migrantes, son en su mayoría refugiados. Huyen de países donde no hay futuro, pero ¿encuentran algún futuro en los países adonde llegan? ¡No! Huyen de países sin futuro para llegar a países sin futuro, porque todo el capitalismo mundial NO TIENE FUTURO…
Mas claramente en su fase de descomposición se pone de manifiesto que el capitalismo es un peligro para la humanidad, su avance destructivo solo puede detenerlo la actuación revolucionaria de la clase trabajadora. En el caso de la migración, que amenaza con expandirse por efecto de la misma podredumbre capitalista, la clase trabajadora deberá enfrentar las campañas ideológicas burguesas, que usando el patriotismo pretende justificar y ganar la aprobación de las masas de explotados de sus políticas de represión y deportación, pero además requiere activar su fuerza solidaria.
Ya en otros artículos hemos referido como el proletariado ha expuesto su solidaridad hacia los migrantes: “…muy a menudo, cuando estos proletarios están en contacto directo con los refugiados, les llevan lo que necesiten para sobrevivir —comida, bebida, mantas— e incluso, a veces, los llevan a sus hogares. Hemos visto tales ejemplos de solidaridad en Lampedusa en Italia, Calais en Francia y varias ciudades de Alemania y Austria. Cuando, después de haber sido hostigados por el Estado húngaro, trenes cargados de refugiados han llegado a las estaciones, los migrantes agotados han sido bien recibidos por miles de personas que les ofrecen apoyo y ayuda material. Trabajadores ferroviarios austriacos han trabajado horas extras para facilitar el transporte de los refugiados hacia Alemania. En París, miles se manifestaron el 5 de septiembre [de 2015] para protestar contra el trato dado a los refugiados y gritaron consignas como ‘todos somos hijos de los migrantes’.”4
Estas expresiones ponen de manifiesto que a pesar de las campañas de xenofobia que abierta o veladamente comanda la burguesía, los trabajadores espontáneamente han ido más allá de los llamamientos hipócritas de los gobiernos, la solidaridad del proletariado se presenta como una fuerza que es capaz de ofrecer ayuda a sus hermanos de clase y, si los voceros del capital tratan de esconder o desvirtuar estas acciones, es porque en estas expresiones se encuentra el germen de su unidad y la perspectiva de la solución a los problemas que enfrenta la humanidad, es decir la destrucción del capitalismo.
Corriente Comunista Internacional 9-1-22
1 Recomendamos leer los artículos:
-Masacres masivas en Siria. Las potencias imperialistas alimentan la barbarie del Estado: https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/201209/3458/masacres-masivas-en-siria-las-potencias-imperialistas-alimentan-la-ba [787]
-Siria. El horror de uno de los campos de guerra imperialista: https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/201204/3388/siria-el-horror-de-uno-de-los-campos-de-guerra-imperialista [788]
2 Ver Calais, Bielorrusia: la barbarie del capitalismo con los emigrantes expresa su barbarie con todo el proletariado mundial https://es.internationalism.org/content/4757/calais-bielorrusia-la-barbarie-del-capitalismo-con-los-emigrantes-expresa-su-barbarie [789]
3 El programa referido es “Quédate en México” (Remain in Mexico). Este programa establecido por Trump, se ha reanudado en acuerdo con el gobierno mexicano y el cual consiste en que la población solicitante de asilo a USA será retenida en el territorio mexicano hasta que su solicitud sea aprobada por las autoridades migratorias
4 La crueldad y la hipocresía de la clase dominante: https://es.internationalism.org/cci-online/201511/4123/la-crueldad-y-la-hipocresia-de-la-clase-dominante [790]
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En todos los países, en todos los sectores, la clase trabajadora sufre un deterioro insostenible de sus condiciones de vida y de trabajo. Todos los gobiernos, ya sean de derechas o de izquierdas, tradicionales o populistas, atacan sin descanso. Los ataques llueven bajo el peso del agravamiento de la crisis económica mundial.
A pesar del temor a una crisis sanitaria agobiante y devastadora, la clase trabajadora empieza a reaccionar. En los últimos meses, en Estados Unidos, Irán, Italia, Corea, España y Francia han estallado luchas1. Por supuesto, no se trata de movimientos masivos: las huelgas y las manifestaciones son todavía demasiado escasas, demasiado dispersas. Sin embargo, la burguesía las observa con preocupación, consciente de la magnitud de la ira que expresan.
¿Cómo hacer frente a los ataques de la burguesía? ¿Seguir aislados y divididos, cada uno en "su" empresa, en "su" sector de actividad? ¡Eso lleva a la derrota! Entonces, ¿cómo podemos desarrollar una lucha unida y masiva?
Los precios se disparan, especialmente los productos de primera necesidad, como los alimentos, la energía y el transporte. La inflación en 2021 supera ya la registrada tras la crisis financiera de 2008. En Estados Unidos, es del 6,8%, el nivel más alto en 40 años. En Europa, el coste de la energía se ha disparado un 26% en los últimos meses, en España el coste de la luz crece en más de un 100%2. Detrás de estas cifras, cada vez más personas tienen dificultades para encontrar comida, vivienda, calefacción y transporte. Los precios mundiales de los alimentos han subido un 28%, lo que supone una amenaza directa de desnutrición para casi mil millones de personas en los países más pobres, especialmente en África y Asia.
El agravamiento de la crisis económica mundial implica una competencia cada vez más feroz entre los Estados. Para mantener los beneficios, la respuesta es siempre la misma, en todas partes, en todos los sectores, tanto en el privado como en el público: reducción de personal, aumento de los ritmos de trabajo, recortes presupuestarios, incluso en los materiales relacionados con la salud de los empleados. En enero, en Francia, los profesores salieron a la calle en masa para protestar contra sus indignas condiciones de trabajo. También ellos viven a diario en el infierno capitalista por falta de recursos y personal. En las manifestaciones, en las pancartas aparecía una idea profundamente acertada: "¡Lo que nos está pasando es muy anterior a Covid!”.
La situación de los trabajadores de la sanidad lo ilustra perfectamente. La pandemia no ha hecho más que poner de manifiesto la escasez de médicos, camilleros, enfermeras, camas, mascarillas, batas, oxígeno... ¡todo! El caos y el agotamiento en los hospitales desde el inicio de la pandemia no es más que la consecuencia de los recortes realizados por todos los gobiernos, en todos los países, durante décadas. Tanto es así que la OMS se ve obligada, en su último informe, a dar la voz de alarma: "Más de la mitad de las necesidades están sin cubrir. Hay un déficit de 900.000 matronas y 6 millones de enfermeras en todo el mundo. [Esta escasez preexistente se ha visto agravada por la pandemia y la presión sobre esta mano de obra desbordada”. En muchos países pobres, una gran parte de la población ni siquiera puede acceder a las vacunas por la única razón de que el capitalismo se basa en el afán de lucro.
La clase obrera no son sólo los trabajadores industriales: está formada por todos los asalariados (desde los precarios hasta los funcionarios), los parados, muchos estudiantes, los jubilados...
¡Sí!, "lo que nos pasa se remonta a mucho antes de Covid". La pandemia es el producto del capitalismo moribundo, cuya crisis insuperable agrava. Este sistema no sólo ha demostrado su impotencia y desorganización ante una pandemia que ya se ha cobrado más de diez millones de vidas, especialmente entre los explotados y los más pobres, sino que seguirá degradando nuestras condiciones de vida y de trabajo, seguirá despidiendo, exprimiendo, precarizando, empobreciendo. Bajo el peso de sus contradicciones, sólo puede seguir atrapado en interminables guerras imperialistas, provocar nuevos desastres ecológicos, fuentes de caos, conflictos, miseria y nuevas pandemias aún más graves. Este sistema de explotación no tiene más futuro que ofrecer a la humanidad que el sufrimiento y la miseria.
Sólo la lucha de la clase obrera ofrece otra perspectiva, la del comunismo: una sociedad sin clases, sin naciones, sin guerras, donde todas las formas de opresión sean abolidas. La única perspectiva es la revolución comunista mundial.
En 2020, en todo el mundo, cayó un manto de plomo con repetidos encierros, hospitalizaciones de urgencia y millones de muertes. Después de la renovada combatividad que se había expresado en varios países durante 2019, particularmente durante el movimiento contra la reforma de las pensiones en Francia, las luchas de los trabajadores se detuvieron repentinamente. Pero hoy, una vez más, la rabia aumenta y la combatividad se hace sentir a fuego lento:
- En Estados Unidos, una serie de huelgas afectaron a grupos industriales como Kellog's, John Deere, PepsiCo, pero también al sector sanitario y a las clínicas privadas, como en Nueva York.
- En Irán, este verano, los trabajadores de más de 70 centros del sector petrolero se declararon en huelga contra los bajos salarios y el alto coste de la vida. Fue la primera vez en 42 años.
- En Corea, los sindicatos tuvieron que organizar una huelga general por la protección social, contra la precariedad y la desigualdad.
- En Italia, hubo muchas jornadas de acción contra los despidos y la supresión del salario mínimo.
- En Alemania, el sindicato de servicios públicos se vio obligado a amenazar con huelgas ante el aumento de las movilizaciones obreras reivindicando un aumento salarial.
- En España, los trabajadores del metal de Cádiz se movilizaron contra un recorte salarial de 200 euros al mes de media. Los trabajadores de los servicios públicos de Cataluña se manifestaron contra el uso intolerable de empleos temporales (más de 300.000 trabajadores del Estado tienen empleos precarios). Hubo luchas en los ferrocarriles de Mallorca, en Vestas, en Unicaja, en los trabajadores del metal de Alicante, en varios hospitales, cada vez contra los despidos3.
- En Francia, el mismo descontento se expresó a través de huelgas o manifestaciones en el sector del transporte, entre los basureros, los trabajadores del ferrocarril y los profesores.
Todas estas luchas son importantes porque revelan que la clase obrera no está dispuesta a aceptar todos los sacrificios que la burguesía trata de imponerle. Pero también debemos reconocer las debilidades de nuestra clase. Todas estas acciones están controladas por los sindicatos que, en todas partes, dividen y aíslan a los proletarios en torno a las reivindicaciones corporativistas, enmarcan y sabotean las luchas. En Cádiz, los sindicatos han intentado encerrar a los trabajadores en la trampa localista de un "movimiento ciudadano" para "salvar a Cádiz", ¡como si los intereses de la clase obrera estuvieran en la defensa de los intereses regionales o nacionales y no en el vínculo con sus hermanas y hermanos de clase más allá de los sectores y las fronteras! Los trabajadores siguen teniendo dificultades para organizarse, para tomar en sus manos la organización de las luchas, para reagruparse en asambleas generales soberanas, para luchar contra las divisiones que nos imponen los sindicatos.
También existe el peligro adicional de que la clase obrera renuncie a defender sus reivindicaciones de clase uniéndose a movimientos que no tienen nada que ver con sus intereses y métodos de lucha. Hemos visto movimientos de este tipo con los "chalecos amarillos" en Francia, o, más recientemente, en China, durante el colapso del gigante inmobiliario Evergrande (un símbolo espectacular de la realidad de una China sobreendeudada), que sobre todo provocó la protesta de los pequeños propietarios expoliados. En Kazajstán, las huelgas masivas en el sector energético acabaron por desviarse hacia una revuelta "popular" desesperada, atrapada en los conflictos entre las camarillas burguesas que aspiraban al poder. Cada vez que los trabajadores se diluyen en el "pueblo" como "ciudadanos", exigiendo al Estado burgués que "
Para prepararnos a luchar, debemos, siempre que podamos, reunirnos para debatir y aprender de las luchas pasadas. Es vital plantear los métodos de lucha que han hecho fuerte a la clase obrera y le han permitido, en determinados momentos de su historia, hacer tambalear a la burguesía y a su sistema:
- la búsqueda de apoyo y solidaridad más allá de la "propia" empresa, el "propio" sector de actividad, la "propia" ciudad, la "propia" región, el "propio" país;
- el debate más amplio posible sobre las necesidades de la lucha, sea cual sea la empresa, el sector de actividad o el país;
- la organización autónoma de la lucha, en particular a través de asambleas generales, sin dejar el control a los sindicatos o a cualquier otro órgano de control burgués.
¡La autonomía de la lucha, la unidad y la solidaridad son los hitos indispensables en la preparación de las luchas del mañana!
Corriente Comunista Internacional, enero de 2022
El movimiento contra el CPE debe inspirar nuestras futuras luchas4
En 2006, en Francia, la burguesía se vio obligada a retroceder y retirar su ataque ante una lucha masiva que amenazaba con extenderse a otros sectores.
En aquel momento, los estudiantes precarios se levantaron contra una reforma que introducía el "Contrat Première Embauche", sinónimo de trabajo mal pagado y sobreexplotado. Se negaron a ser aislados y divididos rechazando las típicas consignas categoriales.
En contra de los sindicatos abrieron sus asambleas generales a todas las categorías de trabajadores y a los pensionistas. Habían comprendido que debían plantear la lucha contra la precariedad de la juventud como símbolo de la precariedad de todos.
Llevado por la solidaridad entre sectores y entre generaciones, este movimiento, manifestación tras manifestación, cobró fuerza. Fue esta dinámica de unidad y masividad la que asustó a la burguesía y la obligó a retirar su CPE.
1 Ver Luchas obreras en Estados Unidos, Irán, Italia, Corea... ¡Ni la pandemia ni la crisis económica han roto la combatividad del proletariado! https://es.internationalism.org/content/4736/luchas-obreras-en-estados-unidos-iran-italia-corea-ni-la-pandemia-ni-la-crisis [729] y Estados Unidos: A pesar de los capitalistas, el COVID y los sindicatos ¡la lucha de clases no ha desaparecido! https://es.internationalism.org/content/4741/estados-unidos-pesar-de-los-capitalistas-el-covid-y-los-sindicatos-la-lucha-de-clases [760]
2 Ver España: La escalada de la inflación un golpe brutal contra los trabajadores https://es.internationalism.org/content/4733/espana-la-escalada-de-la-inflacion-un-golpe-brutal-contra-los-trabajadores [745]
3 Ver Huelga del metal en Cádiz: nuestra fuerza es luchar como clase obrera https://es.internationalism.org/content/4738/huelga-del-metal-en-cadiz-nuestra-fuerza-es-luchar-como-clase-obrera [730] , Lecciones de la huelga en Cádiz: la clase obrera no tiene más que falsos amigos y enemigos declarados https://es.internationalism.org/content/4750/lecciones-de-la-huelga-en-cadiz-la-clase-obrera-no-tiene-mas-que-falsos-amigos-y [792] y Reunión Pública sobre la huelga de Cádiz: sacar lecciones para preparar nuevas luchas https://es.internationalism.org/content/4762/reunion-publica-sobre-la-huelga-de-cadiz-sacar-lecciones-para-preparar-nuevas-luchas [793]
4 Ver Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [7]
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El verano pasado, la burguesía montó una gran campaña en torno al tema "ya no tenemos que preocuparnos, tenemos las vacunas". El presidente de EEUU, Biden, declaró que no le preocupaba que la variante Delta provocara otro gran brote nacional de Covid-19 (2 de julio de 2021). El director ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Mike Ryan, declaró que lo peor de la crisis del Covid había pasado (12 de julio de 2021). Les apoyó Boris Johnson, Primer Ministro del Reino Unido, que dijo: "casi todos los científicos están de acuerdo en esto: lo peor de la pandemia ha quedado atrás" (15 de julio de 2021)1
Todos los datos sobre las muertes diarias y los nuevos casos diarios de los últimos meses contradicen estas declaraciones y confirman que la pandemia no ha quedado en absoluto atrás. Las medidas y recomendaciones diarias de la burguesía demuestran que la pandemia sigue teniendo un enorme impacto en la sociedad y la economía: sectores sanitarios inundados de nuevos enfermos de Covid, medidas coercitivas contra los que se niegan a vacunarse, nuevos cierres con clausura de actividades comerciales, escuelas y espectáculos.
Para la mayoría de la población mundial la crisis sanitaria está lejos de haber terminado. Sigue gravemente amenazada por los efectos del virus a todos los niveles; en particular, aquellos que sólo han recibido una dosis de la vacuna Covid o ninguna, como ocurre también en Japón y Australia. En algunos de los principales países asiáticos en particular, las políticas relativamente exitosas para contener el Coronavirus en 2020 en estos países crearon la ilusión de que el virus estaba más o menos bajo control, como resultado de lo cual la tasa de vacunación siguió siendo bastante baja allí.
Los científicos están de acuerdo en que la vacunación es el principal baluarte contra la propagación del virus. Pero la burguesía es incapaz de desarrollar una política unificada para vacunar a la población mundial y controlar globalmente la pandemia. No hay ninguna consulta a nivel internacional que permita el necesario aumento de la producción de la vacuna Covid-19. En su lugar, todos los países se han embarcado en una carrera de vacunas, en la que los países más ricos acaparan un excedente, en un intento de ser los primeros en conseguir la inmunidad de grupo.
Los datos de la OMS de noviembre revelaron que los países del G20 recibieron más del 80% de las vacunas Covid-19, mientras que los países de bajos ingresos sólo recibieron el 0,6%2. En respuesta a esta tendencia, el Secretario General de la ONU, António Guterres, ya lanzó una advertencia contra "el nacionalismo de las vacunas y el acaparamiento [que] nos están poniendo a todos en peligro". Esto significa más muertes. Más sistemas sanitarios destrozados. Más miseria económica"3.
Cada Estado adopta su propia estrategia y sólo los más poderosos tienen los medios para hacer frente a la pandemia. Con el fin de garantizar la vacunación de sus respectivas poblaciones, algunos de ellos han dado prioridad a la firma de acuerdos con las empresas farmacéuticas o incluso han desembolsado dinero en efectivo para hacer un pedido previo de candidatas a vacunas prometedoras. Esta política ha provocado enormes disparidades en la distribución de las vacunas, incluso dentro de la UE. Algunos países de la UE tuvieron que acogerse a la vacuna rusa Sputnik V (Hungría, Eslovaquia), menos eficaz, o a la china Sinopharm (Hungría).
La mayoría de las naciones ricas son culpables de una acumulación de vacunas sin escrúpulos. Airfinity, una empresa de análisis con sede en Londres, prevé que a finales de año el excedente de vacunas Covid-19 habrá alcanzado los 1.200 millones de dosis. Si 600 millones de estas dosis sobrantes se donan a otros países, quedan otros 600 millones de dosis sin utilizar en las reservas, casi la mitad de ellos en Estados Unidos y el resto en los demás países ricos4. Esta política de acaparamiento ya ha provocado el desperdicio de millones de vacunas.
El acaparamiento es una de las razones de las disparidades en la distribución, pero otro gran problema es el enorme coste de las vacunas para los países pobres. Los productores farmacéuticos no cobran precios estándar, sino que varían sus precios en función de la cantidad comprada, y cobran precios más altos cuando hay una cantidad menor. Por ejemplo, mientras Estados Unidos pagó 15 millones de dólares por un millón de dosis de la vacuna de Moderna, Botsuana tuvo que pagar casi dos veces más: 28,88 millones de dólares.
La distribución desigual de las vacunas, y del consiguiente retraso en la inoculación a nivel mundial, compromete la estrategia de vacunación. Una política que favorezca la vacunación en los países ricos y no impida la propagación de la pandemia en los países pobres corre el riesgo de que el virus regrese a los países más poderosos, incluso con la posibilidad de que aparezcan variantes resistentes a las vacunas. El "sálvese quien pueda" a nivel mundial es un poderoso acelerador de la propagación de las variantes Delta y Ómicron y de todas las nuevas variantes por venir.
En su lucha contra el coronavirus, cada burguesía se ve constantemente obligada a dar prioridad a la economía manteniendo un mínimo de cohesión social, asumiendo deliberadamente el riesgo de que los trabajadores enfermen durante más tiempo o incluso mueran a causa del virus. Esta situación conduce a un mosaico de recomendaciones y medidas incoherentes y contradictorias en todo el mundo e incluso entre regiones de un mismo país. Algunos ejemplos:
- No hay consenso entre las organizaciones sanitarias. El Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU. anunció el 13 de mayo de 2021 que las personas totalmente vacunadas, que hayan pasado dos semanas desde su última inyección, ya pueden circular sin máscara en exteriores y en la mayoría de los lugares cerrados. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud emitió unas directrices diferentes, instando a todo el mundo en EE.UU., incluso a los vacunados, a seguir utilizando mascarillas debido a la amenaza de la variante Delta, altamente transmisible, que se había detectado en los 50 estados de EE.UU.
- No hay coordinación entre las regiones vecinas. El viernes 17 de septiembre, el Comité Consultivo de Bélgica sugirió que el uso de la mascarilla deje de ser obligatorio en los comercios y restaurantes a partir del 1 de octubre de 2021. Pero Flandes dijo que sí, Bruselas dijo que no y Valonia decidiría más tarde... Cada región quería decidir según la situación. Los diferentes gobiernos regionales tomaron el poder de decisión cada uno en su región (como si el virus se detuviera en las fronteras regionales o lingüísticas).
- Las directivas emitidas un mes son derogadas al mes siguiente. En julio, el gobierno del Reino Unido anunció que se eliminarían todas las normas de distanciamiento social y se derogarían los mandatos nacionales sobre las mascarillas a partir del 19 de julio. Pero los supermercados anunciaron inmediatamente el mantenimiento de las mascarillas, mientras que los alcaldes metropolitanos ordenaron el uso de máscaras en los servicios de transporte público que controlan. Tras un largo retraso, el gobierno británico cedió y anunció la obligatoriedad del uso de mascarillas en los comercios y el transporte público a partir del lunes 29 de noviembre.
- A la "reapertura" le siguieron aún más cuarentenas. Con el aumento de las vacunas y la disminución de los casos a finales de junio de 2021, el gobierno holandés siguió adelante con la "reapertura". Se abandonaron las mascarillas en casi todos los lugares y se animó a los jóvenes a salir de nuevo. Pero cuando los niños terminaron su primera semana de escuela tras las vacaciones de verano, en Utrecht se enviaron a casa entre 10 y 15 clases cada día debido a los resultados positivos, mientras que en La Haya y sus alrededores, 34 clases de primaria quedaron en cuarentena y fueron enviadas a casa en esa primera semana.
- Un cúmulo de restricciones de viaje en Europa. En Europa los viajeros se encuentran con que cada país impone medidas por su cuenta. Cada país tiene sus propias medidas de seguridad y cuarentena para los viajeros. En algunos países el certificado de vacunación europeo es suficiente para entrar en el país, mientras que otros aplican restricciones adicionales, como cuarentenas o pruebas PCR. Además, sólo se controla estrictamente a las personas que entran en el país en avión o en tren.
Desde el estallido de la pandemia de Covid hemos asistido a un aumento de la desconfianza en los gobiernos, en las vacunas, acompañado de un aumento de la desinformación y de las teorías conspirativas:
- una desconfianza hacia los gobiernos en Rusia, Bulgaria, pero también en diferentes países de la UE como Polonia, Holanda, Grecia que, a su vez, se ha visto reforzada por afirmaciones irracionales y mentiras descaradas de los gobiernos para encubrir su negligencia e impotencia.
- Esta desconfianza y miedo generalizados hacia las vacunas, alimentados por campañas populistas y conspirativas, con un impacto especialmente fuerte en los Estados Unidos, han llevado a una polarización extrema entre los pro y los anti vacunas.
Bulgaria es uno de los países en los que el alcance de la desinformación y la desconfianza en las vacunas tiene un impacto real en la tasa de vacunación, que sólo ha alcanzado el 20%. A finales de octubre de 2021, el país se acercaba a otro pico de infecciones, con más de 5.000 casos de Covid-19 y 100 muertes al día; el 95% de los fallecidos no habían sido vacunados. Mientras el número de muertes aumentaba, el sistema sanitario se vio desbordado, y las unidades de cuidados intensivos se llenaron a rebosar. Pero la mayoría de los búlgaros siguen rechazando las vacunas Covid-19.
Lo mismo puede decirse de Rusia. Durante más de un año, las agencias de propaganda rusas y los trolls de Internet han llevado a cabo una campaña de desinformación sistemática y agresiva, destinada a fomentar las dudas y los recelos sobre las vacunas Covid-19 en Occidente. Esta campaña de desinformación ha alimentado fuertemente el escepticismo sobre las vacunas que es, junto con la desconfianza en el gobierno, responsable del alto nivel de dudas sobre las vacunas entre los rusos. Con menos del 45% de la población totalmente vacunada, el virus se ha propagado a su ritmo más rápido en los últimos meses.
Esta polarización, sobre todo en Estados Unidos, ha provocado una reacción en cadena de total irracionalidad, que se ha extendido a países europeos, Australia y Sudáfrica. Al tomar su información de sitios web dudosos que difunden informes falsos, la verdadera preocupación por el virus o la vacuna se confunde muy fácilmente con teorías descabelladas y una desconfianza totalmente irracional hacia la ciencia. Una de las teorías conspirativas se refiere al origen de la pandemia: la teoría de que la aparición del virus se debe a la tecnología 5G, que ha sido diseñada para controlar a distancia las mentes humanas. Esta "teoría", que dice que la OMS es parte del complot,
Covid-19 ha creado un ambiente sanitario propicio para la agresión y la violencia5. Durante los seis primeros meses de la pandemia, se produjeron 611 incidentes de agresiones físicas o verbales, amenazas o discriminación relacionadas con el Covid-19 contra trabajadores sanitarios, pacientes e instalaciones médicas en más de 40 países, según la Cruz Roja (CICR). Los partidarios de las teorías de la conspiración han sido culpables de agresiones verbales e incluso físicas a trabajadores sanitarios en países como Eslovaquia y Estados Unidos. Además, también hemos sido testigos de varios ataques a los trabajadores de los principales medios de comunicación.
Los políticos declaran repetidamente que "nunca más" y que "debemos aprender las lecciones de la historia", pero lejos de hacer entrar en razón a los estados capitalistas y trabajar juntos, la clase dominante, por su propia naturaleza, es incapaz de cambiar las reglas del capitalismo decadente, en el que la competencia feroz por los mercados cada vez más reducidos es la regla y cualquier forma de cooperación, más que nunca, la excepción. En los últimos 100 años, en el capitalismo decadente, el mundo no sólo se ha convertido en un escenario de competencia entre empresas capitalistas, sino en particular en un campo de batalla entre Estados capitalistas.
La competencia es el motor que mantiene al capitalismo en funcionamiento, pero también es la fuente de la mayoría de sus problemas. La pandemia lo ha puesto de manifiesto con toda crudeza: durante años los gobiernos han recortado los presupuestos sanitarios para aumentar la capacidad global de competir, con el resultado de que numerosos sistemas sanitarios se han visto desbordados por las hospitalizaciones relacionadas con el Covid. Por supuesto, todos dicen estar de acuerdo en que prevenir las zoonosis (transmisión de enfermedades de los animales a los seres humanos) frenando la intrusión masiva y caótica en la naturaleza será mucho más barato que pagar las consecuencias, pero preferiblemente de forma que otro estado actúe primero o asuma las consecuencias. Debido a la competencia internacional, ninguno de los Estados afectados está dispuesto a restringir la destrucción de los bosques y otras zonas silvestres a costa de su propia economía nacional. Ningún pensamiento racional es lo suficientemente fuerte como para alterar la situación.
El marco nacional es la máxima expresión de la unidad que puede alcanzar el dominio burgués, y ante la pandemia, que exige un enfoque global unificado, no es capaz de ir más allá de este marco. En crisis sanitarias anteriores, como el brote de ébola, por ejemplo, la burguesía consiguió al menos mantener las apariencias poniendo en marcha una cierta (y a menudo cínica) coordinación internacional (con la OMS, en particular, en el plano médico) para defender los intereses generales del capitalismo incluso en el contexto de la decadencia del sistema. Pero en esta fase de descomposición, la tendencia al sálvese quien pueda ha crecido hasta tal punto que la clase dominante ya ni siquiera es capaz de lograr la mínima cooperación para defender los intereses generales de su propio sistema controlando la pandemia. En su lugar, cada Estado busca salvarse a sí mismo ante la catástrofe en curso.
La pandemia de Covid no ha hecho más que intensificar la carrera imperialista por la influencia sobre las regiones y los mercados, y la propia distribución de vacunas está siendo instrumentalizada con fines imperialistas. Estados Unidos y Europa, pero también Rusia, China o la India, utilizan la distribución de vacunas en una estrategia "imperialista blanda" para reforzar sus posiciones imperialistas en el mundo.
- El apoyo de China al programa Covax de la OMS y la "Ruta de la Seda de la Salud" forman parte de su "ofensiva diplomática" para impulsar el liderazgo sanitario mundial. Mientras tanto, China ha entregado vacunas a casi 100 países del mundo.
- El Kremlin lanzó su "ofensiva diplomática Sputnik V", y actualmente está registrada y certificada en 71 países. Su ofensiva también pone a prueba la unidad de la UE. Algunos Estados miembros de la UE empezaron a utilizar la vacuna, mientras que Italia aceptó fabricar el Sputnik V ruso no aprobado.
- India es el mayor exportador de vacunas producidas en el mundo. Bajo el lema "Neighbourhood First" tiene acuerdos con 94 países para la exportación de 66 millones de dosis. La vacuna propia de la India, Covaxin de Bharat Biotech, formará parte del programa de exportación en 2022.
En lugar de proteger a su propia población, estos estados utilizan las vacunas con fines imperialistas. India, donde sólo el 35% de la población está totalmente vacunada, ha exportado tres veces más dosis que las que ha administrado a su propia población.
La crisis mundial y mortal de Covid también conduce a crecientes divisiones, a una intensificación de las tensiones entre las facciones de la burguesía nacional, aumentando aún más la pérdida de control de la burguesía sobre la evolución de la pandemia. Importantes facciones políticas de la burguesía en Europa, como el Freiheits Partei Österreich, Alternative Für Deutschland, Rassemblement National en Francia, pero también el Partido Republicano en Estados Unidos, etc. avivan con vehemencia el descontento de la sociedad sobre las vacunaciones obligatorias, el pase sanitario, los cierres. Participan cada vez más en manifestaciones por la "libertad", que a menudo acaban en enfrentamientos violentos con las fuerzas de represión.
La pandemia se ha extendido por todo el mundo y lo ha cambiado radicalmente en cuestión de meses. Esto la convierte en el fenómeno más importante desde la entrada del capitalismo en la fase de descomposición y confirma nuestra tesis de que "la magnitud del impacto de la crisis de Covid-19 se explica no sólo por esta acumulación, sino también por la interacción de las expresiones ecológicas, sanitarias, sociales, políticas, económicas e ideológicas de la descomposición en una especie de espiral nunca vista antes, que ha llevado a la tendencia a perder el control de cada vez más aspectos de la sociedad"6. Muestra claramente la superestructura en descomposición de la sociedad capitalista y sus efectos sobre los fundamentos económicos que le dieron origen.
Y al mismo tiempo, no es sólo la pandemia la que ilustra la importante agravación de los efectos de la descomposición. Es también la multiplicación de las catástrofes "naturales" como los incendios forestales, las inundaciones y los tornados, todo tipo de violencia estructural, los conflictos militares cada vez más irracionales y la consiguiente migración de millones de personas en busca de un lugar donde sobrevivir. La interacción de todos estos aspectos es una expresión de la acelerada putrefacción de los propios cimientos del modo de producción capitalista. Es una manifestación nefasta del contraste entre el enorme potencial de las fuerzas productivas y la atroz miseria que se extiende por todo el mundo.
El capitalismo ha superado su utilidad; es un zombi que camina y ya no puede ofrecer una perspectiva a los seres humanos del planeta. Pero en su agonía todavía es capaz de llevar al mundo entero al borde del abismo. La clase obrera tiene la capacidad y la responsabilidad de impedir la aniquilación de la humanidad. Por lo tanto, necesita desarrollar su lucha en su propio terreno contra los efectos de la crisis económica, como la inflación, el desempleo, la precariedad. Las luchas obreras actuales7, por tímidas que sean, llevan el germen de la superación de esta barbarie cotidiana, y de la creación de una sociedad libre de las múltiples lacras que asolan el capitalismo del siglo XXI.
Dennis, 18 de diciembre de 2021
1 Boris Johnson dice que es "muy probable" que lo peor de la pandemia haya quedado atrás, 15 de julio de 2021
2 La UE estudia la vacunación obligatoria, al tiempo que insta a dar un refuerzo a todos; 2 de diciembre de 2021
3 Mensaje en vídeo para la Cumbre Mundial de la Salud, Berlín, del 24 al 26 de octubre de 2021
4 Ver: Por qué los países de bajos ingresos están tan faltos de vacunas Covid. Pista: No son los refuerzos; 10 de noviembre de 2021.haya quedado atrás, 15 de julio de 2021
5 Ver: Navegando por los ataques contra los trabajadores de la salud en la era del Covid-19; 21 de abril de 2021
6 Informe sobre la pandemia y el desarrollo de la descomposición; https://es.internationalism.org/content/4713/informe-sobre-la-pandemia-y-desarrollo-de-la-descomposicion-del-24o-congreso [795]
7 Luchas en Estados Unidos, en Irán, en Italia, en Corea... Ni la pandemia ni la crisis económica han roto la combatividad del proletariado; https://es.internationalism.org/content/4736/luchas-obreras-en-estados-unidos-iran-italia-corea-ni-la-pandemia-ni-la-crisis [729]
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En medio de la enésima catástrofe sanitaria – con los centros de salud colapsados inaccesibles para una mayoría de la población trabajadora – y social – con unos salarios cuyo poder adquisitivo se ha visto devorado por un alza de precios devastadora -, la propaganda capitalista lleva a cabo en los últimos meses una autentica ceremonia de entronización de una nueva emperatriz del panorama político de la burguesía española: Yolanda Díaz. Esta veterana estalinista – militante desde hace más de 30 años del Partido Anti “Comunista” de España, ha sido catapultada mediáticamente a figura principal de la izquierda y baluarte contra las embestidas simultáneas de la ultraderecha y de la tentación “neoliberal” del PSOE1.
Lo significativo es que esta formidable campaña de imagen de Yolanda Díaz como “valedora de los trabajadores” ha sido urdida por los propios enemigos declarados de los trabajadores. Como el PSOE de las reconversiones de González y el “austericidio” de ZP2 que tiene a Yolanda en una consideración cercana a la del propio Pedro Sánchez. Incluso este se ha dignado distraer un poco su mirada del espejo en el que se admira para “reconocer la valía” de su, a priori, rival electoral. El presidente de la patronal se fotografía arrobado con ella y celebra su “pragmatismo” mientras perpetran un nuevo atentado contra los trabajadores con la enésima Reforma laboral. Los sindicatos que llevan años firmando CONVENIOS DE MISERIA3, y la ovacionaron en sus recientes congresos, y han cantado al unísono con la ministra Díaz que esta validación de la Reforma del PP de 2012 es en realidad “la primera victoria – desde hace muchos años – de los trabajadores”. No es de extrañar que hasta el periódico monárquico tradicional – el ABC –, o el requeté reaccionario FAES de Aznar se rindan ante Yolanda. Para que nada falte en dicha entronización, hasta el Papa le ha dado sus bendiciones recibiéndola en el Vaticano.
Semejante coro de aduladores significa, pura y llanamente, un sincero agradecimiento por los servicios prestados pasados, presentes y futuros de Yolanda Diaz como fiel servidora del capital nacional español.
Como denunciamos desde su constitución4, al gobierno más “progresista” de la historia no iba a temblarle el pulso para descargar los hachazos a las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores que le exigieran la defensa de los intereses del capital nacional español. Tenía, eso sí, que cubrirle propagandísticamente las espaldas para que los explotados no identificaran fácilmente que quienes se presentan como representantes de los trabajadores en el Estado democrático, son en realidad, los principales agentes de nuestra miseria, los más destacados saboteadores de nuestras luchas contra tales ataques. Para ello han recurrido – es un clásico – al consabido cuento del “poli malo y el poli bueno”. En el gobierno de coalición Marlaska – ministro del Interior – o Calviño – ministra de Economía – son los polis “malos”, Yolanda es el poli bueno. Pero esa “bondad” se ha ido construyendo en base a unos mitos que han escamoteado las crueles agresiones de este poli malo con unos ademanes amables. Lo cual lo hace aún más nauseabundo. Veamos algunos de esos mitos:
-el llamado “escudo social” que tan pomposamente proclamaron al comienzo de la pandemia “para no dejar a nadie atrás”, ha demostrado ser un auténtico colador. El Ingreso Mínimo Vital no alcanza ni siquiera al 20% de quienes lo necesitan – según Cáritas – por lo que el riesgo de pobreza alcanza al 25% de la población, y la carencia material “severa” afecta a 2’2 millones de personas (el ¡doble! que en 2019). Otro tipo de paliativos anunciados con gran alarde publicitario como las ayudas al alquiler de vivienda o la lucha contra la creciente pobreza energética le sirven a este gobierno para las llamadas “guerras culturales” contra la derecha, pero a las crecientes masas de explotados y marginados (un 48% de población vive en condiciones de precariedad por bajos salarios, empleos temporales, pensiones que pierden año tras año capacidad adquisitiva, etc.) apenas llegan unas ridículas migajas mientras la desigualdad social sigue creciendo5.
- otra prueba de esa supuesta protección que el manto de Yolanda proporcionaría a los trabajadores serían los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE)6, que habrían frenado una explosión del desempleo tras la irrupción de la pandemia de Covid-19. Se trata en realidad de una descomunal subvención a los empresarios, pues los salarios de los trabajadores se cargan al presupuesto del Estado (socialización de las pérdidas) mientras el patrón dispone de la fuerza de trabajo a su antojo. Así, por ejemplo, las grandes empresas del automóvil que recurrieron a los ERTE cuando los confinamientos de la primavera de 2020 por la pandemia recurren sistemáticamente a ellos hasta la primavera de 2022, justificándose en “necesidades de la producción” por la crisis de los microchips o caídas de las ventas. Las sucesivas prórrogas de los ERTE que la propaganda gubernamental ha presentado como otras tantas victorias de los trabajadores han sido un continuo regalo en bandeja de plata … a los explotadores.
-la apoteosis presuntamente “obrerista” de Yolanda y los grandes sindicatos fue sin embargo la subida – ¡un 1’6%!- del Salario Mínimo Interprofesional (SMI)-. Esta vez la Patronal contribuyó grandemente a la comedia “retirándose” del Acuerdo, haciéndose la “ofendida” cuando la subida pactada representaba un recorte de costes salariales (al estar muy por debajo de la inflación real, que ellos si han repercutido en sus productos, como comprobamos día a día). Y no se trata de la consabida copla de la “cerrazón de la patronal”, puesto que es el propio gobierno el que ha presupuestado subidas a los empleados públicos (2%) y las pensiones (2’5%) muy inferiores a la inflación.
Es tradición en el Estado capitalista español que el Ministerio de Trabajo recaiga en alguien que procure caer “simpaticote” a los explotados. A Largo Caballero, le llamaban el “Lenin español” cuando había pactado hasta con el Dictador Primo de Rivera. A Solís, en el franquismo le apodaban “la sonrisa del régimen”. Con el PP estuvieron los campechanos Arenas y Zaplana. Yolanda Díaz sigue esa tradición de “cara amable” de este gobierno que resulta ser tan despiadadamente anti obrero como sus predecesores. Pero Yolanda no es un simple peón dicharachero de un gobierno ajado. La enjundia de la campaña propagandística desplegada en torno suyo indica que es una pieza importante para avalar como avances de los trabajadores lo que son peores ataques a las condiciones de vida del proletariado, que es el futuro que nos espera si no reaccionamos en un verdadero terreno de clase.
Uno de los principales eventos de esa campaña de encumbramiento de Yolanda Díaz fue el mitin que se celebró el pasado 13 de noviembre en Valencia, en el que arropada por lo que la prensa llama “las nuevas Políticas” (entre otras Mónica Oltra7 consellera de la Generalitat Valenciana o Ada Colau8 alcaldesa de Barcelona) se postuló abiertamente a Díaz como candidata a futura presidenta del gobierno en una lista transversal para recoger los votos dispersos de Podemos, Mas País, la Mareas, Los Comunes en Cataluña, quizás los Anticapitalistas de Kichi de Cádiz y otros. Es pronto para saber si esta operación es una simple búsqueda de un freno al declive electoral del pantano “podemita” presentando un líder menos quemado que Pablo Iglesias, más aglutinador y menos depredador que el “Coletas”, o bien una operación auspiciada por el propio PSOE para evitar que los muchos descontentos con el gobierno se marchen a la abstención propiciando un gobierno de la Derecha o del PP + Vox. En todo caso, lo que queremos tratar en este artículo es que sea cual sea el manejo que la clase capitalista española haga de ese escenario electoral, está fuera de toda duda la función mistificadora de esa “nueva política”.
En ese acto, Yolanda Diaz disfrazada ya de “Mater dolorosa” proclama: “Será maravilloso”, “antes del 31 de diciembre vamos a cambiar las vidas de los trabajadores de este país. La alternativa no es otra que el trabajo decente, los salarios y las vidas dignos”. Y tamaño cambio ha consistido en dejar en pie la decretada Reforma Laboral por el PP en 2012, con unos pocos cambios cosméticos en los nombres de los contratos temporales, pero eso sí presentado como “avances de la clase obrera” la reforma de Rajoy de 2012 (¡!!), es decir las exigencias de flexibilidad, temporalidad, precariedad de la fuerza de trabajo, de las posibilidades de un chantaje continuo a los trabajadores para que acepten cada vez peores condiciones salariales y de trabajo.
Una de las grandes bazas de las promesas del gobierno progresista, que decían venían a defender a los “más necesitados”, ha sido insistentemente la derogación de la reforma laboral del PP. El líder de Podemos, Rafa Mayoral llegó a afirmar el año pasado que “de la reforma laboral no van a quedar ni los palos del sombrajo”. Pero la mentira tiene patas cortas; Yolanda Diaz afirma ahora que “técnicamente no es posible” derogar la reforma del 2012 alegando que tal cuestión no es más que “un fetiche político”. ¡Que cinismo más descomunal!
Lo cierto es que, desde hace décadas, la burguesía española ha ido profundizando reforma laboral tras reforma laboral, esas condiciones de empleos precarios y temporales, de abaratamiento de los despidos, de endurecimiento de las condiciones para tener derecho a subsidios y otras prestaciones9. A veces el gobierno a solas, a veces con pactos con patronal y sindicatos. A veces los sindicatos han hecho pseudo luchas (como “huelgas generales” de 1 día) para protestar contra reformas que luego ellos mismos aprobaban unos años más tarde. Así sucedió por ejemplo contra la reforma de 1994 que luego ellos acordaron en 1997 con el Gobierno Aznar. A veces con gobiernos de derechas y a veces, las más, con gobiernos coloreados de “progresistas” como el de ZP en 2010. En realidad, como decimos la “reforma” de Yolanda Díaz y los sindicatos no sirve más que para engañar y desmovilizar a los trabajadores:
-las decenas de miles de despidos que se avecinan en Nissan, Telefónica, la banca, etc. van a verse justificados como despidos objetivos con indemnizaciones de miseria, y presionados para aceptarlos pues los salarios de tramitación también quedan definitivamente sepultados tras la reforma de ZP en 2010. Esa es la verdadera traducción de los “trabajos dignos”
-la temporalidad no va a disminuir. Y los primeros que van a seguir sufriéndola son, entre otros, los trabajadores del sector público que soportan tasas altísimas de precariedad en el empleo, aceptación de traslados, imposibilidad de planificar unos parámetros mínimos de la vida personal, etc. A eso Yolanda lo llama “una vida digna”.
-con la profusión de la subcontratación y las empresas de trabajo temporal que podrán acogerse a ella, los patronos van a poder modificar horarios, descansos, etc. Además, la nueva reforma permite que las Empresas de Trabajo Temporal con convenio propio impongan sus condiciones a los trabajadores que suelen trabajar en empresas con mejores condiciones que las de su contratante. Esta vuelta de tuerca asfixia definitivamente, por ejemplo, a trabajadoras como las “kellys” (las empleadas de limpieza subcontratadas para los hoteles). Y eso es lo que Yolanda quiere que interpretemos como “salarios decentes”.
Yolanda Díaz, ese paladín de los “derechos de los trabajadores” ha conseguido poner de acuerdo a patronal, Gobierno y Sindicatos, las tres patas del estado capitalista responsables de la gestión en conjunto de la explotación de los asalariados y en la continuidad del sistema capitalista y su salvaje proceso de acumulación, que es lo que justifica esta reforma en realidad y que pretenden “vender” como todo lo contrario. Gobierno, patronal y sindicatos todos conformes con la “vuelta de tuerca” contra las necesidades de los asalariados. Movilizados los sindicatos no será el último ataque. ¡Vaya mérito pues, el de la siempre capitalista Yolanda!
Lo más indignante de todo es que tanto gobierno como sindicatos quieren presentárnoslo como un triunfo para los trabajadores. Estamos seguros como dice la siempre capitalista Yolanda, que esta reforma supondrá una nueva era en lo laboral, aunque no para los asalariados. Aquí tenemos el significado de todo el apoyo institucional y de medios a la imagen de Yolanda. Cuando Sánchez está sufriendo un descrédito continuado y dificulta ser presentado como “defensor de los desfavorecidos”, aquí llega Yolanda, que, como buena estalinista, tiene la capacidad de aparentar una imagen más “cercana” y una capacidad de gestión desde la izquierda a la que el capital recurre en momentos difíciles.
Primero denunciar a los encargados de engañar, desviar y dividir a la clase obrera, la Izquierda y Extrema Izquierda, en todas sus múltiples versiones y variantes -la última, el lanzamiento al estrellato de Yolanda Diaz para ofrecer una “verdadera Izquierda del PSOE”: “transversal”, “moderna”, “social”, “feminista”.
Segundo, denunciar a los sindicatos como lo que son, auténticos vende obreros. Como ya señalamos en nuestro reciente artículo sobre la lucha del metal en Cádiz los sindicatos golpean a los obreros tanto desde el flanco del sindicalismo “oficial” (CCOO, UGT) como desde el sindicalismo “radical”, de “base” o de “nuevo tipo”. Por definición cualquier tipo de sindicato, al usurpar la representación de los trabajadores (por ese motivo son reconocidos y retribuidos por el Estado) impiden que estos sean capaces de encontrar la unidad y sus propios órganos de representación.
Tercero, defender los auténticos medios de lucha del proletariado: las Asambleas Generales, la extensión de las luchas rompiendo las barreras de la empresa, el sector, la región, la nacionalidad… Su unidad internacional, su conciencia de clase, su perspectiva histórica revolucionaria.
Valerio. 31 de Diciembre 2021
1 Con todo ese ruido de “likes” y “retweets” quieren ocultar que en realidad Yolanda Díaz, el PSOE, el PP o Vox sirven al mismo señor: el Estado capitalista, como se ha visto en sus ataques desde distintos flancos a la lucha de los trabajadores de Cádiz, como hemos demostrado en un artículo de este mismo AP (https://es.internationalism.org/content/4750/lecciones-de-la-huelga-en-cadiz-la-clase-obrera-no-tiene-mas-que-falsos-amigos-y [792] ). En una de esas “réplicas” tan aplaudidas, Yolanda Díaz reprochaba a Vox que si estos gobernaran prohibirían las huelgas y las manifestaciones. Pero días antes el gobierno de Yolanda había exhibido una tanqueta de la policía para intimidar en los barrios obreros de Cádiz. Al día siguiente de ese rifirrafe con Vox, el gobierno de Yolanda detenía a cinco participantes en las manifestaciones de dicha lucha.
2 Ver el segundo artículo de la Serie Los Gobiernos de izquierda al servicio de la explotación capitalista: Los Gobiernos PSOE de la democracia https://es.internationalism.org/content/4562/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-ii-los-gobiernos [225]
3 Con incrementos salariales inferiores al 2% en 2021 cuando la inflación supera el 6%. Para que luego canten como una victoria la prórroga de la vigencia de los convenios acordada en la Reforma laboral. Con estos amigos los salarios de los trabajadores no necesitan enemigos.
4 Ver el tercer artículo de la Serie Los Gobiernos de izquierda al servicio de la explotación capitalista: La trampa está en la letra pequeña https://es.internationalism.org/content/4625/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-iii-la-trampa-esta [458]
5 El 20% más rico tiene una renta neta seis veces superior al 20% más pobre
6 Creados por la Reforma laboral de Rajoy en 2012 se trata de una especie de subsidios provisionales de desempleo que cubren un 70% del salario de los trabajadores que mantienen formalmente “su” puesto de trabajo.
7 Consellera de la Generalitat Valencia en un gobierno con el PSOE tuvo también su “minuto de gloria” televisivo con la llegada de los náufragos del Aquarius en 2018. Por supuesto aquellos náufragos y los miles de llegados después siguen padeciendo idénticas condiciones de abandono y miseria. De hecho 2021 ha sido el año más mortífero en las pateras del Mediterráneo
8 Mientras Colau aúpa a Díaz a la candidatura presidencial, las asistentas a domicilio (cuidadoras de dependientes) se concentran a las puertas del Ministerio de Trabajo protestando contra la privatización de un servicio que supone anteponer el negocio a los cuidados y las repercusiones que eso supone para sus condiciones laborales con contratos temporales y despidos baratos. Uno de los colectivos que más se hace oír es precisamente el de las compañeras de Barcelona donde el ayuntamiento las ha trasferido a la multinacional DOMUSVI tristemente célebre por como gestionó las residencias de ancianos durante la pandemia.
9 Ver Plan de austeridad del Gobierno Zapatero: El peor ataque a los trabajadores desde que se instauró la democracia https://es.internationalism.org/cci-online/201005/2872/plan-de-austeridad-del-gobierno-zapatero-el-peor-ataque-a-los-trabajadores-de [205] y ¡Por un movimiento unitario contra los Recortes y contra la Reforma Laboral! /content/3323/por-un-movimiento-unitario-contra-los-recortes-y-contra-la-reforma-laboral [797]
El oportunismo es la tendencia a olvidar las posiciones revolucionarias cayendo en una impaciencia (para "ser muchos", "tener influencia en las masas").o por cobardía, claudicación o adaptación a esta sociedad de miseria y barbarie. El oportunismo toma también la forma de una conciliación centrista entre las posiciones revolucionarias y las concesiones a la ideología burguesa y pequeño burguesa, lo que se hace para mantener una "unidad" artificial pagando el precio de dejar de lado las divergencias o subestimándolas porque se reducen a "cuestiones de matiz" etc.. En cualquiera de los casos el oportunismo es una enfermedad muy peligrosa para las organizaciones revolucionaria que las puede llevar a la crisis o a la desaparición. El oportunismo lleva a corrientes políticas revolucionarias a sembrar la confusión, quemando a elementos que segrega la clase y,peor aún, a hacer concesiones al parasitismo y, como culminación, a ser absorbidas por la burguesía. Combatir el oportunismo es una necesidad vital, un combate permanente..
¿Cual es la causa del oportunismo? Cayendo en un materialismo vulgar hay corrientes dentro del campo revolucionario que ven las raíces del oportunismo en una pretendida "aristocracia obrera" (ver La "aristocracia obrera" una teoría sociológica para dividir a la clase obrera https://es.internationalism.org/revista-internacional/201109/3199/la-ari... [798] ). Otras, sitúan la causa del oportunismo en la "burocratización" de las organizaciones obreras. Nosotros pensamos que hay una causa totalmente materialista y que es la peor y más dificil de identificar: el peso de las ideologías burguesa y pequeño burguesa que de manera permanente ejercen una influencia destructiva sobre el conjunto del proletariado, pero más aún, sobre las organizaciones y los militantes revolucionarios. El oportunismo es una enfermedad que golpea a las organizaciones comunistas obligándolas a una vigilancia, un espíritu crítico y una lucha decidida contra sus múltiples efectos.
Publicamos aquí los enlaces a una serie de artículos de:
1º Debate dentro de la CCI sobre la naturaleza del oportunismo y su variante centrista
2º Denuncia, polémica y combate contra el oportunismo en sus diferentes facetas:
https://es.internationalism.org/revista-internacional/201509/4115/las-co... [799]
https://es.internationalism.org/content/4749/debate-oportunismo-y-centri... [800]
https://es.internationalism.org/content/4778/resolucion-oportunismo-y-ce... [801]
El BIPR se formó en 1984 de una manera totalmente oportunista, su transformación en 2009 en la Tendencia Comunista Internacional (TCI) no ha logrado corregir desgraciadamente esa peligrosa tara de origen
https://es.internationalism.org/content/4748/la-constitucion-del-bipr-un... [802]
https://es.internationalism.org/content/4768/la-constitucion-del-bipr-un... [803]
https://es.internationalism.org/content/4753/polemica-con-la-cwo-como-re... [804]
https://es.internationalism.org/content/4751/las-ambiguedades-sobre-los-... [805]
https://es.internationalism.org/revista-internacional/199707/1226/polemi... [806]
https://es.internationalism.org/revista-internacional/199710/1219/polemi... [807]
https://es.internationalism.org/content/4431/sobre-el-primer-congreso-de... [357]
https://es.internationalism.org/content/4727/el-partido-comunista-intern... [808]
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Las consecuencias del calentamiento global con la subida del nivel del mar, incendios forestales, sequias, inundaciones, catástrofes climáticas que se repiten a diario y que nos genera gran impotencia frente a ello es algo que se acentúa cada vez más en la descomposición capitalista1 reflejada en el desinterés que muestra la burguesía permanentemente. No hace mucho presenciamos las erupciones volcánicas en las Islas Canarias (La Palma), donde no hubo el menor interés por parte de la burguesía en canalizar la lava para contenerlas, relativo a esto hace unos días unas explosiones del volcán Hunga Tonga-Hunga Ha´apai ocasionó alerta en diferentes costas del pacifico sur, con alertas de oleajes anómalos, retirada del mar, posible tsunami y otras consecuencias.
Sumada a esta escalada de desastres climáticas y naturales en todo el mundo, están los accidentes industriales. El sábado 15 enero en las playas de Ventanilla, Callao y cerca de las refinerías de Repsol, sucedió un gran desastre ecológico, un verdadero ecocidio como algunos le empiezan a llamar. El derrame de petróleo (casi 6 mil barriles) es el mayor derrame registrado desde del periodo 2000-20192. Cientos de aves, peces y otras especies han sido arrasados y contaminados por el derrame, los especialistas señalan que puede tomar 2 meses en limpiar el desastre si se utilizan las tecnologías y herramientas adecuadas. En el peor de los casos el daño puede ser irreversible, en el caso que no se atienda el desastre como se debe. Se ha generado muchas movilizaciones de la población, la cual han sido canalizadas, en un sentido de reforzamiento del Estado capitalista por autoridades, partidos, organizaciones verdes y ciudadanas, hacia protestas ciudadanas, actos de boicot contra Repsol, donde se han juntado ecologistas, ambientalistas, animalistas, grupos izquierdistas de todo pelaje, en fin “ciudadanos conscientes” y “preocupados por el desastre”.
Mas de 1000 mil pescadores de Ancón, llevan varios días sin trabajar desde que Repsol contaminó el mar con petróleo. Trabajadores afectados directamente, que ganan al día para mantener a sus familias. Ahora Repsol contrató a una empresa Lamor, para que realice labores de limpieza de petróleo. A su vez, Lamor emplea a pescadores por 350 soles para que limpien el crudo. Ellos arriesgan sus vidas por que la empresa no les da implementos de seguridad. Los pescadores sobreviven a la falta de empleo y la contaminación. Repsol se ha acercado a los pescadores entregándoles canastas de víveres, pero los pescadores le han rechazado tajantemente, señalando que es un insulto y que no es suficiente. Los pescadores exigen solidaridad ante su situación y han puesto en práctica una solidaridad viva entre ellos. La asociación de pescadores de Ancón señala que los daños ocasionados al ecosistema de Ancón son casi irreversibles.
También el desastre ha afectado muchas zonas como los balnearios de Bahía Blanca y Costa Azul, con presencia de petróleo en la orilla y una fuerte espuma negra en el oleaje marino. También el sector de playa Cavero. Muchas especies de la flora y fauna del lugar vienen siendo fuertemente afectadas, causándoles la muerte. Incluso la nutria marina una especie considerada en vías extinción ha sido fuertemente golpeada dentro de su hábitat debido al derrame de petróleo.
Después de tanto ocultamiento por parte de la prensa, (notas increíbles donde no se mencionaba en lo absoluto a Repsol, como responsables del desastre ecológico) todos los medios callaban, guardando un silencio absoluto, cuando ya se sabía quién era el responsable de la tragedia ecológica. Incluso una conocida periodista se atrevió a minimizar los hechos señalando “se ve horrible, pero se puede limpiar”. Los medios cumplieron una vez más su papel de ocultadores de la verdad, la verdad que únicamente puede defender la clase de la verdad: el proletariado.
Después de tanto escándalo y cierta presión de sectores del partido de gobierno Perú Libre, junto con otros sectores de “buenos ciudadanos”, finalmente Repsol lanzo su primer twiter, señalando que “se encargarán de limpiar el desastre...”, en todo momento trataron de minimizar los hechos, se acercaron a la zona del desastre con canastas de víveres para los pobladores y pescadores. Incluso señalaron que producto del oleaje ocasionado por la explosión volcánica de Tonga, es que sucedió el hecho, sin poder evitarlo.
Por otro lado, la Defensoría del Pueblo3, que dirigió una supervisión en simultáneo en las zonas afectadas por el derrame de petróleo, determinó que las acciones desplegadas por Repsol, hasta el momento son insuficientes. Por ello, pidieron a la empresa Repsol acelerar el proceso de limpieza y dotar de mejores implementos y equipos al personal que viene cumpliendo dicha labor.
El planteamiento de acciones como “ciudadanos preocupados por el desastre ecológico” muestran un peligro en sus reivindicaciones y reclamos frente al desastre, porque confunden y distorsionan una lucha real de los trabajadores y aun mas el desarrollo de la lucha de clases, planteando falsas visiones ideológicas ajenas a la clase obrera.
La más grave encontrada en medio de toda la indignación ciudadana, es la que señala que “Repsol es la responsable del desastre y que no tiene por qué echarle la culpa al Estado Peruano sobre esto” critica que se ha propagado por diversos medios y redes sociales, dando una visión, que debemos ponernos al lado del Estado y señalar como únicos responsables a la empresa privada de tal desastre ambiental. Incluso hay grupos políticos como los anarquistas y grupos vinculados con el gobierno de Pedro Castillo que abrazan esta crítica, reforzando la defensa del Estado.
Esta situación se origina cuando se empezó a buscar a los responsables del derrame de petróleo en Ventanilla. Se empezó diciendo que el responsable fue PetroPerú4 a partir de allí, se levantan voces “ciudadanas” donde se intenta deslindar la actividad de la empresa Estatal, frente a la empresa privada Repsol. Es aquí que surgen los defensores del Estado, envolviendo grandes sectores de la población tanto de la capital del Perú, como de otras ciudades del país. Todos en defensa de PetroPerú o el Capital nacional Estatal, frente a los ya identificados responsables Repsol.
En las Redes Sociales se ha desatado una campaña nacionalista repugnante: el Estado, la nación y el “pueblo peruano” serían pobres víctimas de una “trasnacional apátrida” (Repsol) cuando la realidad es que el Estado y la nación peruana son cómplices de Repsol, como lo son de cualquier capitalista nacional o extranjero y cuando no existe el “pueblo peruano”, lo que existe son clases sociales, una clase explotada, el proletariado que representa a la mayoría de la población y una clase explotadora, que es una minoría egoísta y criminal y que cuenta con el Estado como su dictadura de clase.
Denunciamos el uso fraudulento e interesado del desastre ecológico causado por la connivencia Repsol – capital peruano – Estado peruano para envenenarnos con la defensa de la nación peruana y el apoyo al estado peruano.
A partir de este momento surge esa peligrosa reivindicación impulsada por los diferentes sectores antes mencionados impulsando críticas a las multinacionales, a la defensa del capital nacional y falsos discursos propugnando un imposible reformismo del medio ambiente y la ecología. En otras palabras, se ha levantado un movimiento de luchas parciales, luchas fragmentadas en defensa de la “ecología”, el “medio ambiente” y por supuesto “la defensa de los intereses nacionales del Estado” frente a los “privados”.
Además, se habló de expropiar Repsol, como una solución al abuso de las empresas, como si el Estado fuera la solución ante esto, muchos izquierdistas en el medio ven esto como una alternativa y se aviva mucho desde el lado duro del partido de gobierno entorno cercano de Vladimir Cerrón5.
Estas movilizaciones y luchas de lo que ya hemos denominado de “ciudadanos conscientes” son un verdadero peligro para las luchas reales de los trabajadores. Los trabajadores quieren un mundo sin desastres ecológicos, pero su lucha está orientada a abolir el modo de producción imperante: el capitalismo y su Estado que defiende en este caso, el capital nacional frente al capital privado. Y aunque no ha habido un enfrentamiento abierto del Estado contra la empresa Repsol directamente, se pretende movilizar a la “población ciudadana” para que ejerza presión, defendido el interés del Estado gestor del capital.
Ya hemos dicho que las luchas parciales nos llevan a un callejón sin salida, donde la lucha real de los trabajadores se pierde, donde sus demandas sean reivindicativas económicas y luchas políticas pueden caer en el terreno burgués (en la defensa del estado por ejemplo, como en las protestas contra Repsol) o en boicots a empresas (en este caso Repsol) que sirven para desviar la lucha contra el capitalismo en su conjunto y especialmente contra su representante global – el Estado- hacia empresas, individuos o fracciones del capital.
Así es, las luchas parciales y/o fragmentadas, nos llevan a un callejón sin salida, donde la unidad, la solidaridad, la fuerza y la conciencia de los trabajadores se pierde, se desorienta. Las luchas parciales son un terreno directamente burgués, que “por su contenido mismo las luchas marginales, lejos de reforzar la necesaria autonomía de la clase obrera tienden por el contrario a diluirla en la confusión de categorías particulares e invertebradas (sexo, raza, juventud…) totalmente impotentes ante la historia. Por ello constituyen un auténtico instrumento de la contrarrevolución que los gobiernos burgueses han aprendido a utilizar eficazmente para preservar el orden social” (Plataforma política de la CCI6).
Algunas campañas de ecologistas y “buenos ciudadanos” consistieron en recolectar cabello para poder enviar a la zona del desastre en sacos, señalando que estos detienen y absorben el petróleo. La municipalidad de Ventanilla mandó sus trabajadores de limpieza a tratar de limpiar la playa del derrame de petróleo, como si se tratara de mugre cualquiera y exponiendo la salud de los trabajadores de la limpieza pública. Todas estas buenas intenciones de la “ciudadanía consciente” acaba solo en eso en buenas intenciones. Al capitalismo no se le acaba con buenas intenciones o dejando de comprar productos de tal o cual empresa, en este caso dejando de comprar combustible Repsol.
En un primer momento, el redescubrimiento de la identidad y la combatividad de clase constituirá una forma de resistencia contra los efectos corrosivos de la descomposición capitalista, un baluarte para evitar que la clase obrera se fragmente y se divida aún más contra sí misma. Sin el desarrollo de la lucha de clases, fenómenos como la destrucción del medio ambiente y la proliferación del caos militar tienden a reforzar los sentimientos de impotencia y el recurso a falsas soluciones como el ecologismo y el pacifismo. Pero en una etapa más desarrollada de la lucha, en el contexto de una situación revolucionaria, la realidad de estas amenazas a la supervivencia de la especie puede convertirse en un factor para comprender que el capitalismo ha llegado efectivamente a la fase terminal de su declive y que la revolución es la única salida. En particular, el impulso bélico del capitalismo -sobre todo cuando involucra directa o indirectamente a las grandes potencias- puede ser un factor importante en la politización de la lucha de clases, ya que trae consigo tanto un aumento muy concreto de la explotación y el peligro físico, como una confirmación más de que la sociedad se enfrenta a la trascendental elección entre el socialismo y la barbarie. A partir de factores de desmovilización y desesperación, estas amenazas pueden reforzar la determinación del proletariado de acabar con este sistema moribundo7.
Internacionalismo Perú
Sección de la Corriente Comunista Internacional
30012022
2La Sombra del Petroleo, informe de los derrames petroleros en la amazonia Peruana entre el 2000-2019,Aymara León, Mario Zuñiga.
3 Jefa de la Oficina Defensorial del Callao, Delcy Heredia, pidió que se mejoren los tiempos y las estrategias de limpieza para evitar un impacto mayor.
4 Petróleos del Perú - Petroperú S.A. Ministerio de Energía y Minas República del Perú. Empresa Estatal.
5 Secretario general de Perú Libre.
6 https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [243]
7 Resolución sobre la situación internacional XXIV Congreso de la CCI (2021)
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Ante la lucha de los obreros en Cádiz, la CCI ha llevado una intervención que ha tenido 3 ejes:
Una toma de posición de apoyo a la lucha: Huelga del metal en Cádiz: nuestra fuerza es luchar como clase obrera (https://es.internationalism.org/content/4738/huelga-del-metal-en-cadiz-nuestra-fuerza-es-luchar-como-clase-obrera [730] );
Un balance: Lecciones de la huelga en Cádiz: la clase obrera no tiene más que falsos amigos y enemigos declarados (https://es.internationalism.org/content/4750/lecciones-de-la-huelga-en-cadiz-la-clase-obrera-no-tiene-mas-que-falsos-amigos-y [792] );
Una Reunión Pública donde desarrollar un debate que saque lecciones para hacerlas vivir en nuevas luchas que son más necesarias que nunca.
Damos parte de esta última activad que, dadas las condiciones de la pandemia, tuvo que hacerse de forma virtual. Se conectaron compañeros de lengua española y de lengua portuguesa (Brasil).
La discusión fue muy animada con intervenciones cortas que se respondían unas a otras, como es coherente en un debate proletario, el cual es un encuentro para buscar entre todos conclusiones militantes que contribuyan a la lucha y la conciencia de nuestra clase, lo que está en los antípodas del “debate” burgués1: una pugna brutal para ver quien gana o un discurso interminable de un “líder” que luego se digna responder a “ruegos y preguntas”. Tampoco tiene nada que ver con los foros de las redes sociales trufados de insultos, los comentarios más disparatados y los “me gusta” que son una forma de votación democrática.
Hay que subrayar el interés de los simpatizantes de América del Sur por conocer la huelga de Cádiz. No había una preocupación inmediatista de impulsar luchas en cada país, sino una visión más global de comprender la situación del proletariado. Así, los asistentes de Perú mostraron que las experiencias de Cádiz les recordaban muchas cosas comunes con la huelga de la agroindustria o la lucha contra la Ley Pulpin en este país. Insistieron en que las luchas en los diferentes países tienen necesidades comunes, perspectivas comunes y los mismos enemigos (Gobierno, Patronal, Sindicatos, el arco de partidos burgueses)2.
Hubo acuerdo en que el proletariado no está derrotado y que la lucha de Cádiz, pero muy particularmente las luchas en Estados Unidos3 evidencian combatividad y una resistencia a aceptar los sacrificios que el capitalismo en crisis exige con cada vez mayor insistencia.
No sabemos si estos sobresaltos proletarios van a tener continuidad en nuevas luchas. Es difícil de determinar, de un lado, la crisis al agravarse y especialmente en su vertiente inflacionaria puede ser un acicate para nuevas luchas. Pero, de otro lado, la debilidad del proletariado es grande, los efectos de la descomposición son muy potentes y la burguesía tiene una gran capacidad de maniobra, de forma general, los sindicatos controlan la situación. Sin embargo, las luchas actuales son una fuente de lecciones que son un arma para preparar nuevas luchas.
Un participante apuntó la necesidad de formar grupos de discusión de obreros combativos que saquen lecciones de las luchas y preparen el futuro. Es una experiencia que se dio en los años 70 y 80 que es necesario retomar e impulsar4.
En Cádiz, la solidaridad de clase fue desviada hacia “Salvar Cádiz”, que es una consigna ciudadana para encerrar a los trabajadores en el terreno capitalista de “pedir inversiones” que “creen puestos de trabajo”, es decir, atarlos al interés de la economía nacional. Frente a esta trampa, se denunció la falsa solidaridad que propagan los partidos de izquierda (y de derecha, pues el franquista Vox también declaró su “apoyo” a los obreros gaditanos), los sindicatos, los medios de “comunicación” y las redes sociales:
Dar limosna para cajas de resistencia
Aplausos en las Redes Sociales dando la imagen de que hay mucha gente con los trabajadores cuando estos veían su lucha cada vez más aislada
La trampa de “Salvar Cádiz”
Un compañero de México planteó la cuestión de ¿Cómo podemos ir desde las luchas actuales hacia una gran huelga de masas que dé al proletariado una fuerza decisiva? Esta cuestión no pudo ser discutida y se propuso que fuera abordada en una Permanencia Internacional5.
3 cuestiones relacionadas con la lucha ocuparon gran parte de la discusión con argumentos y contraargumentos en vistas a una clarificación:
¿Son los sindicatos reformistas?
¿El sindicalismo de base es una alternativa a los grandes sindicatos?
¿Qué es el totalitarismo estatal?
Todos los asistentes estaban de acuerdo en que los sindicatos actúan contra los obreros. La experiencia de Cádiz firmando un canallesco 2% frente a una inflación del 6% es la enésima demostración. Pero ¿Cuál es la causa de ese actuar? ¿Sería la naturaleza reformista de los sindicatos? Sobre esto en la reunión se expresaron diferentes posturas.
Los sindicatos fueron creados por el proletariado en el periodo ascendente del capitalismo y no tuvieron nunca como función derribar este sistema y crear otra sociedad. Su función era doble: “1ª Alcanzar mejoras y reformas de la condición obrera dentro de los límites de las relaciones de producción capitalista. Estas mejoras y reformas eran no solamente posibles en aquella época histórica -capitalismo ascendente- sino que además estimulaban su desarrollo. 2ª Actuar como centros de reagrupamiento masivo de los obreros para desarrollar su lucha, su conciencia y su solidaridad”6
Sin embargo, esta función doble ya no la pueden cumplir en el capitalismo decadente por lo que son absorbidos por el Estado y transformados en arma contra la clase obrera. La razón está en que bajo la Decadencia “las contradicciones que están en la naturaleza del capitalismo se agudizan hasta el extremo y se hacen insolubles lo que se traduce en violentas convulsiones no solamente en el terreno económico (crisis) sino igualmente en la guerra, el militarismo, la política, la vida social. En este marco, el capitalismo no puede asegurar una progresión gradual de la condición obrera (…) Ello quita toda la base que sustentaba la primera función de los sindicatos que apenas pueden ofrecer alguna conquista -siempre frágil y temporal- y, en la mayor parte de las ocasiones, deben participar en la imposición a los obreros de los peores sacrificios. Junto a esa razón hay otra que es (…) que el Estado se convierte en el garante último de la supervivencia de la sociedad capitalista para lo cual somete a su puño de hierro el conjunto de la sociedad convirtiéndose en un monstruo totalitario que extiende sus tentáculos sobre todos los aspectos de la vida social (…) lo cual hace imposible la segunda función que tenían los sindicatos en sus orígenes: constituir centros de reagrupamiento de los obreros. Al contrario, los sindicatos se integran activamente en el Estado Capitalista del que se convierten en su principal valedor frente a los obreros”
Es, pues, la naturaleza de los sindicatos como aparatos del Estado Capitalista lo que los lleva a actuar siempre contra la clase obrera, tanto cuando “negocian” como cuando “movilizan”, pues lo que los mueve es la defensa del interés nacional del capital, de la economía en su conjunto.
La tesis de que los sindicatos actúan contra los obreros por que serían reformistas abre la puerta a considerar que serían favorables a los obreros únicamente para la lucha económica, pero que serían anti – obreros para la lucha revolucionaria.
Esto es falso, primero porque no hay separación entre lucha económica y lucha política revolucionaria, es clave comprender que los sindicatos sabotean la lucha económica de los obreros, que sus “negociaciones” firman lo que el Capital necesita imponiendo el desempleo, la miseria y peores condiciones de explotación. Los sindicatos son la oficina y la policía del Estado dentro de los centros de trabajo, esa es su función y no pueden tener otra. Organizar y controlar la producción es una necesidad esencial del capitalismo de Estado y ello significa que Gobierno, patronal y sindicatos colaboran estrechamente para asegurar su funcionamiento al servicio del interés nacional del capital.
El permanente sabotaje de la lucha obrera por parte de los sindicatos, sus continuos servicios al Capital, se viene repitiendo desde hace más de un siglo y en todos los países. Esto ha hecho que dentro del Estado Capitalista aparezca una multitud de sindicatos de base, radicales, “revolucionarios”, “asamblearios”, “coordinadoras” etc. La experiencia de Cádiz muestra que ese “otro sindicalismo” no es más que el complemento de los grandes sindicatos7. El problema reside en la naturaleza del sindicalismo que concibe una organización permanente de masas de los obreros sobre la base de aceptar el capitalismo con lo cual necesariamente tiene como objetivo las necesidades del capital nacional y la subordinación de los obreros a ellas. Por esto todas las tentativas -que han sido muchas a lo largo del siglo XX y XXI- de fundar sindicatos “asamblearios”, “de base”, “alternativos”, “revolucionarios” etc., han acabado en un fracaso para los intereses obreros y en un reforzamiento del Estado Capitalista al dotarlo de organismos:
Para controlar y sabotear la lucha obrera cuando esta comienza a poner en cuestión y a desbordar el dique de los grandes sindicatos
Para propagar la ideología sindicalista que es una concepción de la lucha obrera que parte de dos axiomas que la esterilizan y la llevan al fracaso:
Las luchas tendrían que ser preparadas por una organización permanente supuestamente reagrupando a los obreros más combativos;
La lucha tiene que limitarse a un terreno de mejora y reforma dentro de los límites del capitalismo, lo cual la subordina al interés nacional del capital
Cuando echamos una mirada a la experiencia de Cádiz vemos que los obreros tenían enemigos declarados: la Patronal, los dos grandes sindicatos (CCOO y UGT), el Gobierno “progresista”, la Derecha, la policía etc. Sin embargo, al mismo tiempo, les salieron muchos “amigos”: la ministra de trabajo, Yolanda Díaz, que tenía la caradura de “apoyarles” a la vez que estaba en el gobierno que organizaba una feroz represión y hacia desfilar una tanqueta por los barrios obreros de Cádiz; el alcalde de Cádiz, Kichi, que presume de “radical”; Podemos, que participa en el mismo gobierno que envía la tanqueta… Las “amistades peligrosas” han llegado hasta el extremo de que Vox, que se reivindica de un matarife de obreros como Franco, y la Iglesia cuya doctrina es aceptar la explotación en la tierra para “disfrutar de la felicidad en el cielo”, han hecho ruidosas declaraciones de apoyo a los trabajadores.
¿Cómo explicar esta proliferación de “falsos amigos”? Pensamos que con la decadencia capitalista se desarrolla en todos los países el capitalismo de Estado8 y esto se concreta en el terreno político – social en la naturaleza totalitaria de todos los Estados.
En la decadencia del capitalismo el Estado es el baluarte decisivo para salvar el sistema y para ello necesita controlar toda la sociedad, evitar que las contradicciones exacerbadas de la decadencia la destruyan y, sobre todo, controlar a la clase obrera. Por ello es un error considerar solamente totalitarios los regímenes -como el nazismo y el estalinismo- que exhiben arrogantemente su pretensión de controlar toda la vida económica, política y social.
Frente al lobo fascista – estalinista, el Estado democrático se presente con piel de cordero: no pretende “controlar” sino “integrar” a los “representantes de la sociedad” con toda una estructura de “derechos”, “libertades”, “elecciones”, “equilibrio de poderes” … Con esta vía de guante de terciopelo, desarrolla un puño de hierro de control efectivo de toda la sociedad y de engaño de la clase obrera, combinando la mistificación, el sabotaje y la división con el arma de la represión9. En cambio, los regímenes de partido único o de dictadura militar solo cuentan con la represión y el terror, pero son incapaces de controlar la lucha obrera cuando tiende a desarrollarse, tomar conciencia y extenderse.
Con el arma del totalitarismo democrático la burguesía puede organizar el espectáculo de cinismo hipócrita que hemos visto en Cádiz -y que se ha repetido multitud de veces desde hace muchos años. Extrema Derecha, Derecha, Izquierda, extrema izquierda, patronal, sindicatos, iglesia etc., actúan como diferentes tentáculos del Estado burgués, unos en plan de “policía malo”, otros con el disfraz de “policía bueno”, unos exhibiendo la mano dura de la represión mientras que otros ponen la mano “blanda” de la adulación a los obreros. Pero, y eso es lo importante, todos convergiendo en la defensa del Capital nacional, en la actuación del Estado, para atacar y desbaratar la lucha obrera.
Corriente Comunista Internacional 13-1-22
1 Ver el quinto artículo de nuestra Serie La Herencia oculta de la Izquierda del Capital: El debate en la burguesía pugna brutal, en el proletariado medio de clarificación (https://es.internationalism.org/content/4322/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-v-el-debate-en-la-burguesia-pugna-brutal [366] ), también sobre las Redes Sociales https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201709/4230/sobre-las-redes-sociales [758]
2 Sobre las luchas en Perú ver: Perú: La Ley 1215 otra ley contra la clase trabajadora https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201803/4279/peru-la-ley-1215-otra-ley-contra-la-clase-trabajadora [811] y Huelga de los obreros de la agroindustria en Perú https://es.internationalism.org/content/4632/huelga-de-los-obreros-de-la-agroindustria-en-peru [525]
3 Ver el artículo Estados Unidos: A pesar de los capitalistas, el COVID y los sindicatos ¡la lucha de clases no ha desaparecido! https://es.internationalism.org/content/4741/estados-unidos-pesar-de-los-capitalistas-el-covid-y-los-sindicatos-la-lucha-de-clases [760]
4 Ver La organización del proletariado fuera de los periodos de luchas abiertas (grupos obreros, núcleos, círculos, comités) https://es.internationalism.org/revista-internacional/201211/3556/la-organizacion-del-proletariado-fuera-de-los-periodos-de-luchas-a [812]
5 Las Permanencias son reuniones de simpatizantes donde se trata un tema propuesto por alguno de ellos. Ver, por ejemplo, Permanencia virtual de la CCI sobre el feminismo https://es.internationalism.org/content/4729/permanencia-virtual-de-la-cci-sobre-el-feminismo [813]
6 Apuntes sobre la cuestión sindical https://es.internationalism.org/cci-online/201104/3103/apuntes-sobre-la-cuestion-sindical [9]
7 Ver "¿Es posible un nuevo sindicalismo? [400]".
8 Sobre qué es el capitalismo de estado ver Cuestiones sobre el Capitalismo de Estado en la actualidad https://es.internationalism.org/content/4714/cuestiones-sobre-el-capitalismo-de-estado-en-la-actualidad [720]
9 Ver La mentira del Estado democrático https://es.internationalism.org/revista-internacional/199404/1856/como-esta-organizada-la-burguesia-i-la-mentira-del-estado-democrat [337]
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Durante nuestra última reunión pública en línea en noviembre de 2021 sobre "el agravamiento de la descomposición del capitalismo, sus peligros para la humanidad y la responsabilidad del proletariado", varios participantes cuestionaron la validez del concepto de descomposición del capitalismo, desarrollado y defendido por la CCI. A través de este artículo, queremos continuar el debate aportando nuevos elementos de respuesta a las objeciones expresadas durante este encuentro. Sin repetir textualmente el contenido de las distintas intervenciones, las principales críticas formuladas pueden agruparse en tres puntos:
"Desde los inicios del marxismo, nadie antes de la CCI había desarrollado tal teoría de la descomposición del capitalismo, ni la Liga de los Comunistas, ni las tres Internacionales, ni ninguna otra organización, pasada o presente, de la izquierda comunista, y nadie más que la CCI se adhiere a ella hoy. ¿Por qué entonces esta innovación en relación con el marxismo cuando el marco de la decadencia del capitalismo es suficiente para explicar la situación actual?"
"La CCI sostiene que la fase de descomposición es el resultado de un estancamiento entre las clases fundamentales de la sociedad, que consiste en la imposibilidad, tanto para la burguesía como para el proletariado, de ofrecer su propia respuesta a la crisis histórica del capitalismo: guerra mundial para una, revolución mundial para la otra. En esta perspectiva, el proletariado habría sido lo suficientemente consciente para impedir que la burguesía desencadenara la guerra mundial, pero insuficiente para plantear su perspectiva de revolución mundial. Las dificultades a las que se enfrentaba el proletariado se habrían visto incrementadas por la campaña anticomunista desatada en el momento del colapso del estalinismo, lo que llevó al hundimiento del capitalismo en esta fase de descomposición. Pero ¿dar tanta importancia a los factores subjetivos en la marcha de la historia no es un enfoque idealista de la misma?”
"La CCI comienza por elaborar una lista de catástrofes que ocurren en el mundo y se sirve de ella para desarrollar, adoptando un enfoque fenomenológico, su teoría de la descomposición del capitalismo; esto da lugar a una visión tautológica del período actual, en la que la descomposición se explica por los acontecimientos y los acontecimientos se explican por la descomposición, lo que al final no explica nada y no permite una comprensión global de la situación”.
El capitalismo, tanto en su auge como en su decadencia, ha pasado por diferentes fases históricas distintas. Esto es cierto, por ejemplo, para la fase imperialista, que anuncia la entrada del capitalismo en su período de decadencia. Al apoyarse firmemente en el método científico del marxismo, los revolucionarios de la época, incluidos Lenin y Luxemburgo, pudieron identificar esta nueva fase en la vida del capitalismo, aunque el concepto de imperialismo no había sido teorizado por Marx y Engels.
En efecto, el marxismo, o el método del socialismo científico, no puede en modo alguno fijarse en un dogma invariable para aprehender una realidad siempre en movimiento. Además, los propios Marx y Engels siempre trataron de desarrollar, enriquecer, e incluso revisar si era necesario, las posiciones que se mostraban insuficientes o anticuadas, como ilustra su prefacio a la reedición alemana de 1872 del Manifiesto Comunista: "Como declara el propio Manifiesto, la aplicación práctica de estos principios depende en todas partes y siempre de las condiciones históricas del momento [...] Ante el inmenso progreso de la gran industria durante los últimos veinticinco años y el desarrollo paralelo de la organización partidaria de la clase obrera; ante las experiencias prácticas, primero de la revolución de febrero, luego y sobre todo de la Comuna de París, donde, por primera vez, el proletariado pudo tener el poder político en sus manos durante dos meses, este programa ha perdido su actualidad en algunas partes”.
Esta fue también la actitud de Luxemburgo cuando luchó contra la posición defendida hasta entonces por el movimiento obrero sobre la cuestión nacional: "Como dijo y demostró muy claramente, defender al pie de la letra, en 1890, el apoyo dado por Marx a la independencia de Polonia en 1848, no sólo era negarse a reconocer que la realidad social había cambiado, sino también transformar el propio marxismo, convertir un método vivo de investigación de la realidad en un dogma cuasi- religioso agotado”1. También podemos mencionar todo el trabajo crítico realizado por la Izquierda Comunista, a partir de los años 20, sobre los nuevos problemas planteados por la degeneración de la Revolución Rusa y de la Internacional Comunista, especialmente sobre la cuestión del Estado en el período de transición y su relación con la dictadura del proletariado.
Las verdaderas "innovaciones" (si se puede decir así) en relación con el marxismo están, por otra parte, representadas tanto por la teoría de la "invariabilidad del marxismo desde 1848", elaborada por Bordiga en plena contrarrevolución, retomada y llevada por los bordiguistas del Partido Comunista Internacional (PCI), y por la actitud equívoca de los damenistas del Partido Comunista Internacionalista (PCI) al respecto, e incluso por el rechazo puro y duro de los bordiguistas a la noción de decadencia del capitalismo, ¡cuando este concepto está presente desde los orígenes del materialismo histórico!2 Además, son estas mismas "innovaciones" en relación con el marxismo las que llevan a estas corrientes de la izquierda comunista a rechazar como no marxista el concepto de descomposición del capitalismo.
En la época de la decadencia del feudalismo, la burguesía, como clase explotadora con sus propios medios de producción e intercambio, podía apoyarse esencialmente en su creciente poder económico en la sociedad feudal, en el que se basaba la conciencia alienada de sus intereses de clase, para conquistar finalmente el poder político. En la época de la decadencia del capitalismo, el proletariado, como clase explotada que no posee más que su fuerza de trabajo, no puede contar ni apoyarse en ningún poder económico en la sociedad; para conquistar el poder político, sólo puede contar con el desarrollo de su conciencia de clase y de su capacidad de organización, cuya maduración constituye por tanto un elemento esencial de la relación de fuerzas entre las clases.
Dado que las condiciones objetivas para el derrocamiento del capitalismo y su sustitución por el comunismo se han cumplido con la entrada del modo de producción capitalista en su período de decadencia, el futuro de la revolución comunista mundial depende exclusivamente de las condiciones subjetivas, de la maduración profunda y amplia de la conciencia de clase del proletariado. Por eso es esencial que la burguesía ataque constantemente la conciencia de la clase obrera.
Los acontecimientos que precedieron al estallido de la Primera Guerra Mundial son un buen ejemplo de ello. En julio de 1914, los bloques imperialistas rivales estaban dispuestos a enfrentarse militarmente. La única incertidumbre que le quedaba a la burguesía era la actitud de la clase obrera ante la guerra. ¿Se dejaría reclutar, sobre todo como carne de cañón, detrás de las banderas nacionales? Esta incertidumbre se despejó el 4 de agosto de 1914 con la traición de la fracción oportunista de la socialdemocracia que, después de haber sido gangrenada durante años por el oportunismo, se pasó definitivamente al campo de la burguesía al votar los créditos de guerra. Este acto de traición fue recibido como un golpe en la cabeza del proletariado, provocando un retroceso de su conciencia de clase que fue inmediatamente aprovechado por la burguesía para movilizar a los proletarios en la Primera Guerra Mundial Imperialista, con la preciosa ayuda de las antiguas organizaciones de la clase obrera recientemente pasadas al enemigo de clase: los partidos socialdemócratas y los sindicatos.
Así, fue el golpe a la conciencia de clase del proletariado lo que finalmente permitió a la burguesía lanzarse a la Primera Guerra Mundial en 1914. Fue también la debilidad de esa misma conciencia de clase en los años 80, agravada por el golpe de las campañas anticomunistas que siguieron al derrumbe del estalinismo, lo que impidió al proletariado plantear su propia perspectiva histórica de revolución comunista mundial y condujo a la entrada del capitalismo decadente en su fase de descomposición; en otras palabras, la ausencia de una perspectiva para la clase obrera equivale ahora a la ausencia de una perspectiva para toda la sociedad. Todo esto ilustra la centralidad y el carácter determinante de los factores subjetivos en el período de decadencia del capitalismo para el futuro de la humanidad.
Así, lejos de ser un enfoque idealista de la historia, la importancia que se da a los factores subjetivos en la marcha de la historia constituye un enfoque verdaderamente materialista dialéctico de la misma. Para Marx, como para todos los materialistas consecuentes, la conciencia de clase es una fuerza material. La revolución comunista es una revolución en la que la conciencia desempeña un papel central: "El comunismo se diferencia de todos los movimientos anteriores en que revoca la base de todas las relaciones de producción e intercambio anteriores, y por primera vez trata conscientemente todas las condiciones naturales previas como creaciones de los hombres que nos han precedido, las despoja de su carácter natural y las somete al poder de los individuos unidos”3.
La sociedad feudal decadente se caracterizó por la aparición de elementos o fenómenos de descomposición, de los que las atrocidades y la decadencia moral que marcaron la Guerra de los Treinta Años son una perfecta ilustración. Dicho esto, el hundimiento del feudalismo en la decadencia fue acompañado del desarrollo del capitalismo, cuyo dinamismo económico impidió que la sociedad en su conjunto se hundiera en una fase de descomposición.
La situación es muy diferente en la sociedad capitalista decadente. No ve crecer en su seno una nueva clase explotadora, cuyo creciente poder económico sería un contrapeso al ineludible hundimiento de la sociedad en la decadencia; no ve desarrollarse en su seno un nuevo modo de producción que sustituya al antiguo. ¿Por qué?
Porque la nueva sociedad que debe surgir de los flancos de la vieja sociedad, el comunismo, es el "verdadero movimiento que suprime el Estado actual". El comunismo sólo puede erigirse sobre la base de la destrucción de las viejas relaciones de producción capitalistas. Mientras este "movimiento que suprime el estado actual" no sea realizado por la clase portadora de una nueva sociedad, los elementos de descomposición que se acumulan y amplían a medida que avanza el período de decadencia no encontrarán en la sociedad ninguna fuerza antagónica que pueda limitar su expresión. Sin un modo de producción capaz de tomar el relevo del capitalismo moribundo, la sociedad llega a pudrirse de pie.
Armados con este marco general de análisis de la decadencia del capitalismo, hemos observado los fenómenos que se han producido desde los años 80. Sin embargo, no los observamos "en sí mismos" sino apoyándonos firmemente en el método científico del marxismo. Fue este enfoque, y no uno fenomenológico, el que permitió identificar la ruptura del bloque del Este como la disolución de la política de bloques, imposibilitando temporal y materialmente la marcha del capitalismo hacia un nuevo conflicto mundial. Igualmente, fue este marco el que nos permitió analizar el colapso del estalinismo como un fenómeno decisivo que marcó la evolución a lo largo de los años 80 de la fase de descomposición del capitalismo, reforzando para el proletariado su responsabilidad crucial en el propio futuro de la humanidad. Para ello, adoptamos el mismo enfoque que los revolucionarios que se enfrentaron al fenómeno de la Primera Guerra Mundial y lo identificaron como la apertura de una era de "guerras y revoluciones", en la que, como afirmó Lenin, "la época de la burguesía progresista" había dado paso a "la época de la burguesía reaccionaria"; en otras palabras, como el inicio del período de decadencia del capitalismo4.
En contra de las objeciones que se nos hacen, no es tanto la acumulación de fenómenos propios de la descomposición lo que da lugar a nuestra comprensión de esta última fase de la vida del capitalismo, sino fundamentalmente un análisis histórico de la relación entre las dos clases fundamentales de la sociedad. En esto, nuestro punto de partida metodológico está en línea con el marxismo, el de basarse en la lucha de clases y su dinámica, en lo que hace de "motor de la historia" y no en simples "fenómenos" acumulados por las circunstancias.
Este enfoque también nos permitió comprender que la descomposición del capitalismo se "alimentaba a sí misma". Este es el caso, en particular, del fenómeno de la pandemia de Covid-19, que es a la vez un producto de la descomposición del capitalismo (aumento de la destrucción tanto del medio natural planetario como de los sistemas de investigación sanitaria y médica, sálvese quien pueda generalizado en el seno de la burguesía mundial que culmina con la "guerra de las máscaras" y la "guerra de las vacunas") y también un factor de aceleración de esta misma descomposición (mayor hundimiento en la crisis económica, huida acelerada hacia la deuda, aumento de las tensiones imperialistas)5. Esta aproximación a la realidad no es, pues, tautológica, sino que adopta el rigor metodológico del materialismo dialéctico.
Animamos a los lectores a seguir reflexionando sobre este tema, en particular leyendo nuestro artículo sobre Las raíces marxistas de la noción de descomposición, aparecido en el número 117 de la Revista Internacional6. Pero también a escribirnos para continuar el debate.
1 La insurrección de Dublín en 1916 y la cuestión nacional https://es.internationalism.org/revista-internacional/201610/4179/la-insurreccion-de-dublin-en-1916-y-la-cuestion-nacional [815]
2 Ver De Marx a la Izquierda Comunista https://es.internationalism.org/revista-internacional/200407/171/de-marx... [816]
3 Marx y Engels La Ideología Alemana https://www.marxists.org/espanol/m-e/1846/ideoalemana/index.htm [817]
4 La teoría de la decadencia en la médula del materialismo histórico (IV): de Marx a la Izquierda Comunista https://es.internationalism.org/revista-internacional/200504/67/la-teoria-de-la-decadencia-en-la-medula-del-materialismo-historico-i [818]
5 Dossier especial COVID19: el verdadero asesino es el capitalismo https://es.internationalism.org/content/4566/dossier-especial-covid19-el-verdadero-asesino-es-el-capitalismo [255]
6 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200404/167/entender-la-descomposicion-i-las-raices-marxistas-de-la-nocion-de-d [819]
La pandemia del Covid-19 ha motivado la publicación de una gran cantidad de trabajos que buscan establecer sus causas y proponer alternativas. Uno de ellos, La Fabrique des Pandemics [La fábrica de las pandemias] de Marie-Monique Robin, tiene un eco nada despreciable. Este trabajo se presenta como una síntesis de entrevistas realizadas por la autora a sesenta científicos de todo el mundo: infectólogos, epidemiólogos, médicos, parasitólogos e incluso veterinarios, para quienes el mundo actual se enfrenta a “una “epidemia de pandemias” causada por las actividades humanas, que precipitan el colapso de la biodiversidad”.
Presentado como "saludable", este libro se pregunta sobre la necesidad de atajar las causas de las " nuevas plagas" y pretende ser un llamado a la toma de conciencia sobre la necesidad de un " profundo cambio en nuestra economía globalizada depredadora de los recursos del planeta, causante de la crisis climática, ecológica, sanitaria, económica, energética y financiera” concibiéndose como “un llamado a fundar una ecología-social de la salud y del buen vivir juntos”1. ¡Nada menos!
La búsqueda de la verdad científica es un valor que comparte el proletariado. Como clase de la revolución, despojada de todo sustento material dentro de la sociedad capitalista y poseyendo sólo su capacidad de organización y su conciencia como armas de combate, le es imperativo desarrollar una visión desmitificada de la realidad. Esta es la condición vita e indispensable [sine qua non] de su acción política. Por su parte, los revolucionarios “cara a la ciencia, mantienen una postura de asimilación teórica de sus resultados cuya aplicaciones prácticas comprenden como algo que no podrá servir a la humanidad en sus necesidades reales más que en sociedad que va evolucionando hacia el socialismo. El proceso del conocimiento en el movimiento obrero considera como adquisición propia el desarrollo teórico de las ciencias, pero lo integra en un conjunto de conocimientos cuyo eje es la realización práctica de la revolución social, eje de todo progreso real de la sociedad.”2.
En cuanto a la búsqueda de las causas y el origen científicamente fundamentados de la pandemia, lo mínimo que podemos decir es que le está costando abrirse camino y encuentra muchos obstáculos en una atmósfera envenenada generada por la descomposición de la sociedad capitalista, marcada por el desarrollo de la irracionalidad y la hostilidad hacia el pensamiento científico, comenzando por las concepciones conspiracionistas. Según muchas "teorías de la conspiración", a menudo transmitidas por populistas de todo tipo, la pandemia es una creación artificial deseada por las "élites" al servicio de intereses ocultos, para maximizar las ganancias de los grandes grupos farmacéuticos o imponer un control estatal adicional sobre la vida privada3. Incluso representantes del sistema capitalista considerados como los más "responsables" y muy reconocidos en los medios, disparan públicamente cañonazos contra las conclusiones científicas que subrayan el papel de la destrucción del medio ambiente en la aparición de Covid: “Ver un vínculo entre la contaminación del aire, la biodiversidad y el Covid-19 es surrealismo, no ciencia”, ha declarado a L'Express, Luc Ferry, ex ministro de Educación Nacional. La búsqueda de la verdad científica expone a veces a los investigadores a medidas de represalias por parte de las autoridades, no solo en China, donde estas presiones son muy evidentes, sino también en los Estados democráticos, en formas mucho más sutiles, a través su financiamiento o su congelación.
Incluso en el campo del conocimiento científico existen poderosos filtros e importantes limitaciones ideológicas al análisis de la realidad. La “creencia muy arraigada en el mundo científico, el eco-modernismo [para el cual] el hombre está por encima de todas las demás especies que habitan la Tierra y no es parte de la naturaleza, […] la utilidad de la naturaleza se mide por la vara de lo que aporta o nos inflige: por lo que nos hace bien o nos daña" y que "reduce la naturaleza a un proveedor de servicios para la humanidad" reflejando una concepción ideológica de la naturaleza completamente burguesa, que sólo puede impedirnos captar lo que significa para la humanidad la aparición de la pandemia del Covid-19.
A todo esto se suma, como telón de fondo, la mano de hierro imperialista y la guerra que libran China y Estados Unidos desde hace meses con sus mutuas acusaciones de estar en el origen de la pandemia al haber dejado escapar el virus de algún laboratorio, ya sea en Wuhan, o en suelo estadounidense. La intoxicación propagandística, en tanto desinformación, se encuentra al servicio de la razón de Estado, desplegada en ambos lados con el fin de desacreditar al adversario, solo puede alimentar cada vez más las fantasías conspiracionistas y tener el efecto de desacreditar aún más a la ciencia4.
La manipulación de virus con fines de guerra bacteriológica es, por supuesto, parte de la realidad del mundo bárbaro de hoy y la hipótesis de una fuga de laboratorio tampoco puede excluirse a priori5. Si tal fuese el caso, en China o en otros lugares, en vistas de las dramáticas consecuencias, sería entonces una prueba contundente de la irresponsabilidad de la burguesía y de la ¡pérdida de control sobre su propio sistema! "Pero incluso si el virus hubiera surgido accidentalmente de un laboratorio, ¿cambiaría eso nuestra comprensión de las repetidas apariciones y epidemias de zoonosis en las últimas décadas? Ciertamente no".
Desde la década de 1950, el planeta enfrenta una verdadera "epidemia de epidemias", tanto viejas como nuevas: de una veintena en la década de 1940, pasamos a más de una centena en la década de 1990. Desde los años 2000, la humanidad ha enfrentado al menos una nueva enfermedad infecciosa por año. (SARS, Ébola, Fiebre de Lhasa o Covid-19). El 70% de las enfermedades emergentes son zoonosis, es decir, enfermedades transmitidas de animales a humanos.
Esta "epidemia de epidemias" es provocada por la deforestación, la extensión de la agricultura industrial, los monocultivos y la ganadería industrial (además del cambio climático) que, al debilitar los ecosistemas y precipitar el colapso de la biodiversidad, crean las condiciones que favorecen la propagación de nuevos patógenos. Los mecanismos de estas repetidas emergencias desde la Segunda Guerra Mundial están bien identificados y giran en torno a “varios factores que contribuyen a la aparición de nuevas plagas […]: el primero, por el que surge todo el problema, es la deforestación para monocultivos, minería, etc. […]; la segunda es que los animales domésticos sirven como puente epidemiológico entre la vida silvestre y los humanos, pero también como amplificador, cuando son criados industrialmente; […] la tercera es la integración en el mercado global de un país”. Así, por ejemplo, ahora sabemos que “el surgimiento real [del SIDA] está ligado a la expansión colonial iniciada en el siglo XIX. Las demandas de marfil, madera y luego caucho con una importante deforestación, junto con el trabajo forzado de los aldeanos para las plantaciones y la construcción de vías férreas transformaron los ecosistemas y las sociedades tradicionales". Así, por ejemplo, el antepasado del virus del SIDA se remonta a alrededor de 1910 y circulando en África Central desde la década de 1960, llegó a Estados Unidos en esos años antes de ser identificado en la década de 1980.
Finalmente, los científicos identificaron el mecanismo natural del " efecto de dilución", gracias al cual una rica biodiversidad local tiene un efecto regulador sobre la prevalencia y virulencia de los patógenos, cuya actividad se mantiene poco ruidosa en los ecosistemas en equilibrio”. La destrucción de la biodiversidad representa un peligro mortal para la humanidad; su preservación es una apuesta para su supervivencia. "La mayoría de los científicos que hablan en este libro están convencidos de que el colapso [de la vida en la Tierra] no solo es posible, sino que ya está ocurriendo".
Por supuesto, estos científicos denuncian la negligencia de las autoridades. Si bien sabemos "desde hace mucho tiempo los riesgos para la salud asociados con la ganadería industrial como una fuente importante de selección y amplificación de agentes patógenos con potencial pandémico [...], no llevan a constatar el fallo de las estrategias de preparación por parte de las actores públicos ante el riesgo sanitario y pandémico, así como estrategias de predicción de emergencias”. Han señalado también la incapacidad de los Estados para dar soluciones a temas como la salud, los cuales ante las "reiteradas crisis sanitarias" han incrementado sobre todo" las medidas de biovigilancia y bioseguridad". Pero "cada vez, el imperativo de responder a la crisis sanitaria conduce finalmente a ignorar las causas de su emergencia. No hay respuesta a la cuestión de por qué y cómo un virus que circulando en algún lugar de Asia pudo abrirse paso en solo unos meses entre todas las poblaciones humanas del planeta”. Una negligencia y una impotencia de la clase dominante es confirmada por una institución poco sospechosa de prejuicios “anti-sistema”, la CIA, quien escribió en 2017, en el informe sobre la situación del mundo presentado cuando entra un nuevo presidente: "El planeta y sus ecosistemas corren el riesgo de verse fuertemente afectados en los próximos años por diversos cambios humanos y naturales. Estas alteraciones expondrán a las poblaciones a nuevas vulnerabilidades y necesidades de agua, alimentos, servicios de salud, energía e infraestructuras. […] Estos riesgos se distribuirán de manera desigual en el tiempo y la geografía, pero afectarán a la mayoría de los ecosistemas y poblaciones, en algunos casos de manera severa o incluso catastrófica. […] Las condiciones ambientales cambiantes y los crecientes vínculos e intercambios en todo el mundo afectarán la frecuencia de las lluvias, la biodiversidad y la reproducción de microbios. Todo esto afectará naturalmente a los cultivos y los sistemas agrícolas, y aumentará la aparición, transmisión y propagación de enfermedades infecciosas humanas y animales. […] Las deficiencias y las negligencias de los sistemas de salud nacionales e internacionales harán más difícil la detección y el manejo de las epidemias, lo que corre el riesgo de su propagación por áreas muy extensas. La generalización de los contactos entre poblaciones incrementará la propagación de enfermedades infecciosas crónicas ya extendidas (como la tuberculosis, el sida y la hepatitis), provocando graves problemas económicos y humanos en los países más afectados, a pesar de la importancia de los recursos internacionales destinados a su prevención”6. Los científicos entrevistados en el libro de Marie-Monique Robin también están legítimamente escandalizados e indignados porque "son los más pobres los más duramente afectados", por la carga sanitaria debida al “abismo entre quienes se benefician de estas [actividades económicas que provocan emergencias] y quienes pagan el precio de una salud degradada”.
Pero cuando se trata de saber con precisión qué hay detrás de las "actividades humanas que constituyen el principal factor de riesgo sanitario", solo aparece la vaguedad y la confusión.
¿De quién o de qué estamos hablando? ¿Neoliberalismo? ¿Finanzas? ¿“Multinacionales farmacéuticas y agroindustriales o sus líderes lobotomizados por la codicia de ganancias a corto plazo”?, los cuales alternativamente son puestas en la picota a lo largo de los capítulos. Sin embargo, la incriminación vaga e incoherente de las "actividades humanas" y el "impacto antrópico sobre el medio ambiente" sólo nos conduce a la incertidumbre.
En la sociedad dividida en clases como lo es el capitalismo, la invocación del "hombre" en general para explicar un fenómeno social es una fórmula completamente mistificadora. Al oscurecer así la realidad de las relaciones sociales del sistema capitalista, se le enmascara y se impide captar los términos en que se plantea real y concretamente el problema sanitario y ambiental. De esta manera al presentar como "excesos" o "deriva" lo que, en realidad, corresponde a su práctica ordinaria, se libera de toda responsabilidad al propio sistema capitalista en su conjunto.
Cuando se pasa a propuestas concretas de acción política para comprometerse en "el único resultado que vale la pena: el cuestionamiento del modelo económico dominante basado en el control depredador de los humanos sobre los ecosistemas”, toda la ciencia se desvanece por completo. Se cae en las redes de la ideología dominante y del Estado burgués. Se nos proponen diferentes recetas que giran todas en torno a la vieja y trillada mistificación del "Todos en el mismo barco" y la necesidad de que el "individuo-ciudadano" se movilice para presionar a las instituciones y a los "políticos" con el fin de que ellos "tomen sus responsabilidades". Así, la conclusión del libro conduce, entre otros disparates, en los que abunda esta parte, sobre la promoción de un foro publicado en Liberation, "la hora de la solidaridad ecológica ha llegado", llamando a "Cada uno [a] tomar su parte, a contribuir en la medida de sus posibilidades, a la exploración continua de dos cuestiones esenciales: ¿qué desarrollo queremos? ¿Qué naturaleza deseamos?, para ello debemos alentar a todos los niveles decisionales (ciudadanos, colectivos, asociaciones, sindicatos, grupos espirituales, municipios, empresas, departamentos, regiones, servicios Estatales, organismos del sistema de Naciones Unidas...) a pensar individualmente y luego implementar colectivamente esta solidaridad (distante y local) en sus dimensiones ecológicas, sociales y económicas". Claramente, se nos pide que confiemos en la burguesía y en las instituciones del Estado, que pongamos nuestro destino en sus manos y que hagamos causa común con la clase que encarna el capitalismo, aquella que es precisamente la agente de la catástrofe: ¡cambiar todo, y nada cambiar en los cimientos del mundo capitalista!
A menos que haya descubierto la varita mágica que le permite escapar de su naturaleza y de las contradicciones que resultan de ella7..., el movimiento obrero y el marxismo desde hace ya mucho tiempo han mostrado que el sistema capitalista en su conjunto no tiene precisamente la capacidad de frenar su depredación sobre los ecosistemas. Al transmitir la ilusión de un capitalismo capaz de limitar sus "excesos", de tomar "opciones razonables para el bien de todos", se nos confina dentro de los límites del horizonte de la sociedad capitalista, se nos encierra en una lógica de gestión y reforma del capitalismo sobre el terreno de la acción ciudadana, precisamente donde el proletariado es completamente impotente8. Creer en esta posibilidad es un callejón sin salida, querer y hacer creer en ella es claramente convertirse en cómplice de la clase dominante. En el contexto de la pandemia donde el Estado burgués y la clase dominante han perdido parte de la confianza de los explotados, “La Fábrica de Pandemias” contribuye a las campañas de la burguesía y no es más que uno de los contrafuegos ideológicos encendidos para que todos aquellos que legítimamente se planten la cuestión del qué hacer para detener el ciclo bárbaro de destrucción ambiental.
A lo largo de las páginas, las insistencias de los científicos perfilan lo que, según ellos, deberían consistir los contornos de la solución a la crisis ambiental planetaria. Destacan la necesidad de una "revolución societaria", de carácter universal, que afecte a todos los ámbitos, capaz de "repensar todo de manera sistémica", en particular la relación del género humano con la naturaleza, especialmente en plano de la economía y la producción, en la necesidad de desarrollar una nueva ética y resolver "la cuestión de la pobreza ", sin la cual será imposible "preservar de manera sostenible los ecosistemas”.
¿Se puede imaginar seriamente por un momento que estas llamadas soluciones correspondan de alguna manera a lo que puede ofrecer el mundo burgués en plena descomposición? ¡Claro que no! Las líneas principales de este aspecto apuntan, por el contrario, al proyecto social del sepulturero del mundo capitalista, única alternativa susceptible de abrir las puertas del futuro: "El comunismo [como] verdadera solución al antagonismo entre el hombre y la naturaleza, entre hombre y hombre”9, de la que es portadora la clase revolucionaria de nuestro tiempo, el proletariado.
En el siglo XIX, ante las consecuencias de la industrialización sobre las condiciones de vida del proletariado y su salud, con la insalubridad, las epidemias y la contaminación del aire, la contaminación de las aguas en el infierno urbano de las grandes ciudades, así como el alarmante agotamiento de los recursos naturales, particularmente de los suelos sometidos a la agricultura capitalista a gran escala en Inglaterra, el país entonces más desarrollado en el camino del capitalismo, el movimiento obrero, desde sus primeros años, se preocupó por las cuestiones ambientales.
Así, el marxismo denunció enérgicamente la aberración de la apropiación privada de la tierra y la incompatibilidad del capitalismo con la naturaleza y su preservación. El sistema capitalista, que se presenta como la culminación de un proceso histórico que consagra el mundo de las mercancías, un sistema de producción universal de mercancías, donde todo se vende, no inauguró el saqueo de la naturaleza. Pero este saqueo, con el capitalismo, se ejerce a escala planetaria, hecho sin precedentes en comparación con los modos de producción anteriores, restringidos a dimensiones más locales, y adquiere ahora un carácter de depredación cualitativamente nuevo en la historia de humanidad: " sólo con él la naturaleza se convierte en puro objeto para el hombre, pura materia de utilidad; dejando de ser reconocida como un poder por sí misma; e incluso el conocimiento de sus leyes autónomas aparece como una simple artimaña para someterla a las necesidades humanas, tanto como objeto de consumo como medio de producción”10. La incompatibilidad del capitalismo con la naturaleza (lo que se traduce en devastación acorde con su rapacidad) encuentra su raíz precisamente en su naturaleza explotadora, en el hecho de que, empujado por la búsqueda frenética de la máxima ganancia, no es sólo de la explotación de la fuerza de trabajo del proletariado que extrae su riqueza y su ganancia sino también de la explotación y el saqueo de los recursos de la naturaleza. El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material!), como el trabajo, que no es más que la manifestación de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo del hombre. [] En la medida en que el hombre se sitúa de antemano como propietario frente a la naturaleza, fuente primera de todos los medios y objetos de trabajo, y la trata como posesión suya, su trabajo se convierte en fuente de valores de uso, y, por tanto, en fuente de riqueza11. Marx denuncia ya los efectos de la explotación y de la acumulación capitalistas paralelamente destructores sobre el planeta como sobre la fuerza de trabajo del proletariado: "En la agricultura moderna, al igual que en la industria urbana, el aumento de la productividad y el rendimiento superior del trabajo se compran al precio de la destrucción y el agotamiento de la fuerza de trabajo. Además, todo avance en la agricultura capitalista es un avance no sólo en el arte de explotar al trabajador, sino también en el arte de saquear el suelo; cada avance en el arte de aumentar la fertilidad por un tiempo, un avance en la destrucción de las fuentes duraderas de fertilidad. Cuanto más se desarrolla un país, por ejemplo los Estados Unidos de Norteamérica, sobre la base de la industria a gran escala, más rápidamente tiene lugar este proceso de destrucción. La producción capitalista, por lo tanto, desarrolla la técnica y la combinación del proceso de producción social solo agotando simultáneamente las dos fuentes de las que brota toda riqueza: la tierra y el trabajador"12
Sobre todo, el marxismo ha sacado a la luz que el proceso de desarrollo del Capital, sujeto a la necesidad de acumular siempre más, afecta las propias bases naturales de la producción, desequilibra peligrosamente la interacción entre el hombre y la naturaleza y provoca una ruptura irremediable de su metabolismo. “Con la preponderancia cada vez mayor de la población urbana concentrada en los grandes centros, la producción capitalista, por un lado, acumula la fuerza motriz histórica de la sociedad, y por otro lado, altera el metabolismo entre el 'hombre y la tierra, es decir, el retorno al suelo de los componentes del suelo utilizados por el hombre en forma de alimento y vestido, por lo tanto, el estado natural eterno de la fertilidad permanente del suelo".13.“La gran propiedad territorial reduce al mínimo la población agrícola, a un número que cae constantemente frente a una población industrial concentrada en las grandes ciudades, y que aumenta sin cesar; crea así condiciones que provocan un hiato irremediable en el complejo equilibrio del metabolismo social compuesto por las leyes naturales de la vida: el resultado es un despilfarro de las fuerzas del suelo, despilfarro que el comercio traslada mucho más allá de [821]las fronteras del país considerado. La gran industria como la gran agricultura explotada industrialmente actúan en la misma dirección".14 Por eso, a pesar de todos los avances científicos y tecnológicos, incluso cuando se suponía que debían hacer frente a la crisis ecológica, el capitalismo sólo ha alimentado esta crisis, prolongándola, agravándola cada vez más, devastando la naturaleza, amenazando "la eterna condición natural de la vida humana". Marx ya podía discernir que el capitalismo ponía en peligro el futuro de las generaciones posteriores y, potencialmente, ponía en peligro el futuro de la humanidad.15
Si Marx y el movimiento obrero de su época no podían imaginar los efectos de la agonía del capitalismo sobre la humanidad, sus previsiones se han visto ampliamente confirmadas después de más de un siglo de decadencia capitalista. Durante este período, la acumulación de capital se hizo cada vez más destructiva, "la destrucción despiadada del medio ambiente por parte del capital [adquirió] otra dimensión y otra cualidad [...]; esta es la época en la que todas las naciones capitalistas se ven obligadas a competir en un mercado mundial sobresaturado; una era, por tanto, de economía de guerra permanente, con un crecimiento desmesurado de la industria pesada; una era caracterizada por el irracional e inútil desdoblamiento de complejos industriales en cada unidad nacional,[…] el surgimiento de megalópolis, […] el desarrollo de tipos de agricultura que no han sido menos dañinos ecológicamente que la mayoría de los diferentes tipos de industria".16
"La Gran Aceleración"(como algunos han designado a la amplitud de la devastación ecológica de las últimas décadas) constituye en realidad una de las manifestaciones de la crisis histórica del modo de producción capitalista en su período de decadencia, llevada a su clímax en su fase última, la de su descomposición. Las consecuencias ecológicas del capitalismo en descomposición (del cual la pandemia de Covid-19 es un producto puro) se mezclan y combinan con todos los demás fenómenos de dislocación de la sociedad capitalista para sumergir a la humanidad en un caos y una barbarie crecientes. El agotamiento de los recursos y las consecuencias del calentamiento global perturban y desorganizan gravemente la producción agrícola e industrial, generando el desplazamiento de poblaciones que huyen de zonas que se han vuelto improductivas o inhabitables y exacerbando las rivalidades militares en un mundo donde cada Estado busca salvarse a sí mismo ante la catástrofe. Más que nunca, las relaciones sociales capitalistas que se han vuelto obsoletas, representan un peligro mortal para la supervivencia de la humanidad.
Por lo tanto, obligadamente la solución de la crisis ecológica pasa por la abolición del propio capitalismo, por la destrucción de las relaciones sociales capitalistas de explotación, yendo de la mano con la resolución de la cuestión social, y depende de esta última para establecer una sociedad de productores libremente asociados (el comunismo) que debe "establecer sistemáticamente [el metabolismo entre el hombre y la tierra] como ley reguladora de la producción social".17 con el fin de colocar la satisfacción de las necesidades humanas en el centro de su modo de producción. Esta sociedad comunista solo puede ser implementada por el proletariado, la única fuerza social que ha desarrollado una conciencia y una práctica capaz de "revolucionar el mundo existente", de "transformar prácticamente el estado de cosas existente.”18 ¡Solo él, a través de su lucha por el comunismo, puede asegurar un futuro para la humanidad!
Scott, 25 de octubre de 2021
1 A menos que se indique lo contrario, todas las citas están tomadas del trabajo de Marie-Monique Robin
2 Crítica del " filósofo de Lenin " de Pannekoek, Revista Internacional n° 27 (cuarto trimestre de 1981) https://es.internationalism.org/revista-internacional/200808/2326/critica-de-lenin-filosofo-de-pannekoek-2-parte [822]
3 Ver Las teorías conspiranoicas una expresión de la descomposición ideológica del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4590/las-teorias-conspiranoicas-una-expresion-de-la-descomposicion-ideologica-del [275]
4 Ver La propaganda durante la Primera Guerra Mundial https://es.internationalism.org/revista-internacional/201509/4114/la-propaganda-durante-la-primera-guerra-mundial [823]
5 " Incluso las condiciones de seguridad drásticas no protegen contra accidentes. Más de setecientos incidentes de robo, pérdida o liberación de agentes infecciosos y toxinas ocurrieron en los Estados Unidos entre 2004 y 2010, y esto se refiere tanto al bacilo del ántrax como al bacilo de la gripe aviar. Una docena de ellos han causado infecciones” (S. Morand, La próxima plaga, 2016)
6 El mundo en 2035 visto por la CIA (2017)
7 Con escalofriante cinismo, el informe de la CIA levanta una esquina del velo sobre la razón de la incapacidad congénita del capitalismo para proteger a la humanidad de los flagelos que la abruman: " Movilizar políticas y recursos para tomar medidas preventivas resultará difícil sin una crisis dramática que obligue un replanteamiento de las prioridades. Incluso después de una crisis, la voluntad de evitar la repetición a menudo se ve abrumada por la escala de inversión en investigación climática, para la protección y previsión de desastres (El mundo en 2035 visto por la CIA) ¡No puede ser más claro! La misma agencia también confirma que la pandemia de Covid-19 socava aún más la capacidad del capitalismo para responder a la crisis sanitaria y ecológica, y que no debemos hacernos ilusiones sobre cualquier mejora futura: "La pandemia de Covid-19 ha puesto de manifiesto las debilidades y divisiones políticas de instituciones internacionales […] y cuestionado la capacidad y voluntad de los países de cooperar multilateralmente para abordar desafíos comunes más allá de las enfermedades infecciosas, incluido el cambio climático” ( El mundo en 2040 visto por la CIA ). Su "impacto se sentirá desproporcionadamente en el mundo en desarrollo y las regiones más pobres y se combinará con la degradación ambiental para crear nuevas vulnerabilidades y exacerbar los riesgos existentes para la prosperidad económica, los alimentos, el agua, la salud y la seguridad energética. Es probable que los gobiernos, las sociedades y el sector privado desarrollen medidas de adaptación y resiliencia para hacer frente a las amenazas existentes, pero es poco probable que estas medidas se distribuyan de manera uniforme, dejando atrás a algunas poblaciones” (Ídem). ¡Esto no es más que un eufemismo!
8 Ver El capitalismo amenaza el planeta y la supervivencia de la humanidad: Sólo la lucha mundial del proletariado puede acabar con la amenaza https://es.internationalism.org/content/4405/el-capitalismo-amenaza-el-planeta-y-la-supervivencia-de-la-humanidad-solo-la-lucha [24]
9 Karl Marx, Manuscritos de 1844
10 Karl Marx, Manuscritos de 1857-1858, conocido como Gründrisse
11 Marx, Engels, Programas socialistas, crítica a los proyectos de Gotha y Erfurt
12 Karl Marx, El Capital, Libro I. Solo limitándonos al aspecto agrícola, las predicciones de Marx han sido ampliamente confirmadas: “Más de un tercio del suelo (fuente del 95% de los recursos alimentarios) ya está degradado, y es probable que esta parte aumentará a medida que crezca la población mundial. La degradación de la tierra (la pérdida de productividad del suelo debido a cambios provocados por el hombre) ya está ocurriendo a un ritmo cuarenta veces mayor que el de su reformación” (El mundo en 2035 visto por la CIA)
13 ídem.
14 Karl Marx, El Capital, Libro III.
15 El hecho, para el cultivo de los diversos productos de la tierra, de depender de las fluctuaciones del mercado, que provocan un cambio perpetuo en estas culturas, el espíritu mismo del capitalismo, centrado en la ganancia más inmediata, están en contradicción con la agricultura, que debe conducir su producción teniendo en cuenta todas las condiciones permanentes de existencia de las sucesivas generaciones humanas” (Karl Marx, El Capital, Libro III).
16"Ecología: es el capitalismo el que contamina la Tierra", Revista internacional n° 63 (cuarto trimestre de 1990).
17Marx, El Capital - Libro Primero: El desarrollo de la producción capitalista, Sección IV: La producción de plusvalía relativa, Capítulo XV: Maquinaria e industria pesada - § X. - Industria pesada y agricultura (en Ed La Pléiade, Obras: Economía I, pág. 998)
18Marx y Engels, La ideología alemana (1846).
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La abrumadora responsabilidad de China por el brote de Covid-19, y especialmente su rápida propagación, que ha llevado a la actual pandemia mundial, ha sido ampliamente publicitada en los medios de comunicación. Sin embargo, el escaso número de muertos y la ausencia de grandes oleadas de contagios en el país -al menos según datos oficiales-, así como el hecho de que China sea la única gran potencia que no ha anunciado recesión económica en 2020 (+2 % del PIB) han llevado a muchos observadores a presentar a China como el gran ganador de la crisis del Covid-19 en el tablero de ajedrez del equilibrio de poder entre las principales potencias imperialistas.
Es cierto que, desde principios de la década de 1980, al abrir su economía al bloque estadounidense, China se ha beneficiado en gran medida de la globalización de la economía y la implosión del bloque soviético. Ha tenido un ascenso meteórico en términos económicos e imperialistas durante los últimos treinta años, y esto la ha convertido en el retador más importante de Estados Unidos. Hoy, sin embargo, enfrentar la pandemia, manejar la economía y expandir su zona de influencia están creando grandes dificultades para la burguesía china. La crisis del Covid-19 está acentuando fuertemente los enfrentamientos entre facciones dentro de su aparato político y exacerbando las tensiones entre los tiburones imperialistas en el Lejano Oriente.
Mientras apuesta desde el principio por una eventual inmunidad colectiva antes de abrir el país, China está aplicando una política de bloqueos drásticos en ciudades y regiones enteras cada vez que se identifican infecciones, lo que obstaculiza gravemente las actividades económicas y comerciales: por ejemplo, el cierre del puerto de Yantian, el tercer puerto de contenedores más grande del mundo en mayo de 2021, provocó el bloqueo de cientos de miles de contenedores y cientos de barcos durante meses, interrumpiendo totalmente el tráfico marítimo mundial. De hecho, el más mínimo brote de infección, incluso unos pocos casos, se considera un gran peligro: recientemente, se ordenaron cierres drásticos en 27 ciudades y 18 provincias (21 de agosto), en Xiamen, una ciudad de 5 millones (septiembre ' 21), y desde septiembre se reportan contagios en la mitad de las provincias y en la ciudad de Shanghái.
Además, la campaña de vacunación masiva para lograr la inmunidad colectiva ha llevado a algunas provincias y ciudades chinas a imponer sanciones financieras a quienes desconfían y evitan la vacunación. Sin embargo, ante numerosas protestas en las redes sociales chinas, el gobierno central bloqueó tales medidas, que tendían a “poner en peligro la cohesión nacional”. Pero el revés más grave es, sin duda, la convergencia de datos sobre la limitada efectividad de las vacunas chinas, que se observa en varios países que las usan, como Chile: “En general, la campaña de vacunación chilena, bastante efectiva con el 62% de la población vacunada actualmente. - no parece tener ningún impacto notable en la reducción del número de muertes” (H. Testard, "Covid-19: la vacunación despega en Asia, pero crecen las dudas sobre las vacunas chinas", Asialyst, 21.07.21). Las autoridades sanitarias chinas incluso recomendaron importar dosis de Pfizer o Moderna para compensar la ineficacia de sus propias vacunas.
La gestión extremadamente dura e ineficiente de la pandemia por parte del capitalismo de Estado chino quedó ilustrada en noviembre pasado por el llamado del Ministerio de Comercio a la población china para que almacene raciones de emergencia en casa. Y es probable que la situación se deteriore aún más a medida que se propaga la variante Ómicron.
El fuerte crecimiento que China ha experimentado durante las últimas cuatro décadas, aunque ya se estaba desacelerando en la última década, parece estar llegando a su fin. Los expertos esperan que el PIB de China crezca menos del 5% en 2021, en comparación con un promedio del 7% durante la última década y más del 10% en la década anterior. Varios factores ponen de relieve las dificultades actuales de la economía china.
En primer lugar, existe el peligro de que estalle la burbuja inmobiliaria china: Evergrande, la segunda inmobiliaria del país, está ahora aplastada por una deuda de unos 300.000 millones de euros, lo que representa el 2% del PIB del país. Otras promotoras, como Fantasia Holdings y Sinic Holdings, casi han incumplido sus pagos, y el sector inmobiliario, que representa el 25% de la economía china, ha generado una colosal deuda pública y privada de billones de dólares. El accidente de Evergrande es solo la primera secuencia de un colapso global de este sector. Hoy son tantas las viviendas vacías que se podrían albergar 90 millones de personas. Por supuesto, el colapso inmediato del sector se evitará en la medida en que las autoridades chinas no tengan más remedio que limitar los daños a riesgo de un impacto muy severo en el sector financiero:
“(...) 'no habrá un efecto bola de nieve como en 2008 [en EE. UU.], porque el gobierno chino puede detener la máquina', dice Andy Xie, economista independiente y ex empleado de Morgan Stanley en China, citado por Le Monde. "Creo que con Anbang [grupo de seguros, nota del editor] y HNA [Hainan Airlines], tenemos buenos ejemplos de lo que puede suceder: habrá un comité que reúna en torno a una mesa a la empresa, los acreedores y las autoridades, decidiendo qué activos vender, cuáles reestructurar y, al final, cuánto dinero queda y quién puede perder fondos'”. (P.-A. Donnet, “Caída de Evergrande en China: el fin del dinero fácil”, Asialyst , 25.09.21).
Muchos otros sectores también están en números rojos: a fines de 2020, la deuda total de las empresas chinas representaba el 160 % del PIB del país, en comparación con alrededor del 80 % de las empresas estadounidenses, y las inversiones "tóxicas" por sí solas de los gobiernos locales ahora representan, según analistas de Goldman Sachs, 53.000 millones de yuanes, suma que representa el 52% del PIB chino. El estallido de la burbuja inmobiliaria corre el riesgo no solo de contaminar otros sectores de la economía sino también de generar inestabilidad social (casi 3 millones de empleos directos e indirectos vinculados a Evergrande), el gran temor del Partido Comunista Chino (PCCh).
En segundo lugar, los cortes de energía se han multiplicado desde el verano de 2021: son consecuencia de la falta de suministro de carbón, causada entre otras cosas por las inundaciones récord en la provincia de Shaanxi (que por sí sola produce el 30% del combustible del país), y también por el endurecimiento de las normas anticontaminación decidido por Xi. Los sectores del acero, el aluminio y el cemento ya están sufriendo en varias regiones por el suministro limitado de energía eléctrica. La escasez ha reducido la capacidad de producción de aluminio en torno a un 7% y la de cemento en un 29% (cifras de Morgan Stanley) y el papel y el vidrio podrían ser los próximos sectores afectados. Estos recortes ahora están frenando el crecimiento económico en todo el país. Pero la situación es aún más grave de lo que parece a primera vista. “La escasez de energía ahora se está extendiendo al mercado residencial en partes del noreste. La provincia de Liaoning ha extendido los cortes de energía del sector industrial a las redes residenciales”. (P.-A. Donnet, «China: como la grave penuria de la electricidad amenaza la economía», Asialyst , 30.09.21).
Finalmente, la escasez de energía, pero también los bloqueos resultantes de las infecciones de Covid, están afectando la producción en las industrias en varias partes de China, lo que a su vez está aumentando el alcance de las interrupciones en las cadenas de suministro ya estiradas a nivel nacional y global, especialmente como cadenas de fabricación en muchos sectores se enfrentan a una grave escasez de semiconductores.
Los datos recientes confirman que el crecimiento económico se está desacelerando, con la caída del consumo interno y la caída de los ingresos y salarios de los hogares.
El desarrollo del proyecto “Nueva Ruta de la Seda” encuentra cada vez más dificultades por el peso financiero de la crisis del Covid en China, pero también por las dificultades económicas de los “socios”, asfixiados por la presión de la deuda, o debido a su renuencia cada vez más obvia a aceptar la "interferencia" china.
Debido en particular a la crisis de Covid, el endeudamiento de varios países "socios" ha alcanzado niveles asombrosos y son incapaces de pagar los intereses de los préstamos chinos. Países como Sri Lanka, Bangladesh (crecimiento de la deuda externa de +125% en la última década), Kirguisistán, Pakistán ($20 mil millones en préstamos bilaterales de China), Montenegro y varios países africanos han pedido a China que reestructure, retrase o simplemente cancele reembolsos vencidos este año.
Al mismo tiempo, crece la desconfianza en varios países hacia la actuación de China (no ratificación del tratado comercial China-UE, distanciamiento de Camboya, Filipinas o Indonesia), a lo que hay que sumar la presión anti china ejercida por Estados Unidos (en América Latina hacia países como Panamá, Ecuador y Chile). Finalmente, el caos producido por la descomposición tiene como consecuencia la desestabilización de ciertos países clave de la “Nueva Ruta de la Seda”; es el caso, por ejemplo, de Etiopía, que se hunde en una terrible guerra civil entre el gobierno central etíope y la región de Tigray. Este era un país, presentado como un polo de estabilidad y el “nuevo taller del mundo”, que constituía un importante punto de apoyo para el “Proyecto Ruta de la Seda” en el noreste de África, con una base militar china en Djibouti.
En definitiva, no es de extrañar que en 2020 se desplomara el valor financiero de las inversiones inyectadas en el proyecto de la “Nueva Ruta de la Seda” (-64%), mientras que China ha prestado más de 461.000 millones de dólares desde 2013.
Todas estas dificultades están alimentando las tensiones dentro de la burguesía china, incluso si, debido a la estructura política estalinista del capitalismo de Estado, no se manifiestan de la misma manera que en los EE. UU. o Francia, por ejemplo.
Bajo el capitalismo de Estado al estilo estalinista chino de Deng Xiao Ping, bajo el pretexto de una política de "crear riqueza para compartirla", se establecieron zonas "libres" (alrededor de Hong Kong, Macao, etc.) para desarrollar un tipo de "mercado libre", permitiendo la entrada de capital internacional y favoreciendo también a un sector capitalista privado. Con el colapso del bloque del Este y la “globalización” de la economía en la década de 1990, esta última se desarrolló exponencialmente, a pesar de que el sector público bajo control estatal directo aún representa el 30% de la economía. ¿Cómo manejó la estructura rígida y represiva del estado estalinista y el partido único esta “apertura” al capitalismo privado?
Ya en la década de 1990, el partido integró masivamente a empresarios y líderes de empresas privadas. “A principios de la década de 2000, el entonces presidente Jiang Zemin levantó la prohibición de contratar a empresarios del sector privado, que anteriormente habían sido vistos como enemigos de clase (...). Los hombres y mujeres de negocios así seleccionados se convierten en miembros de la élite política, lo que asegura que sus empresas estén, al menos parcialmente, protegidas de gerentes depredadores” (“¿Qué queda del comunismo en China?”, Le Monde Diplomatique 68, julio, 2021). Hoy, los profesionales y gerentes con educación superior constituyen el 50% de la membresía del PCCh.
Las oposiciones entre las distintas fracciones se expresarán, por tanto, no sólo dentro de las estructuras estatales sino dentro del propio PCCh. Desde hace varios años1, las tensiones han ido creciendo entre diferentes facciones dentro de la burguesía china2, en particular entre aquellas más vinculadas a los sectores capitalistas privados, dependientes del comercio y la inversión internacional, y aquellas vinculadas a las estructuras estatales y el control financiero a nivel regional o nivel nacional; los que abogan por una apertura al comercio mundial y los que promueven una política más dogmática o nacionalista. La “campaña anticorrupción” del presidente Xi implicó confiscaciones espectaculares de enormes fortunas amasadas por miembros de varias camarillas, mientras que el “giro a la izquierda” implicó menos pragmatismo económico y más dogmatismo y nacionalismo. El resultado ha sido la intensificación de las tensiones políticas y la inestabilidad en los últimos años: testigo “las continuas tensiones entre el primer ministro Li Keqiang y el presidente Xi Jinping sobre la recuperación económica, así como la 'nueva posición' de China en el escenario internacional” (A. Payette, "China : en Beidaihe, 'la universidad de verano del Partido, las tensiones internas a flor de piel", Asialyst , 06.09.20).
Otros ejemplos de estas tensiones: las críticas explícitas a Xi que aparecen regularmente (más recientemente, el ensayo de "alerta viral" publicado por un renombrado profesor de derecho constitucional en la Universidad de Qinghua en Beijing, prediciendo la muerte de Xi), las tensiones entre Xi y los generales que dirigen el Ejército Popular, que son blanco en particular de la campaña anticorrupción, y las intervenciones del aparato estatal contra los empresarios demasiado “extravagantes” y críticos con el control estatal (Jack Ma y Ant Financial, Alibaba). Algunas quiebras (HNA, Evergrande) también podrían estar vinculadas a las luchas entre camarillas dentro del partido, por ejemplo, en el marco de la cínica campaña para “proteger a los ciudadanos de los excesos de la “clase capitalista” (sic).
En resumen, la burguesía china, como otras burguesías, se enfrenta a crecientes dificultades económicas vinculadas a la crisis histórica del modo de producción capitalista y el caos resultante de la descomposición del sistema. Esto está conduciendo a la exacerbación de las tensiones entre facciones dentro del PCCh, que está tratando, por todos los medios a su alcance, de contener dentro de sus obsoletas estructuras capitalistas de Estado.
Mientras tanto, la situación es igual de delicada para la burguesía china a nivel internacional, en primer lugar, por la política agresiva de EE. UU., pero también por las crecientes tensiones con otras grandes potencias asiáticas, como India y Japón, agudizadas por el caos. y el “sálvese quien pueda” de este período de descomposición.
La política de “Estados Unidos primero”, implementada por Trump a partir de 2017, ha llevado esencialmente a nivel imperialista a una creciente polarización y agresividad hacia China, cada vez más identificada por la burguesía estadounidense como el principal peligro. EEUU ha tomado la decisión estratégica de concentrar sus fuerzas en el enfrentamiento militar y tecnológico con China, para mantener e incluso acentuar su supremacía, para defender su posición de banda dominante frente a los rivales (China y también Rusia) que más directamente amenazan su hegemonía. La política de la administración Biden está totalmente en línea con esta orientación; no solo ha mantenido las medidas económicas agresivas contra China implementadas por Trump, sino que ha incrementado aún más la presión a través de una política agresiva:
- a nivel político: defensa de los “derechos humanos” en relación con la represión de los uigures o manifestaciones “pro-democracia” en Hong Kong; exclusión de China de la Conferencia de la Democracia organizada por Biden a favor de Taiwán, a la que EE.UU. se está acercando claramente a nivel diplomático y comercial;
- a nivel militar, en el Mar de China, a través de demostraciones de fuerza explícitas y espectaculares en los últimos meses: aumento de los ejercicios militares que involucran a la flota estadounidense y de los aliados en el Mar de China Meridional; informes alarmistas sobre amenazas inminentes de intervención china en Taiwán; la presencia en Taiwán de fuerzas especiales estadounidenses para guiar a las unidades de élite taiwanesas; la celebración de un nuevo acuerdo de defensa, el AUKUS, entre EE. UU., Australia y Gran Bretaña, que establece una coordinación militar explícitamente dirigida contra China; Compromiso de apoyo de Biden a Taiwán en caso de agresión china.
China ha reaccionado con furia a estas presiones políticas y militares, particularmente las del Mar de China alrededor de Taiwán: organizando maniobras navales y aéreas masivas y amenazantes alrededor de la isla; publica estudios alarmistas, que informan de un riesgo de guerra con Taiwán “máximo histórico”, o planes para un ataque sorpresa a Taiwán, que conduciría a una derrota total de las fuerzas armadas de la isla.
Las tensiones son igualmente altas con otras potencias asiáticas: están en su punto álgido con India, su gran rival en Asia –hubo graves incidentes militares en Ladakh en el verano de 2020–; agudizando las tensiones con Japón, cuyo nuevo primer ministro Fumio Kishida, por primera vez desde 1945, quiere “considerar todas las opciones, incluida la opción [para Japón] de poseer capacidades para atacar bases enemigas, para continuar fortaleciendo el poder militar japonés tanto como sea necesario” (P.-A. Donnet, “Las relaciones entre China y Japón se deterioran a gran velocidad”, Asialyst , 12.01.21).
Sin embargo, estos países mantienen cierta distancia con los EE. UU. (y no se han unido al pacto militar AUKUS). La renuencia de la India puede explicarse por sus propias ambiciones imperialistas; la de Japón, por el hecho de estar dividido entre, por un lado, el miedo al refuerzo militar de China y, por otro lado, sus importantes vínculos industriales y comerciales con este país (China es el mayor socio comercial de Japón: Japón exportó más de 141 mil millones de dólares a China en 2020, frente a 118 mil millones de dólares exportados a Estados Unidos).
El caos y la mentalidad de la descomposición del sálvese quien pueda también acentúan la imprevisibilidad de la situación para China, como ilustra el ejemplo de Afganistán. La falta de centralización del poder de los talibanes, la multitud de corrientes y grupos con las más diversas aspiraciones que componen el movimiento y los acuerdos con los caudillos locales para apoderarse rápidamente de todo el país hacen que el caos y la inestabilidad caractericen la situación. Como demuestran los recientes ataques contra la minoría hazara. Esto solo puede intensificar la intervención de los diversos imperialismos (Rusia, India, Irán, etc.) pero también la imprevisibilidad de la situación y, por lo tanto, también el caos ambiental. Para China, este caos hace que cualquier política coherente y de largo plazo en el país sea incierta.
Además, la presencia de los talibanes en las fronteras de China constituye un grave peligro potencial para la infiltración islamista en China (en particular dada la situación en Xinjiang), sobre todo porque los “hermanos” pakistaníes de los talibanes (el TTP, primos del ISK) participan en una campaña de ataques contra las obras de construcción de la “Nueva Ruta de la Seda”, que ya ha provocado la muerte de una docena de “cooperadores” chinos. Para contrarrestar el peligro en Afganistán, China tiende a establecerse en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central (Turkmenistán, Tayikistán y Uzbekistán). Pero estas repúblicas son tradicionalmente parte de la esfera de influencia rusa, lo que aumenta el peligro de confrontación con este "aliado estratégico", al que sus intereses a largo plazo (la "Nueva Ruta de la Seda") se oponen fundamentalmente en todos los sentidos.
China no solo se ve directamente afectada por la decadencia cada vez más profunda del capitalismo, sino que también es un poderoso factor activo en él, como lo demuestra ampliamente su participación en la crisis del Covid-19, el colapso de su economía y las confrontaciones internas dentro de su burguesía.
Su espectacular esfuerzo por tratar de compensar su atraso militar frente a Estados Unidos es, en particular, un factor importante en la aceleración de la carrera armamentista, especialmente en el continente asiático que está experimentando un aumento significativo del gasto militar: la inversión del peso respectivo de Asia y Europa entre 2000 y 2018 en este sentido es espectacular: en 2000, Europa y Asia representaban el 27% y el 18% respectivamente del gasto mundial en defensa.
Para 2018, estas proporciones se habían invertido, con Asia representando el 28% y Europa el 20% (datos de Sipri). Por ejemplo, el presupuesto militar japonés alcanzará un nivel nunca visto desde 1945 con más de 53.200 millones de dólares para 2021, un aumento del 15 % en comparación con el mismo período de 2020 (ver P.-A. Donnet, “Las relaciones entre China y Japón se deterioran a gran velocidad” ,Asialyst 12.01.21) El armamento masivo de los estados aumenta significativamente el peligro de confrontación entre las principales potencias asiáticas o tensiones con los EE. UU., que son preeminentes, incluso si no inducen una tendencia a la formación de bloques imperialistas, ya que ni EE.UU. ni China han logrado movilizar a otras potencias detrás de sus ambiciones imperialistas e imponer su liderazgo a otros países de manera sostenible. Pero esto no es tranquilizador: “Al mismo tiempo, también proliferan las "masacres de innumerables guerras pequeñas" a medida que el capitalismo, en su fase final, se sumerge en un "cada uno para sí" imperialista cada vez más irracional”3
Por lo tanto, China no se está imponiendo de ninguna manera a través de la crisis de Covid-19 como el “baluarte de la estabilidad global” ni como el faro que mostraría al capitalismo global la salida de la crisis. “El extraordinario crecimiento de China es en sí mismo un producto de la descomposición. La apertura económica durante el periodo de Deng en la década de 1980 movilizó enormes inversiones, especialmente de Estados Unidos, Europa y Japón. La masacre de Tiananmen en 1989 puso de manifiesto que esta apertura económica estaba siendo aplicada por un aparato político inflexible que sólo ha podido evitar el destino del estalinismo en el bloque ruso mediante una combinación de terror de Estado, una explotación despiadada de la fuerza de trabajo que somete a cientos de millones de trabajadores a un estatus de trabajadores migrantes permanentes, y un crecimiento económico frenético cuyos cimientos parecen ahora cada vez más tambaleantes. El control totalitario sobre todo el cuerpo social, el endurecimiento represivo de la facción estalinista de Xi Jinping, no es una expresión de fuerza, sino una manifestación de la debilidad del Estado, cuya cohesión está en peligro por la existencia de fuerzas centrífugas en el seno de la sociedad e importantes luchas entre camarillas dentro de la clase dirigente” (ídem. Punto 9). China se parece cada vez más a una gigantesca "bomba de relojería" que anuncia una espiral aterradora de barbarie para el planeta si la clase obrera no pone fin a este sistema putrefacto4.
R. Havannais, 20.12.21
1 Ver Informe sobre las tensiones imperialistas del 20º Congreso Internacional de la CCI Revista Internacional 152 https://es.internationalism.org/content/3985/informe-sobre-tensiones-imperialistas [825]
2 La literatura sobre el PCCh enumera por ejemplo la facción Qinghua (antiguos alumnos de la universidad politécnica de Qinghua en Beijing, como el expresidente Hu Jintao y el primer ministro Li Keqiang), con sus antecedentes más modestos y con una cierta orientación reformista; la facción de los “Príncipes Rojos” que proviene de las familias de la nomenklatura del PCCh (Xi Jinping) y lidera los principales grandes grupos públicos y semipúblicos; o de nuevo la camarilla de Shanghái en torno a Jian Zemin, orientada hacia la apertura y las reformas económicas
3 Resolución sobre la situación internacional del 24º Congreso Internacional punto 11 Revista Internacional 167 https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021 [826]
4 Un factor reciente y añadido a esta amenaza ha sido puesto de manifiesto por el riesgo de propagación de la variante Ómicron en China. Mucho más transmisible que las variantes anteriores, es probable que socave la estrategia china de "Covid-19 cero" basada en medidas drásticas de bloqueo. Y esto sumado a que estudios recientes coinciden en la mediocre efectividad de las principales vacunas que se utilizan en China. Dada la escala de los confinamientos en China (locales, regionales u otros) y el consiguiente parón de la actividad económica, es fácil prever las posibles consecuencias de todo esto en China y en todo el mundo (agregado el 31.12.21)
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Estimados compañeros:
Mi desacuerdo respecto al artículo sobre Barbaria es que me parece una crítica algo superficial. Además, da la impresión de ser más un ataque que una crítica constructiva.
Concretamente puedo daros como ejemplo el siguiente párrafo:
De este pasaje se desprenden una serie de conclusiones: 1) ¡Se podría construir relaciones sociales al margen de las impuestas por el capital dentro del propio capitalismo!; 2) ¡Habría una “revolución en los valores y en las relaciones humanas” (sic)!; 3) ¡dentro del capitalismo se podría conseguir que las “necesidades humanas pasan a ser prioritarias respecto a la acumulación capitalista”!!! En resumen, las “revueltas y revoluciones” que nos presenta Barbaria acreditarían ideas como que: 1) el comunismo se puede crear ya dentro del capitalismo; 2) se podrían crear “espacios liberados” de la represión del Estado capitalista; 3) se podría cambiar la economía sin necesidad de destruir el capitalismo… Es decir, la negación de todo lo que se afirma “teóricamente” en los 11 puntos sobre Marx.
Revisando en profundidad los textos de Grupo Barbaria, podemos ver su crítica a todo tipo de "evasión" o sustracción del capitalismo en artículos como "El decrecentismo o la gestión de la miseria" (http://barbaria.net/2021/08/07/cuaderno-el-decrecentismo-y-la-gestion-de-la-miseria/ [828]) o "Robin Hood en el boque del capital" (http://barbaria.net/2021/07/02/robin-hood-en-el-bosque-del-capital/ [829]).
Me parece sano y lógico que surjan debates y crítica entre los diferentes grupos que se declaran herederos de la izquierda comunista, pero en este caso creo que se trata no de la crítica en sí, sino de la forma en la que esta se materializa. El tono de vuestro artículo me parece un poco "destructivo", intentando demostrar que nosotros o aquellos somos más comunistas que Barbaria.
Mi opinión es que este tipo de discusiones para clarificar las posiciones de los distintos grupos de la izquierda comunista podrían hacerse en reuniones privadas online en la que participen los distintos grupos. Creo que podría ser muy constructivo, además de contribuir a clarificar posiciones de cara a un futuro partido o unificación de los grupos de la izquierda comunista, cuando las condiciones sean más favorables a una revolución.
Saludos comunistas,
Marco
Estimado compañero Marco,
Nos has hecho llegar una carta crítica del artículo publicado en octubre en nuestra web sobre el Grupo Barbaria. Saludamos tu búsqueda de claridad a través del debate, así como tu exposición abierta y crítica de las divergencias. Esta voluntad de discusión permitirá clarificar las dificultades a las que nos enfrentamos y comprender cuál debe ser nuestra actitud ante ellas, en continuidad crítica con la tradición política del marxismo. Señalamos que esta actitud es característica de los elementos proletarios en genuina búsqueda de las posiciones de clase.
Podemos resumir la discusión en tres puntos:
Nuestra divergencia principal con lo que planteas es que tú ves un ataque en nuestra defensa de las posiciones de la Izquierda Comunista: «el artículo sobre Barbaria …da la impresión de ser más un ataque que una crítica constructiva»; mientras que no ves un ataque en hacer pasar como posiciones de la Izquierda Comunista posiciones izquierdistas1. Esto es muy peligroso. Pensamos que es fundamental en nuestra respuesta contribuir con un método para comprender la defensa de la continuidad histórica de las posiciones proletarias, del programa comunista, y la defensa de esa continuidad contra las tentativas de suplantarla.
El proletariado es una clase histórica y mundial y la continuidad histórica de sus posiciones es parte de la defensa de su terreno de clase y su programa.
«La posición de Marx en 1848, la del 18 Brumario, la Primera Internacional, la Segunda Internacional y, en fin, la Tercera, representan otras tantas etapas de progreso en el camino ascendente de proletariado. Cada una de estas etapas se concreta en una formulación central que caracteriza la posición que debe adoptar el proletariado para lograr la victoria de la insurrección y el triunfo de la revolución mundial.» (BILAN2 nº 5: Partido-Internacional-Estado).
La corriente de la Izquierda Comunista representa hoy esa continuidad:
«La tendencia a la que se refería Lenin (como ultraizquierda –NdR-)ha retomado su verdadero nombre, Izquierda Comunista, y se caracteriza por su apego al marxismo, al internacionalismo, a la perspectiva de la revolución proletaria y a su objetivo final, el comunismo. Los medios que preconiza para alcanzar este objetivo son la huelga de masas, la internacionalización de las luchas, la destrucción de los Estados en cada nación y la dictadura del proletariado en forma de poder internacional de los consejos obreros. Se ve a sí mismo como un puente entre el viejo partido que traicionó y el futuro partido mundial que, a su debido tiempo, podrá desempeñar plenamente su papel de orientación política y militante dentro de la clase obrera. Y, al igual que la izquierda marxista dirigió la lucha contra el oportunismo en la Segunda Internacional, la izquierda comunista asumió la lucha contra el oportunismo que volvió a surgir en la Tercera Internacional. En este sentido, la Izquierda Comunista representa la continuidad del movimiento obrero ya que se inscribe en la tradición de la lucha de Lenin (siendo éste mismo el fundador de una Fracción de Izquierda dentro del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, la Fracción Bolchevique) y la de Rosa Luxemburgo contra el revisionismo y el reformismo.»3
Por eso es una referencia firme de los principios proletarios para los nuevos grupos y elementos que surgen en la clase obrera y tratan de desarrollar la conciencia comunista. Y por eso mismo precisamente la burguesía está interesada en que desaparezca. La suplantación de sus posiciones, la “fake-izquierda comunista” contribuye voluntaria o involuntariamente a esa empresa. Y la lucha contra esa suplantación en defensa de las organizaciones obreras es parte de la tradición histórica del Movimiento Obrero.
Una experiencia fundamental contra la suplantación fue la lucha en la AIT contra la Alianza de la Democracia Socialista. En 1872, tras la derrota de la Comuna de París y abierto un período de desorientación política y derrota, la preocupación principal de Marx y Engels era por la continuidad de los principios políticos y organizativos de la AIT para que pudieran ser transmitidos a futuras organizaciones y que sirvieran como base para la construcción de una Segunda Internacional cuando las condiciones lo permitieran. En tal momento de desorientación y derrota floreció sin embargo, de las entrañas de la sociedad burguesa, un organismo cuya función histórica era romper dicha continuidad, un organismo que fomentaba que se confundiera la Internacional y sus principios fundamentales con “un programa de segunda mano” 4 el cual no fue aceptado inicialmente por la Liga de la Paz y la Libertad (organización pequeñoburguesa pacifista “fundada en oposición a la Internacional”), y que, reutilizado, “iba decidido a sustituir los Estatutos generales de la Internacional por el programa de ocasión que la Liga le había rechazado”. El Consejo General de la AIT era consciente de la importancia histórica de este combate contra la suplantación de sus principios por la llamada Alianza de la Democracia Socialista y contra el derecho de cualquiera a pretenderse parte del combate histórico de la clase negando dicha continuidad de principios. La defensa de los principios políticos y organizacionales fue pues la principal preocupación del Congreso de la Haya de 1872. La suplantación efectuada para la destrucción de los principios organizativos se puede resumir del siguiente modo: “Según estos documentos (los de la Alianza), dicha Alianza ‘se funde enteramente en la Internacional’, pero, al mismo tiempo, ha sido fundada enteramente al margen de la Internacional (…) la existencia de un segundo organismo internacional que funcionase dentro y fuera de la Asociación Internacional de los Trabajadores sería el medio más infalible para desorganizarla”. El método de combate de la AIT no fue la apertura a la confusión, sino la defensa de los Estatutos, de la continuidad de principios organizativos, y el desarrollo con claridad de “la historia de todas estas intrigas”.
La defensa de la continuidad sorprende a los elementos afectados por la visión de supermercado del izquierdismo según la cual el debate es una exposición de las diferencias que existen entre las mercancías leninistas, las luxemburguistas, las trotskistas, etc., en lugar de una decantación por las posiciones históricas de la clase.
La larga contrarrevolución tras la derrota de la revolución mundial ha contribuido a “ningunear” esa continuidad que era evidente hasta la IC, interrumpiendo además la continuidad física entre las fracciones y el partido. Esta cuestión de la continuidad se planteó en la GCF (Izquierda Comunista de Francia) frente a una reacción de continuidad meramente formal que el bordiguismo pretendería mantener, considerándose “el partido” y proclamando la invarianza de principios. Esta reacción fue contraria al método del materialismo histórico basado profundamente en la continuidad con las adquisiciones pasadas y a su vez radicalmente crítico, “sin dogmatismo ni ostracismo” como diría Bilan. Esta gran debilidad e impotencia para defender la supervivencia de la continuidad del marxismo supusieron una debilitación trágica de un componente histórico de la Izquierda Comunista5.
Gracias al combate de la GCF (Izquierda Comunista de Francia) por la verdadera continuidad crítica basada en los principios y adquisiciones del conjunto de la Izquierda comunista, la CCI pudo plantear en el 68 un combate por el reagrupamiento basado en dicha continuidad6 (por ejemplo, en las Conferencias de grupos de la Izquierda Comunista). Veríamos en aquella época, por desgracia, la otra cara de la trágica pérdida de la lucha por defender dicha continuidad (protagonizada antes por el bordiguismo). Ocurrió en los años 70 con la continuidad histórica del comunismo de consejos de la Izquierda Germano-Holandesa, que fue desdibujada por el peso del anarquismo y el modernismo, lo cual llevó a la corriente consejista a su desaparición7. Este último ejemplo es particularmente importante por sus similitudes con el grave peligro para la Izquierda Comunista (y así también para la clase) que supondría aceptar la amalgama de posiciones con el anarquismo y el izquierdismo en general que propugna el nuevo grupo Barbaria.
Como escribió BILAN “Los principios dependen de (…) cómo evoluciona la lucha del proletariado (…) El proletariado no puede avanzar sin escribir en su bandera de lucha los principios que surgen de las diferentes fases históricas. Este trabajo, en parte, sólo es posible cuando los fenómenos llegan a su desenlace, pero una vez que la ciencia marxista ha establecido la postura de las distintas clases, su acción y el camino recorrido por el proletariado, una vez que éste, ante las distintas actitudes de las clases, ha establecido su postura, en resumen, cuando “ha sacado las lecciones” que ofrecen los acontecimientos, el partido deberá permanecer escrupulosamente fiel a las tesis políticas elaboradas, sin lo cual es imposible avanzar en la lucha revolucionaria” (…) Por tanto, la condición necesaria para poder restablecer el movimiento revolucionario y consciente de las masas es aportar las bases históricas que permiten guiarlas hacia la insurrección. Y en este terreno, pensamos que abandonar el criterio de progresión histórica es, en definitiva, situarse al margen del mecanismo real de las luchas proletarias. Dar media vuelta y retroceder, como hace la Oposición de Izquierda, para dirigirse hacia la socialdemocracia de izquierda, históricamente liquidada por el II Congreso de la I.C., equivale a situarse al margen y en contra de los verdaderos intereses de la reconstrucción del movimiento comunista, al margen y en contra de las masas y de su movimiento” ( nº 5: Los Principios armas de la revolución)
En el combate por la defensa de la Izquierda Comunista, no se trata pues ni de “darse un pedigrí”, ni de construirse ingeniosamente dicha genealogía, ni de “parecer más comunistas” como tú lo interpretas, sino de la defensa de la continuidad de los principios del proletariado.
Pasamos ahora al segundo desacuerdo, y es, que nuestra crítica sería superficial, particularmente por no haber tomado en cuenta otros artículos de Barbaria que precisan las posiciones que criticamos.
En primer lugar, no nos planteamos en nuestro artículo hacer una crítica del programa o de las contradicciones de la prensa de Barbaria sino, como hemos desarrollado antes, defender los principios y la continuidad histórica del proletariado, en particular señalando las posiciones que no son en absoluto parte de la Izquierda comunista.
Esta respuesta está en continuidad con la respuesta del Consejo General de la AIT a Bakunin, cuyo objetivo no era analizar o criticar el programa de la Alianza (hay que recordar que en la AIT había diferentes organizaciones y sindicatos con sus programas y que no había un programa común, sino unos estatutos de funcionamiento, puesto que la finalidad entonces era agrupar las diferentes organizaciones del proletariado), sino ver en qué contradecía los estatutos y los fines de la AIT. Y así pusieron el énfasis en la denuncia del punto sobre “la igualación de las clases” del programa de la Alianza, que significaba la negación de la lucha de clases y al cual la AIT oponía la abolición de las clases8. Nuestro artículo considera la defensa de las revueltas interclasistas, o las revueltas directamente en un terreno burgués, y la negación del proletariado como sujeto revolucionario, como ajenos al terreno de la Izquierda comunista. Barbaria se sube al escenario de la lucha de clases con este falso conglomerado de posiciones bajo el hombro y, además de denunciar la falsificación, tenemos la responsabilidad añadida de comprender qué tipo de parto ha tenido dicho conglomerado, en lugar de abrirle las puertas a la Izquierda Comunista solo porque se dice parte de ella. Está en la raíz del método marxista, frente al idealismo, no “juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí” (Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, Marx, 1859).
En cualquier caso, nuestra publicación deja todas las puertas abiertas a una explicación y aclaración por su parte. Sin embargo, todo parece indicar, por el sonido de su silencio, que mas bien hay un “sostenella y no enmendalla”
Y, por último, el tercer desacuerdo importante. Consideras que «este tipo de discusiones para clarificar las posiciones de los distintos grupos de la izquierda comunista podrían hacerse en reuniones privadas online». No vamos a repetir por qué consideramos que el reclamo de Barbaria de la continuidad histórica de la Izquierda Comunista es un “fake”; pero sí queremos señalar que, contrariamente a lo que dices, el debate “privado” es el terreno de las comisiones parlamentarias, de las cloacas del Estado, el terreno de la burguesía. En el proletariado el debate tiene que ser público ante el conjunto de la clase, porque el objetivo es la clarificación. Las primeras líneas del Manifiesto Comunista muestran ya que la lucha del proletariado es “a la luz del día”. No se trata pues de construir organizaciones revolucionarias en privado, abstraídas de la lucha de clases y sobre la base de cualquier conglomerado de principios. Es, por el contrario, nuestra responsabilidad histórica exponer y denunciar claramente ante la clase las falsificaciones de la continuidad del marxismo. Esta es nuestra herencia metódica que promete recuperar hacia el debate con la continuidad de la Izquierda Comunista a aquellos elementos que se estén viendo atrapados o confundidos por el peso de la ideología burguesa.
Acción Proletaria-CCI
1 Por posiciones izquierdistas queremos decir las de aquellas corrientes que en algún momento tuvieron una vida proletaria, pero fueron luego integradas en el Estado burgués traicionando el internacionalismo y apoyando “de forma crítica” a los partidos de izquierdas de la burguesía (partidos socialistas y comunistas estalinistas), así como a los sindicatos. Estas expresiones del capitalismo decadente, como el trotskismo, el maoísmo o la mayoría del anarquismo tienden a ocupar un lugar “extremista” y extraparlamentario en el Estado, y su función histórica es controlar con ideologías radicales a los sectores del proletariado más activos y conscientes
2 BILAN fue la publicación de la Fracción de la Izquierda Comunista de Italia en el extranjero desde 1933 hasta 1939. Ver nuestro libro sobre la Izquierda Comunista de Italia.
3 https://es.internationalism.org/content/4726/nuevos-ataques-la-izquierda-comunista-bourseiller-inventa-por-segunda-vez-la-compleja [830]
4 Todas las citas de este párrafo provienen de “Las pretendidas escisiones en la Internacional” (1872) https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/lpee72s.htm [831]
5 El PCI bordiguista estalló en 1980 dando lugar a diferentes grupos que seguían considerándose “El partido”.
6 Ver el siguiente artículo: https://es.internationalism.org/content/4344/la-renovacion-de-la-izquierda-comunista-uno-de-los-aportes-clave-de-mayo-68 [832]
7 Ver: https://es.internationalism.org/cci-online/200709/2008/cajo-brendel-1915-2007 [833] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/197507/2011/los-epigonos-del-consejismo-ii-el-consejismo-viene-en-ayuda-del-te [834]
8 Ver: Las pretendidas escisiones de la AIT, circular del Consejo General de la AIT.
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A mediados de diciembre, tras las convocatorias de huelga lanzadas en la SNCF1 por los sindicatos (UNSA, CGT y SUD-rail2), particularmente en el sureste de Francia, los medios de comunicación adoptaron un tono alarmista ante la amenaza de una nueva parálisis del transporte ferroviario en las celebraciones de fin de año. Tras el duro y largo movimiento de huelga aislado de 2018 y el enfado expresado durante el movimiento contra la reforma de jubilaciones durante el invierno de 2019-2020, este sector muy combativo que tiene un peso político importante por su experiencia, preocupa a la burguesía. Esto, sobre todo porque esta última tiene que afrontar una difícil situación marcada al mismo tiempo por la crisis sanitaria, por el desarrollo de la campaña electoral y por un descontento muy fuerte de la población por la crisis económica.
El movimiento en la SNCF se inscribe en gran parte de este contexto de coraje que existe en toda la clase trabajadora, en Francia, como a nivel internacional: en los Estados Unidos con las luchas que tuvieron lugar en las fábricas de Kellog's, John Deere, PepsiCo, en Corea con grandes huelgas contra las condiciones laborales y los bajos salarios, en España, en la región de Cádiz, con la pugna en el sector metalúrgico, en Bélgica con la huelga de la fábrica de Volvo, Italia, etc3.
Esta insatisfacción también se expresa en Francia. Lo hemos visto en el transporte público, entre los basureros en varias de las grandes ciudades, como Lyon, Montpellier o Marsella, en los hospitales, pero también en numerosas pequeñas o medianas empresas o en el comercio, como en Leroy Merlin, por ejemplo, empresas en las que los trabajadores rara vez hacen huelga. Las razones de todos estos movimientos son en su mayor parte las mismas: la inflación que disminuye el “poder adquisitivo” y salarios que no aumentan, aunque los Estados siguen hablando de “recuperación económica” después del difícil período de encierros y toques de queda. Los salarios de los trabajadores ferroviarios han estado congelados durante ocho años; diversas medidas como la eliminación de las líneas de tren, la apertura a la competencia o la creación de filiales de bajo costo han tenido como resultado el deterioro de las condiciones laborales y la reducción de salarios. Es por ello, por ejemplo, que la última huelga en el sector Oeste de la SNCF del 23 y 24 de octubre involucró, como era de esperar, demandas vinculadas al poder adquisitivo.
Esta dinámica en el seno de la SNCF no podía sino alertar y preocupar a la burguesía escaldada por la fortísima combatividad que se expresó en este sector contra la reforma de las pensiones4. La burguesía tiene mucho interés en hacer olvidar las lecciones de esta lucha, en tanto el peligro de una movilización más amplia es ahora muy real, a pesar de las dificultades y de los numerosos obstáculos, el movimiento en la SNCF corre el riesgo de extenderse y/o de animar a otros sectores dispuestos a luchar. Por eso, en plena complicidad con la dirección de la SNCF, a espaldas de los trabajadores, tras las negociaciones y el cumplimiento de un cierto número de reivindicaciones, la CGT y SUD-rail mantuvieron inicialmente su preaviso de huelga... para retirarlo al día siguiente. La burguesía y sus sindicatos querían entonces hacer aparecer el siguiente hecho: las bonificaciones de 600 y 300 euros para los conductores y controladores en el sureste se supone que son una “victoria”. Por tanto, ya no habría motivos para la movilización. En realidad, lo que se ha logrado dista mucho de compensar los salarios perdidos durante años y el aumento del costo de la vida. Sobre todo, esta “victoria” se orquestó entre bastidores para generar el máximo número de divisiones: 600 euros para unas, 300 para otras, distintas evoluciones en la escala salarial en función de la antigüedad, dividiendo entre jóvenes y viejos, etc.
Izquierdistas, como los del NPA o la LO5, muy presentes en el terreno por su compromiso con la acción sindical, han sido los principales artífices de estas divisiones, su monserga habitual para lavar la cara a los sindicatos es echarle toda la culpa a las “direcciones sindicales” quienes tomaron sus decisiones “antidemocráticas” sin recurrir a la “base”: “A los dirigentes sindicales no se les ocurrió pedir la opinión de los primeros afectados, los que iban a hacer la huelga”. Este tipo de discurso hipócrita sólo sirve para exculpar a los sindicatos y su trabajo sucio, enmascarando la naturaleza burguesa de estos organismos cuya función es encuadrar y contener las luchas en nombre del Estado. De hecho, lo que este tipo de falsa crítica pretende en primer lugar es arrastrar y encerrar cada vez más a los trabajadores en la lógica sindical, haciéndoles creer que el sindicato sigue siendo una herramienta de lucha de la clase obrera a pesar de lo “blandos” que serían los jefes sindicales6.
De esta manera, los izquierdistas preparan y anticipan a su manera las luchas futuras: están limpiando de antemano las tablas ya podridas por la acción de los sindicatos utilizando una fachada de radicalismo. Así, toda la burguesía se las ha arreglado para tomar la delantera y obstaculizar la movilización, mientras trata de dar un poco de credibilidad a la acción sindical.
La primera lección que debemos sacar no es la de los izquierdistas o la de los periódicos burgueses, donde se supone que los trabajadores se contentan con migajas y sólo deben “desconfiar de la dirección sindical”. ¡No! El proletariado no puede confiar en los sindicatos, ni en los izquierdistas para conducir sus luchas. Estos órganos del Estado y organizaciones burguesas son falsos amigos y defienden los intereses de la clase capitalista y su Estado. Como lo ha demostrado el movimiento contra la reforma de las pensiones, de ninguna manera podemos confiar en los sindicatos que, al tomar el liderazgo de la lucha, automáticamente han impuesto asambleas obreras falsas, han dividido y cortado las luchas multiplicando las movilizaciones esparcidas en el tiempo, jugando maniobras dilatorias para desanimar y agotar a los más combativos, llevándolos a un callejón sin salida con acciones totalmente aisladas. Todo esto explica en gran parte por qué los ferroviarios, en lugar de retirarse ordenadamente durante el flujo y reflujo de la lucha contra la reforma de las pensiones, permanecieron aislados y finalmente fueron derrotados (incluso si la reforma se pospuso debido a la pandemia). Los trabajadores en realidad sólo pueden contar con ellos mismos, con su solidaridad y sus iniciativas creativas para hacer realidad verdaderas asambleas generales, en las que el principio de apertura a todos los proletarios, activos, desempleados o jubilados, sea el epicentro de la lucha. Esto, con el fin de discutir colectivamente y de manera autónoma las modalidades de la lucha. Sólo tomando en manos la lucha de forma consciente, con una reflexión colectiva a través de debates animados que conduzcan a decisiones políticas concretas, podrá extender y hacer avanzar la lucha sin quedar aislado en el corporativismo, en un solo sector, donde la burguesía siempre busca encerrarlos. Tal enfoque, aunque sea difícil de implementar en el contexto actual, debe nutrir toda nuestra reflexión para preparar los futuros combates de clase.
WH, 31 de diciembre de 2021
1 SNCF, siglas traducidas al español de: Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses
2 Siglas en su traducción al español: UNAS: Unión Nacional de Sindicatos Autónomos; CGT: Confederación General del Trabajo
3 Ver Luchas obreras en Estados Unidos, Irán, Italia, Corea... ¡Ni la pandemia ni la crisis económica han roto la combatividad del proletariado! https://es.internationalism.org/content/4736/luchas-obreras-en-estados-unidos-iran-italia-corea-ni-la-pandemia-ni-la-crisis [729] y Huelga del metal en Cádiz: nuestra fuerza es luchar como clase obrera https://es.internationalism.org/content/4738/huelga-del-metal-en-cadiz-nuestra-fuerza-es-luchar-como-clase-obrera [730]
4 Ver nuestro balance de las luchas vividas en el invierno de 2019-20 en Francia: La perspectiva que plantean las recientes luchas obreras en Francia https://es.internationalism.org/content/4540/la-perspectiva-que-plantean-las-recientes-luchas-obreras-en-francia [125]
5 NPA: Nuevo Partido Anticapitalista; LO: Lucha Obrera
6 Ver Los sindicatos contra la clase obrera (V): la táctica de los izquierdistas para hacerlos tragar a los trabajadores https://es.internationalism.org/content/4645/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-v-la-tactica-de-los-izquierdistas-para-hacerlos [553]
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A principios de enero, Kazajistán fue escenario de violentas manifestaciones y disturbios tras la liberación de del precio del gas, un recurso importante para la vida económica del país y la vida cotidiana de la población. El aumento del precio del gas se sumó al aumento del precio de los alimentos y de muchos productos básicos, generando una inmensa ira.
Frente a este considerable deterioro de las condiciones de vida, la clase obrera estuvo inicialmente en primera línea. En muchos centros industriales, mineros y de gas, estallaron huelgas para exigir aumentos salariales. La respuesta social se extendió como un reguero de pólvora por todo el país, con manifestaciones masivas que se enfrentaron inmediatamente a las fuerzas de represión, viendo cómo varios agentes de policía cambiaban de bando y se unían a los manifestantes.
La realidad del descontento de la clase trabajadora en Kazajistán no es nueva: ya en 2011, en Zhanaozen, una región rica en recursos petrolíferos, catorce trabajadores fueron asesinados durante la represión de una manifestación en el marco de una huelga contra las condiciones laborales y los bajos salarios. El movimiento se extendió entonces a la gran ciudad de Aktau, en el mar Caspio, antes de extenderse al resto del país.
En las últimas semanas, la represión ha sido aún más feroz. Las fuerzas del orden han abatido a decenas, si no es que a cientos de manifestantes. El gobierno kazajo, encabezado por el presidente Tokayev, no ha tenido demasiados reparos en llamar al ejército ruso para sofocar la rebelión "terrorista", anunciando abiertamente que había "dado la orden de disparar a matar sin previo aviso".
Los trabajadores están, pues, presentes en esta situación social de deterioro. Pero ¿han sido capaces, en este enfrentamiento con las autoridades, de desarrollar su lucha en un verdadero terreno de clase, como fuerza autónoma? ¿La violencia en la calle es la expresión de la lucha de la clase obrera o la de una violencia popular, de un descontento general de la población en el que se diluye la clase obrera?
Muy rápidamente, las reivindicaciones iniciales contra la inflación se desviaron hacia reivindicaciones democráticas, contra la corrupción, contra el régimen en el poder, con disturbios anti-Tokayev en la mayoría de las grandes ciudades del país. Esta revuelta popular, en la que los trabajadores se mezclaron con la pequeña burguesía (empresas asfixiadas por la inflación, autónomos anti-Tokayev, etc.), fue utilizada muy fácilmente en un conflicto entre camarillas burguesas kazajas; en otras palabras, fueron utilizadas por el clan en torno al ex presidente Nazarbayev.
A pesar de las huelgas obreras muy reales, el proletariado de este país no tiene ninguna experiencia importante de lucha autónoma. Está permanentemente sometido a un puño de hierro dictatorial y a fuertes ilusiones democráticas, nacionalistas y a veces religiosas. Se ha dejado arrastrar fácilmente a un terreno burgués donde no puede defender sus propios intereses de clase, sus propias reivindicaciones; donde sólo puede ser ahogado, utilizado, sometido a los intereses burgueses que le son totalmente ajenos.
En Kazajistán, la denuncia por parte de las autoridades de "terroristas" o "bandidos" internacionales dispuestos a cometer todo tipo de actos de violencia durante las manifestaciones, no ocultó las rivalidades internas que hacen estragos en el seno de la burguesía y que el proletariado sigue pagando hoy con su sangre. El ex presidente Nazarbayev, que dimitió en 2019 pero que sigue manteniendo efectivamente el control, en particular de sus fuerzas represivas como el Comité de Seguridad Nacional (CSN), utilizó y manipuló claramente las manifestaciones para reaccionar ante las ambiciones del nuevo presidente Tokayev, que quiere aumentar su influencia en el país y emanciparse del clan Nazarbayev que lo había instalado en el poder.
Nazarbayev movilizó a sus partidarios dentro de la policía y el ejército, su "ejército privado", para socavar el poder de Tokayev. Así, se ordenó a los agentes de policía que dejaran que se desarrollara el caos, hasta el punto de que algunos de ellos incluso se unieron a las filas de los manifestantes en un intento de debilitar al bando contrario, lo que también explica los asaltos a edificios gubernamentales o al aeropuerto de Almaty. Evidentemente, la camarilla del presidente Tokayev reaccionó: el director del CSN fue destituido, detenido y encarcelado, y Karim Massimov, muy cercano a Nazarbayev, ex primer ministro y ex jefe de los servicios de inteligencia, fue detenido bajo la sospecha de alta traición. Esta es la clara confirmación de una batalla interna dentro de la burguesía en la que se permiten todas las artimañas, en la que los trabajadores sirven de carne de cañón para las camarillas enfrentadas.
En concreto, ¡estamos lejos de una situación en la que las fuerzas de la represión burguesa estén a punto de colapsar, abriendo el camino para que el proletariado derroque al Estado capitalista! Por el contrario, ¡se trata ni más ni menos que de las ambiciones de un clan burgués contra otro! Hoy, aunque el clan Tokayev haya podido recuperar el control de la situación sobre un montón de cadáveres, ejecuciones sumarias, miles de heridos y múltiples detenciones, nada se ha resuelto sustancialmente, ni en Kazajistán ni en toda la región donde las tensiones imperialistas son múltiples y crecientes.
En esta situación de descomposición política, Tokayev no tuvo más remedio que pedir ayuda al exterior, en particular a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC)1, tapadera del imperialismo ruso que pretende renovar su antigua dominación y que reaccionó inmediatamente enviando material y un contingente de 3.000 hombres para apoyar la represión. La OTSC, por su parte, sólo envió un centenar de hombres, expresión de la desconfianza de los demás Estados hacia esta "asociación" con Moscú. Al intervenir directamente, y además a petición de Tokayev, el imperialismo ruso no oculta su voluntad de defender su influencia sobre las zonas que formaban parte de la URSS, mientras que desde la caída de la URSS la mayoría de estas zonas han sido, como en Kazajistán, objeto de una "asociación estratégica" con Estados Unidos. También son fuertemente codiciadas por Turquía (miembro de la OTAN), y sobre todo, más recientemente, por China.
China ha acogido con satisfacción esta represión y el restablecimiento del orden kazajo. Pekín necesita al régimen kazajo como un eslabón importante en su programa de inversiones internacionales en la "Nueva Ruta de la Seda", y por tanto necesita la calma social, aunque por el momento eso signifique estar en la misma longitud de onda que Moscú. Pekín también necesita el apoyo del régimen kazajo, al menos implícitamente, para su política represiva hacia los uigures musulmanes de Xinjiang.
En cuanto a la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, supuestamente "muy dolidos por el hecho de que haya habido tantas víctimas", piden cada uno una "resolución pacífica" de esta crisis, condenando la violencia de forma simbólica e hipócrita. La razón por la que las principales potencias "democráticas" reaccionan de forma tan platónica es que Kazajistán no parece ser un objetivo prioritario de las ambiciones imperialistas de Estados Unidos. Además, en el seno de la UE existen importantes divisiones sobre la actitud a adoptar hacia Rusia.
Al final, los intereses imperialistas rivales están en el ADN de este capitalismo en descomposición, la prioridad de todos estos tiburones bárbaros, todos ellos preparando sus armas para los próximos episodios de confrontación: todos tienen su parte de responsabilidad en las masacres y son directamente la principal fuente del caos actual.
Si la clase obrera de Kazajstán ha intentado expresar su ira, debido a la debilidad de su conciencia, a su falta de experiencia, no ha podido resistir, y mucho menos representar un obstáculo a las luchas por la influencia y los enfrentamientos entre camarillas rivales dentro de la burguesía kazaja, así como a las rivalidades entre todos los tiburones imperialistas, ya sean rusos, turcos, chinos, europeos o estadounidenses. A pesar de la salvaje represión y el derramamiento de sangre, es evidente que la rabia de los trabajadores no ha desaparecido y es de esperar que se produzcan nuevos episodios de protesta ante la crisis y la represión.
Pero en el estado actual de las cosas, a pesar de los importantes movimientos huelguísticos, estos momentos de confrontación directa con las fuerzas de represión no son un trampolín para el desarrollo de la lucha autónoma y la defensa de los intereses de la clase obrera. Por el contrario, tiene todas las de perder en este atolladero en el que sus reivindicaciones económicas son esterilizadas por las reivindicaciones democráticas y nacionalistas utilizadas por las facciones burguesas que están dispuestas a hacer lo que sea necesario para velar por sus intereses. Estas ilusiones democráticas son, además, una trampa que no desaparecerá, dado que las fuerzas nacionales de oposición con rostro "democrático" están todavía en proceso de formación y buscan visibilidad y credibilidad para el futuro, como es el caso de Bielorrusia.
La clase obrera en Kazajstán, por desgracia, está muy expuesta y es vulnerable a este tipo de presión ideológica. Aunque no tenga la fuerza necesaria en este momento, el proletariado de los países centrales, que tiene una experiencia probada de tales mistificaciones nacionalistas y democráticas, puede mostrar el camino hacia la lucha de los trabajadores en un terreno favorable a la puesta en cuestión de la explotación capitalista y al rechazo de las consignas que no tienen otra lógica que la conservación del orden social. El futuro de las luchas obreras, que empiezan a aparecer de nuevo en todo el mundo, depende del impulso vital de la lucha de clases en los países centrales.
Stopio, 20/1/22
1 Esta "asociación" incluye a Bielorrusia, Armenia, Kazajstán, Tayikistán, Kirguistán y Rusia
El 4 de diciembre, miles de trabajadores de la sanidad se manifestaron por las calles de París siguiendo la convocatoria del colectivo ciudadano "Audace 53", propagada y apoyada por los sindicatos (CGT, FO, Solidaire...) y muchos otros colectivos del sector. Contra "la supresión de camas hospitalarias", "la falta de personal", "la prolongación de las jornadas laborales", "el encadenamiento de días de guardia", tales eran las principales consignas de los empleados del sector hospitalario, que expresaban un verdadero sentimiento de frustración, de rabia, pero también la voluntad de no rendirse y de luchar contra unas condiciones de trabajo cada vez más espantosas desde la aparición de la pandemia de Covid-19.
Pero ¿significa esto que la movilización del 4 de diciembre, organizada y dirigida por los colectivos y sindicatos, lleva a los explotados del sector hospitalario hacia un terreno favorable a la defensa de sus intereses y los del conjunto de la clase trabajadora?
"Por la defensa de hospitales públicos", "Por la defensa de nuestro sistema sanitario": estas fueron las dos principales consignas de los sindicatos y colectivos. Y no podíamos esperar otra cosa de los "interlocutores sociales", esos órganos patentes del Estado burgués que se aprovechan de una gran debilidad de los empleados de los hospitales, el corporativismo, para dirigirlos hacia un campo de lucha totalmente podrido: una supuesta mejora del sistema hospitalario en nombre de la ciudadanía y la defensa del sacrosanto servicio público, erigido como patrimonio común... de la nación. Este fue el telón de fondo de esta movilización que los explotados del sector médico, como en todos los demás sectores, deben rechazar a toda costa.
Como hemos argumentado muchas veces en nuestra prensa, las pésimas condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores de los hospitales son producto de la incuria de la burguesía que, bajo el peso aplastante de la crisis económica y el masivo endeudamiento del Estado, no ha dejado de desmantelar los sistemas sanitarios en las últimas décadas para hacerlos menos costosos y, si es posible, ¡rentables! Por lo tanto, no es otro que el Estado, el más poderoso y feroz de todos los jefes, independientemente del gobierno que esté en el poder, el responsable de la eliminación de puestos de trabajo, del cierre de hospitales, del ritmo de trabajo infernal, de la sucesión de largas y agotadoras jornadas, de la drástica reducción de los recursos, etc. Esto lleva, en la mayoría de los casos, a una situación en la que el sistema sanitario ya no es capaz de satisfacer las necesidades de la población. Esto lleva la mayoría de las veces a una situación delirante en la que los sanitarios no pueden seguir prestando cuidados.
Al promover la ilusión de que una mayor implicación del Estado mejoraría las condiciones de trabajo en "su" sistema sanitario, los sindicatos tienden una doble trampa a los explotados del sector sanitario:
- empujarlos a luchar solos en su rincón, totalmente aislados de otros sectores.
- llevarlos a defender el servicio público y el estado del bienestar. Dos mitos que no son más que una forma disfrazada de la explotación capitalista.
Por lo tanto, si no quieren desarrollar una especie de "síndrome de Estocolmo" que les llevaría a simpatizar con sus propios explotadores, todos los empleados del sector hospitalario deben hacer oídos sordos a las mistificaciones de los sindicatos y otros colectivos de todo tipo.
Porque es la propia lógica de la crisis del sistema capitalista la que es la causa profunda de esta situación en Francia como en el mundo entero. La saturación de las unidades de cuidados intensivos, la desprogramación de las intervenciones vinculadas a otras patologías y los demás daños colaterales de Covid-19 afectan a todo el mundo y no han hecho más que agravar una situación ya muy antigua que no tiene nada de cíclica, sino que sólo expresa la incapacidad de la sociedad capitalista en su conjunto para atender las necesidades básicas de la humanidad.
Así pues, eso contra lo que los sanitarios se movilizaron el 4 de diciembre no es exclusivo del sector hospitalario en Francia. Por el contrario, es, en diferentes grados, típico de las condiciones de trabajo en todos los sectores del salariado en todo el mundo. En definitiva, la dureza de la vida cotidiana de los sanitarios es una expresión entre otras de la explotación de la clase trabajadora, ya sea en las empresas privadas o en el sector público. No hay ninguna diferencia de naturaleza entre ambos. Además, la multiplicación de las huelgas y las luchas en varios países, como en Estados Unidos durante el mes de octubre, en la industria del metal en España, pero también en Italia, Irán, Corea... son reacciones al deterioro de las condiciones de trabajo a escala internacional1. Esta reanudación real pero frágil de la combatividad obrera, a través de sus propias reivindicaciones, demuestra que la pandemia no ha asestado un golpe fatal al desarrollo de las luchas; aunque sin embargo muestran importantes debilidades que dificultan a la clase obrera encarar la perspectiva de una lucha más amplia. Al igual que la movilización de los sanitarios, muchas luchas permanecen muy aisladas. Los trabajadores luchan dentro del estrecho perímetro de su fábrica, su empresa o su sector.
Pero la lucha histórica de la clase obrera no está impulsada por la voluntad de mejorar tal o cual sector de la economía nacional, sino de obrar por la victoria de la revolución proletaria y el advenimiento de una sociedad en la que la comunidad se organice para asumir y desarrollar las necesidades humanas de una manera diferente a la lógica del mercado capitalista. Para crear las condiciones de tal perspectiva, los proletarios, ya estén activos y sometidos a presiones y cadencias infernales, o condenados al desempleo, deben ser capaces de luchar juntos, todos unidos, por reivindicaciones comunes. Sólo a través de este proceso podrán superar los prejuicios corporativistas y nacionales y reconocerse como una clase unida a escala internacional, que lleva en sí misma un proyecto gigantesco: la abolición de las clases sociales, del Estado y la unificación de la humanidad.
Frente al veneno de la división y el aislamiento, ¡proletarios de todos los países uníos!
Vincent, 21 décembre 2021
1 Ver Luchas obreras en Estados Unidos, Irán, Italia, Corea... ¡Ni la pandemia ni la crisis económica han roto la combatividad del proletariado! https://es.internationalism.org/content/4736/luchas-obreras-en-estados-unidos-iran-italia-corea-ni-la-pandemia-ni-la-crisis [729] y Huelga del metal en Cádiz: nuestra fuerza es luchar como clase obrera https://es.internationalism.org/content/4738/huelga-del-metal-en-cadiz-nuestra-fuerza-es-luchar-como-clase-obrera [730]
Ante los graves acontecimientos de la guerra imperialista en Ucrania, la CCI va a publicar una HOJA INTERNACIONAL, denunciando la barbarie del conflicto y las mentiras hipócritas de la clase dominante en ambos campos, e insistiendo en que el desarrollo de la lucha de clases en todos los países es la única salida a la pesadilla de este sistema en descomposición. Este documento estará disponible a principios de la semana que viene y animamos a todos los que simpaticen con nuestras posiciones a que lo distribuyan a su alrededor, ya sea en formato digital o en papel.
También celebraremos REUNIONES PUBLICAS. La reunión se centrará en la gravedad de este conflicto y en las responsabilidades de las minorías internacionalistas.
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El ejército ruso ha estado demostrando su fuerza mediante "maniobras" a gran escala a lo largo de las fronteras ucranianas desde enero, Estados Unidos ha estado anunciando casi a diario una inminente invasión rusa, y se han enviado tropas de la OTAN a los Estados bálticos y a Rumanía, intenso ballet diplomático "para salvar la paz", campaña mediática rusa denunciando la histeria occidental y anunciando el regreso de las tropas a sus alojamientos, lo que es inmediatamente desmentido por Estados Unidos y la OTAN, enfrentamientos entre el ejército ucraniano y los separatistas en el Donbass: en este macabro aquelarre guerrero entre burguesías imperialistas, las intenciones son diversas y complejas, ligadas a las ambiciones de los distintos protagonistas y a la irracionalidad que caracteriza el periodo de descomposición. Esto hace que la situación sea aún más peligrosa e imprevisible: pero cualquiera que sea el resultado concreto de la "crisis ucraniana", ya implica una apreciable intensificación de la militarización, las tensiones bélicas y las contradicciones imperialistas en Europa.
La histérica exageración estadounidense sobre la inminente invasión rusa de Ucrania sigue a una exageración similar orquestada por Estados Unidos en el otoño de 2021 sobre la "inminente invasión" de Taiwán por parte de China. Ante el declive sistemático del liderazgo estadounidense, la administración Biden lleva a cabo una política imperialista que consiste, en línea con la dirección iniciada por Trump, en primer lugar, en concentrar sus medios económicos, políticos y también militares contra el principal enemigo: China. Desde este punto de vista, la postura intransigente hacia los objetivos rusos acentúa la señal dada a Pekín en otoño de 2021. En segundo lugar, al crear "puntos calientes" en el mundo, Biden está desarrollando una política de tensión destinada a convencer a las distintas potencias imperialistas que juegan sus propias cartas de que les interesa situarse bajo la protección del patrocinador dominante. Sin embargo, esta política se ha topado con los límites impuestos por la descomposición y ha tenido un éxito desigual en el Pacífico frente a China con la creación de la AUKUS, que agrupa únicamente a los países "blancos" de habla inglesa (Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia), mientras que Japón, Corea del Sur e India se mantienen al margen. El mismo tipo de política se está llevando a cabo hoy en día con respecto a Rusia para que los países europeos vuelvan a estar bajo la obediencia de Estados Unidos en el seno de la OTAN: la propaganda estadounidense denuncia continuamente la invasión rusa, al tiempo que afirma cínicamente que Estados Unidos no intervendrá militarmente en Ucrania, ya que no tiene ningún compromiso de defensa con ese país, a diferencia de lo que ocurre en la OTAN. Este es un mensaje engañoso para los países europeos. Sin embargo, al lado de Boris Johnson, que se posiciona, como en Asia, como el fiel lugarteniente de los estadounidenses, el reciente ballet diplomático hacia Moscú, orquestado por Macron y Scholz, subraya hasta qué punto las burguesías alemana y francesa intentan por todos los medios preservar sus intereses imperialistas particulares.
Al mismo tiempo, Joe Biden espera utilizar esta política de confrontación para restaurar su reputación, muy empañada por la huida de las fuerzas estadounidenses de Afganistán y sus repetidos fracasos en sus planes socioeconómicos: "Tras un año en el cargo, el presidente Joe Biden tiene el índice de aprobación más bajo de casi todos los presidentes electos, con la excepción del expresidente Donald Trump" (CNN politics, 06. 02.22) y, en consecuencia, "su partido se encamina a la derrota en las elecciones de mitad de mandato de noviembre" (La Presse, Montreal, 23 de enero de 2022). En resumen, si Estados Unidos está a la ofensiva, el margen de maniobra de su presidente se ve, sin embargo, reducido por su impopularidad interna, pero también por el hecho de que no se puede plantear, después de las experiencias iraquí y afgana, el compromiso de una fuerza militar masiva sobre el terreno del conflicto actual. Por lo tanto, la presencia de las tropas estadounidenses en las fronteras de Ucrania sigue siendo más bien simbólica.
Durante la última década, hemos destacado el papel de Rusia como "alborotador" en el mundo -aunque sea un enano económico- gracias al poder de sus fuerzas armadas y de sus armas, herencia del periodo en que estuvo a la cabeza de todo un bloque imperialista. Esto no significa, sin embargo, que ahora esté en general a la ofensiva. Por el contrario, se encuentra en una situación general de creciente presión a lo largo de sus fronteras.
En Asia Central, con los talibanes en el poder en Kabul, la amenaza musulmana pesa sobre sus aliados asiáticos de los "stans" (Uzbekistán, Turkmenistán, Tayikistán); Luego, entre el Mar Negro y el Caspio, mantiene una guerra latente con Georgia tras la ocupación de Osetia del Sur y Abjasia en 2008, y trata de mantener el statu quo entre Armenia y Azerbaiyán tras la guerra de Nagorno-Karabaj en 2020, país este último muy cortejado por Turquía. Por último, la reciente desestabilización de Kazajistán es una pesadilla para Rusia, ya que es fundamental para la defensa de su coto privado oriental.
En el lado europeo, Ucrania y Bielorrusia, que son territorios clave en su coto occidental (la frontera ucraniana está a solo 450 km de Moscú), han sufrido una fuerte presión en los últimos años. Rusia esperaba mantener allí regímenes que le fueran favorables, pero la "Revolución Naranja" de Kiev en 2014 hizo que el país se inclinara hacia Europa, y lo mismo estuvo a punto de ocurrir en Bielorrusia en 2020.
Mediante la ocupación de Crimea en 2014 y el apoyo a los secesionistas de habla rusa en el este de Ucrania (Donetsk y Lugansk), Putin esperaba mantener el control sobre toda Ucrania: "De hecho, contaba con los acuerdos de Minsk, firmados en septiembre de 2014, para hacerse con una participación en la política ucraniana a través de las repúblicas del Donbass [estructura federal del país con un amplio grado de autonomía regional]. Ha ocurrido lo contrario: no solo se ha estancado su aplicación, sino que el presidente Volodymyr Zelensky, cuya elección en abril de 2019 había dado al Kremlin la esperanza de renovar los lazos con Kiev, ha amplificado la política de ruptura con el "mundo ruso" iniciada por su predecesor. Peor aún, la cooperación técnico-militar entre Ucrania y la OTAN sigue intensificándose, mientras que Turquía, también miembro de la Alianza, ha entregado drones de combate que hacen temer al Kremlin que Kiev se vea tentado por una reconquista militar del Donbass. Por lo tanto, se trataría de que Moscú volviera a tomar la iniciativa, mientras esté a tiempo" (Le Monde diplomatique, febrero de 2022).
Viendo la tendencia de Estados Unidos a polarizarse cada vez más sobre China, Putin consideró el momento propicio para aumentar la presión sobre Ucrania y así "negociar su lugar en la escena imperialista"; emprendió una política de "guerra híbrida" que implicaba múltiples presiones, basadas en tensiones militares, ciberataques, amenazas económicas (gas ruso) y políticas (reconocimiento de las repúblicas secesionistas). Sin embargo, la ofensiva política y mediática estadounidense le ha pillado en una trampa: al anunciar a bombo y platillo una operación militar de ocupación de Ucrania por parte de Rusia, Estados Unidos hace ver que cualquier acción menor por parte de Rusia será vista como un paso atrás y, por tanto, intenta empujarla a una operación militar arriesgada y probablemente bastante larga, mientras que la población rusa tampoco está dispuesta a ir a la guerra y a ver cómo vuelven a los hogares numerosas bolsas de cadáveres. La burguesía rusa lo sabe perfectamente; por ejemplo, el politólogo ruso y experto en política internacional rusa, Fyodor Lukyanov, señala que "cruzar la línea entre la demostración de fuerza y el uso de la fuerza es una transición a otro nivel de riesgos y consecuencias. Las sociedades modernas no están preparadas para esto y sus líderes lo saben" (citado en De Morgen, 11.02.22).
Los acontecimientos en Ucrania ya están teniendo un gran impacto en la situación de Europa en dos niveles:
En primer lugar, la exacerbación de los enfrentamientos imperialistas, la presión estadounidense y la acentuación del "sálvese quien pueda" ejercen una fortísima presión sobre el posicionamiento de los distintos Estados europeos. Las declaraciones intransigentes de Biden les obligan a posicionarse y las grietas entre ellos se amplían, lo que tendrá profundas consecuencias tanto para la OTAN como para la Unión Europea. Por un lado, Gran Bretaña, liberada de las limitaciones del consenso en el seno de la UE, se posiciona como el fiel lugarteniente entre los fieles de Estados Unidos: su ministro de Asuntos Exteriores llega a calificar los intentos francoalemanes de encontrar un compromiso como un "segundo Munich". Varios países de Europa del Este, como Rumanía, Polonia y los países bálticos, reclaman una postura firme por parte de la OTAN y se sitúan firmemente bajo la protección de Estados Unidos. Francia y Alemania, en cambio, se muestran mucho más dubitativas y tratan de desarrollar su propio enfoque del conflicto, como subrayan las intensas negociaciones de Macron y Scholz con Putin. El conflicto pone de manifiesto que los intereses económicos particulares, pero también los imperialistas, impulsan a estos países a tener su propia política hacia Rusia, y esto es precisamente el objetivo de la presión estadounidense.
A nivel más general, con el enfrentamiento en Ucrania, los rumores de guerra y la tendencia a la militarización de la economía volverán a marcar el continente europeo, y esto a un nivel mucho más profundo que el que vimos durante la guerra en la antigua Yugoslavia en los años 90 o incluso durante la ocupación rusa de Crimea en 2014, dada la profundización de las contradicciones en un contexto de caos y sálvese quien pueda. El posicionamiento de los distintos países (en particular Alemania y Francia) en defensa de sus intereses imperialistas no puede sino acentuar las tensiones en el seno de Europa, agravar aún más el caos ligado al desarrollo del sálvese quien pueda y aumentar la imprevisibilidad de la situación a corto y medio plazo.
Sin duda, ninguno de los protagonistas busca iniciar una guerra general porque, por un lado, debido a la intensificación del sálvese quien pueda, las alianzas son poco fiables y, por otro lado, y sobre todo, en ninguno de los países afectados la burguesía tiene vía libre: Estados Unidos sigue centrado en su principal enemigo, China, y el presidente Biden, como antes Trump, evita a toda costa la intervención de tropas sobre el terreno (remarquemos la retirada de tropas en Irak y Afganistán y la delegación cada vez más frecuente de tareas en proveedores de servicios privados); Rusia teme una guerra larga y masiva que minaría su economía y su fuerza militar (el síndrome de Afganistán) y también evita comprometer demasiado a sus unidades regulares, haciendo que empresas privadas (como el Grupo Wagner) hagan el "trabajo sucio". Además, como demuestra la persistente dificultad para aumentar la tasa de vacunación, la población rusa desconfía profundamente del Estado. Por último, para Europa sería un suicidio económico y la población es fundamentalmente hostil a ello.
Sin embargo, el hecho de que no se lance una guerra masiva a gran escala no significa que no se produzcan acciones bélicas; ya están teniendo lugar en Ucrania a través de la guerra de "baja intensidad" (sic) con las milicias secesionistas de Járkov y Lugansk. Las ambiciones imperialistas de los distintos imperialismos, combinadas con el aumento del sálvese quien pueda y la irracionalidad ligada a la descomposición, implican inevitablemente la perspectiva de una multiplicación de los conflictos en la propia Europa, que probablemente adoptarán una forma cada vez más caótica y sangrienta: multiplicación de los conflictos "híbridos" (que combinan presiones militares, económicas y políticas), nuevas oleadas de refugiados que llegan a Europa Occidental, así como tensiones en el seno de la burguesía de Estados Unidos (en contraste con la "benevolencia" de Trump hacia Putin), así como en Europa (por ejemplo, Alemania), y una creciente pérdida de control de las burguesías sobre su aparato político (olas populistas).
Contra el odioso bombo del nacionalismo, la Izquierda Comunista denuncia las mentiras imperialistas de cualquier bando que solo pueden servir a los intereses de las diferentes burguesías, rusa, americana, alemana, francesa... o ucraniana y arrastrar a los trabajadores a conflictos bárbaros. La clase obrera no tiene patria, la lucha de los trabajadores contra la explotación capitalista es internacional y rechaza cualquier división por razón de género, raza o nacionalidad. Los trabajadores deben darse cuenta de que, si no contrarrestan con sus luchas la exacerbación de los enfrentamientos entre los tiburones imperialistas, éstos se multiplicarán a todos los niveles en un contexto de acentuación del sálvese quien pueda, la militarización y la irracionalidad. Desde este punto de vista, el desarrollo de las luchas obreras, particularmente en el corazón mismo de los países centrales del capitalismo, constituye también un arma esencial para oponerse a la extensión de la barbarie bélica.
R. Havanais, 18 de febrero de 2022
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El capitalismo significa pobreza para la clase obrera, significa vivir al límite, significa el miedo a estar desempleado y hambriento. Aunque el costo de la vida ha aumentado a un ritmo extraordinario en el período reciente y ha reducido rápidamente el poder adquisitivo, el capitalismo nunca nos ha prometido más que esto. Aunque la repentina subida del tipo de cambio aumentó nuestros problemas y las preocupaciones por nuestro futuro, la mayoría de nosotros ya era incapaz de llegar al fin del mes con años de constantes subidas de precios.
La crisis económica, que hoy se ha hecho innegable, es sólo uno de los reflejos de la crisis estructural del capitalismo. No hace falta mirar muy lejos para ver el punto al que ha llegado la decadencia del capitalismo y que está arrastrando a la humanidad hacia la extinción: con la crisis de producción y de salud que presenciamos en la epidemia de Covid-19; con los terribles incendios e inundaciones del pasado verano; con la crisis ecológica cuyas consecuencias directas hoy estamos viviendo en carne propia; con la crisis de los refugiados que cada día se hace más trágica. Además, vemos que el problema de la vivienda se hace más urgente para los trabajadores de todo el mundo, con el aumento de los alquileres y de las demandas de los dormitorios para estudiantes.
Aunque estas experiencias nos enojan, a menos que se encuentre una solución generalizada y realista, cada palabra pronunciada o cada acción llevada a cabo no conduce en última instancia más que a una creciente desesperación. Aunque las reacciones inmediatas, como las manifestaciones callejeras que tuvieron lugar tras el repentino aumento de los tipos de cambio son significativas, no pueden convertirse en permanentes y masivas en condiciones en las que no se presenta una alternativa revolucionaria.
Por supuesto, los partidos de la clase dirigente están haciendo su parte para impedir estas reacciones. Mientras el gobierno trata de impedir un posible levantamiento de masas mediante investigaciones policiacas, ataques y amenazas contra los que salieron a la calle, la oposición oficial trata de impedir el aumento de las protestas callejeras con la falacia de que "benefician al gobierno". Se entiende que están planeando celebrar manifestaciones legales -probablemente junto con los sindicatos oficiales- en las que la demanda de "elecciones anticipadas" será lanzada para detener una movilización masiva antes de que comience, contrarrestando así cualquier reivindicación radical, para ocultar la realidad de una crisis cada vez más profunda. En otras tras palabras, millones de personas que se empobrecen día a día y viven al borde del hambre están siendo alimentadas con mentiras: "No luchéis, esperad, nosotros os salvaremos".
En primer lugar, hay que subrayar que la razón principal de la crisis económica no es sólo la mala gestión del gobierno, sino que forma parte de una crisis económica mundial. Por lo tanto, la afirmación de que la cuestión puede resolverse con un cambio de poder carece por completo de fundamento. Por supuesto, las clases dirigentes pueden necesitar un cambio de poder gubernamental. En tiempos de crisis, en lugar de los partidos populistas de derecha como el AKP-MHP, los partidos "socialdemócratas" como el CHP pueden ser más útiles para reprimir a la clase trabajadora e imponerle políticas de austeridad. Hay que comprender que la función actual de la alianza, de la que el CHP y el IYIP son los principales elementos que se oponen al gobierno del AKP-MHP, es distraer a la clase obrera con la agenda electoral frente a la crisis candente, para dividir a la clase obrera con la hostilidad a los kurdos y a los refugiados, e impedir que las amplias masas entren en la lucha.
El ala izquierda de la clase dirigente, que está pegada a la espalda de estos partidos y trata de producir soluciones nacionales a la crisis del capitalismo, no tiene ninguna solución que ofrecer a un proletariado que sufre directamente la crisis. Aunque se ha demostrado a través de numerosos ejemplos recientes que ningún cambio es posible con las elecciones: que ni el HDP y los grupos políticos agrupados en torno a él, ni la búsqueda de alianzas iniciada por el TKP, el Partido SOL y el EMEP, ni ninguna transformación centrada en las elecciones presenta una perspectiva distinta a la de proporcionar un apoyo "crítico" al gobierno desde el exterior.
Hemos visto recientemente en los ejemplos de la coalición PSOE-Podemos en España y Syriza en Grecia cómo la izquierda de la clase gobernante ha empujado a la clase obrera a un callejón sin salida en todo el mundo. También sabemos que los partidos de izquierda de la clase en el poder son bastante "útiles" para imponer "políticas de austeridad" a la clase trabajadora. No tenemos otra elección que apretar los puños, llenar las calles, no las urnas del voto, para no apretarnos más el cinturón.
No puede haber una respuesta nacional a la crisis mundial del capitalismo. La respuesta sólo se puede encontrar a través de la unidad internacional del proletariado y su acción de masas que trasciende la farsa parlamentaria. El proletariado sólo puede lograr su emancipación desarrollando acciones de masas encaminadas a derrocar el capitalismo y creando órganos de lucha adecuados. Tenemos que recordar todo esto. Ya no tenemos tiempo para esperar, ni ninguna posibilidad de aspirar a algo menos que el derrocamiento del capitalismo.
Sabemos que no podemos confiar en los partidos de la clase dirigente, ni en los sindicatos oficiales, que son guardianes del orden existente, frente a los problemas candentes que vivimos hoy en día. Vemos una y otra vez en cada momento que la clase obrera no tiene otro salvador que no sea ella misma. La gente trabajadora, cada vez más empobrecida, no tiene otra cosa en la que confiar que su propia autodeterminación y en sus hermanos de clase que luchan en todo el mundo. Hoy, en nuestros centros de trabajo, en las áreas de viviendas, en las escuelas, es decir, dondequiera que estemos, tenemos que unirnos, organizarnos y proclamar obstinadamente estos hechos.
¡Guerra de clases contra el capitalismo! ¡Queremos el mundo, no unas migajas!
Abreviaturas:
AKP: Partido de Erdogan.
MHP: Partido de coalición racista.
CHP: Principal partido de la oposición, llamado "socialdemócratas".
IYIP: Partido populista/nacionalista de derecha.
HDP: Partido kurdo.
TKP: Corriente principal del Partido Comunista Estalinista.
Partido SOL: Similar a die Linke en Alemania.
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El gobierno, la oposición, los medios de comunicación:
Intentan convencernos de que hemos superado el pico de la pandemia y que día a día disminuyen tanto las muertes como las hospitalizaciones y los nuevos infectados
Estamos en plena recuperación y “nadie se quedará atrás” (esto lo añade el gobierno porque quiere presentarse como “social” y así redondea el salario mínimo a 1000 euros). Se estarían creando “nuevos empleos de calidad” gracias a la “reforma laboral”
¿Podemos dar crédito a estas afirmaciones? Nosotros decimos NO. Es propaganda burda para engañarnos, para mantenernos en la ilusión de que en esta sociedad “las cosas se pueden arreglar”, “siempre hay soluciones” y darnos a entender que la democracia y el gobierno nos permiten “seguir viviendo”, eso, a pesar de la corrupción, los políticos…
La burguesía solo nos ofrece ESPEJISMOS.
El gobierno afirma que la OMS pone a España como modelo de respuesta a la pandemia, que hay más del 90% de vacunados, que al aire libre ya no hace falta llevar mascarilla… Se publican informes de “expertos” que avalan ese optimismo.
Es verdad que la tasa de vacunación completa es la cuarta más alta de Europa y que tanto la mortalidad como las infecciones tienden a bajar después de los picos muy fuertes de diciembre.
PERO, los peros son muy serios y no nos permiten quedarnos tranquilos:
1º La variante OMICRON ha producido muchas infecciones, pero la mortalidad es baja. ¿Qué ocurrirá en el caso de que vengan otras variantes más mortales? El virus está mutando continuamente y sus variantes no son suficientemente conocidas, tanto sobre el grado de contagio como sobre su posible mortalidad, estamos en la incertidumbre y eso provoca angustia, tiene efectos psicológicos muy desquiciantes, que no se han reconocido
Nos dicen que, como producto de la lucha contra el virus, vamos a pasar de la pandemia a la endemia, «pero la malaria es endémica, igual que el VIH, y matan cientos de miles de personas, así que endémico no es algo bueno, solo significa que está aquí para siempre. A lo que tenemos que llegar es a niveles bajos de incidencia de la enfermedad, con un máximo de gente vacunada y que nadie tenga que morir de esto (covid-19)», dijo el director de Emergencias Sanitarias de la OMS, Mike Ryan. En realidad, el paso de la endemia significa de hecho, al contrario, la capitulación en la lucha contra el virus.
2º El sistema sanitario está constantemente al límite. Los trabajadores sanitarios están exhaustos, todos los esfuerzos se han volcado en la pandemia y se ha dejado de atender muchas enfermedades graves. Tanto en las autonomías gobernadas por la izquierda como en las gobernadas por la derecha, los contratados temporales en los peores momentos de la pandemia han sido despedidos. Solo se les había hecho contratos de 3 meses que finalmente no han sido renovados. Todos los expertos anuncian que si se producen nuevos brotes el sistema sanitario se colapsará.
3º ¿Podemos permanecer tranquilos si en el resto del mundo sigue muy fuerte la pandemia? La tasa de vacunación alcanza a nivel mundial el 54%, pero en los países más pobres que se ven forzados a la emigración y no están fuera del comercio mundial, las tasas de vacunación son bajísimas: Senegal el 6%, Argelia 13%, Madagascar 6%, Haití 0,8%, Yemen 1,2% … Hay 12 países de África donde la vacunación no alcanza siquiera el 4%. «La pandemia no ha pasado cuando hay 70.000 personas que mueren a la semana de una enfermedad que es tratable, cuando el 83 % de la población de África no ha recibido todavía ni una sola vacuna,» avisó en la Conferencia de Seguridad en Múnich. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS.
La propaganda nacionalista de “aquí en España estamos protegidos” es totalmente falsa. Los virus no respetan ni aduanas ni control de pasaportes, las nuevas variantes del COVID y la aparición de otros virus no son descartables. El peligro de lo que llaman “nuevas oleadas” sigue vigente.
Recordamos e insistimos en que, focalizándose monográficamente en el COVID, todos los gobiernos han descuidado las demás enfermedades y ahora mismo padecemos un rebrote de otros virus y una vuelta de viejas epidemias que las autoridades sanitarias daban por superadas. En Nueva York ha bajado el COVID, pero ha aumentado, sobre todo en los niños, una enfermedad respiratoria llamada VRS. En España “Hay 20 enfermedades, según la lista reducida de la clasificación internacional de enfermedades CIE-10, que en 2020 han superado el número de fallecidos desde 1980. Entre ellas destacan los fallecidos por diabetes (+16%), hipertensión (+16%), otras enfermedades del sistema nervioso (+10%), tumores malignos de páncreas (+8%), suicidios (+9%), caídas accidentales (+18%) o envenenamiento accidental por drogas. También ha aumentado, aunque en menor proporción, el fallecimiento por cáncer de mama (+3%)”1. “Mientras los países pobres de todo el mundo buscan detener el coronavirus, también están contribuyendo de manera involuntaria a que surjan nuevos brotes de enfermedades y fallecimientos a causa de otros padecimientos que las vacunas previenen con facilidad. Ahora está resurgiendo la difteria en Pakistán, Bangladés y Nepal. Hay cólera en Sudán del Sur, Camerún, Mozambique, Yemen y Bangladés. Se ha informado de la aparición de una cepa mutada del poliovirus en más de 30 países. Además, el sarampión está aumentando por todo el mundo, incluyendo países como Bangladés, Brasil, Camboya, la República Centroafricana, Irak, Kazajistán, Nepal, Nigeria y Uzbekistán”2.
El coronavirus no ha sido pues superado, incluso en personas que han recibido las 3 dosis, pero es preocupante la vuelta del cólera, el sarampión, la tuberculosis… y los sistemas sanitarios de todo el mundo, empezando por los de los países consideramos “ricos”, se han debilitado peligrosamente. Y, además, los científicos alertan sobre nuevas pandemias que pueden surgir.
Vivimos en todo el mundo una situación de GRAVE INSEGURIDAD SANITARIA.
El capitalismo necesita mantener a toda costa la producción pues ni la acumulación ni las ganancias se pueden detener y si un país paraliza la producción a causa de la pandemia pierde competitividad frente a sus rivales que se aprovechan como hienas de esta debilidad. Por lo tanto, la opción que han elegido es HABITUARNOS A VIVIR CON LA PANDEMIA, hacer de la pandemia una normalidad y de ahí todo ese discurso optimista de “salimos de la pandemia”. El Gobierno Sánchez dice que hemos de “gripalizar el COVID”, que lo veamos como una enfermedad habitual que todos los años se cobra un tributo de vidas. Es lo que llaman “pasar de la pandemia a la endemia”, es decir, habituarnos a que todos los años las enfermedades “normales” y “cotidianas” se cobren miles de vidas y lo veamos como algo banal, “cosas de la vida”. Eso es un CRIMEN. El Capital y su Gobierno a la orden juega cínicamente con la vida de los trabajadores y de toda la población.
Tras 2 años de pandemia vemos una fuerte subida de precios, precariedad, desempleo, pobreza cada vez mayor. Y la economía no arranca, ni siquiera recupera los niveles de antes de la pandemia. Los organismos internacionales o los de la UE retrasan la recuperación para el año 2023, mientras que antes la habían pronosticado para 2021.
Afirmaban que la inflación era temporal, aunque ahora tienen que reconocer que no se va a poder superar tan fácilmente como decían. Según la propaganda de los gobiernos y de los “expertos”, la causa de la inflación es, por una parte, los atascos en el suministro de semiconductores y materias primas, y, por otro lado, que Putin y otros gobiernos que venden gas y petróleo se aprovechan de la situación para imponer precios muy elevados. También le echan la culpa a la guerra en Ucrania.
Estos factores tienen influencia, pero son secundarios, según el análisis de la CCI, la inflación está en la raíz de la decadencia del capitalismo. La carga que representa sobre la economía los gastos improductivos (el principal es el armamento y la guerra) va causando año tras año una inflación estructural que se agudiza por el endeudamiento gigantesco en el que caen todos los Estados.
Con la aceleración de la descomposición y de la crisis la inflación tenderá a ser permanente y la recuperación económica se hará más difícil. Ningún país está a salvo y quienes pagan son como siempre los trabajadores
Las falsas ilusiones que ofrece el capital español a través del Gobierno y de la Oposición es que con la salida de la pandemia la miseria va a remitir, poniendo de ejemplo la panacea de la Reforma Laboral y que el salario mínimo aumentará a 1000 €
Pero si vemos la realidad eso es mentira, lo que vemos es NADAR SOBRE AHOGADO.
Todos los anuncios de recuperación y de medidas sociales ocultan que hay un recorte salvaje de los servicios de salud, de los servicios sociales, de las ayudas a los más pobres… Todos los servicios del Estado son cada vez más precarios.
La precarización y la baja de salarios la vemos en el sector del automóvil que se ve sumido en un ERTE permanente
La Reforma Laboral consolida la precarización con el pacto entre Gobierno, Patronal y Sindicatos. A las nuevas generaciones les espera desempleo, precariedad, muchos trabajadores no alcanzarán para tener una paga de jubilación, pero tampoco habrá vivienda pues la mayoría tendrá que conformarse con vivir en casa de los padres o de los abuelos o acceder solamente a una habitación en pisos compartidos con 6 o más personas. Cada vez hay más trabajadores cuya situación de precariedad y de salarios de hambre les hace preguntarse cuando llega la noche ¿Dónde dormir? Y cuando se despiertan ¿qué voy a comer?
Queremos dar ejemplos concretos.
1º Crecimiento de la pobreza. En todo el mundo el número de pobres ha subido en 2020-2021 en 160 millones de nuevos pobres. En España “La pandemia ha tenido un impacto "desolador" en la sociedad española, con 11 millones de personas en exclusión social y, de ellas, seis millones ya en situación de pobreza severa. Son dos millones más que en 2018 y supone la cifra más elevada registrada en el país desde 2007”3.
2º Pobreza energética. Con la subida de la luz en este momento hay 4,5 millones de personas en España que no pueden pagar el recibo. En un año la factura de la luz se ha incrementado en un 70% mientras los salarios apenas han subido un 2%. Según la OMS “entre un 30% y un 50% de las muertes adicionales que ocurren en los meses más fríos son causadas por la pobre e insuficiente climatización en hogares, lo que significa que la pobreza energética supera en muertes a los accidentes de tráfico en nuestro país. De esta forma y según un documento ofrecido por la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA), la pobreza energética es la causa de unas 7.100 muertes anuales, casi 3000 más que las ocurridas en carretera en 2014”4.
2º Precariedad. Según el periódico Cinco Días “La recuperación de la actividad económica y del empleo se está consiguiendo a costa de una mayor temporalidad y precarización de las condiciones de trabajo, según se observa en la Encuesta de Población Activa (EPA), publicada este jueves por el INE”, observa que “Los contratos temporales crecen siete veces más que los fijos y la jornada parcial avanza el triple que la plena”. “Un 75% de los asalariados menores de 25 años tienen condiciones de trabajo precarias en España, según un informe sobre precariedad laboral elaborado por Comisiones Obreras y el Instituto de Economía de Internacional de la Universidad de Alicante”, según este estudio el 48% de los trabajadores de todas las edades es precario. Es una cifra escalofriante pues uno de cada dos trabajadores no tiene ninguna garantía de ganarse la vida, no podrá cotizar lo suficiente para la pensión, no podrá comprarse una casa, tendrá que vivir a salto de mata, no sabiendo cada día que podrá hacer el siguiente.
La pandemia ha sacado a la superficie las reacciones más irracionales y el rechazo de los avances científicos; pero ya desde antes hay algo que quieren que olvidemos a toda costa: que la historia de la sociedad a partir del comunismo primitivo de los orígenes de la humanidad, es la historia de la lucha entre las clases; que en cada una de las etapas históricas anteriores, una clase revolucionaria planteó y desarrolló la perspectiva de una organización social diferente que permitió el desarrollo de la producción; que en esta sociedad, en el capitalismo, la clase revolucionaria es la clase obrera, que es al mismo una clase explotada y su lucha contra la explotación contiene y tiene que desarrollar la perspectiva de una nueva sociedad comunista que libere todas las trabas al desarrollo de la ciencia y la riqueza en servicio de los seres humanos.
Por eso si hacemos este análisis de la pobreza, la pandemia, la precariedad, el desempleo, no es para lamentarnos, sino para luchar como clase obrera. ¿Cuál ha de ser nuestra respuesta?
1º Desechar toda ilusión, no confiar en los discursos y las promesas de los partidos políticos y los sindicatos, solo confiar en nosotros mismos como clase
2º Discutir para tomar conciencia colectivamente. Formar círculos de discusión
3º Comprender cómo la clase obrera se organiza para luchar. Aprender de su experiencia histórica
4º Sacar lecciones de las luchas recientes. La lucha de Cádiz, las luchas en Estados Unidos, Irán etc. Nosotros no las glorificamos, vemos sus debilidades y las trampas en las que caen, pero son nuestra escuela para el futuro.
Marjane y Valeria 26-2-22
1 Fuente: Las otras muertes de la pandemia: las causas que más crecieron en 2020 además de los 74.839 fallecidos por COVID (datadista.com) [842]
2 Mientras avanza el coronavirus, otras enfermedades resurgen - The New York Times (nytimes.com) [843]
3 La pandemia dispara la pobreza severa en España y alcanza ya a seis millones de personas, la cifra más alta desde 2007 (eldiario.es) [844]
4 https://www.luz-gas.es/noticias/la-pobreza-energetica-en-espana/ [845]
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El final del 2021 y comienzos del 2022 en Brasil, estuvieron marcados por una serie de intensas lluvias, que primero afectaron a la población del Estado de Bahía y desplazaron a un número de personas nunca visto. Ciudades medianas y pequeñas quedaron totalmente inundadas, en zonas que hasta entonces nunca habían sufrido problemas de inundaciones1. En Bahía, 165 ciudades declararon el estado de emergencia y más de 850 mil personas se vieron afectadas, directa e indirectamente, por las lluvias. Más tarde, las lluvias llegaron al estado de Minas Gerais desplazando a más personas, bloqueando las carreteras y poniendo en estado de alerta a unos 435 municipios.
En febrero, las lluvias golpearon con más fuerza el Estado de Río de Janeiro. En la ciudad de Petrópolis, en la región montañosa del Estado se cobraron la vida de 231 personas y aún hay 5 desaparecidos. Este escenario es el peor vivido por el municipio, que hace 11 años vivió una catástrofe similar, aunque con menos muertos. Algunas casas fueron arrastradas, los coches quedaron del revés, calles intransitables, los centros comerciales golpeados por las lluvias, pero este escenario no es desconocido para la ciudad. Desde que se fundó, Petrópolis / RJ vive con las inundaciones en cada lluvia, sin embargo, ahora tienen lugar en un período cada vez más corto. El último desastre tuvo lugar en 2011, mucho antes de esta gran catástrofe. Antes de eso, en 988 se produjo una inundación sin precedentes y el hundimiento de la presa de Brumadinho en enero 2019 arrasó un alud de tierras que mató a 270 personas y destruyó totalmente una ciudad de 40 000 habitantes, provocando un gran desastre ecológico en la región.
Brasil no ha sido el único país que ha sufrido desastres de proporciones dramáticas en los últimos meses. Quito, la capital del Ecuador sufrió un alud de tierra tras prolongadas lluvias torrenciales, provocando enormes destrucciones y muchas víctimas. Pero no es solo por la fuerte lluvia, que cayó en la madrugada del 1 de febrero, sino sobre todo por la gran desforestación que sufre la zona. El pasado 15 de enero, 11 900 barriles de petróleo de Repsol se derramaron frente a las costas de Ventanilla Perú2. Inundaciones torrenciales y aludes de tierras con resultados catastróficos en Japón, en China (afectando una ciudad de 10 millones de habitantes), incluyendo al corazón del mundo industrializado de Europa Occidental, Alemania, Austria y Bélgica en el verano de 2021 (más de 2000 muertos) 3
La multiplicación de los desastres climáticos, de las zonas contaminadas, de la destrucción de los bosques, de las mareas de lodo rojo, la contaminación atmosférica, la desaparición masiva de especies.... Todos los días, los desastres medioambientales ocupan los titulares. Cada uno de estos acontecimientos termina invariablemente con un llamamiento a la "determinación" de los gobiernos para salvar el planeta o a la responsabilidad individual de los "ciudadanos del mundo" para que utilicen correctamente sus votos4.
El análisis sobre las catástrofes medioambientales bajo la concepción materialista de la historia tiene que investigar las causas históricas y sociales que explican los desastres naturales, y no perderse en las apariencias de los fenómenos, como tampoco reducirlo a “la responsabilidad individual de los ciudadanos” o a la cuestión de “votar” por un salvador preclaro e iluminado que resolverá el asunto de un plumazo. Para una organización revolucionaria que pretende defender los intereses históricos de la clase obrera, es fundamental hacer una reflexión teórica que aclare las condiciones de la lucha de clases y critique los análisis de la sociedad que considera falsos, para comprender en profundidad las diversas determinaciones que contribuyeron a la aceleración de los desastres y desequilibrios ambientales, que no pueden explicarse por sí mismos.
Los hechos son contundentes: olas de calor (Argentina registró en enero del 2022, temperaturas superiores a los 40 0 C, Australia más de 50 0C) los incendios de todo el mundo en el 2021 causaron un total estimado de 1.760 megatoneladas de emisiones de carbono, que es el equivalente a 6.450 megatoneladas de dióxido de carbono, según los satélites del Servicio de Monitoreo de la Atmósfera de Copernicus (CAMS), incendios en el estado de California 2021, Australia 2019 - 20205, en el 2021 Turquía, Grecia, Albania, Italia, Túnez. Según el análisis de WWF y Boston Consulting Group (BCG) del 2020, en la Amazonía brasileña, los datos más recientes muestran que los incendios del 2020 superaron en un 45% al promedio de los últimos diez años debido a los altos niveles de deforestación ilegal. Entre agosto de 2019 y julio de 2020, las alertas de deforestación fueron un 33% más altas que en el mismo período del 2018 – 20196. Sumemos a ello el derretimiento de los glaciares, inundaciones, extinción de especies enteras – lo que en definitiva conduce a la extinción de la propia especie humana. No hay duda de que el sistema actual está llevando a la humanidad hacia una catástrofe medioambiental. Y aun si no existiera el calentamiento global, el suelo, el aire, los ríos y los mares continuarán siendo envenenados y agotados para siempre.
Hace 170 años, Friedrich Engels ya señalaba que la industria inglesa hacía insalubre el medio ambiente para los trabajadores: "La alta tasa de mortalidad entre los hijos de los trabajadores, y en particular entre los trabajadores de las fábricas, es prueba suficiente de la insalubridad a la que están expuestos durante sus primeros años de vida. Estas causas también afectan a los niños que logran sobrevivir, pero sus efectos son, obviamente, un poco más atenuados. En el caso más benigno, conducen a una predisposición a la enfermedad o al retraso del desarrollo y, en consecuencia, a un vigor físico inferior al normal”7.
La CCI consecuente con los análisis desarrollados por las organizaciones del proletariado del pasado, denuncia el hecho que las catástrofes naturales forman parte del conjunto de fenómenos causados por las formas irracionales de producción en las que basa todo el edificio del sistema capitalista, es decir primar sobre toda consideración los beneficios monetarios. En otras palabras, la ganancia cruda prevalece sobre cualquier miramiento que proteja los intereses humanos.
La sociedad capitalista, en su lógica de acumulación encaminada a la saturación de los mercados por la tendencia creciente a la sobreproducción, entró en su época de Decadencia tras la 1era Guerra Mundial (1914 – 1918), marcando el curso de su historia a un vertiginoso descenso a crisis económicas globales, intensas y traumáticas, la tendencia generalizada del capitalismo de estado en todas las naciones del planeta, guerras por doquier, violencia gansteril, y un mayor aumento de la desforestación, desertificación, sequías y contaminación de ríos, lagos, mares y océanos con todas sus implicaciones, que ponen de manifiesto la podredumbre de la sociedad que se agrava por las crecientes contradicciones del capitalismo.
Contradicciones que llevaron a la sociedad del valor, a partir de 1989, a la entrada a su última fase en la Decadencia: La Descomposición, en las que todas las lacras antes señaladas se profundizan ad extremum8. Un claro ejemplo patético de lo que décimos es la pandemia que ha afectado duramente el país los dos últimos años 9,del que aún vivimos sus secuelas. Estos impactos ambientales son así, fruto del uso caótico que el capitalismo hace de los recursos de la naturaleza y de cómo estos impactan la propia existencia del hombre en la tierra10.
Aunque el Estado se esfuerce en crear una narrativa de que el hombre no puede tener control sobre los fenómenos de la naturaleza y que no hay nada que hacer frente a ellos, salvo las medidas de contingencia para minimizar los desastres, diversas instituciones científicas, académicas y afines ya señalaban cómo los procesos de deforestación impactaban en los ciclos hidrológicos, la falta de vegetación y la capacidad destructiva que las lluvias podían imprimir a ciudades como Petrópolis/RJ. Sin embargo, queda muy claro cómo la burguesía y su aparato estatal fueron incapaces de realizar una planificación a corto, medio y largo plazo que pudiera minimizar los impactos de los fenómenos naturales. La CCI ha denunciado que la responsabilidad de estas catástrofes recae en el sistema capitalista, en la lógica del beneficio a cualquier precio, en la búsqueda constante del ahorro en insumos, en gastos de personal, en la explotación inconsecuente de los recursos sin la menor preocupación por los riesgos para el medio ambiente. A los recortes del Estado, tanto en el ámbito de los estudios de prevención como en la realización de inversiones para minimizar las tragedias, es la suma lo que explica que las catástrofes sean cada vez más recurrentes y mortíferas11. Aunque el gobierno de Bolsonaro, por ejemplo, redujo significativamente el presupuesto asignado a la prevención de desastres12, la campana ideológica de la izquierda focalizando la rabia contra él, diciendo que es la culpa del gobierno populista de Bolsonaro, sirve antes que todo a distraer y atacar la conciencia de la población y en particular de los proletarios, para esconder la responsabilidad del sistema capitalista en esa situación. Así, el Estado de Río de Janeiro tampoco ha13 ejecutado el presupuesto asignado a la prevención de riesgos y a la recuperación de las zonas afectadas por los desastres.
Las inundaciones que han azotado a Brasil están lejos de constituir un fenómeno natural particular y localizado, precisamente porque son totalmente previsibles y anticipadas hace años por varios especialistas, por lo que no cabe duda de que podrían haberse evitado y minimizado si la lógica de la sociedad capitalista no contribuyera realmente a su agravamiento. La lógica capitalista implica la ocupación desordenada y caótica de los espacios urbanos, lo que explica la intensificación de las inundaciones y la erosión del suelo. En Petropólis/RJ, el aumento de las precipitaciones, el encuentro con espacios más urbanizados y un suelo menos impermeable, contribuyeron a las inundaciones y se vieron agravadas por los desprendimientos de las laderas también ocupadas por viviendas. El caso de Quito, señalado en líneas arriba es otro caso dramático.
Cuando defendemos el concepto de que es el capitalismo el que ha agravado los procesos de catástrofes ambientales, no significa que los fenómenos naturales como las lluvias torrenciales, las inundaciones, etc. no existirían en otras formas de sociedad, sin embargo, entendemos que estos procesos naturales adquieren contornos más intensos y mayores impactos en la sociedad, ya sea por su potencial destructivo, ya sea por su recurrencia. Sin duda, la lógica capitalista y las desigualdades sociales que genera están en la base de los factores que llevan a las catástrofes a niveles tan destructivos.
Otro aspecto relevante es precisamente cómo la clase trabajadora sufre estas catástrofes. Por regla general, el proletariado está sometido a condiciones cada vez más precarias, no tiene el poder de establecerse en una vivienda adecuada y se ve abocado a las periferias y a condiciones habitacionales de riesgo, sin saneamiento básico y en estas catástrofes naturales es el que menos puede protegerse, lo que acaba colocándolo con más víctimas. En el caso de las catástrofes naturales, sin embargo, la irracionalidad en el uso de los recursos y la agresión al medio ambiente han provocado daños climáticos que no eligen la clase social, el calentamiento global, la desertificación, etc., ponen en riesgo la propia existencia de la Tierra en un corto período, dada la lógica desenfrenada y depredadora del uso capitalista de los recursos naturales. Aunque la burguesía dispone de más mecanismos para hacer frente a la escasez, incluso para ella existe un límite infranqueable: sólo hay una Tierra.
La solución, sin embargo, no pasa por la creación de una legislación más eficiente, ni siquiera por la correcta aplicación de las inversiones en prevención de catástrofes, precisamente porque es la lógica de la reproducción capitalista la que, en su fase de descomposición, agrava y acelera tales catástrofes naturales (el desequilibrio medioambiental es al mismo tiempo un producto de la descomposición del capitalismo, y al mismo tiempo que se agrava constituye un hecho de la aceleración de ese mismo proceso de descomposición).
Las inundaciones en Brasil no constituyen, como hemos visto, problemas naturales particulares, sino que son fenómenos que han ocurrido en otros lugares del mundo y que tienden a empeorar cada vez más: el problema es el capitalismo. Y corresponde a las organizaciones proletarias la difícil tarea de enfrentar las concepciones que naturalizan los desastres de manera lineal, como resultado de fenómenos naturales inevitables, y en cambio aportar la perspectiva marxista que revela los factores y procesos de estos problemas ambientales, que no pueden ser analizados sin equiparar el poder del Estado, la burguesía y la reproducción del capital.
Ante un panorama de descomposición que los efectos humanos, sociales y económicos generan cada vez más catástrofes naturales, tales como: inundaciones, sequías, desbordamientos, y en el que la degradación del medio ambiente ha alcanzado niveles impresionantes, que amenazan el equilibrio de todo el planeta, aunque la tecnología avanza y las personas se ven cada vez más impotentes para enfrentar tales problemas. Es esencial que el proletariado tome conciencia y reflexione sobre las verdaderas causas de las catástrofes y comprenda la responsabilidad del capitalismo en ellas, ninguna economía más verde ni ningún dirigente más sensible a las causas medioambientales puede superar la contradicción fundacional del capital. Sólo el desarrollo de la solidaridad internacionalista del proletariado y su condición revolucionaria es capaz de superar estas catástrofes y tragedias medioambientales.
Sección en Brasil de la CCI
1 Destrucción por inundaciones en el noreste de Brasil [847]
2 Ver Perú: el desastre de REPSOL, solo demuestra lo moribundo del capitalismo [848]
3 Leer Inundaciones, sequías, incendios... ¡El capitalismo lleva la humanidad hacia un cataclismo global! [678]
4Ver "Destrucción del medio ambiente: ¡la ideología "verde" está al servicio del capitalismo! [849]".
5 Ver Incendios forestales en Australia: un presagio del futuro que nos depara el capitalismo [850]
6 "En 2020, los incendios forestales podrían ser peores que en 2019 para Sudamérica y el mundo [851]" (worldwildlife.org).
7 Friedrich Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra (1844) [328]
8 Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición [109]
9 Brasil es el tercer país más afectado por la pandemia y el segundo en casos mortíferos.
10 Ver Dossier especial COVID19: el verdadero asesino es el capitalismo [255]
11 Ver El capitalismo amenaza el planeta y la supervivencia de la humanidad: Sólo la lucha mundial del proletariado puede acabar con la amenaza [24]
12En portugués: “Orçamento para evitar desastres como os das chuvas na Bahia foi reduzido em 75% em 2021 pelo governo Bolsonaro [852]” (O Globo).
13 En portugués: Petrópolis e o esforço dos governantes em ignorar o passado [853] (apremavi.org.br)
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Durante los últimos meses, en el norte de Chile, principalmente en Iquique, ha habido una oleada casi infinita de inmigrantes que han escapado de las garras del narco-chavismo contrarrevolucionario en Venezuela, lo que ha producido una gran conmoción en todo el territorio nacional, pues con las oleadas de inmigrantes también llegan criminales y peligrosas pandillas que antes no habían, lo cual ha desatado una enorme opinión tanto en la izquierda como en la derecha del capital, de la misma forma que entre los académicos, “influencers” y sociólogos burgueses no se han quedado atrás: algunos hacen un llamado a la xenofobia y al nacionalismo, a marchas de odio y a culpar a la “ONU” y al marxismo “cultural” de esto, en cambio, el progresismo buenista nos dice que “inmigrar es un derecho” y “todos son bienvenidos”, ¿Quién gana con estos llamados? La burguesía.
La inmigración es un problema global e histórico que ha afectado a diversos países alrededor de los años, y es un problema que moviliza principalmente a proletarios. En el caso de Chile también ha habido inmigración desde ya hace algunos años, sin embargo, la inmigración masiva de venezolanos comenzó en el año 2019, cuando Piñera de reunión con Guaido en Cúcuta, desde entonces ha habido una inmigración extremadamente descontrolada, que lamentablemente ha tenido una serie de consecuencias negativas, tanto para los proletarios locales como extranjeros: aumento de la delincuencia, asesinatos, bandolerismo, aumento de empleos precarios e “ilegales”, etc. Actualmente en Chile la cantidad de venezolanos son medio millón, y corresponden al 41% de los inmigrantes, por ello es que, como se dijo anteriormente, ha habido distintas voces en el mundo burgués con respecto a este nuevo problema
Desde que hace unos días atrás, unos inmigrantes pertenecientes al lumpen asesinaron a un joven camionero trabajador en el norte, el gremio de camioneros (vanguardia de la extrema derecha chilena) ha convocado a paros y huelgas contra “los inmigrantes” y la “delincuencia”, hacen llamados al gobierno burgués a proclamar “estado de excepciones” (igual que en el sur con el tema del terrorismo indígena), y buscan militarizar toda la zona para prohibir la entrada de ilegales. De la misma forma el año pasado estuvo lleno de marchas nacionalistas y de “odio” en el norte, donde incluso destruyeron carpas e incendiaron pertenencias de venezolanos que habían ocupado determinados lugares, de ahí aparecen grupos de la derecha más radical, culpando a la ONU, a Bachelet, y a Piñera por la “invasión venezolana”, y la perdida de la “chilenidad”. Por si fuera poco, este odio xenofóbico se refuerza con constantes videos y noticias de venezolanos que roban, delinquen y saquean, dañando constantemente a “locales” chilenos. Gran parte de la campaña presidencial del ultra- reaccionario Kast se basó en poner fin a la inmigración.
Todo lo anteriormente expuesto lo único que ha hecho es dañar el internacionalismo proletario de la clase obrera, y fomentar el nacionalismo en las filas proletarias (los obreros no tenemos Patria, la Patria es de la burguesía). Esto es algo que los proletarios deben combatir constantemente mediante el debate comunista, aunque el nivel de conciencia sea aún bajo.
De la misma forma, el izquierdismo, con su clásico discurso buenista y humanista, no ha hecho sino llorar por la precaria condición de los inmigrantes en el norte y condenar las manifestaciones de la ultraderecha, sin embargo, esto lo único que ha permitido es fomentar más el odio racista entre la población. Igual que la ultraderecha no tiene nada que ofrecer al proletariado, la izquierda tampoco lo tiene.
Lo que hace, tanto la izquierda como la derecha democrática, con su “bienvenida al inmigrante” es utilizar a estos como instrumento para precarizar el empleo y empujar hacia abajo las condiciones de trabajo, salario y vida de TODOS LOS TRABAJADORES, nativos o extranjeros. Al mismo tiempo, falta de alimentos, aumento de la delincuencia, falla de los sistemas públicos, (prácticamente todo lo que ocurre en el norte) lo que en otras palabras es: ¡barbarie capitalista!, apoyada por el progresismo y la ultraizquierda.
Un punto en aclarar es el siguiente: internacionalismo proletario no es lo mismo que ser pro- inmigración, ser un izquierdista proinmigrante es ser un agente del capital que, drogado por ideologías progres y humanistas, lo único que hace es acrecentar la barbarie capitalista y mantener (sino proteger) el estado burgués, en palabras más simples, el discurso pro- inmigración defiende y mantiene el capitalismo y su estado mientras los obreros son más y más precarizados. En cambio, el internacionalismo proletario es una actitud propia de los obreros, que luchan por la revolución comunista mundial y la abolición de todos los estados, es un movimiento político ofensivo hacia el capital, y no un discurso pasivo y humanista que tanto le gusta a la burguesía como la pro- inmigración. Al final queda en evidencia como la izquierda y la derecha se apoyan mutuamente a favor del capital
Según el marxismo, el lumpen es una capa marginal histórica, que vive de las migajas de la sociedad burguesa y que no participa en el proceso de producción. Esta capa es consecuencia de como el capitalismo excluye del trabajo social a masas de personas, creando un “ejército de reserva industrial” que para sobrevivir no tienen más que robar o asesinar, sin embargo, durante el periodo de descomposición capitalista el lumpen es cada vez más y más errático y violento, acaparando a cada vez más y más individuos de la sociedad capitalista. Como señala el Manifiesto Comunista “El proletariado andrajoso, esa putrefacción pasiva de las capas más bajas de la vieja sociedad, se verá arrastrado en parte al movimiento por una revolución proletaria, si bien las condiciones todas de su vida lo hacen más propicio a dejarse comprar como instrumento de manejos reaccionarios”.
Dicho lo anterior, es obvio que muchos criminales aprovechen una situación de caos como lo son las inmigraciones masivas para saquear y robar en otros lugares, sin embargo, esto no es culpa de la inmigración “masiva”, sino del sistema capitalista en general que produce, de manera inevitable, a estos marginales. A diferencia de lo que dicen los medios de prensa burgueses (los mismos que luego se quejan por el ascenso de la extrema derecha), el proletariado no se debe dejar controlar por una ideología pro- policiaca y paranoica, sino que, al contrario, los obreros deben estudiar este problema desde una perspectiva político-revolucionaria.
A diferencia de lo que dicen los buenos ciudadanos burgueses, la solución al problema de la inmigración y la delincuencia no se resuelven con medidas reaccionarias militares y armamentistas, estos problemas tienen su solución aboliendo la contradicción capital/trabajo junto con todos los estados burgueses, a favor de la comuna humana mundial. Las insurrecciones proletarias y las huelgas de masas, la solidaridad con todos los trabajadores (independiente de su raza o país), es fundamental para poner fin a toda la barbarie capitalista que hoy se vive no solo en el norte del país sino en todo el mundo, porque la culpa de todo esto solo la tiene el capital y su estado.
Rodrix
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Muchos medios burgueses llaman a Costa Rica como la “democracia más antigua de América Latina” por haber celebrado elecciones presidenciales y parlamentarias con relativa “calma” desde el golpe de Estado que sufrió este país en 1948: 74 años de “civilizada” democracia burguesa en medio de Estados centroamericanos gobernados casi desde siempre por dictadores y militares.
Los izquierdistas en este país tienen una larga historia en el parlamentarismo: casi desde la conformación del partido estalinista en 1931 (Partido Comunista de Costa Rica, PCCR) ha sido parte del circo. En esos remotos años, ante la negativa del gobierno de turno de que el PCCR participara en las elecciones de 1934 como “Partido Comunista”, mutaron su nombre al “Bloque de Obreros y Campesinos” para participar en estos comicios, luego volvieron a cambiar de traje con el nombre “Vanguardia Popular”. Han participado desde siempre en esta farsa, porque Costa Rica, según la lógica izquierdista, tiene “condiciones excepcionales” para la participación electoral y hacer de este espacio “una tribuna de denuncia” o un espacio para rascar migajas al capitalismo. Y no solo los estalinistas, sino otras derivaciones han utilizado esta “lógica”. Los guevaristas, maoístas, y trotskistas a partir de la década de 1970 se unieron al teatro, y han participado casi de manera ininterrumpida de este podrido sistema. La Izquierda Comunista, desde sus primeras luchas en el seno de la Tercera Internacional, ha llegado a la conclusión que el parlamentarismo está totalmente caduco en la fase de decadencia del capitalismo y cumple una misión nefasta para el desarrollo de la conciencia del proletariado al ser el medio mistificador por excelencia1.
Los que no comprendieron esta cambio de fase, o los que han degeneraron junto a la contrarrevolución, los más radicales de la burguesía, justifican esta participación con el argumento de “denuncia desde las tribunas” para “acercar” a algunos elementos a la lucha por “el socialismo”, otros defienden esta participación por la “excepcionalidad” del régimen democrático en ciertos países, como Costa Rica, donde la situación “permite” que “diputados obreros” – es decir sus militantes, los “los especialistas”, los “jefes” – puedan llegar a defender los intereses de los trabajadores en el parlamento: porque para ellos estos “especialistas en política” son sus cuadros, que se plantea como la “vanguardia” de sus luchas.
Los más a la derecha dentro de los izquierdistas, como los del Frente Amplio, ya renunciaron completamente al discurso radical, muy característico de los trotskistas, y se han distanciado de su viejo origen estalinista, diciendo abiertamente en televisión que no son un “partido extremista”, ni mucho menos “comunista”, con el fin de catalizar la mayoría de los votos rechazando abiertamente la idea del comunismo. Esta es la realidad de la putrefacción de las facciones de izquierda de la burguesía en este capitalismo en abierta descomposición.
Es importante denunciar este engaño que se ha construido alrededor de la democracia burguesa de Costa Rica, que se ha planteado como “un modelo a seguir” por el grueso de la izquierda de capital que han asumido de manera abierta y descarada la bandera de la “democracia” como un paso “progresista” para derrocar los distintos regímenes autoritarios de Centro América que han sobrevivido por largos años, confundiendo, mistificando, a muchos obreros centroamericanos que ven este país con un “mal menor” ante el caos general de los Estados centroamericanos.
Las elecciones de este año han demostrado que este supuesto régimen “ejemplar” de “democracia” no es más que una farsa, más evidente aún con la entrada del capitalismo en su descomposición que ahora afecta todos los aspectos de vida del capitalismo incluidas las elecciones parlamentarias y presidenciales.
Las corrientes de la Izquierda Comunista han luchado de manera ininterrumpida contra el parlamentarismo, no de una manera idealista como los anarquistas, sino bajo las bases sólidas del marxismo. La entrada en la decadencia del capitalismo ha hecho caducos métodos que en el periodo de ascenso eran válidos, como la participación electoral, o la creación de sindicatos, no por una ocurrencia abstracta, sino por el hecho que las lucha por reformas, o la propaganda revolucionaria en los parlamentos carecía de sentido cuando estas reformas y luchas políticas había cambiado de sentido. Primero, la incapacidad en el periodo de decadencia de la obtención de reformas realmente duraderas, y segundo, por la función contrarrevolucionaria de los sindicatos que habían sido absorbidos por el aparato Estatal. Las formas de luchas también adquiriendo un nuevo sentido desde 1917: los viejos parlamentos burgueses se habían hecho obsoletos con la aparición de los Consejos Obreros que había roto con la antigua división capitalista de la política y la economía. Inspirado por la experiencia pionera de la Comuna de París -Marx llamó a la Comuna de París como “heraldo glorioso de una nueva sociedad”2- el proletariado ruso había dado gigantescos pasos de organización, había conformado un verdadero gobierno de la clase obrera.
La oleada revolucionaria de 1917-23 mostró claramente que los métodos de lucha del proletariado habían cambiado de manera radical, ya no se trataba de conquistar el podrido régimen burgués, sino de destruirlo y remplazarlo por el nuevo poder de la clase: los consejos obreros. Las facciones de izquierda de la socialdemocracia, pertenecientes a la segunda internacional, iban, cada uno adoptado estos métodos de lucha, a medida que también teorizaban sobre la nueva fase del capitalismo: su entrada en decadencia. Sobre el parlamentarismo, Rosa Luxemburgo decía que,
La Asamblea Nacional es un legado superado de las revoluciones burguesas, un recipiente sin contenido, un requisito de la época de las ilusiones pequeñoburguesas de “pueblo unido” de “libertad, igualdad y fraternidad” en el Estado burgués. Quien hoy apoye la idea de la Asamblea Nacional ata consciente o inconscientemente a la revolución a la etapa histórica de las revoluciones burguesas; es un agente encubierto de la burguesía o un ideólogo inconsciente de la pequeña burguesía…
(Luxemburg, apud Frolich, 1976: 379)
Otros grupos de la izquierda comunista siguieron estos pasos, como el boicot del Partido Comunista Polaco a las elecciones en 1918, o el de la Fracción Comunista Abstencionista del Partido Socialista Italiano en el mismo año, también una facción de los tribunistas holandeses adoptaron estas posiciones antiparlamentarias3. Esta nueva realidad en la historia de movimiento obrero se cristalizó en el Primer Congreso de la Internacional Comunista de 1919, en especial las “Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado”4, donde vuelve sobre la tesis de Marx, del sentido real de la Comuna:
La república burguesa, aun la más democrática, no es más que una máquina para la opresión de la clase obrera por la burguesía, mediante la máquina estatal que organiza y garantiza la opresión y explotación del trabajo por el capital.
“La Comuna de París, a la que de palabra honran todos los que desean hacerse pasar por socialistas, porque saben que las masas obreras simpatizan con ella ardiente y sinceramente, mostró con particular evidencia el carácter históricamente condicionado y el limitado valor del parlamentarismo burgués y la democracia burguesa, instituciones progresivas en alto grado en comparación con el medievo, pero que exigen inevitablemente un cambio radical en la época de la revolución proletaria. Precisamente Marx que aquilató mejor que nadie la importancia histórica de la Comuna mostró, al analizarla, el carácter explotador de la democracia burguesa y del parlamentarismo burgués bajo los cuales las clases oprimidas tienen el derecho de decidir una vez cada determinado número de años qué miembros de las clases poseedoras han de "representar y aplastar" al pueblo en el Parlamento (…)”
(V. Lenin, “Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado”, 1919)
Primero el desarrollo del oportunismo en el seno de la Internacional y luego el triunfo de la contrarrevolución echó abajo todos los avances en la lucha por la revolución mundial con respecto al parlamentarismo y la crítica acérrima a la democracia burguesa. Ahora todos los paladines izquierdistas de la democracia burguesa están insertos en este putrefacto sistema, engañando al proletariado, asumiendo un papel mistificador, inhibiendo cualquier forma de lucha alternativa y borrando todos los avances en el plano organizativo del proletariado que no tiene nada ver con el parlamentarismo.
Costa Rica ha asumido una función mistificadora en Centro América: se muestra como una democracia “ejemplar” en una región donde han surgido regímenes autoritarios bien controlados por el imperialismo norteamericano. Sin embargo, la influencia imperialista se llevó a cabo bajo otros medios más “civilizados” como se verá a continuación.
Según un informe de la “Agency of International Development” del gobierno de los EEUU (USAID) del año de 1996, Costa Rica recibió cerca de más de 2 billones de dólares en “ayudas” directas entre 1946 y 19955, lo que lo hace uno de los países en el mundo que ha recibido más ayuda per cápita del mundo entero por parte del imperialismo norteamericano. En un contexto de luchas entre bloques imperialistas que tuvo un fatal escenario para Centro América para la clase obrera centroamericana con las disputas entre los ejércitos patrocinados por el imperialismo norteamericano y las guerrillas que aparecen luego del triunfo de las “revolución” cubana, esta zona del mundo era un lugar de muerte y destrucción. En medio de los levantamientos guerrilleros guevaristas y maoístas, Costa Rica se mantiene como un “oasis democrático” en medio de un desierto de muerte.
Este “oasis democrático” no hubiera sobrevivido sin la ayuda de estos 2 billones de dólares, que permitió crear un endeble régimen democrático burgués que sirviera de “ejemplo” para los países centroamericanos que se desangran en una guerra civil. Es decir, la construcción de este régimen democrático nunca hubiera sido posible sin la “ayuda” del imperialismo norteamericano, por lo que hay que comprender este fenómeno desde este aspecto geopolítico que creó la lucha inter-imperialistas entre dos grandes bloques burgueses, por un lado, el soporte indirecto a los ejércitos de los regímenes autoritarios de Centro América (Honduras, Guatemala, el Salvador y Nicaragua), y la creación de un modelo “democrático ejemplar” en Costa Rica. Por otro lado, de manera indirecta, la ayuda militar a la izquierda del capital radical, a través de Cuba bajo el patrocinio de la URSS.
Según algunos historiadores burgueses, Costa Rica inicia esta “transición” a la democracia luego de la Guerra Civil de 1948, donde un grupo paramilitar liderado por José Figueres Ferrer llega al poder, luego de agrupar en sus fuerzas grupos opositores que reclamaban un fraude electoral. Los oficialistas, que era una coalición entre el partido estalinista (Vanguardia Popular) y el Partido Republicano Nacional declararon nula las elecciones, y se desató la Guerra Civil. Costa Rica fue gobernada de facto durante 18 meses por una junta militar llamada “Junta Fundadora de la Segunda República”, para luego darle el poder a Otilio Ulate, que fue, según los figueristas, el legítimo ganador de las elecciones de 1948. Este “traspaso” de poderes, se hizo por medio de un pacto entre facciones de la burguesía conocido como el pacto “Ulate-Figueres”. Los figueristas conformaron el “Partido Liberación Nacional” que ha estado en todas las contiendas electorales desde el conflicto, y ha sido el partido que ha estado la mayoría de las veces en el poder.
Esta nueva reestructuración de la burguesía sacó de la escena a los perdedores: los calderonistas de tendencia socialcristiana, y sus aliados, los estalinistas de Vanguardia Popular. Todo este conflicto tiene como escenario la década de 1940, donde se estableció una triple alianza entre la Iglesia, los estalinistas, el calderonismo, en medio del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, donde los estalinistas eran vistos como aliados contra el fascismo. Una vez finalizada la guerra, la burguesía se estructuró bajo el capital norteamericano, y en medio de una gigantesca campaña anticomunista que fue la regla en todas las campañas políticas que siguieron a este conflicto inter-burgués. El partido estalinista es ilegalizado hasta 1975, cuando se deroga la prohibición constitucional. Antes de esta derogación, se crea un grupo paramilitar llamado “Movimiento Costa Rica Libre” (MCRL) fundado en 19616, y que fue abiertamente patrocinado por el presidente de Costa Rica Francisco Orlich (1962-66), y que recibió financiamiento directo de la USAID. A raíz del conflicto cubano, Costa Rica se estableció, junto a Honduras, como un lugar de entrenamiento de paramilitares contrainsurgentes, mientras que se establecía una democracia burguesa patrocinada por el imperialismo norteamericano.
Luego del conflicto bélico, el Partido Liberación Nacional obtuvo 7 de las 11 elecciones que hubo entre 1953 y 1994. En la década de 1990, el poder político de la burguesía estuvo oscilando entre este partido y el de Unidad Social Cristiana, y a partir de las elecciones del 2002 hubo un nuevo ganador electoral que batió y sigue batiendo récords: el abstencionismo. Antes de estas elecciones el circo electoral no había pasado el 20%, mientras que a partir de esta década no ha bajado del 30%: precisamente el periodo que se abre luego de la implosión del bloque del Estado, lo que la CCI ha llamado como el periodo en descomposición capitalismo7.
La “democracia más antigua de América Latina” no es más que una farsa de la burguesía, creada y financiada como un foco “democrático” entre los conflictos inter-imperialista de Centro América por el imperialismo norteamericano, el teatro solo ha redistribuido el poder durante la mayoría de su vida “democrática” entre dos facciones de la burguesía, y que ha sido superado en casi todas las elecciones desde la década del 2000 por el abstencionismo. Este sistema “democrático” entra en crisis con la desaparición de los bloques, existe una desconfianza cada vez más creciente en las distintas facciones de la burguesía como se ha demostrado en las últimas elecciones.
Para un país de 5 millones de habitantes, que tiene un padrón electoral 1,2 millones, el número de candidatos a la presidencia es insólito. Prácticamente, hasta las elecciones de 1998 nunca hubo más de 5 candidatos. Los 25 candidatos muestran una fragmentación de la burguesía sin precedentes. Desde los 90s, el partido de la extrema derecha estuvo representado por el Partido Movimiento Libertario: hoy, este partido se ha dividido en cuatro8. Los izquierdistas no son la excepción: han participado trotskistas, estalinistas y partidos LGTBI9.
Antes del 6 de febrero, día de los comicios, la prensa y el Tribunal Supremo de Elecciones, hablaban de que este número insólito es un “hito democrático” que demuestra lo “abierto” del régimen democrático costarricense, y que había que “celebrar” este hecho. Lo que muestra este hecho, no es que hubo una “generación espontánea” de partidos políticos, sino que es evidencia que la burguesía costarricense se ha fragmentado internamente. Desde hace dos décadas este fenómeno ha iniciado con fuerza. El Partido Acción Ciudadana fue fundado por militantes del Partido Liberación en el 2000 y ha sido el partido oficialista de las últimas dos elecciones: en las últimas elecciones obtuvo solo el 0,66%, está técnicamente muerto. También en estas elecciones se fundaron partidos dónde los candidatos al trono no eran más que viejos conocidos de otros partidos, como el caso de Rolando Araya, exmilitante del Partido Liberación Nacional, que se unió al partido “Costa Rica Justa” por rivalidades internas en Liberación Nacional.
De estos 25 candidatos solo 6 obtuvieron más de 1% del total de votantes10. Esta fragmentación obliga a que las elecciones se decidan en una segunda ronda entre el Partido Liberación Nacional, el partido más longevo de Costa Rica, y un partido totalmente nuevo: el Partido Social Democrático. Paradas sobre su propio excremento, las facciones en pugna por el poder se afanan en influenciar a su favor a los votantes filtrando información sobre la “calidad” de sus representantes. Por ejemplo, nos enteramos que José María Figueres, hijo de José Figueres Ferrer, líder de la Guerra Civil de 1948 y fundador del Partido Liberación Nacional, se le ligó al asesinato del narcotraficante “Chemise”, fue absuelto, y luego, en su primer gobierno (1994-98) fue el orquestador de una reforma de pensiones de los trabajadores de la educación que provocó una huelga de cinco semanas, una de la de mayor importancia de la últimas tres décadas, huelga que fue desarticulada por los sindicatos que negociaron con la patronal y demostraron lo podrido que están11. Y acá no acaba la historia, fue implicado en el llamado escándalo ICE-Alcatel, una adjudicación de un contrato con una empresa del Estado, donde se demostró que pagaron más de 800 mil dólares en sobornos, y donde Figueres obtuvo, solo él, 900 mil dólares por un supuesto trabajo de asesoramiento. El otro candidato no es menos santo. Fue, por un largo tiempo, funcionario del Banco Mundial, donde fue sancionado por conductas sexuales indebidas en el 2019, lo que lo “obligó” optar por la anticipada jubilación, para ingresar, en un paso fugaz, por el Ministerio de Hacienda del gobierno saliente, al renunciar porque no le permitían tomar medidas draconianas en su puesto. Ahora se muestra como un Trump a la tica, con un discurso anticorrupción de mano fuerte, proponiendo un gobierno de especialistas de todos los colores… Sin embargo, para el proletariado ha quedado claro desde hace mucho tiempo que la corrupción es el modus vivendi de la burguesía y que lo relevante se encuentra en clarificar que cualquier opción representa los intereses del Estado capitalista en su conjunto y que lo importante no está en los niveles de corrupción de cada uno sino en el verdadero objetivo de la mistificación de las elecciones y del parlamento que se mantiene desde hace ya más de 100 años: mantener intacto el sistema de explotación del sistema asalariado.
Costa Rica se ha vendido como una “democracia ejemplar”, un ejemplo para los regímenes de facto, pero, al igual que la mayoría de los países alrededor de mundo, la descomposición generalizada del sistema pone cada vez en evidencia el fracaso de la forma “más civilizada” de organización que ha establecido la burguesía. La democracia ha sido uno de los venenos más poderosos para la organización de la clase obrera y su toma de conciencia, tiene una función mistificadora: Costa Rica cumple esta función en los países de la región. La tarea de los revolucionarios es desenmascara su función y denunciar a los paladines de izquierda y derecha.
En el siglo XIX, cuando la clase obrera daba sus primeros pasos a nivel organizativo, cuando el capitalismo estaba aún en un periodo ascendente, estos espacios, como el parlamentarismo, o los sindicatos, cumplieron una función histórica que ha sido complementa superada desde que el capitalismo pasó a su fase decadente. La clase obrera encontró, desde 1917, una nueva forma de organización que no tiene absolutamente nada que ver con el sistema de la democracia burguesa: los Consejos Obreros. Como decía Pannekoek, “el parlamentarismo constituye la forma típica de lucha a través de los dirigentes y en que las masas solo juegan un papel subalterno”12, es la visión en donde los “dirigentes” suplantan la clase en su organización. Este es el principal peligro, la noción que la organización de clase es suplantada por “especialistas en política” que toman su puesto, para “dirigirlos”. Las facciones de extrema izquierda de la burguesía utilizan esta noción para justificar su participación en el circo.
La descomposición de la “democracia ejemplar” de América Latina, democracia construida por el mismo imperialismo norteamericano en medio del caos de las luchas Inter imperialistas de Centro América, pone cada vez más en evidencia lo podrido que está el sistema capitalista, por eso los revolucionarios tenemos denunciar a todas voces por qué esta versión “civilizada” no es “menos mala” que otras, sino que es parte constitutiva de toda la podredumbre del capitalismo a nivel mundial, y que es una forma mistificadora que impide que el proletariado mundial utilice su mecanismo de lucha y de organización.
1 Ver el punto 8 de nuestra Plataforma: https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [243]
2Karl Marx, “La guerra civil en Francia”, Marxists Internet Archive, 1871, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/guer.htm#s3 [857].
3Sobre esto pueden ver en nuestra página un texto de Anton Pannekoek titulado “El parlamentarismo es un obstáculo para la autoactividad del proletariado”, https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/201203/3340/anton-pannekoek-el-parlamentarismo-es-un-obstaculo-para-la-autoactivi [858]
4Vladimir I. Lenin, “V. I. Lenin (1919): Tesis e informe al I Congreso de la III Internacional”, 2001, https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/internacional/informe... [859].
5James W. Fox, U.S. Aid to Costa Rica: An Overview (Washington D. C.: US Agency International Development, 1996), 1.
6Marcelo Nigro Herrero, “El Movimiento Costa Rica y la Revolución Cubana”, en El verdadero anticomunismo. Política, género y Guerra Fría en Costa Rica (1948-1973), ed. Iván Molina Jiménez y David Díaz Arias (San José: Editorial Universidad Estatal a Distancia (EUNED), 2017), 157.
7 Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
8Unidos Podemos, Liberal Progresita, Unión Liberal y Movimiento Libertario
9Partido de los Trabajadores, Nuevo Partido Socialista, Frente Amplio, Pueblo Unido y Unidos Podemos
10Dentro de estos seis, los partidos llamados “tradicionales”, Liberación Nacional y Unidad Social Cristiana, un partido de extrema derecha, el Liberal Progresista, un partido cristiano, Renovación Nacional, un partido nuevo llamado Partido Social Democrático, liderado por un exfuncionario del Banco Mundial, y el partido izquierdista, Frente Amplio.
11Sindy Mora Solano, “Desunión y distanciamiento: conflictos e interpretaciones de la huelga del Magisterio Nacional de 1995”, Anuario de Estudios Centroamericanos, 2010 de 2009, 164–65.
12Pannekoek, "Revolución Mundial y táctica comunista", en Serge Bricianer, Pannekoek y los consejos obreros (Barcelona: Editorial Anagrama, 1976) 235-236.
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Si tratas de huir con tu familia de las zonas de guerra en Ucrania, junto con otros cientos de miles de personas, serás separado a la fuerza de tu mujer, tus hijos y tus padres ancianos si eres un varón de entre 18 y 60 años: ahora estás reclutado para luchar contra el ejército ruso que avanza. Si te quedas en las ciudades, serás objeto de bombardeos y misiles, supuestamente dirigidos a objetivos militares, pero que siempre causan esos "daños colaterales" de los que oímos hablar por primera vez en la “gloriosa” Guerra del Golfo de 1991: se destruyen bloques de viviendas, escuelas y hospitales y mueren cientos de civiles. Si eres un soldado ruso, puede que te hayan dicho que el pueblo de Ucrania te recibiría como un libertador, pero pagarás con sangre por creer esa mentira. Esta es la realidad de la guerra imperialista de hoy, y cuanto más tiempo continúe, mayor será el número de muertos y de destrucción. Las fuerzas armadas rusas han demostrado que son capaces de arrasar ciudades enteras, como hicieron en Chechenia y en Siria. Las armas occidentales que llegan a Ucrania magnificarán la devastación.
En uno de sus recientes artículos sobre la guerra de Ucrania, el periódico británico de derechas The Daily Telegraph titulaba El mundo se desliza hacia una nueva Edad Oscura de pobreza, irracionalidad y guerra (telegraph.co.uk).
En otras palabras, el hecho de que vivimos en un sistema global que se hunde en su propia descomposición es cada vez más difícil de ocultar. Ya sea por el impacto de la pandemia mundial de Covid, por las últimas y funestas predicciones sobre el desastre ecológico al que se enfrenta el planeta, por la creciente pobreza derivada de la crisis económica, por la amenaza muy evidente que supone la agudización de los conflictos Inter imperialistas o el auge de fuerzas políticas y religiosas alimentadas por leyendas apocalípticas y teorías conspirativas antaño marginales, el titular del Telegraph no es ni más ni menos que una descripción de la realidad, aunque sus articulistas de opinión se resistan a buscar las raíces de todo ello en las contradicciones del capitalismo.
Desde el colapso del bloque oriental y de la URSS en 1989-91, venimos sosteniendo que un sistema social mundial ya obsoleto desde principios del siglo XX estaba entrando en una nueva y última fase de su declive. Frente a la promesa de que el fin de la "Guerra Fría" traería un nuevo orden mundial de paz y prosperidad, insistimos en que esta nueva fase estaría marcada por el aumento del desorden y la escalada del militarismo. Las guerras de los Balcanes a principios de los 90, la guerra del Golfo de 1991, la invasión de Afganistán, Irak y Libia, la pulverización de Siria, las innumerables guerras en el continente africano, el ascenso de China como potencia mundial y el resurgimiento del imperialismo ruso han confirmado este pronóstico. La invasión rusa de Ucrania marca un nuevo paso en este proceso, en el que el fin del antiguo sistema de bloques ha dado lugar a una frenética lucha de todos contra todos en la que las potencias antes subordinadas o debilitadas reclaman una nueva posición para sí mismas en el orden jerárquico imperialista1.
No se puede minimizar la importancia de este nuevo ciclo de guerra abierta en el continente europeo. La guerra de los Balcanes ya marcó la tendencia del caos imperialista a volver desde las regiones más periféricas hacia los núcleos del sistema, pero aquella fue una guerra "dentro" de un Estado en desintegración en la que el nivel de confrontación entre las principales potencias imperialistas era mucho menos directo. Hoy asistimos a una guerra europea entre Estados, y a un enfrentamiento mucho más abierto entre Rusia y sus rivales occidentales. Si la pandemia marcó una aceleración de la descomposición capitalista a varios niveles (social, sanitario, ecológico, etc.), la guerra en Ucrania es un duro recordatorio de que la guerra se ha convertido en el modo de vida del capitalismo en su época de decadencia, y que las tensiones y los conflictos militares se están extendiendo e intensificando a escala mundial.
La rapidez del avance ruso en Ucrania tomó por sorpresa a muchos expertos bien informados, y nosotros mismos no estábamos seguros de que se produjera tan rápidamente y de forma tan masiva2. No creemos que esto se debiera a ningún fallo en nuestro marco básico de análisis. Por el contrario, fue el resultado de una vacilación a la hora de aplicar plenamente este marco, que ya había sido elaborado a principios de los años 90 en ciertos textos clave3 en los que sosteníamos que esta nueva fase de decadencia estaría marcada por conflictos militares cada vez más caóticos, brutales e irracionales. Irracionales, es decir, incluso desde el punto de vista del propio capitalismo4: mientras que, en su fase ascendente, las guerras, sobre todo las que prepararon el camino para la expansión colonial, supusieron claros beneficios económicos para los vencedores, en el periodo de decadencia la guerra ha asumido una dinámica cada vez más destructiva y el desarrollo de una economía de guerra más o menos permanente ha supuesto una enorme sangría para la productividad y los beneficios del capital. Sin embargo, incluso hasta la Segunda Guerra Mundial, seguía habiendo "vencedores" al final del conflicto, en particular Estados Unidos y la URSS. Pero en la fase actual, las guerras lanzadas incluso por las naciones "punteras" del mundo han resultado ser un fiasco tanto a nivel militar como económico. La humillante retirada de EEUU de Irak y Afganistán es una clara prueba de ello.
En nuestro artículo anterior señalamos que una invasión u ocupación de Ucrania probablemente sumiría a Rusia en una nueva versión del atolladero que encontró en Afganistán en la década de 1980 -y que fue un poderoso factor en la caída de la propia URSS. Ya hay indicios de que esta es la perspectiva a la que se enfrenta la invasión de Ucrania, que se ha topado con una considerable resistencia armada, es impopular entre amplios segmentos de la sociedad rusa, incluyendo partes de la propia clase dirigente, y ha provocado una serie de sanciones de represalia por parte de los principales rivales de Rusia que, sin duda, agravarán la pobreza material a la que se enfrenta la mayoría de la población rusa. Al mismo tiempo, las potencias occidentales están avivando el apoyo a las fuerzas armadas ucranianas, tanto desde el punto de vista ideológico como mediante el suministro de armas y asesoramiento militar. Pero a pesar de estas previsibles consecuencias, las presiones sobre el imperialismo ruso antes de la invasión reducían cada día la posibilidad de que la movilización de sus fuerzas en torno a Ucrania se detuviera en una mera demostración de fuerza. En particular, la negativa de la OTAN a descartar su eventual expansión en Ucrania no podía ser tolerada por el régimen de Putin, y su invasión tiene el claro objetivo de destruir gran parte de la infraestructura militar de Ucrania e instalar un gobierno prorruso. La irracionalidad de todo el proyecto, ligado a una visión casi mesiánica de restaurar el antiguo imperio ruso, la fuerte posibilidad de que tarde o temprano conduzca a un nuevo fiasco, nunca iba a disuadir a Putin y a quienes le rodean de hacer esa apuesta.
A primera vista, Rusia se enfrenta ahora a un "Frente Unido" de las democracias occidentales y a una OTAN recientemente revigorizada, en la que Estados Unidos desempeña claramente un papel de liderazgo. EE.UU. será el principal beneficiario si Rusia se empantana en una guerra imposible de ganar en Ucrania, y de la mayor cohesión de la OTAN ante la amenaza común del expansionismo ruso. Esta cohesión, sin embargo, es frágil: hasta la invasión, tanto Francia como Alemania intentaban jugar su propio juego, haciendo hincapié en la necesidad de una solución diplomática y manteniendo conversaciones por separado con Putin. La apertura de las hostilidades ha obligado a ambos a retroceder, acordando la aplicación de sanciones, incluso cuando éstas perjudicarán a sus economías de forma mucho más directa que a la de Estados Unidos (así Alemania ha tenido que poner un freno a los suministros energéticos rusos que tanto necesita). Pero también se está avanzando en el desarrollo de las fuerzas armadas de la UE, y la decisión de Alemania de aumentar considerablemente su presupuesto de armamento debe considerarse también desde este punto de vista. También es necesario recordar que la propia burguesía estadounidense se enfrenta a importantes divisiones sobre su actitud hacia el poder ruso: Biden y los demócratas tienden a mantener el enfoque tradicionalmente hostil hacia Rusia, pero una gran parte del partido republicano tiene una actitud muy diferente. Trump, en particular, no pudo ocultar su admiración por el "genio" de Putin cuando comenzó la invasión...
Si estamos muy lejos de que se forme un nuevo bloque estadounidense, la aventura rusa tampoco ha supuesto un paso hacia la constitución de un bloque ruso-chino. A pesar de haber participado recientemente en ejercicios militares conjuntos, y de haber manifestado anteriormente su apoyo a Rusia en cuestiones como la de Siria, en esta ocasión China se ha distanciado de Rusia, absteniéndose en la votación de censura a Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU y presentándose como un "intermediario honesto" que pide el cese de las hostilidades. Y sabemos que, a pesar de compartir intereses comunes en la oposición a Estados Unidos, Rusia y China tienen sus propias divergencias, sobre todo en la cuestión del proyecto chino de la "Nueva Ruta de la Seda". Detrás de estas diferencias se encuentra el recelo de Rusia a subordinarse a las propias ambiciones expansionistas de China.
En esta situación intervienen también otros factores de inestabilidad, especialmente el papel desempeñado por Turquía, que en cierto modo ha estado cortejando a Rusia en sus esfuerzos por mejorar su estatus global, pero que al mismo tiempo ha entrado en conflicto con Rusia por las guerras entre Armenia y Azerbaiyán y en Libia. Turquía ha amenazado ahora con bloquear el acceso de los buques de guerra rusos al Mar Negro a través del estrecho de los Dardanelos, pero también en este caso esta acción se calculará enteramente sobre la base de los intereses nacionales turcos.
Pero, como escribimos en nuestra Resolución sobre la situación internacional del 24º Congreso de la CCI, el hecho de que las relaciones imperialistas internacionales sigan marcadas por las tendencias centrífugas "no significa que estemos viviendo una época de mayor seguridad que en el período de la Guerra Fría, acechada como estaba por la amenaza de un Armagedón nuclear. Por el contrario, si la fase de descomposición está marcada por una creciente pérdida de control por parte de la burguesía, esto también se aplica a los vastos medios de destrucción -nucleares, convencionales, biológicos y químicos- que ha acumulado la clase dominante, y que ahora están más ampliamente distribuidos en un número mucho mayor de Estados nación que en el período anterior. Si bien no asistimos a una marcha controlada hacia la guerra dirigida por bloques militares disciplinados, no podemos descartar el peligro de estallidos militares unilaterales o incluso de accidentes grotescos que marcarían una nueva aceleración del deslizamiento hacia la barbarie"5.
Ante la ensordecedora campaña internacional para aislar a Rusia y las medidas prácticas destinadas a bloquear su estrategia en Ucrania, Putin ha puesto sus defensas nucleares en alerta máxima. Puede que por el momento sólo se trate de una amenaza apenas velada, pero los explotados del mundo no pueden permitirse el lujo de confiar en la racionalidad última de ninguna fracción de la clase dominante.
Para movilizar a la población, y sobre todo a la clase obrera, para la guerra, la clase dominante debe lanzar un ataque ideológico junto a sus bombas y proyectiles de artillería. En Rusia, parece que Putin se ha basado principalmente en burdas mentiras sobre los "nazis y drogadictos" que dirigen Ucrania, y no ha invertido mucho en la construcción de un consenso nacional en torno a la guerra. Esto podría ser un error de cálculo, porque hay rumores de disidencia dentro de sus propios círculos gobernantes, entre los intelectuales y entre capas más amplias de la sociedad. Se han producido varias manifestaciones callejeras y unas 6.000 personas han sido detenidas por protestar contra la guerra. También hay informes de desmoralización entre una parte de las tropas enviadas a Ucrania. Pero hasta ahora hay pocas señales de un movimiento contra la guerra basado en la clase obrera en Rusia, que ha sido apartada de sus tradiciones revolucionarias por décadas de estalinismo. En la propia Ucrania, la situación a la que se enfrenta la clase obrera es aún más oscura: ante el horror de la invasión rusa, la clase dominante ha conseguido en gran medida movilizar a la población para la defensa de la "patria", con cientos de miles de voluntarios para resistir a los invasores con cualquier arma que tengan a mano. No debemos olvidar que cientos de miles también han optado por huir de las zonas de combate, pero el llamamiento a luchar por los ideales burgueses de democracia y nación ha sido ciertamente escuchado por sectores del proletariado que se han disuelto así en el "pueblo" ucraniano, donde la realidad de la división de clases se ha olvidado. La mayoría de los anarquistas ucranianos parecen proporcionar el ala extrema izquierda de este frente popular6.
La capacidad de las clases dominantes rusa y ucraniana de arrastrar a "sus" trabajadores a la guerra demuestra que la clase obrera internacional no es homogénea. La situación es diferente en los principales países occidentales, donde desde hace muchas décadas la burguesía se enfrenta a la falta de voluntad de la clase obrera -a pesar de todas sus dificultades y contratiempos- de sacrificarse en el altar de la guerra imperialista. Ante la postura cada vez más beligerante de Rusia, la clase dominante en Occidente ha evitado cuidadosamente poner "las botas en el suelo"7 y enfrentarse a la aventura del Kremlin con la fuerza militar directa. Pero esto no significa que nuestros gobernantes estén aceptando pasivamente la situación. Por el contrario, estamos asistiendo a la campaña ideológica a favor de la guerra más coordinada que se haya visto en décadas, la campaña de "solidaridad con Ucrania contra la agresión rusa". La prensa, de derecha a izquierda, publicita y apoya las manifestaciones pro-Ucrania, ensalzando a la "resistencia ucraniana" como abanderada de los ideales democráticos de Occidente, ahora amenazados por el loco del Kremlin. Y no ocultan que habrá que hacer sacrificios, no sólo porque las sanciones contra el suministro energético ruso se sumarán a las presiones inflacionistas que ya dificultan la calefacción de los hogares, sino también porque, nos dicen, si queremos defender la "democracia", tenemos que reforzar nuestro gasto en "defensa". Como dijo esta semana el comentarista político jefe del liberal Observer, Andrew Rawnsley:
“Desde la caída del Muro de Berlín y el desarme que siguió, el Reino Unido y sus vecinos han gastado principalmente el "dividendo de la paz" en dar a las poblaciones envejecidas una asistencia sanitaria y unas pensiones mejores de las que habrían disfrutado de otro modo. La reticencia para gastar más en defensa ha continuado incluso cuando China y Rusia se han vuelto cada vez más beligerantes. Sólo un tercio de los 30 miembros de la OTAN cumple actualmente el compromiso de gastar el 2% del PIB en sus fuerzas armadas. Alemania, Italia y España están muy por debajo del objetivo. Las democracias liberales necesitan urgentemente redescubrir la determinación de defender sus valores contra la tiranía que mostraron durante la guerra fría. Los autócratas de Moscú y Pekín creen que Occidente está dividido, decadente y en declive. Hay que demostrar que están equivocados. De lo contrario, toda la retórica sobre la libertad no es más que ruido antes de la derrota"8. Difícilmente podría ser más explícito: como dijo Hitler, puedes tener armas o puedes tener mantequilla, pero no puedes tener ambas cosas.
Mientras la clase obrera en varios países estaba dando señales de una nueva voluntad de defender sus condiciones de vida y de trabajo9, esta ofensiva ideológica masiva de la clase dominante, llamándoles al sacrificio en defensa de la democracia, será un duro golpe contra el potencial de desarrollo de la conciencia de clase. Pero la creciente evidencia de que el capitalismo vive de la guerra puede ser también, a largo plazo, un factor para el surgimiento de la conciencia de que todo este sistema, este y oeste, es realmente "decadente y está en declive", que las relaciones sociales capitalistas deben ser arrancadas de la faz de la Tierra.
Ante el actual ataque ideológico, que pretende convertir la verdadera indignación por el horror que estamos presenciando en Ucrania en apoyo a la guerra imperialista, la tarea de las minorías internacionalistas de la clase obrera no será fácil. Comienza por responder a todas las mentiras de la clase dominante e insistir en que, lejos de sacrificarse por la defensa del capitalismo y sus valores, la clase obrera debe luchar con uñas y dientes en defensa de sus propias condiciones de trabajo y de vida. Al mismo tiempo, significa señalar que es a través del desarrollo de estas luchas defensivas, y reflexionando lo más ampliamente posible sobre la experiencia del combate proletario, como la clase obrera puede renovar sus vínculos con las luchas revolucionarias del pasado - sobre todo las luchas de 1917-18 que obligaron a la burguesía a poner fin a la Primera Guerra Mundial. Esta es la única manera de luchar contra las guerras imperialistas y de preparar el camino para librar a la humanidad de la fuente de la guerra: ¡el orden capitalista mundial!
Amos
1 Como documento de referencia para comprender esta situación que dura más de 30 años sugerimos nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
2 Ver Tensiones en Ucrania: aumento de las tensiones bélicas en Europa del Este https://es.internationalism.org/content/4788/tensiones-en-ucrania-aumento-de-las-tensiones-belicas-en-europa-del-este [863]
3 Especialmente Militarismo y Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [480]
4 Esta irracionalidad fundamental de un sistema social que no tiene futuro va acompañada, por supuesto, de una creciente irracionalidad a nivel de la ideología y la psicología. La histeria actual sobre el estado mental de Putin se basa en una verdad a medias, porque Putin es sólo un ejemplo del tipo de líder que ha segregado la descomposición del capitalismo y el crecimiento del populismo. ¿Han olvidado ya los medios de comunicación el caso de Donald Trump?
5 https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021 [826]
6 Ver CrimethInc. : Russian Anarchists on the Invasion of Ukraine : Updates and Analysis [864]
7 Boots on the ground: expresión que significa enviar masivamente soldados a los frentes de guerra.
8 Liberal democracies must defend their values and show Putin that the west isn’t weak | Andrew Rawnsley | The Guardian [865]
9 Ver Luchas obreras en Estados Unidos, Irán, Italia, Corea... ¡Ni la pandemia ni la crisis económica han roto la combatividad del proletariado! https://es.internationalism.org/content/4736/luchas-obreras-en-estados-unidos-iran-italia-corea-ni-la-pandemia-ni-la-crisis [729] ; Huelga del metal en Cádiz: nuestra fuerza es luchar como clase obrera https://es.internationalism.org/content/4738/huelga-del-metal-en-cadiz-nuestra-fuerza-es-luchar-como-clase-obrera [730] y nuestra hoja internacional Contra los ataques de la burguesía necesitamos una lucha unida y masiva https://es.internationalism.org/content/4773/hoja-internacional-de-la-cci-contra-los-ataques-de-la-burguesia-necesitamos-una-lucha [866]
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La lucha contra la guerra solo puede ser asumida por la clase obrera mediante la lucha en su propio terreno de clase y su unificación internacional. Las organizaciones revolucionarias no pueden esperar a que se produzca una movilización masiva de la clase obrera contra la guerra: deben actuar como punta de lanza decidida en la defensa del internacionalismo y poner de manifiesto la necesidad del derrocamiento del sistema capitalista. Esto requiere que la clase obrera y sus organizaciones revolucionarias se reapropien de las lecciones y posturas de las luchas anteriores contra la guerra. La experiencia de la conferencia de Zimmerwald es muy ilustrativa en este sentido.
Zimmerwald es una pequeña ciudad de Suiza. En septiembre de 1915 acogió una pequeña conferencia: 38 delegados de 12 países, todos internacionalistas transportados "en dos taxis", como bromeaba Trotsky. Incluso entre ellos, únicamente una pequeña minoría mantenía una posición verdaderamente revolucionaria contra la guerra. Solo los bolcheviques en torno a Lenin y algunos otros grupos alemanes defendían los métodos y objetivos revolucionarios: la transformación de la guerra imperialista en guerra civil, la destrucción del capitalismo como fuente de todas las guerras. Los demás participantes tenían una posición centrista o incluso se inclinaban fuertemente hacia la derecha.
El resultado de los encarnizados debates de Zimmerwald fue un manifiesto a los proletarios del mundo que en muchos aspectos era un compromiso entre la izquierda y el centro, ya que no recogía las consignas revolucionarias de los bolcheviques. Sin embargo, su rotunda denuncia de la guerra y su llamamiento a la acción de clase contra ella le permitieron articular y politizar los sentimientos antibélicos que se estaban desarrollando en la masa de la clase obrera.
La lucha por el internacionalismo necesita una organización política
El ejemplo de Zimmerwald muestra que, para los revolucionarios, la lucha contra la guerra se desarrolla en tres niveles distintos pero interconectados:
- Propaganda y agitación. Los revolucionarios no esperaron a que la clase se pusiera en movimiento: comenzaron la agitación contra la guerra desde el primer día del conflicto, mucho antes de que la clase pudiera reaccionar. La reagrupación de los revolucionarios en organizaciones políticas les permitió desarrollar su propaganda y agitación a través de una prensa regular y de folletos producidos en masa, y hablar en las asambleas y consejos obreros (que surgieron más tarde), no como individuos que se representan a sí mismos, sino en nombre de una tendencia política definida dentro del movimiento de clase.
- Organizativo. La traición de la mayoría de los viejos partidos exigía que la minoría de los internacionalistas trabajaran como una fracción organizada, ya sea para trabajar por la expulsión de los traidores o, cuando esto resultara imposible, como ocurrió en la mayoría de los casos, para luchar por ganar el mayor número posible de elementos sanos y preparar el terreno para un nuevo partido, una nueva Internacional. Esto requería una lucha feroz contra el centrismo y el oportunismo, contra la influencia ideológica de la burguesía y la pequeña burguesía. Así, la Izquierda de Zimmerwald, en particular, fue el motor de la formación de la Tercera Internacional en 1919. En una situación de guerra o revolución inminente, el heroísmo de militantes individuales como Luxemburgo, Liebknecht, John Mclean o Sylvia Pankhurst era ciertamente vital, pero no podía ser suficiente por sí solo. Únicamente podría tener un significado real en el contexto de una organización colectiva en torno a un programa político claro.
- Teórico. La necesidad de comprender las características de la nueva época requiere un paciente trabajo de elaboración teórica, una capacidad de dar un paso atrás y reevaluar toda la situación a la luz de las perspectivas pasadas y futuras. El trabajo de Lenin, Bujarin, Luxemburgo, Pannekoek y otros permitió al renacido movimiento político de clase comprender que se había abierto una nueva época, un periodo en la que la lucha de clases adoptaría nuevas formas y nuevos métodos para alcanzar objetivos directamente revolucionarios. Había diferencias considerables en una serie de cuestiones, por ejemplo, entre Lenin y Luxemburgo sobre la autodeterminación nacional, pero esto no impidió que adoptaran una posición común contra la guerra sin dejar de debatir tan apasionada e intensamente como antes.
No podemos entrar en detalles aquí, pero animamos a nuestros lectores a leer los siguientes artículos:
- “Zimmerwald (1915-1917): de la guerra a la revolución [869]”, Revista Internacional nº 44. https://es.internationalism.org/revista-internacional/200808/2334/zimmerwald-1915-17-de-la-guerra-a-la-revolucion [870]
- “Conferencia de Zimmerwald: Las corrientes centristas en las organizaciones políticas del proletariado [799]”, Revista Internacional nº 155. https://es.internationalism.org/revista-internacional/201509/4115/las-corrientes-centristas-en-las-organizaciones-politicas-del-prol [799]
CCI, 7 de abril de 2022
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Una sola noche fue suficiente para que el trueno de las armas y el aullido de las bombas volvieran a resonar en Ucrania, a las puertas de las regiones que fueron el origen histórico de un capitalismo hoy en putrefacción. En pocas semanas, esta guerra de una escala y brutalidad sin precedentes habrá devastado ciudades enteras, arrojado a millones de mujeres, niños y ancianos a los gélidos caminos del invierno, sacrificando innumerables vidas humanas en aras de la Patria. Járkov, Sumi o Irpin son ya campos de ruinas. En el puerto industrial de Mariúpol, completamente arrasado, el conflicto se ha cobrado ya las vidas de como mínimo 5.000 personas, probablemente más. La devastación y los horrores de esta guerra recuerdan a las aterradoras imágenes de Grozni, Faluya o la devastada Alepo. Pero en otros lugares se necesitaron meses, a veces años, para llegar a tal devastación, en Ucrania, en cambio, no ha habido ninguna "escalada asesina": ¡en apenas un mes, los beligerantes han lanzado todas sus fuerzas en la matanza, asolando uno de los mayores países de Europa! Esta guerra es la aterradora hora de la verdad para el capitalismo decadente: desplegando su mortífera maquinaria, la burguesía se quita de golpe la hipócrita máscara de civilización, paz y compasión que exhibe con esa insoportable arrogancia típica de las clases dominantes que se han vuelto anacrónicas. Ahí la vemos agitándose en un furioso torrente de propaganda para ocultar mejor su repugnante rostro asesino. ¿Cómo no horrorizarse al ver a esos jóvenes rusos, reclutas de 19 o 20 años, de rostro adolescente, acabar en asesinos, como en Bucha y en otras localidades recientemente abandonadas? ¿Cómo no indignarse cuando Zelensky, el "servidor del pueblo", toma descaradamente como rehén a toda una población decretando la "movilización general" de todos los hombres de entre 18 y 60 años, a los que se les prohíbe salir del país? ¿Cómo no horrorizarse ante los hospitales bombardeados, los civiles aterrorizados y hambrientos, las ejecuciones sumarias, los cadáveres enterrados en las guarderías y el grito desgarrador de los huérfanos? La guerra en Ucrania es una manifestación odiosa de la vertiginosa caída del capitalismo en el caos y la barbarie. Un cuadro siniestro se perfila ante nuestros ojos: desde hace dos años, la pandemia de Covid lo ha acelerado considerablemente, del que ella misma es el producto monstruoso1. El IPCC2 está prediciendo cataclismos y un cambio climático irreversible, que amenazan aún más a la humanidad y a la biodiversidad a escala mundial. Las grandes crisis políticas se multiplican, como vimos tras la derrota de Trump en Estados Unidos, el fantasma del terrorismo se cierne sobre la sociedad, así como el riesgo nuclear que la guerra ha vuelto a poner en primera plana. La simultaneidad y la acumulación de todos estos fenómenos no es una desafortunada coincidencia, sino que, por el contrario, es testimonio de la sentencia por asesinato del capitalismo ante el tribunal de la historia. Si el ejército ruso cruzó la frontera, no fue ciertamente para defender al "pueblo ruso" "asediado por Occidente", ni para "ayudar" a los ucranianos de habla rusa, víctimas de la "nazificación" del gobierno de Kiev. La lluvia de bombas que cae sobre Ucrania tampoco es producto del "delirio" de un "autócrata loco", como repite la prensa en todos los tonos cada vez que es necesario justificar una masacre3 y ocultar que este conflicto, como todos los demás, es ante todo la manifestación de una sociedad burguesa decadente y militarizada que ya solo puede ofrecer a la humanidad su propia destrucción.
Nada les importa la muerte y la destrucción, el caos y la inestabilidad en sus fronteras: para Putin y su camarilla, era necesario defender los intereses del capital ruso y su lugar en el mundo, ambos debilitados por el cada vez más fuerte amarre a Occidente de su tradicional esfera de influencia. Podrá la burguesía rusa hacer de "víctima" de la OTAN, pero Putin nunca ha dudado, ante el fracaso de su ofensiva, en llevar a cabo una aterradora campaña de tierra quemada y matanzas a mansalva, exterminando todo lo que encontraba a su paso, ¡incluidas las poblaciones de idioma ruso que supuestamente había venido a proteger! Tampoco hay que esperar nada de Zelensky y su séquito de políticos y oligarcas corruptos. Este antiguo cómico interpreta ahora a la perfección su papel de servidor sin escrúpulos de los intereses de la burguesía ucraniana. Mediante una intensa campaña nacionalista, ha conseguido armar a la población, a veces por la fuerza, y reclutar a toda una jauría de mercenarios y pistoleros a los que ha alzado al rango de "héroes de la nación". Zelensky está ahora de “gira” telemática por las capitales occidentales, dirigiéndose a todos los parlamentos para suplicar que se le entreguen más y más armas y municiones. En cuanto a la "heroica resistencia ucraniana", está haciendo lo que hacen todos los ejércitos del mundo: ¡disparar al montón, masacrar, saquear y no hacer ascos en apalear a muerte o ejecutar a los prisioneros! Todas las potencias democráticas fingen estar indignadas por los "crímenes de guerra" perpetrados por el ejército ruso. ¡Serán hipócritas! A lo largo de la historia, no han dejado de apilar cadáveres y ruinas por todos los rincones del mundo. Mientras lloran por la suerte de la población víctima del "ogro ruso", las potencias occidentales entregan cantidades astronómicas de armas de guerra, proporcionan entrenamiento y toda la inteligencia necesaria para los ataques y bombardeos del ejército ucraniano, ¡incluido el regimiento neonazi Azov! Y sobre todo la burguesía estadounidense, la cual, al multiplicar sus provocaciones, ha hecho todo lo posible para azuzar a Moscú a una guerra perdida de antemano. Para Estados Unidos, lo principal es desangrar a Rusia y tener vía libre para romper las pretensiones hegemónicas de China, objetivo principal de la potencia americana. Esta guerra también permite a Estados Unidos contener y frustrar el gran proyecto imperialista chino de las "Rutas de la Seda". Para lograr sus fines, la “gran democracia” americana no ha dudado en alentar una aventura militar tan brutal como irracional, aumentando la desestabilización mundial y el caos en el entorno de Europa Occidental.
El proletariado no tiene que elegir un bando contra otro. ¡No tiene patria que defender y debe luchar contra el nacionalismo y la histeria chovinista de la burguesía en todas partes! ¡Debe luchar con sus propias armas y sus propios medios contra la guerra!
Hoy, el proletariado de Ucrania, aplastado por más de 60 años de estalinismo, está sufriendo una gran derrota dejándose hechizar por las sirenas del nacionalismo. En Rusia, aunque el proletariado se ha mostrado algo más reticente, su incapacidad para frenar los impulsos bélicos de “su” burguesía, explica por qué la camarilla gobernante ha podido enviar a 200.000 soldados al frente sin temer la menor reacción obrera. En las principales potencias capitalistas, en Europa Occidental y en EEUU, el proletariado no tiene hoy ni la fuerza ni la capacidad política para oponerse directamente a este conflicto mediante su solidaridad internacional y su lucha contra la burguesía en todos los países. Por el momento no está en condiciones de confraternizar y entrar en una lucha masiva para detener la masacre. Sin embargo, aunque los peligros de la propaganda y las manifestaciones de todo tipo podrían arrastrarlo al callejón sin salida de la defensa del nacionalismo pro- ucraniano o a la falsa alternativa del pacifismo, el viejo proletariado de los países occidentales, con su experiencia en lucha de clases y en patrañas de la burguesía, sigue siendo el principal antídoto contra la espiral destructiva y mortífera del sistema capitalista. La burguesía occidental se ha precavido de no intervenir directamente en Ucrania porque sabe que la clase obrera no aceptará el sacrificio diario de miles de soldados alistados en enfrentamientos bélicos. Aunque desorientada y aún debilitada por esta guerra, la clase obrera de los países occidentales mantiene intactas sus potencialidades y su capacidad de desarrollar sus luchas en su resistencia a los nuevos sacrificios generados por las sanciones contra la economía rusa y por el colosal aumento de los presupuestos militares: la inflación galopante, el alza de la mayoría de los productos de la vida cotidiana que ello acarrea y la aceleración de los ataques contra sus condiciones de vida y de explotación. Desde ya, los proletarios pueden y deben oponerse a todos los sacrificios que exige la burguesía. ¡Solo mediante sus luchas podrá el proletariado entablar una relación de fuerza con la clase dominante para frenar su brazo asesino!, pues la clase obrera, productora de toda la riqueza, es, al fin y al cabo, la única fuerza de la sociedad capaz de poner fin a la guerra si iniciara el camino de echar abajo el capitalismo. Eso es lo que nos demostró la historia cuando el proletariado se levantó en Rusia en 1917 y en Alemania al año siguiente, ¡poniendo fin a la guerra con aquel tan formidable estallido revolucionario! A la vez que la Guerra Mundial iba acrecentando su barbarie, los revolucionarios mantenían el rumbo defendiendo intransigentemente el principio elemental del internacionalismo proletario. Les incumbe hoy a los revolucionarios transmitir la experiencia del movimiento obrero. Ante la guerra, su primera responsabilidad es hablar con una sola voz izando con firmeza la bandera del internacionalismo, ¡la única que puede hacer temblar de nuevo a la burguesía!
CCI, 4 de abril de 2022
1 La pandemia ha vuelto a China, (Shanghái reconfinado, entre otros). Y desde luego, dista mucho de estar controlada en el resto del mundo.
2 Siglas inglesas del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático
3 De Hitler hasta El Asad, pasando por Husein, Milosevic, Gadafi o Kim Jong-un…, el enemigo siempre parece sufrir de graves trastornos psíquicos.
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Desde su paso al campo burgués, el trotskismo no ha desaprovechado la oportunidad de atacar la conciencia de la clase obrera empujando a los proletarios a tomar partido por un bando imperialista contra otro durante los conflictos que se han sucedido desde la Segunda Guerra Mundial. Su posición ante el caos bélico en Ucrania lo confirma una vez más. Estos guardianes del capitalismo oscilan entre posiciones abiertamente belicistas, llamando a apoyar a uno de los bandos en guerra, y otras, aparentemente más "sutiles" y "radicales" pero que justifican la continuación de la barbarie bélica. ¡Las mentiras y mistificaciones del trotskismo son un verdadero veneno para la clase obrera, destinado a desorientarla afectando las posturas de un marxismo que sólo es de nombre!
La posición del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) en Francia pertenece a la categoría de belicistas patentes: "¡No a la guerra! ¡Solidaridad con la resistencia del pueblo ucraniano! [...] En situaciones como la que se vive actualmente en Ucrania, mientras continúen los bombardeos y mientras las tropas rusas estén allí, cualquier posición "pacifista" abstracta, como el llamamiento a la "calma", el "alto al fuego" o al "cese de hostilidades", remite de facto a las partes y equivale a una negación de los derechos de los ucranianos a defenderse, incluso militarmente”.
¡No puede ser más claro! Esta oficina burguesa llama abiertamente a los proletarios a servir como mártires para la defensa de la Patria. Es decir, para la defensa del capital nacional que a su vez se alimenta de su explotación.
Otro grupo trotskista, Lutte Ouvrière (LO), es más sutil y pérfido, con su típico doble lenguaje, agita la bandera del "internacionalismo" y pretende condenar una guerra que "se haría sobre las espaldas de los pueblos" para, al final, llamar a los proletarios a ser machacados y utilizados como carne de cañón en nombre de la "resistencia al imperialismo" y del "derecho de los pueblos a la autodeterminación"... detrás de su burguesía nacional. Su candidata a las elecciones presidenciales francesas, Nathalie Arthaud, no dudó en exhortar a "los trabajadores" a defender al pequeño y pobre Estado ucraniano contra la Rusia "burocrática" y los Estados Unidos "imperialistas": "Putin, Biden y los demás dirigentes de los países de la OTAN están librando una guerra con la piel de los pueblos por los que comparten el mismo desprecio”.
¡Como si Zelensky y su camarilla de oligarcas corruptos no fueran ellos mismos responsables del desmembramiento de la población ucraniana y, en particular, de la clase obrera, cuyos hombres se ven obligados a ir a la batalla por intereses que no son los suyos!
El Movimiento Socialista de los Trabajadores (MS), miembro sudamericano de la llamada Cuarta Internacional, denuncia tanto la invasión rusa a Ucrania como la injerencia de la OTAN. Pero detrás de esta postura supuestamente internacionalista, encontramos esta vez el reconocimiento del "derecho a la autodeterminación del pueblo de Donbass",
Este “derecho” es precisamente ¡ la coartada esgrimida por Putin para invadir Ucrania!
En Gran Bretaña y Estados Unidos, la Tendencia Bolchevique Internacionalista (TBI) desarrolla una posición aún más astuta: en un artículo titulado "El derrotismo revolucionario y el internacionalismo proletario", después de recordar la ya ambigua posición de Lenin de que "en todos los países imperialistas el proletariado debe desear ahora la derrota de su propio gobierno" (lo que él llama "doble derrotismo"), la TBI añade: "El doble derrotismo no se aplica cuando un país imperialista ataca a un país no imperialista en lo que es efectivamente una guerra de conquista. En estos casos, los marxistas no sólo desean la derrota de su propio gobierno imperialista, sino que promueven activamente la victoria militar del Estado no imperialista" (traducido del inglés por nosotros).
¡Así que basta con definir a Ucrania como un estado no imperialista para empujar a los proletarios a la masacre! Es cierto que la TBI explota hasta el absurdo una debilidad en la posición de Lenin sobre el imperialismo1 Es comprensible el error de los bolcheviques y de la Internacional Comunista, que vivieron directamente la transición del período ascendente del capitalismo al decadente, sin haber sacado todas las consecuencias. Pero, después de un siglo de guerras de agresión de cualquier país contra otro (Irak contra Kuwait, Irán contra Irak, etc.), ¡vender la misma posición es pura mistificación!
Toda la mistificación se basa en el lema burgués del "derecho de los pueblos a la autodeterminación", haciendo del imperialismo una lucha entre las "grandes potencias" únicamente. Pero, como afirmó Rosa Luxemburgo en La crisis de la socialdemocracia en 1916: "La política imperialista no es obra de un país o grupo de países. Es el producto de la evolución mundial del capitalismo en un momento determinado de su maduración. Es un fenómeno internacional por naturaleza, un conjunto inseparable que sólo puede entenderse en sus relaciones mutuas y del que ningún Estado puede escapar". Las llamadas luchas de defensa nacional ya no pueden formar parte de las reivindicaciones de la clase obrera y constituyen, por el contrario, un verdadero veneno para su lucha revolucionaria, una mistificación que pretende, bajo una verborrea revolucionaria, enrolar a los proletarios bajo las banderas del imperialismo, ¡sea cual sea el bando que decidan apoyar!
H., 27 de marzo de 2022
1Considerando el imperialismo como la política de las grandes potencias capitalistas, Lenin no siempre fue claro en la cuestión del imperialismo, a diferencia de Rosa Luxemburgo. Ver dos artículos donde profundizamos en lo que es el imperialismo: Acerca del imperialismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/778/acerca-del-imperialismo [877] y ¿Qué es el imperialismo? https://es.internationalism.org/cci-online/200610/1102/que-es-el-imperialismo [878]
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La sociedad burguesa, podrida hasta los huesos, enferma de sí misma, vuelve a escupir su asqueroso torrente de hierro y fuego. Cada día, la carnicería ucraniana extiende su procesión de bombardeos masivos, emboscadas, asedios y columnas de refugiados que huyen por millones del fuego masivo de los beligerantes.
En medio de la avalancha de propaganda vertida por los gobiernos de todos los países, destacan dos mentiras: la primera presenta a Putin como un "autócrata loco" dispuesto a todo para convertirse en el nuevo zar de un Imperio reconstituido y hacerse con las "riquezas" de Ucrania; la otra atribuye la responsabilidad esencial del conflicto a los "genocidas" de las poblaciones rusoparlantes del Donbass, a las que los "heroicos" soldados rusos tuvieron que proteger arriesgando sus vidas. La burguesía siempre ha tenido especial cuidado en ocultar las verdaderas causas de la guerra cubriéndolas con el velo ideológico de la "civilización", la "democracia", los "derechos humanos" y el "derecho internacional". Pero la verdadera causa de la guerra es el capitalismo.
Desde que Putin llegó al poder en el año 2000, Rusia ha hecho grandes esfuerzos para construir un ejército más moderno y recuperar su influencia en Oriente Medio, sobre todo en Siria, pero también en África con el envío de mercenarios a Libia, África Central y Mali, sembrando cada vez más el caos. En los últimos años, tampoco ha dudado en lanzar ofensivas directas, en Georgia en 2008, y luego ocupando Crimea y Donbass en 2014, en un intento de frenar el declive de su esfera de influencia, a riesgo de crear una gran inestabilidad en sus propias fronteras. Tras la retirada de Estados Unidos de Afganistán, Rusia creyó que podía aprovechar el debilitamiento de Estados Unidos para intentar devolver a Ucrania a su esfera de influencia, un territorio esencial para su posición en Europa y en el mundo, especialmente cuando Kiev amenazaba con entrar en la OTAN.
Desde el colapso del bloque del Este, no es ciertamente la primera vez que la guerra hace estragos en el continente europeo. Las guerras de los Balcanes en la década de 1990 y el conflicto de Donbass en 2014 ya habían traído miseria y desolación al continente. Pero la guerra en Ucrania tiene implicaciones mucho más graves que los conflictos anteriores, ilustrando cómo el caos se acerca cada vez más a los principales centros del capitalismo.
Rusia, una de las principales potencias militares, participa directa y masivamente en la invasión de un país que ocupa una posición estratégica en Europa, en las fronteras de la Unión Europea. En el momento de escribir estas líneas, Rusia habría perdido ya 10.000 soldados y muchos más heridos y desertores. Ciudades enteras han sido bombardeadas. El número de víctimas civiles es probablemente considerable. ¡Y todo esto en apenas un mes de guerra!1
La región asiste ahora a una enorme concentración de tropas y equipos militares avanzados, no sólo en Ucrania, con armas, soldados y mercenarios traídos de todas partes, sino también en toda Europa del Este con el despliegue de miles de tropas de la OTAN y la movilización del único aliado de Putin, Bielorrusia. Varios Estados europeos también han decidido aumentar considerablemente sus esfuerzos en materia de armamento, en primer lugar, los Estados bálticos, pero también Alemania, que ha anunciado recientemente la duplicación de su presupuesto dedicado a su "defensa".
Rusia, por el contrario, amenaza regularmente al mundo entero con represalias militares y blande descaradamente su arsenal nuclear. El ministro de Defensa francés también recordó a Putin que se enfrentaba a "potencias nucleares", antes de adoptar un tono más "diplomático". Sin mencionar siquiera un conflicto nuclear, es de temer el riesgo de un gran accidente industrial en alguna de las centrales nucleares ucranianas. Ya se produjeron duros combates en las instalaciones nucleares de Chernóbil y Zaporijia, donde se incendiaron locales (afortunadamente administrativos) tras un bombardeo.
A esto se añade una importante crisis migratoria en la propia Europa. Millones de ucranianos huyen a los países vecinos para escapar de la guerra y del reclutamiento forzoso en el ejército de Zelensky. Pero dado el peso del populismo en Europa y la voluntad a veces explícita de varios Estados de instrumentalizar cínicamente a los migrantes con fines imperialistas (como hemos visto recientemente en la frontera bielorrusa o a través de las amenazas periódicas de Turquía a la Unión Europea), a largo plazo este éxodo masivo podría crear graves tensiones e inestabilidad.
En resumen, la guerra en Ucrania conlleva un gran riesgo de caos, desestabilización y destrucción a escala internacional. Si este conflicto no conduce por sí mismo a una conflagración aún más mortífera, no hace más que aumentar considerablemente esos peligros, con tensiones y riesgos de "escaladas" incontroladas que llevan a consecuencias inimaginables.
Si la burguesía rusa abrió las hostilidades para defender sus sórdidos intereses imperialistas, la propaganda que presenta a Ucrania y a los países occidentales como víctimas de un "dictador loco" es una hipócrita mascarada. Durante meses, el gobierno estadounidense ha estado advirtiendo provocativamente de un inminente ataque ruso, mientras proclamaba que no pondría un pie en suelo ucraniano.
Desde la desintegración de la URSS, Rusia se ha visto continuamente amenazada en sus fronteras, tanto en Europa del Este como en el Cáucaso y Asia Central. Estados Unidos y las potencias europeas han hecho retroceder metódicamente la esfera de influencia rusa mediante la integración de muchos países del Este en la Unión Europea y la OTAN. Este es también el significado del derrocamiento del expresidente georgiano Shevardnadze en 2003 durante la "Revolución de las Rosas" que llevó al poder a una camarilla pro - USA, así como la "Revolución Naranja" de 2004 en Ucrania y todos los conflictos subsiguientes entre las diferentes facciones de la burguesía local. El apoyo activo de las potencias occidentales a la oposición pro -europea en Bielorrusia, la guerra de Nagorno-Karabaj bajo la presión de Turquía (miembro de la OTAN) y el ajuste de cuentas al más alto nivel del Estado kazajo no han hecho más que acentuar la sensación de urgencia en la burguesía rusa.
Tanto para la Rusia zarista como para la "soviética", Ucrania siempre ha representado una cuestión central en su política exterior. De hecho, Ucrania es para Moscú la única y última vía de acceso directo al Mediterráneo. La anexión de Crimea en 2014 ya obedecía a este imperativo del imperialismo ruso directamente amenazado de cerco por regímenes mayoritariamente proamericanos. El deseo declarado de Estados Unidos de vincular a Kiev con Occidente es, por tanto, vivido por Putin y su camarilla como una auténtica provocación. En este sentido, aunque la ofensiva del ejército ruso parece totalmente irracional y condenada al fracaso desde el principio, para Moscú es un "golpe de fuerza" desesperado que pretende mantener su rango de potencia mundial.
La burguesía estadounidense, aunque dividida en el tema, es perfectamente consciente de la situación de Rusia y no ha dejado de llevar a Putin al límite multiplicando las provocaciones. Cuando Biden aseguró explícitamente que no intervendría directamente en Ucrania, dejó deliberadamente un vacío que Rusia aprovechó inmediatamente con la esperanza de frenar su declive en la escena internacional. No es la primera vez que Estados Unidos utiliza el maquiavelismo frío para conseguir sus fines: ya en 1990, Bush padre había empujado a Sadam Husein a una trampa fingiendo que no quería intervenir para defender Kuwait. Cuando Sadam mordió el anzuelo invadiendo Kuwait Estados Unidos desencadenó la primera guerra del Golfo.
Todavía es demasiado pronto para predecir la duración y la escala de la ya considerable destrucción en Ucrania, pero desde la década de 1990 hemos visto las masacres de Srebrenica, Grozny, Sarajevo, Faluya y Alepo. Quien inicia una guerra suele estar condenado a empantanarse. En la década de 1980, Rusia pagó un alto precio por la invasión de Afganistán que llevó a la implosión de la URSS. Estados Unidos ha tenido sus propios fiascos, debilitándolo tanto militar como económicamente. Todas estas aventuras acabaron, a pesar de las aparentes victorias iniciales, en importantes reveses y debilitaron considerablemente a los beligerantes. La Rusia de Putin, si no se retira tras una humillante derrota, no se librará de quedar empantanada, aunque consiga tomar las principales ciudades ucranianas.
"Un nuevo imperialismo amenaza la paz mundial"2, "Los ucranianos llevan cientos de años luchando contra el imperialismo ruso"3...
"El imperialismo ruso", la burguesía sólo tiene estas palabras en la boca, como si Rusia fuera la quintaesencia del imperialismo frente al "pollito indefenso" ucraniano. En realidad, desde que el capitalismo entró en su periodo de decadencia, la guerra y el militarismo se han convertido en características fundamentales de este sistema. Todos los Estados, grandes o pequeños, son imperialistas; todas las guerras, ya sea que pretendan ser "humanitarias", "liberadoras" o "democráticas", son guerras imperialistas. Esto ya fue identificado por los revolucionarios durante la Primera Guerra Mundial: a principios del siglo XX, el mercado mundial estaba totalmente dividido en cotos de caza por las principales naciones capitalistas. Ante el aumento de la competencia y la imposibilidad de liberarse de las contradicciones del capitalismo mediante nuevas conquistas coloniales o comerciales, los Estados construyeron gigantescos arsenales y sometieron toda la vida económica y social a los imperativos de la guerra. En este contexto estalló la Guerra Mundial en agosto de 1914, una matanza sin parangón en la historia de la humanidad, expresión fulgurante de una nueva "era de guerras y revoluciones".
Frente a la competencia feroz y la omnipresencia de la guerra, en todas las naciones, grandes o pequeñas, se desarrollaron dos fenómenos que constituyen las principales características del periodo de decadencia: el capitalismo de Estado y los bloques imperialistas. "El capitalismo de Estado [...] responde a la necesidad de que cada país, con vistas a la confrontación con otras naciones, obtenga el máximo de disciplina en su seno por parte de los distintos sectores de la sociedad, para reducir al mínimo los enfrentamientos entre clases, pero también entre facciones rivales de la clase dominante, con el fin, en particular, de movilizar y controlar todo su potencial económico. Del mismo modo, la constitución de bloques imperialistas corresponde a la necesidad de imponer una disciplina similar entre las diferentes burguesías nacionales para limitar sus antagonismos mutuos y reunirlas para la confrontación suprema entre los dos campos militares.4 El mundo capitalista se dividió así, a lo largo del siglo XX, en bloques rivales: Aliados contra potencias del Eje, bloque occidental contra bloque oriental.
Pero con el colapso de la URSS, a finales de los años 80, comenzó la última fase de la decadencia del capitalismo: el período de su descomposición generalizada5, marcado por la desaparición, durante más de 30 años, de los bloques imperialistas. La relegación del "gendarme" ruso y, de facto, la dislocación del bloque estadounidense abrió el camino a toda una serie de rivalidades y conflictos locales que habían sido sofocados por la férrea disciplina de los bloques. Esta tendencia al sálvese quien pueda y al aumento del caos se ha confirmado plenamente desde entonces.
Ya en 1990, la única "superpotencia" estadounidense intentó poner un mínimo de orden en el mundo y frenar el inevitable declive de su propio liderazgo... recurriendo a la guerra. Como el mundo ya no está dividido en dos campos imperialistas disciplinados, un país como Irak creyó posible apoderarse de un antiguo aliado del mismo bloque, Kuwait. Estados Unidos, al frente de una coalición de 35 países, lanzó una ofensiva asesina que debía desalentar cualquier tentación futura de emular las acciones de Saddam Hussein.
Pero la operación no pudo acabar con el sálvese quien pueda imperialista, manifestación típica del proceso de descomposición de la sociedad. En las guerras de los Balcanes ya se pusieron de manifiesto las peores rivalidades entre las potencias del antiguo bloque occidental, especialmente Francia, Reino Unido y Alemania, que, además de las mortíferas intervenciones estadounidenses y rusas, prácticamente se hacían la guerra entre sí a través de los distintos beligerantes de la antigua Yugoslavia. El ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 supuso un paso más hacia el caos, golpeando el corazón del capitalismo global. Lejos de las teorías izquierdistas sobre las supuestas apetencias petroleras estadounidenses, cuyo abismal coste de la guerra reveló su ineptitud, fue básicamente en este contexto en el que Estados Unidos tuvo que lanzar las invasiones de Afganistán en 2001 y de Irak, de nuevo, en 2003, en nombre de la "guerra contra el terrorismo".
En la segunda guerra del Golfo, Alemania, Francia y Rusia no sólo arrastraron los pies detrás del Tío Sam, sino que se negaron a comprometer a sus soldados. Sobre todo, cada una de estas operaciones no hizo más que generar tal caos e inestabilidad que Estados Unidos acabó empantanado, hasta el punto de tener que abandonar humillantemente Afganistán 20 años después, dejando un campo de ruinas en manos de los talibanes a los que habían venido a combatir, al igual que ya habían tenido que abandonar Irak, sumido en una inmensa anarquía, desestabilizando toda la región, especialmente la vecina Siria. Para defender su posición de primera potencia mundial, Estados Unidos se convirtió así en el principal propagador del caos en el periodo de decadencia.
Hoy en día, Estados Unidos se ha anotado innegablemente puntos imperialistas, sin siquiera tener que intervenir directamente. Rusia, adversario desde hace mucho tiempo, está inmersa en una guerra imposible de ganar que provocará, sea cual sea el resultado, un gran debilitamiento militar y económico. La Unión Europea y Estados Unidos ya han anunciado el color: según el jefe de la diplomacia europea, se trata de "devastar la economía rusa"... ¡y tanto peor para el proletariado de Rusia que pagará todas estas represalias, como para el proletariado ucraniano que es la primera víctima y rehén del desencadenamiento de la barbarie bélica!
Además, los estadounidenses han tomado el control de la OTAN, que el presidente francés anunció que estaba "en muerte cerebral", reforzando considerablemente su presencia en el Este y obligando a las principales potencias europeas (Alemania, Francia y Reino Unido) a asumir más la carga económica del militarismo para la defensa de las fronteras orientales de Europa, una política que Estados Unidos intenta aplicar desde hace varios años, especialmente bajo la presidencia de Trump y continuada por Biden, para concentrar su fuerza contra su principal enemigo: China.
Para los europeos, la situación representa una derrota diplomática de primer orden y una considerable pérdida de influencia. El conflicto alimentado por EE.UU. no conviene a Francia y Alemania, que, debido a su dependencia del gas ruso y del mercado que representa para sus propias mercancías, no tienen absolutamente nada que ganar con este conflicto. Por el contrario, Europa sufrirá una nueva aceleración de la crisis económica bajo el impacto de la guerra y las sanciones impuestas. Así, los europeos han tenido que replegarse tras el escudo estadounidense, mientras que el debilitamiento diplomático provocado por la chulería de Trump les había hecho albergar la esperanza de un fuerte retorno del viejo continente en la escena internacional.
¿El hecho de que las principales potencias europeas se vean obligadas a alinearse detrás de Estados Unidos constituye el inicio de la formación de un nuevo bloque imperialista? El periodo de descomposición no impide por sí mismo la formación de nuevos bloques, aunque el peso del sálvese quien pueda dificultar considerablemente esta posibilidad. Sin embargo, en esta situación, la voluntad de cada Estado de defender sus propios intereses imperialistas se ve ampliamente reforzada. Alemania se ha demorado un poco en la aplicación de las sanciones y sigue andando con pies de plomo para no sancionar las exportaciones de gas ruso de las que depende en gran medida. Por otra parte, Alemania, junto con Francia, ha intervenido constantemente para ofrecer a Rusia una salida diplomática que, por supuesto, Washington intenta retrasar. Incluso Turquía e Israel intentan ofrecer sus "buenos servicios" como intermediarios. A largo plazo, con el aumento de sus gastos militares, las grandes potencias europeas podrían incluso tratar de emanciparse de la tutela estadounidense, una ambición que Macron defiende regularmente a través de su proyecto de "defensa europea". Si bien es innegable que Estados Unidos ha ganado puntos en lo inmediato, cada país intenta también jugar su propia carta, lo que compromete la constitución de un bloque con mayor facilidad, ya que China, por su parte, es incapaz de federar a ninguna gran potencia detrás de ella e incluso se ve frenada y debilitada en la defensa de sus propios objetivos.
Sin embargo, la burguesía estadounidense no tenía como objetivo principal y único a Rusia con esta maniobra. El enfrentamiento entre EE.UU. y China determina la relación imperialista mundial actual. Al crear una situación de caos en Ucrania, Washington buscaba sobre todo obstaculizar el avance de China hacia Europa, bloqueando, por un período aún indeterminado, las "rutas de la seda" que debían pasar por los países de Europa del Este. Después de amenazar las vías marítimas de China en la región Indo-Pacífica con, entre otras cosas, la creación de la alianza AUKUS en 2021, Biden acaba de crear una enorme brecha en Europa, impidiendo a China el tránsito de sus mercancías por tierra.
Estados Unidos también ha conseguido demostrar la incapacidad de China para desempeñar un papel de socio fiable en la escena internacional, ya que no tiene más remedio que dar un apoyo muy débil a Rusia. En este sentido, la ofensiva estadounidense que estamos presenciando forma parte de una estrategia más global para contener a China.
Desde las guerras en la antigua Yugoslavia, Afganistán y Oriente Medio, Estados Unidos se ha convertido, como hemos visto, en el principal factor de caos en el mundo. Hasta ahora, esta tendencia se ha dado principalmente en los países periféricos del capitalismo, aunque los países centrales también han sufrido las consecuencias (terrorismo, crisis migratorias, etc.). Pero hoy, la primera potencia mundial está creando el caos a las puertas de uno de los principales centros del capitalismo. Esta estrategia criminal está dirigida por el "demócrata" y "moderado" Joe Biden. Su predecesor, Donald Trump, tenía una merecida fama de exaltado, pero ahora está claro que para neutralizar a China sólo difiere la estrategia: Trump quería negociar acuerdos con Rusia, Biden y la mayoría de la burguesía estadounidense quieren desangrarla. Putin y su camarilla de asesinos no son mejores, al igual que Zelensky que no duda en tomar como rehén a toda una población y sacrificarla como carne de cañón en nombre de la defensa de la patria. ¿Y qué decir de las hipócritas democracias europeas que, mientras lloran lágrimas de cocodrilo por las víctimas de la guerra, entregan cantidades fenomenales de material militar?
¡Izquierda o derecha, democrática o dictatorial, todos los países, todas las burguesías nos conducen hacia el caos y la barbarie a marchas forzadas! Más que nunca, la única alternativa que se ofrece a la humanidad es: ¡socialismo o barbarie!
EG, 21 de marzo de 2022
1 A modo de comparación, la URSS perdió 25.000 soldados durante los 9 años de la terrible guerra que asoló Afganistán
2 "Contra el imperialismo ruso, por una oleada internacionalista", Mediapart (2 de marzo de 2022). Este artículo, de título evocador, roza la farsa, especialmente por parte de su autor, Edwy Plenel, belicista patentado y gran defensor del imperialismo francés
3 "Para entender el conflicto entre Ucrania y Rusia, hay que mirar al colonialismo", The Washington Post (24 de febrero de 2022)
4 "Militarismo y descomposición [1]", Revista Internacional nº 64 (primer trimestre de 1991) https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [480]
5 Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-desc... [109]
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Después de un serio retroceso en la lucha durante el primer año de la pandemia de Covid, los trabajadores de Europa, Estados Unidos y otros lugares1, están empezando a reaccionar a los ataques contra los salarios y las condiciones de trabajo. Mientras la pandemia alcanza nuevas cotas con la aparición de la variante Ómicron, los trabajadores se enfrentan a ataques aún más severos a su nivel de vida a través del aumento de la inflación y del costo de la energía.
En el Reino Unido, hemos visto brotes de huelgas pequeñas pero significativas durante el otoño. Comenzando en septiembre con las huelgas de los repartidores de Uber, las huelgas han continuado en diferentes sectores: los trabajadores sanitarios de las residencias de ancianos de SAGE, los trabajadores de la basura en Glasgow, el personal universitario a nivel nacional. Y las huelgas continúan: trabajadores de la distribución, trabajadores del metro en Londres, trabajadores del transporte en el noroeste y en Yorkshire, trabajadores de la industria del automóvil, de los supermercados, de la producción y distribución de alimentos.
Hoy en día todos los sectores de la clase trabajadora del Reino Unido -desde los sectores tradicionales como los trabajadores del automóvil hasta los funcionarios públicos y los empleados universitarios- se enfrentan a los mismos ataques a su nivel de vida. Como hemos señalado en nuestra Resolución sobre la Situación Internacional del verano pasado "La clase obrera está pagando un duro tributo a la crisis. En primer lugar, porque es la más directamente expuesta a la pandemia y es la principal víctima de la propagación de la infección, y en segundo lugar porque la caída en picado de la economía está desencadenando los ataques más graves desde la Gran Depresión, en todos los niveles de las condiciones de trabajo y de vida, aunque no todos se verán afectados de la misma manera."2
La pandemia ha creado, tanto directa como indirectamente, una situación aparentemente paradójica: el desempleo en algunos sectores junto con la escasez de mano de obra en otros, combinado con el aumento de la pobreza debido a la subida de los precios. El resultado de dos años de paquetes de rescate, de "dinero helicóptero" repartido por todas las burguesías nacionales, tratando desesperadamente de salvar la economía de los peores efectos de la pandemia -principalmente a través de la impresión de dinero- ha llevado a un aumento drástico de la inflación en todo el mundo, y a un aumento de los costos de las necesidades básicas como los alimentos y la electricidad. Además, los trabajadores se enfrentan a una continua reducción de sus ingresos, mediante la reestructuración y el aumento de la precariedad.
Las primeras recientes expresiones de combatividad de la clase trabajadora, como hemos visto en varias partes del mundo, se ilustran claramente con lo que está ocurriendo en el Reino Unido. En un número creciente de sectores, el descontento de los trabajadores se ve alimentado por los recortes salariales y el empeoramiento de las condiciones de vida. Esto demuestra que la clase empieza a afirmarse en su propio terreno de clase, sin estar inmersa en el caos general de la pandemia, el comportamiento cada vez más errático de la clase dominante y el terreno burgués de las protestas "populares" contra las medidas de encierro.
Los sindicatos han saboteado sistemáticamente las protestas y otras acciones de los trabajadores, ya sea dispersándolas en el tiempo, ya sea concluyendo acuerdos con los patrones incluso antes de que se produzcan las huelgas. Los sindicatos han obligado sistemáticamente a los trabajadores en huelga a volver al trabajo con recortes salariales y peores condiciones laborales.
Ya lo vimos en abril de 2021, cuando los sindicatos pusieron fin a una huelga de seis semanas en British Gas, donde los trabajadores tuvieron que aceptar un recorte salarial del 15% o ser despedidos. En mayo, los sindicatos pusieron fin a una huelga de once semanas en los talleres de autobuses de Manchester, tras un acuerdo que implicaba descansos para comer no pagados y una reducción de la paga por enfermedad. Los trabajadores de Douwe Egberts, en Oxford, tuvieron que aceptar un recorte salarial anual de 9.000 libras, después de que los sindicatos declararan que esto impediría el traslado de la fábrica a otro país. En British Telecom, en julio, el Sindicato de Trabajadores de la Comunicación aceptó un recorte de 13.000 puestos de trabajo.
Durante el otoño, el Sindicato Unison convocó huelgas para defender el sector sanitario financiado por el Estado, el NHS, en lugar de luchar por las reivindicaciones de los trabajadores. Los sindicatos se apresuraron a frenar las posibles huelgas y paros, cerrando acuerdos que suponen francos recortes salariales. En el transporte público, el sindicato Unite ha resuelto veinte conflictos diferentes en toda Gran Bretaña en la empresa Stagecoach, llegando a acuerdos salariales que no eran suficientes para compensar la inflación. Lo mismo ocurrió con los trabajadores de la distribución antes de Navidad, donde los sindicatos bloquearon la huelga de miles de trabajadores de los grandes centros de distribución de las grandes cadenas de supermercados, para llegar a un acuerdo salarial por debajo de la tasa de inflación. Por el momento, el sindicato RMT, que organiza a los trabajadores del metro de Londres, es el único ejemplo en el que el sindicato ha llegado a un acuerdo que se ajusta a la inflación prevista, tras amenazar con el caos en el metro de Londres en diciembre.
El aumento de la actividad sindical, cuyo papel es agotar la combatividad de los trabajadores a través de acciones separadas y aisladas, es una señal de que la clase dominante está teniendo en cuenta el aumento de la combatividad de la clase obrera, sabiendo que los ataques de hoy son sólo el presagio de ataques sin precedentes en los próximos años. Hasta ahora, la burguesía de los principales países no ha lanzado programas masivos de austeridad, pero sin duda tendrá que hacerlo.
Los sindicatos son los perros guardianes de la clase dominante en el espacio proletario y lo han sido desde principios del siglo XX. La verdadera naturaleza de los sindicatos se muestra tanto en sus intentos de dividir a la clase trabajadora como en sus intentos de detener las huelgas y las movilizaciones mediante acuerdos rápidos con los patrones. Esta es su función básica, y todos los diversos argumentos izquierdistas que culpan a tal o cual dirigente sindical traidor no son más que una forma de fortalecer la ideología sindical, una verdadera trampa para el proletariado. Estos argumentos intentan radicalizar y al final fortalecer la ideología sindical criticando a la dirección del sindicato o llamando a los trabajadores a formar sindicatos de base, una estrategia clásica de movilización de los trabajadores radicalizados amordazados tras las banderas sindicales, desplegada desde los años 80.
"Incluso antes de que se produjera la pandemia, los trabajadores británicos habían sufrido los más bajos aumentos en los salarios reales desde las guerras napoleónicas en 1810-15. Mientras que 2022 se distingue por un golpe especialmente fuerte en el nivel de vida, el Instituto de Estudios Fiscales calcula que los ingresos apenas se moverán hasta 2026. Esto significa un golpe sin precedentes a los ingresos que abarca dos décadas, y dejará los ingresos de los hogares un 42% más bajos de lo que habría sido el caso si los salarios hubieran aumentado a las tasas de la crisis financiera de antes de 2008"3.
El periódico The Observer (8/1/22), citó a un empleado universitario que participó en la acción de tres días a principios de diciembre, diciendo que "no ha habido una subida salarial por encima de la inflación desde que Gordon Brown era primer ministro". Esta es la realidad, desde hace más de una década, para todos los sectores de la clase trabajadora.
Con un 5,4%, el nivel oficial de inflación en el Reino Unido está en su nivel más alto en casi 30 años. El Banco de Inglaterra espera que aumente hasta el 6% en abril, y algunos analistas prevén un 7% si no se invierten miles de millones en el sector energético para frenar el aumento de los costos de calefacción. El Índice de Precios al por menor ya se sitúa con un aumento del 7,5%.
El artículo del The Observer también cita a un economista: "Hasta hace unas semanas, el experto en ingresos Ken Mulkearn estaba convencido de que un pico de inflación pasaría sin mucha reacción por parte de los 32 millones de trabajadores británicos. (...) 'Ahora no estoy tan seguro. Hay señales de que el aumento de los precios está teniendo un impacto". Los representantes de la clase dominante también se han dado cuenta del creciente descontento de la clase trabajadora. Conocen los efectos del aumento de la inflación en el polvorín social.
Las acciones más destacadas de los sindicatos son una clara señal de que la clase dominante es consciente del peligro potencial de la lucha de la clase obrera. Los sindicatos están presentes en todas partes para evitar que las luchas se desarrollen y se extiendan a otros trabajadores. La tarea real de los sindicatos se centra en el aislamiento y el descarrilamiento de las luchas en callejones sin salida.
¡Pero las luchas no deben permanecer aisladas, sector por sector! ¡Todas las partes de la clase trabajadora están bajo ataque, y esto exige una respuesta unificada! La lucha que tuvo lugar en Cádiz en España es un ejemplo importante para todos los trabajadores: un intento de extender su huelga a otros sectores e industrias4. La única manera de que la clase obrera luche en su propio terreno es combatir el aislamiento, que los sindicatos están imponiendo.
A pesar de que los sindicatos siguen teniendo un férreo control de la situación, las recientes luchas en el Reino Unido son una señal de que la clase obrera aún mantiene reservas de combatividad. Como en otras partes del mundo, su lucha defensiva de hoy contiene las semillas de la lucha revolucionaria de mañana contra el capitalismo.
Edvin, 25/1/22
1 Ver: Luchas obreras en Estados Unidos, Irán, Italia, Corea... ¡Ni la pandemia ni la crisis económica han roto la combatividad del proletariado! | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [729]
2 Resolución sobre la situación internacional XXIV Congreso de la CCI (2021) https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021 [826]
3 Free market, tax-cutting economics will not ease the UKs cost of living squeeze [883], The Guardian, 9 de enero de 2022 (La economía de libre mercado, la reducción de impuestos no aliviará la presión del coste de la vida en el Reino Unido, artículo sólo en inglés)
4 https://es.internationalism.org/content/4738/huelga-del-metal-en-cadiz-nuestra-fuerza-es-luchar-como-clase-obrera [730]
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Ante la barbarie de la guerra, la burguesía siempre ha tratado de ocultar su responsabilidad asesina y la de su sistema tras cínicas mentiras. La guerra de Ucrania no ha escapado al torrente de propaganda y a la sucia instrumentalización del sufrimiento que genera. No pasa un día sin que el éxodo masivo y la angustia de las familias ucranianas que huyen de los bombardeos aparezcan en todos los canales de televisión y en las portadas de todos los periódicos, que suelen ser tan discretos con las desgracias que el capitalismo inflige a la humanidad. Los medios de comunicación han mostrado imágenes de niños ucranianos traumatizados y víctimas de la guerra.
Con la explotación propagandística de la legítima conmoción provocada por la difusión de imágenes atroces de exacciones, éxodo, horror y bombardeos la guerra en Ucrania ha permitido a la burguesía de los países democráticos recuperar una oleada espontánea de simpatía y compasión para orquestar una gigantesca campaña "humanitaria" en torno a las "iniciativas ciudadanas" hacia los refugiados ucranianos (e incluso en torno a la feroz represión de los manifestantes y opositores rusos a la guerra) e instrumentalizar cínicamente la angustia y la desesperación de las víctimas del mayor éxodo de poblaciones desde el final de la Segunda Guerra Mundial En todas partes se organizan "corredores humanitarios" y "redes de ciudadanos" para ayudar a los refugiados ucranianos, con el fin de justificar la provisión de un enorme arsenal de armas mortíferas destinadas a "defender a un pueblo martirizado" por el "ogro ruso". Incluso en los pequeños pueblos se organizan colectas, donaciones y todo tipo de "iniciativas" o actuaciones que las autoridades fomentan en solidaridad con los refugiados ucranianos.
Detrás de los vibrantes homenajes al martirio del "pueblo ucraniano", se esconde la sórdida realidad de una desvergonzada explotación de las oleadas de generosidad, explotadas por los Estados, todos ellos belicistas, que no se preocupan por el trágico destino de una población que se encuentra secuestrada entre los bombardeos rusos y la "movilización general" forzada del gobierno de Zelensky. A los ojos de la burguesía, el "pueblo ucraniano" sirve sobre todo como carne de cañón en una "lucha patriótica" contra el "invasor". El mismo cinismo explica que la burguesía occidental haya echado un pudoroso velo sobre las masacres perpetradas por el gobierno ucraniano, desde 2014, en las regiones ruso parlantes de Lugansk y Donetsk, que sin embargo han dejado casi 14.000 muertos en 8 años.
El llamado humanismo de los estados europeos es una gran mentira y una pura mistificación. El esfuerzo por acoger y ayudar a los refugiados se debe, en su mayor parte, a la iniciativa de los ciudadanos y en ningún caso a los Estados. Es innegable que, desde el estallido de la guerra y desde el inicio del éxodo de las familias, se ha producido una enorme oleada de solidaridad espontánea. Esta reacción inmediata y profundamente humana de llevar ayuda y asistencia a todos, ofreciendo refugio y proporcionando comidas a los que se ven repentinamente sumidos en la angustia y la desesperación, es reconfortante.
Pero esta solidaridad básica no es suficiente. No es el producto de una movilización colectiva de los proletarios en su terreno de clase. Proviene de una suma de iniciativas individuales que la burguesía RECUPERA, EXPLOTA E INSTRUMENTALIZA en su propio beneficio. Además, estas reacciones fueron inmediatamente desviadas al campo de la propaganda burguesa para justificar la guerra, exaltar el veneno mortal del nacionalismo y tratar de recrear un clima de UNION SAGRADA contra el "infame invasor ruso".
Las potencias democráticas de Europa Occidental no tuvieron más remedio que abrir sus fronteras a los refugiados ucranianos, a menos que bloquearan a cientos de miles de ellos dentro de las fronteras ucranianas por la fuerza. Toda su propaganda de guerra anti rusa se derrumbaría entonces. De hecho, si se declaran dispuestos a acoger a los ucranianos, es para justificar ideológicamente una movilización y sobre todo el envío de armas a Ucrania contra las "monstruosidades" de Putin y para defender sus propios intereses nacionales imperialistas.
Al mismo tiempo, estas campañas sirven para ocultar que la responsabilidad de esta dramática situación recae en todos los Estados, en la lógica de la competencia y de las rivalidades imperialistas del propio sistema, que genera la multiplicación de los focos de guerra, la generalización de la miseria, el éxodo masivo de poblaciones, el caos y la barbarie.
Todos los Estados carroñeros derraman ahora lágrimas de cocodrilo por los refugiados ucranianos que dicen acoger con los brazos abiertos en nombre del llamado "derecho de asilo". Estas bonitas promesas de acoger a los refugiados no son más que humo. En todas partes, los Estados de Europa Occidental han introducido cuotas de acogida para los migrantes que huyen de la miseria, el caos y la guerra. Estos refugiados descalzos no son como la mayoría de los ucranianos, europeos rubios y de ojos azules; no son de fe cristiana, sino a menudo musulmana. Se les clasifica como ganado entre "refugiados económicos", que son totalmente indeseables, y "refugiados de guerra" o "refugiados políticos". Por lo tanto, es necesario clasificar a los refugiados "buenos" y "malos"... Todo ello con el cheque en blanco de la Unión Europea y sus principales democracias. Tal clasificación, tal diferencia de trato es totalmente abyecta. En Francia, por ejemplo, hace menos de dos años, el gobierno de Macron envió a sus policías a desalojar a las familias migrantes que habían instalado sus tiendas de campaña en la Plaza de la República de París; los policías golpearon a estos “indeseables” y rajaron sus tiendas con cuchillos. Hace poco, cuando los refugiados iraquíes llamaban a la puerta de Europa, utilizados como medio de presión por el Estado bielorruso, se estrellaron contra la alambrada de la frontera polaca, enfrentándose a los robocops armados de la Unión Europea1. Las "grandes democracias" eran entonces mucho menos "acogedoras", a pesar del sufrimiento muy visible de las personas que morían de frío y hambre.
¿Cuál es la realidad que se esconde detrás de la geometría variable de esta falsa compasión, de esta supuesta solidaridad de los Estados? La burguesía se ha encargado en la mayoría de los países "de acogida" de crear un "estatus especial" para los ucranianos, totalmente distinto al de los demás refugiados, con el fin de crear oposición y divisiones entre la población y la clase obrera. En Bélgica, por ejemplo, el gobierno decidió otorgar a los ucranianos un estatus muy distinto al de otros refugiados de guerra. Mientras que estos últimos suelen tener que someterse primero a un severo examen y control para recibir una posible autorización para trabajar en el país "de acogida", a los nacionales ucranianos se les concede dicha autorización de inmediato y, además, reciben una subvención mucho mayor que los demás. Incluso el importe de su subsidio es superior al salario mínimo de los empleados "locales"... Esta sucia maniobra al servicio de la propaganda imperialista permite al gobierno crear no sólo el antagonismo entre los ucranianos y los demás refugiados, sino también crear un factor adicional de división y un clima de competencia dentro de la clase obrera.
Una minoría de los refugiados ucranianos, altamente cualificados, se integrará para deleite de la burguesía en ciertos países, como Alemania, que tienen una importante escasez de este tipo de mano de obra. Para los demás, la gran mayoría, su afluencia masiva planteará grandes problemas a la burguesía europea, que es incapaz de absorberlos. Tarde o temprano, en el período que viene, estarán de todos modos en su gran mayoría, expuestos al nauseabundo aliento de la ideología populista, sirviendo como chivos expiatorios de los problemas sociales y económicos que toda la burguesía tendrá entonces interés en resaltar2.
Sobre todo, los proletarios no deben ceder a los cantos de sirena de estas campañas humanitarias y rechazar sus trampas ideológicas rechazando categóricamente cualquier unión sagrada con sus explotadores ante la guerra. Pero al mismo tiempo deben luchar para defender sus propios intereses de clase ante la intensificación de la crisis y los ataques de la guerra. Sólo mediante el desarrollo internacional de esta lucha, más allá de las fronteras y los conflictos establecidos por la clase dominante, podrán expresar plenamente su solidaridad de clase con los refugiados y todas las víctimas de la creciente barbarie del capitalismo, ofreciéndoles una perspectiva: la de una sociedad liberada de la ley del beneficio y de la dinámica mortífera del sistema.
Wim, 3 abril 2022
1 Ver Calais, Bielorrusia: la barbarie del capitalismo con los emigrantes expresa su barbarie con todo el proletariado mundial https://es.internationalism.org/content/4757/calais-bielorrusia-la-barbarie-del-capitalismo-con-los-emigrantes-expresa-su-barbarie [789]
2 Hace dos años, las burguesías democráticas de Europa y América Latina acogieron con “banda de música” a los emigrantes venezolanos por razones de conveniencia imperialista frente al régimen venezolano. Meses después ese “entusiasmo acogedor” fue olvidado y dejaron que las jaurías populistas se lanzaran contra los emigrantes venezolanos. Ver Crisis emigratoria en Chile: la inmigración un producto de la barbarie y la crisis del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4798/crisis-emigratoria-en-chile-la-inmigracion-un-producto-de-la-barbarie-y-la-crisis-del [885]
Engels dijo en 1890 que la alternativa histórica era BARBARIE o COMUNISMO. La primera guerra mundial en 1914 confirmó dramáticamente el primer polo de la alternativa. Pero, la revolución proletaria en Rusia (1917) y las tentativas revolucionarias en Alemania, Hungría y otros países fueron el segundo polo de la alternativa, la respuesta proletaria organizada en Consejos Obreros. El libro que presentamos recoge artículos de la CCI sobre la experiencia de Alemania y Hungría. Hoy con la guerra en Ucrania hay que comprender y asumir críticamente estas experiencias revolucionarias del proletariado pues son la UNICA RESPUESTA POSIBLE contra la guerra. Contra la guerra imperialista, contra la barbarie del capitalismo REVOLUCION PROLETARIA MUNDIAL. La alternativa hoy es aún mucho más grave que en 1890, hoy es REVOLUCION PROLETARIA o DESTRUCCION DE LA HUMANIDAD
Reunión presencial y por Internet de presentación del libro POR LA REVOLUCION INTERNACIONAL: LOS CONSEJOS OBREROS EN ALEMANIA Y EN HUNGRIA (1918-23):
* Concepción - CHILE: Sábado 12 de noviembre a las 10 de la mañana en Centro Petrox calle Jaqueneo 486
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Los interesados en participar por Internet pueden escribirnos para confirmar su asistencia a [email protected] [45]
LOS INTERESADOS EN ADQUIRIR EL LIBRO PUEDEN ESCRIBIR A [email protected] [886] o [email protected] [45]
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Con la invasión rusa a Ucrania, la reacción de los EEUU y sus aliados de la OTAN ha sido de imponer durísimas sanciones económicas a Rusia consistentes en:
1) Excluir a determinados bancos rusos del sistema financiero SWIFT. El sistema SWIFT posibilita las transacciones financieras, pagos y cobros, a diferentes entidades públicas como privadas en más de 200 países. Esto implica que las instituciones financieras rusas quedaron aisladas. Pero esta medida también golpea a los países o empresas proveedoras de alimentos, metales, tecnologías, etc., ya que Rusia se ve imposibilitada en pagar sus compras efectuadas antes del conflicto. De esta exclusión se salvan dos instituciones financieras que guardan relación directa con las transacciones en materia de energía: Sberbank y Gazprombank, ya que Europa debe asegurarse el flujo en materia energética en su provecho.
2) Se han congelado los activos del Banco Central de Rusia.
3) Los países occidentales también impusieron prohibiciones a la exportación de bienes, tecnología y servicios para la industria aeroespacial, que se suman a otras tantas acciones contra el estado ruso y sus jerarcas del Kremlin como también a las familias adineradas de Rusia.
4) Los operadores de los estados occidentales y de algunos aliados de los EEUU en otras partes como Japón, Australia y Corea del Sur, han presionado para que muchas empresas emblemáticas del capitalismo opten por apartarse de Rusia, por tanto, nada se vende, ni se compra a Rusia.
Dicho esto, este cordón sanitario impuesto por “el mundo libre y democrático” del capitalismo junto con las destrucciones y perturbaciones ocasionadas por la propia guerra, afecta de manera directa a aquellos países que tienen intercambios comerciales con Rusia. Por esta razón los trabajadores en América Latina se ven afectados drásticamente, precarizándose cada vez más sus condiciones de vida, la crisis económica que se aceleró con la pandemia, ahora encuentra un nuevo factor de aceleración con la guerra de Ucrania.
En los últimos años la cuenca del Mar Negro, que está limitado por Rumania, Bulgaria, Turquía, Georgia, Ucrania y Rusia, ha aumentado su producción de trigo y también de girasol. En el año 2019, Rusia era el mayor productor y exportador global del trigo. Ucrania es el quinto país productor y exportador de esta gramínea1. Argentina ocupa el séptimo lugar, y según la Bolsa de Comercio de Rosario, Argentina, es uno de los centros más importantes del comercio de granos en el mundo, al ser un alimento básico, el resto de Latinoamérica (Latam) está obligado a importarlo. Al estar bloqueada la cadena de suministros, y por efecto directo de las sanciones y la guerra, los precios de los commodities están creciendo, no solo el trigo sufre esta presión alcista, sino también el cobre y el petróleo.
Esta alza en los precios de los commodities, tendrá implicaciones en las economías de la región dependiendo de cuánto están sujetas a las exportaciones hacia Rusia o a las importaciones desde Rusia. El caso del trigo es ejemplificador, si solo Argentina es un importante productor y exportador del Trigo, el cierre del mercado ruso lo beneficia enormemente, pero hoy por hoy, Argentina está sufriendo una de las peores sequías que se haya vivido en el país austral. Por tanto, no podrá suplir al gigante ruso y, es más, se verá en la necesidad de importar la gramínea como el resto de Latam. Otro tanto, podemos hablar del petróleo, en el caso del Ecuador, por ejemplo, el precio referencial para el petróleo ecuatoriano WTI llegó a un tope promedio de $ 94 dólares el barril, esto beneficia a las arcas fiscales ecuatorianas, pero perjudica a los países que se ven en la necesidad de importar combustible.
En lo económico debemos señalar que Latam, desde el 2014 ya venía sufriendo la desaceleración de su economía, según la Cepal para el 2019 solo iba a crecer 0,1 % y para el 2020 llegaría a 1,3 %. La región muestra una desaceleración económica generalizada y sincronizada a nivel de países y de sectores, completando seis años consecutivos de bajo crecimiento, señaló la CEPAL en su informe presentado en diciembre del 2019.
Pero la historia fue otra, sobrevino la pandemia y la región cayó a un nivel inimaginable, a -6,722 % de su PIB en el 2020, es decir, sufrió una contracción fortísima.
Según la CEPAL Latam creció en el 2021 alrededor de 5 % del PIB. Pero la misma CEPAL indica que esta cifra es engañosa debido a un efecto rebote en las economías altamente interrelacionadas y por tanto tiene efectos pasajeros (esto se comprende por el resultado del confinamiento y las restricciones del comercio que provocó una drástica contracción de la demanda aparejada con el cierre de las cadenas de suministros y de los sectores de producción, al abrirse los mercados los sectores se vuelcan a realizar compras masivas e incrementa los valores macroeconómicos) 2.
Se prevé que la economía latinoamericana se situará en el 2022 a un 2 % de crecimiento económico y que de manera histórica es muy pero muy abajo comparado con la década de los 70s del siglo pasado. Ahora bien, visto así la cosa, América Latina le agarra la guerra en medio de una situación muy delicada en términos económicos, es decir, en una situación difícil en su proceso de recuperación del cataclismo de la pandemia. Dicho de otra forma, sufrirá un hundimiento aún mayor a los niveles prepandemia de la economía regional y mundial, por lo cual no podrá recuperarse o volver a los niveles iniciales. Con la guerra desatada en Ucrania, solo hace tirar más peso al naufrago, generar más presión al deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores, precarizando más su condición no solo de la clase obrera, sino también de las capas no explotadoras del resto de la sociedad.
Las repercusiones a nivel político en relación con la guerra en Ucrania se manifiestan en los diversos estados burgueses de la región y sus políticos de turno. Por tanto, se comprendería muy bien que países como México tenga una postura medio ambigua, que Venezuela al igual que Nicaragua y Cuba se alineen a Rusia, o que Argentina tenga la misma postura. Pero el panorama más extraño lo brindó Brasil, donde Bolsonaro se declaró "neutral" y su vicepresidente, el general Hamilton Mourao, lo puso en vereda. Mourao condenó la invasión y pidió apoyo militar para Ucrania. Entretanto, el embajador de Brasil ante la ONU dijo que Rusia había "cruzado la línea roja". Finalmente, acercaron sus posiciones3.
Pocas semanas antes de las acciones rusas sobre Ucrania, el presidente de Argentina, Fernández y su homólogo de Brasil, Bolsonaro, viajaron a Moscú. No para mediar en el conflicto ucraniano, sino para congraciarse con Putin: Fernández ofreció su país a Rusia como portal hacia Latinoamérica; Bolsonaro declaró su solidaridad con Rusia. Ambos hicieron oídos sordos a las advertencias desde Washington en vista del despliegue de tropas rusas en la frontera con Ucrania.
La burguesía en la región juega sus fichas de cierto modo, tratan de ajustarse a la situación que ofrece el panorama internacional que se abre ante la guerra de Ucrania y vemos como los diferentes lideres de la región toman posición como Bolsonaro que de ser un fanático de Trump ha pasado a ser un fanático de Putin. Esto se ha visto con mayor claridad el pasado 2 de marzo, cuando la Asamblea General de la ONU votó sobre una resolución que llama a Rusia a detener su ataque a Ucrania y a abstenerse de ejercer todo tipo de amenaza similar contra cualquier país miembro de esa organización. Se ve una clara injerencia de la OTAN y EE. UU sobre la ONU por supuesto. La mayoría de los países latinoamericanos votó a favor. Bolivia, Cuba, El Salvador y Nicaragua se abstuvieron. Venezuela criticó la resolución.
Son claras las relaciones de Rusia con Nicaragua, Cuba y Venezuela, eso explica el comportamiento de estos países frente al conflicto, que dependen mucho de Moscú. Esto muestra a la región dividida en cuanto a la imposición de sanciones. Colombia socio de la OTAN aprueba las sanciones, mientras México y Brasil las rechaza. Aparte de la Burguesía brasilera que vive de la producción agrícola no les conviene. Este país importa el 69% de sus fertilizantes de Rusia; la izquierda mexicana con López Obrador tiene sus propios argumentos disidentes a las sanciones, sin embargo, sigue teniendo como socio a EE. UU, su socio del libre comercio, con el que desarrolla casi el 90% de su comercio exterior. La burguesía sea del país que sea, ve por sus propios intereses y corre en el sentido del cada uno a la suya y el sálvese quien pueda, con la guerra en Ucrania este aspecto se pronuncia cada vez más.
Venezuela apoya abiertamente a Rusia en el conflicto. Sin embargo, la reunión del 5 de marzo entre los representantes del gobierno norteamericano con sus homólogos venezolanos sorprendió a todo el mundo. Es indudable que Washington este buscando alternativas al petróleo ruso.4
Por otro lado, en Perú Pedro Castillo ha sido muy tibio en manifestarse en relación con la Guerra en Ucrania haciendo un llamado para que los países del mundo “resuelvan sus conflictos a nivel diplomático y no con las armas”, este señalamiento lo ha hecho en medio de un clima de inestabilidad política en Perú, con solicitudes de vacancia en su contra y escándalos de corrupción.
Colombia está en plena campaña electoral. Entre los candidatos está el dirigente izquierdista Gustavo Petro, él se pronunció sobre la guerra señalando “Qué Ucrania ni qué ocho cuartos...". El Burgués izquierdista señaló además “Colombia tiene muchos problemas internos como para inmiscuirse de cualquier manera en el conflicto europeo”. Guillermo Lasso de Ecuador condenó a Rusia. Del mismo modo, Uruguay estuvo entre los primeros en condenar la agresión en Ucrania. Y para sorpresa de algunos, el izquierdista chileno Gabriel Boric, ha estado entre los que expresan rechazo a la posición de Moscú, sin embargo, algunos miembros de su coalición izquierdista tienen cercanías y simpatías por Washington.
La guerra ha venido a ser un bombero que intenta apagar el fuego echándole más fuego a la situación. La guerra es una manifestación de la decadencia capitalista, reflejada en su crisis económica histórica, pero también una muestra del alcance y la profundidad al que nos está llevando la fase final del capitalismo, la fase de su descomposición5. Esta situación monstruosa desarrollada por la guerra imperialista es la manifestación más extrema de la barbarie capitalista que echa más leña al fuego destructor de la pandemia, la crisis económica, la catástrofe ecológica… 6 .
La guerra empeora las condiciones de vida de los trabajadores y como ya lo hemos señalado antes Si la pandemia marcó una aceleración de la descomposición capitalista a varios niveles (social, sanitario, ecológico, etc.), la guerra en Ucrania es un duro recordatorio de que la guerra se ha convertido en el modo de vida del capitalismo en su época de decadencia, y que las tensiones y los conflictos militares se están extendiendo e intensificando a escala mundial7.
El proletariado será el que va a pagar los platos rotos una vez más, en medio de este caos, en medio de esta aceleración de crisis económica agravada por la guerra, desplazando a la pandemia como factor acelerador de la crisis económica que ha venido golpeando desde la aparición del Covid-19. El alza fortísima de los precios de los productos de la canasta básica, como es el pan, los costes del pasaje de la transportación, incremento en los precios de los aceites, y demás productos necesarios para la higiene, como los desinfectantes, entre otros, son una muestra del terrible golpe a los miseros salarios de los trabajadores.
Esta alza no se debe solo por las dificultades que enfrentan algunos sectores de las economías de la región Latam, por las sanciones sobre Rusia, sino por las presiones inflacionarias que vienen dándose desde mucho antes del conflicto ruso-ucraniano, como lo señalamos antes, ocasionados por la Pandemia del Covid.
El incremento de la presión sobre la inflación desatada por la guerra en Ucrania pauperiza cada vez más las condiciones de vida de los trabajadores en la región con el incremento del coste de vida, de los alimentos y el transporte básicamente.
Así pues, la guerra que acaba de empezar es un acontecimiento dramático de la máxima importancia, en primer lugar, para Europa, pero también para el mundo entero. Ya se ha cobrado miles de vidas entre los soldados de ambos bandos y entre los civiles. Ha arrojado a cientos de miles de refugiados a las carreteras. Provocará nuevas subidas del precio de la energía y de los cereales, sinónimo de frío y de hambre, mientras que, en la mayoría de los países del mundo, los explotados, los más pobres, ya han visto cómo se hunden sus condiciones de vida a causa de la inflación. Como siempre, es la clase que produce la mayor parte de la riqueza social, la clase trabajadora, la que pagará el precio más alto por las acciones bélicas de los amos del mundo.
Esta tragedia bélica no puede separarse del conjunto de la situación mundial de los dos últimos años: la pandemia, el agravamiento de la crisis económica, la multiplicación de las catástrofes ecológicas. Es una clara manifestación del hundimiento del mundo en la barbarie 8.
La burguesía en la región está claramente dividida como en el resto del mundo. No encuentra norte. Sus respuestas son tan inmediatistas que dejan agujeros negros en su caminar. La burguesía tiene muy estrecho el margen de maniobra. Ella sabe de su gran limitación. Por ello no debemos de sorprendernos de los giros bruscos de algunas figuras políticas que hacen un recorrido de izquierda a derecha en un abrir y cerrar de ojos. Lo que motiva sus gesticulaciones y cambios de chaqueta es la mejor defensa del interés nacional de su capital y, desde el punto de vista histórico, la respuesta de la clase obrera.
Por eso el terror y el desplazamiento militar en torno a la guerra de Ucrania, por los dos bandos (Rusia-Ucrania) los presupuestos millonarios aprobados en los países centrales de Europa para armamentos y otras situaciones vistas en este conflicto bélico, no es más que un anuncio que hace la burguesía internacional, una señal que manda a todo el mundo y a los trabajadores en particular. Ellos promueven y repiten constantemente que todos debemos de asumir los sacrificios que nos impondrá la guerra y sus consecuencias, y es indudable que serán todos los trabajadores del mundo los que pagarán la mayor cuota, como ya lo estamos viendo actualmente en todo el mundo y en particular en América Latina.
La crisis económica será un enorme peso político sobre la burguesía, sus posibilidades de moverse se restringen mucho más. El proletariado será el que lleve la peor parte y no tiene un norte tampoco de momento. Lo que ocurre en Ucrania lo va a comprender más cuando pague más por el pan, el aceite o el transporte público.
Sin embargo, la única fuerza capaz de parar todo este caos y barbarie en el planeta: es la clase obrera. Con su unidad, su solidaridad mundial desarrollándola como clase, es la única capaz de parar toda esta locura capitalista de destrucción. Las luchas obreras masivas y conscientes en todo el mundo deben mostrar el camino e ir preparando la destrucción de este sistema responsable de todas las guerras y barbarie que amenaza a la humanidad: el SISTEMA CAPITALISTA.
No queremos la paz que ofrecen los estados asesinos, no debemos tomar posición por ningún bando, por ningún país, debemos denunciar a todos los estados capitalistas, a todos los partidos que llamen al nacionalismo o a apoyar alguna bandera nacional. Solo debemos retomar las viejas consignas del movimiento obrero histórico internacional, que están más vigentes que nunca hoy en día:
¡Los proletarios no tienen patria!
¡Proletarios de todos los países, ¡uníos!
Secciones y núcleos en Centro y Sudamérica de la Corriente Comunista Internacional 24042022
1. Dato obtenido del Observatorio de Complejidad Económica (OEC) del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
2Datos según Cepal.
3 https://www.msn.com/es-us/noticias/mundo/el-conflicto-en-ucrania-divide-... [888]
4https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-60657073 [889]
5https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-desc... [109]
6https://es.internationalism.org/content/4793/conflicto-imperialista-en-u... [890]
7https://es.internationalism.org/content/4795/guerra-imperialista-en-ucra... [891]
8https://es.internationalism.org/content/4793/conflicto-imperialista-en-u... [890]
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Junto a las amenazas de posibles ataques nucleares por parte de Rusia y el riesgo de que nubes radiactivas se escapen de las centrales nucleares ucranianas dañadas por los combates, las medidas adoptadas o planificadas por varios países, para poner de rodillas a la economía rusa, conllevan el riesgo de desestabilizar la economía mundial. La trágica constatación de la actual escalada de la guerra y la fuerte tendencia en el aumento de los presupuestos militares (puesta en marcha con la repentina decisión de duplicarlo en Alemania) constituirá un factor adicional para debilitar la situación económica de los países afectados.
Las medidas de represalia económica contra Rusia conllevarán escasez de materias primas en gran parte de los países europeos y la pérdida del mercado ruso para todos. Los precios de las materias primas aumentarán y en consecuencia los de muchos productos básicos. La recesión extenderá a todo el mundo la miseria y en la misma medida aumentará la explotación y el sufrimiento de la clase trabajadora.
No es ninguna exageración, como lo demuestran las declaraciones de expertos alemanes dirigidas a un "público informado" y ansioso por predecir el futuro para poder defender, de la mejor manera, los intereses de la burguesía: "Estamos hablando de una grave crisis económica en Alemania y, por lo tanto, en Europa". "Hundimiento de empresas y desempleo" se ven por el horizonte y para mucho tiempo: "No estamos hablando aquí de tres días o tres semanas", sino quizás de "tres años".1 En este contexto, los precios de la energía siguen aumentando a niveles históricos y sus consecuencias se extenderán mucho más allá de Alemania y Europa y afectarían principalmente a los países pobres. En última instancia, tal aumento en los precios de la energía podría, como se dijo ayer, "conducir al colapso de Estados enteros en Asia, África y América del Sur"2.
La dimensión y la profundidad de las medidas adoptadas contra Rusia, a pesar de su innegable severidad, no explican por sí solas el tsunami económico que azotará al mundo. Aquí debemos incluir el actual nivel de deterioro de la economía mundial, que es producto de un largo proceso de agravamiento de la crisis mundial del capitalismo. Pero sobre esta cuestión, los "expertos" permanecieron en silencio, para no tener que admitir que la causa de la decadencia del capitalismo mundial radica en su crisis histórica e insuperable, de la misma manera que tienen cuidado de no identificar esta guerra, al igual que todas las que han ocurrido desde la Primera Guerra Mundial, como un producto del capitalismo decadente. Tampoco evocan ciertas consecuencias de una nueva caída de la economía en la crisis y en la acentuación de la guerra comercial que es inseparable de ella: un nuevo agravamiento de las tensiones imperialistas y una nueva aceleración, de manera precipitada, en la carrera armamentística.3 Como parte de un enfoque similar para defender el capitalismo, algunos están preocupados por las muy probables consecuencias de la escasez de alimentos básicos que hasta ahora eran producidos en Ucrania, en vista del malestar social mostrado en varios países, sin una preocupación real por el sufrimiento de las poblaciones hambrientas.
La pandemia de Covid ya había mostrado una creciente vulnerabilidad de la economía por la convergencia de una serie de factores específicos del período de vida del capitalismo desde el colapso del bloque del Este y la posterior disolución de los bloques.
Una visión cada vez más a corto plazo ha llevado de hecho al capitalismo a sacrificar, en el altar de las demandas de la crisis global y la competencia económica mundial, cierto número de necesidades imperativas de cualquier sistema de explotación, como es la necesidad de mantener a sus explotados en buen estado de salud. El capitalismo no ha hecho nada para evitar el estallido de la pandemia de Covid-19, que es en sí misma un producto social puro, por lo que respecta a su transmisión de animales a humanos y su propagación en el mundo, a pesar de que los científicos ya habían advertido de su peligro. Además, el deterioro del sistema de salud en los últimos treinta años ha contribuido a que la pandemia sea mucho más mortal. Del mismo modo, la magnitud del desastre y sus repercusiones en la economía han sido fomentadas por la exacerbación del “cada uno a la suya” en todos los niveles de la vida de la sociedad (que es una característica de la fase actual de descomposición del capitalismo) agravando así las manifestaciones clásicas de la competencia, y dando lugar a episodios inverosímiles como la guerra entre pises, por las mascarillas, los respiradores, o las vacunas..., pero también entre servicios estatales o privados dentro del mismo país. Millones de personas han muerto en todo el mundo, y la parálisis parcial de la actividad económica y su desorganización han llevado en 2020, a la peor depresión desde la Segunda Guerra Mundial.
Al afectar a la economía en todo el mundo, era de esperar que la pandemia también revelara nuevos obstáculos a la producción capitalista, como la mayor vulnerabilidad de las cadenas de suministro a diferentes factores. De hecho, basta con que un único eslabón de la cadena sea defectuoso o inoperante, debido a enfermedades, inestabilidad política o catástrofes climáticas, para que el producto final sea en ocasiones a destiempo o muy tardío, lo que resulta incompatible con los requisitos para su comercialización en el mercado. Como consecuencia, en algunos países, un número considerable de automóviles no pudieron ponerse a la venta porque estaban inmovilizados en líneas de montaje, a la espera de piezas que no llegaban, que debían ser entregadas en particular por Rusia. El capitalismo se encuentra así sometido al efecto “boomerang” de la excesiva "globalización" de la economía que la burguesía había desarrollado gradualmente a partir de la década de 1980 para mejorar la rentabilidad del capital a través de la externalización de parte de la producción llevada a cabo por una mano de obra mucho más barata.
Además, el capitalismo se enfrenta cada vez más a los desastres resultantes de los efectos del calentamiento global (incendios monstruosos, ríos que emergen violentamente de sus lechos, inundaciones generalizadas...) que afectan cada vez más significativamente, no solo a la producción agrícola sino también a toda la producción. El capitalismo rinde así su tributo a la frenética explotación y destrucción de la naturaleza desde 1945 (y cuyo impacto se hizo más ampliamente perceptible a partir de la década de 1970) por los diversos capitales que compiten entre sí por la búsqueda de nuevas y cada vez más restringidas fuentes de ganancia.
La imagen que acabamos de esbozar no cae del cielo, sino que es la culminación de más de cien años de decadencia del capitalismo, iniciada por la Primera Guerra Mundial, durante la cual este sistema tuvo que enfrentar constantemente los efectos de la crisis de la sobreproducción, situada en el corazón de todas las contradicciones del capitalismo. Esta cuestión estuvo en el origen de todas las recesiones de este período: la Gran Depresión de la década de 1930 y, después de una apariencia de mejora económica durante el período 1950/60, que algunos han llamado "Gloriosos Treinta", la crisis abierta del capitalismo reapareció a fines de la década de 1960. Cada una de sus expresiones resulta en una recesión más severa que la anterior: 1967, 1970, 1975, 1982, 1991, 2001, 2009. En todas estas ocasiones de crisis, la maquinaria económica tuvo que reactivarse mediante deudas que, en una proporción cada vez mayor, sólo se pagarán por medio de nuevas deudas, y así sucesivamente... Como resultado, cada nueva manifestación abierta de la crisis es más devastadora, mientras que los medios utilizados para hacerle frente, como la deuda, constituyen ellos mismos una amenaza creciente para la estabilidad económica.
La ralentización del crecimiento diez años después del crack financiero de 2008 exigió de nuevo un aumento de la deuda; dos años más tarde, la caída de la producción en 2020 exigió a su vez un apoyo récord a la economía frente a una serie de "nuevos" factores (pandemias, calentamiento global, vulnerabilidad de las cadenas de suministro, etc.). Récord tras récord, la deuda mundial se desconectó más de la economía real, saltando al 256% del valor del PIB mundial. Esta situación no es trivial. Es un factor en la depreciación de las monedas y, por lo tanto, en el desarrollo de la inflación. Un aumento sostenido de los precios conlleva el riesgo de disturbios sociales de diversos tipos (movimientos interclasistas, lucha de clases) y constituye un obstáculo para el comercio mundial. Esta es la razón por la que la burguesía se verá cada vez más obligada a intentar el equilibrio –que, aunque le es familiar, se está volviendo cada vez más peligroso– para poder hacer frente a dos necesidades antagónicas:
Elevar las tasas de interés para frenar el alza de la inflación, pero con la consecuencia de reducir el flujo del grifo del crédito;
Sostener la economía, incapaz de sostenerse sin una inyección permanente de crédito.
Y esto en un contexto tendente al estancamiento de la economía combinado con una inflación significativa.
Además, tal situación es propicia para el estallido de burbujas especulativas que pueden contribuir a desestabilizar la actividad y el comercio global (como en bienes raíces en los Estados Unidos en 2008, en China en 2021).
Frente a cada una de las calamidades que soporta la humanidad, ya sea la cuestión de guerra o las manifestaciones de la crisis económica, la burguesía tiene siempre una panoplia de explicaciones falsas que, a pesar de su gran diversidad, todas tienen en común el exonerar al capitalismo de los males que abruman al planeta.
En 1973 (año que fue un momento en la profundización de la crisis abierta y que desde entonces se ha vuelto prácticamente permanente) el desarrollo del desempleo y la inflación se explicó por el aumento del precio del petróleo. Sin embargo, el auge del petróleo es un hecho propio de la competencia capitalista y no una entidad que sería externa a este sistema4 y que se impondría sin remedio.
La situación actual es otro ejemplo de esta norma. La guerra en Ucrania se convierte en culpa de la Rusia totalitaria y no del capitalismo en crisis, como si este país no fuera por completo parte del capitalismo mundial.
Ante las perspectivas de un empeoramiento considerable de la crisis económica, la burguesía está preparando el terreno para hacer que los proletarios acepten los terribles sacrificios que se le impondrán y que se le presentarán como consecuencia de las medidas de represalia contra Rusia. Su discurso ya es el siguiente: "la población debe aceptar el calentarse, o alimentarse, un poco menos, en solidaridad con el pueblo ucraniano, porque este es el costo del esfuerzo necesario para debilitar a Rusia".
Desde 1914, la clase obrera ha vivido en un infierno: a veces carne de cañón en las dos guerras mundiales y conflictos regionales incesantes y asesinos; otras veces víctima del desempleo masivo durante la Gran Depresión de la década de 1930; en ocasiones obligado a arremangarse para la reconstrucción de países y economías devastados por dos guerras mundiales; y en otras, arrojados a la precariedad o la pobreza con cada nueva recesión desde el regreso de la crisis económica mundial, a fines de la década de 1960.
Ante una nueva caída en la crisis económica, ante las amenazas de guerras, cada vez más insistentes, supondría su perdición si escuchara a la burguesía pidiéndole que se sacrificara. Por el contrario, debe saber aprovechar las contradicciones del capitalismo, expresadas en la guerra y en los ataques económicos, para impulsar conscientemente su lucha de clases lo más lejos posible y derrocar al capitalismo.
Silvio (26 de marzo de 2022)
1"Habeck: examinando formas de moderar los precios de la energía", Sueddeutsche (8 de marzo de 2022)
2"Estados Unidos pone un embargo petrolero en la agenda", Frankfurter Allgemeine Zeitung (8 de marzo de 2022).
3"Resolución sobre la situación internacional [894]", Revista Internacional N.º 63 (junio de 1990).
4Lea nuestro artículo, El aumento del precio del petróleo: una consecuencia y no la causa de la crisis [895], Revista Internacional N.º 19.
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Estamos viviendo la campaña de propaganda bélica más intensa desde la Segunda Guerra Mundial, no sólo en Rusia y Ucrania, sino en todo el mundo. Por lo tanto, es esencial que todos los que tratan de defender el internacionalismo proletario frente a los tambores de guerra aprovechen todas las oportunidades para reunirse para discutir y aclarar, para apoyarse y solidarizarse, y para definir mejor el método de los revolucionarios contra la campaña militarista de la burguesía. Por ello, la CCI ha organizado una serie de reuniones públicas en línea y presenciales en varios idiomas (inglés, francés, español, neerlandés, italiano, alemán, portugués y turco) y seguirá organizando más en un futuro próximo.
En el espacio de este breve artículo no podemos resumir todos los debates que tuvieron lugar, que estuvieron marcados por un ambiente serio y fraternal, un verdadero deseo de entender lo que está pasando. En cambio, nos gustaría centrarnos en algunas de las principales cuestiones y temas que surgieron. También publicaremos en nuestro sitio web las contribuciones de los partidarios que aportan su propia visión de los debates y su dinámica.
El primer tema, y probablemente el más vital, fue un amplio acuerdo en que los principios básicos del internacionalismo (no apoyar a ninguno de los dos bandos imperialistas, rechazar todas las ilusiones pacifistas, afirmar la lucha de clases internacional como la única fuerza que puede oponerse realmente a la guerra) siguen siendo tan válidos como siempre, a pesar de la enorme presión ideológica, especialmente en los países occidentales, para unirse a la defensa de la "pequeña y valiente Ucrania" contra el oso ruso. Algunos podrían replicar que se trata de generalizaciones banales que no deberían tomarse al pie de la letra., Ciertamente no es fácil plantearlas en el clima actual, donde hay pocas señales de oposición de clase a la guerra. Los internacionalistas deben reconocer que, por el momento, están nadando a contracorriente. En este sentido, se encuentran en una situación similar a la de los revolucionarios que, en 1914, tuvieron que mantener sus principios frente a la histeria bélica que acompañó los primeros días y meses de la guerra. Pero también podemos inspirarnos en la posterior reacción de la clase obrera a la guerra, que convirtió las consignas generales de los internacionalistas en una guía de acción para derrocar el orden mundial capitalista.
Un segundo elemento clave del debate (sobre el que hubo menos acuerdo) fue la necesidad de comprender la gravedad de la guerra actual que, tras la pandemia de Covid, proporciona una prueba más de que el capitalismo en su periodo de decadencia es una amenaza creciente para la propia supervivencia de la humanidad. Incluso si la guerra en Ucrania no prepara el terreno para la formación de nuevos bloques imperialistas que arrastrarían a la humanidad a una tercera (y probablemente definitiva) guerra mundial, expresa sin embargo la intensificación y extensión de la barbarie militar que, combinada con la destrucción de la naturaleza y otras manifestaciones de un sistema moribundo, tendría en última instancia el mismo resultado que una guerra mundial. En nuestra opinión, la guerra actual marca un paso importante en la aceleración de la descomposición del capitalismo, un proceso que contiene la amenaza de abrumar al proletariado antes de que sea capaz de reunir sus fuerzas para una lucha consciente contra el capital1.
No vamos a explicar aquí por qué rechazamos el argumento de que estamos asistiendo a la reconstitución de bloques militares estables. Simplemente diremos que, a pesar de las tendencias reales hacia una "bipolarización" de los antagonismos imperialistas, seguimos considerando que éstas se ven contrarrestadas por la tendencia opuesta de cada potencia imperialista a defender sus intereses particulares y a resistirse a la subordinación a una determinada potencia mundial. Pero esta última tendencia significa una creciente pérdida de control por parte de la clase dominante, un deslizamiento cada vez más irracional e imprevisible hacia el caos, que en muchos aspectos conduce a una situación más peligrosa que aquella en la que el planeta era "gestionado" por los bloques imperialistas rivales durante la "guerra fría".
Varios camaradas en las reuniones hicieron preguntas sobre este análisis; y algunos, por ejemplo, miembros de la CWO (Organización de Trabajadores Comunistas) en las reuniones de habla inglesa, se opusieron claramente a nuestro marco de análisis de la descomposición2. Pero no cabe duda de que la defensa de una posición internacionalista coherente debe basarse fundamentalmente en la capacidad de desarrollar un análisis serio de la situación mundial, pues de lo contrario se corre el peligro de confundirse con la rapidez e imprevisibilidad de los acontecimientos inmediatos. Contrariamente al análisis de la guerra realizado por los camaradas de los Cahiers du Marxisme Vivant en uno de los encuentros en Francia, no creemos que las simples explicaciones económicas, la búsqueda del beneficio a corto plazo, puedan explicar el verdadero origen y la dinámica del conflicto imperialista en una época histórica en la que las motivaciones económicas están cada vez más dominadas por los imperativos militares y estratégicos. Los ruinosos costes de esta guerra serán una prueba más de esta afirmación.
Es tan importante comprender el origen y la dirección del conflicto imperialista como hacer un análisis claro de la situación de la clase obrera mundial y de las perspectivas de la lucha de clases. Aunque había acuerdo general en que la campaña de guerra estaba infligiendo graves golpes a la conciencia de una clase obrera que ya había sufrido una profunda pérdida de confianza y de conciencia de sí misma, algunos participantes en la reunión tendían a pensar que la clase obrera ya no era un obstáculo para la guerra. Respondimos que la clase obrera no puede ser tratada como una masa homogénea. Es evidente que la clase obrera de Ucrania, que fue ahogada por la movilización para la "defensa de la nación", sufrió una verdadera derrota. Pero es diferente en Rusia, donde hay una clara oposición generalizada a la guerra, a pesar de la brutal represión de cualquier disidencia, y en el ejército ruso, donde hay signos de desmoralización e incluso de rebelión. Pero, sobre todo, no se puede contar con el proletariado de Europa Occidental para que se sacrifique, ni económica ni militarmente, y la clase dominante de estos países hace tiempo que no puede utilizar más que soldados profesionales para sus aventuras militares. A raíz de las huelgas masivas en Polonia en 1980, la CCI desarrolló una crítica a la teoría de Lenin de que la cadena del capitalismo mundial se rompería en su "eslabón más débil", es decir, en los países menos desarrollados, siguiendo el ejemplo de Rusia en 1917. En cambio, insistimos en que la clase obrera de Europa Occidental, más experimentada políticamente, sería la clave para la generalización de la lucha de clases3. En un artículo posterior explicaremos por qué creemos que este punto de vista sigue siendo válido hoy en día, a pesar de los cambios en la composición del proletariado mundial que se han producido posteriormente.
Los participantes en la reunión compartían una preocupación legítima sobre la responsabilidad específica de los revolucionarios en esta guerra. En las reuniones de Francia y España, esta cuestión estuvo en el centro de la discusión, pero en nuestra opinión, varios compañeros adoptaron un enfoque activista, sobrestimando la posibilidad de que nuestras consignas internacionalistas pudieran tener un impacto inmediato en el curso de los acontecimientos. Tomando el ejemplo del llamamiento a la confraternización entre proletarios de uniforme: aunque sigue siendo perfectamente válido como perspectiva general, sin el desarrollo de un movimiento de clase más general como el que vimos en las fábricas y calles de Rusia y Alemania en 1917-18, hay pocas posibilidades de que los combatientes de ambos lados de la guerra actual se vean como compañeros de clase. Y, por supuesto, los auténticos internacionalistas son hoy una minoría tan pequeña que no pueden esperar tener un impacto inmediato en el curso de la lucha de clases en general.
Sin embargo, no creemos que esto signifique que los revolucionarios estén condenados a ser una voz en el desierto. De nuevo, debemos inspirarnos en figuras como Lenin y Luxemburgo en 1914, que comprendieron la necesidad de plantar la bandera del internacionalismo incluso cuando estaban aislados de la masa de su clase, de seguir luchando por los principios frente a la traición de las viejas organizaciones obreras, y de desarrollar un análisis profundo de las verdaderas causas de la guerra frente a las coartadas de la clase dominante. Asimismo, debemos seguir el ejemplo de la conferencia de Zimmerwald y de otras conferencias que han expresado la determinación de los internacionalistas de reunirse y emitir un manifiesto común contra la guerra, aunque tengan análisis y perspectivas diferentes4.
En este sentido, celebramos la participación de otras organizaciones revolucionarias en estas reuniones, su contribución al debate y su disposición a considerar nuestra propuesta de una declaración conjunta de la izquierda comunista contra la guerra. No podemos sino lamentar la posterior decisión de la CWO/TCI de rechazar nuestra propuesta, cuestión a la que tendremos que volver en un artículo posterior.
También fue importante que, en respuesta a las preguntas de los camaradas sobre lo que se podía hacer en su localidad o país, la CWO hiciera hincapié en la primacía de establecer y desarrollar contactos y actividades internacionales, de integrar las especificidades locales y nacionales en un marco de análisis más global. Trabajar a escala internacional proporciona a los revolucionarios un medio para luchar contra el aislamiento y la desmoralización que puede derivarse de él.
Una guerra imperialista de gran envergadura sólo puede subrayar la realidad de que la actividad revolucionaria sólo tiene sentido en el marco de las organizaciones políticas revolucionarias. Como escribimos en nuestro informe sobre la estructura y el funcionamiento de la organización revolucionaria, "la clase obrera no da a luz a los militantes revolucionarios, sino a las organizaciones revolucionarias: no hay relación directa entre los militantes y la clase". Esto pone de manifiesto la responsabilidad de las organizaciones de la Izquierda Comunista a la hora de proporcionar un marco, un punto de referencia militante en torno al cual pueden orientarse los camaradas individuales. A su vez, las organizaciones sólo pueden fortalecerse con las aportaciones y el apoyo activo que reciben de estos compañeros.
Amos, 8 de abril de 2022
1 Para un análisis más detallado de la gravedad de la actual situación mundial ver Documentos del 24º Congreso Internacional de la CCI https://es.internationalism.org/content/4765/documentos-del-24o-congreso-internacional-de-la-cci-2021 [897]
2 Sobre la descomposición ver nuestras Tesis https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
3 Ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/855/el-proletariado-de-europa-occidental-en-una-posicion-central-de-la- [590]
4 Ver la Declaración común de grupos de la Izquierda Comunista https://es.internationalism.org/content/4807/declaracion-conjunta-de-grupos-de-la-izquierda-comunista-internacional-sobre-la-guerra [898]
El imperialismo no es la imposición internacional del Estado más fuerte sobre el resto de Estados nacionales, es un fenómeno histórico ligado al desarrollo mundial del Modo de Producción Capitalista. El capitalismo es competencia y lucha de todos contra todos. La mundialización de la economía, la expansión mundial del capitalismo, el agotamiento de la producción del valor por la expulsión del trabajo vivo agudiza la crisis capitalista, que llega a sus límites internos, y el mercado mundial es incapaz de suponer una contratendencia a la crisis. Todo esto exacerba la competencia y convierte la guerra, más que como un fenómeno superador de las crisis cíclicas, en la continuación de la economía del capital por otros medios, tratando de acapararse de recursos, materias primas, mercados, ventajas competitivas en relación a otros Estados nacionales. En las guerras, el proletariado es engañado y embarcado para hacer de carne de cañón. No hay ningún Estado nacional que no sea imperialista, o como decía Lenin: «todos son peores».
El internacionalismo es un principio fundamental del proletariado, que es internacional e internacionalista. La revolución será internacional e internacionalista o no será. El proletariado como clase defiende los intereses de la humanidad en su conjunto por encima de cualquier división nacional impuesta por la burguesía y sus Estados nacionales. El internacionalismo está ligado a la autonomía de clase, la necesidad de que la clase desarrolle su conciencia, unidad y organización de forma independiente de la burguesía y sus aparatos políticos. No hay ninguna posibilidad de coaligarse tácticamente con ninguna fracción de la burguesía (todas imperialistas) que no supongan una traición al proletariado y los principios del programa revolucionario.
El izquierdismo es la ideología que defiende el capital desde argumentos que suponen la degeneración del programa revolucionario, poniendo cuestiones tácticas sobre los principios y abordando la realidad desde la defensa del mal menor o de la burguesía más débil. Es la ideologización de la traición histórica de la socialdemocracia, de la defensa de bloques burgueses e imperialistas, de la defensa del interclasismo rampante. Una y otra vez el izquierdismo nos llama a volver a firmar los “créditos de guerra”, a enfrentarnos con nuestros hermanos y hermanas de clase en defensa de la economía nacional frente a la defensa de las necesidades humanas.
La guerra y el militarismo son por todo ello inseparables de la misma dinámica del capitalismo. No hay guerras buenas, todas responden a los intereses del capital y sus burguesías. La respuesta histórica del proletariado a la guerra es la revolución mundial, que implica afirmar nuestras necesidades humanas por encima de todas las divisiones impuestas. Las consecuencias de la guerra nos llegan en forma de muerte y miseria y son inmediatas. La subida de los precios y la precarización de las condiciones de vida son un hecho inmediato que nos afectan a todos, también aquellos trabajadores que (aún) no estamos bajo sus bombas.
La lucha de clases se expresa, en el momento actual de debilidad del proletariado internacional, en la defensa las condiciones de vida. Recientemente en Kazajistán, los trabajadores se enfrentaron (huelgas masivas, revueltas urbanas, etc.) contra su propio Estado ante la subida del gas y todos los productos básicos, defendiendo sus vidas frente al capital. La revuelta (sin duda débil por su falta de perspectiva y organización) fue ahogada en sangre por los ejércitos de la federación rusa, en connivencia con el Estado kazajo y el bloque imperialista occidental. El movimiento en Kazajistán (uno más de los muchos que marcan nuestra historia como clase explotada y revolucionaria) muestra cómo las diversas burguesías y sus bloques imperialistas no tienen el menor problema para unirse contra los trabajadores. Como decían unos compañeros, Kazajistán es hoy el mundo. Con sus debilidades indudables expresa de modo fotográfico la perspectiva del futuro: guerra imperialista y/o revolución, catástrofe capitalista o comunismo.
¡CONTRA TODAS LAS GUERRAS!
¡CONTRA TODOS LOS IMPERIALISMOS!
¡CONTRA TODOS LOS CAPITALISTAS!
¡POR LA DEFENSA DE LAS NECESIDADES HUMANAS!
¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÁMONOS!
Saludamos la defensa del internacionalismo proletario que nos hace llegar el compañero. Esta defensa ha de ser inquebrantable en el seno del medio político proletario. Al ser lo que caracteriza a la posición marxista ante la guerra su capacidad de mantenerse fiel y coherente a los intereses, la perspectiva y posiciones históricas de la clase obrera, debemos por tanto apoyarnos para nuestra respuesta en un método histórico en continuidad con el hilo rojo de la historia del proletariado. El método que hemos de seguir para la discusión y para el agrupamiento de las fuerzas revolucionarias es el de Zimmerwald, que en 1915 sirvió como base para la construcción de la III Internacional, el Partido del proletariado. Este método fue partir de lo que había en común entre las posiciones políticas que en la práctica habían demostrado su fidelidad al proletariado, y desarrollar a partir de ello una polémica directa, sin medias tintas. Caminando con estos dos pies, el de la unidad y el de la polémica franca y directa, será el método para impulsar el desarrollo de la consciencia de clase y combatir la penetración de la ideología burguesa en nuestras filas.
Por ello partimos primero de lo que compartimos con el compañero, que es:
El imperialismo es un fenómeno producto del desarrollo histórico del capitalismo y no la emanación de los Estados más fuertes. Desde el momento en que este fenómeno histórico emana de la sociedad burguesa, todos los Estados son imperialistas.
El internacionalismo es un principio fundamental del proletariado y su traición es la traición a la clase obrera.
La lucha de clases parte de la defensa de los intereses inmediatos e históricos del proletariado.
Existe relación directa entre el sacrificio de la vida del proletariado en la guerra y los sacrificios en sus condiciones de vida.
La respuesta del proletariado ante la guerra debe ser la perspectiva revolucionaria a través de la lucha de clases, y no el pacifismo, ni la defensa de los pueblos oprimidos, ni la vomitiva postura equidistante de “no a la invasión, ni Putin ni OTAN” que transmite el Estado a través del izquierdismo.
Así como nos hemos levantado con el pie de la unidad, para echar a andar apoyamos ahora en el suelo el pie de la polémica:
El compañero no toma en cuenta el marco marxista de la ascendencia y la decadencia de un modo de producción, sin el cual, sus posiciones corren el riesgo de convertirse en una crítica puramente visceral, y una defensa puramente moral del internacionalismo, lo cual es extremadamente frágil e impotente ante la penetración de la ideología burguesa.
Existen tres cuestiones fundamentales que nos gustaría criticar de su postura. En esta respuesta nos centraremos solo en la primera, aunque mencionaremos las otras dos para fomentar la polémica futura y no dejarlas abandonadas a su suerte.
Según el compañero la guerra, aunque no sería tanto un “fenómeno superador de las crisis cíclicas” sí que serviría al capital para “continuar la economía por otros medios”. Existen dos cuestiones por criticar aquí: (a) el hecho de situar la crisis y la guerra fuera del marco de la ascendencia y decadencia de un modo de producción, y (b) la atribución de una racionalidad económica a la guerra imperialista, como un intento del capital “de acapararse de recursos, materias primas, mercados, ventajas competitivas en relación a otros Estados nacionales”. Este primer punto será el punto central de nuestra respuesta.
La naturaleza del izquierdismo. La carta identifica el izquierdismo con “la ideologización de la traición histórica de la socialdemocracia”. Pensamos que según esto para el compañero el izquierdismo sería el PSOE, Podemos, la socialdemocracia alemana, etc. Sin embargo, “por posiciones izquierdistas queremos decir las de aquellas corrientes que en algún momento tuvieron una vida proletaria, pero fueron luego integradas en el Estado burgués traicionando el internacionalismo y apoyando “de forma crítica” a los partidos de izquierdas de la burguesía (partidos socialistas y comunistas estalinistas), así como a los sindicatos. Estas expresiones del capitalismo decadente, como el trotskismo, el maoísmo o la mayoría del anarquismo tienden a ocupar un lugar “extremista” y extraparlamentario en el Estado, y su función histórica es controlar con ideologías radicales a los sectores del proletariado más activos y conscientes” 1. Vemos actualmente que el izquierdismo no nos llama directamente a firmar los créditos de guerra, como dice la carta, sino al contrario, vemos a los incendiarios trotskistas, los anticapitalistas y anarquistas oficiales (CNT, CGT, etc.) gritando contra Putin y contra la OTAN, contra la invasión y por la “solidaridad internacionalista entre pueblos”, porque no haya “ni guerra entre pueblos ni paz entre clases”, etc.2. Estas movilizaciones no dejan de ser una negación de la lucha y perspectiva del proletariado. Para comprender la naturaleza del izquierdismo como un brazo del totalitarismo Estatal es necesario comprender la decadencia del capitalismo. No identificar correctamente al izquierdismo puede dar lugar a tener esperanzas en que aquellos serían parte del pantano de la duda, o grupos proletarios en degeneración.
La idea de que las revueltas de Kazajistán representan la lucha histórica del proletariado. Pensamos que podrá ser fruto de otra discusión, pero remitimos al siguiente artículo publicado en nuestra web: Kazajistán: Las luchas obreras se ahogan en los combates entre facciones burguesas 3.
Tras estas aclaraciones, que pensamos necesarias y que podrán fomentar discusiones próximas, pasamos al elemento central de esta respuesta que dividimos en dos puntos: la decadencia del capitalismo y la naturaleza de la guerra.
En la fase ascendente del capitalismo, Marx señaló que las crisis cíclicas eran el resultado de las contradicciones del capitalismo. El capital tiende por naturaleza a crecer, su dinámica es la acumulación y el desarrollo de las fuerzas productivas per se en detrimento del consumo y el uso, el desarrollo del valor de cambio. En dicha etapa ascendente de expansión mundial del capitalismo existían momentos de saturación del mercado interno capitalista, momentos de crisis que devaluaban el capital constante y bajaban el precio de las mercancías al punto que algunos capitales comenzarían a no resultar rentables. Dichas devaluaciones de capital constante en crisis cíclicas se resolvían con una nueva expansión capitalista, tanto del mercado interno, como, sobre todo, del mercado exterior.
De este modo, a través de la quiebra de ciertos capitales en la competencia, y la fusión y concentración del capital en mayores monstruos capitalistas se producía un impulso para la conquista de nuevos mercados extra- capitalistas, es decir, la ampliación del capital en épocas de prosperidad. Era en estos períodos de prosperidad en los que la clase obrera tenía la posibilidad real de arrancar reformas, es decir, forzar a la burguesía a través de la huelga y la lucha parlamentaria a una mayor inversión en los salarios y otras mejoras de las condiciones de vida.
Este proceso de conquista de nuevos mercados puso a disposición del capitalismo nuevas fuerzas productivas, y por tanto el desarrollo de estas convirtiéndolas en capital. Y así fue tanto para las nuevas tierras productivas y otros medios de producción como para la fuerza de trabajo. Así, por ejemplo, la burguesía se apropió de las tierras de las que la población dependía para el autoconsumo (y a las que a menudo estaban encadenados de por vida a través de tributos al señor feudal), y proletarizó a las masas trabajadoras de forma creciente.
El capital tiende a una expansión ilimitada, pero el mundo es limitado. La decadencia del sistema comenzó en aquel momento en que el capital se vio crecientemente enfrentado a sí mismo, cuando se topó con un muro tan infranqueable en la realización de la plusvalía en forma de sobreproducción, que la única posibilidad de expansión que se percibió posible fue hacer la guerra a otras potencias capitalistas centrales, con la perspectiva de arrebatarles su terreno o posición en el mercado mundial. Esta percepción no significaba que fuera una posibilidad real para cada capital individual y no sería desde luego una salida económica para el capital global. Esta es la nueva época del imperialismo que analizó la III Internacional. La época en la que el desarrollo de las fuerzas productivas entró en contradicción definitiva con las relaciones de producción (lo cual no significaba ni que las fuerzas productivas dejaran de desarrollarse ni que se hubieran agotado los nuevos mercados). Con ella, la crisis se vuelve permanente (ya no es la época de las crisis cíclicas), y la única forma de evitarla es posponiéndola a un futuro en el que será cada vez más grave e inevitable. A través, por ejemplo, del endeudamiento. De este bloqueo histórico del sistema nace esencialmente una tendencia al caos y la autodestrucción. La decadencia demuestra que el capitalismo no puede, en la realidad concreta, continuar per saecula saeculorum.
¿Por qué es tan importante el análisis de la decadencia para la lucha proletaria? Porque se abre con ella la época de la posibilidad real de la revolución comunista. Y con ella, a su vez, se hace obsoleta toda lucha por reformas ya que no existen ya momentos de prosperidad real del capitalismo en los que luchar para arrancar dichas reformas del capital. El Parlamentarismo y la lucha sindical son absorbidas por el Estado que como contra- tendencia al caos creciente adquiere un carácter crecientemente totalitario. El análisis de la decadencia tiene por tanto importantes consecuencias militantes.
La guerra cumplió en la fase ascendente del capitalismo una función económica de conquista de nuevos mercados: bien en el sentido de la formación de nuevas naciones (guerra franco-prusiana), de derrotar a sectores más arcaicos del capital (guerra civil en los EEUU), o las guerras coloniales. Todas ellas participaban de la expansión del capitalismo, por ejemplo, destruyendo las relaciones de producción anteriores o aniquilando a la población autóctona para disponer de las fuerzas productivas de la tierra que habitaban. La guerra fue un arma esencial para conseguir esto. Ya que la guerra tuvo una finalidad progresista de expansión de las relaciones de producción capitalista (y con ello la fundación de las bases materiales para la revolución proletaria), el proletariado pudo apoyar en algunas de estas guerras a los sectores más progresistas de la burguesía.
La pregunta que debemos hacernos aquí es, ¿cuál es la diferencia en la decadencia? En la decadencia la guerra:
No tiene una racionalidad económica
Ni proporciona las bases para un impulso cíclico al desarrollo del capitalismo
Ni proporciona una salida real a la sobreproducción
¿De dónde viene la idea de que la guerra imperialista cumple una función equivalente a las crisis cíclicas de la ascendencia? Es una idea que se desarrolló en el movimiento obrero en aquel momento crítico de paso a la decadencia y en la discusión por comprender la naturaleza de la guerra imperialista. Esta idea, desarrollada por Bujarin en 1915, confunde la reducción del valor del capital constante en las crisis cíclicas de la ascendencia, con la destrucción y esterilización de fuerza de trabajo, medios de producción y capital por la tendencia a la guerra imperialista. Destruir y esterilizar capital no es igual a devaluarlo. La tendencia a la guerra imperialista produce una creciente masa de gastos improductivos armamentísticos que, si no se emplean esterilizan capital, y si se emplean destruyen medios de vida y de producción, instalaciones, seres humanos, viviendas, etc. Esta es la polémica de Internationalisme con Vercesi («El renegado Vercesi», mayo 1944, en el Boletín internacional de la Fracción italiana de la Izquierda comunista, nº 5): la tendencia a la guerra imperialista no aporta nada al ciclo siguiente de producción, a la reproducción ampliada de capital 4.
La guerra imperialista de la decadencia tiene la función estratégica de arrebatar los mercados a un imperialismo rival o bien la mutua aniquilación de ambos. La guerra imperialista surge histórica y globalmente de las contradicciones económicas del capitalismo, y como factor fundamental el hecho de que el sistema tiene cada vez menos áreas de expansión extra -capitalista. Sin embargo, la guerra imperialista no tiene una función económica para el desarrollo del capitalismo, sino que es la explosión irracional de sus contradicciones. Al contrario, ésta va perdiendo toda racionalidad económica hasta hacerlo casi totalmente a medida que se profundiza la decadencia hacia la fase actual de la descomposición. La primera guerra mundial no surgió directamente de la crisis económica (es decir, como un impulso al capitalismo a modo de las crisis cíclicas del período ascendente), sino de una situación política, estratégica y militar del reparto del mundo donde algunas potencias habían llegado demasiado tarde a dicho reparto. Un siglo más tarde vemos que dicha racionalidad económica está casi ausente incluso desde el punto de vista de cada capital nacional: la provocación de EEUU a Rusia para el comienzo de su empresa guerrera en Ucrania no fue en última instancia para vender su petróleo a la UE, sino para mantener disciplinadas las potencias europeas, aislar y obstaculizar a otras como principalmente China y reducir la posición imperialista de Rusia a través del empantanarla en una guerra interminable. De hecho, la estrategia de USA es la maquiavélica política de dar el mínimo de armas a Ucrania para que no pierda la guerra, pero que tampoco pueda ganarla. ¡Nos podemos imaginar lo que significa en término de sufrimientos humanos ese frío cálculo militar! El compañero se equivoca, por tanto, al atribuir a la guerra imperialista una función de salida de la economía por otros medios. Con dicha visión no es posible comprender la naturaleza de la guerra imperialista y menos aún la naturaleza de la guerra en la fase actual de descomposición, lo cual tiene implicaciones importantes en la lucha de clases.
Esta crítica directa que desarrollamos no nos impide saludar su defensa del internacionalismo. Le animamos tanto a él como a otros revolucionarios a continuar la discusión polémica a partir de esta respuesta que le damos, así como a profundizar en la decantación por las posiciones históricas del proletariado.
CCI 19-5-22
1 https://es.internationalism.org/content/4781/debate-la-lucha-de-los-revolucionarios-contra-la-suplantacion-de-la-continuidad-del [900]
2 https://www.elsaltodiario.com/guerra-en-ucrania/putin-otan-grito-asamblea-popular-contra-guerra-madrid [901]
3 https://es.internationalism.org/content/4784/kazajistan-las-luchas-obreras-se-ahogan-en-los-combates-entre-facciones-burguesas [902]
4 Para profundizar en esta polémica consultar: Teorías económicas y lucha por el socialismo (Revista Internacional nº 16) https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/949/teorias-economicas-y-lucha-por-el-socialismo [903] , y Respuesta al BIPR: La naturaleza de la guerra imperialista (Revista Internacional nº 82) https://es.internationalism.org/revista-internacional/199510/1818/respuesta-al-bipr-i-la-naturaleza-de-la-guerra-imperialista [904]
Publicamos una colección de artículos sobre y contra la guerra imperialista en Ucrania. Esta guerra, la más grave en los últimos 50 años, pone en evidencia el deslizamiento creciente hacia la BARBARIE del capitalismo.
No podemos separar esta guerra cruel de la crueldad de la pandemia COVID que según la OMS ha arrebatado la vida a 15 millones de personas (muy lejos de los que 6 millones que reconocen los gobiernos del mundo), tampoco la podemos considerar aparte de la proliferación de catástrofes ecológicas y climáticas que se aceleran en los últimos años, ni de la profunda crisis económica que dispara la inflación y lleva a la hambruna a 193 millones de personas. Esta guerra no es una guerra aislada, en este momento hay en el mundo 57 conflictos bélicos (Ver entre otras fuentes The World at War (globalsecurity.org) [905]).
Esta guerra, como todas las guerras, es una destrucción planificada y querida por la burguesía como respuesta a las contradicciones, cada vez más exacerbadas, de su modo de producción basado en la explotación de la clase obrera.
Esta guerra no será detenida por las protestas pacifistas y humanitarias, tampoco por las negociaciones de paz, SOLO PUEDE SER DETENIDA por la lucha de clase del proletariado mundial orientada hacia la perspectiva de destrucción del capitalismo en todos los países.
Sabemos que actualmente el proletariado no tiene la fuerza para levantar una lucha masiva contra la guerra. Sin embargo, esta fuerza no se crea sola ni surge espontáneamente, se contribuye a crearla con la DEFENSA DE LOS PRINCIPIOS INTERNACIONALISTAS contra la guerra imperialista y por la destrucción mundial del capitalismo.
Esa es la tarea de los grupos realmente revolucionarios que son fieles a los principios de la Izquierda Comunista, la única que desde los años 20 del siglo XX mantiene una lucha contra la guerra y por la destrucción del capitalismo. Todos los partidos de la burguesía, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, nos quieren alistar para la guerra. Especialmente cínicos e hipócritas son los trotskistas, los maoístas, los estalinistas, la “Nueva Izquierda” (Francia Insumisa, Podemos, Castillo, Boric etc.) y los anarquistas oficiales. Estos utilizan un lenguaje “antiimperialista” con el que siempre nos quieren llevar al matadero imperialista haciéndonos elegir campo entre los contendientes. Solamente, la Izquierda Comunista defiende la lucha intransigente contra la guerra imperialista.
La CCI junto con otros dos grupos de la tradición de la Izquierda Comunista, Instituto Onorato Damen y Internationalist Voice, ha firmado una DECLARACION CONJUNTA CONTRA LA GUERRA IMPERIALISTA, es una contribución a la respuesta unida de los grupos de la Izquierda Comunista. Esta Declaración es el punto de partida de la lucha por la unidad y el debate fraterno de toda la Izquierda Comunista:
La lucha de la Izquierda Comunista contra la guerra
https://es.internationalism.org/content/4815/editorial-frente-la-guerra-... [906]
https://es.internationalism.org/content/4807/declaracion-conjunta-de-gru... [898]
https://es.internationalism.org/content/4793/conflicto-imperialista-en-u... [890]
https://es.internationalism.org/content/4809/conferencia-de-zimmerwald-u... [907]
https://es.internationalism.org/content/4821/una-declaracion-internacion... [908]
https://es.internationalism.org/content/4912/el-capitalismo-sigue-amonto... [909]
Análisis de la evolución de la guerra
https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/milita... [480]
https://es.internationalism.org/content/4805/estados-unidos-rusia-la-ue-... [910]
https://es.internationalism.org/content/4839/cumbre-de-la-otan-en-madrid... [911]
https://es.internationalism.org/content/4808/ni-por-la-guerra-ni-por-la-... [912]
https://es.internationalism.org/content/4812/guerra-en-ucrania-la-propag... [913]
https://es.internationalism.org/content/4795/guerra-imperialista-en-ucra... [891]
https://es.internationalism.org/content/4813/la-guerra-en-ucrania-tambie... [914]
https://es.internationalism.org/content/4843/significado-e-impacto-de-la... [915]
https://es.internationalism.org/content/4850/guerra-en-ucrania-pandemia-... [916]
https://es.internationalism.org/content/4852/campanas-ideologicas-propag... [917]
https://es.internationalism.org/content/4869/la-guerra-de-ucrania-un-pas... [918]
Debate revolucionario sobre la guerra
https://es.internationalism.org/content/4830/balance-de-las-reuniones-pu... [919]
https://es.internationalism.org/content/4810/reuniones-publicas-de-la-cc... [920]
https://es.internationalism.org/content/4833/correspondencia-sobre-la-gu... [921]
https://es.internationalism.org/content/4822/debate-proposito-de-la-guer... [922]
Denuncia de los que quieren alistarnos para la guerra desde una postura "de izquierda"
https://es.internationalism.org/content/4814/el-trotskismo-banderin-de-e... [923]
https://es.internationalism.org/content/4828/los-anarquistas-ante-la-gue... [924]
https://es.internationalism.org/content/4853/declaracion-de-kras-ait-con... [925]
https://es.internationalism.org/content/4857/sobre-la-historia-de-los-gr... [926]
En la Reunión proponemos ver qué hacer, cómo luchar contra la guerra. Una guerra que es la más grave en Europa desde la Segunda Guerra Mundial y que se une a más de 42 focos de conflicto imperialista en el mundo.
Para llevar un combate contra la guerra y animar la lucha de nuestra clase contra ella, los revolucionarios debemos apoyarnos en la tradición y las aportaciones de la Izquierda Comunista que se basan en el INTERNACIONALISMO. Mientras los partidos socialistas, los partidos mal llamados "comunistas", los trotskistas, los maoístas, los anarquistas oficiales, renegaron del internacionalismo y llamaron a los obreros a matarse por uno de los bandos contendientes en los numerosos conflictos guerreros que han asolado el mundo desde 1914, la Izquierda Comunista ha sido fiel al proletariado defendiendo la posición internacionalista contra la guerra.
Los grupos revolucionarios que defienden una posición internacionalista han unirse y actuar en común. El primer paso es la Declaración conjunta de los grupos de la Izquierda Comunista Internacional que han firmado la Corriente Comunista Internacional, el Instituto Onorato Damen e Internationalist Voice.
La Reunión se iniciará con la Presentación Común que han redactado los grupos firmantes de la Declaración Internacional y se darán a conocer sus posturas.
Animamos a nuestros lectores a participar, bien físicamente, bien por conexión Internet.
Fisicamente: CASAL OBRER I POPULAR calle Olimpia Arozamena Torres 41 VALENCIA (metro más próximo Angel Guimerá)
Vía Internet: nos piden el enlace de participación a nuestro correo [email protected] [45]
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Un camarada envió una carta a la CCI en la que preguntaba "¿cómo puedo yo, tú o cualquiera, apoyar a los trabajadores en las luchas reformistas sin apoyar el reformismo? ...... ¿Cómo se puede ayudar a los trabajadores en la lucha inmediata por mejores condiciones de trabajo (o algo así como la protección del NHS) mientras se mantiene que sólo la revolución funcionaría? Después de todo, el SWP es nominalmente un partido comunista, por lo que afirmaría igualmente que la revolución es el único objetivo intrínseco"
En nuestra respuesta intentamos explicar que las reformas ya no son posibles en el capitalismo decadente. Pero incluso si la única perspectiva que queda es el derrocamiento revolucionario del capitalismo, eso no debe llevarnos a la conclusión de que la clase obrera debe abstenerse de luchar por la defensa de sus condiciones de vida cotidianas. Pues estas luchas son un medio esencial para que la clase obrera forje las armas de su futura lucha revolucionaria.
Por lo tanto, el desarrollo de la lucha por mejores condiciones de trabajo y de vida es tan esencial como la lucha revolucionaria. Para el marxismo, no existe ninguna lucha proletaria puramente económica, puramente reivindicativa; está indisolublemente ligada a la misión histórica del proletariado. Incluso la más pequeña huelga proletaria lleva en sí el germen de la lucha revolucionaria contra el sistema. Conduzca o no a la mejora de las condiciones de los trabajadores, es una condición vital para el desarrollo de la conciencia de clase y el surgimiento de una ofensiva revolucionaria contra el capital
Estimado camarada
Gracias por tu correspondencia. Planteas algunas cuestiones importantes que son clave para entender las condiciones reales a las que se enfrenta la clase obrera hoy en día, con el ataque a sus condiciones de vida y de trabajo en el contexto del sistema capitalista en crisis y en ruta hacia la barbarie. Planteas la cuestión de con qué mensaje deben intervenir los revolucionarios en las luchas de la clase para ayudarla a superar los obstáculos erigidos en su camino por los agentes del capitalismo de Estado, principalmente los sindicatos.
La clase obrera ha estado en permanente lucha por sus condiciones de trabajo y de vida a lo largo de toda su existencia, pero sólo desde el inicio de la decadencia capitalista, desde principios del siglo XX, la perspectiva del derrocamiento revolucionario del capitalismo es una realidad.
Como te explicamos en nuestra primera respuesta, la burguesía desempeñó anteriormente un papel histórico progresista en el derrocamiento del feudalismo, y en este período de ascenso capitalista la clase obrera se alió con las facciones progresistas de la burguesía y pudo, conservando su autonomía, conseguir mejoras duraderas, reformas, para sus propias condiciones de existencia. Pero a finales de siglo, cuando el capitalismo había logrado dominar todo el planeta, ante un mercado mundial cada vez más saturado y cuando la guerra mundial se avecinaba entre las principales burguesías, esto significó la inminente bancarrota histórica del capitalismo. A partir de este momento, todas las partes de la burguesía se volvieron igualmente reaccionarias y cualquier intento de aliarse con ellas sólo podía ser contrarrevolucionario. Las organizaciones políticas que incorporaron a su propio ser la defensa de las alianzas con estas facciones burguesas confirmaron su propio papel como apéndice del capital.
"Los comunistas luchan por la consecución de los objetivos inmediatos, por el cumplimiento de los intereses inmediatos de la clase obrera; pero en el movimiento del presente, también representan y se ocupan del futuro de ese movimiento (...) no dejan, ni un solo instante, de inculcar a la clase obrera el reconocimiento más claro posible del antagonismo hostil entre burguesía y proletariado" (Manifiesto del Partido Comunista). Así, incluso en el período ascendente era de suma importancia no perder de vista la perspectiva revolucionaria y distinguir la lucha por las reformas de la ideología del reformismo. Rosa Luxemburgo escribió una larga y detallada crítica de este abandono del marxismo, titulada Reforma o Revolución, que mostraba que esto no era otra cosa que una capitulación ilusa, una sumisión y un apoyo a la clase dominante.
Pero en los albores del siglo XX, cuando la clase obrera ya no era capaz de ganar ninguna reforma permanente significativa para sus condiciones de trabajo, el ala derecha del movimiento obrero en las zonas centrales del capitalismo se llenó cada vez más de la ideología burguesa del "reformismo" y de ilusiones en el parlamentarismo y el democratismo, y de la noción de que el capitalismo podría evolucionar y enrumbarse hacia el socialismo sin necesidad de la lucha violenta y el derrocamiento revolucionario del capitalismo por parte de la clase obrera. Este abandono del marxismo se confirmó definitivamente cuando el ala oportunista de la socialdemocracia alemana puso en bandeja a la clase obrera para ser sacrificada en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, antes de que la clase acabara recuperándose y desencadenando una decidida lucha revolucionaria en el curso de la propia guerra. La derrota de la oleada revolucionaria y la posterior contrarrevolución culminarían en la segunda ronda de matanzas capitalistas, en la Segunda Guerra Mundial.
En el período de "reconstrucción" posterior a 1945, la burguesía anunció una renovación permanente del sistema capitalista, su capacidad de nuevo crecimiento y su capacidad de mejorar el bienestar de la clase obrera. Con el crecimiento del capitalismo de Estado, proporcionó mejoras generales en la salud, la educación y el bienestar general de la clase obrera. Pero no se trataba de auténticas reformas conquistadas por la clase obrera, sino de medidas esenciales que la clase dominante necesitaba para mejorar su competitividad en el escenario mundial y defender así sus intereses imperialistas. Este periodo de crecimiento, conocido como el "boom de la posguerra", fue efímero y la crisis permanente del sistema volvió a asomar la cabeza a finales de los años sesenta.
En la decadencia, la clase obrera ha luchado constantemente contra los ataques a sus condiciones de vida y de trabajo, tanto en los periodos revolucionarios como en los contrarrevolucionarios, pero no consideramos esas luchas como "reformistas". Son simplemente las luchas defensivas de la clase en una situación en la que el capitalismo tiene cada vez menos capacidad para mejorar el nivel de vida de la clase obrera, salvo temporalmente, y sólo para que el empresario revierta inmediatamente los beneficios conseguidos haciendo recortes en el número de empleados o eliminando otros "beneficios marginales" que habían existido, por la necesidad de aumentar la productividad y mantener la competitividad en el mercado.
Hoy en día, el sector sanitario es uno de los mayores empleadores en la mayoría de los países industrializados. En el NHS británico, al que usted se refiere, las luchas de estos trabajadores no deben considerarse como una "protección del NHS" de ninguna manera. Es un error identificar a los trabajadores del sector sanitario con el propio NHS. Las recientes luchas de los trabajadores del NHS no han sido para defender o mejorar el NHS, sino para mejorar sus condiciones de trabajo. El NHS es su empleador, es una industria estatal financiada por el gobierno, y exprime los paquetes salariales de sus empleados, como cualquier otra empresa capitalista. Las "reformas del NHS" han sido durante mucho tiempo una preocupación de los partidos parlamentarios, no preocupados por mejorar las condiciones de los trabajadores, sino basados en la necesidad de mejorar la productividad y reducir la carga financiera del estado capitalista, por lo que las luchas de estos trabajadores no tratan de "proteger el NHS", sino su propia autodefensa.
Podemos ver que el NHS es una parte del estado capitalista cuando observamos la campaña del gobierno en torno a "Defender el NHS" que movilizó a las comunidades en manifestaciones semanales de "solidaridad con el NHS" y su sobrecargado personal (reuniéndose y aplaudiendo en calles y jardines), supuestamente para elevar la moral de los trabajadores de los hospitales, pero en realidad para exprimir aún más la sangre de la fuerza de trabajo y para que sigan haciendo sacrificios en un momento de crisis y emergencia nacional.
El Estado británico no se había preparado para la pandemia y el NHS impuso una carga abrumadora de exigencias y presiones a sus empleados en la lucha por salvar las vidas de las víctimas de la pandemia. Muchos de sus compañeros de trabajo fueron sacrificados por la falta de provisión de medios adecuados de protección contra el virus. La enorme deuda que tenían con el Estado no sería, no podría ser, reembolsada por el empleador estatal del NHS, y fue fácil para los sindicatos dispersar la militancia mostrada por estos trabajadores.
También planteas la cuestión de cómo apoyamos los comunistas las luchas de la clase obrera en este periodo y nos preguntas cómo diferenciamos nuestra intervención de la de los izquierdistas como el SWP que, como bien dices, intervienen hacia los trabajadores en lucha supuestamente defendiendo la lucha por el comunismo, ya que se declaran comunistas.
El SWP es una organización de izquierda de la burguesía. Podría parecer que defiende una especie de visión "reformista", pero esto es una mistificación, porque en el capitalismo decadente ya no existe una base material para la lucha por reformas. El programa del SWP es el del capitalismo de Estado, una visión central en la política de los grupos de izquierda de hoy, a pesar de su retórica revolucionaria. Sus alianzas con otras organizaciones burguesas sólo confirman su papel como instrumento del Estado burgués (véase la serie de artículos "La herencia oculta de la izquierda del capital" en nuestra página web[2]).
Esto significa que trabajan dentro de los sindicatos y dan un apoyo crítico al Partido Laborista. No aportan ninguna visión para el desarrollo de la lucha de clases que no sea la de reclutar miembros para apoyar su actividad y obstruir cualquier capacidad de desarrollo de la conciencia de clase. "Defender el NHS" es ciertamente parte de su léxico. Para ellos el NHS es una gran reforma conquistada por la clase obrera, cuando en realidad es una expresión del crecimiento del capitalismo de estado en el periodo de decadencia y un medio para asegurar que el sistema capitalista tenga una fuerza de trabajo sana y en forma.
Para nosotros, la intervención de los revolucionarios tiene que partir de las necesidades de la clase obrera en su conjunto. No consideramos que las luchas actuales sean en vano, que se consideren intrascendentes. A pesar del deterioro del tejido de la sociedad capitalista en este período de su descomposición, la clase obrera, su combate y autodefensa contra los ataques del sistema, proporciona la única perspectiva para que la humanidad escape de un colapso total, de la barbarie. No se trata de decir a los trabajadores "sólo la revolución funcionará", sino de mostrar que las luchas diarias de la clase obrera son la base sobre la que puede desarrollarse la perspectiva revolucionaria.
Los revolucionarios llaman a la clase obrera a unificar sus luchas por encima de las distintas divisiones que le imponen los sindicatos y el Estado, que es la única manera de desarrollar sus luchas en una dirección positiva contra los ataques, que hoy aumentan y se intensifican. A través de la extensión de las luchas la clase puede empezar a recuperar su identidad de clase y su conciencia de su papel como fuerza revolucionaria en la sociedad, una clase para el comunismo. A pesar de las dificultades a las que se enfrentan hoy la clase obrera y los revolucionarios, nos queda defender y publicar las lecciones y la historia de la lucha de clases, para ayudar a la clase a ir más allá de sus luchas defensivas y poder extenderlas y unificarlas y, finalmente, politizarlas para hacer la guerra a este sistema en quiebra.
Muy fraternalmente,
CCI
[1] SWP: Socialist Workers Party, grupo trotskista inglés
[2] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201712/4261/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-i-una-falsa-vision-de-l [363] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4267/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-ii-un-metodo-y-un-modo- [132] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4268/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-iii-un-funcionamiento-q [364] , https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201803/4278/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-iv-su-moral-y-la-nuestr [365] y https://es.internationalism.org/content/4322/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-v-el-debate-en-la-burguesia-pugna-brutal [366]
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Nuestra solidaridad con los camaradas del KRAS no implica que estemos de acuerdo con todo el contenido de su declaración, como la exigencia de un "cese inmediato de las hostilidades", que nos parece una concesión a la idea de que los dos campos burgueses pueden hacer la paz. Incluso si Rusia se retirara de Ucrania y dejara de bombardear, no nos cabe duda de que las hostilidades continuarán en otras formas, como lo han hecho durante los últimos 8 años. En este sentido, la declaración de la federación serbia de la ILM, también de obediencia anarcosindicalista, es más clara en su denuncia de las ilusiones pacifistas difundidas por una parte de la burguesía: "Ante los horrores de la guerra, es muy fácil equivocarse y lanzar un impotente llamamiento a la paz. Pero la paz capitalista no es la paz. Esa "paz" es en realidad una guerra con otra etiqueta contra la clase obrera. En esta situación, una posición antimilitarista consecuente implica hacer esfuerzos directos para detener la guerra capitalista, pero al mismo tiempo tomar el control de la situación en el país y cambiar radicalmente el sistema socioeconómico, es decir, es necesaria una guerra de clases organizada”[1].
También debemos señalar que estos dos grupos forman parte de una red anarquista internacional que no es en absoluto homogénea en su reacción contra la guerra. Si vamos, por ejemplo, a la página web de la sección británica, la Federación de Solidaridad, no encontraremos, en el momento de escribir este artículo, nada en absoluto sobre la guerra, sólo relatos de conflictos locales y actividades de la federación. La declaración sobre la guerra de la sección francesa de la CNT se opone a la inhumanidad de la guerra, pero no menciona en absoluto la necesidad de una respuesta de la clase obrera sobre el terreno[2].
El KRAS, por el contrario, siempre ha defendido una posición proletaria e internacionalista frente a los designios de su "propia" clase dominante, y hemos publicado varias de sus declaraciones en el pasado[3]. (3)
CCI, 18 de marzo de 2022
La guerra ha comenzado.
Lo que se temía, lo que se advertía, lo que no se quería creer, pero que era inevitable, ha ocurrido. Las élites gobernantes de Rusia y Ucrania, incitadas y provocadas por el capital global, ávidas de poder e hinchadas por los miles de millones robados al pueblo trabajador, se unieron en una batalla mortal. Su sed de beneficios y de dominación se paga ahora con la sangre de la gente corriente, como nosotros.
El primer disparo lo hizo el más fuerte, el más depredador y el más arrogante de los bandidos: el Kremlin. Pero, como siempre en los conflictos imperialistas, detrás de la causa inmediata se esconde toda una maraña de razones apestosas y repugnantes: y el deseo de las autoridades de todos los países de desviar la atención de la población de la tiranía de las dictaduras "sanitarias" y la lucha de las clases dirigentes de los países de la antigua Unión Soviética por el reparto y la redistribución del "espacio postsoviético", y las contradicciones a una escala mayor y global, y la lucha por el dominio mundial entre la OTAN liderada por Estados Unidos, por un lado, y China, por otro, que está desafiando la antigua hegemonía estadounidense y atando a su carro a su "hermano pequeño" del Kremlin. En la actualidad, estas contradicciones dan lugar a guerras locales. Mañana amenazan con convertirse en una tercera guerra mundial imperialista.
Cualquiera que sea la retórica "humanista", nacionalista, militarista, histórica o de otro tipo que justifique el conflicto actual, sólo responde a los intereses de quienes tienen el poder político, económico y militar. Para nosotros, trabajadores, pensionistas, estudiantes, sólo trae sufrimiento, sangre y muerte. Los bombardeos, el ataque a ciudades pacíficas y la matanza de personas no tienen ninguna justificación.
Exigimos el cese inmediato de las hostilidades y la retirada de todas las tropas a las fronteras y líneas que existían antes de que comenzara la guerra.
Pedimos a los soldados enviados a la batalla que no se disparen entre sí, y mucho menos que abran fuego contra la población civil.
Les instamos a que se nieguen en masa a cumplir las órdenes criminales de sus mandos.
¡DETENGAN ESTA GUERRA!
¡LAS ARMAS AL SUELO!
Llamamos a la población de la retaguardia de ambos lados del frente, a todos los trabajadores de Rusia y Ucrania, a no apoyar esta guerra, a no ayudarla, sino al contrario, a resistirla con todas sus fuerzas.
¡No vayas a la guerra!
¡Ni un solo rublo, ni una sola hryvnia[4] debe salir de nuestros bolsillos para la guerra!
¡Combate contra esta guerra si puedes!
Un día -cuando tengan suficiente fuerza- los trabajadores de Rusia y Ucrania exigirán cuentas de la responsabilidad de todos los políticos y oligarcas presuntuosos que nos enfrentan.
Recordemos esto: NO A LA GUERRA ENTRE LOS TRABAJADORES DE RUSIA Y UCRANIA
¡NO HAY PAZ ENTRE LAS CLASES!
PAZ en las casas campesinas - ¡GUERRA en los palacios!
Sección de la Asociación Internacional de Trabajadores de la Región Rusa, (26 de febrero de 2022)
[1] Ver la versión inglesa en Let's turn capitalist wars into a workers' revolution !, International Workers Association. [929]
[2] Ver « Paix aux chaumières, guerre aux Palais ! » [930], declaración en la Web de CNT-AIT de Francia.
[3] Ver Guerra en Libia: una posición internacionalista por parte de KRAS /content/3166/guerra-en-libia-una-posicion-internacionalista-por-parte-de-kras [931] ; Declaración internacionalista de Rusia https://es.internationalism.org/cci-online/201404/4015/declaracion-internacionalista-de-rusia [932]
[4] La moneda de Ucrania
Tras la publicación de la Declaración Conjunta por parte de grupos de la Izquierda Comunista1, estos grupos celebraron dos reuniones públicas en línea, una en italiano y otra en inglés, para discutir y aclarar la necesidad de la Declaración Conjunta y las tareas de los revolucionarios ante la guerra imperialista y las nuevas condiciones mundiales. Las reuniones se celebraron en un ambiente serio y cordial; las diferencias de opinión no impidieron la camaradería ni el debate animado. La importancia de la Declaración Conjunta es que sigue el espíritu de la Conferencia de Zimmerwald de 1915, en la que los revolucionarios fueron capaces de emitir una declaración internacionalista conjunta contra la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, durante la guerra chino-japonesa, la segunda guerra mundial y la guerra de Corea, los comunistas internacionalistas no emitieron una declaración conjunta. Es innegable que hoy los grupos de izquierda comunista no tienen la influencia que tenían los revolucionarios en 1915. Sin embargo, una voz común es necesaria, no por sus consecuencias inmediatas, sino por la perspectiva de futuras batallas. No es posible reflejar los debates de ambas sesiones en un breve artículo, pero queremos dar un resumen de los temas tratados.
En la reunión en italiano, todos los participantes, sin excepción, evaluaron la naturaleza de la guerra como imperialista y subrayaron la necesidad de defender el internacionalismo, es decir, de no apoyar a ninguno de los bandos imperialistas. Rechazando cualquier ilusión pacifista, consideraron que la clase obrera y la lucha de clases son la única fuerza capaz de oponerse a la guerra. Los participantes, sin excepción, subrayaron la importancia de la Declaración Conjunta. Los participantes consideraron que, aunque la situación actual no es comparable a la de 1915 y los revolucionarios no tienen la influencia que tuvieron en la clase obrera en 1915, el espíritu de la conferencia de Zimmerwald, como una brújula, sigue siendo válido hoy en día. La conferencia de Zimmerwald es una referencia para los revolucionarios, a la que se remiten en su lucha contra la guerra imperialista. Sólo un participante declaró inválida la referencia a la conferencia de Zimmerwald, argumentando que las corrientes que firmaron la declaración conjunta no tienen la influencia de Lenin o Luxemburgo en la clase obrera. Otros respondieron que la importancia de una declaración conjunta radica en una voz común de las posiciones internacionalistas que las corrientes de la izquierda comunista no habían podido expresar anteriormente frente a la guerra.
El hecho de que otros grupos de la izquierda comunista se negaran a firmar la declaración conjunta refleja la debilidad del medio político proletario. La mayoría de los participantes lamentaron la negativa de otros grupos de la izquierda comunista a referirse a Lenin sobre la necesidad de una respuesta común, a pesar de las diferencias teóricas. En Zimmerwald, los participantes tenían diferencias de opinión y análisis, pero esto no les impidió hacer una declaración al unísono. La mayoría de los participantes no estaban de acuerdo con las razones aducidas por la TCI para no firmar la declaración conjunta. Mientras que algunos de los participantes hablaron de continuar la discusión con la TCI para animarlos a firmar la declaración conjunta o, al menos, a desarrollar una acción conjunta con ellos, otros subrayaron que deberíamos evitar entrar en discusiones polémicas y seguir adelante sin prestar atención a los demás. En cualquier caso, todos los participantes en la reunión compartieron que la propuesta del No War But the Class War (NWBCW)2. redactada por la TCI representa un enorme paso atrás con respecto a su propia tradición política, delegando de hecho en la clase obrera las funciones que las vanguardias revolucionarias deberían desempeñar en su lugar.
Los participantes subrayaron que no es posible luchar contra la guerra sin luchar contra el capitalismo. Después de la guerra, la inflación aumentó no sólo en la periferia del capitalismo, sino también en los centros metropolitanos, por lo que el coste de la vida para el proletariado aumentó, lo que significa que el nivel de vida de la clase obrera disminuyó. Las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera, con el estallido de la guerra imperialista en curso, están destinadas a empeorar, y pueden inducir, en un futuro más o menos próximo, al proletariado a responder contra los continuos ataques lanzados por el capital.
Otro punto de la discusión subrayó que la lucha del proletariado sólo puede desarrollarse en una dirección revolucionaria si se basa en la continuidad histórica de las posiciones de la izquierda comunista. Por supuesto, esto no significa que sólo los grupos de la izquierda comunista puedan apoyar estas posiciones, sino que deben servir como punto de referencia para mostrar el camino a seguir. Durante el debate se compartió que la tarea de los revolucionarios es trabajar para construir el futuro partido internacional e internacionalista del proletariado, sin el cual todas las eventuales luchas de la clase obrera estarán inevitablemente condenadas a la derrota. Y en esta perspectiva va la declaración contra la guerra imperialista firmada por los distintos grupos adheridos.
En la sesión en inglés (en la que no pudieron participar los camaradas de la IOD), al igual que en la sesión en italiano, los participantes evaluaron inequívocamente la naturaleza de la guerra como imperialista y, rechazando cualquier ilusión pacífica, consideraron que la clase obrera y la lucha de clases son la única fuerza que puede contrarrestar la guerra. En la reunión, salvo el delegado de la TCI/CWO, los participantes subrayaron la importancia de la Declaración Conjunta. Uno de los participantes declaró que, aunque no estaba totalmente de acuerdo con la Declaración Conjunta, la apoyaba. Al igual que en la reunión italiana, los participantes, a excepción del delegado de la TCI/CWO, también plantearon que, aunque la situación actual no es comparable a la de 1915 y que los revolucionarios no tienen la influencia que tenían en la clase obrera en 1915, el espíritu de la Conferencia de Zimmerwald tiene que actuar como una brújula, que sigue siendo válida hoy en día y una referencia a la que los revolucionarios se refieren en la lucha contra la guerra imperialista.
En la reunión, el delegado de TCI (CWO) tuvo la oportunidad de exponer sus razones para negarse a firmar la declaración conjunta. Expuso sus razones, pero sus argumentos no sólo no convencieron a los asistentes, sino que alimentaron nuevas discusiones. El representante de la TCI/CWO declaró que no firmar la declaración no era un principio, sino que la TCI/CWO consideraba que los criterios para los que debían firmar eran demasiado estrechos. Según el camarada, quieren reunir a los que están de acuerdo con la iniciativa de No War But the Class War. Al firmar la Declaración Conjunta, la TCI respaldaría implícitamente las opiniones de la CCI sobre el parasitismo. Ellos trabajan con Controverses y la GIGC, y la CCI no; la CCI ha calificado de parásitos a los camaradas que llevan años luchando. Tal vez la TCI pueda hacer que vuelvan a la izquierda comunista a través del NWBCW.
Varios participantes que fueron miembros de la CCI rechazaron la afirmación del representante de la TCI/CWO de que todo militante que abandona la CCI es calificado de parásito, afirmando que nunca se les ha privado de ninguna actividad y que los camaradas de la CCI están siempre muy abiertos al debate y a la solidaridad. Hicieron hincapié en que el problema del parasitismo está relacionado con un comportamiento que no es proletario.
Algunos participantes intervinieron con críticas a la iniciativa de la NWBCW, pero el presidium pidió a los participantes que pospusieran el debate sobre la NWBCW hasta la próxima reunión pública. En las discusiones se argumentó que los internacionalistas no podían emitir una declaración conjunta ante la Guerra de España, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea, etc. Hoy, la adopción de la declaración conjunta fue un golpe al sectarismo en el medio político proletario y un paso adelante. Al principio de la reunión, algunos camaradas que habían dado crédito a la TCI por negarse a firmar la Declaración Conjunta se convencieron con el debate de la necesidad de ésta. Un camarada dijo en las conclusiones que creía que la discusión era constructiva, aunque las diferencias entre la CCI y el TCI eran significativas. Es necesario articular más estas diferencias y desarrollarlas en los debates comunes. Otro participante afirmó que, aunque no estaba de acuerdo con algunas de las posiciones de la CWO, estaba convencido de que la izquierda comunista no podría llevar a cabo sus tareas históricas sin la participación de grupos como los bordiguistas o la TCI. Según él, es una pena que no hayan comprendido la importancia de esta acción sobre la guerra de Ucrania.
La visión predominante en la reunión fue que, aunque sólo una minoría de todos los grupos de la izquierda comunista firmó la Declaración Conjunta, ésta se convertiría en un punto de referencia en la tradición de la izquierda comunista, al que otros grupos y militantes podrían referirse
15 junio 2022
Internationalist Voice
Instituto Onorato Damen
Corriente Comunista Internacional
1 https://es.internationalism.org/content/4807/declaracion-conjunta-de-grupos-de-la-izquierda-comunista-internacional-sobre-la-guerra [898]
2 Grupo que se llama No a la Guerra sino Guerra de Clases
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Estimados compañeros: Les escribo mis opiniones/análisis de la situación actual, que ya va superando, como preveían en su Hoja, el simple enfrentamiento bélico, y ya pasa factura a los trabajadores de toda Europa y de Rusia, y no sé lo que estará pasando en el resto del mundo, África suele ser un continente olvidado, aunque ahora pueden ser más masivas las llegadas de emigrantes a una Europa que ya no está en condiciones de acogerlos. Y digo esto último, porque en vez de emigrar, deberían organizarse y luchar por el poder en sus países de origen, y porque la burguesía europea cada vez tiene más problemas para mantener a su propio proletariado.
La guerra, a toro pasado es fácil, se podía predecir, Putin hace meses que dijo, antes de que empezara la movilización de sus tropas hacia la frontera con Ucrania, que Ucrania y Georgia no entrarían en la OTAN. Si Ucrania entra en la OTAN, los USA pueden colocar misiles nucleares a 500 km. de Moscú.
Zelensky podría haber mantenido la “independencia” de Ucrania tanto de la OTAN como de Putin, pero prefirió escoger bando en una lucha Inter imperialista que dura desde el final de la IIGM. Evidentemente, tenía le problema del Donbass, pero el golpe de estado, el quemar vivos a 20 sindicalistas, todo ello obra de las bandas nazis a las que Zelensky no combate, la posterior prohibición de hablar ruso en Ucrania, cuando el 30% de la población lo tienen de lengua materna y propia, y la prohibición del Partido “Comunista” de Ucrania, tercero en diputados en el parlamento, y de otros cinco partidos a su izquierda. Todo esto acaba provocando le problema del Donbass, disculpa perfecta para Putin, muy vendible a los rusos.
No pudiendo hacer mucho caso a los medios de comunicación españoles, puesto que no son imparciales en absoluto, sí que es probable las protestas y las detenciones en Rusia, que ya empezaron anteriormente. Igor Kuznetsov, agitador de extrema izquierda fue detenido cosa de un mes o dos, no se la fecha exacta, antes de la invasión, me enteré a través del periódico, básicamente trotskista, Información Obrera. Como él otros sindicalistas y obreros, menos conocidos, fueron también detenidos esas semanas. Aquí solo se habla de Nabaldian porque es prooccidental, básicamente rendiría Rusia a los intereses de USA.
El problema viene de que Yanukovich, el presidente prorruso, derribado por el golpe de estado filonazi, era un corrupto y tenía de todas formas los días contados, no superaría otras elecciones. Ahora quien arregla Ucrania. Los muertos en el enfrentamiento en el Donbass sean del bando que sean, los muertos tras la invasión rusa, Zelensky pueden venderse muy bien, Putin, con la guerra comercial lo tiene más complicado, ya empezaron las protestas y estamos al principio. Pero están los muertos, y eso crea odios, resentimientos, que pueden durar años, muchos años, heridas que cuesta cerrar. Todavía queda mucho. USA están más tranquilos, es la Unión Europea la que más sufre la guerra comercial, de momento, y los países subdesarrollados, que se llevaran una buena “ostia” también, Permítaseme la expresión. El PCFR se pone totalmente del lado de Putin, así que habrá que esperar a levantamientos espontáneos masivos en Rusia, o a que partidos más coherentes movilicen algo contra Putin. Se que el problema central es el capitalismo, en su fase imperialista, donde estos enfrentamientos son inevitables, hay más guerras abiertas, pero al no ser en Europa, los medios de comunicación de masas, los propagandistas burgueses, raramente hablan de ellas. Como bien dicen la caída de la URSS y sus satélites, junto a la política económica que lleva China, la dictadura hereditaria en Corea del Norte, todo ensucia el nombre del comunismo, como los falsos partidos comunistas.
Los obreros del mundo, la gran mayoría, ya no tienen, como después del octubre del 17, las esperanzas puestas en la revolución social, en el internacionalismo, además de la labor desmovilizadora de los falsos amigos y de los sindicatos, léase en España Podemos-IU-PCE y CCOO y UGT. Desde los más reaccionarios representantes de la burguesía sale el “insulto” de comunistas, radicales, del gobierno social comunista y eso cala en determinados estratos obreros que se lían cuando les hablas de socialismo, comunismo, revolución, internacionalismo. Tenemos un proletariado, en toda Europa, que saldrá a combatir la miseria que viene, sin saber cómo.
La responsabilidad de los comunistas es grande en este caso, pero las fuerzas escasas. Los bordiguistas siguen empecinados en sus mil divisiones, en entrar en los sindicatos (ya no todos los PCI lo defienden) y en su propia dictadura, lo cual convierte en enemigos al resto de la izquierda comunista que no se pone bajo sus órdenes. En esto está incluida evidentemente la CCI. Ahora mismo, hace mucho que no busco grupos de la izquierda comunista en internet. Pero soy poco optimista en que haya muchos, igualmente que las reuniones públicas, de grupos u obreros que tiendan a escorarse hacia la izquierda comunista. Del TCI no se su evolución actual. Creo que el centro de todo el movimiento comunista hoy es la CCI.
Yo, en mi entorno, me veo rodeado de estalinistas, y eso me ha hecho dudar muchas veces, de contactar con diferentes grupos o partidos, pero no me convencen. Su defensa de un fracaso como fue la URSS y sus satélites, su socialismo en un solo país, aunque tengan contactos internacionales, sus políticas no salen del ámbito nacional nada más que para pomposas declaraciones, unas más acertadas, otras desastrosas, y esto también lo leen obreros, principalmente los más avanzados, que creo hay muchos comunistas desencantados, pero que, como perdedores en su momento, “tapados”, condenados por el “oficialismo” al ostracismo, no encuentran a las organizaciones, ni los textos, ni la Historia real de las revoluciones, en fin, no encuentran a la izquierda comunista.
Pareceré poco optimista, pero sinceramente, somos pocos para mucho trabajo. Y nos enfrentamos tanto a la burguesía, como a la extrema izquierda, en un mundo donde el marxismo sigue siendo denostado y atacado por la propaganda burguesa, porque le siguen teniendo miedo, y deformado por los partidos “comunistas” de todo pelaje. Quizás estoy siendo demasiado pesimista, quizás el no estar organizado, ni participar activamente en política, me haga sentir cierta impotencia, y con ella el desánimo personal. El mito del Ejército Rojo entrando en Berlín, la bandera roja en el Reichstag, cuanto daño a hecho.
Estimados compañeros: Quizás en mi último mensaje parece que tomo bando por Rusia. No era esa mi intención. Pero pasa como me pasaba con Chavez y en momentos con Podemos en España, les atacan con burdas mentiras, no con análisis rigurosos, los cuales solo se pueden hacer desde el marxismo. Y uno entra al trapo contra esas mentiras, que ves como calan en la gente. Y parece tan complicado explicarles las cosas, parece que tienes que empezar de cero, y la gente es muy cabezona, además, mientras la burguesía les lava el cerebro, resulta que discutes con ellos y eres tú el que les quiere mentir, el amigo de criminales. Además, ves el desconocimiento histórico, y la hipocresía o mala memoria de lo que hizo nuestro bloque imperialista, en este caso al que pertenece España. Todo es culpa del loco de Putin. Cuando Ucrania estaba dispuesta a ceder toda su soberanía si era aceptada en la UE y la OTAN. Putin ataca a un país “libre” e “independiente”. Decía un compañero en la Reunión del 6 de marzo que esto era un todos contra todos, y no, hay determinados países que son potencias económicas y militares, detrás de ellos se esconden otros que ya renuncian a su independencia, solo otros se enfrentan apoyándose hoy aquí, mañana allí, a las grandes potencias, intentando ser potencias regionales. Todo país es potencialmente imperialista, pero para ser imperio real tienen que darse ciertos condicionantes, de tamaño, recursos propios, población. No todo país puede enfrentarse a los grandes imperios ya creados, recordemos que China solo dejó de ser una potencia mundial desde las guerras del opio hasta el triunfo de Mao. No son un nuevo imperio, es el renacer de un país que hace 200 años tenía el mismo peso en la economía mundial que ahora. Además, la mayoría de los países del mundo están totalmente dominados y subdesarrollados, herencia de haber sido colonias de otrora grandes potencias, como Gran Bretaña o Francia, siendo el caso más significativo el de la India. Puede tener, y las tiene, sus aspiraciones, pero llega tarde al reparto del mundo y en peores condiciones, tiene que apoyarse en China o Rusia o en ambas. O la presuntuosa Unión Europea, simple peón de USA en sus aventuras imperialistas, aunque Francia y Gran Bretaña mantengan cierto poder sobre algunos países africanos. Eso sí, las guerras imperialistas pueden hacer moverse el tablero, aunque sean enfrentamientos comerciales, en este caso de gran calado, aparte de las repercusiones en el mercado mundial de la salida de él de Ucrania y todas sus exportaciones. Pero lo que realmente asusta, es la facilidad con la que manipulan a la gente, a los trabajadores
Estas dos cartas del compañero se distinguen por su honradez: plantea sinceramente sus dudas, también su indignación ante las mentiras de todos los bandos imperialistas y expresa su desorientación por las dificultades que sufre nuestra clase para responder. Ante el cúmulo de cuestiones que plantea el compañero solo vamos a responder a algunas. Animamos no solamente al compañero, sino igualmente a otros lectores, a que prosigan el debate con estas u otras cuestiones.
Desde la primera Guerra Mundial (1914-18) el capitalismo se hunde en contradicciones irresolubles que llevan a que el militarismo y las armas se apoderen de la economía, esta se ponga al servicio de la guerra y la economía se transforme, tanto en tiempos de paz como en momentos de enfrentamiento bélico, en una economía de guerra.
Esta realidad mundial se impone a todos los Estados, grandes o pequeños, viejos o nuevos, dictatoriales o democráticos. TODOS LOS ESTADOS SON IMPERIALISTAS. Todas las naciones participan por muy variadas vías del engranaje mortal de la guerra y el militarismo. Como dijo Rosa Luxemburgo “El imperialismo no es la creación de un estado o grupo de estados imperialistas. Es el producto de determinado grado de madurez en el proceso mundial del capitalismo, condición congénitamente internacional, una totalidad indivisible, que sólo se puede reconocer en todas sus relaciones y del que ninguna nación se puede apartar a voluntad.” (La crisis de la socialdemocracia).
El compañero dice: “Todo país es potencialmente imperialista, pero para ser imperio real tienen que darse ciertos condicionantes, de tamaño, recursos propios, población. No todo país puede enfrentarse a los grandes imperios ya creados”.
Creemos que toda nación es imperialista, “no potencialmente imperialista”. Este matiz es muy importante. Ninguna nación puede sobrevivir sin llevar una política imperialista: dotarse de un ejército y un armamento que le den ventaja sobre sus rivales, ganar zonas de influencia, conseguir aliados más o menos fieles, someter parcial o totalmente a sus dictados, la economía de otros países. Es evidente que hay relaciones de fuerza, que unos países son mucho más poderosos que otros (Estados Unidos y China son hoy las potencias dominantes, aunque la distancia entre la primera y la segunda es enorme), sin embargo, todos los países participan del engranaje guerrero e imperialista. Este se compone de una sucesión de acciones y reacciones tales como guerras abiertas o encubiertas, tratados de “paz”, alianzas, maniobras diplomáticas, actos de sabotaje, espionaje, acciones terroristas “subcontratadas”, operaciones militares, adquisición masiva de armas, bloqueos económicos, desarrollo de la potencia nuclear (actualmente 30 países tienen posibilidad de producir -o poseen ya- armas atómicas), que finalmente desembocan en conflictos bélicos que, a su vez, dan pie a nuevas confrontaciones.
En este engranaje criminal todos los países participan. Hay unos pocos imperialismos que tienen ambiciones mundiales, otros solamente regionales, los hay quienes utilizan como arma de guerra las finanzas hasta los paraísos fiscales y se envuelven en una engañosa “neutralidad”1. En la guerra actual, Zelensky y la burguesía en Ucrania defienden hoy el interés nacional frente a la voluntad de Rusia de seguir jugando como potencia mundial y proteger sus fronteras europeas en una guerra que es una confrontación imperialista entre los 2 países más grandes de Europa en extensión. Pero hemos de ver las cosas considerando el tablero imperialista mundial y aquí son los EEUU quienes han empujado y alimentan la duración la guerra, haciendo creer a Putin que, en el caso de una invasión, no intervendrían2 . La jugada de Estados Unidos tendiendo una trampa a Rusia tiene varios objetivos: imponer la disciplina de la OTAN a Alemania y Francia, reticentes a seguir los dictados USA e interesados en guardar una relación con Rusia; mostrar y forzar la impotencia de Rusia para volver a ser una potencia mundial de primer orden; pero, el objetivo más importante es China a quien obstaculiza el proyecto de la nueva ruta de la seda al tiempo que muestra su impotencia, obligándola a dar un apoyo muy tibio a Rusia.
Todas las fuerzas del capital -desde la extrema derecha a la extrema izquierda- justifican su llamamiento a apoyar la guerra arguyendo las distinciones entre países grandes y países pequeños, países “agresores” y países “agredidos”, países con ambiciones imperialistas y países con la única pretensión de “defenderse”. Hitler consideraba que Alemania con el Tratado de Versalles (1919) había perdido toda naturaleza imperialista y veía legítimo recuperar su potencia bélica en revancha contra Francia e Inglaterra. Mussolini consideraba Italia una “nación proletaria” que debía armarse y conquistar territorios para ser “reconocida”3. Palestina ha sido apoyada por ser un pequeño estado frente al Goliat israelí. Vietnam fue sostenido por su “lucha antimperialista” contra el gigante norteamericano. Hoy piden “armas para Ucrania” para apoyar este “pequeño e indefenso país” arrollado por el Oso Ruso.
El compañero rechaza elegir entre unos y otros y eso es muy positivo, para ello la comprensión de que todos los países son imperialistas es fundamental.
En espera de una discusión más profunda con el compañero, queremos saludar que sus dos cartas reconocen la Izquierda Comunista como la única corriente que defiende las posiciones del proletariado en la situación actual y denuncian el medio de la Izquierda del capital y los izquierdistas y sindicatos.
El compañero afirma “Los bordiguistas siguen empecinados en sus mil divisiones, en entrar en los sindicatos (ya no todos los PCI lo defienden) y en su propia dictadura, lo cual convierte en enemigos al resto de la izquierda comunista que no se pone bajo sus órdenes. En esto está incluida evidentemente la CCI”.
No sabemos el sentido exacto de esta frase. En todo caso, nos parece importante explicar la política que sigue la CCI. La guerra y la revolución son momentos decisivos de la evolución histórica y ante ellos es necesaria la voz unida de toda la Izquierda Comunista. Desde 1919-20, frente a la degeneración y traición final de los partidos comunistas, la Izquierda Comunista ha sido la única fuerza que ha levantado una postura internacionalista de denuncia de todos los bandos imperialistas, de la trampa pacifista y humanista, y de defensa de la lucha de clase del proletariado y de la única salida posible, la Revolución Proletaria Mundial. Socialdemócratas, estalinistas, trotskistas, maoístas, anarquistas oficiales, las “nuevas izquierdas” (estilo Podemos o Francia Insumisa) han sido siempre fuerzas belicistas, guerreras, nacionalistas, banderines de enganche de las matanzas imperialistas.
Por ello es vital que ante las crisis bélicas se alce la VOZ UNIDA de la Izquierda Comunista, como la única fuerza política que en más de un siglo ha denunciado la guerra imperialista y ha propugnado la revolución proletaria.
En ese sentido propusimos una acción común a todos los grupos de la izquierda comunista ante las crisis guerreras de Afganistán (1979-80), Kosovo (1999), Irak (2003). Desgraciadamente rechazaron nuestro llamamiento. Ante la guerra actual hemos renovado nuestra propuesta. Al menos dos grupos de la Izquierda Comunista (Instituto Onorato Damen e Internationalist Voice) han firmado junto a la CCI (con el apoyo de un grupo coreano simpatizante de la Izquierda Comunista) una Declaración Común el 6 de abril y en torno a ella hemos realizado Reuniones Públicas y vamos a publicar artículos comunes4.
Sabemos que se trata de un primer paso, aún débil y frágil, pero pensamos que es vital:
1º Porque abre la posibilidad de debates comunes donde se vayan conociendo las diferentes posiciones existentes dentro de la Izquierda Comunista, se vaya argumentando en torno a ellas y vayamos avanzando en clarificación y unidad. Se trata del método de Zimmerwald que siguieron los revolucionarios fieles al proletariado ante la Primera Guerra Mundial5. Este método debe inspirar la actividad de los grupos revolucionarios actuales:
Afirmar lo que nos une contra la guerra imperialista
En ese marco de unidad abordar pacientemente todo lo que nos separa
2º Da una perspectiva UNIDA al conjunto de la clase obrera o, al menos, a sus minorías más avanzadas
3º Podría plantear los primeros jalones en el largo y difícil proceso que conduce a la formación del Partido Mundial del proletariado, hay que recordar que Zimmerwald allanó el camino a la decantación de la Izquierda de Zimmerwald (donde los bolcheviques fueron los principales animadores) y esta sentó las bases de la constitución de la Tercera Internacional.
Lamentamos que los compañeros de la TCI hayan lanzado un Llamamiento alternativo en cuyo contenido se defienden frente a la guerra los mismos principios que la Declaración Común. Pensamos que si decimos lo mismo es preciso UNIRNOS y HABLAR CON UNA SOLA VOZ. ¿Por qué las pequeñas minorías avanzadas que engendra el proletariado tienen que elegir entre dos propuestas que responden a los mismos principios? Las divergencias, que no se trata de minimizar ni de esconder, se tienen que discutir en un marco común de acción unitaria.
El compañero está muy preocupado por las tremendas dificultades que tiene el proletariado para responder a la guerra. Evidentemente, esa respuesta no puede venir del teatro directo de operaciones militares pues, por un lado, el proletariado en Ucrania al dejarse alistar por la Defensa de la Patria se ha convertido en carne de cañón de sus explotadores encabezados por el demagogo Zelensky. El proletariado en Rusia parece poco entusiasmado con la guerra, pero por el momento no se han visto signos de lucha6.
La fuerza de la respuesta tiene que venir del proletariado de los países centrales del capitalismo. Sin embargo, se halla muy desorientado y la barbarie guerrera le ha intimidado.
Para comprender esa dificultad de respuesta, el compañero hace reflexiones muy válidas. Destacamos dos.
1ª “Como bien dicen la caída de la URSS y sus satélites, junto a la política económica que lleva China, la dictadura hereditaria en Corea del Norte, todo ensucia el nombre del comunismo, como los falsos partidos comunistas (…) El mito del Ejército Rojo entrando en Berlín, la bandera roja en el Reichstag, cuanto daño a hecho”. Trotski esperaba que la contrarrevolución en Rusia viniera del exterior del Estado soviético, de los rusos blancos y de los mencheviques. Sin embargo, la contrarrevolución emergió desde el interior mismo del bastión proletario ruso, del Estado que había nacido tras la toma del poder en octubre de 1917 y fue encabezado por el partido que había sido el gran impulsor de la revolución, el partido bolchevique que degeneró y acabó pasando al campo del capital, siendo la proclamación del “socialismo en un solo país” el acta de su traición definitiva. Esta forma que tomó la contrarrevolución adoptando las banderas del comunismo, el marxismo, la clase obrera, la dictadura del proletariado etc. ha rendido un formidable servicio al capitalismo. Este ha podido engañar y anestesiar al proletariado apoyándose en los partidos “comunistas” y socialistas, en el mito de la “Patria del Socialismo”. Y cuando, el bloque ruso cayó en 1989, la campaña anticomunista se reforzó y multiplicó provocando un retroceso de la conciencia y la combatividad de los obreros del mundo7.
2ª “Yo, en mi entorno, me veo rodeado de estalinistas, y eso me ha hecho dudar muchas veces, de contactar con diferentes grupos o partidos, pero no me convencen. Su defensa de un fracaso como fue la URSS y sus satélites, su socialismo en un solo país, aunque tengan contactos internacionales, sus políticas no salen del ámbito nacional nada más que para pomposas declaraciones, unas más acertadas, otras desastrosas, y esto también lo leen obreros, principalmente los más avanzados, que creo hay muchos comunistas desencantados, pero que, como perdedores en su momento, “tapados”, condenados por el “oficialismo” al ostracismo, no encuentran a las organizaciones, ni los textos, ni la Historia real de las revoluciones, en fin, no encuentran a la izquierda comunista”. Con la decadencia del capitalismo, el Estado -sea democrático o de Partido Único- se vuelve totalitario y trata de controlar toda la sociedad y principalmente a la clase obrera. Contra esta ha desarrollado un gigantesco aparato sindical y un aparato de izquierdas en el cual, como un abanico, se cubren todas las posibilidades de lucha y toma de conciencia en la clase obrera: socialistas, “comunistas”, trotskistas, maoístas, Podemos, Francia Insumisa, anarquistas oficiales etc.
Estas fuerzas del aparato estatal capitalista desempeñan dos tareas:
1º Destruir la toma de conciencia en la clase obrera provocando lo que dice el compañero: “comunistas desencantados”, condenados al ostracismo. Resulta muy difícil para obreros combativos, para compañeros que quieren cambiar el mundo encontrar las organizaciones, los textos, la Historia real de las revoluciones, en fin, encontrar a la izquierda comunista
2º Sabotear las luchas obreras, bien boicoteando su extensión y autoorganización, bien desviándolas hacia terrenos burgueses de defensa de la economía nacional, de “lucha por la ecología”, “protección de minorías” etc.
Tiene razón el compañero cuando dice “Pareceré poco optimista, pero sinceramente, somos pocos para mucho trabajo. Y nos enfrentamos tanto a la burguesía, como a la extrema izquierda, en un mundo donde el marxismo sigue siendo denostado y atacado por la propaganda burguesa, porque le siguen teniendo miedo, y deformado por los partidos “comunistas” de todo pelaje”. Navegamos a CONTRACORRIENTE, sin embargo, este coraje de defender los principios proletarios contra todas las fuerzas del capitalismo es la verdadera contribución que podemos hacer para que el proletariado recupere su conciencia y su capacidad de lucha. En ello debemos perseverar con unidad, modestia, claridad y solidaridad.
CCI 17-6-22
1 Suiza, es un estado que oficialmente no ha participado en ninguna guerra desde hace más 150 años, sin embargo, eso es falso, por ejemplo, en la segunda guerra mundial, sirvió de refugio bancario a ambos bandos, tanto los nazis como los aliados. Hasta el cambio brusco que ha dado con la guerra de Ucrania, pidiendo su adhesión a la OTAN, Suecia desarrollaba su influencia imperialista jugando con la bandera de la “no alineación” y la “neutralidad”. Sin embargo, Suecia es uno de los países que más tropas despliega oficialmente como “cascos azules”.
2 Esa estrategia es una repetición de lo que la administración de Bush senior había hecho en 1991 frente a la perspectiva de ocupación de Kuwait por Saddam Hussein
3 Posteriormente, el “marxista” Mao Tse Tung presentó a China como “nación proletaria” que debía recuperar su estatus en el mundo
4 https://es.internationalism.org/content/4807/declaracion-conjunta-de-grupos-de-la-izquierda-comunista-internacional-sobre-la-guerra [898] . El primer artículo realizado conjuntamente por los 3 grupos firmantes es Balance de las reuniones públicas celebradas sobre la Declaración Conjunta de grupos de la izquierda comunista sobre la guerra en Ucrania https://es.internationalism.org/content/4830/balance-de-las-reuniones-publicas-celebradas-sobre-la-declaracion-conjunta-de-grupos-de [919]
5 Ver Conferencia de Zimmerwald: Una referencia indispensable para la defensa del internacionalismo https://es.internationalism.org/content/4809/conferencia-de-zimmerwald-una-referencia-indispensable-para-la-defensa-del [907]
6 Tiene mucha importancia, aunque sea el fruto de un grupo muy minoritario, la Declaración de KRAS hecha en la propia Rusia. Ver https://es.internationalism.org/content/4821/una-declaracion-internacionalista-en-rusia-contra-la-guerra-de-ucrania [908]
7 Ver Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole [253]
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“Europa se militariza y anuncia el mayor despliegue de tropas desde la guerra fría”, “La guerra de Rusia contra Ucrania ha hecho pedazos la paz y alterado seriamente nuestro entorno de seguridad”, tales son los amenazantes titulares de la cumbre de Madrid. Rusia, pero igualmente China, son señalados abiertamente como “enemigos de la democracia”. La Cumbre de Madrid ha sido un claro ejercicio belicista. Y las palabras se ven acompañadas por las decisiones. Hablan de gastar 200.000 millones de euros en armamento, de desplegar hasta 300000 soldados en los países del Este de Europa en el arco que va desde el Báltico hasta el mar Negro. Amenazan a China. Desafían a Putin. Es una cumbre por y para la guerra.
En 1949, en el marco de la confrontación imperialista entre el bloque USA y el bloque ruso, Estados Unidos fundó la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) como una herramienta clave frente al bloque enemigo. Se trataba de una alianza militar y política que permitió a USA controlar a sus aliados cuyos ejércitos, servicios secretos, células de inteligencia y armamento dependieron crecientemente de los dispositivos, las patentes, los suministros y los protocolos norteamericanos. Cualquiera de las bases militares de un país aliado puede ser utilizada por la OTAN, es decir, por USA.
Con el hundimiento del bloque ruso en 1989, los países anteriormente bajo la tutela USA trataron de zafarse de su control. El bloque americano se dislocó y actualmente no existen bloques imperialistas. Sin embargo, eso no trajo un “nuevo orden mundial” de paz, democracia y prosperidad, como prometió el entonces presidente norteamericano, Bush padre. Al contrario, lo que hemos visto en los últimos 30 años ha sido una proliferación de guerras cada vez más caóticas y sanguinarias (Irak, Afganistán, antigua Yugoslavia, Siria, Libia, Yemen etc.) que, entre otros muchos estragos, han provocado el mayor éxodo de refugiados de la historia: 26 millones en 2017, 86 millones en 2020 y en mayo 2022 se superaba la barrera de los 100 millones1.
Actualmente la guerra de Ucrania y otros 52 conflictos bélicos están inundando de sangre el planeta. Como dijimos en Militarismo y Descomposición, escrito en 1990, “En el nuevo período histórico en que hemos entrado, y los acontecimientos del Golfo vienen a confirmar, el mundo aparece como una inmensa timba en la que las alianzas entre Estados no tendrán ni mucho menos, el carácter de estabilidad de los bloques, pero que estarán dictadas por las necesidades del momento. Un mundo de desorden asesino, en el que el “gendarme” USA intentará hacer reinar un mínimo de orden con el empleo más y más masivo de su potencial militar”2.
Estados Unidos no disolvió la OTAN, la siguió utilizando como medio de control de sus antiguos aliados. Así, por ejemplo, Alemania tiene 20 bases militares norteamericanas en su territorio y su ejército es estrechamente dependiente de los dispositivos y medios informáticos de la OTAN.
En febrero de 1990, el entonces secretario de Estado del gobierno USA, James Baker, prometió a Gorbachov, presidente ruso, que “si Estados Unidos mantiene su presencia en Alemania en el marco de la OTAN, ni un centímetro de la actual jurisdicción militar de la OTAN se extenderá en dirección al este”3
Entre capitalistas y más aún entre Estados, los acuerdos más sagrados son papel mojado a los pocos minutos. Estados Unidos hizo todo lo contrario de lo que prometió. Desde mediados de los años 90 extendió la OTAN a los países de la antigua órbita rusa: Polonia, países bálticos, Chequia, Rumanía, Hungría etc.
En esta ampliación había un interés mutuo por ambas partes. Incorporando a los antiguos satélites rusos, Estados Unidos instauraba una cuña entre Alemania y Rusia, teniendo a ambos presionados política y militarmente. De su parte, los países ex soviéticos han ganado un padrino poderoso para defenderse de las ambiciones imperialistas de sus dos grandes vecinos, y protegidos por el paraguas de la OTAN, dar rienda suelta a sus propios apetitos imperialistas.
Esta estrategia de “ampliación al Este” ha chocado con los intereses de Rusia que, recuperada frágilmente de la enorme debacle de 1989, mediante la mano de hierro de Putin, intenta jugar un papel mundial en el tablero imperialista, implicándose en la guerra de Siria y en varias guerras en África y estableciendo alianzas con Venezuela, Irán, Nicaragua etc.
En esta política de búsqueda de la gloria imperialista perdida se ha topado con ese telón de acero que le ha impuesto USA en su flanco occidental. En particular, los intentos de incorporar Ucrania y Georgia a la OTAN han sido una línea roja que Rusia no podía tolerar y que respondió con brutales operaciones militares “especiales”.
En 2008, Rusia tendió una trampa a Georgia llevándola a la guerra e imponiéndole dos repúblicas “independientes” que son una cuña rusa en territorio georgiano: Osetia del Sur y Abjasia.
En 2014 repitió la operación respecto a Ucrania ocupando Crimea y proclamando dos repúblicas “populares” en el Donbass que actúan como subcontrata militar del padrino ruso.
La actual explosión de barbarie guerrera en Ucrania tiene sus raíces en esa pugna imperialista entre Rusia y Estados Unidos, aunque, como hemos explicado, estos últimos han tendido una trampa al Kremlin: durante meses anunciaron la invasión de Ucrania a la vez que decían que Estados Unidos no intervendría. Era la repetición de la misma trampa que en 1990 USA tendió a Irak cuando le dio a entender que tenía luz verde para invadir Kuwait. Putin ha mordido el anzuelo y se ha lanzado sobre Ucrania.
USA ha utilizado la guerra de Ucrania para hacer más fuertes las cadenas de la OTAN sobre sus antiguos aliados. Estos, especialmente Alemania y Francia, quieren librarse de esa molesta alianza que les impide desplegar sus propias ambiciones imperialistas. Macron habló de una OTAN “en muerte cerebral”. Se ha tenido que tragar sus palabras. Al menos por un tiempo, USA ha restablecido la fuerza de la OTAN y Biden ha proclamado en Madrid que “Vladímir Putin buscaba la finlandización de Europa. Lo que va a tener es una otanización de Europa”.
En la cumbre madrileña, Estados Unidos va a utilizar a fondo el “apoyo a Ucrania”, la “defensa del David ucraniano aplastado por el Goliat ruso”, para atar corto a los “aliados europeos”. Zelensky con una nueva intervención vía Internet ha reprochado una vez más a Alemania y Francia su pretexto de “no humillar a Rusia” para cambiar “paz por territorios”. La cumbre de la OTAN reafirma la política norteamericana de atrapar Rusia en el pantano sangriento de una guerra larga hoy estancada en el Donbass con un enorme coste humano y productivo: según Zelensky entre 60 y 100 militares ucranianos mueren cada día, no dice nada de los muertos civiles, mientras que Rusia pierde diariamente 150 soldados. Una de las consecuencias más atroces de esta guerra es que se ha paralizado el transporte de cereales a países de África y Asia propulsando hambrunas que afectan, según la ONU, a 197 millones de personas.
Uno de los objetivos de la cumbre es que el contingente de tropas atlantistas desplegado en el arco fronterizo con el Oso Ruso que va desde el mar Negro al Báltico se amplie de 40000 soldados hasta ¡300.000 hombres! Estados Unidos va a estacionar 100000 soldados, Alemania ha prometido desplegar 20000, Francia ha enviado 1000 a Rumanía. En el mismo sentido, la OTAN va a abrir una gigantesca base militar en Polonia, Estados Unidos envía 2 destructores a España y establece un escudo antimisiles en la base de Rota.
Si comparamos la cumbre de Madrid con otras anteriores de la OTAN vemos una clara escalada belicista: “La respuesta de los aliados a este nuevo contexto va a ser movilizar más tropas, más armas, más munición en su flanco este, sacar músculo frente a Moscú”. El lenguaje hipócrita de la paz lo han dejado en el cajón para entonar sin descanso cantos bélicos. Reforzando todo ese ambiente, la adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN, países históricamente disfrazados de “neutrales” añade aún más leña al fuego guerrero. Está fuera de duda que todas estas decisiones, tanto las públicas como las secretas, se inscriben en una dinámica de confrontación belicista y va a contribuir a nuevas tensiones imperialistas que son la semilla de nuevas guerras.
Aprovechando el fuerte impulso de la militarización del Este Europeo, Polonia y los países bálticos piden sin cesar más armas, más tropas, exhibiendo descaradamente sus propias ambiciones. “El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, anunció este lunes la construcción de cientos de polígonos de tiro públicos en todo el país y una nueva ley de acceso a armas de fuego para "capacitar a la sociedad" en la defensa nacional. Aseguró que "si Rusia pensase alguna vez en atacar Polonia, que sepa que 40 millones de polacos están listos para defenderla con armas en la mano"4.
Otro de los puntos que aborda la Cumbre es “la modernización tecnológica” de armas, sistemas de defensa, medios de ciberguerra etc. Esto supone enormes inversiones que serán pagadas por los países miembros y, sobre todo, aumentarán la dependencia tecnológica de USA.
En este marco la renovación del “Concepto Estratégico” de la OTAN refuerza aún más el ambiente belicista que se ha impuesto en Madrid y que se ha traducido simbólicamente en la ocupación policial de la ciudad por más de 10 mil uniformados. Por primera vez en la historia de la OTAN China es directamente señalada con el dedo: el Concepto Estratégico “anuncia una nueva era en la seguridad transatlántica marcada por las acciones de “actores autoritarios que desafían los intereses, valores y el modo de vida democrático” lo que le lleva a la conclusión que China “intentar subvertir el orden internacional basado en normas, incluso en los ámbitos espacial, cibernético y marítimo”. Pasando de las palabras a los hechos, Australia, Nueva Zelanda, Japón y Corea del Sur, rivales de China en el Pacífico, han sido invitados a Madrid. El mensaje no puede ser más inequívoco.
La principal amenaza para el liderazgo imperialista mundial de USA viene de China. El gigante asiático ha desplegado una estrategia económico – imperialista, la Ruta de la Seda5, para desafiar el predominio norteamericano. La trampa que USA ha tendido a Rusia apunta en última instancia contra China. Atrapada en una guerra larga y demoledora en Ucrania, Rusia se ha convertido más en una carga que en una ventaja para China. Esta ha apoyado muy a regañadientes a su aliado ruso. Por otro lado, la guerra ucraniana desestabiliza la ruta de la seda china tanto a nivel económico como militar.
La inclusión de China en la lista negra del Concepto Estratégico de la OTAN es otro paso más en la agudización de las tensiones guerreras en el mundo. Con esta jugada estratégica, Estados Unidos desarrolla una política de “cerco de China”: por un lado, en el pacífico, USA ha tejido una alianza con sus rivales (Australia, Japón, Corea del Sur, Filipinas, Vietnam); por otro lado, debilita fuertemente al aliado ruso de China; en fin, los planes de expansión de la Ruta de la Seda se ven desestabilizados por la guerra en Ucrania.
Pero, igualmente significativo de la escalada imperialista, es la inclusión en el “Concepto Estratégico” de la OTAN del “flanco sur”, es decir, África. Aquí España apuesta fuerte pues afecta a sus propios intereses (Sáhara, Marruecos, defensa de los enclaves de Ceuta y Melilla, protección frente a las oleadas migratorias etc.). Sin embargo, el objetivo último es sobre todo cerrar el paso a la expansión rusa y china en África. Rusia emplea sus mercenarios Wagner en los diversos conflictos africanos mientras que China teje una telaraña de acuerdos militares y comerciales, por ejemplo, ha logrado una base militar en Yibuti.
Vemos pues que la cumbre da un impulso a la confrontación guerrera que hoy atenaza el mundo. Y en esta confrontación el protagonismo de Estados Unidos y la fuerza de su brazo político-militar, la OTAN, salen reforzados.
Sin embargo, ese éxito es temporal. Desde el hundimiento del bloque ruso hemos puesto de relieve que la capacidad de USA para imponer su “orden mundial” se va deteriorando cada vez más. En un mundo donde cada estado nacional “va a la suya” sin respetar ninguna disciplina, donde proliferan los conflictos locales cada vez más destructivos, donde se desatan con fuerza las ambiciones imperialistas de todos los estados, el único medio que tiene el gendarme americano para frenar el caos es el militarismo, la guerra, la proliferación de armamentos. Sin embargo, estas exhibiciones de fuerza no detienen el caos, sino que lo agudizan. “En cuanto Estados Unidos saca pecho y hace alarde de su superioridad militar, todos sus rivales se achantan, pero el retroceso es táctico y momentáneo. Cuanto más se esfuerza EEUU en afirmar su predominio imperialista, recordando con brutalidad quién es el más fuerte, tanto más determinados se muestran los cuestionadores del orden americano en discutirlo, pues para éstos su capacidad para conservar su rango en el ruedo imperialista es cuestión de vida o muerte”6
Este análisis es crucial para desmontar la trampa que tienden los grupos de extrema izquierda del capital e incluso los ministros del gobierno ligados a Podemos o a los residuos de IU, que echan la culpa de la tensión guerrera a la OTAN e incluso se permiten una postura “neutral”: ni Putin ni OTAN.
La OTAN es un instrumento de la confrontación imperialista, pero no es la causa ni de las guerras ni de esta confrontación. Su reforzamiento y sus alardes militaristas no va a traer la paz y la democracia, como prometen cada vez con menos convicción los líderes atlantistas, pero tampoco son la única causa de la barbarie guerrera que ensangrienta el mundo. Todos los Estados, sean pro-OTAN o anti-OTAN, son agentes de la guerra, todos participan del deslizamiento del planeta en una espiral de conflictos caóticos.
Cuando hablan de “OTAN no, bases fuera”, esos grupos izquierdistas sirven a la guerra y al imperialismo. Ellos pretenden que vayamos a la guerra en nombre de la defensa nacional, rechazando el “multinacionalismo” de la OTAN. Melenchón en Francia se opone a la OTAN proponiendo que el país galo “se arme hasta los dientes como fuerza de paz” (sic). En este designio ultra militarista llega a proponer ¡que se restaure el servicio militar!
El proletariado debe rechazar la guerra y el militarismo, tanto si se hacen “dentro de la OTAN” como si se despliegan “fuera de la OTAN”. Estos belicistas de extrema izquierda que “se oponen a la OTAN” inyectan el veneno de la Defensa de la Patria, veneno con el cual quieren que matemos y asesinemos en defensa de España y aceptemos la inflación, los despidos, los golpes a nuestras condiciones de vida para “poder enviar armas a Ucrania”. Un grupo trotskista que pide el “Desarme de la OTAN” propone que “los obreros europeos debemos dar la más amplia solidaridad internacionalista, mandando pertrechos víveres y Milicias obreras internacionales, como en los años 30 en la Guerra Civil española”7. ¡Es repugnante que escupa sobre el internacionalismo poniéndolo al servicio de la guerra! Con argumentos “anti-OTAN” estos servidores del capital proponen lo que USA y la OTAN quieren: que los obreros nos impliquemos en la matanza imperialista en Ucrania, que nos sacrifiquemos en el frente económico y seamos carne de cañón en el frente militar.
Opero y Smolny 30-06-22
1 ONU: hay más de 100 millones de personas desplazadas en el mundo | El Mundo | DW | 23.05.2022 [937]
2 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [480]
3 Promesa incumplida OTAN expansión frontera del este | E&J (economistjurist.es) [938]
4 https://www.elperiodico.com/es/internacional/20220616/polonia-desconfia-rusia-prepara-guerra-13844955 [939]
5 Ver La ruta china de la seda hacia la dominación imperialista https://es.internationalism.org/content/4366/la-ruta-china-de-la-seda-hacia-la-dominacion-imperialista [68]
6 Tras los acuerdos de paz, la guerra de todos contra todos https://es.internationalism.org/revista-internacional/200703/1778/tensio... [940]
7 ¡Fuera el pacto entre la OTAN y su gendarme Putin para repartirse Ucrania! (Democracia Obrera).
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Tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Mélenchon, jefe de Francia Insumisa, quedó en tercer lugar, a unos cientos de miles de votos de clasificarse para la segunda vuelta. Debe su relativo éxito a la movilización del electorado popular y obrero en los antiguos "bastiones rojos" de los suburbios de París y las concentraciones obreras de la mayoría de las grandes ciudades francesas. Su candidatura también ha calado entre muchos jóvenes que desconfían de todos los discursos convencionales de los mercachifles patentados del circo electoral. Mientras que los partidos históricos de la izquierda, encabezados por el PS y el PCF, han naufragado, se han desacreditado y son incapaces de representar la más mínima esperanza a los ojos de los votantes desilusionados, La France Insoumise (LFI), con su carismático líder Mélenchon, se presenta ahora como la "fuerza de la izquierda" a través de la cual puede llegar la esperanza de un futuro mejor. Se presenta contra el "liberalismo" burgués, contra el "poder del dinero" y los "ricos", contra los ataques del poder macroniano así como contra el peligro "fascista" de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen...
A través de su lema "otro mundo es posible", LFI se presenta incluso como una fuerza alternativa en oposición a la sociedad capitalista. Y esto en un momento en que gran parte de la clase obrera y la nueva generación ven la necesidad de "cambiar la sociedad" frente a la putrefacción del mundo capitalista bajo los golpes de la crisis y la guerra. Por eso no es de extrañar que, tras su fracaso en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, Mélenchon se apresurara a llamar a una movilización masiva en las urnas durante las legislativas para, según él, "obligar" a Macron a nombrarle primer ministro y garantizar una supuesta "oposición".
Desde la elección de Mitterrand y el PS a principios de los años 80 y la participación del PC en los gobiernos de izquierda, la clase obrera sabe a qué atenerse con la izquierda y este tipo de palabrería. Detrás de los grandes discursos "emancipadores" se esconde la continuación de la explotación más desenfrenada, los interminables ataques a las condiciones de vida y la represión de las luchas sociales y las huelgas. Ocultar el descrédito de estos partidos es precisamente el negocio de Mélenchon, que lleva a la gente a pensar que una izquierda "real" podría realmente "cambiar la vida". Está claro que no es el caso.
Porque este proyecto llevado por Mélenchon no es en absoluto innovador. Es una copia modernizada de las falsas alternativas planteadas por todas las fracciones socialdemócratas radicales, ecologistas y ciudadanas. 1 Con estos nuevos ropajes, la burguesía intenta revitalizar la ideología que lleva la izquierda del capital y sustituir un estalinismo claramente moribundo reactivando el programa de la vieja socialdemocracia, igualmente anti obrero. Al llamar a la "unión popular" para "otro mundo posible", Mélenchon y su camarilla quieren hacernos creer que constituyen, reciclando ideologías caducas, una alternativa al capitalismo. En realidad, ¡siguen siendo sus fervientes defensores!
Para hacer frente a la crisis, el "Programa de la Unión Popular" propone "grandes proyectos para asumir el reto ecológico... Emprender un plan global de renovación de nuestras infraestructuras para adaptarlas al cambio climático". ¿Es algo nuevo que podría "crear varios cientos de miles de puestos de trabajo y reducir masivamente el desempleo"? Desde hace algunos años, la campaña ideológica a favor de un "New Deal verde" pretende resolver de una sola tacada nada menos que los problemas del cambio climático, el desempleo y la desigualdad. El New Deal verde propone, nación por nación, planes grandiosos para un nuevo crecimiento basado en la energía, la producción y las infraestructuras verdes, prometiendo apoyar la economía a través de un mayor gasto. De hecho, el "New Deal verde" encuentra su más pálida inspiración en las políticas capitalistas estatales de los años 30 en Estados Unidos para reactivar el crecimiento tras la Gran Depresión de 1929. El New Deal de Roosevelt no fue más que una política de inversión a gran escala basada en el uso masivo y sin precedentes de la deuda estatal para construir buques de guerra y aviones, bases militares y aeródromos. Esto no es muy diferente a las políticas vigentes en la Alemania de Hitler en ese momento, cuando se construyeron muchas autopistas en preparación para la guerra que se avecinaba. ¡Esta es la lógica concreta que contiene una propuesta tan supuestamente radical!
También han surgido propuestas similares sobre "garantías de empleo, reducción de la jornada laboral y fin de la flexibilidad". 2 También en este caso se trata de propuestas ilusorias que hacen "soñar" a la gente. La realidad es que cada supuesto avance social, especialmente los realizados por la izquierda en el poder (una semana más de vacaciones pagadas en 1982 o la semana de 35 horas en el 2000), ha llevado sistemáticamente a un aumento de la explotación con tasas de trabajo más altas, congelación de salarios y empleo más precario, todo lo cual ha llevado a la presión, al sufrimiento en el trabajo, a veces a los suicidios, a la precariedad y a la "movilidad" de todos los explotados.
Pensar que podría ser de otra manera, por arte de magia, en un contexto de crisis y de competencia capitalista creciente y feroz (que el candidato Mélenchon reivindica totalmente) es una pura ilusión. En efecto, la "deslocalización de la producción esencial, para emprender un plan de reconstrucción industrial que ponga fin a la dependencia de Francia en los ámbitos estratégicos (semiconductores, medicamentos, etc.) y para apoyar la bifurcación ecológica", además del endeudamiento masivo, sólo podía hacerse al precio de una drástica reducción de los costes de producción y de un ataque sistemático a nuestras condiciones de vida. Estas son las leyes inexorables del sistema capitalista.
En cuanto a la manida promesa de la izquierda de un "reparto más justo de la riqueza" y de "hacer pagar a los ricos", no es más que humo: Mélenchon y su camarilla no tienen nada más que proponer que otra salpicadura de "nuevos" ingresos fiscales, en particular el restablecimiento del impuesto sobre las grandes fortunas suprimido por Macron y una mayor imposición estatal sobre los bienes inmuebles.
Otra propuesta altermundista que pretende acabar con el caos y la barbarie bélica en el mundo, más importante aún en este contexto de aceleración bélica como el actual en Ucrania: "Promover la paz y la cooperación", "encontrar una voz independiente, asumir la independencia de Francia en el mundo, es una necesidad". Detrás de este discurso recurrente se esconde el chovinismo más burdo que promete los horrores bélicos del mañana: "Si quieres la paz, prepárate para la guerra". En nombre de este principio de ir a la guerra, concretado al extremo a lo largo de la historia del capitalismo, millones de explotados han perdido la vida en defensa de intereses nacionales burgueses que nunca fueron suyos, en completa "independencia".
Mélenchon pone otra capa que ni siquiera se viste con ropajes pacifistas: "Francia puede y debe defenderse, al margen de cualquier alianza militar permanente. Para ello, la defensa debe ser asunto de toda la nación". Para ello, las propuestas son numerosas y muy expresivas de un supuesto futuro "radiante" de cooperación y entendimiento mutuo: "Detener la privatización de las industrias de armamento y de las misiones de defensa nacional, y reintroducirlas en el sector público. Dar prioridad a la adquisición de material militar francés en el ejército. Abrir la posibilidad del servicio militar como componente opcional del servicio ciudadano obligatorio. Movilizar el espacio digital y la realidad espacial para instalar sistemas defensivos y no letales contra la agresión y por la paz. Adaptar el equipamiento militar y el de nuestros soldados al nuevo clima. Poner en marcha un plan de adaptación de las infraestructuras militares vulnerables”. No desperdicies más, ¡el patio está lleno! Si algunos pueden hacerse la ilusión de que la visión de futuro de Mélenchon es un poco "revolucionaria", "solidaria" y "radical", tienen la demostración sin tapujos de una perspectiva chovinista y belicista.
¡Podríamos multiplicar todas las propuestas adicionales de una "defensa nacional" de la inteligencia, del antiterrorismo, de una policía local más eficaz, de técnicas de represión más "republicanas" al servicio del Estado!
Así que hoy en día hay muchas ilusiones en las filas de los trabajadores y de la generación más joven sobre la naturaleza de la LFI, en particular debido a la pérdida de puntos de referencia que la clase obrera está experimentando en términos de su autoconciencia y su capacidad para ver la sociedad comunista que representa. Pero si estas dificultades existen, no significan una incapacidad irreversible para recuperar su identidad de clase y su conciencia de la meta a alcanzar. La burguesía lo sabe y se cuida de evitar que se produzca esa "catástrofe" mediante las mistificaciones que plantean los partidos de izquierda.
La LFI es ahora la principal fuerza de la izquierda capaz de asumir este papel de desviación ideológica del proletariado. Al mismo tiempo:
- Esterilizando el papel revolucionario de la clase obrera mediante su dilución en la masa informe del "pueblo francés", las "capas populares" y los "ciudadanos".
- Desviándose del objetivo de una sociedad sin clases, sin explotación y sin Estado, mediante un supuesto igualitarismo garantizado por el Estado republicano.
- Por último, torpedeando las luchas pasadas y futuras, socavando la búsqueda de la unidad y la solidaridad dentro de la clase obrera.
Para hacerse una idea de esto, es necesario volver al innoble intento ideológico de división generacional que hace LFI, que ya vimos en funcionamiento durante la pandemia y que se reactivó antes de este primer asalto y justo después: claramente, la vieja sería la generación por la que llega el mal, la que, para muchos, no se protegió y llevó al encierro de todos y al sacrificio de los jóvenes. Hoy, LFI y sus relevos mediáticos estigmatizan el voto de los ex-boomers a Macron y Le Pen. El conservadurismo reaccionario de los viejos impediría a las "fuerzas vivas" de la juventud (que votan más a Mélenchon) darse una perspectiva. Insinuar abiertamente o por la puerta de atrás que los jubilados tienen su "carrera a cuestas", que se han beneficiado egoístamente del pleno empleo, del consumismo y de la jubilación a los 60 años, es una ignominia que hay que vomitar y que Mélenchon utiliza para acariciar a los jóvenes votantes, en su mayoría licenciados, ante un futuro más que incierto, y para dividir a los trabajadores.
Aparte del aspecto burdo de esta campaña, la ideología dominante intenta, de hecho, obstaculizar cualquier posibilidad de unidad y solidaridad reales para las luchas venideras, desacreditando toda la experiencia acumulada por las generaciones anteriores de trabajadores, tan necesaria para fortalecer las luchas venideras. Se trata de una expresión concreta más de la "cooperación" y la "moralidad" que preconiza el Sr. Mélenchon. Al final, tras las afirmaciones de que "otro mundo es posible", hay que leer claramente "el mismo estado nacional es posible".
Por lo tanto, es necesario recordar una simple verdad: ¡para los proletarios, el Estado es la punta de lanza de la explotación capitalista! ¿Quién realiza constantemente ataques generales a las condiciones de vida de la clase trabajadora? ¿Quién reprime la más mínima expresión de revuelta contra el orden establecido? ¡Es el Estado burgués! Ayer, hoy y mañana, todos sus defensores, sus "reformistas" exhibidos, a través de las urnas, de los discursos o de los programas, por muy radicales que sean, no son más que engranajes directos e indirectos de su rueda. Mélenchon y LFI son enemigos de la clase obrera, de sus luchas y de sus esfuerzos por fortalecer la conciencia proletaria de una alternativa revolucionaria necesaria y posible.
Stopio, 23 de abril de 2022
1Como los del Partido Socialista Unificado en su momento. Se presentó como un intento de construir un enfoque "revolucionario reformista", muy marcado por la lógica de la "gran noche" de mayo 1968. Sus aportaciones a las trampas y callejones sin salida de la autogestión, como durante las luchas de Lip, habían contribuido, como tantas otras, a desviar todo el pensamiento proletario tras Mayo del 68.
2 Véase: "32 horas: La cara oculta de la reducción del tiempo de trabajo [1]" en la página web de la CCI.
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La naturaleza diversa de la respuesta de las organizaciones anarquistas a la matanza imperialista en Ucrania es bastante predecible. El anarquismo siempre se ha dividido en toda una serie de tendencias, que van desde los que se han convertido en parte del ala izquierda del capital, como los que se unieron al gobierno republicano durante la guerra de 1936-39 en España, hasta los que defendieron claramente posiciones internacionalistas contra la guerra imperialista, como Emma Goldman durante la Primera Guerra Mundial. En cuanto a la guerra de Ucrania, la respuesta del anarquismo es extremadamente dispersa: desde los abiertamente belicistas hasta los llamamientos a la solidaridad internacional y a la acción conjunta contra la guerra. Como comunistas de izquierda, denunciamos claramente las posiciones izquierdistas o burguesas, planteadas por varios anarquistas, pero al mismo tiempo apoyamos los intentos de grupos como KRAS en Rusia1 (cuya declaración ya hemos publicado en nuestra web), Iniciativa Anarcosindicalista en Serbia2 y el Grupo Comunista Anarquista en Gran Bretaña3 de intervenir en la situación con una clara posición internacionalista.
El ACG (Grupo Comunista Anarquista) adoptó una postura básicamente internacionalista desde el principio de la guerra (página web del ACG del 27 de febrero, "Ponte del lado de la clase obrera, no de los intereses imperialistas en competencia"). Al mismo tiempo, esta declaración contiene una serie de demandas confusas, como la "disolución de la OTAN", y la "ocupación masiva de las propiedades de los oligarcas rusos en Gran Bretaña y su inmediata conversión en viviendas sociales". ¿Por qué solamente los oligarcas rusos? ¿Qué pasa con las propiedades de los oligarcas ucranianos? ¿No es esta una forma indirecta de apoyar al bando ucraniano?
Se puede ver la misma visión inmediatista en la declaración del grupo ASI de Belgrado, que, a pesar de una cierta claridad sobre la naturaleza de lo que significa la "paz" en el capitalismo, declara "¡Convirtamos las guerras capitalistas en una revolución obrera!". Este llamamiento a la acción revolucionaria es totalmente irreal, dado el bajo nivel de la lucha de clases en la actualidad.
Ya se había publicado una declaración internacionalista conjunta, firmada por 17 grupos en torno a la Coordinadora del Anarkismo, el 25 de febrero, incluida la ACG. En ella se afirma claramente que "...nuestro deber revolucionario y de clase dicta la organización y el fortalecimiento del movimiento internacionalista, antibélico y antiimperialista de la clase obrera. La lógica del imperialismo más agresivo o más progresista es una lógica que conduce a la derrota de la clase obrera. No puede haber una vía imperialista pro- popular. Los intereses de la clase obrera no pueden identificarse con los de los capitalistas y las potencias imperialistas"4 En la página web de la ACG también hay una fuerte denuncia de los grupos y publicaciones anarquistas que defienden el nacionalismo, como el grupo Freedom de Londres5.
Pero las declaraciones de las diferentes corrientes anarquistas deben leerse con cuidado y de forma crítica. Por ejemplo, la sección francófona de la Federación Anarquista Internacional, en un folleto publicado el 24 de febrero, proclama: "Llamamos también, en todo el mundo, a luchar contra el capitalismo, el nacionalismo y el imperialismo, así como contra el ejército que siempre empuja hacia nuevas guerras"6.
Al mismo tiempo, en la misma Federación Anarquista Internacional, podemos ver un llamado abierto a la participación en la guerra: un llamado de apoyo a los Comités de Resistencia en Ucrania, que luchan por la "liberación" del país. Diferentes grupos anarquistas uniformados y armados se presentan como "luchadores por la libertad", a menudo en referencia al Ejército Negro de Makhno durante la Guerra Civil en Rusia. Así pues, existe un claro "gradiente" en el medio anarquista actual: llamamientos al internacionalismo y, al mismo tiempo, un llamamiento a la participación en este conflicto criminal, como peones del ejército ucraniano bajo la bandera de los Comités de Resistencia7. Además, los anarquistas de Bielorrusia que viven en Ucrania se están uniendo a las fuerzas del Estado ucraniano, otro signo de la derrota y desorientación de la clase obrera de la zona.
Otro ejemplo, bastante obvio, de posiciones completamente burguesas es la declaración de los anarquistas rusos del grupo Anarchist Fighter "...lo que está ocurriendo ahora en Ucrania va más allá de esta simple fórmula, y del principio de que todo anarquista debe luchar por la derrota de su país en la guerra".
También argumentan que "La derrota de Rusia, en la situación actual, aumentará la probabilidad de que la gente se despierte, de la misma manera que ocurrió en 1905 [cuando la derrota militar de Rusia ante Japón llevó a un levantamiento en Rusia], o en 1917 [cuando los problemas de Rusia en la Primera Guerra Mundial llevaron a la Revolución Rusa] - abriendo los ojos a lo que está ocurriendo en el país…
En cuanto a Ucrania, su victoria también allanará el camino para el fortalecimiento de la democracia de base; al fin y al cabo, si se consigue, será sólo a través de la autoorganización popular, la ayuda mutua y la resistencia colectiva. Estas deberían ser la respuesta a los desafíos que la guerra lanza a la sociedad"8.
Como vemos una defensa de la guerra usando argumentos “revolucionarios” (¡¡¡).
Sectores significativos del anarquismo y del anarcosindicalismo, al mismo tiempo que se refieren a su fuerte tradición antimilitarista, han vuelto a expresar su apoyo a la guerra nacionalista - tal como lo hicieron, junto con la socialdemocracia al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Pero la diferencia era que, mientras los socialdemócratas traicionaban sus principios internacionalistas, los anarquistas seguían una cierta lógica, como señalamos en nuestro artículo sobre "Anarquismo y guerra imperialista"9 en 2009:
"La adhesión a la guerra imperialista y a la burguesía en 1914 por parte de la mayoría de los anarquistas a nivel internacional no fue, por el contrario, un paso en falso, sino la conclusión lógica de su anarquismo, conforme a sus posiciones políticas esenciales.
Así, en 1914, fue en nombre del antiautoritarismo, porque era impensable "que un país pudiera ser violado por otro" (Carta a J.Grave), que Kropotkin justificó su posición chovinista a favor de Francia. Al basar su internacionalismo en "la autodeterminación" y "el derecho absoluto de todo individuo, de toda asociación, de toda comuna, provincia, región, nación a decidir por sí mismos, a asociarse o no asociarse, a vincularse con quien quiera y a romper sus alianzas" (Daniel Guerin, Anarquismo, Gallimard p.80) los anarquistas no hacían más que reflejar las divisiones que el capitalismo imponía al proletariado. Esta posición chovinista tiene sus raíces en el federalismo que se encuentra en la base misma de todas las concepciones anarquistas. Al sostener que la nación es un fenómeno natural, al defender el derecho de todas las naciones a la existencia y a su libre desarrollo, el anarquismo juzga que el único peligro de la existencia de las naciones es su propensión a ceder al "nacionalismo" inculcado por la clase dominante para separar a los pueblos unos de otros. Se ve llevado naturalmente, en toda guerra imperialista, a operar una distinción entre agresores/agredidos, opresores/oprimidos, etc., y a optar así por la defensa de los más débiles, de los derechos que han sido burlados, etc. Este intento de basar el rechazo a la guerra en algo distinto a las posiciones de clase del proletariado deja todo tipo de margen para justificar el apoyo a una u otra parte beligerante. Concretamente, es decir, para elegir un campo imperialista contra otro".
Hoy, los anarquistas mezclan posiciones puramente burguesas y nacionalistas con el deseo de que la matanza en el centro de Europa se convierta en una revolución, como al final de la Primera Guerra Mundial. La idea de que la revolución es posible en cualquier momento, en cualquier lugar, sigue formando parte del ADN del anarquismo. Ante la gravedad de la situación, la única respuesta es el internacionalismo proletario. Los anarquistas tienen que decidir si quieren ser parte del problema o de la solución. Hoy, más que nunca, la izquierda comunista debe asumir sus responsabilidades y actuar como polo de referencia y claridad frente a toda esta confusión.
Edvin
1 https://es.internationalism.org/content/4821/una-declaracion-internacionalista-en-rusia-contra-la-guerra-de-ucrania [908]
2 https://iwa-ait.org/content/lets-turn-capitalist-wars-workers-revolution [929]
3 https://www.anarchistcommunism.org/2022/02/27/take-the-side-of-the-working-class-not-competing-imperialist-states/ [943]
4 https://www.anarchistcommunism.org/2022/02/25/ukraine-international-statement/ [944]
5 https://www.anarchistcommunism.org/2022/03/07/identity-nationalism-and-xenophobia-at-freedom/ [945]
6 https://i-f-a.org/wp-content/uploads/2022/02/fa-statement.pdf [946]
7 https://www.militantwire.com/p/ukrainian-anarchists-mobilize-for?s=r [947]
8https://nl.crimethinc.com/2022/02/26/russian-anarchists-on-resisting-the-invasion-of-ukraine-updates-and-analysis [948]
9 Serie de 3 artículos: https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200907/2620/los-anarquistas-y-la-guerra-i-la-traicion-al-internacionalismo-en-1914 [949] , /content/2635/los-anarquistas-y-la-guerra-ii-la-participacion-de-los-anarquistas-en-la-2a-guerra [950] y https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200911/2697/los-anarquistas-y-la-guerra-iii-de-la-segunda-guerra-mundial-a-nuestro [951]
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“Todo era sangre, piel desgarrada, manos rotas, todo era sangre, en la cabeza, en las manos, en los pies...” (testimonio de vecinos de Nador, ciudad fronteriza de Melilla)
El 25 de junio, más de mil emigrantes africanos fueron víctimas de una encerrona coordinada entre la gendarmería marroquí y las fuerzas españolas. Resultado: entre 27 y 37 muertos y más de un centenar de heridos.
En esta matanza, que se produce al mismo tiempo que miles de personas mueren por la guerra de Ucrania, hay una clara colaboración Marruecos – España que ha llevado al presidente del gobierno español a elogiar “el trabajo del Gobierno marroquí en coordinación con las fuerzas españolas para tratar de frenar un asalto violento que trata de poner en cuestión nuestra propia integridad territorial”1. Pedro Sánchez legitima el genocidio.
Las relaciones Marruecos – España han sido muy tormentosas y solamente en temporadas breves han sido de “buena vecindad” y ya vemos el resultado: la matanza de emigrantes.
España fue potencia colonial hasta 1956, año en que Marruecos logró la independencia. Fue socio menor de Francia que ocupó la parte más importante y productiva y dejó a España el norte pobre e infestado de guerrillas lo que la atrapó en una larga guerra (entre 1906 y 1926) con una interminable sangría tanto de nativos marroquíes como de los numerosos obreros y campesinos españoles enviados a las montañas de Rif como carne de cañón2.
Actualmente, España sigue siendo potencia colonial pues posee las ciudades de Ceuta y Melilla situadas en suelo marroquí.
Pero, durante más de 40 años un contencioso ha envenenado las relaciones entre los dos países: el antiguo Sahara español.
Este territorio tiene poco valor económico (aparte de los fosfatos y los bancos de pesca), pero tiene un alto valor estratégico para los dos estados rivales que aspiran a tener un papel principal en el continente africano: Marruecos y Argelia.
Argelia es el padrino del Frente Polisario, organización que aspira a un Sáhara “independiente” pero que está totalmente enfeudada a Argelia que le ha proporcionado en Tinduf la sede de una desmesurada burocracia. La “independencia” del Sáhara bajo la tutela argelina proporcionaría a este país una salida al Atlántico y le permitiría envolver a su rival marroquí de norte a sur y de este a oeste, un auténtico abrazo del oso.
Para Marruecos, la posesión del Sáhara le permitiría rechazar las ambiciones argelinas y le daría una posición importante en el Atlántico.
Pero, sobre todo, Marruecos tiene una baza contra el capital español y contra la UE: el control de los emigrantes. Ya lo señalamos ante la crisis migratoria que se produjo el año pasado: “Desde 2005 la policía marroquí encierra, asesina, viola, golpea o devuelve emigrantes y realiza algo más atroz: los mete en autobuses abandonándolos en pleno desierto. Sin embargo, al desempeñar estas funciones, generosamente retribuidas por la UE, Marruecos -al igual que su colega turco- dispone de una formidable arma de presión y chantaje sobre Europa y más especialmente sobre España, puerta sur del Mediterráneo. Cuando Marruecos ha querido obtener alguna ventaja imperialista -especialmente a cuenta del Sahara Occidental- o económica -por ejemplo, con la pesca- o simplemente recibir más subvenciones, su maniobra habitual es dejar pasar a los emigrantes por los puntos calientes españoles: Canarias, Melilla y Ceuta”3
Durante los últimos 40 años, el capital español se ha negado a reconocer abiertamente la dominación marroquí sobre el Sáhara, hablando ambiguamente de la necesidad de un referéndum de autodeterminación. Esto no lo ha hecho por “amor al pueblo saharaui” ni por “amistad” con Argelia, sino para guardar en la manga un as contra Marruecos.
De repente, hace un mes, España ha dado un cambiazo espectacular: ha aceptado un Sahara “autónomo” dentro de Marruecos.
Es difícil saber el porqué de esta concesión al vecino del sur. ¿Se trata de que el tema del control sangriento de la emigración que ejerce Marruecos es prioritario y prevalece sobre otros intereses? ¿Es que Estados Unidos, padrino tradicional de Marruecos, ha presionado a España en el marco del cierre de filas que ha impuesto a sus “aliados europeos” en torno a la guerra de Ucrania?
Lo bien cierto, es que Marruecos ha correspondido rápidamente al favor español en el Sahara con el BAÑO DE SANGRE en la frontera con Melilla. Y ha hecho más: ha arrestado a cientos de emigrantes y se los ha llevado en autobuses para abandonarlos en el desierto como hace desde 2005 con el beneplácito y el pago generoso del gobierno español.
Todo esto apunta el dedo acusador sobre el gobierno PSOE-Podemos-IU que presume de ser “el más progresista de la historia”. Es de un cinismo y desfachatez intolerables que denuncia a estos partidos de izquierda como agentes de la barbarie capitalista de la misma o peor catadura que la Derecha o la dictadura monárquica que reina en Marruecos bajo Mohamed VI.
El PSOE tiene un largo historial de servicios al capital español desde la primera guerra mundial y en ello se ha manchado las manos de sangre4.
Pero ¿qué decir de los “socios menores”, Podemos e IU? Estos “protestan” porque habría un trato diferente hacia los emigrantes negros respecto a los emigrantes venidos de Ucrania y convocan manifestaciones junto a Esquerra Republicana en torno a la consigna TODOS LOS NEGROS IMPORTAN. Es verdad que por el interés del capital español en cerrar filas con Ucrania los refugiados de este país son tratados de forma privilegiada. Pero esto es algo coyuntural que no se aplica a los muchos emigrantes ucranianos que llegaron antes de la guerra y que olvidarán en cuanto el tema de Ucrania ya no interese. Entonces, tratarán a todos los emigrantes como lo hacen habitualmente: con represión, internamiento en los CIES, negación de papeles, expulsiones y masacres directas o subcontratadas a otros estados.
Podemos-IU buscan la división entre los trabajadores y entre los trabajadores emigrantes. Para la clase obrera todos los trabajadores emigrantes IMPORTAN, sea cual sea su nacionalidad o el color de su piel.
Pedro Sánchez, en una entrevista en La Vanguardia (27-6-22) tuvo el rostro de proclamar “no olvidamos para quien gobernamos, gobernamos para la clase media trabajadora y para los más vulnerables”. Yolanda Díaz también alardea que “este gobierno ha hecho cosas chulísimas”.
Sus “cosas chulísimas” son la Reforma Laboral, la inflación, los recortes de pensiones, el apoyo descarado a la guerra de Ucrania, el aumento del 16% en los gastos militares… y ahora su participación en la matanza de Melilla.
Los trabajadores no podemos tener la más mínima duda: la Izquierda del “gobierno más progresista de la historia” que hace “cosas chulísimas” es tan enemigo de los trabajadores y de la humanidad como PP y Vox, por la sencilla razón que es un servidor incondicional del capital, un aparato de su Estado. Todos los partidos y todos los Estados, democráticos, monárquicos o lo que sean, son CAPITALISTAS y están CONTRA LA CLASE OBRERA. Los obreros tenemos que luchar unidos, NATIVA o EXTRANJERA LA MISMA CLASE OBRERA.
Marjane y Omar 30-6-22
1 edición digital de PDF de MELILLA HOY https://online.melillahoy.es/membresias [953]
2 En 1909 estalló en Barcelona una huelga masiva contra el embarque de tropas hacia Marruecos. Ver una referencia en nuestro primer artículo de la Serie sobre la historia de la CNT: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200703/1322/historia-del-movimiento-obrero-la-cnt-nacimiento-del-sindicalismo- [310]
3 Ceuta: los emigrantes, moneda de cambio de las pugnas capitalistas https://es.internationalism.org/content/4680/ceuta-los-emigrantes-moneda-de-cambio-de-las-pugnas-capitalistas [636]
4 Ver la serie Los gobiernos de izquierda en defensa de la explotación capitalista: https://es.internationalism.org/content/4521/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-i [192] , https://es.internationalism.org/content/4562/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-ii-los-gobiernos [225] y https://es.internationalism.org/content/4625/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-iii-la-trampa-esta [458]
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Seis días después del ataque racista en Buffalo, el horror ha vuelto a golpear en Estados Unidos, esta vez en una escuela primaria de Uvalde (Texas), en una masacre que se ha cobrado la vida de 19 niños y dos de sus profesores. Esta masacre sin motivo de niños indefensos es espeluznante. Uno no puede imaginarse la devastación de las familias y el trauma que los supervivientes tendrán que cargar durante el resto de sus vidas.
Salvador Ramos, el autor de la matanza, era un joven tímido de 18 años de una familia pobre del que a menudo se burlaban por ser "diferente" y un poco "raro". Como muchos adolescentes con un pobre sentido de sí mismo, empezó a cortarse los brazos y la cara, y luego se fue aislando gradualmente pasando largos periodos de tiempo fuera de la escuela. Es cierto que Salvador Ramos tenía una fragilidad particular que le llevó a desarrollar un gusto morboso por las armas de fuego antes de cometer este acto atroz, pero tiene el trasfondo típico de una masa creciente de jóvenes sin perspectivas que se sienten tan aplastados, rechazados e incomprendidos que se lanzan en número cada vez mayor a un proceso mortificante de autodestrucción. Ante el sufrimiento que representa para ellos la existencia, ante la ausencia total de esperanza de una vida mejor, muchos jóvenes se quitan la vida. Salvador Ramos, como otros jóvenes embriagados de venganza nihilista, se hundió en lo más bárbaro de la sociedad capitalista: quiso abandonar este mundo, llevándose consigo a niños de 10 años, encarnación del futuro de la humanidad que ya no podía existir a sus ojos.
Esta nueva masacre no es sólo obra de un "monstruo" que hay que erradicar para combatir el "mal de nuestra sociedad" (según Trump). En realidad, el "mal de nuestra sociedad" es todo el sistema capitalista, un sistema sin futuro que está decayendo y arrastrando a la humanidad en su estela asesina, como podemos ver con la Guerra de Ucrania. Los asesinatos en masa y los atentados terroristas se suceden desde hace años en Estados Unidos y en el resto del mundo a un ritmo cada vez más aterrador. El mes pasado, un tiroteo en una guardería de la región rusa de Ulyanovsk acabó con la vida de tres personas. Pocos días después, un ataque a una escuela de niñas en Kabul mató a unas 50 estudiantes. En enero, un hombre armado mató a tiros a una persona e hirió a otras tres en la Universidad de Heidelberg (Alemania), antes de suicidarse...
En las últimas tres décadas, los tiroteos en las escuelas se han vuelto más comunes. Pero más que en ningún otro lugar, Estados Unidos, donde más de 4.000 niños murieron a manos de un arma sólo en 2020 (¡!). En el centro de esta pesadilla, por supuesto, está la delirante proliferación de armas de fuego. ¿Cómo no horrorizarse al ver que un joven de 18 años, que sufre graves trastornos mentales, pueda comprar dos rifles de asalto? En este país existe una gigantesca industria armamentística que también hace su agosto vendiendo millones de armas a la población sin preocuparse por la vida de los cientos de miles de víctimas.
Este lucrativo negocio navega alegremente alimentado por ideologías perfectamente irracionales que florecen en el terreno fértil de la descomposición generalizada del capitalismo1. La reciente aceleración de este proceso se ha caracterizado en parte por la explosión de las "teorías de la conspiración" y la fuerte paranoia social2. Durante la pandemia de Covid-19, la venta de armas se disparó, a veces en nombre de la "protección de los ciudadanos de la interferencia del Estado", a veces para "proteger a Estados Unidos del Gran Reemplazo". Este es el contexto donde Salvador Ramos cometió su masacre y un supremacista blanco fue capaz de disparar a una multitud en una tienda de Buffalo.
Por supuesto, ante el horror, los mandamases del Partido Republicano volvieron a hacer gala de un cinismo sin límites y de una burda estupidez que ya no parece preocuparse ni por la lógica más elemental. A los políticos demócratas les tocó ocultar la responsabilidad del capitalismo podrido en esta masacre: "¿Cuándo, en nombre de Dios, vamos a enfrentarnos al lobby de las armas?", gritó el presidente Biden. Clinton, Obama y Biden, esa panda de hipócritas sin escrúpulos que nunca han dudado en gastar miles de millones de dólares en exportar armas o armar hasta los dientes a sus fuerzas represivas, tuvieron mucho tiempo para "enfrentarse al lobby armamentístico" durante sus numerosos mandatos. ¿Qué han hecho salvo derramar una lágrima falsamente comprensiva ante cada nuevo tiroteo? ¡Nada! Se quedaron con gestos porque la fabricación de armas es una industria estratégica extraordinariamente próspera en Estados Unidos. Pero, sobre todo, detrás de la supuesta solución milagrosa del control de armas3, la burguesía busca ocultar los orígenes del "mal de nuestra sociedad".
Salvador Ramos está muerto, su cuerpo acribillado a balazos, pero las causas de su trayectoria asesina no han desaparecido. Con el agravamiento de la crisis del capitalismo, con el crecimiento imparable de la miseria, de la precariedad, de la violencia social y de la exclusión, la desesperación y el odio tienen todavía un largo camino por recorrer. La única contramedida a esta deriva bárbara reside en el desarrollo masivo y consciente de las luchas proletarias que ofrecerán a los jóvenes una verdadera identidad, la de la clase, y una verdadera solidaridad, la que se forja en la lucha contra la explotación. En estas luchas los explotados de todos los países podrán gradualmente comprender y defender la única perspectiva que puede salvar a la humanidad de la barbarie: ¡el derrocamiento del capitalismo mediante la revolución mundial!
EG, 29 de mayo de 2022
1 Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109] . Mientras que el proletariado aún no ha encontrado la fuerza para derrocar al capitalismo afirmando abiertamente su perspectiva revolucionaria, la burguesía es hoy incapaz de movilizar a los diferentes componentes de la sociedad en torno a la única "respuesta" que puede dar a la crisis histórica de su sistema: la guerra mundial. La sociedad se encuentra así sumida en un impasse momentáneo, una especie de "bloqueo" desde finales de los años 80, marcado por la ausencia de toda perspectiva inmediata.
Esta fase de descomposición se caracteriza por una putrefacción de todas las relaciones sociales a todos los niveles, que es aún más evidente en el plano ideológico con el desarrollo sin precedentes del terrorismo, la delincuencia, el maremágnum de la droga, la violencia descarada, la profusión de sectas, el renacimiento del espíritu religioso y de ideologías totalmente irracionales, la violencia y la desesperación... En este sentido, no es casualidad que el número de tiroteos en las escuelas se haya disparado en los últimos treinta años
2Una aceleración que el CCI identificó al inicio de la pandemia mundial de Covid-19 y que se confirmó y agravó en gran medida con la guerra de Ucrania, ver Informe sobre la pandemia y desarrollo de la descomposición del 24º Congreso Internacional de la CCI https://es.internationalism.org/content/4713/informe-sobre-la-pandemia-y-desarrollo-de-la-descomposicion-del-24o-congreso [795] .
3 En Asia, donde las armas están más estrictamente controladas, los atentados se realizan con mayor frecuencia con cuchillos. En China, por ejemplo, el mismo día de la masacre de Newtown en 2013, un hombre apuñaló a 22 niños en una escuela
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La guerra de Ucrania hace más necesaria que nunca la noción marxista de Decadencia del Capitalismo. Esta noción nos da el marco para comprender porque la guerra imperialista es un concentrado de barbarie que amenaza la vida misma de la humanidad y del propio planeta.
El blog Barbaria ataca esa noción y lo hace presentándose como “defensor de la Izquierda Comunista”1 cuando la noción de Decadencia del Capitalismo es uno de los pilares fundamentales de la Izquierda Comunista.
En un texto titulado Sobre la decadencia del capitalismo, la revolución permanente y la doble revolución2, Barbaria afirma: “Quien más va a desarrollar esta perspectiva es la CCI a partir de los años 70 del siglo XX. En esta idea de la decadencia subyace siempre la noción de que el capitalismo ha alcanzado los límites de su desarrollo saludable. Al agotar los mercados precapitalistas, se producen crisis de sobreproducción que provocan no necesariamente un cese completo de la economía capitalista, pero sí una serie de catástrofes y convulsiones crecientes”.
Antes que nada, queremos denunciar que Barbaria no da ni una sola cita de textos de la CCI para avalar su “crítica”. Simplemente se limita a descalificar sin aportar ningún análisis de nuestros argumentos3.
Esta actitud de descalificar sin aportar el más mínimo argumento o elemento de reflexión está en los antípodas del método de debate en la historia del movimiento obrero y en la Izquierda Comunista, donde la polémica y la crítica se han basado en el estudio serio, documentado y argumentado, de lo que se quiere criticar.
Barbaria falsifica lo que dice la CCI. Nosotros nunca hemos dicho que los “mercados precapitalistas” se agotan con la decadencia, lo que hemos dicho es que su tamaño se reduce tanto que no da satisfacción a las crecientes necesidades de la acumulación de capital. No hablamos de un “depósito lleno donde no cabría más líquido”, sino de un sistema siempre en expansión pero que se ve atenazado y empujado hacia crecientes convulsiones por las contradicciones que le impone su propia naturaleza. ¡No es lo mismo!
Tampoco decimos que las catástrofes y convulsiones que se acumulan desde 1914, tengan como causa directa la crisis de sobreproducción: “En cuanto quedó formado completamente el mercado mundial, la intensificación y el desencadenamiento de la competencia comercial han acabado obligatoriamente en agravación de tensiones militares, en la constitución de arsenales cada vez más imponentes y la sumisión creciente de la vida económica y social a los imperativos de la esfera militar. Militarismo y guerra imperialista son la expresión central de la entrada del capitalismo en su periodo de decadencia. Si se identifican tanto con el período de decadencia, es porque éste es el periodo en que las relaciones de producción capitalistas se han vuelto una traba al desarrollo de las fuerzas productivas: el carácter perfectamente irracional, en el plano económico global, de los gastos militares y de la guerra es expresión de la aberración que es el mantenimiento de esas relaciones de producción”4
Testimonio de todo ello son dos guerras mundiales (con 80 millones de muertos directos5), interminables guerras locales durante el periodo de la “Guerra Fría” (1945-89) con 100 millones de muertos y que además hizo pesar sobre la humanidad la espada de Damocles de un holocausto nuclear. Después, tras el hundimiento del bloque ruso en 1989, las guerras han seguido ensangrentando el planeta, ahora mismo hay 52 conflictos guerreros en el mundo, los cuales aun siendo expresión del avance del cáncer militarista tienen un alcance localizado, en cambio, la guerra de Ucrania ha colocado la matanza imperialista en el corazón de Europa y la amenaza de catástrofes nucleares se cierne de nuevo sobre la humanidad.
A todo lo anterior debemos añadir la destrucción ecológica, la pandemia, la barbarie moral, la degradación y dislocación del aparato político incluidos los países centrales, la emigración convertida en un éxodo desesperado, las hambrunas… Y como telón de fondo una crisis económica crónica que dura desde 1967.
¿Cómo explicar esta escalada terrible de la barbarie? Podemos dar explicaciones “moralizantes” del tipo “los hombres son malos” o autoengañarnos creyendo que el sistema podrá reformarse. Sin embargo, el marxismo ha aportado una explicación materialista histórica y en su médula está la noción de decadencia del capitalismo.
Esta explicación es rechazada por Barbaria arguyendo que “El capital desarrolla siempre sus fuerzas productivas, aunque lo haga de un modo cada vez más catastrófico. El capital es valor hinchado de valor. La competencia entre capitales por acumular más valor les empuja al desarrollo de las fuerzas productivas. Negar o minusvalorar este hecho categorial implica no entender la naturaleza de las categorías del capitalismo, su ADN”.
A diferencia del feudalismo, donde domina la eterna repetición de los ciclos naturales de producción, la competencia bajo el capitalismo estimuló el desarrollo de las fuerzas productivas mientras hubiera territorios y áreas donde fuera posible la expansión del sistema. Sin embargo, la competencia tiene un lado destructivo que Barbaria oculta de forma artera.
El lado destructivo de la competencia ya se manifestó en el siglo XIX, donde la expansión del capitalismo era posible: “Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes. La sociedad se ve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea; ¿Y todo por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio” (Manifiesto Comunista).
La destrucción de fuerzas productivas se tornó dominante en el periodo de decadencia capitalista donde la expansión del sistema se hace cada vez más difícil y por tanto domina la guerra imperialista provocando convulsiones y destrucciones sin límite.
Barbaria dice que la noción de Decadencia nació con la Internacional Comunista en 1919: ““Es en este contexto que nace la revolución rusa como expresión de esa revolución mundial, y en ese momento nacerá también la idea de decadencia que defenderá la Internacional Comunista, por la cual a comienzos del siglo XX el capitalismo ya no da más de sí, está agotado históricamente”
Estamos ante otra de las falsificaciones desvergonzadas de Barbaria. La noción de decadencia no aparece con la IC, la noción de Decadencia está en los orígenes del marxismo, en la demarcación entre socialismo científico y socialismo utópico6.
En Los Principios del Comunismo, Engels se pregunta “¿Eso quiere decir que la supresión de la propiedad privada no era posible antes?”, a lo que responde “No, no era posible. Toda transformación del orden social, todo cambio de las relaciones de propiedad es consecuencia necesaria de la aparición de nuevas fuerzas productivas que han dejado de corresponder a las viejas relaciones de propiedad”. El Manifiesto Comunista precisa más aún “Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras, franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes”. Una década después, Marx remata: “Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social”7
Todo modo de producción tiene una época ascendente donde estimula y expande el desarrollo de las fuerzas productivas y una época decadente donde se convierte en una traba para aquellas provocando convulsiones y destrucción cada vez más peligrosas. Esto se vio con el esclavismo romano, con el feudalismo, con el despotismo asiático, ningún modo de producción escapa a esta ley fundamental.
En el artículo Ascendencia y Decadencia del capitalismo señalamos que “Marx y Engels tuvieron que luchar sobre todo contra los que eran incapaces de ver que el capitalismo estaba todavía en su fase ascendente. En cambio, desde finales del siglo pasado, la izquierda de la segunda Internacional, a través de Rosa Luxemburgo en particular, tuvo que luchar contra la tendencia inversa, o sea, la de los reformistas, la cual negaba que el capitalismo se estaba acercando a su fase de decadencia” 8.
En Huelga de masas, partido y sindicatos, Rosa Luxemburgo comprendió el “mensaje” de la Revolución de 1905 en Rusia “La Revolución Rusa actual se encuentra en un punto del camino histórico que ya está del otro lado del punto culminante de la sociedad capitalista, La revolución actual concreta en el marco de la Rusia absolutista las consecuencias generales del desarrollo capitalista internacional. Aparece, no tanto como sucesor de las viejas revoluciones burguesas, sino como precursora de una nueva serie de revoluciones proletarias en Occidente”.
Cuando el primer congreso de la Internacional Comunista (1919) afirma que “Una nueva época surge. Época de disgregación del capitalismo, de su hundimiento interior. Época de la revolución comunista del proletariado» no está “inventando el concepto de decadencia” sino que está aplicando el análisis del marxismo al terrible cataclismo que supuso la Primera Guerra Mundial, como igualmente lo hizo Rosa Luxemburgo: “Nos encontramos, hoy tal como lo profetizó Engels hace una generación, ante la terrible opción: o triunfa el imperialismo y provoca la destrucción de toda cultura y, como en la antigua Roma, la despoblación, desolación, degeneración, un inmenso cementerio; o triunfa el socialismo, es decir, la lucha consciente del proletariado internacional contra el imperialismo, sus métodos, sus guerras” (La Crisis de la Socialdemocracia).
El programa histórico del proletariado ha ido modificándose según 4 factores:
La evolución del capitalismo, sobre todo su paso de la Ascendencia a la Decadencia
La propia evolución del proletariado en su concentración y formación
Sus experiencias de lucha donde combates como 1848, 1871, 1905, 1917-23, 1968 han aportado elementos imprescindibles para su conciencia y organización
El desarrollo general de su conciencia de clase como definición de sus metas y medios para alcanzarlas.
Vamos a insistir sobre el primer factor pues para Barbaria “Ese dualismo de la noción de decadencia entre lo objetivo y lo subjetivo le lleva a defender un programa durante la fase de ascenso del capitalismo y otro durante la fase de decadencia”. Una vez más, Barbaria falsifica. No hablamos de dos programas, uno para la ascendencia y otro para la decadencia, sino de un solo programa que evoluciona y se modifica en función de los 4 factores antes señalados.
El programa histórico del proletariado va evolucionando y rectificándose. Así, en 1847-48 con la Liga de los Comunistas pasa de un programa utópico y moralista, abierto a los “hombres de buena voluntad” a un programa basado en el socialismo científico y la autonomía de clase del proletariado. En 1871, a la luz de la Comuna de París, corrige la idea de “tomar el Estado” por la de destruir el Estado. 1905 y, sobre todo 1917, lleva a comprender que los Consejos Obreros son “la forma al fin encontrada de la Dictadura del Proletariado” etc. etc.
Según Barbaria “la idea de decadencia presupone que aquello que es positivo en la fase de ascenso del capitalismo (parlamentarismo, sindicatos, cuestión nacional, guerras interburguesas…) por arte de birlibirloque se convierte en lo contrario, convirtiéndose en posiciones burguesas e interclasistas”
En La lucha del proletariado en el capitalismo decadente, hacemos una concienzuda comparación entre las condiciones reinantes en el periodo ascendente cuyo apogeo fue 1848-1917 y las propias del periodo decadente (siglo XX y XXI): “La unidad de este marco da a las diferentes etapas del movimiento obrero del siglo XIX un carácter continuo; los métodos y los instrumentos de la lucha de la clase se elaboran y se perfeccionan progresivamente, particularmente la organización sindical. En cada una de estas etapas, las similitudes con la etapa anterior son mayores que las diferencias. En estas condiciones la tradición no pesa demasiado en los obreros de aquel tiempo: para una gran parte de ellos, el pasado muestra el camino a seguir. Pero está situación cambia radicalmente al iniciarse el siglo 20, la mayoría de los instrumentos que la clase ha ido forjando durante decenios ya no le sirven para nada; peor, se vuelven contra ella y se hacen armas del capital. Así pasó con los sindicatos, los grandes partidos de masas, la participación a las elecciones y al Parlamento. Y eso porque el capitalismo entró en una fase totalmente diferente de su evolución: la de su decadencia. Por consiguiente, el marco de la lucha proletaria se halla completamente trastornado; desde entonces la lucha por mejoras progresivas y duraderas en el seno de la sociedad pierde su significado. No sólo ya no puede conceder nada un sistema capitalista con el agua al cuello, sino que sus convulsiones ponen en entredicho cantidad de conquistas proletarias del pasado. Frente a este sistema moribundo, la única verdadera conquista que puede obtener el proletariado es destruirlo”9
Barbaria proclama que “El programa comunista es invariante, porque invariantes son tanto el capital como su enterrador histórico”. Envuelto en “argumentos” que adoptan un aire bordiguizante, Barbaria recupera el viejo “programa” del GCI10 de “la rebelión eterna e invariante” donde “la lucha sindical, la parlamentaria, la lucha por reformas siempre fueron desde sus inicios lo que hoy son, o sea, medios para integrar al proletariado en el capitalismo. El análisis de la existencia de dos fases en la historia del capitalismo a las que corresponden formas de lucha diferentes no sería más que un invento de los años 30 para "traicionar" mejor el "programa histórico"11
El concepto de Decadencia no es un invento de la CCI, ni su propiedad. Es una adquisición histórica del proletariado, hoy más necesaria que nunca ante la barbarie de la guerra, que defendemos con uñas y dientes contra gentes como Barbaria que pretenden desvirtuar y falsificar las adquisiciones históricas del proletariado.
Marjane y Omar 30-6-22
1 Sobre qué es Barbaria escribimos el artículo ¿Barbaria o Comunismo? https://es.internationalism.org/content/4730/barbaria-o-comunismo [957] . En el artículo denunciábamos la impostura de declararse de la “Izquierda Comunista” ignorando y ocultando a los grupos que la expresan y la defienden desde hace muchos años.
2 https://barbaria.net/2022/04/25/sobre-la-decadencia-del-capitalismo-la-revolucion-permanente-y-la-doble-revolucion/ [958]
3 Quienquiera que desee conocer -y criticar si lo ve necesario- la posición de la CCI sobre la Decadencia del Capitalismo puede consultar la Serie sobre el tema https://es.internationalism.org/series/492 [959]
4 Militarismo y Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [480]
5 A los que habría que sumar los 20 millones provocados por el estallido de la pandemia de gripe española en 1918 hacia el final de la primera guerra mundial.
6 Escribimos una Serie titulada La teoría de la decadencia en la médula del materialismo histórico, precisamente para argumentar que esta teoría fue desarrollada desde los primeros tiempos del marxismo: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200407/174/la-teoria-de-la-decadencia-en-la-medula-del-materialismo-historico- [960] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/200410/195/la-teoria-de-la-decadencia-en-la-medula-del-materialismo-historico- [961] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/200504/67/la-teoria-de-la-decadencia-en-la-medula-del-materialismo-historico-i [818] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/357/la-teoria-de-la-decadencia-en-la-medula-del-materialismo-historico- [962]
7 Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm [466]
8 Ascendencia y Decadencia del capitalismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/198704/2286/comprender-la-decadencia-del-capitalismo-ii-ascendencia-y-decadenc [963]
9 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200805/2265/la-lucha-del-proletariado-en-el-capitalismo-decadente [189]
10 Grupo Comunista Internacionalista, grupúsculo parásito que por las noticias que tenemos ha abandonado toda actividad. Ver ¿Para qué sirve el GCI? https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/516/para-que-sirve-el-grupo-comunista-internacionalista-gci [355]
11https://es.internationalism.org/revista-internacional/198704/2286/comprender-la-decadencia-del-capitalismo-ii-ascendencia-y-decadenc [963]
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A pesar de Covid, a pesar de la guerra en Ucrania, a pesar de las divisiones tóxicas agitadas por el Brexit, la clase obrera en Gran Bretaña, como en muchas otras partes del mundo, sigue dispuesta a luchar en defensa de sus niveles de vida. Y, a largo plazo, este es el único camino que conduce a poder superar el precipicio de autodestrucción que ofrece el capitalismo.
La "crisis del coste de la vida" se ha convertido en un factor activo de la resistencia de los trabajadores. La crisis económica mundial no comenzó con Covid o la guerra de Ucrania. Se ha ido acumulando durante décadas (¿recuerdan la "crisis del petróleo" de los años 70 y el "crack financiero" de 2008?) Pero estas expresiones más recientes del deslizamiento hacia la barbarie ciertamente han acelerado la inestabilidad económica global, y dentro de ella, el declive económico específico de Gran Bretaña - y sólo han ocultado parcialmente el impacto adicional y cada vez más desastroso del Brexit a este nivel. El aumento de la inflación -que ahora se sitúa oficialmente en el 9,1% y se espera que aumente al 11% a finales de este año- está teniendo un impacto directo en la capacidad de las "familias trabajadoras ordinarias" (es decir, la clase trabajadora) para calentar sus hogares, conducir al trabajo y poner comida en la mesa.
Para muchos trabajadores, la espiral de precios y las ofertas salariales muy por debajo de la tasa de inflación han sido la gota que ha colmado el vaso tras años de ataques a los salarios, los puestos de trabajo y las prestaciones sociales, y se ha producido toda una serie de huelgas en sectores importantes, sobre todo en los ferrocarriles. 40.000 trabajadores ferroviarios -señalistas, personal de mantenimiento y de trenes- pertenecientes al sindicato RMT (Rail, Maritime and Transport union) realizaron tres huelgas en junio y tienen previsto realizar otras el 27 de julio, el 18 y el 20 de agosto: la primera huelga nacional en los ferrocarriles británicos desde hace unos 25 años.
5.500 maquinistas pertenecientes a otro sindicato, ASLEF, también harán huelga el 30 de julio en ocho compañías ferroviarias. Antes habrá huelgas más pequeñas en otras empresas. En el noroeste de Inglaterra, los conductores de autobús están en huelga por un conflicto salarial con Arriva.
También hay previstas huelgas en el sector de las comunicaciones. 40.000 trabajadores de British Telecom harán huelga el 29 de julio y el 1 de agosto. Los trabajadores de Royal Mail harán huelga entre el 20 y el 22 de julio. Esto podría implicar a 115.000 trabajadores.
Tras el rechazo de los sindicatos a las ofertas salariales de la patronal en las compañías aéreas, este verano podrían producirse paros generalizados en los aeropuertos, tanto en Gran Bretaña como en otros países europeos.
En el ámbito de la educación, se han producido varias luchas en las universidades y en las escuelas de formación profesional, mientras que el Sindicato Nacional de Educación y el Sindicato Nacional de Profesores están llamando a la "acción industrial" en otoño si las negociaciones fracasan. Y tras la oferta salarial del gobierno de alrededor del 5% (o menos) para los trabajadores de la sanidad, los profesores y otros trabajadores del sector público, "los sindicatos de la sanidad denunciaron airadamente las subidas salariales del NHS como una 'traición' y 'una patada en los dientes', y advirtieron que los paros podrían estar en el horizonte".
Estos conflictos se inscriben en el marco de un aumento general de la combatividad de los trabajadores. El sindicato GMB, que tiene una fuerte presencia entre los empleados de los ayuntamientos, informó de que el número de conflictos entre octubre de 2021 y marzo de 2022 fue siete veces mayor que en el mismo periodo de 2019-20; el sindicato Unite, uno de los principales del sector público, afirmó que los conflictos se habían cuadruplicado.
Estas luchas no son una respuesta directa de la clase obrera a la guerra capitalista en Ucrania. Pero después de que se nos haya dicho que "estamos todos juntos" en la lucha contra Covid y que todos debemos estar dispuestos a hacer sacrificios para defender a Ucrania y Occidente de la agresión rusa, no es de poca importancia que los trabajadores no estén dispuestos a renunciar a la defensa de sus propios intereses de clase en nombre de la unidad nacional. Y si miramos más allá de Gran Bretaña, podemos ver que la combatividad de la clase obrera ha estado tensándose en numerosos países. En 2019, justo antes de que llegara la pandemia, hubo movimientos de huelga en Francia[1], e incluso durante loa confinamientos por el COVID -sobre todo al principio- los trabajadores de numerosos sectores, incluidos los "héroes" de los servicios sanitarios, emprendieron acciones colectivas contra la obligación de trabajar sin ningún medio real de protección contra el virus. Cuando los cierres llegaron a su fin, hubo más brotes de lucha de clases en Estados Unidos, Irán, Italia, Turquía y otros lugares, lo que nos llevó a difundir una hoja internacional[2].
Si comparamos estos movimientos contra la intensificación de la explotación con la situación de la clase obrera en Ucrania, que ha sido subyugada casi por completo al esfuerzo bélico nacional, podemos verlos como una prueba de que, si bien los trabajadores de Ucrania están experimentando una verdadera derrota, esto no se aplica a la clase obrera a nivel mundial, y en particular a sus fracciones más experimentadas en Europa occidental, que no están dispuestas a sacrificar sus necesidades materiales de clase al ídolo del interés nacional, y menos aún a marchar a la guerra en nombre de la clase capitalista.
Se puede objetar que todas estas luchas se limitan al plano económico y que no llevan a la clase obrera, al menos a corto plazo, a desarrollar una alternativa política al callejón sin salida histórico al que ha llegado la sociedad capitalista. Pero en una situación en la que, por las razones que hemos analizado en otro artículo[3], las luchas en respuesta a la crisis económica y los ataques que la acompañan proporcionan un punto de partida indispensable para que la clase obrera recupere su propia identidad, sobre todo cuando un gran número de trabajadores de diferentes sectores están en huelga por las mismas reivindicaciones económicas. Y la recuperación de la identidad de clase contiene necesariamente una dimensión política vital[4], ya que tiende a poner de relieve el escenario previsto por el Manifiesto Comunista en 1848: "La sociedad en su conjunto se divide cada vez más en dos grandes campos hostiles, en dos grandes clases directamente enfrentadas: la burguesía y el proletariado".
La formación de la clase obrera en una fuerza unificada que se enfrente a la burguesía está, por supuesto, muy lejos, y no tenemos intención de restar importancia a los inmensos obstáculos que se interponen en el camino de tal resultado - sobre todo porque la acelerada descomposición de la propia sociedad burguesa amenaza con arrastrar a la clase obrera en su estela, para infligir los propios odios y divisiones de este sistema moribundo (nacional, racial, sexual, religioso, etc.) en el cuerpo del proletariado. Al mismo tiempo, aunque la propia burguesía está cada vez más dividida, perdiendo cada vez más el control de su propio sistema, y de su maquinaria política en particular, sigue siendo capaz de desarrollar estrategias y maniobras para impedir la unificación de su enemigo mortal, la clase obrera.
En respuesta a las huelgas en Gran Bretaña, el gobierno populista tory, que ha afirmado ser el "verdadero partido de los trabajadores" (¡!), por el momento no está lanzando un ataque frontal contra las huelgas, sino que principalmente está adoptando una postura más conciliadora, de esperar y ver, incluso si el ministro de Transporte Grant Schapps ha dicho que las demandas de los huelguistas ferroviarios no son razonables. Admite que hay una "crisis del coste de la vida" que presenta como temporal, y que necesita decisiones difíciles para ser superada. También ofrece una ayuda simbólica a los trabajadores más pobres de unos cientos de libras en julio y en otoño. Más recientemente, ha ofrecido aumentar la subida salarial del 2% del sector público al 5%, es decir, ofrece un recorte salarial de aproximadamente el 5% en lugar del 8%.
Los exponentes más serios de los medios de comunicación burgueses, especialmente periódicos como The Guardian y Observer, pero también la BBC, han hablado mucho de la "ola de huelgas", incluso exagerándola y prediciendo un "invierno de descontento", un retorno a la lucha de clases de los años 70. Se han publicado numerosos artículos mostrando la legitimidad de las reivindicaciones de los huelguistas ferroviarios, en particular elogiando al líder del RMT, Mick Lynch, por su inteligente y articulada defensa de estas reivindicaciones frente a la hostilidad de algunos medios de comunicación. También se han publicado varias encuestas que muestran que las huelgas ferroviarias han contado con un considerable nivel de apoyo público. Esto contrasta con las anteriores huelgas de transporte, en las que los medios de comunicación se han centrado en el “daño” inflingido a los viajeros por las "demandas egoístas" de los sindicatos. Es cierto que un periódico sensacionalista como The Sun todavía puede proclamar que "las huelgas ferroviarias de esta semana son lo que ocurre cuando los matones marxistas drogados con fantasías de "guerra de clases" intentan utilizar como arma los problemas económicos del público para derribar a un gobierno elegido que desprecian" (20.6.22), pero esta retórica incendiaria también sirve para radicalizar la imagen de los sindicatos.
Dado que en el pasado la burguesía siempre ha tenido cuidado de ocultar las noticias sobre la escalada de los movimientos que se han desarrollado fuera del control oficial, esta publicidad constante y a menudo favorable a las huelgas apunta a un intento de la clase dominante de anticiparse y así disipar un desarrollo más peligroso del movimiento de clase. Y una primera señal de que los sindicatos estaban desempeñando su papel en esta división del trabajo, de que están haciendo su trabajo de mantener la lucha de clases bajo control, fue la convocatoria de una gran manifestación del TUC "contra la crisis del coste de la vida" en Londres el 18 de junio.
Además:
Lo que estamos viendo hoy en Gran Bretaña es sólo un indicio de lo que la clase obrera necesita hacer si quiere forjarse en una fuerza unificada y consciente capaz de enfrentarse y derrocar el dominio del capital. También nos recuerda el cinismo y la astucia de un aparato gobernante que no se limita a los tories, sino que incluye a todo el "movimiento laborista", desde Starmer hasta los sindicatos y la extrema izquierda. Pero identificar los obstáculos a la lucha de clases, exponer sus verdaderos enemigos, es una parte necesaria para liberar el inmenso potencial revelado por la resistencia inmediata de la clase explotada.
Amos 21/7/22
[1] Ver La perspectiva que plantean las recientes luchas obreras en Francia https://es.internationalism.org/content/4540/la-perspectiva-que-plantean-las-recientes-luchas-obreras-en-francia [125]
[2] Hoja Internacional de la CCI: Contra los ataques de la burguesía necesitamos una lucha unida y masiva https://es.internationalism.org/content/4773/hoja-internacional-de-la-cci-contra-los-ataques-de-la-burguesia-necesitamos-una-lucha [866]
[3] ¿Cómo puede el proletariado derrocar el capitalismo? https://es.internationalism.org/content/4847/como-puede-el-proletariado-derrocar-el-capitalismo [965]
[4] Como dijimos en nuestro folleto LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA “Lo que el proletariado debe abandonar no es el carácter económico de su lucha (esto le es imposible, ya que lucha como clase) sino todas las ilusiones de llevar a buen término la defensa de sus intereses dentro de un marco estrictamente económico sin asumir el carácter político, global y revolucionario, de su lucha. Frente al inevitable fracaso inmediato de sus luchas reivindicativas en el capitalismo decadente lo que la clase obrera debe concluir no es que sus luchas sean inútiles, sino que el único medio para que sean útiles a su causa es concebirlas y transformarlas en momentos de aprendizaje y preparación para luchas más generalizadas, más organizadas, y más conscientes del enfrentamiento final con el sistema” https://es.internationalism.org/content/4667/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-vi-contenido-y-formas-de-la-lucha-obrera-en-el [738]
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“Pero fue precisamente esta idea de nación como una de las categorías de la ideología burguesa, algo que la teoría marxista atacó más impetuosamente, señalando que bajo consignas como "autodeterminación nacional" -o "libertad del ciudadano", o "igualdad ante la ley"- asoma siempre un significado deforme y limitado. En una sociedad basada en clases, la nación sencillamente no existe en tanto que conjunto uniforme sociopolítico. En cambio, dentro de cada nación hay clases con intereses y "derechos" antagónicos.” R. Luxemburgo
Desde hace varios años el conflicto mapuche ha ido escalando en una violencia terrorista desenfrenada, ha habido asesinatos, cortes de ruta, saqueos, robos de madera y narcotráfico. Distintos gobiernos, tanto de derecha como de izquierda, han respondido a esto principalmente mediante “estados de excepción” y militarización de la Araucanía (principal lugar de conflicto), con la única diferencia de que la izquierda ha sido mucho más “buenista” y ha estado más “abierta al diálogo”, sin embargo, ninguna de las medidas implementadas hasta ahora ha dado resultado, y en los últimos años ha habido innumerables muertos: policías, indígenas, empresarios rurales y trabajadores locales. Por si fuera poco, durante el mes de marzo de este año realizaron una emboscada armada a la ministra del interior Izkia Siches, algo que jamás había ocurrido antes a ninguna autoridad política de tanta importancia. La última víctima del terrorismo rural fue un trabajador forestal de 66 años llamado Segundo Catril Neculqueo, asesinado el 24 de mayo por miembros de la CAM (Coordinadora Arauco Malleco). Ante el auge del narcoterrorismo con etiqueta “indígena” y la impotencia de los gobiernos burgueses al tratar de resolver el conflicto ¿Cómo debería responder el proletariado?
Para empezar, primero detallemos más a fondo como han actuado los últimos gobiernos: el de Sebastián Piñera y el de Gabriel Boric, actual presidente, pues como se dijo pese a que el conflicto mapuche ha durado siglos ha sido en los últimos años en donde la violencia ha empeorado drásticamente. Durante el gobierno de Piñera, este decretó el estado de excepción en octubre del 2021 con el fin de “combatir el terrorismo” que tanto agobia a la zona macro sur del país, este además utilizó a los famosos “comandos jungla”, grupos policiales especiales entrenados en Colombia, que sirvieron hasta el año 2018. En cambio, Gabriel Boric, que por su “naturaleza progresista” no ha sido tan represor como el gobierno anterior, ha sido duramente criticado por la sociedad civil y la oposición, pues prácticamente todos los días ha habido quema de camiones y robos a empresas forestales, y la derecha le reclama que no ha impuesto una suficiente “mano dura” contra los terroristas, de la misma forma, su aprobación ha caído drásticamente según diversas encuestas. Lo anterior obligó a Boric a dejar de ser tan “buenista” y decretar primero un “Estado intermedio”, que terminó en un fracaso total y que luego, por presiones políticas, tuvo que llegar nuevamente al “estado de excepción”. Como se dijo anteriormente, el conflicto mapuche es algo que ha durado siglos, se volvió a rearticular exactamente el año 1997, sin embargo, en el 2013 con el asesinato del matrimonio “Luchsinger-Mackay” (una familia de empresarios que pertenecen a las familias más adineradas en Chile y que fueron cruelmente asesinados por un incendio en su hogar), los atentados cada vez se han vuelto más recurrentes, y los asesinatos aumentaron.
Para aclara un poco más sobre quiénes son los principales actores en esta disputa: por el lado de los “mapuches” esta la CAM, liderada por Héctor Llaitul Carrillanca, junto con otros grupos insurgentes con menos importancia como la resistencia mapuche Malleco, etc. Y por el otro lado están el ejército y la policía chilena, además de la PDI (policía de investigaciones), y otros grupos de autodefensa de agricultores con orientación “ultraderechista”, que son aliados de los latifundistas locales y de empresarios de la zona. El conflicto, hasta el momento, ha dado como resultado 3 policías, 1 detective, 14 civiles (principalmente camioneros que trabajan y circulan por la zona) y 15 “comuneros” asesinados, además de más de 400 camiones quemados, e innumerables casas y prados incendiados, mas 10 iglesias destruidas. Para colmo, se habla sin pelos en la lengua de una zona de guerra. En lo que respecta a apoyos financieros y políticos, hay evidencia de que muestra de que exmiembros de la FARC y chavistas venezolanos apoyan las guerrillas mapuches, aunque todavía no se ha aclarado bien ello y no hay mucha evidencia al respecto.
Dicho todo lo anterior, ¿Cómo debería actuar el proletariado? Bueno, para responder a ello hay que tener en consideración ciertas cuestiones:
Las luchas de liberación nacional son pugnas Inter burguesas, en las que el proletariado solo es usado como carne de cañón entre fanáticos nacionalistas1.
En la descomposición capitalista actual, el crimen y el lumpen organizado se entremezcla más con las luchas de sectores no explotados, esto se explica porque las guerrillas mapuches están cada vez más unidas al narcotráfico y robo de madera para sustentar sus actividades. De hecho, uno de los exmiembros de la CAM, Emilio Berkhoff, fue detenido por posesión de drogas. Se podría llegar a decir incluso que el tema de fondo que ahí en la Araucanía es mas de narcotráfico y robo que “luchas de liberación nacional”, igual que en Colombia. En la descomposición capitalistas las guerras de narcotráfico se trasladan entre los países periféricos, Chile no es la excepción2.
Con el terrorismo de la decadente pequeñoburguesa ruralista solo la clase capitalista gana, pues I) refuerza los poderes del estado totalitario capitalista, II) infesta a la clase proletaria con ideas racistas, policiales y militaristas, que de hecho ha sido una de las consecuencias más evidentes que se ha visto hasta ahora
Explicado lo anterior, lo único que se puede realizar en estos momentos de retrocesos en la lucha de clases, es que las facciones comunistas denuncien estas luchas de liberación nacional, que no son más que expresión de la burguesía local y que solo producen matanzas entre proletarios. De la misma forma, también se debe realizar un llamado a las comunidades rurales a que rompan con estos grupos terroristas y criminales, junto con su ideología nacionalista y reaccionaria, y recordarles que la única solución posible para el campesinado, y todas las capas no explotadoras, es unirse a las luchas obreras y el socialismo, pues en la decadencia del capitalismo las luchas de liberación nacional no tienen un carácter progresista, sino reaccionario.
Rodrix
1 Ver el folleto de la CCI ¿Nación o Clase? https://es.internationalism.org/cci/200606/968/nacion-o-clase [169]
2 Sobre la descomposición social e ideológica del capitalismo ver las Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
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Hace solo unos cuantos días, el gobierno burgués de Boric ha anunciado el cierre de la fundación Ventanas en Quintero, una zona industrial altamente contaminante Esta medida reaccionaria de un gobierno que se disfraza de “amigo de los trabajadores” traerá seria consecuencia para nuestros hermanos de clase: más de 350 trabajadores operan ahí, sin contar otros obreros subcontratados de otras empresas que también laboran en aquel lugar. Hay voces entre los burgueses de izquierda que dicen que “las zonas industriales contaminan así que está bien que las cierren”, “los mineros pertenecen a la aristocracia, pues son los trabajadores que más ganan en el país, son unos egoístas millonarios”, “los mineros son unos traidores que se opusieron al gobierno de Allende” y las barbaridades calumniosas continúan, junto con los ecologistas que también celebran esta desgracia anti-proletaria … Ante este complejo escenario, a los obreros no les queda más que un crudo camino que recorrer.
Todo comenzó el viernes 17 de junio, cuando el presidente Gabriel Boric anunció el cierre de la planta durante un comunicado a nivel nacional: “Queridos compatriotas, quiero contarles que hace algunas horas, y luego de un acucioso proceso de estudio y diálogo con los distintos sectores involucrados, en una discusión pública que como ustedes saben lleva años, el directorio de Codelco ha tomado la decisión de avanzar hacia el cese de sus operaciones en la fundición de Ventanas “(Boric, 2022). Esto causó inmediatamente una oleada de furor entre el proletariado industrial que trabaja en la zona, quienes amenazaron con un paro (huelga) nacional el día siguiente. El paro abarcó a más de 14 mil trabajadores de CODELCO, sin embargo, los obreros de las empresas subcontratistas se sumaron, formando un ejército de más 50.000 proletarios en huelga. La huelga no duró más de unos cuantos días, aunque fueron días de grandes combates y aprendizajes para el proletariado, donde se realizaron numerosas barricadas y manifestaciones. El jueves 23 Amador Pantoja, presidente de la Federación de los Trabajadores del Cobre, anuncia el fin de la paralización: "Hemos determinado como consejo, en donde ya le hemos informado a nuestros presidentes de cada sindicato, que a partir de este minuto vamos a levantar la paralización, y lo vamos a hacer con el convencimiento de que estamos haciendo las cosas correctas" (Pantoja, 2022).
Aunque Boric haya prometido de que ningún obrero quedará desempleado “Reitero que todo el cobre se seguirá procesando exclusivamente en fundiciones de CODELCO y que ningún trabajador quedará sin su fuente laboral” (Boric, 2022), la verdad es que no dice nada respecto a los subcontratados, además de que un traslado de los trabajadores a otras instalaciones siempre trae una serie de problemas para estos, y no siempre todos los trabajadores logran ser re-trasladados. La realidad es que el presidente izquierdista dijo que “ningún trabajador quedaría sin empleo” eso con el fin de evitar huelgas obreras como reacción al desempleo, sin embargo, esto no funcionó y los obreros se lanzaron al combate. De la misma forma también quedó demostrado una vez más que el sindicato no es nada más que un órgano del capital, pues se vio nuevamente que encerraron a los trabajadores en “su sector”, impidiendo que la lucha se expanda completamente a todo el movimiento obrero. Así como la izquierda del capital demostró una vez más su defensa del capital, los sindicatos también demostraron que no representan a los obreros, sino al Capital y a su Estado.
Además, se debe recalcar nuevamente la autonomía proletaria como tal, independencia frente a las distintas facciones burguesas en conflicto, esto debido a que otra presidenta del sindicato, Andrea Cruces, llamará a votar rechazo a la próxima constitución que se elegirá en septiembre. Se le ha dicho hasta el cansancio a nuestra clase que la asamblea constituyente es capitalismo, que la nueva constitución no es más que el poder de la burguesía renovado, y que independiente si gana el apruebo o el rechazo la explotación y la precariedad laboral seguirán y se van a empeorar mucho más debido a la inflación, la crisis y la guerra de Ucrania[1].
Los cierres de nuestros centros de trabajo no son mas que una muestra de que el capital no puede satisfacer las necesidades de la humanidad, ni si quiera las más básicas como el derecho al trabajo y a la tranquilidad. De la misma forma, el conflicto ecológico que hay detrás de esta problemática no puede pasar desapercibido para la clase, y es que detrás de la contaminación y destrucción de la naturaleza solo esta el CAPITALISMO, incapaz de resolver las contradicciones entre hombre y naturaleza, acrecentando el daño. Esto solo demuestra que la única lucha posible para los trabajadores es la toma del poder y la revolución comunista de los consejos obreros, de lo contrario la barbarie contra nosotros seguirá creciendo. La lucha de los obreros de las refinerías, de los camioneros, de los supermercados, etc. es la misma lucha, ¡¡la lucha revolucionaria de los trabajadores!!
¡¡LA EXPLOTACION DEL PROLETARIADO MANTIENE AL CAPITALISMO CON VIDA, Y SOLO EL PROLETARIADO PUEDE ACABAR CON ESTE SISTEMA CRIMINAL!!
Rodrix
[1] Ver Chile: ¡En contra de la asamblea constituyente! ¡vamos por la verdadera autonomía e internacionalismo del proletariado! https://es.internationalism.org/content/4555/chile-en-contra-de-la-asamblea-constituyente-vamos-por-la-verdadera-autonomia-e [160]
Tratando de comprender lo que significó la Primera Guerra Mundial, el primer Congreso de la Internacional Comunista (marzo 1919) dijo: “Una nueva época surge. Época de disgregación del capitalismo, de su hundimiento interior. Época de la revolución comunista del proletariado” y “El resultado final de los procedimientos capitalistas de producción es el caos, y ese caos sólo puede ser vencido por la mayor clase productora, la clase obrera”.
Los dos términos de la contradicción que preside la evolución social durante todo el siglo XX y XXI están claramente formulados.
Por un lado, la MARCHA HACIA LA BARBARIE Y LA DESTRUCCION DE LA HUMANIDAD que lleva en su seno el capitalismo. Esto se ha podido comprobar de manera fehaciente en los dos últimos años a escala de todo el planeta: primero fue la pandemia que está lejos de ser superada (la situación en China y en Europa la séptima oleada de contagios) y ahora es la guerra en Ucrania. Pero estas dos manifestaciones de la marcha hacia la barbarie no están solas, esos dos jinetes de la Apocalipsis se ven acompañados por otros jinetes de la muerte y la aniquilación: el desastre ecológico, la escalada de la inflación unida a la perspectiva de una nueva recesión, el éxodo migratorio cada vez más gigantesco hasta el extremo que ya son 100 millones de refugiados, las hambrunas que pueden afectar a más de 197 millones de personas…
En el otro lado de la balanza, está la necesidad de la respuesta del proletariado. ¿Cómo tiene que ser esa respuesta? ¿Es posible una respuesta inmediata contra la guerra? ¿Todos los sectores del proletariado mundial tienen la misma fuerza y capacidad? ¿Qué relación hay entre las luchas económicas contra el ataque cada vez más bestial a las condiciones de vida y la lucha política contra la guerra en la perspectiva de acabar con la raíz de ésta y de todas manifestaciones de la barbarie, que es acabar con el capitalismo?
Estos son los temas de debate que proponemos para la Reunión Pública. Las Reuniones Públicas que hemos venido celebrando contra la guerra se inscriben en un esfuerzo común de los grupos firmantes de Declaración conjunta de grupos de la Izquierda Comunista Internacional sobre la guerra en Ucrania (https://es.internationalism.org/content/4807/declaracion-conjunta-de-grupos-de-la-izquierda-comunista-internacional-sobre-la-guerra [898] ). Se trata de luchar para que la Izquierda Comunista, la única corriente que desde 1919 denuncia la guerra y defiende la revolución proletaria, hable con una sola voz y se desarrolle un debate militante para clarificar las diferencias existentes y ver cómo luchar.
La Reunión Pública se celebrará por Internet el domingo 17 de julio a las 18 horas de Europa.
Todos los interesados pueden escribir a [email protected] [45] para que les demos el enlace para participar en la reunión.
Animamos a acudir y participar, a enviar contribuciones escritas, aquellas procedentes de quien no pueda asistir, serán leídas integrándolas en el debate.
Corriente Comunista Internacional
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En todas las guerras, las armas clásicas e ineludibles de los Estados son las de la propaganda masiva, la manipulación y la desinformación. Las grandes potencias democráticas han sido, desde la Primera Guerra Mundial, un verdadero crisol para el control mental, un laboratorio para imponer la "unión sagrada", para obtener el apoyo a la guerra por parte de la población, en particular del proletariado, y para obtener el "consentimiento" a los sacrificios. Manipular la opinión sigue siendo el objetivo central de la clase dominante para ocultar sus crímenes y preparar otros nuevos.
La guerra imperialista en Ucrania no es una excepción a estas innobles empresas de manipulación y propaganda. Las potencias democráticas, especialmente en Europa Occidental, son las que tienen que asegurar la propaganda más sutil y elaborada para tratar de legitimar sus sangrientas empresas ante un proletariado que tiene la mayor experiencia de lucha y uno de los niveles de educación más altos del mundoi.
En vísperas del conflicto en Ucrania, como siempre, los jefes de Estado y los gobiernos se defendían, con la mano en el corazón, para hacer todo lo posible por "preservar la paz". Mientras las tropas rusas se concentraban en la frontera de Ucrania, Putin pretendía no tener intenciones bélicas y hablaba de meras "maniobras militares". También se había comprometido a una retirada parcial de sus tropas antes de su reunión con el canciller alemán Olaf Scholz, que dijo estar "encantado" con la noticia. Incluso después del inicio de la invasión, Putin nunca habló de "guerra", una palabra totalmente prohibida, sino de una "operación especial".
En cuanto a Joe Biden, que anunciaba de antemano los planes de Putin, precisando que Estados Unidos no intervendría en caso de conflicto, dando así luz verde al amo del Kremlin para lanzar sus tropas y su país a una trampa, se presentó ante el mundo como un hombre de paz, deseando, según sus palabras, "dar todas las oportunidades a la diplomacia".
Zelensky era también un defensor de la paz, una "víctima pacífica", valiente, decidido y "lleno de heroísmo". Así, por ejemplo, durante su discurso del 23 de marzo ante la Asamblea Nacional en Francia, se dirigió a un grupo de diputados que se habían dejado ganar y seducir de antemano: " [...] ¿Cómo podemos parar esta guerra? ¿Cómo podemos instaurar la paz en Ucrania? [...] Debemos actuar juntos, presionar juntos a Rusia para buscar la paz”.
Detrás de los discursos de paz, la tesis del pequeño país como víctima e invadido, la emoción y la voluntad de combate del inefable Putin. La trampa de una "guerra defensiva" estaba preparada desde el principio. Zelensky pudo entonces movilizar por la fuerza en suelo ucraniano a la carne de cañón, hombres de 18 a 60 años, para "defender la patria", pidiendo sin cesar "armas para Ucrania" a los occidentales "solidarios", instrumentalizando innoblemente la angustia de los refugiados con fines puramente políticos y guerreros.
En 1914, el bloque de la Entente ya había utilizado el mismo tipo de explotación ideológica contra las potencias de la Triple Alianza. Entonces se consideró a Alemania como la única "responsable" de la guerra por su invasión de la pequeña Bélgica, país que había sido entregado a los "sucios alemanes", a una "horda de bárbaros". El presidente francés Poincaré, que había estado preparando frenéticamente la guerra entre bastidores con Rusia y su aliado británico, fue al mismo tiempo un campeón de la paz, como lo demuestra su discurso del 14 de julio de 1915, en el que, en plena guerra, dijo: "Durante muchos años nuestra esforzada democracia había disfrutado de la obra de la paz. Habría considerado como criminal, o como insensato, a cualquier hombre que se hubiera atrevido a alimentar proyectos belicosos". ¡El colmo del cinismo y la hipocresía! Unos días después, el 19 de julio, en un discurso en el Reichstag, el Canciller alemán dijo prácticamente lo mismo: "No deseamos la guerra, [...] fue la paz lo que nos hizo prosperar". ¡Su desgracia había sido atacar primero!
Como una repetición, en septiembre de 1939, la invasión de Polonia volvió a aparecer como el ataque de un "lobo" contra el "cordero inocente" y no como el resultado de una lógica propia del capitalismo y del imperialismo. ¡La "voluntad de paz" y el "victimismo" son grandes clásicos!
¡Incluso Hitler se declaró a favor de la paz! En 1938, en Berlín, respecto a las relaciones franco-alemanas, declaró al embajador francés su deseo de que fueran "pacíficas y buenas". Y el diplomático Von Ribenttrop repetía a menudo que "el Führer no quiere la guerra".ii También fue en nombre de la "paz" y del "antifascismo" que el proletariado se vio arrastrado a la guerra.
Como nadie "quiere la guerra", aunque sea el modo de vida del capitalismo decadente, es necesariamente, para cada bando, obra del adversario. Así, para Putin, la culpa es del régimen ucraniano, formado por "nazis", "perseguidores de las minorías rusoparlantes" que luchan "contra las libertades y la democracia". Por supuesto, también culpa a otra "parte responsable", las fuerzas de la OTAN que lo rodean desde hace décadas y que buscan "debilitar a Rusia".
La propaganda de Zelensky y de los occidentales que lo apoyan militarmente, hace que las cosas sean aún más perniciosas y peligrosas para las poblaciones y el proletariado de Occidente, ya que la "pequeña y pacífica Ucrania" aparece así, como "estrangulada por el ogro ruso". Efectivamente, entre todos los gánsteres imperialistas implicados en este conflicto, Putin es el que ha jalado primero. En cuanto comenzó la guerra, pasó de ser una persona non grata a un "loco sediento de sangre". ¡La demonización (facilitada en este caso por la personalidad de Putin y sus antecedentes estalinistas) es también un gran clásico de la propaganda!iii
Durante la Primera Guerra Mundial, el ejército alemán y sus soldados también fueron presentados como monstruos, acusados de "violar, torturar y degollar fríamente a los niños"iv. La guerra actual y sus imágenes, la explotación de los cadáveres que yacen en el suelo, las imágenes de las ciudades devastadas, la multiplicación de las investigaciones internacionales sobre los "crímenes de guerra"v cometidos por el ejército ruso, el silencio casi total sobre las exacciones del ejército ucraniano en el lado occidental, la acumulación de burdos montajes en el lado ruso, todo ello acompañado de una ciber propaganda que llena la mente de humo, dan testimonio de una intensa y cotidiana guerra de información.
Por eso, aunque esta guerra sea considerada preocupante por las poblaciones occidentales, éstas pueden acabar apoyando insidiosamente el envío de "armas para Ucrania" con el fin de "dar una lección al invasor". En otras palabras: ¡alimentar la guerra y las masacres en nombre de una respuesta "legítima" y "defensiva"!
En esta guerra que golpea brutalmente a Europa, en la que la tierra quemada y la irracionalidad total revelan el completo absurdo de una aventura trágica y bárbara, las grandes potencias democráticas occidentales desempeñan ahora el hermoso papel de fiscal. Aparecen como "pacíficos", ante una especie de hechos consumados que no dependen de su propia voluntad, sino de la de un hombre, el frío y cínico dictador suicida Putin.
En realidad, como ya señaló Rosa Luxemburgo, todos los Estados, grandes o pequeños, son verdaderos bandidos que sólo defienden sus sórdidos intereses imperialistas, como también nos recuerda nuestro volante internacional: "Desde principios del siglo XX, la guerra permanente, con todos los terribles sufrimientos que engendra, se ha convertido en algo inseparable del sistema capitalista, un sistema basado en la competencia entre empresas y entre Estados, en el que la guerra comercial desemboca en la guerra armamentística, en el que el agravamiento de sus contradicciones económicas, de su crisis, atiza cada vez más los conflictos guerreros. Un sistema basado en la ganancia y la explotación feroz de los productores, donde éstos se ven obligados a pagar el precio de la sangre después de haber pagado el precio de su sudor”vi.
Evidentemente, si la responsabilidad de los rivales de Putin es más difícil de percibir tras las cortinas de humo de la propaganda occidental, no está menos presente. La acción de estas potencias imperialistas en el seno de la OTAN, suministrando armas a Ucrania en grandes cantidades, alimentando una guerra enconada, demuestra ampliamente su responsabilidad en la lógica irracional del militarismo, y la planificación masiva de la destrucción por las armas. Al frente de estos gánsteres, actores de la aceleración del desorden y el caos, el Estado imperialista de Biden no es el menos inteligente. Al atrapar a Rusia y a los aliados de Europa Occidental con sus declaraciones, dando implícitamente luz verde a Putin, expresó el maquiavelismo de su estrategia.
El hecho de empujar al adversario a entablar él mismo las hostilidades es un clásico. Esto ya lo mostró Alfred Rosmer a propósito de la Primera Guerra Mundial, citando a un antiguo senador, Jacques Bardoux, expresándose sobre las provocaciones que llevaron a Alemania a atacar primero: "¿Cuándo una guerra es ofensiva o defensiva? Los epítetos se prestan a mil interpretaciones. Son la expresión de opiniones móviles y cambiantes. Cuando un diplomático es hábil, la guerra que provoca nunca es ofensiva. Parece que se defiende cuando ataca"vii.
A través del cordón sanitario que la OTAN ha erigido alrededor de Rusia desde el colapso de la URSS, a través del deseo de incorporar a la Alianza a nuevos países como Finlandia y Suecia, el gobierno de Biden, al igual que sus aliados europeos occidentales momentáneos y forzados, "parece que se defiende cuando ataca". Esa es su fuerza. Pero al mismo tiempo, esta empresa criminal es expresión de una debilidad histórica más fundamental, ya que la dinámica del militarismo trae consigo el caos, la irracionalidad y la destrucción.
En realidad, todos los dirigentes de las potencias imperialistas opositoras que gritan horrorizados ante los abusos de Putin son los mismos que tienen las manos manchadas de sangre y terminan acelerando aún más la dinámica mortal del desorden mundial. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, esas mismas potencias aliadas no eran en absoluto los "caballeros de la libertad" que pretendían ser, sino bárbaros actores del imperialismo que defendían sus propios y sórdidos intereses: "los occidentales no intervienen para destruir el nazismo ni para conjurar la amenaza de un régimen totalitario. Lo que está en juego es el equilibrio europeo"viii. En realidad, este "equilibrio europeo" no era más que una cuestión de equilibrio de poder entre gánsteres imperialistas.
Hoy, Europa se ve amenazada por un caos mayor en este vasto combate de intereses. Digan lo que digan, son las grandes potencias mundiales las que maniobran. Los mismos que en el pasado cometieron las peores exacciones, siempre en nombre del "bien". Pensemos en los "bombardeos estratégicos" de 1943, cuando los aliados lanzaron alfombras de bombas incendiarias sobre los barrios obreros de Dresde y Hamburgo, matando al menos a 250,000 personas. Más recientemente, no olvidemos que las fuerzas estadounidenses arrasaron ciudades enteras como Fallujha en Irak en 2004. Hoy en día, la amenaza atómica y el aterrador bombo de las armas nucleares no deben hacernos olvidar que quienes las utilizaron por primera vez en Japón estaban comprometidos con los mismos valores de "paz", "libertad" y "democracia". ¡Aunque no estaban en absoluto acorralados militarmente, estos mismos asesinos habían considerado seriamente en los años 1950 vitrificar a Corea con armas nucleares!
No hay que hacerse ilusiones, el capitalismo en descomposición sólo puede traer guerra y caos, destrucción, crisis, epidemias y todas las plagas. El proletariado no debe olvidar el lavado de cerebro que ha sufrido durante todas las guerras del pasado. Hoy, debe repeler absolutamente la propaganda de lavado de cerebro de todos los beligerantes y la de los belicistas que los acompañan. Los que se dejan engañar pueden pensar que los suministros de armas a Ucrania son una "solución", aunque insatisfactoria, porque el proletariado no es capaz de detener la guerra inmediatamente. Pero, lejos de evitar el sufrimiento, esta opción sólo puede alimentar la ola de asesinatos al dinamizar las fuerzas destructivas de las que ambos bandos son responsables como agentes del capitalismo. Sólo la conciencia de clase y las lecciones del pasado permiten a los revolucionarios denunciar las mentiras de la burguesía para que el proletariado pueda evitar quedar atrapado en la lógica de la guerra y pueda así, desarrollar su lucha de clase.
WH, 11 de junio de 2022
i A diferencia del proletariado de Ucrania, que ha sido golpeado y reclutado, y del proletariado de Rusia, que es extremadamente frágil y muy permeable, el proletariado de Europa Occidental, aunque es incapaz, por el momento, de poner fin al conflicto, no está dispuesto a aceptar el sacrificio de miles de víctimas cada día.
ii Anne Morelli, Principios básicos de la Propaganda de guerra (2001).
iii Este fue el caso, por poner algunos ejemplos, de Saddam Hussein, que se transformó de la noche a la mañana en el "carnicero de Bagdad", de Milosevic en Serbia durante la Guerra de la ex-Yugoslavia, y ahora de Putin.
iv "Nacimiento de la democracia totalitaria”, Revista Internacional nº 155 (verano de 2015).
v Concepto jurídico que legitima la barbarie bélica ordinaria haciendo olvidar que la propia guerra es un verdadero crimen del capitalismo.
vi Véase nuestro volante internacional: https://es.internationalism.org/content/4793/conflicto-imperialista-en-u... [890]
vii Alfred Rosmer, El movimiento obrero durante la Primera Guerra Mundial (1936-1959). También hay que señalar que el argumento "defensivo" fue utilizado por todos los social-traidores en 1914 (la socialdemocracia) para desarmar al proletariado y reclutarlo mejor para la guerra.
viii Philippe Masson, Una guerra total (1990).
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Mientras Rusia no deja de lanzar alfombras de bombas sobre las ciudades ucranianas, al final de la reunión del G7, organizada en el bucólico marco de los Alpes bávaros, el 28 de junio, los representantes de las grandes potencias "democráticas" repitieron en su corazón: "¡Rusia no puede ni debe ganar!" (Macron), falsamente indignados ante el horror de los combates, las decenas de miles de muertos, los millones de refugiados, la destrucción sistemática de ciudades enteras, la ejecución de civiles, el irresponsable bombardeo de centrales nucleares y las considerables consecuencias económicas para todo el planeta. Al fingir el miedo, esta banda de cínicos también pretendía ocultar la responsabilidad muy real de Occidente en esta masacre, en particular la acción desestabilizadora de Estados Unidos que, en sus intentos por contrarrestar el declive de su liderazgo mundial, no dudó en azuzar el caos y la barbarie a las puertas del centro histórico del capitalismo.
Hoy, Estados Unidos y otras potencias occidentales se presentan como campeones de la paz, de la democracia y de la pobre e inocente Ucrania que se enfrenta al vil ataque del ogro ruso. Aunque los horrores del imperialismo ruso son más difíciles de disimular, ni Estados Unidos ni Ucrania tienen un pedigrí de "caballero blanco". Por el contrario, han desempeñado un papel activo en el desencadenamiento y la perpetuación de la masacre.
La burguesía ucraniana, corrupta hasta los huesos, ya había saboteado los acuerdos de paz de Minsk de 2014, que implicaban, entre otras cosas, cierta autonomía para el Donbass y la protección de la lengua rusa en Ucrania. Ahora es especialmente intransigente y belicosa con Rusia, y algunas facciones se plantean incluso la reconquista de Crimea.
Pero la política estadounidense es mucho más hipócrita y calculadora. A principios de los años 90, Estados Unidos había prometido "informalmente" a Moscú que no aprovecharía la implosión del bloque del Este para extender su influencia a las fronteras de Rusia. Sin embargo, no dudó en integrar a los países del antiguo bloque oriental en su esfera de influencia uno por uno, al igual que no dudó en armar masivamente a Taiwán y en apoyar sus intentos de distanciarse de Pekín tras prometer que respetaría el principio de "una sola China". La política de Estados Unidos hacia Ucrania, por tanto, no tiene nada que ver con la defensa de la viuda y el huérfano o de la democracia, ni con los hermosos principios humanitarios que ningún país duda en revolcar en la sangre y el barro por la defensa de sus sórdidos intereses imperialistas.
Al desafiar a Putin a invadir Ucrania (y empujarlo a hacerlo diciendo que no intervendrían), arrastrándolo a una guerra a gran escala, Estados Unidos, mediante una maniobra maquiavélica, se ha anotado momentáneamente puntos importantes en la arena imperialista, porque la estrategia estadounidense apunta sobre todo a contrarrestar el irremediable declive de su liderazgo en el mundo.
La burguesía estadounidense pudo así restablecer el control de la OTAN sobre los imperialismos europeos. Mientras que esta organización parecía estar en perdición, "en muerte cerebral" según Macron, la guerra de Ucrania permitió el regreso al primer plano de este instrumento de subordinación de los imperialismos europeos a los intereses estadounidenses[1]. Washington ha aprovechado la invasión rusa para llamar al orden a los "aliados" europeos contestatarios: Alemania, Francia e Italia se han visto obligados a cortar sus vínculos comerciales con Rusia y a poner en marcha apresuradamente las inversiones militares que Estados Unidos lleva exigiendo desde hace 20 años.
Del mismo modo, Estados Unidos está asestando golpes decisivos al poder militar de Rusia. Pero detrás de Rusia, Estados Unidos apunta básicamente a China y la colocan bajo su presión. El objetivo de fondo de la maniobra maquiavélica de Estados Unidos es continuar la contención de China, iniciada en el Pacífico, debilitando la relación ruso-china. El golpe a Rusia con la ayuda militar estadounidense al ejército ucraniano es una clara advertencia para Pekín. China no ha dejado de reaccionar de forma vergonzosa ante la invasión rusa: aunque desaprueba las sanciones, Pekín evita cruzar la línea roja que le significaría sanciones estadounidenses. Además, el conflicto ucraniano permite bloquear una amplia zona, desde el Báltico hasta el Mar Negro, indispensable para el despliegue de las "nuevas rutas de la seda", que es sin duda un objetivo importante de la maniobra estadounidense.
Independientemente de la facción de la burguesía que esté en el gobierno, desde el inicio del periodo de descomposición, los Estados Unidos, en su afán de defender su decadente supremacía, ha sido la principal fuerza para extender el caos y la barbarie guerra a través de sus intervenciones y maniobras: ha creado el caos en Afganistán, Irak y ha favorecido la eclosión tanto de Al Qaeda como de Daesh. En el otoño de 2021, agitaron conscientemente las tensiones con China en torno a Taiwán con el fin de reunir a las demás potencias asiáticas en su apoyo. Su política en Ucrania no es diferente hoy en día, aunque su maquiavélica estrategia les permite presentarse como una nación pacífica que se opone a la agresión rusa. Con su abrumadora supremacía militar, Estados Unidos está fomentando el caos guerrero como la barrera más eficaz contra el despliegue de China como contrincante. Pero, lejos de estabilizar la situación mundial, esta política intensifica la barbarie bélica y exacerba los enfrentamientos imperialistas de todas las partes y en un contexto caótico, imprevisible y particularmente peligroso.
Al poner a Rusia contra las cuerdas, Washington está intensificando las amenazas de caos y barbarie guerrera en Europa. La guerra en Ucrania está provocando pérdidas cada vez más calamitosas para Rusia. Sin embargo, Putin no puede detener las hostilidades a estas alturas porque necesita trofeos a toda costa para justificar la operación a nivel interno y salvar lo que pueda quedar del prestigio militar de Rusia, todo ello sin renunciar a sustraer este territorio altamente estratégico de la influencia estadounidense. Por otro lado, cuanto más se eternice la guerra, más se erosionará el poder militar y la economía de Rusia. Estados Unidos no tiene ningún interés en fomentar el cese de las hostilidades, aunque ello suponga sacrificar cínicamente a la población de Ucrania. En las condiciones actuales, la carnicería sólo puede continuar y la barbarie expandirse, probablemente durante meses o incluso años, en formas especialmente sangrientas y peligrosas, como la amenaza que suponen las armas nucleares "tácticas".
Al restablecer el yugo de la OTAN, Estados Unidos también está exacerbando las ambiciones imperialistas y el militarismo de las burguesías europeas. Si los países europeos pudieron alimentar la ilusión después de 1989 de que podían llevar a cabo su política imperialista basándose principalmente en sus activos económicos, la presidencia de Trump y más claramente aún la política agresiva de la administración Biden, basadas en la superioridad militar de Estados Unidos, que ahora se materializa en Ucrania, les hace tomar conciencia de su dependencia en el plano militar y, por tanto, de la urgencia de reforzar su política de armamento, aunque, en un primer momento, no puedan distanciarse demasiado claramente de la OTAN. La decisión de Alemania de rearmarse masivamente, duplicando, así, su presupuesto militar, es un hecho imperialista importante a medio plazo, ya que Alemania había mantenido unas fuerzas armadas modestas desde la Segunda Guerra Mundial. Las disensiones en el seno de la OTAN se manifiestan ya entre un polo "intransigente" que quiere "poner de rodillas a Putin" (Estados Unidos, Gran Bretaña y Polonia, los países bálticos) y un polo más "conciliador" ("todo esto debe terminar en negociaciones", "hay que evitar humillar a Rusia").
Al aumentar la presión sobre China, la burguesía estadounidense también aumenta, además, el riesgo de nuevos enfrentamientos bélicos. La crisis ucraniana tiene consecuencias peligrosamente desestabilizadoras para el posicionamiento imperialista del principal contrincante de Estados Unidos. Pekín sigue aplicando una política de apoyo formal a Putin sin comprometerse, pero la guerra está teniendo un fuerte impacto en sus "nuevas rutas de la seda" y en los contactos con los países centroeuropeos que China había conseguido seducir. Esto ocurre en un momento en que la desaceleración de su economía es cada vez más evidente, con un crecimiento estimado actualmente en el 4,5% del PIB. Mientras Estados Unidos no duda en acentuar estas dificultades y explotarlas en su enfrentamiento con Pekín, la situación exacerba las tensiones en el seno de la burguesía china y acentúa el riesgo de una aceleración de los enfrentamientos en el plano económico e incluso militar.
La ausencia de toda motivación económica para las guerras fue evidente en cuanto el capitalismo entró en decadencia: "La guerra fue el medio indispensable para que el capitalismo abriera posibilidades de desarrollo ulterior, en el momento en que estas posibilidades existían y sólo podían abrirse por medio de la violencia. Del mismo modo, el colapso del mundo capitalista, habiendo agotado históricamente todas las posibilidades de desarrollo, encuentra en la guerra moderna, la guerra imperialista, la expresión de este colapso que, sin abrir ninguna posibilidad de desarrollo ulterior para la producción, no hace más que engullir hacia el abismo las fuerzas productivas y acumular ruina sobre ruina a un ritmo acelerado”[2].
El conflicto de Ucrania es un vivo ejemplo de cómo la guerra no sólo ha perdido su función económica, sino también de cómo la carrera hacia el caos bélico está reduciendo cada vez más las ganancias estratégicas de la guerra. Por ejemplo, Rusia se ha embarcado en una guerra en nombre de la defensa de los rusoparlantes, pero está masacrando a decenas de miles de civiles en regiones predominantemente rusoparlantes, al tiempo que convierte estas ciudades y regiones en ruinas y sufre ella misma considerables pérdidas materiales y de infraestructura. Si, en el mejor de los casos, al final de esta guerra captura el Donbass y el sureste de Ucrania, habrá conquistado un campo de ruinas (el coste de la reconstrucción se estima actualmente en 750,000 millones de euros), una población que le odia y habrá sufrido un importante revés estratégico en cuanto a sus ambiciones de gran potencia.
En cuanto a Estados Unidos, en su política de contención de China, se ha visto abocado a fomentar una cínica política de "tierra quemada", lo que ha provocado una inconmensurable explosión de caos a nivel económico, político y militar. La irracionalidad de la guerra nunca ha sido tan evidente.
Esta tendencia al aumento de la irracionalidad de los enfrentamientos bélicos va de la mano de la creciente irresponsabilidad de las fracciones gobernantes que llegan al poder, como ilustran la irresponsable aventura de Bush hijo y los "neo-cons" en Irak en 2003, la de Trump de 2018 a 2021 o la facción en torno a Putin en Rusia. Son la emanación de la exacerbación del militarismo y de la pérdida de control de la burguesía sobre su aparato político, lo que puede llevar a un aventurerismo fatal, a largo plazo, para estas facciones, pero con el peligro, sobre todo, para la humanidad.
Al mismo tiempo, las consecuencias de la guerra para la situación económica de muchos países son dramáticas. Rusia es un importante proveedor de fertilizantes y energía, Brasil depende de sus fertilizantes para sus cultivos. Ucrania es un gran exportador de productos agrícolas, y es probable que suban los precios de productos básicos como el trigo. Estados como Egipto, Turquía, Tanzania o Mauritania dependen al 100% del trigo ruso o ucraniano y están al borde de una crisis alimentaria. Sri Lanka y Madagascar, ya sobreendeudados, están en bancarrota. Según el secretario general de la ONU, la crisis ucraniana corre el riesgo de "empujar hasta 1,700 millones de personas (más de una quinta parte de la humanidad) a la pobreza, la indigencia y el hambre". Las consecuencias económicas y sociales serán mundiales e incalculables: empobrecimiento, miseria, hambre...
Lo mismo ocurre con las amenazas ecológicas para el planeta. Los combates que asolan Ucrania, país que cuenta con la tercera central nuclear de Europa, en una región con una industria envejecida, herencia de la época "soviética", presentan enormes riesgos de catástrofes ecológicas y nucleares. Pero, de forma más general, en Europa y en el mundo, si oficialmente la transición energética sigue siendo la prioridad, la necesidad de deshacerse de los combustibles rusos y de responder a la subida de los precios de la energía empujan a las principales economías a tratar ya de reactivar la producción de carbón, petróleo, gas y energía nuclear. Alemania, los Países Bajos y Francia ya han anunciado medidas en este sentido.
La imprevisibilidad del desarrollo de los enfrentamientos, las posibilidades de que se les vaya de las manos, que son más fuertes que durante la Guerra Fría, marcan la actual fase de descomposición y constituyen una de las dimensiones especialmente preocupantes de esta aceleración del militarismo. Más que nunca, la actual barbarie guerrera pone de manifiesto la actualidad para la humanidad de la alternativa "socialismo o destrucción de la humanidad". En lugar de la muerte y la barbarie capitalista: ¡el socialismo!
R. Havannais, 4 de julio de 2022
[1] Ver Cumbre de la OTAN en Madrid: Una cumbre por y para la guerra https://es.internationalism.org/content/4839/cumbre-de-la-otan-en-madrid-una-cumbre-por-y-para-la-guerra [911]
[2] Las verdaderas causas de la Segunda Guerra Mundial, INTERNATIONALISME 1945, https://es.internationalism.org/revista-internacional/198910/2140/internationalisme-1945-las-verdaderas-causas-de-la-segunda-guerra- [196]
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En marzo de 2022 publicamos una primera declaración sobre la guerra en Ucrania del grupo anarcosindicalista KRAS en Rusia, una valiente expresión de internacionalismo contra ambos bandos de esta guerra imperialista.i También publicamos un artículo sobre la incoherencia de la respuesta anarquista a la guerra, que incluye auténticas posiciones internacionalistas como las de KRAS, pero también declaraciones abiertamente burguesas a favor de la defensa militar de Ucrania, e incluso la participación directa en el esfuerzo bélico ucraniano de las "milicias" anarquistas.ii El grupo Bandera Negra de Ucrania, por ejemplo, ha creado su propio pelotón dentro de las fuerzas de defensa territorial creadas por el Estado ucraniano. Y mientras habla del anarco comunismo en el futuro, no puede ocultar su apoyo a la nación en este momento: "Gracias por el apoyo y por la lucha por la libertad en algunos batallones ucranianos. La verdad gana, así que Ucrania ganará".iii Y en la propia Rusia hay anarquistas como el grupo Anarchist Fighter que se declaran contrarios al régimen de Putin e incluso piden la derrota del imperialismo ruso en esta guerra, pero que también afirman que "En cuanto a Ucrania, su victoria también allanará el camino para el fortalecimiento de la democracia de base - después de todo, si se logra, sólo será a través de la auto organización popular, la autoayuda y la resistencia colectiva” iv. Esto es una distorsión descarada de la consigna de Lenin de la Primera Guerra Mundial de "derrotismo revolucionario": cuando Lenin insistió en la necesidad de la lucha de clases contra el régimen zarista, aunque significara la derrota militar de Rusia, nunca significó apoyar al bando contrario dirigido por el imperialismo alemán. Mientras que el apoyo a la victoria ucraniana que proponen estos anarquistas sólo puede significar el apoyo a la maquinaria de guerra de la OTAN.
La presente declaración del KRAS muestra claramente que los defensistas están totalmente del lado del orden capitalista. En este caso, algunos de ellos no sólo han calumniado a los camaradas del KRAS calificándolos como lacayos de Putin por su oposición al nacionalismo ucraniano, sino que, al publicar sus nombres y direcciones, los han expuesto directamente a la represión de las fuerzas de seguridad rusas. Publicamos esta nueva declaración del KRAS como una declaración básica de solidaridad con estos camaradas.
ICC
La sección de la Asociación Internacional de Trabajadores de la Región Rusa llama a boicotear a los provocadores e informantes que se esconden tras el nombre de "anarquistas" y denuncian a los militantes de nuestra organización.
Nuestra posición contra la guerra emprendida por las oligarquías capitalistas para la redistribución del "espacio postsoviético" cuenta con la comprensión y el apoyo de los internacionalistas anarquistas de Ucrania, Moldavia y Lituania, con los que mantenemos contactos.
Pero desde el principio de la guerra ruso-ucraniana, los llamados "anarquistas", que han abandonado la tradicional posición internacionalista anarquista de la derrota de todos los estados y naciones y apoyan a una de las partes en conflicto, han lanzado una campaña de desprestigio contra nuestra organización.
Por ejemplo, los antiguos anarquistas Anatoly Dubovik y Oleksandr Kolchenko, que viven en Ucrania, publicaron los nombres y direcciones de nuestros activistas en Internet. El primero escribió el texto correspondiente, y el segundo le dio su cuenta de Facebook para publicarlo y lo aprobó. El pretexto fue que nuestra organización adopta una posición internacionalista coherente y condena tanto la invasión rusa de Ucrania como el nacionalismo ucraniano y la política expansionista del bloque de la OTAN.
El Sr. Dubovik y el Sr. Kolchenko han tratado de calumniar descarada y descaradamente a nuestra sección del WIL, intentando sin razón atribuirnos una posición defensora del Kremlin. Además, admiten que pedimos a los soldados ucranianos y rusos que se nieguen a luchar.
Esto significa que estos falsos anarquistas, al publicar las direcciones de los activistas antiguerra ubicados en Rusia, están incitando directamente a los servicios secretos y a los matones nacionalistas rusos contra ellos como opositores a la guerra, ¡para que se encarguen de ellos! En el contexto actual de acoso, despidos, amenazas y represalias físicas contra quienes son hostiles a los militares en Rusia, estas acciones equivalen a una verdadera denuncia de irregularidades e indican directamente hacia dónde deben dirigirse las fuerzas represivas.
Una vez más, los nacionalistas de ambos lados del frente, siguiendo la lógica de "quien no está con nosotros está contra nosotros", están dispuestos a destruir conjuntamente a sus principales oponentes, los internacionalistas que se niegan a elegir entre los Estados en guerra y las camarillas burguesas, entre la peste y el cólera.
Los anarquistas de todo el mundo deberían ser conscientes de los vergonzosos actos de los provocadores-informadores y negarse de una vez por todas a tener nada que ver con ellos, echarlos del medio anarquista para siempre y devolverlos a sus jefes y amos del servicio secreto y la policía secreta.
Esta declaración fue aprobada por los miembros de KRAS-AIT en un referéndum.
KRAS-AIT, 8 de junio de 2022
i "Una declaración internacionalista en Rusia", en el sitio web de la CCI (marzo de 2022).
ii "Los anarquistas y la guerra: entre el internacionalismo y la 'defensa de la nación'", en la página 8 de este número.
iii "Los anarquistas ucranianos participan en la ayuda a la población masacrada de los suburbios de Kiev", Libcom.org.
iv "Anarquistas rusos sobre la invasión de Ucrania".
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Enough is enough, ¡Ya basta! Este es el grito que se ha extendido a los cuatro vientos, de huelga en huelga, en las últimas semanas en el Reino Unido. Este movimiento masivo llamado "El Verano de la Ira", en referencia al "Invierno de la Ira" de 1979, involucra a los trabajadores de más y más sectores cada día: los trenes, el metro de Londres, British Telecom, Correos, la asistencia sanitaria, los estibadores de Felixstowe (un puerto vital en Gran Bretaña), los recolectores de basura y los conductores de autobús en diferentes partes del país, Amazon, etc. Hoy conductores de autobús, trabajadores del transporte, mañana trabajadores de la salud y profesores.
Todos los periodistas y comentaristas señalan que este es el mayor movimiento de la clase trabajadora en este país desde hace décadas; hay que remontarse a las enormes huelgas de 1979 para encontrar un movimiento tan grande y masivo. Un movimiento de esta envergadura en un país tan importante como el Reino Unido no es un acontecimiento "local". Es un acontecimiento de importancia internacional, un mensaje para los explotados de todos los países.
Década tras década, como e incluso más que en otros países desarrollados, los sucesivos gobiernos británicos han atacado implacablemente las condiciones de vida y de trabajo con un leitmotiv: precarizar y flexibilizar en nombre de la competitividad y el beneficio nacionales. Las agresiones han alcanzado tal nivel en los últimos años que la mortalidad infantil en este país ha experimentado "un aumento sin precedentes" desde 2014 (según la revista médica BJM Open).
Por eso la actual explosión de la inflación es un tsunami. Con un 10,1% de incremento interanual de los precios en julio, un 13% previsto en octubre y un 18% en enero, los estragos son devastadores. "Muchas personas podrían verse obligadas a elegir entre renunciar a las comidas para calentar sus casas o vivir en el frío y la humedad", advirtió el NHS. Con la subida de los precios del gas y la electricidad en un 54% el 1 de abril y en un 78% el 1 de octubre, la situación es efectivamente insostenible.
El nivel de movilización de los trabajadores británicos está por fin a la altura de los ataques que sufren, mientras que en las últimas décadas no han encontrado la fuerza para responder a ellos, todavía noqueados desde los años de Thatcher.
En el pasado, los trabajadores británicos estaban entre los más combativos del mundo. Basándose en el número de días de huelga, el "invierno de la ira" de 1979 fue el movimiento más masivo después de mayo de 1968 en Francia, incluso por encima del "otoño caliente" de 1969 en Italia. Esta enorme combatividad fue la que el gobierno de Margaret Thatcher consiguió sofocar de forma duradera infligiendo una serie de amargas derrotas a los trabajadores, especialmente durante la huelga de mineros de 1985. Esta derrota marcó un punto de inflexión, el del prolongado reflujo de la combatividad obrera en el Reino Unido; incluso anunció el reflujo general de la combatividad obrera en el mundo. Cinco años más tarde, en 1990, el colapso de la URSS, presentada fraudulentamente como un régimen "socialista", y el no menos falso anuncio de la "muerte del comunismo" y el "triunfo definitivo del capitalismo" terminaron de noquear a los trabajadores de todo el mundo. Desde entonces, desprovistos de perspectiva, con su confianza y su identidad de clase dañadas, se ven cada vez más sometidos, en el Reino Unido incluso más que en otros lugares, a los ataques de todos los gobiernos sin poder defenderse realmente. Las manifestaciones masivas en Francia han sido a menudo la excepción en los últimos años.
Pero la rabia se ha acumulado y hoy, frente a los ataques de la burguesía, la clase obrera del Reino Unido demuestra que está de nuevo dispuesta a luchar por su dignidad, a rechazar los sacrificios que constantemente impone el capital. Y una vez más, es el reflejo más significativo de la dinámica internacional: el pasado invierno, las huelgas habían comenzado a estallar en España y Estados Unidos; este verano, Alemania y Bélgica también han experimentado paros; para los próximos meses, todos los comentaristas anuncian "una situación social explosiva" en Francia e Italia. Es imposible predecir dónde y cuándo la combatividad de los trabajadores volverá a manifestarse masivamente en un futuro próximo, pero una cosa es cierta, la magnitud de la actual movilización obrera en el Reino Unido es un hecho histórico importante: los días de pasividad y sumisión han terminado. Las nuevas generaciones de trabajadores están levantando la cabeza.
La importancia de este movimiento no se limita al hecho de que pone fin a un largo periodo de pasividad. Estas luchas se desarrollan en un momento en el que el mundo se enfrenta a una guerra imperialista a gran escala, una guerra que enfrenta a Rusia con Ucrania sobre el terreno, pero que tiene un alcance global con, en particular, una movilización de los países miembros de la OTAN. Una movilización armamentística, pero también económica, diplomática e ideológica. En los países occidentales, los gobiernos piden sacrificios para "defender la libertad y la democracia". En concreto, esto significa que los proletarios de estos países tienen que apretarse aún más el cinturón para "mostrar su solidaridad con Ucrania", en realidad con la burguesía ucraniana y la de los países occidentales.
Los gobiernos justifican sin pudor sus ataques esgrimiendo la catástrofe del calentamiento global y los riesgos de escasez de energía y alimentos ("la peor crisis alimentaria de la historia", según el secretario general de la ONU). Llaman a la "sobriedad" y anuncian el fin de la "abundancia" (por utilizar las inicuas palabras del presidente francés Macron). Pero, al mismo tiempo, están volviendo a forzar su economía de guerra: ¡el gasto militar mundial ha alcanzado los 2.113.000 millones de dólares en 2021! Mientras que el Reino Unido se encuentra entre los cinco primeros estados en términos de gasto militar, desde el estallido de la guerra en Ucrania, todos los países del mundo han acelerado su carrera armamentística, incluida Alemania, ¡una primicia desde 1945!
Los gobiernos piden "sacrificios para luchar contra la inflación". Se trata de una farsa siniestra cuando lo único que hacen es agravar la situación con la explosión de los gastos de guerra. Este es el futuro que prometen el capitalismo y sus burguesías nacionales competidoras: más guerras, más explotación, más destrucción, más miseria.
Esto es también lo que las huelgas proletarias en el Reino Unido llevan en germen, aunque los trabajadores no siempre sean plenamente conscientes de ello: el rechazo a sacrificarse cada vez más por los intereses de la clase dominante, el rechazo a sacrificarse por la economía nacional y por el esfuerzo bélico, el rechazo a aceptar la lógica de este sistema que conduce a la humanidad hacia la catástrofe y, en última instancia, a su destrucción.
Esta es la única alternativa: el socialismo o la destrucción de la humanidad.
Esta capacidad de levantar la cabeza es aún más sorprendente si se tiene en cuenta que la clase trabajadora del Reino Unido ha sido apaleada en los últimos años por la ideología populista, que enfrenta a los explotados, los divide en "locales" y "extranjeros", negros y blancos, hombres y mujeres, hasta el punto de creer que la insularidad del Brexit podría ser la solución.
Pero hay otras trampas mucho más perniciosas y peligrosas puestas por la burguesía en el camino de las luchas proletarias.
La gran mayoría de las huelgas actuales han sido convocadas por los sindicatos, que se presentan como la organización indispensable para organizar la lucha y defender a los explotados. Los sindicatos son indispensables, sí, pero para defender a la burguesía y organizar la derrota de la clase obrera.
Basta con recordar hasta qué punto la victoria de Thatcher fue posible gracias al trabajo de zapa de los sindicatos. En marzo de 1984, cuando se anunciaron brutalmente 20.000 recortes de puestos de trabajo en la industria del carbón, la reacción de los mineros fue fulminante: el primer día de huelga se cerraron 100 pozos de los 184 existentes. Los huelguistas fueron inmediatamente rodeados por el corsé de hierro de los sindicatos. Los sindicatos de trabajadores y marineros apoyaron platónicamente el movimiento. El poderoso sindicato de estibadores se contentó con dos convocatorias de huelga tardías. El TUC (la central sindical nacional) se negó a apoyar la huelga. Los sindicatos de electricistas y siderúrgicos se opusieron. En resumen, los sindicatos sabotearon activamente cualquier posibilidad de lucha conjunta. Pero, sobre todo, el sindicato de los trabajadores mineros, el NUM (National Union of Mineworkers), hizo el trabajo sucio confinando a los mineros en batallas campales con la policía en un intento de evitar que el carbón salga de las coquerías (¡más de un año!) . Gracias a este sabotaje sindical, a estas ocupaciones estériles e interminables, la represión política pudo caer con mayor violencia. Esta derrota fue la derrota de toda la clase obrera.
Si hoy, en el Reino Unido, esos mismos sindicatos utilizan un lenguaje radical y pretenden abogar por la solidaridad entre sectores, blandiendo incluso la amenaza de una huelga general, es porque se ciñen a las preocupaciones de la clase obrera, intentan captar lo que mueve a los trabajadores, su rabia, su combatividad y su sentimiento de que hay que luchar juntos, para esterilizar y desviar mejor esa dinámica. En realidad, sobre el terreno, orquestan huelgas separadas; detrás de la consigna unitaria de salarios más altos para todos, encierran y dividen en negociaciones corporativistas; sobre todo, se cuidan mucho de evitar cualquier discusión real entre los trabajadores de los diferentes sectores. No hay verdaderas asambleas generales interprofesionales en ninguna parte. Por eso no hay que dejarse engañar cuando Lizz Truss, la favorita para sustituir a Boris Johnson dice que "no dejará" que el Reino Unido "sea secuestrado por sindicalistas militantes" si llega a ser primera ministra. Simplemente está siguiendo los pasos de su modelo, Margaret Thatcher; está dando credibilidad a los sindicatos como los representantes más combativos de los trabajadores, para llevar mejor a la clase obrera a la derrota conjunta.
En Francia, en 2019, ante el aumento de la combatividad y el auge de la solidaridad entre generaciones, los sindicatos ya habían utilizado la misma estratagema abogando por la "convergencia de las luchas", un falso movimiento unitario, en el que los manifestantes que marchaban en la calle se troceaban por sectores y por empresas.
En el Reino Unido, como en otros lugares, para construir una relación de fuerzas que nos permita resistir los constantes ataques a nuestras condiciones de vida y de trabajo, que mañana serán aún más violentos, debemos, siempre que podamos, reunirnos para debatir y proponer los métodos de lucha que han hecho fuerte a la clase obrera y le han permitido, en determinados momentos de su historia, hacer tambalear a la burguesía y a su sistema:
- la búsqueda de apoyo y solidaridad más allá de "la propia" corporación, "la propia" empresa, "el propio" sector de actividad, "la propia" ciudad, "la propia" región, "el propio" país;
- la organización autónoma de la lucha de los trabajadores, en particular a través de asambleas generales, sin dejar el control a los sindicatos, los llamados "especialistas" en las luchas y su organización
- la discusión más amplia posible sobre las necesidades generales de la lucha, sobre las lecciones que hay que sacar de los combates y también de las derrotas, porque habrá derrotas, pero la mayor derrota es sufrir los ataques sin reaccionar, Entrar en lucha es la primera victoria de los explotados.
Si el regreso de las huelgas masivas en el Reino Unido marca el retorno de la combatividad del proletariado mundial, también es vital que se superen las debilidades que firmaron su derrota en 1985: el corporativismo y la ilusión sindical. ¡La autonomía de la lucha, la unidad y la solidaridad son los hitos indispensables en la preparación de las luchas del mañana!
Y para ello, tenemos que reconocernos como miembros de una misma clase, una clase unida por la solidaridad en la lucha: el proletariado. Las luchas de hoy son indispensables no sólo para defendernos de los ataques sino también para reconquistar esta identidad de clase a escala mundial, para preparar el derrocamiento de este sistema sinónimo de miseria y de catástrofes de todo tipo.
En el capitalismo no hay solución: ni a la destrucción del planeta, ni a las guerras, ni al paro, ni a la precariedad, ni a la miseria. Sólo la lucha del proletariado mundial sostenida por todos los oprimidos y explotados del mundo puede abrir el camino a una alternativa.
La lucha de los obreros ingleses, las huelgas en el Reino Unido son una llamada a la acción para los proletarios de todos los países
Corriente Comunista Internacional 31 de agosto 2022
Estamos difundiendo esta hoja en todos los países en los que nuestros militantes están presentes. Pedimos apoyo a todos los que quieran contribuir a la extensión de las luchas obreras y les animamos a que la difundan y tomen contacto con nosotros. También estamos organizando reuniones públicas abiertas a todos los que deseen reunirse y debatir con la CCI para seguir reflexionando sobre las cuestiones que están en juego en la situación. Escriban a nuestro dirección mail: [email protected] [45]
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En continuidad con los documentos de discusión publicados después del 23º Congreso de la CCI1, publicamos otras contribuciones que expresan divergencias con la Resolución sobre la situación internacional del 24º Congreso de la CCI2. Al igual que en la anterior contribución del camarada Steinklopfer, las divergencias se refieren a la comprensión de nuestro concepto de descomposición, a las tensiones interimperialistas y a la amenaza de guerra, así como a la relación de fuerzas entre el proletariado y la burguesía. Para evitar más retrasos relacionados con la presión de los acontecimientos actuales, publicamos las nuevas contribuciones de los camaradas Ferdinand y Steinklopfer sin una respuesta que defienda la posición mayoritaria en la CCI, pero sin duda responderemos a este texto a su debido tiempo. Debemos señalar que estas contribuciones fueron escritas antes de la guerra en Ucrania.
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En el 24º Congreso Internacional presenté una serie de enmiendas a la resolución sobre la situación internacional. Su orientación general es la de una mayor elaboración de las divergencias que presenté, en forma de enmiendas, en el anterior, el 23º Congreso. Algunas de ellas fueron aceptadas por el Congreso, otras fueron rechazadas porque el Congreso consideró necesario tomarse un tiempo para discutirlas más antes de votarlas. Aunque se reproducen algunas de estas últimas enmiendas, este artículo se centrará principalmente en las que fueron rechazadas porque el Congreso no estaba de acuerdo con su contenido. Estas divergencias afectaban sobre todo a dos de las dimensiones esenciales del análisis de la situación mundial: las tensiones imperialistas y la relación global de fuerzas de clase entre la burguesía y el proletariado. Pero hay un hilo rojo que une muchos de estos desacuerdos y que gira en torno a la cuestión de la descomposición. Aunque toda la organización comparte nuestro análisis de la descomposición como fase terminal del capitalismo, cuando se trata de aplicar este marco a la situación actual, salen a la luz diferencias de interpretación. En lo que todos estamos de acuerdo es en que esta fase terminal no sólo fue inaugurada por, sino que tiene sus raíces más profundas en, la incapacidad de cualquiera de las dos clases principales de la sociedad para abrir una perspectiva para la humanidad en su conjunto, para unir a grandes partes de la sociedad ya sea detrás de la lucha por la revolución mundial (el proletariado) o detrás de la movilización para la guerra generalizada (la burguesía). Pero, para la organización, parece haber una segunda fuerza motriz esencial de esta fase terminal, que es la tendencia de cada uno contra todos: entre Estados, dentro de la clase dominante de cada Estado nacional, dentro de la sociedad burguesa en general. Sobre esta base, la CCI, en lo que se refiere a las tensiones imperialistas, tiende a subestimar la tendencia a la bipolaridad entre dos Estados ladrones principales, la tendencia a la formación de alianzas militares entre los Estados, así como subestima el peligro creciente de enfrentamientos militares directos entre las grandes potencias, que contiene una dinámica potencial hacia una especie de tercera guerra mundial que podría acabar con la humanidad. Sobre esta misma base, la CCI tiende hoy, en lo que respecta a la relación de fuerzas de clase, a subestimar la gravedad de la actual pérdida de perspectiva revolucionaria por parte del proletariado, llevando a la organización a suponer que la clase obrera puede recuperar su identidad de clase y su perspectiva comunista esencialmente a través de las luchas obreras defensivas.
Por mi parte, aunque estoy de acuerdo en que el cada uno burgués contra todos es una característica muy importante de la descomposición, que jugó un papel muy importante en la inauguración de la fase de descomposición con la desintegración del orden mundial imperialista posterior a la Segunda Guerra Mundial en 1989, no estoy de acuerdo en que sea una de sus principales causas. Se trata más bien de que la burguesía por sí misma es una tendencia permanente y fundamental del capitalismo a lo largo de su existencia (en determinadas circunstancias llega incluso hasta la fragmentación y corrosión del propio Estado burgués), al igual que es fundamental y permanente la contratendencia de la unión de las fuerzas nacionales burguesas -de la que el Estado de clase es el principal instrumento-, que llega hasta la tendencia al totalitarismo capitalista de Estado en la época del capitalismo decadente. Para mí, la incapacidad tanto de la burguesía como del proletariado de imponer una solución a la crisis que amenaza la existencia misma de nuestra especie es el factor esencial de la fase de descomposición, en particular a partir de 1989, y no la tendencia de cada uno contra todos. Al contrario, yo diría que la brutalidad creciente tanto de la tendencia a la fragmentación y a la desunión, como a la imposición de un mínimo de unidad nacional a través del capitalismo de Estado, incluyendo la colisión cada vez más chocante entre estas dos tendencias opuestas, es lo que caracteriza, a este nivel, esta fase terminal. Para mí, la CCI se aleja de nuestra posición original sobre la descomposición al dar a cada uno de ellos una importancia fundamental y causal que, en esta unilateralidad, no tiene. A mi entender, la organización se desplaza hacia la posición de que, con la descomposición, hay una nueva cualidad en relación con las fases anteriores del capitalismo decadente, representada por una especie de dominio absoluto de la tendencia a la fragmentación. Para mí, en contraposición a esto, no hay ninguna tendencia importante en la fase de descomposición que no existiera ya de antemano, y en particular en el período de decadencia del capitalismo que comienza con la Primera Guerra Mundial. Por eso propuse una enmienda al final del punto tres de la resolución sobre la situación internacional (y que fue rechazada por el congreso) que decía lo siguiente "Como tal, la actual fase de descomposición no es un período cualitativamente nuevo dentro -o más allá- del capitalismo decadente, sino que se caracteriza -como fase terminal del capitalismo- por la máxima agravación de todas las contradicciones del capitalismo en decadencia." La nueva cualidad de la fase de descomposición consiste, a este nivel, en que todas las contradicciones ya existentes de un modo de producción en decadencia se exacerban al máximo. Esto se refiere a la tendencia de cada uno contra todos que, ciertamente, se exacerba con la descomposición. Pero también se exacerba la tendencia a las guerras entre las grandes potencias y, por tanto, a la guerra mundial, así como todas las tensiones generadas por los movimientos hacia la formación de nuevos bloques imperialistas y por los movimientos para frustrarlos. La falta de comprensión de esto nos lleva hoy a subestimar gravemente el peligro de guerra, en particular el que surge de los intentos de los Estados Unidos de utilizar su todavía existente superioridad militar contra China para detener el ascenso de esta última, al igual que estamos subestimando gravemente el peligro de enfrentamientos militares entre la OTAN y Rusia (este último conflicto, al menos a corto plazo, es potencialmente más peligroso que el chino-estadounidense, ya que contiene un mayor riesgo de desembocar en una guerra termonuclear). Mientras que la CCI se reafirma fatalmente en la improbabilidad de una guerra mundial debido a la inexistencia de bloques imperialistas, el peligro actual, muy considerable, es el de guerras importantes entre las principales potencias, que gravitan en torno a los intentos de avanzar hacia tales bloques, por una parte, y de impedir tales intentos, por otra. Fue por la preocupación por esta preocupante trayectoria del análisis de la organización que propuse la siguiente adición al final del punto ocho: "A lo largo del capitalismo decadente hasta la fecha, de las dos principales expresiones del caos generado por la decadencia de la sociedad burguesa -los conflictos imperialistas entre Estados y la pérdida de control dentro de cada capital nacional- dentro de las zonas centrales del propio capitalismo la primera tendencia ha prevalecido sobre la segunda. Suponiendo, como lo hacemos, que esto seguirá siendo así en el contexto de la descomposición, esto significa que sólo el proletariado puede ser un obstáculo para las guerras entre las principales potencias, no obstante las divisiones dentro de la clase dominante dentro de esos países. Aunque, en determinadas circunstancias, estas divisiones pueden retrasar el estallido de la guerra imperialista, también pueden catalizarlas".
Esta enmienda también fue rechazada por el Congreso. La Comisión de Enmiendas del Congreso escribió que esta enmienda "equivale en última instancia a una puesta en cuestión de la descomposición; podrían surgir nuevas zonas de prosperidad". Sin embargo, el objetivo de esta enmienda no era plantear la perspectiva de nuevas zonas de prosperidad, sino advertir contra la ilusión de que las divisiones en el seno de las diferentes clases dirigentes nacionales actúan necesariamente como un obstáculo para las guerras entre Estados nacionales. Lejos de quedar excluidos por nuestra teoría de la descomposición, los conflictos entre las grandes potencias confirman de forma sorprendente la validez de este análisis. La descomposición es la aceleración, la agudización bárbara de todas las contradicciones del capitalismo decadente. Lo que la CCI supo en su día, pero que ahora corre el riesgo de olvidar, es que el cada uno imperialista contra todos no es más que un polo de la contradicción, siendo el otro polo la bipolaridad imperialista a través de la emergencia de un retador principal a la principal potencia existente (tendencia que contiene, en sí misma, el germen de la formación de bloques imperialistas opuestos, sin ser idéntica a ella). En este nivel, sufrimos una falta de asimilación (o una pérdida de asimilación) de nuestra propia posición. Partiendo de la base de que cada uno contra todos es fundamental y constitucional en la fase de descomposición, la propia idea de que el polo opuesto de la bipolaridad puede reforzarse e incluso llegar a imponerse, debe parecer que pone en cuestión nuestro análisis. Es cierto que, en torno a 1989, con el desmoronamiento del bloque oriental (que hizo innecesario el bloque occidental), en la fase inaugural de la descomposición, se desencadenó posiblemente la más poderosa explosión de cada uno contra todos de la historia moderna. Pero este todos contra todos fue más el resultado que la causa de esta cadena histórica de acontecimientos. Sin embargo, la causa fundamental fue la falta de perspectiva, el "no futuro" que todo lo domina y que caracteriza esta fase terminal. En lo que respecta a la clase dominante, este "no futuro" está vinculado a su tendencia creciente, en el capitalismo decadente, a actuar de forma "irracional", es decir, en detrimento de sus propios intereses de clase. Así, todos los principales protagonistas de la Primera Guerra Mundial salieron debilitados de ella, y en la Segunda Guerra Mundial las dos principales potencias imperialistas en la ofensiva militar (Alemania y Japón) fueron derrotadas. Pero esta tendencia estaba aún lejos de ser omnipresente, como lo demuestra el ejemplo de Estados Unidos, que se benefició tanto militar como económicamente de su participación en ambas guerras mundiales y que, gracias a su abrumadora superioridad económica sobre la Unión Soviética, pudo, en cierto modo, ganar la Guerra Fría sin tener que librar otra guerra mundial. Por el contrario, es difícil ver cómo, a largo plazo, la rivalidad actual entre Estados Unidos y China puede evitar desembocar en una guerra entre ellos, o cómo cualquiera de las partes podría beneficiarse de ese resultado. A diferencia de la URSS, China es un serio aspirante a la dominación estadounidense no sólo en el plano militar, sino también (y, de momento, sobre todo) en el económico, por lo que es poco probable que su desafío pueda ser frenado de forma efectiva sin enfrentamientos militares directos de algún tipo. Precisamente por ello, la rivalidad chino-estadounidense contemporánea es una de las expresiones más dramáticas del no futuro generalizado de la fase terminal del capitalismo. El desafío chino a los Estados Unidos tiene obviamente el potencial de llevar a nuestra especie al borde del abismo. Sin embargo, en el análisis actual de la organización, China no es ni puede llegar a ser un serio contrincante mundial de los EE.UU., y ello porque su desarrollo económico y tecnológico se considera un "producto de la descomposición". Según esta interpretación, China no puede ser ni llegar a ser más que un país semidesarrollado incapaz de seguir el ritmo de los antiguos centros del capitalismo en Norteamérica, Europa o Japón. ¿No implica esta interpretación que la idea, si no de una paralización del desarrollo de las fuerzas productivas -que con razón siempre hemos descartado como característica del capitalismo decadente-, al menos de algo que no está muy lejos de ello, es la que postula ahora la organización para la fase final de la decadencia? Como el lector atento notará, el 24º Congreso condena no sólo la idea de un desafío imperialista global chino como si fuera una puesta en cuestión del análisis teórico de la descomposición - la misma idea de que China ha reforzado su competitividad a expensas de sus rivales es desechada como expresión de mis supuestas ilusiones en la buena salud del capitalismo chino.
Del mismo modo, se considera que mi estimación de que China, al menos hasta la fecha, ha hecho mejor frente a la pandemia de Covid que su rival estadounidense es una prueba de mi negación del carácter global de la descomposición. En relación con la pandemia, propuse la siguiente enmienda al punto cinco de la resolución (rechazada por el Congreso) "Es importante para un análisis marxista tener en cuenta estas diferencias, en particular en la medida en que revelan tendencias importantes que ya existían antes de la pandemia y que han sido reforzadas por ella. Tres de estas tendencias son especialmente significativas. En primer lugar, el establecimiento de un tercer gran centro del capitalismo mundial en el Extremo Oriente (junto a Europa y América del Norte), que en algunos niveles está incluso superando a los ya establecidos en los niveles de modernidad y eficiencia capitalista. En segundo lugar el ascenso de China a costa de Estados Unidos. En tercer lugar, el fiasco experimentado por la forma "neoliberal" del capitalismo de Estado frente a la pandemia (cuyo modelo de "Estado magro" que no guarda reservas - "producción justo a tiempo", y entrega- se aplicó más radicalmente en los viejos países capitalistas)". Tengo la impresión de que, para la organización actual, las leyes inmutables del capitalismo ya no se aplican a su fase de descomposición. ¿Acaso no hay siempre ganadores y perdedores de la lucha competitiva burguesa? Tampoco, hasta ahora, hemos negado que pueda haber diferentes grados de desarrollo de la descomposición en diferentes países y situaciones. Es un misterio para mí que esto ya no sea así. Ya sea en relación con la pandemia o con la situación en general, nuestra aplicación de la etiqueta de descomposición corre el riesgo de favorecer una tendencia a la superficialidad y la pereza teóricas. Nuestra comprensión de la descomposición proporciona el marco para analizar la pandemia, al igual que para la fase en su conjunto, al igual que nuestra comprensión de la decadencia o del capitalismo en su conjunto. Este marco, absolutamente esencial, no es todavía el análisis en sí mismo. Sin embargo, corremos el riesgo de confundir los dos, pensando que ya hemos hecho el análisis cuando damos el marco. ¿Y qué significa decir que el "desarrollo de China es producto de la descomposición"? ¿Que la proletarización de 600 millones de campesinos (una parte importante de cualquier futura revolución proletaria mundial) es producto de la descomposición? ¿No sería más correcto decir que el aspecto del desarrollo en China tiene lugar DESPUÉS de la descomposición?
En cuanto a la cuestión vital del peligro de enfrentamientos militares entre potencias tan importantes como Estados Unidos y China, no es una cuestión de pronóstico, nadie sabe exactamente lo que le depara el futuro. Lo que la organización está subestimando gravemente es lo que está ocurriendo ante sus propios ojos en el aquí y ahora. Como los propios representantes de la burguesía estadounidense han hecho público recientemente, el gobierno chino esperaba un ataque militar estadounidense de algún tipo antes del final del primer mandato de Donald Trump. No sólo la retórica belicista de la Casa Blanca le llevó a esta conclusión, sino también la gran prisa con la que Washington comenzó a retirar sus tropas de Oriente Medio (Siria) y a desplegar fuerzas adicionales en Extremo Oriente. Por lo tanto, es una hipótesis plausible que uno de los medios de la clase dominante china para responder a esta amenaza fuera, al principio de la pandemia, permitir que el nuevo virus se transmitiera al resto del mundo como medio para estropear los planes de su rival estadounidense. Teniendo en cuenta las críticas a aspectos de la política exterior de Trump por parte del Partido Demócrata en EE.UU. durante esta fase, cabe suponer que, después de que Joe Biden sustituyera a Trump en el Despacho Oval, Pekín adoptó entonces una política de espera, pero a más tardar la retirada aún más precipitada de Bidens de Afganistán, seguida de la formación de la alianza militar AUKUS, les habrá convencido de que Biden sigue la misma lógica de confrontación que Trump. Mientras que, según el famoso periodista de investigación estadounidense Bob Woodward, Trump estaba contemplando el uso de armas atómicas contra China, lo que se está discutiendo actualmente en la "comunidad de seguridad" de Estados Unidos es sobre todo la desestabilización política del régimen chino existente, en particular a través de la construcción de una política sistemática de provocación sobre la cuestión de Taiwán. La suposición detrás de esto es que si Xi Jin Ping no reacciona militarmente a los movimientos hacia la independencia de Taiwán, si China reacciona militarmente pero sin éxito, esto podría dar lugar a una "pérdida de prestigio" tal que podría ayudar a marcar el comienzo del fin del gobierno del estalinismo en China (el caos resultante en el país más poblado de la tierra sería tolerado como el mal menor por Washington en comparación con la amenaza actual de una continuación del ascenso de su retador chino). En nombre de lo que se supone que es una defensa del concepto de descomposición, la organización ha comenzado, en realidad, a socavar la agudeza y la coherencia del análisis de la CCI sobre la decadencia. Anteriormente, hemos entendido el período de la decadencia del capitalismo como una época no sólo de guerras y revoluciones, sino de guerras y revoluciones mundiales. La actual subestimación de la tendencia innata e inherente del capitalismo en decadencia hacia la guerra mundial es realmente alarmante.
Pasando ahora a la segunda divergencia fundamental, la relativa al equilibrio de las fuerzas de clase, propuse, entre otras enmiendas sobre la lucha de clases, el siguiente pasaje al punto treinta y dos, subrayando la gravedad del retroceso proletario por las tres principales derrotas políticas que ha sufrido. Este añadido, rechazado por el Congreso, dice lo siguiente "Desde el regreso de una generación invicta a la escena de la lucha de clases en 1968, el proletariado ha sufrido tres derrotas políticas consecutivas de importancia, cada una de las cuales ha aumentado las dificultades de la clase. La primera derrota fue la de su impulso inicial de politización. El izquierdismo y la política de la "izquierda en el gobierno" (aumento del bienestar social) fueron, en los años 70, las puntas de lanza de este retroceso, seguidas en los 80 por la izquierda en la oposición movilizada en el terreno contra la combatividad obrera aún existente, y el paso a una política gubernamental y económica "neoliberal". Uno de los objetivos de esta última era frenar la inflación, entre otras cosas porque, al erosionar el poder adquisitivo de todos los trabajadores, tendía a favorecer las luchas salariales y la posibilidad de su unificación. Así debilitada, la clase obrera, durante los años ochenta, fue incapaz de avanzar en la dirección exigida por la situación económica (crisis internacional, "globalización") y objetivamente preparada por las gigantescas luchas desde Francia 1968 hasta Polonia 1980: la de los movimientos de masas que desbordan las fronteras nacionales. La segunda derrota, la de 1989 (la más importante con diferencia), que inauguró la fase de descomposición, estuvo marcada por el hecho de que el estalinismo fue derribado por su propia descomposición innata, y no por las luchas obreras. La tercera derrota, la de los últimos cinco años, resulta de la incapacidad de la clase para responder adecuadamente a las crisis "financiera" y del "euro", dejando un vacío que ha sido llenado, entre otras cosas, por el identitarismo y el populismo. Mientras que el centro de gravedad del retroceso mundial de 1989 estaba en Europa del Este, el actual se ha centrado, por el momento, en Estados Unidos (por ejemplo, el fenómeno del trumpismo) y en Gran Bretaña (Brexit). La derrota de 1989 y la actual tienen las características de una derrota política en un contexto de descomposición. Por graves que sean, no son derrotas del mismo tipo que las sufridas durante la contrarrevolución. Son derrotas del tipo de las que el proletariado aún puede recuperarse (cuyo concepto explicamos en nuestro último Congreso Internacional). Aunque todavía no podemos calibrar cuánto tiempo pueden durar sus efectos, no podemos excluir (más de tres décadas después del comienzo del retroceso global de la causa proletaria en 1989) que este retroceso posterior a 1989 pueda durar tanto como la contrarrevolución que se prolongó durante unas cuatro décadas (desde mediados de los años 20 hasta mediados de los 60). Pero, por otra parte, la posibilidad de superarlo más rápidamente es muy real, ya que su causa profunda se sitúa sobre todo en el plano subjetivo, en la falacia dramática de que no hay alternativa al capitalismo".
Ya era llamativo en la resolución del 23º Congreso que el problema de la debilidad, pronto convertida en ausencia de una perspectiva revolucionaria proletaria, no se planteara como central para explicar los problemas de las luchas obreras durante los años 80. En la presente resolución, se vuelve a hacer hincapié en el impacto negativo del "cada uno por su lado", y en el maquiavelismo de la burguesía al promover dicha mentalidad. Pero como las resoluciones tanto del 23º como del 24º Congreso siguen argumentando que la lucha de clases, tras la derrota de la huelga de masas en Polonia, siguió avanzando durante los años 80, son incapaces de explicar en profundidad por qué este cada uno contra todos y esta estrategia de la burguesía pudieron tener el éxito que sin duda tuvieron. Esta incapacidad, este aferrarse al análisis del avance de la lucha proletaria durante los años 80 (un análisis ya erróneo, pero en cierto modo comprensible en su momento, dado el importante número de luchas obreras importantes, pero mucho menos comprensible hoy en día), es tanto más sorprendente cuanto que esta década ha pasado a la historia como la del "no futuro". Como ya hemos visto en relación con el imperialismo, las luchas de los años 80 tienden a analizarse ante todo desde el punto de vista de este cada uno contra todos, sin reconocer la centralidad de la creciente pérdida de confianza del proletariado en su perspectiva revolucionaria más allá del capitalismo. Las luchas obreras de finales de los sesenta y principios de los setenta pusieron fin a lo que llamamos, con razón, la contrarrevolución más larga de la historia, no sólo por su carácter a menudo masivo, espontáneo y autoorganizado, sino también porque empezaron a romper la camisa de fuerza ideológica de la Guerra Fría, dentro de la cual la única opción parecía ser la de "comunismo" (es decir, el bloque oriental -o alternativamente China-) y "democracia" (es decir, el bloque occidental). Con la renovación del combate proletario apareció la idea, a menudo vaga y confusa, pero muy importante, de una lucha contra, un rechazo tanto del este como del oeste, y con ello la puesta en cuestión del marco político establecido por el capitalismo para una tercera guerra mundial. Esto fue central para lo que en su momento describimos (muy correctamente) como un cambio del curso histórico de uno hacia la guerra generalizada a uno hacia la creciente confrontación de clases. Esta politización inicial, aunque se centró en el oeste, también llegó al este, convirtiéndose en un obstáculo para el impulso bélico del Pacto de Varsovia también: la idea de desafiar y eventualmente derrocar no sólo el capitalismo occidental (donde se encontraba el corazón del sistema mundial) sino igualmente derrocar el estalinismo en el este, por medio de la autoorganización y eventualmente de los consejos obreros que avanzarían hacia el establecimiento del comunismo real. Esta primera politización ya fue contrarrestada con éxito por la clase dominante en el transcurso de los años 70, a raíz de lo cual, tras la derrota de la huelga de masas de 1980 en Polonia, cada vez más trabajadores del Este empezaron a depositar sus esperanzas en modelos económicos de corte occidental, mientras que en los países centrales de Occidente las luchas durante los años 80 se caracterizaron cada vez más por la fatal actitud de "rechazar la política", de posicionarse demostrativamente en el terreno estrictamente económico. Frente a esta despolitización, la esperanza que tenía la CCI en los años 80 -de que estas luchas económicas, en particular la confrontación con los sindicatos durante su transcurso, pudieran convertirse en el crisol de una repolitización, quizás incluso a un nivel superior- no se cumplió. La realidad del fracaso de esta repolitización es, al menos implícitamente, reconocida ya (desde los últimos años 80) por nuestro análisis de la descomposición, ya que define la nueva fase como una fase sin perspectiva. Según esta resolución, el combate proletario, a pesar de todos los problemas encontrados, se desarrollaba básicamente bien antes de que, en 1989, fuera frenado en seco por un acontecimiento histórico mundial que aparece como exterior a él: el hundimiento del bloque del Este. Visto así, la CCI parte de la base de que los efectos más contundentes de este acontecimiento van a desaparecer con el tiempo, permitiendo a la clase continuar de alguna manera su camino previo, esencialmente sólido, de politización a través de sus luchas defensivas. La organización también asume que, en comparación con los años 80, el proceso de politización se verá más impulsado por la profundización de la crisis económica, que a la vez obliga a los trabajadores a luchar y les hace perder sus ilusiones, abriendo los ojos a la realidad del capitalismo.
Por el contrario, desde mi punto de vista, la principal debilidad, ya en los años 80, no estaba en el nivel de sus luchas económicas, sino en el nivel político y teórico. Lo que la organización parece olvidar, es que un aumento de la militancia obrera no va necesariamente unido a un aumento de la extensión y profundidad de la conciencia en el seno del proletariado. La evolución de la situación social antes de la Segunda Guerra Mundial ilustra claramente que incluso puede ocurrir lo contrario. En varios países de Europa occidental (como Francia, Bélgica, los Países Bajos y, sobre todo, España), pero también, por ejemplo, en Polonia y (sobre todo) en Estados Unidos, la combatividad obrera estaba mucho más desarrollada durante los años 30 que durante los años 20: la década de la primera ola de la revolución mundial centrada en Rusia y en Europa central. Una de las principales explicaciones de esta evolución paradójica se encuentra fácilmente. Está en la brutalidad de la crisis económica, la Gran Depresión que, a partir de 1929, obligó a los trabajadores a defenderse. Sin embargo, a pesar de esta militancia, el curso histórico fue hacia una segunda guerra mundial, no hacia la intensificación de la lucha de clases. Ante la contrarrevolución en la URSS y el fracaso de la revolución en Alemania y otros lugares de Europa central, la combatividad obrera retrocedió a nivel mundial. Lejos de bloquear el camino hacia la guerra mundial, la clase dominante pudo incluso aprovechar esta militancia para fines bélicos, en particular mediante el "antifascismo" ("detener a Hitler") y la defensa de la supuesta patria socialista en la URSS. Ni siquiera las importantísimas y masivas huelgas en Italia durante la Segunda Guerra Mundial pudieron salir de esta trampa político-ideológica. En Irlanda del Norte, por ejemplo, hubo muy grandes movimientos huelguísticos durante la segunda guerra mundial, a menudo centrados precisamente en la industria armamentística, reconociendo los trabajadores de allí el fortalecimiento de lo que los sindicalistas llaman su "poder de negociación" precisamente gracias a la guerra, pero sin que, por desgracia, se debilitara en absoluto el ánimo patriótico pro-guerra que también había envuelto a estos trabajadores. En este sentido, aunque es un factor indispensable, la militancia obrera es un factor insuficiente, tanto para desarrollar la politización, como para juzgar si el combate proletario avanza o no. Esto queda ilustrado no sólo por la experiencia de los años 30 y de los 80, sino también por la situación actual. Por supuesto, hemos sido testigos de importantes luchas de resistencia obrera en los últimos años. Por supuesto, veremos más de ellas en el período venidero. Por supuesto, hay incluso una buena posibilidad de que aumente dicha militancia, dado el empeoramiento de las condiciones de trabajo y de vida del proletariado que, en muchos sectores, es cada vez más dramático (los efectos de la crisis económica), dado también la mejora de la posición de "negociación" en otros sectores debido a la dramática falta de trabajadores suficientemente cualificados (los efectos de la anarquía capitalista). Y sí, hay numerosos ejemplos, además cualitativamente muy convincentes en la historia, que demuestran que los trabajadores pueden responder a los ataques, no sólo con gran combatividad, sino con el correspondiente desarrollo de la conciencia de clase (desde 1848 hasta 1968, y la ola revolucionaria que comenzó durante la Primera Guerra Mundial fue también en gran medida una reacción a la miseria económica y social). Pero ¿qué pasa con las perspectivas a más corto plazo de la politización proletaria en el presente ¿una situación concreta? El hecho de que en los años sesenta y principios de los setenta se produjera a la vez una efervescencia de combatividad y de conciencia de clase no demuestra que lo mismo esté ocurriendo hoy, como tampoco el ejemplo de los años treinta o de los ochenta demostraría lo contrario. Actualmente, la CCI se tranquiliza diciendo que el proletariado mundial no está preparado para marchar a una tercera guerra mundial, lo cual es cierto. Pero a este nivel, la situación sólo parece parecerse a la de después de 1968, cuando una nueva e invicta generación del proletariado se convirtió en el principal obstáculo para dicha guerra. En aquel momento, dos bloques imperialistas rivales estaban preparados, estaban listos y eran capaces de desencadenar una tercera guerra mundial. Hoy en día, no existe tal preparación por parte de la clase dominante. No sólo el proletariado no quiere que se le envíe a esa guerra, sino que la propia burguesía no tiene la intención de enviar a nadie a una tercera guerra mundial. El objetivo de la burguesía china, por ejemplo, es cómo superar a los Estados Unidos evitando una guerra mundial, dado que este último país sigue siendo militarmente muy superior y probablemente seguirá siéndolo durante algún tiempo. El objetivo de la burguesía estadounidense, por ejemplo, en su empeño por detener el ascenso de China, es evitar que ésta forme un bloque militar (en particular con Rusia) que aumente la probabilidad de atreverse eventualmente a iniciar una tercera guerra mundial. Así, vemos que, a diferencia de la situación durante la Guerra Fría, hoy nadie está planeando una tercera guerra mundial. Por el contrario, las diferentes capitales nacionales están, en su mayoría, desarrollando sus diferentes estrategias, todas ellas encaminadas a aumentar su propia influencia y posición evitando la Tercera Guerra Mundial. Pero una de las preguntas que deben hacerse los revolucionarios es si todo esto hace que una tercera guerra mundial sea menos probable que durante la Guerra Fría. La respuesta que da actualmente la CCI es afirmativa: hemos llegado incluso a hablar de la improbabilidad de tal catástrofe. No comparto en absoluto esta opinión. Incluso la considero muy peligrosa, sobre todo para la propia organización. En mi opinión, el peligro de una tercera guerra mundial es hoy tan grande, si no mayor, que durante las dos últimas décadas de la Guerra Fría. Por lo que el principal peligro es precisamente que las diferentes maniobras estratégicas y estratagemas militares tácticas supuestamente destinadas a evitar una conflagración mundial conduzcan a ella. Desde este punto de vista, la cuestión de la disposición del proletariado a marchar a la guerra mundial ya no puede plantearse como durante la Guerra Fría (por lo que el 23º congreso de la CCI tuvo razón al concluir que el concepto de lo que llamamos Curso Histórico no se aplica a la situación actual). Podemos estar de acuerdo, por ejemplo, en que el proletariado de los EE.UU. no está actualmente preparado para ir a invadir China. Pero, ¿sería posible para la burguesía de los Estados Unidos, en la situación actual, ganar el apoyo de la población para una "dura acción militar" contra China, aparente y ostensiblemente por debajo del umbral de la guerra global? Esta pregunta, creo, es mucho más difícil de responder, y la situación, para el proletariado, políticamente más vulnerable. Pero es esta cuestión la que nos plantea la situación histórica, y no la actualmente abstracta de una hipotética disposición a marchar a la guerra mundial. Esta última puede tener lugar aunque ninguno de los actores principales se lo proponga: la tendencia a la misma está arraigada mucho más profundamente en la esencia del capitalismo que en el nivel de los impulsos conscientes o inconscientes de la clase dominante, siendo esta última sólo uno de los muchos factores importantes y muy lejos de ser el principal. Es de la mayor importancia política superar cualquier planteamiento esquemático y unilateral de hacer de la existencia de bloques imperialistas una condición previa para los enfrentamientos militares entre las grandes potencias en la situación actual. No sólo porque el núcleo de una alianza militar a más largo plazo contra China ya ha sido creado por Estados Unidos y Australia, cuya cáscara interior es actualmente su acuerdo "AUKUS" con el Reino Unido, la cáscara exterior su cooperación "QUAD" con Japón e India. Pero, sobre todo, porque esto lleva a otros factores de similar o incluso mayor importancia, uno de los cuales es que los dos principales rivales imperialistas están llenos de resentimientos y sed de venganza. En el caso de China, es el orgullo herido de una gran potencia que se siente humillada por sus antiguos amos coloniales de lo que consideraba el Occidente bárbaro o de Japón. Lo importante que pueden ser estos factores lo demuestra la situación posterior a la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, cuando muchos marxistas, tras la derrota sufrida por el imperialismo alemán, pensaron que la próxima guerra mundial se iba a librar entre el Reino Unido y Estados Unidos como la más fuerte de las grandes potencias restantes. En contraposición a esto, durante la Primera Guerra Mundial, Rosa Luxemburgo ya, y con razón, predijo que la constelación de una segunda guerra mundial probablemente sería una especie de continuación de la primera, debido al grado de odio y el anhelo de venganza infundidos por esta última. Desde este punto de vista, es muy significativo que, en los últimos años, de las entrañas de la sociedad burguesa haya surgido un resentimiento en Estados Unidos que guarda cierta similitud con el odio infundido en Alemania tras su derrota en la Primera Guerra Mundial y lo que se sintió como la "humillación de Versalles" que le siguió. El epítome de este fenómeno en EE.UU. hoy en día es que, mientras EE.UU., desde 1989, ha estado soportando la carga militar y financiera de vigilar el mundo, el resto del mundo ha aprovechado la oportunidad para apuñalar a su benefactor en la espalda, en particular en el plano económico, para acabar con millones de "puestos de trabajo estadounidenses". Sobre esta base ha surgido una "opinión pública" muy poderosa de rechazo al despilfarro de "vidas americanas y dólares americanos" en el extranjero bajo cualquier pretexto (ya sea "ayuda humanitaria", "cruzada democrática" o "construcción de la nación"). Detrás de lo que suena como una fuerte reacción antibélica hay, por desgracia, también, de hecho, en primer lugar, un virulento nacionalismo estadounidense, que ayuda a explicar, no las retiradas militares primero de Siria (bajo Trump) y luego de Afganistán (bajo Biden) en sí mismas, sino el carácter caótico y precipitado de estas evacuaciones: quién es capaz de sacar a "nuestros chicos y chicas" de esos países más rápido se ha convertido en un factor importante en la furiosa lucha de poder que tiene lugar dentro de la burguesía estadounidense. Este nacionalismo representa un gran peligro político para el proletariado de los Estados Unidos, ya que es capaz de generar una fuerte fuerza gravitatoria de beligerancia en cuanto se vea que se dirige contra el "verdadero" enemigo (no los talibanes sino China: los que se presentan como los que acaban con la industria americana). Nada de esto significa que el estallido de las formas más destructivas de la guerra capitalista en los próximos años sea inevitable. No es inevitable. Pero la tendencia en esta dirección es inevitable, mientras el capitalismo siga reinando. En cuanto al equilibrio de fuerzas de clase, la organización ha argumentado que mi posición se acerca a la del "modernismo". Por modernismo se entiende, en este contexto, el deseo de sustituir la lucha de los trabajadores por alguna otra categoría (como la que se ha postulado en el pasado, por ejemplo, la que existe entre los ricos y los pobres, o entre los que dan órdenes y los que las reciben) como central en la sociedad burguesa moderna. El término "modernista" ha sido utilizado por diferentes corrientes políticas posteriores a la Segunda Guerra Mundial para diferenciarse de lo que consideraban un concepto ya desaparecido de las luchas obreras. Por otra parte, también hay que señalar que el rechazo o la subestimación de las luchas obreras defensivas es mucho más antiguo que la corriente modernista. Ya en el siglo XIX, los partidarios de Lassalle en Alemania, por ejemplo, argumentaban en contra de las huelgas sobre la base de la teoría de Lassalle de la "ley de hierro de los salarios", según la cual ni siquiera las mejoras temporales de las condiciones de los trabajadores son posibles a través de las luchas salariales. En los años 20, la llamada Tendencia de Essen del KAPD comunista de izquierda, también en Alemania, comenzó a rechazar la necesidad de la lucha obrera cotidiana con el argumento de que sólo la propia revolución puede defender los intereses de clase. Existen, por tanto, diferentes argumentos e incluso tradiciones que ponen en duda la importancia de la lucha de clases cotidiana, no sólo la modernista. Lo que todos tienen en común es la subestimación errónea y fatal del papel de la lucha cotidiana de los trabajadores. Por mi parte, no comparto ni el punto de vista modernista ni el de Lassalle ni el de la Tendencia de Essen. Por el contrario, estoy de acuerdo con el resto de la CCI en la importancia de las dimensiones defensivas de la lucha obrera. La divergencia en la CCI no es sobre si estas luchas son o no importantes. Se trata de qué papel pueden y deben desempeñar en la situación histórica dada. Necesariamente, esta discusión debe tratar no sólo del potencial de estas luchas, sino también de sus posibles limitaciones. La situación histórica actual se caracteriza por el hecho de que el proletariado mundial ha perdido la confianza en su brújula revolucionaria y en su identidad como clase. Encontrar una salida a este dilema es claramente la tarea central del proletariado revolucionario en este momento. Ante esta situación, la CCI se pregunta: ¿qué fuerzas materiales pueden mostrar de forma realista un camino a seguir? La respuesta que da actualmente la organización es que, sobre todo, la lucha de clases cotidiana tiene este potencial. Esta respuesta contiene un importante momento de verdad. Aunque el mundo entero compartiera la idea de que la lucha de clases proletaria es una cosa del pasado, en realidad no sólo está muy viva, sino que es incluso indestructible mientras el capitalismo siga existiendo. Por lo tanto, la CCI tiene toda la razón al confiar en la dinámica de los antagonismos de clase, en las contradicciones del modo de producción burgués, en el sufrimiento del proletariado causado por la crisis capitalista, en la resistencia de la respuesta proletaria, todo lo cual demostrará que seguimos viviendo en una sociedad de clases, cuyas contradicciones sólo pueden resolverse mediante la superación del capitalismo por el proletariado. Por mi parte, no critico en absoluto este posicionamiento. Lo que critico es su unilateralidad, la subestimación de la dimensión teórica de la lucha obrera. Sin la lucha de clases cotidiana no habría ni perspectiva comunista ni identidad de clase proletaria. No obstante, ni la perspectiva comunista ni la identidad de clase son un producto directo de la lucha obrera inmediata. Son su producto indirecto, sobre todo por su dimensión teórica. La lucha de clases proletaria no es una revuelta más o menos descerebrada, ni reacciona de manera simplemente mecánica al empeoramiento de su situación como los perros del profesor Pavlov. La abstracción de las relaciones capitalistas obliga al proletariado a seguir el camino indirecto de la teoría para poder comprender y superar el dominio de clase. No sólo la perspectiva del comunismo, sino también la identidad de clase proletaria, tienen una dimensión teórica esencial que incluso los mayores movimientos económicos y políticos, hasta la huelga de masas inclusive, pueden aumentar pero nunca sustituir. Tanto la forja de una perspectiva revolucionaria como de una identidad de clase adecuada son imposibles sin el arma del marxismo. En los primeros tiempos del movimiento obrero esto era menos cierto porque el capitalismo y la clase burguesa aún no estaban más desarrollados, la revolución proletaria aún no estaba en la "agenda de la historia". En esas condiciones todavía inmaduras, las versiones más o menos utópicas y/o sectarias del socialismo seguían ayudando a la clase obrera a desarrollar su conciencia revolucionaria y una identidad de clase propia. En las condiciones del capitalismo de estado totalitario decadente esto ya no es posible: las diferentes versiones no marxistas del "anticapitalismo" son incapaces de poner en cuestión el capitalismo, quedando atrapadas en su lógica. Mi insistencia en la indispensabilidad de esta dimensión teórica ha sido malinterpretada por la organización como la manifestación de un desprecio hacia la lucha diaria de los trabajadores. Más significativa, quizás, ha sido la crítica que se me ha hecho de que defiendo una concepción "sustitucionista" de la lucha de clases. Por "sustitucionista" se entiende aquí que supuestamente pienso que el trabajo teórico de unos pocos cientos de comunistas de izquierda (en un mundo con más de siete mil millones de habitantes) puede, por sí mismo, hacer una contribución esencial para cambiar la marea a favor del proletariado. En efecto, creo que el trabajo teórico es esencial para invertir la tendencia. Pero este trabajo debe ser realizado, no por unos pocos cientos de comunistas de izquierda solamente, sino por millones de proletarios. El trabajo teórico es la tarea, no sólo de los revolucionarios, sino de la clase obrera en su conjunto. Dado que el proceso de desarrollo del proletariado es desigual, es en particular tarea de las capas más politizadas del proletariado asumir esta tarea; minorías por tanto, sí, pero que aún comprenden potencialmente a millones de trabajadores, y que, en lugar de sustituir al conjunto, presionan para impulsar y estimular al resto. Los revolucionarios, por su parte, tienen la tarea específica de orientar y enriquecer esta reflexión a realizar por millones. Esta responsabilidad de los revolucionarios es, como mínimo, tan importante como la de intervenir ante los movimientos huelguísticos, por ejemplo. Sin embargo, la organización quizás ha olvidado que las masas proletarias son capaces de participar en este trabajo de reflexión teórica. Este olvido, me parece, expresa una pérdida de confianza en la capacidad del proletariado para encontrar una salida al callejón sin salida en el que el capitalismo ha atrapado a la humanidad. Esta pérdida de confianza se expresa en el rechazo de cualquier idea de que el proletariado ha sufrido importantes derrotas políticas en las décadas que siguieron a 1968. Al carecer de esta confianza, acabamos restando importancia a estos gravísimos reveses políticos, consolándonos con las luchas defensivas cotidianas como el principal crisol de un camino a seguir -en mi opinión, una concesión significativa a un enfoque "economicista" de la lucha de clases como el que criticaron Lenin y Rosa Luxemburgo a principios del siglo XX. La concepción de un "proletariado invicto", que era una visión correcta y muy importante en los años 70 y aún en los 80, se ha convertido en un artículo de fe, un dogma vacío, que impide un análisis serio y científico de la relación de fuerzas. En una enmienda al punto 35, relativo a la toma de conciencia en relación con la cuestión de la guerra, propuse el siguiente añadido (rechazado por el congreso) "Recientemente, sin embargo, la situación ha empezado a cambiar. Desde que la rivalidad entre EE.UU. y China se ha convertido en el antagonismo central del imperialismo mundial, se abre la posibilidad de que, en algún momento en el futuro, el proletariado pueda empezar a comprender la inexorabilidad del imperialismo bajo el capitalismo.
Si la crisis económica y la guerra pueden contribuir, en circunstancias favorables, a una politización revolucionaria, es razonable suponer que la combinación de ambos factores puede ser incluso más eficaz que cualquiera de ellos por separado". La Comisión de Enmiendas del Congreso escribió, a modo de explicación, que "la idea debe ser rechazada, no tiene en cuenta que la burguesía no puede desencadenar la guerra."
Steinklopfer.
1 Documentos del 24º Congreso Internacional de la CCI (2021) [897]
2Resolución sobre la situación internacional XXIV Congreso de la CCI (2021) [826]
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Hace casi 6 meses que la guerra se desató a las puertas de Europa, medio años que dura este macabro espectáculo y sus miles de víctimas, sus millones de exiliados, sus escenas de destrucción y desolación, medio año donde la carnicería y la devastación ha regresado brutalmente a Europa, acelerando así la espiral bélica en la que se hunde el capitalismo.
Esta odiosa manifestación del hundimiento del capitalismo en el caos y la barbarie va acompañada del resurgimiento de la pandemia de Covid-19 con una "séptima ola" que actualmente recorre Europa sin que los Estados prevean la más mínima medida sanitaria, abandonando la burguesía a las poblaciones a su suerte en la más perfecta negligencia.
Asimismo, la cadena de olas de calor, como la que azotó a la India y Pakistán los pasados meses de marzo y abril, nos recuerda que los cataclismos relacionados con el cambio climático amenazan cada vez más a la humanidad. Los efectos más extremos (olas de calor, sequías, inundaciones, tormentas, etc.) se están convirtiendo incluso en la norma y pronto harán imposible la vida humana en regiones enteras del planeta.
Podríamos añadir muchos otros aspectos a esta acumulación y simultaneidad de catástrofes que sólo demuestran una cosa: la considerable acentuación de la putrefacción de la sociedad capitalista y la total incapacidad de la clase dominante para contrarrestar esta tendencia histórica. Estos tres grandes acontecimientos ilustran de manera flagrante el hecho de que el capitalismo se ha convertido en un modo de producción obsoleto, incapaz de garantizar un futuro a la humanidad que no sea su propia destrucción.
Desde principios del siglo XX, la guerra es inseparable de la sociedad capitalista. Es el producto mismo de este modo de producción, que está definitivamente en crisis, "habiendo agotado históricamente todas las posibilidades de desarrollo, y encontrando en la guerra moderna, la guerra imperialista, la expresión de este colapso que [...] no hace más que engullir las fuerzas productivas en el abismo y acumular ruina sobre ruina a un ritmo acelerado[1]. Pero a diferencia de la catástrofe climática o de la aparición de la pandemia, el militarismo y la proliferación de los conflictos bélicos son el producto de la acción voluntaria y deliberada de la burguesía, incapaz de dirimir sus rivalidades imperialistas de otra manera que no sea por la ley de las armas y con la sangre de los explotados.
La guerra en Ucrania no es una excepción a esta lógica totalmente irracional[2] e incluso constituye una profundización del militarismo y de sus bárbaras consecuencias, como demuestran la magnitud de los combates, las decenas de miles de muertos, la destrucción sistemática de ciudades enteras, la ejecución de civiles, el irresponsable bombardeo de centrales nucleares y las considerables consecuencias económicas para todo el planeta. La explosión de los presupuestos militares de todos los estados, y la prevista adhesión de Suecia y Finlandia a la cesta de cangrejos que es la OTAN, no son en absoluto marcas del famoso "Si quieres la paz, prepara la guerra" tan hipócritamente machacado por la burguesía. Por el contrario, el aumento de los arsenales militares y, de forma más general, la acentuación de la economía de guerra no hará sino aumentar las tensiones entre los Estados y desde ahora están sentando las bases de futuros conflictos.
Mientras el mundo sufre desde hace casi tres años una de las pandemias más mortíferas de la historia, y mientras la crisis económica y el desastre medioambiental se agravan, todos los Estados se hunden en gastos de armamento a niveles abismales. Más que nunca, la economía está al servicio de la guerra, al servicio de la producción desenfrenada de herramientas de destrucción sin la menor coherencia económica. Puesto que un fusil, un misil o un avión de combate no generan ningún valor adicional y son un puro despilfarro, una pérdida muerta desde el punto de vista del capital a escala mundial. Por lo tanto, el aumento de la producción de armas, la posible conversión de sectores estratégicos a la industria militar, el endeudamiento que todo ello provocará y la disminución de la inversión en otros sectores de la economía alterarán considerablemente el comercio mundial y empeorarán aún más las condiciones de vida de los explotados.
Además, a esto se añaden los efectos directos de la guerra que ya se dejan sentir en gran parte de la población mundial: inflación exorbitante, la desorganización total de las cadenas de producción, las medidas de represalia económica entre estados rivales. Las consecuencias de la guerra imperialista golpean duramente a los explotados de todo el mundo, que tienen que enfrentarse a situaciones de escasez y penuria. Ante esta situación catastrófica, la burguesía no tiene otra salida que la interminable ideología del sacrificio, al igual que los gobiernos europeos que, ante los cortes de gas ruso, instan a la población a apretarse el cinturón y practicar la "sobriedad energética", todo ello en nombre de una pseudo solidaridad con el "pueblo ucraniano". Esta despreciable propaganda transmitida por las grandes empresas energéticas muestra toda la perfidia y el cinismo de la clase dominante, que no renuncia a hacer pagar su crisis a la clase trabajadora. Pero las mentiras de la clase dirigente palidecen en comparación ante la dura realidad que miles de millones de personas sufren a diario en su propio cuerpo. Como prueba está el aumento del hambre en el mundo: en 2021, el capitalismo ha sumido a 2,300 millones de personas en la inseguridad alimentaria, de las cuales unos 800 millones ya han pasado hambre, y esto incluso antes de la actual guerra en Ucrania y sus consecuencias.
Como hemos afirmado repetidamente en los últimos meses, el proletariado, privado de su conciencia de clase, es por el momento incapaz de reconocerse como una fuerza social capaz de oponerse a la guerra y de defender la perspectiva revolucionaria. Frente a la inflación y la escasez, las revueltas han estallado así en un terreno de lucha totalmente ajeno a los métodos y objetivos del proletariado, como en Sri Lanka, donde la cólera de la población ha sido instrumentalizada para destituir al presidente de turno, sirviendo así de masa de maniobra en los enfrentamientos entre camarillas burguesas. En Ecuador, miles de "indígenas", agrupados por líneas étnicas y apartados de la clase obrera, también se han propuesto derrocar al gobernante... en beneficio de otra camarilla burguesa.
Sin embargo, en las últimas semanas se han manifestado en el corazón del capitalismo mundial los primeros atisbos de reacción de los trabajadores ante la acentuación de la explotación en sus trabajos y ante el deterioro de las condiciones de vida, como consecuencia de la subida de los precios. A finales de junio, más de 50,000 trabajadores ferroviarios británicos estaban en huelga para reclamar mayores salarios[3]. En Alemania, España y Francia también estallaron huelgas en el sector aéreo y ferroviario, basadas en las mismas reivindicaciones. Si estas luchas defensivas siguen siendo por el momento muy embrionarias, aisladas unas de otras y encuadradas por los sindicatos, estos últimos desplegando a la perfección su arsenal de sabotaje a través del encierro corporativista y la división entre sectores, el hecho es que ilustran una gran rabia en las filas de los trabajadores, así como un potencial de combatividad en el período que viene.
Pero, sobre todo, estos movimientos demuestran plenamente que la crisis económica sigue siendo el mejor aliado del proletariado, el terreno más favorable en el que puede desarrollar su solidaridad, su unidad internacional y recuperar gradualmente su identidad de clase y la conciencia de su fuerza revolucionaria. Sólo a través de estas largas y tortuosas luchas podrá extirpar a la humanidad de la espiral de destrucción en la que la arrastra el capitalismo y mostrar así el camino hacia el comunismo. Más que nunca, ¡el futuro es de la clase obrera!
Vincent, 8 de julio de 2022
[1] Las verdaderas causas de la Segunda Guerra Mundial, INTERNATIONALISME 1945, https://es.internationalism.org/revista-internacional/198910/2140/internationalisme-1945-las-verdaderas-causas-de-la-segunda-guerra- [196]
[2] Ver Militarismo y Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [480]
[3] Ver Huelgas en Gran Bretaña: Los trabajadores están listos para la lucha - y la clase dominante se prepara para sabotearla https://es.internationalism.org/content/4848/huelgas-en-gran-bretana-los-trabajadores-estan-listos-para-la-lucha-y-la-clase [976]
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La diversidad de respuestas de las organizaciones anarquistas a la masacre imperialista en Ucrania era bastante predecible. Desde su nacimiento, el anarquismo estuvo marcado por una profunda rebelión contra la explotación capitalista, por una verdadera resistencia al proceso de proletarización de la artesanía. Posteriormente, dejando de lado su papel dentro de la pequeña burguesía radical, el anarquismo influyó en una parte del proletariado, aportando una visión que tendía a oscilar permanentemente entre la burguesía y el proletariado.
En consecuencia, el anarquismo siempre se ha dividido en diversas tendencias, desde las que se integraron en el ala izquierda del capital, como las que se unieron al gobierno republicano durante la guerra de 1936-39 en España, hasta las que defendieron claramente posiciones internacionalistas contra la guerra imperialista, como Emma Goldman durante la Primera Guerra Mundial. Con respecto a la guerra en Ucrania, la respuesta del anarquismo es muy dispersa: va desde los abiertamente pro-guerra hasta los defensores de la solidaridad internacional y la acción unida contra la guerra. En los momentos cruciales de la historia, como las revoluciones y las guerras imperialistas, los elementos genuinamente proletarios se distinguen de los esbirros del capital arrastrados por la unión sagrada y el nacionalismo. Sólo los elementos proletarios del anarquismo son capaces de adoptar una línea internacionalista y deben ser apoyados. Como Comunistas de Izquierda denunciamos claramente las posiciones izquierdistas o burguesas de varios anarquistas, pero al mismo tiempo apoyamos los intentos de grupos como KRAS en Rusia1 (cuya declaración ya hemos publicado en este número), Iniciativa Anarcosindicalista (IAS) en Serbia2 y el Grupo Comunista Anarquista (GCA) en Gran Bretaña3 de intervenir en la situación con una clara posición internacionalista.
El GCA ha adoptado una postura fundamentalmente internacionalista desde el principio de la guerra4. Al mismo tiempo, esta declaración contiene una serie de demandas confusas, como el "desmantelamiento de la OTAN", y "la ocupación masiva de las propiedades de los oligarcas rusos en Gran Bretaña y su inmediata conversión en viviendas sociales". ¿Y las propiedades de los oligarcas ucranianos? El mismo inmediatismo se encuentra en la declaración del grupo IAS de Belgrado que, a pesar de cierta claridad sobre la naturaleza de lo que significa la "paz" en el capitalismo, dice: "¡Convirtamos las guerras capitalistas en una revolución obrera! Este llamamiento a la acción revolucionaria es totalmente irreal dado el bajo nivel de la lucha de clases actual. Pero estas confusiones no borran los fundamentos internacionalistas de las respuestas de estos grupos a la guerra.
Ya se había emitido una declaración internacionalista común, firmada por 17 grupos en torno a la Coordinadora del Anarkismo, el 25 de febrero, entre ellos el GCA. Afirma claramente que "... nuestro deber revolucionario y de clase dicta la organización y el fortalecimiento del movimiento internacionalista, antibélico y antiimperialista de la clase obrera. La lógica de un imperialismo más agresivo o progresista es una lógica que conduce a la derrota de la clase obrera. No puede haber un camino imperialista para el pueblo. Los intereses de la clase obrera no pueden identificarse con los de los capitalistas y las potencias imperialistas5. En la página web de la CTA también hay una fuerte denuncia de los grupos y publicaciones anarquistas que defienden el nacionalismo, como el grupo Freedom de Londres6.
Pero las declaraciones de las diferentes corrientes anarquistas deben leerse con atención y de forma crítica. Por ejemplo, la sección francófona de la Federación Anarquista Internacional, en un folleto publicado el 24 de febrero, proclama: "Llamamos también, en todo el mundo, a luchar contra el capitalismo, el nacionalismo, el imperialismo, así como contra el ejército [...] que siempre nos empujan hacia nuevas guerras"7.
Al mismo tiempo, en la misma Federación Anarquista Internacional, podemos ver un llamado abierto a la participación en la guerra: un llamado a apoyar a los Comités de Resistencia en Ucrania, que luchan por la "liberación" del país. Varios grupos anarquistas uniformados y armados se presentan como "luchadores por la libertad", a menudo en referencia al Ejército Negro de Makhno durante la guerra civil rusa. Por lo tanto, es evidente que existe una amplia gama de posiciones en el medio anarquista actual, desde los llamamientos al internacionalismo hasta el llamamiento a participar en esta escalada del conflicto como diputados del ejército ucraniano bajo la bandera de los Comités de Resistencia8. Asimismo, los anarquistas bielorrusos que vivían en Ucrania se unieron a las fuerzas estatales ucranianas.
Otro ejemplo, evidentemente de una posición completamente burguesa, lo da la declaración de los anarquistas rusos del grupo de luchadores anarquistas: "lo que está ocurriendo ahora en Ucrania va más allá de esta simple fórmula, y del principio de que todo anarquista debe luchar por la derrota de su país en la guerra". (énfasis añadido). También sostienen que "la derrota de Rusia en la situación actual aumentará la probabilidad de que la gente despierte, del mismo modo que ocurrió en 1905 [cuando la derrota militar de Rusia ante Japón provocó un levantamiento en Rusia], o en 1917 [cuando las dificultades de Rusia en la Primera Guerra Mundial provocaron la Revolución Rusa], abriendo los ojos a lo que está ocurriendo en el país... En cuanto a Ucrania, su victoria también allanará el camino para el fortalecimiento de la democracia básica. Al fin y al cabo, si llega a buen puerto, sólo será mediante la autoorganización popular, la autoayuda y la resistencia colectiva. Estas son las respuestas a los retos que la guerra plantea a la sociedad9.
Durante la guerra de 1914-18 y después, los auténticos internacionalistas, como Lenin, utilizaron el término "derrotismo revolucionario" para insistir en que la lucha de clases debía continuar aunque supusiera la derrota militar del "propio" país, pero esto iba acompañado de una clara denuncia de los dos campos rivales. En manos del ala izquierda del capital, ya sea que se llame "leninista" o anarquista, el llamado a la derrota de un país va de la mano con el apoyo a su rival imperialista, como es claramente el caso del grupo Luchadores Anarquistas. Esto no tiene absolutamente nada que ver con el internacionalismo proletario.
Sectores significativos del anarquismo y del anarcosindicalismo, sin dejar de remitirse a su fuerte tradición antimilitarista, volvieron a manifestar su apoyo a la guerra nacionalista, al igual que hicieron, junto con la socialdemocracia, al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Pero la diferencia fue que mientras los socialdemócratas traicionaron sus principios internacionalistas, los anarquistas siguieron una cierta lógica, como señalamos en nuestro artículo sobre "El anarquismo y la guerra imperialista" en 2009: "la adhesión a la guerra imperialista y a la burguesía de la mayoría de los dirigentes anarquistas internacionales en la Primera Guerra Mundial no es un paso en falso, sino el resultado lógico de su anarquismo, de acuerdo con sus posiciones políticas esenciales.
Así, en 1914, fue en nombre del antiautoritarismo, porque era inadmisible "que un país fuera violado por otro" que Kropotkin justificó su posición chovinista a favor de Francia. Al basar su internacionalismo en la "autodeterminación" y en "el derecho absoluto de cada individuo, de cada asociación, de cada municipio, de cada provincia, de cada región, de cada nación a disponer de sí mismo, a asociarse o no asociarse, a aliarse con quien quiera y a romper sus alianzas" (D. Guérin, l'Anarchisme), los anarquistas abrazan las divisiones que el capitalismo impone al proletariado. En el fondo, esta posición chauvinista tiene su origen en el federalismo que está en la base de toda la concepción anarquista. Al admitir la nación como un "fenómeno natural", "el derecho de toda nación a existir y a desarrollarse libremente", el anarquismo, al juzgar que el único peligro en "la existencia de las naciones es su propensión a ceder al nacionalismo inculcado por la clase dominante para separar a los pueblos entre sí", se ve naturalmente llevado, en toda guerra imperialista, a hacer una distinción entre "agresores/agredidos" u "opresores/oprimidos", etc., y por tanto a optar por la defensa del proletariado, y así optar por la defensa del más débil, del derecho vulnerado, etc. Este intento de basar el rechazo de la guerra en algo distinto a las posiciones de clase del proletariado deja mucho espacio para justificar el apoyo a uno u otro beligerante, es decir, concretamente, para elegir un campo imperialista contra otro10.
Hoy, la "familia" anarquista está desgarrada por la contradicción fundamental entre el internacionalismo y el apoyo a la guerra imperialista. Hoy, más que nunca, la izquierda comunista debe asumir sus responsabilidades y actuar como polo de referencia y claridad frente a toda esta confusión. Para la Izquierda Comunista, que se inscribe en la tradición marxista, el internacionalismo proletario no se basa en ideales abstractos como la libertad de los individuos, de las regiones o de las naciones, sino en las condiciones reales de la existencia proletaria: "El internacionalismo se basa en las condiciones universales que le impone el capitalismo a nivel mundial, es decir, la peor explotación posible de su fuerza de trabajo, en todos los países y en todos los continentes. Y es en nombre de este internacionalismo que la Primera Internacional nació del propio movimiento obrero. El punto de referencia del internacionalismo es que las condiciones para la emancipación del proletariado son internacionales: más allá de las fronteras y los frentes militares, más allá de las "razas" y las culturas, el proletariado encuentra su unidad en la lucha común contra sus condiciones de explotación y en la comunidad de intereses por la abolición del trabajo asalariado y por el comunismo11.
Edvin
1Grupo afiliado a la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT, anarcosindicalista).
2"Convirtamos las guerras capitalistas en una revolución obrera" en el sitio web del ILA.
3"¡Ponte del lado de la clase obrera, no de los estados imperialistas competidores!
4"Ponte del lado de la clase obrera, no de los intereses imperialistas en competencia", en el sitio web de la CTA (27 de febrero de 2022).
5"Ucrania: declaración internacional".
6"Identidad, nacionalismo y xenofobia en Freedom", en la página web del GCA.
7"Frente a la invasión rusa, ¡solidaridad internacional! Detener la guerra". El resto de este llamamiento es una contorsión hipócrita entre el pacifismo y la defensa de Ucrania.
8"Los anarquistas ucranianos se movilizan para la defensa armada, atraen la solidaridad del extranjero mientras Rusia invade", en el sitio web de Militant wire.
9"Anarquistas rusos sobre la invasión de Ucrania".
10"Los anarquistas y la guerra (1ª parte)", Revolución Internacional nº 402 (junio de 2009).
11Idem
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En respuesta a la guerra asesina en Ucrania, la CCI ha subrayado repetidamente la necesidad de una respuesta común de la expresión más coherente del internacionalismo proletario, la Izquierda Comunista, con el fin de crear un claro polo de referencia para todos aquellos que buscan oponerse a la guerra imperialista sobre una base de clase.
Así, el llamamiento a una posición común, y el texto que de él emana, fue acogido positivamente por tres grupos: (i) Los grupos bordiguistas ignoraron más o menos nuestro llamamiento, mientras que la Tendencia Comunista Internacionalista (TCI), aunque anunció que era, en principio, favorable a esas posiciones comunes de los internacionalistas, rechazó nuestro llamamiento por razones que, desde nuestro punto de vista, siguen sin estar claras. Al principio se mencionaron los desacuerdos en el análisis, seguidos de las diferencias sobre lo que constituye la auténtica izquierda comunista y el rechazo de nuestra concepción del parasitismo parece pasar a primer plano. Retomaremos estos argumentos en otro momento; aquí queremos centrarnos en la propuesta alternativa de la TCI de impulsar la formación de grupos locales y nacionales de No War but the Class War (NWCW), que considera el punto de partida para la acción internacionalista contra la guerra a una escala mucho más amplia que un documento de posición conjunto firmado por los grupos de la Izquierda Comunista.
Si observamos el texto del primer llamamiento a la creación de grupos de la NWCW en respuesta a la guerra de Ucrania, (ii) emitido por la NWCW en Liverpool, es claramente internacionalista, rechazando los dos campos imperialistas, rechazando las ilusiones pacifistas e insistiendo en que el descenso del capitalismo decadente al infierno de la barbarie militarista sólo puede ser detenido por la lucha revolucionaria de la clase obrera. Sin embargo, pensamos que hay un elemento claramente inmediatista en este texto, en el siguiente párrafo: "Las acciones antibélicas dispersas de las que hemos tenido noticia (manifestaciones en Rusia, actos de desobediencia de soldados en Ucrania, negativa de los estibadores a enviar cargamentos a Gran Bretaña e Italia, sabotaje de los trabajadores ferroviarios en Bielorrusia) deben ser consideradas en una perspectiva de clase obrera si queremos que sean verdaderamente antibélicas, para que no sean instrumentalizadas por uno u otro bando. Apoyar a Rusia o a Ucrania en este conflicto significa apoyar la guerra. La única manera de que los trabajadores acaben con esta pesadilla es confraternizar a través de las fronteras y destruir la maquinaria de guerra”.
Esta posición demuestra correctamente que las manifestaciones aisladas contra la guerra pueden ser cooptadas por diferentes facciones o ideologías burguesas. Pero la impresión que se da es que la clase obrera, en la situación actual, ya sea en la zona de guerra o en los países capitalistas más centrales, sería capaz, a corto plazo, de desarrollar una perspectiva revolucionaria, y derribar la maquinaria de guerra para poner fin al conflicto actual. Y detrás de esto se esconde otra ambigüedad: que la formación de los grupos del NWCW podría ser un paso en este salto repentino del estado actual de desorientación de la clase obrera a una reacción real contra el capital. Si observamos la participación de la Communist workers organisation (CWO), la filial de la TCI en Gran Bretaña, en proyectos anteriores del NWCW, queda claro que tales ilusiones existen entre estos camaradas.
En breve publicaremos un análisis más detallado de las perspectivas de la lucha de clases en la actual fase de aceleración de la barbarie, para explicar por qué no creemos que un movimiento de masas de la clase obrera directamente contra la guerra sea una posibilidad realista. La TCI podría responder diciendo que el llamamiento del NWCW consiste principalmente en reunir a todas las minorías que mantienen posiciones internacionalistas y no en desencadenar ningún movimiento de masas. Pero incluso a este nivel, una verdadera comprensión de la naturaleza del proyecto del NWCW es esencial para evitar errores de naturaleza oportunista, donde el único elemento de coherencia de la izquierda comunista se pierde en un laberinto de confusión fuertemente influenciado por el anarquismo o incluso las ideas de izquierda.
El objetivo de este artículo es, en primer lugar, examinar críticamente la historia del NWCW con el fin de extraer las lecciones más claras posibles para nuestra intervención actual. Esta dimensión está totalmente ausente en la propuesta del CWO.
Cuando en 2018 el CWO hizo una convocatoria similar y llevó a cabo una serie de reuniones bajo la bandera del NWCW con el Anarchist communist group (ACG) y una o dos formaciones anarquistas más, explicamos en una de estas reuniones por qué no podíamos aceptar su invitación a "unirse" a este grupo. La razón principal era que esta nueva formación se había construido sin ningún intento de comprender las lecciones esencialmente negativas de los esfuerzos anteriores para construir grupos de la NWCW. La falta de examen crítico de esta experiencia se repitió cuando el grupo simplemente desapareció sin ninguna explicación pública ni del CWO ni del ACG. En cuanto a la más reciente incursión de la TCI en este proyecto, invitamos específicamente a estos compañeros a participar en nuestras últimas reuniones públicas sobre la guerra en Ucrania y a enviarnos su evaluación de la evolución del proyecto NWCW hasta la fecha. Lamentablemente, los compañeros no asistieron a estas reuniones y se perdió la oportunidad de seguir debatiendo. No obstante, ofrecemos esta revisión del contexto y la historia de la NWCW como nuestra propia contribución a la promoción del debate.
La idea de crear grupos de la NWCW surgió por primera vez en el entorno anarquista de Inglaterra. Por lo que sabemos, el primer intento de crear un grupo de este tipo fue en respuesta a la primera Guerra del Golfo en 1991. Pero sólo con la formación de nuevos grupos de la NWCW en respuesta a la guerra en la antigua Yugoslavia y a las invasiones de Afganistán e Irak en 2001 y 2003, pudimos adquirir experiencia de primera mano sobre la composición y la dinámica de esta iniciativa. Nuestra decisión de participar en las reuniones organizadas por estos grupos, principalmente en Londres, se basó en nuestra comprensión de la naturaleza "pantanosa" del anarquismo, que incluye un abanico de tendencias que van desde el izquierdismo burgués puro y duro hasta el auténtico internacionalismo. Para nosotros, estos nuevos grupos del NWCW, por supuesto muy heterogéneos, contenían elementos que buscaban una alternativa proletaria a las movilizaciones de "Stop the War" organizadas por la izquierda del capital.
Nuestra intervención en estos grupos se basó en los siguientes objetivos
- aclarar los principios del internacionalismo proletario y la necesidad de una clara delimitación de la izquierda del capital y del pacifismo
- centrarse en el debate político y la clarificación frente a las tendencias al activismo que, en la práctica, suponían disolverse en manifestaciones de "Stop the War";
- A pesar de las acusaciones de que nuestro enfoque, que hace hincapié en la primacía de la discusión política, sería puramente "monástico" e "inactivista", y de que sólo nos interesaría la discusión por la discusión, hicimos varias propuestas definitivas de acción, en particular la posibilidad de convocar una "reunión internacionalista" en Trafalgar Square al final de la gran marcha de "Stop the War" en noviembre de 2001, en oposición directa a la retórica izquierdista que se estaba colocando en la plataforma de "Stop the War". Esta propuesta fue aplicada en parte, no por el NWCW como tal, sino por la CCI y el CWO... (iii) Más adelante se hablará de su importancia.
En 2002, la CWO se involucró en este proceso, particularmente en Sheffield, donde desempeñó un papel central en la formación de un nuevo grupo del NWCW, que adoptó posiciones cercanas, si no idénticas, a las de la Izquierda Comunista. En nuestro artículo "La intervención revolucionaria y la guerra de Irak" en World Revolution 264, que intenta hacer un balance de nuestra intervención en la dirección del NWCW, celebramos este hecho, pero también criticamos la sobreestimación por parte del CWO del potencial de la red del NWCW, en particular de su grupo de Londres, para actuar como un centro organizado de oposición proletaria a la guerra, vinculándolo con algunas de las expresiones más pequeñas de la lucha de clases que están surgiendo concomitantemente con el movimiento "antiguerra". (iv) En contra de esta idea, nuestro artículo dejaba claro que "nunca pensamos que el NWCW fuera un presagio de la reanudación de la lucha de clases o un movimiento político de clase claramente identificado al que debíamos 'unirnos'. Como mucho puede ser un punto de referencia para una pequeña minoría que cuestione el militarismo capitalista y las mentiras pacifistas y elitistas que lo acompañan. Y por eso hemos defendido sus posiciones de clase (aunque limitadas) contra los ataques reaccionarios de los izquierdistas del tipo Workers Power (en el nº 250 de World Revolution) y hemos insistido desde el principio en la importancia de este grupo como foro de discusión, y hemos advertido contra las tendencias a la "acción directa" y al acercamiento de este grupo a las organizaciones revolucionarias.
Por las mismas razones, en otro artículo titulado "En defensa de los grupos de discusión" en el número 250 de Revolución Mundial, explicamos nuestras diferencias con la CWO sobre la cuestión de los "intermediarios" entre la clase y la organización revolucionaria. Siempre nos hemos opuesto a la idea desarrollada por el Partito Comunista Internazionalista (hoy grupo italiano afiliado a la TCI) y retomada posteriormente por la CWO de los "grupos de fábrica", definidos como "instrumentos del partido" para implantarse en la clase e incluso para "organizar" sus luchas. Creemos que se trata de una regresión hacia la noción de células de fábrica como base de la organización política, defendida por la Internacional Comunista en la fase de "bolchevización" de los años 20, y a la que se opuso con fuerza la izquierda comunista en Italia. La reciente transformación de esta idea de grupos de fábrica en un llamamiento a la constitución de grupos territoriales, y luego de grupos antiguerra, cambió la forma, pero no realmente el contenido. La idea del CWO de que el NWCW podría convertirse en un centro organizado de resistencia de clase contra la guerra contiene una cierta incomprensión de cómo se desarrolla la conciencia de clase en el período de decadencia capitalista. Por supuesto, junto a la organización política propiamente dicha, hay una tendencia a la formación de grupos más informales, que se forman tanto en las luchas en los centros de trabajo como en la oposición a la guerra capitalista, pero estos grupos, que no pertenecen a la organización política comunista, siguen siendo expresiones de una minoría que busca aclararse y difundir esta aclaración en la clase, y no pueden sustituirse ni pretender ser los organizadores de movimientos de clase más amplios, punto sobre el que, en nuestra opinión, la TCI sigue siendo ambigua. (v)
Aunque en los primeros periodos de existencia de los grupos del NWCW hubo una serie de debates fructíferos, ha quedado claro que, como expresión del anarquismo, estos grupos están sometidos a todo tipo de presiones contradictorias: una búsqueda real de posiciones y prácticas internacionalistas, pero también la influencia del izquierdismo y de lo que llamamos: parasitismo, grupos esencialmente motivados por el deseo de aislar e incluso destruir las corrientes genuinamente revolucionarias Estos elementos han tenido un peso creciente en las dos fases de las agrupaciones del NWCW. En 1999, la CCI fue excluida (aunque por una pequeña mayoría) de la participación en el grupo con el argumento de que éramos leninistas, dogmáticos, dominábamos las reuniones, etc.; (vi) y los principales elementos que impulsaron nuestra exclusión no fueron otros que Juan McIver y "Luther Blisset", que publicaron dos panfletos especialmente calumniosos en los que se denunciaba a la CCI como una secta estalinista paranoica, ladrones de poca monta, etc.
En 2002 asistimos a otra ronda de maniobras contra la izquierda comunista, esta vez dirigida por K., un elemento cercano a "Luther Blisset". En el número 27 de Revolutionary Perpectives, el propio CWO habla del papel irresponsable de K. y su "círculo de amigos" dentro del NWCW, después de que K. hiciera todo lo posible para excluir tanto al grupo de Sheffield como a la CCI de las reuniones del NWCW. Esta vez el mecanismo utilizado no fue una votación "democrática" como en 1999, sino una decisión entre bastidores de celebrar únicamente reuniones a puerta cerrada, cuyos lugares y horarios ya no se comunicaron a la CCI ni al grupo de Sheffield.
¿Qué muestra esto? Que en un entorno dominado por el anarquismo, los grupos de la Izquierda Comunista tienen que sostener una dura lucha contra las tendencias destructivas, incluso burguesas, que inevitablemente estarán presentes y empujarán siempre en una dirección negativa. Debería ser una respuesta elemental de los grupos de la izquierda comunista combatir juntos las maniobras de quienes pretenden excluirlos de la participación en formaciones temporales y heterogéneas producidas por los intentos de combatir la ideología dominante. La propia experiencia del CWO en 2002 debería recordarle la realidad de tales peligros. Podríamos añadir que los grupos que se presentan como parte de la izquierda comunista, pero que actúan de la misma manera, merecen la etiqueta de "parásitos políticos" y no deben ser dejados al aire por los grupos de la izquierda comunista.
La acusación de que la visión de la intervención de la CWO durante estos episodios era "monástica" fue hecha por la CWO en su artículo en Revolutionary Perpectives No. 27, refiriéndose a la manifestación de septiembre de 2002. Pero antes de una gran manifestación en noviembre de 2001, la CWO nos escribió para apoyar nuestra propuesta de una reunión internacionalista independiente en Trafalgar Square. En la propia manifestación, hubo una fructífera cooperación entre los dos grupos. Como dice nuestro artículo en Revolución Mundial nº 264, habíamos sobrestimado la capacidad del grupo NWCW para organizar una amplia reunión de oposición en Trafalgar Square, ya que la mayoría (pero no todos) de sus participantes preferían manifestarse con un "bloque anticapitalista" que se diferenciaba poco o nada de los organizadores de "Stop the War". Pero si hubo una pequeña reunión al final, fue principalmente por iniciativa de la CCI y la CWO, apoyada por algunos miembros del NWCW para repartir nuestros megáfonos a los que querían defender una alternativa internacionalista a los izquierdistas del escenario principal. Una prueba más de que la mejor manera de ayudar a los que están fuera de la Izquierda Comunista a acercarse a una posición y una práctica claramente internacionalista es que los grupos de la Izquierda Comunista actúen juntos.
Volviendo al actual proyecto de la NWCW, en un reciente artículo sobre una reunión de la NWCW en Glasgow, la TCI decía que este proyecto está teniendo un éxito considerable: "el primer grupo se formó en Liverpool hace unas semanas y desde entonces su mensaje ha sido asumido por camaradas de todo el mundo, desde Corea, Turquía, Brasil, Suecia, Bélgica, Holanda, Francia, Alemania, Italia, Canadá, hasta Estados Unidos, así como en otros lugares.
No podemos evaluar el contenido real de estos grupos e iniciativas. La impresión que tenemos de los grupos que conocemos es que en su mayoría son "réplicas" del TCI o de sus afiliados. En este sentido, difícilmente pueden suponer un avance respecto a los grupos surgidos en los años 90 y 2000, que, con toda su confusión, representaban al menos un movimiento de elementos que buscaban una alternativa internacionalista al izquierdismo y al pacifismo. Pero volveremos a tratar esta cuestión en un próximo artículo y seguimos pidiendo a la TCI que contribuya al debate.
Amos, julio de 2022
i Véase "Declaración conjunta de los grupos de la izquierda comunista internacional sobre la guerra en Ucrania", Revolución Internacional nº 493 (abril-junio de 2022).
ii "Contra la guerra, a favor de la guerra de clases: un llamamiento a la acción", sitio web del TIC.
iii "Los comunistas trabajan juntos en la manifestación ‘contra la guerra’ ", World Revolution n° 250.
iv "El comunismo contra el impulso de la guerra: ¿intervención o monacismo? ", Perspectivas revolucionarias n° 27.
v "La organización del proletariado fuera de los períodos de lucha abierta (grupos, núcleos, círculos, etc.)", Revista Internacional n° 21, (2º trimestre de 1980). [3] Véase también: "Los grupos de fábricas y la intervención de la CCI", World Revolution n° 26.
vi "El parasitismo político sabotea la discusión", Revolución Mundial n° 228.
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El capitalismo sigue descargando su barbarie militarista en Ucrania con miles de muertos y destrucciones irreversibles, lo que se une al peligro nuclear, bien por “accidentes” en las numerosas centrales que hay en territorio ucraniano, bien por el despliegue de armas nucleares tácticas. El capitalismo lleva a la DESTRUCCION DE LA HUMANIDAD.
Este es el primer polo de las contradicciones del capitalismo. El polo de la barbarie y la destrucción encarnado por el capitalismo.
Pero el otro polo es la LUCHA DE CLASE DEL PROLETARIADO. El proletariado como clase histórica tiene la potencialidad y la fuerza para destruir el capitalismo acabando con la guerra, la miseria, la destrucción ecológica, la barbarie.
Esta capacidad ha empezado a manifestarse, aún de forma embrionaria y con grandes debilidades, con las huelgas en Gran Bretaña, que, junto con otras luchas en Alemania, Chile, Túnez, Bélgica, España etc., muestra que ante la brutalidad de la inflación y el aluvión de ataque a sus condiciones de vida comienza a superar la resignación y la pasividad, desarrolla la respuesta como clase.
Sabemos que el camino que debe recorrer el proletariado es aún muy largo, muy difícil, lleno de obstáculos, trampas, que opone la clase dominante más perversa y cínica de la historia. Todo esto llevará a derrotas y sufrimientos, sin embargo, es necesario comprender que la lucha es la escuela que el proletariado tiene para forjar su capacidad revolucionaria contando siempre con la intervención de sus organizaciones comunistas internacionalistas. La primera victoria es romper la indolencia y la división, la primera victoria es la lucha misma.
Para discutir de esta situación histórica grave, para ver como contribuir a que el proletariado desarrolle su fuerza, su unidad, su solidaridad, su conciencia, proponemos la REUNION PUBLICA como medio.
Animamos a participar. Se puede asistir:
CASAL OBRERO Y POPULAR calle Olympia Arozamena Torres 42 bajo VALENCIA 46018, metro Avenida del Cid.
Fecha: sábado 1 de octubre 2022 a las 18:00 horas
los interesados que nos envíen su correo a [email protected] [45] para que les proveamos del enlace para participar en la discusión
Todos los que deseen hacer contribuciones por escrito nos lo pueden remitir al correo antes mencionado. Leeremos su contribución en el curso de la reunión si no pueden estar presentes.
Textos de interés:
Dossier: Contra la Guerra Imperialista en Ucrania por la Lucha de Clases Internacional
El verano de la ira en Gran Bretaña: la burguesía impone nuevos sacrificios, la clase obrera responde con la lucha
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La muerte de la reina Isabel II ha sido la señal para que toda la burguesía se lance a un frenesí de propaganda, repitiendo una y otra vez la importancia del "deber, el sacrificio y la resistencia" al "servicio" de la unidad nacional, ya sea en boca del político tory más derechista o del líder sindical más izquierdista, ya sea en las páginas del reaccionario Daily Mail o del liberal Guardian. La Iglesia de Inglaterra, desde el arzobispo de Canterbury hasta el vicario local, ha cantado la misma melodía. Casi todos los que están en el ojo público, todos los que tienen alguna conexión privilegiada con la clase dominante o quieren tenerla -académicos, novelistas, historiadores, artistas, actores, deportistas, columnistas de periódicos- están añadiendo su pequeña contribución a este carnaval de dolor de 10 días, y al hacerlo revelan que no son tan independientes como pretenden, sino lacayos tanto como los lacayos de la familia real.
Pero esta avalancha de propaganda contiene una lección saludable para los trabajadores con conciencia de clase: a pesar de todas sus numerosas divisiones y conflictos secundarios, todas las partes de la clase dominante y del aparato estatal, izquierda y derecha, liberales y populistas, monárquicos y sindicalistas, se unen como un solo hombre en la defensa de la nación en la que la clase obrera no tiene ninguna participación ni interés.
El uso de esta campaña como garrote para golpear a la clase trabajadora se puso de manifiesto poco después de que se anunciara la muerte de la Reina, cuando tres sindicatos implicados en la actual oleada de huelgas en Gran Bretaña -el RMT (ferrocarril), el CWU (correos) y el TSSA (transporte)- anunciaron que suspenderían las acciones de huelga previstas durante el periodo de luto nacional. Como dijo el líder "radical" del RMT, Mick Lynch "RMT se une a toda la nación para presentar sus respetos a la Reina Isabel. Se suspende la huelga ferroviaria prevista para los días 15 y 17 de septiembre. Expresamos nuestras más profundas condolencias a su familia, a sus amigos y al país".
El TUC, la dirección de todos los sindicatos ha pospuesto su Congreso, en el que iba a pretender coordinar las huelgas, a octubre o noviembre.
El respeto a la unidad nacional en tiempos de crisis ha sido el distintivo de los sindicatos desde 1914, cuando servían para reclutar trabajadores para los campos de batalla imperialistas, por lo que esta "suspensión" de la lucha de clases no es en absoluto una excepción.
Asimismo, el Partido Laborista, desde la derecha hasta la izquierda, siempre ha jurado su lealtad al monarca constitucional. El exlíder izquierdista del Partido Laborista de la oposición, Jeremy Corbyn -que fue apoyado ávidamente por los trotskistas y otros izquierdistas- declaró en 2017 que "la abolición de la monarquía no estaba en su agenda", y reapareció hace unos días para asistir a uno de los homenajes oficiales a la Reina.
La burguesía nunca pierde la oportunidad de beneficiarse de una crisis y espera que los himnos y sermones, las procesiones, las salvas de cañón, los conmovedores homenajes, inculquen, a una combativa clase obrera, la importancia de dejarlo todo por el interés nacional, es decir, por las ganancias capitalistas y las guerras imperialistas.
Y mientras la clase dominante pretende utilizar esta campaña para ocultar las divisiones de clase sobre las que se fundamenta esta sociedad, también pretende tapar algunas de las profundas grietas de su propia posición imperialista, grietas amplificadas por el auge del populismo y el desastre del Brexit, que amenaza la existencia del propio Reino Unido. No es casualidad que, ante la amenaza de la independencia de Escocia y la desintegración de la relación de Gran Bretaña con Irlanda del Norte, las sombrías ceremonias de la semana de luto comenzaran con el desfile del féretro de la reina por las calles de Edimburgo, y que la primera tarea del nuevo rey fuera visitar el castillo de Hillsborough, en Irlanda del Norte.
Pero ¿qué pasa con la burguesía mundial, es decir, la clase dominante de esas naciones en competencia mortal con Gran Bretaña, por qué también se unen a esta mascarada de luto y ondean sus propias banderas a media asta? Incluso Vladimir Putin ha enviado sus condolencias.
La respuesta es que la Reina no sólo representaba la continuidad nacional, la estabilidad y la longevidad para la clase dominante británica, sino también para el capitalismo mundial en su conjunto, para toda burguesía enfrentada a su enemigo de clase, el proletariado. Ella y la familia real británica eran la fachada humana y “atrayente” del orden burgués en todas partes, ocultando, pero justificando silenciosamente las atrocidades coloniales, la carnicería imperialista, la devastadora crisis económica, la explotación y la pauperización de las masas trabajadoras en todas partes en nombre de la unidad y el servicio a la "comunidad de naciones".
En una época en la que el capitalismo mundial se está derrumbando, el reinado de la reina Isabel se utilizó para simbolizar la pretensión de un orden y una continuidad burguesa fundamental, la ilusión de que el actual modo de producción podría continuar en las buenas y en las malas. Pero su muerte, a su vez, es un símbolo de la realidad del empeoramiento de la inestabilidad del capitalismo mundial, de la avalancha de catástrofes a todos los niveles.
Cuando la burguesía británica llegó al poder durante la revolución inglesa, el rey Carlos I, representante y defensor de la monarquía absoluta, fue decapitado en 1649 por los parlamentarios revolucionarios. Pero la burguesía británica ascendente se dio cuenta posteriormente de que su dominio no podía mantenerse y estabilizarse mediante una maquinaria estatal completamente nueva. Había que recuperar la monarquía, junto con la larga experiencia diplomática, política y militar de la aristocracia, pero esta vez limitada constitucionalmente y supeditada al parlamento burgués.
Si el Estado burgués gobierna en interés de la clase dominante capitalista, tiene que aparecer, sin embargo, como el representante de toda la población, y fingir que siempre ha estado ahí desde el principio de los tiempos, en lugar de, como en la realidad, llegar al poder hace relativamente poco tiempo a través de una revolución violenta. El Estado debe aparecer, pues, como elevado por encima de los intereses de las clases rivales, para evitar que la sociedad se desgarre. Los explotadores y guerreros no deben aparecer como tales ante los explotados, sino, en última instancia, como una familia, de carne y hueso, con sentimientos humanos, como tú y yo[1]. Aquí es donde la preservación de las instituciones feudales, como la monarquía, han tenido su importancia porque en la sociedad capitalista, donde rige el "pago insensible al contado", la esclavitud asalariada puede ser apaciguada por la ilusión de que incluso ellos, los explotados, son parte de una familia nacional.
La monarquía constitucional de Gran Bretaña ha estado perfeccionando esta fachada de unidad patriarcal durante más de tres siglos. Pero las contradicciones del capitalismo mundial están llegando a un nivel en el que incluso las fachadas están desgastadas. Los comentaristas aduladores del fallecimiento de la reina Isabel II reconocen que sus herederos no podrán reproducir las ilusiones de su reinado. El nuevo Rey, que como Príncipe de Gales siempre fue propenso a inmiscuirse en la política, nunca ha sido popular entre ciertos sectores de la burguesía y, por lo tanto, le resultará mucho más difícil posar como símbolo de unidad por encima de las divisiones políticas.
El actual carnaval de unidad nacional se produce cuando la carnicería Inter capitalista en Ucrania, en la que la Gran Bretaña imperialista es un actor entusiasta, ha revelado la hipocresía y el anacronismo de toda defensa nacional y orgullo patriótico. El futuro está en una clase sin intereses nacionales, una clase internacional: el proletariado mundial.
Como
[1] Sin embargo, no debemos olvidar que la religión capitalista de la unidad nacional no se basa únicamente en la manipulación de ideas y sentimientos. Nunca tarda en recurrir a la ayuda de la policía. Dos manifestantes que asistían a las ceremonias de Londres y Edimburgo fueron detenidos por llevar pancartas con lemas como "abolir la monarquía" y "mi rey no". Para justificar las detenciones se invocó la Ley de Policía, Delincuencia, Condenas y Tribunales de 2022, que limita severamente la posibilidad de manifestarse en las calles.
En momentos en que se preparan las elecciones generales en Brasil, la burguesía intensifica su propaganda, reforzando la mistificación democrática a través de sus "alternativas", escenificando el duelo entre Lula, que representa a la cara democrática de la izquierda, por un lado, y el actual presidente Bolsonaro, por el otro, una caricatura del populismo y la extrema derecha (una especie de trumpista sudamericano).
Los argumentos presentados por los partidos políticos o los candidatos en la carrera para convencer a los electores de que les den su voto suelen reducirse a esto, en Brasil, como en cualquier otro país: las elecciones son un momento en el que los "ciudadanos" se enfrentan a una elección de la que dependería la evolución de la sociedad y, en consecuencia, sus futuras condiciones de vida. Gracias a la democracia, cada ciudadano tendría la oportunidad de participar en las principales decisiones de la sociedad. Según ellos, el voto sería el instrumento de transformación política y social que definiría el futuro del país.
Pero esta no es la realidad, ya que la sociedad está dividida en clases sociales con intereses perfectamente antagónicos. Una de ellas, la burguesía, ejerce su dominio sobre toda la sociedad a través de la apropiación de la riqueza y, gracias a su Estado, sobre toda la institución democrática, los medios de comunicación, el sistema electoral, etc. Así, puede imponer permanentemente su propio orden a la sociedad y sus ideas y propaganda a los explotados en general, y a la clase trabajadora en particular. Esta última, por el contrario, es la única clase que, a través de sus luchas, es capaz de desafiar la hegemonía de la burguesía y acabar con su sistema de explotación.
El capitalismo, el sistema de producción que domina el planeta y todos sus países, se hunde en un estado de descomposición avanzada. Un siglo de decadencia está llegando a su etapa final, amenazando la supervivencia de la humanidad mediante una espiral de guerras sin sentido, depresión económica, desastres ecológicos y pandemias devastadoras.
Todos los Estados nación del planeta están comprometidos con el mantenimiento de este sistema moribundo. Todo gobierno, democrático o dictatorial, abiertamente pro-capitalista o engañosamente "socialista", existe para defender los verdaderos objetivos del capital: el aumento de las ganancias a costa del único futuro posible para nuestra especie, una comunidad global donde la producción tenga un solo objetivo: la satisfacción de las necesidades humanas.
Pero, nos dicen, que esta vez en Brasil lo que está en juego es diferente. Volver a nombrar a Bolsonaro, o participar en su reelección no votando, sería avalar todas las políticas que ha llevado a cabo durante sus cuatro años de mandato.
Es cierto que Bolsonaro, como fue el caso de Trump, es un defensor a ultranza del sistema capitalista: intensificación de la explotación, en la aplicación de las "reformas" laborales y de las pensiones, en la continuación de las medidas de austeridad que han ampliado los recortes en educación, sanidad, etc. Pero no solamente es un clásico defensor del capitalismo, sino que ha demostrado ser un defensor de todo lo que está podrido en el capitalismo, una caricatura del populismo: su negación de la realidad de COVID-19 y del cambio climático, su fomento de la brutalidad policial en nombre de la ley y el orden, sus apelaciones al racismo y a la extrema derecha, su repugnante comportamiento personal de carácter homófobo y misógino, ... Pero el hecho de que sea un delincuente y un racista no ha impedido que grandes fracciones de la clase capitalista lo apoyen porque sus políticas de restricción de los controles medioambientales y sanitarios sirven para aumentar sus beneficios.
Si, como es probable que Lula sea elegido, no será para mejorar la situación de la clase trabajadora, sino para ser más eficaz de lo que ha sido Bolsonaro al servicio de la defensa del capital nacional, que siempre se realiza a costa de los intereses de la clase trabajadora.
Para la izquierda del capital, la elección de Lula constituye una tarea primordial, primero para sacar a Bolsonaro de "Planalto" (palacio presidencial), segundo para defender la democracia. En este sentido, el PT (Partido de los Trabajadores, el aparato político al servicio de Lula) ha conseguido articular un amplio frente de izquierdas, además de formar coaliciones con partidos de centro-derecha.
Una mayor claridad sobre lo que representan Lula y Bolsonaro es tanto más necesaria cuanto que las amenazas de Bolsonaro de desconocer el veredicto de las urnas -como fue el caso de Trump- podrían llevar, si se concretan, a enfrentamientos violentos entre fracciones de la burguesía, o incluso a un intento de golpe de Estado. Si esto ocurre, es de la mayor importancia para el futuro de la lucha de clases en Brasil que ninguna fracción del proletariado se deje involucrar en la defensa de ninguno de los dos bandos enfrentados. Ambos son enemigos del proletariado, pero Lula, apoyado por los partidos de izquierda de la burguesía, es más capaz de engañar a la clase obrera. Esta es otra razón para ser particularmente cauteloso con él.
Revolução Internacional (27 de septiembre de 2022)
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El gobierno “más progresista de la historia” ha apoyado sin reservas la guerra en Ucrania, se ha lanzado a una increíble escalada de inversiones militares de tal forma que “está dando un giro inédito al sector militar con una lluvia de millones repartida entre los grandes programas de armamento”1, oficialmente ha aumentado el presupuesto de defensa en un 7,8% mientras que las pensiones subían un 2,5%; el precio de la luz en lo que va de 2022 ha subido un 54,3%; la inflación ha cruzado la barrera del 10%; ha firmado con los sindicatos un aumento salarial anual del ¡3,5%! (¡frente a una inflación del 10%!); bajo la nueva Reforma Laboral el 31% de los contratos de jóvenes entre 19 y 24 años ¡es de un solo día!; tener contrato fijo no impide que te despidan pues el despido es más barato que nunca; el 51% de los nuevos contratos es “fijo – discontinuo” (trabajar a tiempo parcial, es decir, precariedad disfrazada). El balance es demoledor: “Según el informe Foessa 2021, la pobreza severa en el Estado español afecta a once millones de personas, más de la cuarta parte de la población. Dos millones y medio más que en 2018. Se ceba sobre todo en los menores de 18 años, en los hogares monoparentales (casi siempre con mujeres como cabeza de familia) y en la población inmigrante. La pobreza severa se ha duplicado durante la pandemia. La intensa precariedad determina que el hecho de estar trabajando no garantice ingresos mínimos para mantener condiciones de vida dignas”2
Tras una gestión desastrosa de la pandemia la situación sanitaria en España es alarmante: “Durante el presente año, según los datos aportados por el Instituto de Salud Carlos III a través del sistema de monitorización de la mortalidad diaria por todas las causas (MoMo), se está produciendo en el Estado español un incremento de la mortalidad por todas las causas muy superior al esperado, hasta el punto de que según el último informe, de 7 de septiembre de 2022, hay un exceso de mortalidad de 30.861 personas 1, de las cuales 5.783 son atribuibles a la temperatura, mientras que del resto, 25.078 se desconoce la causa. Estos datos ponen de manifiesto, que, a estas fechas, el exceso de muertes por todas las causas ya es superior al exceso de mortalidad observado durante todo el año 2021, que fue de 24.490 personas”3
Estos datos, que no son exhaustivos, denuncian un gobierno que continua la obra de todos los gobiernos precedentes, tanto del PSOE como del PP: para defender los intereses del capital español DEGRADAR SIN DESCANSO LAS CONDICIONES DE VIDA DE LOS TRABAJADORES, CONTRIBUIR A LA BARBARIE GENERAL QUE SE APODERA DEL CAPITALISMO.
¡Y con todo este historial Pedro Sánchez cambia súbitamente de chaqueta y proclama en todos los foros que él es el defensor de “las clases medias y trabajadoras”, que “va a hacer pagar a los bancos y las eléctricas”, que va a “combatir” los “excesos de los capitalistas”!
¿Qué hay detrás de este súbito viraje? Conociendo toda la trayectoria del PSOE y de sus socios de gobierno (Yolanda Díaz, Podemos)4 los trabajadores debemos comprender que no se trata de arañar votos entre los obreros, sino de una maniobra de calado contra nuestra lucha y nuestra conciencia.
Tras la barbarie de la pandemia y de la guerra en Ucrania5 que promete prolongarse en una guerra de desgaste y anunciar nuevas guerras que acerquen el caos militarista a Europa; tras experimentar los efectos de la crisis, en particular la inflación, y las consecuencias de los sacrificios que la burguesía pide en el altar de la guerra, la clase obrera muestra los primeros signos de recuperación de su capacidad de luchar en su propio terreno. Las huelgas en Gran Bretaña son un empujón a la recuperación de la identidad de un proletariado que intenta luchar como clase en los países centrales del capitalismo. Una clase mundial que se enfrenta a las mismas condiciones de explotación y cuyas diferentes burguesías nacionales se empeñan a muerte en sabotear el camino de su perspectiva internacionalista y revolucionaria. En España el proletariado también ha expresado su combatividad, pero la burguesía nunca se queda esperando a verlas venir, sino que se anticipa y se da un marco político para atacar lo más eficientemente posible a nuestra clase.
La sociedad burguesa se encuentra en una situación de aceleración del caos y la barbarie que viene anunciando desde la primera guerra mundial. La tendencia a la autodestrucción del capitalismo es cada vez más gráfica con la combinación e interacción entre la crisis ecológica, la pandemia, la dislocación de las relaciones sociales, etc. y ahora esta guerra imperialista de desgaste localizada a las puertas de Europa occidental. Mientras que los efectos de la descomposición -crisis ecológica, pandemia, dislocación de las relaciones sociales- han tendido a reforzar la impotencia del proletariado y a nublar su perspectiva histórica, más bien atrapándole en las falsas luchas identitarias, las luchas parciales, etc.…la agudización de la crisis y los sacrificios como consecuencia de la guerra está empujado a los trabajadores de los países centrales a defender más o menos conscientemente sus condiciones de vida. Así vemos a los trabajadores empezar a luchar contra los efectos de la crisis y contra el aumento de la explotación.
Con las huelgas en Gran Bretaña6, la clase obrera ha entrado en una etapa donde se abre una potencialidad de desarrollo de su lucha en respuesta a la crisis y particularmente a la inflación. Esta ola de huelgas en uno de los países centrales del capitalismo, donde desde la derrota de la huelga de mineros en 1985 la clase obrera tenía enormes dificultades para respirar su propio terreno de clase, marca una ruptura con un retroceso en la combatividad. Estas huelgas no son un fenómeno aislado, son la punta de lanza de un momento de inicio de luchas en respuesta a los sacrificios de la guerra y la crisis, que abre el camino a una posible recuperación de la identidad y combatividad de la clase. Y ese desarrollo también se ha podido ver en España. El número de huelgas en el 1er semestre de 2022 ha aumentado un 20%. En Julio hubo un momento en que coincidieron luchas muy combativas: el metal en Cantabria, el metal en Galicia y muy especialmente la huelga en Vitoria, que partió de los obreros del pequeño metal que se dirigieron a los obreros de Mercedes Benz (MB), donde la mitad de la plantilla paró en solidaridad. Esta solidaridad es el arma primordial del proletariado. Sin embargo, los sindicatos, brazo fundamental del Estado para el sabotaje de las luchas obreras, consiguieron que la huelga en MB se aislara en un problema de MB, el sexto turno (introducir el trabajo los sábados). Al separar y oponer dos reivindicaciones que podían y debían UNIRSE (la solidaridad con los compañeros del metal y la lucha contra el 6º turno) estos sindicatos encerraron la lucha de MB en el aislamiento y con ello tanto los compañeros del pequeño metal como los de MB fueron a la derrota, perdiendo la fuerza más vital que es LA SOLIDARIDAD.
Después hemos visto otras luchas como la limpieza en varios hospitales, SAD en Asturias, los autobuses de Barcelona, las líneas aéreas...
La burguesía es la clase dominante de la sociedad: se prepara, toma la iniciativa, se anticipa a las luchas obreras. El Gobierno de Izquierdas como jefe y “consejo de administración” del Estado y Capital se pone al mando de esta acción.
La campaña actual de la burguesía española ha sido la de “el gobierno de izquierda defensor de trabajadores” y ahora es la de “el giro a izquierda”.
Con el desarrollo de la inflación y el esfuerzo de guerra, la burguesía se ve obligada a atacar a los trabajadores. Sin embargo, el discurso del gobierno de izquierdas es el de defensor de las “clases medias y trabajadoras”, la defensa de “los de abajo” con los cuales se pretende identificar. Estas medidas para supuestamente defender a los trabajadores (agrupados en la categoría heterogénea de “los de abajo”) serían por ejemplo los trenes gratuitos de cercanías7, la limosna de los 200 euros para rentas muy bajas, la nueva limosna de ayuda a madres desempleadas de 100 euros, las ayudas a una vivienda cuyos precios se disparan, la bolsa de la compra de los 30 euros, etc., la subida fantasma del salario mínimo.
Estas medidas entran dentro de una política de reparto de la miseria. Esta política económica de apariencias obreras está acompañada de una tendencia a culpabilizar a los trabajadores no ya con salarios más altos, sino algo más altos, (puede haber trabajadores especializados que debido a la carencia de mano de obra en sus trabajos puedan cobrar salarios mayores, pero en general no son para tirar cohetes) apoyándose en la miseria de los que cobran salarios más bajos o los desempleados. Los subsidios que se prometen, la mayoría de las veces no concedidos o mucho menores en la práctica están acompañados de los recortes salariales de trabajadores con salarios más altos.
¿Pero qué es lo más importante hoy? Debemos denunciar con uñas y dientes el marco político que se está dando la burguesía española para poder atacar con más ferocidad el futuro de los trabajadores.
Este marco tiene varios pilares:
-La promoción de la operación Yolanda Díaz, para restar poder a Podemos y organizar un giro a la izquierda en combinación con el PSOE8. Este giro es una preparación para el trabajo de los izquierdistas y el sindicalismo.
-La apariencia de que los ataques son una cuestión ajena y habría un gobierno que intenta suavizarlos. Estos vendrían de la inflación, de Rusia, de los poderes económicos, o vete tú a saber de dónde. Se trata de mantener viva la reputación “obrera” del PSOE, partido indispensable para la burguesía española, y de aislar el tema en una protesta económica.
Por ejemplo, la Sra. Díaz se enfrenta a la patronal y además llama a las huelgas. Se postula como agitadora de huelgas. Esto permite a Sánchez mostrarse radical. En una entrevista al vicepresidente segundo del Consell valenciano, Héctor Illueca (Podemos), el tipo se mostraba tan radical llamando a las huelgas que el propio periodista le dijo "pero usted es del gobierno». Y él dijo que la cuestión es la cuestión económica, que son los empresarios en última instancia los que toman las decisiones, que son los poderes económicos los responsables a los que el gobierno intenta parar los pies.
Los mecanismos del capitalismo de Estado dan la falsa impresión de que “todo aparece como un automatismo económico”, resultado de la acción exclusiva de oscuros “poderes económicos”. En ese marco el gobierno -que es en realidad quien organiza, dirige y manipula esos mecanismos- aparece como “ajeno” a esos ataques y, al contrario, se presenta como una institución “neutral” cuyo misión -sobre todo si es de izquierdas- sería la de “mitigarlos”, “suavizarlos”, “en beneficio de los ciudadanos” y “especialmente de los más desfavorecidos”. La inflación no aparece como un ataque gubernamental, aunque sea una consecuencia que viene de los gastos improductivos, principalmente la economía de guerra, arrastrados por todo el período de la decadencia (gastos improductivos que sí busca la burguesía, aunque no tenga otro remedio). Es también la actual política de economía de guerra del gobierno la que crea un marco para los ataques. En 2008 no había tampoco un sentimiento en la clase de un ataque directo a sus condiciones de vida, sino que la crisis inmobiliaria y bancaria venía de no se sabe dónde y no se podía hacer nada, lo cual reforzaba la desmovilización. Antes de la pandemia existía la perspectiva hacia una nueva recesión donde, a diferencia de 2008, los ataques se plantearían en un terreno más directo de confrontación con trabajadores, por ejemplo, los despidos. La inflación no se estaba expresando de forma abierta por entonces, y ante esta situación la burguesía decía que había que dar algo de rienda suelta a la inflación de forma controlada. Era pues algo incluso buscado para aumentar la explotación de manera encubierta. Luego vino la pandemia y después se produjo la confirmación de que la inflación no es un efecto controlado a placer, sino más bien una expresión de la crisis del capitalismo que la burguesía está teniendo muchos problemas para controlar.
Ante los despidos el gobierno también se da un marco para que no aparezcan de forma directa, sino algo exterior, ajeno, inevitable. Por ejemplo, los ERTE que se hicieron durante el Covid en este momento están siendo utilizados por muchas empresas, por ejemplo, todas las empresas del automóvil. El gobierno proporciona un marco político para una medida de ataque.
El proletariado debe comprender que todos estos ataques son producto del capitalismo como sistema y de la burguesía como clase y que su Estado -ese estado que con el ropaje democrático y de izquierdas aparece como el “representante de las clases medias y trabajadoras- son agentes activos de los mismos. Debe comprender que la burguesía necesita darse un marco para estos ataques, pero que no se trata de decisiones específicas del libre albedrío de un gobierno u otro, de las izquierdas o de las derechas. Estos solo pueden empeñarse en procurar lo mejor para la burguesía (y así, entre otras cosas, el engaño de los trabajadores). La idea de que “son los poderes económicos quienes tienen sartén por mango y el gobierno debe controlarlo" es un ataque ideológico al proletariado, para evitar que comprenda la naturaleza de su enemigo de clase. En esto consistiría el giro a la izquierda de "tratar de contener el afán de ganancia de poderes económicos". Esto da un marco político para el trabajo de los brazos izquierdista y sindical del Estado, orientado a saludar el giro a la izquierda del gobierno, a trabajar por una parte en la inclinación hacia la izquierda del gobierno, y por otro en un espíritu de luchas económicas aisladas en cada sector particular. Este es el marco político de la falsa atenuación de las consecuencias, del mal menor, dirigido a impedir la lucha del proletariado en su propio terreno y a desarrollar la división de los trabajadores, pero con un toque radical.
Si Pedro Sánchez se erige en “defensor de las clases medias y trabajadoras” y Yolanda Diaz llama “a la huelga” es precisamente para que los sindicatos tengan un punto de apoyo para “convocar huelgas” y SE ANTICIPEN A LA COMBATIVIDAD OBRERA. La burguesía trata de evitar que las luchas surjan de la iniciativa de los trabajadores, para ello utiliza su aparato sindical para que tome la delantera y organice huelgas aisladas, domesticadas, encerradas en la defensa de la economía nacional, llevadas de principio a fin a la derrota. Es decir, la burguesía se prepara frente al probable estallido de la combatividad obrera.
En el pasado, los trabajadores británicos estaban entre los más combativos del mundo. Basándose en el número de días de huelga, el "invierno de la ira" de 1979 fue el movimiento más masivo después de mayo de 1968 en Francia, incluso por encima del "otoño caliente" de 1969 en Italia. Esta enorme combatividad fue la que el gobierno de Margaret Thatcher consiguió sofocar de forma duradera infligiendo una serie de amargas derrotas a los trabajadores, especialmente durante la huelga de mineros de 1985. Esta derrota marcó un punto de inflexión, el del prolongado reflujo de la combatividad obrera en el Reino Unido; incluso anunció el reflujo general de la combatividad obrera en el mundo. Cinco años más tarde, en 1990, el colapso de la URSS, presentada fraudulentamente como un régimen "socialista", y el no menos falso anuncio de la "muerte del comunismo" y el "triunfo definitivo del capitalismo" terminaron de noquear a los trabajadores de todo el mundo. Desde entonces, desprovistos de perspectiva, con su confianza y su identidad de clase dañadas, se ven cada vez más sometidos, en el Reino Unido incluso más que en otros lugares, a los ataques de todos los gobiernos sin poder defenderse realmente. Las manifestaciones masivas en Francia han sido a menudo la excepción en los últimos años.
Pero la rabia se ha acumulado y hoy, frente a los ataques de la burguesía, la clase obrera del Reino Unido demuestra que está de nuevo dispuesta a luchar por su dignidad, a rechazar los sacrificios que constantemente impone el capital. Y una vez más, es el reflejo más significativo de la dinámica internacional: el pasado invierno, las huelgas habían comenzado a estallar en España y Estados Unidos; este verano, Alemania y Bélgica también han experimentado paros; para los próximos meses, todos los comentaristas anuncian "una situación social explosiva" en Francia e Italia. Es imposible predecir dónde y cuándo la combatividad de los trabajadores volverá a manifestarse masivamente en un futuro próximo, pero una cosa es cierta, la magnitud de la actual movilización obrera en el Reino Unido es un hecho histórico importante: los días de pasividad y sumisión han terminado. Las nuevas generaciones de trabajadores están levantando la cabeza. (nuestra Hoja Internacional sobre las huelgas en Gran Bretaña)
Con la referencia histórica e intervención clara de las organizaciones revolucionarias, el retorno de la combatividad de los trabajadores en respuesta a la crisis puede convertirse en un foco de conciencia. Es evidente que cada aceleración de la descomposición consigue frenar los esfuerzos embrionarios de la combatividad obrera: el movimiento en Francia de 2019 sufrió el golpe del estallido de la pandemia; las luchas del invierno de 2021 se detuvieron ante la guerra de Ucrania, etc. Esto supone una dificultad adicional y no insignificante para el desarrollo de las luchas y la confianza del proletariado en sí mismo. Sin embargo, no hay otro camino que la lucha, la lucha es en sí misma la primera victoria. El proletariado mundial, en un proceso muy atormentado, con muchas y amargas derrotas, puede finalmente recuperar su identidad como clase y lanzarse con el tiempo y la lucha a una ofensiva internacional contra este sistema moribundo.
Opero y Smolny 05-10-22
1 La Vanguardia 25-9-22
2 naiz: Iritzia | Opinión - El silencio suicida de la izquierda ante la gestión de la pandemia covid [985]
3 https://www.isciii.es/QueHacemos/Servicios/VigilanciaSaludPublicaRENAVE/EnfermedadesTransmisibles/MoMo/Documents/InformesMoMo2022/MoMo_Situaci%C3%B3n%20a%207%20de%20septiembre%20de%202022_CNE.pdf [986]
4 No podemos en el marco de este artículo hacer una panorámica histórica de la hoja de servicios del PSOE al Capital español, remitimos a nuestra Serie Los Gobiernos de Izquierda al servicio de la explotación capitalista: https://es.internationalism.org/content/4521/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-i [192] , https://es.internationalism.org/content/4562/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-ii-los-gobiernos [225] y https://es.internationalism.org/content/4625/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-iii-la-trampa-esta [458]
5 Ver respectivamente Dossier especial COVID19: el verdadero asesino es el capitalismo https://es.internationalism.org/content/4566/dossier-especial-covid19-el-verdadero-asesino-es-el-capitalismo [255] y Dossier: Contra la Guerra Imperialista en Ucrania por la Lucha de Clases Internacional https://es.internationalism.org/content/4820/dossier-contra-la-guerra-imperialista-en-ucrania-por-la-lucha-de-clases-internacional [980]
6 Ver nuestra hoja internacional El verano de la ira en Gran Bretaña: la burguesía impone nuevos sacrificios, la clase obrera responde con la lucha https://es.internationalism.org/content/4858/el-verano-de-la-ira-en-gran-bretana-la-burguesia-impone-nuevos-sacrificios-la-clase [981]
7 Los trenes son gratuitos pero el servicio está en un estado tan lamentable que los trenes sobrecargados que llevan miles de obreros al trabajo sufren retrasos de ¡hasta 3 horas! O incluso ¡no llegan nunca! Como ilustraciones ponemos 3 enlaces escogidos entre las innumerables crónicas del pésimo funcionamiento de este servicio “3 meses gratuito”: El «desastre» de las Cercanías no tiene fin | El Diario Montañes (eldiariomontanes.es) [987] , El desastre de Renfe Cercanías en la Comunitat Valenciana continúa (valencianews.es) [988] , Rodalies Renfe | Restablecido el servicio de trenes en Catalunya tras tres horas sin funcionar (lavanguardia.com) [989]
8 Ver La “defensora de los trabajadores” Yolanda Díaz nos ataca con la nueva “Reforma Laboral” https://es.internationalism.org/content/4759/la-defensora-de-los-trabajadores-yolanda-diaz-nos-ataca-con-la-nueva-reforma-laboral [990]
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Desde el 27 de septiembre, cada vez más trabajadores de los grupos petroleros Total Energies y Esso-ExxonMobil están en lucha. Al cierre de esta edición, siete de las ocho refinerías estaban bloqueadas. Su principal reivindicación es clara: para hacer frente a la subida de los precios, reclaman un aumento salarial del 10%.
Todos los asalariados, los pensionistas, los parados y los estudiantes precarios, que ahora sufren la inflación, esta subida vertiginosa de los precios de los alimentos y de la energía, se enfrentan al mismo problema: salarios, pensiones o subsidios que ya no les permiten vivir dignamente. La determinación de los huelguistas de las refinerías, su rabia y su combatividad, encarnan y concretan lo que siente toda la clase obrera, en todos los sectores, públicos o privados.
Los medios de comunicación pueden difundir un sinfín de imágenes de colas interminables frente a las gasolineras, multiplicar los reportajes sobre el calvario de los automovilistas que quieren llegar a su lugar de trabajo (¡a ellos!), pero no importa: esta lucha provoca, por el momento, algo más que simpatía en las filas proletarias, ¡también da lugar al sentimiento de que los trabajadores de todos los sectores están en el mismo barco!
Los medios de comunicación gritan: "¡Mira a estos privilegiados que reciben más de 5.000 euros al mes! Francamente, ¿quién puede creer semejante mentira? Sobre todo, porque hacen lo mismo cada vez que hay una huelga de trabajadores ferroviarios o de aerolíneas... 5.000, 7.000, 10.000... ¿Quién da más? En realidad, estos empleados no ganan más de 2.000 euros al principio, 3.000 para algunos al final de su carrera, al igual que profesores, enfermeras, trabajadores cualificados, etc. Pero esta propaganda es cada vez menos creíble a medida que pasan los meses, porque en la clase obrera crece la idea de que todos estamos afectados por el deterioro de los salarios y los ataques cada vez más intolerables.
No es de extrañar el aumento palpable de la ira y la combatividad en muchos sectores obreros en las últimas semanas. Forma parte de una dinámica más amplia, una dinámica internacional, cuyo indicio más significativo ha sido la lucha librada este verano (y que continúa) por los trabajadores del Reino Unido. En nuestra hoja internacional del 27 de agosto escribimos: "Este es el mayor movimiento de la clase trabajadora en este país desde hace décadas; hay que remontarse a las enormes huelgas de 1979 para encontrar un movimiento mayor y más masivo. Un movimiento de esta envergadura en un país tan grande como el Reino Unido no es un acontecimiento "local". Es un acontecimiento de importancia internacional, un mensaje para los explotados de todos los países. [...] Las huelgas masivas en el Reino Unido son una llamada a la acción para los proletarios de todo el mundo. Desde entonces, las huelgas en Alemania o las anunciadas en Bélgica, por ejemplo, no han hecho más que confirmar esta tendencia”1.
Sin embargo, la clase obrera se enfrenta a una verdadera debilidad: la fragmentación de sus luchas. En los dos últimos meses han estallado huelgas en el sector del transporte (en Metz el 7 de octubre, en Dijon el 8 de octubre, en Saint Nazaire el 11 de octubre, a nivel nacional del 17 al 23 de octubre), en el sector de la puericultura y en la administración local (el 6 de octubre), una jornada de manifestación el 29 de septiembre principalmente en el sector público, etc.
¿Por qué esta división? Porque los sindicatos tienen ahora en sus manos la organización de estos movimientos, que dispersan y separan en otras tantas corporaciones, sectores y reivindicaciones específicas. Porque se reparten la faena de dividir a los trabajadores entre organizaciones sindicales "radicales" y "conciliadoras", jugando así con las divisiones que acaban generando dudas y desconfianza en las filas obreras.
Frente a Macron y su gobierno, los sindicatos se presentan hoy como radicales, como campeones de la lucha... Esto lo hacen para mejor controlarnos y separarnos unos de otros. Al dar crédito a la idea de "gravar los superbeneficios" y de "distribuir mejor la riqueza", al denunciar la requisa estatal a los huelguistas, así como al ensalzar las virtudes de una auténtica negociación, los "interlocutores sociales" echan, mediante el juego de su "oposición", una mano al Estado, que busca precisamente aparecer como garante de un arbitraje benévolo. Y los medios de comunicación, los dirigentes de la clase burguesa ponen el dedo en la llaga presentando a la CGT y a la FO como "extremistas irresponsables", para darles credibilidad a los ojos de los explotados dándoles una supuesta combatividad, mientras que estos organismos son a su vez órganos del Estado, perfectamente institucionalizados.
Hoy los empleados de la central nuclear de Gravelines, la más potente de Europa Occidental, también van a hacer huelga. Al igual que los trabajadores de la SNCF, la RATP o la industria de los supermercados. Ellos también exigen aumentos salariales. Dentro de unos días, el 18 de octubre, está prevista una jornada "interprofesional" de huelgas y manifestaciones en el sector de la formación profesional, en las clínicas, en los EHPAD privados... Es decir, cada uno en su rincón, separado de los demás. Además, en los micrófonos de BFM TV, el líder de la CGT, Philippe Martinez, no quiere un movimiento unitario de la clase. Por eso, blandiendo la "huelga general", orquesta la multiplicación de las acciones locales: "Hay que discutir las acciones en todas las empresas y generalizar las huelgas. Esto significa que debe haber huelgas en todas partes". Está claro: los sindicatos organizan la división y la dispersión, empresa por empresa, bajo el disfraz de la "generalización".
Recordemos la debilidad del movimiento social contra la reforma de las pensiones en 2019: hubo una gran simpatía por los ferroviarios en huelga, pero esta solidaridad se quedó en algo platónico, limitándose a dar dinero a las cajas de "solidaridad" puestas por la CGT en las procesiones de los manifestantes. Pero la fuerza de nuestra clase no es “el apoyo desde fuera” ni la yuxtaposición de huelgas aisladas entre sí.
¡No! ¡Nuestra fuerza es la unidad, la solidaridad en la lucha! No se trata de "converger", de ponerse unos al lado de los otros. La lucha obrera es un mismo movimiento: ir a la huelga e ir en delegaciones masivas a reunirse con los trabajadores más cercanos geográficamente (la fábrica, el hospital, la escuela, el centro administrativo...) para conocer, discutir y ganar más y más trabajadores para la lucha; organizar asambleas para debatir; unirse en reivindicaciones comunes. Es esta toma en mano de sus luchas por parte de los propios trabajadores, esta dinámica de solidaridad, extensión y unidad que siempre ha hecho temblar a la burguesía a lo largo de la historia. En definitiva, todo lo contrario de lo que hacen los sindicatos.
Hoy en día, sigue siendo muy difícil para los explotados dirigir ellos mismos su lucha; incluso les parece imposible, hasta el punto de que se afirma constantemente la idea de que la dirección de estas luchas debe confiarse a los "especialistas" sindicales. Pero la historia de los trabajadores demuestra lo contrario. Cuando la dirección de la lucha fue tomada en mano por las asambleas generales, decidiendo colectivamente la conducción de la lucha, nombrando comités de huelga elegidos y revocables, responsables ante las asambleas, y no ante las diferentes centrales sindicales que no dudan en mostrar sus divisiones para desmoralizar a los trabajadores, cuando éstos fueron los más fuertes y pudieron hacer retroceder a sus explotadores.
Corriente Comunista Internacional, 13 de octubre de 2022
El domingo 13 de Noviembre más de 600.000 personas según los organizadores1 se manifestaron en Madrid “en defensa de la sanidad pública”, contra los planes de Ayuso de abrir nuevos centros de urgencias en atención primaria y rural, sin contratar más personal sanitario, y recurriendo a la asistencia virtual con tele llamadas.
Esta movilización es al mismo tiempo parte de una campaña y contribuye a amplificarla, de oposición del PSOE y la Izquierda en general (Podemos, más Madrid, UGT y CCOO, etc.) al PP, señalando el autoritarismo y la falta de sensibilidad social de la Presidenta de la Comunidad de Madrid.
No cabe la menor duda que Ayuso se ha ganado una merecida fama de “derechona”, “ultra-liberal” con aires “trumpistas” (en continuidad con su predecesora Esperanza Aguirre)2 a través de constantes provocaciones, desplantes y acusaciones incendiarias a la izquierda3. Su defensa descarada de las medidas antisociales del gobierno regional provoca la indignación de los trabajadores y la población en general.
Pero el punto de partida del conflicto de la sanidad en Madrid no son problemas particulares de esta Comunidad, sino los problemas generales de la sanidad.
Desde hace años el desarrollo de la crisis económica está socavando el llamado Estado del bienestar, y particularmente la asistencia sanitaria4. Aunque todos los Estados en los países centrales presumen de tener una sanidad “de las mejores del mundo”, la pandemia ha puesto al descubierto, si aún era preciso, las tremendas deficiencias de medios y personal en todos los países5 y en este caso en España. Falta de camas de UCI y hospitalarias en general, demoras de intervenciones quirúrgicas de más de un año, servicios de urgencias hospitalarios y de Atención Primaria saturados; pero sobre todo falta de personal, de médicos y enfermeras y otros sanitarios.
El 50% de los médicos tienen contratos eventuales y trabajan en condiciones precarias y el problema es aún más grave para los enfermeros. La ratio de enfermeros por 100.000 habitantes está entre 500-600 según diferentes estadísticas, 200 menos que la media de la UE. Muchos sanitarios están al borde de sufrir crisis nerviosas por la sobrecarga de trabajo.
Estos recortes en la sanidad no son ni mucho menos exclusivos de Madrid, de Ayuso o el PP. Algunos de los que ahora salen a la calle a defender la sanidad pública han contribuido antes en primera persona a degradarla:
«En 2017, Susana Díaz tuvo que cambiar al consejero del ramo en un intento por aplacar las protestas de profesionales sanitarios [993]. La chispa que encendió esas movilizaciones, que sacaron a decenas de miles de personas a las calles, fue la reorganización de la atención hospitalaria que puso en marcha la hoy ministra de Hacienda, María Jesús Montero, cuando era titular de Salud en Andalucía. Hay consenso entre los analistas al afirmar que ese descontento fue uno de los motivos que acabaron con el PSOE fuera de la Junta en las elecciones de 2018 después de 37 años en el poder»6
Las medidas de Ayuso, que hipócritamente otros señalan con el dedo, forman parte de un ataque del Estado en el que todos confluyen, en diferentes Comunidades autónomas, y con diferentes gobiernos de derechas o izquierdas. TODOS están de acuerdo en aplicar más recortes y cargar la crisis sobre las condiciones de vida de los trabajadores, directamente en este caso a los de la Sanidad, e indirectamente al conjunto de trabajadores con la degradación de la asistencia.
En Cantabria, donde gobierna el PSOE en coalición con un partido regional, los médicos de Primaria son obligados a atender más de 60 pacientes al día regularmente, cuando ellos consideran que no pueden ver más de 35, dedicándoles al menos 10 minutos a cada uno; como consecuencia de eso ha habido agresiones al personal sanitario igual que en Madrid. Y parecido ocurre en Navarra (igualmente con gobierno de coalición donde participa el PSOE), los médicos se movilizan contra la escasez de personal y los bajos salarios.
En varias Comunidades más se esperan más movilizaciones frente a los mismos ataques:
«Por eso continúan las movilizaciones en muchas comunidades autónomas. A las de Madrid, Navarra o Cantabria, previstas para febrero, se suman las protestas de Aragón, Murcia, País Vasco, Andalucía o Comunidad Valenciana. En Cataluña, concretamente en Mataró, unos 80 médicos han anunciado que dejarán de hacer guardias.»7
Y por si cupiera alguna duda de que se trata de recortes y ataques que suscriben todos, hay que decir que en Madrid incluso los sindicatos habían apoyado el plan de Ayuso inicialmente “para evitar las movilizaciones”, y que se descolgaron del acuerdo cuando vieron que el malestar de los trabajadores amenazaba con desbordarlos:
«La pasada semana las organizaciones sindicales con representación sanitaria mantuvieron una primera reunión con la Consejería de Sanidad en el marco de la reapertura de las urgencias de la región bajo el nombre Centros de Urgencias 24 horas, antes llamados Servicio de Atención Rural (SAR) y Servicios de Urgencias de Atención Primaria (SUAP), tal y como anunció la presidenta madrileña en uno de los últimos plenos en la Asamblea de Madrid. Todo para evitar los anuncios de huelga con los que desde los sectores sanitarios amenazaban.
Días más tarde, cuatro de las cinco organizaciones -SATSE, CCOO, CSIT UNIÓN PROFESIONAL y UGT- decidieron suscribir este acuerdo "por responsabilidad" tras consultar con sus bases, evitando de esta forma los paros.»8.
Así es como el Estado responde a los Sanitarios, extenuados por la pandemia, a los que no hace nada llamaba a aplaudir desde los balcones durante el confinamiento.
Los sanitarios, médicos, enfermeras y celadores son un sector importante de la clase obrera9; aunque a algunos (particularmente entre los médicos) les cueste reconocerlo y exista un peso del corporativismo. Las cadenas de producción del siglo XXI exigen formación especializada y hoy muchos obreros, incluso los antiguamente considerados como “blue collars”10 son técnicos medios y algunos incluso superiores; ingenieros que trabajan realmente como comerciales o administrativos e informáticos integrados a la producción en serie. Igualmente en el sector servicios, en el transporte, los maquinistas del metro o de los trenes, necesitan una formación de alto nivel, etc.11
Los hospitales y centros de salud modernos son verdaderas fábricas y talleres con un trabajo en serie y troceado en distintas especialidades y áreas de atención (diagnóstico, laboratorio, tratamiento); pero esencialmente se trata de un trabajo asociado, colectivo, de clase.
La situación actual de malestar y movilizaciones contiene, no tanto de manera inmediata, sino en perspectiva, una potencialidad de que este sector reconozca esta identidad de clase y plantee sus luchas en el terreno de la reivindicación de la defensa de sus condiciones de vida, llamando a la solidaridad de otros sectores obreros por la defensa conjunta y unida de las mismas reivindicaciones: contra la sobrecarga de trabajo y los recortes salariales.
El sector sanitario estaba ya sufriendo condiciones de trabajo muy duras, y salarios que aunque desde lejos puedan parecer altos, se alcanzan con guardias y jornadas extras extenuantes. La pandemia ha empeorado aún más esas condiciones, causando además muertes entre los enfermeros y médicos que han pagado con su vida. Por todas esas razones el descontento es muy profundo y la situación es explosiva.
Además, el sector cuenta con la simpatía de los trabajadores y la población12, por lo que los llamamientos a la solidaridad podrían tener un eco en otros sectores de trabajadores en lucha o donde se acumula un malestar.
En Gran Bretaña13, por ejemplo, las encuestas oficiales anuncian la simpatía de la población general por las condiciones de los sanitarios (a las huelgas previstas de los enfermeros se suman paramédicos, trabajadores de ambulancia, limpiadores, etc.). El Estado británico está preparando a través de los sindicatos huelgas para final de año en el sector sanitario, así como todo tipo de encuestas y maniobras para desviar la combatividad obrera a un terreno ciudadano, nacional y de apoyo al sector. Entre las trampas, el paternalismo del “comprensible esfuerzo y malestar del sector sanitario”, inducir la culpa por la desatención de los pacientes con las huelgas que el propio Estado prepara, las promesas simultáneas de una acción huelguística sonora (“los enfermeros votan por primera vez en muchos años pasar a la acción”), y la promesa de aumentos salariales que demasiado altos “no nos los podemos permitir” pero que buscarían solucionar la situación14.
Si la lucha del sector sanitario consiguiera expresarse en un terreno de lucha obrera sería una gran aportación para la recuperación de la identidad de clase del conjunto de la clase obrera que, después de la campaña anticomunista tras el hundimiento del estalinismo en 1989, ha sufrido un importante golpe del que aún no se ha recuperado.
La campaña anti Ayuso y por la defensa de la sanidad pública en Madrid se opone completamente a esa dinámica, porque transforma la solidaridad obrera en “movilización ciudadana”, que se expresa en el terreno de la oposición en el seno del Estado entre la Izquierda y la derecha, en lugar del terreno de la lucha unida de los obreros contra los ataques y recortes del Estado.
Pero la “defensa de la Sanidad Pública” es precisamente lo que exige trabajar el doble con la misma plantilla (o menos) y recortar los salarios para que el Estado rentabilice sus servicios15. Un Estado que se presenta como el representante de todos, pero que en realidad es el Estado de la clase dominante.
La movilización de Madrid ha conseguido por el momento desviar el malestar del verdadero terreno de lucha; pero el anuncio de nuevas movilizaciones en todas las Comunidades del Estado muestra que las espadas están en alto. Y los sanitarios de Madrid aún se acuerdan de que las olas de la “marea blanca” rompieron contra las mismas trampas. La lucha de los trabajadores no puede entramparse ni en sectores ni en mareas, debemos luchar no como ciudadanos sino en nuestro propio terreno de clase proletaria internacional.
23.11.22
Hic Rhodas
1 Cerca de 200.000 según fuentes oficiales
2 Ayuso pretende por un lado erigirse como futura líder del PP (primero desafió a Casado logrando su defenestración y ahora presiona con descaro a Núñez Feijoo saboteando su pretendida “cara moderada”) y por otra parte pararle los pies a Vox adoptando muchas de sus banderas. Ver Frente a la “batalla de Madrid”: la alternativa no es democracia – fascismo sino barbarie capitalista o lucha autónoma del proletariado https://es.internationalism.org/content/4668/frente-la-batalla-de-madrid-la-alternativa-no-es-democracia-fascismo-sino-barbarie [994]
3 El PSOE favorece indirectamente a Ayuso para desacreditar las tentativas del PP de Feijoo de mostrarse moderado, y también para redorar su blasón socialista “de izquierdas”; Moncloa le da cancha a Ayuso, que es la Presidenta más veces recibida por Pedro Sánchez de entre todas las Comunidades autónomas y el gobierno regional de Madrid está entre los que más subvenciones reciben.
4 Y no solo en España. El ejemplo más significativo es precisamente Gran Bretaña, pionera en la organización del “Welfare State”
5 También hay luchas en este momento, contra la escasez de personal, de las enfermeras de algunos hospitales en California, y de los trabajadores de los laboratorios biomédicos en Francia
6 El Confidencial digital, 11.11.22
7 Antena 3 noticias 11.11.22
8 El Plural digital, 4 de Noviembre
9 Evidentemente esto no puede aplicarse a los directores, jefes y altos gerifaltes, igual que en las fábricas no puede considerarse a los patronos y capataces como compañeros.
10 Del inglés. Quiere decir obreros “de cuello azul”, con monos de trabajo, o sea los que trabajan en las fábricas y talleres.
11 Claro que igualmente junto a ello vemos a los “riders” y otros empleos de subsistencia producto de la precariedad laboral.
12 Aunque siempre pueden haber excepciones individuales de agresiones, como ha ocurrido en Madrid o en Cantabria y seguramente en otros lugares.
13 Donde recientemente hemos asistido a la mayor oleada de huelgas desde 1978-79. Ver nuestra hoja internacional El verano de la ira en Gran Bretaña: la burguesía impone nuevos sacrificios, la clase obrera responde con la lucha https://es.internationalism.org/content/4858/el-verano-de-la-ira-en-gran-bretana-la-burguesia-impone-nuevos-sacrificios-la-clase [981]
14 Ver https://www.washingtonpost.com/world/2022/11/19/britain-nurses-strike-vote-inflation/ [995] ; https://www.expressandstar.com/news/uk-news/2022/11/19/public-backs-nurses-striking-over-pay-and-patient-care-poll-suggests [996]
15 Aparte de que los trabajadores de la sanidad privada sufren igualmente ataques semejantes a sus condiciones de vida
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En movilizaciones recientes de los trabajadores hemos podido observar una creciente presencia de organizaciones del trotskismo, que como es tradicional en su ideología, intenta acaparar el espacio de “ala crítica” de los grandes partidos izquierdistas y organizaciones sindicalistas. Ya hemos denunciado muchas veces (como hicimos recientemente con respecto a la huelga del metal de Cádiz1) que su metodología esencial puede resumirse en recoger por la puerta a los obreros más combativos, hartos de las continuas maniobras y trampas de los grandes sindicatos, para devolverles por la ventana al mismo sitio; con una cubierta de fraseología que suena a radical y obrera, acaban defendiendo la misma lógica sindical de que la prioridad siempre es la negociación con la patronal, la misma lógica de sectorialización encubierta por llamados a la “unidad” (por separado), de rechazo de la extensión de la lucha, la autonomía de clase y el control de la huelga por asambleas de delegados responsables ante los obreros y revocables en todo momento. Son esas herramientas de lucha que acabamos de resaltar las que están en el corazón de los mejores y más fecundos episodios del movimiento obrero, y no el “entrismo” de “Programa de Transición” trotskista, que no puede acabar siendo más que el comparsa de la parte de atrás de las manifestaciones de los grandes sindicatos y organizaciones de la burguesía. Si los obreros tenemos la posibilidad y necesidad de desarrollar nuestra lucha de clase, ante un capitalismo mundial que está sumido en una putrefacción histórica irreversible, debemos hacerlo mediante la crítica más implacable de todas las maniobras, métodos y justificaciones ideológicas de la política burguesa. El trotskismo, desde la Segunda Guerra Mundial y su llamado al proletariado a alistarse tras las banderas de los contendientes imperialistas, forma parte de esa misma política burguesa que tanto dicen denunciar, no menos que los estalinistas y maoístas de los que también dicen ser enemigos irreconciliables.
Entrando más en nuestro periodo histórico concreto, creemos que una mayor movilización de organizaciones como las del trotskismo (es decir, la extrema izquierda del capital) responde a la respuesta preventiva que la burguesía, clase explotadora con mucha experiencia acumulada, es capaz de organizar frente a un previsible aumento de la combatividad en las filas de la clase obrera, como ya hemos podido ver en varias partes de Europa y el mundo. Así, la movilización del trotskismo viene a encajarse en el clima que intenta crear el propio Gobierno de coalición con su “giro a la izquierda” y su pretendida apariencia de “benefactor de los trabajadores”2. Daremos un rápido repaso al hecho de cómo el radicalismo altisonante del trotskismo no está tan lejos del formalismo ladino de la socialdemocracia como se piensa, sino que es otra de las herramientas del Estado para mejor confundir a la clase obrera.
En un escrito publicado el pasado septiembre3, la organización trotskista Lucha Internacionalista escribe lo siguiente al comentar la degradación de las condiciones de vida que sufre actualmente la clase obrera:
``Ahora, el Gobierno pretende cerrar tres negociaciones en los próximos meses: la revisión del SMI, activar el Pacto de rentas en un intento de limitar las subidas salariales y completar la reforma del sistema de pensiones, con nuevos recortes. Las medidas populistas del gobierno PSOE-UP como la rebaja de impuestos a la luz y el gas, la subvención de los 20 céntimos por el litro de gasolina, el cheque de 200€ para las rentas más bajas o la reducción del precio del transporte público durante 3 meses, no sólo perpetúan los negocios de las grandes compañías, sino que, lejos de dar una solución real a la clase trabajadora, amplían fuertemente la deuda pública. Suponen un traspaso de dinero público a manos de empresas privadas. Sin una intervención de precios y de los beneficios con impuestos -o con la nacionalización de estas compañías estratégicas- no se resuelve el problema de fondo´´.
Lo que pretenden estos planteamientos de “control de precios” es reforzar el papel del Estado capitalista con más impuestos y nacionalizaciones de “compañías estratégicas”. Este “programa” no “resuelve el problema de fondo” de la miseria, la inflación, la guerra imperialista, al contrario, SIRVE A ESOS PROCESOS DE LA BARBARIE CAPITALISTA. Con estas propuestas ese grupo trotskista, como el trotskismo y el izquierdismo en general, SUBORDINAN Y ATAN AL PROLETARIADO AL CAPITALISMO Y SUS DESIGNIOS.
Tanto Marx como Friedrich Engels ya contribuyeron en su momento de forma decisiva a disolver ese mito ideológico: el de que las nacionalizaciones y expropiaciones de empresas a cargo del Estado alterarían esencialmente en lo más mínimo la lógica de la producción capitalista:
``El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, un Estado de los capitalistas: el capitalista total ideal. Cuantas más fuerzas productivas asume en propio, tanto más se hace capitalista total, y tantos más ciudadanos explota. Los obreros siguen siendo asalariados, proletarios. No se supera la relación capitalista, sino que, más bien, se exacerba´´4. Aunque Engels continuó esta reflexión con la afirmación de que la propiedad estatal total contenía un “germen” de la “solución del problema”, al desarrollar al extremo las contradicciones del capitalismo, este error que suelen explotar izquierdistas de todo pelaje, también reproducido en parte por el programa del Manifiesto Comunista, vendría a ser reconocido como tal y corregido en su prólogo a la edición alemana de 1872 del Manifiesto:
``Este programa ha quedado a trozos anticuado por efecto del inmenso desarrollo experimentado por la gran industria en los últimos veinticinco años, con los consiguientes progresos ocurridos en cuanto a la organización política de la clase obrera, y por el efecto de las experiencias prácticas de la revolución de febrero en primer término, y sobre todo de la Comuna de París, donde el proletariado, por vez primera, tuvo el Poder político en sus manos por espacio de dos meses. La comuna ha demostrado, principalmente, que “la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines”´´5.
Para el trotskismo la clase obrera vendría a ser en esencia lo contrario de lo que pensaban Marx y Engels. En vez de una clase revolucionaria, los trotskistas nos la presentan como una enorme “masa de presión” al servicio de un plantel de políticos profesionales (la “vanguardia revolucionaria” según ellos) que tome la dirección del Estado capitalista y reintroduzca el plan de Mann o el New Deal en todas partes6. La naturaleza histórica, revolucionaria, de una clase de la sociedad civil que no es una clase de la sociedad civil, que no puede tener necesariamente otro objetivo que la disolución de una sociedad de clases sin futuro mediante la dictadura revolucionaria de sus asambleas y consejos obreros se pretende sustituir en la ideología trotskista por una masa de suplicantes a las puertas de la catedral en ruinas del Estado burgués.
Así continúa la declaración de Lucha Internacionalista:
``La escalada de precios no puede detenerse convenio a convenio. Es necesaria una huelga general para imponer la defensa de salarios y pensiones a la patronal y al Gobierno PSOE-IU/Podemos, exigiendo un cambio de rumbo de 180º. Esta demanda debería salir de todos los puestos de trabajo para exigir su convocatoria unitaria a todos los sindicatos´´.
En lugar de la lucha genuina de todos los obreros, de su unidad y solidaridad de clase auténtica, los señores trotskistas piden que se “demande desde todos los puestos de trabajo” una convocatoria de huelga general a “todos los sindicatos”, es decir, principalmente a CCOO y UGT, y luego ya pueden engancharse todas sus mascotas “de base” y “alternativas” como pasa siempre… para que no pase nada. Piden una huelga que ya desde el mismo momento de su nacimiento esté muerta para la clase: controlada por los órganos sindicales, por los guardianes de la legitimidad política de ese gran buró capitalista de administración de nuestra miseria que es el Estado. No es de extrañar que una de las máximas del trotskismo moderno sea la consigna de su gran líder histórico Ted Grant: “Dentro del movimiento obrero, todo, fuera del movimiento obrero, nada”. Si para este señor, como demostró en vida, así como piensan todos sus sucesores, el movimiento obrero se reduce a las maniobras sindicales de control de la presión en el ambiente laboral, que es a lo que se reducen esencialmente los llamamientos a la huelga que los sindicatos se ven forzados a hacer para darse legitimidad ante los obreros cuando la situación de indignación y combatividad es inaguantable… entonces estos señores saben lo mismo del movimiento obrero que el más reaccionario de los capitalistas. Con la excusa de no caer en “sectarismos”, de que la burocracia sindical y la “base” son de extracción distinta, los trotskistas prefieren el cómodo aunque ambiguo terreno acotado del entrismo en las grandes organizaciones sindicales7 y políticas de la burguesía. Entran así en un continuo sí pero no equilibrista que se mueve entre dar un ``ala crítica´´ a estas organizaciones (que no tienen nada que ver con la lucha obrera y que con esta forma de actuar, de hecho, refuerzan su reputación) y la precaución de no hacer demasiado ruido para evitar su expulsión de las mismas. Este jamás podrá ser el camino que debemos seguir como clase, siendo una de las primeras y más fundamentales necesidades de nuestra lucha la de denunciar implacablemente a estas organizaciones y argumentar de cara a nuestros hermanos de clase la necesidad de la autonomía política del proletariado, frente a todas las organizaciones izquierdistas erigidas en calidad de falsos amigos de los trabajadores.
La revolucionaria Rosa Luxemburgo lo tenía muy claro con respecto al lugar que ocupan los sindicatos en cuanto al objetivo fundamental y último de la lucha del proletariado. Aunque por las características históricas de su época seguía considerando a los sindicatos como algo necesario8, sobre todo antes de que aparecieran los consejos obreros, fue testigo de un movimiento sindical plagado de oportunismo y burocratismo, que siempre denunció implacablemente como algo natural a la lógica sindical. Si bien en la época de Rosa los sindicatos no habían traicionado aun decisivamente a la clase obrera, en una fase histórica ascendente del capitalismo en la que todavía podían arrancar a la burguesía concesiones y mejoras duraderas en las condiciones de vida de los obreros, la I Guerra Mundial vendría a poner fin a toda esa situación. Fue esa contienda la que marcó el inicio de la decadencia histórica de un capitalismo que ya no podía continuar su evolución sin la guerra generalizada… así como el fin de los sindicatos como órganos de la clase obrera: los grandes sindicatos de la II Internacional apoyaron en masa la masacre imperialista. Y aun así, muchos años antes de que eso ocurriera, Rosa Luxemburg ya escribía en su Reforma o revolución:
``Las cooperativas y los sindicatos son totalmente incapaces de transformar el modo capitalista de producción. Esto Bernstein realmente lo comprende, si bien de manera distorsionada. Porque se refiere a las cooperativas y los sindicatos como medios para reducir las ganancias de los capitalistas y enriquecer así a los obreros. De esta manera renuncia a la lucha contra el modo de producción capitalista y trata de dirigir el movimiento socialista hacia la lucha contra la “distribución capitalista”. Una y otra vez Bernstein se refiere al socialismo como un esfuerzo por lograr un modo de distribución “justo, más justo y aún más justo” (Vorwarts, 26 de marzo de 1899) ´´9.
El reformismo entrista del trotskismo no tiene nada que envidiarle al Bernstein de la II Internacional y su revisionismo. No hay ocasión que no aprovechen en sus panfletos para, fundamentalmente y quitando todo el recubrimiento de lenguaje obrerista altisonante, pedir un modo de distribución capitalista justo, más justo y aún más justo. Uno de los principales obstáculos en nuestro camino a seguir para recuperar nuestros métodos de lucha como clase es el de separarnos de las trampas ideológicas y los métodos de la burguesía. El trotskismo refuerza ese obstáculo (y otros tantos, como veremos).
La antigua Oposición de Izquierdas que fundó Trotsky, junto a otros 45 militantes bolcheviques, fue una valiente reacción (aunque ni mucho menos la única) al ascenso del estalinismo y la degeneración del bastión obrero ruso, nacido de la revolución proletaria de Octubre de 1917. Aunque las organizaciones trotskistas actuales afirman trazar su origen a este grupo y ligar su imagen a la de Trotsky, ni este gran militante de la clase obrera ni el carácter histórico de la Oposición de Izquierdas tienen mucho que ver con el trotskismo moderno. No obstante, ya en el mismo origen de la Oposición se apreciaban los errores y dogmas caducos de la política bolchevique que facilitarían su caída en años posteriores en el oportunismo, y eventualmente, darían la base para la entrada del trotskismo como tal en el campo de la contrarrevolución:
``En octubre de 1923 se constituye el grupo de los 46, germen de la Oposición de Izquierdas, cuyo militante más destacado fue desde el primer momento Trotski. La lucha que la Oposición lleva contra el ascenso del estalinismo tiene mucho mérito y protagonizó episodios importantes como la lucha contra la nefasta política que la IC llevó en China. Sin embargo, es preciso reconocer que sus bases políticas son muy frágiles y débiles. Se reclama de los 4 primeros congresos de la IC y, concretamente, de aquellos que teorizaban y daban rienda suelta al oportunismo: Frente Único, Gobierno Obrero, posición sobre los sindicatos, la socialdemocracia y la liberación nacional, teoría del eslabón más débil, etc.´´10.
A pesar de las honrosas excepciones que representaron Natalia Sedova, compañera de Trotsky, y el revolucionario Grandizo Munis, las organizaciones trotskistas encabezadas por la IV Internacional acabarían sumándose al griterío sanguinario de las facciones imperialistas enfrentadas en la Segunda Guerra Mundial, lo cual representa un cruce del Rubicón en lo que a fronteras de clase se refiere:
`` […] en 1939-40, los grupos de la sedicente 4ª Internacional toman posición a favor de la guerra mundial arguyendo los más variados pretextos: la mayoría el apoyo a la “patria socialista” rusa, pero hasta hubo una minoría que apoyó a la Francia de Pétain (satélite a su vez de los nazis).
[…]
Desde entonces las organizaciones trotskistas se han convertido en agencias “radicales” del Capital que tratan de embaucar al proletariado con toda clase de “causas revolucionarias” que generalmente corresponden a fracciones “anti-imperialistas” de la burguesía (como el famoso sargento Chávez [entonces presidente de Venezuela en el momento de escribirse este artículo]). Del mismo modo, recuperan a los obreros asqueados del juego electoral haciéndoles votar de forma “crítica” a los “socialistas” para, de esa manera, “cerrar el paso a la derecha” y otros engaños por el estilo. Finalmente, les ilusionan con “recuperar” los sindicatos a través de “candidaturas combativas” para los órganos de base de estos aparatos del Capital´´11.
¿Cuál es el resultado de esta tradición histórica de oportunismo, y finalmente, de traslado con armas y bagaje al campo de la burguesía? Lo podemos ver perfectamente representado en las declaraciones con respecto a la guerra de Ucrania del último Congreso de la Liga Internacional de Trabajadores - Cuarta Internacional (LIT-CI), una de las organizaciones trotskistas de referencia a día de hoy, que con todo nivel de detalle en cuanto a mistificación de la historia intentan justificar lo injustificable (en términos de clase) mediante fraseología pseudo-revolucionaria:
``La guerra de Ucrania contra la agresión genocida y ocupación rusa, con el protagonismo central de la tenaz y heroica resistencia del pueblo ucraniano (con las Defensas Territoriales, formadas principalmente por trabajadores y trabajadoras, que luchan en la primera línea) es ahora mismo el epicentro de la lucha de clases internacional. […] La batalla por recuperar la solidaridad internacionalista con la lucha de los trabajadores y los pueblos es una tarea esencial. Desde la LIT-CI nos comprometemos a dar continuidad con un impulso renovado a la campaña de solidaridad con la clase obrera armada y partisana ucraniana que hoy resiste la invasión y ocupación genocida de Putin y lucha por su soberanía nacional´´12.
¡Es escandaloso y repugnante! Estos señores trotskistas de la LIT-CI piden a los obreros del mundo que apoyen a Ucrania, es decir, llaman a elegir bando entre los dos tiburones imperialistas que se enfrentan sembrando la muerte y la destrucción: USA-OTAN que apadrinan a Ucrania frente a Rusia. Actúan como sargentos reclutadores para la guerra, son cómplices de la terrible matanza que, junto con la crisis medioambiental, la pandemia y otros muchos flagelos están conduciendo a la destrucción de la humanidad. Con argumentos “obreros”, “revolucionarios” e incluso ¡¡¡”internacionalistas”!!! Son SERVIDORES INCONDICIONALES DEL CAPITALISMO.
El payaso de circo Zelensky, junto con todos los buitres capitalistas ucranianos reunidos en torno suya para defender sus intereses de clase explotadora a sangre y fuego, han intentado jugar la baza de “poner los muertos” y usar a su población de rehén para cambiar su situación en el tablero imperialista mundial. Zelensky, más que probablemente, sabía la reacción que iba a provocar en la putrefacta, brutal e inoperante burguesía rusa al intentar alejarse de su influencia política y económica. Una burguesía rusa ya renqueante y debilitada por continuos contratiempos y derrotas en el terreno de juego imperialista mundial (desde Afganistán en el 89, pasando por pérdidas o debilitamientos de su posición en Chechenia, Georgia, los países bálticos… y ahora Ucrania, la joya del Mar Negro de la ex – URSS) no iba a dejar las manos libres a un Estado con tantos recursos e importancia estratégica para renegociar el lugar que ocupa su capital nacional en el mundo, con sus nuevos padrinos, la OTAN encabezada por EEUU, que muy hábilmente ha ayudado a tejer esta trampa a Rusia para enfangarla en otra impopular guerra de desgaste.
Digámoslo alto y claro: ni a la burguesía ucraniana ni a sus aliados, lo mismo que a la rusa, les importa lo más mínimo sacrificar miles de personas, si con ello consiguen hacer avanzar su posición en el conflicto. La burguesía ucraniana sabía que su única estrategia política y militar posible era la guerra de resistencia contra ese inoperante gólem de Grozny que es un ejército ruso descompuesto, que no tiene más herramienta de negociación en el campo de batalla que la destrucción masiva e irracional mediante bombardeos contra civiles. Con la justificación de la soberanía nacional, venga de los trotskistas o de quien venga, solo se consigue caer en el terreno de una clase capitalista para la que los muertos, los heridos y los daños ocasionados por sus guerras son solo un cálculo, una apuesta, una baza necesaria que tienen que jugar en la disputa de sus intereses irracionales contra los de otras facciones imperialistas. Una organización genuinamente internacionalista que pertenezca a nuestra clase, como ya hicieron los revolucionarios internacionalistas en la Primera Guerra Mundial, no puede por menos que llamar a la denuncia implacable de todos los bandos imperialistas en conflicto13.
Volviendo a las declaraciones del Congreso de la LIT-CI, podemos tomar buena cuenta de su perspectiva del lugar que ocupa la clase obrera en las luchas y movimientos políticos que recorren periódicamente a la sociedad burguesa:
``La brutalidad de los ataques provoca la respuesta de las masas, con grandes movilizaciones como hemos visto estos años en lugares como Myanmar, Sudán, Chile y Colombia, como ha sucedido ahora en los grandes levantamientos populares semiinsurrecionales de Sri Lanka y Ecuador o en los prolongados paros nacionales de Panamá o como estamos viendo en el poderoso movimiento huelguístico actual en Gran Bretaña frente a la inflación. Son movimientos que apuntan hacia procesos similares en otros países en los próximos tiempos´´.
La trampa que tienden es la siguiente: meten en el mismo saco de “movilización popular” las huelgas en Gran Bretaña que son una expresión de la lucha proletaria en su terreno de clase con las revueltas interclasistas, nihilistas y sin futuro de Ecuador, Chile o Sri Lanka. Con ello atacan la identidad de clase del proletariado porque lo diluyen, lo HACEN DESAPARECER, dentro del “pueblo”.
Con esta nueva mistificación y este lenguaje que quiere sonar radical no se hace otra cosa que sumar aún más a la confusión ideológica, en un periodo histórico de crisis de identidad para nuestra clase en la que toda mistificación de su posición real en la sociedad no hace sino contribuir a alargar su ya prolongada parálisis.
No contentos con este trabajo sucio, la LIT-CI profundiza aún más en su empeño de difuminar los límites reales de la lucha del proletariado:
``Por el empleo y los derechos laborales básicos, por la escala móvil de salarios, un salario mínimo digno y la estabilidad en el trabajo; por el no pago de la deuda; contra el desmantelamiento de los servicios públicos; por las libertades democráticas y la libertad de los presos por luchar; contra la violencia contra la mujeres y la población LGTBI, por el derecho al aborto y medidas de socialización del trabajo doméstico; por los derechos de las nacionalidades oprimidas y los pueblos originarios; los derechos de los migrantes; medidas urgentes ante la emergencia ambiental y en particular para detener ya el calentamiento global, incluyendo la expropiación de las grandes corporaciones energéticas y mineras bajo control obrero y de las comunidades; destrucción de las armas nucleares y las armas de destrucción masiva y reducción drástica de los gastos militares; por un gobierno de los trabajadores basado en consejos obreros y populares´´.
En este catálogo “completísimo” de “reivindicaciones” se condensa un veneno letal para la lucha obrera:
1º Se mezclan las reivindicaciones obreras sobre salarios o “estabilidad en el empleo” con reivindicaciones claramente burguesas de división de obreros y su encierro en categorías “sociales” como “las mujeres”, los LGTBI etc.
2º Se pide al Estado, el enemigo de los trabajadores, que sea el “gestor” de ese batiburrillo de reivindicaciones con lo que se le embellece como órgano “al servicio de todos”
3º Los Consejos Obreros que son órganos para la destrucción del Estado capitalista son convertidos en apéndices y auxiliares de los “gobiernos obreros”, es decir del Estado Capitalista.
Los órganos históricos de la revolución proletaria, las asambleas y consejos obreros, se confunden aquí no solo con movimientos de carácter popular o incluso consejos populares (¿¿??), sino que su existencia, surgimiento y naturaleza se pretende poner a la misma altura de esa consigna tan al gusto de los izquierdistas del “gobierno de los trabajadores”, como si los consejos obreros fueran un mero instrumento administrativo de un nuevo Estado que hiciera funcionar la explotación del trabajo asalariado de forma “democrática”, “justa”, respetando los “derechos laborales”.
La clase obrera es una clase histórica, fruto de una relación social de explotación del trabajo asalariado y cuya realidad es universal: todos los obreros debemos rechazar, como ataques ideológicos que son, todos los intentos de poner trabas a nuestra unión y solidaridad de clases internacional, a nuestra autonomía en la lucha, a los intentos de dividirnos y atacar nuestra identidad e intereses como clase. Todos los argumentos que van en el sentido de que los obreros nos veamos como grupos separados con intereses particulares, son ajenos a nuestros intereses y necesidades como clase explotada, y eso es precisamente lo que hacen todas las ideologías en las que se incluyen el feminismo, el movimiento LGTBI, la race politics izquierdista y los racistas de derechas, así como todas las organizaciones que nos llaman a embarcarnos en la guerra imperialista, al mutuo degüello contra nuestros hermanos de clase, usando como justificación el fantasma ensangrentado de la autodeterminación nacional y el nacionalismo.
Todos los comunicados y textos recientes que hemos consultado de organizaciones trotskistas empiezan de una forma similar: enumeran los graves y continuos ataques de la burguesía a las condiciones de vida de la clase obrera, pasan revista a los índices de inflación y precios de bienes de consumo, a los cambios generales que se han dado en las escalas móviles de salarios, a los salarios mínimos, a la duración media de los periodos de contrato… en suma, se hacen eco de forma exhaustiva y detallada de los ataques que estamos recibiendo todos los trabajadores como consecuencia de la crisis, la inflación, la guerra… es decir, como consecuencia del atolladero histórico sin salida en el que se encuentra la sociedad capitalista. Usando estas “credenciales” de periodismo económico en versión resumida, los trotskistas (como suelen hacer todas las organizaciones de la izquierda del capital, en general) intentan mandar el mensaje a los obreros de que conocen íntimamente su situación, personal y colectiva, de que entienden los ataques que se les están haciendo y de que por ello sus recetas de capitalismo de Estado merecen atención. En un periodo como el que se avecina, ya anunciado por las huelgas que se están produciendo a nivel internacional14 (destacando la de Gran Bretaña este verano pasado15), los trotskistas preparan sus herramientas para sumar su granito de arena a la confusión y la división en la clase obrera, junto a todos los izquierdistas con los que comparten el papel de hacer de leal oposición a los sindicatos, de defender programas de nacionalizaciones y reformas de todos los colores justificadas con lenguaje obrerista.
En la última manifestación que se organizó en octubre, en Madrid, con motivo de la subida de la inflación y la carestía de la vida, el Grupo Independencia Obrera (GIO), de carácter trotskista, afirma lo siguiente:
``Las consignas centrales en este momento son la derogación de todas las reformas de la ley de pensiones y de las leyes laborales regresivas. El incremento de las pensiones y los salarios sobre la base del IPC real, es decir la indexación de los ingresos de los trabajadores y pensionistas. El pleno empleo sobre la base del reparto equitativo de las horas de trabajo. La expropiación y apertura de los libros contables de las empresas que cierren aduciendo la crisis. La inmediata salida de España de la OTAN, la retirada inmediata de las bases de los Estados Unidos del suelo español´´.
Una organización que se reclama del proletariado, que pretende contribuir de forma clara y firme a la toma de conciencia de cuál es nuestro papel histórico como trabajadores, de por qué la sociedad evoluciona por los derroteros por los que lo hace y de cuál es su destino, jamás puede intervenir en una movilización a la que acuden elementos en búsqueda de nuestra clase con este tipo de consignas perfectamente reformistas, perfectamente asumibles por cualquier organización de la burguesía. Lo que ha definido a las luchas obreras más avanzadas y que han dado lecciones más ricas a nuestra clase sobre cómo luchar contra el capital y sus ataques (que es de lo que se supone que debe reclamarse una organización revolucionaria) ha sido la unidad, la solidaridad y la extensión de huelgas controladas en asambleas por los mismos trabajadores, y no el ponerles por delante a los obreros la prioridad de pedirle pleno empleo al Estado ni a los capitalistas como “consigna central”.
Los trotskistas rechazan la “consigna central” prioritaria de la autoorganización de los obreros y la extensión de su lucha. En un periodo de recrudecimiento de la crisis del capitalismo, de empeoramiento de su descomposición histórica y de una posible respuesta en cada vez más sectores de nuestra clase, se impone una necesidad. La necesidad no solo de luchar por nuestras condiciones de vida, sino de buscar a nuestros hermanos de clase en otros sectores y de extender nuestra respuesta, de levantar asambleas de masas fuera del control de las organizaciones del Estado, de organizar mediante el debate de masas la orientación de la lucha… esa es la verdadera escuela de los proletarios, el verdadero primer paso y la verdadera “consigna central”: no solo luchar por la necesaria defensa de los salarios, sino luchar para hacer avanzar la cualidad subjetiva, política y de consciencia de todos los obreros, de cuál es su verdadera situación en la sociedad, del papel que están llamados a cumplir. La verdadera victoria en las luchas económicas, como dijera Rosa Luxemburg, es el avance político (subjetivo, de toma de consciencia) que pueda producirse en los obreros que asumen la experiencia de la lucha. El trotskismo, con su lógica del “Programa de Transición”, pretende llegar a esto mágicamente mediante una especie de sublimación de las consignas perfectamente reformistas. Libro de contabilidad fiscal en mano, llaman a los obreros a limitarse a la petición mínima, a atarse física y psicológicamente a los métodos, herramientas y mecánica de las organizaciones de la burguesía, y en especial a la de una de sus armas preferidas: la esencialmente anti-obrera, anti-unitaria y anti-solidaria lógica reformista del sindicalismo.
No contentos con ello, como hemos visto, algunos trotskistas caen también en la lógica absolutamente nacionalista de que los obreros debemos luchar por que el Estado español reorganice su orientación imperialista y se aleje de EEUU, abandonando la OTAN. Habría que preguntarles: ¿en qué se diferencia aquí su patriotera defensa del suelo español, como la de otras tantas organizaciones del izquierdismo, de la lógica nacionalista de las organizaciones fascistas y de extrema derecha, que ven en esa postura un necesario paso para el cumplimiento de su sueño alucinatorio de una recuperación del antiguo poder imperial español? Los proletarios no tenemos patria. Donde se imponen la patria, la nación y el Estado, se pisa el suelo del terreno de clase de la burguesía, y desaparece toda conciencia de las necesidades históricas de nuestra clase. La defensa de la patria es el epitafio que está grabado en las tumbas de los millones de proletarios que fueron llevados a la masacre en las dos guerras mundiales, y que fueron masacrados por la defensa de los intereses inhumanos de una u otra manada de hienas imperialistas. Es contrario a la naturaleza misma de la clase obrera: llamar a los obreros a la defensa del suelo español, o del suelo de cualquier otro de esos corrales privados de explotación y alienación en los que podemos definir el espacio que domina cualquier capital nacional en el mundo.
Como siempre ha sido, y más aún en el periodo que está por venir, los obreros debemos tomar conciencia de que compartimos muchos más intereses con un obrero en lucha de Gran Bretaña, de Francia, de América, África o Asia que con cualquier bufón, izquierdista o derechista, que nos llame a la “gloriosa” defensa del suelo nacional que compartimos físicamente con los capitalistas que organizan la explotación de nuestro trabajo. En su defensa de la trasnochada y caduca autodeterminación nacional, caricaturizada y retorcida hasta lo irreconocible a partir de las limitaciones pasadas del movimiento obrero, el izquierdismo en general y el trotskismo en particular no hacen sino promover la atadura ideológica de los obreros a las banderas nacionales de sus explotadores, las que mejor representan a ese enfermo comatoso que es su sistema capitalista.
No hay duda de que las posturas y la pasada tradición histórica del trotskismo conservan cierto peso en la clase obrera. No pocos obreros en búsqueda de posiciones y organizaciones proletarias, asqueados con toda la razón de la ideología y el bagaje estalinista de los Partidos (Anti)Comunistas y otras organizaciones del estilo, acaban viendo en el trotskismo y en su historia de lucha contra Stalin una forma de rehabilitar la lucha del proletariado y sus tradiciones, librándolas del estigma estalinista con el que la burguesía intenta etiquetar a todo lo que recuerde siquiera remotamente a la revolución, la clase obrera, el marxismo y la lucha proletaria. No es este el lugar de analizar en profundidad la relación de Trotsky con las organizaciones que se reclamaban de él y de sus posiciones, así como con otras fracciones de la Internacional que se opusieron no solo a Stalin, sino también a muchas de las posiciones defendidas por Trotsky. Lo que sí podemos decir es que el trotskismo como tal solo asume de Trotsky y de los bolcheviques los peores errores y limitaciones teóricas que les impusieron sus circunstancias vitales, usándolos como credencial para justificar las posturas más contrarias que puede haber a los intereses de nuestra clase: el nacionalismo, la lógica parlamentaria y sindical y la defensa de un reformismo de capitalismo de Estado que nada le tiene que envidiar a las recetas keynesianas (y que comparten casi en su totalidad con estalinistas, maoístas y demás).
Como decíamos antes, somos conscientes de que no son pocos los obreros honestos que acaban formando parte de la “carne de cañón” activista de estas organizaciones. Pero por más que podamos estar abiertos al debate con estos elementos, como organización que se reclama del movimiento obrero no podemos dejar de denunciar tanto las posiciones como el bagaje histórico del trotskismo (referimos a la nota al pie nº7). Desde que usaron como excusa la defensa del Estado obrero “degenerado”, como seguían empeñados en considerar a una URSS completamente dominada por el estalinismo y la contrarrevolución, para justificar su participación activa en la campaña imperialista de la Segunda Guerra Mundial, las organizaciones trotskistas abandonaron el terreno de la clase obrera. Su postura fue denunciada por una profundamente asqueada Natalia Sedova, esposa de Trotsky, cuya forma de expresarse habla por sí sola para los presentes y futuros defensores de la tradición de esa “IV Internacional” que decía ser heredera del legado de Trotsky:
``Obsesionados por viejas y superadas fórmulas continuáis considerando al Estado estalinista como un Estado obrero.
[…]
No hay ningún país del mundo en el que las ideas de los auténticos defensores del socialismo sean perseguidas de forma tan bárbara como en Rusia. Debería estar claro para todos que la revolución ha sido completamente destruida por el estalinismo. Sin embargo, vosotros seguís diciendo que bajo este régimen inaudito, Rusia es aún un Estado obrero. Considero esto como un ataque al socialismo. El estalinismo y el Estado estalinista no tienen absolutamente nada de común con un Estado obrero y con el socialismo. Son los más peligrosos enemigos del socialismo y de la clase obrera.
[…]
Lo más intolerable de todo es la posición que habéis adoptado sobre el tema de la guerra. […] Nuestra posición no puede adoptarse sino después de discusiones muy serias y lo más libres posibles. Pero frente a los acontecimientos de los años recientes, continuáis preconizando la defensa del Estado estalinista y comprometiendo a todo el movimiento en esa defensa.
[…]
En el mensaje que me ha sido enviado por el último congreso del SWP, se ha escrito que las ideas de Trotsky continúan guiándoos. Debo deciros que he leído esas palabras con amargura. Como habéis podido constatar por lo que acabo de escribir, no veo esas ideas en vuestra política´´16.
El capitalismo se encuentra en un momento de su historia en el que se impone su descomposición, el descontrol disfuncional de todos sus mecanismos económicos, políticos, de vida en sociedad. Nuestra supervivencia y la continuación de la vida en el planeta se ven cada vez más decisivamente amenazados por la continuación de la acumulación de capital, por la pervivencia de la lógica irracional del capitalismo y de todos los Estados nacionales de la burguesía. Estos Estados, del primero al último, grandes o pequeños, democráticos o no, son máquinas totalitarias imperialistas que defenderán con todas las maniobras posibles su posición en un mercado mundial saturado en el que se impone el todos contra todos.
Frente a esta lógica, la clase obrera mundial guarda en su seno la posibilidad de transformar de forma revolucionaria las bases de la sociedad. En el pasado ya protagonizó momentos decisivos que apuntaban a la realización de esa posibilidad, destacando el octubre revolucionario de 1917 y las insurrecciones de 1918-19, en las que a la cabeza de sus consejos obreros en Rusia, Alemania, Hungría, toda Europa y más allá, el proletariado puso fin a la primera carnicería imperialista mundial. Años después de que se instaurara un periodo de contrarrevolución y derrota marcado por la degeneración de la revolución en Rusia y la Segunda Guerra Mundial, vendrían las huelgas masivas de mayo de 1968, el “otoño caliente” italiano de 1969 y las huelgas masivas de Polonia en 1980. Los Indignados en 2011, después de otro periodo de retroceso en los años 90 tras la caída de la URSS, representarían una tímida pero significativa recuperación de la disposición a la lucha y al cuestionamiento político en muchos obreros de toda Europa, América y otras regiones en años sucesivos. Y a día de hoy, después de que la pandemia y las cuarentenas abortaran aquel embrión de respuestas huelguísticas a nivel internacional que empezaba a poder vislumbrarse en torno a 2020, hemos visto el estallido de una importante respuesta huelguística en Gran Bretaña el verano pasado, con indicios que apuntan a una escalada de luchas en otras partes del continente, como vemos especialmente en Francia. Los obreros necesitamos reflexionar profundamente sobre el significado de estos episodios de lucha del pasado, para así orientarnos en los del presente y encarar el futuro. Necesitamos tomar las debidas lecciones de sus luces y sus sombras, de los avances y retrocesos de sus posiciones y de las organizaciones que estuvieron al pie del cañón en esos momentos. La ideología trotskista, considerando su pasado, su presente y sus posiciones, como ha demostrado sobradamente a lo largo de su historia, representa un obstáculo en ese proceso. Forma parte de todo ese arco de falsos amigos de la clase obrera que necesita el Estado burgués en su extrema izquierda para desorientar, confundir y quemar las energías de los obreros más inquietos, que empiezan a entrar en búsqueda de las tan necesarias posiciones históricas de su clase.
Gauta
CCI noviembre de 2022
1 https://es.internationalism.org/content/4738/huelga-del-metal-en-cadiz-nuestra-fuerza-es-luchar-como-clase-obrera [730]
2 https://es.internationalism.org/content/4873/el-giro-la-izquierda-del-psoe-un-arma-para-sabotear-la-lucha-y-la-conciencia-obrera [998]
3 https://kaosenlared.net/huelga-general-por-la-defensa-de-salarios-y-pensiones-a-la-patronal-y-al-gobierno-psoe-iu-podemos/ [999]
4 https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/anti-duhring/ad-seccion3.htm#311 [1000] (Anti-Duhring)
5 https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm [374]
6 Estos planes estatales articulados en los años 30 (el primero en Bélgica y el segundo en USA) fueron un modelo de capitalismo de Estado y cuyo fin era preparar la economía para la guerra, concretamente la Segunda Guerra Mundial, es decir, una economía de guerra y eso los trotskistas y demás servidores del capital ¡lo venden como “socialismo”!
7 Los trotskistas critican a los sindicatos para luego convencernos de que “a pesar de todo” hay que estar en ellos, seguirlos y si acaso “presionarlos un poco”. Ver Los sindicatos contra la clase obrera: la táctica de los izquierdistas para hacerlos tragar a los trabajadores quinto artículo de nuestro folleto LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA https://es.internationalism.org/content/4645/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-v-la-tactica-de-los-izquierdistas-para-hacerlos [553]
8 Ver el artículo Los sindicatos en el periodo ascendente del capitalismo, tercera parte de nuestro folleto LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA https://es.internationalism.org/content/4603/los-sindicatos-en-el-periodo-ascendente-del-capitalismo-iii [399]
9 https://www.marxists.org/espanol/luxem/01Reformaorevolucion_0.pdf [1001].
10 https://es.internationalism.org/cci-online/200706/1935/cuales-son-las-diferencias-entre-la-izquierda-comunista-y-la-iv-internacional [1002]
11 Ibíd.
12 https://litci.org/es/manifiesto-politico-del-xiv-congreso-de-la-lit-ci/ [1003]
13 Invitamos a leer la Declaración Conjunta sobre la guerra de Ucrania de los grupos de la Izquierda Comunista: https://es.internationalism.org/content/4807/declaracion-conjunta-de-grupos-de-la-izquierda-comunista-internacional-sobre-la-guerra [898]
14 https://es.internationalism.org/content/4876/huelgas-en-las-refinerias-francesas-y-en-otros-lugares-la-solidaridad-en-la-lucha-es-la [1004]
15 https://es.internationalism.org/content/4858/el-verano-de-la-ira-en-gran-bretana-la-burguesia-impone-nuevos-sacrificios-la-clase [981]
16 Animamos a leer su muy expresiva “Carta de ruptura con la IV Internacional”: https://www.marxists.org/espanol/sedova/1951/mayo09.htm [1005]
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“La Guerra De Ucrania Y La Respuesta De Los Trabajadores En Gran Bretaña".
La CCI celebrará una REUNION PUBLICA en lengua española el viernes 09 de diciembre para debatir sobre la aceleración de la barbarie capitalista demostrada por la guerra en Ucrania, así como la profundización de la crisis económica mundial y el empeoramiento de los efectos del cambio climático. Pero veremos igualmente la RESPUESTA PROLETARIA, prestando especial atención a las importantes huelgas que han tenido lugar en Gran Bretaña. Consulta la forma de participar, presencial o por Internet en el texto a continuación.
El capitalismo sigue descargando su barbarie militarista en Ucrania con miles de muertos y destrucciones irreversibles, lo que se une al peligro nuclear, bien por “accidentes” en las numerosas centrales que hay en territorio ucraniano, bien por el despliegue de armas nucleares tácticas. El capitalismo lleva a la DESTRUCCION DE LA HUMANIDAD. Este es el primer polo de las contradicciones del capitalismo. El polo de la barbarie y la destrucción encarnado por el capitalismo. Pero el otro polo es la LUCHA DE CLASE DEL PROLETARIADO. El proletariado como clase histórica tiene la potencialidad y la fuerza para destruir el capitalismo acabando con la guerra, la miseria, la destrucción ecológica, la barbarie. Esta capacidad ha empezado a manifestarse, aún de forma embrionaria y con grandes debilidades, con las huelgas en Gran Bretaña, que, junto con otras luchas en Alemania, Chile, Túnez, Bélgica, Francia, España etc., muestra que ante la brutalidad de la inflación y el aluvión de ataques a sus condiciones de vida comienza a superar la resignación y la pasividad, desarrolla la respuesta como clase. Sabemos que el camino que debe recorrer el proletariado es aún muy largo, muy difícil, lleno de obstáculos, trampas, que opone la clase dominante más perversa y cínica de la historia. Todo esto llevará a derrotas y sufrimientos, sin embargo, es necesario comprender que la lucha es la escuela que el proletariado tiene para forjar su capacidad revolucionaria contando siempre con la intervención de sus organizaciones comunistas internacionalistas. La primera victoria es romper la indolencia y la división, la primera victoria es la lucha misma. Para discutir de esta situación histórica grave, para ver como contribuir a que el proletariado desarrolle su fuerza, su unidad, su solidaridad, su conciencia, proponemos la REUNION PUBLICA como medio. Animamos a participar.
Se puede asistir:
1.PRESENCIALMENTE EN LIMA (Perú) acudiendo a CENTRO CULTURAL BÚHO FILOSÓFICO – PUEBLO LIBRE JR CALLAO 181/ALT. CRUCE AV SUCRE CON AV LA MAR.
Viernes 09 de diciembre desde las 19 horas de Perú
2) POR INTERNET: los interesados que nos envíen su correo a [email protected] [1007] para que les proveamos del enlace para participar en la discusión Todos los que deseen hacer contribuciones por escrito nos lo pueden remitir al correo antes mencionado. Leeremos su contribución en el curso de la reunión si no pueden estar presentes.
Textos de interés:
Contra la Guerra Imperialista en Ucrania por la Lucha de Clases Internacional
El verano de la ira en Gran Bretaña:
la burguesía impone nuevos sacrificios, la clase obrera responde con la lucha
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Este artículo escrito por Anton Pannekoek (1873-1960), publicado en 19091, es una rotunda refutación de las acusaciones -inspiradas en las mentiras del estalinismo - de que el marxismo no se preocupa por la naturaleza y la cuestión ecológica; que -al igual que el sistema capitalista que dice combatir- está marcado por el mismo "productivismo" que es tan destructivo para la naturaleza. Es exactamente lo contrario.
En este artículo, Pannekoek desarrolla, de forma condensada y muy accesible, el mismo planteamiento que ya expuso Marx en El Capital. Reafirma que sólo el advenimiento del comunismo ofrece una alternativa realista a la destrucción de la naturaleza.
Hoy en día, las campañas ideológicas de la clase dominante hacen recaer conscientemente la responsabilidad del desastre ecológico en el "Hombre" en general, para ocultar mejor el hecho de que, como parte integrante de la naturaleza, la especie humana interactúa con ella a través de las diferentes formas de organización social que se han sucedido en la historia. Todas ellas, desde el fin de la sociedad comunista primitiva, han sido sistemas de explotación basados en la división de la sociedad en clases sociales. No es el "Hombre", sino el sistema capitalista, animado únicamente por la extracción máxima de beneficios, el que está vampirizando toda la naturaleza, y sometiéndola, al igual que la fuerza de trabajo del proletariado (siendo éstas las dos fuentes de su riqueza) a una explotación feroz, que desemboca en el agotamiento y la aniquilación. Por eso el capitalismo no tiene solución a la cuestión ecológica, y por eso resolverla realmente va de la mano de resolver la cuestión social.
En 1909 Pannekoek ya subrayaba que los estragos de la deforestación planteaban una cuestión vital para la humanidad. Después de más de un siglo de decadencia del capitalismo, la devastación de la naturaleza durante este periodo ha alcanzado tales proporciones que sus efectos (calentamiento del clima, colapso de los ecosistemas sobreexplotados, deforestación que da lugar a enfermedades zoonóticas...), combinados con los efectos de la crisis económica y las guerras imperialistas, hacen más tangible que nunca la amenaza de la destrucción de la humanidad. Esta dramática situación exige que el proletariado se eleve al nivel de su responsabilidad histórica como sepulturero del capitalismo, porque sólo la sociedad que lleva en su seno, basada en la abolición de la ley de la mercancía y de las relaciones sociales de explotación, la creación de una sociedad sin clases orientada a la satisfacción de las necesidades humanas, permitirá alcanzar un verdadero equilibrio entre la naturaleza y la especie humana.
La literatura científica recoge numerosas quejas sobre la creciente destrucción de los bosques. Pero no sólo hay que tener en cuenta la alegría que todo amante de la naturaleza siente por los bosques. También hay importantes intereses materiales, de hecho los intereses vitales de la humanidad. Con la desaparición de los abundantes bosques, los países conocidos en la Antigüedad por su fertilidad, que estaban densamente poblados y eran famosos como graneros para las grandes ciudades, se han convertido en desiertos pedregosos. La lluvia rara vez cae allí, salvo en forma de diluvios devastadores que se llevan las capas de humus que la lluvia debería fertilizar. Allí donde los bosques de montaña han sido destruidos, los torrentes alimentados por las lluvias de verano hacen rodar enormes masas de piedras y arena que obstruyen los valles alpinos, arrasando los bosques y devastando los pueblos cuyos habitantes son inocentes, "debido a que el interés personal y la ignorancia han destruido el bosque y las cabeceras del alto valle".
Los autores insisten mucho en el interés personal y la ignorancia en su elocuente descripción de esta miserable situación, pero no analizan sus causas. Probablemente piensan que basta con insistir en las consecuencias para sustituir la ignorancia por una mejor comprensión y deshacer los efectos. No ven que esto es sólo una parte del fenómeno, uno de los numerosos efectos similares que el capitalismo, este modo de producción que es la etapa más alta de la caza de beneficios, tiene sobre la naturaleza.
¿Por qué Francia, un país pobre en bosques, tiene que importar cada año cientos de millones de francos de madera del extranjero y gastar mucho más para reparar mediante la reforestación las desastrosas consecuencias de la deforestación de los Alpes? Bajo el Antiguo Régimen había muchos bosques estatales. Pero la burguesía, que tomó el timón de la Revolución Francesa, sólo vio en ellos un instrumento de enriquecimiento privado. Los especuladores talaron 3 millones de hectáreas para convertir la madera en oro. No pensaron en el futuro, sólo en el beneficio inmediato.
Para el capitalismo todos los recursos naturales no son más que oro. Cuanto más rápido los explota, más se acelera el flujo de oro. La economía privada da lugar a que cada individuo intente obtener el mayor beneficio posible sin pensar ni por un momento en el interés general, el de la humanidad. En consecuencia, todo animal salvaje que tenga un valor monetario y toda planta silvestre que dé beneficios es inmediatamente objeto de una carrera hacia el exterminio. Los elefantes de África casi han desaparecido, víctimas de la caza sistemática por su marfil. Lo mismo ocurre con los árboles de caucho, que son víctimas de una economía depredadora en la que todo el mundo se limita a destruirlos sin plantar otros nuevos. En Siberia, se ha observado que los animales de pelaje son cada vez más raros debido a la caza intensiva y que las especies más valiosas podrían desaparecer pronto. En Canadá, vastos bosques vírgenes han sido reducidos a cenizas, no sólo por los colonos que quieren cultivar la tierra, sino también por los "prospectores" que buscan yacimientos minerales y que transforman las laderas de las montañas en roca desnuda para tener una mejor visión del terreno. En Nueva Guinea se organizó una matanza de aves del paraíso para satisfacer el caro capricho de una multimillonaria estadounidense. La locura de la moda, propia de un capitalismo derrochador de plusvalía, ya ha llevado al exterminio de especies raras; las aves marinas de la costa este de América sólo deben su supervivencia a la estricta intervención del Estado. Estos ejemplos podrían multiplicarse a voluntad.
Pero, ¿no están las plantas y los animales para que el hombre los utilice para sus propios fines? Aquí dejamos completamente de lado la cuestión de la conservación de la naturaleza tal y como sería sin la intervención humana. Sabemos que los humanos son los dueños de la Tierra y que transforman completamente la naturaleza para satisfacer sus necesidades. Para vivir, dependemos completamente de las fuerzas de la naturaleza y de los recursos naturales; tenemos que utilizarlos y consumirlos. No se trata de eso, sino de la forma en que el capitalismo los utiliza.
Un orden social racional tendrá que utilizar los recursos naturales disponibles de manera que lo que se consuma se reponga al mismo tiempo, para que la sociedad no se empobrezca y pueda enriquecerse. Una economía cerrada que consume parte de su maíz de siembra se empobrece cada vez más y debe fracasar inevitablemente. Pero así es como actúa el capitalismo. Es una economía que no piensa en el futuro sino que vive sólo en el presente inmediato. En el orden económico actual, la naturaleza no está al servicio de la humanidad, sino del capital. No son el vestido, la alimentación o las necesidades culturales de la humanidad las que rigen la producción, sino el apetito del capital por el beneficio, por el oro.
Los recursos naturales se explotan como si las reservas fueran infinitas e inagotables. Las consecuencias nefastas de la deforestación para la agricultura y la destrucción de animales y plantas útiles ponen de manifiesto el carácter finito de las reservas disponibles y el fracaso de este tipo de economía. Roosevelt reconoce este fracaso cuando quiere convocar una conferencia internacional para revisar el estado de los recursos naturales aún disponibles y tomar medidas para impedir su despilfarro.
Por supuesto, el plan en sí es una patraña. El Estado podría hacer mucho para detener el despiadado exterminio de especies raras. Pero el Estado capitalista es, en definitiva, un pobre representante del bien de la humanidad. Debe detenerse ante los intereses esenciales del capital.
El capitalismo es una economía sin cabeza que no puede regular sus actos por la comprensión de sus consecuencias. Pero su carácter devastador no se deriva sólo de este hecho. A lo largo de los siglos los seres humanos también han explotado la naturaleza de forma insensata, sin pensar en el futuro de la humanidad en su conjunto. Pero su poder era limitado. La naturaleza era tan vasta y tan poderosa que con sus débiles medios técnicos los humanos sólo podían dañarla excepcionalmente. El capitalismo, por el contrario, ha sustituido las necesidades locales por las mundiales y ha creado técnicas modernas de explotación de la naturaleza. Así que ahora se trata de enormes masas de materia que se someten a medios colosales de destrucción y se trasladan con poderosos medios de transporte. La sociedad bajo el capitalismo puede ser comparada con un gigantesco cuerpo no inteligente; mientras el capitalismo desarrolla su poder sin límites, al mismo tiempo está devastando sin sentido cada vez más el medio ambiente del que vive. Sólo el socialismo, que puede dar a este cuerpo conciencia y acción razonada, sustituirá al mismo tiempo la devastación de la naturaleza por una economía racional.
1 Publicado: Zeitungskorrespondenz, nº 75. Julio de 1909. Una traducción al inglés apareció por primera vez en Socialist Standard no. 1380, agosto de 2019
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Junio de 2021: trabajadores petroleros en huelga en una refinería
Las protestas generalizadas en Irán pueden haber sido desencadenadas por el asesinato bajo custodia de una joven detenida por "por portar mal el hiyab" por la policía de la moral del régimen, pero expresan un descontento mucho más profundo en toda la población iraní, con cientos de miles de personas saliendo a las calles y enfrentándose a la policía. Además de un disgusto generalizado por la opresión abierta y legal de las mujeres por parte de la República Islámica, son una reacción a la espiral de inflación y escasez agravada por las sanciones impuestas por Occidente contra Irán y poderosamente exacerbada por el pesado y prolongado peso de una economía de guerra hinchada por la implacable persecución de las ambiciones imperialistas de Irán. También son una reacción a la sórdida corrupción de la élite gobernante, que sólo puede mantenerse a través de la brutal represión contra todas las formas de protesta, incluida la resistencia de la clase obrera al estancamiento de los salarios y las miserables condiciones de trabajo. El parlamento iraní acaba de aprobar nuevas leyes que sancionan las ejecuciones por delitos "políticos", y cientos, si no miles, de manifestantes han sido asesinados o heridos por la policía del Estado y por la grotescamente mal llamada "Guardia Revolucionaria".
Esta dependencia de la represión directa es un signo de la debilidad del régimen de los Mulás, no de su fuerza. Es cierto que el desastroso resultado de las intervenciones de Estados Unidos en Oriente Medio desde 2001 ha creado una brecha que ha permitido al imperialismo iraní hacer avanzar a sus peones en Irak, Líbano, Yemen y Siria, pero Estados Unidos y sus aliados más fiables (Gran Bretaña en particular) han respondido de la misma manera, alimentando al ejército saudí en la guerra de Yemen e imponiendo sanciones paralizantes a Irán con el pretexto de oponerse a su política de desarrollo de armas nucleares. El régimen está cada vez más aislado, y el hecho de que ahora suministre a Rusia aviones no tripulados para atacar infraestructuras y civiles en Ucrania no hará más que agudizar los llamamientos occidentales para tratar a Irán, junto a Rusia, como un Estado paria. La relación de Irán con China es otra razón por la que las potencias occidentales quieren verlo debilitado aún más de lo que ya está. Y al mismo tiempo, estamos viendo un esfuerzo concertado por parte de los gobiernos de Estados Unidos y de Europa occidental para instrumentalizar las protestas, en particular aprovechando el lema más conocido de las protestas, "Mujeres, libertad de vida":
"El 25 de septiembre de 2022, el periódico francés Liberation decoró su portada con el eslogan "Mujeres, vida, libertad" en persa y francés, junto con una foto de la manifestación. Durante un discurso sobre la represión de los manifestantes en Irán, una diputada de la Unión Europea se cortó el pelo mientras pronunciaba las palabras "Mujer, Vida, Libertad" en el hemiciclo del Parlamento de la Unión Europea"[1]. Se podrían citar muchos otros ejemplos.
Dada la debilidad del régimen, se habla mucho de una nueva "revolución" en Irán, sobre todo por parte de izquierdistas y anarquistas de diversa índole, estos últimos hablando en particular de una "insurrección feminista"[2], mientras que las facciones burguesas más dominantes hacen hincapié en un derrocamiento más "democrático", instalando un nuevo régimen que abandone su hostilidad hacia Estados Unidos y sus aliados. Pero como escribimos en respuesta a toda la mistificación de la "revolución" de 1978-9 "los acontecimientos en Irán sirven para demostrar que la única revolución que está a la orden del día hoy, tanto en los países atrasados como en el resto del mundo, es la revolución proletaria"[3].
A diferencia de la revolución de 1917 en Rusia, que se veía a sí misma como parte de la revolución mundial, las protestas actuales en Irán no están dirigidas por una clase obrera autónoma, organizada en sus propios órganos unitarios y capaz de ofrecer un camino a todas las capas y categorías oprimidas de la sociedad. Es cierto que en 1978-9 vimos atisbos del potencial de la clase obrera para ofrecer ese camino: "Siguiendo la estela de las luchas obreras en diferentes países de América Latina, Túnez, Egipto, etc., las huelgas de los trabajadores iraníes fueron el principal elemento político que condujo al derrocamiento del régimen del Sha. A pesar de las movilizaciones de masas, cuando el movimiento "popular" -que reagrupa a casi todas las capas oprimidas de Irán- comenzó a agotarse, la entrada en lucha del proletariado iraní a principios de octubre de 1978, sobre todo en el sector petrolero, no sólo alimentó la agitación, sino que planteó un problema prácticamente insoluble para el capital nacional"[4].
Y sin embargo, sabemos que incluso entonces la clase obrera no era lo suficientemente fuerte políticamente como para impedir el secuestro del descontento de las masas por parte de los Mulás, apoyados por una serie de izquierdistas "antiimperialistas". La lucha de clases internacional, aunque entraba en una segunda oleada de movimientos obreros desde mayo del 68 en Francia, no estaba en sí misma al nivel de plantear la perspectiva de la revolución proletaria a escala mundial, y los trabajadores de Irán -como los de Polonia un año después- no estaban en condiciones de plantear la alternativa revolucionaria por sí mismos. Así, la cuestión de cómo relacionarse con las demás capas oprimidas quedó sin resolver. Como decía nuestra declaración "La posición decisiva que ocupa el proletariado en los acontecimientos de Irán plantea un problema esencial que debe ser resuelto por la clase si quiere llevar a cabo con éxito la revolución comunista. Este problema se centra en la relación del proletariado con las capas no explotadoras de la sociedad, en particular las que no tienen trabajo. Lo que demuestran estos acontecimientos es lo siguiente:
- A pesar de su gran número, estos estratos no poseen por sí mismos ninguna fuerza real en la sociedad;
- Mucho más que el proletariado, estos estratos están abiertos a diferentes formas de mistificación y control capitalista, incluidas las más anticuadas, como la religión;
- Pero en la medida en que la crisis golpea también a la clase obrera al mismo tiempo que asalta a estos estratos con una violencia creciente, pueden ser una fuerza en la lucha contra el capitalismo, siempre que el proletariado pueda, y se ponga a la cabeza de la lucha.
Frente a todos los intentos de la burguesía de canalizar su descontento en un callejón sin salida, el objetivo del proletariado al tratar con estas capas es dejarles claro que ninguna de las "soluciones" propuestas por el capitalismo para acabar con su miseria les aportará ningún alivio. Que sólo siguiendo la estela de la clase revolucionaria podrán satisfacer sus aspiraciones, no como estratos particulares -históricamente condenados-, sino como miembros de la sociedad. Tal perspectiva política presupone la organización y la autonomía política del proletariado, lo que significa, en otras palabras, el rechazo por parte del proletariado de toda "alianza" política con estos estratos".
Hoy en día, las mistificaciones que llevan al movimiento popular a un callejón sin salida no son tanto las religiosas -lo cual es comprensible cuando las masas pueden ver fácilmente la cara brutal y corrupta de un estado teocrático- sino las ideologías burguesas más "modernas" como el feminismo, la libertad y la democracia. Pero, si acaso, existe un peligro aún mayor de que la clase obrera se disuelva como una masa de individuos en un movimiento interclasista que no tiene capacidad para resistir los esquemas recuperadores de las facciones burguesas rivales. Esto se ve subrayado por el contexto internacional de la lucha de clases, en el que la clase obrera apenas está empezando a despertarse tras un largo periodo de repliegue en el que la descomposición progresiva de la sociedad capitalista ha carcomido cada vez más el sentido del proletariado como clase.
No se trata de negar el hecho de que el proletariado en Irán tiene una larga tradición de lucha combativa. Los acontecimientos del 78-79 están ahí para demostrarlo; en 2018-19 hubo luchas muy extendidas en las que participaron los trabajadores del azúcar de Haft Tappeh, los camioneros, los maestros y otros; en 2020-21 los petroleros iniciaron una serie de huelgas a nivel nacional. En su apogeo, estos movimientos dieron claras muestras de solidaridad entre diferentes sectores enfrentados a la represión estatal y a las poderosas presiones para que los trabajadores volvieran al trabajo. Además, frente a la naturaleza abiertamente pro-régimen de los sindicatos oficiales, también ha habido importantes signos de autoorganización de los trabajadores en muchas de estas luchas, como vimos con los comités de huelga en el 78-79, las asambleas y comités de huelga en Haft Tappeh y más recientemente en los campos petroleros. Tampoco hay duda de que los trabajadores están discutiendo qué hacer con las protestas actuales y ha habido llamamientos a la huelga en protesta por la represión estatal. Y hemos visto, por ejemplo, en mayo del 68, que la indignación contra la represión estatal, incluso cuando no se dirige inicialmente a los trabajadores, puede ser una especie de punto de inflamación para que los trabajadores entren en la escena social, a condición de que lo hagan en su propio terreno de clase y utilizando sus propios métodos de lucha. Pero por el momento estos reflejos en la clase, esta ira ante la brutalidad del régimen, parece estar bajo el control de los organismos sindicales de base y de los izquierdistas, que intentan crear un falso vínculo entre la clase obrera y las protestas populares, añadiendo reivindicaciones "revolucionarias" a las consignas de estas últimas. Como escribió Internationalist Voice:
"La frase 'mujer, vida, libertad' tiene sus raíces en el movimiento nacional y no tiene ninguna carga de clase. Por eso esta consigna se levanta desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, y sus ecos se escuchan desde los parlamentos burgueses. Sus componentes no son conceptos abstractos, sino una función de las relaciones de producción capitalistas. Esta consigna convierte a las mujeres trabajadoras en el ejército negro del movimiento democrático. Esta cuestión se convierte en un problema para la izquierda del capital, que emplea el término radical "revolución", por lo que sugieren que esta consigna debe ser "salvada" añadiendo extensiones. Han hecho las siguientes sugerencias:
- Mujer, vida, libertad, administración municipal (trotskistas)
- Mujer, vida, libertad, socialismo
- Mujer, vida, libertad, gobierno obrero"[5].
Este llamado al poder de los consejos o soviets ha estado circulando en Irán al menos desde 2018. Incluso si se originó en los esfuerzos reales pero embrionarios de autoorganización en Haft Tappeh y en otros lugares, siempre es peligroso confundir el embrión con un ser humano completamente desarrollado. Como explicó Bordiga en su polémica con Gramsci durante las ocupaciones de fábricas en Italia en 1920, los consejos obreros o soviets representan un paso importante más allá de los órganos defensivos como los comités de huelga o los consejos de fábrica, ya que expresan un movimiento hacia una lucha unificada, política y ofensiva de la clase obrera. Los izquierdistas que afirman que esto está en la agenda a día de hoy están engañando a los trabajadores, con el objetivo de movilizar sus fuerzas en una lucha por una forma "de izquierda" de gobierno burgués, decorada "desde abajo" por falsos consejos obreros.
Como sigue diciendo Internationalist Voice:
"Contrariamente a la izquierda del capital, la tarea de los comunistas y de los revolucionarios no es salvar las consignas contra la dictadura, sino dar transparencia a su origen y contenido. De nuevo, en oposición a los demagogos de la izquierda del capital, distanciarse de tales consignas y plantear las demandas de clase del proletariado es un paso en la dirección de refinar la lucha de clases".
Esto es cierto aunque signifique que los revolucionarios tengan que nadar a contracorriente en los momentos de euforia "popular". Por desgracia, no todos los grupos de la Izquierda Comunista parecen ser inmunes a algunos de los engaños más radicales que se inyectan en las protestas. Aquí podemos identificar dos ejemplos preocupantes en la prensa de la Tendencia Comunista Internacionalista. Así, en el artículo "Voces obreras sobre las protestas en Irán"[6], la TCI publica declaraciones sobre las protestas del Sindicato de Trabajadores de la Caña de Azúcar de Haft Tappeh, del Consejo para la Organización de las Protestas de los Trabajadores Contratados del Petróleo y del Consejo Coordinador de las Organizaciones Sindicales de los Profesores Iraníes. Sin duda, estas declaraciones responden a un debate real que se está produciendo en los centros de trabajo sobre cómo reaccionar ante las protestas, pero el primero y el tercero de estos organismos no ocultan que son sindicatos (aunque puedan deber sus orígenes a auténticos órganos de clase, al convertirse en permanentes sólo pueden haber asumido una función sindical) y, por tanto, no pueden desempeñar un papel independiente de la izquierda del capital, que, como hemos dicho, no defiende la autonomía real de la clase, sino que pretende utilizar el poder de los trabajadores como instrumento para el "cambio de régimen". Paralelamente, la TCI tampoco se distingue de la retórica izquierdista sobre el poder soviético en Irán. Así, el artículo "Irán: Las rivalidades imperialistas y el movimiento de protesta de 'Mujer, Vida, Libertad'"[7], si bien proporciona algún material importante sobre los intentos de las potencias imperialistas fuera de Irán para recuperar las protestas, promete una continuación: "En nuestra próxima nota, defenderemos una alternativa diferente: Pan, Empleo, Libertad - ¡Poder Soviético!". Trataremos de la lucha obrera y de las tareas de los comunistas, y a la luz de ello, esbozaremos la perspectiva internacionalista".
Pero no estamos en Petrogrado en 1917, y llamar a los soviets en una situación en la que la clase obrera se enfrenta a la necesidad de defender sus intereses más básicos ante el peligro de disolverse en las protestas de las masas, y defender cualquier forma inicial de autoorganización de su recuperación por parte de izquierdistas y sindicalistas de base, es, en el mejor de los casos, juzgar gravemente el nivel actual de la lucha de clases y, en el peor, atraer a los trabajadores a las movilizaciones de la izquierda del capital. La izquierda comunista no desarrollará su capacidad para desarrollar una verdadera intervención en la clase cayendo en la ilusión de las ganancias inmediatas a expensas de los principios fundamentales y de un análisis claro del balance de fuerzas entre las clases.
Un artículo reciente de Internationalist Voice señala que actualmente se están llevando a cabo en Irán varias huelgas de trabajadores al mismo tiempo que las protestas callejeras:
"En los últimos días, hemos sido testigos de manifestaciones y huelgas de trabajadores, y la característica común de todas ellas ha sido la protesta contra su bajo nivel de salarios y la defensa de su nivel de vida. El lema de los trabajadores de la Compañía de Acero de Isfahán en huelga, "basta de promesas, nuestra mesa está vacía", es un reflejo de las difíciles condiciones de vida de toda la clase trabajadora. Algunos ejemplos de huelgas laborales de los últimos días que tenían o tienen la misma reivindicación son los siguientes: Huelga de los trabajadores de la Compañía de Acero de Isfahán; Huelga de hambre de los empleados oficiales de las empresas de refinado y distribución de petróleo, gas y petroquímica; Huelga de los trabajadores del complejo del centro de la ciudad de Isfahán; Huelga de los trabajadores de la fábrica de cemento Abadeh en la provincia de Isfahán; Huelga de los trabajadores del agua mineral Damash en la provincia de Gilan; Huelga de los trabajadores de la Compañía Pars Mino; Huelga de los trabajadores de la empresa industrial Cruise; Protesta de los trabajadores del grupo nacional de acero"[8].
Parece que estos movimientos están todavía relativamente dispersos y mientras los demócratas e izquierdistas aumentan sus llamamientos a la "huelga general", lo que quieren decir con esto no tiene nada que ver con una dinámica real hacia la huelga de masas, sino que sería una movilización controlada desde arriba por la oposición burguesa y mezclada con las huelgas de los comerciantes y otros estratos no proletarios. Esto sólo enfatiza la necesidad de que los trabajadores se mantengan en su propio terreno y desarrollen su unidad de clase como base mínima para bloquear la represión asesina del régimen islámico.
Amos, noviembre de 2022
1] https://en.internationalistvoice.org/the-continuation-of-the-social-prot... [1011]
2] Ver por ejemplo https://libcom.org/article/revolt-iran-feminist-resurrection-and-beginni... [1012]
3] Comunicado de la CCI en “The lessons of Iran”, 17.2.79, in World Revolution 23
4] ibid
5] https://en.internationalistvoice.org/the-continuation-of-the-social-prot... [1011]
6] http://www.leftcom.org/en/articles/2022-09-29/workers-voices-on-the-prot... [1013]
7] http://www.leftcom.org/en/articles/2022-11-02/iran-imperialist-rivalries... [1014]
8] https://en.internationalistvoice.org/the-continuation-of-the-protests-la... [1015]
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Junto con las enfermeras y los conductores de ambulancias, los trabajadores de la universidad son uno de los sectores más recientes de la clase obrera que se han sumado a la actual oleada de huelgas. En Londres, el 30 de noviembre, el tercer día de huelga convocada por el sindicato University and College Union, hubo una concentración en la estación londinense de Kings Cross, que el UCU anunció como la mayor manifestación de su historia. Participaron varios miles de trabajadores de todo el país.
A pesar de que en los últimos meses hemos asistido a huelgas en numerosos sectores -trenes, autobuses, metro, correos, Amazon, sanidad, escuelas en Escocia, en los yacimientos petrolíferos del Mar del Norte y en otros lugares-, los sindicatos se han mostrado en general muy cautos a la hora de convocar manifestaciones unitarias en las grandes ciudades. Así que el hecho de que la UCU invitara a dirigentes de otros sindicatos implicados en las huelgas a hablar en esta manifestación -Dave Ward del Sindicato de Trabajadores de la Comunicación, Christina McAnea, secretaria general de Unison, y en particular Mick Lynch del RMT- es una señal de que los sindicatos están obligados a dar una imagen de solidaridad y unidad de la clase obrera. Encargados por el Estado capitalista de la tarea vital de mantener la lucha de clases bajo control, de tomar la temperatura dentro de la clase obrera, reconocen que se enfrentan a una creciente comprensión entre "los afiliados" no sólo de que la clase obrera existe, sino de que todos los trabajadores están siendo atacados y necesitan resistir juntos.
La reacción frente a esta maduración de la recuperación de la identidad de clase se expresó más claramente en el discurso de Mick Lynch, que fue la estrella del mitin, sólo superado por Jo Grady, la secretaria general de la UCU. Todo el tenor de su discurso fue que los trabajadores no pueden confiar en que los políticos les defiendan -dijo que cuando la gente le preguntaba por qué el RMT no estaba afiliado al Partido Laborista, su respuesta era "¿por qué seguir encadenados al Partido Laborista?" - y que sólo la acción unida y militante de los trabajadores de a pie, superando todas las divisiones entre sectores, entre hombres y mujeres, entre razas y religiones, podía garantizar la victoria. Y, por supuesto, esta unidad sólo podía lograrse a través de los sindicatos, que son "la clase obrera organizada"[1]
Es significativo que los mayores aplausos del público respondieran a estos llamamientos a la unidad en la lucha. Los trabajadores universitarios presentes en la manifestación ya no se ven a sí mismos como una élite privilegiada de intelectuales, sino como parte de la clase trabajadora, enfrentada a la inseguridad laboral (el sector universitario es uno de los pioneros de la "economía gig"[2]; la mayoría de los profesores e investigadores tienen contratos de corta duración e inestables), al estancamiento de los salarios y al aumento de los precios. Todo esto se repitió en el discurso de clausura de Jo Grady.
No cabe duda de que es importante que los trabajadores universitarios se reunieran en esta manifestación para expresar su solidaridad entre ellos y con otros sectores que luchan esencialmente por las mismas reivindicaciones. Pero no es de extrañar que los organizadores de esta manifestación no exigieran nada a los participantes, excepto que vitorearan en los lugares adecuados y que se marcharan a casa cuando todo hubiera terminado. Ni un atisbo de que los trabajadores se reunieran para debatir, para evaluar en qué punto de la lucha se encuentran, para hacer propuestas concretas de unión con otros sectores. El mensaje de los sindicatos se reduce a esto: dejadlo en manos de vuestros representantes oficiales y todo irá bien.
Pero estos "representantes oficiales", que en realidad "representan" al Estado capitalista en las filas de los trabajadores, son precisamente los que mantienen divididos a los trabajadores convocándolos sector por sector, en días diferentes y en distintas partes del país. En varios casos, las huelgas están divididas incluso dentro del mismo sector: por ejemplo, en correos, ha habido diferentes días de acción para los clasificadores, los conductores, los repartidores... El argumento de los sindicatos a favor de esta táctica es que actuando de esta manera, los trabajadores pueden mantener la presión sobre los empresarios y no perder demasiado en sus paquetes salariales. Y, por supuesto, ningún trabajador puede permitirse sacrificar su salario a la ligera en una época de crisis económica cada vez más profunda. Pero lo que ocultan los "tácticos" sindicales es que la clase dominante teme, sobre todo, la amenaza de acciones verdaderamente masivas y unificadas de la clase obrera, y es esta amenaza el único factor que les obligará a retirar, al menos temporalmente, su asalto a los niveles de vida.
Y son estos "representantes oficiales" los que se aseguran de que no estallen acciones masivas y unificadas, vigilando las llamadas leyes "antisindicales" del Estado, que en realidad son leyes diseñadas para impedir que los trabajadores luchen al margen de los sindicatos, que tomen decisiones sobre las huelgas en asambleas generales, no en votaciones, que envíen "piquetes secundarios" a otros lugares de trabajo para llamarles a la huelga, que tomen medidas de huelga sobre el terreno en lugar de avisar a los empresarios y al gobierno con semanas de antelación.
Y por último, con sus falsas promesas de victoria, los sindicatos ocultan sistemáticamente la realidad de la situación a la que se enfrenta la clase obrera: un sistema capitalista al límite de sus fuerzas, que ofrece un futuro de pobreza y destrucción, donde la victoria económica de los trabajadores en la lucha sólo puede ser efímera, y donde la verdadera victoria es la creciente capacidad de la clase obrera para unirse y reconocer que el verdadero objetivo de esta unidad es el derrocamiento de la clase dominante y de su orden moribundo.
Amos, Diciembre 2022
1See Mick Lynch’s speech here: https://www.youtube.com/watch?v=Jw4rn8ZWoaY [1017]
2Un eufemismo que se refiere a todos esos empleos precarios como riders u otros, autoempleados, trabajos por horas, etc que se pretenden hacer presentables bajo el etiquetado de “economía colaborativa”
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Comisarias incendiadas, carreteras bloqueadas, autos quemados, saqueos en tiendas y mercados, destrucción, violencia irracional, revuelta popular: estos acontecimientos son el producto directo del impasse del sistema que genera cada vez más miseria y del cual la burguesía busca aprovecharse para un reclutamiento en sus luchas de camarillas. Todo esto es parte de una pugna permanente entre las facciones de la burguesía peruana, las cuales, movidas por la defensa de sus respectivos intereses, han agudizado las dificultades para establecer niveles de orden y funcionamiento que puedan darle estabilidad a su sistema político. Esto explica el desenvolvimiento caótico de las acciones que institucionalmente se han venido dando.
El peso de la descomposición, como fenómeno global e histórico que también afecta al aparato político de la burguesía peruana, podemos explicarlo apoyándonos en un fragmento de nuestras Tesis sobre la Descomposición: “Entre las características más importantes de la descomposición de la sociedad capitalista, hay que subrayar la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación en el plano político. La base de este fenómeno es, claro está, que la clase dominante cada día controla menos su aparato económico, infraestructura de la sociedad. El atolladero histórico en que está metido el modo de producción capitalista, los fracasos sucesivos de las diferentes políticas instauradas por la burguesía, la huida ciega permanente en el endeudamiento con el cual va sobreviviendo la economía mundial, todos esos factores repercuten obligatoriamente en un aparato político incapaz, por su parte, de imponer a la sociedad, y en especial a la clase obrera, la "disciplina" y la adhesión que se requieren para movilizar todas las fuerzas y todas las energías para la guerra mundial, única "respuesta" histórica que la burguesía sea capaz de "ofrecer". La falta de la menor perspectiva (si no es la de ir parcheando la economía) hacia la cual pueda movilizarse como clase, y cuando el proletariado no es todavía una amenaza de su supervivencia, lleva a la clase dominante, y en especial a su aparato político, a una tendencia a una indisciplina cada vez mayor y al sálvese quien pueda” (tesis 9)1.
Por eso, vemos los juegos de la vacancia del poder, la interpelación, la presión que ejercen determinados grupos o partidos en el Congreso de la República, la guerra de interpretaciones jurídicas que enfrentan al poder ejecutivo y judicial, todas ellas, son acciones que ilustran la descomposición y no sirven para otra cosa, que no sea distraer y arrastrar al proletariado al putrefacto pantano de la ideología democrática.
Las revueltas populares que se levantan como acciones organizadas de las facciones enfrentadas de la derecha y la izquierda burguesa, son expresión de la desesperación de estas mismas facciones por mantener o volver a controlar el Estado, que ha permeado a la sociedad, con toda su carga de confusión y envenenamiento ideológico. Ejemplo de ello, son las demandas de “cierre del congreso”, “que se vayan todos”, “nuevas elecciones”, “nueva constitución”, que no son más que demandas democráticas, que solo buscan seguir manteniendo el statu quo del Estado burgués. Estas demandas, nada tienen que ver con los intereses de la clase trabajadora y su proyecto histórico. Por el contrario, lo lleva al encierro en la sociedad de la explotación y las clases sociales. Ellas se alejan de aquellas demandas inmediatas, que se dan la perspectiva de defender sus condiciones de vida y que también, cumplen una función como experiencia de lucha necesaria para la maduración política de sus fuerzas.
Aunque no dudamos que existen elementos de la clase obrera, envueltos en estas revueltas populares, que tratan de expresar su indignación frente a la decadencia de la clase política, lo hacen en un terreno que no es el suyo, donde la burguesía y la pequeña burguesía imponen sus banderas democráticas, a fin de mantener intacta la sociedad de la explotación y la defensa de sus propios intereses de lucro y ganancia gracias a la feroz explotación de la fuerza de trabajo de los trabajadores. Esos elementos de la clase trabajadora y otras capas no explotadoras se ven arrastrados por la violencia irracional y putrefacta que produce un sistema que ya no tiene más que ofrecer a la humanidad. Muchos de estos elementos han muerto en medio de estas revueltas.
Lo que está pasando en Perú en estos momentos, no es una expresión o reacción de los trabajadores, no es la lucha de clases. Lo que está pasando en Perú, es una lucha por intereses netamente burgueses, donde una de las dos facciones enfrentadas de la burguesía finalmente se quedará con el manejo del Estado, para continuar con la explotación de los trabajadores.
El terrorismo ejercido por las burguesías de ambos bandos sigue costando vidas humanas. Los métodos usados de fuego y violencia indiscriminada se contraponen a aquellos con que la clase trabajadora echará abajo al capitalismo, basados más en la capacidad de construir una organización que pueda incorporar al resto de capas no explotadoras a su programa, dirigiendo las acciones políticas de transformación contra las clases dominantes. El terror de las acciones de la burguesía y de sus ambos bandos en plena revuelta constituye un ataque a la toma de conciencia de la clase obrera. En algunos aspectos recuerda la situación que vivimos en los años 80 y 90 del siglo pasado, con el terrorismo ejercido por grupos como Sendero Luminoso, MRTA y el propio ejército del Estado Peruano.
-Defender su autonomía política como clase trabajadora. El proletariado no debe dejarse arrastrar por este conflicto entre fracciones de la burguesía y debe luchar contra las mistificaciones del antifascismo/fascismo, democracia/dictadura, vieja constitución/nueva constitución y demás trampas ideológicas que la burguesía tratará de imponer siempre sobre la conciencia de los trabajadores.
-Luchar contra la trampa de la democracia. Porque la burguesía trata de vendernos la idea de que la democracia es la mejor forma de gobierno y que nuevos procesos electorales serán la “solución” a la crisis, cuando en realidad, son la mejor forma de mantener la explotación laboral y la sociedad dividida en clases sociales. Debemos luchar contra esta movilización democrática y ciudadana. El Estado es el instrumento de las clases explotadoras y cuando la burguesía lo detenta sea de derecha o de izquierda, popular o centro, no hacen más que ejercer su explotación sobre la clase trabajadora.
-Vivimos una crisis económica profunda, que empeora cada vez más las condiciones de vida de todos los trabajadores en el Perú y en el mundo. Por ello, la clase trabajadora debe luchar por sus auténticos intereses de clase, por defender sus condiciones de vida y trabajo, en la perspectiva de su objetivo final la revolución mundial.
-Se debe rechazar las consignas de la unión nacional y la concordia que vocifera la burguesía a los cuatro vientos, la sociedad está dividida en clases sociales: burguesía y proletariado y cada clase tiene sus propios intereses.
-La clase trabajadora debe luchar por recuperar su identidad de clase, la confianza en sus propias fuerzas, en recuperar su proyecto histórico de una nueva sociedad humana mundial: El comunismo. Para ello debe apoyarse únicamente en la solidaridad internacional de la clase trabajadora, en la que el proletariado de los países centrales tiene un papel clave.
-La clase trabajadora es la clase de la conciencia, de la verdad, no somos terroristas ni vándalos, como nos llama la burguesía, sus fuerzas armadas y medios de comunicación. Todo el terrorismo visto en estas revueltas del caos ha sido desarrollada por las facciones burguesas, sus fuerzas del orden, por la prensa, inyectando miedos, pánico, mentiras, incertidumbre, violencia indiscriminada y disparando a la masa desarmada sin importarle nada, ni nadie.
Podemos ver como los hermanos de clase en Gran Bretaña luchan dentro de su terreno de clase por sus verdaderos intereses, como exigiendo mejores condiciones de vida en medio de la crisis. Las huelgas obreras en Gran Bretaña son el comienzo de una respuesta de clase frente a la crisis capitalista mundial, una crisis que también golpea al Perú y al resto del mundo2.
La negativa del Congreso de adelantar las elecciones (una de las principales demandas de los manifestantes), las pugnas entre la nueva presidenta y grupos políticos en el Congreso, la decisión del gobierno de mantener e incluso incrementar la represión usando sus fuerzas policiales y el ejército, constituyen una situación de incertidumbre, en la cual, la burguesía no tiene hasta ahora una representación política capaz de canalizar el descontento popular, lo cual abre la puerta a una profundización de la confrontación entre facciones de la burguesía y a la violencia social (hasta el momento van más de 20 fallecidos y decenas de heridos), tal como se ha vivido en el pasado en otros países de la región, como por ejemplo en Ecuador, con explosiones de revueltas estériles e impotentes que al final sólo conducen a una masacre de los proletarios. Es imprescindible insistir en que la autonomía de los intereses de la clase obrera debe ser defendida sin concesiones, sin ninguno compromiso con su enemigo de clase, cualquiera sea el escenario que se pueda presentar en el futuro.
¡Proletarios de todos los países unidos!
Ismo Perú- Sección de la Corriente Comunista Internacional
Contacto: [email protected] [886]
17-12-2022
1TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo [109]
2El verano de la ira en Gran Bretaña: la burguesía impone nuevos sacrificios, la clase obrera responde con la lucha [981]
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El texto “Divergencias con la Resolución sobre la situación internacional en el 24º Congreso de la CCI [1020] (Explicación de una posición minoritaria. Contribución del camarada Ferdinand)” presenta los desacuerdos del camarada Ferdinand con respecto al análisis que hace la CCI del periodo actual. Estos desacuerdos, como él mismo señala ("porque tengo desacuerdos parecidos a los del camarada Steinklopfer") comparten mayormente la misma base que los que formuló el camarada Steinklopfer en el XXIII Congreso de la CCI, y que volvió a traer a colación en el texto con el que presentó sus enmiendas a la resolución del XXIV Congreso. Dimos una amplia respuesta a estas divergencias en 2019, y más recientemente, en una contribución publicada en nuestra web en inglés. Los argumentos que se desarrollan en esta última son válidos, en general, en lo que respecta a las críticas del texto de Ferdinand, y no volveremos a tratarlos aquí[1].
Esta contribución se centrará en la comprensión de la situación en China, la cual ocupa buena parte de las contribuciones de Ferdinand. Aclaramos ante todo que estamos de acuerdo con Ferdinand cuando insiste en la importancia del debate, aún más en las vicisitudes de un periodo marcado por la aparición de nuevos fenómenos, en el que "no es inusual que al interior de una organización revolucionaria viva se den controversias sobre el análisis de la situación mundial". Ciertamente, la CCI no es una organización monolítica, y sería preocupante que al calor de las convulsiones de los últimos años no aparecieran cuestionamientos ni desacuerdos. De esta forma, comprender "la evolución de China y el poder económico de su capitalismo de Estado" es una cuestión esencial, no solo a la hora de entender mejor la dinámica actual del capitalismo sino también a la hora de aplicar el método marxista al análisis de la situación.
Desde el inicio de su contribución, Ferdinand expresa sus críticas del análisis de la situación en China que hace la organización y plantea el método que pretende desarrollar: "Las afirmaciones de que China es una bomba de relojería, de que su Estado es débil y de que su crecimiento económico se tambalea son expresiones de una subestimación del desarrollo económico e imperialista real de China en los últimos 40 años. Comprobemos primero los hechos y los fundamentos teóricos en los que se basa este análisis erróneo". Examinaremos pues, atentamente, los hechos aquí referidos y los fundamentos teóricos que Ferdinand cree erróneos. Pero antes de eso, ¿qué podemos decir de la afirmación de que la CCI ha subestimado siempre el desarrollo de China y de que sigue haciéndolo a día de hoy?
Una primera puesta en duda, algo insidiosa, del análisis de la organización, es afirmar que siempre ha hecho caso omiso del desarrollo de China ("El desarrollo de China se ha subestimado en nuestra organización durante décadas") y de que sigue haciéndolo ("Pero este reconocimiento fue a medias. Pronto los viejos esquemas volvieron a colarse en nuestros análisis"). El hecho es que, ciertamente, es incorrecto decir que la CCI ha ignorado el desarrollo de China durante décadas.
A finales de los años 70 la CCI señaló una evolución en la relación de fuerzas entre los bloques, que sería de primera importancia de cara al futuro:
"Como en el resto del mundo, el eslogan del capital chino ha pasado a ser ‘exporta o muere’. Pero la debilidad de su economía y de su posición en el mercado mundial suponen que China ya no puede hacer de Llanero Solitario, y se ve obligada a integrarse más fuertemente en el bloque occidental, como puede verse a nivel económico en su balance comercial, y a nivel político, con su apoyo a todas las políticas occidentales o del tercer mundo que sean hostiles a Moscú" (Révolution Internationale 41, septiembre de 1977).
"Los últimos años han sido testigos de un fortalecimiento considerable del imperialismo americano y del debilitamiento de su rival ruso. La integración de China en el bloque estadounidense y el compromiso de Pekín para un rearmamento masivo se traducen en que el Kremlin se enfrenta a una fuerza cada vez más amenazadora en su frontera oriental – y que además podría bloquear firmemente su acceso a la riqueza industrial japonesa. Ni siquiera el esfuerzo del imperialismo ruso por flanquear a China a través de la península indochina puede minimizar esta victoria del imperialismo estadounidense en el Lejano Oriente" (Revista Internacional 18, Informe sobre la Situación Internacional del tercer Congreso de la CCI).
Esta fue una dinámica crucial que comenzó en los años 60 y 70 con la "ruptura ideológica con Moscú" de China, su abandono del bloque ruso y, durante los 70, (tras la visita de Nixon a Pekín en 1972 y el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1979), un acercamiento gradual al bloque americano, para poder "trabajar juntos y unirnos para contrarrestar al oso polar" (Deng Xiaoping en 1979).
Durante los últimos 70 años (30 de los cuales ha estado bajo el dominio del Partido "Comunista"), es decir, durante la mayor parte del s. XX, China fue una de las expresiones más evidentes de la entrada del capitalismo en su decadencia – una economía en ruinas, guerras civiles, interferencia e invasiones de imperialismos extranjeros, hambrunas gigantescas, mareas de refugiados y el exterminio de millones de personas. Su integración en el mercado occidental abrió las puertas a su desarrollo económico y a una formidable modernización tecnológica, particularmente a finales de los 80 y durante los 90. Fue en esta época y a principios de la década de los 2000 cuando la CCI empezó a señalar, y analizó, el ascenso de China a potencia mundial:
A nivel económico, subrayando que en ningún caso la nueva situación llegaba a poner en cuestión el análisis de la decadencia histórica del capitalismo:
"La decadencia del capitalismo, en contra de lo que pronosticaron algunos elementos de la Izquierda comunista alemana en los años 1920, nunca ha podido interpretarse como un derrumbe repentino del sistema. Tampoco como el bloqueo absoluto del desarrollo de las fuerzas productivas que erróneamente planteó Trotski en los años 30 […] la burocracia china ha conseguido asombrosamente la hazaña de mantenerse con vida. Algunas de las críticas que se hacen a la noción de decadencia del capitalismo presentan precisamente esto como la demostración de que el sistema capitalista tiene aún capacidad de desarrollarse y de lograr un crecimiento real.
La verdad es que el actual “boom” chino no pone en entredicho el declive general de la economía capitalista mundial, puesto que a diferencia de lo que sucedía en el período ascendente del capitalismo:
el actual crecimiento industrial de China no forma parte de un proceso global de expansión. Todo lo contrario, ya que tiene como corolario directo la desindustrialización y el estancamiento de las economías más avanzadas, que deslocalizan hacia China en busca de menores costes laborales;
el proletariado chino no tiene ante sí la perspectiva de una mejora significativa de sus condiciones de vida, sino que es previsible que sufra cada vez más ataques contra sus condiciones de vida y trabajo, y una acrecentada pauperización de enormes masas de trabajadores y campesinos fuera de las principales zonas de crecimiento;
ese crecimiento frenético no contribuirá a una expansión global del mercado internacional, sino a profundizar la crisis mundial de sobreproducción pues dado que la capacidad de consumo de las masas chinas es sumamente restringida, la mayor parte de los producido allí se dirige hacia la exportación a los países capitalistas más desarrollados;
la irracionalidad fundamental del “despegue” chino aparece en toda su magnitud cuando se ven los brutales niveles de contaminación que engendra, lo que evidencia claramente cómo la presión imperativa que sufre cada capital nacional para explotar a mansalva sus recursos naturales para poder ser competitivo en el mercado mundial conduce a una terrible degradación del medio ambiente planetario;
a imagen y semejanza del sistema capitalista en su conjunto, la totalidad del crecimiento de China está basado en una montaña de deudas que jamás podrá compensar con una verdadera expansión en el mercado mundial.
Hasta la propia burguesía reconoce la fragilidad de este tipo de “boom”, y no esconde la alarma que le inspira la “burbuja” de la economía china. Y no porque le disgusten los niveles bestiales de explotación sobre los que está fundamentada, ni mucho menos, ya que son precisamente estos lo que hace atractivo invertir en China, sino por la excesiva dependencia del conjunto de la economía mundial respecto al mercado chino, y por tanto por las catastróficas consecuencias de un hundimiento de esta economía no sólo para China (que reviviría una situación de violenta anarquía como la de los años 1930), sino para toda la economía mundial.
[…]
Es cierto que el capitalismo entró en su fase de decadencia bastante antes de que tales mercados se agotasen, como también que el capitalismo ha tratado de utilizar de la mejor forma posible lo que ha ido quedando de estas áreas económicas, como salida para su producción. Ahí están los ejemplos del crecimiento de Rusia durante los años 1930, o la integración de lo que quedaba en el sector agrario durante la reconstrucción que siguió a la Segunda Guerra mundial. Pero la tendencia dominante en el capitalismo decadente es, desde luego, el recurso a un mercado artificial basado en el endeudamiento" (Revista Internacional 122, XVI Congreso de la CCI: Resolución sobre la situación Internacional[2].
A nivel de la expresión de su cada vez mayor poder imperialista a principios del s. XXI:
]"En particular, [EEUU] no podría desanimar a China para hacer prevalecer sus ambiciones imperialistas, que le permiten su estatuto reciente de gran potencia industrial. Está claro que ese país, a pesar de su importancia demográfica y económica, no tiene, absolutamente, los medios militares o tecnológicos, y no está cerca de tenerlos, para constituirse como una nueva cabeza de bloque. Sin embargo, tiene los medios de perturbar, aún más, las ambiciones norteamericanas –ya sea en África, en Irán, en Corea del Norte, o en Birmania– y aportar su piedra a la inestabilidad creciente que caracteriza a las relaciones imperialistas" (XIX Congreso de la CCI – Resolución sobre la Situación Internacional [97]).
No hubo falta de atención al desarrollo de China, sino un cierto esquematismo en la comprensión de las manifestaciones de la decadencia, que caracterizó la aplicación y profundización de este marco de análisis, como la misma organización hizo notar en su XXI Congreso de 2015:
"la negación, en algunos de nuestros textos clave, de cualquier posibilidad de expansión del capitalismo en su fase decadente, también ha dificultado a la organización explicar el crecimiento vertiginoso de China y de otras “nuevas economías” en el periodo que siguió a la caída de los viejos bloques. Aunque estos crecimientos no han puesto en entredicho, como algunos hayan podido decirlo, la decadencia del capitalismo, siendo incluso una clara expresión de ésta, sí que contradicen la posición según la cual en el periodo de decadencia no hay ninguna posibilidad de un despegue industrial en las regiones de la “periferia”. Aunque hemos sido capaces de refutar algunos de los mitos más comunes sobre la “globalización” en la fase que siguió al hundimiento de los bloques (mitos propalados tanto por la derecha, que veía ahí un nuevo y glorioso capítulo en el triunfo del capitalismo, como por la izquierda, que lo utilizaba para una revitalización de sus viejas soluciones nacionalistas y estatistas), no fuimos capaces de discernir el núcleo de la verdad en la mitología mundialista: que el final del viejo modelo autárquico abría nuevas esferas a las inversiones capitalistas, incluso la explotación de una nueva enorme fuente de fuerza de trabajo extraída desde fuera de las relaciones sociales directamente capitalistas" (XXI Congreso de la CCI – Resolución sobre la situación internacional [1021]).
"pero fuimos, no obstante, menos capaces de prever la capacidad de Rusia de volver a emerger como fuerza que se hace notar en la escena mundial; y, lo que es aún más importante, tardamos mucho en ver el ascenso de China como nuevo actor significativo en las rivalidades entre las grandes potencias, unas rivalidades que se han ido agudizando en las dos o tres últimas décadas –un fracaso estrechamente conectado a nuestro problema para reconocer la realidad del avance económico de China" (Ibíd., punto 11).
No obstante, la afirmación de Ferdinand de que si esto se dio en el pasado de la organización, bien puede ser el caso actualmente, es un método erróneo de argumentación. Desde que se reconoció este peligro en la organización, podemos ver que se ha mantenido atentamente el marco de comprensión del desarrollo de China en análisis recientes:
"Las etapas del ascenso de China son inseparables de la historia de los bloques imperialistas y de su desaparición en 1989: la posición de la izquierda comunista que afirmaba la ‘imposibilidad de cualquier emergencia de nuevas naciones industrializadas’ en el período de decadencia y la condena de los Estados ‘que no lograron su despegue industrial antes de la Primera Guerra Mundial para estancarse en el subdesarrollo, o para superar un atraso crónico en comparación con las potencias dominantes’ era perfectamente válida en el período de 1914 a 1989. Fue la camisa de fuerza de la organización del mundo en dos bloques imperialistas opuestos (permanentes entre 1945 y 1989) en preparación para la guerra mundial lo que impidió cualquier ruptura de la jerarquía entre las potencias. El ascenso de China comenzó con la ayuda estadounidense que recompensó su cambio imperialista a los Estados Unidos en 1972. Continuó de manera decisiva después de la desaparición de los bloques en 1989. China parece ser el principal beneficiario de la ‘globalización’ tras su adhesión a la OMC en 2001, cuando se convirtió en el taller mundial y en el receptor de las deslocalizaciones e inversiones occidentales, convirtiéndose finalmente en la segunda potencia económica del mundo. Fueron necesarias las circunstancias sin precedentes del período histórico de descomposición para permitir el ascenso de China, sin las cuales no habría ocurrido.
El poder de China soporta todos los estigmas del capitalismo terminal: se basa en la sobreexplotación de la fuerza de trabajo proletaria, el desarrollo desenfrenado de la economía de guerra, del programa nacional de ‘fusión militar-civil’ y va acompañado de la destrucción catastrófica del medio ambiente, mientras que la ‘cohesión nacional’ se basa en el control policial de las masas sometidas a la educación política del Partido Único y en la feroz represión de las poblaciones alófonas del Xinjiang y el Tíbet musulmanes. De hecho, China es sólo una metástasis gigantesca del cáncer militarista generalizado de todo el sistema capitalista: su producción militar se está desarrollando a un ritmo frenético, su presupuesto de defensa se ha multiplicado por seis en 20 años y ocupa el segundo lugar en el mundo desde 2010" (Punto 11 de la Resolución sobre la situación internacional del XXIII Congreso de la CCI [122]).
En realidad, el problema para Ferdinand no es la subestimación de la expansión china, sino el marco de interpretación en el que se incluye ("La formulación de <<el crecimiento extraordinario de China es un producto de la descomposición>>"). Para Ferdinand, el examen de los "hechos" tal y como son demuestran ya de entrada la falta de coherencia de la visión de la CCI.
Ferdinand quiere examinar "los hechos". Pero sin embargo no empieza sino seleccionando los que más le convienen: "No podemos confiar en la propaganda china sobre la fortaleza de su sistema. Pero lo que los medios de comunicación occidentales o no chinos nos dicen sobre las contradicciones en China también es propaganda, y además a menudo es una ilusión". Desde aquí puede fácilmente descartar un matiz de los "hechos" defendidos por la organización ("Los elementos mencionados en la Resolución no son convincentes"), mientras que solo asume los que él cree factibles ("Si no cito literalmente otras fuentes, baso la información de este artículo en Wikipedia y The Economist, nota al pie nº5 de su texto).
Por tanto, los "hechos" que se digna a examinar están limitados exclusivamente a la cuestión de las tensiones internas de las clases dominantes. Y lo que es más, su modo de argumentar es bastante curioso:
Ferdinand compara de forma bastante absurda los cambios en el orden de batalla de ciertas burguesías europeas en los años 70, bajo la presión de la lucha de clases, con la exacerbación de las tensiones internas entre camarillas de cada burguesía nacional, lo que es ante todo un fenómeno de la fase de descomposición del capitalismo, y más específicamente, de la última década. Esto deriva en realidad de una presión cada vez mayor a la que tienen que enfrentarse las diferentes burguesías a nivel económico e imperialista, y a la dificultad de mantener el control de todo el sistema político (como se ve en el surgimiento del populismo en EEUU o Gran Bretaña, pero también en las tensiones entre camarillas del aparato de Estado chino).
Plantea la idea falsa y absurda de que la CCI defiende "la tesis de que el proletariado amenaza al régimen de Xi Jinping".
Tras este argumento se ocultan dos cosas: (a) una subestimación del peso de la descomposición en el aparato político de la burguesía, y (b) una tendencia a ver en el capitalismo chino una forma "avanzada" de capitalismo, como la de los países europeos, y no una expresión caricaturesca de la putrefacción del capitalismo. La cuestión para Ferdinand no es la de una lucha de facciones dentro del partido-Estado estalinista, sino la propuesta de modelos alternativos ("Pero no se ve ningún modelo alternativo para el curso del capitalismo de Estado chino") por parte de facciones de la burguesía, pertenecientes o no al partido. Esto demuestra que no es capaz de ver que el capitalismo de Estado estalinista chino no es una expresión de la fortaleza del capitalismo, sino un producto refinado de su barbarie, decadencia y descomposición.
Bajo esta perspectiva, su análisis de la represión de los capitalistas privados individuales revela por sí sola la falta de método que hay en su examen de "los hechos". Así comenta la represión de capitalistas privados: "El Partido está cortando las alas a algunas de las empresas más rentables y a los magnates más ricos; está dejando escapar el aire de algunas burbujas especulativas para controlar más estrictamente toda la actividad económica". Pero, ¿qué es lo que prueba este control más estrecho del Estado sobre las empresas privadas? El contexto de la fase de descomposición que destaca la CCI es exactamente lo que hace posible la comprensión de que la toma de control de sectores económicos enteros por parte del partido, que subraya la rigidez del sistema político estalinista en China que se halla bajo presión a nivel económico e imperialista, así como las tensiones en el seno del partido, son esencialmente una expresión de DEBILIDAD del régimen, no de fortaleza.
Los "hechos" que quiere examinar Ferdinand se limitan a la cuestión de las tensiones en la clase dominante, mientras que guarda silencio sobre la multitud de elementos que la organización señala como pruebas de las dificultades de China, ya desde el Informe sobre las tensiones imperialistas de junio de 2018 [1022] (RI 161), además del Informe sobre la pandemia y la desarrollo de la descomposición [795] adoptada por el XXIV Congreso de la CCI en 2021 (RI 167):
"A largo plazo, la economía china se enfrenta a la deslocalización de industrias estratégicas por parte de Estados Unidos y los países europeos, y a las dificultades de la "Nueva ruta de la seda" debido a los problemas financieros vinculados a la crisis económica, y exacerbados por la crisis del Covid-19 (financiación china pero sobre todo niveles de deuda de países "socios" como Sri Lanka, Bangladesh, Pakistán, Nepal...) pero también por la creciente desconfianza por parte de muchos países y la presión anti-China de los Estados Unidos. Además, no es de extrañar que en 2020 se haya producido un desplome del valor financiero de las inversiones inyectadas en el proyecto de la “Nueva ruta de la seda” (-64%).
La crisis del Covid-19 y los obstáculos encontrados por la "Nueva ruta de la seda" también han exacerbado las tensiones cada vez más manifiestas en la cabeza del Estado chino, entre la facción "economista", que se centra principalmente en la globalización económica y el "multilateralismo" para continuar la expansión capitalista de China, y la facción "nacionalista" que exige una política más musculosa y que enfatiza la fuerza ("China que derrotó al Covid") frente a las amenazas internas (uigures, Hong Kong, Taiwán) y externas (tensiones con Estados Unidos, India y Japón). En la perspectiva del próximo Congreso Popular en 2022, que deberá nombrar al nuevo (o confirmar al viejo) presidente, la situación en China, por lo tanto, también es particularmente inestable".
Desde entonces, todos los informes sobre las tensiones imperialistas han propuesto elementos relacionados con la desastrosa gestión de la crisis del Covid: la acumulación de problemas económicos en China, el estancamiento del proyecto de la "Nueva Ruta de la Seda" y el agravamiento de los antagonismos en las filas de la burguesía china. El Informe sobre los conflictos imperialistas de noviembre de 2021 [1023] (RI 167), sintetiza las dificultades de China a diferentes niveles:
"China ha experimentado un ascenso meteórico en términos económicos e imperialistas en las últimas décadas, lo que la convierte en el más importante retador de los Estados Unidos. Sin embargo, como ya ilustran los sucesos de septiembre de 2021 en Afganistán, no ha sabido aprovechar ni el continuo declive estadounidense ni la crisis de Covid-19 y sus consecuencias para reforzar sus posiciones en cuanto a las relaciones imperialistas, sino todo lo contrario. Examinamos las dificultades a las que se enfrenta la burguesía china a la hora de hacerse cargo del Covid, de la gestión de la economía, de las relaciones imperialistas y las tensiones en su seno".
A cada uno de estos niveles se aportan elementos precisos para ilustrar que "En resumen, lejos de beneficiarse de la situación actual, la burguesía china, al igual que otras burguesías, se enfrenta al peso de la crisis, al caos de la descomposición y a las tensiones internas, que intenta contener por todos los medios dentro de sus caducas estructuras capitalistas de Estado" (Ibíd.). Desafortunadamente, Ferdinand ignora meticulosamente todo esto.
Así las cosas, ¿qué empuja al camarada a disputar la afirmación de que "China es una bomba de relojería", afirmación que no puede basarse en un seguimiento insuficiente o falta de pruebas por parte de la CCI, especialmente en lo que respecta al periodo presente, como muestran las referencias a nuestros textos congresuales? Con respecto a nuestro último análisis, ¿no sería cierto que los argumentos aquí discutidos son una pantalla de humo que esconde el verdadero motivo de desacuerdo, que debería buscarse al nivel de los "fundamentos teóricos"?
Ferdinand intenta demostrar que está criticando "una comprensión errónea y esquemática de la decadencia capitalista", y para ello propone una serie de cuestiones:
La primera trata de cómo la CCI subestima la tendencia a la constitución de nuevos bloques ("la Resolución resta importancia al peligro de una futura constelación de bloques"), que para Ferdinand es hoy dominante: "La lógica capitalista de la polarización entre China y Estados Unidos empuja a ambos a buscar aliados, a participar en la carrera armamentística y a dirigirse hacia la guerra". Este análisis, sin embargo, se abstrae de las características de la fase actual de la descomposición, en la que:
1. Hay una contraposición radical a la tendencia a la formación de bloques imperialistas que marcó a la "Guerra Fría". Esto ha sido planteado claramente por la CCI desde 1990:
"la tendencia a un nuevo reparto del mundo entre dos bloques militares está frenada, quizás incluso definitivamente, por el fenómeno cada día más profundo y general de la descomposición de la sociedad capitalista, tal como ya lo hemos recalcado nosotros" (RI 61, Tras el hundimiento del bloque del este, inestabilidad y caos [1024]).
"No es la formación de bloques imperialistas lo que está en la base del militarismo y del imperialismo. Es lo contrario: la formación de bloques no es sino la consecuencia extrema (que en cierta fase pueda agravar las causas mismas) del hundimiento del capitalismo decadente en el militarismo y la guerra" (RI 64, Texto de orientación: Militarismo y descomposición [480]).
De esta forma, en el contexto actual de la guerra de Ucrania, las posiciones adoptadas por la India hacia EEUU y Rusia, las de China hacia Rusia y las de Turquía hacia Rusia y la OTAN (de la que es miembro), entre otros tantos ejemplos, destacan hasta qué punto es la inestabilidad la que marca las relaciones entre las potencias imperialistas, y no la constitución en bloques.
2. En ningún modo se da una disminución de la barbarie militarista o el peligro de guerra, como enfatizamos hace más de 30 años:
"los enfrentamientos militares entre Estados no van a desaparecer, independientemente de si las grandes potencias puedan usarlos en interés propio. Muy al contrario, como hemos visto en el pasado, el militarismo y la guerra son el modo de vida del capitalismo en decadencia, y la profundización de la crisis no hará más que confirmarlo.
En contraste con el periodo anterior, sin embargo, estos conflictos militares ya no asumirán la forma de un enfrentamiento entre dos grandes bloques imperialistas" (RI 63, Resolución sobre la situación internacional, junio de 1990).
"el final de los bloques lo que hace es abrir las puertas a una forma todavía más salvaje, aberrante y caótica del imperialismo" (RI 64, Militarismo y descomposición).
En respuesta a la interpretación que lleva a Ferdinand a preguntar "¿Debemos pensar que el capitalismo en su periodo de descomposición es más racional y, por tanto, más proclive a evitar la guerra?", lo cierto es exactamente lo contrario: la CCI ha señalado que la inestabilidad y el caos actuales, que provienen de la tendencia al cada uno para sí, no reducen el militarismo y el riesgo de guerras sino que paradójicamente han revivido el riesgo de una escalada nuclear, y de una forma más alarmante que durante la "Guerra Fría" (ver RI 168, La guerra de Ucrania, un paso de gigante hacia la barbarie y el caos generalizados [918]).
Según Ferdinand, otro punto que muestra el esquematismo de la CCI es nuestro fracaso a la hora de reconocer que el capitalismo de Estado chino es el gran ganador del momento y de que se está fortaleciendo: "La Resolución subestima el hecho de que las economías fuertes están mucho mejor que las débiles […] Y niega que China sea un ganador de la situación […] China es uno de los ganadores de la crisis pandémica hasta ahora". Según Ferdinand, "Los círculos dirigentes de este país están utilizando la crisis pandémica para reestructurar su economía, su ejército, su imperio. Aunque el crecimiento económico en China se ha ralentizado en los últimos tiempos, detrás de esto hay hasta cierto punto un plan calculado de la élite política gobernante para aprovechar los excesos del capital privado y fortalecer el capitalismo de Estado para el desafío imperialista".
La CCI no niega en absoluto que, en esta fase de descomposición galopante, las burguesías nacionales pueden temporalmente, en determinadas áreas, sacar beneficios de una coyuntura: durante la primera década de la fase de descomposición, EEUU pareció tener éxito imponiendo su hegemonía (la primera guerra del Golfo, los acuerdos de Dayton para la ex-Yugoslavia); incluso a día de hoy algunos países productores de gas natural o crudo están amasando millones; de forma similar, China experimentó ciertamente una expansión económica nada desdeñable entre 1990 y 2016. Sin embargo, la cuestión central a tratar es la siguiente: ¿de dónde proviene esta expansión?
Para la CCI, la entrada del capitalismo en la fase final de su decadencia histórica en 1989, la fase de descomposición, posibilita la comprensión tanto de los ingredientes del ascenso súbito de China como de sus fragilidades internas y externas, así como de las contradicciones que amenazan su expansión. Esta tarea de poner las cosas en su contexto es exactamente lo que evita hacer Ferdinand, de una forma explícita y general.
Además, contrariamente a Ferdinand, que parece ver en el capitalismo de Estado estalinista el motor dinámico del desarrollo de China, la Gauche Communiste de France (en su revista Internationalisme en 1952) fue ya capaz de señalar que el capitalismo de Estado no soluciona, en esencia, las contradicciones del capitalismo por mucho que pueda retrasar sus efectos, sino que es una expresión de estas contradicciones:
"Desde que el modo de producción capitalista entró en su período de decadencia, la presión para combatir esta decadencia con medidas capitalistas de Estado ha crecido constantemente. Sin embargo, la tendencia a fortalecer los órganos y las formas capitalistas de Estado no es en absoluto un fortalecimiento del capitalismo; al contrario, expresan las crecientes contradicciones en el terreno económico y político. Con la aceleración de la descomposición a raíz de la pandemia, asistimos también a un fuerte aumento de las medidas capitalistas de Estado. Éstas no son una expresión de un mayor control estatal sobre la sociedad, sino una expresión de las crecientes dificultades para organizar la sociedad en su conjunto y evitar su creciente tendencia a la fragmentación" (RI 167, Resolución sobre la situación internacional XXIV Congreso de la CCI [826], punto 23).
Dado este marco de análisis, la implosión del bloque del Este significó también el fracaso del capitalismo de Estado estalinista, particularmente obsoleto e ineficiente. Si bien China fue capaz de abrirse a los capitalistas privados y al mercado mundial al ponerse del lado de EEUU (jugando un papel central en la política de la globalización económica), ha seguido conservando las estructuras decrépitas del capitalismo de Estado estalinista, lo que necesariamente implica: (a) una libertad relativa y fuertemente vigilada para los capitales y capitalistas privados; (b) un miedo profundo al conflicto social, al que solo puede responder con la más brutal de las represiones; (c) luchas maquiavélicas despiadadas entre facciones rivales en el partido-Estado.
La cuestión central que surge de forma confusa a través de un bosque de elementos específicos es que [para Ferdinand] el contexto de la descomposición que defiende la CCI implicaría una postura unívoca:
"todo está subordinado a la "descomposición", a una especie de fragmentación homogénea", lo que omitiría ciertas características centrales del capitalismo: "Esta comprensión del período de descomposición es esquemática y -en la medida en que niega la persistencia de las leyes capitalistas elementales -por ejemplo, la concentración y la centralización del capital- un abandono del marxismo".
En realidad:
1. La comprensión de la descomposición como el contexto dominante a la hora de entender el desarrollo de la situación durante los últimos 40 años fue planteada por la CCI a finales de los años 80, y ha sido confirmada por los acontecimientos que han sacudido el orden mundial y las relaciones entre clases desde 1989-1990:
"Desde hace un año, la situación mundial ha conocido cambios importantísimos que han modificado muy sensiblemente la fisonomía del mundo tal como éste había surgido de la segunda guerra imperialista; La CCI se ha aplicado en seguir de cerca esos cambios:
para dar cuenta de su significado histórico,
para examinar en qué medida desmentían o confirmaban los marcos de análisis válidos anteriormente.
Es así como acontecimientos históricos (agonía del estalinismo, desaparición del bloque del Este, disgregación del bloque del Oeste), aunque no pudieron ser previstos en su especificidad, sí se integraban plenamente en el marco de análisis y de comprensión del periodo histórico actual elaborado anteriormente por la CCI: la fase de descomposición" (RI 64, Militarismo y descomposición).
Esta situación dio paso a la dinámica de un capitalismo que se pudre sobre sus propias bases, acentuando las características que ya estaban presentes en su entrada en decadencia, tales como la explosión irracional de militarismo, el todos contra todos imperialista, el caos y la dificultad de la burguesía a la hora de mantener el control de su propio aparato político… y que acaban por convertirse en las características dominantes en su fase final:
"es indispensable poner de relieve las diferencias fundamentales entre el principio de este siglo y la descomposición generalizada en la que hoy se está hundiendo el sistema y que no cesará de agravarse. Y en eso, más allá de lo puramente cuantitativo, el fenómeno de descomposición social está hoy alcanzando tal profundidad y tal extensión que está cobrando una calidad nueva, una cualidad singular, expresión de la entrada del capitalismo decadente en una fase específica - y última - de su historia, aquélla en la que la descomposición social se convierte en un factor, incluso en el factor, decisivo de la evolución de la sociedad" (RI 107, Tesis sobre la descomposición).
Nos preguntamos por qué no se ha posicionado Ferdinand sobre la predominancia de este marco histórico en la última fase de la decadencia del capitalismo, la fase de su descomposición social, que ha sido discutida y aprobada de forma unánime por la organización, tal como recordaba el preámbulo a la resolución de la situación internacional del XXIV Congreso de la CCI:
"Esta resolución está en continuidad con el informe sobre la descomposición del XXII Congreso de la CCI, la resolución sobre la situación internacional al XXIII Congreso y el informe sobre la pandemia y la descomposición del XXIV Congreso[1]. Se basa en la idea de que la decadencia del capitalismo no sólo pasa por diferentes etapas o fases, sino que desde finales de los años ochenta hemos llegado a su última fase, la fase de descomposición".
2. Este marco de análisis de la situación: ¿implica lo que señala Ferdinand de que la CCI ha "olvidado" ciertas tendencias inherentes al capitalismo, tales como las tendencias a la centralización y a la concentración, que se han acentuado aún más con la decadencia?
"en continuidad con la plataforma de la Internacional Comunista de 1919, que no sólo insistía en que la guerra imperialista mundial de 1914-18 anunciaba la entrada del capitalismo en la "época de la descomposición del capital, de su desintegración interna, la época de la revolución comunista del proletariado", sino que también subrayaba que "El viejo 'orden' capitalista ha dejado de funcionar; su existencia ulterior está fuera de toda duda. El resultado final del modo de producción capitalista es el caos. Este caos sólo puede ser superado por la clase productiva y más numerosa: la clase obrera. El proletariado tiene que establecer un orden real, un orden comunista". Así, el drama al que se enfrentaba la humanidad se planteaba efectivamente en términos de orden contra caos. Y la amenaza de ruptura caótica estaba vinculada a "la anarquía del modo de producción capitalista", es decir, a un elemento fundamental del propio sistema.
Según el marxismo, el sistema capitalista, en un nivel cualitativamente superior a cualquier modo de producción anterior, implica que los productos del trabajo humano se conviertan en un poder ajeno que se sitúa por encima y en contra de sus creadores. Esta decadencia del sistema, con sus contradicciones insolubles, está marcada por una nueva espiral en esta pérdida de control. Y como explica la Plataforma de la IC, la necesidad de intentar superar la anarquía capitalista dentro de cada Estado-nación -a través del monopolio y sobre todo de la intervención del Estado- no hace sino empujarla a nuevas cotas a escala global, culminando en la guerra mundial imperialista. Así, si bien el capitalismo puede, en ciertos niveles y durante ciertas fases, contener su tendencia innata al caos (por ejemplo, a través de la movilización para la guerra en los años 30 o el período de auge económico que siguió a la guerra), la tendencia más profunda es hacia la "desintegración interna" que, para la IC, caracterizaba a la nueva época" (RI 167, resolución sobre la situación internacional, XXIV Congreso de la CCI).
Según parece, los desacuerdos que ha expresado Ferdinand con respecto al análisis de China provienen, básicamente, de una asimilación insuficiente de las tendencias centrales de la fase de descomposición. En realidad, si se toma este contexto y se asumen los elementos a los que nos hemos referido en los puntos anteriores, solo se puede concluir que el desarrollo de China es, ciertamente, un "producto de la descomposición". Ferdinand afirma estar de acuerdo con este marco de análisis ("Las tendencias polarizadoras que planteo no están en contradicción con el marco de la descomposición"). Pero la realidad es que al examinar los puntos que hemos tratado, Ferdinand demuestra una profunda falta de comprensión de la descomposición, y una de sus frases es particularmente ilustrativa al respecto: "Esta última [la postura de "ver la descomposición en todas partes"] está en permanente búsqueda de fenómenos de dislocación y desintegración, perdiendo de vista las tendencias más profundas y concretas propias de los cambios actuales". Es decir, el cada uno para sí, el caos y el individualismo exacerbado no son las tendencias fundamentales del periodo presente: a partir de aquí, a pesar de su acuerdo formal con el análisis ya descrito, vemos a través de las ambigüedades una labor de zapa de este análisis, que toma forma en un análisis empirista y evasivo.
Comenzamos este texto destacando la importancia de esta discusión, tal y como lo hizo Ferdinand. Para él, la cuestión se resume en una confrontación de teorías y afirmaciones. Por ello subraya en su contribución sobre el análisis del ascenso de China: "mi tesis es la contraria. Los círculos dirigentes de este país están utilizando la crisis pandémica para reestructurar su economía, su ejército, su imperio". Como señala Ferdinand en el encabezado de su texto, el debate en la CCI se tiene que desarrollar con método. Recordemos lo que significa la concepción marxista del debate:
"Contrariamente a la corriente bordiguista, la CCI no ha considerado nunca el marxismo como “doctrina invariante”, antes al contrario, lo ha concebido como un pensamiento vivo para el cual cada acontecimiento histórico importante es fuente de enriquecimiento. En efecto, esos acontecimientos permiten ya sea confirmar el marco de los análisis desarrollados anteriormente, dándoles más fuerza, ya sea poner en evidencia la caducidad de algunos de ellos imponiéndose entonces un esfuerzo de reflexión para así ampliar el campo de aplicación de los esquemas válidos antes, pero ya superados, o si no, claramente, elaborar otros nuevos capaces de dar cuenta de la nueva realidad. Les incumbe a las organizaciones revolucionarias la responsabilidad específica y fundamental de cumplir este esfuerzo de reflexión, teniendo buen cuidado de avanzar, a semejanza de nuestros mayores, Lenin, Rosa, Bilan o la Izquierda Comunista de Francia, a la vez con prudencia y audacia:
. Basándose firmemente en las adquisiciones del marxismo;
. Examinado la realidad sin orejeras, desarrollando el pensamiento, “sin ostracismos de ningún tipo”, como decía Bilan" (RI 64, Militarismo y descomposición).
En definitiva, un debate no consiste en una "confrontación libre de argumentos basados en los hechos", o una oposición libre entre "hipótesis", una yuxtaposición de "teorías", u "opiniones" que presenta una "mayoría" a una "minoría", como el camarada lo describe en varias ocasiones: "mediante la confrontación de argumentos basados en hechos"; "no hay elementos a favor de la tesis de que el proletariado amenaza al régimen de Xi Jinping" […] "mi tesis es la contraria"; "tenemos que considerar la teoría que subyace a la posición mayoritaria y, por tanto, a la presente resolución". El punto de partida de un debate es, sobre todo, el marco de análisis compartido por toda la organización, adoptado y precisado en detalle por los diferentes informes de sus Congresos internacionales.
Por tanto, la posición de la CCI no es ni mucho menos dogmática, sino que se limita a aplicar el método marxista, contrastando los nuevos elementos con el análisis asumido en común sobre la base de los debates del pasado del movimiento obrero, a la hora de evaluar hasta qué punto los nuevos elementos confirman o, por el contrario, cuestionan el marco de análisis adquirido. Por otro lado, escondiéndose tras la posición formalmente sistémica de Ferdinand, que presenta punto por punto sus críticas a la resolución sobre la situación internacional aprobada en Congreso, se halla un caos de posturas que envuelven en niebla el hecho de que el camarada está, en realidad, tendiendo a la puesta en cuestión del marco de análisis al asumir desde el principio una lógica implícita que diverge de él.
R. Havanais, noviembre de 2022
1 https://es.internationalism.org/content/4854/explicacion-de-las-enmiendas-del-companero-steinklopfer-rechazadas-por-el-congreso [1025] ; nueva respuesta al camarada Steinklopfer disponible en nuestra web en inglés: https://en.internationalism.org/content/17245/reply-comrade-steinklopfer-august-2022 [1026]
2 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200509/118/xvi-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internacional [1027] ; en realidad, es imposible que el endeudamiento cree un "mercado" real, sino que inyecta sumas cada vez mayores en la economía con las expectativas puestas en la producción de los años venideros. En este sentido, la deuda representa una carga cada vez mayor para la economía. El nivel de deuda para China es gigantesco (300% del PIB en 2019).
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Seguimos publicando contribuciones a un debate interno relativo a la comprensión de nuestro concepto de la descomposición, a las tensiones inter-imperialistas y a la amenaza de guerra, así como a la relación de fuerzas entre el proletariado y la burguesía. Este debate fue hecho público por primera vez por la CCI en agosto de 2020, cuando publicó un texto del camarada Steinklopfer en el que expresaba y explicaba sus desacuerdos con la resolución sobre la situación internacional del 23º Congreso de la CCI. Este texto fue acompañado de una respuesta de la CCI y ambos pueden consultarse aquí [1029]. La segunda contribución del camarada (aquí [1025]) desarrolla sus divergencias con la resolución del 24º Congreso y el texto que sigue es otra respuesta que expresa la posición de la CCI. Por último, hay una contribución del camarada Ferdinand (aquí [1020]) que también expresa sus divergencias con la resolución del 24º Congreso. La respuesta a este texto se publicará próximamente.
…
La CCI está más o menos sola al considerar que el hundimiento del bloque imperialista del Este en 1989 marcó el comienzo de una nueva fase en la decadencia del capitalismo: la fase de descomposición, resultante de un estancamiento histórico entre las dos grandes clases de la sociedad no siendo ni una ni otra capaces de hacer avanzar su propia perspectiva frente a la crisis histórica del sistema: guerra mundial para la burguesía, revolución mundial para la clase obrera. Esta sería la última etapa de la larga decadencia del modo de producción capitalista, trayendo consigo la amenaza de un descenso a la barbarie y la destrucción que podría engullir a la clase obrera y a la humanidad incluso sin una guerra a escala mundial entre dos bloques imperialistas [1].
Los grupos del medio proletario han respondido poco o nada a las Tesis sobre la Descomposición que sentaban las bases teóricas del concepto de la descomposición. Algunos, como los bordiguistas, con su idea de la invarianza de la teoría marxista desde 1848, han tendido a rechazar el concepto mismo de la decadencia capitalista. Otros, como la Tendencia Comunista Internacionalista, consideran idealista nuestra visión de la descomposición como una fase de caos creciente y de destructividad irracional, aunque no estén en desacuerdo con que tales fenómenos existan e incluso vayan en aumento. Pero para estos camaradas nuestra concepción no se basa directamente en un análisis económico, por lo que no puede considerarse materialista.
Al mismo tiempo, a pesar de situar sus orígenes en la Izquierda Comunista de Italia, estos grupos nunca han aceptado nuestra noción del curso histórico: la idea de que la capacidad del capitalismo de movilizar a la sociedad para la guerra mundial depende de si ha infligido una derrota decisiva a la clase obrera mundial, en particular a sus batallones centrales. Este fue sin duda el enfoque de la Fracción de Izquierda que publicó Bilan en los años 30, que insistía en que con la derrota de la oleada revolucionaria de 1917-23, el camino hacia una Segunda Guerra Mundial estaba abierto; y fue un método retomado por la CCI desde sus inicios. En los años 1970 y 1980, argumentamos que, a pesar de una crisis económica cada vez más profunda y de la existencia de bloques imperialistas estables, el capitalismo era incapaz de dar pasos decisivos hacia la Tercera Guerra Mundial porque se enfrentaba a una generación no derrotada de proletarios que no estaban dispuestos a hacer los sacrificios que exigía una marcha hacia la guerra. Ninguno de estos argumentos tenía sentido para la mayoría de los grupos del medio proletario los cuales no tenían en cuenta la relación de fuerzas entre las clases para comprender la dirección que tomaba la sociedad [2].
El concepto del curso histórico fue un elemento clave en la formulación de la teoría de la descomposición. En los años 1970, periodo caracterizado por oleadas internacionales de luchas obreras en respuesta a la crisis económica abierta, seguíamos considerando que la sociedad se encaminaba hacia enfrentamientos masivos de clases cuyo resultado determinaría si el camino estaba abierto hacia la guerra mundial o hacia la revolución mundial. Sin embargo, hacia finales de la década de 1980, a pesar de la incapacidad de la burguesía para organizar a la sociedad para una nueva guerra mundial, se hizo evidente que a la clase obrera le resultaba cada vez más difícil afirmar su propia perspectiva revolucionaria. Paradójicamente, el concepto de un curso histórico, de un movimiento definido hacia la guerra mundial o hacia la lucha de clases masiva, ya no era aplicable en la nueva fase abierta por el estancamiento histórico, como aclaramos en nuestro 23 Congreso Internacional [3].
Con algunas excepciones, la mayoría de los grupos del medio proletario también han rechazado una de las principales conclusiones que hemos sacado del análisis de la descomposición a nivel de los conflictos imperialistas -un análisis desarrollado en nuestro texto de orientación de 1990 "Militarismo y Descomposición" y su actualización de mayo de 2022-, que la creciente tendencia al sálvese quien pueda entre los estados, la marea de fragmentación y desorden que caracterizó esta nueva fase, se había convertido en un elemento central de la dificultad de la burguesía para reconstituir bloques imperialistas estables [4]. La mayoría de los grupos consideran que la formación de nuevos bloques está hoy a la orden del día, y de hecho han argumentado que está bastante avanzada.
Aunque a nuestro juicio las principales predicciones de las Tesis sobre la Descomposición y el Texto de Orientación sobre el militarismo han resistido la prueba del tiempo (cf. informe del 22º Congreso [5]), la guerra de Ucrania ha puesto de manifiesto la divergencia con los grupos que ven el rápido movimiento hacia la formación de bloques y la amenaza inminente de una tercera guerra mundial.
En nuestras propias filas han surgido ideas similares, como puede verse en los textos de los camaradas Steinklopfer y Ferdinand [6]. Sin embargo, estos camaradas siguen insistiendo en que están de acuerdo con el concepto de descomposición, aunque a nuestro juicio algunos de sus argumentos lo cuestionan.
En este artículo explicaremos por qué pensamos que este es el caso de la contribución del camarada Steinklopfer. Aunque las posiciones de Steinklopfer y Ferdinand son muy similares, se presentaron como contribuciones individuales, por lo que responderemos por separado.
Dividiremos nuestra respuesta en tres partes: sobre los desacuerdos acerca del concepto básico de descomposición; sobre la polarización imperialista; y sobre el balance de fuerzas entre las clases. Al responder a las críticas del camarada Steinklopfer, tendremos que dedicar una cantidad considerable de tiempo a corregir varias tergiversaciones de la posición de la organización, que a nuestro juicio se derivan de una pérdida de adquisiciones por parte del camarada, un olvido de algunos elementos básicos de nuestro marco de análisis. Es más, algunas de estas tergiversaciones ya han sido contestadas en respuestas anteriores a los textos del camarada, pero no son reconocidas ni respondidas en contribuciones posteriores del camarada. Esto es señal de una dificultad real para hacer avanzar el debate.
Según el camarada Steniklopfer, sería sin embargo la CCI la que estaría “revisando” su concepción de la descomposición: “hay un hilo rojo que une muchos de estos desacuerdos y que gira en torno a la cuestión de la descomposición. Aunque toda la organización comparte nuestro análisis de la descomposición como fase terminal del capitalismo, cuando se trata de aplicar este marco a la situación actual, salen a la luz diferencias de interpretación. En lo que todos estamos de acuerdo es en que esta fase terminal no sólo fue inaugurada por, sino que tiene sus raíces más profundas en, la incapacidad de cualquiera de las dos clases principales de la sociedad para abrir una perspectiva para la humanidad en su conjunto, para unir a grandes partes de la sociedad ya sea detrás de la lucha por la revolución mundial (el proletariado) o detrás de la movilización para la guerra generalizada (la burguesía). Pero, para la organización, parece haber una segunda fuerza motriz esencial de esta fase terminal, que es la tendencia de cada uno contra todos: entre Estados, dentro de la clase dominante de cada Estado nacional, dentro de la sociedad burguesa en general. Sobre esta base, la CCI, en lo que se refiere a las tensiones imperialistas, tiende a subestimar la tendencia a la bipolarización entre dos Estados ladrones principales, la tendencia a la formación de alianzas militares entre los Estados, así como subestima el peligro creciente de enfrentamientos militares directos entre las grandes potencias, que contiene una dinámica potencial hacia una especie de tercera guerra mundial que podría acabar con la humanidad”.
Más adelante abordaremos la cuestión de la subestimación de la amenaza de una Tercera Guerra Mundial. Lo que queremos dejar claro en esta coyuntura es que no vemos la tendencia al "sálvese quien pueda" como una "segunda fuerza motriz de esta fase terminal" en el sentido de ser una causa subyacente de la descomposición, lo cual está implícito en la frase del camarada "una segunda fuerza motriz esencial" y se hace explícito cuando continúa diciendo que “aunque estoy de acuerdo en que el ‘cada uno contra todos’ burgués es una característica muy importante de la descomposi ción, que jugó un papel muy importante en la inauguración de la fase de descomposición con la desintegración del orden mundial imperialista posterior a la Segunda Guerra Mundial en 1989, no estoy de acuerdo en que sea una de sus principales causas”. Si bien todos estamos de acuerdo en que la tendencia de cada Estado a defender sus propios intereses es inherente a toda la historia del capitalismo, incluso durante el periodo de los bloques estables -o como dice Steinklopfer, “el ‘cada uno a la suya’ burgués es una tendencia permanente y fundamental del capitalismo a lo largo de toda su existencia”- esta tendencia se " desata " y se exacerba a nivel cualitativo durante la fase de descomposición. Esta exacerbación sigue siendo un producto de la descomposición, pero se ha convertido en un factor cada vez más activo en la situación mundial, un impedimento importante para la formación de nuevos bloques.
Esto nos lleva a un segundo desacuerdo clave sobre el concepto de descomposición: la comprensión de que la descomposición, al tiempo que hace fructificar todas las contradicciones existentes del capitalismo decadente, adquiere el carácter de un cambio cualitativo. Según Steinklopfer “A mi entender, la organización se desplaza hacia la posición de que, con la descomposición, hay una nueva cualidad en relación con las fases anteriores del capitalismo decadente, representada por una especie de dominio absoluto de la tendencia a la fragmentación. Para mí, en contraposición a esto, no hay ninguna tendencia importante en la fase de descomposición que no existiera ya de antemano, y en particular en el período de decadencia del capitalismo que comienza con la Primera Guerra Mundial”.
Parece un caso claro de "pérdida de adquisiciones", de olvido de lo que nosotros mismos hemos dicho en nuestros textos fundamentales, en este caso, las propias Tesis sobre la Descomposición. Ciertamente, las Tesis coinciden en que “en realidad, las contradicciones y expresiones de la decadencia del capitalismo que la han ido marcado sucesivamente en sus distintas fases se mantienen e incluso se han profundizado, de tal modo que la fase de descomposición es la resultante de la acumulación de todas esas características de un sistema moribundo, la fase que remata tres cuartos de siglo de agonía de un modo de producción condenado por la historia” (Tesis 3). Pero la misma tesis señala a continuación que estas características aparecen en la fase de descomposición “como la consecuencia última, como síntesis acabada de todos esos elementos”: en definitiva, dicha síntesis marca el punto en el que la cantidad se convierte en cualidad. De lo contrario, ¿qué sentido tendría describir la descomposición como una nueva fase dentro de la decadencia?
Si volvemos al TO sobre Militarismo y descomposición, queda claro que nunca hemos sostenido que la tendencia a la formación de nuevos bloques desaparezca en la fase de descomposición. “La historia (sobre todo de la 2ª posguerra) ha puesto en evidencia que la desaparición de un bloque imperialista (por ejemplo, el del “Eje”) pone al orden del día la dislocación del otro (los “aliados”) pero también la formación de una nueva “pareja” de bloques antagónicos (Este y Oeste). De ahí que la situación actual lleva en sí, bajo la presión de la crisis y del agudizamiento de las tensiones militares, una tendencia hacia la formación de dos nuevos bloques imperialistas”.
Sin embargo, el mismo TO había señalado antes también que: “No es la formación de bloques imperialistas lo que está en la base del militarismo y del imperialismo. Es lo contrario: la formación de bloques no es sino la consecuencia extrema (que en cierta fase pueda agravar las causas mismas) del hundimiento del capitalismo decadente en el militarismo y la guerra. En cierto modo, ha ocurrido con la formación de bloques respecto al imperialismo como con el estalinismo respecto al capitalismo de Estado. Al igual que el fin del estalinismo no significa un freno a la tendencia histórica hacia el capitalismo de Estado, aunque fuera una manifestación de éste, la desaparición actual de los bloques imperialistas no implicará el menor cuestionamiento del dominio del imperialismo en la vida de la sociedad”. Y continúa diciendo que, en ausencia de bloques, los antagonismos imperialistas adquirirán un carácter nuevo, caótico, pero no menos sangriento. “En el nuevo período histórico en que hemos entrado, y los acontecimientos del Golfo vienen a confirmar, el mundo aparece como una inmensa timba en la que cada quien va a jugar “por su cuenta y para sí”, en la que las alianzas entre Estados no tendrán ni mucho menos, el carácter de estabilidad de los bloques, pero que estarán dictadas por las necesidades del momento. Un mundo de desorden asesino, en el que el “gendarme” USA intentará hacer reinar un mínimo de orden con el empleo más y más masivo de su potencial militar”.
Este escenario ha sido ampliamente demostrado por las posteriores guerras en los Balcanes, la invasión de Afganistán e Irak, la guerra en Siria, numerosos conflictos en África, etc. En particular, los intentos del gendarme estadounidense de mantener un mínimo de orden se convertirían en un factor de primer orden en la exacerbación del caos, como hemos visto en Oriente Medio en particular.
Por supuesto, existe una limitación importante en el análisis presentado en el Texto de Orientación sobre el militarismo, publicado a principios de la década de 1990. Aunque demuestra correctamente la incapacidad de nuevos contendientes como Alemania y Japón para formar un nuevo bloque opuesto a EEUU, no predice el ascenso de China y su capacidad para presentar un desafío importante a la dominación estadounidense. Pero, ¿invalida esto la conclusión del OT de que la tendencia a la formación de nuevos bloques no estará a la orden del día durante un periodo indefinido?
Para responder a esta pregunta, es necesario tener claro lo que la CCI está diciendo realmente sobre el desafío chino a los EEUU. Según el camarada Steinklopfer, “sin embargo, en el análisis actual de la organización, China no es ni puede llegar a ser un serio contrincante mundial de los EE.UU., y ello porque su desarrollo económico y tecnológico se considera un "producto de la descomposición". Según esta interpretación, China no puede ser ni llegar a ser más que un país semidesarrollado incapaz de seguir el ritmo de los antiguos centros del capitalismo en Norteamérica, Europa o Japón. ¿No implica esta interpretación que la idea, si no de una paralización del desarrollo de las fuerzas productivas -que con razón siempre hemos descartado como característica del capitalismo decadente-, al menos de algo que no está muy lejos de ello, es la que postula ahora la organización para la fase final de la decadencia? Como el lector atento notará, el 24º Congreso condena no sólo la idea de un desafío imperialista global chino como si fuera una puesta en cuestión del análisis teórico de la descomposición - la misma idea de que China ha reforzado su competitividad a expensas de sus rivales es desechada como expresión de mis supuestas ilusiones en la buena salud del capitalismo chino”.
No es en absoluto cierto que la posición de la organización sea que China “no es ni puede llegar a ser un serio contrincante mundial de los EE.UU”. A pesar de haber reconocido tarde la importancia del ascenso de China, desde hace algunos años la CCI ha estado insistiendo en que la estrategia imperialista estadounidense -con seguridad desde los años de Obama, a través de la presidencia de Trump y continuando bajo Biden- se basa en el entendimiento de que su principal rival es China, tanto a nivel económico como militar. El informe sobre las tensiones imperialistas publicado a raíz de la guerra de Ucrania [7] desarrolla el argumento de que, detrás de la trampa que EEUU ha tendido a Rusia en Ucrania, detrás del intento de desangrar a Rusia, el verdadero objetivo del imperialismo estadounidense es China; y continúa hablando largo y tendido sobre la creciente "polarización" entre EEUU y China como un factor central en las rivalidades imperialistas globales. Pero es un error -en el que creemos que cae el camarada Steinklopfer- confundir este proceso de polarización, en el que las rivalidades entre EEUU y China ocupan cada vez más el centro de los acontecimientos mundiales, con la formación real de bloques militares, que implicaría el desarrollo de alianzas estables en las que una potencia es capaz de ejercer disciplina sobre sus "aliados". Como hemos dicho, en el medio proletario ha habido declaraciones de que la guerra de Ucrania ha marcado un paso significativo en la marcha hacia nuevos bloques militares, pero en realidad hemos visto nuevas pruebas de la inestabilidad de las alianzas existentes:
Mientras que EE.UU. ha disfrutado de un cierto éxito en la revitalización de la OTAN bajo su liderazgo, no ha terminado con el impulso de países como Alemania y Francia hacia la adopción de una línea independiente con respecto a Rusia, como se puede ver por los intentos de negociaciones por separado, la reticencia a imponer prohibiciones a la importación de energía rusa, y sobre todo una reactivación tanto de la fuerza militar de la UE como un enorme aumento en el presupuesto de defensa de Alemania - un arma de doble filo que podría ir en contra de los intereses de EE.UU. a largo plazo. Mientras tanto, Turquía, miembro de la OTAN, ha estado jugando claramente su propio juego en la situación, como demuestra el acuerdo que ha negociado entre Ucrania y Rusia para permitir el envío de suministros de grano desde los puertos ucranianos.
El "apoyo" de China a Rusia ha sido extremadamente discreto, a pesar de las peticiones rusas de ayuda económica y militar. Sin duda, la clase dominante china es consciente de que Rusia ha caído en la trampa de Estados Unidos y sabe que una Rusia debilitada constituiría una enorme carga más que un "socio" útil.
Varios países han mantenido una postura independiente frente al llamamiento a aislar a Rusia, en particular India y una serie de países de Sudamérica y África.
También debemos señalar, en respuesta a la acusación de que la CCI “subestima el peligro creciente de enfrentamientos militares directos entre las grandes potencias”, el informe también niega rotundamente que la inexistencia de bloques militares haga del mundo un lugar más seguro, sino todo lo contrario: “La ausencia de bloques hace, paradójicamente, que la situación sea más peligrosa, en la medida en que los conflictos se caracterizan por una mayor imprevisibilidad: ‘Al anunciar que ponía en alerta a su fuerza de disuasión, el presidente ruso Vladimir Putin obligó a todos los estados mayores a actualizar sus doctrinas, en su mayoría heredadas de la Guerra Fría. La certeza de la aniquilación mutua -cuyas siglas en inglés MAD significan ‘loco’- ya no es suficiente para excluir la hipótesis de los ataques nucleares tácticos, supuestamente limitados. Con el riesgo de una escalada incontrolada’ (Le Monde Diplomatique abril de 2022, p.1). De hecho, paradójicamente, puede afirmarse que la agrupación en bloques limitó las posibilidades de derrapes,
- debido a la disciplina del bloque;
- debido a la necesidad de infligir previamente una derrota decisiva al proletariado mundial en los centros del capitalismo (véase el análisis del curso histórico en los años 80).
Así, aunque actualmente no hay perspectivas de constitución de bloques ni de una tercera guerra mundial, al mismo tiempo, la situación se caracteriza por un peligro mayor, ligado a la intensificación del cada uno para sí y a la creciente irracionalidad: la imprevisibilidad del desarrollo de los enfrentamientos, las posibilidades de que se les vaya de las manos, que es más fuerte que en los años 50 a 80, marcan la fase de descomposición y constituyen una de las dimensiones especialmente preocupantes de esta aceleración cualitativa del militarismo”.
El peligro esbozado aquí no es uno en el que la burguesía sea capaz de conducir conscientemente a la humanidad hacia una tercera guerra mundial entre bloques, con el objetivo de conquistar los mercados y los recursos de las potencias rivales. Esto implicaría que una de las premisas clave de la descomposición -la incapacidad de la burguesía para ofrecer una perspectiva a la humanidad, por bárbara que fuera- habría sido eliminada de la ecuación. Más bien se trataría de la máxima expresión de la extensión de la irracionalidad y el caos, tan centrales en la fase de descomposición. Y en cierto sentido el propio Steinklopfer lo reconoce, cuando afirma, más adelante en el texto, que podría producirse una espiral irreversible de destrucción incluso sin la formación de bloques: “Es de la mayor importancia política superar cualquier planteamiento esquemático y unilateral de hacer de la existencia de bloques imperialistas una condición previa para los enfrentamientos militares entre las grandes potencias en la situación actual.”, y continúa argumentando que el propio intento de impedir la formación de nuevos bloques podría hacer más probable una tercera guerra mundial. La provocación de Estados Unidos a Rusia forma parte ciertamente de un esfuerzo por impedir la formación de un nuevo bloque entre Rusia y China y, de hecho, podría escalar de formas imprevisibles si una Rusia desesperada decidiera tomar el camino suicida de utilizar su arsenal nuclear. Pero eso sería la más clara expresión de la advertencia contenida en las Tesis de que el desarrollo de la descomposición puede comprometer el futuro de la humanidad incluso sin una movilización general de la sociedad para la guerra mundial.
Sin duda, el camarada Steinklopfer señalará un pasaje clarividente de su texto (escrito antes de la guerra de Ucrania) donde dice que “la nueva cualidad de la fase de descomposición consiste, a este nivel, en que todas las contradicciones ya existentes de un modo de producción en decadencia se exacerban al máximo. Esto se refiere a la tendencia de cada uno contra todos que, ciertamente, se exacerba con la descomposición. Pero también se exacerba la tendencia a las guerras entre las grandes potencias y, por tanto, a la guerra mundial, así como todas las tensiones generadas por los movimientos hacia la formación de nuevos bloques imperialistas y por los movimientos para frustrarlos. La falta de comprensión de esto nos lleva hoy a subestimar gravemente el peligro de guerra, en particular el que surge de los intentos de los Estados Unidos de utilizar su todavía existente superioridad militar contra China para detener el ascenso de esta última, al igual que estamos subestimando gravemente el peligro de enfrentamientos militares entre la OTAN y Rusia (este último conflicto, al menos a corto plazo, es potencialmente más peligroso que el chino-estadounidense, ya que contiene un mayor riesgo de desembocar en una guerra termonuclear).”
Es cierto que la CCI subestimó inicialmente la inminencia de la invasión rusa de Ucrania, del mismo modo que tardamos en identificar las maquiavélicas maniobras de Estados Unidos destinadas a hacer caer a Rusia en esta trampa. Pero, a nuestro juicio, no se trataba de una refutación de nuestro marco teórico subyacente, sino más bien del resultado de no haberlo aplicado consistentemente. Después de todo, ya habíamos visto la pandemia de Covid-19 como la evidencia de una nueva y muy grave aceleración de la descomposición capitalista, y la guerra de Ucrania ha confirmado plenamente este juicio, mostrando que el proceso de descomposición no es simplemente un descenso lento y gradual hacia el abismo, sino que estará salpicado de momentos de grave intensificación y aceleración, como el que estamos viviendo hoy.
Por último, debemos dejar claro que nuestra postura de que el ascenso de China sólo ha sido posible como resultado de la descomposición, y de la disolución de los bloques en particular, no implica que se haya producido una “paralización del desarrollo de las fuerzas productivas” impidiendo que China se convierta en un serio rival de EEUU. Más bien, el desarrollo de China es un brillante ejemplo de lo que, siguiendo a Marx, hemos descrito como “crecimiento como declive” [8], un proceso en el que el propio aglutinamiento de fuerzas productivas trae consigo nuevas amenazas para el futuro de la humanidad: a través de la devastación ecológica, la "producción" de pandemias y la agudización de los antagonismos militares. El crecimiento chino no sólo es el resultado de la descomposición, sino que se ha convertido en un poderoso factor de su aceleración. Argumentar, como hace el camarada Steinklopfer, que se ha producido "a pesar de la descomposición" aparta de nuestro marco general de análisis la comprensión del ascenso de China.
Al abordar la evaluación del estado actual de la lucha de clases, de nuevo tenemos que dedicar algo de tiempo en nuestra respuesta a insistir en que el retrato que hace el camarada Steinklopfer de nuestra posición no es en absoluto acertado.
El camarada repite el argumento de que ya no consideramos la falta de perspectiva del proletariado como un factor en el retroceso de la lucha de clases: “Ya era llamativo en la resolución del 23º Congreso que el problema de la debilidad, pronto convertida en ausencia de una perspectiva revolucionaria proletaria, no se planteara como central para explicar los problemas de las luchas obreras durante los años 80.” Ya respondimos a esta pregunta en nuestra anterior respuesta publicada al artículo de Steinklopfer sobre el 23º Congreso: “el camarada Steinklopfer sugiere que la resolución sobre la relación de fuerzas del 23º Congreso ya no se ocupa del problema de la perspectiva revolucionaria, y que este factor ha desaparecido de nuestra comprensión de las causas (y consecuencias) de la descomposición. De hecho, la cuestión de la politización de la lucha de clases y de los esfuerzos de la burguesía por impedir su desarrollo está en el centro de la resolución.” [9] No podría ser de ningún otro modo, porque todo el fundamento de las Tesis sobre la descomposición es el argumento de que si el mundo capitalista se encuentra en un estado de agonía y desintegración, es sobre todo porque ninguna de las dos grandes clases de la sociedad es capaz de ofrecer una perspectiva para el futuro de la humanidad.
Steinklopfer se equivoca igualmente cuando afirma que la CCI pone ahora sus esperanzas en un simple aumento de la combatividad, una especie de salto automático hacia la consciencia revolucionaria empujado por la crisis, una visión consejista o economicista que descuida el papel de la teoría revolucionaria (y por tanto de la organización revolucionaria). Pero nunca hemos negado la necesidad de que las luchas se politicen y el papel clave de las organizaciones políticas en este desarrollo, ni el peso negativo de la ruptura orgánica y la separación de las organizaciones políticas de la clase. Es cierto que ninguna organización revolucionaria está exenta de hacer concesiones a errores consejistas, economicistas o inmediatistas, pero consideramos que cuando tales errores se producen, están en discordancia con nuestro marco analítico fundamental, que es lo que nos da la capacidad de criticarlos y superarlos [10].
Por otra parte, considerábamos que la aparente desestimación por parte de Steinklopfer de la importancia central de la lucha defensiva de la clase obrera contra el impacto de la crisis económica -afirmada explícitamente en la sección final de las Tesis sobre la Descomposición como antídoto vital para no verse envuelta en el proceso de putrefacción social- estaba abriendo la puerta a ideas modernistas. No en el sentido explícito de aquellos que llaman a los trabajadores a abandonar sus luchas defensivas o que exigen la inmediata auto-negación del proletariado en el proceso revolucionario. El camarada en su reciente texto afirma claramente que considera las luchas defensivas indispensables para la futura recuperación de la identidad de clase y de una perspectiva revolucionaria. El problema radica en la tendencia a separar la dimensión económica de la lucha de su dimensión política y, por tanto, a no reconocer el elemento implícitamente político incluso en la más "pequeña" expresión de resistencia de clase. En su texto anterior, parecía haber una clara expresión de esta separación entre la dimensión política/teórica en la aparente idea de que la contribución teórica de la organización revolucionaria podría por sí misma compensar la dimensión política ausente en la lucha defensiva cotidiana, una visión que criticamos por rozar el sustitucionismo [11]. En la nueva contribución de Steinklopfer, éste ha aclarado que el desarrollo de la dimensión teórica no puede ser sólo obra de una minoría, sino que en última instancia tiene que ser obra de millones de proletarios. Bien, pero luego el camarada afirma que es la mayoría de la CCI la que ha olvidado esto: “Sin embargo, la organización quizás ha olvidado que las masas proletarias son capaces de participar en este trabajo de reflexión teórica.” Desde luego, no lo hemos olvidado. Una de las razones por las que concedimos tanta importancia al movimiento de los Indignados de 2011, por ejemplo, fue que se caracterizó por una cultura de debate muy viva en las asambleas, donde se plantearon y discutieron cuestiones sobre los orígenes de la crisis capitalista y el futuro de la sociedad como algo tan relevante para el movimiento como las decisiones sobre las formas inmediatas de acción [12].
Sin embargo, hay un componente muy importante en la capacidad de la clase obrera "en masa" para reapropiarse de la dimensión teórica de su combate, y es el proceso de "maduración subterránea", con el que queremos decir que, incluso en periodos en los que la clase en su conjunto está en retroceso, todavía puede tener lugar un proceso de politización entre una minoría de la clase, algunos de los cuales, por supuesto, gravitarán hacia las organizaciones políticas de la izquierda comunista. Es este aspecto, a menudo "oculto", de la politización de la clase el que fructificará en movimientos de clase más amplios y masivos.
En el Informe sobre la lucha de clases para el 24º Congreso de la CCI [13], señalábamos que el camarada Steinklopfer o bien está abandonando o bien está minando el concepto de maduración subterránea al afirmar que de hecho estamos asistiendo a un proceso de "regresión subterránea" en la clase obrera. Argumentamos que esto ignora la realidad de los elementos de búsqueda que responden al estado desesperante de la sociedad capitalista. A pesar de las evidentes dificultades extremas para que la clase tome consciencia de sí misma a un nivel más general, la organización revolucionaria tiene la tarea de ayudar a estos elementos a llevar más lejos sus reflexiones y a comprender todas sus implicaciones a nivel teórico y organizativo. Por otra parte, el concepto de regresión subterránea sólo puede dar lugar a una subestimación de la importancia de este trabajo hacia las minorías en búsqueda.
En el nuevo texto, la posición del camarada ante la noción de regresión subterránea sigue siendo muy confusa. Por una parte, no la defiende ni la repudia. Por otra parte, justo antes de acusar a la CCI de olvidar que las masas proletarias son capaces de reflexionar, parece retroceder hacia la noción de una dinámica de maduración subterránea: “El trabajo teórico es la tarea, no sólo de los revolucionarios, sino de la clase obrera en su conjunto. Dado que el proceso de desarrollo del proletariado es desigual, es en particular tarea de las capas más politizadas del proletariado asumir esta tarea; minorías por tanto, sí, pero que aún comprenden potencialmente a millones de trabajadores, y que, en lugar de sustituir al conjunto, presionan para impulsar y estimular al resto. Los revolucionarios, por su parte, tienen la tarea específica de orientar y enriquecer esta reflexión a realizar por millones. Esta responsabilidad de los revolucionarios es, como mínimo, tan importante como la de intervenir ante los movimientos huelguísticos, por ejemplo”. Lo que no queda claro en la valoración del camarada es si este potencial de maduración política es algo para el futuro o que ya se está produciendo, aunque sea a muy pequeña escala.
En lo que sí sigue insistiendo el camarada Steinklopfer en el nuevo texto es en la importancia de los retrocesos, las derrotas políticas, por las que ha pasado la clase obrera desde el resurgimiento inicial de la lucha de clases a finales de los 60, que puso fin al anterior periodo de contrarrevolución. Según él, la mayoría de la CCI está subestimando la profundidad de estas derrotas y esto - junto con nuestra amnesia sobre la capacidad de las masas para la reflexión teórica - expresa una pérdida de confianza en el proletariado por nuestra parte:
“Esta pérdida de confianza se expresa en el rechazo de cualquier idea de que el proletariado ha sufrido importantes derrotas políticas en las décadas que siguieron a 1968. Al carecer de esta confianza, acabamos restando importancia a estos gravísimos reveses políticos, consolándonos con las luchas defensivas cotidianas como el principal crisol de un camino a seguir -en mi opinión, una concesión significativa a un enfoque "economicista" de la lucha de clases como el que criticaron Lenin y Rosa Luxemburgo a principios del siglo XX. La concepción de un "proletariado invicto", que era una visión correcta y muy importante en los años 70 y aún en los 80, se ha convertido en un artículo de fe, un dogma vacío, que impide un análisis serio y científico de la relación de fuerzas”.
Enumerando estas derrotas, el camarada en una propuesta de enmienda a la resolución sobre la situación internacional del 24º Congreso se refiere a (a) la incapacidad de la primera oleada internacional para desarrollar el aspecto político de la lucha, un potencial anunciado en particular por los acontecimientos de mayo-junio de 1968 en Francia (b) el impacto del colapso del bloque del Este y las consiguientes campañas contra el comunismo y (c) el fracaso de la clase para responder a la crisis económica de 2008 , un fracaso que allanó el camino para el ascenso del populismo.
Es difícilmente defendible que la CCI haya rechazado “cualquier idea de que el proletariado ha sufrido importantes derrotas políticas en las décadas que siguieron a 1968”. El propio camarada Steinklopfer reconoce que el concepto mismo de descomposición se basa en nuestro reconocimiento de que el proletariado no fue capaz de realizar el potencial político revolucionario contenido en las luchas obreras de los años 70 y 80; además, la comprensión de que el colapso del bloque del Este inició un profundo retroceso en la combatividad y la consciencia de clase ha sido central en nuestros análisis durante los últimos treinta años; y sin duda podemos señalar una serie de importantes movimientos de clase que han sido rotundamente derrotados por la clase dominante, desde la huelga de masas en Polonia en 1980 hasta los mineros británicos en 1985, los Indignados en 2011, y así sucesivamente (como Rosa Luxemburgo insistió notoriamente, la lucha de clases proletaria es la única forma de guerra en la que la victoria final sólo puede ser preparada por una serie de derrotas).
Lo que la CCI rechaza no es la realidad o la importancia de determinadas derrotas, fracasos o retrocesos, sino la idea de que las que se han producido desde los años 1980 equivalgan a una derrota histórica comparable a lo que ocurrió en los años 20 y 30, en la que la clase obrera de los principales centros del capitalismo ha quedado reducida a una condición en la que está dispuesta a aceptar que la lleven a la guerra para "resolver" los problemas del sistema. No creemos que esto sea un dogma vacío, sino que sigue teniendo valor operativo, sobre todo con respecto a la actual guerra en Ucrania, donde la burguesía de los EE.UU. y Europa occidental ha hecho un esfuerzo extremo para evitar poner directamente sus propios pies sobre el terreno, por no hablar de cualquier movilización directa de las masas proletarias en el conflicto entre la OTAN y Rusia.
Ciertamente, en el período de la descomposición, no podemos ver tal derrota histórica de la misma manera que lo hicimos en el período 1968-89, donde se habría predicho que la burguesía saldría victoriosa de una confrontación decisiva y directa entre las clases. En el periodo de descomposición, existe un peligro muy real de que el proletariado se vea progresivamente socavado por la desintegración de la sociedad sin tan siquiera llegar a plantear un desafío importante a la burguesía. Y los revolucionarios tienen que evaluar constantemente si se ha alcanzado este "punto de no retorno". A nuestro juicio, los continuos signos de resistencia de clase a la embestida contra las condiciones de vida (por ejemplo, en 2019 y de nuevo hoy, sobre todo en Gran Bretaña en el momento de escribir esto) es una señal de que todavía no hemos llegado a ese punto; otra es la aparición de minorías de búsqueda en todo el mundo.
Por el contrario, el camarada Steinklopfer parece retroceder al enfoque que era válido en el periodo anterior, cuando el concepto del curso histórico era plenamente aplicable, pero que ya no es válido en la fase de descomposición. Sin especificar lo que ha cambiado y lo que sigue igual en la nueva fase, el camarada parece derivar hacia la visión de que la clase obrera ha sufrido una derrota a un nivel histórico tan importante que se ha reabierto el curso hacia la guerra mundial. No dice qué consecuencias puede tener esto, en particular para la actividad de la organización revolucionaria, y plantea muchas salvedades y reservas: “No sólo el proletariado no quiere que se le envíe a esa guerra, sino que la propia burguesía no tiene la intención de enviar a nadie a una tercera guerra mundial”.
Ambigüedades de este tipo, como hemos señalado, proliferan a lo largo del texto y por eso no creemos que el análisis actual del camarada ofrezca un camino a seguir para la organización.
Amos
1 Tesis sobre la Descomposición, Revista Internacional 107 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
2 El grupo “Internationalist Voice” es aquí una clara excepción: "Contrariamente a la especulación de que esta guerra es el comienzo de la Tercera Guerra Mundial, creemos que la Tercera Guerra Mundial no está en la agenda de la burguesía mundial. Para que se produzca una guerra mundial, deben cumplirse las dos condiciones siguientes:
la existencia de dos bloques imperialistas políticos, económicos y militares
una clase obrera derrotada en todo el mundo
En las últimas décadas, no se han cumplido las condiciones previas esenciales para una guerra mundial. Por un lado, cada uno de los principales actores - gángsters - piensa en sus propios intereses imperialistas. Por otro lado, aunque la clase obrera no está preparada para proporcionar el apoyo necesario a la alternativa (es decir, una revolución comunista contra la barbarie del sistema capitalista) y ha retrocedido durante la última década, no ha sido derrotada. Por lo tanto, las guerras imperialistas que puedan estallar tienden a ser a nivel regional y guerras subsidiarias por delegación. Aunque existe una especie de alianza entre Rusia y China, y algunas acciones militares rusas cuentan con el apoyo tácito de China, no debemos olvidar que cada una de estas potencias persigue sus propios intereses imperialistas, y éstos entrarán inevitablemente en conflicto de tanto en tanto”. (Traducido por nosotros de: https://en.internationalistvoice.org/the-russian-military-campaign-nato-militarism-and-gang-war-capitalism-means-war-and-savagery/ [1030])
3 Informe sobre el Curso Histórico, Revista Internacional 164 https://es.internationalism.org/content/4536/informe-sobre-el-curso-historico [1031]
4 Texto de Orientación sobre Militarismo y Descomposición, Revista Internacional 64 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [480]
5 Informe sobre la Descomposición hoy, del 22 Congreso de la CCI. Revista Internacional 163 https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017 [240]
Actualización de Mayo de 2022 de ‘Militarismo y Descomposición’ https://es.internationalism.org/content/4867/militarismo-y-descomposicion-mayo-de-2022 [1032]
6 https://es.internationalism.org/content/4854/explicacion-de-las-enmiendas-del-companero-steinklopfer-rechazadas-por-el-congreso [1025] ; https://es.internationalism.org/content/4824/divergencias-con-la-resolucion-sobre-la-situacion-internacional-del-24o-congreso-de-la [1020]
7 https://es.internationalism.org/content/4843/significado-e-impacto-de-la-guerra-en-ucrania [915]
8 Ver (en inglés) https://en.internationalism.org/content/17032/growth-decay [724]
9https://es.internationalism.org/content/4658/divergencias-con-la-resolucion-sobre-la-situacion-internacional-en-el-23o-congreso-de [1029]
10Ver por ejemplo la Revista Internacional 167, https://es.internationalism.org/content/4719/informe-sobre-la-lucha-de-clases-internacional-para-el-24o-congreso-de-la-cci-2021 [770]. El informe apoya una crítica hecha al otro informe sobre las luchas obreras en Francia en 2019 adoptado por el 24º Congreso de nuestra sección en Francia, que contenía una sobreestimación del nivel de politización en estos movimientos, y "por lo tanto abre la puerta a una visión consejista".
11 https://es.internationalism.org/content/4658/divergencias-con-la-resolucion-sobre-la-situacion-internacional-en-el-23o-congreso-de [1029]
12 https://es.internationalism.org/content/4755/un-balance-critico-del-movimiento-de-indignados-2011 [1033]
13 https://es.internationalism.org/content/4719/informe-sobre-la-lucha-de-clases-internacional-para-el-24o-congreso-de-la-cci-2021 [770]
Documento del Congreso haciendo balance de la responsabilidad de los revolucionarios de la Izquierda Comunista ante la situación histórica.
Este documento del 25 Congreso Internacional es el Informe sobre las Tensiones Imperialistas, fundamental para comprender la situación histórica actual y las perspectivas para las organizaciones revolucionarias.
Continuando con la publicación de los documentos de nuestro congreso internacional, le toca ahora el turno al Informe sobre la crisis económica. La crisis sin salida del capitalismo que se arrastra desde 1967 (¡más de medio siglo!) constituye el telón de fondo de la agravación de la guerra imperialista, el desastre ecológico, lo que llamamos la descomposición del capitalismo. Sin embargo, la crisis y los terribles ataques que conlleva contra la clase obrera empujan a esta a luchar y a comprender que la raíz de la pauperización y de toda la dinámica de destrucción que se cierne sobre el mundo está en el capitalismo y que solo destruyéndolo por medio de la revolución mundial nos podremos librar de este sistema bárbaro y destructivo.
Comenzamos a publicar los documentos adoptados por nuestro 25º Congreso Internacional celebrado en mayo de 2023. Empezamos por la Resolución sobre la Situación Internacional que trata de dar respuesta a la gravedad de una situación histórica dominada por dos polos antagónicos: el polo capitalista hacia la destrucción de la humanidad y el polo de la lucha de clases del proletariado que contiene la posibilidad de liberación de la humanidad del capitalismo.
Continuamos con la publicación de los documentos adoptados por nuestro 25º Congreso Internacional celebrado en mayo de 2023, en este caso publicamos el informe sobre la lucha de clases.
Continuando con la publicación de los documentos de nuestro último Congreso presentamos el Informe sobre la Descomposición -actualización de las Tesis sobre la Descomposición. Hoy, la CCI considera necesario actualizar los textos de 1990 y 2017, no un cuarto de siglo después de estos últimos, sino sólo 6 años después, porque durante el último periodo hemos asistido a una aceleración y amplificación espectaculares de las manifestaciones de esta descomposición general de la sociedad capitalista.
A finales de febrero de 2022, la CCI propuso a los demás grupos de la Izquierda Comunista una declaración internacionalista conjunta contra la guerra imperialista en Ucrania. Estos grupos son los descendientes actuales de la única corriente política proletaria que luchó contra los dos bandos imperialistas, tanto el fascista como el democrático, durante la Segunda Guerra Mundial. Son, por tanto, los únicos que pueden reivindicar una continuidad, en palabras y en hechos, con el internacionalismo proletario.
El sistema capitalista manifiesta su caducidad histórica mediante una dinámica guerrera que se extiende gradualmente por todas partes. La burguesía ya no encuentra en las guerras medio alguno de soliviantar su crisis. En su locura destructiva acaba por enfrentar a proletarios de diferentes países. Este no puede apoyar ningún bando burgués. La manera que tiene el proletariado para oponerse a las guerras es negarse a cualquier sacrificio.
Publicamos aquí un intercambio de opiniones con T, un contacto en Alemania, centrado en las movilizaciones en apoyo de "Libertad para Palestina".
La violencia organizada en Oriente Medio ha suscitado una profunda indignación en todo el mundo. A pesar de las ruidosas proclamas de su compromiso internacionalista de los bordiguistas, su defensa concreta del internacionalismo no es inequívoca. Para algunos, al apoyar la lucha contra la "opresión nacional" de los proletarios y las masas palestinas, para otros, al defender la idea de que estas masacres generarán un desarrollo de las luchas obreras en la región y en todo el mundo, estos grupos revelan ambigüedades peligrosas sobre cómo promover y defender el internacionalismo proletario en el actual período del capitalismo en descomposición.
Israel y Gaza desde el 7 de octubre del 2023: la guerra en toda su abominación, una explosión de barbarie. Ese día, en nombre de la "justa venganza" contra "los crímenes de la ocupación sionista", miles de "combatientes" fanáticos de Hamás y sus aliados se abalanzaron sobre las ciudades israelíes que rodean la Franja de Gaza, sembrando el terror y cometiendo crímenes de un salvajismo sin límites contra civiles indefensos.
La Guerra en Gaza, que es un paso más profundo en el hundimiento del capitalismo, exige una justificación más o menos fina por parte de los diferentes brazos de la burguesía, desde el brazo derecho a la punta del izquierdo: la defensa de la seguridad nacional, la autodeterminación y resistencia de los pueblos… hasta el pacifismo. La ideología putrefacta de la burguesía pinta un cuadro de naciones víctimas y verdugas con los papeles cambiados dependiendo del bando interesado. El objetivo es acaparar todas las vías posibles de reflexión sobre la guerra. En el siguiente artículo detallamos el papel de los diferentes actores en este cínico teatro y qué es lo que se esconde tras el telón.
Llamamiento de la Izquierda Comunista contra la barbarie imperialista de la guerra Israel - Gaza
El 7 de octubre, bajo una lluvia de cohetes, una horda de islamistas desató el terror en las ciudades israelíes que rodean la Franja de Gaza. En nombre de una "justa venganza" contra "los crímenes de la ocupación", en nombre de "los musulmanes de todo el mundo" contra el "régimen sionista", Hamás y sus aliados enviaron a miles de "combatientes" fanáticos a cometer las peores atrocidades contra civiles indefensos, mujeres, ancianos e incluso niños.
Como hemos denunciado en Ni Israel ni Palestina ¡Los obreros no tienen patria! [1050]: “En todo el mundo, la burguesía nos llama a elegir bando. Por la resistencia palestina a la opresión israelí. O por la respuesta israelí al terrorismo palestino”. Elegir campo en las guerras imperialistas hace que el proletariado renuncie a su autonomía de clase, se convierta en carne de cañón de las matanzas y se vea atrapado en el engranaje que lleva a la destrucción de la humanidad. En esa empresa de hacernos esclavos de las guerras, las prédicas de los gobiernos o de los grandes partidos, de derecha o de izquierda, resultan poco convincentes para un buen número de trabajadores, de ahí que la burguesía necesite el concurso de grupos de extrema izquierda, sindicalistas “radicales” etc., para rematar nuestro alistamiento para la guerra.
A la guerra en Ucrania, a la de Nagorno-Karabaj, a las que proliferan en África, se une ahora otra explosión de barbarie imperialista: la guerra Israel – Gaza. Es un nuevo eslabón en la cadena hacia la destrucción de la humanidad con la que nos amenaza el capitalismo. El proletariado necesita rechazar a todos los bandos en conflicto, ni Israel ni Palestina, ni el Tsal ni Hamas, por la lucha autónoma de clase, LOS OBREROS NO TENEMOS PATRIA.
Publicamos una denuncia de la guerra Israel-Gaza por parte de un compañero muy próximo de Chile. Es vital que en todos los países -incluso en aquellos que parecen muy alejados del terreno bélico- se alcen voces internacionalistas que frente a la barbarie guerrera del capitalismo defiendan la LUCHA DE CLASES DEL PROLETARIADO EN LA PERSPECTIVA DE LA REVOLUCIÓN MUNDIAL contra lo que nos machacan de elegir bando entre Israel o Gaza, entre Ucrania o Rusia, o que nos encerremos en demandas pacifistas del tipo de “corredores humanitarios” o alto el fuego.
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Por una vez, damos las gracias al GIGC por darnos la oportunidad de recordar lo que es realmente.
Con este fin, reproducimos a continuación (íntegramente, incluidas las notas a pie de página) su pequeño artículo que supuestamente señala nuestro estancamiento y nuestras contradicciones sobre la cuestión del parasitismo, si hemos de dar crédito al título.
Y para beneficio de nuestros lectores, le respondemos justo después.
La actitud políticamente responsable y fraternal de la delegación de la CCI en la reunión del comité "No a la guerra, excepto a la guerra de clases" en París -que acogemos con satisfacción- resulta sorprendente. ¿No fue organizada la reunión por iniciativa del GIGC, al que denuncia como "grupo parásito" y "oficina del Estado burgués" (Revolución Internacional 446), y de la TCI, a la que critica por sus concesiones oportunistas al parasitismo? ¿Acaso la presidencia de esta reunión, compuesta por tres camaradas, no incluía a dos antiguos miembros, Olivier y Juan, que fueron expulsados y denunciados públicamente en su prensa y calificados de "nazis, estalinistas, ladrones, chantajistas, matones, lumpen, calumniadores, provocadores, policías" en 2002? Sin embargo, en la reunión pública, ninguna denuncia de los supuestos parásitos y policías. No se advirtió a los demás participantes de que iban a asistir a una reunión celebrada por una "agencia policial". Ningún ultimátum exigiendo la exclusión de la reunión... de sus propios organizadores.
O bien los miembros activos y simpatizantes que componen la delegación de la CCI no creen ni una palabra de las resoluciones y otros artículos públicos que denuncian al GIGC y a sus miembros - a los que, por lo demás, se prohíbe asistir a las reuniones públicas de la CCI -, o bien ha demostrado una concesión oportunista especialmente grave no sólo al llamado parasitismo, sino incluso a los llamados "agentes provocadores del Estado".
Dejamos que la CCI se enfrente a sus contradicciones cada vez más flagrantes y evidentes.
El GIGC, diciembre de 2022
El GIGC tiene razón, la CCI intervino en la primera reunión del comité No War But The Class War con una "actitud políticamente responsable". Y, de hecho, no denunciamos a los dos individuos que estaban en el presidium, Olivier y Juan, a pesar de que son unos chivatos.
¿Por qué?
El GIGC se regodea, creyendo que esta postura una prueba de nuestras supuestas dudas o de nuestro supuesto oportunismo.
La causa de nuestra "actitud políticamente responsable" sólo puede escapar por completo al GIGC: nuestra razón de ser no es el GIGC, sino la clase obrera.
Esta reunión fue convocada oficialmente por un "comité" y no por grupos políticos. Estábamos hablando en la reunión de un comité, un comité llamado No War But The Class War, un comité que anuncia enfrentar la guerra imperialista, un comité que despliega en su convocatoria auténticas posiciones internacionalistas, un comité que, en sí mismo, debe representar el raro, difícil y precioso esfuerzo de nuestra clase por organizarse para debatir y levantarse contra la barbarie de este sistema decadente.
Hoy en día, los trabajadores que buscan posiciones de clase son pocos y menos aun los que hacen el esfuerzo de reunirse. Esto es lo que debe ser para nosotros un comité, un precioso lugar de clarificación de nuestra clase, que hay que defender y dar vida. En este sentido, habíamos animado a todos nuestros contactos a venir y participar.
Temíamos que este comité condujera a sus participantes a un callejón sin salida. Porque hoy las luchas de la clase obrera no se dirigen contra la guerra sino contra la crisis económica, por lo tanto este comité corría el riesgo de ser una cáscara vacía, vacía de la vida real de la clase, un comité sin anclaje en la realidad, artificial, y por lo tanto empujando a sus pocos participantes a realizar acciones que no corresponden a la realidad de la dinámica de nuestra clase, un comité que finalmente debilita la defensa del internacionalismo, siembra la confusión y termina desperdiciando las escasas fuerzas que emergen.
Por ello, la CCI había optado conscientemente por intervenir de forma decidida para defender el internacionalismo, posición cardinal de la Izquierda Comunista, y advertir a los participantes sobre lo que para nosotros constituye desde el principio la fragilidad de los comités NWBCW, la dimensión artificial de estos comités "de lucha". Esta fue la postura que defendimos en dos intervenciones, lo que constituye de hecho una "actitud políticamente responsable".
En lugar de "comités de lucha", hoy podrían concebirse círculos de discusión y reflexión de minorías politizadas sobre el tema de la guerra. En cuanto a la formación de comités de lucha, podría efectivamente desempeñar un papel si está motivada por la necesidad de clarificación e intervención frente a los ataques económicos.
Esto es lo que nos parecía prioritario, el tema central de esta reunión y de nuestra intervención.
Intervenir sobre el hecho de que dos individuos presentes en la sala están efectivamente dispuestos a todo para destruir la CCI, que ésta es básicamente su razón de ser, que ya han cometido una increíble lista de fechorías, hasta el punto de actuar como delatores todo ello habría centrado el debate en esta cuestión y desviado así la discusión.
Pero ya que el GIGC lo pide, no querríamos decepcionarles. He aquí un pequeño recordatorio del pedigrí de estos dos caballeros.
Estos señores proceden de la llamada "Facción Interna de la CCI" (FICCI), que era una mini agrupación de antiguos miembros de la CCI expulsados por chivatazo en 2003 en nuestro 15º Congreso Internacional. No fue ésta la única infamia de la que fueron responsables estos elementos, ya que, negando los principios fundamentales del comportamiento comunista, también se distinguieron por actitudes típicamente destructivas, como la calumnia, el chantaje y el robo. Por estos otros comportamientos, aunque muy graves, la CCI no había pronunciado contra ellos una exclusión, sino una simple suspensión. Es decir, aún era posible que estos elementos regresaran algún día a la organización, siempre y cuando, por supuesto, devolvieran el material y el dinero que le habían robado y se comprometieran a renunciar a comportamientos que no tenían cabida en una organización comunista. Si la CCI decidió finalmente excluirlos, fue porque habían publicado en su página web (es decir, a la vista de todas las policías del mundo) información interna que facilitaba el trabajo de la policía1:
la fecha en la que se iba a celebrar la conferencia de nuestra sección en México con la presencia de militantes de otros países. Este acto repugnante de la FICCI, que consiste en facilitar la labor de represión del Estado burgués, es tanto más despreciable cuanto que sus miembros sabían perfectamente que algunos de nuestros camaradas de México ya habían sido, en el pasado, víctimas de la represión y que algunos se habían visto obligados a huir de su país de origen;
las iniciales reales de uno de nuestros camaradas presentado por ellos como "el jefe de la CCI", con la precisión de que era el autor de tal o cual texto dado su "estilo" (lo que constituye una indicación muy útil para los servicios de policía).
la información periódica en su boletín de los resultados del trabajo de espionaje de nuestra organización, incluida la información directamente relacionada con el trabajo de un informador de la policía.
Cabe señalar que antes de proceder a su expulsión, la CCI había enviado una carta individual a cada uno de los miembros de la FICCI preguntándoles si se solidarizaban con estos actos de delación. Finalmente, la FICCI respondió a esta carta reivindicando colectivamente su infame comportamiento. También hay que señalar que cada uno de estos elementos tuvo la oportunidad de presentar su defensa ante el Congreso de la CCI o ante una comisión de 5 miembros de nuestra organización, 3 de los cuales podían ser designados por los propios miembros de la FICCI. Estos valientes individuos, conscientes de que su comportamiento era indefendible, habían rechazado estas propuestas finales de la CCI.
En cambio, esta "FICCI" envió entonces un "Boletín Comunista" a los suscriptores de nuestra publicación en Francia (cuyo fichero de direcciones había sido robado por los miembros de la FICCI mucho antes de que abandonaran nuestra organización) para decirles una y otra vez que la CCI estaba en las garras de la degeneración oportunista y estalinista.
¡Y esto no es todo!
En 2005, antes de una de nuestras reuniones públicas, uno de los miembros de la FICCI amenazó de muerte a uno de nuestros militantes. Llevaba un cuchillo en el cinturón y le susurró al oído que le cortaría el cuello.
De hecho, podríamos seguir y seguir con esta lista, ya que cada "Boletín Comunista" contenía su ración de calumnias.
En 2013, el FICCI adoptó el nuevo nombre de "Grupo Internacional de la Izquierda Comunista" (GIGC). Más concretamente, este nuevo grupo es el resultado de la fusión entre una parte del grupo Klasbatalo de Montreal y la FICCI.
Pero fueron las formas matonescas y el odio de los miembros de la FICCI hacia la CCI lo que inmediatamente tiñó la política y la actividad de este “nuevo” grupo.
Así, nada más nacer, este GIGC empezó a gritar a los cuatro vientos que estaba en posesión de los Boletines internos del CCI. Al exhibir su trofeo de guerra y armar tanto alboroto, el mensaje que estos chivatos intentaban transmitir era muy claro: ¡hay un "topo" en el CCI que trabaja mano a mano con la ex FICCI! Se trataba claramente de un trabajo policial sin otro objetivo que sembrar la sospecha generalizada, el malestar y la discordia en el seno de nuestra organización. Estos son los mismos métodos utilizados por la policía política de Stalin, el GPU, para destruir el movimiento trotskista desde dentro en la década de 1930. Son los mismos métodos que utilizaron los miembros de la ex FICCI cuando hicieron viajes "especiales" a varias secciones de la CCI en 2001 para organizar reuniones secretas y difundir rumores de que una de nuestras camaradas (la "esposa del jefe de la CCI", como decían) era "policía". El mismo proceso para tratar de sembrar el pánico y destruir el CCI desde dentro en 2013 fue aún más despreciable: bajo el hipócrita pretexto de querer "tender la mano" a los militantes del CCI y salvarlos de la "desmoralización", estos provocadores profesionales enviaban en realidad el siguiente mensaje a todos los activistas del CCI: "¡Hay un traidor (o varios) entre vosotros que nos está dando vuestros Boletines internos, pero no os daremos su nombre porque sois vosotros mismos quienes debéis buscarlo!" Este es el objetivo real y permanente de este "grupo internacional": tratar de introducir el veneno de la sospecha y la desconfianza en el CCI para intentar destruirlo desde dentro. Es una verdadera empresa de destrucción, cuyo grado de perversión no tiene nada que envidiar a los métodos de la policía política de Stalin o de la Stasi alemana.
Hemos preguntado públicamente en repetidas ocasiones al GIGC cómo llegaron a sus manos nuestros boletines internos. ¿Había un cómplice dentro de nuestra organización? ¿Los obtuvo la propia policía pirateando nuestros ordenadores y pasándoselos después al GIGC por algún medio? Si el GIGC hubiera sido una organización responsable en lugar de una banda de granujas, se habría apresurado a resolver este misterio e informar al medio político proletario de los resultados de sus investigaciones. En cambio, ha evitado sistemáticamente esta pregunta, que seguiremos haciéndole públicamente.
Su último artículo, que reproducimos íntegramente más arriba, no es una excepción a estos métodos nauseabundos. Lo que sí podemos reconocerle al GIGC es su coherencia.
Sin embargo, a través de este artículo, no es dentro de la CCI donde el GIGC intenta sembrar la división, la sospecha y la desconfianza, sino dentro de toda la izquierda comunista. Al escribir "¿No se organizó la reunión por iniciativa del GIGC, al que [la CCI] denuncia como "grupo parásito" y "oficina del Estado burgués" (Revolución Internacional 446), y de la TCI, a la que critica por sus concesiones oportunistas al parasitismo?”.
El GIGC, digno heredero de la FICCI tiene la función de destruir los principios de la izquierda comunista, de sembrar la desconfianza y la división. El odio de los miembros de la ex-FICCI hacia la CCI prevalece y tiñe toda la política de este grupo, sea cual sea el nivel de conciencia de sus distintos miembros integrados posteriormente. Se trata, pues, de una lucha contra un grupo que, bajo la apariencia de defender las posiciones de la izquierda comunista, defiende objetivamente los intereses del campo burgués2, asumiendo su peor moral y sus peores actitudes.
La lucha contra el oportunismo tiene lugar dentro del propio campo proletario. Toda la historia del movimiento obrero demuestra que es una debilidad constante que gangrena el campo proletario. Se trata, pues, de combatir el oportunismo mediante la polémica más firme y fraternal posible, en el seno del medio político proletario. Esta lucha no sólo se libra entre organizaciones revolucionarias, sino también dentro de ellas. La historia de la CCI demuestra que lleva 50 años luchando contra esas derivas.
Por ello, esos métodos de amalgama, de confusión deliberada del GIGC para sembrar la confusión y la desconfianza, son abyectos.
Parafraseando a Rosa Luxemburgo: Mentir, delatar, embadurnar, cubrir de inmundicia: eso es el parasitismo, eso es lo que es. No es cuando sus protagonistas se dan a sí mismos la apariencia de respetabilidad y filosofía, moralidad y apertura, debate y fraternidad en la plataforma de un presidium de comité, es cuando el parasitismo se asemeja a una bestia salvaje, cuando baila el sabbat del matonismo, cuando sopla la desconfianza sobre la izquierda comunista y sus principios, cuando se muestra desnudo, tal como es en realidad.
CCI 15-1-23
1 El GIGC asume descaradamente su postura policial. De hecho, desde 2005, los documentos relativos a los debates internos de la CCI pueden encontrarse en su sitio web "GIGC / Boletín Comunista Internacional".
2 Esta defensa no se realiza mediante la defensa de un programa burgués. En efecto, como destacan nuestras tesis sobre el parasitismo: "Marx y Engels [...] ya caracterizaban como parásitos a los elementos politizados que, pretendiendo adherirse al programa y a las organizaciones del proletariado, concentran sus esfuerzos en la lucha, no contra la clase dominante, sino contra las organizaciones de la clase revolucionaria". Construcción de la organización revolucionaria - Tesis sobre el parasitismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [133]
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El mes de Septiembre en Chile estuvo marcado por la polarización política en la población respecto al plebiscito por una nueva constitución. Luego de un año de un proceso constituyente que se destacó por el “radicalismo” y la incompetencia de los representantes electos, luego de seis meses del gobierno Boric marcado por la crisis económica, la inflación, la continuación del conflicto armado en la Araucanía, entre otras miserias.
Como sabemos, el resultado del plebiscito fue una rotunda victoria del rechazo al proyecto de constitución que fue presentado por la convención. Este resultado ha sido interpretado por los medios burgueses de múltiples formas a través de diferentes mistificaciones ideológicas, atribuyendo este resultado a las acciones individuales de los representantes, el contenido “antipopular” del texto, las “campañas del terror” y la desinformación por parte de la derecha. Enfocarse en estos aspectos particulares solo lleva a la confusión, la clase obrera necesita claridad y para eso requiere de una visión general adquirida a través de la experiencia, la reflexión y el debate. Nosotros buscamos aportar a la discusión en el medio proletario con esta toma de posición, estamos abiertos a respuestas y debates sobre este texto.
Si el “Acuerdo por la Paz” del 12 de noviembre de 2019, organizado por la burguesía para dar fin a un mes de revuelta popular con la promesa de la nueva constitución1, le sirvió a la “nueva” izquierda para llevar a cabo una campaña con promesas de cambios que le permitiría llegar al gobierno, esta tuvo que arrastrar a un montón de elementos de extrema izquierda que apoyaban la revuelta para poder vencer a la derecha. Estas fuerzas “radicales” de la burguesía representaban diferentes ideologías: ultraizquierda, indigenismo, regionalismo, “movimientos sociales” varios como el feminismo, el ecologismo, el movimiento LGBT. Algunas de estas tendencias podían ser absorbidas por la izquierda, mientras que otras atentaban contra los intereses generales del Estado, pudiendo generar una ruptura en su unidad en un momento de crisis donde esta unidad se vuelve extremadamente necesaria para la burguesía.
Entre las propuestas más polémicas se encontraban:
- La proclamación de Chile como un estado “plurinacional”. Algo que se encuentra fuera de sintonía con el rumbo histórico del país, pero más aún, contra la necesidad del Estado de mantener su unidad frente a la descomposición social.
- La eliminación del estado de excepción, que tanto el gobierno de Piñera como el de Boric han empleado duramente. El primero durante la revuelta y ambos en la militarización de la Araucanía.
Cabe mencionar también la aparición de elementos “independientes”, provenientes del medio popular e intelectual que aprovecharon la situación para obtener dinero y fama, pero que eran políticamente ineptos para los intereses generales de la burguesía chilena. Estos se aglomeraron en la Lista del Pueblo, que representaba un populismo de izquierda sin pies ni cabeza, que sin embargo logró obtener 26 de los 155 puestos de la constituyente, ubicándose en tercer lugar después de Chile Vamos (coalición de los partidos de la derecha, 37 puestos) y Apruebo Dignidad (El Frente Amplio ahora sumado al PC, 28 puestos).
Es por estas razones que una vez que el Apruebo Dignidad llega al gobierno, su actitud se vuelve completamente diferente, se muestra ambivalente frente a la posibilidad de no aprobar la nueva constitución y presta cada vez menos apoyo oficial a la convención constitucional y el texto que esta genera. En un principio el presidente Boric revela que el gobierno se está “anticipando ante los escenarios” que podían resultar de la votación2, mientras que la ministra vocera de gobierno Camila Vallejo, ante la propuesta de Chile Vamos de formar una “vía alternativa”, se opone diciendo que “no hay más opciones” que Apruebo o Rechazo3. Mientras más se acercaba el plebiscito, se hacía cada vez más claro que el Gobierno estaba preparándose para la derrota, con el presidente declarando el 20 de agosto “yo me la voy a jugar por un Chile que se una por una nueva Constitución, ya sea que gane el Apruebo o el Rechazo”4.
Inmediatamente después de la aplastadora victoria del Rechazo con un 62% del total de los votos, el Gobierno realiza un cambio de gabinete, cambiando a varios de sus ministros de Apruebo Dignidad por figuras de la ex Concertación, a quienes siempre criticaron y llamaban “los mismos de siempre”. Al mismo tiempo, comienza un nuevo ciclo de teatro con la mesa de negociación entre los partidos políticos para decidir el mecanismo del próximo proceso constituyente. A mediados de diciembre se acordó que habrá una nueva convención constituyente, pero esta vez tendrá solo 50 representantes electos por sufragio y contará con 24 “expertos” designados por el congreso. Más allá de servir para golpear la conciencia con la exposición de las riñas internas por quiénes serán los expertos, esto muestra las dificultades del Estado por mantener los intereses del capital nacional contra dificultades económicas, políticas y sociales cada vez mayores. Para dar una respuesta al caos burgués, el proletariado debe aprender de estas experiencias, de lo contrario, seguiremos en una senda hacia la destrucción de la sociedad humana.
Con la “nueva constitución” que enterrara la de Pinochet ´1980 prometieron que habría una “verdadera democracia” y la realidad es que la dictadura del capital SIGUE. La cuestión no es “más o menos democracia” sino comprender que el Estado se disfrace de “demócrata” o actúe sin disfraz (como la dictadura abierta de Pinochet) es siempre la dictadura del capital.
Boric prometía un gobierno “a favor del pueblo” y no de la “oligarquía” (Piñera). La realidad es que Boric y Piñera son gobiernos del capital. Cambian los gestos y las promesas, pero sigue la miseria y la explotación y el beneficio de la minoría capitalista a costa de los trabajadores.
Los grupos de extrema izquierda y los defensores de todo tipo de “causas sociales” (feminismo, LGTB, mapuches etc.) son auxiliares radicales de los partidos o coaliciones que gobiernan Chile desde que “jubilaron” a Pinochet. Los usan para el Gran Teatro de la “nueva constitución” y después los apartan de un manotazo con el “triunfo del rechazo”.
El proletariado tiene que defender con uñas y dientes su AUTONOMIA POLITICA DE CLASE contra esas elecciones tramposas: Rechazo o Apruebo; Boric o Piñera; Democracia o Dictadura. Su fuerza está en su lucha como clase por sus intereses inmediatos e históricos buscando la unidad y la solidaridad con el conjunto del proletariado mundial.
Daniel
1 Para ver lo que pasa en Chile desde las revueltas de 2019 ver Chile: EL DILEMA NO ES DICTADURA – DEMOCRACIA SINO BARBARIE CAPITALISTA O LUCHA DE CLASES PROLETARIA https://es.internationalism.org/content/4615/chile-el-dilema-no-es-dictadura-democracia-sino-barbarie-capitalista-o-lucha-de-clases [456]
2 https://www.latercera.com/politica/noticia/declaraciones-de-boric-por-un-plan-b-ante-eventual-triunfo-del-rechazo-le-abren-flanco-con-el-oficialismo/RDTGTJD3XFBATDSCEDZ5TETYKQ/ [1054]
3 https://www.emol.com/noticias/Nacional/2022/05/23/1061837/gobierno-propuesta-chilevamos-plebiscito-constitucion.html [1055]
4 https://www.emol.com/noticias/Nacional/2022/08/20/1070441/presidente-expectativas-post-plebiscito.html [1056]
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Querido compañero,
Saludamos que nos hayas enviado una carta expresando tus posiciones sobre la situación actual y sobre el combate de los revolucionarios. Es de vital importancia que los revolucionarios del medio político proletario entremos en una polémica de posiciones y principios que permita una clarificación profunda de cara a la formación del futuro Partido. Para responderte partimos primero de lo que compartimos contigo y continuamos con una crítica que esperamos anime la continuación de esta discusión.
Hemos de comenzar afirmando que hay dos polos en la situación histórica actual, el polo de la destrucción de la humanidad y el polo de la difícil recuperación de la identidad y combatividad de una clase obrera no derrotada. Es en este segundo polo donde nos alegramos de compartir la perspectiva que nos haces llegar: cuando afirmas el papel fundamental de los revolucionarios y tu convicción de contribuir al esfuerzo de la vanguardia política del proletariado; y cuando afirmas el papel fundamental del proletariado de los países centrales debido a su experiencia de lucha. Sobre lo primero, los revolucionarios seremos el acicate para la reconstrucción de la conciencia de la clase obrera y la recuperación de su identidad y la politización de sus luchas, tarea en la que la CCI está profundamente comprometida, por lo que saludamos calurosamente que comiences esta discusión con nosotros. Sobre lo segundo, tenemos hoy el ejemplo de las luchas de la clase obrera en Gran Bretaña, que ya representa por su combatividad y entrega en sus luchas un faro que ilumina el camino e influencia a las demás trabajadores de Europa, América y resto del mundo, aunque no sin verse enfrentado duramente a aquellos engaños y mistificaciones que mencionas, y a todo el poder de la institucionalidad burguesa donde está incluido el sindicalismo de toda índole, como dices, como su más traicionera herramienta y último baluarte del Estado.
Sin embargo, hay una serie de cuestiones que pensamos que planteas desde una base confusa, especialmente en referencia al polo de la tendencia capitalista a la destrucción de la humanidad. Eso sí, saludamos que las plantees abiertamente ya que el debate proletario es un combate a través de la búsqueda de claridad donde los revolucionarios debemos exponer las posiciones que defendemos claramente.
Como la revolución proletaria no es una cosa de fe ciega en el futuro ni un automatismo histórico, sino cuyo eje fundamental es el desarrollo de la consciencia de clase, por ello, la actividad de los revolucionarios debe estar basada en un análisis claro tanto de (1) la situación histórica como de (2) la relación de fuerzas entre proletariado y la burguesía. Pensamos que el texto que nos envías tiene confusiones importantes en el primer punto, los cuales a su vez pueden dificultar que comprendas la vital importancia del segundo punto.
Según dices “Con la guerra: asesinan la consciencia proletaria, crean mercado de venta de armamento y crean el mercado de la reconstrucción de la infraestructura destruida. Si lo lograsen, esto les permitirá respirar con una economía agónica unos años más, para luego volver al maquiavélico ciclo de crisis-guerra-reconstrucción.”
De ello entendemos que defiendes la posición de que las destrucciones que la guerra provoca crean las condiciones para una reconstrucción a través de nuevos mercados que representaría un nuevo ciclo de acumulación capitalista, y permitiría respirar unos años más al capitalismo. Además, aplicas la fórmula de “crisis-guerra-reconstrucción-crisis” que hemos empleado en nuestros textos, asimilándola a la idea de que la guerra produce nuevos mercados. Esta no es nuestra posición.
En 1994, en nuestra polémica con Battaglia Comunista que se puede ver en la Revista Internacional 79 [1] decíamos claramente que la expresión “ciclo crisis-guerra-reconstrucción” no tenía una naturaleza estrictamente económica y no era sinónimo de ciclos de acumulación de capital, sino más bien de las condiciones de una reestructuración del mercado mundial, no sin enormes destrucciones, y un estímulo artificial en la reconstrucción.
Es más, en 2001, el punto 9 de nuestra Resolución sobre la Situación Internacional[2] decíamos lo siguiente “En el período de decadencia, la guerra ha sido, cada vez más, un desastre económico, una pérdida completa. El mantenimiento de cada conflicto particular acarrea costes que sobrepasan con mucho los beneficios que se puedan sacar de él. Por ello, aunque hubo fuertes presiones económicas que sin duda desempeñaron un papel clave para empujar a Zimbabwe a invadir el Congo, o Irak a invadir Kuwait, las complicaciones militares habidas después precipitaron a esos países en una ruina todavía más profunda. Esto quiere decir, hablando ya en general, que se terminó el ciclo crisis-guerra-reconstrucción, que daba una especie de apariencia de racionalidad a la guerra mundial en el pasado, pues ninguna nueva guerra mundial vendría seguida de la menor reconstrucción. Pero ninguno de esos cálculos de ganancias o pérdidas no impedirá que los Estados imperialistas tengan que responder a la necesidad de defender su presencia imperialista en el mundo, de sabotear las ambiciones de sus rivales, o de incrementar sus presupuestos militares. Al contrario, están todos entrampados en una lógica que no pueden controlar, una "lógica" que cada vez lo es menos, incluso con un enfoque capitalista, y es eso precisamente lo que hace que la situación ante la que está enfrentada la humanidad sea tan peligrosa e inestable. Sobrestimar la racionalidad del capital equivale a subestimar la amenaza real de guerra en el período actual.”
Como decimos en una respuesta reciente a un contacto[3] “La guerra cumplió en la fase ascendente del capitalismo una función económica de conquista de nuevos mercados: bien en el sentido de la formación de nuevas naciones (guerra franco-prusiana), de derrotar a sectores más arcaicos del capital (guerra civil en los EEUU), o las guerras coloniales. Todas ellas participaban de la expansión del capitalismo, por ejemplo, destruyendo las relaciones de producción anteriores o aniquilando a la población autóctona para disponer de las fuerzas productivas de la tierra que habitaban. La guerra fue un arma esencial para conseguir esto. Ya que la guerra tuvo una finalidad progresista de expansión de las relaciones de producción capitalista (y con ello la fundación de las bases materiales para la revolución proletaria), el proletariado pudo apoyar en algunas de estas guerras a los sectores más progresistas de la burguesía. La pregunta que debemos hacernos aquí es, ¿cuál es la diferencia en la decadencia? En la decadencia la guerra: No tiene una racionalidad económica; Ni proporciona las bases para un impulso cíclico al desarrollo del capitalismo; Ni proporciona una salida real a la sobreproducción”.
Cuando el capital ha alcanzado ya sus límites de capacidad de expansión mundial, y los mercados que restan no ofrecen un campo suficiente para la acumulación de capital, la guerra imperialista no es expresión de la expansión real del capitalismo, sino de la explosión de este contra él mismo. Supone una tendencia a la autodestrucción. Porque constituye un gasto improductivo que participa de un proceso de esterilización y, peor aún, de destrucción de capital. Producir tomates se integra en el proceso de acumulación puesto que sirve a la reproducción de la fuerza de trabajo. Producir una máquina se integra igualmente en la acumulación pues sirve para producir diferentes mercancías, bien de consumo, bien de capital. En cambio, nada de eso sucede con las armas. Estas tienen como destino, bien destruir (destruyéndose ellas al emplearlas), bien quedarse obsoletas (obligando a ser finalmente destruidas). Por tanto, son un verdadero obstáculo improductivo para una acumulación real, que debilita el proceso en cada nuevo ciclo. Es decir, que el capitalismo no puede cíclicamente hacer retroceder las agujas del tiempo, sino que se hunde cada vez más como sistema en el endeudamiento y en un supuesto crecimiento ilusorio uno de cuyos rubros es la producción masiva de armamento: es decir el sacrificio del futuro en interés inmediato del presente, hasta el punto de que el futuro que se sacrifica es cada vez más próximo.
Como expresaron los camaradas de INTERNATIONALISME en 1945, de cuya continuidad nos reclamamos: “No existe oposición fundamental en el régimen capitalista entre guerra y paz, pero sí existe una diferencia entre las dos fases, ascendente y decadente, de la sociedad capitalista y por tanto una diferencia de la función de la guerra (en la relación entre la guerra y la paz), en las dos fases respectivas. Si en la primera fase la guerra tenía por función asegurar la ampliación del mercado, con vistas de una mayor producción de consumo, en la segunda fase es lo contrario, la producción está esencialmente centrada en la producción de medios de destrucción, es decir, es una producción para la guerra. La decadencia de la sociedad capitalista encuentra su expresión patente en el hecho de que las guerras cuya finalidad era el desarrollo económico -período ascendente- se convierten, al contrario, en finalidad de la actividad económica, la cual queda restringida esencialmente a la preparación de aquélla -período decadente-. Esto no significa que la guerra se haya convertido en el objetivo de la producción capitalista; el objetivo sigue siendo para el capitalismo la producción de plusvalía, pero sí que significa que la guerra, al haber tomado un carácter permanente se ha convertido en el modo de vida del capitalismo decadente” [4].
La guerra no tiene una racionalidad económica para el capitalismo decadente. Y pese a que algunos Estados podían tener cierto beneficio económico particular de la guerra (como el caso de Norteamérica en la Segunda Guerra Mundial), esto se ha hecho ya prácticamente obsoleto y en la fase de la descomposición la guerra está perdiendo incluso toda racionalidad de posicionamiento estratégico, y su única lógica es cada vez más solo la destrucción del rival imperialista.
En segundo lugar, expresas una idea que identificas con el maquiavelismo de la burguesía diciendo que “Con la guerra: asesinan la consciencia proletaria (…) el estado burgués mundial, luego de culminada la 2da guerra mundial, ha estado a la caza de reunir las condiciones psicosociales para converse y someter a la población, y sobre todo a la clase trabajadora del conjunto de naciones de la Europa occidental, para que permita y participe en una conflagración bélica. Y así conseguir su premio mayor nuevamente”
Pensamos que lo que expresas parte de un esquematismo según el cual la guerra sería un acuerdo de la burguesía mundial (y un supuesto “Estado mundial”) con dos fines (1) darse una inyección de nueva vida reanudando un nuevo ciclo de acumulación (ya hemos respondido a esto antes) y (2) aplastar al proletariado para que no oponga resistencia al capitalismo.
En nuestro Texto de Orientación sobre Militarismo y Descomposición (1991)[5] decíamos que “El que en el período venidero el mundo ya no esté dividido en bloques imperialistas, y que le incumba a una sola potencia mundial –los EEUU– ejercer el liderazgo mundial, no significa ni mucho menos que sea correcta la tesis del “súper imperialismo” (o “ultra imperialismo”) como la que desarrolló Kautsky en la 1ª Guerra mundial. Esta tesis había sido elaborada ya antes de la guerra por la corriente oportunista que se desarrollaba en la Socialdemocracia. Tenía sus raíces en la visión gradualista y reformista que consideraba que las contradicciones (entre clase y entre naciones) en la sociedad capitalista estaban destinadas a atenuarse hasta desaparecer. La tesis de Kautsky suponía que los diferentes sectores del capital financiero internacional podían llegar a unificarse para establecer una dominación estable y pacifica sobre el conjunto del mundo. Esta tesis, que se presentaba como “marxista” era evidentemente combatida por todos los revolucionarios, y, en particular, por Lenin (sobre todo en El imperialismo, fase superior del capitalismo), los cuales ponían de relieve que si al capitalismo se le resta la explotación y la competencia entre capitales ya no es capitalismo. Está muy claro que esa posición revolucionaria sigue siendo hoy totalmente válida”. La posición del renegado Kautsky también ignoraba el hecho de que el máximo nivel de unificación posible entre las diferentes fracciones nacionales de la burguesía mundial es precisamente el de la nación, lo que las hace incapaces de establecer una autoridad política y una organización de la sociedad realmente supranacionales. La conclusión de que el capital posee un gobierno mundial único (“Estado mundial”) es negar la continuidad de lo que siempre ha defendido el marxismo, la división del capital en Estados nacionales que se pelean a muerte en la arena internacional.
“Tampoco podría confundirse nuestro análisis con el desarrollado por Chaulieu (Castoriadis), el cual tenía al menos la ventaja de que rechazaba explícitamente el marxismo. En ese análisis, el mundo se encaminaba hacia un “tercer sistema” no en la armonía tan querida por los reformistas, sino a través, de convulsiones brutales. Cada guerra mundial llevaba a la eliminación de una gran potencia (la segunda había eliminado a Alemania). La 3ª Guerra mundial iba a dejar un único bloque que haría reinar su orden en un mundo en el que las crisis económicas desaparecían y en el que la explotación capitalista de la fuerza de trabajo sería sustituida por una especie de esclavitud, de un reino de “dominantes” sobre “dominados” (idem).
La idea de que el desarrollo de vínculos económicos, financieros y comerciales entre los países era un freno a sus antagonismos imperialistas y acabaría con el peligro de guerra parece tener una cara B pues, en la noción de que realmente desembocaría en un orden mundial unificado de explotación.
Pensamos que la visión que defiendes en tu carta, aunque se exprese en términos empleados por el marxismo, coquetea con estas visiones que revisan la terminología marxista para adaptarla a un supuesto mundo dominado por un poder homogéneo mundial. La diferencia con tu postura es que, en lo que tú expresas, la clase dominante no podría hacer reinar la explotación tranquila y apaciguadamente, sino que se vería obligada a converger en la guerra por una especie de necesidad de “ir reiniciando el sistema” en un ciclo malévolo y criminal.
Hemos de decir que nuestra posición no es identificar el maquiavelismo de la burguesía con una conspiración mundial ni con una comunidad de intereses de la burguesía mundial. Si bien, como bien dices, la burguesía es capaz de preparar el terreno para la guerra, provocar trampas maquiavélicas para conseguirlo, y expresar su duplicidad con las mentiras más enrevesadas, esto no es tampoco identificable a un plan coordinado por la burguesía mundial para aplastar al proletariado.
Debemos recordar que “es indiscutible que ‘la guerra destruye sobre todo enormes fuerzas de trabajo’, al provocar la muerte de grandes masas de proletarios. Pero esta frase da a entender que la guerra sería la solución adoptada por la burguesía para enfrentarse al peligro proletario, idea que nosotros no compartimos. Esta idea no marxista de que la guerra en el capitalismo sería, en realidad, “una guerra civil de la burguesía contra el proletariado” fue sobre todo defendida, en la Izquierda Italiana, por Vercesi”[6] Vercesi que, en su amalgama de desviaciones a partir de 1937, también teorizaba “la economía de guerra como superación de la crisis, guerras «localizadas» contra la clase obrera, y finalmente «desaparición social del proletariado».
Pensamos que el riesgo de esta posición que expresas está en cambiar el sentido a las posiciones históricas del proletariado sobre el totalitarismo estatal y el sentido de la guerra imperialista, y en no ver y analizar realmente la fuerza real del proletariado más que como una esperanza difusa. Nos parece que eso arriesga la convicción que sí mostrabas en cuanto al primer polo que hemos descrito sobre la lucha de la clase obrera. Y nos parece ver esta debilidad en la falta de un análisis claro de la fuerza real del proletariado, que expresas más bien como una esperanza que al carecer de auténticas bases materialistas sería puramente ilusoria.
Sin embargo, una de las adquisiciones fundamentales de la Izquierda Comunista es la necesidad de un análisis claro sobre la relación global de fuerzas entre las clases.
Como decíamos en 2001[7], “en el seno del medio político proletario, se mantienen los desacuerdos fundamentales sobre la relación de fuerzas entre las clases (…) Las condiciones del capitalismo ascendente no permitieron que evolucionara plenamente la idea de que la evolución ya sea hacia la guerra mundial ya hacia levantamientos revolucionarios depende de la relación de fuerzas global entre las clases” (…) “Al irse debilitando el ímpetu inicial de la oleada revolucionaria, el optimismo un tanto simplista de los primeros años apareció cada vez más fuera de lugar, y se hizo cada vez más urgente hacer una valoración sobria y realista de la verdadera relación de fuerzas entre las clases. A principios de los años 20, hubo particularmente una polémica muy fuerte entre la IC y la Izquierda alemana sobre esta cuestión”.
Si bien durante la mayoría de la fase de la decadencia el punto en que se encontraba la relación de fuerzas entre las clases determinaba una inclinación de la dinámica de la sociedad hacia enfrentamientos masivos de clase, o bien hacia la guerra imperialista mundial, en la fase de descomposición del capitalismo se comienza un periodo terminal producido por el bloqueo, donde la burguesía de los países centrales no ha logrado imponer su proyecto al proletariado arrastrándolo a una nueva guerra imperialista, ni el proletariado ha conseguido afirmar su alternativa histórica. Como producto de la descomposición se han exacerbado cualitativamente todas las tendencias de la sociedad al caos, incluido el cada uno a la suya de la burguesía. Las guerras del cada uno a la suya de la descomposición no son, ni mucho menos, menos peligrosas que la tendencia a una guerra mundial, más bien al contrario. Sin embargo, dejaremos esta cuestión para otra discusión, ya que no podemos abordarlo todo.
Como decíamos al principio, solo un análisis claro de la situación histórica y de la relación de fuerzas entre las clases nos llevará a comprender en profundidad nuestras tareas como revolucionarios. Esperamos que esta polémica que hemos iniciado prosiga, y así se muestren con claridad los acuerdos y desacuerdos que puedas tener en estas cuestiones cruciales para intervenir en la lucha de clases.
Fraternamente,
CCI, enero de 2023
LA GUERRA EN UCRANIA ES UN PLAN PRECONCEBIDO PARA LA GUERRA EN EUROPA OCCIDELTAL La guerra en Ucrania corresponde a un plan preconcebido mucho antes de que empezasen las declaraciones desde mediados del año 2021, por parte de los altos personeros de los estados burgueses “beligerantes”, anunciando las eminentes actividades bélicas en dicho territorio, lo cual se materializó en febrero de este año 2022. Sabemos de la permanencia de ciclo infernal de crisis-guerra-reconstrucción al que somos sometidos todos los habitantes del planeta, desde que se hizo patente la decadencia del sistema capitalista a comienzos del siglo pasado. Ciclo y círculo vicioso inherente al sistema capitalista. Por lo tanto, para los regentes del sistema (las burguesías y sus estados que incluye a todas las naciones del mundo sin excepción) les es inevitable transitar por el circuito malévolo del ciclo mencionado. En este sentido, el estado burgués mundial, luego de culminada la 2da guerra mundial, ha estado a la caza de reunir las condiciones psicosociales para converse y someter a la población, y sobre todo a la clase trabajadora del conjunto de naciones de la Europa occidental, para que permita y participe en una conflagración bélica. Y así conseguir su premio mayor nuevamente, tal como lo hicieron en la 1ra y 2da guerra mundial. Después de la 2da guerra mundial, la burguesía no ha podido convencer y someter, a pesar de la enorme crisis económica que ha venido asolando a todas las naciones del mundo desde mediados del siglo pasado e intensificándose en las últimas 4 décadas, al igual que los focos de conflagraciones bélicas, que no han dejado de ocurrir en todo este tiempo en diferentes partes del mundo, a pesar de todo lo mencionado, hasta ahora no han podido convencer y someter a la clase trabajadora de la Europa occidental para dejarse arrastrar a este tipo de eventos nuevamente. Lo de Ucrania se vislumbra como un esfuerzo mayúsculo por parte de la burguesía para conseguir este objetivo. No sólo por la dimensión geográfica e importancia geopolítica-económica que representa la nación ucraniana en pleno corazón de Europa, también porque las autoridades de los diferentes gobiernos de la Europa occidental estaban conscientes del malestar que causarían en sus poblaciones respectivas, cerrando (mediante imposición de sanciones) las fuentes de suministro energético provenientes de la nación rusa y en menor medida entorpeciendo las rutas del suministro de alimentos del granero europeo ucraniano. Se quiere hacer ver que este plan se elabora y empieza a ejecutarse a partir de que Rusia comenzó la invasión de algunos territorios del sur este ucraniano en febrero de este año, la verdad es que ni siquiera es un plan que se elabora a partir de que Rusia decide anexarse la península de Crimea en el Mar Negro por allá en el 2014 (territorio perteneciente a la nación ucraniana hasta ese entonces). Es un plan concebido con mayor antigüedad. Si echamos un vistazo a la política del bloque occidental hacia la nación ucraniana antes de la anexión de Crimea por parte de Rusia, podemos ver que un gobierno pro burguesía rusa fue derrocado y sustituido por un gobierno pro burguesía occidental y sabemos que las caídas de gobiernos en pro o en contra de equis facción burguesa, lleva incluso hasta años implementarla. Lo que nos indica que el plan ya llevaba años concibiéndose antes del 2014. Es claro que las burguesías europeas estaban y están conscientes del malestar que ocasionarían con las políticas de sanciones a la nación rusa (sería ingenuo pensar lo contrario), sobre todo durante el periodo invernal que se avecina, donde seguramente muchos perecerán por falta de calefacción por no poder pagar las altas tarifas de la energía y los que puedan pagar tendrán que sacrificar otras necesidades que quedaran insatisfechas. Las declaraciones de los altos voceros de los gobiernos de Francia y Alemania evidencian el maquiavélico plan: anunciando por el ejemplo que “el estado de bienestar ya se acabó”, anunciando planes de contingencia para el racionamiento eléctrico, diciendo que hay que apretarse el cinturón, etc., etc., etc. Todo ello dirigido a exacerbar el malestar, para luego tratar de canalizar la rabia hacia los intereses de la burguesía. A todas estas parece que la burguesía ha decidido apostar fuerte y pisan el acelerador a fondo en la consecución de su objetivo de continuar inevitablemente (condición del sistema capitalista) con su criminal ciclo de crisis-guerra-reconstrucción y en esta oportunidad en su región más apetecida, Europa occidental. La burguesía mientras mantiene encendido el foco bélico ucraniano (suministrando armamento), aplica la política de sanciones en contra del suministro energético desde Rusia, lo cual indica que la continuación del plan es tensar la cuerda lo máximo posible dentro del malestar social que creará la alta inflación y desempleo por la crisis económica que se está gestando al ponerle más palos a la rueda económica ya de por si maltrecha aun sin palos. Es una huida hacia delante de la burguesía que sabe lo imparable de la crisis y lo único que puede hacer y ofrecer como “solución” es la guerra. Con la guerra: asesinan la consciencia proletaria, crean mercado de venta de armamento y crean el mercado de la reconstrucción de la infraestructura destruida. Si lo lograsen, esto les permitirá respirar con una economía agónica unos años más, para luego volver al maquiavélico ciclo de crisisguerra-reconstrucción. La burguesía en su apuesta de tensar la cuerda, sabe que va a tener fuertes protestas de las masas descontentas e intentaran sabotearlas y reprimirlas de todas las formas posibles. Intentaran canalizar el malestar hacia el gran oso ruso culpándole de todos los males y del lado ruso harán lo mismo, todo con el objeto de que la población y sobre todo la clase trabajadora se trague el anzuelo de la “necesidad de la guerra”. Espero que en este trance los revolucionarios proletarios podamos contribuir efectivamente en el despertar de la consciencia de clase, podamos hacerles recordar que históricamente la clase trabajadora europea ha representado el bastión de la clase obrera mundial con mayor experiencia de lucha y logros ante los enfrentamientos contra la burguesía, sepamos exponerles a los engaños y mistificaciones que enfrentará contra todo el poder de la institucionalidad burguesa (lo que incluye a los sindicatos de toda índole), podamos decirle él porque de las derrotas del pasado y como evitarlas hoy. Finalmente espero que la clase trabajadora europea vuelva ser el ejemplo revolucionario para la clase trabajadora mundial y salga fortalecida de este trance, para que de alguna forma podamos iniciar una lucha de clases (proletariado vs burguesía) y no una guerra entre hermanos de clase. Termino con esta proclama: Trabajadores del mundo uníos y tomad el poder político-económico-social para llevadnos de la mano en la construcción de un humano ser con verdadera consciencia de empatía social positiva con nuestros semejantes y el resto de los seres vivos del planeta.
Tavo, desde Venezuela
1 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200704/1836/polemica-con-prometeo-y-communist-review-la-concepcion-del-bipr-so [1058]
2 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/224/resolucion-sobre-la-situacion-internacional [1059]
3 https://es.internationalism.org/content/4822/debate-proposito-de-la-guerra-en-ucrania-la-guerra-es-la-continuacion-de-la-competencia [922]
4 https://es.internationalism.org/revista-internacional/198910/2140/internationalisme-1945-las-verdaderas-causas-de-la-segunda-guerra- [196]
5 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [480]
6 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/760/bilan-n-11-1934-crisis-y-ciclos-en-la-economia-del-capitalismo-agon [1060]
7 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201111/3255/el-concepto-de-curso-historico-en-el-movimiento-revolucionario [1061]
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Núñez Feijoo, jefe del PP, ha alabado calurosamente a Nicolás Redondo, afirmando que “fue un referente en la defensa de la libertad, de los derechos de los trabajadores y de la democracia". Antonio Garamendi, máximo pontífice de la patronal (CEOE), ha dicho que "su figura ayudó a impulsar un Diálogo Social que es fundamental para la estabilidad y prosperidad de nuestro país". La CEOE, en otro mensaje, se ha referido a Redondo como una "persona clave en la Transición y la modernización de los sindicatos".
Estos elogios al líder sindical recién fallecido muestran claramente los servicios imprescindibles que prestan los sindicatos al mantenimiento y reforzamiento de la explotación capitalista
Franz Mehring, revolucionario compañero de lucha de Rosa Luxemburgo decía que los obreros “solo tienen falsos amigos y enemigos declarados”. Aplastado al verse alistado en la guerra de 1936 entre el bando franquista y el bando republicano1, el proletariado estaba completamente derrotado lo que permitió al régimen franquista gobernar con un terror salvaje en nombre de los “enemigos declarados” de los trabajadores: la patronal, la iglesia, la derecha etc. En el terreno laboral, el sindicato vertical, fundado por el franquismo, era un nido de chivatos, pelotas y arribistas, que perseguía con saña cualquier lucha o reivindicación obrera.
Sin embargo, con la recuperación histórica del proletariado a partir de las huelgas de 1968 en Francia, el proletariado en España también levantó cabeza. En 1962 hubo grandes huelgas en Asturias que tuvieron un eco en algunas empresas de Barcelona, Madrid y Valencia. A partir de 1971 las huelgas se vuelven cada vez más masivas. Paralizan ciudades enteras como Vigo y Ferrol (1972), Pamplona (1973), Bajo Llobregat (1974). El régimen franquista es incapaz de frenar una lucha donde los trabajadores se autoorganizan en asambleas generales y comités elegidos y revocables, dando rienda suelta a la solidaridad y la unidad, solo tiene como armas una represión ciega y una propaganda estúpida sobre la “España eterna e imperial”. La burguesía necesita reemplazar esos verdugos de camisa azul por el Estado democrático donde la dominación capitalista se ejerce mediante la inteligente combinación entre los Enemigos Declarados (patronal, derecha y extrema derecha etc.) y los Falsos Amigos (sindicatos, izquierda y extrema izquierda, organizaciones “sociales” etc.).
En el terreno sindical, la burguesía española se encuentra con un problema. El sindicato “nuevo” más influyente es Comisiones Obreras, correa de transmisión del PCE, fiel servidor del capital, pero vinculado al bloque imperialista ruso rival de Estados Unidos. En cambio, el sindicato UGT, lacayo del PSOE, tradicional partidario del bloque USA, es muy minoritario, reducido a algunos núcleos en Asturias y País Vasco. Ahí Nicolás Redondo jugará un papel fundamental, al extender por toda España su red sindical, reclutando a antiguos servidores del sindicalismo franquista. Sin embargo, para darse una coloración “obrera” y “combativa” contará con el apoyo entusiasta de los grupos trotskistas que proporcionan la carne de cañón de muchos militantes obreros sinceros y honrados, movilizados por el espejismo de “reconquistar la UGT para la clase obrera”2.
A finales de los años 70 del siglo pasado, la UGT logra casi igualarse en peso e implantación con rivales de CCOO. Es un amasijo de trotskistas, antiguos franquistas del sindicato vertical y católicos “de izquierda” del recién absorbido sindicato USO (que tuvo cierta importancia como oposición sindical en los últimos tiempos del franquismo). Bajo el comando de Nicolás Redondo, nombrado secretario general en 1976, UGT se pone manos a la obra contra la clase obrera3.
Dentro del Estado capitalista, los sindicatos cumplen tres funciones:
Sabotear la lucha y la conciencia obrera, dividir y desorganizar a los trabajadores
Avalar con su firma de “representantes obreros” los ataques contra la condición obrera en salarios, jornada de trabajo, productividad etc.
Engatusar a los trabajadores con toda clase de “servicios y privilegios sociales”
De la mano de Nicolás Redondo y de sus sucesores (Méndez, Álvarez etc.) el sindicato UGT ha cumplido fielmente esas tareas.
La primera función es la más importante. Se trata de impedir que los trabajadores luchen POR SI MISMOS y encadenarlos a las manos “expertas” de los sindicatos que DECIDEN TODO, desde cuando hay que luchar, cuando hay que negociar, como movilizarse etc.
Se trata igualmente de aislar a los trabajadores en la empresa, el sector, la región, la corporación, ROMPIENDO LA UNIDAD DE LA CLASE OBRERA la cual solo puede conseguirse extendiendo la lucha LOS TRABAJADORES MISMOS mediante manifestaciones, delegaciones, piquetes, asambleas abiertas, afirmándose como CLASE OBRERA y no como obreros de la empresa X o del sector Z.
Se trata, en fin, de ilusionar a los trabajadores con el espejismo de que el capitalismo se puede reformar, se podría obtener una mejora de sus condiciones de trabajo, cuando la realidad de más de un siglo de decadencia capitalista demuestra TODO LO CONTRARIO: el sistema solo ofrece salarios cada vez más delgados, inflación, precariedad, imposibilidad de encontrar una vivienda. Al servicio de esa engañifa, los sindicatos plantean “luchas” totalmente estériles que solo conducen a la desmoralización y la división tales como “huelgas generales”, actos de presión, cortes de autopistas etc.
Armados con estos planteamientos, UGT y CCOO, auxiliados por sindicatos “más radicales” (CNT, CGT etc.) lograron debilitar y finalmente apagar la gran fuerza obrera que se expresó entre 1971 y 1976 y que aún tuvo manifestaciones combativas en 1977 y 1978. Sin embargo, su gran servicio al capital fue en los años 80 al sabotear las respuestas obreras a los despidos, el primer gran recorte de las pensiones y los primeros pasos hacia la precariedad generalizada. De esta política se encargó el gobierno PSOE que desde 1982 a 1996 con su famosa consigna del “cambio” despidió a más de UN MILLON DE TRABAJADORES, “reformó” las pensiones y con el pretexto de “luchar contra la propiedad privada del puesto de trabajo” (la cínica divisa “marxista” del ministro Almunia) comenzó a imponer la precariedad4. Hubo numerosas huelgas contra las reconversiones (Sagunto, Bilbao, Gijón, Reinosa etc.). Frente a ellas, CCOO se puso a “favor”, mientras que UGT en un primer momento, se puso en “contra”. Con esta división del trabajo lograron dispersar la combatividad obrera, encerrándola en luchas aisladas en el sector y haciéndolas impotentes frente a la dura represión del gobierno “socialista”: hubo 3 muertos por la acción policial contra las huelgas en Bilbao, Gijón y Reinosa.
Sin embargo, ante el ascenso de la lucha obrera, UGT cambió de táctica. Desde 1986 se une a CCOO en el patronazgo de “huelgas” estériles. Nicolás Redondo se distancia del PSOE y en 1987 renuncia a su acta de diputado. En 1988 la farsa de una “lucha unida” llega a su máxima cumbre con la seudo huelga general del 14 de diciembre contra el Plan de Empleo Juvenil que el gobierno, para dar lustre a los sindicatos, “retira” (lo sustituirá a los pocos meses con nuevas medidas de precarización con otro nombre).
Los sindicatos “de clase” (UGT y CCOO) combinan la “presión” con la “negociación”. La primera como acabamos de ver son sus simulacros de lucha que llevan a la desorganización, la división y la desmoralización de los trabajadores. La segunda consiste en aceptar todo lo que el gobierno y la patronal proponen, disimulado con migajas o con aquello de “la patronal proponía bajarnos 5 y nosotros hemos conseguido que solo nos baje 4”5.
Ya en 1977, CCOO firmó junto a los partidos políticos democráticos los Pactos de la Moncloa que supusieron una fuerte rebaja de salarios ante una inflación que en aquellos momentos alcanzó la cifra del 30%6. UGT necesitada de afiliación masiva y del concurso radical de los trotskistas, se opuso ruidosamente a esos pactos. Sin embargo, a partir de 1979 cambia de táctica y firma sin rechistar todo lo que la patronal y el gobierno ponen sobre la mesa: el Acuerdo Básico Inter confederal que prepara el Estatuto de los Trabajadores (CCOO se descuelga del acuerdo); el AMI (Acuerdo Marco Inter Confederal) en 1980 y que según la web de la CEOE “Con el AMI disminuyó un 60% la conflictividad laboral”7. En julio de 1981 CCOO, UGT, la CEOE y el gobierno Suarez firmaron el Acuerdo Nacional por el Empleo que según los Archivos de la Transición “volvería a generar una nueva pérdida de poder adquisitivo de la clase trabajadora. Los sindicatos firmantes recibieron, fuera del Acuerdo, 800 millones de pesetas a cuenta del anticipo del patrimonio sindical”8.
Después, ya bajo gobierno PSOE, UGT y CEOE firmaron junto con el gobierno, el AES, Acuerdo Económico y Social, que apoyó las reconversiones industriales y el “control” de los salarios. En 1985, UGT secundó la primera reforma de las pensiones dejando a CCOO la acción “radical”: convocó una “huelga general” que fue un fracaso pues ni la misma Comisiones se ocupó de impulsarla.
Podríamos seguir pasando revista a todos los “acuerdos” que los sindicatos, con UGT a la cabeza, han firmado con todos los gobiernos democráticos. Queda claro que tanto “pactando” como “luchando”, los sindicatos venden a los obreros al capital.
Pero hay una tercera pata de la acción sindical que le sirve de cebo para reclutar trabajadores: sus “servicios sociales”. Los sindicatos proporcionan a sus afiliados ventajas exclusivas: vacaciones en residencias o mediante agencias de viaje, abogados gratuitos, igualas médicas, viviendas a bajo precio etc. Estos privilegios se extienden a maniobras de puro clientelismo que siembran la DIVISION en las filas obreras: CCOO acaba de firmar una subida salarial en Ryan Air SOLO PARA SUS AFILIADOS; UGT, CSIF y CCOO favorecen, a veces a escondidas y otras abiertamente, a sus afiliados en las bolsas de trabajo de la función pública etc.
Estos “servicios sociales” tienen dos misiones: por un lado, sembrar la división y la competencia entre los obreros estableciendo toda clase de barreras entre sindicados y no sindicados. La segunda es construir un apéndice del Estado del Bienestar, la cara “amable” y “humana” del Capitalismo de Estado. Los obreros afiliados gozarían de “mejoras” tales como viviendas “dignas”, vacaciones en lugares turísticos, servicios médicos etc.
Una ilustración de que todo esto es un engaño vil que no remedia la fortísima degradación de la vida obrera a la que asistimos desde hace más de medio siglo, nos la da un escándalo protagonizado por la UGT y más directamente por Nicolás Redondo. Se trata de la estafa PSV (Promoción Social de Viviendas). Este organismo creado por la UGT en 1988 embaucó a miles de trabajadores con la promesa de tener viviendas “dignas” a un precio 30-40% más barato. Se hicieron 175 promociones en toda España para construir 22000 viviendas. La realidad es que gran parte del dinero adelantado por los trabajadores “desapareció” en un gran desfalco de unos 80.000 millones de las antiguas pesetas. Tras muchos procesos judiciales, ¡13 años después!, una parte de los afectados logró recuperar el 75% de su inversión, otros consiguieron tener finalmente una vivienda pagando como media un 7% más de lo previsto. UGT se lavó las manos recurriendo las sentencias que le obligaban a hacerse cargo de la deuda con los afectados. El tesorero de UGT y el jefe de la PSV, Sotos, fueron condenados a leves penas de cárcel. Nicolás Redondo fue finalmente exonerado.
El problema de la vivienda es, desde hace años, una pesadilla para los trabajadores, especialmente los jóvenes y los emigrantes, obligados a hacinarse en pisos compartidos disponiendo de apenas una habitación o incluso durmiendo en las “camas calientes”9. Las “grandes promesas” de UGT que acabaron en un gran timo evidencian la realidad que toda la clase dominante quiere tapar: el capitalismo nos condena a la miseria, la precariedad y la intemperie.
Es significativo que tanto Pedro Sánchez como Núñez Feijoo o Garamendi no mencionen nada sobre esta “hazaña” de Nicolás Redondo. En su obituario, el actual secretario de UGT, Álvarez, silencia completamente este episodio. Se trata de defender con uñas y dientes el engaño de los sindicatos “al servicio de los trabajadores”. La trayectoria de los sindicatos en los últimos 100 años y concretamente la “obra” de Nicolás Redondo, muestran todo lo contrario: las tres patas del sindicalismo (movilización, negociación y servicios) están siempre CONTRA LA CLASE OBRERA10.
C. Mir 11-1-23
1 Ver nuestro libro España 1936: FRANCO Y LA REPUBLICA MASACRAN A LOS TRABAJADORES https://es.internationalism.org/cci/200602/539/espana-1936-franco-y-la-republica-masacran-al-proletariado [415]
2 Los grupos izquierdistas (trotskistas, maoístas, estalinistas, anarquismo oficial, “nueva izquierda” …) son los auxiliares “radicales” de los partidos y sindicatos de la izquierda “oficial”. Ver Los sindicatos contra la clase obrera (V): la táctica de los izquierdistas para hacerlos tragar a los trabajadores https://es.internationalism.org/content/4645/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-v-la-tactica-de-los-izquierdistas-para-hacerlos [553]
3 Debe señalarse que la hoja de servicios de la UGT al capital español tiene una larga historia. Bajo la dictadura de Primo de Rivera (1923-30), la UGT ejerció de sindicato del régimen oponiéndose a cualquier reivindicaciones obrera y denunciando a obreros combativos, sobre todo militantes de la CNT (ver a este respecto el cuarto artículo de nuestra Serie sobre la CNT, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2068/historia-del-movimiento-obrero-la-contribucion-de-la-cnt-a-la-inst [313] ). Bajo la República, la UGT ejerció de rompehuelgas y en 1934 cuando los obreros en Asturias estaban en lucha los dejó solos evitando toda huelga de solidaridad en el resto de España. En fin, durante la guerra de 1936, la UGT formaba parte de la coalición que arrastró a los obreros a participar en la confrontación militar entre Franco y la República.
4 Ver dentro de nuestra serie Los gobiernos de izquierda al servicio de la explotación capitalista, el segundo artículo: Los gobiernos PSOE de la democracia, https://es.internationalism.org/content/4562/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-ii-los-gobiernos [225]
5 La política sindical de “mejoras” en realidad se reduce a la filosofía de un macabro chiste: “Tuvo mucha suerte el reo, las 5 penas de muerte a las que había sido condenado fueron reducidas a una”.
6 Ver nuestro artículo ¿Nuevos Pactos de la Moncloa? Entonces y ahora Unión Nacional para empeorar nuestra vida https://es.internationalism.org/content/4564/nuevos-pactos-de-la-moncloa-entonces-y-ahora-union-nacional-para-empeorar-nuestra-vida [727]
7 Historia de CEOE|CEOE [1063]
8 Los Pactos Sociales en la Transición española. Pactos y Leyes (archivodelatransicion.es) [1064]
9 Ver Debate sobre el problema de la vivienda https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200601/410/debate-sobre-el-problema-de-la-vivienda [202]
10 Ver nuestro folleto LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA publicado en nuestra Web en una serie de artículos: https://es.internationalism.org/content/4575/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-i [383] , https://es.internationalism.org/content/4586/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-en-la-decadencia-capitalista-ii [384] , https://es.internationalism.org/content/4603/los-sindicatos-en-el-periodo-ascendente-del-capitalismo-iii [399] , https://es.internationalism.org/content/4620/los-sindicatos-organos-del-estado-capitalista-iv [501] , https://es.internationalism.org/content/4645/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-v-la-tactica-de-los-izquierdistas-para-hacerlos [553] , https://es.internationalism.org/content/4667/los-sindicatos-contra-la-clase-obrera-vi-contenido-y-formas-de-la-lucha-obrera-en-el [738] y https://es.internationalism.org/content/4706/la-intervencion-de-los-revolucionarios-frente-los-sindicatos-vii [739]
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En Gran Bretaña un grito se propaga desde junio en las huelgas:
Enough is enough
¡Ya basta! ¡Es demasiado!
Este movimiento masivo, bautizado primero como el "Verano de la ira", se convirtió en el "Otoño de la ira" y luego en el "Invierno de la ira".
Esta oleada de huelgas en el Reino Unido es un símbolo de la combatividad obrera que se está desarrollando en todo el mundo:
- En España, los médicos y pediatras de la Comunidad de Madrid se declararon en huelga a finales de noviembre, al igual que los sectores aéreo y ferroviario en diciembre. Se anuncian nuevas huelgas en el sector sanitario para enero en muchas regiones
- En Alemania, donde la escalada de los precios hace temer a los empresarios las consecuencias de una crisis energética sin precedentes. El vasto sector metalúrgico y electro - industrial experimentó una serie de huelgas alternas en noviembre.
- En Italia, una huelga de controladores aéreos a mediados de octubre se sumó a la de los pilotos de EasyJet. El gobierno tuvo incluso que prohibir todas las huelgas en días festivos.
- En Bélgica, donde se convocó una huelga nacional los días 9 de noviembre y 16 de diciembre.
- En Grecia, una manifestación reunió en noviembre en Atenas a decenas de miles de trabajadores del sector privado al grito de "El coste de la vida es insoportable".
- En Francia, donde en los últimos meses se han sucedido las huelgas en el transporte público y los hospitales.
- En Portugal, donde los trabajadores exigen un salario mínimo de 800 euros, frente a los 705 actuales. El 18 de noviembre, la función pública estaba en huelga. En diciembre, el sector del transporte también se movilizó.
- En Estados Unidos, los electos de la Cámara de Representantes intervinieron para poner fin a un conflicto social y evitar una huelga ferroviaria de mercancías. En enero, miles de enfermeras se movilizaron en Nueva York.
La lista sería interminable porque, en realidad, hay multitud de pequeñas huelgas por todas partes, aisladas unas de otras, en las empresas y en las administraciones. Porque en todas partes, en todos los países, en todos los sectores, las condiciones de vida y de trabajo se deterioran, en todas partes hay alza de los precios, por un lado, y salarios miserables, por el otro, en todas partes hay precariedad y flexibilidad, en todas partes hay ritmos de trabajo infernales y personal insuficiente, en todas partes hay un terrible deterioro de las condiciones de vivienda, en particular para los jóvenes.
Desde la pandemia de Covid-19, los hospitales se han convertido en el símbolo de la realidad cotidiana de todos los trabajadores: muy pocos, cada vez menos, y sobreexplotados, hasta la extenuación, por un salario que ya no puede pagar las facturas.
La larga oleada de huelgas que afecta desde junio al Reino Unido, un país donde el proletariado parecía resignado desde los años de Thatcher, expresa una verdadera ruptura, un cambio de mentalidad en el seno de la clase obrera, no sólo en el Reino Unido, sino también a escala internacional. Estas luchas demuestran que, ante el considerable agravamiento de la crisis, los explotados ya no están dispuestos a dejarse avasallar.
Con una inflación superior al 11% y el anuncio de un presupuesto de austeridad por parte del gobierno de Rishi Sunak, hubo huelgas en casi todos los sectores: Transporte (trenes, autobuses, metro, aeropuertos) y sanidad, trabajadores postales de Royal Mail, funcionarios del Ministerio de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales, empleados de Amazon, trabajadores de las escuelas en Escocia, trabajadores petroleros del Mar del Norte... ¡La magnitud de la movilización de los cuidadores no se había visto en este país desde hacía más de un siglo! Y se espera que los profesores hagan huelga a partir de febrero.
En Francia, el gobierno también ha decidido imponer una nueva "reforma" que amplía la edad legal de jubilación. El objetivo es simple: ahorrar dinero exprimiendo a la clase trabajadora como a un limón, hasta el cementerio. En concreto, significará trabajar viejo, enfermo, agotado o marcharse con una pensión reducida y miserable. A menudo, además, el despido corta el nudo de este dilema antes de la edad fatídica.
Los ataques a nuestras condiciones de vida no cesarán. La crisis económica mundial seguirá agravándose. Para competir en la arena internacional del mercado y de la competencia, todas las burguesías de todos los países impondrán a la clase obrera condiciones de vida y de trabajo cada vez más insoportables, invocando la "solidaridad con Ucrania" o "el futuro de la economía nacional".
Esto es aún más cierto con el desarrollo de la economía de guerra. Una parte cada vez mayor del trabajo y de la riqueza se destina a la economía de guerra. En Ucrania, pero también en Etiopía, Yemen, Siria, Malí, Níger, Congo, etc., ¡esto significa bombas, balas y muerte! En el resto del mundo, significa miedo, inflación y ritmos de trabajo acelerados. ¡Todos los gobiernos piden "sacrificios"!
Frente a este sistema capitalista que hunde a la humanidad en la miseria y la guerra, en la competencia y la división, corresponde a la clase obrera (trabajadores asalariados de todos los sectores, de todas las naciones, en paro o trabajando, con diploma o sin él, en activo o jubilados...) proponer otra perspectiva. Rechazando estos "sacrificios", desarrollando una lucha unida, masiva y solidaria, puede demostrar que otro mundo es posible.
Durante meses, en todos los países y en todos los sectores, sí, ha habido huelgas. Pero aislados unos de otros. Cada uno tiene su propia huelga, en su fábrica, su depósito, su empresa, su administración. Ningún vínculo real entre estas luchas, incluso cuando bastaría con cruzar la calle para que los huelguistas del hospital se encontraran con los de la escuela o el supermercado de enfrente. A veces esta división roza el ridículo cuando, en la misma empresa, las huelgas se dividen por corporación, o equipo, o planta. Hay que imaginarse a las secretarias en huelga a una hora distinta de la de los agentes técnicos, o a los de la primera planta en huelga en su propio rincón sin ningún vínculo con los de la segunda. A veces es lo que realmente ocurre.
La fragmentación de las huelgas, el encierro de cada uno en su rincón, hace el juego a la burguesía, nos debilita, nos reduce a la impotencia, nos agota y nos lleva a la derrota.
Por eso la burguesía pone tanta energía en mantenerlo. En todos los países, la misma estrategia: los gobiernos dividen. Fingen apoyar a tal o cual sector para atacar mejor a los demás. Destacan un sector, o incluso una empresa, haciendo promesas que nunca cumplirán, para ocultar la avalancha de ataques que se está produciendo en todas partes. Para dividir mejor, dirigen una ayuda específica a una categoría y reducen los derechos de todas las demás. Las negociaciones rama por rama y empresa por empresa son la norma en todas partes.
En Francia, el anuncio de la reforma de las pensiones, que afectará a toda la clase trabajadora, va acompañado de un ensordecedor "debate" mediático sobre la injusticia de la reforma para tal o cual categoría de la población. Habría que hacerla más justa integrando mejor los perfiles particulares de los jóvenes, de ciertos trabajadores manuales, de las mujeres... ¡Siempre la misma trampa!
¿Por qué esta división? ¿Son sólo la propaganda y las maniobras de los gobiernos las que consiguen dividirnos de esta manera, separar las huelgas y las luchas de la clase obrera entre sí?
La sensación de que todos estamos en el mismo barco es cada vez mayor. En la mente de todos germina la idea de que sólo una lucha masiva, unida y solidaria puede establecer una FUERZA contra los golpes a nuestra vida. Entonces, ¿por qué esta división durante meses, en todos los países, en todos los sectores?
Tradicionalmente, las huelgas en el Reino Unido han ido acompañadas de piquetes en el exterior de cada lugar de huelga. Durante meses, los piquetes han permanecido unos junto a otros, a veces con un solo día de diferencia, a veces a la misma hora, pero separados por unos cientos de metros. Sin ningún vínculo entre ellos. Cada cual encerrado en “su” huelga, cada cual encerrado en “su” piquete. Sin luchar contra esta dispersión, sin desarrollar una verdadera unidad en la lucha, el espíritu de lucha corre el riesgo de agotarse. En las últimas semanas, el estancamiento y el peligro de esta situación han empezado a llamar la atención. Los trabajadores que llevan seis meses en huelga por turnos podrían verse invadidos por un sentimiento de hastío e impotencia.
Sin embargo, en varios piquetes, los trabajadores nos han expresado su sentimiento de estar implicados en algo más amplio que su empresa, su administración, su sector. Cada vez hay más voluntad de luchar juntos.
Pero desde hace meses, en todos los países, en todos los sectores, son los sindicatos los que organizan todas estas luchas fragmentadas, son los sindicatos los que dictan sus métodos, los que dividen, aíslan, preconizan la negociación rama por rama, corporación por corporación, son los sindicatos los que hacen de cada reivindicación una reivindicación específica, son los sindicatos los que advierten que, sobre todo, "no hay que mezclar las reivindicaciones para no diluirse".
Pero los sindicatos también han percibido que la cólera crece, que corre el riesgo de desbordarse y romper los diques que han construido entre las corporaciones, las empresas, los sectores... Saben que la idea de "luchar todos juntos" está madurando en la clase.
Por eso, por ejemplo en Gran Bretaña, los sindicatos empiezan a hablar de reuniones intersectoriales, que hasta ahora se habían cuidado mucho de evitar. Las palabras "unidad" y "solidaridad" empiezan a aparecer en sus discursos. No renuncian a dividir, pero para seguir haciéndolo se adaptan a las preocupaciones de la clase. De este modo mantienen el control, la dirección de las luchas.
En Francia, ante el anuncio de la reforma de las pensiones, los sindicatos mostraron su unidad y su determinación; convocaron grandes manifestaciones callejeras y entablaron un pulso con el gobierno. Gritan que esta reforma no se aprobará, que millones de personas deben rechazarla.
Hasta aquí la retórica y las promesas. Pero ¿cuál es la realidad? Para hacernos una idea, basta recordar el movimiento de lucha de 2019-2020, contra la reforma de las pensiones de Macron. Frente al aumento de la combatividad y el auge de la solidaridad entre generaciones, los sindicatos habían utilizado la misma estratagema preconizando la "convergencia de las luchas", un falso movimiento unitario, en el que los manifestantes que salían a la calle se fragmentaban por sectores y por empresas. No estábamos todos juntos, sino unos al lado de los otro. Las pancartas sindicales y los servicios de seguridad dividieron las procesiones por corporaciones, por empresas, por centrales. Sobre todo, nada de discusiones ni asambleas. "Defiéndase con sus colegas de siempre y váyase a casa, hasta la próxima". Equipo de sonido a tope, para que no se oigan los más cabezones. Porque lo que realmente hace temblar a la burguesía es cuando los trabajadores toman sus luchas en sus manos, cuando se organizan, cuando empiezan a reunirse, a debatir... ¡a convertirse en una clase en lucha!
En el Reino Unido y en Francia, como en todas partes, para construir una relación de fuerzas que nos permita resistir a los ataques constantes contra nuestras condiciones de vida y de trabajo, que mañana serán aún más violentos, debemos, allí donde podamos, reunirnos para debatir y proponer los métodos de lucha que constituyen la fuerza de la clase obrera y que le han permitido, en determinados momentos de su historia, hacer tambalearse a la burguesía y a su sistema:
- la búsqueda de apoyo y solidaridad más allá de la propia corporación, la propia empresa, el propio sector de actividad, la propia ciudad, la propia región, el propio país;
- la organización autónoma de la lucha obrera, en particular a través de asambleas generales, sin dejar el control a los sindicatos, los llamados "especialistas" de las luchas y de su organización;
- la discusión más amplia posible sobre las necesidades generales de la lucha, sobre las lecciones que hay que aprender de los combates y también de las derrotas, porque habrá derrotas, pero la mayor derrota es sufrir los ataques sin reaccionar. La entrada en la lucha es la primera victoria de los explotados.
En 1985, bajo Thatcher, los mineros británicos lucharon durante todo un año, con inmenso valor y determinación; pero aislados, encerrados en su corporación, se vieron impotentes; y su derrota fue la de toda la clase obrera. Debemos aprender de nuestros errores. Es vital que se superen las debilidades que llevan décadas minando a la clase obrera y que han marcado nuestra sucesión de derrotas: el corporativismo y la ilusión sindical. ¡La autonomía de la lucha, la unidad y la solidaridad son los hitos indispensables para la preparación de las luchas del mañana!
Para ello, debemos reconocernos como miembros de una misma clase, una clase unida por la solidaridad en la lucha: el proletariado. Las luchas de hoy son indispensables no sólo para defendernos de los ataques, sino también para reconquistar esta identidad de clase a escala mundial, para preparar el derrocamiento de este sistema sinónimo de miseria y de catástrofes de todo tipo.
En el capitalismo no hay solución: ni a la destrucción del planeta, ni a las guerras, ni al paro, ni a la precariedad, ni a la miseria. Sólo la lucha del proletariado mundial apoyada por todos los oprimidos y explotados del mundo puede abrir el camino a una alternativa, la del comunismo.
Las huelgas en el Reino Unido, las manifestaciones en Francia son un llamamiento a la lucha de los proletarios de todos los países
Corriente Comunista Internacional, 12 de enero de 2023
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Mientras que hace dos años muchos observadores afirmaban que China era la gran vencedora de la crisis del covid, los últimos acontecimientos ponen de relieve que, al contrario, se enfrenta a la persistencia de la pandemia, a una importante baja del crecimiento económico, a la burbuja inmobiliaria, a grandes obstáculos para el desarrollo de la "nueva ruta de la seda", a una fuerte presión imperialista de Estados Unidos, en resumen, a la perspectiva de grandes turbulencias.
Desde finales de 2019, China sufre una crisis pandémica que ha paralizado en gran medida a su población y su economía. Durante los últimos tres años, la política de "cero covid" puesta en marcha por el presidente Xi ha dado lugar a gigantescos e interminables confinamientos, como en noviembre de 2022, cuando nada menos que 412 millones de chinos fueron encerrados en terribles condiciones en diversas regiones de China, a menudo durante varios meses. Al afirmar que China sería la primera en domar la pandemia mediante su política de "cero covid", Xi y el PCCh rechazaron las estrategias internacionales y la investigación médica contra el covid. Como resultado, se han visto atrapados en una lógica económica y socialmente catastrófica, sin alternativas reales: Las vacunas chinas son en gran medida ineficaces, el sistema hospitalario es incapaz de absorber la oleada de infecciones derivada de una política menos restrictiva (Cuba tiene cuatro veces más médicos y camas de hospital per cápita que China), sobre todo porque la corrupción de la administración política en las provincias hace imposible obtener datos fiables sobre la evolución de la pandemia (tendencia a maquillar las cifras para evitar el descrédito político)
Las autoridades chinas se dirigían, pues, hacia un callejón sin salida. Ante el estallido de la protesta social contra la espantosa inhumanidad del confinamiento masivo, abandonaron abruptamente la política de "cero covid" sin poder proponer la menor alternativa, sin inmunidad lograda, sin vacunas eficaces ni reservas suficientes de medicamentos, sin una política de vacunación de los más vulnerables, sin un sistema hospitalario capaz de absorber el choque, y la catástrofe irremediable se produjo efectivamente: Los pacientes hacen cola para entrar en los hospitales desbordados y los cadáveres se amontonan ante los crematorios abarrotados, decenas de miles de personas mueren en sus casas, los depósitos de cadáveres rebosan, las autoridades están totalmente desbordadas e incapaces de hacer frente al maremoto: las proyecciones prevén 1,7 millones de muertos y decenas de millones de personas gravemente afectadas por el actual maremoto del virus.
Desde hace varios años, China está sometida a una intensa presión económica y militar por parte de Estados Unidos, ya sea directamente en Taiwán o mediante la formación de la alianza AUKUS, pero también indirectamente en Ucrania. De hecho, cuanto más se prolongue la guerra en Ucrania, más daño sufrirá China por la caída de su principal aliado en la escena imperialista, Rusia, pero sobre todo por la interrupción de las rutas europeas del proyecto de la "ruta de la seda". Además, la explosión del caos y el sálvese quien pueda, intensificados por la política agresiva de Estados Unidos también pesan, como demuestra la caída de Etiopía, uno de los principales pivotes de China en África, en una guerra civil. Los planes para ampliar la "nueva ruta de la seda" también están en apuros debido al agravamiento de la crisis económica: casi el 60% de la deuda contraída con China corresponde ahora a países con dificultades financieras, frente a sólo el 5% en 2010. Además, se intensifica la presión económica de Estados Unidos, en particular con la “Ley de reducción de la inflación” y la “Ley sobre los chips en EU”, decretos que someten las exportaciones de productos tecnológicos de diversas empresas tecnológicas chinas (por ejemplo, Huawei) a Estados Unidos a fuertes restricciones en términos de aranceles proteccionistas, sanciones contra la competencia desleal, pero sobre todo el bloqueo de la transferencia de tecnología y la investigación.
Los repetidos confinamientos y luego el tsunami de infecciones que llevaron al caos al sistema sanitario, la burbuja inmobiliaria y el bloqueo de varias rutas de la "ruta de la seda" por conflictos armados o el caos circundante han provocado una desaceleración muy brusca de la economía china. El crecimiento en el primer semestre de este año fue del 2,5%, lo que hace inalcanzable el objetivo del 5% fijado para este año. Por primera vez en treinta años, el crecimiento económico de China será inferior al de otros países asiáticos. Grandes empresas tecnológicas y comerciales como Alibaba, Tencent, JD.com e iQiyi han despedido entre el 10 y el 30% de su plantilla. Los jóvenes sufren las consecuencias, con una tasa de desempleo estimada en el 20% entre los universitarios que buscan trabajo.
Ante las dificultades económicas y sanitarias, la política de Xi Jinping había sido volver a las recetas clásicas del estalinismo:
- En el plano económico, desde el gobierno de Deng Xiao Ping, la burguesía china había creado un frágil y complejo mecanismo para mantener un todopoderoso partido único cohabitando con una burguesía privada, estimulada directamente por el Estado. Ahora, "a finales de 2021, la era de reformas y apertura de Deng Xiaoping está claramente acabada, sustituida por una nueva ortodoxia económica estatista.” ( ) La facción dominante detrás de Xi Jinping tiende así a reforzar el control absoluto del Estado sobre la economía y a cerrar la perspectiva de la renovación económica y de la apertura relativa de la economía al capital privado.
En el frente social, con la política de "cero covid", Xi no sólo aseguró un implacable control estatal sobre la población, sino que también impuso este control a las autoridades regionales y locales, que se habían mostrado poco fiables e ineficaces al principio de la pandemia. Ya en otoño, envió unidades de policía del gobierno central a Shanghái para llamar al orden a las autoridades locales que estaban liberalizando las medidas de control.
Sin embargo, aunque la política del Estado chino desde 1989 ha sido evitar a toda costa cualquier turbulencia social a gran escala, los movimientos de compradores engañados por las dificultades y quiebras de los gigantes inmobiliarios, pero sobre todo las manifestaciones y disturbios generalizados en muchas ciudades chinas, que expresan el hartazgo de la población con la política de "cero covid", han hecho sudar frío a Xi y sus partidarios. El régimen se vio obligado a dar marcha atrás a toda prisa ante el estruendo del descontento social y a abandonar en pocos días la política que había mantenido durante tres años contra viento y marea. Hoy, los límites de la política de Xi Jinping, una vuelta a las recetas clásicas del estalinismo, son patentes a todos los niveles: sanitario, económico y social, mientras que el hombre que la impuso, el mismo Xi Jinping, acaba de ser reelegido para un tercer mandato tras complejas negociaciones entre bastidores entre fracciones del PCCh.
En conclusión, el capitalismo de Estado chino supo aprovechar las oportunidades que le brindaron el haber abandonado el bloque ruso para unirse al bloque americano en los años setenta, la implosión del bloque soviético y la globalización de la economía propugnada por Estados Unidos y las principales potencias del bloque occidental. Sin embargo, las debilidades congénitas de su estructura estatal de tipo estalinista son ahora una gran desventaja ante los problemas económicos, sanitarios y sociales a los que se enfrenta el país y la agresiva presión del imperialismo estadounidense a la que está sometido.
La situación en China es una de las expresiones más características del "efecto torbellino" de la concatenación y combinación de crisis que marcan los años veinte del siglo XXI. Este "torbellino" de agitación y desestabilización está ejerciendo una fuerte presión no sólo sobre Xi y sus partidarios dentro del PCCh, sino más en general sobre la política imperialista de China. Una desestabilización del capitalismo chino tendría consecuencias imprevisibles para el capitalismo mundial.
R. Havanais, 15 de enero de 2023
La situación histórica actual está dominada por dos polos antagónicos:
Ya conocemos el polo capitalista: la guerra en Ucrania, la pandemia, el tsunami de miseria provocado por la agudización de la crisis económica, la crisis ecológica, el éxodo desesperado de millones de seres humanos, las hambrunas.
Pero el otro polo es la LUCHA DE CLASE DEL PROLETARIADO. El proletariado como clase histórica tiene la potencialidad y la fuerza para destruir el capitalismo acabando con la guerra, la miseria, la destrucción ecológica, la barbarie.
Esta capacidad ha empezado a manifestarse, aún de forma embrionaria y con grandes debilidades, con las huelgas en Gran Bretaña y Francia, muestra que ante la brutalidad de la inflación y el aluvión de ataque a sus condiciones de vida comienza a superar la resignación y la pasividad, desarrolla la respuesta como clase.
Sabemos que el camino que debe recorrer el proletariado es aún muy largo, muy difícil, lleno de obstáculos, trampas, que opone la clase dominante más perversa y cínica de la historia. Todo esto llevará a derrotas y sufrimientos, sin embargo, es necesario comprender que la lucha es la escuela que el proletariado tiene para forjar su capacidad revolucionaria contando siempre con la intervención de sus organizaciones comunistas internacionalistas. La primera victoria es romper la indolencia y la división, la primera victoria es la lucha misma.
Para discutir de esta situación histórica grave, para ver como contribuir a que el proletariado desarrolle su fuerza, su unidad, su solidaridad, su conciencia, proponemos la REUNION PUBLICA como medio.
Animamos a participar. Se puede asistir:
PRESENCIALMENTE acudiendo a:
LA FIGA TA TIA
C. Llana de Adentro, 5, 09003 Burgos
Fecha: miércoles 1 de marzo 2023 a las 20:00 horas
POR INTERNET:
Reunión virtual el 25 de febrero de 2023 sábado a las 18 horas de Madrid
Los que no puedan participar físicamente pueden escribir a nuestra dirección [email protected] [45] indicando a cual de las dos reuniones desean participar.
Textos de interés:
¿Cómo desarrollar un movimiento unido, masivo y solidario?
Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad
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Tras casi un año de guerra en Ucrania, Rusia está metida hasta el fondo en la trampa[1]. Hundido en la espiral militarista, enfrentado a un ejército ucraniano sorprendentemente bien preparado y a unas potencias occidentales que no se anticiparon al ritmo pero sí a los objetivos de un Kremlin arrinconado, el asediado imperialismo ruso se ha embarcado en una aventura “especial” suicida. Actualmente se halla aturdido y muy debilitado por un conflicto que podría llevarlo a su hundimiento.
El objetivo velado de EEUU y la OTAN era romper el frágil lazo entre Rusia y China, tendiendo hábilmente una trampa a Moscú para debilitar y aislar a Putin en la arena internacional. Todo esto se ha hecho a costa de una política de tierra quemada de la que las potencias occidentales son claros cómplices, al armar y empujar a su aliado ucraniano a una sangrienta resistencia que estaba destinada a generar un caos con consecuencias impredecibles y potencialmente desastrosas. Desde julio de 2022 hasta hoy las tropas rusas habían marcado el paso, hasta que empezaron a mostrar señales de debilitamiento y a mostrarse incapaces de hacer progresos contra el ejército ucraniano, que se ha visto reforzado por la sofisticada artillería proveniente, en su mayor parte, de sus aliados occidentales. Los fracasos del ejército ruso se acentuaron en septiembre, cuando las tropas ucranianas consiguieron una espectacular victoria en la provincia de Kharkiv (Járkov) y al norte de Sloviansk. Este sorprendente vuelco de la situación se vio reforzado por la toma de Jersón por parte del ejército ucraniano, una ciudad que Putin había declarado como “eternamente rusa” tan solo un mes antes, y que fue abandonada sin resistencia.
A día de hoy el número de víctimas de este horrible conflicto es estremecedor. A principios de diciembre se estimaban unos 200,000 muertos y heridos entre ambos ejércitos. 40,000 civiles han perdido la vida en Ucrania y el número de refugiados está cerca de los 8 millones[2]. Tristemente, tanto soldados como civiles están condenados a vivir más penalidades y sufrimientos, violencias físicas y psicológicas por parte de ambos bandos, deportaciones, torturas, violaciones, ejecuciones sumarias y bombardeos indiscriminados (en particular con las especialmente letales bombas de racimo). Además de todo esto está la miseria, el hambre y el frío diarios y el terror que ha desatado el Estado ucraniano y su coalición nacional, con su control policíaco llevado a cabo por esbirros fanáticos.
Al tratar desesperadamente de desmoralizar a los ucranianos, el ejército ruso está intensificando la violencia y los bombardeos, tras haber privado ya a la población de agua, electricidad y calefacción para el invierno. Ucrania se ha convertido en una fosa común, un yermo, una concentración de odios. Mariupol nos da un ejemplo de ello: ha sido devastada en el 90% de su superficie, convirtiéndose en un símbolo trágico de la situación. Barriadas enteras, miles de escuelas, cientos de hospitales y fábricas están dañados o destruidos en multitud de localidades, como en la capital Kiev, pero también en Lviv (Leópolis), Dnipro y Ternopil, como represalia por la destrucción del puente de Crimea. La destrucción es tal que reconstruir todo el país costaría al menos 350,000 millones de dólares[3]. El Primer Ministro ucraniano, Denys Shmyal, ha sugerido incluso la cifra de 750,000 millones. Pero no hay fanatismo patriótico ni estimación alguna que puedan impedir que se sigan amontonando las ruinas y los cadáveres.
Tras la pandemia de Covid-19, que ha devastado durante los últimos 2 años una economía mundial que ya desde antes mostraba signos de estar en números rojos, la guerra de Ucrania ha venido a reforzar el estancamiento global, acentuando forzosamente y de forma cualitativa todos los fenómenos de la descomposición del sistema capitalista, precipitándolos hacia un vórtice destructivo. Representa un impacto directo en la situación a escala mundial, que ya se está manifestando a diferentes niveles en el marco de un escenario poco prometedor y sin precedentes. En primer lugar, vemos esto en el alza súbita de la inflación a escala mundial, ligada no solo a la deuda colosal y la crisis financiera, sino también, y sobre todo, a la explosión de gastos militares debida a este conflicto y a la previsión de futuros combates de “alta intensidad”. En Rusia, además de las bancarrotas industriales, hay un alza en el gasto estatal desde que empezó la guerra; los presupuestos militares y civiles para apoyar la guerra en Ucrania se han acabado convirtiendo en un agujero negro financiero: “Entre el 24 de febrero y el 3 de agosto, 41 países [principalmente] occidentales han invertido al menos 84’2 miles de millones de euros. EEUU ha invertido 44’5 miles de millones de dólares (un tercio del PIB ucraniano en 2020)”[4]. Claramente nada de esto impedirá que la pobreza siga aumentando en este país devastado por la guerra, cosa que ya ha hecho del 2% al 21% de la población. Una situación así solo se sostiene con ataques a los trabajadores, generando una creciente pauperización que se ve por todas partes, incluso en los países más ricos del planeta. Los productos alimenticios y la energía, esenciales para la vida diaria, se vuelven muchas veces inasequibles, y se convierten en armas de esta guerra entre gánsteres que desprecian a una población que brega por alimentarse y proporcionarse calefacción. El ejército ruso ha destruido cosechas de trigo en Ucrania deliberadamente, mientras los precios no paran de subir en todo el país. El mercado mundial se fragmenta cada vez más con una crisis que ya afecta al comercio y a las bases mismas de la producción.
La crisis y la guerra están amplificando también la catástrofe climática y medioambiental. Su impacto ya puede verse en Ucrania: los vehículos militares, los bombardeos de edificios civiles e industriales y los incendios han generado una importante contaminación en forma de altas emisiones de CO2, asbestos, metales pesados y otros productos tóxicos. Los ríos como el Ikva están fuertemente contaminados por productos de amonio. La flora y la fauna se han visto seriamente afectadas: “900 áreas naturales protegidas de Ucrania se han visto afectadas por las actividades militares rusas, es decir, aproximadamente el 30% del total de las áreas protegidas del país”, y “casi una tercera parte de los cultivos ucranianos podría resultar inservible tras la guerra”[5]. El escandaloso sabotaje de los conductos de gas ruso en el mar Báltico se tradujo en que “la infraestructura liberó unas 70,000 toneladas de metano, un potente gas de efecto invernadero, equivalente a todas las emisiones de la ciudad de París durante un año”[6]. La amenaza de un desastre nuclear debido a los bombardeos de ambos bandos en Zaporiyia oscurece aún más este siniestro panorama.
Incluso si, por lo general, las fuerzas armadas pueden hacer gala de una pericia innegable, las capacidades reconocidas de los Estados capitalistas y todos sus cálculos tan sumamente razonados están al servicio de intereses egoístas. Incluso siendo capaces de lograr objetivos diplomáticos en un momento dado al aplicar enfoques a nivel global bastante ingeniosos, en realidad solo están defendiendo sus propios intereses particulares. Intereses que, a su vez, están marcados por un modo de producción agónico, en el que la misma lógica del beneficio económico es engullida por las necesidades irracionales de la guerra. Esta espiral completamente irracional de barbarismo militarista, que han planificado fríamente los Estados burgueses, queda perfectamente ilustrada por los objetivos que están detrás de la guerra en Ucrania. Estos objetivos confirman plenamente la ausencia de cualquier motivación o provecho económicos: “el colapso del mundo capitalista que históricamente agotó todas las posibilidades de desarrollo encuentra en la guerra moderna, la guerra imperialista, la expresión de este colapso que, sin abrir ninguna posibilidad de un mayor desarrollo para la producción, no hace más que sumergir las fuerzas productivas en el abismo y acumular, a un ritmo acelerado, ruina sobre ruinas”[7].
Ha quedado ya muy claro que “la guerra de Ucrania ilustra de manera sorprendente cómo la guerra ha perdido no sólo cualquier función económica, sino incluso sus ventajas a nivel estratégico: Rusia lanzó una guerra en nombre de la defensa del pueblo ruso, pero masacró a decenas de miles de civiles en las regiones que esencialmente hablan en ruso, al tiempo que transformaba estas ciudades y regiones en campos de ruinas y sufría ella misma considerables pérdidas materiales y de infraestructuras. Si, al final de esta guerra, captura el Donbass y el sureste de Ucrania, habrá conquistado un campo de ruinas, una población que le odia y sufrido el consiguiente revés estratégico en sus ambiciones de gran potencia. En cuanto a Estados Unidos, en su política de apuntar a China, se ve abocado a seguir (literalmente) una política de “tierra quemada”, sin más beneficios económicos o estratégicos que una inconmensurable explosión de caos económico, político y militar. La irracionalidad de la guerra nunca ha sido tan evidente”[8]. Enfrentado a la debacle militar rusa, ha habido ciertas señales tímidas en el campo diplomático que apuntan a un posible interés de Putin en sentarse a “negociar”. De forma similar, en Occidente y sobre todo en EEUU, empieza a haber preocupación sobre el desenlace de un conflicto que podría llevar a una indeseada implosión catastrófica de Rusia. Pero cualesquiera que sean las intenciones o estrategias políticas de las diferentes partes, o la duración de una guerra que no se sabe cómo terminará y los nuevos estragos que podrá causar, una cosa es segura: la dinámica de la aceleración del “cada uno para sí” y del caos militarista no hará sino exacerbarse. El capitalismo está llevando a la humanidad a su hundimiento, a su destrucción incluso. Solo la revolución mundial del proletariado será capaz de poner fin a la locura del capital, que cada día asume más claramente la forma del Apocalipsis.
WH (diciembre 2022)
1 Significado e impacto de la guerra en Ucrania [915], Revista Internacional 168.
2 Mark A. Milley, Presidente del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, citado por el Courrier international (10 de noviembre de 2022).
3 La Tribune (10 de septiembre 2022)
4 “La guerra de Ucrania: seis meses de conflicto resumido en 9 cifras clave” (Les Echos, 24 de agosto de 2022).
5 “Por qué la guerra en Ucrania es un desastre ecológico” BFMTW.com (30 de octubre de 2022)
6 “El escape de gas de los conductos del Nord Stream es menor a lo esperado” Le Monde (6 de octubre de 2022).
7 Informe la Conferencia de la Gauche Communiste de France de julio de 1945, citado en nuestro Informe sobre el Curso Histórico [1069] adoptado en el 3er Congreso de la CCI, Revista Internacional 18 (1979).
8 "La importancia y el impacto de la guerra en Ucrania", Revista Internacional 168, Informe aprobado en mayo de 2022
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La guerra en Ucrania se está empantanando en la barbarie, una espiral irracional e infernal en la que se acumulan la muerte y los escombros. La guerra de “alta intensidad” se ha instalado en Europa, dando un impulso monstruoso a todos los males que ya azotaban al mundo antes de ella. El militarismo y las tensiones imperialistas van en aumento, como hemos visto, por ejemplo, entre China y Estados Unidos este verano, a propósito de Taiwán, con el corolario el desarrollo del caos mundial.
La guerra acentúa la fragmentación y la desorganización de la producción y el comercio mundiales, alimenta la inflación y genera nuevas penurias. La crisis económica, agravada también por el aumento de los gastos militares, conduce a nuevas guerras comerciales entre todos los Estados, hasta el punto de que ciertas decisiones estratégicas, como la adopción por Estados Unidos de un programa de 369,000 millones de dólares destinado a atraer empresas a su suelo, fue vivida por los competidores europeos como un auténtico “acto de guerra”, situación que les hizo temer la desindustrialización masiva del Viejo Continente. En todas partes, la escasez golpea y amenaza a sectores vitales como la energía o los medicamentos, e incluso ciertos alimentos.
La profundización de la crisis contribuye a su vez a la agravación del pillaje de los recursos y, en última instancia, a la multiplicación de las catástrofes “naturales” o industriales. Las inundaciones y otros fenómenos climáticos extremos vienen a empeorar el estado de la sociedad entera.
La pandemia Covid también se ha extendido con la variante Ómicron. Plantea la amenaza de nuevas mutaciones procedentes de China, donde los millones de infectados y los cientos de miles más de muertos evidencian el empeoramiento de las condiciones de una economía ya de por sí desastrosa, lo que pone aún más a prueba los ya debilitados sistemas sanitarios.
El año 2022 no es sólo una confirmación espectacular de esta dinámica y miasma, un simple annus horribilis. Supone un paso más en la mórbida trayectoria del capitalismo. La sociedad se hunde así cada vez más rápido en el caos en todos los niveles y nadie puede creer el discurso de la clase dirigente pidiendo apretarse más el cinturón para un hipotético “futuro mejor”.
En realidad, la lógica que genera los desastres combinados en una verdadera espiral de destrucción proviene de la crisis y de los límites históricos del modo de producción capitalista y no de “malos dirigentes” necesitados de “reformas”, ni de la “mala gestión neoliberal”, tan denunciada por los partidos de izquierda de la burguesía. Es el producto de las contradicciones del capitalismo que, como todos los modos de producción del pasado, es un sistema transitorio, que ha devenido en obsoleto. Es a través de su decadencia irreversible como el capitalismo hunde aún más a la humanidad en el abismo. Tras haber sumido al continente africano y al Medio Oriente en el caos y la barbarie, la descomposición del capitalismo golpea ahora con brutalidad a los países más poderosos del planeta.
Sin más perspectiva ni otra solución que ver cómo su propio sistema se hunde en la barbarie, la burguesía sólo cultiva la desesperación y el cada uno para sí, el repliegue sobre la nación blindando sus fronteras, presionando para que se rechace a los emigrantes, castigando a las “super ganancias” para justificar mejor y hacer aceptar la explotación y la pauperización creciente. Las manifestaciones populistas, espejo de estas ideologías podridas propias del periodo de descomposición del capitalismo, empujaron a los fanáticos seguidores de Trump a penetrar violentamente en el Capitolio hace dos años, con sólo el vandalismo puro como una salida. Más recientemente, las vengativas jaurías bolsonaristas en Brasil también han vandalizado locales institucionales, siempre dejando en el trasfondo el fantasma de una guerra civil de incalculables consecuencias.
Frente a estas plagas, que hacen el mundo invivible y la febril clase dirigente, sólo la clase obrera puede ofrecer una perspectiva desarrollando sus luchas contra los ataques del capital y contra este mundo arruinado. Así, las recientes manifestaciones y huelgas en todo el mundo, tras años de apatía, han sido un recordatorio de que la lucha de clases sigue siendo necesaria. En el Reino Unido, con las múltiples huelgas masivas que continúan, las que han tenido lugar en Estados Unidos y Europa en muchos sectores, las manifestaciones gigantescas que movilizaron entre uno y dos millones de personas el 19 de enero en Francia contra la reforma de las pensiones, todos estos movimientos muestran el camino para tomar confianza en nuestras propias fuerzas e intentar recuperar, a largo plazo, una identidad de clase perdida[1].
Sin embargo, esta difícil lucha ya está llena de escollos. El proletariado debe¸ en efecto, desconfiar de los falsos amigos que son los sindicatos y los partidos de izquierda y extrema izquierda de la burguesía, fuerzas estatales destinadas a encuadrar y sabotear las luchas.
El largo camino de la respuesta de clase pone de relieve, además, la responsabilidad particular de la fracción más experimentada y concentrada del proletariado mundial, la de los bastiones obreros de Europa Occidental. La clase obrera sólo podrá afirmarse sobre la base de esta experiencia histórica, la de un combate autónomo, sobre un terreno firme de clase. No debe dejarse arrastrar por movimientos estériles, sin perspectiva y peligrosos para su unidad y su conciencia. Por el contrario, debe desconfiar de las revueltas “populares” o de las luchas interclasistas que ahogan los intereses del proletariado en el “pueblo nacional” y lo entregan de pies y manos al ajuste de cuentas entre fracciones de la burguesía. La clase obrera debe apartarse de movimientos como los de Irán, China en este otoño y Perú más recientemente, movimientos en los que los proletarios se encuentran atrapados en el terreno burgués: la defensa de la democracia burguesa o luchas parciales como el feminismo, es decir, exigir a la clase dominante que “reforme” amablemente su sistema podrido hasta la médula. Aunque estos movimientos pueden expresar una ira legítima, como la insoportable situación de las mujeres en Irán, no dejan de arrastrar a los trabajadores detrás de ideologías pequeñoburguesas o detrás de alguna camarilla burguesa, desviando así al proletariado de sus luchas autónomas, un aspecto esencial del desarrollo de la conciencia de clase.
Los revolucionarios tienen aquí una enorme responsabilidad y un papel indispensable para advertir a la clase obrera de estos numerosos escollos y peligros. Deben defender el futuro que sólo pertenece a la lucha de clases y a sus métodos específicos de lucha. ¡Reagrupémonos! ¡Tomemos las riendas de nuestras luchas mediante discusiones e iniciativas colectivas! ¡Defendamos nuestra propia autonomía de clase! Proletarios de todos los países, ¡uníos!
WH, 19 de enero de 2023
1 Véase nuestro volante internacional: “Cómo desarrollar un movimiento masivo, unido y solidario”, [1071] disponible en el sitio web de la CCI.
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El deterioro de la crisis sanitaria y el fuerte enlentecimiento económica de China han provocado una explosión de descontento popular, pero también la aparición de importantes movimientos obreros. Tras las protestas de miles de compradores engañados por el estallido de la burbuja inmobiliaria y la quiebra de varias grandes compañías (como el Grupo Evergrande), el continuo confinamiento masivo de cientos de miles de personas en todas partes de China, con el espantoso deterioro de las condiciones de vida que implica, fue la chispa que encendió la ira. Primero fue la muerte, el 18 de septiembre de 2022, de 27 personas en un autobús de cuarentena en la región de Guizhou; después, las protestas masivas de 200 000 trabajadores de la enorme fábrica del gigante taiwanés Foxconn que ensambla los iPhones de Apple, en protesta por el confinamiento inhumano y el impago de salarios; y la muerte en un incendio en Urumqui (Xinjiang) de 10 personas porque las condiciones de confinamiento impidieron actuar a los bomberos. Tras estas protestas, estallaron manifestaciones en Pekín, Guangzhou, Nanjing, Wuhan, Chengdu, Chongqing y también en Shanghai. En la capital económica de China, una gran multitud se congregó el domingo 27 de noviembre al grito de "¡Xi Jinping renuncia! ¡PCCH renuncia!".
Las diferentes movilizaciones en todo el país se caracterizan por los siguientes aspectos:
- estas movilizaciones tuvieron lugar en un gran número de ciudades chinas; sin embargo, los medios de comunicación sólo informan de "cientos" de personas, lo que sugiere que, frente a la represión y las amenazas policiales, existe efectivamente un gran malestar, pero que la participación en las manifestaciones es aun relativamente limitada;
- son una mezcla de auténticas acciones obreras, por ejemplo, en Foxconn donde hubo claras reivindicaciones salariales y una lucha contra las condiciones de trabajo inhumanas, y movilizaciones estudiantiles o ciudadanas que protestan contra las escandalosas medidas de confinamiento y exigen el fin de los controles y la censura;
- la dinámica que domina y unifica estas concentraciones no es la de un desarrollo masivo de la movilización y la solidaridad obrera, sino la del rechazo del régimen estalinista y la defensa de una alternativa democrática, esto en continuidad con las revueltas de Hong Kong en 2019 o incluso las de Pekín en 1989.
Por tanto, hay que constatar que la perspectiva que abre esta súbita explosión de manifestaciones no es la de un desarrollo de las luchas obreras, sino la de una movilización en el terreno burgués de la lucha por las reformas democráticas (aunque existan excepciones puntuales). Es cierto que estos movimientos plantean serios problemas a la burguesía china: ésta se vio obligada a abandonar en pocos días la política de "Covid cero" que mantenía contra viento y marea. Sin embargo, no presentan en modo alguno una perspectiva para el proletariado. Por el contrario, el proletariado corre el riesgo de ser desviado de su terreno de clase y engullido ya sea en un movimiento ciudadano desesperado contra el partido estalinista y por las reformas democráticas, o bien en una lucha entre fracciones burguesas dentro del PCCh.
La situación de los trabajadores chinos es proporcionalmente comparable a la que se vive desde hace varios meses en Irán, donde el asesinato de una joven a manos de la policía de la moralidad ha provocado una oleada de disturbios, manifestaciones y también numerosas huelgas obreras combativas. A pesar del carácter muy combativo de la clase obrera iraní, la disolución de las luchas obreras en el movimiento popular contra la autocracia religiosa y por las reformas democráticas es una amenaza inminente y constante. De hecho, la utilización de los proletarios como masa de maniobra en la lucha entre fracciones burguesas (demócratas, religiosos "ilustrados", regionales) o incluso entre imperialismos (kurdo, turco, árabe...) es un peligro mortal y es responsabilidad de los revolucionarios advertir a la clase sobre ello. Ahora bien, es básicamente el mismo peligro de disolución de sus luchas en revueltas populares al que se enfrenta la clase obrera en China. Por eso es importante, en primer lugar, prevenir a los trabajadores chinos contra los cantos de sirena de las revueltas populares por más democracia, pero también y sobre todo armarlos contra "la idea de que 'todo es posible en cualquier momento, en cualquier lugar', en cuanto surgen agudos enfrentamientos de clase en la periferia del capitalismo, idea que se basa en la identificación entre combatividad y maduración de la conciencia de clase"1.
En China, todos los elementos de la situación apuntan al comienzo de una desestabilización del régimen. Aunque el Estado consiga momentáneamente normalizar la situación, la mecha de nuevas protestas seguirá encendida. En este contexto, aunque el proletariado chino desarrolle su combatividad y adquiera peso en la situación, su terrible atraso político y su vulnerabilidad a las mistificaciones democráticas constituyen un obstáculo considerable. Por lo tanto, es necesario tener claras las perspectivas de la clase obrera en esa región: "La CCI rechaza la concepción ingenuamente igualitaria de que cualquier país pueda ser el punto de partida de la dinámica revolucionaria. Esta concepción se basa en la creencia anarquista de que todos los países (como la huelga general revolucionaria) podrían iniciar simultáneamente un proceso revolucionario”2.
De hecho, a pesar de su combatividad, la clase obrera en China como en Irán o en otras partes del mundo, tendrá dificultades para fortalecer sus luchas en su terreno de clase y desarrollar su conciencia mientras el proletariado de los países occidentales no le muestre el camino. Si bien todas las fracciones del proletariado mundial pueden y deben aportar su contribución a la lucha contra el capitalismo, las de Europa Occidental, por su experiencia de lucha y también por sus combates en contra de las mistificaciones democráticas y sindicales de la burguesía, tienen una importancia decisiva para el proceso revolucionario. Esto no hace sino subrayar la responsabilidad decisiva del proletariado de Europa Occidental.
R.H., 14 de enero de 2023
1« Resolución sobre la crítica la Teoría del eslabón más débil [1073] (en francés) adoptado por el Órgano Central de la CCI en enero de 1983 », Revista Internacional n° 37 (1984).
2 Ibíd.
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Desde el jueves 02 de febrero ha comenzado una oleada de incendios en toda la zona centro-sur del Estado Chileno, decretándose “estado de catástrofe” en las regiones del Bio Bio, Ñuble, y La Araucanía. Hasta el momento hay más de “24 personas muertas, 3.276 damnificados, 1.156 viviendas destruidas, 280 focos de incendio y más de 246.198 hectáreas afectadas”1, convirtiéndose en uno de los peores desastres que el país ha sufrido en los últimos tiempos. Estos incendios han obligado, además, a que se movilicen más de 112 brigadas de bomberos y 46 aeronaves, poniendo al limites los recursos que el país posee para combatir esta clase de catástrofes. Los daños económicos, sociales y medioambientales son altísimos, y lamentablemente son las familias obreras y campesinas quienes han pagado los platos rotos, con sus viviendas y fuentes de trabajo destruidas. El desastre es tan grande, que el Gobierno del Presidente Gabriel Boric se ha visto obligado a pedir ayuda extranjera.
Esta oleada de incendios se suma a otra que ocurrió en Valparaíso a finales del 2022, con “un saldo de un muerto y más de 500 casas destruidas”2. Ademas de ello, no hay que olvidar la destrucción de miles de hectáreas por el fuego en la Amazonia, California y en Australia, que también han producido un daño irreparable tanto en el medio ambiente como a diferentes comunidades humanas de zonas circundantes. Los incendios en Chile son un acontecimiento que nunca falta en los veranos, igual que a escala internacional. La verdad es que estos graves daños ambientales, que la burguesía oculta como simples “irresponsabilidades humanas” o “gubernamentales”, se suman a otros problemas del mismo tipo como los son derrames de petróleo en los océanos, derretimiento de glaciares, etc. Pese a todas las preparaciones de antemano que el Estado Chileno hace para enfrentar estas emergencias (Reorganizar los sistemas de emergencia para hacerlos más eficiente, crear mejores leyes y “comités”, mejorar la participación ciudadana, etc.), siempre ocurren desgracias cada vez más catastróficas en lo que respecta a los incendios, y esto no es culpa de nadie, salvo de las relaciones capitalistas que llevan la anarquía y la destrucción ambiental en su ADN.
La destrucción de la naturaleza es algo inherente al modo de producción capitalista, que pone la acumulación de riquezas encima de todo. Karl Marx, combatiente del proletariado, decía ya en pleno siglo XIX que "El capitalismo tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza: la naturaleza y los seres humanos", y esto es algo que, empíricamente, se está comprobando ahora mismo. Sin embargo, en el actual periodo de descomposición del capitalismo3, la destrucción irracional de la naturaleza se hace algo completamente mucho más masivo y a escalas escalofriante, con la única diferencia de que el medio ambiente ya no es destruido con el fin de conquistar nuevos mercados “no capitalistas” (como era en el periodo de ascenso del capitalismo), sino que representa la podredumbre de un sistema que se niega a morir y que no ofrece nada a cambio, aparte de pobreza y muerte.
Como se explicó anteriormente, los incendios forestales no son un “Caso aislado”, sino que está entremezclado con una serie de problemas que son completa consecuencia del capitalismo decadente (la guerra de Ucrania, crisis económicas, etc.), lo que al mismo tiempo produce que las consecuencias de estos se multipliquen y ramifiquen, produciendo una especie de “efecto torbellino”, como lo explicaron los camaradas de la CCI en su texto “Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad”4. En síntesis, todos los horrores del capitalismo se están entrelazando y dejando una ola de destrucción y muerte a su paso, la burguesía impotente no puede hacer nada al respecto y toda la humanidad sufre las consecuencias, principalmente el proletariado que representa a gran parte de esta.
Esta dinámica hacia la destrucción del planeta y de la humanidad tiene como raíz la acumulación capitalista que es quien dirige toda la sociedad, y es una fuerza descontrolada que no tiene respeto a nada ni nadie. Este hundimiento nunca se podrá detener luchando en el marco de “hacer verde el planeta”, pedir la paz, “humanizar el capitalismo”, “respetar los derechos humanos”, “la libertad de los pueblos”. Todas esas reivindicaciones lo que hacen es reforzar al capitalismo y por tanto reforzar su marcha hacia la destrucción. Solamente la lucha de clase del proletariado, su generalización y unificación internacional, podrá detener ese curso infernal. Lo único que puede salvar al mundo del apocalipsis de la crisis ecológica es el proletariado internacional y su revolución comunista mundial, cualquier otra forma es solo un engaño para salvar al capitalismo terrorista.
Rodrix
1 https://www.biobiochile.cl/noticias/nacional/chile/2023/02/06/balance-por-incendios-forestales-26-muertos-3-276-damnificados-y-1-156-viviendas-destruidas.shtml [1075]
2 https://cnnespanol.cnn.com/2022/12/23/chile-decreta-estado-de-catastrofe-por-incendios-forestales-en-valparaiso/ [1076]
3 Ver las Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
4 https://es.internationalism.org/content/4897/los-anos-20-del-siglo-xxi-la-aceleracion-de-la-descomposicion-capitalista-plantea [1067]
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El 19 de enero, más de un millón de trabajadores salimos a la calle para movilizarnos contra la nueva reforma de las pensiones. El Gobierno afirma que este enfado se debe a una "falta de explicación", a una "falta de pedagogía" por su parte. ¡Pero lo hemos entendido muy bien! Con esta enésima reforma, el objetivo es claro: explotarnos cada vez más y recortar las pensiones de todos aquellos que, por despido o enfermedad, no podrán terminar sus años de servicio. Trabajar hasta la extenuación por una pensión miserable, eso es lo que nos espera.
Pero TODO TIENE UN LIMITE, Ça suffit ¡YA BASTA! Esta expresión se utilizó tan a menudo en las marchas que saltó a los titulares de la prensa. Es casi palabra por palabra la misma frase que los huelguistas llevan meses utilizando en el Reino Unido: Enough is Enough "Basta ya". Y no es casualidad. El vínculo que nos une es evidente: la misma degradación de nuestras condiciones de vida y de trabajo, los mismos ataques, la misma inflación y la misma combatividad creciente. SIIII "ya basta". La reforma de las pensiones, los precios disparados, el ritmo infernal, la falta de personal, los salarios miserables... y qué decir de la nueva reforma del seguro de desempleo, ¡una medida repugnante que reduce la duración de las indemnizaciones en un 25% y permitirá dar de baja a los beneficiarios a voluntad! Y todo para que luzcan las estadísticas y hacer creer las mentiras sobre la "reducción del desempleo".
Al ser más de un millón en las calles hace diez días, quizás aún más hoy, en este 31 de enero, la clase obrera demuestra una vez más lo que hace su fuerza: su capacidad de entrar masivamente en lucha.
Desempleados, jubilados, jóvenes futuros obreros, empleados, de todos los oficios, de todos los sectores, del sector público o del privado, los explotados forman una misma clase animada por un mismo sentimiento de solidaridad: ¡Uno para todos, todos para uno!
Desde hace meses hay pequeñas huelgas por toda Francia, en fábricas y oficinas. Su multiplicación refleja el nivel de ira en las filas de la clase trabajadora. Pero al estar aisladas unas de otras, estas huelgas son impotentes; agotan a los más combativos en luchas sin esperanza. Las huelgas corporativistas y sectoriales sólo conducen a la derrota de todos, cada uno pierde en su rincón, uno tras otro TODOS SOMOS DERROTADOS. La organización de luchas corporativistas y sectoriales no es más que la encarnación moderna del viejo adagio de las clases dominantes: "Divide y vencerás".
Frente a esta fragmentación, bajo el impacto de los ataques constantes a nuestras condiciones de vida y de trabajo, sentimos cada vez más que tenemos que romper este aislamiento, que estamos todos en el mismo barco, que tenemos que luchar juntos. El 19 de enero, con más de un millón de personas en las calles, unidas, no sólo había alegría, sino también cierto orgullo de vivir la solidaridad obrera.
Con más de un millón de personas en las calles, el ambiente está cargado de nuevos ánimos. Existe la esperanza de poder ganar, de hacer retroceder al gobierno, de hacerle doblegarse bajo el peso de las cifras. Es cierto, sólo la lucha puede frenar los ataques. Pero ¿es suficiente ser numeroso?
En 2019 también nos movilizamos masivamente y se aprobó la reforma de las pensiones. En 2010, contra lo que se suponía que iba a ser la última reforma de las pensiones, ¡realizamos catorce días de acción! ¡Nueve meses de lucha! Estas marchas reunieron a millones de manifestantes varias veces seguidas. ¿Para qué? La reforma de las pensiones nos la impusieron. Sin embargo, en 2006, tras sólo unas semanas de movilización, el Gobierno retiró su Contrato de Primer Empleo (el CPE por sus siglas en francés). ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia entre los movimientos de 2010 y 2019 y el movimiento de 2006? ¿Qué asustó a la burguesía en 2006, hasta el punto de hacerla retroceder tan rápidamente?
En 2010 y 2019, éramos muchos, estábamos decididos, pero no estábamos unidos. Puede que fuéramos millones, pero estábamos unos al lado de otros. Las manifestaciones consistían en venir con los compañeros, marchar con los compañeros bajo el ruido ensordecedor de los equipos de sonido y marcharse con los compañeros. Ni asamblea, ni debate, ni reunión real. Estas manifestaciones se redujeron a la expresión de una simple protesta.
En 2006, los estudiantes precarios habían organizado asambleas generales masivas en las universidades, abiertas a trabajadores, parados y pensionistas, y habían lanzado un lema unificador: la lucha contra la precarización y el paro. Estas Asambleas Generales eran el pulmón del movimiento, donde se celebraban los debates y se tomaban las decisiones. El resultado: cada fin de semana, las manifestaciones reunían a más y más sectores. Asalariados y jubilados se unieron a los estudiantes, bajo el lema "Alacenas jóvenes, picatostes viejos, toda la misma ensalada". La burguesía francesa y el gobierno, ante esta tendencia a la unificación del movimiento, no tuvieron más remedio que retirar su CPE.
La gran diferencia entre estos movimientos es, por tanto, ¡la cuestión de que los propios trabajadores se hagan cargo de las luchas!
En las manifestaciones actuales, la referencia a mayo del 68 surge con regularidad. Este movimiento ha dejado una huella extraordinaria en la memoria de los trabajadores. Y precisamente, en 1968, el proletariado en Francia se unió tomando sus luchas en sus propias manos. Tras las grandes manifestaciones del 13 de mayo para protestar contra la represión policial sufrida por los estudiantes, los paros y las asambleas generales se extendieron como la pólvora por las fábricas y todos los centros de trabajo para desembocar, con 9 millones de huelguistas, en la mayor huelga de la historia del movimiento obrero internacional. Muy a menudo, esta dinámica de extensión y de unidad se había desarrollado fuera de los sindicatos y muchos trabajadores habían roto su carnet sindical tras los acuerdos de Grenelle del 27 de mayo entre los sindicatos y la patronal, acuerdos que habían enterrado el movimiento.
Hoy, asalariados, parados, jubilados, estudiantes precarios, seguimos sin confiar en nosotros mismos, en nuestra fuerza colectiva, para atrevernos a tomar nuestras luchas en nuestras manos. Pero no hay otra manera. Todas las "acciones" propuestas por los sindicatos conducen a la derrota. Sólo la reunión en asambleas generales abiertas y masivas, autónomas, que decidan realmente sobre la conducción del movimiento, puede constituir la base de una lucha unida, llevada por la solidaridad entre todos los sectores, todas las generaciones. Unas Asambleas Generales en las que nos sintamos unidos y confiados en nuestra fuerza colectiva.
No hay que hacerse ilusiones, la historia lo ha demostrado mil veces: hoy los sindicatos hacen gala de su "unidad" y llaman a la movilización general, mañana se opondrán para dividirnos mejor y desmovilizarnos mejor. De hecho, ya han empezado:
- Por un lado, los sindicatos calificados de "radicales" centran la atención en la necesidad de bloquear la economía del país. En concreto, esto significa que los trabajadores de los sectores más combativos en este momento, como las refinerías o los ferroviarios, se encontrarán encerrados en sus lugares de trabajo, aislados de sus hermanos de clase de los demás sectores, que se verán reducidos a la huelga por poderes. ¡Igual que en 2019!
- Por otro lado, los sindicatos clasificados como "reformistas" ya se preparan para la desunión repitiendo "No estamos en contra de la reforma de las pensiones. No somos inconscientes. Sabemos muy bien que tenemos que mantener un sistema de equilibrio financiero en este régimen de pensiones por distribución. (...) Sin embargo, no queremos una reforma que sea injusta. (Geoffrey Caillon, coordinador de CFDT TotalEnergies). Y piden al Gobierno que "escuche" el descontento y negocie. En otras palabras, el Gobierno y los sindicatos ya llevan tiempo planeando ajustes de la reforma para que la píldora acabemos tragándola. ¡Igual que en 2019!
La reforma de las pensiones se hace en nombre del equilibrio presupuestario, la justicia y el futuro. El 20 de enero, Macron anunció a bombo y platillo un presupuesto militar récord de ¡400.000 millones de euros! Esta es la realidad del futuro prometido por la burguesía: más guerra y más miseria. El capitalismo es un sistema explotador, global y decadente. Conduce a la humanidad hacia la barbarie y la destrucción. La crisis económica, la guerra, el calentamiento global y las pandemias no son fenómenos separados; todos ellos son lacras del mismo sistema moribundo.
Así pues, nuestras luchas actuales no son sólo una reacción a la reforma de las pensiones, ni siquiera a la degradación de nuestras condiciones de vida. Fundamentalmente, son una reacción a la dinámica general del capitalismo. Nuestra solidaridad en la lucha es la antítesis de la competencia a muerte de este sistema dividido en empresas y naciones competidoras. Nuestra solidaridad entre generaciones es la antítesis de la espiral sin futuro y destructiva de este sistema. Nuestra lucha simboliza el rechazo a sacrificarnos en el altar de la economía de guerra. Por eso cada huelga lleva la semilla de la revolución. La lucha de la clase obrera es inmediatamente un cuestionamiento de los fundamentos mismos del capitalismo y de la explotación.
Nuestra lucha actual es prepararnos para las luchas venideras. No habrá tregua. A medida que se sumerge en la crisis económica mundial, en su loca carrera por el beneficio, cada burguesía nacional no dejará de atacar las condiciones de vida y de trabajo del proletariado.
Los trabajadores más combativos y decididos deben reagruparse, discutir, reapropiarse de las lecciones del pasado, para preparar la lucha autónoma de toda la clase obrera. Es una necesidad. Es el único camino posible.
Corriente Comunista Internacional 31-1-23
Agruparse y debatir
Marchar unos detrás de otros y luego volver a nuestros rincones es estéril. Para estar verdaderamente unidos en la lucha, necesitamos reunirnos, debatir y aprender juntos de las luchas presentes y pasadas. Debemos tomar nuestras luchas en nuestras propias manos.
Siempre que sea posible, en el lugar de trabajo o aquí, en las aceras, en las plazas, al final de las manifestaciones, debemos reunirnos y debatir.
Si al leer este folleto compartes este deseo de reflexionar juntos, de organizarte, de tomar las luchas en tus manos, no dudes en venir a nuestro encuentro al final de la manifestación para continuar el debate.
La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores
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Atravesamos un periodo de notable aumento de la combatividad de la clase obrera a nivel internacional. Gran Bretaña y ahora Francia, con la respuesta que se ha encontrado el gobierno de Macron a su reforma de las pensiones1, marcan el camino de una respuesta del proletariado, como reacción a los ataques económicos que la burguesía necesita imponer para hacer frente a una crisis y estancamiento económicos que han sido agravados por la guerra de Ucrania… pero que son anteriores incluso a la pandemia del Covid.
En España se da innegablemente un aumento de la combatividad obrera, que participa de esta tendencia internacional que consideramos la punta del iceberg proletario. No obstante los puntos débiles del movimiento, que comentaremos más a fondo, se hace patente una ruptura de la dinámica anterior de pasividad y reflujo que asentaron las cuarentenas, y que fue reforzada por la intimidación militarista de una guerra a las puertas del centro de Europa. Con nuestra intervención queremos defender el potencial que pueden tener estas luchas , que surgen frente a la descomposición histórica irrefrenable del capitalismo y que se enfrentan a los obstáculos del corporativismo y la lógica sindical.
Informamos en primer lugar de las luchas más recientes o en curso de las que tenemos noticia:
Huelgas en el sector de la limpieza en ciudades de Castilla-La Mancha, Valencia, Islas Baleares, Aragón, Madrid y Canarias.
Huelgas continuas de abogados de oficio y secretarios judiciales.
Huelga de conductores de autobús de Mombus en solidaridad con la de los conductores de Avanza, en el Baix Llobregat.
Huelga de los controladores aéreos del sector privado, en especial en las islas Canarias.
Huelgas de médicos y profesores que coincidieron e hicieron una manifestación conjunta en Cataluña.
Amenazas de huelga en el sector de la informática, con formación de grupos de discusión de descontentos con la firma de un acuerdo por parte de CCOO-UGT que supone un aumento de salario muy por debajo de la inflación. Encabeza la protesta el sindicato CGT.
Huelga indefinida en la panificadora Butrón (Cádiz).
Pero es sin duda el sector sanitario el que encabeza las movilizaciones en intensidad, masividad y persistencia. Es de sobra conocida la difícil situación del personal sanitario, que tras haber realizado un esfuerzo sobrehumano durante la pandemia se ve ante reducciones generalizadas de personal y con ritmos de trabajo incluso aún más agotadores que antes. Tanto en atención primaria como en hospitales la situación se hace insoportable: los médicos tienen que tratar a 50 o 60 pacientes al día, las salas de urgencia se saturan, se mantiene a los pacientes en los pasillos hasta más de 3 días, y en diciembre la situación volvió a empeorar con un rebrote del Covid y una epidemia de enfermedades respiratorias.
Nos sentimos plenamente solidarios con la lucha de estos compañeros que se alzan contra una explotación y unos sufrimientos insoportables, pues no solo se degradan sus condiciones de trabajo, también está en peligro su propia vida, según el Consejo Internacional de Enfermeras entre marzo 2020 y septiembre 2021 habían muerto a causa del COVID 115000 trabajadores de la salud en todo el mundo2
Esta situación desembocó en una serie de huelgas. Comenzó en Madrid, con huelgas que se declararon en octubre, eso sí, de forma escalonada para diferentes categorías: médicos rurales, de atención primaria, de hospitales, conductores de ambulancia, auxiliares… en un marco de un fuerte control por los sindicatos y, en las movilizaciones, por partidos izquierdistas que rápidamente dieron la consigna de la defensa de la “sanidad pública”, la lucha “contra la derecha” y una noción de “extensión” de la lucha que consistía en pedir la “solidaridad” de la ciudadanía madrileña contra el gobierno de Ayuso. El movimiento culminó con una gran manifestación en noviembre3.
Sin embargo, esta maniobra no impidió que la combatividad en el sector siguiera aumentando. Entre diciembre de 2022 y enero de 2023 han seguido estallando nuevas huelgas en los distintos sectores sanitarios, sobre todo atención primaria, con nuevas manifestaciones que alcanzan hasta los 30,000 asistentes. En Castilla-León, en Burgos se manifestaron 11.000 personas, oficialmente. Igualmente, en Salamanca. Y hubo concentraciones en las puertas de los hospitales de casi todas las provincias. Las huelgas se han extendido a otras nueve comunidades autónomas (Andalucía, Valencia, Navarra, Cataluña, Cantabria, Aragón, Extremadura, Galicia y Baleares). Es notorio que haya un gobierno de izquierda en muchas salvo en Cataluña, Galicia y Andalucía.
Es suicida pensar que la burguesía nos deja luchar libremente según nuestros intereses como trabajadores. Al contrario: sus “libertades democráticas” y, sobre todo, la “libertad sindical”, son los instrumentos con los que cuenta para sabotear nuestra lucha y llevarnos a la derrota. Por eso, las huelgas se enfrentan a los mecanismos que pone en marcha la burguesía para quebrar o esterilizar las luchas, y en todo caso, evitar su extensión a otros sectores.
La burguesía siempre es consciente, en un grado u otro, del peligro potencial de la combatividad de los trabajadores. El Estado burgués se apoya sobre tres patas para asaltar por un frente múltiple la conciencia de los trabajadores en lucha, guardando siempre el arma de la represión abierta, que tiene siempre preparada y entrenada dispuesta a intervenir cuando sea necesario.
Históricamente las fracciones más inteligentes de la burguesía siempre han intentado acompañar los ataques, e incluso las situaciones de represión abierta y sangrienta, con concesiones a medias en el terreno económico y/o social con las que intentan “dorar la píldora”, y que muchas veces van orientadas a dividir a los huelguistas. Conceder subidas salariales a una categoría de trabajadores y a otras no, acceder a unos pocos puntos menos exigentes de las reivindicaciones de los huelguistas y exigir la retirada de los otros… este tipo de maniobras por parte de la burguesía y sus organizaciones (en especial los sindicatos) son de sobra conocidos.
Además, en un plano más general y en previsión de respuestas de lucha como las que vemos, el gobierno PSOE-Podemos ha lanzado medidas de “protección social” al igual que han hecho otros de la UE, como la reducción del IVA de los alimentos, ayudas a las personas de menor renta, aumento del SMI, etc. Las medidas anticrisis, tanto aquí como en el resto de Europa y del mundo, no harán sino seguir ahondando en la crisis de deuda y aumentando la explosividad de futuros estancamientos económicos. No solo, como podemos ver, son cada vez más raquíticas y limitadas, sino que a largo plazo este tipo de medidas no hacen sino preparar el camino a futuros ataques. La clase obrera no puede confiar lo más mínimo en su eficacia, por mucho que momentáneamente el gobierno consiga desinflar con ellas la inflación desde un “muy mal” a un “bastante mal”4.
Lo esencial de la respuesta de la burguesía frente a las luchas es intentar fragmentarlas, abortar su potencial político para el conjunto de la clase obrera lo antes posible, mientras al mismo tiempo refuerza el papel de los sindicatos como representantes “legítimos” de los trabajadores en cada conflicto particular.
Los sindicatos conforman el centro de la estrategia de la burguesía para organizar la dispersión total de las luchas. Tanto aquí como en Gran Bretaña, Francia… los sindicatos aprueban huelgas por horas, por tramos horarios, por servicios distintos de una misma empresa. A veces es algo que incluso llega al ridículo, a una lógica de huelgas de una hora para una planta del edificio y de la hora siguiente para la de arriba. ¡Esa forma de marear las fuerzas de los trabajadores no tiene NADA que ver con nuestras necesidades ni con nuestra lucha!
En el sector sanitario, el corporativismo extremo, ya presente tradicionalmente de por sí, es defendido por todos los sindicatos particulares del sector mientras que CCOO-UGT parecen quedarse más en un segundo plano, de momento. Quizás se reserven para aparecer con toda su fuerza cuando la combatividad vaya a más. Hasta ahora, las reivindicaciones y las luchas se resuelven con los médicos separados de las enfermeras y los auxiliares asistenciales, cada uno en su sector particular. El protagonismo sobre el terreno de los diferentes sindicatos corporativos-profesionales, además, permite presentar más cómodamente las movilizaciones desde el punto de vista ciudadanista, de que son cuestiones de “gestión” y de “inversiones”. Y lo que es más absurdo todavía: así se puede justificar mejor una situación en la que se ve a los médicos marchar por separado según pertenezcan a atención primaria, urgencias, sector rural, etc. Marchar por separado significa siempre caer por separado.
La confrontación entre las distintas facciones de la burguesía (derecha-izquierda) se ha servido insistentemente en los medios de comunicación como parte del “conflicto sanitario”, tratándose constantemente a Ayuso y sus constantes insultos a la inteligencia de los huelguistas como prueba de que su inoperante administración se desliza hacia el populismo de derechas al estilo de VOX, y es la culpable de la situación del sistema sanitario en la capital. Una representante del Sindicato de Estudiantes la llegó a llamar “asesina” en uno de los programas de Al Rojo Vivo, el show mediático político de La Sexta, declaraciones como estas a las que nos tiene acostumbrados el trotskismo, que quieren sonar radicales y que están completamente vacías5.
Porque ya sea más de derecha, menos de derecha o de centro o de izquierdas, ¿de qué nos sirve a los trabajadores hacer de chivo expiatorio a un administrador particular de la miseria general con la que el capitalismo nos fuerza a convivir todos los días? Nuestra fuerza reside en la comprensión de que TODOS los gerentes del Estado burgués y de la acumulación de capital, sean del signo que sean, solo sirven un interés de clase opuesto al nuestro. Ya hemos visto como las huelgas de la sanidad se han extendido a muchas comunidades gobernadas por la izquierda. Las crisis, los ataques a nuestras condiciones de vida y los despidos no son responsabilidad particular de una u otra organización de la burguesía, son los estertores de agonía de un sistema capitalista que no tiene nada que ofrecernos en conjunto más que la miseria y la destrucción generalizadas.
La burguesía se aprovecha de las dificultades y debilidades de los trabajadores de la sanidad para mantener su combatividad completamente encerrada e inocular a todos los trabajadores el veneno de una lucha aislada atrapada de lleno en el corporativismo y la empresa:
Los trabajadores de la sanidad son de los más afectados por la división corporativista, con marcadas separaciones entre médicos, enfermeros, auxiliares, conductores, limpieza, etc.
Muchos de ellos, y en especial los médicos, han tenido dificultades históricas para reconocerse como parte de la clase obrera, viéndose a sí mismos más bien como “profesionales” o “clase media”.
Por último, y no por ello menos importante, la lucha por la sanidad es un terreno abonado para el desvío de los impulsos de solidaridad y extensión de la lucha hacia el callejón sin salida de la “lucha por la sanidad pública” o “contra las privatizaciones”. La ideología de que se está prestando un “servicio fundamental para la ciudadanía” y para la estabilidad del Estado del bienestar tiene mucha fuerza entre los trabajadores de la sanidad. Sin duda, el ánimo de ayudar a las personas con problemas de salud, y de sumar un granito de arena al bienestar general de la humanidad, es lo que está detrás de las convicciones honestas y la vocación de los trabajadores sanitarios e investigadores médicos. Pero la prestación sanitaria, en su conjunto y tomada en el plano político e histórico, no tiene nada que ver con eso. El sistema sanitario no es esencialmente más que la forma que tiene el capital de reponer y asegurar las condiciones generales de la reproducción de la fuerza de trabajo. Los hospitales, muy lejos de ser remansos de curación agradables a los sentidos y al reposo (tanto para pacientes como para trabajadores) se asemejan a cadenas de montaje gigantescas en las que se les hace el apaño a las averías orgánicas y a las piezas sueltas de las personas que van entrando, para que vuelvan lo antes posible al circuito de la acumulación de capital. Los obreros de la sanidad, más allá de categorías técnicas y profesionales y de la ideología con las que se las quiera recubrir, se ven reducidos a la categoría de mecánicos del cuerpo humano, que van ajustando a lo largo de la cadena todos los “engranajes” sueltos que pueden a lo largo de un día y a marchas forzadas.
No hay cambios administrativos ni de partidos de gobierno que puedan solucionar lo esencial de esta mecánica. Ya sea bajo administración estatal o privada, esa es la naturaleza histórica que tiene la prestación sanitaria para el capitalismo. En el marco de un mercado mundial saturado y con problemas crónicos de crisis de sobreproducción, la burguesía necesita extraer el máximo de plusvalía posible de una población obrera a la que, si quiere explotar eficientemente, no puede dejar caer en un estado de vulnerabilidad constante a epidemias, lesiones físicas dentro o fuera del trabajo, enfermedades, etc. La descomposición histórica del capitalismo y sus efectos, entre ellos la creciente corrupción e inoperancia de los miembros de la burguesía y su cada vez más desesperado enfoque en el beneficio a corto plazo, hacen que para esta clase sea cada vez más difícil preservar los mecanismos que estabilizan relativamente las condiciones generales de la explotación capitalista. Pero eso no cambia lo fundamental de estos mecanismos: no cambia que la burguesía siga luchando por mantenerlos ni que, por supuesto, los recubra de toda una mitología de garantía de “bienestar humano” y de “servicio fundamental para la vida de los ciudadanos”, para así hacer caer a la clase obrera en su conjunto, y a los trabajadores sanitarios en particular, en trampas ideológicas sobre la naturaleza real del trabajo que se ven forzados a hacer, en cada vez peores condiciones, y sobre su propia naturaleza como explotados y como miembros de una clase mundial de explotados.
Necesitamos reflexionar como clase cuáles son nuestros verdaderos métodos de lucha y la perspectiva que nos une a los que hoy están en huelga en Gran Bretaña y Francia, como desarrollamos en nuestra última hoja internacional en la que llamamos a desarrollar un movimiento unido, masivo y solidario de la clase obrera6.
Estas luchas están rompiendo la dinámica que se había instalado hasta ahora en el estado de ánimo de los obreros, principalmente en Europa, tras el estallido de la pandemia y la implantación de las cuarentenas. Estas últimas representaron y representan un fenómeno que es a la vez producto y acelerador de la descomposición histórica del capitalismo, de su etapa de disolución progresiva, que lleva al conjunto de la humanidad a una encrucijada: o el camino del colapso y la barbarie, a paso lento pero seguro, o el camino de la transformación revolucionaria de la sociedad por parte de la clase obrera, en pos de la comunidad humana universal de la sociedad sin clases que es el comunismo. El capitalismo es la última sociedad de clases posible y lo que ha pasado estos últimos años es solo una pequeña muestra de lo único que puede ofrecernos: guerras y escaladas militaristas cada vez más descontroladas, pandemias, erosión y ataques constantes a las ya mermadas condiciones de vida de los explotados asalariados, de los obreros. Las respuestas de lucha que vemos, aun con las debilidades importantes de los primeros pasos, muestran que va tomando cuerpo un rechazo a esta situación. Una situación dominada por la guerra de Ucrania que tiene una repercusión mundial y que la estamos sufriendo los trabajadores de todo el mundo pues todos los estados multiplican los gastos en armamentos. El gobierno “socialista” de Dinamarca quiso hacer laborable un día festivo para cumplir su compromiso armamentístico con la OTAN, los sindicatos e izquierdistas daneses no tuvieron más remedio que responder con movilizaciones el pasado 5 de febrero para encauzar la combatividad y rabia de los trabajadores ante estas medidas, y el gobierno tuvo que renunciar a llevar adelante su proyecto por esa vía7.
Es testimonio de la barbarie de este sistema que mientras recortan presupuesto en sanidad, educación, prestaciones sociales, los Estados se lancen a una alocada carrera armamentística que supone gastos exorbitantes. En los países donde hay guerra (Ucrania y 52 conflictos esparcidos por el mundo), el Capital sacrifica la vida de los trabajadores, en los países donde hay “paz”, sacrifica sus condiciones de vida.
Por eso vemos que los trabajadores en Gran Bretaña gritan Enough is Enough (¡ya basta!).
Pero no basta con gritar Enough is Enough. Salir a luchar en defensa del salario, contra la lógica de que seamos los proletarios los que tengamos que sacrificar (aún) más de nuestros medios de vida para sufragar los conflictos imperialistas y las crisis del mercado capitalista, es solo el primer paso. En palabras de Marx, si no saliéramos a defendernos de los ataques a nuestras condiciones de vida estaríamos completamente desahuciados para combates mayores. Pero no podemos marchar por separado en procesiones sindicales para luego volver a casa a seguir como si nada. Necesitamos buscarnos entre nosotros, pelear sin descanso para tomar el control de la lucha en nuestras propias manos, es vital romper la cárcel corporativista y la prisión del sector y la empresa, solamente podremos vencer extendiendo y uniendo nuestras luchas, expresándonos como clase, como CLASE OBRERA.
Esta necesidad vital tiene un primer obstáculo evidente: los sindicatos. Antaño organizaciones de la clase obrera hoy día son organismos plenamente integrados en el Estado burgués que solo se dedican a defender el statu quo en cada empresa y a controlar y destrozar la combatividad de clase. Su primera prioridad es reconducir las ansias de lucha y de respuesta de los trabajadores bien a luchas aisladas que llevan a la desmoralización y a la derrota, bien a caminos estériles de negociación corporativa en los que el capitalista siempre gana, imponiendo siempre la “conciliación” (es decir, la aceptación de las bajadas de poder adquisitivo y los ataques, aunque sea “parcialmente”) y haciendo patentes la derrota política y la separación corporativista entre los obreros.
Frente a ese panorama que ofrecen sindicatos y organizaciones izquierdistas de todo tipo y pelaje, los obreros tenemos un arma de la historia de nuestro movimiento: las asambleas de huelga, y en situaciones revolucionarias los consejos obreros, formados por delegados elegibles y revocables en todo momento por los trabajadores. Si toda esta combatividad que se está desarrollando en las filas de la clase trabajadora por toda Europa y más allá puede fructificar en algo realmente valioso, no es solo en el rechazo de la lógica de destrucción y miseria que hasta ahora ha estado imponiendo el capitalismo, sino en la comprensión política activa de que todos los que formamos parte del proletariado, de la clase de los que solo tenemos nuestra fuerza de trabajo para sobrevivir, formamos parte de una clase internacional. Una clase internacional con intereses históricos comunes que guarda en su seno el potencial de una revolución completa de la sociedad y de sus relaciones de producción, de su organización verdaderamente consciente en una sociedad sin clases que, lejos de ser una utopía, es una necesidad frente al callejón sin salida del capitalismo.
Gauta y C.Mir 26-02-2023
1 https://es.internationalism.org/content/4913/movimiento-contra-la-reforma-de-las-pensiones-ser-muchos-no-basta-hemos-de-tomar [1079]
2 https://www.icn.ch/es/noticias/el-cie-afirma-que-la-muerte-de-115-000-tr... [1080]
3 Véase el artículo con el que intervenimos en la manifestación: https://es.internationalism.org/content/4882/ante-los-ataques-los-trabajadores-de-la-sanidad-lucha-de-clases-o-confrontacion [1081]
4 Se trata de medidas demagógicas, tan publicitadas como limitado es su alcance: https://es.internationalism.org/content/4625/los-gobiernos-de-izquierda-en-defensa-de-la-explotacion-capitalista-iii-la-trampa-esta [458]
5 https://es.internationalism.org/content/4883/el-trotskismo-defiende-el-capitalismo-y-la-guerra-con-argumentos-revolucionarios [1082]
6 https://es.internationalism.org/content/4907/como-desarrollar-un-movimiento-unido-masivo-y-solidario [1071]
7 https://peoplesdispatch.org/2023/02/08/danish-working-class-opposes-governments-bid-to-abolish-public-holiday-to-raise-money-for-arms/ [1083]
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Publicamos aquí una declaración de varios camaradas de Turquía sobre el terremoto que ha devastado esa región, junto con partes de Siria. Queremos saludar la rápida respuesta de estos camaradas a un acontecimiento tan terrible, que según cifras oficiales se ha cobrado más de 21,000 vidas. Es casi seguro que se reconocerán muchas más, incluyendo las de los que sobrevivieron a los momentos iniciales del terremoto pero que se enfrentan ahora al hambre, el frío y las enfermedades. Tal y como afirman los camaradas en su declaración, este desastre “natural” ha llegado a ser tan devastador por culpa de las exigencias inhumanas de la competencia y el beneficio capitalistas, que obligan a la gente a vivir en viviendas débiles y totalmente inadaptadas. Los efectos particularmente catastróficos de este terremoto ilustran bien el desprecio que siente la burguesía por las vidas y el sufrimiento de la clase obrera, de los oprimidos de nuestro tiempo, en un periodo en el que el modo de producción capitalista se está descomponiendo en todos sus aspectos. Ciertamente, el hecho de que este desastre haya tenido lugar en el corazón de una región azotada por la guerra imperialista ha agravado considerablemente su impacto. El epicentro del seísmo fue Maraş, en la región de mayoría kurda que lleva largo tiempo sometida a los vaivenes del conflicto entre el Estado turco y los nacionalistas kurdos. En el norte de Siria, un gran número de víctimas son refugiados que intentaban huir de la contienda asesina que sigue librándose allí, y que ya estaban viviendo en unas condiciones infernales acentuadas por el bombardeo deliberado de hospitales, como los que el régimen de Assad ha llevado a cabo en ciudades como Aleppo. La confrontación aún en curso entre facciones capitalistas de la región añadirá aún más obstáculos, políticos y materiales, a los ya mermados esfuerzos de rescate.
Todavía no podemos saber hasta qué punto han llegado los efectos destructivos del terremoto que ha tenido lugar en Maraş el 6 de febrero de 2023, que afectó a su vez a las provincias adyacentes y a Siria. Los medios de comunicación ya han informado de la destrucción de más de diez mil edificios, de que se esperan encontrar millares de muertos bajo los escombros y de que hay decenas de miles de heridos. La comunicación con algunas ciudades está cortada desde hace dos días. Carreteras, puentes y aeropuertos han sido alcanzados por la destrucción. Se informa de un incendio que ha tenido lugar el puerto de İskenderun (Alejandreta) y de que se han cortado las tomas de electricidad, agua y gas natural en muchas zonas. Los que han sobrevivido al terremoto se enfrentan ahora al hambre y el frío de un duro invierno. Hay también noticias preocupantes de las partes de Siria que se han visto afectadas por el terremoto y que ahora están bajo ocupación turca.
La sucesión de dos grandes terremotos no es nada habitual. Sin embargo, al contrario de lo que afirman la clase dominante y sus partidos, esto no significa que la destrucción que han causado sea la que se podía esperar. Los llamamientos vomitivos a la “unidad nacional” por parte de los partidos burgueses, tanto en el gobierno como en la oposición, no pueden ocultar lo que todos sabemos ya: el capitalismo y su Estado son los principales culpables de esta devastación.
1- Sabemos que el proletariado, como clase, pondrá en acción toda su solidaridad para con los que se han quedado sin hogar, los heridos y los que han perdido a familiares en las zonas afectadas. Cientos de mineros se han ofrecido ya voluntarios para participar en las operaciones de búsqueda y rescate de las víctimas del terremoto. Por todo el mundo se suceden las muestras de solidaridad de trabajadores y equipos de rescate para ayudar a los supervivientes. Esta solidaridad, una de las mejores armas del proletariado, es una necesidad vital. Los proletarios no pueden confiar en nadie más que en los miembros de su clase. Solo podemos lograr nuestra emancipación con las fuerzas de nuestra propia clase, con nuestra unidad, no con la de la clase dominante y su Estado.
2- Las experiencias pasadas de terremotos en Turquía son prueba de los efectos letales y destructivos del crecimiento urbano que ha estimulado la reproducción social del capital. Esa es la única razón de que se levanten estructuras que no pueden resistir un terremoto, de que se amontone a la gente en bloques de pisos y ciudades con alta densidad de población en zonas vulnerables a seísmos: es la mejor forma de satisfacer la necesidad del capital de disponer de una fuerza de trabajo abundante y barata. Transcurridos 20 años desde los terremotos de Gölcük y Düzce (en la región del Mármara), este desastre vuelve a mostrar la superficialidad de todas las “medidas” que ha tomado el Estado y de las lágrimas de cocodrilo que vierte la clase dominante. Este desastre y los efectos que ha tenido son la prueba sangrante de que la principal razón de existir del Estado no es la de proteger a las poblaciones pobres y al proletariado, sino la de proteger los intereses del capital nacional.
3- ¿Por qué no organiza el capitalismo infraestructuras permanentes y sólidas, incluso cuando se dan desastres que destruyen de forma regular y sistemática su infraestructura de producción? Porque bajo el capitalismo todos los edificios, carreteras, presas, puertos, en definitiva toda la inversión en infraestructura en general, no se organiza pensando a largo plazo ni teniendo en cuenta las necesidades humanas. En el capitalismo todas estas inversiones, ya las controle el Estado o una empresa privada, se hacen por beneficio y para la continuación del sistema del trabajo asalariado. Se estruja a poblaciones enteras en ciudades inhabitables. Incluso sin tener en cuenta los terremotos, se llenan regiones urbanas y rurales enteras con edificios de cemento insalubres que pueden durar a lo sumo un siglo. En los últimos 40 años, los terribles planes de urbanización del capitalismo han convertido pueblos y ciudades enteros en tumbas de cemento, a lo largo y ancho de toda la geografía de Turquía. El sistema capitalista, basado en la producción de plusvalor, solo puede sostenerse empleando tanto trabajo vivo como sea posible, es decir, proletarios, y manteniendo al mínimo las inversiones en capital fijo, es decir, en infraestructuras. En el capitalismo la construcción es una actividad continua; la estabilidad del edificio, su armonía con respecto al medio ambiente y su respuesta a las necesidades humanas son totalmente ignoradas. Esta es la norma para el capitalismo occidental más avanzado tanto como para los capitales más débiles de África y Asia. El único objetivo social del capital y sus estados es el de perpetuar la explotación de un número cada vez mayor de proletarios.
4- El orden capitalista no está en posición de proponer soluciones siquiera para reproducir su propio orden de explotación. En la eventualidad de un desastre “natural”, el capital se vuelve tan temerario como impotente. Vemos esta impotencia en su incapacidad incluso para coordinar la acción de las organizaciones de ayuda humanitaria, a su vez bajo el control de otros estados nacionales, y en la incapacidad del Estado para organizar la distribución de la ayuda para emergencias. Vemos esto no solo en países como Turquía, donde un capitalismo en decadencia se ha visto ya profundamente afectado de esta forma, sino también en países del corazón del capitalismo mundial como Alemania, que se vio indefenso ante las inundaciones hace dos años, o en los Estados Unidos, donde carreteras y puentes colapsaban bajo la acción de las inundaciones debido al abandono de la inversión en infraestructura.
5- El hecho de que haya secciones de la burguesía en la oposición que denuncian la “ineficiencia” del Estado para “ayudar” a las víctimas del terremoto, da una perspectiva engañosa de la naturaleza del Estado. El Estado no es una organización asistencial. Es el aparato colectivo de la violencia de una clase explotadora minoritaria. El Estado protege los intereses del capital. Ciertamente, el caos que se ha desatado en la zona afectada por el desastre ha puesto al desnudo la debilidad de la clase dominante, y ha obstruido la reproducción del capital, obligando al Estado a organizar un nivel mínimo de “ayuda”. Pero la cuestión es que parece incapaz de hacerlo incluso a ese nivel mínimo. Cualquiera que sea la forma en la que el Estado intervenga en el desastre, su función principal es activar y reforzar las cadenas al proletariado y competir con otros países capitalistas en aras de los intereses de su propio capital nacional. El Estado es la máquina física e ideológica que asiste a la acumulación de capital, el guardián de las condiciones que empujan a los obreros a vivir en casas que son ataúdes de cemento insalubres, y que les dejan indefensos frente a los desastres.
6- No hay nada “natural” en las epidemias, hambrunas y guerras que hemos visto suceder en los últimos años y cuyos efectos se han sentido a nivel mundial. A pesar de que no se puede predecir el momento exacto en que sucederá un terremoto, las líneas de falla de estos fenómenos y sus posibles magnitudes sí pueden delimitarse con exactitud. El principal responsable de estos desastres es el capitalismo y sus estados nacionales, junto con toda la clase dominante, que organiza la sociedad en torno a la extracción de plusvalía y el trabajo asalariado, todo lo cual intensifica la competencia militarista y nacionalista y amenaza la existencia y el futuro de la humanidad. Mientras continúe la dominación capitalista y la división de la humanidad en clases y estados nacionales, estas catástrofes seguirán ocurriendo, y se volverán cada vez más peligrosas, destructivas y frecuentes. Esta es una indicación clara de la extenuación del capitalismo. A lo largo y ancho del mundo, las clases dominantes empujan a la humanidad a la guerra y el hambre en ciudades horribles e inhabitables, y al camino de una gigantesca crisis climática global.
El terremoto que ha tenido lugar en Maraş es la última prueba, dolorosa y concreta, de que la clase dominante no tiene ningún futuro positivo que ofrecer a la humanidad. Pero esto no debería llevarnos al pesimismo. Nos da esperanza la solidaridad que ha mostrado nuestra clase, y que seguirá mostrando de cara a este desastre. Los desastres tienen los efectos devastadores que tienen no porque sean inevitables, sino porque nuestra clase, el proletariado, no tiene aún la confianza en sí misma que hace falta para cambiar el mundo y salvar a la humanidad del azote del capital. Los recursos de la humanidad y de la Tierra son suficientes como para construir alojamiento y vivienda permanentes y seguros frente a desastres. El camino a este futuro se abrirá una vez el proletariado, la única fuerza que puede movilizar los recursos del mundo para su liberación, desarrolle su confianza en sí mismo y entable una lucha internacional para quitarle el poder a la clase corrupta de los capitalistas.
Un grupo de comunistas internacionalistas de Turquía
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El viernes 2 de diciembre se celebró en París la primera reunión en Francia del comité No war but the class war (NWBCW)1.
La existencia de estos comités no es nueva, tiene más de 30 años. La idea de crear grupos NWBCW surgió por primera vez en el medio anarquista en Inglaterra en respuesta a la primera Guerra del Golfo de 1991. Fue una reacción de rechazo a participar en las movilizaciones de "Stop the war" organizadas por la izquierda del capital, cuya función esencial era desviar el rechazo a la guerra hacia el callejón sin salida del pacifismo. De hecho, el lema No war but the class war hace referencia a una frase pronunciada en el primer episodio de la serie de Ken Loach de 1975 «Days of Hope»2 por un soldado socialista que desertaba del ejército británico en la Primera Guerra Mundial: «No soy pacifista. Lucharé en una guerra, pero lucharé en la única guerra que importa, que es la guerra de clases, que llegará cuando todo esto termine».
A continuación se formaron nuevos grupos de NWBCW ante la guerra en la antigua Yugoslavia en 1993, en Kosovo en 1999 y después cuando las invasiones de Afganistán e Irak en 2001 y 2003.
Siempre que fue posible intervenimos en estos comités, que reagrupaban un medio extremadamente heterogéneo, desde izquierdistas burgueses hasta internacionalistas.
Otro grupo de la Izquierda comunista, la Communist Workers Organisation (CWO), que ahora es la organización en Gran Bretaña de la Tendencia Comunista Internacional (TCI), también intervino en NWBCW a partir de 2001. Inmediatamente la CWO fue más allá, participando activamente en la creación de nuevos grupos, como por ejemplo en Sheffield: «Estamos asistiendo a una importante reanudación de las huelgas, que incluyen a bomberos, ferroviarios y a acciones al margen de los sindicatos en el transporte y los hospitales de Strathclyde. “No war but the class war” nos da la oportunidad de trabajar en todo el país con fuerzas que ven un vínculo entre ambas y quieren vincular la lucha de clases con la resistencia a la guerra imperialista»3.
En cuanto a la CCI, en 2002 escribimos: «nunca pensamos que NWBCW fuera un presagio de la reanudación de la lucha de clases o un movimiento político de clase con una clara identidad al que deberíamos 'integrarnos'. Como mucho, puede ser un punto de referencia para una pequeña minoría que cuestione el militarismo capitalista y las mentiras pacifistas e ideológicas que lo acompañan. Y por eso hemos defendido las posiciones de clase en su seno (aunque limitadas) frente a los ataques reaccionarios de los izquierdistas del tipo Workers Power (en World revolution nº 250) y hemos insistido desde el principio en la importancia de estos grupos como foro de debate, y advertido contra las tendencias a la "acción directa" y al alineamiento de estos grupos con las organizaciones revolucionarias»4.
Por lo tanto, los objetivos de la intervención de la CCI en estos grupos eran los siguientes:
- Clarificar los principios del internacionalismo proletario y la necesidad de una clara decantación frente a la izquierda del capital y el pacifismo ;
- y centrarse en el debate político y la clarificación frente a las tendencias al activismo que, en la práctica, significaban disolverse en manifestaciones pacifistas de "Stop the War".
Veinte años después, ante el estallido de la guerra en Ucrania, estos grupos de NWBCW han resurgido, primero en Glasgow, luego en varias ciudades del Reino Unido y también en otros lugares del mundo. A menudo iniciados por organizaciones anarquistas, también algunos grupos NWBCW han sido promovidos, a veces directamente, por la TCI.
Así que a principios de diciembre fuimos a la reunión del NWBCW. El comité había lanzado un llamamiento auténticamente internacionalista: «Contra la guerra imperialista, ¿qué pueden hacer los revolucionarios? La guerra de Ucrania ha trastocado la situación política mundial al poner cara a cara a Rusia, por un lado, y la OTAN y Estados Unidos, por otro. [...] Como en las dos Guerras Mundiales anteriores, los revolucionarios internacionalistas afirman que hay que oponerse a la guerra imperialista y no ir a sus frentes, sea cual sea el grito de guerra. En la guerra y el nacionalismo, la clase obrera tiene todo que perder y nada que ganar. La única opción real que tiene ante sí es transformar la guerra imperialista en una guerra de clases, construyendo una alternativa basada únicamente en sus propios intereses inmediatos y a más largo plazo. Esta alternativa implica, desde ahora, el rechazo de la economía de guerra y de todos los sacrificios que tendríamos que hacer por ella». Sobre esta base animamos a todos nuestros contactos a venir y participar en esta reunión.
Como preámbulo al debate, el presidium anunció la división del debate en dos partes: primero el análisis de la situación imperialista y después los medios de acción del Comité.
La primera introducción realizada por el presidium para lanzar la discusión, mantuvo claramente este rumbo de internacionalismo sin ambigüedades. También describió la realidad de la barbarie imperialista actual. Y defendió un análisis, que no compartimos, sobre la perspectiva de la generalización de la guerra, de un proceso en curso hacia el enfrentamiento de bloques en una guerra mundial.
Toda la primera parte del debate fue bastante caótica. Algunos participantes se negaron rotundamente a debatir sobre la situación imperialista, rechazaron cualquier esfuerzo de análisis por considerarlo una pérdida de tiempo y pidieron que se actuara "aquí y ahora". Se burlaron de cualquier intervención considerada "teórica", se rieron de la edad de los ponentes, estallaron en carcajadas ante la mención de referencias históricas del siglo pasado, cortaron la palabra e intervinieron avasallando a los demás. El presidium tuvo que apelar repetidamente al respeto del debate, sin éxito. Unos cuantos de estos elementos abandonaron la sala durante el debate.
Más allá de la anécdota, este ambiente y las palabras pronunciadas en contra de la "teoría" y a favor de la "acción inmediata", dicen mucho sobre la composición de la reunión, sobre quién respondió a la llamada del comité y por qué. El texto de la convocatoria terminaba así: «¡Debatamos juntos la situación, reflexionemos sobre las acciones a emprender para intervenir en común! Todas las iniciativas internacionalistas son buenas para considerarlas y popularizarlas». Como buenas iniciativas a tomar, tuvimos entonces la propuesta de atentar contra la democracia (¿cómo? Misterio...), de manifestarse frente a la embajada rusa, de apoyar económicamente a los que resisten en Ucrania, acoger a desertores rusos...
Por eso, en nuestra primera intervención, nos tomamos a pecho defender que :
- la guerra en Ucrania es de naturaleza totalmente imperialista. La clase obrera no debe apoyar a ningún bando en esta carnicería de la que es la principal víctima;
- el actual período de guerras imperialistas del capitalismo, materializado por la guerra en Ucrania, nos acerca a la extinción de la humanidad;
- sólo la superación del capitalismo puede acabar con las guerras imperialistas;
- Por eso es peligroso caer en el activismo, es ilusorio creer que la situación puede cambiar por la acción espectacular de un puñado de individuos;
- Por consiguiente, sólo la acción consciente y organizada de las masas trabajadoras puede poner fin a la barbarie capitalista. Se trata, pues, de que los revolucionarios participen en este largo proceso, contribuyendo al desarrollo de la conciencia de clase, sabiendo extraer las lecciones de la historia.
Sin duda, esta defensa a ultranza del internacionalismo y del papel de los revolucionarios no habrá sido suficiente. Al contrario, lo que se desprendió sobre todo de esta primera parte del debate fue la confusión, el debilitamiento de la defensa del internacionalismo. Porque al activismo, al llamamiento a la resistencia, se añadió una intervención a favor de la posibilidad de la lucha obrera por la independencia ucraniana. El representante del grupo trotskista "Materia y Revolución" defendió esta tesis clásica de la extrema izquierda. Lejos de provocar una reacción firme del presidium, no hubo ni siquiera un comentario. Fue necesaria la intervención de un participante de la sala para denunciar esta posición nacionalista y preguntar por qué el comité había invitado directamente a este grupo trotskista. En respuesta, uno de los miembros del presidium, el militante de la TCI responsable de la invitación, puso mala cara y afirmó que no, que "Matière et Révolution" no era estrictamente trotskista. Esto llevó al activista a gritar: «¡Ah, sí, claro que soy trotskista!»Una situación de lo más cómica.
Hay que recordar que el llamamiento de la TCI en el origen de la aparición de estos nuevos comités del NWBCW, afirma en su punto 11 que esta «iniciativa internacional [... ofrece una brújula política para los revolucionarios de diferentes orígenes que rechazan todas las políticas socialdemócratas, trotskistas y estalinistas que consisten, bien en alinearse directamente con uno u otro bando imperialista, o bien en decidir que uno u otro es un "mal menor" que hay que apoyar, o respaldar el pacifismo que rechaza la necesidad de transformar la guerra imperialista en guerra de clases, confundiendo y desarmando así a la clase obrera para que no emprenda su propia lucha».
No podríamos haberlo dicho mejor con respecto a esta famosa "iniciativa internacional". Efectivamente ¡"confunde y desarma a la clase obrera"!
En nuestra primera intervención, también empezamos a exponer nuestro principal desacuerdo con la iniciativa NWBCW. Como en 1991, 1993, 1999, 2001, 2003..., existe la ilusión de que, frente a la guerra, puede nacer, e incluso está naciendo, una reacción masiva de la clase obrera, reacción de la que estos comités serían de alguna manera la expresión o las primicias. En apoyo de esta tesis, se destaca cada una de las huelgas actuales. Pero esto es ponerlo todo patas arriba.
A principios de los años 90 y 2000, la combatividad de la clase obrera era débil. Sin embargo hubo una verdadera reflexión frente a la barbarie imperialista en la que estaban directamente comprometidas las grandes potencias democráticas. Por eso, las fracciones de la izquierda del capital habían contraatacado organizando grandes manifestaciones pacifistas por toda Europa y Estados Unidos. Al oponerse a esta trampa, a este callejón sin salida encarnado en la consigna "¡Stop the war!", los comités NWBCW, más allá de todas sus confusiones, representaban al menos cierto movimiento de elementos que buscaban una alternativa internacionalista al izquierdismo y al pacifismo. Era este esfuerzo el que la CCI trataba de llevar lo más lejos posible interviniendo en estos comités, cuando la TCI se hacía ilusiones sobre el potencial de la clase y de los comités, y creía poder extender su influencia sobre el proletariado a través de estos grupos.
Hoy, la cólera social aumenta, la combatividad de la clase crece. Las huelgas que no han parado desde junio de 2022 en el Reino Unido son la expresión más clara de la dinámica actual de nuestra clase a escala internacional. Pero la fuerza motriz de estas luchas no es la reacción de los trabajadores a la guerra. Lo que provoca estas huelgas es la crisis económica, el deterioro de las condiciones de vida, la subida de los precios y los salarios de miseria. Es innegable que, a través de estas luchas, la clase obrera rechaza, de hecho, los sacrificios que la burguesía impone en nombre del "apoyo a Ucrania y a su pueblo"; y este rechazo demuestra que nuestra clase no está alistada, que precisamente no está dispuesta a aceptar la marcha generalizada hacia la guerra; pero aún no establece conscientemente todos estos vínculos.
Concretamente, ¿qué implica la realidad de esta dinámica? Para comprenderlo, basta con ver lo que ocurrió en París durante esta primera reunión de la NWBCW.
Este grupo, de "comité" solo tiene el nombre. En realidad, fue la TCI quien creó este grupo, apoyada por un grupo parásito llamado GIGC. En la sala había casi exclusivamente representantes de grupos políticos y algunas personas politizadas que gravitan en torno a estos dos grupos. La CNT-AIT de París, Robin Goodfellow, Matière et révolution, la Asap, y algunos individuos, unos procedentes del movimiento autónomo, otros de la CGT o del sindicalismo revolucionario. Así pues, sin ningún orden en particular, militantes trotskistas, anarquistas, autonomistas, estalinistas y de la izquierda comunista... El propio GIGC escribe: «En cuanto se lanzó el llamamiento de la TCI, sus miembros en Francia y nosotros constituimos un comité cuyas primeras intervenciones tuvieron lugar, por medio de octavillas, durante las manifestaciones del pasado mes de junio en París y en algunas ciudades de provincia»5. Se trata, pues, de una creación totalmente artificial, realmente fuera de la realidad. Un comité es algo totalmente distinto.
En 1989, escribíamos: «El período que vivimos hoy ve surgir, aquí y allá, en el seno de la clase obrera, comités de lucha. Este fenómeno comenzó a desarrollarse en Francia a principios de 1988 (tras la gran lucha en la SNCF). Desde entonces, se han formado varios comités que reúnen a trabajadores combativos en diferentes sectores (PTT, EDF, Educación, Sanidad, Seguridad Social, etc.) e incluso, y cada vez más, de forma intersectorial.
Signo del desarrollo general de la lucha de clases y de la maduración de la conciencia que engendra, estos comités corresponden a una necesidad (sentida cada vez más ampliamente entre los trabajadores) de reagruparse para reflexionar (sacar lecciones de las luchas obreras pasadas) y actuar (participar en cualquier lucha que surja) juntos, en su propio terreno de clase, fuera del marco impuesto por la burguesía (partidos de izquierda, grupos de izquierda y sobre todo los sindicatos).
Es un comité de este tipo (el "Comité para la extensión de las luchas" que reúne a trabajadores de diferentes sctores de la función pública y en el que interviene regularmente la CCI) el que intervino en varias ocasiones en el movimiento de luchas del otoño de 1988».
En ese momento había vida y experiencia concreta de la clase. Evidentemente, una organización revolucionaria debe fomentar la creación de estos comités, implicarse en ellos, empujar en su seno para desarrollar la organización y la conciencia de clase, pero no puede crearlos artificialmente, sin ningún vínculo con la realidad de la dinámica de clase.
Hoy en día, hay que vigilar la situación social. La cuestión de la guerra no es el punto de partida, la base sobre la que la clase obrera se moviliza, ni se reúne en comités de lucha; pero es bastante concebible que madure la posibilidad de la formación de círculos de discusión o comités de lucha, dado el desarrollo en curso de la combatividad de la clase obrera frente al agravamiento de la crisis económica y su ristra de ataques a las condiciones de vida. Y entonces, establecer el vínculo con la guerra, defender el internacionalismo, será responsabilidad de los revolucionarios.
Además, esto es lo que ya están haciendo todos los grupos de la Izquierda Comunista a través de la distribución de su prensa y sus posibles panfletos. Esta voz llegaría más lejos, tendría un significado histórico mucho más profundo, si todos estos grupos formaran un coro, llevando juntos un único llamamiento internacionalista.
Mientras que el Instituto Onorato Damen, Internationalist Voice y la CCI supieron ver que, más allá de sus desacuerdos, eran portadores de una misma herencia internacionalista que defender y difundir, la TCI, Rechazando tal enfoque en el seno de la Izquierda comunista, prefiere en cambio crear con la oficina parasitaria del GIGC, cascarones vacíos en Toronto, Montreal, París... llamándolos "comités". Prefiere reagruparse con grupos trotskistas, autónomos, anarquistas que defienden la resistencia y pretender que se trata de una ampliación de la base internacionalista en la clase.
El mismo error repetido una y otra vez desde 1991. Marx escribió que la historia se repite, "la primera vez como tragedia, la segunda como farsa". Además, en la sala, un participante preguntó tres veces cuál era la valoración del comité sobre la experiencia del NWBCW desde 1991. La respuesta del miembro del Presidium del TCI fue muy reveladora: «No hay necesidad de tal revisión. Es como las huelgas, que pueden fracasar y eso no debe impedir que se repitan». Evidentemente, los revolucionarios, como toda la clase, deben hacer exactamente lo contrario: debatir siempre para aprender de los fracasos del pasado. «La autocrítica, una autocrítica despiadada, cruel, que va al fondo de las cosas, es el aire y la luz sin los cuales el movimiento proletario no puede vivir» decía Rosa Luxemburg en 19156. Sacar las lecciones de los fracasos de la NWBCW permitiría a la TCI empezar a enfrentarse a sus errores.
Esto es lo que nuestra segunda intervención quiso subrayar y que un participante en la sala malinterpretó, viendo en ello una forma de sectarismo, cuando se trataba de demostrar que la ausencia de principios en este agrupamiento, que de comité no tiene más que el nombre, no sólo empañaba la bandera internacionalista de la izquierda comunista, sino que sembraba la confusión.
Durante esta reunión, el miembro del presidium de la TCI repitió varias veces, para justificar este llamamiento al reagrupamiento sin ningún principio ni fundamento real, que las fuerzas de la izquierda comunista estaban aisladas, reduciéndose, según él, a "cuatro gatos". Por consiguiente, estos comités permitían no estar solo y poder tener influencia en la clase.
Más allá de que se trata de una confesión del más puro oportunismo, "sí, me alío con quien sea y como sea para extender mi influencia", más allá de que esta "influencia" es ilusoria, estas palabras revelan sobre todo la verdadera motivación de la creación de estos comités por parte de la TCI: utilizarlos como instrumento, como "intermediario" entre ella misma y la clase. Este ya era el caso en 2001, cuando se unió a los comités del NWBCW en Gran Bretaña. Ya en diciembre de 2001, escribimos un artículo titulado "En defensa de los grupos de discusión"7, para oponernos a la idea desarrollada por el Partito comunista internazionalista (hoy grupo italiano de la TCI), y retomada más tarde por la CWO, de "grupos de fábrica", definidos como "instrumentos del partido" para implantarse en la clase e incluso para "organizar" sus luchas8. Pensamos que se trata de una regresión hacia la noción de células de fábrica como base de la organización política, defendida por la Internacional Comunista en la fase de la "bolchevización" en los años 20, y a la que se opuso firmemente la Izquierda Comunista de Italia. La reciente transformación de esta idea de grupos fabriles en un llamamiento a la constitución de grupos territoriales, y luego de grupos antibelicistas, cambió la forma, pero no realmente el contenido. La idea de la CWO de que NWBCW podría convertirse en un centro organizado de resistencia de clase contra la guerra contiene una cierta incomprensión de cómo se desarrolla la conciencia de clase en el periodo de decadencia capitalista.
Por supuesto, junto a la organización política propiamente dicha, hay una tendencia a la aparición de grupos más informales, que se forman tanto en las luchas en los lugares de trabajo como en oposición a la guerra capitalista, pero tales grupos, que no pertenecen a la organización política comunista, siguen siendo expresiones de una minoría que busca clarificarse y difundir esta clarificación en la clase, y no pueden sustituir o pretender ser los organizadores de movimientos más amplios de la clase, punto sobre el cual, en nuestra opinión, la TCI sigue siendo ambigua.
Sin embargo, la práctica actual de la TCI de crear artificialmente estos comités tiene consecuencias catastróficas. Crea confusión sobre el internacionalismo defendido por la Izquierda Comunista, difumina las fronteras de clase entre los grupos de la Izquierda Comunista y la izquierda del capital y, quizás lo más importante, desvía el pensamiento y la energía de las minorías en búsqueda hacia un callejón sin salida activista.
Todas estas aventuras que acumula la TCI, década tras década, han conducido siempre a la catástrofe de desalentar o desperdiciar el esfuerzo, actualmente inmensamente difícil y valioso, del proletariado por segregar minorías en busca de posiciones de clase.
Por lo tanto, llamamos una vez más públicamente a la TCI a trabajar con todos los demás grupos de la izquierda comunista para levantar juntos la bandera proletaria, defender y mantener viva la tradición de la izquierda comunista.
CCI, 11 de enero de 2023
1 No a ninguna guerra que no sea la guerra de clases
2 «Días de esperanza»
3 «Communism Against the War Drive», disponible en la web de la TCI.
4 «La intervención de los revolucionarios y la guerra en Irak» en World revolution n° 264
5 “Reunión Pública en París del Comité Ninguna guerra menos la guerra de clase”, disponible en el sitio web del GIGC
6 Folleto de Junius 1915
7 World Revolution n.º 250
8 El informe de laTCI de la actividad del comité que ha creado (otra vez con el GIGC) en Montreal es edificante sobre este sujeto
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Argentina en estos momentos es el segundo país con mayor inflación después de Venezuela en la región. Actualmente cierra 2022 con una inflación del 94%, la más alta desde 1991. La guerra en Ucrania1 seguida de la pandemia del covid, está generando efectos brutales en ese sentido, la inflación se manifiesta deteriorando más las condiciones materiales de la clase trabajadora de todos los países. La inflación erosiona el poder adquisitivo de los trabajadores con una fuerte presencia de estancamiento salarial. No es casualidad que el pasado 26 agosto el gobierno argentino oficializó una subida del 21% del salario mínimo, vital y móvil en tres tramos pasando de los actuales 47,850 pesos mensuales (unos 348 dólares) a 57,900 pesos (421 dólares) a partir de noviembre del presente año2.
Ante la crisis capitalista que golpea Argentina, han habido muchas luchas en los últimos meses como la de los trabajadores de neumáticos de las empresas Bridgestone, Fate y Pirelli, que paralizó a la industria automotriz Argentina por varios meses, afectando la producción de dichas fábricas. El pliego de reclamos se dio en torno a aumentos salariales. después de una larga negociación entre el sindicato Sutna3, las empresas y el gobierno, lograron un acuerdo de aumentar el salario a los trabajadores afiliados a la Sutna4. Un incremento salarial que se dará por tramos, además que las empresas se comprometieron a otorgaran un bono extraordinario a cada trabajador de 100 mil pesos.
La burguesía argentina se prepara ante una posible ola de huelgas en diferentes sectores, por eso desplazan sus medidas apoyándose de los sindicatos y gobierno para apagar de inmediato cualquier llama que pueda ser encendida por los trabajadores ante su precarización y los efectos de la inflación ocasionados por la crisis capitalista mundial. Y aunque estas medidas de aumentos salariales por tramos están muy de moda últimamente, no serán suficientes para contener la pérdida del poder adquisitivo que viene ocasionando la inflación en todos los países del mundo incluyendo Argentina.
Como vimos anteriormente con las luchas de los trabajadores de los neumáticos, hay otras luchas que se han venido dando desde antes de la pandemia, pero que han sido sofocados y controlados por los Partidos, sindicatos, piqueteros y el gobierno mostrando como todos ellos actúan de forma coordinada contra los trabajadores.
A inicio del 2022, la agencia de prensa alemana DW dijo: “El presidente de Argentina, Alberto Fernández, anunció este viernes (28.01.2022) que se llegó a un "acuerdo" con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para refinanciar el préstamo de más de 44.000 millones de dólares que el organismo otorgó al país en 2018, cuando gobernaba el liberal Mauricio Macri.”5 Previendo y adelantándose a este anuncio a inicios de enero del 2022, el señor Eduardo Belliboni, dirigente de Polo Obrero y cabeza de la Unidad Piquetera, ya anunciaba que el 2022 será mucho más movido que el 2021.
Pues así ocurrió. “La mayor movilización por reclamos al gobierno de Alberto Fernández”, llamada “marcha federal”, fue preparada por organizaciones y movimientos sociales (Coordinadora por el Cambio Social, Polo Obrero (PO), Movimiento Barrios de Pie (MBP), etc.) nucleados en la Unidad Piquetera. La movilización que partió desde diferentes estados comenzó el 10 de mayo en las ciudades la Quiaca y Ushuaia y culminó el jueves 12 en la capital Buenos Aires.
Las consignas de la convocatoria fueron: “Por trabajo y por salario; contra el hambre y la pobreza”. Eduardo Belliboni, dijo que: “La marcha federal piquetera se está convirtiendo en una marcha del pueblo trabajador contra el ajuste y por sus reivindicaciones. Está uniendo trabajadores desocupados, ocupados y jubilados con importantes sindicatos a la cabeza…se abre un camino de unidad y lucha para el movimiento popular con el inicio de esta gran marcha federal que levanta los reclamos elementales de una clase obrera golpeada por el acuerdo del gobierno con el FMI…Reclamamos por trabajo genuino y un salario equivalente a la canasta familiar que nos permita vivir. Marchamos contra el hambre y la pobreza que alcanza niveles escandalosos en la Argentina”.
La “protesta” “encontró” su pretexto con la decisión del gobierno de no extender el programa “Potenciar Trabajo” a más beneficiarios que en la actualidad son aproximadamente 1,200,000 personas por el cual perciben 19,470 pesos mensuales (equivalente a 166 dólares aproximadamente).
Estas manifestaciones de protestas aparecen cuando algo más evidente se asoma a la realidad argentina. Y es que las distintas facciones burguesas exhiben abiertamente sus pugnas, más aún cuando se aprestan a poner sus fichas en las elecciones legislativas de noviembre. Las facciones burguesas concentradas en el Peronismo dentro de la Casa Rosada se han polarizado en aquellos que continúan apoyando al Kirshnerismo y otros alrededor de Fernández, pugna que lleva años. “La pareja presidencial lleva dos meses sin hablarse y se dispara dardos sin disimulo. Los voceros informales de la expresidenta tratan de usurpador del trono, a Fernández y le recuerdan que está en ese sitio de prestado. “El Gobierno es nuestro”, advirtió, con honestidad brutal, Andrés Larroque, ministro en la provincia de Buenos Aires y hombre fuerte de La Cámpora, la agrupación que lidera Máximo Kirchner, hijo de Cristina. “Nadie es dueño del Gobierno, el Gobierno es del pueblo”, le contestó Fernández, sin usar intermediarios.” A las puertas de estas elecciones de noviembre la pelea por la troncha incrementa las pugnas entre las distintas facciones burguesas: Peronistas, los moderados de centro, los derechistas alrededor de Macri y el surgimiento de un populista psicodélico nacionalista autocalificado de “Libertario”, como Javier Milei, que se presenta como anti: socialista, comunista, peronista, partidos políticos tradicionales, y abiertamente se declara admirador acérrimo de Trump y Bolsonaro.
Ya lo hemos dicho desde hace mucho tiempo sobre el movimiento piquetero: Entre junio y agosto (2005) hemos asistido a la mayor oleada de huelgas desde hace 15 años.” Afirmábamos aquello, porque el proletariado argentino se mostró combativo, luchó en su terreno de clase y mostró una tendencia a reconocerse como proletario encaminándose a adquirir una identidad propia. En ese mismo artículo analizamos y denunciamos cómo estas luchas obreras que se recuperaban con dificultad eran aún muy débiles y fueron eclipsadas por “…un ruidoso e hiper mediatizado enfrentamiento entre las organizaciones piqueteras y el Gobierno.”6
Los piqueteros, movimiento esencialmente conformado por desempleados, tras las luchas interclasistas de finales del 2001, adquirió ribetes de gran notoriedad gracias a los medios de comunicación masivo que los catapultó a la palestra política como los verdaderos portaestandartes de las “luchas justas” del pueblo que busca mejoras en sus condiciones de vida. A esta manipulación por parte del establishment del estado burgués, se sumaron los copartícipes en la mistificación de las luchas obreras, nos referimos a toda esa cromática de grupos izquierdistas: estalinistas, troskistas, maoístas, etc., contribuyendo en darles sustento seudo teórico revolucionario progresista, engañando y confundiendo aún más a estos trabajadores desocupados y a los sectores de la sociedad enormemente empobrecida, llevándolos al callejón sin salida del parlamentarismo, la democracia y las elecciones, apoyando a uno u otro mesías de la burguesía, como fue en su momento con el señor Kirshner7
Desde finales del 2001, año a año, los piqueteros han protagonizado movilizaciones apuntando siempre a exigir mayores recursos económicos para los programas de asistencia social destinados a sobrellevar la precariedad, o fortalecer los programas y políticas sociales que viabilicen trabajos precarios, sin cambiar nada sustancial en las condiciones de vida de los trabajadores.
¿Y qué se ha ganado entonces? Absolutamente nada. Argentina es uno de los peores países de la región en relación a condiciones de vida y salarios. Muchas veces comparado con Venezuela incluso. Los trabajadores sufren los embates de la inflación y la precariedad. La burguesía argentina a través de todo su aparato que incluye las pútridas “organizaciones populares”, somete al conjunto social y en particular a la clase trabajadora a mayores sacrificios. Y para que se facilite esa labor están las organizaciones sindicales, los partidos políticos de la llamada izquierda y toda esa variopinta gama de organizaciones populares que trabajan desde lo ideológico y político introduciendo falsos preceptos e ideas, llevando a los trabajadores suavemente hacia donde la burguesía los quiere tener: parados o sentados gritando contra el FMI, contra el gobierno de turno, defendiendo la democracia y la patria. Llevarlos a votar a las urnas, apostando sus vidas por el Mesías de turno.
Está claro que el FMI es un instrumento del capitalismo, concretamente de los países más fuertes del planeta frente a los más débiles. Sin embargo, la explotación es de todos los capitalistas del mundo sobre todos los trabajadores del mundo. Es decir, en la explotación participa no solo en FMI, el capitalismo norteamericano etc., también participa y de lleno el capital argentino y el Estado argentino.
Es una trampa canallesca presentar una oposición “antimperialista” frente al FMI con lo que se quiere atar al proletariado en Argentina a la nación, al capital argentino, a la defensa de la explotación con el color blanquiazul de la bandera argentina. Las movilizaciones de piqueteros, Polo Obrero, peronistas, sindicatos, presentan elegir VERDUGO entre los capitalistas: o el verdugo FMI o el verdugo Capital argentino “independiente”.
El FMI es un instrumento del Capitalismo, que hace su trabajo, así como el gobierno de los Kirshner, los Fernández, los Macri, como lo fueron todos los gobiernos anteriores, y que sus socios son todos los partidos políticos, desde la derecha hasta la izquierda, incluido todos aquellos que se suman a la corriente populista y sicodélica de Milei, unidos a los sindicatos y a estos últimos: Los piqueteros, con la única finalidad de: ALEJAR AL PROLETARIADO DE SU ENCUENTRO CON SU LUCHA REAL EN SU TERRENO DE CLASE.
Por tanto, es muy claro que este movimiento orquestado por “La Unidad Piquetera”, es un movimiento que juega en contra de los interés de clase del proletariado argentino, todo lo contrario, su actividad hunde en mayores confusiones al proletariado. Sus métodos de lucha no son los métodos de lucha proletaria, su método conduce a diluir al proletariado en la categoría amorfa de pueblo, su método apunta a la defensa de la Nación argentina y a la defensa de la democracia y las elecciones como mecanismo para legitimar el poder, y esa política coincide con todo el programa burgués de las organizaciones izquierdistas, que sustentan el Estado burgués por excelencia.
Finalmente, la burguesía ha utilizado también el fallido atentado contra Cristina Kirchner en un intento de movilizar a la población en torno de la defensa de la democracia y la unidad nacional, a la unidad con sus verdugos. La burguesía viene explotando más su maquinaria ideología contra los trabajadores. Con esta campaña la burguesía continua sembrando más confusión en las mentes de los trabajadores y empujarlos aún más a tomar posición entre un bando de la burguesía. Empujan a los trabajadores al terreno de luchas burguesas.
El proletariado argentino debe luchar contra debe luchar con todas sus fuerzas para liberarse de todas estas trampas ideológicas que defienden y difunden estas organizaciones de programa burgués, en defensa del Estado burgués y el orden capitalista al final de cuentas. La clase obrera en Gran Bretaña está demostrando el camino a seguir en el campo de las luchas de clase, contra la crisis económica, la inflación, la precariedad y la explotación, situaciones que se agudizan en la descomposición capitalista8.
Dédalus.
1 Ver Dossier: Contra la Guerra Imperialista en Ucrania por la Lucha de Clases Internacional https://es.internationalism.org/content/4820/dossier-contra-la-guerra-imperialista-en-ucrania-por-la-lucha-de-clases-internacional [980] .
2https://www.dw.com/es/argentina-subir%C3%A1-un-21-el-salario-m%C3%ADnimo... [1087].
3Sindicato Único De Trabajadores Del Neumatico Argentino.
4 Es escandaloso y una muestra contundente de cómo los sindicatos dividen y enfrentan a los trabajadores que el aumento salarial solo vaya a los trabajadores afiliados al sindicato
5 https://www.dw.com/es/presidente-de-argentina-anuncia-nuevo-acuerdo-crediticio-con-el-fmi/a-60586751 [1088]
6 https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200509/149/oleada-de-l... [1089] argentina-el-proletariado-se-manifiesta-en-su-terreno.
7 https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200601/422/desde-argentina-contribucion-sobre-la-naturaleza-de-clase-del-movimient [304]
8https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109].
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El Gobierno PSOE – Podemos que presume de ser “el gobierno más progresista de la historia” demuestra cada día con sus hechos y decisiones que es TODO LO CONTRARIO: es un agente activo de la dinámica del capitalismo hacia la destrucción de la humanidad.
Su última aportación ha sido el incremento gigantesco de los gastos en armamento, “Nunca un gobierno había invertido tanto en defensa. Un país que tradicionalmente se había situado en el vagón de cola entre los aliados de la OTAN en este tipo de gasto dio el verano pasado, con motivo de la cumbre de la OTAN de Madrid, un giro que el sector empresarial considera histórico. Se avecina una edad dorada para la industria militar nacional y todas las empresas aspiran a multiplicar su cartera de pedidos en la nueva era geopolítica”1.
Los datos son terminantes: “El primer paso se dio en los presupuestos de Defensa de este año, con un compromiso de 14.453 millones de euros, un 23% más que en el 2022. Son 39,5 millones al día o 304 euros por habitante”. Una lluvia de millones se derrama sobre la industria militar en “programas especiales de modernización son el catalizador y Defensa ha activado la compra de cazas, blindados, fragatas y submarinos”.
Mientras el conjunto de los trabajadores nos vemos aplastados por la inflación, la precariedad, el recorte en sanidad, educación y pensiones, los despidos en masa, el Gobierno de la “sensibilidad social” escala a niveles estratosféricos los armamentos y la economía de guerra.
Esto no debe ser ninguna sorpresa conociendo la historia de los Gobiernos de Izquierda en España y en el mundo.
Ver
Los gobiernos de izquierda en defensa de la explotación capitalista
Las tensiones imperialistas que se venían agudizando desde la década pasada, se han agravado brutalmente con la guerra de Ucrania. La orgía de destrucciones, de matanzas, de hambrunas, de barbarie, que allí se da (y en otras 52 zonas del planeta) se ha acompañado con una descomunal carrera armamentística. Todos los gobiernos del mundo, cualquiera que sea su coloración (izquierda, derecha, populista, dictatorial etc.), compiten entre sí para ver quién produce más armas, quién importa más ingenios de la muerte, quién vende más drones, tanques y demás artefactos de destrucción masiva. El gobierno PSOE-Podemos es uno más en esta escalada del asesinato y la aniquilación.
El SIPRI2 proporciona unos datos que ponen los pelos de punta: en Ucrania las importaciones de armas se han multiplicado por 60 en un año, sin embargo, los demás gobiernos que dicen “buscar la paz” han escalado las importaciones de armas en un 285% en Noruega, en un 300% en Holanda, en un 93% en el conjunto de países europeos. “Polonia que pretende poseer el primer ejército europeo entre hoy y 2030: 5% de su PIB dedicado a la defensa. Desde 2018, agárrense, Polonia ha pedido: 1400 tanques, 672 cañones, 278 lanza granadas, 80 aviones, 80 helicópteros…a su proveedor principal: Corea del Sur”. “En Asia, Indonesia, Japón, Corea del Sur, registran un alza espectacular de sus importaciones: más de 60 % para Corea del Sur, 170% para Japón, país que a mediados de diciembre anuncio la duplicación de su presupuesto de defensa. Y eso que el Informe no menciona a los países que producen sus propias armas, piénsese en China que produce cada vez más localmente, 2º presupuesto militar en el mundo”. “En total, los gastos militares en el mundo superan los 2 mil de miles de millones por año (2 billones: 2.000.000.000.000), una cifra vertiginosa, un fenómeno anterior a la guerra de Ucrania. Ni siquiera la pandemia de Covid frenó el fenómeno. La recesión mundial no afectó a la venta de armas. Esta evolución va a acentuarse en los años venideros, con más producción local tanto en China como en Europa” 3
Ver
Militarismo y descomposición
La visión materialista vulgar ve los armamentos como el negocio de las empresas del sector o de los gobiernos exportadores de armas. El gobierno de izquierdas se esfuerza por que veamos el “lado bueno” del asunto. Pedro Sánchez “celebró” que con el programa armamentístico se crearán “1500 nuevos puestos de trabajo en los astilleros de Ferrol, Cartagena y Cádiz”.
Esta falsificación de la realidad nos oculta que la producción de armas no es un MAS para la acumulación capitalista sino un MENOS. La producción de armas solo tiene dos destinos: o destruir o convertirse en chatarra. Es decir, expulsa enormes recursos del ciclo de la economía capitalista. Con ello, la acumulación capitalista se realiza sobre bases más frágiles y empobrecidas.
Y ello tiene consecuencias. Provoca un endeudamiento monumental de los estados y se traduce en una inflación cada vez mayor. La inflación tiene como raíz la gigantesca carga de gastos improductivos (y el armamento es el mayor de ellos) que pesa como una losa sobre la economía capitalista llevándola, como estamos viendo ahora, al doble estrago de inflación por un lado y recesión por el otro, lo que llaman “estanflación”.
Ver
Debate con un lector sobre la guerra de Ucrania y la relación de fuerzas de clase en la situación actual
La producción de armamentos y la economía de guerra agravan la tendencia, que dura ya más de medio siglo, al empobrecimiento de las condiciones de vida de los trabajadores en todo el mundo. Es lo que Marx llamó la pauperización absoluta de la clase obrera, tesis de la cual los economistas burgueses, los sindicalistas y hasta grupos izquierdistas que dicen reclamarse del “marxismo” se han reído a mandíbula batiente. Sus sarcasmos se están desmintiendo de forma acelerada en el mundo y en ese supuesto “oasis de paz y prosperidad” que serían los países centrales (Europa, USA…). Millones de trabajadores lo sufren de forma cotidiana con la precariedad, el desempleo, la inflación, los ritmos de trabajo, la carestía de la vivienda y tantos otros estragos.
Y la guerra es un factor acelerador de esa destrucción de las condiciones de vida. En los países en guerra, como Ucrania, con la aniquilación de la vida, pero en el resto del mundo, con la caída vertiginosa de las condiciones de vida.
Hitler presentaba el esfuerzo de guerra según el dilema “Cañones o Mantequilla”. Su rival Churchill lo traducía en el eslogan “Sangre, sudor y lágrimas”. La producción de guerra absorbe enormes recursos productivos robándolos a la producción de alimentos, a la salud, a la educación. En la manifestación de obreros en huelga en Gran Bretaña del 11 de marzo un cartel decía “Wages not weapons”, Salarios, no armas. En España un trabajador sanitario en huelga decía “lo que se va a la guerra lo quitan a la salud”.
Ver
Tercer Manifiesto Internacional de la CCI
La guerra imperialista y la carrera armamentística no son una tempestad en un cielo azul. Su furia destructiva refuerza otras muchas contradicciones que asaltan el capitalismo mundial: la crisis económica que se agrava con la inflación y la crisis bancaria; la destrucción ecológica; la pandemia que se prolonga con el colapso de los sistemas sanitarios; las hambrunas… Es el polo que lleva a la destrucción de la humanidad y del planeta.
Pero el otro polo, aunque por el momento aún sea muy débil, es el polo de la lucha de clase del proletariado. En Gran Bretaña, en Francia, pero también en Dinamarca, Grecia, Alemania, Portugal, aquí en España, la clase obrera ha vuelto. Su combatividad se despierta y tiende a desarrollarse. Tiene enfrente una burguesía ultra - preparada con los sindicatos a la cabeza, va a pasar por grandes dificultades y arrastrar muchas debilidades, sin embargo, la lucha de clase del proletariado, su generalización y politización, es la única alternativa posible frente el capitalismo en su loca carrera a la destrucción.
En ningún gobierno está la alternativa. El gobierno “social y progresista” PSOE- Podemos lo ha demostrado. La alternativa está en la lucha de clase del proletariado.
Ver
Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad
Hoja internacional de la CCI: Por todas partes la misma pregunta: ¿Cómo desarrollar la lucha? ¿Cómo hacer retroceder a los gobiernos?
C. Mir 19-3-23
1 La industria militar crece al calor de la guerra (lavanguardia.com) [1095]
2 Instituto Internacional de estudios para la paz, con sede en Estocolmo.
3 Fuente : France Inter, 13/03/2023
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Ante el anuncio de la adopción inmediata de la reforma de las pensiones, la reacción fue fulgurante. En toda Francia estalló la cólera. En los centros de las ciudades, trabajadores, pensionistas, parados, jóvenes futuros asalariados, nos reunimos por miles para gritar nuestro rechazo a ser explotados hasta los 64 años, en condiciones de trabajo insoportables, para acabar con una pensión miserable. "Erupción", "rabia", "conflagración" fueron las palabras de la prensa extranjera. Las imágenes de la multitud que crecía hora tras hora en la plaza de la Concordia de París dieron la vuelta al mundo.
El mensaje es claro:
- ¡No aceptaremos más sacrificios!
- ¡No nos doblegaremos más ante las órdenes de la burguesía!
- ¡Volvemos a la lucha!
- ¡Somos la clase obrera!
Desde el principio, algunas figuras políticas, de Hollande a Bayrou, han advertido a Macron sobre el "timing" de la reforma: "no es el momento adecuado", "hay riesgos de fractura social". Y tenían razón.
Este ataque ha provocado un movimiento social de una magnitud no vista desde hace décadas. Las huelgas se multiplican y, sobre todo, las manifestaciones nos reúnen a millones de personas en las calles. Gracias a esta lucha, ¡empezamos a comprender quién es ese "Nosotros"! Una fuerza social, internacional, que lo produce todo y que debe luchar unida y solidaria: ¡la clase obrera! "¡O luchamos juntos o acabaremos durmiendo en la calle!". Esto es lo que se expresó claramente el jueves pasado en la manifestación de apoyo a los basureros de Ivry que la policía vino a desalojar: ¡juntos somos más fuertes!
Y estos reflejos de solidaridad no sólo se dan en Francia. En otros países aumentan las huelgas y los movimientos sociales. En el Reino Unido frente a la inflación, en España frente al hundimiento del sistema sanitario, en Corea del Sur frente a la prolongación de la jornada laboral... en todas partes, la clase obrera se defiende.
En Grecia, hace tres semanas se produjo un accidente de tren: 57 muertos. Obviamente, la burguesía quería culpar a un trabajador. El guardagujas fue encarcelado. Pero la clase obrera comprendió inmediatamente la estafa. Miles de manifestantes salieron a la calle para denunciar la verdadera causa de este accidente mortal: la falta de personal y la ausencia de medios. Desde entonces, la cólera no se ha calmado. Al contrario, la lucha crece y se amplía: con gritos de "no más salarios bajos", "hartazgo". O también: "desde la crisis no podemos trabajar como personas decentes, ¡pero no nos matéis!”.
Nuestro movimiento contra la reforma de las pensiones participa en este desarrollo de la combatividad y de la reflexión de nuestra clase a nivel mundial. Nuestro movimiento demuestra que somos capaces de luchar masivamente y de hacer temblar a la burguesía. Ya todos los especialistas y doctores de la política anuncian que será muy complicado para Macron aprobar nuevas reformas y grandes ataques de aquí al final de su quinquenio.
La burguesía es consciente de este problema. Por eso nos tiende trampas, nos desvía de los métodos de lucha que nos alientan y nos hacen fuertes, tratando de encerrarnos en callejones sin salida.
Desde el anuncio del 49-3, los partidos de izquierda y los sindicatos nos instan a defender la "vida parlamentaria" frente a las maniobras y la "negación de la democracia" de Macron.
Pero décadas de "democracia representativa" han demostrado definitivamente una cosa: desde la derecha a la izquierda, desde los más moderados a los más radicales, una vez en el poder, todos llevan a cabo los mismos ataques e incumplen sus promesas. Peor aún, la convocatoria de nuevas elecciones es la más taimada de las trampas. No tiene otra función que robar al proletariado su fuerza colectiva. Las elecciones nos reducen al estado de "ciudadanos" atomizados frente a la apisonadora de la propaganda burguesa. ¡La cabina electoral tiene un nombre muy apropiado!
Intentan hacernos creer que otro capitalismo es posible, un capitalismo más humano, más justo e incluso, por qué no, más ecológico. Basta con que esté bien gobernado. Eso es mentira. El capitalismo es un sistema de explotación decadente que arrastra poco a poco a toda la humanidad hacia una miseria y una guerra cada vez mayores, hacia la destrucción y el caos. El único programa de la burguesía sea cual sea su color político, sea cual sea la máscara que lleve, ¡es siempre más explotación!
La democracia burguesa es la máscara hipócrita de la dictadura capitalista.
Ante la "sordera" del gobierno, crece la idea de que la única manera de "hacernos oír" es bloquear la economía. Es la comprensión cada vez mayor del papel central de la clase obrera en la sociedad: a través de nuestro trabajo combinado, producimos toda la riqueza. La huelga de los basureros de París lo demuestra claramente: sin su actividad, la ciudad se vuelve inhabitable en pocos días.
Pero la izquierda y los sindicatos están convirtiendo esta idea en un callejón sin salida. Impulsan acciones de bloqueo, cada uno en su empresa, cada uno en su lugar de trabajo. Esto deja a los huelguistas aislados en su rincón, separados de los demás trabajadores, privados de nuestra principal fuerza: la unidad y la solidaridad en la lucha.
En el Reino Unido, los huelguistas llevan casi diez meses reducidos a la impotencia, a pesar de su rabia y determinación, porque están divididos en "piquetes", cada uno bloqueando su centro de trabajo. La derrota histórica de los mineros ingleses durante la lucha de 1984-85 contra Thatcher ya fue el resultado de esta misma trampa: empujados por los sindicatos, habían querido bloquear la economía provocando una escasez de carbón. Habían resistido más de un año y terminaron exhaustos, aplastados y desmoralizados. Su derrota había sido la de toda la clase obrera británica.
Algunos manifestantes empiezan incluso a decir que hay que pasar a modos de acción más duros: "Yo no soy nada violento, pero podemos sentir que hay que hacer algo para que el gobierno reaccione". Cada vez se insiste sobre el ejemplo de los chalecos amarillos. Se extiende una cierta simpatía por las acciones de saqueo de los black-blocks.
Pensar que el Estado burgués y su inmenso aparato represivo (policía, ejército, servicios secretos, etc.) podrían asustarse lo más mínimo quemando contenedores de basura y rompiendo escaparates es ilusorio. No son más que picaduras de mosquito en la piel de un elefante. Por otra parte, todas estas acciones de apariencia "hiperradical" son perfectamente explotadas por la burguesía para quebrar... la fuerza colectiva del movimiento:
- Poniendo de relieve la más mínima ventana rota, los medios de comunicación asustan a toda una parte de los trabajadores que querrían unirse a las manifestaciones.
- Provocando sistemáticamente incidentes, las fuerzas del orden gasean, dispersan e impiden así toda posibilidad de reunión y debate al final de la manifestación.
La acción violenta minoritaria de unos cuantos gamberros es, de hecho, exactamente lo contrario de lo que realmente constituye la fuerza de nuestra clase.
En los últimos días, los periódicos han señalado la posibilidad de un "escenario CPE". En 2006, el gobierno se vio obligado a retirar su Contrat Première Embauche (Contrato Primer Empleo), que iba a sumir a los jóvenes en una precariedad aún mayor. En aquel momento, la burguesía se asustó ante la creciente envergadura de la protesta, que empezaba a ir más allá del movimiento juvenil, de los estudiantes precarios y de los jóvenes trabajadores, para extenderse a otros sectores, con consignas unidas y solidarias: "jóvenes lardons, viejos croutons, ¡todos la misma ensalada!", se leía en las pancartas.
Esta capacidad de extender el movimiento era el resultado de los debates en verdaderas asambleas generales soberanas y abiertas a todos. Estas AG eran los pulmones del movimiento y buscaban constantemente, no encerrarse en las universidades o en los lugares de trabajo con un espíritu de ciudadela sitiada, bloquearlas a toda costa, sino extender la lucha, con delegaciones masivas a las empresas vecinas. ¡Esto es lo que hizo retroceder a la burguesía! ¡Esto es lo que hizo fuerte a nuestro movimiento! ¡Estas son las lecciones que debemos reapropiarnos hoy!
La fuerza de nuestra clase reside en nuestra unidad, en nuestra conciencia de clase, en nuestra capacidad para desarrollar nuestra solidaridad y extender así el movimiento a todos los sectores. Este es el acicate que debe guiar nuestras luchas.
En la lucha, ¡sólo podemos confiar en nosotros mismos! Ni en los políticos, ni en los sindicatos. Es la clase obrera y su lucha la que lleva una alternativa, la del derrocamiento del capitalismo, ¡la de la revolución!
Hoy sigue siendo difícil reunirse en asambleas generales, organizarse. Sin embargo, es la única manera. Estas AG deben ser lugares donde decidamos realmente la dirección del movimiento, donde nos sintamos unidos y confiados en nuestra fuerza colectiva, donde podamos adoptar juntos reivindicaciones cada vez más unificadoras y salir en delegaciones masivas al encuentro de nuestros hermanos y hermanas de clase en las fábricas, hospitales, escuelas, tiendas, administraciones más cercanas.
Hoy o mañana, las luchas continuarán, porque el capitalismo se hunde en la crisis y porque el proletariado no tiene otra opción. Por eso, en todo el mundo, los trabajadores se lanzan a la lucha.
La burguesía continuará sus ataques: inflación, despidos, precariedad, escasez... Frente a este deterioro de las condiciones de vida y de trabajo, la clase obrera internacional retomará cada vez más el camino de la lucha.
Así pues, allí donde podamos, en las calles, después y antes de las manifestaciones, en los piquetes, en los cafés y en los lugares de trabajo, debemos reunirnos, debatir, aprender las lecciones de las luchas pasadas, para desarrollar nuestras luchas actuales y preparar las luchas venideras.
¡El futuro pertenece a la lucha de clases!
Corriente Comunista Internacional, 20 de marzo de 2023
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En numerosas ocasiones, con ocasión de catástrofes climáticas o industriales que causan numerosas víctimas, la CCI ha denunciado sistemáticamente las lágrimas de cocodrilo de los gobiernos, responsables políticos o económicos que invocan siempre la "fatalidad", la mala suerte, los "errores humanos", la "irresponsabilidad" de tal o cual técnico, empleado o estructura local encargada del mantenimiento, o la "imprevisibilidad" de los episodios climáticos...
Cada vez, ante tales catástrofes, inundaciones, gigantescos incendios forestales, el derrumbamiento de un puente, como en Génova, la caída de un teleférico, el hundimiento de una fábrica, un corrimiento de tierras, etc. (y estos trágicos acontecimientos se han acelerado con el paso de los años), la hipocresía y el cinismo desvergonzados de la burguesía no tienen límites. Siempre ha tratado de encontrar un chivo expiatorio ideal, de encontrar una explicación poco convincente para justificar lo injustificable, para hacer olvidar quiénes son los verdaderos culpables: los representantes y defensores de un sistema capitalista decadente y moribundo que en todo el mundo respira muerte por todos sus poros1.
Hoy de nuevo en Grecia, con la catástrofe ferroviaria del choque frontal de dos trenes, el gobierno y las compañías ferroviarias han intentado echar la culpa a un jefe de estación inexperto que cometió un error fatal que él mismo reconoció y asumió.
Pero, a diferencia de otros accidentes igualmente dramáticos, incluso en Grecia con ocasión de los gigantescos incendios de 2018 y 2021 que causaron decenas de muertos, la conmoción, el dolor y la tristeza de la población, ante la muerte de estas 57 víctimas, no se limitaron al recuerdo íntimo, a los homenajes solemnes bajo la égida del Estado burgués, y no se volvieron contra este jefe de estación designado como "culpable" por el gobierno y por el primer ministro Mitsotakis.
Rechazando la "fatalidad", la indignación y la inmensa cólera de la mayor parte de la población, especialmente de la clase obrera, estalló en las calles, en Atenas, en Salónica, en las empresas, en manifestaciones masivas que reunieron a decenas de miles de personas, por huelgas espontáneas entre los ferroviarios, con un llamamiento a parar el trabajo el miércoles 8 de marzo en gran parte de los sectores públicos y privados, desde la sanidad a los profesores, marineros, trabajadores del metro, estudiantes... ¡nunca visto desde hace más de diez años!
Como en Gran Bretaña desde hace más de 9 meses, como en Francia hoy frente a la reforma de las pensiones, la clase obrera en Grecia grita: "¡Basta ya! ¡La copa está llena!”
Ante la delicuescencia de los servicios públicos, tras más de diez años de planes de austeridad, la calle respondió al Gobierno con este lema que se escuchó en todas las concentraciones: "No fue un error humano, no fue un accidente, fue un crimen". "¡Abajo los gobiernos asesinos! "Mitsotakis, ministro del crimen"... La publicación de las disculpas apocadas del primer ministro Mitsotakis tras sus primeras declaraciones de pacotilla sobre el "error humano" del jefe de estación, se vivió como una provocación más, sacando espontáneamente a la calle a más de 12.000 personas.
La clase obrera griega grita su solidaridad con todas las víctimas de la explotación capitalista, su rechazo a pagar la crisis, su rechazo a los repetidos planes de austeridad, o a la prolongación de la jornada laboral como en Francia, su rechazo a morir utilizando los transportes cotidianos que se han convertido en una máquina de muerte: falta de personal, infraestructuras deterioradas, autobuses o trenes arruinados, sistemas de seguridad ausentes u obsoletos, escasez de material... ". Este accidente de tren ha sido la gota que ha colmado el vaso. Nada funciona en Grecia. La educación, el sistema sanitario, el transporte público, todo está en ruinas. Este gobierno no ha hecho nada para rectificar la intolerable situación del sector público, pero ha gastado dinero en el ejército y la policía" (una profesora griega).
Esta es la realidad cotidiana del mundo capitalista, del empeoramiento de nuestras condiciones de vida y de trabajo, ¡en todas partes, en todos los países!
Esta combatividad masiva de la clase obrera hoy en Grecia se une a la del proletariado en Francia, en Gran Bretaña, que ya lucha y se moviliza desde hace semanas, desde hace meses, a través de luchas que expresan una gran rabia y determinación.
La indignación ante la hipocresía del Estado, ante la búsqueda desenfrenada de beneficios por parte de las empresas privatizadas o no privatizadas, expresa la misma rabia, la misma solidaridad, el mismo rechazo a doblegarse, a sufrir una y otra vez la explotación y a pagar con la vida la descomposición cotidiana del pútrido sistema capitalista.
Es el mismo "reflejo" de clase que resurge aquí en Grecia, en la continuidad de otras expresiones masivas de cólera en todo el mundo ante la crisis, la mala gestión y la negligencia del Estado. También aquí, hace años que la combatividad de los trabajadores en Grecia no se expresa a tal nivel.
Este "reflejo" de solidaridad en las filas de los trabajadores rompe con años de repliegue, apatía o expectación por la clase obrera. Un ejemplo elocuente y muy significativo: durante la jornada de huelga del 8 de marzo en Atenas, los trabajadores del transporte público, en huelga, ¡decidieron poner en marcha autobuses y líneas de metro durante unas horas, para facilitar el transporte y la participación de los manifestantes en las concentraciones! Así es como la lucha puede dar vida a la movilización y a la solidaridad, ¡frente a los "bloqueos" propuestos por los sindicatos como en Francia!
La burguesía, en Grecia, desestabilizada durante un tiempo por la reacción masiva de los trabajadores, intenta por supuesto limitar la movilización y la reflexión: grita "haro" sobre la corrupción, el clientelismo, el retroceso del "Estado de derecho», la austeridad impuesta por Europa, ¡y llama a la movilización electoral para las próximas elecciones legislativas! Todo vale para encubrir la realidad de la descomposición del mundo capitalista y su verdadera responsabilidad, en Grecia como en todas partes.
Pero sea cual sea el resultado de este movimiento de lucha, su expresión abierta hoy, masiva, solidaria, es ya una victoria, una etapa, que participa directamente en toda la renovación de la lucha obrera internacional.
Stopio, 10 de marzo de 2023
1 Para comprender el marco histórico en el que se producen las múltiples catástrofes de todo tipo que asolan el mundo ver Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad https://es.internationalism.org/content/4897/los-anos-20-del-siglo-xxi-la-aceleracion-de-la-descomposicion-capitalista-plantea [1067]
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La situación de protestas que se abrió el pasado 7 de diciembre, luego de la salida del gobierno de Pedro Castillo, ha continuado y producto de la violencia desatada, la Fiscalía peruana indicó que, hasta el 20 de enero, había una cifra de 55 fallecidos y más de 1200 heridos. De igual manera, se mantienen hasta ahora 78 bloqueos de carreteras y acciones de protesta en 28 provincias, sobre todo en el sur del país. El pasado 15 de enero, se declaró en estado de emergencia a las regiones de Puno, Cusco, Lima y el Callao por un plazo de 30 días calendario. El actual gobierno de Dina Boluarte sigue firme en su decisión de poner “mano dura” a las protestas e iniciar investigaciones judiciales apoyándose en los aparatos de inteligencia policial, con lo cual, intenta evitar un escenario como el vivido en años recientes en países como Chile o Colombia. Por otro lado, los manifestantes reclaman la liberación del ex presidente Pedro Castillo (a quien ponen como la víctima de un golpe de Estado), la renuncia de Dina Boluarte, adelanto de elecciones y la celebración de una consulta popular para aprobar el inicio de un proceso constituyente.
En diciembre del año pasado, publicamos un artículo en nuestra prensa web, en el cual indicamos lo siguiente: “Las revueltas populares que se levantan como acciones organizadas de las facciones enfrentadas de la derecha y la izquierda burguesa, son expresión de la desesperación de estas mismas facciones por mantener o volver a controlar el Estado [dando lugar a una polarización que] ha permeado a la sociedad, con toda su carga de confusión y envenenamiento ideológico. Ejemplo de ello, son las demandas de “cierre del congreso”, “que se vayan todos”, “nuevas elecciones”, “nueva constitución”, que no son más que demandas democráticas, que solo buscan seguir manteniendo el statu quo del Estado burgués. Estas demandas, nada tienen que ver con los intereses de la clase trabajadora y su proyecto histórico. Por el contrario, lo lleva al encierro en la sociedad de la explotación y las clases sociales. Ellas se alejan de aquellas demandas inmediatas, que se dan la perspectiva de defender sus condiciones de vida y que también, cumplen una función como experiencia de lucha necesaria para la maduración política de sus fuerzas. […] Aunque no dudamos que existen elementos de la clase obrera, envueltos en estas revueltas populares, que tratan de expresar su indignación frente a la decadencia de la clase política, lo hacen en un terreno que no es el suyo, donde la burguesía y la pequeña burguesía imponen sus banderas democráticas, a fin de mantener intacta la sociedad de la explotación y la defensa de sus propios intereses de lucro y ganancia gracias a la feroz explotación de la fuerza de trabajo de los trabajadores. Esos elementos de la clase trabajadora y otras capas no explotadoras se ven arrastrados por la violencia irracional y putrefacta que produce un sistema que ya no tiene más que ofrecer a la humanidad.”1
Es necesario insistir, que estas protestas han desembocado en algunas regiones del país en revueltas de carácter interclasista, donde los trabajadores son llevados a defender banderas de la pequeña burguesía, quedando atomizado y envuelto en una confrontación que está fuera de su terreno de clase. Además, en estas revueltas se han dado actitudes más identificadas con el lumpen, como el incendio de edificios, empresas, minas, ataque a buses, a ambulancias, el cobro de cupos (extorsiones en las carreteras tomadas) y lo que es peor, el ataque a muchos obreros como los de salud, obreros mineros y agroindustriales, que vieron robadas sus pertenencias o atacada su integridad física al no querer plegarse a la revuelta.
Más allá de la indignación y el resentimiento social que históricamente ha existido en provincias del sur del Perú, como Huancavelica, considerada por la Cámara de Comercio como la segunda más pobre (41.2%), seguida por regiones como Puno o Ayacucho2, y del hecho de que la ideología izquierdista ha cultivado la narrativa del derecho de las más pobres a rebelarse, de los derechos conculcados a los pueblos originarios, o de los campesinos a la tierra, lo que parece estar de fondo en toda esta situación, son las aspiraciones, hasta ahora frustradas, que aquellos sectores de la pequeña burguesía, urbana y rural, creían posibles de conseguir una vez llegado Pedro Castillo al poder, frente a la gran burguesía peruana, que posee el control no solo de actividades como alimentos, banca, construcción, minería, turismo, materiales, combustibles, educación, entre otros, con ingresos anuales en miles de millones de dólares e inversiones en gran parte de América del Sur, Europa y los USA3, sino también, posee el control político, con fuerte representación de partidos en el Congreso, además de que ha echado profundas raíces en el aparato de Estado. Es por ello, que, en algunos momentos de esta confrontación, se ha planteado como una lucha del “sur rico en recursos, pero pobre”, contra la burguesía limeña, “corrupta, excluyente y centralista”. La apropiación de los grandes recursos naturales-materiales por parte de esa burguesía limeña, es otra de las aristas que, desde hace largo tiempo, sustenta el discurso de los protagonistas de estas movilizaciones.
Los sectores de la pequeña burguesía que impulsan estas acciones de tomas de carreteras, movilizaciones y marchas en las provincias y de algunas de estas hacia Lima, se han apoyado en Asociaciones de pequeños comerciantes, Federaciones campesinas, sindicatos, gobernadores regionales, autoridades universitarias, colegios de abogados provinciales, ronderos y gremios de estudiantes, en gran parte, permeadas por la ideología izquierdista, combinada con elementos nacionalistas y regionalistas, que reflejan la defensa de los intereses particulares de estos grupos, que es, a fin de cuentas, la defensa del capital nacional.
Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística e Información (INEI), en el año 2021, el 25.9% de la población peruana se encontraba en situación de pobreza (8.5 millones de personas), y un 4.1% en pobreza extrema (1.3 millones de personas), tomando en cuenta que para esta medición, se consideró pobre a aquella parte de la población que tiene una capacidad mensual para adquirir una canasta de bienes y servicios inferior a 378 soles (97 US$) y en pobreza crítica, a quienes esa capacidad es inferior a 201soles (52US$)4. A esto hay que agregarle, el impacto económico de los años de la pandemia COVID-19 y más recientemente de la guerra en Ucrania. Es evidente que la crisis económica mundial castiga al conjunto de la burguesía nacional, pero con más fuerza a los sectores más vulnerables del aparato productivo, ni hablar de los informales.
Son estos hechos, los que nos llevan a plantear que estas movilizaciones constituyen una acción desesperada de aquellos sectores hundidos hasta el cuello por el deterioro progresivo de la economía, que han aspirado una mayor participación política en el aparato de Estado, y desde allí, ejercer acciones que les permitan salvaguardar sus intereses. Han aprovechado el empobrecimiento general para azuzar al espantajo de la exclusión social por razones de raza o región de origen, de la “democracia solo para unos pocos”. La Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) y el Ministerio del Interior, han afirmado que estas movilizaciones “están financiadas por la minería ilegal, el narcotráfico y otros agentes que buscan sembrar miedo”. Además, acusa a organizaciones políticas y sindicales, como Movadef, Fenate y facciones de Sendero Luminoso, Central Única de Rondas Campesinas, SUTEP, así como a la Federación Regional de Productores Agrarios y Medio Ambiente.5
Por su parte, los sectores de la burguesía tradicional y sus partidos, han aprovechado también la situación, agitando la bandera de la lucha anti comunista, para que “no se repita el terrorismo en el país”, lo cual les ha dado la excusa perfecta para desatar la represión y el terror de Estado, matando dos pájaros de un solo tiro, al criminalizar también la protesta y presentar todo reclamo o reivindicación social como vandalismo. El gobierno de Dina Boluarte desplegó 11.000 funcionarios policiales para el control de las movilizaciones en esta ciudad y el 21 de enero, intervino en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la principal universidad pública del país, usando un importante contingente policial, derribando la puerta principal con una tanqueta, usando también drones y helicópteros, deteniendo a 200 personas aproximadamente, muchas de ellas manifestantes que habían venido de otras regiones y se encontraban pernoctando en esa institución, enviando un mensaje claro al sector estudiantil, al que acusó de estar preparando acciones terroristas. Más allá de que aquellas organizaciones políticas y gremiales de la pequeña burguesía y de las facciones de la izquierda estén motorizando las movilizaciones e incluso, que haya un supuesto financiamiento proveniente de actividades ilegales, esto no cambia nada la posición que los trabajadores deben mantener frente a esta situación, que ilustra el impacto de la descomposición del capitalismo en la vida de la burguesía peruana.
Otra forma a través de la cual las distintas facciones de la burguesía atacan ideológicamente al proletariado, es a través de una campaña en la que se exalta el nacionalismo, la defensa de la democracia y la nación. Esto refleja otra dimensión de la crisis política, como son las acciones en las que se evidencia la competencia geopolítica en la región. El 23 de enero, la Cancillería peruana emitió un comunicado rechazando las declaraciones del presidente de Bolivia, Luís Arce, en las cuales manifestó su “apoyo a la lucha del pueblo peruano por recuperar su democracia y por elegir un gobierno que los represente”6. Hay que recordar, que el presidente del Consejo de ministros de Perú, acusó a Evo Morales de “alentar la insurrección […] y de ingresar proyectiles al Perú desde Bolivia”. Las intenciones de Pedro Castillo de favorecer a Evo Morales en cuanto al tema del acceso al mar, fueron rechazadas por la derecha peruana y apoyadas por otros gobiernos de izquierda de la región. Toda esta situación, llevó a que el gobierno peruano impidiera el ingreso de Evo Morales y de ocho funcionarios bolivianos al país.
De igual manera, la cancillería peruana, rechazó las declaraciones del presidente de Colombia, Gustavo Petro7, a propósito de los sucesos ocurridos en el campus de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Una de las cuestiones que más preocupaba a las facciones de la derecha peruana, era la relación con otros gobiernos de izquierda de la región, aunque aparentemente Castillo no tuvo tiempo de concretar estrategias o acciones concretas con estos, lo cual podría haber afectado los intereses que históricamente comparten la burguesía americana y peruana. Dicho interés, fue ratificado por la embajadora estadounidense, Lisa Kenna, quien reitero “el pleno respaldo de su país a la institucionalidad democrática en el Perú y a las acciones del gobierno constitucional para estabilizar la situación social”. El patrioterismo es un veneno ideológico, del cual las diferentes burguesías del mundo han echado mano, en el caso peruano, no hay que olvidar que tanto la guerra del Pacifico con Chile (1879-1884), en la cual perdió la provincia litoral de Tarapacá, así como la Guerra del Cenepa (1995), por delimitación fronteriza (cuenca del río Cenepa), siguen siendo hitos o referentes de una narrativa histórica orientada a el sentimiento de pertenencia nacionalista.
En síntesis, la realidad actual demuestra que la burguesía peruana, al igual que lo han hecho otras de derecha e izquierda de la región, no le ha temblado el pulso para ordenar la represión y mantener de cualquier forma sus intereses, enviando un claro mensaje para estimular el miedo en el proletariado. Es difícil saber si estas manifestaciones y bloqueos de carretera se prolongarán por más tiempo, lo que si es evidente, es que la burguesía peruana parece haberse convencido de que la única forma de lograr una cierta estabilidad política y control de la situación, será a través de aplicar la “violencia legítima” del Estado a la población y de purgar su aparato político de gobierno, un comportamiento que no es ajeno al que la burguesía mundial aplicó durante la decadencia del capitalismo y que se mantiene y profundiza en su actual fase de descomposición. Tal como afirmamos en nuestro artículo de diciembre 2022: Lo que está pasando en Perú en estos momentos, no es una expresión o reacción de los trabajadores, no es la lucha de clases. Lo que está pasando en Perú, es una lucha por intereses netamente burgueses, donde una de las dos facciones enfrentadas de la burguesía finalmente se quedará con el manejo del Estado, para continuar con la explotación de los trabajadores. […]El terrorismo ejercido por las burguesías de ambos bandos sigue costando vidas humanas. Los métodos usados de fuego y violencia indiscriminada se contraponen a aquellos con que la clase trabajadora echará abajo al capitalismo, basados más en la capacidad de construir una organización que pueda incorporar al resto de capas no explotadoras a su programa, dirigiendo las acciones políticas de transformación contra las clases dominantes. El terror de las acciones de la burguesía y de sus ambos bandos en plena revuelta constituye un ataque a la toma de conciencia de la clase obrera8.
Ismo Perú- Sección de la Corriente Comunista Internacional
Contacto: [email protected] [886]
Febrero 2023
1Perú: la clase trabajadora se encuentra en el fuego cruzado de las facciones burguesas enfrentadas. Diciembre 2022.
2Los departamentos más pobres a nivel multidimensional y su avance en la ejecución de inversión pública. (noviembre 2022). https://www.comexperu.org.pe/articulo/los-departamentos-mas-pobres-a-niv... [1100](53.6%25).
3Durand, F. (2017). Los doce apóstoles de la democracia peruana. Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú.
4INEI (2022). Pobreza afectó al 25,9% de la población del país en el año 2021. https://m.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/noticias/nota-de-prensa-no-072... [1101]
5Quiénes serían los supuestos azuzadores identificados por la DINI en las protestas en Perú para crear caos y violencia. https://www.infobae.com/peru/2023/01/18/protestas-en-peru-y-los-azuzador... [1102]
6Cancillería entregó nota de protesta a embajador de Bolivia por declaraciones de presidente Luis Arce. https://rpp.pe/politica/estado/cancilleria-entrego-nota-de-protesta-a-em... [1103]
7Gobierno expresa “enérgica protesta” por “injerencia” del presidente Gustavo Petro. https://elcomercio.pe/ [1104]
8Ibidem
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Huelgas generales y manifestaciones gigantescas el 7 de marzo en Francia, el 8 en Italia, el 11 en Gran Bretaña. Por todas partes, la combatividad crece y se extiende.
En el Reino Unido, ¡una histórica oleada de huelgas dura ya nueve meses! Tras haber sufrido décadas de austeridad sin rechistar, el proletariado británico ya no acepta los sacrificios. "Basta ya", grita. En Francia, es el aumento de la edad de jubilación lo que ha incendiado el ambiente. Las manifestaciones sacaron a millones de personas a la calle. "Ni un año más, ni un euro menos", es el grito de guerra. En España, hubo grandes concentraciones contra el colapso del sistema sanitario y estallaron huelgas en numerosos sectores (limpieza, transporte, informática, etc.). "La indignación viene de lejos", dice la prensa. En Alemania, estrangulados por la inflación, los trabajadores del sector público y sus compañeros de correos se declararon en huelga para reclamar aumentos salariales, lo que no se veía desde hace muchos años. En Dinamarca, estallaron huelgas y manifestaciones contra la supresión de un día festivo para financiar el aumento del presupuesto militar. En Portugal, los profesores, los ferroviarios y los trabajadores de la sanidad también protestan contra los bajos salarios y el coste de la vida. Países Bajos, Estados Unidos, Canadá, México, China... las mismas huelgas contra las mismas condiciones de vida insoportables e indignas: "La verdadera penuria: ¡no poder calentarse, comer, cuidarse, desplazarse!”
Esta simultaneidad de luchas en todos estos países no es casual. Confirma un verdadero cambio de mentalidad en el seno de nuestra clase. Tras más de treinta años de resignación y abatimiento, con nuestras luchas decimos: "No nos dejaremos aplastar. Podemos y debemos luchar".
Este retorno de la combatividad de la clase obrera nos permite estar juntos en la lucha, ser solidarios en la lucha, sentirnos orgullosos, dignos y unidos en la lucha. Una idea muy simple pero extremadamente valiosa está germinando en nuestras cabezas: ¡todos estamos en el mismo barco!
Empleados de bata blanca, de mono azul o en corbata, desempleados, estudiantes precarios, pensionistas, de todos los sectores, públicos y privados, todos empezamos a reconocernos como una fuerza social unida por las mismas condiciones de explotación. Sufrimos la misma explotación, la misma crisis del capitalismo, los mismos ataques a nuestras condiciones de vida y de trabajo. Llevamos la misma lucha. Somos la clase obrera.
"Los trabajadores luchamos juntos", gritan los huelguistas en el Reino Unido. "O luchamos juntos, o acabaremos durmiendo en la calle", confirman los manifestantes en Francia.
Algunas luchas del pasado demuestran que es posible hacer retroceder a un gobierno, frenar sus ataques.
En 1968, el proletariado francés se unió tomando las riendas de sus luchas. Tras las grandes manifestaciones del 13 de mayo para protestar contra la represión policial sufrida por los estudiantes, los paros y las asambleas generales se extendieron como la pólvora en las fábricas y en todos los centros de trabajo para desembocar, con sus 9 millones de huelguistas, en la mayor huelga de la historia del movimiento obrero internacional. Ante esta dinámica de extensión y unidad de la lucha obrera, el gobierno y los sindicatos se apresuraron a firmar un acuerdo de aumento salarial general para frenar el movimiento.
En 1980, en Polonia, ante el aumento de los precios de los alimentos, los huelguistas llevaron la lucha aún más lejos reuniéndose en enormes asambleas generales, decidiendo sus propias reivindicaciones y acciones y, sobre todo, esforzándose constantemente por extender la lucha. Ante esta fuerza, no fue sólo la burguesía polaca la que tembló, sino la burguesía de todos los países.
En 2006, en Francia, tras sólo unas semanas de movilización, el gobierno retiró su “Contrato de Primer Empleo”. ¿Por qué? ¿Qué asustó tanto a la burguesía que dio marcha atrás tan rápidamente? Los estudiantes precarios organizaron masivas asambleas generales en las universidades, abiertas a trabajadores, parados y pensionistas, y lanzaron una consigna unificadora: la lucha contra la precarización y el paro. Estas Asambleas fueron el pulmón del movimiento, donde se celebraron debates y se tomaron decisiones. El resultado: cada fin de semana, las manifestaciones reunían a más y más sectores. Asalariados y jubilados se unieron a los estudiantes bajo el lema: "Joven despensa, viejo picatostes, todos la misma ensalada". La burguesía francesa y el gobierno, ante esta tendencia a la unificación del movimiento, no tuvieron más remedio que retirar su CPE.
Todos estos movimientos tienen en común la toma en mano de su lucha por los propios trabajadores.
Hoy, trabajadores asalariados, desempleados, jubilados, estudiantes precarios, seguimos sin confiar en nosotros mismos, en nuestra fuerza colectiva, para atrevernos a tomar nuestras luchas en nuestras manos. Pero no hay otro camino. Todas las "acciones" propuestas por los sindicatos conducen a la derrota. Piquetes, huelgas, manifestaciones, bloqueo de la economía... no importa mientras estas acciones permanezcan bajo su control. Si los sindicatos cambian la forma de sus acciones según las circunstancias, es siempre para mantener mejor el mismo fondo: dividir y aislar a los trabajadores entre sí para que no debatamos y decidamos por nosotros mismos cómo llevar la lucha.
Durante nueve meses en el Reino Unido, ¿qué han estado haciendo los sindicatos? Han estado dispersando la respuesta de los trabajadores: cada día, un sector diferente en huelga. Cada uno en su rincón, cada uno en su piquete. Sin manifestación común, sin debate colectivo, sin unidad real en la lucha. No se trata de un error de estrategia, sino de una división deliberada.
¿Cómo consiguió el gobierno Thatcher en 1984-85 romperle la espalda a la clase obrera en el Reino Unido? Mediante el trabajo sucio de los sindicatos que aislaron a los mineros de sus hermanos de clase de otros sectores. Los encerraron en una huelga larga y estéril. Durante más de un año, los mineros ocuparon los pozos para "bloquear la economía". Solos e impotentes, los huelguistas agotaron su fuerza y su coraje. Y su derrota fue la derrota de toda la clase obrera. Los obreros del Reino Unido no levantan cabeza hasta ahora, más de treinta años después. Esta derrota es, pues, una costosa lección que el proletariado mundial no debe olvidar.
Sólo unidos en asambleas generales abiertas y masivas, autónomas, que decidan realmente sobre la conducción del movimiento, podemos levantar una lucha unida y que se extienda, llevada por la solidaridad entre todos los sectores, todas las generaciones. Asambleas donde nos sintamos unidos y confiados en nuestra fuerza colectiva. Asambleas donde podamos adoptar juntos reivindicaciones cada vez más unificadoras. Asambleas desde las que podamos partir en delegaciones masivas al encuentro de nuestros hermanos de clase, los trabajadores de la fábrica, el hospital, la escuela o la administración más cercanos.
"¿Podemos ganar?" A veces. Pero, sí, y sólo sí, tomamos nuestras luchas en nuestras propias manos. Solo así, podemos detener los ataques momentáneamente, podemos hacer retroceder a un gobierno.
Pero lo cierto es que la crisis económica mundial empujará a sectores enteros del proletariado a la precariedad. Para desenvolverse en la arena internacional del mercado y de la competencia, todas las burguesías de todos los países ya sean gobiernos de izquierda, de derecha o de centro, tradicionales o populistas, van a imponernos condiciones de vida y de trabajo cada vez más insoportables.
La verdad es que, con el desarrollo de la economía de guerra en todos los rincones del planeta, los sacrificios exigidos por la burguesía serán cada vez más insoportables.
La verdad es que el enfrentamiento imperialista de todas las naciones es una espiral de destrucción y caos sangriento que puede llevar a toda la humanidad a la muerte. Cada día en Ucrania un torrente de seres humanos es acribillado por los abominables instrumentos de muerte rusos y occidentales.
La verdad es que simples epidemias de gripe o bronquiolitis están poniendo de rodillas a los colapsados sistemas sanitarios.
La verdad es que el capitalismo seguirá asolando el planeta y causando estragos en el clima, provocando inundaciones, sequías e incendios devastadores.
La verdad es que millones de personas seguirán huyendo de la guerra, el hambre, la catástrofe climática, o las tres cosas a la vez, sólo para toparse con los muros de alambre de espino de otros países o hundirse en el mar.
Entonces surge la pregunta: ¿qué sentido tiene luchar contra los bajos salarios, contra la falta de personal, contra tal o cual reforma? Pues que la lucha obrera tiene como objetivo el derrocamiento del capitalismo y de todos sus males, el advenimiento de un mundo sin clases ni explotación, sin guerras ni fronteras: el comunismo.
La verdadera victoria es la lucha misma. El simple hecho de entrar en la lucha, de desarrollar nuestra solidaridad, ya es una victoria. Luchando juntos, rechazando la resignación, preparamos las luchas de mañana y creamos poco a poco, a pesar de las inevitables derrotas, las condiciones de un mundo nuevo.
Nuestra solidaridad en la lucha es la antítesis de la competición a muerte de este sistema dividido en empresas y naciones competidoras.
Nuestra solidaridad entre generaciones es la antítesis del no futuro y de la espiral destructiva de este sistema.
Nuestra lucha simboliza el rechazo a sacrificarnos en el altar del militarismo y la guerra.
La lucha de la clase obrera es inmediatamente un desafío a los fundamentos mismos del capitalismo y la explotación.
Cada huelga lleva en sí el germen de la revolución.
¡El futuro pertenece a la lucha de clases!
Corriente Comunista Internacional, 1 de marzo de 2023
Para las luchas actuales y futuras, necesitamos reagruparnos, debatir. En el trabajo, en las manifestaciones, en los piquetes, pensar cómo la clase obrera puede tomar sus luchas en sus propias manos, cómo puede autoorganizarse en asambleas generales autónomas, cómo puede extender un movimiento También con este propósito organizamos reuniones públicas tanto presenciales como por Internet. Para ver lugar, fecha y hora, consulta nuestra Web o dirígete a nuestro mail. |
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CCOO y UGT han hecho una propuesta salarial del 4,5% este año, del 4,5% en 2024 y del 4% en 2025 en el marco del Acuerdo por el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC).
¡Una propuesta miserable que nos vende ante la inflación desbocada! En 2022 el aumento oficial de precios ha sido del 8,1 %. En los últimos meses la inflación ha vuelto a ponerse por las nubes y si miramos los alimentos estos han escalado un 15%, no hablemos de la luz, la gasolina, el gas…
Cómplices de Patronal y Gobierno, los sindicatos participan en la imposición de la miseria, contribuyendo a que el Capital español pueda ser competitivo en la guerra comercial que se libra en el mercado europeo y mundial y pueda seguir reforzando su armamento y economía de guerra en un mundo devastado por la guerra (Ucrania y 52 conflictos más), la catástrofe ecológica, la pandemia, las hambrunas etc.
Pero si ese 4,5% es de por sí un golpe bajo a nuestras condiciones de vida, peor aún es la cláusula que han añadido. Según esta 50% del aumento estaría supeditado a que el sector haya tenido beneficios. Traducción: si el sector o la empresa no tienen beneficios el “aumento” es AUN MAS RIDICULO, un 2%. ¡La miseria pura y dura!
Esta cláusula nos envía un mensaje. Si la empresa o el sector van mal, hay que tragar con todo y aceptarlo mansamente: baja de salarios, ritmos más fuertes, más trabajo con menos personal, precariedad... Nos atan de pies y manos al Capital y a la Nación aceptando su destino, sufriendo mansamente si le va mal y conformándose con sus migajas si le va bien.
¿Y cuál es el destino del capitalismo? Llevan más de 50 años diciéndonos “Salimos del túnel” y lo que vemos es que el túnel de la crisis es cada vez más oscuro e incierto, el capital no va hacia la recuperación, sino hacia una crisis que muchos expertos dicen que será la peor de la historia del sistema, peor que la crisis de 1929. ¡Y en estas condiciones, los sindicatos, esos impostores que se presentan como “defensores del trabajador” tienen la cara dura de ligar el aumento salarial a que “el sector tenga beneficios”!
Con esa cláusula niegan la lucha obrera que no consiste en aceptar resignados lo que el capital “nos podría dar”, sino luchar por lo que necesitamos, por la defensa de nuestras condiciones de vida, defensa que frente a la lógica del capital (sacrificarnos por la economía nacional y por la guerra) ofrece la perspectiva de liberarnos de la explotación y de la penuria, por la plena satisfacción de las necesidades de toda la humanidad.
Con esta cláusula nos educan en el SACRIFICIO POR LA ECONOMIA NACIONAL. Sacrificarse para que el capital español sea competitivo en el mercado mundial, una inmensa jungla de hienas dispuestas a despedazarse sin piedad. ¡Pero no nos engañemos! Sacrificarse por la economía nacional lleva a aceptar el sacrifico supremo: morir en las guerras imperialistas por la Patria que nos explota. La cláusula sindical del sacrificio de las condiciones de vida lleva al sacrificio de la vida en la guerra imperialista.
¡No aceptemos que los sindicatos lleven la lucha! ¡Si nos ponemos en sus manos vamos a la derrota segura! Ellos nos convocan a la lucha cuando somos menos fuertes o cuando nuestra rabia no los deja otra opción. Ellos nos convocan a la lucha para hacer que vayamos a ella DIVIDIDOS: por empresa, por sector, por corporación, un día en un sitio y otro día en otro. Ellos nos convocan a la lucha con “reivindicaciones” que nos venden, como el hecho de que los convenios que han firmado van incluso por debajo de ese tacaño 4%, hasta enero de 2023 los aumentos salariales acordados eran del ¡2,81%!
Pero ¿Podemos luchar por ser nosotros mismos fuera del control sindical?
Es difícil, pero tenemos elementos de fuerza para librar la batalla.
En primer lugar, estamos asistiendo actualmente a una recuperación de la combatividad obrera a nivel internacional. Gran Bretaña, Francia, Dinamarca, Alemania, Portugal, la clase obrera empieza a luchar, “Tras más de treinta años de resignación y abatimiento, con nuestras luchas decimos: "No nos dejaremos aplastar. Podemos y debemos luchar". Este retorno de la combatividad de la clase obrera nos permite estar juntos en la lucha, ser solidarios en la lucha, sentirnos orgullosos, dignos y unidos en la lucha. Una idea muy simple pero extremadamente valiosa está germinando en nuestras cabezas: ¡todos estamos en el mismo barco!” (Hoja Internacional de la CCI1). Esta vuelta de la combatividad nos da fuerzas, ánimos, decisión, para no dejar la lucha en manos de los sindicatos.
En segundo lugar, los sindicatos siempre nos dividen, solo luchando nosotros mismos podemos unirnos. ¿Qué han hecho en Gran Bretaña con las huelgas que se suceden desde el verano de 2022? “Han estado dispersando la respuesta de los trabajadores: cada día, un sector diferente en huelga. Cada uno en su rincón, cada uno en su piquete. Sin manifestación común, sin debate colectivo, sin unidad real en la lucha. No se trata de un error de estrategia, sino de una división deliberada” (hoja internacional). Esto no es nuevo, “¿Cómo consiguió el gobierno Thatcher en 1984-85 romperle la espalda a la clase obrera en el Reino Unido? Mediante el trabajo sucio de los sindicatos que aislaron a los mineros de sus hermanos de clase de otros sectores. Los encerraron en una huelga larga y estéril. Durante más de un año, los mineros ocuparon los pozos para "bloquear la economía". Solos e impotentes, los huelguistas agotaron su fuerza y su coraje” (hoja internacional).
En tercer lugar, la experiencia histórica de las diferentes generaciones obreras desde hace más de un siglo nos enseña claramente que solo cuando tomamos la lucha en nuestras manos abrimos una posibilidad de hacer retroceder al capital y su estado. Tenemos los ejemplos de Mayo 68 en Francia, de Polonia 1980, del movimiento anti-CPE en Francia 2006, “movimientos tienen en común la toma en mano de su lucha por los propios trabajadores (…) Sólo unidos en asambleas generales abiertas y masivas, autónomas, que decidan realmente sobre la conducción del movimiento, podemos levantar una lucha unida y que se extienda, llevada por la solidaridad entre todos los sectores, todas las generaciones. Asambleas donde nos sintamos unidos y confiados en nuestra fuerza colectiva. Asambleas donde podamos adoptar juntos reivindicaciones cada vez más unificadoras. Asambleas desde las que podamos partir en delegaciones masivas al encuentro de nuestros hermanos de clase, los trabajadores de la fábrica, el hospital, la escuela o la administración más cercanos” (hoja internacional).
Si los sindicatos cuando negocian lo que tienen en la cabeza es el interés nacional del capital, los intereses de los empresarios y atar a ellos de pies y manos a los trabajadores, ¿qué hacen cuando llaman a la lucha? LO MISMO. Plantear una lucha donde andamos divididos, desorganizados, por reivindicaciones donde ya perdemos de antemano, es decir, NOS LLEVAN A LA DERROTA.
Por eso lo que necesitamos es pelear por nuestra AUTONOMIA POLITICA DE CLASE. Plantear reivindicaciones que nos defiendan contra el empeoramiento de nuestras condiciones de vida, tomar la lucha en nuestras manos mediante Asambleas Generales, extender la lucha para romper el aislamiento y la división, ver cada lucha como un jalón de combate contra la explotación en la perspectiva de abolir la explotación.
“La verdadera victoria es la lucha misma. El simple hecho de entrar en la lucha, de desarrollar nuestra solidaridad, ya es una victoria. Luchando juntos, rechazando la resignación, preparamos las luchas de mañana y creamos poco a poco, a pesar de las inevitables derrotas, las condiciones de un mundo nuevo” (hoja internacional).
Omar 8-3-23
1 Por todas partes la misma pregunta: ¿Cómo desarrollar la lucha? ¿Cómo hacer retroceder a los gobiernos? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1094]
La sección en México de la CCI organiza regularmente reuniones públicas y permanencias en diferentes ciudades. Las concebimos como un lugar abierto al intercambio de puntos de vista, de orientación y elaboración de la reflexión política y teórica, y como un medio de reapropiación de la historia de nuestra clase.
El tema de nuestra próxima Reunión pública es: “No estamos solos en nuestra movilización... Hay luchas obreras en muchos países”
Fecha y hora: sábado 25 de marzo, 13hrs
Dirección: Av. Álvaro Obregón 185, piso 4. Col. Roma Norte, CDMX.
(Entre Monterrey y Tonalá)
A dos cuadras y media - a 3 minutos caminado- de Estación Álvaro Obregón, Metrobús Línea 1, Aprox. a 6-7 cuadras de la Estación Metro Insurgentes, a 15 minutos caminado
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Millones de trabajadores, estudiantes y jubilados han estado luchando durante semanas contra la reforma de las pensiones. En las marchas, los manifestantes expresan mucho entusiasmo y un gran orgullo de estar en la calle por millones: “¡juntos somos más fuertes!” Las luchas que están teniendo lugar simultáneamente en muchos países, particularmente en todo en el Reino Unido y Francia, se caracterizan por un nuevo hecho: por primera vez en mucho tiempo, los trabajadores de los sectores público y privado, los empleados con bata (blanca o azul) y los de corbata, los estudiantes precarios, los parados y los trabajadores temporales, empiezan todos, de forma aún muy confusa e incipiente, a reconocerse como una fuerza social unida por las mismas condiciones de explotación: la clase obrera.
Nosotros lo producimos todo. Sin nuestro trabajo, no hay beneficios, no hay mercancías, nada funciona, ni las fábricas, ni los hospitales, ni las escuelas, ni los centros comerciales. Sin nuestro trabajo, los desechos se amontonan, nadie puede comer ni beber, vestirse ni curarse. Sin nuestro trabajo, nada sale de las fábricas y de los puertos, ni los coches, ni los aviones, ni las latas de alimentos... Esta es esencialmente la idea que empieza a surgir en la mente de los trabajadores. Por eso muchos piensan con razón que nuestra mayor fuerza en la lucha reside en nuestra unidad.
El descontento es inmenso, el sentimiento de tener que luchar todos juntos es igual de grande. Pero todo el mundo percibe también que las “caminatas” sindicales, por muy numerosos que sean los que están en las calles, no son suficientes. Esta movilización masiva no parece hacer temblar al gobierno, que está decidido a imponer su reforma. Para muchos, sin “endurecer la respuesta”, cuanto más dure el movimiento, menos gente estará en la calle y en huelga.
Entonces, ¿qué hacer? ¿Cómo pueden los explotados transformar, a largo plazo, la fuerza colectiva que se percibe cada vez más claramente, en una verdadera relación de fuerza contra la burguesía?
Los sindicatos y los partidos de izquierda lanzaron inmediatamente una consigna que, a primera vista, parece formar parte de una lucha unitaria masiva: si el gobierno no retrocede, a partir del 7 de marzo habrá que “bloquear la economía” y “paralizar Francia”. Algunos incluso llaman a la “huelga general”.
Estas consignas han sido tomadas por huelguistas y manifestantes. Después de todo, ¿esta táctica no se basa en la fuerza principal de los trabajadores en lucha? ¿No podemos arrodillar a la burguesía dejando de trabajar masivamente si nosotros producimos todo?
No es la primera vez que los sindicatos utilizan esta táctica de bloqueo. En 2010, durante la anterior reforma de las pensiones, las manifestaciones se sucedieron, reuniendo cada vez a millones de personas. Mientras las marchas callejeras por sí solas parecían, a ojos de todos, impotentes y estériles, las minorías buscaban métodos de lucha más radicales y eficaces. Impulsado, en aquel momento, por la CGT, el cierre del “sector estratégico” de las refinerías apareció como una forma de presionar concretamente a la burguesía paralizando el transporte y el conjunto de la economía.
Los trabajadores de las refinerías se declararon en huelga, bloqueando la producción y distribución de gasolina. Sin embargo, la burguesía francesa no retrocedió. Y por una buena razón: tenía capacidad de sobra para hacer frente a los bloqueos. Francia, como muchos otros países, tiene varios millones de toneladas de petróleo en reserva, lo que garantiza muchos meses de suministro. También puede apoyarse en una red internacional de oleoductos para importar gasolina o simplemente trasportándola desde el extranjero por camión. El gobierno de Fillon jugó así al pánico durante algunas semanas, provocando una avalancha en las gasolineras. El riesgo de escasez de gasolina y de parálisis de la economía nacional no era más que una picadura de mosquito en la espalda de un elefante, un cuento de hadas para dormir a los trabajadores.
De hecho, detrás de este estancamiento corporativista, es que ha surgido una amarga derrota para la clase obrera. La burguesía trabajó para aislar a algunos de los huelguistas más combativos y dividir al proletariado. Por un lado, los sindicatos, apoyándose en su control absoluto del movimiento, aislaron a los trabajadores de las refinerías del resto de su clase. Su justificado coraje no fue en absoluto el punto de partida de una extensión de la lucha. En lugar de organizar piquetes volantes frente a las empresas de otros sectores para ganarlos para el movimiento, la CGT encerró a los bloqueadores en sus lugares de trabajo, con una parodia de solidaridad a través de fondos de huelga para “apoyar a los trabajadores en lucha”. Como todo debía jugarse en el único bloqueo de las refinerías, se trataba de resistir, costase lo que costase, en un ambiente de ciudadela sitiada.
Por otra parte, mediante una intensa campaña sobre los riesgos de la escasez de gasolina, el gobierno y sus medios de comunicación crearon deliberadamente un clima de pánico entre la población. Si, en general, los proletarios no estigmatizaron a los trabajadores de las refinerías e incluso mostraron cierta simpatía, la propaganda mediática histérica contribuyó en gran medida a romper toda reflexión sobre la posibilidad de ampliar la lucha. Al final, la represión policial cayó sobre las refinerías aisladas, dejando a la clase obrera francesa parada durante toda una década.
La huelga de mineros de 1984 en el Reino Unido es otra ilustración del carácter ilusorio del bloqueo de la producción de un solo sector. En aquella época, el proletariado más antiguo del mundo era también uno de los más combativos. En dos ocasiones, el Estado tuvo incluso que retirar sus ataques. En 1969 y 1972, los mineros consiguieron crear una correlación de fuerzas favorable a la clase obrera dando a la huelga una dinámica de extensión que superaba la lógica sectorial o corporativista. Decenas o centenares de ellos se desplazaron a los puertos, acerías, depósitos de carbón y centrales eléctricas para bloquearlos y convencer a los trabajadores de que se unieran a ellos en la lucha. Este método se conoció como piquetes volantes y simbolizaba la fuerza de la solidaridad y la unidad de los trabajadores.
Decenas o centenares de ellos se dirigieron a los puertos, acerías, depósitos de carbón y centrales eléctricas para bloquearlos y convencer a los trabajadores de que se unieran a ellos en la lucha. Este método se hizo famoso con el nombre de “flying pickets” (“piquetes volantes”) y simbolizaba la fuerza de la solidaridad y la unidad de los trabajadores.
Cuando llegó al poder Thatcher en 1979, se propuso doblegar a la clase obrera aislando en una huelga interminable y agotadora a uno de sus sectores más combativos, los mineros. Durante meses, la burguesía inglesa se preparó para el enfrentamiento acumulando enormes reservas de carbón para hacer frente al riesgo de escasez. En marzo de 1984, se anunciaron brutalmente 20,000 despidos en las minas. Como era de esperar, la reacción de los mineros fue tajante: el primer día de huelga se cerraron 100 de los 184 pozos. Pero un blindaje sindical rodeó inmediatamente a los huelguistas para evitar cualquier riesgo de contaminación. Los sindicatos de los demás sectores apoyaron el movimiento muy platónicamente, es decir, dejaron que los mineros se las arreglaran solos, saboteando activamente cualquier posibilidad de lucha conjunta.
El Sindicato Nacional de Mineros (NUM) completó este trabajo sucio encerrando a los mineros en interminables ocupaciones estériles de los pozos durante más de un año. A fin de evitar el envío de piquetes volantes a las puertas de las empresas vecinas, toda la atención de los trabajadores se centró en la necesidad de ocupar los pozos, todos los pozos, nada más que los pozos, a toda costa. El bloqueo de la producción de carbón se había convertido, bajo la dirección sindical, en el objetivo central y único, en una cuestión en sí misma. En lugar de volar de fábrica en fábrica, los piquetes volantes se quedaron allí, en el mismo lugar, frente a los mismos pozos, mes tras mes.
La represión policial también acabó por hacer mella en los mineros, totalmente exhaustos y aislados. Esta derrota marcó un punto de inflexión, el de una decadencia de la combatividad obrera en el Reino Unido. Anunció incluso el reflujo general de la combatividad de los obreros en todo el mundo y el retroceso de su conciencia a partir de los años noventa.
A diferencia de los ejemplos de las refinerías en Francia o de las minas en el Reino Unido, los sindicatos parecen llamar hoy a millones de personas a participar en una “huelga reconducible”[1]. Pero la realidad es que, en nombre de la fuerza colectiva del proletariado, los sindicatos ya están intentando organizar una retirada corporativista. Hoy se ven obligados a ceñirse a un movimiento de lucha que aspira a la solidaridad y no pueden llamar caricaturescamente a un sector particular para que luche en nombre de los demás.
Sin embargo, desde hace semanas, los sindicatos presionan para que los ferrocarriles (SNCF), la administración del transporte de Paris (RATP), las refinerías, los basureros o algún otro sector “endurezcan el movimiento”, es decir, que se comprometan en huelgas sectoriales. Para el 7 de marzo, los sindicatos convocan huelgas reconducibles “según las modalidades propias de cada sector”. Para el 8 de marzo, convocan “una jornada de huelga feminista”, buscando así dividir a los trabajadores y trabajadoras, como han hecho desde el principio del movimiento repitiendo hasta la saciedad que las mujeres, las carreras largas, tal o cual categoría son más víctimas de la reforma.
Por el momento, los trabajadores no se han dejado atrapar en masa, pero es efectivamente el encierro corporativista lo que los sindicatos intentan imponer bajo el nombre de “huelga general”.
El culto al bloqueo siempre ha sido utilizado por los sindicatos contra la unidad y la masificación de la lucha. Está muy claro que “paralizar Francia”, aparte del trasfondo nacionalista que contiene la fórmula, significa para ellos: encerrar a los trabajadores en su empresa, aislarlos de sus hermanos de clase, de toda discusión, de toda solidaridad real y concreta, y de toda capacidad de extender la lucha. Un movimiento de bloqueo masivo sólo puede tener éxito a través de un verdadero poder de decisión en el seno de asambleas generales soberanas, a través de una verdadera toma en mano de la lucha por los propios trabajadores, a través de la búsqueda activa de la extensión de la lucha a otros sectores, no encerrando a cada uno en su lugar de trabajo.
Sí, el bloqueo de la economía se basa en una idea profundamente correcta, la que empiezan a percibir los manifestantes: la clase obrera obtiene su fuerza por el lugar central que ocupa en la producción. El proletariado produce casi toda la riqueza de la que se apropia la burguesía. Haciendo huelga, los trabajadores son potencialmente capaces de bloquear toda la producción y paralizar la economía.
Durante los acontecimientos de mayo de 1968 en Francia y agosto de 1980 en Polonia, enormes huelgas paralizaron estos países. Pero los bloqueos no eran en sí el objetivo de los trabajadores. Si estas dos luchas son históricas y permanecen grabadas en nuestra memoria, es porque el proletariado supo construir una relación de fuerzas a su favor gracias a la autoorganización y a la masividad de sus luchas. Cuando los trabajadores toman las riendas de su lucha, se reúnen espontáneamente en asambleas generales para debatir y decidir colectivamente las acciones a emprender, buscan la solidaridad de sus hermanos de clase yendo a su encuentro, intentando arrastrarlos al movimiento con la ayuda de delegaciones masivas.
Durante estas dos grandes luchas, los huelguistas intentaron sobre todo poner la economía al servicio de la lucha y de sus necesidades. En 1968, por ejemplo, los ferroviarios mantuvieron los trenes en funcionamiento para que la población pudiera desplazarse a las manifestaciones. En 1980, en los momentos más fuertes de este movimiento, la toma de control de los medios de producción fue mucho más lejos todavía: el comité de huelga interempresarial (llamado MKS) organizó el abastecimiento de los huelguistas y de toda la población controlando y haciendo funcionar a las compañías eléctricas y alimentarias o suministrando gasolina a los medios de transporte necesarios para la lucha.
También es muy significativo que los objetivos del bloqueo presentado por los sindicatos sean refinerías, estaciones, aeropuertos, carreteras o transporte público sistemáticamente. El sector del transporte es de hecho un elemento estratégico para la lucha de los trabajadores, pero por razones invertidas exactamente a las mencionadas por los sindicatos: el bloqueo de trenes, metros o autobuses es a menudo un obstáculo para la ampliación de la lucha y puede fomentar el juego de la burguesía porque dificulta la movilidad de los trabajadores que ya no pueden moverse para llevar su solidaridad a los huelguistas, yendo a sus reuniones generales o participando en las manifestaciones. Los movimientos de delegaciones de huelguistas a otras compañías también se dificultan. De hecho, el bloqueo total casi siempre promueve el confinamiento en el corporatismo y el aislamiento.
No existe una receta mágica de lucha lista para usar y válida en todas las circunstancias. Cualquier método de lucha (bloqueo, piquetes, ocupación...) puede a veces servir al movimiento, a veces ser un factor de división y aislamiento. Sólo una cosa es cierta: la fuerza de la clase obrera reside en su unidad, en su conciencia de clase, en su capacidad para desarrollar la solidaridad y extender así la lucha a todos los sectores. Este es el aguijón que debe guiar nuestras luchas.
Tr.Bo, 20 de febrero de 2023
1[] La “huelga reconducible” es un mecanismo tramposo del sindicato para dividir y aislar a los trabajadores. Todos los días, los trabajadores son convocados por el sindicato a "asambleas" para decidir si reanudan la huelga al día siguiente. Dado que en Francia la ley exige un aviso de huelga, bajo esa modalidad no están obligados a presentar un nuevo aviso, pero es una forma que el sindicato aprovecha para evitar que las huelgas confluyan, el descontento obrero se extienda y se unifique.
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En ningún modo de producción del pasado, se había desarrollado tanto la tecnología como en el capitalismo, sin embargo, las catástrofes y “accidentes” son cada vez más letales, cobrando miles de vidas, que en su mayor parte corresponden a trabajadores.
Edificios que se derrumban, trenes que se descarrilan, minas que se colapsan… esto sucede sistemáticamente, lo mismo en las ciudades depauperadas de India, América Latina o Medio Oriente, que en las industrializadas de los Estados Unidos o Europa. Ningún país está exento de que se presenten estos eventos…
Terribles casos como el ocurrido en Bangladesh en 2013, con el derrumbe del edificio Rana Plaza, en el que se alojaban fábricas textiles o los edificios colapsados recientemente en Turquía ilustran lo dispuesto que está la burguesía a ofrecer la vida de los asalariados a cambio de mantener sus ganancias. Pero como ya lo decíamos, estas circunstancias no son exclusivas de los países de menor industrialización, en los países centrales la burguesía es tan brutal como en la periferia, lo mismo cuando desata la represión, que en su celosa defensa de la ganancia, por la que tampoco duda en sacrificar la vida de los trabajadores. Podríamos hacer una larguísima lista de esos “accidentes”, pero nombremos solo algunos de relativa cercanía en el tiempo, ocurridos en países industrializados: el incendio de la torre Grenfell en Londres en 2017, que cobró varias vidas como resultado de haber usado en la construcción de este edificio (habitado por trabajadores), materiales inflamables y así reducir costos. Otro hecho es el colapso del puente Morandi en Génova en 2018, por la falta de mantenimiento. Recientemente en Ohio, EE. UU., durante la primera semana de febrero, sucedió que, debido al incremento de la carga a las máquinas y de los ritmos de labor, se descarriló un tren que llevaba una carga de productos industriales altamente tóxicos. Así, el proceso de explotación es llevado al extremo, poniendo en peligro la vida de los trabajadores, pero además con el derrame de los tóxicos, se convirtió en una amenaza de los habitantes cercanos y una destrucción masiva de la fauna de los ríos y lagos de la región...
Como queda ilustrado, la burguesía en todo el planeta, al abandonar el mantenimiento de la infraestructura urbana, al continuar utilizando tecnología anticuada y peligrosa o, al elevar los ritmos de trabajo, pone en peligro la vida de los trabajadores. Por esa misma razón, fenómenos como los sismos o las inundaciones, que parecieran simples expresiones naturales sin control, tienen en la raíz de sus efectos destructivos la falta de materiales y tecnologías adecuadas. Pero para la clase dominante y su Estado, todo gasto que no esté conectado en generar ganancias, debe minimizarse o posponerse su desembolso… hasta el momento en que las estructuras urbanas se colapsen.
En la ciudad de México, la presencia continua de este tipo de “catástrofes” están muy presentes, particularmente los que tienen que ver con el transporte público. Los vehículos usados en ese servicio –tanto el que cubren capitales privados concesionados, como el controlado por el Estado–, por el abandono de su mantenimiento, son vistos como verdaderos ataúdes rodantes.
El metro de México tiene una condición especial, en tanto que moviliza diariamente 44.8 millones de personas, por eso cuando se presenta un desperfecto (que acontecen a cada momento) son cientos de miles los que sufren las consecuencias. La evidente y probada causa de esos desperfectos es la falta de mantenimiento. Pero no solo son retrasos e incomodidades lo que provoca ese descuido, son también accidentes mortales. Basta recordar el desplome de un tramo de vías elevadas de la línea 12 del metro, ocurrido en mayo de 2021, dejando un trágico resultado de 26 muertes y más de una centena de heridos. En este caso como los diversos “accidentes” que se han presentado en el metro, aun cuando el saldo pudiera ser menos dramático, han sido por efecto de la falta de mantenimiento, que siempre van acompañado de actos de corrupción y de desprecio de la vida de los miles de trabajadores que están obligados a usar ese medio de transporte. Es indudablemente un acto criminal, en el que está involucrado directamente el Estado, incluyendo por tanto al gobierno federal y local, pero también a las mafias sindicales y demás sectores de la burguesía involucrados en la construcción o en su mantenimiento.
Pero si la negligencia y abandono se expone como un acto criminal, el sabotaje, que según afirman los voceros del Estado, fue la causa del choque de dos trenes del metro el 7 de enero de este año, (que provocó la muerte de una pasajera y dejó con lesiones a más de cien personas), así como el “desacople de dos vagones” en la Línea 7, nueve días después del choque referido, es igual de criminal y pone en evidencia el cinismo y la generalización del actuar de la burguesía al estilo gansteril.
No podemos asegurar que el peritaje del gobierno, en el que concluye que hubo sabotaje en el metro, sea cierto o no, en tanto que además de colocar en las estaciones del metro a la policía militar (llamada guardia nacional y que hasta ahora su tarea principal ha sido la contención de la migración), adjudicarle cargos por homicidio al conductor del metro que envistió al otro tren y detener a una señora a la que se le cayó una refacción de su lavadora a las vías, por lo que la acusaron de sabotaje (aunque luego de varios días fue exonerada), no se presentan más elementos para apoyar la hipótesis de sabotaje. Sin embargo, lo cierto es que la división que está presente en la burguesía, muy marcada desde finales de la década de los ochenta, ha evidenciado escandalosamente, la forma en que opera la clase dominante. Algunos ejemplos de esos actos son los ajusticiamientos políticos presentes durante la primera mitad de la década de los noventa del siglo XX, como los cometidos contra el obispo Posadas Ocampo, contra Colosio, Ruiz Massieu… o las respuestas violentas, colocando en medio a la población, como en los llamados “culiacanazos”[1], (en su versión de 2019 y el operado el 5 de enero de este año), no hacen sino mostrar que esta disputa va escalando en su violencia, teniendo una afectación cada vez más directa, exponiendo peligrosamente la vida de la población.
El escalamiento de la violencia con la que actúan todas las pandillas de la burguesía en su disputa, evidencia la dificultad que tienen para unificarse en torno al Estado y, por tanto, para controlar y direccionar su política. En esa violenta disputa se entrecruzan temporalmente intereses de los capitales industriales o financieros con los de grupos de las mafias de la droga, que a su vez establecen pactos con las fuerzas militares y policiacas, los aparatos políticos y los gobiernos en todos los niveles del poder, construyendo un escenario jamás conocido, con sangrientos arreglos de cuentas entre los clanes rivales, que terminan enfrentándose todos contra todos. En este escenario, en el que va escalando la violencia y la degradación, en el que “resulta cada día más difícil distinguir al aparato de gobierno y al hampa gansteril…”[2] es que las pugnas burguesas han llegado al grado de usar a la población civil como rehén de sus disputas.
Es altamente probable que los “accidentes” recientes en el metro sean el resultado de la falta de mantenimiento y del sabotaje, son ambas prácticas verdaderos actos criminales de la burguesía. Son movidos por la lógica de la competencia capitalista, que exige reducir los gastos que afectan las ganancias, pero además se mezcla con la dinámica de descomposición acelerada que vive el capitalismo y que en su pudrimiento afecta indudablemente a la burguesía, pero arrastra con ella a la clase trabajadora en su torbellino mortífero. En ese sentido es que se hace necesario para los proletarios comprender el carácter destructivo del capitalismo, reconociendo que ninguna de las pandillas burguesas y ningún gobierno puede ofrecer una alternativa, pues para éstas salvaguardar sus intereses es su único objetivo, aún y cuando requieran sacrificar más y más vidas de los explotados.
RM, 28-febrero-2023
1 Se le da ese nombre a la toma militar de la ciudad de Culiacán realizada por la mafia de la droga, ante la detención de su jefe.
2 “Tesis sobre la descomposición [109]”
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Las luchas actuales en Gran Bretaña, Grecia, Dinamarca, Estados Unidos, México, España y sobre todo en Francia muestran cual es el secreto de la verdadera fuerza de nuestra clase: la masividad, la búsqueda de la unidad y la solidaridad de clase, el afirmar claramente ante la sociedad que SOMOS LA CLASE OBRERA. Queda un largo y muy difícil camino, hay que romper el control sindical y afirmar en su contra las Asambleas Generales, la unificación real de las luchas, su politización revolucionaria, sin embargo, esa es la única forma de hacer retroceder al Capital y su Estado y poder crear finalmente las condiciones a escala mundial que permitan al proletariado pasar a la ofensiva y lograr la destrucción del Estado capitalista en todos los países.
En Francia, frente al movimiento masivo de nuestra clase, el Estado desencadena una feroz represión que hemos denunciado en nuestra hoja Represión, insultos, agresiones sexuales, gases y porrazos a mansalva... ¡No debemos caer en la trampa de las provocaciones policiales! | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1111] la cual hemos repartido lo más ampliamente posible en manifestaciones y huelgas.
El que un Estado que se reclama de los “derechos del hombre”, desencadene una salvaje represión no es ninguna novedad. El Estado francés fue el verdugo de la Comuna de París con miles de muertos y más de 30000 obreros desterrados a campos de exterminio como la Guayana1.
Es lo que hicieron la socialdemocracia y los sindicatos alemanes en 1918-23 frente a la tentativa revolucionaria del proletariado causando 100000 muertos. Es lo que hizo la Segunda República en España con 1500 muertos en las luchas obreras cuando la conjunción republicano-socialista de 1931-33 y muchos miles más en la represión de la insurrección minera en Asturias en 1934.
El Estado democrático nada tiene que envidiar en barbarie represiva al Estado descaradamente dictatorial de partido único o de dictadura militar. Sin embargo, tiene una diferencia muy importante que hace su represión mucho más eficaz: le da un contenido y una orientación política.
En Francia, la campaña represiva del gobierno Macron tiene un objetivo político muy concreto que denuncia nuestra hoja antes citada:
“- arrastrar a los jóvenes más enfurecidos a un enfrentamiento estéril con la policía;
- asustar a la mayoría de los manifestantes, para disuadirles de salir a la calle;
- impedir toda posibilidad de discusión, pudriendo sistemáticamente el final de las manifestaciones, momento habitualmente propicio a corrillos y debates;
- hacer impopular el movimiento, dando a entender que toda lucha social degenera automáticamente en violencia ciega y caos, mientras que las autoridades serían las garantes del orden y la paz”.
Y una vez más, esta maniobra no es nueva. Recordemos una experiencia trágica del proletariado en España. En 1919, los obreros en Cataluña mediante una huelga masiva, basada en la extensión de la lucha por solidaridad de clase, alcanzan una fuerza que obligan al gobierno central y la patronal a retroceder. Es la famosa huelga de La Canadiense2.
El capital español se tomó una bárbara venganza. Desde 1920, organizó una provocadora campaña de asesinatos de militantes cenetistas realizadas por bandas armadas pagadas por la patronal y por el gobierno civil. Una parte de la CNT mordió el anzuelo: se organizaron grupos de pistoleros que a cada asesinato respondían con atentados contra policías, políticos o patronos. Se produjo una espiral interminable de asesinatos y contra asesinatos. El proletariado, al verse apartado del terreno de clase de la lucha masiva y solidaria, al quedar atrapado en esa espiral de violencia minoritaria e individualista, se desmoralizó, perdió toda la fuerza conseguida, y las condiciones fueron preparadas para en 1923, la burguesía española instaurar la Dictadura de Primo de Rivera, la cual fue apoyada por el PSOE3.
Los llamados “medios de comunicación” presentan las luchas en Francia como movimientos sindicales y sobre todo como acciones de violencia minoritaria, sus retransmisiones y noticieros reproducen sin descanso escenas de enfrentamiento entre los robocop policiales y unos cuantos encapuchados, el apedreamiento de tiendas de lujo etc. Con ello, dan una idea falsa y deformada de lo que está sucediendo, tratan de hacer ver que lo que más teme el Capital son esos actos ridículos de violencia retransmitidas por TV. Como denuncia nuestra hoja “Nuestra fuerza no reside en el enfrentamiento estéril con los batallones ultrapertrechados y sobreentrenados de CRS, gendarmes móviles y demás pistoleros del "orden" de los explotadores. Como tampoco nuestra lucha consiste en andar rompiendo escaparates y quemando contenedores. La violencia de minorías no fortalece el movimiento. Al contrario, ¡lo debilitan!”.
Sin embargo, Barbaria defiende todo lo contrario, exalta esos actos estúpidos de violencia, muchos de ellos impulsados por provocadores policiales4. De entrada, el título de su artículo es significativo, pide que “incendiemos el capitalismo”, frase equívoca, que da a entender que el objetivo de nuestra lucha no sería el acto consciente de destruir el capitalismo, sino la barbarie nihilista de “incendiar el capitalismo”.
¡Es ridículo y estúpido! El gran maestro, el experto consumado en incendiar es el propio capitalismo, su voracidad imperialista le lleva a incendiar viviendas, seres humanos, tierras de cultivo, en guerras interminables como la de Ucrania. Sus contradicciones, su sed inagotable de ganancias, le lleven a la destrucción ecológica que incendia la Amazonía, Australia, o, en pleno mes de marzo, la verde Asturias.
En su apología del fuego “purificador”, Barbaria proclama “Arde París, arde Nantes…”. Ese fuego minoritario “anticipa lo que, como proletarios, aún no podemos expresar masiva y unitariamente en palabras, asambleas, como clase. La rabia no es suficiente, necesitamos organización, recuperar nuestras posiciones, nuestro programa”.
Es decir: en lugar “de organizarnos, de solidarizarnos, de unirnos, de debatir y levantarnos juntos contra las autoridades para rechazar la continua y pertinaz degradación de nuestras condiciones de vida y de trabajo, para rechazar este sistema que hunde a la humanidad en la miseria y la guerra”, la quema de contenedores, el dar unas bofetadas al pope izquierdista Varufakis5, serían el medio para llegar a las asambleas, a la lucha como clase, a desarrollar “nuestro programa”.
Es una trampa vil. En 1921-22 en España, el enfrentamiento de grupos cenetistas con el capital en una espiral de choques entre pistoleros destruyó la fuerza alcanzada por la huelga de La Canadiense, no llevó “más lejos” esta lucha, ni permitió “recuperar el programa de la clase obrera”, sino que muy contrario, supuso una grave derrota del proletariado en España. Las acciones minoritarias de violencia estúpida no abren ningún camino a la lucha masiva ni a las Asambleas, ni a romper el control sindical, al contrario, dispersan a la clase, la desmoralizan, pudren su combate, la disgregan en una desbandada individualista.
Los fuegos de Barbaria no incendian el capitalismo, lo que hacen es ayudar a quemar la lucha obrera. Eso se ve claro en el otro veneno que Barbaria pretende inocular: la negación del proletariado.
Barbaria se llena la boca de “proletariado”, “clase” etc., sin embargo, como ya denunciamos en ¿Barbaria o Comunismo?, Barbaria nos presenta un “proletariado” que es en realidad una masa amorfa de ciudadanos rebeldes, es decir, la más ponzoñosa negación del proletariado como clase.
En primer lugar, para Barbaria “El proletariado tiene un largo camino para reencontrarse con su programa histórico, con su capacidad revolucionaria, es un camino que empezó desde que el primer ser humano se levantó contra el poder y la explotación”. ¡Parece ser que el “programa histórico” del proletariado habría comenzado con el hombre de Cromañón o con el Homo Sapiens! Desde que surgieron las sociedades de clase, existe “poder y explotación”, sin embargo, solamente con el proletariado existe la posibilidad real no solamente de “levantarse” contra la explotación, sino sobre todo y ante todo, de abolirla. Como dijimos en ¿Barbaria o Comunismo? “Esta visión hace desaparecer al proletariado, diluido en todas las clases explotadas de la historia. Si bien el proletariado es solidario con ellas e integra lo mejor de su lucha, el proletariado es diferente pues no solo es la clase explotada bajo el capitalismo, sino que es igualmente la clase revolucionaria. Los esclavos y los siervos no podían acabar con la explotación, en cambio, el proletariado es la primera clase explotada de la historia que tiene la capacidad y la conciencia para acabar con el capitalismo y crear la nueva sociedad, el comunismo”.
En segundo lugar, Barbaria amalgama el proletariado con la lucha ecologista. La brutal violencia policial contra un activista del ecologismo en una acción contra los embalses en Solline (Francia), le lleva a una proliferación de comunicados donde se dice, por ejemplo, “Solidaricémonos con todo lo que Darmanin [el actual ministro de Interior] quiere erradicar, disolver, encerrar, mutilar: desde el movimiento de las pensiones hasta los comités antirrepresión, desde las futuras ZAD hasta el movimiento de los bloqueos”. Esto son palabras de los padres de la víctima que Barbaria reproduce de manera entusiasta. Aquí lo que se ve es que la lucha obrera se mezcla y por tanto se encadena en los comités anti- represivos, las ZAD, los bloqueos verdes etc. El proletariado es disuelto y atado de pies y manos a movimientos abiertamente burgueses, disfrazados de “anticapitalistas”.
El 13 de mayo de 1968 los estudiantes en Francia fueron víctimas de la barbarie policial. El proletariado se solidarizó con ellos, PERO no lo hizo en el terreno democrático de la “anti- represión”, sino en el terreno proletario de su lucha como clase contra la explotación en la perspectiva de abolirla. Es una repugnante manipulación canalizar la justificada indignación por la barbarie policial contra ese militante hacia una amalgama de “lucha anticapitalista” donde el movimiento de clase contra la reforma de las pensiones se ve encadenado y por tanto negado en la compañía de movimientos burgueses como la protesta ecologista, la “anti represión”, el wokismo etc.
Omar 12-4-23
1 Ver nuestra colección de artículos sobre la Comuna de París Dossier sobre la Comuna de París en su 150 aniversario | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1112]
2 Sobre esta lucha ver el tercer artículo de nuestra Serie sobre la historia de la CNT: Historia del movimiento obrero - El sindicalismo frustra la orientacion revolucionaria de la CNT (1919-23) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [312]
3 Ver el primer artículo de nuestra serie Los gobiernos de izquierda al servicio de la explotación capitalista: Los gobiernos de izquierda en defensa de la explotación capitalista (I) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [192]
4 El proletariado necesita ejercer su violencia masiva de clase, sin embargo, esta NO TIENE NADA QUE VER ni con las picaduras de mosquito en la piel de un elefante que son esas gamberradas ni, por supuesto, tampoco con el terror y el terrorismo. Ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/197806/944/terror-terrorismo-y-violencia-de-clase [529] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/197810/2134/resolucion-sobre-el-terror-el-terrorismo-y-la-violencia-de-clase [530]
5 “Aprovechamos para saludar a “los/as encapuchados/as” de Exarquia que le partieron la jeta a Varoufakis, el penúltimo pelele izquierdista de la burguesía y alentamos para que estos ejemplos se extiendan” dice Barbaria.
Al comienzo de la guerra en Ucrania, la Corriente Comunista Internacional propuso a los demás grupos de la Izquierda Comunista una declaración internacionalista conjunta sobre el conflicto. De estos grupos, tres afirmaron su voluntad de participar y una declaración fue discutida, acordada y publicada por estos diferentes grupos. El principio de la declaración conjunta era que, en la cuestión fundamental de la guerra imperialista y la respuesta internacionalista contra ella, los diferentes grupos de la Izquierda Comunista estaban de acuerdo y podían unirse en esta cuestión para proporcionar, con mayor fuerza, una clara alternativa política para la clase obrera de los diferentes países contra la barbarie capitalista1
La otra cara de la declaración conjunta era que, en otras cuestiones, particularmente en el análisis de la actual guerra imperialista, sus orígenes y perspectivas, había diferencias entre los grupos constituyentes que debían ser discutidas y aclaradas. En consecuencia, los grupos han decidido elaborar breves declaraciones sobre estas cuestiones y publicarlas en un boletín.
La primera edición en inglés de este boletín puede consultarse aquí en formato PDF [1113] haciendo doble clic en la ilustración. Más adelante se publicará en farsi, italiano, coreano y otros idiomas.
CCI 19-4-23
1 Ver Declaración conjunta de grupos de la Izquierda Comunista Internacional sobre la guerra en Ucrania | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [898]
Desde el verano de la ira en Gran Bretaña en 2022, la clase obrera ha vuelto y su lucha se expresa a escala internacional. Enough is enough (¡Ya basta!) gritan los obreros en Gran Bretaña; “Ni un año de más ni un euro de menos”, gritan en Francia; “la indignación viene de lejos”, el grito escuchado en España; “Todos para todos” (Alemania).
Estas consignas, estas luchas, expresan el rechazo que crece en las filas obreras de los terribles ataques que caen sobre sus vidas, de la inflación que hace imposible llegar a fin de mes, del deterioro inexorable de sus condiciones de trabajo y vida.
Expresión más avanzada de esta ola de luchas, los obreros en Francia se movilizan una y otra vez, un nuevo grito emerge de sus gargantas: “Si nos dais un 64 nosotros os daremos un 68” (64 la edad de jubilación que el capital quiere imponer; 68 la lucha masiva de mayo 68).
Este grito expresa como los trabajadores tratan de recuperar su memoria de clase, sus experiencias, una de las más importantes en los últimos 50 años, Mayo 68.
Pero necesitamos ir mucho más allá de Mayo 68. La oleada de lucha internacional que comenzó entonces fue una reacción a los primeros signos de la crisis económica mundial. Hoy, la situación es muchísimo más grave. La desastrosa situación del capitalismo (crisis, guerra, catástrofe ecológica, pandemias etc.) pone en juego la supervivencia de la humanidad.
El impulso de Mayo del 68 se rompió por una doble mentira de la burguesía. Cuando la URSS se derrumbó en 1990, afirmó que el colapso del estalinismo significaba la muerte del comunismo y que comenzaba una nueva era de paz y prosperidad. Tres décadas después, sabemos por experiencia que, en lugar de paz y prosperidad, obtuvimos guerra y miseria. Aún no hemos comprendido que el estalinismo era la antítesis del comunismo, que era un régimen capitalista bárbaro surgido de la contrarrevolución de los años veinte. Falsificando la historia, presentando el estalinismo como comunismo, la burguesía consiguió hacer creer a la clase obrera que su proyecto de emancipación revolucionaria sólo podía acabar en un desastre.
Pero en la lucha, desarrollaremos gradualmente nuestra fuerza colectiva, nuestra unidad y nuestra autoorganización. En la lucha, poco a poco nos daremos cuenta de que nosotros, la clase obrera, somos capaces de ofrecer una perspectiva distinta a la pesadilla prometida por un sistema capitalista en decadencia.
¡Ven a discutir las lecciones de Mayo del 68 para las luchas de hoy!
Fecha y hora: sábado 13 de mayo, 11 horas de México y 19 horas de Europa.
Si quieres participar:
Presencialmente, en Ciudad de México
Dirección: Av. Álvaro Obregón 185, piso 4. Col. Roma Norte, CDMX.
(Entre Monterrey y Tonalá)
A dos cuadras y media - a 3 minutos caminado- de Estación Álvaro Obregón, Metrobús Línea 1, Aprox. a 6-7 cuadras de la Estación Metro Insurgentes, a 15 minutos caminado
Por Internet: escríbenos a [email protected] [45] , y te enviaremos el enlace para participar.
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“¡Basta ya!” - Reino Unido. “Ni un año más, ni un euro menos” - Francia. “La indignación viene de lejos” - España. “Por todos nosotros” - Alemania. Todas estas consignas, coreadas durante las huelgas de los últimos meses en todo el mundo, revelan hasta qué punto las luchas obreras actuales expresan el rechazo al deterioro general de nuestras condiciones de vida y de trabajo. En Dinamarca, Portugal, Países Bajos, Estados Unidos, Canadá, México, China... las mismas huelgas contra la misma explotación cada vez más insoportable. "La verdadera penuria: ¡no poder calentarse, comer, sanar, conducir!
Pero nuestras luchas son también mucho más que eso. En las manifestaciones, empezamos a leer en algunas pancartas el rechazo a la guerra en Ucrania, el rechazo a producir cada vez más armas y bombas, a tener que apretarnos el cinturón en nombre del desarrollo de esta economía de guerra: "¡Ningún dinero para la guerra, ningún dinero para las armas! ¡El dinero para los salarios, el dinero para las pensiones!" pudimos oír durante las manifestaciones en Francia. También expresan el rechazo a ver el planeta destruido en nombre de la ganancia.
Nuestras luchas son el único baluarte contra esta dinámica autodestructiva, el único baluarte contra la muerte que el capitalismo promete a toda la humanidad. Porque, dejado a su propia lógica, este sistema decadente arrastrará a partes cada vez mayores de la humanidad a la guerra y la miseria, destruirá el planeta con gases de efecto invernadero, bosques arrasados y bombas.
La clase que gobierna la sociedad mundial, la burguesía, es en parte consciente de esta realidad, del futuro bárbaro que nos promete su sistema moribundo. Basta leer los estudios y trabajos de sus propios expertos para darse cuenta de ello. Según el "Informe sobre los Riesgos Mundiales" presentado en el Foro Económico Mundial de Davos de enero de 2023: "Los primeros años de esta década han anunciado un período particularmente turbulento en la historia humana. La vuelta a una 'nueva normalidad' tras la pandemia de Covid-19 se vio rápidamente afectada por el estallido de la guerra en Ucrania, inaugurando una nueva serie de crisis alimentarias y energéticas [...]. Al entrar en 2023, el mundo se enfrenta a una serie de riesgos [...]: inflación, crisis del coste de la vida, guerras comerciales [...], enfrentamientos geopolíticos y el espectro de la guerra nuclear [...], niveles insostenibles de deuda [...], declive del desarrollo humano [...], creciente presión de los impactos y ambiciones del cambio climático [...]. Todos estos elementos convergen para dar forma a una década única, incierta y problemática”.
En realidad, la próxima década no es tan “incierta” como dice el mismo Informe: “La próxima década se caracterizará por crisis medioambientales y sociales [...], la “crisis del coste de la vida” [...], la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas [...], la confrontación geoeconómica [...], la migración involuntaria a gran escala [...], la fragmentación de la economía mundial, las tensiones geopolíticas [...]. La guerra económica se está convirtiendo en la norma, con un creciente enfrentamiento entre las potencias mundiales [...]. El reciente aumento del gasto militar [...] podría desembocar en una carrera armamentística mundial [...], con el despliegue selectivo de armas de nueva tecnología a una escala potencialmente más destructiva de lo que se ha visto en las últimas décadas”.
Ante esta perspectiva abrumadora, la burguesía sólo puede mostrarse impotente. Ella y su sistema no son la solución, son la causa del problema. Si bien en los grandes medios de información, intenta hacernos creer que hace todo lo posible para luchar contra el calentamiento climático, que un capitalismo “verde” y “sostenible” es posible, ella sabe muy bien que está mintiendo. Porque, como señala el “Informe sobre los riesgos mundiales”: “los niveles atmosféricos de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso han alcanzado su punto máximo. Las trayectorias de las emisiones hacen muy improbable que se cumplan las ambiciones mundiales de limitar el calentamiento a 1,5°C. Los recientes acontecimientos han puesto de manifiesto una divergencia entre lo que es científicamente necesario y lo que es políticamente conveniente”.
En realidad, esta “divergencia” no se limita a la cuestión climática. Expresa la contradicción fundamental de un sistema económico basado no en la satisfacción de las necesidades humanas sino en la ganancia y la competencia, en la depredación de los recursos naturales y la explotación feroz de la clase que produce la mayor parte de la riqueza social: el proletariado, los trabajadores asalariados de todos los países.
Así, el capitalismo y la burguesía forman uno de los dos polos de la sociedad, el que conduce a la humanidad hacia la miseria y la guerra, hacia la barbarie y la destrucción. El otro polo es el proletariado y su lucha. Desde hace un año, en los movimientos sociales que se desarrollan en Francia, el Reino Unido, España… trabajadores, pensionados, desempleados, estudiantes se mantienen unidos. Esta solidaridad activa, esta combatividad colectiva, son los testigos de lo que es la naturaleza profunda de la lucha obrera: una lucha por un mundo radicalmente distinto, un mundo sin explotación ni clases sociales, sin competencia, sin fronteras ni naciones. “Los trabajadores permanecen unidos”, gritan los huelguistas en Reino Unido. “¡O luchamos juntos, o acabaremos durmiendo en la calle!”, confirman los manifestantes en Francia. La pancarta “Por todos nosotros” bajo la que se celebró la huelga contra la pauperización en Alemania, el 27 de marzo es especialmente significativa de este sentimiento general que crece en la clase obrera: todos estamos en el mismo barco y luchamos unos por otros. Las huelgas de Alemania, Reino Unido y Francia se inspiran mutuamente. En Francia, los trabajadores se declararon explícitamente en huelga en solidaridad con sus hermanos de clase que luchan en Inglaterra: “Somos solidarios con los trabajadores ingleses, que llevan semanas en huelga por salarios más altos”. Este reflejo de solidaridad internacional es exactamente lo contrario del mundo capitalista dividido en naciones competidoras, lo que culmina en la barbarie guerrera. Recuerda el grito de guerra de nuestra clase desde 1848: “¡Los proletarios no tienen patria! Proletarios de todos los países, ¡uníos!”.
Así, en todo el mundo, la atmósfera social está cambiando. Después de décadas de pasividad y de agachar la cabeza, la clase obrera empieza a reencontrar el camino de su lucha y de su dignidad. Así lo demostraron el “Verano de la Ira” y el retorno de las huelgas en el Reino Unido, casi cuarenta años después de la derrota de los mineros a manos de Thatcher en 1985.
Pero todos resentimos las dificultades y los límites actuales de nuestras luchas. Frente a la apisonadora de la crisis económica, la inflación y los ataques gubernamentales que llaman “reformas”, aún no somos capaces de establecer una relación de fuerzas a nuestro favor. A menudo aislados en huelgas separadas las unas de las otras, o frustrados por reducir nuestras manifestaciones a marchas-procesiones multitudinarias, sin reuniones ni debates, sin asambleas generales ni organizaciones colectivas, todos aspiramos a un movimiento más amplio, más fuerte, más solidario y unitario. En las marchas de Francia, el llamamiento a un nuevo Mayo del 68 no cesa de repetirse. Frente a la “reforma” que retrasa la edad de jubilación a los 64 años, la consigna más popular en las pancartas es: “Vosotros nos ponéis en 64, nosotros os pondremos en Mayo del 68”.
En 1968, el proletariado francés se unió tomando sus luchas en sus manos. Tras las grandes manifestaciones del 13 de mayo para protestar contra la represión policial sufrida por los estudiantes, los paros y las asambleas generales se propagaron como línea de pólvora en las fábricas y en todos los centros de trabajo para desembocar, con sus 9 millones de huelguistas, en la mayor huelga de la historia del movimiento obrero internacional. Ante esta dinámica de extensión y unidad de la lucha obrera, el gobierno y los sindicatos se apresuraron a firmar un acuerdo de aumento general de los salarios para frenar el movimiento. Al mismo tiempo que se producía este despertar de la lucha obrera, se produjo un fuerte retorno a la idea de la revolución, discutida por muchos trabajadores en lucha.
Un acontecimiento de esta magnitud era el signo de un cambio fundamental en la vida de la sociedad: era el fin de la terrible contrarrevolución que había caído sobre la clase obrera desde finales de los años 20 con el fracaso de la revolución mundial tras su primera victoria en octubre de 1917 en Rusia. Una contrarrevolución que había adoptado el rostro espantoso del estalinismo y el fascismo, que había abierto la puerta a la Segunda Guerra Mundial con sus 60 millones de muertos y que había continuado durante dos décadas después. Y esto fue rápidamente confirmado en todas partes del mundo por una serie de luchas de una magnitud desconocida durante décadas:
- El Otoño Caliente italiano de 1969, también conocido como el “Mayo rampante”, que vio luchas masivas en los principales centros industriales y un desafío explícito al encuadramiento sindical.
- El levantamiento de los obreros de Córdoba (Argentina) ese mismo año.
- Las huelgas masivas de los trabajadores bálticos en Polonia en el invierno de 1970-71.
- Otras numerosas luchas en los años siguientes en prácticamente todos los países europeos, en particular en el Reino Unido.
- En 1980, en Polonia, ante la subida de los precios de los alimentos, los huelguistas llevaron aún más lejos esta oleada internacional tomando sus luchas en sus propias manos, reuniéndose en enormes asambleas generales, decidiendo por sí mismos qué reivindicaciones hacer y qué acciones emprender y, sobre todo, esforzándose constantemente por extender la lucha. Ante esta fuerza, no sólo tembló la burguesía polaca, sino la de todos los países.
En dos décadas, de 1968 a 1989, toda una generación de trabajadores adquirió experiencia en la lucha. Sus numerosas derrotas, y a veces victorias, permitieron a esta generación enfrentarse a las numerosas trampas tendidas por la burguesía para sabotear, dividir y desmoralizar. Sus luchas deben permitirnos sacar lecciones vitales para nuestras luchas actuales y futuras: sólo la reunión en asambleas generales (AGs) abiertas y masivas, autónomas, que decidan realmente sobre la conducción del movimiento, al margen e incluso en contra del control sindical, puede constituir la base de una lucha unida y que se extienda, llevada por la solidaridad entre todos los sectores, todas las generaciones. AGs en las que nos sintamos unidos y confiados en nuestra fuerza colectiva. AGs en las que podamos adoptar juntos reivindicaciones cada vez más unificadoras. AGs en las que nos reunamos y de las que podamos salir en delegaciones masivas al encuentro de nuestros hermanos de clase, los trabajadores de la fábrica, del hospital, de la escuela, del centro comercial, de la administración... los más cercanos.
La nueva generación de trabajadores, que ahora toma la antorcha, debe reunirse, debatir, reapropiarse de las grandes lecciones de las luchas pasadas. La generación de más edad debe contar sus luchas a la generación más joven, para que la experiencia acumulada se transmita y se convierta en un arma en las luchas venideras.
Pero también debemos ir más allá. La oleada de lucha internacional que comenzó en mayo de 1968 fue una reacción a la ralentización del crecimiento económico y a la reaparición del desempleo masivo. Hoy, la situación es mucho más grave. El estado catastrófico del capitalismo pone en juego la supervivencia misma de la humanidad. Si no conseguimos derrocarlo, la barbarie se generalizará progresivamente.
El impulso de Mayo del 68 se vio truncado por una doble mentira de la burguesía: cuando los regímenes estalinistas se derrumbaron en 1989-91, afirmaron que el colapso del estalinismo significaba la muerte del comunismo y que se abría una nueva era de paz y prosperidad. Tres décadas después, sabemos por experiencia que, en lugar de paz y prosperidad, obtuvimos guerra y miseria. Todavía tenemos que comprender que el estalinismo es la antítesis del comunismo, que es una forma particularmente brutal de capitalismo de Estado surgida de la contrarrevolución de los años veinte. Falsificando la historia, haciendo pasar el estalinismo por comunismo (¡como la URSS de ayer y la China, Cuba, Venezuela o Corea del Norte de hoy!), la burguesía consiguió hacer creer a la clase obrera que su proyecto revolucionario de emancipación sólo podía conducir a la ruina. Hasta que la propia palabra “revolución” se volvió sospechosa y vergonzosa.
Pero en la lucha, desarrollaremos poco a poco nuestra fuerza colectiva, nuestra confianza en nosotros mismos, nuestra solidaridad, nuestra unidad, nuestra autoorganización. En la lucha, nos iremos dando cuenta de que nosotros, la clase trabajadora, somos capaces de ofrecer otra perspectiva que la muerte prometida por un sistema capitalista en decadencia: la revolución comunista. La perspectiva de la revolución proletaria hará su retorno en nuestras cabezas y en nuestras luchas.
¡El futuro pertenece a la lucha de clases!
Corriente Comunista Internacional, 22 de abril de 2023.
Nuestra Web: / [601]; Para todo contacto, discusión, colaboración, críticas, comentarios, propuestas, escribir a [email protected] [45] ; [email protected] [1116]; [email protected] [886]
Participa en nuestra Reunión Pública sobre 1968 y las luchas actuales: Fecha y hora: sábado 13 de mayo, 11 horas de México y 18 horas de Europa. En Ciudad de México: Av. Álvaro Obregón 185, piso 4. Col. Roma Norte, CDMX (Entre Monterrey y Tonalá). A dos cuadras y media - a 3 minutos caminado- de Estación Álvaro Obregón, Metrobús Línea 1, Aprox. a 6-7 cuadras de la Estación Metro Insurgentes, a 15 minutos caminado. Si quieres participar por Internet: escríbenos a [email protected] [45] , y te enviaremos el enlace para participar.
"¿Te callas o quieres que empiece otra vez? ¡Vaya! empiezas a farfullar, si quieres te vuelvo a arrear otro sopapo para enderezarte la mandíbula".
“Cuando te eché mano te pusiste a temblar, ¡la zancadilla te la puse yo!”
“Tranquilo, de tu cara bonita ya tenemos la foto. En cuanto asomes el morro por la calle en las próximas manifestaciones, te puedo decir que somos muy fisionomistas y recordamos vuestras jetas. Cuando volvamos la próxima vez, no subirás al furgón para ir a comisaría, ¡subirás a otra cosa que llaman "ambulancia" para ir al hospital!”
“Tienes suerte, nos vamos a desquitar con otras personas. Si tienes ocasión de ver la tele, fíjate bien, ¡ya verás lo que te espera si se te ocurre volver!”.
Esas frases las pronunciaron policías de la Brav-M1 durante la manifestación del 23 de marzo en París, las grabó uno de los detenidos, y acabaron recorriendo los medios de comunicación, suscitando uno de esos debates entre expertos sobre cómo se forma a los agentes de esa brigada especial, como queriéndonos hacer creer que fue un extravío de unos pocos. ¡Mentira! En todas partes de Francia, en Rennes, Nantes, Lyon,... la policía golpea y provoca. La simultaneidad represiva que se está desarrollando no es casual. Es una política totalmente deliberada del gobierno. El objetivo es simple y hasta clásico:
- arrastrar a los jóvenes más enfurecidos a un enfrentamiento estéril con la policía;
- asustar a la mayoría de los manifestantes, para disuadirles de salir a la calle;
- impedir toda posibilidad de discusión, pudriendo sistemáticamente el final de las manifestaciones, momento habitualmente propicio a corrillos y debates;
- hacer impopular el movimiento, dando a entender que toda lucha social degenera automáticamente en violencia ciega y caos, mientras que las autoridades serían las garantes del orden y la paz.
Sí, ¡nuestra cólera es inmensa! Cierto, no podemos sino indignarnos y ser combativos.
Pero nuestra fuerza no reside en el enfrentamiento estéril con los batallones ultrapertrechados y sobreentrenados de CRS2, gendarmes móviles y demás pistoleros del "orden" de los explotadores.
Como tampoco nuestra lucha consiste en andar rompiendo escaparates y quemando contenedores. La violencia de minorías no fortalece el movimiento. Al contrario, ¡lo debilitan!
¡Somos la clase obrera! Somos una fuerza colectiva, capaz de entrar en una lucha masiva, de organizarnos, de solidarizarnos, de unirnos, de debatir y levantarnos juntos contra las autoridades para rechazar la continua y pertinaz degradación de nuestras condiciones de vida y de trabajo, para rechazar este sistema que hunde a la humanidad en la miseria y la guerra.
Eso es lo que realmente preocupa a la burguesía: cuando luchamos así, como clase obrera que somos. Por eso nos tienden hoy la trampa de la degradación y el caos mediante la violencia. Quieren romper la dinámica actual y el proceso que se está desarrollando desde hace meses a escala internacional.
Desde el anuncio de la reforma de las pensiones, las huelgas se multiplican y, sobre todo, las manifestaciones nos reúnen por millones en las calles. Gracias a esta lucha, ¡empezamos a comprender quién es ese "Nosotros"! Una fuerza social, internacional, que lo produce prácticamente todo y que debe luchar unida y solidaria: ¡la clase obrera! "¡O luchamos juntos o acabaremos durmiendo en la calle!". Así lo expresaban, por ejemplo, en las manifestaciones de apoyo a los basureros de Ivry que la policía viene regularmente a desalojar: ¡juntos somos más fuertes!
Esos reflejos de solidaridad no sólo surgen en Francia. En muchos países aumentan las huelgas y los movimientos sociales. En Reino Unido frente a la inflación, en España frente al desmoronamiento del sistema sanitario, en Corea del Sur contra la prolongación de la jornada laboral, en Alemania contra los bajos salarios... en todas partes, la clase obrera se defiende.
En Grecia, hace tres semanas se produjo un accidente de tren: 57 muertos. Como era de esperar, la burguesía quiso cargar las culpas en un trabajador y encarcelaron al guardagujas de turno. Pero la clase obrera comprendió inmediatamente la argucia. Miles de manifestantes salieron a la calle para denunciar la verdadera causa de ese accidente mortal: la falta de personal y la ausencia de medios. Desde entonces, la cólera no se ha calmado. Al contrario, la lucha crece y se amplía, con gritos de "salarios de miseria, ¡no!" y “¡Hasta el gollete estamos!” o “desde la crisis, ya no podemos trabajar como es debido, pero al menos no nos matéis". Nuestro movimiento contra la reforma de las pensiones forma parte de ese desarrollo de la combatividad y de la reflexión de nuestra clase a nivel mundial.
Nuestro movimiento contra la reforma de las pensiones participa en este desarrollo de la combatividad y de la reflexión de nuestra clase a nivel mundial.
Nuestro movimiento demuestra que somos capaces de luchar masivamente y de hacer temblar a la burguesía. Ya todos los especialistas y sesudos políticos anuncian que será muy complicado que Macron apruebe nuevas reformas y grandes ataques de aquí al final de su quinquenio.
Para ocultar a los trabajadores de otros países la fuerza del movimiento social en Francia, todos los medios de comunicación del mundo retransmiten hasta la saciedad contenedores ardiendo y pedradas. Reducen deliberadamente toda la lucha contra la reforma de las pensiones a un mero disturbio destructivo. Pero sus burdas patrañas son cada vez menos creíbles: en Alemania, las huelgas que se están desarrollando declaran abiertamente que se inspiran en el movimiento actual en Francia.
Es el embrión de un vínculo internacional. Por otra parte, el personal del “Mobilier National” en huelga contra la reforma de las pensiones declaró, justo antes de que se cancelara la visita del rey de Inglaterra a Versalles: "Somos solidarios con los trabajadores ingleses, que llevan semanas en huelga por salarios más altos".
Este reflejo de solidaridad internacional es exactamente lo contrario del mundo capitalista dividido en naciones competidoras, ¡hasta la guerra! Este reflejo de solidaridad internacional recuerda el grito de guerra de nuestra clase desde 1848: "¡Los proletarios no tienen patria! Proletarios de todos los países, ¡uníos!
Contra todas las trampas y mentiras de las burguesías y sus medios de comunicación, en todos los países, a nosotros nos incumbe defender nuestros métodos de lucha, comprender lo que nos hace fuertes y unidos como clase, aprender las lecciones de las luchas pasadas para las luchas presentes y futuras.
Por ejemplo, en los últimos días los periódicos han estado señalando la posibilidad de una situación "tipo CPE" sin decir una palabra sobre lo que fue su alma y su fuerza: las Asambleas Generales (AG). En 2006, el gobierno se vio obligado a retirar su Contrat Première Embauche (Contrato Primer Empleo), que iba a sumir a los jóvenes en una inseguridad aún mayor.
En aquel momento, la burguesía se asustó ante la envergadura que la protesta iba adquiriendo, que empezaba a ir más allá de un movimiento meramente juvenil, de estudiantes precarios y jóvenes trabajadores, para extenderse a otros sectores, con consignas unidas y solidarias: “jeunes lardons, vieux croûtons, tous la même salade’’3
En la capacidad de extender el movimiento se plasmaron los debates llevados a cabo en verdaderas asambleas generales soberanas y abiertas. Las AG fueron los pulmones del movimiento, procurando constantemente no quedar encerrado en facultades o lugares de trabajo a modo de ciudadela sitiada, quedando así bloqueado, sino extender la lucha, con delegaciones masivas a las empresas vecinas y a otros barrios. ¡Esto fue lo que hizo retroceder a la burguesía! ¡Eso es lo que hizo fuerte a nuestro movimiento! ¡Esas son las lecciones que debemos reapropiarnos hoy!
La fuerza de nuestra clase reside en nuestra unidad, en nuestra conciencia de clase, en nuestra capacidad para desarrollar nuestra solidaridad y extender así el movimiento a todos los sectores. Ese es el acicate que debe guiar nuestras luchas.
En la lucha, sólo podemos confiar en nosotros mismos. Ni en políticos, ni en sindicatos. Es la clase obrera y su lucha la portadora de la alternativa: la del derrocamiento del capitalismo, ¡la de la revolución!
Hoy sigue siendo difícil reunirse en asambleas generales, organizarse. Sin embargo, es la única vía posible. Estas AG deben ser lugares donde decidamos realmente la dirección del movimiento. Son el único lugar para organizar la respuesta a la represión y la defensa de nuestros medios de lucha, como fue el caso en las AG cuando lo del CPE de 2006. Estas AG son el lugar donde nos sentimos unidos y confiados en nuestra fuerza colectiva, donde se expresa la responsabilidad y el compromiso de cada uno, donde podemos adoptar juntos reivindicaciones cada vez más unificadoras e ir en delegaciones masivas al encuentro de nuestros hermanos y hermanas de clase en las fábricas, hospitales, escuelas, comercios, administraciones más cercanas. Es la rápida extensión de la lucha a otros sectores lo que hará doblegarse al gobierno.
Hoy o mañana, las luchas continuarán, porque el capitalismo se hunde en la crisis y porque al proletariado no le queda otra opción. Por eso, en todo el mundo, los trabajadores están entrando en lucha.
La burguesía continuará sus ataques (economía de guerra, inflación, despidos, precariedad, penurias), su represión y sus provocaciones. Frente a tal degradación de las condiciones de vida y de trabajo, la clase obrera internacional emprenderá más y más masivamente la vía de la lucha y deberá evitar todas las trampas que se le tiendan.
Así pues, allá donde podamos, en las calles, después y antes de las manifestaciones, en los piquetes, en los cafés y en los lugares de trabajo, debemos reunirnos, debatir, aprender de las lecciones de las luchas pasadas, para desarrollar nuestras luchas actuales y prepararnos para las luchas venideras.
Corriente Comunista Internacional, 27 de marzo de 2023
Al final de la hoja, nuestros compañeros de Révolution Internationale anuncian las reuniones públicas de la siguiente manera:
Por donde sea posible, necesitamos agruparnos, debatir y reapropiarnos de las lecciones del pasado, para preparar la lucha autónoma de toda la clase obrera. En el trabajo, en las manifestaciones, en los bloqueos, en los piquetes, hay que debatir y reflexionar sobre cómo puede tomar la clase obrera sus luchas en sus propias manos, cómo puede autoorganizarse en asambleas generales autónomas, cómo puede extender un movimiento. Y es así, con ese ánimo, con el que organizamos encuentros públicos en París, Lille, Toulouse, Marsella, Nantes, Rennes, Lyon... y en línea. Las fechas y lugares de nuestras reuniones presenciales y cómo conectarse a nuestras reuniones en línea están disponibles en nuestro sitio web: es.internationalism.org ¡Ven a debatir!
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1 ‘‘Brigadas de represión contra acciones violentas (motorizadas)”. Van de robocops, en moto, en binomio, con porras y granadas etc. Muy móviles, circulan por las grandes ciudades, especialmente París, durante las manifestaciones, bajan de las motos y se ponen a dar palos o lanzar granadas a diestro y siniestro. En la carrera sin fin en medios represivos son lo más reciente del Estado francés, aunque recuerdan otra brigada motorizada que mató a palos a un manifestante en 1986.
2 Compañías republicanas de seguridad, otra “fuerza del orden”.
3 Juego de palabras que significa “Todos juntos jóvenes y viejos”. Las ensaladas se aderezan con tocinillos ahumados (lardons)y picatostes de pan duro (croûton). Y “vieux croûton” se usa para hablar con ironía de los “mayores”.
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Hoy vamos a volver a las calles para la undécima jornada de manifestaciones contra la reforma de las pensiones. Somos, cada vez, millones de personas alzándonos contra ese ataque, negándonos a aceptar el continuo deterioro de nuestras condiciones de vida y de trabajo, permaneciendo unidos, luchando juntos.
Trabajadores, desempleados, estudiantes y pensionistas, podemos estar orgullosos de esta lucha colectiva, por la dignidad, de esta solidaridad que nos une.
La amplitud de nuestro movimiento es tal que está siendo fuente de inspiración a trabajadores de Alemania, Italia, República Checa, Reino Unido... Ellos también se niegan a ser cada vez más explotados y empobrecidos. Las huelgas se multiplican a escala internacional. Sin embargo, todos sentimos los actuales límites de nuestro movimiento. En Reino Unido, los trabajadores llevan diez meses en huelga sin doblegar al gobierno. Ningún aumento salarial real sino son unas cuantas migajas. En Francia, el gobierno sigue "con las botas puestas", manteniendo su ataque. Y lo peor es que, mientras tanto, los precios alimenticios se disparan y los salarios se estancan. Y a la futura reforma laboral ya se le ve el plumero: más flexibilidad, más precariedad.
Parte de la respuesta está en nuestra propia experiencia, en nuestra propia historia, en particular en aquel episodio de lucha de clases que fue nuestra última victoria: el movimiento contra el Contrato Primer Empleo (CPE) en 2006. Frente a la dinámica del movimiento, la burguesía francesa tuvo que dar marcha atrás y retirar su ley, aun cuando ya había sido aprobada en el Parlamento. Los medios de comunicación hablan de la posibilidad actual de un "escenario CPE", pero sin mencionar nunca lo que, en su momento, hizo temblar a la burguesía francesa y a su gobierno.
El 16 de enero de 2006, el gobierno, con el pretexto de luchar contra el desempleo juvenil, presentó ante Parlamento un proyecto de ley (cínicamente titulado "por la igualdad de oportunidades") con un dispositivo de lo más indignante: el CPE. Este contrato permite a los empresarios despedir a los trabajadores menores de 26 años durante dos años sin la menor justificación.
A partir del 17 de enero, los jóvenes reaccionaron ante semejante ataque, comprendiendo inmediatamente que lo que pretendía era aumentar su precariedad laboral. En todas las universidades se reunieron asambleas generales (AG) para debatir y decidir juntos la dirección del movimiento. Se formaron colectivos para obtener la retirada del CPE.
El 24 de enero se lanza la primera convocatoria de manifestación.
El 7 de febrero, varios cientos de miles de personas se manifiestan por toda Francia, mientras que en las empresas ningún sindicato convoca la menor acción ni asamblea general.
Los días 14 y 16 de febrero, varios miles de estudiantes de universidad y de instituto se manifiestan en París, Toulouse, Rennes y Lyon.
El 27 de febrero, el gobierno utiliza el 49.3 para aprobar la ley (y por tanto el CPE) en la Asamblea Nacional.
El 1º de marzo, trece universidades se declaran en huelga. Los bloqueos, los filtros y el cierre total de las universidades fueron decididos por las AG de los estudiantes en huelga. Se trataba de verdaderas AG: decidían las acciones a emprender y las consignas, y estaban abiertas a trabajadores, desempleados y pensionistas.
El 4 de marzo, la Coordinadora Nacional de Estudiantes, formada por delegados elegidos por las AG, se reúne en Jussieu (París). Unos cincuenta trabajadores, desempleados y jubilados de toda Francia querían participar en los debates. Pero el sindicato estudiantil UNEF se opuso. El debate comenzó en la asamblea, la posición de la UNEF fue quedó en minoría, se abrieron las puertas y se permitió la entrada a los cincuenta "de fuera". Durante todo el debate, los representantes de la UNEF no cesaron de intentar reducir el movimiento a reivindicaciones puramente estudiantiles, mientras que el resto de la asamblea se esforzaba por ampliar las consignas a todos los trabajadores.
El 7 de marzo, la protesta se intensificó. Cerca de un millón de manifestantes caminaron por toda Francia. Empezamos a ver a trabajadores integrar la manifestación, sobre todo en medio de los grupos estudiantiles o por las aceras, raras veces tras pancartas sindicales. En París, los sindicatos tomaron la iniciativa de la manifestación. Al ver esto, los estudiantes se apresuraron a ponerse al frente de la manifestación. Unas veinte universidades estaban en huelga, con cada vez más asambleas soberanas.
El 8 de marzo, los estudiantes de la Sorbona ocuparon la universidad para poder celebrar sus asambleas. El rectorado de París exigió el desalojo del edificio, considerado "monumento histórico". Los estudiantes se negaron y fueron rodeados por CRS y gendarmes móviles, que transformaron la universidad en una auténtica ratonera.
El 9 de marzo, el Parlamento adoptó definitivamente el CPE. El primer ministro anunció que la medida se aplicaría "en las próximas semanas".
El 10 de marzo, estudiantes de otras universidades decidieron acudir masiva y pacíficamente a la Sorbona, para aportar solidaridad y alimentos a sus hambrientos compañeros, encerrados por orden del Rector del Distrito de París y del Ministerio del Interior.
Durante la noche del 10 al 11, la policía invadió la Sorbona, armada de porras y gases lacrimógenos. Expulsaron a los estudiantes en lucha y detuvieron a varias decenas de ellos.
El 16 de marzo, 64 de las 84 universidades de Francia quedaron bloqueadas.
El 18 de marzo, demostración de fuerza anti-CPE: casi un millón y medio de personas en la calle. Los sindicatos siguen sin hacer nada en las empresas, ninguna acción, ninguna asamblea general.
El 19 de marzo, los sindicatos esgrimen "la amenaza de una huelga general"... una ilusoria amenaza que nunca se concretó. Un texto normalmente reservado a los miembros de la UNEF se filtró en las filas estudiantiles. Este texto explica a sus miembros cómo infiltrarse en las AG, controlar los debates y las decisiones. La indignación es general. Algunas asambleas corearon "Unef-Medef"1, para subrayar el debilitamiento del sindicato desde dentro en beneficio de la patronal.
El 20 de marzo, el primer ministro vuelve a descartar cualquier retirada del CPE.
El 21 de marzo se bloqueó una cuarta parte de los institutos de enseñanza media.
El 28 de marzo y el 4 de abril, récord de movilizaciones: cerca de tres millones de manifestantes marcharon por toda Francia.
El 10 de abril, ¡el CPE fue retirado!
Lo que hizo fuerte al movimiento fue, ante todo, el fortalecimiento de la solidaridad activa en la lucha. Fue cerrando filas, construyendo un tejido muy tupido, comprendiendo que la unión hace la fuerza, como los estudiantes de universidad y de secundaria pudieron poner en práctica la vieja consigna del movimiento obrero: "¡Uno para todos, todos para uno!"
Se celebraban en paraninfos abarrotados. Se invitaba a obreros, desempleados, jubilados a participar en los debates, a aportar su experiencia. Todos los trabajadores que asistieron a esas AG quedaron asombrados por la capacidad de la joven generación para dar la palabra, convencer, confrontar argumentos... Los estudiantes defendieron permanentemente el carácter soberano de las AG, con sus delegados elegidos y revocables (a base de mandatos con sus devoluciones) y votaciones a mano alzada. Cada día, diferentes equipos organizaban el debate en la tribuna. Para poder distribuir las tareas, centralizar, coordinar y mantener el control del movimiento, los comités de huelga decidieron elegir diferentes comisiones: prensa, animación y reflexión, recepción e información, etc. Gracias a las AG, verdaderos lugares abiertos de debate y decisión, y a la centralización de la lucha, los estudiantes decidieron las acciones que realizar, siendo la principal preocupación la extensión del movimiento a las empresas.
Los estudiantes comprendieron perfectamente que el resultado de su lucha estaba en manos de los asalariados. Como dijo un estudiante en una reunión de la coordinadora de la región Île-de-France el 8 de marzo, "si nos quedamos aislados, nos comerán vivos". Esta dinámica hacia la extensión del movimiento, hacia la huelga de masas, comenzó desde el principio de la movilización. Los estudiantes enviaron delegaciones masivas por todas partes a los trabajadores de las empresas cercanas a sus lugares de estudio. Pero se encontraron con el típico bloqueo sindical: los obreros permanecían encerrados en sus empresas sin ninguna posibilidad de discutir con las delegaciones estudiantiles. Así que los "sioux" de las universidades tuvieron que imaginar otra forma de sortear ese bloqueo: abrieron los paraninfos donde se celebraban las asambleas generales. Pidieron a trabajadores y jubilados que compartieran con ellos su experiencia. Estaban sedientos de aprender de los mayores. Y los "viejos" estaban deseosos de transmitir a los "jóvenes", de modo que a la vez que los "jóvenes" maduraban, los "viejos" rejuvenecían. Fue esta ósmosis entre todas las generaciones de la clase obrera lo que dio un nuevo impulso al movimiento. La mayor victoria fue la propia lucha: "A veces los trabajadores triunfan; pero es un triunfo efímero. El verdadero resultado de su lucha no es tanto el éxito inmediato como la creciente unidad de los trabajadores" (Marx y Engels, Manifiesto Comunista, 1848).
El movimiento estudiantil de 2006 fue mucho más allá de una simple protesta contra el CPE. Como dijo un profesor de la Universidad de París-Tolbiac en la manifestación del 7 de marzo: "el CPE no es sólo un ataque económico real y concreto. Es también un símbolo". En efecto, era el "símbolo" de la quiebra de la economía capitalista. También fue una réplica implícita contra la brutalidad policial (la que, en otoño de 2005, había provocado la muerte "accidental" de dos jóvenes que volvían de un partido de fútbol denunciados como "ladrones" por un "ciudadano" y perseguidos por la policía). La represión de los estudiantes de la Sorbona, que lo único que pretendían era poder celebrar asambleas, no hizo sino reforzar la determinación de los estudiantes. Toda la burguesía y sus medios serviles de comunicación no cesaron, hora tras hora, de mentir para hacer pasar a los estudiantes por "gamberros". Pero la clase obrera no mordió el anzuelo. Al contrario, la violencia de los policías de la burguesía reveló la violencia del sistema capitalista y de su Estado "democrático". Un sistema que echa a la calle a millones de trabajadores, que quiere reducir a la miseria a jóvenes y pensionistas, un sistema que impone la "ley y el orden" a porrazos.
Las nuevas generaciones de la clase obrera se negaron a ceder a la provocación del Estado policial. Se negaron a utilizar la violencia ciega y desesperada. Frente a la represión y la provocación, mantuvieron su método de lucha: ¡las AG soberanas, la solidaridad y la extensión de la movilización!
Estos métodos de lucha que hicieron la fuerza del movimiento en 2006, que hicieron temblar a la burguesía y la obligaron a retroceder, ¡nosotros también somos capaces de ponerlos en práctica!
El CPE no atacó a los jóvenes con contratos precarios por ser estudiantes, sino por ser futuros trabajadores. Los métodos de lucha que los estudiantes en huelga utilizaron instintivamente son los de toda la clase obrera. Apoderarse de la lucha en el lugar de trabajo, reunirse en asambleas soberanas, decidir colectivamente las acciones y las consignas, debatir y construir juntos el movimiento, extender la lucha a los sectores geográficos más cercanos, yendo al encuentro de los trabajadores de escuelas, hospitales, fábricas, administraciones próximas... todo eso es posible. Pensar y elaborar juntos en estas AG es también la manera de evitar caer en la trampa de las provocaciones policiales y los enfrentamientos estériles. Los estudiantes de 2006 lo demostraron.
Organizarnos en AG es ahora el paso decisivo que aún no hemos conseguido dar para transformar a los millones de personas que estamos en las calles en una verdadera fuerza colectiva, unida y solidaria. Porque nos falta confianza en nosotros mismos, porque confiamos la dirección de nuestras luchas a los sindicatos, porque hemos olvidado que ya hemos sido capaces de luchar así en el pasado. En Polonia en 1980, en Italia en 1969, en Francia en 1968... por tomar sólo los tres ejemplos más famosos de los últimos sesenta años.
Para superar esta etapa, todos los trabajadores, desempleados, jubilados, estudiantes que buscan desarrollar la lucha y la fuerza colectiva de nuestra clase, deben reunirse para debatir, intercambiar sobre su experiencia e intentar reapropiarse juntos las lecciones del pasado. ¡La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos!
Corriente Comunista Internacional, 5 de abril de 2023
1 MEDEF es la organización patronal de Francia.
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"Una movilización cada vez más violenta" (The Times), "un incendio que fascina y destruye" (El País), "Incendio frente al ayuntamiento de Burdeos" (Der Spiegel) ...
Los enfrentamientos entre grupos de black-block y la policía durante las manifestaciones contra la reforma de las pensiones ocuparon las portadas de muchos periódicos europeos y extranjeros. Los medios de información extranjeros también difundieron vídeos de contenedores de basura quemados, cristales rotos, proyectiles y granadas, escenificando hábilmente un auténtico apocalipsis. Mientras que, hasta ahora, el movimiento contra las pensiones en Francia estaba sufriendo una auténtica campaña de ocultamiento a nivel internacional, los medios de información extranjeros despertaron de repente de su letargo para tergiversar por completo lo que está ocurriendo en las calles de todas las ciudades francesas desde mediados de enero.
Reducir el movimiento social a disturbios destructivos, que en realidad son muy menores y marginales, ha sido siempre el ejercicio con el que los medios de información se deleitan para intentar desacreditar la lucha. El eco de la lucha en Francia entre la clase obrera de Italia, Reino Unido o Alemania no ha hecho más que acentuar el afán de la burguesía por difundir grandes mentiras.
Muy lejos de algunas concentraciones “de incendiarios" (de contenedores de basura...), son por el contrario millones de personas las que marchan, semana tras semana, en manifestaciones fraternas y siempre tan decididas a luchar y a hacer retroceder este ataque. La activación por parte del gobierno, el 16 de marzo, del artículo 49.3 de la Constitución, permitiendo la adopción de la ley sin el voto de los diputados, seguida, unos días más tarde, de una intervención despectiva de Macron comparando a los manifestantes con "facciosos" similares a las odiosas y vociferantes tropas de Trump o Bolsonaro, han reforzado aún más la cólera y la voluntad de hacer retroceder al gobierno.
En el noveno día de movilización, el 23 de marzo, se reunieron entre 2 y 3 millones de personas: asalariados, pensionados, desempleados, estudiantes de secundaria y universitarios... Todos estaban en la calle para gritar el rechazo aún intacto a ser explotados formalmente hasta los 64 años. Los actos de violencia indiscriminada de algunos centenares de black-blocks, difundidos sin cesar por los telediarios y retransmitidos internacionalmente, no tienen en realidad absolutamente nada que ver con la naturaleza de este movimiento.
Estos actos estériles e inútiles sirven precisamente de garantía para que la CRS (Compañía Republicana de Seguridad), las BRAV-M (Brigadas Motorizadas de Represión de las Acciones Violentas) y otros portadores de "orden" de los explotadores repriman y hagan reinar el terror. Todo esto se hace con el objetivo de disuadir a los trabajadores de unirse a las manifestaciones y también de impedir mítines y debates.
Sin embargo, la estrategia de putrefacción a través de la violencia, orquestada a sabiendas por el gobierno, no ha dado sus frutos por el momento. La masividad y la determinación de los dos días siguientes de movilización, el 28 de marzo y el 6 de abril, seguían ahí. La brutalidad policial desatada contra los manifestantes llevó incluso a parte de la burguesía mundial, a través del Consejo de Europa o la ONU, a advertir a Macron y su gobierno contra el "uso excesivo de la violencia", ya que la muerte de un manifestante podría tener un impacto rotundo en todo el proletariado de Europa Occidental.
Así, a pesar de las provocaciones, las múltiples trampas tendidas por el gobierno, los sindicatos y todas las demás fuerzas de la burguesía, ¡la lucha en Francia continúa! La masividad, la combatividad y la solidaridad permanecen intactas. Esto no deja de preocupar a una parte de la burguesía francesa que, ante el aislamiento y el "hasta el final" de Macron y su gobierno, busca resueltamente una salida1 .
La amplitud de este movimiento es tal que inspira a los trabajadores de varios países. En Italia, se preguntan ¿por qué "nadie movió un dedo" cuando se aumentó la edad de jubilación a 67 años en 2011? ¿Por qué no nos negamos a seguir siendo explotados como hacen hoy los trabajadores en Francia? En Alemania, los trabajadores del transporte en huelga han afirmado abiertamente inspirarse en el movimiento de Francia. Lo mismo ocurrió en el Reino Unido y en la República Checa, también en relación con las pensiones. Así pues, lejos de ser una especificidad de los "refractarios galos", la lucha contra la reforma de las pensiones participa activamente en el desarrollo de la combatividad y la reflexión de la clase obrera a escala internacional.
¿Por qué? Porque es toda la clase obrera del mundo la que se ve afectada por la inflación, los ataques gubernamentales, la degradación de las condiciones de vida, la intensificación de la explotación en el trabajo.
Por eso el “enough is enough !” (“basta ya”) coreado en el Reino Unido desde hace meses por los trabajadores de muchos sectores, el "ça suffit!" de los manifestantes en Francia, la reacción de los trabajadores en Grecia tras un accidente ferroviario2... forman parte del mismo movimiento internacional de cólera y descontento: España, Alemania, Grecia, Corea del Sur, México, China, Italia... en todas partes hay huelgas y manifestaciones, en todas partes hay la misma lucha para defenderse de los peores efectos de la crisis del capitalismo.
Como lo muestra el eco internacional de la lucha en Francia, poco a poco va surgiendo un embrión de vínculos entre trabajadores que va más allá de las fronteras. ¡Estos reflejos de solidaridad son exactamente lo contrario del mundo capitalista dividido en naciones competidoras y que alaba permanentemente el culto a la patria! Estos, al contrario, recuerdan el grito de guerra de la clase obrera desde 1848, el del Manifiesto Comunista de Marx y Engels: "¡Los proletarios no tienen patria! Proletarios de todos los países, ¡uníos!”
Así, las luchas actuales son el terreno más propicio para la toma de conciencia de que "todos estamos en el mismo barco", como reivindicaron claramente los manifestantes en Grecia recientemente. Aunque todavía sea un proceso muy frágil y confuso, todas estas luchas nos permiten tomar conciencia poco a poco de que es posible luchar como fuerza unida y colectiva, como una clase, ¡como la clase trabajadora mundial!
Si la combatividad y la masividad por sí solas no han sido capaces de hacer retroceder a la burguesía, el mero hecho de experimentar la lucha colectiva, de medir los callejones sin salida, de enfrentarse a las trampas tendidas por la burguesía y de poder reflexionar sobre ellas para sacar lecciones es ya una victoria y un paso más para las luchas futuras: "A veces los trabajadores triunfan; pero es un triunfo efímero. El verdadero resultado de su lucha no es tanto el éxito inmediato como la creciente unidad de los trabajadores"3.
Cada semana, en las marchas, se expresan consignas como "Tú nos impones 64, nosotros te devolveremos el mayo del 68", "Marzo del 2023 es el nuevo mayo del 68". Del mismo modo, la lucha contra el CPE (Contrato de Primer Empleo) en 2006 está en la mente de todos4. Estas experiencias de la historia de la clase obrera son muy valiosas para el desarrollo de las luchas. Constituyen una brújula que permite a la clase encontrar el camino hacia la extensión y la unidad de la lucha.
En 1968, el proletariado en Francia obligó al gobierno y a los sindicatos a acordar salarios más altos mediante huelgas masivas y la difusión de asambleas generales en fábricas y otros lugares de trabajo.
En 1969 y 1972, los mineros del Reino Unido también habían conseguido crear una correlación de fuerzas favorable a la clase trabajadora al ser capaces de salir de la lógica corporativista mediante la extensión de la lucha: por docenas y centenas, habían ido a los puertos, acerías, depósitos de carbón, centrales eléctricas, para bloquearlos y convencer a los trabajadores de allí que se unieran a ellos en la lucha. Este método, que se hizo famoso con el nombre de flying pickets (piquetes volantes), expresaba la fuerza colectiva, la solidaridad y la unidad de la clase obrera.
En 1980, la clase obrera de Polonia sacudió a la burguesía de todos los países reuniéndose en enormes asambleas generales (MKS), decidiendo reivindicaciones y acciones de lucha, con la preocupación constante de extender la lucha.
En 2006, fueron las asambleas generales organizadas por los estudiantes y abiertas a todos (trabajadores, desempleados, pensionados...) las que fueron el pulmón de una lucha que, ante su dinámica de extensión, obligó al gobierno de Chirac a retirar el Contrato de Primer Empleo (CPE).
Todos esos movimientos demuestran que la clase obrera puede hacer retroceder los ataques y hacer retroceder a la clase dominante en cuanto es realmente capaz de tomar en sus manos sus luchas para extenderlas y unificarlas sobre la base de reivindicaciones y medios de acción comunes.
El ocultamiento mediático sobre la masividad de la lucha en Francia, al igual que la demonización ultra-mediatizada de la violencia de las minorías, tiene como objetivo precisamente impedir que el proletariado vuelva a conectar con este pasado, permitiéndole tomar conciencia de sus fuerzas. Por eso hoy, el desarrollo de verdaderos espacios de debate, como las asambleas generales soberanas abiertas a todos, debe defenderse como medio de acción, como el medio por excelencia para reflexionar sobre cómo desarrollar y unificar las luchas. La reapropiación de las lecciones de las luchas pasadas es un impulso fundamental en este proceso y, más ampliamente, en la recuperación de la conciencia de pertenecer a una misma clase que lleva en sí misma la fuerza para derrocar el orden capitalista.
Vincent, 7 de abril de 2023.
1 Durante semanas, los sindicatos han tendido la mano al gobierno para intentar aplacar el movimiento. Pero, por el momento, el Gobierno continúa "con las botas puestas"
2 Ver La combatividad y la solidaridad de los proletarios se expresa también en Grecia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1120]
3 Manifiesto Comunista
4 Aunque el movimiento contra el CPE no tiene exactamente el mismo significado, ni la misma importancia histórica que Mayo del 68. Ver Undécima manifestación contra la reforma de las pensiones: ¿cómo ganamos en 2006? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1121]
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El espectáculo de horror de la guerra imperialista que se desarrolla en Sudán es una continuación y extensión de la descomposición del capitalismo, que se acelera visiblemente desde principios de la década de 20201. Expresa la profunda tendencia centrífuga hacia el caos irracional y militarista que afectará a cada vez a más regiones del planeta. Cualesquiera que sean las especificidades de las dos bandas militares que luchan en Sudán -y las examinamos un poco más de cerca a continuación-, el principal culpable de este último estallido de guerra es el sistema capitalista y sus representantes en las grandes potencias: EE. UU., China, Rusia, Gran Bretaña, seguidos de todas las potencias secundarias activas en Sudán: Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Turquía, Israel, Egipto, Libia, etc. A finales del año pasado, el 5 de diciembre, el Ministerio de Asuntos Exteriores británico hizo pública una declaración sobre el futuro democrático de Sudán que comenzaba así: "Los miembros de la Quad y la Troika (Noruega, el Reino de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, el Reino Unido y Estados Unidos) acogen con satisfacción el acuerdo de un marco político inicial. Se trata de un primer paso esencial hacia el establecimiento de un gobierno dirigido por civiles y la definición de acuerdos constitucionales que guíen a Sudán a través de un periodo de transición que culmine con la celebración de elecciones. Elogiamos los esfuerzos de las partes por recabar el apoyo a este acuerdo marco de un amplio abanico de actores sudaneses y su llamamiento a un diálogo continuado e integrador sobre todas las cuestiones de interés y a la cooperación para construir el futuro de Sudán."2
Apenas unas semanas antes de que estallaran los intensos combates del 8 de abril, los citados "socios internacionales" de Sudán seguían hablando de un "retorno inminente" al régimen civil y de un gobierno democrático en el que participaran los dos principales componentes del gobierno sudanés: las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS), dirigidas por el general Abdel Fatah al-Burham, y la Fuerza de Asalto Rápido (FAS)3 dirigida por el general Hamdam Dagalo, alias "Hemediti". A los pocos días de iniciarse los combates entre estas dos facciones militares sudanesas, quedó meridianamente claro que esta "democracia" -como en cualquier otro lugar- es una ilusión y que todas las opciones inmediatas y las perspectivas a más largo plazo para la población de Sudán y de la región circundante van a ir de mal en peor Esto se ejemplifica en Sudán con su capital, la relativamente pacífica y bulliciosa Jartum, que antes se libraba de los horrores que la rodeaban y estaba llena de refugiados del "conflicto de Darfur" de 2003 (es decir, genocidio étnico4) pero que ahora está quedando reducida a ruinas en cuestión de días. La falta de agua, electricidad y servicios sanitarios va acompañada de matanzas y violaciones por parte de ambos bandos de las ex fuerzas gubernamentales.
En 1919, la Internacional Comunista expuso sus perspectivas de futuro para el capitalismo: "¡Ha nacido una nueva época! La época de la disolución del capitalismo, de su desintegración interna. La época de la revolución comunista del proletariado"5. La realidad de esta época del capitalismo ha sido confirmada por más de un siglo de guerra imperialista cada vez mayor, su única respuesta a su crisis económica permanente. Llevamos ya más de 30 años en la fase final de este proceso de decadencia capitalista, la fase de descomposición6. Y desde la pandemia del Covid y más aún con la guerra de Ucrania estamos asistiendo a una trágica aceleración. La profunda putrefacción de este modo de producción puede medirse hoy por una verdadera espiral de destrucción a escala mundial, y en particular por la multiplicación de guerras y masacres (Ucrania, Myanmar, Yemen, Tigray...). En Sudán asistimos hoy a la ruptura del "proceso de paz de la comunidad internacional"; del Estado sudanés y del gobierno militar de Sudán, lo que demuestra inmediatamente una tendencia más amplia de estos agentes de las grandes potencias a funcionar como elementos poco fiables, irracionales y motivados en primer lugar por el "cada quien a lo suyo": lo demuestra el Grupo Wagner ruso7 (activo en Sudán, Chad y Libia bajo el general Khalifa Haftar) que parece desvincularse cada vez más de Moscú y adoptar una dinámica propia. Y esta tendencia de cada uno para sí mismo se ve subrayada por el hecho de que cualquiera de los países mencionados en el primer párrafo es muy capaz de tomar sus propias acciones unilaterales que exacerbarán aún más las tendencias a un mayor caos en Sudán y la región circundante.
Sudán fue una colonia de la Corona británica hasta 1956, cuando Estados Unidos socavó el papel del imperialismo británico a raíz de la crisis de Suez. Como en muchas de sus colonias, los británicos habían introducido la práctica del divide y vencerás, utilizando las divisiones étnicas y geográficas para facilitar el control. Las consecuencias a largo plazo de esta política pudieron verse en 2011, cuando el país quedó partido por la mitad entre un Norte dominado por los árabes y un Sur africano. Sudán, repleto de recursos naturales, linda con el Mar Rojo, tiene fronteras con Egipto y Libia en el norte de África; Etiopía y Eritrea en el Cuerno; el estado oriental africano de Sudán del Sur y los estados centroafricanos de Chad y la República Centroafricana. Es, por tanto, un foco de todas las rivalidades imperialistas regionales y mundiales que se libran en África y Oriente Próximo.
Con el estallido del actual conflicto, la principal preocupación de los hipócritas "socios" de Sudán fue primero sacar a sus diplomáticos y luego a sus nacionales del país, quemando y destrozando las pruebas de su culpabilidad asesina mientras lo hacían. Haciéndose eco de la "guerra de las vacunas" del capitalismo durante la pandemia de Covid-19, fuimos testigos de la lucha de "cada uno por su lado", ya que los "intereses nacionales" competitivos se sobrepusieron a cualquier tipo de cooperación; los vuelos se quedaron medio vacíos porque no se presentaban los documentos necesarios o no estaban en la lista de nacionales de quienes controlaban los vuelos. Cuando se concedían plazas a otros nacionales en los procedimientos de evacuación, se hacía como un cínico ejercicio de relaciones públicas o para obtener alguna sórdida ventaja diplomática. Y lo que esas potencias que huían dejaron atrás fue un completo desastre creado por ellas mismas y un sombrío futuro para la región.
Es inútil citar el número de víctimas o la destrucción causada, porque las cifras "oficiales" aumentan exponencialmente cada día: decenas de miles de muertos y heridos graves y millones de refugiados y desplazados, con unos 15 millones viviendo ya de las sobras de las agencias de ayuda (parte integrante ellas mismas del imperialismo y la guerra) y desnutrición aguda entre mujeres embarazadas y niños, según una declaración de la ONU del 11 de abril. Los nacionales que tuvieron la suerte de regresar fueron recibidos con banderas y titulares de prensa patrioteros, mientras que la inmensa mayoría en Sudán no tiene salida de la guerra y el hambre y está condenada a su miseria por los mismos intereses nacionales enarbolados en banderas de los Estados capitalistas que vinieron a traer la "democracia" al país.
Para colmo de males en Jartum y más allá, unos 20,000 presos se han fugado o han salido de la cárcel, algunos de los cuales son exasesinos en masa y criminales de guerra condenados por el gobierno que, en sus respectivos bandos, serán acogidos de nuevo en la batalla campal, lo que supondrá un coste aún mayor para la población y sus desesperadas esperanzas de alcanzar algún tipo de "paz". Además de la asombrosa inflación, el saqueo organizado de suministros, los asaltos y robos de las milicias armadas, la población tiene que enfrentarse a los omnipresentes y peligrosos puestos de control que han surgido en muchas calles. Y para agravar aún más su confusión emocional, se suceden los altos el fuego y las treguas, que no hacen sino intensificar la guerra en curso8.
Los dos principales señores de la guerra, los generales Dagalo y Hemediti, "socios democráticos" de Occidente y "amigos y aliados" de Moscú, están enzarzados en una feroz batalla en la que las SAF tienen la ventaja del poder aéreo. No es una gran ventaja en este tipo de guerra, pero si la batalla va a continuar ambos bandos necesitarán pronto reabastecerse de armamento: ¿abastecerán los rusos a las FAS con misiles antiaéreos o más a través de Wagner? ¿Aumentará Haftar, el libio apoyado por Rusia, los suministros y el apoyo que presta y ha venido prestando a la RSF? ¿Se implicarán más Arabia Saudí y Egipto en el aumento de armamento para las FAS, y están Abu Dhabi y Riad enfrentados por esta cuestión? ¿Y consolidarán y reforzarán su apoyo los partidarios de las FAS en los EAU, que ven a las primeras como parte de su plan más amplio para controlar el Mar Rojo y el Cuerno de África? ¿Podrían Gran Bretaña y Estados Unidos implicarse más a través de algunos de estos vectores? Dada la profunda inestabilidad de la situación y de todos los actores implicados, existen demasiadas incertidumbres para hacer cualquier tipo de predicción -excepto que la guerra continuará y que el marco general del capitalismo en descomposición garantizará que se extienda.
China está muy implicada en Sudán y en maquinaciones con las dos facciones del ejército para mantener su impulso del "Cinturón y la Ruta de la Seda", que ha fracasado en la vecina Etiopía. Estados Unidos aceleran el enfrentamiento con China, pero el presidente Biden ha intensificado recientemente la actividad militar estadounidense en la zona con el despliegue de recursos militares adicionales para "luchar contra el terrorismo". Sin embargo, no cabe duda de que se ha quedado corto en su respuesta y avergonzado con su afirmación y la del Reino Unido de que estábamos “cerca” de un "gobierno civil" en Sudán. Rusia también ha tratado con las dos facciones del ejército y ambas han hablado favorablemente sobre un posible puerto ruso en el Mar Rojo. Ambas facciones están abiertas a un acuerdo con Rusia, pero toda la región se parece ahora a una cesta de víboras imprevisible.
Las evacuaciones sudanesas han terminado en gran medida hasta la fecha y, fiel a su estilo, la guerra queda cínicamente relegada de los titulares mientras el país se hunde de nuevo en una miseria aún mayor. Sudán es un ejemplo de la dinámica del capitalismo y hay muchos otros: se están abriendo peligrosas líneas de falla imperialistas con tensiones militares en aumento en Oriente Medio, alrededor de la ex Yugoslavia y el Cáucaso y en general en todo el mundo, ya que el militarismo es la principal salida que le queda al Estado capitalista. La guerra en Ucrania, con sus efectos locales y globales, continúa. A principios de abril de este año, Finlandia se convirtió en el 31º país en ingresar en la OTAN y sus 1,300 km de frontera han duplicado la línea del frente con Rusia. Como ha hecho en otros Estados colindantes con Rusia, la OTAN será cautelosa al principio y luego aumentará sus fuerzas y armamento a lo largo de la frontera, obligando a Rusia a militarizar de su lado.
La perspectiva a más largo plazo para el imperialismo es la creciente confrontación con China que prepara Estados Unidos, pero aquí también hay incertidumbres y variables. Mientras tanto el capitalismo se hunde en la guerra irracional y la barbarie y Sudán es un ejemplo más de su "desintegración interna".
Baboon, 3.5.23
1 Ver Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1067]
2 https://www.gov.uk/government/news/sudan-quad-and-troika-joint-statement.. [1123]
3 La RSF tiene sus raíces en la temida milicia Jangaweed, una máquina militar de matar y violar de base árabe que pasó a formar parte del gobierno sudanés tras el derrocamiento del dictador Omar al-Bashir en 2019. La Jangaweed fue un producto del imperialismo en la década de 1980 y se integró en el gobierno de Sudán bajo sus servicios de inteligencia con el apoyo de Occidente
4 Es muy probable que este elemento de "limpieza étnica" -un factor creciente del capitalismo en descomposición en todas partes- se reanude de nuevo con toda su fuerza en Darfur, donde realmente no se ha detenido durante años
5 Plataforma de la Internacional Comunista adoptada en su primer Congreso (marzo 1919) PLATAFORMA DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA (marxists.org) [1124]
6 TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [109]
7 El Grupo Wagner ruso ha tratado directamente con ambas facciones militares sudanesas, al parecer desde 2018, y ha estado activo en torno al Puerto de Sudán, con la inteligencia británica afirmando que es un "gran centro" para ellos (citado en el periódico The Eye, 29 de abril); también que el Grupo tiene como objetivo "establecer una 'confederación' de Estados antioccidentales". Aparte de cierto entrenamiento y actividad en Sudán y alrededor de la región, y su estrecha relación con el mariscal de campo Khalifa Haftar de Libia, el Grupo también ha estado involucrado, a través de su frente "M Invest, Meroe Gold" establecido por Moscú y el dictador sudanés Bashir, en el envío de volúmenes del metal precioso fuera del país
8 Durante la guerra del Líbano, de 1975 a 1990, se firmaron miles de alto el fuego que fueron violados inmediatamente. Líbano fue una especie de "modelo" de la descomposición capitalista y la proliferación de "Estados fallidos". Hasta la fecha, al Líbano se le han unido Yemen, Siria, Afganistán, Libia y ahora Sudán (con Pakistán tendiendo a caer en esa situación totalmente caótica). Estos países no tienen prácticamente ninguna posibilidad de reconstrucción efectiva bajo el capitalismo.
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Más de un año ya de una carnicería atroz, cientos de miles de soldados masacrados en ambos bandos, más de un año de bombardeos y de ejecuciones indiscriminadas, asesinando a decenas de miles de civiles, más de un año de destrucción sistemática convirtiendo el país en un gigantesco campo de ruinas, mientras que las poblaciones desplazadas se cuentan por millones, más de un año de enormes presupuestos hundidos en esta carnicería por ambas partes (Rusia está comprometiendo actualmente cerca del 5% de su presupuesto estatal en la guerra, mientras que la hipotética reconstrucción de la Ucrania en ruinas requeriría más de 400,000 millones de dólares). Y esta tragedia está lejos de terminar.
En términos de enfrentamientos imperialistas, el estallido de la guerra en Ucrania fue también un importante paso cualitativo en el hundimiento de la sociedad capitalista en la guerra y el militarismo. Es cierto que desde 1989, diversas aventuras bélicas han sacudido el planeta (las guerras de Kuwait, Irak, Afganistán, Siria...), pero éstas nunca habían supuesto un enfrentamiento tan abierto entre grandes potencias imperialistas. El conflicto ucraniano es el primer enfrentamiento militar de esta magnitud entre Estados a las puertas de Europa desde 1940-45, en el que participan los dos países más grandes de Europa, uno de los cuales dispone de armas nucleares u otras armas de destrucción masiva y el otro cuenta con el apoyo financiero y militar de la OTAN, y que puede provocar una catástrofe para la humanidad.
Aunque Rusia invadió Ucrania inmediatamente, una de las principales lecciones de este año de guerra es sin duda que, detrás de los protagonistas en el campo de batalla, el imperialismo estadounidense está a la ofensiva.
Ante el declive de su hegemonía, Estados Unidos lleva aplicando desde los años 1990 una política agresiva para defender sus intereses, especialmente hacia el antiguo líder del ex bloque rival, Rusia. A pesar del compromiso adquirido tras la desintegración de la URSS de no ampliar la OTAN, los estadounidenses han integrado en esta alianza a todos los países del antiguo Pacto de Varsovia. En 2014, la "Revolución Naranja" sustituyó al régimen prorruso de Ucrania por un gobierno prooccidental y, unos años más tarde, una revuelta popular amenazó al régimen prorruso en Bielorrusia. Ante esta estrategia de cerco, el régimen de Putin reaccionó empleando su fuerza militar, vestigio de su pasado como jefe del bloque. Tras la toma de Crimea y del Donbass en 2014 por parte de Putin, Estados Unidos comenzó a armar a Ucrania y a entrenar a sus militares para utilizar las armas más sofisticadas. Cuando Rusia desplegó su ejército en las fronteras de Ucrania, estrecharon la trampa afirmando que Putin invadiría Ucrania al tiempo que aseguraban que no intervendría sobre el terreno. Mediante esta estrategia de cerco y asfixia a Rusia, Estados Unidos ha dado un golpe maestro que tiene un objetivo mucho más ambicioso que el de simplemente frenar las ambiciones rusas:
- A partir de entonces, la guerra en Ucrania conduce a un claro debilitamiento del poder militar que le queda a Moscú y a una rebaja de sus ambiciones imperialistas. También demuestra la superioridad absoluta de la tecnología militar estadounidense, que es la base del "milagro" de la "pequeña Ucrania" que está haciendo retroceder al "oso ruso";
- El conflicto también les ha permitido apretar las tuercas dentro de la OTAN, ya que los países europeos se vieron obligados a alinearse tras la posición estadounidense, especialmente Francia y Alemania, que estaban desarrollando su propia política hacia Rusia e ignorando a la OTAN, que el presidente francés Macron consideraba estaba en "muerte cerebral" hasta hace dos años;
- El principal objetivo de los estadounidenses al dar una lección a Rusia era sin duda una advertencia inequívoca a su principal rival, China. Durante los últimos diez años, Estados Unidos orienta la defensa de su liderazgo contra el ascenso del retador chino: primero a través de una guerra comercial abierta durante la presidencia de Trump, pero la administración Biden ahora ha intensificado la presión en el plano militar (las tensiones en torno a Taiwán). Así, el conflicto en Ucrania ha debilitado al único aliado militar importante de China y está poniendo en tensión el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, uno de cuyos ejes pasaba por Ucrania.
Si bien ha surgido gradualmente una polarización de las tensiones imperialistas entre EEUU y China, esto es, sin embargo, el producto de una política sistemática llevada a cabo por la potencia imperialista dominante, Estados Unidos, en un intento de detener el declive irreversible de su liderazgo. Tras la guerra de Bush padre contra Irak, con la polarización de Bush hijo contra el "eje del mal" (Irak, Irán, Corea del Norte), la ofensiva estadounidense tiene hoy como objetivo impedir cualquier aparición de contendientes. Treinta años de semejante política no han aportado disciplina ni orden a las relaciones imperialistas, sino que, por el contrario, han exacerbado el sálvese quien pueda, el caos y la barbarie. Estados Unidos es hoy uno de los principales vectores de la aterradora expansión de los enfrentamientos bélicos.
Contrariamente a las declaraciones periodísticas superficiales, el desarrollo de los acontecimientos muestra que el conflicto en Ucrania no ha conducido en absoluto a una "racionalización" de las contradicciones guerreras. Además de los grandes imperialismos, que sufren la presión de la ofensiva estadounidense, la explosión de una multiplicidad de ambiciones y rivalidades acentúa el carácter caótico e irracional de las relaciones imperialistas.
La acentuación de la presión estadounidense sobre los demás grandes imperialismos sólo puede empujarlos a reaccionar y con ello agudizarse el peligro de nuevas confrontaciones militares:
- Para el imperialismo ruso, se trata de una cuestión de supervivencia porque ya es evidente que, cualquiera que sea el resultado del conflicto, Rusia saldrá claramente disminuida de la aventura que ha puesto al descubierto sus límites militares y económicos. Está agotada en el plano militar, habiendo perdido doscientos mil soldados -especialmente entre sus unidades de élite más experimentadas-, una gran cantidad de tanques, aviones y helicópteros modernos. Está fuertemente debilitada desde el punto de vista económico por los enormes costes de la guerra y también por el hundimiento de la economía provocado por las sanciones occidentales. Mientras la facción de Putin intenta por todos los medios conservar el poder, surgen tensiones en el seno de la burguesía rusa, especialmente con las fracciones más nacionalistas o con ciertos "señores de la guerra" (Prigozhin). Estas condiciones militares desfavorables y políticas inestables podrían incluso llevar a Rusia a recurrir a las armas nucleares tácticas.
- Las burguesías europeas, especialmente Francia y Alemania, habían estado instando a Putin a no ir a la guerra e incluso estaban dispuestas, como revelaron las indiscreciones de Boris Johnson, a respaldar un ataque limitado en escala y tiempo para sustituir al régimen existente en Kiev. Ante el fracaso de las fuerzas rusas y la inesperada resistencia de los ucranianos, Macron y Scholz tuvieron que sumarse tímidamente a la posición de la OTAN liderada por Estados Unidos. Sin embargo, no se trata de someterse a la política estadounidense y abandonar sus propios intereses imperialistas, como ilustran los recientes viajes de Scholz y Macron a Pekín. Además, ambos países han aumentado fuertemente sus presupuestos militares con vistas a un rearme masivo de sus fuerzas armadas (una duplicación en el caso de Alemania, es decir, 107,000 millones de euros). Estas iniciativas han suscitado tensiones entre la pareja francoalemana, sobre todo en lo que respecta al desarrollo de programas conjuntos de armamento y a la política económica de la UE.
- China se ha posicionado con mucha prudencia en relación con el conflicto ucraniano, ante las dificultades de su "aliado" ruso y las amenazas poco veladas de Estados Unidos hacia ésta. Para la burguesía china, la lección es amarga: la guerra en Ucrania ha demostrado que toda ambición imperialista mundial es ilusoria en ausencia de una potencia militar y económica capaz de competir con la superpotencia estadounidense. Hoy, sin embargo, China, que aún no dispone de fuerzas armadas a la altura de su expansión económica, es vulnerable a la presión norteamericana y al caos bélico circundante. Ciertamente, la burguesía china no renuncia a sus ambiciones imperialistas, en particular a la reconquista de Taiwán, pero sólo podrá progresar a largo plazo evitando ceder a las numerosas provocaciones estadounidenses (globos "espía", prohibición de la aplicación Tik Tok...) y llevando a cabo una amplia ofensiva diplomática de encanto destinada a evitar cualquier aislamiento internacional: recepción en Pekín de un gran número de jefes de Estado, acercamiento iraní-saudí auspiciado por China, propuesta de un plan para detener los combates en Ucrania...
Por otra parte, el sálvese quien pueda imperialista provoca una explosión del número de zonas potenciales de conflicto. En Europa, la presión sobre Alemania está llevando a disensiones con Francia, y la UE ha reaccionado con ira al proteccionismo de la “Inflation Reduction Act” (Plan/Proyecto de Reducción de la Inflación) de Biden, vista como una auténtica declaración de guerra a las exportaciones europeas a EEUU. En Asia Central, el declive de la potencia rusa va de la mano de una rápida expansión de la influencia de otras potencias, como China, Turquía, Irán o Estados Unidos en las repúblicas de la ex URSS. En Extremo Oriente, persisten los riesgos de conflictos entre China, por un lado, e India (con enfrentamientos fronterizos regulares) o con Japón (que se está rearmando masivamente), por no hablar de las tensiones entre India y Pakistán y las recurrentes entre las dos Coreas. En Oriente Medio, el debilitamiento de Rusia, la desestabilización interna de protagonistas importantes como Irán (revueltas populares, luchas entre facciones y presiones imperialistas) o Turquía (situación económica desastrosa) tendrán un gran impacto en las relaciones imperialistas. Por último, en África, mientras la crisis energética y alimentaria y las tensiones bélicas hacen estragos en varias regiones (Etiopía, Sudán, Libia, Sáhara Occidental), la competencia agresiva entre los buitres imperialistas estimula la desestabilización y el caos.
Un año de guerra en Ucrania ha puesto de relieve, sobre todo, que la descomposición acentúa uno de los aspectos más perniciosos de la guerra en la decadencia: su irracionalidad. En efecto, los efectos del militarismo son cada vez más imprevisibles y desastrosos, independientemente de las ambiciones iniciales:
- Estados Unidos libró las dos guerras del Golfo, así como la guerra de Afganistán, para mantener su liderazgo en el planeta, pero en todos los casos, el resultado es una explosión de caos e inestabilidad, así como un enorme éxodo de refugiados;
- Sean cuales sean los objetivos de los numerosos buitres imperialistas (rusos, turcos, iraníes, israelíes, estadounidenses o europeos) que intervinieron en las horribles guerras civiles siria o libia, estos heredaron un país en ruinas, faccionado y dividido en clanes, con millones de refugiados huyendo a los países vecinos o a los países industrializados.
La guerra en Ucrania es una confirmación ejemplar de ello: cualesquiera que sean los objetivos geoestratégicos de los imperialismos ruso o estadounidense, el resultado es un país en ruinas (Ucrania), un país arruinado económica y militarmente (Rusia), una situación imperialista aún más tensa y caótica en el mundo, y aún más millones de refugiados.
La acentuación del militarismo y de la irracionalidad de la guerra implica una expansión aterradora de la barbarie guerrera por todo el planeta. En este contexto, pueden formarse alianzas coyunturales en torno a objetivos particulares. Por ejemplo, Turquía, miembro de la OTAN, está adoptando una política de neutralidad hacia Rusia en Ucrania, con la esperanza de utilizar esto para aliarse con Rusia en Siria contra las milicias kurdas apoyadas por Estados Unidos.
Sin embargo, y contrariamente a la propaganda burguesa, el conflicto ucraniano no conduce a un reagrupamiento de los imperialismos en bloques y, por tanto, no abre la dinámica hacia una nueva guerra mundial, sino más bien hacia una aterradora expansión del caos sangriento: Importantes potencias imperialistas como India, Sudáfrica, Brasil e incluso Arabia Saudita mantienen claramente su autonomía respecto a los protagonistas, el vínculo entre China y Rusia no se ha estrechado, al contrario, y mientras Estados Unidos utiliza la guerra para imponer sus puntos de vista en el seno de la OTAN, países miembros como Turquía o Hungría van abiertamente por libre mientras Alemania y Francia intentan por todos los medios desarrollar sus propias políticas. Además, el líder de un bloque potencial debe ser capaz de generar confianza entre los países adherentes y garantizar la seguridad de sus aliados. China, sin embargo, se ha mostrado muy cauta en su apoyo a su aliado ruso, al que tiende a fagocitar. En cuanto a Estados Unidos, tras el "America first" de Trump, que había enfriado a los "aliados", Biden sigue básicamente la misma política: les hace pagar un alto precio energético por el boicot a la economía rusa, mientras que Estados Unidos es autosuficiente en este ámbito y las leyes "anti chinas" golpearán duramente a las importaciones europeas. Es precisamente esta falta de garantías concernientes a su seguridad lo que ha llevado a Arabia Saudita a cerrar un acuerdo con China e Irán.
Lo que hace aún más delicada la situación es que la "crisis ucraniana" no aparece como un fenómeno aislado, sino como una de las manifestaciones de esta "policrisis"1, acumulación e interacción de crisis sanitaria, económica, ecológica, alimentaria, bélica, que caracteriza los años veinte del siglo XXI. Y la guerra en Ucrania constituye en este contexto un verdadero multiplicador e intensificador de la barbarie y el caos a escala mundial: "En relación con esta agregación de fenómenos destructivos y su "efecto torbellino", es necesario subrayar el papel motor de la guerra como acción querida y planificada por los Estados capitalistas"2. De hecho, la guerra en Ucrania ha acentuado el alza de la inflación y la recesión en varias partes del mundo, ha provocado una crisis alimentaria y energética, ha causado un retroceso en las políticas climáticas (las centrales nucleares e incluso las de carbón vuelven a funcionar) y ha provocado una nueva afluencia de refugiados. Y eso sin mencionar el riesgo siempre presente de bombardear centrales nucleares, como seguimos viendo en torno al sitio de Zaporijjia, o de la utilización de armas químicas, bacteriológicas o nucleares.
En resumen, un año de guerra en Ucrania pone de manifiesto hasta qué punto se ha intensificado el "gran rearme del mundo", simbolizado por el rearme masivo de los dos grandes perdedores de la Segunda Guerra Mundial, Japón, que ha destinado 320,000 millones de dólares a su ejército en 5 años, el mayor esfuerzo armamentístico desde 1945, y sobre todo Alemania, que también está aumentando su presupuesto de defensa. Así, el conflicto ucraniano ilustra claramente la bancarrota de este sistema (siendo obviamente un producto voluntario de la clase dominante). Sin embargo, la impotencia y el horror que provoca la guerra no favorecen hoy el desarrollo de una oposición proletaria al conflicto. Por otra parte, la agravación significativa de la crisis económica y los ataques contra los trabajadores que se derivan directamente de ella, empujan a estos últimos a movilizarse en su terreno de clase para defender sus condiciones de vida. En esta dinámica de regreso de las luchas proletarias, la barbarie bélica acabará por constituir una fuente de toma de conciencia de la bancarrota del sistema, que hoy sigue limitada a pequeñas minorías de clase.
R. Havanese, 25 de marzo de 2023
1 El término es utilizado por la propia burguesía en el Global Risks Report 2023 (Informe de Riesgos Mundiales) presentado en el Foro Económico Mundial en enero de 2023 en Davos.
2 “Los años veinte del siglo XXI: La aceleración de la descomposición plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad [1067]”, Revista Internacional núm. 169 (2022)
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Después de diez meses de huelgas en muchos sectores, la clase dominante, tanto en el continente europeo como al otro lado del Canal de la Mancha, ya no puede ocultar el hecho de que la clase obrera en Gran Bretaña ha levantado la cabeza. Los medios de información burgueses, inicialmente reticentes en sus reportajes, ahora deben admitir que las huelgas han batido todos los récords: no sólo por el número de trabajadores y sectores concernidos, sino también por su desarrollo en una verdadera ola de huelgas1.
La Tendencia Comunista Internacionalista (TCI), un grupo de la Izquierda Comunista tomó posición sobre estos movimientos con varios artículos y volantes. La TCI defiende globalmente posiciones de clase, insistiendo en que el capitalismo no tiene salida a su crisis cada vez más profunda y que está obligado a intensificar sus ataques contra los trabajadores, que estos últimos deben escapar de la prisión sindical si quieren superar las divisiones tomando la organización de la lucha en sus propias manos.
Pero no basta con proponer posicionamientos abstractos intercalados con análisis aleatorios. Las organizaciones revolucionarias tienen la responsabilidad de evaluar con precisión la correlación de fuerzas y el contexto en el que tienen lugar las luchas para presentar perspectivas concretas para la dinámica del movimiento. En este sentido, el análisis de la TCI sobre el significado de estas luchas es extremadamente contradictorio y revela un marco incoherente de aprensión para comprender la relación de fuerzas entre las clases.
Las primeras expresiones de la lucha en el Reino Unido despertaron inicialmente un cierto entusiasmo en la TCI: “los ataques frontales a los trabajadores provocan el inicio de una nueva resistencia [...] después de décadas de retroceso de clases" y “en la actual ola de acciones salvajes, ya vemos la posibilidad de superar tanto el marco sindical como el marco jurídico del Estado capitalista”2.
Pero posteriormente, el entusiasmo de la TCI se ha enfriado notablemente: “Todavía estamos lejos del nivel de militancia de la década de 1970”, mientras que, a principios de 2023, estimaba que “el peligro de una 'militancia salarial' rondaba: sectores aislados de trabajadores agotados por huelgas lo suficientemente extenuantes como para competir por migajas”3.
La TCI se refiere aquí a su posición sobre las luchas de la década de 1970, “cuando cada sector de la clase obrera, dividido por los sindicatos, exigió porcentajes cada vez más altos para un aumento salarial. Esto no solo no ha llevado a un cuestionamiento del sistema salarial, sino que incluso lo ha fortalecido”4 Pero sorpresa, en uno de sus artículos más recientes, la TCI se deja llevar de nuevo: “El primero de febrero de 2023 fue el mayor día de huelga en más de una década. Y esto es solo el comienzo de una ola de huelgas”5.
Aparte del hecho de que la propia burguesía se había dado cuenta de esto mucho antes que la TCI, nos gustaría entender el balance general que la TCI extrae de las luchas en el Reino Unido: ¿indican “el comienzo de una ola de huelgas" o son sólo "sectores aislados de trabajadores agotados en huelgas bastante extenuantes”? ¿Es este movimiento “el comienzo de una nueva resistencia [...] después de décadas de retroceso de clases” o ¿ha “incluso fortalecido” el trabajo asalariado?
Desde el verano de 2022, la expansión de las luchas obreras en Gran Bretaña ha inspirado movimientos similares en otros países. En consecuencia, una evaluación correcta de la oleada actual en el Reino Unido es imposible desconectándola de la evolución de la lucha de clases a nivel internacional. Sin embargo, la TCI ve las luchas casi exclusivamente a través de lentes británicos: los siete artículos producidos sobre las huelgas en Gran Bretaña carecen de referencia a las luchas que se desarrollan en otros lugares: es como si cada sector nacional de la clase obrera estuviera librando su propia lucha en su propio rincón y que la lucha global es solo una suma de luchas nacionales y no la expresión de una sola dinámica.
Es cierto que la TCI comunica sobre las luchas que tienen lugar en otras partes del mundo capitalista, pero no percibe la importancia del movimiento en el Reino Unido como expresión de una tendencia internacional del proletariado a romper con el período anterior de baja combatividad y falta de confianza en sí mismo. Sabe que las luchas en el Reino Unido y Francia tienen lugar en un terreno proletario, pero no capta, en la práctica, la base común compartida por estas dos fracciones de la clase obrera.
La visión distorsionada de la TCI de la dimensión internacional de la lucha proletaria no es nueva. Está claramente ilustrada, por ejemplo, en el artículo sobre la lucha de los trabajadores de las telecomunicaciones en España en 2015, en el que la TCI escribe que “aquí hay posibilidades concretas para la extensión internacional de la lucha porque Telefónica opera en cinco países”6. Este tipo de extensión sectorial “internacional” de la lucha sólo fortalece el corporativismo de la clase obrera y tiende a socavar su unificación internacional, mientras que la necesidad real e inmediata de los trabajadores en huelga es precisamente entrar en contacto directo con los trabajadores involucrados en la lucha “en la fábrica, hospital, escuela, administraciones más cercanas”7.
Para apreciar el significado de un movimiento de clase en particular, es indispensable colocarlo en un contexto más histórico y global. Por lo tanto, para la CCI, las luchas actuales son importantes porque marcan una ruptura con un período de retroceso que se remonta a finales de la década de 1980 y a la implosión del bloque “comunista”, pero también porque confirman que este reflujo no equivalía al tipo de derrota histórica mundial experimentada por la clase obrera después del aplastamiento de su primer asalto revolucionario entre 1917 y 1923, período que cerró el resurgimiento internacional de las luchas en 1968.
Pero, en estas cuestiones, la TCI confirma su inconsistencia. Hace diez años, afirmó sin rodeos que todavía estábamos viviendo en un período contrarrevolucionario: “La fragmentación y dispersión de la clase [...] ha reducido la capacidad de la clase obrera para responder y el refrán persistente de que no hay alternativa al capitalismo es una prueba más de que la clase aún no ha superado la fuerte derrota de la década de 1920”8. Sin embargo, en 2016-2017, argumenta prudentemente que “actualmente, la clase se está recuperando lentamente de décadas de retroceso y reestructuración”9. Pero la TCI retiró rápidamente este análisis para afirmar que “todavía estamos luchando para restablecer la relación de fuerzas que hemos entendido como el de un retroceso durante 40 años”10.
La evidencia más clara de que la TCI no logra comprender el contexto histórico a nivel mundial es el hecho de que su subestimación de la importancia de las luchas de hoy va de la mano con la fuerte energía que invierte en su campaña en favor de los comités de “No a la Guerra sí a la Guerra de Clase” (No War But The Class War), que se basa en la ilusión de que la clase obrera ya es capaz de librar una lucha directa contra la guerra, sin tomar conciencia de que tal expectativa es completamente inconsistente con su idea de que el proletariado está siempre bajo el peso de una derrota histórica.
Si bien la TCI es bastante consistente en su denuncia de las divisiones sindicales, regularmente tiende a caer en la trampa de los sindicatos, cuando estos últimos utilizan un lenguaje más radical e incluso levantan la bandera de “comités de huelga” que corresponden, en realidad, a una adaptación de las estructuras sindicales para mantener su control sobre los trabajadores. Para la TCI, estos órganos sindicales son un paso adelante, como lo muestra el ejemplo de la “Combinación de Trabajadores de Autobuses” (Bus Workers Combine) creada por el sindicato “Unite”, “que es un intento de coordinación de la lucha por la mejora de los salarios y las condiciones en los distintos depósitos. Los diferentes grupos de trabajadores que unen sus luchas son extremadamente importantes y constituyen nuestra mejor oportunidad de éxito”11.
Esta actitud oportunista hacia el sindicalismo de base está vinculada a la confusión de la TCI sobre la relación entre la lucha económica y la lucha política. La noción de “militancia salarial” (ver cita anterior en el artículo) en realidad expresa una desvalorización de las luchas económicas, una subestimación de su dimensión implícitamente política.
Para la CCI, la lucha en el terreno económico es una dimensión esencial e ineludible, donde se forjan las armas del asalto revolucionario del mañana. En otras palabras, cualquier lucha proletaria “es tanto por reivindicaciones inmediatas como revolucionarias. Reivindicar, resistir a la explotación capitalista, es la base y el motor de la acción revolucionaria emprendida por la clase. [...] En la historia del movimiento obrero no hay una sola lucha revolucionaria proletaria que no sea al mismo tiempo una lucha por reivindicaciones. ¿Y cómo podría ser de otra manera, ya que es la lucha revolucionaria de una clase, de un grupo de hombres caracterizados por su posición económica y unidos por su situación material común?”12.
Para la TCI, por el contrario, “la lucha económica surge, produce lo que puede producir a nivel de demandas, luego declina sin dejar huella política. A menos que haya una intervención del partido revolucionario”13. Los trabajadores no son capaces de politizar su lucha y esto sólo puede hacerse a través de la intervención del “partido”, que funciona aquí como el deus ex machina necesario para superar la oposición entre las dos dimensiones de la lucha.
En resumen, frente a los movimientos en Gran Bretaña, pero también en toda Europa, es particularmente preocupante que una organización que pretende dar orientaciones para la lucha revolucionaria del proletariado sea incapaz de apreciar estas luchas en su período histórico y de comprender su dimensión internacional. Pero para la TCI, esta responsabilidad no parece imponerse ya que ¡“el partido” aparecerá, como Superman, para resolver todo con un movimiento de varita mágica!
D.&R., 12 de abril de 2023
1 Por ejemplo, “The UK is experiencing historic strikes” (“El Reino Unido está experimentando huelgas históricas”), Washington Post (2 de marzo de 2023)
2 “Wildcat Strikes in the UK: Getting Ready for a Hot Autumn” ("Huelgas salvajes en el Reino Unido: Preparándose para un otoño caliente", disponible en el sitio web de la TCI (agosto de 2022), con las siguientes referencias.
3 « Notes sur la vague de grèves au Royaume-Uni » (“Notas sobre la ola de huelgas en el Reino Unido”), enero de 2023.
4 “Unions - Whose Side Are They On?” (“Sindicatos - ¿De qué lado están?”)
5 “Unite the Strikes” (“Unir las huelgas”), marzo de 2023
6 “Spanish Telecom Workers on All-Out Strike” (Trabajadores españoles de Telecom en huelga general”), junio, 2015
7 « Partout la même question : Comment développer la lutte ? Comment faire reculer les gouvernements? » (“En todas partes la misma pregunta: ¿Cómo desarrollar la lucha? ¿Cómo hacer que los gobiernos den marcha atrás?”, volante internacional de la CCI, marzo de 2023. Por todas partes la misma pregunta: ¿Cómo desarrollar la lucha? ¿Cómo hacer retroceder a los gobiernos? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1094]
8 “ICC theses on decomposition" (“CCI Tesis sobre la Descomposición”) en el foro de la TCI, septiembre 2011
9 “A Crisis of the Entire System” (“Una crisis de todo el sistema”)
10 “The Party, Fractions and Periodisation” (“El partido, las fracciones y la periodización”) en el Foro de la TCI, febrero 2019
11 “Two Comments on Recent Bus Strikes in the UK” (“Dos comentarios sobre las recientes huelgas en Reino Unido”), marzo, 2023
12 Pourquoi le prolétariat est la classe révolutionnaire : Notes critiques sur l'article "Leçons de la lutte des ouvriers anglais" (Révolution Internationale no 9) | Courant Communiste International (internationalism.org) [1128]
13 “The Question of Consciousness: A Basis for Discussion” (La cuestión de la conciencia: Una base para el debate”), traducción de Bilan & Perspectives no 6, diciembre 2005
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Cinco meses de lucha, catorce días de acción, millones de manifestantes, multitud de huelgas y bloqueos, una movilización récord... En resumen, un movimiento social de una amplitud que no se veía en Francia desde 1968. Y, sin embargo, la reforma de las pensiones ha sido aprobada. ¿Ha sido en vano? ¡No!
Este movimiento es una promesa para el futuro. Es una señal de que nosotros, la clase trabajadora, hemos vuelto a levantarnos. Una vez más, luchamos juntos. Durante décadas, hemos sufrido los ataques implacables de los sucesivos gobiernos, de derechas y de izquierdas. Pero a partir de ahora, nos negamos a aceptar el continuo deterioro de nuestras condiciones de vida y de trabajo. Eso es lo que demuestra la magnitud de nuestro movimiento.
Desde la primera manifestación del 19 de enero, la inmensa mayoría de los trabajadores no se hizo ilusiones de que el gobierno podría dar marcha atrás. Sin embargo, semana tras semana, millones de trabajadores nos negamos a ceder. Al negarnos a ceder, al luchar juntos, al desarrollar la solidaridad entre sectores y entre generaciones, logramos nuestra primera victoria: ¡la lucha misma!
"A veces los trabajadores triunfan, pero es un triunfo efímero. El verdadero resultado de sus luchas no es tanto el éxito inmediato como la creciente unidad de los trabajadores". (Manifiesto Comunista, 1848).
Esta victoria tiene un valor incalculable para el futuro. Porque sabemos que los ataques van a empeorar. Los precios de los alimentos, la electricidad, la vivienda y el combustible seguirán subiendo. Tanto en el sector privado como en el público, la precariedad laboral, la falta de personal, los ritmos de trabajo infernales y los salarios de miseria serán cada vez peores. El Estado seguirá destruyendo los sistemas de sanidad, educación y transporte... ¡lo único que aumenta son los presupuestos para armas y represión!
Así que vamos a tener que seguir luchando, basándonos en la experiencia de nuestro movimiento actual. Por eso es vital que nos reunamos, siempre que sea posible (al final de las manifestaciones, en nuestros lugares de trabajo, en comités de lucha o círculos de discusión, en reuniones de organizaciones revolucionarias), para discutir y aprender las lecciones. Porque, sí, hay muchas lecciones que aprender de este movimiento:
- En las últimas décadas, hemos sido atacados desde muchos flancos, aislados unos de otros e impotentes. Habíamos perdido la confianza en nuestra capacidad para unirnos y luchar en masa. Peor aún, incluso habíamos olvidado que nuestra fuerza colectiva podía existir. Esos días han terminado.
- Luchando juntos, hemos empezado a darnos cuenta de que somos una sola fuerza. Somos la clase obrera. Desempleados, jubilados, estudiantes con contratos precarios, asalariados del sector privado o público, con mono o bata blanca, en talleres u oficinas, todos somos explotados que, atomizados, cada uno en su rincón, somos impotentes frente al capital, pero que, unidos en la lucha, podemos convertirnos en la mayor fuerza social de la historia.
- Fue precisamente esta reivindicación de nuestra identidad de clase lo que permitió recordar la experiencia de nuestras luchas pasadas. No es casualidad que el eslogan más popular esgrimido en las pancartas fuera: "Vosotros nos pusisteis en el 64, nosotros os volveremos a poner un mayo del 68". Aún más espectacular es la aparición en los debates de referencias al movimiento contra el CPE en 2006, mientras que hasta ahora este episodio era totalmente ignorado en nuestras filas, como si nunca hubiera ocurrido. Al empezar a luchar de nuevo como clase obrera, estamos haciendo posible empezar a reapropiarnos de nuestra historia, nuestras experiencias, nuestras victorias y nuestras derrotas, para que mañana podamos estar más unidos, más organizados y ser más fuertes.
- A diferencia de 2018, cuando los ferroviarios hicieron huelga en solitario durante semanas y semanas, hasta la extenuación, mientras los demás sectores eran llamados a la "huelga por delegación" y a una solidaridad platónica, esta vez ningún sector se ha quedado aislado, ningún sector ha salido derrotado. Incluso los refinadores, que se han visto obligados a retirarse a sus puestos de trabajo mes tras mes en nombre del bloqueo de la economía. Esta vez ha prevalecido la dinámica de la solidaridad activa en la lucha. La trampa clásica de la división y el aislamiento no funcionó.
- Reprimiendo ferozmente y provocando vergonzosamente, el Estado francés esperaba atemorizar a la mayoría de los trabajadores y empujar a una minoría a un enfrentamiento estéril y desesperado con las fuerzas del orden. También en este caso conseguimos evitar esta trampa, a pesar de la inmensa cólera legítima ante las palizas y los insultos.
- Este terror de Estado en las calles, al igual que la aprobación forzosa de la reforma en la más completa legalidad, gracias a los mecanismos constitucionales de la República, han empezado incluso a levantar la máscara de la democracia burguesa y a revelar lo que se esconde tras ella: la dictadura capitalista.
- Por último, y quizás lo más importante, este movimiento ha suscitado una cuestión esencial para el futuro: ¿cómo establecer una relación de fuerzas favorable a la clase obrera? Millones de trabajadores nos movilizamos durante meses y meses y, sin embargo, la burguesía francesa no cedió. ¿Por qué no lo hicieron? ¿Qué le faltó a este movimiento para hacer retroceder al gobierno?
Para entenderlo, y para ir más lejos la próxima vez, tenemos que seguir por el camino que este movimiento ha empezado a recorrer: tenemos que recordar nuestras luchas pasadas y las lecciones que nos enseñaron.
Algunas luchas pasadas demuestran que es posible hacer retroceder a un gobierno, frenar sus ataques.
En 1968, el proletariado francés se unió tomando sus luchas en sus manos. Tras las grandes manifestaciones del 13 de mayo para protestar contra la represión policial de los estudiantes, los paros y las asambleas generales se extendieron como un reguero de pólvora por las fábricas y los centros de trabajo, culminando en la mayor huelga de la historia del movimiento obrero internacional, con 9 millones de huelguistas. Ante esta dinámica de extensión y unidad de la lucha obrera, el gobierno y los sindicatos se apresuraron a firmar un acuerdo sobre un aumento salarial generalizado para frenar el movimiento.
En agosto de 1980, en Polonia, ante la subida de los precios de los alimentos, los huelguistas llevaron la lucha aún más lejos reuniéndose en enormes asambleas generales, decidiendo sus propias reivindicaciones y acciones y, sobre todo, esforzándose constantemente por extender la lucha. Ante esta fuerza, no fue sólo la burguesía polaca la que tembló, sino la burguesía de todos los países.
En 2006, en Francia, tras sólo unas semanas de movilización, el gobierno retiró su "Contrato del Primer Empleo". ¿Qué asustó a la burguesía para dar marcha atrás tan rápidamente? Los estudiantes precarios organizaron asambleas generales masivas en las universidades, abiertas a trabajadores, parados y pensionistas. Propusieron una consigna unificadora: la lucha contra la precarización y el paro. Las asambleas generales eran el alma del movimiento, donde se celebraban debates y se tomaban decisiones. Cada fin de semana, las manifestaciones reúnen a más y más sectores. Asalariados y jubilados se unen a los estudiantes bajo el lema: "Jóvenes lardones, viejos picatostes, ¡todos en la misma ensalada!”
En efecto, la mayor fuerza de una lucha es que es cosa de todos los explotados y no de los "especialistas". En realidad, todas las "acciones" propuestas por los sindicatos están destinadas a impedir que se vean "desbordados", a impedir que resurja el impulso de esos movimientos victoriosos, a impedir que debatamos y decidamos por nosotros mismos cómo llevar la lucha. Piquetes, huelgas, manifestaciones, bloqueo de la economía... mientras estas acciones permanezcan bajo control sindical, sólo pueden conducir a la derrota.
¿Qué han estado haciendo los sindicatos en el Reino Unido desde hace casi un año? Han dispersado la respuesta de los trabajadores: cada día, un sector diferente va a la huelga. Cada uno en su rincón, cada uno en su piquete. Sin mítines, sin debates colectivos, sin unidad real en la lucha. No se trataba de un error estratégico, sino de una división deliberada. En 1984-85, el gobierno de Thatcher ya había conseguido romperle la espalda a la clase obrera en el Reino Unido mediante el mismo trabajo sucio de los sindicatos. Aislaron a los mineros de sus hermanos de clase de otros sectores. Los encerraron en una huelga larga y estéril. Durante más de un año, los mineros ocuparon los pozos bajo el lema de "bloquear la economía". Solos e impotentes, los huelguistas llevaron al límite sus fuerzas y su coraje. Y su derrota fue la derrota de toda la clase obrera. Los obreros del Reino Unido no vuelven a levantar cabeza hasta hoy, ¡más de treinta años después! Esta derrota es, pues, una dura lección que el proletariado mundial no debe olvidar.
Sólo reuniéndonos en asambleas generales abiertas, masivas y autónomas, que decidan realmente sobre la dirección del movimiento, podremos formar la base de una lucha unida y que se extienda, impulsada por la solidaridad entre todos los sectores y todas las generaciones. Asambleas generales en las que podamos adoptar juntos reivindicaciones cada vez más unificadoras. Asambleas generales en las que nos reunamos y desde las que podamos partir en delegaciones de masas al encuentro de nuestros hermanos y hermanas de clase, los trabajadores de la fábrica, el hospital, la escuela o la administración más cercanos.
Hoy todavía nos falta confianza en nosotros mismos, en nuestra fuerza colectiva, para atrevernos a tomar nuestras luchas en nuestras manos. Ese es el límite actual de nuestro movimiento, por eso la burguesía francesa no ha temblado, por eso su gobierno no ha retrocedido. Pero nuestra historia demuestra que podemos hacerlo. Y, en cualquier caso, no hay otro camino.
El capitalismo seguirá hundiéndonos en la miseria y la barbarie. Dejado a su propia lógica, este sistema decadente arrastrará a franjas cada vez más amplias de la humanidad a la guerra y la miseria, y destruirá el planeta con gases de efecto invernadero, bosques arrasados y bombas.
El sentimiento de solidaridad, de estar todos en el mismo barco, la necesidad de permanecer juntos, entre diferentes sectores, entre diferentes generaciones, son los testigos de cuál es la naturaleza profunda de la lucha de los trabajadores, una lucha por un mundo radicalmente diferente, un mundo sin explotación ni clases sociales, un mundo sin fronteras ni enfrentamientos entre naciones donde la "guerra de todos contra todos" dará paso a la solidaridad entre todos los seres humanos: el comunismo.
Nuestra lucha histórica contra el capitalismo es internacional. En los últimos doce meses, hemos visto movimientos sociales de una magnitud no vista desde los años ochenta en el Reino Unido, España, Alemania, Dinamarca, Portugal, Países Bajos, Estados Unidos, Canadá, México y China... las mismas huelgas contra la misma explotación cada vez más insostenible. "Los trabajadores permanecen unidos", gritaban los huelguistas en el Reino Unido. "O luchamos juntos, o acabaremos durmiendo en la calle", confirmaban los manifestantes en Francia. La pancarta "Por todos nosotros" bajo la que se celebró la huelga contra el empobrecimiento en Alemania el 27 de marzo es especialmente significativa de este sentimiento general que crece en la clase obrera: todos luchamos por todos.
En la lucha contra el deterioro de nuestras condiciones de vida y de trabajo, en particular frente a la inflación, desarrollaremos poco a poco nuestra fuerza colectiva, nuestra confianza en nosotros mismos, nuestra solidaridad y nuestra unidad. En la lucha, nos iremos dando cuenta de que nosotros, la clase obrera, somos capaces de tomar nuestras luchas en nuestras manos, de organizarnos, de reunirnos en asambleas generales para decidir nuestras consignas y nuestras acciones. Poco a poco nos daremos cuenta de que somos capaces de ofrecer otra perspectiva que la muerte prometida por un sistema capitalista en decadencia: la revolución comunista.
La perspectiva de la revolución proletaria volverá a nuestras mentes y a nuestras luchas.
¡El futuro pertenece a la lucha de clases!
Corriente Comunista Internacional 4 junio 2023
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El problema de la vivienda se está agravando en todo el mundo, tanto en los países centrales donde se supone que “se vive mejor” como en los países hoy llamados “emergentes” eufemismo con el que se han sustituido otros términos como “subdesarrollo”, “tercer mundo”, para esconder la terrible miseria que en ellos sufren los trabajadores.
En grandes metrópolis que nos presentan como el escaparate del lujo cada vez es mayor la legión de los “sin techo”, homeless palabra en inglés que refleja los miles que en Nueva York, Londres o París duermen en la calle.
En el famoso Silicon Valley, centro mundial de la tecnología, hay muchos trabajadores que viven en furgonetas o autocaravanas, el sueldo no les da, ni siquiera para una vivienda de una sola habitación.
En toda Europa abundan los jóvenes que bien siguen en casa de sus padres o tienen que conformarse con una habitación en un piso compartido, se multiplica el fenómeno de las “camas calientes”, pisos donde una familia duerme ocho horas y tiene que ceder la habitación a otra las ocho horas siguientes, la cual, a su vez, la pasa a una tercera.
En América del Sur, muchos trabajadores, sobre todo los recién llegados a las grandes ciudades, no pueden pagarse una vivienda mínimamente decente y tienen que recurrir a las “tomas de terreno” donde con materiales precarios irse construyendo una infravivienda. El Estado capitalista, defensor de la propiedad privada, sea cual sea el color del gobierno -derecha o izquierda, popular o populista- utiliza la represión contra estas tentativas. Lo vimos con Evo Morales en Bolivia, un defensor del “socialismo”, quien frente a una ocupación en Oruro empleó “la bala y el ejército en defensa de la ley y la propiedad privada”1 y ahora lo vemos con el gobierno Boric en Chile.
El martes 25 de abril del 2023, una Comisión del Senado despacha a Sala Proyecto modificaciones a la Ley de Usurpaciones, que endurece las penas contras las ocupaciones de terreno. Según relata Diario Bio Bio (2023) “En medio de un tenso debate, la Comisión de Seguridad Pública del Senado despachó a Sala el proyecto de Ley de Usurpaciones que modifica el Código Penal y crea penas privativas de libertad para quienes cometan el delito de usurpación de terrenos. Asimismo, se pretende ampliar el periodo de flagrancia y facilitar la detención de los diferentes ocupantes. Lo anterior no incluye a quienes estén inscritos en el Registro Nacional de Campamentos de Chile.” Este proyecto, que tiene su origen en los buitres de la derecha política en Chile, es una declaración de guerra contra las familias obreras que no pueden pagar un arriendo y que se ven obligadas a tomar terrenos de forma ilegal para no dormir en la calle.
Pese a que esta iniciativa fue propuesta por senadores de la derecha política, el gobierno izquierdista de Boric no se ha quedado atrás en la labor de atacar y desalojar a los proletarios que actualmente hacen uso de tomas de terreno. Una nota del Diario Antofagasta TV (2023) dice “Este jueves a las 8:00 de la mañana, la Delegación Presidencial Regional (DPR) de Antofagasta por medio de su Coordinación Territorial comenzaron con el desalojo de ocho hectáreas ubicadas en el sector conocido como Altos Costa Laguna o Bahía Méndez. El lugar había sido intervenido el pasado 5 de abril, culminando de esta manera el desalojo de 100 ocupaciones irregulares en un terreno de aproximadamente 22 hectáreas. A un mes de ese operativo, volvieron a detectar el levantamiento de viviendas y loteo de terrenos.” Acá vemos un ejemplo clásico de como la izquierda y derecha del capital se reparten las faenas para atacar a la clase obrera, mientras la derecha tiene un discurso mucho más agresivo y prepotente, la izquierda ataca de forma más disimulada y sofisticada, pero ambas atacan a los obreros y sirven al Capital.
“Según información del Ministerio de Bienes Nacionales, en Chile existen alrededor de 20 000 tomas de terreno. Es en el norte del país, específicamente en las regiones de Antofagasta y Atacama, donde se concentra la mayor cantidad de tomas de terreno y se registran casi 14 000 del número total a nivel nacional. La crisis migratoria también forma parte de los datos, pues con el incontrolable ingreso de migrantes, se catastran casi 6000 familias extranjeras habitando en estos macro campamentos.” (Tiempo Real, 2022)
La burguesía y sus medios de prensa tratan de justificar este atentado contra el proletariado, bajo los pretextos de que las “tomas de terreno” son fuentes de delincuencia e inseguridad, además de que hay mafias criminales detrás de esto que operan y venden los terrenos de forma irregular para posteriormente ganar dinero (“loteos brujos”). ¡ES VERDAD! La tasa de criminalidad en estos lugares es altísima, y también existen mafias criminales que lotean terrenos para luego regateárselas a las hambrientas familias obreras que buscan un lugar donde vivir.
Pero ¿Cuál es la causa de la criminalidad? ¿Qué son esas mafias? ¿de quién es la culpa?
Hemos de ir a la raíz, y la raíz no está en los obreros que lo único que quieren es un lugar donde vivir. La raíz está en el decadente capitalismo que pudre las bases de toda la sociedad y donde se da cada vez más “el aumento constante de la criminalidad, de la inseguridad, de la violencia urbana, en la que se han ido metiendo cada día más y más niños, los cuales acaban también siendo víctimas de la prostitución”, todo ello “hoy, a una escala desconocida en la historia, invadiendo por todos sus poros a la sociedad humana, expresando no sólo la dislocación de la sociedad burguesa, sino y sobre todo la destrucción de todo principio de vida colectiva en el seno de una sociedad sin el menor proyecto, la menor perspectiva, incluso a corto plazo, incluso la más ilusoria”2
¿Es culpa del proletario el hecho de que existan mafias de delincuentes que ganan dinero a costa de sus necesidades y sufrimientos? No señores, aquí el único culpable de todo es el capital, que a través del estado y sus medios de prensa buscan echarles la culpa a los trabajadores por no tener un lugar donde vivir.
Es necesario comprender que mafias y Estado están conchabadas, colaboran bajo mano para sus turbios negocios, se protegen mutuamente en un auténtico sindicato del crimen, pues como dicen las antes mencionadas Tesis sobre la Descomposición los partidos, las empresas, las instituciones del Estado están corroídas por “la increíble corrupción que está aumentando, prosperando en los aparatos políticos, la oleada de escándalos en la mayoría de los países, como en Japón, donde resulta cada día más difícil distinguir aparato de gobierno y hampa gansteril, o en España, en donde está en entredicho el mismísimo brazo derecho del jefe de gobierno socialista, en Bélgica, en Italia y en Francia, en donde los diputados han decidido amnistiarse a sí mismos de sus mangoneos y bajezas”.
Debemos aclarar algo muy importante, y es el hecho de que las tomas de terreno no son suficientes para la clase obrera, y no se pueden conformar con esta. Igual que, por ejemplo, las ollas comunes3, las tomas de terreno no hacen más que adaptarse a la pobreza y el hambre capitalista, es un “pan para hoy y hambre para mañana”, es una respuesta a situaciones desesperadas de miseria, pero que no contienen los medios para superarla y erradicarla, esto solo se puede superar por la Revolución Proletaria Mundial que será el resultado de la lucha masiva del proletariado en los distintos países y de su unificación internacional.
A diferencia de la extrema izquierda del capital, que pone a las tomas y ocupaciones de terreno sobre un pedestal, haciéndolas ver como algo “muy combativo”, la clase obrera debe comprender que las tomas de terreno además de no ser más que una adaptación al capitalismo moribundo, contienen el peligro de una lucha interclasista popular donde la clase obrera se diluya en “el pueblo” y la “ciudadanía”. Lo que necesita nuestra clase es el desarrollo de su lucha en su terreno de clase unificando sus diferentes reivindicaciones, entre las cuales está la lucha sobre el problema de la vivienda4, la lucha contra la inflación, contra el incremento de la explotación y de la jornada de trabajo, e, igualmente, por una vivienda digna, forman el haz inseparable de reivindicaciones de clase, en torno a las cuales debe desarrollarse la unidad, la solidaridad y la autoorganización de nuestra clase.
Rodrix
Informaciones en:
1 Ver Evo al desnudo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [457]
2 TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [109]
3 Ver Comedores populares: ¿Lucha contra el hambre o adaptación al hambre? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1135]
4 Ver Debate sobre el problema de la vivienda | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [202]
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En la primera parte de esta serie1 analizamos la preparación y el accionar de la burguesía argentina para colocar, en su primera ocasión, a Perón en el gobierno (1946-52), logrando con ello la consolidación del control de la clase obrera, que, mediante la actuación del aparato sindical (principalmente la CGT), remata la cadena represiva que durante la década de los veinte el Estado argentino desató en contra de las movilizaciones obreras. Un segundo aspecto que la burguesía obtuvo con el gobierno de Perón fue un momento de unidad, necesario para poder llevar a cabo su proyecto de industrialización. Sin embargo, como veíamos en la parte última del artículo, la unidad se rompe con la crisis que se abrió al finalizar la 2ªGM, en tanto acentúa la competencia económica y política, llevando a un choque de intereses, que en 1955 lleva al golpe de Estado, impidiendo que Perón terminara su segundo gobierno (programado a finalizar en 1958). En ese ajuste de cuentas llevado entre las diversas fracciones burguesas, aunque la clase obrera no tenía ningún interés común con alguna de ellas, quedó atrapada en medio del enfrentamiento, siendo utilizada como carne de cañón…
Al finalizar la 2ªGM las principales diferencias que se presentaban entre los diversos grupos de la burguesía en Argentina (y en gran parte de América Latina), se enfocaban en definir el perfil que debía de tomar el Estado para la organización económica y política del sistema. Mientras que Perón postulaba la permanencia de un gobierno totalitario, con dominio militar, revestido con un discurso democrático, intervencionista, corporativista y con la tarea de empujar a la industrialización, otros sectores, entre los que se destacaban algunas de las facciones del partido radical (principalmente la encabezada por Frondizi), aunque coinciden en continuar con la industrialización, consideraban debía de enfocarse en la industria pesada, contando con una presencia mayor del capital foráneo, limitando la propiedad estatal, pero además desconcentrando el control del Estado, de manera que, los militares compartieran el dominio político con otros grupos burgueses civiles y religiosos.
Variaciones de esas propuestas se presentaban, no obstante, al final, en una amalgama diversa, los opositores al gobierno de Perón, formado por militares, empresarios, clero católico y los partidos radical, conservador y “socialista”, llevan a cabo el golpe de Estado, no sin antes mostrar que detrás de sus discursos religiosos y su careta de “libertadores” (como se denominaban), se encontraban fracciones burguesas tan reaccionarias y criminales como el mismo peronismo… En una acción que buscaba sembrar el terror, el 16 de junio de 1955 (tres meses antes de consumarse el golpe de Estado), aviones de ataque de la marina, bombardean la plaza de mayo arrojando cerca de 14 toneladas de bombas y disparando continuas ráfagas de fusiles, causando cientos de heridos y la muerte de más de 300 civiles, entre los que se encontraban niños.
De frente a un acto de barbarie como este y ante el ambiente de preparación del golpe militar, marcado por atentados y enfrentamientos, Perón inicialmente llama a la concordia, sin embargo, los “anti peronistas” rechazan el diálogo, por lo que, en un intento de colocarse a la ofensiva, alienta a la estructura sindical a lanzar a los trabajadores a enfrentar a los opositores. Así, en la manifestación del 13 de agosto de 1955, ordena a sus seguidores: “La consigna para todo peronista, esté aislado o dentro de una organización ¡es contestar a una acción violenta con otra más violenta! ¡Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos!”. Se trataba de una respuesta desesperada en la que pretendía, una vez más, usar como carne de cañón a los trabajadores, después de todo, el proletariado para Perón (como para todo burgués), eran solo peones de ajedrez, a los que podía sacrificar según convenía a su estrategia. Solamente el 16 de septiembre, ante la amenaza de los militares alzados, de atacar la refinería petrolera de La Plata, los objetivos militares de la Capital y la Casa Rosada, Perón toma la decisión de renunciar y salvar así los “bienes de la Nación”.
Pero si el caudillo depuesto era obligado a dejar el poder, sectores de la misma burguesía, que habían impulsado al gobierno de Perón o que se vieron favorecidos por este, no encuentran una alternativa en la llamada “revolución libertadora” encabezada por el general Eduardo Lonardi. Había en el conjunto de la burguesía, como decíamos arriba, una gran división política; incluso en las filas de los militares existían fracturas. Hay sectores de la marina que no reconocen la autoridad de miembros del ejército que forman parte del gobierno, así mismo, algunos empresarios de la industria y sobre todo del sector agrícola, pugnan por la eliminación total del proyecto de industrialización y, en el plano político, el “anti peronismo” también está dividido, porque mientras un sector (tanto de militares como de empresarios) buscan conciliar con la CGT y los grupos peronistas, pero sin Perón, otro sector desea la eliminación total de esa expresión. Eso explica que dos meses después de efectuarse el golpe de Estado, quitaran del gobierno a Lonardi para colocar al general Pedro E. Aramburu2 (manteniendo el cargo de noviembre-1955 a mayo-1958).
Aunque la dictadura con Aramburo logró cohesionar mejor a la burguesía, no logró eliminar la división existente sobre qué política llevar en relación al peronismo y por tanto hasta que nivel llevar la “desperonización” o la negociación. Tal duda la expresaban porque Perón seguía representando una fuerza política importante para la burguesía argentina. No es extraño que después de 17 años de exilio, al inicio de la década de los setenta, cuando las movilizaciones de los trabajadores amenazaban romper el control sindical, la clase dominante no dudó en organizar su retorno a Argentina.
En la campaña electoral que permitió a Perón ascender al gobierno por segunda ocasión, arrastró a una parte muy importante de la clase obrera a las urnas. Las migajas ofrecidas en su primer gobierno y los discursos demagógicos lograron ese efecto, sin embargo, el capitalismo en su decadencia, no puede asegurar que esas mejoras relativas sean duraderas. La recesión que estalló en Argentina entre 1949-52, llevó al gobierno de Perón a instaurar un “plan de emergencia económica”, afectando particularmente a los salarios reales, que caen, entre 1950 y 1952 en 25%. En 1954 los salarios quedan congelados y se impulsa el aumento de los ritmos productivos. Aunque la estructura sindical hacía pasar estas medidas sin permitir las respuestas abiertas de descontento de los trabajadores, el descrédito del peronismo se exponía y solo podían expresar su malestar pasivamente, alejándose de las “estructuras peronistas de base”; no obstante, cuando empezaron a incrementarse los atentados de los grupos “antiperonistas” y luego el golpe militar, se presenta una renovación de las simpatías de los trabajadores hacia el gobierno, en tanto que su golpeada conciencia, luego de más de una década de medidas de sometimiento por la llamada “revolución justicialista”, creando ilusiones en el sindicato y el gobierno, impide que el descontento a esas medidas empujen a la movilización controlada y dirigida por los trabajadores. Este proceso se continúa después del golpe, al ordenar a la marina3, por parte de Aramburu, la ocupación de la CGT, con el fin de limitar la presencia del principal brazo político del peronismo, en ese mismo sentido ordena la disolución del partido peronista, la imposición del decreto 4,161, con el que prohibía cualquier mención a Perón y al peronismo4, e incluso robando el cadáver de Eva Perón. Otra vez, estas medidas se volvieron propulsoras del peronismo.
No podemos dejar de considerar que este momento histórico al que nos hemos estado refiriendo, tiene como telón de fondo el desarrollo de la contrarrevolución, abierta a partir de la derrota de la oleada revolucionaria (que tuvo como expresiones más desarrolladas la revolución en Rusia en 1917 y Alemania en 1919), extendiéndose por todo el planeta desde la década de los 30, culminando hasta fines de los años 60. Se vuelve crucial tomar en cuenta esta situación, en tanto el aislamiento y aplastamiento de las rebeliones proletarias, hizo que la clase obrera perdiera temporalmente sus perspectivas de combate y fuera presa fácil del control ideológico, como ocurrió justamente en Argentina durante todo este período de luchas internas de la clase dominante. En ese contexto es que, en Argentina, la burguesía, logró involucrar al proletariado en la pugna burguesa, polarizada entre los que buscaban “desperonizar la sociedad” y los que tenían como consigna el “retorno de Perón”.
Inicialmente fue al interior de las filas militares en las que se presentaron los planes conspirativos en contra de la dictadura, como la encabezada por el general Juan José Valle, que, aunque no formaba parte del peronismo, algunas decenas de miembros de estructuras peronista se integraron al levantamiento del 9 de junio de 1956. El movimiento fue derrotado el mismo día, pero, de cualquier forma, representó un golpe ideológico en contra de la conciencia proletaria, en tanto que, en el aislamiento y la represión que se vive, estas acciones desvían su reflexión hacia senderos que nada tienen que ver con su condición de clase explotada.
El accionar encabezado por el general Valle, fue criticada por el propio Perón, por su ingenuidad, pues, decía en su carta a Cooke, era “una acción que, de antemano podía predecirse como un fracaso…” Pero sobre todo por la desconfianza que tenía hacia los militares que no lo habían apoyado con firmeza cuando el golpe de Estado, por eso advertía: “Yo vengo repitiendo, a los mismos peronistas precipitados, que no haremos camino detrás de los militares que nos prometen revoluciones cada fin de semana. Ellos ven el estado popular y quieren aprovecharlo para sus fines…”
Líneas más abajo de la misma carta que hemos estado citando, define que la resistencia, “no depende en sus resultados de realizar grandes acciones de sabotaje, sino miles de acciones de todo tipo realizadas por todos individual y colectivamente…” Por eso, pretendiendo desmarcar a la “resistencia” de las aventuras militares, expone: “En vez de pensar en revoluciones militares, es decir oponer la fuerza a la fuerza en una decisión de conjunto, el pueblo tiene que hacer guerra de guerrillas…”5
No obstante, la crítica que hace a los medios usados por la revuelta de Valle y la definición que hace de su convocatoria a la “resistencia”, son esencialmente iguales; ambas propuestas mantienen la forma conspirativa, individualista y desesperada, pero también comparten los mismos fines: reivindicación de la democracia y las elecciones libres como alternativa… pero, sobre todo, el principal punto en común se encuentra en que ambos proyectos buscaban la continuidad del capitalismo.
La historia mostró la tragedia a que fue sometido el proletariado en Argentina, por el accionar conjunto de los gobiernos y el peronismo. La falta de perspectivas entre los explotados los llevó a verse envueltos en actos de violencia individualista, sin más argumento que su coraje, se lanzaron de forma individual a realizar “actos de sabotaje”, lo mismo atacando la maquinaria de una fábrica que colocando “caños” (explosivos caseros), en edificios públicos o empresas. Tales actos representaban solamente desesperación, porque no causaban un daño material de importancia para el capital, mucho menos ayudaban a la reflexión, al avance en la conciencia y organización de los trabajadores, por el contrario, se volvieron mecanismos de confusión, que desviaban de sus objetivos de clase.
Nuevamente el proletariado, al involucrarse en la “resistencia” convocada por el peronismo, fue utilizado como carne de cañón. Para ampliar el control, Perón designó al Comando Nacional Peronista (CNP), con el cual buscaba coordinar la “resistencia”, sin embargo, tiene corta vida y poca actividad, pasando a ser impulsadas esas acciones por el “Comando de Organización de la Juventud Peronista”. De esta forma el peronismo va a dirigir las actividades de los trabajadores y de los jóvenes, desgastando sus fuerzas e impidiendo la reflexión sobre su condición de explotados y del significado anti proletario de los objetivos y las acciones de la “resistencia peronista”.
Esas medidas de control que ejerce el peronismo, apostando la vida de trabajadores y jóvenes en aventuras sin objetivos, permitieron a Perón llevar a cabo acuerdos con diferentes grupos de la burguesía, colocando a sus fuerzas en mejores condiciones políticas. De esa forma, en las votaciones electorales de 1958, lleva un pacto con Frondizi y su partido, la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) para asegurar su triunfo de la presidencia y de paso evitar subieran a la palestra electorera, personajes del “neoperonismo” que, de obtener un alto número de votos, mostrarían la posibilidad de un “peronismo sin Perón”6. Sabiendo el control que tenía de los trabajadores y el repudio de estos hacia la “libertadora”, Perón le ofrece a Frondizi los votos de sus seguidores, a cambio que en su gobierno cumpla con la legalización de la CGT y de su partido, la amnistía a los presos y para afianzar el control de los trabajadores, un aumento salarial. Al final se cumplió el pacto7, demostrando que el peronismo podía controlar a los trabajadores, empujándolos lo mismo a poner “caños”, que a enredarse en la mascarada electorera.
Pero incluso los intentos de los trabajadores por movilizarse en defensa de sus condiciones de vida, son copados e integrados al marco de la “resistencia peronista”, como sucedió en la ocupación del Frigorífico Lisandro de la Torre8 (en enero de 1959), en la que el peronismo toma el control de la movilización, evitando que la defensa de las condiciones de vida de los trabajadores se colocara en primer plano de la protesta, llevándola a la “defensa de los recursos nacionales”. La movilización, aunque tuvo el apoyo solidario de los pobladores del barrio de Mataderos de la Ciudad de Buenos Aires, terminó ocupado por las fuerzas militares y con el despido de 5,000 trabajadores de los 9,000 que formaban la plantilla laboral.
El avance de la confusión del conjunto de explotados en Argentina, causada por el peronismo, se amplificó y se extendió por sucesos que son producto de la guerra fría, como lo fue la llamada “revolución cubana”9 y el mito guevarista10, además de la difusión que toman los argumentos religiosos a través del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Todo ello combinado, crea el ambiente para la formación de agrupaciones guerrilleras argentinas, como los Montoneros, las FAP o las FAR, que no solo fueron el producto del dominio de la ideología burguesa y expresión de la desesperación pequeñoburguesa, sino además fueron difusores de esos mismos argumentos anti proletarios.
El centro de las preocupaciones políticas del peronismo se enfocaba en la búsqueda de las formas que permitieran al Estado nacional tener un mejor funcionamiento, pero la falta de unidad política de la burguesía argentina, condujo a una intensa confrontación. Para explicar su proyecto político de defensa del Estado nacional, Perón se posicionaba en lo que definía como la “tercera posición”, con ello pretendía exponer su distancia de los lineamientos hegemónicos de los Estados Unidos y la Unión Soviética durante la guerra fría. Este argumento le daba el marco para puntualizar cuales eran los ejes de su proyecto para fortalecer al Estado argentino, a saber: independencia económica, justicia social y soberanía política. Esta forma de defensa del Estado y la nación, define el centro del programa del movimiento que él mismo nombra como “justicialista”, el cual asegura, tiene un carácter de “socialismo nacional”11. Este embrollo de argumentos lo único que dejan claro es que, el verdadero objetivo de Perón, era la defensa del capitalismo, y su actuación respondía a unas circunstancias en que existía una disputa del poder entre diferentes bandos burgueses. Por eso es un burdo engaño afirmar que en la práctica de Perón había preocupaciones proletarias. Buscarle “coincidencias” con el marxismo, no solo resulta una aberración, sino además representa un ataque dirigido contra la clase obrera. Justamente eso significaron las elucubraciones “teóricas” de John Williams Cooke (ex diputado peronista y representante político por un tiempo de Perón), así como la formación del grupo guerrillero las FAR, que se decían defender al marxismo, al tiempo que buscaban integrarse en la esfera peronista. Pero resultan también aberrantes, los intentos por “radicalizar” el proyecto peronista, aún sin tomar al marxismo, presentándose como “anticapitalistas”, completando la idea de Perón sobre el “socialismo nacional”. Estos argumentos se encuentran en la base de la formación de las agrupaciones que formaran la llamada “Tendencia Revolucionaria” del peronismo12.
El proletariado en el mundo a partir de la década de los treinta, como o decíamos renglones arriba, sufrió la contrarrevolución, que tomó su representación más brutal en la forma del estalinismo y el nazismo (impuestos precisamente en los países donde la oleada revolucionaria había tomado mayor fuerza); en algunas regiones del planeta se representó con acciones más sutiles (pero no por ello menos agresivas contra la conciencia obrera), desde la democracia, y en Argentina, sin duda, los gobiernos militares y el peronismo, como fuerzas burguesas complementarias, fueron la expresión del dominio de la contrarrevolución.
Justamente a finales de los sesenta, cuando la crisis económica reaparece en el mundo, los trabajadores también retornaban al escenario social con amplias movilizaciones, poniendo fin a la contrarrevolución que se abriera años atrás. El mayo francés de 1968 fue la expresión más relevante de ese proceso, y el Cordobazo de 1969 en Argentina13, fue indudablemente un eslabón importante de la cadena de movilizaciones. Pero a la par que la clase obrera retomaba la movilización, la burguesía creaba o impulsaba nuevas trampas para evitar el fortalecimiento de la conciencia obrera. No es extraño que sea a finales de los años sesenta e inicios de los setenta, que surgen los grupos que retoman los postulados del peronismo, para pretender renovarlos, incluso revistiéndose de argumentos pretendidamente marxistas; evidentemente, –insistimos lo dicho arriba–, lo que se obtiene de esa mezcla es una construcción ideológica burguesa, con la que se busca renovar la vestimenta del peronismo y continuar extendiendo la confusión entre los explotados. De manera que ni Montoneros, ni las FAR, ni las otras agrupaciones guerrilleras con menor dimensión formadas alrededor del peronismo, representaron un esfuerzo de la clase trabajadora14. Su accionar, marcado por el robo, los secuestros y los asesinatos, revela su alejamiento de la práctica proletaria revolucionaria, dichas acciones, solamente fueron aprovechados por Perón, en sus relaciones con otros grupos burgueses, como él mismo lo declaraba: “Cada vez que los muchachos dan un golpe patean para nuestro lado la mesa de negociaciones y fortalecen la posición de los que buscan una salida electoral limpia y clara…”15
Pero si el proletariado tenía un enemigo en el peronismo y sus grupos de la “resistencia”, el aparato de izquierda tampoco se encontraba como fuerza propulsora de la conciencia de los explotados. No solamente el Partido “Comunista” de la Argentina (PCA), se presentaba como fuerza burguesa en contra de los trabajadores, también estaban en ese mismo terreno las agrupaciones trotskistas.
El PCA, aunque su formación en 1918 representó un esfuerzo del proletariado, muy pronto entró en un proceso de degeneración. Para 1946, cuando se da la primer candidatura de Perón a la presidencia, el PCA se presenta como su opositor, pero no lo hace desde las filas y los argumentos del proletariado, sino desde su integración en un frente electoral, junto a partidos burgueses que forman la “Unidad Democrática” (UD, además del PCA estaba formada por la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, y el Partido Demócrata Progresista). Luego, variará su posición en diversas ocasiones, durante la campaña preparatoria del golpe de Estado, entrada la década de los cincuenta, se acercará al gobierno de Perón para formar un “Frente Popular”. El propio dirigente, Victorio Cordovilla (miembro de la burocracia de la degenerada 3ª Internacional, conocido por servir puntualmente los dictados de Stalin), en 1952, declaraba: “…la base esencial de nuestra política es la unidad de acción entre comunistas y peronistas”. Después, el PCA volverá a tener giros en su postura, apoyando o denostando, según lo dictara la coyuntura y las necesidades políticas del bloque estalinista, manteniéndose siempre fuera del terreno de la lucha proletaria.
Los grupos trotskistas, en el período de la 2ª posguerra, eran ya una corriente burguesa16, y en Argentina llevaban ya algunos años en un trabajo destinado a introducir la confusión entre los proletarios. Las agrupaciones con mayor actividad eran: Grupo Obrero Marxista (GOM, dirigida por Nahuel Moreno), Grupo Cuarta Internacional (GCI, dirigida por J. Posadas) y la Unión Obrera Revolucionaria (UO, dirigida por Miguel Posse). Todas ellas coincidían en caracterizar al peronismo como un movimiento nacionalista burgués, y critican el control sindical que ejerce con la CGT, y aunque cada uno saca conclusiones diferentes de eso, sus posturas son semejantes con matices, de manera que van desde el llamado a participar en los sindicatos peronistas para transformarlos o apuntalarlos, hasta el de crear una nueva central sindical, es decir, en cualquiera de los casos empujan a los trabajadores a mantenerse atados a la estructura sindical. Pero en lo que se destacan las diversas corrientes del trotskismo, es en la creación de argumentos para justificar su apoyo al peronismo.
Mientras que los “posadistas” del GCI se pliegan abiertamente, argumentando (desde 1948) que el peronismo era “un movimiento nacionalista antimperialista, que expresaba el curso de la revolución, resultado del triunfo de la Unión Soviética en la guerra. Y que había que apoyarlo para impulsarlo y desenvolverlo. Esta era la forma en que se expresaba el curso de la revolución.”17
Por su parte los “morenista” del GOM, llaman al entrismo en el peronismo. El historiador argentino Daniel Gaido, resume así la política que llevó el GOM hasta llegar a la práctica entrista: “…la organización de Moreno se incorporó al Comité Internacional [de la IV Internacional] y quedó como defensora del ‘trotskismo ortodoxo’ en América Latina…” Posteriormente, integra al GOM “en 1953 al Partido Socialista de la Revolución Nacional (PSRN), una escisión del Partido Socialista liderada por Enrique Dickmann que rápidamente se transformó en una colectora de votos para el Partido Justicialista. Esta fue sólo la antesala de su entrismo en el peronismo entre 1957 y 1964...”18
Como podemos ver la clase obrera en Argentina se encontraba aislada y acechada por un lado por las fuerzas gubernamentales y por todos lados por el peronismo y sus diversos brazos políticos, además del estalinismo y el trotskismo… a pesar de ello, su fuerza se revelaba como peligrosa, al grado que la burguesía requirió del retorno de Perón.
Durante toda la década de los cincuenta del siglo XX, las diferencias al interior de la burguesía crecen sin apaciguarse, los golpes de Estado se repiten una y otra vez, El cuartelazo que derrocó y exilió a Perón, autoproclamado como la “revolución libertadora”, estuvo representado en tres gobiernos, el de Lonardi, que duró unos meses, el de Aramburo con una duración de tres años (1955-58), finalizando con el gobierno de Frondizi (1958-62), que fue depuesto en marzo de 1962, por otro golpe militar, esta vez, con el jefe del senado, José María Guido, los militares establecen un gobierno provisional civil, dándole continuidad con el gobierno de Arturo Illia (postulado por la UCRP), que inició sus funciones el 12 de octubre de 1963 y culminándolas abruptamente el 28 de junio de 1966, por un nuevo golpe de Estado, encabezado por el general Juan Carlos Onganía. Los militares nombraron a este acto la “revolución argentina”; esta dictadura militar se extendió con los gobiernos de los generales Roberto Marcelo Levingston (1970-71) y Alejandro Lanusse (1971-73).
Después de casi dos décadas desde la expulsión de Perón, la burguesía se encontraba fracturada, las estructuras civiles y militares continuamente se rompían, llevando por ello a golpes militares. La división también se presentó en los partidos burgueses más importantes: el Radical se partió en UCR del pueblo e intransigente y el Socialista en PS y PSRN; de la misma forma, las fuerzas armadas se dividieron políticamente en dos bandos: “azules y colorados”, e incluso la CGT, la principal estructura sindical, se bifurca ente la “CGT de Vandor” (o CGT Azopardo, la cual era reconocida por el gobierno militar) y la “CGT combativa” (oficialmente llamada CGT de los Argentinos, CGTA).
Ese complejo ambiente estaba cruzado por el avance de la crisis económica que se materializa en ataques directos a los trabajadores, que, para hacerlos pasar, eran aplicados sector por sector. Por ejemplo, a los trabajadores del petróleo, se pretendió aumentarles la jornada de 6 a 8 horas, modificando además su régimen jubilatorio. Ante estos ataques, el 25 de septiembre de 1968, se paralizan las actividades por 62 días. Aunque había poca tradición de lucha de los petroleros y hubo una labor de sabotaje y desgaste por parte de la CGT de Vandor y la CGT combativa, buscando (sobre todo por esta última), desviar la lucha hacia la defensa de la empresa estatal (YPF), los trabajadores desarrollaron una fuerza muy combativa, que de alguna manera eran el anuncio de la incorporación del proletariado argentino a la oleada de luchas que se extendía por el mundo. Unos meses después, a mediados de mayo de 1969, en respuesta al despido masivo en los ingenios azucareros (por su desmantelamiento), en la Provincia de Tucumán, se presenta una combativa movilización. Un par de semanas después será Córdoba19 el escenario de una verdadera rebelión obrera. Pero si el “Cordobazo” fue la expresión mas importante de las movilizaciones obreras en Argentina, el descontento ante la represión del gobierno militar, pero sobre todo el repudio a las medidas contra la crisis económica, alientan a la realización de amplias movilizaciones, como aconteció en Mendoza en abril de 1972, en respuesta a la elevación de las tarifas eléctricas, e incluso problemas de administración municipal, como fue el caso en General Roca en julio de 1972, termina en enfrentamientos con las fuerzas del Estado.
El descrédito de la dictadura y la dificultad para mantener el control político por los militares, conduce inicialmente a hacer un cambio de gobernante, relevando a Levingston por Lanusse, sin embargo, las condiciones son graves, por lo que acuerdan buscar dar un giro en las relaciones de la burguesía. Mandatan por ello al nuevo gobierno a la formación de un “Gran Acuerdo Nacional”, que fue presentado oficialmente en julio de 1971. Con él, se pretendía llegar a una conciliación, retirar gradualmente al ejército del manejo del Estado y obtener las condiciones para poder asegurar el control de los trabajadores. Justamente ese último aspecto, es por lo que se hacía relevante incluir al peronismo. Y Perón está dispuesto a aprovechar la situación ampliamente; así vemos que a pesar de que se negara a firmar ese acuerdo, logró le levantaran el veto a su partido, le devolvieran su grado militar y sus respectivos pagos retrasados, así como la entrega del cadáver de Eva Perón, secuestrado años atrás por los militares. Conociendo lo importante que era para la burguesía, Perón, prepara su retorno reacomodando sus fuerzas, de tal forma que mantuviera líneas de intervención desde la derecha hasta la izquierda. Desde la derecha opera su centro duro, encabezado por López Rega (el “brujo”), y Cámpora como mediador con los partidos que conforman el FREJULI (Frente Justicialista de Liberación20), y desde la izquierda lo hace a través de su estructura sindical y la “Tendencia”, incluyendo sus “Formaciones especiales” (como designaba a los grupos armados).
Bajo ese arreglo es que retorna a Argentina el 11 de marzo de 1973. El mismo día de su llegada realiza, a través de López Rega, la “Masacre de Ezeiza”, confirmando así que su presencia en Argentina era para lograr el orden social y para lograrlo no importaban los medios. Por eso, cuando Perón tomó posesión del gobierno por tercera ocasión, el 12 de octubre de 1973, convoca inmediatamente a la realización de un “Pacto Social”, preparando así el control del descontento obrero, que ante el crecimiento de la inflación y por tanto la degradación de su salario real, no dejaban de responder con huelgas.
La actitud inicial que toma ante el fracaso de su “pacto”, fue usar el chantaje y amenazar con su renuncia. Así, el 12 de julio de 1974, en su discurso televisado recordaba que al tomar la presidencia asumía un sacrificio, pero, si llegaba “a percibir el menor indicio que haga inútil ese sacrificio, no titubearé un instante en dejar este lugar a quienes lo puedan llenar con mejores probabilidades”. Inmediatamente la CGT llamó a “movilizarse” para cerrar filas en torno al gobierno. Una semana después, el 17 de junio, Perón respondía a esa incondicionalidad de la CGT, mandatándola a ejercer la violencia en contra de los que estaban generando violencia (y no solo se refería a la guerrilla), sus palabras textuales fueron: “Tenemos que erradicarlo de una o de otra manera. Intentamos hacerlo pacíficamente con la ley. Pero si eso no fuera suficiente, tendríamos que emplear una represión un poco más fuerte y más violenta también…”21
Finalmente, el 1 de julio de 1974 muere Perón, pero el peronismo permanece en activo en contra de los trabajadores. Hereda formalmente el cargo, Estela Martínez de Perón (llamada Isabel) pero asume el control López Rega. Este gobierno se mantiene de julio de 1974 al 24 de marzo de 1976, fecha en que se decreta el golpe de Estado. El gobierno, con esa configuración, se encuentra políticamente débil, ya que sin Perón se rompen los lazos que se estaban estableciendo con los militares, pero, además, la agudización de la crisis económica hace que la burguesía se torne más exigente en las respuestas del gobierno. En ese marco es que intentando dar respuestas, el gobierno de Isabel agudiza el descontento de diversas facciones de la clase en el poder. Así, en junio de 1975, aplica un feroz plan de “ajuste económico”, para intentar salvar las ganancias, sobre todo del sector agro exportador, pero a costa de una mayor degradación de los salarios. A este proyecto se le conoce como el “Rodrigazo”, llamado así en referencia al secretario de economía, Celestino Rodrigo.
Por una parte, el gobierno de Isabel busca cumplir su papel de vigilante del capital, pero también requiere contener el coraje obrero, que amenaza con crecer, como lo evidenciaba la combatividad obrera expuesta en las diversas huelgas llevadas a cabo en Rosario y Córdoba.
Ante esa aceleración de las respuestas obreras, la política represiva del gobierno peronista también requiere crecer, empujando por ello a la estructura sindical a tener una actuación más activa. Para hacerlo requiere limitar las diferencias políticas entre la CGT y el gobierno de Isabel, presentes luego de la muerte del caudillo. Una forma de hacerlo era, concertar la exclusión del gobierno de Celestino Rodrigo y de José López Rega (lo cual se concreta en julio de 1975). Con este hecho, la CGT obtiene cierto prestigio ante los obreros, en tanto se presenta como la fuerza opositora de aquellos que llevan una “mala política”, pero además para detener el avance de las movilizaciones, la CGT y el gobierno posponen algunas de las medidas del “programa de ajuste”, lo cual, por la misma fractura prente en la burguesía, es visto con disgusto por algunos de los grupos capitalistas, a pesar que a partir de esto, se apuntala el trabajo de control de la CGT y se complementará con el accionar del cuerpo paramilitar conocido como la “Triple A” (Alianza Anticomunista Argentina). Este grupo fue formado por López Rega, aunque con el conocimiento de Perón, con el objetivo de llevar una “depuración interna del justicialismo”, lo que implicaba, inicialmente, usar a esta agrupación para quitar del camino a individuos “molestos”, que incluso formaran parte de alguna institución del mismo Estado, luego se enfocaron en reprimir a la guerrilla, pero no tardaron en extender su actuación represivo hacia los trabajadores.
Así, el peronismo, lograba desarticular las movilizaciones obreras, abriendo el paso para el arribo de una nueva dictadura militar encabezada por Videla.
Cumplía así el peronismo su tarea de contención del avance del proletariado argentino, pero eso no significa que terminaba su vida como instrumento de la burguesía. La clase en el poder sigue reciclando al viejo peronismo en años más recientes. Este aspecto lo analizaremos en la ultima parte de esta serie.
Tatlin / 22-junio-2022
1 La Parte I de esta serie, “El capitalismo de Estado en las raíces del peronismo” puede leerla en: https://es.internationalism.org/content/4790/argentina-el-peronismo-un-arma-de-la-burguesia-contra-la-clase-obrera-parte-i [1137]
2 La propuesta de industrializar el país llevada a cabo por Perón la mantiene la dictadura “libertadora”, aun cuando los gobiernos que surgieron de esta no eran homogéneos. Tanto Lonardi y Aramburu recurren al apoyo del secretario de la CEPAL, el economista Raúl Prebisch, para llevar a cabo sus proyectos, sin embargo, el primero de estos, buscaba mantener el alineamiento de la economía argentina con las necesidades de la británica, mientras que con Aramburu se define una completa alineación con los intereses económicos y políticos de Washington. La primera acción que sella la relación es la integración de Argentina al FMI. En el marco la “guerra fría”, la burguesía latinoamericana y sus Estados, estaban obligados a cerrar filas en torno a los EEUU
3 Como efecto de la intervención de la CGT, se encarceló a muchos de sus miembros. Dichas acciones represivas no fueron motivadas porque la CGT fuera una organización proletaria, sino porque era el instrumento político de un grupo opositor. Siendo los sindicatos un engrane del Estado capitalista, el gobierno golpista requirió de una estructura sindical, por ello impulsó la creación del sindicato oficialista los “32 Gremios Democráticos” y dejó pasar la formación de la “Comisión intersindical” (animada desde el Partido “Comunista” Argentino), relevo de la CGT y de la que surgirá “62 Organizaciones”; con estas agrupaciones la dictadura se ayudó para mantener cierta relación con el peronismo y asegurar el control de los explotados hasta que se estableció la “normalización de la CGT” (i.e., cuando se legaliza su actividad), lo que sucedió en 1963
4 El decretó fue expedido el 5 de marzo de 1956 y tuvo aplicación hasta el 18 noviembre de 1964
5 Carta de Perón a John Williams Cooke, del 12-junio-1956
6 Tanto el partido Unión Popular (UP), como el Partido Populista (PP), recogían la ideología peronista, pero en ambos casos exponían el rechazo implícito del liderazgo de Perón
7 De parte de Frondizi, cumplió el acuerdo de forma gradual y solo parcialmente. Esta situación condujo a que, tiempo después, tuviera disputas con las fuerzas armadas, provocando el golpe de Estado el 29 de marzo de 1962
8 Aunque Frondizi era quien implementaría su venta, era un proyecto que provenía del gobierno saliente de Aramburo.
9 Para abundar sobre el carácter burgués de la “revolución cubana”, recomendamos nuestros artículos:
-Sobre la falsa identidad del capitalismo de Estado con el comunismo (https://es.internationalism.org/cci-online/201102/3057/sobre-la-falsa-id... [1138])
10 Para profundizar sobre Guevara recomendamos leer:
-Che Guevara: mito y realidad (https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200711/2097/che-guevar... [665])
-El mito del Che Guevara (https://es.internationalism.org/rm/2007/101_che [1139])
-Guevarismo, una ideología contrarrevolucionaria (https://es.internationalism.org/RM/89_Guevarismo.html [486])
11 Cfr. Perón, La revolución justicialista (1971), película documental dirigida por Fernando Solanas y Octavio Getino
12 La denominada “Tendencia” la encabezaban las agrupaciones armadas, Montoneros (que termina integrando a las FAR), junto a estas se desplegaba una serie de organizaciones: Juventud Peronista (JP), Agrupación Evita (AE), Juventud Universitaria Peronista (JUP), Juventud Trabajadora Peronista (JTP), Unión de Estudiantes Secundarios (UES), Movimiento Villero Peronistas (MVP), Movimiento de Inquilinos Peronistas… Algunas de ellas decían recuperar además de las ideas peronistas y cristianas a los argumentos marxistas
13 La oleada se extendió, demostrando el fin de la contrarrevolución, con el Otoño Caliente italiano en 1969; en ese mismo año se presentan las movilizaciones de los trabajadores en Israel, se continúan en Polonia en 1970, en España, Egipto y Gran Bretaña en 1972…
14 No hay el espacio para ampliar argumentos, pero se precisa decir que, agrupaciones guerrilleras como el PRT-ERP, aunque no tiene una conexión formal con el peronismo y se declaraba “marxista”, mantiene la misma naturaleza burguesa, que expone en su programa y práctica
15 Entrevista a Perón, publicada en la revista Panorama, junio-1971, citada por Rocío Oteros. Montoneros y Perón ¿un diálogo de sordos?
16 Para ampliar los argumentos en torno a esta corriente política, remitimos a los lectores a nuestro folleto, “El trotskismo contra la clase obrera”: https://es.internationalism.org/cci/200605/911/el-trotskismo-contra-la-clase-obrera [1140]
17 J. Posadas. La función de las internacionales. Ediciones Ciencia Cultura y Política
18 Daniel Gaido. Los orígenes del Pablismo: La Cuarta Internacional en la posguerra y la escisión de 1953, Ariadna Ediciones
19 Para profundizar sobre estas movilizaciones en Córdoba, recomendamos la lectura del artículo, “El Cordobazo argentino - mayo 1969, eslabón de una cadena de movilizaciones obreras por el mundo” (https://es.internationalism.org/content/4462/el-cordobazo-argentino-mayo... [1141])
20 A través de este cohesiona a sectores del partido radical (agrupados por Frondizi), de la democracia cristiana e incluso del partido conservador
21 Cita tomada de: www.infobae.com/sociedad/2020/10/03/peron-la-triple-a-y-cinco-oscuros-pe... [1142]
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Las huelgas que estallaron por una cólera inmensa en Gran Bretaña el pasado mes de junio 2022, tras décadas de ataques e inactividad, marcaron un claro cambio de mentalidad en la clase obrera: "¡Basta ya! Las enormes manifestaciones contra la reforma de las pensiones en Francia, la multiplicación de las huelgas y manifestaciones en todo el mundo confirman la realidad de una verdadera ruptura: ¡los proletarios se niegan a sufrir nuevos ataques sin rechistar! Frente a la inflación, los despidos, las "reformas", la precariedad, el desprecio, la degradación continua de las condiciones de vida y de trabajo, ¡el proletariado levanta la cabeza!
En Francia, creyendo enterrar rápidamente el movimiento, la burguesía se topa con una enorme movilización, una cólera profunda y duradera.
En España continúan las concentraciones masivas contra el hundimiento del sistema sanitario y la degradación de las condiciones de trabajo, con luchas y huelgas en diferentes sectores.
En Alemania, los trabajadores del sector público y los empleados de correos exigen aumentos salariales. El sector del transporte está paralizado por una mega huelga y la situación se agrava a la luz de las negociaciones en curso entre la patronal y el sindicato IG Mettal, que encuadra una cólera creciente.
En Grecia, la clase obrera expresó su indignación de forma explosiva tras un accidente ferroviario que costó la vida a 57 personas, revelando la falta de medios, de personal y el cinismo de la burguesía que quiso culpar a un trabajador señalador de vías para exculparse de una política de recortes presupuestarios masivos y asesinos.
En Dinamarca, estallaron huelgas y manifestaciones contra la supresión de un día festivo destinado a financiar el aumento del presupuesto militar para el esfuerzo de guerra en Ucrania.
La lista de conflictos sociales podría ser mucho más larga, ya que están extendidos y presentes en todos los continentes.
Progresivamente, la división entre explotadores y explotados, que la burguesía pretendía obsoleta, reaparece a los ojos de los proletarios, aunque siga siendo una imagen muy confusa y balbuciente. La profundización de la crisis económica, en un mundo cada vez más fragmentado, aumenta la brutalidad de la explotación de la fuerza de trabajo y, como contrapartida, genera reacciones de lucha que empujan a la solidaridad y a la reflexión. Frente a unas condiciones de trabajo cuyas injusticias flagrantes se vuelven pura y simplemente insoportables, los proletarios, ya sea en el sector público o en el privado, con bata azul o blanca, detrás de una caja registradora o de un mostrador, en la fábrica o en el paro, empiezan a reconocerse como víctimas de un mismo sistema y como actores de un destino común a través de la lucha. En resumen, los proletarios están dando, sin ser aun realmente conscientes de ello, sus primeros pasos para reconocerse como clase social: la clase obrera.
Mejor aún: los proletarios empiezan a tenderse la mano más allá de las fronteras, como vimos con la huelga de los obreros de una refinería belga en solidaridad con los obreros de Francia, o la huelga del "Mobilier national" en Francia, ante la visita (aplazada) de Carlos III a Versalles, en solidaridad con "los obreros ingleses que están en huelga desde hace semanas por aumentos salariales". A través de estas expresiones de solidaridad, todavía muy embrionarias, los trabajadores empezaron a reconocerse como clase internacional: ¡todos estamos en el mismo barco!
Pero si numerosos países de todos los continentes se ven afectados por esta oleada, es todavía a niveles muy diferentes, con niveles de fragilidad, de movilización y de conciencia muy distintos. La situación actual confirma plenamente la distinción que debe hacerse entre el viejo proletariado de los países centrales, en particular de Europa Occidental, y el de sus hermanos de clase en los países de la periferia. Como hemos visto en China y en Irán, la falta de experiencia histórica de lucha, la presencia de capas sociales intermedias más importantes, el peso más marcado de las mistificaciones democráticas expone más a los obreros a los riesgos de ahogarse en la cólera de las capas intermedias pequeñoburguesas y ultra- pauperizadas. O incluso de quedar enrolados detrás de una fracción burguesa, como lo demuestra la situación en Perú.
Si las luchas conducen a una lenta reemergencia de la identidad de clase, es en Europa Occidental donde se hace más patente, en un terreno de clase y con una conciencia, ciertamente todavía débil, pero más avanzada: por las consignas, los métodos de lucha, el proceso de maduración de la conciencia en las minorías en busca de posiciones políticas proletarias, por la reflexión que comienza más ampliamente en el seno de las masas trabajadoras.
El proletariado da así sus primeros pasos en una lucha de resistencia contra la barbarie creciente y los ataques brutales del capital. Cualesquiera que sean los resultados inmediatos de una u otra lucha, victorias (siempre provisionales mientras el capitalismo no haya sido derrocado) o fracasos, la clase obrera abre hoy el camino a otras luchas en todas partes del mundo. Espoleado por la profundización de la crisis del capitalismo y sus desastrosas consecuencias, ¡el proletariado en lucha muestra el camino!
La responsabilidad histórica de la clase revolucionaria ante los peligros que el sistema capitalista plantea a toda la humanidad (clima, guerra, amenazas nucleares, pandemias, empobrecimiento...) se hace más intensa y dramática. El mundo capitalista se está hundiendo en un caos cada vez más sangriento, y este proceso no sólo se está acelerando bruscamente, sino que ahora está a la vista de todos1.
¡Llevamos más de un año de guerra y masacres en Ucrania! Este conflicto bárbaro y destructor continúa con combates interminables, como demuestra la mortal polarización en torno a Bajmut, testimonio de un trágico estancamiento. Acumulando ruinas a las puertas de Europa, ¡este conflicto ya ha logrado la hazaña de superar las pérdidas humanas de los soldados del "Ejército Rojo" muertos durante los diez años de guerra en Afganistán (de 1979 a 1989)!2. La locura asesina en Ucrania revela la horrible cara del capitalismo decadente cuyo militarismo impregna cada una de sus fibras3.
Tras el terrible golpe de la pandemia de Covid-19, en un contexto de caos, crisis de sobreproducción, escasez y endeudamiento masivo, la guerra en Ucrania no ha hecho sino reforzar los peores efectos de la descomposición del modo de producción capitalista, provocando una aceleración fenomenal de la putrefacción de la sociedad4.
La guerra y el militarismo, la crisis climática, las catástrofes de todo tipo, la desorganización de la economía mundial, el auge de las ideologías más irracionales, el colapso de las estructuras estatales de sanidad, educación, transportes... esta cascada de fenómenos catastróficos parece no sólo agravarse dramáticamente, sino también mantenerse, impulsándose unos a otros en una especie de "torbellino" mortal hasta el punto de amenazar a la civilización con la destrucción pura y simple.
Los recientes acontecimientos no hacen sino confirmar aún más esta dinámica: la guerra acentúa también la ya profunda crisis económica. Además de la elevada inflación, alimentada por la carrera armamentística, se han producido nuevas turbulencias en el sector bancario de Europa y Estados Unidos, marcadas por la quiebra de bancos como el Silicon Valley Bank (SVB) en California y el rescate del Credit Suisse con una adquisición forzosa por parte de UBS. El espectro de una crisis financiera se cierne de nuevo sobre el mundo; todo ello en un contexto de desorden mundial exacerbado, de competencia desenfrenada y de guerra comercial despiadada que empuja a los Estados a políticas sin brújula, precipitando la fragmentación y las catástrofes, donde la del calentamiento climático no es de las menores5. Estas catástrofes sólo pueden conducir a nuevas convulsiones y a una precipitación en la crisis, con fenómenos imprevisibles.
Mientras la clase obrera se lanza al terreno de la lucha de clases, el sistema capitalista sólo puede sumirnos en la bancarrota y la destrucción si no es derribado por el proletariado. Estos dos polos de la situación histórica chocarán ahora y se enfrentarán más en los años venideros. Esta evolución, a pesar de su compleja dinámica, revelará a la larga con mayor claridad la única alternativa histórica posible: ¡comunismo o la destrucción de la humanidad!
WH, 5 de abril, 2023
1Ver Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1067] Incluso la burguesía, que, en el último informe sobre riesgos mundiales del foro de Davos, ha expuesto muy lúcidamente la catástrofe a la que nos arrastra el capitalismo.
2 La ONU ha revelado incluso el hecho de ejecuciones sumarias en ambos bandos.
3 Ver El capitalismo lleva a la destrucción de la humanidad solo la revolución mundial del proletariado puede acabar con él | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1093]
4 Ver TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [109]
5 A finales de marzo, en España, nuevos incendios "típicos de verano" ¡ya han obligado a evacuar a 1500 personas!
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Los trabajadores de la empresa Marbran1, que se dedica a la exportación de alimentos congelados principalmente a Estados Unidos, Canadá, Alemania, Bélgica, Japón y Australia, iniciaron una huelga el 23 de mayo. Los trabajadores de la planta 3 de Jaral del Progreso y los de la planta 1 de San Roque y Santa Elena en Irapuato, en el estado de Guanajuato, en su mayoría mujeres, están hartos de trabajar 60 horas semanales con un solo día de descanso y la gota que ha colmado el vaso, ha sido que las utilidades para este año que eran de 6,000 pesos, la empresa las ha reducido a 1,000 pesos. Inmediatamente deciden ir a la huelga, permaneciendo en las instalaciones. La huelga se ha extendido a las plantas de Valle de Santiago y Villagrán (en la misma entidad, en total unos 5,000 trabajadores). Los mensajes en redes sociales decían por parte de trabajadores de estas factorías: “Estamos con ustedes”, “Nosotros también a la huelga”.
Las utilidades son como una especie de paga extra que las empresas dan en mayo. Se supone que son la “participación” de los trabajadores en los beneficios de la empresa. Es un engaño porque el reparto de utilidades es un mecanismo administrativo usado para disminuir impuestos al capital, pero sobre todo para impulsar a la productividad laboral (bajo la mentira de que, si produces más, recibirás más). Aparece, así como una dádiva, aunque en realidad es parte de los salarios. Es un salario indirecto que, al presentarlo condicionado a la situación económica de la empresa, se presenta como una compensación a los bajos salarios, (la ley “moderna” en México de ese asunto data de inicios de los años 60, antes de que se abriera la crisis). De manera que es cierto que, si eliminan o reducen las utilidades están atacando los salarios. Además, las utilidades tienen una función ideológica: es atar a los obreros al capital dando la ilusión de que habría un mismo interés del trabajador y de la empresa, habría una “unidad” Capital – Trabajo.
Sin embargo, con la crisis los capitalistas aprietan y aprietan a los trabajadores y, por ejemplo, quitan las utilidades o las reducen a nada como en Marbran. Este no es un caso aislado. Según El Universal de Querétaro2 tres empresas han entrado en huelga por el impago de utilidades y otras 15 también se habían declarado en huelga. A estos compañeros no solamente les quitan estas prestaciones, sino que hay salarios atrasados desde la pandemia. En la atunera Pinsa de Mazatlán, Sinaloa (al noroeste del país) “Centenares de trabajadores realizaron este jueves un paro de labores para exigir que no les den menos utilidades que el año pasado, pues en el 2022 les dieron 15 mil pesos por persona y ahora solamente les quieren dar cerca de 8 mil pesos” (noticia del 5 de mayo)3. Ha habido también noticias de huelgas en dos empresas de Irapuato (Fresport y Corrubox) pero la información ha desaparecido de las redes sociales.
Hemos dicho que desde las huelgas en Inglaterra en el verano de 2022, el ambiente en la clase obrera internacional está cambiando, poco a poco se empieza a dejar atrás la pasividad y la resignación, un sentimiento que ha durado mucho tiempo, desde la caída de los regímenes estalinistas falsamente presentados como “comunismo” lo que permitió a toda la burguesía mundial lanzar una ensordecedora campaña anticomunista (“El comunismo ha fracasado”, “la clase obrera no existe”, “solo es posible la democracia” etc.). Esto provocó en la clase obrera del mundo entero un retroceso en su conciencia y en su combatividad.
Sin embargo, con los golpes que da la crisis del capitalismo, con la pandemia, con la guerra de Ucrania, los obreros empiezan a intentar salir de ese retroceso y se lanzan a luchar. Hay una ruptura con la situación anterior de retroceso de la combatividad. Y lo hemos visto en Francia con las multitudinarias manifestaciones contra la reforma de las pensiones, que ya llevan varios meses, en Grecia, con las huelgas y manifestaciones masivas por el accidente ferroviario que mató a 57 personas el 28 de febrero y en otros países en este mismo periodo.
Esta dinámica internacional también tiene un eco fuera de Europa, aunque desde luego no con la misma fuerza que vemos en Francia o en Inglaterra, así, como antes hemos dicho, la huelga de Marbran no es un hecho aislado, hubo otras huelgas en los meses pasados (Aeromar, minera de plata en el estado de Sonora)
Aunque estas huelgas están aisladas unas de otras, queremos destacar lo que vemos en las consignas y el ambiente de los trabajadores. En Marbran entre las distintas factorías se gritaban consignas como “Mucho trabajo y poca paga”, “Ellos cobran en dólares y nosotros cobramos una miseria” y en Jaral del Progreso, de la misma entidad, las trabajadoras empezaron a gritar “Obreros unidos jamás serán vencidos”, una trabajadora quiso corregir gritando “mujeres unidas jamás serán vencidas”, pero el grito que se impuso fue OBREROS UNIDOS JAMAS SERAN VENCIDOS ¡y dicho por las mismas trabajadoras! Sin pretender exagerar la conciencia existente, vemos que, para los trabajadores, mujeres y hombres, no es cuestión de género sino de que SOMOS CLASE OBRERA.
No obstante, la burguesía, con todos sus medios, busca mantener aislado y encerrado en la empresa, el sector, la localidad, el descontento existente. Un ejemplo entre otros muchos: en Jaral del Progreso un trabajador gritó “cerillos” y otro dijo “a linchar” al empleado administrativo que la empresa había enviado. Una trabajadora dijo hay que encuerarlo. Sin embargo, nadie secundó esos gritos individuales, y lo que dijo TV Libertad de Guanajuato es: “Trabajadores de la empresa Mar Bran en #JaralDelProgreso [1148] se van a paro por no recibir el pago de su salario, amenazan con quemar y linchar a ejecutivos de la empresa o al menos encuerarlos”. ¡Es indignante esta falsificación!
Ahora bien, los trabajadores ya no se dejan llevar tan fácilmente por esas campañas de denigración. Hace un año, en las Redes Sociales cuando había alguien que hablaba de una huelga, los mensajes eran “¡son unos flojos!”, “¡vayan a trabajar!”, ahora hay más receptividad y mas predisposición a la solidaridad.
Hay que decir que el delegado sindical de Marbran ¡es una empleada de Recursos Humanos! Los trabajadores no se han arrugado por ello y se han lanzado a la huelga. Sin embargo, en la mayoría de las empresas, los sindicatos están muy presentes y su labor es anticiparse a los trabajadores convocando huelga para poder controlar la situación y llevarnos a la derrota. Esa es su misión dentro del Estado Capitalista.
Cuando esto escribimos los trabajadores de Marbran siguen en lucha. Nuestra más profunda solidaridad. La empresa quiere dividirlos ofreciendo en cada planta unas utilidades diferentes y a pesar de que la empresa los tiene incomunicados resisten y continúan la lucha.
Con la agudización de la crisis capitalista y con la agudización de la guerra imperialista (Ucrania o Sudán), de la destrucción ecológica etc., el capitalismo no hace sino empeorar más y más la situación de la clase obrera mundial, los sufrimientos, la miseria, las barbaries de todo tipo, caen sobre nuestras espaldas. Por eso, la lucha es más necesaria que nunca, pues como dice el Manifiesto Comunista "A veces los trabajadores triunfan; pero es un triunfo efímero. El verdadero resultado de su lucha no es tanto el éxito inmediato como la creciente unidad de los trabajadores". Lo que dice el Manifiesto es más verdad que nunca: la principal ganancia de una lucha no es tanto el éxito económico que se obtiene, sino la conciencia, la unidad, la solidaridad, el compañerismo, que crece entre los trabajadores.
Sabemos que la fuerza decisiva del proletariado mundial está en los países centrales por la experiencia histórica acumulada, por el grado de concentración etc., sin embargo, eso no quiere decir que la lucha de clases o la actividad de los revolucionarios, carezca de sentido en otras regiones del mundo. La clase obrera es una. La lucha de clases existe en todos los lugares donde se enfrentan proletarios y capital. Las enseñanzas de las diferentes manifestaciones de esta lucha ocurran donde ocurran, son válidas para toda la clase. En particular la experiencia de las luchas en los países de la periferia influenciará la lucha en los países centrales4
Marjane, 13-jun-2023
1 Berta Lujan presenta información sobre el perfil de Marbran: “es una empresa de capital mexicano, propiedad de la familia Nieto de Celaya, Gto., quien tiene inversiones importantes en sectores como agricultura, partes metálicas, industria de electrodomésticos, etc. y una importante relación con el poder político en el Estado”. La libertad sindical en el contexto mexicano actual” en El Cotidiano, No 93, enero-febrero, 1999.
2 Tres empresas de Querétaro se van a huelga por falta de pago de utilidades | Querétaro (eluniversalqueretaro.mx) [1149]
3 Trabajadores mantienen paro de labores en Pinsa - El Sol de Mazatlán | Noticias Locales, Policiacas, sobre México, Sinaloa y el Mundo (elsoldemazatlan.com.mx) [1150]
4 El proletariado de Europa Occidental en una posición central de la generalización de la lucha de clases | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [590]
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El 23 de Julio se han convocado nuevas elecciones generales. Y dicen las tertulias y las noticias de la radio y la TV, o las redes sociales, que quién gane depende de cada voto; como quieren hacer ver con el documental de la SER “Por un voto”, que recuerda que la Reforma laboral se aprobó porque un diputado del PP se equivocó en su dictamen electrónico.
Este documental de la SER nos muestra el esfuerzo que hace la burguesía para que VOTEMOS. Porque en las elecciones la primera victoria de la dominación capitalista no es que salga tal o cual candidato sino la atomización de los trabajadores en individuos ciudadanos que creen “decidir algo” y por tanto renuncian a luchar como clase. La primera victoria de la burguesía es hacer desaparecer la lucha de clases y presentar como única realidad el mundo de los ciudadanos encerrados en la falsa comunidad nacional.
Políticos, influencers, tertulianos, catedráticos, expertos etc., nos dicen que votemos para DECIDIR el futuro de “nuestra” ciudad, de “nuestra” autonomía, de “nuestro país”. Pero eso es un GRAN ENGAÑO. Si se necesita una muestra de que las elecciones democráticas son una farsa, no hay que ir más lejos que a las recientes elecciones municipales del 28M. Lo que ha dominado todo el periodo electoral no es ni mu de proyectos para viviendas o barrios, o empleo, sino la habilidad del PP para poner los muertos de ETA en la campaña y para atacar “el Sanchismo”. Y sorprendentemente la disposición del PSOE para admitir la derrota aun cuando en muchas comunidades ha ganado de hecho e incluso ha aumentado el número de votos (aunque ha tenido que sufrir el descalabro de Podemos) y a pesar del apego al cargo de los barones regionales.
Aunque no se puede decir que el resultado de las elecciones está completamente decidido de antemano (“pucherazos” aparte, al menos en los países con más tradición democrática), en el periodo actual, y de hecho desde la entrada del capitalismo en su periodo de decadencia tras la Iª guerra mundial, el Estado burgués ya no es un terreno donde las fracciones más avanzadas de la burguesía se enfrentaban a las más retrasadas o a los restos feudales, lo que permitía una intervención (con muchas cautelas) del proletariado en elecciones y parlamentos. El Estado capitalista de la decadencia se pone al servicio totalitario del interés global del capital nacional, al que cada fracción de la burguesía -aunque pueda tener una visión diferente o intereses particulares- está totalmente supeditada.
El gobierno que conviene a la nación no se decide en las urnas, solo se intenta por todos los medios de marketing, campañas ideológicas, etc. que se ratifique en ellas. La decisión política de qué orientación es mejor para el Estado depende de muchos factores como la gestión de la crisis económica, o de los intereses imperialistas, o del enfrentamiento de clases.
El PSOE ganó las elecciones en 1982, apoyado por el bloque imperialista USA y de hecho financiado por Alemania y Francia, porque había que presentar la transición democrática desde la dictadura franquista como una conquista obrera[1] y continuar los ataques a la clase obrera desde la “reestructuración industrial” del capital español y el euroatlantismo de “OTAN de entrada sí”. La UCD ya no podía seguir cumpliendo ese papel, y el PCE estaba vetado por la desconfianza hacia su afiliación original al bloque ruso.
13 años después, en 1996, Felipe González tachaba de “dulce derrota” la salida del gobierno del PSOE, porque por fin la derecha había encontrado con el gobierno Aznar, la forma de disciplinar y unificar a sus diferentes fracciones bajo una apariencia democrática y podía dar el relevo a la izquierda, quemada frente a los obreros por los ataques de los despidos, la reforma de pensiones, la ley del desempleo, etc., para que pasase a la oposición.
Cambiando de tercio y más recientemente, el gobierno socialista de Zapatero tuvo que ceder el asiento a Rajoy cuando el estallido de la burbuja inmobiliaria le pilló estudiando economía[2] y el 15M le dejó claro que la indignación contra el capitalismo intentaba darse una perspectiva sin contar con el PSOE (“PSOE y PP la misma mierda es”, ”¿dónde está la izquierda? Al fondo a la derecha)[3].
Y en 2018, Rajoy perdió la moción de censura que le puso Sánchez y tuvo que abandonar el gobierno porque el PP estaba mostrando ser incapaz de manejar la cuestión catalana, con su torpeza que le hizo caer en la trampa de la represión televisada en directo contra el referéndum de independencia y su españolismo doctrinario estrecho que le impedía negociar con los indepes[4].
Por supuesto que en el curso de esas decisiones han surgido accidentes y dificultades, por la debilidad de la burguesía o el enroque de tal o cual fracción. Así por ejemplo, la última legislatura del PSOE en el periodo 1993-1996 fue una carga para el capital español, esperando que madurara el proyecto de la derecha democrática, lo que debilitó la credibilidad del PSOE haciendo que los sindicatos tuvieran que oponérsele en la calle. Igualmente, frente al asunto catalán, la burguesía no tuvo más remedio que recurrir a un gobierno Frankestein, que como su nombre indica, ha sido el producto de una falta de coherencia y una de cuyas consecuencias es probablemente la brusquedad del hundimiento de Podemos.
Ya habíamos dicho[5] que el último año el PSOE había dado un “giro a la izquierda” y en una maniobra de abracadabra intentaba hacer colar las medidas militaristas[6] y de ataque a las condiciones de vida obreras que él mismo había tomado, como contribuciones a la paz mundial y a la solidaridad. El “gobierno más progresista”, «ha aumentado el presupuesto de defensa en un 7,8% mientras que las pensiones subían un 2,5%; el precio de la luz en lo que va de 2022 ha subido un 54,3%; la inflación ha cruzado la barrera del 10%; ha firmado con los sindicatos un aumento salarial anual del ¡3,5%! (¡frente a una inflación del 10%!); bajo la nueva Reforma Laboral el 31% de los contratos de jóvenes entre 19 y 24 años ¡es de un solo día!; tener contrato fijo no impide que te despidan pues el despido es más barato que nunca; el 51% de los nuevos contratos es “fijo – discontinuo” (trabajar a tiempo parcial, es decir, precariedad disfrazada)». Medidas que como dice Sánchez, “son la admiración de los líderes europeos” (que están en lo mismo en Francia –pensiones-; GB: bloqueo salarial, etc.).
El gobierno de izquierdas tiene el cuajo de decir que todo eso se hace “para proteger a los colectivos más vulnerables” y además el señor Presidente no se cansa de repetir en todos los foros que hay la más absoluta “paz social” (mientras los maestros y sanitarios, o los trabajadores de justicia se manifiestan en Madrid y los obreros del metal en Vigo y en Vitoria…) y que sindicatos y patronal han conseguido llegar a un acuerdo.
Pero el problema es que el truco no puede ocultarse para siempre. Tarde o temprano el público se da cuenta de que la carta está en la manga, de que el “rey está desnudo”. Con la agravación de la crisis y la guerra, las medidas de ataque a nuestras condiciones de vida tendrán que ser aún más graves e imponerse más brutalmente. En respuesta a ellas, como estamos viendo, los trabajadores en España participan de la dinámica que se inició en Gran Bretaña y continuó en Francia de “enough is enough!” (¡ya basta!), de desarrollo de la combatividad y búsqueda de una respuesta de clase.
Para la burguesía en España, tener a toda la izquierda en el gobierno significa dejar al descubierto todo ese flanco frente a la lucha obrera; dejar el campo libre para que, al menos algunas luchas, busquen espontáneamente un terreno de clase, de asambleas, de solidaridad y manifestaciones conjuntas. Igual que en Francia se acuerdan del 68, en Álava se acuerdan de la lucha de Michelin en el 72[7]. Peor aún porque los grandes sindicatos están “en barbecho” con un perfil bajo que no contradiga el discurso oficial del gobierno y manchándose las manos en la aplicación de los ataques, como con la Reforma laboral, haciéndose la foto con Yolanda Díaz y Garamendi[8].
Por eso la orientación principal que se traen en estas elecciones es poner las condiciones que permitan actuar a los sindicatos saboteando las luchas, la búsqueda de la identidad de clase y la toma de conciencia, creando un marco político “de oposición”, basado en las alternativas políticas de los partidos de izquierda. La campaña electoral en parte ya se inscribe en esa dirección, con el “no pasarán” contra la alianza de PP/Vox.
El gobierno ha preparado el terreno y ha dado cancha a los sindicatos, una sindicalista de UGT, Afra Blanco se ha convertido en una estrella de la “rebelión”. En la cadena televisiva La Sexta, altavoz de la izquierda, pero propiedad de una TV tradicionalmente de derechas (Antena 3) ha alzado la bandera de la defensa de las “conquistas sociales” del Gobierno de izquierdas. “Estas elecciones van del comer y van de derecho o pobreza”, comenzó, "¿Qué prefieren, un gobierno del PP que congela la subida del Salario Mínimo Interprofesional para sus hijos o para las mujeres, que son mayormente las que lo percibimos, o aquel gobierno que aumenta el Salario Mínimo Interprofesional en más de 340 euros?", continuó. Es decir, da un marco “reivindicativo” en un terreno burgués de defensa de la “obra socialista”, una “obra” que es en realidad un engaño que oculta los ataques generalizados que el gobierno ha perpetrado en los últimos 5 años
La clase obrera en España por el peso histórico de la dictadura franquista, es sensible principalmente a la mistificación democrática[9] y por las condiciones del desarrollo del capitalismo en España[10], al engaño nacionalista. Aunque sobre este último, mejor “no meneallo” después del susto catalán.
No somos adivinos, pero parece que la burguesía ha optado por el triunfo de la derecha; sacar a la izquierda, incluido el PSOE, del gobierno. Y desde luego el balance de las elecciones municipales y autonómicas apunta en ese sentido. Además de los medios de comunicación, el propio PSOE ha amplificado la percepción de una derrota (no tan evidente como ya hemos dicho), dejando el terreno libre a la formación de gobiernos autónomos y municipales de derechas, al menos en las regiones y ciudades más importantes (excepto Cataluña y Barcelona) y convocando rápidamente elecciones con el argumento de que no se puede gobernar desde la izquierda con una mayoría de gobiernos autonómicos de derechas. Lo que no parece que tenga otra lectura que la de que la derecha debería ganar igualmente las elecciones generales.
Los dos obstáculos más serios políticamente a una posible victoria de la derecha serían su torpeza en el asunto catalán y en general, de los nacionalismos[11] y la amenaza de Vox. Por eso el PSOE, que ha hecho un gran trabajo para el Estado dividiendo y enfrentado entre sí al independentismo y desmontando la pifia de la “república catalana”, se ha reservado su presencia en el gobierno de Cataluña, incluyendo el ayuntamiento de Barcelona. En cuanto a Vox, a pesar de su rancio postfranquismo, no tiene la misma carga populista que Trump o Johnson[12]. Estuvieron en el seno del PP y mantuvieron una disciplina y aunque fuera de él son un grano en el culo con veleidades fuera de sintonía con la política global del capital español, bajo la presión del conjunto del capital pueden seguir aceptando las reglas.
Aun así, puede que Feijoo no sea capaz de organizar todo el guirigay en el seno del PP y lidiar con Vox al mismo tiempo y en ese caso el PSOE debería permanecer en el gobierno, pero desde luego van a evitar por todos los medios que participe el conjunto de la izquierda. El montaje apresurado de Sumar, aparte de ser una patada en el culo a Podemos, es la tentativa de poner una izquierda más “obrerista” (la señora Díaz es aclamada en los cónclaves sindicales y se la presenta como “amiga de los trabajadores”[13]) en un plano de “oposición al gobierno de turno” lo que da fuelle a la acción de los sindicatos.
En las luchas empieza muy lentamente a haber un esfuerzo por buscar una identidad de clase, por formar una fuerza social unidos como trabajadores, que nos permita defender nuestras reivindicaciones. Y eso se expresa aún muy tímidamente en el recuerdo de luchas pasadas (como Michelin 72 o Vitoria 76) y en minorías todavía muy pequeñas que reflexionan sobre qué es la clase obrera, sobre cómo organizar las luchas por nosotros mismos.
El voto en las elecciones es un ataque frontal a esa dinámica, porque nos desmoviliza como clase y nos entrega a la política que ha decidido el Estado contra nosotros.
«En efecto, la crítica marxista de los postulados de la democracia burguesa está basada en la definición de los caracteres de la actual sociedad dividida en clases, y demuestra la inconsistencia teórica y la insidia práctica de un sistema que quisiera conciliar la igualdad política con la división de la sociedad en clases sociales, determinadas por la naturaleza del modo de producción.»[14]
En las elecciones perdemos nuestra fuerza como clase. Las elecciones son el terreno de la burguesía. «Todos los socialistas, al explicar el carácter de clase de la civilización burguesa, de la democracia burguesa, del parlamentarismo burgués, han expresado el pensamiento que con la máxima precisión científica formularon Marx y Engels al decir que la república burguesa, aun la más democrática, no es más que una máquina para la opresión de la clase obrera por la burguesía, de la masa de los trabajadores por un puñado de capitalistas» (Tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado, 1921, Lenin, 1er congreso de la Internacional Comunista).
Hic Rhodas
2 de Julio 2023
[1] Cuando en realidad servía, al contrario, para frenar tanto las luchas como el desarrollo de la conciencia en la clase obrera
[2] creyendo tener el micrófono cerrado, Zapatero había dicho que no tenía ni idea de economía.
[3] Ver Los Gobiernos de Izquierda en defensa de la explotación capitalista (II) Los gobiernos PSOE de la democracia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [225]
[4] Ver Gobierno PSOE: ¿Qué hay detrás de la moción de censura? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [442]
[5] https://es.internationalism.org/content/4873/el-giro-la-izquierda-del-psoe-un-arma-para-sabotear-la-lucha-y-la-conciencia-obrera#sdfootnote8anc [1152]
[6] Ver sobre el esfuerzo de guerra del gobierno de izquierdas España: El gobierno “más progresista de la historia” dispara el gasto de guerra | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1153]
[7] Ver artículo sobre las luchas
[8] Ver Propuesta salarial de CCOO-UGT: Los sindicatos nos venden frente a la inflación | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1154]
[9] Aunque es cierto que para los jóvenes no tiene el mismo significado, y por eso para ellos, la campaña anti PP/Vox tiene un componente de conservación de las “libertades” de la igualdad de género, la diversidad sexual, etc
[10] Que Marx analizó en sus artículos al New York daily Tribune en 1854-1857
[11] véase también su insistencia, jugando con fuego, en echar por tierra lo que tanto ha costado de integrar a ETA a través de Bildu en el juego parlamentario
[12] Igual que Meloni en Italia (a cuyo gobierno dio el visto bueno el mismo Draghi) son la ultraderecha, pero no representan el populismo. Sobre quién es Vox ver Vox francamente capitalista | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [546]
[13] Ver La “defensora de los trabajadores” Yolanda Díaz nos ataca con la nueva “Reforma Laboral” | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [990]
[14] Amadeo Bordiga: el Principio democrático
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"Fin del partido" es el título de la última entrada del blog de JLR Le Prolétariat universel.
En la parte superior de la página hay un fotomontaje con las palabras "Le palmarès des menteurs" ("El palmarés de los mentirosos"). Alrededor hay fotos de las cabezas de Macron, Le Pen, Mélenchon, Martinez... ¡y de un militante de la CCI! Para que el objetivo quede claro, el acrónimo "CCI" está escrito a lo largo de toda la imagen en mayúsculas. La imagen introduce un largo texto en el que JLR se dedica a llamar mentirosa a la CCI. Un mentiroso peor que Macron, Le Pen, Mélenchon, Martinez... según el fotomontaje.
"Calumnia, calumnia, siempre quedará algo" (Francis Bacon).
JLR discrepa del análisis que hace el CCI del movimiento social contra la reforma de las pensiones. Para la CCI, este movimiento se inscribe en la dinámica internacional iniciada en junio de 2022 en el Reino Unido, con su serie de huelgas y su "verano de la ira": ante el agravamiento de la crisis económica mundial, la clase obrera de los países centrales empieza a levantar la cabeza y a retomar la lucha. En opinión de JLR, la serie de manifestaciones en Francia no fue más que una farsa sindical que condujo a los trabajadores a una nueva derrota. Por otra parte. La CCI nunca ha tenido ningún problema con este tipo de desacuerdos, e incluso deberían ser una oportunidad para el debate y la confrontación de posturas. Con argumentos que lo respalden...
Pero no, a JLR no le interesa el debate y la aclaración, prefiere acusar errónea e indiscriminadamente. En apoyo de su argumento, JLR suelta lo que se supone que es la prueba de las mentiras de la CCI: "Para mentirse a sí mismo sobre el llamado 'despertar internacional del proletariado', puede utilizar incluso una mentirijilla, tan ridícula que resulta irrisoria: "No es casualidad que el lema más popular esgrimido en las pancartas fuera: 'Vosotros nos pusisteis en el 64, nosotros os devolveremos en mayo del 68'. Pero tonterías, habían copiado una foto que yo había hecho de tres jóvenes colegialas con su pequeña pancarta, sentadas en una acera, a las que nadie prestaba atención".
¿Eso es todo? Sí, eso es todo. Para juzgar la "mentirijilla" de la CCI, basta con teclear en cualquier buscador de Internet "Tu nous mets 64, on te re-Mai 68": verás cientos de fotos de manifestantes blandiendo este lema en sus pancartas.
No hay nada "irrisorio" ni "ridículo" en las acusaciones infundadas de JLR. Con su fotomontaje, JLR asocia a un militante de la CCI con los canallas de la burguesía. Equipara a los militantes comunistas con los dirigentes burgueses. Tales comentarios, que equivalen a una calumnia, sólo pueden servir de espantajo para todos aquellos que empiezan a interesarse por las posiciones revolucionarias, las organizaciones comunistas y sus debates.
Hoy, las fuerzas revolucionarias siguen siendo escasas. Las pocas minorías que buscan posiciones de clase son preciosas. Representan el futuro. Ganarlas para el campo revolucionario, permitirles organizarse, apropiarse de los principios y la experiencia de la Izquierda Comunista es vital para el futuro de las organizaciones revolucionarias, para el futuro de las luchas del proletariado, para la posibilidad de la revolución. Nada más y nada menos.
Y aquí tenemos a JLR desprestigiando sin pudor a la CCI y, a través de ella, a la tradición de toda la Izquierda Comunista. En el fondo, no hay aquí otra preocupación que su propio yo, su propio placer, dentro del imaginario político que se ha creado.
Hay que decir que la hostilidad de JLR hacia la CCI fluctúa considerablemente. A veces incluso escribe palabras de elogio para nuestra organización. Luego, otro día, la cubre de barro e insultos. En un artículo de su blog sobre una de nuestras reuniones públicas en la que participó se lee: "El mejor homenaje a esta reunión vino de personas a las que había invitado directamente: 'una reunión en la que pudimos expresarnos libremente, a diferencia de otros grupos políticos, y debatir cuestiones que están excluidas de los medios de comunicación'. También hubo un comentario conmovedor de un antiguo simpatizante de la CCI: "un lugar donde se podía escapar del sentimiento de soledad". Unos días más tarde, calificó a la CCI de "secta neoestalinista" o "secta delirante ajena al proletariado".
No hay absolutamente ningún problema en que JLR acoja favorablemente las posiciones y los planteamientos de la CCI que considera correctos, al tiempo que critica aquellos con los que no está de acuerdo. Todo lo contrario.
Pero no se trata de eso. Es evidente que el juicio global de JLR sobre nuestra organización depende mucho de su estado de ánimo en cada momento. Es un comportamiento totalmente irresponsable1.
Pero la irresponsabilidad puede llevar a cosas muy graves. El blog de JLR está lleno de información sobre los militantes -especialmente de la CCI, a los que a veces califica de "pervertidos-narcisistas", "locos"... Desde descripciones de parejas y sus relaciones, hasta detalles de sus hijos... La vida de los militantes se desnuda sin freno.
Y sin embargo, en este mismo blog, se pueden leer estos comentarios: "¿De verdad va a volver a interesarse la RG2 por el movimiento maximalista3?”, pero junto a esto vemos “noticias cotillas” sobre camaradas.
Su irresponsabilidad e incoherencia le han llevado a publicar la foto de un militante de CCI para regocijo de los RG. Mostrando así el rostro de un militante de la CCI, JLR hace el juego a los enemigos declarados de la CCI y a la burguesía.
De hecho, este tipo de denuncia ha sido incluso permitida y alentada por todos aquellos que utilizan el chivatazo como arma contra la CCI para destruirla, en particular la FICCI (ahora conocida como GIGC), para la que es incluso su especialidad, su marca de fábrica4.
La historia del movimiento obrero demuestra que este tipo de chivatazos siempre ha preparado y acompañado la represión de las organizaciones revolucionarias y de sus militantes. La divulgación de información sensible sobre ellas formaba parte directa de la represión destinada a destruirlas, y constituía la primera etapa. En enero de 1919, fueron los propios socialdemócratas los responsables de las mentiras, calumnias y expresiones de odio que condujeron al asesinato de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht.
Hoy, para llevar a cabo este trabajo de zapa, para mantener la sospecha sobre las organizaciones revolucionarias e incluso para exhalar el olor nauseabundo de los pogromos, la burguesía no necesita mojarse directamente, puede contar con este lodazal parasitario, dispuesto a todo, y gratis. Sin compartir este detestable objetivo, JLR con su blog alimenta ese carajal pútrido a fuerza de irresponsabilidad y de no pensar más allá de su ombligo.
La pregunta que se plantean ahora las organizaciones revolucionarias y todos aquellos que comparten sus posiciones y su lucha es: ¿cómo podemos luchar contra este comportamiento vergonzoso y destructivo?
La irresponsabilidad sin límites de JLR es alentada por todo el entorno parasitario que se regodea en la calumnia y el chivatazo. Este medio parasitario puede propagarse tanto más fácilmente cuanto que no encuentra obstáculos, ni diques.
A imagen de este mundo en descomposición, proliferan individuos y grupos dispuestos a todo, a propinar los golpes más bajos y sórdidos. El uso de la calumnia y, para algunos, la práctica del chivatazo, son la repugnante encarnación del odio a la organización política del proletariado y del deseo de destruirla, típicos del parasitismo. Pero la actitud de laissez-faire, dejar hacer, de una gran parte de los grupos de la Izquierda comunista, la ausencia de reacción año tras año, calumnia tras calumnia, chivatazo tras chivatazo, facilita este trabajo sucio. Al permanecer en silencio, una gran parte de las organizaciones revolucionarias están en realidad ofreciendo un cheque en blanco, prácticamente un estímulo, a todo este comportamiento destructivo.
No decir nada no es sólo faltar a la más elemental solidaridad que debe imperar entre los grupos históricos de la Izquierda Comunista, es también permitir que nuestra tradición y nuestros principios sean arrastrados por el fango, es hipotecar el futuro. Sin una reacción firme frente a la calumnia y el chivatazo, sin una defensa visible e intransigente de los principios de la Izquierda Comunista, sin la solidaridad en la acción entre las organizaciones revolucionarias5, todo el carajal pútrido del parasitismo sólo puede seguir desarrollándose, asqueando a las minorías en busca y destruyéndolas.
Llamamos también a todos nuestros lectores a participar en esta reacción, a tomar posición y luchar contra estas acciones, a trabajar por la solidaridad proletaria y la defensa de los principios del campo revolucionario y de lo que constituye su arma más preciosa: la organización política del proletariado.
CCI, 19 de junio de 2023
1 "Es una tradición: ¡a los enemigos de la acción, a los cobardes, a los atrincherados, a los oportunistas les gusta coger sus armas de las alcantarillas! Utilizan la sospecha y la calumnia para desacreditar a los revolucionarios" (Víctor Serge).
2 La RG son los Renseignements Générales, un departamento del Estado francés dedicado a la investigación policial de grupos políticos.
3 JLR llama así a los grupos de izquierda comunista
4 ara una lista no exhaustiva de las fechorías de este grupo de estilo policial, véase por ejemplo en nuestro sitio web: "Atacar a la CCI: la razón de ser del GIGC" Atacar a la CCI: la razón de ser del GIGC | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1156].
5 En 2002, el BIPR (ahora Tendance communiste internationaliste) y uno de sus simpatizantes residente en Estados Unidos (llamado AS) fueron atacados por Los Angeles Workers Voice (LAWV). El BIPR denunció a la LAWV por "recurrir a la calumnia" y declaró, con toda razón, que ese comportamiento "prohíbe todo debate ulterior". La CCI expresó inmediata y públicamente su solidaridad con el BIPR y denunció también a la LAWV. El objetivo de nuestro artículo, "Milieu politique prolétarien: Une attaque parasitaire contre le BIPR", era defender tanto al BIPR y al simpatizante de AS, como el honor de toda la izquierda comunista.
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La trágica muerte del joven Nahel en el barrio parisino de Nanterre, asesinado por un policía, desató una tormenta de protestas. Inmediatamente estallaron disturbios en pueblos y ciudades de toda Francia contra este repugnante crimen.
Como puede verse en el vídeo que circuló inmediatamente por las redes sociales, Nahel recibió un disparo a sangre fría a quemarropa por un simple negarse obedecer a la policía. Este asesinato se suma a una larga lista de personas asesinadas y heridas por la policía, en su mayoría impunemente.
La proliferación de controles aleatorios, la discriminación descarada y el acoso sistemático a los jóvenes cuyo color de piel es un poco demasiado "oscuro" son legión. Toda una parte de la población, a menudo pobre y a veces marginada, ya no tolera el racismo constante del que es víctima, el comportamiento arrogante y humillante de muchos policías, ni los discursos de odio que escucha mañana y noche en la televisión y en Internet. El despreciable comunicado de prensa del sindicato Alliance, que se declara "en guerra" contra las "pestes" y las "hordas salvajes", ilustra esta insoportable realidad.
Pero el repulsivo trasfondo xenófobo de muchos policías también permite a todos los defensores de la "democracia" y el "Estado de derecho" enmascarar de forma barata el terror y la violencia cada vez más evidentes que el Estado burgués y su policía ejercen sobre la sociedad. El asesinato de Nahel atestigua el poder creciente de la violencia de Estado, una voluntad apenas velada de aterrorizar y reprimir ante la inexorable crisis del capitalismo, de frente a las inevitables reacciones de la clase obrera y los riesgos de explosión social (disturbios, saqueos, etc.) que seguirán multiplicándose en el futuro.
Si esta violencia se encarna de forma ordinaria en el sometimiento de los explotados en sus lugares de trabajo, en la humillación constante y en la violencia social infligida a los desempleados y a todas las víctimas del capitalismo, también se expresa en el comportamiento cada vez más violento de una parte importante de la policía, de la justicia y de todo el arsenal represivo del Estado, ya sea a diario en los "barrios" o contra los movimientos sociales.
Desde la ley de 2017, que flexibilizó las condiciones en las que la policía podía disparar, el número de asesinatos se ha quintuplicado. Desde que esta ley fue adoptada por un gobierno de izquierdas, el de Hollande, ¡la policía se ha vuelto de gatillo fácil! Al mismo tiempo, la represión de los movimientos sociales no ha dejado de aumentar en los últimos años, como lo demuestra el movimiento de los chalecos amarillos, con multitud de personas apuñaladas, mutiladas o heridas. Más recientemente, la lucha contra la reforma de las pensiones conoció un terrible arrebato policial simbolizado por las numerosas agresiones del BRAV-M. Los opositores a las mega- piscinas de Sainte-Soline y los inmigrantes ilegales expulsados de Mayotte también han sido objeto de una represión ultraviolenta. La ONU llegó a condenar "la falta de moderación en el uso de la fuerza", pero también la "retórica criminalizadora" del Estado francés. Y con razón. Francia dispone de uno de los arsenales policiales más amplios y peligrosos de Europa. El uso creciente de granadas propulsadas por cohetes, granadas lacrimógenas, tanquetas antidisturbios, etc., tiende a transformar los movimientos sociales en auténticos escenarios de guerra, contra personas a las que las autoridades ya no dudan en calificar descaradamente de "delincuentes" o "terroristas".
Los recientes disturbios fueron una vez más una oportunidad para que la burguesía ejerciera una feroz represión, enviando 45.000 agentes de policía, unidades de élite BRI y RAID, coches blindados de la gendarmería, drones de vigilancia, tanques antidisturbios, cañones de agua, helicópteros... En 2005, los disturbios en los suburbios duraron tres semanas porque la burguesía intentó calmar los ánimos evitando otra muerte. Hoy, la burguesía debe imponerse inmediatamente por la fuerza y evitar que la situación se le vaya de las manos. Enfrentada a disturbios mucho más violentos y extendidos que en 2005, está golpeando con una fuerza diez veces mayor.
Cuanto más se deteriora la situación, más se ve obligado el Estado, en Francia como en todas partes del mundo, a reaccionar con la fuerza y una profusión de medios represivos. Pero el recurso a la violencia física y jurídica1 acentúa paradójicamente el desorden y la barbarie que la burguesía intenta contener. Al soltar durante años a sus perros rabiosos contra los sectores más desfavorecidos de la población y al multiplicar la retórica de odio y racismo en las altas esferas del gobierno y en los medios de comunicación, la burguesía ha creado las condiciones para una enorme explosión de ira y violencia ciega. En el futuro, es seguro que la brutal represión de los disturbios que han sacudido Francia en los últimos días también conducirá a más violencia y más caos. El gobierno de Macron no ha hecho más que tapar un fuego que seguirá ardiendo.
El asesinato de Nahel fue la gota que colmó el vaso. Una enorme ola de ira estalló simultáneamente en toda Francia y en países tan lejanos como Bélgica y Suiza. Por todas partes estallaron violentos enfrentamientos con la policía, especialmente en los grandes centros urbanos de París, Lyon y Marsella. Por todas partes, edificios públicos, tiendas, mobiliario urbano, autobuses, tranvías y muchos vehículos fueron destruidos por alborotadores incontrolables, algunos de tan sólo 13 o 14 años. Los incendios arrasaron centros comerciales, ayuntamientos y comisarías, así como escuelas, gimnasios y bibliotecas. Rápidamente aumentaron los saqueos en tiendas y supermercados, unas veces de ropa, otras de comida.
Estos disturbios expresan un auténtico odio hacia el comportamiento de los policías, su violencia constante, sus humillaciones, la sensación que crea su conducta odiosa de injusticia y su impunidad. Pero ¿cómo explicar la magnitud de la violencia y la extensión del caos, cuando el gobierno, en un primer momento, exageró la indignación tras el asesinato de Nahel y prometió penas ejemplares?
La trágica muerte de un adolescente fue el detonante de estos disturbios, una chispa, pero fue la profundización de la crisis del capitalismo y todas sus consecuencias para las poblaciones más precarias y rechazadas la verdadera causa y el combustible de la revuelta, la fuente de un profundo malestar que acabó estallando. Contrariamente a las declaraciones propias de tertulianos de Macron y su camarilla, que culpan a los "videojuegos que han intoxicado" a los jóvenes, o a los padres que deberían dar a sus hijos "dos bofetadas en la cara", los jóvenes de los suburbios, víctimas ya de una discriminación crónica, se han visto duramente golpeados por la crisis, por una marginación creciente, por un empobrecimiento extremo, ahogados en una picaresca de ganarse la vida con pequeños tráficos de todo tipo. En resumen, están sumidos en una situación de abandono y falta de perspectivas.
Pero lejos de ser el resultado de una violencia organizada e intencionada, los disturbios fueron una explosión de la rabia ciega de jóvenes sin brújula, actuando por desesperación y sin perspectiva. Los primeros disturbios suburbanos aparecieron en Francia en torno al inicio de la fase de descomposición del capitalismo2: desde los disturbios de 1979 en Vaux-en-velin, cerca de Lyon, hasta los actuales. Como hemos señalado en el pasado, lo que todos los motines tienen en común es que son una "expresión de la desesperación y del no-futuro que engendra, manifestada en su más absoluto absurdo". Tal fue el caso de los disturbios en los suburbios franceses en noviembre de 2005 [...]. El hecho de que fueran sus propias familias, vecinos o amigos cercanos las principales víctimas de las depredaciones revela la naturaleza totalmente ciega, desesperada y suicida de este tipo de disturbios. De hecho, fueron los coches de los trabajadores que vivían en esos barrios los que fueron incendiados, escuelas o gimnasios utilizados por sus hermanos, hermanas o hijos de vecinos los que fueron destruidos. Y fue precisamente por lo absurdo de estos disturbios por lo que la burguesía pudo utilizarlos y volverlos contra la clase obrera"3.
A diferencia de 2005, cuando los disturbios se limitaron relativamente a los suburbios, como Clichy-sous-bois, los disturbios de principios del verano de 2023 afectan ahora a los centros urbanos, a los cascos urbanos antes protegidos e incluso a pequeñas ciudades de provincias que antes se libraban, como Amboise, Pithivier y Bourges, que han sido objeto de actos vandálicos. La exacerbación de las tensiones y la profunda desesperación de los implicados no han hecho sino aumentar y amplificar este fenómeno.
Contrariamente a todo lo que puedan pretender los partidos a la izquierda del capital, encabezados por los trotskistas del NPA y los anarquistas, los motines no son un terreno favorable para la lucha de clases, ni una expresión de esta, sino todo lo contrario, un verdadero peligro. La burguesía puede explotar tanto más fácilmente la imagen de caos que transmiten los disturbios cuanto que siempre hacen de los proletarios las víctimas colaterales:
- por los daños y destrozos causados, que afectan a los propios jóvenes y a sus vecinos;
- por la estigmatización de las gentes de los suburbios como "salvajes" responsables de todos los males de la sociedad;
- por la represión que encuentra aquí un motivo de oro para reforzarse contra todos los movimientos sociales, y por tanto particularmente contra las luchas obreras.
Por tanto, los disturbios permitieron a la burguesía desencadenar toda una gama de propaganda para alienar aún más a la clase obrera de los jóvenes suburbiales en revuelta. Como en 2005, "la excesiva cobertura mediática permitió a la clase dominante animar al mayor número posible de obreros a ver a los jóvenes alborotadores no como víctimas del capitalismo en crisis, sino como 'matones’. Sólo podían socavar cualquier reacción de solidaridad de la clase obrera hacia estos jóvenes". (ver nota 3)
Es fácil para la burguesía y los medios de comunicación explotar los acontecimientos confundiendo los disturbios con la lucha obrera; poner en el mismo saco, la lucha de clases consciente y organizada de la clase obrera con la violencia indiscriminada y gratuita y los enfrentamientos estériles con la policía. Criminalizando la segunda, puede desatar más violencia (y justificarla) contra la primera. No es casualidad que, durante el movimiento contra la reforma de las pensiones, las imágenes reproducidas una y otra vez en los canales de televisión de todo el mundo fueran escenas de enfrentamientos con la policía, violencia e incendios de contenedores de basura. Se trataba de trazar un lazo de unión entre estas dos expresiones de la lucha social, de naturaleza radicalmente diferente, en un intento de dar una imagen de continuidad y de peligroso desorden4. El objetivo era borrar e impedir que los trabajadores aprendieran las lecciones de sus propias luchas y sabotear el proceso de reflexión sobre la cuestión de la identidad de clase. Los disturbios de Francia fueron la ocasión perfecta para reforzar esta amalgama peligrosa.
La clase obrera tiene sus propios métodos de lucha que se oponen radicalmente a los motines y a las simples revueltas urbanas. La lucha de clases no tiene nada que ver con la destrucción y la violencia indiscriminadas, los incendios provocados, las venganzas y los saqueos que no ofrecen perspectivas ni un mañana.
Aunque se coordinen a través de las redes sociales, sus disturbios son inmediatos y puramente individuales, sin otro objetivo que la venganza y la destrucción. La lucha de la clase obrera es la antítesis de estas prácticas. Por el contrario, es una clase cuyas luchas inmediatas se inscriben en una tradición, en un proyecto consciente y organizado de derrocamiento de la sociedad capitalista a escala mundial. En este sentido, la clase obrera debe cuidarse de no dejarse arrastrar al terreno podrido de los disturbios, en la pendiente de la violencia ciega y gratuita, y menos aún a enfrentamientos estériles con las fuerzas del orden, que sólo sirven para justificar la represión.
A diferencia de los motines, que refuerzan el brazo armado del Estado, las luchas obreras, cuando están unidas y son ascendentes, permiten hacer retroceder la represión. En mayo de 1968, por ejemplo, frente a la represión estudiantil, los movimientos masivos y la unidad de los trabajadores permitieron limitar y hacer retroceder la violencia de la policía. Del mismo modo, cuando en 1980 los trabajadores polacos se movilizaron por todo el país en menos de 48 horas, su unidad y su autoorganización les protegieron de la brutalidad extrema del Estado "socialista". Sólo cuando volvieron a poner su lucha en manos del sindicato Solidarnosc, cuando éste tomó el control de la lucha, cuando los trabajadores se vieron así divididos y privados de la dirección de la lucha, la represión golpeó salvajemente.
La clase obrera debe permanecer cautelosa y sorda al peligro que representa la violencia indiscriminada, para oponerse a su propia violencia de clase, la única que puede conducir al futuro.
WH, 3 de julio de 2023
1 Tras la represión policial, los miles de jóvenes detenidos fueron condenados a penas muy severas en juicios sumarios.
2 Para comprender esta fase terminal de la barbarie capitalista ver nuestras TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [109]
3 Quelle différence entre les émeutes de la faim et les émeutes des banlieues ? [1158] », Révolution internationale n° 394 (octobre 2008)
4 Ver la denuncia de esta trampa repugnante en En Francia como en todas partes... ¡Una misma lucha! ¡Un mismo combate de clase! | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1159]
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Hace más de 100 años la burguesía se llevó un susto mortal con la revolución de 1917 en Rusia y toda la oleada revolucionaria mundial que sacudió el mundo en 1917-23[1]. Desde entonces su Estado se ha reforzado en todos los países no solamente con la represión que cada vez es más bestial, sino, sobre todo, con el despliegue de todo un aparato político y sindical que tiene como función dividir a la clase obrera, arrastrarla ideológicamente al terreno del capitalismo y sabotear su lucha y su toma de conciencia.
Dentro del aparato político del capitalismo hay unas corrientes políticas (trotskistas, anarquistas oficiales, maoístas, estalinistas, “nueva izquierda”) que se presentan como “revolucionarios” y “amigos” de la clase obrera[2]. Critican de manera “incendiaria” al PSOE-Podemos, también a los grandes sindicatos que consideran “burocratizados”, pero su función es sabotear la toma de conciencia de los elementos más conscientes de la clase obrera que buscan una alternativa de lucha contra este sistema cada vez más destructivo.
Cara a la convocatoria electoral del 23 de julio vamos a denunciar sus planteamientos tramposos. Tomaremos 3 “muestras”: la primera -El Militante- nos llama a votar con la nariz tapada por Podemos; la segunda -CRT- nos llama a no votar mientras no haya una “Izquierda de Verdad”; la tercera -Corriente Roja- nos llama a un “cambio de régimen” que es puro capitalismo de Estado disfrazado de “democracia obrera y popular”.
Izquierda Revolucionaria es el órgano de El Militante, un grupo trotskista[3]. No podemos explicar aquí los orígenes del trotskismo y su función actual[4]. En un análisis de las elecciones municipales y regionales del 28 de mayo, reconocen que el gobierno PSOE-Podemos ha decepcionado a los trabajadores, que la pobreza, la precariedad laboral, la crisis de la vivienda, la carrera armamentista, el compromiso con la guerra de Ucrania, la barbarie con los emigrantes etc., se han acentuado como nunca bajo el “gobierno más progresista de la historia”.
Partiendo de este hipócrita reconocimiento de la evidencia, Izquierda Revolucionaria lanza 3 engaños para impedir que los trabajadores actúen en consecuencia.
Primer engaño: Podemos sería la gran esperanza de “renovación de la izquierda”. Muchos trabajadores hace tiempo que han perdido las ilusiones en el PSOE, en el movimiento de indignados se gritaba PSOE-PP la misma mierda es, Entre rosas y gaviotas nos toman por idiotas o ¿Dónde está la Izquierda? Al fondo a la derecha.
Para cubrir esa brecha en el aparato estatal de izquierdas, politólogos, universidades, antiguos miembros de partidos estalinistas, medios de comunicación -incluso de derecha y extrema derecha- montaron a toda prisa Podemos como denunciamos en su momento[5]. El Militante, muy a su pesar tiene que reconocer el comportamiento anti obrero de Podemos: “La Ley de Vivienda que han esgrimido como un gran logro es un fraude colosal. Lo mismo sucede con ese engendro del que nadie habla ya, el Ingreso Mínimo Vital, un montaje incapaz de enfrentar la pobreza y la marginalidad que ha sido un rotundo fiasco. O la gestión de Alberto Garzón al frente del Ministerio de Consumo, incapaz de hacer nada por combatir y movilizar contra la escalada de precios de los alimentos y productos básicos”
Pero esta “crítica” es “entre amigos” pues como dice el artículo “los amigos de verdad siempre dicen lo que piensan honestamente”. Es decir, que Izquierda Revolucionaria sigue considerando a sus “amigos” de Podemos como la “esperanza” de los trabajadores frente a las “vacilaciones socialdemócratas” del PSOE.
Segundo Engaño: habría que votar a la Izquierda para cerrar el paso a la derecha y la extrema derecha. Después de “denuncias fuertes” al gobierno de coalición PSOE-Podemos ¿que conclusión saca Izquierda Revolucionaria? ¿Qué son ENEMIGOS DEL PROLETARIADO Y SERVIDORES DEL CAPITALISMO? ¿Que el único camino es la LUCHA AUTONOMA DE CLASE?
¡Todo lo contrario! Su respuesta es elocuente: “No somos sectarios, es más, hemos sido criticados innumerables veces por las sectas por apoyar críticamente en las urnas a Podemos, por negarnos a defender la abstención o el voto nulo. Por eso tenemos el derecho para señalar que esta estrepitosa derrota es la constatación del fracaso del Gobierno de coalición, y especialmente del fracaso de esa política “realista” de los dirigentes de Podemos con la que pretendían frenar a la extrema derecha y obligar al PSOE a girar a la izquierda”.
Es decir, Izquierda Revolucionaria llama a votar. ¿Votar a quién? No lo dice abiertamente, pero el voto que pide se deduce de esta frase: “Las elecciones del 23 de julio serán una nueva prueba, y obviamente nos movilizaremos para frenar a la extrema derecha y a la reacción”. Habría que seguir votando a Podemos “para frenar a la extrema derecha”. Izquierda Revolucionaria quiere que olvidemos una lección marcada con la sangre de muchos millones de trabajadores asesinados bien por la represión bien por las guerras imperialistas: cuando los trabajadores eligen campo entre las fracciones de la burguesía el resultado es siempre el reforzamiento del capitalismo y, por tanto, más explotación, más miseria, más guerras, más barbarie. La alternativa no es Derecha – Izquierda, Fascismo – Democracia etc., sino LUCHA AUTONOMA DEL PROLETARIADO CONTRA EL CAPITALISMO EN TODAS SUS VERSIONES.
Tercer engaño: adulterar la lucha de clases. Este es el peor de los engaños que propaga Izquierda Revolucionaria. Denuncia a Podemos, PSOE y los grandes sindicatos porque “su apuesta, en los hechos, [es] ¡Nada de lucha colectiva, nada de combatir en las calles, nada de organizarse! ¡Búscate la vida y trata de sobrevivir! Con este mensaje, que le viene como anillo al dedo a la derecha ayusista y a Vox, es inevitable que la clase obrera se desmovilice, como hemos visto en los barrios obreros de las grandes ciudades como Madrid o Barcelona”. Su conclusión es que “no se puede acabar con el capitalismo sin primar la lucha en las calles, en las fábricas y empresas, en los centros de estudio y barrios”
Pero ¿en qué consiste esa “lucha en las calles”? Pues consiste, en primer lugar, en poner la lucha obrera al servicio de los intereses del capitalismo. “El impresionante movimiento de masas que vivió el Estado español: las marchas de la dignidad, las huelgas generales, las mareas en defensa de la sanidad y la educación públicas, el levantamiento del pueblo de Catalunya, las grandes huelgas feministas”
¡Eso no es la lucha autónoma de la clase obrera! Eso es un conjunto de movimientos burgueses: defensa de la nación, defensa del feminismo, defensa del Estado a través de la falsa dicotomía público – privado…
La lucha de la clase obrera es la lucha en su terreno de clase por sus reivindicaciones contra la explotación, es la lucha contra la guerra imperialista oponiéndose a todos los bandos en conflicto, es la lucha orientada a la Revolución Mundial para destruir el capitalismo en todos los países etc. Es una lucha de AUTONOMIA POLITICA rechazando elegir entre “lo público y lo privado”, entre “Cataluña o España”, entre “el feminismo y la armonía intrafamiliar”, entre Derecha e Izquierda.
Izquierda Revolucionaria en sus reproches a Pablo Iglesias le acusa de olvidar “como la lucha revolucionaria de los obreros y los campesinos impuso la Segunda República, y como los trabajadores, con las armas en la mano, combatieron el fascismo durante tres años. Y también olvida que los trabajadores y la juventud se levantaron contra la dictadura franquista, desafiaron a su aparato policial y militar, y con su lucha abnegada arrancaron las libertades democráticas que hoy disfrutamos y nos están arrebatando”.
La Segunda República, que solo en sus 15 primeros meses, asesinó a más 1500 huelguistas, la guerra “antifascista”, una carnicería con un millón de muertos, la “conquista de la democracia” que desde hace casi 50 años nos ha llevado a situación insoportable que hoy padecemos … ¡esos serían los objetivos de la lucha de clases según Izquierda Revolucionaria!
En segundo lugar, la “lucha en las calles” para Izquierda Revolucionaria es meter en el mismo saco la lucha genuina de la clase obrera (la que hemos visto en Gran Bretaña o en Francia recientemente) y movimientos interclasistas o de violencia desesperada: “Francia asiste a una sublevación juvenil en los barrios populares y empobrecidos de las grandes ciudades que, como en el caso de los chalecos amarillos o la batalla de las pensiones, se dirige contra el corazón de las instituciones capitalistas republicanas”. Izquierda Revolucionaria mezcla el agua con el fuego: la lucha obrera como la de Francia o Gran Bretaña es la única perspectiva posible, lo otro, los Chalecos Amarillos, la revuelta desesperada de los suburbios franceses, van en dirección contraria. Al hacer esas mezclas, Izquierda Revolucionaria adultera y desarticula la lucha obrera.
Izquierda Diario es el órgano de otro grupo trotskista: el CRT (Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras). En un artículo titulado Europa. Estado español: contra el avance de la derecha, no caigamos en la trampa del mal menor (laizquierdadiario.com) [1161] denuncia la trampa del “mal menor”: seguir votando a la izquierda para cerrar el paso a la derecha.
Izquierda Diario trata de responder a toda una franja de trabajadores que están hasta las narices de que les hagan tragar la política de miseria capitalista asustándoles con el mantra de ¡qué viene el lobo fascista! Reconoce que “la mejor alfombra roja para el ascenso de la derecha siempre es un gobierno que se dice progresista y aplica en esencia sus mismas políticas”.
En los últimos 100 años la política del “mal menor” ha sido letal para el proletariado. La practicó en los años 20 del siglo XX la Internacional Comunista en degeneración con todas sus propuestas del Frente Unido con la socialdemocracia y los “gobiernos obreros” lo que acabó de dar la puntilla a la oleada revolucionaria proletaria de 1917-23. Después en nombre del “mal menor” frente al fascismo en los años 30, el proletariado fue enrolado en la segunda guerra mundial para defender la “democracia” y, previamente, en España para oponerse a Franco en defensa de la República que se había manchado con la sangre de miles de obreros asesinados[6].
Sin embargo, la denuncia del “mal menor” por parte de la CRT tiene truco. Su posición es que “El programa reaccionario del PP y Vox supone una grave amenaza para la clase trabajadora, los sectores más empobrecidos y los derechos de mujeres, personas LGTBI e inmigrantes. Una agenda que pretende avanzar en la precarización del trabajo, los recortes sociales, la reversión de conquistas democráticas y el avance de una línea autoritaria contra todas las disidencias, sean independentistas o luchadores sociales”.
Aquí vemos en primer lugar, que la CRT defiende la misma trampa que sus colegas de El Militante: encerrar la lucha obrera en la cárcel de las “conquistas democráticas”, el “independentismo” y la “disidencia social”.
CRT sigue cultivando el engaño de que el capitalismo se reduciría a la Derecha y la extrema derecha. Con ello oculta que el Estado capitalista cuando se da la fachada democrática cuenta con un dispositivo para ocupar todo el terreno social en el cual forman parte Derecha y Extrema Derecha, Izquierda y Extrema Izquierda. Si examinamos la historia reciente de España, desde 1975, la agenda de “precarización del trabajo”, de “recortes sociales” etc., fue iniciada e impulsada por los Gobiernos PSOE, lo que hicieron los gobiernos de derecha fue continuar y profundizar esas políticas. Lo mismo ocurrió en la Segunda República donde fue el PSOE quien desató, en la coalición con los republicanos, una brutal represión contra las luchas obreras. El gobierno de derechas que le sucedió en 1933 continuó fielmente esa línea llevándola más lejos[7]. Esto es igualmente cierto a nivel mundial, bastaría recordar cómo el partido socialista italiano y los graves errores de la IC hicieron la cama a Mussolini y como tanto socialdemócratas como” comunistas” contribuyeron a que Hitler alcanzara democráticamente el poder[8].
CRT nos entrampa con otro engaño: habría que rechazar una “izquierda de mentira” para conseguir una “izquierda de verdad”: “la supuesta alternativa a la derecha que presenta el “progresismo” y con la que está comprometida la burocracia sindical, condena a la clase trabajadora a confiar en un nuevo gobierno que seguirá gobernando para los grandes capitalistas y que pasará, en el nombre de frenar a la derecha, gran parte de su agenda. No se puede enfrentar a la derecha de verdad con una izquierda de mentira”.
¿No nos presentaron a Podemos como la “izquierda de verdad” frente a la “izquierda de mentira” del PSOE? Ya hemos visto unos pocos años después en qué ha quedado esa “renovación”.
Pero el CRT sigue vendiendo la misma moto trucada: “en las próximas elecciones generales, consideramos que la mejor opción sería poder constituir un agrupamiento de la extrema izquierda y sectores de vanguardia bajo esta perspectiva de independencia de clase, un programa anticapitalista y una posición claramente antiimperialista respecto al imperialismo español y su escalada militarista como parte de la OTAN”.
CRT quiere que nos estrellemos una y otra vez en la “renovación de la izquierda”. Si Podemos ha sido un fraude repugnante ¿qué pasó con Syriza en Grecia? ¿Qué está pasando con Boric en Chile o con Petro en Colombia?
Esto nos lleve a denunciar el tercer engaño de la CRT: esa “izquierda de verdad” opondría “a la agenda reaccionaria de la derecha un programa para que la crisis la paguen los capitalistas, para reducir la jornada laboral y repartir las horas de trabajo entre ocupados y parados, para expropiar los pisos vacíos en manos de la banca y los fondos buitre, para prohibir los desahucios y pasar a plantilla fija a todos los contratos temporales y externalizados”.
Este “programa” es el mismo que el de la “izquierda de mentira” disimulado con sobrepujas radicales. ¿En qué consiste que la crisis la paguen los capitalistas? ¿En ponerles más impuestos? Ya hemos visto como el gobierno de la “izquierda de mentira” ha puesto un impuesto a la banca o un impuesto a las eléctricas. También han rebajado el IVA en algunos alimentos y están topando alquileres supuestamente para “luchar contra los fondos buitre”. Sin embargo, la inflación ha seguido campando a sus anchas, la luz no ha bajado y los bancos nos ahogan con hipotecas cada vez más usureras. El eslogan de “hacer pagar la crisis a los capitalistas” es la tapadera radicaloide de medidas de capitalismo de Estado que el capitalismo necesita para hacer frente a la agravación de la crisis. Esas medidas no alivian la situación de los trabajadores, sino que la agudizan todavía más.
Lo de “repartir las horas de trabajo entre los obreros ocupados y los parados” parece muy “solidario”, pero es la excusa que el capitalismo ha tomado para imponer la precarización. En nombre de “dar trabajo a los parados” la señora Yolanda Díaz ha convertido los contratos fijos en contratos absolutamente precarizados.
Las medidas de CRT de “lucha contra el capitalismo” encierran dos engaños: 1º hacer creer que sería posible un capitalismo ideal donde se pondría coto a los fondos buitres o se repartiría solidariamente el trabajo; 2º hacer creer que el Estado que no es otra cosa que la dictadura del capital sería un órgano neutral que podría tomar medidas favorables a los trabajadores.
Aunque actualmente está afiliada a una de las ramas del trotskismo (LIT-CI)[9], Corriente Roja viene de una escisión de IU, es decir, indirectamente del estalinismo. En apariencia va más lejos que El Militante y que CRT. Sin decirlo claramente no llama a votar: “Frente al llamado al voto “útil” o al “mal menor”; o sea, a votar al PSOE, en directo o en diferido, desde Corriente Roja nos reafirmamos en que no hay atajos basados en construir aparatos electorales. Sin enfrentar la desigualdad social, acabar con los privilegios, lucros de los multimillonarios y poner sus propiedades y toda la economía al servicio de la mayoría social y del reequilibrio ambiental, la propaganda de la izquierda reformista continuará siendo palabras vacías”.
Pero Corriente Roja defiende el mismo terreno que sus colegas rivales de CRT y El Militante: el mal mayor sería la Derecha y la Extrema Derecha, pues “Los resultados de este 28 de mayo, tendrán como primera consecuencia, un ataque aún mayor a nuestras libertades democráticas y una ofensiva ideológica que vamos a tener que enfrentar. Pero la derecha y ultraderecha solo será derrotada a través de la movilización y organización de la clase trabajadora y la juventud”. PSOE y Podemos, pese a las “críticas incendiarias” que Corriente Roja les dirige, serían en realidad “tontos útiles” de la Derecha, no serían lo que son en realidad: defensores acérrimos del capitalismo y enemigos jurados de los trabajadores.
Corriente Roja agita otra de las trampas de los izquierdistas: dicen luchar contra el capitalismo, pero para ellos “los amos del país”, serían “la Banca y las grandes empresas del Ibex 35”. Reduciendo el capitalismo a las grandes empresas y a los bancos ocultan lo que es en realidad el capitalismo: un sistema de relaciones sociales basados en la explotación del trabajo asalariado, un monstruoso engranaje donde el Estado juega un papel esencial. Quieren que solo veamos la punta del Iceberg (las empresas del Ibex 35) para que no veamos el Iceberg capitalista en su totalidad.
Esta ocultación de la realidad del capitalismo fundamenta la “alternativa” tramposa que Corriente Roja agita. Primero nos embauca con “¡Necesitamos organizarnos para imponer un programa de cambio real, de ruptura con este Régimen y este sistema!”, para decirnos que “el objetivo” sería “sustituir el actual sistema corrupto por una verdadera democracia obrera y popular, por un gobierno de los trabajadores y trabajadoras”.
¿En qué consistiría esa “verdadera democracia”? En la página Web de Corriente Roja encontramos una respuesta: “Necesitamos un cambio inmediato de este mundo y el sistema que lo maneja, por ello queremos expropiar al gran capital y que la economía esté al servicio de la clase obrera. Tenemos claro que esta es una lucha internacional y que debemos acabar con la Europa capitalista y colonialista, esa Unión Europea que es un arma de guerra social de los banqueros y las multinacionales, y construir una Europa unida de los trabajadores y los pueblos”.
Eso de poner la economía al servicio de los trabajadores son buenas palabras que todo el mundo predica, empezando por el gobierno PSOE-Podemos que Corriente Roja tanto critica. La Ley de la Vivienda, la Reforma Laboral, el Ingreso Mínimo Vital… han sido presentados como “medidas sociales” en beneficio de los trabajadores.
Expropiar al “gran capital” es una vieja medida de capitalismo de Estado que han practicado todos los capitalismos, tanto de derechas como de izquierdas. Franco, De Gaulle, Mussolini, Bush, Hitler… han “expropiado” grandes capitalistas según las conveniencias del capital nacional en su conjunto. Es una medida que nada tiene ver con el socialismo sino con el capitalismo de Estado, Engels recordó en el Anti – Dühring que “El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista: el Estado de los capitalistas, el capitalista colectivo ideal. Cuantas más fuerzas productivas pone bajo su propiedad, y cuanto más se convierte en capitalista colectivo de hecho, más ciudadanos explota. Los trabajadores siguen siendo asalariados, proletarios. La relación capitalista no se suprime, al contrario, se lleva al límite”.
Corriente Roja plantea una “lucha internacional”, pero esta se acaba en los límites de la Unión Europea. La revolución proletaria no es posible en un solo país o en un grupo de países, ha de ser mundial o será derrotada como demostró la tragedia de la revolución en Rusia. Para colmo, Corriente Roja nos habla de una Europa “de los trabajadores y de los pueblos”. Una vez más nos engaña mezclando el agua con el fuego, la clase obrera es la clase antagónica con el capitalismo, en cambio, el “pueblo” es una entelequia sin contenido detrás de la cual el capitalismo disfraza sus intereses particulares a la vez que ataca la noción vital de clases y lucha de clases.
C.Mir 7-7-23
[1] Ver nuestro manifiesto sobre el centenario de la revolución en Rusia Manifiesto de la Corriente Comunista Internacional sobre la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia La revolución mundial es el único futuro de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [277]
[2] “El conjunto de corrientes llamadas “revolucionarias”, tales como el maoísmo –que es una simple variante de los partidos pasados a la burguesía-, el trotskismo– que tras haber constituido una reacción proletaria contra la traición de los PC’s se ha visto atrapado en un proceso similar de degeneración –o el anarquismo tradicional –que se sitúa hoy en una postura política de defensa de un cierto número de posiciones de los partidos socialista o comunistas pertenecen al mismo campo que ellos, el campo del capital. El que tengan menos influencia o el que utilicen un lenguaje más radical no quita para nada el carácter burgués de su programa y su naturaleza que hace de ellos útiles recogedores o suplentes de los grandes partidos de izquierda” Plataforma Política de la CCI, punto XIII, Plataforma Política de la Corriente Comunista Internacional | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [675]
[4] Remitimos al lector a dos artículos: Internationalisme no 26, septiembre de 1947 - ¿Qué diferencia hay entre los revolucionarios y el troskismo? | Corriente Comunista Internacional [1163] y ¿Cuales son las diferencias entre la Izquierda Comunista y la IVª Internacional? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1002]. Respecto de El Militante denunciamos su forma de colarnos la Defensa de la Nación en «El Militante»: Cómo inocular el nacionalismo con argumentos "radicales" | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1164]
[5] Ver Podemos: un poder del Estado capitalista | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [218]
[6] Ver nuestro libro España 1936, Franco y la República masacran al proletariado | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [415]
[7] Ver nuestra serie Los Gobiernos de Izquierda al servicio de la explotación capitalista: Los gobiernos de izquierda en defensa de la explotación capitalista (I) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [192] , Los Gobiernos de Izquierda en defensa de la explotación capitalista (II) Los gobiernos PSOE de la democracia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [225] y Los gobiernos de Izquierda en defensa de la explotación capitalista (III) La trampa está en la letra pequeña | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [458]
[8] Ver nuestra serie La responsabilidad de la izquierda en el ascenso del fascismo La responsabilidad de la izquierda del Capital en el ascenso del fascismo (I) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [548] y La responsabilidad de la Izquierda del Capital en el ascenso del fascismo (II) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [549]
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En el contexto de una recuperación de su combatividad por la clase obrera a nivel mundial, de la ola de luchas masivas especialmente en Reino Unido y Francia[1], la clase obrera en España también tiende a luchar en su propio terreno, el de la defensa de sus condiciones de vida y de su solidaridad de clase. Las luchas se multiplican en el último mes, especialmente en Sanidad y Justicia, y afectan a cada vez más sectores. Cabe destacar igualmente las luchas en Vigo en torno a los compañeros del metal.
Sin embargo, no lo hacen sin tener que hacer frente a las innumerables trampas que orquesta el pulpo del Estado democrático totalitario, con sus múltiples y venenosos tentáculos. En España tenemos un reparto de tareas entre los grandes sindicatos que se dicen “de clase” (CCOO y UGT) y todo un conjunto de sindicatos de muchos tipos (corporativos, de base, “radicales” etc.)
CCOO y UGT adoptan una actitud “moderada” y de “perfil bajo”. Han firmado un acuerdo con la patronal que impone una baja brutal de salarios[2] y procuran evitar las huelgas y cuando las convocan lo hacen de la manera más aislada posible para que no tengan repercusión en el resto de los obreros. Esta actitud viene de la incomodidad de tener al “gobierno de izquierdas más progresista de la historia” lo que no les permite ponerse en plan de “agitadores” pues ello entrañaría el riesgo de poner en evidencia que la democracia de izquierdas es el vestido que le conviene a la burguesía cuando necesita decorar su dictadura de clase y preparar el terreno para sus ataques a los trabajadores. La UGT, por ejemplo, no tuvo ningún reparo en poner una barrera entre los trabajadores de Francia y España al declarar su “solidaridad con las luchas en Francia frente a un Macron demasiado duro”, pero que en cambio en España todo iría mucho mejor[3]. En Madrid, sin embargo, responsabilizando a la presidenta Ayuso del PP y desviando la lucha hacia la anti-privatización y contra la derecha[4], los grandes sindicatos se vieron forzados a hacer algo por la presión de los trabajadores de la educación y la sanidad, que tendían a converger en su lucha.
Son las plataformas, los sindicatos corporativos, de base, nacionalistas, “radicales” los que más dominan un terreno social cada vez más caldeado y difícil de manejar sin perder su apariencia radical. Son los encargados de movilizar aquí y allá, por sectores y de forma dispersa las numerosas expresiones de combatividad que también están cada vez más presentes en los trabajadores de diferentes sectores.
Hemos de recordar que en julio del año pasado en Vitoria hubo fuertes expresiones de combatividad que partieron de los obreros del pequeño metal los cuales “se dirigieron a los obreros de Mercedes Benz (MB), donde la mitad de la plantilla paró en solidaridad. Esta solidaridad es el arma primordial del proletariado. Sin embargo, los sindicatos, brazo fundamental del Estado para el sabotaje de las luchas obreras, consiguieron que la huelga en MB se aislara en un problema de MB, el sexto turno (introducir el trabajo los sábados). Al separar y oponer dos reivindicaciones que podían y debían UNIRSE (la solidaridad con los compañeros del metal y la lucha contra el 6º turno) estos sindicatos encerraron la lucha de MB en el aislamiento y con ello tanto los compañeros del pequeño metal como los de MB fueron a la derrota, perdiendo la fuerza más vital que es LA SOLIDARIDAD”[5].
En estas condiciones, Vitoria, una ciudad con una historia de luchas obreras[6] y que contiene algunas de las mayores concentraciones obreras del País Vasco (al menos entre Mercedes Benz y Michelin), ha vuelto a ser el escenario de luchas de los trabajadores en su propio terreno.
A finales de mayo veíamos cómo los pequeños sindicatos minoritarios del comité de empresa de Michelin-Vitoria se veían forzados a tomar las riendas de la correa sindical que nos impone la burguesía, debido a que en la plantilla se venía gestando un rechazo cada vez más combativo de una situación de “pluses cada vez más bajos, jornadas cada vez más altas, trabajo continuado sin apenas descanso en verano, ritmos de producción insoportables, cada vez más personas con lesiones de origen laboral, discriminación salarial contra los nuevos trabajadores, una creciente pérdida de poder adquisitivo, más aún en contraste con la inflación…mientras a la par Michelin no para de mejorar sus beneficios con récords de ganancias…”. Una situación combinada con el desprecio de la empresa hacia los trabajadores que supuestamente “saldrían muy caros”.
Ante esta situación, entre el 30 de mayo y el 15 de junio la gran mayoría de los 3500 trabajadores de la fábrica han sido movilizados masivamente en paros por turnos, piquetes, concentraciones y manifestaciones por la ciudad, y se han desarrollado asambleas de empresa vigiladas y pautadas por los sindicatos, presionados por la explosión de combatividad colectiva de los trabajadores en su propio terreno, aunque con muchas trampas y dificultades como veremos. Esta lucha, por supuesto la empresa no dejó de declararla como fuera de lo normal, coaccionante, y carente de diálogo y negociación civilizada. Fuera de lo normal e incivilizada ¡para los intereses de la burguesía! Pero además de la evidente oposición rabiosa de la empresa, la orientación de las luchas ha tendido a estancarse y finalmente sofocarse gracias al trabajo combinado de diferentes brazos del Estado democrático, especialmente los sindicatos.
El papel sindical se ha cumplido gracias a una doble labor, pretendidamente opuesta e incluso en cierta competencia, pero en realidad coordinada contra los trabajadores, con tareas repartidas entre los grandes y los pequeños sindicatos[7].
- CCOO y UGT han operado fundamentalmente para mantener su perfil bajo, retrasar lo máximo posible la lucha para desmovilizar a los trabajadores en favor de las negociaciones en las que hacer pasar las propuestas patronales como victorias de los trabajadores. Aunque se han visto obligados a unirse puntualmente, han evitado rápidamente seguir mojándose gracias a la convocatoria trampa de un referéndum.
- CGT, ELA, ESK y LAB se han encargado de las funciones más viles y enrevesadas que se requieren para anticiparse y conducir directamente la lucha de los trabajadores, de llevar el disfraz de “obreros” y “combativos”.
De este modo estos cuatro sindicatos alternativos convocaron una serie de acciones supuestamente “desde la unidad y sin siglas sindicales” subiendo sus pesados culos a hombros de las reivindicaciones de la plantilla, mientras a su vez, dentro de la lógica misma de su papel, desarrollaban en la práctica una serie de maniobras encaminadas a mantener la correa sindical, a exagerar las debilidades de la lucha y relativizar o evitar lo más importante, impidiendo así su desarrollo real y llevando a los obreros a la mejor derrota posible.
Desde el principio focalizaron las esperanzas en el bloqueo de la economía[8], el paro de la producción ("éxito rotundo y la producción ha parado por completo”), las herramientas de presión a la empresa, hacer mucho ruido, etc. Pero los trabajadores tenemos una lección que se repite una y otra vez: ¡lucha aislada es lucha perdida![9] Los sindicatos alaban la evidente solidaridad de los trabajadores de distintas ramas de la empresa si no les queda otro remedio, pero ocultan todo lo razonablemente posible la necesidad de extender la lucha, de buscar por todos los medios la solidaridad real a través del envío de delegaciones a otras empresas y sectores, para intentar extender la lucha desde el principio. Si el ruido puede cumplir una función, ¡debe ser en esa dirección!
Por eso, cuando los trabajadores de Mercedes Benz o los proletarios jubilados parece que podían mostrar algunos signos de solidaridad con los obreros en lucha, estos servidores disimulados de la dominación de la burguesía esperan hasta el último momento y maniobran para sustituir la posible solidaridad real por la solidaridad formal de una mera carta de apoyo de parte del comité de empresa de Mercedes, donde los sindicatos “de base” y “radicales” son mayoría. Estos pequeños sindicatos con una mano dicen la verdad del sabotaje que practican sus hermanos mayores, y con la otra esperan a animar con la boca pequeña a “su” plantilla a participar “en la medida de nuestras posibilidades” en las movilizaciones de Michelin, cuando ya estaba prácticamente negociada su derrota a través de un referéndum democrático, como explicaremos después.
En cuanto a las asambleas aparentemente abiertas a la plantilla, estos canallas, que suelen convencer a elementos “no tan burocratizados” de la empresa para representarlos, llaman asambleas generales a una especie de asambleas participativas de consulta a la plantilla, convocadas y dirigidas por ellos (por no mencionar el requisito de llevar el carnet de la empresa), pero ¡nada de asambleas abiertas y accesibles a todos los trabajadores de no importa qué sector, en las que discutir ampliamente los fines y medios de lucha, con delegaciones elegidas y revocables en todo momento! [10] Lo que la clase obrera realmente necesita es ¡excluir a los sindicatos y toda lógica sindical de sus asambleas autoorganizadas!
Después de cuatro jornadas de lucha la estrategia de la burguesía para frenarla y a su vez mantener la mejor reputación de los sindicatos ha sido la de llevar la democracia a la fábrica[11]: en la reunión del comité sindical intercentros se decidió someter la nueva “oferta” de convenio a referéndum. No solo la lógica del voto democrático niega el desarrollo de lucha y de toma de consciencia de clase, sino que además destruye la solidaridad, atomiza a los individuos y los hace autoculpabilizarse. Especialmente trata de crear una cuña de división y enfrentamientos entre trabajadores que quieren mantener la huelga a toda costa y aquellos que dudan más, que se dan cuenta de que muchas convocatorias sindicales son en realidad[12] jornadas de desgaste o de liberación de tensiones.
La trampa además era doble porque encima la votación competía a todos los trabajadores de Michelin en España a los que afectara el nuevo convenio. Lo que quiere decir que cuando se produce un foco de combatividad obrera, bastaría convocar un referéndum que incluya a trabajadores más divididos, atomizados y envueltos en la rutina en otras partes de la misma empresa para demostrar que, ¡sorpresa! ¡Lo que cuenta al fin y al cabo es la opinión democrática y “libre” de todos los ciudadanos! Esta lógica democrática es la lógica de los trabajadores convertidos en ciudadanos aislados, divididos por sectores, chantajeados aquí y allá de una manera u otra, donde en un sitio se reparten caramelos y en otros, tortas.
La gran mayoría de los sindicatos, salvo ELA que cumplía la siempre imprescindible función de apariencia más radical aún, llamó a la participación en el referéndum. Algunos para votar sí, y otros para votar no, ¡pero todos a confiar en la farsa democrática! Y el “pobre” ELA quedó solo porque, claro, el referéndum se estaría planteando según él en “un plazo inaceptable” y no ofrecería, según ellos, “las debidas garantías democráticas”.
Estos sindicatos se presentan radicales y como “sindicatos de verdad” solo para desviar todo lo posible la lucha, como en el metal de Cádiz en 2021[13], hacia acciones estériles, cortes de tráfico, hacia la confianza en los mejores convenios colectivos, el aislamiento en el sector, todo ello con eslóganes aparentemente obreros. Como decíamos en las luchas en SEAT en 2006, “algunos, como la misma CGT, o Corriente Roja, o CNT, etc, dicen que la alternativa a las múltiples traiciones de los grandes sindicatos, es “otro” sindicalismo “combativo” y “de clase”, que defienda la lucha de los trabajadores. Pero como muestra la misma experiencia de SEAT, en realidad la actitud de ese “otro” sindicalismo sirve de complemento, para acabar llevando a los obreros a aceptar las condiciones de la patronal y el Estado. El problema no es tal o cual sindicato, sino la forma sindical de lucha y de organización”[14].
Para cerrar el círculo que el Estado democrático establece alrededor de la lucha y llevarla a la derrota, interviene otro tentáculo, el izquierdismo[15], que es “en el abanico de fuerzas del capital, la última muralla contra el avance de la conciencia proletaria. Es la muralla "radical". Como en otras cuestiones, la ideología izquierdista se manifiesta en la cuestión sindical con un doble lenguaje anti y pro -sindical.”[16]
El izquierdismo tiene como primera misión el dar un “marco político” a la acción sindical. Este marco político es invariablemente un “Gobierno de izquierdas”, el “cerrar el paso a la derecha y la extrema derecha”, la defensa de lo “público” (es decir, del dios Estado) y darle algunas picaduras de mosquito a los capitalistas haciéndoles pagar más impuestos (que pueden fácilmente evadir) o incluso “amenazarles” con “nacionalizar” algún sector “estratégico”. Es decir, defender el capitalismo con el anzuelo de “ponerlo al servicio de los obreros”. Estos señores que tienen la desfachatez de reclamarse de Marx entran claramente en lo que el Manifiesto Comunista define como “socialismo burgués”: “Una parte de la burguesía desea mitigar las injusticias sociales, para de este modo garantizar la perduración de la sociedad burguesa (…) Todo el socialismo de la burguesía se reduce, en efecto, a una tesis y es que los burgueses lo son y deben seguir siéndolo... en interés de la clase trabajadora”.
Por ejemplo, los izquierdistas trotskistas de El Militante-Izquierda Revolucionaria, vinculados a “Sindicalistas de Izquierda”, se encargan de promocionar a los sindicatos de ESK, LAB y CGT en Michelin en una entrevista con sus representantes sindicales, que concluye en la necesidad de que (parafraseando) “ante la posibilidad de un Gobierno de la reacción tras el 23J, el camino es el que ejemplarmente han marcado estos sindicatos en Mercedes y Michelin, movilizar a la plantilla, conseguir que la producción pare por completo y forzar a la empresa a volver a la negociación para no perder las conquistas sociales, y demostrar que el camino tomado por gobierno y patronal es el equivocado”[17].
Estos grupos critican la “política de paz social, conciliación y pacto de CCOO y UGT” los cuales “deberían desburocratizarse, cumplir sus verdaderas funciones y estar presentes en las luchas sociales en vez de garantizar el avance de la derecha en el terreno electoral”, y alaban y sustentan políticamente a un sindicalismo “verdaderamente combativo”. A parte de toda esta parafernalia, ¿en qué convierten estos grupos en realidad la necesidad de extensión de las luchas y las asambleas generales?
La supuesta extensión de la lucha que preconizan, siempre jugando con trucos para limitarla y sectorializarla lo máximo posible, tendría como supuesto horizonte la huelga general para la defensa de lo público, para que “los empresarios paguen su parte”, para “tumbar a la derecha y a la reacción”, para “exigir la dimisión de los que reprimen las luchas” y la entrada en el gobierno de una “izquierda de verdad” que no decepcione con sus políticas ni provoque la abstención electoral de los trabajadores, para exigir la nacionalización de empresas, la participación obrera en su gestión (p.ej.,“la nacionalización de los supermercados bajo el control democrático de los trabajadores”[18]), la ilusión de supuestamente “ir recuperando las conquistas sociales y derechos de los años pasados”, etc., y por supuesto “pidiendo apoyo económico para resistir”.
Por otro lado, llaman a formar supuestas asambleas obreras que preferiblemente inician (o recuperan) ellos mismos, y se proclaman de entrada como representantes “combativos” de los trabajadores. Son asambleas donde los sindicatos se ponen de entrada a la cabeza, para controlarlas de raíz, introducir su lógica sindical, orientarlas maquiavélicamente (con vocabulario obrero) a la derrota. En las recientes luchas en Francia llamaban a asambleas donde “la izquierda y el sindicalismo militante y combativo” estuvieran involucrados al máximo para organizar “una huelga general que golpee con toda la fuerza a las empresas y banca privadas, expropiarlas y nacionalizarlas para la gestión democrática de los asuntos económicos, superar la deriva autoritaria, racista y represiva del Estado y enfrentar la extrema derecha”.
En realidad, toda esta palabrería solo se emplea para a continuación justificar la necesidad de “un sindicalismo de clase”, el cual, a pesar de sus grandes palabras sobre “impulsar la organización y la solidaridad obrera, la unificación de las luchas, y vincularnos internacionalmente a otras plataformas de sindicalistas combativos.”, su programa real es totalmente burgués, encaminado a llevar a los trabajadores la defensa mistificada de un Estado “más obrero y democrático”.
Las luchas en Francia no han conseguido echar atrás la reforma de las pensiones, la oleada huelguista en Gran Bretaña se ha ido diluyendo poco a poco. Hemos visto que la huelga de Michelin en Vitoria se ha saldado con una derrota.
“A veces los trabajadores triunfan, pero es un triunfo efímero. El verdadero resultado de sus luchas no es tanto el éxito inmediato como la creciente unidad de los trabajadores” (Manifiesto Comunista).
Si hemos denunciado minuciosamente la acción complementaria de los grandes sindicatos, de los sindicatos radicales y de los izquierdistas, es porque el principal obstáculo que encuentran las luchas es la acción de esos aparatos dentro del marco del Estado democrático. Este, en nombre del capital, nos va a atacar a muerte sea cual sea el gobierno que esté al frente. El capitalismo no puede hacer otra cosa que empeorar en todos los terrenos -ecológico, guerra, barbarie- y sobre todo en el de las condiciones de vida obrera donde no vamos sino hacia más precariedad, más desempleo, más pobreza, menos vivienda, más crueldad en el trabajo cotidiano. Por eso no tenemos más perspectiva que la lucha obrera, pero la lucha obrera que se unifica, que se autoorganiza en Asambleas Generales, que toma una dimensión y una unidad internacional. Esa es la única perspectiva.
Opero. 07/07/2023
[1] Hemos hecho una hoja internacional de contribución a las luchas en curso planteando una perspectiva, ver Reino Unido, Francia, Alemania, España, México, China... ¡Ir más lejos que en 1968! | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1167]. Un balance de las luchas habidas en Francia se puede ver en Balance del movimiento contra la reforma de las pensiones: ¡la lucha está por delante! | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1168]
[2] Ver Propuesta salarial de CCOO-UGT: Los sindicatos nos venden frente a la inflación | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1154]
[3] Pedro Sánchez presume un día sí y otro también que mientras en Francia hay “tensión e incluso ambiente de guerra civil” en España habría “paz y progreso social”.
[4] Ver Ante los ataques a los trabajadores de la sanidad, ¿lucha de clases o confrontación izquierda - derecha “por la sanidad pública”? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1081]
[5] Ver El “giro a la izquierda” del PSOE: un arma para sabotear la lucha y la conciencia obrera | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [998]
[6] Ver Hace 40 años la naciente democracia española se estrenó con los asesinatos de obreros en Vitoria | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [194]
[7] La oposición entre sindicatos, además de una cierta oposición real de intereses, cumple también, y, ante todo, en el marco del Estado totalitario de la decadencia capitalista, la función de sembrar la división entre los trabajadores.
[8] Ya hemos visto a raíz de las luchas en Francia lo que significaba la trampa del bloqueo de la economía. Ver nuestro artículo de marzo: ¿Puede hacer retroceder a la burguesía el bloqueo de la economía? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1169] Es más, fue precisamente esa trampa lo que llevó a los mineros ingleses en sus luchas de 1984 a la desmoralización, a desgastarlos encerrados en su sector y a una derrota muy importante.
[9] Ver Lucha aislada lucha perdida | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1170]
[10] Como hicieron los obreros en Vigo en 2006, ver Huelga del metal de Vigo: Los métodos proletarios de lucha | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [201]
[11] Esta estrategia no es ninguna novedad. Ver, por ejemplo, nuestro artículo sobre el referéndum en SEAT en 2009: Referendum en seat: ensayo general para nuevos ataques a las condiciones de vida de la clase obrera y su conciencia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1171]
[12] En las genuinas asambleas obreras se discute largo y tendido, reflexionando seriamente, los pros y los contras de cada acción, tratando de dar argumentos para convencer y no tanto ejercer presiones, culpabilizar, crear divisiones entre trabajadores.
[13] Ver Lecciones de la huelga en Cádiz: la clase obrera no tiene más que falsos amigos y enemigos declarados | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [792]
[14] Ver Lecciones de la huelga de SEAT: No a las «movilizaciones» sindicales, Sí a la lucha obrera | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1172]
[15] Por posiciones izquierdistas queremos decir las de aquellas corrientes integradas en el Estado burgués apoyando “de forma crítica” a los partidos de izquierdas de la burguesía (partidos “socialistas” y “comunistas” estalinistas), así como a los sindicatos. Estas expresiones del capitalismo decadente, como el trotskismo, el maoísmo o la mayoría del anarquismo tienden a ocupar un lugar “extremista” y extraparlamentario en el Estado, y su función histórica es controlar con ideologías radicales a los sectores del proletariado más activos y conscientes.
[16] Ver Los sindicatos contra la clase obrera. Parte 1. | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [383]
[17] Esta y otras citas, que no están copiadas y pegadas tal cual sino presentadas de modo que evitar parrafadas grandilocuentes de apariencia obrera, sí están fielmente tomadas de diferentes partes del discurso que expresa en su web el grupo izquierdista “Izquierda Revolucionaria” https://www.izquierdarevolucionaria.net/index.php/estado-espanol/euskal-herria/13675-conflicto-obrero-en-michelin-gasteiz-esta-lucha-no-va-a-pasar-en-balde-en-la-conciencia-de-la-gente [1173]
[18] De la web del grupo “sindicalistas de izquierda”: https://sindicalistasdeizquierda.net/index.php/que-somos [1174]
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El sábado 10 de mayo, ocurrió un accidente en la Mina Yanaquihua, ubicada en el departamento de Arequipa, provincia de Condesuyos, al sur del país, en el que murieron 27 obreros. La causa oficial de muerte fue la intoxicación por monóxido de carbono, luego de un incendio en el socavón. En esta zona, se practica la pequeña minería de extracción de oro, llevada a cabo por diversas empresas contratistas que realizan los servicios de operación. El Ministerio Público ha iniciado una investigación, en la cual no descarta que haya habido negligencia al momento del accidente. Como era de esperarse, más allá de pequeñas reseñas en los medios de comunicación, los responsables de la empresa Sermiglod (empleadora de los trabajadores fallecidos) no ha emitido ningún comunicado sobre el accidente, y como ha ocurrido en otras ocasiones, luego del impacto comunicacional de los hechos, toda cae en el hermetismo y en el ir y venir de las investigaciones y procedimientos administrativos, terminando la noticia silenciada.
Esta nueva tragedia, será llevada por los medios de comunicación y especialistas al servicio de la burguesía, al callejón sin salida de las opiniones y explicaciones técnicas, dentro de las cuales, no se descarta la manida idea sobre la informalidad y la formalidad de la actividad minera, según la cual, toda la actividad minera informal, es considerada como la “mala”, “la contaminante”, “la depredadora”, “la evasora de impuestos” o la “que más accidentes laborales ocasiona”. Todas estas afirmaciones, resultan una gran burla para los trabajadores y la población en general, no solo porque la minería informal en el país mueve tantos recursos económicos e influencia política como la minería formal (además, los dueños de la minería informal son los mismos propietarios de otros negocios formales), sino porque oculta la verdadera razón de los accidentes laborales: la explotación del trabajo en condiciones cada vez más precarias y la búsqueda de grandes ganancias a costa de la vida de los trabajadores, quienes, por el temor al hambre y la miseria para ellos y sus familias, se ven obligados a aceptar las condiciones laborales que impone el capital.
Tal como lo registra el diario La República, basado en datos suministrados por el Ministerio del Trabajo y Promoción del Empleo de Perú, entre 2012 y 2022, se registraron 2153 muertes de trabajadores en sus centros laborales. Sobre los accidentes laborales en distintos sectores de producción, la fuente mencionada señala: “Justamente, el sector que más muertes registra es la explotación de minas y canteras, con 405 muertes (18,81% del total de rubros del país) en los últimos 10 años. Le siguen la industria manufacturera con 290 y construcción con 268. En detalle, quienes más fallecen en las minas son obreros (154) y operarios (92), ambos grupos trabajadores de minas, lo que representa el 60,74% del total de decesos en este trabajo. Un panorama similar ocurre para los otros dos tipos de labores”. En realidad, los accidentes laborales y las muertes que genera han ido en aumento no solo en Suramérica; la OIT, basada en cifras de 2018, señaló que, a nivel mundial, se producían 2,8 millones de muertes anuales por accidentes o enfermedades laborales no fatales.
Con respecto a los factores que influyen en el deterioro físico y potencial muerte de trabajadores, tomando como ejemplo la Unión Europea, las enfermedades laborales son causadas principalmente por la exposición en el trabajo a factores de riesgo físico (vibración, ruidos, levantamiento manual y trabajo sedentario), organizativo (trabajo por turnos o estrés) y químico, biológico o una combinación de estos. De igual manera, a nivel mundial han aumentado las enfermedades cardiovasculares y síndromes (como el de Burnout), asociados a un incremento de los ritmos de trabajo y a la presión que sufren los trabajadores, (mayores exigencias de productividad, deudas, competitividad) en contexto de crisis económica mundial que tiende a agravarse.
No importa si es una mina grande o pequeña, informal o formal, de capital nacional o extranjero, siempre ocurren estos “accidentes” que matan, mutilan o enferman de por vida a los obreros condenados a trabajar y arriesgar sus vidas en esos socavones inseguros y mal olientes. La minería siempre deja muchas víctimas al año ya lo hemos mencionado, hay muchos datos al respecto incluso información registrada por el Ministerio de energía y Minas y otras fuentes de propio Estado burgués[1], pero en el Perú, como en cualquier país del mundo, se minimizan o se ocultan.
Es sabido que la minería informal y artesanal campean a sus anchas en el sur peruano. Solo en regiones como Puno o Madre de Dios existen más de 50 mil trabajadores laborando en las peores condiciones. La necesidad y la desesperación empujan a los proletarios de esas regiones a vender su fuerza de trabajo, sabiendo que cada vez que entran a la mina se juegan la vida.
La precariedad reina en el sector minero en general. Esto se evidencia en las condiciones de trabajo que existen tanto en empresas grandes como Shougang, Cuajone, Yanacocha, Toquepala, Antamina como en las pequeñas como Yanaquihua, .En todo el sector minero los obreros son enviados a trabajar con implementos básicos de seguridad (1 par de guantes, casco, botas, respirador ,todo barato). Los obreros ingresan con lo mínimo a grandes profundidades, con paredes sostenidas con vigas, muchas veces húmedas, podridas o bañadas en petróleo lo cual facilita la propagación de cualquier incendio o explosión, como paso en Yanaquihua. Sin equipos contraincendios o zonas de protección en caso de derrumbes. Haciendo brutales jornadas en turnos de día y de noche, sufriendo un desgaste físico que a la larga merma su salud a temprana edad. Para el Capital invertir en seguridad son costos que mermaría sus ganancias. La minería, como la primera actividad económica de la burguesía peruana, es la que más ingresos genera a sus arcas y a las del Estado, por concepto de exportaciones a los grandes mercados de China, USA y Europa. Es el sector de la burguesía más pudiente del país. Tienen mucha prensa comprada, congresistas que los defienden y hasta programas de radio y TV. Financian museos, fundaciones filantrópicas y concursos académicos en alianza con el Estado.
La minería es pues la actividad por excelencia de la sacrosanta economía peruana y por ello no se le toca ni con la última página de un periódico. Y sin embargo, es la que más obreros mata en el Perú.
A esa precariedad en que trabajan los obreros mineros, se suman las miserables condiciones laborales: exigencias de mayor productividad, sobre tiempos, salarios bajos, tercerización. Todo ello provoca en los trabajadores mutilaciones, stress, enfermedades respiratorias como la silicosis que son solo algunas muestras del futuro gris al que se enfrentan los obreros mineros. La precarización y la sobreexplotación son parte indesligable de la actual dinámica del Capitalismo Mundial y su lógica de maximizar las ganancias con el mínimo coste posible. Este empeoramiento ha ido en relación inversa al aumento de los precios en el mercado mundial (cobre u oro disparados a precios históricos). Toda esta situación precaria facilita “accidentes” y la muerte de obreros como el sucedido en Yanaquihua. La precariedad de las condiciones de trabajo actuales se ha incrementado en el marco de esta fase de putrefacción que hoy atraviesa el Capitalismo mundial[2]. La precariedad y las muertes en socavones mineros los vemos en todo el mundo: Chile, Colombia, Venezuela, Canadá, Sudáfrica y más recientemente en China con los obreros muertos en minas de carbón. El cada uno a la suya de cada burguesía en competencia con las demás, está llevando a la muerte a cientos de obreros en todo el planeta. La precariedad no es una “maldición” ni un asunto de “mala gestión”. Mucho menos episódica. Todo lo contrario, obedece a la cada vez mas profunda crisis económica mundial que se ha acelerado con la Descomposición, que es la fase que actualmente atraviesa el Capitalismo mundial. El deterioro brutal y acelerado de las condiciones de vida de los trabajadores obedece a la actual etapa de pudrimiento del orden burgués a todos sus niveles.
Hay una serie de situaciones conexas, que son parte de la descomposición capitalista que afecta a las condiciones de vida de los trabajadores. No es sólo la explotación asalariada que lleva aparejado con el Capitalismo. Esta dinámica minera capitalista, está relacionada con negocios conexos, tales como, la trata de mujeres, explotación sexual, narcotráfico, alcoholismo. Hay también vínculos con el crimen organizado, el secuestro y explotación de mujeres y niños. Todas estas expresiones del capitalismo putrefacto demuestran el nivel de hundimiento en que se encuentra este sistema social. Pero los efectos de la explotación minera no se quedan allí.
El daño y la destrucción ambiental es total en las zonas y pueblos que rodean las minas. El cinismo de la burguesía es monumental, con su discurso de “la minería trae progreso” y que “minería y medioambiente si pueden convivir. Para luego vanagloriarse de ser “respetuosos” de las normas ecológicas y de haber elaborado sesudos “estudios de impacto ambiental”. Todo un discurso hipócrita del cual son cómplices, por supuesto, las instituciones del Estado como el Congreso, el Ministerio del Ambiente, SENACE[3], instituciones que, año tras año, vienen dando carta blanca a estas empresas para arrasar con lo que quieran. Un ejemplo concreto de ello es el conocido caso de La Oroya (Departamento de Junín), considerada una de las 10 ciudades más contaminadas del mundo, donde se produjo el tristemente célebre episodio de “los niños de plomo”, ya que la contaminación con zinc, cobre y dióxido de azufre generó daños cerebrales y otras enfermedades en los infantes[4].
El Capital no solo explota y mata en los centros de trabajo, sino que, ha extendido su ponzoña a los barrios proletarios. Claro ejemplo, es lo sucedido con la empresa china que construye el Megapuerto de Chancay la cual ha provocado el hundimiento de calles y casas en barrios proletarios de esa ciudad[5] o como sucedió el año pasado con el derrame petrolero por negligencia de Repsol, en el mar de Ventanilla hasta la provincia de Supe, perjudicando a los obreros pescadores de la zona y dañando la salud de miles de familias proletarias[6].
Frente a esta tragedia continua que viven los trabajadores en general y los mineros en particular, solo queda al proletariado unir sus fuerzas para luchar contra la degradación de sus condiciones de vida. Las luchas actuales en Gran Bretaña y en Francia son una muestra de lo que aquí queremos decir. Como dice una de nuestras hojas internacionales: “Nuestras luchas son el único baluarte contra esta dinámica autodestructiva, el único baluarte contra la muerte que el capitalismo promete a toda la humanidad. Porque, dejado a su propia lógica, este sistema decadente arrastrará a partes cada vez mayores de la humanidad a la guerra y la miseria, destruirá el planeta con gases de efecto invernadero, bosques arrasados y bombas”.[7]
No es guardando esperanzas en las “mejoras a los sistemas de seguridad laboral”, en los seguros laborales o en la formalidad capitalista de sus empresas, no es siguiendo el coro a las facciones burguesas que hipócritamente se lamentan cada vez que hay un accidente o mueren trabajadores, ni arrimando el hombro a los sindicatos, que usan la “seguridad laboral” como enganche propagandístico en sus campañas para convencer a los trabajadores de los “beneficios” de la explotación capitalista. La fuerza del proletariado radica en el carácter internacional e histórico de su lucha, en el mantenimiento de su identidad de clase y en su capacidad para desarrollar lazos de solidaridad, capacidades necesarias para llevar su lucha a una dimensión política que le permita echar abajo al capitalismo.
Internacionalismo Perú
09062023
[3] Servicio Nacional de Certificación Ambiental Para las Inversiones Sostenibles.
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Los pasados 23 y 24 de junio -justo cuando se enfrentaba a la contraofensiva de Ucrania- uno de los Estados y ejércitos más poderosos del planeta se vio amenazado por el Grupo Wagner, un ejército de comandos privados formado por mercenarios vinculados al entorno del propio Putin. Toda una división militar, encabezada por Prigozhin, se dirigió hacia Moscú sin encontrar ningún obstáculo. Situaciones como ésta, que parecen absurdas, se repiten cada vez más a medida que se acelera la putrefacción del capitalismo. Precisamente la guerra en Ucrania se ha convertido en un acelerador de la descomposición, extendiendo la inestabilidad y el caos por todo el mundo.
Estados Unidos, al tender la trampa que empujó a Rusia a la guerra con el objetivo general de debilitar a China, está actuando como el aprendiz de brujo: al principio calculó que podría tener cierto control sobre el conflicto; ahora resulta que es incapaz de controlar sus consecuencias a más largo plazo. Esto puede compararse con las "guerras contra el terror" que justificaron las invasiones de Afganistán (2001) e Irak (2003). También en este caso, Estados Unidos, al intentar mantener su liderazgo mundial, acabó provocando el caos en Oriente Medio. Aunque al principio consiguió controlar hasta cierto punto la región y arrastrar a las reticentes potencias europeas, todo el proceso fomentó una desestabilización y un caos aún mayores e irreversibles1.
La rebelión de Wagner, aunque rápidamente atajada, puso de manifiesto las fragilidades del Estado ruso, que amenazan con desembocar en una fragmentación política, que no sólo afectará a la burguesía rusa, sino que llevará al mundo a niveles de gran inestabilidad. Además, ahora vemos entrar en escena a personajes como Prigozhin, dispuestos a disputarse el control del poder y, por supuesto, de las armas nucleares.
La implosión del bloque del Este a principios de los años 90 confirmó que el capitalismo entraba en su fase de descomposición, caracterizada por el desorden mundial y la lucha de "todos contra todos". La causa principal de este colapso fue la presión de un doble fracaso económico y político del sistema estalinista en el contexto de una crisis acelerada y profunda del capitalismo en todo el mundo2. El colapso de la URSS provocó entonces brutales brotes de nacionalismo separatista en todo su territorio.
Tras el frustrado golpe de Estado de mediados de 1991, este proceso se descontroló aún más, obligando a las potencias occidentales, principalmente Estados Unidos, a intentar contener la avalancha que se les venía encima y que amenazaba con desbordar las fronteras de la antigua URSS. Estas potencias ofrecieron ayuda alimentaria, facilidades para la financiación de la deuda, etc. Por supuesto, esta "ayuda" no se hizo por altruismo, sino que, como siempre, se basó en cálculos imperialistas destinados a beneficiarse de la nueva configuración geopolítica. Hoy, Rusia vuelve a estar en el centro de las convulsiones, pero esta vez en el contexto de un empeoramiento de la situación y en circunstancias mucho más graves e imprevisibles.
Los 30 años de profundización de la descomposición han aumentado la tendencia al declive de la hegemonía estadounidense, lo que ha exacerbado las ambiciones imperialistas de todos los demás países, en particular reavivando la ambición de Rusia de recuperar un lugar importante en la constelación imperialista.
Ahora la guerra de Ucrania está acelerando la descomposición. La prolongación de la guerra está debilitando las fuerzas de Rusia y socavando la unidad de la burguesía en torno al Estado, un proceso que amenaza con alcanzar niveles explosivos. Un año antes del motín de Wagner, advertíamos que la "operación especial" sobre Ucrania corre el riesgo de "constituir una segunda desestabilización profunda tras la fragmentación resultante de la implosión de su bloque (1989-1992): en el plano militar perderá probablemente su rango de número 2 del ejército mundial; su economía ya está debilitada y caerá en más y más problemas [. ... y] las tensiones internas entre facciones de la burguesía rusa sólo pueden intensificarse, [...] Algunos miembros de la facción dirigente (cf. Medvédev) ya están advirtiendo de las consecuencias: un posible colapso de la Federación Rusa y el surgimiento de diversas mini-Rusias con líderes impredecibles en posesión de armas nucleares"3.
Al principio de la guerra, la burguesía parecía unificada en torno a Putin como representante del Estado, pero a medida que el conflicto se prolongaba, empezaron a surgir rivalidades y disputas entre grupos. En enero de 2023, ciertos acontecimientos ya presagiaban tensiones en la cúpula militar, al ser destituido Sergei Surovikin, que comandaba las tropas rusas en Ucrania.
En un contexto de descomposición, cualquier pretexto puede desencadenar enfrentamientos, que rápidamente pueden volverse explosivas. En este sentido, el motín liderado por Prigozhin, aunque pudo aparecer como una pequeña fisura, creció rápidamente, mostrando la frágil unidad dentro de la estructura de poder y la incapacidad del Estado para contener la dinámica hacia el caos. Vladimir Gelman, profesor y analista ruso, siguiendo el comportamiento de los distintos sectores durante la llamada "Marcha por la Justicia" de Prigozhin, señala que, si bien la caravana militar no recibió el apoyo abierto de ningún sector militar o civil, tampoco lo hizo Putin: "nadie salió en su apoyo. Ni alcaldes ni líderes regionales salieron (...) no dieron ningún paso político...". Esta espera para ver en qué dirección soplaban los vientos pone al descubierto la vigilancia y la cautela que muestran los diferentes grupos burgueses en un contexto en el que la desconfianza y el choque de intereses han aumentado. Si gente como Lukashenko se ofreció como negociador con Prigozhin, fue para evitar que la guerra se trasladara a Bielorrusia por una posible incursión del "Regimiento Kalinoŭski" formado por opositores al gobierno de Lukashenko que luchan en el bando ucraniano.
Las propias burguesías de las grandes potencias han expresado su temor a una descomposición del Estado ruso. Durante la crisis entre el grupo Wagner y el ejército ruso, "los funcionarios estadounidenses prestaban especial atención al arsenal nuclear ruso, nerviosos por la inestabilidad de un país con el poder de aniquilar a la mayor parte del planeta..."4. Si nos fijamos en sus declaraciones sobre los acontecimientos, no cabe duda de que la burguesía en su conjunto está preocupada por las dificultades del Estado ruso expresadas por el motín de Prigozhin. Todos coinciden en que existe una gran división y fragilidad en el aparato estatal. Zelensky, presidente de Ucrania, fue el primero en decir que Putin es débil y que su gobierno se está "desmoronando".
Si nos fijamos en sus declaraciones sobre los acontecimientos, no hay duda de que la burguesía en su conjunto está preocupada por las dificultades del Estado ruso expresadas por el motín de Prigozhin. Todos coinciden en que existe una gran división y fragilidad en el aparato estatal. Zelensky, presidente de Ucrania, fue el primero en decir que Putin es débil y que su gobierno se está "desmoronando". Antoni Blinken, secretario de Estado de EEUU, aunque dice que "es demasiado pronto para saber cómo va a acabar esto", valora que hay "fisuras reales" en el Gobierno de Putin, que distraen y dividen a Rusia y le dificultan "proseguir la agresión contra Ucrania". Incluso Trump, que se ha presentado como "amigo" de Rusia, afirma que "Putin está algo debilitado" y pide al Gobierno estadounidense que aproveche esta circunstancia para negociar un alto el fuego. Sólo China evita expresar su percepción de la debilidad del gobierno de Putin y presenta el motín de Wagner como un "asunto interno". La despreocupación con la que valora los acontecimientos es más que un acto diplomático y en realidad esconde la preocupación por el efecto que tendría un debilitamiento de Rusia en sus fronteras, y más aún si se produjera la ruptura de la Federación Rusa, hasta ahora su principal aliado.
Por su parte, Putin afirma que mantiene la unidad y la fuerza de la Federación, aunque intenta ganarse la lealtad de los distintos órganos de represión prometiendo más armas y mejores salarios. Pero ¿será esto suficiente para eliminar las divisiones en la estructura militar y la baja moral de las tropas?
Lo que está cada vez más claro es que, a medida que se prolongue la guerra en Ucrania, el caos y la barbarie se extenderán y profundizarán, afectando directamente a Rusia, pero dado que es "el Estado más grande y uno de los más armados del mundo [... su desestabilización] tendría consecuencias imprevisibles para todo el mundo"5.
Las posibles consecuencias de una guerra prolongada podrían ser:
- ampliación de las grietas en el seno de la burguesía, que llevaría al estallido de una guerra civil, en la que el conjunto de la población, y en particular la clase obrera, serviría de carne de cañón; - acciones erráticas e irresponsables por parte del grupo en el poder encabezado por Putin, quien, viéndose acorralado, podría hacer uso del arsenal nuclear... Por el momento, anunció el despliegue de armas nucleares tácticas en territorio bielorruso a partir del 7 u 8 de julio;
-La aparición de camarillas irracionales en pugna por el poder, que tendrían a mano un gran arsenal de armas nucleares, dispuestas a blandirlas a toda potencia para posicionarse mejor en la nueva configuración del poder. Las acciones del grupo Wagner son un claro ejemplo de este riesgo. Además, existen escalofriantes precedentes en este sentido, por ejemplo, con la amenaza de bombardear la central nuclear de Zaporizhzhia, en el sur de Ucrania, la mayor de Europa y una de las 10 mayores del mundo, amenazando a la humanidad con el peligro muy real de una catástrofe nuclear en plena Europa.
Pero la locura bélica no es exclusiva de un bando de la burguesía: EEUU acaba de suministrar a Ucrania bombas de racimo, que se esparcen por miles, matan en el acto y permanecen latentes durante décadas.
Sean cuales sean las iniciativas que se tomen, provocarán catástrofes que pueden esparcirse por todo el mundo. Como afirmamos a finales de 2022, los años 20 del siglo XXI están resultando ser los más turbulentos de la historia, con una acumulación de desastres y sufrimientos para la humanidad (pandemias, hambrunas, desastres medioambientales...), que están fuera de control y plantean la cuestión de su supervivencia como especie. Pero es preciso comprender que la guerra, acción intencionada y planificada del Estado capitalista es, sin duda, el principal desencadenante de la barbarie y el caos.
En cuanto a las repercusiones internacionales, aunque no podemos aventurar una conjetura ya que la situación es altamente impredecible, ya hay algunos indicios de que importantes países de Europa del Este están calculando cómo pueden aprovechar esta situación para avanzar sus propias bazas imperialistas, como en el caso de Polonia: la guerra de Ucrania ha dado a Polonia una mayor importancia estratégica para los EE.UU., lo que le ha permitido reforzar sus fuerzas militares con el suministro de armamento por parte de la OTAN, incluyendo tanques de tecnología avanzada (en previsión del acomodo del grupo Wagner en Bielorrusia6).Este reforzamiento militar ha ido de la mano del renacimiento de los viejos sueños imperialistas de Polonia de extender su influencia en Europa del Este7.
En todos estos enfrentamientos entre grupos burgueses, éstos no dejan de escupir su veneno contra la clase obrera. Con sus fintas, demostraciones militares y declaraciones, todas las bandas de la clase dominante buscan mostrar su fuerza al adversario, pero también sembrar el miedo y la confusión entre los trabajadores. Cada facción que participa en la guerra intenta mostrarse como víctima o defensor de la libertad, para dominar y controlar las reacciones de los explotados y utilizarlos como carne de cañón en los frentes de guerra, o para someterlos al inmovilismo y la pasividad, aceptando el aumento de la explotación y la degradación de las condiciones de vida en nombre de la "patria". En particular, aprovechando la guerra en Ucrania y concretamente el motín de Wagner, la burguesía refuerza su discurso sobre la democracia y la lucha contra la autocracia, intentando a toda costa ocultar que su sistema podrido, construido sobre la explotación, la miseria y la guerra, sólo puede ofrecer destrucción y caos. La prolongación de su existencia pone en peligro la vida misma de este planeta, y la guerra en Ucrania, con todas sus peligrosas consecuencias destructivas, demuestra que esta amenaza va en aumento.
Frente a la barbarie capitalista, la única fuerza social capaz de detenerla es el proletariado. No olvidemos que “la primera guerra mundial no acabó por las negociaciones diplomáticas o por las conquistas de tal o cual imperialismo, FUE TERMINADA POR EL LEVANTAMIENTO REVOLUCIONARIO INTERNACIONAL DEL PROLETARIADO”8
T-RR 12-7-23
1 Imperialist interests behind the Afghan ‘mission’ [1179], World Revolution n° 327
2 Sobre la descomposición ver TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [109] y sobre el estallido del bloque del Este ver Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [139]
3 Significado e impacto de la guerra en Ucrania | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [915]
4 Un motín en Rusia ofrece pistas sobre el poder de Putin [1180] (Russian mutiny offers clues about Putin's power)
5 Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1067]
6 Polonia enciende las alertas en la frontera por la presencia del Grupo Wagner en Bielorrusia y pidió ayuda a la Unión Europea [1181].
7 Polonia quiere anexionarse tres regiones del oeste de Ucrania cuando se negocie la paz [1182]
8 El capitalismo lleva a la destrucción de la humanidad solo la revolución mundial del proletariado puede acabar con él | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1093]
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Recientemente, tras una intervención de nuestros militantes en una reunión del comité del NWBCW1 en París, presidida codo con codo por un miembro del GIGC y un miembro de la TCI, el GIGC bromeó diciendo que eso era un reconocimiento de que no nos creíamos ni una palabra de nuestro análisis sobre el "parasitismo" del GIGC2. En el artículo Atacar a la CCI: la razón de ser del GIGC3, señalábamos esta nueva manifestación de la naturaleza parasitaria de este minúsculo grupo cuyo objetivo fundamental es atacar a los grupos políticos de la izquierda comunista y minar el desarrollo del medio político proletario.
Hace dos años, escribimos un artículo denunciando la actuación del GIGC (antigua FICCI) en su apoyo al intento de usurpación de la Izquierda comunista por un aventurero llamado Gaizka4, cuya trayectoria describimos. Desde entonces, el GIGC ha seguido multiplicando sus ataques contra la CCI con el único objetivo de desacreditar a nuestra organización y crear desconfianza hacia ella.
Por eso hemos decidido publicar una serie de artículos en un "dossier" que contiene nuestras diversas respuestas a los ataques calumniosos del GIGC contra, sin ningún orden en particular :- (1) el concepto de parasitismo político, que pertenece al patrimonio del movimiento obrero; - nuestra denuncia del aventurerismo político que el GIGC apoya; - (2) la coherencia revolucionaria de nuestra plataforma; - (3)nuestro análisis de la fase actual de la decadencia del capitalismo, la de su descomposición; (4) nuestra intervención en la situación mundial tanto en términos de guerra como de lucha de clases; - y (5) nuestra posición frente al movimiento anarquista sobre el tema del internacionalismo y su traición. Estas cuestiones se abordan en los siguientes artículos:
El GIGC intenta desacreditar el análisis y la intervención de la CCI en el periodo actual (de próxima aparición)
La complacencia del GIGC con el aventurerismo una vez más verificada (de próxima aparición)
Las infames distorsiones del GIGC sobre la caracterización del anarquismo por parte de la CCI (de próxima aparición)
Esta serie de denuncias de la actuación del GIGC era necesaria para no dejar sin respuesta las calumnias y falsificaciones de la realidad de las que es objeto la CCI por parte de este grupo parasitario. Evidentemente, hubiéramos preferido dedicar nuestras fuerzas a otras actividades más acordes con la situación mundial, pero nos encontramos ante una situación comparable a la del Consejo General de la AIT, enfrentado a un enemigo interno constituido entonces por la Alianza Bakunin. Hoy ese "enemigo interno", el GIGC, hace estragos en el seno de la izquierda comunista.
1 Ver Un comité que lleva a los participantes a un callejón sin salida | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1186]
2 En el artículo Impasse et contradictions du CCI face au "parasitisme", à la TCI et au GIGC [1187]
3 Atacar a la CCI: la razón de ser del GIGC | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1156]
4 El aventurero Gaizka tiene los defensores que se merece: los matones del GIGC | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1188]
5 Estos dos artículos figuran ya en nuestra Web en francés. A medida que los vayamos traduciendo los publicaremos en español.
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En 1965, como otros estudiantes de la Universidad de Madrid preocupados por el desarrollo de las luchas obreras en Asturias, comenzó a interesarse por la política, en un contexto en el que el punto de vista de clase tenía que abrirse paso entre la confusión ambiental de los cantos de sirena de la "oposición democrática" al régimen. Antonio desconfiaba del PCE (Partido Comunista de España) por su estalinismo, pero también tuvo que aprender a desconfiar del discurso del puñado de grupos trotskistas y maoístas que surgieron en aquella época y que, aunque parecían más abiertos y "de izquierdas" que el PCE, no eran más que una versión más radical de la izquierda del capital e igual de contrarrevolucionarios. Este interés por las posiciones revolucionarias le llevó a emigrar a Francia, donde llegó a Toulouse en 1967.
Tenía entonces preocupaciones culturales -hacía teatro en español- que nunca abandonó después, aunque a menudo tuvieran que pasar a un segundo plano ante las obligaciones familiares o políticas. En el ambiente de efervescencia política, de reflexión y de debate que precedió a 1968, y sobre todo durante los acontecimientos de ese año, encontró respuestas a las preguntas que se planteaba. En este contexto, pudo adoptar desde el principio una perspectiva verdaderamente internacionalista, interesada por la experiencia histórica del proletariado, evitando al mismo tiempo la trampa de encerrarse en un enfoque “como emigrante” centrado en la situación y la historia del país de origen.
Como él mismo contó, la primera discusión en Francia que le ayudó a romper con el ambiente izquierdista de Madrid fue la que mantuvo con algunos de los miembros fundadores de Révolution Internationale sobre el carácter imperialista de la guerra de Vietnam, sobre la necesaria defensa del internacionalismo proletario y de la solidaridad obrera, y ello en oposición a la idea de "guerra revolucionaria" defendida por trotskistas y maoístas.
Más tarde conoció a Marc Chirik (MC) en una reunión en 1968 con los demás miembros fundadores de Révolution Internationale y "militantes" situacionistas. MC defendió el carácter proletario de la revolución rusa de 1917, la realidad de la clase obrera como sujeto revolucionario de la historia y la necesidad de una organización revolucionaria. Ese mismo año, participó también en la reunión que aprobó la primera plataforma de Révolution Internationale, basada en los principios políticos del Internacionalismo que MC había heredado de la Gauche Communiste de France y luego transmitido1.
Regresó a Francia en 1969, en un momento en que el núcleo inicial de Révolution Internationale se estaba reduciendo debido a varias dimisiones y también a que la mayoría de los militantes de Toulouse se habían trasladado a París.
Aunque más tarde dijera: "Yo no era militante", refiriéndose al periodo de 1968, volvió a la plena actividad en Révolution Internationale en 1970, y luego, en 1972, participó en el reagrupamiento con los Cahiers du communisme de conseils de Marseille y el grupo de Clermont Ferrand, del que surgió la 2ª plataforma de RI como grupo político de base territorial que buscaba contactos internacionales. En 1975, participa en el primer congreso de la CCI y sigue siendo militante el resto de su vida. En un momento en que el movimiento de lucha de clases en España estaba en su apogeo y el Estado aceleraba su política de "transición democrática", ya no se podía garantizar la publicación de "Acción Proletaria (AP)" en España. Para hacer frente a esta situación, la CCI decidió en su primer congreso internacional mantener la publicación regular de AP, produciendo el periódico en Francia e introduciéndolo de contrabando en España al final del franquismo. Su colaboración en esta publicación fue especialmente apreciada en su momento por su capacidad para analizar con detalle las maniobras democráticas de la "transición" en España y denunciarlas en profundidad.
Debido a su dominio de dos idiomas -fue profesor de español en Francia-, a partir de 1975 también tuvo que implicarse en la producción en español de la Revista Internacional. Siempre situó estas responsabilidades en una perspectiva internacional e histórica.
Con el fin de organizar y sistematizar las actividades en lengua española y la búsqueda de contactos en el mundo hispanohablante, la recién creada CCI tomó la iniciativa de nombrar una Comisión de Lengua Española (CLE) de la que Antonio era miembro. A raíz de ello, Antonio participó regularmente en viajes a España y conversaciones con contactos, aportando su convicción y asimilación de las posiciones de la CCI. Los compañeros que viajaron con él pudieron apreciar su gran simpatía, sus vastos conocimientos enciclopédicos y sobre todo su humor.
Antonio ha participado en prácticamente todos los congresos internacionales de la CCI, donde ha formado parte de equipos de traducción simultánea notablemente eficaces, hasta el punto de que los científicos invitados a una sesión del congreso han quedado impresionados por la calidad de su trabajo. Pero también les sorprendieron los comentarios de Antonio durante las pausas, destinados a ilustrar a los compañeros de las delegaciones española, mexicana o venezolana sobre partes del discurso que habían entendido mal, .... pero también les sorprendió que Antonio utilizara el micrófono para hacer bromas.
En los momentos difíciles de la lucha de la organización contra el espíritu del círculo y por el espíritu del partido, Antonio optó siempre por defender a la organización. Aunque tenía una tendencia natural a formar lazos de afinidad con los camaradas, nunca se dejó llevar ciegamente por la "defensa de sus amigos" en contra de los principios organizativos de la CCI. Y cuando algunos de ellos abandonaron la organización resentidos con él, Antonio mantuvo su lealtad a la CCI, aunque ello supusiera distanciarse personalmente de sus antiguos amigos.
Aunque reconocía algunos de sus errores o negligencias, faltas ocasionales de atención o implicación, el camarada solía calificarlos como sus "Antonionadas”. De hecho, esta categoría era lo suficientemente amplia como para incluir sketches en los que el camarada disfrutaba haciendo de "payaso" para diversión de todos nosotros.
A menudo, en reuniones festivas como las de año nuevo, nuestro camarada podía hacer gala de su buen humor, nunca cáustico, pero a menudo burlón, sutil y amistoso con sus camaradas. De hecho, su repertorio incluía varios sketches improvisados protagonizados por amigos y compañeros de la organización. Al servicio de su "arte", sabía explotar las sutilezas y trampas de las lenguas francesa y española, a veces incluso del occitano. Así, podía pasarse horas organizando amistosas tertulias con sus camaradas y compartiendo su buen humor.
Pero la "Antonionada" también podía manifestarse en situaciones muy diferentes, que no tenían nada de festivas y reflejaban una audacia particular por parte de nuestro camarada.
Por ejemplo, en los años 80, durante una campaña de volanteo en los muelles de Marsella -ciudadela de los guardianes cegetistas del orden capitalista-, un equipo de volanteo de la CCI se topó rápidamente con una patrulla de "pesos pesados" de la CGT que querían quitarnos de en medio. En momentos como éste, el objetivo es aguantar el mayor tiempo posible para distribuir el mayor número de octavillas, lo que no es tarea fácil, sobre todo cuando sólo se permite la entrada a un puñado de personas. Y Antonio se ríe, ante el asombro de todos: "ah, pero no puedo rendirme, tengo un mandato que cumplir. ¡Tengo que terminar este reparto!
El efecto de aturdimiento que esto produjo en las filas de la brigada sindical nos permitió ganar unos minutos preciosos de tiempo, al final de los cuales el flujo de estibadores que entraban a trabajar significaba que estábamos a salvo de intimidaciones.
Sin embargo, su vida militante no estaba hecha sólo de Antonionadas, como lo demuestra su implicación regular en la vida de la organización y el hecho de que sea el mismo Antonio al que se encuentra todavía en un episodio defendiendo una manifestación contra los intentos de irrupción de la policía -que fueron frustrados- para llevarse a un joven culpable de haber "bombardeado" un muro2.
En su vida profesional, algunas de sus "antonionadas" eran puro humor, como relató e ilustró uno de sus colegas universitarios que acudió a su funeral y que también destacó hasta qué punto Antonio respetaba a sus alumnos: un día, cuando los estudiantes parecían no estar escuchando su conferencia, charlando entre ellos en el aula, Antonio no hizo ningún comentario en particular, sino que se interrumpió a sí mismo. Los alumnos, sorprendidos, dejaron de charlar, preguntándose qué pasaba. Entonces Antonio retomó la palabra y les dijo: "Hoy me siento como en un bar de España. En los bares de España, la televisión está encendida todo el tiempo, pero nadie la ve ni la escucha. Pero si alguien la apaga, siempre hay alguien que dice: '¿Quién ha apagado la tele? Hoy yo soy la tele del bar". ¡Qué tacto y qué pedagogía!
Primero tuvo una hija que siempre apoyó su militancia y mantuvo simpatías políticas con la CCI. Su segundo hijo nació con una grave discapacidad física e intelectual. Para poder comunicarse con él, Antonio aprendió el lenguaje de signos y siempre tuvo cuidado de que la discapacidad de su hijo no le apartara de todo y de todos. Y, juntos, la familia lo consiguió. Sobre todo, gracias al compromiso inquebrantable de Antonio. El compromiso de nuestro camarada con su familia fue aún mayor cuando su pareja cayó gravemente enferma. Durante años, lucharon codo con codo contra un cáncer al que ella finalmente sucumbió, agotada por la batalla.
La tensión entre las responsabilidades personales de Antonio y sus responsabilidades militantes fue llevada al límite en muchas ocasiones. Como él mismo decía, estuvo varias veces a punto de abandonar la lucha política, pero, al final, mantuvo la lealtad a sí mismo, a su familia y a la organización, orientando su vida y el cuidado de su familia desde lo que era su pasión y convicción: la militancia comunista.
Queremos añadir aquí que la vida de este camarada, que consiguió mantener su militancia durante más de medio siglo (de 1968 a 2023) contra todo tipo de presiones, es un ejemplo de lo que debemos transmitir a la nueva generación de militantes.
Aunque durante largos periodos se vio obligado a reducir su implicación militante, en los últimos años ha podido redescubrir la llama de esta pasión participando en reuniones conjuntas con camaradas de AP (España), RI (Francia) y Rivoluzione Internazionale (Italia), e implicándose en responsabilidades organizativas.
Otra de las paradojas de nuestro camarada, o expresión de su gran modestia o falta de confianza en sí mismo, es que en varias ocasiones ha manifestado a camaradas que le costaba interiorizar el significado de nuestro concepto de "poner la militancia en el centro de nuestras vidas". Sin embargo, ¡eso es lo que consiguió hacer durante toda su vida!
Poco después de la muerte de su compañera, Antonio sufrió un infarto que solucionó por su cuenta acudiendo a urgencias en mitad de la noche. Un día después, salió con las arterias desbloqueadas y listo para volver a funcionar. Resultó que tenía otros problemas cardiacos, que fueron tratados posteriormente y no se consideraron críticos, pero que, sin embargo, pudieron ser la causa de su muerte súbita poco después. Cuando le instamos a que nos mantuviera más regularmente informados de su estado de salud, nos contestó que, en su pueblo natal, algunas personas que decían "os mantendré informados" se equivocaban y decían "os mantendré al margen". ¡Otra Antonionada! La última.
Aunque el camarada se preocupaba de no "molestar" a los demás, era sin embargo perfectamente consciente -y ya lo había demostrado- de la necesidad social y política de recurrir a la organización y a sus militantes siempre que fuera necesario. De hecho, nos mantenía regularmente informados sobre su estado de salud.
En cambio, a todos nos sorprendió su "precipitada marcha". Hasta siempre camarada y amigo.
Por otra parte, no nos sorprendió el gran número de personas que asistieron al funeral de nuestro camarada, entre ellas algunos de sus antiguos compañeros, que dieron testimonios conmovedores, pero no sorprendentes, sobre el gran respeto de Antonio por sus alumnos.
La CCI organizará en los próximos meses un homenaje político a nuestro camarada Antonio. Los camaradas que deseen participar deben escribir a la CCI y les informaremos de la fecha y el lugar.
CCI (08/08/2023)
1 Sobre la aportación fundamental de este camarada ver Marc: de la revolución de Octubre 1917 a la IIª guerra mundial | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1190] y Marc, parte 2: de la Segunda Guerra Mundial a la actualidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1191]
2 Para ver en detalle leer el artículo Solidarité avec les lycéens en lutte contre la répression policière (témoignage d'un lecteur) [1192]
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Como hacemos ver ya en varios artículos, vivimos una situación histórica de aumento de la combatividad de la clase obrera, que es el polo contrario al de la destrucción de la humanidad al que nos lleva el capitalismo en descomposición1. Los trabajadores del metal de Vigo, que han luchado en varias jornadas de movilizaciones este mes de julio, han demostrado que, como muchos otros sectores de nuestra clase, tampoco están dispuestos a aceptar pasivamente los brutales ataques que el capitalismo impone sobre nuestras condiciones de vida. Sin embargo, la lucha ha finalizado con una nueva derrota económica: una subida de salarios de 3% por año (unos 48.3 euros al mes), que está muy por debajo del aumento de la inflación
Esta derrota ha sido cuidadosamente maniobrada por los sindicatos, el brazo del Estado que está en primera línea del sabotaje de nuestras luchas2. La reacción proletaria ante lo que ha sido una maniobra sindical más bien descarada es, en parte, de una cierta maduración de un rechazo a la idea de que estos puedan estar remotamente representando a los trabajadores.
Se puede leer en algunos comentarios en internet que “seguimos empobreciendo, cada día la vida más cara” (…)“como siempre los sindicatos dándonos por el culo” (…) “es lo mismo que daban en junio , una vergüenza lo que han sacado los sindicatos.”(…) “los trabajadores siempre respondemos, quien no responde son los sindicatos que están al servicio del gran capital que les subvenciona (…) “se andan con reuniones secretas con la patronal” (…) “llevan desde el primer día jugando con los obreros, mareándolos y haciendo lo que a ellos les parece sin preguntar”3.
Hemos visto que los compañeros de Le Prolétaire denuncian el papel de los sindicatos en esta lucha como sus principales liquidadores y llaman a la necesidad de la extensión de las luchas y la solidaridad como la fuerza principal de los trabajadores (“la solidaridad más allá de fábricas, sectores o regiones, en la organización de clase e independiente”4).
Hasta aquí no podemos más que estar de acuerdo con los compañeros, y en parte saludar su alerta y su intento de contribuir al combate de nuestra clase. Sin embargo, pensamos que su reacción es solo muy parcialmente positiva y que persiste en realidad en un error gravísimo al reproducir la ideología sindicalista, lo cual involuntariamente ayuda a la burguesía. Lo hacen a tres niveles: (1) En la ilusión de la posibilidad de un programa reivindicativo para los trabajadores, (2) en la idea de que el modo de establecer una relación de fuerzas con la burguesía es la presión económica, y (3) en concesiones a la idea de que el problema serían los dirigentes y burocracias sindicales. En estos tres planos, Le Prolétaire se deja llevar por la ideología del sindicalismo, especialmente al llamado “sindicalismo de base o radical”, que en otros momentos ha defendido abiertamente, como en su artículo de julio de 2022 “Italia. La represión burguesa se abate sobre los militantes del sindicalismo de base (…)” en el cual declaran que “trabajamos en la perspectiva de una gran coordinación de todas las realidades del sindicalismo de base, de los movimientos conflictivos y de los desempleados, donde una única plataforma de lucha pueda englobar las diferentes disputas que tendrán en cuenta única y exclusivamente los intereses del proletariado”5. Esta posición no se distingue en nada del izquierdismo6 y más bien tiende al fatal peligro de ser asimilada por aquel. Por eso concebimos este artículo tanto como un llamado a encender las alertas de estos compañeros como otros elementos que se acercan a las posiciones históricas de la clase obrera, así como para contribuir a la clarificación de la ruptura de arriba abajo que nuestra clase deberá hacer con la ideología sindical.
Una traba esencial para el desarrollo de las luchas del proletariado en la decadencia del capitalismo es la ideología sindicalista de toda índole, que va más allá de su expresión en tal o cual sindicato. Esta ideología exudada por el propio capitalismo se desarrolla alrededor de más o menos 4 ejes, aunque a veces pueda prescindir de uno u otro: (1) La ilusión de un programa reivindicativo, (2) la presión económica como medio para establecer una relación de fuerzas frente a la burguesía, (3) la organización permanente de la clase, y (4) el sectorialismo y corporativismo.
Como mencionábamos antes, Le Prolétaire le hace el juego directamente a los 3 primeros aspectos.
En la fase decadente del capitalismo (ver más en profundidad sobre esto en nuestro artículo sobre “La lucha del proletariado en el capitalismo decadente”7) “la clase obrera va forjando las armas de su lucha revolucionaria por medio de la resistencia contra la explotación. Es lo que permite y, a la vez, lo que la obliga a unificarse como clase y es en su desarrollo como puede comprender la necesidad y la posibilidad del comunismo. Lo que el proletariado debe abandonar no es el carácter económico de su lucha (esto le es imposible, ya que lucha como clase) sino todas las ilusiones de llevar a buen término la defensa de sus intereses dentro de un marco estrictamente económico sin asumir el carácter político, global y revolucionario, de su lucha. Frente al inevitable fracaso inmediato de sus luchas reivindicativas en el capitalismo decadente lo que la clase obrera debe concluir no es que sus luchas sean inútiles, sino que el único medio para que sean útiles a su causa es concebirlas y transformarlas en momentos de aprendizaje y preparación para luchas más generalizadas, más organizadas, y más conscientes del enfrentamiento final con el sistema. Bajo el capitalismo decadente, era en la que la revolución comunista está al orden del día, la eficacia de las luchas inmediatas de la clase obrera no puede ser prevista ni medida en función de éxitos inmediatos o locales, sino únicamente en función de una perspectiva histórica y mundial: la de la REVOLUCIÓN COMUNISTA.”8
En el curso de las luchas, podemos apoyar reivindicaciones inmediatas de los trabajadores que apuntan a una unidad y extensión de las luchas, a mantener una unidad entre los mismos que incluso prepare el terreno para futuras luchas que puedan llegar más allá. Estas reivindicaciones de resistencia a los ataques pueden ser, en algunos casos, un aumento igual de salarios. Pero en la decadencia, las luchas obreras solo pueden partir de una perspectiva defensiva, y no de un programa de reivindicaciones. Esto último propicia la falsa idea de que el capitalismo se podría reformar, que verdaderamente podría ofrecer un futuro en ese terreno, que el capitalismo sería un marco para mejoras reales.
Los compañeros de Le Prolétaire reproducen esas ilusiones cuando hablan de que los combates de los trabajadores deben orientarse hacia “la lucha por las reivindicaciones que unen a todos los proletarios en un objetivo común”, refiriéndose por ejemplo a “¡Aumentos de salario para todos los trabajadores, más altos para los peor pagados! ¡Disminución drástica de la jornada laboral para todos los trabajadores! ¡Contra la nocividad en el puesto de trabajo!”. ¡Como si el capitalismo pudiera tender a ofrecer dichas mejoras o eliminar la nocividad del trabajo! Es una ilusión creer en la posibilidad de arrancar al capitalismo decadente mejoras duraderas como en el siglo 19. Así, en 1936, seis meses después de los acuerdos de Matignon en Francia, los aumentos de salarios ya habían sido neutralizados por la inflación9.
Mientras en la fase ascendente del capitalismo, hasta más o menos el principio del siglo 20, sí era posible ejercer una presión económica a través de largos paros que amenazaran al patrón de quiebra por ser superados competitivamente por otros patrones, en la fase decadente hemos comprobado una y otra vez que no existe prácticamente ninguna posibilidad de ejercer suficiente presión económica como para convertirse en una fuerza real frente a la burguesía. En la decadencia capitalista la regla es cada vez más (a) un alto nivel de reservas en las mercancías que muchas veces se pudren en forma de trabajo muerto sobreproducido; (b) la alta tecnología y maquinaria del capital frente a la limitada mano de obra cada vez más explotada, (c) la colaboración internacional del capital frente a la clase obrera y la organización y centralización de la economía por el Estado totalitario. Estas condiciones hacen que los efectos de una presión económica no solo sean cada vez más efímeros, sino que no ofrecen ninguna perspectiva real a largo plazo para el desarrollo de las luchas del proletariado. De hecho, a veces las largas huelgas son incluso un alivio a la burguesía, que consigue algunos ahorros a nivel de pago de salarios, como vemos que ha ocurrido en Vigo. Es solo a través de una tendencia a establecer una RELACIÓN DE FUERZAS POLÍTICA FRENTE AL ESTADO como el proletariado puede verdaderamente plantar cara a corto y largo plazo a la burguesía (plazos que en realidad están conectados). La extensión de las luchas desde el primer momento y la perspectiva de la politización de estas a través de la formación de asambleas generales abiertas a todos los trabajadores es la única perspectiva. Esto se verifica ampliamente por cuándo hemos experimentado que la burguesía procura dar marcha atrás a sus ataques. Por ejemplo, como decimos en uno de los volantes que hemos repartido recientemente, en 2006 el CPE fue retirado por la burguesía francesa ante un movimiento que tendía a las asambleas masivas obreras y la extensión de la lucha a toda la clase10.
Cuando los compañeros hablan de que la “fuerza se disipa cuando no se ejerce, cuando las huelgas se parecen más a actos de protesta impotente que a una verdadera lucha, dirigida por los trabajadores y destinada a infligir el máximo daño posible a la economía de la patronal”, ¡están reproduciendo directamente el segundo eje de la ideología sindicalista!
En la ascendencia capitalista, la lucha sistemática por mejoras duraderas en las condiciones de vida era una tarea posible y permanente que unía y de hecho unificó a los trabajadores como clase. En los sindicatos los trabajadores se reunían a diario, discutían, se organizaban y preparaban las futuras luchas, incluso aunque estos órganos finalmente tendían cada vez más a ser trabas para su unidad y el desarrollo de su combate histórico.
En el capitalismo decadente, el proletariado tiene enfrente a un Estado cada vez más centralizado, omnipresente y omnipotente que no puede "ofrecerle" más que una explotación cada vez más implacable. Una movilización permanente del proletariado alrededor de sus intereses inmediatos no es ya ni posible ni viable. De ahí en adelante, los órganos unitarios de la clase no pueden existir salvo en el curso de la lucha misma. En estas condiciones, toda organización general de la clase que tiende a asumir una permanencia fuera de los momentos de lucha sufre de manera permanente una presión engullidora que tiende a transformarla en correa de transmisión del Estado. “En el totalitarismo del capitalismo decadente los engranajes del Estado poseen un poder de integración cuya potencia no puede ser combatida más que por la acción revolucionaria directa contra el Estado mismo”11. Fuera de los momentos de lucha, los organismos que pretenden englobar al conjunto de los trabajadores de forma permanente están condenados a desaparecer o ser integrados en el aparato Estatal. Es más, el caso en la mayoría de las ocasiones es que estas creaciones permanentes son el producto directo de las maniobras de la burguesía que se anticipa a través de su brazo izquierdista, en la creación de sindicatos alternativos, de base, radicales, etc.
Según toda la lógica sindicalista, las luchas tendrían que ser preparadas por una organización permanente supuestamente reagrupando a los obreros más combativos (si no descaradamente por las llamadas “burocracias sindicales especialistas”). Es cierto que las luchas en ocasiones tienden a generar minorías combativas que pueden sentir la necesidad de mantenerse reagrupados tras haber luchado juntos, con el objetivo de la preparación de futuras luchas y de sacar lecciones por medio de la discusión política. Ante esta situación de “vacío” político y organizativo, estas minorías, a la vez expresión de una maduración y una necesidad de ir más allá en un terreno proletario, como también de la debilidad provisional de la lucha de la clase, hemos visto que tienden a evolucionar confusamente de diferentes formas, eso sí, manteniendo grandes ilusiones hacia un sindicalismo “más combativo”, con una fuerte carga inmediatista y voluntarista, y muy vulnerables a las maniobras políticas del izquierdismo. Estos ingredientes son caldo de cultivo de una desmoralización por la incapacidad de agrupar al conjunto de los trabajadores
Estos grupos de trabajadores que empiezan a tomar conciencia son un tesoro para la conciencia y la lucha de la clase, a condición de orientarse hacia una comprensión política global de los fines y los medios de la lucha del proletariado. En cambio, se pierden para éste, cuando por impaciencia inmediatista se dejan llevar hacia la quimera de construir “nuevos sindicatos”
Convertir a estas minorías en organizadores permanentes, desmoralizarles, convertirles en expertos, o recuperarles de otro modo para el sindicalismo no es solo una enorme destrucción de fuerzas, sino un enorme favor al reforzamiento de la burguesía, de lo cual normalmente se encarga ella misma a través de las maniobras del izquierdismo, ya sea en su versión más “socialista” o anarquista.
Cuando los compañeros de Le Prolétarie dejan caer una especie de crítica a “las grandes organizaciones sindicales” o a permitir “que las direcciones sindicales se encarguen de comenzar y finalizar las luchas”, ¡están haciendo un tremendo favor al sucio trabajo de la burguesía! Es más, lo que en este artículo se insinúa, ¡se defiende abiertamente en su mencionado artículo del año pasado!
En el capitalismo decadente, y más urgente aún ante la creciente amenaza por el capitalismo de la destrucción de la humanidad, los revolucionarios no podemos dejarnos arrastrar por ninguna variante de la ideología sindical. Debemos llamar a la extensión activa y autoorganizada de las luchas desde su primer momento, y a la formación de asambleas generales abiertas a todos los trabajadores, con delegados elegidos y revocables en todo momento, a tender a una discusión política masiva que nos permita establecer una relación de fuerzas política frente al Estado, encaminada a la lucha revolucionaria. Pero debemos avisar también que este es un camino con altos y bajos, que en ocasiones no estaremos preparados y es mejor decidir conjuntamente un repliegue, que debemos sacar lecciones de las derrotas inmediatas y que la unificación y la fuerza de las luchas no se pueden suplir con la ilusión de organizaciones permanentes que nos agrupen como clase en los periodos intermedios. Nuestra mayor victoria es la lucha misma, sus avances, mantener la memoria de sus lecciones, ligar estas lecciones a la experiencia histórico – mundial del proletariado, y no retroceder cayendo ni en las trampas directas de la burguesía ni en la ideología que desprende esta sociedad la cual esteriliza y acomoda nuestro combate al capitalismo.
Opero. Agosto, 2023
1 Ver Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1067]
2 Ver nuestro folleto LOS SINDICATOS CONTRA LA CLASE OBRERA que hemos publicado en una Serie: Los sindicatos contra la clase obrera (I) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [383] ; Los sindicatos contra la clase obrera en la decadencia capitalista (II) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [384] ; Los sindicatos en el periodo ascendente del capitalismo (III) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [399]; Los Sindicatos órganos del Estado capitalista (IV) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [501] ; Los sindicatos contra la clase obrera (V): la táctica de los izquierdistas para hacerlos tragar a los trabajadores | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [553] ; Los sindicatos contra la clase obrera (VI) CONTENIDO Y FORMAS DE LA LUCHA OBRERA EN EL CAPITALISMO DECADENTE | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [738] ; La Intervención de los revolucionarios frente a los sindicatos (VII) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [739]
3 Comentarios encontrados en las redes sociales de un sindicato de base de Vigo, la PTM, que en realidad trata de recuperar este descontento hacia un “sindicalismo renovado”. Plataforma traballadores do metal de Pontevedra | Facebook
4 Huelga del metal en Vigo. Para vencer los proletarios deben aprender de sus derrotas | Le prolétaire (pcint.org/) [1194]
5 Italia. La represión burguesa se abate sobre los militantes del sindicalismo de base (…) | Le prolétaire (pcint.org/) [1195]
6 Por posiciones izquierdistas queremos decir las de aquellas corrientes integradas en el Estado burgués apoyando “de forma crítica” a los partidos de izquierdas de la burguesía (partidos “socialistas” y “comunistas” estalinistas), así como a los sindicatos. Estas expresiones del capitalismo decadente, como el trotskismo, el maoísmo o la mayoría del anarquismo tienden a ocupar un lugar “extremista” y extraparlamentario en el Estado, y su función histórica es controlar con ideologías radicales a los sectores del proletariado más activos y conscientes.
7 La lucha del proletariado en el capitalismo decadente | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [189]
8 Los sindicatos contra la clase obrera (VI) CONTENIDO Y FORMAS DE LA LUCHA OBRERA EN EL CAPITALISMO DECADENTE | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [738]
9 Los acuerdos de Matignon, que en Francia se presentan como grandes e históricas conquistas obreras, un avance en las condiciones salariales y un ejemplo de negociación y compromiso sindical-patronal, son en realidad un repugnante mito para pretender que el capitalismo podría dar algún futuro a los trabajadores. Ver más en detalle sobre las mentiras de este mito en siguiente artículo (en francés): Les "acquis" de 1936 | Courant Communiste International (internationalism.org) [1196]
10 Undécima manifestación contra la reforma de las pensiones: ¿cómo ganamos en 2006? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1121]
11 Los Sindicatos órganos del Estado capitalista (IV) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [501]
“El ACG, Angry Workers (Trabajadores Furiosos), Plan C y la Communist Workers Organisation (Organización de Trabajadores Comunistas) discutirán las huelgas recientes y futuras en el Reino Unido y en otros lugares. Mucho tiempo para preguntas, respuestas y debates”.
Así anunció el Grupo Comunista Anarquista (ACG) su reunión pública del 12 de mayo de este año. La reunión tenía como objetivo “impulsar la idea de las organizaciones de base contra las maquinaciones de los burócratas sindicales, que obstaculizan y obstruyen las huelgas tanto aquí en el Reino Unido como en el extranjero”1.
El ACG se separó de la Federación Anarquista (AF) hace cinco años por la cuestión de las políticas de identidad, en un intento de poner más énfasis en la auténtica lucha de la clase trabajadora. Adoptó una postura básicamente internacionalista frente a la guerra de Ucrania, aunque con claras debilidades2.
The Angry Workers of the World (AWW, Trabajadores Furiosos del Mundo) es un grupo más “obrerista” que comenzó en el oeste de Londres, muy cercano al medio anarquista en sus ideas y métodos. Un año después del inicio de la guerra de Ucrania, el grupo aún no había formulado una posición colectiva al respecto. Y a pesar de una discusión reciente sobre el derrotismo revolucionario, todavía no defiende una posición claramente internacionalista3.
Plan C es una organización abiertamente izquierdista, incluso sin una ideología particular, tipificándose a sí misma como experimental y no dogmática. El 25 de junio de 2022 celebró una reunión en “solidaridad con la clase obrera ucraniana” (¡y no con la clase obrera rusa!), con oradores y una película sobre anarquistas en Ucrania ayudando a los vecinos y apoyando a los soldados combatientes.
Finalmente, la Communist Workers Organisation (CWO) es una organización del medio revolucionario afiliada a la Tendencia Comunista Internacionalista (TCI) y ha defendido una clara posición internacionalista frente a la guerra.
En octubre de 2022, antes de una reunión del ACG en Londres, la CCI recibió un correo electrónico del grupo que decía: “Si la CCI está pensando en asistir a la reunión pública de esta noche, piénselo de nuevo, ya que hemos decidido que su asistencia podría ser perjudicial”. Respondimos, pidiéndole al ACG una explicación. Pero no recibimos respuesta.
Tan pronto como llegamos a la reunión del ACG el 12 de mayo, fuimos reconocidos como CCI y se nos ordenó salir de la reunión. Protestamos contra esto, recordando al ACG que había sido excluido de la Feria del Libro Anarquista el otoño pasado porque se opone a la guerra en Ucrania. También rechazamos la excusa de que la CCI “habla demasiado”, ya que nuestra práctica es respetar las reglas de la organización anfitriona de la reunión. Nuestras objeciones fueron ignoradas y no tuvimos más remedio que repartir nuestros volantes y exhibir nuestra prensa afuera.
No sabemos qué motivó al ACG a organizar discusiones públicas con un grupo izquierdista como el Plan C, pero si cree que eso fortalecerá su capacidad para defender posiciones proletarias, se equivoca. Muchos ejemplos de la historia del movimiento obrero demuestran que la actividad conjunta entre una organización burguesa y una organización proletaria o en este caso, una organización que busca orientarse en torno a las posiciones proletarias es, en última instancia, siempre en detrimento de esta última.
El ejemplo más claro de esto fue la CNT, que había sido una organización revolucionaria del proletariado e incluso consideró postularse como miembro de la Comintern (Tercera Internacional). Pero a lo largo de la década de 1920 empezó a colaborar cada vez más con las organizaciones políticas burguesas, hasta que en 1936 decidió participar en los gobiernos de la Generalitat Catalana y de la República de Madrid. Este giro no fue casual, ya que durante la Segunda Guerra Mundial la CNT en Francia, atenazada por el antifascismo, combatió en los ejércitos oficiales de la ‘Liberación’ contra la ocupación alemana. La CNT se había convertido definitivamente en una organización burguesa4.
Y hoy, el ACG está muy feliz de reunirse con aquellos que se han mostrado incapaces de tomar una posición internacionalista clara y colectivamente consensuada, como el AWW, y, más grave aún, con un grupo como el Plan C, que ha demostrado estar en el campo de la burguesía.
Y al mismo tiempo el ACG excluye de su reunión a una organización que, como ellos, defiende el internacionalismo proletario y la perspectiva del comunismo. ¿Cómo explica el ACG esta inconsistencia?
Otra inconsistencia del ACG es el hecho de que formula públicamente un punto de vista sobre la lucha de clases, pero no quiere confrontarlo en un debate público como el de la CCI, aunque su posición sobre esta cuestión está lejos de ser antagónica a la de la CCI, como vemos, por ejemplo, en la siguiente cita de un artículo de ACG: “A medida que más y más trabajadores se ven obligados por necesidad a emprender acciones laborales, se vuelve cada vez más necesario crear nuevas formas de organización. Estas deberían permitir una lucha eficaz y unificada, pasando por alto a los burócratas sindicales y yendo más allá de los sindicatos”5. Como puede ver cualquiera que lea nuestra prensa, esta posición es cercana a la de la CCI, aunque probablemente se defienda con argumentos diferentes. Pero una discusión pública mostraría qué argumentos son los más claros. Entonces, las preguntas son: ¿por qué el ACG evita una confrontación política con la CCI y por qué piensa que un debate sobre la lucha de clases con la CCI es contraproducente para el desarrollo de una perspectiva proletaria?
La CWO es parte del mismo medio de las organizaciones revolucionarias de la Izquierda Comunista que la CCI. Este Medio se basa en ciertos principios que todas las organizaciones deberían respetar. Uno de estos principios es que un ataque a una organización es un ataque a toda la Izquierda Comunista. Por lo tanto, cuando un grupo en este medio es atacado, boicoteado o excluido, todas las organizaciones están bajo ataque y deben reaccionar como un todo unificado. Porque cada ataque a una organización revolucionaria encierra una amenaza para el proceso histórico de construcción del partido.
Por eso, la CCI brindó todo su apoyo cuando el bordiguista Partido Comunista Internacional fue atacado después de haber publicado el folleto Auschwitz o la gran coartada. En 2015 publicó un Comunicado de solidaridad con la TCI [1197] cuando los militantes de esta organización fueron atacados por exmiembros de la sección de la TCI en Italia. Pero ¿Cuál es la respuesta de la CWO en el caso de que se excluya a la CCI de la reunión pública del ACG? La CCI ya había escrito a la CWO el 8 de noviembre del año pasado solicitando su posición sobre este tema, pero nunca recibimos una respuesta.
Cuando los camaradas de la CWO asistieron a una reunión pública de la CCI luego de la prohibición inicial del ACG, les pedimos que tomaran posición sobre el incidente, pero en lugar de hacerlo, los camaradas evitaron la pregunta, explicando por qué pensaban que el ACG había hecho esto, lo que los miembros del ACG les habían dicho al respecto, como si fueran sus apologistas. Pero el ACG puede hablar por sí mismo y la CWO tiene el deber de tomar una posición clara.
El camarada que representó a la CWO en esta reciente reunión del ACG explicó a su llegada que él no sabía que la CCI había sido expulsada de la reunión, tampoco sabía que la CWO fue mencionada en el anuncio de la reunión como uno de los grupos participantes. ¿Se dio cuenta de que estaba participando en un debate con una organización abiertamente izquierdista? La ignorancia es un mal argumento para esconderse, pero mientras tanto, la CCI le había informado sobre su exclusión de la reunión y, sin embargo, no tomó una posición clara.
Está claro, después de que la CWO ha abierto la puerta a grupos parásitos y soplones, como a través del comité de París No War But The Class War (No a la guerra, sí a la guerra de clases)6, ahora abre la puerta a organizaciones que defienden abiertamente las posiciones burguesas, como el Plan C. Pero las organizaciones revolucionarias no pueden entablar una discusión pública sobre la lucha de clases con organizaciones que no defienden una posición internacionalista. Tales organizaciones son esencialmente hostiles a los intereses históricos de la clase obrera. Pero la CWO, queriendo tener las dos cosas, no tiene las agallas para salir abiertamente y decir que está buscando un acercamiento con un grupo izquierdista "no dogmático" como el Plan C, en lugar de expresar su solidaridad o cooperar con la CCI.
En su política de “apertura”, la CWO no quiere que la CCI sea testigo de su “romance” con grupos anarquistas o izquierdistas. Por lo tanto, está dispuesto a barrer bajo la alfombra el principio de solidaridad dentro de la Izquierda Comunista y se niega a condenar la prohibición de la CCI por parte del ACG.
Al final, la CWO ha demostrado que está renunciando al principio de defender a otras organizaciones de la Izquierda Comunista contra los ataques del exterior. “Pero ninguna organización proletaria puede ignorar esta necesidad elemental [de la solidaridad] sin pagar un precio muy alto”7.
CCI, 2023-07-14
1All Out! The Current Strike Wave [1198], (¡Todos a las calles! La ola actual de huelgas, 12 de mayo de 2023).
2Ver nuestro artículo en CCIonline: Los anarquistas y la guerra: entre el internacionalismo y la "defensa de la nación” [1199] | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org)
3Ver nuestro artículo en CCIonline: AWW and Ukraine war: There is no middle ground between internationalism and “national defence” [1200](AWW y la guerra de Ucrania: No hay término medio entre el internacionalismo y la “defensa nacional”).
4Véase: Historia del movimiento obrero - La contribución de la CNT a la instauración de la República española (1923-31) [313] | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org), Revista Internacional núm. 131).
5Oil rig workers strike [1201] (Huelga de trabajadores de plataformas petroleras), 9 de junio de 2023.
6A committee that leads its participants into a dead end [1202] (Un comité que lleva a sus participantes a un callejón sin salida, World Revolution núm. 395
7Las Conferencias internacionales de la Izquierda Comunista (1976-1980): Lecciones de una experiencia para el Medio Proletario [1203] | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) Revista Internacional núm. 122.
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Los últimos meses han confirmado la brutal aceleración en la descomposición del modo de producción capitalista, con la multiplicación de las tragedias que han azotado al mundo, particularmente a raíz de la guerra en Ucrania. La destrucción en curso, como la de la presa Kakhovka, y las acciones del grupo Wagner en Rusia1, a medio camino entre la rebelión y el golpe fallido, están alimentando una mayor desestabilización y caos.
Ahora al borde de la implosión, a pesar del "regreso a la calma" en Rostov y Moscú luego de negociaciones surrealistas, la camarilla de Putin se ha debilitado severamente. A largo plazo, otros señores de la guerra se sumarán a la preocupante inestabilidad de Rusia como potencia nuclear, sembrando el caos más allá de las fronteras de Europa y, a término, posiblemente conduciendo a la desintegración de la propia Federación Rusa. Tras el colapso de la URSS en 1990, esta es una nueva fase en el proceso de arrastrar al proletariado de Rusia a enfrentamientos mortales. Este último episodio desastroso destaca más claramente los crecientes peligros que plantea para el mundo la dinámica mortal del capitalismo en descomposición. Una dinámica destructiva que sigue creciendo.
La guerra en Ucrania está alimentando otros eventos dramáticos a escala global:
- Este conflicto está acelerando el empobrecimiento masivo del proletariado, incluso en los países más ricos, que están financiando la guerra y el armamento que llega a Ucrania. El acceso a los alimentos, la calefacción y una vivienda digna se ha vuelto cada vez más difícil para una proporción cada vez mayor de la clase trabajadora, en particular para los más precarios.
- La guerra es también uno de los factores que agravan considerablemente la degradación ambiental, directamente a través de la destrucción a gran escala (la presa de Kakhovka, explosiones en depósitos de armas y fábricas, etc.), e indirectamente a través de la creciente reticencia de los gobiernos involucrados en esta guerra a tomar la más mínima acción contra el cambio climático, que está poniendo en peligro sus economías en hemorragia, derivado de la creciente necesidad de armamento.
La destrucción a gran escala, la pérdida de vidas humanas en los campos de batalla y el terror de las poblaciones abandonadas a su suerte ya sea en zonas de conflicto o en 'zonas de paz', se están arraigando cada vez más. El número de refugiados que huyen de zonas de conflicto o de zonas que simplemente se han vuelto inhabitables está alcanzando cifras récord. Las personas se están transformando en espectros vivientes que languidecen en campamentos inhumanos, presa de las redes mafiosas y la brutalidad de los gobiernos. Otros chocan con paredes de alambre de púas o se ahogan por miles en aguas de todo el mundo. Con la creciente bunkerización de las fronteras "democráticas", los cadáveres siguen apareciendo o desapareciendo en el abismo.
Mientras las pandemias continúan amenazando y los gobiernos están demostrando ser cada vez menos capaces de hacer frente a un número cada vez mayor de desastres, las sequías sin precedentes de la primavera ahora están dando paso a monstruosos incendios, como en Canadá, donde Montreal se ha convertido en la ciudad más contaminada del mundo. En otras partes del mundo, inundaciones catastróficas han afectado recientemente a Nepal y Chile. Las temperaturas récord ya están exponiendo a las poblaciones a un golpe de calor mortal (como en Asia y América Latina). Con los ciclones y las tormentas acumulándose al sur de los Estados Unidos, el período de verano se augura aún peor.
Todos estos males forman parte de una espiral ligada al modo de producción capitalista en bancarrota, parte de una sociedad podrida en la que los productores son empujados a la pobreza y cada vez más expuestos a la muerte, presa de las preocupaciones, pero también, y sobre todo, de la ira legítima.
Esta ira es tanto más profunda cuanto que la crisis económica, amplificada por la inflación, es un poderoso estímulo para el desarrollo de la lucha de clases. Como lo atestiguan los continuos ataques a la clase obrera en todos los países, la crisis económica está preparando el terreno para nuevas respuestas del proletariado. De hecho, el desarrollo de luchas masivas en Gran Bretaña ha iniciado un fenómeno de "ruptura", un profundo cambio de mentalidad y una nueva oleada de combatividad dentro de la clase obrera mundial. Esta dinámica fue confirmada por las luchas en casi todo el mundo y, sobre todo, por las grandes manifestaciones contra la reforma de las pensiones en Francia2. Redescubrir nuestra propia identidad de clase en la lucha, retomar el contacto con nuestros propios métodos de lucha, es solo el primer paso, por frágil que sea.
Mientras continúan las huelgas en el Reino Unido, el final de las manifestaciones en Francia no significa desaliento o sentimiento de derrota. Por el contrario, la ira que aún está presente está alimentando la reflexión entre las minorías de la clase trabajadora sobre cómo continuar esta lucha. Si tenemos que sacar las primeras lecciones hoy, es porque tenemos que preparar las nuevas luchas que vendrán y hacer frente a todos los obstáculos y dificultades que se interponen en el camino, en particular los riesgos de ejercer una violencia estéril, como la del enfrentamiento con las fuerzas del orden, en la que se involucró un sector de la juventud precaria durante los espectaculares disturbios en Francia, y que se oponen radicalmente a los métodos de lucha del proletariado3.
Ante los enormes desafíos globales y la amenaza cada vez más palpable de la destrucción de la humanidad por parte del capitalismo, este necesario primer paso de la clase obrera no es suficiente. El proletariado tendrá que desarrollar su conciencia mucho más allá de lo que pudo producir durante las grandes huelgas de mayo del 68 en Francia y en todo el mundo, mucho más allá de la huelga de masas que pudo emprender en Polonia en 19804.
Las organizaciones revolucionarias juegan un papel esencial en este contexto. Tienen las armas políticas para hacer posible el enriquecimiento de la memoria obrera, para defender la perspectiva revolucionaria y el punto de vista internacionalista en las luchas obreras frente a la propaganda nacionalista y las políticas reaccionarias de la burguesía. Sobre la base de sólidas tradiciones, las de la Izquierda Comunista, las organizaciones revolucionarias tienen la responsabilidad de mantener vivo y transmitir un método, el método del marxismo, para defender los principios de la lucha proletaria.
Frente a la confusión y las dudas, frente a las campañas ideológicas que obstaculizan el desarrollo de la conciencia en la clase obrera, esta lucha heredada de las tradiciones del movimiento obrero debe permitir identificar perspectivas concretas y defender intransigentemente los principios y métodos de lucha de los trabajadores. Empezando por el internacionalismo proletario frente a la guerra de Ucrania y toda la propaganda militarista.
Frente a las insidiosas campañas ideológicas sobre el tema de la "defensa de la democracia", frente a la explotación ideológica de la indignación suscitada por los métodos de Putin y Prigozhin, frente a la explotación ideológica de los recientes disturbios y el despreciable comportamiento de la policía, la vigilancia y la lucha por la conciencia de clase del proletariado deben transitar por un camino difícil. Pero no hay otro camino a seguir. Las futuras luchas del proletariado deben, por tanto, politizarse paulatinamente para asumir, de manera clara, unida y consciente, la meta de la revolución mundial: una revolución destinada a derrocar al capitalismo y establecer una sociedad sin clases ni guerras.
WH, 8 de julio
1 Rusia: La rebelión del Grupo Wagner es un nuevo paso en la inestabilidad y el caos | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1205]
2 Balance del movimiento contra la reforma de las pensiones: ¡la lucha está por delante! | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1168]
3 Frente a la barbarie del Estado burgués, la violencia ciega es un callejón sin salida | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1206]
4 Reino Unido, Francia, Alemania, España, México, China... ¡Ir más lejos que en 1968! | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1167]
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La complicada situación en Argentina desde años ha venido golpeando duramente a los trabajadores en muchos aspectos, económica, social y políticamente. Ante la brutal situación de crisis económica la burguesía argentina no solo ha respondido con ataques a los salarios y la profundización de la precariedad de las condiciones de trabajo sino además ha dado cancha libre a todos los aparatos de contención inimaginables (cada cual más lumpenesco) con tal de mantener dispersada y controlada a la clase obrera. Desde sindicatos al por mayor (“oficialistas”, de “oposición”, kishneristas, peronistas, etc) comités, coordinadoras, comunidades originarias, organizaciones sociales hasta los inefables Piqueteros y otras organizaciones de carácter populista e izquierdista, que contribuyen a la confusión y al encuadramiento de los trabajadores y su combatividad, así como a bloquear el desarrollo de su conciencia.
En Argentina, los trabajadores vienen dando muestra de que no todo está perdido y que a pesar del bombardeo ideológico a que los tienen acostumbrados las burguesías de Izquierda y derecha, vienen abriéndose paso en medio de todo, los obreros tratan de zafarse del control y pelear por mejores condiciones de vida como lo han venido haciendo sus hermanos de Gran Bretaña, Francia y España.
Argentina es ya junto a Venezuela, el peor país de la región de América Latina en relación con el impacto de la crisis económica Mundial que se vive en todo el planeta. De ser considerado, hace algunas décadas, un país “modelo”, casi de “primer mundo”, los trabajadores en Argentina han venido presenciando un crecimiento exponencial de la precarización y la miseria. Ello se traduce en la práctica en una galopante inflación (¡150% en 2023 y va para mas!), un crecimiento en negativo, la caída en picada de los ingresos fiscales y del gasto , el creciente desempleo, quiebra de empresas. Casi la mitad de la población (18 millones) no le alcanza para comer y el hambre extrema se ha disparado. A esto sumémosle la precarización de los servicios públicos ( provocó una brutal saturación de hospitales para acoger a los 9 millones de contagiados durante la pandemia) así como los miserables salarios de profesores y trabajadores de salud. Esta crisis económica no es exclusiva de Argentina, no es un “problema argentino”. Todo lo contrario, es parte de la crisis histórica del capitalismo que ha venido creciendo como una ola y azotando a todos los países.
No es tampoco, la crisis, consecuencia de una“mala gestión” de presidentes como nos quieren hacer creer los medios burgueses. Mucho menos una cuestión de la derecha o izquierda porque ambos en el poder y fuera de él, siempre juegan ,como buenos gerentes del Estado, a preservar las ganancias y privilegios de la burguesía a costa de la clase obrera. Por ejemplo, al actual gobierno del peronista-kishnerista –izquierdista de Alberto Fernández (y su madrina Cristina) no le ha temblado la mano respaldar a la burguesía agro-exportadora con el “dólar-Soya” a fin de impulsar las exportaciones y así multiplicar las ganancias de esa fracción de la burguesía mientras con la otra mano firma acuerdos con el FMI, La misma que exige precisamente congelar o poner topes a los salarios y disminuir el gasto público. Mas ataques al salario de cada trabajador y al salario social. Características de los gobiernos izquierdistas que hoy pululan en América Latina desde Lula a Boric, de Ortega a Maduro, todos al servicio de la clase dominante.
También esta la dinámica destructiva del capitalismo sobre el medio ambiente, que también juega su papel en esta crisis que se agudiza en Argentina. El impacto de las sequías han provocado una caída en la producción de Soja y Maíz generando una presión negativa a sus exportaciones y la economía. Podríamos seguir mencionando otros indicadores, situaciones, datos o cifras que se manifiestan en la crisis económica Argentina, pero no es objeto de este artículo.
La burguesía nacional Argentina, junto a la burguesía internacional han empujado a los trabajadores de este país, a vivir cada vez mas en la precarización y la miseria sin limites. La maquinaria electoral ya está en marcha con una variopinta lista de candidatos que la burguesía ofrece a través de las diversas agrupaciones y partidos “oficialistas “ y de “oposición”: el gobiernista Frente de Todos, Frente Patria Grande, Juntos por el Cambio, Coalición Cívica, Unión Cívica Radical, Libertad Avanza, Peronismo Federal. No podía faltar la izquierda del Capital, con los trostkistas a la cabeza: Frente de Izquierda ( Partido de los Trabajadores por el Socialismo, ,Polo Obrero ,MST, Libres del Sur, sindicatos, entre otros) que en última instancia apuestan por el “mal menor” o sea apoyar al peronismo “contra la derecha”. Completan el abanico los partidos y frentes provinciales, que representan los intereses de las burguesías regionales opuestas al “centralismo del gran Bs As”. Sumados todos, se habla de unos… ¡16 aspirantes al sillón presidencial!, muestra de la fuerte fragmentación entre las diversas fracciones de la burguesía argentina que aspiran a la gestión del Estado y de los conflictos que afectan el interior de la propia clase dominante.
Sin embargo eso no significa que todos estos partidos y frentes burgueses no tengan claro contra quién cerraran filas, el enemigo a atacar: el proletariado. EL candidato oficialista, S. Massa dice que “Argentina” debe convertirse en un gran Mall de lo que pide el mundo y que gracias a eso “ los salarios le ganarán a la inflación”. El competidor de derecha, Rodríguez Larraeta, gobernador de Buenos Aires, no quiere quedarse atrás y saca del sombrero la promesa de “0 déficit fiscal, creación de empleo mediante empresas medianas y pequeñas y vivir sin inflación”(sic!). Patricia Bullrich, de Juntos por el Cambio, ofrece “orden” y quitar impuestos a determinados sectores empresariales. Y el libertario Milei pide “menos Estado y que se vayan todos”. Medidas todas ellas que a fin de cuentas significarán para los trabajadores más sacrificios, más ajustes de cinturón, más “unidad de los argentinos”, más precariedad y sueldos de hambre con tal de sacar a flote el capital nacional. Los gobernadores regionales no se han querido quedar atrás y ya se adelantan a sus pares bonaerenses dando el ejemplo de cómo “meter en cintura” a los trabajadores que no acepten esas medidas económicas, imponiendo mano dura contra “huelguistas y parásitos” tal como se ha dado hace pocas semanas con la brutal represión de profesores y obreros de la salud en Jujuy y Salta.
La desestabilización política de la sociedad capitalista que vive todo el mundo se manifiesta cada vez más y de forma permanente. Lo vimos con Trump y el ataque al Congreso en USA; con Bolsonaro en Brasilia; con la caída y ascenso de gobiernos en Gran Bretaña y así un largo etc. Y Argentina no es la excepción, todos están más o menos contaminados por el caos e inestabilidad, con un Estado cada vez más ingobernable y difícil de controlar. Cada vez más el sálvese quien pueda y el cada uno a la suya se impone en el seno de la clase explotadora….
Argentina junto con a Brasil son territorios en Latinoamérica donde existe un proletariado, con una gran tradición de lucha . Argentina también tuvo desde fines del siglo XIX e inicios del XX un movimiento obrero con gran tradición de conciencia y combatividad. Basta recordar las grandes huelgas de 1905 encabezadas por la FORA y la “Semana Trágica” de 1919, muy influenciada por los ecos de la Revolución proletaria en Rusia. Argentina fue como un faro para el movimiento obrero en América Latina. Con un proletariado numeroso, centrado principalmente en la producción agrícola, ganadera e industrial, a partir de los años 30 las brutales dictaduras militares, la contra-revolución mundial y la nefasta influencia y encuadramiento ejercida por los sindicatos adheridos al peronismo hicieron decaer esas luchas. Sin embargo, los trabajadores argentinos fueron influenciados por la reaparición histórica de la clase obrera en 1968 y se desencadenó el celebre “Córdobazo” de 1969. Hoy, pese al creciente dominio de la descomposición social (pandillas, narcotráfico, barras bravas, mafias sindicales…) los trabajadores argentinos no han olvidado esas tradiciones y se han lanzado con gran decisión a la lucha no obstante todos los obstáculos y mecanismos de control-represión que la burguesía pone en su camino los limita.
Al momento de escribir estas líneas hay muchas huelgas de la clase obrera en Argentina. En ese sentido las huelgas de la clase obrera Argentina (a pesar de todas sus debilidades) se inscribe en la serie de luchas de sus hermanos de clase en Gran Bretaña, Francia, Italia, España, luchas desarrolladas recientemente.
Los trabajadores de la salud, los profesores, los estibadores y de transportes son los que han destacado por su combatividad a lo largo de este año. A fines de 2022 médicos y enfermeras de los hospitales tomaron las calles manifestándose contra los sueldos de miseria, la precariedad y contra la demagogia del gobierno peronista-izquierdista de los Fernández. En Mayo de 2023 se lanzan a la huelga los obreros estibadores de Buenos Aires y Puerto del Rosario contra la seguidilla de accidentes laborales y por aumento de sueldos. Los sindicatos agrupados en la FESIMAF corrieron a cercar y evitar la extensión de la huelga a otros puertos.
Ese mismo mes y para no perder protagonismo ante la seguidilla de huelgas y de paso canalizarlas por la vía electoral, toda la izquierda del capital encabezada por los Piqueteros, desarrolló una marcha-procesión en la capital a la que se sumaron el Movimiento de los sin Tierra(MST), Polo Obrero(PO), la Corriente Clasista Combativa, coordinadoras, organizaciones sociales de variopinto pelaje, sindicatos, partidos (con los infaltables vocingleros trotskistas llamando a un frente único electoral para “cerrarle el paso a la derecha”). Como siempre la izquierda enarboló junto a las banderas nacionales albicelestes las imágenes de Eva Perón y del Che.
Como respondiendo a la marcha electorera de Mayo, comienzan las luchas de los profesores primarios y de secundaria. Huelgas estallan en Salta, Jujuy, San Juan, La Rioja, Misiones y el propio Buenos Aires. Este destacamento de la clase obrera se ha distinguido los últimos años por su combatividad y por ello el Estado lo ha infiltrado con una profusión de sindicatos. Destacan el progobiernista CTERA, (adherida a la CGT Peronista) y su competidora ADEMYS (“opositora”) que llamó a su similar rompehuelgas a cortar sus acuerdos con el gobierno y juntos… ¡“realizar un gran paro”!. En Salta la persecución a los huelguistas es particularmente violenta en el marco de la “Ley antipiquetes”. Los sindicatos lanzaban desesperados llamados a levantar la huelga pero los profesores los desoyen frente a lo cual el gobernador regional suelta a los perros de la represión dejando una secuela de heridos y detenidos. La respuesta de ADEMYS con comunicados “condenando” la persecución y una marcha –procesión por Bs.As. pidiendo “salario digno”, “defensa de la escuela pública” y “condiciones dignas de trabajo”.
Mención aparte merece lo sucedido en Jujuy, donde las huelgas de profesores y obreros de salud se desnaturalizan y abandonan el terreno de clase al mezclarse los reclamos salariales con el movimiento reivindicativo de los “pueblos originarios” que se oponen a la explotación minera del litio. Este movimiento indigenista-nacionalista se dedicó a bloquear carreteras en defensa de los derechos burgueses reconocidos en la Constitución para finalmente ser recibidos sus representantes por Fernández en la Casa Rosada y por el Congreso en Buenos Aires. Otro tanto, hicieron los sindicatos en la llamada Intergremial que no fue sino la canalización de la combatividad de los trabajadores del norte argentino por las putrefactas vías del pacifismo y de formas de “lucha” ajenas a la tradición proletaria como cacerolazos, antorchas o festivales artísticos. El carácter burgués de las consignas y expresiones brillo en todo su esplendor, ahogando el carácter proletario de las huelgas, cercenando cualquier tipo de autonomía y arrancando la lucha del terreno de clase.
Finalmente, los trabajadores de los transportes inician la lucha casi en paralelo con los maestros. Sendos paros parciales y totales de obreros y empleados del Metro Subte de Bs As y el Tren de Sarmiento contra las empresas gestionadoras de esos servicios. El 7 de Julio se sumaron los colectiveros y chóferes de ómnibuses paralizando el tráfico en todo el Gran Buenos Aires.
Pese a lo difícil de la situación que a traviesa la clase obrera mundial es el proletariado argentino el que más luchas ha desarrollado en América Latina en lo que va del año 2023. Hemos presenciado huelgas en el sector salud, huelgas del metro, huelgas de maestros, entre otras importantes luchas que han intentado desarrollar los trabajadores… Debemos resaltar que los trabajadores se han lanzado a pelear contra el Estado y los capitalistas ,que no aceptan los ataques al salario ni a sus condiciones de vida. Eso es ya un gran paso.
Pero existen muchas debilidades también, empezando por el fuerte control sindical. Por lo menos, existen 3 o 4 sindicatos por sector.
El papel del sindicalismo es muy activo en argentina por la larga experiencia en la manipulación de los trabajadores. Una de sus más recientes maniobras ha sido unir los trabajadores de los sectores privado y público en eso que llaman la INTERGREMIAL, conglomerado, que aparentando unificar las luchas, evitar desbordes ya que el potencial de los trabajadores está intacto y eso para la burguesía representa siempre un peligro. Para esa sucia labor de sabotaje de la autonomía proletaria qué mejor que los sindicatos. La intergremial es mezclan reivindicaciones salariales con exigencias ciudadanas de naturaleza burguesa o pequeño- burguesa tales como “defensa de la escuela pública” o “no a la privatización”. Aún peor, se convierten en cómplices del papel asistencialista del Estado al exigir mayor presupuesto para las organizaciones de sobrevivencia” o “respeto a los derechos indígenas”, “verdadera democracia” entre otras exigencias descaradamente burguesas. Para coronar su hazaña contra la clase obrera esta Intergremial se ha dedicado a desviar la combatividad de los trabajadores hacia formas de “lucha” ajenas a la tradición proletaria promoviendo paseos de antorcha, plantones y festivales artísticos. Así, vemos cómo los sindicatos neutralizan o sabotean la formación de posibles asambleas de trabajadores, los debates abiertos y planteamientos de las necesidades inmediatas de los obreros y bloquean cualquier apertura a otros sectores como los desempleados, jubilados, estudiantes y otros elementos también de las capas no explotadoras involucrados. Está claro, entonces el nefasto papel que juegan los sindicatos en las luchas obreras y no por causa del manejo de “malos o burócratas dirigentes” como le gusta decir a los trotskistas del PST o de la web “World Socialist”, sino porque el sindicato es una herramienta del Estado burgués en las filas obreras para boicotear las luchas y destruir la autonomía de clase.
El proletariado argentino ha vivido por décadas bajo la influencia del modelo burgués del Estado asistencialista; en particular, de ideologías como el justicialismo, que ha tenido diferentes tendencias a través de los años. Esta situación ha hecho que su potencial combativo, haya estado permanentemente influido por las fuerzas políticas del capital.
Por todo ello, la defensa de la autonomía proletaria y la identidad de clase de los trabajadores debe forjarse en el calor de sus luchas y no es fácil por años de bombardeo ideológico ejercido por los grupos Peronistas, Troskistas y libertarios y otros que han pretendido siempre controlar a los trabajadores y dirigirlos a sus terrenos electorales. El proletariado Argentino esta tratando de generar luchas que se enfrentan a una serie de formulas ideológicas que lo confunde y lo distrae, que lo lleva al terreno de facciones interburguesas y que lo hace abandonar sus intereses y terreno de clase .
Sin embargo, las luchas acontecidas por ser predominantemente contra la precariedad, por mejores salarios se inscriben en el mismo terreno de luchas que vienen desarrollándose en otras partes del mundo. En ese sentido tienen un carácter internacional aunque sus participantes aun no lo reconozcan así. Estas luchas obreras son parte de un eslabón más de las luchas desarrolladas por los trabajadores en Gran Bretaña, Francia, España… Quizá las luchas en argentina no tienen un carácter masivo y unitario de clase como en los países antes mencionados, pero sí es cierto que parten de una misma motivación: la lucha por mejores condiciones de vida de la clase obrera.
La clase obrera Argentina, latinoamericana y mundial debe ver sus luchas como parte de una misma lucha, como una sola a nivel mundial. La clase obrera en Europa está señalando el camino de hoy y del futuro, los trabajadores de esta parte del planeta debemos asumir esos combates como propios, como una sola lucha contra el capitalismo, comprendiendo que la salida no está en las elecciones, nueva constitución ni en los frentes o agrupamientos interclasistas, luchas parciales (derechos de las mujeres o indigenistas) ni tampoco organizándose en sindicatos, menos en partidos de izquierda o derecha, mucho menos en coaliciones ciudadanas... la única salida está en la lucha activa dentro de su terreno de clase, defendiendo con uñas y dientes la autonomía de la clase obrera y promoviendo por todos los medios el desarrollo de la identidad y la conciencia de clase contra la precariedad, la explotación y la miseria que cada vez más le toca sufrir a los trabajadores de Argentina y del mundo entero.
¡Proletarios de todos los países Uníos!
Internacionalismo Perú, 1-08-2023
El pasado mes de mayo, la CCI organizó reuniones públicas en varios países sobre el tema: "Gran Bretaña, Francia, Alemania, España, México, China... ¡Ir más lejos que en 1968!". El objetivo era comprender mejor el significado político, mundial e histórico de estas luchas, las perspectivas que ofrecen, pero también las importantes debilidades que la clase obrera deberá superar para asumir las dimensiones económica y política de su lucha. La participación activa en los debates que tuvieron lugar es una ilustración de la lenta maduración de la conciencia que se está produciendo en profundidad en el seno de la clase obrera mundial, y que es particularmente evidente en las pequeñas minorías, a menudo pertenecientes a una nueva generación. De este modo, éstas están volviendo a conectar gradualmente con la experiencia del movimiento obrero y de la Izquierda Comunista.
Estas reuniones fueron animadas por una clara voluntad de clarificación a través de la confrontación de las diferentes posiciones en juego. Así, frente al análisis defendido por la CCI, se expresaron apoyos, matices, dudas y cuestionamientos, incluso desacuerdos. El propósito de este artículo es dar cuenta de estos con el fin de impulsar la continuación del debate.
A pesar de las dificultades para comprender la complejidad de la situación marcada por el caos creciente del modo de producción capitalista, acompasada por episodios dramáticos y destructivos como la guerra de Ucrania, con la perspectiva de una caída sin fin en la crisis económica, las intervenciones reconocieron en general el hecho esencial de que la clase obrera había vuelto masivamente a la escena, durante el último año, en la lucha contra el deterioro insoportable de sus condiciones de vida. Algunos participantes trazaron un paralelismo entre la situación actual y la de mayo del 681. En 1968, el regreso del desempleo (aunque a un nivel mucho más bajo que el actual) marcó el final del periodo conocido como los “Treinta Años Gloriosos”, y la reaparición de la crisis abierta, un periodo donde desde entonces se ha venido sucediendo el carrusel recesión – recuperación – recesión aún peor... Hoy, la brutal profundización de la crisis económica y el resurgimiento de la inflación son sin duda el principal resorte de la movilización de la clase obrera. Algunos camaradas señalaron que Mayo del 68 y el periodo actual tenían en común la irrupción de movilizaciones masivas de la clase obrera. Un camarada británico señaló que "la mayor diferencia con el 68 es la profundidad de la crisis económica actual".
Otro camarada reconoció que "Mayo del 68 abrió una nueva fase tras la contrarrevolución". En efecto, tras el fracaso de la oleada revolucionaria de 1917-1923 y bajo la placa de plomo estalinista que siguió a la derrota del proletariado mundial, Mayo del 68 inauguró el despertar de la clase obrera a escala internacional. En París, un camarada caracterizaba así las condiciones subjetivas de la lucha de la clase obrera en 1968 y las de hoy: “La referencia a Mayo del 68 es pertinente. Aquel acontecimiento coincidió con la llegada de una nueva generación de la clase obrera que, no había sufrido, como sus padres, el aplastamiento ideológico de la contrarrevolución y, en particular, la placa de plomo de la influencia estalinista. Hoy, ha sido necesaria una nueva generación para salir de la ideología de la ‘muerte del comunismo’”. Fue importante que en Brasil los participantes reconocieran, casi como una “evidencia”, que algo estaba ocurriendo a nivel de la lucha de clases y que era el proletariado de los países centrales del capitalismo, en Europa Occidental, el que estaba a la vanguardia de la movilización de la lucha obrera mundial. En relación con la situación actual, un camarada británico señaló “la importancia de las luchas actuales. Representan la posibilidad de un verdadero renacimiento de la lucha de clases”.
Pero esta misma intervención, como otras en otros lugares, en Brasil en particular, se preocupaba de “las debilidades de la clase obrera”, o de “las maniobras de la burguesía, que tiene el control, especialmente con los sindicatos”.
De hecho, algunas de las intervenciones tendían a querer aplicar la realidad de Mayo del 68 al periodo actual, mientras que otras oponían ambas situaciones. En resumen, todas mostraban una dificultad para comprender, más allá de las analogías y diferencias entre estos dos momentos históricos, lo que significa una "ruptura" en la dinámica de la lucha de clases, en 1968 y hoy respectivamente.
En 1968, el despertar de la clase obrera mundial puso fin a cuarenta años de contrarrevolución, correspondientes a una profunda derrota física e ideológica del proletariado tras el aplastamiento de la oleada revolucionaria de 1917-23. La ruptura de 2022, señalada por la movilización del proletariado en el Reino Unido, puso en movimiento a una clase obrera que no había sufrido una derrota física comparable a la que condujo a la contrarrevolución mundial, pero que, en cambio, había sufrido de lleno las campañas sobre la “muerte del comunismo”, sobre la “desaparición de la clase obrera”, etc.
Durante más de treinta años, la clase obrera mundial, desorientada y habiendo perdido su identidad de clase, se mostró incapaz de movilizarse a la altura de los ataques que estaba sufriendo. Fue necesario este largo periodo de ataques incesantes, profundos y cada vez más insoportables para que la clase obrera renovara su movilización a una escala que no se había visto en décadas (desde 1985 para los trabajadores del Reino Unido); una clara ruptura con la situación que había prevalecido desde 1989. Treinta años durante los cuales, precisamente porque la clase obrera no había sido derrotada, se estaba desarrollando en su seno un proceso de reflexión (la maduración subterránea de la conciencia), que conducía a una creciente pérdida de ilusiones sobre el futuro que el capitalismo nos tenía reservado, y luego la certeza de que la situación sólo podrá empeorar. Fue así como fermentó un profundo sentimiento de cólera, expresado en la actitud de “basta ya” de los huelguistas en Gran Bretaña.
La dinámica de los treinta años anteriores no se comprendía del todo, y el debate dio lugar a diversas interpretaciones erróneas. Así, un camarada de Toulouse, Francia, habló de una “continuidad” en la lucha durante estos treinta años, marcada por victorias y derrotas, en particular la movilización contra el CPE (Contrato del Primer Empleo en Francia 2006), contra la reforma de las pensiones Sarkozy-Fillon (2010) y también el movimiento Indignados (España 2011). Pero precisamente durante este periodo, no hubo tal continuidad (en que las luchas actuales hicieran eco de las luchas pasadas), ya que la clase obrera era incapaz de enlazar, en su memoria colectiva, las luchas pasadas con las pocas experiencias nuevas que estaba viviendo.
Lo mismo ocurre con la idea de “salto cualitativo” utilizada por algunos camaradas, en particular en Brasil, para caracterizar el estallido de las luchas en Gran Bretaña y Francia. Tal concepción que, en general tiende a reducir la conciencia a un simple producto o reflejo de la propia lucha inmediata, resta importancia a todas las demás dimensiones del proceso de toma de conciencia. La idea de “salto cualitativo” puede ser nociva al dejar entender que la clase trabajadora habría superado bruscamente un buen número de sus debilidades.
Por otra parte, las intervenciones en México tendían a diluir la lucha del proletariado llevándola a ámbitos como el de la protección del medio ambiente o el feminismo, lo que ha sido justamente criticado. En efecto, la ideología que las sustenta, favorecida a su vez por la pérdida de identidad de clase, representa una clara amenaza para la lucha autónoma del proletariado, la única capaz de resolver los problemas de la sociedad mediante el derrocamiento del capitalismo.
Si bien los participantes en las reuniones reconocieron la realidad de la masividad de las luchas actuales, hay que decir que, en general, no fueron capaces de tener en cuenta su importancia como elemento fundamental de la ruptura cualitativa. Millones de trabajadores concentrados en algunos países de Europa Occidental que se movilizan, a pesar del coste financiero que supone para ellos, que luchan solidariamente con sus camaradas para rechazar la miseria que el capitalismo quiere imponerles mediante la explotación y la división, eso constituye en sí mismo una victoria considerable.
Algunos camaradas criticaron lo que consideraban una sobrevaloración del movimiento por parte de la CCI. Así, en Gran Bretaña y Francia, por ejemplo, oímos:
- “Creo que la CCI sobrestima la secuencia de la lucha. No entiendo el método de maduración subterránea. Aquí hay una asociación de ideas, eso no es masivo, sólo deberíamos referirnos a minorías activas”.
- “Es cierto que al final de las manifestaciones hubo discusiones, por supuesto, ¡pero no hubo huelgas! Sin la huelga, el movimiento ha languidecido. El problema es que el arma del proletariado es la huelga general.2 En mayo del 68 hubo una huelga general, y ahora no es el caso [...]. No quiero empañar la imagen, pero amplificar la profundidad del movimiento (como lo está haciendo la CCI), no estoy seguro de que ayude”. En este caso, nos parece que se olvida que cuando cientos de miles, incluso millones, de trabajadores en Francia salieron a la calle para manifestarse, ¡estos estaban en huelga!
En varios lugares (en Nantes en Francia, en Brasil...) algunos participantes intentaron atenuar la realidad de la ruptura de la lucha de clases planteada por la CCI con el hecho de que los sindicatos no habían sido cuestionados. Algunos participantes en Nantes rebatieron esta objeción con el siguiente análisis: “Es cierto que los sindicatos no han sido cuestionados, que no ha habido autoorganización, pero el descontento sigue siendo muy fuerte y permanente, aunque no haya una nueva lucha espectacular. Así, que hay que ver de dónde viene la clase, sale de un periodo de treinta años de dificultades. De hecho, no ha habido ninguna derrota política. La clase está reuniendo sus fuerzas para ir más lejos”.
A esto añadimos que en Francia (pero no sólo allí), la burguesía había anticipado la cólera obrera y los sindicatos habían hecho todo lo posible para evitar ser cuestionados por los trabajadores. Ante la necesidad y el deseo de los trabajadores en lucha de unirse por encima de categorías y corporaciones, los sindicatos habían tomado la delantera manteniendo, de principio a fin, un frente sindical unido, lo más amplio posible, supuestamente “ferozmente opuesto” a la reforma de las pensiones.
Mientras que algunas intervenciones buscaron “pruebas” y “hechos” para intentar convencer a los demás o a sí mismos de la realidad de la “ruptura”, otros camaradas intentaron ilustrar el cambio de situación a través de la capacidad de los “sindicatos experimentados” (sobre todo en Francia) para “adherirse al movimiento”, a las “aspiraciones de unidad” utilizando “la trampa de la intersindical”. En la misma línea, estos camaradas destacaron la complicidad de diversas fracciones de la burguesía para aislar los diversos centros de lucha mediante un ocultamiento cuidadosamente calculado: “¿Por qué la burguesía oculta las huelgas en el extranjero? Es para que no se puedan crear lazos, la burguesía conoce muy bien a su enemigo de clase. Este es otro signo de la maduración. Debemos tener una visión global, internacional”. Algunos camaradas subrayaron con razón que no había que centrarse en un elemento aislado, sino que era preferible “ver un conjunto de indicios y saber interpretarlos”, refiriéndose en este sentido a la actitud de Marx, pero también a la de Lenin, que “tenían la capacidad de percibir los cambios en el estado de ánimo del proletariado”.
Cada vez, en un intento de clarificar las cosas, la CCI ha intentado ir más allá defendiendo la idea válida de un “proceso de maduración subterráneo”, de ruptura y no la de un “salto cualitativo”. Sobre todo, la CCI ha insistido en ampliar y presentar los problemas con método, como lo ilustra una de sus intervenciones en París: “Varias intervenciones pusieron de relieve debates que no habíamos visto en años. ¿Qué hacemos con esto? ¿Cómo lo analizamos? ¿Lo situamos en un contexto más amplio y global? En lugar de mirar las cosas con microscopio, tenemos que dar un paso atrás y mirar con telescopio; en otras palabras, adoptar un enfoque histórico e internacional. Estamos en un periodo en el que el capitalismo está llevando a la humanidad a su ruina. La clase obrera tiene el potencial para luchar y entrar en lucha, para ser capaz de hacer una revolución. A escala internacional, durante tres décadas, hemos asistido a un reflujo de las luchas y a un retraso de la conciencia. La clase ha perdido la conciencia de sí misma, su identidad. Pero el verano pasado hubo un gran movimiento en Gran Bretaña, ¡Como no habíamos visto en cuarenta años! ¿Fue sólo en Gran Bretaña? Esto testimonia que algo estaba cambiando profundamente a escala mundial. Es a partir de esto que dijimos que algo estaba cambiando. Vimos la capacidad de lucha frente al agravamiento de la crisis económica. Hemos visto luchas en muchos países. Es en este marco que se inscribe la confirmación de la lucha contra la reforma de las pensiones en Francia. Hemos visto tres meses de lucha y un espíritu combativo. Por otra parte, empezamos a ver eslóganes, una reflexión que no veíamos desde los años 1980s. Hay un sentimiento general de hartazgo, un intento de reapropiarse de la historia. Eso es lo que hay detrás del eslogan ‘tu nous mets 64 on te Mai 68’ (tú nos pones 64 años para el retiro, nosotros ponemos el Mayo del 68) [...]. Hay una tendencia a reapropiarse del pasado, como con el resurgimiento de la experiencia del CPE (lucha contra el Contrato de Primer Empleo) en 20063, sobre la que no habíamos vuelto a saber nada de ella. ¿Cómo explicar que este recuerdo haya resurgido? Hay otros aspectos expresados de forma más minoritaria sobre ¿cómo hacer la revolución? Algunos reflexionan sobre lo que es el comunismo. Hay un esfuerzo de clase. No es sólo la cuestión de: ¿se aprueba o no la reforma de las pensiones? Tenemos que sacar las lecciones. ¿Cómo podemos ir más lejos? ¿Con qué método de lucha? Eso es lo que está en juego”.
Así pues, debemos reconocer, como lección fundamental, la necesidad de tener en cuenta, para nuestros análisis, el contexto internacional e histórico: una aceleración de la descomposición de la sociedad capitalista, su “efecto torbellino” destructor, la gravedad y el peligro de la guerra, y al mismo tiempo la aceleración brutal de la crisis económica, con la inflación como poderoso impulsor para la lucha de clases. También debemos reconocer que, al luchar en su propio terreno de clase, a escala masiva, el proletariado empieza a ganar confianza en su propia fuerza, y va a adquirir una conciencia cada vez mayor de llevar a cabo una misma lucha más allá de las corporaciones y las fronteras4.
Las luchas de hoy son una primera victoria: la de la propia lucha.
WH, 26 de junio de 2023
1 Hay que señalar que la mayoría de estas reuniones tuvieron lugar en una fecha simbólica, la del aniversario de las manifestaciones masivas del 13 de mayo de 1968 en Francia. A este respecto, recomendamos a nuestros lectores nuestro folleto: 1968 y la perspectiva revolucionaria, publicado también en dos partes en los números 133 y 134 de la Revista Internacional. Ver Mayo del 68 y la perspectiva revolucionaria (1a parte) - El movimiento estudiantil en el mundo en los años sesenta | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1208] y Mayo del 68 y la perspectiva revolucionaria (2a parte) - Fin de la contrarrevolución, reanudación histórica del proletariado | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1209]
2 Por falta de tiempo, no pudimos tratar la cuestión de la diferencia entre una “huelga general” y una “huelga de masas”. Pero hemos subrayado nuestro desacuerdo con la equiparación de estos dos términos. La huelga general, si constituye una muestra del descontento en la clase, se refiere sin embargo a la organización (y por tanto al control) de la lucha por parte de los sindicatos. En este sentido, en manos de los sindicatos, también puede constituir un medio de agotar la lucha. A la huelga general, oponemos la huelga de masas, tal como se manifestó magistralmente en Rusia en 1905, dotándose de medios propios para centralizar la lucha, incluyendo tanto reivindicaciones económicas como políticas. Puede leerse el libro clásico de Rosa Luxemburgo Huelga de masas, partido y sindicatos.
3 Sobre esta lucha ver Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [7]
4 De la misma forma que Marx frente a Proudhon dijo que no había que ver en la miseria más que la miseria, en la situación histórica actual de deslizamiento del capitalismo hacia la destrucción de la humanidad no hay que quedarse solamente en eso, hay que ver que hay dos polos: el polo capitalista hacia la destrucción y el polo proletario de la lucha de clases hacia la construcción mundial de una nueva sociedad. Ver Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1067]
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A lo largo de los 5 años del actual gobierno en México, se repite por el aparato de izquierda del capital, que el poder que ejerce López Obrador es el resultado de las luchas del pasado. De esa manera la burguesía presenta a las urnas y a la democracia como procesos que han madurado en México, al grado de permitir “cambios” sociales como el que supuestamente representa el gobierno de la “4ª Transformación”. Y, por otra parte, con el ensanchamiento de los enfrentamientos entre algunos sectores de la burguesía y el gobierno, ayudan a reforzar la idea de que López Obrador y su partido son contrarios a la clase dominante y una alternativa para los explotados. Estos argumentos fomentan una visión mistificada sobre cuál es la razón de que se haya instaurado un gobierno de izquierda y esconden el verdadero significado político que tiene para la burguesía.
Así, el primer aspecto que habrá que analizar es por qué pudo llegar López Obrador al gobierno, si en las tres veces que compitió a la presidencia, hubo fuertes campañas en su contra, presentándolo “como un peligro para México”.
Es común que el ascenso de gobiernos de izquierda al poder se deba a que la burguesía busca detener algún descontento usando el asistencialismo. Los gobiernos de izquierda suelen relevar a los de derecha en el control, pero eso no nos explica el ascenso de AMLO. En 2018, cuando llega al gobierno López Obrador, había indudablemente un descontento social, sobre todo por la violencia y control ejercido por las mafias de la droga, por la desaparición de los estudiantes normalistas ocurrida en 2014 y por la pauperización masiva de la población. No obstante, había un rígido control ideológico y político.
Lo cierto es que ese descontento generaba una sensibilidad entre los explotados que los hizo muy receptivos a las promesas demagógicas, que los atrapó y reanimó su esperanza en las elecciones y la democracia. Pero esta situación, en mayor o menor grado, se venía repitiendo sexenio a sexenio y a pesar de ello la burguesía no había requerido colocar a su facción de izquierda en el gobierno. De forma que fue el avance del proceso de descomposición del sistema lo que permitió el triunfo electoral del partido Morena. Una de las características de la fase de descomposición capitalista es que la burguesía pierde el control político de sus instrumentos de actuación como son los partidos. En el caso de México, hemos visto desde inicios de la década de los noventa, una ruptura interna en todos los partidos burgueses (tanto de derecha como de izquierda).
La competencia política existente entre las diversas facciones de la burguesía es una característica que ha estado presente desde el origen del capitalismo, sin embargo, en la descomposición esta confrontación se vuelve más feroz y desordenada, justamente porque esta fase emerge del “bloqueo momentáneo de la sociedad, a causa de la ‘neutralización’ mutua de sus dos clases fundamentales, lo que impide que cada una de ellas aporte su respuesta decisiva a la crisis abierta de la economía capitalista,1” por tanto, la burguesía avanza sin perspectivas de largo plazo, sin motivos para asegurar alianzas duraderas y con la pérdida de control de su propia estrategia política.
Así, metidos en ese proceso hemos visto la fractura de partidos y la dispersión de las fuerzas del Estado, que se percibe en la aparición de grupos que establecen un “control paralelo”, como es el caso de las mafias de la droga2. La presencia de estas fuerzas políticas y económicas animan a la expansión del caos, en tanto se fusionan de forma desordenada con empresarios y sectores de la burguesía integrada en las instituciones del Estado, llevando a un escenario despiadado, en el que los asesinatos y la escalada creciente de corrupción se convierte en un detonante de mayores y más violentas rupturas que, incluso en algunos casos, se vuelve una traba para el mismo desarrollo de la acumulación capitalista.
En este marco de descomposición, la burguesía se encuentra fracturada, con una profunda grieta atravesando todas las estructuras en las que actúa, incluyendo a todos sus partidos, que además de rotos se encuentran desprestigiados y fue lo que permitió el ascenso de la llamada pomposamente “4T”, intentando ordenar las relaciones de la clase dominante, procurando empujar a su unidad, limitar la corrupción y vitalizar las fuerzas del Estado… Y es ese el camino sobre el que ha intentado caminar el gobierno de AMLO, pero si el gobierno actual surgió marcado por la descomposición, su avance no ha hecho sino sumergirlo más en ella, extendiendo el comportamiento caótico.
Aunque hay momentos en que el gobierno de López Obrador ha logrado cohesionar a la burguesía, solo ha sido de forma temporal. Por esa razón, en un intento de dar confianza al conjunto de la burguesía y al mismo tiempo protegerse, es que les ha otorgado a las fuerzas militares mayor poder de decisión política y de participación económica3. Y aunque López Obrador y su gobierno se han presentado como gestores del capital y han oxigenado al sistema en beneficio de la burguesía al nivel general, la tendencia dominante en la descomposición del “cada uno para sí” se impone, agrietando aún más el tejido social e imposibilitando la unidad burguesa. Precisamente con la preparación del circo electoral estas disputas se revelan más descarnadamente.
En 2018, inmediatamente después del ascenso de AMLO al poder, con la votación más alta de la historia de México (el 63.4% del padrón electoral), y con la que la burguesía remató su campaña democrático electoral de más de un año, denunciamos: “El triunfo electoral de López Obrador es un triunfo de la burguesía…”4 Como lo fue también el que llevó al PAN al gobierno, con Vicente Fox, o el de 2012, con todo y las movilizaciones anti-PRI, que se impulsaron por el movimiento #yosoy132. Es cierto que nunca las elecciones habían logrado tal ánimo como en 2018 y por ello, se evidenciaron como la gran estafa de la burguesía en contra del proletariado, en tanto le hace creer que el sufragio de los “ciudadanos”, decide a quién encumbrar al poder, no solo para que mejore sus condiciones de vida, sino para que cambie la sociedad actual, y en el colmo de la desfachatez, de que su voto vale lo mismo que el de los patrones que los explotan, queriendo encubrir con la demagógica y cínica “igualdad política” de la democracia burguesa, a la realidad de la división de la sociedad en clases. El conjunto de la burguesía maneja el mismo discurso, sin embargo, es su izquierda la que insiste en ese lenguaje progresista, manipulando las emociones para encuadrar a los trabajadores, como lo hacen, en el caso de México el partido Morena y AMLO.
Como en un espectáculo de circo, López Obrador a diario, a través de sus monólogos matutinos, hace malabares verbales para atrapar a los trabajadores en la idea de que el problema de los explotados está en evitar que, mediante el voto, los conservadores y la derecha retornen al poder y echen por tierra los “logros” del gobierno de la llamada 4T. Pero, para los trabajadores es indistinto que asuma el poder un empresario conservador o un progresista de izquierda, porque ambos han de procurar mantener con vida al capitalismo. Basta asomarse a la forma en que se estructuran los grupos de poder económico y político para darse cuenta de que, sea la izquierda o la derecha, tras de sí hay fracciones de la burguesía que compiten por la mayor tajada del pastel. Los votantes solo validan la mascarada electoral de la burguesía pues su Estado por múltiples canales de manipulación (marketing de Tv, radio, internet), y dependiendo de la relación de fuerzas entre sus facciones, logra inducir el voto mayoritario a tal o cual opción. Ese es el “libre albedrío de la ciudadanía” en la democracia.
Ese mecanismo que describimos ha tenido algunos problemas en los últimos años, debido a la tendencia a la pérdida de control del juego político del Estado capitalista causada por el avance de la descomposición, en tanto potencia las pugnas al interior de la burguesía, dificultando la estructuración de un abanico de fuerzas políticas aceptables para que su juego electoral sea eficaz para sus acomodos y reacomodos y, sobre todo, para su función ante los explotados. Por razones de espacio referiremos solo dos ejemplos:
- Por el lado de Morena, a pesar de que se quiso ofrecer la apariencia de un partido unido, lo cierto es que tiene riesgos muy claros de fracturarse, dadas las pugnas que también existen en su seno y de las cuales solo hemos visto pequeñas escaramuzas en los reclamos mutuos sobre el origen del dinero para financiar sus campañas.
- Por su parte, la llamada oposición de derecha: PRI, PAN, PRD, tienen muchas dificultades para estructurarse como opciones viables, debido a que sus cúpulas se aferran a sus feudos, desoyendo a sectores de la burguesía, que llaman a negociar un nuevo reparto de poder entre sus partidos. Hace unas semanas, iniciando el proceso de elección de precandidato, se adelantan, colocando a Xóchitl Gálvez, sin embargo, inmediatamente es impugnada por sectores del PAN y del PRI, considerándola “impropia” para asumir esa candidatura5.
En suma, hay un problema para la burguesía en general puesto que, por el lado de Morena hay “inconvenientes” serios para mantener su aureola de “independientes del poder económico” y, por la derecha, al querer mostrar que su candidata es de origen humilde e indígena y hasta con un pasado izquierdista, acaba ofreciendo una candidata promotora de un discurso similar al de Morena, descuidando su identidad en el abanico electoral que debe cubrir con amplitud los flancos políticos de los votantes.
Lo hemos analizado anteriormente, en general el proletariado todavía es muy sensible a los cantos de sirena de la democracia electoral, pero los trabajadores de países como México, son todavía más receptivos a esta mistificación, debido sobre todo al régimen de partido único que duró décadas.
Para poder clarificar acerca del significado de la democracia burguesa, los trabajadores necesitan recuperar las lecciones que ha dejado el movimiento obrero desde sus inicios. Lenin, expone con claridad que “la república burguesa, aun la más democrática, no es más que una máquina para la opresión de la clase obrera por la burguesía, de la masa de los trabajadores por un puñado de capitalistas.” Por ello, la democracia es la mejor forma de gobierno para la burguesía, pues no solo mantiene el engaño de que los gobiernos son puestos mediante una decisión colectiva, sino que fomenta la pasividad en los explotados esperando que con su voto mejorará su situación.
La burguesía tiene éxito cuando nos mantiene expectantes ante su circo electoral en lugar de que nos cuestionemos sobre cómo luchar ante los ataques a nuestras condiciones de vida y de trabajo y, más allá, por supuesto, para reconectar con la perspectiva de la destrucción del capitalismo mediante la revolución proletaria.
RM, 28-julio-2023
1 “TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo [109]”
2 Las mafias también se fracturaron. Desde el siglo XX la droga ha sido controlada por el Estado a partir del ejército y los jefezuelos de las mafias operaban según los lineamientos dictados desde las esferas del poder político. Al romperse la unidad de la burguesía se dispersan también esas fuerzas recrudeciéndose sus enfrentamientos y, en ese proceso, se fusionan con las facciones instaladas por la alternancia en las instituciones del Estado (incluyendo a todos los partidos). Por eso los grupos mafiosos continuamente asesinan personajes del gobierno que se encontraban asociados a una banda rival.
3 En el gobierno de AMLO, los militares, además de mantener el control de la seguridad (intentando también recuperar el control del “narcotráfico”), han recibido concesiones de construcción y administración de aeropuertos, el manejo de puertos y aduanas, además de proyectos de transporte, turismo e incluso bancos.
4 Votaciones en México: en las elecciones siempre gana la burguesía | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1211]
5 Por razones de espacio, dejamos para otra ocasión lo que sucede con la llamada “ultraderecha” que, cuestionando abiertamente a la “derechita cobarde” del PAN ha estado sugiriendo una posible candidatura independiente auspiciada por la Conferencia Política de Acción Conservadora.
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Ha fallecido nuestro camarada Miguel. Nacido en 1944 desde muy joven se rebeló contra esta sociedad de barbarie y explotación que es el capitalismo. Comprendió la necesidad de luchar por una nueva sociedad, pero al mismo tiempo lo que ocurría en la URSS, presentada como “Patria del Socialismo”, le provocó muchas dudas sobre ese pretendido “comunismo”. En aquella época estaban de moda otras “alternativas”. Una de ellas era la Yugoslavia de Tito, un país “no alineado”1 y que se presentaba como un “socialismo autogestionario”. Emigró allí, estudió y trabajó y pronto se dio cuenta que aquello de socialismo no tenía nada, que era otra de las numerosas variantes del capitalismo de Estado. De esta decepcionante experiencia nació su convicción de que ninguna de las “mecas del socialismo” (Rusia, Yugoslavia, Albania, China, Cuba etc.) eran comunismo ni estaban “en transición hacia él”, todos eran Estados capitalistas donde la explotación reinaba con la misma furia que en los países oficialmente capitalistas.
De vuelta a España trabajó en una empresa muy importante, Standard Eléctrica, fue un obrero consciente y combativo, que participó activamente en las múltiples huelgas que por entonces sacudían España, como parte del renacimiento histórico del proletariado cuya expresión más avanzada fue la gran huelga de mayo 68. Eran tiempos (1972-76) donde la dictadura franquista era incapaz de hacer frente a la enorme oleada de luchas y la burguesía se planteaba la famosa “transición”, pasar de la dictadura franquista a la dictadura democrática, es decir, el Estado Capitalista dejaba como trasto inútil el franquismo y su nacionalcatolicismo y se rodeaba del armamento democrático para mejor enfrentar a la clase obrera: sindicatos “obreros”, elecciones, “libertades” …
Pronto el compañero llegó a una segunda convicción: los sindicatos, tanto el viejo sindicato vertical del franquismo como los “sindicatos obreros” (CCOO, UGT y compañía) eran órganos del Estado burgués, servidores incondicionales del capital, dispuestos a sabotear las huelgas, dividir a los trabajadores, desviarlos hacia callejones sin salida. Miembro de la UGT acabó rompiendo el carné tras intervenir en una asamblea.
También esa época le proporcionó otra experiencia concluyente: afiliado a uno de los numerosos grupos trotskistas (la Liga Comunista) sufrió en sus carnes lo que es el izquierdismo, el encargado con un lenguaje radical obrerista de recoger a los militantes que rompen con el PC o con los sindicatos y buscan una auténtica alternativa proletaria internacionalista. Criticaban a la URSS, pero llamaban a defenderla como “estado obrero degenerado”; se decían “contra la guerra imperialista”, pero apoyaban la guerra en Vietnam y otras guerras imperialistas en nombre de la “liberación nacional”; ; criticaban a los sindicatos, pero llamaban a participar en ellos para “ganarlos para la clase”; criticaban las elecciones, pero llamaban a votar para “conseguir un gobierno obrero PC-PSOE”; hablaban de “democracia en la organización”, pero esta era una cesta de víboras donde las distintas pandillas se disputaban a muerte el control de la misma recurriendo a maniobras, calumnias y todas las bajezas imaginables.
Ni la pesadilla del “socialismo autogestionario” yugoslavo, ni el sabotaje sindical, ni la ratonera del izquierdismo, apartaron al camarada de la búsqueda de posiciones realmente comunistas. En esa búsqueda contactó con la CCI y emprendió una serie de discusiones muy exhaustivas, sacando lecciones de todas las experiencias vividas, decidiendo finalmente incorporarse en 1980.
Desde entonces ha sido un militante fiel a la causa del proletariado, que siempre reflexionaba e intervenía en las reuniones tratando de contribuir a la elaboración común de nuestras posiciones. Siempre estaba totalmente disponible para las actividades de la organización. Obligado por razones de trabajo a cambiar de residencia a nuevas ciudades, su primera preocupación era mantener la actividad militante en todos los planos, tanto la discusión y el análisis, como la intervención en las luchas, la difusión de la prensa etc.
Era sobre todo muy activo en las luchas de la clase, participando como trabajador en numerosas luchas (Telefónica, Standard), también en combates como Delphi, SEAT, reuniones de desempleados etc. No dudaba en intervenir en las asambleas, enfrentando las maniobras sindicales, proponiendo medidas de reforzamiento de la asamblea y de búsqueda de la extensión de la lucha para romper el aislamiento. Del mismo modo, acudía a reuniones donde pudieran darse discusiones de interés para la clarificación revolucionaria donde no dudaba en intervenir de forma clara y valiente defendiendo las posiciones de la CCI.
También realizó una gran contribución en la difusión de la prensa. Repartía con regularidad nuestras publicaciones en librerías, bibliotecas, buscaba sin descanso nuevos centros de difusión. En manifestaciones, asambleas, concentraciones etc., era el primero en difundir la prensa de la CCI con entusiasmo y una perseverancia realmente ejemplar.
Siempre estaba disponible para las actividades de la organización y llevó una entusiasta labor de recopilación de prensa y libros revolucionarios, pero también de todos los temas de interés para la lucha revolucionaria de la clase obrera. La biblioteca que logró reunir es un tesoro para la transmisión de las tradiciones y posiciones de las organizaciones comunistas.
Ha seguido siendo militante hasta el último minuto. Aquejado de una dolorosa enfermedad, preguntaba a todos los camaradas que le visitábamos cuales habían sido las discusiones, pedía que le leyéramos los textos internacionales de la organización, escuchaba ávido todo lo que le exponíamos. Era, sencillamente, UN MILITANTE COMUNISTA DEL PROLETARIADO. Con mucho dolor escribimos estas líneas, pero lo hacemos decididos y animados por su militancia, dispuestos a seguir luchando y por ganar a jóvenes que, actualmente, se estarán confrontando a las trampas que tuvo que superar y buscaran las respuestas que él encontró y que motivaron toda su vida.
Corriente Comunista Internacional 27-9-23
1 En aquella época existía el llamado “movimiento de no alineados” países que se decían al margen de los dos bloques imperialistas que dominaban el mundo: USA y URSS. Uno de los promotores era Tito presidente yugoslavo que fue una de las estrellas de la famosa conferencia de Bandung de 1955.
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Catorce días de acción contra la reforma de las pensiones, millones de personas en las calles. Al igual que sus hermanos de clase en el Reino Unido, Alemania y España, el proletariado en Francia ha gritado “ya basta”, negándose claramente a someterse pasivamente a los ataques de la burguesía1. Poco a poco, los obreros empezaron a reconocerse como una clase en lucha, cuya fuerza residía sobre todo en su capacidad de permanecer unida.
A los ojos de muchos trabajadores, los sindicatos parecían hacerse cargo de estas aspiraciones. Si hacemos caso a la prensa, los sindicatos han estado a la vanguardia de este movimiento, celebrando numerosas jornadas de acción, pareciendo encarnar la solidaridad durante las huelgas en las refinerías, en el sector del transporte o entre basureros en París, en los piquetes, a través de los fondos de huelga o frente a la represión. El llamamiento de la intersindical a movilizaciones masivas, incluso los sábados para permitir la participación de todos, pareció dar cuerpo al deseo expresado semana tras semana en las filas de los manifestantes: hay que luchar todos juntos.
Ante el auge del espíritu de lucha y el deseo de solidaridad de todos los sectores y generaciones, los sindicatos han convocado a una “huelga general”: “La coalición intersindical hace un llamamiento para que el 7 de marzo sea un día de "Francia paralizada.” “Una jornada de huelga general que debe permitir a toda la población secundar la movilización”. “Paralizar Francia”, seguimos oyendo decir a los sindicatos. ¿Cómo? Bloqueando los llamados “sectores estratégicos”, ¡por supuesto! De hecho, ya en febrero, los sindicatos convocaron toda una serie de bloqueos y huelgas renovables en la RATP2, las compañías aéreas, la SNCF3, los puertos, los basureros, las refinerías, etcétera.
Pero impulsaron la renovación de huelgas muy localizadas, cuidándose mucho de no favorecer su extensión: sin vínculos reales, sin delegaciones en otras empresas, sin verdaderas asambleas generales, huelguistas aislados de los demás trabajadores, en huelgas poco concurridas, protegiendo sus piquetes de los CRS4. A mediados de marzo, por ejemplo, la CGT5 impuso una huelga renovable a los recolectores de basura de París, exponiéndolos a la represión policial, supuestamente para “meter en problemas a los burgueses” ... antes de suspender el movimiento por falta de huelguistas (6% de los asalariados). Además, los sindicatos de las empresas nunca han dejado de colocar por delante reivindicaciones muy sectoriales, como si las cuestiones salariales, de la inflación, de las cadencias de trabajo y las mismas pensiones fueran específicas a cada sector.
No es la primera vez que los sindicatos plantean huelgas por delegaciones en sectores llamados “estratégicos”, empujando a trabajadores a menudo muy combativos y que pueden pesar en la balanza de la lucha, a movilizarse en huelgas desgastantes y corporativistas. En 2018, la CGT envió a los ferroviarios por su cuenta, solos, con “huelgas intermitentes”. También había sido la punta de lanza del “bloqueo de la economía” en 2015, centrándose en el sector de las refinerías. Fueron aparentes “grandes éxitos”, pero no bloquearon nada, ¡solo dividieron a la clase obrera! En cada ocasión, sin embargo, se llamaba a los trabajadores a la “solidaridad” ... pero una solidaridad platónica que consistía en engrosar los fondos de huelga que los sindicatos se apresuraban a pagar sólo a sus afiliados.
Pero esta vez, la trampa no funcionó según las expectativas de la burguesía. Las huelgas sindicales fueron a menudo minoritarias: no hubo colas interminables en las gasolineras, ni usuarios del transporte “hartos” sino comprensivos, ni huelgas corporatistas perdidas de antemano. La clase obrera, a pesar de sus debilidades, no ha caído en la trampa de las huelgas largas, en las que cada uno está por su cuenta. Las huelgas por delegación no se han puesto realmente de moda.
El primer día de acción, el 19 de enero de 2023, casi dos millones de trabajadores salieron a la calle, una movilización mucho más fuerte de lo esperado, expresando un sentimiento de rabia e injusticia, pero también de solidaridad y alegría por estar juntos. En los desfiles se palpaba el entusiasmo de reencontrarse, semana tras semana, en manifestaciones multitudinarias. Los sindicatos y los partidos de izquierda repetían una y otra vez que el número de manifestantes por sí solo era capaz de imponer una relación de fuerzas, de “presionar” unas veces al gobierno, otras al Parlamento. Pero a pesar de estas movilizaciones históricas, el gobierno no ha dado marcha atrás.
¿Por qué? Porque el número de manifestantes, sin que la propia clase obrera tome realmente las riendas de la lucha, no tiene ninguna posibilidad, por sí solo, de crear una verdadera relación de fuerzas. El carácter masivo de la lucha en Francia fue un paso muy importante en el retorno del espíritu de lucha del proletariado en todo el mundo. Pero, aunque es esencial reunirse en masa y sentir la fuerza colectiva de nuestra clase, ¡no basta con millones!
Durante el movimiento contra el CPE (Contrato de Primer Empleo) en 2006, había muchos menos estudiantes y jóvenes con contratos precarios, pero fueron capaces de ponerse a la cabeza de la lucha, a través de asambleas generales soberanas, y empezaban a extender el movimiento a trabajadores y pensionados. En resumen, la clase obrera empezaba a luchar con sus propias armas: las de su unidad. Fue esto, en su momento, lo que asustó al gobierno de Villepin haciéndole dar marcha atrás.
Incluso hoy, la burguesía ha hecho todo lo posible para impedir que los trabajadores tomen en sus manos la solidaridad y la extensión de la lucha. Centrándose casi exclusivamente en el número de manifestantes, convocando, desde hace varias semanas, jornadas de acción masivas, sin discusión, sin verdaderas asambleas abiertas a todos, los sindicatos se han limitado a ceñirse a las aspiraciones expresadas en el seno de nuestra clase, a la necesidad de unidad y solidaridad... ¡para desvirtuar y dispersar mejor las fuerzas!
Así que, en nombre de la “solidaridad con todos los que no tienen medios para hacer huelga y movilizarse durante la semana”, se organizaron unos días de acción los sábados. Los sindicatos alegaron que seríamos más, sin coste alguno para nosotros, con la presencia de familias y niños. Pero ¡así no se conseguía la expansión que necesitábamos! La solidaridad que necesitamos no se limita a nuestras familias o a nuestros amigos. ¡Debe extenderse a nuestra clase! A otros trabajadores susceptibles de unirse a nosotros en la lucha, ¡con los cuales discutir, debatir y decidir colectivamente! No hay nada tan favorable a la burguesía como las movilizaciones sindicales del sábado, con su misma lógica de división y dilución, cada uno detrás de su propia pancarta, ¡sin discusión ni decisión colectiva al final de la manifestación!
Sin embargo, la movilización continuó semana tras semana, para asombro de todos los implicados gubernamentales y sindicales. La intersindical tuvo que espaciar progresivamente los días de acción, pasando de unos pocos días al inicio del movimiento a más de un mes entre las manifestaciones del 1 de mayo y el 6 de junio, en un intento de desgastar y desanimar a los manifestantes. El resultado fue un jarro de agua fría: “Estoy enfadado con la estrategia intersindical... ¿Por qué, después de un 1° de mayo histórico, esperar tanto para movilizarse? Ha sido un error” (un sindicalista de Force Ouvriére en Rennes). “La intersindical debería haber sido más reivindicativa y combativa” (un huelguista de París del Institut National de Statistique et des Etudes Economiques). A pesar del enorme espíritu de lucha y de las movilizaciones siempre masivas, la ausencia de vínculos reales en el seno de las asambleas generales, de posibilidades de poner a prueba concretamente nuestra solidaridad entre cada manifestación acabó por agotar la lucha y destilar un sentimiento creciente de impotencia.
Ante el creciente escepticismo sobre los paseos sindicales, la burguesía pudo contar con la izquierda y los sindicatos para desviar al proletariado hacia el terreno podrido del apoyo a las instituciones burguesas.
Desde el principio, el objetivo de reducir la creación de una relación de fuerzas al número de manifestantes era desviar a la clase obrera de sus métodos de lucha, reducirla a la impotencia polarizando la atención en el terreno del juego democrático burgués: ¡presionando supuestamente para apoyar la “lucha parlamentaria”! Aunque el proletariado se hacía pocas ilusiones sobre las “instituciones republicanas”, no por ello estaba menos perturbado por esta cortina de humo ideológica.
Todo el alboroto en torno al 49.3 no tenía otro objetivo. Con el “grito de rabia” del 16 de marzo contra la “negación de la democracia” de Macron, cuidadosamente organizado por los partidos de izquierda en torno al Palais Bourbon, se nos ofreció como distracción una nueva movilización democrática. Esta mascarada fue el punto de partida de una explosión de cólera totalmente estéril y minoritaria. El Estado no dudó en reprimir violentamente estas manifestaciones “salvajes” durante varias noches, con el silencio cómplice de la intersindical, que aprovechó la ocasión para intentar devolver algo de credibilidad a sus paseos semanales.
La burguesía también utilizó la concentración en la votación del 8 de junio de la oposición en el Parlamento, que todo el mundo sabía que era una conclusión inevitable, para canalizar la ira. Después del 1 de mayo, se suponía que todo se reduciría a esta única fecha. Un mes de tregua, sin concentraciones para “hacernos oír por los diputados”. En cambio, fue un mes de “cacerolazos”, cortes de electricidad y movilizaciones puntuales localizadas para “poner en problemas” al presidente Macron y su camarilla. El énfasis en la “visibilidad” inherente a la mistificación democrática, al igual que la presión que supuestamente debía ejercer sobre el parlamento y el gobierno, sirvió, en realidad, para desviar la atención de las verdaderas armas del proletariado.
Los sindicatos no son en absoluto organizaciones “demasiado blandas” para la lucha, obstaculizadas por “direcciones traidoras” o multiplicadoras de errores e indecisiones en la acción. Son claramente órganos del Estado que, por su propia naturaleza, por sus acciones de maniobra contra la clase obrera, se han convertido en sus enemigos. En el siglo XIX, la forma sindical de lucha era un arma del proletariado, pero desde principios del siglo XX, ya no corresponde a las necesidades de la lucha. Desde que el capitalismo entró en su periodo de decadencia, los sindicatos se han integrado plenamente en el aparato estatal de la burguesía, con el papel de sabotear las luchas y tratar de mantener a la clase obrera, impotente y desesperada6.
Por eso, en el movimiento que acaba de terminar, los sindicatos trabajaron sistemáticamente para esterilizar la lucha y obstaculizar la marcha de la clase obrera. Frente al retorno del espíritu de lucha del proletariado a escala internacional, ¡seguirán trabajando para sabotear las luchas!
Stopio, 23 de junio de 2023
1 Ver el volante distribuido por la CCI durante la jornada de acción del 6 de junio: Reino Unido, Francia, Alemania, España, México, China... ¡Ir más lejos que en 1968! | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1167]
2 Régie Autonome des Transports Parisiens: Administración Autónoma de Transportes Parisinos
3 Société Nationale des Chemins de Fer Francais: Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses
4 Compagnies Republicaines de Sécurité: Compañías Republicanas de Seguridad, fuerza especializada en la represión de huelgas y manifestaciones
5 Confédération Générale du Travail: Confederación General del Trabajo, sindicato mayoritario junto con la CFDT, Confederación Francesa Democrática de Trabajadores
6 Ver nuestra Serie sobre los sindicatos: Los sindicatos contra la clase obrera (I) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [383]; Los sindicatos contra la clase obrera en la decadencia capitalista (II) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [384] ;Los sindicatos en el periodo ascendente del capitalismo (III) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [399]; Los Sindicatos órganos del Estado capitalista (IV) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [501] ; Los sindicatos contra la clase obrera (V): la táctica de los izquierdistas para hacerlos tragar a los trabajadores | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [553]; Los sindicatos contra la clase obrera (VI) CONTENIDO Y FORMAS DE LA LUCHA OBRERA EN EL CAPITALISMO DECADENTE | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [738] y La Intervención de los revolucionarios frente a los sindicatos (VII) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [739]
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Tras más de 30 años de casi completo silencio, los trabajadores en Gran Bretaña volvieron a la lucha desde el verano de 2022 seguidos de los de otros países de Europa occidental, lo que indicó una ruptura, un cambio en la dinámica de la clase trabajadora a escala internacional. Esto demuestra que el proletariado no ha sido derrotado como clase histórica, y que empieza a avanzar nuevamente para luchar contra la miseria que se desarrolla cada día más, contra las condiciones inhumanas en que sobreviven todos los explotados del mundo.
La clase trabajadora en Estados Unidos también está sometida a peores condiciones de vida y trabajo con aumentos en las cargas laborales y la disminución de su poder adquisitivo.
Ante la agravación de sus condiciones de trabajo y de vida, el proletariado en Estados Unidos también ha estado mostrando que no está dispuesto a soportar sobre sus espaldas una mayor carga impuesta por la crisis económica. Ya en 2021 se han producido un gran número de luchas en lo que se llamó striketober (de “strike”, huelga y “october”)1; se documentaron 346 huelgas concernientes a trabajadores de diversos sectores especialmente de la salud en demanda de aumento de salarios y mejores condiciones laborales. En octubre ya eran alrededor de 4.3 millones de obreros movilizados. Estas luchas continuaron en 2022, en paralelo con la reanudación de las luchas en Europa: se registraron 385 huelgas y éstas siguieron aumentando, concentrándose nuevamente en octubre, a un mes de las elecciones de mitad de mandato.
Algunas de las huelgas más importantes en 2022 fueron en el sector salud, con peticiones comunes contra una mayor explotación: aumento salarial, mejores prestaciones y aumento del número de personal (un sólo trabajador atiende lo que antes atendían de 8 a 12 trabajadores, obligados a cubrir horas extras), denunciando las peligrosas condiciones para los pacientes y personal, debido particularmente a la pandemia. Sólo como ejemplo, más de 55,000 trabajadores en servicios sociales de Los Ángeles, votaron a favor de la huelga el 6 de mayo y 15,000 enfermeras de Minnesota y Wisconsin del 12 al 15 de septiembre, realizaron la que se considera la huelga más grande de enfermeras del sector privado.
Las movilizaciones de protesta continuaron en este sector con demandas similares en enero de 2023 protagonizadas por más de 17,000 enfermeros, de los cuales 7,000 de los hospitales de Manhattan y el Bronx de Nueva York se fueron a huelga al rechazar el aumento ofrecido por los patrones que no consideran que, como se leía en sus pancartas: “los trabajadores están exhaustos y agotados”. El hecho que los sindicatos hayan impedido que los enfermeros de los otros hospitales los apoyaran debilitó la huelga del 9 al 12 de enero, por lo que al final tuvieron que aceptar el mismo aumento concedido en los otros hospitales, que no estaba a la altura de sus peticiones.
Muy importante fue el emplazamiento de una huelga en los ferrocarriles ya que amenazó con extenderse en todo el país afectando gravemente las cadenas de producción y la economía nacional a menos de dos meses de las elecciones de mitad de período. Más de 115,000 trabajadores ferroviarios de diversas empresas convocaron a la huelga el 16 de septiembre de 2022.
Las malas condiciones de trabajo en este sector han empeorado porque los principales ferrocarriles redujeron casi un tercio de su plantilla; unos 45,000 trabajadores fueron despedidos en los últimos seis años. También han recortado agresivamente los costos con menos trenes, pero más largos y disminuyendo también el número de trabajadores a bordo; especialmente los maquinistas y conductores trabajan hasta 24 horas continuas y apenas pueden tomarse tiempo libre por las estrictas normas de horarios de trabajo, que también les impiden acudir a citas médicas o faltar por problemas familiares porque sus salarios sufrirían recortes sustanciales. El descarrilamiento del tren en Ohio, el 3 de febrero, que provocó la quema de grandes cantidades de cloruro de vinilo, un elemento altamente tóxico y cancerígeno, poniendo en riesgo a millares de personas y la vida de los ferrocarrileros, muestra la asesina irresponsabilidad de las compañías ferrocarrileras que para obtener mayores ganancias aumentan la longitud y carga de los trenes.
La amenaza de huelga se produjo tras 3 años de conflicto y cuando las empresas están obteniendo ganancias récord a costa de imponer condiciones laborales que impulsan las renuncias de los trabajadores2. Los sindicatos secundaron a la Casa Blanca cuando ésta propuso que “estas tensiones deben resolverse sin poner en peligro la economía ni socavar el apoyo de los demócratas entre los trabajadores”. El presidente Biden ya había evitado la huelga en julio, al imponer un “período de reflexión”, que expiró el 9 de septiembre sin que los trabajadores cambiaran de posición. Por ello, en las negociaciones del 15 de septiembre, nuevamente intervino Biden formando una “Junta Presidencial de Emergencia” y chantajeó a los trabajadores para llegar a un acuerdo y evitando el supuesto daño que una huelga infligiría a todos. Con esto, los sindicatos lograron atrasar el estallido de la huelga dando tiempo a que la Cámara de Representantes y el Senado de EE. UU., demócratas y republicanos unidos, promulgaran una ley en dos días, firmada el 30 de noviembre, para evitar la paralización de la red de ferrocarriles por la huelga. Es decir, no sólo fue la intervención del demócrata Biden, sino sobre todo las acciones de sabotaje de la lucha y de sometimiento de los trabajadores por los sindicatos, lo que logró que las terribles condiciones de vida y trabajo de los ferrocarrileros continúen empeorando.
Es necesario sacar las lecciones de estas luchas y de las pasadas para aplicarlas en otras movilizaciones ya que el descontento sigue en aumento en diferentes sectores como en el de los trabajadores de la educación. El 14 de noviembre de 2022, cerca de 48,000 profesores iniciaron la que ha sido llamada “la huelga académica más grande de Estados Unidos” parando sus actividades durante cinco semanas para exigir un incremento de salarios y mejora de condiciones laborales en la Universidad de California, uno de los centros educativos públicos más importantes de Estados Unidos, que alberga 280,000 estudiantes de todo el mundo. La huelga fue convocada por los profesores ayudantes, los postdoctorales y los investigadores. Los investigadores y los académicos postdoctorales habían llegado a un acuerdo tentativo a principios de diciembre que mejoraba la situación de sus contratos, pero ambos grupos acordaron seguir la huelga hasta que existiera una solución para los profesores ayudantes, el grupo más vulnerable y sobre quienes pesaba la mayor carga laboral. Esta muestra de solidaridad entre trabajadores es una importante lección que los trabajadores de todo el mundo deben retomar.
Algunos meses después, alrededor de 65,000 trabajadores escolares y profesores de escuelas públicas protagonizaron la mayor huelga en Estados Unidos desde 2019. Decenas de miles de trabajadores se unieron a los piquetes y a una manifestación masiva el 21 de marzo de 2023, el primero de tres días de huelga extendida en toda la ciudad de los Ángeles. Los trabajadores que atienden a 420,000 alumnos de educación básica y especial exigían también aumento de salario y de personal para disminuir las cargas de trabajo. La huelga fue iniciada por los trabajadores peor pagados (trabajadores de comedores y oficinas, choferes, conserjes, asistentes de educación especial). Se unieron a ellos miles de profesores, una muestra importante de solidaridad y unidad hacia la cual las luchas deben dirigirse.
En la misma dinámica y por primera vez en 257 años de vida de la Universidad de Rutgers, alrededor de 9,000 trabajadores, que atienden 67,000 estudiantes, entraron en huelga el 10 de abril. Los educadores, investigadores, médicos y estudiantes de posgrado de los campus en New Brunswick, Newark y Camden demandan aumento de salarios, la igualdad salarial para los profesores adjuntos, así como rechazo a los contratos sólo por un semestre. En un mensaje electrónico los trabajadores dicen: “Estamos conmovidos y motivados por la enorme muestra de acción y apoyo de los miembros, estudiantes, compañeros de trabajo y socios en la comunidad. ¡JUNTOS SOMOS FUERTES Y GANAREMOS! Contrato justo ¡Ya! ¡A la huelga!”.
Las huelgas se siguen produciendo. Cerca de 11,500 guionistas de cine y TV, de estudios de Hollywood, comenzaron su primera huelga en 16 años, el 1º de mayo, para exigir aumentos salariales, la creación de un plan de pensiones y seguro de salud. A ellos se suman 160,000 actores que han declarado la huelga el jueves 13 de junio de 2023 que no se movilizaban desde 1980 y además se unen a los guionistas como no sucedía en más de 60 años3. También por aumento salarial y mejores condiciones de trabajo, alrededor de 600 conductores de autobuses del Sistema de Tránsito Metropolitano, iniciaron una huelga y manifestaciones a principios de mayo afectando varias rutas a lo largo del condado de San Diego. El 2 de junio 15,000 trabajadores de 41 hoteles del sur de California y Arizona iniciaron una huelga de 3 días y amenazan con más jornadas de acción para lograr sus demandas. Por otra parte, alrededor de 459,000 trabajadores de UPS (entrega de paquetes) se están preparando para una posible huelga el 1º de agosto.
El proletariado debe avanzar hacia su unidad y el desarrollo de su conciencia que lo pongan en condiciones de plantear la necesidad del derrocamiento del sistema capitalista y la construcción de una comunidad mundial sin fronteras ni otro tipo de divisiones, el comunismo.
La crisis económica seguirá impulsando a los trabajadores de todo el mundo a luchar y en este proceso, como hemos visto en las luchas en EE. UU., los sindicatos son el enemigo inmediato por enfrentar. La combatividad que está mostrando la clase trabajadora en Norteamérica actualmente, nos muestra que avanza reconociendo su condición de clase explotada, pero requiere unificar sus luchas y recuperar las experiencias pasadas y las que se desprenden de las movilizaciones por el proletariado en Europa.
Las recientes luchas en Gran Bretaña y Francia nos han recordado que: “Ser muchos no basta, hay que tomar el control de nuestras luchas con nuestras propias manos”; “Para prepararnos a luchar, debemos, siempre que podamos, reunirnos para debatir y aprender de las luchas pasadas. Es vital plantear los métodos de lucha que han hecho fuerte a la clase obrera y le han permitido, en determinados momentos de su historia, hacer tambalear a la burguesía y a su sistema:
- la búsqueda de apoyo y solidaridad más allá de la “propia” empresa, el “propio” sector de actividad, la “propia” ciudad, la “propia” región, el “propio” país;
- el debate más amplio posible sobre las necesidades de la lucha, sea cual sea la empresa, el sector de actividad o el país;
- la organización autónoma de la lucha, en particular a través de asambleas generales, sin dejar el control a los sindicatos o a cualquier otro órgano de control burgués. ¡La autonomía de la lucha, la unidad y la solidaridad son los elementos indispensables en la preparación de las luchas del mañana!4”. Hay que avanzar hacia la recuperación y puesta en práctica de todas estas lecciones; es la tarea inicial que tenemos en estos momentos para poder oponernos a la continuación de la destrucción capitalista.
Yosjaz, 28/07/2023
1 Luchas obreras en Estados Unidos, Irán, Italia, Corea... ¡Ni la pandemia ni la crisis económica han roto la combatividad del proletariado! | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [729]
2 Cfr. EE. UU.- La huelga ferroviaria convocada en EEUU preocupa al país ante la falta de acuerdos tangibles para desconvocarla (notimerica.com) [1215]
3 https://elpais.com/cultura/2023-07-13/hollywood-se-asoma-al-abismo-los-actores-convocan-a-la-huelga-y-paralizan-la-industria-del-entretenimiento-en-ee-uu.html [1216]
4 Ver volantes internacionales de la CCI ¿Cómo desarrollar un movimiento unido, masivo y solidario? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1071]
La Tendencia Comunista Internacionalista ha publicado recientemente una declaración sobre su experiencia con los comités de No más guerra que la guerra de clases (NWBCW) que lanzaron al comienzo de la guerra en Ucrania1. Para la TCI, "No hay nada como una guerra imperialista para revelar la verdadera base de clase de un marco político, y la invasión de Ucrania ciertamente lo ha hecho", explicando que los estalinistas, trotskistas han demostrado una vez más que pertenecen al campo del capital - ya sea apoyando la independencia de Ucrania, o uniéndose a la propaganda rusa sobre la "desnazificación" de Ucrania, los izquierdistas están llamando abiertamente a la clase obrera a apoyar a uno u otro bando en una guerra capitalista que expresa las rivalidades cada vez más profundas entre los mayores tiburones imperialistas del planeta y, por lo tanto, amenaza con consecuencias catastróficas para toda la humanidad. El TCI también señala que el movimiento anarquista se ha dividido profundamente entre los que llaman a la defensa de Ucrania y los que han mantenido una posición internacionalista de rechazo a ambos bandos. En contraste con esto, el TCI dice que "la izquierda comunista de todo el mundo se ha mantenido sólidamente detrás de los intereses internacionales de la clase obrera y ha denunciado esta guerra por lo que es".
Hasta aquí todo correcto. Pero diferimos profundamente cuando luego argumentan que "Por nuestra parte, la TCI ha llevado la posición internacionalista un paso más allá intentando trabajar con otros internacionalistas que pueden ver los peligros para la clase obrera mundial si no se organiza. Por eso nos hemos sumado a la iniciativa de desarrollar comités a nivel local en todo el mundo para organizar una respuesta a lo que el capitalismo está preparando para los trabajadores de todo el mundo".
Para nosotros, el llamamiento de la TCI a la formación de los comités No más guerra que la guerra de clases es cualquier cosa menos una "etapa más" en el internacionalismo o un paso hacia un reagrupamiento sólido de las fuerzas comunistas internacionalistas. Ya hemos escrito varios artículos explicando nuestro punto de vista al respecto, pero el TCI no ha respondido a ninguno de ellos, una actitud justificada en la declaración del TCI que insiste en que no quieren entrar en "la misma vieja polémica" con quienes creen que han malinterpretado sus posiciones. Pero la tradición de la izquierda comunista, heredada de Marx y Lenin y continuada en las páginas de Bilan, es el reconocimiento de que la polémica entre elementos proletarios es indispensable para cualquier proceso de clarificación política. Y, de hecho, la declaración de la TCI es en realidad una polémica oculta, principalmente con la CCI - Pero por su propia naturaleza, tales polémicas ocultas, que eluden referirse a organizaciones específicas y a sus declaraciones escritas, nunca pueden conducir a una confrontación real y honesta de posiciones.
En su declaración sobre el NWBCW, la TCI afirma que su iniciativa está en continuidad con el planteamiento de la corriente de izquierdas en el proceso iniciado por la conferencia de Zimmerwald de 1915, habiendo hecho ya una afirmación similar en el artículo "El NWBCW y el verdadero Buró Internacional de 1915": "creemos que la iniciativa del NWBCW se ajusta a los principios de la Izquierda de Zimmerwald"2.
Pero la actividad de la Izquierda de Zimmerwald, y sobre todo de Lenin, se caracterizó por una implacable polémica dirigida a una decantación de las fuerzas revolucionarias. Zimmerwald reunió a diferentes tendencias del movimiento obrero en oposición a la guerra, y había divergencias considerables en una serie de cuestiones; la Izquierda era plenamente consciente de que una posición común contra la guerra, expresada en el Manifiesto de Zimmerwald, no era suficiente. Por esta razón, la Izquierda de Zimmerwald no ocultó sus divergencias con las demás corrientes en las conferencias de Zimmerwald y Kienthal, sino que criticó abiertamente a estas corrientes por no ser consecuentes en su lucha contra la guerra imperialista. En y a través de este debate, Lenin y quienes le rodeaban forjaron un núcleo que se convertiría en el embrión de la Internacional Comunista.
Como los lectores pueden ver por la publicación de nuestra correspondencia con la TCI en relación con el llamamiento de la CCI a una declaración conjunta de la izquierda comunista en respuesta a la guerra en Ucrania, la negativa de la TCI a firmar y su promoción de la NWBCW como una especie de proyecto "rival" debilitó gravemente la capacidad de la izquierda comunista para actuar unida en este momento crucial. Echó por tierra la posibilidad de reunir sus fuerzas por primera vez desde la disolución de las conferencias internacionales de la izquierda comunista a principios de los años ochenta. La TCI optó por interrumpir esta correspondencia3.
También hemos publicado un artículo que traza la historia real de NWBCW en el entorno anarquista en la década de 19904. Esto significaba que estos grupos contenían todo tipo de confusiones, pero en nuestra opinión expresaban algo real: la respuesta de una pequeña minoría crítica con las movilizaciones masivas contra las guerras en Oriente Medio y los Balcanes, movilizaciones que se situaban en un terreno claramente izquierdista y pacifista. Por esta razón, nos parecía importante que la izquierda comunista interviniera ante estas formaciones para defender en su seno posiciones internacionalistas claras. Por el contrario, hay muy pocas movilizaciones pacifistas de este tipo en respuesta a la guerra de Ucrania y el entorno anarquista, como ya hemos señalado, está profundamente dividido sobre la cuestión. Por lo tanto, vemos muy poco en los diversos grupos del NWBCW que nos haya hecho cuestionar nuestra conclusión del artículo: "La impresión que tenemos de los grupos de los que sabemos algo es que son principalmente 'duplicados' del TCI o de sus afiliados". En nuestra opinión, esta duplicación revela serios desacuerdos tanto sobre la función y el modo de funcionamiento de la organización política revolucionaria como sobre su relación con las minorías que se sitúan en un terreno proletario y, de hecho, con la clase en su conjunto. Este desacuerdo se remonta a todo el debate sobre los grupos de fábrica y los grupos de lucha, pero no pretendemos desarrollarlo en este artículo5.
Más importante -pero también relacionado con la cuestión de la diferencia entre un producto del movimiento real y las invenciones artificiales de minorías políticas- es la insistencia de nuestro artículo en que la iniciativa del NWBCW se basa en una evaluación errónea de la dinámica de la lucha de clases actual. En las condiciones actuales, no podemos esperar que el movimiento de clase se desarrolle directamente contra la guerra sino contra el impacto de la crisis económica - un análisis que pensamos ha sido ampliamente verificado por el renacimiento internacional de las luchas que fue desencadenado por el movimiento huelguístico en Gran Bretaña en el verano de 2022 y que, con inevitables altibajos, todavía no se ha agotado6. Este movimiento ha sido una respuesta directa a la "crisis del coste de la vida" y, aunque contiene las semillas de un cuestionamiento más profundo y generalizado del callejón sin salida del sistema y de su impulso hacia la guerra, todavía estamos muy lejos de ese punto. La idea de que los comités del NWBCW podrían ser en cierto sentido el punto de partida de una respuesta de clase directa a la guerra sólo puede conducir a una lectura errónea de la dinámica de las luchas actuales. Abre la puerta a una política activista que, a su vez, no podrá distinguirse de las posiciones del "haz algo ya" de la izquierda del capital. La declaración de la TCI insiste en que su iniciativa es ante todo política y que se opone al activismo y al inmediatismo y afirman que la dirección abiertamente activista adoptada por los grupos de la NWBCW en Portland y Roma se basa en un malentendido de la naturaleza real de la iniciativa. Según la declaración, "hubo quienes se apuntaron a la NWBCW sin entender de qué se trataba realmente, o más bien, quienes la vieron como la prolongación de su anterior actividad reformista radical. Esto ocurrió tanto en Portland como en Roma, donde ciertos elementos vieron en la NWBCW algo para movilizar inmediatamente a una clase que aún se estaba recuperando de cuatro décadas de retroceso, y que apenas empezaba a encontrar sus fuerzas en la lucha contra la inflación. Su perspectiva inmediatista y ultra activista sólo condujo a la desaparición de esos comités". Para nosotros, por el contrario, estos grupos locales comprendieron mejor que la TCI que una iniciativa lanzada en ausencia de un movimiento real contra la guerra -incluso entre pequeñas minorías- sólo puede caer en el activismo ciego de crear un movimiento de la nada.
Hemos mencionado que la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista, que publicó Bilan, insistió en la necesidad de un debate público riguroso entre las organizaciones políticas proletarias. Este era un aspecto central de su enfoque principista hacia el reagrupamiento, oponiéndose en particular a los esfuerzos oportunistas de los trotskistas y ex trotskistas de la época por recurrir a fusiones y reagrupamientos que no se basaban en un debate serio en torno a los principios fundamentales. En nuestra opinión, la iniciativa del NWBCW se basa en una especie de lógica "frentista" que sólo puede conducir a alianzas sin principios e incluso destructivas.
La declaración admite que algunos grupos abiertamente izquierdistas se han apropiado del lema "No más guerra que la guerra de clases" para ocultar su apoyo esencial a uno u otro bando en el conflicto. La TCI insiste en que no puede impedir esas operaciones de "falsa bandera". Pero si lees nuestro artículo sobre la reunión inaugural del comité del NWBCW de París7, descubrirá no sólo que una parte considerable de los participantes defendían "acciones" abiertamente izquierdistas bajo la bandera del NWBCW, sino también que un grupo trotskista que defiende el derecho de Ucrania a la autodeterminación, Matière et Révolution, había sido invitado a la reunión. Del mismo modo, el grupo del NWBCW de Roma parece haberse basado en una alianza entre la filial del TCI en Italia (que publica Battaglia Comunista) y un grupo puramente izquierdista8.
Debemos añadir que el presídium de la reunión de París estaba formado por dos elementos que fueron expulsados de la CCI a principios de la década de 2000 por publicar material que expone a nuestros camaradas a la represión estatal, actividad que hemos denunciado como delación. Uno de estos elementos es miembro del Grupo Internacional de la Izquierda Comunista, un grupo que no sólo es una expresión típica del parasitismo político, sino que fue fundado sobre la base de este comportamiento policial y, por tanto, no debería tener cabida dentro del campo comunista internacionalista9. El otro elemento es actualmente el representante de la TCI en Francia. Cuando la TCI se negó a firmar la declaración común, argumentó que su definición de la izquierda comunista era demasiado estrecha, principalmente porque excluía a los grupos definidos por la CCI como parásitos. De hecho, se ha demostrado muy claramente que la TCI prefiere asociarse públicamente con grupos parásitos como la GIGC que con la CCI, y su política actual, a través de los comités NWBCW, no puede tener otro resultado que dar a esos grupos un certificado de respetabilidad y reforzar su esfuerzo de larga data por convertir a la CCI en una paria, precisamente por su defensa de los claros principios de comportamiento que han incumplido repetidamente.
En algunos casos, como en Glasgow, los grupos NWBCW parecen haberse basado en alianzas con grupos anarquistas como el Anarchist Communist Group, que han adoptado posiciones internacionalistas sobre la guerra de Ucrania, pero que están vinculados a grupos que están en un terreno burgués (por ejemplo, Plan C en el Reino Unido). Y recientemente el ACG ha demostrado que prefiere asociarse con tales izquierdistas que discutir con una organización internacionalista como la CCI, a la que excluyó de una reciente reunión en Londres sin provocar ninguna protesta de la CWO10. Esto no significa que no queramos discutir con anarquistas genuinamente internacionalistas, y en el caso de KRAS en Rusia, que tiene un historial probado de oposición a las guerras imperialistas, les pedimos que apoyaran la declaración conjunta de la manera que pudieran11. Pero el asunto del ACG es un ejemplo más de cómo la iniciativa del NWBCW recuerda la política oportunista del Frente Unido, en la que la Internacional Comunista expresó su voluntad de trabajar con los traidores de la socialdemocracia. Se trataba de una táctica que pretendía reforzar la influencia comunista en la clase obrera, pero su resultado real fue acelerar la degeneración de la IC y de sus partidos.
La Izquierda Comunista Italiana lanzó, a principios de los años 20, una dura crítica de esta política oportunista de la IC. Siguió adhiriéndose a la posición original de la IC, que era que los partidos socialdemócratas, al apoyar la guerra imperialista y oponerse activamente a la revolución proletaria, se habían convertido en partidos del capital12.
En su conclusión a la declaración del NWBCW, la TCI afirma que existe un precedente histórico para los comités del NWBCW en el movimiento revolucionario: el llamamiento por un Frente Proletario Unido lanzado por el Partido Comunista Internacionalista (PCInt) en Italia en 1945. Este llamamiento es fundamentalmente internacionalista en su contenido, pero ¿por qué habla de un "Frente Proletario Unido"? ¿Y qué significa la siguiente exigencia? "El momento actual exige la formación de un frente proletario unido, es decir, la unidad de todos los que están contra la guerra, sean fascistas o democráticos. ¡Obreros de todas las formaciones políticas proletarias y no partidistas! Uníos a nuestros trabajadores, discutid los problemas de clase a la luz de los acontecimientos de la guerra y formad juntos en cada fábrica, en cada centro, comités de frente único capaces de devolver la lucha del proletariado a su verdadero terreno de clase".
¿Quiénes eran estas "formaciones proletarias y sin partido"? ¿Se trataba en realidad de un llamamiento a las bases de los antiguos partidos obreros para que emprendieran una actividad política conjunta con los militantes del PCInt?
Sólo un año antes, el PCInt había publicado un "Llamamiento" de su comité de agitación dirigido explícitamente a los comités de agitación del Partido Socialista, del Partido Comunista Estalinista y de otras organizaciones de la izquierda burguesa, llamando a la acción conjunta en las fábricas. Publicamos un artículo al respecto en la Revista Internacional 3213. En la Revista Internacional 34 publicamos una carta del PCInt respondiendo a nuestras críticas al Llamamiento14. En esta carta escribían: "¿Fue de hecho un error? Sí, lo fue; lo admitimos. Fue el último intento de la izquierda italiana de aplicar la táctica del 'frente único en la base' defendida por el PC de Italia en 1921-23 contra la III Internacional. Como tal, lo categorizamos como un 'pecado venial' porque nuestros camaradas lo eliminaron más tarde tanto política como teóricamente con tal claridad que hoy estamos bien armados contra cualquiera en este punto".
A lo que respondimos:
"Si una propuesta de frente único con los carniceros estalinistas y socialdemócratas es sólo un pecado 'menor' ¿qué otra cosa podía haber hecho el PC Int en 1945 para caer en un error realmente grave... unirse al gobierno? Pero BC nos tranquiliza: ha corregido estos errores hace bastante tiempo sin esperar a la CCI y nunca ha tratado de ocultarlos.Posiblemente, pero en 1977, cuando sacamos a relucir en nuestra prensa los errores del PC Int en el periodo de guerra, Battaglia respondió con una carta indignada en la que admitía que había habido errores, pero afirmaba que eran culpa de los camaradas que se fueron en 1952 para fundar el PC Internazionale". Así que, después de todo, el llamamiento de 1944 no fue el último intento de aplicar la táctica del "Frente Unido desde abajo". El llamamiento de 1945 a un "Frente Proletario Unido" demostró que el PCInt no lo había "eliminado tanto política como teóricamente”. Y la táctica del "Frente Único desde abajo" de 1921-23 sigue siendo la inspiración del oportunista "movimiento" de la TCI NWBCW.
Por lo tanto, la TCI tiene razón en un punto sobre No más guerra que la guerra de clases: está en continuidad con el llamamiento oportunista a un "Frente Proletario Unido" por parte del PCint en 1945. Pero no es una continuidad de la que enorgullecerse, ya que esta táctica oscurece activamente la línea de clase que existe entre el internacionalismo de la Izquierda Comunista y el pretendido internacionalismo del izquierdismo, el parasitismo y el pantano anarquista. Además, el NWBCW pretendía ser una alternativa excluyente contra el internacionalismo intransigente de la Declaración Común de la Izquierda Comunista, debilitando así las fuerzas revolucionarias no sólo por el oportunismo de conciliar con el izquierdismo, etc., sino también por el sectarismo hacia otros grupos auténticos de la Izquierda Comunista.
Amos
1 The No War but the Class War Initiative [1218], Revolutionary Perspectives 22
2 https://www.leftcom.org/en/articles/2022-07-22/nwbcw-and-the-real-intern... [1219]
3 Correspondence on the Joint Statement of groups of the Communist Left on the war in Ukraine [1220]
4 Sobre la historia de los grupos "No hay más guerra que la de clases" | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1221]
5 Ver por ejemplo, Reply to the Internationalist Communist Party (Battaglia Comunista) [1222] in International Review 13; La organización del proletariado fuera de los periodos de luchas abiertas (grupos obreros, núcleos, círculos, comités) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [812]; también World Revolution 26, “Factory Groups and ICC intervention”
6 Ver Reino Unido, Francia, Alemania, España, México, China... ¡Ir más lejos que en 1968! | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1167] y sobre la incomprensión de la TCI de la dinámica actual de la lucha de clases Las ambigüedades de la TCI sobre el significado histórico de la ola de huelgas en el Reino Unido | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1223]
7 Un comité que lleva a los participantes a un callejón sin salida | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1186]
8 La declaración contiene un enlace a un artículo de Battaglia Comunista sobre el destino del comité de Roma, Sul Comitato di Roma NWBCW: un'intervista. En él se describe el resultado negativo de una alianza con un grupo llamado Società Incivile ("Sociedad Incivil"). Está escrito de una forma tan oscura que es muy difícil extraer mucho de él, pero si miras la página web de este grupo, son unos izquierdistas redomados, que cantan las alabanzas de los partisanos antifascistas y del estalinista Partido Comunista de Italia. Véase por ejemplo https://www.sitocomunista.it/canti/cantidilotta.html; [1224] https://www.sitocomunista.it/resistence/resistenceindex.html; [1225](https://www.sitocomunista.it/pci/pci.html [1226] https://www.sitocomunista.it/resistence/resistenceindex.html [1227] https://www.sitocomunista.it/pci/pci.html [1226]),
9 Ver El parasitismo político no es un mito: el GIGC es una de sus más peligrosas expresiones | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1228] y Atacar a la CCI: la razón de ser del GIGC | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1156]
10 ACG expulsa a la CCI de sus reuniones públicas, la CWO traiciona la solidaridad entre organizaciones revolucionarias | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1229]
11 Una declaración internacionalista en Rusia contra la guerra de Ucrania | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [908]
12 Es cierto que su crítica de la táctica del Frente Único conservaba una ambigüedad: la idea del "Frente Único desde abajo", basada en el supuesto de que los sindicatos seguían siendo organizaciones proletarias y que era a este nivel donde los trabajadores comunistas y socialdemócratas podían luchar juntos.
13 El Partido Comunista Internacional (Programa Comunista) en sus orígenes, como pretende ser y como es en realidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [808]
14 Battaglia Comunista: Sobre los orígenes del Partido Comunista Internacional | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1230]
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El marxismo y la historia de la Primera Internacional atestiguan la validez del concepto de parasitismo para caracterizar comportamientos destructivos -en el seno de las organizaciones políticas del proletariado- totalmente ajenos a los métodos de la clase obrera.
Como destacamos en nuestras Tesis sobre el parasitismo[1] -de las que tomamos prestados muchos de los desarrollos que siguen-, el parasitismo surgió históricamente en respuesta a la fundación de la Primera Internacional, que Engels describió como "el medio de disolver y absorber gradualmente a todas las diversas pequeñas sectas”. ( Carta a Florence Kelly Vischnevetsky, 3 de febrero de 1886). La AIT era, en efecto, un instrumento que obligaba a los diversos componentes del movimiento obrero a emprender un proceso colectivo y público de clarificación y a someterse a una disciplina organizativa unificada, impersonal y proletaria. En efecto, "aprendidas las lecciones de las revoluciones de 1848, el proletariado ya no aceptaba ser dirigido por el ala radical de la burguesía y luchaba ahora por establecer su propia autonomía de clase. Pero para ello era necesario que el proletariado, en sus propias filas, superara las concepciones y las teorías organizativas de la pequeña burguesía, de los bohemios y de los elementos desclasados que aún subsistían en ella y seguían teniendo una influencia importante"[2].
Pero el avance de la lucha proletaria necesitaba de este movimiento, que implicaba la disolución y absorción a escala internacional de todas las particularidades y autonomías programáticas y organizativas no proletarias. Fue sobre todo en resistencia a este movimiento que el parasitismo declaró la guerra al movimiento revolucionario. Fue la AIT la primera en enfrentarse a esta amenaza para el movimiento proletario, la que la identificó y luchó contra ella. Fue la AIT, comenzando por Marx y Engels, la que caracterizó como parásitos a aquellos elementos politizados que, al tiempo que decían adherirse al programa y a las organizaciones del proletariado, concentraban sus esfuerzos en la lucha, no contra la clase dominante, sino contra las organizaciones de la clase revolucionaria. La esencia de su actividad es, de hecho, denigrar y maniobrar contra el campo comunista, al tiempo que afirman pertenecer a él y servirle.
Así lo resume Engels en su informe sobre la Alianza[3] al Congreso de La Haya: "Por primera vez en la historia de la lucha de clases, nos enfrentamos a una conspiración secreta en el seno de la clase obrera, destinada a sabotear no el régimen de explotación existente, sino la propia Asociación, que representa el enemigo acérrimo de ese régimen". En cuanto al remedio recomendado, es inequívoco: "Ya es hora, de una vez por todas, de poner fin a las luchas internas provocadas diariamente en nuestra Asociación por la presencia de este organismo parasitario."(Engels, "El Consejo General a todos los miembros de la Internacional", advertencia contra la Alianza de Bakunin[4]).
Como fue el caso de la Alianza en la AIT, sólo en los períodos en que el movimiento obrero pasa de una etapa de inmadurez fundamental a un nivel cualitativamente superior, específicamente comunista, el parasitismo se convierte en su principal oponente. En el período actual, esta inmadurez no es el producto de la juventud del movimiento obrero en su conjunto, como en la época de la AIT, sino sobre todo el resultado de los 50 años de contrarrevolución que siguieron a la derrota de la oleada revolucionaria de 1917-23. Hoy, es esta ruptura de la continuidad orgánica con las tradiciones de las generaciones pasadas de revolucionarios lo que explica, sobre todo, el peso de los reflejos y comportamientos anti organizativos pequeñoburgueses entre muchos elementos que se reclaman marxistas y comunistas de izquierda.
El parasitismo se dirige a elementos en busca de posiciones de clase que tienen dificultades para distinguir entre auténticas organizaciones revolucionarias y corrientes parasitarias. Por eso, desde los años 90 y sobre todo desde los 2000, el parasitismo se ha vuelto más destructivo. Actualmente nos enfrentamos a una multitud de agrupaciones informales, que a menudo operan en la sombra, que pretenden pertenecer al campo de la izquierda comunista, pero que dedican sus energías a luchar contra las organizaciones marxistas existentes y no contra el régimen burgués. Como en la época de Marx y Engels, la función de esta ola reaccionaria parasitaria es sabotear el desarrollo del debate abierto y la clarificación proletaria, e impedir el establecimiento de normas de conducta vinculantes para todos los miembros del campo proletario.
Fue alimentada significativamente por todas las rupturas que se produjeron en la historia de la CCI. Ni motivadas ni justificadas por diferencias políticas, fueron el resultado de comportamientos organizativos no marxistas y no proletarios, como el de Bakunin en la AIT y el de los mencheviques en el POSDR en 1903, que expresaban una resistencia a la disciplina organizativa y a los principios colectivos.
Frente a la clase obrera y al medio político proletario, la CCI nunca ha ocultado las dificultades que encontraba. A principios de los años 80, se expresaba en estos términos: "la exposición por las organizaciones revolucionarias de sus problemas y debates internos constituye un plato de elección para todas las tentativas de denigración de que son objeto por parte de sus adversarios. Esto es particularmente cierto en el caso de la CCI. Ciertamente, no es en la prensa burguesa donde se encuentran expresiones de júbilo cuando se informa de las dificultades que puede encontrar hoy nuestra organización. Todavía es demasiado modesta en tamaño e influencia entre las masas trabajadoras para que las agencias de propaganda burguesas tengan interés en hablar de ella para intentar desacreditarla. Para la burguesía es preferible construir un muro de silencio en torno a las posiciones y la existencia de las organizaciones revolucionarias. Es por ello que la labor de denigrarlas y sabotear su intervención es asumida por toda una serie de grupos y elementos parasitarios cuya función es alejar de las posiciones de clase a los elementos que se acercan a ellas, para repugnarles toda participación en la difícil labor de desarrollar un medio político proletario." (Resolución adoptada por el 5º Congreso Internacional de la CCI, Revista Internacional nº 35)
Todos los grupos comunistas se han enfrentado a las fechorías del parasitismo, pero corresponde a la CCI, por ser hoy la organización más importante del medio proletario, y también la más rigurosa en cuanto al respeto de los principios y de los estatutos, ser objeto de una atención particular por parte del movimiento parasitario. Este último incluía, y en algunos casos todavía incluye, grupos formados y todos ellos derivados de la CCI, como el "Groupe Communiste Internationaliste" (GCI) y sus escisiones (como "Contre le Courant"), el ya desaparecido "Communist Bulletin Group" (CBG) o la antigua "Fraction Externe du CCI" o la "Fraction Interne du CCI" que unos años más tarde se convirtió en el "Groupe International de la Gauche Communiste" (GIGC), todos ellos formados a partir de escisiones de la CCI.
Pero el parasitismo no se limita a estos grupos. También lo llevan elementos no organizados, o aquellos que se reúnen de vez en cuando en círculos de discusión efímeros, cuya principal preocupación es difundir todo tipo de chismes sobre nuestra organización. A menudo se trata de antiguos militantes que, cediendo a la presión de la ideología pequeñoburguesa, no tuvieron fuerzas para mantener su compromiso con la organización, que se sintieron frustrados porque ésta no "reconocía sus méritos" en la medida que ellos mismos habían imaginado, o que no soportaron las críticas de que fueron objeto. También hay antiguos simpatizantes a los que la organización no quiso integrar porque juzgó que no tenían suficiente claridad o que renunciaron a su compromiso por miedo a perder su "individualidad" en un marco colectivo (es el caso, por ejemplo, del desaparecido "colectivo Alptraum" en México o de "Kamunist Kranti" en la India). En todos los casos, se trata de elementos cuya frustración ante su propia falta de coraje, su falta de carácter y su impotencia se ha convertido en hostilidad sistemática hacia la organización. Es evidente que estos elementos son absolutamente incapaces de construir nada. Por otro lado, a menudo son muy eficaces, ya que utilizan su mezquina agitación y su palabrería de porteros para desacreditar y destruir lo que la organización está intentando construir.
Nos limitaremos aquí a los siguientes grupos: el Communist Bulletin Group (CBG), la Fraction Externe du CCI (FECCI) y la Fraction Interne du CCI (FICCI).
La lucha contra los clanes, que el XI Congreso de la CCI había apoyado unánimemente, es transformada por el CBG en una lucha entre clanes. Los órganos centrales son inevitablemente "monolíticos", y la identificación de la penetración de las influencias no proletarias, tarea primordial de los revolucionarios, se presenta como un medio de perseguir a los "adversarios". Los métodos de esclarecimiento de las organizaciones proletarias -debate abierto en toda la organización, publicación de sus resultados para informar a la clase obrera- se convierten en el método de "lavado de cerebro" de las sectas religiosas.
No es sólo la CCI la que está siendo atacada aquí: "No es sólo el conjunto del medio revolucionario actual el que está siendo atacado aquí de esta manera. Es toda la historia y las tradiciones del movimiento obrero lo que está siendo insultado. En realidad, las mentiras y calumnias de la CBG están totalmente en línea con la campaña de la burguesía mundial sobre la supuesta muerte del comunismo y del marxismo. En el centro de esta propaganda hay una sola idea que lleva en sí la mayor mentira de la historia: que el rigor organizativo de Lenin y los bolcheviques conduce necesariamente al estalinismo. En la versión de la CBG de esta propaganda, es el bolchevismo de la CCI lo que "necesariamente" conduce a su supuesto "estalinismo". Evidentemente, la CBG no sabe ni lo que es el medio revolucionario, ni lo que es el estalinismo"[5].
En un artículo de nuestra Revista Internacional escribíamos en 1986: "El medio político proletario, ya fuertemente marcado por el peso del sectarismo, como la CCI ha destacado y deplorado a menudo, acaba de "enriquecerse" con una nueva secta. Acaba de aparecer el nº 1 de una nueva publicación titulada Perspective Internationaliste, órgano de la "Fracción Exterior de la CCI" que "reivindica la continuidad del marco programático elaborado por la CCI". Este grupo está formado por camaradas pertenecientes a la "tendencia" que se había formado en nuestra organización y que la abandonó en su 6º Congreso[6] para "defender la plataforma de la CCI". Ya hemos encontrado y puesto de relieve muchas formas de sectarismo entre los revolucionarios de hoy, pero la creación de una CCI-bis con las mismas posiciones programáticas que la CCI constituye una cumbre en este ámbito, una cumbre nunca alcanzada”[7]
La Fracción Interna de la CCI (2001), que mutó en GIGC (Grupo Internacionalista de Izquierda Comunista) en 2013, es sin duda un paso más en la ignominia, que justifica que le dediquemos una parte importante de este texto.
Relatamos aquí parte de la cadena de acontecimientos que condujeron a la formación de la FICCI (Fracción Interna de la CCI), cristalización en el seno de la CCI de un cuerpo extraño, citando un comunicado dirigido a nuestros lectores en el que se informa de las acciones, dentro y fuera de nuestra organización, de sus miembros:
"lo que causó el problema fue que, con el pretexto de (...) desacuerdos, cierto número de militantes de la sección de Francia siguieron (...) una política de violación permanente de nuestras normas de organización. Basándose en una reacción de "autoestima herida", se lanzaron de lleno a actitudes anarquistas de violación de las decisiones del Congreso, denigración y calumnia, mala fe y mentiras. Tras varias faltas organizativas, algunos de ellos de extrema gravedad, que exigieron reacciones firmes por parte de la organización, estos camaradas celebraron reuniones en secreto durante el mes de agosto de 2001 (...) El acta de una de las reuniones de esta tendencia secreta llegó a la organización, en contra de la voluntad de sus participantes. Estas actas dejaron claro en el seno de la organización que estos camaradas, plenamente conscientes de la gravedad de sus actos, estaban en proceso de conspirar contra la organización, demostrando así una total deslealtad a la CCI, que se expresó en particular a través del establecimiento de una estrategia para engañar a la organización e imponer sus propias políticas; un planteamiento golpista/izquierdista que plantea los problemas políticos confrontados en términos de "recuperación de los medios de funcionamiento"; el establecimiento de vínculos que confieren "una solidaridad férrea" entre los participantes y contra los órganos centrales, dando así claramente la espalda a la disciplina libremente consentida en el seno de una organización política proletaria".(Comunicado a nuestros lectores - Un ataque parasitario destinado a desacreditar a la CCI, 21 de marzo de 2002[8]).
Desde su formación, la FICCI siempre se ha presentado como el mejor defensor de la plataforma y las posiciones de la CCI, con la excepción, sin embargo, del "análisis de la última fase de la decadencia, la de la descomposición", y de las "tesis sobre el parasitismo político". La primera excepción pretendía estar más en consonancia con otros grupos del MPP que no compartían el análisis de la descomposición. La segunda facilitaba al MPP la refutación del hecho de que él mismo era una agrupación parasitaria, a pesar de que sus miembros habían sido hasta entonces defensores convencidos de la necesidad de combatir el parasitismo.
Hagamos un recordatorio[9] de la hoja de servicios del grupo FICCI / GIGC
Los miembros de la FICCI se situaron deliberadamente fuera de nuestra organización como consecuencia de los siguientes comportamientos:
- Infracciones reiteradas de nuestros estatutos (en particular la negativa a pagar íntegramente sus cuotas) y su negativa a comprometerse a respetarlos en el futuro;
- Negativa a salir en defensa de su comportamiento en la organización ante nuestras críticas al respecto, a pesar de que la CCI había organizado una conferencia extraordinaria con este asunto específicamente en el orden del día;
- Robo de dinero y material del CCI (archivos de direcciones y documentos internos).
Al final, los miembros de la FICCI fueron expulsados de nuestra organización, no por su comportamiento intolerable, sino por sus actividades como chivatos policiales, que incluyeron varios actos de delación. Por ejemplo, publicaron en su página web la fecha de una conferencia de la CCI que se celebraría en México, a la que asistirían militantes de otros países. Este acto repugnante de la FICCI de facilitar el trabajo de las fuerzas de represión del Estado burgués contra los militantes revolucionarios es tanto más despreciable cuanto que los miembros de la FICCI sabían perfectamente que algunos de nuestros camaradas de México ya habían sido, en el pasado, víctimas directas de la represión y que algunos se habían visto obligados a huir de sus países de origen.
Pero el comportamiento de soplón de los miembros de la FICCI no se limita a este episodio. Antes y después de su exclusión de la CCI, espiaron sistemáticamente a nuestra organización e informaron regularmente de los resultados en sus boletines (véanse en particular los boletines nº 14, 18 y 19 de la FICCI).
Su sórdida recopilación de información es totalmente indicativa de la forma en que estas personas concebían su "trabajo como Fracción" (cotilleos, informes policiales). En efecto, el despliegue de tales informaciones se dirigía también al conjunto de la CCI, con el fin de presionar a sus militantes haciéndoles comprender que estaban "bajo vigilancia", que nada de lo que hicieran escaparía a la vigilancia de la "Facción Interna".
El hecho de que emane de las mentes enfermas de inquisidores obsesivos no significa que no debamos tomarnos en serio este tipo de trabajo para vigilar a nuestra organización y, más concretamente, a algunos de sus miembros.
Para concluir sobre los comportamientos policiales de la FICCI-GIGC cabe señalar la publicación por esta última de un texto de 118 páginas titulado "Historia del Secretariado Internacional de la CCI". Según su subtítulo, este texto pretende relatar "Cómo el oportunismo se impuso en los órganos centrales antes de contaminar e iniciar la destrucción de toda la organización...". Este documento ilustra una vez más el carácter policial de los planteamientos de la FICCI. En efecto, explica la supuesta "evolución oportunista" de la CCI por las "intrigas" de un cierto número de personajes malvados, en particular la "compañera del jefe" (presentada como una agente del Estado que ejerce su influencia sobre el "jefe"). Es como si la degeneración y la traición del Partido Bolchevique hubieran sido el resultado de las acciones del megalómano Stalin y no la consecuencia del fracaso de la revolución mundial y del aislamiento de la revolución en Rusia. Este texto es la quintaesencia de la concepción policial de la historia, que el marxismo siempre ha denunciado.
Pero lo más odioso de este texto es que revela numerosos detalles sobre el funcionamiento interno de nuestra organización, que son una bendición para la policía.
Al no haber logrado convencer a los militantes de la CCI de la necesidad de excluir al "líder" y a la "compañera del líder", este minúsculo grupo parasitario se fijó como objetivo arrastrar a los demás grupos de la izquierda comunista tras sus calumnias para establecer un cordón sanitario en torno a la CCI y desacreditarla (véanse más adelante los episodios del "mitin público del BIPR en París" y del "Círculo"). De hecho, fueron todos los lugares en los que actuaba la CCI (permanencias, reuniones públicas, etc.) los que la FICCI puso en el punto de mira, a pesar de que habíamos prohibido el acceso a sus miembros debido a sus actividades de soplones[10]. Mientras hacíamos cumplir nuestra decisión de mantenerlos alejados de esos lugares, a veces teníamos que hacer frente a las amenazas (incluida una muy sonada de degollar a uno de nuestros camaradas) y ataques de esos matones.
La FICCI se presenta como "la verdadera sucesora de la CCI", de la que se dice que ha sufrido una degeneración "oportunista" y "estalinista”. Declara continuar el trabajo, según ella abandonado por la CCI, de defender en la clase obrera las "verdaderas posiciones de esta organización", amenazadas por el desarrollo del oportunismo en su seno, que afecta principalmente a la cuestión de su funcionamiento. Vimos en la práctica de este grupo su propia concepción del respeto a los estatutos e incluso a las más elementales normas de comportamiento del movimiento obrero: "burlarse de ellos", pisotearlos con saña.
El método, que consistía en "sugerir" eludiendo el problema político de fondo, apelaba al "sentido común popular", a los métodos de caza de brujas practicados en la Edad Media.
Como resultado, la CCI ha sido objeto de otras numerosas acusaciones por parte de la FICCI, no mencionadas hasta ahora, entre las que se incluyen las siguientes la CCI ha sido estigmatizada por "un alejamiento progresivo del marxismo y una tendencia creciente a promover (y defender) valores burgueses y pequeñoburgueses de moda ('juvenilismo', feminismo y, sobre todo, 'no violencia')"; la CCI "hace el juego a la represión".
El 2 de octubre de 2004, el BIPR[11] fue objeto de una audaz maniobra de la FICCI para organizar en París una reunión pública en beneficio del grupo. En realidad, se trataba de una reunión pública concebida para servir a la reputación de la FICCI, en detrimento de la del BIPR, y con vistas a atacar a la CCI.
El anuncio de esta reunión por el BIPR indicaba que su tema era la guerra en Irak. En cambio, el anuncio de la FICCI subrayaba la importancia de su propia iniciativa: "A propuesta nuestra y con nuestro apoyo político y material, el BIPR va a organizar en París una reunión pública (que esperamos no sea la última) en la que llamamos a participar a todos nuestros lectores". Lo que se desprende de este llamamiento es que, sin la FICCI, esta organización de la izquierda comunista, que existe a escala internacional y es conocida desde hace décadas, ¡no habría podido tomar la iniciativa y organizar la reunión pública!
De hecho, este grupo parasitario utilizó al BIPR como "testaferro" de su propia publicidad para obtener un certificado de respetabilidad, el reconocimiento de su pertenencia a la Izquierda Comunista. Y no dudó en utilizar el fichero de direcciones de los contactos de la CCI (que había robado antes de abandonar la organización) para dar publicidad a su convocatoria de esta reunión pública.
En 2004, la CCI entabló una relación política con un pequeño grupo en búsqueda de posiciones revolucionarias de Argentina, el NCI (Núcleo comunista internacional). A finales de julio de 2004, un miembro del NCI, el Sr. B., intentó una audaz maniobra: exigió la integración inmediata del grupo en la CCI. Impuso esta exigencia a pesar de la resistencia de los demás camaradas del NCI que, aunque también se habían fijado el objetivo de integrarse en la CCI, consideraban necesario llevar a cabo primero todo un proceso profundo de clarificación y asimilación, ya que la militancia comunista sólo podía basarse en convicciones sólidas. La CCI rechazó esta exigencia en consonancia con nuestra política de oposición a las integraciones precipitadas e inmaduras, que pueden correr el riesgo de destruir a los militantes y son perjudiciales para la organización.
Paralelamente, se había forjado una alianza entre la FICCI y el aventurero B, ciertamente por iniciativa de B, al servicio de una maniobra contra la CCI utilizando a la NCI a espaldas de sus miembros. La maniobra consistía en hacer circular en el medio político proletario una denuncia de la CCI y de sus "métodos nauseabundos" que parecía emanar indirectamente de la NCI, ya que esta denuncia estaba firmada por un misterioso y ficticio "Círculo de comunistas internacionalistas" (¡o "CCI" para abreviar!), dirigido por el ciudadano B y que, según él, debía constituir la "superación política" de la NCI. Estas calumnias se difundieron mediante un folleto "Círculo" distribuido por la FICCI con ocasión de la reunión pública del BIPR en París el 2 de octubre de 2004. También se publicaron en línea en varios idiomas en el sitio web del BIPR. Además de apuntar directamente a la CCI, el folleto en cuestión defendía a la FICCI, poniendo totalmente en entredicho una posición adoptada por la NCI el 22 de mayo de 2004, que había denunciado a este grupo.
La forma en que el ciudadano B desarrolló su maniobra es típica de un aventurero, de sus ambiciones y de su total falta de escrúpulos y de preocupación por la causa del proletariado. La utilización por la FICCI de los servicios de un aventurero para satisfacer su odio a la CCI y tratar de establecer, mediante la denigración pública, el aislamiento político de nuestra organización es digna de los patéticos y despreciables personajes que pueblan el pequeño mundo de la pequeña burguesía y de la gran burguesía[12].
El GIGC, tras haber obtenido boletines internos de la CCI por un medio desconocido para nosotros, armó un gran alboroto sobre este suceso, considerándolo como la prueba de una crisis en la CCI. El mensaje que estos soplones patentados intentaban transmitir era muy claro:¡hay un 'topo' en la CCI que trabaja mano a mano con la ex-FICCI! Se trataba claramente de un trabajo policial sin otro objetivo que sembrar la sospecha generalizada, el malestar y la maldad dentro de nuestra organización. Estos fueron los mismos métodos utilizados por la Guepeu, la policía política de Stalin, para destruir el movimiento trotskista desde dentro en la década de 1930. Son los mismos métodos que utilizaron los miembros de la ex-FICCI (y en particular dos de ellos, Juan y Jonas, miembros fundadores del "GIGC") cuando hicieron viajes "especiales" a varias secciones de la CCI en 2001 para organizar reuniones secretas y difundir rumores de que una de nuestras camaradas (la "esposa del jefe de la CCI", como ellos decían) era "policía".
La CCI había denunciado un intento de falsificar los verdaderos orígenes de la Izquierda Comunista por parte de un blog llamado Nuevo Curso[13] y orquestado por un aventurero, Gaizka, cuyo objetivo no es en absoluto contribuir a clarificar y defender las posiciones de esta corriente, sino "hacerse un nombre" en el medio político proletario. Este ataque a la corriente histórica de la Izquierda Comunista pretende transformarla en un movimiento de contornos borrosos, despojado de los rigurosos principios proletarios que presidieron su formación, lo que constituye un obstáculo para la transmisión a las futuras generaciones de revolucionarios de las conquistas de la lucha de las fracciones de la izquierda contra el oportunismo y la degeneración de los partidos de la Internacional Comunista.
En cuanto al aventurero Gaizka, hemos proporcionado mucha información sobre él, que aún no ha sido refutada, acerca de sus relaciones con el mundo de los personajes políticos burgueses (principalmente de izquierdas, pero también de derechas) [14]. Es un comportamiento y un rasgo de su personalidad que comparte con los aventureros -aunque esté lejos de tener la talla de estos personajes- más conocidos en la historia como Ferdinand Lassalle y Jean Baptiste von Schweitzer que operaron en el seno del movimiento obrero en Alemania en el siglo XIX[15].
El GIGC acogió con gran entusiasmo, y servilismo, la entrada del blog Nuevo Curso en la escena política: "Todas las posiciones que defiende son muy claramente clasistas y se inscriben en el marco programático de la izquierda comunista (...)".Es más, una vez que nuestra organización había proporcionado a los lectores información suficiente para caracterizar a Gaizka (principal dirigente de Nuevo Curso) como un aventurero con la peculiaridad de haber mantenido relaciones, en 1992-94, con el partido más importante de la burguesía española de la época, el PSOE, ya no quedaban dudas sobre el sentido del planteamiento de Nuevo Curso dirigido a desvirtuar a la Izquierda Comunista. Sin embargo, no fue esta información puesta al alcance de todos (y desmentida por nadie, repetimos) la que impidió al GIGC volar en auxilio del aventurero Gaizka, ante la denuncia que le hicimos: "debemos subrayar que hasta la fecha no hemos constatado ninguna provocación, maniobra, denigración, calumnia o rumor, lanzada por miembros de Nuevo Curso, ni siquiera a título individual, ni ninguna política de destrucción contra otros grupos o militantes revolucionarios"[16].
Es muy revelador que, para descartar cualquier sospecha de aventurerismo en relación con Gaizka, el líder del GIGC utilice como criterio un conjunto de rasgos políticos que le caracterizan en primer lugar, pero no necesariamente a Gaizka en particular: provocador, maniobrero, denigrador, calumniador, destructor de reputaciones, ......En cuanto a Gaizka, aunque no es de la talla de un Lassalle o un Schweitzer, "intenta jugar en la corte de los grandes" e incluso ha conseguido el reconocimiento de algunos de ellos gracias a algunas de sus capacidades intelectuales, sin llegar a tratar de igual a igual con los grandes como hizo Lassalle con Bismarck.
A su pequeña escala, Gaizka imaginó que podría desempeñar un papel como representante de una rama de la Izquierda Comunista (la Izquierda Comunista Española), inventada por él mismo. Por su parte, la gran ambición del GIGC es cubrir de basura la CCI.
Para ilustrar nuestro análisis del fenómeno del parasitismo político, hemos utilizado principalmente el ejemplo del GIGC (antigua FICCI). El hecho de que esta organización constituya una especie de caricatura del parasitismo nos ha permitido tanto denunciar una vez más su canallada y su prevaricación como poner de manifiesto más claramente los grandes rasgos que caracterizan este fenómeno y que pueden encontrarse en otros grupos o elementos cuyas actividades se inscriben en un planteamiento parasitario, aunque sea de forma menos evidente y más sutil. Así, el GIGC-FICCI es, que sepamos, el único grupo que ha adoptado deliberadamente una actitud de chivato, de agente consciente de la represión capitalista. Sin embargo, al adoptar esta actitud de agente consciente (aunque no remunerado) del Estado burgués, este grupo no hace más que expresar de la manera más extrema la esencia y la función del parasitismo político (y que ya había sido analizado, como hemos visto, por Marx y Engels): librar, en nombre de la defensa del programa proletario, una lucha decidida contra las organizaciones reales de la clase obrera. Y esto, por supuesto, para mayor beneficio de su enemigo mortal, la burguesía. Y si ciertos grupos se abstienen de las tropelías del GIGC, prefiriendo practicar un parasitismo "suave", más sutil, no por ello son menos peligrosos, sino todo lo contrario.
Del mismo modo que las verdaderas organizaciones del proletariado sólo podrán asumir el papel que les ha confiado el movimiento obrero, como ha demostrado toda la historia del movimiento, librando una lucha decidida contra la gangrena oportunista, sólo podrán estar a la altura de su responsabilidad librando una lucha igualmente decidida contra la plaga del parasitismo. Marx y Engels lo comprendieron plenamente desde finales de la década de 1860, y en particular en el Congreso de La Haya de la Primera Internacional en 1872, aunque un gran número de marxistas que dirigían la lucha contra el oportunismo, como Franz Mehring, no comprendieron el significado y la importancia de la lucha contra la Alianza de Bakunin. Esta es probablemente una de las razones (junto a la ingenuidad y los virajes oportunistas) por las que la cuestión del parasitismo no se comprende en el medio político proletario. Pero no se puede utilizar la debilidad del movimiento obrero como argumento para negarse a ver y afrontar los peligros que amenazan la lucha histórica de nuestra clase. Es plenamente en el espíritu de las palabras de Engels, citadas al principio de este artículo, que afirmamos: "Ya es hora, de una vez por todas, de poner fin a las luchas internas provocadas diariamente en nuestra Asociación por la presencia de este cuerpo parasitario".
CCI 07-08-23
[1] Construcción de la organización revolucionaria - Tesis sobre el parasitismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [133]
[2] Cuestiones de organización, III – El Congreso de La Haya en 1872 – La lucha contra el parasitismo político | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [56]
[3] La "Alianza de la Democracia Socialista", fundada por Bakunin, que iba a encontrar un terreno fértil en importantes sectores de la Internacional a causa de las debilidades que aún pesaban sobre ella y que resultaban de la inmadurez política del proletariado de la época, un proletariado que aún no se había liberado completamente de los vestigios de la etapa precedente de su desarrollo, y en particular de los movimientos sectarios.
[4] "Antes de unirse a la AIT, Bakunin explicó a sus seguidores por qué la AIT no era una organización revolucionaria: los proudhonianos se habían convertido en reformistas, los blanquistas habían envejecido, y los alemanes y el Consejo General que supuestamente dominaban eran "autoritarios". Según Bakunin, lo que faltaba sobre todo era la "voluntad" revolucionaria. Esto es lo que la Alianza quería asegurar yendo más allá del programa y los estatutos y engañando a sus miembros.
Para Bakunin, la organización que el proletariado había forjado, que había construido durante años de duro trabajo, no valía nada. Lo que lo era todo para él eran las sectas conspirativas que él mismo había creado y controlado. No era la organización de clase lo que le interesaba, sino su propio estatus y reputación personales, su "libertad" anarquista o lo que ahora llamamos "autorrealización". Para Bakunin y los de su calaña, el movimiento obrero no era más que un vehículo para la realización de su yo y de sus proyectos individualistas." Cuestiones de organización, III – El Congreso de La Haya en 1872 – La lucha contra el parasitismo político | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [56]
[5] Parasitismo político - El CBG hace la faena de la burguesía | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1232]
[6] La Revista Internacional n°44, en el artículo dedicado al 6º Congreso de la CCI, informa sobre la marcha de estos camaradas y su constitución como "Fracción". Los lectores pueden remitirse a él, así como a los artículos publicados en las Revistas 40 a 43 que reflejan la evolución del debate en el seno de la CCI. Ver Debate: oportunismo y centrismo en la clase obrera y sus organizaciones | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [800] y Resolución: Oportunismo y centrismo en el período de decadencia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [801]
[7] La "Fracción Externa de la CCI" | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1233]
[8] Documentos de la vida de la CCI - El combate por la defensa de los Principios Organizativos | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [178]
[9] La información publicada a continuación es un resumen de parte del artículo El aventurero Gaizka tiene los defensores que se merece: los matones del GIGC | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1188], en el que se da cuenta con más detalle de las molestias causadas por este grupo parasitario.
[10] La FICCI en acción: mentiras y comportamiento de “matones” | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1234]
[11] BIPR: Buró Internacional por el Partido Revolucionario. Fundado en 1984 por el Partito Communista Internazionalista (Battaglia Communista) y la Communist Workers Organization. A partir de 2009 cambió su nombre por el de Tendencia Comunista Internacionalista (TCI)
[12] Sobre este episodio ver 'Círculo de Comunistas Internacionalistas' (Argentina): Una nueva... y extraña aparición | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1235] y 'Círculo de Comunistas Internacionalistas' (Argentina): ¿Qué es y qué función cumple? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [180]. También Reunion Publica del BIPR en París: el BIPR rehén de unos hampones | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1236]
[13] Nuevo Curso y una "Izquierda Comunista Española" ¿De dónde viene la Izquierda Comunista? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [44]
[14] ¿Quién es quién en Nuevo Curso? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [72]
[15] Lassalle y Schweitzer: La lucha contra los aventureros políticos en el movimiento obrero | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [57]
[16] Ver Nouvelle attaque du CCI contre le camp prolétarien international [1237] (1er février 2020). Nuestra denuncia se puede encontrar en El aventurero Gaizka tiene los defensores que se merece: los matones del GIGC | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1188]
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Durante varias semanas los medios en México aturden con la campaña anticomunista con ocasión de los cuestionamientos de la oposición electoral a AMLO sobre los libros de texto de educación básica. El 1° de agosto TV Azteca inició con la cruzada diciendo que el “virus comunista que se creía erradicado” había resurgido con la “educación comunista” de la mano de “comunistas trasnochados” dentro de la Secretaría de Educación Pública1. Si bien, se trata de un ejemplo de la división de la burguesía donde las fracciones en pugna usan diferentes recursos para entorpecer a su adversario y ganar adeptos y votos como lo demostramos recientemente en Revolución Mundial 147 revelando cómo Morena y la derecha compiten para liderar la explotación de los trabajadores,2 resalta el hecho que no desperdician el momento para lanzar su ataque en contra del proletariado y su proyecto histórico.
Es obvio que no denunciamos a la burguesía por su odio de clase en contra del movimiento comunista ya que corresponde a su naturaleza burguesa pues tanto los partidos y grupos de derecha, así como los de la izquierda son emanación directa del Estado capitalista y se reparten el trabajo en el abanico de fuerzas políticas para controlar y someter a los trabajadores. Lo que interesa subrayar son sus ataques complementarios:
- Por un lado, el sector de la derecha (incluida la llamada ultraderecha) retorciéndose empinada de puntitas y haciendo muecas de asco contra el comunismo presentándolo como espantajo, como una momia arrumbada que amenaza con cobrar vida si engulle las vísceras de los niños, llama como lo hace por ejemplo el presidente del PAN, Marko Cortés, a que los libros se destruyan en su totalidad o que se mutilen hojas diciendo que se trata de adoctrinar con ellos.
- Por el otro, la izquierda de la burguesía cuyo máximo exponente es el partido Morena, hoy en el poder federal y en dos tercios de las entidades, para quien el comunismo es una “ideología anticuada” y a la que oponen el “humanismo”, esa careta hipócrita de la burguesía que siempre trata de esconder su función de explotación y opresión de la clase obrera. El presidente AMLO además remata con el sarcasmo de que “los conservadores ven comunismo por todos lados…como los ovnis” (La Jornada, 3/09/2023). Es evidente a pesar de que hay una fractura al interior de la burguesía, hay una coincidencia entre el gobierno y los empresarios y la derecha: su temor y odio al proletariado y el proyecto comunista.
Cuando a finales de los años 80 del siglo XX se produjo la caída estrepitosa de los regímenes estalinistas en la ex URSS, la burguesía lanzó una abrumadora campaña sobre la “muerte del comunismo” logrando asestar un duro golpe a la conciencia y la combatividad del proletariado a escala mundial con el mensaje de que su proyecto de clase había fracasado y que el capitalismo era el mejor de los mundos, sincronizando su veneno en todos los países identificando al comunismo con el estalinismo, que era el régimen económico, político y social del bloque del este, tan capitalista como el resto de los países de occidente y del mundo entero.
Desde entonces, la burguesía ha aprovechado la más mínima oportunidad para renovar esa campaña anti obrera como se ve actualmente en México, pero también en otros países como Argentina donde Javier Milei, candidato en las elecciones presidenciales en curso por el partido La Libertad Avanza (LLA), no solo refresca el viejo argumento de la burguesía de igualar al estalinismo con el marxismo, sino, además, considera a cualquier política económica, por ser dirigida por el Estado como una “manifestación socialista” y además causante de la quiebra económica de Argentina. Una mentira muy usada por la burguesía, desde su derecha y hasta su izquierda, en contra del marxismo es que es este un proyecto estatista. Por eso, más allá de las expresiones esquizofrénicas del personaje, lo que resalta es que el denominador común de todos los ataques es la igualación de comunismo con estalinismo (como en la ex URSS, China, Cuba, Nicaragua, Venezuela…) y a la estatización de la economía como una política del proletariado. Y en esta campaña también aporta su grano de arena la “defensa” que hacen algunos izquierdistas (ala radical de la izquierda del capital) de ese reino de la explotación y opresión que era la Unión Soviética con la apología de sus pretendidos logros educativos3.
La mayor mentira del siglo XX fue igualar estalinismo con comunismo; al contrario, aquel fue su principal verdugo después del aislamiento y derrota de la revolución rusa de 1917 y en la actualidad, la burguesía sigue utilizando al estalinismo para golpear la conciencia de los trabajadores4.
Como proyecto histórico de la clase obrera, el comunismo al concebirse como una sociedad sin clases y por lo tanto sin explotación, es la antítesis del capitalismo incluyendo el estalinista. Y, por supuesto, no tiene nada que ver con ideales trasnochados, sino que su programa no es más que “…la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos” (Manifiesto comunista)5. De ahí que la burguesía se afane periódicamente en echar basura sobre el verdadero significado del proyecto comunista y en esta tarea el estalinismo le sigue prestando un servicio inigualable. Además, esta campaña no es gratuita si vemos que en el mundo las luchas obreras están recordando que el verdadero proyecto comunista sigue más vigente que nunca.
En cuanto al adoctrinamiento que se reclama, hay que afirmar muy fuerte que la educación que se imparte bajo la sociedad capitalista en todo el mundo está diseñada precisamente para formar ideológicamente en los valores burgueses, deformando la historia e inculcando sumisión ante las leyes que garantizan la explotación asalariada, es decir cumple una función en la reproducción de la fuerza de trabajo.
La burguesía alterna sus gobiernos de derecha, centro o izquierda según sus necesidades y dependiendo de sus ropajes ideológicos implementa un tipo de reforma educativa que se acomode a sus estilos, sin embargo, lo que permanece inamovible es la concepción burguesa del mundo (por ejemplo, los programas de estudio de historia y educación cívica) para la cual el capitalismo y la democracia representativa es el mejor modelo de organización social que puede encontrarse y, además, se esfuerzan a toda costa de presentar a la sociedad como una suma de ciudadanos libres e iguales ante la ley intentando borrar toda noción de la existencia de clases sociales antagónicas con intereses irreconciliables, la burguesía y el proletariado enfrentados históricamente por la opresión y explotación asalariada.6
Este es el marco para entender los alaridos histéricos de la campaña en contra del comunismo sostenida por todas las fracciones de la burguesía.
RM, 18.09.2023
1 https://www.youtube.com/watch?v=ziL8XEwj8V4 [1239]
2 https://es.internationalism.org/content/4973/revolucion-mundial-no-147 [1240]
3 https://elmachete.mx/index.php/2023/08/04/sobre-las-declaraciones-de-que-la-sep-busca-imponer-una-educacion-comunista/ [1241]
4 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201208/3451/tesis-... [1242]
5 Véanse en particular nuestras series sobre ¿Qué es el comunismo?: El comunismo no es un bello ideal, sino una necesidad material [602], El comunismo no es un bello ideal, sino que está al orden del día de la historia [1243] y El comunismo, entrada de la humanidad en su verdadera historia [1244]
6 https://es.internationalism.org/cci-online/201410/4054/la-falsificacion-de-la-historia-en-los-programas-escolares [1245]
Invitamos a una Permanencia por Internet sobre el 50 aniversario del derrocamiento de Allende por el golpe militar conducido por Pinochet. Queremos animar un debate en torno a los puntos siguientes:
Estimados lectores:
Los animamos a participar aportando sus posturas, críticas, desacuerdos, propuestas … Los interesados pueden escribir a nuestros mails: [email protected] [886], [email protected] [45] o [email protected] [1246] y les remitiremos el enlace para participar en la reunión 2 horas antes.
El 23 de marzo, al final del noveno día de protestas contra la reforma de las pensiones en Francia, estallaron enfrentamientos entre la policía y los bloques negros, cuando los manifestantes llegaban a la Plaza de la Ópera, en el corazón de un barrio acomodado de la capital. A lo largo de la noche, las cadenas de televisión continuaron mostrando escaparates rotos, tiendas destrozadas y contenedores de basura ardiendo...
Al día siguiente, los mismos medios de comunicación transmitían los temores de los vecinos y comerciantes: “Todo se ha quemado, las mercancías se han derretido... Es la primera vez que pasa. Las manifestaciones no suelen terminar aquí, así que nos hemos librado por los pelos”, decía asustado el encargado de un quiosco de prensa. Al decidir poner fin a la manifestación en un espacio reducido en pleno centro de París, en medio de unas obras, la Prefectura de Policía y el gobierno preparaban el terreno para que estallara la violencia. Y lo hicieron con el pleno consentimiento de los sindicatos, ¡que en ningún momento se opusieron a esta elección!
Una semana antes, el 16 de marzo, la reforma de las pensiones había sido aprobada con fórceps utilizando un subterfugio constitucional, el artículo 49.3. Este “paso a la fuerza”, esta “negación de la democracia”, según el decir de los partidos de la oposición y de los sindicatos, no sirvió para aplacar la cólera y la movilización. Al contrario, esa noche se produjeron manifestaciones en casi todas partes. En París, se dio orden de dispersar brutalmente a las 5,000 personas reunidas en la plaza de la Concordia cuando no había ningún peligro para el “orden público”.
En los días siguientes, las manifestaciones, “no declaradas” por los sindicatos, estallan todas las noches en muchas ciudades, sobre todo en las calles de París. Las concentraciones fueron tranquilas hasta que la situación degeneró en enfrentamientos entre algunos de los manifestantes y la policía. Vídeos y fotos de contenedores de basura y edificios públicos quemados dieron la vuelta al mundo, retratando la lucha que libraba la clase obrera en Francia como nada más que disturbios generadores de caos y anarquía. Por su parte, Macron y sus ministros, lejos de querer calmar los ánimos, no han dejado de echar leña al fuego denunciando a las “turbas sin legitimidad”, la “creación del caos” (bordélisation) y a los “facciosos”.
A pesar del riesgo de que las cosas se descontrolaran, esta situación fue ampliamente cultivada y explotada por el gobierno y las fuerzas del orden para legitimar el terror del Estado, en la imagen de las famosas Brigadas de Represión de la Acción Violenta Motorizada (BRAV-M) agrediendo a todo el que se encontraban a su paso, incluso pasando en moto por encima de manifestantes tirados en el suelo. Como de costumbre, todos los perros guardianes del orden capitalista (los medios de comunicación, los comentaristas y los intelectuales a sus órdenes) intentaron hacer creer que unos pocos policías habían cometido un desliz, que había habido algunos “errores”. Pero la represión simultánea en toda Francia no fue un accidente. Fue una política totalmente deliberada por parte del gobierno y de todos los portavoces del Estado policial. El objetivo era simple e incluso clásico:
- arrastrar a los jóvenes más enfadados a un enfrentamiento estéril con la policía;
- atemorizar a la mayoría de los manifestantes y disuadirlos de salir a la calle;
- Impedir toda posibilidad de discusión, estropeando sistemáticamente el final de las manifestaciones, momento que suele ser propicio para las reuniones y los debates;
- hacer impopular el movimiento, haciendo creer que toda lucha social degenera automáticamente en violencia ciega y caos, en tanto que las autoridades son las garantes del orden y la paz.
Así pues, el Estado y su gobierno han jugado a fondo la carta de la “escalada de violencia”. La confirmación de esta estrategia vino directamente de la boca de un antiguo gran servidor del orden burgués, Jean-Louis Debré: “¿Por qué, por ejemplo, aceptamos que una manifestación terminara en la Ópera, muy cerca de los ministerios y del Elíseo, sabiendo que el barrio está lleno de callejuelas? ¿Por qué no limpiaron y se llevaron toda la basura ese día? Era como si quisieran que las cosas se descontrolaran un poco. [...] ¿Hasta qué punto quiere este gobierno repetir 1968, enfrentar al orden público contra el desorden?” Estas preguntas falsamente ingenuas del antiguo ministro del Interior en la época del movimiento huelguístico contra la reforma de las pensiones en 1995 no hacen más que levantar el velo, ciertamente opaco, de la provocación fomentada por el gobierno. Al organizar el desorden, Macron y sus esbirros contaban con que una parte de la opinión pública se volvería favorable a la vuelta al orden social.
El paralelismo trazado por Jean-Louis Debré con el movimiento de Mayo del 68 demuestra también que este gobierno no se ha inventado nada. Las provocaciones policiales no son nada nuevo, ¡y el “partido del orden” tiene una larga historia! Durante el movimiento de Mayo del 68, las milicias gaullistas o la policía vestida de paisano se infiltraron deliberadamente en las manifestaciones para “avivar el fuego” y asustar a la población. Los agentes provocadores incitaban a los estudiantes a cometer actos violentos. Las impactantes imágenes de coches incendiados, escaparates rotos y adoquines lanzados contra los CRS contribuyeron a galvanizar a la “gente del miedo” y a cambiar el rumbo de la opinión pública. Las barricadas y la violencia se convertirían en uno de los elementos de la toma de control de la situación por parte de las distintas fuerzas de la burguesía, el gobierno y los sindicatos, socavando la gran simpatía que los estudiantes se habían granjeado inicialmente por parte de la población en su conjunto y de la clase obrera en particular.
En 2006, durante el movimiento contra el CPE (Contrato de Primer Empleo), la burguesía francesa utilizó los mismos pérfidos métodos para sabotear la lucha. En varias ocasiones, el Estado permitió deliberadamente que bandas de jóvenes de los suburbios1 vinieran a “golpear policías y destrozar escaparates”. Durante la manifestación del 23 de marzo de 2006, incluso con la bendición de la policía, los “matones” atacaron a los propios manifestantes, robándoles y golpeándoles hasta dejarlos sin sentido. Pero los estudiantes habían conseguido evitar esta trampa nombrando delegaciones en varios lugares para ir a hablar con los jóvenes de los barrios desfavorecidos, en particular para explicarles que la lucha de los estudiantes era también en nombre de esos jóvenes sumidos en la desesperación por el paro masivo y la exclusión2.
Ya en el siglo XIX la clase obrera tenía experiencia en esos procedimientos viles y astutos para golpear y matar las luchas. Como lo ha podido mostrar Marx en el 18 Brumario de Louis Bonaparte, la terrible represión del proletariado parisino por las tropas de Cavaignac, luego de las jornadas de junio 1848, había contribuido también a atemorizar a los burgueses, al cura y al tendero, ¡todos los cuales esperaban ardientemente la vuelta al orden por todos los medios!
En las zonas industriales de Estados Unidos, a finales del siglo XIX, la patronal había creado empresas privadas especializadas en el suministro de rompehuelgas, espías, provocadores e incluso asesinos. Las masacres que éstos perpetraban contra la clase obrera también permitían inclinar la “opinión” a favor de la vuelta al orden. Todo ello con el respaldo del Estado3.
La movilización ecologista contra el proyecto del mega estanque, del sábado 25 de marzo en Sainte-Soline fue otra oportunidad para utilizar la estrategia de la escalada de violencia. Ese día, varios miles de personas se concentraron en plena naturaleza, en medio de grandes descampados, para protestar contra la instalación de mega estanques destinados a servir de reservas de agua para la agricultura intensiva. La situación degeneró rápidamente en una batalla campal entre policías y manifestantes, filmada durante todo el día por las cadenas de información. Dos personas acabaron entre la vida y la muerte.
Las cosas podrían haber resultado muy distintas. ¿Qué interés podían tener que gendarmes y la policía vinieran a cargar contra miles de personas reunidas en un campo atravesado por grandes estanques? Ninguno. Salvo encender una nueva mecha para que el fuego de la violencia se extendiera. Una vez más, el gran burgués Jean-Louis Debré no deja de pensar: “¿Por qué no se registró a la gente de antemano? ¿Se quería permitir cierto desorden para poder mantener el orden después?”
Esa misma noche, Darmanin pudo denunciar la “violencia extrema” y el “terrorismo” de la “ultraizquierda” “que quiere destruir a la policía”. Igual que había hecho unos días antes, la noche de la manifestación del 23 de marzo.
Una vez más, esta campaña no tiene nada de casual. La ultraizquierda es una noción ajena al campo proletario y revolucionario4. Por el contrario, es un término acuñado por la burguesía, con el que le permite meter en el mismo saco a las auténticas organizaciones revolucionarias de la izquierda comunista con los intelectuales modernistas, los anarquistas radicales y, sobre todo, las agrupaciones “anti-Estado” que abogan por la violencia indiscriminada. Estos últimos fueron infiltrados y manipulados por la policía. Como resultado, los bloques negros y los “zadistas”5 son los idiotas útiles del Estado policial, lo que le permite justificar el refuerzo de su arsenal legal y represivo. Es lo que ha ocurrido recientemente con la aprobación de un decreto que autoriza el uso de drones equipados con cámaras durante las manifestaciones.
Pero más allá de eso, agitar el trapo de la ultraizquierda es sobre todo una forma de preparar el terreno para la criminalización de las organizaciones revolucionarias en el futuro. La burguesía está utilizando más o menos los mismos métodos utilizados en los años 70 en las gigantescas campañas antiterroristas que siguieron al caso Schleyer en Alemania y al caso Aldo Moro en Italia, que sirvieron de pretexto al Estado para reforzar su aparato de control y represión contra la clase obrera. Más tarde se demostró que la banda Baader y las Brigadas Rojas habían sido infiltradas por el servicio secreto de Alemania Oriental, la Stasi, y el servicio secreto del Estado italiano, respectivamente. En realidad, estos grupos terroristas no eran más que instrumentos de rivalidad entre camarillas burguesas.
Ya en el siglo XIX las acciones terroristas de los anarquistas habían sido utilizadas por la burguesía para reforzar su terror de Estado contra la clase obrera. Recordemos, por ejemplo, las “leyes canallas” aprobadas por la burguesía francesa tras el atentado terrorista del anarquista Auguste Vaillant que, el 9 de diciembre de 1893, arrojó una bomba en el hemiciclo de la Cámara de Diputados, hiriendo a unas cuarenta personas. El atentado había sido manipulado por el propio Estado. Vaillant había sido contactado por un agente del Ministerio del Interior que, haciéndose pasar por anarquista, le había prestado dinero y le había explicado cómo fabricar una bomba casera (con una maceta y clavos) que fuera explosiva y no demasiado mortífera. Es el mismo procedimiento el que utilizó el gobierno prusiano para aprobar las leyes antisocialistas en 1878, llevando a la clandestinidad a la socialdemocracia en Alemania.
En 1925, Victor Serge publicó Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión. Este folleto, escrito a partir de los archivos de la policía zarista (la Okhrana) que habían caído en manos de la clase obrera tras la Revolución de Octubre, permitió informar a toda la clase obrera de los métodos y procedimientos policiales utilizados contra los revolucionarios durante años. Serge también puso de relieve la estrecha colaboración de todas las fuerzas policiales de Europa para espiar, provocar, calumniar y reprimir al movimiento revolucionario de la época. Un siglo después sería ingenuo pensar que estos métodos han quedado relegados en la estantería de los accesorios olvidados. Al contrario, el terror del Estado burgués está destinado a reproducirse y perfeccionarse sin cesar y a extenderse a todas las relaciones existentes en el seno de la sociedad.
El proletariado debe aprender de todas estas experiencias de represión. Debe recordar que detrás de la máscara democrática que el Estado burgués asume cotidianamente, se esconde el verdadero rostro de un verdugo sanguinario que se despierta brutalmente cada vez que su orden es amenazado por los explotados.
Vincent, 16 de junio de 2023
1 Denominados en francés como “lascars”.
2 Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [7]
3 Bernard Thomas, Les provocations policières (1972).
4 Para más precisión ver Nuevos ataques contra la Izquierda Comunista: Bourseiller se reinventa "la compleja historia de las Izquierdas Comunistas" (1ª parte) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [691] y Nuevos ataques a la Izquierda Comunista: Bourseiller inventa por segunda vez "la compleja historia de las izquierdas comunistas" (2ª parte) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [830].
5 Palabra que proviene del acrónimo de Zona A Defender: ZAD, por tanto, a los que se involucran en estas manifestaciones les llaman “zadistas”.
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En el último año, han estallado importantes luchas obreras en los países centrales del capitalismo y en todo el mundo. Esta serie de huelgas comenzó en el Reino Unido en el verano de 2022, y posteriormente los trabajadores de muchos otros países se han sumado a la lucha: Francia, Alemania, España, Países Bajos, Estados Unidos, Corea... En todas partes, la clase obrera levanta la cabeza ante el considerable deterioro de las condiciones de vida y de trabajo, la subida vertiginosa de los precios, la inseguridad sistemática y el desempleo masivo, provocados por la acentuación de la desestabilización económica, las limitaciones ecológicas y la intensificación del militarismo vinculado a la guerra bárbara de Ucrania.
Desde hace tres décadas, el mundo no había visto una ola de lucha simultánea en tantos países, ni durante un periodo tan largo. El hundimiento del bloque del Este en 1989 y las campañas sobre la supuesta “muerte del comunismo” habían provocado un profundo reflujo de la lucha de clases a escala mundial. Este gran acontecimiento, la implosión del bloque imperialista estalinista y de una de las dos mayores potencias mundiales, la URSS, fue la expresión más espectacular de la entrada del capitalismo en una nueva fase aún más destructiva de su decadencia, la de su descomposición[1]. La putrefacción de la sociedad, con su creciente violencia y caos a todos los niveles, el ambiente nihilista y desesperado, la tendencia al repliegue sobre uno mismo... todo ello ha tenido a su vez un impacto muy negativo en la lucha de clases. Así, hemos asistido a un debilitamiento considerable de la combatividad en comparación con el periodo anterior, desde 1968. La resignación que golpea a la clase obrera en Gran Bretaña desde hace más de tres décadas, un proletariado con una larga experiencia de lucha ilustra por sí sola la realidad de este retroceso. Enfrentados a los ataques de la burguesía, a “reformas” extremadamente brutales, a una desindustrialización masiva y a una caída considerable del nivel de vida, los trabajadores del país no han conocido ninguna movilización significativa desde la punzante derrota infligida a los mineros por Thatcher en 1985.
Si bien la clase obrera ha dado ocasionalmente muestras de combatividad y ha intentado reapropiarse de sus armas de lucha (la lucha contra el Contrato de Primer Empleo (CPE) en Francia en 2006, el movimiento de los Indignados en España en 2011[2], la primera movilización contra la reforma de las pensiones en Francia en 2019), demostrando que no ha sido en absoluto sacada del escenario de la historia, sus movilizaciones se han quedado en gran medida sin seguidores, incapaces de relanzar un movimiento más global. ¿Por qué? Porque los trabajadores no sólo han perdido su combatividad durante todos estos años, sino también han sufrido un profundo declive de la conciencia de clase en sus filas que tanto habían luchado por adquirir en los años 70 y 80, olvidando las lecciones de sus luchas, sus enfrentamientos con los sindicatos, las trampas tendidas por el Estado “democrático”, perdiendo la confianza en sí mismos, su capacidad para unirse y luchar en masa... Incluso habían olvidado en gran medida su identidad como clase antagónica a la burguesía y su perspectiva revolucionaria. En esta lógica, el comunismo parecía bien muerto con los horrores del estalinismo, y la clase obrera parecía haber dejado de existir.
Y, sin embargo, frente a la considerable aceleración del proceso de descomposición[3] desde la pandemia mundial de Covid-19, y más aún con las masacres de la guerra en Ucrania y las reacciones en cadena que ésta ha provocado a nivel económico, ecológico, social y político, la clase obrera levanta la cabeza por todas partes, emprende la lucha y se niega a aceptar sacrificios en nombre del llamado “bien común”. ¿Es una coincidencia? ¿Una reacción epidérmica puntual a los ataques de la burguesía? ¡No! la consigna “¡Basta ya!” en este contexto de desestabilización generalizada del sistema capitalista ilustra claramente que se está produciendo un verdadero cambio de mentalidad en el seno de la clase. Todas estas expresiones de combatividad forman parte de una nueva situación que se abre para la lucha de clases, una nueva fase que rompe con la pasividad, la desorientación y la desesperación de las tres últimas décadas.
La irrupción simultánea de las luchas en el último año no ha surgido de la nada. Son el producto de todo un proceso de reflexión en la clase a través de una serie de intentos previos de ensayo y error. Ya durante la primera movilización en Francia contra la “reforma” de las pensiones a finales de 2019, la CCI había identificado la expresión de una fuerte necesidad de solidaridad entre generaciones y diferentes sectores. Este movimiento también había sido acompañado por otras luchas obreras en todo el mundo, tanto en Estados Unidos como en Finlandia, pero se había apagado ante la explosión de la pandemia de Covid en marzo de 2020. Del mismo modo, en octubre de 2021 estallaron huelgas en Estados Unidos en diversos sectores, pero el impulso de la lucha se vio interrumpido, esta vez por el estallido de la guerra en Ucrania, que paralizó inicialmente a los trabajadores, sobre todo en Europa.
Este largo proceso de tanteo y maduración desembocó, a partir del verano de 2022, en una reacción decidida de los trabajadores en su propio terreno de clase frente a los ataques derivados de la desestabilización del capitalismo. Los trabajadores británicos han abierto un nuevo período en la lucha obrera internacional, en lo que se ha llamado el “verano de la ira”. La consigna “basta ya” se elevó a símbolo de toda la lucha proletaria en el Reino Unido. Esta consigna no expresaba reivindicaciones concretas que debían cumplirse, sino una profunda revuelta contra las condiciones de explotación. Mostraba que los trabajadores ya no estaban dispuestos a tragarse compromisos patéticos, sino que estaban dispuestos a continuar la lucha con determinación. El movimiento obrero británico es especialmente simbólico, ya que es la primera vez desde 1985 que este sector de la clase obrera ocupa un lugar central. Y mientras la inflación y la crisis se intensificaban en todo el mundo, muy agravadas por el conflicto ucraniano y la intensificación de la economía de guerra, los trabajadores de la sanidad en España y Estados Unidos también pasaron a la ofensiva, seguidos de una oleada de huelgas en los Países Bajos, un “megastreik” de los trabajadores del transporte en Alemania, más de 100 huelgas contra los atrasos salariales y los despidos en China, una huelga y manifestaciones tras un terrible accidente ferroviario en Grecia, profesores que exigen incremento salarial y mejores condiciones de trabajo en Portugal, 100,000 empleados que exigen mejores salarios en Canadá y, sobre todo, un movimiento masivo del proletariado en Francia contra la reforma de las pensiones.
El carácter altamente significativo de estas movilizaciones contra la austeridad capitalista reside también en el hecho de que, a largo plazo, incluyen también la oposición a la guerra. En efecto, si la movilización directa de los trabajadores contra la guerra era ilusoria, la CCI ya había señalado en febrero de 2022 que la reacción de los trabajadores se manifestaría en ataques a su poder adquisitivo, resultado de la intensificación e interconexión de las crisis y catástrofes, y que también iría en contra de las campañas que llamaban a aceptar sacrificios para apoyar la “resistencia heroica del pueblo ucraniano”. Esto es también lo que las luchas del año pasado llevan en germen, aunque los trabajadores aún no sean plenamente conscientes de ello: la negativa a sacrificarse cada vez más por los intereses de la clase dominante, la negativa a hacer sacrificios por la economía nacional y por el esfuerzo de guerra, la negativa a aceptar la lógica de este sistema que está llevando a la humanidad hacia una situación cada vez más catastrófica.
En estas luchas, la idea de que “todos estamos en el mismo barco” empezó a surgir en las mentes de los trabajadores. En los piquetes del Reino Unido, los huelguistas nos dijeron que sentían que luchaban por algo más grande que las reivindicaciones corporativistas de los sindicatos. La pancarta “Por todos nosotros” bajo la que se celebró la huelga en Alemania el 27 de marzo es especialmente significativa del sentimiento general que se está desarrollando en la clase: “todos luchamos por todos”. Pero fue en Francia donde se expresó más claramente la necesidad de luchar unidos. Los sindicatos intentaron dividir y pudrir el movimiento en la trampa de la “huelga por delegación” (grève par procuration) detrás de los llamados sectores “estratégicos” (como la energía o la recolección de basuras) para “paralizar a Francia”. Pero los trabajadores no cayeron en la trampa, decididos a luchar juntos.
Durante los trece días de movilización en Francia, la CCI distribuyó más de 150,000 octavillas: el interés por lo que estaba ocurriendo en el Reino Unido y en otros lugares nunca decayó. Para algunos manifestantes, el vínculo con la situación en el Reino Unido parecía obvio: “es lo mismo en todas partes, en todos los países”. No fue casualidad que los sindicatos del “Mobilier national” (agencia perteneciente al Ministerio de Cultura francés) tuvieran que hacerse cargo de la huelga durante la visita (cancelada) de Carlos III a París en nombre de la “solidaridad con los trabajadores británicos”. A pesar de la inflexibilidad del gobierno en Francia, a pesar de los fracasos para hacer retroceder a la burguesía o para obtener realmente mejores salarios en Gran Bretaña o en otros lugares, la mayor victoria de los trabajadores es la lucha misma y la toma de conciencia, sin duda todavía incipiente y muy confusa, de que formamos una sola fuerza, de que todos somos explotados que, atomizados, cada uno en su rincón, no podemos hacer nada contra el capital pero que, unidos en la lucha, nos convertimos en la mayor fuerza social de la historia.
Es cierto que los trabajadores aún no han recuperado la confianza en sus propias fuerzas, en su capacidad para tomar la lucha en sus manos. En todas partes, los sindicatos mantuvieron el control de los movimientos, hablando un lenguaje más combativo para esterilizar mejor la necesidad de unidad, al tiempo que mantenían una rígida separación entre los distintos sectores. En Gran Bretaña, los trabajadores permanecieron aislados tras los piquetes de sus empresas, aunque los sindicatos se vieron obligados a organizar algunas parodias de manifestaciones supuestamente “unitarias”. Del mismo modo, en Francia, cuando los trabajadores se reunían en manifestaciones gigantescas, era sistemáticamente bajo el control absoluto de los sindicatos, apiñados tras las banderas de sus empresas y sectores. En general, el encierro corporativista siguió siendo una constante en la mayoría de las luchas.
Durante las huelgas, la burguesía, en particular sus fracciones de izquierda, siguieron vertiendo sus campañas ideológicas en torno a la ecología, el antirracismo, la defensa de la democracia, etc., destinadas a mantener la cólera y la indignación en el terreno ilusorio de los “derechos” burgueses y a dividir a los explotados entre blancos/colores, hombres/mujeres, jóvenes/viejos... En Francia, en pleno movimiento contra la reforma de las pensiones, asistimos al desarrollo tanto de campañas ecologistas en torno al desarrollo de las “méga-bassines” (mega embalses de agua) como de campañas democráticas contra la represión policial. Aunque la mayoría de las luchas obreras se han mantenido en el terreno de clase, es decir, la defensa de las condiciones materiales de los trabajadores frente a la inflación, los despidos, las medidas de austeridad del gobierno, etc., el peligro que representan estas ideologías para la clase obrera sigue siendo considerable.
Por el momento, las luchas han disminuido en varios países, pero eso no significa que los trabajadores estén desanimados o derrotados. La oleada de huelgas en el Reino Unido se prolongó durante todo un año, mientras que las manifestaciones en Francia duraron cinco meses, a pesar de que la gran mayoría de los trabajadores eran conscientes desde el principio de que la burguesía no cedería inmediatamente a sus demandas. Semana tras semana en Holanda, mes tras mes en Francia y durante todo un año en el Reino Unido, los trabajadores se negaron a tirar la toalla. Estas movilizaciones obreras han demostrado claramente que los trabajadores están decididos a no aceptar un mayor deterioro de sus condiciones de vida. A pesar de todas las mentiras de la clase dominante, la crisis no va a detenerse: el costo de la vivienda, la calefacción y los alimentos no va a dejar de subir, los despidos y los contratos precarios van a continuar, y los gobiernos van a seguir con sus ataques...
Sin duda, esta nueva dinámica de lucha no ha hecho más que empezar y, para la clase obrera, “todas sus dificultades históricas persisten, su capacidad para organizar sus propias luchas y aún más para tomar conciencia de su proyecto revolucionario están todavía muy lejos, pero la combatividad creciente frente a los golpes brutales asestados por la burguesía a las condiciones de vida y de trabajo es el terreno fértil en el que el proletariado puede redescubrir su identidad de clase, volver a tomar conciencia de lo que es, de su fuerza cuando lucha, se solidariza y luego desarrolla su unidad. Es un proceso, una lucha que se reanuda tras años de estancamiento, un potencial que las huelgas actuales sugieren”[4]. Nadie sabe dónde ni cuándo surgirán nuevas luchas significativas. Pero es seguro que la clase obrera tendrá que seguir luchando en todas partes.
Millones de nosotros luchando, sintiendo la fuerza colectiva de nuestra clase al estar hombro con hombro en las calles, eso es esencial, pero de ninguna manera es suficiente. El gobierno francés se echó atrás en 2006, durante la lucha contra el CPE, no porque hubiera más estudiantes y jóvenes con contratos precarios en las calles, sino porque habían confiscado inmediatamente el movimiento a los sindicatos, a través de asambleas generales soberanas, abiertas a todos y masivas. Estas asambleas no eran lugares donde los trabajadores se recluían en su propio sector o empresa, sino lugares desde donde partían delegaciones masivas hacia las empresas más cercanas para buscar activamente la solidaridad. Hoy en día, la incapacidad de la clase obrera para hacerse cargo activamente de la lucha buscando extenderla a todos los sectores es la razón por la que la burguesía no ha retrocedido. Sin embargo, la recuperación de su identidad ha permitido a la clase obrera empezar a reivindicar su pasado. En las marchas de los manifestantes en Francia se han multiplicado las referencias a Mayo del 68 y a la lucha de 2006 contra el CPE. ¿Qué pasó en el 68? ¿Cómo conseguimos que el gobierno diera marcha atrás en 2006? En una minoría de la clase está en marcha un proceso de reflexión, que es un medio esencial para aprender las lecciones de los movimientos del año pasado y prepararse para futuras luchas que tendrán que ir aún más lejos que las de 1968 en Francia o las de 1980 en Polonia.
Del mismo modo que las luchas recientes son el producto de un proceso de maduración subterránea que se viene desarrollando desde hace tiempo, los esfuerzos de una minoría por aprender las lecciones de las luchas recientes darán sus frutos en las luchas más amplias que se avecinan. Los trabajadores reconocerán que la separación de las luchas impuesta por los sindicatos sólo puede superarse si redescubren formas autónomas de organización como las asambleas generales y los comités de huelga electos, y si toman la iniciativa de extender la lucha más allá de todas las divisiones corporativistas.
A & D, 13 de agosto de 2023
[1] TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [109]
[2] Ver sobre el primero Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [7] y sobre el segundo 2011: de la indignación a la esperanza | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [8] y Un balance crítico del movimiento de indignados (2011) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1033]
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Mientras la burguesía y sus medios siguen encubriendo la quiebra histórica del capitalismo, la burguesía, cuando reúne a los principales líderes del mundo en el Foro Económico Mundial de Davos y se habla a sí misma, no puede prescindir de cierta claridad. Las conclusiones del informe general presentado al Foro son particularmente edificantes: “Los primeros años de esta década anunciaron un período particularmente convulso en la historia de la humanidad. El regreso a una ‘nueva normalidad’ después de la pandemia de Covid-19 se vio rápidamente afectado por el estallido de la guerra en Ucrania, dando paso a una nueva ronda de crisis alimentaria y energética, desatando problemas que décadas de progreso habían intentado solucionar.
A medida que comienza 2023, el mundo enfrenta una serie de riesgos que son completamente nuevos y extrañamente familiares. Hemos visto el regreso de riesgos ‘antiguos’ (inflación, crisis del costo de vida, guerras comerciales, salidas de capitales de los mercados emergentes, malestar social generalizado, choques geopolíticos y el espectro de la guerra nuclear) que pocos líderes empresariales y gubernamentales de esta generación ha conocido. Estos fenómenos se ven amplificados por desarrollos relativamente nuevos en el panorama de riesgo global, incluidos niveles de deuda insostenibles, una nueva era de bajo crecimiento, inversión global reducida y desglobalización, una disminución en el desarrollo humano después de décadas de progreso, el desarrollo rápido y sin restricciones de tecnologías de doble uso (civil y militar), y la creciente presión de los impactos del cambio climático en una ventana de transición hacia un mundo con un aumento de 1.5°C, temperatura que necesariamente debería reducirse. Todos estos elementos convergen para dar forma a una década única, incierta y convulsa.
La próxima década se caracterizará por crisis ambientales y sociales, alimentadas por tendencias geopolíticas y económicas subyacentes. La ‘crisis del costo de vida’ se ubica como el riesgo global más grave para los próximos dos años, con un pico a corto plazo. La ‘pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas’ se considera uno de los riesgos globales de más rápido deterioro durante la próxima década, y los seis riesgos ambientales se encuentran entre los diez principales riesgos para los próximos diez años. Nueve riesgos figuran en los diez primeros clasificados de riesgo a corto y largo plazo, que incluyen ‘confrontación geoeconómica’ y ‘erosión de la cohesión social y polarización social’, así como dos recién llegados a esta clasificación”.1
Esta larga cita no proviene de una publicación de la CCI, es fruto del trabajo de uno de los “think tanks” mejor valorados entre los principales líderes políticos y económicos del planeta. De hecho, estas observaciones están en gran medida en línea con el texto adoptado por la CCI en octubre de 2022 sobre la aceleración de la descomposición capitalista: “Los años 20 del siglo XXI prometen ser uno de los períodos más convulsos de la historia y ya acumulan catástrofes y sufrimientos indescriptibles. Comenzaron con la pandemia de Covid-19 (que aún continúa) y una guerra en el corazón de Europa, que ya dura más de 9 meses y cuyo resultado nadie puede predecir. El capitalismo ha entrado en una fase de serias turbulencias en todos los frentes. Detrás de esta acumulación y entrelazamiento de convulsiones asoma la amenaza de la destrucción de la humanidad. […]
Con el inicio repentino de la pandemia de Covid, hemos destacado la existencia de cuatro características específicas de la fase de descomposición:
- La creciente gravedad de sus efectos […].
- La irrupción de los efectos de la descomposición a nivel económico […].
- La creciente interacción de sus efectos, que agrava las contradicciones del capitalismo a un nivel nunca antes alcanzado […].
- La creciente presencia de sus efectos en los países centrales […].
El año 2022 fue una vívida ilustración de estas cuatro características, a través de:
- El estallido de la guerra en Ucrania.
- La aparición de oleadas de refugiados sin precedentes.
- La continuación de la pandemia con los sistemas de salud al borde de la quiebra.
- Una creciente pérdida de control de la burguesía sobre su aparato político, de la que la crisis del Reino Unido fue una manifestación espectacular.
- Una crisis agrícola que conduce a la escasez de muchos productos alimenticios en un contexto de sobreproducción generalizada, lo que constituye un fenómeno relativamente nuevo para más de un siglo de decadencia
- Hambrunas aterradoras que golpean cada vez a más países
Sin embargo, la agregación e interacción de fenómenos destructivos conduce a un ‘efecto torbellino’ que concentra, cataliza y multiplica cada uno de sus efectos parciales provocando estragos aún más destructivos. […] este ‘efecto torbellino’ constituye un cambio cualitativo cuyas consecuencias serán cada vez más evidentes en el próximo período”2
En realidad, no fue solo por unos meses que el análisis de la CCI precedió al de los expertos más informados de la burguesía, sino por varias décadas, ya que las observaciones que se establecen en este texto son sólo una sorprendente confirmación de los pronósticos que ya teníamos planteados a fines de la década de 1980, en particular en nuestras Tesis sobre la descomposición3.
“El efecto torbellino”, mencionado en nuestro texto, destaca que basta que uno de estos fenómenos se agrave y estalle, para que se produzcan otras explosiones, mezclando todos los efectos, para que las crisis parciales se conviertan en un torbellino de desastres.
Global Risks Report [Informe de Riesgos Globales] cuando evoca la dinámica que lleva a lo que la burguesía llama “policrisis”, no evoca otra cosa que: “Los choques concomitantes, los riesgos profundamente interconectados y la erosión de la resiliencia aumentan el riesgo de policrisis, donde las crisis dispares interactúan de tal manera que el impacto general supera con creces la suma de cada parte. La erosión de la cooperación geopolítica tendrá efectos dominó en el panorama de riesgo global en el mediano plazo, incluida la contribución a una posible policrisis de riesgos ambientales, geopolíticos y socioeconómicos interrelacionados con la oferta y la demanda de recursos naturales. El informe describe cuatro posibles futuros centrados en la escasez de alimentos, agua, metales y minerales, todo lo cual podría desencadenar una crisis humanitaria y ecológica,”. La descripción muy precisa que hace el Informe de Riesgos Globales de “la interconexión entre los riesgos globales” es fundamental, sin ser realmente consciente de ello, el proceso que conduce a la barbarie total y a la destrucción de la humanidad.
Esta objetividad, en cambio, la abandonan los expertos de la burguesía cuando intentan explicar el origen de estos “riesgos”. Si bien no se fijan este objetivo, se puede inferir de las referencias que presentan que las raíces de los cataclismos se encuentran en una inadecuada toma de decisiones. De esta manera las soluciones que proponen se basan en un optimismo ingenuo, esperando “un cambio significativo en la política o la inversión”, en una feliz colaboración entre Estados, tanto como con los capitales privados.
Enredado en una visión burguesa de la situación histórica, el Informe de Riesgos Globales no comprenden que los fenómenos que logra describir son el resultado de la existencia misma del capitalismo, que la guerra, la destrucción ecológica o la crisis económica no tienen solución en este sistema. Aunque desde su origen el capitalismo ha sido un sistema basado en la explotación humana, en la depredación y destrucción de la naturaleza, el capitalismo fue un factor de desarrollo político y social en el momento de su auge (principalmente en el siglo XIX). Pero como todo modo de producción, terminó por llegar a su fase de decadencia, la que el desarrollo de las fuerzas productivas se opone cada vez más a las relaciones de producción que las constriñen. No es casualidad que fue la Primera Guerra Mundial la que abrió el proceso de decadencia del sistema, pues en adelante el militarismo y la guerra definieron la vida económica y política de la burguesía.
Reconociendo la decadencia capitalista, los revolucionarios de la Tercera Internacional la definieron en su plataforma programática como “la época de la desintegración del capitalismo, de su colapso interno. Época de la revolución comunista del proletariado”, de tal manera que en la decadencia se representan las condiciones materiales que posibilitan la maduración de las condiciones que posibilitan la revolución social.
Más de 100 años después de este cambio de época, el callejón sin salida en el que se encuentra el capitalismo, la barbarie atroz y la destrucción masiva que provoca se imponen cada día más a la humanidad.
Desde la implosión del bloque del Este en 1989, las contradicciones internas que caracterizaron la fase de decadencia del capitalismo realmente han estallado, poniendo de manifiesto la podredumbre del sistema. Este nuevo período, el de la descomposición del capitalismo, está marcado por un proceso de “todos contra todos” y de dislocación, que se ha convertido en el factor determinante de la evolución de la sociedad, aglutinando y agravando fenómenos destructivos y exponiendo el peligro que representa el capitalismo para la humanidad.
Desde hace 30 años, estas tendencias destructivas no solo se acentúan, sino que aparecen juntas y sobre todo interactúan entre sí. Así, al comienzo de la fase de descomposición, los diferentes Estados podían aún intervenir y aislar los efectos, de modo que cada catástrofe ocurriera sin estar vinculada a las demás.
Sin embargo, la pandemia y en especial la guerra de Ucrania han evidenciado un cambio cualitativo en la descomposición, no sólo porque sus efectos han sido mundiales y han causado millones de muertos y desplazados sino también porque han tenido un impacto agravante en los conflictos en varios campos poniendo de manifiesto tanto la incapacidad de la burguesía para contener los desastres de forma coordinada como su irracionalidad, por lo cual han paralizado la economía, acelerado la crisis sanitaria, agudizado las rivalidades comerciales e imperialistas, etc.
Es precisamente esta interacción de las contradicciones del capitalismo decadente, avanzando en forma de torbellino, la que aparece como la característica principal de esta fase de descomposición. Es en la historia de la decadencia del sistema capitalista donde podemos situar los cimientos de la actualidad y entender por qué los años 20 del siglo XXI se perfilan “como uno de los períodos más convulsos de la historia”. Al igual que los modos de producción que lo precedieron, el modo de producción capitalista no es eterno y similarmente a estos modos de producción del pasado, está destinado a ser reemplazado (si no destruye antes a la humanidad) por otro modo de producción superior correspondiente al desarrollo de las fuerzas productivas. Un modo de producción que abolirá las relaciones de mercado que están en el centro de la crisis histórica del capitalismo, donde ya no habrá lugar para una clase privilegiada que vive de la explotación de los productores.
Si la burguesía, con todos sus equipos de especialistas, puede describir los fenómenos, en el fondo no puede comprenderlos y mucho menos aportarles una solución. La única clase que puede presentar una alternativa a su barbarie es el proletariado, la clase explotada dentro del capitalismo que no tiene ningún interés que la ate a este. Además, la clase obrera es también la que lleva todo el peso de los ataques a sus condiciones de trabajo y de vida que se derivan directamente de la presión acentuada de la crisis, acentuada por todas las manifestaciones de descomposición.
A pesar de todos los ataques sufridos en las últimas décadas, hoy dos condiciones permiten a los trabajadores mantenerse como una fuerza histórica capaz de enfrentar al capital: la primera es que el proletariado no está derrotado y mantiene su combatividad. La segunda es precisamente la profundización de la crisis económica, que deja al desnudo las causas primarias de toda la barbarie que pesa sobre la sociedad, permitiendo así que el proletariado tome conciencia de la necesidad de cambiar radicalmente el sistema y no buscar ya simplemente una ilusoria mejora.
Precisamente en la actualidad, bajo el ímpetu de la crisis económica, el proletariado ha comenzado a desarrollar sus luchas, como lo demuestran las movilizaciones en Europa. Desde el verano de 2022, la clase trabajadora en Gran Bretaña ha salido a las calles para defender sus condiciones de vida. La misma combatividad se expresó luego durante movilizaciones en Francia, Alemania, España, Bélgica e incluso en las huelgas en Estados Unidos. Desde este punto de vista, la década que se abre se expresa también a través de la ruptura con la pasividad y la desorientación que el proletariado ha mostrado durante mucho tiempo.
Actualmente, la combatividad que se expresa en Europa subraya que se ha iniciado un proceso de maduración, que avanza hacia la reconquista de una verdadera identidad de clase y confianza en la fuerza del proletariado a nivel internacional. Este proceso es el terreno sobre el que puede desarrollarse la lucha histórica de la clase trabajadora en su perspectiva revolucionaria contra la barbarie del capitalismo en putrefacción.
MA, 15 de mayo de 2023
1 “Informe de Riesgos Globales, Principales conclusiones: algunos elementos”, presentado en el Foro Económico Mundial de Davos (enero de 2023).
2 “La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad [1250]”, Revista internacional n° 169 (2022)
3 TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [109]
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Como ya hemos dicho en un artículo reciente1, en continuidad con la situación internacional de cambio de espíritu en las luchas obreras, durante los meses de junio y julio las luchas de los trabajadores en Vigo han mostrado una fuerte combatividad y una voluntad incipiente de unirse. Esta voluntad se ha expresado embrionariamente bajo la forma de una tendencia a la coincidencia de luchas en varios sectores: alimentación, ambulancias, transporte urbano, amarradores (incluso con cierta coincidencia física de trabajadores del metal y ambulancias a principios de julio2), animadas por las luchas en un sector más concentrado y con mayor experiencia de lucha como es el del metal. También hemos visto intentos de buscar activa y directamente la solidaridad de trabajadores de otras empresas, eso sí, frustrados por policía, sindicatos y el peso de la ideología sindicalista misma. Una de las manifestaciones, con un seguimiento masivo, se encaminaba a una fábrica de automoción de Stellantis que alegaba que “tiene otro convenio propio y el conflicto nos es ajeno”, cuando la policía cargó contra los trabajadores3.
Las luchas, como decíamos, “han demostrado que, como muchos otros sectores de nuestra clase, tampoco están dispuestos a aceptar pasivamente los brutales ataques que el capitalismo impone sobre nuestras condiciones de vida. Sin embargo, la lucha ha finalizado con una nueva derrota económica: una subida de salarios de 3% por año (unos 48.3 euros al mes), que está muy por debajo del aumento de la inflación”.
No es la primera vez que los trabajadores luchan en Vigo. Hace un año, la prensa burguesa vomitaba una cascada de deformaciones sobre la memoria de las luchas obreras en 1972. ¡Incluso se abrió una exposición en el centro de la ciudad! Según todo esto, habría sido esencialmente una lucha “contra la dictadura franquista y por la democracia” y, a su vez, una gran aportación meritoria del sindicalismo4.
Sin embargo, la clase obrera es una clase mundial, y la combatividad en Vigo no era entonces, ni lo es hoy, expresión de un “asunto español”, ni de una táctica de una genial dirección sindical. La raíz y el desarrollo de aquellas luchas pertenece al combate histórico de la clase obrera, mientras que el papel meritorio de los sindicatos no fue para nuestra clase sino para la burguesía española y su dictadura en versión democrática. La ola internacional de luchas obreras que comenzó con Mayo del 68 se contagió a los trabajadores de muchos otros países como en Italia, Argentina, Polonia, Portugal, Gran Bretaña, Senegal, etc., con expresiones en los años sucesivos, fue expresión del retorno del proletariado a su terreno de luchas tras una terrible contrarrevolución de cuatro décadas. Su expresión fundamental en el Vigo de entonces fueron la solidaridad, la extensión de la lucha y las asambleas generales abiertas a todos los trabajadores.
Más recientemente, en 2006, los trabajadores del metal de Vigo contribuyeron a una tendencia internacional del proletariado a intentar recuperar los medios proletarios de lucha tras casi dos décadas de retroceso: las asambleas y la extensión de la lucha, aunque aún lejos de la huelga política de masas como en el 68 o en Polonia en 1980. Esta tendencia la vimos también, pese a sus debilidades, por ejemplo, con las huelgas del metro de Nueva York en 2005, el movimiento contra el CPE en Francia en 2006, las huelgas en Grecia en 2008 o en el movimiento de Indignados de 20115. En aquel 2006, los trabajadores del metal se armaron en su lucha con el medio de las Asambleas Generales diarias, en plena calle, abiertas a la participación de los trabajadores de cualquier sector. “Más de 10.000 trabajadores se han reunido diariamente para organizar la lucha, decidir acciones a tomar, ver a qué empresas dirigirse para pedir la solidaridad de los trabajadores, escuchar qué se dice de la huelga en la radio, en los comentarios de la gente etc. (…) Es significativo que los obreros de Vigo hayan desarrollado el mismo método que los estudiantes de Francia en su reciente movimiento. Allí también las Asambleas eran abiertas a trabajadores en activo, a jubilados, a padres de alumnos. Allí también las Asambleas han sido el pulmón del movimiento (…) Desde el principio, los obreros se han planteado ganar la solidaridad de los demás trabajadores, principalmente de las grandes empresas metalúrgicas que tienen convenio especial y que, por tanto, “no estarían afectadas”. Han enviado delegaciones masivas a los astilleros, a Citroën y a las otras empresas grandes. En astilleros de forma unánime los obreros se han puesto en huelga solidaria desde el 4 de mayo. Para el cálculo frío y egoísta que inculca la ideología burguesa según la cual cada uno debe interesarse “por lo suyo”, esta acción es una “locura”, pero desde el punto de vista de la clase obrera es la mejor respuesta cara al presente y como preparación del futuro6.
La situación pilló más bien de sorpresa a los sindicatos, armas de la burguesía contra el proletariado, que reaccionaron, por ejemplo, intentando oponerse al envío de delegaciones masivas a las otras empresas “ofreciendo” a cambio convocar una huelga general del metal. Pero finalmente, tras imponerse como expertos negociadores y ofrecer sus promesas vacías y algunos caramelos, los sindicatos acabaron por dividir y sabotear el desarrollo de la lucha. En 2009, los pocos caramelos que se habían repartido durante el espejismo de la burbuja inmobiliaria se habían desecho ya e incluso empezado a formar caries más profundas. En este caso, los sindicatos estaban más preparados y tomaron la delantera con jornadas de lucha dosificadas, y las asambleas eran convertidas en un medio de control sindical a través de la “representación” y los discursos de los comités sindicales de empresa. Además, cuando aun así surgían asambleas espontáneas o las luchas desbordaban a los sindicatos, estos últimos convocaban paros esporádicos y prometían “consistentes” jornadas de lucha. Los sindicatos condujeron también a “acciones espectaculares” como ocupar la Feria de Muestras, o impedir el acceso de pasajeros a un lujoso crucero, acciones totalmente contraproducentes y destinadas a aislar, dividir y vandalizar a los trabajadores. Esto, unido a un sudoku de movilizaciones fragmentadas y espaciadas temporal y espacialmente, llevaron a los trabajadores al cansancio, la confusión y desorientación de su perspectiva. Además, en “la asamblea que tuvo lugar en Plaza del Rei, los sindicatos propusieron una tregua de 4 días para que "la patronal haga una propuesta seria". Al final, lograron convencer a los congregados proponiendo una "huelga general e indefinida", radicalismo vacío que se oponía a la continuación concreta de la huelga ahora que había fuerzas, conciencia y ánimos”7.
¿No resulta esto demasiado familiar? Hoy, en 2023, parece que los sindicatos han tomado en Vigo buena nota del manual que emplearon en 2009.
La burguesía española a través de la acción de los sindicatos ya había procurado durante 2022 y principios de 2023 un escalonamiento de los diferentes focos de combatividad en España, desfogando primero aquí y luego allá a distintos sectores de forma fragmentada. Del mismo modo han conseguido una separación entre las luchas en Vitoria8 de hace unos meses y luego en Vigo. Pero este escalonamiento se ha aplicado también en el propio Vigo, donde los sindicatos han procurado convocar en días, espacios y horarios distintos a los trabajadores de distintos sectores que tendían a coincidir (aunque aún no a unificarse sino como mucho a confluir parcialmente en un día, lo cual, pese al fuerte control sindical, es en sí mismo ya un signo de una búsqueda de solidaridad detrás del telón). Pero el manual de 2009 ha funcionado de manera muy explícita: bloqueo de la feria de muestras de Mindtech, promesa radicaloide de huelga indefinida si las “serias negociaciones” de los sindicatos y la patronal no cumplían las expectativas… Tanto la pareja UGT-CCOO como el sindicato galleguista CIG, han aplicado a los trabajadores un juego de agua fría – agua caliente para acabar con la lucha. Agua fría, en un llamado a la confianza en los sindicatos, a la esperanza de las negociaciones y en el voto democrático. Agua caliente, por otro lado, en aquel radicalismo vacío, que ya hemos visto que no es nuevo, y que promete un escenario de vuelta a la lucha de forma aparentemente más “dura” y “combativa”, pero que en realidad los trabajadores no pueden sino ver como una amenaza a su futuro, donde algunos no podrán permitirse prescindir de más días sin salario, otros se empeñarán en mantenerse firmes a toda costa, causando una terrible división. La huelga indefinida no es, en todo caso, un medio de lucha de los trabajadores sino una promesa radical de aislamiento del sector, de desgaste indefinido de la combatividad obrera. Esta maniobra ha permitido a la burguesía controlar la situación, al menos provisionalmente, evitando tener que seguir exponiendo abiertamente a unos sindicatos como CCOO y UGT cuya labor es muy incómoda de realizar en el marco del “gobierno de España más progresista de la historia”, pero que no tenían más remedio que hacer su función anti obrera ante expresiones tan contundentes de combatividad.
Las tentativas de recuperar los medios proletarios de lucha en el periodo 2003-2011 marcaron un paso en el desarrollo de las luchas futuras de nuestra clase, pese a sus grandes limitaciones especialmente el no reconocerse como proletarios por parte de los sectores más presentes en dichas movilizaciones, la falta de extensión a los centros de trabajo, y las fuertes ilusiones en la democracia. Estas debilidades no estuvieron tan presentes en el sector de nuestra clase que luchó en Vigo en 2006 ya que las luchas partieron de los centros de trabajo mismos. Hoy, y sobre todo lo han expresado la clase obrera en Gran Bretaña y Francia, la clase obrera ha demostrado su capacidad de expresarse abiertamente en su propio terreno y decir ¡basta ya! (“enough is enough”9) frente a los ataques a nuestras condiciones de vida con la profundización de la crisis crónica de un capitalismo que nos lleva progresiva pero ahora más aceleradamente a la destrucción de la humanidad10. Se ha lanzado a la lucha masivamente como una clase trabajadora donde “todos estamos en el mismo barco”, pese a los sabotajes constantes de los sindicatos y la pesada carga de las ideologías sindicalista y democrática. Nuestra clase ha roto, por tanto, con una pasividad y una falta de expresión en su propio terreno que dominaba el panorama desde finales de los años 80. Partir de estos fundamentos es el punto de partida necesario de las futuras luchas. En Vigo, los trabajadores han demostrado una voluntad de luchar, animados por la combatividad de sus hermanos del metal, y con tendencia a, al menos, coincidir en sus luchas. La búsqueda de una unidad real de las mismas tendrá que enfrentarse al continuo sabotaje de los sindicatos, sus estrategias para desmoralizarnos, confiar en su representación, en “hacer girar a la izquierda a sus direcciones” tal y como pretende la actual campaña en marcha de “Ganemos CCOO”, sindicato cuyos afiliados parece que votaron mayoritariamente contra la firma de este último convenio. Frente a esta repetitiva, y asquerosamente burlona perspectiva sindical, los trabajadores debemos luchar por extender la lucha desde el principio, y por asambleas generales abiertas a todos los trabajadores contra su control por los sindicatos. Es el único camino para hacer frente a estos falsos dilemas que nos plantean estos falsos “organismos de la lucha”: frío realismo capitalista y/o calentura idealista desmoralizante, si acaso con alguna que otra supuesta mejora sectorial rápidamente evaporada.
El camino a seguir no es ni la huelga general ni la huelga indefinida, sino aquellos medios que van apuntando a la huelga política de masas, y que forzosamente requerirán de avances y retrocesos, pero procurando mantener a salvo nuestra combatividad, y nuestra búsqueda de solidaridad y unidad como clase y sacando siempre lecciones de las luchas vividas.
Opero, septiembre de 2023
1 Polémica con Le Prolétaire: Hay que romper con toda ideología sindicalista | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1252]
2 Diario de Pontevedra | Las huelgas de las ambulancias y del metal se alían en Pontevedra [1253]
3 El Español | La quinta jornada de huelga del metal de Pontevedra eleva la tensión frente a Stellantis [1254]
4 Diario Público | Vigo 1972: historia, memoria y reconocimiento [1255] ; Metropolitano.Gal | Vigo rinde homenaje a la histórica huelga de 1972 con una exposición en Príncipe [1256]
5 Un balance crítico del movimiento de indignados (2011) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1033]
6 Huelga del metal de Vigo: Los métodos proletarios de lucha | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [201]
7 VIGO: LOS METODOS SINDICALES CONDUCEN A LA DERROTA | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1257]
8 Luchas en Vitoria: el sindicalismo y la democracia contra la clase obrera | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1258]
9 Ver nuestra hoja internacional: Por todas partes la misma pregunta: ¿Cómo desarrollar la lucha? ¿Cómo hacer retroceder a los gobiernos? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1094]
10 Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1067]
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El 11 de septiembre se cumplieron 50 años del golpe de Estado que comandara Pinochet para derrocar al gobierno de Salvador Allende. Este hecho la burguesía lo ha aprovechado para reforzar su campaña continua de promoción de la democracia, buscando con sus discursos y eventos de recuerdo, apretar el nudo con el que pretende atar a los trabajadores (de Chile y del mundo) a la idea de que el único camino político que tienen como explotados, es colocarse en la defensa de un Estado democrático en contra de las dictaduras. Precisamente en el principal acto del gobierno chileno, en la intervención del actual presidente, Gabriel Boric, hay una frase con la que resume la lección que la burguesía rescata de la existencia de la dictadura militar, y que le permite dar forma a su campaña: “que nunca más la violencia sustituya en nuestra convivencia el debate democrático.” De manera que en continuidad a ese argumento proclama para “Chile y el mundo: Democracia, hoy y siempre.”
No es extraño que las peroratas de otros personajes representantes de instituciones de la burguesía, expresadas en otros espacios, repitan el mismo argumento, buscando que los explotados del mundo acrecienten su esperanza en la democracia, a la que presentan como la cara opuesta del accionar sanguinario de los regímenes dictatoriales y por tanto como una alternativa, dado que permite la expresión de un “rostro humano del capitalismo”. En este sentido es que Luis Almagro, secretario general de la OEA, define a Salvador Allende como “mártir en defensa de la democracia”, mientras que el titular de la ONU, Antonio Guterres, llama a celebrar “el compromiso chileno con la democracia”. Pero con estos discursos, a la vez que buscan ampliar la mistificación de la democracia, pretenden ampliar el golpeo a la conciencia del proletariado denigrando al marxismo.
Sin duda el derrocamiento del gobierno de Allende por los militares, abrió una escalada represiva, en donde la tortura, la prisión, el asesinato y el golpeteo mayor a las condiciones de vida de los trabajadores, fueron prácticas llevadas al extremo. Es cierto que fueron excesivamente brutales, pero eso no debe impedir hacer un análisis sobre los mitos que se levantaron en torno al gobierno de Allende y que la burguesía sigue utilizando hoy para extender la confusión y evitar el impulso de la conciencia obrera. A medio siglo de distancia, se sigue hablando de “la vía chilena al socialismo”, escondiendo el carácter burgués del gobierno de la Unidad Popular (UP) y dando pauta para que tanto la izquierda y la derecha denigren al marxismo al igualarlo con las prácticas de ese gobierno1.
Antes y después del golpe militar, los grupos de derecha, las notas de la prensa, los informes de la CIA y las declaraciones del poder militar, insistían en calificar a Salvador Allende y a su gobierno como marxista. Allende mismo era el primero en alimentar el mito del “socialismo al estilo chileno”, el cual se sustentaba en la posibilidad del uso de las estructuras electoreras para la apertura a un proceso de “transición social”. Pero, ¿cuáles eran las bases de la política que abría ese proceso?: la estatizaciones de empresas, la inversión gubernamental, la deuda, el racionamiento del consumo y la intensificación de las cadencias productivas… pero al contrario a lo que afirmaba el gobierno de la UP, Fidel Castro y todo el aparato de izquierda burgués de hace 50 años y actual, estas medidas no exponían una transición al socialismo, al contrario, lo que representaban esas medidas era un reforzamiento del capitalismo.
En 1973, mientras estalinistas, maoístas e incluso trotskistas intervenían exponiendo el “apoyo” al derrotado gobierno de Allende, World Revolution, un grupo que iba a formar la sección de la CCI en Gran Bretaña, exponía en su intervención argumentos reflexivos sobre la naturaleza burguesa de las facciones en pugna, que terminaron llevando al golpe de Estado en Chile. De esta forma explicaba que la política de la UP, “apoyada en un fuerte sector estatal, era pura y simplemente capitalista”. En tanto que, “Pintar las relaciones capitalistas de producción con un barniz de nacionalizaciones bajo ‘control’ obrero no cambia nada; las relaciones de producción capitalistas quedaron intactas bajo Allende, e incluso fueron reforzadas al máximo. En los lugares de producción de los sectores público y privado, los obreros tenían que seguir sudando para un patrón, seguir vendiendo siempre su fuerza de trabajo. Había que satisfacer el apetito insaciable de la acumulación de capital, agudizado por el subdesarrollo crónico de la economía chilena y una inmensa deuda externa, sobre todo en el sector minero (cobre) de donde el Estado chileno saca el 83% de sus ingresos por importación…”2
Pero no solo se revela la esencia capitalista del régimen de la Unidad Popular por su ordenamiento económico, en el que la propiedad estatal se vuelve base para la continuidad de la producción de mercancías y la continuación de la explotación del trabajo asalariado… la respuesta represiva expone también claramente a que intereses son los que defiende. Así queda evidenciado en la violenta respuesta que el gobierno da a la huelga de los trabajadores de la mina El teniente (abril-junio de 1973), que, pasando por encima del control sindical habían solicitado un aumento salarial3.
Lo que implica que, los garrotes y los fusiles, cuando son controlados por el gobierno de Allende, se ocuparon de asegurar la defensa del capital, tal como lo hicieron cuando las ordenes las dictaba Pinochet. El gobierno de la burguesía, en manos de su aparato de izquierda o de derecha, coinciden en ubicar a los trabajadores como el objetivo a someter. Los actos conmemorativos del asalto a la Moneda hace 50 años, con sus elogios a la democracia, pretenden mostrar que la democracia y la dictadura militar son radicalmente opuestas. Pero son dos caras de la misma moneda: aunque difieran en su forma de operar, son de la misma naturaleza capitalista. Ambas son formas de dominación de la burguesía contra los trabajadores.
Hace 50 años cuando se extendía la noticia del bombardeo a la Moneda, además de los pronunciamientos de la diplomacia de la burguesía que confundía sobre lo que pasaba en Chile, el aparato de izquierda organizaba caminatas callejeras para “denunciar” al “imperialismo yanki”, confundiendo también, pero sobre todo impidiendo la reflexión de los explotados. Actualmente utilizando los medios de divulgación convencionales y “alternativos”, continúan esa labor de confusión y de ataque directo en contra de los trabajadores, centrando su ataque al marxismo. Mientras que la izquierda muestra la brutalidad de gobierno de Pinochet y repite los discursos de Allende, resaltando su “heroicidad” y la de personajes como Víctor Jara o Miguel Enríquez, colaborando así en la confusión, al igualar las prácticas burguesas con el marxismo; la derecha resalta el “desastre económico” del gobierno de Allende, marcado por la inflación creciente, la caída de la producción, el desabasto y el hambre sufrida por la población, con lo que intentan justificar a los militares, pero sobre todo lo resaltan como resultado de lo que llaman las “políticas marxistas”. De esta forma en la campaña de confusión y de ataque al marxismo, que se relanza aprovechando el cincuentenario del golpe militar en Chile, izquierda y derecha relevan sus ataques.
“Que nunca más la violencia sustituya la democracia” fue el lema citado por Boric y repetido por miles en las puertas de la Moneda en la noche del 11 de septiembre. Se entiende el dolor de la población que vivió y sufrió el accionar de las hordas militares, sin embargo, estas medidas deben ser reconocidas no como algo especial ajeno a la burguesía. La tortura y la represión, así como la explotación, son prácticas comunes en el capitalismo. Por eso, esa esperanza que se expone en la frase de “nunca más”, es vana, si no se comprende el carácter bárbaro del capitalismo, si no se comprende que mientras exista el capitalismo, criminales como Pinochet pueden repetirse. De la misma forma la clase trabajadora si vuelve a colocarse tras un proyecto burgués, verá repetirse la manipulación y su uso como carne de cañón en las pugnas inter burguesas, como lo hizo Allende.
Tatlin, 28-septiembre-2023
1 El gobierno de la UP fue encabezado por partidos burgueses, la mayor parte de ellos de corte estalinista: Partido Socialista, Partido Comunista, Movimiento de Acción Popular Unitario, MAPU Obrero y Campesino, además de la Central Única de Trabajadores.
2 Hoja volante de WR, distribuida en noviembre de 1973, reeditada en Revista Internacional n° 115, cuarto trimestre de 2003.
3 Los grupos de derecha hipócritamente exponían solidaridad con los mineros, aunque en realidad pretendían usarlos. “El Mercurio”, que era un periódico usado por la CIA y los grupos de derecha en pugna con el gobierno, en su edición del 18 de junio de 1973, publicitaba en primera plana: “Brigadas de marxistas agredieron a mineros”.
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Bakunin montó una organización secreta dentro de la AIT destinada bien a tomarla bajo su control, o, si ello no era posible, destruirla. La AIT reaccionó frente a esta gigantesca intriga consagrando el Congreso de La Haya (1872) a la defensa de la organización contra esa tentativa parásita de destruirla.
Debemos recordar que este congreso tiene lugar un año después de la Comuna de París, la primera vez en la historia en que el proletariado intentaba tomar el poder, sin embargo, la importancia crucial de defender la organización revolucionaria frente a las tentativas de destruirla fue conscientemente asumida por la AIT dándole una prioridad absoluta y haciendo públicos sus trabajos.
Las lecciones de este combate son vitales. Sin embargo, han sido totalmente enterradas por diversas razones. La primera es que fueron rápidamente olvidadas en el movimiento obrero posterior -con la única excepción de los bolcheviques- y así Franz Mehring -compañero de combate de Rosa Luxemburgo en la Izquierda de la Socialdemocracia- en su biografía de Marx presenta su lucha contra la conspiración de Bakunin como un “enfrentamiento personal”.
Desde luego, los numerosos autores (historiadores, marxólogos, polítologos) que han hablado del Congreso de La Haya han repetido hasta la náusea la misma cantinela: todo se redujo a un “choque de personalidades” o a una “lucha entre autoritarios y libertarios”.
Níngun rigor científico puede esperarse de ellos. Sin embargo, lo que es indignante es que un grupo como la TCI1, que se reclama de la Izquierda Comunista, que dice luchar por el Partido Mundial del proletariado, publique un artículo sobre el congreso de La Haya (150 Years On: The Split in the First International, https://www.leftcom.org/en/articles/2022-09-02/150-years-on-the-split-in-the-first-international [1261]) 2 donde se repiten los mismos tópicos falsificadores que durante 150 años se han propagado sobre dicho Congreso.
¿Quién era Bakunin? Según el artículo de la TCI un auténtico revolucionario que defendió ideas equivocadas como el paneslavismo, pero “Cuando estalló el levantamiento de 1863 en la dividida Polonia, Bakunin ofreció sus servicios, pero fue rechazado. Intentó unirse al levantamiento por su cuenta, pero la expedición fracasó, al igual que el propio levantamiento: los insurgentes polacos fueron aislados y aplastados. Estos acontecimientos asestaron un duro golpe a las esperanzas panslavistas de Bakunin y le llevaron finalmente a reconsiderar sus ideas políticas". Según el artículo del TCI, esta reconsideración llevó a Bakunin a "formular una nueva doctrina, caracterizada por el abstencionismo político, el antiestatismo y el federalismo, que recibió diversos nombres: socialismo revolucionario, colectivismo y anarquismo. Primero buscó partidarios entre los seguidores radicalizados de Giuseppe Garibaldi y los francmasones, antes de fundar finalmente una sociedad secreta, la Asociación Revolucionaria Internacional. Los "catecismos" de esta sociedad secreta resumen las ideas en torno a las cuales Bakunin intentaba reorganizar a los revolucionarios en una red internacional".
El Consejo General de la AIT no comparte esta apreciación: “A su vuelta de Siberia [Bakunin], predicó en el Kólokol de Herzen, como fruto de su larga experiencia, el paneslavismo y la guerra de razas. Más tarde, durante su estancia en Suiza, fue designado para el Comité directivo de la Liga de la paz y de la libertad fundada en oposición a la Internacional. Como los asuntos de esta sociedad burguesa iban de mal en peor, su presidente el señor G. Vogt, por consejo de Bakunin, propuso una alianza al Congreso de la Internacional, reunido en Bruselas en septiembre de 1868. El Congreso declaró por unanimidad que, una de dos: o la Liga perseguía los mismos fines que la Internacional y en ese caso, no tenía razón de existir, o su objetivo era diferente y entonces la alianza era imposible. En el Congreso de la Liga, celebrado en Berna pocos días después, Bakunin efectuó su conversión. Allí propuso un programa de segunda mano, cuyo valor científico puede juzgarse por esta sola frase: «la igualación económica y social de las clases». Mantenido por una ínfima minoría, rompió con la Liga para entrar en la Internacional. Iba decidido a sustituir los Estatutos generales de la Internacional por el programa de ocasión que la Liga le había rechazado, y el Consejo General, por su dictadura personal. Y, con estos fines y para su uso particular, creó un instrumento especial: la Alianza internacional de la democracia socialista destinada a convertirse en una Internacional dentro de la Internacional”3.
Así pues, contrariamente a lo que dice la TCI, Bakunin no era un revolucionario que “evolucionó en sus ideas”. Sus cambios de posición no partieron de consideraciones sobre las experiencias vividas. Gran parte de su carrera la hizo dentro de posiciones claramente burguesas e incluso reaccionarias (el paneslavismo, la Liga por la Paz), pero, oliendo que la Internacional podía caer en sus manos, cambió rápidamente de chaqueta, dejó como trasto inservible la Liga por la Paz y la Libertad y se apresuró a entrar en la Internacional inventando para la ocasión un “programa de segundo mano” siguiendo los criterios del “marxismo grouchista” (de Groucho Marx) quien dijo “estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros en el bolsillo”. No era un militante sincero que “evoluciona”, era un aventurero político4. Estos personajes son muy peligrosos para el movimiento obrero porque lo que les mueve no es la lucha por los intereses de la clase, sino su ambición personal de ser un “jugador político” que usa las organizaciones obreras para sus fines espurios. Lassalle quería hacer del movimiento obrero alemán un peón de su juego con Bismark, con quien llegó a pactar secretamente5. Bakunin quiso poner la AIT a su servicio.
Además, es falso que Bakunin adoptara un programa “abstencionista, federalista y anti- estatista”, sus “principios” variaban según las circunstancias. Como veremos después, fue ultra – centralista cuando creía tener la conquista de la AIT al alcance de la mano, pero, cuando fracasó, abandonó ese interesado centralismo para envolverse en la bandera del federalismo pues este resultaba ser el mejor instrumento para hostigar a un Consejo General de la AIT que se negó a rendirse a sus pies.
Estamos ante dos visiones antagónicas. La del artículo de la TCI que pinta a Bakunin como “un revolucionario romántico con ideas equivocadas” y la del Consejo General de la AIT que lo ve como un aventurero político intrigante y sin escrúpulos. Nosotros elegimos resueltamente la segunda visión pues proporciona un armamento político para defender y construir la organización. La organización revolucionaria es un arma vital del proletariado que no solamente debe intervenir en sus luchas, sino igualmente construirse conscientemente y defender su existencia frente a la represión burguesa y todos los instrumentos con que esta puede disponer, como son los aventureros, el parasitismo político etc.
Bakunin logró entrar finalmente en la AIT. El artículo ignora completamente el peligro que esta adhesión entrañaba e ignora que Bakunin pretendió entrar en la AIT llevando a cuestas su Alianza Internacional de la Democracia Socialista. El Consejo General rechazó esta trampa: “Considerando: que la existencia de un segundo organismo internacional que funcionase dentro y fuera de la Asociación Internacional de los Trabajadores sería el medio más infalible para desorganizarla; que cualquier otro grupo de individuos residentes en cualquier localidad tendría derecho a imitar al Grupo iniciador de Ginebra y a introducir, bajo pretextos más o menos ostensibles, dentro de la Asociación Internacional de los Trabajadores, otras Asociaciones internacionales con otras misiones especiales; que, de este modo, la Asociación Internacional de los Trabajadores se convertiría muy pronto en el juguete de los intrigantes de cualquier nacionalidad y de cualquier partido”.
Ante esta negativa, Bakunin comenzó a maniobrar. Aparentó aceptar los principios de la Internacional y fingió disolver la Alianza. Recurrió a otro engaño: dio a entender al órgano central de la AIT que había sido avalado por el Consejo Federal de la Suiza Romanche (lo cual resultó ser falso). Armado por estos credenciales Bakunin se lanzó a la conquista de la Internacional y fue al congreso de Basilea (1869) con el propósito de imponer su programa de ocasión basado en “la abolición del derecho de herencia” y sobre todo conseguir el traslado del Consejo General a Ginebra.
Con este objetivo Bakunin se mostró como el más ultra del centralismo. Esta maniobra no es captada por el artículo que se muestra “sorprendido”: “Más sorprendentemente, Bakunin también apoyó una moción para ampliar los poderes del Consejo General, de modo que pudiera suspender a cualquier sección que actuara en contra de los principios de la Internacional”.
Tampoco ve la maniobra instrumental que había detrás del “programa” de Bakunin: “Para Bakunin, la abolición del derecho de herencia constituía un punto clave de su programa para la Alianza, un requisito previo para la igualdad social en la sociedad del futuro. Para Marx, toda la cuestión del derecho de sucesión era una distracción jurídica que se resolvería con la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción (ya aprobada por la Internacional).”
Según el artículo habría un “debate” entre la posición de Marx y la de Bakunin. Esta apreciación es errónea, lo que había en realidad era un conejo que Bakunin se había sacado de la chistera, como denunció la AIT “el programa de la Alianza, siguiendo los pasos de un "Mahoma sin el Corán", no es más que un amasijo de ideas de ultratumba, disfrazadas bajo frases sonoras, que sólo pueden asustar a los idiotas burgueses, o ser utilizadas como pruebas contra los internacionales por los fiscales bonapartistas o de otro tipo”.
Bakunin no buscaba el “debate”, su propuesta estrella de la “abolición del derecho de herencia”, era un medio, combinado con el ultra- centralismo, para hacerse con el control de la AIT.
Del mismo modo, para la TCI no había nada de anómalo en la pretensión de trasladar el Consejo General a Ginebra donde podría ser “acogido” por Bakunin. Al contrario, su versión es: “los ataques contra su persona no cesaron [se refiere a Bakunin], ya que Moses Hess publicó entonces, en octubre de 1869, un artículo en el que afirmaba que Bakunin pretendía socavar la Internacional y trasladar el Consejo General de Londres a Ginebra. Bakunin respondió con una diatriba antisemita -no publicada- contra los "judíos alemanes" que supuestamente conspiraban contra él (que incluso Herzen y Ogarev consideraron excesiva). Tanto por respeto como por consideración táctica, Bakunin perdonó a Marx, aunque supuso erróneamente que era el autor intelectual de todos estos ataques”.
Aquí vemos que el artículo de la TCI toma claramente partido por Bakunin e incluso elogia su “magnanimidad personal” al “perdonar” a Marx. La TCI no ve – o no quiere ver- lo que estaba en juego que era la maniobra de Bakunin para hacerse con el órgano central de la AIT al proponer trasladar el Consejo General a Ginebra. ¿Qué es un órgano central en una organización proletaria? ¿Un instrumento para que un individuo o grupo pueda controlar la organización? O ¿una expresión del conjunto de la organización que debe ser defendida contra las intrigas y las ambiciones de individuos o grupos? La AIT tiene claramente esta última posición que es la que debemos defender los revolucionarios contrariamente a la de la TCI quien solo ve “conflictos entre individuos”.
El Congreso de Basilia rechazó las “propuestas” de Bakunin, lo que le hizo cambiar su estrategia: como no podía adueñarse de la AIT ahora conspiraba para destruirla.
Al servicio de esta estrategia el centralista extremo de Basilea se convertía a la carrera en el más ultra del federalismo y su nuevo programa a la Groucho Marx era “la abstención en política”, pero todo ello fue “la señal para la guerra abierta e incesante emprendida por la Alianza, no sólo contra el Consejo General, sino también contra todas las secciones de la Internacional, que se negaban a adoptar el programa de esta camarilla sectaria y, sobre todo, la doctrina de la abstención absoluta en materia política.”.
Vamos a ver la pesadilla que provocaron Bakunin y su Alianza en la vida de la Internacional desde 1869. Destacaremos algunos de los episodios más salientes.
“Ya antes del Congreso de Basilea, Netchaïeff había llegado a Ginebra, Bakunin entabló relaciones con él y fundó una sociedad secreta entre los estudiantes de Rusia. (...) El principal medio de propaganda utilizado por esta sociedad consistía en comprometer a personas inocentes a los ojos de la policía rusa, enviándoles comunicaciones desde Ginebra en sobres amarillos, franqueados por fuera en ruso con el sello del "Comité Revolucionario Secreto".
Bakunin no tenía escrúpulos en unirse a un turbio delator que entregaba a los torturadores zaristas personas interesadas en la Internacional. Esta “mala compañía” es vista por la TCI como un “error” de Bakunin, obviando que como muestra el documento de la Internacional era él quien estaba utilizando a Netchaïeff. Según la TCI “La afición de Bakunin a las conspiraciones le cegó ante la magnitud del engaño y cuando finalmente se distanció de Nechayev, ya era demasiado tarde. Borkheim y Utin tenían ahora más munición para alimentar las sospechas de Marx”..
O sea, Bakunin tenía “afición a las conspiraciones” (sic) y esto “le cegó” respecto a los manejos de Netchaïef (sic) y cuando se quiso dar cuenta era “demasiado tarde”, lo cual acabó dando “munición” a Marx mal aconsejado por Berkheim y Utin.
La TCI banaliza que dentro de una organización comunista haya “aficionados a la conspiración”, esto significa que para esta organización que dice reclamarse de la Izquierda Comunista la “afición a la conspiración” sería un “inocente pasatiempo”, un “pequeño defecto” de un “gran revolucionario” como Bakunin…
Esta postura de la TCI es sencillamente monstruosa. Que dentro de una organización burguesa haya “aficionados a la conspiración” es la práctica habitual, pero que dentro de una organización comunista hayan “aficionados a la conspiración” es algo radicalmente incompatible con sus principios de funcionamiento y militancia que la pone inmediatamente en peligro.
El “pobre Bakunin” no vio la amplitud de los engaños de Netchaïef según la TCI. ¡No! La lección que debemos sacar es que Bakunin había utilizado y espoleado a Netchaïef, estaba al corriente de sus repugnantes acciones y cuando empezó a descubrirse todo el asunto, era demasiado tarde para taparlo. En una organización comunista son intolerables esas “alianzas” con elementos turbios y quienes las practican son igualmente incompatibles con las organizaciones comunistas. Esto no pertenece al campo de visión de la TCI y por ello no tiene ningún reparo en colaborar con soplones y ladrones, como la gentuza de la GIGC para montar los comités NWBCW6.
Veamos qué versión nos da la TCI sobre este asunto que tiene lugar en 1870: “La siguiente controversia giró en torno a la Federación Romande, la sección ginebrina de la Primera Internacional, donde L'Egalité, editado por seguidores de Bakunin como Paul Robin y Charles Perron, había presentado una serie de quejas sobre el trabajo del Consejo General.En marzo de 1870, el Consejo General distribuyó una respuesta de Marx, que abordaba las críticas. Sin embargo, Marx parecía tener la impresión errónea de que Bakunin estaba personalmente detrás de esto. Nikolai Utin, otro emigrante ruso con una venganza contra Bakunin vio ahora su oportunidad e hizo un movimiento para hacerse cargo de L'Egalité en nombre de Marx. La sección se dividió: los de Ginebra se declararon seguidores de Marx, los de Jura seguidores de Bakunin, y ambos reclamaron el nombre de la Federación Romande”.
Según esta explicación resultaría que unos seguidores de Bakunin, sin su conocimiento, habrían atacado al Consejo General. En su respuesta, en nombre de éste, Marx habría estado “mal informado” y, además, un adepto de Marx, Utin, con ganas de vendetta contra Bakunin, habría provocado una división en la Federación Romanche.
La AIT tiene otra versión radicalmente distinta: “En ese momento, la Alianza inició una polémica pública contra el Consejo General, primero en Le Progrès de Locle, luego en L'Egalité de Ginebra, el periódico oficial de la federación francófona, donde algunos miembros de la Alianza se habían colado después de Bakunin. El Consejo General, que había despreciado los ataques de Le Progrès, órgano personal de Bakunin, no podía ignorar los de L'Egalité, que debía creer aprobados por el Comité Federal francófono”
En la polémica el órgano L’Egalité acusaba al Consejo General de no cumplir con sus funciones. Este en una circular aclaró que las críticas al funcionamiento de la AIT no debían hacerse en la prensa pública de la organización, sino canalizarse a través de los órganos estatutarios, de otra manera esas “críticas” daban munición a los incesantes ataques de la prensa burguesa contra la Internacional “Cuando el Comité Federal francófono nos haga llegar peticiones o reprimendas por la única vía legítima, es decir, a través de su secretario, el Consejo General estará siempre dispuesto a responder. Pero el Comité Fédéral Romand no tiene derecho ni a abdicar de sus funciones en favor de los redactores de L'Egalité y Le Progrès, ni a permitir que estos periódicos usurpen sus funciones. En general, la correspondencia administrativa del Consejo General con los Comités Nacionales y Locales no podría publicarse sin causar un gran perjuicio al interés general de la Asociación. Por lo tanto, si los demás órganos de la Internacional imitaran a Progrès et Egalité, el Consejo General se vería en la alternativa de desacreditarse ante la opinión pública guardando silencio o incumplir sus deberes respondiendo públicamente. L'Egalité se unió a Progrès invitando a "Le Travail" (periódico parisino) a atacar por su cuenta al Consejo General. Es casi una Ligue del orden”
Para empezar, Bakunin había utilizado a sus lacayos para lanzar un ataque público contra el Consejo General utilizando fraudulentamente L’Egalité, órgano de prensa de la Federación Romanche.
La respuesta de respeto a los principios organizativos por parte del Consejo General es que las críticas a este deben hacerse a través del órgano central de la Federación Romanche y no aireando públicamente estas críticas a espaldas de la organización.
Este ataque al Consejo General se había extendido a otro órgano de París. Como denuncia el Consejo General, se estaba fraguando una “liga” de ataque público contra él. El objetivo estaba claro: desprestigiar el órgano central elegido por el Congreso de Basilia, destruir pues la centralización de la AIT.
Así pues, la cuestión que estaba en juego no era las vendettas personales de Utin contra Bakunin, ni un Marx “mal informado”, sino la defensa de un método de debate centralizado donde las críticas no se utilizan para desprestigiar a los órganos centrales, sino para reforzar a toda la organización y al órgano central. Donde la AIT ve ataques alevosos contra su órgano central, la TCI ve “vendettas personales” contra Bakunin.
El artículo de la TCI es muy llamativo: a cada paso vemos que su principal preocupación es la defensa del “pobre Bakunin” y que todo lo referente a la defensa de la organización revolucionaria, de su centralización, del método de la crítica y debate, ha desaparecido completamente de su radar.
Otro episodio de la conspiración de Bakunin contra la Internacional fue la tentativa en el congreso de La Chaux-des- Fonds de adueñarse de la Federación Romanche en abril de 1870.
Veamos las maniobras e intrigas que Bakunin y sus acólitos emplearon: “Aunque, según su propio censo, los partidarios de la Alianza sólo representaban una quinta parte de los miembros de la federación, consiguieron, repitiendo las maniobras de Basilea, obtener una mayoría ficticia de uno o dos votos, mayoría que, según su propio órgano (véase Solidarité del 7 de mayo de 1870), sólo representaba a quince secciones, ¡cuando sólo en Ginebra eran treinta! Tras esta votación, el Congreso francófono se dividió en dos partidos, que siguieron reuniéndose por separado. Los partidarios de la Alianza se consideraron representantes legales de toda la federación, trasladaron la sede del Comité fédéral romand a La Chaux-de-Fonds y fundaron su órgano oficial en Neufchâtel, Solidarité, dirigido por Guillaume. La misión especial del joven escritor era denunciar a los "odiosos burgueses" obreros de las fábricas de Ginebra, hacer la guerra a Egalité, el periódico de la federación francófona, y predicar la abstención absoluta en cuestiones políticas. Los artículos más llamativos sobre este último tema fueron escritos en Marsella por Bastelica y en Lyon por los dos grandes pilares de la Alianza, Albert Richard y Gaspard Blanc”7 .
Tenemos pues :
Trampas para hacerse con una mayoría ficticia en el Congreso repitiendo la maniobra que había permitido a Bakunin tener un peso en el Congreso de Basilea
División de la Federación Romanche entre los adeptos de Bakunin y la mayoría fiel a los principios de funcionamiento de la Internacional
Intriga para destruir la Federación Romanche creando un “órgano central” improvisado totalmente sumiso a Bakunin en La Chaux-de-Fonds
Ataque a los camaradas fieles al funcionamiento de la Internacional presentándolos como “burgueses odiosos” en el cual entra en escena el lugarteniente de Bakunin, Guillaume.
Los dos pilares de la Alianza en Lyon eran los agentes bonapartistas Richard y Blanc.
Este episodio y las claras lecciones que nos proporciona es ignorado por el artículo de la TCI que de pasada dice, refiriéndose a la Conferencia de Londres (1871): “Durante la conferencia, Marx pronunció un discurso en el que criticó a la Alianza por no haberse disuelto realmente en 1869 cuando se le pidió y alegó que existía como una sociedad secreta dentro de la Primera Internacional. También argumentó que la sección del Jura no debería utilizar el nombre de la Federación Romande (aunque podría ir bajo el nombre de Federación del Jura en su lugar), y señaló a Guillaume por haber publicado un llamamiento en violación de los estatutos de la Internacional.”.
La Alianza no cometía “errores” como pretende la TCI, sino ataques repugnantes contra la organización. El artículo de la TCI ignora el motivo preciso de la denuncia de Marx: “El 10 de agosto, la Alianza, poco dispuesta a que sus actos fueran examinados por una Conferencia, declaró que estaba disuelta desde el 6 del mismo mes. Pero el 15 de septiembre reapareció y pidió ser admitida en el Consejo, con el nombre de Sección de Ateos Socialistas. Según la resolución administrativa nº V del Congreso de Basilea, el Consejo no podía haberla admitido sin consultar al Comité Federal de Ginebra, que estaba cansado de los dos años de lucha con las secciones sectarias. Además, el Consejo ya había declarado a la Young Mens' Christian Association de Inglaterra que la Internacional no reconocía las secciones teológicas”.
Es decir, la Alianza había fingido disolverse para aparecer a continuación bajo el disfraz de “Sección de Ateos Socialistas” (¡¡¡).
La conspiración de Bakunin seguía y había tomado como eje la Federación Romanche donde tenía (junto a España e Italia) una cuerda de adeptos. Desde la base de operaciones de La Chaux-de- Fonds, la Alianza de Bakunin no cesaba de montar un escándalo tras otro para desorganizar la Internacional y paralizar a su Consejo General con constantes requerimientos. Uno de ellos fue que un delegado de Alianza, Robin, insistió sin descanso en que el Consejo General convocara una Conferencia privada para definitivamente dar la razón a la “Federación del Jura” (el reducto de Bakunin alrededor de La Chaux-de-Fonds) contra la Federación Romanche.
Como el Congreso de Basilea había marcado la imposibilidad de tomar la AIT “desde arriba”, Bakunin emprende ahora la política “desde abajo” utilizando a sus adeptos como impulsores de todo tipo de “secciones” con un funcionamiento “autónomo” y que defienden las más fantasiosas alternativas como remedio para los males del mundo.
El Consejo General ve en toda esta agitación dos peligros políticos fundamentales.
La desorganización de la AIT
La AIT se ve dislocada por una caótica proliferación de grupúsculos cada cual enarbolando una bandera diferente. Además, estos grupúsculos en manos de Bakunin y la Alianza se dedicaron desde el principio al hostigamiento al Consejo General recurriendo a los “argumentos” más disparatados. Por ejemplo, el supuesto “pangermanismo” del Consejo General. Así, un órgano de prensa creado a la carrera por los amigos de Bakunin en Suiza, la Revolución Social, “creyó oportuno encender el fuego del odio nacional incluso en la Internacional. Según él, el Consejo General era un comité alemán, dirigido por un cerebro bismarckiano” ».
La agitación anti – germánica prosiguió con una acción vergonzosa. Una “sección de emigrados de la Comuna” montada en Londres con provocadores policiales como Pyat, se dedicó a la denigración de los militantes obreros alemanes que se habían opuesto a la guerra franco – prusiana “La Conferencia de Londres había aprobado la conducta de los obreros alemanes durante la guerra. (...) Ocho días después, el 20 de noviembre de 1871, quince miembros de la "sección francesa de 1871" insertaron en Qui vive! una "protesta" llena de insultos contra los obreros alemanes y denunciaron la resolución de la Conferencia como prueba irrefutable de la "idea pangermánica" que poseía el Consejo General.Por su parte, toda la prensa feudal, liberal y policíaca de Alemania aprovechó con avidez este incidente para demostrar a los obreros alemanes la inutilidad de sus sueños internacionales” .
Es importante señalar que todas las calumnias e insidias que hacían circular los adeptos de la Alianza encontraban inmediatamente eco en los órganos de prensa burgueses: “ Señalemos de paso que el Times, ese Leviatán de la prensa capitalista, el Progrès (de Lyon), periódico de la burguesía liberal, y el Journal de Genève, periódico ultrarrevolucionario, acusaron a la Conferencia de los mismos reproches y utilizaron casi los mismos términos que los ciudadanos Malon y Lefrançais” .
La resurrección de las sectas
Toda la agitación bakuninista de creación de secciones sectarias dentro de la AIT hacía retroceder al movimiento obrero a una época ya superada de sus primeros pasos (1800-1848) dominada por las sectas. “La primera fase de la lucha del proletariado contra la burguesía está marcada por el movimiento sectario. Tuvo su razón de ser en una época en que el proletariado aún no estaba suficientemente desarrollado para actuar como clase. Los pensadores individuales critican los antagonismos sociales y proponen soluciones fantásticas que los obreros no tienen más que aceptar, propagar y poner en práctica. Por su propia naturaleza, las sectas formadas por estos iniciadores son abstencionistas, ajenas a cualquier acción real, a la política, a las huelgas, a las coaliciones, en una palabra, a cualquier movimiento general. La masa del proletariado permaneció indiferente o incluso hostil a su propaganda. Los obreros de París y de Lyon no querían a los saint-simonianos, a los fourieristas, a los icarianos, más de lo que los cartistas y los sindicalistas ingleses querían a los owenistas. Para que la fundación de la Internacional fuera posible, el proletariado tenía que haber superado esta fase” ».
Contra esta vuelta atrás, animada por Bakunin y su multiplicación de secciones sectarias, la AIT es “ la organización real y militante de la clase proletaria en todos los países, unida en su lucha común contra los capitalistas, los terratenientes y su poder organizado en el Estado.Por eso los estatutos de la Internacional sólo reconocen simples sociedades "obreras", que persiguen todas el mismo objetivo y aceptan todas el mismo programa, que se limita a esbozar los rasgos principales del movimiento proletario y deja su desarrollo teórico al impulso dado por las necesidades de la lucha práctica, y al intercambio de ideas que tiene lugar en las secciones, admitiendo indistintamente en sus organismos y en sus Congresos todas las convicciones socialistas”
Hemos recordado quién era Bakunin, su trayectoria y la acción de sabotaje y desorganización que había llevado a cabo dentro de la AIT. Este trabajo de destrucción socavaba desde dentro la Internacional. Esta tenía que organizar su defensa y esta defensa pasaba por:
Denunciar la conspiración parásita de Bakunin y su Alianza
Afirmar los principios organizativos de la AIT
Tomar las medidas necesarias para defenderla contra el asalto organizado por Bakunin
Esta fue la obra del congreso de La Haya celebrado en septiembre de 1872: toda la AIT se unió contra 3 años de incesante intriga que le impedían cumplir sus objetivos y la llevaban a la parálisis y la destrucción.
El artículo de la TCI ve las cosas de una manera antagónicamente diferente:
Estima que había “divergencias políticas” entre Marx y Bakunin: “Marx aceptaba que la Primera Internacional, como organización, podía quedar obsoleta con el desarrollo de la lucha de clases, mientras que para Bakunin la Primera Internacional era el embrión de la sociedad futura. Bakunin, aunque inicialmente aprobaba el aumento de poderes del Consejo General, llegó a la conclusión de que debía reducirse a una simple oficina de correspondencia y estadística entre secciones autónomas. Marx, que veía en el Consejo General un medio para centralizar la acción hacia un objetivo común, respondió que prefería votar por la abolición del Consejo General antes que por un Consejo General que sólo fuera un buzón. Estos eran sus diferentes planteamientos básicos, y eran incompatibles. Pronto se vulgarizaron en un conflicto entre "centralistas" y "federalistas" (distinción que Engels rechazó públicamente)”
Ya hemos puesto en evidencia que ese “debate” era una maniobra instrumental para destruir la Internacional. Que en el seno de la Internacional existían diferentes visiones sobre la centralización, sobre la función de la organización, sobre las medidas para llegar al comunismo, eso era evidente. Pero para ello la Internacional tenía unos Estatutos que propiciaban el debate, como dijo Engels, “Marx ponía toda su confianza en el desarrollo intelectual de la clase obrera, fruto obligado de la acción conjunta y de la discusión. Los sucesos y vicisitudes de la lucha contra el capital, y más aún las derrotas que las victorias, no podían menos de revelar al proletariado militante, en toda su desnudez, la insuficiencia de los remedios milagreros que venían empleando e infundir a sus cabezas una mayor claridad de visión para penetrar en las verdaderas condiciones que habían de presidir la emancipación obrera”8
Las intrigas, los cambios repentinos e inexplicados de posición, las calumnias, las organizaciones secretas, toda la práctica desde 1868 de Bakunin y sus fieles, no hacían otra cosa que impedir el debate pues explotaban esas divergencias para sus fines inconfesables, las mezclaban con tensiones personales e intereses espurios, las enconaban y hacían imposible su clarificación. No era debate lo que buscaban, sino desorganización, división y enfrentamiento dentro de la AIT.
La TCI da a entender que Marx y “sus partidarios” utilizaron métodos y alianzas turbias en su lucha contra Bakunin: “Por varias razones, fue un feo final para las encuestas9. Al menos uno de los miembros del comité que investigaba la Alianza resultó ser más tarde un espía bonapartista. Y para reforzar el caso contra Bakunin, el comité especial también le acusó de robo e intimidación. Esto se refería a que Bakunin había recibido el anticipo para traducir El Capital, pero no completó el proyecto ni devolvió el dinero. Sin embargo, fue Nechayev, probablemente sin el conocimiento de Bakunin, quien amenazó entonces al editor con violencia”
Así pues, los “partidarios de Marx” hicieron cosas “feas” y se habrían dejado llevar por la antipatía hacia Bakunin lanzando en su contra acusaciones injustas. Esto no es así, fue todo el congreso quien adoptó como punto principal del orden del día la investigación sobre las actividades de la Alianza. Esta decisión fue apoyada activamente por proudhonianos y otras tendencias de orientación anarquista. El Congreso de La Haya no era una lucha entre “autoritarios marxistas” contra “libertarios bakuninistas”, sino un combate para la defensa de la organización. Como dice un artículo nuestro “El Congreso –a excepción de la minoría bakuninista– apoyó rotundamente las conclusiones de la Comisión. En realidad, la Comisión sólo solicitó tres expulsiones: las de Bakunin, Guillaume y Schwitzguebel, y sólo las dos primeras fueron aceptadas por el Congreso, desmintiendo así la falacia de que la Internacional pretendía eliminar, por medios disciplinarios, una minoría incómoda. Las organizaciones revolucionarias, en contra de las acusaciones que lanzan anarquistas y consejistas, no tienen ninguna necesidad de tales medidas, y no temen, sino que, por el contrario, tienen el máximo interés en la más completa clarificación a través del debate. De hecho, sólo recurren a las expulsiones en casos muy excepcionales de grave indisciplina y deslealtad. Como señaló Johannard en La Haya: “la expulsión de la AIT es la condena más grave y deshonrosa que pueda caer sobre un hombre; los expulsados ya no podrán pertenecer jamás a una asociación honorable” (p. 171)”.
El objetivo no era la persona de Bakunin, sino su política y sobre todo la denuncia de la organización secreta que había montado, “una Internacional dentro de la Internacional”, eran sus métodos lo que se quiso denunciar y erradicar. Lo que estaba en juego en el congreso de La Haya no era ver si ganaban los partidarios de Marx o los partidarios de Bakunin, sino afirmar los principios organizativos de la Internacional. Una organización comunista no puede funcionar sin principios claros de organización y militancia. Este es el quid de la cuestión que el artículo de la TCI ignora de forma escandalosa.
Aplastada la Comuna de Paris, la AIT se encontraba en una situación muy peligrosa: “Julio Favre pedía a todos los gobiernos, incluso al inglés, la extradición de los refugiados [de la Comuna de París] como criminales de derecho común; Dufaure proponía a la asamblea rural una ley poniendo a la Internacional en la ilegalidad; en Suiza, un refugiado de la Comuna estaba en prisión preventiva, esperando la decisión del Gobierno federal sobre la demanda de extradición; la caza de internacionalistas era la base ostensible de una alianza entre Beust y Bismarck, cuya cláusula dirigida contra la Internacional se apresuró a adoptar Víctor Manuel; el Gobierno español, poniéndose por completo a disposición de los verdugos de Versalles, obligaba al Consejo federal de Madrid a refugiarse en Portugal; en fin, el primer deber de la Internacional era apretar sus filas y recoger el guante arrojado por los gobiernos”.
El ataque generalizado de los gobiernos europeos era apoyado dentro de la AIT por la quinta columna bakuninista, “el apoyo que la reacción europea encuentra en los escándalos provocados por esta sociedad, en un momento en que la Internacional atraviesa la crisis más seria que ha conocido desde su fundación, obliga al Consejo General a hacer la historia de todas estas intrigas”. La Alianza y sus maquinaciones eran una amenaza total contra la AIT, uno de los miembros de la Alianza, lugarteniente de Bakunin, Guillaume, llegó a decir con desparpajo que: “Todo miembro de la Internacional tiene todo el derecho a unirse a cualquier sociedad secreta, incluso a la masonería. Cualquier investigación sobre una sociedad secreta equivaldría simplemente a una denuncia ante la policía” (Nicolaievsky, Karl Marx).
Desde los albores del movimiento obrero la burguesía ha llevado una guerra a muerte contra sus organizaciones comunistas, tanto cuando son grandes y poseen una gran influencia, como cuando son minúsculas y apenas tienen calado en la clase. La Liga de los Comunistas, una vez disuelta, no fue olvidada por la burguesía que montó contra sus militantes el monstruoso Proceso de Colonia (1852) Del mismo modo, Marx personalmente, fue objeto de una campaña de calumnias orquestada por Herr Vogt, lo que le obligó a un año de trabajo para refutarlas10.
La experiencia de la AIT y la de los últimos 40 años de la Izquierda Comunista, arroja luz sobre otro medio de la guerra de la burguesía contra las organizaciones revolucionarias: utilizar fuerzas que no son directamente creadas por ella, pero que por su odio ciego a las organizaciones comunistas y lo que representan, actúan admirablemente a favor de la burguesía. Este es el caso de los parásitos: “El Congreso de La Haya demostró que la Alianza bakuninista no actuaba por su cuenta, sino como un auténtico centro coordinador de toda la oposición parásita, que, apoyada por la burguesía, actuaba contra el movimiento obrero”.
En Estados Unidos, la Alianza recibió el apoyo de un grupo siniestro, de orientación espiritista, el de Victoria Woodfull quien según una intervención de Marx en el Congreso de La Haya: “El mandato de West está firmado por Victoria Woodhull quien, desde hace años, intriga para conseguir la presidencia de los Estados Unidos, es la presidente de los espiritistas, predica el amor libre, tiene negocios bancarios, etc. (...) Publicó el famoso llamamiento a los ciudadanos norteamericanos de lengua inglesa, en el que se acusaba a la AIT de un sinfín de atrocidades, y que provocó la creación, en dicho país, de varias secciones sobre unas bases similares. En éste (llamamiento) se habla, entre otras muchas cosas, de libertad personal, libertad social (amor libre), moda en el vestir, sufragio femenino, lengua universal, etc. (...) Estima que la cuestión de la mujer debe tener prioridad sobre la cuestión obrera, y se niega a reconocer a la AIT como una organización de trabajadores” (intervención de Marx, p. 133).
También el parasitismo alemán, es decir los lassalleanos que habían sido expulsados de la Asociación para la educación de los obreros alemanes de Londres, se sumaron a esta red internacional del parasitismo, a través del mencionado Consejo universal federalista de Londres, en el que participaban junto a otros enemigos del movimiento obrero tales como los masones radicales franceses, y los mazzinistas de Italia (…) En Italia, por ejemplo, la burguesía puso en marcha la Societa universale dei razionalisti que, bajo la dirección de Stefanoni, se dedicó a atacar a la Internacional en dicho país. Su prensa publicó las calumnias de Vogt y los lassalleanos alemanes contra Marx, y defendió ardientemente a la Alianza de Bakunin.
“El objetivo de toda esta red de falsos revolucionarios no era otro que difamar a los miembros de la Internacional, como hace la prensa burguesa, a la que ellos mismos inspiran. Y, para mayor vergüenza, lo hacen apelando a la unidad de los trabajadores” (Intervención de Duval, p. 99).
Las lecciones del congreso de La Haya son contundentes:
La historia ha mostrado que cada vez que el proletariado da un paso en la construcción de sus organizaciones comunistas, la burguesía impulsa (o estimula) la formación de organizaciones espurias que tratan de combatir ese paso. Frente a la formación de la Primera Internacional, los medios burgueses dieron nacimiento a la Liga por la Paz y la Libertad. Ante el fracaso de esta, la iniciativa de Bakunin de infiltrarse en la AIT fue jaleada por los medios burgueses. Contra el congreso de formación de la 2ª Internacional en 1889, los posibilitas franceses -con el apoyo de la burguesía- montaron un congreso paralelo; la constitución de la Tercera Internacional fue combatida con la formación apresurada de la “Internacional dos y medio”
Bakunin y la Alianza eran un medio de división, desorganización y enfrentamiento dentro de la AIT
Sirvió de centro de reagrupamiento de todas las fuerzas que aparentando “oponerse a la sociedad capitalista” tenían como principal objetivo destruir la organización que luchaba de la forma más consecuente contra el capitalismo: la AIT
La burguesía utilizó la quinta columna que era la Alianza para sus fines represivos de aplastar la AIT. Al aplastamiento de la Comuna con más de 30000 muertos se unió la tentativa de aplastar la Internacional proletaria.
La AIT se defendió afirmando los principios proletarios de organización y funcionamiento, nombrando una comisión de investigación para poner al desnudo la conspiración de Bakunin y su alianza.
Estas lecciones son echadas al cubo de la basura por el artículo de la TCI quien saca como conclusión: “Tras una tumultuosa sesión, Bakunin fue expulsado por mayoría y, a partir de entonces, las tendencias rojas y negras del movimiento obrero tomaron caminos separados”.
¡No hubo una escisión entre la “tendencia roja” y la “tendencia negra”! No hubo un contencioso entre Marx y Bakunin, ni las diferencias políticas o de concepción organizativa fueron la causa de la escisión en la AIT, el verdadero problema fue la conspiración parasita de Bakunin contra la Internacional y lo que hizo el trascendental Congreso de La Haya en 1872 fue defender la organización contra esta conjura destructiva.
Vemos pues que la TCI no hace el artículo sobre el congreso de La Haya para recuperar y alimentar la memoria histórica del proletariado. Si ese hubiera sido su objetivo debía haberse basado en los documentos del propio Congreso que no cita en ningún momento. Según el propio artículo el objetivo es: “En esta coyuntura histórica crucial, en la que cada día que el capitalismo sigue sobreviviendo es una amenaza para la existencia misma de la humanidad, hacemos un llamamiento a todos los que se consideran anarquistas dedicados a la lucha de clases para que reconsideren cómo han cambiado las cosas en ese largo camino hacia la autoemancipación de la clase obrera desde hace 150 años”
Aquí hay una trampa, el anarquismo es un pantano donde coexisten muchas tendencias políticas. Las mayoritarias son claramente burguesas, apoyan la guerra de Ucrania y sostienen posiciones como la liberación nacional del pueblo kurdo de Rojava11. Solamente una minoría defiende posiciones situadas en el campo del proletariado. El artículo no se dirige a esta minoría, sino que con un evidente oportunismo se dirige a “los anarquistas en general” y para tenerlos contentos blanquea a Bakunin, oculta su conspiración anti- organizativa, denigra a Marx y oculta las lecciones que la AIT sacó.
Hay dos rotundas manifestaciones de oportunismo en este comportamiento. El primero el de preconizar una “discusión” con el anarquismo ocultando que la mayoría de este medio está claramente configurado por organizaciones burguesas. El segundo, aún más grave, es el blanqueamiento de personajes como Bakunin y sus métodos que, como la AIT puso en evidencia, son incompatibles con las organizaciones comunistas.
Desde luego, debería ser la propia TCI quien explicara los motivos de su artículo, sin embargo, no se nos oculta otro motivo que se desprende de su actual colaboración a través de los comités NWBCW con los parásitos y, peor aún, soplones y parapoliciales, de la GIGC. Resulta evidente que, además del flirteo descarado con el anarquismo, el artículo sobre Bakunin sirve igualmente para blanquear los comportamientos de la GIGC, otorgarle una “legitimidad”, lo cual es sencillamente escandaloso.
Falsificar las auténticas lecciones del congreso de La Haya, blanquear a Bakunin, dar legitimidad a los soplones parásitos de la GIGC, flirtear con el anarquismo… ¿Hasta donde va a llegar la TCI es su oportunismo?
C.Mir 24-08-23
1 Tendencia Comunista Internacional
2 Resulta muy llamativo como el artículo considera las raíces de la AIT: Mientras tanto, en Londres, el levantamiento polaco y la Guerra de Secesión estadounidense impulsaron la fundación de la Primera Internacional en 1864. ¡Es increíble que una organización que se dice de Izquierda Comunista vea así los orígenes de la AIT!, ¡No lo ve como expresión del movimiento obrero, sino como resultado de la revuelta en Polonia o la guerra civil americana! Esto difiera radicalmente de la apreciación de Marx y Engels sobre el origen de la AIT
3 Del texto de la AIT Las pretendidas escisiones de la Internacional, mientras no se diga lo contrario las citas proceden de este documento.
4 Para analizar esta noción ver Cuestiones de organización, IV - La lucha del marxismo contra el aventurerismo político | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [182]
5 Sobre Lassalle ver Lassalle y Schweitzer: La lucha contra los aventureros políticos en el movimiento obrero | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [57]
6 Ver Atacar a la CCI: la razón de ser del GIGC | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1156] y Un comité que lleva a los participantes a un callejón sin salida | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1186]
7 Hay que señalar que Richard y Blanc eran agentes bonapartistas que ofrecieron a Luis Bonaparte ¡ser el emperador de los obreros!
8 Prólogo a la edición alemana del Manifiesto Comunista de 1890
9 Pensamos que se refieren a la comisión de investigación que hizo el congreso de La Haya sobre el comportamiento de Bakunin y su Alianza
10 Ver El caso Vogt: el combate de los revolucionarios contra la calumnia (I) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1262] y El caso Vogt: el combate de los revolucionarios contra la calumnia (II) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1263]
11 Ver Los anarquistas y el imperialismo kurdo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [645]
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La inestabilidad política burguesa, que ha llevado a un escenario de pugnas internas descarnadas en las últimas elecciones, hace ver que la clase dominante en Ecuador, como en el mundo al estar dominada por la tendencia del “cada uno a la suya”, es incapaz de asegurar la cohesión social, mientras avanza la descomposición. “Entre las características más importantes de la descomposición de la sociedad capitalista, hay que subrayar la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación en el plano político. La base de este fenómeno es, claro está, que la clase dominante cada día controla menos su aparato económico…”1
La ola de violencia que azota a Ecuador expresa la fractura política dentro de la burguesía. La operación de las mafias mexicanas, así como las italiana, albanesa y china, para llevar a cabo sus millonarios negocios y sus sangrientos combates, requieren de relaciones y acuerdos entre los capos de la droga y los sectores de la burguesía, lo mismo con aquellos que se encuentran en las estructuras del poder civil, de las presentes en las fuerzas represivas, es decir, policías o militares, pero también con empresarios “respetables”. De esta manera la burguesía, dividida en grupos, avanza vigilando cada uno sus intereses y en una disputa de “todos contra todos”, en la que son asuntos cotidianos la corrupción, las traiciones y por supuesto los asesinatos. El hecho de que estas disputas llegaran al asesinato de un candidato a la presidencia, revela la magnitud del pudrimiento social que se vive en Ecuador (como en el conjunto de los países de la región); en otras palabras, Ecuador es otro ejemplo de que el torbellino de la descomposición engulle a la misma burguesía.
En medio de las elecciones anticipadas para designar al presidente que dirija las riendas del Estado Ecuatoriano, se da el asesinato a un candidato que al igual que los demás contendientes, representaba los intereses de alguna facción burguesa. El asesinado Fernando Villavicencio, no era un candidato “puntero”, según las encuestas, aparecía en sexto lugar, pero era una ficha clave en el entramado de corrupción dentro del putrefacto régimen ecuatoriano, debido a que fue parte de la comisión de fiscalización, comisión que, en el marco de la disputa de los grupos de la droga, evidenció alguno casos de corrupción y vinculaciones con el narcotráfico de personajes de la política ecuatoriana, lo que puede aparentar que su ajusticiamiento se debe a su valentía y honestidad, sin embargo habrá que considerar que en ese accionar mientras denuncia a personajes de un grupo, encubre a las prácticas y relaciones de otra de las agrupaciones mafiosas.
Los medios de comunicación y los partidos políticos de la burguesía presentan este hecho como un crimen “contra la democracia”. Bajo este discurso no solo ocultan que el crimen fue producto de las disputas burguesas, sino además reaniman la vieja campaña en la que presentan a la democracia como la única alternativa política para los explotados.
Es un hecho que el crimen organizado opera desde el Estado, los cárteles de la droga están fundidos en las estructuras del Estado, sin embargo, no hay un orden en su actuación, cada facción mafiosa se asocia con un gobierno local o con alguna instancia estatal y al defender sus intereses produce una guerra de todos contra todos. Por ejemplo, el actual presidente Guillermo Lasso y su entorno más cercano han sido señalados de tener acuerdos con la Mafia Albanesa. Fernando Villavicencio por su posición política dentro de la Asamblea Nacional (donde fue presidente de la Comisión de Fiscalización), no sólo estaba al tanto de todo esto, sino también, actuó protegiendo, ocultando y desviando la atención de la prensa para otro lado, con el afán de salvaguardar los intereses de Guillermo Lasso.
Ante esta situación, el gobierno norteamericano se colocó a la cabeza de esa campaña de “promoción de la democracia”, el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken en una rueda de prensa rechazó este asesinato y lo llamó abiertamente un ataque a la democracia, ofreciendo su ayuda al gobierno de Guillermo Lasso para encontrar a los culpables, mostrando así su interés por contener un poco la extensión de las consecuencias ante los hechos sucedidos y ampliar su presencia dominante en la zona para cerrar el paso al avance económico y político de sus opositores chinos y rusos, que encuentran en Ecuador por su posición geoestratégica, su sistema monetario dolarizado, un puerto de distribución de drogas y lavado de activos, una zona para la extracción de minerales, tierras y petróleo.
La violencia de los grupos del narcotráfico es un problema cotidiano que enfrenta la población en Ecuador, pero, otra fuente de violencia no menos feroz que azota a los explotados es la crisis: entre la pandemia y la violencia de los grupos de crimen organizado suman hasta la fecha alrededor de 50,000 muertes entre hombres, mujeres y niños2.
A este horror hay que sumar los más de 25,000 ecuatorianos que han cruzado la peligrosa selva del Darién en el primer semestre del año 2023 y que más de 7 millones de personas viven con menos de 3 dólares al día… Ese es el Ecuador de hoy, hundido en la pobreza, el desempleo y la violencia.
Para los medios de comunicación de toda laya, para los economistas, sociólogos y politólogos, para todas las organizaciones políticas de derecha, de izquierda, para los sindicatos, organizaciones sociales: veganos, ecologistas, GLBTIQ+3, CONAIE4, FENOCIN5, etc., la única explicación que presentan es culpar al gobierno de Rafael Correa o a los gobiernos de Moreno y Lasso. De esta forma con la simplificación de la confrontación entre correístas y anticorreístas, la burguesía dibuja una falsa disyuntiva para los explotados: progresismo o neoliberalismo. Se pretende así, encubrir el atolladero histórico en que está metido el modo de producción capitalista, la crisis económica, y la imposibilidad de que la burguesía encuentre una salida.
Ecuador junto al resto de los países del mundo vive y sufre las consecuencias de la crisis económica abierta del capitalismo destapada a finales de los años 60 del siglo XX.
Un país en donde la economía se nutre por la vía de las remesas de los migrantes, por el agresivo endeudamiento público y privado, por el lavado de activos provenientes de la corrupción y el narcotráfico. Donde más de 189,000 personas entre los años 2021 a 2022, han salido del país, sumándose a las grandes migraciones a nivel mundial por factores propios de la descomposición: hambruna, violencia, guerras, desempleo. Donde los servicios sanitarios y el sistema educativo están en condiciones críticas (en el ciclo educativo del año 2022 al 2023, 56,675 estudiantes no se matricularon en la región Sierra Oriente). En donde hay un constante incremento en los precios de los alimentos… este avance de la miseria, de la explotación y la violencia intensa, es solo un indicativo de lo que el capitalismo puede ofrecer a la humanidad entera.
“De manera que, si la crisis es expresión del mismo capitalismo, los trabajadores para enfrentarla NO pueden ni deben unirse con la burguesía, ni ser más productivos, sumisos y competir con sus hermanos de clase, la única salida que tienen es la lucha, en la que unifiquen sus fuerzas con todos los trabajadores en activo y en desempleo que sufren los ataques y degradan sus condiciones de vida. Pero para que esta pueda expresar todo su poder deberá de pasar por encima y en contra de los sindicatos y los partidos de la burguesía, de todos los colores y caretas, que buscan encasillar el descontento en la imploración de ‘mejores’ gobernantes o ‘mejores’ políticas. La crisis pone al desnudo que el capitalismo no puede ofrecer sino mayor explotación y miseria, pero también revela de forma más clara que la única salida se encuentra en su destrucción, y el proletariado es la única clase capaz de hacerlo y sobre sus ruinas construir una verdadera comunidad humana6.
Toda la violencia desatada en Ecuador es un síntoma de enfermedad y de podredumbre del sistema. Los trabajadores se encuentran en medio de un fuego cruzado, violencia irracional y mortal contra ellos. Ninguna facción representa una alternativa para los explotados, ni correístas, ni anticorreístas, ni izquierda, ni derecha. La explotación que viven diariamente los trabajadores, el temor que imponen a la población con la guerra de grupos del narco o la represión con la que responden los gobiernos, es lo único que puede ofrecer la burguesía a los trabajadores.
El proletariado, por supuesto, no debe dejarse atrapar en las pugnas burguesas donde solo es carne de cañón sino que tiene que ir mas allá y luchar contra los ataques económicos, la explotación y represión mediante sus luchas por reivindicaciones salariales, por mejores condiciones de vida, como ya lo están mostrando las huelgas desde hace más de un año en Europa y también en los Estados Unidos que han estado recordando lecciones fundamentales para la lucha obrera en todo el mundo.
Internacionalismo Ecuador, septiembre-2023
1 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109]
2 https://es.internationalism.org/content/4559/en-guayaquil-ante-una-crisis-sanitaria-el-capitalismo-provoca-muerte-y-dolor [265]
3 Gays, lesbianas, Transexuales (GLBTIQ+)
4 Confederación Nacional de Indígenas del Ecuador (CONAIE)
5 Federación Nacional de Indígenas y Negras (FONOCIN)
6 https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/200901/2455/la-agudizacion-de-la-crisis-muestra-que-el-capitalismo-solo-ofrece-ma [1265]
Como hemos denunciado en “Ni Israel ni Palestina ¡Los obreros no tienen patria!”1: “En todo el mundo, la burguesía nos llama a elegir bando. Por la resistencia palestina a la opresión israelí. O por la respuesta israelí al terrorismo palestino”. Elegir campo en las guerras imperialistas significa que el proletariado renuncia a su autonomía de clase, se convierte en carne de cañón de las matanzas y se ve atrapado en el engranaje que lleva a la destrucción de la humanidad.
En esa empresa de hacernos esclavos de las guerras, las prédicas de los gobiernos o de los grandes partidos, de derecha o de izquierda, resultan poco convincentes para un buen número de trabajadores, de ahí que la burguesía necesite el concurso de grupos de extrema izquierda, sindicalistas “radicales” etc., para rematar nuestro alistamiento para la guerra.
“¡Solidaridad internacionalista con el pueblo palestino!” es la consigna del momento de la extrema-izquierda de la burguesía. Como decimos en un reciente artículo denunciando la propaganda guerrera de la CNT francesa, ‘los izquierdistas son los peores y más taimados belicistas. Utilizan el lenguaje “marxista” y todo tipo de contorsiones para intentar que los proletarios acepten no sólo apoyar a un bando en los conflictos imperialistas, sino también, cuando sea posible, alistarlos como carne de cañón’2.
En España este tipo de grupos hacen por supuesto su papel también para la burguesía, aplicando distintas variantes más o menos descaradas de la misma burla: invocar un falso “inter-NACIONALISMO” junto con un “derecho de los pueblos a su autodeterminación”. Su objetivo, enterrar la perspectiva proletaria y poner en su lugar una visión burguesa de las “luchas de los pueblos”.
Los malabares que usan para llegar a ese punto son ligeramente distintos, de modo que puedan cubrir las diferentes vías de reflexión que se produzcan entre los trabajadores a raíz del desarrollo cada vez más descontrolado de la guerra imperialista, que amenaza con agravar aún más el torbellino de efectos destructivos por los que el capitalismo hunde a la sociedad cada vez más en un pudrimiento generalizado3.
El grupo trotskista El Militante-Izquierda Revolucionaria4 invoca un nacionalismo más descarado que los otros dos a los que nos referimos aquí, gracias a su reconocida trayectoria de “defensa de patrias socialistas”, proclamando el “derecho del pueblo palestino a la autodefensa armada” y de los oprimidos a construir una Palestina socialista.
La CGT5, por su parte, defiende sin disimulo un Estado Palestino6 y llama a una serie de peticiones para el Estado español, como por ejemplo “ni un euro de nuestro país para esta guerra de agresión y ocupación” o “la ruptura de relaciones con Israel hasta que no se retire del suelo palestino”.
Por otro lado, está la CNT7 que, más precavida que la CGT, se contorsiona algo más para salvar sus apariencias supuestamente “anti-estatistas”. Así, rechaza la idea de un Estado Palestino y se “solidariza” con aquellos “trabajadores, personas y gente con iguales derechos” que sufren la guerra, al tiempo que incita a una desobediencia civil antimilitarista. ¡Qué rica es la vida espiritual de la CNT! Aunque procura no mojarse demasiado, se asegura de introducir alusiones al colonialismo, al apartheid, y “este tipo de sistemas y prácticas”. Esto prepara el terreno para que las CNTs locales, como por ejemplo las de Aragón-Rioja, la de Córdoba, o la de la región de Barcelona (esta última con más mesura en sus palabras), se lancen ya, pasado el apuro de las apariencias, de lleno a la orgía nacionalista de “solidaridad con palestina”, de “la libertad de los pueblos de autodefenderse y desarrollarse sin opresión estatal o extranjera”. Y por si no fuera ya suficiente, se muestran indignados ante la injusticia de que se “equipare a un estado invasor con uno invadido”, y comprensivos ante “la reacción de HAMAS que refleja la perdida de la moralidad de la causa de los justos (…) es triste que los justos pierdan la moral, pero es el reflejo del sufrimiento, la miseria, la barbarie y el odio que genera la guerra perpetrada por Israel”.
Cabe mencionar también que estos grupos, para mofarse aún más de los trabajadores, no dudan en usar una vez más el comodín del antifascismo contra el ‘mal mayor’ fascista.
Este arte que tienen para vender la guerra imperialista8 tiene como objetivo inocular una segunda vía democrática de alistamiento de los trabajadores a una política burguesa, que niega y deforma nuestra lucha como clase. Esta vía complementa y no contradice en absoluto la vía de defensa de Israel contra el terrorismo, o la vía intermedia de la supuesta búsqueda de un “mutuo acuerdo”.
Dicho todo esto, habrá todavía quien nos señale como demasiado duros con estos pobres defensores de los oprimidos. Ya que hablan también de defender a la clase obrera ¿no estarían a fin de cuentas en nuestro mismo lado de la barricada? ¿Se trata acaso de que estos grupos estén siendo envenenados por la orgía de “defensa de la liberación nacional”, como quisieran ilusionarse algunos grupos del medio auténticamente proletario? Tajantemente, ¡NO! Este tipo de grupos izquierdistas están completamente integrados en el Estado y tienen una amplia hoja de repugnantes servicios contra la clase obrera.
El Militante es uno de los múltiples herederos de la variante izquierdista del trotskismo. Como decían nuestros antecesores de Internationalisme en 1947 “toda la historia del trotskismo de vueltas en torno a la ‘defensa’ de algo (…) buscando desesperadamente una causa o víctima cuya defensa podrían tomar (…) el proletariado no debería ponerse como clase frente a todo el capitalismo sino que aliado sucesivamente a distintas facciones políticas de la burguesía, el proletariado eliminará a unas facciones, llegando así, por etapas, poco a poco, a debilitar a la burguesía (…) En 1939 la Alemania de Hitler ataca Polonia. ¡Adelante en defensa de Polonia! Pero ocurre que el "Estado obrero" ruso también ataca Polonia, también guerrea con Finlandia y arranca por la fuerza territorios a Rumania. Eso desorientó un poco a los cerebros trotskistas”.
Para comprobar las innumerables defensas que los trotskistas tuvieron que cargar sobre sus hombros ¡y tan solo hasta 1947! recomendamos los dos artículos de Internationalisme que re-publicamos en nuestra Revista Internacional bajo el título “¿Qué diferencia hay entre los revolucionarios y el trotskismo?”9.
El Militante es parte de esta tendencia histórica de la burguesía decadente y repite una vez más lo que ha hecho siempre contra el proletariado, inocular el nacionalismo con argumentos “radicales”10.
Para ser breves, no entraremos aquí en la careta rota que se ha puesto la CGT, ya que en esta ocasión no se ha molestado en disimular ni siquiera la defensa de su país y del Estado Palestino. El proclamado “anti-estatismo” de la CNT, sin embargo, sí es algo más enrevesado (no necesariamente más inteligente porque cada uno de estos sindicatos cumple un papel frente a la clase, atrayendo hacia la lógica burguesa a un sector específico). Sin embargo, se trata del mismo “anti-estatismo” que empleó desde 1936 para alistar a los obreros en la guerra burguesa republicano-franquista, donde llamó a las elecciones en apoyo del Frente Popular y la Generalitat, aceptando incluso descaradamente cargos ministeriales para “la liberación de España a través de la lucha antifascista”. La CNT cumplió un papel imprescindible para la burguesía, del cual sigue presumiendo, inculcando una férrea confianza en el Estado en aquellos obreros que desconfiaban de los medios empleados ya por el PCE o el POUM, y así convertir los órganos autónomos creados por los obreros en brazos auxiliares del control militar del Estado. A través de la consigna de la autogestión obligaron a los trabajadores a aceptar los sacrificios de la guerra y a renunciar a luchar en su propio terreno para así “combatir el fascismo”11. Estos supuestos “anti-estatistas” no hacen más que deformar una y otra vez lo que verdaderamente es el Estado totalitario de la fase decadente del capitalismo y lo que realmente significa y requiere su destrucción por el proletariado para inaugurar un periodo de transición al comunismo.
Los grupos izquierdistas, que se pretenden del lado de los trabajadores, de obreros no tienen más que su amplia experiencia en guardar las apariencias para acabar arrastrándonos hacia una política burguesa de defensa del nacionalismo y la guerra, y distraer nuestra reflexión en un terreno de clase. Forman parte de una tradición de la burguesía decadente que se inauguró con la degeneración de la oleada revolucionaria de los años 1917s-1920s, y una contrarrevolución que, a través de las enrevesadas teorizaciones del estalinismo y sus satélites, se encargó sistemáticamente de mantener una cáscara “obrera” para deformar la teoría proletaria y arrastrar a los trabajadores bajo las banderas del “socialismo nacional”. Sus consignas políticas corresponden hoy tanto a la defensa de los intereses de ciertas facciones de la burguesía en el terreno imperialista, como en una gran medida a la necesidad de cada burguesía nacional de enfrentar y mistificar al proletariado.
El internacionalismo expresa, al contrario de lo que balbucean mentirosamente estos grupos, la unidad internacional de SOLO la clase obrera. Es la ÚNICA clase de la sociedad burguesa para la que es materialmente posible una solidaridad internacional verdaderamente antagónica al capitalismo y que puede ofrecer una perspectiva de futuro real a la sociedad. El llamado “internacionalismo de los pueblos” es una mentira e idealización absurda al servicio de una defensa nacional más o menos enmascarada. El internacionalismo es la expresión política de la unidad mundial de una clase explotada, desposeída, excluida de la sociedad civil, la cual es a la vez, revolucionaria y portadora del comunismo, por su condición material de clase mundial de productores asociados.
Opero, octubre de 2023
1 Ni Israel ni Palestina ¡Los obreros no tienen patria!, CCI octubre 2023. https://es.internationalism.org/content/5007/ni-israel-ni-palestina-los-obreros-no-tienen-patria [1050]
2 L’anarchisme au service de la guerre, CCI octubre 2023. https://fr.internationalism.org/content/11208/lanarchisme-au-service-guerre [1267]
3 Ver Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1067]
4 “El Estado sionista prepara un genocidio en Gaza. ¡Solo la solidaridad internacionalista lo impedirá!” El Militante, octubre 2023. https://www.izquierdarevolucionaria.net/index.php/internacional/oriente-medio/13804-el-estado-sionista-prepara-un-genocidio-en-gaza-solo-la-solidaridad-internacionalista-lo-impedira [1268]
5 “Israel declara el estado de Guerra tras el ataque de Hamas, el pueblo palestino sufre las consecuencias” CGT, octubre 2023 https://cgt.org.es/32807-2/ [1269]
6 Habría que recordar que existen ¡dos estados palestinos! en este momento, el de Cisjordania bajo el control de la OLP y el de Gaza bajo la férula de Hamas. Ambos Estados defienden la explotación capitalista más brutal, bien sea como subcontratistas del Capital israelí, bien “autónomamente”. Tanto la OLP como Hamas han reprimido brutalmente las huelgas de sus “hermanos palestinos”.
7 “CNT ante el agravamiento de la guerra en Oriente Próximo”, CNT, octubre 2023 https://www.cnt.es/noticias/cnt-ante-el-agravamiento-de-la-guerra-en-oriente-proximo/ [1270] ; Llamamientos de CNTs locales: “La CNT se adhiere a la concentración contra el genocidio en Gaza”, “Solidaridad con Palestina”, “Palestina libre, stop genocidio”: https://granollers.cnt.es/2023/10/15/comunicats-internacionalistes-sobre-el-conflicte-a-palestina/ [1271] ; http://cordoba.cnt.es/content/solidaridad-con-palestina [1272] ; https://aragon-rioja.cnt.es/concentracion-solidaridad-con-palestina/ [1273]
8 "La política imperialista no es obra de un país o de un grupo de países. Es el producto de la evolución mundial del capitalismo en un momento dado de su maduración. Es un fenómeno internacional por su propia naturaleza, un todo inseparable que sólo puede comprenderse en sus relaciones recíprocas y del que ningún Estado puede escapar". Esto es lo que decía Rosa Luxemburgo hace casi un siglo en su famoso panfleto Junius. Independientemente del tamaño de sus ejércitos, de si hacen la guerra con machetes, cohetes o tanques ultrasofisticados, todos los Estados son imperialistas. También lo son los grupos aspirantes a tener un Estado como por ejemplo los movimientos kurdos, Hizbollah etc.
9 Internationalisme no 26, septiembre de 1947: ¿Qué diferencia hay entre los revolucionarios y el troskismo?, Revista Internacional nº 139. https://es.internationalism.org/revista-internacional/200910/2675/internationalisme-no-26-septiembre-de-1947-que-diferencia-hay-entr [1163]
10 «El Militante»: Cómo inocular el nacionalismo con argumentos "radicales, Acción Proletaria nº 170. https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200512/350/el-militante-como-inocular-el-nacionalismo-con-argumentos-radicales [1164]
11 Ver “Las bodas de sangre de la CNT con el Estado burgués”, en nuestra publicación España 1936, Franco y la República masacran al proletariado, basada ampliamente en la compilación de textos de BILAN, publicación de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista https://es.internationalism.org/cci/200602/758/1las-bodas-de-sangre-de-la-cnt-con-el-estado-burgues [1274]
Con el nuevo estallido de barbarie en Israel/Palestina, nos vemos obligados a cambiar el enfoque de esta reunión pública, que inicialmente, pretendía concentrarse en la crisis ecológica. Tras la guerra en Ucrania, este nuevo estallido bélico confirma una vez más que la guerra desempeña un papel central en lo que hemos llamado el "efecto torbellino": la interacción acelerada de todas las diferentes expresiones de la descomposición capitalista, que plantea una amenaza creciente para la supervivencia misma de la humanidad. Es vital para los revolucionarios plantear una clara posición internacionalista contra todas las confrontaciones imperialistas que se extienden por el mundo.
Esto no implica ninguna subestimación del hecho de que la destrucción capitalista de la naturaleza es parte integrante de esta amenaza. En efecto, la intensificación de la guerra y del militarismo no puede sino agravar la crisis ecológica, del mismo modo que la profundización de esta última no puede sino alimentar las rivalidades militares cada vez más caóticas.
Tampoco significa que se haya perdido toda esperanza de futuro. El retorno de la lucha de clases que comenzó en Gran Bretaña hace más de un año, y que ahora está dejando su huella en Estados Unidos con una gran oleada de huelgas, demuestra que la clase obrera no está derrotada y que su resistencia contra la explotación contiene las semillas del derrocamiento revolucionario del actual orden mundial.
Todas estas cuestiones se debatirán en la próxima reunión.
La reunión será presencial en México y Madrid y al mismo tiempo por vía Internet
FECHA: sábado 4 de noviembre 2023
HORA: 10 mañana México 18 horas Madrid
LUGAR:
Los que deseen participar por Internet lo solicitan a nuestro mail [email protected] [45] y le enviamos el enlace hora y media antes.
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Este obrero estadounidense resume en una frase lo que está madurando en la conciencia de toda la clase obrera, en todos los países. Hace un año estalló en el Reino Unido el «verano de la ira». Al grito de «Enough is enough» («¡Ya Basta!»), los trabajadores británicos anunciaron la reanudación de la lucha tras más de treinta años de atonía y resignación.
Este llamamiento resonó más allá de las fronteras. Desde Grecia hasta México, huelgas y manifestaciones contra un mismo deterioro intolerable de nuestras condiciones de vida y de trabajo, se sucedieron a finales de 2022 y principios de 2023.
Y, a mediados del invierno, en Francia, se dio un paso más: los proletarios hicieron suyo ese "ya basta". Pero en lugar de multiplicar las luchas locales y corporativistas, aisladas unas de otras, fueron capaces de reunirse por millones en las calles. A la combatividad necesaria se añadió la fuerza de la masividad. Y ahora es en Estados Unidos donde los trabajadores intentan llevar la antorcha de la lucha un poco más lejos.
Un auténtico apagón mediático rodea al movimiento social que actualmente está incendiando la primera potencia económica mundial. No es de extrañar. Pues en un país asolado desde hace décadas por la pobreza, la violencia, la droga, el racismo, el miedo y el individualismo, estas luchas demuestran que es posible un camino completamente distinto.
En el corazón de todas estas huelgas alienta el impulso de una verdadera solidaridad obrera. Como declaraba ese mismo trabajador que hemos citado: «Estamos todos hartos: los temporales están hartos, los empleados con muchos años de antigüedad como yo estamos hartos... porque estos temporales son nuestros hijos, nuestros vecinos, nuestros amigos». Así es como los trabajadores cierran filas entre generaciones: los "viejos" no están en huelga sólo por sí mismos, sino sobre todo por los "jóvenes", que sufren condiciones de trabajo aún peores y salarios aún más bajos.
Poco a poco va creciendo un sentimiento de solidaridad en la clase trabajadora, a medida que nos damos cuenta de que «todos vamos en el mismo barco»: «Todos estos grupos no son movimientos separados, sino un grito de guerra colectivo: somos una ciudad de trabajadores: de cuello blanco o azul, sindicalizados y no sindicalizados, inmigrantes y nativos» (Los Angeles Times).
Por otra parte, las huelgas actuales en Estados Unidos abarcan mucho más que los propios sectores movilizados. «En el complejo de Stellantis en Toledo, Ohio, el comienzo de la huelga se vio saludado por multitud de vítores y toques de claxon» (The Wall Street Journal). «Las bocinas apoyan a los huelguistas frente a la planta del fabricante de automóviles en Wayne, Michigan» (The Guardian).
La actual oleada de huelgas tiene una importancia histórica:
- Guionistas y actores de Hollywood lucharon juntos por primera vez en 63 años;
- Las enfermeras del sector privado de Minnesota y Wisconsin han protagonizado la mayor huelga de su historia;
- Los trabajadores municipales de Los Ángeles se declararon en huelga por primera vez en 40 años;
- Los trabajadores de las "Tres Grandes" (General Motors, Ford y Chrysler) protagonizaron una lucha conjunta sin precedentes;
- Los trabajadores de Kaiser Permanente, en huelga en varios estados, protagonizaron la mayor manifestación jamás organizada en el sector sanitario.
También podríamos añadir las numerosas huelgas de las últimas semanas en Starbucks, Amazon y McDonald's, en fábricas de aviación y ferroviarias, o la que poco a poco se ha extendido a todos los hoteles de California... Y tantos otros trabajadores que luchan por un salario digno frente a una inflación galopante que les está reduciendo a la pobreza.
A través de todas estas huelgas, el proletariado estadounidense está demostrando que también es posible la lucha de los trabajadores del sector privado. En Europa, hasta ahora, han sido sobre todo los trabajadores del sector público los que se han movilizado, pues el miedo a perder el empleo ha supuesto un freno decisivo para los asalariados de las empresas privadas. Pero ante unas condiciones de explotación cada vez más insoportables, todos vamos a vernos obligados a luchar. El futuro pertenece a la lucha de clases en todos los sectores, ¡juntos y unidos!
La indignación vuelve a crecer en Europa, Asia e incluso Oceanía. En China, Corea y Australia también se suceden las huelgas desde el verano. En Grecia, a finales de septiembre, un movimiento social reunió a los sectores del transporte, la educación y la sanidad para protestar contra un proyecto de reforma laboral destinado a flexibilizar el empleo. El 13 de octubre vuelven las manifestaciones en Francia, por la cuestión salarial. También en España empieza a soplar un viento de indignación: Para los días 17 y 19 de octubre, están convocadas huelgas en el sector de la enseñanza privada; para el 24 en la enseñanza pública; para el 25 de octubre, una huelga de todo el sector público vasco; y el 28 de octubre, manifestación de los pensionistas, etc. Ante esta perspectiva la prensa española empieza a anticipar «un nuevo otoño caliente».
Pero esta lista no sólo indica el creciente nivel de descontento y combatividad de nuestra clase. También revela la mayor debilidad actual de nuestro movimiento: a pesar de la creciente solidaridad, nuestras luchas siguen estando separadas unas de otras. Nuestras huelgas pueden ser simultáneas, incluso podemos estar codo con codo a veces en las calles, pero no estamos luchando realmente juntos. No estamos unidos, no estamos organizados como una sola fuerza social, en una sola lucha.
La actual oleada de huelgas en Estados Unidos es una nueva demostración flagrante de ello. Cuando se inició el movimiento en las "Tres Grandes", la huelga se limitó a tres plantas “seleccionadas": Wentzville (Missouri) para GM, Toledo (Ohio) para Chrysler y Wayne (Michigan) para Ford. Estas tres plantas están separadas por miles de kilómetros, lo que hace imposible que los trabajadores se reúnan y luchen juntos.
Pero ¿Por qué esta dispersión? ¿Quién organiza esta fragmentación? ¿Quién encuadra disciplinadamente a estos trabajadores? ¿Quién “organiza” los movimientos sociales? ¿Quiénes son los "especialistas en la lucha", los representantes legales de los trabajadores? Los sindicatos. En todo el mundo, los sindicatos están dispersando la respuesta de los trabajadores.
Fue la UAW, uno de los principales sindicatos de Estados Unidos, ¡el que "designó" esas tres plantas! Es la UAW la que, mientras califica fraudulentamente el movimiento de «fuerte, unido y masivo», limita deliberadamente la huelga a sólo el 10% de los trabajadores sindicados, mientras que todos los trabajadores proclaman a voz en grito su deseo de ir a la huelga en su totalidad. Cuando los trabajadores de Mack Truck (camiones Volvo) intentaron unirse a las "Tres Grandes" en su lucha, ¿qué hicieron los sindicatos? ¡Se apresuraron a firmar un acuerdo para poner fin a la huelga! En Hollywood, cuando la huelga de actores y guionistas duraba ya meses, se firmó un acuerdo entre patronal y sindicatos en el momento en que los trabajadores del automóvil se incorporaban al movimiento.
También en Francia, durante las manifestaciones que reunían a millones de personas en las calles, los sindicatos fragmentaban las procesiones haciendo que "sus" sindicalistas marchasen agrupados por corporaciones, no juntos sino unos detrás de otros, impidiendo cualquier reunión o debate.
Tanto en Estados Unidos, como en el Reino Unido, en Francia, en España, en Grecia, en Australia y en todos los demás países, para poner fin a esta división organizada, para estar verdaderamente unidos, para poder tendernos la mano, para animarnos unos a otros, para extender nuestro movimiento, debemos arrebatar el control de las luchas de las manos de los sindicatos. Estas son nuestras luchas, ¡las luchas de toda la clase obrera!
Y, siempre que podamos, tenemos que reunirnos en asambleas generales abiertas y masivas, autónomas, que decidan realmente la marcha del movimiento. Asambleas generales en las que discutamos lo más ampliamente posible las necesidades generales de la lucha y las reivindicaciones que más nos unan. Asambleas generales desde las que podamos partir en delegaciones masivas al encuentro de nuestros hermanos y hermanas de clase, los trabajadores de la fábrica, del hospital, de la escuela o la administración más cercanos.
Frente al empobrecimiento, frente al calentamiento climático, frente a la violencia policial, el racismo, o la violencia contra las mujeres... hemos visto surgir, en los últimos años, otro tipo de reacciones: las manifestaciones de los "chalecos amarillos" en Francia, las concentraciones ecologistas como las de "Juventud por el clima", las protestas por la igualdad como las de "Black Lives Matter" o el "MeToo", o los gritos de rabia que han estallado en revueltas como las acaecidas en Estados Unidos, Francia o Reino Unido.
Pero todas estas acciones buscan instaurar una forma de capitalismo más justa, más equitativa, más humana y más verde. Por eso es tan fácil para el Estado y la burguesía recuperar estas reacciones y no vacilan en respaldar todos estos "movimientos ciudadanos". Por otra parte, los sindicatos y todos los políticos hacen todo lo posible para limitar las reivindicaciones de los trabajadores al marco estricto del capitalismo, insistiendo en la necesidad de un mejor reparto de la riqueza entre empresarios y asalariados. «Ahora que la industria se está recuperando, [los trabajadores] deberían participar en los beneficios», llegó a declarar Biden, el primer presidente estadounidense que ha participado en un piquete de huelga.
Pero cuando lucha contra los efectos de la crisis económica, contra los ataques orquestados por los Estados, contra los sacrificios impuestos por el desarrollo de la economía de guerra, el proletariado se alza no como ciudadanos que exigen "derechos" y "justicia" sino como explotados contra sus explotadores y, en última instancia, como clase contra el propio sistema. Por eso, la dinámica internacional de la lucha de la clase obrera lleva en sí misma el germen de un cuestionamiento de los fundamentos del capitalismo.
En Grecia, durante la jornada de acción del 21 de septiembre contra la reforma laboral, los manifestantes vincularon este nuevo ataque con las catástrofes "naturales" que habían asolado el país este pasado verano. Por un lado, el capitalismo está destruyendo el planeta, contaminando, exacerbando el calentamiento global, deforestando, hormigonando, secando la tierra y provocando inundaciones e incendios. Por otra, suprime los empleos que cuidaban de la naturaleza y protegían a las personas, y prefiere construir aviones de guerra en lugar de hidroaviones para la extinción de incendios.
Junto a la lucha contra el deterioro de sus condiciones de vida y de trabajo, la clase obrera está reflexionando sobre una cuestión mucho más amplia: el sistema y su futuro. Hace unos meses, en las manifestaciones en Francia, en algunas pancartas se empezaba a leer un rechazo a la guerra en Ucrania, un rechazo a apretarse el cinturón en favor de esta economía de guerra: «Ni un céntimo para la guerra, ni un céntimo para armas, el dinero para los salarios y las pensiones».
Crisis económica, crisis ecológica, barbarie guerrera... son todos ellos síntomas de la dinámica mortífera del capitalismo global. El diluvio de bombas y balas que llueve sobre las poblaciones de Israel y Gaza mientras escribimos estas líneas, al mismo tiempo que persisten las masacres en Ucrania, ilustran la espiral de descenso al abismo en la que el capitalismo está llevando a la sociedad, ¡amenazando la supervivencia de la humanidad!
El creciente número de huelgas muestra el enfrentamiento de dos mundos: el mundo burgués de la competencia y la barbarie, y el mundo obrero de la solidaridad y la esperanza. Este es el significado profundo de nuestras luchas actuales y futuras: la promesa de un futuro diferente, sin explotación ni clases sociales, sin guerras ni fronteras, sin destrucción del planeta ni búsqueda de beneficios.
Corriente Comunista Internacional, 8 de octubre de 2023
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El Sábado 23 de Septiembre tuvo lugar en Madrid en la librería Eleutheria, la presentación de la edición de la traducción al español de los primeros (8) números de la Revista BILAN por la editorial Hermanos Bueso.
Queremos insistir aquí sobre la importancia de la continuidad histórica para el proletariado. El materialismo histórico está profundamente basado en establecer en qué punto se produce la continuidad crítica del combate proletario y en qué punto se rompe con su perspectiva. Es decir, cuáles son las verdaderas adquisiciones y lecciones que se deben asimilar al programa político del proletariado, a la luz de la lucha de clases, y sobre qué bases materiales históricas están fundadas y, por el contrario, cuáles son más bien maneras de adaptarse al capitalismo o de desvirtuar el marxismo.
BILAN fue la publicación, Boletín teórico de la Fracción de izquierda del PCI. En Febrero de 1933 apareció el último número del Boletín de información de la fracción de izquierda italiana y en Noviembre de 1933 se publicó el primer número de BILAN.
La Fracción de la izquierda italiana se constituye en 1928 en Pantin (París), por militantes en el exilio, para luchar contra la degeneración de la Internacional Comunista (IC) y su política oportunista de alianzas para convertir los partidos comunistas en partidos de masas, que había dado la dirección del PCI1 a la derecha y expulsado a la izquierda. Por eso inicialmente la Fracción se concebía como fracción de la IC y se daba como objetivo el enderezamiento de la IC y del PCI según los textos del IIº congreso Internacional y de las Tesis de Roma (1922) y los escritos de Bordiga; y la convocatoria del VIº congreso de la IC bajo la dirección de Trotsky; es decir, en sintonía con la política de Oposición trotskista.
Al inicio de los años 1930 sin embargo, la Fracción se daba cuenta de que la IC había muerto con la adopción del «socialismo en un solo país» y se había convertido en un instrumento de la política exterior del Estado ruso; e igualmente de que los PC’s estaban siendo integrados en el estado burgués. Frente a ello, la Fracción también rechazaba la política de la Oposición trotskista de formar una nueva internacional, sobre la base de una política de alianzas con los viejos partidos socialdemócratas traidores, que a fin de cuentas reproducía la política de la degeneración de la IC, y además en un momento en que se confirmaba la derrota de la oleada revolucionaria de 1917.
Por eso, a partir de Noviembre de 1933 aparece el primer número de una nueva publicación, BILAN, que afronta la tarea de hacer un balance del curso de derrota de la revolución y clarificar el significado y las tareas de una fracción.
«Nos proponemos hacer de la revista un órgano de clarificación política que permita comprender la situación actual, particularmente compleja. Es evidente que nuestra fracción, lejos de ser el elemento definitivo de dicha clarificación, no es sino un factor más...
…Es cierto que nuestra fracción reclama su largo pasado político, su profunda tradición en el movimiento italiano e internacional, el conjunto de sus posiciones políticas fundamentales. Pero no pretende prevalerse de estos precedentes políticos para solicitar adhesiones a las soluciones que postula para la situación actual. Por el contrario, invita a los revolucionarios a que sometan al examen de los hechos las posiciones que nuestra fracción defiende actualmente, así como las posiciones políticas que se encuentran en sus documentos básicos…
…Lo que ha permitido al capitalismo atravesar la tormenta de los sucesos de posguerra no ha sido un cambio en la situación histórica: el capitalismo, en 1933, está tan definitivamente condenado como sistema de organización social como lo estaba en 1917, e incluso más. Lo que ha cambiado, de 1917 a 1933, es la relación de fuerzas entre las dos clases fundamentales, entre las dos fuerzas históricas que actúan en la época actual: el capitalismo y el proletariado.
…el proletariado ya no está en condiciones de oponer al desencadenamiento de una nueva guerra imperialista el triunfo de la revolución. No obstante, si existen posibilidades de que se reanude la lucha revolucionaria inmediata, estas pasan únicamente por la comprensión previa de las pasadas derrotas. Aquellos que oponen a este indispensable trabajo de análisis histórico el cliché de la movilización inmediata de los obreros, no hacen más que sembrar la confusión e impedir que resurjan realmente las luchas proletarias.
Los cuadros de los nuevos partidos del proletariado sólo pueden surgir a partir de un profundo conocimiento de las causas de las derrotas. Y este conocimiento no debe soportar ninguna prohibición ni ningún ostracismo» (BILAN nº 1, Introducción).
Y sin duda el combate que llevó BILAN por la clarificación es una aportación al programa revolucionario actual, por su defensa de la naturaleza proletaria de la revolución rusa, por su análisis sobre la fracción y sus relaciones con el partido, por la denuncia del frentismo, o por su crítica del Estado en el periodo de transición, etc.2
Saludamos pues, la edición de una traducción al español de las posiciones del Boletín teórico, que permiten una difusión de las posiciones de la Izquierda Comunista italiana.
Sobre algunas cuestiones principales, sin embargo, BILAN no pudo llevar hasta el final su crítica. Así por ejemplo sobre la naturaleza del Estado en Rusia, que siguió considerando un estado proletario, a pesar de que denunció su incorporación a la Sociedad de Naciones y sus preparativos para la IIª guerra mundial; también sobre la cuestión sindical, ya que siguió defendiendo los sindicatos; o incluso no adoptó las posiciones de Mitchell3 sobre el Estado en el periodo de transición4. Fue fundamentalmente Internationalisme, la publicación de la Fracción francesa de la Izquierda Comunista5, quien concluyó muchas de las reflexiones avanzadas por BILAN, particularmente en varios artículos firmados por MC (Marc Chirik6), quien después de la guerra formaría en Venezuela un grupo de jóvenes alrededor suyo: Internacionalismo, que continuó ese trabajo de elaboración teórica y anunció la perspectiva de luchas importantes en Europa frente al desarrollo de la crisis, lo cual se confirmó en Mayo 68. MC y algunos otros militantes de Internacionalismo emigraron entonces a Europa y participaron en la formación de la Corriente Comunista Internacional (CCI).
La presentación de la traducción al español de BILAN, que fue muy exhaustiva sobre la historia de la Fracción italiana, mencionó la continuidad de la Fracción francesa de la Izquierda comunista y de ahí pasó a la formación del PCint en 1943, que precisamente se formó ignorando todo el legado de BILAN7 y reclamándose de las posiciones de la Fracción cuando aún formaba parte de la IC, y de Bordiga, que desde finales de los años 1920 había permanecido alejado de la militancia; pero no mencionó ni a Internacionalismo ni a la CCI.
Así que tuvimos que aclarar nosotros mismos que la CCI se reivindica de los principios programáticos y organizacionales de BILAN, que la Izquierda Comunista de Francia (Internationalisme) desarrolló y que la CCI ha integrado en sus textos de base y su plataforma, como la posición sobre la decadencia del capitalismo, la naturaleza capitalista del Estado de la URSS8 , la cuestión sindical, que hemos resumido en un folleto: «los sindicatos contra la clase obrera»; o el Estado en el periodo de transición9.
En cuanto a los principios organizacionales, para empezar, el nombre de corriente comunista es ya una aplicación de las posiciones de BILAN, por cuánto, por una parte, no están reunidas las condiciones históricas para la formación del partido10, ni tampoco para ser una fracción de la IC, con la que no hay una continuidad orgánica y que murió como partido del proletariado; y menos de los PC’s, que fueron integrados al Estado burgués como partidos del capital; sin embargo sí es necesario un trabajo de tipo fracción, en torno a los principios de la Izquierda comunista y de polémica y clarificación con un Medio Político Proletario.
El origen de la CCI es resultado de esa orientación, con el reagrupamiento de Revolution Internationale (Francia) con Internationalism (USA) y World Revolution (GB), a las que se sumaron después otras secciones en Bélgica, Italia y España. La CCI impulsó las Conferencias internacionales de los grupos de la Izquierda Comunista11 de finales de los años 70 y recientemente ante la guerra de Ucrania ha propuesto una Declaración común de los grupos de la Izquierda Comunista (como antes propusimos una toma de posición conjunta del MPP frente a la guerra en Yugoslavia que fue rechazada). En el ADN de la CCI están los genes de la FFGC12 y de BILAN, de «clarificación política que permita comprender la situación actual, particularmente compleja» de «someter al examen de los hechos nuestras posiciones sin prohibiciones ni ostracismos» (BILAN nº 1, op cit)
En la formación de la CCI hay incluso una continuidad “física”, desgraciadamente minúscula, de algunos militantes, que participaron en BILAN, la Liga de los Comunistas Internacionalistas de Bélgica o la FFGC, entre los que destaca Marc Chirik, que fue miembro de la CE13 de BILAN.
En coherencia con su naturaleza de integrantes del aparato político del capital, los grupos llamados “de izquierdas”, parlamentaria y extraparlamentaria, desde los socialistas en el gobierno hasta los izquierdistas en la calle (trotskistas, UCE, etc.), nos han presentado las posiciones políticas como diferentes doctrinas, productos de tal o cual genio: “marxismo-leninismo”, “maoísmo”, “pensamiento Fernández”, etc., donde uno tendría que elegir como en el supermercado. Eso es una visión de la burguesía, que considera las posiciones políticas como proposiciones intelectuales y que además desfigura las posiciones de Marx, Engels y Lenin, haciendo pasar el estalinismo puro y duro por “marxismo-leninismo”, a los aplastadores de la revolución (Stalin), por los revolucionarios (Lenin), a líderes burgueses aupados en guerras entre fracciones de la burguesía (Mao, Ho Chi Minh) por grandes teóricos del comunismo.
Por eso en las manifestaciones muchos nos preguntan: ¿Vosotros sois leninistas? ¿Luxemburguistas? Y nosotros respondemos sobre nuestra filiación, al dorso de cada publicación:
«Las posiciones de las organizaciones revolucionarias y su actividad son el fruto de las experiencias pasadas en la clase obrera y de las lecciones que dichas organizaciones han ido acumulando de esas experiencias a lo largo de la historia.
La CCI se reivindica de los aportes sucesivos de la Liga de los Comunistas de Marx y Engels (1847-52), de las tres Internacionales (la Asociación Internacional de los Trabajadores, 1864-72, la Internacional Socialista, 1884-1914, la Internacional Comunista, 1919-28), de las Fracciones de Izquierda que se fueron separando en los años 1920-30 de la Tercera Internacional (la Internacional Comunista) en
su proceso de degeneración, y más particularmente de las Izquierdas Alemana, Holandesa e Italiana».
Las posiciones políticas son el producto de los combates históricos del proletariado y de la reflexión en torno a los fines y medios de su lucha, la expresión de su tradición histórica, de su programa político revolucionario. Eso es el “a-b-c” del comunismo:
«Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo. No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos» (Manifiesto Comunista, II. Proletarios y comunistas).
Separadas de ese combate histórico, internacional y militante del proletariado, esas posiciones pueden servir para hacer curriculum universitario o incluso pueden ser utilizadas como armas arrojadizas contra las genuinas organizaciones comunistas, como en el caso del profesor Bourrinet14. O para falsificarlas, como hace Nuevo Curso/Emancipación/Communia, con las posiciones de la Izquierda Comunista, presentando una fantasmagórica Izquierda Comunista española, que pretende hacer pasar el trotskismo por la Izquierda Comunista15.
Otros, como el grupo Barbaria, ven que la Izquierda Comunista está caduca y sus posiciones son material de biblioteca. Y esto no lo decimos solo nosotros:
«Los compañeros de Programa Comunista hacen una crítica bastante juiciosa del artículo sobre Bordiga16. Denuncian la manipulación que hace Barbaria desligando Bordiga del combate de los grupos de la Izquierda Comunista tratando “de definir una aportación personal del mismo de la que apropiarse, para construir sobre ella una teoría propia, una visión suya, particular, de problemas que sólo pueden ser abordados, en términos marxistas, desde el trabajo anónimo y colectivo del órgano partido”»17.
La asistencia significativa a la presentación de las traducciones de BILAN muestra que hay un interés por la historia de la Izquierda Comunista y sus organizaciones. Esto confirma lo que decimos de que existe una maduración subterránea de la conciencia en minorías, aunque en cuentagotas, especialmente jóvenes, que reflexionan frente a la gravedad de la situación de ausencia de perspectiva que muestra el capitalismo.
Estas minorías desconfían de los discursos sindicales e izquierdistas, que en lugar de dar respuestas a sus inquietudes, reproducen la ideología y las consignas del Estado burgués; y buscan en las posiciones de la Izquierda Comunista una crítica radical del capitalismo y una perspectiva revolucionaria.
Por eso no es casual que hoy asistamos, a pesar de lo reducido de las fuerzas de los grupos de la Izquierda Comunista, a una política de cerco, de cordón sanitario, que busca impedir que esas minorías los encuentren e incluso trata de hacer que los rechacen, desencadenando ataques que tratan de desprestigiar la Izquierda Comunista o de ofrecer “fakes” en su lugar.
Aunque la situación actual está lejos de la del 68, cuando se puede decir que asistimos al surgimiento de una generación en búsqueda de posiciones revolucionarias, la comparación sirve para ver cómo entonces había una auténtica ebullición de posiciones revolucionarias, de traducciones de Luxemburg, Pannekoek, Bordiga, etc.; pero la mayoría de jóvenes no encontraron o rechazaron el terreno de la continuidad histórica de las organizaciones del proletariado, principalmente por la ruptura de la continuidad orgánica del Movimiento Obrero debido a la contra-revolución, lo cual estaba reforzado por la política de rechazo generacional impulsada por el Estado: «los mayores de 30 años a los campos de concentración» se gritaba en Alemania por ejemplo. Esas fuerzas militantes proletarias terminaron encuadradas en los grupos izquierdistas y se perdieron para la clase. En la situación actual, mucho más frágil, el peligro también es mucho mayor.
Hic Rhodas, 04.10.2023
1 Partido comunista de Italia
2 Ver nuestro libro La izquierda comunista de Italia. Se puede pedir a nuestra dirección mail.
3 También Jehan. Jean Baptiste Mélis.
4 Que eran una crítica a la noción misma de Estado proletario, a la identificación del poder proletario con el Estado.
5 Surgida de la minoría de la Fracción en Francia que se oponía a la dinámica oportunista de formación del PCInt (ver libro de la Izquierta Italiana op cit)
6 Ver: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1053/marc-de-la-revolucion-de-octubre-1917-a-la-ii-guerra-mundial [1190], y https://es.internationalism.org/content/4663/marc-parte-2-de-la-segunda-guerra-mundial-la-actualidad [1191]
7 Y también de sus continuadores, La Izquierda Comunista Internacional, que se dio un Buró Internacional y una declaración de principios en 1938; BI que desapareció con la IIª guerra mundial por una crisis interna pero el trabajo fue continuado (en parte a través de una dura crítica a las posiciones oportunistas adoptadas por Vercesi que habían sido en parte responsables de esta crisis) por la Fracción francesa durante la guerra hasta la formación de Internationalisme – ver: https://fr.internationalism.org/gcf/annexe2 [1278] y https://es.internationalism.org/content/4753/polemica-con-la-cwo-como-reapropiarse-de-los-aportes-de-la-izquierda-comunista [804] “El trabajo continuó regularmente durante toda la guerra, con una notable sistematización y profundización de las posiciones programáticas. A partir de 1941, la Fracción celebró conferencias anuales que produjeron (entre otras cosas) una condena de las teorías revisionistas de Vercesi sobre la economía de guerra”.
8 Sobre estas cuestiones, la CCI ha continuado desarrollando los análisis de Internacionalisme e Internacionalismo teniendo en cuenta los acontecimientos históricos; así por ejemplo hemos publicado las Tesis sobre la descomposición: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [109], que hemos desarrollado en nuestro último congreso: https://es.internationalism.org/content/4982/informe-sobre-la-descomposicion-actualizacion-de-las-tesis-2023 [1039]; igual que antes analizamos el derrumbe del bloque del Este, partiendo del cuadro de análisis de la naturaleza capitalista de Estado de la URSS: /content/3451/tesis-sobre-la-crisis-economica-y-politica-en-los-paises-del-este [139]
9 https://es.internationalism.org/content/4436/resolucion-del-tercer-congreso-de-la-cci-sobre-el-periodo-de-transicion-del-capitalismo [1279]
10 Criterio central en el rechazo de la iniciativa de Trotsky de formar una nueva Internacional en un curso de derrota de la oleada revolucionaria, basándose en una política de alianzas oportunistas con los partidos socialdemócratas y que BILAN llamaba por eso, Internacional 2 y ¾; también presente en el rechazo de la FFGC y de la CCI de la proliferación de “partidos” bordiguistas.
11 Las Conferencias las convocó Battaglia Comunista (BC), sobre la base de «la adopción del eurcomunismo por los PC’s»: La CCI animó a BC a hacer la convocatoria y se implicó en poner unos criterios de participación que definieran un terreno de clase y también en la organización y publicación de textos
12 Fracción Francesa de la Gauche (Izquierda) Communiste
13 Comisión Ejecutiva
14 Ver: "El Dr. Bourrinet, un farsante que presume de historiador [181]".
15 Ver: https://es.internationalism.org/content/4460/nuevo-curso-y-una-izquierda-comunista-espanola-de-donde-viene-la-izquierda-comunista [44]
16 Ver Grupo Barbaria, el bordiguismo a la carta https://www.pcint.org/05_Elprol/022/022_barbaria.htm [717]
17 https://es.internationalism.org/content/4730/barbaria-o-comunismo [957]
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El objetivo de este artículo no es entablar un debate sobre la validez política de nuestra plataforma - a lo que, evidentemente, siempre estamos dispuestos a través de una confrontación honesta de posiciones divergentes - sino restablecer la realidad de esta denunciando el enfoque del Grupo Internacional de la Izquierda Comunista (GIGC) dirigido exclusivamente a descalificar nuestras posiciones, en particular presentándolas como influidas por el consejismo. Tal influencia se traduciría en una visión "economicista", "mecánica", "fatalista" de la CCI, al subestimar las luchas reivindicativas y afectar a nuestra concepción del partido y de la conciencia de clase, etc.
Más allá del necesario restablecimiento de la verdad sobre nuestras posiciones políticas tergiversadas por el GIGC, ponemos de relieve cómo los medios y procedimientos que utiliza al servicio de su campaña de desprestigio son totalmente ajenos a los métodos del movimiento obrero y de la izquierda comunista en particular.
El GIGC nos dice que, nada más constituirse, emprendió "un proceso de clarificación de la plataforma de la CCI[1], (...) que habría rechazado por ser abiertamente consejista[2]". Tal diagnóstico político se basaría en diversas observaciones ya expuestas en algunos textos del GIGC, de los que a continuación se ofrece una muestra:
- “La innegable coherencia de la Plataforma de la CCI se basa en una visión economicista y fatalista que también es coherente con su visión consejista, manifiesta en sus puntos sobre el partido y la conciencia de clase"[3].
- "Hemos subrayado la coherencia de la plataforma de la CCI proporcionada por la distinción ascenso-decadencia, esencialmente reducida aquí a o reformas o imposibilidad de reformas, concepción que puede llevar a subestimar las luchas reivindicativas. La unidad resultante y la claridad de exposición de las fronteras de clase constituyen la fuerza del documento. Su debilidad reside en su enfoque y comprensión mecánicos y economicistas. Es típico del materialismo vulgar propio del consejismo, que desarrolla una visión fatalista y mecánica de la historia en detrimento de la visión dinámica -marxista-, que sitúa la lucha de clases en el centro y como motor de la historia"[4].
Para cualquiera que conozca las posiciones de la CCI, estas "críticas" son burdamente engañosas, pero no todo el mundo conoce la CCI, o algunos sólo a través de la visión que da la prosa del GIGC, lo que nos obliga a revisar la esencia de tales distorsiones basadas en mentir sobre los hechos, disfrazar y distorsionar las posiciones, e insinuar en lugar de demostrar o concretar. Otra de esas distorsiones es la ocultación de la evolución política de la CCI que aclara los puntos de nuestra plataforma[5].
Porque por muy importante que sea la cuestión de si es posible o no que el proletariado obtenga reformas en el período de decadencia del capitalismo, en nuestra plataforma el cambio de período nunca se reduce a esta cuestión, sino que se considera desde el punto de vista del desarrollo de las contradicciones internas del capitalismo (Punto 3 de la plataforma -La decadencia del capitalismo) y luego desde el punto de vista de las implicaciones para el modo de organización del capitalismo (Punto 4 -El capitalismo de Estado) y finalmente desde el punto de vista de la lucha de clases (Punto 6 -La lucha del proletariado en el capitalismo decadente)[6]. Es en este último punto donde se aborda la cuestión de la posibilidad o no de obtener reformas, decisiva para fundamentar y comprender el periodo de decadencia:
- la posibilidad y la necesidad de la revolución;
- las formas que adopta la lucha del proletariado, la relación del proletariado con su vanguardia y la forma que adopta esta vanguardia.
De hecho, y el GIGC lo sabe muy bien, para la CCI, la lucha reivindicativa constituye la base granítica para el desarrollo de la lucha de clases. Esto forma parte del ADN de nuestra organización, puesto que ya estaba en el corazón de la concepción marxista del grupo precursor de la CCI, Révolution internationale en France. Así, RI nouvelle série n° 9 (mayo-junio 1974), en el artículo "Comment le prolétariat est la classe révolutionnaire", se expresaba en estos términos: "El proceso por el cual la clase obrera se eleva a la altura de su tarea histórica no es un proceso separado, exterior a su lucha económica cotidiana contra el capital. Al contrario, es en y a través de este conflicto que la clase obrera forja las armas de su lucha revolucionaria".
Nuestra plataforma no niega tal posición: "Durante más de medio siglo, los trabajadores han sentido cada vez menos interés por participar en la actividad de estas organizaciones [los sindicatos] que se han convertido en órganos en cuerpo y alma del Estado capitalista. Sus luchas para resistir el deterioro de sus condiciones de vida tendieron a tomar la forma de "huelgas salvajes" fuera y contra los sindicatos. Dirigidas por asambleas generales de huelguistas y, en los casos en que se generalizaban, coordinadas por comités de delegados elegidos y revocables por las asambleas, estas luchas se situaban inmediatamente en un terreno político, en la medida en que debían enfrentarse al Estado bajo la forma de sus representantes en la empresa: los sindicatos”. (Punto 7 - Los sindicatos: órganos del proletariado ayer, instrumentos del capital hoy).
Y recientemente hemos dicho: "El empeoramiento inexorable de la crisis del capitalismo es un estímulo esencial para la lucha y la conciencia de clase. La lucha contra los efectos de la crisis es la base para desarrollar la fuerza y la unidad de la clase obrera. La crisis económica afecta directamente a la infraestructura de la sociedad; por lo tanto, pone al descubierto las causas profundas de toda la barbarie que pesa sobre la sociedad, permitiendo al proletariado tomar conciencia de la necesidad de destruir radicalmente el sistema y dejar de engañarse sobre las posibilidades de mejorar ciertos aspectos de este.
En la lucha contra los brutales ataques del capitalismo, y sobre todo contra la inflación que golpea a todos los trabajadores de forma general e indiscriminada, los trabajadores desarrollarán su combatividad, podrán empezar a reconocerse como una clase con fuerza, autonomía y un papel histórico que desempeñar en la sociedad. Este desarrollo político de la lucha de clases le dará la capacidad de acabar con la guerra acabando con el capitalismo". (Tercer Manifiesto Internacional de la CCI El capitalismo lleva a la destrucción de la humanidad solo la revolución mundial del proletariado puede acabar con él | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1093]
Si hemos dedicado tanto espacio a refutar esta mentira descarada del GIGC, es precisamente porque es muy perjudicial para la comprensión -tal como la defiende la CCI- del proceso de desarrollo de la lucha de clases hasta la revolución.
"El último punto, el más largo de toda la plataforma, sobre la organización de los revolucionarios revela claramente la contradicción que habita en la CCI desde sus orígenes entre su enfoque y sus debilidades congénitas de orden consejista y su voluntad de reapropiarse de las lecciones del movimiento obrero y en particular de la Izquierda comunista. Es cierto que el partido se menciona como tal, formalmente, abstractamente, de hecho, al revés: "la organización de los revolucionarios cuya forma más avanzada es el partido (...); se puede hablar entonces de partido para designar la organización de esta vanguardia (...); el carácter global y centralizado de la revolución proletaria confiere al partido...". Pero en ninguna parte se mencionan el papel y la función del partido como vanguardia política y dirección del proletariado."
La base de la necesidad y el papel de la organización revolucionaria está presente de forma condensada en nuestra plataforma, de modo que cualquier cita parcial de la misma, como hace el GIGC, altera necesariamente su significado. Por eso reproducimos íntegramente el párrafo correspondiente: "La organización de los revolucionarios (cuya forma más avanzada es el partido) es un órgano necesario que la clase se da para el desarrollo de la conciencia de su porvenir histórico y para la orientación política de su lucha hacia ese futuro. Por esta razón, la existencia del partido y su actividad constituyen una condición indispensable para la victoria final del proletariado".
¿Qué tiene que decir el GIGC sobre esta formulación aparte de deformaciones? Nada, sólo humo. ¡Un puro farol!
Es más, la mayoría de las posiciones defendidas en nuestra plataforma han sido retomadas, desarrolladas y precisadas en diversos artículos de nuestra prensa, en particular en la Revista Internacional. Es el caso, en particular, de la cuestión de la "organización de los revolucionarios", ampliamente desarrollada en los textos fundamentales de la CCI y de la que el GIGC no dice ni una palabra a pesar de que conoce perfectamente su existencia. Cualquiera que los lea podrá convencerse de la importancia que concedemos a la cuestión del partido, a su papel, a su vínculo con la clase obrera y al proceso que conduce a su formación. Por ello, instamos al lector a que compruebe la validez de nuestra argumentación consultando los siguientes textos:
Ni mucho menos.
Desde el principio, cuando conspiraba en el seno del CCI hasta su transformación en el GIGC, la FICCI proclamaba a quien quisiera escucharla que era la mejor defensora de las posiciones del CCPE, ¡mucho mejor que la “oportunista CCI”! Y, ¡he aquí que de repente la GIGC se dio cuenta de que la plataforma de la CCI era en realidad una plataforma “consejista”! ¿El final de la farsa y la usurpación? Nada de eso, la broma estúpida continúa pues a los bromistas les gusta el juego. Así, descubren que nuestra plataforma "se basa en una visión economicista y fatalista que también es coherente con su visión consejista, manifiesta en sus puntos sobre el partido y la conciencia de clase". Frente a ellos proclaman los aportes de su propia plataforma, que "intenta basar la coherencia y la explicación de las fronteras de clase en la cuestión del partido y de la conciencia de clase y, por tanto, en la propia historia de la lucha de clases".
Aunque los falsificadores del GIGC estuvieran realmente convencidos de ello, no es esto, ni todas sus críticas vacías que hemos refutado, lo que prueba el consejismo de nuestra concepción del partido y de la conciencia de clase. Sobre todo, porque la supuesta nueva fuente de inspiración del GIGC no es, desde nuestro punto de vista, la más adecuada para juzgar esto: "No inventamos nada. Simplemente estábamos convencidos de la corrección política del planteamiento principista de las sucesivas plataformas que la llamada izquierda italiana había adoptado, en particular en 1945 y 1952."[7]
Por su parte, como explica en su plataforma, la CCI se basa en "el marxismo, que es la única concepción del mundo que toma realmente el punto de vista de la clase obrera:
- Explicando la marcha de la historia a través del desarrollo de la lucha de clases, es decir, de la lucha basada en la defensa de los intereses económicos en un marco dado de desarrollo de las fuerzas productivas;
- Reconociendo al proletariado como clase sujeto de la revolución que abolirá el capitalismo (Plataforma punto 1 - La teoría de la revolución comunista)".
Más concretamente, critica a la CCI por una "visión fatalista y mecánica de la historia en detrimento de la visión dinámica -marxista- que sitúa la lucha de clases en el centro y como motor de la historia".
Como el GIGC no tiene nada sustancial en lo que basar sus críticas, procede por insinuación, a través de "puede conducir a...", cuando no es francamente difamación abierta, denigración y calumnia, ámbitos todos ellos en los que ha destacado desde que entró en guerra contra la CCI cuando sus "fundadores" aún eran miembros de nuestra organización.
En cambio, lo que la historia nos ha enseñado es que cuando el oportunismo esgrime la crítica del "fatalismo" contra las posiciones de la izquierda es para concederse "flexibilidad" y "flexibilidad" en cuanto a los principios. Este era el sentido de las críticas formuladas por Trotsky en Bilan en los años 1930 y por el PCInt en Internationalisme en los años 1940. Dicho esto, lejos de nosotros identificar al GIGC con Trotsky o el PCInt. Por todas las críticas que la CCI ha lanzado contra el oportunismo de Trotsky y el del PCInt, nuestro planteamiento es el opuesto al que identifica de alguna manera al GIGC con ellos. Estos últimos, a pesar de sus debilidades, formaban parte del campo proletario. En cambio, el GIGC, desde que surgió bajo el nombre de FICCI, se ha comportado objetivamente como un defensor de los intereses de la burguesía por el daño que causa en el entorno de la izquierda comunista. Como veremos más adelante, también es evidente la complacencia del GIGC con respecto a los principios de la cuestión sindical.
Si sólo se tratara de poner de relieve el "método" del GIGC, las ilustraciones precedentes serían más que suficientes. Pero también se trata de defender nuestra plataforma contra los ataques a sus diversos puntos, por lo que no podemos prescindir de tratar otros ataques del GIGC. Al hacerlo, destacamos cómo algunos de ellos disfrazan mal una orientación claramente izquierdista.
Este ataque pretende dar a entender que la CCI apoya sin convicción las Tesis sobre la democracia redactadas por Lenin para el Primer Congreso de la Internacional Comunista.
Según el punto 8 de nuestra plataforma sobre "La mistificación parlamentaria y electoral", "en su fase de decadencia, el Parlamento deja de ser un órgano de reforma, como dijo la Internacional Comunista en el II Congreso".
Sobre este tema, el GIGC hace el siguiente comentario crítico: "las tesis [sobre la democracia burguesa escritas por Lenin] no limitan la cuestión a la mera imposibilidad de reforma en la decadencia, ni mucho menos: "La actitud de la III Internacional hacia el parlamentarismo no está determinada por una nueva doctrina, sino por la modificación del papel del propio parlamentarismo. En las condiciones actuales, caracterizadas por el desencadenamiento del imperialismo, el parlamento se ha convertido en un instrumento de mentira, fraude, violencia, destrucción, actos de rapiña, obra del imperialismo, y las reformas parlamentarias (...) han perdido toda importancia práctica para las masas trabajadoras". Como vemos, la IC engloba esto en una visión y comprensión mucho más amplias y en el primer plano político, es decir, en el plano de la lucha de clases entre burguesía y proletariado en las condiciones definidas por la fase imperialista del capital"[8].
Lo que el GIGC no menciona aquí es que las tesis de Lenin se reproducen íntegramente en el siguiente artículo de la CCI "La democracia burguesa es la dictadura del capital"[9] lo que reduce a la nada la crítica de una supuesta debilidad de nuestra posición sobre esta cuestión e ilustra una vez más el método retorcido del GIGC.
En cuanto a la idea de que este punto de nuestra plataforma no tiene en cuenta la función del Parlamento en el nuevo período, forma parte de este planteamiento, "calumnia, calumnia, siempre quedará algo" (F. Bacon), por inconsistente que sea la calumnia. En efecto, en este apartado de nuestra Plataforma, decimos del Parlamento: "La única función que puede asumir, y que explica su pervivencia, es la de mistificar. A partir de ese momento, se acaba toda posibilidad de que el proletariado lo utilice de alguna manera. En efecto, no puede conseguir reformas que se han vuelto imposibles a través de un órgano que ha perdido toda función política efectiva. En un momento en que su tarea fundamental consiste en la destrucción de todas las instituciones del Estado burgués y, por tanto, del Parlamento, en que debe establecer su propia dictadura sobre las ruinas del sufragio universal y otros vestigios de la sociedad burguesa, su participación en las instituciones parlamentarias y electorales tiene como resultado, cualesquiera que sean las intenciones de quienes la preconizan, insuflar una apariencia de vida a estas instituciones moribundas" (punto 8 de la plataforma de la CCI. Mistificación parlamentaria y electoral).
El GIGC escribe: "Es lamentable que este pasaje no haga más explícito el vínculo entre el capitalismo de Estado y las necesidades de la guerra imperialista generalizada, lo que tiende a reducir el fenómeno del capitalismo de Estado únicamente a las necesidades económicas inmediatas, cuando es ante todo una respuesta política contra el proletariado y para las necesidades de la guerra imperialista"[10].
Contrariamente a lo que afirma el GIGC, este punto de la plataforma de la CCI no reduce en absoluto el papel del capitalismo de Estado a las "necesidades económicas inmediatas", sino que tiene en cuenta todas las contradicciones a las que se enfrenta el capitalismo: "En la decadencia capitalista, la tendencia general al capitalismo de Estado es uno de los rasgos dominantes de la vida social. En este período, cada capital nacional, privado de toda base de desarrollo poderoso, condenado a una aguda competencia imperialista, se ve obligado a organizarse de la manera más eficaz para, en el plano exterior, hacer frente a sus rivales económica y militarmente y, en el plano interior, hacer frente a una exacerbación creciente de las contradicciones sociales. La única fuerza de la sociedad capaz de asumir las tareas que esto impone es el Estado" (segundo párrafo del punto 4 de la plataforma, titulado "Capitalismo de Estado"). El GIGC contaba sin duda con la credulidad de los lectores ante sus truculentas “críticas” y con su desconocimiento de las auténticas posiciones del CCI para hacer tragar otra mentira.
El punto 15 de nuestra plataforma sobre "La dictadura del proletariado" reafirma la necesidad de "la destrucción completa del Estado capitalista [y el uso por el proletariado de] su propia violencia revolucionaria de clase" pero, según el GIGC, este punto "ignora completamente el papel del partido - ¡la palabra partido no se utiliza ni una sola vez en este punto!- (...) Es cierto que el partido se menciona como tal, formalmente, abstractamente, de hecho al revés: "la organización de los revolucionarios cuya forma más avanzada es el partido (...); se puede hablar entonces de partido para designar la organización de esta vanguardia (...); el carácter mundial y centralizado de la revolución proletaria confiere al partido...". Pero en ninguna parte se menciona el papel y la función del partido como vanguardia política y dirección del proletariado"[11].
En realidad, y contrariamente a estas afirmaciones engañosas, la CCI no minimiza en absoluto el papel fundamental desempeñado por el partido en el éxito de la revolución rusa (la única revolución victoriosa), como tampoco minimiza el papel que el futuro partido estará llamado a desempeñar en la próxima revolución. Así lo atestiguan los numerosos artículos de diversos panfletos que hemos dedicado a esta cuestión, y que el GIGC se cuida de ignorar aunque es perfectamente consciente de su existencia. Entre ellos figuran:
Citando nuestra plataforma: "Los sindicatos se han vuelto inoperantes porque "el capitalismo deja de ser capaz de conceder reformas y mejoras a favor de la clase obrera", el GIGC comenta:” Una vez más, la explicación mecánica y economicista 'o reformas o imposibilidad de reformas' vuelve a fundar el hecho, correcto y que compartimos, de que los sindicatos se han convertido en "auténticos defensores del capitalismo, agencias del Estado burgués en el medio obrero (...) por la tendencia inexorable del Estado del periodo de decadencia a absorber todas las estructuras de la sociedad. " En consecuencia, y en la medida en que el paso de los sindicatos al campo burgués habría sido mecánicamente fatal sólo desde el punto de vista económico, y no el resultado de una confrontación de clases condicionada por el paso al nuevo período histórico, se descuida y se rechaza la lucha que las minorías comunistas libraron desde 1918 hasta, aproximadamente, la 2ª Guerra Mundial en los sindicatos"[12]
El GIGC atribuye a la CCI la idea de que los sindicatos se han pasado mecánicamente al lado de la burguesía. La CCI utiliza el término "ineluctablemente" y no "mecánicamente". Por otra parte, el GIGC introduce la idea de que "el paso de los sindicatos al campo de la burguesía fue el producto de un equilibrio de fuerzas, entre la burguesía y el proletariado, jugado en el seno de estos organismos”. La única interpretación posible de este paso es que la clase obrera habría podido mantener los sindicatos como arma en su lucha ¡luchando dentro de ellos!
Esta es típicamente la posición oportunista defendida por la Internacional Comunista en degeneración y que ha inspirado, e inspira aún hoy, a todas las variedades del izquierdismo[13]. De hecho, las únicas luchas realmente "inspiradoras" para el proletariado en relación con la cuestión sindical son las que han puesto en tela de juicio esta institución como medio de lucha de clases, como ocurrió en particular durante la revolución en Alemania. Esto es totalmente coherente con el análisis defendido por la CCI en el punto 7 de su plataforma: “Al entrar en su fase decadente, el capitalismo pierde toda capacidad para acordar mejoras y reformas a favor de la clase obrera. Habiendo perdido toda posibilidad de ejercer su función inicial de defensores eficaces de los intereses proletarios y confrontados a una situación histórica donde solamente está a la orden del día la abolición del salariado, y por tanto su propia desaparición, los sindicatos se han transformado, como condición de su propia supervivencia, en auténticos defensores del capitalismo, en agentes del estado burgués en el medio obrero evolución que ha sido fuertemente favorecida por la tendencia inexorable del estado en el periodo decadente a absorber todas las estructuras de la sociedad”.
¿Qué batallas habrían permitido -según el GIGC- preservar, aunque fuera momentáneamente, el sindicato como instrumento del proletariado para defender sus intereses, durante el período que va de 1918 a la Segunda Guerra Mundial? El GIGC sólo menciona una de ellas, y vale la pena detenerse en ella, sobre todo porque es un intento más de enturbiar las aguas en lo que respecta a la posición de la Izquierda Comunista de Francia sobre la cuestión sindical.
Esto lo hace especialmente deformando la filiación de la Izquierda Comunista, la propia historia de la CCI y la contribución de nuestro camarada Marc Chiric.
El GIGC cita Internationalisme, la revista de la GCF (Gauche Communiste de France): "Debemos también combatir las tendencias que, partiendo del hecho de la existencia de una burocracia sindical extremadamente fuerte, formando una capa reaccionaria con intereses homogéneos opuestos a los intereses de clase del proletariado y a la revolución proletaria, afirman que las organizaciones sindicales están obsoletas como instrumentos de lucha anticapitalista. La fracción sindical comunista está formada por todos los militantes de la organización comunista que pertenecen al mismo sindicato" (Resolución sobre la cuestión sindical). ¿Qué prueba este pasaje en relación con el problema que nos ocupa, a saber, la naturaleza de clase de los sindicatos en decadencia? Absolutamente nada, salvo que había confusión en el seno del Internacionalisme sobre la cuestión sindical.
Pero la deshonestidad sin tapujos del GIGC se aprecia claramente cuando oculta a sus lectores una realidad que tira por tierra sus “razonamientos”, en este caso el hecho de que en aquel momento se estaba produciendo un debate en el seno de la GCF sobre la naturaleza de los sindicatos, que desembocó en el siguiente análisis: "Los sindicatos están hoy completamente integrados en el Estado, son un apéndice del Estado con la función de conseguir que la clase obrera acepte las medidas de explotación y empeoramiento de sus condiciones de miseria. Los recientes movimientos huelguísticos han demostrado que este medio clásico de lucha obrera ha dejado de ser el arma exclusiva del proletariado, ha perdido su carácter absolutamente de clase y puede ser utilizado también como medio de maniobra por una fracción política capitalista contra otra, por un bloque imperialista contra otro y, en última instancia, en interés general del capitalismo".("Problemas actuales del movimiento revolucionario internacional" - Internacionalismo nº 18 - febrero de 1947).
El GIGC saluda hipócritamente a lo que llama la "CCI histórica" por haber sido finalmente capaz de comprender la verdadera naturaleza de los sindicatos: "debemos saludar la capacidad de la CCI histórica de comprender claramente que los sindicatos se han convertido en órganos de pleno derecho del Estado burgués y, al menos en los años 80, de extraer todas las consecuencias de ello en lo que se refiere a su intervención en las luchas reales de clase". Hipócrita y mendazmente, porque, como vimos antes, fue Internationalisme quien se encargó de aportar importantes aclaraciones en relación con Bilan sobre la cuestión sindical.
¿Por qué esta necesidad de alabar la intervención de la CCI en los años 80, que estaba "Lejos de esperar una lucha pura liberada de los sindicatos por la gracia del Espíritu Santo"? Por dos razones:
El GIGC afirma haber contribuido a "la reivindicación y la defensa de la lucha contra el consejismo en los años 80 que la CCI dirigía entonces"[15].No es imposible que en aquella época participaran algunos de los militantes que se convertirían en matones de la FICCI. Por otra parte, también se afirma que la CCI había "rechazado esta [lucha] desde entonces"[16] ¿Por qué lanza el GIGC semejante mentira? Posiblemente para quedar bien con la TCI, cuyo predecesor, el BIPR, había justificado su sabotaje de las conferencias de la Izquierda Comunista de los años 70 por el supuesto "consejismo" de la CCI[17].
El GIGC es incapaz de probar de hecho esta supuesta renuncia de la CCI a la lucha contra el consejismo, pero nos da una explicación de la "renuncia" en cuestión. Según el GIGC, la causa residía en "la ruptura orgánica entre la Izquierda Comunista en Francia y la CCI": "la ruptura orgánica con las fracciones de la Izquierda Comunista surgidas de la Internacional Comunista (IC), en su caso con la Izquierda Comunista en Francia (GCF) y más ampliamente con la llamada Izquierda Italiana, no podía ser superada por la mera presencia de Marc Chirik, miembro de la fracción italiana a partir de 1938, y después del GCF"[18].
Esta ruptura orgánica constituía en efecto un serio hándicap que la presencia de nuestro camarada Marc Chirik permitió afortunadamente reducir, en particular mediante la lucha contra el consejismo, más precisamente el centrismo frente al consejismo en nuestro seno[19]. La clarificación y la homogeneización que tuvieron lugar en nuestra organización en aquella ocasión permitieron a la CCI armarse contra el peligro del consejismo, cuya influencia en una parte de los jóvenes ha contribuido a su difícil politización. Por otra parte, hay un ámbito en el que la mera presencia de nuestro camarada MC no bastó para superar las debilidades ligadas a la ruptura de la continuidad orgánica, y es el de la militancia revolucionaria, que no puede prescindir de la práctica, incluso si, también en este caso, nuestro camarada MC hizo todo lo posible por transmitir las enseñanzas de su propia experiencia.
Esta debilidad en el seno de la CCI se reflejó en actitudes y planteamientos que formaban parte del espíritu de círculo criticado con razón por Lenin en el II Congreso del POSDR y al que contrapuso el espíritu de partido. Pero peor que el espíritu del círculo es la putrefacción de éste en un clanismo nihilista, y la degeneración de aquél en la peor variedad de parasitismo, dispuesto a tratar de infligir el máximo daño a la organización cuando ésta se defiende contra las acciones y el comportamiento de los matones. La FICCI, madre del GIGC, fue la peor encarnación de este enfoque que hizo mucho daño en la CCI.
No negamos la capacidad de una discusión con otros grupos proletarios de contribuir a la clarificación en nuestro seno. Sin embargo, se trata aquí de una nueva invención de la GIGC totalmente imposible desde el punto de vista cronológico.
En un artículo reciente dirigido a la TCI[20], la GIGC evoca un “debate contradictorio que el PCINT -Battaglia Communista y la CCI habían desarrollado al final de los años 70 alrededor de la cuestión del curso histórico”. La CCI habría reconocido entonces “la justeza de la crítica de BC a su posición del curso a la revolución”, la cual “hacía de la revolución una vía totalmente abierta e ineluctable”.
¿Memoria de elefante o se trata de una fabulación de la GIGC? No dice nada de en qué momento tal debate se ha producido. Para dar más consistencia a esta “historia”, la GIGC añade “gracias a esta crítica la cual CCI habría reconocido su justeza, la CCI habría cambiado – precisado y definido el “curso” como “curso hacia enfrentamientos de clase masivos decisivos”.
Una vez más, debemos dejar las cosas claras frente a las mentiras del GIGC. Es cierto que, en nuestro texto sobre El curso histórico[21], adoptado por el Tercer Congreso de la CCI en 1979, hablamos de un "curso hacia la revolución", pero ya en este documento básico, la CCI de ninguna manera "hizo de la revolución un camino abierto e inevitable", puesto que está escrito: "Nuestra perspectiva no prevé la inevitabilidad de la revolución. No somos charlatanes y sabemos muy bien, a diferencia de ciertos revolucionarios fatalistas, que la revolución comunista no es 'tan cierta como si ya hubiera tenido lugar'. Pero, cualquiera que sea el resultado final de estas batallas, que la burguesía tratará de escalonar para infligir a la clase una serie de derrotas parciales como preludio de su derrota final, el capitalismo ya no puede, a partir de ahora, imponer su propia respuesta a la crisis de sus relaciones de producción sin enfrentarse directamente al proletariado."
Y fue precisamente para evitar cualquier ambigüedad por lo que, a principios de los años 80, sustituimos la frase "curso hacia la revolución" por "curso hacia enfrentamientos de clase decisivos". No tenemos conocimiento de ninguna controversia sobre este tema entre la CCI y el BC antes de que cambiáramos nuestra redacción. Es perfectamente cierto que hubo una crítica del BC/CWO a nuestro análisis titulado "La CCI y el curso histórico: un método erróneo". Pero tuvo lugar en 1987, varios años después, por lo que no puede haber sido la "crítica constructiva reconocida como tal por la CCI". Además, la crítica del BIPR al análisis de la CCI no se refería a la manera de calificar el curso histórico, sino a la noción misma de curso histórico[22].
Cabe preguntarse por qué el GIGC querría revisar la historia de este modo. La respuesta a la pregunta queda esbozada cuando añade: "gran parte de las críticas que Battaglia Comunista hizo en su momento eran correctas, nosotros retomamos el concepto y, esperamos, el método que debe acompañarlo, el método que los camaradas de la TCI siempre han juzgado y tachado de idealista"[23][19]. Así pues, el GIGC expresó su acuerdo con la TCI y rindió homenaje a su método. Si el GIGC no hubiera sido un grupo parasitario de la peor especie, le habríamos interrogado sobre su cambio de posición cuando, en el momento de los hechos, seguía criticando con la CCI el materialismo vulgar de la TCI. Ahora le hace la pelota descaradamente.
Y ese es el significado más profundo de su intento de demoler la plataforma de la CCI. Se trata de reforzar su actitud de adulador de la TCI para atraerse aún más sus buenas gracias. Se trata de una cuestión existencial para el GIGC: para asegurar su legitimidad y quedar limpio de sus mentiras y canalladas, necesita el respaldo de una organización histórica de la izquierda comunista. En cuanto se constituyó el FICCI, éste declaró que el BIPR constituía ahora la fuerza decisiva para la constitución del futuro partido mundial del proletariado. Más tarde, rechazó el análisis del periodo actual como el de la descomposición del capitalismo y el análisis del fenómeno del parasitismo político, dos análisis que sus miembros compartían desde hacía más de una década pero que el BIPR rechazaba (y sigue rechazando la TCI). Hoy en día, el GIGC necesita reavivar la llama de su idilio con la TCI (sobre todo después de un pequeño desencuentro con esta organización[24]]) y para ello qué mejor que retomar las críticas del BIPR sobre el supuesto "consejismo de la CCI", "descubrir" las principales aportaciones del BIPR y del PCInt a su “clarificación” sobre la cuestión del partido y, recientemente, acoger con entusiasmo la iniciativa de la TCI a favor de los comités NWBCW[25]
(CCI (08 / 08/ 2023)
[1] "Prise de position sur la plateforme du Courant Communiste International [1285]". Révolution ou guerre n° 18. Mai 2021
[2] "Réponse à la Tendance Communiste Internationaliste sur nos "Thèses sur la signification et les conséquences de la guerre en Ukraine [1286]"", Révolution ou Guerre n° 22. Septembre 2022
[3] http://www.igcl.org/Premiers-commentaires-et-debats [1287] . Revolución o Guerra n° 20. Esta brillante caracterización es el producto de un "trabajo" de relectura crítica de la plataforma de la CCI expuesta en el artículo http://www.igcl.org/Prise-de-position-sur-la-671 [1288] .Revolución o Guerra n° 18. Volveremos sobre este "trabajo" en detalle próximamente.
[4] http://www.igcl.org/Prise-de-position-sur-la-671 [1288]Revolución o Guerra n° 18.Irónicamente, en apoyo de este juicio, el GIGC cita la carta de Engel a Joseph Bloch del 22 de septiembre de 1890: "La situación económica es la base, pero los diversos elementos de la superestructura :las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados (...), las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes (... ) también influyen en el curso de las luchas históricas y, en muchos casos, determinan predominantemente su forma". Se trata de una cita que la CCI ha asumido plenamente y utilizado en varias ocasiones, en particular contra la visión materialista vulgar que comparten las corrientes surgidas del Partito Comunista Internazionalista (PCInt) fundado en 1945 (la corriente "bordiguista" y la corriente representada hoy por la Tendance Communiste Internationaliste). Pero el GIGC se cuida de no criticar al PCInt en este sentido, ya que su actitud permanente hacia él ha sido la de lameculos.
[5] A este respecto, nuestras posiciones de base -que figuran en el reverso de todas nuestras publicaciones- subrayan que "La CCI pretende ser así el resultado de las aportaciones sucesivas (...) de las fracciones de izquierda surgidas en los años 20 y 30 de la degeneración de la III Internacional, en particular de las izquierdas alemana, neerlandesa e italiana". El GIGC comenta este pasaje como sigue: "Veremos que, al final, el espíritu de síntesis dejaba poco espacio a la izquierda italiana y mucho a la izquierda germano-holandesa". Esto es una mentira escandalosa. Desde su fundación, la CCI ha reivindicado explícitamente su afiliación política a la Gauche Communiste de France (GCF), que, a su vez, aunque adoptaba ciertas posiciones de la Izquierda germano-holandesa, reivindicaba su afiliación fundamental a la Fracción de Izquierda italiana. Es lo que recordábamos a finales de los años 90 en la presentación de nuestro folleto La Gauche communiste de France: "... es importante subrayar que el estudio de los esfuerzos encaminados a constituir una corriente de la Izquierda comunista en Francia pone claramente de relieve la participación preponderante de la Izquierda comunista italiana en estos esfuerzos, así como su método. Nunca se insistirá bastante en el método defendido durante este período por la Izquierda italiana (...) ... mientras que la propia Fracción italiana, agotada, abandonó la lucha que había librado durante casi 18 años declarando su autodisolución en mayo de 1945, fue la Fracción francesa de la Izquierda comunista, fundada en diciembre de 1944 y rebautizada posteriormente Izquierda comunista de Francia, la que recogió la antorcha política de la Fracción italiana.". Y en ningún momento la CCI ha abandonado esta filiación política. Así, en nuestro artículo publicado tres décadas después de la fundación de la CCI (Treinta años de la CCI : Apropiarse del pasado para construir el futuro | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1289], escribíamos: "Si bien reivindicamos las contribuciones de las distintas fracciones de izquierda de la Internacional Comunista, en la cuestión de la construcción de la organización nos referimos más particularmente a las concepciones de la Fracción de Izquierda del Partido Comunista de Italia, en particular tal como se expresaron en la revista Bilan durante los años 1930". Del mismo modo, en nuestro artículo de 2006, La izquierda comunista y la continuidad del marxismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [391], destacamos muy claramente la contribución fundamental de la izquierda comunista italiana a la definición política de la CCI: "las contribuciones teóricas de la izquierda comunista italiana -que más tarde incluyó fracciones en Bélgica, Francia y México- fueron inmensas y completamente insustituibles. En su análisis de la degeneración de la revolución rusa -que nunca puso en duda el carácter proletario de 1917-; en su investigación sobre los problemas del futuro período de transición; en sus trabajos sobre la crisis económica y los fundamentos de la decadencia del capitalismo; en su denuncia de la posición de la Internacional Comunista de apoyo a las luchas de "liberación nacional" ; en su elaboración de la teoría del partido y de la fracción; en su implacable pero fraternal polémica con otras corrientes políticas proletarias; en éste y en muchos otros campos, la Izquierda italiana ha cumplido sin duda la tarea que se había impuesto de desarrollar las bases programáticas de las organizaciones proletarias del futuro".
[6] Plataforma de la CCI adoptada por el Ier Congreso | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [243]
[7] Este cambio de postura es, cuando menos, cómico por parte de quienes pretendían ser los "mejores defensores de las posiciones de la CCI" cuando intentaban hundirla desde dentro. Además, deberían precisar a qué plataforma de 1945 se refieren. La adoptada por la conferencia del PCInt de 1945-46 había sido redactada por Bordiga, que ni siquiera era miembro del Partito, documento que fue objeto de críticas muy severas por parte del PCInt en 1974, ya que afirmaba que el documento había sido aceptado en 1945 "como una contribución bastante personal para el debate del futuro congreso" y "reconocido como incompatible con las firmes posiciones adoptadas ahora por el partido sobre problemas más importantes, y [que] (...)el documento siempre ha sido considerado como una contribución al debate y no como una plataforma de facto". El problema era que se había adoptado por unanimidad (incluido Damen, principal dirigente del PCInt hasta su muerte en octubre de 1979) y que se había publicado externamente como base para la afiliación al Partito. Quizás los falsificadores del GIGC se refieran al documento redactado en 1944 por Damen y considerado como un "esbozo de programa". Por tanto, deben avalar formulaciones como "nuestro partido, que no subestima la influencia de los demás partidos de masas, es el defensor del frente único", una política de la Internacional Comunista durante su deriva oportunista y a la que se había opuesto la izquierda italiana desde principios de los años veinte. Para el lector que desee saber más sobre la vida del PCInt durante los años 40, ofrecemos una referencia crítica al respecto publicada en la revista Internationalisme, publicación de la Gauche communiste de France, Le deuxième congrès du parti communiste internationaliste (Internationalisme n°36, julio de 1948); así como referencias a polémicas escritas por la CCI: Polémica: hacia los orígenes de la CCI y del BIPR, I - La Fracción italiana y la Izquierda comunista de Francia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [806]; Polémica: hacia los orígenes de la CCI y del BIPR, II - La formación del Partito comunista internazionalista | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [807].
[8] Prise de position sur la plateforme du Courant Communiste International [1290] http://www.igcl.org/Prise-de-position-sur-la-671 [1288] Revolución o Guerra n° 18
[9] Tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura proletaria | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [769]
[13] Ver Los sindicatos contra la clase obrera (V): la táctica de los izquierdistas para hacerlos tragar a los trabajadores | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [553]
[15] "Réponse à la Tendance Communiste Internationaliste sur nos "Thèses sur la signification et les conséquences de la guerre en Ukraine [1286]"" Révolution ou Guerre n° 22. Septembre 2022
[16] "Réponse à la Tendance Communiste Internationaliste sur nos "Thèses sur la signification et les conséquences de la guerre en Ukraine [1286]"" Révolution ou Guerre n° 22. Septembre 2022
[17] Ver el sectarismo, una herencia de la contrarrevolución que hay que superar | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1291]
[19] Ver Las corrientes centristas en las organizaciones políticas del proletariado | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [799] , Debate: oportunismo y centrismo en la clase obrera y sus organizaciones | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [800] y Resolución: Oportunismo y centrismo en el período de decadencia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [801]
[20] Prise de position de la TCI sur les thèses (TCI) [1292] / Dans l’attente d’une réponse de notre part. Révolution ou Guerre n° 21
[22] La CCI ha respondido a esta crítica mostrando la ausencia total de método que evidenciaba. Ver Polémica con el BIPR - El método marxista y el Llamamiento de la CCI sobre la guerra en la antigua Yugoslavia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1293]
[23] Prise de position de la TCI sur les thèses (TCI) [1292] Révolution ou Guerre n° 21.
[24] El GIGC se dio cuenta de que tenía menos éxito que el TCI con los nuevos elementos que se acercaban a la Izquierda Comunista, y no pudo evitar criticar al TCI: "han surgido nuevas fuerzas comunistas de las que Nuevo Curso es expresión y factor, enfrentando así directamente a los grupos históricos de la Izquierda Comunista partidista con su responsabilidad histórica ante esta nueva dinámica y ante la cual la Tendencia Comunista Internacionalista, principal organización de este campo, ha empezado a encerrarse en una actitud, o en unos reflejos, relativamente sectarios hacia nosotros e inmediatistas respecto a estas nuevas fuerzas", o "la TCI, aunque orgánicamente ligada al PC italiano y a la Izquierda Comunista italiana, está bajo el peso de un relativo informalismo, personalismo e individualismo, y por tanto del espíritu del círculo". Estas citas reproducidas en nuestro artículo El aventurero Gaizka tiene los defensores que se merece: los matones del GIGC | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1188] están tomadas del Rapport d'activités de la 2e Réunion générale du GIGC.Revolución o Guerra n°12
[25] Y hay que decir que la TCI no es insensible a las campañas de seducción de la GIGC. Desde la creación de la FICCI en 2001, el predecesor de la TCI, el BIPR, ha mostrado una gran benevolencia hacia ella; una actitud que, en general, no ha flaqueado en las últimas dos décadas, y que se manifestó de nuevo recientemente cuando la TCI se apoyó, para la organización de una reunión pública en París del grupo NWBCW, en dos miembros fundadores de la FICCI, Juan y Olivier, expulsados de la CCI en 2003 por chivatos. Es necesario recordar al TCI la fábula de Esopo titulada El cuervo y la zorra: "Un cuervo, tras robar un trozo de carne, se posó en un árbol. Un zorro lo vio y, queriendo apoderarse de la carne, se puso delante de él y alabó sus elegantes proporciones y su belleza, añadiendo que nadie estaba mejor preparado que él para ser el rey de los pájaros, y que seguramente habría llegado a serlo si hubiera tenido voz. El cuervo, queriendo demostrarle que a él tampoco le faltaba voz, soltó la carne y lanzó un fuerte grito. El zorro se abalanzó sobre él y, apoderándose del bocado, le dijo: "Oh cuervo, si tú también tuvieras juicio, nada te faltaría para convertirte en el rey de las aves". Esta fábula es una lección para tontos".
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Desde el sábado 7 de octubre un diluvio de fuego y acero cae sobre las poblaciones que viven en Israel y Gaza. En un lado, Hamas, en el otro el ejército israelí. En el medio, los civiles que sufren los bombardeos, las matanzas, las ejecuciones, la toma de rehenes. Los muertos se cuentan ya por millares.
En todo el mundo, la burguesía nos llama a elegir bando. Por la resistencia palestina a la opresión israelí. O por la respuesta israelí al terrorismo palestino. Cada uno denuncia la barbarie del otro para justificar la guerra. El Estado israelí lleva décadas oprimiendo al pueblo palestino, con bloqueos, acosos, puestos de control y humillaciones, por lo que la venganza sería legítima. Las organizaciones palestinas han estado matando a inocentes con ataques a cuchillo y atentados con bomba. Cada bando pide que se derrame la sangre del otro.
Esta lógica de la muerte es la lógica de la guerra imperialista. Son nuestros explotadores y sus Estados los que libran siempre una guerra despiadada en defensa de sus propios intereses. Y somos nosotros, la clase obrera, los explotados, los que pagamos siempre el precio, con nuestras vidas.
Para nosotros, proletarios, no hay bando que elegir, ¡no tenemos patria, ni nación que defender! A ambos lados de la frontera, ¡somos hermanos de clase!¡Ni Israel, ni Palestina!
El siglo XX fue un siglo de guerras, las guerras más atroces de la historia de la humanidad, y ninguna de ellas sirvió a los intereses de los trabajadores. Estos últimos siempre fueron llamados a ir y ser asesinados por millones por los intereses de sus explotadores, en nombre de la defensa de "la patria", la "civilización", la "democracia", incluso "la patria socialista" (como algunos presentaron a la URSS de Stalin y el gulag).
Hoy, hay una nueva guerra en Oriente Medio. En ambos bandos, las camarillas dirigentes llaman a los explotados a "defender la patria", ya sea judía o palestina. Esos trabajadores judíos que en Israel son explotados por capitalistas judíos, esos trabajadores palestinos que son explotados por capitalistas judíos o por capitalistas árabes (y a menudo de forma mucho más feroz que por los capitalistas judíos, ya que en las empresas palestinas la legislación laboral sigue siendo la del antiguo Imperio Otomano).
Los trabajadores judíos ya han pagado un alto precio por la locura bélica de la burguesía en las cinco guerras que han sufrido desde 1948. Nada más salir de los campos de concentración y de los guetos de una Europa devastada por la guerra mundial, los abuelos de los que hoy visten el uniforme del Tsahal se vieron arrastrados a la guerra entre Israel y los países árabes. Luego, sus padres pagaron el precio en sangre en las guerras del 67, 73 y 82. Estos soldados no son brutos horribles cuyo único pensamiento es matar niños palestinos. Son jóvenes reclutas, en su mayoría obreros, muertos de miedo y asco, a los que se obliga a actuar como policías y a los que se les llena la cabeza con la "barbarie" de los árabes.
También los trabajadores palestinos han pagado ya un terrible precio de sangre. Expulsados de sus hogares en 1948 por la guerra emprendida por sus dirigentes, han pasado la mayor parte de su vida en campos de concentración, reclutados de adolescentes en las milicias de Fatah, el FPLP o Hamás.
Las mayores masacres que sufrieron no fueron perpetradas por los ejércitos de Israel, sino por los de los países donde estaban estacionados, como Jordania y Líbano: en septiembre de 1970 ("septiembre negro"), el reyezuelo Hussein los exterminó en masa, hasta el punto de que algunos de ellos se refugiaron en Israel para huir de la muerte.
Hoy, en nombre de la “Patria Palestina” se quiere movilizar de nuevo a los obreros árabes contra sus hermanos judíos, de la misma manera que se pide a estos últimos asesinar por la “Tierra Prometida”.
La propaganda nacionalista fluye repugnantemente de ambos bandos, propaganda adormecedora de la mente diseñada para convertir a los seres humanos en bestias feroces. Las burguesías israelí y árabe la han estado agitando durante más de medio siglo. A los trabajadores israelíes y árabes se les ha dicho constantemente que deben defender la tierra de sus antepasados. Para los primeros, la militarización sistemática de la sociedad ha desarrollado una psicosis de cerco para convertirlos en "buenos soldados". Para los segundos, se arraigó el deseo de combatir a Israel para encontrar un hogar. Para conseguirlo, los dirigentes de los países árabes en los que estaban refugiados los mantuvieron durante décadas en campos de concentración, con unas condiciones de vida insoportables.
El nacionalismo es una de las peores ideologías inventadas por la burguesía.
Es la ideología que le permite enmascarar el antagonismo entre explotadores y explotados, unirlos a todos tras una misma bandera, por la que los explotados serán asesinados al servicio de los explotadores, en defensa de sus intereses y privilegios de clase.
Para colmo, a esta guerra se añade el veneno de la propaganda religiosa, la que crea el fanatismo más demente. Los judíos están llamados a defender con su sangre el Muro de las Lamentaciones del Templo de Salomón. Los musulmanes deben dar su vida por la Mezquita de Omar y los lugares santos del islam. Lo que ocurre hoy en Israel y Palestina confirma claramente que la religión es "el opio del pueblo", como decían los revolucionarios del siglo XIX. El propósito de la religión es consolar a los explotados y oprimidos. A aquellos para quienes la vida en la tierra es un infierno se les dice que serán felices después de su muerte siempre que sepan cómo ganarse su salvación. Y esta salvación se cambia por sacrificios, sumisión y como remate sacrificar sus vidas al servicio de la "guerra santa".
El hecho de que, a principios del siglo XXI, se sigan utilizando ampliamente ideologías y supersticiones que se remontan a la Antigüedad o la Edad Media para empujar a los seres humanos a sacrificar sus vidas dice mucho del estado de barbarie al que se está sumiendo Oriente Próximo, junto con muchas otras partes del mundo.
Fueron los dirigentes de las grandes potencias quienes crearon la situación infernal en la que hoy mueren por millares los explotados de esta región. Fue la burguesía europea, y en particular la burguesía británica con su "Declaración Balfour" de 1917, la que, para dividir y conquistar, permitió la creación de un "hogar judío" en Palestina, promoviendo así las utopías chovinistas del sionismo. Fueron estas mismas burguesías las que, tras la Segunda Guerra Mundial, que acababan de ganar, dispusieron que cientos de miles de judíos centroeuropeos fueran transportados a Palestina tras abandonar los campos de concentración nazi haciéndolos vagar lejos de su región de origen. Así no tenían que acogerlos en “su patria”.
Fueron estas mismas burguesías, primero la británica y la francesa, luego la estadounidense, las que armaron hasta los dientes al Estado de Israel para darle el papel de punta de lanza del bloque occidental en esta región durante la Guerra Fría, mientras que la URSS, por su parte, armaba al máximo a sus aliados árabes. Sin estos grandes "patrocinadores", las guerras de 1956, 67, 73 y 82 no habrían podido tener lugar.
Hoy, las burguesías del Líbano, Irán y probablemente Rusia están armando y empujando a Hamás. Estados Unidos acaba de enviar su mayor portaaviones al Mediterráneo y ha anunciado nuevas entregas de armas a Israel. De hecho, ¡todas las grandes potencias participan más o menos directamente en esta guerra y en estas masacres!
¡Esta nueva guerra amenaza con sumir en el caos a todo Oriente Próximo! No es el enésimo enfrentamiento sangriento que enluta este rincón del mundo. La magnitud de las matanzas indica que la barbarie ha alcanzado un nuevo nivel: jóvenes que bailan acribillados con ametralladoras, mujeres y niños ejecutados en plena calle a quemarropa, sin otro objetivo que satisfacer un deseo de venganza ciega, una alfombra de bombas para aniquilar a toda una población, dos millones de personas privadas de todo, agua, electricidad, gas, alimentos... ¡No hay lógica militar en todas estas exacciones, en todos estos crímenes! Ambos bandos se revuelcan en la furia asesina más espantosa e irracional.
Pero hay algo aún más grave: esta caja de Pandora no volverá a cerrarse. Al igual que con Irak, Afganistán, Siria y Libia, no habrá vuelta atrás, ni "retorno a la paz". El capitalismo arrastra a sectores cada vez más amplios de la humanidad a la guerra, la muerte y la descomposición de la sociedad. La guerra en Ucrania dura ya casi dos años y está empantanada en una carnicería sin fin. También se están produciendo masacres en Nagorno-Karabaj. Y ya existe la amenaza de una nueva guerra entre las naciones de la antigua Yugoslavia. ¡El capitalismo es la guerra!1
Los trabajadores de todos los países deben negarse a tomar partido por uno u otro bando burgués. En particular, deben rechazar la retórica de los partidos que se reclaman de la clase obrera, los partidos de izquierda y extrema izquierda, que les piden que muestren "solidaridad con las masas palestinas" en su búsqueda del derecho a una "patria". La patria palestina nunca será otra cosa que un Estado burgués al servicio de la clase explotadora y que oprime a esas mismas masas, con policías y cárceles. La solidaridad de los trabajadores de los países capitalistas más avanzados no va a los "palestinos" como no va a los "israelíes", entre los que hay explotadores y explotados. Va a los trabajadores y parados de Israel y Palestina (que, además, ya han dirigido luchas contra sus explotadores a pesar de todo el lavado de cerebro al que han sido sometidos), igual que va a los trabajadores de todos los demás países del mundo. La mejor solidaridad que pueden ofrecer es, sin duda, no alentar sus ilusiones nacionalistas.
Esta solidaridad significa ante todo desarrollar su lucha contra el sistema capitalista responsable de todas las guerras, una lucha contra su propia burguesía.
La clase obrera tendrá que conquistar la paz derrocando al capitalismo a escala mundial, y esto significa hoy desarrollar sus luchas en un terreno de clase, contra los ataques económicos cada vez más duros que le dirige un sistema sumido en una crisis insuperable.
Contra los nacionalismos, contra las guerras a las que quieren arrastrarles sus explotadores:
¡Proletarios de todos los países, uníos!
Corriente Comunista Internacional 9 octubre 2023
1 Hemos dado un marco de análisis a esta situación histórica llena de graves convulsiones y peligros dominada por guerras omnipresentes: Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1067]
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Contrariamente a los izquierdistas y a los elementos excitados de la pequeña burguesía que ven el espectro de la revolución social detrás de “todo lo que se mueve”, los revolucionarios, para llevar a cabo una intervención lúcida, deben tener una brújula, un método que les enseña el marxismo, basado en las experiencias de la historia del movimiento obrero desde hace casi dos siglos. Es precisamente este método el único que puede permitirles comprender e intervenir en las luchas de la clase obrera con una visión histórica y a largo plazo, para no caer en la trampa de la impaciencia, de esperar resultados inmediatos y encontrarse así a remolque de los funcionarios de extrema izquierda de la capital o del sindicalismo de base.
Durante el verano de 2022, la CCI analizó el estallido de las luchas en el Reino Unido no como un simple acontecimiento local, sino como un fenómeno de alcance internacional e histórico. La reanudación de las luchas obreras, a una escala que no se veía en el Reino Unido desde los años 80, marcaba una verdadera ruptura en la dinámica de la lucha de clases. Ante tal acontecimiento, la CCI decidió elaborar una octavilla internacional en el que afirmábamos que las huelgas masivas en el Reino Unido eran “una llamada a la batalla para los proletarios de todos los países”.
Esto se confirmó plenamente en los meses siguientes, cuando, además de continuar las luchas en muchos sectores en el Reino Unido, estallaron huelgas y movilizaciones en varios países europeos y en otros continentes. En su mayor parte, éstas también fueron de una escala no vista en años, confirmando el retorno de la combatividad obrera tras varias décadas de estancamiento a escala mundial.
Durante el otoño de 2022, la CCI se movilizó en manifestaciones y piquetes. La sección de la CCI en Gran Bretaña participó en ocho piquetes, principalmente en Londres y Exeter, distribuyendo varios centenares de octavillas. También participó en la Feria del Libro Anarquista de Londres. La CCI también estuvo presente en la jornada de acción interprofesional celebrada en Francia el 29 de septiembre de 2022. Durante las discusiones en las manifestaciones o en los piquetes, defendimos la dimensión internacional de los ataques y, por tanto, la necesidad de luchar todos juntos, reaccionando de manera unificada y evitando empantanarse en luchas locales, dentro de la propia empresa o de su sector.
Al mismo tiempo, la CCI publicó regularmente artículos en su prensa (página web, periódicos, Revista Internacional) destacando el terreno proletario de estas diferentes luchas, pero sobre todo su importancia histórica mostrando que constituían un verdadero trampolín para la recuperación de la identidad de clase.
El estallido de la lucha contra la reforma de las pensiones en Francia a partir de enero dio un nuevo impulso a esta dinámica de luchas internacionales. Casi todas las semanas, durante casi cinco meses, millones de trabajadores salieron a la calle para oponerse a un ataque despreciable del Estado burgués. Durante los catorce días de movilización, tanto en París como en provincias, la CCI movilizó todas sus fuerzas, reagrupando a sus simpatizantes a su alrededor para difundir su prensa lo más ampliamente posible, distribuyendo cerca de 130,000 octavillas y asegurando la venta militante de sus periódicos.
La calidad de la intervención dependía de la capacidad de la CCI para adaptarse a la evolución de la reacción de clase a escala internacional, pero también a la evolución más específica de la lucha en Francia. Esta es la razón por la que la CCI ha elaborado tanto octavillas de alcance internacional como octavillas más “territoriales” cuando ha sido necesario. Esto se hizo para responder lo mejor posible a las necesidades del movimiento, no sólo en Francia, sino sobre todo a escala internacional, ya que en el mismo periodo estallaron luchas en muchos países, en las que la CCI también pudo intervenir. Este fue el caso, en mayor o menor medida, de Bélgica, España, Países Bajos, Alemania, Reino Unido y México.
¿Cuáles fueron entonces los principales temas defendidos en las manifestaciones, tanto a través de panfletos y periódicos locales como durante los debates en las manifestaciones?
- Desde enero de 2023, una nueva octavilla internacional titulada “¿Cómo desarrollar un movimiento masivo y solidario?” subrayaba la necesidad de contrarrestar la labor de división emprendida por los sindicatos desarrollando la solidaridad más allá de la propia corporación, empresa, sector de actividad, ciudad, región o país.
- Posteriormente, sin dejar de defender la misma necesidad, la CCI situó en el centro de su intervención la defensa de la autoorganización y de los métodos de lucha que permiten crear un equilibrio de fuerzas con el Estado Burgués. La octavilla del 2 de febrero: “Ser numerosos no basta, también debemos tomar nuestras luchas en nuestras manos”, y la tercera octavilla internacional: “En todas partes la misma pregunta: ¿cómo desarrollar la lucha? La tercera octavilla internacional, “En todas partes la misma pregunta: ¿cómo desarrollar la lucha? ¿cómo hacer retroceder a los gobiernos?”, respondía a esta preocupación, que se fue expresando cada vez más a lo largo de las semanas, sobre todo en los debates que mantuvimos en las marchas. En particular, defendimos la necesidad de crear lugares de discusión como las asambleas generales soberanas y abiertas a todos.
- A pesar de sus muchos puntos débiles, todas estas luchas expresaban efectivamente el intento de crear una fuerza colectiva, unida, solidaria, de encontrarse, no como individuos aislados, sino como una clase explotada que se enfrenta a su explotador. Los ecos de la lucha en Francia entre los obreros británicos y alemanes lo ilustraban plenamente.
Una de las responsabilidades de los revolucionarios es precisamente contribuir al desarrollo de este esfuerzo de recuperación de la identidad de clase. Por eso siempre hemos basado nuestra intervención en la necesidad de reapropiarnos de la experiencia y la historia de la clase obrera. Sobre todo, desde que esta preocupación se expresó espontáneamente en la lucha en Francia a través de la consigna “Nos pusiste en el 64, nosotros los pondremos en Mayo del 68”, blandida en cada marcha. O en el resurgimiento de los recuerdos de la lucha contra el CPE en 2006.
Por ejemplo, la hoja volante: “¿Cómo ganamos en 2006?” defendía la experiencia de las Asambleas Generales soberanas, que habían contribuido a la dinámica de extensión del movimiento y acabado por hacer retroceder al gobierno. Unas semanas más tarde, la cuarta octavilla internacional: “Reino Unido, Francia, Alemania, España, México, China... ¡Ir más lejos que en 1968!”, amplió este esfuerzo, pero sobre todo permitió defender más explícitamente el reto histórico de la reanudación de las luchas obreras y el desafío que planteaba: el derrocamiento del capitalismo y la victoria de la revolución proletaria para la supervivencia de la humanidad.
En general, nuestras distintas octavillas tuvieron una buena acogida, los titulares dieron a menudo en el clavo y provocaron reacciones de los manifestantes: “¡Sí, estamos todos en el mismo barco!”, “¡Sí, hay que luchar todos juntos!”, “¡Vengo de Alemania y allí también hay luchas!”, “¡Somos de Italia y hemos venido a manifestarnos con los obreros franceses!”, “¡Yo estuve en mayo del 68, hay que volver a hacer lo mismo!”, “¡Oh sí, hay que hacer la revolución!”. Estas fueron las reacciones más significativas de los numerosos debates que pudimos mantener. Por supuesto, siguen siendo minoritarias, y a veces confusas, pero expresan el esfuerzo de reflexión que se está llevando a cabo en el fondo de la clase obrera para reconocerse como clase, tomar las luchas en sus manos y desarrollar el combate que permitirá a la clase obrera tomar el camino de la revolución.
Fue esta dinámica histórica en marcha la que pusimos de relieve en la hoja volante de balance de la lucha contra la reforma de las pensiones el último día de movilización, el 6 de junio, cuando las ganas de luchar y de combatir no cesaron. En varias ocasiones, los manifestantes estuvieron de acuerdo con el título de la hoja volante, e incluso nos dijeron: “¡Hemos perdido una batalla, pero no hemos perdido la guerra!” Así que sí, “¡la lucha está por adelante!”
Nuestra intervención también fue acompañada de la distribución de cientos de ejemplares del tercer Manifiesto de la CCI1 que, frente a la espiral cada vez más mortífera y destructiva de la sociedad capitalista, defiende con uñas y dientes que el futuro de la humanidad está en manos de la clase obrera. Creemos que es responsabilidad de las organizaciones revolucionarias explicar a la clase obrera, con la mayor claridad posible, las condiciones históricas en las que se desarrolla su lucha y lo que está en juego.
Con el mismo enfoque, la CCI ha organizado también dos series de reuniones públicas sobre la lucha de clases en el mundo. La primera sobre el tema: “No estamos solos en la movilización... ¡Hay luchas obreras en muchos países! La segunda: “Gran Bretaña, Francia, Alemania, España, México, China... Ir más lejos de 1968”2.
Estas reuniones han sido animadas por una voluntad de clarificación a través de la confrontación de las diferentes posiciones en juego. Fueron auténticos foros de debate proletario, donde se expresaron apoyos, matices, dudas e interrogantes, e incluso desacuerdos con las posiciones de la CCI. Esta participación activa en los debates es una ilustración de la lenta maduración de la conciencia que se está produciendo en profundidad en el seno de la clase obrera mundial, y que es particularmente evidente en las pequeñas minorías, a menudo pertenecientes a una nueva generación, que retoma progresivamente la experiencia del movimiento obrero y de la Izquierda Comunista.
Al intervenir activamente en las manifestaciones, así como en nuestra prensa web y en papel, la CCI ha cumplido plenamente con sus responsabilidades políticas en el seno de la clase obrera. Los frutos de esta intervención se han visto en el hecho de que nuevos elementos que buscan posiciones de clase se han puesto en contacto con la CCI y algunos incluso han venido a participar en nuestras reuniones públicas.
Mientras que el impulso que comenzó en el Reino Unido en el verano de 2022 parece haberse “pausado” desde el pasado mes de junio, el estallido de huelgas en la industria automovilística estadounidense muestra claramente que el ímpetu de las luchas continúa. Para la CCI, estas luchas económicas son un terreno privilegiado para que la clase desarrolle su reflexión y su conciencia. Es responsabilidad de las organizaciones revolucionarias participar en estas luchas para hacer avanzar este esfuerzo vital para el desarrollo de la lucha revolucionaria.
Vincent, 1-octubre-2023
1 “El capitalismo conduce a la destrucción de la humanidad... Sólo la revolución mundial del proletariado puede acabar con él [1093]”, Revista Internacional n°169 (2022).
2 Para una exposición más detallada de estas reuniones públicas, véase: "¿Por qué la CCI habla de ‘ruptura’ en la dinámica de la lucha de clases? [1296]", Revolución Mundial n° 147 (2023).
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En la primera parte de este artículo(1) rastreamos la evolución política de Jacques Camatte desde el ala bordiguista de la izquierda comunista abandonando el marxismo y la teoría de la lucha de clases – hasta lo que llamamos “modernismo”. En esta parte, analizaremos más de cerca esta “nueva” perspectiva, centrándonos en particular en una de sus obras más conocidas, The Wandering of Humanity (El deambular de la humanidad), que apareció por primera vez en la revista Invariance (Serie 2, número 3) en 1973.
The Wandering of Humanity comienza con la afirmación que “Cuando el capital logra una dominación real sobre la sociedad, se convierte en una comunidad material, superando el valor y la ley del valor… El capital, que originalmente dependía de la relación salarial, se convierte en un déspota”.
En efecto, según Camatte, el capitalismo, al “autonomizarse”, al “huir”, ha dejado de existir; casi se ha convertido en un nuevo modo de producción. Ha “provocado la desaparición de las clases” y la humanidad en su conjunto es explotada por este extraño fantasma del capital. Camatte explica con más detalle: “Durante su desarrollo, el capital siempre tendió a negar las clases. Esto finalmente se ha logrado mediante la universalización del trabajo asalariado y la formación –como etapa de transición– de lo que se llama la clase universal, una mera colección de hombres y mujeres proletarizados, una colección de esclavos del capital. El capital logró la dominación completa mistificando las demandas del proletariado clásico, dominando al proletario como trabajador productivo. Pero al lograr la dominación a través de la mediación del trabajo, el capital provocó la desaparición de las clases(2), ya que el capitalista como persona fue simultáneamente eliminado. El Estado se convierte en sociedad cuando la relación salarial se transforma en una relación de coacción, en una relación estatista. Al mismo tiempo, el Estado se convierte en una empresa o un fraude que media entre las diferentes bandas del capital.
La sociedad burguesa ha sido destruida y tenemos el despotismo del capital. Los conflictos de clases son reemplazados por luchas entre las organizaciones -pandillas que son los diversos modos de ser del capital. Como resultado del dominio de la representación, todas las organizaciones que quieren oponerse al capital quedan sumergidas en él; son consumidos por los fagocitos”.
Y esta incapacidad de oponerse al capital se aplica no sólo a las organizaciones políticas, condenadas como vimos en la primera parte de este artículo a terminar como meros fraudes, sino a la clase obrera, al propio proletariado: “El proletariado se ha convertido en un mito, no en términos de su existencia, sino en términos de su papel revolucionario como clase que debía liberar a toda la humanidad y resolver así todas las contradicciones sociales y socioeconómicas”.
Camatte es consciente de que Marx y sus seguidores insistieron en que la clase trabajadora tenía que ir más allá de la lucha por reformas dentro de la sociedad capitalista y cifraron sus esperanzas en las crisis económicas que tarde o temprano resultarían en el declive del sistema. Pero Camatte sostiene que, al superar el valor, el capitalismo también ha superado la tendencia a la crisis: “El momento en que las fuerzas productivas alcanzaran el nivel requerido para la transformación del modo de producción sería el momento en que comenzaría la crisis del capitalismo. Esta crisis iba a exponer la estrechez de este modo de producción y su incapacidad para contener nuevas fuerzas productivas, y así hacer visible el antagonismo entre las fuerzas productivas y las formas capitalistas de producción. Pero el capital se ha escapado; ha absorbido la crisis y ha proporcionado con éxito una reserva social para los proletarios”. Camatte incluso sugiere que Bernstein fue uno de los primeros en captar esta posibilidad, aunque esto desafortunadamente llevó a Bernstein a convertirse en un apologista de “la vieja sociedad burguesa que el capital estaba a punto de destruir”.
¿Y qué perspectivas ofrece entonces el capital déspota a la humanidad? Camatte no descarta la posibilidad de que todo acabe en destrucción. Como señalamos en la primera parte de este artículo, Camatte, siguiendo en particular a Bordiga, era muy consciente de la creciente tendencia del capital a destruir el medio ambiente natural. “Algunos procesos de producción llevados a cabo durante períodos de tiempo conducen a choques con barreras naturales: aumento del número de seres humanos, destrucción del ambiente natural, contaminación”. Sin embargo, Camatte parece considerar que estos problemas pueden de alguna manera superarse, al igual que la propia crisis económica: “Pero estas barreras no pueden considerarse teóricamente como barreras que el capital no pueda superar”.
Podemos entender que en 1973 era menos evidente que la devastación de la naturaleza por parte del capital resultaría ser un problema cada vez más insuperable para el capitalismo –entre otras cosas porque, lejos de someter al mundo a un despotismo global que podría tomar medidas efectivas para contrarrestar la destrucción de la naturaleza, la creciente decadencia del capitalismo sólo ha intensificado la competencia mortal entre unidades nacionales, obligándolas a cada una de ellas a continuar saqueando todos los recursos naturales a su disposición.
La ceguera de Camatte ante la incapacidad del capitalismo para ir más allá de la competencia brutal entre sus diversas unidades también se nota en el hecho de que Wandering no tiene nada que decir sobre la competencia interimperialista que, en forma de rivalidad entre los bloques occidental y oriental, mantuvo una perspectiva muy concreta de destrucción de la humanidad mediante una guerra nuclear. Así que, para Camatte, la destrucción catastrófica de la humanidad parece menos probable que una especie de pesadilla distópica de ciencia ficción. Camatte sostiene que ya estamos presenciando “la transformación de la mente en una computadora que puede ser programada por las leyes del capital”, allanando el camino hacia un futuro fundado en la “producción de un ser perfectamente programable que ha perdido todas las características de la especie homo sapiens”.
Estas predicciones anticipan en cierto sentido los avances tecnológicos de los últimos 50 años: el creciente papel de las computadoras personales, los teléfonos móviles e Internet como vehículos de intoxicación ideológica; los inicios de experimentos con microchips insertados en el cuerpo humano; la creciente sofisticación de la Inteligencia Artificial [IA] que ha alarmado a pensadores serios como Steven Hawking (así como a personas como Elon Musk... cuyas fantasías multimillonarias son ciertamente parte del problema que tanto le preocupa(3)) y los ha llevado a emitir advertencias sobre la IA que podría apoderarse de la humanidad o incluso destruirla.
Ciertamente, en una sociedad donde el trabajo muerto domina al trabajo vivo, vemos constantemente que los instrumentos creados por la actividad humana se vuelven cada vez más destructivos y peligrosos: el aprovechamiento de la energía atómica es la prueba más clara de ello. Pero la actual aceleración de la descomposición del sistema, el “torbellino” de efectos (guerra, crisis ecológica, pandemias, etc.) que hemos descrito en otro lugar(4), plantean una amenaza mucho más inmediata para la supervivencia de la humanidad que la robotización completa de la especie. En particular, los temores expresados por los “líderes tecnológicos” sobre la posible utilización de la IA como arma son ciertamente reales, pero esto es esencialmente un aspecto de la demencial carrera armamentista impulsada por la competencia imperialista y el creciente caos militar.
Y la actual aceleración de la descomposición capitalista apunta a un significado muy diferente a la idea de que el capital “huye” -en resumen, que su loca huida hacia adelante lo está llevando al borde del precipicio, a una caída de la cual no habrá retorno. En la visión de Camatte existe la noción del capital como una entidad todopoderosa que puede deshacerse no sólo de las contradicciones inherentes a las relaciones mercantiles, sino incluso de los seres humanos vivos. En este sentido, tiene cierta semejanza con las visiones de los teóricos de la conspiración, para quienes cada etapa del camino del capital hacia el caos y la autodestrucción se explica como una parte más de un plan maestro global, incluso si los conspiradores se consuelan personalizando este omnipotente poder en forma de lagartos extraterrestres, Illuminatis o judíos, una historia que a su vez reitera una mitología gnóstica más antigua que sostiene que este mundo caído y groseramente material está en las garras inquebrantables de una deidad creadora malévola, de modo que la salvación sólo puede alcanzarse fuera de los confines de la existencia terrenal.
Lo mismo podría decirse de la capacidad del capitalismo para absorber las crisis económicas: en 1973, frente a las elucubraciones de gente como Marcuse, Castoriadis o los situacionistas, nuestra corriente tuvo que argumentar con mucha fuerza para demostrar que el boom de la posguerra había terminado y el capitalismo estaba entrando en una crisis abierta de sobreproducción. Camatte no se equivocó al señalar la creciente tendencia del Estado a absorber a la sociedad civil y a tratar de contener las rivalidades entre diferentes empresas capitalistas (al menos dentro de los confines de la nación). Pero esto es precisamente a lo que se refiere la izquierda comunista cuando sostiene que el capitalismo de Estado se ha convertido en una tendencia universal en el período de decadencia capitalista y probablemente sea significativo que Bordiga, de quien Camatte tomó varias ideas, nunca aceptó el concepto del capitalismo de Estado.
Para la mayoría de la izquierda comunista, sin embargo, es imposible entender la respuesta de la burguesía a su crisis histórica sin utilizar el concepto de capitalismo de Estado. El aparato estatal se ha convertido en el instrumento irreemplazable para abordar las contradicciones económicas del sistema, pero las últimas décadas han demostrado que cuanto más recurre la clase dominante a medidas estatales para contener el impacto de estas contradicciones, más simplemente las aplaza hasta una fecha posterior, cuando estallan de una manera aún más peligrosa, como ocurrió con la llamada “crisis financiera” de 2008, producto de dos décadas o más de crecimiento impulsado por la deuda. También debemos recordar que fueron precisamente los intentos del modelo estalinista de capitalismo de Estado de “asignar el valor” que condujo a su colapso final.
Y esto nos lleva a un defecto más fundamental en la tesis de Camatte: la idea de que el capital ha superado al valor.
En realidad, el capital sin valor no es nada, y lejos de ser algo meramente “asignado por el capital”, es la imperiosa necesidad de expandir el valor lo que ha obligado al capitalismo a ocupar y mercantilizar cada aspecto de la actividad humana y cada parte de la geografía terrestre. El mantenimiento de este impulso ha continuado a lo largo de lo que Camatte llama el período de dominación real, pero que nosotros vemos como la época de decadencia capitalista. La necesidad de expandir el valor sigue siendo la raíz de este proceso, incluso si ha requerido una intervención estatal masiva, niveles astronómicos de deuda y capital ficticio y, por tanto, una interferencia sistemática con el funcionamiento de la propia ley del valor. Camatte ve este impulso universalizador como lo vio Marx, pero mientras que para Camatte el proceso conduce al inexpugnable despotismo del capital a través de la superación del valor, para Marx este mismo impulso contiene las semillas de la desaparición del sistema: “Esta tendencia –que el capital posee, pero que al mismo tiempo, siendo el capital una forma limitada de producción, lo contradice y, por lo tanto, lo conduce a su disolución, distingue al capital de todos los modos de producción anteriores y al mismo tiempo contiene este elemento: el capital se plantea como un mero punto de transición”(5) Rosa Luxemburgo, en particular, desarrolló más tarde este enfoque para insistir en que el impulso del capitalismo para lograr la dominación total y universal nunca podría lograrse, ya que el solo intento de hacerlo desataría todas las contradicciones subyacentes del sistema: económicas, sociales y políticas, y esto lo hundiría inexorablemente en una era de catástrofe. Frente a esta visión –que en nuestra opinión ha sido confirmada en gran medida por la trayectoria bárbara del capitalismo en los siglos XX y XXI-, The Wandering of Humanity es en parte una polémica contra la noción de decadencia capitalista, en particular la defendida por Révolution Internationale, uno de los grupos que formarían la CCI en 1975.
“El modo de producción capitalista no es decadente y no puede ser decadente” (Wandering of Humanity).
En el artículo “Decadencia del modo de producción capitalista o decadencia de la humanidad” (publicado originalmente en el mismo número de Invariance e incluido en el panfleto folleto Rojo y Negro), Camatte cita un pasaje de los Grundrisse al que hemos tenido ocasión de referirnos. en varias ocasiones(6), principalmente para mostrar que la decadencia del capitalismo no debe equipararse con un cese de la acumulación capitalista o un cese total del desarrollo de las fuerzas productivas:
“El desarrollo más elevado de esta base misma (la flor en la que se transforma; pero es siempre esta base, esta planta como flor; por lo tanto, se marchita después de la floración y como consecuencia de la floración) es el punto en el que ella misma es trabajada, desarrollada, en la forma en que sea compatible con el más alto desarrollo de las fuerzas productivas y, por tanto, también con el más rico desarrollo de los individuos. Tan pronto como se alcanza este punto, el desarrollo ulterior aparece como decadencia, y el nuevo desarrollo comienza a partir de una nueva base”.
Pero ya en 1972, en un artículo de la antigua serie de RI, nº 7, “Voluntarismo y confusión”, se utiliza el mismo pasaje para apoyar la teoría de la decadencia contra varios grupos, en su mayoría de carácter consejista, que negaban la conexión entre revolución y las condiciones históricas objetivas; en resumen, la necesidad de un período de decadencia. Pero según Camatte, que cita el artículo de RI en una nota a pie de página, “hay decadencia porque el desarrollo de los individuos está bloqueado. No es posible utilizar esta frase para apoyar la teoría de la decadencia del modo de producción capitalista”. Según Camatte, “el resto de la digresión de Marx confirma que la decadencia se refiere a los seres humanos”.
El ataque a la teoría de la decadencia también ocupa una parte importante de Wandering, sobre todo en este párrafo: “No tiene sentido proclamar que las fuerzas productivas de la humanidad han dejado de crecer, que el modo de producción capitalista ha comenzado a decaer. Tales puntos de vista revelan la incapacidad de muchos teóricos para reconocer la fuga del capital y, por tanto, para comprender el comunismo y la revolución comunista. Paradójicamente, Marx analizó la descomposición de la sociedad burguesa y las condiciones para el desarrollo del modo de producción capitalista: una sociedad donde las fuerzas productivas pudieran desarrollarse libremente. Lo que él presentó como proyecto del comunismo fue realizado por el capital”.
El rechazo de Camatte a la teoría de la decadencia está bastante explícitamente vinculado a un rechazo del “mito” del proletariado y, en última instancia, a un rechazo de Marx, quien, si bien Camatte admite generosamente que puede proporcionar algún material para comprender la fuga del capital, nunca lo entendió realmente. (o su “dominación real”). “Así, la obra de Marx parece ser en gran medida la auténtica conciencia del modo de producción capitalista” –en gran parte porque desarrolló una dialéctica de las fuerzas productivas, sosteniendo que “la emancipación humana dependía de su máxima expansión. La revolución comunista –por lo tanto el fin del modo de producción capitalista– iba a tener lugar cuando este modo de producción ya no fuera ‘lo suficientemente grande’ para contener las fuerzas productivas”. Pero como el capital se ha “autonomizado” y puede desarrollarse sin límites, ya ha realizado lo que Marx presentó como el proyecto del comunismo.
No es fácil orientarse en el laberinto de los vagabundeos teóricos de Camatte, pero parece estar diciendo no sólo que Marx se equivocó al argumentar que el conflicto entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas proporciona la base objetiva para la revolución comunista: refutando así no sólo la teoría de la decadencia capitalista, en la que tal conflicto asume un carácter permanente, sino también el enfoque general de Marx sobre la evolución histórica, en el que se basa la teoría del ascenso y la decadencia del capitalismo(7). Para Camatte, mantener los argumentos de Marx en realidad expresa una perspectiva capitalista que ve el objetivo del comunismo como una sociedad de crecimiento cuantitativo perpetuo; de hecho, de acumulación.
Por supuesto, esto es cierto para la caricatura estalinista del comunismo, pero ignora por completo que para Marx, el desarrollo de las fuerzas productivas bajo el comunismo tenía un significado completamente diferente, ya que significa sobre todo el florecimiento de las posibilidades creativas de la humanidad, no la producción de cosas en una espiral sin fin. Camatte parece reconocer esto de alguna manera, ya que dice que, para Marx en el tercer volumen de El Capital y en la Crítica del Programa de Gotha, “la discontinuidad (entre capitalismo y comunismo) radica en el hecho de que el objetivo de la producción está invertido… El objetivo ya no es la riqueza, sino los seres humanos”. Y, sin embargo, al mismo tiempo, Camatte insiste en que Marx realmente no vio una discontinuidad porque aboga por una fase de transición, la fase de dictadura proletaria, que es “un período de reformas, siendo la más importante la reducción de la jornada laboral y el uso del bono laboral”. Aquí, según Camatte, vemos “el reformismo revolucionario de Marx en su mayor amplitud”.
Alternativamente, podemos ver el trabajo de Camatte como la auténtica conciencia del punto de vista primitivista que sostiene que el desarrollo de la tecnología (identificado estrechamente con el concepto de desarrollo de las fuerzas productivas) es la causa real de los males de la humanidad y que sería mejor regresar al comunismo de los cazadores recolectores. Camatte niega que su comunismo sea un simple regreso al pasado, al “nomadismo del tipo practicado por nuestros ancestros lejanos que eran recolectores”, pero no es casualidad que primitivistas de pleno derecho como el grupo en torno al Quinto Poder en Estados Unidos fuera tan impresionado por las teorías de Camatte.
Pero Camatte sigue hablando de la necesidad de una revolución comunista. Dado que “ya no se puede sostener que existe una clase que represente a la humanidad futura”, dado que el proyecto proletario no es más que un programa para la reforma del capital, ¿quién hará la revolución? A veces parece ser obra de la humanidad en su conjunto, ya que la humanidad como tal es explotada en el período de dominación real: “amenazados en su existencia puramente biológica, los seres humanos comienzan a levantarse contra el capital”. Pero si la humanidad misma está en declive, ¿de dónde vendrá el movimiento hacia el comunismo?
Hay muchas cosas en la descripción que Camatte hace del comunismo en Wandering que podemos aceptar, principalmente porque ya hemos visto en ella la obra de Marx y otros marxistas: su vínculo dialéctico con las Gemeinwesen (comunidades) del pasado, la comunidad humana arcaica que Marx estudió atentamente en sus últimos años(8); su definición social general: “el comunismo pone fin a las castas, las clases y la división del trabajo”; la relación que restablece entre la humanidad y el resto de la naturaleza: “no es dominación de la naturaleza sino reconciliación y, por tanto, regeneración de la naturaleza”. Y –una visión que parece estar en contradicción con su afirmación de que el comunismo no es un nuevo modo de producción- “los seres humanos en el comunismo no pueden definirse como simples usuarios... los seres humanos son creadores, productores, usuarios. Todo el proceso se reconstituye a un nivel superior y para cada individuo”. En otras palabras, el comunismo significa que los seres humanos produzcan lo que necesitan y desean de una manera cualitativamente nueva, y por eso mismo no deja de representar un “modo de producción”. Camatte también tiene razón al insistir en que “la lucha contra la reducción de la amplitud de la revolución es ya una lucha revolucionaria”, ya que la revolución proletaria, como insistió Marx desde el principio, es la base no sólo para la abolición de la explotación capitalista, sino también para superar todas las demás opresiones, represiones y divisiones que mantienen a la humanidad a raya, para que el comunismo sea el punto de partida para el pleno florecimiento del potencial humano, un potencial que hasta ahora sólo hemos visto atisbos.
Pero a menos que se pueda ver un “movimiento real” en esta sociedad contra la dominación del capital –que los marxistas consideran el movimiento de la clase trabajadora contra la explotación– las descripciones del futuro comunismo vuelven a caer en el utopismo, como observó Bordiga una vez. Y cuando miramos un poco más de cerca lo que Camatte percibe como signos de un movimiento real dentro del orden existente, vemos emerger un verdadero “reformismo”.
Es cierto que sostiene, en Wanderings, que “el objetivo no puede alcanzarse mediante el establecimiento de comunidades que, siempre aisladas, nunca sean un obstáculo para el capital, que puedan ser fácilmente rodeadas por el capital... Tampoco puede alcanzarse el objetivo mediante el cultivo del propio ser individual, en el que finalmente se encontraría el verdadero ser humano”. Y sin embargo, en otros lugares, particularmente en el provocador título “Debemos abandonar este mundo”(9), que ya sugiere la posibilidad de algún tipo de huida mágica fuera de la civilización actual, expresa un gran interés en las posibilidades que tienen las comunas vegetarianas, los regionalistas y... los antivacunas podrían formar una especie de vanguardia de resistencia contra el capital.
Y más recientemente, en la entrevista del Círculo Marx a la que nos referimos en la primera parte de este artículo(10), expresa un interés real por los chalecos amarillos:
“JC: A decir verdad, sé muy poco sobre el movimiento de los chalecos amarillos. No lo he estudiado. Pero lo que sentí al principio como importante fue el hecho de rechazar totalmente el mundo tal como es. Y es la necesidad de reconocimiento, y es bastante extraordinario, el hecho de que nos pongamos un chaleco amarillo para ser visibles, y que vayan en las rotondas muestra el problema de ser vistos. Pero no puede abrirse a otra cosa; se mantiene en oposición a los demás”.
¡Todo menos la lucha de clases! El resultado del intento de Camatte de ir más allá de la vieja y pobre lucha de la clase obrera y descubrir la verdadera rebelión de la humanidad se revela como una verdadera regresión a formas de rebelión que, en el mejor de los casos, disuelven a la clase trabajadora en el “pueblo” y, en el peor –como la lucha antivacunas de hoy- han sido recuperados por la extrema derecha del capital (de ahí quizás su disposición a colaborar con los dudosos defensores de la alianza Rojo-Marrón del Círculo Marx).
Pero lo que más claramente traiciona esta perspectiva no revolucionaria, incluso explícitamente antirrevolucionaria, es cuando, al final de “Debemos dejar este mundo”, advierte contra la idea de derrocar al capital mediante un ataque frontal: “Hay que prever una nueva dinámica, ya que el MCP( 11) no desaparecerá tras una lucha frontal del pueblo contra su actual dominación, sino mediante una enorme renuncia que implica el rechazo de un camino utilizado durante milenios” – un argumento más avanzado en la entrevista cuando advierte :
“CM: ¿Crees de alguna manera que el capital se ha convertido en una totalidad que ya no tiene un exterior, que ya no tiene un exterior, y que en relación con esta totalidad la lucha de clases es ahora sólo un fenómeno interno al capital, que una verdadera oposición para usted, se convierte en la que existe entre la humanidad y el capital. ¿La verdadera oposición decisiva ya no es entre clases?
JC: Sí, y ahora voy aún más lejos, en el sentido de que no podemos plantear una oposición entre humanos y capital porque cuando estamos en esta dinámica, todavía estamos en la dinámica de la enemistad, y oponerse a algo es reforzarlo. ... Pero vi que ahora ya no podemos luchar contra el capital. No porque el capital sea demasiado fuerte sino porque lo mantiene vivo.
CM: La lucha contra el capital acaba inevitablemente reforzándolo.
JC: Absolutamente
CM: Entonces dices que debemos abandonar este mundo irrevocablemente. Si el mundo es el lugar de todos los lugares, si el mundo es ahora evidentemente el del capital convertido en totalidad, ¿cómo podemos abandonar este mundo? ¿Crees que has dejado este mundo?
JC: Sí. No podemos dejar este mundo materialmente, pero lo dejamos en la medida en que ya no aceptamos lo que nos da. Pero estamos obligados a vivir. Pero por ejemplo yo vivo aquí, no voto, hace 27 años que no voy a votar, pero estoy en buenos términos con el alcalde. Que sea él u otro, da lo mismo. Ese es es mundo. Y vivo afuera, en la medida que puedo, porque es obvio que estoy atrapado por los impuestos, por esto, por aquello. Entonces, con todo mi proceso de pensamiento, con todo mi comportamiento, no siento que reproduzca esta sociedad. Pero aún más que antes, con el proceso de inversión paso a otra cosa”.
De hecho, esta idea de una “salida” individual ya está teorizada en Wandering, precisamente en el pasaje que precede a su aparente rechazo a llegar al comunismo mediante la creación de comunidades anticapitalistas o el cultivo del propio ser individual: “Todos somos esclavos de capital. La liberación comienza con el rechazo a percibirse a uno mismo en términos de las categorías del capital, es decir, como proletario, como miembro de la nueva clase media, como capitalista, etc. Así también dejamos de percibir al otro -en su movimiento hacia la liberación- en términos de esas mismas categorías. En este punto puede comenzar el movimiento de reconocimiento del ser humano”.
En resumen: antes de que puedas cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo. Esta visión individualista e idealista es perfectamente compatible con la noción de desaparición de la clase obrera que ha alcanzado su paroxismo en la fase de descomposición capitalista. Y, según Camatte, el comienzo de la liberación no es que los trabajadores se reconozcan como parte de una clase antagónica al capital, recuperen su identidad de clase, sino exactamente lo contrario: sumarse a la gran disolución en la que las clases no tienen sustancia. y la lucha de clases simplemente refleja nuestra esclavitud a las categorías del capital.
CDW
Posdata:
Como mostramos en un artículo anterior de esta serie(12), la influencia del modernismo en el renaciente movimiento revolucionario de principios de los años 70 también se sintió en la “pre-CCI” a través de la “tendencia Bérard”. Recordamos que esta influencia se expresó tanto en el rechazo de la lucha obrera por reivindicaciones inmediatas como, a nivel organizativo, en la oposición a los primeros intentos de centralizar el grupo Revolución Internacional a escala nacional. En una reunión del grupo en 1973, centrada en la necesidad de elegir una comisión centralizadora, Bérard advirtió que esta iniciativa conduciría a un Comité Central de tipo trotskista o estalinista, a una fuerza para la burocracia. El camarada Marc Chirik respondió con una advertencia a Bérard: que él y su tendencia se dirigían en la dirección de Barrot y Camatte y, por tanto, hacia el abandono no sólo de la organización revolucionaria sino también de la clase revolucionaria. Bérard rechazó indignado esta advertencia.
Poco tiempo después, “Une Tendance Comunista” se salió del marco de la organización publicando su folleto La Revolución Sera Comunista o no será, única expresión pública de este efímero grupo. En él, hay una sección titulada “Por qué Invariance ya no es revolucionario”, que, si bien reconoce que Invariance había hecho algunas contribuciones fructíferas (como en la cuestión de la dominación formal/real), posteriormente entró en el ámbito de la ideología con su visión de una revolución hecha por la “humanidad”, consecuencia de su idea de que el capital se había convertido en una “comunidad material”:
“de ahí su incapacidad para captar las contradicciones reales del período de crisis histórica (la tendencia exacerbada hacia la dominación real del capital que choca con los límites del intercambio, la tendencia hacia la proletarización de toda la humanidad contrarrestada por la incapacidad de la relación salarial para integrar a aquellos que no tienen nada en qué apoyarse (los sin reservas). El capital deviene abstractamente unificado, completamente abstracto y va más allá de sí mismo en la comunidad material... El absurdo de un combate de la ‘humanidad’ contra ‘El capital’ se basa obviamente en la idea de que la humanidad ya existe –y aquí tenemos la visión reformista y aclasista en toda su plenitud”.
Y el texto también critica la idea que acompaña a Camatte de que cualquier intento de las minorías comunistas de organizarse sólo puede conducir a un nuevo escándalo.
Da la casualidad de que Bérard en este punto estaba más influenciado por Barrot/Dauvé (13) que por Camatte, y por lo tanto pudo conservar referencias al proletariado como sujeto de la revolución. De hecho, era una especie de punto intermedio entre la posición de la izquierda comunista que estaba dejando atrás –en resumen, la insistencia de Marx en la necesidad de que la clase trabajadora afirme su autonomía en la lucha contra la explotación capitalista y ejerza su dictadura durante el período de transición hacia el comunismo- y el abierto abandono del proletariado por parte de Camatte. Como mostramos en el artículo sobre la tendencia Bérard, esta postura centrista se basaba en la teoría pseudodialéctica de una afirmación/negación simultánea del proletariado.
Muchos de los comunistizadores actuales todavía residen en este punto intermedio, pero la tendencia hacia la negación pura de la lucha de clases de Camatte es muy fuerte en el medio modernista. En el caso de Bérard, su posterior –y muy rápido– abandono de la política de la izquierda comunista, de cualquier actividad organizada, y su evolución hacia una especie de primitivismo, confirmaron plenamente la predicción de Marc.
1 Crítica: Parte 3:1
2 The Wandering of Humanity - Jacques Camatte [1298] Esta es la versión en línea de la traducción de 1975 de Black and Red, el grupo en torno a Freddy Perlman en Detroit. Sobre el término “despotismo”, Camatte añade una importante nota a pie de página, mostrando que su elección de la palabra “despotismo” no es accidental: “Aquí vemos una convergencia con el modo de producción asiático, donde las clases nunca podrían volverse autónomas; en el modo de producción capitalista son absorbidas”
3 Musk fue cosignatario de una declaración de 1000 “Líderes en tecnología” que pedían una pausa en el desarrollo de la IA hasta que se pueda saber más sobre sus consecuencias, citando “profundos riesgos para la sociedad y la humanidad”. "Elon Musk and Others Call for Pause on A.I., Citing ‘Profound Risks to Society’ [1299]". Poco después, uno de los firmantes, Geoffrey Hinton, dimitió de su puesto como líder de Google para centrarse en los riesgos que plantea la IA(IInteligencia Artificial).
4 The acceleration of capitalist decomposition poses the clear possibility of the destruction of humanity [1300].
5 Cuaderno V, Capítulo sobre el Capital. Grundrisse 10 (marxists.org) [1301], p540 en la edición Penguin. -version inglesa
6 Por ejemplo, Growth as decay [el crecimiento como decadencia].
7 En particular, en su “Prefacio a la Introducción a la Crítica de la Economía Política”, reproducido como anexo a "Decadence of capitalism (ii): What scientific method do we need to understand the present social order...? [1302]" que sostiene que el Prefacio proporciona el fundamento metodológico de la idea del ascenso y declive de los sucesivos modos de producción desde la disolución del comunismo primitivo.
8 Véase el artículo de nuestra serie sobre el comunismo, El Marx de la madurez - Comunismo del pasado, comunismo del futuro [1303].
9 Invariancia 5... una traducción al inglés de Dave Brown se puede encontrar aquí: This world we must leave - Jacques Camatte [1304]
10 Entrevista a Jacques Camatte (2019) Interview with Jacques Camatte (2019) [1305]
11 MPC; “Esta abreviatura significa Modo de Producción Capitalista, que Invariance nunca explica en detalle. Recuerda a los antiguos hebreos, que mostraban una renuencia similar a la hora de nombrar a su creador” (“Modernismo: del izquierdismo al vacío”, World Revolution número 3)
12 Del izquierdismo al modernismo: las desventuras de la “tendencia Bérard” From leftism to modernism: the misadventures of the ‘Bérard tendency’ [1306]
13 Volveremos a las ideas principales de Barrot/Dauvé en otro artículo.
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“Una de las formas de engañar a la clase obrera es el pacifismo y la propaganda abstracta en favor de la paz. En el capitalismo, especialmente en su etapa imperialista, las guerras son inevitables”. (Trotsky, Escritos de León Trotsky, 1929-1940)1.
La cadena asfixiante de guerras imperialistas acecha nuevamente a la humanidad, y esta ves lamentablemente el proletariado de medio oriente es victima, una ves mas, de la barbarie originada por el capital. Luego de los ataques terroristas de hamas, que tuvo como victimas a cientos de trabajadores y soldados israelíes inocentes, el estado de Israel decidió realizar una incursión militar sin precedentes sobre la franja de gaza, dejando a una infinidad de niños, mujeres y ancianos muertos y heridos. Los partidos izquierdistas y los medios de prensa burgueses afiliados a su ideología cantan al unisonó la idea de que todos nos pongamos del lado del “pueblo palestino oprimido”, demonizando a los soldados israelíes como “monstruos sin corazón”. Es una vieja táctica de una burguesía “más débil” militarmente demonizar a los soldados enemigos con el fin de adquirir apoyo de los trabajadores del mundo, es la misma técnica que el gobierno de Ucrania utiliza para adquirir armamento de Europa occidental, insistir en la idea de que los soldados rusos son “terroristas” y “criaturas sin corazón”. La verdad es otra, una gran cantidad de soldados israelíes (y en realidad de todo el mundo) se encuentran profundamente asqueados y cansados de todos los asesinatos y crímenes que deben realizar con el fin de defender a su estado imperialista, quedando al mismo tiempo profundamente dañados y traumados por la guerra. En el otro bando, los obreros de palestina se ven altamente cegados y adoctrinados por la propaganda religiosa, nacionalista y tercermundista de HAMAS y sus acólitos, lo que les impide tener una consciencia de clase critica de la situación. Con HAMAS se ve una vez más que la religión y el nacionalismo están al servicio de la guerra y el capital, y no son más que un obstáculo para la clase.
La solución no se encuentra en medio oriente, pues en esos países, igual que en ucrania el proletariado se encuentra profundamente diezmado y destruido por la guerra, la guerra y sus nefastas consecuencias prácticamente han destruido la fuerza de trabajo local. La única luz en esta oscuridad se ven en las huelgas que se están llevando a cabo principalmente en Norteamérica y Europa occidental, lugares donde el movimiento obrero está mucho más concentrado y es mas fuerte políticamente. Hay que poner todas las esperanzas de la humanidad en los obreros de Norteamérica y Europa.
De la misma forma hay que mencionar que una ves más se aprecia el análisis del “efecto torbellino” defendido por la CCI2. Pues la guerra de medio oriente también ha traído otros resultados nefastos, como la subida del precio del petróleo y las graves crisis migratorias que se producirán de ahora en adelante, saturando aun mas a los estados europeos que constantemente reciben inmigrantes de medio oriente.
Según diversos medios de comunicación alrededor del mundo debido a la guerra entre Israel y hamas ya hay miles de muertos y heridos, ciudades completas destrozadas, hospitales aniquilados, cientos de miles de refugiados a quienes el estado israelí engañó con la supuesta seguridad del Sur de Gaza, un daño psicológico y emocional irreparable para miles de trabajadores y soldados, etc. La paz imperialista (representada por su ideología oficial el pacifismo) no es mas que un engaño a las masas proletarias, solo sirve para preparar las condiciones para la siguiente carnicería entre obreros. No, solo la revolución comunista mundial podrá acabar de una ves por todas con la barbarie capitalista, cualquier otro camino es un engaño para la humanidad.
Rodrix
1 Lenin y la guerra imperialista. (s. f.). https://ceip.org.ar/Lenin-y-la-guerra-imperialista#_ftn1 [1310]
2 Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1067]
"Horror", "masacres", "terrorismo", "terror", "crímenes de guerra", "catástrofe humanitaria", "genocidio"... las palabras que salpican las portadas de la prensa internacional dicen mucho de la magnitud de la barbarie en Gaza.
El 7 de octubre, Hamás mató a 1.400 israelíes, cazando a ancianos, mujeres y niños en sus casas. Desde entonces, el Estado de Israel se venga y mata en masa. El diluvio de bombas que llueve día y noche sobre Gaza ha causado ya la muerte de más de 10.000 palestinos, entre ellos 4.800 niños. En medio de edificios en ruinas, los supervivientes carecen de todo: agua, electricidad, alimentos y medicinas. En este mismo momento, dos millones y medio de gazatíes están amenazados por el hambre y las epidemias. 400.000 de ellos son prisioneros en la ciudad de Gaza, y cada día caen cientos, destrozados por los misiles, aplastados por los tanques y ejecutados por las balas.
La muerte está por todas partes en Gaza, igual que en Ucrania. No olvidemos la destrucción de Marioupol por el ejército ruso, el éxodo de personas, la guerra de trincheras que está enterrando a la gente. Hasta la fecha, se cree que han muerto casi 500.000 personas. La mitad en cada bando. Toda una generación de rusos y ucranianos está siendo sacrificada en el altar del interés nacional, en nombre de la defensa de la patria. Y aún hay más: a finales de septiembre, en Nagorno-Karabaj, 100.000 personas se vieron obligadas a huir ante el ejército azerbaiyano y la amenaza de genocidio. En Yemen, el conflicto del que nadie habla se ha cobrado más de 200.000 víctimas y ha reducido a 2,3 millones de niños a la desnutrición. El mismo horror de la guerra se libra en Etiopía, Myanmar, Haití, Siria, Afganistán, Malí, Níger, Burkina Faso, Somalia, Congo, Mozambique... Y se está gestando el enfrentamiento entre Serbia y Kosovo.
¿Quién es el responsable de toda esta barbarie? ¿Hasta dónde puede extenderse la guerra? Y, sobre todo, ¿qué fuerza puede oponerse a ella?
En el momento de escribir estas líneas, todas las naciones piden a Israel que "modere" o "suspenda" su ofensiva. Rusia exige un alto el fuego, tras haber atacado Ucrania con la misma ferocidad hace año y medio, y haber masacrado a 300.000 civiles en Chechenia en 1999 en nombre de esta "lucha contra el terrorismo”. China dice querer la paz, pero está exterminando a la población uigur y amenazando a los habitantes de Taiwán con un diluvio de fuego aún mayor. Arabia Saudí y sus aliados árabes quieren el fin de la ofensiva israelí mientras diezman a la población de Yemen. Turquía se opone al ataque contra Gaza mientras sueña con exterminar a los kurdos. En cuanto a las grandes democracias, tras apoyar "el derecho de Israel a defenderse", piden ahora "una tregua humanitaria" y "el respeto del derecho internacional", habiendo demostrado su pericia en las matanzas masivas con notable regularidad desde 1914.
Este es el principal argumento de Israel: "la aniquilación de Gaza es legítima", como lo fueron las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki y los bombardeos de alfombra sobre Dresde y Hamburgo. ¡Estados Unidos libró las guerras de Afganistán e Irak con los mismos argumentos y métodos que Israel hoy!¡Todos los Estados son criminales de guerra! Grandes o pequeños, dominados o poderosos, aparentemente belicistas o moderados, todos participan en realidad en la guerra imperialista en la arena mundial, y todos consideran a la clase obrera carne de cañón.
Son estas voces hipócritas y embusteras las que ahora nos quieren hacer creer en su impulso a la paz y en su solución: el reconocimiento de Israel y Palestina como dos Estados independientes y autónomos. La Autoridad Palestina, Hamás y Al Fatah están prefigurando cómo sería este Estado: como todos los demás, explotaría a los trabajadores; como todos los demás, reprimiría a las masas; como todos los demás, iría a la guerra.
Ya hay 195 estados "independientes y autónomos" en el planeta: ¡juntos, gastan más de 2.000 billones de dólares al año en "defensa"! Y de aquí a 2024, estos presupuestos se dispararán.
Entonces, ¿por qué acaba de decir la ONU: "Necesitamos un alto el fuego humanitario inmediato. Han pasado treinta días. Ya es suficiente. Tiene que parar ahora” ? Obviamente, los aliados de Palestina quieren el fin de la ofensiva israelí. En cuanto a los aliados de Israel, esas "grandes democracias" que dicen respetar el "derecho internacional", no pueden dejar que el ejército israelí haga lo que quiera sin decir nada. Las masacres de Tsahal son demasiado visibles. Sobre todo, desde que prestan apoyo militar a Ucrania contra la "agresión rusa" y sus "crímenes de guerra". No hay que permitir que la barbarie de las dos "agresiones" se parezca demasiado.
Pero hay una razón aún más profunda: todos están tratando de limitar la propagación del caos, porque todos pueden verse afectados, todos tienen algo que perder si este conflicto se extiende demasiado lejos. El ataque de Hamás y la respuesta de Israel tienen algo en común: la política de tierra quemada. La masacre terrorista de ayer y el bombardeo de alfombra de hoy no pueden conducir a ninguna victoria real y duradera. Esta guerra está sumiendo a Oriente Próximo en una era de desestabilización y confrontación.
Si Israel sigue arrasando Gaza y enterrando a sus habitantes bajo los escombros, existe el riesgo de que Cisjordania también se incendie, de que Hezbolá arrastre Líbano a la guerra y de que Irán acabe implicándose. La extensión del caos por toda la región no sólo sería un golpe para la influencia estadounidense, sino también para las ambiciones globales de China, cuya preciada Ruta de la Seda pasa por la región.
La amenaza de una tercera guerra mundial está en boca de todos. Los periodistas lo debaten abiertamente en televisión. En realidad, la situación actual es mucho más perniciosa. No hay dos bloques, ordenados y disciplinados, enfrentados entre sí, como los hubo en 1914-18 y 1939-45, o a lo largo de la Guerra Fría. Mientras que la competencia económica y bélica entre China y Estados Unidos es cada vez más brutal y opresiva, las demás naciones no se pliegan a las órdenes de uno u otro de estos dos colosos; desempeñan su propio papel, en el desorden, la imprevisibilidad y la cacofonía. Rusia atacó Ucrania en contra del consejo chino. Israel está aplastando Gaza en contra del consejo estadounidense. Estos dos conflictos personifican el peligro que amenaza a toda la humanidad: la proliferación de guerras cuyo único objetivo es desestabilizar o destruir al adversario; una cadena interminable de exacciones irracionales y nihilistas; el sálvese quien pueda, sinónimo de caos incontrolable.
Para una tercera guerra mundial, los proletarios de Europa Occidental, Norteamérica y Asia Oriental tendrían que estar dispuestos a sacrificar sus vidas en nombre de la Patria, a tomar las armas y a matarse unos a otros por la bandera y los intereses nacionales, lo que hoy no es en absoluto el caso. Pero lo que está en proceso de desarrollo no necesita este apoyo, este alistamiento de las masas. Desde principios de los años 2000, franjas cada vez más amplias del planeta están sumidas en la violencia y el caos: Afganistán, Irak, Siria, Libia, Líbano, Ucrania, Israel y Palestina... Esta gangrena se extiende poco a poco, país a país, región a región. Este es el único futuro posible para el capitalismo, este decadente y putrefacto sistema de explotación.
Entonces, ¿qué debemos hacer? Los trabajadores de todos los países no deben hacerse ilusiones sobre una supuesta paz posible, sobre ninguna solución de la "comunidad internacional", de la ONU o de cualquier otro antro de bandidos. El capitalismo es la guerra. Desde 1914, prácticamente nunca ha cesado, afectando a una parte del mundo y luego a otra. El periodo histórico que nos espera verá cómo esta dinámica mortífera se extiende y amplifica, con una barbarie cada vez más insondable.
Por consiguiente, los trabajadores de todos los países deben negarse a tomar partido por uno u otro bando burgués, en Oriente, en Oriente Medio y en todas partes. Deben negarse a dejarse engañar por la retórica que les pide "solidaridad" con "el pueblo ucraniano atacado", con "Rusia amenazada", con "las masas palestinas martirizadas", con "los israelíes aterrorizados"... En todas las guerras, a ambos lados de las fronteras, los Estados siempre hacen creer a la gente que hay una lucha entre el bien y el mal, entre la barbarie y la civilización. En realidad, todas estas guerras son siempre un enfrentamiento entre naciones rivales, entre burguesías rivales. Son siempre conflictos en los que los explotados mueren en beneficio de sus explotadores.
La solidaridad de los trabajadores no va a los "palestinos" como no va a los "israelíes", a los "ucranianos" o a los "rusos", porque entre todas estas nacionalidades hay explotadores y explotados. Va a los trabajadores y parados de Israel y Palestina, de Rusia y Ucrania, como va a los trabajadores de todos los demás países del mundo. No es manifestándose "por la paz", no es optando por apoyar a un bando contra el otro como se puede mostrar verdadera solidaridad con las víctimas de la guerra, las poblaciones civiles y los soldados de ambos bandos, proletarios de uniforme transformados en carne de cañón, niños adoctrinados y fanatizados. La única solidaridad consiste en denunciar a TODOS los Estados capitalistas, a TODOS los partidos que nos llaman a unirnos detrás de tal o cual bandera nacional, de tal o cual causa bélica, a TODOS los que nos engañan con la ilusión de la paz y de las "buenas relaciones" entre los pueblos.
Esta solidaridad significa sobre todo desarrollar nuestra lucha contra el sistema capitalista responsable de todas las guerras, una lucha contra las burguesías nacionales y su Estado.
En estas luchas, nos mantenemos unidos, desarrollamos nuestra solidaridad, debatimos y tomamos conciencia de nuestra fuerza cuando estamos unidos y organizados. En sus luchas de clase, el proletariado lleva en sí un mundo que es exactamente lo contrario del capitalismo: por un lado, la división en naciones empeñadas en una competencia económica y bélica hasta la destrucción mutua; por otro, una unidad potencial de todos los explotados del mundo. El proletariado ha comenzado a recorrer este largo camino, a dar algunos pasos: durante el "verano de la cólera" en el Reino Unido en 2022, durante el movimiento social contra la reforma de las pensiones en Francia a principios de 2023, durante las huelgas históricas en los sectores de la salud y del automóvil en Estados Unidos en las últimas semanas. Esta dinámica internacional marca el retorno histórico de la combatividad de los trabajadores, el rechazo creciente a aceptar el deterioro permanente de las condiciones de vida y de trabajo, y la tendencia a la solidaridad entre sectores y entre generaciones como trabajadores en lucha. En el futuro, los movimientos tendrán que establecer el vínculo entre la crisis económica y la guerra, entre los sacrificios exigidos y el desarrollo de presupuestos y políticas armamentísticas, entre todas las lacras que arrastra consigo el capitalismo global obsoleto, entre las crisis económica, bélica y climática que se alimentan mutuamente.
Contra el nacionalismo, contra las guerras a las que nos quieren arrastrar nuestros explotadores, las viejas consignas del movimiento obrero que aparecieron en el Manifiesto Comunista de 1848 son hoy más actuales que nunca:
¡Los proletarios no tienen patria!
Proletarios de todos los países, ¡uníos!
Por el desarrollo de la lucha de clases del proletariado internacional
Corriente Comunista Internacional, 7 de Noviembre de 2023
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De nuevo la burguesía de todos los signos políticos, parada sobre los cadáveres, el desamparo, la desesperación y el sufrimiento de centenares de miles de personas en su inmensa mayoría trabajadores, vuelve a mostrarse con toda su bajeza y ruindad con ocasión del huracán Otis que golpeó durante dos horas particularmente a Acapulco y su zona conurbada (con alrededor de un millón de habitantes), con una fuerza de 250 km/h, todo lo que estaba en su paso.
El estado de Guerrero y especialmente el municipio de Acapulco, es una región que concentra zonas de turismo en las que se instalan hoteles y condominios lujosos, pero al mismo tiempo, se extienden desordenadamente colonias, en donde habitan los trabajadores y una gran masa depauperada que, ante la carencia crónica, se vuelve presa fácil de los ofrecimientos de las mafias que operan con la droga en colusión con el gobierno y “respetables” empresarios. Los datos oficiales, aun cuando presentan categorías de clasificación social mistificados, son posibles de usar para mostrar la situación que vive la población que con su trabajo crean las ganancias de los empresarios. Datos de 2022 presentan que 52% de los habitantes de Acapulco son pobres y el 16.7% están en el umbral de la pobreza extrema1. Es justamente esa población la que ha sido en mayor medida afectada, por eso, Otis ha puesto en evidencia el carácter destructivo de la burguesía, que se muestra en la degradación a la que ha llevado al medio ambiente, en su incapacidad para prevenir y luego paliar un poco los efectos, pero también en la hipocresía con la que actúan, utilizando políticamente la desgracia de los proletarios y demás explotados.
El huracán Otis tuvo una magnitud de grado 5, por lo que es considerado un fenómeno anómalo, que rompió con el comportamiento promedio y las estimaciones calculadas. Las instituciones dedicadas al seguimiento de estos fenómenos estimaban que la “tormenta Otis”, pasaría a huracán categoría 1, pero en poco tiempo alcanzó la categoría 5. Aunque los estudios para entender y explicar cómo se formó este fenómeno no están culminados, científicos como Suzana Camargo, de la Universidad de Columbia, Matthew Cappucci y Jason Samenow del National Hurricane Center, o Jim Kossin, de la First Street Foundation, entre otros que han expuesto de forma muy rápida sus análisis, coinciden en que existen evidencias de que en el origen de este huracán se encuentra el cambio climático. Pero, además coinciden en presagiar que fenómenos como Otis se han de repetir con más frecuencia, lo que implica que el calentamiento global, (negado por cierto por personajes y sectores de la burguesía, como Trump) imprime a las tormentas tropicales un comportamiento impredecible con resultados altamente destructivos (regularmente el océano debería estar a 26° centígrados y… estaba a 31°), lo que coloca a la población en una indefensión mayor. Hay sin embargo una limitación en los argumentos de estos científicos cuando refieren al fenómeno del calentamiento, como un “producto del hombre”2, es limitada esta afirmación porque deja de lado que la destrucción del ambiente es resultado del modo en que se produce en el capitalismo.
Ya hemos expuesto en otras ocasiones que, “El capitalismo ha contaminado siempre el ambiente, desde el siglo XIX cuando aún era un factor de progreso. […] La acumulación del capital es el fin supremo de la producción capitalista y no importa en absoluto la suerte reservada a la humanidad o al medio ambiente… ¡si es rentable, es bueno! […]
Pero cuando este sistema entra en su fase de declive histórico desde principios del siglo XX, la destrucción del medio ambiente toma otra dimensión, se hace implacable, a imagen del combate sin piedad que libran entre sí las ratas capitalistas para mantenerse en el mercado mundial. Reducir los costes de producción a su mínima expresión para ser lo más competitivo posible se ha convertido ahora en una regla de supervivencia inevitable. En ese contexto, las medidas para limitar la contaminación industrial son evidentemente un gasto insoportable.”3
Es ya evidente que el calentamiento global y en general la crisis medioambiental, es una amenaza contra la humanidad. El propio secretario de la ONU, Antonio Guterres (en su mensaje de septiembre de 2022), reconoce que “la crisis climática nos está matando”, lo que nunca dirá, es que es el capitalismo quien ha generado esa crisis.
Aprovechando el hecho de que hay un cambio de comportamiento repentino en lo que inicialmente fue una tormenta, el gobierno justifica su falta de prevención, y luego, la magnitud de la destrucción que generó incomunicación, al afectar las carreteras, los aeropuertos y las señales telefónicas, así como la energía eléctrica, es usada para justificar el retraso de su accionar en el rescate de la población que perdió no sólo muebles y ropa sino además la vida de familiares.
Testimonios que han recogido algunos medios de divulgación, muestran el abandono en que se ha encontrado la población de los barrios y colonias en las que habitan los trabajadores, aun cuando eran varios días los que habían pasado. El gobierno que presume atender “primero a los pobres”, envió a militares, marinos y guardia nacional para atender con prioridad las zonas que son relevantes para el capital. “Mientras las autoridades trabajaban arduamente para restablecer el orden en el centro turístico de Acapulco —abrían paso entre árboles caídos frente a hoteles de gran altura y restauraban el suministro eléctrico—, los más pobres de la ciudad, […] dijeron que se sentían abandonados…” (www.latimes.com/espanol [1313]).
Ha sido en esas casas, en las que siempre los servicios son precarios, donde se han acumulado más muertos y desaparecidos y donde el desabasto ha llevado al hambre y la especulación extrema sobre todo con los alimentos, por ejemplo, un kilo de tortilla, que es el alimento base de la población, a una semana del accionar de Otis, se está vendiendo hasta por 150 pesos (8.5 dólares), cuando antes costaba alrededor de 20 pesos.
Como si fuera un regalo, la derecha opositora del gobierno ha recibido la noticia de la destrucción y muertes generadas por el paso de este huracán. Aunque hipócritamente lloriquean y fingen dolor, celebran que justamente sea en campaña electoral cuando se ha presentado Otis, porque les permite utilizar la negligencia del gobierno para mostrarse “críticos y responsables” y granjearse simpatías, pretendiendo que se olvide que el PRI y el PAN cuando han estado en el gobierno, ante situaciones semejantes se han comportado con igual desprecio a la vida, después de todo, aunque López Obrador afirme, pretendiendo distinguirse de sus opositores, “no somos iguales”, sí lo son, porque tanto derecha opositora, como izquierda gobernante, accionan en defensa y protección del capital sin importarles las vidas humanas. Tan solo como ejemplo, vale recordar que, en el terremoto de 1985, en los barrios fabriles, los militares impedían los intentos espontáneos de rescate de los obreros atrapados en los escombros, porque la prioridad era el cuidado de la maquinaria y las cajas fuertes...
Es hipocresía y ambición lo que destilan en cada discurso y en cada acto que realizan gobierno y opositores, por eso los trabajadores no pueden rendir su voluntad y alimentar su esperanza en alguno de los bandos burgueses que se encuentran en pugna, pues al igual que cualquiera de las facciones de la burguesía en el mundo, su verdadero objetivo es la búsqueda de perpetuar este sistema de explotación.
El escenario de hambre y muerte que la burguesía impone por el mundo con guerras y desastres ecológicos, avanza como un torbellino destructivo que no deja duda del peligro que representa el capitalismo para la humanidad.
Aquello que decíamos en 2005, ante la situación que expuso el huracán Katrina, hoy es más claro y más urgente de reflexionar por el conjunto de los explotados: “La guerra, el hambre y los desastres ecológicos son el futuro que nos reserva el capitalismo. Si hay alguna esperanza para el futuro de la humanidad, es que la clase obrera desarrolle la conciencia y la comprensión de la verdadera naturaleza de la sociedad de clases, y asuma su responsabilidad histórica de acabar con este anacronismo, de destruir el sistema capitalista y reemplazarlo por una sociedad revolucionaria, controlada por la clase obrera, en la que la auténtica solidaridad humana, y la satisfacción de las necesidades humanas sean el principio rector.”4
RM, 2-noviembre-2023
1 Definen los estratos de la pobreza sobre principios técnicos, de forma que son “pobres” las personas que cubren precariamente sus necesidades básicas de alimento y servicios, mientras que la “pobreza extrema” la representa la población que sus ingresos no le permiten cubrir sus necesidades mínimas de alimentación y aún menos de otros servicios básicos.
2 Este aspecto fue particularmente resaltado por Cappucci y Samenow.
3 Ver en nuestro sitio web: Cambio climático: el responsable del calentamiento del planeta es el capitalismo [1314]
4 Huracán Katrina: El capitalismo es el responsable de la catástrofe social [1315]. Revista Internacional #123, 4o trimestre 2005.
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A finales de julio, refugiados esqueléticos, mujeres, niños y hombres muertos de sed, tambaleándose, fueron recogidos en la frontera de Libia por los guardacostas. Un poco más lejos, en el desierto del Sahara, se encontraron varios cadáveres. Entre ellos, una madre y su pequeña hija. ¡Imágenes insoportables! El padre, que ya las esperaba allí, desolado por la noticia de su desaparición, expresó con dolor que quería “un futuro para su hija”. Un acontecimiento terrible entre miles de otros, en un mundo capitalista sin perspectiva.
Explosión en el número de inmigrantes condenados a lo peor
Unas semanas antes, el 14 de julio, un enésimo barco improvisado que partía de Libia con 750 personas a bordo se hundió tras una respuesta fallida de la guardia costera griega por hacerlos regresar (“pushback”). Ante estos horrores, sólo ha habido un débil eco en los medios de comunicación. Por el contrario, apenas ocho días después, la desaparición de cinco turistas VIP durante una excursión submarina a los restos del Titanic provocó una intensa cobertura mediática. Este contraste dice mucho de la política de los Estados, que aprovechan una noticia dramática para hacer olvidar los cadáveres de los inmigrantes ahogados en el Mediterráneo.
La degradación de la situación global está empujando a migraciones cada vez más largas, complejas y peligrosas. Hoy en día hay una cifra récord de 110 millones de refugiados en el mundo, así como un aumento en el número de víctimas, particularmente en el Mediterráneo, donde la situación es una de las peores del mundo con ya más de 2,000 víctimas desde el principio del año 2023. Cuanto más aumenta el número de inmigrantes, menor es el acceso posible a los países occidentales. Una política inhumana que se está endureciendo mucho, prohibiendo de hecho cualquier derecho al exilio.
Ante la creciente barbarie, la inestabilidad y el caos en el mundo, los Estados ya no se limitan a presentarse como fortalezas inexpugnables, con kilómetros de alambrada de púas y muros levantados, se han equipado también con tecnologías de vigilancia y herramientas policiales destinadas a bloquear implacablemente el acceso a las fronteras. Las peores víctimas probablemente sean los inmigrantes de la región subsahariana y del Cuerno de África. Poblaciones, ya víctimas de la lógica capitalista con guerras, bandas criminales armadas, inseguridad, cambio climático con sequías y hambrunas, que se ven finalmente empujadas al éxodo.
Si el capitalismo en quiebra tiende a arrastrar a la humanidad a los escombros y a la pobreza absoluta, los efectos destructivos de la crisis que han marcado con más fuerza a los países de la periferia desde hace décadas afectan ahora con más fuerza a los países occidentales que rechazan drásticamente menos “bocas inútiles”. debido a la propaganda de guerra, solo los refugiados de Ucrania, y los inmigrantes más ricos y educados, que probablemente rescatarán a algunos sectores “en tensión” debido a las difíciles condiciones de trabajo y a los salarios de miseria, pueden esperar, después del acoso de grotescos procedimientos administrativos, un hipotético asilo a cambio de una explotación frenética. Pero para la mayoría de los “hambrientos”, la Unión Europea se ha convertido en un destino inaccesible e incluso mortal.
Al mismo tiempo, los países democráticos han reforzado, con una brutalidad increíble, todo su arsenal jurídico con fines disuasorios1, criminalizando aún más a los inmigrantes e incluso a las ONG que acuden en ayuda de los náufragos2.
Para liberarse del trabajo sucio y no ensuciarse demasiado las manos, los Estados de la Unión Europea han completado sobre todo su arsenal exteriorizando sus propias fronteras, dando un mandato a un tercer país, al borde del Mediterráneo, para garantizar la detención de inmigrantes, delegando el mantenimiento del orden en campos remotos, fuera del territorio europeo. Esto, a cambio de una compensación, de una gestión “offshore” [fuera de las fronteras] donde los malos tratos, la trata de personas y la tortura son legión, donde las condiciones de vida se acercan a menudo a las más sórdidas del mundo carcelario. Una política asumida íntegramente por la Unión Europea, en particular gracias a la financiación de la Agencia Frontex (Agencia Europea para la guardia de fronteras y costas), para permitir que los guardacostas de un tercer país lleven a cabo devoluciones, que son muy prácticas y, sin embargo, “ilegales” según las propias leyes occidentales.
Fieles a las instrucciones no reconocidas de la Unión Europea, las autoridades tunecinas, por ejemplo, como lo demuestran las tragedias del Sahara, no dudaron en abandonar deliberadamente a los refugiados en el desierto, sin agua ni alimentos, ¡con el objetivo de dejarlos morir! Una política monstruosa que, además del chantaje practicado por el tercer país del momento, utiliza a los inmigrantes como simples moneda de cambio. La complicidad de facto de la Unión Europea con estos Estados y sus métodos de hierro, debe impedir cualquier solicitud de asilo: o mantener fuera del circuito a los candidatos al exilio bloqueando las fronteras o condenarlos a la muerte en el Mediterráneo (o en el desierto) si se resignan a marcharse finalmente. ¡Y eso es exactamente lo que está pasando!
¡Los Estados burgueses, bajo su máscara democrática, son verdaderos asesinos! El hipócrita “derecho” de asilo es violado incluso por casos de niños martirizados en situaciones desesperadas, tanto como en casos de personas maltratadas o mutiladas. ¡Es suficiente para sentir náuseas! Especialmente cuando, como ocurre con el patrocinio de la Unión Europea, los inmigrantes son confinado contra su voluntad por los brutales guardias de los Estados turco, libio, egipcio, etc.
La forma indirecta de dejar morir a los inmigrantes, la multiplicación de naufragios y cadáveres atestigua no sólo la hipocresía y el cinismo de la Unión Europea, sino también y sobre todo sus prácticas criminales, su deseo de liquidar a sangre fría a los “indeseables”.
Para acompañar sus viles y repugnantes prácticas, la burguesía no se contenta con desplazar o eliminar a quienes no acepta en su suelo. Cultiva miedos, explota los peores reflejos xenófobos de la población, enfrenta a los trabajadores entre sí, a las poblaciones locales con los inmigrantes presentados como competidores peligrosos quienes vienen a “ocupar su lugar” y a “degradar sus condiciones de vida”.
Esto ya comienza en la ruta del éxodo y del paso a un tercer país: “Al calificar la migración subsahariana como un plan criminal para cambiar la composición del panorama demográfico en Túnez, el jefe de Estado tunecino ha convertido a cada migrante africano subsahariano en un presunto cómplice de este supuesto complot”.3 Estas políticas fomentan ataques, persecuciones y otras formas de violencia contra los inmigrantes, como ha ocurrido en numerosas ocasiones en la ciudad portuaria tunecina de Sfax, que rápidamente se convirtió en un auténtico calvario para los exiliados.
Para los inmigrantes que llegan milagrosamente a los países occidentales, el sufrimiento continúa en forma de exclusión, prejuicios racistas transmitidos por teorías de extrema derecha, explotadas de manera despreciable por el Estado, por un lado, pero también y sobre todo por una propaganda izquierdista “antirracista” para la “defensa de los derechos”, que enfrenta astutamente a trabajadores e inmigrantes entre sí, tratando de pudrir las conciencias en detrimento de un verdadero combate común de los trabajadores. La clase obrera debe rechazar absolutamente todos los prejuicios democráticos, así como debe rechazar firmemente “las trampas tendidas por la burguesía en torno a luchas parcelarias (para salvar el medio ambiente, contra la opresión racial, el feminismo, etc.) que la desvían de su propio terreno de clase.”4
El único apoyo real que los trabajadores pueden brindar a los inmigrantes perseguidos no es otro que la lucha contra la degradación de sus condiciones de vida y la creciente barbarie, para afirmar en última instancia el único proyecto histórico viable: la destrucción del capitalismo y la construcción de una sociedad sin explotación y sin fronteras.
WH, 1-septiembre-2023
1 En el Reino Unido, por ejemplo, que ya no es miembro de Frontex, la Ley de Inmigración Ilegal prohíbe a los inmigrantes ilegales solicitar asilo o cualquier otro tipo de protección en virtud de sus derechos fundamentales, independientemente de la gravedad de la situación en la que se encuentren. Es más, antes de ser rechazada por los tribunales, esta ley preveía su expulsión a otro país (como Ruanda), sin ningún atisbo de garantía de que pudieran obtener allí una protección mínima.
2 Italia, Grecia y Malta han iniciado investigaciones administrativas y penales contra ONG. Italia ya ha detenido e impuesto sanciones económicas a los buques de rescate que no han cumplido la nueva ley italiana.
3 Cfr. “Tunisie : dans la ville portuaire de Sfax, l’espoir blessé des migrants subsahariens” [Túnez: en la ciudad portuaria de Sfax, las esperanzas heridas de los emigrantes subsaharianos], Le Monde (29-junio-2023).
4 “Resolución sobre la situación internacional del 25º Congreso de la CCI”, Revista Internacional # 170 (2023).
El pasado mes de julio, se divulgó información según la cual a finales de mayo de 2023, el grupo Perspective Internationaliste (Perspectiva Internacionalista) y el Forum pour la Gauche Communiste Internationaliste ‘Controverses’ (Foro por la Izquierda Comunista Internacionalista ‘Controversias’)1 habían organizado una “conferencia” en Bruselas, reuniendo a una veintena de participantes, individuos o representantes de grupos políticos que, según los organizadores, pertenecían a la “Izquierda Internacionalista” o incluso al “comunismo de izquierda”. Esta reunión se celebró de forma casi clandestina/secreta, sobre la base de invitaciones confidenciales y una selección de los participantes realizada por los organizadores “estrictamente por razones financieras” (el argumento es muy obvio). Eso se parece mucho a una reunión de conspiradores, pero ¿una conspiración contra quién y con qué fin?
Desde su fundación y en línea con la política de la Izquierda Comunista, la CCI siempre ha abogado ferozmente por el debate entre los grupos revolucionarios con vistas a confrontar y clarificar sus posiciones o para adoptar posiciones comunes frente al desarrollo de la lucha de clases: “Con sus medios aún modestos, la CCI ha abordado la larga y difícil tarea de reagrupamiento de los revolucionarios a escala mundial en torno a un programa claro y coherente. Dando la espalda al monolitismo de las sectas, llama a los comunistas de todos los países a tomar conciencia de las inmensas responsabilidades que les incumben, a abandonar las falsas querellas que los oponen y a superar las falsas divisiones que les impone el viejo mundo [...]. Como la fracción más consciente de la clase, los comunistas tienen el deber de mostrar el camino haciendo suya la consigna: REVOLUCIONARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS”2.
La formación misma de la CCI, en particular a raíz de una propuesta del grupo Internationalism (Internacionalismo) de Estados Unidos en 1972, de crear una correspondencia internacional, fue el producto de un largo proceso de confrontación política abierta entre diversos grupos sobre cuestiones centrales para el desarrollo de la lucha proletaria. Posteriormente, el papel impulsor desempeñado por la CCI en la organización y la celebración de conferencias de grupos de la Izquierda Comunista, convocadas por el grupo Battaglia Comunista (Batalla Comunista) en los años 1978-1980, o recientemente en la publicación de una “Declaración conjunta de los grupos de la Izquierda Comunista Internacional sobre la guerra en Ucrania” en 2022, dan testimonio de la importancia que la CCI concede al debate entre revolucionarios.
Sin embargo, para la CCI, siempre ha sido fundamental que estas discusiones se desarrollen de manera pública, a partir de una base política común clara de posiciones de clase entre las organizaciones invitadas y de objetivos anunciados bien establecidos, con el fin de contribuir al desarrollo de la conciencia de clase: “La vida de los grupos revolucionarios, sus discusiones y sus desacuerdos forman parte del proceso de toma de conciencia que se desarrolla en el seno de la clase obrera; por eso estamos radicalmente en contra de toda política de ‘discusiones ocultas’ o de ‘acuerdos secretos’”.3
Esta reunión de Bruselas no sólo se organizó “en secreto”, sino que además carecía de la menor ambición militante. Si hubo una “convergencia de objetivos” (como dijeron los organizadores) entre los participantes, no fue ciertamente la de tomar posición como militantes revolucionarios sobre los retos cruciales a los que se enfrenta la clase obrera: no hubo ninguna declaración conjunta por parte de estos pretendidos “internacionalistas” para tomar posición sobre un acontecimiento histórico importante como la guerra en Ucrania, la destrucción y la crisis climática o la desestabilización económica. En la cumbre de Davos a principios de 2023, ¡la burguesía fue más clara y explícita que ellos! Ninguna toma deposición tampoco sobre la reciente oleada de luchas y sus perspectivas ¿Cómo es posible que elementos que se proclaman “comunistas” guarden silencio sobre los retos del momento? Para la CCI, la preocupación militante es un componente ineludible de una conferencia de comunistas, en la medida en que en ella se busca siempre una mayor comprensión de la situación mundial, de la crisis en la que está hundido el capitalismo mundial y de sus perspectivas desde el punto de vista de clase del proletariado, así como de las tareas que ello implica para los grupos revolucionarios.
¿Y la dinámica de los debates? Se nos dice que los participantes se reunieron “para hablar y escucharse” y que “fueron expuestos a diferentes ideas”. Sin embargo, no se publicó ningún texto conjunto antes de la conferencia para anunciar y preparar sus objetivos ni después para presentar el fruto de sus trabajos. Para los revolucionarios, la profundización de las posiciones es un proceso vivo que implica una discusión franca de las posiciones y la confrontación política de los desacuerdos, en la medida en que esta dinámica forma parte del proceso de toma de conciencia que se desarrolla en el seno de la clase obrera. La mera yuxtaposición de análisis rimbombantes en la reunión de Bruselas, así como el evitar conscientemente cualquier confrontación de posiciones, revelan que no fue más que una feria de posiciones, un mercado de palabrería donde cada cual cultiva su discurso, uno de esos coloquios académicos de monos eruditos, haciendo gárgaras de “teoría”. En resumen, era lo contrario de la tradición de confrontación política reivindicada por la Izquierda Comunista con el objetivo de clarificar las posiciones políticas y los retos de la lucha de clases.
En realidad, una confrontación política fructífera sólo es posible si las bases políticas del encuentro son coherentes y claras. Para la CCI, si bien existe “la necesidad fundamental de un trabajo de reagrupamiento”, también advierte contra toda precipitación. Debemos excluir cualquier reagrupamiento sobre bases sentimentales e insistir en la coherencia indispensable de las posiciones programáticas como primera condición para el reagrupamiento”.4 Ahora bien, la base común de la reunión, vagamente definida como “una resistencia, un cuestionamiento crítico permanente fundamental del Modo de Producción Capitalista”, sólo puede conducir a la mayor confusión y al desacuerdo más profundo sobre el marco de comprensión para determinar la situación en la que se encuentra el capitalismo (¿en decadencia o no? ¿y desde cuándo?), una cuestión central para defender las orientaciones para el combate proletario, así como sobre la situación y las potencialidades de la clase obrera y sobre todo sobre su modo de organización. En cuanto a esta última cuestión, la importancia de los revolucionarios, de su papel y de su organización fueron totalmente escamoteados durante esta reunión.
Sin embargo, si se examina más de cerca, hay una base común entre la mayoría de los participantes, que sin duda prefieren mantener en la sombra: se trata de su convicción de que el marxismo y las lecciones de los combates de la Izquierda Comunista de los últimos cien años son obsoletos y deben ser “complementados”, o incluso “superados” recurriendo a diversas teorías anarco-consejistas, modernistas o ecologistas radicales. Por eso se autodenominan “pro-revolucionarios”, considerándose una especie de “fraternidad para la propagación de la revolución” y no ya como militantes y organizaciones fruto de la lucha histórica de la clase obrera. En consecuencia, su objetivo no declarado pero real es tirar por la borda las lecciones de los últimos 55 años de luchas obreras y los resultados de cien años de lucha de la Izquierda Comunista Internacionalista, y poner en tela de juicio los logros organizativos de ésta: la concepción militante de la organización política comunista como producto del combate histórico del proletariado y como vanguardia política en la lucha, favoreciendo, por el contrario, una visión de un círculo de intelectuales reflexionando sobre el futuro de la humanidad y soñando con tener un impacto revolucionario en éste.
En resumen, esta reunión constituyó una “conspiración” destinada a desacreditar y devaluar las posiciones y los combate de la Izquierda Comunista Internacionalista, para remplazar sus “obsoletas” adquisiciones políticas y organizativas a través del engaño teórico y la defensa organizacional del cada uno por su propio interés en un supuesto polo “pro-revolucionario”. En la perspectiva de tal “revisionismo” destructor, no fue en absoluto por un olvido o por “una falta de espacio” o incluso por falta de “financiación”, como sugieren, que los promotores no invitaron a la CCI a esta conferencia. Al contrario, lo hicieron deliberada y conscientemente: se trataba de evitar la confrontación política que inevitablemente habría buscado la CCI a través de la denuncia del engaño, en la medida en que el objetivo prioritario de esta conferencia “Potemkin”, en el que esencialmente coinciden plenamente la mayoría de los participantes, no era el clarificar y profundizar las posiciones, sino al contrario, presentar un falso comunismo de izquierdas, desplegar un agudo anzuelo que sirva sobre todo para atrapar a los que buscan una perspectiva revolucionaria y de esta menara participar en el establecimiento de un “cordón sanitario” para impedir que se unan a las posiciones de la Izquierda Comunista y en particular de la CCI. Este engaño es lo contrario de un instrumento para el combate proletario; es una barrera destinada a impedir el desarrollo y el fortalecimiento de las vanguardias revolucionarias.
CCI, 15 de septiembre de 2023.
1En Español Archives - Internationalist Perspective [1318] y Controversias (leftcommunism.org) [1319].
2Manifiesto del Primer Congreso de la CCI | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1320]
3Rencontre internationale convoquée par le PCI-Battaglia Comunista [1321] , Revue internationale n° 10, 1977.
4Ibid.
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El 7 de octubre, bajo una lluvia de cohetes, una horda de islamistas sembró el terror en las localidades israelíes que rodean la Franja de Gaza. En nombre de una "venganza justa" por los "crímenes de la ocupación", en nombre de "los musulmanes de todo el mundo" contra el "régimen sionista", Hamas y sus aliados lanzaron a miles de "combatientes" fanatizados a cometer las peores atrocidades contra civiles indefensos, mujeres, ancianos e incluso niños. La brutalidad de Hamas no tuvo límites: asesinatos, violaciones, torturas, secuestros, escuelas como objetivos, inocentes perseguidos hasta sus hogares, miles de heridos...
Apenas repelidas las despreciables acciones de Hamas, las Fuerzas de Defensa de Israel (Tsahal) desataron su poder destructivo sobre la Franja de Gaza en nombre de la lucha entre "la luz" y "las tinieblas". En el momento de redactar estas líneas, la aviación israelí bombardea sin cesar la superpoblada franja bajo el control de Hamas, llevándose por delante a civiles y terroristas sin distinción, mientras Tsahal dividía la Franja de Gaza en dos y rodeado su capital. Al "hacer llover el fuego del infierno sobre Hamas", el gobierno de Netanyahu arrasa indiscriminadamente viviendas y se lleva consigo a la tumba a miles de víctimas inocentes, incluyendo varios miles de niños.
El ataque de Hamas dejó atónito al mundo entero. Israel, un Estado cuya burguesía cultiva día tras día, año tras año, un sentimiento de ciudadela asediada en la población, un Estado con servicios de inteligencia como el Mossad y el Shin Bet, entre los más reputados del mundo, un Estado aliado de larga data de los Estados Unidos y su arsenal de vigilancia... Israel, al parecer, no vio venir nada: ni los ejercicios sospechosos de Hamas, ni la concentración de miles de cohetes y hombres. El Estado hebreo tampoco tuvo en cuenta las múltiples advertencias, especialmente las de su vecino Egipto.
Varias hipótesis pueden explicar esta sorpresa:
- Netanyahu y su grupo están tan divididos y son bastante estúpidos, marcados por el peso del populismo y las peores aberraciones religiosas, centrados en la defensa de sus pequeños intereses inmediatos y obsesionados por el control de Cisjordania y la "recuperación de la tierra prometida", y que quizás subestimaron la inminencia del ataque por lo que no se procedió a concentrar las fuerzas de Tsahal en esta región.
- Cuestionados por una parte de la burguesía israelí, el ejército y los servicios secretos, también es posible que Netanyahu haya ignorado deliberadamente las alertas para intentar recuperar el control de la situación política en Israel mediante la realización de la "unión nacional". Otra hipótesis, completamente posible, es que una parte del aparato estatal no haya informado al gobierno sobre la inminencia del ataque para debilitarlo aún más.
Lo que es seguro, en cualquier caso, es que antes del 7 de octubre, Netanyahu hizo todo lo posible por fortalecer el poder y los medios de Hamas, ya que esta organización estaba totalmente en contra de los Acuerdos de Oslo de 19931 , que preveían la autonomía de Palestina. Es "Bibi" mismo quien ha afirmado esta política: "Cualquiera que quiera frustrar la creación de un Estado palestino debe apoyar el fortalecimiento de Hamas y transferir dinero a Hamas. Esto es parte de nuestra estrategia". Estas palabras fueron pronunciadas por Netanyahu el 11 de marzo de 2019 ante los diputados del Likud (información dada por el importante diario israelí Haaretz el 9 de octubre pasado).
Por el momento, es difícil determinar las causas de este fiasco de las fuerzas de seguridad israelíes. Pero cada una de las dos hipótesis, al igual que la dinámica en la que se sumerge Oriente Medio, revela el creciente caos que reina en el aparato político de la burguesía israelí: inestabilidad de las coaliciones gubernamentales, corrupción masiva, juicios por fraude, trampas legislativas, reforma judicial muy impugnada que apenas disimula ajustes de cuentas dentro del aparato estatal, delirios supremacistas de los ultraortodoxos... Todo esto en un contexto de aumento de la inflación y una extensión considerable de la pobreza.
En cuanto a los supuestos “combatientes” de Hamas, la mera presencia de esta organización, competidora de una OLP corrupta hasta la médula, al frente de la Franja de Gaza es una expresión caricaturesca del caos y la irracionalidad en los que ha caído la burguesía palestina. Cuando Hamas no reprime con sangre las manifestaciones contra la miseria, como en marzo de 2019 (lo que deja entrever suficientemente el destino del "pueblo palestino" una vez "liberado" del "colonialismo sionista"), cuando sus líderes mafiosos no se llenan los bolsillos con ayuda internacional (Hamas es una de las organizaciones terroristas más ricas del planeta), cuando no fomenta ataques terroristas, este grupo sanguinario predica una ideología de las más oscurantistas, racistas y delirantes.
El Estado de Israel y Hamas, en diferentes momentos y con medios diferentes, han practicado la política del peor escenario, lo que ha llevado a las masacres actuales. Una política que, en última instancia, no beneficiará a ninguno de los dos beligerantes, pero que ampliará aún más las destrucciones y la barbarie.
El conflicto palestino-israelí no es un conflicto estrictamente local. Menos de dos años después del inicio de la guerra en Ucrania, mientras una serie de conflictos se reavivan en los Balcanes, en el Cáucaso o en el Sahel, esta conflagración sangrienta no es simplemente otro episodio de un conflicto que lleva décadas. Es, por el contrario, una nueva etapa significativa en la aceleración del caos mundial.
En un futuro cercano, no se puede descartar la posibilidad de que Israel se vea obligado a librar una guerra en tres frentes contra Hamas, Hezbollah e Irán. Una expansión del conflicto tendría repercusiones mundiales significativas, con un gran flujo de refugiados provenientes de Gaza o Cisjordania y la desestabilización de los países vecinos de Israel. También tendría consecuencias inmediatas particularmente devastadoras para la economía mundial en su conjunto, dada la importancia de Oriente Medio en la producción de hidrocarburos.
La importación del conflicto a Europa, mediante una serie de ataques terroristas, tampoco puede descartarse. Ya se ha perpetrado un atentado reivindicado por el Estado Islámico en Bélgica. Un profesor también fue brutalmente asesinado en Francia el 13 de octubre por un joven islamista, menos de una semana del inicio de la ofensiva de Hamas.
Pero no es necesario esperar a la expansión del conflicto para constatar su dimensión internacional2. La magnitud del ataque de Hamas y el nivel de preparación que requirió dejan pocas dudas sobre la implicación de Irán, que aparentemente está dispuesto a incendiar toda la región para defender sus intereses estratégicos inmediatos y tratar de salir del aislamiento. Es una verdadera trampa que la República Islámica ha tendido a Netanyahu. También es la razón por la cual Teherán y sus aliados han multiplicado las provocaciones con los lanzamientos de misiles de Hezbollah y los Houthíes (Yemen) contra posiciones israelíes. Rusia, sin duda, también ha desempeñado un papel en la ofensiva de Hamas: es un medio, al menos así lo espera, para debilitar el apoyo de Estados Unidos y Europa a Ucrania.
Aunque la violencia no se extienda a todo Oriente Medio de inmediato, la dinámica de la desestabilización es inevitable e impredecible. En este sentido, la situación solo puede preocupar a China: debilitaría no solo su suministro de hidrocarburos, sino que también representaría un obstáculo considerable para la construcción de sus "rutas de la seda" con sus enormes infraestructuras portuarias, ferroviarias o de hidrocarburos. Sin embargo, China, que se encuentra en una posición ambivalente, también podría contribuir al caos si finalmente apoya abiertamente a Irán, esperando así aliviar la presión estadounidense en el Pacífico.
Este conflicto muestra hasta qué punto cada Estado aplica cada vez más, para defender sus intereses, una política de "tierra quemada", buscando no ganar influencia o conquistar intereses, sino sembrar el caos y la destrucción entre sus rivales.
Esta tendencia a la irracionalidad estratégica, a las visiones a corto plazo, a la inestabilidad de las alianzas y al "cada uno por sí mismo y para si mismo" no es una política arbitraria de uno u otro Estado en particular, ni el producto de la mera estupidez de alguna fracción burguesa en el poder. Es la consecuencia de las condiciones históricas, aquellas de la descomposición del capitalismo, en las que todos los Estados se enfrentan3. Con el inicio de la guerra en Ucrania, esta tendencia histórica hacia el caos y el peso del militarismo en la sociedad se han agravado profundamente. El conflicto palestino-israelí confirma hasta qué punto la guerra imperialista es ahora el principal factor de desestabilización de la sociedad capitalista. Producto de las contradicciones del capitalismo, el aliento de la guerra alimenta a su vez el fuego de esas mismas contradicciones, aumentando, a través del peso del militarismo, la crisis económica, el desastre ambiental, el desmembramiento de la sociedad... Esta dinámica tiende a corromper todos los sectores de la sociedad, a debilitar a todas las naciones, comenzando por la primera de ellas: los Estados Unidos.
Los líderes occidentales se apresuraron a respaldar a Israel, mostrando inicialmente cierta ansiedad y dudas sobre la mejor manera de manejar la situación. Incluso el presidente francés, en contra de su habitual forma de actuar, se ridiculizó, él solito, al realizar un complicado ejercicio diplomático, instando a movilizar contra Hamas la coalición creada en 2014 contra el Estado Islámico, para esa misma noche retractarse de manera vergonzosa.
Al dirigirse a Tel Aviv y a los países vecinos de Israel, las potencias europeas buscan aprovechar la situación para recuperar terreno en la región. Sin embargo, fue Biden quien marcó la pauta al tratar de presionar a Israel para evitar una masacre en Gaza. También envió dos portaaviones a la zona para enviar un mensaje de firmeza a Hezbollah e Irán.
Cuando los Estados Unidos llevaron a cabo, durante el mandato de Obama, el traslado de su "pivote estratégico" hacia Asia (una política continuada por Trump y Biden), no por ello abandonaron su influencia en el Medio Oriente. Washington trabajó, con los Acuerdos de Abraham en particular, para establecer un sistema de alianzas entre Israel y varios países árabes, especialmente Arabia Saudí, para contener las aspiraciones imperialistas de Irán, delegando en el Estado hebreo la responsabilidad de mantener el orden.
Pero no se tuvo en cuenta la dinámica de creciente inestabilidad en las alianzas y la tendencia profunda al "cada uno para sí". La burguesía israelí ha priorizado constantemente sus propios intereses imperialistas sobre los de Estados Unidos. Mientras que Washington favorece una "solución" de dos estados, Netanyahu ha multiplicado las anexiones en Cisjordania, arriesgando encender la región, al mismo tiempo que cuenta con el respaldo militar y diplomático estadounidense en caso de un empeoramiento del conflicto. Estados Unidos se encuentra ahora atrapado por Israel, obligado a respaldar la política irresponsable de Netanyahu.
La respuesta decidida de Biden muestra la falta de confianza que la administración estadounidense tiene en la camarilla de Netanyahu y la preocupación ante la perspectiva de un estallido catastrófico en el Medio Oriente. El conflicto palestino-israelí es un nuevo punto de presión sobre la política imperialista de Estados Unidos, que podría resultar calamitosa en caso de una escalada. Washington se vería entonces obligado a asumir una presencia militar considerable y un respaldo a Israel que no solo afectaría la economía estadounidense, sino también su apoyo a Ucrania y, más aún, su estrategia para contener la expansión de China.
El discurso pro-palestino de Turquía, un miembro "incorregible" de la OTAN, también contribuirá a debilitar a Estados Unidos en la región, al igual que las tensiones entre Israel y varios países de América Latina, que probablemente aumentarán las tensiones con su patrocinador norteamericano. Washington está tratando de evitar que la situación escape a todo control, una ambición perfectamente ilusoria a largo plazo, dada la dinámica funesta en la que se sumerge el Medio Oriente.
Las imágenes de las atrocidades cometidas por Hamas y por la Tsahal han dado la vuelta al mundo, y en todas partes la burguesía nos ha instado a elegir un bando. En todos los canales de televisión y en todos los periódicos, tanto de izquierda como de derecha, se ha desarrollado una repugnante propaganda belicista, a menudo burda y a veces más sutil, ordenando a cada uno a elegir entre la "resistencia palestina" y la "democracia israelí", como si no hubiera más opciones que apoyar a una u otra de estas sanguinarias camarillas burguesas.
Parte de la burguesía, especialmente en Europa y América del Norte, lleva una feroz campaña para legitimar la guerra y las atrocidades del ejército israelí: "Defendemos el derecho de Israel a existir, a defenderse y a garantizar la seguridad de su pueblo. Y entendemos perfectamente que es necesario combatir el terrorismo" (Meloni). Por supuesto, las burguesías se adornan con todas las virtudes humanitarias al lamentar hipócritamente las víctimas civiles en la Franja de Gaza. Pero, tranquilícense, buenos señores, Scholz está seguro: "Israel es un Estado democrático guiado por principios muy humanitarios, y podemos estar seguros de que el ejército israelí respetará las reglas derivadas del derecho internacional en todo lo que hace".
La burguesía también puede contar con sus partidos de izquierda para alimentar su sucia propaganda nacionalista. Casi todos abogan por la defensa de Palestina. Sus discursos van desde la supuesta defensa de la población palestina víctima de los bombardeos hasta el apoyo desvergonzado a los bárbaros de Hamas. Instrumentalizando el legítimo disgusto que suscitan los bombardeos en Gaza, se organizaron grandes manifestaciones pro-palestinas en Londres y en Berlín.
Es cierto que la clase obrera no está hoy en condiciones de oponerse directamente a la guerra y sus horrores. Pero elegir un campo imperialista contra otro es una trampa mortal. Porque es aceptar la lógica de la guerra, que es "el odio, las fracturas y las divisiones entre los seres humanos, la muerte por la muerte, la institucionalización de la tortura, la sumisión, las relaciones de fuerza como única lógica de la evolución social"4. Porque es creer ciegamente las mentiras descaradas que la burguesía repite en cada conflicto: "Después de esta guerra, volverá la paz". Sobre todo, porque es ponerse del lado de los intereses de la burguesía (defender a toda costa el capital nacional, incluso si eso lleva a la humanidad a la tumba) y renunciar a la lucha por la única perspectiva realmente capaz de poner fin a la dinámica asesina del capitalismo: la lucha por la defensa de los intereses históricos del proletariado, la lucha por el comunismo.
Los trabajadores en Israel y Palestina muy probablemente se dejarán llevar, en su gran mayoría, por el terreno del nacionalismo y la guerra. Sin embargo, a través de una serie de nuevas luchas en muchos países, en particular en Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, la clase obrera ha demostrado que es capaz de luchar, si no contra la guerra y el militarismo en sí, al menos contra las consecuencias económicas de la guerra, contra los sacrificios exigidos por la burguesía para alimentar su economía de guerra. Esto es una etapa fundamental en el desarrollo de la combatividad y, a largo plazo, de la conciencia de clase5. La guerra en el Medio Oriente, con el agravamiento de la crisis y las necesidades adicionales de armamentos que generará en todo el mundo, solo aumentará las condiciones objetivas de esta ruptura.
Pero esta guerra trae consigo peligros aún imprevisibles para la clase obrera. Si las masacres empeoran o se extienden, el sentimiento de impotencia y las divisiones dentro de la clase obrera podrían ser un obstáculo significativo para el desarrollo de su esfuerzo de combatividad y reflexión. Como demuestran las manifestaciones pro-palestinas, el conflicto en el Medio Oriente podría tener un impacto muy negativo en la clase obrera, especialmente en Francia, el Reino Unido o Alemania, países en los que la presencia de muchos judíos y musulmanes, combinada con el discurso incendiario de los gobiernos, hace la situación más que explosiva.
La guerra palestino-israelí sin duda provoca un sentimiento de impotencia y divisiones dramáticas dentro de la clase obrera. Pero la inmensidad de los peligros y la tarea por realizar no deben llevarnos al fatalismo. Si hoy la clase dominante llena la cabeza de los trabajadores con su propaganda nacionalista y belicista, la crisis en la que se hunde el capitalismo también crea las condiciones para que estallen, a largo plazo, luchas masivas y surja una reflexión, primero en las minorías revolucionarias y luego dentro de toda la clase.
EG, 6 novembre 2023
1 Firmado por Arafat, ex Presidente de la OLP, y Yitzhak Rabin, Primer Ministro de Israel.
2 Las descaradas mentiras de izquierdistas y estalinistas de todo pelaje, que tergiversan la posición bolchevique sobre las luchas de liberación nacional (que ya era errónea en su momento) para justificar su cínico apoyo a la "causa palestina" en nombre de la lucha de un "pueblo oprimido" contra el "colonialismo sionista", es pura hipocresía. Es más que evidente que Hamás es un peón en el gran tablero imperialista internacional, apoyado y armado en gran medida por Irán y, en menor medida, Rusia.
3 A este respecto, invitamos a nuestros lectores a consultar dos de nuestros textos sobre el tema:
- la actualización de "Militarismo y descomposición", Revista Internacional nº 168 (2022);
- el tercer manifiesto de la CCI: "El capitalismo conduce a la destrucción de la humanidad... Sólo la revolución mundial del proletariado puede acabar con él", Revista Internacional nº 169 (2022)
4 Tercer manifiesto de la CCI: "El capitalismo conduce a la destrucción de la humanidad... Sólo la revolución mundial del proletariado puede ponerle fin [1093]", Revista Internacional nº 169 (2022).
5 Para desarrollar nuestra reflexión sobre la realidad de la ruptura que se está produciendo actualmente en el seno de la clase obrera, ver, en francés: "La lucha está por delante de nosotros [1323]", Révolution internationale nº 499 (2023).
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De frente al peligro que supone para la Izquierda Comunista el oportunismo y el parasitismo, la CCI ha intervenido numerosas veces, la CCI ha intervenido numerosas veces tanto en la prensa1 como organizando reuniones con simpatizantes y contactos próximos.
Este combate ha sido subestimado como secundario o anecdótico. Sin embargo, la historia del movimiento obrero muestra que eso no es verdad. Esto lo prueba el combate de Marx y Engels contra esos peligros (que en su época fueron denigrados como “querellas de campanario”) y lo prueba, una vez más, la política de la TCI (Tendencia Comunista Internacionalista), una organización de la Izquierda Comunista, que se pierde en la búsqueda ilusoria de influencia en la clase obrera a toda costa prefiriendo renunciar a la defensa de los principios políticos fundamentales del movimiento obrero (en particular, la defensa seria del internacionalismo) y poner en peligro la perspectiva revolucionaria, con la esperanza de ganar un puñado de militantes.
La CCI tampoco ha vacilado en defender con uñas y dientes el campo revolucionario frente a la complacencia y la porosidad de las organizaciones de la izquierda comunista hacia los pequeños soplones (como el GIGC) o los grupos e individuos parasitarios. El parasitismo, como la complacencia de los revolucionarios hacia él, siempre ha sido una lacra en la historia del movimiento obrero, como ya demostró la lucha de la Primera Internacional contra las maniobras de Bakunin. La razón de ser del movimiento parasitario, lleno de individuos con egos sobre inflados, es obstaculizar la lucha y el esclarecimiento entre las verdaderas organizaciones revolucionarias.
Por ello sostenemos fuertemente la carta de un contacto próximo que publicamos a continuación.
Queridos camaradas:
En la continuidad de mi crítica y rechazo, a través de mis declaraciones anteriores, de las diversas formas de parasitismo que desde hace años minan el campo político proletario, expreso también hoy mi más amplia condena del parasitismo y mi plena solidaridad con la CCI.
Pero, paralelamente a esta declaración, quiero lanzar una advertencia a las organizaciones que aún forman parte del campo político proletario: cuidado con el oportunismo, otro azote irreprimible del movimiento obrero y, en particular, de sus vanguardias. Pues abre insidiosamente la puerta no sólo a ciertas renuncias a los principios proletarios que caracterizan a este mismo campo (llevándolo incluso a la traición, véase por ejemplo el caso de la socialdemocracia alemana en vísperas de la Primera Guerra Mundial), sino también al aventurerismo, y peor aún, como dice con razón el informe de la CCI, a la limpieza del parasitismo dándole un reconocimiento comunista de izquierdas. Esto puede conducir a un verdadero contagio pernicioso del campo político proletario, poniendo en peligro su supervivencia, sin la cual no habrá mañana partido, órgano indispensable para conducir la revolución proletaria a la victoria.
Y en este sentido, quiero denunciar a los parásitos y espías del GIGC que, como mentirosos desvergonzados, además de otras acusaciones infundadas debidamente desmentidas por la CCI -documentos en mano- a través de su prensa y en reuniones públicas, se toman la libertad de atacar a esta última atribuyéndole inexistentes debilidades consejistas, precisamente sobre la concepción del partido, haciendo así un guiño a las demás formaciones del campo político proletario. Ahora bien, puede haber y hay diferencias sobre la concepción del partido entre, por ejemplo, la CCI y la TCI o los grupos bordiguistas, y éstas pueden y deben ser discutidas fraternal y públicamente con los diferentes grupos, precisamente en la continuidad de la tradición que nos ha legado la izquierda comunista. En cambio, encontramos a los camaradas de la TCI colaborando, incluso aceptando en sus filas a elementos indignos y peligrosos como los del GIGC. Esto está dando un mal ejemplo al entorno, especialmente en lo que se refiere a la importancia y la necesidad de su existencia para los elementos que evolucionan hacia posiciones de clase (véase la reunión del comité del NWBCW en París). Desgraciadamente, temo que el oportunismo de la TCI la esté llevando a una deriva peligrosa, que amenaza tanto su supervivencia como grupo perteneciente al campo político proletario como la de ese mismo campo en su conjunto.
En consecuencia, estoy totalmente de acuerdo con los artículos de la CCI y me sumo a la lucha sin tregua contra el oportunismo, el aventurerismo y el parasitismo.
Oswaldo 15-11-23
1 Sobre el oportunismo ver: Cómo la TCI niega las lecciones del marxismo sobre la lucha contra el parasitismo político | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1325] y La TCI y la iniciativa "No más guerra que la guerra de clases": un farol oportunista que debilita a la izquierda comunista | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1326]. Sobre el parasitismo ver: El parasitismo político no es un mito: el GIGC es una de sus más peligrosas expresiones | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1228]
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“No hay alternativa.” “… no nos han dejado opción…” son frases usadas por Milei en su discurso al asumir el gobierno, con las que anuncia la serie de brutales ataques que prepara contra los explotados.
El avance de la crisis económica y la larga cadena de gobiernos de derecha e izquierda que pretendiendo sanear a la economía argentina, la profundizaron más, hizo que los partidos tradicionales de la burguesía terminaran con un gran desprestigio. Ni los peronistas, moviéndose, según le conviene de la izquierda a la derecha, ni los radicalistas, ni la estrategia de fundirse en alianzas electorales, han podido dar confianza a estas instituciones del Estado. Esa situación permitió surgiera desde la derecha populista, un líder mesiánico como Milei, que, aunque fue impulsado por sectores de la burguesía, no fue una situación sobre la que tuviera la aceptación general ni el control total.
En el inicio de su campaña electoral algunos sectores de la burguesía lo impulsaron, buscando aprovechar su personalidad de desquiciado, sus exabruptos y sus medidas económicas sustentadas en la santificación del mercado y la defensa fanática de la propiedad privada, sin embargo, fueron muchas más las fracciones de la misma clase dominante las que se alertaron e intentaron detenerlo, sin embargo, se verificó la tendencia dominante en la fase actual de descomposición: la pérdida de control de parte de la burguesía de su propia estrategia política, permitiendo se “colara” a la dirección del gobierno un personaje como Milei, con una agrupación –como lo describe Macri– “… no madura, sin volumen, sin equipo, fácilmente infiltrable”, por lo que, sobre todo luego de la primera vuelta, intentaron “suavizarlo” acompañándolo de miembros experimentados de la “casta”…
Llega así a Argentina un gobierno populista que se presenta como un problema para la burguesía, pero al que la propia burguesía asigna la misión de atacar a muerte a los trabajadores, su motosierra solo tiene un destinatario: la clase obrera.
Subido hace apenas dos años a la ola populista, Milei puso en aprietos al juego electoral que se había conformado entre 2 coaliciones, la de centro-izquierda de los Kirchner/peronistas y la de centro-derecha encabezada por Mauricio Macri. Esta competencia de las fracciones burguesas que databa de 2015 trataba de darle aire fresco al rancio bipartidismo que orbitaba en los términos peronismo – anti peronismo. Pero el desgaste de los partidos tradicionales y de sus coaliciones estaba muy avanzado, pues justo cuando se renueva ese esquema, la burguesía logra el recambio de un ciclo peronista de centro-izquierda de 12 años, al de un gobierno de centro-derecha, con Macri a la cabeza, que ante su fracaso en el terreno económico, fue de nuevo relevado por la coalición peronista de centro-izquierda. Esto es lo que llevó a sectores de la burguesía a impulsar a Milei, que se presentó vociferando contra ese entramado político ya muy desgastado, al que calificó de “casta política” que, además ha estado envuelta por años en escándalos de corrupción, lo mismo en el gobierno de los Kirchner o el de Macri, sin embargo, son varios sectores de la burguesía los que ven a Milei con desconfianza. Por eso, para limitar la incertidumbre, le imponen personajes, salidos de las filas de la “casta”, que decía despreciar, en carteras claves del gobierno: Patricia Bullrich en el ministerio de seguridad y Luis Caputo en el de economía.
Otro de los aspectos que ha potenciado las diferencias al interno de la burguesía en Argentina y fracturado el juego de los partidos tradicionales, ha sido la agravación de la crisis económica. Las medidas aplicadas por los gobiernos kirchneristas o por el de la derecha de Macri, en su intento por sanear el ambiente para el capital, han acelerado el avance de la inflación. El gasto público y el crédito, que han sido los instrumentos favoritos con los que pensaban se oxigenaría a la economía, han terminado siendo una carga,[1] y aunque la burguesía y su Estado han trasladado el grueso de los efectos a las espaldas de los trabajadores, no ha impedido que surjan descontentos dentro de la misma burguesía.
Pero no solo la burguesía se enfanga en estos proyectos, sectores del proletariado también, al ser incapaces de desarrollar y controlar su lucha, pueden ser atrapados por los discursos del populismo de derecha que, al criticar a la actuación de los gobiernos anteriores, prometer mejoras milagrosas y, sobre todo, utilizando la desesperación y el nihilismo que pueden cundir en la población, siembran falsas esperanzas entre los explotados.
La agudización del proceso de pauperización de la población en Argentina, que ve como se degrada cada día su salario por la aceleración de la inflación, ha llevado a una amplia masa de explotados a la desesperación (sobre todo de jóvenes), que extravían su identidad de clase, lo que permite sean atrapados por los discursos y promesas de Milei. Pero apenas han pasado unas semanas del ascenso al gobierno de Milei y los golpes económicos y las amenazas lanzadas, van dejando ver a los trabajadores que la burguesía, sea cual sea el partido que encabece el gobierno, y por más escandaloso que sea su discurso, no tiene una salida a la crisis capitalista, lo único que puede ofrecer, es más explotación, más miseria y más represión.
Una mayor actuación del Estado en la economía o una liberalización del mercado, son viejos argumentos que usa en su discurso la burguesía cuando definen la orientación de sus políticas económicas, sin embargo, es una discusión ajena a los trabajadores, pues ya sea con más propiedad estatal o con un dominio de los capitales privados, la burguesía establece, según el momento, las condiciones que le permitan dar continuidad a la explotación. En nada cambia para un trabajador, si la explotación la ejerce un capital privado o el Estado desde una empresa pública[2]. Ya Engels explicaba que: “… las fuerzas productivas no pierden su condición de capital al convertirse en propiedad de las sociedades anónimas y de los trusts o en propiedad del Estado. Por lo que a las sociedades anónimas y a los trusts se refiere, es palpablemente claro. Por su parte el Estado moderno, no es tampoco más que una organización creada por la sociedad burguesa (…) El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, es el Estado de los capitalistas, el capitalista colectivo ideal.” (“Del socialismo utópico al socialismo científico”, 1880). De manera que el peligro de Milei no se encuentra, como lo viene repitiendo el aparato de izquierda del capital, en la amenaza privatizadora o la pérdida de “soberanía” al adoptar al dólar como moneda. Como ya se vive hoy, la motosierra de Milei avanza cortando cabezas en los trabajadores a través de sus planes de choque, acondicionando con ellos los procesos que le permitan ir logrando alcanzar su verdadero objetivo: defender las ganancias y los intereses del capital nacional, lanzando para ello los ataques más brutales contra las condiciones de vida de los trabajadores.
En la medida en que pase el tiempo, irá justificando que, para acortar el déficit, lograr su “hazaña” de eliminar el banco central, dolarizar y permitir la operación del mercado, requiere de una profunda austeridad, que de forma inmediata paralizará la producción lo que, junto a la elevación de precios y tarifas, acelerará la inflación, degradando aún más la capacidad de compra de los salarios, pero golpeándolos también directamente al eliminar el pago de aguinaldo y de jubilaciones así como los subsidios al transporte que hace que un billete de autobús pase de 50-72 pesos ¡a 400 pesos!. Siempre en nombre de la “defensa de la economía nacional” irá justificando el crecimiento de la miseria de los trabajadores, del desempleo y la intensificación de los ritmos de trabajo… pues todo está justificado para la burguesía cuando se trata de la defensa de sus intereses.
El populismo, es un fenómeno general que afecta a la sociedad, “Comporta un elemento común que está presente en la mayoría de los países más avanzados: la profunda pérdida de confianza en las “élites” (...) debido a su incapacidad para restablecer la salud de la economía y frenar un aumento constante del desempleo o de la pobreza”. Esta revuelta contra los dirigentes políticos “(...) no puede en modo alguno conducir a una perspectiva alternativa al capitalismo”.[3]
En este sentido, afecta directamente a la clase trabajadora, ya que las campañas populistas de odio y resentimiento contra el “establishment”, buscan un chivo expiatorio para pretender explicar lo que “no funciona”, escondiendo que es el sistema capitalista en su conjunto el responsable y no tal o cual personaje o partido político. Para los trabajadores no hay nada que celebrar en la borrachera democrática de la burguesía que da vuelo a la celebración de los 40 años de elecciones democráticas en el país, después de la dictadura militar (1983), con un “outsider” subido al gobierno a partir del 10 de diciembre de 2023, mediante el “voto de castigo” masivo (56% del total, el mayor en 4 décadas) a los partidos tradicionales, principalmente de los jóvenes. La alternancia de partidos de la democracia electoral es una trampa para los trabajadores que le imbuye su enemigo de clase, haciéndole creer que su voto decide en los recambios en el gobierno y en las políticas públicas; en cuanto al “voto de castigo”, no es más que la “revancha” que se le ofrece para seguir atado al cuento de la democracia.
Si ya la experiencia demuestra que no hay diferencia entre los kirchneristas y los macristas a la hora de defender al capital nacional y golpear a los trabajadores, Milei asume el gobierno federal precisamente para continuar con esa defensa que no puede hacerse sino atacando las condiciones de trabajo y de vida de la clase explotada a la que, por cierto, la ha estigmatizado cuando señala como cómplices de la crisis a aquellos que reciben apoyos complementarios de salarios, es decir, como “chivos expiatorios”, a los que califica como flojos, torpes y ladrones.
En suma, aunque los fenómenos de la descomposición como el populismo le afectan en su juego político, la burguesía todavía tiene los medios para revertir sus efectos en contra de la clase obrera, por ejemplo, reforzando el mito de la democracia, de la alternancia política, del valor del voto, etc.
Toda la campaña electoral de Milei se sustentó en presentarlo como un “libertario” crítico de las políticas tradicionales que lograba atemorizar a la “casta” y por tanto como una alternativa. Pero apenas asumió el gobierno, dio inicio a los ataques contra los trabajadores, siguiendo un guion similar al de los “planes de choque”, usados ampliamente en América Latina en la década de los 80. El viejo “recetario” incluye medidas que pretenden orientarse para el “mejoramiento social”, así es que ha anunciado el incremento en 50% de los montos otorgados por programas como “Asignación universal por hijo” y la “Tarjeta alimentar” (manteniendo por el momento otros más), que son migajas que riega, para intentar mostrarse “benevolente”, pero además para usarlo como instrumento de control, en tanto amenaza con retirarlos a todos aquellos que se manifiesten en las calles.
Esta medida, presentada como el “protocolo anti piquete”, es complemento del salvaje plan represivo para evitar manifestaciones, presentado por la ministra de seguridad Patricia Bullrich, el cual contempla que ¡los que sean reprimidos deberán pagar los costos del operativo policiaco! Pero además se aplicarán multas a los padres que sean acompañados por sus hijos menores de edad a manifestaciones. ¡Vaya arrogancia y desprecio de la burguesía por la clase explotada y oprimida!
La burguesía, a la que representa Milei, calcula que después de unas elecciones en las que se ha anotado un triunfo al arrastrar masivamente a las urnas sobre todo a los trabajadores, tendrá los bonos de confianza y de tiempo para aplicar su paquete “anticrisis”, sin embargo, considerando que los trabajadores en Argentina tienen una tradición histórica de lucha, ante los ataques a sus condiciones de vida que ya se hacen sentir, se verán impulsados a la lucha. Un adelanto de esa respuesta que los trabajadores pueden desplegar se hizo notar la noche del 20 de diciembre. Luego de terminar la exposición televisada de Milei del “Decreto de Necesidad y Urgencia” (DNU), el que, entre varios aspectos, contempla “desregular la economía” y la prohibición de huelgas, en numerosos puntos de Buenos Aires y en la provincia, de forma espontánea, una masa de explotados salió a protestar golpeando cacerolas y cientos de trabajadores marcharon por las calles hasta llegar al Congreso.
Estas expresiones, aunque aún son débiles, son importantes porque exponen el descontento y el esfuerzo que existe en los trabajadores en romper las cadenas que atan sus esperanzas en las promesas del gobierno, pero, además muestra, que no están dispuestos a sacrificarse y aceptar mansamente la miseria.
El proletariado en Argentina debe recuperar las experiencias de las recientes movilizaciones que sus hermanos de clase han presentado en Europa y los EE. UU.; estas movilizaciones masivas muestran que la clase obrera “…cuando lucha contra los efectos de la crisis económica, contra los ataques orquestados por los Estados, contra los sacrificios impuestos por el desarrollo de la economía de guerra, el proletariado se alza no como ciudadanos que exigen ‘derechos’ y ‘justicia’ sino como explotados contra sus explotadores y, en última instancia, como clase contra el propio sistema. Por eso, la dinámica internacional de la lucha de la clase obrera lleva en sí misma el germen de un cuestionamiento de los fundamentos del capitalismo.”[4]
Pero la burguesía sabe que la unidad del proletariado es la única fuerza que puede detener a la motosierra de Milei, por eso requiere, para hacer pasar sus golpes, del aparato de izquierda y la estructura sindical. Estas agrupaciones al ser engranes del Estado que sirven a los intereses de la burguesía, ya se preparan para impedir que la unidad y solidaridad obrera se concrete, por ejemplo, los sindicatos ya empezaron a presentar discursos “radicales” en contra de la austeridad, para ganarse las simpatías de los trabajadores y arrastrarlos a luchas falsas, controladas, callejones sin salida. Habrá que estar alertas a la reactivación del sindicalismo peronista que en estas circunstancias puede jugar un mejor papel de maniatar a los trabajadores para hacer pasar los ataques despiadados que se han anunciado.
En ese sentido se requiere que los trabajadores conduzcan sus combates desde el primer momento, evitando que los sindicatos se pongan al frente y, para eso, hay que recordar las innumerables lecciones de la lucha obrera para tomar la lucha en sus manos como las “asambleas generales abiertas y masivas, autónomas, que decidan realmente la marcha del movimiento. Asambleas generales en las que discutamos lo más ampliamente posible las necesidades generales de la lucha y las reivindicaciones que más nos unan. Asambleas generales desde las que podamos partir en delegaciones masivas al encuentro de nuestros hermanos y hermanas de clase, los trabajadores de la fábrica, del hospital, de la escuela o la administración más cercanas…”[5]
JRT, 22-diciembre-2023
[1] Con el fin de tener un parámetro para evaluar la magnitud de la carga en que se han convertido el gasto público y la deuda, podemos relacionarlos con el PIB, obteniendo que el gasto público representa el 40% del PIB, y la deuda, desde 2018 hasta la actualidad, se ha estado moviendo en un rango entre el 80 y el 100%, habrá que agregar que estos créditos apenas tuvieron un efecto positivo para aquellos capitalistas que crearon empresas inexistentes para fingir necesidades de insumos importados, lo que les permitió adquirir dólares “baratos”, a una paridad subsidiada y luego trasladarlos a otros países. El gobierno saliente de Alberto Fernández, presenta la información que, de los 45 mil millones de dólares obtenidos por Macri del FMI, terminaron fugándose mediante esta triquiñuela, cerca del 90%.
[2] Para ampliar sobre este tema, recomendamos leer: La experiencia rusa. Propiedad privada y propiedad colectiva [368], Revista Internacional # 131, 4° trimestre 2007.
[3] Informe sobre el impacto de la descomposición en la vida política de la burguesía (2019) [473], Revista Internacional # 163, 2020.
[4] Huelgas y manifestaciones en Estados Unidos, en España, en Grecia, Francia. ¿Cómo podemos desarrollar y unir nuestras luchas? [1329]
[5] Ídem
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Los días 22 y 29 de septiembre, la Tendencia Comunista Internacionalista celebró dos reuniones públicas, en París y Saint-Nazaire respectivamente. La CCI siempre ha considerado que la discusión, el debate y la confrontación de posiciones es una tarea y una responsabilidad fundamental de los grupos de la Izquierda Comunista. Por eso participamos en estos dos encuentros, movilizando a un gran número de simpatizantes para contribuir a que el debate fuera lo más rico posible.
Pero si hemos de creer los informes de estas reuniones publicados en el sitio web de la TCI, nuestra actitud puede haber estado motivada por una intención totalmente diferente.
En la RP de París, "la reunión, que podría haber profundizado mucho más en todos los aspectos de la situación actual y sus consecuencias prácticas, fue un tanto desviada de su objetivo por algunos camaradas de la CCI". La reunión de Saint-Nazaire fue aún peor: "la intervención de la CCI se coordinó con el objetivo de distorsionar el debate, que se orientó hacia un ataque frontal y fantasioso contra nuestras posiciones. A pesar de nuestra negativa a seguirles por ese camino, sus militantes estropearon el debate esgrimiendo todo tipo de detalles extrapolados o inverificables, muy alejados de las preocupaciones de los demás participantes”.
En otras palabras, se acusa a la CCI de haber urdido un plan deliberado para sabotear las reuniones públicas organizadas por una organización de la izquierda comunista. Estas acusaciones, lanzadas públicamente y sin el menor argumento, están cargadas de consecuencias. Así que seamos un poco más coherentes y honestos que la TCI y empecemos por rectificar las numerosas mentiras de estos informes.
Tras escuchar durante casi una hora la presentación del presidium (complementada con dos intervenciones de Battaglia Communista y del Grupo de Trabajadores Internacionalistas, dos grupos afiliados a la TCI), la CCI participó en el debate. Nuestra primera intervención intentó demostrar que:
1 - contrariamente al análisis desarrollado en la presentación, la guerra imperialista en el periodo de decadencia capitalista no es en absoluto una solución a la crisis económica. Al contrario, sólo la agrava y sume a la humanidad en una espiral de destrucción y caos. Es cada vez más irracional desde el punto de vista del capitalismo.
2 - Contrariamente a la idea también desarrollada en la presentación, no suscribimos el análisis de una tendencia a la formación de bloques que prefigure el curso hacia una tercera guerra mundial. Por el contrario, creemos que la tendencia de los Estados imperialistas a enfrentarse entre sí sólo puede conducir a una proliferación de conflictos bélicos, generando cada vez más caos y destrucción y pudiendo provocar el fin de la humanidad incluso en ausencia de una guerra mundial.
Por eso, como señalamos tanto en París como en Saint Nazaire, ¡el análisis abstracto y erróneo que hace la TCI de la guerra imperialista la lleva a subestimar profundamente la gravedad de la situación!
Pero el supuesto sabotaje de la CCI no se detuvo ahí, ya que posteriormente llamamos la atención "sobre puntos más bien secundarios" e intentamos "desviar la discusión hacia la cuestión sindical”. Si, en efecto, en la reunión de París, la CCI intervino para afirmar que los sindicatos y el sindicalismo pertenecían al Estado burgués, fue precisamente frente a la ambigüedad contenida en las observaciones del representante de Battaglia Communista deplorando el hecho de que los sindicatos no fueran suficientemente combativos y no hicieran lo necesario para desarrollar las luchas, lo que sugiere de manera subliminal que los sindicatos serían un arma del proletariado. Por tanto, no es de extrañar, como indica el informe sobre la reunión de París, que el miembro de la CNT/AIT (organización libertaria que se considera precisamente una federación de sindicatos) estuviera al 100% en "acuerdo político" con la posición de la TCI.
Además, vimos la misma complacencia hacia los sindicatos una semana más tarde, en la reunión de Saint-Nazaire, ya que la TCI no se distanció realmente de la postura defendida por el representante del grupo izquierdista Lutte ouvrière, ¡llamando al trabajo en los sindicatos! Uno de los oradores del CWO llegó incluso a afirmar que "tiene sentido afiliarse al sindicato si todos tus compañeros están en él", sugiriendo que a veces sería necesario estar presente en estos órganos estatales.
Frente a tales concesiones sobre una posición tan importante para la clase obrera, era indispensable recordar y reafirmar alto y claro lo que constituye una de las conquistas programáticas de la izquierda comunista, que la TCI se supone que comparte, ¡pero que es incapaz de defender!
En cualquier caso, este "paréntesis" sobre los sindicatos no nos impidió intervenir sobre las cuestiones más centrales planteadas en el debate. Por eso, en ambas reuniones, también nos pronunciamos sobre el papel de las organizaciones de la Izquierda Comunista frente a la guerra imperialista.
En estas intervenciones defendimos:
1 - La validez de la Declaración Conjunta de los grupos de la Izquierda Comunista contra la guerra imperialista. Este planteamiento, en continuidad con la lucha de los bolcheviques en Zimmerwald, es una política concreta destinada a formar parte de un proceso hacia el reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias a través de la defensa de los principios y métodos del movimiento revolucionario1.
2 - El carácter artificial y sobre todo peligroso de la política de "frente único" con grupos anarquistas e izquierdistas (llamados internacionalistas), defendida por la TCI a través de la promoción de los comités del NWBCW2.
3 - Que al referirse al "Llamamiento al frente único proletario" lanzado por el Partido Comunista Internacionalista (PCI) en 1944, la TCI sigue el planteamiento oportunista contenido en este llamamiento dirigido implícitamente a las bases de los viejos partidos obreros (Partido Socialista y Partido Comunista)3.
A fin de cuentas, todas las desvergonzadas acusaciones formuladas en los balances -la "acusación frontal" de sus posiciones, la "distorsión del debate", la "actitud de provocación y cuestionamiento ubuesco", el "parasitismo de la discusión", etc.- demuestran ante todo una auténtica aversión hacia quienes han defendido clara y resueltamente los principios y la tradición de la izquierda comunista. Impulsada por el deseo de ganar cada vez más influencia y el espíritu de rivalidad, la TCI está dispuesta, por el contrario, a adular a cualquiera y a comprometerse por cualquier cosa. Este enfoque suicida le lleva incluso a difuminar la frontera de clase con organizaciones de izquierda como LO, cuyo militante presente en Saint Nazaire es considerado un "camarada". Incluso se nos acusa de haberle atacado personalmente, cuando lo único que hicimos fue denunciar a Lutte Ouvrière como un grupo de izquierda cuya función es secuestrar el internacionalismo.
Es lamentable que la TCI no haya tomado en serio todo esto y se haya contentado con tacharnos, sin el menor argumento, de "idealistas" sólo buenos para hacer "declaraciones platónicas".
En realidad, la máxima apertura a todo lo que esté a la derecha y el rechazo categórico a discutir con la izquierda es un planteamiento típicamente oportunista. La misma hostilidad sintieron la Oposición de Izquierda y Trotsky en los años 30 hacia la fracción de izquierdas del Partido Comunista de Italia, que encarnaba la posición más clara contra la degeneración oportunista de la Internacional Comunista.
Por último, se nos reprocharía "sacar a relucir viejas cuestiones de hace más de veinte años". La TCI se refiere aquí sin duda a la declaración que leímos 30 minutos antes del final de la reunión de París, en la que denunciábamos la presencia de dos individuos expulsados de la CCI a principios de los años 2000 por haber publicado informaciones que exponían a nuestros camaradas a la represión del Estado, actividad que denunciábamos como soplones4. Estos últimos nunca han negado su comportamiento. Uno de ellos incluso es miembro de la TCI desde hace varios años y formó parte del presidium. De hecho, es sobre todo este cuestionamiento lo que enfurece a la TCI y lo que intenta ocultar por todos los medios, reduciéndolo a simples "viejas historias con poco contenido político" y acusándonos de haber, con ello, "interferido en la discusión".
¡Los chivatos nunca han tenido cabida en el campo revolucionario! Por eso sentimos que era nuestra responsabilidad interpelar a la TCI sobre este asunto, defendiendo una vez más los principios altamente políticos del proletariado. En cambio, todos los militantes de la TCI presentes en el lugar prefirieron taparse los oídos y defender a estos individuos. Al menos tenemos la confirmación de que esta organización, que dice estar implicada en la formación del futuro partido de los revolucionarios, está dispuesta a aceptar a cualquiera en sus filas, ¡incluyendo a gente que se comporta como policías y matones!
No es la primera vez que actúa en connivencia con elementos turbios. En 2004, el BIPR (precursor de la TCI) publicó en su página web las calumnias vertidas sobre la CCI por el tristemente célebre Ciudadano B, antes de retirarlas discretamente tras darse cuenta de que las declaraciones eran mentira5.Sin embargo, la TCI nunca ha criticado esta actuación totalmente irresponsable por su parte y, por lo tanto, no ha aprendido nada de ella.
En lugar de afrontar seriamente todas estas cuestiones, la TCI prefiere esquivarlas. Peor aún, nos exhorta a dejar de lado nuestros desacuerdos y llama a un amplio encuentro y a la unidad de todos los que se reclaman, de cerca o de lejos, internacionalistas, sin la menor clarificación de principios. Se trata de un planteamiento con el que el movimiento obrero está familiarizado y que Bordiga denunció en 1926 ante el Ejecutivo de la Internacional Comunista: "La experiencia demuestra que el oportunismo entra siempre en nuestras filas bajo la máscara de la unidad. Le interesa influir en la mayor masa posible, por lo que siempre hace sus peligrosas propuestas bajo la máscara de la unidad".
Con el mismo enfoque oportunista se fundó en 1943 el antepasado más lejano de la TCI: el Partido Comunista Internacionalista (PCint), en el que fueron admitidos sin la menor crítica:
1- Elementos de la minoría de la fracción italiana que había ido a luchar al lado de los republicanos durante la guerra de España.
2- Vercesi y todos aquellos que, durante la Segunda Guerra Mundial, habían participado en el Comité de la Coalición Antifascista de Bruselas6.
Es este vicio político, muy antiguo, está el origen del oportunismo actual de la TCI. En consecuencia, su negativa a afrontarlo de frente, su incapacidad para criticar su propio pasado le condena a repetir una y otra vez los mismos errores.
En los informes de las dos reuniones, la TCI hace un llamamiento a la CCI para que se recomponga, e incluso nos insta a disculparnos por cualquier actitud negativa que hayamos podido adoptar durante los debates. ¡Vamos camaradas!, no hagáis el ridículo.
Creemos que hemos demostrado la responsabilidad de la que hemos hecho gala durante estas dos reuniones trabajando para confrontar posiciones políticas y siendo capaces de defender las posiciones y principios de la Izquierda Comunista. Desgraciadamente, no podemos decir lo mismo de la TCI, cuya evasión y negativa a debatir, su compromiso con elementos izquierdistas y su aceptación del comportamiento de policías y matones, ¡son síntomas de la enfermedad que corroe a esta organización y la conduce inexorablemente hacia el olvido! Como dijo Lenin: "Un defensor del internacionalismo que no sea al mismo tiempo un opositor muy consecuente y decidido del oportunismo es un fantasma, nada más."
CCI, 31 de octubre de 2023
1 Ver Declaración conjunta de grupos de la Izquierda Comunista Internacional sobre la guerra en Ucrania | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [898] y Guerra Israel – Palestina Llamamiento de la Izquierda Comunista | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1047]
2 Ver nuestra crítica de estos organismos en La TCI y la iniciativa "No más guerra que la guerra de clases": un farol oportunista que debilita a la izquierda comunista | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1326]
3 Ídem.
4 Ver Atacar a la CCI: la razón de ser del GIGC | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1156]
5 Ver Carta abierta a los militantes del BIPR (hoy TCI) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1333]
6 Este enfoque político totalmente aberrante fue particularmente criticado por la Gauche communiste de France en el artículo "A propos du Ier congrès du Parti communiste internationaliste d'Italie" en el nº 7 de la revista Internationalisme: "En la Fracción italiana, una minoría se separó o fue excluida, y se unió a la Unión Comunista, aliada del POUM. Esta minoría -que, de 1936 a 1945, permaneció fuera de la Fracción, contra la cual se formó la Izquierda Comunista Internacional, y que aún mantiene y pretende mantener sus posiciones- forma parte hoy del nuevo Partido en Italia. En 1945, después de 6 años de lucha contra la línea marxista y revolucionaria de la Fracción, la tendencia Vercesi creó el Comité de Coalición Antifascista, donde colaboró, en una original unión sagrada, con todos los partidos de la burguesía. Como resultado, precipitando la discusión política y teórica, la Fracción fue llevada a excluir esta tendencia de su seno. Hoy, esta tendencia, sin haber renunciado a ninguna de sus posiciones y prácticas, es parte integrante del nuevo Partido en Italia e incluso ocupa un lugar importante en la dirección. Así, la Fracción -que había excluido a la minoría en 1936-1937 y a la tendencia de Vercesi a principios de 1945- se encontró disuelta a finales de 1945, pero unida a los mismos que había excluido; y esta unión es... el Partido." Sobre el Primer Congreso del Partido Comunista Internacionalista de Italia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [357]
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“¡Ya basta!”, “¡Demasiado es demasiado!”. El mismo sentimiento de revuelta, de cólera, de estar hartos, atraviesa las filas de los proletarios de Gran Bretaña, de Estados Unidos, de Francia, de Escandinavia… Los ataques a nuestras condiciones de vida y de trabajo y la actitud brutal, arrogante y cínica tanto de los gobiernos como de la patronal no han hecho más que reforzar nuestro espíritu de lucha y nuestra determinación a seguir luchando. Este sentimiento prevalece también en Quebec, donde la huelga ha movilizado masivamente a los 565.000 trabajadores del sector público de la provincia (el 15% de la población activa) ante la subida de los precios y el deterioro general de las condiciones de trabajo. Una parte cada vez más importante de los proletarios de los países del corazón del capitalismo se encuentran, como en Estados Unidos, por ejemplo, sumidos en la miseria absoluta.
Las huelgas que se están llevando a cabo en el sector público desde hace más de un mes en Canadá son la plena confirmación del renacimiento internacional de las luchas de la clase obrera. Estas huelgas han adquirido una amplitud que no se veía desde hace más de cincuenta años, cuando, el 11 de abril de 1972, una huelga con ocupación de fábricas y minas paralizó el territorio de Quebec.
El movimiento en Canadá es una prolongación de la oleada de luchas en Estados Unidos, en particular en el sector del automóvil, donde el sindicato UAW firmó finalmente un acuerdo con Ford, Stellantis y GM, entre el 25 y el 30 de octubre, que fue presentado como una "victoria" y puso fin a más de un mes de conflicto social.
En un plano más amplio, las luchas presentes confirman la ruptura con treinta años de retroceso y desorientación que destacábamos en el informe de la lucha de clases de nuestro último congreso internacional[1], en el que subrayábamos que el renacimiento de la combatividad obrera en varios países que constituyen los centros económicos vitales del capitalismo era un acontecimiento histórico de primer orden.
Desde hace más de un mes, una poderosísima ola de rabia, determinación e indignación se manifiesta en las huelgas que han movilizado masivamente al sector público en Quebec, demostrando la fuerte combatividad de los proletarios y confirmando plenamente, tras las huelgas de la industria automovilística en Estados Unidos, la reactivación internacional de las luchas de la clase obrera, en particular en Norteamérica.
La indignación y la voluntad de lucha han germinado frente a la actitud provocadora y arrogante del gobierno federal en sus ataques tanto a los profesores como a los trabajadores de la sanidad, dirigidos a endurecer y precarizar aún más sus condiciones de trabajo, cada vez más intolerables. El número de profesores que han dimitido se ha duplicado en cuatro años (¡más de 4.000!), mientras que la escasez de profesores es flagrante en las escuelas públicas de Quebec, donde se han cerrado las clases durante un mes para un millón de alumnos. Frente a esta situación insostenible, la movilización masiva ha afectado a todos los niveles de la profesión docente (enseñanza primaria, secundaria y superior), así como al transporte escolar, las guarderías y el personal administrativo.
La misma explosión de descontento se expresa en los servicios sanitarios y sociales, contra la amenaza de una "vasta reforma del sistema sanitario". También aquí la burguesía se dispone a aumentar drásticamente el deterioro de las condiciones de vida y de trabajo. El gobierno federal promete ir aún más lejos con centros de gestión sanitaria aún más autónomos y competitivos, basándose en una mayor movilidad y flexibilidad del personal, en movimientos voluntarios según las necesidades de los servicios, lo que implica una escasez aún mayor de puestos y una mayor sobrecarga de tareas individuales ya agotadoras, horas extraordinarias no remuneradas. En palabras de un técnico de laboratorio: "Trabajamos como burros los fines de semana, los días festivos y por la noche. Y nos dicen que no es suficiente".
En este contexto, el gobierno ha mostrado su intransigencia y su desprecio con el mayor cinismo, proponiendo aumentos salariales negociables sólo a "cambio" y a costa de una "flexibilidad" aún mayor, apostando deliberadamente por que la huelga se prolongue hasta el agotamiento de los trabajadores. Tanto el primer ministro, François Legault, como la presidenta del Consejo, Sonia Le Bel, han hecho declaraciones de "firmeza".
Pero la cólera y la movilización de las masas ya han conseguido romper con la tendencia al repliegue individual y el clima de profunda desmoralización que reinaba anteriormente.
Al mismo tiempo, la situación y el enfrentamiento han estimulado una oleada de ayuda mutua y solidaridad. En el caso de los profesores, por ejemplo, se ha creado un grupo de autoayuda en las redes sociales o en los piquetes para proporcionar donaciones de alimentos y ropa en apoyo de los huelguistas no remunerados. El movimiento, incluso en el sector privado, sigue contando con la simpatía y el apoyo del 70% de la población. Asimismo, el número, la frecuencia y la magnitud de las movilizaciones han demostrado la gran determinación de los huelguistas y el espíritu de lucha del movimiento.
Los sindicatos ya habían tomado conscientemente la iniciativa de canalizar la cólera y encuadrar el movimiento orquestando la movilización de forma dispersa para dividirlo mejor. La Fédération autonome de l'enseignement (FAE) convocó a sus 66.000 afiliados a una huelga indefinida a partir del 13 de noviembre, mientras que las cuatro principales confederaciones sindicales que forman el "Frente Común" en el sector público, que representan a 420.000 asalariados, sólo convocaron huelgas esporádicas del 21 al 23 de noviembre y de nuevo del 8 al 14 de diciembre. Por su parte, la Federación Interprofesional de la Salud llamó a sus 80.000 afiliados a parar los días 6, 8, 9, 23 y 24 de noviembre, y luego del 11 al 14 de diciembre. Ambas partes habían prometido llevar a cabo una huelga más dura si las negociaciones con el Gobierno no llegaban a buen puerto, pero no han hecho más que ganar tiempo y aplazar esta eventualidad hasta después de las fiestas.
Sin embargo, el gobierno tenía un as en la manga que no dejó de explotar al máximo en su maniobra para intentar desactivar esta combatividad e instaurar un clima de división y competencia: se comprometió a negociar tanto por sector de actividad como por separado con una u otra central sindical y pudo apoyarse plenamente en el trabajo de debilitamiento, división y encuadramiento de las luchas de los diferentes sindicatos. El 20 de diciembre comenzó a resquebrajarse una parte del "Frente Común" en la enseñanza, al expresar la FSE-FSQ su deseo de concluir un acuerdo por separado con el gobierno y el Consejo del Tesoro. Al mismo tiempo, la facción más "radical" de los huelguistas, detrás de la FAE, en huelga indefinida, multiplicaba las espectaculares "acciones de comando" minoritarias, como el bloqueo de los accesos a los puertos de Montreal y Quebec, antes de llegar finalmente a un acuerdo propio que puso fin a la huelga de profesores el 28 de diciembre. Los sindicatos y el gobierno de Quebec consiguieron encontrar una salida a través de una serie de medidas concretas para mejorar los salarios y las pensiones caso por caso y limitar el número de profesores por clase. En cambio, parece que todavía no se ha llegado a ningún acuerdo en el sector de la enfermería, lo que parece indicar un intento de dividir el sector empujando a un sector especialmente combativo a seguir haciendo huelga de forma aislada. Esto no excluye la posibilidad de nuevas huelgas en otros sectores en un futuro próximo, dada la profundidad del descontento.
A pesar de sus limitaciones actuales y de la advertencia que ya contiene sobre los peligros mortales para el desarrollo de las luchas futuras de dejarse atrapar por las maniobras de la burguesía y las trampas de la gestión sindical, la huelga del sector público en Quebec es ante todo indicativa del potencial de este renacimiento internacional de la combatividad y la determinación obreras, en un contexto mundial de fermentación de las luchas y de maduración de la conciencia obrera en los países centrales del capitalismo. Sobre todo, reafirma la plena capacidad del proletariado para desarrollar sus luchas de clase bajo los golpes de la crisis mundial y los ataques sin cuartel de la burguesía y de todos sus gobiernos, ya sean de izquierda o de derecha, manifestaciones de un mundo capitalista moribundo y en decadencia. Estas luchas son una etapa importante para el proletariado en el camino de la recuperación de su identidad y de su conciencia de clase.
Frente a toda la propaganda y las mentiras vertidas desde 1989 sobre el supuesto hundimiento o muerte del comunismo, demuestran que el proletariado sigue siendo y constituye más que nunca la única clase con una perspectiva revolucionaria para el derrocamiento del capitalismo y un futuro para la humanidad, frente al inexorable hundimiento de la sociedad capitalista en un océano de miseria, caos, guerra generalizada y barbarie.
GD 4 enero 2024
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Ante el desencadenamiento de la barbarie en Gaza, los dos bandos y sus partidarios en todo el mundo se culpan mutuamente de los crímenes.
Para algunos, Israel libra una “guerra sucia” (¡como si hubiera alguna limpia!) que incluso la ONU y su muy discreto secretario general han tenido que denunciar, llegando a hablar de “grave riesgo de genocidio”. Una parte de la izquierda del capital ni siquiera duda en apoyar las despreciables atrocidades de Hamás, pintadas como un “acto de resistencia” contra el “colonialismo israelí”, pretendido único responsable del conflicto.
Por su parte, el gobierno israelí justifica la carnicería de Gaza afirmando estar vengando a las víctimas del 7 de octubre e impidiendo que los terroristas de Hamás vuelvan a atentar contra la “seguridad del Estado hebreo”. ¡Al diablo los miles de víctimas inocentes! ¡No importan los “escudos humanos” de niños de 6 años! No importan los hospitales, escuelas y hogares destruidos. ¡La seguridad de Israel vale una masacre!
Por todas partes se oyen las sirenas del nacionalismo defendiendo a un Estado que supuestamente es víctima del otro. Pero ¿qué clase de mente ilusa imagina que la burguesía de Gaza, esa banda de lunáticos delirantes sedientos de dinero y sangre, es mejor que la camarilla de iluminados y corruptos de Netanyahu?
“No defendemos a Hamás, defendemos el derecho del ‘pueblo palestino’ a la autodeterminación”, canta toda la camarilla izquierdista a la cabeza de las manifestaciones pro palestinas, esperando sin duda, con esta pirueta medio hábil, hacer olvidar que “el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación” ¡no es más que una fórmula destinada a ocultar la defensa de lo que hay que llamar el Estado de Gaza! Los intereses de los proletarios de Palestina, Israel o cualquier otro país del mundo no coinciden en absoluto con los de su burguesía y su Estado. Para comprobarlo basta recordar cómo Hamás reprimió sangrientamente las manifestaciones contra la miseria en 2019. ¡La “patria palestina” nunca será otra cosa que un Estado burgués al servicio de los explotadores! Una Franja de Gaza “liberada” no significaría más que consolidar el odioso régimen de Hamás o de cualquier otra facción de la burguesía de Gaza.
“Pero la lucha de un país colonizado por su liberación socava el imperialismo de los Estados colonizadores”, contraatacan, sin reírse, algunos trotskistas y lo que queda de los estalinistas. ¡Qué burda mentira! El ataque de Hamás se inscribe en una lógica imperialista que va mucho más allá de sus propios intereses. Irán contribuyó a encender la mecha armando a Hamás. Trata de sembrar el caos entre sus rivales, especialmente Israel, multiplicando las provocaciones y los incidentes en la región: Hizbulá en Líbano, los rebeldes hutíes en Yemen, las milicias chiíes en Siria e Irak... “todas las partes de la región tienen la mano en el gatillo”, como dijo el ministro iraní de Asuntos Exteriores a finales de octubre. Por débil que sea frente al poder del Tsahal, Hamás, como todas las burguesías nacionales desde que el capitalismo entró en su periodo de decadencia, no puede escapar en modo alguno por arte de magia a las relaciones imperialistas que rigen todas las relaciones internacionales. Apoyar al Estado palestino significa ponerse del lado de los intereses imperialistas de Jamenei, Nasralá e incluso Putin, que se frota las manos.
Pero entonces entran en escena los inimitables pacifistas a completar la camisa de fuerza nacionalista en la que la burguesía intenta atrapar a la clase obrera: “¡No apoyamos a ningún bando! ¡Exigimos un alto el fuego inmediato! Los más ingenuos imaginan sin duda que la acelerada caída del capitalismo en la barbarie se debe a la falta de “buena voluntad” de los asesinos a la cabeza de los Estados, o incluso a una “democracia defectuosa”. Los más listos saben perfectamente qué sórdidos intereses defienden. El presidente Biden, por ejemplo: proveedor de municiones de racimo a Ucrania, horrorizado por el “bombardeo indiscriminado” de Gaza. Hay que decir que Israel cogió al Tío Sam por sorpresa, abriendo un frente nuevo y potencialmente explosivo del que Estados Unidos podría haber prescindido. La razón de Biden para alzar la voz ante Netanyahu no era “preservar la paz mundial”, sino centrar sus esfuerzos y fuerzas militares de forma más eficaz en su rival China en el Pacífico, y en el engorroso aliado ruso de Pekín en Ucrania.
Por tanto, no hay nada que esperar de la “paz” bajo el dominio del capitalismo, ni tampoco tras la victoria de uno u otro bando. ¡La burguesía no tiene solución para la guerra!
EG, 16-diciembre-2023
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Escandinavia está siendo testigo de una oleada de huelgas de una magnitud que no se veía desde finales de los años setenta. A finales de octubre, el fabricante de automóviles estadounidense Tesla (la empresa de coches eléctricos de Elon Musk) se negó a firmar con el sindicato sueco IF Metall convenios colectivos que garantizasen un salario mínimo. Se declaró una huelga en los diez talleres de reparación de la empresa. Le siguieron manifestaciones de solidaridad de trabajadores de correos, que bloquearon todo el correo con destino a los talleres de Tesla, de estibadores en cuatro puertos suecos, que se sumaron a la huelga el 6 de noviembre, y de electricistas, que se negaron a realizar trabajos de mantenimiento en las estaciones de recarga eléctrica. A principios de noviembre, ante el riesgo de huelga por aumentos salariales en el banco Karna, los sindicatos y la dirección llegaron rápidamente a un acuerdo.
El conflicto con Tesla también adquirió rápidamente una dimensión internacional, con nuevas acciones de solidaridad en los puertos cercanos a los talleres de reparación de la empresa en Dinamarca y Noruega, así como en las fábricas de Tesla en Alemania.
Ya había habido indicios de anuncio de este brote de combatividad obrera. En abril de 2023 estalló en Estocolmo una huelga salvaje de los trabajadores del transporte público que duró cuatro días. Esto es significativo, porque ha sido la primera huelga salvaje en décadas en Suecia. Los trabajadores se declararon en huelga contra el deterioro de las condiciones laborales y, aunque la huelga se limitó a una parte del transporte público, los maquinistas, hubo asambleas abiertas a otros trabajadores. Los trabajadores también recibieron apoyo mediante la recaudación de fondos y el apoyo en las redes sociales. A diferencia de la huelga actual en Tesla, esta huelga no fue cubierta por los medios de comunicación, salvo para denunciar el "desorden" creado.
Con la excepción de la huelga salvaje de transportes de abril, todas estas huelgas desde octubre han estado estrechamente controladas por los sindicatos. Pero eso no cambia el hecho de que este movimiento sólo puede entenderse como parte de un renacimiento mundial de la lucha de clases en reacción a la grave crisis económica del capitalismo y, sobre todo, a las presiones inflacionistas que están detrás de la "crisis del coste de la vida". Esta situación afecta ahora también a los trabajadores de los países escandinavos, famosos por su "calidad de vida" y sus "generosos" servicios sociales. Los sindicatos escandinavos han recibido muchas advertencias del auge de las luchas en otros países (Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y ahora Canadá), y sus movilizaciones y "acciones de solidaridad" forman parte de una política destinada a desbaratar una auténtica maduración de la conciencia de la clase obrera. Lo que preocupa tanto a la patronal como a los sindicatos es el retorno de un verdadero sentimiento de solidaridad dentro de los sectores de la clase y entre ellos, incluso más allá de las fronteras nacionales, y por tanto el comienzo de una restauración de la identidad de clase, la toma de conciencia de que los trabajadores de todos los sectores y de todos los países forman parte de la misma clase explotada por el capital y se enfrentan a ataques similares contra sus condiciones de existencia.
Igual de significativo es el hecho mismo de que estallen luchas hoy en Suecia, un país a punto de entrar en la OTAN, que contribuye sustancialmente al armamento de Ucrania, donde la propaganda sobre la guerra con Rusia es prácticamente incesante. En enero, dos altos funcionarios de Defensa advirtieron que los suecos debían prepararse para la posibilidad de una guerra: «El ministro de Defensa, Carl-Oskar Bohlin, dijo en una conferencia de Defensa que podría haber una guerra en Suecia. Su mensaje fue respaldado a continuación por el comandante en jefe militar, el general Micael Byden, quien dijo que todos los suecos debían prepararse mentalmente para esta eventualidad»1.
Sin embargo, a pesar de los intentos de la burguesía de azuzar la fiebre bélica, los trabajadores han dado prioridad a sus condiciones de vida. Esto no significa que los trabajadores reaccionen directamente ante la amenaza de guerra, pero la voluntad de luchar en su propio terreno contra el impacto de la crisis económica es la base de un futuro desarrollo de la conciencia del vínculo entre la crisis económica y la guerra; y por tanto, de la necesidad de enfrentarse al capitalismo, un sistema global de saqueo y destrucción.
El hecho es que estos avances en la conciencia de clase son muy frágiles y, como siempre, los sindicatos están ahí para obstaculizarlos y distorsionarlos. La principal consigna de los sindicatos ha sido la "defensa del modelo sueco" y de sus convenios colectivos entre sindicatos y patronal.
IF Metall lleva más de cinco años exigiendo convenios colectivos para los trabajadores de las fábricas de Tesla en Suecia. Tesla se ha negado categóricamente, por lo que IF Metall no ha tenido más remedio que convocar una huelga el 27 de octubre. Desde el principio, el conflicto estuvo muy coordinado por los sindicatos suecos. El 7 de noviembre, el Sindicato de Trabajadores del Transporte y el Sindicato de Trabajadores Portuarios se unieron a la disputa y bloquearon todos los puertos suecos donde se cargan y descargan los coches de Tesla. Durante el mes de noviembre, varios sindicatos oficiales anunciaron acciones de solidaridad, entre ellos el Sindicato de Electricistas, el Sindicato de Pintores y la Asociación de Empleados del Gobierno. Importantes clientes de Tesla, como Stockholm Taxi, anunciaron que dejarían de comprar sus coches a menos que Tesla firmara un convenio colectivo, ya que «el modelo sueco de convenios colectivos es un principio importante que debe defenderse».
Los medios de comunicación suecos publicaron a diario noticias sobre el bloqueo, junto con actualizaciones continuas sobre el conflicto. A medida que la huelga continuaba, el interés de los medios no se limitó a Suecia, con prestigiosas publicaciones internacionales burguesas como The Economist, Financial Times y The Guardian siguiéndolo de cerca, así como representantes de la UE defendiendo el "modelo sueco" de "Europa social" frente a la "política antisindical estadounidense". A lo largo de los eventos, el enfoque en Elon Musk como un multimillonario excepcionalmente despiadado se utilizó para distraer de la realidad de que todos los capitalistas deben intensificar sus ataques contra los salarios y las condiciones de trabajo de los trabajadores. Mejor aún, el hecho de que este ataque en particular lo llevara a cabo una empresa estadounidense se utilizó para avivar el sentimiento nacionalista.
La otra cara de la ideología de la "negociación colectiva" es la promoción de divisiones entre trabajadores sindicados y no sindicados. Durante la huelga de Tesla, los trabajadores no sindicados siguieron trabajando, lo que llevó a IF Metall a establecer piquetes fuera de los talleres, acusando a estos trabajadores no sindicados de ser "esquiroles".
Hoy continúa la huelga, sin perspectivas de salida, ya que Elon Musk y Tesla se niegan a negociar. Algunos sindicalistas han vuelto al trabajo, arriesgándose a ser expulsados de IF Metall, y también están siendo calificados de "amarillos" en la prensa de izquierdas. Desde principios de diciembre no ha habido noticias sobre la huelga. Presentada en un principio como una batalla entre David y Goliat, el interés de los medios de comunicación parece haberse desvanecido.
Hoy, los dirigentes de IF Metall no tienen ninguna intención de llamar a la solidaridad a otros trabajadores del mismo sector. Los trabajadores de Tesla están encerrados en una dinámica de derrota, como demuestran las actuales campañas contra los “esquiroles”.
Frente a los sacrificios que se les pedirán cada vez más en nombre de la economía nacional y de la defensa del país, los trabajadores deben defender sus propias reivindicaciones, reunirse y tomar decisiones en asambleas generales soberanas, fuera del control sindical, extender sus luchas a otras empresas y sectores, sindicalizados o no, y no dejarse atrapar por la ideología del llamado “modelo sueco”.
Eriksson y Amos, 10 de enero de 2024
La expresión "modelo escandinavo" se ha utilizado a menudo para describir el Estado del bienestar sueco. Pero originalmente significaba una regulación muy estricta de los conflictos en el mercado laboral.
En los años 30, las huelgas eran habituales en Suecia y el gobierno socialdemócrata, que llegó al poder en 1932, no estaba dispuesto a intervenir, recurriendo a la LO (la central sindical sueca, como el TUC en Gran Bretaña) para ponerles fin. En 1938, la LO firmó un acuerdo histórico con la federación patronal, SAF, que estipulaba que las negociaciones centrales debían tener lugar, sindicato por sindicato, sin que ninguno se aprovechara, respetando un límite salarial máximo. De este modo, el Estado se aseguraba una economía estable sin necesidad de intervenir para mantener bajos los salarios (muy conveniente para el aparato estatal socialdemócrata). El acuerdo estipulaba que no se permitiría ninguna acción sindical durante el periodo del acuerdo.
De hecho, fue una prohibición de las huelgas que estuvo efectivamente en vigor hasta que empezaron a aparecer las huelgas salvajes a finales de los sesenta y principios de los setenta. El modelo escandinavo significa realmente "paz en el mercado laboral" y prohibición de las huelgas, ¡qué es lo que apoyan los sindicatos y la burguesía en general!
Tener un convenio colectivo en un centro de trabajo significa que los trabajadores tienen garantizada una jornada laboral limitada, el pago de vacaciones y horas extraordinarias, así como seguros y prestaciones de desempleo (regulados en Suecia por los sindicatos). Por tanto, forman parte del sistema general de protección social.
La ausencia de convenio colectivo significa que, en el caso de Tesla, a excepción de las prestaciones y el seguro general, la empresa decide tu salario a través de su propio sistema de primas y tienes que firmar un acuerdo de confidencialidad antes de empezar a trabajar (un trabajador fue despedido porque su mujer publicó un mensaje en X/Twitter sobre las condiciones laborales de la empresa).
Por supuesto, estas condiciones son espantosas, pero es una profunda ilusión pensar que la legalidad de los sindicatos y los "convenios colectivos" pueden realmente proteger a los trabajadores de los embates de una clase capitalista contra el muro por una creciente crisis económica mundial y el peso de la economía de guerra.
Además, los sindicatos, como parte del aparato estatal, significan que ellos mismos forman parte de estas agresiones. IF Metall, el sindicato más fuerte e influyente de Suecia, ha sido durante mucho tiempo un engranaje del aparato estatal socialdemócrata. Stefan Löfvén, ex primer ministro sueco, demostró sus dotes de liderazgo como presidente de IF Metall cuando consiguió reducir las demandas salariales del convenio central justo después de la crisis financiera de 2008, declarando que los trabajadores debían ser "responsables" ante la crisis.
1«Alarma en Suecia tras la alerta de guerra de los responsables de Defensa» BBC news.
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El 15 de octubre de 1923, 46 miembros del partido bolchevique enviaron una carta secreta al Buró Político del Comité Central del partido denunciando, entre otras cosas, la asfixia burocrática de la vida interna del partido. La "Plataforma de los 46" marcó el nacimiento de la Oposición de Izquierda, con Trotsky como cabeza visible.
Los grupos trotskistas remontan sus raíces a la Oposición de Izquierda, que en 1938 dio origen a la Cuarta Internacional, de la que reivindican su pertenencia.
Sin embargo, en general no han considerado oportuno celebrar este aniversario y se han mantenido muy discretos sobre lo que son sus orígenes. Con todo, el vínculo que establecen (y que siempre han establecido) entre ellos y los revolucionarios de los años 20 se reduce a establecer como principios políticos inmutables lo que constituían los "errores" del movimiento obrero de la época, en lugar de las posiciones revolucionarias que la oleada revolucionaria del 17-23 había permitido identificar. Además, fueron estas mismas posiciones erróneas las que sirvieron de caldo de cultivo para las posiciones fundamentales del "trotskismo" que, desde la Segunda Guerra Mundial, ha servido de garantía de "izquierda" para las políticas del Estado burgués contra la clase obrera.
El sangriento fracaso del proletariado, primero en Alemania y luego en Hungría en 1919, fue el ocaso de la oleada revolucionaria que había surgido en Rusia en octubre de 1917. Siguió un reflujo de las luchas en todo el mundo y el creciente aislamiento de la revolución en Rusia. Esta situación pesó sobre la Internacional Comunista (IC) y el Partido Bolchevique, que comenzaron a adoptar medidas opuestas a los intereses de la clase obrera: sometimiento de los soviets al Partido, enrolamiento de los obreros en los sindicatos, firma del Tratado de Rapallo1, represión sangrienta de las luchas obreras (Kronstadt, Petrogrado 1921). La adopción de estas políticas no hizo sino acelerar el reflujo de la revolución de la que ellas mismas eran expresión, provocando reacciones de la izquierda tanto en la IC como en el partido bolchevique. En el III Congreso de la IC (1921), la izquierda germano-holandesa, agrupada en el KAPD, denunció la vuelta al parlamentarismo y al sindicalismo como un desafío a las posiciones adoptadas en el I Congreso de marzo de 1919. Fue también en este congreso cuando la "izquierda italiana" reaccionó enérgicamente contra la política sin principios de alianza con los "centristas" y la desnaturalización de los PC por la entrada masiva de fracciones procedentes de la socialdemocracia.
Pero fue en la propia Rusia donde apareció la primera oposición. Ya en 1918, la revista "Kommunist", agrupada en torno a Bujarin, Ossinsky y Radek, advirtió al partido contra el peligro de adoptar una política de capitalismo de Estado. Entre 1919 y 1921, varios grupos ("Centralismo democrático", "Oposición obrera") reaccionaron también contra el ascenso de la burocracia en el seno del partido y la creciente concentración del poder de decisión en manos de una minoría. Pero la reacción más consecuente a la deriva oportunista del partido bolchevique fue el "Grupo Obrero" de Miasnikov2, que denunció que el partido estaba sacrificando gradualmente los intereses de la revolución mundial a los intereses del Estado ruso. Todas estas tendencias resueltamente proletarias no esperaron a Trotsky y a la Oposición de Izquierda para luchar por la defensa de la revolución y de la Internacional Comunista.
En realidad, fue sólo después del colapso político de la IC en Alemania en 1923 y en Bulgaria en 1924 que la corriente conocida como la "Oposición de Izquierda" comenzó a tomar forma dentro del partido bolchevique, y más precisamente en sus esferas dirigentes. El sentido de su lucha puede resumirse en su propia consigna: "Fuego contra el kulak, el nepmen, el burócrata". En otras palabras, el objetivo era atacar tanto la política interclasista de "enriquecerse en el campo" preconizada por Bujarin como la burocracia rampante del partido y sus métodos. En el plano internacional, las críticas de la Oposición se centraron en la formación del Comité Anglo-ruso y en la política de la IC en la Revolución China. Pero, en realidad, todas estas cuestiones podían resumirse en una sola lucha, la de la defensa de la revolución proletaria contra la teoría del "socialismo en un solo país". En otras palabras, la lucha por defender los intereses del proletariado mundial contra la política nacionalista de la burocracia estalinista.
La Oposición de Izquierda en Rusia nació, pues, como una reacción proletaria a los efectos desastrosos de la contrarrevolución.
Pero su tardía aparición lastró sus concepciones y su lucha. Se mostró incapaz de comprender la verdadera naturaleza del "fenómeno estalinista" y "burocrático", atrapada como estaba en ilusiones sobre la naturaleza obrera del Estado ruso. Así, al tiempo que criticaba la política de Stalin, participaba en la política de sometimiento de la clase obrera mediante la militarización del trabajo bajo la égida de los sindicatos, e incluso defendía el capitalismo de Estado mediante la industrialización acelerada.
Incapaz de romper con las ambigüedades del partido bolchevique en cuanto a la defensa de la "patria soviética", fue por tanto incapaz de librar una lucha resuelta y coherente contra la degeneración de la revolución y se mantuvo siempre por debajo del nivel de oposición proletaria que había surgido desde 1918. A partir de 1928, cada vez más opositores fueron objeto de la represión estalinista. Fueron perseguidos y asesinados por los estalinistas. Trotsky fue expulsado de la URSS.
En otras secciones de la Internacional Comunista surgieron tendencias opuestas a la política cada vez más contrarrevolucionaria de ésta. A partir de 1929, se formó una agrupación en torno a Trotsky que tomó el nombre de "Oposición de Izquierda Internacional". Esta constituyó una extensión de la Oposición de Izquierda en Rusia, adoptando sus principales concepciones. Sin embargo, esta oposición era una agrupación sin principios de todos aquellos que decían querer hacer una crítica de izquierdas al estalinismo. Negándose a sí misma cualquier clarificación política real y dejando a Trotsky como su principal portavoz y teórico, se mostró incapaz de librar una lucha decidida y coherente para defender la continuidad del programa y los principios comunistas.
Peor aún, su concepción errónea del "Estado obrero degenerado" le llevó en última instancia a salir en defensa del capitalismo de Estado ruso. En 1929, por ejemplo, la Oposición defendió la intervención del ejército ruso en China tras la expulsión de funcionarios soviéticos por el gobierno de Chiang Kai Chek. En esta ocasión, Trotsky lanzó el infame eslogan: "Por la patria socialista siempre, por el estalinismo nunca". Al disociar los intereses estalinistas (y por tanto capitalistas) de los intereses nacionales de Rusia, esta consigna sólo podía precipitar a la clase obrera a defender la patria, allanando el camino para el apoyo al imperialismo soviético. Esta política oportunista se manifestaba también en la defensa de la política de Frente Único con la socialdemocracia y de las alianzas del Frente Popular a favor del antifascismo, en la defensa de las consignas democráticas y en la posición de "los derechos de los pueblos a la autodeterminación".
En definitiva, cada nueva táctica de Trotski y la Oposición se convirtió en un nuevo paso en la capitulación y el sometimiento a la contrarrevolución.
Esta deriva catastrófica se concretó también a nivel organizativo. A diferencia de la fracción de izquierdas del Partido Comunista de Italia, la Oposición fue incapaz de comprender y asimilar el papel que debían desempeñar las organizaciones que se mantenían fieles al programa y a los principios comunistas en un momento en que la revolución había sido derrotada y los partidos comunistas se habían pasado al campo de la contrarrevolución. Al concebirse a sí misma como una simple "oposición leal" a la IC con el objetivo de rectificarla desde dentro, la Oposición fue incapaz de aprender las lecciones del fracaso de la oleada revolucionaria y de llegar a la raíz de los errores de la Internacional Comunista.
Hasta 1933, cuando fue expulsada definitivamente de la Oposición, la fracción de izquierda del Partido Comunista de Italia dirigió la lucha en el seno de la Oposición Internacional, para que ésta pudiera ponerse a trabajar como fracción, asegurando la continuidad del programa y de los principios comunistas con vistas a la apertura de un nuevo período revolucionario y a la formación de un partido de revolucionarios: “En el pasado, hemos defendido la noción fundamental de "fracción" frente a la llamada postura de "oposición". Por fracción entendíamos el organismo que construye el marco para asegurar la continuidad de la lucha revolucionaria, y que está llamado a convertirse en el protagonista de la victoria proletaria. Contra nosotros, la noción de "oposición" triunfó en el seno de la Oposición de Izquierda Internacional. Ésta afirmaba que no era necesario proclamar la necesidad de formar cuadros: la clave de los acontecimientos estaba en manos del centrismo3 y no en manos de la fracción. Esta divergencia toma ahora un nuevo aspecto, pero sigue siendo el mismo contraste, aunque a primera vista parece que el problema consiste hoy en esto: a favor o en contra de los nuevos partidos. El camarada Trotsky descuida totalmente, por segunda vez, el trabajo de formación de cuadros, creyendo que puede pasar inmediatamente a la construcción de nuevos partidos y de la nueva internacional”4.
La incapacidad de Trotsky y de la oposición para trabajar como fracción de izquierda le llevó a concebir la formación del partido como una simple cuestión de táctica en la que la voluntad de unos pocos podía sustituir a las condiciones históricas. Este enfoque, que tenía más que ver con la magia que con el materialismo, obviamente oscurecía "las condiciones de la lucha de clases tal y como vienen dadas contingentemente por el desarrollo histórico y la relación de fuerzas de las clases existentes"5.
Sin una verdadera brújula política, la Oposición sólo podía dejarse llevar por los avatares de los acontecimientos históricos. De ahí el llamamiento a formar la IV Internacional (1938) en un momento en que la clase obrera estaba movilizada para defender los intereses de las distintas potencias imperialistas y el mundo estaba al borde de una segunda carnicería mundial.
Así, lejos de aportar una contribución creíble a la preparación de las condiciones del futuro partido, la trayectoria de la Oposición de Izquierda debilitó considerablemente el medio revolucionario y fue fuente de confusión y desorientación entre las masas trabajadoras en plena noche de la contrarrevolución. En cuanto al movimiento trotskista, corrió la suerte de toda empresa oportunista. Al asumir la defensa de la URSS y del campo antifascista durante la Segunda Guerra Mundial, traicionó el internacionalismo proletario y pasó con armas y bagajes al campo de la burguesía. Sus descendientes, las organizaciones trotskistas actuales, se han puesto desde entonces del lado del Estado burgués.
Por el contrario, al comprender su papel histórico, la facción italiana fue capaz de defender y preservar el programa y los principios organizativos comunistas. Fue capaz de preparar el futuro permitiendo primero a la Gauche Communiste de France (1944-1952) y luego a la CCI asumir esta herencia política y asumir la continuidad histórica de la organización de los revolucionarios con vistas a contribuir a la formación del futuro partido, indispensable para el triunfo de la revolución proletaria6.
Vincent 16-12-23
1 En este tratado firmado en 1922 se llevó una negociación secreta de estado a estado y se aceptó que el ejército alemán se entrenara en territorio ruso.
2 Ver la serie sobre la Izquierda Comunista en Rusia: La Izquierda Comunista en Rusia (I) - El Manifiesto del Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1340] , La Izquierda comunista en Rusia (II) - El Manifiesto del Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1341] , La Izquierda Comunista en Rusia (III) - El Manifiesto del Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1342] y La Izquierda Comunista en Rusia (IV) - El Manifiesto del Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1343]
3 BILAN llama “centristas” a los estalinistas.
4 BILAN nº 1 noviembre 1933
5 Los métodos de la Izquierda Comunista y los del trotskismo INTERNATIONALISME nº 23 junio 1947
6 Para ver la diferencia entre la Izquierda Comunista y la Oposición de Izquierdas de Trotski recomendamos consultar: Internationalisme no 26, septiembre de 1947 - ¿Qué diferencia hay entre los revolucionarios y el troskismo? | Corriente Comunista Internacional [1163] y ¿Cuáles son las diferencias entre la Izquierda Comunista y la IVª Internacional? | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1002]
En los últimos meses se han celebrado reuniones en Madrid sobre BILAN y otros grupos históricos de la Izquierda Comunista. Nos parece muy importante este interés y queremos contribuir con la presente reunión. Hay muchos partidos que dicen defender a la clase obrera de todos los colores y signos, pero que en realidad defienden la explotación capitalista y la guerra. El proletariado necesita su partido mundial y para formarlo, cuando sus luchas alcancen una fuerza masiva internacional, la base es la Izquierda Comunista de la cual nos reclamamos en la Corriente Comunista Internacional en continuidad crítica con BILAN y la Izquierda Comunista de Francia.
Desde principios de los años 20 del siglo pasado, la Izquierda Comunista libró un combate encarnizado contra la degeneración de la Internacional Comunista, desde entonces ha denunciado las guerras imperialistas contra todos los bandos en contienda, oponiendo a las matanzas y a la barbarie bélica la lucha por la revolución mundial y ha defendido con no menos intransigencia la lucha de la clase obrera, su autoorganización y su extensión masiva.
Las lecciones que la Izquierda Comunista ha ido sacando en estos 100 años son la base para el programa y la lucha del futuro partido mundial. En ese hilo histórico BILAN (1928-1939) jugó un papel fundamental.
La REUNION PUBLICA que proponemos trata de impulsar un debate para hacer un balance crítico del aporte de BILAN. Apreciar en qué BILAN es plenamente válido, en qué debe ser criticado, en qué debe ser llevado más lejos. Sus puntos fuertes, sus errores, su experiencia organizativa y teórica son un material imprescindible para la lucha de los revolucionarios actuales.
Lugar: CPK Bankarrota
Calle Encomienda de Palacio 46 MADRID – Moratalaz Metro Artilleros
Fecha: 27 enero 2024
Hora: 18 horas
Para los que no puedan asistir físicamente estableceremos una conexión Internet. Dirigirse a nuestra dirección [email protected] [45] y enviaremos un enlace una hora antes.
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La 28ª conferencia anual de las Naciones Unidas sobre el clima, celebrada en Dubái a finales de noviembre de 2023 terminó, tras dos semanas de reuniones, con un nuevo acuerdo que, supuestamente, insta a los países a eliminar (muy) gradualmente los combustibles fósiles, y a acelerar las "acciones en curso" para lograr la "neutralidad de carbono". Y todo ello de forma "justa, ordenada y equitativa"... ¡para 2050! ¡Después de mí, el diluvio! Ese es el cínico eslogan del capitalismo.
El presidente de la COP 28, Sultan Al Jaber, ministro de Industria y Tecnología Avanzada de Emiratos Árabes Unidos y, a la vez, CEO de la petrolera ADNOC, elogió el acuerdo aprobado por las delegaciones de casi 200 países. "Por primera vez, nuestro acuerdo hace referencia a los combustibles fósiles", afirmó. Según él, se trata de un "paquete histórico" de medidas que ofrece un "plan sólido" para siga vigente el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales.
¡Qué farsa más lúgubre! Mientras los líderes mundiales celebran el acuerdo como un paso importante para acabar con el uso de combustibles fósiles, los expertos se muestran, cuando menos, críticos: la resolución contiene lagunas que la industria petrolera aprovechará para eludirla recurriendo a tecnologías experimentales e inseguras. Sería ingenuo esperar otra cosa de los organizadores de la cumbre. Los dirigentes de esta región de Medio Oriente, conocida por ser Eldorado de todas las mafias y del blanqueo masivo de dinero procedente de la droga, las armas y todo lo que se pueda imaginar[1]son, como sus homólogos de todo el mundo, expertos en engañifas y en sacar partido de las "limitaciones legales". Se cumple lo que dice el refrán: “hecha la ley, hecha la trampa”. Se presentan a sí mismos como promotores de la transición energética, preocupados por el clima, pero viven de los combustibles fósiles y, obviamente, no dejan de promoverlos.
Los compromisos de reducción de emisiones que los diferentes Estados “asumieron” en la COP 21 de París (2015) con objeto de limitar el aumento de la temperatura global para 2030, se topa con la deprimente realidad del sistema capitalista. Hoy en día, ¡los combustibles fósiles (carbón, gas natural y petróleo) siguen representando el 82% del suministro total de energía! Y, en lugar de disminuir, las emisiones mundiales están aumentando: un 6% en 2021 y un 0,9% en 2022. [2]
Todo ello demuestra una vez más que estas cumbres internacionales no tienen el menor impacto sobre el calentamiento global y sus catastróficas consecuencias para la humanidad, y que en realidad no son más que tertulias destinadas a tranquilizar a la gente diciéndole que "se está haciendo algo" y que no hay más remedio que acostumbrarse. El año 2023 lo ilustra dramáticamente, con violentas tormentas e inundaciones generalizadas desde China hasta Europa y el norte de África, devastadores incendios forestales en Norteamérica, el sur de Europa y Hawái, y sequía en amplias zonas de Norteamérica, Europa y África.
"El calentamiento global no sólo es real, sino que se está acelerando a un ritmo vertiginoso y catastrófico. Julio de 2023 ha sido el mes más caluroso jamás registrado en el planeta. El mes de agosto ha sido el día más caluroso jamás registrado en este periodo. Los meteorólogos predicen que 2024 podría superar con creces estos lamentables registros".[3] Cunde el temor de que el planeta llegue a una serie de "puntos de inflexión" en los que el daño medioambiental se descontrole y conduzca a mayores niveles de destrucción.
El calentamiento global, combinado con manifestaciones más directas de destrucción medioambiental como la deforestación y la contaminación de la tierra y el mar por residuos químicos, plásticos y de otro tipo, amenaza ya con la extinción de multitud de especies animales y vegetales.
Esa misma burguesía que afirma, en estas conferencias, estar buscando "soluciones globales a problemas globales" está ella misma embarcada en una concurrencia económica despiadada que supone el primer gran obstáculo para cualquier cooperación internacional real contra el cambio climático. Y, en la actual fase de descomposición del capitalismo, esa competencia entre naciones está tomando cada vez más la forma de rivalidades y enfrentamientos militares caóticos, destructivos e hipercontaminantes. Así pues, la crisis ecológica no sólo se acerca a "puntos de inflexión" que exacerbarán y acelerarán sus consecuencias, sino que forma parte de una serie de fenómenos que, interactuando entre ellos, conducen a la humanidad cada vez más rápidamente hacia el abismo.
La salvación del planeta y de la humanidad no vendrá de una clase explotadora que, por su propia naturaleza, está atrapada en una lógica que descarta cualquier cuestionamiento de la acumulación capitalista, de su ansia de beneficios y de su dinámica apocalíptica. Pues el capitalismo es el responsable de estas perturbaciones; son sus leyes las que obligan a cada capitalista a producir cada vez más a menor costo. En el capitalismo, todo tiene que poder venderse. ¡Y no hay más! Un enfoque anárquico y a corto plazo que de hecho, ¡es suicida!
Louis, 29 de Diciembre de 2023
1] Como revelaron los Papeles de Panamá en 2018, los Papeles de Pandora en 2021 y más recientemente Dubái uncovered (Dubái al Descubierto).
2] Véase el informe Emisiones de CO2 en 2022 [1346].
3] Lee nuestro artículo "La burguesía es incapaz de frenar el cambio climático [1347]", World Revolution nº 398 (otoño 2023).
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Ciudades completamente devastadas, hospitales completamente destrozados, multitudes de civiles deambulando bajo las bombas, sin agua, alimentos ni electricidad, familias llorando por doquier a sus muertos, niños demacrados buscando a sus madres, otros despedazados sin piedad, inocentes ejecutados a sangre fría ante los ojos de sus familias... Este aterrador paisaje apocalíptico no es el de Varsovia o Hiroshima tras seis años de guerra mundial, ni el de Sarajevo tras cuatro años de asedio. Este es el paisaje del “capitalismo del siglo XXI”, el de las calles de Gaza, de Rafah y de Khan Yunis después de solo tres meses de conflicto.
¡Tres meses! ¡Bastaron unas pocas semanas para arrasar Gaza, para cobrar decenas de miles de vidas y arrojar a millones más a carreteras que no llevan a ninguna parte! ¡Y no por cualquiera! Por “la única democracia del Cercano Oriente y Oriente Medio”, por el Estado de Israel, aliado de las grandes “democracias” occidentales, que pretende ser el único depositario de la memoria del Holocausto.
Desde hace décadas, los revolucionarios gritan: “¡El capitalismo hunde poco a poco a la humanidad en la barbarie y el caos!” Nuevamente proclamamos... ¡Abajo las máscaras! ¡El capitalismo está mostrando su verdadero rostro y el futuro que tiene reservado para toda la humanidad!
Lo que está ocurriendo hoy en Oriente Próximo no es un episodio más de la larga serie de estallidos de violencia que han salpicado trágicamente el conflicto palestino-israelí durante décadas. El conflicto actual no tiene nada que ver con la vieja “lógica” del enfrentamiento entre la URSS y EEUU. Al igual que lo que pasa con la actual guerra de Ucrania, esta guerra en Medio Oriente es un paso más en la dinámica del capitalismo mundial hacia el caos, la proliferación de convulsiones incontrolables y la generalización de conflictos cada vez más numerosos.
El nivel de barbarie, a la escala que se produce en Gaza es quizás incluso peor que la extraordinaria violencia del conflicto ucraniano. Todas las guerras de la decadencia se han saldado con masacres masivas y destrucciones gigantescas. Pero incluso los mayores asesinos del siglo XX, los Hitler, los Stalin, los Churchill y los Eisenhower, no cometieron los peores horrores tras varios años de guerra, sin multiplicar las “justificaciones” para convertir ciudades enteras en montones de cenizas. Sin embargo, es sorprendente constatar hasta qué punto las calles de Gaza ya guardan un parecido asombroso con los paisajes en ruinas del final de la Segunda Guerra Mundial; los mismos paisajes de destrucción aparecieron tras sólo unas semanas de conflicto en Ucrania. Toda esta camarilla de bárbaros se ha dejado arrastrar por la “lógica” de tierra quemada que domina ahora los conflictos imperialistas.
¿Qué ventaja estratégica podría obtener Hamas enviando a mil asesinos a masacrar civiles, si no es encender la mecha y exponerse a su propia destrucción? ¿Qué esperan conseguir Irán o Israel, entonces, si no es sembrar el caos entre sus rivales, un caos que inevitablemente volverá para golpearles como un boomerang? Ninguno de los dos Estados tiene nada que ganar con este conflicto sin salida. La sociedad israelí podría verse profundamente desestabilizada por la guerra, amenazada durante décadas por una generación de palestinos empeñados en vengarse. En cuanto a Irán, si es el país que más se beneficia de la situación, ¡para él es una victoria pírrica! Ya que, si Estados Unidos no logran poner freno al desencadenamiento indiscriminado de la barbarie militar, Irán se expone a duras represalias contra sus posiciones en el Líbano y Siria e incluso a ataques destructivos en su territorio. Y todo ello con el riesgo de desestabilizar regiones cada vez más extensas del planeta, con penurias, hambrunas, millones de desplazados, aumento del riesgo de atentados, enfrentamientos entre comunidades...
Aunque EEUU intente evitar que la situación se salga de control, el riesgo de una conflagración generalizada en Oriente Medio no es desdeñable. Porque, lejos de la disciplina de bloque que prevaleció hasta el colapso de la URSS, todos los actores locales están dispuestos a apretar el gatillo por su cuenta.
Lo primero que llama la atención es que Israel ha actuado en solitario, despertando la ira y la crítica abierta de la administración Biden. En efecto, Netanyahu ha aprovechado el debilitamiento del liderazgo estadounidense para intentar aplastar a la burguesía palestina y destruir a los aliados de Irán, oponiéndose así a la “solución de dos Estados” promovida por Estados Unidos. La indisciplina de Israel, más preocupado por sus propios intereses inmediatos, es un duro golpe para los esfuerzos de Washington por evitar la desestabilización de la región.
Después de tres meses de atrocidades, cada vez está más claro que la guerra entre Israel y Hamas tendrá consecuencias dramáticas a escala mundial: en el plano económico, con el cierre virtual del estrecho de Bab-el-Mandeb, eje comercial mundial golpeado por las milicias hutíes, y en el plano humanitario, con varios millones de personas que se ven ahora obligadas a tomar las rutas del exilio.
Sobre todo, las recientes escaramuzas entre Israel y Hezbolá, al igual que los bombardeos estadounidenses en Yemen, ya han hecho temer lo peor, con el aumento del riesgo de que se abra un nuevo frente contra Irán y sus aliados. Tal extensión del conflicto representaría un paso más en la pérdida de control de Washington sobre la situación mundial: obligado a apoyar a su aliado israelí, supondría un enorme golpe a su política de contención de China y de apoyo a Ucrania, con todos los riesgos de conflagración que ello conlleva en estas regiones.
La guerra en Gaza como en Ucrania muestran que la burguesía no tiene solución para la guerra. La burguesía se ha vuelto totalmente impotente para controlar la espiral de caos y barbarie a la que el capitalismo está arrastrando a toda la humanidad.
El proletariado de Gaza ha sido aplastado. El proletariado de Israel, aturdido por el ataque de Hamas, se ha dejado embaucar por la propaganda nacionalista y guerrera. En los principales bastiones del proletariado, sobre todo en Europa, si la clase obrera no está dispuesta a sacrificarse directamente en las trincheras, sigue siendo incapaz de levantarse directamente contra la guerra imperialista en el terreno del internacionalismo proletario.
Entonces, ¿está todo perdido?... ¡No! La burguesía ha exigido enormes sacrificios para alimentar la máquina de guerra en Ucrania. Frente a la crisis y a pesar de la propaganda, el proletariado se levantó contra las consecuencias económicas de este conflicto, contra la inflación y la austeridad. Es cierto que a la clase obrera todavía le cuesta establecer el vínculo entre militarismo y crisis económica, pero sí que se ha negado a hacer sacrificios: en el Reino Unido con un año de movilizaciones, en Francia contra la reforma de las pensiones, en Estados Unidos contra la inflación y la precariedad laboral...
Mientras el conflicto ucraniano se prolonga, mientras que la guerra israelí-palestina hace estragos y la burguesía redobla sus esfuerzos para llenar la cabeza de los explotados con su despreciable propaganda nacionalista, ¡la clase obrera sigue luchando! Recientemente, Canadá ha sido testigo de un movimiento histórico de lucha proletaria. En los países escandinavos se están produciendo luchas sin precedentes, con expresiones de solidaridad. ¡La clase obrera no ha muerto!
A través de sus luchas, el proletariado se enfrenta también a lo que es la solidaridad de clase. Frente a la guerra, la solidaridad obrera no es con los palestinos ni con los israelíes. Es con los trabajadores de Palestina e Israel, como lo es con los trabajadores de todo el mundo. La solidaridad con las víctimas de las masacres no significa, ciertamente, mantener las mistificaciones nacionalistas que han llevado a los trabajadores a situarse detrás de un arma para defender una camarilla burguesa. La solidaridad obrera significa ante todo desarrollar la lucha contra el sistema capitalista responsable de todas las guerras.
La lucha revolucionaria no puede surgir con un chasquido de dedos. Hoy sólo puede surgir mediante el desarrollo de las luchas obreras contra los ataques económicos cada vez más duros de la burguesía. ¡Las luchas de hoy preparan el camino para la revolución de mañana!
EG, 8 de enero de 2024
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El gobierno israelí ha proclamado que el objetivo de su devastadora campaña de bombardeos e invasión terrestre contra Gaza es la destrucción de Hamás y que su objetivo no son los civiles, sino la infraestructura y los centros de mando de Hamás. Sin embargo, masacrar "colateralmente" a miles de civiles, hombres, mujeres y niños, es sin duda la forma más segura de reclutar cada vez más adeptos a la llamada "Resistencia Palestina", aunque esta tal vez tenga que reagruparse y cambiar de nombre, impulsada por una sed de venganza cada vez mayor, ya sea en Gaza, en Cisjordania o en el mismo Israel.
Un portavoz del gobierno israelí, Avi Dichter, ministro de agricultura y antiguo miembro del Shin Beth (servicio de inteligencia), posiblemente en un momento de descuido alumbró más claramente sobre los verdaderos objetivos de la fuerte embestida israelí: "Ahora estamos llevando a cabo la Nakba [éxodo palestino de 1948] de Gaza. Desde un punto de vista operativo, no es posible librar una guerra, como intentan hacer las fuerzas armadas israelíes en Gaza, con masas de civiles en medio de tanques y soldados"[i].
Durante la Nakba, en 1948, más de 700 000 refugiados palestinos huyeron del territorio de Israel, "motivados" a marcharse por las atrocidades perpetradas por las milicias sionistas (la más famosa fue la masacre de Deir Yassin cometida por la banda de Stern) y alentados por la proclama triunfalista de los países árabes, que prometían que los refugiados podrían regresar a sus hogares en cuanto su victoria militar fuera inminente. Los ejércitos árabes fueron derrotados y los refugiados nunca pudieron regresar a sus hogares. Cientos de miles de ellos permanecen desde entonces en las miserables condiciones de los campos de refugiados. En resumen, la Nakba fue la limpieza étnica de Israel y la "Nakba de Gaza" podría dar lugar a la expulsión de la inmensa mayoría de sus habitantes que huyen de la muerte, la destrucción y el bloqueo permanente.
Semejante "solución" sólo refleja la total falta de lucidez y de perspectiva a largo plazo del actual gobierno israelí, ya que sólo puede ser el preludio de una futura inestabilidad y de nuevas guerras. Las atroces políticas del gobierno de Netanyahu no hacen sino reflejar una realidad más profunda: el hecho de que la clase dominante de todos los países, guardiana de un orden capitalista moribundo, no tiene perspectivas que ofrecer a la humanidad y se ve arrastrada cada vez más a una espiral destructiva, irracional y suicida. El intento de la OTAN de desangrar a Rusia en la guerra de Ucrania y los esfuerzos desesperados de la burguesía rusa por anexionarse los confines orientales de ese país, son la prueba de que esta espiral no perdona a los países más poderosos del planeta.
Cientos de miles de manifestantes de todo el mundo han participado en protestas que denuncian la destrucción de Gaza y piden un alto el fuego. No cabe duda de que muchos de ellos estaban motivados por la legítima indignación ante el despiadado bombardeo, que se calcula que ha matado a unas 20 000 personas y ha dejado a muchas más heridas y sin hogar. A pesar de ello, lo cierto es que participan en manifestaciones a favor de la guerra, cuyo lema principal, "Del río al mar, Palestina será libre" sólo puede hacerse realidad mediante la destrucción militar de Israel, la masacre y expulsión en masa de los judíos israelíes, una Nakba a la inversa. ¿Y sobre estas ruinas, una Palestina islámica según el modelo de Irán?[ii] La masacre indiscriminada perpetrada por Hamás el 7 de octubre, prácticamente nunca condenada y a veces incluso celebrada en estas manifestaciones, mostró claramente los verdaderos métodos y objetivos de esta "Resistencia".
La imposibilidad de una "Palestina libre" es sólo el reflejo de una realidad más profunda que muestra una vez más la avanzada decadencia de este sistema: la imposibilidad de que cualquier lucha llamada de "liberación nacional" y de que cualquier movimiento nacionalista sea otra cosa que una pieza más en la sangrienta rivalidad de las potencias imperialistas, grandes y pequeñas. La humanidad sólo será libre cuando se destruya la prisión capitalista del Estado nacional y exista una auténtica comunidad mundial, sin explotación ni fronteras nacionales.
Por supuesto, hay quienes condenan tanto la destrucción de Gaza como las atrocidades de Hamás. Algunos apuestan por el diálogo entre israelíes y palestinos a pesar del muro de odio cada vez más espeso creado por esta guerra. Depositan sus esperanzas en una "solución política" en la que las potencias locales y mundiales se sienten a negociar un acuerdo de coexistencia pacífica entre Israel y un Estado palestino de nueva creación.
Pero apelar a la "buena voluntad" de los Estados imperialistas nunca ha detenido las guerras y ni un Israel más "liberal" ni un futuro Estado palestino podrían evitar la tendencia a la guerra y al imperialismo, tendencia de la que, como explicaba Rosa Luxemburgo en 1915, "ninguna nación puede mantenerse al margen". Como decimos en nuestra hoja internacional:
"La historia ha demostrado que la única fuerza que puede poner fin a la guerra capitalista es la clase explotada, el proletariado, enemigo directo de la clase burguesa. Así ocurrió cuando los obreros de Rusia derrocaron al Estado burgués en octubre de 1917 y los obreros y soldados de Alemania se sublevaron en noviembre de 1918: estos grandes movimientos de lucha del proletariado obligaron a los gobiernos a firmar el armisticio. Esto es lo que puso fin a la Primera Guerra Mundial: ¡la fuerza del proletariado revolucionario! La clase obrera debe conquistar la paz real y definitiva en todas partes derrocando al capitalismo a escala mundial"[iii].
Sean cuales sean sus buenas intenciones, todos los que difunden consignas pacifistas propagan ilusiones sobre la naturaleza intrínsecamente violenta del sistema capitalista. El camino hacia una comunidad humana global pasa por la lucha de clases en todos los países y esa lucha implica necesariamente desarrollar los medios para defendernos de los embates de la clase dominante, que luchará hasta la muerte por sus privilegios. Las ilusiones pacifistas desarman ideológica y materialmente a la clase obrera.
Frente a la cacofonía de desilusión y falsas consignas que genera toda guerra capitalista, el principio del internacionalismo proletario, la solidaridad de los explotados en cualquier lugar de la tierra, sigue siendo nuestra única defensa, la única base para comprender cómo responder.
Amos, diciembre de 2023
i Esta declaración, que probablemente sea una crítica a la política oficial, tiene al menos el mérito de "sacar la verdad del armario" en lo que se refiere a los objetivos bélicos del gobierno israelí.
ii De las manifestaciones surgió otra consigna: "Israel es un Estado terrorista". Y esto es indudablemente cierto. Pero encontremos un Estado en el mundo capitalista que no utilice el terror, tanto para aplastar la disidencia interna como para librar sus guerras. El principal apoyo de Hamás, Irán, es un excelente ejemplo: habiendo reprimido salvajemente las manifestaciones "Mujer, Vida, Libertad" en sus propias ciudades, ha ejecutado a 127 personas desde el comienzo de la guerra entre Israel y Palestina, muchas de las cuales habían participado en estas manifestaciones.
iii Véase nuestra hoja internacional: "Guerras y masacres en Israel, Gaza, Ucrania, Azerbaiyán... ¡El capitalismo siembra la muerte en todo el mundo! ¿Cómo impedirlo?", [1350] disponible nuestro sitio web.
Desde principios de febrero se suceden en España las movilizaciones de pequeños y medianos agricultores y ganaderos, con sus “tractoradas” colapsando el centro de las ciudades o las autopistas. Acciones que son reproducciones de las que hemos visto en el resto de Europa, y con reivindicaciones muy similares: aligerar la indecible carga burocrática a la que obliga Bruselas a cambio de unas migajas de la Política Agraria Común, reducción de restricciones medioambientales, quejas por los bajos precios que les pagan los distribuidores, y la eliminación de la competencia “desleal” de productos foráneos. Lo que late en estas movilizaciones es la indignación por una evidente degradación de las condiciones de vida de este sector, pero también se pone de manifiesto su naturaleza reaccionaria: es una indignación particularmente ligada a las aspiraciones sin futuro de la pequeña empresa agrícola, atrapada en los engranajes de la lógica de la sociedad capitalista, en particular en un exaltado nacionalismo cuyo extremo más caricatural son las campañas de defensa de “tomate español” o de la “fresa española”, que llegan al extremo de propagar bulos sobre la supuesta “toxicidad” de los productos provenientes de Marruecos. Lo llamativo es que esa campaña parece un calco de la desatada en Francia contra las importaciones provenientes de España o las dudas sobre la autenticidad de la etiqueta” bio” de éstas. La cuestión no es la veracidad de tales acusaciones, sino comprobar como estas movilizaciones rezuman los valores de la explotación capitalista (competencia de unos contra otros, patriotismo,…), y no parten de la perspectiva de la clase obrera, que es la única que puede luchar por sus condiciones de vida en base a una verdadera unidad internacional de intereses, lo cual no es lo mismo que la coincidencia circunstancial de los excluidos del reparto del pastel nacional. Estas campañas nacionalistas son más repugnantes, si cabe, cuando se sabe que la “competitividad” del tomate o la fresa españolas está en muchos casos basada en una sobrexplotación bestial de los asalariados y temporeros, en muchos casos mano de obra inmigrante barata, que se dejan la vida bajo los plásticos de los invernaderos del sudeste español o hacinados en infraviviendas en los campos de fresas de Huelva.
Desde principios de año, los agricultores se han movilizado contra la caída de sus ingresos. El movimiento, que se inició en Alemania tras la supresión de las subvenciones al diésel agrícola, se ha extendido a Francia, Bélgica y los Países Bajos, y empieza a extenderse por toda Europa. Los agricultores se levantan contra los impuestos y las normas medioambientales.
Los pequeños productores, estrangulados por los precios de compra de la industria agroalimentaria y la política de concentración de explotaciones, llevan mucho tiempo sumidos en una pobreza a veces extrema. Pero con la aceleración de la crisis, el aumento de los costes de producción, las consecuencias del cambio climático y el conflicto en Ucrania, la situación se ha agravado aún más, hasta el punto de que incluso los propietarios de explotaciones medianas se hunden en la pobreza. Miles de agricultores llevan una vida diaria de privaciones y ansiedad que incluso está llevando a muchos de ellos al suicidio.
Aunque nadie puede permanecer insensible a la angustia de una parte del mundo agrícola, también es responsabilidad de las organizaciones revolucionarias decirlo claramente: ¡Sí, los pequeños agricultores están sufriendo enormemente la crisis! ¡Sí, su rabia es inmensa! Pero este movimiento no está en el mismo terreno de juego que la clase obrera y no puede ofrecer perspectivas para su lucha. Peor aún, ¡la burguesía se aprovecha de la cólera de los campesinos para lanzar un ataque ideológico en toda regla contra el proletariado!
Desde que los obreros de Gran Bretaña abrieron el camino en el verano de 2022, las movilizaciones obreras no han dejado de multiplicarse ante los golpes aplastantes de la crisis: primero en Francia, luego en Estados Unidos, Canadá, Suecia y Finlandia recientemente. En Alemania, los ferroviarios han iniciado una huelga masiva, a la que han seguido los pilotos de Lufthansa; en enero estalló la mayor huelga de la historia de Irlanda del Norte; en España e Italia continúan las movilizaciones en el sector del transporte, así como en el metro de Londres y en el sector metalúrgico de Turquía. La mayoría de estas luchas son de una envergadura que no se veía desde hace tres o cuatro décadas. En todas partes estallan huelgas y manifestaciones, con un desarrollo incipiente, pero sin precedentes de la solidaridad entre sectores, e incluso a través de las fronteras...
¿Cómo reacciona la burguesía ante estos acontecimientos históricos? ¡Con un inmenso silencio mediático! ¡Un verdadero apagón! En cambio, al principio bastaron algunas movilizaciones campesinas esporádicas para que la prensa internacional y todas las camarillas políticas, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, se abalanzaran sobre el acontecimiento y subieran inmediatamente la temperatura para intentar ocultar todo lo demás.
Desde los pequeños agricultores hasta los propietarios de grandes explotaciones modernas, aunque estuvieran en competencia directa, todos se unieron en torno a los mismos ídolos sagrados, con la santa unción de los medios de comunicación: ¡la defensa de su propiedad privada y de la nación!
Ni los pequeños agricultores ni los pequeños empresarios tienen futuro en la insoluble crisis del capitalismo. Todo lo contrario. Sus intereses están íntimamente ligados a los del capitalismo, aunque éste, sobre todo a causa de la crisis, tienda a acabar con las explotaciones más frágiles y a sumir en la miseria a un número cada vez mayor de ellas. A los ojos de los campesinos pobres, la salvación reside en la defensa desesperada de sus explotaciones. Y ante la feroz competencia internacional y los bajísimos costes de producción en Asia, África y Sudamérica, su supervivencia depende únicamente de la defensa de la "agricultura nacional". Todas las reivindicaciones de los agricultores -contra las "tasas", contra los "impuestos", contra las "normas de Bruselas"- tienen algo en común: quieren preservar su propiedad, ya sea grande o pequeña, y proteger sus fronteras contra las importaciones extranjeras. En Rumania y Polonia, por ejemplo, los agricultores denuncian la "competencia desleal" de Ucrania, acusada de rebajar los precios del grano. En Europa Occidental, los acuerdos de libre comercio están en la mira, junto con los camiones y las mercancías procedentes del extranjero. ¡Y todo ello con la bandera nacional ondeando orgullosa y una vil retórica sobre el "trabajo de verdad", el "egoísmo de los consumidores" y los "urbanos"! Por eso los gobiernos y los políticos de todos los bandos, tan prestos a denunciar el menor incendio de papel y a hacer llover golpes de porra cuando la clase obrera está en lucha, se han apresurado a acudir en apoyo a la "ira legítima" de los campesinos.
La situación es, sin embargo, muy preocupante para la burguesía europea. La crisis del capitalismo no va a detenerse. La pequeña burguesía y los pequeños empresarios se hundirán cada vez más en la miseria. Las revueltas de los pequeños propietarios acorralados sólo pueden multiplicarse en el futuro y contribuir a aumentar el caos en el que se está sumiendo la sociedad capitalista. Esto ya es evidente en la destrucción indiscriminada y los intentos de "matar de hambre" a las ciudades.
Sobre todo, este movimiento está alimentando claramente el discurso de los partidos de extrema derecha en toda Europa. En los próximos años, varios países podrían volcarse hacia el populismo, y la burguesía sabe perfectamente que un triunfo de la extrema derecha en las próximas elecciones europeas reforzaría aún más la pérdida de control de la burguesía sobre la sociedad, y erosionaría su capacidad para mantener el orden y garantizar la cohesión de la nación.
En Francia, donde el movimiento parece más radical, el gobierno utiliza todos los medios a su alcance para contener la cólera de los agricultores, en un momento en que el clima social es especialmente tenso. Se pide a las fuerzas del orden que eviten los enfrentamientos, y el gobierno hace una serie de "anuncios", entre ellos los más despreciables (aumento del uso de mano de obra extranjera mal pagada, paralización de la más mínima política en favor del medio ambiente, etc.). En Alemania, para no echar más leña al fuego, Scholz tuvo que dar marcha atrás en parte sobre el precio del gasóleo agrícola, al igual que la Unión Europea sobre las normas medioambientales.
Después de la revuelta de 2013 de los pequeños empresarios de Bretaña con los llamados "boinas rojas",i luego el movimiento interclasista de los "chalecos amarillos"ii en toda Francia, ahora es toda Europa la que se ve afectada por una oleada de violencia de la pequeña burguesía sin otra perspectiva que provocar el caos. Así pues, el movimiento de los agricultores representa efectivamente un paso más en la desintegración del mundo capitalista. Pero, como tantas otras expresiones de la crisis de su sistema, la burguesía instrumentaliza el movimiento campesino contra la clase obrera.
En el momento en que la clase obrera se lanza masivamente a la lucha en todo el mundo, la burguesía intenta socavar la maduración de su conciencia, pudrir su reflexión sobre su identidad, su solidaridad y sus métodos de lucha, explotando la movilización de los campesinos. Y para ello, todavía puede contar con sus sindicatos y partidos de izquierda, dirigidos por los trotskistas y estalinistas.
La CGT francesa se apresuró a llamar a los trabajadores a unirse al movimiento, mientras que los trotskistas de Révolution Permanente con el valiente encabezado: "Los campesinos aterrorizan al gobierno, el movimiento obrero debe aprovechar la brecha". ¡Venga ya! Si la burguesía teme la dinámica de caos social que encierra este movimiento, ¿quién puede creer que una pequeña minoría de la población, apegada a la propiedad privada, pueda asustar al Estado y a su enorme aparato de represión?
Sólo el movimiento de los "boinas rojas" y de los "chalecos amarillos" han ilustrado la capacidad de la burguesía de explotar y estimular un "miedo" bien calculado para dar credibilidad a una gran mentira contra la clase obrera: ¡vuestras manifestaciones masivas y la perorata de vuestras asambleas generales no sirven para nada! Nos quieren hacer creer que la burguesía no teme más que los bloqueos y las pequeñas acciones. Nada más lejos de la realidad. Y menos mal, porque esos métodos son los típicamente utilizados por los sindicatos para dividir y descargar la cólera de los trabajadores en acciones perfectamente estériles. Los actos indiscriminados de destrucción no contribuyen en nada a socavar los cimientos del capitalismo ni a preparar el terreno para su derrocamiento. Son como picaduras de insecto en la piel de un elefante, que justifican cada vez más represión.
Pero la burguesía no se contenta con sabotear la reflexión del proletariado sobre los medios de su lucha, sino que también intenta suprimir el sentimiento que empieza a desarrollarse a través de sus movilizaciones, el de pertenecer a la misma clase, víctimas de los mismos ataques y obligados a luchar unidos y solidarios. Los partidos de izquierda se apresuran a sacar a relucir su vieja basura adulterada sobre la "convergencia" de las luchas de los "pequeños" contra los "ricos".
Comentando las manifestaciones en Alemania, los trotskistas italianos de La Voce delle Lotte escribieron que "se están produciendo simultáneamente acciones campesinas masivas y huelgas ferroviarias. Una alianza entre estos dos sectores estratégicos tendría una enorme fuerza de huelga". ¡Las mismas tonterías de siempre! El único objetivo de estos tradicionales llamamientos a la "convergencia" es ahogar la lucha de la clase obrera en la revuelta "popular".
A pesar de todo, la burguesía se enfrenta a una gran desconfianza de los trabajadores hacia un movimiento poco reprimido (a diferencia de las manifestaciones obreras) y que coquetea con la extrema derecha y con una retórica muy reaccionaria. Por ello, los sindicatos y la izquierda han tenido que recurrir a todo tipo de contorsiones para distanciarse del movimiento, al tiempo que intentaban empujar a los proletarios a "saltar a la palestra" mediante huelgas dispersas, corporación por corporación.
La movilización de los campesinos no puede de ninguna manera ser un trampolín para la lucha de la clase obrera. Al contrario, los proletarios que se dejan arrastrar por las consignas y los métodos de los campesinos, diluidos en capas sociales fundamentalmente opuestas a toda perspectiva revolucionaria, sólo pueden ser impotentes bajo la presión del nacionalismo y de todas las ideologías reaccionarias portadoras de este movimiento.
La responsabilidad de los revolucionarios hacia la clase obrera se expresa incansablemente poniendo de relieve los escollos que jalonan su lucha y que, por desgracia, la jalonarán durante mucho tiempo. A medida que se agrave la crisis, muchas capas sociales, que no son explotadoras, pero tampoco revolucionarias, se verán abocadas, como hoy los campesinos, a la revuelta, sin tener la capacidad de ofrecer a la sociedad una verdadera perspectiva política. En este terreno estéril, el proletariado sólo puede perder. Sólo la defensa de su autonomía como clase explotada y revolucionaria puede permitirle ampliar aún más su lucha y, a largo plazo, incorporar a otras capas de la sociedad a su propia lucha contra el capitalismo.
EG, 31 de enero de 2024
i "Los ‘bonnets rouges’: un ataque ideológico a la consciencia obrera", [1351] Révolution internationale nº 444 (2014).
ii "Balance del movimiento de los "chalecos amarillos": Un movimiento interclasista, un obstáculo para la lucha de clases", [29] Suplemento de Révolution internationale n° 478 (2019).
La primera parte de este artículo1 describía el ascenso del poderío del imperialismo estadounidense que, en la fase decadente del capitalismo, llegó a ser el imperialismo dominante, líder del bloque occidental que acabó triunfando sobre el bloque rival soviético a finales de la década de 1980. En la introducción de esa primera parte ya señalamos que "el colapso del bloque del Este marcó el inicio de una fase terminal en la evolución del capitalismo: la descomposición social", que no sólo aceleraría el enlodamiento del sistema burgués en un mayor caos y barbarie, sino que también conduciría al declive del liderazgo estadounidense. La segunda parte de este artículo se centrará precisamente en poner de relieve este proceso, que comenzó en la década de 1990: "En 30 años de putrefacción de la sociedad burguesa, los USA se han convertido en un factor de agravación del caos. Su liderazgo mundial no se recuperará por mucho que así lo proclame el equipo de Biden en sus discursos. No es una cuestión de deseos. Son las características de esta fase final del capitalismo las que determinan las tendencias que éste se ve obligado a seguir y que conducen inexorablemente al abismo si el proletariado no es capaz de ponerle fin mediante la revolución comunista mundial"2.
La implosión del bloque del Este marcó la apertura de un periodo de descomposición para el capitalismo, un periodo en el que se ha producido una aceleración dramática del deterioro de diversos componentes del cuerpo social en un ‘cada uno a la suya’ y un caos creciente. sálvese quien pueda", y una inmersión en el caos. Si hay un ámbito en el que esta tendencia se vio inmediatamente confirmada fue el de las tensiones imperialistas: "El fin de la 'Guerra Fría' y la desaparición de los bloques sólo sirvieron para exacerbar el estallido de los antagonismos imperialistas característicos de la decadencia capitalista, y para agravar, de un modo cualitativamente nuevo, el caos sangriento en que se hunde el conjunto de la sociedad (...)"3.
De hecho, la desintegración total del bloque soviético condujo también a la implosión de la propia Unión Soviética y, como corolario, a la desintegración del bloque rival estadounidense. El texto de orientación "Militarismo y descomposición" [480]4 examina la repercusión que la entrada del capitalismo decadente en su periodo de descomposición supuso para el desarrollo del imperialismo y el militarismo. Comienza señalando que la desaparición de los bloques no pone en cuestión la existencia del imperialismo y del militarismo, sino que por el contrario estos se vuelven más bárbaros y caóticos: "En efecto, no es la formación de bloques imperialistas lo que está en el origen del militarismo y del imperialismo. Todo lo contrario: la constitución de bloques no es más que la consecuencia extrema (que, hasta cierto punto, puede agravar las causas mismas), una manifestación (no es necesariamente la única) del hundimiento del capitalismo decadente en el militarismo y la guerra. (...) el fin de los bloques sólo abre la puerta a una forma de imperialismo aún más bárbara, aberrante y caótica”5
Esta exacerbación de la barbarie bélica se va a expresar más concretamente a través de dos grandes tendencias, que han marcado el desarrollo del imperialismo y del militarismo durante las tres últimas décadas.
Un primer rasgo importante es la explosión de las apetencias imperialistas en todos los frentes, que tendrá como consecuencia la multiplicación de las tensiones y de las fuentes de conflicto: "La diferencia con el período que acaba de terminar es que estas desavenencias y antagonismos, antes contenidos y utilizados por los dos grandes bloques imperialistas, aflorarán ahora (...) como consecuencia de la desaparición de la disciplina impuesta por la existencia de los bloques. Es probable que estos conflictos sean más violentos y numerosos, particularmente, por supuesto, en aquellas zonas donde el proletariado es más débil 6. Tal multiplicación de los antagonismos es también un obstáculo importante para la reconstitución de nuevos bloques en el período actual.
La segunda tendencia resultante de esta exacerbación del ‘cada uno a la suya’ es la explosión de un caos sangriento y, como corolario, las tentativas de contenerlo, factores ambos de agravamiento de la barbarie guerrera: "El caos que reina ya en gran parte del mundo, y que amenaza ahora a los principales países desarrollados y a sus relaciones mutuas, (...) se sitúa ahora en la tendencia al caos generalizado propia de la fase de descomposición, y a la que el hundimiento del bloque del Este ha dado un impulso considerable. No queda otra salida al capitalismo, en su intento de mantener en su sitio las diversas partes de un cuerpo que tiende a disgregarse, que la imposición de un corsé de hierro constituido por la fuerza de las armas. En este sentido, los mismos medios que utiliza para intentar contener un caos cada vez más sangriento representan un factor de agravamiento considerable de la barbarie bélica del capitalismo"7.
En efecto, frente al predominio de esta tendencia histórica al ‘cada uno a la suya’, los Estados Unidos, única superpotencia restante, llevó a cabo una política destinada a contrarrestar esta tendencia y a mantener su declinante estatus, sacando partido sobre todo de su abrumadora superioridad militar para imponer su liderazgo en el mundo y en particular a sus ‘aliados’: "Confirmados como única superpotencia restante, los EE.UU. harían todo lo que estuviera en su mano para asegurarse que ninguna nueva superpotencia - en realidad ningún nuevo bloque imperialista - pudiera surgir para desafiar su ‘Nuevo Orden Mundial’” 8 . Así, la historia de los últimos 35 años se ha caracterizado no sólo por la explosión del ‘sálvese quien pueda’, sino también por los continuos intentos de EEUU de mantener su posición hegemónica en el mundo y contrarrestar el inevitable declive de su liderazgo. Sin embargo, estas incesantes iniciativas por parte de EE. UU. para mantener su liderazgo frente a las amenazas venidas de todas partes no han hecho más que acentuar el caos y el hundimiento en el militarismo y la barbarie, de los que Washington es, en última instancia, el principal instigador. Además, estas iniciativas han dado lugar a disensiones internas en el seno de la burguesía norteamericana sobre la política a seguir, que se han acentuado con el paso del tiempo.
Vista la desaparición de los bloques y la intensificación del caos, el presidente estadounidense George W. Bush padre permitió la invasión de Kuwait por fuerzas iraquíes, lo que posibilitó que Washington movilizará una amplia coalición militar internacional liderada por Estados Unidos para “castigar” a Sadam Husein.
La 1ª Guerra del Golfo (1991) pretendía, en realidad, dar un “ejemplo” a un mundo cada vez más sumido en el caos y el ‘cada uno a la suya’. Lo que quería el gendarme mundial estadounidense era imponer un mínimo de orden y disciplina, principalmente en los países más importantes del antiguo bloque occidental. La única superpotencia que seguía en pie buscaba imponer a la ‘comunidad internacional’ un ‘nuevo orden mundial’ bajo su égida, pues era la única que tenía los medios para hacerlo, pero también porque era quién más tiene que perder con el desorden mundial: “En 1992 Washington adoptó una orientación muy clara y consciente para guiar su política imperialista en el período posterior a la Guerra Fría, basada en ‘un compromiso fundamental de mantener un mundo unipolar en el que Estados Unidos no tenga ningún competidor similar. No permitirá que ninguna coalición de grandes potencias de la que Estados Unidos esté ausente, pueda alcanzar la hegemonía” (Prof. G.J. Ikenberry, en ‘Foreign Affairs’, Sept/Oct. 2002, p.49). Tal política trata de impedir el auge de ninguna potencia en Europa o Asia, que pueda desafiar la supremacía estadounidense, y servir de polo de reagrupamiento para la formación de un nuevo bloque imperialista. Esto se estableció ya en la declaración política de la Guía de Planificación de la Defensa de 1992, redactada por Rumsfeld en 1992, en el último año de la primera administración Bush, que diseñaba esta nueva gran estrategia”9.
En realidad, la política de Bush padre lejos de instaurar en el planeta un ‘nuevo orden mundial’ controlado por Washington, no significaba más que una tentativa desesperada de Estados Unidos para contener la expansión vertiginosa del ‘cada uno a la suya’ y conduciría, fundamentalmente, a una acentuación del caos y las guerras. Apenas seis meses después de la Guerra del Golfo, el estallido de la guerra en Yugoslavia confirmó ya que ese ‘nuevo orden mundial’ no estaría dominado por los estadounidenses, sino por un creciente ‘cada uno a la suya’.
La sangrienta guerra civil resultante de la desintegración de la antigua Yugoslavia (1995-2001) vio como afloraban y chocaban los apetitos imperialistas de varios de los “aliados” del antiguo bloque estadounidense: Francia e Inglaterra apoyaron a Serbia, Alemania a Croacia y Turquía a Bosnia: “El conflicto de la antigua Yugoslavia confirma, por último, otro de los grandes rasgos de la situación mundial: los límites de la eficacia de la operación “Tormenta del Desierto” de 1991, destinada a afirmar el liderazgo de Estados Unidos en el mundo. Como ya afirmó la CCI en su momento, el principal destinatario de esta operación a gran escala no era el régimen de Sadam Husein, ni siquiera otros países de la periferia que podrían haber estado tentados de imitar a Iraq. Para Estados Unidos, el objetivo principal era asentar y reafirmar su papel de ‘gendarme mundial’ frente a las convulsiones derivadas del desmoronamiento del bloque ruso y, en particular, obtener la obediencia de las demás potencias occidentales que, con el fin de la amenaza del Este, pretendían ir a su aire. Pocos meses después de la guerra del Golfo, el estallido de los conflictos en Yugoslavia demostró que esas mismas potencias, y Alemania en particular, estaban decididas a hacer prevalecer sus intereses imperialistas sobre los de Estados Unidos”10. Apretando más y más al mundo con el corsé de acero del militarismo y la barbarie guerrera, desplegando tropas primero con Croacia, y luego en Bosnia contra Serbia, fue como el Presidente Clinton contrarrestó los apetitos imperialistas de los países europeos imponiendo la ‘Pax Americana’ en la región bajo su autoridad (Acuerdos de Dayton, diciembre de 1995).
En vez de atenuar los desafíos al liderazgo estadounidense y los diversos apetitos imperialistas, la Operación Tormenta del Desierto exacerbó la polarización. Así, los muyahidines que habían combatido contra los rusos en Afganistán acabaron levantándose contra los “cruzados” estadounidenses (formación de Al Qaeda bajo el liderazgo de Osama Bin Laden) e, inspirados por el fracaso de la intervención estadounidense en Somalia (operación ‘Restaurar la Esperanza’ de 1993-1994), iniciaron una campaña de atentados yihadistas antiamericanos desde finales de 1998. Tras el fracaso del ejército israelí en su invasión del sur del Líbano, la derecha israelí llegó al poder en 1996 (primer gobierno de Netanyahu) contrariando los deseos del gobierno estadounidense que había apostado más bien por Shimon Peres. Desde ese momento esa derecha de línea dura ha hecho todo lo posible por sabotear el ‘proceso de paz’(Acuerdos de Oslo entre Israel y Palestina), que había sido uno de los mayores éxitos de la diplomacia de Washington en la región. Por último, la masacre de cientos de miles de tutsis y hutus en Ruanda en l994, en la guerra de clanes en que cada uno de ellos estuvo apoyado por el imperialismo occidental, representó una manifestación dramática del resultado de la intensificación del ‘cada uno a la suya’ imperialista.
Una de las expresiones más obvias de contestación al liderazgo estadounidense fue el estrepitoso fracaso, en febrero de 1998, de la Operación Trueno del Desierto, destinada a infligir un nuevo ‘castigo’ a Iraq y, más allá de Iraq, a las potencias que lo apoyaban bajo cuerda, en particular Francia y Rusia. La obstrucción por Sadam Husein de las visitas de los inspectores internacionales a los ‘emplazamientos presidenciales’ animó a la superpotencia a un nuevo intento de afirmar su autoridad por la fuerza de las armas. Pero esta vez, y a diferencia de los ataques con misiles contra Iraq de 1996, tuvo que desistir de su empresa ante la decidida oposición de casi todos los Estados árabes, la mayoría de las grandes potencias, contando con el único (y tímido) apoyo de Gran Bretaña. El contraste entre la ‘Tormenta del Desierto’ y la operación ‘Trueno del Desierto’ puso de manifiesto la crisis cada vez más profunda del liderazgo estadounidense. Por supuesto, Washington no necesita el permiso de nadie para atacar cuando y donde quiera (como hizo a finales de 1998 con la operación “Zorro del Desierto”). Pero al actuar así, los Estados Unidos alimentaban la tendencia al ‘cada uno a la suya’ que pretendían contrarrestar, tal y como lograron momentáneamente durante la Guerra del Golfo. Peor aún: por primera vez desde el final de la guerra de Vietnam, la burguesía estadounidense (los partidos republicano y demócrata) se mostró incapaz de presentarse unida frente al exterior, pese a encontrarse en una situación de guerra.
La erosión de la capacidad de la burguesía estadounidense para gestionar adecuadamente el juego político se hizo evidente al final de la “Guerra Fría”, y cuando el capitalismo entró en un periodo de descomposición a principios de los años 90, especialmente a través de la candidatura “independiente” de Ross Perot en el 1992 y 96. “Esta tendencia general de la burguesía a perder el control de sus propias políticas fue uno de los factores primordiales del colapso del bloque del Este; y este colapso sólo puede acentuar la tendencia:
por el consiguiente agravamiento de la crisis económica;
por la desintegración del bloque occidental que implica a su vez la desaparición de su rival;
porque la desaparición temporal de la perspectiva de guerra mundial exacerbará las rivalidades entre las diferentes facciones burguesas (entre facciones nacionales especialmente, pero también entre camarillas en el seno de los estados nacionales”11
Esta tendencia a la pérdida de control del juego político saltó a la palestra en 1998, en plena Operación Zorro del Desierto. El ‘impeachment’ contra Clinton, que se intensificó durante tal operación, mostró hasta qué punto los políticos estadounidenses, inmersos en conflictos internos, dieron crédito a la propaganda de los enemigos de Estados Unidos que afirmó que Clinton había decidido intervenir militarmente en Irak por motivos personales (tapar el escándalo del “Monicagate”).
En 1998, la Resolución del congreso de nuestra sección en Francia, analizó lúcidamente el fracaso de la Operación Trueno del Desierto: “Aunque EE.UU. no ha tenido recientemente la oportunidad de utilizar su poderío militar y de implicarse directamente en este 'caos sangriento', se trata únicamente de una situación temporal, especialmente porque no puede dejar pasar el fracaso diplomático sobre Irak sin una respuesta"12.
Con la llegada al poder de George W. Bush hijo y su equipo de "neoconservadores" – neocons - (el vicepresidente D. Cheney, el secretario de Defensa D. Rumsfeld, su adjunto Paul Wolfowitz y J. Bolton), Washington centró su atención en los llamados "Estados gamberros" tales como Corea del Norte, Irán e Irak, que amenazarían el orden mundial con sus políticas agresivas y su apoyo al terrorismo. Los atentados de Al Qaeda en suelo estadounidense el 11 de septiembre de 2001 llevaron al Presidente Bush hijo a proclamar una ‘cruzada contra el terrorismo’ y a lanzar un a " y a lanzar una "Guerra contra el Terror", que desembocó en la invasión de Afganistán y, sobre todo, de Irak en 2003. Pero, a pesar de las presiones norteamericanas y la utilización de ‘fake news’ en Naciones Unidas para intentar movilizar a la ‘comunidad internacional’ en pro de una operación militar contra el “Eje del Mal”, los USA no lograron finalmente alinear a los demás imperialistas contra Sadam y tuvo que invadir Irak prácticamente en solitario, con la Inglaterra de Tony Blair como único aliado significativo: "Si bien los atentados del 11 de septiembre permitieron a Estados Unidos arrastrar a países como Francia y Alemania a su intervención en Afganistán, en cambio no consiguió arrastrarlos a su aventura iraquí en 2003; de hecho, incluso provocó el surgimiento de una alianza circunstancial entre estos dos países y Rusia contra la intervención en Iraq. Más tarde, algunos de sus principales aliados en la "coalición" que intervino en Iraq, como España e Italia, abandonaron el barco que se hundía. La burguesía estadounidense no consiguió ninguno de sus objetivos oficiales en Iraq: ni la eliminación de las "armas de destrucción masiva" y el establecimiento de una "democracia" pacífica; ni la estabilidad y el retorno a la paz en toda la región bajo la égida de Estados Unidos o la atenuación del terrorismo; ni la adhesión de la población estadounidense a las intervenciones militares de su gobierno"13 .
A pesar de un despliegue colosal de soldados, armas y recursos financieros, estas intervenciones atolondradas de los ‘neocons’ condujeron a un punto muerto y a un fiasco final refrendado con las retiradas de Irak (2011) y Afganistán (2021). Y sobre todo destacaron que la pretensión de EE.UU. de jugar a ser el "sheriff mundial" no ha hecho sino intensificar el caos bélico y bárbaro: "El ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono por parte de Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001, y la respuesta militar unilateral de la administración Bush, abrieron aún más la caja de Pandora de la descomposición: con el ataque y la invasión de Irak en 2003, desafiando todas las convenciones y organismos internacionales y sin contar con la opinión de sus principales ‘aliados’, la primera potencia mundial pasó de ser el gendarme del orden mundial al principal agente del ‘cada uno a la suya’ y el caos. La ocupación de Irak y la posterior guerra civil en Siria (2011) agitarían poderosamente el ‘cada uno a la suya’ imperialista, no sólo en Oriente Medio sino en todo el mundo"14. Esta apertura de la caja de Pandora de la descomposición se manifestó en particular por la multiplicación de los atentados terroristas en las metrópolis occidentales (Madrid, 2004, Londres, 2005) y por un auge incontenible de las ambiciones imperialistas de las distintas potencias - China y Rusia, por supuesto, e Irán, cada vez más osado y agresivo -, pero también Turquía, Arabia Saudita, e incluso los Emiratos del Golfo y Qatar, dando lugar a conflictos sangrientos como las guerras civiles en Libia y Siria ya en 2011, y en Yemen a partir de 2014, la aparición de organizaciones terroristas especialmente crueles tales como Estado Islámico, lo que provocó una nueva oleada de atentados, y la "crisis de los refugiados" causada por el éxodo repentino e incontrolado de millones de personas personas indocumentadas y apátridas hacia Europa desde 2015.
El evidente estancamiento de la política estadounidense y la aberrante carrera belicista desenfrenada hacia la barbarie bélica expresan el claro debilitamiento del liderazgo mundial de Estados Unidos. Pero también se evidencian más que nunca las contradicciones y divisiones entre las distintas facciones de la burguesía estadounidense. Ya G. Bush hijo había ganado la presidencia a través de unas ‘elecciones robadas’, que ilustraban la naturaleza inestable del aparato democrático estadounidense: su oponente, Al Gore, obtuvo 500.000 votos más que él, pero la decisión respecto a la distribución final de los votos no se produjo hasta 36 días después, más concretamente en Florida, donde el hermano de Bush era gobernador: "Un popular correo electrónico parodiando las elecciones comenzó a circular por Internet. Se preguntaba qué dirían los medios de comunicación si en una nación africana se celebraran unas elecciones controvertidas en las que el candidato ganador fuera el hijo de un presidente anterior, que anteriormente había sido director de las fuerzas de seguridad del Estado (CIA), y en las que la victoria se determinó por un recuento disputado de las papeletas en una provincia gobernada por un hermano del candidato presidencial"15 Los vericuetos de las elecciones de 2000 fueron un claro indicio de la dificultad de la burguesía para gestionar su sistema político frente a tendencias centrífugas cada vez más evidentes.
Y más aún cuando facciones vinculadas al fundamentalismo cristiano han empezado a hacer sentir su presencia en la escena política estadounidense. Ya presentes en el Partido Republicano durante la era Reagan, se hicieron más fuertes y radicales en los estados rurales’ a consecuencia de un caos y desesperación crecientes. Así surgió el llamado "Tea Party" que jugaría un papel importante en torpedear los planes de la administración Obama, acusando a este presidente de "marxista" y "agente musulmán". El Tea Party no estaba formado sólo por fundamentalistas cristianos, sino también por supremacistas blancos, activistas antiinmigración, miembros de milicias, etc., todo un cóctel que se infiltró en el Partido Republicano y amenazó cada vez más la estabilidad del sistema político. Federadas por una feroz oposición al “establishment de Washington", estas facciones forman la corriente de fondo de la oleada populista sobre la que más tarde surfearía Donald Trump.
Estas tensiones centrífugas en el seno de la burguesía estadounidense se pusieron netamente de manifiesto ante la huida hacia adelante que supuso la catastrófica aventura iraquí adoptada por la administración Bush hijo, para tartar de asegurar el mantenimiento de la supremacía estadounidense: "El acceso [en 2001] de los 'neocons' a la cabeza del Estado norteamericano representa una verdadera catástrofe para la burguesía de ese país. La cuestión que se plantea es la siguiente: ¿cómo fue posible que la primera burguesía del mundo llamara a esta banda de aventureros irresponsables e incompetentes para que se hicieran cargo de la defensa de sus intereses? ¿Qué hay detrás de esta ceguera de la clase dominante del primer país capitalista? De hecho, la llegada del equipo de Cheney, Rumsfeld y compañía a las riendas del Estado no ha sido el simple resultado de un monumental error de ‘casting’ de la clase dominante. Ha empeorado considerablemente la situación de los EE.UU. en el plano imperialista, pero ya era la expresión del callejón sin salida al que se enfrentaban los EE.UU. dado el creciente debilitamiento de su liderazgo y, más en general, el desarrollo del ‘cada uno a la suya’ en las relaciones internacionales que caracteriza la fase de descomposición”16
La administración Obama intentó mitigar las catastróficas consecuencias del unilateralismo aventurero promovido por Bush hijo. Al tiempo que recordaba al mundo la absoluta superioridad tecnológica y militar de Estados Unidos mediante la ejecución de Bin Laden en 2011 a través de una espectacular operación de comandos en Pakistán, trató de reavivar el multilateralismo implicando a los "aliados" de Washington en la aplicación de la política estadounidense. Sin embargo, fue incapaz de contrarrestar realmente la explosión de las respectivas ambiciones imperialistas: China llevó a cabo su expansión económica e imperialista mediante el despliegue de las "Nuevas Rutas de la Seda" a partir de 2013; en cuanto a Alemania, aunque evitó cualquier confrontación directa con Estados Unidos, dada la abrumadora superioridad militar de Washington, reforzó notablemente sus pretensiones mediante una creciente colaboración económico-energética con Rusia. Francia y Gran Bretaña, por su parte, tomaron la iniciativa de intervenir en Libia para derrocar a Gadafi; Rusia e Irán reforzaron sus posiciones en Oriente Medio aprovechando la guerra civil en Siria. Por último, en Ucrania, dad la victoria de los partidos prooccidentales en la "Revolución Naranja", Putin ocupó militarmente Crimea y apoyó a las milicias prorrusas en el Donbass en 2014. Ante el ascenso de China como principal retador amenazante de la hegemonía estadounidense, se produjo un intenso debate en el seno de la administración Obama, el aparato estatal y la burguesía estadounidense en general sobre cómo reorientar su estrategia imperialista.
En resumen: "La política de imposición puesta en práctica durante los dos mandatos de Bush hijo, ha ocasionado no sólo al caos en Irak, que no está ni mucho menos superado, sino también al creciente aislamiento de la diplomacia estadounidense... Pero la política de ‘cooperación’ impulsada por los demócratas no garantiza realmente la lealtad de las potencias que Estados Unidos está tratando de asociar a sus empresas militares, sobre todo porque da a estas potencias un margen de maniobra más amplio para anteponer sus propios intereses"17.
Cuando ya ser ‘gendarme mundial’ suponía despilfarrar ingentes presupuestos, con enormes despliegues militares en todo el mundo (con soldados sobre el terreno) y las consiguientes pérdidas; y en un momento en que las masas trabajadoras no estaban dispuestas a dejarse engañar (véanse las enormes dificultades de Bush hijo para reclutar soldados para la guerra de Irak), Donald Trump resultó elegido presidente en 2016 tras una campaña centrada en el lema ‘America First‘ (Norteamérica primero), que representaba esencialmente un reconocimiento oficial del fracaso de la política imperialista estadounidense durante los últimos 25 años, y un reenfoque de esa política hacia los intereses inmediatos de Estados Unidos: "La formalización por parte de la administración Trump del principio de defender únicamente sus intereses como Estado nacional y la imposición de relaciones de poder beneficiosas para ellos como base principal de las relaciones con los demás Estados, confirma y extrae consecuencias del fracaso de la política de los últimos 25 años de lucha contra la tendencia al ‘cada uno a la suya’ como guardián mundial defensor del orden mundial heredado de 1945." 18
El "America First" puesto en práctica por el populista Trump fue de la mano de una "vandalización" de las relaciones entre las distintas potencias. Tradicionalmente, y para garantizar un cierto orden en las relaciones internacionales, los Estados basaban su diplomacia en un principio, resumido en la fórmula latina: "pacta sunt servanda" – o sea, los tratados, los acuerdos, deben respetarse -. Cuando firmas un acuerdo global -o multilateral-, se supone que debes respetarlo, al menos en apariencia. Estados Unidos, bajo Trump, estaba aboliendo esta convención: "Firmo un tratado, pero puedo abolirlo mañana". Esto ocurrió con Pacto Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), el Acuerdo de París sobre cambio climático, el tratado nuclear con Irán y el acuerdo final sobre la reunión del G7 en Quebec. En su lugar, Trump abogó por negociaciones entre Estados, lo que favorecía el chantaje económico, político y militar para imponer los intereses estadounidenses (véase la amenaza de represalias contra las empresas europeas que inviertan en Irán). "El comportamiento vandálico de Trump, capaz de desdecirse de la noche a la mañana de los compromisos internacionales estadounidenses desafiando las reglas establecidas, representa un nuevo y poderoso factor de incertidumbre, que impulsa aún más el ‘todos contra todos’. Es un indicio más de la nueva etapa en que el capitalismo se hunde aún más en la barbarie y en un abismo de militarismo sin trabas" 19.
Las imprevisibles decisiones, las amenazas y trucos de póquer de Trump tuvieron los siguientes efectos:
* minaron la fiabilidad de EE. UU. como aliado: Las fanfarronadas, los faroles y los repentinos cambios de posición de Trump ridiculizaron a EEUU y además hicieron que cada vez menos países confiaran en él. En Europa, Trump puso en entredicho a la OTAN, se opuso abiertamente a la UE y, más concretamente, a la política de Alemania;
* acentuaron el declive de la única superpotencia: el atasco de la política estadounidense se marcó más con las acciones de la administración Trump. Durante el G20 de 2019, el aislamiento de Estados Unidos fue evidente en cuestiones climáticas y en la guerra comercial. Además, la implicación de Rusia en Siria para salvar a Assad hizo retroceder a EE. UU. y reforzó la agresividad militar y la capacidad de Moscú de crear problemas en todo el mundo. Y mientras, EE. UU. se mostraba incapaz de contener la emergencia de China que ha pasado de simple "outsider" a principios de los 90 a serio aspirante, presentándose como el campeón de la globalización a través de la expansión de las "Nuevas Rutas de la Seda".
* desestabilizó la situación mundial incrementando las tensiones imperialistas. Así se pudo apreciar en Oriente Medio, donde Estados Unidos se desentendió de una implicación demasiado directa sobre el terreno, lo que exacerbó la acción centrífuga de diversas potencias, grandes y pequeñas, de Irán a Arabia Saudí, de Israel a Turquía, de Rusia a Qatar, cuyos apetitos imperialistas divergentes chocan constantemente. La política de Washington se ha convertido más que nunca en un factor directo de agravación del caos a escala mundial. En consecuencia, "La situación actual se caracteriza por tensiones imperialistas por doquier y por un caos cada vez menos controlable; pero, sobre todo, por su carácter altamente irracional e imprevisible, vinculado al impacto de las presiones populistas, en particular al hecho de que la potencia más fuerte del mundo esté dirigida hoy por un presidente populista de reacciones temperamentales"20.
Sin embargo, bajo la administración Trump, la política estadounidense estableció una polarización cada vez más clara contra China, tratando de contener y trabar el auge ascenso del aspirante chino. Ya en 2011, la administración Obama había decidido dar más importancia estratégica a la confrontación con China que a la ‘guerra contra el terror’: "Este nuevo enfoque, denominado "pivote asiático", fue anunciado por el presidente estadounidense durante un discurso ante el Parlamento australiano el 17 de noviembre de 2011"21. Si bien la emergencia de Estado Islámico durante el mandatos de Obama cuestionó la reorientación estratégica de la política imperialista estadounidense hacia Extremo Oriente, ésta se afianzó claramente bajo Trump, a pesar de un último intento de resistencia de los partidarios de la ‘cruzada contra los Estados canallas’ como Irán (casos del secretario de Estado Pompeo y J. Bolton). La "Estrategia de Defensa Nacional" (NDS, por sus siglas en inglés), publicada en febrero de 2018, afirmaba que "la guerra global contra el terrorismo se suspende" mientras que la "competencia de grandes potencias" se convierte en una orientación cardinal”22. Y esto implicó un cambio importante en la política estadounidense:
La guerra comercial con China se intensificó con objeto de frenar su expansión económica e impedirle desarrollar sectores estratégicos que amenazaran directamente la hegemonía estadounidense.
EE. UU. relanzó la carrera armamentística (desentendiéndose de los acuerdos multilaterales de control de armamento INF y START) con el fin de mantener su ventaja tecnológica y agotar a sus rivales (siguiendo la probada estrategia que llevó al colapso de la URSS). Se crea un sexto componente del ejército estadounidense, destinado al "dominio del espacio", para contrarrestar las amenazas de los satélites chinos.
Sea como fuere, "La defensa de sus intereses como Estado nacional significa ahora abrazar la tendencia al ‘cada uno a la suya’ que domina las relaciones imperialistas: Estados Unidos pasa de ser el gendarme del orden mundial a ser el principal agente del ‘cada uno a la suya’, del caos y del cuestionamiento del orden mundial establecido desde 1945 bajo sus auspicios."23 .
La llegada de Trump al poder hizo patente la enorme dificultad de la burguesía de la primera potencia mundial para "gestionar" su circo electoral y contener las tendencias centrífugas que crecen en su seno: "La crisis de la burguesía estadounidense no surge como resultado de la elección de Trump. En 2007, el Informe ya señalaba la crisis de la burguesía estadounidense explicando: ‘Es ante todo esta situación objetiva - una situación que impide cualquier estrategia a largo plazo por parte de única potencia superviviente - la que llevó a elegir y reelegir a un régimen tan corrupto, con un presidente santurrón y estúpido al frente [Bush hijo]. (...), la Administración Bush no es más que un reflejo de la situación sin salida del imperialismo estadounidense’ ("El impacto de la descomposición en la vida de la burguesía", un informe al 17º Congreso de la CCI). Sin embargo, la victoria de un presidente populista (Trump) conocido por tomar decisiones impredecibles no sólo sacó a la luz la crisis de la burguesía estadounidense, sino que también puso de relieve la creciente inestabilidad del aparato político de la burguesía estadounidense y la exacerbación de las tensiones internas" 24. Así pues, el vandalismo populista de Trump no hizo más que exacerbar las tensiones ya existentes en el seno de la burguesía estadounidense.
Una serie de factores llevaron tales tensiones al extremo: (a) La constante necesidad de tratar de embridar la imprevisibilidad de las decisiones presidenciales, pero sobre todo (b) la opción por parte de Trump de acercarse a Moscú, el viejo enemigo que no vaciló en interferir en la campaña electoral estadounidense (el llamado "Rusiagate"), una perspectiva totalmente inaceptable para una mayoría de la burguesía estadounidense, y (c) su negativa a aceptar el veredicto electoral. Estso factores se combinan y ponen de relieve una situación política explosiva en el seno de la burguesía estadounidense, así como su creciente incapacidad para controlar el circo político.
(a) la lucha incesante para tratar de "embridar" al presidente marcó toda la presidencia y se desarrolló en varios niveles: la presión ejercida por el Partido Republicano (votaciones fallidas sobre la derogación del Obamacare), la oposición a los planes de Trump por parte de sus ministros (el Fiscal General negándose a dimitir o los ministros de Asuntos Exteriores y el de Defensa "matizando" las palabras de Trump), una lucha constante por el control del personal de la Casa Blanca por parte de los "generales" (los ex generales McMaster y luego Mattis). Sin embargo, esta política de "contención" no evitó "deslices", como cuando Trump llegó a un ‘pacto’ con los demócratas para sortear la oposición republicana a elevar el techo de la deuda;
(b) Trump y una facción de la burguesía estadounidense se plantearon un acercamiento o incluso una alianza con la Rusia de Putin contra China, una política que contaba con partidarios en el seno de la administración presidencial, como el primer secretario de Estado Tillerson, el secretario de Comercio Ross o incluso el yerno del presidente, Kushner. Sin embargo, esta orientación encontró la oposición de amplios sectores de la burguesía estadounidense y la resistencia de la mayoría de las estructuras del Estado (el ejército, los servicios secretos), a los que no convencía en absoluto una política de este tipo tanto por razones históricas (peso del periodo de la "Guerra Fría") como por la injerencia rusa en las elecciones presidenciales ("Rusiagate" de nuevo). Mientras Trump jamás descartó una mejora de la cooperación con Rusia (sugiriendo, por ejemplo, reintegrar a Rusia en el foro del G7 de países industrializados), el enfoque de las facciones dominantes de la burguesía estadounidense, y encarnado hoy por la administración Biden, ha sido siempre el de ver a Rusia como una fuerza hostil al mantenimiento del liderazgo de Estados Unidos.
(c) Durante las elecciones presidenciales de noviembre de 2020, la oposición entre las facciones burguesas adquirió un tono casi insurreccional con acusaciones mutuas de fraude electoral, negándose finalmente Trump a reconocer los resultados de las elecciones. El 6 de enero de 2021, convocados por Trump, sus partidarios marcharon hacia el Parlamento, asaltándolo y ocupando el Capitolio, el "símbolo del orden democrático", para tratar de anular los resultados anunciados y declarar ganador a Trump. Las divisiones internas de la burguesía estadounidense se han agudizado hasta el punto de que, por primera vez en la historia, el presidente que se presenta a la reelección acusa al sistema del "país más democrático del mundo" de fraude electoral, al mejor estilo de una "república bananera".
A pesar del vandalismo e imprevisibilidad del populista Trump, a pesar de la creciente división en la burguesía norteamericana sobre cómo defender su liderazgo, la administración Trump adoptó una orientación imperialista en continuidad y coherencia con los intereses imperialistas fundamentales del Estado norteamericano, que están ampliamente consensuados entre los sectores mayoritarios de la burguesía norteamericana: defender la posición de líder indiscutible como primera potencia mundial de Estados Unidos y para ello desarrollar una actitud ofensiva hacia la retadora China. Esta polarización contra China, calificada de "amenaza constante" 25, se está convirtiendo sin duda en el eje central de la política exterior de J. Biden. Esta opción estratégica de Estados Unidos implica concentrar fuerzas para una confrontación militar y tecnológica con China. Si ya como ‘gendarme del mundo’, Estados Unidos exacerbó la violencia bélica, el caos y el ‘cada uno a la suya’, la polarización actual hacia China no es menos destructiva. Todo lo contrario. Esta agresión se manifiesta
- en el plano político, a través de campañas democráticas en defensa de los derechos de los uigures, de las “libertades” en Hong Kong, la defensa de la democracia en Taiwán, o a través de acusaciones sistemáticas de espionaje y piratería informática contra China, con fuertes medidas de represalia;
- en el plano económico, a través de leyes y decretos como la Inflation Reduction Act y la Chips in USA Act, que someten las exportaciones de productos de empresas tecnológicas chinas (por ejemplo, Huawei) a Estados Unidos a fuertes restricciones en términos de aranceles proteccionistas y sanciones contra la competencia desleal, pero que sobre todo imponen un bloqueo a la transferencia de tecnología e investigación a Pekín;
- en el plano militar, mediante demostraciones de fuerza bastante explícitas y espectaculares destinadas a intimidar a China: la proliferación de maniobras militares de la flota estadounidense y sus aliados en el mar de China Meridional, la promesa de Biden de apoyar militarmente a Taiwán en caso de agresión china, el establecimiento de un cordón sanitario en torno a China mediante acuerdos de apoyo militar (el AUKUS, entre Estados Unidos, Australia y Gran Bretaña), alianzas claramente dirigidas contra China (como el Quad, en el que participan Japón, Australia e India), pero también mediante la reactivación de alianzas bilaterales o la firma de otras nuevas con Corea del Sur, Filipinas o Vietnam.
Por otra parte, la considerable fragmentación del aparato político estadounidense ha ido incluso a más a pesar de la victoria presidencial demócrata y la nominación de J. Biden. Las elecciones de mitad de mandato de 2022, la candidatura de Trump a un nuevo mandato y las tensiones entre demócratas y republicanos en el Congreso han confirmado que las fracturas entre los partidos son más profundas y exacerbadas que nunca, como siempre, al igual que las desavenencias dentro de cada uno de los dos bandos. El peso del populismo y de las ideologías más retrógradas, marcadas por el rechazo del pensamiento racional y coherente, lejos de verse frenados por las campañas destinadas a marginar a Trump, han ganado peso e influencia persistente en el juego político estadounidense y tienden constantemente a obstaculizar la puesta en marcha de la ofensiva contra China.
Estas dos tendencias, por un lado, la intensificación de una ofensiva polarizada para provocar al contendiente chino, y, por otro, la acentuación del caos y el ‘cada uno a la suya’ que esto provoca, pero también las tensiones internas entre facciones de la burguesía estadounidense, marcan los dos grandes acontecimientos de las relaciones imperialistas de los últimos años: la sangrienta guerra en Ucrania y la carnicería entre Israel y Hamás.
La guerra en Ucrania pudo quizás ser iniciada por Rusia, pero ha sido la consecuencia de la estrategia de Estados Unidos de cercarla y asfixiarla. Con el estallido de esta guerra criminal, EE. UU. ha dado un golpe maestro intensificando su política agresiva contra potenciales retadores. "En Washington, muchos llevaban mucho tiempo esperando esto: una oportunidad para que Estados Unidos se acreditara como gran potencia en un duelo con un competidor importante, en lugar de operaciones inciertas contra fanáticos religiosos mal armados" 26 . De hecho, esta guerra expresa objetivos de mayor alcance que un simple freno a las ambiciones de Rusia: "La actual rivalidad ruso-estadounidense no se explica por un temor a que Moscú pueda dominar Europa, sino más bien por el comportamiento hegemónico de Washington" 27 .
Por supuesto, el objetivo inmediato de la trampa fatal tendida a Rusia es infligirle un gran debilitamiento del poderío militar que le queda y una rebaja radical de sus ambiciones imperialistas: "Queremos debilitar a Rusia de tal manera que ya no pueda hacer cosas como invadir Ucrania" (declaraciones del Secretario de Defensa estadounidense Lloyd Austin durante su visita a Kiev el 25.04.22)28 . La guerra también pretende demostrar la absoluta superioridad de la tecnología militar estadounidense sobre el rústico armamento de Moscú.
En segundo lugar, la invasión rusa sirvió para apretar las tuercas en el seno de la OTAN, controlada por Washington, obligando a los reticentes países europeos, y especialmente Alemania, a reunirse bajo la bandera de la Alianza, pues ya habían tendido a desarrollar una política propia hacia Rusia ignorando a la OTAN, de quién hace unos meses el presidente francés Macron había afirmado que estaba en "muerte cerebral".
Pero, el objetivo primordial de los estadounidenses era, sin duda, enviar una advertencia inequívoca a su principal contrincante, China ("esto es lo que os espera si os arriesgáis a intentar invadir Taiwán"). Culminaba así una década de creciente presión sobre el principal retador que amenaza el liderazgo estadounidense. La guerra debilitó al único socio de interés de China, el que en podía proporcionarle una contribución militar, y además puso en aprietos el proyecto de expansión económica e imperialista de Pekín, la Nueva Ruta de la Seda, uno de cuyos ejes principales pasaba por Ucrania.
Para Estados Unidos, los cientos de miles de víctimas civiles y militares, la extensión de la barbarie bélica a Europa Central, los riesgos de colapso nuclear y de caos económico mundial no son más que insignificantes "efectos colaterales" de su ofensiva para garantizar la preservación de su liderazgo.
Tras el ataque por sorpresa y las bárbaras masacres perpetradas por Hamás, y las sangrientas represalias de Israel, aplastando a decenas de miles de civiles bajo proyectiles y bombas, la presencia casi permanente de dirigentes estadounidenses en Tel Aviv (el presidente Biden visitó personalmente la zona, y el secretario de Estado A. Blinken y el secretario de Defensa L. Austin pasaron allí casi una semana) pone de manifiesto la perplejidad y la ansiedad de la superpotencia estadounidense por encontrar una forma de manejar la situación. Ejerciendo una presión permanente sobre el gobierno israelí y manteniendo al mismo tiempo el contacto con los gobiernos árabes, tratan de limitar la sed de venganza bárbara de Israel en Gaza y Cisjordania y evitar una conflagración generalizada en la región.
Aun cuando desde la era Obama Estados Unidos iniciara "pivote asiático", no ha renunciado a influir en Oriente Próximo y Oriente Medio. Los Acuerdos de Abraham, por ejemplo, pretendían establecer un sistema de alianzas entre Israel y varios países árabes - en particular Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos -, para contener las aspiraciones imperialistas de Irán, delegando en el Estado israelí la responsabilidad de mantener el orden en la región. Pero no tenían en cuenta las implicaciones del carácter cada vez más inestable de las alianzas y la arraigada tendencia al sálvese quien pueda. Pues la burguesía israelí ya no duda en anteponer sus propios intereses imperialistas a su tradicional lealtad a Estados Unidos. Mientras Washington favorecía una "solución" de dos Estados, Netanyahu y las facciones derechistas de la burguesía israelí, alentadas por Trump, multiplicaron las anexiones en Cisjordania, marginando completamente a los palestinos. Estaba claro que estaban jugando con fuego en la región, pero contaban con el apoyo militar y diplomático estadounidense en caso de que las tensiones se intensificaran. En consecuencia, Estados Unidos se encuentra ahora acorralado por Israel, obligado a apoyar las políticas irresponsables de Netanyahu y a alejarse de la estrategia del "pivote asiático", diseñada precisamente para desvincular a Estados Unidos de los interminables conflictos que asolan Oriente Próximo para que pudiera centrarse en contener al aspirante chino. Hoy, sin embargo, se ven obligados a enviar importantes fuerzas navales al Mediterráneo Oriental, intervenir en el Mar Rojo y reforzar sus contingentes en Irak y Siria.
La voluntariosa reacción de la administración Biden demuestra la poca confianza que tiene en la camarilla de Netanyahu y lo preocupada que está por la perspectiva de una conflagración catastrófica en Oriente Próximo. El conflicto palestino-israelí es un nuevo foco de dolor para la política imperialista estadounidense, que podría resultar calamitoso si se extiende. Washington tendría entonces que asumir una considerable presencia militar y apoyo a Israel, lo que sería sumamente gravoso para la economía estadounidense y para su apoyo a Ucrania y, más aún, sobre su estrategia para frenar la expansión de China. Además, la retórica propalestina de Turquía, miembro "díscolo” de la OTAN, también aumentará el riesgo de que se agraven los enfrentamientos, al igual que las virulentas críticas de países árabes como Egipto y Arabia Saudí. Así pues, Washington intenta evitar que la situación se le vaya de las manos... una pretensión totalmente perfectamente ilusoria a largo plazo, dada la desastrosa dinámica en la que se está hundiendo Oriente Próximo.
Y, mientras tanto, Estados Unidos se adentra en un periodo de campaña electoral y la desestabilización del aparato político estadounidense acentúa la incertidumbre sobre la orientación de sus políticas, tanto en el interior como en el exterior. Los recurrentes bloqueos en el Congreso confirman que las fracturas entre demócratas y republicanos son más profundas y agudas que nunca, al igual que las desavenencias dentro de cada uno de los dos bandos, como demuestran la complicada elección del presidente republicano de la Cámara de Representantes y el debate entre los demócratas sobre el impacto que puede tener la avanzada edad de J. Biden en su posible reelección. Al mismo tiempo, las campañas dirigidas a marginar a Trump (por ejemplo, las diversas demandas interpuestas contra él), sólo han servido para dividir a la sociedad estadounidense de forma cada vez más profunda y permanente, y hacer que "El Donald" sea más popular que nunca entre una franja considerable del electorado estadounidense.
La nueva candidatura presidencial de Trump para las elecciones de 2024 sigue contando con el apoyo de más del 30% de los estadounidenses (es decir, casi 2/3 de los votantes republicanos), y es con mucho la favorita para la nominación republicana. Esto ya está aportando una buena dosis de incertidumbre a la política de Estados Unidos y ello pesa en las políticas de Washington. En Ucrania, el apoyo militar masivo a Zelensky se ve ahora cuestionado por la negativa de la mayoría republicana a aprobar fondos para ese país, y Putin cuenta con que una reelección de Trump cambiará la situación en ese escenario, en Israel, Netanyahu y las facciones de derechas cuentan con un apoyo incondicional de la derecha religiosa republicana que contrarreste la política de la administración Biden, mientras esperan también el regreso del "mesías" Trump.
En resumen, la naturaleza impredecible de la política estadounidense desaconseja a los demás países a tomar al pie de la letra las promesas estadounidenses, y es en sí misma (junto a su política de polarización) un factor de intensificación del caos para el futuro.
Al igual que el enfrentamiento en Ucrania, la guerra de Gaza confirma la tendencia dominante en la situación imperialista mundial: una creciente irracionalidad alimentada, por un lado, por la tendencia de cada potencia imperialista a actuar por su cuenta y, por otro, por la salvaje política de la potencia dominante, Estados Unidos, que trata de contrarrestar su inevitable declive impidiendo la aparición de cualquier posible aspirante a serlo.
Sea cual sea el resultado de estos conflictos, la actual política de confrontación por parte de la administración Biden anda lejos de propiciar una atenuación de las tensiones o de imponer disciplina entre los buitres imperialistas. De hecho, esta política
- acentúa las tensiones económicas y militares con el imperialismo chino
- exacerba las contradicciones entre los imperialismos, ya sea en Europa Central o en Oriente Próximo;
- intensifica las contradicciones en el seno de las distintas burguesías, en Estados Unidos, Rusia, Ucrania e Israel, por supuesto, pero también en Alemania y China.
Contrariamente a la retórica de sus dirigentes, la política ofensiva y brutal de Estados Unidos se sitúa, pues, a la vanguardia de la barbarie militar y las tendencias destructivas de la descomposición.
Durante más de 30 años, la lucha del imperialismo estadounidense contra su inevitable decadencia se ha ido convirtiendo en el principal factor del aumento de las tensiones y el caos. El éxito inicial de la ofensiva estadounidense se basó en una característica que ya destacamos en el texto de orientación de la CCI en los años 90 sobre "Militarismo y descomposición" 29, a saber, la supremacía económica y sobre todo militar de EE. UU., que supera la suma de las potencias potencialmente competidoras. En la actualidad, EE. UU. explota al máximo esta ventaja en su política de polarización. Pero esto jamás ha conducido a un mayor orden y disciplina en las relaciones imperialistas, sino que, por el contrario, ha multiplicado los enfrentamientos militares, exacerbado el ‘cada uno a la suya’ sembrado la barbarie y el caos en muchas regiones (Oriente Medio, Afganistán, Europa Central, etc.), intensificado el terrorismo, provocando enormes oleadas de refugiados y multiplicado los apetitos de ‘tiburones’ pequeños y grandes.
Desde hace más de 30 años también, las crecientes tensiones políticas en el seno de la burguesía estadounidense han sido explotadas para mistificar la lucha del proletariado estadounidense, intentando movilizarlo en la lucha contra las "élites dominantes", intentando dividirlo en trabajadores "nativos" e "inmigrantes ilegales", o intentando movilizarlo en defensa de la democracia contra la derecha racista y fascista. En este contexto, las luchas obreras de 2022 y 2023 en EE. UU. son una clara expresión del rechazo de la clase obrera norteamericana a dejarse arrastrar al terreno burgués, y de su determinación a defenderse unida como clase explotada contra cualquier ataque a sus condiciones de vida y de trabajo.
20.12.2023 / R.H. & Marsan
1 https://es.internationalism.org/content/4688/los-estados-unidos-superpotencia-en-la-decadencia-del-capitalismo-hoy-epicentro-de-la [1353]
3 Resolución sobre la Situación Internacional del 9º Congreso Internacional de la CCI. En Revista Internacional nº 67 (en francés) https://fr.internationalism.org/rinte67/congres.htm [1354].
4 Revista Internacional nº 64, 1991 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4045/revista-internacional-n-64-1er-semestre-de-1991 [1355],
5 Texto de orientación Militarismo y Descomposición [480]. Revista Internacional nº 64, 1991
8 Resolución sobre la Situación Internacional del 15º Congreso Internacional de la CCI [1356], en francés. Revista Internacional nº113, 2003
9 Notas sobre la historia de la política imperialista de Estados Unidos desde la 2ª Guerra Mundial, (segunda parte) [1357], en Revista Internacional nº114
10 Resolución sobre la situación Internacional del 10º Congreso Internacional de la CCI [1358] en 1993. En Reviste Internacional nº74, 1993.
11 Tesis sobre la Descomposición, fase terminal de la decadencia capitalista, [109] punto 10, en Revista Internacional nº 107
12 Resolución sobre la situación Internacional, punto 8 del 13º Congreso de Revolution Internationale [1359], en Revista Internacional nº 94
13 Resolución sobre la Situación Internacional, punto 8, del 17º Congreso Internacional de la CCI [1360], en Revista Internacional nº130, 2007
14 Informe sobre la pandemia y el desarrollo de la descomposición [795] del 24º Congreso Internacional de la CCI en Revista Internacional nº167, 2022
15 La elección de George W. Bush [1361], en inglés, en Internationalism nº 116, invierno 2000-2001
16 Resolución sobre la Situación Internacional, punto 9, del 17º Congreso Internacional de la CCI [1362], en Revista Internacional nº130, 2007.
17 Resolución sobre la Situación Internacional [1363] , punto 7, del 18º Congreso Internacional de la CCI en Revista Internacional nº138, 2009
18 Resolución sobre la Situación Internacional, punto 13 del 23º Congreso [122] de la CCI en Revista Internacional nº163-64.
20 Análisis de le evolución reciente en las tensiones imperialistas [1022], en Revista Internacional nº161, 2018.
21 Del artículo La retirada americana habrá durado 6 meses, … en Le Monde Diplomatique, marzo 2022
22 Declaración del Secretario de Defensa John Mattis el 4 de junio de 2018 ante el Comité de Defensa del Senado USA.
23 Resolución sobre la Situación Internacional, punto 10, del 23º Congreso I [122]nternacional de la CCI, Revista Internacional nº163-164, 2020.
24 Informe sobre el impacto de la descomposición en la vida política de la burguesía [473] en el 23 Congreso Internacional de la CCI, 2019, Revista Internacional nº163-64. La cita en negrita corresponde a un informe no publicado del 17º Congreso Internacional
25 Lloyd Austin, Memorándum a todos los empleados de todos los departamentos de Defensa.
26 Del artículo La retirada americana habrá durado 6 meses, … en Monde Diplomatique, marzo 2022.
27 ¿Por qué las grandes potencias se hacen la guerra? Monde Diplomatique, agosto 2023.
28 También la fracción Biden quería “escarmentar” a Rusia por su interferencia en los asuntos domésticos norteamericanos, tales como sus tentativas de manipular las últimas elecciones presidenciales.
29 Texto de orientación Militarismo y Descomposición [480]. Revista Internacional nº 64, 1991
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En el artículo anterior1 argumentamos cómo el desarrollo de las sequías y la escasez en los países centrales es un producto del estadio muy concreto de descomposición social al que ha llegado el capitalismo, que no se puede sino agravar. Y que no hay ninguna perspectiva de mitigación dentro de este sistema, solo mayor destrucción ecológica, lo cual rebota sobre la humanidad en forma de catástrofes cada vez peores.
Ante este panorama desolador, existen elementos de nuestra clase que están en búsqueda de una alternativa, que sí ven la evidencia de que el capitalismo no puede hacer otra cosa que destruir la naturaleza y que a su vez el efecto rebote sobre la sociedad es cada vez más catastrófico. Para devolver a estos elementos la esperanza en el capitalismo, la burguesía cuenta con una serie de grupos de extrema izquierda encargados de pintarnos una especie de alternativa estatal de tipo “socialista” que podría poner el freno al capitalismo. De vendernos la promesa de un Estado controlado por las “políticas obreras”, que pueda gestionar la explotación de la naturaleza de forma equilibrada y responsable, cortando de raíz todos esos supuestos excesos del capitalismo.
Ante la alarmante cuestión de la sequía, nos encontramos con la publicación trotskista Izquierda Diario, en Francia Revolution Permanente, cumpliendo esta labor de suplente de los grandes partidos de izquierda burgueses para que defendamos un ‘capitalismo verde’ disfrazado de “lucha por el socialismo”2.
Para conseguirlo, su primera maniobra es engañarnos sobre la esencia misma de la relación de este sistema con el medio natural. Para ello, denuncian vehementemente el sobre-turismo y los innecesarios campos de golf, señalan la ausencia de restricciones al consumo abusivo, las decisiones administrativas para favorecer a los lobbies, los excesos de las macrogranjas, el urbanismo y la industria desatada… todo aquello que ¡sería el interés de las principales multinacionales y los “gobiernos imperialistas”! Con toda esta lista de quejas sobre los “abusos del capitalismo y sus decisiones egoístas” ocultan la verdadera naturaleza del capitalismo decadente: una sociedad cuyos procedimientos mismos de producción se dirigen directamente al caos y la autodestrucción mutua ¡ya desde principios del siglo 20!, como declaró el primer congreso de la Internacional Comunista. Un sistema mundial no solo en crisis crónica de sobreproducción, sino cuya destrucción de la naturaleza está cada vez más ligada a la propia irracionalidad destructiva del sistema en su conjunto, donde la economía de guerra y la guerra misma es el factor central de una espiral de devastación.
Los izquierdistas hacen el papel de ir corriendo a denunciar los excesos cometidos por distintas facciones capitalistas aquí y allá. Cuando se trata de las catástrofes naturales, ¡es la gestión irresponsable de los que le hacen el juego al capitalismo! Cuando se trata de la escalada armamentista, es la política expansionista de la OTAN. ¡Nada que una buena gestión estatal “obrera” no pueda solucionar!
El truco que emplean estos falsos amigos de los trabajadores es hacernos pensar que el capitalismo es otra cosa de lo que realmente es: como decían hace unos años sobre las sequías en Uruguay, sería “el modelo extractivista del agrobusiness en manos de un puñado de empresas y especuladores que saquean el país”3. Es decir, que el capitalismo serían las empresas, los especuladores y los políticos que las apoyan.
Al dibujarnos al capitalismo como un simple sistema de “saqueo y expolio cada vez mayor” en donde “siempre habrá espacio para hacer buenos negocios”, el terreno está preparado para vendernos la supuesta alternativa: “¡Es necesaria una incursión despótica en los intereses y la propiedad de los grandes capitalistas!”, nos dicen. Que “no puede haber una verdadera transición hacia una matriz energética sustentable y diversificada sin expropiar al conjunto de la industria energética bajo la gestión democrática de las y los trabajadores, junto a comités de consumidores y usuarios populares”. Que es necesaria “la expropiación de la gran propiedad terrateniente y la reforma agraria, mientras se apoya la expulsión de las empresas imperialistas en los países semicoloniales y se promueve la abolición de la deuda externa en estos países.” Que hay que avanzar hacia “la perspectiva de lograr la nacionalización y reconversión tecnológica bajo control obrero de todas las empresas de transporte y automóviles. Y que no puede desarrollarse una nueva matriz productiva industrial sin la expropiación de los grandes grupos”4.
Es con ese procedimiento distorsionador con el que intentan devolvernos la esperanza en el Estado, que supuestamente podría ser controlado democráticamente por “los obreros y el pueblo en general” a través de nacionalizaciones que expropien las empresas privadas. Este sería el camino de lo que hipócritamente llaman “control obrero” hacia el supuesto socialismo que “podría producir respetuosamente con el medio ambiente”.
Pero ¿qué imagen dan estos grupos del camino a seguir para el derrocamiento de este sistema? No entraremos aquí mucho en ello, pero remitimos a nuestros lectores a los artículos que dedicamos específicamente a desenmascarar las mentiras de los izquierdistas sobre la lucha del proletariado5. Al contrario de lo que nos engañan con su lenguaje “obrero”, el camino al comunismo es totalmente opuesto a los remedios de Estado y la defensa del Estado y la democracia. El comunismo, única perspectiva para el porvenir, pasa por la generalización y extensión de las luchas en un terreno específico de clase obrera, y por una politización de las mismas. Será solo a través de la revolución proletaria extendida a nivel mundial y la apertura de un largo periodo de transición al comunismo cuando verdaderamente se podrán ir encontrando verdaderas medidas para mitigar toda la destrucción que el capitalismo ha hecho sobre el ambiente que necesitamos para sobrevivir6.
La situación actual es muy grave y, para no ser mareados y seducidos por los distintos farsantes de la izquierda burguesa, debemos comprender el desastre ecológico en el marco de la evolución real y concreta del capitalismo decadente.
Opero, marzo de 2024
1 Sequía en España: el capitalismo no puede mitigar, ni adaptarse, solo destruir. CCI, marzo 2024
2 Catalunya entra en alerta máxima por la sequía, Izquierda Diario, enero 2024 [1365]
3 Crisis hídrica. Un problema estructural sin soluciones a la vista, Izquierda Diario, julio 2023 [1366]
4 Cambio climático, guerra y revolución, Izquierda Diario, octubre 2022 [1367]
5 Ver, por ejemplo, El trotskismo defiende el capitalismo y la guerra con argumentos “revolucionarios”, CCI online, noviembre 2022 [1082]
6 Sobre la perspectiva de algunas de estas medidas consultar nuestro artículo Bordiga y la Gran Ciudad, Revista Internacional 165 [1368]
El día 27 de enero celebramos una Reunión Pública en Madrid, presencial y con asistencia por internet, sobre la contribución de BILAN a la lucha por el partido mundial del proletariado. No se trata de un llamado a la discusión en el vacío, sino que hemos visto que existe un cierto interés sobre BILAN en un entorno político que se ha expresado anteriormente en dos ocasiones en Madrid.
Las organizaciones comunistas actuales no son nada sin su plena inscripción en la continuidad histórica crítica de las organizaciones comunistas. Nos reclamamos de dos eslabones de esa continuidad: Bilan e Internationalisme [1]. Como decimos en el anuncio de la reunión pública, “el proletariado necesita su partido mundial y para formarlo, cuando sus luchas alcancen una fuerza masiva internacional, la base es la Izquierda Comunista de la cual nos reclamamos (…) La REUNION PUBLICA que proponemos trata de impulsar un debate para hacer un balance crítico del aporte de BILAN. Apreciar en qué BILAN es plenamente válido, en qué debe ser criticado, en qué debe ser llevado más lejos. Sus puntos fuertes, sus errores, su experiencia organizativa y teórica son un material imprescindible para la lucha de los revolucionarios actuales” [2]. Invitamos a los lectores a continuar el debate a través de contribuciones escritas o asistiendo a las reuniones públicas y permanencias de la CCI.
Hubo un participante que declaró que el marxismo es algo dogmático, invariable. Para él, el marxismo no debería considerar la evolución de la situación histórica sino quedarse fijo y detenido en posiciones eternas afirmadas en los orígenes del marxismo. Él mismo se autocalificó a ese respecto como “esclerótico” e incluso “¡tetrapléjico!” y llegó a decir que solo los muertos son cambiantes. Los participantes in situ y los que intervinieron a través de Internet expusieron los siguientes argumentos en contra de este punto de vista:
Que en el marxismo hay posiciones de base que no cambian ni cambiarán: la lucha de clases como motor de la historia; la lucha de clase del proletariado como la única que puede llevar al comunismo; que todo modo de producción y por tanto el capitalismo tiene una época ascendente y otra decadente; la necesidad de destruir el capitalismo para construir el comunismo; que la constitución de un partido mundial es indispensable para el proletariado; el papel motor del marxismo en el desarrollo de la consciencia de clase, etc.
Sin embargo, a partir de ese suelo de granito el marxismo se desarrolla respondiendo a nuevos problemas que plantea la evolución del capitalismo y la lucha de clases y asimismo corrigiendo posibles errores, insuficiencias o limitaciones ligadas a cada época histórica. Esta aproximación es básica en la ciencia, pero es cualitativamente más vital en el proletariado que, como clase explotada y revolucionaria a la vez, debe desarrollar su lucha por el comunismo abriéndose camino a través de innumerables errores y debilidades, aprendiendo de sus luchas y derrotas y criticando sin piedad sus errores. Más aún, debe desarrollar su lucha sobre la base de un planteamiento plenamente consciente de que no posee otra cosa que su fuerza de trabajo y de que, a diferencia de las clases históricas del pasado, no puede desarrollar su proyecto sin destruir el capitalismo de arriba abajo, así como sin erradicar las raíces de todas las sociedades explotadoras.
Esto también se aplica a sus organizaciones revolucionarias que deben ser capaces de analizar críticamente las posiciones precedentes y sus propias posiciones. Así, Marx y Engels corrigieron en 1872 a la luz de la experiencia de la Comuna de Paris la idea de que había que arrebatar el Estado a la clase dominante tal como existía, para poner de relieve la nueva lección histórica que acababa de ser tan duramente conquistada por el proletariado: la absoluta necesidad de destruir el Estado burgués anterior. Lenin, en las Tesis de Abril, planteó la necesidad de cambiar el programa del partido incorporando la posición de la naturaleza mundial y socialista de la Revolución y la toma del poder por los Soviets.
Es una grave irresponsabilidad permanecer dogmáticamente pegado a posiciones que ya no son válidas. Los partidos socialdemócratas no quisieron comprender ni la decadencia del capitalismo, ni las consecuencias que de ello se derivaron: el fin de la posibilidad de arrancar mediante la lucha mejoras y reformas duraderas a este sistema de explotación, ni la naturaleza de la guerra imperialista, ni la huelga de masas, etc. Todo ello los llevó a la traición. La Oposición de Izquierdas de Trotski permanecía dogmáticamente atada a la defensa incondicional del programa de los 4 primeros congresos de la IC, y nunca estuvo vinculada a un enfoque crítico de la oleada revolucionaria de 1917-1924. Finalmente, tras la muerte de Trotsky, el trotskismo traicionó al internacionalismo proletario apoyando a uno de los campos imperialistas presentes en el momento de la Segunda Guerra Mundial, y se unió así al campo burgués.
Una organización proletaria que no es capaz de un balance crítico implacable de su trayectoria y la de las organizaciones precedentes del movimiento obrero está condenada a perecer o traicionar. Bilan nos da el método para realizar ese balance crítico en el artículo ¿Hacia una Internacional dos y tres y cuartos? (BILAN nº 1 noviembre 1933) en respuesta a la Oposición de Izquierdas de Trotski: “En cada período histórico de formación del proletariado como clase, se hace evidente el crecimiento de los objetivos del Partido. La Liga de los Comunistas marcharía con una fracción de la burguesía. La Primera Internacional esbozaría las primeras organizaciones de clase del proletariado. La Segunda Internacional fundaría los partidos políticos y los sindicatos de masas de los trabajadores. La III Internacional lograría la victoria del proletariado en Rusia.
En cada período veremos que la posibilidad de la constitución del partido se determina sobre la base de la experiencia anterior y de los nuevos problemas que han surgido para el proletariado. La Primera Internacional nunca habría podido fundarse en colaboración con la burguesía radical. La Segunda Internacional no habría podido fundarse sin la noción de la necesidad de reagrupar las fuerzas proletarias en organizaciones de clase. La III Internacional no habría podido fundarse en colaboración con las fuerzas que actuaban en el seno del proletariado para conducirlo no a la insurrección y a la toma del poder, sino a la reforma gradual del Estado capitalista. En cada época, el proletariado puede organizarse en clase, y el partido puede basarse en los dos elementos siguientes:
1. Conciencia de la posición más avanzada que debe ocupar el proletariado, la inteligencia de los nuevos caminos que hay que emprender.
2. La delimitación creciente de las fuerzas que pueden actuar en favor de la revolución proletaria.”
Esta labor no se hace partiendo de cero, tomando como referencia de forma aislada los nuevos acontecimientos, o viendo los eventuales errores sin confrontarlos con las posiciones precedentes. Se hace a partir de un examen crítico riguroso de las posiciones anteriores, viendo qué tienen de válido, qué de insuficiente o caduco y qué es erróneo necesitando la elaboración de una nueva posición. Hubo un participante que, atraído por la imagen especular de la teorización sobre la “invarianza del programa comunista”, proponía que había que adaptar el marxismo a las teorías modernas del comportamiento humano y la psicología, compaginándolo con los nuevos hallazgos científicos en esta línea. Sin embargo, el método marxista no realiza un “cambio de posiciones”, ni se adapta a las aparentemente nuevas ideas, sino que lleva a cabo un desarrollo y contraste riguroso de su propio marco de partida que lo enriquece y lo lleva mucho más lejos.
El participante que decía ser “invariante” calificó el aplastamiento de Krondstadt como una “victoria del proletariado” y justificó la represión de Krondstadt diciendo que el partido debe imponer su dictadura a la clase. Francamente esa posición nos parece una monstruosidad y así lo expusimos, de la siguiente manera, y con el apoyo y la participación activa de varios asistentes. La clase obrera no es una masa informe que tiene que ser llevada a patadas y bastonazos para hacerla avanzar y “liberarla”. Es evidente que detrás de esta defensa ciega de la represión de Krondstadt se esconde una visión totalmente falsa del Partido del proletariado y de su relación con la clase. El partido proletario no es, como los partidos burgueses, candidato al poder del Estado, un partido estatal. Su función no puede ser administrar el Estado, lo cual no puede sino inevitablemente alterar su relación con la clase -relación que consiste en orientarla políticamente-, convirtiéndola en una relación de fuerza. Al convertirse en un administrador del Estado, el partido cambiará imperceptiblemente su papel para convertirse en un partido de funcionarios; con todo lo que eso implica como tendencia a la burocratización. El caso Bolchevique es ejemplar al respecto.
Según una visión de grosero sentido común, que pervive en ciertas partes del medio proletario: “al ser el partido la parte más consciente de la clase, ésta debe confiar en él, de manera que sea el partido quien tome con toda naturalidad y automáticamente el poder y lo ejerza”. Sin embargo, “el Partido Comunista es una parte de la clase, un organismo que, en su movimiento, esta segrega y se da para el desarrollo de su lucha histórica hasta la victoria, es decir hasta la transformación radical de la organización y las relaciones sociales para fundar una sociedad que realice la unidad de la comunidad humana mundial” [3]. Si el Partido se identifica con el Estado no solo niega el papel histórico del conjunto del proletariado en favor de una visión burguesa de cómo dirigir la sociedad, sino que además niega su imprescindible papel específico dentro del conjunto del proletariado, de empujar con método, uñas y dientes la consciencia del proletariado no de forma conservadora, sino en la extensión de la revolución y en el proceso de transición al comunismo.
Además, Bilan, si bien en otras cuestiones actuó con mayor prudencia y circunspección, tenía una posición muy clara en su defensa de los principios proletarios, al oponerse firmemente al uso de la violencia para resolver los problemas y disputas que puedan surgir en el seno de nuestra propia clase: «Se puede dar una circunstancia en la que un sector del proletariado —y concedemos incluso que haya sido prisionero inconsciente de las maniobras del enemigo— pase a luchar contra el Estado proletario. ¿Cómo hacer frente a esta situación, partiendo de la cuestión de principio por la cual el socialismo no se puede imponer por la fuerza o la violencia al proletariado? Era mejor perder Krondstadt que conservarlo desde el punto de vista geográfico ya que, sustancialmente, esa victoria podía tener más que un resultado: alterar las bases mismas, la sustancia de la acción llevada por el proletariado» [4].
La revolución mundial tendrá muchos y complicados episodios, pero para defender su orientación y desarrollo, deberá defender firmemente los principios fundamentales en la acción del proletariado. Uno de ellos es inamovible e invariante: NUNCA PUEDE NI DEBE HABER RELACIONES DE VIOLENCIA AL INTERIOR DEL PROLETARIADO, con mayor razón aún, cuando se actúa en su nombre para ejercer y justificar la represión contra una parte de ella, con mayor razón aún, cuando esta represión se justifica como un intento de defender la revolución.
La represión de Krondstadt aceleró la vía hacia la degeneración y derrota de la revolución en Rusia y hacia la destrucción de la sustancia proletaria -cada vez más deteriorada- del Partido Bolchevique.
Hubo otras discusiones muy interesantes y polémicas, no solo a raíz de las posturas supuestamente “invariantes”. Nosotros insistimos en la diferencia sustancial entre el método organizativo y teórico–histórico de Bilan frente al de la Oposición de Izquierdas de Trotski [5].
BILAN se mantuvo fiel al principio de lucha contra la deformación de los principios por la ideología burguesa. Mientras la Oposición de Izquierdas se reclamaba de aquellos Congresos de la IC que teorizaban el oportunismo y habían hecho la cama al estalinismo, las FRACCIONES de Izquierda hicieron una crítica de todas aquellas teorizaciones oportunistas que se manifestaron y desarrollaron a partir del II Congreso. Y llevaron una paciente lucha polémica por intentar convencer el máximo de fuerzas militantes encerradas en el marco oportunista de las “tácticas” de la Oposición de Izquierdas.
BILAN fue capaz de hacer una crítica profunda y rigurosa, que permitió sacar lecciones sobre las posiciones erróneas de la IC que más tarde condujeron a ésta a la traición: como la táctica del Frente Único, la defensa de las luchas de liberación nacional, la lucha democrática, las milicias partisanas… permitiéndole preservar para el futuro la defensa de las posiciones revolucionarias de clase, en línea con las posiciones defendidas por la Izquierda Comunista.
Su análisis de la relación de fuerzas entre las clases fue algo vital para determinar la función de las organizaciones revolucionarias durante aquel periodo, al contrario de la “influencia permanente en las masas” que pretendía ganar a toda costa la Oposición.
También hay diferencias sustanciales entre la concepción de Bilan y del KAPD alemán, aunque estas sí se inscriben en el marco de las posiciones defendidas por la Izquierda Comunista. El KAPD, y esa era su gran debilidad, no se basó en un análisis histórico, incluso rechazó la continuidad del vínculo revolucionario de sus posiciones con la revolución de octubre, y menospreció totalmente la cuestión organizativa. En otras palabras, fue Bilan quien nos legó su visión del trabajo político y organizativo COMO UNA FRACCIÓN: “La fracción es el órgano que permite la continuidad de la intervención comunista en la clase, incluso en los períodos más sombríos en los que esa intervención no tiene un eco inmediato. Toda la historia de las fracciones de la Izquierda Comunista lo demuestra de sobras. Junto a la revista teórica Bilan, la fracción italiana publicaba un periódico en italiano, Prometeo, que tenía en Francia una difusión superior a la de los trotskistas franceses, tan peritos éstos en el activismo” [6]. Así mismo, la fracción tiene como papel esencial poner las bases para el futuro Partido mundial del proletariado y ser capaz de analizar los pasos concretos a dar y cuándo es necesario comenzar a luchar por su formación directa.
En ese marco del trabajo concebido como el de una Fracción, tal como lo defendió Bilan, la discusión de las reuniones públicas debe tener una orientación MILITANTE y no quedarse en una tertulia donde cada cual dice su propia “opinión” sin llegar a ningún resultado. Esto le pareció al participante auto-declarado como “esclerótico” una manifestación del supuesto sectarismo de la CCI, un modo de discusión y reclutamiento sobre una base sectaria y, con ese pretexto se opuso a que se sacaran conclusiones abandonando a cajas destempladas la reunión antes de escucharlas, llevando tras él al asociado con el que llegó desde el principio [7].
Una reunión proletaria debe ser capaz de sacar conclusiones que incluyan un recordatorio de los puntos de acuerdo y los puntos de desacuerdo en la discusión, delimitando así conscientemente a dónde se ha llegado o las cuestiones abordadas sobre las que se ha avanzado en el esclarecimiento, y estableciendo un puente hacia otras discusiones venideras. Teniendo esto en cuenta, instamos a los dos fugados a que se quedaran y expusieran cualquier desacuerdo que tuvieran con las conclusiones. Por desgracia, no pudimos convencerles de que lo hicieran, ya que, al parecer, ¡su gusto por el eclecticismo informal es también un principio inamovible!
Corriente Comunista Internacional, febrero de 2024
Hemos acogido con especial satisfacción la publicación en español de once números de Bilan. Ver nuestro artículo: La continuidad histórica, una lucha indispensable y permanente para las organizaciones revolucionarias, CCI online, octubre 2023. [1370]
La contribución de Bilan a la lucha por el partido mundial del proletariado, CCI online, enero 2024. [1370]
Consultar nuestros artículos: El partido desfigurado: la concepción bordiguista, Revista Internacional 23 [1370]; y El Partido y sus lazos con la clase, Revista Internacional 35 [1370]
Octobre nº 2, 1938, La cuestión del Estado.
Ver nuestro artículo ¿Cuáles son las diferencias entre la Izquierda Comunista y la IVª Internacional?, CCI online, junio 2007 [1370]
Está claro que ambos también olvidaron el principio de la Izquierda Comunista de luchar hasta el final en el seno del medio proletario para ganar la máxima claridad y lecciones posibles. Nos extraña mucho que se reclamaran de la continuidad de BILAN, cuando habría sido mucho más coherente y productivo para el combate de nuestra clase que expresaran abiertamente sus evidentes desacuerdos con BILAN. En lugar de eso prefirieron evitar a toda costa una confrontación seria de argumentos.
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El 1 de febrero se ha activado el estado de riesgo más grave (EMERGENCIA) por sequía en el área de Barcelona. Según el presidente de la Generalitat “es la peor sequía desde que existen registros (…) la crisis climática nos está poniendo a prueba como en la pandemia”.
La ronda de acusaciones y señalamiento de culpables se desata. Los “socialistas” catalanes urgen prepararse para el peor de los escenarios y recriminan a la Generalitat el “haber hecho mal las cosas hasta ahora”. Los representantes más visibles de la burguesía española parecen muy indignados por la falta de ayudas a los agricultores, la ausencia de guía para los municipios, la ausencia de regulaciones turísticas, la falta de planificación y de decisiones e inversiones a tiempo. Según el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona "llevamos un retraso de una década en el desarrollo de una garantía de abastecimiento de agua".
La burguesía parece cada vez menos preocupada por el cambio climático en sí mismo. Su preocupación es cada vez más la de cómo adaptarse a lo inevitable. Según el gobierno, que parece vestirse de progre al confrontar las ideologías negacionistas, “no es ya una amenaza incierta, más o menos probable, sino de adaptarnos a los efectos de algo que ya está aquí, entre todos, en las ciudades y en nuestro campo”. El 2021 fue el tercer año seguido más seco de la península, y el 2022 el año más caluroso registrado hasta el momento. Según Greenpeace, a partir de datos del IPCC1, España experimentará un incremento en las condiciones de sequía con un impacto probablemente diez veces peor que en el pasado reciente. Hay una gran probabilidad de que las condiciones de aridez sobrepasen por mucho la magnitud de cambio comprobado en el último milenio.
Entonces, para asumir lo que es más bien una “adaptación a lo peor” (porque, por supuesto, la burguesía no puede arreglar su catástrofe ambiental sino solo agravarla más aún) el Gobierno español hace una “inversión histórica” de 5000 millones de euros para la modernización de los regadíos, y para infraestructuras de desalinización de aguas similares a la de Torrevieja (Alicante). Son inversiones que también son criticadas por los representantes “verdes” de esta sociedad. Según el WWF, en 2004 ya se invirtieron casi 4000 millones en la modernización de los regadíos, pero el agua supuestamente ahorrada se destinó a la intensificación agrícola, a extender las dobles cosechas, utilizar cultivos más productivos, nuevos regadíos…, pero ¡no a ahorrar agua! sino a usar más, y siempre con un aumento del consumo energético. Además, sin ninguna preocupación por el futuro, ya que “la intensificación del regadío hace a los cultivos menos resilientes a las sequías”. ¿Podría ser que, si en menos tiempo o con menos agua se produjera la misma cantidad de producto en los campos españoles, una buena gestión Estatal podría quedarse conforme y conseguir un verdadero ahorro? Esto es imposible para el capitalismo, ¡un sistema de la competencia a muerte y enfermo crónico de crisis de sobreproducción!
Por otro lado, en la web del Foro Económico mundial podíamos leer ya en 2015 que, aunque la desalinización es una opción más costosa que otras tecnologías de reciclado de agua, a medida que se extienda la escasez de agua quienes busquen agua recurrirán cada vez más a ella. Y que la mayoría de la gran cantidad de energía para la desalinización convencional proviene del carbón y el gas natural, ya que la desalinización solar no es competitiva en el mercado2.
Ante este panorama de contradicción total entre lo que habría que hacer para mitigar y lo que se hace en la práctica, según los grupos ecologistas tendríamos que presionar a administraciones y empresas para “enderezar la política hidráulica de este país” (¡como si fuera un problema nacional!), y terminar con “los regadíos sin control, los pozos ilegales, el envenenamiento industrial y urbano del agua”. Para presionar contra “estos excesos y mala gestión” nos llaman a reunirnos en las plataformas sociales como #NoenRaja (De donde no hay, no mana). Pero ¿es que acaso el capitalismo puede tomar una dirección más responsable con el medio ambiente? ¿Puede haber una renovación ecologista del sistema, país por país, que al menos mitigue los peores desastres? ¡Al contrario! El capitalismo solo destruirá cada vez más salvajemente. Ya vimos en la COP 28 que las medidas para mitigar el cambio climático están cada vez más vacías de ningún contenido real3. Se confirman muy tangiblemente los oscuros presagios de las instituciones más perspicaces de la burguesía, como el Foro Económico Mundial que, como ya hemos dicho recientemente, ha dado a entender la incapacidad de esta sociedad de poner unas mínimas orientaciones para enfrentar una necesidad de una urgencia inmediata4. Vivimos en un sistema cuyas políticas económicas, cuya investigación e inversiones se hacen sistemáticamente en detrimento del futuro de la humanidad y, por lo tanto, en detrimento del sistema mismo. ¡Es lógico que la burguesía misma se inquiete! Sin embargo, incluso las instituciones más responsables e “internacionales” de la burguesía, a las que también preocupa el gigantesco impacto económico y también social de las catástrofes naturales (las hambrunas y oleadas de refugiados, sin ir más lejos), se ven cada vez más impotentes.
Como ya decíamos en nuestra Revista Internacional en los años 90, aunque la cuestión ecológica ya planteaba problemas serios en la ascendencia del capitalismo, es “la época que desde 1914 ha sido definida por los marxistas como la de la decadencia de este modo de producción, cuando la destrucción despiadada del medio ambiente por parte del capital adquiere una escala y una calidad diferentes, al tiempo que pierde toda justificación histórica. Es la época en que todas las naciones capitalistas se ven obligadas a competir entre sí en un mercado mundial saturado; una época, por tanto, de economía de guerra permanente, con un crecimiento desproporcionado de la industria pesada; una época caracterizada por la duplicación irracional y despilfarradora de complejos industriales en cada unidad nacional, por el saqueo desesperado de los recursos naturales por parte de cada nación en su intento de sobrevivir en la despiadada carrera de ratas del mercado mundial. Las consecuencias de todo esto para el medio ambiente son cada vez más evidentes”5. En el paso del capitalismo decadente por el desarrollo de las megaciudades, la contaminación radioactiva o aquella debida a los clorofluorocarburos, la desaparición de las selvas ecuatoriales y la desestabilización de ecosistemas enteros…, se han acumulado cada vez más focos de destrucción ambiental a un ritmo cada vez mayor. Llegados los años 1990 la cuestión del efecto invernadero y el calentamiento global pasaron a ser el centro de las preocupaciones oficiales. El capitalismo decadente ha llegado a un punto donde su impacto destructivo es cada vez más global y sistémicamente amenazante, y los países centrales son cada vez más incapaces de mitigar el “efecto rebote” hacia la sociedad, o de alejarlo de su vista hacia la periferia.
Hoy, como advierten los expertos, el medio ambiente está empezando a alcanzar diversos “puntos de inflexión” que amenazan con una cadena de catástrofes naturales. Sin embargo, la cuestión ecológica es un factor dentro de una especie de “torbellino de descomposición” en el que el capitalismo se está metiendo de lleno6. Un torbellino donde la economía de guerra y la proliferación de las guerras caóticas de tierra quemada están en el centro de una espiral que se combina y refuerza con las catástrofes naturales, las epidemias, las hambrunas y éxodos masivos y la destrucción de toda perspectiva de futuro (lo cual tiene un importante impacto ideológico). Una situación donde la sobreproducción de agua y alimentos que se pudren sin poder venderse, se mezcla con la sequía, la escasez agrícola y el ganado sacrificado…, una escasez que a su vez infla el precio de los productos lo cual los convierte en menos asequibles.
¿Qué debemos hacer entonces? Contra todas las falsas ilusiones, ¡no es la lucha ecologista ni la mejor gestión estatal lo que mitigará las sequías y, ni siquiera, a término, se adaptará a ellas! Al contrario, el capitalismo está encaminado irreversiblemente en una espiral de destrucción cada vez más estrepitosamente fuera de toda lógica. Dichas ilusiones en realidad contribuyen a la desmoralización y a la destrucción de la perspectiva del comunismo que se basa en la toma de consciencia proletaria. Porque solo la revolución proletaria podrá empezar a mitigar la destrucción de la naturaleza a partir del desastre cada vez más ruinoso que nos lega la época de la burguesía.
En un siguiente artículo, denunciaremos la vil manera con la que la mano más izquierda de la burguesía, aprovechando la cuestión de la sequía, nos devuelve las esperanzas en un capitalismo verde disfrazado de “socialismo”7.
Opero, marzo de 2024
1 El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. Ver el Informe: Carrera contra el reloj climático: Cambio climático y fenómenos meteorológicos extremos en España, Greenpeace, julio 2023 [1372] (en inglés)
2 ¿Es la desalación la respuesta a la escasez de agua?, Foro Económico Mundial, abril 2015 [1373] (artículo web en inglés) en colaboración con The Economist
3 COP 28 en Dubai: Un símbolo del cinismo de la burguesía, CCI online, febrero 2024 [1374]
4 Según los dirigentes y expertos de la burguesía reunidos en este Foro “Los últimos acontecimientos han puesto de manifiesto una divergencia entre lo que es científicamente necesario y lo que es políticamente conveniente.”
5 El capitalismo está envenenando el planeta, Revista Internacional 63, 1990 [1375] (en inglés)
6 Ver ¡La descomposición del capitalismo se acelera!, CCI online, septiembre 2023 [1376]. Ver en mayor detalle nuestra Actualización de las Tesis de la Descomposición, Revista Internacional 170, 2023 [1039]
7 Los izquierdistas sobre la sequía: Cómo devolver la esperanza en un ‘capitalismo verde’ disfrazado de socialismo. CCI, marzo 2024
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La burguesía siempre se ha esmerado en tergiversar la historia del movimiento obrero y en presentar a quienes se han distinguido en él como inofensivos o repulsivos. La burguesía lo sabe tan bien como nosotros, y por eso sigue utilizando todos los medios posibles para tergiversar u ocultar la transmisión de los combates de los grandes revolucionarios del pasado y sus aportaciones al movimiento obrero, con el fin de borrarlas de la memoria histórica del proletariado, cuando una de sus armas fundamentales en su continuo enfrentamiento con el capitalismo reside en su conciencia de clase, que se nutre inevitablemente de la teoría revolucionaria, de la teoría marxista, así como de las lecciones y experiencias de sus combates. Hoy, un siglo después de la muerte de Lenin, podemos esperar renovados ataques ideológicos contra el gran revolucionario que fue, contra todas sus contribuciones a los combates del proletariado: teóricos, organizativos, estratégicos...
Si Marx es presentado como un filósofo audaz y un poco subversivo, cuyas contribuciones supuestamente anticuadas permitieron sin embargo al capitalismo evitar sus peores fracasos, no se puede decir lo mismo de Lenin. Lenin participó y desempeñó un papel importante en la mayor experiencia revolucionaria del proletariado; participó en un acontecimiento que sacudió los cimientos del capitalismo. De esta experiencia fundamental y de una gran riqueza en términos de lecciones para las futuras luchas del proletariado, Lenin dejó grandes huellas en sus numerosos escritos. Pero mucho antes de la Revolución de Octubre, Lenin había contribuido de forma determinante a configurar la organización del proletariado, tanto sobre el plano político como estratégico. Puso en práctica un método de debate, la reflexión y la construcción teórica que son armas esenciales para los revolucionarios de hoy.
Todo esto, la burguesía también lo sabe. Lenin no era un “hombre de Estado” como los que la burguesía produce todo el tiempo, sino un militante revolucionario comprometido con su clase. Esto es lo que la burguesía trata de ocultar más, presentando a Lenin como un hombre autoritario, que tomaba decisiones solo, destituía a sus opositores, disfrutaba de la represión y el terror en beneficio exclusivo de sus intereses personales. De este modo, la clase dominante puede trazar una línea directa continua, una línea de igualdad entre Lenin y Stalin, que habría completado la obra del primero estableciendo en la URSS un sistema de terror que sería la culminación exacta de los designios personales de Lenin.
Para llegar a esta conclusión, además de un flujo constante de mentiras desvergonzadas, la burguesía se detiene en los errores de Lenin, aislándolos de todo lo demás, y sobre todo del proceso de debate y clarificación dentro del cual surgieron estos errores y pudieron ser naturalmente superados. También los aíslan del contexto internacional de la derrota del movimiento revolucionario mundial, que no permitió a la revolución rusa continuar su obra y la llevó a retroceder hacia una forma de un capitalismo de Estado singular y puesto bajo las garras de Stalin.
Los izquierdistas, encabezados por los trotskistas, no son los últimos en capitalizar sus mistificaciones ideológicas sobre los errores de Lenin, en particular cuando se equivocó y engañó gravemente sobre las luchas de liberación nacional y sobre el potencial del proletariado en los países de la periferia del capitalismo (teoría del eslabón débil). Los izquierdistas han utilizado y utilizan todavía hoy estos errores para desencadenar su propaganda belicista burguesa para empujar a los proletarios a convertirse en carne de cañón en los conflictos imperialistas a través de sus consignas nacionalistas y su apoyo a un campo imperialista contra otro, totalmente lo contrario de la perspectiva revolucionaria e internacionalista que defendió con determinación Lenin. Lo mismo ocurre con la falsa concepción de Lenin sobre los trusts y los grandes bancos, según la cual la concentración de capital facilitaría la transición al comunismo. Los izquierdistas se aprovecharon de ella para reivindicar la nacionalización de los bancos y las grandes industrias y promover así el capitalismo de Estado como trampolín hacia el comunismo, cuando no es para justificar su falso argumento de que la economía “soviética” y la brutalidad de la explotación en la URSS no eran del capitalismo.
Pero Lenin no puede reducirse en absoluto a los errores que cometió. Esto no significa ignorarlos. En primer lugar, porque proporcionan importantes lecciones para el movimiento obrero a través de un examen crítico. Pero también porque no cabe duda, frente al repulsivo retrato que la burguesía hace de él, no se puede presentar a Lenin como un líder perfecto y omnisciente.
Lenin fue, de hecho, un combatiente de la clase obrera cuya tenacidad, perspicacia organizativa, convicción y método inspiran respeto. Su influencia en el curso revolucionario de principios del siglo pasado es indiscutible. Pero todo esto tiene lugar en un contexto, un movimiento, un combate, un debate internacional, sin los cuales Lenin no habría podido hacer nada, no habría aportado nada al movimiento revolucionario de la clase obrera, del mismo modo que Marx no habría podido actuar y realizar su inmensa obra al servicio del proletariado ni aportar su compromiso y su energía militante a la construcción de una organización proletaria internacional sin un contexto histórico de emergencia política de la clase obrera.
Sólo en tales condiciones las individualidades revolucionarias pueden expresarse y dar lo mejor de sí mismas. Fue en estas condiciones históricas particulares que a lo largo de su corta vida, Lenin construyó y legó una contribución fundamental al conjunto del proletariado, en términos organizativos, políticos, teóricos y estratégicos.
Lejos de ser un intelectual académico, Lenin era ante todo un militante revolucionario. El ejemplo de la conferencia de Zimmerwald1 es sorprendente a este respecto. Aunque Lenin siempre había sido un defensor acérrimo del internacionalismo proletario, situándose a la vanguardia de la lucha contra el colapso de la II Internacional, que arrastraría al proletariado a la guerra en 1914, se encontraría al frente de la lucha por mantener viva la llama internacionalista mientras los cañones disparaban en Europa.
Pero a la conferencia de Zimmerwald no sólo asistieron internacionalistas convencidos, también hubo muchos defensores de las ilusiones pacifistas que debilitaron el proyecto de Lenin para combatir la locura nacionalista que mantenía al proletariado bajo un manto de plomo. No obstante, Lenin, como parte de la delegación bolchevique, comprendió que la única manera de dar al proletariado un faro de esperanza en ese momento era hacer grandes compromisos con las otras tendencias en la conferencia.
Pero seguiría luchando, incluso después de la Conferencia, para clarificar las cuestiones en juego, criticando resueltamente el pacifismo y las peligrosas ilusiones que transmitía. Esta constancia, esta determinación de defender sus posiciones reforzándolas al mismo tiempo mediante el estudio teórico y la confrontación de argumentos, está en el corazón de un método que debe inspirar hoy a todo militante revolucionario.
En términos organizativos, Lenin aportó una inmensa contribución militante a los debates que sacudieron el 2º Congreso del Partido Ruso en 19032. Ya había esbozado su posición en 1902 en ¿Qué hacer? un folleto publicado como contribución al debate dentro del partido en el que se opuso a las visiones economicistas que se estaban desarrollando, y en su lugar promovía una visión de un partido revolucionario, es decir, un arma para el proletariado en su asalto contra el capitalismo.
Pero fue durante este mismo segundo congreso cuando libró un combate determinante y decidido para que su visión del partido revolucionario fuera aceptada en el seno del POSDR: un partido de militantes, animados por un espíritu de combate, conscientes de su compromiso y de sus responsabilidades en la clase, frente a una concepción laxa de la organización revolucionaria vista como una suma, un agregado de “simpatizantes” y de contribuyentes ocasionales, como la defendían los mencheviques. Ese combate fue también un momento de clarificación de lo que es un militante en un partido revolucionario: no es un miembro de un grupo de amigos que da prioridad a la lealtad personal, sino un miembro de una organización cuyos intereses comunes, expresión de una clase unida y solidaria, priman sobre todo lo demás. Fue este combate el que permitió al movimiento obrero pasar del “espíritu de círculo” al “espíritu de partido”.
Estos principios permitieron al partido bolchevique jugar un rol de motor en el desarrollo de las luchas en Rusia hasta la insurrección de octubre, organizándose como partido de vanguardia, defendiendo los intereses de la clase obrera y combatiendo contra cualquier intrusión de ideologías extranjeras en su seno. Estos principios los seguimos defendiendo y reivindicando como el único medio de construir el partido del mañana.
En su libro Un paso adelante, dos pasos atrás, Lenin repasa la lucha del 2º Congreso y demuestra en cada página el método que utilizó para aclarar estas cuestiones: paciencia, tenacidad, argumentación, convicción. Y no, como quiere hacernos creer la burguesía: autoritarismo, amenazas, exclusión. La cantidad impresionante de escritos dejados por Lenin es ya suficiente para comprender hasta qué punto defendió y dio vida al principio de la argumentación paciente y decidida como único medio de hacer avanzar las ideas revolucionarias: convencer en lugar de imponer.
Catorce años después del congreso de 1903, en abril de 1917, Lenin regresó del exilio y aplicó el mismo método para conseguir que su partido aclarara las cuestiones del periodo. En pocas líneas, las famosas Tesis de Abril3 enlista los argumentos fuertes, claros y convincentes para evitar al partido bolchevique encerrarse en la defensa del gobierno provisional de naturaleza burguesa y comprometerse en el combate por una segunda fase revolucionaria.
No se trataba de un texto escrito por Lenin en nombre del partido, que lo habría aceptado tal cual, sino de una contribución a un debate que tenía lugar en el partido y a través del cual Lenin trataba de convencer a la mayoría. En este texto, Lenin define una estrategia basada en el carácter minoritario del partido en el seno de las masas, que requiere discusión y propaganda paciente: “explicar pacientemente, sistemáticamente, tenazmente”. Esto es lo que fue Lenin en realidad, a quien la burguesía sigue presentando como un “autócrata y sanguinario”.
Lenin nunca buscó imponer, sino siempre convencer. Para ello, tuvo que desarrollar argumentos sólidos y, para ello, tuvo que desarrollar su dominio de la teoría: no para su propia cultura personal, sino para transmitirla al conjunto del partido y de la clase obrera como arma para futuros combates. Era un enfoque que él mismo resumió: “no puede haber movimiento revolucionario sin teoría revolucionaria”, y del que una obra particularmente importante proporciona una comprensión concreta: El Estado y la Revolución4. Mientras que en las Tesis de abril Lenin advertía contra el Estado surgido de la insurrección de febrero y enfatizaba la necesidad de construir resueltamente una dinámica revolucionaria contra este Estado, en septiembre sintió que el tema se volvía cada vez más crucial y se comprometió en la redacción de este texto para desarrollar una argumentación basada en las adquisiciones del marxismo sobre la cuestión del Estado. Nunca terminó el trabajo, que fue interrumpido por la insurrección de octubre.
Nuevamente, se ilustra el método de Lenin. A la burguesía le gusta presentar a los hombres como líderes naturales cuya autoridad se basa únicamente en su “genio” y su “talento”. Lenin, en cambio, debía su capacidad de convencer a un profundo compromiso con la causa que defendía. En lugar de tratar de imponer su punto de vista aprovechando su autoridad dentro del partido o maquinando entre bastidores, se sumergió en el trabajo del movimiento obrero sobre la cuestión del Estado para profundizar en el tema y argumentar mejor a favor de romper con la idea socialdemócrata de limitarse a apoderarse del aparato estatal existente para poner de relieve la necesidad imperiosa de destruirlo.
Un revolucionario no puede “descubrir” la estrategia correcta sólo por su genio, sino por una comprensión profunda de lo que está en juego en la situación y de la relación de fuerzas entre las clases. Esto se ilustra de forma ejemplar en julio de 19175. En abril, el partido bolchevique lanzó la consigna “todo el poder a los soviets” para dirigir a la clase obrera contra el Estado burgués surgido de la revolución de febrero, pero en julio, en Petrogrado, el proletariado empezó a oponerse masivamente al régimen democrático. La burguesía hizo entonces lo que mejor sabe hacer: tendió una trampa al proletariado tratando de provocar una insurrección prematura que le hubiera permitido desencadenar una represión sin límites, en particular contra los bolcheviques.
Sin duda, el éxito de tal empresa habría comprometido decisivamente la dinámica revolucionaria en Rusia y la Revolución de Octubre no habría tenido lugar. En ese momento, el papel del partido bolchevique era fundamental para explicar a la clase obrera que no había llegado el momento de dirigir el asalto y que, en otros lugares distintos de Petrogrado, el proletariado no estaba preparado y sería diezmado.
Para lograr claridad sobre las consignas que había que esgrimir en cada momento, requerían ser capaces de conocer de forma profunda la relación de fuerzas entre las dos clases determinantes de la sociedad, pero también era necesario contar con la confianza del proletariado en un momento en que éste, en Petrogrado, expresaba abiertamente su intención de derrocar al gobierno. Esta confianza no se ganó por la fuerza, las amenazas o cualquier tipo de artificio “democrático”, sino por la capacidad de guiar a la clase de forma clara, profunda y bien argumentada. El rol de Lenin en estos acontecimientos fue sin duda crucial, pero fueron sus años de lucha incesante y paciente, desde la fundación del moderno partido del proletariado en 1903 hasta las jornadas de julio, pasando por Zimmerwald y las Tesis de abril de 1917, los que permitieron al partido bolchevique asumir el papel que le correspondería en cada período y ser así reconocido por el conjunto del proletariado como el verdadero faro de la revolución comunista.
La burguesía siempre podrá presentar a Lenin como un estratega ávido de poder, un hombre altanero que no toleraba ningún desafío o reconocimiento de sus errores. Siempre podrán reescribir la historia del proletariado ruso y su revolución bajo esta luz, pero la vida y la obra de Lenin son una negación constante de estas burdas maniobras ideológicas. Para todos los revolucionarios de hoy y de mañana, la profundidad de su compromiso, el rigor de su aplicación de la teoría y el método marxista, la confianza inquebrantable que extrajo de ello en la capacidad de su clase para conducir a la humanidad hacia el comunismo hace de Lenin, un siglo después de su muerte, un ejemplo infinitamente rico de lo que debe ser un militante comunista.
GD, enero-2024
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El GIGC ha reaccionado con una nueva calumnia1 frente al artículo que redactamos en defensa de nuestra Plataforma2. Creemos que no debemos dejarla sin respuesta, aunque ello suponga retrasar la publicación de otros artículos previstos y también dedicados a defender nuestra organización.
El GIGC presenta nuestros artículos que denuncian la falsedad de sus críticas, sus tergiversaciones y omisiones de nuestra Plataforma, como si nuestros textos fueran un medio de desviar la atención respecto a las cuestiones planteadas por militantes de la CCI e incluso por contactos en el medio político proletario sobre la supuesta deriva política de nuestra organización.
El GIGC comienza descalificando nuestro último congreso internacional, pero lo hace “vagamente”, evitando ser concreto y preciso, despreciando sus trabajos sin, por supuesto, aventurar una crítica política. Concluye que el congreso «se enredó en contradicciones teórico-políticas de carácter idealista», que sus trabajos «no aportaban nada particular para el campo proletario» y que sólo expresaban «la creciente marginación de nuestra organización». ¿Qué documento en concreto? Es un misterio sobre el que el GIGC guarda silencio, pero es fácil imaginar que fue el informe sobre la "descomposición de la sociedad", que incluye un apartado - "El método marxista, herramienta indispensable para comprender el mundo actual" -, contiene una respuesta argumentada a las críticas a nuestro "supuesto idealismo". Obviamente, el objetivo del GIGC nunca ha sido combatir políticamente nuestras supuestas "contradicciones teórico-políticas de orden idealista"3 puesto que no tiene ningún interés en una confrontación política. La llamada "crítica teórica" del GIGC consiste en una sucesión de frases retóricas, sin argumento ni prueba alguna, destinadas únicamente a denigrarnos. En este sucio trabajo, no innova, sólo sigue el método de "debate" característico de los izquierdistas o de un maestro del parasitismo político, Bakunin, que dirigió al Consejo General de la AIT estruendosas admoniciones y acusaciones para ocultar sus propias maquinaciones subterráneas.
El GIGC difunde insinuaciones sobre la vida interna de la CCI. Sin prueba alguna que lo respalde, el GIGC decreta que los 6 artículos en que hemos denunciado sus métodos buscan obligar a nuestros «militantes a acallar sus dudas sobre las posiciones políticas, los análisis y la dinámica de la organización». Además de muy despectiva para todos los militantes de la CCI, esta patraña es un intento más de expandir el veneno de la desconfianza en el seno del medio político proletario hacia la "organización estalinista" que seríamos. A este respecto, invitamos a nuestros lectores a hojear nuestra prensa para comprobar cómo la CCI siempre ha informado en sus columnas sobre sus discusiones y debates internos, incluso sobre cuestiones de organización. El ataque "teórico" se combina aquí con un ataque "organizativo". En su furia denigratoria -única razón de ser del GIGC- debe hacer que la CCI aparezca lo más repulsiva posible.
Tratan también de sembrar la duda entre nuestros contactos afirmando que la CCI utiliza los ataques al GIGC como pretexto para no responder "a las preguntas que contactos y jóvenes militantes próximos a la Izquierda Comunista le plantean sobre las posiciones de otros grupos, entre ellos la TCI y el GIGC en particular". Que conste que no se nos han planteado tantas preguntas sobre las posiciones del GIGC. De hecho, ni una sola. Pero si queremos decir que no rehuimos ninguna pregunta o crítica de los grupos del medio político proletario y de sus simpatizantes. Pero, en el caso de que nuestros interlocutores nos hubieran preguntado por el GIGC, no habríamos dejado de darles una descripción detallada de las violaciones de nuestros estatutos y de los actos de delación realizados por la FICCI (Fracción Interna de la CCI), que hoy encuentra su continuidad en el GIGC mediante cambios "programáticos" que en nada alteran la realidad y la esencia de este grupo. En nuestra opinión, el GIGC, siendo un grupo policial4, no pertenece al medio político proletario y menos aún a la Izquierda Comunista5.
Pretenden, por último, que la CCI introduciría la división y el sectarismo en el campo proletario. Nuestra práctica ilustra todo lo contrario: estamos a favor de una confrontación política fraternal, pero sin concesiones, de las diferencias que existen en el seno del medio político proletario y a favor de trabajar juntos siempre que sea posible, … Pero nada de esto puede ni debe menoscabar la necesaria defensa de ese mismo medio, en particular mediante la lucha contra los delatores, los aventureros y los agentes del Estado. Animamos a los lectores que tengan dudas sobre esta cuestión a remitirse a la historia misma del movimiento obrero, y específicamente a las batallas libradas por los revolucionarios para desenmascarar a los organismos parasitarios que han pululado en su seno, tales como la Alianza de Bakunin en el interior de la de la Asociación Internacional de Trabajadores, contra agentes del Estado tal que Vogt (a quien Marx dedicó un año de trabajo en un libro desenmascarándolo)6, o aventureros como Lassalle y Schweitzer en la socialdemocracia alemana7. Nos situamos pues en esta tradición cuando denunciamos a la FICCI y a su aborto, el GIGC8.
Si el GIGC quiere presentar la defensa intransigente del medio proletario como si fuese una política sectaria de división, es porque intenta blanquear su papel de chivato que no vaciló en prestar su apoyo al indefendible aventurero Gaizka9 A este respecto, remitimos a un artículo que hemos publicado recientemente dónde informamos de las discusiones con el TCI sobre la siguiente cuestión: "¿Debe denunciarse públicamente a un aventurero?”10.
- Según el GIGC, la CCI esquiva las críticas a su plataforma: «Cuando criticamos un punto concreto de la plataforma, la CCI también nos remite a otros artículos para constatar nuestras 'mentiras y calumnias' (...) No defiende el punto de la plataforma en cuestión, ni lo hace explícito, sino que remite a otro texto». Se trata de una mentira fácilmente comprobable: en nuestro artículo11 que ha criticado el GIGC12,sobre el tema del parlamento y el parlamentarismo, afirmábamos efectivamente haber publicado las Tesis sobre la democracia escritas por Lenin. ¿Acaso esto prueba que eludimos la crítica, cuando en ese mismo artículo, y contrariamente a lo que afirma el GIGC, recordamos como respaldo lo que dice realmente nuestra plataforma y que invalida la acusación de consejismo que se le hace13? Añadimos a esta elocuente cita de nuestra Plataforma, el siguiente comentario: «Así pues la idea de que este punto de nuestra plataforma no tiene en cuenta la función del Parlamento en el nuevo período, casa con el conocido planteamiento de 'calumnia, calumnia, siempre quedará algo de ella' (F. Bacon), por inconsistente que sea la calumnia». Y, sin embargo, en su siguiente artículo14, el GIGC repite exactamente la misma crítica sobre el mismo punto de nuestra plataforma con los mismos "argumentos". ¡Puro copiar y pegar! ¡Está claro que la calumnia no excluye la decrepitud!
- Una "prueba” adulterada del consejismo de la CCI. Según el GIGC nuestra Plataforma contiene «la tesis central del economismo y del consejismo» que «reduce el papel del partido al de mero consejero o asesor de la clase» que «Lenin combatió con razón en el ‘Que Hacer’, y que la propia CCI tuvo que combatir en su interior en los años 80». El GIGC exhibe, como un trofeo, la prueba condenatoria de nuestro consejismo que se escondería tras la siguiente cita: «La conciencia de la clase se forja a través de sus luchas, se abre camino difícil a través de sus éxitos y derrotas». Se puede demostrar cualquier cosa con una frase sacada de contexto. Y es que, en realidad, esta frase no se sostiene por sí sola, sino que debe situarse en el contexto de la sección correspondiente de la plataforma:
* El punto del que se ha sacado el pasaje incriminatorio se refiere al papel de los consejos obreros: «La forma de organización que la clase se da a sí misma en su lucha revolucionaria y para el ejercicio de su poder político es la de los Consejos Obreros. Pero si bien la clase en su conjunto es el sujeto de la revolución y es la que, por tanto, se reúne en estos organismos en el momento de la revolución, esto no significa que el proceso de su toma de conciencia sea simultáneo y homogéneo. La conciencia de la clase se forja a través de sus luchas, se abre camino difícil a través de sus éxitos y derrotas».
* El siguiente punto de la plataforma trata directamente de la importancia del partido para la victoria de la revolución: «La organización de los revolucionarios (cuya forma más avanzada es el partido) es un órgano necesario del que la clase se dota para el desarrollo de su conciencia de su porvenir histórico y para la orientación política de su lucha hacia ese futuro. Por esta razón, la existencia del partido y su actividad constituyen una condición indispensable para la victoria final del proletariado». (punto 16 c - La relación entre la clase y la organización de los revolucionarios).
Se trata, en resumen, de un torpe collage, de un montaje deshonesto y de una nueva estafa por parte del GIGC. ¿Miente la CCI? Lo cierto es que un examen concreto de la realidad muestra que quien es un falsificador es el GIGC.
- Otra acusación que nos lanza el GIGC es que mentimos cuando decimos que nunca nos hemos considerado un partido (o un partido en miniatura). El GIGC señala dos citas de la CCI que contienen la expresión "esqueleto del futuro partido" y que demostrarían, supuestamente, nuestras falsedades. En primer lugar, resulta curioso comparar esta acusación con la imputación de “consejismo” que nos hacían en el otro artículo del GIGC. ¡Ahora nos acusan exactamente de todo lo contrario, es decir, de considerarnos ya el partido! Es inútil buscar coherencia política alguna, ya que, como hemos subrayado desde el principio, el objetivo del GIGC no es otro que calumniarnos y poner en duda nuestra honestidad política.
En este caso, el GIGC identifica, a efectos de su nueva artimaña, nada menos que "el esqueleto de la organización" con "la organización en su conjunto". En política, como en anatomía, no cabe mayor absurdo. Considerarse el "esqueleto del futuro partido" no puede significar en modo alguno considerarse el "partido", ni siquiera el "partido en miniatura".
Pero es que, además, un examen en nuestra web de todos los pasajes de nuestros textos en los que aparece la formulación "el esqueleto del futuro partido" muestra que tal expresión se propuso durante un breve período, pero que después se puso claramente en tela de juicio:
«Hemos afirmado a menudo que una de las tareas de los revolucionarios era constituir un polo de reagrupamiento de la vanguardia proletaria. Hoy debemos comprender que tenemos que constituir el eje, el 'esqueleto' del futuro partido mundial del proletariado» (Informe sobre la cuestión de la organización de nuestra corriente internacional [1380]; Revista Internacional nº1, 1975). Se trataba, pues, de una perspectiva que la CCI se había dado a sí misma en un momento de su existencia, pero que aún estaba lejos de realizarse.
«Está cada vez más claro que el partido del futuro no será el producto de una suma "democrática" de diferentes grupos del medio, sino que la CCI constituye ya el esqueleto del futuro partido. Pero para que el partido se encarne, la CCI debe demostrar estar a la altura de la tarea impuesta por el desarrollo de la lucha de clases y la emergencia de la nueva generación de elementos en búsqueda». (Resolución sobre la situación internacional del 16º Congreso de la CCI [1381], 2005, Revista Internacional nº122).
«El congreso discutió y retomó una crítica contenida en el informe sobre los contactos relativa a la siguiente formulación contenida en la resolución sobre la situación internacional del 16º Congreso de la CCI: "la CCI constituye ya el esqueleto del futuro partido". Sin embargo, el artículo de balance de dicho Congreso ya corregía esta formulación: "No es posible definir hoy la forma que tendrá la participación organizativa de la CCI en la formación del futuro partido, ya que ello dependerá del estado general y de la configuración del nuevo medio, pero también de nuestra propia organización». (artículo de Balance del 19º Congreso Internacional de la CCI [1382], 2011, Revista Internacional nº146)
En resumen, los textos citados establecen claramente que la CCI nunca se ha considerado un partido, sino que se ve a sí misma como un grupo político con una "función similar a la de una fracción", responsable de trabajar para la fundación del futuro partido, al tiempo que constituye un puente hacia él15. En conclusión, tenemos aquí una nueva confirmación de que el GIGC actúa como un farsante, pero los hilos con los que urde sus patrañas son cada vez más gordos.
- El GIGC al rescate del sindicalismo. Lo primero que denunciamos del GIGC es que se trata de un parásito político y un grupo de matones que intenta hacerse pasar por una organización de la Izquierda comunista cuando centra su acción destructiva y calumniosa precisamente contra la Izquierda comunista. Esto no nos impide señalar como algunas de sus posiciones apoyan solapadamente las de la extrema izquierda del capital, en particular en la cuestión sindical.
¿Qué hay, si no, detrás de la idea, defendida por el GIGC y criticada en nuestro anterior, de que el paso de los sindicatos al campo burgués fue "producto de la relación de fuerzas entre las clases” que se produjo en el seno de estos organismos?
Nuestro último artículo rechaza esta visión mostrando que equivale a defender que «¡existe la posibilidad de que la clase obrera mantenga los sindicatos como arma de su lucha librando un combate en su seno!». Pero ente nuestra denuncia de un método de análisis tan sumamente izquierdista, el GIGC evacua el problema16 otorgando a cada cual el derecho a pensar lo que le venga en gana: «Por nuestra parte no habrá indignación ni escándalo por mentiras o calumnias. La CCI y otros tienen todo el derecho a pensar así y estamos dispuestos a debatirlo». De hecho, su nueva teoría sobre la cuestión sindical va de la mano de su depreciación de la contribución de la revolución alemana, que, precisamente, puso de relieve el carácter burgués de los sindicatos en el periodo de decadencia capitalista. Esta posición del GIGC es una contribución más a la confusión política.
El GIGC coloca su artículo “El callejón sin salida político de la Corriente Comunista Internacional” en la sección de su página web titulada "Lucha contra el oportunismo", considerando así que tanto nuestra plataforma como nuestra organización son oportunistas. Sin embargo, cuando se llamaban FICCI, sus miembros afirmaban ser los mejores defensores de la plataforma de la CCI, que la "oportunista" CCI ya no era capaz de defender. ¡Pero ahora nuestra plataforma se ha vuelto oportunista a los ojos del GIGC! Otra incoherencia más del GIGC, que no debe ocultarnos que, a pesar de todas sus contradicciones, hay una coherencia en su política: poco le importa la plataforma que diga defender o que ataque abiertamente, lo principal es conseguir difamar y desacreditar a la CCI.
En la conclusión de su texto declara que «la confrontación de las diferentes posiciones y su clarificación merecen más que los insultos y otras estúpidas negaciones de la CCI». Pero todos los puntos que acabamos de plantear refutan las "contribuciones a la clarificación" de las que alardea en su último texto (como en todos los anteriores). Además, el problema fundamental del GIGC no reside en sus "contribuciones" políticas ni en sus críticas a la CCI, sino que radica fundamentalmente en el hecho de que constituye un parásito político dentro del medio político proletario. Sus supuestos argumentos son subterfugios o mentiras con las que emponzoñar este medio y calumniar a sus organizaciones. Pero a fuerza de triquiñuelas se le enredan los pies en la alfombra y entonces, para salir de su apuro, ¡apela a un debate!
CCI, 30 de diciembre de 2023
Para volver a la serie: El parasitismo político no es un mito: el GIGC es una de sus más peligrosas expresiones [1383].
1 A través de su artículo El callejón sin salida político de la Corriente Comunista Internacional [1384] (23 de septiembre)
2 Véase “La pseudo "crítica" del GIGC a la plataforma de la CCI - Un falso análisis para desacreditar a la CCI y a su filiación política (la Izquierda Comunista)” [1385](23 de agosto).
3 La siguiente cita de este informe debería mover a reflexión y animar la lucha política en cualquier marxista consecuente: "Para quienes nos llaman 'idealistas', supone un verdadero escándalo afirmar que un factor de naturaleza ideológica, - la ausencia de un proyecto de sociedad-, puede tener un impacto importante en la vida de la sociedad. Demuestran así que el materialismo que reivindican no es sino el materialismo vulgar ya criticado por Marx en su época, especialmente en las Tesis sobre Feuerbach. Según ellos, las fuerzas productivas se desarrollan de manera autónoma. Y el desarrollo de las fuerzas productivas dicta por sí solo los cambios en las relaciones de producción y en las relaciones entre las clases.".
4 Véase la serie Cuestiones de organización I: La Primera Internacional y la lucha contra el sectarismo [1386]; II: La lucha de la Primera Internacional contra la "alianza" de Bakunin [1387] ; III: El Congreso de La Haya de 1872: la lucha contra el parasitismo político [1388] ; IV: La lucha del marxismo contra el aventurerismo político [1389].
5 A este respecto, es importante observar cómo el GIGC intenta invalidar nuestra caracterización como grupo policial invocando el hecho de que algunos de sus miembros nunca pertenecieron a la FICCI (véase la nota 5 del artículo del GIGC). Aunque algunas posiciones políticas hayan cambiado y se hayan incorporado nuevos miembros, la razón de ser de la FICCI no ha cambiado por ello, ya que sigue contando con el apoyo de los elementos excluidos de nuestra organización, en particular por haber publicado un documento interno de 114 páginas, reproduciendo numerosos extractos de las reuniones de nuestro órgano central internacional, con nombres de militantes, supuestamente para apoyar sus acusaciones contra la CCI. Este documento, que proporcionaba deliberadamente a la policía información sensible para ayudarles en su trabajo, demostraba de hecho su odio hacia nuestra organización.
¿Qué cambia con el GIGC?: «Nada más nacer este enano llamado "Grupo Internacional de la Izquierda Comunista" soltó su primer bramido de propaganda histérica contra la CCI, como atestigua el titular de su sitio web: "¡Una nueva (¿última?) crisis interna en la CCI!" acompañada, por supuesto, de un "Llamamiento al campo proletario y a los militantes de la CCI". Este llamado "Grupo Internacional de la Izquierda Comunista" da la voz de alarma y grita a los cuatro vientos que está en posesión de los boletines internos de la CCI. Mostrando su trofeo de guerra y armando semejante alboroto, el mensaje que estos chivatos patentes intentan transmitir es muy claro: ¡hay un "topo" en la CCI que trabaja mano a mano con la ex-FICCI! Se trata claramente de un trabajo policial sin otro objetivo que sembrar la sospecha generalizada, el malestar y la cizaña en el seno de nuestra organización. Son los mismos métodos utilizados por el GPU, la policía política de Stalin, para destruir desde dentro al movimiento trotskista en los años 30». (Comunicado a nuestros lectores: la CCI atacada por una nueva agencia estatal burguesa [1390]).
6 Véase El caso Vogt: el combate de los revolucionarios contra la calumnia I [1262] y El caso Vogt: el combate de los revolucionarios contra la calumnia II [1263].
7 Véase Lassalle y Schweitzer: la lucha contra los aventureros políticos en el movimiento obrero [57]
8 Véase la nota 5.
9 Véase El aventurero Gaizka tiene los defensores que se merece: los matones del GIGC. [1188] Febrero 2021
10 Ver Gaizka y la TCI. ¿debe denunciarse públicamente a un aventurero?, [1391], en francés
11 Ver La pseudo "crítica" del GIGC a la plataforma de la CCI - Una farsa de análisis para desacreditar a la CCI y a su filiación política (la Izquierda Comunista). [1185]
12 Ver Toma de posición sobre la plataforma de la Corriente Comunista Internacional [1392], en “Revolución o Guerra” n° 18, mayo de 2021.
13 La plataforma de la CCI no se limita a invocar "la mera imposibilidad de reforma en la decadencia" para justificar que el parlamento ya no podía ser utilizado por el proletariado. En efecto, lo que dice es que: «La única función que [el parlamento] puede asumir, y que explica su pervivencia, es una función de mistificación. A partir de ese momento, se acaba toda posibilidad de que el proletariado lo utilice de alguna manera. En efecto ya no puede conseguir reformas que se han vuelto imposibles a través de un órgano que ha perdido toda función política efectiva. En un momento en que su tarea fundamental consiste en la destrucción de todas las instituciones del Estado burgués y, por tanto, del Parlamento; en que debe establecer su propia dictadura sobre las ruinas del sufragio universal y otros vestigios de la sociedad burguesa, su participación en las instituciones parlamentarias y electorales conduce, sean las que sean las intenciones de quienes la preconizan, a insuflar una apariencia de vida a estas instituciones moribundas» (punto 8 de la Plataforma de la CCI. La mistificación parlamentaria y electoral).
14 Ver El callejón sin salida político de la Corriente Comunista Internacional [1384] (23 de septiembre) “Revolución o Guerra” n° 25, rúbrica "Lucha contra el oportunismo".
15 Informe sobre el papel de la CCI como "Fracción [1393]", Revista Internacional 156.
16 En el mencionado artículo El callejón sin salida político de la Corriente Comunista Internacional [1384] (23 de septiembre).
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Desde finales de 2023 soplan vientos de tensiones bélicas en América del Sur. Venezuela y Guyana asumen medidas en el plano diplomático y militar, debido a la disputa que mantienen durante años por el territorio del Esequiboi.
Aunque el conflicto por ahora se mantiene en “hibernación”, se desarrolla en un contexto mundial propicio a que pueda estallar y escalar a una confrontación mayor. En efecto, a partir de la segunda década del siglo XXI, vemos cómo se han iniciado nuevas guerras y conflictos armados en el mundo: la guerra de Ucrania, que ya entra en su tercer año; la guerra en Gaza entre Israel y Hamas iniciada hace casi 6 meses, que se prolonga y acentúa las confrontaciones armadas en varios países del Medio Oriente; la acentuación de conflictos en el norte de África y la región Subsahariana, etc.
En estos conflictos intervienen grandes potencias, como EE. UU., Rusia, también China, mediante su política de “pacificación” y la “diplomacia del crédito”. De igual manera intervienen países o potencias de segundo orden, como es el caso de países de Europa Occidental (Medio Oriente, África) o Irán con una presencia importante en varios países del Medio Oriente. Cada uno de los países que participa en los conflictos, obviamente incluyendo los países directamente en guerra, interviene en busca de su propio beneficio, principalmente, geopolítico. Esta situación es debido a que, después del derrumbe del bloque ruso en 1989, y el consecuente debilitamiento de EE. UU. como gendarme del mundo, se ha desarrollado un mundo “multipolar”, en el que países de segundo o tercer orden en el plano económico y militar, desarrollan sus propios intereses imperialistas.
En ese sentido, reafirmamos lo que decimos con respecto al conflicto en el Medio Oriente: “El conflicto actual no tiene nada que ver con la vieja “lógica” del enfrentamiento entre la URSS y EE. UU. Al igual que lo que pasa con la actual guerra de Ucrania, esta guerra en Medio Oriente es un paso más en la dinámica del capitalismo mundial hacia el caos, la proliferación de convulsiones incontrolables y la generalización de conflictos cada vez más numerosos…”ii. Por ello el actual escenario de guerras y conflictos armados entre naciones confirman el análisis que Rosa Luxemburgo expusiera en 1916: “La política imperialista no es propia de un país o de un grupo de países. Es el producto de la evolución mundial del capitalismo en un momento dado de su maduración. Es un fenómeno internacional por naturaleza, un todo inseparable que no puede entenderse más que en sus relaciones recíprocas y que ningún Estado puede evitar”iii.
Otra de las macabras características de las guerras de esta década, además de su irracionalidad, es su carácter de “tierra arrasada” con destrucción y muerte por doquier. Lo observamos en la guerra de Ucrania y en la guerra de Gaza. Por ello, afirmamos que estas confrontaciones bélicas, junto con la crisis económica, ecológica, crean un efecto “torbellino” que ocasiona “el riesgo de desestabilizar regiones cada vez más extensas del planeta, con penurias, hambrunas, millones de desplazados, aumento del riesgo de atentados, enfrentamientos entre comunidades...la guerra en Gaza como en Ucrania muestran que la burguesía no tiene solución para la guerra. La burguesía se ha vuelto totalmente impotente para controlar la espiral de caos y barbarie a la que el capitalismo está arrastrando a toda la humanidad”.iv
El conflicto entre Venezuela y Guyana contiene los elementos potenciales para el desarrollo de una confrontación mayor. El régimen de Nicolás Maduro, a través de la convocatoria de un Referéndum ha llamado a la unión patriótica por la reclamación del territorio del Esequibo, haciendo referencia a cómo ha sido usurpada históricamente Venezuela, primero por el Imperio Británico y luego por el imperialismo norteamericano. El Referéndum ha servido de base para crear una legislación sobre la zona en disputa: un nuevo mapa de Venezuela con el territorio anexionado, el nombramiento de una autoridad de Estado para la región y la movilización de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) hacia la frontera con Guyana. Por su parte el gobierno de Guyana no se queda de brazos cruzados: el presidente Irfaan Alí iza banderas en la zona, reparte ayudas económicas a la población abandonada por años; y, declara que no sucumbirán a las artimañas de Maduro y que defenderán su país por cualquier medio.
Ambos países, cada uno con los medios a su alcance, desarrollan su propia política imperialista. En el caso de Venezuela, Chávez desarrolló una política imperialista hacia la región, utilizando la venta de petróleo barato como artillería; inclusive, retando a los propios EE. UU. Así mismo, estableció alianzas en el plano económico, político y militar con potencias y países enemigos de EE. UU.: China, quien le ha brindado un importante apoyo en el plano económico, sustentado en el suministro de petróleo; Rusia, como suplidor de armamentos, con una presencia militar en el país; Irán, junto con los movimientos radicales del Medio Oriente como Hamas y Hezbolá; Cuba, quien tiene una presencia militar y de inteligencia en el país; con sectores de las guerrillas izquierdistas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia, quienes actúan abiertamente en territorio venezolano. Este espectro de fuerzas “anti imperialistas” las estableció el chavismo con el objetivo de desarrollar una “guerra asimétrica”, previendo una confrontación abierta con EE. UU. Hoy, el gobierno de Maduro se propone abiertamente la anexión del territorio del Esequibo en disputa.
Por su parte Guyana, quien juega a ser el país más débil, ha avanzado en la explotación de los recursos petroleros de la zona en litigio, estableciendo alianzas en el plano económico y militar con EE. UU. y países europeos que explotan dichos recursos; así mismo, con China en el plano económico, a través de consorcios de ese país que también explotan los recursos de la zona en disputa.
Una muestra de la posible escalada de las tensiones en la región, luego de conocida la decisión del gobierno venezolano de anexar la zona del Esequibo en reclamación se produce cuando el Secretario de Estado de EE.UU. Antony Blinken, aseguró el “apoyo incondicional” de Washington al gobierno de Guyana e inmediatamente tropas del Comando Sur iniciaron ejercicios con las fuerzas militares de Guyana, con la posibilidad de tener una presencia permanente en este país. Luego, a inicios de este año, arribó a las costas de Guyana el buque militar británico HMS Trent, con el fin de realizar también maniobras militares con las fuerzas armadas de su socio de la Commonwealth. Los gobiernos del Caribe agrupados en el CARICOMv le han dado su apoyo a Guyana, aun teniendo acuerdos con el gobierno venezolano para el suministro de petróleo.
Por otra parte, Lula intervino colocando a Brasil como “mediador” en el conflicto, declarando que "No queremos guerras ni conflictos, necesitamos construir paz”. Sin embargo, ordena el despliegue de un contingente militar en el estado brasileño de Roraima, en la frontera con Guyana y Venezuela. De esta manera, no solo intenta mantener su estatus de potencia imperialista regional, sino que se sirve de la alianza con el chavismo, la cual ha utilizado en su confrontación contra los EE. UU. desde que asumió su primer gobierno. Por su parte, Cuba y Colombia no se pronuncian sobre el conflicto, pues, el colocarse en contra de Maduro, podría tener repercusiones negativas para el régimen cubano debido a los acuerdos económicos y militares que existen entre los dos países; y en el caso de Colombia, se podrían afectar los acuerdos establecidos con el gobierno de izquierda de Gustavo Petro, es decir, puros cálculos geopolíticos de naturaleza imperialista.
El régimen de Maduro está sometido a una fuerte presión, a nivel interno, debido al avance de los sectores de oposición, a nivel internacional, principalmente debido a las sanciones impuestas por EE. UU. y la Unión Europea. Por este motivo, no es descartable que la cúpula chavista se lance a la aventura de una acción bélica contra Guyana; lo que abriría otro frente de guerra para EE. UU., esta vez en su propio “patio trasero”.
Ante este conflicto, el proletariado y el conjunto de la población en Venezuela y Guyana se topan con una situación inédita: la posibilidad de que sean arrastrados a una guerra, que no sólo tendría repercusiones en estos países, sino a nivel regional.
Como en toda situación de conflicto entre naciones, los gobiernos de turno convocan a los trabajadores y las masas explotadas a apoyar y movilizarse contra el gobierno contrario, acusándolo como el agresor. Los trabajadores de Guyana y Venezuela deben rechazar participar en estas campañas, que solo benefician a los gobiernos que los explotan y los someten a la miseria. Lo mismo deben hacer los trabajadores de la región, ya que de desencadenarse un conflicto serán llamados a apoyar a uno u otro bando.
El rechazo no solo debe ser contra los llamados de los dirigentes y partidos de los gobiernos respectivos, sino también contra los opositores a esos gobiernos. Todos ellos quieren llevar a las masas trabajadoras y explotadas como carne de cañón a un conflicto que no es de su incumbencia, sino del interés de la clase dominante de las naciones en pugna. En el caso de Venezuela, se deben rechazar los llamados de Maduro y dirigentes del PSUVvi a la "unidad nacional en defensa de la patria". También a los llamados de los partidos de oposición al chavismo, tanto en el país como en el exilio, a “la defensa de Venezuela y nuestro territorio”. En el caso de Guyana igualmente, los trabajadores y explotados de ese país deben oponerse a los llamados de defensa de la patria, que les hace el gobierno de Irfaan Alí y toda la clase dominante guyanesa.
Más importante aún es el rechazo a los llamados y consignas de otros partidos y grupos de la izquierda del capital, tales como el Partido Comunista de Venezuela (PCV), así como los grupos y organizaciones trotskistas. El PCV critica al gobierno de Maduro por llevar al país hacia “una derrota estratégica de las legítimas aspiraciones de Venezuela sobre el territorio Esequibo y un avance en el posicionamiento de los capitales transnacionales y los intereses de las potencias imperialistas en la región”vii. Los trotskistas, como la Liga de Trabajadores por el Socialismo, hacen lo propio pues “Ha sido este gobierno el que lleva adelante una política que facilita brutalmente el saqueo de nuestros recursos y que es una verdadera humillación y subordinación del país ante los capitales extranjeros”viii. Dicen defender posiciones internacionalistas, pero vemos como unos y otros se presentan como los mejores defensores de los intereses de cada capital nacional; tanto unos como otros desde la II Guerra Mundial movilizaron a los trabajadores como carne de cañón, defendieron el campo del imperialismo democrático y del estalinismo contra los imperialistas fascistas y, durante la Guerra Fría, han convocado a los trabajadores a apoyar y luchar a favor de los países bajo la órbita de la ex URSS. Chavistas, estalinistas y trotskistas son de la misma estirpe, todos son defensores del sistema capitalista.
La exacerbación de las tensiones entre Venezuela y Guyana representa un peligro real para el proletariado de estos países y de toda América Latina. De estallar un conflicto, habrá una mayor desestabilización en la región, con su secuela de penurias, hambrunas, millones de desplazados que se sumarán a los 8 millones de venezolanos que han emigrado debido a la crisis económica y la exacerbación de las tensiones entre Venezuela y EE. UU. desde la presidencia de Obama. En ese sentido, la región ya padece desde hace años los efectos de la crisis económica y de la descomposición del sistema capitalista en todos los órdenes: político, económico, social y ambiental.
Toda lucha que se ubique en el campo de defensa de un Estado solo puede significar la derrota política del proletariado como hoy ocurre en Ucrania y Rusia, como también en Gaza e Israel; es decir, proletarios entrampados en la defensa de la patria. Ante este panorama de vientos de guerra, el proletariado deberá hacer suya la consigna de las organizaciones revolucionarias de ayer y de hoy: “El proletariado no tiene patria”.
LB 29/3/24
i Esequibo es el nombre del río que recorre de norte a sur el territorio de Guyana, país ubicado al norte del subcontinente de Sur América, fronterizo con Venezuela hacia el Oeste y con Brasil hacia el sur. Venezuela reclama como suyo el territorio ubicado al oeste del río Esequibo, el cual abarca las tres cuartas partes del territorio de Guyana, al que llama Guayana Esequiba.
ii Después de Ucrania, el Oriente Medio... El capitalismo solo tiene un futuro: ¡la barbarie y el caos! [1395]
iii “La crisis de la socialdemocracia”, conocido también como “Folleto de Junius” Rosa Luxemburgo.
iv Idem.
v La Comunidad del Caribe.
vi Partido Socialista Unido de Venezuela, fundado por el chavismo.
vii https://www.aporrea.org/actualidad/n388252.html#google_vignette [1396]
viii https://www.laizquierdadiario.com.ve/Unidad-de-los-trabajadores-y-pueblos-de-Venezuela-y-Guyana-no-a-la-confrontacion-tras-intereses-que [1397]
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La violencia organizada en Oriente Medio ha suscitado una profunda indignación en todo el mundo. Primero, el ataque terrorista de Hamás el 7 de octubre, que mató a 1.200 personas e hirió a 2.700 ciudadanos israelíes, y luego la actual masacre masiva de la población en la Franja de Gaza por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Las organizaciones revolucionarias tienen el deber de denunciar esta barbarie imperialista como lo han hecho a lo largo de la historia del movimiento obrero, empezando por el “Manifiesto a los trabajadores de todas las naciones” de los miembros de París de la Internacional: “La guerra por una cuestión de preponderancia o una dinastía no puede ser, a los ojos de los trabajadores, más que un absurdo criminal”1.
De acuerdo con esta responsabilidad, grupos como la Tendencia Comunista Internacionalista, Voz Internacionalista o Perspectiva Comunista Internacionalista en Corea, cumplieron con este requisito mínimo ya que han defendido en sus artículos una clara posición internacionalista sobre la guerra en Medio Oriente.
- “La clase trabajadora debe negarse a ser reclutada en las guerras de la clase dominante y luchar contra los explotadores de ambos bandos. Sólo hay un camino para la clase trabajadora israelí y palestina (…) la lucha más allá de las naciones y las fronteras por intereses comunes de la clase trabajadora. Sólo una lucha de clases internacional para derrocar el sistema capitalista puede poner fin a la matanza y las guerras”2.
- “Sólo la lucha de clases de los trabajadores puede ofrecer una alternativa a la brutalidad del capitalismo, porque el proletariado no tiene un país que defender, y su lucha debe cruzar las fronteras nacionales y desarrollarse a una| escala internacional”3.
- “Todos los capitalistas son enemigos igualmente mortales de la clase trabajadora, quienes no deberían derramar una gota de sangre por quienes los explotan y mucho menos por sus objetivos nacional-imperialistas. (…) El argumento fundamental de la unidad de clase de todos los sectores de la clase trabajadora -contra la burguesía, sus estados, sus alineamientos imperialistas-independientemente del origen “nacional” de sus partes constituyentes, es aún más válido”4.
En el caso de los diferentes grupos bordiguistas, la situación tiene más matices. Como parte del medio revolucionario, su posición es fundamentalmente internacionalista en la medida en que denuncian la masacre imperialista y rechazan cualquier apoyo a cualquiera de los campos opuestos. Sin embargo, a pesar de las ruidosas proclamas de su compromiso internacionalista, su defensa concreta del internacionalismo no es inequívoca. Para algunos, al apoyar la lucha contra la "opresión nacional" de los proletarios y las masas palestinas, para otros, al defender la idea de que estas masacres generarán un desarrollo de las luchas obreras en la región y en todo el mundo, estos grupos revelan ambigüedades peligrosas sobre cómo promover y defender el internacionalismo proletario en el actual período del capitalismo en descomposición.
Detrás de su declaración de solidaridad con los proletarios palestinos, el PCI/Le Prolétaire-Programme Comunista esconde un llamamiento a la lucha contra la opresión nacional de los palestinos: “Palestina: un proletariado y un pueblo condenados a ser masacrados. Israel: un Estado nacido de la opresión del pueblo palestino y un proletariado judío prisionero de los beneficios inmediatos de esa opresión y cómplice de ella”5. Así, mientras los revolucionarios internacionalistas deberían denunciar la espiral de enfrentamientos imperialistas entre burguesías, en la que se ven arrastradas las diferentes fracciones del proletariado de Oriente Medio, y promover el rechazo por parte de los trabajadores de cualquier movimiento de "liberación nacional" porque "los proletarios no tienen Patria", el PCI/Le Prolétaire-Programme Comunista tiende a llamar, en primer lugar, a una lucha para poner fin a "la opresión de Israel sobre los palestinos en Gaza y Cisjordania", lo que, en segundo lugar, excluye cualquier solidaridad con la clase obrera en Israel que “es prisionera de los beneficios inmediatos de esa opresión y cómplice de ella”.
Otro grupo, el PCI/Il Partito Comunista-El Partido Comunista, parece defender posiciones internacionalistas convincentes cuando escribe: “Debemos decirles a los proletarios palestinos que no se dejen engañar por su burguesía (…) para que se inmolen como carne de cañón en guerras contrarias a sus intereses”. Pero en la siguiente frase añade: “Debemos decirles a los proletarios judíos israelíes que luchen contra su burguesía y contra la opresión nacional de sus hermanos de clase palestinos”6. Por lo tanto, no pide aquí la solidaridad internacional de todos los proletarios contra la guerra imperialista, sino que insta a los proletarios israelíes a apoyar la lucha de los trabajadores palestinos contra la opresión nacional.
Finalmente, el PCI/Il Programma Comunista-Cahiers Communities reconoce el agotamiento de los movimientos “revolucionarios nacionales” anticoloniales y plantea así la perspectiva de que “en esta terrible situación, el proletariado de Oriente Medio (…) podrá encontrar la fuerza para escapar de las ataduras del oportunismo que lo aprisiona. Esperamos que, como en las grandes batallas del pasado, pueda reunir a los mejores luchadores para su causa, que pueda hacer de la derrota inevitable de hoy el punto de partida de un futuro rico en victorias”7. En otras palabras, propagan la falsa perspectiva según la cual el proletariado de Oriente Medio, por sí solo, movilizado como está tras las mistificaciones religiosas y nacionalistas y aplastado por las masacres imperialistas, podrá aprender las lecciones de las derrotas y situarse en la base del resurgimiento de las luchas que se renuevan "con las grandes batallas del pasado" (uno no puede dejar de preguntarse qué batallas; ¿quizás los llamados "movimientos nacional-revolucionarios" de los años 60 y 70 en los que la clase obrera de Oriente Medio fue movilizada detrás de varias facciones nacionales?)
Incluso si estas organizaciones no apoyan abiertamente a un campo imperialista –ni a la burguesía palestina en Cisjordania ni a la de la Franja de Gaza–, dejan la puerta entreabierta para apoyar la lucha de las “masas” y el “pueblo” palestinos contra su “opresión nacional”, lo que sólo podría exacerbar el abismo entre la clase trabajadora en Israel y la de los países árabes. Estos deslizamientos hacia las llamadas perspectivas “nacionalistas-revolucionarias” constituyen una amenaza a la postura internacionalista de estas organizaciones.
El internacionalismo proletario es una frontera de clases que, frente a la guerra imperialista, separa a la clase trabajadora de la burguesía. Es un principio que debemos defender con uñas y dientes en cada momento de nuestras actividades: en las intervenciones, en las luchas obreras, en las reuniones públicas, en la correspondencia y en nuestra prensa. En este sentido respaldamos las palabras de Lenin de que “hay uno, y sólo un tipo de internacionalismo real, y es: trabajar de todo corazón por el desarrollo del movimiento revolucionario y la lucha revolucionaria en el propio país, y apoyar (mediante propaganda, simpatía y ayuda material) esta lucha, ésta y sólo esta línea, en todos los países sin excepción. Todo lo demás es engaño…”8. Los bolcheviques a menudo estuvieron solos en su crítica de las posiciones oportunistas sobre la cuestión de la guerra, pero esto fue una parte indispensable de su trabajo para construir el partido mundial. Tal lucha teórica fue y es esencial para profundizar todas las consecuencias de una posición internacionalista y para demarcar a los revolucionarios de los enemigos de la clase trabajadora, particularmente los socialchovinistas.
En el período de decadencia del capitalismo, un período en el que las relaciones de producción establecidas por el modo de producción capitalista se han transformado en un obstáculo cada vez más pesado para el desarrollo de las fuerzas productivas, la burguesía ya no tiene un papel progresista que desempeñar en el desarrollo de la sociedad. Hoy, la creación de una nueva nación, la constitución jurídica de un nuevo país, no permite ningún avance real en un desarrollo que aún los países más antiguos y poderosos son incapaces de asumir. En un mundo dominado por los enfrentamientos imperialistas, cualquier lucha por la "liberación nacional", lejos de constituir una dinámica progresista, constituye en realidad un momento de los enfrentamientos imperialistas, en el que los proletarios y campesinos enrolados, voluntariamente o por la fuerza, sólo participan como carne de cañón.
Los movimientos de “liberación nacional”, que marcaron especialmente los años 1960 y 1970, demostraron claramente que la sustitución de los colonizadores por una burguesía nacional no representó en modo alguno un progreso para el proletariado, sino que, por el contrario, lo condujo a innumerables conflictos entre intereses imperialistas en el que se masacró a trabajadores y campesinos. Pero el marco obsoleto de los grupos bordiguistas les impide comprender los verdaderos riesgos a los que se enfrenta el proletariado internacional, y sus sectores en Israel/Palestina, confrontado al infierno imperialista de Gaza.
El grupo Le Prolétaire-Programme Comunista continúa analizando la cuestión palestina en el marco de “el espíritu y el impulso independentista 'nacional-revolucionario' que caracterizó las luchas contra la opresión nacional en Argelia, el Congo y, más tarde, Angola y Mozambique, y que había caracterizado durante mucho tiempo la revuelta espontánea del proletariado palestino”9. El drama y el desafío del “movimiento de liberación” palestino es, para Le Prolétaire-Programme Comunista, que “el gigantesco potencial de clase representado por el proletariado palestino y las masas proletarias, si bien se manifestó a través de su lucha armada e indomable en Palestina, Líbano, Siria y Jordania, no expresó un programa político autónomo, basado en clases, capaz de guiar el movimiento nacional"10. Así, este grupo todavía pide un "movimiento de liberación" palestino, mientras que los revolucionarios, por el contrario, deben defender la posición de que hoy todos los estados, todas las burguesías son imperialistas y que los proletarios de ninguna manera deben apoyar los movimientos contra la opresión nacional.
Il Partito Comunista: El Partido Comunista comparte fundamentalmente el mismo marco, ya que formula la crítica de que esta guerra no es una verdadera “lucha de liberación nacional” de los palestinos, porque tal lucha “no habría expuesto al pueblo de Gaza con tal cinismo a la atroz venganza de Israel”11. Mientras que los revolucionarios deben llamar a rechazar todo apoyo a objetivos nacionalistas, este grupo insiste en ganar apoyo para la lucha contra la opresión nacional entre la clase trabajadora israelí y lamenta cínicamente que la masacre de Hamas la haya hecho imposible: “Además, la lucha contra la la odiosa opresión nacional impuesta a los palestinos podría haber ganado apoyo incluso entre los israelíes, principalmente entre la clase trabajadora, si no se hubiera colocado en el plano de la masacre de civiles, en cumplimiento del programa deliberado de matar judíos dondequiera que estén, llevado a cabo por el oscurantista Hamás"12.
Por su parte, Il Programma Comunista-Cahiers Communities reconoce el agotamiento de los movimientos anticoloniales desde mediados de los años 1970 y enfatiza que “las ‘cuestiones nacionales’ no resueltas [se han] convertido en cánceres contrarrevolucionarios”13. Sin embargo, la imposibilidad de movimientos revolucionarios nacionales hoy lleva a este grupo a argumentar que este contexto de destrucción imperialista total y caos bárbaro constituye un terreno fértil para el desarrollo de un movimiento proletario amplio: “Lo que más alarmará a los gobiernos, si el baño de sangre continúa, serán las declaraciones masivas de solidaridad de las capitales árabes (…) y de los numerosos bastiones capitalistas (donde el proletariado árabe y, en particular, el palestino, ha vivido durante décadas)”. Ciertamente, la burguesía local, en alianza con los diversos líderes religiosos y nacionalistas, explotará las divisiones religiosas y nacionalistas “para evitar el contagio de clases. Los gobiernos burgueses harán todo lo que puedan para romper el vínculo instintivo con los proletarios lejanos masacrados por fuerzas tan poderosas: este vínculo también tiene su papel material en la lucha, mientras la tormenta del "plomo fundido" golpea hogares y cuerpos. Y así, confiamos en que este vínculo instintivo con las masas proletarias inmigrantes en las ciudades imperialistas logrará encontrar el camino hacia una implacable lucha de clases”14. En resumen, como ya sugiere el título de su artículo15, su perspectiva es que la reacción proletaria surgirá de los baños de sangre de las confrontaciones imperialistas y de las mismas partes del proletariado mundial que están atrapadas en los “cánceres contrarrevolucionarios” de la liberación nacional y masacradas por los diferentes imperialismos en el Medio Oriente. Pero, a diferencia de lo que ocurrió durante la Primera Guerra Mundial, en el actual período de descomposición del capitalismo, es la extensión de la lucha del proletariado mundial contra los ataques provocados por la crisis económica y la expansión del militarismo lo que ofrecerá una perspectiva para los proletarios de Medio Oriente.
Desde la Primera Guerra Mundial, una lucha “nacional-revolucionaria” nunca ha constituido una perspectiva para la lucha revolucionaria del proletariado que pudiera constituir el punto de partida para una genuina reacción proletaria. El marco obsoleto de estos grupos bordiguistas les impide comprender lo que está en juego actualmente en Oriente Medio y les lleva a desarrollar posiciones ambiguas, abriendo las puertas a deslizamientos oportunistas.
La guerra en Gaza no es, como afirma Il Programma Comunista-Cahiers communistes, “la enésima ola de matanzas”, presumiblemente seguida de un nuevo período de estabilidad y paz. Por el contrario, esta guerra representa un nuevo paso significativo en la aceleración del caos en la región y más allá. “La magnitud de los asesinatos indica que la barbarie ha alcanzado un nuevo nivel. (…) ¡Ambos bandos se revuelcan en la más espantosa e irracional furia asesina!”16. Estamos ante la máxima expresión de barbarie, una lucha sangrienta hasta que no queden más que ruinas en una región que se ha vuelto completamente inhabitable. La guerra en Ucrania ya era una nueva etapa en el agravamiento de los enfrentamientos imperialistas. La guerra en Gaza va un paso más allá. Incluso aunque esto no conducirá al estallido de una guerra mundial, la acumulación y los efectos combinados de todas estas guerras pueden tener consecuencias similares o incluso peores para la vida en el planeta. Pero los grupos bordiguistas expresan una fuerte tendencia a subestimar lo que está en juego en la situación actual, lo que lleva a conclusiones y orientaciones erróneas. Su incapacidad para comprender los peligros reales que encierra la situación actual se muestra claramente en el hecho de que estas organizaciones trivializan la gravedad histórica y el impacto de la guerra en Gaza17. Por un lado, las posiciones de Le Prolétaire-Programme Comunista sostienen que las condiciones actuales todavía permiten al proletariado palestino luchar por sus propios intereses contra las burguesías israelí y palestina. Por otro lado, Il Partito Comunista-El Partido Comunista ha puesto su mirada en la guerra mundial, que es “una necesidad económica ineludible”, ya que el capitalismo “sólo puede sobrevivir destruyendo. Por eso necesita la guerra general”18.
Lo que en realidad hemos visto en los últimos tres años no es una preparación hacia una guerra mundial, sino una situación que se ha acelerado en todo el mundo a través de una acumulación de crisis: pandémica, ecológica, alimentaria, de refugiados y económica. Incluso si algunos de estos grupos han reconocido esta acumulación de crisis, ninguno entiende que estas crisis no son casos separados, sino parte del mismo proceso de descomposición del mundo capitalista, cada uno de los cuales refuerza los efectos del otro. En este proceso de putrefacción, la guerra se ha convertido en el factor central, el verdadero catalizador, que agrava todas las demás crisis. Agrava la crisis económica global, hunde a sectores enteros de la población mundial en la barbarie; conduce al desempleo y a la miseria social en los países capitalistas más fuertes, y aumenta los efectos destructivos del peligro ecológico. Por lo tanto, es un error considerar la actual guerra en Gaza como una enésima masacre en Oriente Medio a la que puede seguir un período de calma o de reconstrucción en cualquier forma19.
Frente a esta guerra, los distintos PCI muestran su total incapacidad para comprender lo que está en juego en los actuales enfrentamientos imperialistas. La ausencia de un marco adecuado, el de la decadencia y descomposición del capitalismo, lleva a todas las organizaciones bordiguistas a aferrarse a un concepto obsoleto, incapaz de explicar todas las dinámicas de la situación actual y abrir la puerta a graves deslizamientos oportunistas.
D&R 22 de febrero de 2024
1 Réveil del 12 de julio de 1870, citado en La guerra civil en Francia, K. Marx.
2 “¡Contra la carnicería en Medio Oriente, más allá del nacionalismo la guerra de clases contra la clase dominante!”; Perspectiva Comunista Internacionalista en Corea
3 “La guerra de propaganda, propaganda de guerra”, Voz Internacionalista
4 “La última carnicería en el Medio Oriente es parte de la marcha hacia la guerra generalizada”, Tendencia Comunista Internacionalista
5 “Los actos terroristas de hoy de Hamas, como los actos de ayer de Fatah u otros…”, Le Prolétaire
6 “Guerra en Gaza”, Il Partito Comunista
7 “Israel y Palestina: terrorismo de Estado y derrotismo proletario”, The Internationalist, 29.12.2023
8 Lenin, Las tareas del proletariado en nuestra revolución, Capítulo 10
9 “Toma de posición del PCI/ Le prolétaire del 4 enero 2024”, https://www.pcint.org/ [1400]
10 Ídem.
11 “El proletariado de Gaza aplastado en una guerra entre imperialismos mundiales”, El Partido Comunista 56, febrero-marzo de 2024, https://www.international-communist-party.org/English/TheCPart/TCP_056.htm [1401].
12 Ídem.
13 “Israel y Palestina: terrorismo de Estado y derrotismo proletario”, The Internationalist, 29.12.2023
14 “Israel y Palestina: terrorismo de Estado y derrotismo proletario”, The Internationalist, 29.12.2023
15 “Israel y Palestina: terrorismo de Estado y derrotismo proletario” (Ídem). Sobre la inaplicabilidad de la perspectiva del derrotismo revolucionario en la situación actual, léase “Militarismo y descomposición (mayo de 2022), Revista Internacional 168.
16 ¡Ni Israel ni Palestina! ¡Los trabajadores no tienen patria!, CCI
17 El ICP/Il Programma Comunista-Cahiers Communities ha vuelto a publicar un artículo sobre la guerra en Gaza en 2009, elección que fue justificada por este grupo con las palabras que “esencialmente nada ha cambiado, excepto el aumento exponencial de la potencia de fuego desatada en la Franja de Gaza” por el Estado de Israel.
18 “Un Primero de Mayo contra la Guerra. A los trabajadores de todos los países”, Il Partito Comunista
19 La subestimación se expresa también, por ejemplo, en las pocas actividades públicas de estos grupos al comienzo de esta guerra: el PCI/Le Prolétaire-Programme Comunista ha publicado sólo dos artículos, el PCI/Il Partito Comunista-El Partido Comunista dos artículos y una reunión pública, el PCI/Il Programma Comunista-Cahiers comunista dos artículos y una reunión pública.
Tras dos años de conflicto en Ucrania, con la rivalidad entre China y Estados Unidos como telón de fondo, y con el riesgo de que la guerra se extienda a Oriente Próximo, crece el temor a un nuevo conflicto mundial.
¿Están dadas las condiciones para un conflicto de este tipo? ¿Estamos asistiendo a la formación de nuevos bloques imperialistas? ¿Está dispuesto el proletariado a dejarse envolver masivamente en un conflicto mundial?
Para debatir estas cuestiones, la CCI organiza reuniones públicas allí donde está presente, tanto en Francia como en cualquier otra parte del mundo. Estas reuniones están abiertas a todos aquellos que deseen reunirse y debatir con la CCI. Invitamos cordialmente a todos nuestros lectores, contactos y simpatizantes a participar en el debate.
Escríbenos señalando tu deseo de participar, o cualquier comentario que quieras hacer , al mail de bajo y te enviaremos el link de conexión
La reunión es virtual y la haremos el sábado 20 de abril a las 19:00
Corriente Comunista Internacional
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El Estado hace llover recortes presupuestarios y ataques contra los trabajadores, a los desempleados, a las prestaciones sociales mínimas, a los pensionistas... los despidos masivos se multiplican. Tanto en el sector público como en el privado, los recursos faltan en todas partes. Los servicios públicos son totalmente inadecuados, la escasez de medicamentos, e incluso de alimentos, se ha convertido en algo habitual. Millones de familias, incluso aquellas que todavía tienen la “suerte” de tener trabajos estables, ya no pueden llegar a fin de mes. Los precios de los alimentos, la calefacción, la vivienda y la gasolina, así como las facturas del gas y la electricidad se están disparando. A la menor distribución de alimentos, las colas se alargan drásticamente. Los más pobres incluso se ven obligados a saltarse comidas ¿Qué imagen podría ser más aterradora y explícita que la de niños muertos de frío en las calles de las principales capitales europeas, en el corazón de las economías más poderosas del mundo? En cuatro años, los acontecimientos dramáticos se han sucedido a un ritmo frenético: covid, guerra en Ucrania, masacre en Gaza, desastres climáticos... Este torbellino de catástrofes no ha hecho más que profundizar la crisis y alimentar aún más el caos mundial1. El futuro que nos depara el capitalismo no podría ser más claro: el desarrollo de la crisis económica está acelerando enormemente las amenazas a la humanidad que podrían conducir a su destrucción misma. ¡Pero la crisis es también el crisol del combate de la clase obrera!
Frente a tales desafíos y al inexorable y aterrador hundimiento de la sociedad, la clase obrera no se ha resignado a aceptar la miseria. Desde hace casi dos años, a pesar de las guerras y de la propaganda machacona belicista, la clase trabajadora ha estado luchando en todas partes masivamente. En muchos países, las luchas a menudo se describen como “históricas” por el número de huelguistas y manifestantes, pero también por la determinación de los trabajadores de luchar por su dignidad y sus condiciones de vida. Es una verdadera ruptura después de décadas de resignación2
Ya en el verano de 2022, el proletariado británico se levantó contra la crisis, mes tras mes, los trabajadores se declararon en huelga y salieron a las calles, exigiendo mejores salarios y condiciones de trabajo más dignas. ¡Algo jamás visto en tres décadas! A principios de 2023, mientras las huelgas se multiplicaban en todo el mundo, el proletariado en Francia se movilizó masivamente contra la reforma de las pensiones. Millones de personas entusiastas salieron a las calles con un fuerte deseo de luchar juntos, todos los sectores y todas las generaciones unidas. Tras las vacaciones escolares, los trabajadores en los Estados Unidos participaron en una de las huelgas más masivas en la historia de este país, particularmente en el sector automotriz, seguida de un movimiento del sector público también descrito como histórico en Quebec (Canadá).
Recientemente, en un país presentado como un “modelo social”, los trabajadores de las fábricas de Tesla en Suecia se declararon en huelga, seguidos de manifestaciones de solidaridad de los trabajadores postales que bloquearon todo el correo destinado a los talleres de la empresa del bufón multimillonario, Elon Musk. A su vez, los estibadores bloquearon cuatro puertos y los electricistas se negaron a realizar trabajos de mantenimiento en las estaciones de carga de vehículos eléctricos.
En Irlanda del Norte, en enero, la mayor huelga de trabajadores de la historia de la región también reunió a cientos de miles de trabajadores, principalmente los del sector público, reclamando el pago de sus salarios.
Incluso hoy, mientras la guerra continúa arrasando en Ucrania y Gaza, las huelgas y las protestas de los trabajadores se multiplican en todo el mundo, especialmente en Europa.
En Alemania, la mayor economía de Europa, los ferroviarios lanzaron a finales de enero una huelga masiva “récord” de una semana. Esta es la última de una larga serie de huelgas contra el aumento de las horas de trabajo y por salarios más altos. En los próximos meses, la red ferroviaria podría verse afectada por huelgas indefinidas. En el país del “diálogo social”, las huelgas se multiplican desde hace meses en muchos sectores: huelgas en la industria siderúrgica, en la administración pública, en el transporte, en el sector de la salud, en la recogida de basura, etc. El 30 de enero tuvo lugar en Hannover una concentración nacional de 5 000 médicos. El 1 de febrero, 11 aeropuertos de todo el país se vieron afectados por una huelga del personal de seguridad, mientras que 90 000 conductores de autobuses, tranvías y metro dejaron de trabajar. 10 000 trabajadores del comercio minorista también se declararon en huelga a mediados de febrero. El personal de tierra de Lufthansa fue convocado a la huelga el 20 de febrero...
Este movimiento huelguístico, por su magnitud, su masividad y su duración, también es inédito en un país conocido por las enormes trabas administrativas erigidas frente a cada movimiento social y el corsé de hierro sindical que ha permitido durante mucho tiempo a la burguesía acumular planes de aausteridad y “reformas” sin que la clase obrera reaccionara realmente. A pesar de las dificultades para salir de la camisa de fuerza corporativista y movilizarse “todos juntos”, las luchas en Alemania son de inmensa importancia y significado simbólico. Se expresan en el corazón de un gran pulmón industrial, en el país que fue epicentro de la oleada revolucionaria de los años 20 y actor trágico de un largo período de contrarrevolución. El movimiento actual es claramente parte del renacimiento internacional de la lucha de clases.
Pero la combatividad proletaria no se limita a Alemania. En Finlandia, en un país poco acostumbrado a las movilizaciones, a principios de febrero se produjo una “huelga histórica” de 48 horas. Recientemente, los estibadores paralizaron la actividad portuaria en este país durante cuatro días, entre el 18 y el 21 de febrero, reuniendo a 300 000 huelguistas contra la reforma de la legislación laboral. En Turquía, decenas de miles de trabajadores metalúrgicos se han estado movilizando durante meses para exigir aumentos salariales a medida que los precios se disparan. En Bélgica, es el sector llamado “no mercantil” (sector público; salud, asistencia y cultura) el que se declara en huelga y se manifiesta en Bruselas el 31 de enero. En España, Reino Unido, Francia, Grecia... las huelgas van en aumento en muchos sectores. La burguesía mantiene un ensordecedor silencio mediático en torno a estas luchas, porque es muy consciente del creciente descontento de los trabajadores y del peligro que representan tales movilizaciones.
Pero la ruptura que estamos presenciando no solo está ligada a la masividad y simultaneidad de las movilizaciones.
El proletariado comienza de nuevo, de manera sucinta y balbuceante, a reconocerse como fuerza social, a recuperar su identidad. A pesar de todas las ilusiones y confusiones, se ha podido ver en todas partes, en las pancartas y en las discusiones, el hecho de que “¡somos trabajadores!”, “¡todos estamos en el mismo barco!”. ¡De ninguna manera se trata de palabras vacías! Porque detrás de estas palabras, la solidaridad es muy real: solidaridad entre generaciones, primero, como pudimos ver muy claramente en Francia cuando los pensionistas salieron masivamente a las calles para apoyar a “la juventud”; luego entre sectores, como en Estados Unidos con los conciertos de cláxones frente a fábricas en huelga o en Escandinavia en defensa de los trabajadores de Tesla.
Incluso han surgido expresiones embrionarias de solidaridad internacional. “Le Mobilier nacional” de Francia -Tiendas de muebles- se declaró en huelga en solidaridad con los trabajadores de la cultura en lucha en Gran Bretaña. Las refinerías de Bélgica han parado labores en apoyo a la movilización en Francia, mientras que en todo el mundo se multiplicaron pequeñas manifestaciones para denunciar la feroz represión del Estado francés. En Italia, mientras muchos sectores se movilizan desde hace varios meses, los conductores de autobuses, tranvías y el metro se declararon en huelga el 24 de enero: a raíz del movimiento contra la reforma de las pensiones en Francia, los trabajadores dijeron que querían realizar movilizaciones “como en Francia”, testimoniando así los vínculos que los trabajadores están empezando a reconocer a través de las fronteras y de la voluntad de aprender las lecciones de movimientos precedentes.
El proletariado también comienza a apropiarse de sus experiencias de lucha. En Gran Bretaña, el llamado “verano de la ira” hacía referencia explícitamente a las principales huelgas del “invierno del descontento” en 1978-1979. En las manifestaciones en Francia, referencias a Mayo del 68 y a la lucha contra el CPE en 2006 florecieron en las pancartas al mismo tiempo que un comienzo de reflexión sobre estos movimientos. Y todo esto mientras el Estado impone restricciones y sigue armando un escándalo para justificar la guerra.
Por supuesto, todavía estamos muy lejos de un retorno masivo y profundo de la conciencia de clase. Por supuesto, todas estas expresiones de solidaridad y reflexión están llenas de confusiones e ilusiones, fácilmente encuadrables por todas las estructuras burgueses que son los sindicatos y los partidos de izquierda. Pero ¿acaso aquellos revolucionarios que miran todo esto desde el balcón tapándose las narices3 miden la inflexión que se está produciendo en relación con décadas anteriores, décadas de silencio, resignación, rechazo a la idea misma de la clase obrera y olvido de su experiencia?
Si estas luchas demuestran de manera contundente que la clase trabajadora no está derrotada y que sigue siendo la única fuerza social capaz de enfrentar a la burguesía, su lucha está lejos aún de terminar. Todavía está plagada de inmensas debilidades e ilusiones, que los movimientos actuales ilustran cruelmente. Hasta ahora, los sindicatos han logrado controlar todas las luchas, mantenerlas dentro de un marco muy corporativista, como podemos ver hoy en Francia o Alemania, al tiempo que, cuando es necesario, favorecen una apariencia de unidad y radicalismo como el “Frente Común” de los sindicatos canadienses o el movimiento en Finlandia.
Durante el movimiento contra la reforma de las pensiones en Francia, muchos trabajadores, recelosos de las interminables jornadas de movilización sindical, empezaron a hacerse preguntas sobre cómo luchar, cómo unirse, cómo hacer retroceder al gobierno... pero en ninguna parte la clase ha sido capaz de disputar a los sindicatos la dirección de las luchas a través de asambleas generales soberanas, así como no ha sido capaz de romper la lógica corporativista impuesta por los sindicatos.
La burguesía, además, despliega todo su arsenal ideológico para distorsionar la conciencia que comienza a madurar en la mente de los trabajadores. Mientras guarda silencio sobre las huelgas masivas de la clase trabajadora, por supuesto ha causado un alboroto ensordecedor en torno al movimiento de agricultores. En Alemania, Países Bajos, Francia, Bélgica, Polonia, España... la burguesía pudo contar una vez más con sus partidos de izquierda para ensalzar los méritos de los métodos de lucha que son polos opuestos a los del proletariado y explicar que ‘el movimiento obrero debe aprovechar la brecha’4. Mientras el proletariado comienza tímidamente a recuperar su identidad de clase, la burguesía explota ideológicamente la lucha de los agricultores con una ofensiva mediática destinada a pudrir el actual proceso de reflexión y a enmascarar las numerosas huelgas obreras.
Tampoco escatima esfuerzos para atar a la clase proletaria al carro de la democracia burguesa. En Europa como en América, mientras la podredumbre de su sistema engendra aberraciones políticas como Trump en Estados Unidos, Milei en Argentina, la Agrupación Nacional en Francia, Alternative für Deutschland, Fratelli d'Italia y otros, la burguesía, al menos sus fracciones menos podridas por la descomposición de la sociedad, mientras busca limitar la influencia de los partidos de extrema derecha, se apresura a explotar sus éxitos contra la clase trabajadora. En Alemania, especialmente, donde más de un millón de personas salieron a las calles de diferentes ciudades, respondiendo a la convocatoria de partidos de izquierda y derecha, para protestar contra la extrema derecha. También se trata en este caso para la burguesía de mantener las ilusiones democráticas e impedir que el proletariado defienda su lucha histórica contra el Estado burgués.
Sin embargo, una cosa es cierta, es en el fragor de las luchas actuales y futuras que la clase obrera encontrará gradualmente las armas políticas para defenderse de las trampas tendidas por la burguesía y encontrará el camino, a largo plazo, hacia la revolución comunista.
EG, 20 febrero de 2024
1 “Revolución mundial o destrucción de la humanidad: la responsabilidad crucial de las organizaciones revolucionarias [1034]”. Revista Internacional núm. 170 (2023).
2 “Tras la ruptura en la lucha de clases, la necesidad de politización de las luchas [1404]”. Revista Internacional Nº 171 (2023).
3 “Las ambigüedades de la TCI sobre el significado histórico de la ola de huelgas en el Reino Unido [1223]”, Revolution Internationale nº 497 (2023).
4 “La cólera de los agricultores: ¡Un grito de desesperación utilizado contra la conciencia de los trabajadores!” [1405] CCI, marzo 2024.
Son ya diversos países en los que han tomado presencia los partidos populistas, e incluso, en algunos de ellos han ascendido al gobierno. Los partidos populistas han ganado protagonismo en por lo menos una decena de los parlamentos de países de Europa, sin embargo, el accionar más relevante lo definió el arribo de Trump en el gobierno de los Estados Unidos, por no hablar del Brexit adoptado en el Reino Unido, pero no es menos importante la extensión que ha tenido en América Latina, con el gobierno que Bolsonaro estableciera en Brasil, o el que actualmente se instaura en Argentina con Javier Milei a la cabeza.
El arribo de gobiernos como el presente en Argentina, tiene sus raíces en una ola populista internacional, producto puro de la crisis económica y la descomposición que pesa sobre una sociedad capitalista en declive. Después de prometer mejorar la situación, gobiernos tanto de izquierda como de derecha no han hecho otra cosa que atacar aún más a los proletarios, extendiendo la miseria y la pobreza. Los grupos burgueses que se presentan falsamente como críticos de las políticas tradicionales no hacen más que repetir y acentuar las mismas políticas anti obreras. En su toma de posesión, Milei afirmaba que iniciaba “una nueva era en Argentina, una era de paz y prosperidad, una era de crecimiento y desarrollo, una era de libertad y progreso…” Pero bastaron unas semanas para demostrar que tras esas promesas se escondía un deterioro mayor de las condiciones de vida: caída de los salarios, despidos y represión.
En un intento de mitigar la crisis económica, la burguesía no tiene otro camino que el de incrementar la explotación y ampliar la miseria de los trabajadores. Esta observación se ha corroborado de forma particularmente dramática en el caso del proletariado argentino. El plan de choque “anti inflacionario” que Milei aplica, en menos de 100 días ha desencadenado una verdadera hambruna y una desesperación entre los trabajadores. En los primeros dos meses de ese gobierno, el salario se ha degradado tanto, que no alcanza para adquirir las mercancías fundamentales para la subsistencia. Los precios de los alimentos se han incrementado en 66% y los medicamentos en 65%, lo que ha llevado a que su consumo decline, los primeros en 37% y los otros en 45%. Pero no es lo único que se vuelve inaccesible, el precio del transporte público ha subido el 56%, el combustible en 125%, la luz en 130%... y a todo esto se debe sumar los despidos masivos, que ya han alcanzado una cifra que oscila entre 50 y 60 mil y se espera que a lo largo del año lleguen a 200 mil despidos. La situación es tan desesperada que la población se ve obligada a vender sus muebles en las calles.
Los propios conceptos y datos oficiales para evaluar las condiciones de vida de la población refieren un incremento acelerado de la pobreza. Cifras de diciembre de 2023 mostraban que cerca de 10 mil personas viven en la calle y el 44.7% se encuentra por debajo de la “línea de pobreza”, pero para enero del 2024, esa tasa escaló hasta el 57.4%, lo que significa que son ya 27 millones de personas (de una población aproximada de 46 millones) las que sufren la miseria extrema. Y los ataques no cesan: los salarios de los profesores de básico han sido recortados, se prepara un “ajuste” a las jubilaciones y una mayor “flexibilidad laboral”, que significa despidos sin indemnización, eliminación al pago de horas extras y por supuesto la prohibición de huelgas.
El hambre y la pérdida de empleo han sido los principales motivos que han sacado a los trabajadores a manifestarse en las calles. Estas movilizaciones, aunque son incipientes, han expresado gran combatividad, por eso la burguesía se ha empeñado en desviar ese coraje.
Los trabajadores argentinos no sólo se enfrentan a los ataques directos del gobierno, sino también a las trampas que los sindicatos y los partidos de la oposición preparan para enmarcar el descontento Los partidos de izquierda del capital se han reorganizado, desviando el descontento a la defensa de la economía nacional, como lo hizo la CGT en el paro del 24 de enero, con la consigna de “la patria no se vende”, o como lo hacen los gobernadores “en rebeldía”, pretendiendo reducir el problema a “la defensa constitucional de los recursos para las provincias”, o como intentan los diputados peronistas, desviar el descontento en el llamado al juicio político a Milei. La “oposición” pone por delante el nacionalismo intentando que las demandas de empleo y de aumento de salarios, que han estado presentes en las manifestaciones, se pierda en la defensa de la economía y todo el espíritu de lucha quede atrapado en la falsa disyuntiva entre políticas con “más Estado” que propone el peronismo o las “neoliberales” y “libertarias” de Milei.
En esta maraña de falsas opciones a favor o contra del Estado burgués, destaca el accionar del peronismo, que, habiéndose desacreditado durante décadas dentro del gobierno, organizando él mismo la austeridad, se empeña ahora en borrar su desprestigio asumiendo de nuevo el papel de oposición al gobierno, dentro del reparto de tareas que cumplen todos los partidos con el juego de la llamada “alternancia democrática”. Ante el plan de choque, personajes como Sergio Massa (ex candidato presidencial) y gobernadores peronistas se aglutinan para “plantar cara” al gobierno y, sobre todo, han sido Cristina Fernández de Kirchner (ex vicepresidenta del gobierno anterior) quien con su carta “Argentina en su tercera crisis de deuda” en febrero y el gobernador bonaerense Axel Kicillof (otrora ministro de economía en el gobierno de Cristina) con su informe de apertura del congreso en marzo, han marcado la pauta para las fuerzas burguesas de oposición. Sus “encendidos” discursos de crítica a los planes de ajuste enfatizan solo diferencias de procedimiento en las medidas económicas adoptadas, es decir, usar la motosierra con moderación y discreción, pero solo para fortalecer la economía nacional.
Este ataque brutal a los trabajadores argentinos solo puede hacerse pasar con una estructura sindical y política fuerte y para ello cuenta no solo con los organismos peronistas como la CGT y la CTA que juegan un papel relevante al presentarse como la expresión organizada de los trabajadores, sino también con “opciones” más “radicales” o “críticas” como el aparato de izquierda agrupado en el Frente de Izquierda-Unidad (FIT-U), que “acusa de burócratas traidores” a la dirección de esas centrales alentando la esperanza de que se pueda "rescatar", por ejemplo, a la CGT “forzándola” a que asuma la conducción de las movilizaciones que según el izquierdismo debe jugar la mayor central sindical en el país. Por supuesto, en esta maquinaria hay que anotar a otras organizaciones “más de base” que, como la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) y la Unidad Piquetera, impulsaron la manifestación a finales de febrero para pedir más presupuesto para los comedores populares, ¡cómo si la solución a la explotación asalariada fuera la gestión de la miseria y la adaptación al hambre!
En el combate contra la brutal embestida llevada por la burguesía, ni sindicatos, ni peronistas, ni los partidos del FIT-U, ni las organizaciones “de base” e “independientes”, se encuentran en la trinchera proletaria, todos ellos son instrumentos que la burguesía utiliza para controlar la movilización y esterilizar el descontento.
En este contexto, hay dos peligros latentes para los trabajadores argentinos:
- las movilizaciones interclasistas, que son movilizaciones impulsadas por la pequeña burguesía donde las reivindicaciones proletarias se diluyen y se mezclan con demandas de otros estratos sociales que no tienen los mismos intereses, como pasó con los Chalecos amarillos en Francia (2018). En Argentina, se han vivido esas expresiones como en las revueltas populares de 2001, en las que se descarriló a los trabajadores fuera de su terreno de clase, de la defensa de sus condiciones de trabajo y de vida en general.
- las movilizaciones burguesas, en las que los objetivos son abiertamente burgueses, como las protestas por la democracia en Hong Kong (2019), o la ilusión de un desarrollo sostenible o la igualdad racial dentro del capitalismo, como las manifestaciones del “Black Lives Matter” (2013) o las recurrentes marchas de los Jóvenes por el Clima (YFC -Young For Climate), etc. Las disputas por los recursos para las provincias, por ejemplo, van en esa dirección.
Hay que evitar la trampa que polariza entre pro Milei o anti Milei y más concretamente entre populistas y anti populistas, pues es un terreno totalmente minado para desviar el descontento y la combatividad del verdadero problema de la defensa de los intereses proletarios en contra del capital.
Como lo denunciamos en el inicio de este gobierno, “…la burguesía sabe que la unidad del proletariado es la única fuerza que puede detener a la motosierra de Milei, por eso requiere, para hacer pasar sus golpes, del aparato de izquierda y la estructura sindical. Estas agrupaciones al ser engranes del Estado que sirven a los intereses de la burguesía, ya se preparan para impedir que la unidad y solidaridad obrera se concrete, por ejemplo, los sindicatos ya empezaron a presentar discursos “radicales” en contra de la austeridad, para ganarse las simpatías de los trabajadores y arrastrarlos a luchas falsas, controladas, callejones sin salida.”1
Las movilizaciones que se han producido, como hemos dicho, aunque incipientes y estar controladas por el aparato sindical y político, deben saludarse por la determinación a defender sus condiciones de vida y de trabajo ya que los ataques solo pueden detenerse con la lucha obrera. Estas nuevas movilizaciones siguen la estela de las que se vienen desarrollando en Europa desde 2022, sobre todo en el Reino Unido y Francia, pero también en el resto de Europa, continuando en Estados Unidos y en muchos otros países.
El siguiente paso necesariamente deberá plantearse que la lucha solo tiene futuro fuera de la convocatoria y el control sindical y de los partidos de oposición de la burguesía. Esto significa que los trabajadores deben tomar el control de sus combates desde el primer momento definiendo sus demandas y tomando sus propias decisiones : “Tanto en Estados Unidos, como en el Reino Unido, en Francia, en España, en Grecia, en Australia y en todos los demás países, para poner fin a esta división organizada, para estar verdaderamente unidos, para poder tendernos la mano, para animarnos unos a otros, para extender nuestro movimiento, debemos arrebatar el control de las luchas de las manos de los sindicatos. Estas son nuestras luchas, ¡las luchas de toda la clase obrera!”2
T/RR, 29-03-2024
1 La motosierra de Milei contra los trabajadores argentinos [1407]
2 Huelgas y manifestaciones en Estados Unidos, en España, en Grecia, Francia… ¿cómo podemos desarrollar y unir nuestras luchas? [1329]
A finales de la década de los ochenta, con la caída del bloque encabezado por la URSS, se rompió también el motivo que cohesionaba y ordenaba al bloque opositor, abriendo la fase de descomposición del capitalismo, fase que se caracteriza por la presencia dominante del caos, revelado en la ampliación de las tensiones imperialistas y en la dificultad de la burguesía para controlar la dirección de su política interna. En la década actual, esta tendencia se ha acelerado, ampliando y agudizando las tensiones imperialistas, como se expone con las guerras de Ucrania, Sudán o el Medio Oriente, donde, cada día que pasa, se profundiza y complejiza el conflicto. Pero cuando se ve la amenaza de guerra entre Venezuela y Guyana, o el conflicto entre Ecuador y México, notamos que también América Latina se vuelve un territorio donde crecen las rivalidades que pueden llevar a desestabilizar a la región.
De forma similar a lo que ha pasado en México, en Ecuador, la fractura de la clase en el poder se ha agudizado por la ampliación de la presencia del narcotráfico, ya que al fundirse desordenadamente con los grupos empresariales y los sectores que controlan los diversos niveles de gobierno, tensan sus relaciones, en tanto cada grupo defiende sus intereses, presentándose por ello un enfrentamiento de “todos contra todos” e imponiéndose la actuación del “cada uno para sí”. Este ambiente caótico le impide a la burguesía cohesionarse en torno al Estado, resultando en dificultades para asegurar el orden y control de su política interna. Las acusaciones de colaborar con mafias de la droga al expresidente Carlos Lasso, el asesinato del candidato a la presidencia, Fernando Villavicencio, por parte de sicarios de las mafias, así como los motines y fugas de las cárceles de operadores de los grupos del narcotráfico, son algunos hechos que muestran la presencia dominante de estos grupos y el grado de pudrimiento de las relaciones internas de la burguesía, que ya de por sí se encontraban afectadas por la polarización presente entre “correistas1” y “anti correistas”.
Las fracturas presentes al interior de la burguesía, provocan que se vuelva más violenta y destructiva su actuación. Esto no es solo en el caso de la burguesía ecuatoriana, por todo el mundo los métodos gangsteriles se vuelven de uso común por todas las facciones de la clase dominante y no solo por parte de las bandas mafiosas; el conjunto de la burguesía avanza rompiendo sus propias reglas y protocolos diseñados para regular sus relaciones. El avance de la descomposición vuelven inoperables sus acuerdos preventivos o regulatorios, como el protocolo de Minsk (firmado en 2014 para detener la guerra en el este de Ucrania), el acuerdo Abraham (firmado en 2020 con el fin de “normalizar” las relaciones de Israel y los Emiratos Árabes) y ahora, con el ataque de Israel al consulado de Irán en Damasco (a inicios de abril de 2024) y el asalto a la embajada de México en Ecuador, se pone en cuestión a la convención de Viena y con ello otros preceptos que son definidos por las leyes de la burguesía, como la garantía del derecho al asilo, la impunidad diplomática y la inviolabilidad de las embajadas… Es cierto que estos preceptos son mecanismos leguleyos construidos por la burguesía, pero justamente por eso, su negación y violación es significativa, en tanto muestra la dificultad, de la clase en el poder, para evitar el caos y la desestabilización de sus relaciones.
Este conflicto, lo aprovecharon los gobernantes de ambos países. Noboa, presidente de Ecuador, utilizó al asalto a la embajada de México para mostrarse como el hombre que no “negocia la justicia”, y con ese perfil, llamar a votar a favor en la consulta del 21 de abril, para ampliar sus facultades en el uso de la fuerza policial y militar (y con ello asegurar su reelección en los próximos comicios). Por su parte, López Obrador, el presidente de México, lo usó para mostrarse como defensor de la legalidad y la “solidaridad”, pero también para mostrarse como víctima de la irracionalidad de la derecha, aprovechando para exponer que la candidata presidencial de su partido, defiende esos mismos principios… Pero lo medular en ambas respuestas de los gobiernos, se encuentra en la campaña nacionalista.
En las campañas llevadas al interior de Ecuador como en México, se fomentó (y aún perdura fomentándose) el “espíritu nacionalista”, de manera que en este conflicto que expone una rivalidad entre Estados burgueses, ambos con intereses imperialistas belicosos, pretenden involucrar a los trabajadores, llevándolos a tomar partido por uno de los bandos. El aparato de izquierda de la burguesía se integra de forma entera en esta campaña de confusión, aun cuando pretenden ser críticos, por ejemplo, la posición de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), al condenar la actuación de Noboa y tomar partido por el gobierno de México, no hace sino fortalecer la campaña patriotera de la burguesía, porque no se trata de rechazar a un Estado para abrazar a otro, se trata de tomar conciencia que los trabajadores no comparten ningún interés con la clase dominante, ni con alguna de sus facciones, ni con alguno de sus Estados, después de todo, como lo exponían Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista: “Los trabajadores no tienen patria.”
Tatlin, 8-mayo-2024
1 Se refieren a seguidores y detractores de Rafel Correa, presidente de Ecuador de 2007-17, promoviendo en su gobierno la “Revolución Ciudadana”. Al ser acusado de corrupción huye a Bélgica, donde se encuentra en condición de refugiado.
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En las últimas décadas ha quedado claro que la civilización burguesa está suponiendo una grave amenaza para las condiciones naturales que proporcionan la base para la existencia humana en el planeta. También se ha hecho cada vez más evidente que las principales facciones de la clase dominante se ven obligadas a reconocer la gravedad de la crisis ecológica, e incluso su conexión con las otras principales expresiones de una sociedad en declive, sobre todo la huida hacia el militarismo y la guerra[1]. Esta "comprensión" recientemente adquirida no queda en absoluto anulada por el hecho de que otras partes de esta misma clase dominante se replieguen en un negacionismo abiertamente irracional y suicida respecto al peligro que suponen el cambio climático y la contaminación del aire, el suelo y el agua. Pero ni el reconocimiento ni la negación pueden ocultar el hecho de que la burguesía se está mostrando incapaz de ralentizar y mucho menos detener el monstruo de la destrucción ecológica. Podemos señalar en particular el fracaso evidente y repetido de las espectaculares conferencias COP de los últimos años.
Esta exposición de la impotencia de la clase dominante ha generado la necesidad de una especie de compensación ideológica, sobre todo por parte del ala izquierda de la burguesía. De ahí el auge de una especie de "keynesianismo verde", la noción de un Nuevo Pacto Verde (New Green Deal), en el que el Estado, penalizando a los peores contaminadores e invirtiendo en tecnologías "sostenibles", no sólo sería capaz de evitar que el cambio climático se descontrole, sino también de crear empleos verdes y crecimiento verde; en resumen, un capitalismo saludable y verde.
Pero también hay voces más radicales que se apresuran a señalar los defectos de este tipo de capitalismo verde. Entre ellos destacan los defensores del "decrecimiento". Escritores como Jason Hickel[2] pueden demostrar fácilmente que el capitalismo está impulsado por la necesidad constante de expandirse, de acumular valor, y que debe tratar a la naturaleza como un "don gratuito" que hay que explotar al máximo mientras intenta subsumir hasta la última región del planeta a las leyes del mercado. Por ello, Hickel habla de la necesidad de una transición hacia una economía postcapitalista[3]. Otros, como John Bellamy Foster van más allá y se refieren más explícitamente al creciente interés de Karl Marx por las cuestiones ecológicas en las últimas etapas de su vida, a lo que llaman el "ecosocialismo" de Marx[4]. Pero más recientemente, los libros del escritor japonés Kohei Saito, profundamente versado en los últimos escritos de Marx como resultado de su compromiso con la nueva edición de las obras completas de Marx y Engels (el proyecto MEGA) han suscitado un enorme interés y considerables ventas, en particular, su obra más reciente, titulada Bajar el ritmo: Cómo el Comunismo del Decrecimiento Puede Salvar la Tierra (2024). Mientras que los libros anteriores de Saito[5] estaban escritos en un estilo más bien académico, éste es un esfuerzo mucho más divulgativo que presenta no sólo su argumento clave de que el propio Marx se convirtió en un "comunista del decrecimiento", sino que también esboza los pasos que podrían llevar a la adopción del comunismo del decrecimiento en la actualidad. Y, en efecto, a primera vista, parece estar hablando del comunismo tal y como lo entendía el movimiento comunista real e histórico: una sociedad de productores libremente asociados, en la que ya no existe el trabajo asalariado. El hecho de que pretenda ir más allá del término "ecosocialismo" (que implica que puede haber y de hecho ha habido formas de socialismo que no eran ecológicas, que no eran menos destructivas ecológicamente que el capitalismo) y hable ahora de comunismo, responde a la necesidad de dar respuesta a una búsqueda creciente de soluciones que van a las raíces mismas de la crisis actual de la civilización. Pero una investigación más cercana y crítica del argumento de Saito muestra que se trata de una respuesta que sólo puede conducir a más soluciones falsas.
Como hemos dicho, Saito no es el primero en señalar que el "Marx tardío" desarrolló un fuerte interés tanto por las cuestiones ecológicas como por las formas sociales comunales que precedieron a la aparición de la sociedad de clases y que siguieron dejando huellas incluso después del surgimiento del capital. Lo específico de Saito es la idea de que el estudio de estas cuestiones llevó a Marx a una "ruptura epistemológica"[6], con lo que él llama la "visión lineal y progresista" de la historia, marcada por el "productivismo" y el "eurocentrismo", y hacia una nueva visión del comunismo. En resumen, Marx abandonó el materialismo histórico en favor de un "comunismo de decrecimiento". Pero Marx nunca se adhirió a una "visión lineal y progresiva" de la historia. Por el contrario, su concepción era dialéctica: los diferentes modos de producción han pasado por periodos de ascenso, en los que sus relaciones sociales permitían un verdadero desarrollo de la producción y la cultura, pero también por periodos de estancamiento, decadencia e incluso regresión, que podían conducir o bien a su desaparición pura y simple, o bien a un periodo de revolución social que podía dar paso a un modo de producción superior. Por extensión, aunque en este proceso histórico se puede discernir un movimiento generalmente progresivo, todo progreso ha tenido hasta ahora un coste: de ahí, por ejemplo, la idea expresada por Marx y Engels de que la sustitución del comunismo primitivo por la sociedad de clases y el Estado era a la vez una caída y un avance, y que el comunismo del futuro sería una especie de "retorno a un nivel superior" a la forma social arcaica[7].
Por lo que respecta al capitalismo, el Marx del Manifiesto Comunista señalaba el enorme desarrollo de las capacidades productivas que había hecho posible el auge de la sociedad burguesa. Una vez más, estos avances se produjeron a costa de la explotación despiadada del proletariado, pero la lucha de este contra esta explotación sentó las bases de una revolución comunista que podría poner las nuevas fuerzas productivas al servicio de la humanidad. E incluso en esta fase temprana de la vida del capital, Marx estaba impaciente por ver tal revolución, identificando las crisis de sobreproducción como signos de que las relaciones sociales capitalistas ya se habían vuelto demasiado estrechas para las fuerzas de producción que habían desencadenado. La derrota de la oleada de revoluciones de 1848 le llevó a revisar este punto de vista y a reconocer que el capitalismo aún tenía una carrera considerable por delante antes de que fuera posible una revolución proletaria. Pero esto no significaba que todos los países y todas las regiones del mundo estuvieran condenados a pasar exactamente por el mismo proceso de desarrollo. Así, cuando la populista rusa Vera Zasulich le escribió en 1881 para preguntarle su opinión sobre la posibilidad de que el mir ruso o la comuna agrícola pudieran desempeñar un papel en la transición al comunismo, Marx planteó el problema en los siguientes términos: mientras que el capitalismo estaba todavía en sus primeras etapas en grandes partes del mundo, "el sistema capitalista ha pasado su mejor momento en Occidente, acercándose al momento en que no será más que un régimen social regresivo"[8]. Esto significaba que las condiciones objetivas para una revolución proletaria estaban madurando rápidamente en los centros del sistema, y que si se producía, "entonces la actual propiedad comunal rusa de la tierra puede servir como punto de partida para un desarrollo comunista"[9].
Esta hipótesis no implicaba el abandono del método del materialismo histórico. Por el contrario, era un intento de aplicar este método en un período contradictorio en el que el capitalismo mostraba simultáneamente signos de decadencia histórica al tiempo que seguía disponiendo de zonas de crecimiento muy amplias cuyo desarrollo podía frenar temporalmente sus crecientes contradicciones internas. Y, lejos de defender o apoyar este desarrollo, ya expresado en el impulso imperialista de las grandes potencias, Marx vio que cuanto antes estallara la revolución proletaria en los centros industrializados, menos dolor y miseria se infligirían en las periferias del sistema. Marx no vivió para ver todas las consecuencias de la conquista del planeta por el imperialismo, pero otros que retomaron su método, como Lenin y Luxemburgo, fueron capaces de reconocer, en los primeros años del siglo XX, que el capitalismo en su conjunto estaba entrando en su época de decadencia, planteando así la posibilidad -y la necesidad- de una revolución proletaria mundial.
La misma preocupación inspiró el creciente interés del Marx "tardío" por la cuestión ecológica. Estimulado por sus lecturas de científicos como Liebig y Fraas, que habían tomado conciencia del lado destructivo de la agricultura capitalista (Liebig la denominaba "agricultura de robo"), que en su afán de beneficios inmediatos estaba agotando la fertilidad del suelo y destruyendo sin miramientos los bosques (lo que Marx ya había observado que estaba teniendo un efecto nocivo sobre el clima). Si el desarrollo del capitalismo ya estaba socavando la base natural para la producción de las necesidades vitales, entonces tal vez su "misión progresista" estaba llegando a su fin - pero esto no invalidaba el método que había sido capaz de reconocer el papel positivo desempeñado por la burguesía en la superación de las barreras del feudalismo. Además -y Saito es muy consciente de ello, pues lo ha mostrado en sus obras anteriores-, la preocupación de Marx por el impacto del capitalismo en la relación entre la humanidad y la naturaleza no surgió de la nada: sus raíces pueden encontrarse en la noción de alienación del ser humano respecto a su "cuerpo inorgánico" en los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, una noción elaborada posteriormente en los Grundrisse y El Capital, especialmente en la idea de la "ruptura metabólica" de esta última obra. Del mismo modo, el reconocimiento de que la sociedad comunista tendría que superar la rígida separación entre la ciudad y el campo se puede encontrar tanto en los primeros escritos de Marx y Engels, como en el período de la investigación de Marx sobre la ciencia agrícola, cuando se consideraba una condición previa para restaurar la fertilidad natural del suelo. Elaboración, desarrollo, crítica de ideas anticuadas, pero no "ruptura epistemológica".
Podríamos decir mucho más sobre la visión actual Saito sobre el comunismo. En particular, se basa en gran medida en la noción de "los comunes", lo que implica que las formas comunales precapitalistas todavía tendrían una existencia sustancial en el capitalismo actual, e incluso podrían servir como una especie de núcleo para la transformación comunista. De hecho, en la época de Lenin ya era evidente que el capital imperialista estaba completando rápidamente el trabajo realizado en el período de la "acumulación primitiva": la destrucción de los lazos comunales y la separación del productor de su tierra. Un siglo o más después esto es aún más evidente. Los vastos barrios marginales que rodean las megaciudades en las periferias del sistema dan testimonio tanto de la devastación de las viejas formas comunales como de la incapacidad del capitalismo decadente para integrar a un gran número de desposeídos en la red "moderna" de producción.
Esta idea de que la nueva sociedad podría construirse en el cascarón de la vieja revela lo que quizá sea la distorsión más fundamental del marxismo en el libro de Saito. No cabe duda de que Saito critica el "Nuevo Pacto Verde", tanto por su dependencia de medidas "de arriba abajo" impuestas por el Estado, como porque no aborda el problema de la necesidad del capitalismo de un "crecimiento" sin fin, que es incompatible con el mantenimiento de un medio ambiente natural sano. Frente a esto, Saito insiste en que la nueva sociedad sólo puede surgir de un movimiento social "desde abajo". Para Marx, el comunismo era el verdadero movimiento de la clase obrera, que partía de la defensa de sus intereses de clase y conducía al derrocamiento del orden existente. Para Saito, en cambio, el movimiento social es un conglomerado de diferentes fuerzas de clase: junto a los intentos de crear pequeñas expresiones de "lo común" en los barrios de las ciudades actuales, como Detroit; se refiere a protestas interclasistas como la de los Chalecos Amarillos en Francia; a grupos de protesta que desde el principio se sitúan en un terreno burgués, como “Extinction Rebellion”; una pequeña salpicadura de huelgas de trabajadores; las "asambleas de ciudadanos" creadas bajo la égida de Macron en respuesta a las protestas de los Chalecos Amarillos, etc. En resumen, no la lucha de clases, no la lucha de los explotados para liberarse de los órganos capitalistas que los mantienen bajo control (como los sindicatos y los partidos de izquierda), no la emergencia de la conciencia comunista expresada en la formación de minorías revolucionarias.
Una de las pruebas más claras de que Saito no habla de la lucha de clases como palanca del comunismo es su actitud ante el movimiento de los Indignados que apareció en España en 2011. Se trataba de un movimiento basado en una forma proletaria de organización -las asambleas de masas-, aunque la mayoría de sus protagonistas se consideraban "ciudadanos" y no proletarios. Dentro de las asambleas, hubo una batalla entre organizaciones como "Democracia Real Ya", que querían que las asambleas revitalizaran el sistema "democrático" ya existente, y un ala proletaria que defendía la autonomía de las asambleas frente a todas las expresiones del Estado, incluidos sus tentáculos locales y municipales. Saito alaba el "Movimiento de las Plazas", pero al mismo tiempo se pronuncia a favor de canalizar las asambleas hacia la formación de un partido político municipal, Barcelona en Comu, y la elección de una alcaldesa radical, Ada Colau, cuya administración ha presentado una serie de medidas "democratizadoras" y declaraciones ecologistas. Además, la experiencia de Barcelona ha dado lugar al movimiento "Ciudades sin miedo", que pretende aplicar el mismo modelo en otras ciudades del mundo.
No se trata de la extensión internacional de la lucha obrera -condición previa para la revolución comunista- sino de una estructura para la recuperación burguesa del auténtico combate de clase. Y se basa en el rechazo de otro elemento fundamental del proyecto comunista, la lección que Marx, Engels, Pannekoek y Lenin extrajeron de la experiencia de la Comuna de París de 1871: que la tarea del proletariado, el primer paso de su revolución, es desmantelar la máquina estatal existente, no sólo sus ejércitos, su policía y su aparato de gobierno central, sino también sus consejos municipales y otras formas de control localizado. Para Saito, en cambio, "sería absurdo rechazar el Estado como medio para conseguir hacer las cosas, como la creación de infraestructuras o la transformación de la producción" (Slow Down, p 232). Lo que todo esto significa es un "Nuevo Pacto Verde" desde abajo, no el derrocamiento revolucionario de las condiciones existentes.
Este no es el lugar para entrar en los inmensos desafíos a los que se enfrentará la clase obrera una vez que haya tomado el poder en sus manos y haya iniciado la transición al comunismo. Evidentemente, la cuestión ecológica estará en el centro de sus preocupaciones, lo que exigirá una serie de medidas destinadas a suprimir el impulso de acumulación y sustituirlo por la producción para el uso, no sólo a escala local, sino en todo el planeta. También exigirá el desmantelamiento del gigantesco aparato de producción de basura y desperdicios que alimenta el desastre climático: la industria armamentística, la publicidad, las finanzas, etc. Como hemos demostrado en otro lugar[10] los marxistas anteriores, de Bebel a Bordiga, también han hablado de superar la loca carrera alimentada por el proceso de acumulación, de "ralentizar" el ritmo frenético de la vida bajo el capital. Pero no calificamos esto de "decrecimiento" por dos razones: en primer lugar, porque el comunismo es la base de un verdadero "desarrollo de las fuerzas productivas" con una calidad totalmente nueva, compatible con las necesidades reales de la humanidad y su metabolismo con la naturaleza. Y segundo, porque hablar de decrecimiento en el marco del sistema existente -y el "comunismo" de Saito no escapa a esto- puede ser fácilmente utilizado como justificación de la austeridad administrada por el Estado burgués, como razón para que la clase obrera cese sus luchas "egoístas" contra los recortes salariales o laborales y se acostumbre a reducir aún más su consumo.
Amos, abril 2024
1]Véase nuestra Actualización de las tesis sobre la descomposición (2023) [1039], Revista Internacional 170
2]Menos es más: Cómo el decrecimiento salvará al mundo, 2020
3]Sin embargo, la crítica de Hickel al Nuevo Pacto Verde no va muy lejos: para él, el “New Deal” de los años 30 fomentaba el crecimiento "con el fin de mejorar los medios de vida de las personas y lograr resultados sociales progresistas... los primeros gobiernos progresistas trataban el crecimiento como un valor de uso" (p94). En realidad, el objetivo del “New Deal” era salvar el capitalismo y preparar la guerra....
4]Por ejemplo La Ecología de Marx: Materialismo y Naturaleza, 2000
5]El Ecosocialismo de Karl Marx: el Capital, la Naturaleza y la Crítica Inacabada de la Economía Política, 2017; Marx en el Antropoceno: Hacia la idea del comunismo del decrecimiento, 2022
6]Saito toma prestado este término de Althusser, un apologista muy sofisticado del estalinismo, que lo aplicó a lo que él veía como el paso del Marx juvenil e idealista de los manuscritos de 1844 al científico maduro de El Capital. Hemos argumentado en contra de esto aquí: El estudio de El Capital y los principios del comunismo [1410], Revista Internacional nº 75. Si hubo tal ruptura, tuvo lugar cuando Marx rompió con la democracia radical y se identificó con el proletariado como portador del comunismo, hacia 1843-4
7]Por ejemplo, en la conclusión de Engels sobre el origen de la familia, la propiedad privada y el Estado
8]Véase El Marx de la madurez - Comunismo del pasado, comunismo del futuro [1303], Revista Internacional 81
9]ibid
10] Véase Bordiga y la Gran Ciudad [1368], Revista Internacional 166
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La violencia y la brutalidad se han intensificado dramáticamente en los últimos meses, y las terriblemente miserables condiciones de vida han provocado un éxodo masivo de decenas de miles de haitianos y la continuación acelerada de la emigración. Desde finales de febrero, se ha producido una serie de acontecimientos que provocan terror y vértigo: se han asaltado cárceles, provocando la fuga de varios miles de reclusos, hospitales y comisarías de policía han sido atacados por bandas criminales... La "crisis humanitaria" se agrava, la escasez de alimentos y el hambre se intensifican, el cólera ha hecho su reaparición, 3334 personas en 2023 han sido asesinadas y otras 1787 secuestradas, víctimas de las bandas que siembran el terror. Estas bandas controlan ahora el 80% de la capital y las carreteras circundantes, así como el puerto. Según la Organización Internacional para las Migraciones, 362,000 personas, la mitad de ellas niños, están actualmente desplazadas en Haití.
No son solo las bandas las que hacen reinar el terror, sino también las milicias armadas reclutadas por los sucesivos gobiernos como fuerza de apoyo para reprimir las revueltas populares contra la corrupción y la miseria, además de sus actividades mafiosas. Por ejemplo, una manifestación en 2018 contra la carestía de la vida y la corrupción desembocó en la salvaje represión de una "movilización popular" (que pedía acciones judiciales contra Jovenel Moïse, expresidente asesinado en 2021) en la Saline, un barrio pobre de Puerto Príncipe. En esta ocasión, 71 personas fueron asesinadas y mutiladas, las mujeres violadas y los cadáveres quemados. Uno de los autores de la masacre, Jimmy Cherizier, alias "Barbacoa", debe su apodo a esta ruin acción, una práctica ampliamente conocida por la "comunidad internacional" como medio de sembrar el terror y la "paz social", la de los cementerios, en beneficio de la burguesía y las bandas.
Un informe de la ONU citado por Le Mondei señala las complicidades políticas y criminales y su caldo de cultivo: una "situación de oligopolio sobre las importaciones" y "controlada por un grupo relativamente pequeño de familias poderosas, que anteponen sus intereses comerciales en competencia". Las bandas, señala el informe, están "instrumentalizadas por la élite política y económica, así como por altos funcionarios". "El desvío de recursos públicos evidencia una corrupción endémica", con un sabotaje deliberado del sistema judicial. La impunidad es total. Pero el informe, que a primera vista parece contundente, se cuida de no mencionar los abusos del ex presidente Moïse, ni la impopularidad del primer ministro dimitido Ariel Henry, cuyo balance era catastrófico y que gozaba del apoyo incondicional de la "comunidad internacional".
Esta situación no es nueva, ya que Haití, primer país en emanciparse de una potencia colonial (Francia) en 1804, ha sido durante décadas presa de enfrentamientos entre bandas rivales que hacen reinar el terror en todo el país. Tras la sucesión de juntas militares que siguieron a la ocupación estadounidense entre 1915 y 1934, las tristemente célebres milicias de los "Tontons Macoutes" (a sueldo del poder absoluto de la familia Duvalier entre 1957 y 1986) fueron sustituidas, al “restablecerse un régimen democrático", por sangrientas luchas entre bandas y clanes rivales por la conquista del poder. Las oleadas de masacres y terror desatadas por los criminales no han cesado desde 2004, sumiendo al país más pobre de todo el hemisferio norte en una miseria atroz (más de la mitad de la población vive por debajo del umbral de pobreza y sufre inseguridad alimentaria crónica).
Esta situación se ha visto agravada por los estragos de terribles y devastadoras "catástrofes naturales", entre ellas el terremoto de 2010, que mató a más de 300,000 personas. El país se ha convertido en una de las zonas más vulnerables a las perturbaciones climáticas especialmente mortíferas (sucesión de ciclones, huracanes y sequías), con la inmensa mayoría de la población hundida en condiciones de vida de total insalubridad, lo que favorece el regreso de epidemias, también mortales, como el cólera, bajo la mirada cómplice de potencias tutelares como Francia y Estados Unidos, que apoyan, pese a todo, a las facciones burguesas locales susceptibles de garantizar una apariencia de estabilidad política.
El muy controvertido primer ministro se vio obligado a dimitir, abandonado por Estados Unidos, bajo la presión de las bandas armadas, una de las cuales está dirigida por "Barbacoa", que prometió recrudecer la guerra civil si se negaba a dimitir. Un consejo presidencial de transición está a punto de ser nombrado desde Jamaica, bajo la dirección de Estados Unidos, para elegir un nuevo primer ministro, pero las bandas ya han declarado que no aceptarán ningún acuerdo que venga del extranjero. Esta vez, Estados Unidos no quiere desplegar sus propias fuerzas y confía en la prometida llegada de policías kenianos para mantener el orden.
Para un investigador haitiano, "Barbacoa, antiguo policía, es el Frankenstein que se ha liberado de su amo" y considera que las bandas "son más poderosas que las autoridades políticas y las fuerzas del orden" y finalmente han “decidido hacerse autónomas". De hecho, estos comportamientos abyectos son un producto puro de la putrefacción del capitalismo tal y como puede expresarse en la periferia del capitalismo. Durante los últimos cuarenta años, la vida política de Haití se ha visto sacudida por golpes de Estado, injerencias extranjeras, insurrecciones del ejército y farsas electorales, una inestabilidad política que ha "sumido [a Haití] en el caos". Esta situación caricatural muestra lo que puede ocurrir cuando la burguesía pierde el control de su aparato político.
Esta situación, en efecto, dista mucho de ser única. El mismo caos existe en otras partes del mundo: en América Central, América del Sur y en un número creciente de países africanos. Algunos países que aún no han llegado a esta situación ven ahora cómo la amenaza se hace más evidente. Es el caso, por ejemplo, de Ecuador, que antes se presentaba como un "remanso de paz" en América Latina. La burguesía y su aparato estatal se enfrentan a un proceso acelerado de fragmentación. Están totalmente implicados y comprometidos en el tráfico de drogas, que ahora ocupa un lugar predominante en la economía nacional. En 2023, el espectacular aumento de la violencia se tradujo en ¡un incremento del 800% de los homicidios! Ecuador se ha convertido en un centro neurálgico del narcotráfico. Los "grupos del crimen organizado" están vinculados a diversas mafias competidoras para asegurarse el control del tráfico: cárteles mexicanos, bandas peruanas o colombianas, bandas mafiosas albanesas, rusas, chinas incluso italianas. El Estado está plagado de corrupción y a su vez vinculado a los grupos agroindustriales más poderosos del país, también implicados en el narcotráfico. El último intento de controlar el narcotráfico provocó un estallido de violencia sin precedentes a principios de 2024, con enfrentamientos callejeros entre el ejército y grupos del crimen organizado, la toma como rehenes de periodistas de un canal de televisión público, la fuga de dos líderes de bandas, múltiples motines en cárceles gestionadas por bandas y una brutal represión que sólo sirvió para exacerbar las tensiones. Para la clase trabajadora, la militarización de la sociedad supuso un aumento del 15% del IVA. La oleada de protestas que siguió fue duramente reprimida por el nuevo gobierno de Daniel Noboa.
La gansterización es cada vez más endémica en países como Honduras, Guatemala, El Salvador o México, donde los sucesivos gobiernos llevan años sumidos en una corrupción generalizada. Las bandas hacen reinar el terror en estos países, obligando a las poblaciones a huir de forma masiva, como demuestra el incesante flujo de caravanas de emigrantes que intentan llegar a Estados Unidos por cualquier medio. La misma situación ha caracterizado durante años a países de África Oriental como Somalia, Sudán incluso Libia. Pero este fenómeno de bandas armadas y milicias paramilitares incontrolables, que luchan por el poder y el control de territorios, tiende a extenderse también a la parte occidental del continente, ya sea inspiradas por el fanatismo religioso (Boko Haram, Al Shaabab, AMQI, etc.) o movidas por estrictos intereses mafiosos.
La gangsterización de los Estados, la inestabilidad y el caos, los crecientes estallidos de mortíferos conflictos imperialistas y la proliferación de atentados terroristas amenazan con hundir a sectores cada vez más amplios de la humanidad en un océano sin fondo de barbarie, miseria, caos e irracionalidad.
T. Tor, 5 de abril de 2024
i Periódico francés.
En el espacio de unos pocos meses, la espantosa ofensiva israelí sobre la Franja de Gaza se ha cobrado decenas de miles de vidas en un furioso torrente de barbarie. Civiles inocentes, niños y ancianos mueren por miles, aplastados bajo las bombas o fríamente abatidos por la soldadesca israelí. Al horror de las balas hay que añadir las víctimas del hambre, de la sed, de las enfermedades y los traumatismos... La Franja de Gaza es una fosa común a cielo abierto, una inmensa ruina que simboliza todo lo que el capitalismo puede ofrecer ahora a la humanidad. ¡Lo que ocurre en Gaza es una monstruosidad!
¿Cómo no asquearse ante el cinismo de Netanyahu y su camarilla de fanáticos religiosos, por el frío nihilismo de los asesinos de las Fuerzas de Defensa de Israel? ¿Cómo no enfurecerse cuando la menor expresión de indignación es tachada inmediatamente de “antisemitismo” por editorialistas de baja estofa y propagandistas de Tel Aviv? Forzosamente, las imágenes del horror y los testimonios de los supervivientes hielan la sangre. Incluso entre la población israelí, traumatizada por los despreciables crímenes del 7 de octubre y sometida a la apisonadora de la propaganda belicista, la indignación es palpable. Las concentraciones de apoyo a los palestinos se multiplican en todo el mundo: en París, Londres y, sobre todo, en Estados Unidos, donde los campus universitarios son el teatro de movilizaciones particularmente multitudinarias.
La indignación no puede ser más sincera, pero los revolucionarios tienen la responsabilidad de decirlo alto y fuerte: estas manifestaciones no se sitúan, ni de lejos, en el terreno de la clase obrera. Al contrario, ¡representan una trampa mortal para el proletariado!
“Alto el fuego inmediato”, “Paz en Palestina”, “¡Acuerdo internacional!”, “¡Dos naciones en paz!” ... Los llamados a la “paz” se han multiplicado en las últimas semanas en las manifestaciones y en los foros de discusión. Una parte de las organizaciones de la izquierda del capital (los trotskistas, los estalinistas y todas las variantes de la izquierda “radical” como LFI en Francia) sólo tienen la palabra “paz” en la boca.
¡Es pura mistificación! Los trabajadores no deben hacerse ninguna ilusión sobre una pretendida paz, ni en Oriente Medio ni en cualquier otro lugar, ni en ninguna solución de la “comunidad internacional”, de la ONU, del Tribunal Internacional o cualquier otra guarida de bandidos capitalistas. A pesar de todos los acuerdos y todas las conferencias de paz, todas las promesas y todas las resoluciones de la ONU, el conflicto palestino-israelí dura ya más de 70 años y no está cercano a terminar. En los últimos años, como todas las guerras imperialistas, este conflicto no ha hecho más que amplificarse, ganar en violencia y en atrocidades. Con las recientes atrocidades de Hamás y las Fuerzas de Defensa de Israel, la barbarie ha adquirido un rostro aún más monstruoso y delirante, con una lógica de tierra quemada que llega al extremo y demuestra que el capitalismo no puede ofrecer más que muerte y destrucción.
Así pues, a la pregunta: “¿Puede haber paz en una sociedad capitalista?”, nuestra respuesta categórica es: ¡no! Los revolucionarios de principios del siglo XX ya habían dejado claro que, desde 1914, la guerra imperialista se ha convertido en el modo de vida del capitalismo decadente, el resultado ineludible de su crisis histórica. Y como la burguesía no tiene solución para la espiral infernal de la crisis, tenemos que decirlo muy claramente: ¡el caos y la destrucción sólo pueden extenderse y aumentar en Gaza como en Kiev y en cualquier otra parte del mundo! La guerra en Gaza amenaza con incendiar toda la región.
Pero más allá del impasse que representan los llamamientos a la paz bajo el yugo del capitalismo, el pacifismo sigue siendo una peligrosa mistificación para la clase obrera. Esta ideología no sólo nunca ha evitado la guerra, sino que, por el contrario, siempre la ha preparado. Ya en 1914, la socialdemocracia, al plantear el problema de la guerra desde el ángulo del pacifismo, había justificado su participación en el conflicto en nombre de la lucha contra los “promotores de la guerra” del otro bando y de la elección del “mal menor”. Gracias a que la sociedad se había impregnado de la idea de que el capitalismo podía existir sin guerra, la burguesía pudo asimilar el “militarismo alemán”, para unos, y el “imperialismo ruso”, para otros, al bando de los que querían socavar la “paz” y a los que “había que combatir”. Desde entonces, el pacifismo, desde la Segunda Guerra Mundial hasta la guerra de Irak, pasando por los innumerables conflictos de la Guerra Fría, no ha sido más que una sucesión de complicidades desvergonzadas con tal o cual imperialismo contra los “promotores de la guerra” con la finalidad de blanquear el sistema capitalista.
La guerra de Gaza no es una excepción a esta lógica. Valiéndose de la legítima repugnancia suscitada por las masacres de Gaza, la izquierda “pacifista” llama directamente a apoyar a un bando contra otro, el de la “nación palestina” víctima del “colonialismo israelí”, afirmando con la mano en el corazón: “Nosotros defendemos los derechos del ‘pueblo palestino’, no a Hamás”. Esto es olvidar rápidamente que “el derecho del pueblo palestino” no es más que una fórmula hipócrita destinada a disimular lo que se requiere llamar el Estado de Gaza, una forma furtiva de defender una nación contra otra. Una Franja de Gaza “liberada” no significaría otra cosa que consolidar el odioso régimen de Hamás o de cualquier otra facción de la burguesía palestina, de todos aquellos que nunca han dudado en sofocar con sangre la más mínima expresión de cólera, como en 2019 cuando Hamás, que vive como un verdadero depredador sobre las espaldas de la población gazatí, reprimió con una brutalidad inaudita a los manifestantes exasperados por la miseria. ¡Los intereses de los proletarios en Palestina, en Israel o cualquier otro país del mundo no se confunden en absoluto con los de su burguesía y el terror de su Estado!
Las organizaciones trotskistas, en particular en las universidades, ya ni siquiera se molestan en la verborrea hipócrita del pacifismo para alimentar la sucia propaganda belicista de la burguesía. Sin vergüenza alguna, llaman descaradamente a apoyar a la “resistencia de Hamás”. En nombre de las “luchas de liberación nacional contra el imperialismo” (presentadas fraudulentamente como una posición bolchevique sobre la cuestión nacional), intentan movilizar a los jóvenes en el podrido terreno del apoyo a la burguesía palestina, con alusiones apenas veladas de antisemitismo, como oímos en las universidades: “En la Universidad de Columbia en Nueva York, manifestantes han sido filmados coreando: ‘Quemar a Tel Aviv [...] Sí, Hamás, te queremos. También apoyamos a sus cohetes’. Otro exclamó: ‘No queremos dos Estados, queremos todo el territorio’. En la misma línea, algunos estudiantes ya no se contentan con corear ‘Del río al mar, Palestina será libre’, ahora sostienen carteles en árabe. El problema es que dice ‘Del río al mar, Palestina será árabe’, lo que significa que no habrá judíos desde el Jordán hasta el Mediterráneo”1.
Las organizaciones trotskistas tienen una larga tradición de apoyo al campo burgués en la guerra (Vietnam, Congo, Irak...), primero al servicio de los intereses del bloque del Este durante la guerra fría2, después a favor de cualquier expresión de anti norteamericana.
El conflicto israelí-palestino sigue siendo un leitmotiv de la indignación selectiva del trotskismo. Ayer, la “causa palestina” era un pretexto para apoyar los intereses de la URSS en la región contra Estados Unidos. Hoy, estas organizaciones explotan la guerra en Gaza para apoyar a Irán, del Hezbolá y los “rebeldes” Houthis contra el mismo “imperialismo estadounidense” y su aliado israelí. ¡El internacionalismo reivindicado por el trotskismo es el de la Internacional de los canallas!
Contrariamente a todas las mentiras de los partidos de izquierda del capital, las guerras son siempre enfrentamientos entre naciones rivales, entre burguesías rivales. ¡Siempre! ¡Nunca las guerras se libran en beneficio de los explotados! Al contrario, ellos son las primeras víctimas.
En todas partes, los trabajadores deben negarse a tomar partido por un bando burgués contra otro. La solidaridad de los trabajadores no es con Palestina ni con Israel, ni con Ucrania ni con Rusia, ¡ni con ninguna otra nación! Su solidaridad está reservada a sus hermanos de clase que viven en Israel y Palestina, en Ucrania y Rusia, ¡a los explotados del mundo entero! La historia ha demostrado que la única respuesta real a las guerras desatadas por el capitalismo es la revolución proletaria internacional. En 1918, gracias a un enorme estallido revolucionario en toda Europa, que había comenzado en Rusia un año antes, la burguesía se vio obligada a detener una de las mayores carnicerías de la historia.
Por supuesto, hoy todavía estamos muy lejos de esa perspectiva. Para la clase obrera es difícil imaginar una solidaridad concreta, por no hablar de una oposición directa a la guerra y sus horrores. Sin embargo, a través de la serie sin precedentes de luchas obreras que han tenido lugar en muchos países durante los dos últimos años, en Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y recientemente en Alemania, el proletariado está demostrando que no está dispuesto a aceptar sacrificios. Es perfectamente capaz de luchar masivamente, si no directamente, contra la guerra y el militarismo, si en contra los ataques brutales que exige la burguesía para alimentar su arsenal de muerte, contra las consecuencias de la guerra sobre nuestras condiciones de vida, contra la inflación y los recortes presupuestarios. Estas luchas son el crisol en el que la clase obrera puede reencontrarse plenamente con sus experiencias pasadas y sus métodos de lucha, redescubrir su identidad y desarrollar su solidaridad internacional. Entonces podrá politizar su lucha y trazar un rumbo ofreciendo la única perspectiva y salida posibles: el derrocamiento del capitalismo mediante la revolución comunista.
EG, 30-abril-2024
1 “La mayoría de los judíos y palestinos quieren la paz. Extremistas, narcisistas y otros 'aliados' sólo bloquean el camino [1413]”, The Guadian (26 de abril de 2024).
2 Estiman que sus respectivas naciones (Francia, Reino Unido, Italia...) tenían todo el interés en unirse al bloque liderado por la llamada “patria del socialismo degenerado” ...
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El sangriento ataque al Ayuntamiento de Moscú el 22 de marzo, el frío cinismo de Putin en Ucrania, el extremismo criminal del gobierno de Netanyahu que masacra en masa y mata de hambre a civiles... todo esto confirma que el sistema capitalista está en bancarrota, que la sociedad burguesa está realmente absorbida por un torbellino de destrucción y caos generalizado. Y este proceso sólo puede acelerarse, como la aterradora desintegración del Medio Oriente, donde el riesgo de una confrontación catastrófica directa entre dos potencias regionales, Israel e Irán, es inmenso.
La CCI ha destacado repetidamente la dinámica histórica del caos que reina en la sociedad capitalista desde la desaparición de los bloques y el inevitable debilitamiento del liderazgo estadounidense en el planeta. A partir de ahora la disciplina entre “aliados” tiende a desaparecer, se desatarán los sórdidos intereses imperialistas, tanto de grandes como de pequeñas potencias. Incluso un aliado de Estados Unidos como Israel, que depende enteramente de la protección estadounidense, se permite hacer lo que le plazca, multiplicar las provocaciones, como el ataque a la representación iraní en Damasco, y desatar un caos en la región que Washington está intentando frenar lo mejor que puede. En cuanto a Irán, viene echando más leña al fuego desde el inicio de la guerra en Gaza (a través de Hamás, Hezbolá y los hutíes) y acaba de dar un nuevo paso en el enfrentamiento lanzando un ataque aéreo masivo directamente contra Israel. A pesar de los intentos desesperados de Estados Unidos por contener el fuego, la evolución de la situación en el Medio Oriente confirma la continua disminución de su poder en el mundo y corre el riesgo de arrastrar a la región hacia una conflagración general.
La burguesía no puede hacer nada ante la dinámica mortífera de su sistema. La crisis económica crónica, los desastres ecológicos y las guerras expresan la espantosa cara de la descomposición del capitalismo, la descomposición de la sociedad resultante de un modo de producción obsoleto, moldeado para la explotación de la fuerza de trabajo, la competencia de todos contra todos y la guerra, y que ya no tiene nada que ofrecer excepto terror, sufrimiento y muerte. Cada vez más regiones del mundo se están volviendo inhabitables para las poblaciones, como Haití, presa del caos, entregada a bandas criminales, o como muchos estados de África y América Latina, expuestos a una corrupción generalizada, a los señores de la guerra, a las mafias y a traficantes de drogas.
El epicentro de esta espiral infernal se sitúa en el corazón mismo del capitalismo, en primer lugar, a nivel de la primera potencia mundial, Estados Unidos. Después de haber amplificado el caos en las últimas décadas tratando de imponer su papel de policía mundial (en particular, en Irak y Afganistán), Estados Unidos busca por todos los medios contrarrestar su irreversible decadencia y no duda en pisotear sin contemplaciones a sus antiguos “aliados” convirtiéndolos en rivales.
La aplicación de esta política también exacerba las tensiones dentro de la propia burguesía estadounidense, como lo demuestran los enfrentamientos que ya están marcando la campaña electoral para las elecciones presidenciales del ya próximo noviembre. Estas tensiones alimentan la desestabilización del aparato político estadounidense, cada vez más fragmentado y polarizado, no sólo por las divisiones entre republicanos y demócratas, sino también, y, sobre todo, por las crecientes divisiones al seno de cada uno de los dos campos rivales. El populista Trump aparece por el momento, como el favorito a pesar de todos los intentos de sacarlo del juego electoral por parte de las fracciones más responsables de la burguesía estadounidense. De hecho, la oleada de populismo sigue profundamente arraigada en la vida política estadounidense, como también es claramente evidente en varios países europeos.
Esta situación hunde en la incertidumbre a la burguesía estadounidense, pero también a las cancillerías de todo el mundo, incapaces de determinar de antemano cuál será la posición de Washington sobre cuestiones candentes que afectan a la geopolítica mundial. Estos enfrentamientos entre facciones dentro de la burguesía estadounidense (desde las declaraciones incendiarias de Trump hasta los bloqueos políticos en el Congreso respecto del apoyo militar a Ucrania) constituyen un importante acelerador de la desestabilización imperialista.
El caos interno está debilitando la credibilidad y la propia autoridad de Estados Unidos, que también está cada vez más socavada por una situación internacional caótica. Esta inestabilidad envalentona aún más a los grandes rivales, así como a las potencias secundarias: refuerza tanto a Putin como a Zelensky en su lógica mortífera, estimula la intoxicación bélica de Netanyahu, Irán y los grupos terroristas afiliados.
Y si China evita responder inmediatamente a las provocaciones y presiones de Washington, está aumentando la presión sobre Taiwán y Filipinas y está considerando más abiertamente la posibilidad a largo plazo de poder fortalecer su estatus como rival del Tío Sam.
La creciente agresividad de los tiburones imperialistas, pequeños o grandes, que intentan explotar los enfrentamientos entre camarillas burguesas en Estados Unidos, no significa en modo alguno que se librarán de las tensiones internas: Putin está atrapado entre la carnicería en el Donbass y la “guerra contra el terrorismo” del Estado Islámico, cuyos comandos se infiltran desde las antiguas repúblicas “soviéticas” de Asia Central, una amenaza que el clan gobernante y sus servicios secretos no han logrado neutralizar a pesar de las advertencias de varios servicios secretos extranjeros. En China, Xi se enfrenta al estancamiento económico, la desestabilización de las “Rutas de la Seda” debido al caos ambiental y las tensiones internas dentro del aparato del Partido Comunista Chino. En cuanto a la precipitada carrera de Israel, es producto de feroces enfrentamientos entre las camarillas nacionalistas extremistas en el poder y otras facciones de la burguesía, así como de la lucha por la supervivencia política de un Netanyahu, perseguido por la justicia.
La actual inestabilidad de la política estadounidense preocupa también a las cancillerías europeas y tiende a acentuar las divisiones dentro de la propia Unión Europea en cuanto a la política a adoptar frente a las presiones de la OTAN y de Estados Unidos. Así, las disputas al seno de la “pareja franco-alemana”, ya obligada a un “matrimonio forzado”, se intensificaron drásticamente.
Ante el hundimiento de la sociedad en la barbarie, el proletariado no tiene nada que esperar de las futuras elecciones presidenciales en Estados Unidos, como tampoco de todas las demás que están por venir. Cualquiera que sea el resultado de las elecciones del próximo noviembre en Estados Unidos, de ninguna manera revertirán la tendencia hacia el caos, la guerra y la fragmentación del mundo y la clase trabajadora sufrirá más que nunca las consecuencias de la explotación capitalista.
El plazo electoral sólo les importa para difundir entre la clase obrera la ilusión de que puede, mediante una “elección correcta”, influir en el curso de las cosas, cuando realmente, el circo electoral sólo expresa el desgarramiento de las camarillas burguesas que chocan cada vez más brutalmente disputándose el poder. Contrariamente a las mentiras difundidas por los demócratas, y en particular por los grupos de izquierda, que proponen la elección del campo “progresista” o “de un mal menor” de Biden al “mal absoluto” de Trump, el proletariado tendrá que contrarrestar el discurso “democrático”, rechazando la trampa de las urnas y liderando su lucha de clases autónoma.
En cuanto a las facciones burguesas, sólo chocan por la estrategia más eficaz y menos costosa para perpetuar la supremacía estadounidense, que coinciden en querer mantener por todos los medios, cualesquiera que sean las consecuencias para la humanidad y el planeta. ¿Atacar militarmente a Irán o debilitarlo con un bloqueo económico? ¿Aumentar la presión sobre Rusia a riesgo de hacerla implosionar o “congelar” la guerra de posiciones? ¿Formular un verdadero chantaje de seguridad hacia los “aliados” europeos?… Cualesquiera que sean las respuestas, siempre serán parte de la lógica de la guerra y su financiación siempre requerirá nuevos “sacrificios” por parte de los trabajadores. En resumen, cualquiera que sea la facción que gane las elecciones, el resultado será una mayor desestabilización, nuevas masacres y una política de “tierra arrasada”.
Frente a esta barbarie indescriptible, frente a las promesas de un caos generalizado, el proletariado representa la única alternativa posible para salvar a la especie humana de una destrucción programada por la lógica asesina de un sistema capitalista completamente obsoleto. La clase trabajadora ha reanudado su lucha y su potencial revolucionario permanece intacto para, en última instancia, afirmar su perspectiva y proyecto comunista.
Es por esta lucha que debemos combatir como clase, rechazando desde ahora cualquier lógica planificada de guerra y “sacrificio”. ¡Los discursos burgueses que presentan a la guerra como una “necesidad”, en nombre de preservar la paz, son mentiras viles! ¡El verdadero culpable es el sistema capitalista!
EKA, 18 de abril de 2024
Con ocasión del amago de dimisión de Pedro Sánchez, los medios de comunicación han emitido reportajes con los numerosos “golpes de efecto” protagonizados por el presidente del gobierno español, desde su irrupción sorpresiva en la carrera de las primarias del PSOE en 2012, hasta el más inesperado adelanto de las elecciones generales en mayo del año pasado1. ¿Estamos, simplemente, ante un nuevo “giro de guion” de un reputado funambulista político como Sánchez?
En el seno de la clase dominante de cada nación, vemos la propagación viral de mayores divisiones y querellas internas, con una creciente irresponsabilidad de las distintas facciones del Estado burgués para gestionar los intereses de conjunto de la burguesía de cada país. Se impone cada vez más el “sálvese quien pueda”. Por ello, las crecientes dificultades para dominar el juego político en España no tienen nada de específicamente español. Los escándalos, la utilización de chantajes y maniobras barriobajeras, la corrupción, el uso sistemático en la vida política de bulos y difamaciones, etc., son también moneda corriente en la añeja burguesía británica y en la “nomenklatura” putinista en Rusia, y desde Trump a la llamada “clase política” española.
Tras el triunfo del PP en las elecciones municipales y autonómicas en marzo del año pasado parecía vislumbrarse la perspectiva de una salida del PSOE del Gobierno. Este movimiento de hacer hueco para la derecha lo analizamos hace unos meses2 como el plan más coherente a largo plazo para el aparato político de la burguesía para evitar el desgaste del PSOE ante un previsible aumento, aún con dificultades, de la combatividad obrera como el que se aprecia en otros países3. Sin embargo, una audaz maniobra de Sánchez, adelantando las elecciones generales, abortó dicha estrategia, acallando las divisiones internas en el seno del propio PSOE (cuando gran parte de los barones regionales reprochaban a Sánchez la pérdida de poder en los territorios autonómicos), forzando en la Derecha una “digestión” precipitada e incómoda del fenómeno VOX, y concentrando, por vía de urgencia, todo el voto a la izquierda del PSOE en SUMAR. Y, todo ello, sazonado con la estomagante salsa del antifascismo, presentando al “gobierno progresista” cómo único baluarte contra la “vuelta del franquismo”.
Esta “jugada” de la facción a la cabeza del PSOE, sin tomar en consideración ni siquiera al resto del partido “socialista”, condujo tras las elecciones de Julio pasado, a una simple huida hacia adelante que en definitiva engordaba los problemas de fondo de la burguesía española: las reivindicaciones nacionalistas se veían estimuladas (como se ha visto con las concesiones a los “independentistas” catalanes o el fortalecimiento de EH Bildu en las recientes elecciones en el País vasco); la división en el seno del PSOE se acrecienta, la cohesión de la derecha sigue menguando (su líder Feijoo unas veces quiere pactar con Puigdemont o ser tibio en las elecciones vascas, y otras se sube al inflamado discurso ultranacionalista español)4; y, por último, el conglomerado de Sumar, necesario para dar credibilidad a la patraña de un gobierno “al servicio de los trabajadores”, se empezó a fragmentar a las pocas semanas de constituirse el nuevo gobierno, y sigue deshilachándose hoy.
El nuevo amago de dimisión de Sánchez parece ser una nueva versión, cada vez más farsa y desde luego más arriesgada, de esa misma maniobra: una vez más el “todos con Sánchez” en las filas del PSOE; una vez más el discurso ante sus aliados y ante la población en general del “o yo o las atrocidades de la Derecha”5, del “o yo, o un mayor caos aún”. Es imposible predecir el efecto inmediato que pueda tener, pues hasta sus correligionarios del PSOE reconocen no haberlo calculado.
Lo que es seguro es que las convulsiones políticas en el seno de la burguesía española van a ir en aumento, y ello en un contexto en que la crisis económica mundial se está acentuando. En tal situación, el “gobierno más progresista de todos los tiempos” primero giró su discurso a la izquierda tratando de hacernos creer que tenía por misión atenuar el impacto inevitable de los “poderes internacionales del capitalismo” sobre los trabajadores. Hoy, y pese a sus serias dificultades, es aún capaz de darse un marco ideológico para hacernos tragar sus peores ataques. La victoria de la derecha en la mayoría de las autonomías favorece el discurso de “resistencia al avance de la derecha”. Esto permite dar un respiro a los sindicatos que pueden achacar los ataques a nuestras condiciones de vida a la política autonómica, como llevan haciendo mucho tiempo ya en Madrid. Es más, el mismo pegamento “antifranquista” que une al nuevo gobierno Frankenstein es utilizado contra la clase obrera, donde CCOO y UGT nos llaman a un primero de mayo de resistencia “por la decencia democrática” en un contexto de “dos años de avances”.
En un contexto político más favorable a mayores ataques todavía no es casualidad que empiecen a prodigarse los anuncios de probables recortes en pensiones, por ejemplo. Esas amenazas se ciernen sobre unos trabajadores que hemos sufrido en los últimos años también un retroceso salarial por la espiral inflacionista de alimentación y vivienda, un aumento de la precariedad del empleo y un desgaste de prestaciones sociales en sanidad, educación etc. La propaganda gubernamental, que machaca una y otra vez que su prioridad son los “desfavorecidos” tiene por misión meter a los trabajadores en el saco miserable de “los ciudadanos pobres y desfavorecidos de la nación”, que deben rezar por el falso apoyo del gobierno, como ocurrió con la presencia reciente de Yolanda Díaz en la lucha de Iveco, al estilo del presidente estadounidense hace unos meses. ¡Qué haríamos sin la enrevesada y maquiavélica “ayuda” de nuestros amados líderes!
Estos pasos de gigante hacia la destrucción y los ataques a nuestras vidas no se deben al avance de la derecha, ni al belicismo de algunos personajes, sino que son el producto del hundimiento caótico del capitalismo mundial. Por ello, el proletariado en España debe llevar más lejos el impulso de sus luchas en Vitoria o Vigo6, de la tímida tendencia a la extensión rápida y unida de algunas luchas, y contra la división sindicalista. Verse reflejado en las luchas de los trabajadores de Gran Bretaña o Francia y no dejarse atrapar en las querellas entre facciones de la burguesía, que justifican el esfuerzo militar y la renuncia al desarrollo de nuestra unidad como clase.
Valerio, 1 de mayo de 2024
1Hemos ido analizando en nuestra prensa esos acontecimientos. Ver: Los Gobiernos de Izquierda en defensa de la explotación capitalista (II) Los gobiernos PSOE de la democracia, CCI abril 2020 [225]; Gobierno PSOE: ¿Qué hay detrás de la moción de censura?, Acción Proletaria 232, 2018 [1416]; El “giro a la izquierda” del PSOE: un arma para sabotear la lucha y la conciencia obrera, [1152]CCI octubre 2022.
2Ver el artículo: “Elecciones de verano": la farsa electoral para quemar la consciencia proletaria” [1417], CCI julio 2023
3Ver nuestro artículo “¡La clase obrera sigue luchando!” [1418], CCI abril 2024
4Como explicamos en el mencionado artículo sobre las últimas elecciones, a la burguesía española le costó organizar una facción de derechas homologable por sus cofrades europeos y capaz de entenderse con otras derechas regionales. No lo logró hasta 1996 y prolongó un desgaste evidente para el PSOE de Felipe González.
5La frágil cohesión del nuevo gobierno Frankenstein 2023 se basa esencialmente en el miedo por parte de toda una serie de facciones variopintas de la burguesía española al “retorno” de una burguesía clásica española, brutal y arrogante.
6Ver nuestros artículos: “Luchas en Vitoria: el sindicalismo y la democracia contra la clase obrera”, [1258] CCI julio 2023; “¿Cómo han vencido los sindicatos a los trabajadores en Vigo? ¿Cómo hemos de luchar?”, [1419] Acción Proletaria 238, 2023
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Publicamos aquí un intercambio de opiniones con T, un contacto en Alemania, centrado en las movilizaciones en apoyo de "Libertad para Palestina".
Carta de T
Camaradas,
He aquí una contribución mía a la discusión:
Una crítica que tengo es que la CCI presenta como anti-internacionalistas otras posiciones políticas que no corresponden a la concepción de internacionalismo de la CCI. Lenin tenía una posición sobre la lucha anticolonial/antiimperialista diferente a la de Rosa Luxemburgo, pero ¿no era internacionalista? Una breve búsqueda sobre el tema revela que Lenin apoyaba claramente la lucha anticolonial desde el punto de vista político. Para ello es fundamental el "derecho de las naciones a la autodeterminación". Escribió: "Los socialistas no sólo deben exigir la liberación incondicional e inmediata de las colonias sin compensación -y esta exigencia en su expresión política significa ni más ni menos que el reconocimiento del derecho a la autodeterminación-, sino que deben prestar un apoyo decidido a los elementos más revolucionarios de los movimientos democrático-burgueses de liberación nacional en estos países y ayudar a su rebelión -y si es necesario, a su guerra revolucionaria- contra las potencias imperialistas que los oprimen”i.
También acusa a los socialistas que no defienden el derecho a la autodeterminación de ser lacayos de la burguesía imperialista. Con respecto a estos socialistas, escribe que tales socialistas "se comportan como chovinistas, como lacayos de las monarquías imperialistas manchadas de sangre y barro y de la burguesía imperialista”ii.
Y Lenin también aporta algo importante: "Frente a esta utopía filistea y oportunista, el programa de la socialdemocracia debe señalar que bajo el imperialismo la división de las naciones en opresoras y oprimidas es un hecho fundamental, importantísimo e inevitable"iii.
Incluso si el imperialismo es un sistema mundial, y también estoy convencido de que no puede haber luchas nacionales "progresistas", se plantea sin embargo la siguiente cuestión: ¿es IGUAL el nacionalismo del Estado israelí que el nacionalismo de los palestinos? ¿No hay diferencia entre la parte opresora y la parte oprimida desde la perspectiva de la CCI? Así que, para decirlo muy claramente, en pocas palabras: es cierto que puedo ver que la política nacionalista-religiosa de parte de la población palestina no ofrece una perspectiva emancipadora y socialista (sino que oprime). En este sentido, criticarla también es esencial. PERO: ¿a dónde conduce una política que no distingue entre opresor y oprimido? Este nivel de opresión falta en el análisis de la CCI. De hecho, la opresión existe a nivel de la nacionalidad - como dice Lenin, ¡este es un elemento esencial del imperialismo! Este aspecto no es abordado por la CCI, no es explicado, sino más bien ignorado.
Si no hay ninguna diferencia desde la perspectiva de la CCI, esto explicaría al menos por qué las acciones asesinas del Estado israelí no son el centro de la agitación. También explicaría por qué la crítica al Estado alemán y al Occidente imperialista, con Israel como aliado, es tan tímida.
No llego a una solución concluyente del problema. Tampoco estoy totalmente de acuerdo con la posición de Lenin, pero creo que aborda aspectos importantes.
La posición de la CCI parece ser una plantilla, ya que se utilizan exactamente los mismos argumentos tanto para la guerra en Ucrania como para la guerra en Palestina. Ambos casos tienen similitudes -que la CCI subraya (tesis de la decadencia, ejemplo de un estado de descomposición)- pero también difieren en aspectos importantes. Por ejemplo: Ucrania es un Estado fuertemente armado por la OTAN. Palestina no es un Estado. Es un territorio ocupado al que la potencia ocupante concedió una "autoridad autónoma". Hay muchas otras diferencias, éste es sólo un ejemplo.
Además:
Se plantea la cuestión de cómo se produjo en primer lugar el ataque de los grupos militantes y la sangrienta masacre del 7 de octubre. Algunas (¿o muchas?) personas en Israel se preguntan: ¿dónde estaba el Mossad y dónde estaba el ejército? ¿No fallaron terriblemente? ¿Cómo pudo ocurrir? La CCI se limita a adoptar los "hechos" oficiales y la explicación oficial de lo sucedido, que nos transmiten las partes interesadas.
Aquí puedo incluso referirme a un antiguo artículo de la CCI que dice: "Con demasiada frecuencia, cuando la CCI denuncia el maquiavelismo de la burguesía, nuestros críticos nos acusan de caer en una visión conspirativa de la historia. Sin embargo, su incomprensión a este respecto no es sólo un malentendido de nuestro análisis, sino que, lo que es aún peor, es presa de la superchería ideológica de los apologistas burgueses en los medios de comunicación y en el mundo académico, cuyo trabajo consiste en denigrar como teóricos irracionales de la conspiración a aquellos que tratan de determinar los patrones y procesos dentro de la vida política, económica y social burguesa. Sin embargo, ni siquiera es controvertido afirmar que las mentiras, el terror, la coerción, el doble juego, la corrupción, los complots y el asesinato político han sido el pan de cada día de las clases dominantes explotadoras a lo largo de la historia, ya sea en el mundo antiguo, en el feudalismo o en el capitalismo moderno”iv.
Desde luego, ¡ahora no veis ningún posible maquiavelismo con el 7 de octubre! Ya han aparecido documentos que plantean grandes interrogantes, ver: "Documentos revelan una conspiración israelí para promover el atentado del 7 de octubre"v.
En una publicación inglesa de la CCI, hay una importante reflexión que ilustra la importancia de la cuestión: "Pero hay algo aún peor: esta caja de Pandora nunca volverá a cerrarse. Como en Irak, Afganistán, Siria y Libia, no habrá vuelta atrás, no habrá 'retorno a la paz'"vi.
En mi opinión, esto es completamente cierto. El problema que quería plantear radica en hasta qué punto el disgusto ante la fea cara del imperialismo occidental conduce a una resistencia colectiva. Una resistencia que pueda levantarse contra la lógica imperialista de la guerra. Cualquiera que no tome como punto de partida la manifestación concreta del imperialismo occidental -como estamos viendo actualmente en el asesinato indiscriminado de más de 10.000 personas en la Franja de Gaza- está fallando en su planteamiento táctico.
Por ejemplo, ya ha habido acciones proletarias, como la negativa de los trabajadores portuarios a cargar armas y municiones que se utilizarán en la guerra de Gaza. Desgraciadamente, la prensa de la CCI no informa nada al respecto, aunque esto podría ser un pequeño paso concreto hacia el internacionalismo proletario.
La siguiente valoración no es correcta en su afirmación generalizada y recuerda a los anuncios de los círculos gubernamentales imperialistas alemanes:
"Sin embargo, ellos [los manifestantes] participan en realidad en manifestaciones de carácter pro-guerra, en las que la consigna principal ‘Palestine will be free, from the river to the sea’ (Palestina será libre, del río al mar) sólo puede lograrse mediante la destrucción militar de Israel y el asesinato en masa y la expulsión de los judíos israelíes - una Nakba al revés”vii.
¿En realidad, “[están] participando en manifestaciones que tienen un carácter pro-guerra”? Ciertamente hay muchos participantes que no son conscientes del problema de la escalada nacionalista-religiosa y también hay fuerzas abiertamente reaccionarias. Pero atribuir a las manifestaciones un carácter fundamentalmente pro belicista es un error. Y, como ya se ha dicho, muy compatible con las declaraciones oficiales del imperialismo alemán y europeo. Porque lo que no necesitan ahora es oposición a la matanza en Gaza. Por eso atacan masivamente a los críticos y prohíben las manifestaciones. ¿Y la CCI opina que se trata de "manifestaciones a favor de la guerra"?
La clase obrera multiconfesional de Europa y Estados Unidos está alzando su voz contra la guerra - ¡millones de veces! - ¿y la CCI opina que participan en "manifestaciones a favor de la guerra"?
Saludamos la contribución del camarada. Ha hecho un verdadero esfuerzo por explicar su posición ante la guerra en Oriente Medio, basándose principalmente en las posiciones desarrolladas por Lenin durante la Primera Guerra Mundial. Con su crítica participa en el esclarecimiento de la naturaleza de la guerra de Gaza, que ya ha planteado serios problemas a algunos grupos políticos en su defensa de la perspectiva de la clase obrera mundial. Para nosotros, esta es una razón más para responder cuidadosamente a esta contribución.
Pero queremos empezar con una cuestión metodológica. Como el camarada no hace ninguna apreciación sobre el marco analítico utilizado por la CCI para desarrollar su posición frente a esta guerra, no sabemos si su crítica se refiere sólo a puntos específicos del análisis o a todo el planteamiento político de la CCI. Por ejemplo, no está del todo claro si el camarada está de acuerdo al 100% con el internacionalismo defendido por la CCI, o sólo bajo ciertas condiciones.
En cualquier caso, parece que el camarada está de acuerdo con la CCI en que "esta caja de Pandora no se cerrará nunca más. Como en Irak, Afganistán, Siria y Libia, no habrá vuelta atrás, no habrá 'retorno a la paz'". Este es un punto importante porque de aquí se infiere que el camarada está de acuerdo con nosotros en el concepto de la irracionalidad de esta guerra, en la que no habrá vencedores, sino sólo destrucción y más caos. Pero esta posición no está exenta de consecuencias, porque tal posición hace inútil apoyar a cualquiera de los dos bandos en esta guerra. Sobre todo, cuando el camarada afirma también que, en la época del imperialismo, las luchas nacionales "progresistas" ya no son posiblesviii.
Por eso nos sorprende tanto más que el camarada saque a colación la teoría de las naciones opresoras y oprimidas, siguiendo las palabras de Lenin, de que "bajo el imperialismo la división de las naciones en opresoras y oprimidas es un hecho fundamental, importantísimo e inevitable”ix. Y en apoyo de esta posición, añade también que "Palestina no es un Estado".
No está exactamente claro lo que el camarada está diciendo aquí, pero parece decir que la nación palestina no es igual a la nación israelí, que los palestinos son en realidad una minoría nacional oprimida dentro del Estado israelí, una idea que podemos aceptar. Se trata de una situación similar a la de las naciones oprimidas en la Rusia zarista antes de 1917. Y fue Lenin quien, por tanto, defendió los "derechos de las naciones a la autodeterminación". Pero esta posición táctica destinada a favorecer las condiciones para la revolución mundial, resultó desastrosa cuando se puso en práctica después de la Revolución de Octubre. En 1918 Rosa Luxemburgo criticó con razón esta "táctica", por ejemplo, en su folleto La revolución rusa.
En este folleto Rosa Luxemburgo demostró, basándose en los hechos empíricos, que cuando a las naciones se les concedió la "autodeterminación" después de octubre de 1917, se convirtieron inmediatamente en formaciones reaccionarias, y no sólo se volvieron unas contra otras, sino también contra la revoluciónx.
Esto se debió a que el capitalismo había entrado en su periodo de decadencia, un mundo completamente dividido, en un estado de crisis histórica y decadencia irreversible. La creciente competencia entre las grandes potencias por hacerse con una parte del mercado mundial provocó tensiones militares que culminaron en la Primera Guerra Mundial. Tras la Primera Guerra Mundial, y ante el fracaso de los "remedios" económicos a la crisis del capitalismo, la única vía que le quedaba a la burguesía para salir del atolladero era lanzarse de cabeza al militarismo y a la guerra. Pero ni siquiera las naciones más pequeñas pudieron escapar a esta lógica. Si querían sobrevivir tenían que aceptar la huida hacia el militarismo y ajustarse a las exigencias globales de las grandes potencias imperialistas.
Toda burguesía nacional debe someterse a la lógica de la guerra permanente del capital, a su modo de vida y a la cadena de conflictos imperialistas que de ello se deriva. La liberación nacional se ha convertido en igual a la guerra imperialista y la ideología de la "liberación nacional" en la decadencia del capitalismo es reaccionaria.
La distinción de Lenin entre naciones opresoras y oprimidas no es errónea, pero no toca las raíces del modo de producción capitalista.
Opresión y oprimidos son rasgos superestructurales que no tienen relación directa con la base y la abolición de una forma particular de opresión no tiene ningún impacto fundamental en las condiciones materiales de la sociedad capitalista. La lucha de los oprimidos o incluso la eliminación de la opresión de los palestinos, los negros o las mujeres -si es que esto fuera posible bajo el capitalismo- no suprime este mismo sistema. Al contrario, como en el caso de los palestinos, podemos incluso esperar que su "liberación" del régimen opresor israelí, si alguna vez llegara a tener éxito, conduciría con toda seguridad a un régimen opresor como los demás Estados islámicos de la región y, por tanto, no al debilitamiento del capitalismo -por no hablar de su abolición.
La posición de Lenin de que "la división de las naciones en opresoras y oprimidas (...) constituye la esencia del imperialismo"xi deja la ventana abierta de par en par a la opinión de que todas las clases de las naciones oprimidas, no imperialistas, tienen un interés común en luchar contra la nación opresora. En otras palabras: la distinción entre "agresores y agredidos", entre "naciones opresoras y oprimidas" no sólo no es válida, sino que constituye el marco ideológico diseñado para arrastrar a la clase explotada a guerras en defensa de intereses que no son los suyos. Por eso es ampliamente utilizado por la extrema izquierda del capital para llamar a los trabajadores a apoyar la lucha de las poblaciones nacionales oprimidas en el marco de la guerra imperialista. Los distintos intereses de clase se ocultan y se sustituyen por los "intereses del pueblo" y los intereses generales de la nación oprimidaxii.
En su teoría Lenin no sólo partió de características superestructurales, también dividió los países del mundo en tres tipos principales y para cada uno de estos tres tipos desarrolló una política diferentexiii. Pero la clase obrera es una clase internacional y toda política que pretenda definir la mejor táctica para cada parte está en contradicción con el principio de que la revolución proletaria tiene que tener lugar a nivel mundial y no según las condiciones específicas de tal o cual parte del mundo. En este sentido, Rosa Luxemburgo tiene razón al afirmar que "toda política socialista que haga caso omiso de este medio histórico [imperialista] definitorio, y quiera guiarse únicamente por los puntos de vista aislados de un país en medio del torbellino mundial, está construida sobre arena desde el principio"xiv.
En contraste con el camarada, estamos convencidos de que Gaza no es sólo una entidad nacional, sino que el régimen de Gaza tiene también varias funciones de un Estado burgués: recauda impuestos y tiene un ejército, un aparato jurídico, centros de detención, personal de inteligencia y policía, etc. Es la administración de facto de Hamás la que ejerce estas funciones estatales y, desde 2005, bajo la dirección de un centro de mando muy centralizado, ha podido disparar miles de cohetes contra territorio israelí. Sólo hay una conclusión posible: la guerra de Gaza es una guerra entre dos Estados imperialistas.
Por lo tanto, no estamos de acuerdo con el camarada cuando saca la conclusión de que los revolucionarios deberían tomar como punto de partida para su posición táctica el "asco ante la fea cara del imperialismo occidental (...) como estamos viendo actualmente en el asesinato indiscriminado de más de 10.000 personas [y más] en la Franja de Gaza". La CCI, en línea con las posiciones defendidas por la tradición de la Izquierda Comunista, no se decanta por uno de los campos imperialistas, ni por razones tácticas ni por las masacres y atrocidades causadas por uno de los campos imperialistas. Pero el camarada parece tener otro punto de vista que, como expresión concreta de su enfoque teórico, se muestra claramente en la crítica de la posición de la CCI sobre las manifestaciones pro-palestinas.
En su crítica, el camarada llega a la conclusión de que estas manifestaciones, en contraste con la posición defendida en el artículo "La realidad tras las consignas burguesas", no eran manifestaciones pro-guerra. Según el camarada, eran manifestaciones pro Palestina, apoyadas por los trabajadores, y que por eso las críticas de los manifestantes a la política de la burguesía occidental fueron atacadas por los grandes medios de comunicación. Al no adoptar la postura táctica correcta, la CCI supuestamente se une al coro de la campaña antipalestina. Pero el artículo tiene razón cuando dice que el eslogan “Palestine will be free, from the river to the sea” sólo puede significar la limpieza étnica de la población judía en la región entre el Jordán y el Mar Mediterráneo, "una Nakba al revés". Y esto no tiene nada que ver con una posición antipalestina o proisraelí, sino con una posición que aborda y analiza la situación en Oriente Medio desde la perspectiva del proletariado, la única clase capaz de trascender las relaciones capitalistas y, por tanto, no determinada por los intereses antagónicos de los Estados imperialistas.
Para concluir, debemos decir que la guerra no es el resultado de ciertas políticas particulares, que son "más o menos nacionalistas", "más o menos agresivas", etc., sino el producto del sistema capitalista en su conjunto, resultado de su naturaleza y de las tendencias históricas de decadencia, de las que ninguna parte de la clase dominante puede escapar. En este sentido, no hay ninguna diferencia entre el nacionalismo de Israel y el nacionalismo de Palestina: ambas ideologías son una tapadera para la guerra y para la represión de la clase obrera por parte del Estado burgués.
Dennis, febrero de 2024
i V. I. Lenin, La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación Tesis
ii Op cit
iii Op cit
iv Pearl Harbor, las Torres Gemelas y el maquiavelismo de la burguesía (parte 1)
v Documentos exponen la conspiración israelí para facilitar el ataque del 7 de octubre
vi ¡Ni Israel ni Palestina! ¡Los trabajadores no tienen patria!
vii La realidad detrás de las consignas burguesas
viii Para evitar cualquier malentendido, para la CCI las luchas nacionales "progresistas" del siglo XIX condujeron a la constitución de una unidad superior de la burguesía dentro de determinadas zonas, a la centralización de la economía nacional y a la integración de más fuerza de trabajo.
ix V. I. Lenin, La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación, Tesis (1916), 3. "El significado del derecho a la autodeterminación y su relación con la federación".
x Rosa Luxemburgo, La revolución rusa, capítulo 3, La cuestión de las nacionalidades
xi V. I. Lenin, El proletariado revolucionario y el derecho de las naciones a la autodeterminación
xii Ejemplos de la posición de la extrema izquierda del capital: "Estamos firmemente con las masas palestinas oprimidas" (Tendencia Marxista Internacional); expresamos "solidaridad unánime con el pueblo palestino oprimido" (Partido Socialista por la Igualdad WSWS); mostremos nuestra "solidaridad con el pueblo palestino colonizado y oprimido" (CPGB).
xiii V. I. Lenin, La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación, Tesis (1916), 6. Tres tipos de países en relación con la autodeterminación de las naciones
xiv Rosa Luxemburgo, El folleto de Junius, capítulo 7
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Las guerras mundiales del siglo XX demostraron que el capitalismo se había convertido en un sistema social totalmente obsoleto. Les siguió una «Guerra Fría» entre dos bloques imperialistas, durante la cual los conflictos por poderes mataron a tanta gente como las guerras mundiales. El viejo sistema de bloques se derrumbó en la década de 1990, pero las guerras imperialistas no desaparecieron. Simplemente, se han vuelto más caóticas e impredecibles. De las muchas guerras que asolan hoy el planeta, las carnicerías de Ucrania y Oriente Medio son la prueba más clara (junto a una crisis ecológica que el sistema no puede resolver) de que el declive del capitalismo ha alcanzado su fase terminal, amenazando la supervivencia misma de la especie humana.
Para debatir estas cuestiones, la CCI está organizando reuniones públicas allí donde está presente en todo el mundo.
Esta reunión será una oportunidad para debatir el contexto histórico de la guerra en Oriente Medio y para argumentar que la única respuesta posible a la guerra es la defensa intransigente del internacionalismo contra todas las falsas respuestas ofrecidas por aquellos que defienden una forma u otra de nacionalismo, y contra todos los estados y gobiernos capitalistas, desde Israel a Irán y Hamás, desde Rusia a Ucrania, desde Estados Unidos a China. Todas sus guerras son guerras imperialistas genocidas, y el único poder sobre la tierra que puede poner fin a la pesadilla del capitalismo en decadencia es la clase obrera internacional.
Estas reuniones están abiertas a todos aquellos que deseen reunirse y debatir con la CCI. Invitamos cordialmente a todos nuestros lectores, contactos y simpatizantes a venir y debatir las cuestiones en juego y comparar puntos de vista, escribiendo a la siguiente dirección de correo electrónico, expresando la intención de participar:
Le indicaremos cómo conectarse.
CCI
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Desde el desencadenamiento bárbaro del conflicto en Ucrania y su putrefacción en una terrible guerra de posiciones, las masacres en Israel y Gaza, y las amenazas de conflagración en Oriente Medio a través de un conflicto directo entre Israel e Irán, las tensiones en torno a Taiwán, los apetitos incontrolables de las naciones están llevando a los políticos burgueses a pretender «descubrir» que el viejo mundo capitalista es un siniestro cesto de cangrejos. Al comienzo del conflicto en Ucrania, los discursos trataron inmediatamente de convencernos de que teníamos que romper con nuestra «candidez» y aceptar que teníamos que prepararnos para una «guerra de alta intensidad»: ¡hacer sacrificios para alimentar nuevos asesinatos en masa y planear más destrucciones! Por supuesto, en nombre de la «paz» y de la «defensa de la democracia» ...
En un contexto de aceleración de las tensiones imperialistas donde el sálvese quien pueda es la regla, las burguesías occidentales, en Europa y Estados Unidos, redoblan sus esfuerzos para propagar las peores campañas belicistas en los medios de comunicación. Con total displicencia, el presidente Macron, apoyado por los jefes de Estado de siete países europeos, ha tomado la iniciativa de afirmar que «no hay que descartar» la posibilidad de enviar tropas occidentales a Ucrania. En Gran Bretaña, el general Patrick Sanders abogó por «duplicar el tamaño del ejército británico» y pidió a los ciudadanos de a pie que se preparen para una «movilización cívica». A él se unió el jefe del comité militar de la OTAN, el almirante Rob Bauer, quien afirmó en un discurso: «La responsabilidad de la libertad no recae únicamente sobre los hombros de quienes visten el uniforme [...]. [...] Necesitamos un cambio de mentalidad en los sectores público y privado, de una época en la que todo era planificable, predecible, controlable, impulsado por la eficiencia... a una época en la que cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento». En resumen, desean estar en condiciones de poder movilizar a la población para el «esfuerzo bélico» y preparar tropas para el combate.
Estas declaraciones, que se multiplican y son controvertidas, se ven inmediatamente contradichas por las divisiones y tensiones entre las distintas facciones burguesas. Pero todas coinciden, sin embargo, en una cosa: que hay que apoyar a un bando en la guerra, en este caso a Ucrania. Todos los discursos son unánimes al afirmar que «Ucrania lucha por nosotros» y que «en caso de derrota, el ejército ruso estará a nuestras puertas». Con este telón de fondo, el septuagésimo quinto aniversario de la OTAN adquirió un significado especial, celebrado con gran pompa y platillo, al tiempo que se subrayaba que el estancamiento de Putin no le hacía menos peligroso. Y aunque el Secretario General, Jens Stoltenberg, dejó claro que «no hay planes de enviar tropas de la OTAN a Ucrania», se esforzó en señalar que «los aliados de la OTAN están proporcionando un apoyo sin precedentes a Ucrania».
Se trata de preparar la mente de la gente para que acepte el principio de la guerra y sus sacrificios. Esto es aún más importante porque, como Rosa Luxemburgo señaló en la época de la Primera Guerra Mundial, «la guerra es un asesinato metódico, organizado y gigantesco. Para provocar el asesinato sistemático en hombres normalmente constituidos, es necesario [...] producir una intoxicación apropiada. Éste ha sido siempre el método habitual de los beligerantes. La bestialidad del pensamiento y del sentimiento debe corresponder a la bestialidad de la práctica; debe prepararla y acompañarla»1.(1)
Naturalmente, desde esta perspectiva, el objetivo primordial de todo el belicismo actual es justificar el vertiginoso aumento de los presupuestos militares en todas partes. En este sentido, los impresionantes aumentos del gasto armamentístico en los países escandinavos (20% en Noruega, por ejemplo) y en los países bálticos son muy simbólicos de esta nueva carrera armamentística frenética. De hecho, todos los países europeos están haciendo grandes esfuerzos. Polonia, por ejemplo, aspira a alcanzar la cifra récord del 4% de su PIB (la tasa más alta dentro de la OTAN); Alemania, con el presupuesto de este año (68 000 millones de euros), alcanzará el 2.1% de su PIB por primera vez en más de treinta años y Francia tiene previsto gastar la enorme suma de 413 300 millones de euros en siete años.
Hoy en día, la implicación y los esfuerzos requeridos en términos de gasto armamentístico adquieren una nueva cualidad. Por tanto, desde el final de la Primera Guerra Mundial, la «paz» no ha sido en realidad más que una mistificación, con tantos cadáveres amontonados. Tras el hundimiento del bloque del Este, el nuevo «mundo multipolar» sólo ha generado caos, implicando cada vez más a los ejércitos de las grandes potencias imperialistas en costosos conflictos, con Estados Unidos a la cabeza. Pero las gigantescas sumas de dinero que ahora se planifican se gastan en un contexto de descomposición acelerada y de profundización dramática de la crisis económica que siguió al choque brutal provocado por la epidemia de Covid.
La situación actual está marcada por el estancamiento del crecimiento industrial e incluso por signos de recesión, mientras que las deudas siguen creciendo y la inflación continúa erosionando los salarios. Es en este contexto fuertemente degradado en el que la burguesía necesita atacar aún más a los trabajadores para reforzar sus medios militares. Para decirlo claramente, la burguesía no tiene otra opción, dada la espiral a la que está siendo arrastrada por la bancarrota de su sistema, el capitalismo, que planear fríamente ataques con vistas a preparar la guerra e imponer la austeridad para arrastrarnos aún más a su lógica de destrucción.
Semejante locura, y los nuevos ataques económicos que provoca, sólo pueden favorecer las condiciones para la continuación de la lucha de clases. En realidad, las campañas ideológicas sobre la guerra revelan paradójicamente que la burguesía camina sobre cáscaras de huevo en su intento de imponer la austeridad. Todas sus preocupaciones se ven confirmadas por la reanudación de las luchas obreras a escala internacional, en particular en Europa Occidental y Norteamérica. Esta resistencia, a pesar de sus grandes debilidades, atestigua que la clase obrera de estos países no está dispuesta a «morir por la patria».
WH, 10 de abril de 2024
1Rosa Luxemburg, La crisis de la socialdemocracia (1915).
La camarilla de Le Pen aún no había consumado su triunfo en las elecciones europeas cuando el presidente Macron anunció la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria de elecciones legislativas a continuación. Los rumores de una disolución circulaban desde hacía varias semanas, pero la noticia no dejó de inquietar a las cancillerías europeas en un contexto de auge del populismo en Europa y en todo el mundo. Tras Orbán en Hungría y Meloni en Italia, con la extrema derecha en apogeo en Alemania y el payaso Farage a punto de torpedear al Partido Conservador en el Reino Unido, Macron, en una jugada más propia de una partida de póker que de un político previsor ha lanzado el “petardazo” poniendo en bandeja la llegada al poder de Rassemblement National (Agrupación nacional).
Ante la perspectiva de un gobierno populista, el RN se ha apresurado a dejar de lado su retórica "social" y sus posiciones más radicales sobre Europa para intentar tranquilizar al aparato del Estado, a la patronal y a los "socios europeos". Eso sí, ¡el gobierno de Bardella no vacilará en sus ataques contra nuestras condiciones de vida!
Sin embargo, eso no bastará para ahuyentar el burdo amateurismo de la dirección del RN, ni las tropelías racistas y notoriamente retrógradas de este partido fundado por la escoria de la extrema derecha, ni el riesgo de estallidos de violencia una vez conocido el resultado1, ni tampoco la inestabilidad política que se apoderará del país durante mucho tiempo. Tanto más cuanto que las facciones populistas de la burguesía no sólo han demostrado repetidamente su incapacidad para defender eficazmente el capital nacional (como Trump en Estados Unidos o los partidarios del Brexit en Gran Bretaña), sino que también son particularmente poco aptas para impulsar hábilmente "reformas" contra la clase obrera. Para la burguesía, el RN en el poder representará una aceleración considerable del caos social y una onda expansiva que debilitará a Francia, y en consecuencia a Europa, en el escenario mundial.
El auge del populismo en el mundo no es, por tanto, el producto de maniobras bien orquestadas de la burguesía contra la clase obrera2, como afirman repetidamente los partidos de izquierda, según los cuales el llamado "bloque burgués"3 preferiría arrojarse en brazos de la extrema derecha antes que en los suyos. En realidad, tanto en Estados Unidos como en Europa, el populismo es ante todo un producto puro de la profunda descomposición de la sociedad capitalista.
Las contradicciones del sistema han alcanzado un grado tan inextricable que la burguesía es ya incapaz de hacer frente a la crisis y al caos creciente: inseguridad generalizada y paro masivo, guerra en todos los continentes, repetidas catástrofes medioambientales e industriales, millones de migrantes arrojados a vagar por las carreteras, hundimiento de los sistemas sanitarios y educativos, deterioro continuo de las condiciones de trabajo, desesperación, miedo al futuro... A los ojos de todos, la clase dominante ya no tiene la menor perspectiva que ofrecer a la sociedad, aparte de intentar "salvar los muebles" día a día. Es este contexto de crisis y de sálvese quien pueda el que ha permitido al populismo prosperar, promover su ideología nauseabunda e irracional, señalar chivos expiatorios a quienes culpabilizar, fomentar el repliegue sobre las “identidades” nacionales y raciales…4
Así que surge la pregunta: ¿hay que ir a votar para cerrar el paso al racismo descarado del RN, a su autoritarismo a ultranza y a sus promesas de ataques sin cuartel a la clase obrera, en particular a los proletarios de origen inmigrante? Independientemente de que Macron tenga éxito en su apuesta, de que el RN o el "Nuevo Frente Popular" (NFP) ganen las elecciones, o de que no surja ninguna mayoría, la crisis del capitalismo no desaparecerá. Cualquiera que sea la camarilla burguesa en el poder, izquierda o derecha, radical o moderada, no hará más que acentuar los ataques a nuestras condiciones de vida. ¡El proletariado no tiene nada que defender ni nada que ganar participando en el circo electoral!
El NFP pretende tener un programa de "ruptura con el pasado", pero esta coalición hará lo que siempre ha hecho la izquierda desde hace un siglo y en todos los países: defender los intereses del capital nacional y hacer pagar la crisis a los explotados. La izquierda, incluso cuando pretende ser "radical", siempre ha sido el brazo armado de la burguesía contra la clase obrera. En Grecia, Tsípras y su gobierno de "ruptura" han aplicado la peor de las políticas de austeridad durante más de tres años. La izquierda "radical" española, mano a mano con el PSOE, ha atacado sin tregua las condiciones de vida de los trabajadores, los parados, los pensionistas, etc. Mélenchon, antiguo miembro del aparato del Partido Socialista, y su camarilla de estalinistas arrepentidos no son una excepción a la regla. Es más, el NFP ya ha prometido contribuir a la masacre de Ucrania enviando miles de millones de euros en armas y municiones. Como Macron o el Frente Popular de Léon Blum, ¡mañana pedirán "sacrificios" para financiar la guerra y los sórdidos intereses imperialistas de Francia!
Tampoco hay que hacerse ninguna ilusión sobre el destino de los refugiados con la izquierda en el poder: ¡cazarán sin piedad a los migrantes y los dejarán languidecer en campos de detención o ahogarse por miles en el Mediterráneo, como siempre han hecho! Si las fuerzas navales griegas se han cubierto de ignominia, se lo deben en particular a la obra del "radical" Tsípras (¡otra vez él!), que no dudó en firmar despreciables acuerdos migratorios con Turquía y fue un celoso arquitecto del auténtico "campo de exterminio" que fue Mória. ¿Es necesario documentar la histeria antirrefugiados del Partido Socialista francés o la xenofobia apenas velada del PCF de Marchais o Roussel? ¿Es necesario recordar la abominable "política migratoria" de la izquierda en España? El racismo y la xenofobia, las alambradas contra los inmigrantes y los campos de detención están lejos de ser patrimonio exclusivo de la extrema derecha.
Como en Alemania con las recientes manifestaciones contra la AfD (Alternativa por Alemania), la izquierda y los sindicatos franceses han intentado reproducir las movilizaciones democráticas de 2002, cuando el FN llegó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Según esto, no habría más remedio que movilizarse, no como trabajadores en lucha, sino en las urnas, como "ciudadanos", para defender la "democracia" y bloquear el camino al "fascismo"5.
La evocación melancólica del "Frente Popular" de 1936 se inscribe plenamente en esta campaña de propaganda. Porque el Frente Popular, hoy como ayer, es la negación misma del proletariado. Tras la derrota de la oleada revolucionaria iniciada en Rusia en 1917, el proletariado fue derrotado. En Alemania, la revolución de 1918-1919 fue aplastada con derramamiento de sangre. La contrarrevolución estalinista segó a los revolucionarios y desorientó totalmente a la clase obrera. Sobre las cenizas de la derrota, la burguesíaa francesa empujó al poder a Léon Blum y su coalición, con el objetivo de preparar la guerra. Y fue en nombre de la defensa de la democracia que el Frente Popular (que ya había encerrado a los refugiados españoles en campos de concentración a cielo descubierto) encadenó a millones de proletarios a la bandera del antifascismo, militarizando las fábricas y preparando los espíritus para la masacre. Su "obra" llevó a millones de trabajadores a la tumba durante la Segunda Guerra Mundial por una causa, la defensa de la nación, que no era la suya6.
La situación histórica ha cambiado mucho desde entonces: el proletariado no está derrotado ni dispuesto a dejarse la piel en defensa de la bandera nacional. Todo lo contrario. Frente a los "sacrificios" exigidos por la "economía de guerra" y la competencia internacional, el proletariado levanta la cabeza. Desde hace dos años, las luchas masivas se multiplican: en el Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Alemania, Canadá, Finlandia y otros lugares. En todas partes, el proletariado contraataca y empieza a redescubrir su combatividad, sus reflejos de solidaridad y su identidad.
Hoy, la amenaza que representa para el proletariado la propaganda antifascista no es el reclutamiento masivo para la guerra, sino la pérdida de su identidad de clase renaciente, condición de su unidad y de su capacidad de reflexionar para encontrar el camino de la revolución, de la destrucción del Estado burgués, ya sea "democrático" o "autoritario".
Es por eso que la burguesía se ha apresurado a desacreditar a "los trabajadores", supuestamente reaccionarios y xenófobos, que se suponía iban a votar masivamente al RN7. Esta odiosa mentira no tiene otro objetivo que dividir al proletariado y machacar la idea de que la clase obrera no es portadora de ningún futuro.
Pero la burguesía también puede contar con su nuevo instrumento de mistificación, el Nuevo Frente Popular, para sembrar ilusiones sobre la "democracia" y las elecciones, sobre la "distribución de la riqueza", sobre un capitalismo más "ecológico", más "inclusivo", más "justo"... Tras las ventanas de los despachos donde se reunían los caciques del NFP para repartirse las circunscripciones, los manifestantes, todavía un poco recelosos de estas bonitas promesas, coreaban: "¡No nos traicionéis!” Lo único que no traicionará este Frente supuestamente popular es a su clase: ¡la burguesía!
El futuro de la sociedad no se decidirá en las urnas, sino mediante la lucha del proletariado. La única manera de luchar contra el populismo y la extrema derecha es luchar contra el capitalismo, contra el Estado burgués y su democracia, contra todos los gobiernos. De derechas o de izquierdas, "autoritarios" o "democráticos", "retrógrados" o "humanistas”, la burguesía sólo tiene una agenda: ¡cada vez más miseria y precariedad, más guerra y barbarie!
EG, 21 de junio de 2024
1 Los servicios de inteligencia temen no sólo disturbios en los suburbios y estallidos en manifestaciones "antifascistas", sino también violencia racista de grupos de ultraderecha que podrían sentir crecer sus alas con la llegada de Bardella al poder.
2 Aunque los partidos, tanto de derechas como de izquierdas, pudieron instrumentalizar durante un tiempo al hasta 2018 denominado “Frente Nacional”, cabe recordar que fue el Partido Socialista, miembro del "Nuevo Frente Popular", el que contribuyó a la gestación del Frente Nacional en los años ochenta. En aquella época, el presidente Mitterrand orquestó la mediatización del partido de Jean-Marie Le Pen para poner obstáculos a la derecha (véase en el periódico frances Libération el artículo "Au RN, un autre anniversaire: celui du coup de pouce de Mitterrand" (5 de octubre de 2022).
3 La izquierda en Francia usa este término para referirse a algo así como el conjunto “desde la extrema derecha hasta los liberales”. Un “bloque” que supuestamente estaría “radicalizándose hacia la derecha”. (Nota del traductor).
4Sobre las raíces del auge del populismo, véase nuestro «Informe sobre la vida política de la burguesía : cómo la burguesía se organiza» [1424],en francés en Revista Internacional nº 172.
5El ascenso del populismo no es lo mismo que el ascenso del fascismo: Hitler y Mussolini llegaron al poder porque, ante un proletariado derrotado y aplastado, representaban la mejor opción para que el capital alemán e italiano se prepararan para la guerra mundial, la única "solución" de la burguesía a la crisis. Hoy, aunque las ilusiones sobre el Estado democrático estén hechas añicos, la burguesía sigue necesitando esta mistificación para enfrentarse a la clase obrera.
6 Una vez más, vale la pena recordar que: Primero, fue la democracia la que proporcionó el caldo de cultivo para el fascismo. Segundo, mientras que el régimen de Hitler demostró una barbarie atroz y sin parangón, los Aliados no se quedaron atrás y, durante la guerra, mostraron tal indiferencia hacia el destino de los judíos que a veces se convirtió en pura y simple complicidad.
7 Como era de esperar, los eruditos análisis de la burguesía son una burda mentira. En primer lugar, la clase obrera no puede reducirse a la categoría socio-profesional de los trabajadores industriales: a diferencia de un "empleado" de comercio o de una comadrona ("profesión intermedia"), un "jefe de equipo" en una cadena de producción no forma parte de la clase obrera. Es más, incluso si sólo tenemos en cuenta la categoría sociológica de "obreros" de cuello azul, ¡la abstención es lo predominante!
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En Europa, Estados Unidos y prácticamente en todo el mundo, los partidos populistas o los más tradicionales de extrema derecha están cosechando éxitos electorales que parecían inconcebibles hace una década. Esto quedó claramente demostrado durante las elecciones europeas de junio de 2024: Rassemblement National (RN) en Francia, Alternative für Deutschland (AfD - Alternativa para Alemania) y Fratelli d'Italia (Fdl - Hermanos de Italia) obtuvieron resultados impresionantes. En Gran Bretaña, Reform UK de Nigel Farage (el principal defensor del Brexit) pudo absorber a grandes franjas de votantes del Partido Conservador, el partido político más antiguo experimentado de la burguesía. En Francia, se espera que el RN de Marine Le Pen salga victorioso en las próximas elecciones legislativas convocadas a toda prisa por el presidente Macron y podría llegar al poder por primera vez. Y esto en un contexto en el que Trump triunfó en las primarias del Partido Republicano, superó a un cada vez más senil Biden en su último debate y amenaza seriamente con recuperar la Casa Blanca el próximo noviembre....
Las elecciones europeas han confirmado la realidad de un proceso de debilitamiento que afecta a todos los aparatos políticos de la burguesía en el mundo, no sólo en los países más frágiles de la periferia del capitalismo, en los Estados latinoamericanos más destacados como México, Brasil y Argentina, sino también en el corazón del capitalismo, el de las grandes potencias democráticas de Europa Occidental y Estados Unidos.
Después de la Segunda Guerra Mundial y hasta los albores de la década de 1990, a pesar de un contexto de crisis económica cada vez más profunda, la burguesía había mantenido una cierta estabilidad en el panorama político, dominado la mayor parte del tiempo por el bipartidismo, las alternancias o las coaliciones sólidas, como ocurrió, por ejemplo, en Alemania (SPD y CDU), en Gran Bretaña con los tories y los laboristas, en Estados Unidos con los demócratas y los republicanos, o en Francia y España con la oposición de partidos de izquierda y de derecha. En Italia, la principal fuerza política que garantizó la estabilidad del Estado durante todo este periodo fue la Democracia Cristiana. Ello permitió alcanzar mayorías parlamentarias relativamente estables en un marco institucional aparentemente bien engrasado.
Sin embargo, a finales de los años ochenta, el capitalismo decadente entraba poco a poco en una nueva fase histórica, la de su descomposición. La implosión del bloque "soviético" y la creciente descomposición del sistema iban a aumentar las tensiones en el seno de las distintas burguesías nacionales y a afectar cada vez más a sus aparatos políticos. La profundización de la crisis y la cada vez más evidente falta de perspectivas, incluso para ciertos sectores de la burguesía y la pequeña burguesía, erosionaron cada vez más la "credibilidad democrática" de los partidos tradicionales y, desde principios del siglo XXI, dieron lugar a movimientos populistas que denunciaban los "tejemanejes de las élites dirigentes", combinados con un aumento de la abstención y una creciente volatilidad electoral. En Italia, la Democracia Cristiana también se hundió, dando paso a nuevas formaciones como Forza Italia ( encabezada por un líder populista, Berlusconi), y luego a un sinfín de movimientos populistas y de extrema derecha al frente del Estado (el Movimiento 5 Estrellas, la Lega de Salvini, Fratelli d'Italia). En los Países Bajos, tres de los cuatro partidos con mayoría parlamentaria son populistas. En Estados Unidos, desde Bush hijo y su administración, las tendencias populistas han ido minando cada vez más al Partido Republicano (como el Tea Party, por ejemplo) y han llevado al populista Trump a hacerse con el control del partido.
Poco a poco, el control de la burguesía sobre su sistema político empezó a mostrar grietas. En Francia, después de las "cohabitaciones forzadas", el empuje de Macron para contrarrestar el ascenso del Frente Nacional llevó al colapso del desacreditado Partido Socialista, y a la fragmentación del partido de derechas. En el Reino Unido, la burguesía intentó recuperar el movimiento populista pro-Brexit a través del Partido Conservador, lo que condujo a su actual fragmentación.
Con la aceleración de la descomposición en los últimos años, en particular desde la pandemia de Covid-19, la ola populista obliga a cada vez más Estados a enfrentarse a fracciones burguesas marcadas por la irracionalidad, la versatilidad y la imprevisibilidad. El populismo es así la expresión más caricaturesca de una sociedad cada vez más marcada por la descomposición del modo de producción capitalista.
El auge del populismo no es, por tanto, el resultado de una maniobra deliberada de la clase dominantei. La efervescencia en el seno de las fracciones más "racionales" de la burguesía ante la irrupción de estas organizaciones expresa una inquietud real. Aunque los populistas son fundamentalmente "de los suyos" y su retórica xenófoba y retrógrada es, en verdad, un apestoso concentrado de la ideología de la clase burguesa (individualismo, nacionalismo, dominación por la violencia...), el acceso de los partidos populistas y de sus dirigentes totalmente irracionales e incompetentes a la dirección de los Estados sólo puede complicar aún más la gestión de los intereses de cada capital nacional y agravar el caos que ya se extiende por todo el planeta.
l auge del populismo en varios países confirma lo que la CCI ya había analizado en las Tesis dedicadas al análisis del período histórico de la descomposición, en las que subrayábamos «la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación en el plano político. La base de este fenómeno es, claro está, que la clase dominante cada día controla menos su aparato económico, infraestructura de la sociedad [...]La falta de la menor perspectiva (si no es la de ir parcheando la economía) hacia la cual pueda movilizarse como clase, y cuando el proletariado no es todavía una amenaza a su supervivencia, lleva a la clase dominante, y en especial a su aparato político, a una tendencia a una indisciplina cada vez mayor y al sálvese quien pueda. Es un fenómeno que nos permite explicar el hundimiento del estalinismo y del bloque imperialista del Este»ii.
Este inevitable avance de la descomposición capitalista también explica el fracaso de las medidas adoptadas por los partidos tradicionales de la burguesía para frenar el auge del populismoiii. Por ejemplo, la burguesía británica intentó reconducir el desastre del "Brexit" sustituyendo a Boris Johnson y Liz Truss por un primer ministro más responsable, Rishi Sunak en 2022. Pero el "fiable" Sunak respondió a la derrota en las elecciones a la alcaldía adelantando las elecciones generales, lo que muchos analistas han calificado de "suicidio político" para los "tories", otrora emblema de la burguesía más inteligente y experimentada del mundo. Lo mismo puede decirse de un Macron, apoyado desde hace años por todas las fuerzas políticas de la burguesía francesa (incluida la izquierda, que le votó, recordemos, con una "pinza en la nariz" para evitar que Le Pen llegara al poder) y que, al disolver precipitadamente la Asamblea Nacional, está allanando potencialmente el camino a la RN y, pase lo que pase, a la imprevisibilidad y el caos. Esta política de tierra quemada es totalmente contraria a los intereses de las facciones que pretenden ser las más responsables dentro del aparato político, como demuestran las divisiones dentro de los partidos de derechas y la precipitada formación de un Nuevo Frente Popular en la izquierda, cuyo rumbo es incierto. Por último, en Estados Unidos, la derrota de Trump en 2020 no ha ayudado al Partido Republicano a encontrar otro candidato más "previsible". Tampoco el Partido Demócrata ha sabido reaccionar, y ahora tiene que confiar en un Biden de 81 años para frenar a Trump.
El hecho de que los dirigentes de los principales Estados capitalistas estén jugando al póquer, en aventuras irresponsables de resultados imprevisibles, en las que los intereses particulares de cada camarilla, o incluso de cada individuo, priman sobre los de la burguesía en su conjunto y sobre los intereses globales de cada capital nacional, es revelador de la falta de perspectiva, del predominio del "sálvese quien pueda".
Las consecuencias de esta dinámica de pérdida de control serán necesariamente una gran aceleración del caos y la inestabilidad mundial. Si la primera elección de Trump ya había marcado un aumento de la inestabilidad en las relaciones imperialistas, su reelección supondría una aceleración considerable del caos imperialista global al, por ejemplo, reconsiderar el apoyo estadounidense a Ucrania o respaldar sin reservas la política de tierra quemada de Netanyahu en Gaza. La vuelta de Trump al poder agravaría aún más la desestabilización de las instituciones y, de forma más general, fragmentaría el tejido social, como se pudo ver en el asalto al Capitolio en enero de 2021. También es probable que se agrave la crisis económica, con un aumento del proteccionismo no sólo contra China sino también contra Europa.
Además, tendría un gran impacto en la Unión Europea (UE), que también está desgarrada por las crecientes tensiones en torno a la guerra de Ucrania y el conflicto de Gaza, como puede verse en particular entre Francia y Alemania sobre el envío de tropas a Ucrania. Es probable que estas tensiones aumenten con el ascenso de las fuerzas populistas, que tienden a ser menos hostiles hacia el régimen de Putin y menos inclinadas a apoyar financiera y militarmente a Ucrania. Además, la política de austeridad económica de la UE (limitación del déficit presupuestario, de la deuda, etc.) se opone también al proteccionismo económico y social preconizado por los populistas en nombre de la "soberanía nacional".
Cualesquiera que sean las dificultades que encuentran las distintas burguesías para mantener el control de su aparato político, tratan por todos los medios de explotarlas para contrarrestar el desarrollo de las luchas obreras, para contrarrestar la reflexión en el seno del proletariado e impedir así el desarrollo de la conciencia en su seno. Para ello, cuentan con la izquierda, que despliega todo su arsenal ideológico y presenta falsas alternativas. En Inglaterra, el Partido Laborista se presenta como la alternativa "responsable" para frenar el desorden provocado por la irresponsable gestión del Brexit por parte de los sucesivos gobiernos tories. En Francia, ante la imprevisible decisión de Macron de convocar elecciones, la gran mayoría de las fuerzas burguesas de la izquierda tradicional y más radical se han unido en un "nuevo frente popular" para oponerse al ascenso de la extrema derecha. Explotando la oposición entre sectores de la burguesía frente al ascenso del populismo y la extrema derecha, intentan desviar al proletariado de la única lucha que puede conducir a la liberación de la humanidad mediante el derrocamiento del sistema capitalista, y llevarlo a falsas perspectivas de la defensa de la democraciaiv. Mientras que el voto moviliza a la clase obrera como "ciudadanos" atomizados, la izquierda presenta los resultados electorales como un reflejo del estado de la conciencia de clase. La burguesía muestra a menudo mapas que muestran el crecimiento del voto populista en los barrios obreros para machacar la idea de que la clase obrera es la causa del auge del populismo, que es una multitud de ignorantes sin futuro. También siembra la división entre los trabajadores "víctimas del racismo", de los que se dice que son víctimas los trabajadores "blancos privilegiados".
Por lo tanto, está claro que el aumento de las dificultades políticas para la burguesía no significa en absoluto una oportunidad para que el proletariado las aproveche para desarrollar su propia lucha. Esta situación no conducirá en modo alguno a un fortalecimiento automático de la clase obrera. Al contrario, es una oportunidad utilizada y explotada ideológicamente por la clase dominante.
El proletariado necesita politizar sus luchas, pero no de la manera preconizada por la izquierda del capital, comprometiéndose en la defensa de la "democracia" burguesa. Por el contrario, debe rechazar las elecciones y luchar en su propio terreno de clase, contra todas las fracciones y expresiones del mundo capitalista que amenazan con condenarnos a la destrucción y a la barbarie.
Valerio, 1 de julio de 2024
i Ver: «Cómo se organiza la burguesía». En Revista Internacional nº 172
ii https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-desc... [109], «La descomposición, fase última de la decadencia capitalista», Revista Internacional nº 107 (2001)
iii No hay diferencias fundamentales entre los populistas y la extrema derecha y los partidos clásicos del Estado burgués. La retórica puede ser más contundente o cínica. Los primeros desatan con frecuencia su bilis racista, mientras que los segundos subcontratan el cierre de sus fronteras a regímenes tortuosos como Turquía o Marruecos. Los populistas son a menudo negacionistas del cambio climático. Los partidos "responsables" no son tan burdos, pero lo único que están dispuestos a hacer son "payasadas" como la reciente cumbre del clima de Dubai.
iv Ver nuestro folleto: «Fascismo y democracia, dos expresiones de la dictadura del capital»
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El gobierno Sánchez saca pecho para ¡denunciar las atrocidades de Netanyahu! Incluso “se atreve” a ¡reconocer al Estado palestino! En realidad, es el país número 144 que lo hace, pero el gobierno español quiere darse un aura de campeón mundial del pacifismo. En realidad, está propagando la guerra. ¿Cómo? Del mismo modo que la burguesía defiende las guerras como vía para “preparar la paz”; también se llena la boca de paz, de “respeto al derecho internacional humanitario”, etc., para implicarse mejor en la guerra acorde con sus intereses nacionales.
Todos los sectores de la burguesía española – si se exceptúan una parte del PP y Vox – han respaldado los gestos de Pedro Sánchez contra el “genocidio” en Gaza. Esos gestos de simpatía se sitúan, de hecho, en continuidad con la manida “tradicional amistad de los pueblos español y árabe” que viene ¡desde los tiempos de Franco!, y que los gobiernos de la democracia supieron reconducir hasta darle el marco diplomático actual1.
Con la Guerra Fría, el régimen franquista se vio obligado a adherirse al bloque imperialista de los EE. UU., el cual supo aprovechar la posición de España haciendo de ella un peón en su estrategia para frenar la influencia del bloque imperialista ruso en los países árabes. Cuando éste bloque finalmente colapsó, los norteamericanos encargaron entonces al gobierno del PSOE2 organizar la Conferencia de Paz de Madrid en 1991, con la que pretendían cerrar ese foco de conflicto. De hecho, fue la antesala preparatoria de los “acuerdos de Oslo” del año siguiente. Con su implicación en esa Conferencia, la burguesía española buscaba ganar protagonismo y relevancia diplomática en lo que Bush -padre – llamó “el nuevo orden mundial”, pero que en realidad significaría un proceso creciente del “cada uno a la suya".
Es eso mismo – la defensa de los intereses imperialistas de su capital nacional – lo que se esconde hoy tras los melifluos discursos pacifistas del gobierno Sánchez:
Mientras los EE. UU. o Alemania tienen las manos atadas por su apoyo abierto a la burguesía israelí, el gobierno español – junto a otras potencias de segunda como Irlanda, Noruega, Sudáfrica - trata de ganar influencia en una región clave jugando la baza diplomática. Carente de una potencia militar3 con que hacer “valer” sus intereses, confía en obtener protagonismo en la región, y ganar apoyos entre los regímenes de la zona, mediante discursos “por la paz y el derecho humanitario”.
En los países árabes del Magreb (que frecuentemente crean complicaciones al capital español en intereses como exportaciones, suministros energéticos, control de la emigración, etc.), la pose “pro-palestina” del gobierno Sánchez es vista como un nuevo gesto conciliador. Con la misma cara dura con que hoy se llena la boca de “paz” y “derechos humanos”, el gobierno “progresista” de Sánchez se plegó al chantaje marroquí cuando la masacre de la valla de Melilla4. Con el mismo asqueroso cinismo con que hoy aparecen como abanderados de las soluciones “negociadas” de los conflictos, este mismo gobierno “progresista” entregó hace un par de años a los refugiados saharauis a las garras del Estado marroquí.
apareciendo una y otra vez ante los medios de comunicación como un adalid del pacifismo, el gobierno español trata de ocultar su implicación generosa en la guerra de Ucrania, así como su participación en el esfuerzo armamentístico generalizado que exige el cada vez más descontrolado auge militarista actual. En los últimos 5 años, los gastos militares españoles han crecido desde 2020 ¡un 50%, hasta más de 25 mil millones de euros!
Prueba del consenso de la burguesía española en la postura del gobierno es el respaldo, la publicidad y la simpatía con las que han contado (menos alguna excepción) las acampadas pro-Palestina levantadas en las universidades. Pero entonces, si su función no podía ser la de presionar a un gobierno que ya se ponía gustosamente el pañuelo palestino ¿para qué le servían al Estado?
Estas acampadas, promovidas esencialmente por todo el aparato izquierdista, desde Podemos a los de Izquierda Revolucionaria-El Militante, querían desviar hacia el terreno podrido del nacionalismo la inquietud que existe en la clase obrera y en particular en los jóvenes hacia la guerra. Desviarla hacia tomar partido por uno de los dos campos imperialistas en conflicto, y en este caso por la llamada “causa palestina”5. Y teniendo además el criminal cinismo de disfrazarlo de ¡internacionalismo proletario! Mediante un habilidoso truco, el internacionalismo de la clase sin patria es convertido en ¡“la solidaridad entre patrias”!
Cuando alguien trataba de denunciar en esas asambleas que tan criminal era Hamás como Netanyahu, era rápidamente estigmatizado como “equidistante”6. ¡Lo que importa es la denuncia del “genocidio” en Gaza!, replicaban, impidiendo así comprender que el genocidio masivo, la utilización de los sufrimientos de la población como moneda de presión sobre la nación rival, no son una particularidad de acción israelí en Gaza, sino una constante de las guerras capitalistas que alcanza en la sociedad actual una magnitud destructora inusitada y aterradora.
Alinearse con uno de los campos en conflicto es todo lo contrario del internacionalismo que propugnaron los revolucionarios desde la 1º Guerra Mundial, como Lenin o Luxemburgo, cuyo verdadero legado falsifican estos canallas izquierdistas que tanto les “homenajean” últimamente. Esos mismos revolucionarios denunciaron también el criminal engaño de un capitalismo “pacífico” protegido de las guerras por el derecho internacional, la ONU, la convención de Ginebra u otras zarandajas. Así lo hicieron por ejemplo en las conferencias de Zimmerwald y Kienthal7. Nosotros, la CCI, seguimos fieles a ese verdadero internacionalismo, ese verdadero combate contra el caos militarista cada vez más irracional en el que nos hunde el capitalismo8.
Valerio 4 de julio de 2024
1 Alineado con las potencias del Eje en la 2ª Guerra Mundial, Franco mantuvo la retórica “antijudía” tras el fin de ésta, lo que le llevó a reforzar sus lazos con los países árabes. Recordemos cómo atribuía cualquier contestación a su régimen a la “conspiración judeo-masónica-izquierdista”.
2 Que había reconocido por vez primera al Estado de Israel en 1986.
3 Ver sus fiascos en Irak, Afganistán, o en el propio Líbano donde las fuerzas españolas de la ONU deben mirar para otro lado ante la actual escalada entre Hezbolá e Israel.
4 Ver: “Matanza de emigrantes en Melilla: Genocidio capitalista de los Estados español y marroquí” [1427], Acción Proletaria, junio 2022.
5 Como hemos mostrado en muchos otros artículos, ni Hamás ni la ANP tienen interés en la población palestina más que como masa explotada y carne de cañón en sus conflictos con otros buitres imperialistas.
6 Hipócritamente los que llaman a apoyar a los palestinos contra los judíos, son en muchos casos los mismos (por ejemplo, Sumar, Podemos, etc.) que a la vez defienden la “cultura de la paz” entre Rusia y Ucrania.
7 Ver en nuestra web: “Conferencia de Zimmerwald: una referencia indispensable para la defensa del internacionalismo” [907], CCI abril 2022
8 Como dijimos en 1991 y repetimos en 2022: “En particular, las organizaciones revolucionarias tendrán el deber de: (a) denunciar con la máxima virulencia la repulsiva hipocresía de los izquierdistas que, en nombre del "internacionalismo" y de la "lucha contra el imperialismo", piden en realidad el apoyo a uno de los campos imperialistas; (b) denunciar las campañas pacifistas que constituyen un medio privilegiado para desmovilizar a la clase obrera en su lucha contra el capitalismo arrastrándola por el terreno podrido del interclasismo; (c) subrayar la gravedad de las cuestiones que están en juego en el período actual, en particular comprendiendo plenamente todas las implicaciones de las considerables conmociones que acaba de sufrir el mundo, y en particular el período de caos en el que ha entrado". Para leer la actualización de 2022 de nuestro artículo “Militarismo y Descomposición” [1032] escrito en 1990, consultar la Revista Internacional 168.
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El auge del populismo es un producto directo de la quiebra del capitalismo y ha creado profundas divisiones en el seno de la clase dominante. En Estados Unidos, el Partido Demócrata parece paralizado en sus esfuerzos por impedir que Trump vuelva a la presidencia, un resultado que aceleraría la caída en el caos tanto en Estados Unidos como a nivel internacional. En Francia y Gran Bretaña, la historia es un poco diferente, con Macron y el "Nuevo Frente Popular" uniendo fuerzas para bloquear la llegada al poder de la Rassemblement National, y los laboristas aplastando a un partido tory profundamente plagado de populismo. A pesar de ello, las fuerzas del populismo y la extrema derecha siguen creciendo en el suelo de una sociedad en descomposición.
La CCI organizará una reunión pública internacional en línea para debatir esta situación porque creemos que es vital :
- analizar y comprender los conflictos entre las diferentes facciones del enemigo de clase
- Denunciar los principales ataques ideológicos que acompañan a estos acontecimientos, en particular la "defensa de la democracia contra el fascismo".
- Identificar los verdaderos intereses de la clase obrera frente a estas mistificaciones: no apoyarse en las urnas o en la elección al parlamento de partidos que dicen hablar en su nombre, sino defenderse mediante una lucha colectiva e independiente, sentando las bases de una confrontación política con el sistema capitalista en su conjunto.
Fecha y hora: sábado 20 de julio entre las 15:00-18:00 (Francia), 7:00-10:00 (México), 10:00-13:00 (Brasil)
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Por todo el planeta, la burguesía propaga el argumento, que la democracia es la “mejor forma de organización social”, en tanto, dicen, las urnas eliminan la división social, al otorgar a cada individuo un voto con el mismo peso. Bajo esa condición, se concluye que la población, homogeneizada en su condición de ciudadano, ejerce individualmente su elección para definir la conducción de la sociedad. La insistencia de la clase dominante en esta afirmación es porque busca convencer a los trabajadores que la única actividad política que deben realizar es la de ejercer su voto de forma pasiva para elegir a alguno de los partidos que la misma burguesía coloca en competencia. Pues el sufragio en el capitalismo, explicaba Marx, tienen como único objetivo, “decidir una vez cada tres o cada seis años qué miembros de la clase dominante han de ‘representar’ y aplastar al pueblo en el parlamento [y demás estructuras de gobierno] …”1. Justamente por ser la hipocresía sobre lo que se sustenta la democracia, la expone como la forma más adecuada para ejercer el capital su dictadura.
Por más que las votaciones se lleven a cabo alejadas de fraudes y trampas, no dejan de ser grandes embustes y montajes que la burguesía utiliza para buscar el control ideológico de los trabajadores, sembrando la esperanza de que a través de las urnas el “poder ciudadano” puede cambiar al mundo. La democracia, para imponerse, requiere que la burguesía construya sus partidos de derecha y de izquierda y en un escenario teatral, echarlos a combatir, incluso con campañas electorales escandalosas, sabiendo que, ganando la derecha o la izquierda, se mantendrá la explotación y la miseria.
Aunque la democracia y sus procesos electorales han sido estructuras burguesas utilizadas para darle vida al capitalismo, en su fase de ascenso (principalmente en el siglo XIX), podían ser útiles para la obtención de mejoras para la clase obrera. Sin embargo, desde la entrada del capitalismo en su fase de decadencia, –desde la 1ª Guerra Mundial–, al no haber la posibilidad de facciones burguesas progresistas y al imposibilitarse para los trabajadores la obtención de mejoras, las elecciones y los parlamentos se convierten en circos destinados a asegurar el control ideológico por la clase dominante. Actualmente, con el pudrimiento acelerado del capitalismo, aunque la burguesía tiende a perder el control de su política electoral, lo que provoca el ascenso de gobiernos populistas que desarrollan políticas irresponsables que afectan a la misma burguesía (por ejemplo, las impulsadas por Trump, Milei o Bolsonaro), logran utilizarlos en contra de los trabajadores al presentar a estos gobiernos como alternativas, o al enrolarlos en campañas opositoras. Pero también esa pérdida de control se expone en el desgaste político de sus partidos tradicionales, impulsando a que surjan proyectos que no unifican al conjunto de la burguesía, como ocurrió en el caso del arribo al gobierno de López Obrador. En las elecciones que acaban de pasar la burguesía volvió a presentar una falta de unidad, sin embargo, es posible que, por su actuación pragmática, la burguesía busque limitar el avance caótico e intente forzar acuerdos con el gobierno de Claudia Sheinbaum, no obstante, el desgarramiento interno presente en esta clase no asegura que los acuerdos y alianzas se prolonguen y logren una cohesión duradera.
Cerca de 36 millones de votos fueron los que marcaron el triunfo a la presidencia de Claudia Sheinbaum. Aunque el monto de abstenciones fue cercano al 40% del padrón (mayor al de 2018, que fue del 36.6%), sin duda la burguesía puede asumir como un triunfo el haber logrado sumir en la borrachera electoral a más de 60 millones de personas. Pero la campaña presidencial, así como las 20 mil 707 campañas que se desarrollaron de forma paralela para cubrir diversos cargos de gobierno, no solo fueron personificadas por los partidos de la alianza de la derecha (PRI-PAN-PRD) y el partido oficial de la izquierda, Morena, de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), estuvieron también involucrados, con ambos bandos, los grupos de la mafia del narcotráfico (aun cuando en las campañas de todos los partidos usaron como promesa electoral el combate a la corrupción).
El hecho de que gran parte del aparato de gobierno asistiera a un cambio de estafeta, llevó también a un reacomodo de las alianzas de los grupos del narco con los representantes del gobierno, con los que tienen una fusión y una “colaboración” en el control de las regiones. No es extraño por ello que durante las campañas se hayan registrado oficialmente cerca de 180 “casos de violencia electoral”, entre los que se incluye, además de secuestros y amenazas, 33 asesinatos de candidatos, algunos de ellos operados mientras realizaban actos públicos. Pero el hecho que, cerca de 2 mil candidatos renunciaran a su nominación sin explicar la razón, expone que la violencia asociada a las elecciones fue mayor a la registrada oficialmente.
Este escenario pone al descubierto que el narcotráfico está fundido en la vida política de la burguesía, integrando a todos los partidos en las disputas, aunque su presencia hace que la disputa se vuelva más violenta y caótica, la raíz del desgarramiento interno de la clase dominante es la pérdida de perspectivas, que hace que cada facción avance por su lado, sin lograr acuerdos duraderos y por tanto sin cohesión política.
Para mantener su dominio la burguesía crea sus partidos de derecha e izquierda para hacer el relevo en el gobierno y hacer creíble la democracia. La creación del PRD, a finales de los 80, fue un intento de la burguesía para aprovechar la fractura del PRI (y los desechos del estalinismo) para completar la geometría política que necesitaba, construyendo una “izquierda moderna y seria”, es decir, la izquierda que requería el capital. La caída del ordenamiento por bloques, que había dominado el escenario durante la guerra fría, rompió la unidad y disciplina de la burguesía, impidiendo que madurara ese proyecto, lo que permitió, a plazo, emergiera el relevo de esa izquierda del capital, con la formación de Morena, encabezada por AMLO. Sin embargo, diversos sectores de la burguesía consideraban que de ascender ese tipo de partido al gobierno retornaría la estatización de las empresas, el rechazo al TLC y llevaría la persecución de los personajes reconocidos por su actuación corrupta y criminal. Aunque López Obrador convocaba a la unidad y afirmaba no buscar la venganza, es hasta que se agudiza el desprestigio del PRI y PAN que hace que el circo electoral salga de control, permitiendo hasta el 2018 el ascenso de AMLO, que a lo largo de su gobierno mantuvo una disputa con diversos grupos empresariales y los partidos tradicionales de la derecha, no obstante, eso no implica un alejamiento de la defensa del capitalismo.
Él mismo ha expuesto una vulgar crítica a los análisis de Marx. En su conferencia de prensa del 12 de febrero del 2021, recordaba que cuando cursaba la universidad, le explicaron que, “el burgués se quedaba con la plusvalía […] Eso fue lo que se enseñó durante mucho tiempo y es una teoría válida, pero que no aplica del todo en el caso de México, porque en nuestro país no se dio necesariamente por la explotación del burgués…”. Y en diversas ocasiones, para resaltar la defensa que hace de su clase, ha dicho: “no estamos en contra de los empresarios, los empresarios son indispensables para el desarrollo del país…” (4-marzo-2022). Por eso, queda claro que aun cuando ha operado una política asistencialista, su compromiso es (y ha sido) con el capital.
En ese sentido se explica el hecho de que algunos medios resalten que las políticas de gobierno fueron puntales para el crecimiento de las ganancias empresariales: “… los ingresos consolidados de 48 empresas mexicanas no financieras rastreadas por GBM Research se elevaron 6.6% en el primer trimestre en comparación con el año anterior…”
Además, “los ingresos de la multinacional panadera Bimbo aumentaron casi 20%, más rápido de lo que crecieron en Europa, América Latina o EE. UU. y Canadá…” Por eso, Mario Delgado, dirigente del partido Morena, enfatiza que, durante el gobierno de AMLO, “No hay ningún empresario al que le haya ido mal”.2 Es evidente que los gobiernos de izquierda no son diferentes de los de derecha en su propósito de perpetuar al capitalismo.
El hecho de que AMLO ha mantenido una confrontación continua con sectores de la burguesía, no significa que defiende (o ha defendido) una propuesta a favor del proletariado. Las pugnas en las que se ha visto envuelto responden a choques de intereses políticos o económicos entre grupos de la misma clase dominante. Esa misma dinámica de enfrentamientos les dará continuidad el nuevo gobierno de la “4T”. La negativa de Sheinbaum para tener una reunión particular con el empresario Claudio X González Laporte (presidente del Consejo de Administración de Kimberly Clark, ex presidente de agrupaciones empresariales y padre del empresario del mismo nombre que organizó la alianza PRI-PAN-PRD), es presentado por algunos medios de difusión como la muestra de que se consolida la separación del gobierno de los mandatos del capital. Lo que en realidad muestra es la permanencia de las fracturas entre los grupos burgueses, lo que no excluye que haya sectores que buscan asegurar acuerdos en el intento de dar un mejor funcionamiento al sistema.
Precisamente el mismo día que tuvo el evento con Claudio X padre, se reunió con el Consejo Coordinador Empresarial, en este encuentro expresaron su confianza, adelantando que preparan flujos de inversiones “que rebasan los 42 mil millones de dólares, nada más para empezar…”3
Es un hecho evidente que las elecciones dieron pauta a la burguesía para definir acuerdos económicos, pero nada asegura que impliquen alianzas políticas duraderas. De forma que, en este relevo de gobierno, se está buscando la reformulación de las alianzas y así procurar un mejor funcionamiento del sistema, lo que quiere decir, hacer más efectivo el proceso de explotación.
Para mostrar que las urnas pueden ofrecer un cambio de vida a los trabajadores, la burguesía expone las pretendidas mejoras que ofreció el gobierno de AMLO. Mientras que los incrementos al salario mínimo (que en 2018 lo recibía el 16% de los trabajadores) representa para los asalariados migajas que tienen un beneficio parcial y temporal; para la burguesía, en cambio, es una carnada para atrapar la esperanza y la conciencia de los explotados. La realidad muestra que el grueso de los salarios se ha mantenido comprimidos. Los salarios contractuales, aunque registran montos mayores al mínimo, se han mantenido rezagados con crecimientos por debajo de la inflación, es decir, con una disminución de su capacidad de compra. Eso es lo que ha sucedido, por ejemplo, con los salarios que están tasados en más de un salario mínimo y hasta tres, que es lo que recibe el 45% de la clase trabajadora… pero, además la población ubicada oficialmente en “extrema pobreza”, que generalmente recibe menos del salario mínimo, aumentó en este sexenio en 400 mil personas.
“Primero los pobres” es el lema de este gobierno que le ha otorgado la concesión para cubrir el servicio de limpieza de edificios de instituciones y secretarías de Estado a la empresa Got Und Glück, la cual, como lo han denunciado los trabajadores del Politécnico4, da un trato de forma despótica, obliga a trabajar largas jornadas con míseros salarios, sin otorgar la más mínima seguridad social, pero además, y eso es lo que ha desatado descontento, es la retención de su salario por varios meses… Por eso, más allá de los discursos y frases hipócritas, esto es una muestra de lo que la 4T ofrece a los trabajadores.
El capitalismo vive de la miseria y explotación del trabajo asalariado, por eso los trabajadores deben estar conscientes que ningún gobierno de derecha o de izquierda, ni busca, ni puede evitarlo. Por el contrario, el avance de la crisis obliga a la burguesía a implementar nuevos y mayores ataques. Esta degradación de la vida de los trabajadores se presenta en todo el mundo, animando su combatividad y empujando a la lucha masiva. La movilización de los trabajadores contra estos ataques no solo es necesaria sino posible, así lo demuestra las movilizaciones que se han iniciado en 2022 en Gran Bretaña y se han continuado en los dos años siguientes en toda Europa occidental, e incluso se han extendido a EE.UU. y Canadá5.
Ante los ataques a las condiciones de vida de los trabajadores en México, deben seguir el ejemplo que fueron capaces de mostrar sus hermanos de clase, reconocer que el único camino es la lucha y no las trampas electoreras que le imponen sus verdugos.
Tatlin, 12-julio-2024
1 Marx, La Guerra Civil en Francia, 1871.
2 El Financiero [1431], 6-junio-2023.
3 Discurso de Cervantes Díaz, director del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), 18-junio-2024.
4 El Instituto Politécnico Nacional (IPN), es un centro de estudio técnico superior de control gubernamental.
5 Cfr. ¡La clase obrera sigue luchando! [1418], Revolución Mundial 148, 1er semestre de 2024.
Con profundo pesar comunicamos a nuestros simpatizantes y lectores el fallecimiento, a la edad de 74 años, de nuestro camarada Enrique. Su inesperada muerte ha puesto un repentino fin a más de 50 años de entrega y contribución a la lucha del proletariado mundial. Sus camaradas y amigos hemos sufrido, desde luego, un dolorosísimo hachazo. Para nuestra organización y el conjunto de la tradición y el presente de la Izquierda Comunista es una sensible pérdida que habremos de reasumir entre todos.
Rememorar la trayectoria militante de un compañero como Enrique evoca para todos quienes le conocimos a nivel personal y político miles de recuerdos de su entusiasmo, de su solidaridad y compañerismo. Su sentido del humor contagiaba, no ese cinismo descreído tan habitual en los llamados “intelectuales” y “críticos”, sino la energía y vitalidad de quien anima a luchar, a dar lo mejor de uno mismo en el combate por la liberación de la humanidad. Para quién, como decía Marx, «la lucha es el ideal de la felicidad». Por ello, se mostraba paciente y comprensivo en las discusiones, sabiendo entender las preocupaciones que latían en quienes no estaban de acuerdo con lo que él defendía. Pero también mostraba firmeza en sus argumentaciones. Era, como él decía, su forma de ser honesto en un combate por la clarificación que beneficia a toda la clase obrera. Y aunque tenía una enorme capacidad teórica y creativa para escribir artículos y contribuciones a las discusiones, Enrique no era eso que se llama un “teórico”. Participaba con entusiasmo en intervenciones en ventas, difusiones de hojas, manifestaciones, mítines, etc.
Formaba parte de una generación educada para ocupar los puestos del Estado democrático y dar el relevo a los carcamales franquistas; de donde surgieron Felipe González, Guerra, Albors, etc. Y tenía cualidades intelectuales políticas y personales de sobra para haber “hecho carrera” miserablemente en el Estado como hicieron otros; pero desde el inicio tomó partido por la clase obrera en su combate contra el Estado burgués por la perspectiva del comunismo.
Enrique fue uno de tantos jóvenes trabajadores impulsado a la lucha obrera por las numerosas huelgas que se daban en la España de finales de los años 60 y de inicios de los 70, y que en realidad eran la expresión del resurgir internacional de la lucha de clases que puso fin a la contrarrevolución tras la 2ª Guerra Mundial. Ese fue uno de los primeros motivos de ruptura de Enrique con la maraña de grupos izquierdistas de todo pelaje que abundaban en ese período. Mientras éstos presentaban las luchas obreras de Asturias, Vigo, Pamplona, Bajo Llobregat, Vitoria, etc. como expresiones de la lucha “antifranquista” y querían desviarlas hacia la conquista de la “democracia”, Enrique comprendió que eran una parte indivisible de un movimiento de luchas (Mayo 68, Otoño caliente italiano, Cordobazo en Argentina, Polonia 70, …) que se enfrentaban al Estado capitalista tanto en su versión “dictatorial” como “democrática” e incluso “socialista”. Esa perspectiva internacionalista de la lucha de clases era una de las fuentes del entusiasmo que ha acompañado a Enrique toda su vida. Mientras una gran mayoría de los militantes obreros de los años 70 acabaron desmoralizados y frustrados por ese falseamiento de la lucha obrera como “lucha por las libertades”, Enrique vio reforzada su convicción en la lucha del proletariado mundial. Fue emigrante en Francia, y nada le resultaba más estimulante que ir a intervenir en luchas en cualquier lugar del mundo (como tuvo ocasión recientemente de hacer en el "verano de la cólera" en Gran Bretaña) o participar en discusiones en los cinco continentes con compañeros que se acercaban a participar en la lucha histórica e internacional de la clase obrera. Mostrando siempre una energía que impresionaba a los más jóvenes, y que venía de su confianza y convicción en la perspectiva histórica de la lucha del proletariado, del comunismo.
Por ese internacionalismo verdadero y consecuente, Enrique acabó rompiendo con organizaciones que, con un discurso aparentemente más radical que el de los “reformistas”, propugnaban que el proletariado debía tomar partido por uno de los bandos en los conflictos interimperialistas que en aquella época tenían la forma de luchas llamadas de “liberación nacional”. Como sucede hoy, por ejemplo, con Gaza, los izquierdistas de entonces llamaban a que los trabajadores apoyaran como propias las guerrillas de Vietnam, o las de América latina, etc. Pero ese falso “internacionalismo” era justo lo opuesto de lo que siempre habían defendido los revolucionarios ante la 1ª y la 2ª Guerras Mundiales. La búsqueda de esa continuidad del verdadero internacionalismo fue lo que condujo a Enrique a buscar la filiación histórica de la Izquierda Comunista.
Otro tanto sucedió con la continuidad en la denuncia de los sindicatos como órganos del Estado capitalista. Trascendiendo el asqueo que producía el sabotaje sindical de las luchas en todo el mundo, la alternativa no era “desengañarse” de la clase obrera o renegar de sus luchas contra la explotación, sino reapropiarse de las contribuciones de la Izquierda Comunista (italiana, germano holandesa y luego francesa) para defender la autoorganización de las luchas, las asambleas obreras, embriones de los Consejos Obreros.
Fue esa búsqueda de la continuidad con las posiciones revolucionarias, lo que llevó a Enrique a tomar contacto con Revolution International[1] (RI) en Francia en octubre de 1974, después de haber encontrado en una librería de la ciudad de Montpellier (donde trabajaba) la publicación Acción Proletaria[2]; Enrique siempre contaba que le sorprendió la rapidez con que RI respondió a su correspondencia y acudió a discutir con él. A partir de ese momento tuvo lugar un proceso de discusión riguroso y paciente que condujo a la constitución de la sección en España de la CCI en 1976, con un grupo de elementos jóvenes también emergidos de las luchas, que Enrique mismo se afanó en agrupar y estimular para desarrollar una convicción militante en la revolución internacional; pero contando con el apoyo y la orientación de una organización revolucionaria internacional y centralizada, que transmitía y daba continuidad al combate histórico de las Izquierdas Comunistas. Enrique, que había tenido que hacer una parte inicial de esa trayectoria militante casi en solitario, insistió una y otra vez en aprovechar ese “tesoro”, de esa continuidad que representa la Corriente Comunista Internacional. Él mismo se convirtió en una factor activo y perseverante de esta transmisión del legado revolucionario.
Con la honradez y capacidad crítica (incluyendo la autocrítica) que siempre le caracterizó, Enrique reconoció que esta cuestión de la organización de vanguardia fue una de las que le costó asimilar. La subestimación e incluso el rechazo de la necesidad y de la función de la organización de revolucionarios era relativamente corriente en ese momento en el medio de jóvenes en búsqueda de una orientación política, dada la “exhibición de fuerzas” que un proletariado muy joven había mostrado en las grandes luchas de los años 60 y 70, y que hacía parecer “superflua” la actividad de las organizaciones revolucionarias. También resulta entendible por las experiencias traumáticas sufridas con la traición de los partidos “socialistas”, “comunistas”, trotskistas, etc. que habían dejado un reguero de traumatismos y desconfianza en la clase obrera y también por la acción desmoralizante de la militancia alienada en el izquierdismo de los años 70 y 80. Particularmente Enrique reconocía haber sido influido por el anarquismo[3] y en la universidad participó en un grupo de corte situacionista. En el seno mismo de la CCI, la subestimación de la necesidad de la organización se ha expresado en tendencias consejistas, de las que el propio Enrique fue inicialmente portavoz; y más peligrosamente en el rechazo a combatirlas, en un centrismo respecto al consejismo. El combate contra esas tendencias fue determinante en la evolución de Enrique sobre la cuestión organizacional. No se dejó llevar por la frustración o el sentimiento de desengaño, sino que se esforzó por comprender la necesidad indispensable de la organización revolucionaria y se entregó en cuerpo y alma a la defensa de la organización, que es inseparable de la lucha sin cuartel contra el oportunismo, contra la presión de la ideología de la burguesía en las filas de la clase obrera.
Enrique fue siempre un polemista paciente, capaz de explicar el origen de las confusiones y errores que expresaban esa influencia ideológica ajena al proletariado y al mismo tiempo de señalar las contribuciones teóricas y políticas del Movimiento Obrero que ayudaban a superarlas. Ese espíritu de combate permanente fue otra de sus aportaciones, reaccionar ante cada error, cada incomprensión, yendo hasta el final de las razones, sacando lecciones para el futuro.
Contra lo que sí se revolvió siempre, enérgica e intransigentemente, fue contra la contaminación de los debates políticos por la hipocresía, la doblez, la calumnia y la delación y el maniobrerismo, es decir, por los comportamientos y la moral de la clase enemiga, la burguesía. Ahí también Enrique fue siempre un dique de defensa de la dignidad del proletariado.
La trayectoria militante de nuestro camarada Enrique, toda su contribución, toda esa pasión militante, toda esa energía y capacidad de trabajo desplegadas a lo largo de más de 50 años de lucha consecuente por la revolución mundial no son sólo manifestaciones características de la personalidad de Enrique. Esos rasgos suyos se corresponden a la naturaleza revolucionaria de la clase a la que él ha servido generosa y ejemplarmente. Bilan, la Izquierda Comunista italiana, que procuró distanciarse de los personalismos, propugnaba que «cada militante debía reconocerse en la organización y a su vez la organización había de reconocerse en cada militante». Enrique representaba como pocos la esencia de la CCI. Te añoraremos siempre camarada y nos empeñaremos en estar a la altura de tu ejemplo. ¡Continuemos su combate!
CCI, junio 2024.
[1] Revolution International fue el grupo en Francia que impulsó la formación de la CCI (que se formó en 1975) tras el reagrupamiento de varias organizaciones como World Revolution en gran Bretaña, Internationalisme en Bélgica o Revoluzione Internazionale en Italia
[2] Acción Proletaria era –antes de 1974- la publicación de un grupo en Barcelona con el que RI había contactado y que inicialmente avanzaba hacia las posiciones de la Izquierda Comunista. El grupo editó los dos primeros números de la publicación y terminó dispersándose sufriendo el peso del nacionalismo y el izquierdismo. Después de eso, Acción Proletaria continuó editándose en Tolouse y los militantes de Revolution International la pasaban clandestinamente a España (todavía bajo el Franquismo); a partir de 1976 con la formación de una sección de la CCI en España, ésta asumió su edición.
[3] En los años 1970, el anarquismo tenía un peso importante en España. Para dar un ejemplo, el 2 de Julio de 1977 acudieron 300 mil personas a Montjuic a un meeting de Federica Montseny
Una vez restablecida la realidad de nuestra plataforma, calumniada por el GIGC (Defensa de la plataforma de la CCI: nuevas mentiras por parte del GIGC [1434]), es ahora el contenido de nuestra intervención frente a la guerra lo que debemos defender ante las elucubraciones difamatorias del GIGC atribuyendo a la CCI los enfoques o análisis políticos siguientes: “ocultación del peligro de guerra”, “Un internacionalismo abstracto e intemporal, basado simplemente en los sentimientos y la moral”, “introducción del idealismo burgués en la doctrina revolucionaria del proletariado”, ...
Según el GIGC, la CCI adopta un enfoque de la guerra que “sólo puede abrir la vía a una especie de pacifismo moral, ya que no enraíza el internacionalismo sobre el terreno material de la relación dialéctica entre el proceso mismo de la guerra imperialista y el de la lucha de clases, que se sintetiza en la alternativa ‘revolución proletaria internacional o la guerra imperialista generalizada’, la revolución o la guerra.”1.
¿Cómo se aplica esto a nuestra intervención? ¡Ni una palabra! Es un bluf, una falsedad envuelta en una frase elegante para deslumbrar a los seguidores del GIGC, si es que los hay.
Contrariamente a lo que el GIGC quiere hacernos creer, la política de la CCI sobre la guerra está perfectamente anclada en el contexto de la situación mundial actual y se orienta por la perspectiva de la necesidad del derrocamiento del capitalismo por el proletariado:
En el período actual, el factor principal del desarrollo de la lucha de clases es ya, y será cada vez más, la profundización irreversible de la crisis del capitalismo, que implica ataques económicos cada vez más profundos e insoportables contra la clase obrera. Tal perspectiva ya está ilustrada por la dinámica global de la lucha de clases revelada por la renovación de las luchas en el Reino Unido en la primavera de 2022, que luego se extendió a los principales países industrializados de Europa y Estados Unidos, y que desde entonces ha sido confirmada regularmente por nuevas luchas2. La intervención de la CCI tiene por objetivo reforzar tanto la capacidad de la clase para desarrollar sus luchas de resistencia frente a los ataques, así como su conciencia de la necesidad de derrocar el capitalismo.
La multiplicación y el agravamiento de los conflictos imperialistas en todo el mundo constituyen una amenaza creciente para la humanidad y un factor de concientización del proletariado sobre la necesidad de derrocar al capitalismo; la CCI evidentemente no esperó a las gesticulaciones y bravatas del GIGC para desarrollar esta dimensión de su intervención.
En cuanto a las “advertencias” del GIGC del tipo “En nombre de la Descomposición, la CCI ha descartado definitivamente toda perspectiva de una tercera guerra mundial”3, están destinadas a sembrar la duda sobre la determinación de nuestra organización a asumir sus responsabilidades ante el peligro de guerra.
Para la CCI, esta declaración atestigua que, “frente a la aceleración del conflicto imperialista en Europa, las organizaciones políticas basadas en la herencia de la Izquierda Comunista continúan levantando la bandera de un internacionalismo proletario consecuente y constituyen un punto de referencia para quienes defienden los principios de la clase obrera”4.
Esta iniciativa, que visiblemente molesta al GIGC, le lleva a lanzar todo lo que se le ocurre, sin la menor preocupación por la verosimilitud, para denigrar. Cegado por su odio a la CCI, “dispara al azar” en contra los diferentes grupos firmantes, sin preocuparse siquiera de las verdaderas posiciones de cada uno, ni del contenido real de la declaración, todos ellos son culpables a sus ojos de haber firmado una posición conjunta con la CCI. Así, para el GIGC, “La iniciativa de grupos revolucionarios que calificaríamos de oportunistas, a saber, la CCI e Internationalist Voice, a la que se ha unido el Instituto Onorato Damen, pone de relieve la permanencia de la guerra imperialista bajo el capitalismo y niega la realidad actual de una consolidación de los bloques imperialistas...”5
La gran mentira del GIGC: la Declaración Conjunta de los grupos de la Izquierda Comunista [898] no evoca ni los bloques imperialistas, ni la idea de una “permanencia de la guerra imperialista bajo el capitalismo”. Invitamos a nuestros lectores a comprobarlo por sí mismos.
El GIGC construye sobre su propia mentira, esta vez, levantando el espantajo de “la teoría de la descomposición del capitalismo”, defendida únicamente por la CCI y que constituiría, según los términos del GIGC, “el caballo de Troya de la CCI a través del cual introduce el idealismo burgués en la doctrina revolucionaria del proletariado”6. Añade a esto la idea de que las concepciones de la CCI conducen a “una situación en el que la historia está en un punto muerto”, en la medida en que “ya no es la lucha entre las clases en conflicto en la sociedad, sino el efecto de la Descomposición sobre el conjunto de la sociedad, el factor determinante del desarrollo histórico”.
Nuestra intención no es convencer aquí a un interlocutor del campo proletario, ya que el GIGC no lo es, pero nos debemos a nosotros mismos restablecer la verdad frente a las distorsiones que estos parásitos están infligiendo a nuestro análisis de la descomposición, al igual que han hecho con el contenido de nuestra plataforma política7. ¿Qué dice realmente la CCI y de qué peligros advierte? “En tal situación, en la que las dos clases fundamentales y antagónicas de la sociedad se enfrentan sin lograr imponer su propia respuesta decisiva [la guerra para la burguesía, la revolución para el proletariado], la historia no puede detenerse. Menos aún que para los otros modos de producción que lo precedieron, no puede existir para el capitalismo ‘congelación’ o ‘estancamiento’ de la vida social. En un momento en que las contradicciones del capitalismo en crisis no hacen más que agravarse, la incapacidad de la burguesía para ofrecer la más mínima perspectiva para el conjunto de la sociedad y la incapacidad del proletariado para afirmar abiertamente la suya en el futuro inmediato sólo pueden conducir a un fenómeno de descomposición generalizada, de pudrimiento de la sociedad”8. Cuando la CCI escribe que “la historia no puede detenerse”, “no puede existir en el capitalismo una ‘congelación’ o ‘estancamiento’ de la vida social”, ¡el GIGC nos acomoda la idea de que “la historia se ha detenido”! Todos conocemos la expresión “el que quiere matar a su perro lo acusa de estar rabioso”. Encajaría perfectamente en la situación, salvo que la parte rabiosa aquí no es la CCI, ¡sino el GIGC!
Contrariamente a las alucinaciones del “rabioso GIGC”, “la historia no puede estar en un punto muerto”. En efecto, mientras la clase obrera constituya una fuerza en la sociedad, la revolución comunista sigue siendo una posibilidad que está al orden del día; el otro término de la alternativa es la destrucción de la humanidad, ya sea como consecuencia de una guerra mundial o de un hundimiento irreversible en la descomposición. Para que se produjera una guerra mundial, tendrían que formarse dos bloques imperialistas, lo que actualmente no está a la orden del día y probablemente nunca lo estará. Por otra parte, la descomposición irreversible es una amenaza mucho más tangible, en ciernes, e igual de catastrófica pero probablemente aún más terrible que la guerra mundial.
Al desacreditar a la CCI y agitar el fantasma de su “dudosa teoría de la descomposición”, el objetivo del GIGC era abrir una brecha entre nuestra organización y los demás grupos participantes en el llamamiento, y obstaculizar así la posibilidad de que un planteamiento común de este tipo pudiera repetirse a un nivel superior.
Así, para el GIGC: “es curioso, incluso irónico, ver a la CCI, que rechaza cualquier peligro de guerra imperialista generalizada, llamar a un nuevo Zimmerwald”9.
La CCI nunca ha llamado a un nuevo Zimmerwald como tal. Para nosotros “la importancia real y duradera de Zimmerwald reside en el desarrollo de una línea internacionalista intransigente dentro de una pequeña minoría llamada la Izquierda de Zimmerwald. Ésta reconocía que la Primera Guerra Mundial era sólo el comienzo de todo un periodo histórico dominado por la guerra imperialista que requeriría un programa máximo para la clase obrera: guerra civil, derrocamiento de los regímenes burgueses, dictadura del proletariado con una nueva Internacional Comunista que sustituyera a la II Internacional chovinista en bancarrota.”10 En y a través de este debate, Lenin y quienes le rodeaban forjaron un núcleo que se convertiría en el embrión de la Internacional Comunista.
La situación actual y sus perspectivas -aunque no se expresen en términos de una Tercera Guerra Mundial entre dos bloques imperialistas establecidos- son lo suficientemente dramáticas como para justificar una movilización de la vanguardia política del proletariado para preparar las condiciones del surgimiento del futuro partido de la revolución comunista.
No es así como lo ve el GIGC. Su lógica de grupo parasitario y policial11 le lleva a aportar su pequeña contribución para sabotear tal proyecto, lanzando las mezquindades que tan bien les van y las invenciones que forman parte de su armamento político. Así, revelan la supuesta “cara oculta” de nuestro planteamiento de una posición común de la Izquierda comunista sobre la guerra en Ucrania:
a) “Aparte del hecho de que [la CCI] utilizaría esto para intentar excluir a los llamados parásitos de tal iniciativa, en primer lugar nuestro grupo, aceptar su terreno le permitiría imponer su rechazo a la perspectiva y al peligro de guerra imperialista en nombre de una unidad artificial de la conferencia. (...) ¿No es esto precisamente lo que el Instituto O. Damen tuvo que aceptar”?
Nuestro comentario: El contenido de la declaración común, y nuestras propias posiciones, no contiene ninguna formulación que evoque algún rechazo por parte de la CCI de la realidad y de la agravación de las tensiones imperialistas. Todo lo contrario.
b) “Así, en una conferencia de este tipo, la CCI desempeñaría hoy el papel que los centristas kautskistas desempeñaron en las conferencias Zimmerwald-Kienthal y bloquearía a los internacionalistas consecuentes de hoy, a los que sitúan su acción frente a la dinámica y los pasos hacia la guerra imperialista generalizada”.
Nuestro comentario: Huelga decir que el GIGC se sitúa en la categoría de los “internacionalistas consecuentes de hoy”. En vista de lo anterior, y si la cuestión no fuera tan grave, habríamos situado al GIGC en la categoría de “comediantes indecorosos”.
Sin embargo, respecto a este grupo, mantenemos esta caracterización dentro de nuestro artículo “La lucha contra la guerra imperialista sólo puede librarse con las posiciones de la izquierda comunista [1435]”, en el apartado “Un recordatorio del historial del grupo FICCI / GIGC”.
“La camarilla parasitaria, una mezcla caótica de grupos y personalidades, utiliza un refrito indigesto de posiciones de la Izquierda comunista para atacar a la verdadera Izquierda comunista, falsificarla y denigrarla”12.
CCI, junio de 2024
1 Sobre las distintas posiciones adoptadas por los grupos revolucionarios desde la invasión de Ucrania: la cuestión del peligro de guerra imperialista generalizada [1436] (Revolución o Guerra 21, junio 2022)
2 ¡La clase obrera sigue luchando! [1418]
3 24º Congreso de la CCI: el barco de la descomposición hace agua [1437]. Revolución o Guerra n° 20
4 Declaración conjunta de los grupos de la Izquierda Comunista Internacional sobre la guerra en Ucrania [898].
5 Sobre las diferentes posiciones de los grupos revolucionarios desde la invasión de Ucrania: la cuestión del peligro de una guerra imperialista generalizada [1436] – La toma de posición común de los grupos de la Izquierda Comunista.
6 Sobre las diferentes tomas de posición de los grupos revolucionarios desde la invasión de Ucrania: la cuestión del peligro de guerra imperialista generalizada [1436] – La toma de posición común de los grupos de la Izquierda Comunista (CCI).
7 Leer sobre este tema, TESIS: la descomposición, fase última de la decadencia capitalista [109].
8 TESIS: la descomposición, fase final de la decadencia capitalista [109].
9 Sobre las diferentes posiciones adoptadas por los grupos revolucionarios desde la invasión de Ucrania: la cuestión del peligro de una guerra imperialista generalizada [1436] (revolución o guerra 21, junio 2022).
10 ] Dos años después de la declaración conjunta de la izquierda comunista sobre la guerra en Ucrania [1438].
11 En el artículo “Los fundamentos marxistas del concepto de parasitismo político y la lucha contra esta lacra [1184]”, leer “La FICCI (antecesora de la GIGC), una forma extrema de grupúsculo parásito”.
12 La lucha contra la guerra imperialista sólo puede librarse con las posiciones de la izquierda comunista [1435].
Los próximos Juegos Olímpicos, que se celebrarán en París del 26 de julio al 11 de agosto, seguidos de los Juegos Paralímpicos del 28 de agosto al 8 de septiembre, no parecen tener las mejores perspectivas. En un contexto de guerra en Europa y de fuertes tensiones geopolíticas, crisis económica e incertidumbres políticas, estos juegos muestran dificultades para entusiasmar a las multitudes. A los inconvenientes habituales de los parisinos expuestos a las molestias de los preparativos desde hace meses, hay que añadir el enorme aumento de los precios del transporte urbano y, sobre todo, una verdadera “caza de los pobres” que se ha apoderado de la capital.
Para no empañar la “imagen de Francia” y el gran espectáculo programado a orillas del Sena, la burguesía expulsó sin contemplaciones a los “indeseables”. Asistimos así a un “ desplazamiento masivo y forzado de poblaciones altamente precarizadas. Desde 2021-2022, hemos observado un aumento del 40 % de los desalojos en lugares informales (okupas, barrios marginales, campamentos de tiendas de campaña, etc.) situados en las cercanías de las sedes olímpicas de París y Saint-Denis, así como de los 25 espacios de entretenimiento paralelos a las competiciones, esparcidos por toda la capital. Esto incluye a inmigrantes, menores no acompañados, personas sin hogar e incluso trabajadoras sexuales”1 ¡Para el Estado sólo cuenta su imagen en la escena internacional!
El número de expulsados incluso se aceleró brutalmente a medida que se acercaba los Juegos Olímpicos. La “caza de los pobres” llevó a la apertura de los hipócritas “centros de acogida temporal” en algunas regiones (Lyon, Marsella, Toulouse, Burdeos, Besançon, Rouen, Orleans, etc.) A hurtadillas, los autobuses se suceden para trasladar a los indeseables a estos lugares deliberadamente apartados. Al final, muchos de ellos se encuentran de nuevo en la calle… ¡pero lejos de la “fiesta del deporte”!
Esta empresa bárbara e inhumana está estrechamente ligada a una obsesión por la seguridad que también lleva al Estado a incrementar, de forma inaudita, su sistema de vigilancia y represión. A medida que la crisis del sistema capitalista y las tensiones sociales que la acompañan se exacerban, este tipo de manifestaciones, como los Juegos Olímpicos u otras grandes competiciones internacionales, llevan a las fuerzas de represión a recorrer el espacio, a desplegar medios de proporciones sin precedentes, abiertamente totalitarios.
Ya durante los anteriores Juegos Olímpicos en Europa, los de Londres en 2012, el sistema de seguridad era similar a una auténtica operación militar: “había 12 mil policías de servicio y 13 mi 500 soldados disponibles, es decir, más que las tropas inglesas desplegadas en ¡Afganistán (9mil 500 soldados)! ¡Más de 20 mil soldados de la Wehrmacht en Munich en 1936! ¡A esto hay que sumar otros 13 mil 300 agentes de seguridad privada! Se había instalado un dispositivo de misiles tierra-aire ultrarrápido en un edificio, en una zona densamente poblada, cerca del principal recinto olímpico para completar el escudo antiaéreo”2
Sin embargo, los recursos desplegados para estos nuevos Juegos Olímpicos serán mucho mayores. Se calcula que la necesidad diaria de agentes de seguridad es de 22 mil a 32 mil y ¡se habla incluso de movilizar al ejército! Pero la novedad es, el uso de la videovigilancia algorítmica, es decir, la explotación de la inteligencia artificial para una vigilancia policial extraordinaria. Esto, con cerca de 15 mil cámaras de video.3 Estas cámaras son capaces de analizar el comportamiento de las personas e incluso potencialmente recopilar datos biométricos. No hay duda de que estos dispositivos se perpetuarán después de los Juegos Olímpicos, como después de cada evento “excepcional”, preparando así en última instancia la formalización del reconocimiento facial (por el momento practicado pero no autorizado). Lo que China ha hecho para vigilar a su población hace que todos los Estados “democráticos” se pongan verdes de envidia. Además, esta tecnología tan intrusiva ya ha sido probada en varias ciudades de Francia: el ejemplo más conocido es el de Niza.
No hay que hacerse ilusiones: estos dispositivos “probados” están claramente destinados a ser establecidos y ya se anticipan a cualquier movimiento de protesta social. ¡Las Olimpíadas son una bendición para preparar la represión de las futuras luchas obreras!
Por supuesto, ante las preocupaciones y las críticas, la burguesía afirmó que estas Olimpiadas eran beneficiosas para el empleo y la economía. La realidad es mucho menos halagüeña. Si algunos buenos negocios permiten a las empresas llenarse los bolsillos, gran parte de la actividad corresponde a la movilización de sectores improductivos, sin mencionar los escándalos de corrupción que ya han comenzado a surgir. Gran parte de la actividad también se generará mediante el trabajo gratuito de los 45 mil voluntarios durante toda la duración de los Juegos Olímpicos. Como es habitual, veremos florecer un montón de eslóganes publicitarios y los espectadores serán sometidos al tradicional bombardeo publicitario. Pero el empleo real no será sostenible ni estará a la altura de las expectativas.
Contrariamente a la idea de un posible impulso de la economía, no podrá contarse más que con “beneficios económicos muy limitados, o incluso nulos a mediano plazo […] no se espera ningún impacto macroeconómico significativo”.4 En general, los Juegos Olímpicos han lastrado las economías, en lugar de favorecerlas. El ejemplo de los Juegos de Río es muy significativo a este respecto: además de los escandalosos desplazamientos forzosos de poblaciones y de una huella de carbono negativa [residuos de gases de efecto invernadero], con algunos escándalos financieros, los resultados de estos Juegos de Río provocaron un déficit abismal (equivalente a 130 millones euros).
Entonces, ¿cuál es el objetivo de los Juegos Olímpicos? La visión compartida por toda la burguesía se puede resumir en esta intervención de Christophe Lepetit, jefe de estudios económicos del Centro de Derecho y Economía del Deporte (CDES) de Francia: “No organizamos un evento deportivo para generar crecimiento económico, sino por razones geopolíticas y sociales, por el posicionamiento internacional de Francia”. ¿Qué deberíamos entender por “razones geopolíticas y sociales”? Ni más ni menos que propaganda nacionalista destinada a reforzar el sentimiento de pertenencia a una “patria”. Pero a través de la exaltación y las efusiones nacionalistas aparentemente “inofensivas” y “alegres”, a través de la celebración de la “unidad” y la “grandeza” nacionales, la burguesía intenta sobre todo promover la adhesión a sus propios intereses económicos e imperialistas, así como a los sacrificios que ellos exigen. De ahí esta enésima ceremonia grandiosa. “La puesta en escena de deportes con fines propagandísticos, contrariamente a lo que sugiere la historia oficial, no es una particularidad del nazismo o del estalinismo, sino una práctica generalizada en todos los países. Basta recordar los protocolos y la fastuosidad inaugural de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008 o Londres en 2012, o incluso la entrada de las selecciones nacionales de fútbol en los partidos importantes, para convencerse de ello. Los grandes espectáculos deportivos pueden provocar fuertes emociones colectivas, guiando fácilmente las mentes hacia un universo de códigos y símbolos nacionales […]. A menudo acompañados de música militar, los concursos internacionales están sistemáticamente precedidos o cerrados por himnos: “Estas relaciones son las de enfrentamientos de todo tipo donde está en juego el prestigio nacional; el ritual deportivo es, por tanto, a este nivel un ritual de enfrentamiento entre naciones”. En estos breves momentos de uniones sagradas, las clases sociales se “funden”, se niegan, los espectadores son llamados abiertamente a levantarse y cantar con los ojos fijos en la bandera nacional o en el equipo que la encarna con sus colores”.5
En realidad, es por estas razones principalmente ideológicas que se organizan los Juegos Olímpicos, con el objetivo de promover el veneno nacionalista y, para el país organizador, “mantener su rango internacional”. En este caso, para el Estado francés, la oportunidad de mejorar su imagen como líder europeo dentro de la tambaleante pareja franco-alemana y de olvidar temporalmente su decadencia militar y política en la escena imperialista, tras los reveses en África y las numerosas presiones experimentadas en el Pacífico. Estos Juegos también tienen como objetivo marginar y aislar aún más a Rusia ejerciendo presión política contra ella.
En el momento de escribir este artículo, el gran revuelo mediático, aparte del ridículo seguimiento de la llama olímpica, todavía no ha comenzado realmente. Pero no hay duda de que habrá un gran revuelo patriótico. Frente a esta nueva campaña ideológica, en un contexto donde el militarismo es omnipresente, no podemos más que recordar las palabras de Rosa Luxemburgo durante la Ia Guerra Mundial, ante las primeras hecatombes sangrientas: “Los intereses nacionales no son más que una mistificación que pretende situar a los masas populares trabajadoras al servicio de su enemigo mortal: el imperialalistas”6 ¡Efectivamente, éste es uno de los principales objetivos de estos Juegos!
WH , 11 de julio de 2024
1 “Para las Olimpiadas, inmigrantes, trabajadoras sexuales y personas sin hogar están siendo expulsados en masa” [1439], Reporterre (26 de junio de 2024). [solo en francés
2 “El deporte en el capitalismo decadente (de 1914 a la actualidad) [1440] (Historia del deporte en el capitalismo , parte [1441] II) [1441] ”, CCI on line (abril-2013)
3 Según Katia Roux, de Amnistía Internacional-Francia , esta vigilancia automatizada “ nunca ha demostrado su eficacia contra la delincuencia y el terrorismo, aunque sus consecuencias sobre las libertades fundamentales están probadas ”
4 “Los Juegos Olímpicos, ¿un pozo financiero para Francia? », Euractiv (10 de mayo de 2024). [solo en francés]
5 El deporte en el capitalismo decadente (de 1914 a la actualidad) [1440] (Historia del deporte en el capitalismo , parte [1441] II) [1441]” CCI on line (abril-2013)
6 Folleto de Junius (1915)
La Corriente Comunista Internacional está organizando una sesión en línea el sábado 31 de agosto de 2024 a las 15.00 h.
Estas permanencias son espacios de debate abiertos a todos aquellos que deseen reunirse y discutir con la CCI. Invitamos encarecidamente a todos nuestros lectores y simpatizantes a venir a debatir para continuar la reflexión sobre los problemas de la situación y comparar puntos de vista. No dudes en plantearnos todas aquellas cuestiones que te gustaría clarificar o que sean de tu interés.
Los lectores que deseen participar en las sesiones en línea pueden enviar un mensaje a nuestra dirección de correo electrónico ([email protected] [1442]) o en la sección "contáctenos [1443]" de este sitio web, indicando qué preguntas les gustaría abordar para permitirnos organizar los debates de la mejor manera posible. Los detalles técnicos para conectarse a la oficina se comunicarán en una fecha posterior.
Corriente Comunista Internacional
Pocos días después del atentado contra Donald Trump que se cobró la vida de uno de sus partidarios, aún es pronto para determinar el móvil exacto del pistolero y las razones del fallo del servicio encargado de proteger al expresidente. Sin embargo, el atentado dio un vuelco a la campaña electoral, permitiendo al bando republicano dar un paso más hacia la victoria. Golpeado en la oreja, con la cara ensangrentada y el puño en alto, casi milagrosamente, la bravuconería de la reacción de Trump, ya favorito en los sondeos, contrasta claramente con los signos cada vez más perceptibles de senilidad de Joe Biden. Sea como fuere, este acontecimiento es una manifestación más de la creciente inestabilidad en el seno de la burguesía estadounidense.
Estados Unidos tiene una larga tradición de asesinatos políticos, cuatro de los cuales han alcanzado las más altas esferas del gobierno. Pero, tras el asesinato de la diputada británica Jo Cox en plena campaña del Brexit en 2016, tras el intento de asesinato que tuvo como objetivo a Bolsonaro en Brasil en 2018, tras el asesinato del ex primer ministro japonés Shinzō Abe en 2022, tras el intento de asesinato del primer ministro eslovaco Robert Fico en mayo de 2024, o el ataque a la primera ministra danesa Mette Frederiksen en plena calle el pasado mes de junio, este nuevo atentado se produce en un contexto de recrudecimiento de la violencia y las tensiones políticas en todo el mundo. Amenazas, insultos, xenofobia a ultranza, violencia de grupos de extrema derecha, implicación de bandas en los procesos electorales, ajustes de cuentas entre camarillas burguesas... este caos progresivo, que hasta ahora se limitaba a los países más frágiles de América Latina y África, empieza a convertirse, con todo sentido de la proporción, en la norma en las grandes potencias del capitalismo.
En Estados Unidos, si bien una de las funciones de las instituciones "democráticas" es garantizar la unidad del Estado, la creciente dificultad para contener y confinar la violencia de las relaciones entre facciones burguesas rivales atestigua una verdadera agudización de las tensiones. El clima de violencia está en su apogeo. Desde que abandonó la Casa Blanca y alentó el intento abortado de asaltar el Capitolio, el propio Trump no ha dejado de echar leña al fuego, cuestionando los resultados de las elecciones, negándose a reconocer su derrota y prometiendo hacer caer su brazo vengativo sobre los "traidores", los "mentirosos" y los "corruptos". No ha cesado de poner cada vez más histérico el "debate público", inventando un cuento chino tras otro, enloqueciendo a sus partidarios... El ex presidente resultó ser un eslabón esencial de una verdadera cadena de violencia que desborda por todos los poros de la sociedad y acabó volviéndose contra él.
El hecho de que una figura tan irresponsable y grotesca haya sido capaz de barrer a cualquier fuerza dentro del Partido Republicano remotamente capaz de gestionar eficazmente el Estado burgués, que incluso haya sido capaz de presentarse como candidato a la presidencia sin encontrar serias dificultades, ni políticas ni siquiera legales (a pesar de los numerosos intentos de sus oponentes), es en sí mismo un signo sorprendente de la impotencia y la profunda inestabilidad en la que se está hundiendo el aparato político estadounidense.
Pero si Trump es efectivamente el portavoz de toda una atmósfera de violencia social y política, un factor activo de desestabilización, no es más que la caricatura de la dinámica en curso en el conjunto de la clase dominante. El bando demócrata, aunque un poco más preocupado por frenar este proceso, está contribuyendo en la misma medida a la inestabilidad global.
Es cierto que, tras las políticas incoherentes e impredecibles de la administración Trump, Biden se ha mostrado más eficaz en la defensa de los intereses de la burguesía estadounidense, pero ¿a qué precio? A pesar de que las guerras de Afganistán e Irak, que pretendían frenar el declive del liderazgo estadounidense imponiéndose como "policía mundial", han terminado en fiasco y han exacerbado el caos en Oriente Medio y en todo el mundo, Biden procedió a provocar a Rusia para que interviniera en Ucrania [1].
Esta masacre a gran escala se está empantanando semana tras semana y no parece tener fin a la vista. Con la inflación disparada y la crisis mundial agravándose, con las tensiones imperialistas en aumento y la economía de guerra incrementándose considerablemente en todos los continentes, el conflicto en Ucrania sólo ha conducido a una mayor desestabilización a una escala aún mayor, incluso en Estados Unidos.
Al mismo tiempo, Biden ha agudizado las tensiones con China a través del Pacífico, aumentando el riesgo de una confrontación directa. La guerra de Gaza, que el presidente estadounidense no ha sabido controlar ni contener, también ha acentuado considerablemente el declive del poderío estadounidense, que tarde o temprano desembocará en una reacción aún más bárbara por parte de Estados Unidos.
Y ahora el inquilino de la Casa Blanca se ve reducido a aferrarse lastimosamente al poder, ¡mientras una gran parte de su bando le insta abiertamente a dimitir! Pero, ¿quién debería sustituir a Biden? Los demócratas están divididos y desacreditados, apenas son capaces de ponerse de acuerdo sobre un sustituto. Todos están ya dispuestos a luchar. Incluso la vicepresidenta Harris, la única que podría imponerse, es muy impopular incluso dentro de su propio campo. Entre Trump, Biden, Harris... a la burguesía estadounidense sólo le quedan malas opciones, señal de su gran fragilidad.
En otra muestra de las extremas tensiones entre el bando republicano y el demócrata, Trump ni siquiera había abandonado el hospital antes de que empezaran a acusarse con vehemencia mutuamente de ser los responsables del atentado. Trump y Biden, conscientes de la explosiva situación, intentaron momentáneamente calmar el incendiario ambiente en nombre de la unidad nacional... antes de que se desatara de nuevo un torrente de fake news y acusaciones infundadas.
Pero la división entre los partidos burgueses, las amargas luchas internas en su seno, las constantes partidas de póquer, las rivalidades de egos, las puñaladas por la espalda, las estrategias de tierra quemada... todo esto está lejos de ser prerrogativa exclusiva de la burguesía estadounidense. La campaña electoral en Estados Unidos, por supuesto, se hace eco de la situación en muchos estados de Europa y otros lugares, de los cuales Francia es el último ejemplo brillante. El capitalismo se está pudriendo en sus cimientos y esto está teniendo consecuencias a todos los niveles (imperialista, social, económico, medioambiental...), arrastrando a los aparatos políticos de la burguesía a una lógica de "salvar lo que se pueda". Se trata de una espiral ineluctable de inestabilidad en la que cada camarilla burguesa trata como puede de taparse los ojos... incluso en detrimento de los intereses generales de la burguesía.
A pesar de las crecientes dificultades de la burguesía para controlar su propio aparato político, sigue sabiendo perfectamente cómo utilizar la mistificación democrática para reducir a la clase obrera a la impotencia. En un momento en que el proletariado debe desarrollar su lucha contra el Estado
burgués, la burguesía nos atrapa, a través de las elecciones, en falsos dilemas: ¿qué partido sería el más adecuado para gestionar el Estado burgués? Mientras que el proletariado debería tratar de organizarse como clase autónoma, las elecciones reducen a los trabajadores a la condición de ciudadanos-votantes, meramente capaces de elegir, bajo la presión de la aplanadora propagandística, qué camarilla burguesa se encargará de organizar su explotación.
Por lo tanto, no hay nada que esperar de las próximas elecciones. Si finalmente ganara Biden (o su sustituto), se intensificarán aún más las políticas belicistas de la administración Biden y todo el caos mundial que han engendrado para mantener a toda costa la posición de Estados Unidos en la escena mundial. Si Trump confirmara los pronósticos de victoria en noviembre, las políticas desestabilizadoras y erráticas de su primer mandato volverían con más fuerza e irracionalidad. Su compañero de fórmula, J.D. Vance, apela más directamente a la clase trabajadora, y su explotación demagógica de su propia historia personal como víctima olvidada de la América rural y desindustrializada le permite reforzar su influencia convenciendo a los "indecisos" de que él representa un supuesto "nuevo camino" junto a su milagroso mentor.
Gane Trump o ganen los demócratas, la crisis histórica del capitalismo no desaparecerá, seguirán lloviendo atentados y desatándose la violencia indiscriminada.
Frente a la descomposición del mundo capitalista, la clase obrera y su proyecto revolucionario representan la única alternativa real. Mientras que las guerras, las catástrofes y la propaganda chocan constantemente con sus luchas y su capacidad de pensar con claridad, en los dos últimos años el proletariado de todas partes ha redescubierto su espíritu de lucha y empieza a recuperar poco a poco la conciencia de ser una misma clase. Por todas partes surgen pequeñas minorías que reflexionan sobre la naturaleza del capitalismo, sobre las causas de la guerra y sobre la perspectiva revolucionaria. Con todas sus elecciones, la burguesía intenta romper esta combatividad y esta maduración, intenta impedir cualquier politización de las luchas. A pesar de las promesas (obviamente nunca cumplidas) de un capitalismo "más justo", "más verde", más "pacífico", a pesar de la feroz culpabilización de "los que no se interponen en el camino del fascismo" en las urnas, no nos equivoquemos: ¡las elecciones son una trampa para la clase obrera!
EG, 19 de julio de 2024
1 El objetivo de Washington era debilitar a Rusia para que no pudiera ser un aliado importante de China en caso de conflicto con esta última. Se trataba, por tanto, de aislar un poco más a China y, al mismo tiempo, asestar un golpe a su economía y a su estrategia imperialista cortando su "Nueva Ruta de la Seda" a través de Europa del Este.
En la Rusia de los zares, como en la Europa occidental de la Edad Media, a menudo podía empezar con un rumor descabellado: los judíos han sacrificado a uno de nuestros hijos en sus malvados rituales. Siniestros grupos políticos, las “Centurias Negras” instaban a las capas más miserables de la población a atacar a otro grupo sumido en la pobreza -los judíos de los guetos- a violar, saquear y matar. La policía oficial solía quedarse de brazos cruzados. Esto era el pogromo.
Las cosas han cambiado mucho desde entonces... pero no del todo. En la Gran Bretaña de 2024, circulan por Internet rumores descabellados sobre la identidad del joven perturbado que llevó a cabo un auténtico asesinato masivo de niños en Southport, y se producen ataques de bandas enfurecidas, muchas de ellas formadas por personas de las capas más desfavorecidas de la población, contra otros grupos, a veces incluso más desesperados. Esta vez, sin embargo, el objetivo principal no son los judíos, sino los musulmanes y los solicitantes de asilo. Entre las fuerzas políticas que alimentan la violencia se encuentran los tradicionales adoradores del nazismo que siguen viendo la mano de la comunidad judía mundial detrás de cada problema social y político. Pero muchos de ellos, como la celebridad de extrema derecha Tommy Robinson, se han dado cuenta de que la islamofobia da muchos mejores dividendos hoy en día, e incluso afirman ser los mejores defensores de los judíos frente a la amenaza islamista. Pero a pesar de todo, el espíritu del pogromo sigue vivo.
Sobre todo, lo que perdura es el esfuerzo de "divide y vencerás": mantener a todos los explotados y oprimidos débiles porque están divididos, impedirles ver que la verdadera causa de su miseria no es una parte concreta de los explotados y oprimidos, sino el sistema social de sus explotadores y opresores. Es ese sistema -el capitalismo mundial- el responsable tanto de las guerras y la destrucción ecológica que está generando un problema de refugiados sin precedentes en todo el mundo, como de la crisis económica y la austeridad que está reduciendo en todas partes el nivel de vida y el acceso a las necesidades básicas.
Otra gran diferencia con la Rusia de finales del siglo XIX: estos "disturbios raciales" son el producto de un capitalismo obsoleto desde hace más de un siglo y que ahora se encamina hacia un despedazamiento caótico. La reciente violencia en Gran Bretaña es una expresión de este caos, de una creciente pérdida de control por parte de la clase dominante. Las facciones más responsables de la clase dominante no quieren este desorden en las calles. Una de las principales razones por las que el Partido Laborista llegó al poder fue para "restaurar el orden" en el plano político después del desorden creado por un partido Tory que se había infectado profundamente por las políticas vandálicas del populismo[1]. De ahí la durísima respuesta del gobierno, que amenazó a los alborotadores con "todo el peso de la ley" y planeó formar un "ejército permanente" de policías entrenados para hacer frente a los desórdenes. Hoy la policía no se queda de brazos cruzados ante los saqueos y destrozos de la extrema derecha. Al contrario, se presenta como decidida defensora de las mezquitas y los hoteles que acogen a solicitantes de asilo, y detiene en masa a los alborotadores de extrema derecha, mientras los tribunales los condenan a los pocos días de ser detenidos.
El capitalismo utiliza su propia descomposición contra nosotros
¿Significa esto que el Partido Laborista y la policía son ahora verdaderos amigos de la clase obrera? En absoluto. El capitalismo puede estar desmoronándose, pero la clase capitalista sabe que el mayor peligro al que se enfrenta es que la clase obrera de todo el mundo tome conciencia de sí misma como clase que tiene la capacidad no sólo de resistir a la explotación capitalista, sino de derrocar todo el sistema. Por eso nuestros gobernantes están perfectamente dispuestos a utilizar la desintegración de su propia sociedad para obstruir el desarrollo de una verdadera conciencia de clase:
- intensificando una campaña política en torno a la "defensa de la democracia contra el fascismo", que ya es un tema de las elecciones en la Unión Europea, Francia y EE. UU., y que pretende arrastrar a los trabajadores al callejón sin salida de la política electoral y a la idea de que deben apoyar a una facción de la clase dominante contra la otra;
- reforzando el aparato represivo del Estado y "democratizando" la imagen de la policía. Hoy este aparato puede estar dirigido contra el "matonismo de extrema derecha", pero mañana puede y será utilizado contra las luchas de la clase obrera. No olvidemos cómo la policía fue empleada como "ejército permanente" contra la lucha de los mineros en 1984-85. Es la misma policía con la misma función: proteger el orden capitalista.
- distrayendo la atención de la política de austeridad que el gobierno laborista ya está empezando a impulsar. Desde sus primeros días en el poder, el gobierno laborista, que descubrió convenientemente un "agujero negro" oculto en las finanzas públicas, ha anunciado medidas que indican futuros ataques a las condiciones de vida de la clase trabajadora: la negativa a suprimir la política que limita las prestaciones por hijo a dos hijos, y la eliminación de los subsidios de calefacción para los pensionistas, excepto para las capas más pobres.
Además, no debemos olvidar que no sólo la extrema derecha o los populistas atacan a los inmigrantes. La "One Nation Tory" Theresa May fue la encargada de crear la "atmósfera hostil para los inmigrantes ilegales" bajo el gobierno de Cameron, al tiempo que la principal crítica de los laboristas a las “estrategias poco serias” de los tories al respecto, como el “plan Ruanda”, ha sido que no son económicamente rentables[2]. En los EE. UU., a pesar de todo el bombardeo de Trump contra la "invasión extranjera", las administraciones demócratas bajo Obama y Biden no han sido menos despiadadas en la realización de deportaciones masivas. Todas las alas de la burguesía defienden la economía nacional y las fronteras nacionales, que, en la brutal lucha de cada uno contra todos en el mercado mundial, se organizan cada vez más en torno a una especie de Estado fortaleza para mantener fuera las importaciones y la mano de obra "extranjeras".
La lucha de clases es nuestra única defensa
En respuesta a la destrucción desatada en los disturbios, ha habido una considerable cantidad de indignación y enojo reales dentro de la clase trabajadora y la población en su conjunto. El intento de la extrema derecha de utilizar los asesinatos de Southport como pretexto para atacar a las minorías étnicas y a los inmigrantes fue recibido con la repulsa que merecía por los más directamente afectados por los asesinatos; y hubo una serie de gestos de apoyo hacia los principales objetivos de la violencia, como en el propio Southport, donde los residentes locales se unieron para reparar los daños causados a la mezquita golpeada por los alborotadores. El 7 de agosto, ante la amenaza de nuevos ataques contra centros de asesoramiento a inmigrantes en todo el país, miles de personas salieron a la calle en Londres, Manchester, Liverpool, Newcastle, Bristol, Brighton y otros lugares para rodear estos centros e impedir que fueran saqueados (en la mayoría de los casos, las amenazas quedaron en nada y la extrema derecha no se presentó).
Pero no debemos hacernos ilusiones. Estas comprensibles respuestas fueron inmediatamente "abrazadas" por la maquinaria propagandística del capitalismo para presentar la imagen de "una Gran Bretaña real" respetuosa con la ley, tolerante y multicultural. Tras las movilizaciones del 7 de agosto, esta pauta fue compartida por casi toda la prensa, de izquierda a derecha. El titular del 8 de agosto del Daily Mail, un periódico de derecha que ha desempeñado un papel central en la campaña de alarmismo sobre los inmigrantes ilegales, fue quizá el más revelador. Su portada mostraba una foto de la manifestación de Walthamstow (quizá la mayor del país) y titulaba: "Los manifestantes nocturnos anti-odio se enfrentaron a los matones".
Fuera de los grandes medios de comunicación, la extrema izquierda del capital, los trotskistas en particular han sido un factor clave a la hora de convocar estas movilizaciones e intentar crear nuevas versiones del frente popular. En definitiva, dando cobertura de izquierda a la campaña de defensa de la democracia frente al fascismo.
La clase obrera sólo puede defenderse -y hacer frente a los ataques contra cualquiera de sus sectores, ya sea "nativo" o "inmigrante"- luchando en su propio terreno. Es decir, el terreno de la lucha contra el inevitable asalto a sus condiciones de vida exigido por el capitalismo en crisis, una lucha que tiene los mismos objetivos e intereses en todos los países y atravesando todas las divisiones nacionales. La clase obrera británica tiene que deshacerse de muchas cargas del pasado, sobre todo del peso heredado del apogeo imperial de Gran Bretaña. Pero no debemos olvidar que Gran Bretaña fue la cuna del primer partido obrero independiente, los cartistas, y -junto con los obreros franceses- de la Primera Internacional. Y en 2022, fueron los trabajadores británicos quienes desempeñaron un papel central en el renacimiento de los movimientos de clase tras décadas de resignación. Su eslogan fue "basta ya", un eslogan que la extrema derecha ha intentado robar. Pero en 2022 la consigna, que fue retomada por los trabajadores en Francia y en otros lugares, no significaba "basta de extranjeros", sino basta de austeridad, basta de inflación, basta de ataques a nuestras condiciones de vida, y esa sigue siendo la situación real a la que se enfrenta la clase obrera hoy en día, sean cuales sean los colores del gobierno en turno.
En 1905, ante las huelgas masivas en todo el Imperio ruso, el régimen zarista respondió con su truco habitual: azuzar los pogromos para romper la unidad de los obreros o poner a los campesinos en su contra. En aquel momento, los obreros habían creado sus propias organizaciones independientes, los soviets, y una de sus funciones era organizar la defensa armada de los barrios judíos amenazados por los pogromistas. Hoy los obreros no disponen de tales organizaciones independientes. Pero el futuro desarrollo de la lucha de clases tendrá que crearlas de nuevo: órganos de autoorganización de masas que no sólo puedan defender a la clase de todos los ataques del capital, sino dirigir una ofensiva política dirigida a derrocar todo el sistema.
Amos, 9.8.24
[1] Ver La izquierda del capital no puede salvar un sistema moribundo [1444], CCI online, agosto 2024
[2] El nuevo primer ministro laborista Keir Starmer ha declarado que el “plan Ruanda” es una “estrategia poco seria que no actúa como un verdadero freno”.
Las elecciones presidenciales del 28 de julio en Venezuela, en las que el Consejo Nacional Electoral (CNE)[1] dio el triunfo al presidente Nicolás Maduro, y su no reconocimiento por la oposición, han acentuado la confrontación política en el país y en la región. La oposición, agrupada en la Plataforma Unitaria Democrática, llamó a la población a defender el voto mayoritario que dice haber recibido su candidato Edmundo González Urrutia[2], lo que generó protestas en todo el país que han sido reprimidas duramente por las fuerzas militares y policiales, así como por los Colectivos que son bandas armadas del régimen chavista. Hasta ahora se cuentan 25 muertos, cientos de heridos y más de 2000 detenidos. Poco antes de las elecciones Maduro dijo que, de no ganar las elecciones, habría un “baño de sangre”, y así lo está haciendo, aunque el CNE lo declaró ganador: el régimen ha desatado un verdadero terrorismo de Estado, no sólo contra dirigentes de la oposición, sino contra la población.
Estas elecciones fueron utilizadas por las facciones burguesas de oposición (tanto en el país, como en el exilio), para cohesionarse y presentar un frente único contra el chavismo. Han capitalizado a su favor el genuino descontento de los trabajadores y masas explotadas del país contra el régimen chavista, que durante 25 años ha atacado de manera sistemática sus condiciones de vida y las ha sumido en la miseria. Situación que ha causado la emigración de cerca de 8 millones de personas (alrededor del 25% de la población).
La situación en Venezuela es de suma gravedad. Los trabajadores y la población han sido polarizados por las facciones burguesas en pugna como una lucha entre “democracia contra dictadura”. Ni unos, ni otros representan una salida a la pauperización que se vive en Venezuela: hace 25 años la población votó mayoritariamente por Chávez; hoy, al parecer han votado por los partidos políticos de oposición, quienes entonces abrieron el camino para el ascenso del chavismo [3].
Esta situación es la más clara expresión de que el sistema capitalista, en plena descomposición, es incapaz de dar una salida a la dramática situación que vive la población en Venezuela y en ningún otro país; más bien, lleva al caos, la destrucción, la emigración y la muerte.
La situación en Venezuela es consecuencia del avance de las tensiones imperialistas en la región y al debilitamiento de la política imperialista de Estados Unidos en su propio “Patio Trasero”. Tensiones que se aceleraron al llagar Chávez al poder, quien desarrolló una política imperialista hacia la región basada en el “Socialismo del Siglo XXI” o “Socialismo Bolivariano”; en abierta confrontación contra “el imperialismo norteamericano”, y en alianzas estrechas con China, Rusia y otros países, como Cuba e Irán.
Para intentar contrarrestar la influencia del chavismo en la región, los Estados Unidos, desde el primer gobierno de Obama en 2009 y hasta ahora, aplica medidas contra el régimen venezolano a nivel económico, político y judicial; medidas también apoyadas por la Unión Europea. Estas medidas, aunque han afectado al régimen chavista, no han impedido que éste prosiga con su propia política imperialista, por ejemplo, en el conflicto que existe con Guyana[4].
Es este contexto geopolítico el que explica la intervención caótica de los países que directa o indirectamente intervienen en la actual crisis política de Venezuela, ya que cada uno se alinea según sus propios intereses geopolíticos. También explica por qué a la Organización de Estados Americanos se le ha dificultado buscar una salida concertada a la situación, pues cada país de la región, sea de tendencia de derecha o izquierda, actúa defendiendo su propio posicionamiento geopolítico.
Este “calculo geopolítico” es una muestra patética del avance de la descomposición del sistema capitalista, que se expresa a través de una pérdida de control político a lo interno de varios países de la región y en su conjunto, no sólo de parte del Estado norteamericano, sino del conjunto de las burguesías de dentro y fuera de la región.
Pero son las masas explotadas de Venezuela quienes pagan las consecuencias de estas confrontaciones. Todos dicen defender “al pueblo venezolano”. Pura hipocresía. Por un lado, el régimen descarga sobre la población los efectos de las medidas que contra el régimen aplica el “Tío Sam” y la Unión Europea, que a su vez apoyan a las facciones de oposición, que han causado la mayor ola migratoria en la región; por el otro, países con gobiernos de izquierda, como los de Brasil, Colombia o México, cada uno defendiendo su posicionamiento geopolítico, contrario al “intervencionismo” de Estados Unidos, apoyan al régimen de Maduro.
La situación en Venezuela ya está afectando a toda la región y puede ser aún mayor, debido a la alta posibilidad de que aumente la emigración, no sólo huyendo de la pauperización, sino también del terror de la represión del Estado y sus bandas armadas. Tampoco hay que descartar que se den confrontaciones armadas.
Es otra muestra de que el capitalismo en descomposición, lo que nos ofrece es caos y mayor miseria: las crisis humanitarias, la pauperización, la represión masiva y muerte a mansalva de poblaciones inermes, debido a las fuerzas represivas de los Estados y sus matones a sueldo, ya es la norma en Siria, en varios países africanos y muchos otros.
Esta realidad ya se presenta en América: Cuba, Nicaragua, Haití[5] y ahora en Venezuela, donde sus repercusiones serían mucho mayores, debido al lugar geoestratégico que ocupa Venezuela y al hecho de las estrechas relaciones que tiene este país con grandes potencias contrarias a los intereses imperialistas del gendarme norteamericano.
En Venezuela hay una indignación acumulada y en crecimiento que las facciones de la burguesía han podido canalizar hacia la cuestión electoral. En este sentido, se corre el peligro de que los trabajadores de este país se vean arrastrados a un conflicto completamente ajeno a sus intereses de clase y sin ninguna perspectiva.
Ante este panorama nada alentador, los trabajadores en Venezuela deben negarse a defender toda bandera burguesa, sea de derecha, populista de derecha, de la izquierda del capital como el Partido Comunista de Venezuela, o izquierdistas como los trotskistas que llaman a “luchar por un polo independiente de Maduro, la derecha y del imperialismo”. Todos son defensores del capital nacional.
De igual manera, es también de suma importancia que los trabajadores de la región, rechacen la campaña burguesa que plantea el conflicto en Venezuela como una confrontación entre democracia contra dictadura. La democracia es la mayor expresión de la dictadura del capital. Por ello, los trabajadores de Venezuela y la región no debemos defender a ninguna de las facciones burguesas en pugna. Debemos luchar contra esas facciones en nuestro propio terreno de clase; es el único terreno que nos hace fuertes ante la clase que nos explota y sume en la miseria. Para ello tenemos una referencia cercana en el tiempo: las luchas que han desarrollado los trabajadores en varios países centrales del capitalismo desde 2022 como en Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Canadá y otros países, que nos muestran que sí existe el potencial para que la clase trabajadora abra el camino hacia la superación del caos y la barbarie a que nos somete el capitalismo en descomposición.
LB 29/8/24
[1] Organismo electoral del Estado venezolano.
[2] La oposición sustenta su supuesto triunfo en el hecho de que logró tener copia de un alto porcentaje de las actas electorales, las cuales daban como ganador al candidato opositor Edmundo González Urrutia.
[3] Los partidos burgueses agrupados en la Plataforma Unitaria Democrática, que pujan por sacar a Maduro y al chavismo del poder, son los mismos que abrieron el camino para el triunfo de Chávez. Después de haber gobernado durante 40 años, sumidos en la corrupción e impopularidad, perdieron el control político del Estado; situación que aprovechó Chávez (después de alcanzar alta popularidad tras el fallido intento de golpe de Estado de 1992), para, junto con el apoyo de los partidos de la izquierda del capital, lanzarse como candidato a la presidencia y arrasar en las elecciones de 1998. El gobierno de Chávez, nacido de la descomposición de la clase burguesa venezolana y sus partidos políticos, implantó un régimen mucho más descompuesto que el de los gobiernos que le precedieron: colocó a la cabeza del Estado a un grupo de aventureros (militares e izquierdistas resentidos), quienes vaciaron las arcas del Estado y destruyeron la infraestructura productiva del país, incluyendo a la industria petrolera, principal fuente de ingresos del Estado.
[4] Ver Disputas imperialistas entre Venezuela y Guyana: los trabajadores deben rechazar la defensa de la patria [1446], Revolución Mundial nº 148, enero-junio 2024.
[5] Ver Haití, vitrina del capitalismo en putrefacción [1447], ICC Online.
El Grupo Internacional de la Izquierda Comunista (GIGC) ha vuelto a hacer de chivato. En su último boletín, y bajo el título «Contra el individualismo y el espíritu de círculo 2.0 de los años 2020», afirma: «la práctica de las reuniones por vídeo tiende desgraciadamente a sustituir a las reuniones físicas. Por el contrario, no tenemos nada en contra de la organización de video encuentros entre camaradas aislados, sobre todo a nivel internacional, que no pueden reunirse en el mismo lugar. En cambio, el hecho de que los militantes tiendan a no hacer ya el esfuerzo, o incluso a considerarlo superfluo, de desplazarse y participar en reuniones físicas, o ’cara a cara’, como las llaman los responsables de las empresas, es un retroceso en relación con una conquista y un principio de organización del movimiento obrero». Y este pasaje remite a una nota a pie de página: «Sabemos, por ejemplo, que la CCI ya no celebra reuniones locales, aunque tenga varios miembros en la misma ciudad. Celebra reuniones «transversales», «reuniendo» a miembros de diferentes lugares, que quedan así aislados de sus camaradas con los que se supone que deben intervenir en caso de luchas laborales o de otro tipo, pero permanecen cómodamente en sus casas. Los criterios de envío de los miembros a una u otra red de vídeo sólo pueden ser arbitrarios y personalizados. Un remake moderno de la bolchevización ‘zinovievista’ de los partidos comunistas a principios de los años 20, que sustituyó las reuniones de las secciones territoriales o locales por la creación de células de empresa, y que la izquierda italiana denunció enérgicamente».
¡Aquí tenemos al GIGC informando públicamente al Estado y a todas las fuerzas policiales del mundo sobre cómo la CCI organiza sus reuniones internas! Para eso está este grupo: para vigilar a la CCI con el fin de publicar en su página web toda la información posible sobre nuestra organización y sus militantes.
Recordemos que el GIGC[1] o su antecesora la llamada «Fraction Interne du CCI» (Fracción Interna de la CCI, FICCI) ya han divulgado públicamente:
Pero el lector atento habrá notado dos palabritas salidas de la pluma del GIGC que, de hecho, se inspiran directamente en las técnicas policiales: «sabemos» ...
«Sabemos, por ejemplo, que la CCI...». Es el colmo del cinismo del grupo. Quieren demostrarnos que saben, que conocen lo que pasa en la CCI, que lo saben porque tienen un informador, un soplón, un topo. Con ello quiere sembrar la sospecha en nuestras filas, destilar el veneno de la desconfianza.
Desde su creación, cada vez que el GIGC consigue sacar de las cloacas una «primicia» sobre la vida interna de la CCI, la pregona a pleno pulmón. En 2014, en el segundo número de su publicación, el GIGC incluyó extractos de nuestros boletines internos, jactándose de haber aprovechado una «filtración» (como ellos dicen). Y, para colmo, subrayaron en una nota a pie de página: «Nos hemos comprometido a no revelar públicamente cómo y quién nos ha enviado los boletines internos de la CCI. No obstante, podemos asegurar que la 'fuente' está libre de toda sospecha de pertenecer a la policía o a otros servicios».
En su último boletín, el CIGC prosigue su trabajo, de nuevo en una nota a pie de página: «Los boletines internos de la CCI contienen numerosas contribuciones sobre el tema. Sería sin duda útil reunirlas y publicarlas algún día».
Víctor Serge, en su libro Lo que todo revolucionario debe saber de la represión[2], muestra claramente que la difusión de la sospecha y la calumnia son armas preferida del Estado burgués para destruir las organizaciones revolucionarias: «la confianza en el partido es el cemento de toda fuerza revolucionaria [...] ¡Los enemigos de la acción, los cobardes, los atrincherados, los oportunistas recogen de buena gana sus armas en las alcantarillas! Utilizan la sospecha y la calumnia para desacreditar a los revolucionarios [...]. Este mal (la sospecha entre nosotros) sólo puede ser contenido mediante un gran esfuerzo de voluntad». El GIGC ha utilizado exactamente los mismos métodos que empleó la GPU, la policía política de Stalin, para destruir desde dentro el movimiento trotskista de los años 1930. La CCI no caerá en esa trampa.
Pero al hacerlo, el GIGC no sólo está atacando a nuestra organización, sino que está fomentando el uso de hábitos propios de matones y soplones, se salta la proscripción del “chivatazo”, y gangrena así a todo el medio proletario. Peor aún, ¡el GIGC comete todos estos crímenes en nombre de la izquierda comunista! Por eso llamamos a todas las organizaciones revolucionarias, a todas las minorías, a todos los individuos que quieren defender sinceramente la revolución proletaria y sus principios, a denunciar públicamente estos actos de delación.
Sólo la mayor firmeza política en los principios, la más fuerte solidaridad entre revolucionarios, puede constituir un dique frente a esta inmundicia.
CCI
[1] El GIGC nació en 2013 de la fusión de esta FICCI con el grupo Klasbatalo de Montreal.
¡Abajo el engaño de la democracia burguesa!
Durante los últimos meses, los medios de comunicación por todo el mundo (controlados por la clase capitalista, y que son "la voz de su amo") han estado pendientes de los circos electorales que tenían lugar en Francia, Gran Bretaña, así como en Venezuela, Irán y la India, y ahora en EE. UU.
El tema dominante de la propaganda sobre estas mascaradas electorales ha sido la defensa de la fachada democrática del régimen capitalista. Una fachada diseñada para ocultar la realidad de una crisis económica insoluble, la carnicería de la guerra imperialista, el empobrecimiento de la clase obrera, la destrucción del medio ambiente, la persecución de los refugiados... Es la hoja de parra democrática que enmascara la dictadura del capital, sea cual sea el partido que llegue al poder en el Estado burgués, ya sea de derechas, de izquierdas o de centro, «fascista» o «antifascista».
A la clase obrera se le pide que haga una falsa elección entre un gobierno capitalista u otro, este o aquel partido o dirigente y, cada vez más hoy, que elija entre los que dicen respetar los protocolos democráticos establecidos del Estado burgués y los que, como la derecha populista, tratan estos procedimientos con un descarado desprecio, en lugar de con el desprecio disimulado de los partidos democráticos liberales.
Ven a discutir y debatir la alternativa política que la Izquierda Comunista propone para la clase obrera en las reuniones públicas de la CCI.
El 5 de Octubre Reunión Pública por internet a las 19h de España, 14h Argentina/Chile, 12h región andina, 11h México/centroamérica. Si quieres participar escribe a nuestra dirección utilizando la opción "Contactar".
Carta de presentación
Corriente Comunista Internacional a:
30 de agosto de 2024
Queridos camaradas,
Adjuntamos una propuesta de llamamiento de la Izquierda Comunista frente a la enorme campaña internacional de hoy en defensa de la democracia contra el populismo y la extrema derecha. Todos los grupos de la Izquierda Comunista de hoy, a pesar de sus diferencias mutuas, proceden de una tradición política que ha rechazado de forma única las falsas opciones de gobierno que la burguesía utiliza para ocultar su dictadura permanente y para desviar a la clase obrera de su propio terreno de lucha. Por lo tanto, es vital que estos grupos hagan hoy una declaración conjunta como el punto de referencia más fuerte posible para los verdaderos intereses políticos y la lucha del proletariado y una alternativa clara a las mentiras hipócritas de la clase enemiga.
Por favor, respondan rápidamente a esta carta y propuesta. Tengan en cuenta que las formulaciones del llamamiento propuesto pueden discutirse y modificarse en el marco de su premisa principal.
Esperamos sus propuestas.
Saludos comunistas
La CCI
Propuesta de llamamiento
Por la lucha irreductible de la clase obrera contra el despotismo de la clase capitalista
Contra las opciones venenosas del fraude de la democracia burguesa
Durante los últimos meses, los medios masivos del mundo -que son propiedad de la clase capitalista y están controlados y dictados por ella- han estado preocupados por el carnaval electoral que tiene lugar en Francia, luego en Gran Bretaña, en el resto del mundo como en Venezuela, Irán y la India, y ahora cada vez más en Estados Unidos.
El tema predominante de la propaganda sobre los carnavales electorales ha sido la defensa de la fachada gubernamental democrática del dominio capitalista. Una fachada diseñada para ocultar la realidad de la guerra imperialista, la pauperización de la clase obrera, la destrucción del medio ambiente, la persecución de los refugiados. Es la hoja de parra democrática que oculta la dictadura del capital cualquiera que sea el partido -derecha, izquierda o centro- que llegue al poder político en el Estado burgués.
A la clase obrera se le pide que haga la falsa elección entre uno u otro gobierno capitalista, este o aquel partido o líder y, cada vez más hoy en día, que opte entre aquellos que pretenden acatar los protocolos democráticos establecidos del Estado burgués y aquellos que, como la derecha populista, tratan estos procedimientos con un desprecio abierto, en lugar del disimulado, de los partidos democráticos liberales.
Sin embargo, en lugar de elegir un día cada tantos años quién va a "representarlos" y reprimirlos, la clase obrera debe decidir sobre la defensa de sus propios intereses de clase relacionados con los salarios y las condiciones de vida y buscar la consecución de su propio poder político - objetivos que el alboroto sobre la democracia está diseñado para descarrilar y hacer que parezcan imposibles.
Sean cuales sean los resultados de las elecciones, en estos y otros países, la misma dictadura capitalista del militarismo y la pobreza permanecerá y empeorará. En Gran Bretaña, por poner un ejemplo, donde el Partido Laborista de centro izquierda acaba de sustituir a un gobierno tory de influencia populista, el nuevo primer ministro no perdió tiempo en reforzar la participación de la burguesía británica en la guerra entre Rusia y Ucrania y en mantener y agudizar los recortes existentes en el salario social de la clase obrera para ayudar a pagar esas aventuras imperialistas.
¿Quiénes son las fuerzas políticas que defienden actualmente los intereses reales de la clase obrera frente a los crecientes ataques de la clase capitalista? No son los herederos de los partidos socialdemócratas que vendieron su alma a la burguesía en la Primera Guerra Mundial, y junto con los sindicatos movilizaron a la clase obrera para la carnicería de millones en las trincheras. Ni los apologistas del régimen "comunista" estalinista que sacrificó a decenas de millones de trabajadores por los intereses imperialistas de la nación rusa en la Segunda Guerra Mundial. Ni el trotskismo o la corriente anarquista oficial, que, fuera de algunas excepciones, prestaron un apoyo crítico a uno u otro bando en aquella carnicería imperialista. Hoy los descendientes de estas últimas fuerzas políticas se alinean, de forma "crítica", detrás de la democracia burguesa liberal y de izquierda contra la derecha populista para ayudar a desmovilizar a la clase obrera.
Sólo la izquierda comunista, actualmente poco numerosa, se ha mantenido fiel a la lucha autónoma de la clase obrera durante los últimos cien años. En la oleada revolucionaria obrera de 1917-23, la corriente política dirigida por Amadeo Bordiga, que era mayoritaria entonces en el Partido Comunista Italiano, rechazó la falsa elección entre los partidos fascista y antifascista, que habían trabajado conjuntamente para aplastar violentamente el ascenso revolucionario de la clase obrera. En su texto "El principio democrático" de 1922, Bordiga expuso la naturaleza del mito democrático al servicio de la explotación y el asesinato capitalistas.
En los años 30, la Izquierda Comunista denunció tanto a la izquierda como a la derecha, a las facciones fascistas y antifascistas de la burguesía, mientras éstas preparaban el baño de sangre imperialista que se avecinaba. Cuando llegó la Segunda Guerra Mundial, sólo esta corriente fue capaz de mantener una posición internacionalista, llamando a convertir la guerra imperialista en una guerra civil de la clase obrera contra el conjunto de la clase capitalista en cada nación. La izquierda comunista rechazó la macabra elección entre la carnicería de masas democrática o fascista, entre las atrocidades de Auschwitz o de Hiroshima.
Por eso hoy, frente a las renovadas campañas de estas falsas opciones de los regímenes capitalistas para que la clase obrera se alinee o con la democracia liberal o con el populismo de derechas, entre el fascismo y el antifascismo, las distintas expresiones de la izquierda comunista, cualesquiera que sean sus otras diferencias políticas, han decidido hacer un llamamiento común a la clase obrera:
Atrás quedaron los días en que, a pesar de la realidad de este mundo dominado por un sistema de explotación que lleva a la humanidad cada vez más explícitamente a su perdición, los medios de información se obstinaban en difundir un poco de optimismo para adormecer mejor a los explotados sugiriendo razones para esperar un mundo capitalista mejor. Ahora, la acumulación de catástrofes de todo tipo es tal que hace mucho más difícil entrever otra cosa que el infierno en la Tierra. Adaptándose a esta situación, la intoxicación propagandística tiende cada vez más a encerrar la reflexión en esta atmósfera de fin del mundo y hace todo lo posible por desviar a los explotados de la idea de que, precisamente, otro futuro es a la vez indispensable y posible, que está madurando en las entrañas de la sociedad y que será el resultado de la lucha de clases del proletariado, si logra derrocar al capitalismo.
Por dramática y sobrecogedora que sea la situación del mundo, no es inexorable y puede explicarse de otra manera que por las mentiras de aquellos que tienen un interés en la perpetuación del capitalismo: explotadores de la fuerza de trabajo proletaria, politicastros de todos los pelajes, demócratas de izquierda o derecha, populistas o incluso aquellos de extrema izquierda que son la última línea de defensa del capital.
Más que ningún otro modo de producción anterior, el capitalismo desarrolló las fuerzas productivas que hicieron posible, por primera vez en la historia de la humanidad, la edificación de una sociedad libre de necesidades y sin clases sociales: el comunismo. En este sentido representó una etapa progresiva en la historia de la humanidad. La Primera Guerra Mundial -con sus millones de muertos y sus destrucciones como la historia no había conocido antes- significó la entrada de este sistema en una decadencia irreversible cuya perpetuación amenaza cada vez más la existencia misma de la humanidad. Con dos guerras mundiales en su haber y una sucesión ininterrumpida de guerras locales cada vez más mortíferas, ha entrado desde el hundimiento del bloque del Este en 1990 en una nueva y última etapa de su decadencia, su fase final, la de la descomposición general de la sociedad, de su putrefacción desde las raíces.
Sólo a través del marco materialista e histórico de la descomposición, como fase última de la decadencia del capitalismo, es realmente posible aprehender los fenómenos del “fin del mundo” que invaden la sociedad y combatir su causa: la persistencia de la dominación de las relaciones de producción capitalistas que han quedado obsoletas.
La descomposición invade la sociedad en todos los ámbitos: el desarrollo del cada uno para sí o sálvese quien pueda generalizado, la inestabilidad creciente de las estructuras internacionales de “regulación” y de los aparatos políticos, pero también la explosión del consumo de drogas, la delincuencia, el fanatismo religioso, la depresión, los suicidios, etc.[1] y la destrucción del pensamiento racional. La oleada de populismo es en sí misma un producto de esta descomposición, que afecta cada vez más la capacidad de fracciones de la burguesía para asumir “racionalmente” la gestión del capital. Dos artículos de este número de la Revista Internacional lo ilustran[2] “Cómo se organiza la Burguesía (§ “El auge del populismo”: la expresión más espectacular de la pérdida de control de la burguesía sobre su aparato político”)” y “La izquierda del capital no puede salvar un sistema moribundo”.
Más allá de la irresponsabilidad social de la burguesía, la descomposición contribuye a favorecer la degradación acelerada del medio ambiente y por tanto, a la agravación del cambio climático, por el ánimo de lucro que se obtiene echando mano de los recursos naturales; como atestiguan la frecuencia y la amplitud de las catástrofes climáticas en el mundo.
Evidentemente la descomposición de la sociedad no elimina las contradicciones fundamentales del capitalismo; al contrario, no hace sino agravarlas. La crisis económica mundial, de vuelta desde finales de la década de 1960, se agrava inexorablemente y de forma irreversible, con manifestaciones que serán más profundas y desestabilizadoras que durante la recesión de 2008, y que posiblemente batirán todos los récords de la gran crisis de 1929 y 1930 (Lea en este número de la Revista Internacional, “Esta crisis se convertirá en la más grave de todo el periodo de decadencia”)[3]. Pero al mismo tiempo, aunque infrinja nuevos sufrimientos a la humanidad, en particular un considerable refuerzo de la explotación de la clase obrera, al revelar abiertamente la bancarrota del capitalismo, la crisis económica será el fermento de nuevos desarrollos de la lucha de clases y de la toma de conciencia de la clase obrera.
Por otro lado la barbarie guerrera se extiende por todos los continentes de forma incontrolable y cada vez más dramática. La guerra hace estragos actualmente en Ucrania y en la Franja de Gaza en Medio Oriente; la amenaza de un futuro enfrentamiento entre China y Estados Unidos[4] no cesa... Frente a todas las guerras actuales o en gestación, la clase obrera no debe elegir ningún bando y debe defender con firmeza la bandera del internacionalismo proletario en todas partes. Durante todo un período, la clase obrera no podrá alzarse contra la guerra. Por el contrario, la lucha de clases contra la explotación va a adquirir mayor importancia porque empuja al proletariado a politizar su lucha.
No existe otra perspectiva realista para la humanidad, que no sólo se enfrenta a cada una de las calamidades capitalistas que hemos mencionado -descomposición, crisis, guerra, destrucción del medio ambiente- sino que todas estas lacras se entrecruzan e interactúan entre sí en una especie de “efecto torbellino” con efectos más destructivos que la simple suma de esas lacras consideradas aisladamente unas de otras.
Mientras que el polo de la sociedad que representa la perspectiva de la destrucción de la humanidad ocupa todo el espacio mediático, hay otro polo en juego respecto al cual la burguesía se muestra muy discreta: la reanudación de la lucha de clases a escala mundial, cuyo desarrollo representa el único futuro posible para la humanidad. Así, tras las considerables dificultades encontradas por la lucha de clases consecutivas a la explotación política que la burguesía hizo del hundimiento del bloque del Este, el proletariado vuelve a la escena social. Le fueron necesarias tres décadas, a partir de1990, para digerir la repugnante campaña ideológica que, en todos los tonos posibles y a través de los medios de información de todos los continentes, ha insistido en que el hundimiento de los regímenes estalinistas -falsamente identificados con la futura sociedad comunista que es su antítesis- significaba el fin del proyecto de construcción de una sociedad comunista a escala mundial. Esas campañas llegaron incluso a decretar el fin de la lucha de clases, de la clase obrera y de la propia historia. Incluso si durante esos treinta años la clase obrera intentó levantar cabeza a través de ciertas luchas, éstas se vieron considerablemente limitadas por el hecho de que los trabajadores ya no se reconocían como una clase distinta de la sociedad, la principal clase explotada de la sociedad, con un proyecto histórico que le es propio. Pero fue la recuperación gradual por parte de la clase obrera de su identidad de clase lo que hizo posible el surgimiento de las luchas en el Reino Unido, “El verano de la cólera” de 2022, la mayor oleada de huelgas en ese país desde 1979, y que entraña la recuperación por parte del proletariado de su propio proyecto político, el derrocamiento del capitalismo[5] y la construcción de la sociedad comunista.
Los artículos de la prensa de la CCI han ilustrado, acompañado y comentado las expresiones más llamativas de esta renovación de la lucha de clases. Sólo desde la publicación del número 171 de la Revista Internacional, se han producido importantes luchas en Quebec, Suecia, Finlandia, Alemania, Turquía e Irlanda del Norte. Estas luchas son evidentemente el resultado del rechazo creciente de la clase obrera a sufrir la agravación de la explotación y de las condiciones miserables que la acompañan (el “¡Ya basta!” de los trabajadores en Gran Bretaña). Más allá de la conciencia inmediata que puedan tener los trabajadores en lucha, estos movimientos constituyen el principio de una respuesta al infierno en la tierra al que el capitalismo condena a la humanidad.
Como secreción de la lucha histórica del proletariado mundial, la actividad y la intervención de los revolucionarios son indispensables. Y esto es cierto en todos los periodos de la vida de la sociedad, desde el nacimiento del movimiento obrero hasta nuestros días, tanto en el ascenso del capitalismo y el desarrollo del movimiento de los trabajadores como en la decadencia capitalista. Ya sea estando en la vanguardia de la lucha de la clase obrera para darle orientaciones en los periodos revolucionarios, o resistiendo políticamente y muy minoritariamente en los peores momentos de retroceso para salvar y mantener el legado que hay que transmitir. Pero también en todas las situaciones “intermedias”, como la que vivimos actualmente -en las que no hay posibilidad de influencia extensa real en el seno de la clase trabajadora y en las que la actividad de los revolucionarios no puede ser la de un partido- es sin embargo esencial e indispensable en más de un sentido, sobre todo en lo que se refiere a la preparación de las condiciones para el surgimiento del futuro partido.
De hecho, en cualquier circunstancia, la actividad de los revolucionarios dista mucho de limitarse a la producción de prensa o de octavillas y a su distribución, aunque estas tareas sean efectivamente esenciales y muy exigentes. Así, como condición a la realización de la prensa, la organización debe tener la capacidad de aprehender la evolución de la situación mundial a todos los niveles, lo que significa un esfuerzo colectivo permanente de análisis, que puede requerir una vuelta a los fundamentos, para actualizar y enriquecer el marco de análisis. Porque “no puede haber movimiento revolucionario sin una teoría revolucionaria” (Lenin), y porque el mundo no es estático, los revolucionarios deben dar vida a sus posiciones políticas a la luz de la realidad. Así es como, por ejemplo, Lenin, consciente de que se acercaba el momento favorable a la revolución, se comprometió a escribir “El Estado y la revolución”[6], que constituye una continuación y una clarificación de la teoría marxista sobre la cuestión del Estado. Es el mismo tipo de consideración que, en un contexto completamente diferente, había llevado a nuestra organización a hacer un esfuerzo de análisis para comprender, a finales de los años 80, el significado de la acumulación de fenómenos de descomposición de la sociedad, y poner en evidencia que eso no se trataba en absoluto de algo fortuito o normal en la vida del capitalismo, sino que correspondía a una nueva fase de la decadencia del capitalismo, la de su descomposición.
Es este enfoque el que permite a la CCI comprender la dinámica actual de los conflictos imperialistas, no como un enfrentamiento entre dos bloques imperialistas rivales, como era el caso antes del derrumbe de los bloques, sino ante todo como una expresión del cada uno para sí concerniente a cada país imperialista, la búsqueda de su supervivencia en la arena mundial. Mientras que Estados Unidos lucha por su liderazgo mundial, no ha dudado en empujar a Rusia a invadir Ucrania para que quede considerablemente debilitada e incapaz de apoyar a China frente al mismo Estados Unidos.
También este análisis permite a la CCI comprender y defender que, desde la desaparición de los bloques imperialistas, la alternativa histórica ya no es “Revolución Mundial o Guerra Mundial”, siendo ambos términos mutuamente excluyentes, en particular porque un proletariado no derrotado mundialmente es un obstáculo para su reclutamiento para la guerra. Las dos dinámicas antagónicas de la situación actual no se excluyen mutuamente: por un lado, el hundimiento de la sociedad en la descomposición, con la vía a la desaparición de la sociedad y de toda vida humana sobre la tierra en juego, y por otro, el desarrollo de la lucha de clases mundial hasta la toma del poder por el proletariado. Sin embargo, el resultado de las dos dinámicas es exclusivo de una u otra.
En el medio proletario, y ciertamente entre los que buscan posiciones de clase, existen divergencias o interrogantes sobre la forma de plantear la alternativa histórica en la situación actual. Algunas de estas divergencias tienen que ver con el reconocimiento o no de la actual fase de descomposición del capitalismo. La CCI ha desarrollado una crítica del enfoque “materialista vulgar” que subyace al rechazo de la noción de descomposición del capitalismo (Léase “El método marxista, herramienta indispensable para comprender el mundo actual” en el “Informe sobre la descomposición del 25º Congreso de la CCI” y no podemos sino animar a sus críticos, así como a sus defensores, a entablar un debate sobre esta cuestión. Pero ésta no es la única cuestión que debe aclararse con carácter prioritario. En efecto, el desarrollo de las tensiones guerrera exige la mayor claridad y firmeza concerniente a la actitud e intervención en esta situación.
La defensa del internacionalismo proletario tal como es presentado en el Manifiesto del Partido Comunista es irrevocable: “Los proletarios no tienen patria; Proletarios de todos los países uníos”. Sin embargo, frente a los conflictos actuales, en particular el de la Franja de Gaza, existe una tendencia entre los grupos de la Izquierda Comunista (bordiguistas) pero también en el seno de una parte de elementos que comparte cierta proximidad con las posiciones de clase, a dejar de lado la fórmula “Proletarios de todos los países uníos” en favor de fórmulas dudosas que “olvidan” al proletariado de la Franja de Gaza, disolviéndolo en el “pueblo palestino”. Tales confusiones, que deben ser discutidas y combatidas, son muy perjudiciales en la medida en que abren una brecha en los principios que la clase trabajadora debe defender para poder hacer frente al desarrollo de los conflictos guerreros que van a amplificarse en todo el mundo. Sobre esta cuestión, lea nuestros artículos en este número de la Revista: “Praga‘Semana de acción’ : el activismo es una barrera para la clarificación política” y “La lucha contra la guerra imperialista sólo puede librarse con las posiciones de la Izquierda Comunista”.
Desde que existe, la Izquierda Comunista ha asumido una responsabilidad de primer orden en la lucha contra la guerra en distintos momentos clave de la historia denunciando los dos campos imperialistas presentes: durante la guerra de España de 1936, los republicanos por un lado y los fascistas por otro; durante la Segunda Guerra Mundial: Gran Bretaña, Francia, Rusia y Estados Unidos por un lado y Alemania e Italia por otro, en un momento en que el trotskismo se traicionaba a sí mismo defendiendo el campo democrático en España y luego el de Rusia. Sobre este tema, lea nuestro artículo en este número de la Revista “Manifiesto de la Izquierda Comunista a los Proletarios de Europa (junio de 1944)”. Pero desde entonces, los principales grupos de la Izquierda Comunista han rechazado las diversas peticiones de la CCI para adoptar una posición común ante los diversos conflictos que han ensangrentado el mundo desde finales de los años setenta. Ya sea por sectarismo o por oportunismo, como en el caso de la guerra de Ucrania, donde la TCI, rechazando el enfoque propuesto por la CCI, que se inscribe totalmente en el de la Izquierda Comunista, prefirió un enfoque opuesto, amplio y difuso de la demarcación que debe existir entre la Izquierda Comunista que lucha efectivamente contra la guerra y el conjunto de un medio formado por los que se oponen circunstancialmente a tal o cual guerra (Lea el artículo de este número de la Revista “La lucha contra la guerra imperialista sólo puede librarse con las posiciones de la Izquierda Comunista”. En estas circunstancias, solo un reducido número de grupos de la Izquierda Comunista asumió esta responsabilidad internacionalista. Lea “Dos años después de la declaración común de la Izquierda Comunista sobre la guerra en Ucrania”.
Sylunken (20/07/2024)
[1] Lea nuestras Tesis sobre la Descomposición “La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo”. Revista Internacional 107. TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [109]
[2] Véase también El auge del populismo es producto de la descomposición del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1451]
[3] Lea también el siguiente artículo de este número de esta Revista: “Esta crisis está llamada a convertirse en la más grave de todo el período de decadencia”.
[4] Lea el artículo sobre las tensiones imperialistas de este número.
[5] Sobre este tema, léase Tras la ruptura en la lucha de clases, la necesidad de politización de las luchas | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [1404]
[6] Sobre este tema, léase nuestro artículo “El Estado y la revolución” (Lenin)- Una brillante confirmación del marxismo (Revista Internacional 91), II - «El Estado y la revolución» (Lenin) - Una brillante confirmación del marxismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [540]
Recientemente, algunos camaradas cercanos a la CCI se reunieron con la organización para discutir algunas de las cuestiones más fundamentales para los revolucionarios sobre la posibilidad real y la necesidad material del comunismo. El carácter «básico» del tema es una razón más para su continua discusión consciente por parte de quienes se acercan a la militancia. Camaradas viejos y jóvenes y de todo el mundo participaron con verdadera intención militante, mostrando la importancia universal de estas cuestiones para el proletariado y sus revolucionarios. Este tipo de debates internacionales fraternales y ricos son la savia de la minoría revolucionaria, y en un periodo en el que los revolucionarios permanecen generalmente aislados y son poco numerosos, ofrecen oportunidades vitales para la clarificación política.
El debate se dividió en tres puntos:
1. ¿Por qué es posible y necesario el comunismo?
2. ¿Cuáles son las dudas y objeciones más comunes?
3. ¿Cómo podría ser una sociedad sin clases en el futuro?
El comunismo como idea ha existido a lo largo de casi toda la historia de la sociedad de clases, con descripciones de una sociedad ideal libre de opresión y desigualdad evidentes desde la antigua Grecia. Sin embargo, sólo hoy el comunismo se convierte en una posibilidad real.
Toda la historia de la sociedad de clases representa sólo una pequeña fracción de la historia de la humanidad. Durante varios millones de años, los primeros homínidos y, finalmente, los humanos modernos vivieron en lo que Marx denominó «comunismo primitivo». Sólo con el desarrollo de la agricultura y la adopción de un estilo de vida sedentario, los excedentes productivos condujeron al crecimiento de la división del trabajo y la propiedad y a la aparición de las primeras sociedades de clases.
En los milenios posteriores se han sucedido diversos sistemas de explotación, cada vez propiciados por la victoria de una clase nacida en la sociedad anterior. Históricamente, esta clase siempre fue una clase explotadora y propietaria cuyo objetivo revolucionario sólo podía ser el establecimiento de un nuevo sistema de explotación. Así, en el mundo antiguo, no eran los esclavos explotados -incapaces en ese momento de cuestionar el propio sistema de propiedad privada- sino la nobleza rural la que representaba el futuro. Del mismo modo, en el feudalismo, era la burguesía urbana la que albergaba en su seno la próxima sociedad como clase revolucionaria.
Aunque esta burguesía -hoy la clase dominante- hace todo lo posible por negarlo, el capitalismo tiene su propia historia y no es menos pasajero que estos sistemas de explotación del pasado. Desde sus inicios en la Europa medieval tardía hasta principios del siglo XX, la expansión mundial estuvo a la orden del día para el capitalismo. El estallido de la Guerra Mundial en 1914 fue un reparto imperialista que demostró que el periodo de ascenso del capitalismo había terminado. El mundo estaba unido en un sistema global -lo que significaba que las guerras burguesas ya no podían tener ningún papel expansivo y, por tanto, progresivo- y el desarrollo de las fuerzas productivas era tal que la producción para la necesidad y no para el beneficio era una posibilidad real. El proletariado también se convirtió en una clase global, cuyos intereses son sus propios intereses de clase y no los de la sociedad capitalista.
Mientras que en las sociedades del pasado el comunismo no podía ser más que un vago sueño, el capitalismo ha sentado hoy las bases materiales para su establecimiento, convirtiéndolo no sólo en una posibilidad real, sino en la única alternativa posible a la barbarie del capitalismo, que amenaza cada vez más la supervivencia misma de la humanidad. Esta clara comprensión de lo que hoy hace posible y necesario el comunismo diferencia al marxismo de los anarquistas que afirman que siempre fue una posibilidad dependiente de la agitación de los individuos.
Frente a los rechazos más frecuentes del comunismo -que es imposible que se produzca debido a la codicia inherente a la «naturaleza humana»; que en una sociedad sin dinero no habría incentivos para trabajar o innovar, o que la revolución comunista sólo podría conducir a las sociedades de la antigua URSS o la China actual-, los camaradas afirmaron algunos de los fundamentos de la perspectiva marxista: que el comportamiento humano es aprendido y reproducido socialmente y, por tanto, no se basa en una naturaleza humana que permanezca constante sea cual sea el periodo histórico; y que los seres humanos no son intrínsecamente más codiciosos o hambrientos de poder de lo que necesitan ante la amenaza del hambre como motivación para trabajar o innovar.
Los participantes coincidieron en otro punto planteado en el debate: que la campaña ideológica, antaño dominante, que presentaba el colapso de la URSS como la «muerte del comunismo» y «el fin de la historia» no tiene tanto peso para los jóvenes de hoy como lo tenía hace 30 años. La «victoria del capitalismo» no inauguró una era de paz y prosperidad, sino sólo una nueva fase de la espiral de muerte del capitalismo, caracterizada por conflictos imperialistas cada vez más caóticos e impredecibles, una crisis ecológica cada vez peor y ataques cada vez mayores contra la clase trabajadora. Hoy en día, muchos jóvenes son muy conscientes de las amenazas que se ciernen sobre la existencia misma de la humanidad.
Aunque la discusión de estos reproches comunes al comunismo es importante -los revolucionarios deben estar siempre preparados para presentar claramente sus ideas-, sólo a través de la lucha de la clase obrera puede demostrarse la necesidad de la revolución y la posibilidad real del comunismo.
Durante esta sección final del debate, los camaradas advirtieron del peligro de caer en la trampa de preparar «recetarios para el futuro» y olvidar así que el comunismo es, ante todo, la culminación de la lucha del proletariado y la alternativa necesaria al futuro de destrucción ecológica y militar que nos ofrece la burguesía. Sin embargo, es posible utilizar los métodos que los revolucionarios, entre ellos Marx y Engels, emplearon en el pasado para esbozar algunas breves líneas de lo que podría ser la vida.
Todos los participantes estuvieron de acuerdo en que muchas lacras que hoy pueden parecer omnipresentes e insuperables desaparecerían en ausencia de la sociedad de clases en la que se desarrollaron y de la que extraen su fuerza vital fundamental: el racismo, el patriarcado, la homofobia, la transfobia pasarían sin duda a la historia. Del mismo modo, las naciones, los Estados y las guerras entre ellos dejarían de existir en una sociedad sin clases.
En su lugar se establecerá una sociedad de producción para las necesidades humanas, no de intercambio. El trabajo se convertirá en la principal necesidad de la vida en una sociedad libre de la división del trabajo y de la propiedad privada, que obliga a los trabajadores a trabajar durante décadas en disciplinas exclusivas y muy específicas. En contraste con la anarquía de la producción capitalista y sus absurdos desde el punto de vista de la supervivencia de la humanidad, los productos de este trabajo ya no aparecerían, como decía Marx, como una fuerza ajena sobre los productores, sino que estarían plenamente controlados a escala global por toda la humanidad y orientados a la satisfacción de las necesidades humanas.
Además, la organización geográfica de la humanidad, hoy dictada por las necesidades de la sociedad de clases, será totalmente distinta en el comunismo, lo que hará desaparecer la oposición entre la ciudad y el campo. Las mega ciudades actuales de 20 millones de habitantes o más sólo pueden dar paso a distribuciones de población más sustentables. Esto, junto con una relación transformada entre los seres humanos y los animales, y una aplicación de los modernos avances médicos científicos sin los obstáculos del capitalismo decadente, bien podría relegar al pasado las pandemias masivas de la sociedad de clases.
Pero el comunismo no será una utopía: la humanidad seguirá enfrentándose a muchas cuestiones difíciles. La actual crisis ecológica en espiral, por ejemplo, seguramente marcara cómo viviremos durante siglos o milenios. Además, la burguesía empleará sin duda toda su capacidad militar para preservar su sociedad podrida. La guerra revolucionaria contra tal enemigo sólo puede resultar en una destrucción catastrófica, pero tal destrucción catastrófica es hoy el modo de vida del capitalismo. Así pues, aunque estas cuestiones serían sin duda algunas de las primeras a las que se enfrentaría un proletariado victorioso, sólo ese proletariado y el futuro sin clases por el que lucha tienen la capacidad de plantear soluciones reales.
Es evidente que hay muchos aspectos de estas cuestiones que no podrían tratarse en un solo debate. Sin embargo, esto sólo demuestra una vez más la importancia de que los revolucionarios sigan dedicando tiempo a estos temas.
L y N, junio de 2024
Tras la muerte por apuñalamiento de tres niños en Southport el 29 de julio, elementos de extrema derecha utilizaron las redes sociales para explotar la situación. Difundiendo información falsa y rumores, se aprovecharon inmediatamente de este terrible crimen, señalando como chivos expiatorios a los inmigrantes. Los ataques racistas se intensificaron rápidamente en el Reino Unido entre el 30 de julio y el 5 de agosto, teniendo como objetivo los lugares donde se alojan solicitantes de asilo y abogados de inmigración, mezquitas y tiendas pertenecientes a inmigrantes.
Los disturbios se extendieron por más de 35 localidades, incluidas ciudades y pueblos de Irlanda del Norte. Aunque hubo una clara influencia ideológica de la Liga de Defensa Inglesa (ahora oficialmente disuelta), las manifestaciones no se organizaron de forma centralizada, sino que surgieron a través de las redes de extrema derecha existentes en Internet. Fueron los peores disturbios desde 2011 y pusieron de manifiesto las profundas divisiones existentes en la sociedad británica.
Esta oleada de ataques racistas no es un caso aislado. En los últimos años, la retórica anti-migrante y los delitos motivados por el odio se han hecho cada vez más frecuentes en el Reino Unido. Tales erupciones se han convertido también en un fenómeno mundial. En muchos países del mundo, de Chile a Kirguistán y de Suecia a la India, se están produciendo ataques brutales contra inmigrantes y refugiados por parte de turbas violentas compuestas en su mayoría por los sectores socialmente más desfavorecidos de la población.
- En Chemnitz (Alemania), los días 26 y 27 de agosto de 2018, dos días de manifestaciones violentas de extrema derecha degeneraron en la persecución de personas que se creía que eran migrantes. Una turba enfurecida de 8,000 personas ondeando banderas alemanas, y algunas realizando saludos nazis, se abrió paso por las calles, cazando en manada, atacando a transeúntes de piel oscura e incitando a otros individuos a unirse a la acción. Este ataque, en respuesta al apuñalamiento mortal de un alemán a manos de un inmigrante sirio, expresó el resurgimiento del odio y el espíritu de pogromo.
- En Turquía, el 30 de junio de 2024 marcó el comienzo de tres noches de odio y ataques racistas contra los refugiados sirios y sus propiedades. En Kayseri, el resentimiento inicial se convirtió en un pogromo, en el que se incendiaron viviendas de refugiados, se destrozaron y quemaron vehículos, se saquearon y dañaron comercios, todo ello acompañado de consignas contra los refugiados. En los días siguientes, los ataques se extendieron a otras ciudades, donde los sirios fueron de nuevo aterrorizados. En Antalya, un sirio de 17 años murió y dos de sus amigos resultaron gravemente heridos. El motivo de estos atentados fue totalmente inventado.
- En septiembre de 2019, inmigrantes dentro de Sudáfrica fueron brutalmente atacados y sus propiedades destruidas por ciudadanos locales en varias ciudades y provincias del país. Los ataques comenzaron en forma de manifestación con cánticos que exigían que los extranjeros regresaran a su lugar de origen. Durante la manifestación, las turbas empezaron a saquear propiedades, destruyendo e incendiando negocios propiedad de inmigrantes africanos. También atacaron a quienes intentaban proteger o impedir el saqueo o la destrucción de sus comercios. Como resultado de estos ataques, doce inmigrantes africanos murieron y miles resultaron heridos.
La escalada de ataques contra inmigrantes, árabes y personas negras no se está produciendo de forma aislada: es el resultado de años de políticas y lenguaje racistas propagados por políticos de partidos tanto de derecha como de izquierda. La clase dirigente siempre ha jugado la carta racista cuando le ha convenido. Pero los populistas y la extrema derecha son siempre los portavoces más virulentos y brutales de la retórica anti-migrante, presentando al "otro" como una amenaza para el bienestar de la población autóctona. El odio profundamente arraigado que alimentan contra ellos encuentra un terreno cada vez más fértil en una sociedad capitalista que se pudre de raíz.
Según esta visión distorsionada del mundo, los inmigrantes son responsables del sufrimiento de todos los demás. Este chivo expiatorio implica un acto de deshumanización, en el que el discurso de extrema derecha y populista presenta a los refugiados como una especie alienígena. Marine Le Pen, de Rassemblement National (Agrupación Nacional), por ejemplo, ha comparado la afluencia de refugiados a Europa con la invasión de bárbaros. Laurence Fox, del partido Reclaim[[1]]sugirió que los musulmanes son invasores. Jarosław Kaczyński, líder del partido polaco Ley y Justicia, advirtió de que los inmigrantes podrían traer todo tipo de plagas. Donald Trump ha dicho que la mayoría de los inmigrantes procedentes de México son violadores, narcotraficantes y delincuentes.
La burguesía también utiliza los disturbios para legitimar la ampliación y el refuerzo de su aparato represivo. El jefe de la Federación de Policía (los sindicatos de agentes de policía) del Reino Unido utilizó los disturbios para pedir que se dieran más poderes a la policía. Tras los disturbios, el gobierno británico anunció medidas policiales para combatir a la extrema derecha, incluida la creación de un "ejército permanente" de agentes de policía especializados que podrían ser desplegados rápidamente en zonas de disturbios y violencia generalizados de extrema derecha. Pero como decíamos en un artículo anterior "¡No al divide y vencerás! Nuestra única defensa es la lucha de clases [1453]![[2]]": Las medidas de refuerzo de la represión se utilizarán inevitablemente contra las futuras luchas de la clase obrera.
Este crecimiento de la retórica anti-inmigración está ligado al creciente número de desplazados que huyen a las regiones más seguras del mundo, así como a la incapacidad de las burguesías nacionales para organizar su acogida e integración en el país de llegada. Pero también es importante señalar que al Estado le resulta cada vez más difícil contrarrestar la mentalidad de “sálvese quien pueda” en la sociedad, la fragmentación y la profunda erosión de la cohesión social. En tales condiciones, el descontento se expresa a menudo más fácilmente a través de la violencia indiscriminada, que sirve de válvula de escape a los habitantes de las regiones más afectadas por los fenómenos de descomposición.
Junto a todo esto tenemos la indignación generalizada que despierta el trato inhumano que reciben los inmigrantes, y que se traduce en movilizaciones para hacer frente al problema: manifestaciones que denuncian las políticas racistas del gobierno y de los partidos políticos, acciones de minorías para defender las viviendas de los inmigrantes o bloqueos para impedir la expulsión de los inmigrantes. Sin embargo, ciertos sectores de la burguesía seguirán intentando convertir esta indignación en una defensa de la democracia burguesa, señalando la supuesta amenaza de las organizaciones de extrema derecha o fascistas.
La etiqueta "fascista", aplicada a las organizaciones que llaman a realizar, y en algunos casos, llevan a cabo ataques racistas, pretende movilizar a la población, incluidos los trabajadores, contra la amenaza que las organizaciones de extrema derecha representan para la democracia. Frente a la llamada amenaza fascista, los partidos políticos, desde la derecha moderada hasta la extrema izquierda, suelen trabajar juntos para movilizar a la población detrás del Estado burgués.
Una maniobra de este tipo se llevó a cabo a principios de 2024 durante las manifestaciones en Alemania en reacción a Alternativa para Alemania y el Movimiento Identitario, que habían debatido un plan de deportación masiva de solicitantes de asilo. Ante la llamada a la movilización de una alianza de movimientos de derechos civiles, sindicatos y partidos políticos, cientos de miles de personas salieron a la calle para protestar, apoyadas activamente por la mayoría de las organizaciones de izquierda durante tres fines de semana consecutivos contra lo que el canciller alemán, Olaf Scholz, había calificado de "ataque a nuestra democracia".
Estas movilizaciones contra el racismo se quedan en el plano de las luchas parciales o "monotemáticas", que "se manifiestan primordialmente en el plano superestructural, sus reivindicaciones se centran en sujetos que no cuestionan los fundamentos de la sociedad capitalista, aunque puedan señalar con el dedo acusador al capitalismo" [[3]].
Cuando la cuestión no tiene que ver abiertamente con una reivindicación de derechos democráticos, las fuerzas políticas de la clase dominante harán todo lo posible para impedir que los trabajadores establezcan el vínculo crucial entre la lucha contra el racismo y todas las formas de segregación o explotación (contra las mujeres, los homosexuales, etc.) y la lucha histórica de la clase obrera. El objetivo es siempre desviar la cuestión hacia el terreno de los derechos democráticos y la peligrosa ilusión de que el Estado burgués puede dar una respuesta a todos estos atropellos criminales. Contrariamente a lo que afirman los grupos de la izquierda burguesa, la lucha antirracista nunca puede ser el comienzo de una lucha contra el sistema capitalista.
La democracia es sólo una expresión de la dictadura del capital. La lucha por la democracia no resuelve el problema del racismo en la sociedad y sólo conduce a la continuación de la explotación y la dominación capitalistas. Pero la burguesía aprovecha cualquier oportunidad para desviar a la clase obrera de la lucha en su propio terreno y llevarla a un callejón sin salida. Se trata de una maniobra deliberada, como ocurrió con las movilizaciones de principios de año en Alemania, para desviar a los trabajadores de la lucha de clases, que es el único terreno en el que puede expresarse una verdadera solidaridad con los miserables del planeta.
La clase obrera británica tiene una rica historia; estuvo en el origen del movimiento obrero internacional y luchó por la unidad internacional de todos los trabajadores, cualquiera que fuera su origen.
- El 31 de diciembre de 1862, miles de trabajadores se reunieron en Manchester y fueron los primeros en expresar su simpatía por los estados del norte de Estados Unidos y en pedir al presidente Lincoln la abolición de la esclavitud.
- En 2022-2023, trabajadores de todos los colores, religiones y etnias lucharon juntos para defender sus condiciones de vida frente a la crisis del coste de la vida.
- En agosto de este año, cuando casi el 20% del personal del NHS (Servicio Nacional de Salud) es de origen no británico, hubo muestras de solidaridad con los trabajadores sanitarios inmigrantes, que son los más vulnerables en el desempeño de sus funciones.
Este tipo de luchas son la clave para superar el racismo y todas las demás divisiones venenosas de la sociedad.
Dennis, 5 de septiembre de 2024
[1] El Reclaim Party es un partido populista de derecha del Reino Unido que fue fundado por el ex actor Laurence Fox en 2020.
[2] Disturbios racistas en Gran Bretaña. ¡No al divide y vencerás! ¡Nuestra única defensa es la lucha de clases!, CCI agosto 2024
[3] Informe sobre la lucha de clases internacional al XXIV Congreso de la CCI [770], Revista Internacional 167.
Aparecido en 1990 como el “candidato sorpresa” derroto a Mario Vargas Llosa, ya respaldado por las expresiones más conocidas de la pequeña burguesía (pequeños y medianos empresarios, intelectuales universitarios, Iglesia evangélica, Apristas[1] e izquierdistas).
Pero, la llegada al poder de un gobierno del estilo de Fujimori en los años 90, basada en el cinismo, en ataques brutales en contra la clase trabajadora, en la extensión de la miseria, en el terror de Estado, en la corrupción generalizada, en la prevaricación y la concentración absoluta del poder, no se puede entender sin considerar el marco global de la evolución mundial del capitalismo y el período histórico, que está marcado por la disolución de la política de los bloques imperialistas. Lo cual es una expresión no sólo de su decadencia, sino del hundimiento del capitalismo en su propia putrefacción debido a la acumulación de todas sus contradicciones, y que lo ha llevado a un callejón sin salida, que no se puede escapar ni resolver. Solo la fuerza del proletariado a nivel mundial puede imponer una alternativa a la descomposición: la abolición de la explotación y la construcción de la sociedad comunista.
Con Fujimori en el poder por 10 años, el Estado, sin renunciar a sus formalidades democráticas, tomó como pretexto la subversión de los grupos maoístas y guevaristas (Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru), para desarrollar un estilo de gobierno en el que combina una política económica implacable, con una feroz represión militar y paramilitar sobre el proletariado, pero a la vez otorgó alegremente dádivas y financió obras públicas por doquier a fin de ganar votos. Y vaya que le resultó. La burguesía peruana vio que era el “hombre del momento”, el “Chino salvador de la patria” y le dio todo el apoyo a su gobierno de “Reconstrucción nacional”.
Recordemos que Fujimori llega al poder con el apoyo del imperialismo estadounidense y del Japón, los cuales, junto al BM y el FMI acordaron diseñar un “Plan Marshall” para “rescatar” y “estabilizar la economía peruana luego del cataclismo gobierno Aprista. Dinero fresco, cancelación de parte de la deuda externa y créditos a cambio de implementar una oleada salvaje de privatizaciones en los principales sectores productivos (pesca, gas, petróleo, teléfonos) hecho que beneficio a los capitalistas peruanos quienes aliados con capitales chinos, americanos y europeos desataron un monumental festín de compras y de ganancias como no se veía desde los tiempos de Velasco Alvarado en los años 60.
La clase obrera en ese momento, venia aletargada por la traumática experiencia de la subversión y la contra subversión, encontrándose “entre dos fuegos”. Los trabajadores estaban postrados, las luchas aisladas y el miedo a ser desaparecido o simplemente baleado en cualquier calle paralizaba y mermaba su espíritu de combate. El proletariado había pagado una alta cuota de sangre en esa guerra entre las bandas guerrilleras y las fuerzas armadas del Estado burgués. Fujimori dio el puntillazo final a esa penosa situación: en agosto del 90 desató el llamado “Fujishock” que elevo brutalmente los precios de los alimentos. Le siguieron los despidos masivos en las empresas privatizadas, el congelamiento de los salarios, la criminalización de las protestas. A la vez que se golpeaba a la clase obrera haciéndole pagar las consecuencias de la crisis, Fujimori supo utilizar a la izquierda del capital, integrando a miembros del aparato de izquierda al frente de ministerios. A la vez que apuntaló a la estructura sindical, otorgando una ley que facilitaba la formación de sindicatos hasta en la más pequeña empresa. Mostrando su carácter servil, la Federación de Construcción Civil le hicieron inaugurar su nuevo local en Lima. Todo este asqueroso acomodamiento de la izquierda con el fujimorismo, hoy lo oculta todo el izquierdismo y sus variantes ONGs, partidos, sindicatos, colectivos, frentes, etc.
Entonces la clase obrera con 10 años de gobierno fujimorista recibió la mayor dosis de ataques económicos, sociales e ideológicos. Ha sido un periodo muy oscuro para el proletariado en Perú, un terrible periodo donde no pudo desarrollar su conciencia. Hasta ahora ha dejado secuelas, que se muestran en la falta de reacción de la clase obrera, presentando luchas a cuenta gota, con un bajo nivel político, en comparación con sus hermanos de clase de otros países. Entendemos que el desarrollo de la conciencia no es lineal ni homogéneo sin embargo el fujimorismo es y ha sido un peso negativo enorme sobre la conciencia de los trabajadores y por eso hoy la burguesía le rinde honores.
Muerto Fujimori, deja como herencia el partido de su hija: Fuerza Popular que aspira a ser gobierno el 2026 y del que hoy depende para no caer la presidenta Dina Boluarte. Este partido es la expresión mejor organizada de la burguesía peruana. Manda en el Parlamento y cuenta con comités en Lima y provincias. A punta de recuerdos, dadivas y asistencialismo ha logrado colocarse como el favorito en las encuestas. Posee experiencia en el arte de las componendas, el manipuleo y la falta de escrúpulos. Por eso mismo cuenta con el apoyo de un vasto sector de la burguesía peruana que se benefició en los 90 y está hoy presente en los sectores de la Agroindustria, las AFP, los empresarios madereros, entre otros. Pero como sabemos la burguesía no las tiene todas consigo. Tiene muchas dificultades para controlar el juego político tal como sucedió con el triunfo de Castillo y Perú Libre en el 2021. Nuestro enemigo sabe que puede dispararse en las preferencias otro candidato tal como el nacionalista Antauro Humala (una suerte de Bukele de izquierda). En cualquier caso, el 2026 se avizora como un nuevo enfrentamiento derecha vs izquierda (Keiko Fujimori vs Humala). En otras palabras el fujimorismo sigue sin Alberto Fujimori, como fenómeno de la política burguesa en el Perú, un partido representado hoy por Fuerza Popular, que se juega su existencia en las próximas elecciones del 2026, si este logra resultados negativos en las elecciones presidenciales una vez más, el partido de Fujimori quedara muy debilitado y posiblemente continúen las fricciones en otros ámbitos de la política como en el congreso u otras instituciones del Estado donde tienen y seguirán teniendo presencia, alimentando el juego político y la propia inestabilidad política del país.
La clase obrera no tiene nada que ganar el circo electoral que la burguesía alegremente viene preparando bajo la mesa, adornándolo con los honores a Fujimori. Recordémoslo: en las elecciones del 2026 solo habrá un ganador: la burguesía.
Hemos señalado que el proletariado en el Perú tiene muchas debilidades, debido entre otras cosas a años de Fujimorismo, pero debemos insistir que los trabajadores deben seguir luchando contra su explotación y contra los ataques de la burguesía y de su Estado. De este modo, podrán reforzar la conciencia de su identidad de clase y la necesaria autonomía de su lucha , desarrollando una autentica solidaridad de clase, como arma frente a su enemigo histórico, sea este de derecha, izquierda o se presente como una alternativa siguiendo el ideario populista. Hay un retroceso enorme en la clase en relación a su conciencia que por años se ha encontrado entre dos fuegos: El terrorismo de las guerrillas y el terror de Estado, no obstante, la degradación de la vida de los explotados, será el detonante que empuje a la reflexión y a la movilización de la clase obrera en Perú, como lo han hecho los trabajadores en Gran Bretaña en 2022 y se han extendido, los dos últimos años a Francia, España, Estados Unidos, Canadá… después de todo, la miseria y explotación que impone el capitalismo no pueden esconderse eternamente en la ilusión que la burguesía construye con las urnas y las campañas sobre la democracia.
Internacionalismo Perú, 23 de setiembre de, 2024
[1] Partidarios de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), fundada en 1924 por Haya de la Torre y un grupo de estudiantes nacionalistas que se reclamaban de la lucha contra la dependencia del país frente a la creciente influencia del imperialismo nordamericano y por “la lucha unitaria de los pueblos de raza indígena en America Latina” .
Además de la tragedia de los conflictos bélicos cada vez más sangrientos que alimentan y avivan en todo el mundo, las grandes potencias se ven afectadas ellas mismas por convulsiones políticas cada vez más brutales.
En este sentido, la situación en Estados Unidos es emblemática: mientras Trump es una caricatura del egocentrismo y la irresponsabilidad, promoviendo abiertamente sus mezquinos intereses de camarilla en detrimento de los del capital nacional, el conjunto de la burguesía estadounidense, incluidas sus fracciones más “responsables”, se ve afectada por una epidemia de “cada cual por su lado” a través de la cual los distintos partidos de la clase dominante son cada vez menos capaces de cooperar. La tentativa de asesinato del candidato del Partido Republicano y la forma en que Joe Biden, el tembloroso presidente, se aferró desesperadamente a su candidatura, comprometiendo seriamente la victoria de su campo, son símbolos llamativos de esta tendencia a la desintegración y al caos en el seno mismo del aparato del Estado que se supone debe garantizar la cohesión de la sociedad.
La incapacidad, hasta ahora, de las facciones dominantes de la burguesía estadounidense para inhabilitar a Trump, a pesar de los numerosos intentos judiciales y financieros, sólo ha servido para exacerbar las tensiones entre los diferentes campos políticos, y sobre todo, la intensificación del espíritu revanchista de los partidarios de Trump y el ensordecedor bombo mediático sobre el “peligro” que Trump y su camarilla representarían para la “democracia estadounidense”.
Los dos bandos afrontan las elecciones con incertidumbre, sobre todo porque, desde la dimisión forzada de Biden y a pesar de los temores de una implosión del campo demócrata, Kamala Harris ha sido objeto de un apoyo masivo, lo que le ha permitido enfrentarse rápidamente a Trump en los sondeos. El carácter indeciso de los resultados acentúa la violencia de los enfrentamientos y las dificultades para controlar el juego electoral.
Como resultado de todo ello, las instituciones del Estado norteamericano están siendo fuertemente sacudidas por una gran desestabilización que, dado el lugar que ocupa Estados Unidos en la arena imperialista mundial, no puede quedar sin consecuencias para todo el planeta. El resultado de este enfrentamiento entre Demócratas y Republicanos sigue preocupando a las cancillerías de todo el mundo, que ya no saben qué rumbo tomar. Estas elecciones infunden profunda inquietud sobre el curso de los conflictos militares, en particular en Ucrania y Oriente Medio.
Pero más allá de los resultados inmediatos de noviembre, el nivel de tensión en el seno de la burguesía de la superpotencia estadounidense va a incrementarse desestabilizando aún más las relaciones entre todas las potencias imperialistas del planeta.
Aunque la situación política en Estados Unidos tiene un gran impacto en todos los continentes, está lejos de ser un caso aislado. Al contrario, es una continuación de la ola populista mundial, producto puro de la descomposición del sistema capitalista, donde triunfan las concepciones burguesas más retrógradas, divisionistas e irracionales. El auge del populismo en Europa se confirmó ampliamente durante las elecciones europeas, acelerando el proceso de desestabilización del “viejo continente”, que sólo puede aumentar en el futuro.
Pero la ola populista es sólo la forma más espectacular de un proceso mucho más amplio de desintegración y caos creciente en el seno de la burguesía europea. En Francia, la disolución de la Asamblea Nacional ha llevado a una situación política cada vez más incontrolable. El matrimonio forzado de la pareja francoalemana se tambalea y el propio canciller Scholz está políticamente debilitado por el aumento de popularidad de la Alternativa para Alemania (AfD), sobre todo en el este del país. En Gran Bretaña, el Partido conservador se ha hundido y el partido populista Reforma de Farage ha logrado un avance electoral sin precedentes, mientras que los disturbios protagonizados por grupos de extrema derecha están dando lugar a contramanifestaciones que reflejan una situación también cada vez más polarizada y caótica. La desestabilización y el debilitamiento de los Estados europeos ya está empezando a repercutir en la situación mundial, especialmente en el frente ucraniano y en Europa del Este, así como en el inextricable caos del África subsahariana.
La clase obrera se enfrenta a la profundización de la crisis económica del capitalismo, al desempleo, a la precariedad laboral, a los recortes presupuestarios y a la inflación descontrolada. En este contexto de grave deterioro, frente a las tensiones y enfrentamientos imperialistas en todos los frentes, los gobiernos se ven obligados a aumentar sus ya colosales gastos militares, lo que sólo puede profundizar las deudas y aumentar los recortes y ataques presupuestarios.
Frente a la austeridad, el proletariado ya ha comenzado a responder en todo el mundo, como fue el caso de las vastas luchas en Gran Bretaña desde junio de 2022 hasta la primavera de 2023, durante el movimiento en Francia contra la reforma de las pensiones en 2023 o durante las huelgas en Estados Unidos en la función pública en California o en la industria del automóvil en 2023. Aún hoy, las movilizaciones son numerosas: huelgas de ferroviarios en Canadá durante el verano, huelgas masivas en Samsung en Corea del Sur, amenaza de paros masivos en los sectores del automóvil y la aviación en Estados Unidos...
Estas luchas empiezan a desarrollar poco a poco el sentimiento de pertenecer a una misma clase, de ser víctima de los mismos ataques y de luchar unida y solidariamente. Pero esta ruptura con el pasado tras décadas de estancamiento sigue marcada por debilidades y preguntas: ¿Cómo podemos escapar del corporativismo en el que nos están atrapando los sindicatos? ¿Cómo luchar y ser más fuertes?¿Qué tipo de sociedad queremos?
La descomposición de la sociedad burguesa y la desestabilización de los aparatos políticos de la burguesía no suponen actualmente ninguna ventaja para la lucha de la clase obrera. La burguesía pretende explotar todos los fenómenos y miasmas de la descomposición para explotarlos ideológicamente y dirigirlos contra el proletariado. Ya lo está haciendo a gran escala con las guerras, tratando de empujar a los proletarios a elegir un campo imperialista contra otro, como vimos con el conflicto de Ucrania, pero sobre todo con la guerra de Gaza, con manifestaciones pro-palestinas destinadas a desviar la repulsa por las masacres hacia el terreno del nacionalismo. También lo hace con el auge del populismo y la desestabilización de su aparato político mediante una vasta campaña de propaganda a favor de la democracia burguesa.
Los partidos de izquierda son particularmente eficaces en este ámbito, llamando constantemente a bloquear el populismo en las urnas, a revitalizar las instituciones “democráticas” contra la “lenta fascistización de la derecha”, prometiendo un futuro maravilloso cuando lleguen al poder. En Francia es el caso del Nuevo Frente Popular, sublevado por la negativa del presidente Macron a nombrar a su candidata Lucie Castets para el Matignon y que repudia esta “negación de la democracia”. Una parte de la izquierda en torno a La Francia Insumisa y los ecologistas también organizó “una respuesta” el 7 de septiembre para ocupar el terreno de las movilizaciones e impedir que la clase obrera luche contra los ataques económicos y la barbarie capitalista. En Estados Unidos, Kamala Harris, con su “empatía” y su política de “proximidad”, caza eficazmente en el territorio de Trump y consigue conquistar a un gran público femenino y a un electorado joven. Este relanzamiento de la campaña ideológica a favor de la democracia, que está teniendo un éxito relativo, también intenta desviar al proletariado de la lucha.
La clase obrera debe rechazar de plano estas campañas ideológicas que pretenden reducirla a la impotencia, a la defensa del Estado “democrático” burgués y de la camisa de fuerza nacionalista. Debe desconfiar de esta ideología y sobre todo de sus versiones antifascistas, como las desplegadas en Gran Bretaña con ocasión de los disturbios de extrema derecha, durante manifestaciones en las que se expresó particularmente el falso radicalismo de los izquierdistas, especialmente de los trotskistas, siempre inclinados a tergiversar el marxismo y la historia del movimiento obrero para conducir mejor al proletariado al terreno de la burguesía, al del apoyo a las “guerras justas” o al “voto por el cambio”.
WH, 8 de septiembre de 2024
La clase obrera no tiene nada que elegir entre Trump y Harris, entre los Republicanos y los Demócratas. Cualquiera que sea el vencedor, la clase obrera sufrirá ataques brutales a sus condiciones de vida, que exigen la crisis económica y la economía de guerra. Cualquiera que sea el vencedor, los trabajadores se verán confrontados a la necesidad de defenderse como clase contra esos ataques.
Pero esto no significa que podamos ignorar la campaña electoral y sus consecuencias. Y lo que revelan es que las divisiones en el seno de la burguesía estadounidense, la clase dominante del que sigue siendo el país más poderoso del mundo, son cada vez más agudas y violentas. Estados Unidos se ha convertido en el epicentro de la descomposición del sistema capitalista mundial y, sea quien sea presidente el 5 de noviembre, las elecciones servirán para exacerbar aún más estas divisiones, con graves consecuencias tanto en Estados Unidos como en la escena mundial.
La tarea de los revolucionarios no es sólo denunciar el fraude de la democracia burguesa, sino también analizar las implicaciones globales de las elecciones en Estados Unidos, para situarlas en un marco coherente que nos permita comprender cómo la fragmentación de la clase dominante estadounidense es un factor activo en la única perspectiva que la burguesía puede ofrecer a la humanidad: una caída acelerada en la destrucción y el caos.
Invitamos a todos aquellos que quieran luchar por un futuro diferente a participar en esta reunión el 16 de noviembre de 2024 a las 15.00 horas (Madrid).
El idioma principal de la reunión será el inglés, pero habrá traducción a otros idiomas in situ. Si quieres participar, escríbenos a [email protected] [1429], indicando si puedes seguir la discusión y participar en inglés o especificando en qué otro idioma necesitarías hacerlo.
El 5 de agosto de 2024, decenas de estudiantes aplaudían en el tejado de la residencia de la fugitiva primera ministra de Bangladesh, Sheikh Hasina. Celebraban la victoria de la lucha que había durado cinco semanas, cobrando 439 vidas y que finalmente había derrocado al gobierno actual. Pero ¿qué tipo de “victoria” era en realidad? ¿Fue una victoria del proletariado o de la burguesía? El grupo trotskista Revolutionary Communist International (Internacional Comunista Revolucionaria, RCI, la antigua Tendencia Marxista Internacional) afirmó sin rodeos que se había producido una revolución en Bangladesh y que las manifestaciones habían llegado al punto de poder “denunciar la farsa de la ‘democracia’ burguesa, convocar un congreso de comités revolucionarios y tomar el poder en nombre de las masas revolucionarias [y] que un Soviet de Bangladesh estaría a la orden del día si fuera el caso”[1]
La economía de Bangladesh ha estado en problemas desde hace varios años. La crisis económica internacional ha tenido un gran impacto en ese país debido al aumento extremo de los precios de los alimentos y el combustible. La inflación alcanzó casi el 9,86% a principios de 2024, una de las tasas más altas en décadas. El país está al borde de una crisis financiera debido al alarmante nivel de quiebras bancarias en el sector privado. Desde mayo de 2020, la moneda nacional, el taka, ha perdido un 10% de su valor frente al dólar estadounidense. La deuda pública se ha disparado del 30% del PIB en 2012 al 40% del PIB en 2022. La deuda externa superará los cien mil millones de dólares a finales de 2023. El desempleo afecta a casi el 9,5% de los 73 millones de población trabajadora...
En 2023, Bangladesh figuraba entre los diez países más corruptos del mundo. La corrupción está omnipresente en todos los niveles de la sociedad bangladeshí, y las empresas están sujetas a costosos e innecesarios requisitos de licencias y permisos. A menudo se intercambian pagos irregulares y sobornos para obtener resoluciones judiciales favorables. El Corporate Anti-Corruption Portal (Portal Corporativo Anticorrupción) sitúa a la policía de Bangladesh entre las menos fiables del mundo. La policía amenaza y/o detiene a la gente con el único fin de extorsionarla.
Durante años, la Liga Awami, el partido ‘socialista’ de Sheikh Hasina, en colaboración con la policía, ha ejercido el poder en las calles mediante la extorsión, el cobro ilegal de peajes, la ‘mediación’ para acceder a servicios, por no mencionar la intimidación de opositores políticos y periodistas. Las prácticas mafiosas de la Liga Chhatra de Bangladesh (BSL), el ala estudiantil de la Liga Awami, son notorias. Entre 2009 y 2018, sus miembros mataron a 129 personas e hirieron a miles. Durante las protestas de este año, fueron ampliamente odiados por su comportamiento despiadado, especialmente hacia las mujeres. Durante años, han podido cometer estos crímenes con impunidad, gracias a sus estrechos vínculos con la policía y la Liga Awami.
El gobierno de Sheikh Hasina, que asumió el poder en 2009, se convirtió rápidamente en un régimen autocrático. En la última década, ha establecido su control exclusivo sobre las instituciones clave del país, como la burocracia, los organismos de seguridad, las autoridades electorales y el poder judicial. El gobierno de Sheikh Hasina ha silenciado sistemáticamente a las demás fracciones burguesas. Antes de las elecciones de 2024, el gobierno detuvo a más de 8,000 dirigentes y simpatizantes del opositor Partido Nacionalista de Bangladesh (BNP).
Pero la supresión de las voces de la oposición política, de los medios de información, los sindicatos, etc. han hecho que los cimientos del régimen político sean muy inestables. La completa asfixia del ‘debate público’, incluso en el Parlamento, ha contribuido a erosionar aún más los cimientos del juego político y, en última instancia, ha contribuido a la pérdida total de todo control político. En 2024, Sheikh Hasina ya no se enfrentaba a una mera oposición leal. La mayoría de los sectores de la burguesía se habían convertido en sus enemigos acérrimos, dispuestos a meterla en la cárcel el resto de su vida e incluso a pedir su muerte.
Las manifestaciones se produjeron en un contexto de desempleo juvenil masivo. Y el país carece de un sistema de seguro de desempleo, por lo que los solicitantes de empleo no reciben ninguna prestación y, en consecuencia, viven en extrema pobreza. Este contexto ha convertido el sistema de cuotas, que reserva el 30% de los puestos de la función pública a los descendientes de los ‘luchadores por la libertad’ de la guerra de independencia de 1971, en una fuente de ira y frustración para todos los que se enfrentan al desempleo.
Las protestas contra el sistema de cuotas no son nada nuevo. Pero durante todos estos años, las protestas han permanecido confinadas a las universidades, totalmente centradas en el sistema de cuotas. La estrechez de miras de las reivindicaciones de los estudiantes por un reparto ‘justo’ de los nuevos puestos de trabajo en la función pública no podía servir de base para extender el movimiento a toda la clase trabajadora, incluyendo a los desempleados que no estudian.
Los estudiantes ignoraron la importancia de formular reivindicaciones unificadoras para extender la lucha a los trabajadores que se enfrentaban al mismo espectro del desempleo. Y en 2024, las reivindicaciones de los estudiantes no fueron diferentes: en lugar de intentar extender la lucha a los trabajadores, sobre la base de las reivindicaciones de los trabajadores, se encontraron una vez más atrapados en violentos enfrentamientos con la policía y las bandas políticas.
Incluso cuando el personal, los profesores y otros trabajadores de 35 universidades fueron a la huelga el 1 de julio de 2024 contra el nuevo esquema universal de pensiones, los estudiantes ni siquiera buscaron el apoyo de los 50,000 trabajadores universitarios en huelga. La huelga duró dos semanas, pero sorprendentemente, fue prácticamente ignorada por los estudiantes.
Los estudiantes y una parte de la población organizaron una manifestación masiva que se convirtió en un levantamiento que desafió abiertamente al régimen. Finalmente, el 5 de agosto de 2024, Sheikh Hasina firmó su dimisión en presencia de los jefes militares y entregó el poder al ejército. El cambio de régimen, calificado de ‘revolución’, fue en realidad un golpe de Estado militar detrás del telón, en el que los manifestantes sirvieron de apoyo civil y como masa de maniobra.
Los izquierdistas citados anteriormente afirman que los estudiantes fueron capaces de “denunciar la farsa de la ‘democracia’ burguesa”. Mientras que la brutal respuesta del gobierno al movimiento mostró expresamente que un gobierno democrático elegido se había convertido en una dictadura franca y abierta, ¡la revuelta lo sustituyó por la dictadura apenas más disimulada de otra facción burguesa! Y, aun así, las organizaciones estudiantiles están pidiendo nuevas elecciones burguesas más ‘democráticas’. ¡Eso es todo en realidad!
Así, la cuestión del desempleo ha sido explotada como un medio de ajuste de cuentas entre camarillas burguesas, tanto más fácilmente cuanto que la reivindicación de un reparto ‘equitativo’ de los puestos de trabajo en la función pública sólo para los estudiantes no constituye un terreno de lucha favorable para la clase obrera. Al contrario, es una trampa, la del encierro corporativista. Las ‘masas revolucionarias’ sólo existieron en la imaginación de los izquierdistas.
Como lo muestra el hecho de que 4,5 millones de trabajadores textiles hayan ido a la huelga el año pasado, la lucha de los trabajadores contra los efectos de la crisis económica sigue siendo la única perspectiva real, porque la única clase capaz de dar una perspectiva política a la lucha contra los efectos de la crisis capitalista es la clase obrera. Pero no hay que hacerse ilusiones: la clase trabajadora de Bangladesh es demasiado inexperta para resistir, por sí sola, a las trampas que le tiende la clase dominante, con sus partidos de izquierda y sus sindicatos. Es a través de la lucha internacional del proletariado, particularmente en los bastiones más antiguos de la clase obrera en Europa, que los trabajadores de Bangladesh encontrarán el camino hacia una auténtica lucha revolucionaria.
Dennis, 10 de septiembre de 2024
[1] “Lo que la Revolución Bangladeshí nos enseña”, Revolutionary Communist International, agosto 2024 (en inglés). What the Bangladeshi Revolution teaches us, marxist.ca [1456]
A finales de julio organizamos una reunión pública internacional en línea para discutir el tema: "Elecciones en Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia: la izquierda del capital no puede salvar este sistema moribundo”.
Ya habíamos constatado en las diferentes reuniones públicas, permanencias, cartas y correos electrónicos, la preocupación que podría suscitar la avalancha de señales del auge del populismo, del surgimiento de estos grupos durante las elecciones europeas, especialmente en Francia y en Alemania, hasta el impulso electoral proporcionado por el ataque contra Trump en EEUU. Por lo tanto, era importante fomentar el debate sobre este fenómeno para comprender su significado y combatir su explotación ideológica por parte de la burguesía.
Ya hemos publicado varios artículos para presentar nuestro análisis del fenómeno del desarrollo del populismo y denunciar las campañas ideológicas de la burguesía que intentan volver los efectos de su propia putrefacción contra la clase obrera, de modo que las dudas sobre nuestros análisis, críticas o las sugerencias puedan expresarse, provocar la reflexión para alimentar una confrontación que permita alcanzar la máxima claridad. La acogida que tuvo nuestra propuesta fue muy positiva, con la participación de compañeros de diferentes países, que hablaban diferentes idiomas (la CCI aseguró la traducción de las intervenciones al inglés, francés, español e italiano). En resumen, se ha desarrollado un animado debate internacional sobre uno de los muchos problemas que enfrenta la clase obrera mundial, lo que demuestra la validez de nuestra iniciativa.
En nuestra presentación propusimos tres ejes vinculados a las preguntas de nuestros contactos:
– ¿Qué significa el ascenso del populismo?
– ¿Qué impacto puede tener el ascenso del populismo en la clase obrera, particularmente a través de las campañas democráticas con las que la izquierda del capital nos llama a combatirlo?
– ¿Cuáles son las responsabilidades de los revolucionarios?
El debate se centró principalmente en los dos primeros ejes. Al inicio del debate, varias intervenciones tendieron a ver el populismo como una “maniobra deliberada”, una especie de “estrategia premeditada de toda la burguesía para infligir una derrota ideológica a la clase obrera”. La intervención de otros camaradas, así como las de la CCI, no compartieron este punto de vista y buscaron promover la clarificación de este debate a través de diferentes argumentos: "incluso si el ascenso del populismo no es una estrategia planeada por la burguesía, esto no significa que la clase dominante no sea capaz de volver los efectos de su propia podredumbre y descomposición contra el proletariado´´
El ascenso del populismo no expresa la capacidad de la burguesía para poder dirigir la sociedad hacia su “solución orgánica a la decadencia capitalista”, es decir, desencadenar una guerra mundial. Una nueva carnicería imperialista generalizada como la Primera y Segunda Guerra Mundial no es posible hoy debido a la realidad del sálvese quien pueda en las relaciones internacionales e, incluso, dentro de las burguesías nacionales, la imposibilidad de que la burguesía garantice una disciplina mínima que permita la formación de bloques imperialistas. La exacerbación del sálvese quien pueda atestigua que la burguesía tiende, al contrario, a perder el control político sobre su propio sistema, que se deja llevar por una dinámica en la que el flagelo del militarismo va acompañado de guerras localizadas que se extienden y se vuelven cada vez más irracionales. Todos los protagonistas en competencia se encuentran perdedores y demuestran su incapacidad para limitar un desastre ecológico del que son plenamente conscientes, pero que son incapaces de combatir porque pondría en duda su naturaleza capitalista: la búsqueda de ganancias.
Incluso, en los países donde las burguesías son de las más “responsables” y experimentadas, sus diversas facciones políticas están cada vez más divididas y la creciente influencia del populismo sólo ofrece programas políticos que son irrealizables o desfavorables para el capital nacional en su conjunto. El Brexit es un ejemplo sorprendente, al igual que la permeabilidad de las facciones populistas a la influencia de una potencia imperialista rival como lo es la Rusia de Putin: el AfD en Alemania, el RN en Francia e incluso, en menor medida, entre los partidarios de Trump.
Que el populismo es una colección de valores burgueses es innegable. Por eso capitalistas muy destacados lo apoyan descaradamente (es el caso de Elon Musk o Trump, por ejemplo). Pero su ascenso a la jefatura del Estado no le impidió representar un obstáculo para todos los sectores de la burguesía. Esto mismo sucede en muchos países. Por lo tanto, los esfuerzos por contenerlo no son un simple juego “teatral” de otras facciones burguesas para engañar al proletariado. El cordón sanitario establecido en Alemania, el ascenso de Macron en las elecciones presidenciales de 2017 o, el fulgurante lanzamiento de Kamala Harris en Estados Unidos recientemente, demuestran precisamente que la burguesía teme perder el control de su aparato político, sobre todo, por el peligro que el populismo representa: un obstáculo para la defensa consecuente de los intereses del capital nacional.
Algunos camaradas expresaron dudas, señalando que muchos trabajadores votan por partidos populistas. Sin embargo, lo que se ha aclarado es que el terreno electoral no es el terreno de expresión del proletariado como clase. Durante las elecciones aparecen individuos atomizados, desconcertados y aislados ante el oscuro futuro que anuncia la sociedad capitalista y, en muchos casos, sensibles a las explicaciones “simplistas y sesgadas” de los políticos populistas, que buscan chivos expiatorios: como los inmigrantes, los llamados “beneficiarios” de unas pocas migajas del Estado explotador, señalados como responsables de su miseria, su precariedad, su desempleo o sus viviendas insalubres.
Pero si este sesgo es engañoso y peligroso, lo es aún más apoyar las fracciones “democráticas” y de izquierda del capital, que nos llaman a apoyarlas como únicos baluartes contra el populismo, cuando son producto
y defensores del mismo sistema moribundo. En realidad, a lo que asistimos hoy es a un creciente descrédito de estas formaciones tradicionales de la burguesía, precisamente porque sus gobiernos no pueden detener el rumbo hacia la crisis, la barbarie y la guerra que el capitalismo nos tiene reservado, ya que ellos son sus siniestros actores y defensores.
Aunque durante la discusión no se pudo desarrollar todo lo necesario para el argumento, surgió un debate en un intento de distinguir el significado del populismo actual en relación con el fascismo o el estalinismo de los años 1930, mientras que estos fueron el resultado de una derrota del proletariado que había ocurrido anteriormente, y en el que las fuerzas de la izquierda del capital habían jugado un papel decisivo. El actual ascenso del populismo, por el contrario, no se produce, en absoluto en un contexto de contrarrevolución, es decir, de derrota ideológica y física del proletariado. Al intentar imitar y explotar este pasado trágico, el de la llegada de León Blum y el Frente Popular al poder, para aprovechar la imagen de “victoria” transmitida desde entonces por la propaganda burguesa, el Nuevo Frente Popular en Francia no es más que una ridícula farsa tan burguesa como el Frente Popular de los años 1930 en Francia o España. Lo que no lo hace inofensivo. ¡Todo lo contrario! Esta alianza, creada apresuradamente, sigue siendo peligrosa debido a su propaganda democrática a favor del Estado burgués. El Frente Popular estaba formado precisamente por las fuerzas capaces de reclutar y disciplinar a la población, particularmente al proletariado, para conducirla hacia la guerra mundial imperialista. Hoy, aunque experimente grandes dificultades y fragilidades, el proletariado está lejos de estar derrotado.
Esta cuestión debe permitir una discusión más profunda: ¿Cómo puede desarrollarse la conciencia de clase en el proletariado? ¿Qué intereses la oponen a la sociedad capitalista? ¿Qué perspectiva tiene la lucha de clases? Y en todo esto ¿Cuál es la responsabilidad de los revolucionarios?
Este debate internacional fue fructífero y dinámico. Obviamente, pretendemos continuar y desarrollar la discusión sobre estas cuestiones a través de nuestras reuniones públicas y nuestras permanencias como una extensión de esta reflexión que, estamos convencidos, más allá de nuestros contactos directos, existe más ampliamente en el seno del proletariado.
CCI, 09 de septiembre de 2024
Uno de los primeros signos del despertar de la clase obrera tras la traición de sus organizaciones y el primer año de matanzas en la guerra imperialista de 1914-18 fue la conferencia celebrada en Zimmerwald, Suiza, en septiembre de 1915, que reunió a un pequeño número de internacionalistas de diferentes países. La conferencia fue un foro en el que se expusieron diferentes puntos de vista sobre la guerra, la mayoría de ellos tendentes al pacifismo, y sólo una minoría de la izquierda que defendía una oposición abiertamente revolucionaria a la guerra. Pero aquellos elementos de la Izquierda de Zimmerwald siguieron presionando para la clarificación en esta conferencia y en otras posteriores conferencias; y este trabajo, combinado con la reactivación de la lucha de clases a un nivel más general que culminó en los estallidos revolucionarios de Rusia y Alemania, daría origen a un nuevo partido político mundial basado en posiciones claramente revolucionarias: la Internacional Comunista fundada en 1919[1].
Hoy estamos aún lejos de la formación de tal partido, sobre todo porque la clase obrera tiene aún un largo camino por delante antes de poder plantearse de nuevo la cuestión de la revolución. Pero, frente a un sistema mundial que se tambalea hacia la autodestrucción, frente a la intensificación y proliferación de las guerras imperialistas, estamos viendo pequeños signos de una conciencia reemergente sobre la necesidad de una respuesta internacional e internacionalista a la guerra capitalista. Como dijimos en nuestro anterior artículo sobre la “Semana de Acción” de Praga[2], la reunión de Praga fue una de esas señales, no menos heterogénea y confusa que la conferencia inicial de Zimmerwald, y mucho más desorganizada, pero una señal, al fin y al cabo.
Para nosotros que somos una organización que tiene sus orígenes en la izquierda comunista de los años 20, y antes de eso, en la izquierda de Zimmerwald en torno a los bolcheviques y otras agrupaciones, era necesario estar presentes en la medida de lo posible en la manifestación de Praga para defender una serie de principios políticos y métodos organizativos:
En nuestro primer artículo, que pretendía dar cuenta del resultado caótico de la Semana de Acción, y sugerir algunas de las razones subyacentes, señalábamos también el papel constructivo desempeñado por los grupos de la izquierda comunista, pero también por algunos otros elementos, al intentar construir un marco organizado para un debate serio (lo que se ha dado en llamar la “Asamblea Autoorganizada”). La delegación de la CCI apoyó esta iniciativa, pero no nos hacíamos ilusiones sobre las dificultades a las que se enfrentaba esta nueva formación, y menos aún sobre las posibilidades de que hubiera algún tipo de continuidad organizada del evento y, como primer paso, la organización de una página web que pudiera servir de foro para los debates que no pudieron desarrollarse en Praga. Ahora parece que incluso esta mínima esperanza se ha quedado en nada y que será necesario empezar de cero para definir los parámetros y las posibilidades de futuros encuentros.
Desde que terminó la semana de Praga, ha habido muy pocos intentos de describir lo ocurrido, y menos aún de extraer las lecciones políticas de este evidente fracaso[3]. La Red Comunista Anarquista ha escrito un breve relato[4], pero parece centrarse principalmente en los problemas causados por la división en el seno de los anarquistas checos entre los “defensistas de Ucrania” y los que buscan una posición internacionalista sobre la guerra. Esto fue ciertamente un factor en la desorganización del evento, pero, como argumentamos en nuestro primer artículo, es necesario habría que ver más en profundidad y analizar el enfoque activista que todavía domina a los anarquistas que se oponen a la guerra sobre una base internacionalista[5].
Que sepamos, quienes más palabras han gastado han sido los más hostiles a los grupos de la izquierda comunista. En primer lugar, un grupo alemán que se focaliza en solidaridad con los presos[6]. Este grupo sólo asistió al final del primer día de la Asamblea Autoorganizada y a una parte del segundo, antes de dirigirse a la conferencia oficial[7], en la que según ellos se celebraron algunos debates interesantes, aunque no nos dicen nada en absoluto sobre lo que se debatió. Pero son muy claros sobre a quién culpan de sabotear la Semana de Acción:
“No nos dimos cuenta en ese momento, pero ya estaba claro que en la ya caótica situación había grupos que intentaban reventar la reunión desde dentro, además de los ataques de los anarquistas pro-OTAN. En ese momento se libraban otros conflictos entre grupos y sobre todo los comunistas de izquierda”.
Así que, en lugar de intentar ofrecer salidas a la caótica situación legada por los organizadores oficiales, ¡los grupos comunistas de izquierda sólo estaban allí para empeorarla!
El relato más “sustancial” de lo sucedido es el del grupo checo Tridni Valka, al que la mayoría de la gente creía implicado en la organización de la Semana de Acción, puesto que su página web albergaba todos los anuncios al respecto[8]. Pero lo más sustancial de este artículo son las numerosas deformaciones y calumnias que contiene. En nuestra opinión, este artículo tiene tres objetivos principales:
- Quieren ocultar su propia responsabilidad en el fiasco culpando de él a lo que presentan como un “Comité Organizador” completamente separado, cuya composición sigue siendo un misterio al día de hoy. Tridni Valka afirma que sólo estaba a favor del Congreso Antibélico no público del final de la semana y que pensaba que los organizadores carecían de recursos para gestionar toda una semana de actos. Critican especialmente la “manifestación contra la guerra” prevista para el viernes de la semana, que el día anterior había sido rechazada por quienes estábamos, por el contrario, por continuar el debate político (es decir mantener la Asamblea Autoorganizada) y no ir a una manifestación que carecía de sentido y representaba una amenaza para la seguridad de quienes participaran en ella. Y, sin embargo, en la página web de Tridni Valka[9] todavía se puede encontrar el anuncio llamando a la gente a marchar en la manifestación. Esta confusión es el resultado inevitable de una concepción que evita o rechaza una demarcación política clara entre las diferentes organizaciones y, por tanto, hace imposible saber qué grupo o comité es responsable de qué decisión, una situación que sólo puede sembrar la confusión y la desconfianza.
- Pretenden justificar su política de excluir a la izquierda comunista del Congreso, primero con un argumento terminológico sobre la etiqueta “izquierda comunista”, y después con una serie de ejemplos históricos que acusan a los grupos existentes de la izquierda comunista de intentar construir un “partido de masas” según el modelo bolchevique; afirmar que todos los grupos de la izquierda comunista defienden la firma por los bolcheviques del tratado de Brest Litovsk en 1918 (“¡una verdadera puñalada por la espalda para los proletarios de Rusia, Alemania y Austria-Hungría, una “traición” dirían algunos!”); denunciar la conferencia de Zimmerwald y la Izquierda de Zimmerwald, a la que también se refiere la izquierda comunista, como un simple puñado de pacifistas, e incluso afirmar que “el llamado ‘comunismo de izquierda’ defiende (más o menos, según los matices que exhiben cada una de estas organizaciones) la posición de la III Internacional sobre la cuestión colonial”. Todos estos argumentos se ofrecen para demostrar que las posiciones de la izquierda comunista serían incompatibles con la participación en el Congreso Antibélico. No podemos responder aquí a todos estos argumentos, pero hay que señalar sin duda uno o dos puntos, ya que revelan la profundidad de la ignorancia (o de la tergiversación deliberada) del artículo de Tridni Valka: en primer lugar, la crítica a la idea socialdemócrata del partido de masas fue desarrollada en primera instancia nada menos que por los bolcheviques a partir de 1903[10]; en Rusia, en 1918, fue precisamente la oposición al Tratado de Brest-Litovsk lo que dio origen a la fracción comunista de izquierda en el partido ruso (aunque es cierto que más tarde algunos comunistas de izquierda, en particular la fracción italiana, argumentaron -correctamente en nuestra opinión- contra la posición de “guerra revolucionaria” que los comunistas de izquierda ofrecían como alternativa a la firma del Tratado); y en cuanto al argumento de que los grupos actuales de la izquierda comunista siguen defendiendo todos la posición de la Tercera Internacional sobre la cuestión colonial, podemos remitir a Tridni Valka a cualquiera de los artículos de nuestro sitio web que argumentan exactamente lo contrario.
- Por último, quieren excluir definitivamente a la CCI del campo proletario. ¿Por qué? Pus porque afirmamos que el grupo que más ha influido en Tridni Valka, el Grupo Comunista Internacionalista (GCI) acabó coqueteando con el terrorismo y que Tridni Valka nunca ha aclarado qué diferencias tenía con el GCI. La respuesta de Tridni Valka: “es muy probable que los servicios de seguridad del Estado checo (y de otros países) se deleiten con este tipo de “revelaciones” e “informaciones” sobre los supuestos vínculos de nuestro grupo ‘con el terrorismo’. ¡Gracias a los soplones de la CCI, que harían mejor en rebautizarse como CCI-B, ¡con B de ‘bolchevique’ pero sobre todo de ‘traidores’ (betrayer)! ¡¡¡Malditos traidores!!!”
Lo cierto es que la CCI asumió hace tiempo su responsabilidad política denunciando las pretensiones del GCI de ser el nec plus ultra del internacionalismo, pero dando un apoyo cada vez más grotesco a acciones y organizaciones terroristas presentándolas como expresiones del proletariado: empezando por el Bloque Popular Revolucionario en El Salvador y Sendero Luminoso en Perú, y culminando por ver una resistencia proletaria en las atrocidades de Al Qaida[11]. Tales posiciones políticas exponen claramente a todas las organizaciones revolucionarias auténticas a la represión por parte de los servicios de seguridad del Estado, que lo utilizarán para hacer una equiparación entre internacionalismo y terrorismo islámico. Además, hemos mostrado otra faceta de la capacidad de la GCI para hacer el trabajo de la policía: sus amenazas de violencia contra nuestros camaradas en México, algunos de los cuales ya habían sido agredidos físicamente por maoístas mexicanos[12]. Si Tridni Valka tuviera algún sentido de la responsabilidad ante la necesidad de defender el campo internacionalista, se habría distanciado públicamente de las aberraciones del GCI.
No hemos dicho todo lo que queremos afirmar sobre las lecciones del evento de Praga, ni sobre otros intentos de desarrollar una respuesta internacionalista a la guerra, pero no podíamos evitar responder a estos ataques. Al presentar la tradición de la izquierda comunista como un obstáculo al esfuerzo por reunir a las modestas fuerzas internacionalistas actuales, los autores de estos ataques revelan que son ellos los que se oponen a este esfuerzo. En futuros artículos nos proponemos responder al balance de la conferencia hecho por la CWO y retomar algunas de las cuestiones clave planteadas por la conferencia. Eso significa, en particular, profundizar en por qué insistimos en que sólo el movimiento real de la clase obrera puede oponerse a la guerra imperialista, por qué sólo el derrocamiento del capitalismo puede poner fin a la creciente espiral de guerra y destrucción, y por qué las propuestas activistas de la mayoría de los grupos que participan en la Semana de Acción sólo pueden conducir a un callejón sin salida.
Amos
[1] Véase, por ejemplo, nuestros artículo Zimmerwald: de la guerra a la revolución [870] en Revista Internacional 44
[2] Ver La “Semana de Acción” de Praga: El activismo es un obstáculo para la clarificación política [1457], Revista Internacional 172
[3] La Communist Workers Organisation también ha escrito un breve informe, pero queremos responder a él en un artículo aparte.
[4]Ver en el sitio web del grupo https://anarcomuk.uk/2024/05/28/prague-congress-interim-report/ [1458]
[5] https://www.leftcom.org/en/articles/2024-08-13/internationalist-initiatives-against-war-and-capitalism [1459] (Iniciativas internacionalistas contra la guerra y el capitalismo), Revolutionary Perspectives 24
[6] La Conferencia de Praga, el comienzo de una catástrofe.
Soligruppe für Gefangene
[7] Es decir, el “Congreso Antiguerra” no público convocado por el Comité Organizador original, que excluía a los grupos de la izquierda comunista. Esta reunión dio lugar a una breve declaración común que puede encontrarse aquí: https://anarcomuk.uk/2024/06/15/declaration-of-revolutionary-internationalists/ [1460]
[9] https://www.autistici.org/tridnivalka/aw2024-demonstration-against-capitalist-wars-and-capitalist-peace/ [1462]
[10] Ver por ejemplo, “1903-04: el nacimiento del bolchevismo [1463]”, Revista Internacional 116
[11] Cómo el Groupe Communiste Internationaliste escupe sobre el internacionalismo proletario, CCI Online; https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/516/para-que-sirve-el-grupo-comunista-internacionalista-gci [355]
[12] Ver “¡Solidaridad con nuestros militantes amenazados! [1464]”, mayo-2005.
Desde la publicación de este artículo, los acontecimientos recientes, en particular en Oriente Medio, confirman claramente que estamos asistiendo a una escalada cada vez mayor de la guerra entre Israel y Hezbolá en el Líbano. La guerra ya se ha extendido a Yemen con los ataques israelíes contra los puertos controlados por los Hutíes y a Siria con un ataque sobre Damasco. La ofensiva israelí contra Hezbolá comenzó con una operación ultra sofisticada pero totalmente atroz, urdida por el Mossad en pleno centro de Beirut, detonando simultáneamente casi 500 buscas pirateados y walkie-talkies bombas. Seguido de intensos bombardeos aéreos de la capital libanesa, que mataron a cientos de personas, entre ellas muchos niños, e hirieron a más de 1,800 civiles hasta el 26 de septiembre y obligaron hasta un millón de personas a huir de sus hogares. Las informaciones indican que 100,000 de ellas han buscado refugio en Siria, donde ya hay numerosos campos de refugiados en los que los suministros básicos son prácticamente inexistentes.
El 27 de septiembre, se dio un nuevo golpe por el Estado de Israel: el asesinato del líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah. Este y otros golpes contra Hezbolá benefician claramente al régimen de Netanyahu, que puede presumir de “victorias” definitivas, a diferencia del mortífero atolladero de Gaza. Mientras tanto, ya ha comenzado una ofensiva terrestre israelí en el sur de Líbano, con incursiones de comandos contra bases de Hezbolá, apoyadas por fuerza aérea. La ofensiva israelí ha privado a Hezbolá de una parte considerable de sus actuales dirigentes, pero es una ilusión total pensar que se puede eliminar el terrorismo aniquilando algunos mandos. La guerra del Líbano no tendrá un desenlace rápido y fácil para Israel, como ya lo descubrió en 2006.
Hezbolá ha jurado venganza y continúa llamando a la destrucción del Estado de Israel, mientras que Teherán, por su parte, lanza una lluvia de misiles balísticos contra Tel Aviv y Jerusalén como represalia, lo que provocará una vez más una escalada en la respuesta israelí. Ambas partes se aprovechan de la atención que suscitan las próximas elecciones estadounidenses, de su incierto resultado y de la proximidad de este evento, para intensificar su política de provocación, haciendo oídos sordos a los requerimientos de Estados Unidos y la Unión Europea, que han pedido un alto al fuego inmediato. Es evidente que las potencias locales se precipitan en una escalada militar cada vez más irracional que amenaza con incendiar toda la región.
Al mismo tiempo, el conflicto revela la posición contradictoria de Estados Unidos, que sigue inundando de armas a Israel y proporcionando informes de inteligencia para algunos de sus ataques, como en la incursión israelí en Yemen. A Washington le interesa el debilitamiento de Irán y de sus aliados en la región, lo que también sería un golpe para Rusia, ya que Irán es uno de sus principales proveedores de armas. Estados Unidos y Gran Bretaña han desempeñado un papel directo en la respuesta de Israel al ataque con misiles iraníes (inteligencia y fuego antimisiles de la flota estadounidense en el Mediterráneo). Pero al mismo tiempo, Washington no quiere que toda la situación se vuelva incontrolable; y el creciente desprecio de Netanyahu a los llamados estadounidenses es una señal más del declive de la autoridad estadounidense a escala mundial.
También es significativo que la guerra entre Rusia y Ucrania se empantana cada vez más. Zelensky recientemente pronunció un discurso en la ONU en un intento de convencer a la “comunidad internacional” para que apoye más eficazmente a Ucrania, presentando hipócritamente un “plan de paz”, cuando en realidad está admitiendo, de forma apenas disimulada, que se trata de presionar a Moscú para “obligar a Rusia a hacer las paces” bajo las nuevas condiciones impuestas por Ucrania. Esto no hizo sino provocar una virulenta reacción de parte de Putin, que declaró que “nunca aceptaría la paz bajo coacción” y reafirmó que las condiciones puestas por Moscú para un alto al fuego seguían siendo las mismas: el reconocimiento de las regiones conquistadas por Rusia al comienzo de la guerra y el descarte de la adhesión de Ucrania de la OTAN. Estas condiciones son, a su vez, totalmente inaceptables para Kiev. Además, Gran Bretaña ha enviado misiles Storm Shadow de largo alcance a Ucrania, y parece haber cambiado de postura sobre permitir su uso contra objetivos en territorio ruso. Si Estados Unidos, Alemania y otros países occidentales dieran luz verde a su uso en Rusia, sería un paso más hacia el abismo. En respuesta, Putin ha modificado el protocolo para el uso de armas nucleares, que ahora permite su uso de forma “asimétrica” en caso de amenaza contra instalaciones cruciales en suelo ruso, incluso por parte de una potencia no nuclear. En consecuencia, la perspectiva de reanudar las negociaciones entre los dos principales protagonistas del conflicto ha quedado una vez más sepultada. Sobre el terreno, en cambio, los combates y la destrucción mutua no sólo se intensifican, sino que amenazan de nuevo con dar un giro aún más peligroso con la reanudación de los bombardeos en torno a los reactores nucleares de la central nuclear de Zaporiyia, mientras cada parte acusa a la otra de jugar con fuego.
Estas guerras demuestran que cuando se trata de jugar con fuego, ¡toda la clase dominante de este cruel sistema es culpable!
Este verano, las tensiones asesinas en Ucrania y Oriente Medio se han intensificado en una espiral destructiva cuyo desenlace no podría ser más claro: de estas guerras nunca saldrá nada provechoso para ninguno de los beligerantes.
Los avances del ejército ruso en el este de Ucrania han sido respondidos con nuevas incursiones, esta vez directamente en suelo ruso por parte del ejército ucraniano en la región de Kursk. Se ha dado un paso más, amenazando a la población y al mundo con una extensión del conflicto y un enfrentamiento aún más mortífero. Todos los beligerantes están atrapados en una espiral extremadamente peligrosa: Zelensky, espera poder golpear más profundamente a Rusia gracias a los misiles europeos y estadounidenses que está recibiendo. Y esto sólo alimenta la huida hacia delante asesina del Kremlin, cuyos ataques en Poltava han añadido 55 muertos a la interminable lista de víctimas. Por su parte, Bielorrusia sigue siendo una fuerza que podría participar activamente en el conflicto: con la incursión ucraniana en Kursk, esta posibilidad ha aumentado. En la frontera común entre Bielorrusia y Ucrania, el gobierno de Lukashenko ha estacionado un tercio de su ejército, y sus maniobras militares de junio sirvieron para recordar que tiene armas nucleares rusas en su territorio. El riesgo de que la espiral bélica se extienda también está presente en Polonia, que ha vuelto a expresar su preocupación manteniendo a sus tropas en alerta. Aunque la OTAN, de la que Polonia es miembro, se ha negado oficialmente a enviar tropas, el Primer ministro polaco, Donald Tusk, había evocado a finales de marzo una “época de preguerra”.
En Oriente Medio, a la ignominia cotidiana en Gaza se ha sumado la ofensiva del ejército israelí en Cisjordania y su intervención en el sur del Líbano, en una huída adelante totalmente irracional. El provocador asesinato del líder de Hamás en Teherán no hizo sino provocar su sustitución por un nuevo dirigente aún más extremista y sanguinario, encendiendo otra mecha en el polvorín regional. Todo esto, por supuesto, ha proporcionado nuevos pretextos a Irán y sus aliados para implicarse más en el conflicto multiplicando los crímenes y las provocaciones.
Mientras se celebraban las hipócritas conversaciones de alto el fuego en Doha a mediados de agosto, las masacres y la destrucción seguían con mayor intensidad. Netanyahu no cesa de torpedear cualquier intento de apertura diplomática, para reforzar mejor su política de tierra quemada, amontonando cadáveres en un intento de salvar su pellejo. Cada parte no ha hecho más que acentuar la carnicería para influir en las negociaciones.
Netanyahu como Hamás, así como Putin y Zelensky y las potencias imperialistas que los apoyan activamente, todos estos buitres imperialistas se sumergen en una lógica interminable de enfrentamientos cada vez más destructivos. Esto confirma plenamente que la espiral guerrera del capitalismo en plena decadencia ha perdido toda racionalidad económica y tiende a descontrolarse tanto para sus protagonistas directos como para todas las potencias imperialistas implicadas.
Por su duración, su curso y el bloqueo político en el que se hunden, por su irracionalidad y la precipitación hacia una lógica de tierra quemada, estos conflictos ilustran el enorme peso de la descomposición del sistema capitalista, cuya aceleración irreversible amenaza cada vez más con destruir a la humanidad. Si la guerra mundial no está a la orden del día, debido a la inestabilidad de las alianzas y a la indisciplina generalizada que caracterizan actualmente las relaciones internacionales, la intensificación y la extensión progresiva de los conflictos sólo pueden conducir, a largo plazo, a una destrucción y un caos cada vez mayores.
La inexistencia de bloques imperialistas dispuestos a la guerra mundial (como lo fueron el bloque Occidental y el bloque del Este durante la Guerra Fría) genera, en última instancia, más inestabilidad: al no existir ya un enemigo común ni una disciplina de bloque, cada Estado y/o facción actúa ahora exclusivamente en función de sus propios objetivos, lo que les lleva más fácilmente al enfrentamiento en una lucha de todos contra todos, obstaculizando la acción de los demás y dificultando cada vez más el control de sus políticas.
Debido a esta tendencia Estados Unidos, al tiempo que mantiene su apoyo a la OTAN, ve cómo en su seno las propias fracciones se desgarran por la política a seguir, tanto en Ucrania como en Gaza. Mientras que la administración Biden propuso mantener la ayuda a sus aliados, los republicanos trataron de limitarla, congelando inicialmente en el Congreso 60,000 millones de dólares de apoyo a Ucrania y 14,000 millones a Israel, antes de ceder finalmente y aceptar desbloquearlos. Estas fracturas están acentuando la dificultad de Estados Unidos para imponer su hegemonía en el mundo. En consecuencia, pierde cada vez más el control de sus políticas y su autoridad sobre los protagonistas de los conflictos.
También debido a toda esa atmósfera, se echa más leña al fuego de la creciente polarización entre las dos grandes potencias, China y Estados Unidos. Aunque la perspectiva de una guerra a gran escala entre estas dos potencias está descartada por el momento, las tensiones son constantes y el riesgo de una confrontación regional en torno a Taiwán no hace sino aumentar. China prosigue sus maniobras militares cerca y alrededor de la isla, prosigue e intensifica, aunque con cautela, sus provocaciones militares en el mar de China y aumenta su intimidación, especialmente hacia Filipinas y Japón. Estados Unidos, muy preocupado, alza la voz y reafirma su apoyo a sus aliados locales amenazados, al tiempo que intensifica sus provocaciones. La situación es cada vez más incontrolable e imprevisible. Los riesgos de nuevas conflagraciones no cesan de aumentar.
Ya sea directamente en las zonas de conflicto o lejos del frente ante los recortes relacionados con la economía de guerra, los proletarios son siempre los más afectados. En las zonas de guerra, son víctimas de bombardeos, sufren restricciones y tienen que soportar el terror, los horrores y las masacres. Cuando no son explotados en las fábricas, minas u oficinas, la burguesía los utiliza como carne de cañón. En Ucrania, el gobierno enrola a discreción a cualquier hombre de entre 25 y 60 años, ya sea directamente reteniéndolo o con el señuelo de un salario superior al de un trabajo civil. Además del alistamiento obligatorio, la burguesía se aprovecha de las miserables condiciones de los trabajadores para comprar su sangre y su vida.
Todo esto no sería posible sin una intensa propaganda nacionalista, machaconas campañas ideológicas y una narrativa planificada por el Estado: «La guerra es un asesinato metódico, organizado, gigantesco. Para que unos hombres normalmente constituidos asesinen sistemáticamente, es necesario, en primer lugar, producir una embriaguez apropiada. Desde siempre, producir esta embriaguez ha sido el método habitual de los beligerantes,. La bestialidad de los pensamientos y de los sentimientos debe corresponder a la bestialidad de la práctica, debe prepararla y acompañarla»[1] Esta es la razón por la que la clase obrera en Ucrania, en Rusia o en Oriente Medio no tiene actualmente capacidad de reaccionar, y le resultará muy difícil hacerlo ante la “embriaguez” a la que está siendo sometida.
Es cierto que el gobierno de Netanyahu es cada vez más impopular, y que la noticia de cada asesinato de rehenes israelíes por parte de Hamás ha provocado grandes manifestaciones, ya que cada vez más israelíes reconocen que el objetivo declarado por el gobierno de liberar a los rehenes y destruir a Hamás son contradictorios entre sí. Pero las manifestaciones, incluso cuando exigen un alto el fuego, se mantienen dentro de los límites del nacionalismo y la democracia burguesa y no contienen ninguna dinámica hacia una respuesta proletaria a la guerra.
El proletariado de los países occidentales, por su experiencia de la lucha de clases, en particular sobre las sofisticadas trampas impuestas por la dominación burguesa, sigue siendo el principal antídoto contra la espiral destructiva. A través de sus luchas contra los efectos de la economía de guerra, tanto los recortes presupuestarios como la inflación galopante, está sentando las bases de sus futuros asaltos contra el capitalismo.
Tatlin/WH, 5 de septiembre de 2024
[1] La crisis de la Socialdemocracia (1915), Rosa Luxemburgo.Ed. Anagrama, Barcelona 1976, pag 52
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Los informativos de todo el mundo han difundido las imágenes y las noticias de fallecidos arrastrados por el agua y sepultados por el barro y los derrumbes, y otros muchos desaparecidos; los cadáveres llegan a las playas; muchos pueblos no tienen comida ni agua potable; el agua estancada una semana con animales y personas muertas está comenzando a producir infecciones y el riesgo de epidemias. Si no fuera por los bombardeos y la guerra, la situación de la población desasistida, dejada a su suerte al límite de la supervivencia, recuerda por momentos a Gaza. Y todo esto sucede en la 3ª ciudad de España, en un país de la UE, del centro del capitalismo. Sea por la guerra o las catástrofes que produce el desastre ecológico, el capitalismo condena a la humanidad a la vía de la exterminación.
Una DANA desatada el pasado 30 de octubre en el área de Valencia ha producido unas inundaciones que han causado más de 200 muertos, aunque esta cifra aumentará conforme vayan apareciendo cadáveres. Es una cantidad deliberadamente indeterminada la de desaparecidos[1]. Y a esto hay que sumar la devastación de miles y miles de viviendas, carreteras, ferrocarril, telecomunicaciones etc., que afectan a cientos de miles de personas y que tardarán hasta meses en ser restablecidas. Se trata, sin duda, de una de las mayores catástrofes humanitarias de la historia de España, del mismo tipo que otras que se han producido en países centrales, como las inundaciones en 2021 en Alemania, en Bonn, donde pese a la tradición de disciplina y organización del Estado, la población fue igualmente abandonada, o el huracán Kathrina en EE.UU en Nueva Orleans. Pero en contra de lo que dicen los voceros de Derechas, no se trata de una catástrofe “natural” imprevisible. Tampoco es, como proclama los de la Izquierda del Capital, la consecuencia de una “gestión neoliberal” incompetente. Esta catástrofe es en definitiva el resultado de un sistema social que sacrifica la vida de los trabajadores y el planeta entero a las exigencias de la producción y la acumulación capitalistas.
Y este sistema que lleva décadas acumulando desastres (cambio climático, urbanismo salvaje, explotación irracional de los recursos hídricos, descuido de mantenimiento de las infraestructuras, etc.[2]) ha entrado además en su fase terminal de descomposición, en la que todas estas devastaciones se aceleran y se alimentan con otras manifestaciones de la decadencia capitalista como la guerra, la crisis económica, etc., en un torbellino[3] infernal que aboca inevitablemente a la catástrofe. Ante ello la actitud de la clase dominante es la de una creciente irresponsabilidad en la gestión de su propio sistema, anteponiendo la defensa de intereses de cada facción, lo que acentúa aún más el desastre.
Una gran parte de las victimas lo ha sido trabajando, obligados por patrones y encargados a permanecer en las industrias. En la FORD no se suspendieron los turnos de tarde y noche en el momento de las inundaciones y 700 personas hubieron de dormir en la factoría sin poder comunicarse con sus familias. En el Polígono de Ribarroja se rescataron al día siguiente más de 1000 trabajadores. Otra “ratonera” fueron los centros comerciales (en IKEA, en el Bonaire de Torrent) en los que se obligó a mantener los horarios y en los que los propios empleados tuvieron que rescatar a clientes y usuarios. En las fábricas de Inditex los trabajadores no oyeron las alertas porque no les dejan llevar consigo los teléfonos móviles y los encargados no les dijeron nada…. Es sabido, además, que esa alarma fue lanzada por las autoridades locales, muchas horas después de que hubiera avisos rojos meteorológicos y los primeros desbordamientos cauces arriba. La disciplina del trabajo asalariado y la salud de los negocios se anteponen a cualquier consideración sobre la vida y la salud de los trabajadores. Esa es la verdadera ley del capitalismo.
La situación recuerda, a otra escala, lo vivido durante la pandemia COVID hace apenas cuatro años. También entonces dijeron que su origen era “natural” y se escudaron en el manido “¿quién podría haber predicho algo así?”. Pero también entonces señalamos que se trataba de una catástrofe anunciada consecuencia de la agravación del desastre medioambiental mundial. Y que la sociedad disponía de la tecnología y los conocimientos como para anticiparse y prevenir sus estragos, pero que tales recursos están secuestrados en beneficio de la acumulación capitalista y la guerra. Resulta de lo más lacerante e indignante que en una época en que los ejércitos disponen de cibermedios para hacer estallar a distancia un teléfono móvil, o de drones capaces de espiar con precisión de centímetros, … en las inundaciones de Valencia colapsaron inmediatamente las líneas telefónicas incluidas las de llamadas de emergencia, y quienes hubieron de desplazarse esa noche tuvieran que hacerlo prácticamente a ciegas, sin información algunas por carreteras y ferrocarriles literalmente atascados, o adentrarse por vías secundarias sin saber si pudieran estar o no inundadas
La pesadilla no acabó con el final de las lluvias. A la mañana siguiente la gente se encontró con que tenía que buscar supervivientes, recuperar lo que se pudiera de las viviendas arrasadas, etc. sin prácticamente ayuda alguna, ni siquiera de víveres, agua potable, electricidad, teléfonos, con las infraestructuras viarias arrasadas, sin maquinaria (helicópteros, excavadoras, etc.). Por eso resulta aún más repugnante el cinismo y las lágrimas de cocodrilo de los gobernantes – tanto regionales como nacionales – que han aparecido repetidamente ante las cámaras de TV con los consabidos mensajes de “solidaridad” y promesas de que “no dejarán solos a las víctimas” (¿?), cuando eran perfectamente conscientes de que dejaban a la población abandonada a su suerte.
Que además se hayan dedicado a echarse las culpas y dejarse en evidencia mutuamente es un signo de como en esta época de la descomposición capitalista, las llamadas tradicionalmente políticas de Estado ceden ante la irresponsabilidad y el “cada uno a la suya”. El gobierno regional (del PP) ha mostrado efectivamente negligencia y también prepotencia y provocación (por ejemplo, tratando de echar a los voluntarios o encaminándolos a la limpieza de centros comerciales, mandando a sus casas a a los familiares que buscaban a los desaparecidos). Pero el gobierno “ultraprogresista” de Sánchez y Sumar no le ha ido a la zaga. Ha tardado días en desplegar medios de intervención de personal, escudándose en que no les habían sido solicitados “oficialmente” por el gobierno regional. Una de dos. O ha dejado al PP “cocerse en su propia salsa” pese al coste humano que suponía, o bien se escuda en tecnicismos administrativos para tapar su propia negligencia. Gobiernos como el francés o la UE han anunciado su voluntad de ayudar, pero no lo han hecho por no haber cursado el gobierno Sánchez la preceptiva “petición”.
El Estado democrático se autoproclama como la garantía del bienestar social, como la forma en que la población puede “defenderse” de los abusos de la explotación capitalista, cuando en realidad es su más enérgico defensor[4]. Cuando empezaron a surgir las protestas contra la permanencia en el trabajo la noche de la riada, la “pseudocomunista” Yolanda Díaz (además vicepresidenta de Gobierno y ministra de Trabajo) salió a declarar que la ley, supuestamente, permite a los trabajadores abandonar su puesto de trabajo ante un riesgo para su vida, pero que “apelaba” a la responsabilidad de los empresarios (¿?). Cargar a los trabajadores la responsabilidad de esa decisión[5] en un momento caracterizado por la precariedad en el empleo es de un sarcasmo insultante, como cuando ese mismo gobierno llama a los propietarios de viviendas a que sean “comprensivos” con los inquilinos y frenar contra la crisis de la vivienda.
La inundación ha visto surgir también una oleada generosa espontánea de solidaridad, que se ha podido ver en las TV de todo el mundo. Esa solidaridad inicial ha sido interrumpida ante el temor de una pérdida de control de la situación por la indignación y la reunión de vecinos y después se ha manipulado presentando un apoyo regionalista “de los valencianos”, llegándose a cantar el himno regional, porque fuera de la confrontación de clases, de la solidaridad de clase, no podía ir más allá de un apoyo popular e interclasista de “solo el pueblo salva al pueblo”. Pero creer en que es posible una “salvación” sin erradicar el capitalismo, sus desastres, sus guerras y su miseria de la faz de la tierra es una ilusión fatal. La única posibilidad de eludir ese siniestro futuro es encauzar la indignación y la rabia que producen todos estos desastres hacia la lucha de clases, la lucha de los explotados de todos los países contra los explotadores. A medida que el proletariado vaya recuperando su identidad de clase, los trabajadores estarán en condiciones de apoyar la defensa del conjunto de la población no explotadora desde su propio terreno de clase, creando una relación de fuerzas con el Estado burgués
Valerio 2 de noviembre de 2024
[1] Dentro de la criminal batalla política, entre las fuerzas de izquierda y derecha, la desinformación y las “fake news” se han convertido en armas entre los bandos, con una absoluta falta de responsabilidad y con total desprecio por la vida de las personas, o por su sufrimiento. No hay certeza en la veracidad de la cifras publicadas. Inicialmente se filtró que habían más de 2.000 desaparecidos, sin que nadie lo confirmara oficialmente. Una semana después las autoridades han señalado la existencia de alrededor de 90 desaparecidos, alegando que la primera cifra se correspondía con las primeras llamadas recibidas señalando la falta de personas. Una semana después, y tras superar el desconcierto inicial, la cifra de desaparecidos la sitúan en los 90 señalados. También es cierto que de los más de 200 muertos hay una parte de no identificados que podía corresponder con parte de los desaparecidos, pero no hay forma de saber si es real, si es un bulo o una ocultación deliberada. Con toda seguridad aparecerán más muertos, bajo los escombros, devueltos por el mar o en lugares a los que no se ha podido acceder. Situar la gravedad de la catástrofe en que haya 200 muertos o 2.000, tiene la finalidad de hacernos creer que o bien, son el producto mínimo del consabido “cambio climático”, o por el contrario son la prueba de la incompetencia y malevolencia del gobierno de turno. La realidad, como argumentamos, es que la catástrofe y sus consecuencias son el resultado de un sistema social que nada tiene que ver con las necesidades de los trabajadores y si con las ganancias de la burguesía. Sean cuantos sean, son el resultado del capitalismo.
[2] Ver un análisis de esta sucesión de catástrofes climáticas por ejemplo en nuestro reciente artículo [1468] sobre las sequia [1468]s
[3] Trazamos una explicación de lo que queremos decir en ese “efecto torbellino” en nuestra Resolución sobre la situación internacional de Diciembre 2023 [1469]
[4] El rey Felipe VI dijo después de la accidentada visita a la zona cero, que el Estado debía estar presente en todas sus instancias, y efectivamente hemos visto cómo se hacía cargo de la defensa de la propiedad privada, reprimiendo los asaltos a supermercados en busca de alimentos, prohibiendo la solidaridad espontanea, protegiendo a las autoridades…Y dejando a la población a su suerte
[5] Legalmente también los sindicatos también pueden desalojar los centros de trabajo en caso de riesgo laboral. No ha trascendido que así lo hicieran en ningún caso, mostrando que ellos también se alinean con el Estado capitalista.
En todas partes, la burguesía hace llover despidos, multiplica drásticamente los recortes al presupuesto, comprime los salarios frente a la inflación, precariza y aumenta la explotación. ¡Y los ataques no tienen fin! La crisis del capitalismo no tiene solución y se ve considerablemente agravada por las guerras y el caos que se extienden por todas partes, como los mortíferos conflictos en Ucrania y el Oriente Medio. Para financiar las masacres, la burguesía no cesa de aumentar sus demenciales gastos militares y exige sacrificios cada vez mayores a los explotados. La clase obrera es todavía incapaz de actuar directamente contra estos conflictos, pero no está dispuesta a aceptar los ataques sin reaccionar.
A finales de agosto, cuando la subida de los precios seguía pasando factura, los trabajadores del transporte de mercancías por ferrocarril en Canadá intentaron emprender la lucha. Calificado de “inédito” por su amplitud, este movimiento frustrado reunió a cerca de 10.000 trabajadores en un país donde el derecho de huelga se rige por normas extremadamente draconianas. El gobierno prohibió inmediatamente todas las huelgas en nombre de la salvaguarda de la economía nacional, ordenando nuevas negociaciones entre las compañías ferroviarias y el principal sindicato del sector, Teamsters Canada. Eso fue todo lo que necesitó para cortar de raíz el movimiento prometiendo que la decisión gubernamental sería impugnada... ¡en los tribunales! En resumen, el sindicato redujo hábilmente a los trabajadores a la impotencia aplazando la lucha hasta las calendas griegas. Como bien dijo el director de relaciones públicas del sindicato: “Nosotros queremos negociar. Nuestros miembros quieren trabajar, les gusta operar los trenes en Canadá». La burguesía no podría haber encontrado un mejor perro guardián...
Un mes más tarde, cerca de 50.000 estibadores de 36 puertos de Estados Unidos, así como los del puerto de Montreal, se lanzaron a una huelga de varios días. Un movimiento de tal amplitud no se veía desde 1977. En plena campaña electoral, la administración de Biden se apresuró a jugar a mediador mostrando hipócritamente su “apoyo” a los estibadores. Con la complicidad del gobierno, los sindicatos consiguieron parar el movimiento haciendo prevalecer un “acuerdo de principio sobre los salarios”, que se negociará... en el mes de enero de 2025.
Después de paros parciales desde abril, 15.000 trabajadores de 25 grandes hoteles estadounidenses se declararon en huelga el 1 de septiembre (día del Trabajo en Estados Unidos), exigiendo mejoras salariales, una reducción de la carga de trabajo y la anulación de los recortes laborales. Los 700 trabajadores del Hilton San Diego llegaron a estar 38 días en huelga, la huelga hotelera más larga de la historia de San Diego.
Los trabajadores del automóvil también siguen luchando, sobre todo en las fábricas del grupo Stellantis. En 2023, los trabajadores de Ford, General Motors y Stellantis intentaron unir sus luchas a escala nacional e incluso más allá, con los trabajadores de Canadá. Por supuesto, los sindicatos habían limitado la lucha únicamente al sector automotriz. Pero este fenómeno expresó el deseo de los trabajadores de no quedarse solos en su rincón, de no encerrarse en la fábrica, y dio lugar a una enorme avalancha de simpatía por parte de la clase obrera. Desde entonces, los sindicatos han conseguido dividir meticulosamente la lucha a nivel de fábrica, encerrando a los trabajadores para defender tal o cual línea de producción amenazada de cierre.
También en Italia, a finales de octubre, 20.000 empleados del grupo automovilístico Stellantis se manifestaron en Roma contra el cierre de varias fábricas de Fiat. El movimiento también fue descrito como “una huelga histórica como no se había visto en más de cuarenta años”. Pero también en este caso los sindicatos hicieron todo lo posible para reducir a los trabajadores a la impotencia. Al mismo tiempo que Stellantis despedía a 2.400 empleados en sus plantas de Detroit (Estados Unidos), los sindicatos italianos convocaban una única jornada de huelga con consignas nacionalistas en torno a la marca Fiat, ese “emblema de Italia”.
Pero sobre todo fue el movimiento en las fábricas de Boeing la que tuvo mayor repercusión. Desde hace más de un mes, 33.000 trabajadores reclaman aumentos salariales y el restablecimiento de su régimen de pensiones. Como en Canadá, los obreros en lucha son acusados de hipotecar, por egoísmo, el porvenir de esta “insignia” de la industria americana y de amenazar los puestos de trabajo de los subcontratistas. El fabricante de aviones incluso ha amenazado cínicamente con despedir a 17.000 empleados para eliminar “la deuda de varios miles de millones de dólares” atribuida a los huelguistas. Una vez más, los sindicatos pretendieron confinar la lucha únicamente en la empresa Boeing, encerrando a los trabajadores en una huelga larga pero muy aislada.
Mientras el proletariado de Estados Unidos y Canadá se ha mostrado especialmente combativo en los dos últimos años ante el considerable deterioro de sus condiciones de vida, los sindicatos han tenido que “radicalizar” su discurso y presentarse como los más decididos en la lucha. Pero detrás de su supuesta determinación por obtener aumentos salariales, buscan, sobre todo, reforzar su rol de encuadramiento, para sabotear mejor toda movilización. En todas partes donde estallan las luchas, los sindicatos se proponen aislar y dividir a la clase, privar a los obreros de su principal fuerza: su unidad. Encierran a los trabajadores en su sector de actividad, en su empresa, en su departamento. En todas partes, intentan apartar a los huelguistas de la solidaridad activa de sus hermanos de clase en la lucha. Esta división corporativista es un verdadero veneno, porque cuando luchamos cada uno en nuestro rincón, ¡todos salimos perdiendo!
Estas luchas se desarrollan en un contexto extremadamente difícil para la clase obrera. El capitalismo se descompone, todas las estructuras sociales se pudren, la violencia y la irracionalidad estallan a niveles sin precedentes, fracturando aún más la sociedad. Todos los países, empezando por los más frágiles, se ven afectados por este proceso. Pero los Estados Unidos son hoy, entre todos los países desarrollados, el más impactado por la putrefacción de la sociedad capitalista[1]. El país está desbastado, desde los guetos más miserables hasta los más altos niveles de gobierno, por el populismo, por la violencia, por el tráfico de drogas, por las teorías conspirativas más delirantes... El éxito de las teorías de la extrema derecha libertaria, que preconizan el ingenio individual, el odio a cualquier planteamiento colectivo y el maltusianismo más bestial es un síntoma angustiante de este proceso.
En este contexto, el desarrollo de la lucha de clases no puede adoptar en modo alguno la forma de un aumento homogéneo y lineal de la conciencia de clase y de la necesidad del comunismo. Al contrario, con la aceleración de los fenómenos de descomposición, la clase obrera se verá constantemente confrontada a obstáculos, acontecimientos catastróficos y a la podredumbre ideológica de la burguesía. La forma que adoptarán la lucha y el desarrollo de la conciencia de clase será necesariamente accidentada, difícil y fluctuante. La erupción de Covid en 2020, la guerra en Ucrania dos años después y las masacres en Gaza son suficientes ilustraciones de esta realidad. La burguesía aprovechará, como siempre ha hecho, cada manifestación de descomposición para volverlas inmediatamente contra el proletariado.
Esto es precisamente lo que está haciendo con la guerra en Oriente Medio, tratando de desviar al proletariado de su terreno de clase, empujando a los trabajadores a defender un campo imperialista contra otro. Con una multitud de manifestaciones pro palestinas y la creación de redes de “solidaridad”, ha explotado cínicamente el asco provocado por las masacres para movilizar a miles de trabajadores en el terreno del nacionalismo[2]. Esta es la respuesta de la burguesía a la maduración que empieza a producirse en las entrañas de la clase obrera. Durante las huelgas de 2023 en la industria del automóvil, comenzó a surgir el sentimiento de ser una clase internacional. La misma dinámica se vio durante el movimiento contra la reforma de las pensiones en Francia, cuando los trabajadores de Mobilier National se movilizaron en solidaridad con los huelguistas de Gran Bretaña. Aunque estas expresiones solidarias se quedaron en una fase embrionaria, la burguesía es perfectamente consciente del peligro que representa esa dinámica. Toda la burguesía se movilizó para embutir el estiércol nacionalista en los cráneos de los obreros porque esos reflejos de solidaridad contenían el germen de la defensa del internacionalismo proletario.
Con la creciente inestabilidad de su aparato político, en el que el populismo es uno de los síntomas más espectaculares, la burguesía sigue intentando meter una cuña en la maduración de la conciencia de clase. Las huelgas en Estados Unidos tienen lugar en un contexto electoral ensordecedor. Los demócratas no cesan de llamar a bloquear al populismo en las urnas y a revitalizar las instituciones de la “democracia estadounidense” ante el peligro del “fascismo”. Los obreros en huelga son acusados constantemente de debilitar el campo demócrata y hacer el juego al trumpismo. En Italia, la llegada de la extrema derecha al poder también ha dado lugar a toda una campaña a favor de la democracia burguesa.
Con las promesas engañosas de la izquierda estadounidense y europea sobre los “impuestos a los ricos” o la “reforma en profundidad de los derechos de los trabajadores”, y con la retórica “progresista” sobre los “derechos” de las minorías, la burguesía intenta en todas partes sembrar ilusiones sobre la capacidad del Estado burgués para organizar una sociedad “más justa”. No, ¡la burguesía no restablecerá una economía floreciente! No, ¡la burguesía no protegerá a los negros ni a los árabes de sus policías y sus patrones racistas! El objetivo de toda esa palabrería no es ni más ni menos que pudrir la reflexión de los obreros y distraerlos de las luchas que es la única manera de ofrecer una verdadera alternativa a la crisis histórica del capitalismo y a todos los horrores que trae consigo.
A pesar de todos estos obstáculos, la clase está luchando masivamente. Desde el punto de vista del materialista vulgar, las huelgas actuales no son más que luchas corporativistas, despolitizadas, dirigidas y conducidas a callejones sin salida por los sindicatos. Pero adoptando una perspectiva histórica e internacional, a pesar de la camisa de fuerza corporativista impuesta por los sindicatos, a pesar de todas las debilidades e ilusiones que pesan sobre los trabajadores, estos movimientos se inscriben en la continuidad de la ruptura que venimos observando desde hace casi tres años. Desde el “verano de la ira” que sacudió el Reino Unido en 2022 durante varios meses, la clase obrera ha resistido incansablemente los ataques de la burguesía. En Francia, Alemania, Italia, España, Finlandia, Países Bajos, Grecia, Estados Unidos, Canadá, Corea... El mundo no había conocido una ola de luchas tan masivas y simultáneas en tantos países ni durante un período tan largo desde hace tres décadas.
En los últimos treinta años, la clase obrera ha perdido su conciencia de sí misma y de su identidad, está empezando, poco a poco, a verse de nuevo como una fuerza social, y a redescubrir algunos de sus reflejos de solidaridad. Mejor aún, como ha podido documentar la CCI, los trabajadores están reapropiándose de nuevo de las lecciones de las luchas pasadas, intentando volver a conectar con la experiencia de su clase: como con la lucha contra el CPE o Mayo del 68 en Francia, con el Cordobazo en Argentina, o la lucha de los mineros en Gran Bretaña en 1984.
Desde la década de 1980, las luchas obreras prácticamente habían desaparecido del paisaje norteamericano. Con el colapso de la URSS, los proletarios de Estados Unidos fueron sometidos al mismo intenso apaleamiento ideológico que durante la Guerra Fría sobre la “victoria del capitalismo sobre el (supuesto) comunismo”. Las luchas obreras fueron despiadadamente relegadas al basurero de la historia. En un país gangrenado por la violencia y el populismo, donde incluso Kamala Harris es sospechosa de ser “comunista” y de querer “hacer como Lenin”, el solo hecho de que la gente se atreviera a volver a hacer huelga en masa, de plantear la cuestión de la solidaridad y a llamarse a sí misma “trabajadores”, da testimonio de un cambio en profundidad en las entrañas de la clase obrera de todo el mundo.
La solidaridad que se ha expresado en todos los movimientos sociales desde 2022 muestra que la clase obrera, cuando lucha, no sólo consigue resistir a la putrefacción social, sino también es el comienzo de un antídoto, la promesa de otro mundo: la fraternidad proletaria. Su lucha es la antítesis de la guerra y del todos contra todos en que nos sumerge la descomposición.
EG, 28 de octubre de 2024
[1] Representan también una fuente importante de inestabilidad en el mundo. Véase “Resolución sobre la situación internacional (diciembre de 2023) [1469]”, Revista Internacional nº 171 (2023).
[2] Cf. “Manifestaciones pro palestinos en el mundo: Elegir un campo frente a otro, es siempre elegir la barbarie capitalista [1471]”, publicado en francés en la página web de la CCI, (2024).
Trump ha regresado a la Casa Blanca, coronado con una aplastante victoria en las elecciones presidenciales. A ojos de sus partidarios, es un héroe americano invencible, que ha sobrevivido a todos los obstáculos: las “elecciones amañadas”, la “inquisición judicial”, la hostilidad del “establishment” e incluso... ¡las balas! La imagen de un Trump milagroso, con la oreja sangrando y el puño en alto después de que un disparo le rozara, pasará a la historia. Pero detrás de la admiración suscitada por su reacción, este atentado fue sobre todo la expresión más espectacular de una campaña electoral que alcanzó nuevas cotas de violencia, odio e irracionalidad. Esta campaña extraordinaria, desbordante de dinero y saturada de obscenidades, al igual que su conclusión, la victoria de un multimillonario megalómano y estúpido, es la imagen del abismo en el que se hunde la sociedad burguesa.
Trump tiene todas las cualidades de un tipo sucio: es de una vulgaridad ilimitada, un mentiroso y un cínico, tan racista y misógino como homófobo. La prensa internacional, ha glosado durante toda la campaña, los peligros que entrañaba su vuelta al poder para las instituciones “democráticas”, las minorías, el clima y las relaciones internacionales: “El mundo contiene la respiración” (Die Zeit), “Pesadilla americana” (L'Humanité), “¿Cómo sobrevivirá el mundo a Trump?” (Público), “Una debacle moral” (El País) ...
Entonces, ¿deberíamos haber preferido a Harris, haber elegido el bando de un supuesto “mal menor” para bloquear el camino del populismo? Eso es lo que la burguesía intentó hacer creer a la gente. Durante varios meses, el nuevo presidente de Estados Unidos se encontró en el centro de una campaña mundial de propaganda contra el populismo.[1] La “sonriente” Kamala Harris no cesó en llamar a la defensa de la “democracia estadounidense”, calificando a su oponente como un “fascista”. Incluso su antiguo jefe de gabinete se apresuró a describirlo como un “dictador en potencia”. La victoria del multimillonario no hizo sino alimentar esta mistificadora campaña a favor de la “democracia” burguesa.
Muchos votantes acudieron a la urna pensando: “Los demócratas nos lo han puesto difícil durante cuatro años, pero aun así no será tan catastrófico como Trump en la Casa Blanca”. Esta es la idea que la burguesía siempre ha intentado meter en la cabeza de los trabajadores para empujarlos hacia las urnas. Pero en el capitalismo decadente, las elecciones son una mascarada, una opción falsa cuya única función es impedir que la clase obrera reflexione en sus objetivos históricos y en los medios para alcanzarlos.
Las elecciones en Estados Unidos no son una excepción a esta realidad. Si Trump ganó con un margen tan amplio fue porque a los demócratas se les detesta. Contrariamente a la imagen de una “ola republicana”, Trump no atrajo un apoyo masivo. El número de sus votantes se ha mantenido relativamente estable en comparación con la precedente elección de 2020. Fue sobre todo la vicepresidente Harris quien, como muestra del descrédito de los demócratas, sufrió una debacle, perdiendo nada menos que 10 millones de votantes en cuatro años. ¡Y con razón! La administración Biden llevó a cabo feroces ataques contra las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera, empezando por la inflación, que hizo que se disparara el precio de los alimentos, la gasolina y la vivienda. Luego hubo una enorme oleada de despidos y de precarización laboral, que acabó empujando a los trabajadores a luchar masivamente[2]. En materia de inmigración, Biden y Harris, que habían sido elegidos con la promesa de una política “más humana”, no han cesado de endurecer las condiciones de ingreso a los Estados Unidos, llegando incluso a cerrar la frontera con México y a prohibir despiadadamente a los inmigrantes incluso solicitar asilo. En el plano internacional, el militarismo desenfrenado de Biden, su dispendioso financiamiento de las masacres en Ucrania y su apoyo a los abusos del ejército israelí también han enfurecido a los electores.
La candidatura de Harris no podía suscitar ninguna ilusión, como hemos visto en el pasado con Obama y, en menor medida, con Biden. El proletariado no tiene nada que esperar de las elecciones ni del poder burgués vigente: no es tal o cual camarilla en el poder la que “gestiona malos asuntos”, es el sistema capitalista el que se hunde en la crisis y la bancarrota histórica. Ya sean demócratas o republicanos, todos seguirán explotando sin piedad a la clase obrera y extendiendo la miseria a medida que se agudiza la crisis; ¡todos seguirán imponiendo la feroz dictadura del Estado burgués y bombardeando a inocentes en todo el mundo!
Las fracciones más responsables del aparato estatal estadounidense (la mayoría de los medios de comunicación y altos funcionarios, el mando militar, la facción más moderada del partido republicano…) han hecho todo lo posible para impedir que Trump y su clan volvieran a la Casa Blanca. La cascada de demandas judiciales, las advertencias de prácticamente todos los expertos en todos los campos e incluso los incesantes esfuerzos de los medios de comunicación por ridiculizar al candidato no han sido suficientes para frenar su carrera hacia el poder. La elección de Trump es una verdadera bofetada, una señal de que la burguesía está perdiendo cada vez más el control de su juego electoral y ya no es capaz de impedir que un alborotador irresponsable acceda a los más altos cargos del Estado.
La realidad del auge del populismo no es nada nuevo: la adopción del Brexit en 2016, seguido ese mismo año por la sorprendente victoria de Trump, han sido los primeros y más espectaculares signos de ello. Pero la profundización de la crisis del capitalismo y la impotencia creciente de los Estados para controlar la situación, ya sea geoestratégica, económica, medioambiental o social, solo han servido para reforzar la inestabilidad política en todo el mundo: parlamentos desgarrados, populismo, tensiones entre camarillas burguesas, inestabilidad gubernamental... Estos fenómenos dan testimonio de un proceso de desintegración que ahora opera en el corazón de los Estados más poderosos del mundo. Esta tendencia ha permitido que un loco furioso como Milei ascienda a la jefatura del Estado en Argentina, y que populistas lleguen al poder en varios países europeos donde la burguesía es la más experimentada del mundo.
La victoria de Trump forma parte de este proceso, pero también marca un importante paso adicional. Si Trump es rechazado por una gran parte del aparato del Estado, es sobre todo porque su programa y sus métodos corren el riesgo no sólo de dañar los intereses del imperialismo estadounidense en el mundo, sino también de incrementar aún más las dificultades del Estado para garantizar la apariencia de cohesión social necesaria para el funcionamiento del capital nacional. Durante la campaña, Trump pronunció una serie de discursos incendiarios, reavivando como nunca el espíritu revanchista de sus partidarios, amenazando incluso a las instituciones “democráticas” que la burguesía tanto necesita para encuadrar ideológicamente a la clase obrera. Ha alimentado constantemente la retórica más retrógrada y odiosa, agitando el espectro de los disturbios si no es elegido. Y nunca pensó en las consecuencias que sus palabras podrían tener en el tejido social. La violencia extrema de esta campaña, de la que los demócratas también son responsables en muchos aspectos, sin duda ahondará las divisiones en la población estadounidense y solo puede aumentar aún más la violencia en una sociedad ya muy fragmentada. Pero Trump, en la lógica de tierra quemada que caracteriza cada vez más al sistema capitalista, estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para ganar.
En 2016, como la victoria de Trump fue relativamente inesperada, incluso por él mismo, la burguesía estadounidense pudo preparar el terreno colocando en el gobierno y en la administración a personalidades capaces de frenar las decisiones más delirantes del multimillonario. Aquellos a los que Trump calificó más tarde de “traidores” habían sido capaces, por ejemplo, de impedir la derogación del sistema de protección social (Obamacare) o el bombardeo de Irán. Cuando estalló la pandemia de Covid, su vicepresidente, Mike Pence, también fue capaz de gestionar la crisis a pesar de que Trump creía que bastaba con “inyectar desinfectante en los pulmones” para curar la enfermedad... Fue el mismo Pence quien acabó desautorizando públicamente a Trump al asegurar la transición de poder con Biden mientras los alborotadores marchaban hacia el Capitolio. A partir de ahora, aunque el Estado Mayor del Ejército siga siendo muy hostil a Trump y siga haciendo todo lo posible por retrasar sus peores decisiones, el clan del nuevo presidente se ha preparado destituyendo a los “traidores” y se dispone a gobernar en solitario contra todos, dejando entrever que su mandato será aún más caótico que el anterior.
Durante la campaña, Trump se presentó como un hombre de “paz”, afirmando que pondría fin al conflicto ucraniano “en 24 horas”. Su gusto por la paz se detiene claramente en las fronteras de Ucrania, ya que al mismo tiempo ha dado un apoyo incondicional a las masacres perpetradas por el Estado hebreo y se ha mostrado muy virulento hacia Irán. En realidad, nadie sabe realmente lo que Trump hará (o podrá hacer) en Ucrania, en Medio Oriente, en Asia, en Europa o con la OTAN, en tanto se ha mostrado siempre versátil y caprichoso.
Por otro lado, su regreso marcará una aceleración sin precedentes de la inestabilidad y el caos en el mundo. En Medio Oriente, Netanyahu ya imagina que, con la victoria de Trump, tendrá las manos más libres que en ningún otro momento desde el inicio del conflicto en Gaza. Israel podría tratar de alcanzar sus objetivos estratégicos (destrucción de Hezbolá, Hamás, guerra con Irán, etc.) de forma mucho más frontal, extendiendo más la barbarie por toda la región.
En Ucrania, tras la política de apoyo más o menos mesurada de Biden, el conflicto corre el riesgo de dar un giro aún más dramático. A diferencia de Medio Oriente, la política de los Estados Unidos en Ucrania forma parte de una estrategia cuidadosamente diseñada para debilitar a Rusia y su alianza con China, y reforzar los lazos de los Estados europeos en torno a la OTAN. Trump podría poner en entredicho esta estrategia y debilitar aún más el liderazgo estadounidense. Tanto si Trump decide abandonar Kiev como si decide “castigar” a Putin, las masacres se intensificarán inevitablemente y quizá se extiendan más allá de Ucrania.
Pero sobre todo es en China donde están todas las miradas. El conflicto entre Estados Unidos y China está en el centro de la situación mundial, y el nuevo presidente podría multiplicar sus provocaciones, empujando a China a reaccionar con firmeza o, por el contrario, a presionar a sus aliados japoneses y coreanos, que ya han expresado su preocupación. Y todo ello sobre un fondo de graves guerras comerciales y de proteccionismo, que las principales instituciones financieras advierten tendrán desastrosas consecuencias para la economía mundial.
La imprevisibilidad de Trump solo puede reforzar considerablemente la tendencia al cada uno para sí, en todas las potencias, grandes y pequeñas, a aprovechar la “retirada” del gendarme estadounidense para jugar su propia carta en un ambiente de inmensa confusión y caos creciente. Incluso los “aliados” de Estados Unidos buscan ya más abiertamente distanciarse de Washington favoreciendo soluciones nacionales, tanto en el plano económico como militar. El presidente francés, apenas asegurada la victoria de Trump, llamó inmediatamente a los Estados de la Unión Europea a “defender” sus “intereses” frente a Estados Unidos y China....
En un contexto de crisis económica, en un momento en que el proletariado está recuperando su combatividad a escala internacional y redescubriendo gradualmente su identidad de clase, la camarilla de Trump no es, a los ojos de la burguesía estadounidense, claramente la más adecuada para gestionar la lucha de clases e impulsar los ataques que el capital necesita. Entre sus amenazas abiertas de represión contra los huelguistas y su asociación de pesadilla con un tipo tan abiertamente anti obrero como Elon Musk, las declaraciones extremas del multimillonario durante las recientes huelgas en Estados Unidos (Boeing, estibadores, hoteles, automóviles, etc.) auguran lo peor y sólo pueden preocupar a la burguesía. La promesa de Trump de vengarse de los empleados del Estado, a los que considera sus enemigos, despidiendo a 400,000 de ellos, también augura problemas después de las elecciones.
Pero sería un error pensar que el regreso de Trump a la Casa Blanca alentará la lucha de clases. Al contrario, supondrá una auténtica conmoción. La política de división entre grupos étnicos, entre habitantes urbanos y rurales, entre graduados y no graduados, toda la violencia y el odio que trajo consigo la campaña electoral y sobre la que Trump seguirá surfeando, contra los negros, contra los inmigrantes, contra los homosexuales o los transexuales, todos los desvaríos irracionales de los evangélicos y otros teóricos de la conspiración, todo el embrollo de la descomposición, en definitiva, va a pesar aún más sobre los trabajadores, creando profundas divisiones e incluso violentos enfrentamientos políticos a favor de camarillas populistas o anti populistas.
La administración Trump podrá contar sin duda con las facciones izquierdistas de la burguesía, empezando por los “socialistas”, para infundir el veneno de la división y asegurar el encuadramiento de las luchas. Después de hacer campaña por los dos Clinton, Obama, Biden y Harris, Bernie Sanders acusa sin pestañear a los demócratas de haber “abandonado a la clase obrera”, ¡como si este partido, a la cabeza del Estado estadounidense desde el siglo XIX, militarista y asesino en masa de proletarios, tuviera algo que ver con la clase obrera! Su comparsa en adulaciones, Ocasio-Cortez, tan pronto como fue reelecto a la Cámara de representantes, prometió hacer todo lo posible para dividir a la clase obrera en “comunidades”: “Nuestra campaña no consiste solo en ganar votos, sino en darnos los medios para construir comunidades más fuertes”.
Pero la clase obrera tiene la fuerza para luchar a pesar de estos nuevos obstáculos. En plena campaña, y a pesar de las infames acusaciones de hacer el juego a los populistas, los trabajadores siguieron luchando contra la austeridad y los despidos. A pesar del aislamiento impuesto por los sindicatos, a pesar de la enorme propaganda democratista, a pesar del peso de las divisiones, demostraron que la lucha es la única respuesta a la crisis del capitalismo.
Sobre todo, ¡los trabajadores de Estados Unidos no están solos! ¡Estas huelgas se inscriben en un contexto de combatividad internacional y de reflexión creciente que viene produciéndose desde el verano de 2022, cuando los trabajadores de Gran Bretaña, tras décadas de resignación, lanzaron un grito de rabia, “¡Basta ya!”, que resuena y seguirá resonando en las entrañas de la clase obrera!
EG, 9 de noviembre de 2024
[1] Elecciones en Estados Unidos, ola populista en todo el mundo... ¡El futuro de la humanidad no está en las urnas, sino en la lucha de clases! [1472], CCI Online octubre 2024.
[2] Huelgas en Estados Unidos, Canadá, Italia... ¡Desde hace tres años, la clase obrera combate contra la austeridad! [1473], CCI Online noviembre 2024.
Al revisar las experiencias históricas de las luchas del proletariado en Argentina desde el Cordobazo de 1969 hasta las dificultades actuales por las que atraviesa, el objetivo del artículo es resaltar la necesidad de que el movimiento obrero extraiga lecciones del pasado para poder registrar y desarrollar su lucha a nivel internacional en el futuro. Esto sólo es posible mirando al pasado, no sólo a los momentos clave del desarrollo de estas luchas, sino también desarrollando una reflexión crítica, consciente sobre por qué, desde mediados de los años 70, estas luchas han sido sistemáticamente conducidas a callejones sin salida, dejándolas en manos de las fuerzas capitalistas responsables de encuadrarlas, dejando una sensación de fracaso e impotencia dentro de la clase. Pero eso demuestra, que la clase trabajadora tiene plena capacidad para superar el desaliento y desarrollar combates en su propio terreno de clase, que es la única forma posible de poder resistir los ataques de la burguesía.
Los trabajadores argentinos están experimentando actualmente un agudo deterioro en sus condiciones de vida. Las medidas implementadas por Milei aumentan constantemente el desempleo y disminuyen los salarios, llevando a grandes masas proletarias a un proceso de pauperización, saltando el porcentaje de pobres en pocos meses del 45% al 57% de la población. De hecho, el plan de choque concertado con la mayoría de los gobernadores provinciales llamado “Ley de bases” impuso drásticas medidas de austeridad: supresión de la asistencia social, especialmente en los sectores de salud y educación; recortes drásticos en los gastos sociales, que implicaron en particular despidos masivos en el sector público (entre 50 y 60,000 realizados hasta ahora con miras a eliminar 200,000 puestos de trabajo en un año); congelación de salarios y pensiones... todo esto en nombre de la lucha contra la inflación, acompañado de un fortalecimiento del arsenal represivo del Estado. En los primeros días del gobierno de Milei, ante una nueva escalada de ataques a los trabajadores agravando sus condiciones de vida ya muy degradadas, se produjeron importantes manifestaciones espontáneas, pero la estructura sindical y el aparato de izquierda del capital lograron atrapar el descontento y la voluntad de lucha de los trabajadores, impidiendo que este descontento se transformara en una fuerza consciente y organizada.
Cada vez que la combatividad de los trabajadores busca expresarse, se enfrenta a un conjunto de obstáculos establecidos por la burguesía que despliega todas sus fuerzas para encuadrar a la clase trabajadora: sindicatos, partidos de izquierda, peronistas, izquierdistas, piqueteros... Es por eso que los proletarios deben mirar sus luchas pasadas, para sacar las lecciones de ellas, identificando experiencias positivas, pero también reflexionando sobre errores y experiencias negativas, porque esto permitirá preparar sus próximas luchas, al ser capaces de reconocer y frustrar las trampas tendidas por la burguesía.
La tradición de lucha obrera en Argentina se afirmó entre las últimas décadas del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX, con la rápida industrialización del país y el crecimiento del proletariado dentro de la sociedad. Sin embargo, el impacto de la derrota de la ola revolucionaria mundial de 1917-23 sumió a toda la clase trabajadora a nivel mundial en un largo período de contrarrevolución. En Argentina, este período de contrarrevolución tomó la forma particular de un gobierno como el de Perón elegido “democráticamente” pero en realidad dirigido por el ejército, fuertemente marcado como en otros lugares por la necesidad de medidas de control estatal tanto sobre la economía nacional como sobre el conjunto de la vida social, características propias del período de decadencia del capitalismo1. Pero tales medidas han sido blanqueadas con un tinte “social”, supuestamente basado en los sindicatos y el dominio absoluto del peronismo sobre los “estratos populares” de la nación. Este se impuso a través de una sucesión de golpes fomentados a veces por los militares, a veces por civiles, lo que permitió un encuadramiento reforzado de la clase trabajadora.
Fue después de un período de 40 años de contrarrevolución que, a fines de la década de 1960, el regreso a la escena del proletariado mundial se manifestó en la reanudación internacional de la lucha de clases a través del formidable movimiento de luchas y huelgas de mayo del 68 en Francia, seguido del “otoño caliente” en Italia en 1969. Una manifestación significativa e importante de esta dinámica en Argentina fue el Cordobazo2 en mayo de 1969. Esta dinámica se extendía entonces en completa oposición a los métodos de lucha, falsamente presentados por las organizaciones de izquierda como “socialistas”, “comunistas” o “guerrilleros”, todos pertenecientes a “luchas” dentro del propio campo burgués3 . Por lo tanto, es necesario y prioritario que el proletariado de este país se reapropie de esta experiencia de lucha, para poder movilizarse nuevamente de manera solidaria y masiva frente a los ataques de la burguesía. Con el Cordobazo, se lograron movilizaciones obreras realmente masivas que, aunque convocadas por las principales centrales sindicales para evitar que los trabajadores tomaran la iniciativa y asumieran el control, lograron expresar gran determinación, fuerte combatividad en la lucha y tendencias a expandir el movimiento, a convocar asambleas en las calles y en las barricadas, ignorando las instrucciones sindicales de detener el movimiento. A pesar de las trampas tendidas por la burguesía y su aparato de gestión sindical, pero también de sus ilusiones, este movimiento constituyó un estímulo vigoroso y muy claro a la lucha de clases internacional, permitiendo al proletariado ganar confianza en su propia fuerza, en su lucha fuera del marco corporativista en el que los sindicatos querían encerrarlo, en su solidaridad de clase, en particular para resistir con coraje la feroz represión estatal de un gobierno militar. Así, la movilización y las huelgas se mantuvieron o desarrollaron en muchos sectores en Argentina casi a lo largo del año 1970.
También es necesario volver a las manifestaciones de la última década del siglo XX y los primeros años del siglo XXI, en particular para denunciar el impasse del movimiento de los “piqueteros”4 (llamados en ese momento los “nuevos sujetos sociales”) y los “comedores populares”5, como falsas expresiones de la lucha proletaria que la burguesía sigue presentando, a través de sus estructuras sindicales y de todo su aparato político de izquierda, como los modelos que los trabajadores deberían seguir en sus luchas actuales. Los ideólogos burgueses intentan ocultar el hecho de que, desde el Cordobazo, han sido las fuerzas sindicales y la izquierda del capital las que han trabajado constantemente para sabotear, desviar y sofocar la combatividad de los trabajadores para evitar el surgimiento de una formidable energía proletaria como se manifestó durante el Cordobazo asustando a toda la burguesía. De hecho, entre otros obstáculos, está el veneno ideológico nacionalista contenido en el credo antiimperialista explotado especialmente por la izquierda del capital, como por las diversas fracciones defensoras del peronismo, que se utiliza constantemente para desviar la ira de los trabajadores dirigiéndola contra el dominio absoluto del capital corporativo de “origen extranjero” en suelo nacional. La principal arma del Estado contra la conciencia se basó en la izquierda y el fortalecimiento de la estructura sindical.
A nivel del encuadramiento sindical, se trataba, sobre todo, ante el descrédito de la CGT oficial profundamente ligada al peronismo, de apoyarse en la CGT-A6, que jugó un papel importante en la recuperación por parte de la burguesía de las huelgas masivas del Cordobazo. La artimaña del regreso de Perón, con la complicidad de la izquierda, fue producto de una negociación entre diferentes sectores burgueses para subyugar a los trabajadores. Fue utilizada tanto por el Frente Justicialista de Liberación de filiación peronista como por otros partidos políticos para arrastrar a los trabajadores al circo electoral democrático de 19737. Así es como se ha afianzado la ilusión de que los trabajadores solo tienen la opción de las urnas y la democracia para salir de la miseria.
Durante la década de 1990, a fines del siglo XX, aumentó la masa de desempleados (generada por las políticas de austeridad de Menem, también de origen peronista), así como el descontento, representando así un potencial creciente de la lucha que fue absorbida por sectores supuestamente más radicales del peronismo. Esta forma de movilización en torno a iniciativas estériles como barricadas o bloqueos de carreteras, fue promovida y alentada por primera vez por sectores del partido justicialista peronista, en particular por Hilda Duhalde8. Con el fin de ganarse la simpatía de los desempleados y garantizar su posterior afiliación al partido justicialista, este último les había ofrecido subvenciones y alimentos para sus familias. Diversas organizaciones de izquierda o izquierdistas han reactivado a los “piqueteros”, en particular durante la “crisis del corralito” que marcó el colapso económico y financiero del país a fines de 2001. Detrás de consignas totalmente ajenas a los intereses de los explotados, como la defensa de las empresas nacionalizadas o el impulso de acciones minoritarias, que van desde el saqueo de comercios hasta la autogestión de fábricas que debían cerrar por quiebra, los piqueteros han logrado así limitar, encuadrar, controlar y desviar el descontento de los desempleados o trabajadores precarios. Incluso hoy, varias organizaciones de izquierda se han reagrupado dentro del Movimiento de Trabajadores Desempleados (MTD) para disputar el control del “movimiento piquetero” a través, nuevamente, como lo habían hecho los peronistas, de la distribución gratuita de alimentos y la creación de “comedores populares” para atraer a los desempleados a sus redes.
Estas formas de agrupación, aunque parezcan expresar solidaridad y toma de decisiones a través de asambleas, en realidad representan la negación de la unificación consciente, de la discusión y la reflexión colectiva, y son en última instancia los medios por los cuales la burguesía controló las movilizaciones de los desempleados. La trampa fue tan efectiva que todo el aparato de izquierda y extrema izquierda del capital, en todos sus componentes, desde las fracciones peronistas hasta los grupos de izquierda pasando por las organizaciones sindicales “alternativas” o radicales, como la CTA9, la utilizaron para llevar a cabo su labor de encuadramiento y manipulación. De esta manera, explotaron la creciente miseria de los trabajadores, sus dificultades materiales, sus necesidades reales de ayuda, para desviar y encuadrar la combatividad impidiendo cualquier iniciativa de los proletarios para conducir la lucha sobre su terreno de clase.
Ante la violenta crisis económica y financiera de diciembre de 2001, los trabajadores reaccionaron enérgicamente y mostraron una fuerte combatividad ante los ataques y el deterioro brutal de sus condiciones de vida. Pero la clase trabajadora quedó entonces totalmente atrapada por el movimiento piquetero, aislando a los desempleados del resto de su clase y por las manifestaciones interclasistas, al estilo de los “cacerolazos”, ubicadas en un terreno puramente nacionalista y burgués.
Incluso el año pasado, se produjeron importantes movimientos huelguísticos, en particular en los muelles y en los servicios portuarios, en el sector educativo, en los empleados del transporte público e incluso entre los médicos. Pero esta vez, todo el trabajo de zapa y las trampas tendidas en el terreno por los sindicatos, combinado con el endurecimiento del aparato represivo del gobierno (como en los días de la dictadura militar, se habla con insistencia de “desapariciones” después de ser arrestados durante las manifestaciones), han resultado en un amplio sentimiento de desmoralización dentro de la clase trabajadora del país.
Aquí, nuevamente una parte integral del aparato político de control del proletariado, los sindicatos, compartiendo el trabajo, maniobran para dividir a los proletarios de tal manera que no logren unificar su descontento ni expresar su solidaridad en la lucha. En definitiva, se trata de desalentar, impedir o sabotear cualquier intento o iniciativa de los trabajadores de tomar el control de su lucha, de organizarse contra la división impuesta por la burguesía y que los sindicatos reproducen dividiendo por corporaciones, empresas o sectores... y a esta división del trabajo, la izquierda del capital se encarga de darle legitimidad presentando a los sindicatos como los verdaderos representantes de los trabajadores.
En el contexto de una economía nacional al borde de la quiebra desde hace años, tasas de inflación vertiginosas y donde la crisis golpea de manera muy brutal a los trabajadores, los sindicatos de la CGT o de la CTA y los partidos de “oposición”, vinculados a la izquierda del capital, tienen un papel fundamental, en tanto bastión del capital, contra la lucha de clases. En esta empresa, su acción se ve reforzada por la política de las organizaciones izquierdistas que, al tiempo que fingen desconfiar y combatir a los sindicatos, así como de los partidos de izquierda, siembran ilusiones en la posibilidad de ganarlos para la causa del proletariado “presionándolos”. Esto no es ni más ni menos que una nueva maniobra para tratar de darles credibilidad.
En los últimos tiempos, ante la escalada de ataques del gobierno de Milei, una coreografía grotesca se ha montado. La CGT finge hipócritamente indignación y lanza llamados a la movilización de tal o cual sector, ante las medidas decretadas por el gobierno, o incluso a manifestaciones masivas, como la del 9 de mayo de 2024 para “defender la economía nacional”. Los trotskistas de Izquierda Socialista (IS) y del Partido Obrero (PO) exigen “que la CGT garantice el éxito de la huelga del 9 de mayo...”. La maniobra logra así su objetivo: devolver el crédito a la CGT y así permitirle desviar el descontento de los trabajadores hacia la pura y simple defensa de la economía nacional, imponiendo la consigna chovinista “la patria no se vende”. Esto demuestra claramente, una vez más, que la CGT y todo el aparato de izquierda que la apoya, son instrumentos de defensa del capital nacional cuya función esencial es sabotear una lucha que se estaba dando en un terreno de clase, debilitar a la clase trabajadora ante los ataques que está sufriendo y finalmente hacer pasar los nuevos ataques.
Otra oficina izquierdista, el Movimiento de Trabajadores Socialista (MTS) completa la maniobra, al tiempo que llama a los trabajadores a que se liberen del control de la CGT, los llama a crear y unirse a otra estructura sindical, presentada como diferente a la otra solo por el hecho de reclamarse de “un sindicalismo de combate”.
Ahora es fundamental, para el desarrollo en Argentina, de la lucha sobre un terreno de clase, que, en las discusiones, en las asambleas, se denuncie el vínculo existente entre, por un lado, los brutales golpes infligidos a sus condiciones de vida por la burguesía dentro de la enésima crisis económica y, por otro lado, todo el arsenal del Estado que ha montado para impulsar la polarización entre el apoyo a Milei y la oposición a su gobierno, con vista a debilitar cualquier respuesta de la clase obrera dirigiéndola contra el payaso Milei en lugar de contra el Estado capitalista, con sus sindicatos, políticos, fuerzas de represión, etc.
Esta estrategia ha funcionado hasta hoy, con los trabajadores esperando el momento en que el peronismo y la enorme estructura sindical, que aún consideran de su lado, respondan a los ataques.
La clase obrera en Argentina debe sacar las lecciones de sus derrotas, y este artículo pretende ser un aporte militante para permitir a los trabajadores superar la desmoralización actual, entendiendo que el sentimiento de impotencia y fracaso que subyace no proviene del hecho de que toda la lucha está condenada a la derrota, sino que las derrotas de las últimas décadas, en particular las más recientes, son atribuibles a una sumisión a las directrices dictadas por todos aquellos que se hacen pasar por defensores de la clase pero que no han dejado de sabotear, frustrando y desviando cualquier intento de lucha obrera para resistir a los ataques cada vez más insostenibles. Esta situación no es inevitable, por el contrario, la clase trabajadora no debe desanimarse sino ganar confianza en sus propias fuerzas, porque el desarrollo de sus luchas sobre su terreno de clase es la única forma posible de luchar y finalmente derrocar al capitalismo. Aunque pueda parecer hoy algo irrealizable, ya ha sido realizado en el pasado, los proletarios deben darse todos los medios para mantener el control de su lucha y decidir por sí mismos qué acciones tomar.
Una necesidad fundamental es la autonomía de la clase trabajadora, la confianza en su capacidad para tomar su lucha en sus propias manos. Y para ello, como en otros países, deben cuidarse de la división de tareas entre derecha e izquierda, donde la primera asume abiertamente los ataques y la segunda pretende defender a los trabajadores para evitar que estos avancen en su propio camino. En particular, debe entenderse que la izquierda, las estructuras sindicales en todas sus formas y el izquierdismo en todas sus variantes, no son órganos de la lucha obrera sino, por el contrario, enemigos de clase y servidores del Estado capitalista. No debemos ilusionarnos pensando que van a llamar a la lucha contra la burguesía y, sobre todo, debemos ser cautelosos cuando llaman a la movilización, porque lo hacen cuando saben que el descontento y la combatividad están creciendo para descarrilarlos en callejones sin salida. El peronismo, en particular, sigue siendo un baluarte del Estado burgués porque aún goza de gran simpatía con los trabajadores que, por ejemplo, se quejan de que no llaman suficientemente a la movilización. Cuando lo hagan, es porque buscarán desviar las luchas proletarias hacia callejones sin salida.
Ella debe darse cuenta de que su lucha no es una especificidad argentina, sino que, por el contrario, es una expresión de una dinámica global del desarrollo de la resistencia de la clase trabajadora a los ataques del capitalismo en todos los países, cuya expresión significativa reciente de un resurgimiento de la lucha de clases, ha sido la lucha de los trabajadores en el Reino Unido durante el verano de 2022. Sobre esto, la CCI escribió en un volante internacional elaborado hace un año:
“¡Debemos decir ¡ya basta! ¡No solo nosotros, sino el conjunto de la clase obrera de este país debe decir, en algún momento, ¡ya basta!” (Littlejohn, jefe de mantenimiento en los oficios especializados en la planta de estampado de Ford de Búfalo, en Estados Unidos).
Este obrero estadounidense resume en una frase lo que está madurando en la conciencia de toda la clase obrera, en todos los países. Hace un año estalló en el Reino Unido el “verano de la ira”. Al grito de “Enough is enough” (¡Ya Basta!), los trabajadores británicos anunciaron la reanudación de la lucha tras más de treinta años de atonía y resignación.
Este llamamiento resonó más allá de las fronteras. Desde Grecia hasta México, huelgas y manifestaciones contra un mismo deterioro intolerable de nuestras condiciones de vida y de trabajo, se sucedieron a finales de 2022 y principios de 2023.
Y, a mediados del invierno, en Francia, se dio un paso más: los proletarios hicieron suyo ese “ya basta”. Pero en lugar de multiplicar las luchas locales y corporativistas, aisladas unas de otras, fueron capaces de reunirse por millones en las calles. A la combatividad necesaria se añadió la fuerza de la masividad. Y ahora es en Estados Unidos donde los trabajadores intentan llevar la antorcha de la lucha un poco más lejos.”
Si bien la reanudación de las luchas en Gran Bretaña en 2022 marcó una ruptura con el clima de pasividad y resignación que había seguido a las campañas mentirosas de la burguesía a fines de la década de 1980, sobre la quiebra de la perspectiva comunista y el fin de la lucha de clases, la combatividad del proletariado a escala internacional se confirmó a través de importantes movilizaciones en Francia y otros países de Europa occidental, así como en Estados Unidos o Canadá. La consigna “¡basta ya!” se ha repetido en todas partes, mostrando la determinación de oponerse a los ataques cada vez más brutales e intolerables a las condiciones de vida y de trabajo, como los recortes salariales o los planes de despido que todas las burguesías nacionales intentan imponer.
Es reapropiándose de experiencias pasadas, en Argentina y en el mundo, que la clase trabajadora de este país, como en otros lugares, podrá recuperar gradualmente su confianza en sí misma y su identidad de clase. Es a través de sus luchas futuras que podrá desarrollar la conciencia de la necesidad de derrocar el capitalismo y abolir la explotación a nivel mundial.
RR/T/W, mayo 2024
1 Leer nuestro artículo: Argentina El peronismo, un arma de la burguesía contra la clase obrera (parte 1) [1137], CCI Online febrero de 2022. Con Perón en el exilio o encumbrado en el gobierno, el peronismo golpea al proletariado en Argentina (parte II) [1475]
2 Leer nuestro artículo: El Cordobazo argentino (mayo de 1969): eslabón de una cadena de movilizaciones obreras en todo el mundo [1141], CCI Online, noviembre de 2019.
3 Leer por ejemplo nuestro artículo (disponible solo en francés): Che Guevara: mito y realidad (a propósito del correo de un lector) [1476] (Revolution Internationale n° 384, noviembre 2007).
4 Leer: Desde Argentina: contribución sobre la naturaleza de clase del movimiento piquetero (I) [304], Acción Proletaria n° 177, 2006. En relación con el papel del “sindicato de piqueteros” en el sabotaje de las movilizaciones actuales, véase también el artículo: Argentina: la crisis golpea a los trabajadores con inflación, precariedad y miseria [1477], CCI Online, marzo de 2023
5 Leer: Comedores populares, ¿Lucha contra el hambre o adaptación al hambre? [1135], CCI Online 2005
6 CGT-A: La CGT de los Argentinos, escisión animada por Raimundo Onagro en ruptura con la línea pro peronista del sindicato CGT, se disolvió rápidamente tan pronto como Perón regresó al poder en 1974.
7 Ver el artículo Con Perón en el exilio o encumbrado en el gobierno, el peronismo golpea al proletariado en Argentina (Parte II) [1475], CCI Online junio de 2023
8 Esposa del expresidente del país entre 2002 y 2003, el también peronista Eduardo Duhalde, responsable de la sangrienta represión del movimiento piquetero en junio de 2002, quien anteriormente fue vicepresidente durante el gobierno de Menem. Su esposa sigue siendo senadora hoy en día.
9 CTA: Central de los Trabajadores Argentinos.
Los medios de comunicación prodigan hoy imágenes de los horrores del régimen de Bashar al Assad (como las de la siniestra prisión de Saydnaya), mientras se regocijan con las celebraciones de la población por el «fin de la pesadilla». Pero el alivio por el fin de este régimen de terror no es más que una vana ilusión. La verdad es que la población (tanto en Siria como en el resto del mundo) es víctima de un nuevo y criminal engaño, una nueva demostración de la fraudulenta hipocresía de la clase dominante: hacer creer que el terror, la guerra y la miseria eran responsabilidad exclusiva de Assad, un «loco» al que había que detener para restablecer la paz y la estabilidad.
En realidad, todos los imperialistas, desde las potencias regionales más pequeñas hasta las grandes potencias mundiales, han participado descaradamente en las atrocidades del régimen: No olvidemos cómo Obama, el «Premio Nobel de la Paz», miró hacia otro lado en 2013 cuando Bashar Al Assad bombardeaba o utilizaba gas venenoso contra su población; o cómo muchas de las potencias «democráticas», que ahora se felicitan por la «caída del tirano», se han acomodado durante décadas a la familia Assad, o incluso han sido sus cómplices descarados, para defender sus sórdidos intereses en la región. Esas mismas grandes «democracias» vuelven a mentir descaradamente cuando pretenden blanquear a los nuevos dirigentes del país, calificados de «terroristas» hace apenas unos años: ¡estos «moderados», capaces de encontrar una salida «pacífica», no son más que una colección de islamistas y degolladores procedentes de las filas de Al Qaeda o Daesh!
El inexorable caos que nos espera
Hace un año, cuando estalló el conflicto en Gaza, distribuimos una hoja en la que denunciábamos la extensión de la barbarie que estas masacres ya estaban preparando: «El ataque de Hamás y la respuesta de Israel tienen algo en común: la política de tierra quemada. La masacre terrorista de ayer y el bombardeo de alfombra de hoy no pueden conducir a ninguna victoria real y duradera. Esta guerra está sumiendo a Oriente Próximo en una era de desestabilización y confrontación. Si Israel sigue arrasando Gaza y enterrando a sus habitantes bajo los escombros, existe el riesgo de que Cisjordania también se incendie, de que Hezbolá arrastre Líbano a la guerra y de que Irán acabe implicándose demasiado (…).Mientras que la competencia económica y bélica entre China y Estados Unidos es cada vez más brutal y opresiva, las demás naciones no se pliegan a las órdenes de uno u otro de estos dos colosos; desempeñan su propio papel, en el desorden, la imprevisibilidad y la cacofonía. Rusia atacó Ucrania en contra del consejo chino. Israel está aplastando Gaza en contra del consejo estadounidense. Estos dos conflictos personifican el peligro que amenaza a toda la humanidad: la proliferación de guerras cuyo único objetivo es desestabilizar o destruir al adversario; una cadena interminable de exacciones irracionales y nihilistas; el sálvese quien pueda, sinónimo de caos incontrolable.» (Masacre y guerras en Israel, Gaza, Ucrania, Azerbayan… ¡El capitalismo siembra la muerte! ¿Cómo podemos impedirlo? , Hoja Internacional 7, noviembre de 2023).
La ofensiva relámpago de los rebeldes ha sido un acto de puro oportunismo, aprovechando el caos creciente en la región: Assad y su régimen corrupto pendían de un hilo desde que el ejército ruso, empantanado en Ucrania, ya no podía apoyarle, y Hezbolá, enzarzado en su guerra con Israel, había abandonado sus posiciones en Siria. En el caos de la guerra civil, esta coalición de milicias dispares pudo precipitarse sobre Damasco sin encontrar mucha resistencia. Lo que estamos presenciando hoy en Siria, como ayer en el Líbano y Ucrania, es la propagación y amplificación de estas guerras de tierra quemada en las que ninguno de los adversarios consigue una posición sólida, una influencia duradera o una alianza estable, sino que, por el contrario, alimentan una inexorable huida hacia el caos.
¿Quién puede afirmar que ha obtenido una victoria sólida? El nuevo régimen sirio se enfrenta ya a una situación de fragmentación y dislocación que recuerda a la Libia posterior a Gadafi. La caída del régimen de Assad es también un duro revés para Irán, que pierde un valioso aliado en un momento en que Hamás y Hezbolá están agotados, y también para Rusia, que podría ver desaparecer sus preciosas bases militares en el Mediterráneo al mismo tiempo que su credibilidad en la defensa de sus aliados. Incluso aquellos que, como Israel o Estados Unidos, podrían alegrarse de la llegada a Damasco de nuevos amos más conciliadores, tienen en ellos una confianza más que relativa, como demuestran los bombardeos israelíes para destruir los arsenales y evitar que caigan en manos del nuevo régimen. Turquía, que parece ser el principal beneficiario de la caída de Assad, también sabe que tendrá que hacer frente a un mayor apoyo de Estados Unidos a los kurdos y a una situación aún más caótica en sus fronteras. ¡La «caída del tirano» no promete más que más guerra y caos!
La descomposición capitalista está llevando a la humanidad hacia la barbarie y la destrucción.
Si el caos, el terror y las masacres son efectivamente obra de los gobernantes de este mundo, de la burguesía – tanto la autoritaria como la democrática -, son sobre todo el resultado de la lógica del capitalismo decadente. El capitalismo es competencia sin cuartel, saqueo y guerra. El hecho de que esta guerra se extienda cada vez a más partes del mundo, causando una devastación sin sentido y matanzas masivas, es una expresión del callejón sin salida histórico en el que se encuentra el sistema capitalista. Con motivo de la guerra en Gaza escribimos: «Cualesquiera que sean las medidas que se adopten, la dinámica de desestabilización es inevitable. Por lo tanto, se trata fundamentalmente de una nueva etapa significativa en la aceleración del caos global. (…). Esta tendencia a la irracionalidad estratégica, las visiones cortoplacistas, la inestabilidad de las alianzas y el “sálvese quien pueda” no es una política arbitraria de tal o cual Estado, ni producto de la mera estupidez de tal o cual fracción burguesa en el poder. Es consecuencia de condiciones históricas, las de la descomposición del capitalismo, en las que se enfrentan todos los Estados. Con el estallido de la guerra en Ucrania, esta tendencia histórica y el peso del militarismo en la sociedad se han profundizado profundamente. La guerra de Gaza confirma hasta qué punto la guerra imperialista es ahora el principal factor desestabilizador de la sociedad capitalista. Producto de las contradicciones del capitalismo, el aliento de la guerra alimenta a su vez el fuego de esas mismas contradicciones, aumentando, por el peso del militarismo, la crisis económica, el desastre ambiental, el desmembramiento de la sociedad. Esta dinámica tiende a pudrir todos los sectores de la sociedad, a debilitar a todas las naciones, empezando por la primera de ellas: EEUU» [1].
Como consecuencia de esta descomposición de la sociedad capitalista, hemos visto surgir fenómenos como los éxodos masivos de refugiados, como el desencadenado por la guerra civil en Siria en 2015, con casi 15 millones de desplazados (7 millones en la propia Siria, 3 millones en Turquía y alrededor de 1 millón entre Alemania y Suecia). En su momento denunciamos [2 ] que el hipócrita «welcome refugees» de la burguesía no significaba una conversión de los explotadores a la solidaridad, sino un intento de contener las explosiones de caos aprovechando la mano de obra barata. Estos mismos benefactores empujan ahora a los refugiados a volver al infierno que es Siria, porque “el régimen opresor ya no existe” y “el país avanza hacia la restauración de la normalidad democrática”. Este es el repugnante cinismo de estas «democracias», que están poniendo en práctica las políticas defendidas por los partidos populistas y la extrema derecha de los que dicen distanciarse. La alternativa a la destrucción de la humanidad que supone la supervivencia del capitalismo es la solidaridad internacional de clase, una solidaridad de lucha contra el capitalismo global.
Valerio, 13 de diciembre de 2024
[1] « Espiral de atrocidades en Oriente Medio: la aterradora realidad de la descomposición del capitalismo» Revista Internacional nº 171, (enero de 2024).
[2] Véase «El capitalismo es la guerra y las alambradas de espinos».
El 16 de noviembre, la CCI celebró una reunión pública en línea sobre el tema “Las implicaciones mundiales de las elecciones estadounidenses”.
Además de militantes de la CCI, varias decenas de personas de cuatro continentes y unos quince países participaron en la discusión. La traducción simultánea al inglés, español y francés permitió a todos seguir los debates, que duraron algo más de tres horas.
Evidentemente, frente a la revolución que debe realizar toda la clase obrera mundial, este pequeño número puede parecer insignificante. Aún nos queda mucho camino por recorrer antes de que el proletariado desarrolle una conciencia profunda y una vasta organización. Este tipo de reunión internacional es precisamente un medio para avanzar por ese camino. Por el momento, las minorías revolucionarias son todavía muy reducidas, un puñado en una ciudad, un individuo en otra. Reunirse desde varios países para discutir, elaborar y comparar argumentos, y así comprender mejor la situación mundial, es una preciosa oportunidad para romper el aislamiento de cada individuo, forjar vínculos y sentir el carácter global de la lucha revolucionaria proletaria. Se trata de participar en el esfuerzo de nuestra clase por secretar una vanguardia internacional. Este tipo de reunión es, por tanto, un referente que anuncia la necesaria organización de los revolucionarios a escala mundial. Este reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias es un proceso largo, que requiere un esfuerzo consciente y constante. Es una de las condiciones vitales para preparar el futuro, para organizarnos para las decisivas confrontaciones revolucionarias que se avecinan.
Esta fuerte movilización para nuestra reunión revela también la preocupación, incluso la angustia, suscitada por la elección de Donald Trump al frente de la primera potencia mundial.
Todas las intervenciones subrayaron, junto con la CCI, que la victoria de este presidente -abiertamente racista, machista, odioso, vengativo y partidario de una política económica y bélica irracional- acelerará todas las crisis y exacerbará las incertidumbres y el caos.
A partir de esta posición común, muchas preguntas y matices, así como desacuerdos, emergieron en el transcurso de la discusión:
¿Es el triunfo de Trump el resultado de una política deliberada y consciente por parte de la burguesía estadounidense? ¿Es Trump la mejor carta para los intereses de la burguesía estadounidense? ¿Sus posturas imperialistas de frente a Irán, Ucrania y China son un paso hacia la Tercera Guerra Mundial? ¿Es su política proteccionista de aumento de los aranceles es una pieza del rompecabezas en el camino hacia la guerra? ¿Sus maniobras para atacar ferozmente a la clase trabajadora, en particular a los trabajadores del Estado, están relacionadas con los sacrificios necesarios para preparar la economía nacional para esta guerra?
O, por el contrario, como argumentó la CCI y otros participantes, ¿el arribo de Trump a la cabeza de la primera potencia mundial atestigua una creciente dificultad por parte de las burguesías nacionales para impedir que sus fracciones más oscurantistas e irracionales tomen el poder? La guerra de camarillas dentro de la propia burguesía, como la fragmentación de la sociedad en estadounidenses/inmigrantes, hombres/mujeres, legales/ilegales, todo lo que el clan Trump está agravando, ¿no es un signo de la tendencia al desorden y al caos de la sociedad estadounidense? La guerra comercial que quiere Trump, volviendo a las medidas proteccionistas de las décadas de 1920 y 30, que arruinaron entonces a todos los países, ¿no muestra la irracionalidad de su política desde el punto de vista mismo de los intereses del capital estadounidense? En el mismo sentido, las crecientes incertidumbres sobre la política imperialista de la nueva administración estadounidense, ¿no están reforzando las tensiones bélicas entre todos los países, empujándonos aún más hacia alianzas inestables y cambiantes, hacia el cada uno para sí, la política cortoplacista y el estallido de guerras que no producen más que tierra quemada?
Para la CCI, responder a todas estas preguntas supone profundizar en el periodo histórico que atravesamos: la descomposición. Porque, en el fondo, la victoria de Trump no es algo que haya que analizar en sí mismo, tomarlo aisladamente y en lo inmediato, es el fruto de toda una situación mundial, de una dinámica histórica, la que ve al capitalismo pudrirse de pie. La victoria de Donald Trump en Estados Unidos o de Javier Milei en Argentina, las políticas desesperadas de Israel en Oriente Medio o de Rusia en Ucrania, el dominio de los cárteles de la droga sobre franjas cada vez más amplias de América Latina o de los grupos terroristas en África o de los señores de la guerra en Asia Central, el auge del oscurantismo, de los conspiracionistas y de los platistas, los estallidos de violencia de ciertos sectores de la sociedad... todos estos fenómenos aparentemente inconexos son en realidad expresiones de la misma dinámica fundamental del capitalismo: la descomposición.
Volveremos sobre este tema y todas estas cuestiones en un artículo posterior para desarrollar nuestra respuesta .
... y la lucha de clases
La segunda parte del debate, centrada en la comprensión del estado actual de la lucha de clases, siguió la misma dinámica. También aquí el debate fue abierto, franco y fraternal, y se plantearon muchas preguntas, surgiendo matices y desacuerdos.
La victoria de Trump, ¿significa que el proletariado ha sido derrotado o, como mínimo, que también está gangrenado por el racismo y el populismo? Por el contrario, ¿el rechazo al Partido Demócrata por los trabajadores induce a una toma de conciencia de la verdadera naturaleza de este partido burgués? ¿La aparición de Trump como dictador puede favorecer la ira y la reacción de la clase obrera? Por el contrario, ¿será la campaña de defensa de la democracia una trampa mortal para el proletariado? El empeoramiento de las condiciones de vida y de trabajo, llevado a cabo de forma extremadamente brutal por Trump, Musk y su banda, ¿empujará a la lucha? Por el contrario, ¿reforzarán estos sacrificios la búsqueda de chivos expiatorios, como los extranjeros, los inmigrantes ilegales, etc.?
Todas estas preguntas contradictorias no son sorprendentes. La situación es extremadamente compleja, difícil de aprehender en su totalidad y coherencia. La actualidad está salpicada de acontecimientos contrastados: aquí una huelga obrera, aquí una revuelta, allá una manifestación populista... Y al igual que en la primera parte de la discusión, lo que falta es una brújula para no considerar cada asunto aisladamente, sino en su conjunto y en un contexto internacional e histórico. Es imposible pensar el mundo sin referirse consciente, voluntaria y sistemáticamente a la dinámica general y profunda del capitalismo mundial: el sistema se hunde en la podredumbre (con todo el hedor nauseabundo que emana de él), pero el proletariado no está derrotado e incluso, desde 2022 y el verano de la cólera en el Reino Unido, levanta cabeza, reencuentra el camino de la lucha y de su combate histórico.
No podemos desarrollar más aquí nuestra respuesta; volveremos sobre ello en nuestra prensa y en nuestras próximas reuniones .
¡Esperamos con impaciencia la próxima!
Este debate es sólo el principio. Animamos a todos nuestros lectores a venir y participar en este esfuerzo de nuestra clase, en los debates entre revolucionarios, en el proceso colectivo de clarificación. ¡No se mantengan aislados! El proletariado necesita que sus minorías establezcan vínculos, a escala internacional, para organizarse, debatir, comparar posiciones, intercambiar argumentos, comprender lo más profundamente posible la evolución del mundo.
La CCI le invita cordialmente a participar en sus diferentes reuniones: las reuniones públicas en línea e internacionales, las reuniones públicas “presenciales” en algunas ciudades y las permanencias. Todos estos momentos de encuentro y debate se anuncian periódicamente en nuestra página web.
Además de estas reuniones, también le animamos a escribirnos, para reaccionar a un artículo, hacer preguntas o expresar su desacuerdo.
Y las columnas de nuestra prensa están abiertas, pertenecen a la clase. Sus sugerencias para artículos son bienvenidas.
El debate es una necesidad absoluta. Estamos muy separados, aislados, a menudo en desacuerdo con las ideas que se desarrollan a nuestro alrededor. Reunirnos, a escala internacional, es vital si queremos preparar el futuro. Todas las minorías revolucionarias tienen esta responsabilidad.
CCI
La elección de Trump acelerará la descomposición del capitalismo. Reunión Pública de la CCI.
Sábado 25 de enero, de 15:00 a 18:00 p.m., hora de España, 8:00 a 11:00 a.m., horario de México
La elección de Trump es un claro producto de la descomposición progresiva de la sociedad capitalista, pero también será un factor activo en la aceleración de este proceso, trayendo consigo conflictos más agudos dentro de la burguesía estadounidense, el aumento de las tensiones imperialistas, una nueva zambullida en la crisis económica y una nueva evidencia de la incapacidad del capitalismo para hacer frente a la crisis ambiental.
Sobre todo, anuncia nuevos ataques brutales contra la clase obrera internacional:
-A nivel económico, a través del aumento de la inflación y del desempleo
-A nivel político, tanto a través de las divisiones engendradas por el populismo como a través de las campañas por la “democracia” contra la amenaza de la extrema derecha.
Por lo tanto, la discusión tendrá como objetivo profundizar en la comprensión de las perspectivas concretas para el capitalismo y la clase obrera en el período que se avecina.
La CCI da así continuidad a la reunión pública internacional en línea que organizó en noviembre (ver: “Un debate internacional para comprender la situación mundial y preparar el futuro”) con una segunda reunión sobre el significado de la victoria de Trump. El formato será el mismo que el del encuentro de octubre, con traducciones al inglés, francés y español.
Si deseas participar, ponte en contacto con nosotros en [email protected] [1429]
La CCI sostiene que la ola de huelgas en el Reino Unido en 2022 marcó el comienzo de una "ruptura" o diferencia con varias décadas de resignación y apatía, y creciente pérdida de identidad de clase. Fue el primero de varios movimientos de la clase trabajadora en todo el mundo, principalmente en respuesta al empeoramiento de las condiciones de vida y laborales[1]. Dos observaciones fundamentales son cruciales para nuestro análisis de una nueva fase en la lucha de clases internacional:
- Esta nueva fase no fue simplemente una reacción a los ataques inmediatos a las condiciones de los trabajadores, algo que podría medirse en términos del número de huelgas y luchas en un momento particular, sino que tiene una dimensión histórica más profunda. Es el fruto de un largo proceso de "maduración subterránea" de la conciencia de clase que ha avanzado a pesar de las enormes presiones ejercidas por la aceleración de la descomposición de la sociedad capitalista.
- Esta ruptura, que se irradia desde los centros más antiguos del capitalismo mundial, confirma que los principales bastiones del proletariado permanecen históricamente invictos desde el resurgimiento inicial de la lucha de clases en 1968, y conservan el potencial para avanzar desde las luchas defensivas económicas hacia una crítica política y práctica de todo el orden capitalista.
Estos argumentos han encontrado un escepticismo bastante extendido en el campo político proletario. Si tomamos el ejemplo de la Tendencia Comunista Internacionalista (TCI), aunque inicialmente reconocieron y celebraron algunas de las luchas que surgieron después de 2022, hemos criticado el hecho de que no lograron ver la importancia internacional e histórica de este movimiento[2], y más recientemente, parecen haberlo olvidado (como lo evidencia la falta de un balance público del movimiento) o lo han descartado como otro destello pasajero, como notamos en algunas de sus reuniones públicas recientes. Mientras tanto, un sitio web parasitario dedicado a la "investigación", Controversias, ha dedicado un artículo completo[3] a refutar nuestra noción de la ruptura, proporcionando así una justificación "teórica" para el escepticismo de otros.
Es digno de mención que el autor de este artículo ahora se ha alineado con la mayoría de aquellos que son (o simplemente afirman ser) parte de la tradición de la Izquierda Comunista, y ahora rechaza el concepto mismo de maduración subterránea. No solo eso: en un artículo sobre los principales acontecimientos de la lucha de clases en los últimos 200 años[4], abraza la idea de que todavía estamos viviendo en la contrarrevolución que se abatió sobre la clase trabajadora con la derrota de la ola revolucionaria de 1917-23. En esta visión, lo que la CCI insiste en que fue el despertar histórico del proletariado mundial después de 1968 y el fin de la contrarrevolución, fue en el mejor de los casos un mero "paréntesis" en una crónica global de derrota.
Esta visión es ampliamente compartida por varios grupos bordiguistas y por la TCI, cuyos predecesores vieron poco más en los eventos de mayo-junio del 68 en Francia, o el "Otoño Caliente" en Italia al año siguiente, que un brote de disturbios estudiantiles.
En los próximos dos artículos, en lugar de entrar en detalles sobre las luchas de los últimos dos años, queremos centrarnos en dos pilares teóricos clave para comprender nuestra noción de la ruptura: primero, la realidad de la maduración subterránea de la conciencia y, en segundo lugar, situación de no-derrota del proletariado mundial.
Recordemos brevemente las circunstancias en las que la CCI abordó en sus propias filas por primera vez la cuestión de la maduración subterránea. En 1984, en respuesta a un análisis de la lucha de clases que revelaba una seria concesión a la idea de que la conciencia de clase solo puede desarrollarse a través de la lucha abierta y masiva de los trabajadores, y en particular a un texto que rechazaba explícitamente la noción de maduración subterránea, nuestro camarada Marc Chirik escribió un texto cuyos argumentos fueron afirmados por la mayoría de la organización, con la excepción del grupo que eventualmente desertaría de la CCI en su 6º Congreso y formaría la "Fracción Externa de la CCI" (sus descendientes ahora son parte de Internationalist Perspective)[5]. Marc señaló que tal visión tiende hacia el consejismo porque ve la conciencia no como un factor activo en la lucha, sino puramente como algo determinado por las circunstancias objetivas, una forma de materialismo vulgar; y por lo tanto subestima gravemente el papel de las minorías que son capaces de profundizar la conciencia de clase incluso durante fases en las que la extensión de la conciencia de clase en el proletariado puede haber disminuido. Este enfoque consejista evidentemente tiene poca utilidad para una organización de revolucionarios que es capaz, por basarse en las adquisiciones históricas de la lucha de clases, de darse una orientación durante las fases de retroceso o derrota del movimiento de clase más amplio; pero también descarta la tendencia más general dentro de la clase a reflexionar sobre su experiencia, a discutir, a plantear preguntas sobre los temas principales de la ideología dominante, y así sucesivamente. Tal proceso puede llamarse de hecho "subterráneo" porque tiene lugar en círculos restringidos de la clase o incluso dentro de las mentes de trabajadores individuales que pueden expresar todo tipo de ideas contradictorias, pero no por eso deja de ser una realidad. Como Marx escribió en El Capital[6], "Toda ciencia sería superflua si la apariencia externa y la esencia de las cosas coincidieran directamente": de hecho, es una tarea específica de la minoría marxista ver más allá de las apariencias y tratar de discernir los desarrollos más profundos que ocurren dentro de su clase.
Cuando la CCI publicó documentos relacionados con este debate interno, la Communist Work Organization (CWO) acogió con beneplácito lo que percibió como un intento de la CCI de saldar cuentas con los residuos consejistas que aún tenían peso dentro de la organización[7]. Pero en las cuestiones de fondo planteadas por el debate, en realidad se alinearon, algo irónicamente, con la visión consejista, ya que ellos también rechazaron la noción de maduración subterránea como no marxista, como una forma de "junguianismo político"[[8]]. Decimos irónicamente porque en esa etapa la CWO había abrazado una versión de la conciencia de clase llevada a la clase desde "afuera" por "el partido", constituido por elementos de la intelligentsia burguesa, la tesis idealista de Kautsky que Lenin adoptó en ¿Qué hacer? pero luego admitió que "torció demasiado la barra" en polémica con los proto-consejistas de su época, la tendencia Economista en Rusia. Pero la ironía se disipa cuando consideramos que el materialismo vulgar y el idealismo a menudo pueden coexistir[9]Tanto para los consejistas como para la CWO en su artículo, una vez que las luchas abiertas se acaban, la clase no es más que una masa de individuos atomizados. La única diferencia es que para la CWO, este ciclo estéril solo podría romperse mediante la intervención del partido.
En nuestra respuesta[10], insistimos en que la noción de la maduración subterránea de la conciencia no era una innovación de
la CCI, sino una consecuencia directa de la noción de Marx de la revolución como el Viejo Topo que cava bajo la superficie durante largos períodos solo para salir a la superficie en ciertas condiciones dadas. Y en particular citamos un pasaje muy lúcido de Trotsky en su magistral estudio precisamente de este proceso, La Historia de la Revolución Rusa, donde escribió: "En una revolución, miramos ante todo a la injerencia directa de las masas en los destinos de la sociedad. Buscamos descubrir detrás de los eventos cambios en la conciencia colectiva... Esto puede parecer desconcertante solo para quien ve la insurrección de las masas como 'espontánea', es decir, como un motín de rebaño artificialmente aprovechado por los líderes. En realidad, la mera existencia de privaciones no es suficiente para causar una insurrección; si lo fuera, las masas estarían siempre en revuelta... Las causas inmediatas de los eventos de una revolución son cambios en el estado mental de las clases en conflicto... Los cambios en la conciencia colectiva tienen naturalmente un carácter semi oculto. Solo cuando han alcanzado un cierto grado de intensidad, los nuevos estados de ánimo e ideas irrumpen en la superficie en forma de actividades de masas".
Del mismo modo, la ola internacional de luchas que comenzó en mayo de 1968 en Francia no surgió de la nada (aunque inicialmente sorprendió a la burguesía, que había comenzado a pensar que la clase trabajadora se había "aburguesado" por la "sociedad de consumo"). Fue el fruto de un largo proceso de desprendimiento de las instituciones y temas ideológicos burgueses (como los sindicatos y los llamados partidos obreros, los mitos de la democracia y el "socialismo real" en el este, etc.), acompañado por el empeoramiento de las condiciones materiales (los primeros signos de una nueva crisis económica abierta). Este proceso también se había expresado aquí y allá en movimientos de huelga como las “huelgas salvajes” en los EE. UU. y Europa Occidental a mediados de los años 60.
Lo mismo ocurre con la ruptura de 2022, que también llegó tras una serie de huelgas en los EE. UU., Francia, etc., muchas de las cuales habían sido interrumpidas por el cierre patronal por Covid. Pero lo que sucedió después de 2022 reveló más claramente lo que había estado gestándose dentro de la clase trabajadora durante algunos años:
- El eslogan generalizado "ya basta" expresó un sentimiento cultivado durante mucho tiempo de que todas las promesas que se hicieron en el período que siguió a la "crisis financiera" de 2008 (promesas que incluían que se necesitaba un período de "austeridad" antes de que se pudiera reanudar la prosperidad) habían resultado ser mentiras, y que era hora de que los trabajadores comenzaran a plantear sus propias reivindicaciones. Fue tanto más significativo cuanto que el movimiento en Gran Bretaña surgió después de décadas de estancamiento y resignación que siguieron a las derrotas de los años 80, en particular la derrota de los mineros en 1985.
- Los eslóganes "todos estamos en el mismo barco" y "la clase trabajadora ha vuelto" expresaron una tendencia de la clase trabajadora a recuperar un sentido de sí misma como una clase con su propia existencia colectiva e intereses distintivos, a pesar de décadas de atomización impuesta por la descomposición general de la sociedad capitalista, acentuada por el desmantelamiento deliberado de muchos centros de la clase obrera de tradición combativa (minas, acero, etc.). En las luchas en Francia contra la "reforma de las pensiones", y en otros lugares, las frecuentes referencias al movimiento en Gran Bretaña que había "iniciado" el resurgimiento de la clase atestiguaron los inicios de una conciencia de que esta identidad de clase no se detiene en las fronteras nacionales, a pesar del enorme peso del nacionalismo y el populismo.
- De nuevo en el movimiento en Francia, el eslogan "Nos dan 64[[11]], nosotros les daremos 68" expresó un recuerdo definido del significado de las huelgas masivas de 1968 (un fenómeno que habíamos notado previamente en las asambleas estudiantiles en el movimiento anti-CPE de 2006, donde había un poderoso deseo de aprender de lo que sucedió en 1968).
- Así como el proceso de maduración subterránea antes de 1968 iba a dar a luz una nueva generación de elementos politizados que intentaban redescubrir la verdadera historia del movimiento revolucionario (y así la recuperación de la tradición de la izquierda comunista), en el período actual estamos viendo el desarrollo internacional de minorías que tienden hacia posiciones internacionalistas y comunistas. El hecho de que la mayoría de estos elementos y sus esfuerzos por agruparse hayan sido engendrados menos por la lucha de clases inmediata que por la cuestión de la guerra es evidencia de que los movimientos de clase actuales expresan algo más que preocupaciones sobre el deterioro de los niveles de vida. Hemos apreciado la importancia del hecho de que las luchas de la ruptura estallaran precisamente en un momento en que se les pedía a los trabajadores de Europa occidental que aceptaran congelaciones de costos de vida y salarios en nombre de apoyar la "defensa de Ucrania" contra el tirano Putin. Y nuevamente, algunas minorías en las manifestaciones contra la reforma de las pensiones en Francia fueron explícitas en rechazar los sacrificios en aras de la construcción de una economía de guerra.
- Un signo adicional del proceso de maduración también puede verse en los esfuerzos del aparato político de la burguesía por radicalizar los mensajes dirigidos a la clase trabajadora. El éxito del trumpismo en los EE. UU. puede atribuirse en gran parte a su capacidad para aprovechar las preocupaciones reales de la clase trabajadora estadounidense sobre el aumento de los precios y el efecto del gasto militar en las condiciones de vida. Y en el ala opuesta del espectro político, hemos visto el nombramiento de líderes sindicales más radicales, como en Gran Bretaña, y un movimiento definido hacia la izquierda por parte de los trotskistas, con grupos como Revolution Permanent en Francia o el Revolutionary Communist Party en Gran Bretaña cambiando su enfoque de la política identitaria para hablar ahora sobre el comunismo, el internacionalismo y la necesidad de la revolución proletaria, con el objetivo sobre todo de "absorber" a los jóvenes elementos que están haciendo preguntas serias sobre la dirección que está tomando la sociedad capitalista.
Podríamos continuar con estos ejemplos. Sin duda, serán contrarrestados por argumentos que buscan demostrar que la clase trabajadora en realidad ha olvidado más de lo que aprendió de la ola de luchas después de 1968, en particular, como lo demuestra el hecho de que ha habido pocos intentos de desafiar el control sindical de las huelgas actuales y de desarrollar formas de autoorganización. Pero para nosotros, las tendencias generales iniciadas por la "ruptura" de 2022 están solo en sus comienzos. Su potencial histórico solo puede entenderse viéndolas como los primeros frutos de un largo proceso de germinación. Volveremos a esto en la segunda parte del artículo.
Amos, 15 de enero de 2025.
[[1]] Ver en particular El retorno de la combatividad del proletariado mundial [1483], Revista Internacional 169 y Tras la ruptura en la lucha de clases, la necesidad de la politización [1404], Revista Internacional 171.
[[2]] Las ambigüedades de la TCI sobre la importancia histórica de la ola de huelgas en el Reino Unido [1223], World Revolution 396.
[[3]] ICC: A new “Historic Rupture” in the Class Struggle since 2022? [1484] (CCI: ¿Una nueva “ruptura histórica” en la lucha de clases desde 2022? - En su sitio web no está disponible en español)
[[4]] 1825-2025 - Two centuries of class struggle [1485] (1825-2025 – Dos siglos de lucha de clases. En su sitio web no está disponible en español)
[[5]] Ver nuestro artículo La "Fracción Externa" de la CCI [1233] en Revista Internacional 45.
[[6]] El Capital, Volumen 3, parte VII, capítulo 48.
[[7]] En Workers Voice 20, segunda serie.
[[8]] Esto fue en respuesta a nuestra cita sobre la insistencia de Rosa Luxemburgo en que "lo inconsciente precede a lo consciente" en el desarrollo del movimiento de clase, que en realidad es una aplicación de la fórmula marxista de que el ser determina la conciencia. Pero esta fórmula puede ser desfigurada si no se comprende la relación dialéctica entre los dos: no solo el ser es un proceso de devenir, en el que la conciencia evoluciona a partir de lo inconsciente, sino que la conciencia también se convierte en un factor activo en el avance evolutivo e histórico.
[[9]] Desde entonces, la CWO ha dejado de defender la tesis kautskista, pero nunca ha aclarado abiertamente por qué ha cambiado su posición.
[[10]] Reply to the CWO: On the subterranean maturation of consciousness [1486] , International Review 43 (Respuesta a la CWO: Sobre la maduración subterránea de la conciencia, Revista Internacional 43 - No disponible en español)
[[11]] Es decir, la nueva edad de jubilación propuesta.
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Las cartas están sobre la mesa: los gobiernos federal y regionales quieren imponer decenas de millones de ahorro, cada uno dentro de sus respectivas competencias, para que la economía belga sea más competitiva y más rentable. Todos los sectores de la clase trabajadora se verán duramente afectados por este amplio programa de austeridad.
Mientras se despide masivamente a los trabajadores de las empresas privadas, se sigue impugnando la indexación automática de los salarios y las prestaciones, se recortan las primas por horas extras y el trabajo nocturno, se aumenta la flexibilidad laboral, se restringe el derecho al subsidio de desempleo, se aplican fuertes recortes a las pensiones y al seguro médico, se reduce el número total de empleados públicos, se pone en peligro la contratación del personal docente, etc.
Y todo ello en un momento en que las condiciones de trabajo en todas partes son cada vez más insoportables: subempleo, aceleración del ritmo de trabajo, difuminación de la frontera entre la vida profesional y la vida privada, aumento de los precios debido a la inflación, recortes en todo tipo de subvenciones, aumento de los desastres medioambientales, depresión, agotamiento. ¡Basta ya!
El Gobierno afirma que no hay elección. Según la lógica de la clase dominante, hay que aumentar la competitividad para hacer frente a la caída del crecimiento económico y a la guerra comercial acentuada por las políticas económicas proteccionistas de Trump, pero también por el crecimiento de los costos de los gastos militares ligados a las tensiones y guerras imperialistas. En todos los países, las clases dominantes intentan trasladar a los trabajadores las consecuencias de “sus” crisis de sobreproducción, es decir, mercancías que ya no pueden vender con un beneficio suficiente en los mercados disponibles. El trabajo debe costar menos. Una vez más, la atención no se centra en el bienestar o las necesidades de los trabajadores, sino en la venta rentable de bienes y servicios. Rechacemos esta lógica deletérea y suicida de la burguesía.
¡No estamos solos en nuestra reacción! En 2022-23, en Gran Bretaña, decenas de miles de trabajadores de empresas de diferentes sectores lucharon durante casi un año. En 2023, en Francia, los trabajadores participaron masivamente en 14 “jornadas de acción” contra los ataques del gobierno a las pensiones. En Bélgica misma, en cuanto aparecieron las primeras “filtraciones” sobre las medidas previstas, la fuerza y el dinamismo de las movilizaciones en la manifestación intersectorial del 13 de enero y en la manifestación de los profesores del 27 de enero dieron lugar a una participación masiva de más de 30 mil manifestantes, mucho más de lo que “esperaban” o más bien “deseaban” los sindicatos. Los manifestantes se reunieron en Bruselas procedentes de todas las regiones, y el movimiento se extendió a sectores distintos de la educación y el ferrocarril, desafiando la intención inicial de los sindicatos. La movilización demostró así que el descontento va más allá de cualquier medida particular o “reforma” específica: expresa la voluntad de resistir a las intenciones de la patronal y del gobierno de hacer pagar la crisis a la clase trabajadora.
¡Basta ya! Rechacemos soportar pasivamente esta avalancha de ataques contra nuestras condiciones de vida. Nuestra primera victoria es la lucha misma. Pero para contrarrestar realmente estos ataques, necesitamos librar la batalla lo más ampliamente posible de forma unida, más allá de la empresa, el sector o la región en la que trabajemos. Todos los trabajadores están “en el mismo barco. No son movimientos separados, sino un grupo colectivo: obreros y empleados, sindicalizados y no sindicalizados, inmigrantes y autóctonos”, como dijo un profesor en huelga en Los Ángeles en marzo de 2023.
Nuestra fuerza reside en unir nuestras luchas en un solo movimiento
La burguesía ha comprendido muy bien que sus planes provocarán la reacción de amplios sectores de la clase. Corresponde principalmente a los sindicatos encuadrar y desviar esta resistencia esperada. Han visto crecer semana tras semana la ansiedad y el descontento de los trabajadores y están ocupando preventivamente el terreno para evitar que el descontento se manifieste en acciones “incontroladas”.
Una vez más, se recurre a tácticas ya probadas: ¡aislar y dividir a los distintos sectores cuando las medidas afectan a todos! Una manifestación sólo para el personal sanitario y social en noviembre, seguida de una jornada de acción el 13 de diciembre para protestar contra las “medidas de austeridad europeas”. Para la jornada de acción del 13 de enero, sólo se anunció una huelga contra la “reforma de las pensiones” en los ferrocarriles. Sólo mucho más tarde, bajo la presión social, los sindicatos decidieron que también participaría el sector educativo, y más tarde se sumaron otros sectores. En Valonia, los sindicatos han organizado jornadas de huelga separadas para los profesores de la comunidad francesa los días 27 y 28 de enero, evitando así una participación masiva en Bruselas el 13 de enero. La manifestación del 13 de febrero, es llevada a la “defensa del servicio público”, ¡como si a los trabajadores del sector privado o a los desempleados no debieran defenderlos! En resumen, el objetivo es planificar una serie de días de acción sin futuro, como hicieron en Francia, o intentan cada vez limitar las movilizaciones concentrándolas en determinados sectores, como hicieron en Gran Bretaña, o en aspectos particulares de los planes de austeridad, para agotar finalmente la voluntad de lucha y abrir el camino y dar concesión a las medidas de austeridad, bajo el falaz argumento de “que los sacrificios son inevitables, con la condición de que sean repartidos justamente”.
Para evitar las trampas tendidas por los sindicatos, saboteadores de las luchas al servicio de las clases dominantes, y desarrollar la contraofensiva, ser numerosos es importante pero no suficiente: también necesitamos tomar nuestras luchas en nuestras propias manos. Para ello, debemos
- crear foros de debate y toma de decisiones, como asambleas generales soberanas abiertas a todos, y unirnos en torno a reivindicaciones unificadoras;
- superar las divisiones regionales, y las divisiones entre los trabajadores del sector público y privado y los desempleados;
- contrarrestar cualquier tendencia a dividir las luchas, enviando delegaciones masivas a otros trabajadores para que se unan a la lucha;
- negándose a pagar la crisis y las guerras del capitalismo.
Es esta dinámica de solidaridad, expansión y unidad la que siempre ha hecho tambalearse a la burguesía a lo largo de la historia.
Corriente Comunista Internacional
10-02-2025
Ven a discutir a la Reunión Pública del sábado 1 de marzo en Bruselas: rue du Fort 35, 1060 Saint-Gilles de 14h a 18h.
sábado 15 marzo 2025 a 15:00h (Hora de Europa).
Estas permanencias en línea son espacios de debate abiertos a todos aquellos que deseen reunirse de manera virtual para la discusión fraternal, entre ellos y con la CCI.
Invitamos encarecidamente a nuestros lectores y simpatizantes a participar para continuar la reflexión sobre los problemas de la situación actual y confrontar nuestros puntos de vista. También pedimos se nos comunique por mail las cuestione que le gustaría se abordaran.
Los lectores que deseen participar en las sesiones en línea pueden enviarnos un mensaje esté a nuestro correo electrónico [1489], indicando que pregustas le gustaría abordar, para que podamos organizar los debates de la mejor manera posible.
Los detalles técnicos para conectarse a la permanencia serán facilitados más adelante a los interesados en participar.
CCI.
Estamos asistiendo a las últimas etapas de la ruptura del «orden mundial» inaugurado por la guerra imperialista de 1939-45. Cuando el bloque imperialista ruso se derrumbó a principios de la década de 1990, la CCI anticipó que el bloque occidental también se desmoronaría. Este proceso fue inmediatamente señalado por los conflictos entre EE. UU. y sus antiguos aliados sobre la guerra en la antigua Yugoslavia y confirmado por las profundas divisiones en la invasión de Irak en 2003. Pero ahora el divorcio entre EE. UU. y las potencias europeas se ha hecho definitivo.
Esto no nos conduce hacia un mundo de paz y reconciliación. Ni mucho menos. El impulso bélico del capitalismo se intensifica, pero adopta una forma caótica, tanto más peligrosa cuanto que no existe disciplina de bloque. El futuro mismo de la humanidad está amenazado por un torbellino de guerras imperialistas, destrucción ecológica y desintegración social.
El crecimiento del militarismo sólo puede significar nuevos ataques contra el nivel de vida de la clase trabajadora, ya sometida al azote de décadas de crisis económica. Los políticos, especialmente en Europa occidental, son bastante abiertos al respecto y han decidido poner en marcha gigantescos programas de armamento: «pistolas o mantequilla», otra vez.
Por ello, la CCI organiza un tercer encuentro público internacional en línea centrado en la situación mundial actual. Es esencial que todos aquellos que entienden la necesidad de librar al mundo de un sistema capitalista en decadencia reconozcan exactamente a qué se enfrenta la clase obrera. Por ello, animamos a todos aquellos comprometidos en la búsqueda de «la verdad de este mundo» y de la forma de superar el capitalismo a que asistan a esta reunión y participen en el debate.
CCI
Enlaces
[1] https://es.internationalism.org/files/es/treinta_anos_tras_la_caida.pdf
[2] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201110/3230/notas-sobre-el-imperialismo-y-la-descomposicion-hacia-el-mayor-cao
[3] https://es.internationalism.org/content/4497/caos-en-libia-una-odiosa-expresion-de-la-barbarie-capitalista
[4] https://es.internationalism.org/tag/2/28/el-estalinismo-el-bloque-del-este
[5] https://es.internationalism.org/tag/3/45/descomposicion
[6] https://es.internationalism.org/files/es/contribucion_solidaridad_huelga_en_francia.pdf
[7] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200
[8] https://es.internationalism.org/content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza
[9] https://es.internationalism.org/cci-online/201104/3103/apuntes-sobre-la-cuestion-sindical
[10] https://es.internationalism.org/tag/geografia/francia
[11] https://es.internationalism.org/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado
[12] https://es.internationalism.org/files/es/hoja_no_3_francia.pdf
[13] https://es.internationalism.org/content/4499/aunemos-nuestras-luchas-contra-los-ataques-de-nuestros-explotadores
[14] https://es.internationalism.org/content/4505/solidaridad-en-la-lucha-de-todos-los-trabajadores-de-todas-las-generaciones
[15] https://es.internationalism.org/files/es/green_new_deal.pdf
[16] https://www.theguardian.com/environment/2018/dec/29/green-new-deal-plans-proposal-ocasio-cortez-sunrise-movement
[17] https://en.internationalism.org/content/16760/90-years-after-1929-crash-decadent-capitalism-can-never-escape-crisis-overproduction#_ftnref2
[18] https://es.wikipedia.org/wiki/New_Deal
[19] https://neweconomics.org/
[20] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200705/1907/caos-imperialista-desastre-ecologico-el-capitalismo-a-la-deriva
[21] https://es.internationalism.org/tag/3/50/medio-ambiente
[22] https://es.internationalism.org/files/es/05_el_futuro_del_planeta_no_puede_dejarse_en_manos_de_la_clase_capitalista.pdf
[23] https://www.marxists.org/espanol/luxem/09El%20folletoJuniusLacrisisdelasocialdemocraciaalemana_0.pdf
[24] https://es.internationalism.org/content/4405/el-capitalismo-amenaza-el-planeta-y-la-supervivencia-de-la-humanidad-solo-la-lucha
[25] https://es.internationalism.org/content/4465/hoja-internacional-de-la-cci-solo-la-lucha-de-clases-internacional-puede-poner-fin-al
[26] https://es.internationalism.org/tag/2/25/la-decadencia-del-capitalismo
[27] https://es.internationalism.org/files/es/el_gobierno_y_los_sindicatos_trabajan_juntos_para_impulsar_la_reforma_1.pdf
[28] https://es.internationalism.org/content/4378/hoja-de-intervencion-de-la-cci-sobre-la-trampa-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos
[29] https://es.internationalism.org/content/4484/balance-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos-un-movimiento-interclasista-un
[30] https://es.internationalism.org/content/4516/contra-los-ataques-del-gobierno-lucha-masiva-y-unida-de-todos-los-explotados
[31] https://es.internationalism.org/content/4514/comunicado-internacional-de-solidaridad-con-la-clase-obrera-en-lucha-en-francia
[32] https://fr.internationalism.org/content/10023/seule-lutte-massive-et-unie-peut-faire-reculer-gouvernement
[33] https://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Luc_M%C3%A9lenchon
[34] https://fr.internationalism.org/content/3148/sncf-decembre-86-ouvriers-peuvent-se-battre-sans-syndicats
[35] https://es.internationalism.org/tag/2/30/la-cuestion-sindical
[36] https://es.internationalism.org/files/es/oriente_medio.pdf
[37] https://es.internationalism.org/content/4489/invasion-turca-del-norte-de-siria-la-cinica-barbarie-de-la-clase-dominante
[38] https://es.internationalism.org/content/4495/ante-la-agravacion-de-la-crisis-economica-mundial-y-la-miseria-las-revueltas-populares
[39] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201803/4287/manifestaciones-en-iran-fuerza-y-limites-del-movimiento
[40] https://es.internationalism.org/tag/geografia/asia
[41] https://es.internationalism.org/tag/3/47/guerra
[42] https://es.internationalism.org/files/es/quien_es_quien_en_nuevo_curso_0.pdf
[43] http://www.sebalorenzo.com.ar
[44] https://es.internationalism.org/content/4460/nuevo-curso-y-una-izquierda-comunista-espanola-de-donde-viene-la-izquierda-comunista
[45] mailto:[email protected]
[46] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1028/en-memoria-de-munis-militante-de-la-clase-obrera
[47] https://es.internationalism.org/content/4393/polemica-adonde-va-el
[48] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201804/4300/el-comunismo-esta-al-orden-del-dia-en-la-historia-castoriadis-muni
[49] https://es.internationalism.org/content/4363/castoriadis-munis-y-el-problema-de-la-ruptura-con-el-trotskismo-ii
[50] https://es.internationalism.org/cci/200602/753/1critica-del-libro-jalones-de-derrota-promesas-de-victoria
[51] https://es.internationalism.org/content/4388/las-confusiones-del-sobre-octubre-1917-y-espana-1936
[52] https://es.wikipedia.org/wiki/Partido_Socialista_Obrero_Espa%C3%B1ol
[53] https://www.ultimahora.es/noticias/sociedad/1999/03/01/972195/espanol-preside-nuevo-consejo-europeo-accion-humanitaria-cooperacion.html
[54] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1157/editorial-la-paz-en-kosovo-momento-de-la-guerra-imperialista
[55] https://es.wikipedia.org/wiki/Asamblea_Parlamentaria_de_la_OTAN
[56] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199610/3614/cuestiones-de-organizacion-iii-el-congreso-de-la-haya-en-1872-la-l
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[58] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/izquierda-comunista
[59] https://es.internationalism.org/files/es/invitacion_rp_balance_luchas_francia.pdf
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[68] https://es.internationalism.org/content/4366/la-ruta-china-de-la-seda-hacia-la-dominacion-imperialista
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[72] https://es.internationalism.org/content/4519/quien-es-quien-en-nuevo-curso
[73] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200512/306/los-metodos-policiales-de-la-ficci
[74] https://igcl.org/Nuevo-ataque-de-la-CCI-contra-el
[75] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/cartas-de-los-lectores
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[78] https://www.20minutos.es/noticia/4102257/0/para-iglesias-sera-el-gobierno-del-si-se-puede-y-la-mejor-vacuna-contra-la-extrema-derecha/
[79] https://es.internationalism.org/cci/200602/497/1la-leccion-de-los-acontecimientos-de-espana
[80] https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Largo_Caballero
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[82] https://es.wikipedia.org/wiki/Sucesos_de_Castilblanco
[83] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200806/2278/historia-del-movimiento-obrero-el-antifascismo-el-camino-a-la-trai
[84] https://es.wikipedia.org/wiki/Frente_Popular_(Espa%C3%B1a)#El_gobierno_del_Frente_Popular:_de_febrero_a_julio_de_1936
[85] https://valencia.cnt.es/que-es-la-cnt/historia/noviembre-de-1936-la-cnt-entra-en-el-gobierno/
[86] https://es.internationalism.org/cci/200602/755/3el-mito-de-las-colectividades-anarquistas
[87] https://es.wikipedia.org/wiki/Jornadas_de_Mayo_de_1937
[88] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/historia-movimiento-obrero
[89] https://es.internationalism.org/tag/geografia/espana
[90] https://es.internationalism.org/tag/2/36/los-falsos-partidos-obreros
[91] https://es.internationalism.org/files/es/articulo_tarragona.pdf
[92] https://www.elnacional.cat/es/sociedad/huelga-general-petroquimica-tarragona-despues-explosion_471531_102.html
[93] https://es.internationalism.org/cci-online/200607/984/ante-la-tragedia-de-valencia
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[97] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201108/3171/resolucion-del-xixo-congreso-de-la-cci-sobre-la-situacion-internac
[98] https://www.lavanguardia.com/local/tarragona/20200117/472927984172/explosion-empresa-quimica-iqoxe-tarragona-multas-inseguridad-laboral.html
[99] https://www.niusdiario.es/sociedad/reduccion-plantilla-motivos-explosion-planta-quimica-tarragona-ccoo_18_2885145052.html
[100] https://www.elespanol.com/reportajes/20200220/montana-mierda-pnv-conocia-gran-peligro-zaldibar/468704402_0.html
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[102] https://catalunyaplural.cat/es/el-mayor-complejo-petroquimico-del-sur-de-europa-provoca-pesadillas/
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[109] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo
[110] https://www.leftcom.org/en/articles/2020-01-04/the-us-attack-on-baghdad
[111] https://es.internationalism.org/tag/geografia/iran
[112] https://es.internationalism.org/tag/3/48/imperialismo
[113] https://es.internationalism.org/files/es/covid19_1.pdf
[114] https://fr.internationalism.org/content/10088/pandemie-covid-19-france-lincurie-criminelle-bourgeoisie
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[116] https://www.elespanol.com/espana/20200320/criterios-decidir-prioridad-falten-camas-uci/475954325_0.html
[117] https://www.elconfidencial.com/espana/2020-03-24/sanitarios-ramon-cajal-plante-mascarillas_2513959/
[118] https://www.lasprovincias.es/comunitat/sindicatos-exigen-generalitat-20200325192618-nt.html
[119] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/lucha-de-clases-0
[120] https://es.internationalism.org/files/es/covid19_0.pdf
[121] https://es.internationalism.org/revolucion-mundial/200909/2639/el-darwinismo-social-una-ideologia-reaccionaria-del-capitalismo
[122] https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida
[123] https://es.internationalism.org/content/4435/la-internacional-de-la-accion-revolucionaria-de-la-clase-obrera
[124] https://www.newtral.es/las-uci-de-europa-ante-los-casos-graves-con-coronavirus/20200312/
[125] https://es.internationalism.org/content/4540/la-perspectiva-que-plantean-las-recientes-luchas-obreras-en-francia
[126] https://es.internationalism.org/files/es/articulo_marxismo.pdf
[127] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199201/3232/i-del-comunismo-primitivo-al-socialismo-utopico
[128] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/guerracamp/index.htm
[129] https://es.internationalism.org/cci-online/201108/3187/tribuna-del-lector-en-defensa-del-marxismo
[130] https://es.internationalism.org/cci-online/201102/3058/marx-y-la-expansion-del-desarrollo-humano-en-el-comunismo
[131] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199203/3315/ii-como-el-proletariado-se-gano-a-marx-para-el-comunismo
[132] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201801/4267/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-ii-un-metodo-y-un-modo-
[133] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199807/1196/construccion-de-la-organizacion-revolucionaria-tesis-sobre-el-para
[134] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200803/2195/cien-anos-despues-de-la-muerte-de-marx-el-marxismo-es-el-porvenir
[135] https://es.internationalism.org/tag/2/24/el-marxismo-la-teoria-revolucionaria
[136] https://es.internationalism.org/files/es/_la_nueva_carrera_espacial.pdf
[137] https://en.internationalism.org/icconline/2009/10/apollo-11-lunar-landing
[138] https://en.wikipedia.org/wiki/Operation_Paperclip
[139] https://es.internationalism.org/content/3451/tesis-sobre-la-crisis-economica-y-politica-en-los-paises-del-este
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[143] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/intervenciones
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[327] https://www.lavanguardia.com/internacional/20200603/481582308546/violencia-racial-eeuu-historia-racismo.html?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_content=claves_de_hoy
[328] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/situacion/index.htm
[329] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/1864lincoln.htm
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[332] https://www.vozpopuli.com/internacional/Barack_Obama-Racismo-Estados_Unidos-racismo-estados_unidos-obama-conflicto_racial-matanzas-negros_0_933206737.html
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[382] https://monitoreconomico.org/noticias/2020/jun/25/nissan-anuncia-despido-de-empleados-en-aguascalientes/#:~:text=Cabe%20recordar%20que%20Nissan%20Motor,pa%C3%ADses%20que%20se%20ver%C3%A1n%20afectados
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[387] https://es.internationalism.org/tag/historia-del-movimiento-obrero/1980-huelga-de-masas-en-polonia
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[446] https://www.lasprovincias.es/comunitat/traslados-forzosos-medicos-20201113192511-nt.html#vca=fixed-btn&vso=rrss&vmc=em&vli=Comunitat%3Fns_campaign=rrss&ns_mchannel=boton&ns_fee=0&ns_source=em&ns_linkname=undefined
[447] https://archivo.kaosenlared.net/en-2021-el-gobierno-rebajara-la-inversion-en-educacion-sanidad-y-proteccion-social-en-porcentaje-del-pib/
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[450] https://www.publico.es/sociedad/coronavirus-retrasos-e-impagos-olvidados-erte.html
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[452] https://es.internationalism.org/tag/situacion-nacional/espana
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[505] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198007/2307/huelga-de-masas-en-polonia-se-ha-abierto-una-nueva-brecha
[506] https://es.internationalism.org/content/3482/espana-y-cataluna-dos-patrias-para-imponer-la-miseria
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[509] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201710/4240/enfrentamientos-en-cataluna-el-pasado-reaccionario-esta-en-la-democrac
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[511] https://es.internationalism.org/content/4655/pablo-hasel-no-representa-la-lucha-de-la-clase-obrera-sino-sus-enemigos
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[513] https://www.eleconomista.es/economia/noticias/10991816/01/21/CCOO-y-UGT-anuncian-movilizaciones-para-que-el-Gobierno-suba-el-SMI-y-derogue-la-reforma-laboral.html
[514] https://www.elsaltodiario.com/tribuna/carta-cuixart-hasel-siempre-adelante
[515] https://www.todocoleccion.net/militaria-guerra-civil/propaganda-politica-rebeldes-asturias-rendios~x30793654
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[680] https://fr.internationalism.org/content/fascisme-democratie-deux-expressions-dictature-du-capital
[681] https://fr.internationalism.org/ri344/livre_ultra-gauche.htm
[682] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201004/2837/campanas-sobre-el-negacionismo-la-corresponsabilidad-de-los-aliado
[683] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1230/campanas-contra-el-negacionismo-el-antifascismo-justifica-la-barba
[684] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/840/nazismo-y-democracia-todos-culpables-de-la-masacre-de-los-judios
[685] https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/1915sogu.htm
[686] https://es.internationalism.org/files/es/peru_tras_las_elecciones_arrecia_la_campana_anticomunista.pdf
[687] mailto:[email protected]
[688] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200601/514/ii-el-comunismo-no-es-un-bello-ideal-sino-una-necesidad-material
[689] https://es.internationalism.org/files/es/nuevos_ataques_a_la_izquierda_comunista_bourseiller_inventa_por_segunda_vez_22la_compleja_historia_de_las_izquierdas_comunistas22_2a_parte_0.pdf
[690] https://proletarios.org/books/LENIN-La-enfermedad-infantil-del-izquierdismo.pdf
[691] https://es.internationalism.org/content/4711/nuevos-ataques-contra-la-izquierda-comunista-bourseiller-se-reinventa-la-compleja
[692] https://bibliothequedumarxisme.files.wordpress.com/2017/10/bricianer_esp.pdf
[693] https://fr.internationalism.org/content/9728/black-blocs-lutte-proletarienne-na-pas-besoin-masque
[694] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201708/4225/el-comunismo-esta-a-la-orden-del-dia-de-la-historia-los-anos-1950-
[695] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/defensa-de-la-organizacion
[696] https://es.internationalism.org/tag/cuestiones-teoricas/terrorismo
[697] https://es.internationalism.org/files/es/permanencia_virtual_de_la_cci_sobre_el_feminismo.pdf
[698] https://es.internationalism.org/files/es/2021_sept04_perm-virtual-cci_luchas-parciales_feminismo_presentacion.pdf
[699] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201305/3733/el-comunismo-primitivo-y-el-papel-de-la-mujer-en-la-emergencia-de-
[700] https://es.internationalism.org/content/3567/el-comunismo-primitivo-el-papel-de-la-mujer-en-la-emergencia-de-la-cultura
[701] https://es.internationalism.org/content/4403/el-feminismo-al-servicio-del-capitalismo
[702] https://es.internationalism.org/cci-online/201210/3489/la-condicion-de-las-mujeres-en-el-siglo-xxi
[703] https://es.internationalism.org/files/es/peru_la_cuarta_espada_sendero_luminoso_la_otra_cara_de_la_burguesia.pdf
[704] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201707/4221/balance-de-70-anos-de-luchas-de-liberacion-nacional-primera-parte
[705] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201202/3316/balance-de-70-anos-de-luchas-de-liberacion-nacional-iii-las-nuevas
[706] https://es.internationalism.org/content/4717/peru-tras-las-elecciones-arrecia-la-campana-anticomunista
[707] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/maoismo
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[709] https://es.internationalism.org/files/es/situacion_mundial_polarizacion_de_las_tensiones_imperialistas_e_inestabilidad_de_las_alianzas.pdf
[710] https://www.rfi.fr/fr/asie-pacifique/20210917-australie-apr%C3%A8s-la-rupture-du-contrat-du-si%C3%A8cle-avec-la-france-la-question-du-co%C3%BBt-de-ce-revirement
[711] https://es.internationalism.org/files/es/barbaria_o_comunismo.pdf
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[748] https://es.internationalism.org/tag/corrientes-politicas-y-referencias/stalinismo
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[840] https://es.internationalism.org/files/es/turquia_la_profundizacion_de_la_crisis.pdf
[841] https://es.internationalism.org/files/es/se_va_la_pandemia_y_viene_la_recuperacion_economica_o_es_todo_un_espejismo.pdf
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[1020] https://es.internationalism.org/content/4824/divergencias-con-la-resolucion-sobre-la-situacion-internacional-del-24o-congreso-de-la
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[1181] https://www.infobae.com/america/mundo/2023/06/29/polonia-enciende-las-alertas-en-la-frontera-por-la-presencia-del-grupo-wagner-en-bielorrusia-y-pidio-ayuda-a-la-union-europea/
[1182] https://okdiario.com/internacional/polonia-quiere-anexionarse-tres-regiones-del-oeste-ucrania-cuando-negocie-paz-10843413#:~:text=En%20concreto%2C%20el%20director%20del,el%20refugio%20para%20los%20desplazados.
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[1185] https://es.internationalism.org/content/5005/la-pseudo-critica-del-gigc-la-plataforma-de-la-cci-un-falso-analisis-para-desacreditar
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[1208] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200806/2281/mayo-del-68-y-la-perspectiva-revolucionaria-1a-parte-el-movimiento
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[1213] https://es.internationalism.org/files/es/francia_lucha_contra_la_reforma_de_las_pensiones_se_puede_confiar_en_los_sindicatos.pdf
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[1217] https://es.internationalism.org/files/es/la_tci_y_la_iniciativa_22no_mas_guerra_que_la_guerra_de_clases22_un_farol_oportunista_que_debilita_a_la_izquierda_comunista.pdf
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[1246] mailto:[email protected]
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[1444] https://es.internationalism.org/content/5110/la-izquierda-del-capital-no-puede-salvar-un-sistema-moribundo
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[1492] https://es.internationalism.org/tag/noticias-y-actualidad/trump-20
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