Chile: el dilema no es Democracia o Dictadura sino Barbarie Capitalista o Revolución Proletaria Mundial

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Lo acontecido en Chile se desprende de la crisis económica internacional que se demuestra en el déficit fiscal que arrastra el Estado chileno desde hace varios años. Organismos multilaterales como el Banco Mundial, el FMI, la CEPAL, señalan una reducción gradual del crecimiento en los últimos 3-4 años. Pese a los esfuerzos para diversificar la economía, Chile depende esencialmente del cobre y, como expresión de la agudización de la crisis, este ha caído fuertemente en su cotización. Las medidas de alza en tarifas del metro intentan responder a la situación deficitaria del Estado chileno. A nivel mundial los primeros pasos de una importante convulsión económica se están dando y, como en otros episodios de la crisis capitalista, son los países más débiles los primeros en verse afectados: Brasil, Turquía, Argentina, Ecuador y ahora Chile.

La idea de que Chile es una “excepción” en América del Sur por su situación económica, el supuesto “bienestar” de su clase obrera etc., sufre un claro desmentido, Piñera ha tenido que tragarse sus proclamaciones triunfalistas de que Chile es “un oasis de paz y prosperidad en Sudamérica”.

Lo que aparece tras esa cortina de humo son los sueldos de 368 €, la precariedad generalizada, el coste desproporcionado de alimentos y servicios, las fuertes falencias en educación y salud, el sistema de pensiones que condena a la pobreza a los jubilados. Una realidad que muestra el deterioro cada vez mayor de las condiciones de vida de la clase obrera y de toda la población.

La explosión del malestar social

El gobierno Piñera subestimó el grado de malestar social. Un ataque, en apariencia pequeño, la subida de la tarifa del metro en Santiago desató la cólera general. Sin embargo, la respuesta no surgió en el terreno de clase del proletariado sino en otro desfavorable y peligroso para él: la revuelta popular y, a continuación, favorecido posiblemente por el Estado, la violencia minoritaria y lumpen[1].

Aprovechando esa debilidad de la respuesta social, el gobierno lanzó una brutal represión que, según cifras oficiales, ha causado 19 muertos. Se ha decretado durante más de una semana el estado de sitio y el “orden” ha sido encomendado a los militares. Las torturas han vuelto a darse como en los peores tiempos de Pinochet, demostrando que democracia y dictadura son dos formas del Estado Capitalista.

La irrupción del lumpen con su vandalismo, los saqueos, los incendios, la violencia irracional y minoritaria, propia de la descomposición capitalista[2], ha sido utilizada por el Estado para justificar la represión, meter miedo en la población e intimidar al proletariado, desviando sus intentos de lucha hacia el terreno de una violencia nihilista sin ninguna perspectiva[3].

Las movilizaciones sindicales: una “movilización” para desmovilizar y desmoralizar a los trabajadores

Sin embargo, la burguesía chilena ha comprendido que no basta con la brutalidad represiva para calmar el descontento. Por ello, el gobierno Piñera ha entonado el meo culpa, el arrogante presidente ha adoptado una pose “humilde”, ha dicho “entender” el “mensaje del pueblo”, ha retirado “provisionalmente” las medidas y ha abierto la puerta a la “concertación social”. Traduzcamos: los ataques se impondrán por la vía de la “negociación”, de la mesa de “diálogo” donde se sienten los partidos de oposición, los sindicatos, la patronal, todos juntos “representando a la nación”.

¿Por qué este cambio de escenario? Porque la represión no es eficaz si no viene acompañada por el engaño democrático, la trampa de la unidad nacional y la disolución del proletariado en la masa amorfa del “pueblo”. El ataque económico requerido por la crisis necesita de la ofensiva represiva, pero sobre todo de la ofensiva política.

El proletariado, aunque pase por una situación de importante debilidad en Chile y en el mundo, sigue siendo la amenaza histórica a la explotación y la barbarie capitalista, por ende, el de Chile es uno de los más concentrados de América del Sur y con una cierta experiencia política, pues, por ejemplo, participó de la tendencia a la huelga de masas en 1907 (Iquique)[4] y sufrió el terrible mazazo del engaño de Allende (1970-73) que preparó el terreno a la brutal dictadura de Pinochet (1973-90).

La ofensiva política de la burguesía ha tenido una primera etapa con las movilizaciones sindicales llamando a una “huelga general” más de una semana después. ¡Qué cinismo! Cuando el gobierno adoptó la subida del Metro, los sindicatos no llamaron a nada. Cuando el gobierno desplegó el ejército en las calles, guardaron un silencio cómplice. Cuando se conocieron las tropelías del ejército y los carabineros, no movieron un dedo. Y ahora llaman a la “movilización”.

Cuando los trabajadores necesitan luchar, los sindicatos los paralizan. Cuando los trabajadores se lanzan a la lucha, los sindicatos los bloquean. Y cuando los trabajadores ya no tienen fuerzas o están desorientados, entonces los sindicatos llaman a “la lucha”. Los sindicatos actúan siempre contra los trabajadores. Tanto cuando se oponen a una huelga espontánea como cuando llaman a luchar en momentos donde los trabajadores están débiles, confusos o divididos. Los sindicatos desmovilizan la movilización obrera y movilizan para lograr la desmovilización obrera.

Los grupos izquierdistas de obediencia trotskista, estalinista o maoísta rematan la trampa con su propuesta de “seguir la huelga general hasta el final”, su parodia de “autoorganización obrera” donde en lugar de asambleas y comités elegidos y revocables hay una “coordinadora” de sindicalistas y grupos izquierdistas. Su “alternativa política” es “echar a Piñera”. ¿Para qué? ¿para reemplazarlo por Bachelet que en sus dos mandatos ha hecho lo mismo o peor? ¿Para elegir una “asamblea constituyente”? Con radicalismos de vía estrecha, con apelaciones a la “clase obrera”, los izquierdistas defienden el capitalismo pues encajonan a los obreros en el terreno de la democracia y en los métodos sindicales de “lucha”.

La ofensiva política de la burguesía chilena

La segunda etapa de la ofensiva ha sido la entrada en escena de los partidos de oposición (la Nueva Mayoría, el PC y el Frente Amplio) que han pedido “negociación” y “consenso” y han saludado como una “victoria” las miserables migajas que ha concedido Piñera. En conjunción con el gobierno y con el ejército[5], la burguesía chilena ha dado un marco político adecuado donde golpear ideológicamente al proletariado, disolver toda tendencia a actuar como clase, atarlo al carro de la Nación, engancharlo a ideologías enemigas, en particular, la democracia. Se han organizado importantes movilizaciones el fin de semana 25-27 octubre con los siguientes ejes:

  • La unidad nacional: así en la manifestación de Santiago adonde acuden un millón de personas, se grita Chile despertó. Es decir, se plantea que no ha sido una confrontación de clases sino una supuesta lucha de “la nación” contra una minoría de corruptos y ladrones. En tiempos de Allende se decía “El pueblo unido jamás será vencido”, debemos recordar contra ese engaño que vuelve a reverdecerse que EL PROLETARIADO UNIDO AL PUEBLO Y LA NACION SIEMPRE SERA VENCIDO.
  • Se reclama “una nueva constitución”, una “asamblea constituyente”. Es una trampa canallesca. En España en 1931 la “nueva constitución” decía que España era una “república de trabajadores”, esa república causó 1500 muertos en la represión de las huelgas obreras entre 1931-33. En 1936 Stalin proclamó para la URSS “la constitución más democrática del mundo” al mismo tiempo que iniciaba los Procesos de Moscú donde liquidó a los últimos bolcheviques y recrudeció el terror más inicuo. La República de Weimar aplastó la tentativa de revolución proletaria en Alemania (1918-23) y permitió el ascenso legal de Hitler y el terror nazi en 1933.
  • Se pretende disolver al proletariado en la masa amorfa y manipulable del “pueblo” donde todas las clases sociales se “unirían” en el cuerpo de la nación. En la plaza santiaguina de Italia colgaba una enorme pancarta que decía “ Por la dignidad de nuestro pueblo, a la calle sin miedo”. La palabra de moda en los media chilenos es la TRANSVERSALIDAD, con esta palabreja quieren decir que no hay una lucha de clase sino “un movimiento de todo el pueblo” en el que se incluirían hasta los hijos de los grandes burgueses de los distritos residenciales santiaguinos. El presidente Piñera publicaba este Twitter: “La multitudinaria, alegre y pacífica marcha hoy, donde los chilenos piden un Chile más justo y solidario, abre grandes caminos de futuro y esperanza. Todos hemos escuchado el mensaje. Todos hemos cambiado. Con unidad y ayuda de Dios, recorreremos el camino a ese Chile mejor para todos “. ¡Es el colmo del cinismo! Pero también nos da la medida de la maniobra política de la burguesía. ¡Hasta el jefe del Metro de Santiago exhibía orgulloso la foto de su hija participando en la manifestación!

Agitando la bandera de la democracia la burguesía impone la miseria, la barbarie y el asesinato

Denunciamos esta maniobra política de la burguesía que tiene como marco la Democracia. La Democracia es la forma más perversa y retorcida de la dominación capitalista. En nombre de la democracia se han perpetrado las peores masacres contra los trabajadores. Por limitarse al caso de Chile hay que recordar que en la huelga masiva de Iquique en 1907 200 obreros fueron asesinados solamente en la matanza de la Escuela de Santa María. El “campeón de la democracia”, Salvador Allende reprimió brutalmente las luchas de los mineros contra el aumento de ritmos y la caída de los salarios “En mayo-junio de 1972, los mineros volvieron a movilizarse: 20 000 se pusieron en huelga en las minas de El Teniente y Chuquicamata. Los mineros de El Teniente reivindicaron una subida de salarios de 40 %. Allende puso las provincias de O’Higgins y de Santiago bajo control militar, pues la parálisis de El Teniente “estaba amenazando seriamente la economía”. Los ejecutivos “marxistas” de la Unión popular expulsaron a los trabajadores y en su lugar pusieron a esquiroles. Quinientos carabineros atacaron a los obreros con gases lacrimógenos e hidro cañones. Cuatro mil mineros hicieron una marcha a Santiago para manifestarse el 11 de junio, la policía se les echó encima sin contemplaciones. El gobierno trató a los mineros de “agentes del fascismo”. El PC organizó desfiles en Santiago contra los mineros, llamando al gobierno a dar prueba de firmeza[6]

Todas las fracciones de la burguesía y especialmente la Izquierda cerraron filas en defensa del Estado capitalista “democrático”. “En noviembre de 1970 vino Fidel Castro a Chile para reforzar las medidas anti obreras de Allende. Castro recriminó a los mineros, tratándolos de agitadores y “demagogos”; en la mina de Chuquicamata, declaró que “cien toneladas de menos por día significa una pérdida de 36 millones de $ por año” (ídem.) .

Allende envió al ejército a reprimir a los obreros, pero, peor aún, en una concentración delante del palacio de La Moneda, en junio de 1972, hizo aplaudir a Pinochet presentándolo como “un militar leal a la constitución”.

La restauración de la democracia desde 1990 no trajo ninguna mejora a las condiciones de vida obrera. Los diferentes presidentes (desde Alwyn a Bachelet, pasando por Lagos o el primer mandato de Piñera) conservaron y reforzaron la política económica promovida por la Escuela de Chicago que impuso la dictadura de Pinochet. No tocaron para nada el sistema de pensiones que condena a un retiro inferior al salario mínimo y que obliga a trabajos precarios hasta los 75 años o más. Un sistema que niega toda futura pensión a los numerosos jóvenes condenados a trabajos precarios. Chile es hoy uno de los países con mayor desigualdad del mundo y la desigualdad se ha agravado con la democracia “Cuando recuperamos la democracia el gobierno militar, que había sido también malo en economía, dejó un índice de pobreza del 4.7%. Hoy, nuestro PBI más que se duplicó, somos varias veces más ricos que entonces. Pero el porcentaje de pobres trepa al 35%[7]

La izquierda haciendo de vocero privilegiado de la burguesía nos llama a apoyar la democracia y ver la dictadura como el mal supremo: esta tendría el monopolio de represión y expoliaría a los trabajadores, su lema es “Dictadura no, Democracia parlamentaria sí”. Todo eso le hace mucho daño a la clase obrera, pues le hace creer que “es libre”, que “puede elegir”, que con el voto “tendría el poder” y, sobre todo, atomiza e individualiza a los trabajadores, trata de borrar en ellos la solidaridad y la unidad enlodándolos en un engranaje de competencia, de “a ver quién puede más”, de “quítate tú para ponerme yo”.

Los métodos de lucha de la clase obrera

Los trabajadores y sus minorías más conscientes deben rechazar esta trampa que le tiende la burguesía y preparar metódicamente el terreno para el surgimiento de auténticas luchas obreras. Esta perspectiva es aún muy lejana y no nacerá de una suma de procesos en cada país sino de una dinámica internacional donde el papel de las grandes concentraciones obreras de Europa Occidental será fundamental[8].

La clase obrera en Chile y en todo el mundo, debe reapropiarse los auténticos métodos de la lucha obrera que han mostrado numerosas luchas a lo largo de la historia (mayo 68 en Francia, Polonia 1980, el movimiento anti-CPE en Francia 2006, el movimiento de indignados en España 2011). Se trata de métodos de lucha y de organización radicalmente opuestos a los propios del sindicalismo:

  • La huelga masiva que los obreros desencadenan por su propia decisión fuera de los cauces legales y sindicales;
  • Las asambleas generales abiertas a todos los trabajadores, activos y desempleados, jubilados, estudiantes futuros trabajadores, emigrantes y nativos, TODOS JUNTOS.
  • La extensión directa de las luchas mediante delegaciones masivas
  • La coordinación y unificación mediante comités elegidos y revocables.

Se imponen unas claras conclusiones:

  1. Ante ataques brutales como los de Ecuador o los de Chile la respuesta no es la revuelta popular ni los saqueos o la violencia minoritaria sino la lucha autónoma de clase.
  2. La lucha tiene que estar controlada por los propios trabajadores contra el sabotaje sindical
  3. Contra la represión los trabajadores deben unirse y autodefenderse mediante la solidaridad y la respuesta firme y combativa. Extender la lucha y lograr la UNIDAD DE CLASE es la única defensa.
  4. En las revueltas en Chile, como antes se vio en Ecuador, se agitaba la bandera nacional chilena. Esta es la bandera de la explotación, la represión y la guerra. Es la bandera del Capital.
  5. El capitalismo se hunde en una crisis mundial que provocará mucha más miseria y sufrimientos y se unirá a nuevas guerras imperialistas y más destrucción medioambiental.
  6. El problema es mundial y no tiene soluciones nacionales. Solo hay una solución mundial y esta sólo puede ser realizada por la lucha internacional de los trabajadores.

Sabemos que esta perspectiva de lucha va a costar mucho. Serán necesarias muchas luchas, muchas derrotas, muchas lecciones dolorosas. Sin embargo, contamos con las lecciones de TRES SIGLOS DE LUCHAS OBRERAS que, elaboradas por la teoría marxista, nos dan los medios teóricos, organizativos, políticos, para contribuir al combate. El órgano que defiende esta continuidad histórica del proletariado es la ORGANIZACION COMUNISTA INTERNACIONAL. Sus principios programáticos, políticos, organizativos y morales son la síntesis crítica global de esa experiencia histórico- mundial de 3 siglos de lucha de clases. Construir la organización, defenderla, reforzarla, es la mejor contribución al combate del proletariado, hoy a contracorriente de toda la campaña de Unión Nacional en torno a la Democracia y mañana a favor del renacimiento de la lucha de clase del proletariado.

Corriente Comunista Internacional 01-11-19

 

[1] Ver nuestra hoja Chile: Ante los ataques del Gobierno la respuesta no es la revuelta popular sino la lucha de clase del proletariado https://es.internationalism.org/content/4479/chile-ante-los-ataques-del-gobierno-la-respuesta-no-es-la-revuelta-popular-sino-la

[3] El proletariado necesita la violencia, su violencia de clase, pero esta no tiene nada que ver y es antagónica al terror de la burguesía, el terrorismo de la pequeña burguesía y el vandalismo salvaje del lumpen. Ver Terror, Terrorismo y Violencia de clase, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo y la Resolución sobre ello: https://es.internationalism.org/revista-internacional/197810/2134/resolucion-sobre-el-terror-el-terrorismo-y-la-violencia-de-clase

[5] El jefe de la Defensa Nacional, el militar Iturriaga del Campo, desmintió al jefe del Estado que había dicho que estaba “en guerra” afirmando que “soy un hombre feliz, la verdad es que no estoy en guerra con nadie” (https://www.eldesconcierto.cl/2019/10/21/iturriaga-busca-limpiar-imagen-del-ejercito-y-contradice-a-pinera-soy-un-hombre-feliz-no-estoy-en-guerra-con-nadie/ )

[6] Ver Hace 30 años, la caída de Allende: dictadura y democracia son las 2 caras de la barbarie capitalista

https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/846/hace-30-anos-la-caida-de-allende-dictadura-y-democracia-son-las-2-c

[8] Ver Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases (2019) de nuestro 23º Congreso Internacional https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019

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