La motosierra de Milei contra los trabajadores argentinos

Printer-friendly version
AdjuntoTamaño
Icono PDF motosierra_milei.pdf853.09 KB

No hay alternativa.” “… no nos han dejado opción…” son frases usadas por Milei en su discurso al asumir el gobierno, con las que anuncia la serie de brutales ataques que prepara contra los explotados.

El avance de la crisis económica y la larga cadena de gobiernos de derecha e izquierda que pretendiendo sanear a la economía argentina, la profundizaron más, hizo que los partidos tradicionales de la burguesía terminaran con un gran desprestigio. Ni los peronistas, moviéndose, según le conviene de la izquierda a la derecha, ni los radicalistas, ni la estrategia de fundirse en alianzas electorales, han podido dar confianza a estas instituciones del Estado. Esa situación permitió surgiera desde la derecha populista, un líder mesiánico como Milei, que, aunque fue impulsado por sectores de la burguesía, no fue una situación sobre la que tuviera la aceptación general ni el control total.

En el inicio de su campaña electoral algunos sectores de la burguesía lo impulsaron, buscando aprovechar su personalidad de desquiciado, sus exabruptos y sus medidas económicas sustentadas en la santificación del mercado y la defensa fanática de la propiedad privada, sin embargo, fueron muchas más las fracciones de la misma clase dominante las que se alertaron e intentaron detenerlo, sin embargo, se verificó la tendencia dominante en la fase actual de descomposición: la pérdida de control de parte de la burguesía de su propia estrategia política, permitiendo se “colara” a la dirección del gobierno un personaje como Milei, con una agrupación –como lo describe Macri–  “… no madura, sin volumen, sin equipo, fácilmente infiltrable”, por lo que, sobre todo luego de la primera vuelta, intentaron “suavizarlo” acompañándolo de miembros experimentados de la “casta”…

Llega así a Argentina un gobierno populista que se presenta como un problema para la burguesía, pero al que la propia burguesía asigna la misión de atacar a muerte a los trabajadores, su motosierra solo tiene un destinatario: la clase obrera.

El populismo y el descontrol del juego político de la burguesía

Subido hace apenas dos años a la ola populista, Milei puso en aprietos al juego electoral que se había conformado entre 2 coaliciones, la de centro-izquierda de los Kirchner/peronistas y la de centro-derecha encabezada por Mauricio Macri. Esta competencia de las fracciones burguesas que databa de 2015 trataba de darle aire fresco al rancio bipartidismo que orbitaba en los términos peronismo – anti peronismo. Pero el desgaste de los partidos tradicionales y de sus coaliciones estaba muy avanzado, pues justo cuando se renueva ese esquema, la burguesía logra el recambio de un ciclo peronista de centro-izquierda de 12 años, al de un gobierno de centro-derecha, con Macri a la cabeza, que ante su fracaso en el terreno económico, fue de nuevo relevado por la coalición peronista de centro-izquierda. Esto es lo que llevó a sectores de la burguesía a impulsar a Milei, que se presentó vociferando contra ese entramado político ya muy desgastado, al que calificó de “casta política” que, además ha estado envuelta por años en escándalos de corrupción, lo mismo en el gobierno de los Kirchner o el de Macri, sin embargo, son varios sectores de la burguesía los que ven a Milei con desconfianza. Por eso, para limitar la incertidumbre, le imponen personajes, salidos de las filas de la “casta”, que decía despreciar, en carteras claves del gobierno: Patricia Bullrich en el ministerio de seguridad y Luis Caputo en el de economía.

Agravación de la crisis económica, caldo de cultivo para el ascenso de Milei

Otro de los aspectos que ha potenciado las diferencias al interno de la burguesía en Argentina y fracturado el juego de los partidos tradicionales, ha sido la agravación de la crisis económica. Las medidas aplicadas por los gobiernos kirchneristas o por el de la derecha de Macri, en su intento por sanear el ambiente para el capital, han acelerado el avance de la inflación. El gasto público y el crédito, que han sido los instrumentos favoritos con los que pensaban se oxigenaría a la economía, han terminado siendo una carga,[1] y aunque la burguesía y su Estado han trasladado el grueso de los efectos a las espaldas de los trabajadores, no ha impedido que surjan descontentos dentro de la misma burguesía.

Pero no solo la burguesía se enfanga en estos proyectos, sectores del proletariado también, al ser incapaces de desarrollar y controlar su lucha, pueden ser atrapados por los discursos del populismo de derecha que, al criticar a la actuación de los gobiernos anteriores, prometer mejoras milagrosas y, sobre todo, utilizando la desesperación y el nihilismo que pueden cundir en la población, siembran falsas esperanzas entre los explotados.

La agudización del proceso de pauperización de la población en Argentina, que ve como se degrada cada día su salario por la aceleración de la inflación, ha llevado a una amplia masa de explotados a la desesperación (sobre todo de jóvenes), que extravían su identidad de clase, lo que permite sean atrapados por los discursos y promesas de Milei. Pero apenas han pasado unas semanas del ascenso al gobierno de Milei y los golpes económicos y las amenazas lanzadas, van dejando ver a los trabajadores que la burguesía, sea cual sea el partido que encabece el gobierno, y por más escandaloso que sea su discurso, no tiene una salida a la crisis capitalista, lo único que puede ofrecer, es más explotación, más miseria y más represión.

Ni estatismo, ni libre mercado ofrecen un camino a los trabajadores

Una mayor actuación del Estado en la economía o una liberalización del mercado, son viejos argumentos que usa en su discurso la burguesía cuando definen la orientación de sus políticas económicas, sin embargo, es una discusión ajena a los trabajadores, pues ya sea con más propiedad estatal o con un dominio de los capitales privados, la burguesía establece, según el momento, las condiciones que le permitan dar continuidad a la explotación. En nada cambia para un trabajador, si la explotación la ejerce un capital privado o el Estado desde una empresa pública[2]. Ya Engels explicaba que: “… las fuerzas productivas no pierden su condición de capital al convertirse en propiedad de las sociedades anónimas y de los trusts o en propiedad del Estado. Por lo que a las sociedades anónimas y a los trusts se refiere, es palpablemente claro. Por su parte el Estado moderno, no es tampoco más que una organización creada por la sociedad burguesa (…) El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, es el Estado de los capitalistas, el capitalista colectivo ideal.” (“Del socialismo utópico al socialismo científico”, 1880). De manera que el peligro de Milei no se encuentra, como lo viene repitiendo el aparato de izquierda del capital, en la amenaza privatizadora o la pérdida de “soberanía” al adoptar al dólar como moneda. Como ya se vive hoy, la motosierra de Milei avanza cortando cabezas en los trabajadores a través de sus planes de choque, acondicionando con ellos los procesos que le permitan ir logrando alcanzar su verdadero objetivo: defender las ganancias y los intereses del capital nacional, lanzando para ello los ataques más brutales contra las condiciones de vida de los trabajadores.

En la medida en que pase el tiempo, irá justificando que, para acortar el déficit, lograr su “hazaña” de eliminar el banco central, dolarizar y permitir la operación del mercado, requiere de una profunda austeridad, que de forma inmediata paralizará la producción lo que, junto a la elevación de precios y tarifas, acelerará la inflación, degradando aún más la capacidad de compra de los salarios, pero golpeándolos también directamente al eliminar el pago de aguinaldo y de jubilaciones así como los subsidios al transporte que hace que un billete de autobús pase de 50-72 pesos ¡a 400 pesos!. Siempre en nombre de la “defensa de la economía nacional” irá justificando el crecimiento de la miseria de los trabajadores, del desempleo y la intensificación de los ritmos de trabajo… pues todo está justificado para la burguesía cuando se trata de la defensa de sus intereses.

La campaña ideológica de la burguesía argentina en contra de los trabajadores

El populismo, es un fenómeno general que afecta a la sociedad, “Comporta un elemento común que está presente en la mayoría de los países más avanzados: la profunda pérdida de confianza en las “élites” (...) debido a su incapacidad para restablecer la salud de la economía y frenar un aumento constante del desempleo o de la pobreza”. Esta revuelta contra los dirigentes políticos “(...) no puede en modo alguno conducir a una perspectiva alternativa al capitalismo”.[3]

En este sentido, afecta directamente a la clase trabajadora, ya que las campañas populistas de odio y resentimiento contra el “establishment”, buscan un chivo expiatorio para pretender explicar lo que “no funciona”, escondiendo que es el sistema capitalista en su conjunto el responsable y no tal o cual personaje o partido político. Para los trabajadores no hay nada que celebrar en la borrachera democrática de la burguesía que da vuelo a la celebración de los 40 años de elecciones democráticas en el país, después de la dictadura militar (1983), con un “outsider” subido al gobierno a partir del 10 de diciembre de 2023, mediante el “voto de castigo” masivo (56% del total, el mayor en 4 décadas) a los partidos tradicionales, principalmente de los jóvenes. La alternancia de partidos de la democracia electoral es una trampa para los trabajadores que le imbuye su enemigo de clase, haciéndole creer que su voto decide en los recambios en el gobierno y en las políticas públicas; en cuanto al “voto de castigo”, no es más que la “revancha” que se le ofrece para seguir atado al cuento de la democracia.

Si ya la experiencia demuestra que no hay diferencia entre los kirchneristas y los macristas a la hora de defender al capital nacional y golpear a los trabajadores, Milei asume el gobierno federal precisamente para continuar con esa defensa que no puede hacerse sino atacando las condiciones de trabajo y de vida de la clase explotada a la que, por cierto, la ha estigmatizado cuando señala como cómplices de la crisis a aquellos que reciben apoyos complementarios de salarios, es decir, como “chivos expiatorios”, a los que califica como flojos, torpes y ladrones.

En suma, aunque los fenómenos de la descomposición como el populismo le afectan en su juego político, la burguesía todavía tiene los medios para revertir sus efectos en contra de la clase obrera, por ejemplo, reforzando el mito de la democracia, de la alternancia política, del valor del voto, etc.

¿Qué puede hacer la clase obrera ante los ataques anunciados por el gobierno de Milei?

Toda la campaña electoral de Milei se sustentó en presentarlo como un “libertario” crítico de las políticas tradicionales que lograba atemorizar a la “casta” y por tanto como una alternativa. Pero apenas asumió el gobierno, dio inicio a los ataques contra los trabajadores, siguiendo un guion similar al de los “planes de choque”, usados ampliamente en América Latina en la década de los 80. El viejo “recetario” incluye medidas que pretenden orientarse para el “mejoramiento social”, así es que ha anunciado el incremento en 50% de los montos otorgados por programas como “Asignación universal por hijo” y la “Tarjeta alimentar” (manteniendo por el momento otros más), que son migajas que riega, para intentar mostrarse “benevolente”, pero además para usarlo como instrumento de control, en tanto amenaza con retirarlos a todos aquellos que se manifiesten en las calles.

Esta medida, presentada como el “protocolo anti piquete”, es complemento del salvaje plan represivo para evitar manifestaciones, presentado por la ministra de seguridad Patricia Bullrich, el cual contempla que ¡los que sean reprimidos deberán pagar los costos del operativo policiaco! Pero además se aplicarán multas a los padres que sean acompañados por sus hijos menores de edad a manifestaciones. ¡Vaya arrogancia y desprecio de la burguesía por la clase explotada y oprimida!

La burguesía, a la que representa Milei, calcula que después de unas elecciones en las que se ha anotado un triunfo al arrastrar masivamente a las urnas sobre todo a los trabajadores, tendrá los bonos de confianza y de tiempo para aplicar su paquete “anticrisis”, sin embargo, considerando que los trabajadores en Argentina tienen una tradición histórica de lucha, ante los ataques a sus condiciones de vida que ya se hacen sentir, se verán impulsados a la lucha. Un adelanto de esa respuesta que los trabajadores pueden desplegar se hizo notar la noche del 20 de diciembre. Luego de terminar la exposición televisada de Milei del “Decreto de Necesidad y Urgencia” (DNU), el que, entre varios aspectos, contempla “desregular la economía” y la prohibición de huelgas, en numerosos puntos de Buenos Aires y en la provincia, de forma espontánea, una masa de explotados salió a protestar golpeando cacerolas y cientos de trabajadores marcharon por las calles hasta llegar al Congreso.

Estas expresiones, aunque aún son débiles, son importantes porque exponen el descontento y el esfuerzo que existe en los trabajadores en romper las cadenas que atan sus esperanzas en las promesas del gobierno, pero, además muestra, que no están dispuestos a sacrificarse y aceptar mansamente la miseria.

El proletariado en Argentina debe recuperar las experiencias de las recientes movilizaciones que sus hermanos de clase han presentado en Europa y los EE. UU.; estas movilizaciones masivas muestran que la clase obrera “…cuando lucha contra los efectos de la crisis económica, contra los ataques orquestados por los Estados, contra los sacrificios impuestos por el desarrollo de la economía de guerra, el proletariado se alza no como ciudadanos que exigen ‘derechos’ y ‘justicia’ sino como explotados contra sus explotadores y, en última instancia, como clase contra el propio sistema. Por eso, la dinámica internacional de la lucha de la clase obrera lleva en sí misma el germen de un cuestionamiento de los fundamentos del capitalismo.[4]

Pero la burguesía sabe que la unidad del proletariado es la única fuerza que puede detener a la motosierra de Milei, por eso requiere, para hacer pasar sus golpes, del aparato de izquierda y la estructura sindical. Estas agrupaciones al ser engranes del Estado que sirven a los intereses de la burguesía, ya se preparan para impedir que la unidad y solidaridad obrera se concrete, por ejemplo, los sindicatos ya empezaron a presentar discursos “radicales” en contra de la austeridad, para ganarse las simpatías de los trabajadores y arrastrarlos a luchas falsas, controladas, callejones sin salida. Habrá que estar alertas a la reactivación del sindicalismo peronista que en estas circunstancias puede jugar un mejor papel de maniatar a los trabajadores para hacer pasar los ataques despiadados que se han anunciado.

En ese sentido se requiere que los trabajadores conduzcan sus combates desde el primer momento, evitando que los sindicatos se pongan al frente y, para eso, hay que recordar las innumerables lecciones de la lucha obrera para tomar la lucha en sus manos como las “asambleas generales abiertas y masivas, autónomas, que decidan realmente la marcha del movimiento. Asambleas generales en las que discutamos lo más ampliamente posible las necesidades generales de la lucha y las reivindicaciones que más nos unan. Asambleas generales desde las que podamos partir en delegaciones masivas al encuentro de nuestros hermanos y hermanas de clase, los trabajadores de la fábrica, del hospital, de la escuela o la administración más cercanas…”[5]

JRT, 22-diciembre-2023

 

[1] Con el fin de tener un parámetro para evaluar la magnitud de la carga en que se han convertido el gasto público y la deuda, podemos relacionarlos con el PIB, obteniendo que el gasto público representa el 40% del PIB, y la deuda, desde 2018 hasta la actualidad, se ha estado moviendo en un rango entre el 80 y el 100%, habrá que agregar que estos créditos apenas tuvieron un efecto positivo para aquellos capitalistas que crearon empresas inexistentes para fingir necesidades de insumos importados, lo que les permitió adquirir dólares “baratos”, a una paridad subsidiada y luego trasladarlos a otros países. El gobierno saliente de Alberto Fernández, presenta la información que, de los 45 mil millones de dólares obtenidos por Macri del FMI, terminaron fugándose mediante esta triquiñuela, cerca del 90%.

[2] Para ampliar sobre este tema, recomendamos leer: La experiencia rusa. Propiedad privada y propiedad colectiva, Revista Internacional # 131, 4° trimestre 2007.

[5] Ídem

Situación nacional: 

Geografía: 

Cuestiones teóricas: 

Rubric: 

Argentina