Marc, parte 2: de la Segunda Guerra Mundial a la actualidad

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Introducción: A 30 años de la muerte de nuestro camarada Marc Chirik

Marc Chirik falleció hace 30 años, un diciembre de 1990. Como tributo a las impagables contribuciones de nuestro camarada, este gran revolucionario en la línea de Marx, Engels, Lenin y Rosa Luxemburgo, recordamos los dos artículos de las Revistas Internacionales 65 y 66, que fueron escritos justo tras su muerte. El primer se publicó en español en: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1053/marc-de-la-revolucion-de-octubre-1917-a-la-ii-guerra-mundial

Publicamos aquí la Segunda Parte.

Se trata de dos textos que trazan un esbozo general de su vida y dan un resumen de sus contribuciones a la causa del proletariado y la defensa del marxismo.

Con esta pequeña introducción a los textos mencionados queremos simplemente subrayar los tres elementos esenciales que caracterizaron su vida y su actividad revolucionaria.

Para empezar, fue, durante toda su vida como militante a lo largo de más de 70 años, desde su juventud hasta su último aliento, un luchador decidido, un combatiente incansable de la causa del proletariado y el comunismo. Dedicó todas sus energías a la defensa intransigente de los principios internacionalistas y el marxismo. Siempre a la vanguardia de la lucha poniendo a buen uso su experiencia política, teórica y organizacional. La militancia revolucionaria era el compás constante de su vida. Incluso durante el terrible periodo de la contrarrevolución, Marc nunca abandonaba el trabajo de clarificar y elaborar pacientemente las posiciones de la izquierda comunista. Durante todos estos años sombríos luchó contra todas las traiciones al campo proletario, y también en el interior de las organizaciones en las que militaba; contra las maniobras oportunistas, las actitudes centristas, las desviaciones tanto academicistas como activistas. Fue capaz de perseverar durante todo este periodo y de tomar así un papel activo en el resurgimiento histórico del proletariado en mayo de 1968, tomando parte con entusiasmo en el reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias que hizo nacer aquel periodo, entre ellas la CCI. Trajo consigo toda su energía militante, su convicción y experiencia a la hora de orientar y construir esta organización, así como de cara a los esfuerzos de agrupamiento del medio político proletario en los años 80, por la confrontación mutua y la clarificación de sus posiciones.

Otro rasgo fundamental de su carácter era su habilidad para mantener vivas las adquisiciones teóricas del movimiento revolucionario, particularmente las que produjo la fracción de izquierda del Partido Comunista de Italia. Como resultado, era capaz de mantener un análisis lúcido y crítico de la evolución de la situación internacional. Este “instinto” político, fundamentado en el análisis global del equilibrio de fuerzas entre las clases, le llevó a cuestionar ciertas posiciones del movimiento obrero que se habían convertido en dogmas; y no lo hizo distanciándose del método del materialismo histórico, muy al contrario, se atuvo a la evolución dinámica de la realidad histórica. Al final de su vida, hizo una última contribución teórica siendo el primero de la CCI en reconocer que el capitalismo había entrado en su fase terminal de decadencia, la fase de descomposición[1]. Así, planteó que el proletariado no podía utilizar esta putrefacción del sistema capitalista en su beneficio, sino que esta situación implicaba nuevos desafíos decisivos para el proletariado y para la supervivencia de la humanidad.

El último elemento que queremos enfatizar es su determinación a la hora de transmitir las lecciones del movimiento obrero y la experiencia organizativa de los revolucionarios a las nuevas generaciones, para así formar nuevos militantes y dar a la CCI una continuidad política en las luchas futuras de la clase. Estaba totalmente convencido de la necesidad indispensable de la organización revolucionaria como puente entre pasado, presente y futuro, y era consciente de que él mismo representaba un enlace con la experiencia del pasado histórico de la clase, de que era parte de la memoria viva del movimiento obrero. Insistiendo continuamente en que “el proletariado hace surgir organizaciones revolucionarias y no individuos revolucionarios”, resaltaba siempre la importancia de las responsabilidades individuales de cada militante y de la necesidad de la solidaridad y el respeto entre camaradas.

Nada resume mejor la vida de Marc que aquella sencilla expresión de Rosa Luxemburgo: “Fui, soy y seré”.

Segunda parte

La primera parte de este tributo a nuestro camarada Marc, fallecido en diciembre de 1990, la publicamos en el número anterior de la Revista Internacional, que trató del periodo que media entre 1917 y la Segunda Guerra Mundial.

Pertenece en especial a esa pequeña minoría de militantes comunistas que sobrevivió y resistió a la terrible contrarrevolución que se abatió sobre la clase obrera entre los años 1920 y 1960, como Anton Pannekoek, Henk Canne-Meijer, Amadeo Bordiga, Onorato Damen, Paul Mattick, Jan Appel o Munis. Además de su fidelidad indefectible a la causa del comunismo, supo a la vez conservar una confianza total en las capacidades revolucionarias del proletariado, beneficiando a las nuevas generaciones de militantes con toda su experiencia pasada y no quedándose encerrado en los análisis y posiciones que el curso de la historia había superado. En ese sentido, toda su actividad de militante es un ejemplo concreto de lo que significa el marxismo: un pensamiento vivo, en constante elaboración, de la clase revolucionaria, portadora del porvenir de la humanidad” (Revista Internacional 65).

En esta segunda parte seguimos la actividad de nuestro camarada, primero en la Izquierda Comunista Francesa (“Gauche Communiste de France” o GCF) hasta la última etapa de su vida, cuando su contribución fue decisiva en la fundación y desarrollo de la CCI.

Internationalisme

La GCF celebró su segunda conferencia en julio de 1945. Adoptó un informe de la situación internacional escrito por Marc (reimpreso en la Revista Internacional 59, 4º trimestre de 1989[2]) que hizo una evaluación general de los años de guerra. Empezando por las posiciones marxistas clásicas sobre la cuestión del imperialismo y la guerra, especialmente contra las aberraciones desarrolladas por Vercesi, el escrito logró un entendimiento más profundo de los principales problemas a los que se enfrenta la clase obrera en la decadencia del capitalismo. Este informe está al mismo nivel en el que están todas las contribuciones de la GCF al pensamiento revolucionario, que podemos leer en los varios artículos publicados en su revista teórica, Internationalisme[3].

L’Etincelle dejó de publicarse de 1946 en adelante. Esto se debió a que la GCF se dio cuenta de que no se habían cumplido sus predicciones de una conclusión revolucionaria a la Segunda Guerra Mundial (como la tuvo la Primera). Como temió la Fracción ya en 1943, la burguesía aprendió la lección y los países “victoriosos” consiguieron evitar un levantamiento del proletariado. La “Liberación” probó ser lo contrario a un mero trámite hacia la revolución. La GCF extrajo sus conclusiones y consideró que el momento no era maduro ni para la formación del Partido ni para la agitación en la clase obrera, precisamente aquello para lo que L’Etincelle pretendía ser una herramienta. Las tareas que esperaban a los revolucionarios seguían siendo las mismas que había asumido Bilan. Fue por esto que la GCF se consagró entonces a un esfuerzo de clarificación y de discusión teórica y política, al contrario que el Partito Comunista Internazionalista (PCInt), que estuvo durante años sacudido por un activismo febril que culminó en la escisión de 1952, entre la tendencia más activista de Damen y la de Bordiga (junto con Vercesi). Este último se retiró a un aislacionismo sectario y una auto- proclamada “invariancia” (en realidad una fosilización de las posiciones de la Izquierda Comunista de 1926), que serían la enseña del Partido Comunista Internacional, que publicaría El Programa Comunista. Por su parte, la tendencia Damen (estando en mayoría y controlando las publicaciones Prometeo y Battaglia Comunista) lanzó toda una serie de intentos de conferencia o actividades en común con corrientes ajenas al proletariado como los anarquistas o los trotskistas.

La GCF mantuvo la misma actitud de apertura que había caracterizado a la Izquierda Italiana antes y durante la guerra. A diferencia del PCInt, que llevó su “apertura” al punto de que no se percataba de la naturaleza de clase de los grupos que frecuentaba, los contactos de la GCF, como los de Bilan, se basaban en un criterio político preciso que los distinguía claramente de organizaciones no proletarias. Y así, en mayo de 1947, la GCF tomó parte en una conferencia internacional organizada por iniciativa de la Kommunistenbond holandesa (una tendencia “consejista”[4]), junto con, entre otros, Le Proletaire, que había surgido del RKD, la Fracción Belga y la Federación autónoma de Turín, que se había escindido del PCInt por desacuerdos sobre la cuestión electoral. La Kommunistenbond invitó también a la Federación Anarquista, y durante la preparación de la Conferencia, la GCF insistió en la necesidad de un criterio de selección más preciso, para así eliminar grupos como los anarquistas oficiales que habían tomado parte en la Guerra civil española y la Resistencia[5].

Sin embargo, en aquel periodo dominado por la contrarrevolución, la contribución principal de la GCF a la lucha proletaria radicó en su dominio de la teoría y el programa. El considerable esfuerzo de la GCF en este ámbito la llevó sobre todo a clarificar la función del partido revolucionario, yendo más allá de las concepciones “leninistas” clásicas y reconociendo la integración definitiva e irreversible de los sindicatos y el sindicalismo en el Estado capitalista.

En los años 20, la Izquierda Germano-holandesa ya había criticado duramente las posiciones incorrectas de Lenin y la Internacional Comunista sobre estas cuestiones. La confrontación con esta corriente, primero de la Fracción italiana de pre- guerra y más tarde de la GCF, permitió a esta última reclamarse de parte de estas críticas a la IC.

No obstante, la GCF no participó de los excesos de la corriente germano-holandesa en la cuestión del Partido (cuya función acabó por rechazar completamente), mientras que, al mismo tiempo, fue mucho más allá en la cuestión sindical (junto a su rechazo del sindicalismo clásico, la Izquierda Germano-holandesa defendía una especie de sindicalismo “de base” basado en las “Unionen” alemanas).

La cuestión sindical ilustra especialmente bien la diferencia de método entre las Izquierdas alemana e italiana. La primera comprendió las líneas generales de la cuestión en los años 20 (la naturaleza capitalista de la URSS, de los sindicatos…); pero al no ser capaz de dar una elaboración sistemática a sus nuevas posiciones, acabó o bien poniendo en cuestión ciertos pilares fundamentales del marxismo o bien evitando profundizar en dichas posiciones. La Izquierda Italiana, por otra parte, fue mucho más cautelosa. Hasta lo que ocurrió con Vercesi en 1938, siempre desconfió de desarrollar críticas sistemáticas que la pudieran llevar a alejarse de los esquemas básicos del marxismo. Pero al hacer esto fue capaz, de hecho, de ir mucho más lejos y de pensar de forma mucho más audaz, como hizo por ejemplo en la cuestión fundamental del Estado.

Este método, que Marc absorbió de la Fracción Italiana, le otorgó la capacidad de dar un impulso al gigantesco trabajo teórico que desarrolló la GCF. Fue un trabajo que a su vez permitió a la organización desarrollar aún más las posiciones de la Fracción en la cuestión del Estado del periodo de transición del capitalismo al comunismo, así como desarrollar una visión del capitalismo de Estado que fue mucho más allá del análisis exclusivo de la URSS, descubriendo la universalidad de este carácter esencial de la decadencia del modo de producción capitalista. Podemos hallar este análisis en el artículo “La evolución del capitalismo y la Nueva Perspectiva”, publicado en Internationalisme nº46 (y reimpreso en la Revista Internacional 21). Se trata de un texto que elaboró Marc en 1952, constituyendo en cierto sentido el testamento político de la GCF.

Marc deja Francia en junio de 1952, camino a Venezuela. Se trata de una decisión de carácter político tomada en el conjunto de la GCF: la Guerra de Corea convence a la organización de que la Tercera Guerra Mundial entre los bloques ruso y americano es inevitable e inminente (como afirma el texto antes mencionado). Una guerra así arrasaría toda Europa, destruyendo con toda probabilidad a los pocos grupos comunistas que sobrevivieron a la II Guerra Mundial. La decisión de la GCF de enviar a algunos de sus militantes a un lugar “seguro” fuera de Europa no tenía nada que ver con su seguridad personal (Marc y sus camaradas ya habían probado, durante la II Guerra Mundial, que estaban dispuestos a asumir enormes riesgos personales para defender las posiciones revolucionarias en las peores condiciones posibles), sino más bien con la preocupación por la supervivencia de la organización. Sin embargo, la partida de sus militantes más experimentados fue fatal para la GCF; a pesar de la correspondencia regular con Marc, los elementos que habían permanecido en Francia fueron incapaces de mantener viva la organización en aquel periodo de contrarrevolución profunda. Por razones que no podemos analizar en profundidad aquí, la III Guerra Mundial nunca llegó. Claramente este error de análisis le costó la vida a la GCF (y de todos los errores que cometió Marc durante su vida como militante, fue este el que probablemente tuvo peores consecuencias).

Pero, a pesar de todo, la GCF dejó tras de sí un legado político y teórico que sentó las bases para la existencia de los grupos que habrían de acabar formando la CCI.

La Corriente Comunista Internacional

Durante más de 10 años, mientras la contrarrevolución seguía pesando sobre la clase obrera, Marc tuvo que atravesar un periodo de aislamiento extremadamente dificultoso. Se mantuvo al día de la actividad de las organizaciones revolucionarias que habían sobrevivido en Europa, y seguía en contacto con ellas y algunos de sus miembros. Al mismo tiempo, empezó a desarrollar reflexiones propias sobre una serie de cuestiones que la GCF no fue capaz de clarificar. Aun así, por primera vez en su vida, se vio privado de la actividad organizada que constituye el marco necesario para esa reflexión. Como él mismo admitió, fue una prueba extremadamente difícil: “El periodo de reacción de la posguerra fue una larga marcha por el desierto, especialmente con la desaparición, tras 10 años de existencia, de Internationalisme. El desierto del aislamiento duró unos 15 años”.  

Este aislamiento continuó hasta que pudo reunir en torno suyo a un pequeño grupo de estudiantes que acabarían formando el núcleo de una nueva organización: “Así se formó un nuevo grupo en Venezuela, en 1964, con elementos muy jóvenes. Y este grupo sigue existiendo aún hoy. Vivir 40 años de contrarrevolución y reacción y de repente sentir esperanza, sentir que ha vuelto de nuevo la crisis del capitalismo, y que los jóvenes están ahí, y ver a este grupo crecer a partir de entonces poco a poco, desarrollándose durante y después de 1968 en Francia y expandiéndose a otros diez países… todo esto es sin duda una gran alegría para un militante. Estos últimos 25 años han sido sin duda los más felices para mí. Ha sido durante estos años que he podido sentir verdaderamente la alegría por estos avances y la convicción de que estábamos empezando de nuevo, de que habíamos emergido de la derrota y de que el proletariado se estaba reagrupando, de que las fuerzas de la revolución se volvían a congregar. Es una enorme fuente de alegría tomar parte en todo esto, dar todo lo que puedes dar, lo mejor de ti mismo, a esta reconstrucción. Y debo esta alegría a la CCI…”.  

No trataremos aquí, como hemos hecho con las demás organizaciones en las que Marc militó, la historia de la Corriente Comunista Internacional (ya lo hicimos en el décimo aniversario de la fundación de la CCI, en la Revista Internacional 40[6]). Nos limitaremos a destacar algunos aspectos de la enorme contribución de nuestro camarada al proceso que llevó a la formación de nuestra organización. Ya antes de que se fundara la CCI, el pequeño grupo de Venezuela que publicaba Internacionalismo (mismo nombre que la revista de la GCF) le debió principalmente a Marc su capacidad de alcanzar una mayor claridad, especialmente sobre la cuestión de la autodeterminación nacional, de especial sensibilidad en una Venezuela donde reinaba la mayor confusión en el movimiento proletario.  

Igualmente, la orientación de Internacionalismo hacia la búsqueda de contactos con grupos de Europa y el continente americano surge directamente de la GCF y la Fracción. En enero de 1968, en un momento en el que todo el mundo, incluso algunos revolucionarios, no hablaban de otra cosa que de la “`prosperidad” del capitalismo y de su habilidad para contrarrestar las crisis, cuando las teorías de Marcuse sobre la “integración de la clase obrera” eran el último grito y los revolucionarios que conoció Marc en un viaje a Europa durante el verano de 1967 mostraban el mayor escepticismo sobre la capacidad revolucionaria de un proletariado, supuestamente, aún sumido en la contrarrevolución… nuestro camarada no temía escribir, en el Internacionalismo nº8:

No somos profetas ni podemos pretender predecir cómo y cuándo sucederán las cosas en el futuro. Pero de una cosa estamos seguros y somos conscientes: el proceso en el que está inmerso hoy el capitalismo no puede detenerse (…) y lleva directamente a la crisis. Y estamos igualmente seguros de que el proceso inverso de desarrollo de la combatividad de clase, del que somos testigos hoy, llevará a la clase obrera a una batalla directa y sangrienta por la destrucción del Estado burgués”.

Unos meses más tarde la huelga general de mayo del 68 en Francia confirma de forma espectacular esta predicción. Obviamente no era el momento de la “lucha directa por la destrucción del Estado burgués”, pero sí que se dio una reanimación histórica del proletariado, impulsado por los primeros signos de crisis abierta del capitalismo tras la más profunda contrarrevolución de la historia. No fue una predicción fruto de la clarividencia, sino, simplemente, del destacado dominio del marxismo por parte de nuestro camarada y de la confianza que conservaba en la capacidad revolucionaria de la clase, incluso en las horas más sombrías de la contrarrevolución.

Marc salió inmediatamente para Francia (haciendo autostop en el último tramo del viaje al estar todo el transporte público completamente paralizado). Retomó el contacto con sus viejos camaradas de la GCF y empezó a discutir con toda una nueva serie de grupos y elementos del medio político[7]. Esta actividad, junto a la de un miembro joven de Internacionalismo que había llegado a Francia ya en 1966, fue determinante en el surgimiento y desarrollo del grupo Revolution Internationale, el polo de reagrupamiento original de la CCI[8].

Tampoco podemos dar aquí un examen detallado de todas las contribuciones políticas y teóricas de nuestro camarada una vez se constituye la organización. Baste decir que en todas las cuestiones de importancia a las que se ha enfrentado la CCI y la clase en su conjunto, y en todos los pasos adelante que hemos podido dar, la contribución de nuestro camarada ha sido decisiva. De hecho, Marc era muchas veces el que planteaba los puntos que se necesitaban tratar. Esta vigilancia constante, esta habilidad para identificar rápidamente y en profundidad los nuevos problemas que requerían solución o las viejas cuestiones que aún estaban confusas en el medio político, quedaron plasmadas en los 64 números previos de nuestra Revista Internacional. Los artículos que hemos publicado sobre estas cuestiones no siempre estaban escritos por Marc, a quien ponerse a escribir le suponía algo complicado: nunca tuvo estudios y, sobre todo, se veía obligado a expresarse en francés, idioma que aprendió siendo ya adulto. No obstante, era siempre el principal inspirador de esos textos, que permitieron a nuestra organización cumplir con su responsabilidad de actualizar constantemente las posiciones comunistas. Solo por citar como ejemplo una de las muchas situaciones en las que nuestra organización tuvo que reaccionar rápidamente a una situación histórica nueva – el colapso irreversible del estalinismo y el Bloque del Este – la vigilancia de nuestro camarada y la profundidad de su pensamiento jugaron un rol esencial en la capacidad de la CCI para dar una respuesta cuya validez han confirmado los acontecimientos en todo momento desde entonces.

Y aun con esto las contribuciones de Marc a la CCI no se limitaron a la profundización y elaboración de sus posiciones políticas y análisis teóricos. Hasta los últimos días de su vida, y a pesar del esfuerzo sobrehumano que suponía para él, Marc seguía reflexionando sobre la situación mundial y discutiendo con los camaradas que le visitaban en el hospital; y seguía atento, además, a la más mínima evolución de la vida de la CCI y de su funcionamiento. Para Marc no había cosa tal como una cuestión “secundaria” o una tarea que pudiera dejarse a camaradas con menor preparación teórica. De la misma forma en que siempre se preocupaba de que todos los militantes de la organización fueran capaces de desarrollar la mayor claridad política posible y de que no se reservaran las cuestiones teóricas a ningún “especialista”, se mostraba siempre dispuesto a echar una mano en toda nuestra actividad práctica diaria. Marc siempre ha dado a los militantes más jóvenes de la CCI el ejemplo de un militante en todo el sentido de la palabra, que ofrecía todas sus capacidades a la vida de este organismo tan vital para el proletariado: su organización revolucionaria. Nuestro camarada siempre supo cómo transmitir a las nuevas generaciones de militantes toda la experiencia acumulada, a tantos niveles, durante el curso de su excepcionalmente larga y rica vida como militante. Y estas nuevas generaciones no pudieron absorber plenamente una experiencia tal por la simple lectura de escritos políticos; la obtuvieron en la vida diaria de la organización y en presencia de Marc.

En este sentido, Marc jugó un papel verdaderamente excepcional en la vida del proletariado. La contrarrevolución había eliminado o confinado a la esclerosis a las organizaciones políticas que la clase obrera había hecho surgir en el pasado. Marc fue un puente, un eslabón irreemplazable entre las organizaciones revolucionarias que participaron en la oleada de la revolución internacional tras la I Guerra Mundial y las que se enfrentarán a la siguiente oleada revolucionaria.

En un fragmento de su Historia de la revolución rusa, Trotsky considera el rol especial y excepcional que jugó Lenin. Y aunque adopta las tesis clásicas del marxismo sobre el papel del individuo en la historia, acaba concluyendo que sin la restitución y el “armamento” político del Partido Bolchevique que impulsó Lenin, la revolución no habría tenido lugar o habría acabado en derrota. Es evidente que sin Marc la CCI no existiría hoy, al menos en su forma actual como la organización más grande del medio revolucionario internacional (sin mencionar la claridad de sus posiciones, de la que otros grupos revolucionarios pueden tener, ciertamente, una opinión diferente a la nuestra). Su presencia y actividad impidieron, particularmente, que cayera en el olvido todo el enorme y fundamental trabajo de las fracciones de izquierda expulsadas de la Internacional Comunista, especialmente la italiana. Muy al contrario, este trabajo acabó dando sus frutos, y aunque Marc nunca fuera conocido en el seno de la clase obrera como lo fueron Lenin, Luxemburgo o Trotsky, o incluso Bordiga o Pannekoek (no podía ser de otra forma en el periodo de la contrarrevolución) no dudamos en decir que su contribución a la lucha proletaria está al mismo nivel que la de sus grandes predecesores.

Nuestro compañero siempre detestó este tipo de comparaciones. Siempre cumplía con sus tareas con la mayor sencillez. Jamás pidió un “lugar de honor” en la organización. Su mayor orgullo no estaba en las excepcionales contribuciones que hizo, sino en el hecho de haberse mantenido fiel en todo momento al combate del proletariado. Esto supone también una valiosa lección para las nuevas generaciones de militantes que nunca han tenido la oportunidad de experimentar la inmensa devoción a la causa revolucionaria de las generaciones del pasado. Es a este nivel, sobre todo, al que esperamos ir al encuentro de la lucha. Aunque sea ahora sin su presencia, vigilante y perspicaz, cálida y apasionada, estamos listos para continuar.  

CCI, 1991

 

[3] Los artículos de Internationalisme publicados en la Revista Internacional incluyen:

Además está la serie “Lenin filósofo de Pannekoek – Crítica de Internationalisme” (nºs 25, 27, 28 y 30) https://es.internationalism.org/revista-internacional/200808/2326/critica-de-lenin-filosofo-de-pannekoek-2-parte

[5] La CCI mostró esta misma preocupación a la hora de organizar conferencias de grupos comunistas con respecto a la actitud ambigua del PCInt hacia la primera conferencia que se celebró en mayo de 1977. Leer al respecto las Revistas Internacionales 10, 13, 17, 22, 40, 41, 53, 54, 55 y 56. Ver el balance de estas conferencias internacionales de la izquierda comunista en https://es.internationalism.org/revista-internacional/201003/2829/el-sectarismo-una-herencia-de-la-contrarrevolucion-que-hay-que-sup

[7] En esta ocasión tuvo la oportunidad de mostrar uno de los rasgos de su carácter, que no tenía nada que ver con el de un intelectual de salón. Presente allá donde el movimiento se desenvolvía, en las discusiones tanto como en las manifestaciones, pasó una noche entera tras una barricada con un grupo de elementos jóvenes que habían tomado la decisión de resistir a la policía hasta que amaneciera… como la cabra de Monsieur Seguin enfrentándose al lobo en la fábula de Alphonse Daudet.

[8] Ver La renovación de la Izquierda Comunista: uno de los aportes clave de Mayo 68 https://es.internationalism.org/content/4344/la-renovacion-de-la-izquierda-comunista-uno-de-los-aportes-clave-de-mayo-68

Corrientes políticas y referencias: 

desarrollo de la conciencia y la organización proletaria: 

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