Nuevo Curso y una "Izquierda Comunista Española" ¿De dónde viene la Izquierda Comunista?

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Introducción

La revolución comunista sólo puede ser victoriosa si el proletariado se dota de un partido político de vanguardia acorde con sus responsabilidades, como hizo el partido bolchevique en el primer intento revolucionario de 1917. La historia ha demostrado lo difícil que es construir un partido así, una tarea que requiere muchos y variados esfuerzos. Por encima de todo, requiere la mayor claridad sobre las cuestiones programáticas y sobre los principios de funcionamiento de la organización, una claridad que necesariamente se basa en toda la experiencia pasada del movimiento obrero y sus organizaciones políticas.

En cada etapa de la historia del movimiento, ciertas corrientes se han distinguido como los mejores representantes de esta claridad, como aquellos que han hecho una contribución decisiva al futuro de la lucha. Este fue el caso de la corriente marxista ya en 1848, cuando gran parte del proletariado todavía estaba influenciada por teorías que pagaban un alto precio a las concepciones pequeñoburguesas, a las que se oponen enérgicamente en el capítulo 3 del Manifiesto Comunista, "Literatura socialista y comunista". Este era el caso, más aún, dentro de la Asociación Internacional de Trabajadores fundada en 1864: "esta Asociación, que había sido creada con un propósito específico - fusionar las fuerzas combativas del proletariado de Europa y América en un solo todo - no podía proclamar inmediatamente los principios establecidos en el Manifiesto. El programa de la Internacional tenía que ser lo suficientemente amplio para ser aceptado tanto por los sindicatos ingleses como por los seguidores de Proudhon en Francia, Bélgica, Italia y España, y por los lasalianos en Alemania. Marx, que redactó este programa de tal manera que satisficiera a todos estos partidos, se apoyó enteramente en el desarrollo intelectual de la clase obrera, que sin duda iba a ser el resultado de la acción y la discusión conjunta. (...) Y Marx tenía razón. Cuando, en 1876, la Internacional dejó de existir, los trabajadores ya no eran los mismos que cuando se fundó en 1864. (...) Para ser honestos, los principios del Manifiesto habían tenido un amplio desarrollo entre los trabajadores de todos los países". (Engels, Prefacio a la edición inglesa de 1888 del Manifiesto Comunista)

Finalmente, fue en el seno de la II Internacional, fundada en 1889, donde la corriente marxista se hizo hegemónica, gracias en particular a su influencia en el Partido Socialdemócrata de Alemania. Y fue en nombre del marxismo como se lanzó la lucha contra el oportunismo, en particular por Rosa Luxemburgo, que, desde finales del siglo XIX, afectaba a este partido y a toda la Internacional. Fue también en su nombre como los internacionalistas condujeron la lucha durante la Primera Guerra Mundial contra la traición de la mayoría de los partidos socialistas y que fundaron en 1919, bajo el impulso de los bolcheviques, la Tercera Internacional, la Internacional Comunista. Y cuando, tras el fracaso de la revolución mundial y el aislamiento de la revolución en Rusia, fue la corriente marxista de la izquierda comunista -representada en particular por las izquierdas italiana y germano-holandesa- la que inició la lucha contra esta degeneración. Como la mayoría de los partidos de la II Internacional, los de la III Internacional finalmente, con el triunfo del estalinismo, cayeron en el campo del enemigo capitalista. Esta traición, la sumisión de los partidos comunistas a la diplomacia imperialista de la URSS, provocó, además de la de la izquierda comunista, muchas reacciones. Algunas de ellas llevaron a un simple retorno "crítico" al seno de la socialdemocracia. Otras mostraron la voluntad de permanecer en el campo del proletariado y la revolución comunista, como fue el caso, a partir de 1926, de la Oposición de Izquierda dirigida por Trotsky, uno de los grandes nombres de la Revolución de Octubre de 1917 y la fundación de la Internacional Comunista.

El Partido Comunista Mundial, que estará a la vanguardia de la revolución proletaria del mañana, tendrá que basarse en la experiencia y la reflexión de las corrientes de izquierda que surgieron de la Internacional Comunista durante su degeneración. Cada una de estas corrientes ha aprendido sus propias lecciones de esta experiencia histórica. Y estas enseñanzas no son equivalentes. Así, existen profundas diferencias entre los análisis y las políticas de las corrientes de la izquierda comunista que surgieron a principios de los años veinte y la corriente "trotskista" que surgió mucho más tarde y que, aunque estaba situada en terreno proletario, estaba, desde sus orígenes, fuertemente marcada por el oportunismo. Obviamente no es una coincidencia que la mayoría de la corriente trotskista se uniera al campo burgués durante la prueba de la verdad de la Segunda Guerra Mundial, mientras que las corrientes de la Izquierda Comunista permanecieron fieles al internacionalismo.

Por lo tanto, el futuro partido mundial de la revolución comunista, para que pueda contribuir realmente a ella, no podrá asumir el legado de la Oposición de Izquierda. Tendrá que basar necesariamente su programa y sus métodos de acción en la experiencia de la izquierda comunista. Existen diferencias entre los grupos actuales que han surgido de esta tradición, y es su responsabilidad seguir afrontando estas diferencias políticas, especialmente para que las generaciones más jóvenes que se acercan puedan comprender mejor su origen y su alcance actual. Este es el sentido de las controversias que ya hemos publicado y seguiremos publicando con la Tendencia Comunista Internacionalista y los grupos bordigistas. Sin embargo, más allá de estas diferencias, hay una herencia común de la izquierda comunista que la distingue de las otras corrientes de izquierda que han surgido de la Internacional Comunista. Por lo tanto, cualquiera que afirme pertenecer a la Izquierda Comunista tiene la responsabilidad de esforzarse por conocer y dar a conocer la historia de este componente del movimiento obrero, sus orígenes en reacción a la degeneración de los partidos de la Internacional Comunista, los diferentes grupos que están vinculados a esta tradición por haber participado en su lucha, las diferentes ramas políticas que la componen (la Izquierda Italiana, la Izquierda Holandesa-Alemana, etc.). En particular, es importante aclarar los contornos históricos de la izquierda comunista y las diferencias que la distinguen de otras corrientes de izquierda, en particular la trotskista. Este es el propósito de este artículo.


En el blog Nuevo Curso leemos un artículo que pretende explicar cuál es el origen de la Izquierda Comunista[1]: “Llamamos Izquierda Comunista al movimiento internacionalista que comenzará luchando contra la degeneración de la IIIª Internacional, buscando corregir los errores heredados del pasado reflejados en su programa, para a partir de 1928 enfrentar el triunfo del Termidor[2] en Rusia y el papel contrarrevolucionario de la Internacional y los partidos estalinistas

¿Qué se quiere decir exactamente? ¿Qué la Izquierda Comunista comenzó su combate en 1928? Si eso es lo que piensa Nuevo Curso, se equivoca puesto que la Izquierda Comunista se levantó contra la degeneración de la Internacional Comunista ya en la temprana fecha de 1920-21, en los Segundo y Tercer Congreso de la Internacional. En ese agitado periodo donde se estaban jugando las ultimas posibilidades de la revolución proletaria mundial, grupos, núcleos, de Izquierda Comunista en Italia, Holanda, Alemania, Bulgaria, la propia Rusia y posteriormente en Francia y otros países, llevaron un combate contra el oportunismo que estaba corroyendo hasta la raíz el cuerpo revolucionario de la Tercera Internacional[3]. Dos de las expresiones de esta Izquierda Comunista se manifiestan con claridad en el Tercer Congreso de la IC (1921) realizando una crítica severa pero fraternal de las posiciones adoptadas por la Internacional:

 “Es así como, en el 3º Congreso de la IC, los que Lenin llamó “izquierdistas”, reagrupados en el seno del KAPD, se elevan contra el retorno al parlamentarismo, al sindicalismo, y muestran cómo estas posiciones van en contra de las adoptadas en el primer congreso que intentaban sacar las implicaciones para la lucha del proletariado del nuevo periodo abierto por la primera guerra mundial. Es también en ese congreso donde la Izquierda Italiana que dirige el Partido Comunista de Italia reacciona vivamente -aunque en desacuerdo profundo con el KAPD- contra la política sin principios de alianza con los “centristas” y la desnaturalización de los PC por la entrada en masa de fracciones salidas de la socialdemocracia[4]. En el propio Partido Bolchevique “desde 1918, el “Komunist” de Bujarin y Ossinsky, ponen en guardia al partido contra el peligro de asumir una política de capitalismo de Estado. Tres años más tarde, después de haber sido excluido del partido bolchevique, el “Grupo Obrero” de Miasnikov lleva la lucha en la clandestinidad en estrecha relación con el KAPD y el PCO de Bulgaria hasta 1924 en que desaparece bajo los golpes repetidos de la represión de que es objeto. Este grupo critica al partido bolchevique por sacrificar los intereses de la revolución mundial en provecho de la defensa del Estado ruso, reafirmando que sólo la revolución mundial puede permitir a la revolución mantenerse en Rusia” (ídem.)

Así pues, sobre bases programáticas profundas -bien que todavía en proceso de elaboración- una alternativa clara se dibuja frente a la degeneración de la Internacional Comunista en 1919-21. Sin embargo, para Nuevo Curso “se puede decir que el tiempo histórico de la Izquierda Comunista concluye en la década entre 1943 y 1953 cuando las principales corrientes que han mantenido una praxis internacionalista en el seno de la IVª Internacional denuncian la traición al internacionalismo de ésta y configuran una nueva plataforma que parte de la denuncia de la Rusia estalinista como capitalismo de estado imperialista

Este pasaje nos dice, por un lado, que la IVª Internacional habría sido el hogar de grupos con “una praxis internacionalista”, y, por otra parte, que después de 1953 “se habría agotado el tiempo histórico de la Izquierda Comunista”. Examinemos estos asertos.

¿Qué fue la IVª Internacional y que aportó su matriz, la Oposición de Izquierdas?

La IVª Internacional se constituye en 1938 a partir de la Oposición de Izquierdas cuyo primer origen radica en Rusia con del Manifiesto de los 46 en octubre de 1923 al que se sumaría Trotski y, a nivel internacional, con la aparición de grupos, individualidades y tendencias que desde 1925-26 intentan oponerse al triunfo cada vez más aplastante del estalinismo en los partidos comunistas.

Estas oposiciones expresan una indudable reacción proletaria. Sin embargo, esta reacción es confusa, débil y muy contradictoria. Expresa más bien un rechazo epidérmico y superficial del ascenso del estalinismo.  La Oposición en la URSS, pese a sus combates heroicos, “se muestra incapaz de comprender la naturaleza real del “fenómeno estalinista” y “burocrático”, prisionera como está de sus ilusiones sobre la naturaleza del Estado ruso. Se hace también el adalid del capitalismo de Estado que quiere impulsar más adelante mediante una industrialización acelerada. Cuando lucha contra la teoría del socialismo en un sólo país no llega a romper con las ambigüedades del partido bolchevique sobre la defensa de la “Patria soviética”. Y sus miembros, Trotski a la cabeza, se presentan como los mejores partidarios de la defensa “revolucionaria” de la “patria socialista”. Se concibe, a sí misma no como una fracción revolucionaria buscando salvaguardar teórica y organizativamente las grandes lecciones de la Revolución de Octubre, sino solo una oposición leal al Partido Comunista Ruso”, lo que la lleva a “alianzas sin principios (es así que Trotski buscará el apoyo de Zinoviev y Kamenev quienes no cesan de calumniarlo desde 1923[5])” (ídem.).

En cuanto, a la Oposición de Izquierdas Internacional “se reclama de los cuatro primeros congresos de la IC. Por otra parte, perpetúa el maniobrerismo que caracterizaba ya a la Oposición de Izquierda en Rusia. En gran medida esta oposición es un reagrupamiento sin principios que se limita a hacer una crítica de “izquierda” del estalinismo. Se prohíbe toda verdadera clarificación política en su seno y deja a Trotski, a quien ve el símbolo mismo de la Revolución de Octubre la tarea de hacerse vocero y “teórico” (idem.).

Con estos cimientos tan frágiles, la Oposición de Izquierdas fundará en 1938 una “IVª Internacional” que nace muerta para la clase obrera. Ya en los años 30, la Oposición había sido incapaz de “resistir a los efectos de la contrarrevolución que se desarrolla a escala mundial sobre la base de la derrota del proletariado internacional (idem.) pues a lo largo de las diferentes guerras localizadas que van preparando el holocausto de la Segunda Guerra Mundial, la Oposición desarrolló una “perspectiva táctica” de. “ apoyo a un campo imperialista contra otro (sin admitirlo abiertamente): apoyo a la “resistencia colonial” en Etiopía, China y México, apoyo a la España republicana, etc. El apoyo del trotskismo a los preparativos de guerra del imperialismo ruso fue igualmente muy claro durante todo este periodo (Polonia, Finlandia 1939) disimulado tras la consigna de “defensa de la patria soviética[6]. Esto, junto al entrismo en los partidos socialistas (decidido en 1934), hará que “el programa político adoptado en el congreso de fundación de la IV Internacional, redactado por Trotski mismo, retoma y agrava las orientaciones que han precedido ese congreso (defensa de la URSS, frente único obrero, análisis erróneo del periodo ...) pero además tiene como eje una repetición del programa mínimo de tipo socialdemócrata (reivindicaciones “transitorias”), programa vuelto caduco por la imposibilidad de reformas desde la entrada del capitalismo en su fase de decadencia, de declive histórico” (op cit nota 4). La IVª Internacional defiende “la participación en los sindicatos, el apoyo crítico a los partidos llamados “obreros”, a los “frentes únicos” y a los “frentes antifascistas”, a los gobiernos “obreros y campesinos”, a las medidas capitalistas de Estado (prisionero de la experiencia en la URSS) mediante la “expropiación de los bancos privados”, “la estatización del sistema de crédito”, “la expropiación de ciertas ramas de la industria” (…) la defensa del Estado obrero degenerado ruso. Y a nivel político, prevé la revolución democrática y burguesa en las naciones oprimidas debiendo pasar por las “luchas de liberación nacional”, este programa clamorosamente oportunista preparó la traición de los partidos trotskistas quienes, en 1939-40, corrieron a defender sus respectivos Estados nacionales[7].  Solo algunos individuos y pequeños círculos, ¡en manera alguna “corrientes con una praxis internacionalista” como afirma Nuevo Curso!, trataron de oponer una resistencia a este vendaval reaccionario. Entre ellos, Natalia Sedova, la viuda de Trotsky, que rompió en 1951, y especialmente Munís, del que vamos a hablar a continuación[8]

La continuidad de la Izquierda Comunista, una continuidad programática y organizativa

Es pues necesario comprender que el combate por darse un marco programático que sirva al desarrollo de la conciencia proletaria y prepare las premisas de la formación de su partido mundial, no es una tarea de personalidades y círculos inconexos, sino el fruto de una lucha colectiva organizada que se inscribe en la continuidad histórica crítica de las organizaciones comunistas, Esa continuidad pasa, como afirmamos en nuestras Posiciones Básicas, por “los aportes sucesivos de la Liga de los Comunistas de Marx y Engels (1847-52), de las tres Internacionales (la Asociación Internacional de los Trabajadores, 1864-72, la Internacional Socialista, 1884-1914, la Internacional Comunista, 1919-28), de las Fracciones de Izquierda que se fueron separando en los años 1920-30 de la Tercera Internacional (la Internacional Comunista) en su proceso de degeneración, y más particularmente de las Izquierdas alemana, holandesa e italiana [9].

Ya hemos visto que tanto la Oposición de Izquierdas como la IVª Internacional, se apartaban claramente de esa continuidad[10]. Solo las Izquierdas Comunistas podían hacerlo. Pero según Nuevo Curso, el “tiempo histórico de la Izquierda Comunista termina en 1943-53”. No da ninguna explicación, ahora bien, en su artículo añade otra frase: “Las izquierdas comunistas que quedaron al margen del reagrupamiento internacional -italianos y sus derivados franceses- llegarán, aunque no todos, no completamente y no siempre sobre posiciones coherentes, a un cuadro similar en el mismo periodo

Este pasaje contiene numerosos “enigmas”. Para empezar ¿Cuáles son esas Izquierdas Comunistas que quedaron al margen del “reagrupamiento internacional”? ¿A qué reagrupamiento internacional se refiere? Desde luego, Bilan y las otras corrientes de Izquierda Comunista rechazaron el engendro de “ir hacia una IVª Internacional”[11] ; sin embargo, desde 1929 hicieron todo lo posible para discutir con la Oposición de Izquierda, reconociendo que era una corriente proletaria, aunque gangrenada por el oportunismo. Sin embargo, Trotski rechazó obstinadamente todo debate[12], solamente, algunas corrientes como la Liga de Comunistas Internacionalistas de Bélgica o el Grupo Marxista de México aceptaron el debate llevando una evolución que los condujo a la ruptura con el trotskismo[13]

Además, Nuevo Curso nos dice que esos grupos que quedaron “al margen del reagrupamiento internacional” “llegarán, aunque no todos, no completamente y no siempre sobre posiciones coherentes, a un cuadro similar en el mismo periodo”. ¿Qué les “faltaba”? ¿Qué tenían “incoherente”? Nuevo Curso no aclara nada. Vamos a demostrar, recuperando un cuadro que hicimos en un artículo titulado ¿Cuáles son las diferencias entre la Izquierda Comunista y la Cuarta Internacional?[14]:, que esos grupos tenían posiciones coherentes con la fidelidad al programa del proletariado y que en nada eran “similares” al lodazal oportunista de la Oposición y de los grupos de pretendida “praxis internacionalista” de la IVª Internacional:

IZQUIERDA COMUNISTA

OPOSICION DE IZQUIERDAS

Se basa en el primer congreso de la IC y considera críticamente las aportaciones del 2º. Rechaza globalmente la mayoría de los acuerdos del tercer y cuarto congreso

Se basa en los 4 primeros congresos sin análisis crítico

Analiza críticamente lo que pasa en Rusia y llegará a la conclusión de que no se debe apoyar la URSS pues ha caído en manos del capitalismo mundial

Ve Rusia como un Estado obrero degenerado que debe ser apoyado a pesar de todo

La Izquierda Germano Holandesa rechaza trabajar en los sindicatos, mientas que la Izquierda Comunista Italiana llegará con Internationalisme (Izquierda Comunista de Francia) a la misma conclusión asentada sobre bases teóricas e históricas más firmes

Preconiza los sindicatos como órganos obreros y considera necesario trabajar dentro de ellos

La Izquierda Comunista Germano Holandesa, Bilan e Internationalisme denuncian claramente la “liberación nacional”

Apoya la liberación nacional

Denuncia el parlamentarismo y la participación en las elecciones

Apoya la participación en las elecciones y el “parlamentarismo revolucionario”

Acomete un trabajo de Fracción para sacar lecciones de la derrota y poner las bases de una futura reconstitución del Partido Mundial del proletariado

Concibe un trabajo de “oposición” que puede llegar hasta el entrismo en los partidos socialdemócratas

Ya en los años 30 y especialmente a través de BILAN considera que la marcha del mundo es hacia la 2ª Guerra Mundial y que no se puede constituir el partido en tales condiciones, sino que hay que sacar lecciones y preparar el futuro. Por eso BILAN dirá: “La consigna de la hora es no traicionar”

En plena contrarrevolución Trotski cree que están reunidas las condiciones para formar el partido y en 1938 se constituye la IV Internacional

Denuncia la 2ª Guerra Mundial; condena a ambos bandos en conflicto y preconiza la revolución proletaria mundial

Llama a elegir bando entre los contendientes de la 2ª Guerra Mundial abandonando el internacionalismo

Añadimos al cuadro anterior un punto que nos parece muy importante cara a contribuir realmente a la lucha proletaria y a avanzar hacia el partido mundial de la revolución: mientras la Izquierda Comunista realizaba un trabajo organizado, colectivo y centralizado, basado en la fidelidad a los principios organizativos del proletariado y en la continuidad histórica de sus posiciones de clase, la Oposición de Izquierda se veía como una aglomeración de personalidades, círculos y grupos heterogéneos, unidos solamente por el carisma de Trotski en cuyas manos se dejaba “la elaboración política.

Para colmo, Nuevo Curso coloca en el mismo saco a la Izquierda Comunista y a los comunistizadores (un movimiento modernista radicalmente ajeno al marxismo): “El llamado «comunismo de izquierda» («left communism») es un concepto que engloba a la Izquierda Comunista -sobre todo a las corrientes italiana y germano-holandesa-, a los grupos y tendencias que le dan continuidad (desde el «consejismo» al «bordiguismo») y a los pensadores de la «comunización»”. Habría que preguntarse ¿a qué responde esa amalgama? Amalgama que se remata colocando una foto de Amadeo Bordiga[15]  en medio de la denuncia que hace de los “comunistizadores”, lo que daría a entender que la izquierda comunista estaría ligada a ellos o compartiría posiciones con ellos.

Munis y una pretendida “Izquierda Comunista Española”

Así pues, según Nuevo Curso, los revolucionarios actuales no tendrían que buscar las bases de su actividad en los grupos de la Izquierda Comunista (la TCI, la CCI etc.) sino en lo que pudiera haber salido del programa de capitulación ante el capitalismo que elaboró la IVª Internacional y concretamente, como vamos a ver a continuación, de la obra del revolucionario Munis. Sin embargo, de forma confusa y enrevesada, Nuevo Curso da entender, sin afirmarlo claramente, que Munis sería el eslabón más importante de una supuesta “Izquierda Comunista Española”, corriente que según Nuevo Curso “funda el Partido Comunista Español en 1920 y crea el grupo español de la Oposición de Izquierda al estalinismo en 1930 luego Izquierda Comunista Española, participando de la fundación de la Oposición Internacional y sirviendo además de semilla y referencia a las izquierdas comunistas en Argentina (1933-43) y Uruguay (1937-43). Toma la posición revolucionaria ante la insurrección obrera del 19 de julio de 1936 y es la única tendencia marxista que toma parte en la insurrección revolucionaria de 1937 en Barcelona. Se convierte en sección española de la IVª Internacional en 1938 y desde 1943 batalla contra el centrismo en ella; denuncia su traición al internacionalismo y su consecuente salida del terreno de clase en su segundo congreso (1948) liderando la ruptura de los últimos elementos internacionalistas y la formación de la «Unión Obrera Internacional» con los escindidos

Antes de pasar a analizar el aporte de Munis, analicemos esa “continuidad” entre 1920 y 1948.

No podemos entrar ahora en un análisis de los orígenes del Partido Comunista en España.  Hubo en 1918 algunos pequeños núcleos interesados en las posiciones de Gorter y Pannehoek, que discutieron con el Buró de Ámsterdam de la Tercera Internacional que agrupaba a grupos de Izquierda dentro de la Tercera Internacional. De esos núcleos nace el primer Partido Comunista de España, pero fueron obligados por la IC a fusionarse con el ala centrista del PSOE, partidaria de adherir a la Tercera Internacional. En cuanto nos sea posible haremos un estudio de los orígenes del PCE, pero lo que está claro es que, más allá de algunas ideas y de la indudable combatividad, estos núcleos no constituyeron un órgano real de Izquierda Comunista y no tuvieron ninguna continuidad. A mediados de los años 20 surgieron grupos de Oposición de Izquierda que tomaron el nombre efectivamente de “Izquierda Comunista de España”, dirigidos por Nin. Este grupo se dividió entre los partidarios de fusionarse con el Bloc Obrer i Camperol (un grupo estalinista nacionalista catalán) y los que preconizaban el entrismo en el PSOE, seducidos por la radicalización de Largo Caballero (antiguo consejero de Estado del dictador Primo de Rivera) que se hacía pasar por el “Lenin español”. Munis estuvo entre estos últimos, mientras que la mayoría, encabezados por Nin, se fusionaría con el Bloc para formar el POUM. Así pues de “Izquierda Comunista” no tenían más que el nombre que se dieron para ser “originales”, pero el contenido de sus posiciones y de su actuación no se distingue en nada de la tendencia oportunista reinante en la Oposición de Izquierdas.

En cuanto a la existencia de una Izquierda Comunista en Uruguay y Argentina hemos estudiado los artículos que Nuevo Curso publica para justificar su existencia. En lo que concierne a Uruguay se trata de la Liga Bolchevique Leninista que es uno de los raros grupos que dentro del trotskismo toma una posición internacionalista contra la Segunda Guerra Mundial. Esto tiene mucho mérito y lo saludamos calurosamente como expresión de un esfuerzo proletario, pero la lectura del artículo de Nuevo Curso muestra que dicho grupo apenas pudo llevar una actividad organizada y se movía en un entorno político dominado por el APRA peruano, un partido burgués de los pies a la cabeza que coqueteó con la Internacional Comunista ya degenerada: “Sabemos que la Liga se reunirá con los «antidefensistas» en Lima en 1942 en casa del fundador del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre, solo para constatar las profundas diferencias que los separaban.  (…) Tras el fracaso de su contacto «antidefensista» sufren de lleno la caza de brujas organizada contra «los trotskistas» por el gobierno y el Partido Comunista. Sin referentes internacionales -la IVª solo les deja opción de abjurar de su crítica de la «defensa incondicional de la URSS»- el grupo se desbanda.[16]

Lo que Nuevo Curso llama Izquierda Comunista Argentina son dos grupos que se fusionarán para formar la Liga Comunista Internacionalista y se mantendrá en activo hasta 1937 para ser finalmente laminada por la acción de los partidarios de Trotski en Argentina. Es cierto que la Liga rechaza el socialismo en un solo país y se reclama de la revolución socialista frente a la “liberación nacional”, sin embargo, sus argumentos, aun reconociendo el mérito de su combate, son muy endebles. En Nuevo Curso encontramos citas de uno de los miembros más caracterizados del grupo, Gallo que afirma:

¿Qué significa la lucha por la liberación nacional? ¿Acaso el proletariado como tal no representa los intereses históricos de la Nación en el sentido que tiende a liberar a todas las clases sociales por su acción y a superarlas por su desaparición? Pero para ello necesita, precisamente, no confundirse con los inte­reses nacionales (que son los de la burguesía pues ésta es la clase dominante) que en el terreno interior y exterior se contradicen agudamente. De manera que esa consigna es rotundamente falsa (…) afirmándose nuestro criterio de que solo la revolución socialista puede ser la etapa que corresponde a los países coloniales y semicoloniales. Prisionero de los dogmas de la Oposición sobre la liberación nacional e incapaz de salir de ellos, el grupo afirma “La IV Internacional no admite ninguna consigna de «liberación nacional» que tienda a subordinar al proleta­riado a las clases dominantes y, por el contrario, asegura que el primer paso de la liberación nacional proletaria es la lucha contra las mismas[17]. La confusión es terrible, ¡el proletariado debería hacer una “liberación nacional” proletaria!, es decir, el proletariado debería ejecutar una tarea propia de la burguesía.

Examen crítico del aporte de Munis

De forma muy tardía, ¡en 1948!, del tronco podrido de la IVª Internacional surgirán dos tendencias prometedoras (las últimas en el movimiento trotskista)[18]: la de Munís y la de Castoriadis. En el artículo Castoriadis, Munis y el problema de la ruptura con el trotskismo[19] dejamos bien clara la diferencia entre Castoriadis que acabó siendo un propagandista acérrimo del capitalismo occidental y Munís que siempre fue fiel al proletariado[20].

Esta fidelidad es admirable y forma parte de los numerosos esfuerzos que han surgido para avanzar hacia una conciencia comunista. Sin embargo, eso es una cosa y otra muy distinta es que alrededor de la obra de Munis, una obra más individual que ligada a una auténtica corriente proletaria organizada, se pueda encontrar una base teórica, programática y organizativa para continuar en la actualidad la tarea histórica de las organizaciones comunistas. Munís está lastrado, como hemos mostrado en numerosos artículos, por sus orígenes trotskistas, de los que nunca logró deshacerse[21].

Las ambigüedades sobre el trotskismo

En un artículo escrito en 1958, Munís hace un análisis muy claro denunciando a los líderes norteamericanos e ingleses de la IVª Internacional que renegaron vergonzosamente del internacionalismo, concluyendo correctamente que “la IVª Internacional no tiene ninguna razón histórica de existencia; es superflua, hay que considerar su fundación misma como un error, y su única tarea consiste en ir coleando tras el estalinismo, más o menos críticamente. A eso está limitada, de hecho, desde hace años, bordón y escupidera del estalinismo, según conveniencia de éste[22]. Sin embargo, estima que en algo puede servir al proletariado, pues resultaría que: “le queda un papel posible que desempeñar. en los países dominados por el estalinismo, principalmente en Rusia. Allí el prestigio del trotskismo sigue siento enorme. Los procesos de Moscú, la propaganda gigantesca llevada a cabo durante casi quince años en nombre de la lucha contra él, la calumnia incesante de la que fue objeto bajo Stalin y que sus sucesores mantienen, todo contribuye a hacer del trotskismo una tendencia latente de millones de hombres. Si mañana -acontecimiento bien posible- la contrarrevolución cediese ante un ataque frontal del proletariado, la IVª Internacional podría surgir rápidamente en Rusia como una organización potentísima”.

Munís repite respecto al trotskismo, el mismo argumento que éste emplea frente al estalinismo y la socialdemocracia: que A PESAR DE TODO PUEDE SERVIR AL PROLETARIADO. ¿Por qué? Porque el estalinismo lo ha designado el “enemigo público número uno”, de la misma forma que los partidos de derecha hacen de “socialdemócratas y comunistas” unos “peligrosos socialistas”. Añade otro argumento, igualmente típico del trotskismo respecto a socialdemócratas y estalinistas: “habría muchos obreros que serían seguidores de estos partidos”.

Que los partidos de izquierda sean rivales de la derecha y sean denostados por ésta no los hace “favorables al proletariado”, de la misma forma que su influencia entre los obreros no justifica el apoyarlos. Al contrario, hay que denunciarlos por la función que cumplen al servicio del capitalismo. Decir que el trotskismo abandonó el internacionalismo y añadir inmediatamente que “aún le quedaría un papel posible que desempeñar en favor del proletariado” es una incoherencia muy peligrosa que dificulta la necesaria labor de distinguir entre los auténticos revolucionarios y los lobos capitalistas que se ponen la piel de cordero “comunista” o “socialista”. En el Manifiesto Comunista el tercer capítulo titulado “Literatura socialista y comunista” establece claramente la frontera entre el “socialismo reaccionario” y el “socialismo burgués” que sitúa como enemigos y las corrientes del “socialismo crítico utópico” que aprecia en el campo proletario.

Las “reivindicaciones de transición”

La huella trotskista se halla igualmente en Munís cuando propone “reivindicaciones de transición” a la imagen del famoso Programa de Transición que Trotski planteó en 1938. Como criticamos en nuestro artículo ¿Adónde va el FOR?:

En su 'Por un Segundo Manifiesto Comunista', el FOR consideró correcto plantear todo tipo de reivindicaciones transitorias, en ausencia de movimientos revolucionarios del proletariado. Estas van desde la semana de 30 horas, la supresión del trabajo por piezas y el cronometraje en las fábricas a la “demanda de trabajo para todos, desempleados y jóvenes” en el terreno económico. En el plano político, el FOR exige a la burguesía ‘derechos’ y ‘libertades’ democráticos. “libertad de expresión, de prensa, de reunión y derecho de los trabajadores a elegir delegados permanentes de taller, de fábrica o de oficio”, “sin ninguna formalidad judicial o sindical” (Pro Segundo Manifiesto pág. 65-71). Todo esto está dentro de la ‘lógica’ trotskista, según la cual basta seleccionar bien las reivindicaciones para llegar gradualmente a la revolución. Para los trotskistas, todo el truco es saber cómo ser un pedagogo para los trabajadores, que no sabrían que reivindicar; poner ante ellos las zanahorias más apetitosas para empujar a los trabajadores hacia su ‘partido

Vemos aquí una visión gradualista donde “el partido líder” iría administrando sus pócimas milagrosas para llevar a las masas a la “victoria final”, lo que se hace al precio de sembrar peligrosas ilusiones reformistas en los obreros y de embellecer el Estado capitalista ocultando que sus “libertades democráticas” son medios de dividir, engañar y desviar las luchas obreras. Los comunistas no son una fuerza exterior al proletariado que mediante sus “artes de dirección revolucionaria” lo llevan “por el buen camino”, ya en 1843, Marx rechazó esta visión de “profetas redentores”: “No nos enfrentamos al mundo en actitud doctrinaria con un nuevo principio: ¡Esta es la verdad, arrodíllense ante ella! Desarrollamos nuevos principios para el mundo sobre la base de los propios principios del mundo. No le decimos al mundo: «Termina con tus luchas, pues son estúpidas; te daremos la verdadera consigna de lucha». Nos limitamos a mostrarle al mundo por qué está luchando en verdad, y la conciencia es algo que tiene que adquirir, aunque no quiera[23].

El voluntarismo

El trabajo como Fracción que la Oposición de Izquierdas fue incapaz de concebir permite a los revolucionarios comprender en qué momento estamos en la relación de fuerzas entre burguesía y proletariado, saber si estamos en una dinámica que permite avanzar hacia la formación del partido mundial de clase o, por el contrario, estamos en una situación donde la burguesía puede imponer su férula a la sociedad, encaminándola a la guerra y la barbarie.

Huérfano de esa brújula, Trotski creía que todo se reducía a la habilidad para reunir una gran masa de afiliados con los cuales introducir en la clase “una dirección revolucionaria”. Así, cuando la sociedad mundial iba hacia las matanzas de la Segunda Guerra Mundial jalonada por las masacres de Abisinia, la guerra española, la guerra chino – japonesa etc., Trotski creyó ver en las huelgas de Francia de julio 1936 y la valiente respuesta inicial de los obreros españoles al golpe de Franco, “el principio de la revolución” .

Incapaz de romper con este voluntarismo, Munís repite el mismo error. Como analiza nuestro artículo antes mencionado” Detrás de esta negativa [de Munís] a analizar la dimensión económica de la decadencia del capitalismo, se encuentra un voluntarismo no superado, cuyos fundamentos teóricos se remontan a la carta en que anunció su ruptura con la organización trotskista en Francia, el Partido Comunista Internacionalista, donde sostenía, tozudamente, la concepción de Trotsky según la cual la crisis de la humanidad es la crisis del liderazgo revolucionario”. Así Munís proclama “la crisis de la humanidad -repetimos esto miles de veces junto con L.D. Trotsky- es una crisis de liderazgo revolucionario. Todas las explicaciones que tratan de emplazar la responsabilidad del fracaso de la revolución en las condiciones objetivas, en el desnivel ideológico o las ilusiones de las masas en el poder del estalinismo, o el atractivo ilusorio del ‘Estado obrero degenerado’, son erróneas y sólo sirven para excusar a los responsables, para distraer la atención del verdadero problema y dificultar su solución. Un auténtico liderazgo revolucionario, dado el nivel actual de las condiciones objetivas para la toma del poder, debe superar todos los obstáculos, superar todas las dificultades, triunfar sobre todos sus adversarios[24]

Así pues, bastaría un “auténtico liderazgo revolucionario” para barrer de un plumazo todos los obstáculos, todos los adversarios. El proletariado no tendría que confiar en su unidad, solidaridad y conciencia de clase sino confiarse a las bondades de un “liderazgo revolucionario”. Este mesianismo lleva a Munís a una conclusión delirante: La guerra última ofrecía más oportunidades revolucionarias que la de 1914-18[25]. Durante meses, todos los estados europeos, Rusia incluida, aparecieron maltrechos y desprestigiados, susceptibles de ser vencidos por una ofensiva proletaria. Millones de hombres armados aspiraban confusamente a una solución revolucionaria (…) el proletariado, revolucionariamente organizado hubiera podido poner-a la obra una insurrección común a varios países. Susceptible de extensión continental. Los bolcheviques en 1917 no gozaron, ni con mucho, de posibilidades tan vastas[26].

A diferencia de la Primera Guerra Mundial, la burguesía había preparado concienzudamente la derrota del proletariado antes de la Segunda Guerra Mundial: masacrado en Alemania y Rusia, alistado bajo la bandera del “antifascismo” en las potencias democráticas, el proletariado opuso una débil resistencia a la masacre. Hubo el gran sobresalto proletario en el norte de Italia en 1943 que los aliados democráticos dejaron que los nazis lo aplastarán sangrientamente[27], algunas huelgas y deserciones en Alemania (1943-44) que los aliados ahogaron en la raíz con los terribles bombardeos de Hamburgo, Dresde etc., sin ningún objetivo militar sino únicamente de aterrorizar a la población civil. También la Comuna de Varsovia (1944) que el ejército ruso dejó que los nazis la machacaran.

Es abandonarse al ilusionismo más suicida pensar que al final de la Segunda Guerra Mundial el proletariado, revolucionariamente organizado hubiera podido poner-a la obra una insurrección común a varios países. Con estas fantasías poco se puede contribuir a la formación de una organización proletaria.

El sectarismo

Un pilar fundamental de la organización revolucionaria es la apertura y voluntad de discusión con las demás corrientes proletarias. Ya vimos como el Manifiesto Comunista considera con respeto y espíritu de debate las aportaciones de Babeuf, Blanqui y del socialismo utópico. Por ello, en la Resolución sobre los grupos políticos proletarios adoptada por nuestro 2º Congreso Internacional señalamos que “la caracterización de las diversas organizaciones que afirman defender el socialismo y la clase obrera es de la mayor importancia para la CCI. Esto no es, ni mucho menos, algo abstracto o puramente teórico; es, al contrario, orientador en la actitud que la Corriente mantiene hacia esas organizaciones, y, por consiguiente, de su actividad respecto a ellas: ya sea denunciándolas como órganos o productos del capital; ya sea polemizando y discutiendo con ellas para ayudarlas a alcanzar una mayor claridad y rigor programático; ya sea impulsando la aparición de tendencias en su seno que busquen tal claridad[28].

Contrariamente a esta postura, Trotski, como vimos antes, rechazó el debate con Bilan y, en cambio, se abrió de par en par a una pretendida “izquierda de la socialdemocracia”. Munís se vio igualmente afectado por el sectarismo. Nuestro artículo de homenaje a Munís reconoce con aprecio que “En 1967, junto con compañeros del grupo venezolano Internacionalismo, participó en los esfuerzos para restablecer contactos con el medio revolucionario en Italia. Así, a finales de los años 60, con el resurgir de la clase obrera en el escenario de la historia, estará en la brecha junto a las débiles fuerzas revolucionarias existentes en aquel momento, incluyendo a quienes formarían Revolution Internationale en Francia. Pero, a principios de los años 70, lamentablemente permaneció fuera de las discusiones y los intentos de reagrupamiento que se tradujeron en particular en la constitución de la CCI en 1975.

Este esfuerzo no tuvo continuidad y como decimos en el artículo antes mencionado (Castoriadis, Munis y el problema de la ruptura con el trotskismo, ver nota 21) “el grupo [se refiere al FOR] padeció una tendencia hacia el sectarismo que debilitó aún más su capacidad para sobrevivir. El ejemplo de esta actitud que mencionamos en el homenaje fue el estrepitoso abandono por parte de Munis y su grupo de la segunda Conferencia de la Izquierda Comunista, alegando su desacuerdo con los demás grupos acerca del problema de la crisis económica”.

Por importante que sea, un desacuerdo sobre el análisis de la crisis económica no puede motivar el abandono del debate entre revolucionarios. Este debe hacerse con la mayor tenacidad, con la actitud de “convencer o ser convencidos”, pero nunca dar un portazo a las primeras de cambio sin haber agotado todas las posibilidades de discusión. Nuestro artículo señala justamente que tal actitud afecta a algo vital: la construcción de una organización sólida y capaz de mantener una continuidad. FOR no resistió la muerte de Munís y desapareció definitivamente en 1993, como indica el artículo “Hoy el FOR ya no existe. Siempre fue altamente dependiente del carisma personal de Munis, quien no fue capaz de transmitir una tradición sólida de organización a la nueva generación de militantes que se reunieron alrededor de él, y que habría podido servir como base para continuar el funcionamiento del grupo tras la muerte de Munis”.

Del mismo modo el peso negativo de la herencia trotskista impide a Munís contribuir a la construcción de la organización, la actividad de los revolucionarios no es la de una suma de individuos, menos aún la de líderes carismáticos, se basa en un esfuerzo colectivo organizado. Como decimos en La Función de la Organización Revolucionaria, ésta “deja de aparecer como organización de jefes dirigentes de la masa de militantes. Se acabó el período de jefes ilustres y de grandes teóricos. La elaboración teórica se ha vuelto tarea verdaderamente colectiva. A imagen de millones de combatientes proletarios "anónimos", la conciencia de la organización se desarrolla con la integración y la superación de las conciencias individuales en una misma conciencia colectiva[29]. De forma más profunda, por importantes que sean “la clase obrera no hace surgir militantes revolucionarios sino organizaciones revolucionarias: no existen relaciones directas entre los militantes y la clase. Los militantes participan del combate de la clase en tanto se convierten en miembros y toman a su cargo las tareas de la organización[30]

Conclusión

Como afirmamos en el artículo que publicamos a su muerte en 1989[31]: “a pesar de los serios errores que pudo haber cometido, Munis permaneció hasta el fin como un militante que fue profundamente leal al combate de la clase trabajadora. Él fue uno de esos muy raros militantes que permanecieron de pie ante las presiones de la más terrible contrarrevolución que el proletariado haya conocido jamás, cuando muchos desertaron o incluso traicionaron la lucha militante, él permaneció una vez más allí, al lado de la clase en el histórico resurgir de sus luchas a finales de los años 60.

Lenin decía que, a los revolucionarios, “después de su muerte se les intenta convertir en íconos inofensivos, para canonizarlos, es decir, para consagrar sus nombres para el “consuelo” de las clases oprimidas, con el objeto de engañarlas”. ¿Por qué Nuevo Curso llena su blog de fotos de Munis, publica sin el menor asomo crítico algunos de sus textos etc.? ¿Por qué lo eleva a icono de una “nueva escuela”?

Quizá pudiera tratarse de un culto sentimental a un antiguo combatiente obrero. Si ese es el caso debemos decir que el resultado será una mayor confusión, pues sus tesis, convertidas en dogmas, no harán sino destilar lo peor de sus errores. Recordemos el análisis certero del Manifiesto Comunista respecto a los socialistas utópicos y quienes pretendieron posteriormente reivindicarlos: “aunque algunos de los autores de estos sistemas socialistas fueran en muchos respectos verdaderos revolucionarios, sus discípulos forman hoy día sectas indiscutiblemente reaccionarias, que tremolan y mantienen impertérritas las viejas ideas de sus maestros frente a los nuevos derroteros históricos del proletariado”.

Otra explicación posible es que se pretenda combatir la auténtica Izquierda Comunista con una “doctrina” spam construida de la noche a la mañana utilizando los materiales de aquel gran revolucionario. Si tal es el caso es obligación de los revolucionarios combatir con la máxima energía semejante impostura.

C.Mir 17-8-19

 

[2] En un artículo de la Serie sobre el Comunismo (IX - 1924-28: el Termidor del capitalismo de Estado estalinista, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200007/770/ix-1924-28-el-thermidor-del-capitalismo-de-estado-estalinista ) hemos criticado el uso del término “Termidor”, muy típico del trotskismo, para caracterizar el ascenso y desarrollo del estalinismo. El Termidor de la revolución francesa (28 de julio de 1794) no fue propiamente una “contrarrevolución” sino un paso necesario en la consolidación del poder burgués que, más allá de una serie de concesiones, no volvería jamás al orden feudal. En cambio, el ascenso del estalinismo desde 1924 significó el establecimiento definitivo de la restauración del orden capitalista y no representó, como erróneamente pensó siempre Trotski, un “terreno socialista” donde quedarían “algunas conquistas de octubre”. Se trata de una diferencia fundamental que ya recogió Marx en El 18 de Brumario de Luis Bonaparte (https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm ), cuando señaló que “Las revoluciones burguesas, como la del siglo XVIII, avanzan arrolladoramente de éxito en éxito, sus efectos dramáticos se atropellan, los hombres y las cosas parecen iluminados por fuegos de artificio, el éxtasis es el espíritu de cada día; pero estas revoluciones son de corta vida, llegan en seguida a su apogeo y una larga depresión se apodera de la sociedad, antes de haber aprendido a asimilarse serenamente los resultados de su período impetuoso y agresivo” (el Termidor fue precisamente uno de esos momento de “asimilación” de las conquistas políticas de la burguesía, dando cabida a las fracciones más moderadas de esta clase y más proclives a pactar con las fuerzas feudales, todavía poderosas).

[3] Los lectores pueden visitar en nuestra Web la sección acerca de la Izquierda Comunista donde encontrarán una abundante documentación sobre la misma. Ver https://es.internationalism.org/go_deeper?page=1

[5] En 1926 se constituyó la Oposición Unificada entre los grupos procedentes del Manifiesto de los 46 con los de Zinoviev y Kamenev, estos últimos de corte profundamente burocrático y maniobrero.

[7] Todo esto está ampliamente documentado en El trotskismo defensor de la guerra imperialista, https://es.internationalism.org/cci/200605/917/el-trotskismo-defensor-de-la-guerra-imperialista

[8] Entre los individuos y pequeños grupos que se opusieron a la traición de las organizaciones de la IV ª Internacional habría que agregar también los RKD de Austria (hablamos más adelante) y el revolucionario griego Stinas que fue fiel al proletariado y denunció el nacionalismo y la barbarie guerrera. Ver Documento - Nacionalismo y antifascismo en https://es.internationalism.org/revista-internacional/199304/1993/documento-nacionalismo-y-antifascismo

[10] Como señala INTERNATIONALISME órgano de la Izquierda Comunista de Francia en su artículo ““el trotskismo, en lugar de favorecer la formación de un pensamiento revolucionario partiendo de los organismos (fracciones y tendencias) que así lo expresan, es el medio orgánico de su pudrimiento. Eso significa que el trotskismo no segrega en su interior ningún fermento revolucionario. Al contrario, lo aniquila. El fermento revolucionario esta pues condicionado en su existencia y desarrollo a situarse fuera de los marcos organizacionales e ideológicos del trotskismo

[11] Ver, por ejemplo, en BILAN nº 1, 1933, órgano de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista, el artículo ¿Hacia una Internacional Dos y Tres Cuartos?, donde critica la perspectiva trazada por Trotski de ir hacia una “Cuarta Internacional”

[12] Ver al respecto, Trotsky y la Izquierda italiana (Textos de la Izquierda comunista de los años 30 sobre el trotskismo) https://es.internationalism.org/cci/200605/919/anexo-trotsky-y-la-izquierda-italiana-textos-de-la-izquierda-comunista-de-los-anos-30

[15] Nacido en 1889 y muerto en 1970 fue fundador del Partido Comunista de Italia y contribuyó de forma importante a las posiciones de la Izquierda Comunista, especialmente hasta 1926.

[18] Habría que agregar una tercera tendencia: los RKD austriacos desprendidos del trotskismo en 1945. Internationalisme discutió con ellos, sin embargo, derivaron finalmente hacia el anarquismo.

[20] En 1948-49, Munís discutió ampliamente con el camarada MC, miembro de Internationalisme, en ese periodo donde maduró su ruptura organizativa con el trotskismo.

[24] https://www.marxists.org/espanol/peret/1947_carta_pci.htm . Habría que añadir, como ejemplo de ese voluntarismo ciego y en el fondo desmovilizador, la propia trágica experiencia de Munis. En 1951 estalló un boicot de tranvías en Barcelona, era una manifestación muy combativa de los obreros en la noche negra de la dictadura franquista. Munís se trasladó allí con la esperanza de “impulsar la revolución”, sin comprender la relación de fuerzas entre las clases. Internationalisme y MC le desaconsejaron esa aventura. Sin embargo, se empeñó en ello y fue detenido pasando 7 años en las cárceles franquistas. Apreciamos la combatividad del militante y somos solidarios con él, sin embargo, la lucha revolucionaria requiere un análisis consciente y no un simple voluntarismo o, peor aún, un mesianismo, creyendo que por estar “presentes” en ella se va a reunir a las masas para llevarlas a la “Nueva Jerusalén”.

[25] Nota del redactor: se refiere a la Segunda Guerra Mundial

[26] Tomado del artículo de Munis La IVª Internacional que se puede encontrar en http://marxismo.school/archivo/1959%20La%20IV%c2%aa%20Internacional.html

[27] Ver La lucha de clases contra la guerra imperialista - Las luchas obreras en Italia 1943, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200704/1863/la-lucha-de-clases-contra-la-guerra-imperialista-las-luchas-obrera

Corrientes políticas y referencias: 

desarrollo de la conciencia y la organización proletaria: