Hace cincuenta años de mayo 68 - La difícil evolución del medio político proletario (I)

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Introducción

       El centenario de la fundación de la Internacional Comunista (IC) nos recuerda que la Revolución de Octubre en Rusia había puesto la revolución proletaria mundial al orden del día de la historia. La revolución alemana, en particular, ya estaba en movimiento, una revolución crucial tanto para la supervivencia del poder soviético en Rusia como para la extensión de la revolución a los principales centros del capitalismo. En aquel momento, los diferentes grupos y tendencias que se mantuvieron fieles al marxismo revolucionario estaban convencidos de que la formación y la acción del partido de clase eran indispensables para la victoria de la revolución. Pero con perspectiva histórica, podemos decir que la formación tardía de IC, dos años después de la toma del poder en Rusia y varios meses después del comienzo de la revolución en Alemania, así como sus ambigüedades y errores en aspectos programáticos y organizativos esenciales, fueron elementos a considerar en la derrota de la ola revolucionaria internacional.

Debemos tener todo esto en cuenta al rememorar otro aniversario: Mayo de 1968 en Francia y la oleada de movimientos de clase que le siguieron. En los dos artículos anteriores de esta serie, hemos examinado el significado histórico de esos movimientos, expresiones del resurgimiento de la lucha de clases después de décadas de contrarrevolución: la contrarrevolución provocada por la aniquilación de las esperanzas revolucionarias de 1917-1923. Hemos tratado de comprender tanto el origen de los eventos de Mayo del 68 como el curso de la lucha de clases durante las cinco décadas siguientes, centrándonos en particular en las dificultades que la clase encuentra para reapropiarse de la perspectiva de la revolución comunista[1].

En este artículo, queremos tratar más en especial la evolución del medio político proletario desde 1968, y entender por qué, a pesar de los avances considerables en lo teórico y programático desde la primera ola revolucionaria, y a pesar del hecho de que los grupos proletarios más avanzados habían comprendido que era necesario tomar las medidas esenciales para la formación de un nuevo partido mundial antes de las confrontaciones decisivas contra el sistema capitalista, ese horizonte parece todavía muy lejano y, a veces, desaparece completamente de la escena.

1968-80: El desarrollo de un nuevo medio revolucionario se encuentra con problemas: sectarismo y oportunismo

El resurgimiento global de la lucha de clases a fines de la década de 1960 condujo a una renovación global del movimiento político proletario, la aparición de nuevos grupos que intentaban recuperar lo que había sido destruido por la contrarrevolución estalinista, produciéndose también cierto renacimiento de las pocas organizaciones que habían sobrevivido a aquel oscuro período[2].

       Uno puede hacerse una idea de los componentes de este entorno mirando la lista tan diversa de los grupos contactados por los camaradas de Internacionalism de Estados Unidos para establecer una Red Internacional de Correspondencia[3]:

  • EEUU: Internationalism y Philadelphia Solidarity
  • Reino Unido: Workers Voice y Solidarity
  • Francia: Révolution Internationale, Groupe de Liaison Pour l'Action des Travailleurs y Le Mouvement Communiste
  • España: Fomento Obrero Revolucionario
  • Italia: Partito Comunista Internazionalista (Battaglia Comunista)
  • Alemania: Gruppe Soziale Revolution, Arbeiterpolitik y Revolutionärer Kampf
  • Dinamarca: Proletarisk Socialistisk Arbejdsgruppe y Koministisk Program
  • Suecia: Komunismen
  • Holanda: Spartacus y Daad en Gedachte
  • Bélgica: Lutte de Classe y grupo "Bilan"
  • Venezuela: Internacionalismo.

En su introducción, Internacionalism agregó que varios otros grupos lo habían contactado para pedirles participar: World Revolution – que se había separado, en esos días, del grupo Solidarity en Reino Unido; Pour le Pouvoir International des Conseils Ouvriers y Les Amis de 4 Millions de Jeunes Travailleurs (Francia); Internationell Arbearkamp (Suecia) Rivoluzione Comunista y Iniziativa Comunista (Italia).

Todas estas corrientes no eran producto directo de las luchas abiertas de finales de los sesenta y principios de los setenta: muchas las habían precedido, como Battaglia Comunista en Italia y el grupo Internacionalismo en Venezuela. Otros grupos que se habían desarrollado antes de las luchas alcanzaron su punto máximo por aquellos años de 1968 y luego declinaron rápidamente, el ejemplo más patente son los situacionistas. Sin embargo, el surgimiento de ese nuevo medio de elementos en busca de posiciones comunistas era la expresión de un proceso profundo de crecimiento "subterráneo", de una creciente desafección hacia la sociedad capitalista que afectaba, a la vez, al proletariado (y esto también tomó la forma de luchas abiertas como los movimientos de huelga en España y Francia antes del 68) y a amplias capas de la pequeña burguesía que ya estaban en camino de proletarizarse. De hecho, la rebelión de estas últimas capas en particular ya había tomado una forma abierta antes de 68, en particular la revuelta en las universidades y las protestas estrechamente relacionadas contra la guerra y el racismo que alcanzaron los niveles más espectaculares en Estados Unidos y Alemania y, por supuesto, en Francia, donde la revuelta estudiantil desempeñó un papel claro en el desencadenamiento del movimiento obrero en mayo del 68. Sin embargo, el resurgimiento masivo de la clase obrera después de 68 dio una respuesta clara a aquellos que, como Marcuse, habían comenzado a urdir teorías sobre la integración de la clase obrera en la sociedad capitalista y su sustitución como vanguardia revolucionaria por parte de otras capas, como los estudiantes. La clase obrera volvía a afirmar que las claves del futuro de la humanidad están en manos de la clase explotada como lo había hecho en 1919, convenciendo a muchos jóvenes rebeldes y elementos en búsqueda, independientemente de su origen sociológico, de que su propio futuro político radica en la lucha obrera y en el movimiento político organizado de la clase obrera.

El profundo vínculo entre el resurgimiento de la lucha de clases y esa nueva capa politizada confirma el análisis materialista desarrollado en la década de 1930 por la Fracción italiana de la Izquierda Comunista: el partido de clase no existe fuera de la vida de la clase. Es, por supuesto, un factor vital y activo en el desarrollo de la conciencia de clase, pero también es un producto de este desarrollo, y no puede existir en los períodos en que la clase ha experimentado una derrota mundial histórica como en las décadas de los 20 y 30. Los camaradas de la Izquierda italiana habían experimentado esa verdad en sus propias carnes, pues vivieron un período que había visto la degeneración de los partidos comunistas y su recuperación por parte de la burguesía, y la reducción de las verdaderas fuerzas comunistas a pequeños grupos asediados, como el de ellos. Concluyen que el partido no podrá reaparecer hasta que toda la clase se haya recuperado de su derrota a escala internacional y de que esta vuelva a plantear la cuestión de la revolución: la principal tarea de la facción es, por lo tanto, defender los principios del comunismo, aprender de las derrotas pasadas y actuar como un puente hacia el nuevo partido que se formará cuando el curso de la lucha de clases se vea profundamente alterado. Y cuando varios camaradas de la Izquierda italiana olvidaron esta lección esencial y se precipitaron en Italia a formar un nuevo partido en 1943 cuando, a pesar de algunas expresiones importantes de revuelta proletaria contra la guerra, especialmente en Italia, la contrarrevolución aún reinaba, los camaradas de la Izquierda Comunista de Francia tomaron la antorcha abandonada por una Fracción italiana que se disuelve precipitadamente en el Partido Comunista Internacionalista (PCInt)[4].

       Pero como a fines de los años sesenta y principios de los setenta, la clase finalmente se libró de las cadenas de la contrarrevolución, aparecieron nuevos grupos proletarios en el mundo y hubo una dinámica de debate, de confrontación y de reagrupamiento entre estas nuevas corrientes, la perspectiva de la formación del partido - no en la inmediatez, por supuesto - se planteó, de nuevo, seriamente.

       La dinámica hacia la unificación de las fuerzas proletarias tomó varias formas, ya que los primeros viajes de Marc Chirik y otros del grupo Internacionalismo en Venezuela relanzaron la discusión con los grupos de la Izquierda italiana, las conferencias organizadas por el grupo francés Information et Correspondance Ouvrières (ICO), en la red internacional de correspondencia lanzada por Internacionalism. Este último se concretó en las reuniones de Liverpool y Londres de varios grupos en el Reino Unido (Workers Voice, World Revolution, Revolutionary Perspectives), que también se habían separado de Solidarity y fueron el precursor de la actual Communist Workers Organisation, con RI y el GLAT de Francia.

       Este proceso de confrontación y debate no siempre ha sido fácil: la existencia de dos grupos de la Izquierda Comunista en Gran Bretaña –una situación que muchos elementos en busca de una política de clase encuentran extremadamente confuso– hoy se puede atribuir a la inmadurez y el fracaso del proceso de reunificación después de las conferencias en el Reino Unido. Algunas de las divisiones que tuvieron lugar en ese momento apenas se justificaron porque fueron provocadas por diferencias secundarias– por ejemplo, el grupo que se formó Pour une Intervention Communiste (PIC) en Francia se separó de RI precisamente cuándo se produjo un folleto sobre el golpe militar en Chile. Sin embargo, se estaba llevando a cabo un proceso real de asentamiento y reagrupación. Los compañeros de RI en Francia intervinieron enérgicamente en las conferencias de Information et Correspondance Ouvrières para insistir en la necesidad de una organización política basada en una plataforma clara en oposición a las nociones de obreristas, consejistas y "anti-leninistas", que eran extremadamente influyentes en ese momento, y esta actividad aceleró su unificación con grupos en Marsella (Cahiers des Communistes de Conseils) y Clermont-Ferrand. El grupo RI también estuvo muy activo a nivel internacional y su creciente convergencia con WR, Internationalism, Internacialismo y nuevos grupos en Italia y España llevó a la creación de la CCI en 1975, mostrando la posibilidad de organizarse a escala internacional y de manera centralizada. La CCI, como GCF en la década de 1940, se consideraba a sí misma como la expresión de un movimiento más amplio y no veía su formación como el punto final del proceso más general de reagrupamiento. El nombre "Corriente" expresa este enfoque: no éramos una fracción de una organización antigua, aunque continuamos gran parte del trabajo de las fracciones antiguas, y formamos parte de una tendencia mayor hacia el partido del futuro.

       Las perspectivas para la CCI parecían ser muy optimistas: la unificación exitosa de tres grupos en Bélgica hizo posible extraer lecciones del reciente fracaso del Reino Unido y algunas secciones de la CCI (particularmente en Francia y en el Reino Unido) crecieron significativamente en número. WR, por ejemplo, se cuadruplicó en relación con su núcleo original, y en un momento dado, RI tenía suficientes miembros solo en París para tener una sección norte y una sección sur en esa ciudad. Por supuesto, todavía estamos hablando de números muy pequeños, sin embargo, fue una expresión significativa de un desarrollo real en la conciencia de clase. Mientras tanto, el Partido Comunista Internacional Bordigista (Programma/Le Prolétaire) creó secciones en varios países nuevos y se convirtió rápidamente en la organización más grande de la Izquierda Comunista.

       Y el establecimiento de conferencias internacionales de la Izquierda Comunista, inicialmente convocadas por Battaglia y apoyadas con entusiasmo por la CCI, ha sido de particular importancia en este proceso, aunque hemos criticado los temas iniciales base de la convocatoria para las conferencias (para discutir el fenómeno del "eurocomunismo", que Battaglia llamó la "socialdemocratización" de los partidos comunistas).

       Durante aproximadamente tres años, las conferencias constituyeron un polo de referencia, un marco de debate organizado que atrajo a grupos de diversos horizontes[5]. Los textos y presentaciones de las reuniones fueron publicados en una serie de folletos; los criterios de participación en las conferencias se definieron más claramente que en la invitación original, y los temas debatidos se centraron más en temas cruciales como la crisis capitalista, el papel de los revolucionarios, la cuestión de las luchas nacionales, etc. Los debates también permitieron que los grupos compartieran perspectivas comunes (como en el caso de CWO y Battaglia, CCI y Fur Kommunismen en Suecia).

       Sin embargo, a pesar de estos desarrollos positivos, el movimiento revolucionario renacido ha sufrido muchas debilidades heredadas del largo período de la contrarrevolución.

       Por un lado, un gran número de los que pudieron haber sido ganados por la política revolucionaria fueron absorbidos por el aparato del izquierdismo, que también había crecido considerablemente a raíz de los movimientos de clase posteriores a 1968. Los maoístas y especialmente los trotskistas ya estaban entrenados y ofrecían una alternativa radical a los partidos "estalinistas" oficiales cuyo papel como rompehuelgas en los eventos de 1968 y posteriores era evidente. Daniel Cohn-Bendit, "Danny el Rojo", el famoso líder estudiantil del mayo 68, escribió un libro en el que atacaba la función del Partido Comunista y proponía una "alternativa de izquierda" que se refería con aprobación a la Izquierda Comunista de la década de 1920 y a grupos consejistas como ICO en este momento[6]. Pero como muchos otros, Cohn-Bendit perdió la paciencia con la idea de permanecer en el pequeño mundo de los verdaderos revolucionarios y buscó soluciones más inmediatas que también le ofrecieran la posibilidad de una carrera, y es ahora un miembro de los Verdes alemanes que sirvieron a su partido en el Estado burgués ... Su trayectoria –desde ideas potencialmente revolucionarias hasta el callejón sin salida del izquierdismo– fue seguida por varios miles de elementos.

       Pero algunos de los mayores problemas que enfrentó el medio emergente fueron "internos", aunque en última instancia reflejaron la presión de la ideología burguesa sobre la vanguardia proletaria.

       Los grupos que habían mantenido una existencia organizada durante el período de contrarrevolución –en gran parte los grupos de la Izquierda italiana– se habían vuelto más o menos osificados. Los bordigistas, especialmente los diversos Partidos Comunistas Internacionales[7], se habían protegido contra la lluvia constante de nuevas teorías que "trascendían el marxismo" al convertir al marxismo en un dogma, incapaz de responder a los nuevos desarrollos, como se evidencia con su reacción a los movimientos de clase después del 68, esencialmente el mismo que Marx ya se había burlado en su carta a Ruge en 1843 de esto: "¡Aquí está la verdad (el Partido), de rodillas!" Inseparable del concepto bordiguista de la "invariancia" del marxismo, encontrábamos un sectarismo extremo[8] que rechazaba cualquier noción de debate con otros grupos proletarios, una actitud encarnada en el rechazo de cualquier grupo bordiguista para participar en conferencias internacionales de la Izquierda Comunista. Pero si el llamado de Battaglia fue solo un pequeño paso adelante para salir de la actitud de considerar a su propio pequeño grupo como el único guardián de la política revolucionaria, él mismo no estaba exento de una actitud de sectaria: su invitación excluía inicialmente grupos bordiguistas y no fue enviado a la CCI en su conjunto, pero sí a su sección en Francia, traicionando una idea tácita de que el movimiento revolucionario se hace de "franquicias" separadas en diferentes países (Battaglia sosteniendo así, obviamente, la franquicia italiana).

       Además, el sectarismo no se limitaba a los herederos de la Izquierda italiana. Las discusiones sobre el reagrupamiento en el Reino Unido fueron estropeadas. En particular, Workers Voice, que temía perder su identidad de grupo local con sede en Liverpool, rompió relaciones con la tendencia internacional en torno a RI y WR en relación con el tema del Estado en el período de transición, lo que no podría ser más que una cuestión abierta a tratar en el marco de un acuerdo entre revolucionarios sobre las posiciones de clase esenciales para el debate. La misma búsqueda de una excusa para interrumpir las discusiones fue luego adoptada por RP y el CWO (producto de una fusión efímera de RP y WV) que declaró que la CCI era contrarrevolucionaria porque no aceptaba que el Partido Bolchevique y la IC había perdido toda vida proletaria desde 1921, y ni siquiera a fechas posteriores cercanas. La CCI estaba mejor armada contra el sectarismo porque tenía sus orígenes en la Fracción italiana y en el GCF, que siempre se había considerado como parte de un movimiento político proletario más amplio y no el único depositario de la verdad. Pero la convocatoria de las conferencias también había puesto en evidencia elementos del sectarismo en sus propias filas; algunos camaradas respondieron inicialmente al llamado declarando que los bordiguistas e incluso Battaglia no eran grupos proletarios debido a sus ambigüedades sobre la cuestión nacional. Es significativo que el debate posterior sobre los grupos proletarios que condujo a una gran clarificación de la CCI[9] fue iniciado por un texto de Marc Chirik que había sido "formado" en la Izquierda italiana y francesa para entender que la conciencia de la clase proletaria no es de ninguna manera homogénea, ni siquiera entre las minorías más avanzadas políticamente, y que la naturaleza de clase de una organización no puede determinarse independientemente de su historia y de su respuesta a eventos históricos importantes, como la guerra o la revolución.

       Con los nuevos grupos, estas actitudes sectarias fueron menos producto de un largo proceso de esclerosis que de inmadurez y una ruptura con las tradiciones y organizaciones del pasado. Estos grupos se enfrentaron a la necesidad de definirse a sí mismos en relación con la atmósfera dominante de la izquierda, de modo que una cierta rigidez de pensamiento aparecía a menudo como una defensa contra el peligro de ser absorbida por las organizaciones mucho más grandes de la izquierda burguesa. Y, sin embargo, al mismo tiempo, el rechazo del estalinismo y el trotskismo a menudo tomaba la forma de una huida hacia las actitudes anarquistas y consejistas –que no solo mostraban la tendencia a rechazar toda la experiencia bolchevique sino también una sospecha generalizada hacia la discusión sobre la formación de un partido proletario. Más concretamente, tales enfoques han favorecido las concepciones federalistas de organización, la identificación de las formas centralizadas de organización con burocracia e incluso con el estalinismo. El hecho de que muchos miembros de los nuevos grupos provinieran de un movimiento estudiantil mucho más marcado por la pequeña burguesía que el medio estudiantil actual reforzó estas ideas democráticas e individualistas, más claramente expresadas en el eslogan neo-situacionista "la militancia: la etapa suprema de la alienación"[10]. El resultado de todo esto es que el movimiento revolucionario ha pasado décadas luchando para comprender la cuestión de la organización, y esta falta de comprensión ha sido el centro de muchos conflictos y divisiones en el seno del movimiento. Por supuesto, la cuestión de la organización ha sido necesariamente un campo de batalla constante dentro del movimiento obrero (como lo demuestra la división entre marxistas y bakuninistas en la Primera Internacional, o entre bolcheviques y mencheviques en Rusia). Pero el problema de la reaparición del movimiento revolucionario a fines de la década de 1960 se vio agravado por la larga ruptura de la continuidad con las organizaciones del pasado, por lo que muchas de las lecciones dejadas por las luchas organizativas anteriores tuvieron que reaprenderse casi desde cero.

       Es esencialmente la incapacidad del medio en su conjunto para superar el sectarismo lo que llevó al bloqueo y, en última instancia, al sabotaje de las conferencias[11]. Desde el principio, la CCI había insistido en que las conferencias no debían permanecer en silencio, sino que debían publicar, en la medida de lo posible, un mínimo de declaraciones comunes, para aclarar al resto del movimiento los puntos de acuerdo y desacuerdos que se han logrado, pero también, –como parte de importantes eventos internacionales como el movimiento de clases en Polonia o la invasión rusa de Afganistán– que se realicen declaraciones públicas conjuntas sobre temas que ya eran criterios esenciales para las mismas conferencias, como la oposición a la guerra imperialista. Estas propuestas, apoyadas por algunos, fueron rechazadas por Battaglia y el CWO por el hecho de que era "oportunista" hacer declaraciones conjuntas mientras que otras diferencias subsisten. Del mismo modo, cuando Munis y el FOR salieron de la segunda conferencia porque se negaron a discutir el tema de la crisis capitalista, y en respuesta a la propuesta de la CCI de una crítica conjunta del sectarismo de FOR, BC simplemente rechazó la idea de que el sectarismo era un problema: la FOR se había ido porque simplemente tenía posiciones diferentes, entonces ¿dónde estaba el problema?

       Es claro que, bajo estas divisiones, había desacuerdos profundos sobre lo que debería ser una cultura de debate proletaria, y las cosas llegaron a un punto culminante cuando BC y la CWO de repente introdujeron un nuevo criterio para la asistencia a conferencias –una formulación sobre el rol del partido que contenía ambigüedades sobre su relación con el poder político que sabían que era inaceptable para la CCI y que efectivamente la excluía. Esta exclusión en sí misma fue una expresión concentrada del sectarismo, pero también mostró que la otra cara del sectarismo es el oportunismo: por un lado, porque la nueva definición "dura" del partido no impidió que la BC y la CWO celebrará una cuarta conferencia grotesca a la que solo ellos mismos y los izquierdistas iraníes de la UMC (Unidad de Militantes Comunistas)[12] participaron; y, por otro lado, porque, con el acercamiento de BC y CWO, BC probablemente había pensado haber eliminado todo lo que era posible de las conferencias, un ejemplo clásico del sacrificio del futuro del movimiento para obtener beneficios inmediatos. Y las consecuencias del estallido de las conferencias han sido realmente duras: la pérdida de cualquier marco organizado de debate, solidaridad mutua y práctica común entre las organizaciones de la Izquierda Comunista, que nunca se ha restaurado, a pesar de esfuerzos ocasionales de trabajo conjunto en los años siguientes.

La década de 1980: crisis en el medio proletario

       El colapso de las conferencias rápidamente se convirtió en uno de los aspectos de una crisis más amplia en el medio proletario, expresado más claramente por la implosión de la PCI bordigista y el "caso Chénier" en la CCI, que llevó a varios miembros a abandonar la organización, particularmente en el Reino Unido.

       La evolución de la principal organización bordigista, que publicó Programma Comunista en Italia y Le Prolétaire en Francia (entre otros) confirmó los peligros del oportunismo en el campo proletario. El PCI había crecido de manera constante a lo largo de los años 70 y probablemente se había convertido en el grupo comunista de izquierda más grande del mundo. Sin embargo, su crecimiento había sido asegurado en gran medida por la integración de una serie de elementos que nunca realmente habían roto con el izquierdismo y el nacionalismo. Ciertamente, las profundas confusiones del PCI sobre la cuestión nacional no fueron nuevas: afirmó defender las tesis del Segundo Congreso de la Internacional Comunista sobre la solidaridad con las revueltas y las revoluciones burguesas en las regiones coloniales. Las tesis de la IC demostrarán ser muy pronto defectuosas en sí mismas, pero contienen ciertas formulaciones destinadas a preservar la independencia de los comunistas contra las rebeliones lideradas por las burguesías nacionales en las colonias. El PCI ya había tomado medidas peligrosas para desviarse de tales precauciones, por ejemplo, aclamando el terror estalinista en Camboya como un ejemplo del vigor necesario de una revolución burguesa[13]. Pero las secciones del norte de África organizadas en torno al periódico El Oumami fueron incluso más lejos, porque ante los conflictos militares en el Medio Oriente, abogaron abiertamente por la defensa del Estado sirio contra Israel. Era la primera vez que un grupo bordigista había pedido descaradamente una guerra entre los Estados capitalistas. Es significativo que haya habido fuertes reacciones dentro del PCI contra estas posiciones, lo que demuestra el hecho de que la organización ha conservado su carácter proletario, pero el resultado final ha sido la salida de secciones enteras y muchos militantes, reduciendo el PCI a un grupo mucho más pequeño que nunca ha podido aprender todas las lecciones de estos eventos.

       Pero en ese momento también apareció una tendencia oportunista en la CCI –un grupo de camaradas que, en respuesta a las luchas de clase de fines de los setenta y principios de los ochenta, comenzó a hacer concesiones serias al sindicalismo de base. Pero el problema planteado por esta agrupación fue principalmente a nivel organizativo, ya que comenzó a cuestionar el carácter centralizado de la CCI y argumentó que los órganos centrales deberían funcionar principalmente como buzones en lugar de cuerpos elegidos para proporcionar orientación política entre reuniones generales y congresos. Esto no implicaba que la agrupación estuviera unida por una profunda unidad programática. En realidad, su existencia se basaba en vínculos de afinidad y resentimiento común contra la organización; en otras palabras, era un "clan" secreto en lugar de verdadera tendencia politica, y en una organización inmadura dio a luz a un "contra-clan" en la sección británica, con resultados catastróficos. En este contexto, un elemento dudoso llamado Chénier, que había entrado en varias organizaciones revolucionarias para fomentar en ellas crisis manipulando vergonzosamente a quienes lo rodeaban, avivó al máximo estos resentimientos y conflictos. La crisis llegó a su punto máximo en el verano de 1981 cuando miembros de la "tendencia" entraron en la casa de un camarada mientras él estaba ausente y le robaron material de la organización con falsos argumentos de que ellos solo estaban recuperando la inversión que habían hecho en la organización. Esta tendencia se convirtió en un nuevo grupo que colapsó después de una sola publicación, y Chénier "regresó" al Partido Socialista y al CFDT –para el cual había estado trabajando desde el principio– probablemente en el "Sector de Asociaciones" que vigilan la evolución de las corrientes a la izquierda del PS.

       Esta escisión tuvo una respuesta muy desigual por parte de la CCI en general, especialmente después de que la organización hizo un intento decidido de recuperar su equipo robado al visitar las casas de los sospechosos de estar involucrados en los robos y solicitando la restitución de este material. Varios compañeros en el Reino Unido simplemente dejaron la organización, incapaces de hacer frente a la toma de conciencia de que una organización revolucionaria debe defenderse en esta sociedad, y que esto puede incluir tanto acciones físicas como la propaganda política. Las secciones de Aberdeen/Edimburgo no solo abandonaron rápidamente, sino que también denunciaron las acciones de la CCI y amenazaron con llamar a la policía si ellos mismos eran visitados (ya que también habían mantenido cierta cantidad de material perteneciente a la organización, incluso si no hubieran participado directamente en los primeros robos). Y cuando la CCI emitió una advertencia pública muy necesaria sobre las actividades de Chénier, se apresuraron a defender su honor. Este fue el comienzo sin gloria del Communist Bulletin Group (CBG), cuyas publicaciones se dedicaron en gran parte a los ataques al "stalinismo" e incluso a la "locura" de la CCI. En resumen, este fue un ejemplo temprano de parasitismo político que se convertiría en un fenómeno importante en las décadas siguientes[14]. En el medio proletario en sentido amplio, hubo poca o ninguna expresión de solidaridad con la CCI. Por el contrario, la versión de los eventos de CBG todavía está circulando en Internet y tiene una gran influencia, especialmente en el entorno anarquista.

       Podemos citar otras expresiones de crisis en los años siguientes. El balance de los grupos que participaron en las conferencias internacionales es esencialmente negativo: la desaparición de grupos que recientemente habían roto con el izquierdismo (L'Éveil internationaliste, l'OCRIA, Marxist Workers Group en los EEUU). Otros se dirigieron en dirección opuesta: el NCI, una ruptura con los bordigistas que habían demostrado cierta madurez en los asuntos organizativos en las conferencias se fusionó con el grupo Il Leninista y lo siguió para abandonar el internacionalismo con una forma más o menos abierta de izquierdismo (OCI)[15]. El Grupo Comunista Internacionalista, que había venido a la tercera conferencia solo para denunciarla, ya expresaba su carácter destructivo y parasitario, comenzó a adoptar posiciones abiertamente reaccionarias (apoyo a los maoístas peruanos y las guerrillas salvadoreñas, lo que llevó a una justificación grotesca de las acciones del "centrista Al-Qaida" y a las amenazas físicas contra la CCI en México)[16]. El GCI, cualesquiera que sean sus motivos, es un grupo que hace el trabajo de la policía... no solo amenazando de recurrir a la violencia contra las organizaciones proletarias, sino también dando la impresión de que existe un vínculo entre los grupos comunistas genuinos y el ambiente turbulento del terrorismo[17].

       En 1984, también vimos la formación del Buró Internacional para el Partido Revolucionario, que reunió a la CWO y Battaglia. El BIPR (hoy, el TCI) se ha mantenido en un terreno internacionalista, pero en nuestra opinión, el reagrupamiento se hizo de manera oportunista: una concepción federalista de los grupos nacionales, una falta de debate abierto sobre las diferencias entre ellos y una serie de intentos apresurados de incorporar nuevas secciones que, en la mayoría de los casos, fallaron[18].

       1984-1985 vio la escisión de la CCI que dio nacimiento a la "Fracción externa de la CCI". La FECCI primero afirmó ser el verdadero defensor de la plataforma de la CCI contra las supuestas desviaciones sobre el tema de la conciencia de clase, la existencia del oportunismo en el movimiento obrero, el llamado monolitismo e incluso el “estalinismo” de nuestros órganos centrales, etc. De hecho, todo el enfoque para "encontrar el verdadero programa" de la CCI se abandonó muy rápidamente, lo que demuestra que la FECCI no era lo que pensaba que era: una fracción real para luchar contra la degeneración de la organización original. Desde nuestro punto de vista, esta fue otra formación de clanes que coloca ligámenes personales por encima de las necesidades de la organización y cuya actividad, una vez que se abandonó la CCI, dio otro ejemplo de parasitismo político[19].

       El proletariado, según Marx, es una "clase de la sociedad civil que no es una clase de la sociedad civil", que es parte del capitalismo y, sin embargo, le es ajena en cierto sentido[20]. Y la organización proletaria, que encarna sobre todo el futuro comunista de la clase obrera, es, sin embargo, un cuerpo extraño en esta sociedad siendo parte del proletariado. Como el conjunto del proletariado, está sujeto a la presión constante de la ideología burguesa, y es esta presión, o más bien la tentación de adaptarse a ella, de conciliarse, la fuente del oportunismo. Esta es también la razón por la que las organizaciones revolucionarias no pueden vivir una vida "pacífica" en la sociedad capitalista y están inevitablemente condenadas a experimentar crisis y divisiones, a medida que surgen conflictos entre el "alma" proletaria de la organización y aquellos que han caído bajo la influencia de las ideologías de otras clases sociales. La historia del bolchevismo, por ejemplo, es también una historia de luchas políticas. Los revolucionarios no buscan ni defienden las crisis, pero cuando estallan, es esencial movilizar sus fuerzas para defender los principios proletarios fundamentales y luchar por aclarar las diferencias y sus raíces. Y, por supuesto, es vital aprender las lecciones que estas crisis inevitablemente traen consigo para que la organización sea más resistente en el futuro.

       Para la CCI, las crisis han sido frecuentes y, a veces, muy dañinas, pero no siempre han sido completamente negativas. Así, la crisis de 1981, después de una conferencia extraordinaria en 1982, llevó a la redacción de textos fundamentales sobre la función y el modo de funcionamiento de las organizaciones revolucionarias en esta época histórica[21], y trajo lecciones vitales sobre la necesidad continua de una organización revolucionaria para defenderse, no solo contra la represión directa del Estado burgués, sino también contra elementos dudosos u hostiles que se hacen pasar por elementos del movimiento revolucionario e incluso pudiendo infiltrarse en sus organizaciones.

       De manera similar, la crisis que condujo a la salida de la FECCI vio la maduración de la CCI en una serie de temas clave: la existencia real del oportunismo y el centrismo como enfermedades del movimiento obrero; el rechazo de las visiones consejistas de la conciencia de clase como siendo  puramente un producto de la lucha inmediata (y, por lo tanto, la necesidad de la organización revolucionaria como la expresión principal de la dimensión histórica y profunda de la conciencia de clase); y, en relación con esto, la comprensión de la organización revolucionaria como una organización de combate, capaz de intervenir en la clase en varios niveles: no solo a nivel teórico y de propaganda, sino también en la agitación, en proporcionar orientación para la extensión y autoorganización de la lucha, en participar activamente en asambleas generales y grupos de lucha.

       A pesar de las aclaraciones proporcionadas por la CCI en respuesta a sus crisis internas, estas no garantizaron que el problema organizativo, en particular, se resolviera ahora y que no habría más casos de recaídas en errores en el futuro. Pero al menos el CCI ha reconocido que la cuestión de la organización es un tema político de importancia fundamental. Por otro lado, el medio en general no vio la importancia de la cuestión organizativa. Los "anti-leninistas" de varias tendencias (anarquistas, consejistas, modernistas, etc.) han visto el intento mismo de mantener una organización centralizada como fundamentalmente estalinista, mientras que los bordiguistas han cometido el error fatal de pensar que la última palabra ya había sido dicha sobre este tema y no quedaba nada para discutir. El BIPR fue menos dogmático, pero tendió a tratar la cuestión de la organización como algo secundario. Por ejemplo, en su respuesta a la crisis del CCI de mediados de la década de 1990, no abordaron los problemas organizativos en absoluto, sino que argumentaron que eran esencialmente un subproducto de errores de la CCI en la evaluación de la relación de fuerzas entre las clases.

       No hay duda de que una mala apreciación de la situación mundial puede ser un factor importante en las crisis organizativas: en la historia de la izquierda comunista, por ejemplo, podemos mencionar la adopción, por una mayoría de la Fracción italiana, de la teoría de Vercesi sobre la economía de guerra, que considera que la marcha acelerada hacia la guerra a fines de la década de 1930 fue una prueba de que la revolución era inminente. El estallido de la guerra imperialista vio por lo tanto un desorden total en la Fracción.

       De manera similar, la tendencia de los grupos a partir de la subida de 68 a sobrestimar la lucha de clases, a considerar la revolución a la "vuelta de la esquina", significó que el crecimiento de las fuerzas revolucionarias en la década de 1970 fue extremadamente frágil: muchos los que se unieron a la CCI en ese momento no tenían ni la paciencia ni la convicción de mantenerse en el camino cuando se hizo evidente que la lucha por la revolución era a largo plazo y que la organización revolucionaria se involucraría en una lucha permanente por sobrevivir, incluso cuando la lucha de clases por lo general seguía un curso ascendente. Pero las dificultades resultantes de esta visión inmediatista de los acontecimientos mundiales también tenían un importante componente organizativo: no solo en el hecho de que, durante este período, los miembros se integraban a menudo de forma rápida y superficial, sino especialmente en el hecho de que estaban integrados en una organización que aún no tenía una visión clara de su papel y función, y se veía a sí misma como un mini partido, mientras que se trataba sobre todo de verse como un puente hacia el futuro partido comunista. La organización revolucionaria en el período que comenzó en 1968 conservó así muchas características de una fracción comunista[22], incluso si no tenía una continuidad orgánica directa con los partidos o fracciones del pasado. Esto no significa en absoluto que deberíamos haber renunciado a la intervención directa en la lucha de clases. Por el contrario, ya hemos argumentado que uno de los elementos clave del debate con la tendencia que formó la "Fracción Externa" fue precisamente la insistencia en la necesidad de una intervención comunista en las luchas de clases –una tarea que puede variar en magnitud e intensidad, pero nunca desaparecen, en diferentes fases de la lucha de clases. Pero esto significa que la mayoría de nuestras energías se han dedicado necesariamente a la defensa y construcción de la organización, al análisis de una situación mundial que cambia rápidamente y a la preservación y desarrollo de nuestras adquisiciones teóricas. Este enfoque sería aún más importante en las condiciones de la fase de descomposición social de la década de 1990, que han aumentado considerablemente las presiones y los peligros que enfrentan las organizaciones revolucionarias. Examinaremos el impacto de esta fase en la segunda parte de este artículo.

Amos

Anexo

Nota introductoria a los folletos que contienen los textos y las actas de la Segunda Conferencia Internacional de Grupos de Izquierdas Comunistas, 1978, preparada por el Comité Técnico Internacional:

"Con este primer folleto, comenzamos la publicación de los textos de la Segunda Conferencia Internacional de Grupos de Izquierda Comunista, celebrada en París los días 11 y 12 de noviembre de 1978, por iniciativa del Partido Comunista Internacional/Battaglia Comunista. La Conferencia Internacional, celebrada en Milán el 30 de abril y el 1 de mayo de 1977, se publicó en italiano bajo la responsabilidad del PCI/BC y en francés e inglés bajo la responsabilidad de la CCI.

El 30 de junio de 1977, el PCI/BC, de acuerdo con lo que se decidió en la Conferencia de Milán y los contactos posteriores con el PCI y el CWO, se envió una carta circular invitando a los siguientes grupos a una nueva conferencia que se celebrará en París:

Courant communiste international (Francia, Bélgica, Gran Bretaña, España, Italia, Alemania, Holanda, Estados Unidos, Venezuela)

Communist Workers Organisation (Gran Bretaña)

Parti communiste international (Programa Comunista: Italia, Francia, etc.)

Il Leninista (Italia)

Nucleo Comunista Internazionalista (Italia)

Iniziativa Comunista (Italia)

Fomento Obrero Revolucionario (Francia, España)

Pour Une Intervention Communiste (Francia)

Forbundet Arbetarmakt (Suecia)

For Komunismen (Suecia)

Organisation Communiste Révolutionnaire Internationaliste d'Algérie

Kakamaru Ha (Japón)

Partito Comunista Internazionale/Il Partito Comunista (Italia)

Spartakusbond (Países Bajos)

En el Volumen II, publicaremos esta carta.

Entre los grupos invitados,

Spartakusbond y Kakamaru Ha no respondieron.

Programme communiste y Il Partito Comunista se negaron a participar a través de artículos publicados en sus respectivas publicaciones. Ambos rechazaron el espíritu de la iniciativa, así como su contenido político (especialmente sobre el partido y las guerras de liberación nacional).

El PIC, a través de una carta-documento, se negó a participar en una reunión basada en el reconocimiento de los dos primeros congresos de la Tercera Internacional, que desde el principio se considera esencialmente socialdemócrata (ver Vol. II).

Forbundet Arbetarmakt rechazó la invitación porque dudaba que pudiera reconocer los criterios de participación (ver Vol II).

Iniziativa Comunista no dio una respuesta por escrito, y en el último minuto, después de aceptar participar en una reunión conjunta de Battaglia e Il Leninista, se negó a participar en la conferencia, justificando su actitud en la publicación de su boletín, que apareció después de la conferencia de París.

Il Leninista. Aunque confirmó su acuerdo de participación, no pudo asistir a la reunión debido a problemas técnicos cuando se fueron a la reunión.

La OCRIA de inmigrantes argelinos en Francia no pudo participar físicamente en la reunión por razones de seguridad, pero solicitó ser considerado como un grupo participante.

El FOR, aunque participó al comienzo de la conferencia, a la que se presentó como observador al margen, se disoció rápidamente de la conferencia, afirmando que su presencia era incompatible con los grupos que reconocen que ahora hay una crisis estructural de capital (ver Vol II) ".

Entre la segunda y la tercera conferencia, el grupo sueco För Komunismen se convirtió en la sección sueca de la CCI e Il Nucleo e Il Leninista se fusionaron para convertirse en una sola organización, Il Nuclei Leninisti.

La lista de grupos participantes fue la siguiente: CCI, Battaglia, CWO, Groupe Communiste Internationaliste, L'Eveil Internationaliste, Il Nuclei Leninisti, OCRIA, que envió contribuciones por escrito. El grupo norteamericano Marxist Worker's Group se unió a la conferencia y envió un delegado, pero no pudo acudir en el último momento.

 

[2] Ver La renovación de la Izquierda Comunista uno de los aportes clave de mayo 68, https://es.internationalism.org/content/4344/la-renovacion-de-la-izquierda-comunista-uno-de-los-aportes-clave-de-mayo-68

[3]Publicado en Internationalism No. 4, sin fecha, pero lanzado alrededor de 1973.

[5]Para ver la lista de grupos que asistieron o apoyaron las conferencias, consulte el Anexo.

[6]Obsolete Communism, the Left wing Alternative, Penguin 1969.

[7]Todos estos grupos se originaron en la división de 1952 en el seno del Partido Comunista Internacionalista en Italia. El grupo que rodea a Damen ha conservado el nombre de Partido Comunista Internacionalista; los "bordigistas" tomaron el nombre del Partido Comunista Internacional, que, después de otras escisiones, correspondía a diferentes organizaciones que tenían el mismo nombre.

[8]El sectarismo era un problema ya identificado por Marx cuando escribió: "La secta ve la justificación de su existencia y su punto de honor no en lo que tiene en común con el movimiento de clases sino en el 'schibboleth' que lo distingue del movimiento". Por supuesto, tales fórmulas pueden ser mal utilizadas si se toman fuera de contexto. Para la izquierda del capital, toda la Izquierda Comunista es sectaria porque no se considera parte de lo que llama el "movimiento obrero": organizaciones como sindicatos y partidos socialdemócratas cuya naturaleza de clase ha cambiado desde la época de Marx. Desde nuestro punto de vista, el sectarismo es hoy un problema entre las organizaciones proletarias. No es sectario rechazar las fusiones prematuras o la membresía que cubre los desacuerdos reales. Pero ciertamente es sectario rechazar cualquier discusión entre grupos proletarios o eliminar la necesidad de solidaridad básica entre ellos.

[9]Este debate dio lugar a una resolución sobre "Grupos políticos proletarios" en el Segundo Congreso de la CCI, publicado en la Revista Internacional No. 11. https://es.internationalism.org/revista-internacional/201510/4120/resolucion-sobre-los-grupos-politicos-proletarios-1977

[10]A principios de la década de 1970 también se produjo el surgimiento de grupos "modernistas" que comenzaron a cuestionar el potencial revolucionario de la clase obrera y que tendían a ver las organizaciones políticas, incluso cuando estaban claramente a favor de revolución comunista, como simples "raquetas". Ver los escritos de Jacques Camatte. Estos son los antepasados de la tendencia actual de los "comunicadores". Varios grupos contactados por el internacionalismo en 1973 se fueron en esta dirección y se perdieron irremediablemente: Mouvement Communiste en Francia (no el grupo autónomo existente, sino el grupo alrededor de Barrot/Dauvé que inicialmente hizo una contribución por escrito a la reunión de Liverpool), Komunsimen en Suecia y, en cierto sentido, Solidarity en el Reino Unido, que comparte con estos otros grupos el gran orgullo de haber ido más allá del marxismo.

[12]Una expresión temprana de la tendencia "hekmatista" que existe hoy en día en la forma de los partidos comunistas obreros de Irán e Irak –una tendencia que todavía se suele describir como un comunista de izquierda, pero en realidad es una forma de radicalismo estalinista. Vea nuestros artículos en inglés "Worker Communist Parties of Iran and Iraq : the dangers of radical stalinism" y "Les partis communistes ouvriers d'Iran et d'Irak : les dangers du stalinisme radical".

[13]Revista Internacional No. 28, Convulsiones actuales del medio revolucionario, y Revista Internacional No. 32, El PCI (Programme Communiste) en un momento crucial de su historia.

[14]Volveremos al problema del parasitismo político en la segunda parte de este artículo.

[15]Organizzazione Comunista Internazionalista.

[18]Ver Revista Internacional No. 121: "BIPR: una política de agrupamiento oportunista que solo lleva a “abortos”. https://es.internationalism.org/revista-internacional/200504/69/polemica-con-el-bipr-una-politica-oportunista-de-agrupamiento-que-no

[20]Ver la introducción a "Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel". https://www.marxists.org/espanol/m-e/1844/intro-hegel.htm

[21]Ver los dos informes sobre la cuestión de la organización de la Conferencia Extraordinaria de 1982: sobre la función de la organización revolucionaria ( Revista Internacional No. 29, https://es.internationalism.org/revista-internacional/198204/135/informe-sobre-la-funcion-de-la-organizacion-revolucionaria ) y sobre su estructura y modo de operación (Revista Internacional No. 33 https://es.internationalism.org/revista-internacional/198302/2127/estructura-y-funcionamiento-de-la-organizacion-revolucionaria ).

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