100 años tras la fundación de la Internacional Comunista: ¿qué lecciones podemos extraer para futuros combates? (parte II)

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En la primera parte de este artículo recordábamos las circunstancias en las que se fundó la Tercera Internacional (la Internacional Comunista). La existencia del partido mundial dependía sobre todo de la extensión de la revolución a escala mundial, y su capacidad para asumir sus responsabilidades ante la clase dependía del modo en el que afrontaría el reagrupamiento de revolucionarios del que surgió, en primer lugar. Sin embargo, como dijimos, el método que se adoptó en la fundación de la Internacional Comunista (IC), favoreciendo la cantidad numérica por encima de la clarificación de posiciones y principios políticos, no dio las armas adecuadas al nuevo partido mundial. Y lo que es peor, lo hizo vulnerable al surgimiento de un oportunismo rampante en el seno del movimiento revolucionario. En esta segunda parte, queremos destacar el contenido de la lucha llevada a cabo por las fracciones de izquierda contra la línea de la IC que se empeñaba en mantener viejas tácticas, obsoletas por la entrada del capitalismo en su fase de decadencia.  

Esta nueva fase en la vida del capitalismo requería una redefinición de ciertas posiciones programáticas y organizacionales, para permitir que el partido mundial orientara adecuadamente al proletariado en su propio terreno de clase.

1918-1919: la praxis revolucionaria les arroja el guante a las viejas tácticas

Como señalábamos en la primera parte del artículo, el Primer Congreso de la Internacional Comunista destacó que la destrucción de la sociedad burguesa formaba ya parte, plenamente, de la agenda histórica. Efectivamente, el periodo de 1918-1919 fue testigo de una verdadera movilización del proletariado mundial en su conjunto[1], empezando por Europa:

  • Marzo 1919: proclamación de la República de Consejos de Hungría
  • Abril-mayo 1919: episodio de la República de Consejos de Baviera
  • Junio 1919: intentona insurreccionaría en Suiza y Austria

La oleada revolucionaria se extendió entonces al continente americano:

  • Enero 1919: ''semana sangrienta'' de Buenos Aires, los trabajadores son salvajemente reprimidos
  • Febrero 1919: huelga portuaria de Seattle, EEUU, que se acaba extendiendo a toda la ciudad en pocos días. Los obreros consiguen tomar el control de los suministros y organizar la defensa contra las tropas enviadas por el gobierno
  • Mayo 1919: huelga general en Winnipeg, Canadá

Y también por África y Asia:

  • En Sudáfrica, en marzo de 1919, la huelga del tranvía se extiende por todo Johannesburgo, con asambleas y manifestaciones en solidaridad con la revolución rusa
  • En Japón, en 1918, las famosas ''reuniones del arroz'' tienen lugar contra el envío de arroz a las tropas japonesas enviadas contra la revolución en Rusia

 

Bajo estas condiciones, los revolucionarios de la época tenían buenas razones para decir que ''la victoria de la revolución proletaria a escala mundial está asegurada. La fundación de una República Soviética Internacional está en camino''[2]. Hasta entonces, la extensión de la oleada revolucionaria por Europa y por todo el mundo confirmaba las tesis del Primer Congreso:

``1) El periodo actual es el periodo de la desintegración y colapso de todo el sistema capitalista mundial, que arrastrará a toda la civilización europea consigo si el capitalismo, con sus contradicciones insolubles, no es destruido.

2) La tarea actual del proletariado es tomar el poder estatal inmediatamente. Este asalto del poder estatal significa la destrucción del aparato estatal de la burguesía y la organización de un nuevo aparato de poder proletario´´[3].

La nueva época que se abría, de guerras y revoluciones, enfrentaba al proletariado mundial y su partido con problemas nuevos. La entrada del capitalismo en su fase de decadencia equivalía, directamente, a la necesidad de la revolución, y modificaba en cierta manera la forma en la que la lucha de clases se iba a desarrollar.

La formación de corrientes de izquierda en la IC

La oleada revolucionaria consagró la forma, finalmente hallada, de la dictadura del proletariado: los soviets. Pero también mostró que los métodos y formas de lucha heredados del siglo XIX, como los sindicatos y el parlamentarismo, se habían agotado.

``En el nuevo periodo, fue la práctica de los obreros mismos la que puso en cuestión las viejas tácticas sindicalistas y parlamentaristas. El proletariado ruso disolvió el parlamento tras tomar el poder y, en Alemania, una significativa masa de trabajadores se pronunció a favor de boicotear las elecciones de diciembre de 1918. En Rusia como en Alemania, la organización de consejos apareció como la única forma de lucha revolucionaria, reemplazando al sindicato. Por añadidura, la lucha de clases en Alemania puso al descubierto el antagonismo entre el proletariado y los sindicatos´´[4].

El rechazo del parlamentarismo

Las corrientes de izquierda de la Internacional se organizaron sobre unas claras bases políticas: la entrada del capitalismo en su fase decadente imponía un único camino a seguir; el de la revolución proletaria y la destrucción del Estado burgués, con la mira puesta en la abolición de las clases sociales y la construcción de una sociedad comunista. Desde entonces en adelante, la lucha por reformas y la propaganda revolucionaria en los parlamentos burgueses carecían ya de sentido. En muchos países, el rechazo a las elecciones supuso para las fracciones de izquierda la posición que una auténtica organización comunista debía adoptar:

  • En marzo de 1918, el Partido Comunista Polaco boicotea las elecciones
  • El 22 de diciembre de 1918, el órgano de la Fracción Comunista Abstencionista del Partido Socialista Italiano, Il Soviet, se publica en Nápoles bajo el liderazgo de Amadeo Bordiga. La Fracción se pone como objetivo ''eliminar a los reformistas del partido y asegurarle así una actitud más revolucionaria''. Insiste a su vez en que ''se debe romper todo contacto con el sistema democrático''; y en que un verdadero partido comunista sólo es tal ''si renunciamos a la acción electoral y parlamentaria''[5].
  • Con todo esto concuerdan en Bélgica De Internationale, de Flandes, y el Grupo Comunista de Bruselas. También defienden el antiparlamentarismo una minoría del Partido Comunista Búlgaro, un parte del grupo de comunistas húngaros exiliados en Viena, la Federación de Jóvenes Socialdemócratas de Suecia y una minoría del Partido Socialista Internacional de Argentina (el futuro Partido Comunista de Argentina)
  • Los holandeses siguen divididos en torno a la cuestión parlamentaria. Una mayoría de los Tribunistas están a favor de participar en las elecciones; la minoría de Gorter sigue indecisa y Pannekoek defiende una posición antiparlamentaria.

Para todos estos grupos, el rechazo del parlamentarismo se convirtió en una cuestión de principios: la conclusión práctica de los análisis y posiciones adoptados en el Primer Congreso de la IC. Sin embargo, la mayoría de la IC no lo veía así, empezando por los bolcheviques; incluso si no había ambigüedades en torno al carácter reaccionario de los sindicatos y la democracia burguesa, la lucha en su interior no debía ser abandonada. El Comité Ejecutivo de la IC envió una circular el 1 de septiembre de 1919 apoyando este paso atrás, que volvía a la vieja concepción socialdemócrata de ver el parlamento como una colina que conquistar para la revolución: ''[los militantes] van al parlamento para apropiarse de su maquinaria, y ayudar a las masas que están tras sus muros a volarlo por los aires''[6].

La cuestión sindical cristaliza en los debates

Los primeros pasos de la oleada revolucionaria, citados arriba, mostraron claramente que los sindicatos eran órganos de lucha obsoletos; aún peor, se habían situado ya contra la clase obrera[7]. Pero fue en Alemania, incluso más que en ningún otro sitio, donde este problema se manifestó de la forma más crucial, y fue aquí donde los revolucionarios pudieron entender de forma más clara la necesidad de romper con los sindicatos y el sindicalismo. Para Rosa Luxemburgo, los sindicatos habían dejado de ser ''organizaciones obreras, sino los protectores más fuertes del Estado y la sociedad burguesa. Por tanto, huelga decir que la lucha por el socialismo no puede llevarse a cabo sin la lucha por la liquidación de los sindicatos''[8].

Los líderes de la IC no lo tenían tan claro. Aunque denunciaban a los sindicatos controlados por la socialdemocracia, seguían conservando la ilusión de poder reorientarlos por el camino proletario:

``¿Qué pasará ahora con los sindicatos?¿Qué camino van a seguir? Los viejos líderes sindicales intentarán empujarlos hacia el camino de la burguesía […] ¿Seguirán los sindicatos la vieja vía del reformismo? […] Estamos decididamente convencidos de que la respuesta es no. Un viento nuevo sopla a través de las mohosas oficinas sindicales. […] Creemos que se está formando un nuevo movimiento sindical´´[9]

Fue por esta razón que, en sus primeros días de vida, la IC aceptó en sus filas a sindicatos de oficio e industria nacionales y regionales. En este caso destaca el ejemplo de los elementos del sindicalismo revolucionario, como los de la IWW. Si bien éstos rechazaban tanto el parlamentarismo como la actividad en los viejos sindicatos, eran hostiles a la actividad política y, por tanto, a la necesidad de un partido político del proletariado. Esto solo podía reforzar la confusión existente en la IC sobre la cuestión organizacional, ya que estaba aceptando a grupos que eran claramente ''anti- organización''.

El grupo más lúcido al respecto de la cuestión sindical fue sin duda el ala izquierda del KPD, mayoría en el partido, que fue expulsada del mismo por sus dirigentes Levi y Brandler. Eran hostiles no solo a los sindicatos que estaban en manos de socialdemócratas, sino a cualquier otra forma de sindicalismo, como el sindicalismo revolucionario anti- político y el anarcosindicalismo. Fue esta mayoría la que fundó el KAPD en abril de 1920, cuyo programa declaraba abiertamente:

``Junto al parlamentarismo burgués, los sindicatos forman el principal obstáculo contra el desarrollo de la revolución proletaria en Alemania. Su actitud durante la guerra mundial es bien conocida […] Han mantenido su actitud contrarrevolucionaria hasta hoy, durante todo el periodo de la revolución alemana´´.

 

Viendo la posición centrista de Lenin y los líderes de la IC, el KAPD replicó:

``Revolucionar los sindicatos no es una cuestión de individuos: el carácter contrarrevolucionario de estas organizaciones yace en su estructura y su modo específico de funcionar. De aquí fluye lógicamente el hecho de que sólo la destrucción de los sindicatos puede despejar el camino hacia la revolución social en Alemania´´[10].

Cierto es que estas dos importantes cuestiones no podían resolverse de la noche a la mañana. Pero la resistencia al rechazo del parlamentarismo y el sindicalismo pusieron al descubierto las dificultades que tenía la IC a la hora de comprender todo lo que implicaba la decadencia del capitalismo para el programa comunista. La expulsión de la mayoría del KPD y el posterior acercamiento con los Independientes (USPD), que controlaban la oposición en los sindicatos oficiales, fue un signo añadido del ascenso del oportunismo programático y organizacional en el seno del partido mundial.

El Segundo Congreso retrocede sobre sus propios pasos

Al comienzo de 1920, la IC empieza a defender la formación de partidos de masas: ya por la fusión de grupos comunistas con corrientes centristas, como por ejemplo en Alemania entre el KPD y el USPD; ya por la entrada de grupos comunistas en partidos de la Segunda Internacional, como por ejemplo en Gran Bretaña, donde la IC pide la entrada del Partido Comunista en el Partido Laborista. Esta nueva orientación vuelve la espalda completamente al trabajo del Primer Congreso, que había declarado la bancarrota de la socialdemocracia. Se trató de justificar esta maniobra oportunista por la convicción de que la victoria de la revolución podía ser inexorable gracias a la ingente cantidad de trabajadores organizados, posición que combatió el Buró de Ámsterdam, compuesto por la izquierda de la IC[11].

El Segundo Congreso, que se celebró del 19 de julio al 7 de agosto de 1920, anticipó la enconada batalla entre la mayoría de la IC, liderada por los bolcheviques, y las corrientes de izquierda, en torno a cuestiones tácticas y también principios organizativos. El congreso se celebró en plena ''guerra revolucionaria''[12], en la que el Ejército Rojo marchó sobre Polonia con la creencia de poder unirse a la revolución en Alemania. A pesar de que el Segundo Congreso seguía siendo consciente del peligro del oportunismo, y que tenía en cuenta que el partido estaba aún amenazado por ``el peligro de dilución por elementos inestables e irresolutos, que todavía no han abandonado completamente la ideología de la Segunda Internacional´´[13], este Segundo Congreso empezó a hacer concesiones, sobre todo comparado con los análisis del Primer Congreso, aceptando la integración parcial de algunos partidos social-demócratas, aun profundamente marcados por las concepciones de la Segunda Internacional[14].

Para prepararse frente a ese peligro, se escribieron las 21 condiciones de admisión en la IC contra elementos centristas y derechistas, pero también contra la izquierda. Durante la discusión de las 21 condiciones, Bordiga se distinguió por su determinación en la defensa del programa comunista, y advirtió a todo el partido del peligro de las concesiones en los términos de admisión: 

``La fundación de la Internacional Comunista en Rusia nos llevó de vuelta al marxismo. El movimiento revolucionario que salvamos de las ruinas de la Segunda Internacional se dio a conocer con programa propio, y el trabajo que comenzó entonces llevó a la formación de un nuevo órgano estatal sobre la base de una constitución oficial. Creo que nos encontramos en una situación que no ha nacido por accidente, sino que muy al contrario ha sido determinada por el curso de la historia. Creo que estamos bajo amenaza por el peligro que supone la penetración en nuestro medio de elementos derechistas y centristas[15].[...] Estaríamos sin duda en gran peligro si cometiéramos el error de aceptar a esta gente en nuestras filas. […] Los elementos de derecha aceptan nuestras tesis, pero de forma insatisfactoria y con reservas. Nosotros los comunistas debemos exigir que esta aceptación sea completa y sin restricciones de cara al futuro. […] Pienso que, tras el Congreso, se debe conceder un tiempo al Comité Ejecutivo para comprobar si se están cumpliendo todas las obligaciones que se han acordado imponer a los partidos de la Internacional Comunista. Y una vez hecho esto y cumplido este, llamémoslo así, periodo de organización, se deben cerrar las puertas. […] El oportunismo debe combatirse en todas partes. Y, sin embargo, esta tarea se hará muy difícil si, en los mismos momentos en los que tomamos medidas para purgar la Internacional Comunista, se les abren las puertas a esos elementos, que están deseando entrar. He hablado en nombre de la delegación italiana. Nos hemos comprometido a combatir a los oportunistas en Italia. Pero lo que no queremos es ver cómo, tras expulsarlos, son recibidos en la Internacional Comunista de nuevo. Desde aquí os decimos, tras haber trabajado con vosotros, que queremos volver a nuestro país a formar un frente contra todos los enemigos de la revolución comunista´´[16].   

Ciertamente, las 21 condiciones hicieron de espantapájaros frente a elementos oportunistas que llamaban a la puerta del partido. Pero incluso si Lenin podía decir que la corriente de izquierda era ``un millar de veces menos peligrosa y menos grave que el error representado por el doctrinarismo de derecha´´, los muchos pasos atrás que se dieron en cuestiones tácticas debilitaron gravemente a la Internacional, especialmente en el periodo que seguiría, caracterizado por la retirada y el aislamiento que contradijeron las predicciones de los líderes de la IC. Inevitablemente, estas garantías no aseguraron la resistencia de la IC frente a la presión del oportunismo. En 1921, el Tercer Congreso sucumbe finalmente al espejismo de los números adoptando las ''Tesis sobre la Táctica'' de Lenin, que defendían el trabajo parlamentario y sindical y la formación de partidos de masas. Con este giro de 180 grados, el partido tiraba por la ventana el programa de 1918 del KPD, una de las dos bases fundadoras de la IC.

La IC – ¿la enfermedad del izquierdismo[17] o la del oportunismo?

El KAPD nace en abril de 1920, fruto de la oposición a la política oportunista del KPD. Aunque en su programa hay una mayor influencia de las tesis de la izquierda holandesa que de las de la IC, exigió su admisión inmediata en la Tercera Internacional.

Cuando Jan Appel y Franz Jung[18] llegaron a Moscú, Lenin les pasó el manuscrito de lo que se acabaría convirtiendo en La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, escrito para el Segundo Congreso con el objetivo de exponer su posición sobre las debilidades de las corrientes de izquierda.

La delegación holandesa tuvo la oportunidad de tomar notas del panfleto de Lenin durante el Congreso. Se le encargó a Herman Gorter redactar una respuesta al mismo, que apareció en julio de 1920 (Carta abierta al camarada Lenin). Gorter se apoyó mucho en el texto que había publicado Pannekoek unos meses antes con el título Revolución mundial y táctica comunista, aunque no podemos profundizar en los detalles de esta polémica aquí[19]. Sin embargo, debemos señalar que las diferentes cuestiones que se trataron se acababan haciendo eco de un punto fundamental: ¿en qué grado imponía nuevos principios al movimiento revolucionario la entrada en la era de guerras y revoluciones? ¿Todavía eran posibles los ''compromisos''?

Para Lenin, el ''doctrinarismo'' de izquierda era una ''enfermedad infantil''; ''los comunistas jóvenes'', aún ''inexperimentados'', habían cedido a la impaciencia y al ''infantilismo intelectual'' en lugar de defender ''seriamente las tácticas de una clase revolucionaria'' según la ''particularidad de cada país'', teniendo en cuenta el movimiento general de la clase obrera.

Para Lenin, rechazar el trabajo en sindicatos y parlamentos y oponerse a alianzas entre partidos comunistas y socialdemócratas no tenía ningún sentido. La adhesión de las masas al comunismo no dependía exclusivamente de la propaganda revolucionaria; Lenin consideraba que las masas tenían que desarrollar ''su propia experiencia política''. Para ello, era esencial que la amplia mayoría de las grandes masas se alistase en las organizaciones revolucionarias, cualquiera que fuese su nivel de claridad política. Las condiciones objetivas habían madurado, el camino a la revolución estaba claro...

No obstante, como señaló Gorter en su respuesta, la victoria de la revolución mundial dependía sobre todo de las condiciones subjetivas, es decir, de la capacidad de la clase obrera mundial para extender y profundizar en su conciencia de clase. La debilidad de esta conciencia de clase, en general, la ilustraba la práctica ausencia de una vanguardia proletaria verdadera en Europa occidental, como destacó Gorter. Por tanto, el error de los bolcheviques y de la IC era ``intentar compensar este retraso con recetas tácticas que expresan una visión oportunista, en la que la claridad y el proceso orgánico de desarrollo son sacrificados en aras de un crecimiento numérico artificial y a toda costa´´[20].

Esta estrategia, basada en la búsqueda de éxitos inmediatos, se fundamentó en la opinión de que la revolución no se desarrollaba lo suficientemente rápido, de que a la clase le estaba costando demasiado extender la lucha y de que, enfrentados a esta lentitud, había que hacer ''concesiones'' aceptando el trabajo en sindicatos y parlamentos.

Mientras la IC veía la revolución como una especie de fenómeno inevitable, las corrientes de izquierda concluían que ``la revolución en Europa occidental [sería] un proceso larguísimo´´ (Pannekoek), plagado de retrocesos y derrotas, empleando la expresión de Rosa Luxemburgo. La historia respaldó las posiciones de las corrientes de izquierda de la IC. El izquierdismo no fue por tanto una ''enfermedad infantil'' del movimiento comunista sino, muy al contrario, el debido tratamiento contra la infección oportunista que se extendió en las filas del partido mundial.

Conclusión

¿Qué lecciones nos da la creación de la Internacional Comunista? Si el Primer Congreso había demostrado la capacidad del movimiento revolucionario para romper con la Segunda Internacional, los congresos que seguirían demostraron hasta qué punto se acabó retrocediendo. De hecho, mientras que el congreso fundacional reconoció el paso de la socialdemocracia al campo de la burguesía, el Tercer Congreso la rehabilitó, optando por la táctica de la alianza en un ''frente único''. Este cambio de dirección confirmó que la IC era incapaz de responder a los nuevos problemas que suponía el periodo de decadencia. Los años que siguieron a su fundación estuvieron marcados por la retirada y la derrota de la oleada revolucionaria internacional y, por tanto, el creciente aislamiento del proletariado en Rusia. Este aislamiento fue la razón fundamental de la degeneración de la revolución. Bajo estas condiciones y con pocas armas a su disposición, la IC fue incapaz de resistir la presión del oportunismo. También ella habría de despojarse de su contenido revolucionario y convertirse en un órgano de la contrarrevolución que defendiera únicamente los intereses del Estado soviético.

Fue en el corazón mismo de la IC donde las fracciones de izquierda hicieron acto de presencia para luchar contra su degeneración. Excluidas una tras otra durante los años 20, continuaron con su lucha política para asegurar la continuidad entre la IC en degeneración y el partido del futuro, aprendiendo de las lecciones del fracaso de la oleada revolucionaria. Las posiciones que elaboraron y defendieron estos grupos respondían a los problemas que surgieron en la IC con el periodo de decadencia. En torno a las cuestiones programáticas, las izquierdas estaban de acuerdo en que el partido debía ''mantenerse duro como el acero y claro como el cristal'' (Gorter), lo que implicaba una selección rigurosa de militantes y no el agrupamiento de grandes masas a expensas de diluir los principios. Esto es exactamente lo que los bolcheviques dejaron atrás en 1919, tras la creación de la Internacional Comunista. Los compromisos como método de construcción de la organización se convertirían en un factor activo de la degeneración de la IC. Como señaló Internationalisme en 1946: ``Se puede decir hoy que de igual modo que la ausencia de partidos comunistas durante la primera ola de la revolución de 1918-20 fue una de las causas de su fracaso, el método de formación de los partidos en 1920-21, fue también una de las causas principales de la degeneración de los PC y la IC´´[21]. Al favorecer la cantidad por encima de la calidad, los bolcheviques pusieron en cuestión la lucha que llevaron a cabo en 1903, en el Segundo Congreso del POSDR. Para la izquierda, que luchaba por la claridad programática y organizativo como prerrequisito para ser miembro de la IC, el número reducido de militantes no constituía una virtud eterna sino un paso indispensable: ``si tenemos el deber de confinarnos temporalmente en números reducidos no es porque sintamos especial predilección por una situación así, sino porque tenemos que dar ese paso para fortalecernos´´ (Gorter).

La IC nació en plena tormenta de los combates revolucionarios. En estas condiciones, era imposible aclarar de un día para otro todos los problemas que tuvo que afrontar. El partido del futuro no debe caer en la misma trampa: debe fundarse antes de que comience la oleada revolucionaria, confiando en una sólida base programática e, igualmente, en principios de funcionamiento previamente clarificados. No fue este el caso de la IC en aquel periodo.

Narek

8 de julio de 2019

 

[1]Ver nuestro artículo ''Lecciones de 1917-23 - La primera oleada revolucionaria del proletariado mundial

'', Revista Internacional nº80, 1995

[2]Lenin, en su discurso de clausura del Primer Congreso de la Internacional Comunista, J. Degras (de.), ''La Internacional Comunista 1919-1943, Documentos'', Cass, 1971, p. 2

[3]''Invitación al Primer Congreso de la Internacional Comunista'', J. Degras (de.), ''La Internacional Comunista 1919-1943, Documentos'', Cass, 1971, p. 2

[4]La izquierda comunista germano-holandesa, CCI, p. 136

[5]La Izquierda Comunista italiana, ,CCI, p. 18

[6]La Izquierda Comunista germano-holandesa, CCI, p. 137

[8]Citado por A. Proudhommeaux, Spartacus et la Commune de Berlin 1918-1919, Ed. Spartacus, p. 55 (en francés)

[9]Carta del Comité Ejecutivo de la IC a los sindicatos de todo el mundo, Degras, op. cit., p. 88

[10]VII - 1920: el programa del KAPD, Revista Internacional nº97, 1999

[11]En otoño de 1919, la IC formó un secretariado temporal con base en Alemania, compuesto por el ala derecha del KPD, y otro buró temporal en Holanda que reunió a comunistas de izquierda hostiles al giro derechista del KPD

[12]Esta ''guerra revolucionaria'' fue una catastrófica decisión política que la burguesía polaca aprovechó para movilizar a parte de la clase obrera polaca contra la República de los Soviets

[13]Preámbulo a ''Condiciones de admisión en la IC´´, Degras, op. cit., p. 168

[14]Esto es lo que decía al respecto el Punto 14 de las ''Tareas Básicas de la Internacional Comunista'': ``El grado en el que el proletariado de los países más importantes, desde el punto de vista de la economía y política mundiales, está preparado para llevar a cabo su dictadura, lo ha dejado claro con la mayor objetividad y precisión posibles la ruptura de los partidos más influyentes de la Segunda Internacional – el Partido Socialista Francés, el Partido Social-demócrata Independiente de Alemania, el Partido Laborista Independiente inglés y el Partido Socialista de América – con la Internacional amarilla, así como su decisión de adherirse condicionalmente a la Internacional Comunista. […] El quid de la cuestión ahora es cómo hacer para que este cambio sea completo y consolidar lo que se ha conseguido en una forma organizada duradera, para que ese avance pueda extenderse a toda su línea sin más vacilaciones´´. (Degras, op. cit., p. 124)

[15]Respectivamente, los social-patriotas y los social-demócratas: ``estos partidarios de la Segudna Internacional que creen que es posible alcanzar la liberación del proletariado sin lucha de clases armada, sin la necesidad de levantar la dictadura del proletariado tras la victoria, en el momento de la insurrección´´ (ver nota 16)

[16]Discurso de Bordiga sobre las condiciones de admisión en la IC, Segundo Congreso de la Internacional Comunista, Volumen 1, 1977, p. 221-224

[17]Este término corresponde a la corriente comunista de izquierda que apareció en la IC y que se opuso al centrismo y oportunismo que crecían en el seno del partido. No tiene nada que ver con el término que se da a las organizaciones que pertenecen a la izquierda del capital

[18]Son los dos delegados que mandó el KAPD al 2º Congreso de la IC para presentar un esbozo del programa de su partido

[19]Para más detalles consultar La izquierda comunista germano-holandesa, Cap. 4: La izquierda holandesa en la Tercera Internacional

[20]Íbid., p. 50

Herencia de la Izquierda Comunista: 

desarrollo de la conciencia y la organización proletaria: 

Cuestiones teóricas: 

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