Vox francamente capitalista

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1.- ¿Es Vox el mal mayor y los demás partidos un mal menor?

En las redes sociales, en los partidos de izquierda e izquierdistas, en los medios llamados de “comunicación” se nos asustan con el ¡qué viene el lobo fascista de Vox! Está claro que el fascismo es una de las expresiones más brutales de la barbarie capitalista[1], está claro igualmente que Vox es un partido repugnante, que despliega una conducta provocadora y agresiva, alienta la xenofobia contra los emigrantes, defiende el más rancio nacionalismo español.

Sin embargo, es una trampa muy peligrosa para el proletariado el presentar Vox como el Mal Absoluto frente al cual sus rivales de la izquierda (PSOE, Podemos) o de la derecha (PP, Ciudadanos) serían un Mal Menor al cual habría que agarrarse como clavo ardiendo. La historia nos demuestra que esta trampa de elegir plato en el menú envenenado de las fracciones capitalistas ha provocado terribles baños de sangre:  la carnicería de la Segunda Guerra Mundial (elegir entre el bando nazi y el bando democrático), la Guerra de España de 1936 (elegir entre Franco y la República) o el golpe de Pinochet (elegir entre la “unidad popular” de Allende y los militares).

El proletariado necesita combatir al capitalismo y a su Estado como un todo y no elegir el “mal menor” frente al “mal mayor”. Bajo el capitalismo, el proletariado solo tiene FALSOS AMIGOS Y ENEMIGOS DECLARADOS. Entre los partidos capitalistas no hay “mejores” o “peores” sino que TODOS SON PEOR. Como dijo Blanqui, un revolucionario del siglo XIX “los proletarios que se dejan engañar por desfiles ridículos en las calles, por plantaciones de árboles de la libertad, por las frases sonoras de los abogados, recibirán primero el agua bendita, las injurias a continuación, la metralla después, la miseria siempre”.

2.- La defensa del capitalismo va desde la extrema derecha a la extrema izquierda

En el aparato político del Capital hay un variopinto espectro que va desde la extrema derecha a la extrema izquierda pasando por todo género de nacionalismos, regionalismos y hasta candidaturas ciudadanas del estilo “Teruel Existe” (en la actual legislatura parlamentaria española hay ¡19 grupos diferentes!). Entre ellos hay divergencias, matices, y sobre todo, intereses contrapuestos de fracción, de camarilla o puramente regionalistas o localistas, sin embargo, más allá de sus conflictos de intereses, de las querellas interminables a las que se libran, TODOS están unidos por:

- la defensa del capital como modo de producción basado en la explotación del proletariado

- la defensa de la nación (sea esta española o catalana)

- la defensa del Estado

- La voluntad de controlar, dividir y aplastar al proletariado.

Esto constituye una realidad que se aplica a todos los países del mundo y que, para limitarse al caso de España, se puede comprobar si analizamos la historia de la Segunda República (1931-39) y de la restauración de la democracia (desde 1975).

En la Segunda República:

El primer gobierno (la conjunción republicano – socialista, 1931-33) asesinó a 1500 obreros en la brutal represión de las huelgas y las protestas de jornaleros en el campo, destacando la matanza de Casas Viejas donde el demócrata Azaña dio la orden de disparar a la barriga.

El siguiente gobierno presidido por la derecha (la CEDA) masacró la insurrección obrera de Asturias (1934) a lo que siguió el encarcelamiento de millares de obreros y las torturas más sádicas. En la represión colaboró Esquerra Republicana de Cataluña con su cuerpo de Escamots que se encargaban de torturar a obreros combativos, especialmente cenetistas.

En 1937, el partido “comunista” fue el principal artífice de la represión salvaje de la insurrección obrera de Barcelona, con otra montaña de cadáveres y un reguero de torturas y encarcelamientos[2].

Franco con su régimen de terror (1939-75) remató la faena comenzada por sus colegas a izquierda y derecha.

En la democracia (desde 1975):

El bautismo de fuego fue la represión de la huelga de Vitoria (marzo 1976, 5 muertos)[3]. La UCD (1977-1981) impone con el acuerdo de todos los partidos (desde la derecha de Alianza Popular hasta la izquierda del PCE) los pactos de la Moncloa que supondrán los primeros pasos en la caída de las condiciones de vida de los trabajadores. El gobierno PSOE (1982-1996) destruye UN MILLON DE PUESTOS DE TRABAJO y se mancha las manos de sangre con la muerte de 3 obreros en la represión de las huelgas (Gijón, Bilbao y Reinosa). El gobierno PP (1996-2004) emprende ataques de gran envergadura que generalizan la precariedad y hacen imposible acceder a una vivienda. El gobierno PSOE (2004-2011) abre la vía a brutales recortes en prestaciones sociales, sanidad etc., que después generalizará el gobierno PP (2011-2018) con la complicidad del gobierno regional del señor Mas que tomará a los trabajadores catalanes como conejillos de indias de un plan de recortes que se extenderá a toda España.

Vox no ha tenido ocasión de ejercer el poder -apenas ha hecho algunos pinitos en coaliciones para gobiernos autonómicos-, pero su práctica y en todo lo fundamental (defensa de España, del capital y del Estado) coincide plenamente con sus rivales del dúo PP-PSOE. Vox es otro enemigo de los trabajadores.

3.- El surgimiento de Vox: con el avance de la descomposición el monstruo franquista sale de la botella PP

Para entender por qué surge Vox tenemos que partir de dos hechos. Uno, de índole español, situado en la llamada “transición a la democracia” en los años 70 del siglo pasado; el otro ligado a lo que llamamos la Descomposición Capitalista, de carácter mundial e histórico.

Uno de los acuerdos más importantes de la transición española fue el de encargar a Fraga y su partido, primero llamado Alianza Popular y después rebautizado como Partido Popular, el encapsulamiento en su interior del importante sector franquista de la burguesía. Este mecanismo hizo del PP “el gran partido de la derecha” que abarcaba desde la extrema derecha hasta facciones liberales o incluso con toques socialdemócratas. Con este tinglado pudieron neutralizar durante casi cuatro décadas a sectores procedentes del antiguo régimen que se había vuelto inadaptado para afrontar las nuevas necesidades del capital español y especialmente frente al proletariado que, primero con las grandes huelgas de Asturias en 1962 y después con las importantes luchas del periodo 1971-76 se incorporó plenamente al renacimiento general del proletariado mundial cuyo arranque fue el Mayo de 1968.

Sin embargo, el proceso de descomposición capitalista, un fenómeno mundial que hemos identificado, vino a trastocar este artefacto bien engrasado. En las Tesis sobre la Descomposición (tesis 9) señalamos: “Entre las características más importantes de la descomposición de la sociedad capitalista, hay que subrayar la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación en el plano político. La base de este fenómeno es, claro está, que la clase dominante cada día controla menos su aparato económico, infraestructura de la sociedad. El atolladero histórico en que está metido el modo de producción capitalista, los fracasos sucesivos de las diferentes políticas instauradas por la burguesía, la huida ciega permanente en el endeudamiento con el cual va sobreviviendo la economía mundial, todos esos factores repercuten obligatoriamente en un aparato político incapaz, por su parte, de imponer a la sociedad, y en especial a la clase obrera, la "disciplina" y la adhesión que se requieren para movilizar todas las fuerzas y todos las energía para la guerra mundial, única "respuesta" histórica que la burguesía sea capaz de "ofrecer". La falta de la menor perspectiva (si no es la de ir parcheando la economía) hacia la cual pueda movilizarse como clase, y cuando el proletariado no es todavía una amenaza de su supervivencia, lleva a la clase dominante, y en especial a su aparato político, a una tendencia a una indisciplina cada vez mayor y al sálvese quien pueda[4]

Esta tendencia a la indisciplina de los distintos sectores de la burguesía que no quieren ser “los primeros en sacrificarse” y los últimos en “participar del botín”, que ponen por delante toda clase de intereses particulares, localistas, regionales etc., ha llevado a que el sector franquista que durante años se había mantenido en silencio acabara “saliendo de la botella”.

4.- Vox portavoz del nacionalismo ultra- español y de la descomposición ideológica del capitalismo

Fundado en 2013, en los primeros años Vox ha sido un partido residual, sin embargo, el contencioso catalán le ha dado un fuerte impulso. El desafío irracional y suicida de la fracción independentista catalana ha dado alas al nacionalismo español más extremista. Por causas históricas, el capitalismo español nunca ha podido apoyarse en un nacionalismo “democrático”, capaz de aunar todas sus fracciones, en especial, las regionalistas. Al contrario, “la nación española tuvo que afirmarse, desde el siglo XVI a partir del predominio brutal de la feudalidad con sus pretensiones imperiales, su extremismo católico y su pureza de sangre, conseguida mediante las expulsiones masivas de moriscos y judíos y el sadismo de la “Santa Inquisición”. El siglo XIX, el del apogeo del capitalismo, sometió el capital español a una sucesión inacabable de convulsiones (la pérdida de las colonias, las guerras carlistas, la inestabilidad gubernamental crónica) que le obligaron a afirmarse nacionalmente atado de pies y manos a sus sectores más reaccionarios. El desarrollo desequilibrado de la industria -principalmente en Cataluña- y la mala soldadura del mercado nacional, dio un poder desproporcionado a los militares castellanos que, con sus violentas acciones contra las luchas obreras aseguraban a los burgueses catalanes la “ley y el orden” y mantenían con puño de hierro la cohesión nacional. El resultado fue un nacionalismo arrogante, excluyente, muy repulsivo para las “clases populares”, que llegó al colmo con el régimen franquista. La transición democrática de 1975 tuvo que meter en el cajón toda referencia al nacionalismo españolista dando cancha al “Estado de las autonomías” y las ilusiones de una “España para todos”, cosa que la experiencia de los últimos 40 años ha desmentido radicalmente. Ahora frente al desafío de sus rivales catalanistas, el capital español se encuentra desprovisto de un nacionalismo propio presentable y tiene que recurrir al españolismo de siempre que da alas a un partido como Vox[5].

Pero Vox tiene un segundo componente, no menos importante que el primero y que lo aproxima a los partidos populistas que hoy proliferan en los países centrales (los Trump, Salvini, Le Pen u Orban). Su fondo de comercio emana igualmente de la descomposición y específicamente de la descomposición ideológica del capitalismo. La tesis 8 de las Tesis sobre la Descomposición antes mencionadas, recuerdan las “manifestaciones de la putrefacción social que, hoy, a una escala desconocida en la historia, invaden por todos sus poros a la sociedad humana, expresan no sólo la dislocación de la sociedad burguesa, sino y sobre todo la destrucción de todo principio de vida colectiva en el seno de una sociedad sin el menor proyecto, la menor perspectiva, incluso a corto plazo, incluso la más ilusoria”. Esto provoca tendencias muy destructivas: “el aumento constante de la criminalidad, de la inseguridad, de la violencia urbana (…) el aumento del nihilismo, del suicidio de los jóvenes, de la desesperanza, del odio y de la xenofobia; la profusión de sectas, el resurgir del espíritu religioso, incluidos algunos países avanzados, el rechazo hacia un pensamiento racional, coherente, construido, la invasión en esos mismos media del espectáculo de la violencia, del horror, de la sangre y de las matanzas; el "cada cual a lo suyo", la marginalización, la atomización de los individuos, la destrucción de las relaciones familiares, la exclusión de los ancianos, la aniquilación de lo afectivo y su sustitución por la pornografía, el deporte comercializado y mediatizado”.

De estos materiales podridos, Vox saca sus mantras. Uno de ellos es la nostalgia irracional de un “pasado glorioso”, que en realidad nunca ha existido, como decía un comentarista periodístico “La nostalgia franquista de Vox no aleja a este partido del radicalismo antieuropeo británico: ambos movimientos expresan la añoranza de un paisaje humano sin inmigrantes, uniforme (y jerarquizado). La añoranza de un tiempo pasado en el que sus países imperaban de manera real (imperio británico) o soñada (“la unidad de destino en lo universal” de la España franquista)[6].

Si esta insistencia puede parecer ridícula, hay otros “temas” que son siniestros y contribuyen a sembrar la división en las filas obreras. Uno de ellos es su ODIO a los emigrantes, a los que culpa de la precariedad, el desastre de los servicios de salud, el desempleo, haciendo de ellos un chivo expiatorio a los que cargar todos los males habidos y por haber. En la misma onda, está su negacionismo reaccionario del machismo contra la mujer, del desastre climático etc.

5.- Las consecuencias de la irrupción de Vox en el tablero político

En un primer momento, el PSOE infló a Vox con dos objetivos: por un lado, dividir el voto de la derecha, y, por otra parte, suscitar un voto ciego, de “mal menor” para “cerrar el paso al fascismo”. Esta jugada le salió relativamente bien en las elecciones de abril. Para las de noviembre quiso seguir el mismo juego y acabó con el sainete del traslado de los restos de Franco para seguir mendigando votos por la izquierda y alentar en lo posible el “miedo a Vox”.

Pero esta vez el truco no funcionó. Los incidentes violentos en Barcelona, alentados por manos oscuras tanto catalanistas como españolistas, propulsaron a Vox de forma espectacular. Por otro lado, los dos partidos de la derecha “civilizada” (¿?), PP y Ciudadanos, pagaron caro su estrategia de ganarle la mano a Vox en la sobrepuja de españolismo y “ley y orden”. El resultado ha sido, el hundimiento de Ciudadanos.

Globalmente, los dos partidos fundamentales del Estado español (PP, PSOE) han salido muy debilitados. El PSOE ha perdido votos respecto a abril y la ganancia del PP ha sido pobre. La presencia importante de Vox, que entre todos se han encargado de alimentar, ha alterado profundamente el juego político haciéndolo muy difícil de gestionar. El PP no puede avalar al PSOE en un gobierno de “gran coalición” o simplemente absteniéndose como hizo el PSOE en octubre 2016, pues ello supondría reforzar aún más a Vox. Y el PSOE necesita “mirar a su izquierda” si no quiere arruinar una de las armas ideológicas más importantes de la burguesía española contra la clase obrera: el antifascismo.

Tanto el ascenso de Vox, como la irresponsabilidad y las contradicciones de los “grandes partidos”, evidencian claramente lo que decíamos al principio: la creciente pérdida de control por parte de la burguesía de su juego político y especialmente de su mecanismo electoral con el cual hace pasar como “decisión popular” sus opciones políticas de gobierno. Vox representa un factor de agudización de esa crisis, no tanto por la “inteligencia” de sus “jefes políticos”, sino esencialmente por la desestabilización y contradicciones crecientes del aparato político en los países más importantes.

6.- No elegir campo en la barbarie capitalista, por la autonomía de clase del proletariado

Como hemos dicho al inicio, la burguesía ha infringido al proletariado las peores derrotas y arrastrado a la humanidad a la guerra imperialista, haciéndole elegir entre fracciones de la burguesía, fascismo – antifascismo, democracia – dictadura etc. Con ello, el proletariado ha perdido su identidad de clase y su autonomía política y se ha convertido en carne de cañón de los intereses del Capital, de sus planes de miseria, desempleo y guerra.

Guiado por esa experiencia histórica, el proletariado debe rechazar los dos polos que a través de una aparente oposición refuerzan y consolidan la dominación capitalista:

  • El antifascismo de la izquierda frente al fascismo de Vox y la connivencia con él del dúo PP – Ciudadanos.
  • Las políticas “civilizadas y democráticas” de los PP, PSOE, Podemos, frente al autoritarismo arrogante de Vox;
  • El paternalismo cínico e hipócrita de los PSOE – Podemos con los emigrantes, frente a la xenofobia y el racismo de Vox
  • La supuesta “política social” y el feminismo de los PSOE – Podemos, frente al machismo y el aberrante tradicionalismo de Vox
  • El estatismo y el aumento de impuestos “a los ricos” de los PSOE – Podemos, frente a las medidas “liberales” de reducción de impuestos del trío de derechas (Vox, PP y Ciudadanos).

Frente a esas elecciones que lo atan de pies y manos a la vorágine del capitalismo hacia la miseria, la destrucción, la guerra y la barbarie, el proletariado debe defender que:

  • NATIVA O EXTRANJERA LA MISMA CLASE OBRERA;
  • La respuesta masiva, unida y autoorganizada contra las medidas de despidos, recorte salarial, precariedad etc. que todos los gobiernos practican.
  • La perspectiva de su unidad internacional y la lucha por una sociedad sin explotación, sin fronteras, sin estados, sin división de clases, la Comunidad Humana Mundial, el Comunismo.

Smolny 16-12-19

 

[3]Ver Hace 40 años la naciente democracia española se estrenó con los asesinatos de obreros en Vitoria https://es.internationalism.org/cci-online/201603/4144/hace-40-anos-la-naciente-democracia-espanola-se-estreno-con-los-asesinatos-de 

[5]Contra la campaña de Vox en medios obreros: ¡Los obreros no tenemos patria!  https://es.internationalism.org/content/4370/contra-la-campana-de-vox-en-medios-obreros-los-obreros-no-tenemos-patria

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