Solidaridad en la lucha de todos los trabajadores, de todas las generaciones

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Los pasados 5 y 10 de diciembre: cientos de miles de manifestantes de todos los sectores, de todas las generaciones se echaron juntos a las calles contra la "reforma" de las pensiones. La rabia y la combatividad eran evidentes en las manifestaciones. Desde las luchas de 2003 y 2010 contra la reforma de las pensiones, no habíamos visto en Francia tal ambiente social, tal entusiasmo por ser tantos en movilizarse juntos contra este ataque que afecta a toda la clase de los explotados: asalariados del sector público y el privado, activos y jubilados, desempleados, precarios, estudiantes. La solidaridad en la lucha se manifiesta hoy una vez más en la voluntad de luchar no sólo para nosotros mismos, sino también para las generaciones futuras y para otros sectores. Hoy, martes 17 de diciembre, después del repelente discurso de Édouard Philippe con sus medidas que anuncian un alargamiento de los años de trabajo y una mayor pobreza para todos los pensionistas, nos hemos vuelto a movilizar y a gran escala. Debemos aprovechar este día para discutir y reflexionar juntos en las manifestaciones.

¿Cuál es el objetivo del gobierno?

El Primer Ministro Édouard Philippe y su gobierno pueden cubrir sus discursos con toda clase de pedantes mentiras, su objetivo es claro: su "reforma" de las pensiones es para que el Estado ahorre más reduciendo aún más las pensiones. Nadie se deja engañar, su "justicia social" es la disminución de nuestros ingresos, es el empobrecimiento de todos.

El gobierno, esconde (mal) su verdadero objetivo: debido a los despidos o al deterioro profesional, los trabajadores acabarán retirándose sin todas sus anualidades (o todos sus puntos) y deberán conformarse con pensiones laminadas. Muchos ni siquiera podrán ganar el ya miserable mínimo prometido de 1.000 euros porque sólo se aplica a carreras completas.

Para ocultar tal deterioro generalizado de las condiciones de vida, para dividir a los trabajadores y su lucha, el gobierno utiliza todo tipo de estratagemas. Señala con el dedo a los ferroviarios de la SNCF y de la RATP a los que califica de “egoístas privilegiados” y hasta de criminales que “toman los usuarios de rehenes”. Mediante una gran propaganda en televisión y en prensa, el gobierno hace promesas a un sector u otro, negocia ramo por ramo, corporación por corporación. A los profesores: unas migajas en primas. A los ferroviarios: algún que otro arreglo de calendario. Aparenta querer preservar a los trabajadores nacidos antes de 1975 para así dividir a jóvenes y viejos. Afirma que quiere favorecer a las mujeres cuando en realidad las trabajadoras serán como todos los demás, más pobres cuando lleguen a la edad de jubilación.

Esta "reforma" es sólo uno de los muchos ataques violentos. Por todas partes, en las fábricas y administraciones, en todas las corporaciones, en todos los sectores, en el público como en el privado, la burguesía impone las mismas condiciones de trabajo insostenibles. Por todas partes amenaza la precariedad. Por todas partes, las nuevas "reformas" anuncian un futuro aún más difícil. El objetivo del gobierno es hacer que la economía francesa sea lo más competitiva posible en el ruedo internacional, mientras que, con el empeoramiento de la crisis económica mundial, la competencia entre las naciones es cada vez más feroz. Sigue machacando y machacando, en nombre de la rentabilidad "necesaria", la competitividad "obligatoria", el equilibrio presupuestario "inevitable", mientras que los ingresos y los privilegios de los capitalistas aumentan indecentemente.

¡La unidad en la lucha es necesaria!

Durante la manifestación del 10 de diciembre en París, un ferroviario de la SNCF nos dijo estas palabras: "Dicen que luchamos por nuestros privilegios. Tengo más de 50 años. La reforma no me afectará. Pero llevo 15 días en huelga y asistiendo a la Asamblea General. No estoy luchando para mí mismo. Es para los más jóvenes. Y no sólo de la SNCF. Para todos los demás, de todas las profesiones. Tenemos todos que estar unidos. No debemos aceptar que nos desprecien de esta manera".

Y no es ése un testimonio aislado. Todo lo contrario. Esta solidaridad entre generaciones y entre sectores, este sentimiento de pertenencia al campo de los explotados, de tener que luchar juntos está presente en la mente de todos. Es ésa la particularidad del movimiento actual: tras años y años de atonía y repliegue, los trabajadores están empezando a redescubrir su capacidad para unirse, apoyarse mutuamente y luchar juntos y solidarios.

Los sindicatos han percibido esa dinámica emergente y por eso ahora se presentan sin el menor reparo como promotores de la solidaridad, cuando en realidad nunca han dejado de dividir a los trabajadores.

¡Cuidado con las trampas!

Édouard Philippe cerró su discurso del 11 de diciembre diciendo hipócritamente: "Mi mano la tiendo y nuestra puerta queda abierta". ¿Pero abierta a quién? A los "interlocutores sociales", es decir, a los sindicatos que no representan en absoluto los intereses de los trabajadores.

En efecto, desde esa fecha se han celebrado toda una serie de negociaciones con esos "interlocutores sociales", en particular sobre la cuestión de la “edad de equilibrio”[1] fijada a los 64 años, que permite a la CFDT[2] “engancharse a los vagones de la huelga” para darse una imagen más combativa. Aquí ya se atisba una primera trampa: en un futuro próximo, el gobierno podría aparentar que da marcha atrás, temporalmente, en ese aspecto particular de su reforma en el que los medios de comunicación están centrando toda la atención para despistar al personal. Los sindicatos catalogados como "reformistas" pueden entonces cacarear que han obtenido satisfacción. ¡Y así podrá comenzar la consabida labor sindical de división!

Otra trampa es previsible: mientras que ya en septiembre la combatividad era fuerte en muchos sectores, los sindicatos decidieron lanzar el movimiento… ¡el 5 de diciembre! ¿Por qué tal espera de más de tres meses? Simplemente porque las fiestas de Navidad y Año Nuevo caen a finales de diciembre. En Francia, “la tregua de los confiteros” es el peor momento, con las vacaciones, para el desarrollo de un movimiento de todos los trabajadores. Esta es una maniobra clásica del sindicato. Es muy probable que, durante esas dos semanas, jaleados por la CGT y SUD, los ferroviarios de la SNCF y de la RATP continúen la lucha casi solos. El objetivo de los sindicatos es desmigajar el movimiento, agotar su espíritu de lucha y aislar a los trabajadores del transporte, permitiendo al mismo tiempo a los medios de comunicación impulsar una intensa campaña contra los llamados "secuestradores que impiden a los trabajadores viajar y disfrutar de sus merecidas vacaciones".

De nuevo en su discurso del 11 de diciembre, Édouard Philippe afirmó con orgullo: "Hay toda una serie de puntos en los que podemos mejorar la reforma, en particular sobre los trabajos duros y penosos". Esta es la tercera trampa: el gobierno negocia ramo por ramo para dividirnos. Pero ¿con quién está llevando a cabo las negociaciones? ¡Una y otra vez con... los sindicatos! A la vez que afirman alto y fuerte que esta reforma es un ataque contra todos los trabajadores los "interlocutores sociales" se sientan en torno a la mesa de negociaciones con el gobierno (a nuestras espaldas, como siempre), para "estudiar juntos" cómo los trabajadores de la educación, el transporte, los hospitales (u otros trabajos penosos) podrían salvarse en parte y temporalmente de un aspecto u otro de la reforma. En resumen, el gobierno y los sindicatos están jugando juntos, mano a mano, ¡el juego de la división corporativista!

Recordemos que, durante años, los sindicatos han estado multiplicando las jornadas de acción corporativistas, encerrando a los asalariados en lucha en el aislamiento siempre que podían, cada uno en su empresa y con sus propias consignas y sus reivindicaciones específicas. Y cuanto más aislada está la lucha, más la hacen durar los sindicatos, hasta que los huelguistas se agotan por completo.

La caricatura de esa labor de zapa fue el llamamiento de los "colectivos" de los servicios de urgencias y los interhospitalarios a no unirse a la huelga del 5 de diciembre, en nombre de lo "específico de las reivindicaciones hospitalarias" y a no "diluirse en un movimiento ‘cajón de sastre’". Y fue así como esos "colectivos" (captados por sindicatos y grupos trotskistas) llamaron a los trabajadores sanitarios a movilizarse para una jornada de acción específica el 30 de noviembre.

Pero la reflexión de los trabajadores sobre la necesidad de luchar en unidad y solidaridad logró contrarrestar la maniobra de división corporativista orquestada por esos "colectivos": ¡Muchas enfermeras, sanitarios de urgencias e internos no siguieron finalmente las órdenes sindicales y se manifestaron los días 5 y 10 de diciembre!

No seamos ingenuos, hoy los sindicatos fanfarronean con su recuperada unidad y radicalidad anunciando que no habrá "tregua de confiteros", para hacer "impopular" la huelga de la RATP y la SNCF. Esta maniobra sólo tiene un propósito: ¡dividirnos para acabar en derrota y desmoralización!

¡Tenemos que ir más lejos en la lucha!

Todos los explotados tienen los mismos intereses que defender. Llevan a cabo la misma lucha. Sólo mediante la unidad y la solidaridad, por encima de sectores y corporaciones, podemos ser fuertes. Esta necesaria unidad en la lucha implica reconocernos no ya como ferroviarios, enfermeras, cajeros, maestros o especialistas en informática, sino como trabajadores explotados. ¡Eso es lo que demuestran una vez más las masivas manifestaciones de diciembre! ¡Eso es lo que preocupa a la burguesía francesa hoy!

Pero si seguimos confiando nuestra lucha a los sindicatos, estos bomberos sociales sabotearán el desarrollo de nuestra combatividad y solidaridad. En nombre de la unidad, nos dividirán. En nombre del radicalismo, nos agotarán. Sólo podemos confiar en nosotros mismos. Para llevar nuestras luchas más lejos, tendremos que aprender a organizarnos, convocando asambleas generales masivas, abiertas a todos, y enviando delegaciones a las empresas más cercanas a nuestro lugar de trabajo. Es posible, ya lo hemos hecho. Recordemos:

En 1968, cuando la crisis económica mundial estaba empezando a golpear de nuevo y con ella el retorno del desempleo, los trabajadores de Francia se unieron en la lucha. Tras las enormes manifestaciones del 13 de mayo para protestar contra la represión policial de los estudiantes, los paros y las asambleas generales se extendieron como un reguero de pólvora por fábricas y todos los lugares de trabajo, culminando, con 9 millones de huelguistas, en la mayor huelga de la historia del movimiento obrero internacional. Muy a menudo, esta dinámica de extensión y unidad se hizo fuera del ámbito sindical y muchos trabajadores hicieron trizas de su carné sindical después de los acuerdos del Grenelle del 27 de mayo entre los sindicatos y la patronal, acuerdos que enterraron el movimiento[3].

En la primavera de 2006, el gobierno tuvo que retirar su "Contrato Primer Empleo" ante el desarrollo de la solidaridad entre generaciones obreras. Los estudiantes precarios habían organizado asambleas generales masivas en las universidades, abiertas a los trabajadores, los desempleados y los pensionistas. Habían propuesto una consigna unificadora: la lucha contra la precariedad y el desempleo. Estas Asambleas Generales fueron el pulmón del movimiento, en ellas se celebraban debates, en ellas se tomaban decisiones, especialmente sobre los medios para ampliar la lucha. Resultado: cada fin de semana, las manifestaciones reunían a más y más sectores. Empleados y pensionistas se unieron a los estudiantes bajo el lema "“Jeunes lardons, vieux croûtons, tous la même salade[4]. La burguesía francesa, la patronal y el gobierno de Villepin, ante esta extensión y tendencia a la unificación del movimiento iniciado por los estudiantes, no tuvieron más remedio que retirar el CPE[5].

Hoy, los trabajadores asalariados, los desempleados, los pensionistas y los estudiantes no tienen todavía confianza en sí mismos, en su fuerza colectiva, para atreverse a apoderarse de su propia lucha. Pero no hay otro camino. Todas las "acciones" propuestas por los sindicatos conducen a la división, la derrota y la desmoralización. Sólo la reunión en asambleas generales abiertas, masivas y autónomas, que decidan realmente el rumbo del movimiento, puede ser la base de una lucha unida y solidaria, de todos los sectores, de todas las generaciones. Asambleas generales (AG) que permitan a todos participar en el movimiento. AGs que planteen exigencias comunes a todos. AGs en las que nos sintamos unidos y confiados en nuestra fuerza colectiva. AGs que nos permiten frustrar las maniobras de los sindicatos y tomar nosotros mismos la dirección de nuestra propia lucha.

¿Qué perspectiva?

Cuando este movimiento se detenga, porque terminará inexorablemente, los trabajadores más combativos y decididos tendrán que agruparse. Estos trabajadores deben juntarse para formar "comités de lucha" para discutir juntos, aprender las lecciones de este movimiento social, reapropiarse de las de los movimientos pasados y prepararse para futuras luchas.

A la larga, solo el proletariado podrá abrir las puertas del futuro para las futuras generaciones ante este sistema capitalista decadente que lleva en sí más y más miseria, explotación y barbarie, que lleva la guerra y las masacres como las nubes la tormenta. Un sistema que está destruyendo el medio ambiente y amenazando la supervivencia de la humanidad.

Sólo la lucha masiva, unida y autoorganizada de la clase explotada puede frenar y repeler los ataques actuales de la burguesía.

Sólo el desarrollo de esta lucha puede allanar el camino para la lucha fundamental e histórica de la clase obrera por la abolición de la explotación y el capitalismo.

Corriente Comunista Internacional, 15 de diciembre de 2019

 

 

 

[1] Según esa novedad terminológica puede uno jubilarse a los 62 años como ahora, pero tendrá una penalización. Si uno quiere la pensión completa deberá ir hasta los 64. lo que quiere decir ese lenguaje es que la jubilación será a los 64. En realidad, ya hoy la edad promedia de jubilación es casi de 64. En cierto modo, eso de la “edad de equilibrio” es relativamente poca cosa en una ley de “pensiones por puntos” que cambia las normas de contabilización a todos los niveles para rebajar drásticamente las pensiones.

Cuando la semana pasada, el primer ministro Philippe, al final de su exposición sobre la nueva ley de jubilación, se sacó de la manga lo de la “edad de equilibrio” (también llamada “pivote”) dejó a todos los comentaristas (periodistas, políticos incluidos los de la mayoría) un tanto estupefactos: ¿cómo se le ocurre sacar eso ahora, sabiendo que para los sindicatos “reformistas” es una “línea roja”, un “casus belli”?, ¿No es suficiente por ahora con lo de la jubilación universal ‘de puntos’?, “Parece una provocación”. ¿O no será por el carácter mismo del macronismo tecnocrático, insensible, deshumanizado, incapaz de comprender los entresijos de la sociedad? Sólo, algunos decían que quizás era un regalo a una buena parte de los sindicatos “reformistas” para, como dice esta hoja de nuestros camaradas de Revolution Internationale volverlos a meter en la cancha de juego. Pero estas cosas no se dicen en voz alta, y el tono, en estos últimos días no se habla más que de la batalla contra la “edad-pivote”. El miércoles 17, Philippe convocó a todos los sindicatos, uno por uno, para volver a explicarles la reforma y no “cedió en nada”. Eso sí, ahora corren rumores de que Macron insinúa que habrá que ceder en algo…

[2] Esta Confederación sindical, hoy mayoritaria en Francia. Junto con otro sindicato minoritario pero dominante en los transportes parisinos RATP (el UNSA) forman el ala sindical a la que llaman “reformista”, o sea que discute y redacta con los gobiernos las leyes sociales. Del otro lado están los sindicatos “radicales”, la CGT, antes dominante, y SUD una antigua escisión de la CFDT. Esa división del trabajo en un país con una clase obrera de gran tradición combativa podría aparecer caricaturesca sino fuera tan peligrosa.

[3] En https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201804/4296/hace-50-anos-mayo-de-1968 publicamos una recopilación de artículos sobre esta gran experiencia de la clase obrera.

[4] Juego de palabras muy popular en el hexágono francés que significa Tocino joven, picatostes viejos, la misma ensalada, es decir, unidad de jóvenes y viejas generaciones obreras.

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