Debate sobre el comunismo y el periodo de transición del capitalismo al comunismo

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Publicamos a continuación un intercambio de correspondencia que ha dado lugar a un debate argumentado y detallado sobre qué es el comunismo, como podrá llegar el proletariado a él y qué problemas se presentan en la marcha hacia esa nueva etapa en la historia de la humanidad.

La discusión sobre estas cuestiones es muy necesaria pues el proletariado y las minorías que expresan su toma de conciencia deben tener claridad sobre esta perspectiva. Ella da fuerza a las luchas inmediatas y las orienta frente a la multitud de trampas que opone la burguesía.

Sabemos que esta perspectiva histórica del proletariado es aún muy lejana. También somos conscientes del terrible golpe que sufre debido a la identificación del estalinismo con el comunismo. Esta identificación es posiblemente la mentira más monstruosa que se ha dado en la historia de la humanidad. Los regímenes de capitalismo de estado extremo que reinaron en la antigua URSS y sus satélites y que todavía existen en China, Corea del Norte, Cuba, Vietnam etc., con aspirantes tan brutales como el chavismo en Venezuela, el sandinismo en Nicaragua etc., han rendido el mejor servicio a la propaganda anticomunista del capital pues han falsificado y desnaturalizado el comunismo.

Nuestra Corriente, que se inscribe en la corriente histórica de la Izquierda Comunista, lleva denunciando desde los años 20 esta mentira, esforzándose por clarificar qué es realmente el comunismo y cómo podrá el proletariado llegar a él. En ese esfuerzo se inscriben los textos y correspondencias de compañeros (algunos ya militantes de la CCI y otros simpatizantes) de Chile, Perú y España.

Etapas para la revolución obrera al comunismo.

Carta de un simpatizante de Chile

La transformación radical del mundo, es decir, la destrucción de la sociedad capitalista y la construcción del comunismo a nivel mundial es un proceso muy complicado, que puede estar lleno de altas y bajas, de errores y equivocaciones etc. Sin embargo, creo que el proceso revolucionario debería poseer 3 etapas que son cruciales: La formación de los consejos obreros, la destrucción del estado capitalista y el poder a los consejos, la conquista de la producción y la transformación de la economía y las relaciones sociales.

1)la formación de los consejos obreros:

Sin duda esta es la primera y una de las más importantes etapas en la lucha por el comunismo y la revolución, la formación del poder obrero revolucionario y el “poder dual” frente al estado: los consejos obreros, órganos que agrupen a toda la clase obrera junto con otros sectores explotados y que respondan directamente a las asambleas obreras. Sin embargo la creación de estos órganos de poder obrero no aparecen en cualquier momento, la historia nos ha mostrado que sólo en periodos de profunda movilización (más una maduración de conciencia de las masas) se han desarrollado los consejos obreros y soviets, más específicamente son en las huelgas de masas que el proletariado ha desarrollado donde se forjan estos órganos revolucionarios, es por eso, que una posterior huelga de masas es fundamental, porque la huelga de masas permite desarrollar los órganos que tomarán todo el poder político y económico (aparte de que permite desarrollar ampliamente la conciencia de los obreros y adquirir más experiencia) ,la dictadura del proletariado es la dictadura de los consejos obreros.

2)la insurrección, destrucción del estado y el traspaso del poder a los consejos:

El segundo paso sería el tema de la insurrección de las masas y la destrucción del viejo estado burgués, puesto que el estado es un instrumento de los capitalistas que valida su poder y es en realidad una gran maquinaria que ayuda a mantener al capital y oprime a los trabajadores. La insurrección militar de los obreros y la abolición de este junto con todas sus instituciones es fundamental para la conquista del poder hacia los consejos obreros, por ende, cuanto se presente un periodo revolucionario a nivel internacional y ya hayan consejos obreros establecidos como poder dual (Como la oleada revolucionaria de 1917-23) es fundamental que creen una sección militar (como el comité militar revolucionario de los soviets) que se encargue precisamente del entrenamiento paramilitar a los trabajadores y el tema de la “insurrección”, la insurgencia y destrucción del estado es fundamental para que luego los consejos obreros tomen el poder y se conviertan en los nuevos organismo de poder político y económico.

3)Conquista de la producción y las transformaciones económicas:

Una vez destruido el estado burgués comenzará la conquista de la producción económica por parte del proletariado y el traspaso de todo el poder a los consejos obreros comenzará el “periodo de transición” y la dictadura del proletariado, o sea, el socialismo. Durante este periodo la jornada de trabajo se reducirá considerablemente y la producción será controlada mediante asambleas obreras. Es de suma importancia durante este periodo la área económica, ya que como dijo Marx, todas las sociedades y periodos históricos tienen su propio modo de producción, la producción es la que forja las sociedades, la construcción del comunismo (el verdadero comienzo de la humanidad) depende completamente de las transformaciones radicales económicas durante el periodo de transición, en el comunismo la desmercantilización del mundo se logrará completamente la abolición del capital, de la alienación y la enajenación, de las distintas contradicciones del capital llegarán a su fin en el comunismo, sin embargo, todo eso depende completamente de lo económico. Incluso debemos someter lo político a lo económico, como dijo Jan Appel (dirigente obrero del KAPD) « Lo que los obreros tienen que dirigir es el dominio de la política por la economía ».Ya durante el socialismo se debe reducir la jornada de trabajo y los productores (Mediante el control de la producción) deben recuperar el fruto de su trabajo, poco a poco la transformación radical económica que se hará durante el periodo de transición ira forjando nuevas relaciones sociales y se ira forjando poco a poco la nueva sociedad: la sociedad comunista.

Patrix

Respuesta de la CCI: Las fases de la lucha por el comunismo

Estimado compañero:

Saludamos el esfuerzo que estás haciendo para sistematizar tu comprensión de las posiciones comunistas del proletariado. El texto que nos has enviado sobre las diferentes fases en la lucha por el comunismo nos parece muy positivo.

Señalas algo crucial: “la destrucción de la sociedad capitalista y la construcción del comunismo a nivel mundial es un proceso muy complicado, que puede estar lleno de altas y bajas, de errores y equivocaciones”.

El proletariado es la primera clase revolucionaria y explotada de la historia. Ello hace que el desarrollo de su lucha y de su toma de conciencia constituya un proceso muy complejo, donde sufre numerosas derrotas y contratiempos, confusiones y errores. Dos autores comunistas ponen énfasis en esta cuestión fundamental que jamás debemos olvidar:

Marx en el 18 de Brumario de Luis Bonaparte[1]Las revoluciones burguesas, como la del siglo XVIII, avanzan arrolladoramente de éxito en éxito, sus efectos dramáticos se atropellan, los hombres y las cosas parecen iluminados por fuegos de artificio, el éxtasis es el espíritu de cada día; pero estas revoluciones son de corta vida, llegan en seguida a su apogeo y una larga depresión se apodera de la sociedad, antes de haber aprendido a asimilarse serenamente los resultados de su período impetuoso y agresivo. En cambio, las revoluciones proletarias como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás”.

Rosa Luxemburgo quien en La Crisis de la Socialdemocracia[2] considera que para el proletariado “tan gigantescos como sus problemas son sus errores. Ningún plan firmemente elaborado, ningún ritual ortodoxo válido para todos los tiempos le muestra el camino a seguir. La experiencia histórica es su único maestro, su Vía Doloroso hacia la libertad está jalonada no sólo de sufrimientos inenarrables, sino también de incontables errores. La meta del viaje, la liberación definitiva, depende por entero del proletariado, de si éste aprende de sus propios errores. La autocrítica, la crítica cruel e implacable que va hasta la raíz del mal, es vida y aliento para el proletariado”.

Así pues, el proletariado logrará conquistar su meta comunista tras una larga y durísima lucha, donde las derrotas y las desilusiones serán muchísimas más que la victorias y satisfacciones. Los revolucionarios debemos estar preparados para un trabajo a largo plazo donde hay que evitar el inmediatismo, la precipitación y el dejarse llevar por lo superficial o por la primera apariencia.

La naturaleza mundial de la revolución comunista y del comunismo

Estamos de acuerdo en que el proceso hacia el comunismo tendría las 3 etapas que señalas: “La formación de los consejos obreros, la destrucción del estado capitalista y el poder a los consejos, la conquista de la producción y la transformación de la economía y las relaciones sociales

Lo que queremos añadir es que las tres etapas solo podrán tener lugar a escala mundial, no pueden darse nacionalmente. El siniestro “Socialismo en un solo país” de Stalin fue en realidad el taparrabos de la plena integración del territorio ruso en el concierto imperialista mundial de las naciones capitalistas. De la misma manera el “socialismo en una sola fábrica” que proclama el consejismo es un engaño, como lo es también el “socialismo de aldea” tan querido por los anarquistas.

Contra esas deformaciones escandalosas de las posiciones del proletariado el comunismo solo puede ser mundial, la construcción del comunismo solo puede arrancar realmente a escala mundial y la revolución será mundial o no será. Es algo que subrayó Engels: “¿Es posible esta revolución en un solo país?, No. La gran industria, al crear el mercado mundial, ha unido ya tan estrechamente todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos civilizados, que cada uno depende de lo que ocurre en la tierra del otro. Además, ha nivelado en todos los países civilizados el desarrollo social a tal punto que en todos estos países la burguesía y el proletariado se han erigido en las dos clases decisivas de la sociedad, y la lucha entre ellas se ha convertido en la principal lucha de nuestros días. Por consecuencia, la revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se producirá simultáneamente en todos los países civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, en América, en Francia y en Alemania. Ella se desarrollará en cada uno de estos países más rápidamente o más lentamente, dependiendo del grado en que esté en cada uno de ellos más desarrollada la industria, en que se hayan acumulado más riquezas y se disponga de mayores fuerzas productivas. Por eso será más lenta y difícil en Alemania y más rápida y fácil en Inglaterra. Ejercerá igualmente una influencia considerable en los demás países del mundo, modificará de raíz y acelerará extraordinariamente su anterior marcha del desarrollo. Es una revolución universal y tendrá, por eso, un ámbito universal[3].

La formación de Consejos Obreros

Compartimos esta afirmación tuya: “la creación de estos órganos de poder obrero no aparecen en cualquier momento, la historia nos ha mostrado que sólo en periodos de profunda movilización (más una maduración de conciencia de las masas) se han desarrollado los consejos obreros y soviets, más específicamente son en las huelgas de masas que el proletariado ha desarrollado que es en donde se forjan estos órganos revolucionarios, es por eso, que una posterior huelga de masas es fundamental, porque la huelga de masas permite desarrollar los órganos que tomarán todo el poder político y económico (aparte de que permite desarrollar ampliamente la conciencia de los obreros y adquirir más experiencia) ,la dictadura del proletariado es la dictadura de los consejos obreros

El desarrollo de la lucha revolucionaria del proletariado se acompaña de la constitución de Consejos Obreros. Se tiene que producir un cambio significativo a escala mundial de la relación de fuerzas entre las clases en favor del proletariado. De otra forma, los revolucionarios pueden caer en aventuras que solo conducen a la dislocación y el oportunismo.

Un ejemplo histórico de ese error nos lo da Trotski: a partir de las huelgas en Francia de julio 1936 y de la respuesta de los obreros en España al golpe de Franco, proclama que “se abre una situación revolucionaria”. Este análisis es aberrante pues olvida que el proletariado en Alemania ha sufrido la derrota definitiva con la instauración del nazismo en 1933 y que Stalin está rematando un largo curso contrarrevolucionario en Rusia con los sanguinarios procesos de Moscú. Trotski tampoco tiene en cuenta que en las huelgas francesas los obreros cantan La Marsellesa, el himno nacional, ni que los obreros en España pronto serán desviados por la CNT y el POUM a la participación en la guerra imperialista bajo la bandera del antifascismo.

En España 1936, contrariamente a la imaginación desbocada de un revolucionario prisionero del trotskismo, Munís[4], no hubo Consejos Obreros, todo lo cual muestra la validez global de lo que señalas.

Dicho lo anterior, quisiéramos precisar que el proletariado, una vez los Consejos Obreros hayan derribado el Estado capitalista a escala mundial podrá emprender un largo y difícil proceso de eliminación de la ley del valor:  por un lado, desarticulando los mecanismos de la acumulación capitalista; por otra parte, desmontando la estructura orientada a la producción de valores de cambio sustituyéndola por el enfoque hacia la producción de valores de uso.

El proletariado no aspira a un “poder económico”. “Poder económico” significaría que es una nueva clase explotadora. Lo que aspira el proletariado es a liberar la humanidad de las leyes de la economía, en el comunismo no será la economía quien regirá la producción social sino la acción consciente y unificada de la comunidad humana mundial.

La insurrección proletaria y la toma del poder

Globalmente estamos de acuerdo con lo que dices. Disponemos en positivo de la experiencia en Rusia 1917. El proletariado evitó lanzarse a una insurrección prematura en julio de 1917 pues en ese momento, mientras los obreros de Petrogrado -la capital de entonces- estaban muy avanzados, ni los soldados y campesinos estaban dispuestos a secundarlos, ni tampoco los obreros de otras zonas de Rusia habían madurado lo suficiente en su conciencia y unidad. En tales condiciones, el gobierno de Kerenski lanzó una provocación a los obreros de la capital, pero estos, gracias a la clara percepción de los bolcheviques, evitaron la trampa.

En cambio, a partir de septiembre, reforzado el proletariado porque supo parar el golpe de Kornilov, la relación de fuerzas cambia sustancialmente. Los soldados están hartos, los campesinos se levantan en numerosas poblaciones quemando las propiedades de los terratenientes. Los Soviets de otras concentraciones industriales adoptan resoluciones pidiendo la toma del poder y proponiendo un Congreso de los Soviets de toda Rusia. Los soviets de numerosas ciudades son renovados con delegados claramente partidarios de la toma del poder. En Petrogrado, el soviet constituye un Comité Militar Revolucionario que prepara la insurrección en directa conexión con los consejos de fábrica, de barrio y de los Consejos de Soldados en los cuarteles.

Ahora bien, si todo este proceso significa que el proletariado puede lanzarse a la toma del poder, existe un factor aún más crucial: en Alemania se multiplican las huelgas y las deserciones de soldados; en varios frentes se producen episodios de insubordinación de las tropas y de fraternizaciones entre los soldados de los bandos enemigos; hay igualmente huelgas masivas en Austria, Hungría, España, Gran Bretaña etc. Lenin estima con razón que en tal contexto internacional la acción insurreccional del proletariado en Rusia puede empujar adelante la revolución mundial[5].

Estas son lecciones positivas, debemos examinar igualmente las negativas. En Alemania que es clave para que la Revolución en Rusia pueda seguir adelante -Lenin y Trotski habían insistido sin descanso en esa perspectiva- la burguesía tiende una trampa a los obreros de Berlín -los más avanzados. El resultado, a diferencia de Rusia, es que el proletariado muerde el anzuelo -pese a las advertencias de Rosa Luxemburgo- y, como consecuencia, la insurrección prematura y desorganizada es brutalmente aplastada. Ya sabemos que, a continuación, los esbirros de la Socialdemocracia asesinarán a Rosa y a Karl Liebchneck. La burguesía alemana derrotará el proletariado paquete por paquete: en abril de 1919 en Baviera donde por un mes existirá una República de Consejos; en Bremen; en el Ruhr en 1921; en Hamburgo en 1923. La unidad y la centralización del proletariado es fundamental para el éxito de la insurrección[6].

Otra lección negativa nos la da la experiencia en Italia. En 1920 las huelgas masivas en el norte son encerradas en la ocupación de fábricas. A esta trampa contribuyen tanto el partido socialista como la tendencia derechista de lo que luego sería el partido comunista encabezada por Gramsci. La tarea prioritaria y vital del proletariado es la toma del poder político y no la dispersión y disolución en una ilusoria “toma del poder económico” que dejará intacto el Estado capitalista quien, con sus agentes políticos, su policía, su ejército, su magistratura, sus sindicatos etc., podrá derrotar al proletariado fábrica a fábrica, localidad a localidad. En lugar de unirse y centralizarse en un Consejo General de Consejos Obreros, el proletariado italiano se dispersó y dividió en un mosaico de Consejos de Fábrica[7].

La transformación de la sociedad

Estamos totalmente de acuerdo en que primero el proletariado deberá tomar el poder político a través de la dictadura de los Consejos Obreros y ello constituirá el punto de partida para el cúmulo de transformaciones económicas que deberán llevar a la abolición de la explotación, la integración de todas las capas de la población no explotadora en las filas del proletariado y, por tanto, a la construcción del comunismo.

Tu formulación es la siguiente: “Una vez destruido el estado burgués comenzará la conquista de la producción económica por parte del proletariado y el traspaso de todo el poder a los consejos obreros comenzará el periodo de transición y la dictadura del proletariado”. Aquí se tiene que aclarar: ¿puede emprender el proletariado “la conquista de la producción económica” a escala de un solo país, por ejemplo, en el bastión proletario arrancado al capitalismo como fue el caso de Rusia 1917?

Nosotros pensamos que no, que el proletariado solamente podrá emprender una transformación seria y sistemática de las relaciones de producción cuando haya conquistado el poder en todos los países o, al menos, en los que son determinantes para el funcionamiento de la economía mundial.

Esto fue objeto de debate entre los bolcheviques en 1918-23 enunciándose diferentes posiciones que no podemos analizar aquí. También ha llevado a debates en la Izquierda Comunista o con grupos que no son de ella, pero que tendieron a expresar posiciones proletarias, como es el caso de Munís[8].

¿Quiere eso decir que el proletariado no haría nada en el terreno económico hasta el triunfo global de la revolución a escala mundial? Rotundamente no. El proletariado debe adoptar medidas en ese plano desde el mismo día de la toma del poder por los Consejos Obreros en un bastión proletario. Tú mismo haces hincapié en una medida fundamental “Durante este periodo la jornada de trabajo se reducirá considerablemente y la producción será controlada mediante asambleas obreras”.

En efecto, el proletariado deberá reducir sustancialmente la jornada de trabajo ya desde los primeros días de la toma del poder por los Consejos. Estos se basan en la participación masiva de todos los trabajadores. Si estos se ven agobiados por agotadoras jornadas laborales su capacidad para pensar, discutir y decidir se verá sensiblemente afectada.

Bilan, sacando lecciones de los errores cometidos en la Revolución rusa (por ejemplo, Lenin preconizaba los “sábados comunistas” para aumentar la producción y Trotski cayó en un error delirante proponiendo “la militarización del trabajo”), insistió en que se debía reducir la jornada de trabajo de forma sistemática[9].

Otro error grave que se cometió respecto a la política económica del bastión proletario es la idea de una “acumulación socialista primitiva” que teorizaron tanto Bujarin como Preobrazhensky. Pese a todas las dificultades de la economía de un bastión proletario, el proletariado debe ir desmantelando gradualmente la acumulación de capital.

Mientras en el capitalismo el desarrollo de las fuerzas productivas está encadenado a la acumulación del capital, la marcha hacia el comunismo en el periodo de transición está ligada al combate del poder mundial de los Consejos Obreros para ir liberando al proletariado y a las fuerzas naturales de los imperativos de la acumulación de capital.

Mitchell en Bilan señala que “Si el programa económico elaborado se mantiene en el marco de la construcción de la economía socialista mundial, se mantiene pues conectado a la lucha de clases internacional, el Estado proletario podrá tanto más dedicarse a su tarea de desarrollar el consumo. Por el contrario, si ese programa adquiere un carácter autónomo dedicado directa o indirectamente al "socialismo nacional", una parte creciente del plus trabajo se dedicará a construir empresas que, en el futuro, no se justificarán en la división internacional del trabajo; por el contrario, esas empresas deberán inevitablemente producir medios defensivos para "la sociedad socialista" en construcción. Veremos que ése ha sido precisamente el destino que esperaba a la Rusia soviética[10]

Así pues, el proletariado deberá desplegar una política económica en los bastiones proletarios conquistados destinada a:

  • Reducir la jornada laboral
  • Aumentar la capacidad de consumo de las masas
  • Favorecer la revolución mundial
  • Control obrero de la producción

La relación entre economía y política en el combate por el comunismo

En tu texto insistes mucho sobre el papel de la acción económica del proletariado. Así dices “Es de suma importancia durante este periodo el área económica, ya que como dijo Marx, todas las sociedades y periodos históricos tienen su propio modo de producción, la producción es la que forja las sociedades”. Más adelante subrayas que “la construcción del comunismo (el verdadero comienzo de la humanidad) depende completamente de las transformaciones radicales económicas durante el periodo de transición, en el comunismo la desmercantilización del mundo se lograra completamente, la abolición del capital, de la alienación y la enajenación, de las distintas contradicciones del capital llegaran a su fin en el comunismo, sin embargo, todo eso depende completamente de lo económico” y rematas con el siguiente aserto: “Incluso debemos someter lo político a lo económico, como dijo Jan Appel (dirigente obrero del KAPD) « Lo que los obreros tienen que dirigir es el dominio de la política por la economía »

En efecto, sin desmercantilización del mundo, sin abolición del capital, sin eliminación de la alienación y la enajenación, sin superación de las contradicciones del capitalismo, no se podrá construir el comunismo. Ya hemos explicado también las medidas económicas que el proletariado debe adoptar en los bastiones proletarios. Existe pues un vasto campo de acción de los Consejos Obreros en el terreno económico. Los obreros deberán dar primacía a sus reivindicaciones como clase frente a los intentos del estado del bastión proletario o del estado del periodo de transición para imponer medidas que suponen un ataque a sus condiciones de vida. Así Lenin, en 1920-21, insistió en que el proletariado no podía renunciar al derecho de huelga frente al estado “proletario”.

Ahora bien, es importante comprender que la naturaleza central de esa acción masiva del proletariado es política y no económica. ¿Qué quiere decir “economía”? Economía quiere decir sumisión a leyes ciegas que regulan la producción y que operan a espaldas de los hombres. ¿Habría una liberación comunista si el proletariado se dejara llevar por esas leyes ciegas de naturaleza económica? Una cosa es que el proletariado analice cuidadosamente las condiciones generales de la producción y tenga en cuenta la situación económica para articular su lucha y otra muy diferente es que se deja llevar por la economía. En contra de las posturas de bordiguistas, consejistas etc., no existe ningún automatismo económico que lleve al comunismo. Al contrario, comunismo es la liberación de las leyes económicas propias del capitalismo y de todas las sociedades basadas en la explotación. Esa liberación no podrá venir de “someter lo político a lo económico” sino del sometimiento de lo económico a la acción política del proletariado organizado en Consejos Obreros.

En el movimiento obrero ha existido y todavía existe una confusión sobre la relación entre economía y política. Marx señaló en el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política[11] que “en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual”.

De este pasaje la socialdemocracia primero, el estalinismo después y, dentro del campo proletario, bordiguistas y consejistas, sacaron la conclusión de que la economía lo determina todo y que la acción social del proletariado debe subordinarse al mecanismo económico.

Pero este no es el pensamiento de Marx puesto que si se sigue leyendo en ese famoso pasaje insiste en que “las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana”.

Esta parte se olvida y sin embargo contiene elementos muy importantes:

  • El capitalismo es la última forma antagónica del proceso social de producción
  • las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo
  • Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana

1º El proletariado es la primera clase de la historia que, naciendo de una situación económica, puede tomar conciencia de la realidad social y emprender una acción política para transformarla. Conciencia no es lo mismo que ideología. Hasta la llegada del proletariado, las clases sociales que lo han precedido comprendían las cosas de forma ideológica, mistificada, siendo pues juguete de leyes económicas que escapaban a su control y que no quedaba más remedio que someterse a ellas y dejarse llevar por ellas.

2º El comunismo es la sociedad que cierra la prehistoria de la sociedad humana. La prehistoria de la sociedad humana es la del sometimiento económico a las relaciones de producción y a sus contradicciones con el desarrollo de las fuerzas productivas, mientras que la historia es el comienzo de la acción social colectiva y unificada de los hombres sobre sus necesidades y sobre la evolución natural. El comunismo es la primera sociedad donde la humanidad ya no está sometida a leyes económicas ciegas, sino que actúa conscientemente para transformarse y transformar el mundo.

Por esta razón, Marx llevó un combate a muerte contra el economicismo determinista de Proudhon que proclamaba que los obreros no debían unirse ni hacer huelga porque las leyes económicas destruirían todo lo que lograran. Abordando globalmente la postura de Proudhon, Marx denunciaba en La miseria de la filosofía[12] que “Los socialistas dicen a los obreros: No os unáis en coaliciones, porque, a fin, de cuentas, ¿qué saldríais ganando? ¿Un aumento de salarios? Los economistas os demostrarán hasta la evidencia que los pocos céntimos que podríais ganar por unos momentos en caso de éxito serían seguidos de un descenso del salario para siempre. Expertos calculadores os demostrarán que serían precisos muchos años para que el aumento de los salarios pudiese compensar, aunque sólo fuera los gastos necesarios para organizar y mantener las coaliciones. Y nosotros, como socialistas, os diremos que, independientemente de esta cuestión de dinero, con las coaliciones no dejaréis de ser obreros, y los patronos serán siempre patronos. Por tanto, nada de coaliciones, nada de política, pues organizar coaliciones ¿no significa acaso hacer política?

Explicaba a continuación que “La gran industria concentra en un mismo sitio a una masa de personas que no se conocen entre sí. La competencia divide sus intereses. Pero la defensa del salario, este interés común a todos ellos frente a su patrono los une en una idea común de resistencia: la coalición. Por tanto, la coalición persigue siempre una doble finalidad: acabar con la competencia entre los obreros para poder hacer una competencia general a los capitalistas. Si el primer fin de la resistencia se reducía a la defensa del salario, después, a medida que los capitalistas se asocian a su vez movidos par la idea de la represión, las coaliciones, en un principio aisladas, forman grupos, y la defensa por los obreros de sus asociaciones frente al capital, acaba siendo para ellos más necesario que la defensa del salario. Hasta tal punto esto es cierto, que los economistas ingleses no salían de su asombro al ver que los obreros sacrificaban una buena parte del salario en favor de asociaciones que, a juicio de estos economistas, se habían fundado exclusivamente para luchar en pro del salario. En esta lucha verdadera guerra civil se van uniendo y desarrollando todos los elementos para la batalla futura. Al llegar a este punto, la coalición toma carácter político

De este desarrollo sacaba la conclusión que “No digáis que el movimiento social excluye el movimiento político. No hay jamás movimiento político que, al mismo tiempo, no sea social. Sólo en un orden de cosas en el que ya no existan clases y antagonismo de clases, las evoluciones sociales dejaran de ser revoluciones políticas. Hasta que ese momento llegue, en vísperas de toda reorganización general de la sociedad, la última palabra de la ciencia social será siempre: Luchar o morir; la lucha sangrienta o la nada. Es el dilema inexorable”.

Por esa misma razón, ante el renacimiento de un economicismo fatalista y determinista en las filas de la socialdemocracia, Engels se veía obligado a aclarar que[13]Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda (…), poniendo en guardia contra una vulgarización economicista de las posiciones del marxismo y reconociendo que el combate que habían tenido que llevar contra las visiones idealistas había podido dar lugar a un “exceso” de economicismo: “el que los discípulos hagan a veces más hincapié del debido en el aspecto económico, es cosa de la que, en parte, tenemos la culpa Marx y yo mismo. Frente a los adversarios, teníamos que subrayar este principio cardinal que se negaba, y no siempre disponíamos de tiempo, espacio y ocasión para dar la debida importancia a los demás factores que intervienen en el juego de las acciones y reacciones. Pero, tan pronto como se trataba de exponer una época histórica y, por tanto, de aplicar prácticamente el principio, cambiaba la cosa, y ya no había posibilidad de error”.

CCI 18-3-1

Cuestiones sobre el Periodo de Transición: respuesta a dos dudas de un camarada de INTERNACIONALISMO Perú

A propósito de la discusión con un compañero de Chile, planteas dos cuestiones que te suscitan dudas:

- sobre la dualidad de poder

- sobre la formación de un Ejército Rojo

La dualidad de poder

La revolución de 1917 planteó la cuestión. Los soviets formados en febrero llegaron a ser un poder alternativo capaz de desafiar el poder del Estado Capitalista. Es una situación que Trotski caracterizó como de “doble poder” y que es altamente inestable y no puede alargarse demasiado pues tiene que decantarse bien hacia el aplastamiento de los Soviets -como lo intentó el golpe de Kornilov en agosto de 1917- o bien hacia la insurrección proletaria y la toma de poder por los Soviets como logró con éxito el movimiento de octubre 1917.

En Alemania empezaron a formarse Consejos Obreros en noviembre de 1918, más aún que en Rusia, dada la fuerza potencial del proletariado en Alemania, esta red de Consejos Obreros amenazaba directamente el Estado burgués, sin embargo, este reaccionó rápidamente. El proletariado más avanzado, el de Berlín, fue empujado a una insurrección prematura y con ello en enero 1919 fue aplastado y Rosa Luxemburgo y Karl Liebchneck, asesinados. La posibilidad de una dualidad de poder fue rápidamente cortocircuitada por la burguesía alemana.

El proletariado debe reforzar el poder de sus Consejos Obreros, renovarlos constantemente con delegados capaces de expresar y desarrollar el impulso hacia la toma del poder y debe acometer esta en las mejores condiciones no solamente a nivel del país sino sobre todo a nivel internacional. Uno de los argumentos que Lenin empleó para señalar que la insurrección era urgente fue precisamente que la situación internacional estaba madurando y la toma del poder en Rusia podría acelerar la movilización internacional del proletariado.

El Ejército Rojo

La toma del poder en un país, lo que se llama el bastión proletario, desata como demuestra la experiencia de la Rusia soviética entre 1917-23, una conspiración permanente y generalizada de la burguesía para aplastar el bastión proletario. Esto no solamente se vio en Rusia sino igualmente en los momentos muy breves donde el proletariado logró tomó el poder muy frágilmente en Baviera (abril 1919, que duró apenas un mes) y Hungría entre el 19 de marzo y el primero de agosto de 1919[14].

El bastión proletario tiene necesidad de defenderse y ello le obliga a formar órganos propios del Estado, concretamente una Checa y un Ejército Rojo. El Ejército Rojo fue formado para hacer frente a la guerra civil que desde abril de 1918 desencadenan ejércitos checos, franceses, ingleses, japoneses, norteamericanos, apoyando a una jauría de ejércitos blancos que alistaba a los perdedores de la revolución en Rusia. Fue una de las guerras más crueles y devastadoras que se conocen, provocó más de 6 millones de muertos en el corto lapso de 3 años.

Formar pues un Ejército Rojo es una necesidad imprescindible que, a la vez, entraña graves peligros para el proletariado. Como señalamos en 4º artículo de la Serie ¿Qué son los Consejos Obreros?[15]Ambos órganos -la Checa y el Ejército Rojo- no son una simple herramienta que se puede usar a conveniencia, son estructuras estatales y por tanto constituyen desde el punto de vista del proletariado armas de doble filo; es obligatorio usarlos mientras la burguesía no haya sido definitivamente derrotada a nivel mundial, pero su uso entraña graves peligros pues ellos tienden a hacerse autónomos respecto al poder proletario”.

Preguntándose el artículo “¿Por qué un órgano creado para defender a los soviets se vuelve contra ellos?”, su respuesta es que “El ejército es un órgano estatal cuya existencia y funcionamiento tienen necesariamente consecuencias sociales, ya que requieren de una disciplina ciega, una jerarquía rígida en su cúpula, con un cuerpo de oficiales que sólo obedecen al mando gubernamental. Esto intentó paliarse con la creación de una red de comisarios políticos, formada por obreros de confianza, destinada a controlar a los oficiales. Pero los efectos de tal medida fueron muy limitados y hasta resultaron contraproducentes -los comisarios políticos también se transformaron en una estructura burocrática más”. El resultado fue que “Las necesidades imperiosas de la guerra y la sumisión ciega a las exigencias del Ejército Rojo llevaron al gobierno, en el verano de 1918, a formar un Comité Militar Revolucionario, que no se parecía en nada al que condujo la insurrección de octubre, pues lo primero que hizo fue nombrar Comités Revolucionarios locales que fueron imponiendo su autoridad a los soviets. Progresivamente, tanto el Ejército Rojo como la Checa, armas en principio destinadas a defender el poder de los soviets, se independizaron, se hicieron autónomos, y acabaron volviéndose contra ellos

No podemos desarrollar aquí qué puede hacer el proletariado ante esa contradicción -necesidad del ejército rojo y a la vez el grave peligro que entraña-. Es un problema que se plantea a lo largo de todo el período de transición del capitalismo al comunismo y que globalmente se resume en que el proletariado necesita un semi estado de transición y a la vez debe protegerse contra él y debe llevar un combate incansable para extinguirlo definitivamente. De ahí que la CCI haya sacado lecciones que se condensan en los documentos que adoptó nuestro Tercer Congreso Internacional (1979)[16]. El eje central de sus análisis está en continuidad con los estudios sobre el tema de Bilan y de Internationalisme y puede sintetizarse así:

El Estado, en la medida en que se reconstituye después de la revolución, expresa la inmadurez de las condiciones de la sociedad comunista. Es la superestructura política de una estructura económica que no es todavía socialista. Permanece como algo extraño y opuesto al socialismo. Del mismo modo que la fase transitoria es algo inevitable histórica y objetivamente y por la que tiene que pasar el proletariado, el Estado es un instrumento de violencia inevitable para el proletariado, quien lo utiliza contra las clases que ha expropiado, pero con el cual no puede identificarse (...). La experiencia rusa puso particularmente en evidencia el error teórico de la noción de estado obrero y de la identificación de la dictadura del proletariado con la utilización, por el proletariado, del instrumento de coerción que es el Estado. Internationalisme saca de la experiencia de la revolución rusa la necesidad vital para el proletariado de aprender a ejercer un control estricto y permanente sobre el aparato de Estado siempre listo para convertirse, al menor retroceso, en la fuerza principal de la contrarrevolución.

Notas para un debate sobre el periodo de transición

Se trata de la presentación realizada para una discusión sobre la Transición del Capitalismo al Comunismo en la sección de la CCI INTERNACIONALISMO Perú.

La presentación se basa en los siguientes documentos:

  • el libro de Lenin El Estado y la Revolución
  • los artículos que emanaron de las discusiones habidas en los primeros tiempos de la Corriente (1976-80), algunos de los cuales han aparecido en la Revista Internacional
  • varios artículos consagrados al tema de la Serie sobre el Comunismo.

La subestimación de la cuestión del Estado en el movimiento obrero anterior a 1917

La teoría para el proletariado es un arma de conocimiento científico de la realidad evolutiva del mundo. La teoría revolucionaria no se concibe nunca como una especulación abstracta, aunque durante mucho tiempo las reflexiones y conclusiones que saca no tengan una consecuencia práctica inmediata o un resultado tangible. Sin embargo, en determinadas situaciones donde la evolución histórica culmina una serie de tendencias largo tiempo maduradas, la teoría revolucionaria se convierte en un arma decisiva para la vida de millones de personas y para el futuro de la humanidad.

Es lo que pasó con la cuestión del Estado. En los primeros años 40 del siglo XIX, las reflexiones de Marx sobre el Estado podían parecer un asunto estrictamente filosófico de crítica a la idealización que Hegel hacía de éste. Sin embargo, en los años 70 de dicho siglo, las conclusiones que Marx y Engels sacaron sobre la necesidad de destruir el Estado burgués y la de abrir un proceso de extinción del nuevo Estado que nace como una lapa pegada a la revolución proletaria, fueron el producto de una reflexión profunda sobre una experiencia concreta vivida por el proletariado: la Comuna de París[17].

Pero estas lecciones quedaron enterradas en el olvido durante el periodo de la 2ª Internacional. ¿Por qué?

Podemos aducir varias razones:

1ª Mientras en la etapa histórica que va de 1848 a 1871 en los revolucionarios –incluso en el sector marxista que era el más lúcido- existía la idea de una especie de “revolución permanente e ininterrumpida” fundada en aprovechar las convulsiones enormes de las revoluciones burguesas y el protagonismo indudable que en ellas tuvo el proletariado para “continuar la marcha hacia el comunismo”, la derrota de la Comuna de París permite comprender que se abría un largo periodo donde lo prioritario era la organización del proletariado para la lucha por mejoras y reformas dentro de los límites de la sociedad capitalista –el programa mínimo- desde luego en la perspectiva de crear las condiciones para la revolución, el programa máximo.

En semejante contexto, las importantes y lúcidas conclusiones extraídas por Marx y Engels sobre la Comuna fueron gradualmente relegadas como algo referido a un futuro muy lejano que no cabía abordar. Aunque hubo algunos debates sobre la “futura sociedad” (la Serie sobre el Comunismo hace referencia a ellos) la tónica general fue el olvido de la cuestión del Estado.

2ª Este olvido se hizo cada vez más intenso en la medida en que se trataba de utilizar los cauces del Estado Capitalista (parlamento, elecciones, administración municipal etc.) como palancas para reforzar las posiciones del proletariado en el contexto histórico de la época de apogeo del capitalismo (1871-1914).  Aunque, siempre prevaleció la idea de no asociarse al ejercicio del gobierno[18], la contaminación del movimiento obrero por ideas propias de la lógica estatal –delegación del ejercicio del poder; el Estado como órgano que estaría por encima de las clases (o podría llegar a serlo); afición a los métodos burocráticos y administrativos; desconfianza de la acción de masas etc.- se hizo cada vez más evidente a medida que el oportunismo iba carcomiendo a la socialdemocracia[19].

3ª En este olvido de las lecciones de la Comuna interviene indudablemente la presión de la ideología burguesa. Esta es fundamentalmente pragmática e inmediatista, alienta la búsqueda de resultados al precio que sea y estimula las tendencias a verlo todo en el corto plazo. El tema del Estado quedaba como una cuestión para las calendas griegas…

4ª Sin embargo, la principal consecuencia de la presión de la ideología dominante es lo que Engels estigmatizaba como “la veneración supersticiosa del Estado”. Esta veneración fue penetrando hasta la médula en los rangos de la socialdemocracia. Las sociedades de clase nos acostumbran a creer que el Estado es imprescindible, a confundir la administración de las cosas con la administración de los hombres, a identificar falsamente Estado como comunidad o con la sociedad civil misma etc.

En estas condiciones generales, a pesar de que, en la segunda década del siglo XX, en la socialdemocracia se atisbaban los nubarrones conducentes a crisis revolucionarias, la reflexión sobre la cuestión del Estado, la repesca al menos de las enseñanzas de Marx y Engels sobre la Comuna fue prácticamente inexistente con la única excepción de unas reflexiones muy generales y aproximativas de Pannehoek en 1912.

Solamente, al calor de los acontecimientos revolucionarios de 1917, empezó a abordarse la cuestión del Estado.  Lenin rescató ese inmenso caudal teórico con el libro El Estado y la Revolución[20] convirtiéndolo en una cuestión candente: «Los inauditos horrores y calamidades de esta guerra interminable hacen insoportable la situación de las masas, aumentando su indignación. Va fermentando a todas luces la revolución proletaria internacional. La cuestión de la actitud de ésta hacia el Estado adquiere una importancia práctica»[21]

Pero es preciso ver las terribles limitaciones que tuvo ese esfuerzo. En primer lugar, Lenin no pudo acabar su obra. Su proyecto de actualizar las enseñanzas de la Comuna a la luz de la experiencia de los Consejos no se realizó. Su libro ¡no apareció hasta el verano de 1918 cuando se empezaban a hacer evidentes los signos negativos del cáncer estatal sobre el régimen soviético! Por último, no hubo un debate de masas sobre el tema ni tampoco la obra de Lenin suscitó un debate a escala internacional.

Una vez tomado el poder, los Consejos Obreros, los Soviets, se toparon de frente con la cuestión del Estado. El Estado burgués había sido destruido en Rusia con la insurrección de octubre, pero el nuevo Estado que surgía inevitablemente ¿qué características tenía? ¿Qué clases sociales lo respaldaban? ¿Los Soviets debían supeditarse a él e identificarse sin reservas con él? Los obreros rusos se enfrentaban sin apenas referencias teóricas generales a la cuestión del Estado, en un contexto donde el reformismo y el oportunismo socialdemócrata habían viciado largamente las conciencias con “una veneración supersticiosa del Estado”. Todo esto iba a pagarse muy caro.

La destrucción del Estado burgués y la extinción del Estado del Periodo de Transición

En El Estado y la Revolución, Lenin formuló con toda claridad los dos ejes que los revolucionarios debían afirmar en torno a la cuestión del Estado:

1º Frente a las confusiones de la socialdemocracia que proponía tomar el poder del Estado capitalista por la vía parlamentaria, la necesidad de destruir el Estado Capitalista en todos los países

2º Frente a la “veneración supersticiosa del Estado”, dominante en la socialdemocracia, la necesidad de abrir desde “el día siguiente de la revolución” un proceso de extinción de nuevo Estado que surge inevitablemente con ella.

Sobre este segundo punto la reflexión en el movimiento obrero e incluso en las filas de la Izquierda de la socialdemocracia, estaba muy atrasada. El libro de Lenin era algo desgraciadamente aislado y no hubo apenas un debate a escala internacional. Existía un fuerte retraso, consecuencia del peso que el conservadurismo y el dejarse mecer en el sueño dorado de la “conquista pacífica del Estado” habían tenido en la gran mayoría del movimiento obrero. La guerra del 14 provocó un terrible despertar, del sueño de un progreso gradual e ininterrumpido se pasó directamente a la peor de las pesadillas. En esas condiciones el movimiento obrero sufrió un grave retraso en su conciencia, de la noche a la mañana tenía que examinar críticamente las posiciones hasta ese momento predominantes, adoptar nuevas posiciones que permitieran comprender la guerra y lo que ella comportaba: la entrada del capitalismo en el periodo de decadencia y por tanto de la necesidad imperiosa de la revolución proletaria mundial.

Era inevitable que, ante las nuevas condiciones, ante las nuevas tareas, en particular ante la tarea titánica de la revolución mundial, se cometieran errores. El proletariado padecía un importante retraso en el desarrollo de su conciencia, la dinámica objetiva se desenvolvía a una velocidad muy superior a la que seguía la conciencia subjetiva. Como dijo Rosa Luxemburgo, la lógica del proceso histórico se imponía a la lógica subjetiva de sus protagonistas.

Este retraso afectó sobre todo a la 2ª posición enunciada por Lenin: la extinción del Estado del periodo de transición.

La posición del proletariado ante el Estado no es abstracta sino concreta. Frente al Estado burgués su postura es destruirlo hasta que no quede de él piedra sobre piedra. Su postura sobre el Estado que surge con la Revolución es la de su extinción progresiva, proceso que camina en reciprocidad y concomitancia con el avance hacia el comunismo.

Sin embargo, en el proletariado hay una postura general e histórica: todo Estado –incluido por tanto el “estado comuna” del periodo de transición- encierra peligros graves para la lucha proletaria por el comunismo pues todo Estado está vinculado a la existencia de clases y rechazará el proceso de desaparición de las clases sociales y manifestará una virulenta resistencia conservadora frente a la marcha hacia el comunismo.

El Estado es un órgano con fecha de caducidad. Ni ha existido siempre ni existirá siempre. Su existencia está indisolublemente ligada a la sociedad dividida en clases. Surgió con el final del comunismo primitivo y el desarrollo de las clases sociales y morirá con la desaparición de las clases. «El Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni del Poder estatal. Al llegar a una determinada fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo que el Estado se convirtiese en una necesidad. Ahora nos acercamos con paso veloz a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un obstáculo directo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de las clases, desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre e igual de productores, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce» (citado por Lenin pag 307 de la edición española de sus Obras Escogidas capítulo I parágrafo 3: El estado, instrumento de explotación de la clase oprimida).

En El Estado y la Revolución, Lenin había señalado que, tras destruir el Estado burgués, se hace inevitable el surgimiento de un nuevo Estado. Pero Lenin no considera que el Estado le pertenezca sin reservas al proletariado, ni tampoco piensa que puede utilizarse sin ningún problema ni contradicción con los fines comunistas. Al contrario, Lenin fustiga “la veneración supersticiosa del Estado” que había dominado a la socialdemocracia y, siguiendo a Engels, plantea la necesidad de limitar sus efectos negativos, de acometer “desde el día siguiente de la revolución” la extinción del Estado[22].

Aquí había que recoger una preocupación justa expresada por el anarquismo más allá de las formulaciones erróneas de éste en la mayoría de sus tendencias. El anarquismo pone el énfasis en los peligros de la utilización del Estado y en que el comunismo es una sociedad sin Estado. En ambas cuestiones hay plena coincidencia entre los marxistas y los anarquistas. Como dice Lenin «Nosotros no discrepamos en modo alguno de los anarquistas en cuanto al problema de la abolición del Estado, como meta final. Lo que afirmamos es que, para alcanzar esta meta, es necesario el empleo temporal de las armas, de los medios, de los métodos del Poder del Estado contra los explotadores, como para destruir las clases es necesaria la dictadura temporal de la clase oprimida. Marx elige contra los anarquistas el planteamiento más tajante y claro del problema: después de derrocar el yugo de los capitalistas, ¿deberán los obreros "deponer las armas" o emplearlas contra los capitalistas para vencer su resistencia? Y el empleo sistemático de las armas por una clase contra otra clase, ¿qué es sino una "forma transitoria" de Estado?» (Capítulo IV: Polémica con los anarquistas, pag 344)

El proletariado es partidario de la centralización. Para él la centralización no es burocrática y jerárquica, sino que se basa en una unidad profunda y solidaria de todas sus partes. Es una unidad que integra las iniciativas, la creatividad, el tratamiento de los problemas más locales o específicos desde un prisma unitario y general y simultáneamente el tratamiento por todas las partes de los problemas generales. En el periodo de transición del capitalismo al comunismo existen dos candidatos a la centralización de las fuerzas productivas y las actividades sociales. De un lado, el semi- estado, de otro lado, la red de los Consejos Obreros.

«El análisis de los internacionalistas holandeses se aleja del marxismo, porque no pone en evidencia una verdad de base: el proletariado estará obligado a soportar la "plaga" del Estado hasta la desaparición de las clases, o sea hasta la abolición del capitalismo mundial. Pero subrayar esa necesidad histórica es admitir que las funciones estatales se confunden todavía temporalmente con la centralización, aunque ésta, gracias a la destrucción de la máquina opresiva del capitalismo, ya no se opone al desarrollo de la cultura y de la capacidad de gestión de las masas obreras»[23].

Podemos presumir que habrá una disputa por la centralización entre el Estado y los consejos. Estos deben arrebatarle funciones de centralización hasta desposeerlo de ellas. Son pasos necesarios hacia una plena unidad social que va en concomitancia con la desaparición de las diferencias de clase que todavía persisten. En primer lugar, el proletariado debe mantener y desarrollar a toda costa una centralización internacional de los consejos obreros y oponerla a la tendencia irresistiblemente nacional que tendrá el Estado de transición. En segundo lugar, a medida que se desarrolla el avance hacia el comunismo, la centralización de la producción social debe tener un carácter cada vez más internacional y esto tenderá a escapar de las manos del Estado para trasladarse a la del proletariado organizado.

Las dos funciones del Estado

Lenin recoge una cita de Engels donde se exponen las dos funciones del Estado:

«El Estado -- dice Engels, resumiendo su análisis histórico -- no es, en modo alguno, un Poder impuesto desde fuera a la sociedad; ni es tampoco 'la realidad de la idea moral', 'la imagen y la realidad de la razón', como afirma Hegel. El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado consigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso se hizo necesario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del 'orden'. Y este Poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado» (págs. 177 y 178 de la sexta edición alemana).

El Estado es un órgano de la clase dominante, pero es a su vez un órgano encargado de evitar que los conflictos de clase destruyan la sociedad. Esas son las dos funciones que tiene el Estado. La primera significa que la clase dominante utiliza el Estado para aplastar a las clases dominadas. La segunda que esto debe hacerlo con inteligencia política, velando por que los conflictos de clase no desemboquen en la destrucción de la sociedad.

¿Cuál es la actitud del proletariado ante esas dos funciones del Estado? ¿Puede ser la misma que la de la burguesía? Ya sabemos cómo utiliza la burguesía el Estado: cómo órgano propio machaca y aplasta cualquier intento de lucha proletaria. Respecto a la segunda función procura darle un carácter democrático-representativo para evitar que los conflictos sociales se le escapen de las manos. Las dos funciones de represión y representación se combinan para hacer del Estado el órgano exclusivo de la minoría explotadora que vela por una mínima cohesión social para mantener su dominación.

Pero en el proletariado las cosas no se plantean de manera tan simple. Como dice Marx en El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, todas las revoluciones anteriores a la revolución proletaria perfeccionaron la máquina del Estado mientras que lo que ésta necesita es romperlo, destruirlo. Sin embargo, necesita mantenerlo todavía para dos funciones:

  • Reprimir a la clase explotadora hasta su derrota total, tarea que no es de un día ni de dos, sino que abarca todo un periodo que se puede denominar Guerra Civil Mundial
  • Dado que “el día después de la revolución” subsisten clases intermedias que no están con la burguesía, pero tampoco están con el proletariado, encontrar un cauce para que los conflictos inevitables con ellas no destruyan una sociedad que está todavía en transición hacia el comunismo.

La primera función exige plenamente la utilización del Estado como órgano de opresión de una clase sobre otra. «El Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra es la creación del "orden" que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre las clases» (pag. 301).

Es un Estado que tiene como fin «someter por la violencia a sus adversarios, es un absurdo hablar de un Estado libre del pueblo: mientras el proletariado necesite todavía del Estado, no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir» (Engels, carta a Bebel).

El proletariado en ese periodo de transición hasta la plena entrada en el comunismo requiere del Estado para reprimir a la burguesía y para enfrentar las acciones armadas del capital mundial contra los bastiones proletarios. Esto debe hacerlo de forma enérgica sin que le tiemble la mano. «Dos de las críticas más severas que Marx hizo a la Comuna fueron que no usó esa fuerza como era necesario, deteniéndose, presos de un temor reverencial a las puertas del Banco de Francia, en vez de ocuparlo y utilizarlo como medio de presión contra la burguesía; y, por otro lado, que no consiguiera lanzar una ofensiva contra Versalles, cuando estos todavía carecían de los recursos necesarios para ejecutar su ataque contrarrevolucionario contra la capital» (Revista Internacional nº 77, Serie El Comunismo, 1871, la primera dictadura del proletariado, ver http://es.internationalism.org/rint77comuna ).

Dicho de forma simple: el proletariado necesita un ejército, una fuerza armada, es decir, el principal de los órganos del Estado. «Tenemos derecho a hablar de destacamentos especiales de hombres armados, pues el Poder público propio de todo Estado "no coincide directamente" con la población armada, con su "organización armada espontánea"» (pag.- 302).

¿Puede el proletariado una vez tomado el poder pasar a realizar inmediatamente su “organización armada espontánea”? Así lo pensó Marx que destaca que «el primer decreto de la Comuna de París fue la abolición del ejército permanente para sustituirlo por el pueblo armado» (citado por Lenin).

Sin embargo, se ve claramente que en Rusia eso no pudo ser: es cierto que la insurrección fue llevada a cabo por “el proletariado en armas” expresado a través del órgano soviético del Comité Militar Revolucionario. Pero una vez tomado el poder, se produjo una enorme descompresión: el ejército se disolvió sometido a enormes fuerzas centrífugas y cayó en un avanzado estado de descomposición. Por otro lado, se produjo una desmovilización de las milicias obreras y llegó un momento –enero 1918- precisamente con las negociaciones de Brest Litovks con el ejército alemán donde Rusia estaba completamente indefensa, si el ejército alemán hubiera seguido adelante el poder soviético habría sido aplastado.

Se vio claramente que no se podía hacer frente con simples guerrillas o con milicias armadas más o menos espontáneamente a la máquina gigantesca del ejército alemán y después a los múltiples ejércitos blancos y de las distintas potencias imperialistas que desde mediados de 1918 asediaron al poder soviético. Para salir victorioso de esa terrible prueba hacía falta la organización del ejército rojo con todos los riesgos que ello conllevaba para el futuro de la propia revolución.

Así pues, el proletariado en Rusia se encontró de bruces, a partir de abril 1918, con un problema enorme, con una contradicción de gran envergadura: por un lado, necesitaba formar a toda prisa un Ejército Rojo si quería salir victorioso de la brutal guerra militar que le impuso todo el imperialismo mundial. Pero ese Ejército Rojo era el órgano estatal por excelencia y se podía volver fácilmente contra el propio poder proletario pues llevaba en su seno una tendencia difícilmente resistible de reforzamiento y autonomización del Estado. Hay un dicho que reza: “es peor el remedio que la enfermedad”. En realidad, la revolución rusa se topó con la realidad de que enfermedad y remedio se reforzaban mutuamente siempre en el sentido de la primera.

¡Y el proletariado en Rusia no podía proceder de otra manera! Este problema reflejaba la relación de fuerzas desfavorable con la burguesía mundial. Expresaba el hecho de que el resto del proletariado internacional no estaba en condiciones de realizar el proceso que había ocurrido en Rusia de manera muy avanzada de descomposición del ejército. En Alemania este fenómeno tardó en darse y solo estalló a plena luz a partir del otoño de 1918 conduciendo a la revolución de noviembre. En Gran Bretaña y Francia hubo diferentes conatos de sublevación de soldados, pero globalmente sus Estados respectivos pudieron salir del paso licenciando a las tropas de reemplazo y sustituyéndolas por fuerzas coloniales. En los ejércitos de Estados Unidos y Japón apenas hubo tímidos movimientos de protesta.

 

[4] Ver en nuestro libro 1936: Franco y la República masacran al proletariado, el capítulo dedicada a la crítica del libro de Munís Jalones de derrota, promesas de victoria, https://es.internationalism.org/cci/200602/753/1critica-del-libro-jalones-de-derrota-promesas-de-victoria

[5] Sobre la revolución en Rusia puedes consultar: el Manifiesto de nuestro 22º Congreso Internacional: https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201710/4237/manifiesto-de-la-corriente-comunista-internacional-sobre-la-revolucion ; el folleto que hemos escrito: https://es.internationalism.org/series/529 , y también la lista de artículos que hemos publicado: https://es.internationalism.org/cci-online/200805/2245/lista-de-articulos-sobre-la-revolucion-rusa

[6] Para un estudio de la experiencia alemana puedes consultar nuestro folleto sobre ella, https://es.internationalism.org/files/es/pdf/folleto_revolucion_en_alemania_1918-23_2.pdf y también la lista de artículos que hemos escrito sobre la tentativa revolucionaria en Alemania de 1918-23: https://es.internationalism.org/content/4373/lista-de-articulos-sobre-la-tentativa-revolucionaria-en-alemania-1918-23

[8] Nos parece llena de enseñanzas a este respecto la polémica con FOR sobre Rusia 1917 y España 1936, ver Las confusiones del FOR sobre Octubre 1917 y España 1936 en https://es.internationalism.org/content/4388/las-confusiones-del-sobre-octubre-1917-y-espana-1936

[10] El subrayado es nuestro. Queremos precisar que nosotros no compartimos la visión que tenía Bilan de un “estado proletario”. Para nosotros el Estado es un mal inevitable del periodo de transición que la dictadura del proletariado organizada en el poder mundial de los Consejos Obreros (¡y no en el poder de un pretendido “estado proletario”!) debe ir extinguiendo hasta su desaparición definitiva.

[17] “En Marx no hay ni rastro de utopismo, pues no inventa ni saca de su fantasía una ‘nueva’ sociedad. No, Marx estudia cómo un proceso histórico-natural, como nace la nueva sociedad de la vieja, estudia las formas de transición de la segunda a la primera. Toma la experiencia real del movimiento proletario de masas y se esfuerza por sacar las enseñanzas prácticas de ella. ‘Aprende’ de la Comuna como no temieron aprender todos los grandes pensadores revolucionarios de la experiencia de los grandes movimientos de la clase oprimida...» Lenin: El Estado y la Revolución

[18] Millerand, socialista francés que aceptó un puesto en el gobierno fue condenado tajantemente.

[19]Marx y Engels se dieron cuenta del problema cuando en 1875 criticaron el Programa de Ghota adoptado por el partido socialdemócrata alemán al fusionarse con los lassallianos. En el capítulo IV, Marx critica las ideas sobre el Estado y por ende sobre el papel de éste en el periodo de transición. Hay que decir sin embargo que su crítica solo circuló privadamente y no fue publicada hasta 1891

[21] Prólogo a la primera edición, agosto 1917. Ver http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/hoja1.htm

[22] No podemos analizar aquí estas cuestiones. Ver Estado y dictadura del proletariado en Revista Internacional nº 11, http://es.internationalism.org/rint/1977/8_pdt

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