Brexit: La burguesía británica está perdiendo el control de su juego político

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La presente resolución, adoptada por la conferencia celebrada en enero de 2019, busca extraer las principales perspectivas sobre la situación británica para el período histórico que se avecina. Una de las principales responsabilidades de las organizaciones revolucionarias es presentar la comprensión más coherente de la perspectiva sobre la situación nacional. Esto adquiere aún más importancia cuando toda la situación social está dominada por la crisis política sin precedentes de la clase dominante en torno al Brexit, una crisis que va a seguir empeorando más y más. Sin una comprensión de las raíces y consecuencias de esta gran incertidumbre es imposible sacar las probables implicaciones de esto para el proletariado en Gran Bretaña, y mundial, para los años venideros.

El papel de la resolución no es proporcionar un análisis detallado de la dinámica en el ámbito laboral – este análisis se hizo en el informe sobre la situación nacional de esta misma conferencia-, sino establecer un marco teórico general y extraer sus implicaciones. En el último número de World Revolution publicamos una sección histórica sobre el informe a la que los lectores pueden referirse[1].

En esta introducción queremos examinar si la resolución se corrobora a la luz de los últimos de los acontecimientos.

La resolución argumenta que el Brexit es el producto de la combinación de una serie de factores:  la decadencia del imperialismo británico del último siglo, las divisiones dentro de la clase dominante provocada por dicha decadencia, la profundización del impacto de la descomposición del capitalismo desde la crisis financiera de 2008 y el surgimiento del populismo. La resolución demuestra que la burguesía está atrapada en contradicciones irreconciliables. Estas no solo se ponen en evidencia con el ascenso del populismo, sino también por las divisiones internas de los principales partidos políticos europeos, que han sido empujados a un punto en el que podrían destruir el aparato político parlamentario que ha servido tan bien a la burguesía británica los últimos dos siglos.

Esto se ha visto plenamente confirmado por la parálisis de la maquinaria parlamentaria durante los últimos seis meses. Los dos principales partidos políticos se han visto desgarrados por luchas entre facciones por el asunto Brexit. El acuerdo de retirada elaborado por el Gobierno de May y la UE, destinado a impedir que Gran Bretaña se retire de la UE de forma brusca y desordenada, se ha visto socavado por la incapacidad de las principales facciones de ambos partidos para ponerse de acuerdo sobre cómo llevar a cabo este plan. May no pudo llegar a un acuerdo debido a la presión ejercida por los partidarios de la línea dura favorable al Brexit, mientras que Corbyn se vio constreñido por las divisiones en el seno del Partido Laborista, en las que importantes facciones desean una unión aduanera o un segundo referéndum. El último esfuerzo desesperado por conseguir este acuerdo fueron las conversaciones entre ambos partidos, pero éstas estaban condenadas porque era evidente que May iba a ser expulsada del poder por facciones del partido conservador que se oponían a un acuerdo con el Partido Laborista, lo que sucedió el 7 de junio cuando dio su dimisión. Esta parálisis ha producido ahora una contienda de liderazgo en el partido conservador, con las figuras más rabiosamente a favor de Brexit a la cabeza, pero cualquiera que sea el resultado, no resolverá el estancamiento.

Este vacío político ha estimulado un nuevo auge del populismo, alimentado por la ira y la frustración por la incapacidad del Parlamento para avanzar en el asunto Brexit. Farage y sus ricos partidarios burgueses han aprovechado plenamente este vacío al formar el Partido Brexit. Este nuevo partido expresa un grave peligro para los partidos más importantes. Representa una nueva cara del populismo. Desapareció la estridente retórica antiinmigración y los extraños personajes que hicieron que el UKIP fuera inaceptable para muchos. El nuevo partido es muy hábil, tiene una campaña de Internet muy sofisticada y se vende a sí mismo como un partido multicultural y apoyado por los jóvenes. Farage de repente se viste de “dignidad” con su rechazo al creciente racismo y la islamofobia del UKIP.

Esta operación es un serio esfuerzo por incursionar en los partidos más importantes, al ser el único capaz de defender el voto democrático de "el pueblo".

El ascenso del Partido de Brexit introduce un nuevo dilema. Un nuevo líder del partido conservador no querrá convocar a elecciones generales mientras el Brexit no se resuelva, porque como dijo un antiguo ayudante de Cameron, “estarán en graves problemas”. Los laboristas, también, serán reacios a ir a elecciones porque el Partido Brexit está haciendo un esfuerzo para venderse a sí mismo como el partido de los trabajadores.

Esto significa que tres años después de un referéndum que debía hacer retroceder la marea del populismo, la clase dominante se enfrenta ahora a un partido populista revitalizado y más sofisticado que echa carbón al fuego de su crisis política.

Como dice la resolución, esta crisis amenaza la integridad territorial del Estado británico. La elección de un pro-Brexit de línea dura como líder Tory y/o la llegada del partido Brexit al parlamento empeorarían las tensiones con la fracción escocesa proindependentista de la burguesía.

El impacto de esto no se limita a Gran Bretaña. Como explica la resolución, el Brexit contribuyó a reforzar el populismo en Europa y en los Estados Unidos. La UE y las principales potencias europeas han respondido con una línea muy dura hacia la burguesía británica. Esta línea ha dado algunos beneficios, porque el caos político ha producido un verdadero temor incluso entre los partidos populistas y los gobiernos europeos, que ahora han dejado de lado o suavizado la intensión de abandonar la UE. Sin embargo, la extrema derecha populista sigue siendo una grave amenaza para el futuro de la UE.

Las esperanzas de los pro-Brexits de una nueva Gran Bretaña "global" capaz de alcanzar acuerdos de libre comercio ya han empezado a chocar con la dura roca de la realidad. La guerra comercial en desarrollo entre Estados Unidos y China ha dejado claro que Estados Unidos no duda en socavar los intereses de sus antiguos aliados en su lucha cada vez más desesperada contra China. El escándalo de Huawei ha visto a China amenazar su inversión en Gran Bretaña si el gobierno británico cede a la presión de EE.UU. para prohibir a Huawei en su infraestructura.

La lucha con China por el dominio mundial, junto con su intención de socavar a sus rivales europeos, significa que Estados Unidos tiene poco interés en una Gran Bretaña debilitada fuera de la UE. Trump se alegró de animar el Brexit para perjudicar a la UE, pero, una vez que el Brexit tenga lugar, ¿qué papel puede desempeñar el Reino Unido para los Estados Unidos?

La perspectiva de la resolución sobre la profundización de la crisis política ha sido verificada por los acontecimientos. Su advertencia sobre la amenaza del populismo, en esta situación de parálisis, estaba justificada. El surgimiento del Partido Brexit es otro factor de caos e inestabilidad que pone en peligro los esfuerzos del Estado británico por garantizar un Brexit ordenado.

Las implicaciones de esta situación para la clase obrera son sombrías. Más de una década de austeridad ha tenido lugar sin casi ninguna respuesta de la clase. Esto no significa que no haya descontento, pero no se ha expresado a través de la lucha de clases debido a la profunda falta de confianza en sí misma. Esta desorientación y desmoralización se han visto exacerbadas por el Brexit y la crisis política. El apoyo al populismo y su promesa simplista de un mañana mejor entre partes del proletariado es una expresión de esta desesperación.  Sin embargo, detrás del anti -populismo y de su defensa de la democracia y del Estado democrático, se está movilizando un peligro aún mayor para el proletariado. En la actualidad y en el período venidero, el proletariado tendrá que hacer todo lo que está en su mano para evitar movilizarse detrás de estas diferentes facciones burguesas.

Pero la crisis económica continuará profundizándose, y no importa qué facción burguesa domine, todos tendrán que atacar al proletariado. Sólo luchando contra estos ataques la clase obrera puede defenderse. Estas luchas tendrán la misma respuesta de los conservadores, los laboristas o los populistas, porque al final todos ellos defienden el capitalismo.

WR, 25.5.19

¿Cuál es la situación actual de la clase obrera británica?

En realidad, la clase obrera no tiene ningún interés en el embrollo del Brexit, ningún campo para escoger entre las distintas facciones o las innumerables "soluciones". Todos los argumentos del debate del Brexit tienen que ver en última instancia con las mejores condiciones para gestionar la crisis económica capitalista, la mejor manera de competir con otros estafadores capitalistas en el mercado mundial, con el objetivo último de extraer la máxima plusvalía a la clase obrera y decidir entre la burguesía quién obtiene el mayor botín.

La inexorable caída del nivel de vida de los trabajadores -ahora hay 14 millones de pobres en Gran Bretaña, según el último informe de la ONU- comenzó mucho antes del Brexit y continuará con cualquier "solución" que se encuentre en el acertijo de la UE.

Detrás del Brexit está la cuestión del papel imperialista de Gran Bretaña en el mundo y los conflictos militares que el proletariado tendrá que pagar.

Los trabajadores no tienen ningún interés o beneficio en ninguno de estos “intereses nacionales”. Incluso si, en la fantasía de los pro-Brexit, la inmigración se detuviera, la erosión de los medios de vida de los trabajadores continuaría. Asimismo, si Gran Bretaña permaneciera en la UE, los trabajadores seguirían siendo objeto de medidas de austeridad como las impuestas, por ejemplo, al proletariado griego que han sido terribles.

De hecho, el circo mediático en curso sobre el lío del Brexit se utiliza como un medio para oscurecer las cuestiones centrales para la clase obrera y pretender que esta última no tiene intereses ni perspectivas propias.

Las diferentes facciones del Partido Laborista participan plenamente en la creación y el mantenimiento de esta cortina de humo relativa a los intereses reales de la clase obrera, y apenas se distinguen de las facciones conservadoras. Jeremy Corbyn y la "izquierda dura" sólo proporcionan una diversión subsidiaria, con la promesa de "nacionalizaciones", la pretensión de "redistribuir la riqueza" -lo que significa en realidad hacer más equitativa la pobreza- o en el escenario mundial apoyar a un grupo alternativo de gánsteres imperialistas. Los trotskistas y otros izquierdistas tienen variaciones aún más radicales sobre estas ilusiones.

Todos estos juegos políticos de los partidos burgueses ayudan a reforzar la actual desorientación de la clase obrera.

Sin embargo, tarde o temprano, el empeoramiento de la crisis económica obligará a la clase obrera a reavivar la lucha por defender sus condiciones de vida, a reconocerse una vez más como clase autónoma y a exponer más claramente el hecho de que el actual sistema social no tiene otra alternativa a la decadencia de su sistema que no sea una creciente barbarie.

Esta renovada lucha de clases se revelará como una lucha política. Pero la clase obrera no tiene nada que ganar del estado burgués o del juego parlamentario que, como muestra el Brexit, excluye los intereses proletarios y la participación del proletariado. En el futuro, la clase obrera tendrá que recrear sus propias organizaciones de masas de poder político (las Asambleas y los Consejos Obreros) y un partido político revolucionario mundial.

Como  25.5.19

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