Contra el espectáculo repugnante de la política burguesa existe una respuesta: la política revolucionaria del proletariado

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Estamos asistiendo a uno de los espectáculos más bochornosos que jamás se hayan dado (¡y la verdad que se han dado muchos!): las negociaciones para formar gobierno entre dos partidos (PSOE y Podemos) que más parecen enemigos acérrimos que “socios preferentes”. Por su parte, las huestes del “Trifachito” (PP, Ciudadanos y Vox) no les han andado a la zaga en chantajes, maniobras y traiciones. Y no digamos las fuerzas independentistas catalanas que son un nido de víboras donde los odios y rivalidades mutuas son incluso superiores al odio “a lo español”.

Según los manuales de la democracia, el pueblo habría hablado dos veces (el 28 de abril y el 26 de mayo ¡en cuatro modalidades diferentes de votación!: generales, europeas, autonómicas y municipales) pero con su “palabra” los partidos han cocinado y maniobrado para hacer lo que más le convenía al Capital español y a sus intereses particulares.

Desde luego esto no pasa solo en España. Pasa en todo el mundo. Basta con ver el espectáculo diario a golpe de Twitter que ofrece Trump, el que sirve Salvini en Italia o el que promete Johnson al frente del otrora “Imperio Británico” con el Brexit entre manos. Y no debemos olvidar el espectáculo reciente de la reunión del G7 en Biarritz donde los jefes de las “mayores democracias del mundo” se han apuñalado por la espalda incapaces de llegar al más mínimo acuerdo ante el conflicto creciente entre ellos a nivel económico e imperialista.

Este comportamiento de los gobernantes del mundo y sus partidos no se explica por la corrupción o las élites, como dicen los demagogos cínicos del populismo, TIENE OTRA EXPLICACION, es la que aporta el marxismo, que es la posición avanzada de la conciencia de clase del proletariado.

Del mismo modo, HAY UNA ALTERNATIVA a esa política de gánsteres: es la lucha autónoma, la política revolucionaria del proletariado, aunque esta no puede desarrollarse inmediatamente como fuerza masiva operando sobre la situación social. Sin embargo, contribuir a ella, defenderla con uñas y dientes, denunciar el espectáculo denigrante del aparato político burgués, es una contribución a que esa fuerza masiva del proletariado acabe cuajando.

La surrealista “negociación” PSOE - Podemos

Es evidente que nadie, empezando por el PSOE, quiere un gobierno de coalición con Podemos. Los sectores dominantes del Capital español lo han desaconsejado[1]. Este rechazo no es porque duden de la lealtad al capital español de la pandilla podemita[2]. Pablo Iglesias, ha proclamado por activa, por pasiva y por perifrástica, sus ganas de servir a la Patria Española. Ya en 2015 reclamó al gobierno de Rajoy y a la oposición del PSOE que “fueran más patriotas”.

El problema no está ahí. El problema es triple:

  • Podemos es un conglomerado heterogéneo de intereses que, a pesar de las purgas -a Irene Montero le llaman “la Ceasescu” por sus brutales medidas disciplinarias en nombre de su cónyuge[3]- no logra cohesionarse[4];
  • Podemos depende de todo tipo de grupos nacionalistas periféricos que representan intereses regionales y carecen de responsabilidad frente al interés global del capital español;
  • En Podemos hay demasiados aspirantes a conquistar puestos y tejer clientelas en el enorme aparato burocrático que es el Estado. El PSOE teme que estos advenedizos le disputen sus propias clientelas, prebendas y áreas de poder, ampliamente consolidados en 40 años de “bipartidismo”.

El capital español teme que la entrada de Podemos en el gobierno provoque desorden y desorganización no tanto por su “radicalismo” (que todos saben que es puro teatro) sino por sus prisas para acaparar poder y establecer reinos de taifas propios.  De ahí que sus preferencias vayan más por un gobierno monocolor del PSOE que goza de mayor confianza en la burguesía, a pesar de sus conflictos internos brutales y el peso de fuerzas centrífugas[5]. Dentro de la coalición de Podemos, IU (teledirigida por el PCE) y también los “anticapitalistas” de orientación trotskista, más conscientes del interés general del capital español, han recomendado no entrar en el gobierno[6].

Los pactos del trifachito

El PSOE, al mismo tiempo que “negociaba” con Podemos, no se ha cansado de apelar a la “abstención patriótica” del PP y Ciudadanos para no tener que depender de los independentistas catalanes en los cambalaches parlamentarios. Pero ambos partidos, a pesar de la buena disposición de sectores del PP y del “ala liberal” de C’s, andan enzarzados en una sobrepuja delirante por demostrar quién es “más de derechas” y, sobre todo, ganar a Vox en “españolidad” y rechazo de la palabrería buenista y “políticamente correcta” que exhibe cínicamente la Izquierda. Ello ha hecho que sus “negociaciones” para formar gobiernos autonómicos o ayuntamientos no hayan desmerecido en nada el canibalismo y la perfidia que han mostrado PSOE – Podemos.

Ya en Andalucía, la formación de un gobierno PP-C’s-Vox, que finiquitara casi 40 años de monopolio “socialista” atiborrado de corrupción y amiguismo, fue todo un espectáculo. Nadie se fiaba de nadie, los “socios” se chantajeaban y se han seguido chantajeando, sobre todo Vox, ansioso por alcanzar un “peso” en la burocracia estatal.

Sin embargo, las negociaciones de Murcia y sobre todo las del gobierno autonómico de Madrid han sido el colmo. Casado, el jefecillo del PP llegó a hacer firmar un falso pacto a Vox para el ayuntamiento de Madrid, éste, enardecido por el timo, torpedeó hasta el límite la formación del gobierno de la autonomía madrileña, cuya única pretensión es conservar un feudo que la derecha mantiene desde 1995. La nueva presidenta, presentada como “sangre nueva”, comienza con serias sospechas de corrupción y con vínculos evidentes con los anteriores gerifaltes madrileños, cubiertos de lodo hasta el cuello (González, Aguirre, Cifuentes etc.).

El capitalismo, por su propia naturaleza competitiva, es el todos contra todos, el sálvese quien pueda, la única unidad posible entre los tiburones capitalistas (tanto empresarios como políticos) es contra el proletariado y en la guerra imperialista frente a los rivales. Fuera de ello, la vida política constituye una incesante sucesión de golpes bajos, de intrigas y trampas.

La “unidad” que ahora exhibe la Derecha es forzada. Vox que más que populista es un remanente del franquismo -encapsulado en los últimos 40 años dentro de las filas del PP, pero que los efectos de la descomposición han hecho que, como el genio prisionero del cuento, acabe saliendo de la botella- intenta hacerse un hueco a costa del PP[7]. Por su parte, Ciudadanos ha abandonado la palabrería social-liberal para disputarle a los “socios” del PP su espacio político. Es pues una guerra a muerte la que se perfila en las filas de la Derecha, por mucho que el ansia de poder y la representación del “españolismo” frente a los rivales catalanistas les una frágilmente.

Por otra parte, Vox ha sido indirectamente propulsado por el PSOE para dividir a la Derecha e intentar movilizar a los trabajadores con aquello de ¡que viene el lobo fascista! De hecho, es muy sospechoso que el CIS -el organismo gubernamental de encuestas en manos de un experto en “cocina” de sondeos, el socialista Tezanos- exagerara antes de las elecciones la expectativa de voto de Vox. Esta operación de promover una fuerza de extrema derecha para dividir a la derecha y acentuar sus fracturas no es nueva en la historia: en los años 80, Mitterrand promocionó el Frente Nacional de Le Pen hasta el extremo de prestar a este guardaespaldas y chófer oficial.

La guerra sin cuartel entre los independentistas catalanes

Sin embargo, los independentistas catalanes ganan por goleada a los anteriores. Hubo una unidad forzosa en la aventura independentista que culminó con los acontecimientos de otoño 2017. Después fue un sálvese quien pueda con el “presidente” Puigdemont huyendo vergonzosamente a Bruselas dejando a sus “amigos” abandonados a la furia revanchista de los tribunales españoles y azuzando con su “exilio” la venganza de estos contra sus “socios”.

A partir de entonces la escalada de golpes, contragolpes, traiciones, ha sido mayúscula, para gran regocijo de sus rivales españolistas.

ERC ha dado un brutal viraje hacia la componenda con el capital central español. Es un partido viejo con una larga experiencia de servicios a España en momentos importantes. Fue muy eficaz en la represión del proletariado de Cataluña en los años 30 montando grupos fascistas que se dedicaban a perseguir y torturar en las sedes del partido a obreros, especialmente cenetistas. En los años 70, cuando se tuvo que organizar la “democracia” y el “estado de las autonomías”, Tarradellas, miembro prominente de ERC y “presidente” de un fantasmagórico “gobierno catalán en el exilio” corrió a pactar con Suarez.

La maniobra de ERC ha dejado totalmente descolocados a sus “socios” de Convergencia convertida en una suicida caja de Pandora desde que perdió la mano de hierro de Pujol. La única “convergencia” que existe en el partido es el hambre de tocar poder y corromperse más allá del 3% del viejo maestro. En la “convergencia” se pueden encontrar clanes, familias y pandillas de todo pelo, cada cual con su lidercillo y su “fórmula mágica”. La gama va desde los gargarismos radicales de Torra que no asustan ni a un niño de pecho, hasta los bandazos en todas las direcciones de Puigdemont, pasando por la vieja facción proclive al pacto con “España”.

La locura del enfrentamiento cainita los ha llevado a pactos con los socialistas a traición tanto de ERC como de los convergentes únicamente guiados por la necesidad de copar presupuestos sustanciosos en ayuntamientos, diputaciones y consejos comarcales.

A esta división paranoica entre los “héroes” del independentismo ha contribuido las maniobras del PSOE que fue llamado al gobierno en 2018 precisamente para eso: crear todas las divisiones y fracturas posibles dentro del campo independentista. Como hemos explicado en numerosos artículos el contencioso catalán no tiene ninguna solución[8], la burguesía central española comprendió que el PP no hacía otra cosa que agravar el conflicto, por eso propició un golpe de mano del PSOE, la operación moción de censura, tejido en una conspiración donde participaron hasta catalanistas “responsables”, con el objetivo de contemporizar, dejar pudrir el conflicto y, sobre todo, fracturar y dividir lo más posible al bando secesionista. Esta operación, sin embargo, no ha logrado cuajar, entre otras razones, porque, “ha sido saboteada por “fuego amigo”. Por sectores históricos del PSOE que, de nuevo, se han echado al monte contra las cesiones, más aparentes que reales, de Sánchez a los independentistas catalanes. Pero también de la propia ERC que ha temido que transigir con la aprobación de los presupuestos en pleno juicio por “rebelión” contra sus líderes, pudiera ser explotado por Puigdemont o la CUP para presentarla como “vendida al españolismo”. Como puede verse, todo un compendio de navajazos por la espalda, en plena “fiesta de la democracia[9].

La descomposición de la politica burguesa ilustra la descomposición del capitalismo

Los proletarios han de sacar lecciones de esta vorágine asquerosa de cinismo, maquiavelismo y guerra de todos contra todos. Sin embargo, deben rechazar firmemente la “explicación” populista según la cual ello sería debido a la corrupción y a “las élites”.

Esas “nuevas mentiras” son otro engaño más de fulanos que aspiran a reemplazar a sus rivales, largo tiempo instalados en los engranajes del poder[10].

La corrupción es inevitable en el capitalismo. El Capital, para acumular, necesita la máxima ganancia en el menor tiempo posible y para alcanzar tal objetivo recurre a todos los medios legales e ilegales, justos e injustos, “pacíficos” o violentos[11]. Por eso, el desarrollo del capitalismo ha ido ligado a la corrupción, los escándalos, los sobornos y la prevaricación.

Un segundo estimulo de la corrupción es el papel cada vez mayor del Estado en todos los frentes, lo que está ligado a la tendencia universal e inevitable al Capitalismo de Estado que acompaña la decadencia de este sistema. El capitalismo de Estado tiene dos formas: la mal llamada “socialista” (los regímenes de estatización extrema que reinaron en la antigua URSS) y la “liberal” donde se ejerce a través de una enorme burocracia estatal infiltrada en todas las actividades: económicas, sociales, militares, propagandísticas, educación etc. Esta organización otorga una gran influencia a los políticos: todo tiene que pasar por ellos, conseguir una subvención, obtener una licencia de explotación, establecer un protocolo de producción, conseguir apoyos para la exportación, no hablemos de los gigantescos contratos de infraestructuras, viviendas etc., así como de las enormes inversiones en armamentos, ejército, guerras etc. Su papel imprescindible les hace exigir toda clase de “sobornos” para autorizar los contratos, proponer las leyes adecuadas, conceder préstamos y subvenciones, facilitar inversiones, otorgar contratos etc.

Pero si los dos factores anteriores hacen de la corrupción una necesidad inevitable en el funcionamiento del capitalismo, la fase histórica de Descomposición social, en el que este ha entrado desde hace 30 años, agudiza aún más la corrupción hasta convertirla en una lacra que perturba seriamente el funcionamiento del capital. Como decimos en las Tesis sobre la Descomposición[12]la burguesía ha sido incapaz de organizar lo mínimo para movilizar a los diferentes componentes de la sociedad, incluso entre la clase dominante, en torno a un objetivo común, si no es el de aguantar paso a paso y sin esperanzas de lograrlo, ante los avances de la crisis (…) la falta de la menor perspectiva (si no es la de ir parcheando la economía) hacia la cual pueda movilizarse como clase, y cuando el proletariado no es todavía una amenaza de su supervivencia, lleva a la clase dominante, y en especial a su aparato político, a una tendencia a una indisciplina cada vez mayor y al sálvese quien pueda”, lo que se ve acentuado por “la putrefacción social que, hoy, a una escala desconocida en la historia, invade por todos sus poros a la sociedad humana, [expresando] no sólo la dislocación de la sociedad burguesa, sino y sobre todo la destrucción de todo principio de vida colectiva en el seno de una sociedad sin el menor proyecto, la menor perspectiva, incluso a corto plazo, incluso la más ilusoria”, desembocando en el plano político y económico, entre otras consecuencias, en “la increíble corrupción que está aumentando, prosperando en los aparatos políticos, la oleada de escándalos en la mayoría de los países, como en Japón, donde resulta cada día más difícil distinguir aparato de gobierno y hampa gansteril, o en España, en donde está en entredicho el mismísimo brazo derecho del jefe de gobierno socialista, en Bélgica, en Italia y en Francia, en donde los diputados han decidido amnistiarse a sí mismos de sus mangoneos y bajezas”. Los capitalistas y su personal político no esconden su ansía loca de acaparar riquezas y poder, “se vuelven cada vez más arrogantes, voraces y corruptos, no dudan en acaparar riquezas inmensas, mientras a su alrededor cunde la miseria y la desolación. Todo esto debe hacernos comprender que existen clases y que no somos "ciudadanos iguales"[13]

La otra mentira es que estaríamos gobernados por unas élites que actuarían en la sombra, conspirando contra los “ciudadanos” en extraños cenáculos, las famosas “teorías conspiranoicas”. Decía un poeta que la peor mentira es una verdad a medias. Es cierto que la burguesía, como todas las clases explotadoras de la historia, conspira, es maquiavélica, es maestra en el arte de la intriga y la traición. Es igualmente cierto que, dentro de la burguesía, existe un entramado de “poderes fácticos” (grandes empresarios, cúpulas políticas y sindicales, altos mandos del ejército, grandes dignatarios de la iglesia, el Estado, la magistratura etc.) que suelen “proponer” desde las estructuras del Estado las decisiones a tomar y el personal político que debe ejecutarlas.

Sin embargo, como explicamos en el artículo ¿Cómo está organizada la burguesía? La mentira del Estado democrático[14], eso no es el fruto de la conspiración de “las élites” sino la acción corriente del Estado burgués que tiene que concentrar en un núcleo duro todos los poderes del Estado para evitar que una sociedad en decadencia se hunda bajo el peso de sus contradicciones cada vez más graves.

Le llaman democracia y no lo es, es una dictadura y no se ve

La principal lección que debemos sacar de los espectáculos repugnantes que nos ofrecen los partidos es que el Estado democrático es tan dictatorial como un régimen de partido único, como se decía en el movimiento de indignados “Le llaman democracia y no lo es, es una dictadura y no se ve”.

En la democracia esta dictadura se ejerce utilizando como aval el voto popular cada cuatro años. El caudal de votos obtenido es el botín con el que los partidos realizan sus turbias negociaciones para componer en un juego siniestro el gobierno que el capital necesita en cada coyuntura.

Los partidos piden el voto en nombre de “programas” que nadie cree y que están adornados con las palabras más atractivas y las promesas más engañosas. Pero ese voto solo sirve para legitimar la política del capital: precariedad, desempleo, endurecimiento de las condiciones de trabajo, carrera de armamentos, guerras, destrucción medioambiental, la represión y el control de toda la sociedad, todo ello para favorecer la acumulación de capital, las ganancias de los capitalistas y reforzar la posición imperialista de la nación en el mundo.

En los últimos 50 años, la disciplina de los partidos y sus diferentes facciones, la relativa estabilidad que todavía permitía el nivel alcanzado por la crisis, lograba que el juego electoral, convenientemente programado, asegurara lo que el Capital nacional necesitaba en cada momento (generalmente el turno entre un partido de derechas y un partido de izquierdas, socialdemócrata, lo que se ha llamado el bipartidismo). El avance de la descomposición provoca “la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación en el plano político. La base de este fenómeno es, claro está, que la clase dominante cada día controla menos su aparato económico, infraestructura de la sociedad. El atolladero histórico en que está metido el modo de producción capitalista, los fracasos sucesivos de las diferentes políticas instauradas por la burguesía, la huida ciega permanente en el endeudamiento con el cual va sobreviviendo la economía mundial, todos esos factores repercuten obligatoriamente en un aparato político incapaz, por su parte, de imponer a la sociedad, y en especial a la clase obrera, la «disciplina» y la adhesión que se requieren para movilizar todas las fuerzas y todas las energías para la guerra mundial, única «respuesta» histórica que la burguesía sería capaz de «ofrecer»[15]

Esta realidad que ya señalamos hace 30 años, es la que explica el creciente desorden en el aparato político de la burguesía de los países centrales. En España, como decíamos en el artículo antes citado, esto se plasma en “una creciente crisis del aparato político de la burguesía española, incapaz de encontrar una estabilidad, que se ve constantemente saboteada por la indisciplina de sus diferentes fracciones; por un peso creciente de los sectores más incoherentes y díscolos de la clase explotadora en el seno de los partidos políticos tradicionales del orden burgués; por la consiguiente dificultad para utilizar el mecanismo electoral para establecer la organización del aparato político que le conviene en cada momento al capital nacional”.

En la misma onda, esto se ve en la irrupción en la cúpula del Estado de personajes como Trump o Salvini, así como la necesidad de repetir cada vez más frecuentemente las elecciones pues ninguno de los partidos quiere “ceder”, nadie se fía de nadie y todos son conspiraciones y maniobras oscuras. Por ejemplo, en Italia, Salvini quiso romper la coalición con Cinco Estrellas, pero el presidente de la república y el propio primer ministro, considerado una marioneta de Salvini, se la han jugado con otra maniobra desleal: componer un gobierno de coalición 5 Estrellas- Partido Democrático.

No elegir campo entre los bandos capitalistas ¡Autonomía de clase del proletariado!

Se podría pensar que ese desorden y división en el aparato político burgués favorecería al proletariado. En el pasado la clase revolucionaria ascendente (por ejemplo, la burguesía frente a la aristocracia) podía aprovechar en su beneficio las divisiones de la vieja clase en el poder. Podía hacerlo así porque era una clase explotadora que poseía un poder económico importante que aspiraba a una nueva explotación y a continuar el dominio del Estado sobre la sociedad.

Sin embargo, el proletariado no puede proceder así. No es una clase explotadora sino explotada y no aspira a crear una nueva explotación. Tampoco pretende imponer un nuevo Estado pues su lucha es por abolir la división en clases de la sociedad unificando la humanidad en una comunidad humana mundial[16].

El proletariado necesita ser fiel siempre a su autonomía política de clase para desarrollar su lucha y jamás debe caer en elegir bando en las querellas y conflictos dentro de la clase enemiga pues se expone a verse utilizado como carne de cañón de unos y otros.

El proletariado no tiene que elegir bando entre los populistas y los demócratas. Por repugnante y descaradamente bárbaro que sea el discurso y la práctica populista, el proletariado debe reconocer claramente que sus rivales demócratas HACEN LO MISMO, aunque disfrazado con la verborrea engañosa de “lo políticamente correcto”. Eso se ve claramente en el tema de la emigración. Por ejemplo, en el asunto del Open Arms, Sánchez, el “bueno”, ha hecho lo mismo en la práctica que Salvini, el Malo.

La clase obrera no tiene que elegir en USA entre Trump o su rival demócrata la joven Ocasio; no tiene que escoger entre los Brexit y los remainder en Gran Bretaña; no tiene que “cerrar el paso” en España al “trifachito” de Vox, C’s y PP, alineándose tras los bandidos PSOE-Podemos.

El siglo XX ha confirmado claramente la catástrofe que para el proletariado y la humanidad ha significado ese elegir campo entre los bandos capitalistas. En 1914 al elegir entre el bando alemán y el bando de la Entente (Gran Bretaña, Francia) el proletariado se vio arrastrado a la maquinaria trituradora de hombres y medios de producción, 20 millones de muertos, de la Primera Guerra Mundial. En 1939, al elegir entre fascismo y democracia, fue posible la terrible carnicería de la Segunda Guerra Mundial con 60 millones de muertos. España 1936 con la falsa disyuntiva Franco – República o Chile 1973 con la elección tramposa entre Allende – Pinochet, son otras de las muchas concreciones de esta lección programática del proletariado: NO ELEGIR CAMPO ENTRE LOS BUITRES CAPITALISTAS, MANTENER SIEMPRE SU AUTONOMIA POLITICA DE CLASE.

La política revolucionaria del proletariado

¿Cómo puede el proletariado desarrollar una política autónoma, alternativa a la política burguesa?

La lucha histórica mundial del proletariado que tiene ya 3 siglos de trayectoria ha generado un programa político –la revolución mundial por el comunismo-, unos métodos de lucha –la huelga de masas, la autonomía de clase- y una organización –las Asambleas Generales y los Consejos Obreros, la organización política internacional de sus minorías- que configuran las bases para una política autónoma del proletariado, una política revolucionaria alternativa a la política burguesa.

Esta política solo aparece claramente cuando el proletariado es capaz de establecer una relación de fuerzas internacional contra la dominación capitalista. Fuera de esos momentos de luchas masivas, la política autónoma del proletariado no es visible, resulta algo subterráneo, solamente defendido y cultivado por sus minúsculas organizaciones comunistas. Sin embargo, existe como expresión de una clase explotada y revolucionaria a la vez, que es negada y extrañada de la sociedad por la ideología dominante. Ello hace que la lucha del proletariado aparezca de forma explosiva, como fruto de una larga maduración que durante mucho tiempo la ideología y la propaganda dominante rechazan y niegan descaradamente. Es entonces cuando “lo de arriba se hunde hacia abajo y lo de abajo se eleva a la superficie, el “orden” aparente debe transformarse en caos y el caos aparentemente “anárquico” debe transformarse en un nuevo orden[17].

La lucha política del proletariado tiene métodos, formas y procedimientos que difieren radicalmente de los que están al uso en la política burguesa: en ésta todo se decide en cúpulas burocráticas o en oscuros cenáculos de poder; en aquella, en cambio, las decisiones son transparentes, son adoptadas por las masas obreras mismas en asambleas multitudinarias tras largas y participativas deliberaciones. “Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría.  El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa” (Manifiesto Comunista).

En la política burguesa se dice una cosa cuando se está en la oposición y se hace lo contrario cuando se está en el gobierno; en la política proletaria lo que se hace es lo mismo que se dice y lo que se dice es lo mismo que se hace. En la primera, los actos electorales son mítines para engañar, lavar el cerebro e insultar a los rivales; en la segunda las asambleas no son mítines de agitación sino órganos de decisión y de organización en acciones concretas de lo comúnmente decidido. En la política burguesa todo depende de líderes carismáticos acompañados de un culto a la personalidad ciego y fanático; en cambio, la política proletaria es el fruto colectivo de la acción de masas que piensan, discuten y deciden juntos.

La política burguesa está diseñada para atar aún más a los obreros y a toda la población a los designios destructores y reaccionarios del capitalismo, es una política de conservación del capitalismo y de hundimiento en su dinámica de descomposición. La política proletaria es, como decían Marx y Engels en La Ideología AlemanaPara engendrar en masa la conciencia comunista como para llevar adelante el cambio mismo, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que solo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución; por consiguiente, la revolución no sólo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino porque únicamente mediante una revolución logrará la clase oprimida salir del cieno en el que está hundida y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases»

Smolny 10-9-19

 

[1] Los medios financieros nacionales e internacionales han insistido en un gobierno PSOE- Ciudadanos, pero el empeño suicida de Rivera en disputar al PP el “centro -derecha” (¿) le ha llevado a rechazar todo apoyo al PSOE.

[3] La historia nos ha proporcionado ejemplos de purgas brutales en partidos o regímenes, empezando por el estalinismo. Sin embargo, lo que ha pasado en Podemos en los últimos 3 años no desmerece de esos ejemplos. Ver Guerra de jefes en Podemos, https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201704/4204/guerra-de-jefes-en-podemos

[4][4] Un ejemplo del caos que reina en Podemos lo da su organización en La Rioja donde no se ponían de acuerdo en elegir el consejero que les correspondía en el gobierno regional y ¡ha sido el propio PSOE quien ha elegido la consejera en nombre de Podemos!

[6] Las coaliciones entre un socio grande y socios pequeños suelen letales para estos últimos. Hay dos ejemplos de manual, aparte de muchas experiencias en las autonomías españolas. El primero es la alianza de Mitterrand con el PC francés que descalabró a este último. El segundo fue la coalición entre los conservadores británicos de Cameron y el partido liberal – democrático que a las siguientes elecciones hicieron perder a este último casi dos tercios de sus votantes. Los partidos “grandes” (socialistas o de derechas) tienen mucha más experiencia de gobierno y saben maniobrar con toda clase de trucos para debilitar a los “aliados”, aparte que logran cargar sobre ellos las medidas más impopulares.

[7] Ver Contra la campaña de Vox en medios obreros: ¡Los obreros no tenemos patria!https://es.internationalism.org/content/4370/contra-la-campana-de-vox-en-medios-obreros-los-obreros-no-tenemos-patria

[9]Elecciones generales del 28 A El circo electoral no puede disimular la podredumbre de la sociedad capitalistahttps://es.internationalism.org/content/4406/elecciones-generales-del-28-el-circo-electoral-no-puede-disimular-la-podredumbre-de-la

[10] Uno de los factores que explican el auge actual del populismo es la crisis del bipartidismo que ha reinado en Europa y USA durante más de medio siglo. En la decadencia, todos los Estados son totalitarios y tienden al Partido único. Esa tendencia se expresa en las democracias occidentales por el bipartidismo: dos partidos, uno más a la derecha y el otro más a la izquierda (la socialdemocracia) se turnan monopolísticamente en el poder. El desgaste, la indisciplina creciente, la casi desaparición, de esos dos partidos, en muchos países de Europa y USA ha sido uno de los estímulos del populismo.

[11] En El Capital, Marx muestra que en la acumulación primitiva del Capital (siglos XV a XVII) la burguesía no dudó en utilizar el terror bárbaro y sádico del feudalismo para arrancar a los campesinos y artesanos de sus antiguas posiciones y convertirlos en desposeídos, es decir, en futura mano de obra explotada. De la misma forma, la trata de esclavos y la explotación de estos fue utilizada desde el siglo XVI. Como apunta Marx “el capital nació en el lodo y en la sangre”.

[13] Las movilizaciones de los indignados en España y sus repercusiones en el mundo: un movimiento cargado de futuro https://es.internationalism.org/cci-online/201107/3153/las-movilizaciones-de-los-indignados-en-espana-y-sus-repercusiones-en-el-mund

[15] Ver nota 12

[16] En el periodo ascendente del capitalismo -que culmina en el siglo XIX y principios del XX- el proletariado podía apoyar puntualmente a las fracciones más progresistas de la burguesía pues el capitalismo debía superar importantes trabas feudales y aún podía otorgar mejoras y reformas duraderas al proletariado. Esto no lo hacía jugando con las divisiones del enemigo sino buscando el desarrollo de las fuerzas productivas y preservando en todo momento su independencia de clase. Sin embargo, nada de esto es posible en la decadencia del capitalismo donde el único programa realista es la lucha revolucionaria del proletariado por la abolición de este modo de producción social.

[17] Rosa Luxemburgo Huelga de masas, partido y sindicato, https://www.marxists.org/espanol/luxem/06Huelgademasaspartidoysindicatos_0.pdf

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