El 18 Brumario de Pedro Sánchez

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BRUMARIO es el nombre del segundo mes del calendario republicano francés, el segundo también de la estación otoñal, que dura desde el 22, 23 o 24 de octubre hasta el 20, 21 o 22 de noviembre. El 18 Brumario de 1799 se produjo el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte que se considera como el final de la revolución francesa. Desde entonces, el 18 Brumario se ha identificado con el golpe de estado. En 1851 Marx escribió «el 18 Brumario de Luis Bonaparte» en referencia al golpe de Estado del sobrino de Napoleón, que declinaba en forma de comedia la tragedia del tío, dándose su momentito de gloria sin ofrecer ninguna alternativa a la situación política. Pedro Sánchez no ha dado un golpe de Estado, pero la moción de censura que le llevó al gobierno provisional en el que aún estamos significó su asalto al gobierno sin que por el momento haya sido capaz de gobernar. También las últimas elecciones han sido en Brumario (10 de noviembre)


El imbroglio de la situación política española antes y después de las últimas elecciones del 10 de noviembre no es una excepción, sino la regla en el panorama de los Estados más importantes. Empezando por la primera potencia mundial, USA, donde el gobierno Trump dispara las tensiones de Republicanos y demócratas entre ellos y de los unos con los otros. Pero también en Europa, donde la burguesía británica, de las más experimentadas en el juego político, se ve arrastrada al Brexit por el impulso de los populistas; o en Italia, donde apenas la República acaba de deshacerse de un gobierno de coalición de dos partidos populistas de signo contrario (La Liga de Salvini y el Movimiento 5 stelle –M5S-) para formar un gobierno inestable de coalición entre el Partido Democrático y el M5S. Y también en Alemania, donde Merkel –auténtica dirigente de la UE los últimos años- se ve obligada a abandonar el gobierno sin haber podido contener el desarrollo del populismo; o en Francia, donde La República en Marcha de Macron no tiene ninguna alternativa de recambio fiable en el caso de que fracase su pulso contra Le Pen.

Ese aumento cuantitativo de crisis políticas configura en realidad un aspecto cualitativo típico del periodo histórico actual: la tendencia a la pérdida de control de la burguesía de su aparato político. Nosotros ya lo habíamos anunciado desde el año 1990 en las Tesis sobre la descomposición[1], como recuerda el punto 4 de la resolución sobre la situación internacional de nuestro último (23º) congreso[2]:

 «Entre las principales características de la descomposición de la sociedad capitalista, es necesario destacar la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación a nivel político» (Punto 9). Un fenómeno claramente señalado en el informe del 22º Congreso:«"Lo que hay que destacar en la situación actual, es la confirmación plena de este aspecto que identificamos hace 25 años: la tendencia a una creciente pérdida de control de la clase dominante sobre su aparato político»

Y como no tienen más remedio que reconocer, a su modo,  algunos elementos de la burguesía, como en España Cebrián o Felipe González:

«No estamos ante una crisis de gobierno, sino de Estado, y esta a su vez se enmarca en una nueva era cuyos emblemas son la globalización tecnológica y financiera; la desaparición del mundo bipolar que emergió tras las guerras del pasado siglo; la corrupción de muchos gobiernos; la multiplicación de las desigualdades y la ausencia de esperanza en el futuro para las nuevas generaciones. Felipe González ha descrito el fenómeno como la crisis de gobernanza de la democracia representativa en el Estado nación. Se trata de eso, pero no solo. Estamos ante el derrumbamiento del orden establecido en medio de un caos que no ha hecho sino comenzar y que nos acompañará por algún tiempo…» (EL PAÍS, 25 de Noviembre; Opinión)

Pero esta pérdida de control de la burguesía de su aparato político es claramente distinta de las diversas crisis políticas que la burguesía ha conocido en los años 60 y 80. Antes de los años 90, las crisis políticas de la burguesía estaban ligadas, o bien a la necesidad de confrontar la lucha obrera, o bien a las tensiones imperialistas (la crisis de Suez en GB y Francia, o la de Argelia en Francia, o el tratado de Maastricht en Francia y Holanda…); y se gestionaban en el seno del propio aparato político de la burguesía. En la crisis actual, el proletariado no está por el momento en el centro de la escena social. La crisis actual concierne a la pérdida de control de la burguesía de su aparato político. Los movimientos populistas se forman sobre temas recurrentes como los refugiados, la seguridad frente al terrorismo, el resentimiento de los arruinados por la crisis..; pero también se nutren de las tensiones específicas en el seno de las burguesías nacionales: desorientación de la burguesía USA  ante el debilitamiento de su liderazgo mundial, ambigüedad de la burguesía británica frente a la UE, divisiones entre fracciones regionalistas y nacionalistas en el seno de la burguesía española o belga, etc.

La explicación del impasse actual de la burguesía española para formar gobierno se entiende en ese marco de referencia histórico e internacional y en cómo se ha concretado en el juego político del Estado nacional.

No podemos repetir aquí un desarrollo en detalle de los análisis que venimos haciendo de los diferentes episodios de la expresión de la crisis del aparato político del Estado español; aunque tampoco es posible hablar de la situación actual sin tenerlos presentes.

Del Bipartidismo al Octopedro[3]

Precedentes

La burguesía española se había dado con la Constitución de 1978 un terreno de juego consensuado para sus tensiones políticas. Algunos de los resultados más notables de ello fueron que el PSOE se convirtiera en el principal partido del Estado burgués, dirigiendo la transformación democrática y la reestructuración industrial; que se formara una derecha democrática escondiendo bajo la alfombra los residuos del franquismo; o que las tensiones nacionalistas con Cataluña y el País Vasco se encauzaran en una pugna por prebendas y trasferencias[4]. Pero eso solo fue posible por la unidad de todos para confrontar la lucha del proletariado y por la disciplina de bloque imperialista USA, que a través de Alemania y Francia “tutorizó” la transición democrática. Ninguno de los dos factores está hoy presente, y con la agravación de la crisis, la nave hace aguas por todas partes.

El bipartidismo y la alternancia PP-PSOE expresan en España una tendencia general al partido único, propia del totalitarismo estatal que caracteriza la decadencia del capitalismo y que en los países democráticos toma la forma del bipartidismo: dos partidos -uno más a la derecha y otro más a la izquierda- se reparten el poder de forma prácticamente monopolista. En USA el turno Demócratas – Republicanos, en Alemania la alternancia CDU – SPD, en Gran Bretaña conservadores – laboristas. en España el dúo PP-PSOE. El desgaste de esta fórmula, debido a los golpes de la crisis económica que se arrastra durante casi medio siglo y a la descomposición, como hemos explicado arriba, se ha manifestado en el caso español en que en el PP apenas quedaba algún alto cargo sin imputar en casos de corrupción; mientras el PSOE se convertía en un reino de taifas al mando de los “barones” y la “vieja guardia”, donde la única posibilidad de hacerse un hueco venía de los advenedizos “outsiders” como Zapatero o el mismo Sánchez. Lo que culminó en la crisis del PSOE en 2016 y en un equilibrio inestable y una lucha sin cuartel entre apparátchiki y advenedizos que hoy es la marca de la casa. Al PP por su parte, le crecieron los enanos de VOX, que él mismo había estado amamantando[5].

La tentativa de una alternativa al bipartidismo ha sido la “crónica de una muerte anunciada”. Como ya decíamos en 2016:

«El PSOE, un partido gubernamental por antonomasia, no puede aliarse con la derecha “moderna” y “renovadora” que se suponía debía ser Ciudadanos. Este partido es visceralmente españolista- más aún que el PP- y no puede ser un canal de diálogo con las derechas nacionalistas. Aparte de su demagogia anti-corrupción no ofrece ningún atractivo de “centro” que pueda seducir a un electorado más “moderno”. Empezando por su líder, la inmensa mayoría de sus cuadros huelen a un pijerío aún más apestoso que el del PP. Por mucho que gesticule el señor Rivera, Ciudadanos no puede ir más allá de una muleta coja del PP. Ciudadanos no tiene nada ver con partidos bisagra que existen en Alemania (liberales, verdes) y que pueden dar credibilidad a una posición firme de los partidos centrales (DC y SPD) frente al populismo.»[6]

Y por otra parte:

«...a nivel de gobierno central, la coalición “frente populista” es peligrosa para el interés del capital español. En primer lugar, Podemos es un conglomerado caótico de tendencias variopintas donde juega un papel nada desdeñable un grupúsculo trotskista -Izquierda Anticapitalista- que por grandes que sean las ambiciones de sus jefes y por mucho que se “moderen” son claramente inaptos para gestiones gubernamentales. En Podemos también pesan nacionalismos periféricos que le empujan a la demagogia arriesgada del “derecho a decidir”, cosa que la mayoría de barones socialistas no toleran. En fin, los partidos nacionalistas periféricos no son de fiar dada la mala soldadura nacional del capital español y suscitan mucha desconfianza en el aparato socialista. A todo ello se debe añadir el descrédito que conllevaría un “gobierno de progreso” no solamente para el propio PSOE, junto con Podemos, sino para toda la llamada “clase política”»[7]

Precisamente la sobrepuja de los nacionalismos[8] es el otro importante factor de caos en la situación actual. Las promesas de Zapatero de “profundizar” el Estatut, junto con la ineptitud del PP, son el desencadenante de los acontecimientos recientes; el telón de fondo es una escalada de radicalismo entre ERC y la antigua CiU (hoy JxCat) con fines electorales[9]; aunque la causa es global como venimos desarrollando.

La negativa del PP en 2012 a cumplir la promesa de profundizar el Estatut y a igualar la oferta de trasferencias catalanas con las del País vasco, hicieron declarar a Mas, entonces President de la Generalitat, que “Cataluña entraba en territorio desconocido”. Un territorio de hecho en el que se hacían fuertes las fracciones más radicales e irresponsables del nacionalismo, como la CUP/CDR y se iniciaba la vía unilateral al independentismo que tuvo su momento de gloria con el referéndum de Octubre 2017 y la proclamación de la República[10].

La estrategia de la llamada entonces “revolución de las sonrisas” fue desde el inicio presentar al Estado español como lastrado por los restos del franquismo y contrario a la democracia. La ineptitud del PP hizo que cayera de lleno en la trampa en Octubre  2017, difundiéndose imágenes de la policía cargando indiscriminadamente contra la población, incluidas familias con niños y ancianos, que provocaron movilizaciones masivas el día siguiente y una campaña internacional en contra. Profundizando aún más en su mal paso, el PP judicializó el conflicto llevando a los líderes catalanistas a los tribunales y metiéndolos preventivamente en la cárcel[11].

Consecuentes

A esa situación respondieron los sectores más responsables de la burguesía con la moción de censura que desalojó a Rajoy y recuperó al PSOE para que fuera el pivote de la política burguesa, tras una etapa en que había el riesgo de que quedara en el ostracismo (como por ejemplo cuando apoyó la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña sin ni siquiera ser necesario este apoyo). Esa moción de censura urdida incluso por Podemos, contó rápidamente con la colaboración del PNV y de ERC (que fue la primera formación en hablar abiertamente de fin de la vía unilateral de independencia). Esa operación fue bendecida por la mayor parte de la burguesía que dio al PSOE un importante espaldarazo en las elecciones del 27 de Abril pasado. ¿Por qué ERC y en menor medida Podemos torpedearon esa mayoría votando en contra de los presupuestos y abocando a esas elecciones? ¿Por qué el PSOE que contó con mejores números para gobernar fue incapaz de investir a Pedro Sánchez tras esas elecciones y ha tenido que convocar las recientes del 10 de noviembre? Es difícil dar una respuesta, pero da la impresión de que los planes de los sectores más responsables son saboteados rápidamente por los sectores más díscolos. Algunos ejemplos:

- quien sabotea la mayoría de la moción de censura es esencialmente la fracción Puigdemont con sus reuniones de Pedralbes con el Gobierno del PSOE en Noviembre de 2018, que consigue presentar casi como una claudicación (puesto que el Estado habría aceptado negociar “entre gobiernos”), lo que resta margen de maniobra a ERC y al propio PSOE

- quien sabotea el gobierno PSOE en julio es sobre todo la fracción Iglesias dentro de Podemos, que ve en el gobierno de coalición la única forma de sobrevivir al enconamiento de peleas internas dentro de la propia formación. Pero también un sector muy importante del PSOE al que repugna una alianza con Podemos.

- cuando la sentencia del “proces” era conocida meses antes por todos los políticos, las reacciones que suscita sobre todo en forma de movilizaciones y de choques de radicales con la policía durante 15 noches seguidas dejan “fuera de juego” a los principales actores políticos. Las quince noches de choques violentos de la policía contra radicales, no conducen a un debilitamiento del peso electoral de las fracciones más díscolas (de hecho los que más han crecido en las últimas elecciones, aparte de Vox, han sido Bildu, la CUP/CDR, los “puigdemónicos”, etc), sino que debilitan a los más proclives a la negociación (ERC). Si con esa maniobra el PSOE buscaba identificar al independentismo con los violentos, para ganar apoyo internacional y ablandar a mas sectores del independentismo, hay que decir que ha cosechado un relativo fracaso. Los tribunales europeos siguen haciéndose los “longuis”, mientras figuras internacionales firman un manifiesto por una salida “negociada” al “conflicto catalán”. Y el eje de las movilizaciones en Cataluña se desplaza del independentismo a la anti -represión, por lo que, a diferencia de lo que ocurriera por ejemplo en Octubre 2017 ha habido manifestaciones de solidaridad con los violentos de Cataluña en las principales ciudades españolas.

Las elecciones del 10 de Noviembre no han resuelto nada y plantean las cuestiones en los mismos términos. El aparente acuerdo de coalición con Podemos solo satisface a su fracción dirigente (que se deshace en abrazos ante la perspectiva de “ocupar puestos”); pero deja las cosas exactamente como estaban respecto a la oposición dentro y fuera del PSOE y a la cuestión catalana.

Antifascismo y campaña democrática un coctel explosivo contra el proletariado en España

La confluencia y transmutación del independentismo en campaña democrática es una carga de profundidad contra la reflexión del proletariado español, que es particularmente sensible a verse involucrado en el engaño democrático, que en los años 70 constituyó una baza fundamental de la burguesía contra la oleada de luchas obreras.

La transición a la democracia para licenciar al régimen franquista desarrolló dos grandes pilares:

-Frente al proletariado el espejismo de los “sindicatos obreros”, las “libertades democráticas”, los partidos de izquierda, la Democracia;

-Frente al crónico problema de la soldadura nacional del capital español la potenciación de los nacionalismos periféricos (especialmente el catalán y el vasco) que desembocaron en el “Estado de las autonomías”.

Para reintroducir el veneno de la “defensa de la nación” en las filas proletarias, el rancio nacionalismo “gran español” del franquismo con sus ridículas pretensiones imperiales y su nacionalcatolicismo condensados en el slogan “por el imperio hacia dios”, ya no servía y resultaba contraproducente. La burguesía tuvo que recurrir a potenciar los pequeños nacionalismos, perseguidos por el franquismo. Así, especialmente la izquierda y muy particularmente el PSUC en Cataluña llevó a cabo una intensa campaña democrático – nacionalista con el famoso “Llibertat, amnistía y Estatut d’autonomía”.

Sin embargo, lo que más daño político ha hecho históricamente al proletariado ha sido el antifascismo y la defensa de la democracia. Esa fue la lección fundamental del periodo de la República y la guerra del 36 donde la CNT perdió todo lo que le quedaba de vinculación a la clase obrera por su adhesión incondicional a la mistificación antifascista[12] y la respuesta inicial de los obreros en su terreno de clase al golpe de Estado militar de julio 1936 fue desviado por el Frente Popular, apoyado por CNT-POUM al terreno de guerra imperialista de “la defensa de la República contra el fascismo”. Las últimas resistencias del proletariado fueron aplastadas por el P”C”E en mayo de 1937 con la ayuda de ERC y de la CNT, su ministra Montseny llamando desde la radio a los obreros masacrados a “dar besos a los Guardias de Asalto”[13].

Hoy la CUP/CDR y demás “izquierdo-nacionalistas” son como si dijéramos los despojos de los despojos del PSUC y otras camarillas izquierdistas.

La clase obrera en las principales concentraciones de Cataluña forma parte de los batallones centrales del proletariado en España, con una tradición notable de luchas, como en el Bajo Llobregat, SEAT, etc. y de aportaciones a la Memoria histórica del proletariado. Y aunque es cierto que no se ha dejado arrastrar al terreno independentista, el ambiente de polarización brutal entre el nacionalismo españolista y el independentismo catalanista crea una barrera de difícil superación al necesario esfuerzo que tiene que realizar para encontrar su propio terreno de clase autónomo e internacional contra los ataques cada vez más graves del capitalismo en crisis y contra la deriva de éste hacia la barbarie de la guerra, la miseria y la destrucción medioambiental.

Hic Rodas/Pinto 20-12-19

 

[3] Así llaman algunos medios a la perspectiva de un gobierno basado en hasta 8 alianzas. También ha sido llamado gobierno Frankestein

[4]     Donde no ha faltado sin embargo la violencia de los atentados (ETA o Terra Lliure, Hipercor, etc.)

[7] Idem

[8] Aunque la voz cantante la asume hoy el nacionalismo en Cataluña, eso no quita para que

el nacionalismo vasco, escarmentado por el fracaso del plan Ibarretxe, calle y espere prudentemente mientras se hace indispensable para la gobernabilidad y mueve sus fichas en la sombra alentando una mayor autonomía/autodeterminación

[9] Tras la muerte de Franco y el retorno de Tarradellas (ERC, antiguo conseller de Interior de la Generalitat, organizador con el PCUS y demás de la represión de Mayo de 1937), quien, en realidad, ocupó en terreno central del catalanismo fue el partido creado por Pujol en 1974, con un “proyecto político de sectores de la burguesía, pequeña burguesía y clase media de renta alta, así como de componentes importantes de la Iglesia en Cataluña, que intenta movilizar a amplios sectores de la sociedad catalana…” como dice un historiador, un partido con dos vertientes una “centrista” dispuesto a aliarse con los partidos de “Madrit” y otra de corte ya populista en torno a la figura central de Pujol.

Este partido (CDC) empezó a perder peso a partir de la retirada de Pujol y los escándalos por corrupción de su clan familiar y a partir de entonces ha aparecido la vertiente ultranacionalista que se ha hecho con el partido, deshaciendo la coalición (CiU) con los regionalistas marginales de UDC y de la parte menos catalanista de CDC y cayendo en manos de unos personajes estilo aventurero como Puigdemont, o iluminados como Torra por no mencionar a otros de su entorno. Hoy este partido es la expresión misma de la simbiosis del populismo y el nacionalismo, refrendada por los sucesivos cambios de “membrete”: PDCat, ahora JxCat. Este partido del “seny” burgués ha acabado en manos de una gente que se ha aliado o que controla a los nacional-izquierdistas de la CUP, de los CDR y otros Tsunamis democráticos, que se han formado con los despojos de grupos izquierdistas del paisaje político catalán (trotskistas de todo pelaje, anticapitalistas, incluso anarquistas). Estos esbirros de la contrarrevolución que durante décadas no cesaron de apoyar a toda clase de nacionalismos más o menos exóticos, han podido por fin poner en práctica sus políticas en su propio país. Así es la nueva coalición del partido de centro-derecha de Cataluña con ese magma nacional-izquierdista.

A ERC, que en Cataluña ha jugado a ser la bisagra de la derecha y la izquierda en la Generalitat, le ha caído encima el papel de partido “racional” que sabe perfectamente lo que todos saben: que lo de la independencia es una quimera. El problema es que la situación se ha enconado tanto que ERC se encuentra, por un lado, entre el martillo de JxCat y los, llamémosles, “nous escamots” practicantes de escraches, por ahora menos militarizados que los antiguos, que tratan de traidores a los de ERC, como le ocurrió al ex bocazas de Rufián en Barcelona donde se encontró con la horma de su zapato y, por otro lado, la necesidad de apoyar al gobierno central para intentar salir del atolladero.

[10] Una proclamación de mentirijillas como los “valientes” líderes independentistas han reconocido

[11] Es preciso señalar que la judicialización del conflicto catalán vino también por la propia presión de los jueces, una corporación fuertemente españolista y hostil al nacionalismo, especialmente el catalán. Este poder del Estado ha tomado cierta autonomía en el contencioso catalán y ha dificultado la aplicación de “soluciones políticas” forzando a los gobiernos españoles a asumir una vía abiertamente represiva con duras condenas de cárcel, que les ha colocado en una situación incómoda respecto a sus “socios” europeos.

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