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En la última primavera, la CCI ha celebrado su 23º Congreso. El presente artículo se propone dar cuenta de sus trabajos.
El punto 4 del Informe sobre la estructura y el funcionamiento de la Organización Revolucionaria define el Congreso Internacional como " el momento culminante en que se expresa con toda su amplitud la unidad de la organización. En él se define, enriquece o rectifica el programa de la CCI, se precisan o modifican sus modalidades de organización o funcionamiento, se adoptan análisis y orientaciones de conjunto, se hace un balance de sus actividades anteriores y se elaboran sus perspectivas de trabajo para el futuro"[1]. Partiendo de este marco, presentaremos las cuestiones, tareas y perspectivas identificadas por el Congreso.
"La CCI, como organización marxista, está firmemente comprometida, a diferencia de los consejistas, anarquistas y modernistas, con la necesidad del partido político comunista para el derrocamiento exitoso de la sociedad burguesa y el establecimiento de la dictadura del proletariado; por lo tanto, está en continuidad con los objetivos de la Tercera Internacional". (Resolución de la actividad del 23º Congreso).
El congreso se dio como eje nuestra filiación con la Internacional Comunista, cuyo centenario se celebró el año pasado. Una preocupación fundamental de la organización revolucionaria es la continuidad y la transmisión histórica. Partiendo de este enfoque la resolución de actividad adoptada por el Congreso recuerda que "La Internacional Comunista fue fundada en marzo de 1919 con el objetivo de ser el "partido de la insurrección revolucionaria del proletariado mundial". Hoy, en circunstancias diferentes, pero aún determinadas por la época histórica de la decadencia del capitalismo, el objetivo fijado por la Internacional Comunista, la creación del partido político mundial de la clase obrera sigue siendo el objetivo final del trabajo como fracción de la CCI". La resolución insiste en que "la Internacional Comunista no nació de la nada; su fundación dependía de las décadas anteriores de trabajo de la Fracción de Izquierda Marxista en la Segunda Internacional, especialmente del Partido Bolchevique"[2]. Esto significa para los revolucionarios actuales que "así como la Comintern no podría haber sido creada sin el trabajo preparatorio de la Izquierda Marxista, así el futuro partido internacional no será creado sin una actividad internacional centralizada y como una fracción de los herederos organizativos de la Izquierda Comunista".
Recordando que "la Internacional Comunista fue fundada en las circunstancias más difíciles imaginables: siguió a cuatro años de matanza masiva y empobrecimiento del proletariado mundial; el bastión revolucionario de Rusia fue sometido a un bloqueo total y a una intervención militar por parte de las potencias imperialistas; la revuelta espartaquista en Alemania se ahogó en sangre y dos de las figuras clave de la nueva internacional, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, fueron asesinados", la resolución subraya que, a pesar de las diferencias con el período de la respuesta revolucionaria a la Primera Guerra Mundial y el período de la contrarrevolución que la siguió, también la CCI "se enfrenta a condiciones cada vez más difíciles a medida que el capitalismo decadente se hunde cada vez más en una nueva espiral bárbara de crisis económica y conflictos imperialistas en su fase de descomposición. Para cumplir sus tareas históricas, la CCI debe sacar su fuerza y su espíritu de lucha de las crisis a las que se enfrentará, como lo hizo la izquierda marxista en 1919".
Para estar en continuidad con el trabajo y los esfuerzos de la Internacional Comunista, el congreso concibió sus tareas con el objetivo de desarrollar y concretar nuestro trabajo similar al de una Fracción. La noción de una fracción siempre ha sido crucial en la historia del movimiento obrero. Al igual que la clase obrera en su conjunto, sus organizaciones políticas están sujetas a la presión de ideologías extrañas - burguesa y pequeñoburguesa. Esto provoca, en particular, la enfermedad del oportunismo[3]. Para luchar contra esta enfermedad, el proletariado segrega dentro de sus organizaciones a las fracciones de la Izquierda. "Entre las tres principales organizaciones políticas internacionales del proletariado, es la Izquierda la que siempre ha asumido esta continuidad. Fue la Izquierda la que aseguró la continuidad entre la Primera y la Segunda Internacional a través de la corriente marxista, en oposición a las corrientes proudhoniana, bakuninista, blanquista, etc. Entre la Segunda y la Tercera Internacional, fue de nuevo la Izquierda la que dirigió la lucha, primero contra las tendencias reformistas, luego contra los "social-patriotas" y la que aseguró la continuidad durante la Primera Guerra Mundial formando la Internacional Comunista. En la Tercera Internacional, fue de nuevo la Izquierda, la Izquierda Comunista, y en particular la Izquierda Italiana y Alemana, la que retomó y desarrolló las adquisiciones revolucionarias pisoteadas por la contrarrevolución socialdemócrata y estalinista."[4]
El proletariado necesita, para el triunfo de su lucha, la continuidad histórica de su conciencia de clase. De lo contrario, estaría condenado a convertirse en el juguete de los objetivos de su enemigo burgués. Las fracciones de Izquierda siempre han sido las más comprometidas y las más decididas en la defensa de esta continuidad de la conciencia de clase, su desarrollo y enriquecimiento.
Grupos como la Tendencia Comunista Internacionalista (TCI) hacen la siguiente objeción: ¿Fracción de qué? Hace mucho tiempo que ya no existen partidos comunistas vinculados al proletariado[5]. Es cierto que en los años 30 los partidos comunistas fueron ganados definitivamente por la burguesía. No somos fracciones, pero eso no significa que no tengamos que realizar un trabajo similar al de una fracción[6]. Una obra que unifica en un todo coherente:
- El combate contra el oportunismo;
- La defensa y el desarrollo de la continuidad histórica crítica del proletariado constituyendo un puente entre el pasado del movimiento obrero y su futuro;
- La respuesta a las nuevas situaciones por las que la sociedad y la lucha de clases del proletariado están atravesando.
El Congreso profundizó en la comprensión de nuestra tarea como Fracción a nivel de edición de la prensa, intervención, elaboración teórica, defensa del método marxista y defensa de la organización. Se trata de todo un trabajo para construir el puente hacia el futuro partido que necesitará bases muy firmes a nivel teórico, organizativo, programático y respecto del método de análisis. Y esto no se logra de la noche a la mañana, requiere un trabajo paciente y a largo plazo. Esto es lo que el proletariado necesita para orientarse en las terribles convulsiones del capitalismo y poder desarrollar una ofensiva revolucionaria con el objetivo de derrocar este sistema.
En el marco del trabajo como Fracción, se presentó al Congreso un Informe sobre la Transmisión, que no pudo ser discutido por falta de tiempo. Sin embargo, dada la importancia de la cuestión, su debate se retomará en el próximo período. La transmisión es vital para el proletariado. Más que cualquier otra clase revolucionaria de la historia, necesita las lecciones de las luchas de las generaciones anteriores para alzarse sobre sus adquisiciones y así poder avanzar en su lucha y lograr su objetivo revolucionario. La transmisión es particularmente necesaria para la continuidad de las organizaciones revolucionarias, ya que existe toda una serie de planteamientos, prácticas, tradiciones, experiencias, propias del proletariado, que constituyen el terreno fértil en el que se elabora el funcionamiento de la organización política proletaria y se desarrolla su vitalidad. Como dice la resolución de actividad adoptada por el congreso: "la CCI debe ser capaz de transmitir a los nuevos camaradas la necesidad de estudiar a fondo la historia del movimiento revolucionario y desarrollar un conocimiento creciente de los diferentes elementos de la experiencia de la Izquierda Comunista en el período de la contrarrevolución". El Informe sobre la transmisión dedica un capítulo central a la comprensión de las condiciones de la militancia y los logros históricos que deben guiarla. Formar militantes conscientes y decididos, capaces de resistir las más duras pruebas, constituye una tarea muy difícil y a la vez indispensable para la formación del futuro partido mundial de la revolución proletaria.
Durante el decenio de 1980, el CCI comenzó a comprender el estancamiento histórico en que se encontraba la sociedad mundial. Por un lado, el capitalismo, dada la resistencia del proletariado en los países centrales a involucrarse en la movilización militar, no tenía las manos libres para lograr el resultado orgánico de su crisis histórica, la guerra imperialista generalizada. Por otra parte, el proletariado, a pesar de la progresión de sus luchas entre 1983 y 1987, no fue capaz de abrir su propia perspectiva hacia la revolución proletaria. En ausencia de cualquier perspectiva, que sólo las dos clases fundamentales de la sociedad pueden aportar, la sociedad está sujeta a una dinámica de relaciones sociales podridas, caos creciente, proliferación de tendencias centrífugas, de cada cual para sí mismo. Una manifestación espectacular de esta dinámica fue el colapso del bloque alrededor de la antigua URSS.
La CCI se enfrentó al desafío que ello significaba para la teoría marxista. Por una parte, ya en septiembre de 1989 elaboramos las Tesis sobre la crisis económica y política de los países del Este que, dos meses antes de la caída del Muro de Berlín, anunciaron el brutal colapso del bloque ruso y de la propia URSS[7]. Por otra parte, intentamos comprender en profundidad la nueva situación elaborando en 1990 las Tesis sobre la Descomposición[8], cuya idea fundamental es que "la descomposición generalizada en la que este sistema se está hundiendo actualmente (...) sólo puede empeorar. (...) más allá del aspecto estrictamente cuantitativo, el fenómeno de la descomposición social alcanza hoy tal profundidad y extensión que adquiere una nueva y singular calidad que manifiesta la entrada del capitalismo decadente en una fase específica -la última fase- de su historia, aquella en la que la descomposición se convierte en un factor, si no en el factor decisivo, de la evolución de la sociedad".
El 23º Congreso prestó mucha atención al considerable empeoramiento del proceso de descomposición social que afecta en particular a los países centrales, de los que son ilustraciones espectaculares -entre otras muchas- el Brexit inglés, el triunfo de Trump o el hoy derrocado gobierno de Salvini en Italia.
Todos estos puntos han sido ampliamente fundamentados en las resoluciones e informes del Congreso que hemos publicado[9], e invitamos a nuestros lectores a leerlos con cuidado y de forma crítica. Con ellos, intentamos dar respuestas a las tendencias que rigen la situación actual.
La descomposición, tal como la vemos a escala mundial y que domina cada vez más todas las esferas de la vida social, es un fenómeno sin precedentes en la historia de la humanidad. El Manifiesto Comunista considera tal posibilidad: " Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, en oposición siempre, han librado una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras, franca y abierta, una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes"[10]. Sin embargo, los fenómenos históricos del colapso de toda una civilización por la "destrucción de las dos clases en lucha" fueron muy localizados y fácilmente superados por la posterior imposición de nuevos conquistadores. En la medida en que la decadencia de los modos de producción anteriores al capitalismo (esclavitud, feudalismo) vio la aparición económica muy poderosa de la nueva clase dominante y que ésta era una clase explotadora, las nuevas relaciones de producción en desarrollo podían limitar los fenómenos de descomposición del viejo orden e incluso aprovecharlos en su propio beneficio. Sin embargo, esto es imposible en el capitalismo ya que "la sociedad comunista, la única capaz de suceder al capitalismo, no puede en modo alguno desarrollarse en su seno; por lo tanto, no hay posibilidad de ninguna regeneración de la sociedad en ausencia del derrocamiento violento del poder de la clase burguesa y de la extirpación de las relaciones de producción capitalistas" (tesis).
Por consiguiente, el proletariado debe afrontar las condiciones e implicaciones impuestas por esta nueva época histórica, sacando todas las lecciones que ésta le impone para su lucha, especialmente la de defender, aún con más vigor que en el pasado, su autonomía política de clase, ya que la descomposición la pone en grave peligro. La descomposición favorece las luchas parciales (feminismo, ecología, antirracismo, pacifismo, etc.), luchas que no van a la raíz de los problemas y se pierden en sus efectos y, lo que es peor, se centran en aspectos particulares del capitalismo preservando el sistema en su conjunto. Estas movilizaciones diluyen al proletariado en una masa interclasista, dispersándolo y fragmentándolo en toda una gama de falsas "comunidades" de género, raza, religión, afinidad, etc. La única solución es la lucha del proletariado contra la explotación capitalista, ya que "la lucha contra los fundamentos económicos del sistema contiene la lucha contra los aspectos superestructurales de la sociedad capitalista, pero la recíproca es falsa" (Plataforma CCI punto 12[11]).
La organización revolucionaria tiene un compromiso militante con la clase. Esto se concreta en la adopción de Resoluciones en las que se analiza la situación actual situándola en un marco histórico con el fin de identificar perspectivas para orientar la lucha del proletariado. En este sentido, el Congreso adoptó una Resolución específica sobre la lucha de clases y otra más general sobre la situación mundial.
La descomposición ha afectado duramente a la lucha del proletariado. Combinado con los efectos devastadores de la caída del "socialismo" en 1989 y la enorme campaña anticomunista que lanzó la burguesía, la clase obrera ha sufrido un profundo retroceso en su conciencia y combatividad, cuyos efectos persisten - e incluso han empeorado - 30 años después.
El congreso profundizó en el marco histórico de la comprensión de la lucha de clases al realizar un examen detallado de la evolución de la relación de fuerzas entre las clases desde 1968[12]. La Resolución subraya:
- Las adquisiciones de las luchas del período 1968-89 no se han perdido, aunque puedan haber sido olvidadas por muchos trabajadores (y revolucionarios): lucha por la autoorganización y la extensión de las luchas; comienzo de la comprensión del papel anti obrero de los sindicatos y de los partidos capitalistas de izquierda; resistencia al alistamiento guerrero; desconfianza en el juego electoral y parlamentario, etc. Las luchas futuras tendrán que basarse en la asimilación crítica de estos logros yendo mucho más allá y ciertamente no en su negación u olvido;
- El gran peligro que la democracia, el democratismo y los instrumentos del Estado democrático representan para el proletariado, en particular los sindicatos, los partidos de izquierda y de extrema izquierda, pero también sus campañas ideológicas y sus maniobras políticas;
- La actual debilidad del proletariado, a pesar del esfuerzo que se inició en las luchas de 2006-2011 donde, además de la reaparición de las asambleas, se empezaron a plantear muchas preguntas sobre el futuro de la sociedad[13];
- El efecto positivo que a largo plazo pueden tener ciertos elementos de la situación actual: una mayor concentración de trabajadores en las grandes ciudades, la socialización de la producción a nivel mundial, los crecientes vínculos entre los jóvenes trabajadores a escala internacional, la incorporación de nuevos batallones del proletariado en países como China, Bangla-Desh, Sudáfrica, México[14]...
- El papel indispensable de la lucha de los trabajadores en su terreno de clase contra los golpes cada vez más violentos de la crisis histórica del capitalismo.
Durante el congreso, surgieron diferencias sobre la apreciación de la situación de la lucha de clases y su dinámica. Las diferencias se referían principalmente a la amplitud o el nivel de las dificultades que enfrentaba la clase y, por lo tanto, a la perspectiva de la lucha de clases en el período que se avecina. Forman parte de un debate en curso a partir de las enmiendas presentadas a la resolución del Congreso[15].
De acuerdo con su responsabilidad, el Congreso examinó otros aspectos que determinan la evolución de la sociedad mundial, incluyendo:
- La tendencia del aparato político de la burguesía a perder el control de su juego electoral y de la formación de gobiernos, fenómeno del que el Brexit inglés es un testimonio elocuente: véase el Informe sobre el impacto de la descomposición en la vida política de la burguesía (2019) anteriormente citado (nota 9);
- La considerable agravación de las tensiones imperialistas (especialmente entre los Estados Unidos y China y en el Golfo Pérsico), así como la intensificación de la carrera de armamentos; la guerra comercial, que es la consecuencia de la profundización de la crisis, también es utilizada por la potencia estadounidense como medio de presión imperialista sobre sus rivales;
- La perspectiva, cada vez más cercana, de nuevas convulsiones en la economía mundial: caída del crecimiento, ralentización del comercio mundial, deuda exorbitante, el extraño fenómeno de los tipos de interés negativos, etc.
El marxismo es una teoría viva. Esto significa que debe ser capaz de reconocer que ciertos instrumentos de análisis de la situación histórica ya no son válidos. Este es el caso de la noción de curso histórico, noción que era plenamente aplicable al período 1914-1989 pero que ha perdido su validez para comprender la dinámica y la orientación de la relación de fuerzas entre las clases en el actual período histórico. Esto ha llevado al Congreso a aprobar un informe sobre el tema[16].
La organización revolucionaria constituye un cuerpo extraño en la sociedad burguesa. El proletariado es al mismo tiempo una clase "de la sociedad civil que no es una clase de la sociedad civil, es un orden que es la disolución de todos los órdenes" (Marx). Los trabajadores nunca pueden encontrar realmente su lugar en la sociedad porque económicamente, como personas explotadas y privadas de todos los medios de producción, están siempre en una situación precaria, a merced del desempleo y porque políticamente son "parias" que sólo pueden encontrar su salvación y emancipación fuera del capitalismo, en una sociedad comunista que no puede surgir antes de que el Estado burgués sea derrocado en todo el mundo. La burguesía, sus políticos, sus ideólogos pueden aceptar con desdén a los "ciudadanos trabajadores", es decir, concebidos como una suma de individuos alienados, pero aborrecen y rechazan furiosamente al proletariado como clase.
Al igual que su clase, las organizaciones revolucionarias, aunque forman parte del mundo capitalista, son al mismo tiempo un cuerpo extraño al mismo, ya que basan su razón de ser y su programa en un objetivo que está total ruptura con el funcionamiento, el razonamiento y los valores de la sociedad actual.
En este sentido, la organización revolucionaria constituye una entidad que la sociedad burguesa rechaza por todas sus fibras. No sólo por la amenaza histórica que representa como vanguardia del proletariado, sino porque su misma existencia significa un recordatorio inquietante de su condena ante la historia, un recordatorio de la urgente necesidad ante la que se encuentra la humanidad de reemplazar la competencia mortal de todos contra todos por la asociación de individuos libres e iguales. Esta nueva forma de radicalidad que no puede comprender preocupa y moviliza permanentemente a la burguesía contra las organizaciones y militantes del proletariado. Como subraya el Manifiesto Comunista, "La revolución comunista es la ruptura más radical con las relaciones de propiedad tradicionales; no es de extrañar que, en el curso de su desarrollo, rompa de la manera más radical con las viejas ideas tradicionales".
Esta naturaleza de cuerpo extraño significa que la organización revolucionaria está permanentemente amenazada, no sólo por la represión y los intentos de infiltración y destrucción desde el interior propiciados por los organismos especializados del Estado burgués, o por la acción de grupos parásitos (como veremos más adelante), sino también por el peligro permanente de ser desviada de sus tareas y funciones por la penetración de ideologías ajenas al proletariado.
La organización sólo puede existir a través de un combate permanente. El espíritu de lucha es un rasgo esencial de la organización revolucionaria y sus militantes. Las luchas, las crisis y las dificultades son el sello distintivo de las organizaciones revolucionarias. "Las crisis no son necesariamente un signo de colapso o fracaso inminente o irremediable. Por el contrario, la existencia de crisis puede ser una expresión de sana resistencia a un proceso subyacente que se había desarrollado silenciosa e insidiosamente hasta entonces y que, abandonado a su suerte, podía conducir a su hundimiento. Así pues, las crisis pueden ser un signo de una reacción al peligro y de la lucha contra las debilidades graves que conducen al colapso. En la Segunda Internacional (1889-1914), se sabía que el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) había pasado por una serie de crisis y escisiones y, por esta razón, fue considerado con desprecio por los partidos más grandes de la Internacional, como el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), que parecía volar de éxito en éxito y cuyos miembros y resultados electorales crecían constantemente. Sin embargo, las crisis del partido ruso y la lucha para superarlas y aprender de ellas, dirigida por el ala bolchevique, fortaleció a la minoría revolucionaria y la preparó para enfrentarse a la guerra imperialista en 1914 y para estar a la vanguardia de la Revolución de Octubre en 1917. Por otra parte, la unidad de fachada y la "calma" dentro del SPD (que sólo fue cuestionada por “alborotadores” como Rosa Luxemburgo) llevó a este partido al colapso total e irrevocable en 1914 con la traición total de sus principios internacionalistas frente a la Primera Guerra Mundial"[17].
La defensa de la organización es un elemento permanente de su actividad y, por lo tanto, un punto importante en la evaluación y las perspectivas de las actividades del Congreso. Se lleva a cabo en varios frentes. El más importante y específico es la lucha contra los intentos de destrucción (a través de la calumnia, la denigración, la sospecha y la desconfianza). Dicho esto, "la CCI no es inmune a las presiones oportunistas sobre las posiciones programáticas, aliadas con la esclerosis, que, en otra escala, ya han debilitado a otros grupos de la Izquierda Comunista" (Resolución de Actividad del Congreso). Por eso hay unidad y coherencia entre este aspecto vital de la lucha contra la amenaza de destrucción y la no menos vital necesidad de luchar contra cualquier manifestación de oportunismo que pueda surgir en nuestras filas. "Sin esta permanente lucha histórica a largo plazo contra el oportunismo político y la vigilancia contra él, la defensa de la organización, su centralización y sus principios de funcionamiento como tales no servirán de nada. Si es cierto que, sin organización política proletaria, el mejor programa es una idea sin fuerza social, también es cierto que, sin una fidelidad total al programa histórico del proletariado, la organización se convierte en una cáscara vacía. Hay unidad y no hay oposición o separación entre los principios de organización política y los principios programáticos del proletariado" (ídem.). Dicho esto, es necesario responder rápida y enérgicamente a cualquier intento de destruir la organización, ya que "la lucha por la defensa de la teoría y la lucha por la defensa de la organización son inseparables e igualmente indispensables, el abandono de la primera es una amenaza, ciertamente fatal, pero a medio plazo, mientras que el abandono de la segunda es una amenaza a corto plazo. Mientras exista, la organización puede recuperarse, incluso teóricamente, pero si ya no existe, ninguna teoría la revivirá" (ídem.).
La historia del movimiento obrero ha puesto de relieve un peligro que hoy en día ha adquirido una importancia considerable: el parasitismo. La Primera Internacional ya había tenido que defenderse de este peligro identificado por Marx y Engels: "Ya es hora de poner fin, de una vez por todas, a las luchas internas cotidianas provocadas en nuestra Asociación por la presencia de este cuerpo parásito. Estas disputas sólo sirven para desperdiciar la energía que debería usarse para luchar contra el régimen de la burguesía. Al paralizar la actividad de la Internacional contra los enemigos de la clase obrera, la Alianza sirve admirablemente a la burguesía y a los gobiernos". (Engels, "El Consejo General a todos los miembros de la Internacional", 1872, advirtiendo contra la Alianza de Bakunin). La Internacional había tenido que enfrentarse a los embustes de Bakunin, un aventurero que había utilizado un radicalismo de fachada como una hoja de parra para llevar a cabo una obra de intriga, de calumnia contra militantes como Marx y Engels, de ataques contra el órgano central de la Internacional (el Consejo General), de desestabilización y desorganización de las secciones, de creación de estructuras secretas para conspirar contra la actividad y el funcionamiento de la organización proletaria[18] .
Obviamente, las condiciones históricas en las que hoy se desarrolla la lucha proletaria son muy diferentes de las existentes en la época de la Primera Internacional. La Primera Internacional era una organización de masas, que reunía a todas las fuerzas vivas del proletariado, un "poder" que preocupaba a los gobiernos burgueses. Hoy en día, el medio proletario es extremadamente débil, reducido a un conjunto de pequeños grupos que no representan una amenaza inmediata para la burguesía. Dicho esto, el tipo de dificultades y amenazas a las que se enfrenta este medio tienen similitudes con las que enfrentó la Primera Internacional. En particular, la existencia de "cuerpos parásitos", cuya razón de ser no es en absoluto contribuir a la lucha de la clase obrera contra la burguesía, sino al contrario, sabotear la actividad de las organizaciones que llevan a cabo esta lucha. En la época de la Primera Internacional, la Alianza dirigida por Bakunin había llevado a cabo su labor de sabotaje (antes de ser excluida en el Congreso de La Haya en septiembre de 1872) dentro de la propia Internacional. Hoy en día, debido en particular a la dispersión del medio proletario en varios grupos pequeños, los "cuerpos parásitos" no operan dentro de un grupo particular sino al margen de estos grupos tratando de reclutar elementos sinceros pero inexpertos o aquellos influenciados por ideologías pequeñoburguesas (como la Alianza había hecho en España, en Italia, Suiza y Bélgica), o haciendo todo lo posible para desacreditar a los grupos auténticamente proletarios y sabotear su actividad (como hizo la Alianza cuando se dio cuenta de que no podía tomar el control del AIT).
Desafortunadamente, esta lección de la historia ha sido olvidada por la mayoría de los grupos de la izquierda comunista. En la medida en que el parasitismo se dirige principalmente a la principal organización de la izquierda comunista, la CCI, estos grupos consideraron que "es un problema de la CCI", llegando incluso a mantener, a veces, relaciones cordiales con los grupos parásitos. Sin embargo, el comportamiento de estos últimos (desde el Grupo Boletín Comunista de hace casi cuarenta años hasta el más reciente Grupo de Izquierda Comunista Internacional, pasando por numerosos pequeños grupos, blogs e individuos) habla por sí mismo:
- Denigración escandalosa de nuestra organización y de algunos de sus militantes, acusados de utilizar "métodos estalinistas" o incluso de ser "agentes del Estado”;
- robo de medios materiales;
- chantajeando y amenazando con usar la justicia burguesa o la policía contra nuestros militantes;
- la publicación de escritos de carácter policial que proporcionan información que permita la identificación de nuestros militantes o que pretenden sembrar la sospechas en las filas de la organización.
El Consejo General de la AIT consideró que "la Alianza sirve admirablemente a la burguesía y a los gobiernos". De igual modo, la resolución sobre la actividad adoptada por el 23º Congreso del CCI considera que: "En la actual era histórica, el parasitismo trabaja objetivamente al servicio de la burguesía para destruir la CCI" y que "la experiencia de los últimos 30 años [muestra que] el parasitismo político es uno de los peligros más graves a los que tendremos que enfrentarnos (...) En los últimos decenios, el parasitismo político no sólo ha persistido, sino que ha desarrollado su arsenal anti-CCI y ha ampliado su repertorio".
Recientemente, hemos sido testigos de una acción más sofisticada pero también más peligrosa: la falsificación de la tradición de la Izquierda Comunista mediante la promoción de una falsa "Izquierda Comunista" basada en el trotskismo. Más allá de sus intenciones, tal empresa pretende complementar el Frente de Calumnia y Denuncia con una táctica "consistente en crear un cordón sanitario que aísle a la CCI de otros grupos de la Izquierda Comunista (...) y de elementos en búsqueda"[19]. (Ibíd.).
Por esta razón, el congreso comprometió a toda la organización en una lucha decidida e incesante contra el parasitismo al considerar que "un eje esencial y a largo plazo de la intervención de la CCI debe ser una lucha política y organizativa abierta y continua contra el parasitismo para eliminarlo del medio político proletario y educar a los nuevos compañeros sobre su peligro (...) La constitución del futuro partido necesita, por lo tanto, una lucha encarnizada y perseverante contra el parasitismo y por su eliminación de las filas de la izquierda comunista". (Ibíd.)
La tarea como Fracción tiene, por tanto, varias facetas que forman una unidad: la defensa de la organización, la lucha contra el parasitismo, el desarrollo del marxismo, la capacidad de análisis e intervención ante la cambiante situación mundial. Esta unidad fue el centro del congreso y guiará la actividad de la CCI. Como decimos al principio de este artículo, el 23º Congreso de la CCI tuvo como eje el recuerdo combativo de la experiencia de la Tercera Internacional, tratando de sacar todas las lecciones de ella. Por eso la Resolución de Actividad termina con este compromiso: "Para cumplir sus tareas históricas, la CCI debe sacar su fuerza y su espíritu de lucha de las crisis a las que se enfrentará, como lo hizo la izquierda marxista en 1919. Si es capaz de asumir un trabajo como Fracción, tendrá los medios para reagrupar las actuales y nuevas energías revolucionarias de la Izquierda Comunista sobre bases programáticas claras, y así desempeñar plenamente su papel en la fundación del futuro partido".
Corriente Comunista Internacional (diciembre de 2019)
[1] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198302/2127/estructura-y-funcionamiento-de-la-organizacion-revolucionaria [3]
[2] Dentro de la Segunda Internacional, sólo los bolcheviques hicieron un trabajo consecuente de fracción, mientras que otras corrientes lucharon contra el oportunismo desenfrenado sin llevar una lucha coherente y global a todos los niveles (Rosa Luxemburgo, Pannekoek, Bordiga etc.). Esta distinción es importante: ver sobre este tema la serie de polémicas con el BIPR (hoy TCI) La relación Fracción - Partido en la tradición marxista, en particular las partes 3 y 4. https://es.internationalism.org/revista-internacional/198909/2138/la-relacion-entre-fraccion-y-partido-en-la-tradicion-marxista-i-la [4] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/199004/2121/la-relacion-entre-fraccion-y-partido-en-la-tradicion-marxista-ii-l [5] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/199204/1052/la-relacion-entre-fraccion-y-partido-en-la-tradicion-marxista-iii- [6]
[3] Ver la Resolución sobre el Centrismo y el Oportunismo del 6º Congreso Internacional de la CCI. Revista Internacional nº 44.
[4] Ver Comprender la decadencia del capitalismo (III) https://es.internationalism.org/revista-internacional/198708/2306/comprender-la-decadencia-del-capitalismo-iii-ascendencia-y-decaden [7]
[5] Ver Fraction and Party : the Italian Left experience https://www.leftcom.org/en/articles/2018-12-22/the-fraction-party-question-in-the-italian-left [8]
[6] Ver La noción de Fracción en la historia del movimiento obrero – 1a parte https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4148/la-nocion-de-fraccion-en-la-historia-del-movimiento-obrero-1a-part [9]
[8] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
[9] Ver Resolución sobre la situación internacional (2019): los conflictos imperialistas, la vida de la burguesía, la crisis económica https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida [12] ; Informe sobre el impacto de la descomposición en la vida política de la burguesía (2019) https://es.internationalism.org/content/4458/informe-sobre-el-impacto-de-la-descomposicion-en-la-vida-politica-de-la-burguesia-2019 [13] e Informe sobre la descomposición hoy (mayo de 2017) https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017 [14]
[11] https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [16]
[12] Ver Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases (2019) https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019 [17]
[13] Ver entre otros documentos, Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [18] y Movimiento de indignados en España, Grecia e Israel: - De la indignación a la preparación de los combates de clase https://es.internationalism.org/revista-internacional/201111/3264/movimiento-de-indignados-en-espana-grecia-e-israel-de-la-indignaci [19]
[14] Estos factores más bien positivos se ven contrarrestados por las tendencias al aislamiento y la fragmentación de los trabajadores, cuya forma extrema es la uberización del trabajo en la que los trabajadores son definidos como "auto empresarios". El proletariado tendrá que enfrentarse a este problema y encontrar los medios para superarlo.
[15] La CCI ha tenido siempre como orientación central la expresión de sus debates ante toda la clase y su medio politizado. Esto se ha hecho siguiendo un método preciso: "En la medida en que los debates que atraviesan la organización conciernen generalmente a todo el proletariado, es conveniente sacarlos al exterior, respetando las siguientes condiciones: (-) estos debates se refieren a cuestiones de política general y han alcanzado una madurez suficiente para que su publicación constituya una verdadera contribución a la conciencia de la clase obrera; (-) el lugar que se dé a estos debates no debe poner en tela de juicio el equilibrio general de las publicaciones; (-) es la organización en su conjunto la que decide y se hace cargo de esta publicación según los criterios válidos para la publicación de cualquier artículo en la prensa: cualidades de claridad y forma editorial, interés que presentan para la clase obrera. Por consiguiente, debe proscribirse la publicación de textos por iniciativa "privada" de miembros de la organización a espaldas de los órganos previstos a tal efecto. De la misma manera, no existe un "derecho" formal para nadie en la organización (individuo o tendencia) a que se publique un texto si los órganos responsables de las publicaciones no ven la utilidad u oportunidad del mismo" (Informe sobre la estructura y el funcionamiento de la organización revolucionaria, https://es.internationalism.org/revista-internacional/198302/2127/estructura-y-funcionamiento-de-la-organizacion-revolucionaria [3] )
[16] próximamente publicaremos el informe sobre el curso histórico aprobado por el congreso
[17] Conferencia internacional extraordinaria de la CCI: la "noticia" de nuestra desaparición es un tanto exagerada https://es.internationalism.org/content/4042/conferencia-internacional-extraordinaria-de-la-cci-la-noticia-de-nuestra-desaparicion [20]
[18] Ver Las pretendidas escisiones de la Internacional, informe del Congreso de La Haya (1872) https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/lpee72s.htm [21] e igualmente Cuestiones de organización, III - El Congreso de La Haya en 1872 - La lucha contra el parasitismo político https://es.internationalism.org/revista-internacional/199610/1767/cuestiones-de-organizacion-iii-el-congreso-de-la-haya-en-1872-la-l [22]
[19] Ver Nuevo Curso y una "Izquierda Comunista Española" ¿De dónde viene la Izquierda Comunista? https://es.internationalism.org/content/4460/nuevo-curso-y-una-izquierda-comunista-espanola-de-donde-viene-la-izquierda-comunista [23] y Defensa del medio político proletario: ¿Quién es quién en Nuevo Curso? /content/4519/quien-es-quien-en-nuevo-curso [24]
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1) Hace treinta años, la CCI señaló que el sistema capitalista había entrado en la fase final de su período de decadencia, la Descomposición. Este análisis se basó en una serie de hechos empíricos, pero al mismo tiempo proporcionó un marco para entenderlos: "En una situación en la que las dos clases fundamentales y antagónicas de la sociedad se enfrentan sin lograr imponer su propia respuesta decisiva, la historia no puede, sin embargo, detenerse. Incluso menos que para los otros modos de producción que la precedieron, no puede haber una "congelación" o "estancamiento" de la vida social para el capitalismo. Mientras que las contradicciones del capitalismo en crisis no hacen más que empeorar, la incapacidad de la burguesía de ofrecer una perspectiva para toda la sociedad y la incapacidad del proletariado de afirmar abiertamente la suya propia en el futuro inmediato sólo puede conducir a un fenómeno de descomposición generalizada, de descomposición de la sociedad en pie. "("La descomposición, la última fase de la decadencia del capitalismo", tesis 4, Revista Internacional N° 62[1])
Nuestro análisis fue cuidadoso para aclarar los dos significados del término "descomposición"; por un lado, se aplica a un fenómeno que afecta a la sociedad, particularmente en el período de decadencia del capitalismo y, por otro lado, designa una fase histórica particular de este último, su fase final:
Sobre todo, este último punto, el hecho de que la descomposición tiende a convertirse en el factor decisivo en la evolución de la sociedad y, por lo tanto, de todos los componentes de la situación mundial -una idea que de ninguna manera comparten los demás grupos de la izquierda comunista[2]-, constituye el eje principal de esta resolución.
2) Las tesis de mayo de 1990 sobre la descomposición destacan toda una serie de características en la evolución de la sociedad que resultan de la entrada del capitalismo en esta última fase de su existencia. El informe aprobado por el 22º Congreso señalaba el empeoramiento de todas estas características, como por ejemplo:
El mismo informe del 22º Congreso de la CCI también destacó la confirmación y el agravamiento de las manifestaciones políticas e ideológicas de descomposición identificadas en 1990:
El informe del 22º Congreso se centró en particular en el desarrollo de un fenómeno ya señalado en 1990 (y que había desempeñado un papel importante en la toma de conciencia de la CCI sobre la entrada del capitalismo decadente en la fase de descomposición): el uso del terrorismo en los conflictos imperialistas. El informe señalaba que: "El crecimiento cuantitativo y cualitativo del papel del terrorismo ha dado un paso decisivo (....) con el ataque a las Torres Gemelas (...) Posteriormente se confirmó con los atentados de Madrid en 2004 y Londres en 2005 (...), la creación de Daesh en 2013-14 (...), los atentados en Francia en 2015-16, Bélgica y Alemania en 2016". El informe también señalaba, en relación con estos ataques y como expresión característica de la descomposición de la sociedad, la propagación del islamismo radical que, aunque inicialmente inspirado por los chiitas (con el establecimiento en 1979 del régimen de los Ayatolas en Irán), se convirtió esencialmente en el resultado del movimiento sunita a partir de 1996 y de la captura de Kabul por los talibanes, y aún más tras el derrocamiento del régimen de Sadam Hussein Husein en Iraq por parte de las tropas estadounidenses.
3) Además de confirmar las tendencias ya identificadas en las tesis de 1990, el informe adoptado por el 22º Congreso señalaba la aparición de dos nuevos fenómenos resultantes de la persistencia de la descomposición y destinados a desempeñar un papel importante en la vida política de muchos países:
Los desplazamientos masivos de población no son fenómenos específicos de la fase de descomposición. Sin embargo, ahora están adquiriendo una dimensión que los convierte en un elemento singular de esta descomposición, tanto por sus causas actuales (en particular el caos bélico que reina en los países de origen) como por sus consecuencias políticas en los países de destino. En particular, la llegada masiva de refugiados a los países europeos ha alimentado la ola populista que se desarrolla en Europa, aunque esta ola comenzó a desarrollarse mucho antes (especialmente en un país como Francia con el surgimiento del Frente Nacional).
4) De hecho, en los últimos veinte años, el número de votos a favor de los partidos populistas se ha triplicado en Europa (del 7% al 25%), con fuertes incrementos tras la crisis financiera de 2008 y la crisis migratoria de 2015. En unos diez países, estos partidos participan en la mayoría gubernamental o parlamentaria: Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Bulgaria, Austria, Dinamarca, Noruega, Suiza e Italia. Además, incluso cuando los grupos populistas no están involucrados en el gobierno, tienen una influencia significativa en la vida política de la burguesía. Se pueden dar tres ejemplos:
Ya sea que las corrientes populistas estén en el gobierno o simplemente trastornando el juego político clásico, no corresponden a una opción racional para la gestión del capital nacional o, por lo tanto, a una carta deliberada jugada por los sectores dominantes de la clase burguesa que, particularmente a través de sus medios de comunicación, denuncian constantemente estas corrientes. Lo que el ascenso del populismo expresa en realidad es la agravación de un fenómeno ya anunciado en las tesis de 1990: "Entre las principales características de la descomposición de la sociedad capitalista, es necesario destacar la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación a nivel político. "(Tesis 9) Fenómeno claramente señalado en el informe del 22º Congreso: "Lo que hay que destacar en la situación actual es la confirmación plena de este aspecto que identificamos hace 25 años: la tendencia a una creciente pérdida de control de la clase dominante sobre su aparato político. "
El ascenso del populismo es una expresión, en las circunstancias actuales, de la creciente pérdida de control de la burguesía sobre el funcionamiento de la sociedad como resultado, fundamentalmente, de lo que se encuentra en el centro de su descomposición: la incapacidad de las dos clases fundamentales de la sociedad para dar una respuesta a la crisis insoluble en la que se está hundiendo la economía capitalista. En otras palabras, la descomposición es fundamentalmente el resultado de la impotencia de la clase dominante, impotencia que radica en su incapacidad para superar esta crisis en su modo de producción y que tiende cada vez más a afectar a su aparato político. Entre las causas actuales de la ola populista se encuentran las principales manifestaciones del colapso social: el aumento de la desesperación, el nihilismo, la violencia, la xenofobia, asociado a un creciente rechazo de las "élites" (los "ricos", los políticos, los tecnócratas) y en una situación en la que la clase obrera es incapaz de presentar, ni siquiera de forma embrionaria, una alternativa. Es obviamente posible, ya sea porque él mismo habrá demostrado su propia impotencia y corrupción, o porque una renovación de las luchas de los trabajadores cortará la hierba bajo sus pies, que el populismo pierda su influencia en el futuro. Por otra parte, no puede en modo alguno poner en tela de juicio la tendencia histórica de la sociedad a hundirse en la descomposición, ni sus diversas manifestaciones, incluida la creciente pérdida de control de su juego político por parte de la burguesía. Y esto tiene consecuencias no sólo para la política interna de cada Estado, sino también para todas las relaciones entre los Estados y las configuraciones imperialistas.
5) En 1989-90, ante la dislocación del bloque oriental, analizamos este fenómeno, sin precedentes en la historia, el del colapso de todo un bloque imperialista en ausencia de enfrentamientos generalizados, como la primera gran manifestación del período de descomposición. Al mismo tiempo, examinamos la nueva configuración del mundo que resultó de este acontecimiento histórico:
Así, 1989 marca un cambio fundamental en la dinámica general de la sociedad capitalista:
6) En el paradigma que dominó la mayor parte del siglo XX, la noción de "curso histórico" definió el resultado de una tendencia histórica: o bien la guerra mundial o bien los enfrentamientos de clase, y una vez que el proletariado había sufrido una derrota decisiva (como en la víspera de 1914 o como resultado del aplastamiento de la ola revolucionaria de 1917-23), la guerra mundial se hizo inevitable. En el paradigma que define la situación actual (mientras no se reconstituyan dos nuevos bloques imperialistas, lo que tal vez nunca ocurra), es posible que el proletariado sufra una derrota tan profunda que se le impida definitivamente recuperarse, pero también es muy posible que el proletariado sufra una derrota profunda sin que esto tenga una consecuencia decisiva para la evolución general de la sociedad. Por eso la noción de "curso histórico" ya no es capaz de definir la situación del mundo actual y la relación de fuerzas entre la burguesía y el proletariado.
En cierto modo, la situación histórica actual es similar a la del siglo XIX. De hecho, en aquel momento:
Dicho esto, es importante subrayar que la noción de "curso histórico" utilizada por la Fracción italiana en los años treinta y por la CCI entre 1968 y 1989 era perfectamente válida y constituía el marco fundamental para comprender la situación mundial. El hecho de que nuestra organización haya tenido que tener en cuenta los datos nuevos e inéditos sobre esta situación desde 1989 no puede interpretarse en modo alguno como una puesta en cuestión de nuestro marco analítico hasta esa fecha.
7) Ya en 1990, al mismo tiempo que veíamos la desaparición de los bloques imperialistas que habían dominado la "Guerra Fría", insistíamos en la continuación, e incluso la agravación, de los enfrentamientos bélicos:
Desde entonces, la situación mundial no ha hecho más que confirmar esta tendencia al empeoramiento del caos, como observamos hace un año:
8) El Medio Oriente, donde el debilitamiento del liderazgo norteamericano es más evidente y donde la incapacidad norteamericana de comprometerse militarmente demasiado directamente en Siria ha dejado el campo abierto a otros imperialismos, ofrece una concentración de estas tendencias históricas:
Ni Israel, hostil al fortalecimiento de Hezbolá en El Líbano y Siria, ni Arabia Saudí pueden tolerar este avance iraní; mientras que Turquía no puede aceptar las ambiciones regionales excesivas de sus dos rivales.
Los Estados Unidos y los países europeos tampoco pueden renunciar a sus ambiciones en esta zona estratégica del mundo.
La acción centrífuga de las distintas potencias, pequeñas y grandes, cuyos divergentes apetitos imperialistas chocan constantemente, sólo alimenta la persistencia de los conflictos actuales, como en Yemen, así como la perspectiva de conflictos futuros y la propagación del caos.
9) Mientras que, tras el colapso de la URSS en 1989, Rusia parecía condenada a desempeñar sólo un papel de potencia secundaria, está haciendo un fuerte retorno al plan imperialista. Potencia en declive y carente de la capacidad económica para mantener a largo plazo la competencia militar con otras grandes potencias, ha demostrado, mediante el restablecimiento de sus fuerzas armadas desde 2008, su altísima agresividad militar y su fuerza destructora a nivel internacional:
El actual acercamiento de Rusia a China sobre la base del rechazo de las alianzas americanas en la región asiática, con escasas perspectivas de una alianza a largo plazo dados los intereses divergentes de los dos Estados, la inestabilidad de las relaciones de poder entre las potencias confiere al Estado euroasiático ruso y al continente euroasiático una nueva importancia estratégica en vista del lugar que puede ocupar en la contención de China.
10) Sobre todo, la situación actual está marcada por el rápido ascenso imperialista de China. Esta última tiene la perspectiva (invirtiendo masivamente en nuevos sectores tecnológicos, en particular en inteligencia artificial) de establecerse como potencia económica líder entre 2030 y 2050 y de adquirir para 2050 un "ejército de nivel mundial capaz de lograr una victoria en cualquier guerra moderna". La manifestación más visible de sus ambiciones es el lanzamiento desde 2013 de las "nuevas Rutas de la Seda" (creación de corredores de transporte marítimo y terrestre, acceso al mercado europeo y seguridad de sus rutas comerciales), concebidas como un medio para reforzar su presencia económica, pero también como un instrumento para desarrollar su poder imperialista en el mundo y a largo plazo, amenazando directamente la preeminencia norteamericana.
Este ascenso de China está provocando una desestabilización general de las relaciones entre potencias, que ya han entrado en un grave momento estratégico en el que la potencia dominante, Estados Unidos, intenta contener y se compromete a romper el ascenso de la potencia china que la amenaza. La respuesta estadounidense iniciada por Obama -recuperada y amplificada por Trump por otros medios- representa un punto de inflexión en la política estadounidense. La defensa de sus intereses como Estado nacional sigue ahora a la del cada uno a la suya, que domina las relaciones imperialistas: Estados Unidos pasa de ser el gendarme del orden mundial a ser el agente principal del cada uno a la suya y del caos y cuestiona el orden mundial que se estableció bajo sus auspicios desde 1945.
Esta "batalla estratégica por el nuevo orden mundial entre Estados Unidos y China", que se libra en todas las áreas a la vez, aumenta aún más la incertidumbre y la imprevisibilidad ya arraigadas en una situación de descomposición particularmente compleja, inestable y cambiante: este gran conflicto obliga a todos los Estados a reconsiderar sus opciones imperialistas en evolución.
11) Las etapas del ascenso de China son inseparables de la historia de los bloques imperialistas y de su desaparición en 1989: la posición de la izquierda comunista que afirmaba la "imposibilidad de cualquier emergencia de nuevas naciones industrializadas" en el período de decadencia y la condena de los Estados "que no lograron su "despegue industrial" antes de la Primera Guerra Mundial para estancarse en el subdesarrollo, o para superar un atraso crónico en comparación con las potencias dominantes" era perfectamente válida en el período de 1914 a 1989. Fue la camisa de fuerza de la organización del mundo en dos bloques imperialistas opuestos (permanentes entre 1945 y 1989) en preparación para la guerra mundial lo que impidió cualquier ruptura de la jerarquía entre las potencias. El ascenso de China comenzó con la ayuda estadounidense que recompensó su cambio imperialista a los Estados Unidos en 1972. Continuó de manera decisiva después de la desaparición de los bloques en 1989. China parece ser el principal beneficiario de la "globalización" tras su adhesión a la OMC en 2001, cuando se convirtió en el taller mundial y en el receptor de las deslocalizaciones e inversiones occidentales, convirtiéndose finalmente en la segunda potencia económica del mundo. Fueron necesarias las circunstancias sin precedentes del período histórico de descomposición para permitir el ascenso de China, sin las cuales no habría ocurrido.
El poder de China soporta todos los estigmas del capitalismo terminal: se basa en la sobreexplotación de la fuerza de trabajo proletaria, el desarrollo desenfrenado de la economía de guerra del programa nacional de "fusión militar-civil" y va acompañado de la destrucción catastrófica del medio ambiente, mientras que la "cohesión nacional" se basa en el control policial de las masas sometidas a la educación política del Partido Único y en la feroz represión de las poblaciones alófonas del Xinjiang y el Tíbet musulmanes. De hecho, China es sólo una metástasis gigantesca del cáncer militarista generalizado de todo el sistema capitalista: su producción militar se está desarrollando a un ritmo frenético, su presupuesto de defensa se ha multiplicado por seis en 20 años y ocupa el segundo lugar en el mundo desde 2010.
12) El establecimiento de las "nuevas rutas de la seda" y el progreso gradual, persistente y a largo plazo de China (el establecimiento de acuerdos económicos o asociaciones interestatales en todo el mundo -con Italia, la toma del puerto de Atenas en el Mediterráneo- hacia América Latina; la creación de una base militar en Djibouti -la puerta de entrada a su creciente influencia en el continente africano-- afectan a todos los Estados y perturban los "equilibrios" existentes.
En Asia, China ya ha cambiado el equilibrio de las fuerzas imperialistas en detrimento de Estados Unidos. Sin embargo, no es posible llenar automáticamente el "vacío" dejado por el declive de la dirección norteamericana por el efecto mismo de que el cada uno para sí imperialista y la desconfianza que su poder inspira. Las tensiones imperialistas significativas cristalizan en particular con:
La hostilidad de estos dos Estados hacia China está impulsando su convergencia, así como su acercamiento a Estados Unidos. Estos últimos han lanzado una alianza cuatripartita Japón-Estados Unidos-Australia-India que proporciona un marco para el acercamiento diplomático entre los distintos Estados que se oponen al ascenso de China, pero también un acercamiento militar.
En esta fase de "recuperación" del poder norteamericano, China ésta intenta ocultar sus ambiciones hegemónicas para evitar la confrontación directa con su rival, lo que perjudica sus planes a largo plazo, mientras que Estados Unidos toma ahora la iniciativa de bloquearlo y reorientar la mayor parte de su atención imperialista hacia la zona indo -pacífica.
13) A pesar del populismo de Trump, a pesar de los desacuerdos dentro de la burguesía norteamericana sobre cómo defender su liderazgo y sus divisiones, particularmente en lo que se refiere a Rusia, la administración Trump adopta una política imperialista en continuidad y coherencia con los intereses imperialistas fundamentales del estado norteamericano, lo cual es generalmente aceptado entre los sectores mayoritarios de la burguesía norteamericana: defender el rango de los Estados Unidos como indiscutible primera potencia mundial .
Ante el desafío chino, Estados Unidos está experimentando una importante transformación de su estrategia imperialista mundial. Este cambio se basa en la observación de que el marco de la "globalización" no ha garantizado la posición de Estados Unidos, sino que incluso la ha debilitado. La formalización por parte de la administración Trump del principio de defender sólo sus intereses como Estado nacional y la imposición de relaciones de fuerza rentables a Estados Unidos como base principal para las relaciones con otros Estados, confirma y extrae implicaciones del fracaso de la política de los últimos 25 años de lucha contra el cada uno a la suya en tanto que gendarme mundial y la defensa del orden mundial heredado de 1945, para prevalecer sobre cualquier otro principio.
El cambio de rumbo en los Estados Unidos se refleja en:
El comportamiento vandálico de un Trump que puede denunciar los compromisos internacionales estadounidenses de la noche a la mañana, desafiando las reglas establecidas, representa un nuevo y poderoso factor de incertidumbre e impulso para el “cada uno por sí mismo”. Es una indicación más de la nueva etapa que el sistema capitalista está tomando en el hundimiento en la barbarie y el abismo del militarismo extremo.
14) El cambio en la estrategia norteamericana se nota en algunos de los principales teatros imperialistas:
Washington, sin embargo, claramente está infligiendo un revés a China, que había hecho de Venezuela un aliado político escogido para expandir su influencia y ha demostrado ser impotente para oponerse a la presión estadounidense. No es imposible que esta ofensiva norteamericana de reconquista imperialista de su patio trasero latinoamericano pueda inaugurar una ofensiva más sistemática contra China en otros continentes. Por el momento, plantea la posibilidad de que Venezuela se sumerja en el caos de un enfrentamiento a muerte y sin salida entre facciones burguesas, así como una aguda desestabilización de toda la zona sudamericana.
15) El actual fortalecimiento general de las tensiones imperialistas se refleja en el relanzamiento de la carrera armamentista y la supremacía tecnológica militar, no sólo allí donde las tensiones son más evidentes (en Asia y Oriente Medio), sino para todos los Estados, dirigidos por las grandes potencias. Todo indica que se avecina una nueva etapa en los enfrentamientos Inter imperialistas y que el sistema se hunde en la barbarie de la guerra.
En este contexto, la Unión Europea, debido a esta situación imperialista, seguirá enfrentándose a la tendencia a la fragmentación, como se destaca en el informe de junio de 2018 sobre las tensiones imperialistas. (Revista Internacional No. 161)
16) En el frente económico, desde principios de 2018, la situación del capitalismo ha estado marcada por una fuerte desaceleración del crecimiento mundial (del 4% en 2017 al 3,3% en 2019), que la burguesía predice que será estable y empeorará en 2019-20. Esta desaceleración resultó ser más rápida de lo previsto en 2018, ya que el FMI tuvo que reducir sus previsiones para los próximos dos años y está afectando simultáneamente a prácticamente todos los sectores del capitalismo: China, Estados Unidos y la zona euro. En 2019, el 70% de la economía mundial se ralentiza, sobre todo en los países "avanzados" (Alemania, Reino Unido). Algunos de los países emergentes ya se encuentran en recesión (Brasil, Argentina, Turquía), mientras que China, que viene desacelerando desde 2017 y se espera que crezca un 6,2% en 2019, está experimentando sus cifras de crecimiento más bajas en 30 años.
El valor de la mayoría de las monedas de los mercados emergentes se ha debilitado, a veces bruscamente, como en Argentina y Turquía. A finales de 2018, el comercio mundial registró un crecimiento cero, mientras que Wall Street experimentó en 2018 las mayores "correcciones" bursátiles en los últimos 10 años. La mayoría de los indicadores parpadean y apuntan a la perspectiva de una nueva caída de la economía capitalista.
17) La clase capitalista no tiene futuro que ofrecer, su sistema ha sido condenado por la historia. Desde la crisis de 1929, la primera gran crisis de la era decadente del capitalismo, la burguesía no ha dejado de sofisticar la intervención del Estado para ejercer un control general sobre la economía. Cada vez más confrontado con la creciente estrechez de los mercados extra capitalistas, cada vez más amenazados por la sobreproducción generalizada, "el capitalismo se ha mantenido vivo gracias a la intervención consciente de la burguesía, que ya no puede permitirse el lujo de depender de la mano invisible del mercado. Es cierto que las soluciones también se convierten en parte del problema:
Desde los años setenta, estos problemas han dado lugar a diferentes políticas económicas, alternando entre el "keynesianismo" y el "neoliberalismo", pero como ninguna política puede abordar las causas reales de la crisis, ningún enfoque puede lograr la solución final. Lo que es notable es la determinación de la burguesía de mantener su economía en movimiento a toda costa y su capacidad para frenar la tendencia al colapso a través de una deuda gigantesca. "(Resolución sobre la situación internacional del XVI Congreso[6])
Producto de las contradicciones de la decadencia y del impasse histórico del sistema capitalista, el capitalismo de Estado implementado a nivel de cada capital nacional no obedece, sin embargo, al estricto determinismo económico; por el contrario, su acción, esencialmente de naturaleza política, integra y combina simultáneamente en su organización y opciones los planes económicos, sociales (cómo enfrentar a su enemigo de clase según la relación de fuerzas entre las clases) e imperialistas (la necesidad de mantener un enorme sector armamentístico en el centro de cualquier actividad económica) para preservar y defender el sistema operativo burgués en todos los niveles vitales. Así, el capitalismo de Estado ha experimentado diferentes fases y modalidades organizativas en la historia de la decadencia.
18) En los años ochenta, bajo el impulso de las grandes potencias económicas, se inauguró una nueva etapa: la de la "globalización". En una primera etapa, tomó la forma de la Reaganomics, seguida rápidamente por una segunda, que aprovechó la situación histórica sin precedentes de la caída del bloque oriental para ampliar y profundizar una vasta reorganización de la producción capitalista a escala mundial entre 1990 y 2008.
El mantenimiento de la cooperación entre los Estados, utilizando en particular las viejas estructuras del bloque occidental, y el mantenimiento de un cierto orden en los intercambios comerciales, fueron medios para hacer frente al agravamiento de la crisis (recesiones de 1987 y 1991-1993), pero también a los primeros efectos de la descomposición, que, en el ámbito económico, podrían así mitigarse en gran medida.
Siguiendo el modelo de referencia de la UE de eliminar las barreras arancelarias entre los Estados miembros, la integración de muchas ramas de la producción mundial se ha visto reforzada por el desarrollo de cadenas de producción funcionando a escala mundial. Al combinar la logística, la tecnología de la información y las telecomunicaciones, permitiendo economías de escala, una mayor explotación de la fuerza de trabajo del proletariado (a través del aumento de la productividad, la competencia internacional, la libre circulación de la mano de obra para imponer salarios más bajos), la sumisión de la producción a la lógica financiera de la máxima rentabilidad, el comercio mundial ha seguido aumentando, aunque menos, estimulando la economía mundial, por un "segundo aliento" que extiende la existencia del sistema capitalista.
19) La crisis de 2007-2009 marcó un paso adelante en el hundimiento del sistema capitalista en su crisis irreversible: después de cuatro décadas de recurrir al crédito y a la deuda para contrarrestar la creciente tendencia a la sobreproducción, marcada por recesiones cada vez más profundas y recuperaciones cada vez más limitadas, la recesión de 2009 fue la más significativa desde la Gran Depresión. Fue la intervención masiva de los Estados y sus bancos centrales lo que salvó al sistema bancario de la bancarrota total a través de una enorme deuda pública al comprar deudas que ya no podían ser pagadas.
El capital chino, también gravemente afectado por la crisis, ha desempeñado un papel importante en la estabilización de la economía mundial mediante la aplicación de paquetes de estímulo en 2009, 2015 y 2019 basados en una deuda pública masiva.
No sólo no se han resuelto o superado las causas de la crisis 2007-2011, sino que la gravedad y las contradicciones de la crisis han aumentado: ahora son los propios Estados los que se enfrentan a la aplastante carga de su deuda (la "deuda soberana"), lo que afecta aún más a su capacidad de intervención para reactivar sus respectivas economías nacionales. "La deuda ha sido una forma de compensar la insuficiencia de los mercados solventes, pero no puede aumentar indefinidamente, como ha puesto de relieve la crisis financiera desde 2007. Sin embargo, todas las medidas que se pueden tomar para limitar la deuda vuelven a poner al capitalismo frente a su crisis de sobreproducción, y esto en un contexto económico internacional que limita cada vez más su margen de maniobra. "(Resolución sobre la situación internacional 20° Congreso)[7]
20) El desarrollo actual de la crisis provoca crecientes perturbaciones en la organización de la producción en una vasta construcción multilateral a nivel internacional unificada por reglas comunes y muestra los límites de la "globalización": la creciente necesidad de unidad (que nunca ha significado otra cosa que la imposición de la ley del más fuerte sobre el más débil) debido al entrelazamiento "transnacional" de una producción muy segmentada país por país (se trata de unidades divididas fundamentalmente por la competencia en las que se diseña cualquier producto aquí, allí y con la ayuda de elementos producidos en otras partes) se enfrenta a la naturaleza nacional de cada capital, a los límites mismos del capitalismo, irremediablemente dividido en naciones rivales y en competencia, al grado máximo de unidad que es imposible de superar para el mundo burgués. La profundización de la crisis (así como las exigencias de la rivalidad imperialista) está poniendo a prueba las instituciones y mecanismos multilaterales.
Este hecho queda ilustrado por la actitud actual de las dos principales potencias que compiten por la hegemonía mundial:
21) La influencia de la descomposición es un factor desestabilizador adicional. En particular, el desarrollo del populismo agrava aún más el deterioro de la situación económica al introducir un factor de incertidumbre e imprevisibilidad frente al torbellino de la crisis. La llegada al poder de gobiernos populistas con programas poco realistas para el capital nacional, que debilitan el funcionamiento de la economía y el comercio mundiales, siembra el desorden y aumenta el riesgo de debilitar los medios impuestos por el capitalismo desde 1945 para evitar cualquier repliegue autárquico en el marco nacional que fomente el contagio incontrolado de la crisis económica. El desorden de Brexit y la espinosa salida de Gran Bretaña de la UE son otro ejemplo: la incapacidad de los partidos de la clase dominante británica para decidir sobre las condiciones de separación y la naturaleza de las futuras relaciones con la Unión Europea, las incertidumbres que rodean el "restablecimiento" de las fronteras, en particular entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, el futuro incierto de la Escocia pro -europea que amenaza con separarse del Reino Unido, afectan a la economía inglesa (debilitando el valor de la libra), así como al del antiguo socio de la UE, privado de la visibilidad a largo plazo y de la estabilidad reglamentaria esenciales para el desarrollo de los negocios.
Los desacuerdos sobre la política económica en Gran Bretaña, Estados Unidos y otros lugares muestran la existencia de crecientes divisiones en la política económica, no sólo entre naciones rivales sino también dentro de cada burguesía nacional entre "multilateralistas" y "unilateralistas" e incluso dentro de cada uno de estos enfoques (por ejemplo, entre Brexiters "blandos" y "duros" en el Reino Unido). No sólo ya no existe un consenso mínimo sobre la política económica, ni siquiera entre los países del antiguo bloque occidental, sino que esta cuestión es cada vez más polémica en el seno de las propias burguesías nacionales.
22) La acumulación actual de todas estas contradicciones en el contexto actual del avance de la crisis económica, así como la fragilidad del sistema monetario y financiero y el endeudamiento internacional masivo de los Estados después de 2008, abren un período de graves convulsiones por venir y colocan una vez más al sistema capitalista ante la perspectiva de una nueva caída. Sin embargo, no hay que olvidar que el capitalismo no ha agotado definitivamente ningún recurso para acompañar el hundimiento de la crisis y evitar situaciones incontroladas, sobre todo en los países centrales. El sobreendeudamiento de los Estados, cuyo servicio de la deuda, al que debe asignarse una parte cada vez mayor de la riqueza nacional producida, afecta en gran medida a los presupuestos nacionales y reduce gravemente su margen de maniobra frente a la crisis. Sin embargo, es seguro que esta situación no conducirá a:
23) En cuanto al proletariado, estas nuevas convulsiones sólo pueden dar como resultado ataques aún más graves contra sus condiciones de vida y de trabajo a todos los niveles y en todo el mundo, en particular:
Sin embargo, aunque la burguesía de todos los países se ve cada vez más obligada a intensificar sus ataques contra la clase obrera, su margen de maniobra política está lejos de agotarse. Podemos estar seguros de que hará todo lo posible para evitar que el proletariado responda en su propio terreno de clase contra el creciente deterioro de sus condiciones de vida impuesto por las convulsiones de la economía mundial.
Mayo de 2019
[1] "TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION [11]".
[2][2] Para intentar comprender las razones de este rechazo y sus consecuencias ver Las raíces marxistas de la noción de descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200404/167/entender-la-descomposicion-i-las-raices-marxistas-de-la-nocion-de-d [30]
[3] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200712/2114/tras-el-hundimiento-del-bloque-del-este-inestabilidad-y-caos [31]
[4] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [32]
[5] https://es.internationalism.org/content/4350/analisis-de-la-evolucion-reciente-de-las-tensiones-imperialistas [33]
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En el marco de un análisis del impacto de la descomposición en la vida de la burguesía, este informe se centra más particularmente en las dificultades a las que ha de hacer frente la burguesía con el surgimiento de las corrientes populistas, así como la forma en que ella trata de reaccionar. No se centrará, pues, en la historia del populismo ni en cuestiones más generales como la relación entre populismo y violencia.
Desde 2007, la CCI no ha discutido un informe sobre la vida política de la burguesía. Sin embargo, el informe sobre la descomposición que se presentó al XXII Congreso de la CCI - aunque débilmente discutido en el mismo – actualiza y completa las líneas principales de las tesis sobre la descomposición, sitúa el fenómeno del populismo en este contexto, y proporciona el marco de referencia para analizar e interpretar los altibajos que caracterizan la vida política de la burguesía actual. Las ideas principales de ese informe son las siguientes:
- El capitalismo decadente ha entrado "en una fase específica -la fase última- de su historia, en la que la descomposición se convierte en un factor, si no en el factor, decisivo para la evolución de la sociedad" (del mencionado Informe sobre la descomposición). Junto con la crisis de los refugiados y el desarrollo del terrorismo, el populismo es una de sus expresiones más llamativas. Este proceso de descomposición de la sociedad es irreversible.
- El ascenso del populismo "no es el resultado de una voluntad política deliberada por parte de los sectores dominantes de la burguesía". Por el contrario, es una confirmación de la tendencia hacia "una creciente pérdida de control de la clase dominante sobre su aparato político" (Idem).
- Su causa determinante es "la incapacidad del proletariado para plantear su propia respuesta, su propia alternativa a la crisis del capitalismo. En esta situación de vacío, y en cierto modo, de pérdida de confianza en las instituciones oficiales de la sociedad que ya no son capaces de protegerla, de pérdida de confianza en el futuro, se hace cada vez más fuerte la tendencia a mirar hacia el pasado, a buscar chivos expiatorios responsables del desastre” (Idem).
- Comporta "un elemento común que está presente en la mayoría de los países más avanzados: la profunda pérdida de confianza en las "élites" (...) debido a su incapacidad para restablecer la salud de la economía y frenar un aumento constante del desempleo o de la pobreza". Esta revuelta contra los dirigentes políticos "(...) no puede en modo alguno conducir a una perspectiva alternativa al capitalismo" (Idem.).
- “La reacción populista pretende sustituir la hipócrita pseudo- igualdad existente por un sistema ‘franco’ y descarado de discriminación legal (...) Ante la falta de perspectiva de un crecimiento a largo plazo de la economía nacional, las condiciones de vida de las poblaciones autóctonas únicamente podrían preservarse discriminando a todos los demás” (Resolución sobre la situación internacional del 22º Congreso de la CCI).
Desde 2017 y un XXII Congreso internacional que ya se vio confrontado al voto favorable al Brexit y a la elección de Trump como presidente de Estados Unidos, hemos visto como el impacto del populismo se ha hecho cada vez más evidente en todos los aspectos de la situación internacional: se ha puesto de relieve ampliamente en el caso de las tensiones imperialistas y en la lucha del proletariado. También está adquiriendo cada vez más importancia en la economía. Y, finalmente, adquiere una gran relevancia en lo tocante al aparato político de la burguesía. Los acontecimientos de los últimos dos años confirman de manera espectacular "este aspecto que identificamos hace 25 años: la tendencia a una creciente pérdida de control de su aparato político por parte de la clase dominante" (Informe sobre la descomposición).
Esta pérdida de control se ha traducido en una expansión fulgurante del fenómeno en los últimos años, acentuando una auténtica marea populista: según un estudio del diario "The Guardian", que abarca los últimos veinte años, los partidos populistas han triplicado el número de votos a su favor en Europa (del 7% al 25%). En una decena de países, estos partidos participan en la mayoría gubernamental o parlamentaria: Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Bulgaria, Austria, Dinamarca, Noruega, Suiza e Italia. El estudio señala dos momentos de intensificación de esta expansión: la crisis financiera de 2008 y la oleada de refugiados en 2015. La exacerbación de otros fenómenos que caracterizan la descomposición, tales como el terrorismo, o el “cada uno a la suya” atizan sus llamas y estimulan la expansión del populismo a todos los aspectos de la sociedad capitalista. Por último, la llegada al poder, en la principal potencia imperialista, de un presidente populista ha intensificado aún más la potencia de esta marejada, como puede verse en hechos recientes: la formación de un gobierno compuesto únicamente por grupos populistas en Italia, un aparato político que se hunde en la confusión en Gran Bretaña, una fuerte presión de las fuerzas populistas sobre la política de Merkel en Alemania, la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, el movimiento de los "Chalecos Amarillos" en Francia, el surgimiento de un partido populista nacionalista ("Vox") en España, etc...
Las expresiones del populismo están causando sobresaltos cada vez más incontrolables en los aparatos políticos de las distintas burguesías. Las siguientes secciones del informe muestran que son un factor importante en los países industrializados, y que también tienen un impacto, a través de manifestaciones similares, en una serie de países "emergentes".
La crisis de la burguesía norteamericana no nació de la elección de Trump. Ya en el informe de 2007 explicábamos las razones de la crisis de esta burguesía: "Esta situación objetiva – o sea la ausencia de estrategia a largo plazo para la potencia dominante que se mantiene - es la que ha hecho posible la elección y la reelección de un régimen talmente corrupto encabezado por un presidente tan piadoso como estúpido [Bush junior]. (...), la administración Bush no es más que un reflejo del callejón sin salida del imperialismo estadounidense" (El impacto de la descomposición en la vida de la burguesía, informe no publicado del XVII Congreso de la CCI). Pero la elección de un presidente populista de decisiones impredecibles no sólo ha sacado a la luz la crisis de la burguesía norteamericana, sino que, sobre todo, ha puesto de manifiesto la creciente inestabilidad de su aparato político y la exacerbación de las tensiones internas.
Viéndose incapaces de abortar su elección, las fracciones más responsables intentaron por todos los medios limitar estos estragos a través de diferentes vías:
- maniobrando para destituirlo, pero los mecanismos del “impeachment” parecen estar agotándose;
- colocar en el equipo presidencial a hombres de confianza (de Mc Master a Kelly, pasando por Tillerson), pero han sido paulatinamente laminados (el último, "Mad Dog” – Perro Loco" -Mattis, acaba de dimitir);
- tratando de imponerle un control político por parte de los diputados republicanos, pero al final ha sido Trump quién ha vampirizado al Partido Republicano;
- buscando desarrollar en el Partido Demócrata una alternativa frente a Trump, pero esto ha fracasado hasta ahora. Al final, la reelección de Trump para un segundo mandato parece cada vez más probable.
Es más, la confusa y caprichosa política de Trump pone de relieve la perplejidad y las divisiones que existen en el seno de la burguesía estadounidense en cuanto a qué políticas económicas e imperialistas habría que poner en marcha para mantener su supremacía sobre todo el planeta. Más allá de la visión cambiante y mercantil de Trump, el paso del multilateralismo al bilateralismo revela la existencia de auténticas tensiones en el seno de esa burguesía: la dominación del imperialismo norteamericano siempre se ha presentado detrás de una pantalla moral: la defensa de la democracia y del mundo libre, la defensa de los derechos humanos (Clinton, Obama), la lucha contra el mal (Bush), y encabezando siempre una amplia coalición de Estados. Pero ante las dificultades para mantenerse como el gendarme mundial, Trump ha roto abiertamente con la hipocresía del multilateralismo, imponiendo en cambio la relación de fuerzas bilateral, aún con sus amigos (Gran Bretaña) y aliados (Alemania). Su razonamiento es que Estados Unidos sólo puede mantener su supremacía global si mejora su situación económica, y esto requiere chantajear a sus competidores mediante su abrumadora supremacía militar. Su antiguo asesor de seguridad nacional, el general Mc Master, lo explica bien en el Wall Street Journal: “tiene la visión clarividente de que el mundo no es una ‘comunidad global’, sino un campo de juego en que las naciones, los agentes no gubernamentales y los actores económicos se implican y luchan por obtener ventajas. (…). En lugar de negar esta naturaleza elemental de las relaciones internacionales, la asumimos" (30.05.2017). En este sentido, la irracionalidad de Trump no radica en la falta de orientación de su política, sino en su propia orientación, que sitúa al líder del capitalismo mundial en la vanguardia del “cada uno a la suya” y el caos.
La imprevisibilidad de Trump hacia Rusia revela hasta qué punto estas tensiones cristalizan en torno a la actitud hacia el antiguo líder del bloque opositor, que para gran parte de la burguesía norteamericana sigue siendo el enemigo del "mundo libre", pero, sin embargo, un aliado potencial contra China (y contra Alemania). Si bien la mayoría de las fracciones burguesas parecen oponerse a un acercamiento a Putin, Trump alterna constantemente calor y frío sobre estas relaciones:
- conversaciones amistosas con Putin en Helsinki durante julio 2018, con Trump, rompiendo abiertamente el bloqueo de la OTAN a Rusia tras la agresión contra Ucrania, y diciendo que harían juntos "grandes cosas en el mundo",
- y luego, en octubre, Trump decide retirarse del acuerdo sobre la no proliferación de armas nucleares pues Rusia no se atiene a él.
Nuestra Contribución sobre el problema del populismo [38] (Revista Internacional nº 157) planteaba como hipótesis que la burguesía podría emplear tres tipos de estrategias frente a la oleada populista: primero, la oposición frontal jugando la carta antipopulista; segundo, hacer que los partidos tradicionales asumieran elementos de la política populista y, por último, tercero, revitalizar e incluso reavivar la oposición de derecha/izquierda. ¿En qué medida se han aplicado estas estrategias y cuáles son sus consecuencias?
En Francia, la política antipopulista de la burguesía logró inicialmente contrarrestar a Marine Le Pen, sacándose del sombrero un “nuevo hombre”, Macron y su movimiento "La France en Marche", que, según la campaña mediática, no estaban vinculados a los partidos tradicionales. Pero Macron se vio inmediatamente obligado a implementar una política orientada a la globalización, en un momento en que el proteccionismo de Trump estaba redistribuyendo cartas, y sobre todo, que para llevarlo a cabo tuvo que lanzar ataques masivos contra la clase obrera.
Las consecuencias no tardaron en llegar: Macron se enfrenta ahora a una caída vertiginosa de la popularidad y a la revuelta de los "chalecos amarillos"[1], que, indudablemente, beneficiarán ampliamente a las corrientes populistas, sobre todo porque Macron todavía no tiene una estructura política suficientemente sólida y fiable (un partido bien estructurado). Sin embargo, para la burguesía, que hundió en las elecciones de 2017 a sus partidos tradicionales (agonizantes y prisioneros de múltiples querellas internas), Macron sigue siendo, pese a su fragilidad, la principal fuerza política en Francia capaz de limitar el peso del RN (populista).
En Alemania, Merkel se ha perfilado desde el primer momento como la campeona del antipopulismo (recordemos el "Wir schaffen das" una especie de “Sí se puede”), pero esto ha impulsado la ola populista de modo que la burguesía alemana se enfrenta ahora al AfD, que se ha convertido en el segundo partido político del país. En consecuencia, tuvo que reconstituir tras las últimas elecciones la Gran Coalición, cuando ésta ya había quedado ampliamente desacreditada en las elecciones generales. Los resultados de los comicios en los Länder de Baviera y Sajonia confirman la derrota electoral de la CDU/ CSU y el colapso del SPD. La situación es compleja y la renuncia de Merkel a la presidencia de la CDU (y por lo tanto a un puesto futuro de canciller) anuncia una fase de incertidumbre e inestabilidad para la burguesía dominante en Europa.
El aparato político de la burguesía alemana se ve enfrentado a sobresaltos, mientras ésta se ve presionada en el seno mismo de la UE por un lado por los países centroeuropeos que rechazan su política hacia los refugiados, pero también por el papel de economías subordinadas, subcontratadas que Alemania les impone; y, por otro lado, por los países del sur de Europa (Grecia, Italia) que rechazan su política económica. Al mismo tiempo se encuentra en el punto de mira de la administración Trump, que quiere imponer impuestos de importación sobre sus coches y maquinaria.
La burguesía británica intentó canalizar las desastrosas consecuencias del referéndum sobre la salida de la UE haciendo que uno de sus principales partidos tradicionales, el Partido Conservador, asumiera la opción Brexit. Pero lejos de estabilizar la situación, las sacudidas en el sistema político británico no han cesado desde entonces, y aumentan en cambio la inestabilidad y la incertidumbre sobre las diferentes opciones:
- las continuas vacilaciones y contorsiones del gobierno May para: (a) llevar a cabo una política coherente con la implementación del Brexit y, (b) conseguir un acuerdo claro con la UE; están empujando a ésta a adoptar medidas de salvaguardia frente a lo que los funcionarios europeos llaman ya un "Estado fallido";
- el consenso en el seno del gobierno británico, lejos de tender a un apaciguamiento de las contradicciones, va más hacia su exacerbación (con dimisiones regulares de ministros que no están de acuerdo con la política seguida), pero especialmente en el seno del Partido Conservador, que corre el riesgo de un estallido, por lo que es improbable que el Parlamento británico ratifique incluso el acuerdo impreciso y general pactado por May y la UE. Del mismo modo también existen divisiones reales dentro del Partido Laborista entre un Corbyn bastante proclive al Brexit y un buen número de diputados pro europeos[2];
- la inestabilidad es profunda y más que nunca, cada vez más políticos británicos se asemejan a "talibanes políticos", según la fórmula empleada por un diplomático europeo. En los últimos meses, se ha visto un auge de las opciones populistas más radicales, que sueñan con un “renacimiento de Albion", no sólo fuera de los partidos tradicionales (Nigel Farrage), sino sobre todo en el seno mismo del Partido Conservador (y sus "pesos pesados" Boris Johnson, Michael Gove, Jacob Rees-Mog, Steven Baker).
Un escenario no previsto por la mencionada contribución sobre el populismo es la constitución de un gobierno compuesto exclusivamente por partidos populistas. Durante años los partidos populistas han formado parte de coaliciones de gobierno en algunos países y, en varios de los del antiguo bloque oriental, como Hungría o Polonia, han llegado a situarse en la cabeza del Estado. Hoy, sin embargo, es la cuarta economía de la UE, Italia, la que, en el contexto de una situación económica y social muy difícil (caída de un 10% del Producto Interior Bruto a precios constantes, entre 2008 y 2017), está asistiendo a la emergencia de un gobierno compuesto exclusivamente por partidos populistas (la Lega y el M5S). Este Gobierno combina una política identitaria y xenófoba con una política de defensa social para los italianos:
- subsidio de ciudadanía, con un coste de 9.000 millones de euros,
- reforma de las pensiones para adelantar la edad de jubilación de 67 a 62 años (presupuesto suplementario de 7.000 millones de euros),
- adopción del "Decreto dignidad" que reduce de 3 años a 2, la renovación de los contratos temporales,
- reducción de impuestos a trabajadores autónomos y las PYME,
- obligación para las empresas que hayan recibido ayudas públicas de reembolsarlas si, en un plazo de cinco años a partir de su obtención, transfieren sus actividades a otro país.
Los efectos de esta política populista italiana sobre la estabilidad de la UE son incalculables en el futuro: en cuanto a la política de refugiados, su línea dura (atacando a las ONG en particular) choca con otros países europeos, en particular Francia y España. Desde el punto de vista presupuestario, el Gobierno italiano rechaza los deberes impuestos por la Comisión Europea (el déficit presupuestario es del 2,4% del PIB en lugar del 0,8% previsto por el Gobierno anterior, en total contradicción con las normas presupuestarias europeas) y, en cambio, desea aplicar una política de protección social para el "pueblo italiano", que se opone frontalmente al rigor presupuestario preconizado por Alemania. Pero una nueva crisis monetaria en torno a Italia pondría en cuestión la existencia de la unión monetaria y de la eurozona. Italia lo sabe, lo que le permite chantajear. Además, el déficit presupuestario incrementa la deuda italiana, lo que reduce su calificación en las agencias, lo que llevará a los inversores institucionales a deshacerse de los fondos italianos.
El impacto social de la política de la coalición populista también debe ser seguido cuidadosamente. Las medidas sociales anunciadas están muy por debajo de las promesas de los populistas, en particular el M5S (los 9 mil millones de euros de la renta de ciudadanía son casi la mitad de los 17 mil previstos). Además, el Gobierno italiano ha acordado, por presiones de la UE, posponer algunas de estas medidas y limitar su impacto presupuestario. Por otra parte, el gobierno populista no ha derogado la "Ley de Empleo", elaborada por el gobierno de Renzi, que liberalizó el mercado laboral italiano y extendió la precariedad. En consecuencia, muchas de las medidas anunciadas tendrán un efecto contrario al anunciado. Así, el "Decreto dignidad" reduce teóricamente las posibilidades de utilizar contratos temporales repetidos, pero en virtud de la "Ley del empleo", la tendencia será hacia la no renovación de los contratos y, por tanto, hacia un aumento de la precariedad. Además, la renta de ciudadanía supone un aumento de presión sobre los desempleados (que la pierden si rechazan tres ofertas de trabajo) y el control de los gastos (los ingresos se acreditarán a una tarjeta de uso controlado). Por último, la jubilación a los 62 años sólo será accesible a quienes hayan cotizado 38 años.
La tercera estrategia prevista, es decir la reanudación de la oposición entre derecha e izquierda para cortar la hierba bajo los pies del populismo, no parece estar siendo realmente aplicada por la burguesía. Por el contrario, los últimos años se han caracterizado por una tendencia irreversible hacia el declive de los partidos socialistas.
Esta cuestión de la crisis de los partidos socialdemócratas se refiere a la cuestión del papel de los partidos de izquierda que ya tratamos en el citado informe sobre la vida de la burguesía del XVII Congreso de la CCI (El impacto de la descomposición en la vida de la burguesía). Después de haber jugado un papel esencial para frenar la ola de luchas obreras de los años setenta y ochenta (izquierda en el gobierno, izquierda en la oposición), estos partidos han estado disponibles para otras tareas ya que, como señala el informe, desde principios de los noventa, la cuestión social no es ya el factor decisivo para la formación de los gobiernos: "(...) hay otro factor que cada vez es más importante, que se está convirtiendo en un factor verdaderamente decisivo en la vida política de la burguesía en general y en la elección de los equipos de gobierno en particular: la descomposición de la sociedad burguesa, que en los últimos años ha avanzado indiscutiblemente" (El impacto de la descomposición en la vida de la burguesía). En efecto, en la última década del siglo XX y en la primera década del XXI, los partidos socialistas o socialdemócratas se implicaron en primera línea para contrarrestar los primeros efectos de la descomposición sobre el aparato político de la burguesía (con Blair, Schröder, Zapatero, Hollande).
En consecuencia, están sufriendo la erosión, no sólo la que afecta a los principales partidos democráticos de los "gloriosos 30" como también le sucede a la democracia cristiana (en Italia, Holanda, Bélgica e incluso Alemania), sino que resultan además especialmente identificados con el sistema político en bancarrota. La tendencia a su declive parece, por tanto, irreversible: el Partido Socialista ha desaparecido en Italia, está amenazado de extinción en Francia, Holanda o Grecia, está en profunda crisis en Alemania, España o Bélgica. Sólo el Partido Laborista en Gran Bretaña parece estar escapando momentáneamente a esta tendencia, aunque no parece que eso se deba a una revitalización por la burguesía de la oposición de derecha/izquierda. Quizás sea porque, ante la laminación del partido conservador por la marejada populista en torno a Brexit, la burguesía apueste por él en caso de una implosión de los conservadores.
En algunos países han surgido nuevas formaciones populares radicales de izquierda de diversa índole: Syriza, Podemos, "La Francia Insumisa", el movimiento de los demócratas socialistas en el seno del Partido Demócrata de los Estados Unidos, que reúne a numerosos jóvenes en torno a la candidatura de Sanders a las elecciones primarias, etc. Las diversas alternativas a la bancarrota de la socialdemocracia, que la burguesía está poniendo en marcha, proporcionan pistas sobre el impacto de la descomposición y el populismo en la clase obrera, sobre el peso de las derrotas sufridas y el nivel de conciencia actual en los distintos países industrializados. En Italia, uno de los países donde la clase obrera estuvo a la vanguardia durante las luchas de 1968 a 1980[3], la "alternativa de izquierda" propuesta es el M5S, un movimiento populista que no se declara ni de derechas ni de izquierdas, y esto pone de manifiesto las dificultades políticas que enfrenta el proletariado italiano. En Alemania, la alternativa no son realmente los antiguos estalinistas de "Die Linke", sino más bien los Verdes, lo que también es indicativo del estado de ánimo de la clase obrera y el debilitamiento del sentido de la identidad de clase. En Francia y España, en cambio, las alternativas reclamadas se sitúan explícitamente en la “izquierda”, dicen hablar en nombre de los obreros, aun cuando no vacilan en preocuparse, si es necesario, por el buen funcionamiento del aparato político burgués (Syriza para implementar en Grecia la austeridad feroz impuesta por la UE; Podemos en España para dar el apoyo necesario para la estabilidad del gobierno central). En este sentido, no pueden ser considerados como partidos populistas de izquierda.
La oleada populista no se limita a los países industrializados de Occidente, sino que también afecta a una serie de países de Europa del Este y de países "emergentes", donde se manifiesta a través de ciertos fenómenos específicos, como es la aparición de los llamados "hombres fuertes de la política”. La desestabilización económica acentuada por la crisis de 2008, por un lado, y los enormes escándalos de corrupción que afectan a los partidos políticos, por otro, están causando resentimiento y exasperación entre la población de toda una serie de países, tales como Polonia, Hungría, Turquía, etc. Estos son recuperados por las fuerzas populistas a través de movimientos reaccionarios que conducen al ascenso de "hombres fuertes", líderes carismáticos como Orban, Kaczyński, Erdogan o Bolsonaro y, desde hace tiempo ya, Putin.
Mientras que en muchos de estos países (así como en Rusia y China), los años 1990 e incluso los comienzos del siglo XXI se caracterizaron por una "apertura democrática", los “líderes fuertes" actuales manifiestan su desprecio por las élites "liberales", el juego político tradicional y una prensa "independiente", y propician en cambio un régimen autoritario nacionalista y soberano, que rechaza a los inmigrantes o a las minorías que podrían alterar la cohesión nacional. "El 26 de julio de 2014, en Rumania, Orban mostró claramente sus colores en un discurso tajante: (...) ‘Consideramos, dijo, que una democracia no tiene que ser necesariamente liberal, y que no porque un Estado deja de ser liberal deja de ser una democracia. (...) Es poco probable que las sociedades que se basan en una democracia liberal puedan mantener su competitividad en las próximas décadas. (…)’. Anunció también un proyecto económico: ‘construir una nación competitiva en la gran concurrencia mundial de las próximas décadas’". (Le Monde Diplomatique, septiembre de 2018: 23). Se trata de la idea de que existen diferentes modelos de democracia, una idea que también se encuentra de alguna manera en el modelo ruso de Putin o en la aplicación del modelo singapurense por parte de China.
La persecución de élites corruptas (desde jueces polacos hasta oligarcas rusos, pasando por los burócratas europeos, los partidarios del movimiento turco Gülen o del PT brasileño) va de la mano con un nacionalismo xenófobo que se focaliza en el rechazo de extranjeros (los refugiados de Oriente Medio o de África, los venezolanos) o de minorías (Erdogan acentúa su discurso anti kurdo, Orban ataca a los gitanos, o Putin a los chechenos).
En apariencia China vive una aparente estabilidad, pero las tensiones políticas no le perdonan, pese al deslumbrante desarrollo económico y militar. Desde finales de los años 1970, abandonó su economía esencialmente autárquica para desarrollar, aplicando los modelos japonés y singapurense, una economía gradualmente integrada en los mercados regionales y luego mundiales. Esta línea política, defendida por Deng Xiaoping, no se llevó a cabo sin fuertes sobresaltos y luchas políticas, como lo ilustran los acontecimientos de Tiananmen primero y más tarde los de 2003, pero se vio acentuada de 2003 a 2013 por la presidencia de Hu Jintao. Esta orientación requería el establecimiento de relaciones pacíficas con los Estados Unidos por lo que en 1992 se firmó un memorando de entendimiento, con concesiones a las demandas estadounidenses en cuanto a aranceles y derechos de propiedad intelectual. Esto se vio acompañado por una ola de democratización en las décadas de 1980 y 1990, con algunas limitaciones tras lo de Tiananmen.
La llegada de Xi Jinping revela una cierta reorientación de la política china que se expresa a nivel político, al igual que otros países, por concentrar el poder en manos de un líder fuerte. Xi que se presenta como un nuevo Mao. Esta reorientación es el resultado de una serie de factores:
- El fulgurante desarrollo económico de China, que va de la mano de una nueva afirmación de su expansión internacional (la "nueva ruta de la seda");
- también supone manifestaciones más explícitas de nacionalismo y a un impresionante desarrollo de su fuerza militar, al mismo tiempo que Estados Unidos está desarrollando una actitud cada vez más agresiva hacia China;
- La transformación espectacular de la economía china que "ha provocado profundas fracturas territoriales y sociales y unos estragos medioambientales importantes. (…). El coeficiente de Gini, que mide afinadamente la dispersión de los ingresos y, por tanto, el grado de desigualdad en las sociedades, ha pasado del 0,16 al comienzo de la transición postmaoísta a un 0’4 como media a finales de los años noventa (0,27 en Suecia, 0,32 en Francia, 0,34 en el Reino Unido y 0,4 en los Estados Unidos)" (Le Monde Diplomatique, diciembre de 2017: 5); y las perspectivas de una reestructuración asociada a un cambio hacia una economía más cualificada están resultando peligrosas.
En este contexto aparecen hoy dos tendencias dentro del Partido: una tendencia económica y una tendencia nacionalista. Con Xi, ésta parece que es la dominante. En el XIX Congreso del PC de China (18.10.17) se ha afirmado que: “Nadie debería esperar que China se trague el sapo, sacrificando sus intereses". Parece, sin embargo, que en el seno del partido hay tensiones entre una fracción que tiende a propiciar concesiones a Estados Unidos (según la concepción de Deng Xiaoping, "esconder sus talentos y esperar su momento") y una fracción partidaria de la línea dura de confrontación con Estados Unidos. Xi parece estar más a favor de ésta y de “reafirmarse en el escenario mundial como el líder de un ‘gran país’ -por usar sus palabras – que trata a América de igual a igual” (Le Monde Diplomatique, octubre de 2018 :4).
Como recordaba el "Informe sobre la descomposición" del XXII Congreso de la CCI, la descomposición, de la que el populismo es una de las expresiones más llamativas, es un factor decisivo en la evolución de la sociedad. Se trata además de un proceso irreversible. Y si bien el populismo no es resultado de una voluntad política deliberada por parte de los sectores dominantes de la burguesía, estos no han sido capaces de evitar que su impacto en su aparato político alcance un nivel tal que se enfrentan a una tendencia creciente a la pérdida de control sobre dicho aparato político, y en el próximo período los sobresaltos impredecibles caracterizarán cada vez más la vida política de la burguesía.
1. Hay que distinguir esta pérdida de control de la burguesía sobre su aparato político, de las diferentes crisis políticas que vivió la clase dominante en los años sesenta y ochenta. Su contexto es radicalmente diferente: antes de los años 90, las crisis políticas de la burguesía estaban ligadas a la incapacidad de hacer frente a la clase obrera o a las consecuencias de las confrontaciones imperialistas (la crisis del canal de Suez en Gran Bretaña y Francia, la crisis argelina en Francia, el Tratado de Maastricht en Francia y Holanda, etc.) y se manejaban dentro del aparato político. La crisis actual se refiere a la pérdida de control por parte de la burguesía de su propio aparato político. Esto ya fue destacado en el último informe sobre la vida de la burguesía (17 Congreso de la CCI en 2007): "La burguesía de los países más desarrollados de Europa, Japón y Estados Unidos, que antes dominaba el arte sutil de la manipulación electoral, se enfrenta ahora a crecientes dificultades para cuajar los resultados deseados” (El impacto de la descomposición en la vida de la burguesía). Las increíbles sacudidas políticas que afectan hoy a las burguesías inglesa, americana y alemana, las tres burguesías que en el pasado demostraron una mayor experiencia en el dominio del juego político, ilustran perfectamente la gravedad del problema.
Los movimientos populistas se forman en torno a temas recurrentes como los refugiados, la seguridad, el resentimiento de quienes han quedado más relegados por la crisis; pero se nutren también de tensiones específicas dentro de las burguesías nacionales: la consternación de la burguesía norteamericana por el declive de su liderazgo mundial, la ambigüedad de la burguesía británica hacia Europa, las divisiones entre las fracciones regionalistas y nacionalistas dentro de la burguesía española o belga, etc.
2. Pero si la acentuación de la presión del populismo está sumiendo en el caos al aparato político tradicional de la burguesía, también es verdad que estos movimientos tienden a beneficiarse hoy en día en varios países -y no sólo en los países de Europa Oriental, sino también en Estados Unidos y Gran Bretaña, por ejemplo- del apoyo de ciertas fracciones de la gran burguesía. Así, en Estados Unidos, no se trata únicamente del apoyo del sector siderúrgico o automotriz a la política proteccionista de Trump, sino también del sector “high tech” que trata de contrarrestar la pujanza de empresas chinas, como Huawei o Alibaba, que amenazan su dominio global. Otros sectores de Silicon Valley pueden estar a favor de un acercamiento a Rusia.
3. El populismo es la política de la calle. De hecho, si los partidos y movimientos populistas generan una energía militante evidente, a diferencia de los partidos tradicionales, es porque estas formaciones ya no respetan los tabúes y, por lo tanto, permiten la expresión de todos los prejuicios.
En consecuencia, las campañas populistas, marcadas por la ira y el resentimiento, denigran el mundo político tradicional y las élites, y buscan también a quien cargar con la culpa de lo que no funciona. Eso conduce, naturalmente, a la estigmatización de grupos e individuos, a una tendencia a su demonización, como puede verse ya y como sucederá con mayor frecuencia en la actualidad política: ataques a centros de acogida de refugiados en Alemania; cartas con polvo sospechoso dirigidas a Trump y a otros miembros de su administración durante la campaña para las elecciones de mitad de mandato en los Estados Unidos, mientras se enviaban paquetes trampa a parlamentarios demócratas, a medios de comunicación (CNN) o a personalidades de élite (Söros); ataque antijudío por parte de un supremacista blanco en Pittsburgh; intento de asesinato del candidato presidencial Bolsonaro en Brasil y, a su vez, amenazas del mismo Bolsonaro y sus partidarios contra el PT y otros movimientos de izquierda; polarización de los "chalecos amarillos" contra la figura de Macron, etc.
4. A diferencia de lo que sucedió en las primeras expresiones del populismo (Haider, Berlusconi, ...) que defendían una política económica ultraliberal, los actuales partidos populistas defienden una política destinada a proteger a la población autóctona ("los italianos primero", "los verdaderos finlandeses", "Eigen volk eerst" - "su propio pueblo primero" – de los populistas flamencos, ...) discriminando abiertamente a los demás. Esto puede implicar proteccionismo económico o promover una forma de política neokeynesiana chauvinista: Trump pretende proteger a los trabajadores estadounidenses y su puestos de trabajo contra la "invasión" de inmigrantes mexicanos y centroamericanos, pero también de mercancías extranjeras; los gobiernos polaco o húngaro toman medidas de protección para sus empleados y pensionistas mientras se oponen a asumir cuota alguna de refugiados en nombre de la defensa de la integridad cultural de la nación; el gobierno de la Lega - M5S en Italia está implementando una política inflexible y dura contra la acogida de refugiados, al tiempo que planifica una "renta de ciudadanía" para cada ciudadano italiano y adelanta la edad de jubilación de 67 a 62 años. Este tipo de política aparenta ser más "realista" que la de la izquierda, en la medida en que la salvaguarda de las ventajas de los oprimidos autóctonos se realiza en detrimento de los demás oprimidos.
Los recientes acontecimientos en Rusia y Hungría ponen de relieve que no debe subestimarse la importancia de esta política "social" tan chovinista para la credibilidad de los movimientos populistas y de los "líderes fuertes". Por ejemplo, en Rusia, la draconiana reforma de las pensiones, que Putin y su gobierno colaron aprovechando todo el bombo mediático en torno a la Copa del Mundo de Fútbol (la edad de jubilación aumentó de 55 a 63 años para las mujeres, de 60 a 65 para los hombres), ha provocado fuertes protestas y una disminución de la tasa de popularidad de Putin del 80 al 63%. Este último tuvo que suavizar inmediatamente las medidas y anunciar una revalorización de las pensiones, aunque esto no resultase plenamente convincente, puesto que esa popularidad se basa, precisamente, en la idea de que al restablecer el control del Estado sobre los oligarcas se garantizarían los salarios y las pensiones. En Hungría, se han producido importantes manifestaciones para protestar contra la ley de "esclavitud" del gobierno de Orban, que elimina casi por completo toda compensación salarial por las horas extraordinarias.
5. En respuesta al ascenso del populismo, la burguesía ha puesto en marcha campañas antipopulistas, particularmente en Francia durante la campaña electoral de 2017 o en Estados Unidos, donde la oposición populista/antipopulista (anti-Trump) ha estado en el centro de la vida política desde la elección de éste, como se han visto en las elecciones de mitad de mandato. Lo que sucede frecuentemente es que, aunque se oponen al populismo, se inspiran en gran medida en él y adoptan enfoques o ideas populistas:
- En Francia, la campaña en torno a Macron utilizó las mismas estrategias que el populismo: rechazo de los partidos tradicionales, aparición de un "nuevo" hombre (Macron) y "movimiento" político (LREM) presentado como ruptura con el pasado, ...;
- Al centrar las prioridades en la necesidad de eliminar el terrorismo y sobre la seguridad pública de los ciudadanos (controles más estrictos, multiplicación de cámaras, etc.), también inculcaron la idea de que es inevitable aceptar sacrificar un poco de libertad por una mayor seguridad;
- Lafontaine en Alemania y Podemos en España luchan contra el populismo traduciendo su discurso antiinmigrante desde el punto de vista de la "izquierda": al crear una oposición entre una izquierda que aboga por las "fronteras abiertas" y otra izquierda que aboga por las "fronteras cerradas y apoyo a los trabajadores locales", integran los argumentos populistas dentro del propio discurso antipopulista.
CCI
[1] Ver Contra la revuelta reaccionaria de los chalecos amarillos el proletariado debe afirmar su autonomía de clase https://es.internationalism.org/content/4412/contra-la-revuelta-reaccionaria-de-los-chalecos-amarillos-el-proletariado-debe-afirmar [39]
[2] Ver Brexit: La burguesía británica está perdiendo el control de su juego político https://es.internationalism.org/content/4450/brexit-la-burguesia-britanica-esta-perdiendo-el-control-de-su-juego-politico [40]
[3] Ver El “Otoño caliente” italiano de 1969: Un momento de la recuperación histórica de la lucha de clases https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2773/el-otono-caliente-italiano-de-1969-i-un-momento-de-la-recuperacion [41] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/201012/3005/el-otono-caliente-italiano-de-1969-ii-un-momento-de-la-reanudacion [42]
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La CCI adoptó las Tesis sobre la descomposición hace casi 30 años[1]. Desde entonces, este análisis de la fase actual de la vida de la sociedad se ha convertido en un elemento clave para que nuestra organización entienda cómo está cambiando el mundo. El siguiente documento es una actualización de las Tesis sobre la descomposición a la luz de la evolución de la situación mundial durante el último cuarto de siglo, y en particular durante el último período.
Concretamente, debemos comparar los puntos esenciales de las tesis con la situación actual: hasta qué punto los aspectos planteados han sido verificados, o incluso ampliados, o han sido negados o deben ser completados. Este enfoque sistemático es tanto más necesario cuanto que, entre los efectos del período de descomposición, por su propia naturaleza, los revolucionarios se enfrentan constantemente a un fenómeno que pesa sobre el conjunto de la sociedad, "el rechazo hacia un pensamiento racional, coherente, construido, incluso desde ciertos círculos "científicos" (Tesis 8), lo que explica en parte por qué esta cuestión no es comprendida en la mayoría de los grupos que afirman formar parte de la Izquierda Comunista. En particular, la actual situación mundial exige que volvamos sobre tres cuestiones clave:
- terrorismo
- refugiados
- el auge del populismo como manifestación de la pérdida de control de la burguesía sobre su juego político.
".... es esencial destacar la diferencia fundamental entre los elementos de descomposición que han afectado al capitalismo desde principios de siglo [el siglo XX] y la descomposición generalizada en la que se está hundiendo este sistema y que sólo puede empeorar. También aquí, más allá del aspecto estrictamente cuantitativo, el fenómeno de la descomposición social está alcanzando tal profundidad y extensión que está adquiriendo una cualidad nueva y singular, manifestando la entrada del capitalismo decadente en una fase específica -la última- de su historia, en la que la descomposición se convierte en un factor, si no en el factor, decisivo en la evolución de la sociedad". (Punto 2)
"En términos concretos, no sólo la naturaleza imperialista de todos los Estados, la amenaza de la guerra mundial, la absorción de la sociedad civil por el Moloch estatal, la crisis permanente de la economía capitalista, permanecen en la fase de descomposición, sino que esta última más bien se presenta como la consecuencia final, la síntesis completa de todos estos elementos". (Punto 3)
"En una situación en la que las dos clases fundamentales y antagónicas de la sociedad chocan sin lograr imponer su propia respuesta decisiva, la historia no puede, sin embargo, detenerse. Incluso menos que para los otros modos de producción que la precedieron, no puede haber una "congelación" o "estancamiento" de la vida social para el capitalismo. Mientras que las contradicciones del capitalismo en crisis no hacen más que empeorar, la incapacidad de la burguesía de ofrecer una perspectiva para toda la sociedad y la incapacidad del proletariado de afirmar abiertamente la suya propia en el futuro inmediato sólo puede conducir a un fenómeno de descomposición generalizada, de la podredumbre en la raíz de la sociedad". (Punto 4)
"En efecto, ningún modo de producción puede vivir, desarrollarse, mantenerse sobre bases viables, garantizar la cohesión social, si no es capaz de presentar una perspectiva a toda la sociedad que domina. Y esto es particularmente cierto para el capitalismo como el modo de producción más dinámico de la historia". (Punto 5)
"....La situación actual se define, en cambio, en que la clase obrera no es todavía capaz de entablar ya el combate por su propia perspectiva, la única verdaderamente realista, la de la revolución comunista, pero también en que la burguesía es incapaz de proponer la menor perspectiva, ni siquiera a corto plazo, pues la capacidad que ésta demostró en el pasado, incluso en el período de decadencia, para limitar y controlar el fenómeno de descomposición va a desaparecer ante los golpes de ariete de la crisis". (Punto 5)
Para empezar, debemos enfatizar un aspecto esencial de nuestro análisis: el término "descomposición" se utiliza de dos maneras diferentes. Por un lado, se aplica a un fenómeno que afecta a la sociedad, particularmente en el período de decadencia del capitalismo, y por otro lado, se refiere a una fase histórica particular del capitalismo, su fase final:
"(....) el fenómeno de la descomposición social está alcanzando tal profundidad y extensión que está adquiriendo una cualidad nueva y singular que manifiesta la entrada del capitalismo decadente en una fase específica -la última- de su historia, la fase en la que la descomposición se convierte en un factor, si no en el factor, decisivo en la evolución de la sociedad".
Sobre la base de nuestro análisis de la descomposición, se observa esta situación sin precedentes en la que ninguna de las dos clases principales de la sociedad, la burguesía y el proletariado, es capaz de aplicar su propia respuesta a la crisis de la economía capitalista, la guerra mundial o la revolución comunista. Incluso si hubiera habido un cambio en el equilibrio de poder entre las clases, si, por ejemplo, la burguesía se moviera hacia una nueva guerra generalizada o si el proletariado se compromete a participar en luchas que abrieran una perspectiva revolucionaria, esto no significaría que este período de descomposición de la sociedad hubiera terminado (como el GIGC afirma estúpidamente, por ejemplo). El proceso de descomposición de la sociedad es irreversible porque corresponde a la fase de agonía de la sociedad capitalista. Lo único que podría ocurrir en caso de que se produjera tal cambio es una ralentización de este proceso, y desde luego no un "retroceso". Pero, en cualquier caso, el cambio no puede producirse. Durante el último cuarto de siglo, el proletariado mundial ha sido absolutamente incapaz en su inmensa mayoría de darse a sí mismo una perspectiva de derrocar el orden existente. Por el contrario, hemos sido testigos de una disminución de su combatividad, así como de su capacidad para desplegar esta arma fundamental de su lucha, la solidaridad.
Del mismo modo, la burguesía no ha logrado darse una perspectiva real "excepto la de ir parcheando su economía en el día a día" (Tesis, punto 9). Tras el colapso del bloque del Este, la economía mundial parecía haber atenuado su crisis tras un período de inestabilidad en la región. En particular, hemos visto el surgimiento de los BRICs[2] con impresionantes tasas de crecimiento. Sin embargo, la bella euforia que se había apoderado de la burguesía mundial, sugiriendo que su economía podía recuperarse como en los "30 gloriosos", fue cruelmente dañada por las sacudidas de 2007-2008, que pusieron de manifiesto la fragilidad del sector financiero y amenazaron con una depresión similar a la de los años treinta. La burguesía mundial ha logrado limitar los daños, en particular inyectando enormes cantidades de fondos públicos en la economía, lo que ha llevado a una explosión de las deudas soberanas y causó, de forma destacada, la crisis del euro en 2010-2013. Al mismo tiempo, la tasa de crecimiento de la mayor economía del mundo se mantuvo por debajo del nivel anterior al 2007, a pesar de que las tasas de interés eran, prácticamente, igual a cero. En cuanto a los tan aclamados BRICs, ahora se han reducido a ICs ya que Brasil y Rusia se enfrentan a una espectacular ralentización en su crecimiento, o incluso a una recesión. Lo que hoy domina a la clase dominante no es la euforia, la creencia en un "mañana radiante", sino, más bien, la melancolía y la ansiedad, lo que ciertamente no se hace público para dar a la sociedad en su conjunto la sensación de que "un futuro mejor es posible", especialmente entre los explotados cuyas condiciones de vida se deterioran constantemente.
Así, las condiciones históricas que causaron esta fase de descomposición no sólo continuaron, sino que empeoraron, resultando en un aumento en la mayoría de las manifestaciones de la descomposición.
Para comprender plenamente esta agravación es importante recordar que -como se señala en el punto 2 de las Tesis- estamos hablando del tiempo o fase de descomposición y no simplemente de "manifestaciones de descomposición".
El punto 1 de las Tesis enfatiza que hay una diferencia crucial entre la decadencia del capitalismo y la decadencia de los otros modos de producción que le precedieron. Enfatizar esta diferencia es importante en relación a la cuestión que es la clave de la descomposición: la perspectiva. En lo que respecta a la decadencia del feudalismo, estaba limitada por el surgimiento "paralelo" de las relaciones capitalistas y el ascenso gradual y parcial de la clase burguesa. La descomposición de una serie de formas económicas, sociales, ideológicas y políticas de la sociedad feudal era atenuada de alguna manera por la instrumentalización de esta sociedad (no necesariamente con una conciencia real) por el nuevo modo de producción emergente. Se pueden dar dos ejemplos: la monarquía absoluta contribuyó en algunos países al desarrollo económico del capital, ayudando a la formación de un mercado nacional; la visión religiosa de la "purificación del cuerpo" -supuestamente el hogar del diablo- fue útil en la acumulación primitiva de capital para el crecimiento de la tasa de natalidad y para imponer disciplina a los futuros proletarios.
Por eso, en la decadencia del feudalismo, podían existir manifestaciones de descomposición social más o menos extensas, pero no podía haber un período específico de descomposición. En la historia de la humanidad, algunas civilizaciones muy aisladas han terminado en una completa descomposición que ha llevado a su desaparición. Sin embargo, sólo el capitalismo puede tener en su decadencia una etapa global de descomposición, como fenómeno histórico y mundial.
Las tesis de 1990 indicaban las principales manifestaciones sociales de la descomposición:
-“la multiplicación de hambrunas en los países del "Tercer Mundo" (...)
- la transformación de ese mismo "Tercer Mundo" en un enorme tugurio donde cientos de millones de seres humanos sobreviven como ratas en las alcantarillas (...)
- el desarrollo del mismo fenómeno en el corazón de las grandes ciudades de los países "avanzados" (...)
los efectos humanos, sociales y económicos cada vez más devastadores de las catástrofes "naturales" (...)
- la degradación del medio ambiente, que está alcanzando proporciones asombrosas (...)" (Punto 7)
Las cifras oficiales de la FAO muestran una disminución de la subnutrición desde el decenio de 1990. Sin embargo, todavía hay casi mil millones de personas que están desnutridas en la actualidad. Esta tragedia afecta principalmente a Asia del Sur y especialmente al África subsahariana, donde en algunas regiones casi la mitad de la población padece hambre, especialmente los niños, con consecuencias dramáticas para su crecimiento y desarrollo. Si bien la tecnología ha permitido aumentos fenomenales de la productividad, incluso en el sector agrícola, y, mientras que los agricultores de muchos países no pueden vender sus productos, el hambre sigue siendo un flagelo para cientos de millones de personas como en los peores momentos de la historia de la humanidad. Y si no afecta a los países ricos es porque el Estado todavía es capaz de alimentar a sus pobres. Por ejemplo, 50 millones de personas en los Estados Unidos reciben vales de ayuda alimentaria.
Hoy en día, más de mil millones de personas viven en tugurios y el número no ha hecho más que aumentar desde 1990. Así, la "transformación del "Tercer Mundo" en un inmenso tugurio" ha sido plenamente comprobada, hasta el punto de que el informe Global Risks presentado en el Foro de Davos en 2015 sitúa por primera vez la "urbanización rápida e incontrolada" entre los principales riesgos que amenazan al planeta, señalando en particular que, a escala mundial, "el 40% del crecimiento urbano tiene lugar en tugurios", lo que significa que esta proporción es mucho mayor en los países subdesarrollados.
Y este fenómeno de desarrollo de los aglomeraciones gigantescas de tugurios tiende a extenderse en los países más ricos, en diversas formas: millones de estadounidenses pierden sus hogares durante la crisis de las "subprime" aumentando las cohortes de personas que antes no tenían hogar, los campamentos de romaníes o de refugiados en las afueras de muchas ciudades europeas, e incluso en sus centros.... E incluso para los que tienen vivienda permanente, decenas de millones de ellos viven en verdaderos barrios de tugurios. Así, en 2015, el 17,4% de los habitantes de la Unión Europea ocupaban viviendas superpobladas, el 15,7% de las viviendas con fugas o en descomposición y el 10,8% eran viviendas sin calefacción. Y no sólo en el caso de los países pobres de Europa, ya que en Alemania las cifras fueron del 6,7%, 13,1% y 5,3% respectivamente, y en el Reino Unido del 8%, 15,9% y 10,6%.
Con respecto a los desastres "accidentales", hay muchos ejemplos que podrían citarse en los últimos 25 años. Baste mencionar dos de los más espectaculares y dramáticos, que no solo afectan a los países del Tercer Mundo, sino igualmente a las dos potencias económicas más desarrolladas: las inundaciones de Nueva Orleáns en agosto de 2005 (casi 2.000 muertos, una ciudad que quedó sin habitantes) y la catástrofe de Fukushima en marzo de 2011, que está al mismo nivel que la de Chernóbil en 1986)[3].
En cuanto a "la degradación ambiental que está alcanzando proporciones asombrosas", aún estábamos muy lejos, cuando se redactó esta frase, de las observaciones y previsiones que ahora son aceptadas unánimemente en los círculos científicos y que la mayoría de los sectores burgueses en todos los países han retomado (aunque la clase dominante sea incapaz de implementar las medidas necesarias debido a las propias leyes del capitalismo). La lista es larga, no sólo de las catástrofes que esperan a la humanidad como consecuencia de la devastación del medio ambiente, sino también de las que ya nos están afectando: la contaminación del aire en las ciudades y del agua de los océanos, el cambio climático con fenómenos meteorológicos cada vez más violentos, la propagación de la desertificación, la desaparición acelerada de especies vegetales y animales que amenaza cada vez más el equilibrio biológico de nuestro planeta (por lo tanto, la desaparición de las abejas es una amenaza para nuestros recursos alimentarios).
El cuadro que presentamos en 1990 era el siguiente:
-“la increíble corrupción que está creciendo y prosperando en el sistema político (...)
- el desarrollo del terrorismo, la toma de rehenes, como medio de guerra entre Estados, en detrimento de las "leyes" que el capitalismo había adoptado anteriormente para "regular" los conflictos entre fracciones de la clase dominante
- el aumento constante de la delincuencia, la inseguridad y la violencia urbana (...)
- el desarrollo del nihilismo, el suicidio juvenil, la desesperación, el odio y la xenofobia (...)
- la imparable marea de la drogadicción, fenómeno hoy de masas, poderosa causa de la corrupción de los Estados y de los organismos financieros, (...)
- la profusión de sectas, el renacimiento del espíritu religioso, incluso en algunos países avanzados, el rechazo de un pensamiento racional, coherente, construido (...)
- la invasión de estos mismos medios de comunicación por el espectáculo de la violencia, el horror, la sangre, las masacres (...)
- la nulidad y la venalidad de todas las producciones "artísticas", la literatura, la música, la pintura, la arquitectura (...)
- El "sálvese quien pueda", la marginación, la atomización de los individuos, la destrucción de las relaciones familiares, la exclusión de los ancianos, la aniquilación de la afectividad" (punto 8).
Todos estos aspectos han sido confirmados e incluso agravados. Dejando de lado por un momento los aspectos relacionados con los puntos que más adelante serán objeto de especial atención (el terrorismo, la cuestión de los refugiados y el auge del populismo), podemos observar, por ejemplo, que la violencia y la delincuencia urbana han estallado en muchos países de América Latina y también en los suburbios de algunas ciudades europeas, en parte en relación con el tráfico de drogas, pero no sólo. Con respecto a este tráfico, y al enorme peso que ha tenido en la sociedad, incluso en términos económicos, se puede decir que corresponde a la existencia de un "mercado" en constante expansión debido a la creciente inquietud y desesperación que afecta a todos los segmentos de la población. En cuanto a la corrupción, y a todas las manipulaciones muy propias de la “delincuencia de guante blanco", en los últimos años no han sido nada tacañas en términos de darse a conocer (como las de los "Panamá papers", que tan solo ha sido una pequeña punta del iceberg del gansterismo en el que las finanzas se están adentrando cada vez más). En cuanto a la venalidad de las creaciones artísticas y su inclusión en este medio, podemos mencionar la reciente concesión del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, símbolo artístico de la revuelta de los años sesenta, pero podríamos encontrar muchos otros. Por último, la destrucción de las relaciones humanas, de los lazos familiares y afectivos no ha hecho más que empeorar, como lo demuestra el consumo de antidepresivos, la explosión del sufrimiento psicológico en el trabajo, la aparición de nuevas profesiones destinadas a "entrenar" a las personas, así como la aparición de auténticas hecatombes, como la que se produjo en Francia en el verano de 2003, en la que murieron 15.000 personas ancianas durante la ola de calor.
Obviamente, esta no es una cuestión nueva ni en la historia ni en los análisis de la CCI (ver por ejemplo los textos "Terror, terrorismo y violencia de clase" publicados en los números 14 y 15 de la Revista Internacional[4]).
Dicho esto, es importante recordar que fue después de los atentados de París en 1985 cuando nuestro camarada MC comenzó a reflexionar sobre la descomposición. Las tesis analizan como de una manera muy significativa se está produciendo la entrada del capitalismo en la fase de descomposición: "el desarrollo del terrorismo, la toma de rehenes, como medio de guerra entre Estados, en detrimento de las "leyes" que el capitalismo había adoptado previamente para "regular" los conflictos entre fracciones de la clase dominante".
No es necesario señalar la importancia que ha tomado esta cuestión en la vida del capitalismo. Hoy en día, el terrorismo como instrumento de guerra entre Estados ha adquirido un lugar central en la vida de la sociedad. Incluso hemos visto la creación de un nuevo Estado, Daesh, con su ejército, policía, administración y escuelas, donde el terrorismo es el arma preferida.
El crecimiento cuantitativo y cualitativo del lugar del terrorismo dio un paso decisivo hace 15 años con el ataque a las Torres Gemelas, y fue la primera potencia mundial la que deliberadamente le abrió la puerta para justificar su intervención en Afganistán e Irak[5]. Posteriormente se confirmó con los atentados de Madrid en 2004 y Londres en 2005. El establecimiento de Daesh en 2013-14 y los ataques en Francia en 2015-16, Bélgica y Alemania en 2016 representan otro paso importante en este proceso.
Además, las tesis nos dan elementos para explicar la creciente fascinación por el yihadismo y los actos suicidas por parte de la juventud de los países desarrollados:
-“el desarrollo del nihilismo, el suicidio juvenil, la desesperación, el odio y la xenofobia
- la profusión de sectas, el renacimiento del espíritu religioso, incluso en algunos países avanzados, el rechazo de un pensamiento racional, coherente, construido (...)
- la invasión de estos mismos medios de comunicación por el espectáculo de la violencia, el horror, la sangre, las masacres (...)"
Todos estos aspectos se han fortalecido en las últimas décadas. Afectan a todos los sectores de la sociedad. Así, en el país más avanzado del mundo, hemos visto surgir una "derecha religiosa" (el "Tea Party") dentro de uno de los dos partidos políticos encargados de gestionar los intereses del capital nacional, un movimiento que afecta a los sectores más privilegiados de la sociedad. Del mismo modo, en un país como Francia, la adopción del matrimonio entre personas del mismo sexo (que en sí mismo fue sólo un movimiento de distracción de la izquierda ante la traición de sus promesas electorales y sus ataques a los explotados) ha visto manifestarse en contra a millones de personas, de todos los orígenes sociales, pero especialmente a la burguesía y a la pequeña burguesía, que consideraban que tal medida era un insulto a Dios. Al mismo tiempo, el oscurantismo y el fanatismo religioso aumentan constantemente entre los segmentos más desfavorecidos de la población, en particular los jóvenes proletarios de origen musulmán inmigrante, que traen consigo un número significativo de jóvenes nacionales "nativos". Nunca antes en las ciudades europeas se habían visto tantas velas, o incluso burkas, en las cabezas de las mujeres musulmanas. ¿Y qué decir de la actitud de aquellas decenas de miles de jóvenes que, tras el asesinato de los dibujantes del periódico Charlie Hebdo, consideraban que se lo habían buscado al dibujar y satirizar al "Profeta"?
Esta cuestión no se aborda en las tesis de 1990. Vamos a desarrollar un complemento en este texto.
En los últimos años, la cuestión de los refugiados se ha convertido en un tema central en la vida de la sociedad. En el 2015, más de 6 millones de personas se vieron obligadas a abandonar su país, lo que elevó el número de refugiados en el mundo a más de 65 millones (más que la población de Gran Bretaña). A este número hay que añadir los 40 millones de personas que están desplazadas dentro de su propio país. Se trata de un fenómeno sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.
Los movimientos de población forman parte de la historia de la especie humana, una especie que apareció en una pequeña región de África Oriental hace 200.000 años y se extendió por todo el mundo, dondequiera que hubiera recursos explotables para alimentarse y satisfacer otras necesidades básicas de la vida. Uno de los grandes momentos de estos desplazamientos de población es la colonización de la mayor parte del planeta por las potencias europeas, un fenómeno que apareció hace 500 años y que coincidió con el auge del capitalismo (ver las páginas del Manifiesto Comunista sobre este tema). En general, los flujos migratorios (si pueden incluir comerciantes, aventureros o soldados conquistadores) se componen principalmente de poblaciones que huyen de su país debido a la persecución (protestantes ingleses del "Mayflower", judíos de Europa del Este) o de la pobreza (irlandeses, sicilianos). Sólo con la entrada del capitalismo en su período de decadencia se invierten los flujos migratorios dominantes. Cada vez más, son los habitantes de las colonias los que, expulsados por la pobreza, vienen a buscar trabajo (generalmente poco cualificado y muy mal pagado) en las áreas metropolitanas. Este fenómeno continuó después de las sucesivas oleadas de descolonización desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el decenio de 1960. Fue a finales de los años sesenta cuando la crisis abierta de la economía capitalista, que vio un aumento del desempleo en los países desarrollados al mismo tiempo que el aumento de la pobreza en las antiguas colonias, condujo a un aumento significativo de la inmigración ilegal. Desde entonces, la situación no ha hecho más que empeorar a pesar de la hipócrita retórica de la clase dominante, que encuentra en estos "inmigrantes indocumentados" una mano de obra aún más barata que la de quienes sí tienen papeles.
Así, durante varias décadas, los flujos migratorios estuvieron relacionados principalmente con la emigración económica. Pero lo que es nuevo, en los últimos años, es que la proporción de inmigrantes que huyen de su país por razones de guerra o represión se ha multiplicado vertiginosamente, creando una situación como la que vivimos al final de la Guerra de España o al final de la Segunda Guerra Mundial. Año tras año, el número de refugiados que llaman a las puertas de Europa por todo tipo de medios, incluidos los más peligrosos, va en aumento, lo que supone una carga para la capacidad de acogida de los países europeos y convierte la cuestión de los refugiados en una cuestión política de primer orden en estos países (véase más adelante la cuestión del populismo).
Los desplazamientos masivos de población no son fenómenos específicos de la fase de descomposición. Pero ahora están adquiriendo una dimensión que los convierte en un elemento singular de esta descomposición y podemos aplicar a este fenómeno lo que dijimos en 1990 sobre el desempleo:
"De hecho, el desempleo, que es un resultado directo de la crisis económica, si no es en sí mismo una manifestación de la descomposición, conduce, en esta fase particular de decadencia, a consecuencias que lo convierten en un elemento singular de esta descomposición". (Punto 14)
El año 2016, con el "Brexit" en junio y la elección de Donald Trump a la cabeza de la primera potencia mundial en noviembre, pero también el empuje del partido de extrema derecha AfD en las elecciones regionales de Alemania en septiembre, marca un paso importante en el desarrollo de un fenómeno que hasta ahora sólo había sido significativo en países como Francia, Austria o, en menor medida, Italia: el surgimiento del movimiento populista de extrema derecha en las elecciones. Un fenómeno que, obviamente, no es el resultado de una voluntad política deliberada de los sectores dominantes de la burguesía, aunque, obviamente, estos sectores sepan cómo volverlo contra la conciencia del proletariado.
Las tesis de 1990 decían:
"Entre las principales características de la descomposición de la sociedad capitalista está la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación en el plano político." (Punto 9)
"Esta tendencia general hacia la pérdida de control por parte de la burguesía sobre la conducción de su política, si bien constituyó uno de los principales factores del colapso del bloque del Este, no hizo más que acentuarse aún más con este colapso:
- el empeoramiento de la crisis económica resultante de esto último;
- la dislocación del bloque occidental provocada por la desaparición de su rival;
- la exacerbación de las rivalidades particulares entre los diferentes sectores de la burguesía (en particular entre fracciones nacionales, pero también entre camarillas dentro del mismo Estado nacional) como resultado del alejamiento momentáneo de la perspectiva de la guerra mundial". (Punto 10)
La primera consecuencia, el empeoramiento de la crisis económica resultante del colapso del bloque del Este, si bien se produjo al principio, no continuó. Sin embargo, los demás aspectos siguieron siendo válidos. Lo que hay que destacar en la situación actual es la confirmación plena de este aspecto que identificamos hace 25 años: la tendencia a una creciente pérdida de control de la clase dominante sobre su aparato político.
Obviamente, estos acontecimientos son utilizados por diferentes sectores de la burguesía (y especialmente los de la izquierda) para reavivar la llama del antifascismo (este es particularmente el caso en Alemania) por razones históricas obvias. También en Francia hubo un "Frente Republicano" en las últimas elecciones regionales de diciembre de 2015, en las que el Partido Socialista retiró a sus candidatos y llamó a votar por la derecha para bloquear el paso al Frente Nacional. Dicho esto, está claro que el objetivo principal de las campañas antifascistas, como nos lo ha enseñado la historia, la clase obrera, no constituye una amenaza, ni siquiera una preocupación importante para la burguesía en la actualidad.
En realidad, la visión casi unánime que se ha adoptado en los sectores más responsables de la burguesía y sus medios de comunicación contra el Brexit, contra la elección de Trump, contra la extrema derecha en Alemania o contra el Frente Nacional en Francia, no puede considerarse una maniobra: las opciones económicas y políticas del populismo no constituyen una opción realista para la gestión del capital nacional (a diferencia de las opciones de la izquierda capitalista que proponen una vuelta a medidas de tipo keynesiano como respuesta a los "excesos" de la globalización ordo-liberal). Si nos limitamos a Europa, los gobiernos populistas, si pusieran en práctica sus programas, sólo podrían dar lugar a una especie de vandalismo que no haría sino agravar la inestabilidad que amenaza a las instituciones del continente. Esto es tanto más cierto cuanto que el personal político de los movimientos populistas, a pesar de haber adquirido una gran experiencia en el campo de la demagogia, no está en absoluto dispuesto a hacerse cargo de los asuntos del Estado. Cuando desarrollamos nuestro análisis de la descomposición, consideramos que este fenómeno afectaba la forma de los conflictos imperialistas (ver "Militarismo y descomposición", Revista Internacional No. 64[6]) y también la conciencia del proletariado. Por otro lado, consideramos que no tuvo un impacto real en la evolución de la crisis del capitalismo. Si el actual ascenso del populismo llevara a la llegada al poder de esta corriente en algunos de los principales países europeos, podríamos ver cómo se desarrolla este impacto de la descomposición.
De hecho, el ascenso del populismo, si tiene causas específicas en un país en particular (tras la caída del estalinismo en algunos países de Europa Central, los efectos de la crisis financiera de 2007-2008 que arruinó y privó a millones de estadounidenses de sus hogares, etc.), conlleva un elemento común que está presente en la mayor parte de los países avanzados: la profunda pérdida de confianza hacia las "élites", es decir, en los partidos gobernantes tradicionales (conservadores o progresistas de tipo socialdemócrata) debido a su incapacidad para restablecer la salud de la economía, para frenar el aumento constante del desempleo o de la pobreza. En este sentido, el ascenso del populismo constituye una especie de revuelta contra los actuales líderes políticos, pero una revuelta que no puede conducir a una perspectiva alternativa hacia el capitalismo. La única clase que puede dar tal alternativa es el proletariado cuando se moviliza en su terreno de clase y toma conciencia de la necesidad y posibilidad de la revolución comunista. Este es el caso del populismo, al igual que los distintos fenómenos generales de la descomposición de la sociedad que enmarcan la fase actual de la vida del capitalismo: su causa determinante es la incapacidad del proletariado para presentar su propia respuesta, su propia alternativa a la crisis del capitalismo. En esta situación de vacío, en cierto modo, de pérdida de confianza en las instituciones oficiales de la sociedad que ya no son capaces de protegerla, de pérdida de confianza en el futuro, la tendencia a volver al pasado, a buscar chivos expiatorios que serían los responsables de las catástrofes, es cada vez más fuerte. En este sentido, el surgimiento del populismo es un fenómeno totalmente propio del período de descomposición. Esto es tanto más importante cuanto que encuentra valiosos aliados en el aumento del terrorismo, que crea una creciente sensación de miedo e impotencia, y en la llegada masiva de refugiados que se teme que quite trabajo o colapse la sanidad y la enseñanza o que escondan a nuevos terroristas entre ellos.
Cuando identificamos la entrada del capitalismo global en la fase aguda de su crisis económica, observamos que este sistema había logrado, inicialmente, rechazar sus efectos más catastróficos hacia la periferia, pero que estos efectos volverían inevitablemente hacia el centro como un bumerang. El mismo esquema se aplica a las tres cuestiones que acaban de ser examinadas con más detalle puesto que:
- el terrorismo ya existe a una escala mucho más dramática en algunos países periféricos
- estos mismos países se enfrentan a la cuestión de los refugiados a una escala mucho mayor que en los países centrales
- estos países también se caracterizan por las convulsiones de su aparato político.
El hecho de que hoy seamos testigos de tal retorno, tipo bumerang, hacia los países centrales es una señal de que la sociedad humana está dando un paso más en su proceso de descomposición.
Una de las razones de la dificultad que encuentra el proletariado y, en primer lugar, su propia vanguardia, para identificar y comprender este período de descomposición y armarse contra él, es la naturaleza misma de la descomposición como fase histórica.
El proceso de descomposición que marca el período histórico actual es un fenómeno que avanza de manera muy insidiosa. En la medida en que afecta a los fundamentos más profundos de la vida social y se manifiesta en un deterioro de las relaciones sociales más arraigadas, no tiene necesariamente una expresión única e indiscutible, como lo fue, por ejemplo, el estallido de la Segunda Guerra Mundial o los intentos revolucionarios. Más bien, se expresa por una proliferación de fenómenos que aparentemente no están relacionados entre sí.
En sí mismo, cada uno de los fenómenos que pueden identificar la descomposición no es nuevo, cada uno se relaciona con etapas previas de la decadencia capitalista. Por ejemplo, estamos asistiendo a una continuación de las guerras imperialistas. Sin embargo, dentro de esta continuidad encontramos al cada uno para sí y en particular "el desarrollo del terrorismo, la toma de rehenes, como medio de guerra entre Estados, en detrimento de las "leyes" que el capitalismo había adoptado previamente para "regular" los conflictos entre fracciones de la clase dominante" (Tesis 8). Estos elementos parecen "confusos" en medio de las características clásicas y generales de la guerra imperialista, haciéndolos difíciles de identificar. Una simple mirada superficial no logra identificarlos. Lo mismo ocurre con el aparato político de la burguesía (así, el surgimiento del populismo puede estar vinculado erróneamente al fenómeno del fascismo en el período de entreguerras).
El hecho de que las dos clases fundamentales de la sociedad (el proletariado y la burguesía) sean incapaces de aportar una perspectiva favorece la falta de una visión global, el acomodarse de una manera pasiva ante lo que existe. Esto favorece las estrechas visiones pequeñoburguesas, ciegas, carentes de una orientación hacia el futuro. Se puede decir que la descomposición en sí misma es un factor poderoso para destruir la conciencia de su realidad. Esto es muy peligroso para el proletariado. Pero también produce una ceguera de la burguesía, de modo que la descomposición, por la dificultad de ser reconocida, produce un fenómeno acumulativo, en espiral a nivel de sus efectos.
Por último, dos tendencias específicas del capitalismo agravan aún más esta dificultad para reconocer la descomposición y sus consecuencias:
- El capitalismo es el modo de producción más dinámico de la historia (Tesis 5) y "la burguesía no puede existir sin revolucionar constantemente los instrumentos de producción, lo que significa las relaciones de producción, es decir, todas las relaciones sociales" (Manifiesto Comunista). Esto da la impresión de una "modernidad" permanente, una sociedad que, a pesar de todo, "progresa" y se desarrolla. Una de las consecuencias de ello es que la descomposición no se manifiesta de manera uniforme en todos los países. Está más mitigada en China o en otros países asiáticos. Sin embargo, toma una forma mucho más extrema en otras partes del mundo, por ejemplo, en África o en algunos países de América Latina. Todo esto tiende a "enmascarar" la descomposición. Se podría muy bien decir que el olor nauseabundo que produce se atenúa por el perfume seductor de la "modernidad".
- En los países más desarrollados, la burguesía, con el desarrollo del capitalismo de Estado, todavía es capaz de producir ciertas contracorrientes para limitar los efectos de la descomposición. Vimos un ejemplo de esto en el caso del Brexit, donde la burguesía británica se organizó rápidamente para limitar sus daños.
En el punto 13, las Tesis abordan esta cuestión en los siguientes términos:
"Los diferentes elementos que constituyen la fuerza del proletariado se enfrentan directamente con las diversas facetas de esta descomposición ideológica:
- la acción colectiva, la solidaridad, encuentran ante ellos la atomización, el "sálvese quien pueda", la "inventiva individual";
- la necesidad de organización se enfrenta a la descomposición social, a la desestructuración de las relaciones que subyacen a toda la vida en sociedad;
- la confianza en el futuro y en su propia fuerza se ve constantemente socavada por la desesperación general que invade a la sociedad, por el nihilismo, por el "no futuro";
- la conciencia, la lucidez, la coherencia y la unidad de pensamiento, el gusto por la teoría, encuentran un camino difícil a través de la huida hacia quimeras, las drogas, las sectas, el misticismo, el rechazo hacia la reflexión, la destrucción del pensamiento que caracterizan a nuestro tiempo". (Tesis 13)
Las experiencias de lucha de los últimos 25 años han confirmado en gran medida estos análisis. En particular, cuando examinamos los dos movimientos más avanzados de todo este período: el movimiento anti-CPE en 2006 en Francia y el movimiento de los Indignados en España en 2011[7]. Es cierto que la solidaridad estaba en el centro de estos dos movimientos, como había estado en el centro de experiencias más limitadas - por ejemplo, la movilización contra la reforma de las pensiones en Francia en 2003 o la huelga del Metro en Nueva York en 2005. Sin embargo, estas manifestaciones permanecieron aisladas y, más allá de una simpatía bastante pasiva, no generaron una movilización general de la clase.
La acción colectiva y solidaria, una de las características fundamentales de la lucha proletaria, ha tenido muchas más dificultades que en el pasado para expresarse, a pesar de la gravedad de los ataques contra la clase obrera, por ejemplo, en términos de despidos. Es cierto que la intimidación ejercida por la crisis provoca un repliegue temporal en la combatividad; sin embargo, el hecho de que dicho repliegue haya sido casi permanente nos obliga a comprender que este factor, si bien juega un papel, no es el único, y debemos considerar la importancia de lo que dice la Tesis 13, el "cada uno para sí ", la atomización, el “apañarse cada cual”.
La cuestión de la organización está en el centro de la lucha del proletariado. Dejando de lado las enormes dificultades que tienen las minorías revolucionarias para tomar en serio la cuestión organizativa (que merecería otro texto), las dificultades de la clase para organizarse se han agravado, a pesar de la espectacular aparición de las Asambleas Generales en el movimiento de los Indignados o en el movimiento anti-CPE. Más allá de estos ejemplos más avanzados, que siguen siendo un hito para el futuro, muchas otras luchas similares han tenido grandes dificultades para organizarse. Es el caso, por ejemplo, del movimiento "Occupy" en el 2011 o de los movimientos en Brasil y Turquía en el 2013.
La confianza en su propia fuerza como clase, un elemento clave de la lucha del proletariado, ha sido terriblemente escasa. En los dos movimientos importantes que acabamos de mencionar, la gran mayoría de los participantes no se reconocían a sí mismos como clase obrera. Más bien, se veían a sí mismos como " ciudadanos de abajo", lo que es muy peligroso desde el punto de vista del impacto de las ilusiones democráticas, pero también de frente a la actual ola populista.
La confianza en el futuro, y en particular en la posibilidad de una nueva sociedad, también ha estado ausente más allá de unas cuantas intuiciones demasiado generales o de la capacidad de plantarse de manera bastante embrionaria cuestiones tales como las del Estado, la moral, la cultura, etc. Estos intentos son, ciertamente, muy interesantes desde el punto de vista del futuro, sin embargo, han sido muy limitados, y desde un punto de vista general muy por debajo del nivel de reflexión que existía en los movimientos más avanzados en 1968.
La conciencia y el pensamiento estructurado constituyen uno de los elementos, como se señala en el punto 13 de las Tesis, que encuentran un enorme muro frente a ellos para desarrollarse. Si bien el 68 fue preparado por una gran efervescencia social a nivel de las minorías y dio lugar, posteriormente y durante un tiempo, a una proliferación de elementos en búsqueda, cabe señalar la escasa maduración social que preparó y siguió los movimientos de 2006 y 2011.
A pesar de la gravedad de la situación histórica - incomparablemente más grave que la del 68 - no ha habido una nueva generación de minorías revolucionarias. Esto demuestra que la brecha tradicional en el proletariado -como señaló Rosa Luxemburgo- entre la evolución objetiva y la comprensión subjetiva se ha agudizado de manera muy significativa con la descomposición, un fenómeno que no debe subestimarse.
[1] "TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION [11]".
[2] BRICS: Acrónico sobre 5 Estados: Brasil, China, India, Rusia y Sudáfrica que fueron presentados como una “gran esperanza” de desarrollo capitalista. Ver Crisis económica mundial: los brics no flotan, https://es.internationalism.org/cci-online/201209/3467/crisis-economica-mundial-los-brics-no-flotan [44]
[3] Ver respectivamente Huracán Katrina: El capitalismo conduce la humanidad al desastre https://es.internationalism.org/cci-online/200509/120/huracan-katrina-el-capitalismo-conduce-la-humanidad-al-desastre [45] y Fukushima un año después, https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201203/3355/fukushima-un-ano-despues [46]
[4] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197810/2134/resolucion-sobre-el-terror-el-terrorismo-y-la-violencia-de-clase [47]
[5] Ver La guerra 'antiterrorista' siembra el terror y la barbarie https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/234/la-guerra-antiterrorista-siembra-el-terror-y-la-barbarie [48] y Pearl Harbor 1941, 'Torres Gemelas' 2001 : El maquiavelismo de la burguesía https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/233/pearl-harbor-1941-torres-gemelas-2001-el-maquiavelismo-de-la-burgue [49]
[6] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [32]
[7] Ver Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [18] y 2011: de la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [50]
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1) A finales de los años 60, con el agotamiento del boom económico de la posguerra, la clase obrera resurgió en la escena social debido al deterioro de las condiciones de vida. Las luchas obreras que estallaron a escala internacional pusieron fin al período más largo de contrarrevolución de la historia y abrieron un nuevo curso histórico hacia los enfrentamientos de clases, impidiendo así que la clase dominante diera su propia respuesta a la crisis aguda del capitalismo: una Tercera Guerra Mundial. Este nuevo curso histórico estuvo marcado por el surgimiento de luchas masivas, particularmente en los países centrales de Europa Occidental con el movimiento de mayo de 1968 en Francia, seguido por el movimiento de "otoño caliente" en Italia en 1969; y muchos otros como el de Argentina en la primavera de 1969[1] y Polonia en el invierno de 1970-71. En estos movimientos masivos, grandes sectores de la nueva generación de trabajadores que no habían experimentado la guerra plantearon de nuevo la cuestión de la perspectiva del comunismo como una posibilidad.
Ligado a este movimiento general de la clase obrera de finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, debemos igualmente destacar el despertar internacional, a escala muy pequeña pero no por ello menos significativa, de la Izquierda Comunista organizada, la tradición que había permanecido fiel a la bandera de la revolución proletaria mundial durante la larga noche de la contrarrevolución. En este despertar, la constitución de la CCI significó una renovación y un importante impulso para la Izquierda Comunista en su conjunto[2].
Ante una dinámica hacia una tendencia a la politización de las luchas obreras, la burguesía (que se había visto sorprendida por el movimiento de mayo de 1968) desarrolló inmediatamente una contraofensiva a gran escala y a largo plazo para evitar que la clase obrera diera su propia respuesta a la crisis histórica de la economía capitalista: la revolución proletaria.
2) Debido a la ruptura de la continuidad política con el movimiento obrero del pasado, esta tendencia hacia la politización del proletariado durante la década de 1960 se manifestó por el surgimiento de lo que Lenin llamó un "pantano político": un medio de grupos y elementos confusos y, al mismo tiempo, una zona de tránsito, ubicada entre la burguesía y el proletariado. En el momento de su mayor expansión, este espacio de politización estuvo compuesto, a escala mundial, esencialmente de elementos jóvenes e inexpertos, entre ellos muchos estudiantes. Ya en la primera mitad de los años setenta se produjo una decantación en este "pantano" que se manifestó en el hecho de que:
- la izquierda y la extrema izquierda del capital consiguieron recuperar gran parte de estos jóvenes elementos en proceso de politización;
- la frustración y la decepción por el reflujo de las luchas masivas de finales de los años 70 llevaron a muchos de ellos, fuertemente marcados por la impaciencia y el "radicalismo" de la pequeña burguesía, a luchas parciales o a las acciones violentas y minoritarias del terrorismo (la banda de Baader en Alemania, las Brigadas Rojas en Italia, posteriormente Acción Directa en Francia…)
- el componente de este "pantano" que trataba de encontrar posiciones proletarias, tendió más a orientarse a los callejones sin salida de los “autónomos”, el obrerismo (“operaismo”), los “libertarios”, o la defensa del mito de la "autogestión"[3].
Además, la adhesión "crítica" de los principales grupos de extrema izquierda (trotskistas y maoístas) a la contrarrevolución y sus prácticas de organización e intervención propias de las organizaciones o sectas criptoestalinistas, así como el ciego activismo de los círculos autonomistas y el culto a la violencia minoritaria por parte de los grupos terroristas; destruyeron a gran parte de esa nueva generación en el proceso de politización. Esta labor destructiva ha contribuido a distorsionar y desacreditar el verdadero movimiento revolucionario del proletariado.
Paralelamente al papel extremadamente negativo desempeñado por este componente seudo "radical" de ese pantano por los grupos de extrema izquierda; la burguesía desarrolló una contraofensiva política contra la reanudación histórica de la lucha de clases. Esta contraofensiva consistió inicialmente, a principios de los años setenta, en plantear la alternativa de “llevar la izquierda al gobierno" en los principales países occidentales, para reconducir así a la clase obrera al terreno electoral y parlamentario, sembrando la ilusión de que el programa de los partidos de izquierda permitiría mejorar las condiciones de vida de las masas explotadas. Esta primera oleada de luchas, que se había desarrollado desde finales de los años sesenta, se agotó durante estos "años de ilusiones".
3) Pero con el empeoramiento de la crisis económica que tuvo lugar en la segunda mitad de los años 70 surgió una nueva oleada de luchas obreras, en las que también participó el proletariado de algunos países de la Europa del este (especialmente en Polonia en el verano de 1980)[4].
Ante esta reanudación de la lucha de clases tras un breve período de reflujo, la burguesía tuvo que modificar su estrategia para impedir cualquier politización del proletariado en sus luchas económicas. Y así, mediante una astuta división de tareas entre las distintas fracciones burguesas, correspondió a los partidos de derecha en el gobierno ejecutar los ataques económicos contra las condiciones de vida del proletariado, mientras que los partidos de izquierda en la oposición (apoyados por los sindicatos y los izquierdistas) tenían la misión de sabotear desde dentro las luchas de los trabajadores, y desviarlos hacia el terreno del engaño electoral.
La huelga de masas en Polonia en agosto de 1980 reveló que el proletariado, a pesar de sufrir la capa de plomo de los regímenes estalinistas, era capaz de alzar la cabeza y rencontrar espontáneamente sus métodos de lucha, incluidas las asambleas generales soberanas, la elección de los comités de huelga responsables ante esas asambleas, la necesaria extensión geográfica de las luchas y su unificación superando las divisiones corporativistas.
- Esta gigantesca lucha de la clase obrera en Polonia reveló que es en la lucha masiva contra los ataques económicos donde el proletariado puede tomar conciencia de su propia fuerza, afirmar su identidad de clase antagónica con el capital y desarrollar su confianza en sí mismo.
- Pero la derrota de los trabajadores polacos, con la fundación del sindicato "libre" Solidarnosc (“Solidaridad”, que se benefició del respaldo de los sindicatos de los países occidentales), también reveló el peso muy fuerte de las ilusiones democráticas en un país donde el proletariado carecía de experiencia de la democracia burguesa. La derrota y represión de los trabajadores polacos abrió, a principios de la década de 1980, un nuevo período de retroceso para la lucha de clases internacional.
4) Sin embargo, aunque profundo, este reflujo resultó efímero. En la primera mitad de la década de 1980 y ante el empeoramiento de la crisis económica, la explosión del desempleo, y los nuevos ataques a las condiciones de vida del proletariado en los países centrales, volvió a surgir una tercera oleada de luchas. Aún con la derrota de la larga huelga de mineros en Gran Bretaña en 1985, esta oleada de luchas se manifestó en un desgaste de la izquierda en la oposición, un creciente descrédito de los sindicatos (como se vio en muchos países, incluidos los escandinavos, por las huelgas espontáneas esporádicas que estallaban al margen y contra las repetidas maniobras de sabotaje sindical). Esta tercera ola de luchas obreras se acompañó de un aumento de las tasas de abstención en las elecciones.
Para no dejarse sorprender como sucediera en mayo del 68 y paralizar cualquier dinámica de confrontación con el sindicalismo, la burguesía puso en marcha una tercera estrategia: fortalecer su aparato de encuadramiento de la clase obrera para impedir cualquier extensión de las luchas más allá de la corporación o el sector, sabotear la identidad de clase del proletariado mediante la división entre los de "cuello blanco" y los de "cuello azul", e impedir cualquier intento de autoorganización del proletariado.
5) Fue la burguesía inglesa - la más inteligente del mundo[5] - con la política de la "Dama de Hierro" (Margaret Thatcher), la que marcó a la clase dominante del resto de los países centrales la pauta de la estrategia para frenar la dinámica de la lucha de clases:
- Gracias al trabajo de sabotaje del sindicato de mineros, la clase dominante encerró a los trabajadores en una larga y agotadora huelga corporativista que quedó totalmente aislada del resto de sectores productivos. La amarga derrota de la huelga de los mineros significó un golpe brutal para toda la clase obrera de este país. Este éxito de la clase dominante en Gran Bretaña sirvió de modelo para la burguesía de otros países, sobre todo en Francia, el país de Europa donde el proletariado es tradicionalmente extremadamente combativo. La burguesía francesa se inspiró en la política de la "Dama de Hierro" para detener la dinámica de la lucha de clases, encerrando a los obreros en el corporativismo y, sobre todo, promoviendo la tendencia al “cada uno a la suya” (que fue uno de los primeros fenómenos de la descomposición del capitalismo[6]).
- En 1986, y dado que los sectores tradicionalmente más combativos y experimentados del proletariado francés se habían enfrentado ya en varias ocasiones, desde 1968, al sabotaje sindical (en la minería, el acero, el transporte, la industria automotriz, etc.), la burguesía sólo pudo utilizar esa estrategia creando “coordinadoras” destinadas a tomar el relevo de las grandes centrales sindicales desacreditadas.
- En Italia, cuyo proletariado también había desarrollado luchas masivas muy importantes (en particular las del "otoño caliente" de 1969), la burguesía también desplegó esa misma política de confinamiento en el corporativismo recuperando, después de 1987, la coordinadora de los trabajadores de la educación.
- En Francia, y a pesar de la derrota de la huelga ferroviaria de 1986 (merced al sabotaje efectuado por las “coordinadoras” de la SNCF -compañía de ferrocarriles-), apenas dos años más tarde, en 1988, la combatividad estalló de nuevo en otro sector público, el de los hospitales. Ante el profundo descontento general que existía hacía los sindicatos, y el potencial peligro de que esta lucha masiva se extendiese a todo el servicio público, la clase dominante reforzó más aún su estrategia de confinamiento corporativista y división de la clase obrera. La burguesía francesa pudo utilizar un sector profesional aún inexperto y políticamente "atrasado" como la enfermería, para entorpecer cualquier tentativa de unificación del movimiento en los hospitales, saboteando así cualquier posibilidad de extender la lucha a otros sectores del servicio público.
- Para romper el movimiento en los hospitales, la maniobra de la burguesía consistió en ofrecer sólo a las enfermeras un "soborno" (un aumento salarial de 350 francos al mes, de un fondo de mil millones de francos que tenía reservado de antemano), mientras el resto de las categorías de personal hospitalario que se habían movilizado no obtuvieron nada. Si esta derrota de la clase obrera, en el contexto de la tendencia histórica de "cada uno a la suya", pudo ser infligida al proletariado, sólo fue merced al trabajo sucio de la llamada “Coordinadora de Enfermeras”, autoproclamada y puesta en marcha repentinamente gracias al sindicato CFDT. Esta “Coordinadora”, auténtico engendro parasindical, consiguió desviar la cólera de las enfermeras al terreno podrido de la defensa de su "estatus" de "Bac+3" (Bachillerato más tres años de estudios adicionales) para justificar un aumento de su salario, cuando lo cierto es que el movimiento había partido de la falta de personal y del deterioro de las condiciones de trabajo que afectaba igualmente a todas las categorías de personal hospitalario (las de "cuello blanco" y las de "cuello azul"). (Véase nuestro folleto en francés “Bilan de la lutte des infirmières: les coordinations, la nouvelle arme de la bourgeoisie”[7]).
En otros países europeos, incluyendo Alemania (sobre todo en la industria automotriz), esta maniobra burguesa de conceder aumentos salariales únicamente a una categoría de obreros de la misma empresa tenía la intención de dividir a los trabajadores, aumentar la competencia entre ellos, socavar su solidaridad de clase a fin de enfrentarlos entre sí.
Y, lo que es peor, con esta estrategia de división del proletariado que aboga por el “cada uno a la suya”, la burguesía y sus lacayos de los sindicatos han tratado permanentemente de que lo que eran en realidad derrotas de la clase obrera ¡parecieran victorias!
Los revolucionarios no deben subestimar el maquiavelismo de la burguesía cuando analizan la evolución de la relación de fuerzas entre las clases. Tal maquiavelismo sólo puede continuar desarrollándose con el agravamiento de los ataques contra toda la clase explotada[8]. El estancamiento que vivió la lucha de clases, y su posterior declive, a finales de los años ochenta, fue resultado de la capacidad de la clase dominante para revertir algunas manifestaciones de la descomposición de la sociedad burguesa – y sobre todo esa tendencia al “cada uno a la suya” – contra la clase obrera.
6) Ya desde el reflujo que siguió a la primera oleada de luchas, podemos ver cómo han sido esencialmente las ilusiones democráticas (alimentadas por la contraofensiva de la burguesía y el sabotaje sindical) lo que han constituido el principal obstáculo para la politización de las luchas de la clase obrera.
Como se destaca en el artículo de la Revista Internacional n°23, "La lucha del proletariado en el capitalismo decadente"[9], la clase obrera se enfrenta a varios factores de dificultad para la politización de sus luchas: La verdadera naturaleza del proletariado, que es una clase a la vez explotada, desposeída de toda propiedad, y revolucionaria, siempre ha significado que la conciencia de clase no puede avanzar de victoria en victoria, sino que sólo puede desarrollarse de manera desigual hacia la victoria a través de una serie de derrotas, tal y como afirmó Rosa Luxemburgo.
En el período de la decadencia:
- la clase obrera ya no puede dotarse de organizaciones de masas permanentes, partidos políticos y sindicatos obreros con los que defender sus intereses;
- ya no existe un programa político "mínimo" como sí sucedía en el período ascendente, sino sólo un programa "máximo"[10]. La democracia burguesa y su marco nacional ya no son un campo para la acción política del proletariado;
- el Estado burgués ha aprendido a utilizar inteligentemente contra la politización de la clase obrera lo que antaño fueron partidos políticos del proletariado.
Además, en el período actual:
- el Estado burgués ha aprendido a ralentizar el ritmo de la crisis económica y a planificar, de común acuerdo con los sindicatos, sus ataques anti obreros, dándose todos los medios con los que evitar una respuesta unificada de la clase obrera, y una reapropiación de los objetivos políticos últimos de su lucha contra el capitalismo.
- todas las fuerzas del capitalismo actúan para bloquear la politización de la clase obrera, impidiéndole establecer el vínculo entre sus luchas económicas de resistencia a la explotación y la negativa de los trabajadores de los países centrales a dejarse encuadrar en la política belicista de la burguesía. Esta maniobra tuvo especial significación a principios de los años 1980, con las campañas pacifistas contra la política de la "guerras de las estrellas” de Reagan.
7) Cuando ya la tercera oleada de luchas comenzaba a agotarse a finales de esa década de los 80, tuvo lugar un hecho importante en la situación internacional: el espectacular colapso del bloque del Este y de los regímenes estalinistas en 1989[11]. Este acontecimiento supuso un golpe tremendo a la dinámica de la lucha de clases, modificando significativamente la relación de fuerzas entre proletariado y la burguesía en beneficio de esta última. Este acontecimiento supuso una conmoción que marcaba la entrada del capitalismo en la última fase de su decadencia: la de la descomposición. Con su hundimiento, el estalinismo rindió un último servicio a la burguesía, puesto que permitió que esta pusiese fin a la dinámica de la lucha de clases que, con avances y retrocesos, se había desarrollado a lo largo de dos décadas.
En efecto, puesto que no fue la lucha del proletariado sino la putrefacción en la raíz de la sociedad capitalista lo que acabó con el estalinismo, la burguesía pudo aprovechar este acontecimiento para desencadenar una gigantesca campaña ideológica destinada a perpetuar la mayor mentira de la historia: la identificación del comunismo con el estalinismo. Con ello, la clase dominante asestó un golpe durísimo a la conciencia del proletariado. Las ensordecedoras campañas de la burguesía sobre el supuesto "fracaso del comunismo" han causado una regresión del proletariado en su marcha hacia su perspectiva histórica de derrocamiento del capitalismo. Han infligido un golpe a la identidad de clase del proletariado[12].
Este profundo retroceso de la conciencia y la lucha de clases se puso de manifiesto por un descenso de la combatividad de los trabajadores en todos los países, un reforzamiento de las ilusiones democráticas, una intensa recuperación del control sindical, y una gran dificultad para que el proletariado retome el camino de sus luchas masivas a pesar del empeoramiento de la crisis económica, el aumento del desempleo, la precariedad y el deterioro general de todas sus condiciones de vida en todos los sectores y todos los países.
Más aún, con la entrada del capitalismo en la fase final de su decadencia, el proletariado tuvo que enfrentarse a los miasmas de la descomposición de la sociedad burguesa, que dificultan su capacidad para reencontrar el camino de su perspectiva revolucionaria. En el plano ideológico, “los diferentes elementos que constituyen la fuerza del proletariado se contraponen directamente con las diversas facetas de esta descomposición ideológica:
- la acción colectiva, la solidaridad, encuentran ante ellos la atomización, el “sálvese quien pueda”, el “cada cual que se las arregle”;
- la necesidad de organización se enfrenta a la descomposición social, a la desestructuración de las relaciones que subyacen a toda vida en sociedad;
- la confianza en el futuro y en sus propias fuerzas se ve constantemente socavada por la desesperación general que invade la sociedad, por el nihilismo, por el "no futuro";
- la conciencia, la lucidez, la coherencia y la unidad de pensamiento, el gusto por la teoría deben abrirse paso con mucha dificultad en medio de la huida hacia quimeras, las drogas, las sectas, el misticismo, el rechazo de la reflexión, la destrucción del pensamiento que caracterizan a nuestro tiempo.”. (Tesis sobre la descomposición, Revista Internacional n° 62)
Con este retroceso de su perspectiva revolucionaria y su identidad de clase, el proletariado perdió también mucha confianza en sí mismo y en su capacidad para enfrentarse eficazmente al capitalismo en defensa de sus condiciones de vida.
8) Uno de los factores objetivos que agravaron la pérdida de la identidad de clase del proletariado fueron las políticas de deslocalización y reestructuración del aparato productivo en los principales países de Europa Occidental y Estados Unidos. Las grandes concentraciones obreras fueron desmanteladas con el cierre de cuencas mineras, acerías, factorías de automóviles, etc., en sectores donde la clase obrera había desarrollado tradicionalmente luchas masivas y muy combativas. Esta desertificación industrial se vio acompañada por la acentuación de campañas ideológicas sobre el final de la lucha de clases y, por tanto, de cualquier perspectiva revolucionaria. Estas campañas burguesas han podido desarrollarse gracias a que los partidos estalinistas o socialdemócratas llevan décadas identificando a la clase obrera únicamente a los de “cuello azul” (los que visten “mono de trabajo”), ocultando así el hecho de que lo que define a la clase obrera es el trabajo asalariado y la explotación de la fuerza de trabajo. Además, el desarrollo de las nuevas tecnologías hace que el proletariado de "cuello blanco" esté mucho más disperso en pequeñas unidades de producción, lo que hace más difícil que surjan luchas masivas.
En esta situación de retroceso de la conciencia de clase del proletariado y de alejamiento de su perspectiva revolucionaria, el “cada uno a la suya” individualista y la competitividad para sobrevivir en medio de una creciente recesión económica tienden a dominar.
El aumento del desempleo y de la precariedad han hecho surgir el fenómeno de la "uberización" del trabajo. Al utilizar una plataforma de Internet como intermediario para encontrar trabajo, la uberización disfraza la venta de mano de obra a un patrón como si fuese "autoempleo", agudizando además el empobrecimiento y la precariedad del "autoempleado". La uberización del trabajo individual acentúa, la dificultad para hacer huelgas, puesto que la auto explotación de estos trabajadores dificulta considerablemente su capacidad para luchar colectivamente y desarrollar la solidaridad contra la explotación capitalista.
9) La bancarrota del banco Lehman Brothers y la crisis financiera de 2008 permitieron a la burguesía dar un nuevo golpe a la conciencia del proletariado, mediante una gran campaña ideológica de alcance mundial que trataba de inculcar la idea (planteada por los partidos de izquierda) de que los responsables de la crisis eran los “banqueros corruptos”, haciendo creer que el capitalismo se personifica en los “traders” bursátiles o en el poder del dinero.
La clase dominante pudo así ocultar las raíces del fracaso de su sistema. Pretendía, por un lado, que la clase obrera se viese arrastrada a la defensa del Estado "protector" ya que se suponía que las medidas del rescate a los bancos habían de proteger a los pequeños ahorradores. Por otra parte, esta política de rescate bancario también ha sido utilizada, en particular por la izquierda, para acusar a los gobiernos que defienden a los banqueros y al mundo financiero.
Pero más allá del efecto de estas mistificaciones, el mayor impacto de esta campaña sobre la clase obrera ha sido el de reforzar su impotencia frente a un sistema económico impersonal cuyas leyes generales serían como leyes naturales que no pueden ser controladas o alteradas.
10) El estallido de conflictos imperialistas en Oriente Próximo y Medio, así como la miseria absoluta de las masas empobrecidas de los países del continente africano, han provocado un creciente flujo de refugiados hacia los países de Europa Occidental. Al otro lado del Atlántico, el hundimiento del capitalismo en la descomposición también se ha puesto de manifiesto por el éxodo de oleadas de migrantes desde los países latinoamericanos a los Estados Unidos.
Estas manifestaciones de la descomposición de la sociedad capitalista han dado lugar al surgimiento de un nuevo peligro para el proletariado: la ideología populista basada en una política "identitaria" que ataca la solidaridad del proletariado, y que esparce la ilusión de que, frente a la agudización de la crisis, y los “recortes en los recursos”, las poblaciones autóctonas sólo podrían alejar el empeoramiento de su situación a expensas de otras capas no explotadoras de la población. Esta política se traduce en el proteccionismo, la estigmatización de los inmigrantes como "aprovechados del Estado del bienestar", y el cierre de las fronteras a las oleadas de inmigrantes.
El sentimiento de rechazo cada vez más abierto entre los trabajadores respecto a los partidos burgueses tradicionales y las "élites", no ha desembocado sin embargo en una politización del proletariado en su terreno de clase, sino a una búsqueda de "nuevos" personajes en el terreno electoral de la democracia burguesa, Estos "nuevos hombres" son en su mayoría demagogos y aventureros populistas (como Donald Trump). El ascenso de los partidos de extrema derecha en varios países europeos, así como la llegada al poder de Trump en Estados Unidos, beneficiándose de muchos votos de trabajadores del llamado "cinturón de la chatarra" (zonas industriales desertificadas), revela que algunos sectores del proletariado (particularmente golpeados por el desempleo) pueden verse intoxicados por el veneno del populismo, la xenofobia, el nacionalismo y todas las ideologías reaccionarias y oscurantistas que emanan del asqueroso estercolero del pudrimiento del capitalismo.
Esa tendencia al “cada uno a la suya” y a la desarticulación de la sociedad también se ha manifestado en el peligro de reclutamiento de algunos sectores del proletariado detrás de las banderas nacionales o regionales (como sucedió durante la crisis independentista de Cataluña en 2018).
11) Dada la gran dificultad actual de la clase obrera para desarrollar sus luchas, su incapacidad por el momento para recuperar su identidad de clase y abrir una perspectiva para la sociedad en su conjunto, el terreno social tiende a estar ocupado por luchas interclasistas particularmente marcadas por la pequeña burguesía. Esta capa social, sin porvenir histórico, sólo puede transmitir la quimera de la posibilidad de reformar el sistema capitalista reivindicando un capitalismo "de rostro humano", más democrático, más justo, más limpio, más preocupado por los pobres y por la preservación del planeta.
Estos movimientos interclasistas son producto de la falta de toda perspectiva, algo que afecta hoy a la sociedad en su conjunto, incluyendo una parte significativa de la propia clase dominante.
La revuelta popular de los "chalecos amarillos" en Francia contra "el coste de la vida", así como el movimiento internacional de la "Juventud por el clima" son una ilustración del peligro del interclasismo para el proletariado[13]. La revuelta ciudadana de los "chalecos amarillos" (inicialmente apoyada y alentada por todos los partidos de derecha y de extrema derecha) ha mostrado la capacidad que tiene la burguesía para utilizar los movimientos sociales interclasistas contra la conciencia del proletariado.
Mediante la concesión de ayudas por un importe de 10.000 millones de euros para, supuestamente, contener el caos que acompañó a las manifestaciones de los Chalecos Amarillos, la burguesía francesa y sus medios de comunicación pudieron instilar, insidiosamente, la idea de que sólo los movimientos ciudadanos, los interclasistas y los métodos de lucha propios de la pequeña burguesía pueden hacer retroceder al gobierno.
En puertas de una aceleración de los ataques económicos contra la clase explotada y del peligro del resurgimiento de las luchas obreras, la burguesía trata ahora de difuminar los antagonismos de clase. Cuando trata de anegar y diluir al proletariado entre la “población”, la “ciudadanía”, lo que la clase dominante pretende es impedir que recupere su identidad de clase. La cobertura mediática internacional del movimiento de los Chalecos Amarillos revela que ésta es una preocupación de la burguesía de todos los países.
El movimiento juvenil por el clima, aunque expresa la preocupación general y la inquietud por la amenaza de destrucción de la humanidad, se ha desviado completamente al terreno de las luchas parciales, fácilmente recuperables por la burguesía y muy fuertemente marcadas por la pequeña burguesía.
- “Sólo el proletariado lleva en sí mismo una perspectiva para la humanidad y, en este sentido, en sus filas es donde existe una mayor capacidad para resistir esta descomposición. Sin embargo, él mismo no se encuentra a salvo, puesto que la pequeña burguesía con la que convive es precisamente su principal vehículo. En este período, su objetivo será resistir los efectos nocivos de la descomposición en su seno, contando únicamente con sus propias fuerzas, con su capacidad de luchar colectiva y solidariamente en defensa de sus intereses en tanto que clase explotada" (Tesis sobre la descomposición).
La lucha por la autonomía de clase del proletariado es pues crucial en esta situación impuesta por el agravamiento de la descomposición del capitalismo:
- contra las luchas interclasistas;
- contra las luchas parciales que plantean todo tipo de categorías sociales, dando la falsa ilusión de "comunidad protectora";
- contra las movilizaciones en el terreno podrido del nacionalismo, del pacifismo, de la “mejora del medioambiente”, etc.
En el balance de fuerzas entre burguesía y proletariado, es siempre la clase dominante la que está en la ofensiva, excepto en una situación revolucionaria. Pese a sus dificultades internas y la creciente tendencia a una pérdida de control de su aparato político, lo cierto es que la burguesía ha conseguido revertir las manifestaciones de la descomposición de su sistema contra la conciencia y la identidad de clase del proletariado. La clase obrera no ha superado, pues, aún, el profundo retroceso que experimentó tras el colapso del bloque del Este y los regímenes estalinistas. Y más aun teniendo en cuenta que las campañas democráticas y anticomunistas que se mantienen desde hace décadas, se ponen regularmente en boga (por ejemplo, con motivo del centenario de la Revolución de Octubre de 1917).
12) Y, sin embargo, pese a esas tres décadas de retroceso de la lucha de clases, la burguesía no ha logrado hasta ahora infligir una derrota decisiva a la clase obrera, como sí consiguió en los años 1920-1930. A pesar de la gravedad de lo que hoy está en juegos en el período histórico actual, la situación no es idéntica a la del período contrarrevolucionario. El proletariado de los países centrales no ha sufrido una derrota física (como sí vimos en el aplastamiento sangriento de la revolución en Alemania durante la primera ola revolucionaria de 1917-23). No ha sido alistado detrás de las banderas nacionales. La gran mayoría de los proletarios no están dispuestos a sacrificar sus vidas en el altar de la defensa del capital nacional. En los principales países industrializados, tanto en Estados Unidos como en Europa, las masas proletarias no se han sumado a las cruzadas imperialistas (bautizadas como "humanitarias") de "su" burguesía nacional.
La lucha de clases del proletariado está hecha de avances y retrocesos en los que la clase obrera se esfuerza por superar sus derrotas, aprender de ellas y volver de nuevo al combate. Como analizó Marx en el 18 de Brumario: "las revoluciones burguesas, como las del siglo XVIII, corren raudas de un éxito a otro, (...) por el contrario, las revoluciones proletarias, como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, interrumpen a cada momento su propio curso, regresan a lo que ya parece haber sido logrado y comienzan de nuevo, se burlan despiadadamente de las vacilaciones, las debilidades y las flaquezas de sus primeros intentos, parecen derribar a su oponente sólo para permitirle sacar nuevas fuerzas de la tierra y recuperarse de nuevo, formidable, frente a ellos, retroceden constantemente ante la inmensidad infinita de sus propias metas, hasta que se crea finalmente una situación que hace que sea imposible dar marcha atrás, y las circunstancias mismas gritan: ¡Hic Rhodus, hic salta!".
Estas "circunstancias", que deben crear "la situación que hace que sea imposible dar marcha atrás", estarán determinadas, en primer lugar, por el agotamiento de los paliativos que hasta ahora han permitido a la burguesía frenar el hundimiento de la economía mundial. En efecto, para que se den las condiciones de surgimiento de un período de lucha revolucionaria, es necesario "que los explotadores no puedan vivir y gobernar como lo hicieron en el pasado. Sólo cuando "los de abajo" ya no quieran y "los de arriba" no puedan seguir viviendo a la antigua usanza, sólo entonces podrá triunfar la revolución". (Lenin, La Enfermedad Infantil del Comunismo).
La inexorable agravación de la miseria, la precariedad, el desempleo y los ataques a la dignidad de los explotados, en los años venideros, constituyen la base material que empujará a las nuevas generaciones de proletarios a retomar el camino de las luchas que emprendieron las generaciones anteriores en defensa de sus condiciones de vida. Por ciertos que sean los peligros que amenazan al proletariado, el período de descomposición del capitalismo no ha puesto fin a las "circunstancias" objetivas que han representado el aguijón de los combates revolucionarios del proletariado desde el comienzo del movimiento obrero.
13) La agravación de la crisis económica ya ha hecho emerger una nueva generación en la escena social, aunque sea de forma muy limitada y embrionaria: en 2006, el movimiento de los estudiantes en Francia contra el CPE, seguido cinco años más tarde por el movimiento de los "Indignados” en España[14]. Estos dos movimientos masivos de la juventud proletaria redescubrieron, espontáneamente, los métodos de lucha de la clase obrera, sobre todo la cultura del debate en asambleas generales masivas abiertas a todos.
Estos movimientos se caracterizaron también por la solidaridad entre generaciones, a diferencia del movimiento estudiantil de finales de la década de 1960, muy marcado por el peso de la pequeña burguesía, que se desarrolló contra la generación que había sido reclutada para la guerra.
Si en el movimiento contra el CPE, la gran mayoría de los estudiantes que luchaban contra la perspectiva del desempleo y la precariedad se reconocían como parte de la clase obrera, los Indignados en España (aunque su movimiento se extendió internacionalmente a través de las redes sociales) no tenían una clara conciencia de pertenencia a la clase explotada.
Mientras que el movimiento masivo contra el CPE fue una respuesta proletaria a un ataque económico (lo que hizo que la burguesía se viese obligada a recular retirando el CPE), el movimiento de los Indignados estuvo marcado, esencialmente, por una reflexión global sobre la bancarrota del capitalismo y la necesidad de otra sociedad.
En esta nueva generación aún no se ha recuperado la identidad de clase del proletariado, a causa de la falta de experiencia de esta joven generación, y de su vulnerabilidad a las mistificaciones de la ideología de la "altermundialización", así como a su dificultad para reapropiarse de la historia y la experiencia del movimiento obrero.
Sin embargo, estos movimientos habían comenzado a sentar los primeros jalones de una lenta maduración de la conciencia en el seno de la clase obrera (y sobre todo de sus jóvenes generaciones altamente cualificadas) sobre lo que está en juego en la presente situación histórica.
14) Una característica esencial del desarrollo de la conciencia de clase del proletariado ha sido siempre su capacidad de maduración subterránea, es decir, la aptitud para desarrollarse fuera de períodos de lucha abierta e incluso en períodos de grandes derrotas. La conciencia de clase puede desarrollarse en profundidad, en el seno de pequeñas minorías, aun cuando no se extienda ampliamente a todo el proletariado. Por lo tanto, el desarrollo de la conciencia de clase no debe medirse únicamente por la extensión inmediata que alcanza en el proletariado en un período determinado, sino también a través de su continuidad histórica. En el artículo de la Revista Internacional n°42 "Debate interno: Los deslizamientos centristas hacia el consejismo", afirmamos ya que: “Hay que distinguir entre aquello que refleja una continuidad del movimiento histórico del proletariado -la elaboración progresiva de sus posiciones políticas y su programa- y lo que está vinculado a factores circunstanciales -la amplitud de su asimilación y su impacto en el conjunto de la clase-".
La existencia y la resuelta pervivencia por parte de las organizaciones de la Izquierda comunista hasta el presente, en las difíciles condiciones de la descomposición del capitalismo, son expresión de esta capacidad subterránea de la conciencia de clase para desarrollar su movimiento histórico en un período de profunda desorientación del proletariado como el que vivimos hoy.
Esta maduración subterránea de la conciencia de clase del proletariado se manifiesta hoy, también, en el surgimiento de pequeñas minorías y elementos jóvenes que buscan una perspectiva de clase y las posiciones de la Izquierda comunista.
Las organizaciones de la Izquierda comunista no deberían menospreciar esas minorías, aunque pudieran parecer insignificantes. El proceso de decantación en el período de la descomposición del capitalismo es mucho más lento y costoso que el que tuvo lugar a finales de los años sesenta y principios de los setenta.
A pesar de los efectos nocivos de la descomposición y de los peligros que representa para el proletariado, "hoy, la perspectiva histórica sigue estando totalmente abierta. A pesar del golpe que supuso el colapso del bloque del Este para la toma de conciencia del proletariado, éste no ha sufrido ninguna derrota importante en el terreno de su lucha. (...) Pero, además, y este es el elemento que determina en última instancia la evolución de la situación mundial, el mismo factor que está en la raíz del desarrollo de la descomposición, la agravación inexorable de la crisis del capitalismo constituye el estímulo esencial para la lucha y la toma de conciencia de la clase obrera, la condición misma de su capacidad para resistir el emponzoñamiento derivado del pudrimiento de la sociedad. En efecto, mientras el proletariado no puede encontrar un terreno para la unidad de clase en las luchas parciales contra los efectos de la descomposición, su lucha contra los efectos directos de la crisis misma sí constituye la base para el desarrollo de su fuerza y unidad de clase" (Tesis sobre la descomposición).
15) En las luchas económicas y defensivas del proletariado "a veces triunfan los obreros; pero es un triunfo efímero. El resultado real de sus luchas no es tanto el éxito inmediato como la unión creciente de los trabajadores. Esta unión se ve facilitada por el desarrollo de los medios de comunicación creados por una gran industria y permiten a los obreros de diferentes localidades ponerse en contacto entre ellos. Y basta esta toma de contacto para centralizar las muchas luchas locales, que en todas partes tienen el mismo carácter, en una lucha nacional, una lucha de clases. Pero toda lucha de clases es una lucha política, y la unión que los burgueses de la Edad Media tardaban siglos en establecer a través de los caminos vecinales, los proletarios modernos la realizan en pocos años gracias a los ferrocarriles. Esta organización del proletariado en la clase, y por tanto en el partido político, es siempre destruida de nuevo por la competencia entre los trabajadores mismos. Pero siempre renace, y siempre es más fuerte, más firme, más poderosa" (Manifiesto Comunista).
Ese “desarrollo de los medios de comunicación" que permiten a los trabajadores "ponerse en contacto" para "centralizar las luchas locales" ya no son los ferrocarriles como en la época de Marx, sino las nuevas tecnologías digitales de telecomunicaciones.
De hecho, si bien los efectos de la "globalización", las deslocalizaciones, la desaparición de partes enteras de la industria, la dispersión en multitud de pequeñas unidades de producción, la multiplicación de pequeños empleos en los servicios, la precariedad y la “uberización” del trabajo han contribuido a socavar la identidad de clase del proletariado en las viejas metrópolis industriales; las nuevas condiciones económicas, tecnológicas y sociales en las que se encuentra hoy en día contienen elementos favorables a la reconquista de esta identidad de clase, a una escala mucho mayor que en el pasado. La "globalización" y especialmente el desarrollo de Internet, la creación de una especie de "red global" de conocimientos, habilidades, cooperación en el trabajo, al mismo tiempo que los viajes de millones de personas crean las bases objetivas para el desarrollo de una identidad de clase a escala planetaria, especialmente para las nuevas generaciones proletarias.
16) Una de las principales razones por las que el proletariado no ha podido desarrollar sus luchas y su conciencia al nivel que requería la gravedad de la situación histórica es la ruptura de la continuidad política con el movimiento obrero del pasado (y, sobre todo, con la primera oleada revolucionaria de 1917-23). Esta ruptura quedó ilustrada por la debilidad de las organizaciones revolucionarias de la corriente de la Izquierda comunista que combatieron el estalinismo en los años 1920 y 1930.
Esto abunda en la enorme responsabilidad que recae en la Izquierda comunista como puente entre el antiguo partido desaparecido (la III Internacional) y el futuro partido del proletariado. Sin la constitución de este futuro partido mundial, la revolución proletaria será imposible y la humanidad acabará siendo devorada por la barbarie de la guerra y/o por la lenta descomposición de la sociedad burguesa.
- “Teóricamente, la ventaja que tienen los comunistas sobre el resto del proletariado es la de una clara comprensión de las condiciones, la marcha y los fines generales del movimiento proletario en su conjunto" (Manifiesto Comunista).
Mayo de 2019
[1] Sobre Mayo 68 los artículos que hemos publicado los puedes encontrar en https://es.internationalism.org/series/380 [53] , sobre Italia 1969 ver El “Otoño caliente” italiano de 1969 (I) - Un momento de la recuperación histórica de la lucha de clases https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2773/el-otono-caliente-italiano-de-1969-i-un-momento-de-la-recuperacion [41]
[2] Ver Uno de los aportes clave de 1968: la renovación de la Izquierda Comunista, https://es.internationalism.org/content/4344/la-renovacion-de-la-izquierda-comunista-uno-de-los-aportes-clave-de-mayo-68 [54]
[3] Ver Auge y decadencia de la «Autonomía obrera», https://es.internationalism.org/revista-internacional/197901/948/auge-y-... [55]
[4] Ver Un año de luchas obreras en Polonia, /content/2318/un-ano-de-luchas-obreras-en-polonia [56]
[5] Cabe añadir que en aquella época (años 80) porque actualmente la sucesión de despropósitos monumentales en torno al Brexit muestra que los efectos de la descomposición han erosionado una parte de esa “inteligencia”.
[6] Ver nuestras "TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION [11]".
[8] Ver Maquiavelismo, consciencia y unidad de la burguesía https://es.internationalism.org/revista-internacional/201710/4239/maquiavelismo-consciencia-y-unidad-de-la-burguesia [58]
[9] Ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/200805/2265/la-lucha-del-proletariado-en-el-capitalismo-decadente [59]
[10] El famoso “Programa de Transición” que elaboró la IVª Internacional en 1938 era un remedo trufado de oportunismo de los viejos programas mínimos del periodo 1871-1914.
[11] Vr nuestras Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este /content/3451/tesis-sobre-la-crisis-economica-y-politica-en-los-paises-del-este [10]
[12] Ver Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado, https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole [60]
[13] Ver sobre los primeros, entre otros muchos documentos, Contra la revuelta reaccionaria de los chalecos amarillos el proletariado debe afirmar su autonomía de clase https://es.internationalism.org/content/4412/contra-la-revuelta-reaccionaria-de-los-chalecos-amarillos-el-proletariado-debe-afirmar [39] ; y sobre los segundos nuestra hoja internacional El capitalismo amenaza el planeta y la supervivencia de la humanidad: Sólo la lucha mundial del proletariado puede acabar con la amenaza https://es.internationalism.org/content/4405/el-capitalismo-amenaza-el-planeta-y-la-supervivencia-de-la-humanidad-solo-la-lucha [61]
[14] Sobre el primero ver Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [18] y sobre el segundo, nuestra hoja internacional 2011: de la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [50]
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Revista Internacional, 14 de Julio de 2019
La sociedad capitalista, en la fase final de su declive, está dando a luz a toda una variedad de “crisis de identidad”. La atomización inherente al sistema de producción generalizada de mercancías está alcanzando nuevos niveles, y esto se aplica tanto a la vida social en su conjunto como a las reacciones contra la creciente miseria y opresión generadas por el sistema. Por un lado, grupos e individuos que sufren opresiones particulares son animados a movilizarse como grupos específicos para luchar contra sus opresiones -como mujeres, como homosexuales, como personas transgéneros, como minorías étnicas, etc.- y, frecuentemente, a competir directamente entre sí, como ocurre con la actual confrontación entre activistas transgénero y ciertas ramas del feminismo. Estas expresiones de "políticas de identidad" son al mismo tiempo adoptadas por la izquierda de la burguesía, hasta llegar a sus más distinguidos académicos y a sus escalones políticos más poderosos (como en el caso del Partido Demócrata de los Estados Unidos).
Mientras tanto, el ala derecha de la burguesía, al tiempo que denuncia superficialmente el ascenso de las políticas de identidad, se levanta en defensa de su propia variante de búsqueda de identidad: la búsqueda de los Verdaderos Hombres amenazados por el espectro del feminismo, la nostalgia de las glorias de la Raza Blanca enfrentada a su disolución por hordas extranjeras.
La búsqueda de estas identidades y comunidades parciales, a veces completamente ficticias, es una medida de la autoenajenación de la humanidad en una época histórica en la que una comunidad humana universal es tanto posible como necesaria para la supervivencia de la especie. Y, sobre todo, como otras manifestaciones de la descomposición social, es el producto de la pérdida de la única identidad cuya afirmación puede llevar a la creación de tal comunidad, también conocida como comunismo: la identidad de clase del proletariado. El reciente movimiento de los "Chalecos Amarillos" en Francia nos ofrece una ilustración gráfica de los peligros que resultan de esta pérdida de identidad de clase: que un gran número de trabajadores, justamente encolerizados por los constantes ataques a su nivel de vida, se movilizan no por sus propios intereses sino detrás de las demandas y acciones de otras clases sociales -en este caso, la pequeña burguesía y una parte de la burguesía misma[1].
La explotación de la clase obrera es la piedra angular de todo el edificio del capitalismo. No es, como los defensores de las políticas de identidad argumentan abierta o subrepticiamente, sólo una forma de opresión entre muchas otras. Porque, a pesar de todos los cambios que ha sufrido en los últimos dos siglos, el capitalismo sigue gobernando la Tierra, y por tanto lo que Karl Marx escribió en 1844 sobre la naturaleza revolucionaria del proletariado sigue siendo tan cierto como siempre. Esta es una clase cuya lucha contra el capitalismo contiene la solución a todos los "males particulares" infligidos por esta sociedad.
"Una clase con cadenas radicales, una clase de la sociedad civil que no es una clase de la sociedad civil, una clase que es la disolución de todas las clases, una esfera que tiene un carácter universal por su sufrimiento universal y que no reclama ningún derecho particular porque ningún mal particular, sino el mal en general, se perpetúa en su contra; que no puede invocar ningún título histórico, sino sólo humano; que no se encuentra en una antítesis parcial con las consecuencias sino en una antítesis completa con las premisas del Estado alemán; una esfera que no puede emanciparse a sí misma sin emanciparse de todas las demás esferas de la sociedad y, por lo tanto, emancipar a todas las demás esferas de la sociedad; la cual, en una palabra, es la pérdida completa del ser humano y, por lo tanto, sólo puede ganarse a sí misma a través de la recuperación completa del ser humano. Esta disolución de la sociedad en una clase particular es el proletariado"[2].
En La Sagrada Familia, escrita durante el mismo período, Marx explica que la clase obrera es por naturaleza una clase revolucionaria, incluso cuando no es consciente de ello:
“Cuando los escritores socialistas atribuyen este papel histórico-mundial al proletariado, no es de ninguna manera, como el Criticismo Crítico pretende creer, porque consideran a los proletarios como dioses. Más bien lo contrario. Puesto que en el proletariado plenamente formado la abstracción de toda la humanidad, incluso el semblante de la humanidad, es prácticamente completa; puesto que las condiciones de vida del proletariado resumen todas las condiciones de vida de la sociedad actual en su forma más inhumana; puesto que el ser humano se ha perdido a sí mismo en el proletariado, pero al mismo tiempo no sólo ha adquirido consciencia teórica de esa pérdida, sino que a través de una necesidad urgente -la expresión práctica de la necesidad-, que ya no se puede evitar, ni disimular, y que es absolutamente imperativa, se ve impulsado directamente a rebelarse contra esa inhumanidad: se deduce que el proletariado puede y debe emanciparse a sí mismo. Pero no puede emanciparse sin abolir las condiciones de su propia vida. No puede abolir las condiciones de su propia vida sin abolir todas las condiciones inhumanas de vida de la sociedad actual que se resumen en su propia situación. No en vano pasa por la severa pero fortificante escuela del trabajo. No se trata de lo que tal o cual proletario, o incluso todo el proletariado, considera en cada momento como su objetivo. Se trata de lo que el proletariado es y de lo que, de acuerdo con este ser, históricamente se verá obligado a hacer"[3]
La identidad de clase tiene por tanto una base objetiva que permanece inalterable mientras exista el capitalismo, pero la consciencia subjetiva de "lo que el proletariado es" se ha visto frenada desde hace mucho tiempo por el lado negativo de la condición proletaria: el hecho de que "el ser humano se ha perdido a sí mismo en el proletariado", que ésta es una clase que sufre todo el peso de la auto alienación humana. En obras posteriores Marx explicaría que las formas particulares asumidas por la alienación en la sociedad capitalista -el proceso también conocido como "reificación", el velo de mistificación inherente al intercambio universal de mercancías- hacen particularmente difícil para los explotados comprender la verdadera naturaleza de su explotación y la verdadera identidad de sus explotadores. Por ello, se hace necesaria una "consciencia teórica de esa pérdida" y el socialismo tuvo que volverse científico en sus métodos. Pero esta consciencia teórica no está en absoluto divorciada de las condiciones reales de trabajo y de su revuelta contra la inhumanidad de la explotación capitalista.
Cuando Marx escribe que la clase obrera "no puede emanciparse sin abolir las condiciones de su propia vida", la llamada corriente de la "comunización" toma esto como que cualquier afirmación de la identidad de clase sólo puede ser reaccionaria, ya que no es más que una exaltación de lo que es el proletariado dentro de la sociedad capitalista, de modo que la revolución comunista exigiría la autonegación inmediata de la clase obrera. Pero esto es perder de vista la realidad dialéctica de la clase obrera como una clase que es a la vez parte de la sociedad capitalista y no de ella, una clase explotada y revolucionaria al mismo tiempo. Insistimos, junto con Marx, que es sólo mediante su autoafirmación, tanto a nivel de sus luchas económicas y sociales, y como el candidato a la dirección política de la sociedad, que el proletariado puede allanar el camino a la disolución real de todas las clases y al "resurgimiento total" de la humanidad. Por eso, este informe se centrará precisamente en el problema de la identidad de clase: desde su desarrollo inicial en la fase ascendente del capitalismo, hasta su posterior pérdida y reapropiación futura.
El proletariado es por definición la clase de la desposesión. Está formado originalmente por la desposesión de la pequeña parcela de tierra del campesino, o de los instrumentos de producción del artesano, y hacinado en los tugurios asolados por la enfermedad de la temprana sociedad industrial. Engels en La Condición de la Clase Obrera en Inglaterra escribe sobre todos los efectos desmoralizadores de este proceso que llevó a numerosos proletarios al alcoholismo y al crimen, sometiéndolos a la más brutal competencia entre sí mismos. Pero Engels rechazó cualquier condena moralista de estas reacciones puramente individuales a su condición y señaló la alternativa que ya estaba tomando forma: la lucha colectiva de los trabajadores por la mejora de su condición a través de la formación de sindicatos, asociaciones educativas y culturales y partidos políticos como los Cartistas - todo esto inspirado en última instancia por la visión de una forma superior de sociedad. La reunión física de los trabajadores en las ciudades y las fábricas fue la premisa objetiva de esta lucha. Esta es una dimensión de la asociación del trabajo que supera el relativo aislamiento del trabajo artesanal y campesino; pero como proceso puramente "sociológico", la maquinaria de la industrialización temprana fue tan brutal y traumática que también podría haber resultado en la producción de una masa indiferente de indigentes, e incluso en la extinción del proletariado a través del hambre y la enfermedad. Era el reconocimiento de un interés de clase común, opuesto al de la burguesía, lo que fue la base real de la identidad de clase inicial del proletariado. La "constitución de los proletarios en clase", como lo expresó el Manifiesto Comunista, era inseparable al crecimiento de la consciencia de clase y de la organización: "y consecuentemente en un partido político", como continúa la frase. La clase obrera no es sólo una clase asociada "en sí misma", no sólo objetivamente: la asociación como premisa para una forma superior de organización social sólo se concreta cuando la dimensión subjetiva, la autoorganización y unificación de la clase en la lucha contra la explotación, se levanta de su lugar en la relación social capitalista.
Pero el proletariado sigue siendo la clase de la desposesión, y esto se aplicaría eventualmente a los mismos instrumentos que había creado para su propia defensa. Los primeros sindicatos y partidos políticos, por un lado, motivados por el entendimiento de que el proletariado no era una clase de la sociedad civil, y por el proyecto de disolver el orden social existente, también estaban atados a la necesidad de que la clase mejorara su suerte dentro del sistema. Y contrariamente a las primeras expectativas de los fundadores del marxismo, este sistema estaba todavía lejos de cualquier "crisis final" o período de decadencia, de modo que cuanto más duradera y más extensamente el proletariado forjara sus organizaciones dentro de la cáscara de la sociedad capitalista, mayor sería el peligro de que estas organizaciones se convirtieran en simples partes de la sociedad civil- se institucionalizaran. Como dijo Engels en 1892: en cierto momento dado, "los sindicatos, que hasta entonces se consideraban invenciones del mismo diablo, ahora eran mimados y patrocinados como instituciones perfectamente legítimas, y como medios útiles para difundir sólidas doctrinas económicas entre los trabajadores"[4] Con la retrospectiva de una más amarga experiencia histórica, sabemos que el camino hacia la revolución no pasó por la construcción gradual de las organizaciones de masas obreras dentro del sistema. Al contrario, cuando vino la verdadera prueba con el comienzo de la decadencia, estas organizaciones, que se habían corrompido lenta pero seguramente por la sociedad y la ideología dominantes, fueron definitivamente recuperadas por la clase dominante para ayudarla a combatir sus guerras imperialistas y a combatir la amenaza de la revolución[5].
Esto no fue ni mucho menos un proceso lineal. Al proletariado se le recordaba constantemente que era en esencia una clase proscrita - una fuerza de la revolución. Sus esfuerzos iniciales para construir las asociaciones más elementales para su defensa fueron reprimidos despiadadamente por la burguesía, que tardó mucho tiempo en comprender que podía transformar y poner en su contra a las propias organizaciones de trabajadores. Además, las condiciones políticas de la Europa de mediados del siglo XIX llevarían al proletariado a luchas abiertamente insurreccionales contra la clase dominante en Europa en al menos dos momentos históricos clave: 1848 y 1871. En Francia, ya patria de la revolución después de la experiencia de 1789-93, la clase obrera tomó las armas contra el Estado y, particularmente en 1871, planteó concretamente el problema de su destrucción y reemplazo por la dictadura del proletariado. Pero los movimientos de clase que apuntaban a un futuro revolucionario no se limitaban a Francia: en Inglaterra, el país de las "reformas graduales", el movimiento huelguístico de 1842 ya reveló los contornos de la huelga de masas que se convertiría en el modo de lucha característico en una época posterior[6] El propio movimiento Cartista entendió su demanda de sufragio universal como una demanda para que la clase obrera tomara el poder político en sus propias manos, y sus métodos no se limitaron a hacer peticiones a la burguesía: también dieron lugar a un ala de "fuerza física" que, en el levantamiento de Newport de 1839, no dudó en armarse contra el régimen existente[7] La formación de la Primera Internacional en 1864, aunque se originó en la necesidad de coordinación internacional de las luchas defensivas, fue otro indicador de que la clase obrera se enfrentaba a los cimientos de la sociedad burguesa - que una identidad de clase realmente consciente de sí misma no se podía acomodar en el marco del Estado-nación.
El miedo que la Internacional y la Comuna de París despertaron en los corazones de la burguesía, así como las condiciones objetivas de la expansión global capitalista en la última parte del siglo XIX, proporcionaron la base para la eventual integración de las organizaciones obreras de masas en la sociedad burguesa y finalmente en el propio aparato estatal. A estos factores se suman las confusiones y concesiones oportunistas que surgieron dentro del propio movimiento proletario, sobre todo la identificación del proletariado con el interés nacional, que la II Internacional, con su estructura federal y sus dificultades para comprender la evolución de la cuestión nacional, nunca fue capaz de superar. Pero el sentido de identidad de clase que surgió durante el largo período de la socialdemocracia, un período en el que el movimiento obrero organizado proporcionó a toda una capa de trabajadores no sólo órganos de defensa económica y actividad política, sino toda una vida social y cultural, de ninguna manera desapareció con la apertura de la época de decadencia capitalista. Al contrario, transmutada en una mistificación hostil al proletariado, "pesaría como una pesadilla en el cerebro de los vivos", y sería asumida en particular por los partidos socialdemócratas y estalinistas con el fin de mantener su control sobre la clase obrera: "La identidad de clase es el reconocimiento por parte del proletariado de que constituye una clase distinta en la sociedad, opuesta a la burguesía y con un papel activo en la sociedad. Sin embargo, esto no significa mecánicamente que se reconozca como la clase revolucionaria en la sociedad. Durante muchos años, la identidad de clase gravitó en torno a la noción de una clase de la sociedad capitalista que aspiraba a tener un nivel de vida decente y gozando de reconocimiento y fuerza social.
Este tipo de identidad fue construida por la contrarrevolución y, en particular, por los sindicatos y el estalinismo, basándose en ciertas debilidades que se remontan a la época de la II Internacional: un obrero manual, combativo, preocupado por sus derechos en la sociedad, reconocido por ella, vinculado a las grandes empresas y a los barrios obreros, orgulloso de su condición de "ciudadano obrero" y encerrado en el universo de la gran familia de trabajadores.
Tal identidad estaba muy ligada a un período preciso: el del apogeo del capitalismo (1870-1914), pero su persistencia en el período de decadencia, donde se verifica la profunda exclusión del proletariado de la sociedad burguesa anunciada por Marx, la ha llevado a convertirse en una gran mistificación que vende una falsa identidad muy peligrosa, llena de ilusiones de integración en la sociedad capitalista, sobre cómo llegar a acomodarse a ella, y esto destruye una verdadera identidad y consciencia de clase. La única identidad posible para el proletariado es la de una clase excluida de esta sociedad y que lleva consigo la perspectiva comunista"[8]
Un texto sobre el balance de fuerzas entre clases adoptado por nuestro órgano central internacional en abril de 2018, citando nuestro Texto de Orientación sobre la Confianza y la Solidaridad[9], esboza dos fases en la historia del movimiento obrero desde 1848. Se centra en el crecimiento y la pérdida de la confianza en sí misma de la clase obrera, pero esta cuestión está estrechamente ligada al problema de la identidad de clase: la clase obrera sólo puede tener confianza en sí misma si es consciente de su propia existencia e intereses.
“Durante la primera fase, que va desde los inicios de su autoafirmación como clase autónoma hasta la oleada revolucionaria de 1917 a 1923, la clase obrera fue capaz, a pesar de una serie de derrotas a menudo sangrientas, de desarrollar de manera más o menos continua su confianza en sí misma y su unidad política y social. Las manifestaciones más importantes de esa capacidad fueron, además de las luchas obreras mismas, el desarrollo de una visión socialista, de una capacidad teórica, de una organización política revolucionaria. Esta acumulación, resultado de un trabajo de decenios y de varias generaciones de proletarios fue interrumpida, incluso destrozada, por la contrarrevolución. Sólo minúsculas minorías revolucionarias fueron capaces de mantener su confianza en el proletariado durante los decenios posteriores. Al poner fin a la contrarrevolución, el resurgir histórico de la clase obrera en 1968 empezó a darle la vuelta a esa tendencia. Sin embargo, las expresiones de confianza en sí y de solidaridad de clase de esta nueva generación proletaria no derrotada permanecieron en su mayor parte arraigadas en las luchas inmediatas. No se basaban todavía, como en el periodo anterior a la contrarrevolución, en una visión socialista ni en una formación política, en una teoría de clase ni en la transmisión de la experiencia acumulada y la comprensión teórica de una generación a otra. En otros términos, la confianza en sí, histórica, del proletariado, y su tradición de unidad activa y de combate colectivo son uno de los aspectos de su combate que más ha sufrido la ruptura de la continuidad orgánica. Igualmente, son los aspectos más difíciles de restablecer ya que dependen, más que muchos otros, de una continuidad política y social vivas. Esto da lugar a su vez a una particular vulnerabilidad de las nuevas generaciones de la clase y de sus minorías revolucionarias”.
Podemos añadir que incluso antes del golpe demoledor de la derrota de la primera oleada revolucionaria, la gran batalla de 1914-18 significó la pérdida de décadas de trabajo paciente en la construcción de sus sindicatos y partidos políticos, una pérdida que ha sido particularmente difícil de aceptar y entender para la clase obrera: incluso entre los revolucionarios que se opusieron a esta traición, sólo una minoría fue capaz de comprender que estas organizaciones habían sido irreversiblemente perdidas para la clase. Posteriormente, con el ascenso del estalinismo, lo que había sido una dificultad de comprensión se convirtió en la base para la construcción de la falsa identidad que ya hemos mencionado, y que hemos desarrollado también en un informe anterior sobre las perspectivas de la lucha de clases. Pero, aunque esta terrible carga heredada del pasado iba a tener un impacto desastroso en el progreso de la oleada revolucionaria -expresada en particular a través de la teoría y la práctica del Frente Unido- este período también arrojó luz sobre la nueva forma de identidad de clase encarnada en la huelga de masas, en la formación de los consejos obreros y en el surgimiento de la Tercera Internacional. Como ya lo había expresado Marx, el proletariado es revolucionario o no es nada: esta identidad de clase redescubierta no era realmente "nueva" sino que simplemente ponía en escena "lo que es el proletariado": en la época de guerras y revoluciones, la clase sólo puede captar su identidad organizándose fuera de todas las instituciones existentes y en antítesis directa con la sociedad capitalista.
Las siguientes décadas de contrarrevolución profundizarían este proceso de desposesión. En la década de 1930 el proletariado se enfrentó a la mayor crisis económica de la historia del capitalismo, la primera crisis económica real de la decadencia. Pero los Partidos Comunistas creados para combatir la traición de 1914 habían abandonado el internacionalismo en favor de la infame teoría del socialismo en un solo país y, a través del Frente Popular, estaban tratando de disolver políticamente a la clase obrera en la nación y prepararla para la guerra. Incluso los sindicatos anarquistas que habían conservado una vida proletaria en España sucumbieron a esta nueva traición[10]. El estallido de la guerra en 1939 no significó, como sostenía Vercesi, la "desaparición social del proletariado" y, por lo tanto, la inutilidad para los revolucionarios de la actividad política organizada. La desaparición social del proletariado es imposible mientras sobreviva el capital, y la formación de minorías revolucionarias obedece a una necesidad permanente dentro de la clase. Pero ciertamente sí significó un nuevo paso en su desorganización política, no sólo a través del terror del fascismo y el estalinismo sino, más insidiosamente, por su incorporación al proyecto de defensa de la democracia. E incluyó la rápida integración de la oposición trotskista en el esfuerzo bélico[11] y la dispersión de sus fracciones de izquierda. El proletariado sí se manifestó al final de la guerra en ciertos países, sobre todo en Italia en 1943, pero contrariamente a las expectativas de una gran parte de la Izquierda Comunista italiana (incluyendo a Vercesi), esto no significó una reversión del curso contrarrevolucionario[12].
La contrarrevolución, tomando formas cada vez más totalitarias, continuó imponiéndose durante el período de prosperidad de la posguerra, mientras que el capital descubrió nuevas formas de socavar el sentido de sí mismo del proletariado. Este fue el período en el que “los sociólogos pudieron comenzar a teorizar el "aburguesamiento" de la clase obrera como resultado de la expansión del consumismo y el desarrollo del Estado del bienestar. De hecho, esos dos aspectos del capitalismo después de 1945 siguen siendo importantes lastres añadidos contra la posibilidad de que la clase obrera se reconstituya como fuerza revolucionaria. El consumismo atomiza a la clase obrera y vende la ilusión de que todos pueden alcanzar el paraíso de la propiedad individual. El providencialismo, que solía ser introducido por los partidos de izquierda presentándolo como conquista de la clase obrera, es incluso un instrumento más revelador de control capitalista; socava la autoconfianza de la clase obrera y la hace depender de la benevolencia del Estado; y más tarde, en una fase de migración masiva, su organización por el Estado-nación significaría que acceder a la salud, a la vivienda y otros beneficios ha acabado siendo un poderoso factor para transformar a los inmigrantes en chivos expiatorios, y de otras divisiones en la clase obrera”.[13]
El renacimiento de la lucha de clases después de 1968, que alcanzó su punto más alto con la huelga de masas en Polonia en 1980, refutó la idea de que la clase obrera se había integrado en el capitalismo y nos dio otro destello de su identidad esencial como una fuerza que sólo puede expresarse reventando sus cadenas institucionales. Las huelgas salvajes fuera de los sindicatos, las asambleas generales y los comités de huelga revocables, poderosas tendencias hacia la extensión de la lucha - embriones o expresiones reales de la huelga de masas - renovaron la perspectiva de los consejos obreros. Al mismo tiempo, proporcionó el terreno para un pequeño pero importante renacimiento del movimiento comunista internacional que había estado cerca de desaparecer en los años cincuenta - un requisito previo esencial para la futura formación de un nuevo partido mundial[14].
Y, sin embargo, como argumenta el pasaje arriba citado del texto sobre Confianza y Solidaridad, mientras que Mayo del 68 y los movimientos subsiguientes plantearon la cuestión de una nueva sociedad a nivel teórico, la lucha de clases en su conjunto se quedó en el terreno económico y no fue capaz de crecer hacia una confrontación política con el capitalismo. Los límites del renacimiento proletario contenían las semillas de la nueva fase de descomposición que ha visto al proletariado acercarse a perder su identidad de clase completamente.
Para entender por qué, desde finales de los años ochenta, la consciencia del proletariado de sí mismo como fuerza social ha estado en retroceso, es necesario examinar sus diferentes dimensiones por separado para entender cómo operan en conjunto.
Para empezar, una sociedad capitalista cuyas premisas se están empezando a desmoronar, una sociedad en abierta desintegración, una sociedad que ha pasado por décadas de decadencia y que está bloqueada en su evolución, tiende, de forma más o menos automática, a exacerbar la atomización social que ha sido una característica clave de esta sociedad desde sus inicios, como señaló Engels en La Condición de la Clase Obrera en Inglaterra:
“Por mucho que uno sea consciente de que este aislamiento del individuo, este estrecho egocentrismo que es el principio fundamental de nuestra sociedad en todas partes, no hay lugar donde sea tan insolentemente descarado, tan cierto como aquí, en el hacinamiento de la gran ciudad. La disolución de la humanidad en mónadas, donde cada una tiene un principio de vida particular y un propósito separado, esta atomización del mundo se lleva a cabo aquí hasta el extremo"[15]
En la fase final de esta sociedad, la guerra de cada uno contra todos se intensifica a todos los niveles: desde el distanciamiento creciente entre individuos, la competencia violenta entre bandas callejeras que operan a nivel de tal o cual ciudad o vecindario, hasta la lucha frenética entre empresas por su porción en un mercado limitado, pasando por el caos en expansión de la competencia militar entre estados y proto-estados a nivel internacional. Esta tendencia también subyace en la búsqueda de “comunidades” basadas en una identidad restringida a la que nos hemos referido anteriormente, una reacción contra la atomización que sólo sirve para reforzarla a otro nivel. Este desmoronamiento de los lazos sociales funciona continua e insidiosamente en oposición polar al potencial para la unificación de la clase obrera en torno a sus intereses comunes - en otras palabras, a la reconfiguración de la identidad de clase del proletariado.
La burguesía, por supuesto, se ve directamente afectada por este mismo proceso -como hemos señalado en relación con su capacidad para controlar su aparato político, y en la creciente dificultad para mantener alianzas estables a nivel de las relaciones entre Estados. Pero a diferencia de la clase obrera, la burguesía puede, hasta cierto punto, aprovechar los efectos de la descomposición en su favor e incluso reforzarlos. El colapso del Bloque del Este, por ejemplo, fue un ejemplo de primera importancia de los procesos "objetivos" de la descomposición, impulsados por una crisis económica cada vez más profunda e irresoluble[16]. Pero debido a las circunstancias históricas particulares implicados en la formación de este bloque -el resultado de una revolución proletaria derrotada que dio lugar a un sistema aparentemente diferente del capitalismo de Occidente- la burguesía ha sido capaz de dar forma a partir de estos acontecimientos a toda una embestida ideológica contra el proletariado, un ataque a la consciencia de clase que jugó un papel significativo en el reflujo de la lucha a partir de los años noventa[17]. Frente a una clase obrera que, ya en las oleadas de lucha post-68, experimentaba grandes dificultades para desarrollar una perspectiva para su resistencia, las campañas de "la muerte del comunismo" atacaron frontalmente esta dimensión esencial de la consciencia de clase: su capacidad de mirar hacia adelante y de orientarse hacia el futuro. Pero estas campañas no se detuvieron ahí: proclamaron no sólo el fin de cualquier posibilidad de una alternativa al capitalismo, sino también el fin de la lucha de clases y de la clase obrera misma. Al hacerlo, la propia burguesía mostró su determinación por socavar la identidad de clase como medio para combatir la amenaza de la revolución proletaria.
Una tercera dimensión del quebrantamiento de la identidad de clase en el período de descomposición está relacionada con esto: es decir, la insistencia en que la clase obrera es una especie en peligro de extinción o incluso ya extinta está profundamente reforzada por los cambios estructurales que la clase dominante se ha visto obligada a introducir en respuesta a la crisis económica de su sistema -todo lo que transcurre bajo los engañosos encabezados de neoliberalismo y globalización, pero sobre todo el proceso de "desindustrialización" de los centros capitalistas más antiguos. Este proceso estuvo determinado, por supuesto, por la necesidad de abandonar las industrias no rentables y de trasladar el capital a zonas del mundo donde las mismas mercancías podían producirse de forma mucho más barata. Pero siempre hubo un elemento directamente anti obrero en este proceso: la burguesía sabía muy bien, por ejemplo, que al enfrentarse a los mineros en Gran Bretaña y cerrar las minas, no sólo se libraría de una mal adaptación económica importante, sino que también daría un duro golpe a un sector muy combativo de su enemigo de clase. Por supuesto, al trasladar industrias enteras al Lejano Oriente y a otros lugares, la burguesía estaría creando nuevos batallones proletarios para la guerra de clases, pero también tenía un cierto entendimiento de que la clase obrera industrial de los principales centros capitalistas representaba un peligro particular para ella[18]. La clase obrera no se limita al proletariado industrial, pero este sector siempre ha estado en el corazón del movimiento obrero y especialmente de las luchas masivas y revolucionarias del pasado, como lo demuestran, por ejemplo, el papel de la fábrica Putilov en la Revolución rusa, los obreros del Ruhr en la Revolución alemana, los obreros de Renault en la huelga de masas francesa del 68, o los obreros de los astilleros en Polonia en 1980.
Acompañando al cierre de muchas de estas viejas industrias, el capitalismo ha intentado crear un nuevo modelo de clase obrera, especialmente en las industrias de servicios que, en países capitalistas más antiguos como Gran Bretaña, han avanzado más hacia el escenario central de la vida económica. Este modelo es la llamada "gig economy" o economía de “bolos”, cuyos empleados son instados a verse a sí mismos no como trabajadores sino como empresarios individuales que pueden, si se esfuerzan lo suficiente, llegar a ser grandes, que pueden negociar con la empresa individuo por individuo para mejorar sus salarios y condiciones. Una vez más, estos cambios son dictados en última instancia por las necesidades del beneficio capitalista, pero también son aprovechados por la burguesía para impedir que los trabajadores se vean a sí mismos como obreros y como parte de una clase explotada.
Desde nuestro último congreso en abril de 2017 el levantamiento populista ha continuado, a pesar de los esfuerzos de las facciones más centrales de la burguesía por erigir un dique en su contra, como con la elección de Macron en Francia y la "Resistencia" contra Trump orquestada por el partido Demócrata y parte de los servicios de seguridad del Estado en los EE. UU. La fiabilidad de Alemania como barrera a la propagación del populismo se ha visto gravemente debilitada por el ascenso electoral de la AfD (Alternativa para Alemania) y el desarrollo de un movimiento callejero pogromista en lugares como Chemnitz. Las divisiones y la casi parálisis de la burguesía británica sobre el Brexit se han intensificado. La instalación de un gobierno populista en Italia, junto con la creciente oposición de los gobiernos populistas de Europa del Este, ha planteado graves problemas para el futuro de la UE. La amenaza a la unidad del Estado español por parte de las fuerzas del catalanismo y otros nacionalismos no ha sido superada. En Brasil, la victoria de Bolsonaro es un nuevo paso en el ascenso de "líderes fuertes" que abogan abiertamente por el terror de estado contra cualquier oposición a su gobierno. Por último, el fenómeno de los "Chalecos Amarillos" en Francia y en otros lugares muestra la capacidad de los populistas de manifestarse no sólo en el terreno electoral, sino también en las calles, en manifestaciones a gran escala que pueden parecer recoger algunas de las preocupaciones e incluso los métodos de la clase obrera… a la vez que tienen el efecto de confundir aún más el significado de la identidad de clase.
El populismo, con su lenguaje agresivamente nacionalista y xenófobo, su desprecio por las pruebas y la investigación científica, sus teorías conspirativas y su relación casi descubierta con la cruda violencia de las bandas callejeras fascistas es sin duda un producto puro de la descomposición, la señal de que la clase capitalista está, incluso por sí misma, retrocediendo ante el estancamiento histórico entre las clases. Pero mientras emerge como un producto de la decadencia social y tiende a socavar el control de la burguesía sobre todo su aparato político y económico, aquí también la clase dominante puede hacer uso de los problemas creados por el populismo en su guerra permanente contra la consciencia de clase.
Esto es evidente en el caso de aquellas fracciones del proletariado que, sin ninguna perspectiva de resistencia de clase contra el capitalismo y los efectos de su crisis, han sido atraídas directamente a la política populista y han caído en una nueva versión del "socialismo de los tontos": la idea de que su miseria es causada por la creciente ola de inmigrantes y refugiados que serían a su vez las tropas de choque de siniestras élites que pretenden socavar la cultura cristiana, blanca o nacional. Estos delirios se combinan con un apoyo incondicional a los partidos populistas y demagogos que se presentan como una fuerza "anti-élite", como tribunos del "pueblo real". Agarrarse a tales ideas -que también puede llevar a una minoría significativa hacia la práctica del pogromo y el terrorismo- claramente funciona en contra de que estas fracciones recuperen su verdadera identidad como parte de una clase explotada, como una sección de la clase que ha sido "dejada atrás" no por los complots de las conspiraciones antinacionales sino por el impacto implacable de la crisis capitalista global.
Pero, recordando el famoso dicho de Bordiga de que "el peor producto del fascismo es el antifascismo", también debemos señalar que la oposición burguesa al populismo desempeña un papel no menos importante en la estafa ideológica que impide que el proletariado reconozca sus intereses de clase independientes y antagónicos a todas las facciones de la clase dominante. Escribiendo al principio del Folleto de Junius sobre la atmósfera pogromista que invadió Alemania al comienzo de la Primera Guerra Mundial, Rosa Luxemburg señaló que este "aire de Kishinev (Chisináu)... dejó al policía de la esquina como el único representante que quedaba de la dignidad humana". En los EE. UU., la misma apariencia es creada por las declaraciones y prácticas atroces de Trump, de modo que los Demócratas, los Republicanos liberales, los jueces de la corte suprema e incluso el FBI y la CIA empiezan a parecer los tipos buenos. En Gran Bretaña, la aparente dominación de la vida política por una pequeña banda de "Brextremistas", a su vez vinculada al dinero negro e incluso a las maquinaciones del imperialismo ruso, estimula el desarrollo de una oposición de masas al Brexit que, con el estímulo abierto de parte de los medios de comunicación, puede movilizar hasta 750.000 personas en las calles de Londres para convocar un segundo referéndum. Aunque a menudo se ridiculiza como un movimiento de la cortés clase media, tales movilizaciones indudablemente atraen a un gran número componentes de ese proletariado urbano educado que se enfurece con las mentiras de los populistas pero que todavía no es capaz de separarse de las facciones liberales y de izquierdas de la burguesía.
En resumen: el conjunto del debate político tiende a ser monopolizado por las cuestiones de pro y anti-Trump, pro y anti-Brexit, etc., un debate totalmente circunscrito por la ideología patriótica y democrática. La oposición burguesa a Trump se presenta a sí misma como la Verdadera América no menos que lo hacen Trump y sus partidarios, y condena a la actual administración sobre todo por su violación de las normas democráticas; de forma parecida, en el Reino Unido, el debate es siempre sobre los verdaderos intereses de "nuestro país", y ambos lados de la contienda se presentan como el lado interesado en la democracia y la voluntad del pueblo. Esta misma polarización puede observarse en las "guerras culturales" que han alimentado el auge del populismo: como hemos señalado anteriormente, el populismo es en sí mismo una forma de política de identidad, que se erige en defensor de los intereses exclusivos de tal o cual nación o grupo étnico, y se embarca en una batalla que se refuerza mutuamente con todas las demás formas de política de identidad, ya se trate de las bandas islamistas que sirven para desviar la cólera de un determinado estrato de jóvenes proletarios descontentos atrapados en guetos urbanos, o de las campañas más izquierdistas que se inclinan en torno a las cuestiones de raza y género. Esta polarización es una expresión real de una sociedad en desintegración y cada vez más dividida, pero, frente al proletariado, el capitalismo decadente muestra su carácter totalitario, en la medida en que esta misma polarización ocupa el terreno social y político y tiende a bloquear el surgimiento del debate o la acción en el terreno del proletariado.
El mundo capitalista en descomposición necesariamente engendra estados de ánimo apocalípticos. No puede ofrecer a la humanidad ningún futuro y su potencial de destrucción a una escala que desafía la imaginación se ha hecho cada vez más evidente para amplias capas de la población mundial. Las manifestaciones más extremas de este sentimiento de que el mundo en el que vivimos está en sus últimas etapas se expresan en las mitologías distorsionadas del yihadismo islámico o del survivalismo cristiano de derechas, pero éste es un estado de ánimo mucho más general. Los informes cada vez más inquietantes de los comités científicos sobre el cambio climático, la destrucción de especies y la contaminación tóxica de todo tipo se han sumado a la sensación de perdición: si los científicos dicen que tenemos 12 años para prevenir una catástrofe medioambiental, se sobreentiende que los gobiernos y las empresas del mundo no harán casi nada para poner en práctica las medidas que propugnan estos informes, por miedo a desafilar el filo competitivo de las economías nacionales. De hecho, con el advenimiento de los gobiernos populistas, la negación del cambio climático se vuelve cada vez más histérica ante los peligros reales a los que se enfrenta el mundo, y opta por el vandalismo puro, la retirada de los acuerdos internacionales y la eliminación de todos los límites a la explotación de la naturaleza, como en el caso de Trump en los EE. UU. y Bolsonaro en Brasil. Si a esto se añade el hecho de que la guerra imperialista se está volviendo más caótica e impredecible mientras que un número creciente de Estados tienen acceso a armas nucleares, no es de extrañar que el nihilismo y la desesperación estén aún más extendidos que en el período de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de la proximidad de la sombra de Auschwitz e Hiroshima y de la amenaza de guerra nuclear entre los dos bloques imperialistas.
El nihilismo y la desesperación surgen de una sensación de impotencia, en la pérdida de la convicción de que existe cualquier alternativa posible al escenario de pesadilla que está preparando el capitalismo. Tiende a paralizar la reflexión y la voluntad de actuar. Y si la única fuerza social que podría plantear esta alternativa es prácticamente inconsciente de su propia existencia, ¿significa esto que el juego está terminado, que ya se ha alcanzado el punto de no retorno?
Ciertamente reconocemos que cuanto más tiempo esté el capitalismo hundiéndose en la descomposición, más estará socavando los cimientos de una sociedad más humana. Una vez más, esto queda claramente ilustrado por la destrucción del medio ambiente, que está llegando a un punto en el que puede acelerar la tendencia a la desintegración completa de la sociedad, una condición que no favorece la autoorganización y la confianza en el futuro que se requiere para hacer la revolución; e incluso si el proletariado llega al poder a escala mundial, se enfrentará a una gigantesca labor no sólo para arreglar el desorden legado por la acumulación capitalista, sino para revertir una espiral de destrucción que ya se ha puesto en marcha.
Pero también sabemos que la desesperación también distorsiona la realidad, genera pánico, por un lado, negación por el otro, y no nos permite pensar claramente sobre las posibilidades que todavía están disponibles para nosotros. En varios documentos recientes presentados en congresos y reuniones de su órgano central, la CCI ha examinado una serie de desarrollos objetivos que han tenido lugar (o más bien continuado) en las últimas décadas y que podrían actuar a favor del proletariado. Los más importantes de estos desarrollos son:
La clase obrera es la clase de la consciencia. A diferencia de la revolución burguesa, su revolución no se basa en una acumulación paulatina de riqueza y poder económico. Sólo puede acumular experiencia, tradición de lucha, métodos de organización, etc. En resumen, el elemento subjetivo es crucial si se quiere aprovechar y realizar un potencial objetivo.
Este potencial subjetivo no puede medirse en términos inmediatos. La relación de las fuerzas de clase existe históricamente y podemos decir que, aunque el tiempo no esté de su parte, aunque la descomposición se esté convirtiendo en una amenaza creciente y la clase obrera esté experimentando dificultades considerables en su salida de su actual retroceso, globalmente la clase no ha sido aplastada desde 1968 y por lo tanto sigue siendo un obstáculo para el pleno descenso a la barbarie; por lo tanto, retiene el potencial para superar al sistema en su conjunto.... Pero sólo podemos seguir afirmándolo si examinamos cuidadosamente las expresiones más inmediatas de rebelión contra el orden social. Y estas no están ausentes:
Con respecto a las luchas abiertas de la clase, veremos dos ejemplos recientes:
1. En Gran Bretaña, en los últimos dos años hemos visto pequeñas pero significativas huelgas de trabajadores de la economía de ‘bolos’, como se narra en este artículo de World Revolution:
“Uno de los temores sobre los obreros en trabajos muy precarios y ocasionales, con una gran proporción de inmigrantes entre ellos, es que no podrán luchar, y que solo existe entre ellos una presión competitiva frente a la bajada de salarios. A empresas como Uber y Deliveroo les gusta decir que sus trabajadores son autónomos (por lo que no reciben salario mínimo, vacaciones o baja por enfermedad). La reciente huelga en Deliveroo, que se extendió a los conductores de UberEats, ha respondido a ambas cuestiones. Definitivamente son parte de la clase obrera, y definitivamente son capaces de luchar para defenderse.
Amenazados con un nuevo contrato que cambiaría de un pago por hora más un bono por cada entrega (£7 y £1) al pago sólo por cada entrega, a pesar de su aparente aislamiento mutuo y sus precarias circunstancias, los trabajadores de reparto de Deliveroo organizaron reuniones para llevar a cabo su lucha, una manifestación de ciclomotores y bicicletas por las calles de Londres, y una huelga de 6 días. Insistieron en la negociación colectiva contra la "oferta" del director en funciones de hablar con ellos individualmente. Al final se retiró la amenaza de que perderían sus puestos de trabajo si no firmaban el nuevo contrato, pero este está siendo probado por aquellos que sí lo han firmado. Una victoria parcial.
Algunos trabajadores de reparto de UberEats fueron a las reuniones de Deliveroo. Se enfrentan a condiciones similares, ya que se les da falsamente la condición de autónomos; los salarios han caído, por lo que apenas ganan el salario mínimo, sin un salario garantizado, y sólo reciben 3,30 libras esterlinas por reparto. Después de una huelga salvaje, un trabajador fue despedido (o "desactivado" ya que no está protegido por la ley de empleo), subrayando el coraje que necesitan los trabajadores que luchan en industrias tan precarias..."[20]
Más recientemente, en octubre, los trabajadores de una serie de tiendas de comida rápida en varias ciudades del Reino Unido - Macdonalds, TGI Fridays y JD Witherspoon- junto con los conductores de UberEats, se declararon en huelga juntos y se unieron en sus piquetes y manifestaciones. Como dice el artículo de WR, estas acciones se basan en el reconocimiento de que los empleados de estas empresas forman en efecto parte de un cuerpo social colectivo y no son sólo individuos aislados. También fue significativo que estas huelgas involucraran a muchos trabajadores inmigrantes junto con los nacidos en el Reino Unido, a la vez que algunas de las acciones en marcha se coordinaron con huelgas en las mismas empresas en Europa. Al mismo tiempo, según la BBC, "las huelgas se llevan a cabo para coincidir con la huelga industrial por el pago de salarios de los trabajadores de comida rápida en Chile, Colombia, Estados Unidos, Bélgica, Italia, Alemania, Filipinas y Japón"[21]
La noción del 'precariado' aplicada a estos trabajadores implica que se trata de una nueva clase, pero el empleo precario siempre ha sido parte de la condición de la clase obrera. En cierto modo, los métodos de la "economía de bolos", con trabajadores cada vez más frecuentemente empleados a muy corto plazo y de forma ocasional, nos remontan a los días en que los trabajadores de la construcción o de los puertos hacían cola para ser contratados día a día.
Los intentos de los trabajadores de diferentes empresas y países de unirse es una afirmación de la identidad de clase contra el "nuevo modelo" mencionado anteriormente, y demuestra que ningún sector de la clase, por muy disperso y oprimido que esté, es incapaz de luchar por sus intereses. Al mismo tiempo, el hecho de que estos trabajadores hayan sido en gran medida ignorados por los sindicatos tradicionales ha dejado un espacio a formas más radicales de sindicalismo: en el Reino Unido, organizaciones semi-sindicalistas como la IWW, el Sindicato de Trabajadores Independientes de Gran Bretaña (IWGB) y Voces Unidas del Mundo (UVW) se han aprovechado rápidamente de esto y se han convertido en la principal fuerza "organizadora" de los trabajadores. Esto es probablemente inevitable en una situación en la que no existe un movimiento de clase general, pero la influencia de estos sindicatos radicales atestigua la necesidad de contener una radicalización genuina entre una minoría de trabajadores.
2. Luchas contra la economía de guerra en Oriente Medio
Las huelgas y manifestaciones que estallaron en julio en muchas partes de Jordania, Irak e Irán, descritas en varios artículos recientes en nuestra web[22], fueron una respuesta directa de los proletarios de la región a las miserias infligidas a la población por la economía de guerra. Las demandas planteadas por las protestas se centraron con fuerza en cuestiones económicas básicas: escasez de agua y atención sanitaria, salarios de pobreza o salarios no pagados, desempleo, lo que demuestra que estos movimientos comenzaron en un terreno de clase. También erigieron una serie de consignas políticas que tienden a afirmar los intereses del proletariado contra los intereses de la clase dominante y sus guerras: en Irán, por ejemplo, tanto las facciones "fundamentalistas" como las "reformistas" de la teocracia fueron vistas en el mismo bando y las pretensiones imperialistas del régimen iraní se ridiculizaron con frecuencia; en Irak, los manifestantes gritaron que no eran ni sunitas ni chiítas; y "no solo los edificios municipales y gubernamentales han sido el blanco de los ataques de los manifestantes, sino que también lo han sido las instituciones chiítas, desmintiendo su hipócrita "apoyo" a la oleada de protestas. La delegación del populista "radical" al-Sadr para reunirse con los manifestantes fue atacada y despedida - esto fue mostrado en vídeo en las redes sociales"[23].
Incluso más importante, en el otoño de 2018 hubo una serie de huelgas obreras muy combativas en la industria iraní, con algunas expresiones claras de solidaridad entre diferentes empresas, como en el caso de los trabajadores del acero de Foolad y los trabajadores azucareros de HaftTappeh. Esta última lucha también se hizo muy conocida internacionalmente a través de la celebración de asambleas generales y las declaraciones de un líder clave de la huelga, Ismail Bakhshi, sobre su comité de huelga como una especie de soviet embrionario. Esto ha sido retomado por varios elementos del medio político proletario para dar a entender que los consejos obreros estaban en la agenda inmediata en Irán, lo cual creemos que está lejos de ser el caso. Otras declaraciones de Bakhshi muestran que hay serias confusiones sobre la autogestión incluso entre los trabajadores más avanzados[24]. También es un hecho que algunas de las consignas de las primeras protestas callejeras tenían un carácter nacionalista e incluso monárquico. A pesar de estas profundas debilidades, seguimos considerando que esta oleada de lucha en Irán fue una expresión importante del potencial intacto de la lucha de clases. Con la guerra convirtiéndose en una realidad permanente para cada vez más secciones de la clase, estos movimientos recuerdan no sólo el antagonismo absoluto entre el proletariado y el conflicto imperialista, sino también una consciencia embrionaria de este antagonismo, expresada tanto en algunas de las consignas proclamadas como en la simultaneidad internacional de estos movimientos en Irán, Irak y Jordania.
Estos ejemplos no se presentan como prueba de un renacimiento global de la lucha de clases, ni siquiera del final de su reflujo, lo que en cualquier caso requeriría el surgimiento de importantes movimientos de clase en los países centrales del sistema. En estos países, la situación social se caracteriza todavía más por la ausencia de grandes luchas en el terreno proletario. Por otra parte, hemos visto una serie de protestas que expresan una indignación creciente contra la brutalidad y la destructividad de la sociedad capitalista. En los Estados Unidos en particular, hemos visto acciones directas en los aeropuertos contra la detención y expulsión de viajeros de países musulmanes; grandes manifestaciones tras los tiroteos policiales contra jóvenes negros en una serie de ciudades: Charlotte, St Louis, Nueva York, Sacramento…, y la movilización masiva de jóvenes tras el tiroteo en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas de Parkland, Florida. El cambio climático y la destrucción del medio ambiente son también un factor que provoca protestas, en particular las huelgas escolares organizadas en muchos países bajo el paraguas de "Jóvenes por el Clima" o las protestas de Rebelión contra la Extinción (XR) en Londres... Del mismo modo, la indignación por el trato paternalista y violento contra las mujeres -no sólo en países "atrasados" como la India, sino en las llamadas "democracias liberales"- también se ha expresado en las calles en lugar de limitarse a los foros de Internet.
Sin embargo, dada la pérdida general de la identidad de clase, es muy difícil evitar que este tipo de protestas caigan en las trampas de la burguesía, en mistificaciones en torno a las políticas de identidad y el reformismo, y por lo tanto sean manipuladas directamente por facciones burguesas de izquierda y democráticas. El fenómeno de los Chalecos Amarillos también muestra el peligro de que la clase se pierda aún más en movimientos interclasistas dominados por la ideología del populismo y el nacionalismo.
Es sólo recuperando el sentido de sí misma como clase, a través del desarrollo de la lucha en su propio terreno, como toda la energía y la furia legítima que hoy se canaliza en direcciones estériles o nocivas podrá ser mañana `recuperada' por el proletariado. La dinámica del movimiento de Indignados en 2011 demuestra que se trata de algo más que de un vago deseo. Motivado por cuestiones "clásicas" de la clase obrera -desempleo, inseguridad laboral, el impacto de la crisis de 2008 en el nivel de vida- este fue un movimiento que también planteó preguntas sobre el futuro de la humanidad en un sistema que muchos de sus participantes consideraban "obsoleto". En consecuencia, organizó todo tipo de debates sobre la moral, la ciencia, el medio ambiente, cuestiones de sexo y género, etc. En este sentido, revivió claramente el espíritu de Mayo del 68 al plantear la cuestión de una alternativa a la sociedad capitalista. Esta era una expresión de un movimiento proletario que había empezado a entender que contiene la respuesta a "males particulares" así como a "el mal en general". Mostró que la lucha de clases debe extenderse no sólo a los sectores más amplios de la economía capitalista, sino también a las esferas de la política y la cultura[25].
No obstante, el problema sigue siendo que si bien los Indignados eran en esencia un movimiento del proletariado, compuesto en gran parte por empleados, semi -empleados, desempleados, universitarios y estudiantes de secundaria, la mayoría de sus protagonistas se veían a sí mismos sobre todo como ciudadanos y, por lo tanto, eran particularmente vulnerables a la ideología de "Democracia Real Ya" y a otros izquierdistas que trataban de arrastrar el movimiento asambleario hacia su incorporación a un régimen parlamentario reformado[26]. Había, por supuesto, una significativa ala proletaria (en su sentido político más que sociológico) del movimiento que veía las cosas de manera diferente, pero permaneció como una minoría y parece haber dado a luz a una minoría aún más pequeña de elementos que se han acercado a la política revolucionaria. El "problema de identidad" del movimiento de Indignados se acentuó aún más en 2017, cuando muchos de los que se habían indignado genuinamente contra el futuro ofrecido por el capitalismo cayeron en el fraude del nacionalismo, en particular de su versión catalana.
Una de las debilidades clave del movimiento fue su falta de conexión entre el movimiento en las calles y plazas y las luchas en los centros de trabajo, y esta brecha es algo que las luchas futuras tendrán que superar. Hemos visto atisbos de esto en los recientes movimientos en Oriente Medio, y quizás más explícitamente en las huelgas de los trabajadores metalúrgicos en Vigo en 2006[27]. Porque, así como ganar las calles es esencial para reunir a los trabajadores de diferentes sectores, así como a los desempleados, el movimiento en los centros de trabajo es clave para recordar a todos los que están en la calle que son parte de una clase que tiene que vender su trabajo al capital.
Esta conexión también será importante para resolver el problema de la organización unitaria de los futuros movimientos masivos: el problema de los consejos obreros. En los movimientos revolucionarios del pasado, los consejos obreros tendían a surgir de la centralización de las asambleas generales en las grandes unidades industriales. Sin duda, esto seguirá siendo un factor importante en las regiones en las que todavía existen unidades de este tipo (Alemania, por ejemplo) o en las que se han desarrollado en los últimos tiempos (China, el subcontinente indio, etc.). Pero dada la importancia de los antiguos centros de la lucha de clases, sobre todo en Europa, que han estado sometidos a un largo proceso de desindustrialización, es posible que los consejos surjan de una reunión de asambleas celebradas en lugares de trabajo centrales como hospitales, universidades, almacenes, etc., y de reuniones masivas celebradas en calles y plazas donde los trabajadores de centros de trabajo más dispersos, los desempleados y los empleados precarios puedan unificar sus luchas.
El hecho de que gran parte de la población haya sido proletarizada por el impacto combinado de la crisis y de los cambios de "piel" de la clase obrera implica que las asambleas basadas en unidades territoriales más que en unidades industriales conservarán un carácter obrero, incluso aunque existe evidentemente el peligro de la influencia de la pequeña burguesía y otros estratos en tales formas de organización. Tales dilemas nos llevan a la cuestión de la autonomía de la clase y su relación con el estado de transición en la revolución del futuro, ya que la clase obrera, habiendo redescubierto su identidad como fuerza social revolucionaria, tendrá que mantener esta identidad autónoma política y organizativamente durante el período de transición, hasta que todos se hayan convertido en proletarios y por lo tanto ninguno sea proletario[28].
También es probable que esta identidad revolucionaria recientemente recuperada tome una forma más directamente política en el futuro: en otras palabras, que la clase se defina a sí misma a través de una creciente adhesión a la perspectiva comunista, en particular porque la profundidad de la crisis social y económica habrá minado las ilusiones en cualquier posible "vuelta a la normalidad" del capitalismo en descomposición. Vimos una señal de esto en la aparición del ala proletaria en el movimiento de Indignados: su carácter proletario se basaba no tanto en su composición sociológica, sino en su lucha por defender la autonomía de las asambleas y una perspectiva general de transformación social contra los diversos recuperadores de izquierda. El partido del futuro bien podría surgir a través de la interacción entre estas grandes minorías proletarias y las organizaciones políticas comunistas. Por supuesto, la fragilidad del medio existente de la Izquierda Comunista significa que no hay garantías de que este encuentro se lleve a cabo. Pero podemos decir que la aparición de nuevos elementos que gravitan hoy hacia la Izquierda Comunista -algunos de ellos muy jóvenes- es una señal de que el proceso de maduración subterránea es una realidad y que continúa a pesar de las dificultades muy evidentes de la lucha de clases. Aunque entendemos que el partido del futuro no será de ninguna manera una organización de masas que busque abarcar a toda la clase en su conjunto, esta dimensión de la politización de la lucha pone de manifiesto lo que es profundamente cierto en la frase marxista clásica: "constitución de los proletarios en clase y, por tanto, en partido político".
(28.12.18)
[1] Movimiento de los "chalecos amarillos": contra los ataques de la burguesía, el proletariado debe responder de manera autónoma, en su propio terreno de clase
[2] Introducción a la Crítica a la filosofía del derecho de Hegel https://www.marxists.org/espanol/m-e/1844/intro-hegel.htm [65]
[3] La Sagrada Familia Capítulo IV https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/sagfamilia/04.htm [66]
[4] Introducción a la edición inglesa de La condición de la clase obrera en Inglaterra https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/situacion/situacion.pdf [67]
[5] Ver en nuestra Plataforma Política el punto VII Los sindicatos: órganos del proletariado ayer, instrumentos del capital hoy, https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso [16]
[6] Historia del movimiento obrero en Gran Bretaña, Parte 2: El Cartismo y la huelga general de 1842 (en inglés, World Revolution) https://en.internationalism.org/wr/304/chartism-1848 [68]. Sobre la noción de Huelga de masas ver Huelga de masas, partido y sindicatos, de Rosa Luxemburgo, https://www.marxists.org/espanol/luxem/06Huelgademasaspartidoysindicatos_0.pdf [69]
[7] Este movimiento había sido precedido por el levantamiento de Merthyr de 1831, que, se podría argumentar, estaba mejor organizado y tuvo más éxito, incluso aunque los trabajadores sólo pudieron tomar el poder en una ciudad y sólo por un breve momento. También fue el primer momento registrado en que los trabajadores marcharon bajo la bandera roja
[8] De un Informe sobre las perspectivas de la lucha de clases, Diciembre de 2015
[9] Revista Internacional n° 111, 2002 Texto de orientación sobre la confianza y la solidaridad https://es.internationalism.org/revista-internacional/200911/2695/texto-de-orientacion-sobre-la-confianza-y-la-solidaridad-i [70]
[10] Ver la Serie sobre la CNT: La CNT : Nacimiento del sindicalismo revolucionario en España (1910-1913) https://es.internationalism.org/revista-internacional/200703/1322/historia-del-movimiento-obrero-la-cnt-nacimiento-del-sindicalismo- [71] ;La CNT ante la guerra y la revolución (1914-1919) https://es.internationalism.org/revista-internacional/200705/1903/historia-del-movimiento-obrero-la-cnt-ante-la-guerra-y-la-revoluci [72] ;El sindicalismo frustra la orientación revolucionaria de la CNT (1919-23), https://es.internationalism.org/revista-internacional/200708/2002/historia-del-movimiento-obrero-el-sindicalismo-frustra-la-orientac [73] ; La contribución de la CNT a la instauración de la República española (1923-31) https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2068/historia-del-movimiento-obrero-la-contribucion-de-la-cnt-a-la-inst [74] ;El fracaso del anarquismo para impedir la integración de la CNT en el Estado (1931-1934), https://es.internationalism.org/revista-internacional/200802/2189/historia-del-movimiento-obrero-el-fracaso-del-anarquismo-para-impe [75] ; El antifascismo, el camino a la traición de la CNT (1934-36) https://es.internationalism.org/revista-internacional/200806/2278/historia-del-movimiento-obrero-el-antifascismo-el-camino-a-la-trai [76]
[11] Para comprender la traición del trotskismo ver El trotskismo contra la clase obrera https://es.internationalism.org/cci/200605/911/el-trotskismo-contra-la-clase-obrera [77]
[12] Para ver lo que es la Izquierda Comunista consultar La izquierda comunista y la continuidad del marxismo https://es.internationalism.org/cci/200510/156/la-izquierda-comunista-y-la-continuidad-del-marxismo [78] ; sobre la diferencia entre Izquierda Comunista y la Oposición de Izquierdas (que daría lugar al trotskismo) ver ¿Cuáles son las diferencias entre la Izquierda Comunista y la IVª Internacional? https://es.internationalism.org/cci-online/200706/1935/cuales-son-las-diferencias-entre-la-izquierda-comunista-y-la-iv-internacional [79]
[13] 22º Congreso de la CCI: Resolución sobre la situación internacional https://es.internationalism.org/revista-internacional/201711/4256/22-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internacional [80]
[14] Ver La renovación de la Izquierda Comunista: uno de los aportes clave de Mayo 68 https://es.internationalism.org/content/4344/la-renovacion-de-la-izquierda-comunista-uno-de-los-aportes-clave-de-mayo-68 [54]
[15] Del capítulo titulado ‘Las Grandes Ciudades’ https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/situacion/situacion.pdf [67] (pág. 66)
[16] Ver Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este, /content/3451/tesis-sobre-la-crisis-economica-y-politica-en-los-paises-del-este [10]
[17] Ver Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole [60]
[18] Ver El proletariado de Europa Occidental en una posición central de la generalización de la lucha de clases https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/855/el-proletariado-de-europa-occidental-en-una-posicion-central-de-la- [81]
[19] Ver por ejemplo el libro de Paul Mason: Post Capitalismo, una Guía para nuestro Futuro, y su crítica por la CWO (en inglés) https://www.leftcom.org/en/articles/2016-02-21/post-capitalism-via-the-internet-according-to-paul-mason-%E2%80%93-dream-or-reality [82]
[20] Deliveroo, UberEats: Luchas de trabajadores precarios e inmigrantes (CCI en inglés) https://en.internationalism.org/content/14136/deliveroo-ubereats-struggles-precarious-and-immigrant-workers [83]
[21] Huelga por salarios de trabajadores de McDonald’s, UberEats y Wetherspoon (BBC Noticias, en inglés) https://www.bbc.com/news/business-45734662 [84]
[22] Lucha de clases en la economía de Guerra de Jordania (https://es.internationalism.org/content/lucha-de-clases-en-la-economia-de-guerra-de-jordania [85] ); Iraq: brotes de lucha contra la economía de guerra (https://es.internationalism.org/content/4338/iraq-brotes-de-lucha-contra-la-economia-de-guerra [86]) ; Internationalist Voice y las protestas en Oriente Medio (CCI en inglés: https://en.internationalism.org/content/16599/internationalist-voice-and-protests-middle-east [87] )
[23] Iraq: brotes de lucha contra la economía de guerra (https://es.internationalism.org/content/4338/iraq-brotes-de-lucha-contra-la-economia-de-guerra [86])
[24] Respuesta a Internationalist Voice sobre las huelgas en Irán (CCI en inglés: https://en.internationalism.org/content/16684/response-internationalist-voice-strikes-iran [88] )
[25] Ver nuestra hoja internacional 2011: de la indignación a la esperanza, /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [50]
[26] Ver nuestra denuncia en Movimiento ciudadano ¡Democracia Real Ya!: dictadura del Estado contra las asambleas masivas https://es.internationalism.org/cci-online/201106/3118/movimiento-ciudadano-democracia-real-ya-dictadura-del-estado-contra-las-asamb [89]
[27] Ver Huelga del metal de Vigo: Los métodos proletarios de lucha /content/910/huelga-del-metal-de-vigo-los-metodos-proletarios-de-lucha [90]
[28] Ver Debate: Estado y dictadura del proletariado https://es.internationalism.org/cci-online/200910/2670/debate-estado-y-dictadura-del-proletariado [91]
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El informe sobre la cuestión del "curso histórico" del 23º Congreso del CCI, que publicamos a continuación, confirma un cambio significativo de análisis con respecto al elaborado en un texto fundamental de 1978 titulado "El curso histórico"[1].
Brevemente dicho, este cambio de análisis es un resultado directo del cambio en el contexto mundial tras la caída del bloque imperialista del Este en 1989, que a su vez condujo a la desintegración del bloque occidental. Lo que, en efecto, cambia en la nueva situación, con la plena entrada del mundo en el período de descomposición del capitalismo[2], es la necesidad de analizar los cambios significativos en la evolución de la relación de fuerzas entre las clases; especialmente, el hecho de que la alternativa: revolución o destrucción de la humanidad en una guerra mundial, ya no se plantea en los mismos términos pues con la desaparición de los bloques imperialistas, la guerra mundial ya no está en el orden del día.
Para llevar a cabo el cambio necesario en nuestro análisis, hemos retomado el método de Marx y del movimiento marxista desde su creación, consistente en cambiar de posición, de análisis e incluso de programa completo, en cuanto dejan de corresponder a la marcha de la historia, y eso para seguir siendo fieles a la finalidad misma del marxismo como teoría revolucionaria. Un ejemplo conocido es el de las importantes modificaciones que Marx y Engels hicieron sucesivamente al propio Manifiesto Comunista, resumidas en los prefacios posteriores que ellos añadieron a esa obra fundamental, a la luz de los cambios históricos que se habían producido. Las generaciones siguientes de marxistas revolucionarios adoptaron el mismo método crítico:
- “El marxismo es una concepción revolucionaria que pugna constantemente por alcanzar nuevos conocimientos, que odia, sobre todas las cosas, el estancamiento de las fórmulas fijas, que conserva su fuerza viva y creadora, en el chocar espiritual de armas de la autocrítica y en medio de las tormentas de la historia” (Crítica de la Críticas, 1916, Rosa Luxemburg).
La insistencia de Rosa en su tiempo sobre la necesidad de reconsiderar los análisis previos para ser fiel a la naturaleza y el método del marxismo como teoría revolucionaria, estaba directamente relacionada con lo que significó la Primera Guerra Mundial. La guerra de 1914-1918 marcó el punto de inflexión del capitalismo como modo de producción, entre su período de ascenso o progreso y un período de decadencia y hundimiento, que cambió fundamentalmente las condiciones y el programa del movimiento obrero. Pero sólo la izquierda de la Segunda Internacional comenzó a reconocer que el período anterior había terminado definitivamente y que el proletariado entraba en la "época de guerras y revoluciones", como la Tercera Internacional lo llamaría más tarde. La derecha oportunista de la socialdemocracia afirmó falsamente que la primera guerra Inter imperialista era una guerra de defensa nacional - como las guerras limitadas y de mucho menor alcance del siglo XIX - y se unió a la burguesía imperialista, mientras que el ala centrista afirmó que la guerra era sólo una aberración temporal y que las cosas "volverían a lo normal" tras el cese de las hostilidades. Al fin y al cabo, los representantes de esas dos corrientes acabaron luchando contra la ola revolucionaria proletaria que puso fin a la Primera Guerra Mundial, mientras que los líderes de las insurrecciones proletarias como Rosa, Lenin y Trotski en los recién formados partidos comunistas preservaron el "honor del socialismo internacional" al descartar las anticuadas fórmulas de la socialdemocracia que ahora se utilizaban para justificar la contrarrevolución.
Los cambios sin precedentes que produjo el fin de la guerra fría en 1989 no fueron del mismo alcance que los de 1914. Pero marcaron una nueva etapa significativa en el desarrollo de la decadencia capitalista, coincidiendo con el surgimiento de su fase final, la de la descomposición social. Si bien el cambio de 1989 no modificó el programa de la clase obrera que ha seguido siendo válido durante toda la decadencia del capitalismo, significó, eso sí, un cambio importante en cuanto a las condiciones en que había evolucionado la lucha de clases hasta entonces durante los siete decenios entre 1914 y 1989. El Informe que publicamos aquí contribuye al esfuerzo crítico de actualizar el análisis marxista sobre ese importante giro en la historia del mundo.
En 1989, en el momento mismo de los acontecimientos que sacudieron el mundo, la CCI ya había analizado, en varios textos, los importantísimos cambios que se estaban produciendo. En sus “Tesis sobre la Descomposición” (Revista Internacional Nº 62, 1990) y el texto “Militarismo y Descomposición” (Revista internacional 64, 1991[3]), La CCI predijo que el próximo período estaría dominado por una putrefacción acelerada y el caos en un modo de producción agónico que seguiría estando atravesado por las contradicciones violentas y destructoras de la decadencia capitalista, pero en una nueva forma y contexto. El resurgir de la lucha de clases proletaria, que comenzó en 1968 y evitó el estallido de una tercera guerra mundial, encaraba ahora nuevas dificultades y un largo período de repliegue y desorientación, pero la profundización de la crisis económica mundial empujará al proletariado a reanudar su lucha.
Además, el desmoronamiento del bloque del Este puso fin, tal vez definitivamente, a la división del mundo en dos campos armados, que había sido la forma principal en que el imperialismo había funcionado mundialmente en su fase decadente. La Primera y Segunda Guerras Mundiales, así como los acontecimientos anteriores y posteriores a ellas, demostraron que el capitalismo ya no podía evolucionar mediante la expansión colonial como en el siglo XIX, y que lo único que les quedaba a cada uno de los imperialismos rivales era tratar de forzar una nueva división del mercado mundial en beneficio propio por medio de las matanzas bélicas. Ese intento se articuló mediante la tendencia a agrupar a los diferentes países detrás de cada uno de los dos gánsteres más poderosos, un proceso plenamente confirmado después de 1945. Después del período 1914-1989 dominado por la división del mundo en dos bloques imperialistas rivales, la tendencia a formar bloques dejó de ser dominante en las relaciones Inter imperialistas y cada potencia sigue ahora su sangriento camino guiada por la idea de "cada uno para sí".
El informe examina y reafirma este análisis modificado desde 1989. Pero amplía aún más su alcance.
En 2015, el 21º Congreso de la CCI puso en marcha un importante proyecto a largo plazo en el que se examinarían 40 años de su existencia para “identificar con la mayor lucidez posible nuestras fuerzas y nuestras flaquezas, identificar lo que seguía siendo válido en nuestros análisis y los errores hechos, para así armarnos para superarlos.” (“40 años después de la fundación de la Corriente Comunista Internacional, ¿Qué balance y qué perspectivas para nuestra actividad?” Revista Internacional 156[4]). El Informe sobre la cuestión del curso histórico del 23º Congreso es consecuencia de ese esfuerzo específico, llevando más lejos el análisis ya contenido en textos elaborados hace treinta años, reexaminando punto por punto el texto original sobre el curso histórico de 1978. Y concluye diciendo que el propio término "curso histórico" ya no puede considerarse adecuado para definir todos los períodos de la lucha de clases. Se aplica al período comprendido entre Sarajevo 1914 y el hundimiento de la URSS en 1989, pero no al período precedente ni al siguiente. Al sacar esta conclusión, el informe subraya una distinción muy importante que debe hacerse entre dos conceptos diferentes:
- Por una parte, el concepto de curso histórico aplicable al período comprendido entre Sarajevo y la caída del Muro de Berlín (incluidas sus diferentes fases) y que trata de la dinámica de la sociedad durante ese mismo período, indisolublemente ligada, pero no idéntica, a la relación de fuerzas entre las clases ;
- Por otro lado, el concepto de relación de fuerzas entre las clases, aplicable a todos los períodos de la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado.
Esos dos conceptos - curso histórico y relación de fuerzas entre las clases - no son por lo tanto idénticos o sinónimos, pero el texto de 1978 no establece claramente esta distinción.
Nos complace observar que antes de su publicación, el Informe ya ha provocado un animado debate público (varias docenas de contribuciones hasta la fecha en nuestro foro en línea sobre el tema d [93]esde julio) porque sus principales conclusiones ya se incluyeron en la Resolución sobre la situación internacional del 23º Congreso que ya se ha propuesto a nuestros lectores. Aún no es el momento de hacer un balance de este debate, que aún está en sus primeras etapas. Pero debe desarrollarse. El debate crítico es una parte esencial del esfuerzo marxista para desarrollar una nueva compresión a la vez que seguimos combatiendo “en medio de las tormentas de la historia”.
Según la concepción materialista de la historia desarrollada por Marx, las contradicciones del sistema capitalista conducen a una alternativa histórica: socialismo o barbarie; o bien una lucha que desemboca en el derrocamiento de la burguesía por el proletariado, o bien la ruina mutua de ambas clases y de la propia sociedad.
La comprensión del desarrollo de la lucha de clases en el capitalismo - sus diferentes etapas históricas, sus avances y retrocesos, las respectivas fuerzas cambiantes de los adversarios - ha sido, por lo tanto, de importancia decisiva para los análisis de la vanguardia comunista del proletariado y un aspecto intrínseco de la aplicación del método marxista.
Los grandes cambios en los parámetros de la situación mundial en 1989, provocados por el desmoronamiento del bloque del Este y la entrada del capitalismo decadente en su fase final de descomposición social, llevaron a la organización a tener en cuenta las dificultades crecientes del proletariado en esta nueva situación y a modificar su análisis de la dinámica de la sociedad según la relación de fuerzas entre las clases. En efecto, este análisis, tal como se expone en el texto sobre el Curso Histórico (a partir de aquí CH78) del III Congreso de la CCI en 1978, ya no era apropiado en el mundo posterior a 1989, en el que las rivalidades imperialistas ya no se canalizan hacia el enfrentamiento entre dos bloques imperialistas rivales, sino hacia un mundo en el que la respuesta capitalista, o sea una nueva guerra mundial imperialista, ya no es una posibilidad histórica en un futuro próximo. Los textos elaborados por la CCI inmediatamente después del hundimiento del bloque del Este, como "Militarismo y descomposición" (Revista Internacional 64, 1991), las "Tesis sobre la descomposición social del capitalismo" (Revista Internacional 62, 1990), el artículo "Tras el hundimiento del bloque del Este, inestabilidad y caos" (Revista Internacional Nº 61, 1990[5]), ya definen claramente lo que está en juego en la relación mundial de fuerzas entre las clases basándose en un paradigma diferente al del texto del CH78.
En los dos decenios transcurridos desde 1990, la CCI ha elaborado, en numerosos textos y artículos, ese cambio de análisis sobre la relación de fuerzas entre las clases y lo que está en juego en la dinámica de la sociedad, en particular en los informes y resoluciones sobre la lucha de clases para sus congresos internacionales que han sido publicados en nuestra prensa. Estos confirman en particular las dificultades y amenazas crecientes para el proletariado creadas por el período de descomposición social del capitalismo.
A este respecto, podemos citar, por ejemplo, el “Informe sobre la lucha de clases para el 13º Congreso de la CCI” en 1999 (Revista Internacional 99[6]) o el Informe sobre la lucha de clases para el 14º Congreso en 2001 (Revista Internacional 107), cuyo subtítulo era “El concepto del curso histórico en el movimiento revolucionario”[7].
También hay que tener en cuenta otros artículos que tratan del problema de la relación de fuerzas entre las clases en el período de descomposición, como: “Al inicio del siglo XXI - ¿Por qué el proletariado no ha acabado aún con el capitalismo?” (Revista Internacional 103 y 104[8]), y los artículos "Entender la descomposición (I): las raíces marxistas de la noción de descomposición", el de la Revista Internacional n° 117 en particular[9].
Sin embargo, aunque la organización sí ha desarrollado los elementos teóricos principales para comprender lo que está cambiando en la relación de fuerzas entre las clases, no ha realizado hasta ahora un examen específico del texto sobre el CH78. Es evidente que es necesario rectificar esta anomalía -aunque sea tarde- si queremos ser escrupulosamente fieles a nuestro método histórico, que consiste no sólo en modificar o cambiar nuestro análisis y nuestra argumentación a la luz de los grandes acontecimientos, sino también en justificar ese cambio con referencia específica al análisis original. Nuestro método político nunca ha sido el de abandonar las posiciones o análisis previos sin dar cuenta de ellos y justificar tal cambio públicamente, porque una invariancia o monolitismo a-histórico es imposible y sólo puede ser una barrera para el esclarecimiento de la conciencia de clase. Lo que sigue siendo válido en el texto CH78; lo que ha sido superado por el cambio de contexto histórico en el capitalismo decadente, y cómo éste ha revelado las limitaciones del texto CH78, todo ello debe ser entendido y explicado con la mayor claridad posible, para que los anacronismos restantes puedan hacerse resaltar y ser aclarados.
Punto 1) Los revolucionarios deben hacer predicciones. De hecho, predecir es una capacidad y necesidad específica de la conciencia humana (cf. la comparación de Marx entre la abeja instintiva y el arquitecto humano consciente). El marxismo, como método científico, al igual que la ciencia en su conjunto, transforma: "las hipótesis basadas en una primera serie de experimentos en predicciones, y al confrontar estas predicciones con nuevos experimentos, el investigador puede verificar (o invalidar) esas hipótesis y avanzar en su comprensión".[10]
El marxismo basa su perspectiva de la revolución comunista en un análisis científico y materialista del hundimiento del capitalismo y de los intereses de clase del proletariado revolucionario.
Esa perspectiva general y a largo plazo es relativamente simple para los marxistas. La dificultad para los revolucionarios es prever a medio plazo si la lucha de clases avanza o retrocede. En primer lugar, el marxismo obviamente no puede basarse en experimentos controlados como los que realiza la ciencia de laboratorio.
Punto 2) Además, la lucha de clases proletaria se caracteriza por períodos de evolución muy diferentes, con máximos y mínimos extremos, porque la clase obrera es una clase explotada sin ningún poder en la vieja sociedad y por lo tanto destinada a largos períodos de sometimiento. Los períodos relativamente cortos de su lucha están determinados por los períodos de crisis del capitalismo (crisis económica y guerra). El proletariado no puede progresar de victoria en victoria, como fue el caso de las nuevas clases explotadoras del pasado. De hecho, la victoria final del proletariado está condicionada por una larga serie de dolorosas derrotas. De ahí la declaración de Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte de 1852 sobre el curso muy desigual de la evolución de la lucha de clases[11]. La realidad de un desarrollo tan irregular de la lucha de clases era evidente en el pasado, pero la longitud y la profundidad de la contrarrevolución entre 1923 y 1968 tendieron a oscurecerla.
Punto 3) No obstante, es esencial que los revolucionarios hagan predicciones precisas a medio plazo sobre la evolución de la relación de fuerzas entre las clases. En esto, las consecuencias de los errores son más que elocuentes: el aventurerismo de Willitch-Schapper tras las derrotas de las revoluciones de 1848; la "teoría de la ofensiva" del KAPD cuando la ola revolucionaria había retrocedido en los años 20; la fundación de la IVª Internacional por Trotsky en 1938 en el período más oscuro de la contrarrevolución. En contraste con esos ejemplos, hubo predicciones que demostraron ser perfectamente exactas: Marx y Engels reconocieron que después de las derrotas de 1848 y 1871, era inevitable un período de repliegue de la clase obrera; la predicción de Lenin en las Tesis de abril de 1917 sobre la marea ascendente de la revolución mundial; la identificación de la izquierda italiana de los años treinta como un período de derrota decisiva.
Puntos 4/5/11) Predecir el sentido de la lucha de clases indica si los revolucionarios van con la corriente o contra ella. Los errores, o desdeñar el sentido de la corriente, pueden ser catastróficos. Esto es especialmente cierto en la decadencia capitalista durante la cual lo que está en juego: la guerra imperialista o la revolución proletaria, es mucho más importante que en la época de la ascendencia capitalista.
Punto 6) La oposición y la exclusión mutua de los dos términos de la alternativa histórica, la guerra o la revolución. Si bien la crisis del capitalismo decadente puede llevar a cualquiera de los dos extremos de la alternativa, no se desarrollan al unísono sino de manera antagónica. Este punto se dirige especialmente a Battaglia Communista y a la CWO que consideraban y siguen considerando la guerra mundial y la revolución como igualmente posibles desde 1968.
Puntos 7/8) Estos puntos tienen por objeto mostrar que las guerras mundiales imperialistas del siglo XX y sobre todo la de 1939-45 sólo pudieron ocurrir una vez derrotado el proletariado, sus tentativas revolucionarias aplastadas y tras haberse movilizado tras ideologías bélicas de sus respectivos amos imperialistas con la ayuda de unos partidos obreros traidores que ya habían cruzado la frontera de clase.
Punto 9) La situación del proletariado desde 1968 ya no es la misma que antes de las dos guerras mundiales. Se encuentra invicto y combativo, resiste a las ideologías movilizadoras de los bloques imperialistas y es por lo tanto una barrera ante el estallido de una tercera guerra mundial.
Punto 10) Todas las condiciones militares y económicas para una nueva guerra mundial ya existen, lo único que falta es la adhesión del proletariado, un punto destinado también a Battaglia que tiene otros argumentos para explicarnos por qué la guerra mundial aún no ha estallado.
Los primeros cinco puntos del texto del CH78 conservan toda su relevancia en cuanto a la importancia y necesidad para los revolucionarios de prever la evolución futura de la lucha de clases, o sea la justificación de la necesidad de tales predicciones desde el punto de vista del método marxista; la pertinencia de los ejemplos históricos que demuestren el carácter crítico de las hipótesis de los revolucionarios sobre la lucha de clases y las graves consecuencias de los errores al respecto; los argumentos contra la indiferencia o el escepticismo de Battaglia y la CWO sobre esta cuestión.
El argumento central del texto también conserva su validez para el período 1914-1989. Con el comienzo del período de decadencia del capitalismo, las condiciones para la evolución de la relación de fuerzas entre las clases cambiaron fundamentalmente en comparación con las del período de ascendencia. La tendencia del imperialismo en el período de decadencia a desembocar en conflagraciones mundiales entre bloques rivales, lo cual requiere la movilización masiva de la clase obrera como carne de cañón, estalló con toda su fuerza durante la Primera Guerra Mundial. El estallido de las hostilidades dependía de la derrota política de los principales batallones del proletariado mundial. Los partidos y sindicatos socialdemócratas, corrompidos por un largo proceso de degeneración oportunista y revisionista, fracasaron en el momento crítico de 1914 y, con pocas excepciones, abandonaron el internacionalismo para unirse al esfuerzo bélico de sus propios imperialismos nacionales, arrastrando tras ellos a una clase obrera desorientada. Sin embargo, la vivencia de semejante matanza sin precedentes de obreros uniformados en las trincheras y la miseria en el "frente interior" acabaron haciendo que el proletariado, tras algunos años, recobrara su fuerza en la relación de fuerzas entre las clases, lo que permitió la apertura de la ola revolucionaria mundial de 1917-1923, que obligó a la burguesía a poner fin a la guerra para evitar la contaminación de la revolución proletaria.
A partir de la Primera Guerra Mundial, la idea de un curso histórico, a partir del cual la lucha de clases se orientaría hacia la guerra o hacia la revolución, adquirió así una profunda veracidad. Para imponer su respuesta militar a las crisis de la decadencia capitalista, el imperialismo debía asestar una derrota a las aspiraciones revolucionarias del proletariado y una vez aplastadas, logró su movilización en favor de los intereses de la burguesía. Por el contrario, el resurgimiento del proletariado fue un gran obstáculo ante ese empeño, abriéndosele el camino a su solución: la revolución comunista.
Y, al contrario, la derrota de la revolución en Rusia, Alemania y otros países en la década de 1920, permitió que se abriera el curso hacia la Segunda Guerra Mundial. A diferencia del período anterior a la Primera Guerra Mundial, el período anterior a la Segunda no dio lugar a un cambio de rumbo, ya que el proletariado fue derrotado no sólo política sino también físicamente por la brutalidad y el terror sin precedentes del estalinismo y el fascismo por un lado y el antifascismo democrático por otro antes e inmediatamente después de las masacres. A diferencia de la Primera Guerra Mundial, ninguna ola revolucionaria surgió de las ruinas de la Segunda. Esta situación de continua derrota proletaria no condujo, sin embargo, a una tercera guerra mundial después de 1945, como pensaban los revolucionarios de aquella época. En los decenios de 1950 y 1960 hubo un largo período de recuperación económica y de guerra fría, con guerras locales “por poderes”. Durante ese período, el proletariado recuperó gradualmente su fuerza al disminuir el peso de las ideologías de guerra de los años 30. El estallido de una nueva crisis económica mundial llevaría a un nuevo surgimiento de la lucha de clases iniciada en 1968, impidiendo la "solución" imperialista a la crisis, la de una tercera guerra mundial. Pero la clase obrera no pudo ir más allá de sus luchas defensivas mediante una ofensiva revolucionaria. El hundimiento de uno de los dos bloques imperialistas, el bloque del Este, en 1989, puso fin efectivamente a la posibilidad de una guerra mundial, aunque la propia guerra imperialista siguió acelerándose de forma caótica con el impulso de la profundización de la crisis económica mundial.
Para comprender este problema, citaremos primero un largo extracto del informe de una reunión plenaria de nuestro órgano central internacional de enero de 1990: "En el período de decadencia del capitalismo, TODOS los Estados son imperialistas y toman medidas para asumir esa realidad: economía de guerra, armamento, etc. Por ello, la agravación de las convulsiones de la economía mundial no hará más que avivar las divisiones entre los diferentes estados, incluso, y cada vez más, en el plano militar. La diferencia con el período que acaba de terminar es que las fisuras y antagonismos que antes eran contenidos y utilizados por los dos grandes bloques imperialistas, ahora saldrán a la luz. La desaparición del gendarme imperialista ruso, y la consiguiente pérdida de ligamen del gendarme estadounidense respecto de sus principales "socios" de ayer, ha abierto la puerta al desencadenamiento de toda una serie de rivalidades más locales. Estas rivalidades y enfrentamientos no pueden, por ahora, degenerar en un conflicto mundial (incluso suponiendo que el proletariado ya no pueda oponerse a ellos). Por otra parte, debido a la desaparición de la disciplina impuesta por la presencia de los bloques, es probable que tales conflictos sean más violentos y más numerosos, en particular, obviamente, en las zonas donde el proletariado es más débil. Hasta ahora, en el período de decadencia, tal situación de dispersión de los antagonismos imperialistas, de ausencia de un reparto del mundo (o de sus zonas decisivas) entre dos bloques, nunca se ha prolongado. La desaparición de las dos constelaciones imperialistas que surgieron de la Segunda Guerra Mundial debería acarrear la tendencia a la recomposición de dos nuevos bloques. Sin embargo, tal situación no está todavía al orden del día (...) la tendencia hacia un nuevo reparto del mundo entre dos bloques militares se ve frustrada, e incluso puede verse definitivamente comprometida, por el fenómeno cada vez más profundo y generalizado de la descomposición de la sociedad capitalista, como ya hemos puesto de relieve (véase la Revista Internacional 57).
En un contexto así, de pérdida de control de la situación para la burguesía mundial, no es evidente que haya sectores dominantes de ella que hoy sean capaces de imponer la organización y la disciplina necesarias para la reconstitución de bloques militares. (...) Por todo eso, es fundamental poner de relieve que la solución proletaria, la revolución comunista, es la única capaz de oponerse a la destrucción de la humanidad, y que tal destrucción es la única «respuesta» que la burguesía puede dar a su crisis; pero esta destrucción no vendría necesariamente de una tercera guerra mundial. Podría ser el resultado de la continuación hasta sus consecuencias más extremas de la descomposición ambiente: catástrofes ecológicas, epidemias, hambres, guerras locales sin fin, y un largo etcétera..
La alternativa histórica «Socialismo o Barbarie», tal como la puso de relieve el marxismo, tras haberse concretado en «Socialismo o Guerra imperialista mundial» durante la mayor parte del siglo XX, se fue precisando bajo la forma aterradora de «Socialismo o Destrucción de la humanidad» durante las últimas décadas con el desarrollo de las armas atómicas. Hoy, tras el derrumbe del bloque del Este, esa perspectiva sigue siendo totalmente válida. Pero hay que decir que semejante destrucción puede venir de la guerra imperialista generalizada O de la descomposición de la sociedad.. (…) Incluso si la guerra mundial no podrá ser hoy, y quizás definitivamente, una amenaza para la vida de la humanidad, esta amenaza podría muy bien venir de la descomposición de la sociedad. Y eso más todavía si se considera que si bien el desencadenamiento de la guerra mundial requiere la adhesión del proletariado a los ideales de la burguesía, fenómeno que no está ni mucho menos al orden del día en la situación actual para los batallones decisivos de aquél, la descomposición no requiere adhesión alguna para acabar destruyendo a la humanidad. En efecto, la descomposición de la sociedad no es, en sentido estricto, una «respuesta» de la burguesía a la crisis abierta de la economía mundial. En realidad, ese fenómeno puede agudizarse precisamente porque la clase dominante es incapaz, a causa de la ausencia de alistamiento proletario, de dar SU respuesta específica a la crisis, o sea, la guerra mundial y la movilización que ésta entraña. La clase obrera, al ir desarrollando sus luchas (como así lo ha hecho desde finales de los años 60), al no dejarse alistar tras las banderas de la burguesía, ha podido impedir que la burguesía desencadene la guerra mundial. En cambio, únicamente el derrocamiento del capitalismo podrá acabar con la descomposición de la sociedad. Las luchas del proletariado en el sistema no son un freno a su descomposición, del mismo modo que tampoco pueden ser un freno al hundimiento económico del capitalismo.”.
(Véase "Tras el hundimiento del bloque del Este, desestabilización y caos", Revista Internacional 61)
El año 1989 marca así un cambio fundamental en la dinámica general de la sociedad capitalista en decadencia. Antes de esa fecha, la relación de fuerzas entre las clases era el factor determinante de esa dinámica: de la relación de fuerzas entre las clases dependía el resultado de la exacerbación de las contradicciones del capitalismo: o bien el estallido de la guerra mundial, o bien el desarrollo de la lucha de clases con la perspectiva del derrocamiento del capitalismo.
Después de esa fecha, la dinámica general de la decadencia capitalista ya no está directamente determinada por la relación de fuerzas entre las clases. Cualquiera que sea la relación de fuerzas, mientras ninguna clase sea capaz de imponer su solución (guerra o revolución mundial), el capitalismo seguirá hundiéndose en la decadencia, porque la descomposición social tiende a zafarse del control de las clases en conflicto.
En el paradigma que dominó la mayor parte del siglo XX, la noción de "curso histórico" definía los dos posibles resultados de una tendencia histórica: la guerra mundial o el conflicto de clases. En cuanto el proletariado sufrió una derrota decisiva (como en vísperas de 1914 o tras el aplastamiento de la ola revolucionaria de 1917-23), la guerra mundial se hizo inevitable. En el paradigma que define la situación actual (hasta que se reconstituyan dos nuevos bloques imperialistas, lo que tal vez nunca suceda), es muy posible que el proletariado sufra una profunda derrota sin que ello tenga necesariamente una consecuencia decisiva en la evolución general de la sociedad. Uno puede preguntarse, por supuesto, si tal derrota podría tener como consecuencia impedir definitivamente que el proletariado levante cabeza. Habría que hablar entonces de una derrota definitiva que llevaría al fin de la humanidad. Esta posibilidad no debe excluirse, especialmente en vista del creciente peso de la descomposición. Esta amenaza está claramente indicada en el Manifiesto del IX Congreso de la CCI: "Revolución comunista o destrucción de la humanidad". Pero no podemos hacer un pronóstico en ese sentido, ni en relación con la actual situación de debilidad de la clase obrera, ni siquiera si esta situación se agravaría. Por eso el concepto de "curso histórico" ya no sirve para definir la dinámica de la situación mundial, ni la relación de fuerzas entre burguesía y proletariado en el período de descomposición. Al haberse convertido en un concepto ahora inadecuado para el nuevo período, debe ser abandonado.
En conclusión: el texto CH78, aunque conserva toda su validez desde el punto de vista del método y del análisis del período 1914-1989, está hoy limitado, por una parte, por el hecho de haber sido superado por acontecimientos históricos importantes y sin precedentes, y, por otra, porque tiende a identificar la noción de curso histórico y la de evolución de las relaciones de fuerza entre las clases, como si fueran idénticas, cuando no es así. En particular, el texto CH78 habla del curso histórico para describir los diferentes momentos de la lucha de clases en el siglo XIX cuando en realidad:
- el aumento de las luchas obreras no significa que se abra la perspectiva de un período revolucionario en un momento en el que la revolución proletaria no está todavía al orden del día, ni puede impedir el estallido de una guerra importante (por ejemplo, la guerra entre Francia y Prusia en 1870, aun cuando el poder del proletariado se había incrementado);
- una gran derrota del proletariado (como lo fue el aplastamiento de la Comuna de París) no condujo a una nueva guerra.
En cierto modo, la tendencia a identificar erróneamente el curso de la historia con la relación de fuerzas entre las clases en general es similar a la forma imprecisa en que se ha utilizado el concepto de oportunismo. Durante algún tiempo hubo una identificación en la CCI entre oportunismo y reformismo, y más ampliamente en el medio político. A finales del siglo XIX y principios del XX, aunque tal identificación ya era un error, se basaba en una realidad: en efecto, en aquella época, una de las principales manifestaciones del oportunismo era el reformismo. Pero con la entrada del capitalismo en su período de decadencia, el reformismo ya no tiene cabida en el movimiento obrero: las organizaciones o corrientes políticas que propugnan la sustitución del capitalismo por el socialismo mediante reformas progresivas del sistema actual pertenecen necesariamente al campo de la burguesía, mientras que el oportunismo sigue siendo una enfermedad que puede afectar y acabar con las organizaciones proletarias.
Hemos tendido, basándonos en lo que las experiencias de la clase obrera durante el siglo XX, a identificar la noción de cómo evoluciona la relación de fuerzas entre las clases, o sea entre burguesía y proletariado, con la noción de "curso histórico", al indicar ésta un resultado alternativo fundamental, la guerra o la revolución mundial, una confirmación de la relación de fuerzas entre las clases. En cierto modo, la situación histórica actual es similar a la del siglo XIX: la relación de fuerzas entre las clases puede evolucionar en una u otra dirección sin afectar decisivamente la vida de la sociedad. De manera similar, esta relación de fuerzas entre las clases o su evolución ya no puede ser descrita como un "recorrido". En este sentido, el término "derrota del proletariado", aunque conserva todo su valor operativo en el período actual, ya no puede tener el mismo significado que en el período anterior a 1989. Lo importante es tener en cuenta y estudiar constantemente la evolución de la relación de fuerzas entre burguesía y proletariado: ¿podemos considerar que esta evolución está a favor del proletariado (lo cual no significa que la vuelta atrás sea imposible) o que estamos en una dinámica de debilitamiento de la clase (sabiendo que esta dinámica también puede invertirse)?
En un sentido más general y a largo plazo, el abandono del concepto de "curso histórico" pone de manifiesto la necesidad de que los marxistas revolucionarios hagan un estudio histórico más profundo de toda la evolución de la lucha de clases proletaria para comprender mejor los criterios para evaluar cómo evoluciona la relación de fuerzas entre las clases en el período de descomposición capitalista.
[1] Revue Internationale n° 18. https://es.internationalism.org/revista-internacional/201804/4294/el-curso-historico [94]
[2] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
[3] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [32]
[4] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4143/xxi-congreso-de-la-cci-40-anos-despues-de-la-fundacion-de-la-corri [95]
[5] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200712/2114/tras-el-hundimiento-del-bloque-del-este-inestabilidad-y-caos [31]
[6] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1152/decimotercer-congreso-de-la-cci-informe-sobre-la-lucha-de-clases-e [96]
[7] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201111/3255/el-concepto-de-curso-historico-en-el-movimiento-revolucionario [97]
[8] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/752/al-inicio-del-siglo-xxi-por-que-el-proletariado-no-ha-acabado-aun-c [98] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/201111/3245/al-inicio-del-siglo-xxi-por-que-el-proletariado-no-ha-acabado-aun- [99]
[9] Este artículo (https://es.internationalism.org/revista-internacional/200404/167/entender-la-descomposicion-i-las-raices-marxistas-de-la-nocion-de-d [30] )constata la indiferencia de otros grupos de la izquierda comunista ante esta cuestión y su rechazo tajante de los análisis de la CCI como "no marxistas", lo que indica que no pueden, por el momento, aportar ninguna contribución teórica a esta cuestión vital de la evolución de las relaciones de fuerza entre las clases... sobre todo porque han olvidado la famosa primera línea del Manifiesto Comunista y, por lo tanto, un precepto esencial del materialismo histórico. En lo que respecta a los parásitos, el artículo recuerda el ataque de la Fracción Interna de la CCI (ahora GIGC) al informe de la CCI sobre la lucha de clases del XIV Congreso de la CCI, y su análisis del efecto de la descomposición capitalista en la lucha de clases, como "oportunista" y "revisionista", "la liquidación de la lucha de clases", y eso que los componentes de este grupo estaban de acuerdo con ese análisis, cuando eran miembros de la CCI algún tiempo antes. La traición organizativa va de la mano con la estupidez política en el medio parasitario.
[10] .-“El Curso Histórico”, Revista Internacional 18.
[11] “Las revoluciones burguesas, como la del siglo XVIII, avanzan arrolladoramente de éxito en éxito, sus efectos dramáticos se atropellan, los hombres y las cosas parecen iluminados por fuegos de artificio, el éxtasis es el espíritu de cada día; pero estas revoluciones son de corta vida, llegan en seguida a su apogeo y una larga depresión se apodera de la sociedad, antes de haber aprendido a asimilarse serenamente los resultados de su período impetuoso y agresivo. En cambio, las revoluciones proletarias como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: ¡Hic Rhodus, hic salta!”
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Este informe se escribió para un congreso reciente de nuestra sección francesa, al que seguirán otros informes de la situación internacional[1].
El desastre continúa… y empeora: oficialmente, tenemos 36 millones de infectados y más de un millón de muertos en todo el mundo[2]. Las diferentes facciones de la burguesía mundial, después de haber pospuesto temerariamente las contra- medidas de prevención frente a la expansión del virus, y más tarde, habiendo impuesto un cierre brutal a amplios sectores de la economía, ahora apuestan por la recuperación económica a expensas de un número aún mayor de víctimas, reabriendo toda la economía cuando la pandemia sólo ha sido temporalmente aplacada en unos pocos países. Con el invierno acercándose, está claro que la apuesta no ha tenido éxito, con expectativas de empeoramiento al menos a medio plazo, tanto en términos de salud como económicos. La carga de este desastre cae sobre los hombros de la clase obrera mundial.
Hasta ahora, una de las dificultades para entender la entrada del capitalismo en su última fase de declive histórico – la de la descomposición social – es que esta época, definitivamente inaugurada por el colapso del Bloque del Este en 1989, había aparecido sólo superficialmente, en la forma de una proliferación de síntomas varios sin conexión aparente, al contrario que en periodos previos de decadencia capitalista que estuvieron definidos y dominados por puntos de inflexión evidentes, como la guerra mundial o la revolución proletaria[3]. Pero ahora en el año 2020, la pandemia de Covid, la crisis más significativa de la historia desde la Segunda Guerra Mundial se ha convertido en emblema indiscutible de todo este periodo de descomposición, reuniendo toda una serie de elementos de caos que representan la putrefacción generalizada del sistema capitalista. Entre estos incluimos:
Así, el Covid-19 ha reunido en todos los niveles de la sociedad capitalista, de la forma más clara, el impacto de la descomposición – a nivel económico, imperialista, político, ideológico y social.
La situación actual también ha dejado en la irrelevancia una serie de fenómenos que, supuestamente, contradecían el análisis de que el capitalismo había entrado en un periodo de caos y derrumbe social. Estos fenómenos, decían nuestros críticos, probaban que nuestro análisis debía ``ponerse en cuestión´´ o, simplemente, ignorarse. Se trata principalmente de los significativos niveles de crecimiento de la economía china hace unos años, que según nuestros críticos refutaban la noción de que estamos en un periodo de descomposición o, incluso, de decadencia histórica. Lo que les ha ocurrido a nuestros críticos, en realidad, es que se han dejado llevar por el ``perfume de la modernidad´´ emitido por el crecimiento industrial chino. Hoy día, como resultado de la pandemia, no sólo se ha estancado la economía china, sino que ha revelado un atraso crónico que despide el peor de los aromas: el del subdesarrollo y el desmoronamiento.
La perspectiva de la CCI, que afirma la entrada del capitalismo mundial en una fase final de disolución interna desde 1989, ha sido plenamente confirmada, porque está basada en el método marxista de análisis de las tendencias mundiales y a largo plazo, y no en ir corriendo detrás de las novedades circunstanciales o en aferrarse a fórmulas obsoletas.
La crisis sanitaria actual revela, sobre todo, una creciente pérdida de control de la clase capitalista sobre su propio sistema, y su cada vez menor perspectiva de una sociedad humana como tal. Se palpa cada vez más la creciente pérdida de control de los medios que la misma burguesía se había dado hasta hoy para limitar y encauzar los efectos del declive histórico de su modo de producción.
Por añadidura, esta situación deja claro hasta qué punto la clase capitalista no sólo está siendo cada día más incapaz de evitar el caos social, sino que está agravando aún más la misma descomposición que hasta hoy había mantenido bajo control.
Para entender mejor por qué la pandemia de Covid es como un Gran Símbolo del periodo de descomposición capitalista, tenemos que entender por qué no habría podido ocurrir en épocas anteriores, tal y como lo ha hecho hoy.
Las pandemias, claro está, han ocurrido en sociedades anteriores y han tenido un impacto devastador en las mismas, siendo un factor de aceleración en la caída de sociedades de clases del pasado: por ejemplo, la Plaga de Justiniano al final de la sociedad esclavista antigua o la Peste Negra en el último periodo de la servidumbre feudal. Pero la decadencia feudal no conoció un periodo de descomposición: un nuevo modo de producción, el capitalismo, tomaba forma dentro y alrededor del viejo. La devastación de la plaga consiguió incluso acelerar el desarrollo temprano de la burguesía.
La decadencia del capitalismo, el sistema de explotación del trabajo más dinámico de la historia envuelve necesariamente a toda la sociedad e impide el surgimiento de cualquier otra forma nueva de producción. Este es el motivo por el que, en ausencia de la posibilidad de una nueva guerra mundial o del resurgimiento de la alternativa proletaria, el capitalismo entra en un periodo de ``ultra- decadencia´´, como lo expresaron las Tesis sobre la Descomposición de la CCI[5]. Así, la presente pandemia no dará lugar a ninguna regeneración de las fuerzas productivas de la humanidad en el marco de la sociedad existente, sino que nos obliga a vislumbrar el colapso inevitable de la sociedad humana en su totalidad… a no ser que el capitalismo mundial sea completamente derrocado. El recurso a métodos medievales de cuarentena como respuesta al Covid, cuando el capitalismo ha desarrollado los medios científicos, tecnológicos y sociales suficientes para comprender, prevenir y contener la erupción de plagas (aunque sea incapaz de desplegarlos) es testimonio fiel del impasse de una sociedad que se está ``pudriendo sobre sus propias base´´, y que es cada día más incapaz de aprovechar las fuerzas productivas que ha puesto en pie.
La historia del impacto social de las enfermedades infecciosas en la vida del capitalismo nos da la posibilidad de estudiar más en profundidad la diferencia entre la decadencia de un sistema cualquiera y el periodo de descomposición específico dentro de su periodo de decadencia, que comenzó en 1914. El ascenso del capitalismo, e incluso la historia de la mayor parte de su decadencia, muestra ciertamente un dominio creciente de la ciencia médica y la salud pública sobre las enfermedades infecciosas, especialmente en los países más avanzados. El fomento de la higiene y saneamiento públicos, la victoria contra la viruela y la polio y el retroceso de la malaria, son ejemplos de este progreso. Finalmente, tras la Segunda Guerra Mundial, las enfermedades no-transmisibles se convirtieron en la primera causa de muerte prematura en el corazón del capitalismo. No debemos pensar que este aumento del poder de la epidemiología tuvo lugar por las preocupaciones humanitarias que la burguesía dice tener. Su objetivo primordial era crear un ambiente estable para la intensificación de la explotación que exigía la crisis permanente del capitalismo, y, sobre todo, como preparación para la eventual movilización total de la población de acuerdo a los intereses militares de los bloques imperialistas.
Desde los años 80, las tendencias positivas en materia de enfermedades infecciosas empezaron a revertirse. Patógenos nuevos o evolucionados empezaron a surgir, como el VIH, el Zika, el Ébola, el SARS, el MERS, el Nipah, el N5N1, la fiebre del Dengue, etc. Enfermedades ya superadas empiezan a mostrar resistencia a los antibióticos. Este desarrollo, en especial de virus zoonóticos, está ligado al crecimiento urbano en las regiones periféricas del capitalismo – en especial de los barrios chabolistas, que representan el 40% de este crecimiento – así como a la deforestación y el creciente cambio climático. Mientras que la epidemiología ha sido capaz de entender y rastrear el origen de estos virus, las contra- medidas estatales no han estado a la altura de la amenaza. La respuesta caótica e insuficiente de todas las burguesías al Covid-19 es una llamativa confirmación de la creciente negligencia del Estado capitalista con respecto al resurgimiento de enfermedades infecciosas y las cuestiones de salud pública, así como de su indiferencia hacia las medidas de protección social más básicas. Este aumento de la incompetencia social del Estado burgués está ligado a décadas de recortes del ``salario social´´, particularmente, en el ámbito de los servicios de salud. Pero la creciente indiferencia hacia la salud pública sólo puede entenderse verdaderamente en el marco del periodo de la descomposición, que favorece las respuestas irresponsables y a corto plazo de importantes sectores de la clase dominante.
Las conclusiones que destacar de este retroceso en el control de las enfermedades infecciosas en las últimas décadas son ineludibles: queda ilustrada la transición del capitalismo en decadencia a su periodo final de descomposición.
Por supuesto, el empeoramiento de la crisis económica permanente del capitalismo es la causa fundamental de esta transición, una crisis presente en todos los periodos de la decadencia. Pero es la gestión – o mejor dicho la cada vez peor gestión – de los efectos de esta crisis lo que ha cambiado, y lo que supone un componente clave de los desastres presentes y futuros que serán característicos del periodo específico de la descomposición.
Las explicaciones que no tienen en cuenta esta transformación, como las de la Tendencia Comunista Internacional, por ejemplo, se quedan en la perogrullada de que la búsqueda de beneficios es lo que está detrás de la pandemia. Para ellos las circunstancias específicas, la cadencia y la amplitud de la calamidad siguen siendo un misterio.
Y lo que tampoco se puede hacer es explicar la reacción de la burguesía a la pandemia volviendo al esquema de la Guerra Fría, como si las potencias imperialistas hubieran ``instrumentalizado´´ al Covid con un propósito militar, diciendo que las cuarentenas masivas son una movilización de la población en este sentido. Este punto de vista ignora que las principales potencias imperialistas no están ya organizadas en bloques rivales y que no tienen las manos libres para movilizar a la población tras sus objetivos de guerra. Esto es lo esencial del estancamiento entre las dos clases principales, lo que está en la raíz del periodo de descomposición.
En términos generales, no son los virus sino las vacunas las que juegan en favor de las ambiciones de los bloques imperialistas militares[6]. La burguesía ha aprendido las lecciones de la gripe española de 1918 a este respecto. Las infecciones descontroladas suponen una enorme desventaja para los ejércitos, como lo demuestra la desmovilización de varios portaaviones estadounidenses y un portaaviones francés por el Covid-19. En contraste, mantener ciertos patógenos letales bajo control estricto siempre ha sido una exigencia de la capacidad para la guerra biológica de cada potencia imperialista.
Esto no quiere decir que las potencias imperialistas no hayan usado las crisis sanitarias en provecho de sus intereses y en detrimento de sus rivales. Pero todos estos esfuerzos muestran, en conjunto, el vacío de poder en el liderazgo mundial imperialista que ha dejado Estados Unidos, sin ninguna otra potencia, incluida China, que haya sido capaz de asumir este papel o de crear un polo de atracción opuesto. La catástrofe del Covid ha subrayado el caos que existe a nivel de los conflictos imperialistas.
A las cuarentenas masivas impuestas por los Estados imperialistas las ha seguido, ciertamente, una mayor presencia militar en la vida cotidiana y el uso de exhortaciones llenas de lenguaje bélico por parte de los Estados. Pero esta desmovilización de la población está inspirada, principalmente, por el miedo de los Estados a la amenaza del desorden social en un periodo en el que la clase obrera, aunque silente, sigue sin haber sido derrotada.
La tendencia fundamental a la autodestrucción, característica común de todos los periodos de la decadencia capitalista, se ha visto transformada en sus expresiones más claras en el periodo de descomposición: de la guerra mundial ha pasado a un caos mundial que agrava aún más la amenaza que supone el capitalismo para la sociedad y la humanidad en su conjunto.
La pérdida de control por parte de la burguesía que ha caracterizado a la pandemia ha estado mediada por el instrumento del Estado. ¿Qué nos dice este desastre sobre el capitalismo de Estado en el periodo de descomposición?
Haremos referencia para ayudarnos a entender esta cuestión a la parte del folleto de la CCI, La Decadencia del Capitalismo, que habla del ``derrumbe superestructural´´ y de cómo una cada vez mayor presencia del Estado en la sociedad es algo característico de la decadencia de todos los modos de producción. El desarrollo del capitalismo de Estado es una expresión extrema de este fenómeno histórico general.
Como señalaba la GCF[7] en 1952, el capitalismo de Estado no es una solución a las contradicciones del capitalismo, aunque sea capaz de retrasar sus efectos, sino que es expresión de esas contradicciones. La capacidad del Estado para mantener la cohesión de una sociedad en decadencia, por invasivo que se vuelva, está destinada a debilitarse con el tiempo y convertirse, eventualmente, en un factor de agravación de las mismas contradicciones que intentaba contener. La descomposición del capitalismo es la época en la que una creciente pérdida de control por parte de la clase dominante y su Estado se convierte en la tendencia dominante de la evolución social, que el Covid ha puesto en evidencia de forma tan dramática.
Sin embargo, no sería acertado a pensar que esta pérdida de control se desarrolla uniformemente a todos los niveles de la acción del Estado, o que afecta a todos los países de la misma forma o como un fenómeno de corta duración.
Con el colapso del Bloque del Este y la consecuente inutilidad del Bloque Occidental, estructuras militares como la OTAN tendieron a perder su cohesión, como mostraron las experiencias de la guerra de los Balcanes y del Golfo. La dislocación militar y estratégica ha estado acompañada, inevitablemente, por la pérdida de influencia – a diferentes ritmos – de todas las agencias inter- estatales que se fundaron bajo la égida del imperialismo norteamericano tras la 2ª Guerra Mundial, tales como la OMS y la UNESCO, en el ámbito social, y la UE (en su anterior configuración), el Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial del Comercio en el ámbito económico. Estas agencias estaban diseñadas para mantener la estabilidad y la ``dictablanda´´ del bloque Occidental bajo el liderazgo de los Estados Unidos.
El proceso de disolución y el debilitamiento de estas organizaciones inter- estatales se han intensificado, visiblemente, con la victoria de Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas de 2016.
La relativa impotencia de la OMS durante la pandemia habla por sí sola a este respecto, ligada al caótico ``cada uno para sí´´ de los Estados que ha arrojado los desastrosos resultados que ya conocemos. La ``guerra de las mascarillas´´ y la próxima guerra de las vacunas[8], la retirada de la OMS propuesta por Estados Unidos, la intentona china de manipular esta institución para beneficio propio… casi que no necesitan comentarse.
La impotencia de las agencias inter- estatales, y el cada uno para sí resultante entre los diferentes Estados nacionales competidores, ha ayudado a convertir el patógeno en un desastre global.
Sin embargo, en el plano de la economía mundial – a pesar de la aceleración de la guerra comercial y las tendencias a la regionalización – las diferentes burguesías han sido capaces de coordinarse en torno a medidas esenciales, como la de la Reserva Federal a la hora de preservar la liquidez del dólar a nivel mundial en marzo, al empezar los cierres en la economía. Alemania, tras reticencias iniciales, decidió intentar coordinarse con Francia para lanzar un paquete de ayuda económica para toda la UE en su conjunto.
No obstante, si bien la burguesía mundial es todavía capaz de impedir un desplome absoluto de las partes más vitales de la economía mundial, no ha sido capaz de evitar el enorme deterioro a largo plazo que el cierre de la economía le ha infligido al crecimiento económico y el mercado mundial, impuesto por las respuestas tardías e incoherentes al Covid-19. Comparada con la respuesta del G7 al crash financiero de 2008, la situación actual muestra el prolongado desgaste de la burguesía a la hora de orquestar medidas coordinadas de ralentización de la crisis.
Ciertamente, la tendencia al ``cada uno para sí´´ siempre ha formado parte de la naturaleza competitiva del capitalismo y su división en Estados nacionales. Pero hoy, es la ausencia de la disciplina de bloque y su perspectiva lo que ha alimentado el resurgimiento de esta tendencia, en un periodo de declive e impasse económico. Donde antes se mantenía cierto nivel de cooperación internacional, el Covid-19 ha revelado su ausencia cada vez más evidente.
En el punto 10 de las Tesis sobre la Descomposición, decíamos que la desaparición de la posibilidad de una guerra mundial tensa al máximo las rivalidades entre las camarillas internas de cada Estado nacional, así como entre los Estados mismos. La dislocación y falta de previsión con respecto al Covid-19 en el plano internacional han tenido su paralelismo, en mayor o menor medida, en cada Estado nacional, especialmente en el poder ejecutivo:
``Entre las características más importantes de la descomposición de la sociedad capitalista, hay que subrayar la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación en el plano político´´ (tesis 9 Tesis sobre la Descomposición).
Este fue el factor principal a tener en cuenta en el colapso del Bloque del Este, agravado por la naturaleza aberrante del régimen estalinista (un Estado de Partido único que abarcaba a toda la clase dominante). Pero las causas subyacentes de los conflictos en el ``comité ejecutivo´´ de toda la burguesía – la crisis económica crónica, la pérdida de perspectiva estratégica, los fiascos en política exterior, la desafección de la población – están golpeando hoy día a las zonas más avanzadas del capitalismo, lo que podemos observar de la forma más clara en los principales Estados en los que hay gobiernos populistas o influenciados por el populismo, especialmente los que lideran Trump y Boris Johnson. Los conflictos que afectan a estos Estados más poderosos reverberan en otros que, por el momento, han seguido una política más racional.
En el pasado estos dos países fueron símbolos de la relativa estabilidad y fuerza del capitalismo mundial; hoy, la actuación patética de sus burguesías los convierte en faros de la irracionalidad y el desorden.
Tanto la administración estadounidense como la británica, guiadas por la fanfarronada nacionalista, ignoraron conscientemente y retrasaron su respuesta al Covid, e incluso animaron a la población a seguirles en su falta de respeto por el peligro que suponía; ambas han minusvalorado los consejos de las autoridades científicas y están reabriendo la economía mientras el virus aún campa a sus anchas. Ambas administraciones descartaron formar grupos de trabajo especiales para la pandemia en la misma víspera de la crisis del Covid.
Los dos gobiernos, a su manera, han vandalizado los procedimientos establecidos del Estado democrático y han sembrado la discordia entre los diferentes departamentos de Estado, como hizo Trump con su omisión del protocolo militar en su respuesta a las protestas de Black Lives Matter, así como su fraudulenta manipulación de la judicatura, o la presente disrupción de Johnson en la burocracia del servicio civil.
Es cierto que en un periodo de ``cada uno para sí´´, cada Estado nacional ha seguido su propio camino, inevitablemente. Sin embargo, los Estados que han actuado con más inteligencia también se enfrentan a divisiones cada vez mayores y a una pérdida de control.
El populismo confirma la idea de las Tesis sobre la Descomposición de que el capitalismo, en su senilidad, intenta volver a una ``segunda infancia´´. La ideología populista supone que el sistema puede volver a un periodo juvenil de dinamismo capitalista, con menos burocracia, simplemente por arte de frases demagógicas e iniciativas disruptivas. Pero la realidad del capitalismo en decadencia y en fase de descomposición está agotando todos los paliativos.
Mientras que el populismo atrae las ilusiones xenófobas y pequeñoburguesas de una población descontenta, desorientada temporalmente por la ausencia del resurgimiento proletario, la actual crisis sanitaria deja claro que el programa – o anti-programa – populista ha nacido de la burguesía y su Estado.
No es casualidad que los Estados Unidos y Reino Unido, dos de los países más avanzados, hayan sufrido los peores niveles de víctimas de la pandemia.
Sin embargo, debemos tener en cuenta que las agencias económicas del Estado, en la mayoría de los países desarrollados, han conservado la estabilidad y su capacidad para tomar medidas rápidas de emergencia que evitaran la entrada de la economía en caída libre, retrasando los efectos del desempleo masivo sobre la población.
Así, como resultado de la acción de los bancos centrales, hemos visto crecer significativamente la intervención estatal en la economía. Por ejemplo:
``Morgan Stanley [banco de inversión] señaló que los bancos centrales de los países del G4 – Estados Unidos, Japón, Europa y Reino Unido – expandirán colectivamente sus hojas de balances en un 28% de producción doméstica bruta en este ciclo. El equivalente de la crisis financiera de 2008 fue un 7%´´. Financial Times, 27 de junio de 2020.
Esta perspectiva de desarrollo del capitalismo de Estado, no obstante, y en esencia, es un síntoma de que la capacidad del Estado para contener la crisis y la descomposición del capitalismo está disminuyendo.
El peso creciente de la intervención del Estado en todos los aspectos de la vida social no es una solución a la creciente descomposición de ésta.
No debemos olvidar que hay una fuerte resistencia en todos los Estados al vandalismo de los populistas, por parte de los partidos liberales tradicionales o secciones considerables de los mismos. Este sector de la burguesía ha formado una oposición vocal, especialmente a través de los medios de comunicación, que aparte de ridiculizar las payasadas de los populistas pretende mantener cierta esperanza en la población de una vuelta al orden democrático racional, incluso si no existe una capacidad real a día de hoy para cerrar la caja de Pandora populista.
Podemos estar seguros de que la burguesía de estos países no ha olvidado por nada del mundo al proletariado, y será capaz de desplegar a todas sus leales agencias cuando llegue el momento.
El Informe sobre la Descomposición de 2017 destaca el hecho de que en las primeras décadas tras el surgimiento de la crisis económica de finales de los años 60, los países más ricos desplazaron los efectos de la crisis a la periferia del sistema, mientras que en el periodo de la descomposición, la tendencia parece revertirse o rebotar hacia el corazón del capitalismo – como muestran la expansión del terrorismo, el influjo masivo de refugiados y migrantes, el desempleo masivo, la destrucción medioambiental y ahora las epidemias mortales en Europa y América. La situación actual, en la que el país capitalista más poderoso del mundo se ha llevado la peor parte de la pandemia, es una confirmación de esta tendencia.
El Informe señalaba a su vez, de forma premonitoria:
``Por otro lado, consideramos que [la descomposición] no tuvo un impacto real en la evolución de la crisis del capitalismo. Si el actual ascenso del populismo llevara a la llegada al poder de esta corriente en algunos de los principales países europeos, podríamos ver cómo se desarrolla este impacto de la descomposición´´.
Uno de los aspectos más significativos de este desastre es que la descomposición ha repercutido de forma terrible en la economía. Y esta experiencia no parece aplacar el apetito del populismo por el caos económico, como muestra la persistente guerra comercial de los Estados Unidos contra China, o la voluntad del gobierno británico de ir hasta el final con el curso destructivo y suicida del Brexit.
La descomposición de la superestructura se toma su ``venganza´´ sobre los fundamentos económicos del capitalismo que le dieron vida.
``Cuando la economía tiembla, toda la superestructura que depende de ella entra en un estado de crisis y descomposición… de consecuencia del sistema pasa a ser un factor acelerador en el proceso de su declive´´. Decadencia del Capitalismo, capítulo 1.
16-7-20
[1] Ya hemos publicado La irrupción de la descomposición en el terreno económico: Informe sobre la crisis económica https://es.internationalism.org/content/4629/la-irrupcion-de-la-descomposicion-en-el-terreno-economico-informe-sobre-la-crisis [104]
[2] A 9 de octubre de 2020
[3] Este problema de percepción ya aparece referido en el Informe sobre la Descomposición del 22º Congreso de la CCI en 2017 (Revista Internacional nº163)
[4] Esta larga crisis, que ha durado más de cinco décadas, surgió a finales de los años 60 tras dos décadas de prosperidad de post- guerra en los países avanzados. El empeoramiento de esta crisis ha estado marcado por varias recesiones y recuperaciones más específicas, que no han resuelto el impasse de fondo.
[5] Revista Internacional nº107, 1990 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
[6] Las propiedades antibióticas de la penicilina fueron descubiertas en 1928. Durante la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos la fabricaron en masa y prepararon 2’3 millones de dosis para el Día D (junio 1944).
[7] Gauche Communiste de France, precursora de la CCI.
[8] Ver un dossier global de artículos sobre el COVID en https://es.internationalism.org/content/4566/dossier-especial-covid19-el-verdadero-asesino-es-el-capitalismo [105] y de forma más específica https://es.internationalism.org/content/4593/guerras-de-vacunas-el-capitalismo-es-un-obstaculo-para-encontrar-un-tratamiento [106] y https://es.internationalism.org/content/4560/guerra-de-las-mascarillas-la-burguesia-es-una-clase-de-matones [107]
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En su libro publicado en 2017, ``Pale Rider´´[1] (``La Grande Tueuse´´ en francés, La Gran Cazadora en español), Laura Spinney, periodista científica, nos muestra cómo el contexto internacional y el funcionamiento de la sociedad en 1918 contribuyeron de forma decisiva al desenlace de lo que acabó llamándose la ``Gripe española´´: ``En esencia, lo que nos enseña la gripe española es que una nueva gripe pandémica es inevitable. Pero su resultado neto – ya sean 10 o 100 millones de víctimas – sólo depende de la sociedad en la que se origina´´. El mundo lleva ya muchos meses enfrentándose al Covid-19, lo que nos lleva a cuestionarnos qué nos enseña esta pandemia sobre el mundo en el que vivimos. La relación entre el desarrollo de los contagios, por un lado, y la organización del Estado y de la sociedad por otro, no es algo que concierne exclusivamente al brote de Gripe española de 1918-20. El marxismo ya ha descubierto efectivamente que el modo de producción, en cualquier época, condiciona toda la organización social y, por extensión, todo lo que afecta a los individuos de esa sociedad.
En la época del declive del Imperio Romano Occidental, las condiciones de vida y la política expansionista imperial posibilitaron que ciertos bacilos (un tipo de bacterias), agentes de la plaga, se propagaran como un incendio, desatando una hecatombe sobre toda la población: ``… los baños públicos se convirtieron en placas de Petri: las aguas fecales se atascaban y descomponían en los pueblos y ciudades; los graneros eran auténticos criaderos de ratas; las rutas comerciales que conectaban todo el Imperio ayudaron a propagar la epidemia desde el Mar Caspio hasta el Muro de Adriano[2], con una rapidez nunca vista´´[3].
La Peste Negra, que asoló la Europa del siglo XIV, halló lo necesario para expandirse tanto en el desarrollo del comercio con Asia, Rusia y Oriente Medio como en el avance de las guerras, ligadas particularmente a la islamización de regiones asiáticas.
Estas dos pandemias representaron fielmente el declive de las sociedades esclavista y feudal, arrasando partes importantes de las mismas y desorganizándolas. No es la enfermedad en sí la que provoca la caída de un sistema de producción, sino, sobre todo, la decadencia de estos sistemas la que favorece la expansión de los microorganismos. La Plaga de Justiniano y la Peste Negra contribuyeron, e indudablemente dieron impulso, a la expansión de fuerzas destructivas que se habían puesto en marcha hacía ya mucho tiempo.
Desde los inicios del capitalismo, las enfermedades han sido un obstáculo constante para el buen funcionamiento de la producción, limitando la fuerza de trabajo indispensable para la creación del valor y maniatando las ambiciones imperialistas al debilitar a los ejércitos en campaña.
El virus de la Gripe española empezó a afectar a la especie humana cuando el capitalismo mundial necesitaba, más que nunca, una fuerza de trabajo al máximo nivel de capacidad. Sin embargo, esta necesidad dependía de las condiciones que, a su vez, fueron el semillero de la pandemia que mató a entre 50 y 100 millones de seres humanos; entre el 2’5 y el 5% de la población mundial. El mundo de la Gripe española estaba sumido en la guerra. Habiéndose iniciado cuatro años antes y a punto de acabar, la Primera Guerra Mundial ya había forjado un mundo “nuevo”: el del capitalismo en decadencia, las crisis económicas interminables y las tensiones imperialistas en alza constante.
Pero la guerra aún no había acabado. Las tropas seguían masificándose tanto en el frente como en retaguardia, creando las condiciones idóneas para los contagios. El transporte de soldados de América a Europa, en particular, se hizo por barco en condiciones lamentables: el virus se propagó enormemente y, por supuesto, con los desembarcos, los soldados llevaron el virus a la población local. Al acabar la guerra, las desmovilizaciones y la vuelta a casa de los soldados fueron un poderoso vector del desarrollo de la epidemia, y mucho más al tratarse de soldados debilitados, malnutridos y que habían recibido una atención médica bajo mínimos durante cuatro años de guerra. Al tratarse de la Gripe española se piensa necesariamente en la guerra, pero esta no fue el único factor de propagación de la enfermedad; nada más lejos de la verdad. El mundo de 1918 era un mundo en el que el capitalismo ya se había impuesto a sus anchas; en el que sus intereses lo habían hecho expandirse e imponer condiciones terribles de explotación. Era un mundo en el que los trabajadores eran hacinados en masa al pie de las fábricas, en un ambiente de miseria, desnutrición y servicios sanitarios inexistentes en su mayor parte. Si los obreros enfermaban, se les mandaba de vuelta a su pueblo, donde acababan infectando a la mayoría de los habitantes. Era un mundo donde los mineros eran confinados bajo tierra durante todo el día, picando piedras para extraer carbón, oro u otros minerales que, a menudo, expulsaban sustancias químicas que destruían sus órganos y debilitaban sus sistemas inmunológicos; por la noche, los obreros y sus familias dormían en espacios reducidos. Era también el mundo del esfuerzo bélico, para el que la enfermedad no podía ser impedimento para que los obreros siguieran yendo a trabajar y, por tanto, contagiaran a sus compañeros.
En general, el mundo de la Gripe española era a su vez un mundo en el que no había apenas conocimiento sobre el origen de las enfermedades y sus vectores de contagio. La teoría de los gérmenes, que propuso el concepto de los agentes infecciosos externos al organismo que sufre la enfermedad, apenas había terminado de nacer. Si bien se había empezado a observar a ciertos microorganismos, la existencia de los virus era aún una hipótesis marginal: 20 veces más pequeños que una bacteria, los virus no eran observables para los microscopios ópticos de la época. La medicina se había desarrollado poco aún y era inaccesible a la gran mayoría de la población. Los remedios tradicionales y todo tipo de supersticiones dominaron la lucha contra una enfermedad desconocida, a menudo vista como algo terrible y sobrecogedor.
La envergadura del desastre humano que supuso la pandemia de Gripe española debió haberla convertido en la última gran catástrofe sanitaria de la humanidad. Las lecciones que pudieron extraerse de ella, la subsiguiente investigación sobre enfermedades infecciosas, el desarrollo tecnológico sin precedentes desde los inicios del capitalismo… todo ello podría llevarnos a pensar que la humanidad tendría que ser capaz de ganarle la partida a las enfermedades.
La clase dominante comprende los riesgos que entraña la cuestión sanitaria para su sistema. Este entendimiento no implica ninguna razón humanitaria o progresista, sino la voluntad de hacer lo que esté en su mano para que la fuerza de trabajo se vea afectada lo menos posible y siga siendo lo más productiva y rentable que se pueda. Esta preocupación de la burguesía apareció ya en el ascenso histórico del capitalismo, tras las pandemias de cólera en Europa en los años 1803 y 1840. El desarrollo del capitalismo vino acompañado de una intensificación del intercambio comercial internacional y, al mismo tiempo, de la comprensión de que los patógenos no se detenían ante las fronteras impuestas por el capitalismo[4]. La burguesía empezó entonces a sostener una política sanitaria multilateral, con las primeras convenciones internacionales de 1850, y sobre todo con las creación de la Oficina Internacional de Higiene Pública (IOPH por sus siglas en inglés) en 1907. En aquel momento el objetivo de la burguesía estaba más que claro: se trataba de medidas destinadas esencialmente a salvaguardar a los países industriales y proteger su indispensable crecimiento comercial y económico. La IOPH contaba sólo con 13 países miembros. Tras la guerra, la Liga de las Naciones creó un comité de higiene de vocación más internacional (abarcando su campo de acción hasta el 70% del planeta) y con un programa que apuntaba abiertamente a asegurar que hasta el último engranaje de la máquina capitalista funcionara correctamente, mediante la promoción de medidas sanitarias. Tras la Segunda Guerra Mundial tuvo lugar un acercamiento más sistemático a la cuestión sanitaria con la creación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y especialmente con la creación de un programa para la mejora de los estándares sanitarios, dirigido no ya a los Estados miembros sino a toda la población mundial. Provista de los medios necesarios, la OMS organizó y financió sus operaciones en torno a un gran número de enfermedades, poniendo énfasis en la prevención e investigación.
Nuevamente, nada nos llama a ver aquí un aparente arrebato de humanitarismo por parte de la clase dominante. En el marco de la Guerra Fría, las medidas sanitarias eran vistas como una forma de asegurarse, tras la post-guerra, la posibilidad de obtener una fuerza de trabajo lo más productiva y numerosa posible, logrando conservar, durante este periodo de reconstrucción, una cierta presencia y dominación sobre los países en desarrollo y sus poblaciones: la prevención era vista como una forma de ahorrar costes frente al cuidado hospitalario.
A su vez, empezaron a desarrollarse las investigaciones y medicamentos que permitían una mejor comprensión de los agentes infecciosos, de su funcionamiento y de los medios para combatirlos, en particular los antibióticos gracias a los cuales empezaron a tener cura una cantidad cada vez mayor de enfermedades bacterianas, así como el desarrollo de vacunas. Se llegó al punto de que la burguesía, en los años 70, empezó a creer que la guerra estaba ganada y que buena parte de las enfermedades infecciosas eran cosa del pasado: el progreso de las vacunaciones, en especial de niños, y el acceso a un sistema sanitario mejor preparado, llevó a que enfermedades infantiles como el sarampión y las paperas fueran ya poco frecuentes; la viruela, junto con la poliomielitis, fueron erradicadas en casi todo el mundo[5]. El capital podía contar entonces con una fuerza de trabajo invulnerable, con total disposición para ser explotada.
El desarrollo anárquico del capitalismo en su fase de decadencia histórica, ya comenzado el siglo XX, generó una intensa transición demográfica, una aguda destrucción medioambiental (en especial por la deforestación), intensificación del desplazamiento de personas, urbanización descontrolada, inestabilidad política y cambios climáticos que son, además, factores de origen y difusión de enfermedades infecciosas[6]. Así, a finales de los años 70, apareció una nueva pandemia vírica que aún hoy afecta a toda la especie humana: el SIDA. Las esperanzas de la burguesía murieron antes de nacer, ya que al mismo tiempo el sistema capitalista entró en el último periodo de su vida: su descomposición histórica. El origen y consecuencias de la descomposición del capitalismo escapan al tema de este artículo, pero podemos subrayar que las manifestaciones más explosivas de esta descomposición afectaron muy rápidamente a la cuestión sanitaria: el ``cada uno a la suya´´, la visión a corto plazo y la pérdida de control paulatina de la burguesía sobre su propio sistema, todo ello en el contexto de una crisis económica aún más profunda, que cada vez es más difícil de contrarrestar para la clase dominante[7].
La pandemia actual de Covid-19 es una manifestación ejemplar de la descomposición histórica del capitalismo. Es resultado de la cada vez mayor incapacidad de la clase dominante para solucionar un problema que se planteó ya, en principio, con la creación de la OMS en 1947: llevar la mejor cobertura sanitaria posible a la población. Un siglo después de la Gripe española, el conocimiento científico acerca de las enfermedades, su origen, sus agentes infecciosos, los virus… se ha desarrollado a un nivel incomparable. La codificación genética permite a día de hoy identificar virus, monitorizar sus mutaciones y desarrollar vacunas más eficaces. La medicina ha hecho progresos inmensos y se ha ido imponiendo cada vez más a las tradiciones y la religión. Se ha dotado, a su vez, de una importante dimensión preventiva.
Sin embargo, es la impotencia de los Estados y el pánico ante lo desconocido lo que ha dominado las medidas tomadas ante la pandemia de Covid-19. Mientras que hace ya un siglo que la humanidad alcanzó un estado de dominio progresivo sobre las leyes naturales, actualmente nos hallamos ante una situación donde ocurre cada vez más lo contrario.
El Covid-19 está muy lejos de ser un relámpago en un cielo azul: el VIH ya nos avisó de las pandemias que podía traer el futuro. Pero es que además, desde entonces han aparecido también el SARS, el MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio), la Gripe porcina, el Zika, el Ébola, el Chikungunya (parecido al Zika y propagado por mosquitos), el BSE (enfermedad de las vacas locas)… algunas enfermedades que habían desaparecido, o casi desaparecido, como la tuberculosis, el sarampión, la rubeola, el escorbuto, la sífilis o la sarna, junto con la poliomielitis, han vuelto a aparecer. Todos estos signos deberían haber sido suficientes para que hubiera habido más investigación y acciones preventivas; lo cual no fue el caso en absoluto. Y no fue por negligencia o fallo de cálculo, sino porque el capitalismo en descomposición, necesariamente, es cada vez más y más prisionero de visiones cortoplacistas que le llevan a perder paulatinamente el control de sus propias herramientas de regulación, las mismas que hasta ahora le habían permitido limitar los daños causados por la competencia sin frenos en la que participan todos los actores del mundo capitalista.
En los años 80 empezaron a hacerse notar las primeras críticas de Estados miembros de la OMS sobre el coste excesivo de las estrategias de prevención, sobre todo por el hecho de que no suponían ningún beneficio directo para sus capitales nacionales. Empezaron a decaer las vacunaciones. Empezó a ser más difícil acceder a la sanidad como resultado de los recortes en los sistemas sanitarios públicos. Este paso atrás, colateralmente, dio origen a la ``medicina alternativa´´ que empezó a nutrirse del clima de irracionalidad favorecido por la descomposición. Así, un siglo después de la época en la que ni siquiera se sabía que estas enfermedades las provocaba un virus, el ``remedio´´ recomendado contra el Covid es el mismo que el que se prescribía para la Gripe española (descanso, alimentarse e hidratarse).
La ciencia ha perdido credibilidad a nivel global, y con ella, el crédito y los subsidios que la acompañaban. Las investigaciones sobre virus, enfermedades infecciosas y los medios para combatirlas se han parado en seco en casi todas partes por falta de fondos. Y no porque sean costosas, sino porque su falta de rentabilidad inmediata las convierte en una inversión sin interés. La OMS ha abandonado su investigación sobre la tuberculosis, siendo interpelada por el gobierno norteamericano con amenazas de cesar su contribución financiera (la más importante para la OMS, el 25% del total) si no se centra en enfermedades que EEUU considera más prioritarias.
Las necesidades de la ciencia, que sigue tendiendo a trabajar a largo plazo, no son compatibles con las restricciones que le impone un sistema en crisis, dominado por una acuciante necesidad de obtener beneficios inmediatos de todas sus inversiones. Por ejemplo, tras reconocerse a nivel global que el virus del Zika era un agente patogénico, responsable de descensos en la tasa de natalidad, no hubo investigación alguna ni se llegó a dar término al desarrollo de ninguna vacuna. Dos años y medio después, se pospusieron los ensayos clínicos. La ausencia de mercado, tras dos epidemias, hizo que ni un solo Estado o farmacéutica invirtiera en la investigación[8].
A día de hoy la OMS ha quedado reducida al silencio, y la investigación sobre enfermedades está en manos de un Banco Mundial que exige un enfoque basado en el beneficio (con la implementación de su indicador DALY, que maneja un ratio de costes/beneficios en cifras de años de vidas perdidas).
Así, cuando un especialista en el coronavirus como Bruno Canard, habla de ``un trabajo a largo plazo que debería haber comenzado en 2003 con la llegada del primer SARS´´, y cuando su compañero virólogo, Johan Neyts, habla con pesar de que ``por 150 millones de euros podríamos haber tenido, en 10 años, un antiviral de amplio espectro contra el coronavirus que se podría haber entregado a los chinos en enero. Habiendo hecho esto, no estaríamos en la situación en la que estamos hoy´´[9], se posicionan en contra de la dinámica actual del capitalismo.
Estamos ante la demostración de lo que Marx ya escribió en 1859 en la Contribución a la crítica de la economía política: ``Al alcanzar cierto nivel de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en conflicto con las relaciones de producción existentes (…) De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en obstáculos´´.
Mientras que la humanidad posee mejores medios científicos y tecnológicos que nunca para combatir a las enfermedades, la continuación de la sociedad capitalista supone un obstáculo para la realización de estos medios.
La humanidad, en el año 2020, es capaz de entender a los organismos vivos en todas sus formas y sabe cómo describir su funcionamiento, mientras que al mismo tiempo se ve forzada a asumir los ``remedios´´ de la época en la que reinaba el oscurantismo. La burguesía cierra sus fronteras para protegerse del virus tal y como lo hizo en el siglo XVIII, cuando se levantó un muro para aislar Provenza de la plaga. Se pone en cuarentena a enfermos o casos sospechosos, se cierran los puertos a barcos extranjeros… justo como en los tiempos de la Peste Negra. Poblaciones enteras son confinadas, se cierran espacios públicos, se prohíben reuniones y actividades, se decretan toques de queda… justo como en las grandes ciudades estadounidenses en la época de la Gripe española.
No se ha pensado en nada más efectivo que esto desde entonces, y el retorno de estos métodos violentos, arcaicos y obsoletos muestra la impotencia de la clase dominante al enfrentarse a la pandemia. La competencia, pilar del capitalismo, no desaparece ante tan grave situación: cada capital nacional debe superar al otro o morir. Así, al mismo tiempo que empezaban a acumularse las muertes y los hospitales empezaban a no ser capaces de admitir a un solo paciente más, todos los Estados intentaban confinar a todo el mundo, algunos más tarde que otros. Unas semanas más tarde, nos encontramos ante la urgencia de levantar los confinamientos y poner en marcha cuanto antes la máquina de la economía para la conquista de mercados competitivos. Estas medidas no mostraron otra cosa más que desprecio por la salud humana y se tomaron a pesar de las advertencias de la comunidad científica de que el SARS-Covd 2 estaba aún más que vivo y en proceso de mutación. La clase dominante no es capaz de ir más allá de la lógica de la competencia absoluta que reina sobre todos los niveles de su sociedad. Simplemente es incapaz de configurar una estrategia común de lucha contra el virus, como también se da en el caso del cambio climático.
La Plaga de Justiniano precipitó la caída del Imperio Romano y su sistema esclavista; la Peste Negra empujó al feudalismo a su final. Estas pandemias fueron producto de sistemas en decadencia en los que ``las fuerzas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes´´, y fueron a su vez factores de aceleración de su caída. La pandemia de Covid-19 también es producto de un orden mundial en decadencia y descomposición; y también impulsará su desaparición.
¿Debería alegrarnos una caída del capitalismo acelerada por la pandemia? ¿Podría avanzar el comunismo como lo hizo el capitalismo sobre las ruinas de la sociedad feudal? La comparación con las pandemias del pasado acaba aquí. En las sociedades esclavista y feudal las bases de una organización nueva, adaptada al desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas, ya estaban presentes en la vieja sociedad. Los métodos de producción existentes, habiendo alcanzado ya su límite, dejaron sitio a una nueva clase dominante capaz de portar relaciones de producción nuevas y más adecuadas. A finales de la Edad Media, el capitalismo ya había asumido una parte considerable de la producción social.
El capitalismo es la última sociedad de clases de la historia. Tras haber puesto bajo su control la casi-totalidad de la producción humana, no puede dejar sitio a ninguna otra forma de organización antes de desaparecer, y no hay otra sociedad de clases que pueda reemplazarlo. La clase revolucionaria, el proletariado, debe antes que nada destruir el presente sistema para poder sentar las bases de una nueva era. Si una serie de pandemias u otras catástrofes precipitaran la caída del capitalismo, y el proletariado fuera incapaz de reaccionar e imponerse con sus propias fuerzas… entonces todo el conjunto de la humanidad sería arrastrado a la destrucción.
Lo que está en juego en nuestra era reside, ciertamente, en la capacidad de la clase obrera para resistir la desorganización e ineficacia del capitalismo, y desde ahí, en si progresivamente será capaz de ir entendiendo sus fundamentos y asumiendo su responsabilidad histórica. Así es como termina la cita anteriormente mencionada de Marx:
``Al alcanzar cierto nivel de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en conflicto con las relaciones de producción existentes (…) De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en obstáculos. Se abre así una época de revolución social´´.
GD (octubre 2020)
[1] https://www.science.org [109]
[2] Construido en el centro de Inglaterra por dicho emperador en el siglo II
[4] ``A new twenty-first century science for effective epidemics response´´, Nature, Colección de Aniversario nº150, vol. 575, noviembre 2019, p. 131
[5] Íbid, p. 130
[6] Íbid
[7] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
[8] Íbid, p. 134
[9] ``Covid-19 on the track of future treatments´´, Le Monde, 6 octubre 2020
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La crisis económica mundial está empeorando ahora de manera drástica. Concretamente, y sin duda alguna, la clase obrera de todo el mundo sufrirá la explosión del desempleo, la explotación, la precariedad y la pobreza.
Con este nuevo paso, el capitalismo va más allá en el camino de su decadencia, lo que obliga a las organizaciones revolucionarias a aclarar las siguientes cuestiones:
1) ¿Cuál es el significado histórico de esta crisis en ciernes, la más grave de la decadencia, incluida la que comenzó en 1929?
2) ¿Cuáles son las implicaciones del que los efectos de la descomposición de la sociedad tendrán un peso muy importante en la evolución de esta nueva fase de la crisis abierta de la economía capitalista?
Al mismo tiempo, hay que tener cuidado con una visión inmediatista y economicista de la crisis, como se argumenta en el informe que presentamos: evitar cualquier pronóstico arriesgado, teniendo en cuenta las sobreestimaciones pasadas por nuestra parte en cuanto al ritmo de la crisis y una cierta visión catastrofista con la idea de que la burguesía estaba en un punto muerto. Además de la falta de dominio de la teoría de Rosa Luxemburgo, subestimamos la capacidad del capitalismo de Estado para actuar frente a las manifestaciones de la crisis abierta, para acompañar su crisis histórica cada vez más profunda y permitir así la supervivencia de este sistema[1]. Sus armas: la intervención permanente en el campo económico, la manipulación y la trampa con la ley del valor... Al hacerlo, la burguesía ha mantenido la ilusión dentro del proletariado de que el capitalismo no es un sistema en bancarrota, siendo sus convulsiones sólo transitorias, producto de crisis cíclicas necesariamente seguidas de un período de desarrollo general intensivo.
En los siglos XVIII y XIX, las grandes naciones capitalistas se enzarzaron en una frenética carrera por conquistar nuevos mercados y territorios. Pero alrededor de 1900, se encontraron con un pequeño problema: la tierra era redonda y no tan grande. Así, incluso antes de que estallara una crisis económica mundial, las tensiones imperialistas alcanzaron su punto culminante, estalló la guerra mundial y el capitalismo entró en decadencia.
La guerra de 1914-18 fue la manifestación de la más extrema barbarie, consecuencia del hecho de que "En una cierta etapa del desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en conflicto con las relaciones de producción existentes (...) De formas de desarrollo de las fuerzas productivas estas relaciones se convierten en sus trabas". (Prefacio a la Crítica de la Economía Política, 1859[2]).
Sólo a finales de los años 20 las diferentes burguesías nacionales se enfrentarán por primera vez a la manifestación directamente "económica" de esta entrada en decadencia: la crisis de sobreproducción generalizada e histórica. Citamos de nuevo a Marx:
"Cuanto más se desarrolla la producción capitalista, más se ve obligada a producir a una escala que no tiene nada que ver con la demanda inmediata, sino que depende de una constante expansión del mercado mundial (...) [Porque] la mercancía tiene que ser convertida en dinero. La demanda de los trabajadores no es suficiente, ya que el beneficio surge precisamente del hecho de que la demanda de los trabajadores es menor que el valor de su producto. La demanda de los capitalistas entre ellos es igualmente insuficiente." (Teorías del Valor Excedente Parte 2, Capítulo 16). "Si finalmente se dice que los capitalistas sólo tienen que intercambiar y consumir sus mercancías entre ellos, entonces se pierde de vista toda la naturaleza del modo de producción capitalista; y también se olvida el hecho de que se trata de expandir el valor del capital, no de consumirlo". (Capital Volumen 3, Capítulo 15).
En otras palabras, la crisis de sobreproducción generalizada que apareció a plena luz del día en 1929 no está vinculada a un tipo de disfunción que la burguesía pueda regular o superar. Al contrario, es la consecuencia de una contradicción fundamental e insuperable inscrita en la naturaleza misma del capitalismo.
Las burguesías nacionales sacaron lecciones de la catastrófica crisis de 1929: la necesidad de desarrollar el capitalismo de Estado y de establecer organizaciones internacionales para gestionar la crisis de manera que no se reproduzca el error de las políticas proteccionistas.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, la burguesía puso en práctica las lecciones de 1929. El boom de la posguerra sembró la ilusión de que el capitalismo había recuperado la prosperidad, borrando momentáneamente la pesadilla de la Gran Depresión de los años 30 y los horrores de la guerra. Pero, inevitablemente, las contradicciones inherentes a la naturaleza misma del capitalismo permanecieron ¡su crisis histórica no había desaparecido! Esto es lo que revela el retorno de la crisis abierta de 1967-1968.
Desde entonces, desde los planes de estímulo hasta recesiones más profundas, la burguesía se ha visto atrapada en una precipitada carrera hacia el endeudamiento, en un intento de desplazar constantemente hacia el futuro los efectos de la bancarrota histórica de su sistema. La deuda mundial se ha vuelto cada vez más masiva, no sólo de forma absoluta sino también en comparación con la evolución del PIB mundial. Al mismo tiempo que esta precipitada carrera, los países centrales cambiaron la organización de la economía mundial:
Si esta "cooperación internacional" ha sido capaz, en cierta medida y durante un tiempo, de frenar y mitigar los efectos de la economía de todos los Estados, ha sido incapaz de frenar la tendencia subyacente inherente a la entrada del capitalismo, al mismo tiempo, en su fase de descomposición.
Hoy en día, la burguesía ha acumulado una inmensa experiencia en la reducción de los efectos de su crisis histórica, prolongando así su agonía aún más. Por lo tanto, debemos ser extremadamente cuidadosos con nuestras previsiones y tener cuidado con cualquier catastrofismo. En el actual empeoramiento de la crisis económica mundial, son sobre todo las principales tendencias históricas subyacentes las que debemos destacar.
A partir de 1929, la burguesía aprendió a apoyar su economía en declive, en particular mediante la "cooperación internacional". Incluso en 2008, el famoso G20 demostró esta capacidad de las grandes burguesías para mantener una cierta cohesión a fin de gestionar la crisis con el menor daño posible. El año 2020 marca la creciente dificultad de mantener esta organización mundial, la irracionalidad ligada a la descomposición que golpea las más altas cumbres del Estado. El Cada uno a la suya, que ha salido a la luz con la calamitosa gestión de la pandemia, es su expresión más espectacular. Esta fuerza centrífuga tiene dos raíces:
"El desarrollo actual de la crisis, a través de las crecientes perturbaciones que provoca en la organización de la producción en una vasta construcción multilateral a nivel internacional, unificada por reglas comunes, muestra los límites de la 'globalización'. La necesidad cada vez mayor de unidad (que nunca ha significado otra cosa que la imposición de la ley del más fuerte sobre el más débil) debido al entrelazamiento "transnacional" de la producción altamente segmentada país por país (en unidades fundamentalmente divididas por la competencia donde cualquier producto se diseña aquí, ensamblado allí con la ayuda de elementos producidos en otro lugar) choca con la naturaleza nacional de cada capital, con los límites mismos del capitalismo, que está irremediablemente dividido en naciones competidoras y rivales. Este es el grado máximo de unidad que es imposible de superar para el mundo burgués. La profundización de la crisis (así como las exigencias de la rivalidad imperialista) está poniendo a prueba las instituciones y mecanismos multilaterales" (Punto 20)[3].
Lo que vemos es que, en respuesta a la pandemia, se ha empezado a desarrollar un avance muy significativo en las medidas de "reubicación nacional" de la producción, la preservación de sectores clave en cada capital nacional, el desarrollo de barreras a la circulación internacional de bienes y personas, etc., que sólo puede tener consecuencias muy graves para la evolución de la economía mundial y la capacidad general de la burguesía para responder a la crisis. El declive nacional sólo puede empeorar la crisis, conduciendo a una fragmentación de las cadenas de producción que anteriormente tenían una dimensión global, que a cambio sólo puede causar estragos en las políticas monetarias, financieras, comerciales... Esto podría llegar a bloquear e incluso provocar un colapso parcial de algunas economías nacionales.
Es demasiado pronto para medir las consecuencias de esta relativa parálisis del aparato económico. Sin embargo, lo más grave y significativo es que esta parálisis se está produciendo a nivel internacional.
La actual aceleración de la crisis económica mundial forma parte de la evolución general de la decadencia del capitalismo. Más allá de los fenómenos visibles vinculados a la actual "crisis abierta", lo que nos importa es comprender mejor el reforzamiento de las profundas contradicciones del capitalismo y, por tanto, el agravamiento de su crisis histórica.
1) La crisis que se avecina será, en su alcance histórico, la más grave del período de decadencia, superando en este aspecto a la que se inició en 1929.
2) Lo novedoso en la historia del capitalismo es que los efectos de la descomposición tendrán un peso muy importante en la economía y en la evolución de la nueva fase abierta de la crisis.
Sin embargo, más allá de la validez de estas previsiones generales, la situación sin precedentes que se ha abierto estará más que nunca dominada por una fuerte incertidumbre. Más precisamente, en la etapa actual alcanzada por la crisis histórica de sobreproducción, la irrupción de la descomposición en el terreno económico perturba profundamente los mecanismos del capitalismo de Estado destinados a acompañar y limitar el impacto de la crisis. Sin embargo, sería falso y peligroso llegar a la conclusión de que la burguesía no utilizará al máximo sus capacidades políticas para responder, en la medida de sus posibilidades, a la crisis económica mundial que se está desencadenando. La irrupción del peso de la descomposición significa además que existe un factor de inestabilidad y fragilidad en el funcionamiento económico que dificulta especialmente el análisis de la evolución de la situación.
En el pasado, con demasiada frecuencia hemos fijado nuestra mirada sólo en los aspectos de la situación que empujaban a la crisis económica del capital hacia su inexorable empeoramiento, olvidando tener suficientemente en cuenta todos los factores que tendían a frenar su desarrollo. Sin embargo, para ser fieles al método marxista de análisis, hay que identificar, no sólo las tendencias históricas importantes desde las perspectivas que se abren, sino también las contra -tendencias que activará la burguesía. Por lo tanto, es nuestro deber identificar, con la mayor claridad posible, las líneas generales de la evolución futura, sin caer en previsiones arriesgadas e inciertas. Debemos armarnos para hacer frente a la situación, asegurándonos de que desarrollamos y ponemos en práctica nuestra capacidad de reflexión y respuesta rápida a los acontecimientos de gran importancia que seguramente se desarrollarán. Nuestro método debe inspirarse en el enfoque ya recordado en nuestros debates:
"El marxismo sólo puede trazar con certeza las líneas y tendencias históricas generales. La tarea de las organizaciones revolucionarias debe consistir, evidentemente, en identificar perspectivas para su intervención en la clase, pero estas perspectivas no pueden ser 'predicciones' basadas en modelos matemáticos deterministas (y menos aun tomando al pie de la letra las predicciones de los 'expertos' de la burguesía, ya sea en el sentido de un falso 'optimismo' o de un 'alarmismo' igualmente desconcertante)". (citado por un documento de debate interno).
La crisis de 2008 fue un momento muy importante para el capitalismo. La recuperación (2013-2018) ha sido muy débil, la más débil desde 1967. Fue descrita por la burguesía como una recuperación "suave". En el decenio 2010-2020, antes de la crisis de Covid 19, la web Cycle Business Bourse evaluó el crecimiento mundial en un promedio anual ligeramente inferior al 3%. La crisis económica que surgió con la pandemia ya había visto sus primeras expresiones claras, especialmente a partir de 2018. Lo anticipamos en el informe y la Resolución sobre la situación internacional en el 23º Congreso de la CCI (2019):
"En el plano económico, desde principios de 2018, la situación del capitalismo se ha caracterizado por una fuerte desaceleración del crecimiento mundial (del 4% en 2017 al 3,3% en 2019), que la burguesía prevé que empeorará en 2019-20. Esta desaceleración resultó ser mayor de lo previsto en 2018, ya que el FMI tuvo que reducir sus previsiones para los próximos dos años y está afectando prácticamente a todas las partes del capitalismo de forma simultánea: China, los Estados Unidos y la Zona Euro. En 2019, el 70% de la economía mundial se ha ralentizado, sobre todo en los países "avanzados" (Alemania, Reino Unido). Algunos de los países emergentes ya están en recesión (Brasil, Argentina, Turquía), mientras que China, que se está desacelerando desde 2017 y se espera que crezca un 6,2% en 2019, está experimentando sus cifras de crecimiento más bajas en 30 años". (Punto 16 de la Resolución).
En este contexto de ralentización del crecimiento la pandemia se ha convertido en un poderoso acelerador de la crisis, poniendo en primer plano tres factores:
- El grado en que los sistemas de salud pública, uno de los elementos clave del capitalismo de Estado desde 1945, se han visto socavados. Este proceso de debilitamiento del sistema de salud está vinculado a la crisis económica y se ha acelerado considerablemente con la crisis de 2008. En la gran mayoría de los Estados los sistemas de salud no han podido hacer frente a la pandemia, lo que ha obligado a adoptar medidas de contención que han dado lugar a un brutal cierre económico nunca experimentado en tiempo de paz. Para el capitalismo, dispuesto a sacrificar la vida de millones de personas en guerras imperialistas, el dilema no era si salvar vidas o mantener la producción, sino cómo mantener simultáneamente la producción, la competitividad económica y el rango imperialista, ya que el pleno florecimiento de la pandemia sólo podía perjudicar gravemente la producción y la posición comercial e imperialista de cada potencia.
- El creciente grado de pérdida de todo sentido de responsabilidad y la negligencia de la mayoría de las fracciones burguesas en todos los países y especialmente en los países centrales, factor vinculado a la descomposición de la sociedad[4].
- La brutal irrupción de cada uno a la suya en el plano económico, factor también vinculado a la descomposición pero que tiene consecuencias muy importantes en ese terreno.
La manifestación más importante de la gravedad de la crisis es que, a diferencia de 2008, los países centrales (Alemania, China y sobre todo los Estados Unidos) son los más afectados; aunque desplieguen todos los medios para amortiguar la crisis, la onda expansiva que provocan desestabilizará fuertemente la economía mundial.
La brutal caída de los precios del petróleo ha golpeado duramente a los Estados Unidos. Antes de que estallara la crisis de la pandemia, hubo una "guerra de precios" por el petróleo. Como resultado, los precios del petróleo se volvieron negativos, quizás por primera vez en la historia:
"Incluso los más optimistas expertos en energía predicen el colapso de cientos de compañías petroleras en los Estados Unidos. Algunas han acumulado miles de millones de dólares en deuda, en gran parte de alto riesgo. El primer foco de riesgo en la deuda corporativa es la energía", dice Capital Economics, “Una cadena de impagos en el sector petrolero aumentaría el riesgo de una crisis financiera. Y si uno de los gigantes petroleros más endeudados del mundo - Shell, por ejemplo, tiene una deuda de 77.000 millones de dólares, una de las más altas del mundo - tuviera problemas, las repercusiones serían devastadoras"[5].
Estos precios negativos son una perfecta ilustración del nivel de irracionalidad del capital. La sobreproducción de petróleo y la especulación desenfrenada en este sector ha llevado a los propietarios de las compañías petroleras a pagar para deshacerse del petróleo que ya no puede ser almacenado por falta de espacio.
Mientras que en 2008 la quiebra de los bancos fue impulsada principalmente por la especulación inmobiliaria, hoy en día son las empresas directamente productivas las que los ponen en riesgo:
"Los cuatro mayores prestamistas americanos, JP Morgan, Bank of America, Citigroup y Wells Fargo, han invertido cada uno más de 10.000 millones de dólares en el sector de la fractura petrolífera sólo en 2019, según Statista. Y ahora estas compañías petroleras están en serio riesgo de ser insolventes, dejando a los bancos con fuertes negativos en sus balances (...) Según Moody's, el 91% de las quiebras corporativas estadounidenses en el último trimestre del año pasado ocurrieron en el sector del petróleo y el gas. Los datos proporcionados por Energy Economics and Financial Analysis indican que el año pasado, las empresas de fraccionamiento de petróleo no pudieron pagar 26.000 millones de dólares de deuda"[6]. Con la pandemia, la situación está empeorando seriamente: "Rystad Energy Consulting estima que incluso si se recuperan los 20 dólares por barril, 533 compañías petroleras de EE.UU. podrían llegar a ser insolventes en 2021. Pero si los precios se mantienen en 10 dólares, podría haber más de 1.100 quiebras, con prácticamente todas las empresas afectadas"(ibid.).
El capitalismo - a través del capitalismo de estado - realiza un enorme esfuerzo para proteger sus centros vitales y evitar una caída brutal, como dice el informe sobre la crisis del 23º Congreso: "Apoyándose en las palancas del capitalismo de estado y sacando las lecciones de 1929, el capitalismo es capaz de preservar sus centros vitales (especialmente los EE.UU. y Alemania), acompañar la evolución de la crisis, atenuar sus efectos pasándolos a los países más débiles, ralentizar su ritmo alargándolo en el tiempo".
El capitalismo de Estado ha pasado por diferentes fases que hemos empezado a abordar, en particular en una jornada de estudio en 2019. Desde 1945, las necesidades de los bloques han impuesto una cierta coordinación de la gestión estatal de la economía a nivel internacional, sobre todo en el bloque estadounidense, con la creación de organismos internacionales de "cooperación" (OCDE, FMI, la primera etapa de la UE) y organizaciones comerciales (GATT).
En los años 80, el capital de los países centrales, abrumado por el aumento de la crisis y sufriendo una fuerte caída de los beneficios, trató de trasladar sectores enteros de la producción a países con mano de obra barata como China. Para ello, fue necesaria una "liberalización" financiera muy fuerte a escala mundial para movilizar el capital con el que realizar las inversiones necesarias. En los años 90, tras la caída del bloque del Este, se reforzaron las organizaciones internacionales, dando lugar a una estructura de "cooperación internacional" a nivel monetario y financiero, para la coordinación de las políticas económicas, el establecimiento de cadenas de producción internacionales, la estimulación del comercio mundial mediante la eliminación de las barreras aduaneras, etc. Este marco fue diseñado para beneficiar a los países más fuertes: podían conquistar nuevos mercados, reubicar su producción y hacerse cargo de las empresas más rentables de los países más débiles. Estos últimos se vieron obligados a cambiar su propia política de Estado. De ahora en adelante, la defensa del interés nacional no se hizo a través de la protección aduanera de las industrias clave sino a través del desarrollo de la infraestructura, la formación de la mano de obra, la expansión internacional de sus empresas más potentes, la captación de inversiones internacionales, etc.
Entre 1990 y 2008 se produjo "una vasta reorganización de la producción capitalista a escala mundial (...) Siguiendo el modelo de referencia de la UE de eliminar las barreras aduaneras entre los Estados miembros, se ha reforzado la integración de muchas ramas de la producción mundial mediante el desarrollo de verdaderas cadenas de producción a escala mundial. Al combinar la logística, la informática y las telecomunicaciones, permitiendo economías de escala, la mayor explotación de la fuerza de trabajo del proletariado (mediante el aumento de la productividad, la competencia internacional, la libre circulación de la mano de obra para imponer salarios más bajos), la sumisión de la producción a la lógica financiera de la máxima rentabilidad, el comercio mundial ha seguido aumentando, aunque en menor medida, estimulando la economía mundial, proporcionando un "segundo aliento" que ha prolongado la existencia del sistema capitalista". (Punto 8 de la Resolución del 23º Congreso).
Esta "cooperación internacional" fue una política muy arriesgada y audaz para aliviar la crisis y mitigar algunos de los efectos de la decadencia en la economía, tratando de limitar el impacto de la contradicción capitalista entre la naturaleza social y global de la producción y la naturaleza privada de la apropiación de la plusvalía por parte de las naciones capitalistas competidoras. Tal evolución del capitalismo decadente se explica en nuestro folleto sobre la decadencia donde, criticando la visión según la cual la decadencia es sinónimo de bloqueo definitivo y permanente del desarrollo de las fuerzas productivas, se argumenta:
"Si defendemos la hipótesis de la detención definitiva y permanente del desarrollo de las fuerzas productivas, la profundización de esta contradicción sólo podría demostrarse si los límites exteriores de las relaciones de propiedad existentes retrocedieran 'absolutamente'. Sin embargo, sucede que el movimiento característico de los diferentes períodos de decadencia de la historia (incluido el sistema capitalista) tiende más bien hacia la expansión de estas fronteras hasta sus límites finales que hacia su restricción. Bajo la égida del Estado y bajo la presión de las necesidades económicas y sociales, el cadáver del sistema se hincha mientras se desecha todo lo que resulta superfluo para las relaciones de producción, todo lo que no es estrictamente necesario para la supervivencia del sistema. El sistema se refuerza hasta sus últimos límites". Esto es aún más cierto en el capitalismo, el modo de producción más elástico y dinámico de la historia conocida.
Como muestra el Informe del 23º Congreso sobre la crisis económica y la Resolución sobre la situación internacional, esta "organización mundial de la producción" comenzó a ser sacudida durante la década de 2010: China, después de haberse beneficiado enormemente de los mecanismos del comercio mundial (OMC), comenzó a desarrollar un mecanismo económico, comercial e imperialista paralelo (la Nueva Ruta de la Seda); Alemania ha tomado medidas proteccionistas; la guerra comercial se ha acelerado con la llegada al poder de Trump... Estos fenómenos expresan claramente el hecho de que el capitalismo ha encontrado cada vez más dificultades en su tendencia a ampliar las fronteras citadas en nuestro folleto sobre la decadencia.
"Desde los años sesenta, este indicador [que mide la proporción de exportaciones e importaciones en cada economía nacional] ha seguido una tendencia al alza que se ha ralentizado en los últimos 18 meses. Durante este período, ha pasado de alrededor del 23% a una estabilización en torno al 60%, y desde 2010 ha ido disminuyendo de forma constante"[7].
Tres factores en el origen de la crisis de la pandemia muestran la irrupción de los efectos de la descomposición en el terreno económico: (1) El Cada uno a la suya, (2) la negligencia de los gobiernos y (3) la pérdida de control del aparato político. Dos de ellos tienen su origen directamente en la descomposición capitalista: el Cada uno a la suya y la pérdida de control. Se trata de factores muy sensibles que la burguesía -al menos en los países centrales- había logrado controlar lo mejor que pudo, aunque cada vez con mayor dificultad. En la etapa actual alcanzada por el desarrollo de las contradicciones internas del capital, y dada la forma en que se manifiestan en la evolución de la crisis, la explosión de los efectos de la descomposición se convierte ahora en un factor de agravamiento de la crisis económica mundial, de la que sólo hemos visto las primeras consecuencias. Este factor influirá en la evolución de la crisis al constituir un obstáculo a la eficacia de las políticas del capitalismo de Estado en la crisis actual.
"En comparación con las respuestas a las crisis de 1975, 1992, 1998 y 2008, vemos como perspectiva una considerable reducción de la capacidad de la burguesía para limitar los efectos de la descomposición en el terreno económico. Hasta ahora, la burguesía ha logrado preservar el terreno vital de la economía y el comercio mundial de los efectos centrífugos altamente peligrosos de la descomposición. Lo ha hecho a través de la "cooperación internacional" de los mecanismos del capitalismo de estado - lo que se ha llamado "globalización". En el punto álgido de la convulsión económica de 2007-2008 y en 2009-2011, con la crisis de la 'deuda soberana', la burguesía pudo coordinar sus respuestas, lo que contribuyó a suavizar un poco el golpe de la crisis y a garantizar una 'recuperación' anémica durante la fase 2013-2018"[8].
Con la pandemia hemos visto como la burguesía trata de unir a la población detrás del estado, renovando la unidad nacional. A diferencia de 2008, cuando el tono nacionalista no era tan fuerte, ahora las burguesías de todo el mundo han cerrado sus fronteras, difundiendo el mensaje: "detrás de las fronteras nacionales se encuentra la protección, las fronteras ayudan a contener el virus". Esta es una manera de que los diferentes estados traten de reunir a la población detrás de ellos; hablan en todas partes en términos marciales: "estamos en guerra, y la guerra necesita de la unidad nacional", con el mensaje "el estado te ayudará": "os sacaremos de apuros"; "cerrando la frontera, mantendremos el virus alejado"; imponiendo planes de emergencia, organizando cierres, los estados quieren transmitir el mensaje: "un estado fuerte es tu mejor aliado".
"La OMS ha sido completamente inoperante cuando su intervención era vital para desarrollar una acción médica eficaz. Cada estado, temiendo una pérdida de posición competitiva, ha retrasado de manera suicida la respuesta a la pandemia. La obtención de equipo médico vio el asombroso espectáculo de todo tipo de robos entre estados (e incluso dentro de cada estado). En la UE, donde la 'cooperación entre Estados' ha llegado lo más lejos posible, hemos visto el desarrollo incontrolado de una oleada brutal de proteccionismo y del cada uno por su cuenta: "No es sólo que la UE no tenga ninguna posibilidad legal de imponer sus normas en el sector de la salud, sino que sobre todo cada país tomó medidas para defender sus fronteras, sus cadenas de suministro; y hemos visto, si no por primera vez, un verdadero bloqueo de mercancías, la confiscación de equipos sanitarios - y la prohibición de entregarlos a otros países europeos" (de otra contribución interna).
Tenemos aquí una ilustración, más seria, de la perspectiva establecida en la resolución sobre la situación internacional en nuestro último congreso internacional:
"La evolución actual de la crisis, a través de las crecientes perturbaciones que provoca en la organización de la producción en una vasta construcción multilateral a nivel internacional, unificada por reglas comunes, muestra los límites de la 'globalización'. La necesidad cada vez mayor de unidad (que nunca ha significado otra cosa que la imposición de la ley del más fuerte sobre el más débil) debido al entrelazamiento "transnacional" de la producción altamente segmentada país por país (en unidades fundamentalmente divididas por la competencia donde cualquier producto se diseña aquí, ensamblado allí con la ayuda de elementos producidos en otro lugar) choca con la naturaleza nacional de cada capital, con los límites mismos del capitalismo, que está irremediablemente dividido en naciones competidoras y rivales. Este es el grado máximo de unidad que es imposible de superar para el mundo burgués. La profundización de la crisis (así como las exigencias de la rivalidad imperialista) está poniendo a prueba las instituciones y mecanismos multilaterales". (Punto 20).
Lo que vemos es que en respuesta a la pandemia ha habido un retorno muy significativo a las medidas de "reubicación nacional" de la producción, preservación de sectores clave en cada capital nacional, desarrollo de barreras a la circulación internacional de bienes y personas, etc., lo que sólo puede tener consecuencias de gran alcance para la evolución de la economía mundial y la capacidad global de la burguesía para responder a la crisis. El repliegue nacional no puede sino agravar la crisis, provocando una fragmentación de las cadenas de producción que antes tenían una dimensión mundial, lo que no puede sino causar estragos en las políticas monetarias, financieras y comerciales. Esto podría conducir al bloqueo e incluso al colapso parcial de algunas economías nacionales. Es demasiado pronto para medir las consecuencias de esta relativa parálisis del sistema económico. Sin embargo, lo más grave y significativo es que esta parálisis se está produciendo a escala internacional.
La respuesta generalizada de los estados a la pandemia ilustra la validez de un análisis ya realizado en el Informe del 23º Congreso sobre la crisis económica:
"Una de las mayores contradicciones del capitalismo es la que surge del conflicto entre la naturaleza cada vez más global de la producción y la estructura necesariamente nacional del capital. Al llevar las posibilidades económicas, financieras y productivas de las 'asociaciones' de naciones a sus límites últimos, el capitalismo ha obtenido un importante 'soplo de aire fresco' en su lucha contra la crisis que lo aqueja, pero al mismo tiempo se ha puesto en una situación de riesgo. Esta precipitada carrera hacia el multilateralismo se desarrolla en un contexto de descomposición, es decir, en una situación en la que la indisciplina, las tendencias centrífugas, el arraigo en la estructura nacional, son cada vez más poderosos y afectan no sólo a fracciones de cada burguesía nacional, sino que llevan a amplios sectores de la pequeña burguesía e incluso a franjas de proletarios que creen erróneamente que su interés está ligado a la nación. Todo esto cristaliza en una especie de 'revuelta nacionalista nihilista' contra la 'globalización'".
Vamos a examinar la respuesta iniciada por la burguesía que se articulará en 3 partes: 1) continuación de los niveles astronómicos de deuda; 2) repliegue en cada nación; 3) ataque brutal a las condiciones de vida de los trabajadores.
La deuda mundial se situaba en 255.000 millones de dólares, es decir, el 322% del PIB mundial, mientras que antes de la crisis de 2008 ascendía a 60.000 millones de dólares, y el PIB mundial sólo ha progresado de manera relativamente "lenta". Tenemos aquí un panorama de la evolución de la deuda privada y pública en los últimos trece años, que ha contribuido a sostener lo que la burguesía ha llamado un crecimiento "lento". Frente a la violenta aceleración de la crisis económica inducida por la pandemia, la burguesía ha reaccionado en todo el mundo con la creación de dinero emitido por los bancos centrales de todos los países desarrollados y emergentes. A diferencia de la crisis de 2008, no se ha puesto en práctica ninguna coordinación entre los principales bancos centrales del mundo. Esta creación masiva de dinero central y de deuda ha estado a la altura de la ansiedad que se apoderó inmediatamente de la clase burguesa ante la magnitud de la recesión que parece abrirse ante ella. Tomando un promedio de las cifras dadas por la burguesía a finales de mayo, tenemos las siguientes previsiones de caídas en el crecimiento:
- El 6,8% del PIB para el conjunto de la UE y del 11 al 12% para los países del sur del Mediterráneo...
- Para los Estados Unidos las cifras dadas expresan la dificultad o perfidia ideológica de la burguesía en su evaluación, ¡dando cifras que van del 6,5% al 30%! En términos estadísticos esto nunca se ha visto antes. La FED de Filadelfia incluso presentó la cifra del 35%.
- China anunció una caída de su PIB del 3,5% y un descenso del 13% en su actividad industrial.
Si tomamos la hipótesis más baja planteada por la burguesía y en ausencia de una segunda ola de la pandemia, se espera que el crecimiento mundial en 2020 experimente una fuerte contracción de al menos un 3%, una disminución mucho más aguda que durante la crisis de 2008-2009.
A continuación, se presenta un resumen de las inciertas perspectivas expresadas por el FMI (que se ajusta al promedio de las previsiones realizadas por los organismos oficiales a nivel internacional del crecimiento en porcentaje del PIB):
País |
2019 |
2020 |
Países avanzados |
2.9 |
-3 |
Eurozona |
1.7 |
-6.1 |
Alemania |
0.6 |
-7 |
Francia |
1.3 |
-7.2 |
Italia |
0.3 |
-9.1 |
España |
2 |
-8 |
Japón |
0.7 |
-5.2 |
GB |
1.4 |
-6.5 |
China |
6.1 |
1.2 |
India |
4.2 |
1.9 |
Brasil |
1.1 |
-5.3 |
Rusia |
1.3 |
-5.5 |
Total mundial |
2.4 |
-4.2 |
A continuación, presentamos las previsiones de evolución del comercio mundial (igualmente en porcentajes):
|
2019 |
2020 |
Importaciones países avanzados |
1.5 |
-11.5 |
Importaciones de países emergentes o desarrollados |
0.8 |
-8.2 |
Exportaciones por países emergentes o desarrollados |
0.8 |
-9.6 |
En estos cuadros se ofrece un panorama general no sólo del proceso recesivo previsto, sino también del nivel de contracción previsto en el comercio mundial.
Una síntesis de nuestra discusión da las siguientes cifras, que son bastante reveladoras:
"La situación sólo es sostenible porque las deudas del Estado y su reembolso son asumidas por los bancos centrales; así pues, la FED está inyectando en la economía de los Estados Unidos 625.000 millones de dólares a la semana, mientras que el Plan Paulson, lanzado en 2009 para detener las quiebras bancarias, fue a nivel mundial de 750.000 millones de dólares (aunque es cierto que en los próximos años se lanzarán otros planes de recompra de deudas por parte de la FED)". "La respuesta más sorprendente de todas ha venido de Alemania, aunque es sólo una parte de una reacción europea más amplia a la aceleración de la crisis económica. La razón por la cual las medidas proyectadas por el gobierno alemán son de especial importancia se explica en un artículo del Financial Times del lunes 23 de marzo: "Las medidas propuestas por Olaf Scholtz, ministro de finanzas, representan una ruptura decisiva con la estricta adhesión del gobierno a la política de "schwarze Null" o "black zero" de presupuestos equilibrados y sin nuevos préstamos"[9] (...) "Desde febrero se han liberado 14.000 mil millones de dólares, para evitar el colapso. Todo esto tiene lugar en un contexto completamente diferente del pasado. ¿Cómo han podido estas políticas 'expansionistas', que han superado las diferencias entre los bancos centrales y los estados, la recuperación, los planes de rescate, cómo pueden ser eficaces?"[10].
Un ejemplo menos conocido es el de China, que es uno de los países más endeudados del mundo, aunque también tiene importantes ventajas que no deben subestimarse. La deuda mundial de China en 2019 equivale al 300% de su PIB, o sea 43 billones de dólares. Además, el 30% de las empresas de China están clasificadas como "empresas zombis". Este es el porcentaje más alto del mundo. También es en este país donde la tasa de utilización de la capacidad de producción es la más baja; de hecho, todos los países desarrollados están experimentando este fenómeno de exceso de capacidad de producción. Oficialmente, las tasas de utilización de la capacidad industrial de las dos principales potencias mundiales - y esto antes de Covid-19 - fueron del 76,4% en China y del 78,2% en Estados Unidos. El paquete de estímulo implementado en China ascendería a 64 billones de dólares, lo cual es faraónico y probablemente destinado en gran parte a la propaganda ideológica. El paquete de estímulo está previsto para un mínimo de cinco a veinte años, e independientemente de cuál sea la realidad, no puede ser ajeno a los objetivos económicos y hegemónicos imperialistas de China. El paquete de estímulo de los Estados Unidos ha alcanzado los 10 billones de dólares. En comparación, el plan de recuperación de la UE parece casi ridículo, ya que, según se informa, asciende a 1,29 billones de dólares en forma de préstamos, financiados en parte por los mercados financieros y en parte directamente por el BCE. En realidad, el dinero inyectado por el BCE en toda la economía, bancos y empresas privadas y en la sombra, asciende a varios miles de millones de euros. ¡Los Estados, especialmente Alemania, garantizarán por mutualización una parte de este plan que será en forma de subvenciones y préstamos reembolsables entre 2028 y 2058! En realidad, la clase burguesa admite que gran parte de la deuda del mundo nunca será pagada. Lo que nos lleva a los aspectos que vamos a discutir ahora.
No podemos describir en el marco de este informe todas las operaciones monetarias en curso en toda su extensión, ni detallar todos los planes de recuperación. Si todo esto parece más allá de la imaginación, el hecho es que el capitalismo está usando esta astronómica creación monetaria para invertir y hacer sus bienes. Desde este punto de vista, la creación monetaria central y privada debe crecer exponencialmente (en diferentes formas) para permitir que se mantenga la acumulación en la medida de lo posible y, en la medida en que la situación actual lo permita, frenar la caída en la depresión. Esta depresión contiene dentro de sí el peligro de la deflación, pero sobre todo de la estanflación. La devaluación de las monedas, incluso más allá de la guerra monetaria actual, se inscribe en la perspectiva de la crisis del capitalismo. La aceleración de la crisis actual es un paso muy significativo en esta dirección. El quid de la cuestión es: en cada país, cada vez más, el capital global está hipotecando el valor futuro que se producirá y realizará para permitir el crecimiento actual y continuar la acumulación. Por lo tanto, es en gran medida gracias a esta anticipación que el capitalismo logra capitalizar e invertir. Este proceso se materializa en el hecho de que, cada vez más, la colosal deuda emitida está cada vez menos cubierta por el plusvalor ya producido y realizado. Esto abre la perspectiva de cada vez más caídas financieras y destrucción de capital financiero. Lógicamente, este proceso implica que el mercado interno de capitales no puede crecer infinitamente, aunque no haya un límite fijo en la materia. En este contexto la crisis de sobreproducción en la etapa actual de su desarrollo plantea un problema de rentabilidad para el capitalismo. La burguesía estima que alrededor del 20% de las fuerzas productivas del mundo están sin utilizar. La sobreproducción de los medios de producción es particularmente visible y afecta a Europa, Estados Unidos, India, Japón, etc.
Esto es importante si queremos establecer cómo el capitalismo de estado debe fortalecerse absolutamente ante la crisis que se avecina, pero también cómo los planes de recuperación contienen límites muy fuertes y pueden provocar efectos cada vez más perversos. Y cómo el "cada uno para sí mismo", en este contexto, es el producto de la descomposición, pero también del creciente estancamiento económico, una tendencia de la que el capitalismo no puede escapar, pero que también es históricamente una dinámica mortal. Será importante en este sentido, en el período venidero, estudiar y comparar la historia de las crisis abiertas del capitalismo, en particular las de 1929, 1945, 1975, 1998, 2008.
La situación que se está abriendo con la muy profunda aceleración de la crisis actual vuelve a poner en primer plano el papel de los estados (y por lo tanto de sus bancos centrales, porque el mito de su independencia ha terminado). Sería interesante mostrar cuáles fueron las políticas económicas, el papel de los Estados y el keynesianismo en términos concretos en los períodos de 1930 y 1945, y luego mostrar la diferencia con la forma en que la burguesía enfrentó la situación en 2008. Hay durante todo este período diferencias de gran importancia: por ejemplo, está la cuestión de la existencia de mercados y zonas extra -capitalistas, pero también la amplitud de la economía mundial y las grandes potencias imperialistas y económicas, además de la cuestión de los bloques, etc. Pero en esta crisis, los planes de recuperación se han hecho en forma de déficit público y deuda estatal y no, como en los años 30 y 40, aprovechando la mayor parte de la plusvalía ya realizada y acaparada, a la que se añadió una parte de deuda que no tiene nada que ver con la de hoy. Los actuales planes de estímulo resultarán cada vez más difíciles de sostener en su financiación, ya que los niveles de deuda que requieren son inversamente proporcionales al crecimiento que generan. Sin embargo, se plantean varias cuestiones.
Las lecciones de la crisis de 1929 llevaron a la burguesía, a pesar de su propia "naturaleza" y en contra de ella, a avanzar hacia una mayor cooperación para frenar en lo posible el desarrollo de su crisis, ya sea mediante políticas keynesianas o mediante la orquestación de la globalización por parte de los Estados. Aunque en la situación actual se produzca efectivamente un retorno a las políticas de tipo keynesiano, en el marco de una tendencia creciente hacia cada uno por su cuenta, su eficacia, en lo que respecta a los medios aplicados, no será comparable con la de períodos anteriores.
Hay que ver a este respecto la tendencia a un mayor peso, en comparación con el período anterior, de las respuestas aisladas de la burguesía a nivel nacional. Por ejemplo, la nueva tendencia consistente en cerrar las fronteras para detener el transporte de pasajeros de un continente a otro, o en cerrar las fronteras nacionales, como si el virus respetara el aislamiento nacional; todo ello es mucho más un reflejo de la impotencia y del estado de ánimo que una decisión de cuarentena con base científica destinada a conjurar el virus. ¿De qué manera hay más riesgo de contraer el virus en un tren internacional entre Stuttgart y París que entre Stuttgart y Hamburgo en un tren nacional? Cerrar las fronteras nacionales no ayuda; expresa los "límites" de los medios de la burguesía.
La repatriación de la producción a los países centrales va en aumento: con la pandemia 208 empresas europeas han decidido traer de vuelta la producción de China: "Según un reciente estudio de 12 industrias mundiales, 10 de ellas -incluidas las industrias de la automoción, los semiconductores y el equipo médico- ya están trasladando sus cadenas de suministro, principalmente fuera de China. Japón ofrece 2.000 millones de dólares a las empresas para que trasladen sus fábricas fuera de China y vuelvan al archipiélago japonés"[11]. Un presidente como Macron, que parece ser un defensor del multilateralismo, ha dicho que "delegar" los suministros de alimentos y médicos es una "locura". Su ministro de finanzas, Bruno Le Maire, llama al 'patriotismo económico' para que los franceses consuman productos nacionales.
En todos los países se favorecen los planes económicos locales, consumiendo preferentemente productos locales o nacionales. Es un repliegue centrífugo que tiende a romper las cadenas de producción industrial, alimentaria y de otro tipo, diseñadas a escala mundial, y que tienen costes muy reducidos.
Puede concluirse, pues, que estas tendencias centrífugas "cada uno por sí mismo" han alcanzado un nuevo nivel, mientras que al mismo tiempo cada país, el Estado y cada banco nacional ha inyectado o prometido inyectar sumas gigantescas (ilimitadas en el caso de Alemania) en la industria. Ninguna de estas medidas ha sido adoptada y armonizada por el BCE o el FMI; hay que añadir que no sólo el populista Trump ha actuado como defensor de cada uno por sí mismo; Alemania -con el acuerdo de los principales partidos- ha actuado en la misma dirección, al igual que Macron. Así pues, populistas o no, todos los gobiernos han actuado en la misma dirección; reduciendo detrás de las fronteras nacionales, "cada uno para sí mismo" - con sólo un mínimo de coordinación internacional o europea.
Las consecuencias de estas acciones parecen ser contraproducentes para todas las capitales nacionales y aún peores para la economía mundial: "Entre 2007 y 2008, debido a una fatídica convergencia de factores desfavorables - malas cosechas, aumento de los precios del petróleo y los fertilizantes, un auge de los biocombustibles, etc. - 33 países limitaron sus exportaciones para proteger su "soberanía alimentaria". Pero el remedio fue peor que la enfermedad. Las restricciones aumentaron los precios del arroz (116%), del trigo (40%) y del maíz (25%), según las estimaciones del Banco Mundial (...). El ejemplo de China, primer país afectado por la epidemia no augura nada bueno: las amenazas a las cadenas de suministro mundiales ya han provocado un aumento del 15% y del 22% de los alimentos en este país asiático desde principios de año".
La burguesía seguro que reaccionará. En el ámbito de la UE, Alemania ha aceptado finalmente la "mutualización de deudas", lo que demuestra que las contra -tendencias funcionan ante esta oleada de descomposición. Tal vez la burguesía estadounidense saque a Trump en las próximas elecciones a favor de los demócratas que son partidarios tradicionales del "multilateralismo"[12]. Además, "el 22 de abril, los 164 países miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que representan el 63% de las exportaciones agroalimentarias mundiales, se comprometieron a no intervenir en sus mercados. Al mismo tiempo, los ministros de agricultura de 25 países de América Latina y el Caribe firmaron un acuerdo vinculante para garantizar el suministro a 620 millones de personas".
Con el plan de "transición ecológica" y la promoción de una "economía verde", se harán esfuerzos para reorganizar la economía - al menos a nivel de la UE: con el desarrollo masivo de las telecomunicaciones, la aplicación de la robótica y la informática, materiales nuevos y mucho más ligeros, la biotecnología, los aviones no tripulados, los coches eléctricos, etc., la industria pesada tradicional basada en los combustibles fósiles tiende a quedar obsoleta, incluso en el ámbito militar. La imposición de "nuevas normas" de organización económica se está convirtiendo en una ventaja para los países centrales, especialmente Alemania, Estados Unidos y China.
La burguesía luchará paso a paso contra esta marea de fragmentación nacional de la economía. Pero se enfrenta a la fuerza creciente de su contradicción histórica entre la naturaleza nacional del capital y la naturaleza global de la producción. Esta tendencia de cada burguesía a querer salvar su economía a expensas de otras es una tendencia irracional que sería desastrosa para todos los países y para toda la economía mundial, aunque haya diferencias entre los países. La tendencia de cada uno para sí mismo puede ser incluso irreversible y la irracionalidad que la acompaña pone en tela de juicio las enseñanzas extraídas de la crisis de 1929 por la burguesía.
Como el Manifiesto de 1919 de la Internacional Comunista declaró, "El resultado final del modo de producción capitalista es el caos". El capitalismo ha resistido a este caos de muchas maneras durante su decadencia y ha seguido resistiendo durante su fase de descomposición. Las tendencias contrarias seguirán surgiendo. Sin embargo, la situación que se está abriendo hoy en día es una de una importante agravación del caos, especialmente en el terreno económico, que es muy peligroso desde el punto de vista histórico.
La Resolución del 23º Congreso sobre la situación internacional dio el siguiente marco:
"En cuanto al proletariado, estas nuevas convulsiones sólo pueden dar lugar a ataques aún más graves contra sus condiciones de vida y de trabajo a todos los niveles y en todo el mundo, en particular:
- reforzando la explotación de la fuerza de trabajo mediante la continua reducción de los salarios y el aumento de las tasas de explotación y de productividad en todos los sectores;
- continuando el desmantelamiento de lo que queda del Estado de bienestar (restricciones adicionales a los diversos sistemas de prestaciones para los desempleados, la asistencia social y los sistemas de pensiones); y, más en general, abandonando "suavemente" la financiación de todas las formas de asistencia o apoyo social del sector voluntario o semipúblico;
- la reducción por parte de los estados de los costos que representan la educación y la salud en la producción y el mantenimiento de la fuerza de trabajo del proletariado (y, por lo tanto, los importantes ataques contra los proletarios en estos sectores públicos);
- el agravamiento y el desarrollo de la precariedad como medio para imponer y hacer evolucionar el desempleo masivo en todos los sectores de la clase.
- ataques camuflados detrás de las operaciones financieras, como los tipos de interés negativos que erosionan las pequeñas cuentas de ahorro y los planes de pensiones. Y aunque las tasas oficiales de inflación de los bienes de consumo son bajas en muchos países, las burbujas especulativas han contribuido a una verdadera explosión del costo de la vivienda.
- el aumento del coste de la vida, en particular de los impuestos y el precio de los bienes de primera necesidad". (Punto 23)
Este marco ha sido fuertemente confirmado pero la situación también se ha agravado seriamente con el brote de la pandemia. En el centro de la situación económica está el ataque a las condiciones del proletariado en todo el mundo.
En 2019, según la ONU, 135 millones de personas padecían hambre; en abril de 2020, con el estallido de la pandemia, la ONU proyecta que 265 millones de personas estarán en esta situación. El Banco Mundial declaró en marzo que la población pobre alcanzaría los 3.500 millones de personas con una aceleración repentina de más de 500.000 por mes. Desde entonces este ritmo parece haber continuado, particularmente en América Central y del Sur, así como en Asia, incluidas Filipinas, la India y China. El empobrecimiento de los trabajadores se acelerará. Según el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), "la presión sobre los ingresos resultante de la disminución de la actividad económica tendrá un efecto devastador sobre los trabajadores que están cerca o por debajo del umbral de pobreza". Entre 8,8 y 35 millones de trabajadores más estarán en la pobreza en todo el mundo, en comparación con la estimación inicial para 2020 (que preveía una disminución de 14 millones en todo el mundo).
En la India y China, el número de proletarios desempleados se cuenta, según el FMI, en cientos de miles. Sitios Web como Bussiness Bourse habla de varios millones de trabajadores que han perdido su trabajo en China. Todas estas cifras deben ser tomadas con mucha precaución ya que a menudo varían de un sitio de noticias a otro. Lo que es cierto aquí es el aspecto masivo de este fenómeno y su rápida extensión debido a la contención y cierre de una gran parte de la actividad mundial. Durante el mismo período, el desempleo masivo ha alcanzado los 35 millones de personas en los Estados Unidos y, a pesar de la excepcional ayuda estatal, las colas en los puntos de distribución de alimentos son cada vez más largas, pareciéndose a las imágenes de los años 30 en los Estados Unidos. El mismo fenómeno se está produciendo en el Brasil, donde los desempleados ya ni siquiera están registrados oficialmente. En Francia el desempleo podría llegar a 7 millones en pocos meses. La explosión del desempleo masivo está tomando el mismo ritmo en Italia y España. En este momento, empiezan a llegar planes de despidos masivos, como en las líneas aéreas y la construcción de aviones, pero también en la industria del automóvil, la producción de petróleo, etc. La lista será cada vez más larga en el próximo período.
En una evaluación inicial de las consecuencias de la pandemia, la OIT estimó que la pandemia causaría la pérdida permanente de 25 millones de puestos de trabajo en todo el mundo, mientras que la precariedad aumentaría considerablemente: "También se prevé que el subempleo aumente exponencialmente, ya que las consecuencias económicas de la epidemia del virus se reflejan en la reducción de las horas de trabajo y los salarios. En los países en desarrollo, las restricciones a la circulación de personas (por ejemplo, los proveedores de servicios) y bienes pueden anular esta vez el efecto amortiguador que ha tenido el empleo por cuenta propia en esos países"[13]. Además, en la economía informal decenas de miles de trabajadores -que no encajan en ninguna estadística y que no reúnen las condiciones para recibir apoyo financiero del Estado- están sin trabajo. Por el momento es demasiado pronto para tener una idea del nivel de deterioro general de los niveles de vida.
Recortes salariales, aumento de las horas de trabajo, reducción de las pensiones y de las prestaciones sociales. También parece, como en Francia, que la burguesía está tratando de extender el tiempo de trabajo real. Pero también está bajando los salarios directos, en particular por medio de nuevos impuestos, como pretexto. La Unión Europea, por ejemplo, está considerando seriamente un impuesto Covid, ¡un programa completo!
La deuda es cada vez más colosal, y conlleva necesariamente una contrapartida: la intensificación de las medidas de austeridad contra los trabajadores. Es en este marco que debemos examinar el significado de la renta básica universal como medio para contener las tensiones sociales y dar un golpe importante a las condiciones de vida como un paso organizado por el Estado hacia el empobrecimiento universal.
En los países centrales y sobre todo en Europa occidental, la burguesía tratará de administrar los ataques de la manera más juiciosa posible y de hacerlos aplicar de manera "política", provocando las mayores divisiones en el seno del proletariado. Aunque el margen de maniobra de la burguesía en este terreno tenderá a disminuir, no debemos olvidarlo:
"Al mismo tiempo, los países más desarrollados, en el norte de Europa, los EE.UU. y Japón, están todavía muy lejos de tal situación. Por una parte, porque sus economías nacionales están más capacitadas para resistir la crisis, pero también, y, sobre todo, porque hoy en día el proletariado de estos países, y especialmente en Europa, no está dispuesto a aceptar tal nivel de ataques a sus condiciones. Así, uno de los principales componentes de la evolución de la crisis escapa de un estricto determinismo económico y pasa al nivel social, a la relación de fuerzas entre las dos grandes clases de la sociedad, la burguesía y el proletariado". (Resolución del 20º Congreso sobre la situación internacional)
[1] Ver Crisis económica (I) - Treinta años de crisis abierta del capitalismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/199901/1175/crisis-economica-i-treinta-anos-de-crisis-abierta-del-capitalismo [112]
[3] 23º Congreso de la CCI: Resolución sobre la situación internacional (2019): los conflictos imperialistas, la vida de la burguesía, la crisis económica https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida [12]
[4] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
[5] La Vanguardia, 25 abril 2020, "Las zonas de riesgo del sistema financiero [114]".
[6]La Vanguardia, 22 abril 2020, "La quiebra de las petroleras golpeará a los mayores bancos de EE.UU [115]
[7] La Vanguardia, 23 Abril 2020, "Cómo el coronavirus está acelerando el proceso de desglobalización [116]".
[8] Tomado de una contribución a la discusión interna internacional de la CCI
[9] BBC World Service, 6 Abril 2020
[10]Presentación de una reunión de la organización sobre la crisis económica
[12] Sin embargo, dentro del Partido Demócrata se están desarrollando posiciones proteccionistas similares a las de Trump. Dos congresistas demócratas presentaron en marzo de 2020 una propuesta para retirar a los Estados Unidos de la OMC
[13] Informe de la OIT marzo 2020
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Hace 150 años, a principios de la década de 1860, el movimiento obrero internacional se encontraba en sus primeros años, y sus diferentes componentes carecían aún de experiencia en la creación y defensa de sus organizaciones políticas. Tras la ola de represión que siguió a las luchas de 1848, muchos miembros de la Liga Comunista tuvieron que exiliarse o fueron llevados a los tribunales, como sucedió con en el juicio en 1852 contra los comunistas en Colonia[1].
En Alemania, a principios de la década de 1860, no existía una organización política independiente de la clase obrera. En muchas ciudades había Arbeiterbildungsvereine (Clubes Educativos para Obreros), pero todavía no existía ninguna organización política proletaria con una clara delimitación política respecto a la burguesía. El debate sobre si la clase obrera aún podía apoyar a ciertas facciones de la burguesía en su lucha por la unificación nacional, o si el antagonismo de clase con la burguesía debía estar en el centro de la lucha, estaba en pleno apogeo. En este contexto, en el que la burguesía todavía no se había desligado de la aristocracia y los Junkers, cuando el capital alemán aún no había podido unificarse como capital nacional, intentó forjarse el primer partido político de la clase obrera en Alemania.
Y, al mismo tiempo, la clase obrera en Alemania iba a enfrentarse a uno de los retos políticos más difíciles: el de enfrentarse a las actividades de los aventureros políticos. Si es cierto que hay múltiples perfiles de los aventureros políticos, si existe un rasgo común a todos ellos y es que se aprovechan de las organizaciones políticas no para fortalecer la lucha de la clase obrera, sino para ponerlas a su servicio; se valen de las organizaciones de la clase obrera en favor de sus propias ambiciones. Pero el principal obstáculo reside precisamente en desenmascarar a los aventureros, puesto que no actúan a cara descubierta ni muestran sus propias ambiciones en público. Por el contrario, suelen tener una gran habilidad para movilizar a su favor un gran número de adeptos, lo que hace mucho más difícil poder desenmascarar a personajes tan “altamente apreciados”.
Como veremos, la verdadera naturaleza del aventurero Lassalle nunca resultó completamente desvelada mientras vivió. Y si bien la auténtica ralea del aventurero Schweitzer fue denunciada por primera vez en una conferencia del partido en Wuppertal durante la primavera de 1869, lo cierto es que ese esfuerzo por desenmascararlo no fue del todo exitoso. Sólo años más tarde pudo la clase obrera, gracias a los esfuerzos del Consejo General de la Primera Internacional, desvelar las actividades de otro aventurero más, Mikhail Bakunin, durante el Congreso de La Haya en 1872. Los casos de Lassalle, Schweitzer y Bakunin demuestran que la clase obrera y sus organizaciones políticas se enfrentaron desde el principio a las actividades de los aventureros políticos.
En este artículo trataremos los casos de Lassalle y Schweitzer. En artículos anteriores ya hemos dado un relato detallado de la lucha contra el aventurerismo de Bakunin[2].
En Leipzig, en 1862, los trabajadores de una asociación llamada "Vorwärts" propusieron la preparación de un congreso general de trabajadores. En enero de 1863, estos promotores se pusieron en contacto con Ferdinand Lassalle[3].
En distintas conferencias, Lassalle se mostró crítico con la burguesía en su disputa con los Junkers; y, al mismo tiempo, destacó la importancia de la clase obrera para el progreso histórico. Sin embargo, Lassalle se distanció de los puntos de vista comunistas esbozados una docena de años antes en el Manifiesto Comunista.
La propuesta de que Lassalle escribiera el programa de la "Asociación General Alemana de Trabajadores" (ADAV), fundada finalmente en Leipzig el 23 de mayo de 1863, iba dirigida a un hombre que había estado deseoso durante años de desempeñar un papel de liderazgo en la vida política de Alemania.
El hecho de que se entregase la dirección de esta organización a una persona que – aparte de una breve actividad durante las luchas de 1848- nunca había participado en una organización proletaria, y no podía representar una continuidad con la Liga Comunista; un hombre al que anteriormente se le había negado el ingreso en la Liga Comunista y que ahora actuaba como un “salvador” de facto venido de "afuera", que reclamó inmediatamente un papel presidencial; todo esto reflejaba la inmadurez que atravesaba el movimiento obrero en aquel momento.
A los 20 años, Lassalle había conocido a Sophie Gräfin von Hatzfeldt, que tenía el doble de edad que él. Para "liberarla" del matrimonio forzado con su marido, Lassalle asumió su defensa como abogado. No sólo logró ganar el caso de la condesa, sino que accedió a una inmensa fortuna ya que dicha condesa lo financió a partir de entonces y se convirtió en su aliado político[4]. Al mismo tiempo, como miembro de la nobleza, la condesa mantenía relaciones muy estrechas con diversos sectores de la clase dominante. En 1856 y 1857 vivió en su casa de Düsseldorf; y en 1858 se trasladó con ella a Berlín[5].
Animado por el éxito en el juicio de Hatzfeldt y movido por sus ambiciones de hacer carrera, a mediados de la década de 1850 empezó a pesarle la "estrechez provincial" de su lugar de residencia, Düsseldorf. En mayo de 1855, pidió al presidente de la Policía de Berlín autorización para trasladarse a Berlín[6]. Ese mismo mes, escribió su "informe de un informante sobre sí mismo", para ser entregado al presidente de la policía de Berlín, Hinkeldey (no está claro si realmente fue depositado en sus manos o si debía entregársele). Gustav Mayer informó de la “perversa, retorcida, sofisticada, taimada y vil astucia empleada en ella”, para persuadir e impresionar al presidente de la policía sobre su propia relevancia. Lassalle se vanagloriaba de ser enormemente apreciado por los trabajadores de Düsseldorf, "que parecen considerar a Lassalle como su jefe, y que ven injusta para ellos y para sus relaciones con ellos que deje la provincia del Rin; que no rompieron con él, pero como muestra la conversación, amenazaron muy enérgicamente con romper con él". Refiriéndose al paradero de los antiguos editores de la Neue Rheinische Zeitung (entre los que se incluía a Marx) tras la represión de 1848, Lassalle presumía de su conocimiento cercano del lugar de residencia de Marx. En su "Spitzelbericht" (informe de un soplón) escribe: "Me equivoqué al pensar que habían emigrado a América, pero Lassalle me informó que vivían en Londres y él parecía bien informado de sus condiciones de vida". Con el fin de aumentar aún más el interés del jefe de la policía, se jactó: "Por tanto se deduce que Lassalle debe mantener una correspondencia continua e ininterrumpida con estas personas en Londres, al menos con Marx". Sabiendo bien lo interesado que estaba la policía en estar al tanto de las verdaderas relaciones y correspondencia entre Marx y sus compañeros de combate, escribió: "Ya (…) he mencionado que Lassalle debe estar en contacto con Londres, al menos con Marx. Debo añadir que parece probable -como concluí de una declaración- que parece recibir estas cartas con el nombre de un remitente falso".
Para que el cebo al presidente de la policía tuviese aún atractivos adicionales, Lassalle escribió: "La razón principal que lo lleva a esa mudanza es la monotonía de la vida en Düsseldorf que se ha vuelto insoportable para él. Además, tiene cierta tendencia a la diversión y, sobre todo, a las distracciones femeninas, que, pese, a su gran capacidad para el trabajo, también se pone de manifiesto en su temperamento; una tendencia que no logra satisfacer en Düsseldorf, pero que espera expandir en Berlín. Repitió el motivo de su intención de mudarse a Berlín. (...) si no fuera por la influencia de la Condesa, por un lado, y, por otro lado, por la ya descrita gran inclinación hacia el placer y la diversión sensual y la insoportable monotonía de su vida en Düsseldorf, que son el factor decisivo para él…". Se describió a sí mismo como "muy ambicioso y de carácter vanidoso".
Para impresionar a la policía (y a las fuerzas políticas que la respaldan), Lassalle se jactaba: "Puesto que considero que Lassalle es uno de los representantes más destacados intelectualmente y más raramente dotados de energía de toda la democracia, opino que este hombre tan sumamente peligroso no es nunca suficientemente vigilado...". Lassalle añadió otro cebo para la policía: el autor de la carta, es decir, el informante, tenía posibilidades de trabajar como secretario de Lassalle. "Ya cuento en gran medida con su benevolencia. Lo he conseguido, en parte, sabiendo aprovechar su vanidad..." [...] Con algo de tiempo en el cargo de su secretario y me convertiré no sólo en el confidente de sus pensamientos más secretos, sino completamente indispensable para él." Dispuesto a entregar a la policía a quienes se disponían a derrocar al régimen (supuestamente el propio Lassalle y sus amigos), Lassalle terminó así su informe de espía: "No tendría gran dificultad, aprovechando mi posición y mi amistad con Lasalle, en llegar a conocer a todos los demás miembros, más o menos destacados, de la democracia, y en investigar sus actividades desde el principio; en una palabra, pondría así a él y a sus asociados en manos de las autoridades, de tal modo que solo dependería de su propia discreción destruir a estos incorregibles partisanos del derrocamiento cuando lo consideraran conveniente"[7].
Este informe de un espía sobre sí mismo, que sólo se encontró con su herencia tras su muerte, arroja mucha luz sobre sus actividades como aventurero en las filas del movimiento obrero alemán.
Aquí tenemos un primer rasgo de los aventureros políticos. A diferencia de los combatientes sinceros que se unen desinteresadamente a una organización revolucionaria para ayudar a la clase obrera a cumplir su papel histórico, los aventureros se unen a organizaciones revolucionarias para cumplir su propia "misión histórica". Quieren poner el movimiento a su servicio y buscar constantemente reconocimiento con este propósito. El informe del espía Lassalle sobre sí mismo es en realidad un "anuncio publicitario" de sus supuestas excepcionales habilidades. Así pues, las organizaciones proletarias sólo les sirven como trampolín para su carrera, ya sea en el seno de una organización proletaria o en las filas de quienes gobiernan. Convencidos de que sus capacidades son mayores de las que se les ha reconocido, buscan ese reconocimiento tanto del movimiento obrero como de los gobernantes.
Cuando se fundó la ADAV en mayo de 1863, Lassalle consiguió ser coronado presidente durante cinco años, con un poder casi dictatorial sobre las secciones locales. Lassalle insistió a la ADAV en que únicamente formaría parte de ella si se le pedía que asumiera el rol principal. O sea que, en vez de unirse a una lucha colectiva, lo primero que hizo fue reclamar el liderazgo. Este es otro rasgo distintivo frecuente en los aventureros. No sólo aspiran a asumir un papel de liderazgo en una organización, sino que a menudo reivindican directamente la autoridad especial, e incluso si no reciben tales poderes especiales de una autoridad, si buscan disfrutar de una capacidad de actuación arbitraria e independiente. Como si fuese un emperador coronado, Lassalle declaró: "Por lo tanto, estoy en condiciones de satisfacer las exigencias del puesto que me ofrecen y, en general, me declaro dispuesto a corresponder a estas demandas que me hacen, y a asumir el liderazgo del movimiento obrero"[8]. Las ramas locales de la asociación no tenían ningún derecho: sólo ejecutaban las órdenes del presidente.
Esto fue un paso atrás con respecto a la Liga Comunista, que era una organización centralizada, que estableció una autoridad central y autoridades territoriales que aseguraban un funcionamiento mucho más colectivo, y en la que las comunidades locales tenían poder de decisión. En este sentido, Lassalle consiguió dar marcha atrás la rueda de la historia con el "papel de liderazgo" que le fue asignado.
Bebel escribió en su autobiografía: "Lassalle no se contentaba con los aplausos de las masas, sino que daba mucha importancia a tener de su lado a hombres de prestigio e influencia del campo burgués. Y se esforzó mucho por ganárselos" (Bebel, Aus meinem Leben, p. 85)[9].
En el mismo momento en que, por un lado, el aparato de poder en Prusia y otras partes de Alemania había enviado a sus agentes para controlar el movimiento obrero emergente para buscar posibles fuerzas que "cooperaran" en favor de Bismarck; Lassalle por su lado, como muestra inequívocamente el informe del espía, extendía sus redes.
Dos semanas antes de la fundación de la ADAV, el 23 de mayo de 1863, Lassalle inició una correspondencia con Bismarck. Éste, que pretendía unir Alemania "con sangre y hierro", invitó a Lassalle a tener conversaciones. Tuvieron lugar cuatro charlas en las que Lassalle no sólo trató de asesorar a Bismarck, sino que también hizo sugerencias concretas para un enfoque común.
Lassalle dijo a Bismarck, mano derecha del rey, que la clase obrera "instintivamente se siente inclinada a la dictadura". (Gustav Mayer, Bismarck und Lassalle p. 60), Los trabajadores reconocerían a la monarquía como un "instrumento natural de la dictadura social", si la monarquía cambiase de "realeza en provecho de las clases privilegiadas a una realeza popular social y revolucionaria". Según Lassalle, la monarquía prusiana podría convertirse en una realeza social - este fue el tema de la primera conversación con Bismarck. En otra conversación se habló del sufragio universal y de las campañas contra las facciones de la burguesía hostiles a Bismarck. Puesto que la policía de Düsseldorf había tomado medidas contra los escritos de Lassalle, durante la tercera reunión, el 23 de octubre de 1863, Bismarck ofreció a Lassalle poner sus obras bajo su protección. Para ello, Bismarck quiso dirigir una circular a los fiscales prohibiendo la confiscación de las obras de Lassalle. Éste respondió a Bismarck que estaba en contra de su oferta. Pensaba que las medidas represivas contra él reforzarían su credibilidad, mientras que, si sus escritos se salvaban de la represión, su credibilidad disminuiría. Durante esta tercera discusión, también se habló de la posibilidad y la necesidad de un bloque electoral entre los conservadores y la ADAV. El 12 de enero de 1864, Lassalle ofreció para la siguiente reunión una cooperación política directa en la reforma de la ley electoral, para lo cual Lassalle quería formular un borrador. El propio Lassalle reconoció a Bismarck que temía la revolución, este "camino sombrío y siniestro". Y para evitarlo, propuso a Bismarck que, para eludir un choque revolucionario, introdujera inmediatamente el sufragio universal. Y puesto que, según pensaba Lassalle, la burguesía alemana era incapaz de hacer la revolución, sería el partido de los trabajadores quien tendría que dar el impulso, y Bismarck tenía que instar al rey a llevar a cabo este cambio. Finalmente, Lassalle ofreció apoyo a Prusia en la guerra contra Dinamarca (incluyendo la anexión de Schleswig-Holstein) si Bismarck cambiaba la ley electoral.
Cuando Wilhelm Liebknecht quiso alertar a Lassalle respecto a Bismarck, Lassalle le dijo: "Bah, yo como cerezas con Herr von Bismarck, pero él recibe las piedras" (cf. Bebel, Aus Meinem Leben, p. 75). Posteriormente, cuando Bebel preguntó a Bismarck en el Reichstag - en la época de la Ley Anti-Socialista en septiembre de 1878 - sobre sus contactos con Lassalle, Bismarck le respondió en el parlamento: "Que Lassalle le había atraído extraordinariamente, había sido una de las personas más ingeniosas y amables con las que había estado en contacto. Que tampoco era republicano: la idea a la que aspiraba era la del imperio alemán. Y que en esto tenían coincidencias/acuerdos. Lassalle había sido muy ambicioso" https://www.spiegel.de/kultur/literatur/ [119], Bebel, Aus Meinem Leben, p. 76 ").
Lassalle confesó, más tarde, a Helene von Dönniges, tal y cómo ésta le reveló a Bebel en una conversación, que tanto Bismarck como Lassalle se consideraban a sí mismos demasiado listos para engañarse el uno al otro[10].
Lassalle escribió también sobre sus encuentros con los líderes del movimiento nacional italiano tras su viaje a Italia, declarando, rayando en la megalomanía, que había sido él quien “había impedido la intervención de Prusia gracias a su ‘panfleto sobre la guerra italiana’ y que, de hecho, había sido él quien guiado ‘la historia de los últimos tres años’" (ver más adelante). En este sentido, un aventurero no es lo mismo que un agente de policía o un soplón, que vende su información. Los aventureros no han de ser corruptos para servir a un régimen. Para ellos, el ansia de fama y de reconocimiento, es decir factores psicológicos, son algo más fuertes que las meras compensaciones materiales.
Tras ser elegido presidente de la ADAV en mayo de 1863, se dedicó a menudo a presentar el programa de la ADAV de forma diferente en función de con quién estaba tratando. Esta duplicidad es característica también de los aventureros que rehúyen "mostrar sus cartas” y confrontarse a cara descubierta. Mientras que Marx y Engels, por ejemplo, escribieron muchas polémicas, Lassalle evitó el debate por sí mismo y apareció con diferentes vestimentas ante diferentes audiencias.
Lassalle carecía de una verdadera fe en la fuerza (aún incipiente) de la clase obrera, y en cambio pretendía ganarse para la ADAV a más personalidades de la clase dominante que en su opinión eran quienes estaban llamados a liberar de sus cadenas a la clase obrera. Así, Lassalle intentó reclutar a Johann Karl Rodbertus, un representante del llamado socialismo de estado. Rodbertus argumentó que "los partidarios de la cuestión social", es decir, los conservadores y la burguesía, también podían unirse a la asociación. Lassalle escribió a Rodbertus: "Cuanto más buenos burgueses se sumen a la asociación, mejor será". (F. Lassalle Nachgelassene Briefe und Schriften, volumen 6, Berlín 1925, p. 358).
Y puesto que no le interesaba tanto la liberación de la clase obrera como la promoción del movimiento democrático general, también abogó por la inclusión de liberales y conservadores en la ADAV. Por ello actuó en contra del desarrollo de un partido político independiente de trabajadores. Al mismo tiempo las puertas de la ADAV se abrían a quienquiera que desearse hacerse inmediatamente miembro de la asociación. Ello supuso un aflujo de numeroso personal proveniente de la burguesía y la pequeña burguesía. También esto representó un paso atrás respecto a la Liga Comunista que basaba la pertenencia en la defensa de los principios organizativos consagrados en sus estatutos.
Lassalle se pronunció a favor de que "el Estado os provea [a los trabajadores] de capital a través de operaciones de crédito, para que podáis entrar en una competencia libre e igualitaria con el capital". Lassalle no sólo no aspiraba a la destrucción del estado prusiano, ¡sino que esperaba la intervención socialista del estado prusiano! Suscito expectativas de que con la ayuda del ese estado podría convertirse pacíficamente en socialista[11].
Según Lassalle, los trabajadores en la sociedad capitalista no pueden recibir un salario mayor que exceda el mínimo necesario para mantener sus fuerzas físicas. Sobre esta base, se opuso al desarrollo de las luchas obreras por reivindicaciones, rechazó las huelgas y se declaró contrario a las federaciones sindicales. En resumen, el ADAV habría de ser una secta.
En cambio, los trabajadores deberían elevarse al estatus de empresarios. El Estado tendría que prestarles dinero, y poner en marcha y financiar cooperativas de consumo.
Aunque Lassalle afirmó que conocía el Manifiesto Comunista al dedillo, lo cierto es que nunca fue marxista. Y aunque conocía a Marx y luego a Engels desde 1848, y mantuvo correspondencia con ellos una y otra vez, y Marx incluso pasó unos días en su apartamento de Berlín en 1862, la verdad es que Marx y Engels chocaron en seguida con Lassalle. La razón: profundas divergencias políticas (por ejemplo, sobre la cuestión del apoyo a Prusia, sobre la petición de la introducción del derecho de voto, y muchas más), así como su comportamiento. Marx escribió en una carta a Engels el 30 de julio de 1862, después de que Lassalle lo visitara a él y a su familia en Londres: "La estancia en Zurich (con Rüstow, Herwegh, etc.) y el posterior viaje a Italia, luego su "Herr Julian Schmidt", etc., le han trastornado la cabeza completamente. Ahora no sólo es el más grande erudito, el más profundo pensador, el más brillante investigador, etc., sino también Don Juan y el revolucionario cardenal Richelieu. (...) En secreto nos contó a mi esposa y a mí que había aconsejado a Garibaldi que no hiciera de Roma el blanco del ataque, sino que fuera a Nápoles, que se declarara dictador (sin perjuicio a Víctor Manuel), que llamara al Ejército Popular para hacer campaña contra Austria. (...) Como palanca de acción: la influencia política de Lassalle o su pluma en Berlín. Y Rüstow a la cabeza de un cuerpo de guerrilleros alemanes, incluido Garibaldi. Bonaparte, sin embargo, quedó anonadado por este brillante plan de Lassalle. Ahora también había estado con Mazzini que también ‘aprobó y admiró’ su plan. Se presentó ante estas personas como un ’representante de la clase obrera revolucionaria alemana’, y les transmitió (¡literalmente!) que había sido él (itzig) ‘quien impidió la intervención de Prusia gracias a su panfleto sobre la guerra italiana, y que, de hecho, ‘había guiado la historia de los últimos tres años’. L[assalle] estaba muy enojado conmigo y con mi esposa porque nos burlábamos de sus planes, le llamábamos ‘bonapartista ilustrado', etc. Chilló, se exasperó y saltó y finalmente se convenció de que yo era demasiado `abstracto' para entender la política."[12]
Estas descripciones de Marx sobre el personaje, el retrato de su megalomanía y del conjunto de su comportamiento, muestran la indignación de Marx con Lassalle. Y eso que cuando Marx y Engels compartieron sus valoraciones sobre el comportamiento de Lassalle, aún no sabían nada de sus contactos y su alianza con Bismarck. La esposa de Marx, Jenny, escribió sobre Lassalle después de que éste visitara su casa en 1861. También ridiculizó su forma de presentarse: “Casi se sentía abrumado por el peso de la fama lograda como erudito, pensador, poeta y político. La corona de laurel fresco todavía descansaba sobre su olímpica frente y su ambrosiano peinado o más bien su ensortijada chevelure des nègres. Acababa de terminar victoriosamente la campaña italiana - un nuevo golpe político desencadenado por ese gran hombre de acción. Poderosas pugnas tenían lugar en su alma. Aún no se había adentrado en algunos campos de la ciencia. Aún quedaba la egiptología, que no ha sido apenas desarrollada. ¿debería deslumbrar al mundo como o debería mostrar mi universalidad como hombre de acción, como político, como combatiente, como soldado" (Jenny Marx, Kurze Umrisse eines bewegten Lebens, - Breve esbozo de una vida agitada, 1865).
Lo que Marx pensaba de las posiciones programáticas de Lassalle y de su aparición también queda claro en una carta que envió a Engels el 9 de abril de 1863: "Por otro lado, anteayer me envió su 'Carta Abierta de Respuesta' al Comité Central de Trabajadores para el Congreso de Trabajadores de Leipzig. Se comportó – alardeando con proclamas que en realidad estaban copiadas de nuestros escritos – enteramente como un futuro dictador obrero". (MEW, vol. 30, p. 340) Ya Marx había reconocido, en una carta a Engels el 28 de enero de 1863, que el famoso "Programa Obrero" era sólo una mala vulgarización del Manifiesto Comunista.
Cuando Marx y Engels ya estuvieron al corriente de las negociaciones entre Lassalle y Bismarck, Marx escribió a Engels: "Por cierto, como ahora sabemos (algo que no conocíamos de esta manera) que Itzig [Lassalle] quería `ofrecer' el Partido de los Trabajadores a Bismarck para darse a conocer como el 'Richelieu del Proletariado'... ahora tampoco mostraré ninguna moderación al indicar claramente en el prefacio de mi libro que es simplemente un loro de repetición y un plagiario" (Marx a Engels en Manchester[Londres] 30 de enero, 1865). En este prefacio a la primera edición de Das Kapital, Marx consideró necesario señalar el método de Lassalle consistía en “tomar prestadas" las ideas de los escritos de Marx, sin citar la fuente.... (Das Capital, MEW, Vol. 23, p. 11)[13].
Ya entonces consideraban los discursos y escritos de Lassalle como "muy repugnantes y monárquicos". (Marx a Engels, 24 de noviembre de 1864, MEW 31, p. 30)
Marx escribió a Kugelmann: “Estimado amigo: He recibido ayer su carta, que me ha interesado vivamente, y respondo a sus diferentes puntos. Ante todo, permítame explicarle en breve mi actitud hacia Lassalle. Durante su agitación, nuestras relaciones fueron suspendidas: 1) a causa de sus impertinentes fanfarronadas, unidas al más desvergonzado plagio de obras mías y de otros autores; 2) porque yo condené su táctica política; 3) porque aquí en Londres, le expliqué y "demostré" con todo detalle, antes de que iniciase su agitación, que era un absurdo creer que el Estado prusiano podía ejercer una acción socialista directa”[14].
(...) "Pero en cuanto se convenció en Londres (a fines de 1862) de que conmigo no lograría hacer su juego, resolvió actuar como «dictador obrero» contra mí y contra el viejo partido”.
Y Engels escribió el 11 de junio de 1863 (tres días antes de la fundación de la ADAV) "El tipo trabaja ahora puramente al servicio de Bismarck...". (MEW vol. 30, p. 354).
La verdad es que Lassalle se dedicó a poner trabas a la difusión de las posiciones de Marx y Engels entre los trabajadores en Alemania e intentó aislarlos de la clase obrera allí. Mientras él se presentaba como el auténtico “educador” de los obreros alemanes, trataba de retrasar y obstaculizar la publicación y distribución de textos de Marx y Engels, entre otras cosas para difundir sus propias posiciones, que a menudo se apartaban de las de Marx y Engels, o se oponían diametralmente a ellas. Pero también Lassalle publicó textos que a menudo no eran más que un plagio de los artículos de Marx y Engels, sin citar, sin embargo, las fuentes. Marx escribió un artículo específicamente para este propósito llamado "Plagio"[15].
Lassalle se presentaba como “verdaderamente conocedor” de las condiciones en Alemania, a diferencia de Marx y Engels que vivían en el extranjero y carecían de la necesaria información.
En sus cartas a Marx, Lassalle defendió al agente de Bonaparte, Karl Vogt. Aconsejó a Marx que no emprendiera acciones públicas contra Vogt, que no "aireara" este asunto, porque esto sería mal recibido por el "público" alemán. Marx que había pasado todo un año en 1860 escribiendo una respuesta al libro de Karl Vogt: Mein Prozess gegen die Allgemeine Zeitung en el que denigraban las actuaciones políticas de Marx y sus camaradas, le respondió: "Escribiré un folleto tan pronto como tenga su texto calumniador (el de Karl Vogt). Pero, al mismo tiempo, explique en el prefacio que me importa una mierda el juicio de su público alemán”. (Marx a Lassalle, 30 de enero de 1860, MEW 30, p. 438).
Cuando se publicó este trabajo de Marx: Herr Vogt[16], Lassalle no hizo nada para promover su difusión en Alemania. La prensa burguesa estaba ansiosa por silenciar los escritos de Marx, y por su parte el presidente de la ADAV saboteó la lucha de Marx para defenderse.
A finales de 1863 y principios de 1864, ya aparecía una resistencia en contra de las posiciones de Lassalle, especialmente contra su postura a favor de la monarquía en Prusia. El 11 de abril de 1864, cuando abogó abiertamente por apoyar la monarquía. Wilhelm Liebknecht, que se había mudado a Berlín en julio de 1862 desde su exilio en Londres, fue uno de los primeros en enfrentarse enérgicamente a Lassalle. Marx había avisado a Liebknecht para no aparecer públicamente junto a Lassalle y le desaconsejó mantener estrechas relaciones con él. A lo que Liebknecht respondió: "En el Arbeiterverein de Lassalle [ADAV] algo está fermentando. Si Lassalle no renuncia a la 'actitud dictatorial' y al coqueteo con la reacción, habrá un escándalo". En esa misma carta Liebknecht señala: "(...) Se dedica a un juego tan intrincado que pronto ya no podrá encontrar una salida".
Junto con otros como Julius Vahlteich, el secretario de la ADAV, intentaron liberar a la ADAV de las garras de su dictatorial presidente. Cuando Lassalle se percató de esta resistencia y sintió que pronto tendría que responder ante la organización y, por lo tanto, exponerse a quedar descubierto, se dispuso a encontrar una forma de abandonar el movimiento obrero. Sus últimas cartas dejan claro esa búsqueda de una "salida". Pero la muerte repentina de Lassalle puso fin inesperadamente a sus actividades.
El 31 de agosto de 1864 tras resultar gravemente herido en un duelo por una mujer, murió tres días después[17]. Antes de su muerte, Lassalle había escrito un testamento como presidente de la ADAV, en el que nombraba a Bernhard Becker como su sucesor en el cargo de presidente. Este último, con la ayuda de la condesa Hatzfeldt, puso en marcha todos los medios para hacerse con este puesto, para lo que pronto empezó a difundir los insultos más infames sobre "el Partido de Marx".
Para preservar la existencia sectaria de la ADAV, el sucesor Becker se opuso a la afiliación a la Primera Internacional que entretanto había sido fundada en Londres el 28 de septiembre de 1864, apenas un mes después de la muerte de Lassalle.
No podemos entrar aquí a analizar el significado de la formación de la Primera Internacional. Pero sí hay que señalar que, si ésta fue un enorme paso adelante para todo el movimiento obrero, las fuerzas en torno a Lassalle no contribuyeron en absoluto a la participación de los trabajadores en Alemania en su formación, ni situaron su trabajo en la perspectiva de la Primera Internacional.
Lassalle se aseguró una fuente de ingresos a través de la Condesa gracias al entonces “novedoso” éxito en el juicio como abogado, pero al mismo tiempo se convirtió en dependiente de la Condesa. Por lo tanto, aunque ya no tenía que ganarse la vida como abogado, disfrutó de un estatus privilegiado muy particular. Esta situación verdaderamente parasitaria le hacía aparentar una "independencia" respecto a los representantes de la clase dominante con los que interactuaba. Lassalle jamás experimentó personalmente lo que es vivir de un salario o lo que significan las dificultades materiales.
"Ahora era para nosotros un amigo muy inseguro, en el futuro será un enemigo bastante seguro " (carta de Engels a Marx, 4 de septiembre de 1864, MEW vol. 30, p. 429).
En su "obituario" de Lassalle, Engels escribió "El valeroso Lassalle se convierte poco a poco en un vulgar villano. Nunca hemos juzgado a las personas por lo que imaginaban ser, sino por lo que eran, y no veo por qué deberíamos hacer una excepción con Itzig [Lassalle]. Desde un punto de vista subjetivo, su vanidad puede haberle parecido una estrategia plausible, pero objetivamente es una traición de todo el movimiento obrero a los prusianos. El estúpido no parece haber exigido nada a cambio de Bismarck, nada específico, y mucho menos garantías. Parece que sólo se limitaba a tratar de engañar a Bismarck, al igual que sólo aspiraba a disparar a Racowitza. Típico del barón Itzig[Lassalle]. Por cierto, no tardará mucho en llegar el momento en que no sólo será deseable, sino necesario, dar publicidad a todo esto. Esto únicamente puede sernos útil si el asunto con la ADAV y el periódico en Alemania continúa. Entonces todo su legado deberá ser rápidamente desechado. Mientras tanto, el proletariado en Alemania pronto verá lo que vale Bismarck" (marxwirklichstudieren.files.wordpress.com/2012/11/mew; MEW vol. 31, p. 45).
Lassalle fue un aventurero, que mientras vivió fue reconocido como tal por unos pocos y aún de forma fragmentaria. Como acabamos de ver incluso Marx, Engels, Bebel y Liebknecht, que llegaron a conocerlo mejor, carecían de una visión completa de él.
También el caso de Lassalle muestra que durante ese período existieron serias diferencias en las filas de los revolucionarios en cuanto a la valoración de esos personajes. Porque décadas más tarde, incluso pensadores políticos tan importantes como Rosa Luxemburgo o Franz Mehring, cometerían errores de apreciación sobre Lasalle mucho más evidentes Lassalle.
Por ejemplo, en 1913, 50 años después de la fundación de la ADAV, Rosa Luxemburgo escribió un elogio desencaminado y trivial sobre Lassalle: "Lassalle cometió errores en sus tácticas de lucha, ciertamente. Sin embargo, para los estudiosillos de la investigación histórica resulta agradablemente fácil encontrar errores en una obra de toda una vida. Para la evaluación de una personalidad como la suya, es mucho más importante reconocer la causa real, la fuente particular de la que surgieron sus errores, así como sus méritos. Lassalle a menudo pecó por su tendencia a jugar a la "diplomacia", a engañar con ideas, como hizo en sus negociaciones con Bismarck sobre la implementación del sufragio universal, así como en sus planes para asociaciones de producción basadas en el crédito estatal. En sus luchas políticas con la sociedad burguesa, así como en sus luchas con el poder judicial prusiano, le gustaba descender al nivel de su oponente, haciéndole concesiones a sus planteamientos, viéndose a sí mismo como un audaz acróbata: como escribió Johann Philipp Becker, a menudo se aventuraba a dar un salto hacia el borde más extremo del abismo, lo que distingue una táctica revolucionaria de un pacto con la reacción.
Pero la causa que lo llevó a dar estos audaces saltos no fue la inseguridad interna, la duda íntima sobre la fuerza y factibilidad de la causa revolucionaria que él representaba, sino, por el contrario, un exceso de confianza en sí mismo en el poder indomable de esa causa. Lassalle a veces se adentró en el terreno de su oponente en la lucha sin pretender abandonar ninguno de sus objetivos revolucionarios, sino en el engaño de una personalidad poderosa. Creía que era capaz de luchar por sus objetivos revolucionarios tanto en su propio terreno como cuando el terreno se hundía en los pies del oponente. Si Lassalle, por ejemplo, postuló su idea de las asociaciones de producción basadas en el crédito estatal en una ficción ahistórica e idealista del Estado, el gran peligro de esta ficción radicaba en el hecho de que en realidad estaba simplemente idealizando el patético Estado prusiano. Pero lo que Lassalle, en base a su ficción, quería exigir e imponer a este estado en términos de tareas y deberes de la clase obrera, eso no solo habría sacudido el miserable cuartel del estado prusiano, sino el estado burgués como tal"[18].
Consideremos la opinión de Luxemburgo de que Lassalle era un "audaz acróbata" que " a menudo se aventuraba a dar un salto hacia el borde más extremo del abismo, lo que distingue una táctica revolucionaria de un pacto con la reacción”. Pero, en realidad, la experiencia demuestra lo contrario: que las declaraciones políticas correctas que un aventurero político puede hacer en un momento dado no modifican su carácter ni su contribución en general. No menos desencaminada engañosa fue la valoración realizada por Franz Mehring, probablemente el historiador más famoso del partido y durante mucho tiempo alguien que estuvo junto a Rosa Luxemburgo. Desde su punto de vista, Lassalle fue un revolucionario y como tal “al mismo nivel” que Marx (Mehring, Carlos Marx: historia de su vida, p. 318 de la edición en alemán). Según Mehring, Lassalle fue alguien "a quien la historia de la socialdemocracia alemana situará junto a él [Marx] y Engels". (Mehring p. 320 ídem). Los escritos de agitación de Lassalle "dieron renovada vitalidad a cientos de miles de trabajadores alemanes" (ibid. p. 314). Según Mehring, Marx "nunca superó completamente sus prejuicios" contra Lassalle. Mehring lamentó que Marx "juzgara más amarga e injustamente a Lassalle cuando éste murió, que cuando vivía". (ibíd. pág. 319, 320)
Debido a circunstancias históricas, Lassalle nunca fue desenmascarado completamente mientras vivió. Como ya hemos visto, Marx y Engels rompieron con él por cuestiones programáticas y por su comportamiento alrededor de 1861/62, pero no tuvieron conocimiento de la naturaleza de sus vínculos con Bismarck. Su repentina muerte aumentó las dificultades para comprender y exponer todo el alcance de su personalidad.
Tras la muerte de Lassalle en 1864, Jean Baptist von Schweitzer resultó elegido presidente de la ADAV en 1867 a la edad de 34 años.
Para comprender el carácter Schweitzer, citaremos ampliamente a August Bebel:
"J.B. von Schweitzer es una de las principales personalidades que, tras la muerte de Lassalle, asumió posteriormente la dirección de la asociación que éste fundó. Con Schweitzer la asociación obtuvo un líder que poseía en alto grado muchas de las cualidades que eran muy valiosas en su puesto. Tenía la formación teórica necesaria, una amplia visión política y una mente fría. Como periodista y como agitador, poseía la capacidad de aclarar las cuestiones más difíciles para el trabajador más sencillo; sabía cómo fascinar y enardecer a las masas como pocos. En su trabajo como periodista publicó una serie de artículos de divulgación científica en su revista Social Democrat, que figuran entre los mejores que tiene la literatura socialista. (...) Comprendía rápidamente una situación dada y sabía cómo explotarla. Finalmente, también era un orador capaz y preparado que impresionaba a las masas y a sus oponentes.
Pero junto a estas cualidades positivas, en parte brillantes, Schweitzer poseía una serie de vicios que lo hacían peligroso como líder de un partido obrero que se encontraba en las primeras etapas de su desarrollo. Para él, el movimiento al que se unió después de varios bandazos no era un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar un fin. Se unió al movimiento cuando comprobó que no había futuro para él en la burguesía, que, para él, que pronto se convirtió en un desclasado dada su forma de vida, la única esperanza residía en desempeñar un papel en el movimiento obrero, al que su ambición y, por así decirlo, sus capacidades, lo predestinaban. Pero tampoco aspiraba simplemente al rol de líder del movimiento, sino a gobernarlo, a explotarlo para sus propósitos egoístas. Educado durante varios años en un instituto dirigido por los jesuitas en Aschaffenburg, se encaminó más tarde al estudio de la jurisprudencia, obtuvo las herramientas intelectuales de la casuística jesuita y de la demagogia legal que, por naturaleza, eran astutas y devotas. Era un político que buscaba, sin escrúpulo alguno, lograr sus propósitos, satisfacer su ambición a toda costa, y también satisfacer sus necesidades de 'bon viveur', que requería unos medios materiales que él no poseía” adecuados, algo que no poseía" (August Bebel, Aus Meinem Leben, 2ª Parte, p. 223).
Cuando Schweitzer resultó elegido presidente del Arbeiterbildungsverein (Club de Educación para los Obreros) de Fráncfort, en noviembre de 1861, incluso antes de la fundación de la ADAV, no sólo era conocido localmente por ser el presidente del Schützenverein (club de tiro) y del Turnclub (club de gimnasia), sino que también había establecido sus primeras relaciones con la nobleza local. En el verano de 1862 fue acusado de malversar fondos de la Schützenverein, así como de haber mantenido una relación pedófila con un niño de 12 años en un parque. Fue condenado a dos semanas de prisión por el delito cometido contra el niño y por "escándalo público".
Aunque el niño nunca apareció y a pesar de que Schweitzer negó todo el asunto, la recriminación de abuso de menores siempre pendió sobre él. Nunca negó la malversación del dinero del Schützenverein.
Sin embargo, Lassalle lo protegió y lo aceptó en el ADAV y lo nombró miembro de la junta directiva.
Bebel escribió más tarde sobre el comportamiento de Schweitzer y su promoción por Lassalle: "Rápidamente comprendió que aquí había una oportunidad para su futuro que correspondía a su ambición, lo que se le negaba en el mundo burgués dados los eventos descritos anteriormente [abuso infantil y malversación de dinero - CCI]. En estos círculos se le consideraba como una persona a la que había que mostrar la puerta.” (Bebel, Aus Meinem Leben, p. 232)
Siguiendo los pasos de Lassalle, Schweitzer se esforzó desde el principio por relacionarse con los círculos gobernantes, en particular con Bismarck y su entorno, a través del consejero privado de éste, Hermann Wagener[19].
Al igual que Lassalle, Schweitzer también ofreció apoyo político al Bismarck. Cuán consciente era Hatzfeldt de esos esfuerzos de Schweitzer, lo demuestra una declaración de Bebel en su autobiografía: "La condesa Hatzfeldt, que consideraba que la política de Schweitzer en apoyo de Bismarck no había ido lo suficientemente lejos, trató de justificar esta política a finales de 1864 en una carta a la Señora Herwegh, en el que escribió: ‘Hay un abismo formal entre estas dos cosas: venderse a un adversario, trabajar para él, ya sea de manera oculta o al descubierto; o saber captar el momento como un gran político, sacar partido de los errores del adversario, permitir que el enemigo sea abatido por el otro, instarlo a seguir una trayectoria decadente y aprovechar la situación favorable, sin importar quién lo haya provocado. Aquellos que sólo tienen convicciones honestas, los que siempre se basan únicamente en una visión ideal de las cosas venideras, quienes viven flotando en el aire, pueden ser considerados privadamente como gente bastante buena, pero son completamente incapaces de ser útiles para algo, para acciones que realmente influyen en los acontecimientos; en resumen, sólo pueden formar parte de una gran masa que sigue al líder que es quien sabe". (Bebel, ibid. p. 251)
Aquí se aprecia el punto de vista tan frecuente en los aventureros: las masas son estúpidas y deben ser dirigidas, necesitan una cabeza pensante que pueda actuar eficazmente sobre el oponente. El aventurero es el "elegido, el que ha sido llamado". Y una parte de este comportamiento consiste en hablar con dos lenguas. Como escribió Bebel: "La forma en que Schweitzer supo adular a las masas, aunque por dentro las despreciaba. Nunca vi nada igual"[20].
Puesto que Schweitzer decía que "Su Majestad, nuestro rey más venerado, es amigo de los trabajadores" y que el principal enemigo de la ADAV es el "partido burgués liberal", argumentaba que "la lucha del partido socialdemócrata debía dirigirse en primer lugar contra ellos. Pero si defendéis este punto de vista, caballeros, entonces tendríais que preguntaros: ¿Por qué habría Lassalle de recurrir a Bismarck?” (Bebel, Aus meinem Leben, p. 233, 247). Y Bebel continúa: “Schweitzer sabía que la visión que predicaba era fundamentalmente reaccionaria, una traición a los intereses de los trabajadores, pero la propagó porque creía que promovería su ascenso (...).
Resultaba tan evidente que Bismarck y los feudales aceptaron gustosamente esta ayuda de la extrema izquierda y posiblemente apoyaron al defensor de tal punto de vista" (Bebel, Aus Meinem Leben, p. 233). (...) "Los intentos de hacer la Asociación General Alemana de Trabajadores atractiva para la política en pro de una gran Prusia de Bismarck, se llevaron a cabo desde el principio y luego de forma permanente. Me tocará a mí demostrar que Schweitzer sirvió conscientemente a estas iniciativas de Bismarck" (Bebel, p. 227). Los esfuerzos para satisfacer las ambiciones personales a través de relaciones directas o indirectas con quienes gobiernan resultaron a menudo acompañados de flaquezas o engañifas programáticas, como puede verse en la cuestión de la ley electoral (ver, por ejemplo, el artículo de Schweitzer "The Ministry of Bismarck and the Government of the Central and Small States"). Engels escribió más tarde: "En ese momento, se intentó que la Allgemeine Deutsche Arbeiterverein -en aquel entonces la única asociación organizada de trabajadores socialdemócratas en Alemania- quedara bajo la protección del Ministerio Bismarck, dando a los trabajadores la posibilidad de que el gobierno les concediera el sufragio universal. El 'derecho universal, igual y directo al voto' había sido predicado por Lassalle como el único e infalible medio para la conquista del poder político por la clase obrera”.
En aquel momento, Engels escribió dos importantes textos programáticos, "La cuestión militar prusiana y el Partido Obrero alemán", así como una respuesta a J.B. Schweitzer a propósito del “Sobre P.-J. Proudhon". Como comentó Engels, "este artículo trataba sobre Proudhon, pero en realidad también debería ser visto como una respuesta al lassalleanismo mismo" (MEW 15, p. 25).
Schweitzer reaccionó entonces a las críticas a su posición sobre Prusia: puesto que Marx y Engels vivían en Inglaterra y no en Alemania, carecían de “conocimientos suficientes”. Sólo si se tiene una visión "local/nacional" se puede juzgar correctamente "Ya que se trata de cuestiones prácticas relativas a tácticas inmediatas, si se pretende juzgarlas uno debe estar en el centro del movimiento". En el periódico Social Democrat del 15 de diciembre de 1864 apareció un artículo titulado “Nuestro programa", en el que se defendía este punto de vista nacional: "No queremos una patria impotente y desgarrada, impotente hacia el exterior y llena de arbitrariedades en su interior, sino una todo poderosa Alemania, el único Estado popular libre" (Bebel, ibíd., p. 232). Una visión nacional tan fuerte se ponía de manifiesto en un momento en que la Primera Internacional buscaba enfatizar la importancia del internacionalismo para toda la clase obrera mundial.
El 15 de diciembre de 1865 Schweitzer publicó un artículo en la revista Social Democrat en el que alababa los "méritos" de Lassalle, como si no hubiera habido ningún movimiento obrero antes que él. En respuesta, Marx envió el mencionado artículo sobre Proudhon para fomentar "casi clandestinamente" la reflexión crítica sobre el papel de Lassalle. Junto a la glorificación de Lassalle, el Social Democrat dirigido por Schweitzer pretendía incrementar aún más el apoyo de Bismarck[21]. En consecuencia, Marx y Engels renunciaron a su colaboración con el Social Democrat desde el 23 de febrero de 1865, después de lo cual Schweitzer siguió falsificando las posiciones de Marx y Engels[22].
En el seno de la ADAV, la oposición empezó a polemizar contra las "disposiciones organizativas dictatoriales de los Estatutos de la Asociación, en la que el propio trabajo de Lassalle, así como la organización se rodeaba de un aura de gloria. El culto a Lassalle fue entonces sistemáticamente promovido y todos aquellos que osaban tener diferentes puntos de vista discrepantes fueron tildados de profanadores de lo más sagrado" (Bebel, Aus meinem Leben, p. 246). Y Bebel añadió: "Y Schweitzer apoyó estas estúpidas visiones que finalmente se convirtieron en una especie de creencia religiosa. (....) A lo largo de los años, el tema "Cristo y Lasalle" fue incluido en el orden del día de numerosas asambleas populares" (ibid., p. 246).
Al igual que Lassalle, Schweitzer dependía esencialmente de fuentes de financiación dudosas. Nunca explicó de dónde procedían los fondos para la producción y distribución del periódico Social Democrat, después de que surgiera la sospecha de que estaba recibiendo fondos de fuentes gubernamentales. La mera sospecha de que dependía de fondos del gobierno, que eso le podría hacer objeto de chantajes o corromperle directamente, debería haber sido respondida por Schweitzer. En vez de eso, dejó esta acusación colgando en el aire[23].
Tampoco hizo nada cuando se supo que un informante del policía llamado Preuß estaba activo en la organización y estaba en contacto con su superior de policía, con el que el propio Schweitzer mantenía contactos.
Se podría argumentar: ¿no son las sentencias de prisión o las acciones represivas contra los aventureros, pruebas de su "inocencia"?
En noviembre de 1865 Schweitzer fue condenado a un año de cárcel por insultos a Su Majestad y difamación de órdenes oficiales, con privación de sus derechos de honor.
"Se ha afirmado que las diversas sentencias de prisión prueban que las acusaciones de que Schweitzer era el agente de Bismarck serían falsas. Este punto de vista es bastante erróneo. Las relaciones que un gobierno tiene con sus agentes políticos no vinculan a los fiscales y jueces. Una condena temporal de un agente político por actos de oposición también resulta adecuada para eliminar la desconfianza hacia la persona afectada y reforzar la confianza en ella. Es bien sabido que al mismo tiempo que Lassalle y Bismarck tenían horas de conversaciones políticas como si fuesen "amistosos vecinos", los tribunales de Berlín no dudaron en condenarlo a una serie de duras penas de prisión, a pesar de que eran ampliamente conocidos en aquel momento cómo se relacionaban Bismarck y Lassalle" (Bebel, ibíd., p. 253).
Mientras que la policía de Berlín aterrorizaba a los sospechosos durante sus redadas de madrugada, mediante registros domiciliarios entre otras cosas, "Schweitzer [...] nunca tuvo que quejarse de tales medidas u otras similares. Entró a la cárcel y salió de ella como si hubiera estado en un hotel" (Bebel, p. 297). De hecho, Schweitzer fue repetidamente liberado de la prisión pudiendo entrar y salir de ella para continuar con sus actividades, en contraste con otros miembros de la ADAV que languidecieron allí.
De hecho, la estrecha aliada de Lassalle, Hatzfeldt, llegó incluso a denunciar a Liebknecht a la policía cuando se encontraba ilegalmente en Berlín en 1865, tras lo cual fue expulsado de la ciudad[24].
En la primavera de 1869, se formó una resistencia dentro de la ADAV contra los poderes dictatoriales de Schweitzer.
Al principio contra su estilo de vida derrochador: "Schweitzer fue uno de esos personajes que siempre gastan al menos el doble de lo que ganan, cuyo eslogan es: mis necesidades no tienen que depender de mis ingresos, sino que los ingresos tienen que depender de mis necesidades, lo que requiere que luego sin escrúpulos se lleven el dinero donde lo encuentren. En 1862 Schweitzer se había llevado 2.600 táleros de la Schützenfestkasse, pero más tarde, cuando ya fue presidente de la Allgemeine Deutscher Arbeiterverein, y como tal disponía del dinero, malversó los centavos recolectados por trabajadores mal pagados, para satisfacer sus caprichos. No se trataba de grandes sumas debido al escaso contenido de la caja. Se le acusó de esta mala gestión y también se demostró en varias reuniones generales de la ADAV, y Bracke, que durante muchos años fue el tesorero de la asociación, y que tenía que entregar el dinero por orden de Schweitzer, lo acusó públicamente de estas infames actividades, sin que Schweitzer se atreviera a pronunciar una sola palabra en su defensa. En todo caso cualquiera que sea capaz de hacer algo así también sería capaz de venderse políticamente, lo que podría ser el único negocio mínimamente lucrativo para él. Nadie puede probar cuánto se le pagó, pues esas transacciones no se concluyen a la vista de todos" (Bebel, ibíd., pág. 270). Cuando la sección local de Erfurt quiso que se comprobara la gestión del efectivo por parte de Schweitzer, éste les amenazó con disolver la asociación.... y tres semanas después la policía desplegó una expedición punitiva y disolvió la asociación (Bebel, ibíd., p. 274). Tras consultar con un pequeño círculo de Hombres Elegidos, hizo fundar un nuevo coto cerrado. Sus estatutos fueron amañados en favor de Schweitzer: "Los nuevos estatutos contenían disposiciones francamente escandalosas. Así, el presidente debía ser elegido seis semanas antes de la asamblea general ordinaria en votación por los miembros de esta asociación, o sea, antes de que la asamblea general pudiera pronunciarse y examinar su gestión”. (cf. Bebel, ibid., p. 276).
"Schweitzer también declaró contra Marx y Engels que éstos se habían retirado de Social Democrat cuando se percataron que no podían desempeñar el rol dirigente en el partido. Y que, a diferencia de ellos, Lassalle no era un hombre de infértiles abstracciones, sino un político en el sentido estricto de la palabra, no un doctrinario literario, sino un hombre de acción práctica. No hay que olvidar, sin embargo, que Schweitzer halagó más tarde a ese hombre de ‘infertil abstracción’, ese 'doctrinario literario', Karl Marx, al que trató de ganarse". (Bebel, ibíd., pág. 240).
Durante la Asamblea General de la ADAV en Wuppertal Barmen-Elberfeld, a finales de marzo de 1869, en la que Schweitzer debía rendir cuentas, Bebel informó a Marx:
"Liebknecht y yo nos sentamos aquí en Elberfeld con un pequeño círculo de personas con ideas afines para preparar el plan de campaña para la batalla de mañana. Aquí hemos oído hablar de tal cantidad de acciones mezquinas y viles por parte de Schweitzer que se nos ponen los pelos de punta. También resulta evidente que Schweitzer sólo se propone aceptar el programa de la Internacional con el fin de dar un golpe de estado contra nosotros y tumbar a una buena parte de elementos de la oposición o, mejor dicho, atraérselos hacia sí". (Bebel, ibíd., pág. 281). Bebel añadió que "Schweitzer está usando todos los medios de la perfidia y la intriga contra nosotros". Bebel y Liebknecht querían denunciar a Schweitzer en esta sesión plenaria[25]. Bebel informó: "A la tarde siguiente entramos en el salón lleno de gente, recibidos por las miradas de enfado de los fanáticos seguidores de Schweitzer. Liebknecht habló primero, alrededor de una hora y media, yo seguí y hablé por un tiempo mucho más corto. Nuestras acusaciones contenían lo que yo había presentado hasta entonces contra Schweitzer. Varias veces hubo interrupciones violentas, sobre todo cuando llamé a Schweitzer agente del gobierno. ¡Debía retirar la acusación! Me negué a hacerlo. Pensé que tenía el derecho de decir lo que pensaba libremente, y ellos, los escuchantes, a no creerme. (...)
Schweitzer, que estaba sentado en la tarima detrás de nosotros durante nuestros discursos, no respondió ni una palabra. Así que salimos de la sala, con algunos delegados caminando delante y detrás de nosotros para protegernos de los ataques de los fanáticos seguidores de Schweitzer. Pero palabras halagadoras como 'vil, traidor, servil, ¡que te rompan los huesos!', etc., se escucharon en la multitud mientras caminábamos entre sus filas. Uno de los presentes también trató de bajarme de la tarima empujándome por el hueco de mi rodilla. Frente a la puerta nuestros amigos nos recibieron para escoltarnos hasta el hotel como nuestros guardianes".
Schweitzer exigió un voto de confianza de los delegados. Después de un acalorado debate, fue confirmado como presidente, aunque por un número de votos muy reducido.
"Aunque Schweitzer fue reelegido en la Asamblea General, sus poderes fueron severamente restringidos. Schweitzer robó las actas de la Asamblea General y las hizo desaparecer. (...) No se permitió que nada que lo comprometiera se diera a conocer a los miembros de la asociación y se hiciera público". (Bebel, p. 285).
Durante un breve período las dos alas en las que se había dividido la ADAV se reunificaron bajo Schweitzer. Pero el ala opositora alrededor de Bracke concluyó que "el Sr. von Schweitzer utiliza la asociación sólo para satisfacer su ambición y degradarla a una herramienta de política reaccionaria antiobrera" (Bebel, ibid, p. 290). La oposición pidió entonces la celebración de un congreso de todos los trabajadores socialdemócratas de Alemania (celebrado en Eisenach). Renunciaron al ADAV y declararon: "Se aclarará si triunfan la corrupción, la mezquindad, el soborno; o la honestidad y la pureza de las intenciones. Nuestro lema es: ¡Abajo el sectarismo! ¡Abajo el culto a la personalidad! ¡Abajo los jesuitas que reconocen nuestro principio de palabra, pero lo traicionan en los hechos! ¡Viva la socialdemocracia!, ¡Viva la Asociación Internacional de Trabajadores!
El hecho de que, en esta declaración, y más tarde repetidamente, usáramos la honestidad de nuestras intenciones contra los deshonestos Schweitzers como eje central, hizo que posteriormente se conociera con el apodo del 'El Honesto' al partido recién fundado de los oponentes" (Bebel, p. 293).
"La contraofensiva de Schweitzer no se hizo esperar. El periódico Social Democrat practicaba la táctica de proclamar constantemente que nuestra fracción no estaba formada por trabajadores sino por literatos, maestros de escuela y otros burgueses". Sobre todo, la oposición debía ser desacreditada por el abuso, los intentos de ridiculización y la calumnia. "Detrás de nuestro Congreso, se decía en este artículo, estaba toda la burguesía liberal en todas sus variantes. Por supuesto, bajo un regimiento de literatos, maestros de escuela, comerciantes, etc., no puede hablarse de una organización compacta y uniforme. Cada una de esas personas querrá ganar en importancia. Toda la prensa burguesa estaba a nuestras órdenes, seguía diciendo. Ya se encargarían de que al congreso de Eisenach acudieran gran número de delegados, pero no literatos o burgueses, sino verdaderos trabajadores." (Bebel, p. 295). Finalmente, Tölcke, que en 1865 había sido elegido presidente de la ADAV, acusó a Bebel en el Social Democrat del 28 de julio de 1869 de cobrar 600 táleros al mes del ex rey de Hannover - ¡una verdadera calumnia!
En el congreso fundador de los Eisenachers, celebrado en agosto, los miembros temían una intrusión violenta de los fanáticos partidarios de Schweitzer. Aproximadamente 100 personas del círculo de simpatizantes de "Schweitzer" se presentaron en el Congreso de Eisenach, pero fueron rechazadas debido a que carecían de mandatos.
Con la fundación del Partido Eisenach en 1869, surgido de las filas de la oposición a la ADAV, se fundó el primer partido: el Sozialdemokratische Arbeiterpartei Deutschland (SDAP - Partido Socialdemócrata de los Trabajadores de Alemania).
En una carta a Schweitzer, Marx insistió en la necesidad indispensable de pasar de ser una secta a un movimiento de clase verdadero. Lassalle no sólo se había negado a contribuir a dar este paso, sino que había actuado como un obstáculo que el movimiento tenía que superar. "Además, desde el principio, como todo aquel que proclama que tiene en su bolsillo una panacea para los sufrimientos de las masas, el dio a su agitación un carácter religioso y sectario. Cada secta es de hecho religiosa. Además, por el mero hecho de ser el fundador de una secta, negó toda conexión natural con el movimiento anterior, tanto en Alemania como en el exterior. Cayó en el mismo error que Proudhon, y en lugar de buscar entre los elementos genuinos del movimiento de clase la verdadera base de su agitación, trató de prescribir el curso de estos elementos de acuerdo con una cierta receta dogmática.
La mayor parte de lo que estoy diciendo ahora después del evento, ya se lo predije a Lassalle en 1862, cuando vino a Londres y me invitó a ponerme con él a la cabeza del nuevo movimiento.
Usted mismo ha experimentado en su propia persona la oposición entre el movimiento de una secta y el movimiento de una clase. La secta ve la justificación de su existencia y su "honorabilidad” no en lo que comparte con el movimiento de la clase sino en el particular shibboleth[26] que la distingue de él. Por lo tanto, cuando en Hamburgo usted propuso el congreso para la formación de sindicatos, sólo pudo derrotar a la oposición de la secta amenazando con dimitir del cargo de presidente. Además, usted estaba obligado a desdoblarse y a anunciar que en un caso estaba actuando como jefe de la secta y en el otro como un órgano del movimiento de clase.
La disolución de la Asociación General de los Trabajadores Alemanes les dio la oportunidad histórica de dar un gran paso adelante y declarar, para demostrarlo si fuera necesario, que se había alcanzado una nueva etapa de desarrollo, y que ese era el momento de madurez preciso para que el movimiento sectario se fusionara con el movimiento de clase y pusiera fin a toda dependencia. En cuanto al contenido auténtico de la secta, como en todas las sectas anteriores de la clase obrera, se integrará en el movimiento general como elemento que lo enriquece. En lugar de esto, lo que usted exigió al movimiento de clase es que se subordinara al movimiento de una secta en particular.
Quienes no son tus amigos han llegado a la conclusión de que, pase lo que pase, quieres preservar 'tu propio' movimiento obrero"[27].
En julio de 1871, la sección del partido en Braunschweig publicó un llamamiento:
"Pero frente al Sr. von Schweitzer, que de la manera más rencorosa y censurable trata de oponer trabajadores contra trabajadores, socialdemócratas contra socialdemócratas, nos vemos obligados a defender la causa real de los trabajadores con toda nuestra energía. Por lo tanto, hacemos un llamamiento a los camaradas del partido en Barmen-Elberfeld, (...) para que tomen sin demora las medidas necesarias en esta dirección; el partido es culpable y está obligado a limpiar al movimiento general de la obra de un hombre que, so capa de una actitud radical, ha hecho hasta ahora todo lo posible para favorecer el interés del gobierno estatal prusiano para perjudicar este movimiento. El partido apoyará a los camaradas de Barmen-Elberfeld. ¡Ahora adelante, vigorosamente!" (Bebel, Mein Leben, p. 330).
En la primavera de 1871 Schweitzer fue expulsado del ADAV[28].
Como en el caso de Lassalle, Schweitzer tampoco fue completamente desenmascarado mientras vivió (murió de neumonía en 1875). Fue expulsado de la ADAV, pero sin sacar suficientemente las lecciones.
Sólo la lucha de la Primera Internacional y su Consejo General contra las actividades de Bakunin desarrolló la capacidad de denunciar las actividades de un aventurero de manera eficiente.
El papel de estos dos aventureros - ambos abogados -, que durante años pudieron hacer su trabajo sucio en el seno de la ADAV, mientras que muchos los veían como si actuaran en interés de la clase obrera, muestra lo difícil que es identificar y denunciar a un aventurero.
Denunciar y sacar a la luz su comportamiento, su trayectoria, sus interacciones, reacciones y sus auténticas motivaciones supone uno de los mayores desafíos para una organización revolucionaria. Como se ha demostrado en el pasado, el hecho de que estas personas se hayan ganado la confianza de muchos miembros de la organización mediante engaños, y que puedan gozar de una gran reputación en la clase obrera en su conjunto es un obstáculo importante, pero eso no debe aminorar la capacidad de reconocer y comprender la naturaleza misma de dichas personas. El desenmascaramiento de estos aventureros suele suscitar el horror de aquellos que se sienten más cercanos a ellos y que son incapaces o no están dispuestos a reconocer la realidad por la lealtad, “fidelidad” y/o afinidad emocional que han sentido durante años. Puesto que estas personas pueden ser figuras "muy apreciadas", de las que "nadie espera nada parecido", es aún más importante aceptar la dolorosa experiencia histórica del movimiento revolucionario. Engels escribió poco antes del final de su vida en 1891 que "ya no permitiría que la falsa fama de Lassalle se mantuviera y predicara de nuevo a costa de Marx". (carta de Engels a August Bebel, 1 y 2 de mayo de 1891, MEW 38, p. 93)
Así resumió las vacilaciones y titubeos que existieron en el partido, y mostró por qué era importante desenmascarar implacablemente a Lassalle:
“Dices que Bebel te escribe que la forma en Marx trata a Lassalle les ha puesto mala sangre a los viejos lassalleanos. Es posible. La gente no conocía la verdadera historia, y no estuvo mal explicársela. Yo no tengo la culpa de que esa gente ignorase que Lassalle debía toda su personalidad al hecho de que Marx le permitió, durante muchos años, adornarse con los frutos de sus investigaciones como si fuesen de él, dejándole además que las tergiversase por falta de preparación en materia de Economía. Pero yo soy el albacea literario de Marx, y esto me impone mis deberes.
Lassalle ha pasado a la historia desde hace 26 años. Y si, mientras estuvo vigente la ley de excepción, la crítica histórica le dejó tranquilo, ya va siendo, por fin, hora de que vuelva por sus fueros y se ponga en claro la posición de Lassalle respecto a Marx. La leyenda que envuelve y glorifica la verdadera figura de Lassalle no puede convertirse en artículo de fe para el partido. Por mucho que se quieran destacar los méritos de Lassalle en el movimiento, su papel histórico dentro de él sigue siendo un papel doble. Al socialista Lassalle le sigue como la sombra al cuerpo el demagogo Lassalle. Por detrás del agitador y organizador Lassalle, asoma el abogado que dirige el proceso de la Hatzfeldt: el mismo cinismo en cuanto a la elección de los medios y la misma predilección por rodearse de gentes turbias y corrompidas, que sólo se utilizan o se desechan como simples instrumentos. Hasta 1862 fue, en su actuación práctica, un demócrata vulgar específicamente prusiano con marcadas inclinaciones bonapartistas (precisamente acabo de releer sus cartas a Marx); luego cambió súbitamente por razones puramente personales y comenzó sus campañas de agitación; y no habían transcurrido dos años, cuando propugnaba que los obreros debían tomar partido por la monarquía contra la burguesía, y se enzarzó en tales intrigas con Bismarck, afín a él en carácter, que forzosamente le habrían conducido a traicionar de hecho el movimiento si, por suerte para él, no le hubiesen pegado un tiro a tiempo. En sus escritos de agitación, las verdades que tomó de Marx están tan embrolladas con sus propias lucubraciones, generalmente falsas, que resulta difícil separar unas cosas de otras. El sector obrero que se siente herido por el juicio de Marx sólo conoce de Lassalle sus dos años de agitación, y, además, vistos de color de rosa. Pero la crítica histórica no puede prosternarse eternamente ante tales prejuicios. Para mí, era un deber descubrir de una vez las verdaderas relaciones entre Marx y Lassalle. Ya está hecho. Con esto puedo contentarme, por el momento. Además, yo mismo tengo ahora otras cosas que hacer. Y el implacable juicio de Marx sobre Lassalle, ya publicado, se encargará por sí solo de surtir su efecto e infundir ánimos a otros. Pero, si me viese obligado a ello, no tendría más remedio que acabar de una vez para siempre con la leyenda de Lassalle”. (Engels a Kautsky, 23 de febrero de 1891 [120], MEW 38, p. 40)
El desenmascaramiento de las actividades de Bakunin por el Consejo General de la Primera Internacional demostró que esta lucha sólo era posible gracias a la conciencia política y a la determinación de desenmascarar a estos aventureros. Y esto sólo podría hacerse a través de un informe específico como el que el Consejo General dirigió al Congreso de La Haya[29]. Cuando Bebel y Liebknecht denunciaron a Schweitzer en 1869 en la conferencia del Partido de Wuppertal, lo hicieron sin haber presentado un informe adecuado, sin ofrecer un cuadro completo, un hecho que ciertamente contribuyó a que el desenmascaramiento fuera "a medias", y no impidió que Schweitzer fuera reelegido, a pesar de la creciente resistencia.
La lucha contra los aventureros, que como demostró la experiencia de Marx y Engels en su lucha contra Lassalle y Schweitzer, es un tremendo desafío, fue llevada a un nivel mucho más alto y eficiente a través del Consejo General de la Primera Internacional en el Congreso de La Haya. Sacando las lecciones de las debilidades y dificultades de la lucha contra Lassalle y Schweitzer, el Consejo General se armó para enfrentarse a Bakunin. A las organizaciones revolucionarias de hoy les corresponde reapropiarse de las lecciones de esta lucha.
Dino, julio de 2019
[1] Se puede consultar las Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia escrito por Federico Engels https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/1852-colonia.htm [121]
[2] Ver https://es.internationalism.org/revista-internacional/199701/1234/cuestiones-de-organizacion-iv-la-lucha-del-marxismo-contra-el-aven [122].
[3] Ferdinand Lassalle nació en 1825 en Breslau. Hijo de un rico comerciante judío de seda. Ya en su adolescencia se distinguió por una fuerte independencia y ambición. Cuando estudiante aspiraba a ser nombrado profesor universitario.
[4] Estas relaciones con la condesa Hatzfeld fueron precisamente lo que hizo que la Liga de los Comunistas le denegara su ingreso.
[5] Uno de sus biógrafos, Schirokauer, mencionó el lujoso estilo de vida de joven y su alto nivel de consumo de vinos y champagnes caros. En la residencia de Berlín, donde él y la condesa vivían, se sabía que el consumo de hachís y opio también eran prácticas frecuentes. Para más detalles ver: Arno Schirokauer: Lassalle. Die Macht der Illusion, die Illusion der Macht. Paul List Verlag, Leipzig 1928.
[6] Por la Ley de Asociaciones de 1854, se prohibían tanto las asociaciones políticas de trabajadores como sus relaciones con asociaciones autorizadas.
[7] Gustav Mayer, El informe del soplón de Lassalle sobre sí mismo. Reeditado en los archivos Grünberg, vol. 10, pág. 399 y ss. Véase también Gustav Mayer, Bismarck und Lassalle, Ihr Briefwechsel und ihre Gespräche, Berlín, 1928, así como Johann Baptist von Schweitzer und die Sozialdemokratie, Jena, 1909.
[8] A.K. Worobjowa, Aus der Geschichte der Arbeiterbewegung in Deutschland und des Kampfes von Karl Marx und Friedrich Engels gegen Lassalle und das Lassalleanertum 1862-1864, Berlín 1961, p. 249.
[9] Más adelante, Bebel interrogó públicamente a Bismarck sobre las relaciones de éste con Lassalle. "En referencia a sus relaciones con Lassalle que yo le reproché, dijo que no era él, sino Lassalle, quien había tenido el deseo de hablar con él, y que no le había puesto dificultades a ese deseo. Tampoco se había arrepentido de ello. Las negociaciones entre ellos no se habían dado antes, y entonces ¿qué podría haberle ofrecido un pobre diablo como Lassalle?" (De Bebel, Aus Meinem Leben, My Life, My Entry into the Labour Movement and Public Life, Capítulo 5, p. 76)
[10] Helene von Rakowicza (Helene von Dönniges), antigua amante de Lassalle y por la que se batió en el duelo que le costó la vida, dice en su libro Von anderen und mir, Berlin 1909, que le planteó esta cuestión en una velada nocturna: “Entonces ¿es cierto? ¿Tienes algo que ver con el secreto de Bismarck? A lo que él respondió: `Por lo que respecta a Bismarck y lo que él quería de mí y yo de él - debería bastarte saber que no se produjo, no pudo producirse. Ambos éramos demasiado listos y nos percatábamos mutuamente de nuestra astucia por lo que sólo podíamos acabar riéndonos en la cara (políticamente hablando) el uno del otro. Estamos demasiado bien educados para eso, así que no hubo más que visitas y conversaciones ingeniosas".
[11] Véase también Engels "La cuestión militar prusiana y el partido obrero alemán”. Disponible en inglés: (https://www.marxists.org/archive/marx/works/1865/02/27.htm [123]).
Y Engels; "Sobre la disolución de la Asociación de Trabajadores de Lassalle." (https://www.marxists.org/history/international/iwma/documents/1868/disso [124].......)
[12] Obras completas de Marx y Engels, MEW, volumen 8.
[13] "Itzig[Lassalle] me envía, inevitablemente, su discurso de defensa (ha sido condenado a 4 meses) en el tribunal. ¡Macte puer virtute! En primer lugar, este jactancioso individuo utilizó el panfleto que usted tiene, el discurso sobre "la clase obrera", reimpreso en Suiza bajo el pomposo título de "Programa Obrero". Sabes que se trata de una mala vulgarización del Manifiesto y de otras cosas tan a menudo postuladas por nosotros que, por así decirlo, ya se han convertido en lugares comunes. (El muchacho, por ejemplo, habla de 'posiciones' cuando habla de la clase obrera.) Bueno. En su discurso ante el tribunal de Berlín no se avergonzó en proclamar afirmar: `Además, afirmo que este folleto no es sólo un trabajo científico como muchos otros, que resume resultados ya conocidos, sino que es incluso, en muchos aspectos, un logro científico, un desarrollo de nuevos pensamientos científicos... En distintos y complicados terrenos científicos he descubierto numerosos trabajos, no he escatimado esfuerzos ni noches de insomnio para ampliar los límites de la propia ciencia, que tal vez pueda decir con Horacio: militavi non sine gloria [Luché no sin gloria]. Pero yo mismo os lo explico: Nunca, ni en mis trabajos más extensos, he escrito una línea que sea más estrictamente científica que esta producción desde su primera hasta su última página…Así que eche un vistazo al contenido de este folleto, que no es más que una filosofía de la historia comprimida en 44 páginas... Es un desarrollo del proceso de pensamiento racional objetivo que ha estado en la base de la historia europea durante más de un milenio, un desarrollo de su alma interior, etc.". ¿No es increíble esta indecencia? Este tipo se cree que será él quien haga el inventario de nuestro trabajo. ¡Esto es grotesco y ridículo! Salut. Tu K.M." (MEW 30, 28.1.1863, p. 322).
[14] 13] Marx a Kugelmann, 23 de febrero de 1865, MEW 31, p. 451, En español: webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/cartas/oe2/mrxoe228.htm.
[15] MEW 16, p. 221.
[17] Lassalle se enamoró de una joven llamada Helene von Dönniges durante una estancia en un balneario. Quería casarse con ella, pero sus padres se oponían. Para conseguir demandar a su padre, el diplomático bávaro Wilhelm von Dönniges, por el secuestro de su hija, intentó el 16 o 17 de agosto de 1864 poner al rey Luis II de Baviera de su lado. (....) Entonces Lassalle decidió viajar a Suiza y retar a Wilhelm von Dönniges a un duelo. Como miembro de la Breslauer Burschenschaft (una fraternidad), Lassalle exigió satisfacción al padre de Helene, miembro del Cuerpo Rhenania Bonn. El padre, de 50 años de edad, ordenó al prometido que prefería, el boyardo rumano Janko von Racowitza (Iancu Racoviţă), miembro del Cuerpo Neoborussia-Berlín, que acudiera al duelo por él. Éste tuvo lugar en la mañana del 28 de agosto de 1864 en el barrio de Carouge, en Ginebra. El asistente de Lassalle fue Wilhelm Rüstow. A las 7:30 de la mañana, los oponentes se enfrentaron con pistolas. Racowitza fue el primero en disparar y acertó a Lassalle en el abdomen. Tres días después, el 31 de agosto de 1864, Ferdinand Lassalle murió a los 39 años en Carouge. Tomado de la entrada en Wikipedia en alemán sobre Ferdinand Lasalle en alemán.
Puede trivializarse todo esto como el típico comportamiento machista de los hombres de origen aristocrático o, como en el caso de Lassalle, burgués. Su tendencia a intensas rivalidades desde muy joven -a los 12 años ya había desafiado por escrito a otro joven rival a un duelo por una niña de 14 años- puede quizás ser atribuido a un celo adolescente. Pero para un adulto de 39 años que ante los trabajadores aparentaba perseguir objetivos revolucionarios, tratar de eliminar a un "competidor" a través de un duelo, supone no sólo poner en peligro su propia vida, pero también una perversión flagrante de los objetivos de la clase trabajadora.
[18] Rosa Luxemburg: "Lassalle y la revolución" [126] [en inglés Festschrift, marzo de 1904, Berlín, p. 7/8. Obras Escogidas Vol. 1/2, 1970, p. 417-421]
[19] Quien le ayudó fue el consejero de gobierno Hermann Wagener. También estaba el agente de policía Preuß, que era manejado por Wagener. Este último fue quién denunció la presencia de Liebknecht en Berlín, en otoño de 1866, infringiendo una orden policial, tras lo cual fue condenado a tres meses de prisión. Véase A.K. Worobjowa, Aus der Geschichte der Arbeiterbewegung in Deutschland und des Kampfes von Karl Marx und Friedrich Engels gegen Lassalle und das Lassalleanertum 1862-1864, Berlín 1961.
[21] Véase MEW vol. 16, p. 79, "Yo había escrito a Schweitzer unos diez días antes que tenía que hacer un frente contra Bismarck, y también que la imagen de un coqueteo entre el partido de los trabajadores y Bismarck tendría que ser abandonada, etc. Respondió coqueteando aún más con Bismarck". Véase también la correspondencia de Marx y Engels, del 3 de febrero de 1865 y del 18 de febrero de 1865.
[22] “Los dos primeros números de prueba del documento ya contenían muchos puntos dudosos. Me quejé. Y entre otras cosas expresé mi indignación de que de una carta privada, que escribí en la noticia de la muerte de Lassalle a la condesa Hatzfeldt, se habían extraído unas pocas palabras de consuelo, publicadas sin mi firma y utilizadas desvergonzadamente para propagar alabanzas serviles a Lassalle" marxwirklichstudieren.files.wordpress.com/2012/11/mew, MEW 16, p. 87, 23.
[23] En informes posteriores de miembros del partido se aclaró cuánto había malversado los fondos del partido. (Bebel, Mein Leben, p. 320, 337).
[24] A.K. Worobjowa, op cit
[25] En realidad, la práctica y la tradición del movimiento obrero exigía que, si un miembro o miembros de la organización sospechaban de un comportamiento anti organizativo o incluso expresaban dudas sobre las credenciales de otro miembro, un órgano especialmente designado de la organización debía intervenir para llevar a cabo las investigaciones con la discreción y el método adecuados. Este organismo no existía en el ADAV, y la situación se complicó aún más por el hecho de que la persona bajo sospecha era el presidente de la organización.
[26] Contraseña restringida para la identificación de los miembros de esa secta (Nota del T)
[27] Marx a J B Schweitzer, 13 de octubre de 1868, MEW, Vol. 32, p. 569,
[28] Bebel informó que en el momento de la guerra franco-prusiana el apartamento de Liebknecht resultó atacado y se sospechó de partidarios de Schweitzer… (Bebel, Mein Leben, p. 332.
[29] Ver Cuestiones de organización, II - La lucha de la Iª internacional contra la « Alianza » de Bakunin https://es.internationalism.org/revista-internacional/199607/1774/cuestiones-de-organizacion-ii-la-lucha-de-la-i-internacional-contr [128] y El Congreso de La Haya en 1872 - La lucha contra el parasitismo político https://es.internationalism.org/revista-internacional/199610/1767/cuestiones-de-organizacion-iii-el-congreso-de-la-haya-en-1872-la-l [22]
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En continuidad con los documentos de discusión publicados tras el 23º Congreso de la CCI1, publicamos una nueva contribución de un camarada que expresa divergencias con la Resolución sobre la Situación Internacional del 24º Congreso de la CCI2. Al igual que en la anterior contribución del camarada Steinklopfer, las divergencias se refieren a la comprensión de nuestro concepto de descomposición, a las tensiones Inter imperialistas y a la amenaza de guerra, así como a la relación de fuerzas entre el proletariado y la burguesía. Para evitar más retrasos relacionados con la presión de los acontecimientos actuales, publicamos las nuevas contribuciones del camarada Ferdinand sin una respuesta que defienda la posición mayoritaria en la CCI, pero sin duda responderemos a este texto a su debido tiempo. Debemos señalar que esta contribución fue escrita antes de la guerra en Ucrania.
La CCI defiende el principio científico del esclarecimiento a través del debate, mediante la confrontación de argumentos basados en hechos con el objetivo de alcanzar una comprensión más profunda de las cuestiones a las que se enfrenta la clase. El período actual es difícil para los revolucionarios. Esto ya era así antes de la pandemia del Covid, pero durante los dos últimos años los nuevos acontecimientos y tendencias necesitaban una evaluación. Así, no es de extrañar que en el seno de una organización revolucionaria viva surjan controversias sobre el análisis de la situación mundial.
Las principales divergencias en el seno de la organización se refieren a las siguientes cuestiones de importancia crucial para las perspectivas del proletariado:
a) ¿Cómo evaluar el equilibrio actual de las fuerzas de clase, tras el abandono del concepto de curso histórico?3 ¿La clase va de derrota en derrota o avanza?
b) ¿Cómo medir la maduración subterránea de la conciencia de clase, el trabajo del "viejo topo"? ¿Hay una maduración significativa o, por el contrario, un retroceso?
c) Con respecto a la situación económica: ¿la crisis pandémica produce sólo perdedores, o hay ganadores de la situación que pueden mejorar su posición?
d) En cuanto a las tensiones imperialistas: ¿hay polarizaciones significativas en la constelación mundial que aumentan el peligro de una guerra generalizada? ¿O es dominante la tendencia de cada uno contra todos, y por tanto un obstáculo hacia una nueva constelación de bloques?
Ya después del 23º congreso de la CCI, celebrado en 2019, el artículo de la Revista Internacional que daba cuenta de sus trabajos señalaba las controversias en nuestras filas sobre la evaluación de la situación mundial, concretamente a nivel de la lucha de clases, o más concretamente de la relación de fuerzas entre burguesía y proletariado. La presentación de la Revista Internacional 164 decía: "En el congreso hubo desacuerdos sobre la apreciación de la situación de la lucha de clases y su dinámica. ¿Ha sufrido el proletariado derrotas ideológicas que debilitan seriamente sus capacidades? ¿Existe una maduración subterránea de la conciencia o, por el contrario, asistimos a una profundización del reflujo de la identidad y la conciencia de clase?" Al mismo tiempo, en 2019, abandonamos el concepto de "curso histórico" porque reconocimos que la dinámica de la lucha de clases en el actual período de descomposición ya no podía ser analizada adecuadamente dentro de este marco. En las discusiones entre 2019 y 2021, y finalmente en la preparación de la resolución del 24º congreso sobre la situación internacional, nos enfrentamos a la continuación de las diferencias en la evaluación de la situación mundial actual. En gran medida, la controversia se hizo pública en agosto de 2020 bajo el título de "debate interno". El artículo del camarada Steinklopfer, defendiendo posiciones minoritarias, y la respuesta de la CCI, mostraron que el campo del debate abarcaba no sólo la cuestión de la dinámica de la lucha de clases y de la conciencia de clase, sino, en un sentido más amplio, la apreciación del período de descomposición capitalista, especialmente la aplicación concreta del concepto de descomposición, noción que hasta ahora es una característica distintiva de la CCI dentro del medio político proletario.
Debido a que tenía desacuerdos similares a los del camarada Steinklopfer con la posición mayoritaria en el período reciente, fui invitado a presentarlos no sólo a través de contribuciones internas, sino con un artículo para su publicación explicando mis diferencias con la Resolución sobre la Situación Internacional del 24º Congreso. La mayoría de las enmiendas que propuse a la resolución del Congreso giraban en torno a la cuestión económica, es decir, la dinámica, el peso y las perspectivas del capitalismo de Estado chino. Paralelamente, apoyé muchas enmiendas del camarada Steinklopfer que defendían las mismas orientaciones o compatibles.
Mis divergencias pueden resumirse en los siguientes epígrafes (los números se refieren a la versión de la Resolución en nuestro sitio web en inglés):
-China, su poder económico y el capitalismo de Estado (puntos 9 y 16 de la Resolución);
-la evolución de la crisis económica mundial y del capitalismo de Estado en descomposición (puntos 14, 15 y 19)
-la polarización imperialista y la amenaza de guerra (puntos 12 y 13);
-el equilibrio de las fuerzas de clase y la cuestión de la maduración subterránea de la conciencia (punto 28).
La Resolución, tras mostrar la descomposición política e ideológica en Estados Unidos y Europa, dice: "Y mientras la propaganda estatal china destaca la creciente desunión e incoherencia de las "democracias", presentándose como un baluarte de la estabilidad mundial, el creciente recurso de Pekín a la represión interna, como contra el "movimiento democrático" en Hong Kong y los musulmanes uigures, es en realidad una prueba de que China es una bomba de relojería. El extraordinario crecimiento de China es en sí mismo un producto de la descomposición". (punto 9)
A continuación, declara: "La apertura económica durante el período de Deng en la década de 1980 movilizó enormes inversiones, especialmente de Estados Unidos, Europa y Japón. La masacre de Tiananmen en 1989 puso de manifiesto que esta apertura económica estaba siendo aplicada por un aparato político inflexible que sólo ha podido evitar el destino del estalinismo en el bloque ruso mediante una combinación de terror de Estado, una explotación despiadada de la fuerza de trabajo que somete a cientos de millones de trabajadores a un estatus de trabajadores migrantes permanentes, y un crecimiento económico frenético cuyos cimientos parecen ahora cada vez más tambaleantes. El control totalitario sobre todo el cuerpo social, el endurecimiento represivo de la facción estalinista de Xi Jinping, no es una expresión de fuerza sino una manifestación de la debilidad del Estado, cuya cohesión está en peligro por la existencia de fuerzas centrífugas dentro de la sociedad e importantes luchas entre camarillas dentro de la clase dominante." (ibid.)
En el punto 16, la Resolución afirma, en primer lugar, que China se enfrenta a la reducción de los mercados en todo el mundo, al deseo de numerosos Estados de liberarse de la dependencia de la producción china y al riesgo de insolvencia al que se enfrentan varios países implicados en el proyecto de la Ruta de la Seda, y que, por lo tanto, China persigue un cambio hacia la estimulación de la demanda interna y la autarquía a nivel de tecnologías clave para poder ganar terreno más allá de sus propias fronteras y desarrollar su economía de guerra. Estos cambios, dice la resolución, están "provocando poderosos conflictos en el seno de la clase dirigente, entre los partidarios de la dirección de la economía por parte del Partido Comunista Chino y los vinculados a la economía de mercado y al sector privado, entre los "planificadores" del poder central y las autoridades locales que quieren dirigir ellos mismos las inversiones" (punto 16).
Las afirmaciones de que China es una bomba de relojería, de que su Estado es débil y de que su crecimiento económico se tambalea son expresión de una subestimación del desarrollo económico e imperialista real de China en los últimos 40 años. Comprobemos primero los hechos y luego los fundamentos teóricos en los que se basa este análisis erróneo. Puede ser que las tensiones internas en China sean en realidad más fuertes de lo que parecen -por un lado, las contradicciones dentro de la sociedad en general, por otro las del Partido gobernante en particular. No podemos confiar en la propaganda china sobre la fortaleza de su sistema. Pero lo que los medios de comunicación occidentales o no chinos nos dicen sobre las contradicciones en China también es propaganda, y además a menudo es una ilusión.
Los elementos mencionados en la Resolución no son convincentes: Un control totalitario sobre todo el cuerpo social y la opresión de la "libertad de expresión democrática" pueden ser signos de una debilidad de la clase dirigente. Estoy de acuerdo con esto. Como sabemos por el período posterior a 1968, con un movimiento proletario en ascenso, la democracia es mucho más eficaz para controlar a la clase obrera, y las contradicciones sociales en general, que los regímenes autoritarios. Por ejemplo, en los años 70 la burguesía de España, Portugal y Grecia sustituyó los regímenes autoritarios por regímenes democráticos debido a la necesidad de manejar la agitación social. Pero ¿se encuentra la clase obrera de China en una dinámica similar a la del proletariado del sur de Europa en la década de 1970? Planteo esta cuestión con vistas al equilibrio de fuerzas entre las clases, que al final sólo podemos medir correctamente como mundial. La Resolución trata la cuestión del equilibrio de fuerzas de clase en su última parte, y volveré sobre el punto. Pero podemos anticipar una cosa: no hay elementos a favor de la tesis de que el proletariado amenaza al régimen de Xi Jinping.
Lo mismo ocurre con otras contradicciones dentro de la China continental y su aparato político. Aunque las diferencias de intereses entre el Partido en el poder y los riquísimos magnates chinos de la tecnología, como Jack Ma (Alibaba) y Wang Xing (Meituan), son evidentes, estos últimos no parecen proponer un modelo alternativo para la República Popular, y mucho menos constituyen una oposición organizada. Además, dentro del Partido las luchas ideológicas importantes parecen pertenecer al pasado. Antes de 2012 y de la presidencia de Xi Jinping tuvo lugar el llamado "debate del pastel" dentro de los altos círculos del partido: había dos facciones. Una decía que China debía centrarse en hacer más grande el pastel, la economía china. La otra quería repartir el pastel existente de forma más justa. Un partidario de la segunda posición era Bo Xilai, condenado a cadena perpetua por corrupción y abuso de poder, un año después del ascenso de Xi Jinping a la cabeza del partido y del Estado. Mientras tanto, esa posición del “reparto justo” se ha convertido en la doctrina oficial4 y no hay indicios de que se produzca un nuevo debate. Según la información disponible5, las purgas en el aparato de represión comenzaron a principios de 2021. En la policía, la policía secreta, la judicatura y el sistema penitenciario han sido castigadas oficialmente más de 170'000 personas por corrupción. Esto es una muestra cínica de poder. Lo mismo ocurre con el sistema de vigilancia orwelliano. Igualmente, descabellado es el culto a la personalidad en torno a Xi Jinping.
¿Pero es esto una prueba de la "debilidad del Estado"? ¿De una "bomba de relojería" bajo la silla del presidente?
En cuanto a las contradicciones internas de la República Popular, mi tesis es la contraria. Los círculos dirigentes de este país están utilizando la crisis pandémica para reestructurar su economía, su ejército, su imperio. Aunque el crecimiento económico en China se ha ralentizado en los últimos tiempos, detrás de esto hay hasta cierto punto un plan calculado de la élite política gobernante para aprovechar los excesos del capital privado y fortalecer el capitalismo de Estado para el desafío imperialista. El Partido está cortando las alas a algunas de las empresas más rentables y a los magnates más ricos; está dejando escapar el aire de algunas burbujas especulativas para controlar más estrictamente toda la actividad económica, con la propaganda de que todo esto es para proteger a los trabajadores, a los niños, al medio ambiente y a la libre competencia. Las purgas en el aparato de represión y el despliegue del poder autoritario son indicios de tensiones ocultas (no sólo en Xinjiang y Hong Kong). Pero no se ve ningún modelo alternativo para el curso del capitalismo de Estado chino. Esta es mi lectura del lado de los hechos.
Si queremos entender el significado de las actuales divergencias en el análisis de China, tenemos que considerar la teoría que subyace a la posición mayoritaria y, por tanto, a la presente resolución. El desarrollo de China ha sido minimizado en nuestras filas durante décadas. Esto está vinculado a una comprensión errónea y esquemática de la decadencia capitalista. Uno de nuestros textos de referencia del comienzo de la existencia de la CCI, "La lucha proletaria bajo la decadencia"6 lo decía así "El período de decadencia capitalista se caracteriza por la imposibilidad de que surjan nuevas naciones industrializadas. Los países que no recuperaron el tiempo perdido antes de la Primera Guerra Mundial se vieron condenados posteriormente a estancarse en un estado de subdesarrollo total, o a permanecer crónicamente atrasados en relación con los países de la cima del castillo de arena. Este ha sido el caso de grandes naciones como la India o China, cuya "independencia nacional" o incluso su llamada "revolución" (léase la instauración de una forma draconiana de capitalismo de Estado) no les permitió salir del subdesarrollo o la indigencia." Sólo en 2015, en el marco del balance crítico de 40 años de análisis de la CCI, hemos reconocido oficialmente el error de este esquema: "Esta visión "catastrofista" se debe, en gran parte, a la falta de profundización de nuestro análisis del capitalismo de Estado (...) Es este error de negar toda posibilidad de expansión del capitalismo en su período de decadencia el que explica las dificultades que ha tenido la CCI para comprender el crecimiento vertiginoso y el desarrollo industrial de China (y de otros países periféricos) tras el hundimiento del bloque del Este." ("40 años después de la fundación de la CCI", Revista Internacional 156, 20157) Pero este reconocimiento fue a medias. Pronto los viejos esquemas volvieron a colarse en nuestros análisis. Las implicaciones de la contradicción entre nuestros puntos de vista "clásicos" y la realidad eran demasiado radicales. Para superar esta contradicción habría sido necesario ir a las raíces de las leyes económicas del movimiento que también actúan en el capitalismo decadente. En su lugar, el problema se arregló con la formulación "el extraordinario crecimiento de China es producto de la descomposición" (punto 9 de la presente resolución, ya citado anteriormente), brillante en su vaguedad. La idea se introdujo en 2019, con la resolución del 23º Congreso internacional que decía: "Fueron necesarias las circunstancias sin precedentes del período histórico de descomposición para permitir el ascenso de China, sin el cual no habría ocurrido". (Revista Internacional 164). Pero mientras que esta última formulación es correcta en el sentido de que la apertura del mundo a la inversión de capital (globalización) tuvo lugar principalmente en el período de descomposición en vísperas y después del colapso del sistema de bloques, y que esto fue parte de las condiciones que permitieron el ascenso de China como taller del mundo, la frase sobre su crecimiento como "producto de la descomposición" es un paso atrás hacia la "visión catastrofista". Todo es producto de la descomposición, y todo crecimiento es por tanto nulo y falso. Más aún: todo se descompone de forma homogénea, una especie de desintegración suave no sólo de las relaciones humanas, la moral, la cultura y la sociedad, sino del propio capitalismo. La Resolución actual no es capaz de captar la realidad del ascenso de China durante las últimas cuatro décadas ni de explicarla. Como ya he citado anteriormente, se limita a afirmar que "esta apertura económica ha sido llevada a cabo por un aparato político inflexible que sólo ha podido evitar el destino del estalinismo en el bloque ruso mediante una combinación de terror de Estado, una explotación despiadada de la fuerza de trabajo que somete a cientos de millones de trabajadores a un estatus de trabajadores migrantes permanentes, y un crecimiento económico frenético cuyos cimientos parecen ahora cada vez más tambaleantes" (punto 9). Una parte de este razonamiento es tautológica: "la apertura económica fue implementada por ... un crecimiento económico frenético" - el éxito económico se debió al éxito económico. Por lo demás, la explicación de la Resolución sobre el éxito de China, en contraste con el destino del bloque ruso antes de 1989, es que el rendimiento fue el resultado de una "combinación de terror estatal" y "una despiadada explotación de la fuerza de trabajo que somete a cientos de millones de trabajadores a un estatus de trabajadores migrantes permanentes". ¿Qué explica esto? ¿Sugiere la resolución que una "combinación de terror estatal" y "explotación despiadada" son los ingredientes de un capitalismo exitoso? ¿Y son distintos del estalinismo en Rusia? Propuse eliminar la frase y apoyé en su lugar una formulación que el camarada Steinklopfer sugirió con una de sus enmiendas "(...) No es una coincidencia que China, a diferencia de la URSS y su antiguo bloque imperialista, no se derrumbara a finales del siglo XX. Su despegue se basó en dos ventajas específicas: en la existencia de una gigantesca zona interna extra capitalista basada en el campesinado que podía transformarse en proletariado industrial, y en una tradición cultural particularmente antigua y muy desarrollada (hasta que comenzó la industrialización moderna en Europa, China siempre había sido uno de los principales centros de la economía mundial y del conocimiento y la tecnología)." Es ciertamente discutible si el término "zonas extra capitalistas" sigue siendo adecuado para describir lo que, sin embargo, es un hecho significativo, a saber, la nueva integración de una fuerza de trabajo disponible en la relación e intercambio formal entre el capital y el trabajo asalariado. La idea es clara: el proceso de acumulación de capital en China fue real, no sólo falso. Tuvo lugar gracias a recursos que aún no estaban formalmente determinados como la venta de fuerza de trabajo y la apropiación de su valor de uso por parte de los capitalistas. Como toda acumulación bajo el capitalismo, este proceso en la China posterior a Mao requirió fuerza de trabajo recién disponible (y materia prima, es decir, en gran medida la naturaleza, por lo que también es una "zona extra capitalista" en cierto sentido). Los antiguos campesinos del campo se trasladaron a las ciudades y ofrecieron la fuerza de trabajo necesaria para la explotación capitalista. Para evitar el destino del estalinismo en el bloque ruso también era necesario que China volviera a admitir la sanción del mercado capitalista (la "mano invisible" de Adam Smith), especialmente a dos niveles: el despido de trabajadores y la quiebra de empresas no rentables. Sólo estas medidas aplicadas por los círculos gobernantes en torno a Deng Xiaoping y después de él permitieron al sector del capital privado funcionar y a la economía china competir con el resto del mundo. Todo esto se descuida en la actual Resolución. Y las enmiendas que deberían corregir las deficiencias fueron rechazadas con la explicación de que pondrían en duda o relativizarían "el impacto de la descomposición en el Estado chino". De hecho, la reticencia de la Resolución a reconocer la realidad de la fuerza de China tiene su origen en la comprensión de la decadencia capitalista, y por tanto de la descomposición. Nunca hemos concluido el debate sobre los diferentes análisis del boom económico posterior a 1945. La posición mayoritaria dentro de la CCI parece ser la que se define como "mercados extra capitalistas y deuda" (cf. Revista Internacional 133-141)8 Esta posición teórica considera que los nuevos mercados necesarios para la venta de la producción incrementada sólo pueden ser extra capitalistas o creados de alguna manera artificial por la deuda. Esto es coherente con una comprensión literal de un argumento central de la Acumulación del Capital de Rosa Luxemburgo9 - pero está en desacuerdo con la realidad. No es el lugar adecuado aquí para un análisis más profundo de este talón de Aquiles del análisis económico de la CCI. Es suficiente para la comprensión de las divergencias que la posición oficial de la CCI niegue el hecho de que la acumulación capitalista significa también la creación de nuevos mercados solventes dentro del medio capitalista, sobre la base del intercambio entre el trabajo asalariado y el capital (aunque no sea suficiente en comparación con las necesidades de la acumulación sin trabas - este último punto no es controvertido). Dado que la aparición de nuevos mercados solventes en el período de decadencia es evidente, la posición actual de la CCI debe explicar su creación de alguna manera. Y como ya no se pueden detectar mercados extra capitalistas significativos (en el sentido de compradores solventes de las mercancías producidas), la acumulación en curso se "explica" por la creación de deuda, o por trucos que "engañan a la ley del valor". Volveré sobre esta cuestión en el contexto de los siguientes puntos de la Resolución.
Bajo el título "Una crisis económica sin precedentes", la Resolución intenta ofrecer un análisis de las consecuencias de la pandemia del Covid 19 en la economía mundial. Aunque estoy de acuerdo en que la situación no tiene precedentes y, por tanto, las consecuencias no son fáciles de predecir, la comprensión de la acumulación y la crisis capitalistas en el marco de la Resolución no es suficiente para analizar la realidad actual y sus fuerzas motrices. Para la mayoría de la CCI que adoptó la Resolución en su forma actual y rechazó las enmiendas propuestas por Steinklopfer y por mí, todo está subordinado a la "descomposición", a una especie de fragmentación homogénea. Esta comprensión del período de descomposición es esquemática y -en la medida en que niega la persistencia de las leyes capitalistas elementales -por ejemplo, la concentración y la centralización del capital- un abandono del marxismo. Este punto de vista rechaza explícitamente la idea de que el terremoto económico que tiene lugar como consecuencia de la pandemia produce no sólo perdedores sino también ganadores. Refuta implícitamente la persistencia de la centralización y concentración del capital, de la transferencia de beneficios de las esferas con menos tecnología a las de mayor composición orgánica, y niega así una mayor polarización entre los triunfadores y los perdedores. La pandemia aceleró las tendencias centrífugas típicas del período de descomposición, pero no de forma homogénea. Se están produciendo diferentes polarizaciones. Los ricos se hacen más ricos, las empresas rentables más atractivas, los Estados que manejaron bien Covid 19 amplían sus mercados a costa de los incompetentes y refuerzan sus aparatos. Estas polarizaciones y el aumento de las disparidades en la economía mundial forman parte de una realidad ignorada por la actual Resolución, que sólo ve fragmentación, perdedores e incertidumbre. En el punto 14 dice: "Esta irrupción de los efectos de la descomposición en la esfera económica incide directamente en la evolución de la nueva fase de crisis abierta, dando paso a una situación totalmente inédita en la historia del capitalismo. Los efectos de la descomposición, al alterar profundamente los mecanismos del capitalismo de Estado que hasta ahora se habían establecido para "acompañar" y limitar el impacto de la crisis, están introduciendo un factor de inestabilidad y fragilidad, de incertidumbre creciente." La Resolución subestima el hecho de que las economías fuertes están mucho mejor que las débiles: "Una de las manifestaciones más importantes de la gravedad de la crisis actual, a diferencia de las situaciones pasadas de crisis económica abierta, y a diferencia de la crisis de 2008, reside en el hecho de que los países centrales (Alemania, China y Estados Unidos) han sido golpeados simultáneamente y se encuentran entre los más afectados por la recesión. En China esto ha supuesto una fuerte caída del ritmo de crecimiento en 2020". (punto 15). Y niega que China sea un ganador de la situación: "Única nación que tendrá una tasa de crecimiento positiva en 2020 (2%), China no ha salido triunfante ni fortalecida de la crisis pandémica, aunque haya ganado terreno momentáneamente a costa de sus rivales. Al contrario". (punto 16). La fuerza motriz de un capitalista es la búsqueda del mayor beneficio. En tiempos de recesión, cuando todos o la mayoría de los capitalistas tienen pérdidas, el mayor beneficio se transforma en la menor pérdida. Aquellas empresas y estados con menos pérdidas que sus rivales obtienen mejores resultados. En esta lógica, China es uno de los ganadores de la crisis pandémica hasta ahora. Por cierto: Estados Unidos también está económicamente mejor que la mayoría de los países altamente industrializados y emergentes, en contradicción con la frase citada en el punto 15 de la resolución. Las tendencias polarizadoras que planteo no están en contradicción con el marco de la descomposición. Al contrario; las crecientes disparidades aumentan la inestabilidad global. Pero esta inestabilidad es desigual. La pandemia conduce a una mayor concentración del capital competitivo, a la sustitución del trabajo vivo por máquinas y robots, a una mayor composición orgánica. El capital de mayor composición orgánica atrae parte de los beneficios producidos por los menos competitivos. Todo esto tiene lugar sobre una base relativamente reducida de trabajo vivo, porque cada vez es más superfluo. Por un lado, esto significa una creciente y asombrosa brecha entre las partes rentables de la economía mundial y las que no lo son. Por otro lado, significa una carrera despiadada entre los actores más avanzados por los beneficios restantes. Ambas tendencias no favorecen la estabilidad, pero su realidad es contestada por la posición de "descomposición en todas partes". Esta última está en permanente búsqueda de fenómenos de dislocación y desintegración, perdiendo de vista las tendencias más profundas y concretas propias de los cambios actuales. Por último, la Resolución habla de "trampa de la ley del valor" y de las "leyes del capitalismo" respectivamente, sin explicar qué son estas leyes y qué significaría su trampa: "El peso de la deuda no sólo condena al sistema capitalista a convulsiones cada vez más devastadoras (quiebra de empresas e incluso de Estados, crisis financieras y monetarias, etc.), sino que además, al restringir cada vez más la capacidad de los Estados de hacer trampas a las leyes del capitalismo, no puede sino obstaculizar su capacidad de relanzar sus respectivas economías nacionales". (punto 19). "La burguesía seguirá luchando a muerte por la supervivencia de su sistema, ya sea por medios directamente económicos (como la explotación de los recursos no explotados y de los nuevos mercados potenciales, tipificados por el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda de China) o políticos, sobre todo a través de la manipulación del crédito y el engaño a la ley del valor. Esto significa que todavía puede haber fases de estabilización entre las convulsiones económicas con consecuencias cada vez más profundas". (punto 20). Estas formulaciones no explican nada. Son un disfraz improvisado para la falta de un concepto claro. Y sin éste, todo se convierte en "inestabilidad y fragilidad" e "incertidumbre creciente".
Una consecuencia del descuido de la polarización económica por parte del último Congreso Internacional es la subestimación de las tensiones imperialistas y de la amenaza de guerra. Tras admitir que el creciente enfrentamiento entre EEUU y China tiende a ocupar el centro de la escena, y dar ejemplos de nuevas alianzas, la Resolución resta importancia al peligro de una futura constelación de bloques con las siguientes palabras "Sin embargo, esto no significa que nos dirijamos a la formación de bloques estables y a una guerra mundial generalizada. La marcha hacia la guerra mundial sigue obstaculizada por la poderosa tendencia a la indisciplina, al sálvese quien pueda y al caos a nivel imperialista, mientras que en los países capitalistas centrales el capitalismo no dispone aún de los elementos políticos e ideológicos -incluyendo en particular una derrota política del proletariado- que podrían unificar la sociedad y allanar el camino hacia la guerra mundial. El hecho de que seguimos viviendo en un mundo esencialmente multipolar se pone de manifiesto, en particular, en la relación entre Rusia y China. Si bien Rusia se ha mostrado muy dispuesta a aliarse con China en cuestiones concretas, generalmente en oposición a EEUU, no es menos consciente del peligro de subordinarse a su vecino oriental, y es uno de los principales opositores a la "Nueva Ruta de la Seda" de China hacia la hegemonía imperialista". (punto 12) Estas frases son coherentes con la "incertidumbre" en la cuestión económica y evitan una declaración clara sobre las tendencias imperialistas actuales. La resolución es tibia cuando admite el evidente enfrentamiento entre EEUU y China e insiste en que "sin embargo" esto no significa la "formación de bloques estables". La opinión mayoritaria aún no ha sacado las consecuencias de nuestro reconocimiento en el 23º Congreso Internacional de que el concepto de curso histórico ya no es útil para el análisis del presente. Sigue tratando de entender la situación actual dentro del viejo esquema de la Guerra Fría, enterrado bajo los escombros del Muro de Berlín. Que las alianzas en formación se conviertan o no en "bloques estables" no es la cuestión central si queremos analizar el peligro de una guerra generalizada o nuclear, ambas amenazas gravísimas para una perspectiva comunista. La resolución responde a preguntas que ya no se plantean, y pasa por alto las verdaderas cuestiones. Volveré sobre este punto en la siguiente parte de la crítica, que trata del equilibrio de las fuerzas de clase. Otro signo revelador de la persistencia de la vieja visión es la siguiente formulación en la Resolución: "Aunque no vemos una marcha controlada hacia la guerra dirigida por bloques militares disciplinados, no podemos descartar el peligro de estallidos militares unilaterales o incluso de accidentes grotescos que marcarían una mayor aceleración del deslizamiento hacia la barbarie". (punto 13). La lógica capitalista de la polarización entre China y Estados Unidos empuja a ambos a buscar aliados, a participar en la carrera armamentística y a dirigirse hacia la guerra. Que esta marcha esté controlada o no es otra cuestión. Pero en primer lugar debemos afirmar que tanto China como Estados Unidos buscan alianzas y preparan la guerra. Aunque una visión estática pueda llevarnos a concluir que "seguimos viviendo en un mundo esencialmente multipolar" (punto 12) la dinámica es hacia la bipolaridad. En cuanto a la cuestión de la estabilidad de las alianzas y la disciplina de sus componentes: el hecho es que Estados Unidos es ofensivo en su búsqueda de aliados frente a China. Esta última está en desventaja en varios aspectos: a nivel de su ejército, de su tecnología, de la geografía. Pero el Imperio del Medio se está poniendo al día con determinación en los primeros niveles. Esto debería recordarnos una vieja tesis de la sociedad de clases, etiquetada como la Trampa de Tucídides, que dice que "cuando una gran potencia amenaza con desplazar a otra, la guerra es casi siempre el resultado" (Alison Graham, 2015). Tucídides, el padre de la historia científica, escribió hace más de 2400 años sobre la causa principal de la Guerra del Peloponeso que fue el "crecimiento del poder de Atenas, y la alarma que esto inspiró en Esparta". Es cierto que vivimos en un mundo muy diferente, pero todavía en una sociedad de clases. ¿Debemos pensar que el capitalismo en su periodo de descomposición es más racional y, por tanto, más proclive a evitar la guerra? Creo que el proletariado de los países centrales sigue siendo un freno en el camino hacia una guerra generalizada. Estoy de acuerdo con esta idea, expresada en el punto antes citado de la Resolución. Sin embargo, no comparto la opinión de que las expresiones típicas de la descomposición descritas por la resolución, como la "poderosa tendencia a la indisciplina, el sálvese quien pueda y el caos a nivel imperialista", sean verdaderos obstáculos para las guerras generalizadas o nucleares. Por eso estuve de acuerdo y apoyé una enmienda adicional propuesta por el camarada Steinklopfer, que sin embargo fue rechazada por la mayoría: "A lo largo del capitalismo decadente hasta la fecha, de las dos expresiones principales del caos generado por la decadencia de la sociedad burguesa -los conflictos imperialistas entre Estados y la pérdida de control dentro de cada capital nacional- dentro de las zonas centrales del propio capitalismo la primera tendencia ha prevalecido sobre la segunda. Suponiendo, como lo hacemos, que esto seguirá siendo así en el contexto de la descomposición, esto significa que sólo el proletariado puede ser un obstáculo para las guerras entre las principales potencias, no obstante, las divisiones dentro de la clase dominante dentro de esos países. Aunque, en determinadas circunstancias, estas divisiones pueden retrasar el estallido de la guerra imperialista, también pueden catalizarlas". No sólo con respecto a la cuestión de las constelaciones de bloques, sino también con respecto al papel de la clase obrera, tenemos que considerar las consecuencias de nuestra superación en 2019 del concepto de curso histórico. En 1978, en la Revista Internacional 18, la CCI formuló los criterios de evaluación del curso histórico en los siguientes términos: "Al analizar las condiciones que hicieron posible el estallido de las dos guerras imperialistas, podemos extraer las siguientes lecciones generales: -- el equilibrio de fuerzas entre la burguesía y el proletariado sólo puede evaluarse a escala mundial, y no puede basarse en las excepciones que puedan surgir en zonas secundarias: es esencialmente mediante el estudio de la situación en algunos grandes países que podemos deducir la verdadera naturaleza de este equilibrio de fuerzas; -- para que estalle una guerra imperialista, el capitalismo necesita primero infligir una profunda derrota al proletariado -- sobre todo una derrota ideológica, pero también física si el proletariado ha mostrado una fuerte combatividad (Italia, Alemania y España en el periodo de entreguerras); -- esta derrota no debe limitarse a dejar a la clase pasiva, sino que debe conseguir que los trabajadores se adhieran con entusiasmo a los ideales burgueses ("democracia", "antifascismo", "socialismo en un solo país"); la adhesión a estos ideales presupone: a. que tienen una apariencia de realidad (la posibilidad de un desarrollo ilimitado y sin problemas del capitalismo y la "democracia", los orígenes proletarios del régimen en Rusia); b. que se asocian de una u otra manera a la defensa de los intereses proletarios c. que esta asociación es defendida entre los trabajadores por organizaciones que tienen la confianza de los trabajadores, debido a que, en el pasado, sí defendieron sus intereses. En otras palabras, esos ideales burgueses son propagados por antiguas organizaciones proletarias que han traicionado a la clase. A grandes rasgos, estas son las condiciones que, en el pasado, permitieron el estallido de las guerras imperialistas. Esto no quiere decir que, a priori, una futura guerra imperialista tenga que tener idénticas condiciones. Pero en la medida en que la burguesía ha tomado conciencia de los peligros que implica un estallido prematuro de las hostilidades (a pesar de todos sus preparativos, incluso la Segunda Guerra Mundial dio lugar a reacciones de la clase obrera en Italia en 1945 y en Alemania en 1944-45), sería un error considerar que se lanzaría a una confrontación si no supiera que tiene el mismo grado de control que tenía en 1939, o al menos en 1914. En otras palabras, para que una nueva guerra imperialista sea posible, deben estar presentes al menos los criterios enumerados anteriormente, y si no, algunos otros que puedan compensarlos"
En el 23º Congreso de 2019 afirmamos que estos criterios ya no se aplican a la situación actual. Por lo tanto, tenemos que plantear la cuestión de si la burguesía, para desencadenar la guerra, todavía necesita una "derrota física" y una "adhesión entusiasta a los ideales burgueses".
A pesar de esta controversia teórica general, en el plano de los conceptos y criterios de apreciación, parece que estamos de acuerdo en que el proletariado sigue siendo un obstáculo para que la burguesía emprenda una guerra que los grandes bastiones del proletariado en los países centrales tendrían que apoyar de alguna manera. La Resolución afirma que el proletariado aún no ha sufrido la "derrota política" decisiva (punto 12). Con ello, la posición mayoritaria persiste en la idea central del concepto del curso histórico: o curso a la guerra o curso a la revolución. Así, la matriz de la época de la Guerra Fría sigue siendo pertinente, aunque en el 23º Congreso Internacional comprobamos que este esquema ya no es adecuado, en última instancia, si queremos evaluar el equilibrio de fuerzas actual. No es de extrañar que esta debilidad se exprese también en las partes de la Resolución que hablan de la lucha de clases: "A pesar de los enormes problemas a los que se enfrenta el proletariado, rechazamos la idea de que la clase ya ha sido derrotada a escala mundial, o que está a punto de sufrir una derrota de este tipo comparable a la del período de la contrarrevolución, una derrota de la que posiblemente el proletariado ya no podría recuperarse". (punto 28) La frase es errónea en ambos aspectos: la premisa - y su consecuencia aparentemente lógica. La cuestión de partida no es exactamente si el proletariado ha sido ya derrotado a escala mundial -por tanto, definitivamente derrotado, o casi derrotado en una medida comparable a la del período de la contrarrevolución. Si estamos de acuerdo en que el proletariado mundial ha sufrido una serie de derrotas durante los últimos 40 años aproximadamente, tenemos que encontrar criterios para medir la dimensión de la(s) derrota(s). La cuestión no es la que plantea el horror de la derrota física de los años 30: la muerte o la vida, el exterminio de los no idénticos. Por el momento, no se trata de una situación de todo o nada, sino de una degradación gradual de la conciencia de clase, al menos en su extensión. Mi hipótesis es que se trata de un proceso asintótico hacia la derrota definitiva. Por lo tanto, la consecuencia lógica no es "una derrota de la que posiblemente el proletariado ya no pueda recuperarse". Si la hipótesis es correcta (un proceso gradual de pérdida de conciencia, en primer lugar, de la conciencia de su identidad de clase diferenciada), la conclusión debe ser: la clase obrera aún puede invertir el proceso, dar una especie de vuelta en U. Pero debe tomar conciencia de la dinámica negativa. Los revolucionarios tienen la responsabilidad de hablar de ella en los términos más claros posibles. La matriz errónea está en la descripción y comprensión de la Resolución del estado concreto de la lucha de clases: "el hecho de que, justo antes de la pandemia, vimos varios signos embrionarios y muy frágiles de una reaparición de la lucha de clases, especialmente en Francia 2019. E incluso si esta dinámica fue entonces en gran medida bloqueada por la pandemia y los cierres, hubo protestas de los trabajadores en varios países incluso durante la pandemia, en particular en torno a cuestiones de salud y seguridad en el trabajo" (ibíd.). La visión subyacente es la de una dinámica suave hacia una conciencia de clase más fuerte - por tanto, una dinámica positiva, o al menos una especie de situación estática: ni positiva ni negativa, así que, de alguna manera neutral, sobre la base de una combatividad de clase intacta. Mientras que mi valoración es la de una dinámica de retroceso de la conciencia de clase -una dinámica negativa a la que hay que dar la vuelta. Afortunadamente, la combatividad sigue asomando la cabeza aquí y allá. Pero la combatividad no es todavía la conciencia, incluso un aumento de la primera no implica todavía una ampliación o una profundización de la segunda. Lo esencial para el proletariado y sus organizaciones políticas es la correcta evaluación de la situación actual, junto con su dinámica interna. Las tareas del momento para los revolucionarios dependen obviamente de la comprensión de esta situación objetiva y concreta. En un nivel posterior tenemos que considerar la cuestión del "viejo topo" de Marx (en su El dieciocho brumario de Luis Bonaparte). Tenemos la costumbre de hablar de este fenómeno en términos de maduración subterránea de la conciencia de clase. La Resolución subraya un potencial de profundo renacimiento proletario atestiguado, entre otros factores, por "los pequeños pero significativos signos de una maduración subterránea de la conciencia, que se manifiestan en los esfuerzos hacia una reflexión global sobre el fracaso del capitalismo y la necesidad de otra sociedad en algunos movimientos (particularmente los Indignados en 2011), pero también a través de la emergencia de elementos jóvenes que buscan posiciones de clase y se vuelven hacia la herencia de la izquierda comunista" (ibíd.). La vaga formulación sobre "pequeños pero significativos signos de una maduración subterránea de la conciencia" es un compromiso entre dos opuestos irreconciliables: ¿adelante o atrás? ¿Qué dirección del movimiento, aumento o retroceso de la conciencia de clase incluso en sus capas subterráneas, no visibles? En las discusiones antes y durante el Congreso he defendido la opinión de que no hay una maduración subterránea significativa en la clase. Necesitamos el concepto de maduración subterránea para luchar contra los puntos de vista consejistas y la práctica similar. Es una adquisición de la CCI que la maduración subterránea tiene lugar también en los momentos de retroceso de las luchas o incluso en los períodos de contrarrevolución. Pero otra cosa, es decir -como afirma la mayoría- que el movimiento de esta maduración es siempre ascendente. Si se afirma que la maduración es en todos los períodos un movimiento creciente, se excluye una regresión. Esto significa subestimar dos cosas. Por un lado, subestimamos la profundidad de las dificultades de nuestra clase, incluso de sus partes más conscientes, y por otro lado subestimamos el papel y las tareas específicas de los revolucionarios en el período actual. Esta tarea no es sólo cuantitativa, mediante la difusión de las posiciones revolucionarias, sino que es sobre todo un trabajo cualitativo, teórico, de análisis en profundidad de las tendencias actuales en los diferentes ámbitos: los cambios en la economía, las tensiones imperialistas y la dinámica en la clase, sobre todo a nivel de conciencia. Ciertamente existe el potencial para un desarrollo de la conciencia, pero potencial y realización no son lo mismo.
Ferdinand, enero de 2022
[4]. [5]. [6]
1 Divergencias con la Resolución sobre la situación internacional del 23º Congreso de la CCI https://es.internationalism.org/content/4658/divergencias-con-la-resolucion-sobre-la-situacion-internacional-en-el-23o-congreso-de [131]
2 https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021 [132]
3 Ver Informe sobre el Curso Histórico https://es.internationalism.org/content/4536/informe-sobre-el-curso-historico [133]
4 Eso no ayudó a Bo Xilai, porque oficialmente estaba en la cárcel, no por su supuesta orientación política equivocada, sino por corrupción y abuso de poder
5 Si no cito literalmente otras fuentes, baso la información de este artículo en Wikipedia y The Economist
6 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200805/2265/la-lucha-del-proletariado-en-el-capitalismo-decadente [59]
7 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4143/xxi-congreso-de-la-cci-40-anos-despues-de-la-fundacion-de-la-corri [95]
8 El lector atento de nuestras resoluciones llegará a esta conclusión, aunque los congresos de la CCI, sabiamente, nunca sometieron a votación los conceptos teóricos
9 Capítulo 26, hacia el final: "El comercio interno capitalista sólo puede realizar, en el mejor de los casos, ciertas cantidades de valor contenidas en el producto social: el capital constante consumido, el capital variable y la parte consumida de la plusvalía. Sin embargo, la parte de la plusvalía destinada a la capitalización debe realizarse en otro lugar"
https://es.internationalism.org/content/4746/balance-del-24o-congreso-in... [140]
https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situaci... [132]
https://es.internationalism.org/content/4709/informe-sobre-la-crisis-eco... [141]
https://es.internationalism.org/content/4713/informe-sobre-la-pandemia-y... [142]
https://es.internationalism.org/content/4719/informe-sobre-la-lucha-de-c... [143]
https://es.internationalism.org/content/4761/informe-de-noviembre-de-202... [144]
https://es.internationalism.org/content/4824/divergencias-con-la-resoluc... [145]
https://es.internationalism.org/content/4854/explicacion-de-las-enmienda... [146]
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El libro Herr Vogt ha sido considerado tanto por parte de los grupos izquierdistas como por el “marxismo académico” como un “trabajo menor” de Marx, una “pérdida de tiempo” y un supuesto “deslizamiento” de Marx hacia el terreno del chismorreo y la “prensa amarilla”. Por desgracia, este análisis se ha extendido a grupos de la Izquierda Comunista que deploran que Marx abandonara durante un año sus estudios sobre El Capital, para dedicarse exclusivamente a refutar las acusaciones que Vogt había hecho circular contra él. Lamentan que con su obra daba protagonismo a ese personaje, le hacía, por así decirlo, una “publicidad inmerecida”. Critican también que se colocara “en el mismo terreno” que Vogt de “rebajarse” a querellas personales y a denuncias “ad hominem”. Examinaremos al final estos argumentos.
Rechazamos estos planteamientos que olvidan que la calumnia es un arma fundamental de la burguesía contra las organizaciones y los militantes comunistas. Es una constante en la historia del movimiento obrero: sus militantes más destacados han sido objeto de las más feroces campañas de calumnias, de las más viles acusaciones; han sido sometidos a un acoso sistemático tendente a desprestigiarlos y demolerlos moralmente. Marx fue atacado por Vogt y Bakunin; Lenin acusado por los mencheviques y después tachado de “agente alemán” por el Gobierno Provisional ruso de 1917; Rosa Luxemburgo denigrada como “libertina”, “sanguinaria” en los círculos del Partido socialdemócrata alemán; Trotski atacado por el estalinismo como agente de la GESTAPO…En la historia reciente, la CCI y sus militantes han sido víctimas de ataques parásitos, de denuncias y delaciones de signo policial1.
Estos ataques–cualesquiera que fueran sus motivaciones inmediatas- se han inscrito siempre en el marco de una finalidad política: aniquilar a los militantes revolucionarios, sembrar la duda y la sospecha dentro de las filas comunistas y preparar la represión. Frente a ello no podemos consentir la indiferencia y la banalización que hace el oportunismo en nombre de dejar esas cosas “sucias” y dedicarse a “lo importante” que sería el análisis y las grandes declaraciones políticas.
Vogt gozaba de cierto prestigio en los medios liberales de la época por sus escritos científicos, en particular, apoyando la teoría de la evolución de Darwin. Eso daba “más autoridad” a las graves calumnias que lanzó contra Marx en un panfleto titulado Libro Principal.
Vogt utilizó como pretexto un folleto titulado Como aviso que un tal Karl Blindt escribió atacando sin pruebas fehacientes a Vogt y atribuyendo la paternidad de este escrito a Marx. Los ataques de Vogt fueron reproducidos por un individuo llamado Zabel en el periódico berlinés National Zeitung en 1860. Zabel hacía aún más infamantes las acusaciones de Vogt. A su vez, estas acusaciones se propagaron por otros órganos de prensa europeos –entre ellos el Daily Telegraph inglés- La prensa liberal se hizo eco de estas “revelaciones” llegando a ocupar páginas de periódicos de Estados Unidos. En menos de un año, una “campaña internacional” fue lanzada contra Marx participando la prensa “más progresista” de la época.
En su Libro Principal, Herr Vogt atribuye a Marx la dirección de una denominada Banda del Azufre donde se habrían realizado prácticas sospechosas: «Tras el chaparrón de la revolución de 1849 se ha reunido lentamente en Londres una claque de prófugos, cuyos componentes entre la emigración suiza eran conocidos en su tiempo bajo el nombre de Banda del Azufre o del Cepillo. Su jefe es Marx, antaño redactor de la Rheinische Zeitung en Colonia; su palabra mágica, república social, dictadura obrera; su ocupación, maquinar contactos y conspiraciones» (pag. 162). Esta banda buscaría “apartar al obrero de su profesión, complicándolo en conspiraciones y complots comunistas, para finalmente, después de haber vivido a costas del sudor de su frente, abandonarlo con toda frialdad a su desgracia. También ahora ese grupillo vuelve a esforzarse por atraer a sus redes traicioneras, cueste lo que cueste, y de la manera más vulgar imaginable, a las asociaciones obreras” (pag. 46).
Así pues, las acusaciones de Vogt se podrían resumir en 4 puntos:
Marx y su banda colaborarían con la policía prusiana pues “todo aquel que se aviene a tratar con Marx y sus secuaces caerá tarde o temprano en manos de la policía” (pag. 28).
Arrastrarían a los obreros a acciones aventureras que facilitan la represión policial
Marx ejercería como dictador máximo manipulando a sus incondicionales: “Sus camaradas” —[los de Marx]— “no escriben una sola línea sin que él esté previamente enterado de su contenido. La prueba resulta muy simple: “Él” —[Marx]— “domina incondicionalmente a su gente” (pag. 82)
“Una de las ocupaciones principales de la Banda de Azufre consistía en comprometer a personas radicadas en la patria, de manera que se viesen obligadas a pagar para que la Banda guardara en secreto su compromiso. No una, sino centenares de cartas fueron enviadas a Alemania, en la que se decía que se denunciaría la participación en este o aquel acto revolucionario, en el supuesto caso de que al cabo de un plazo determinado no llegara a una dirección determinada cierta cantidad de dinero” (pag. 190);
Vogt seguía la estela trazada por elementos policiales que ya en 1851 habrían organizado una conspiración contra Marx y otros revolucionarios. Marx aporta el testimonio de un participante en un “Comité Revolucionario” alemán constituido ese año: «Todo el comité se componía de Schurz y de Schimmelpfennig. [que se] propusieron aniquilar a Marx. Se recomendaron a tal fin las más impúdicas calumnias. El paso más próximo para llevarlo a efecto fue el retrato de Marx publicado por L. Häfner en el Feuilleton der Hamburger Nachrichten a comienzos de 1851» (pag 85).
Hasta aquí las acusaciones lanzadas. ¿Qué tenía que hacer Marx? ¿Aguantar estoicamente el alud de insidias? ¿Poner cristianamente la otra mejilla? Marx no era dado a responder a los insultos e insinuaciones lanzadas contra él. Sin embargo, cuando los ataques podían poner en peligro su reputación y, sobre todo, la de las organizaciones comunistas, entonces rompía su silencio: “Aquí la situación era otra. Zabel me acusaba de una serie de acciones criminales e infamantes, y esto, ante un público por demás inclinado a creer en los prejuicios políticos, las monstruosidades más absurdas y que, por otra parte, debido a que hacía 11 años que yo faltaba de Alemania, carecía de todo punto de referencia para poder juzgarme. Aparte de todas las consideraciones políticas, también le debía a mi familia, a mi esposa y a mis hijos, la satisfacción de someter a un examen judicial las infamantes denuncias de Zabel” (ídem.).
Marx toma muy en serio las acusaciones y analiza minuciosamente los hechos buscando restablecer la verdad de estos, estableciendo las conexiones entre ellos, desarrollando un marco global que permite comprender su lógica y coherencia. Con un método riguroso, Marx destruye la intriga montada por Herr Vogt.
Previamente exige, tanto a Vogt como a Zabel, la aportación de pruebas o la retirada de las acusaciones. Como no obtiene respuesta pasa a una segunda etapa consistente en demostrar la naturaleza real de la llamada Banda del Azufre, un grupo que según Vogt era el instrumento organizativo que Marx utilizaba para realizar sus fechorías. En una tercera etapa, refuta una a una todas las acusaciones. Pasa a continuación a una tarea política importante: defender la memoria de la Liga de los Comunistas. Finalmente analiza el contexto histórico en el que se desarrolla la calumnia de Vogt y los intereses burgueses inconfesables a los que sirve.
Marx trató de averiguar si había existido alguna vez esa Banda. Logró reunir el testimonio de S. L. Borkheim que en carta del 12-2-1860 aclaró que fue un agrupamiento de estudiantes que habían participado en la revolución de 1848 en Alemania y se habían exiliado a Suiza. Entre sus componentes no se encontraba Marx ni ningún miembro de la Liga de los Comunistas, las únicas actividades de la Banda habían sido la juerga y la sátira política disolviéndose definitivamente en 1850. Este testimonio mostraba cómo Herr Vogt había utilizado una Banda realmente existente para montar otra cuya existencia residía exclusivamente en su cabeza siendo igualmente producto de ésta las actividades delictivas que atribuye a Marx.
Marx recoge en el libro numerosos documentos probatorios. Es una tarea fastidiosa y su lectura no siempre es cómoda, pero es imprescindible para refutar las acusaciones de Vogt.
Vogt cometió el error de afirmar que la Banda cuya jefatura atribuía a Marx tenía dos nombres: Banda del Azufre y Banda del Cepillo. Marx tiene la paciencia de demostrar que existió realmente una Banda del Cepillo totalmente diferente de la anterior que hizo sus fechorías en la Sociedad Obrera de Ginebra. Esa amalgama de Bandas es «un embrollo a la cuarta potencia, gruesa como el padre que la generó» (pag. 33).
Marx denuncia sin embargo un rasgo congénito de calumniadores, aventureros y provocadores: suelen atribuir a sus víctimas las maldades de las que ellos son culpables. Es lo del dicho popular: “Cree el ladrón que todos son de su condición”. Vogt montaba un grotesca acusación de “banda y bandido” para mejor encubrir la Banda de su jefe, Luis Bonaparte que, efectivamente, había organizado la Banda del 10 de Diciembre compuesta por la hez y el lumpen de París : «A mí personalmente iba a ensalzarme cual jefe de la Banda del Azufre por él vilipendiada y por mi ignorada hasta la aparición del Libro Principal, y dicho ensalzamiento como castigo por mi ultraje, durante años inalterado, contra la cabeza y los miembros de la Banda del 10 de diciembre» (pag. 21)3.
Según Vogt «aquel que se enreda con Marx y compañía en negocios políticos, cae antes o después en manos de la policía; tales negocios son desde el principio delatados a la policía secreta e incubados por ella –esos negocios parecen huevos, y la policía la gallina clueca que los empolla –tan pronto como llega su hora. Los instigadores Marx y compañía permanecen inaprensibles en Londres –mientras la policía se posa sobre los huevos-.» (pag. 35). Esta acusación se refuerza con la acusación formulada por Zabel según la cual Marx habría tenido tratos con las policías prusiana y francesa.
Vogt pretende que había un agente provocador llamado Cherval (o Crämer) que habría contactado con Marx en la Liga de los Comunistas y después habría actuado como agente suyo en las asociaciones obreras de Ginebra. Marx aporta cartas de J.F.Becker, Schilly y Borkheim donde se desmiente toda relación con dicho individuo. Ante la repetición por Zabel de la misma acusación, Marx aporta nuevas pruebas: «Mis materiales probatorios destinados a refutar esta denuncia del “demócrata” Zabel, abarcaban todo el período que media entre la entrada de Cherval en la Liga de los Comunistas hasta su fuga de Ginebra, acaecida en 1854. Un afidávit depuesto ante la corte de justicia policial de Bow Street por Carlos Schapper el 1 de marzo de 1860, demostró que la entrada de Cherval en la Liga de Londres tuvo lugar anteriormente a la mía, que no había sido conmigo con quien se puso en contacto desde París, donde reside a partir del verano de 1850 hasta la primavera de 1852, sino con la Liga contraría a mí, dirigida por Schapper y Willich, entrando después de su simulada fuga de la cárcel de St. Pélagie y de su regreso a Londres —1852— a formar parte de la Asociación Cultural de Obreros Alemanes allí existente y a la que yo ya no pertenecía desde el mes de septiembre, hasta que finalmente se le desenmascaró en la misma, declarándosele infame y expulsándosele por lo tanto de la organización” (pág 194).
Vogt aporta diferentes “pruebas” que Marx refuta con una rigurosa documentación.
Uno de los miembros de la Liga de los Comunistas, Wolf, habría hecho en Londres en 1850 llamamientos incendiarios a los obreros alemanes que simultáneamente habría enviado a la policía de Hannover.
Marx aporta la carta de Wolf que demuestra que en esa fecha no se encontraba en Londres sino en Zúrich y desmiente haber hecho un llamamiento de ese tipo. Desarrollando una argumentación política de fondo, Marx cita sus Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia4: tras la derrota de las revoluciones de 1848 «los miembros del partido proletario participarán de nuevo en una revolución contra el statu quo, pero no era su tarea específica el preparar tal revolución, ni agitar para ella, ni tramar complots… La Liga de los Comunistas no era por tanto una sociedad conspiradora» (pag. 36).
En su Libro Principal, Vogt habla de un discurso suyo en la Fiesta Obrera de Lausana (1859) en el que habría denunciado una maquinación de Marx y sus secuaces, para arrastrar a los obreros alemanes exiliados a una “conspiración” que tendría como único fin hacerlos caer en manos de la policía prusiana. Marx refuta esta acusación aportando un testimonio de un tal Lomel, quien anteriormente habría colaborado con Vogt, donde afirma taxativamente que “El relato en que Vogt afirma que durante su estada en Lausana había frustrado una conspiración peligrosa, es sencillamente una MENTIRA; lo único que busca en Lausana es un lugar en el cual poder hablar para luego tener oportunidad de mandar imprimir su discurso. Dicho discurso, que duró hora y media, fue su autodefensa, en la que trató de negar que jamás haya sido un bonapartista asalariado” (pag 48)
Otro cargo del fiscal Vogt es pintar a Marx como un intrigante que no da la cara, sino que encarga a una serie de acólitos la faena sucia de la calumnia, la denigración y el chantaje: “Marx, como jefe de la sociedad, no empuña él mismo la pluma, pero sus fieles no escriben una línea sin haberle consultado” (pág 98).
Se trata de una acusación grave pues las organizaciones comunistas son profundamente colectivas, no se basan en líderes que se reservan las tareas más gloriosas y dejan a los subordinados las tareas sucias (lo que en el argot de los políticos se llama “las cloacas del Estado”). Esto es lo que ocurre efectivamente en los partidos burgueses donde el Gran Líder se encarga de las promesas, las medidas más atractivas y las declaraciones más solemnes, mientras que sus acólitos arrostran lo desagradable: atacar a los rivales, anunciar las medidas impopulares, realizar las intrigas más arriesgadas etc.
Todo eso es incompatible con la práctica de una organización comunista. En ella “no existen tareas "nobles" y tareas "secundarias" o menos "nobles". El trabajo de elaboración teórica y la realización de tareas prácticas, el trabajo en el seno de los órganos centrales y el trabajo específico en las secciones locales, son igual de importantes para la organización y por ello no pueden estar jerarquizados (es el capitalismo quien establece tales jerarquías)”5
Finalmente, en una organización revolucionaria no existen tareas sucias, inconfesables. Todas las tareas son coherentes con el fin emancipador que se propone el proletariado y toda intriga, calumnia, violencia contra militantes, simpatizantes o miembros de grupos proletarios, debe ser rigurosamente combatida porque es incompatible con el objetivo comunista del proletariado. En la moral proletaria “el fin no justifica los medios”, los medios siempre tienen que ser coherentes con el fin.
Por ello Marx toma muy en serio esta acusación. Su refutación abarca dos frentes. Por una parte, desarrolla un análisis teórico más general demostrando que él no defiende ningún sistema doctrinal sectario sino “la inteligencia crítica de las condiciones del camino y de los resultados generales del verdadero movimiento social”. Con ello pone en claro la naturaleza consciente y basada en la convicción individual y colectiva de la sociedad que impulsa.
Por otro lado, entra en la cuestión que podría dar un indicio de verosimilitud a la acusación de Vogt: el panfleto Como aviso escrito por Blindt que aquel atribuyó a la inspiración de Marx. Aquí Marx recopila las pruebas–incluida la declaración jurada de un cajista de imprenta- que muestran que él no tenía ninguna relación con Blindt y que fue éste quien organizó toda la intriga. Marx desvela los intereses que movieron a este individuo: mientras Vogt representaba los intereses del “pequeño Napoleón”, Blindt intrigaba desde el bando de la burguesía liberal inglesa interesada en contrapesar el avance francés.
Zabel repite la misma acusación afirmando que “Nos parece que para esto —[para el partido de Marx]— no resultaba demasiado difícil convertirlo —[a Blind]— en el burro de carga… con el empleo de estas declaraciones de Blind, el panfleto pudo ser forjado, de manera que en un todo aparezca como de su exclusiva fabricación” (National-Zeitung, Nº 41)” (pág 202). , Marx rechaza esta insidia: “La refutación judicial de esas acusaciones del “demócrata” Zabel resultó tan oportuna como simple. Se componía de la anteriormente mencionada carta de Blind a Liebknecht, el artículo de Blind aparecido en el Free Press, los dos afidávits de Vögele y de Wiehe —suplementos Nº 12 y 13— y la colaboración impresa de M. D. Schaible” (pág. 195). Además, pone en evidencia a Zabel al denunciar que “me atribuye el poder milagroso de escribir en Londres el 29 de octubre una carta, de la que el juzgado del distrito de Augsburgo YA puede disponer el 24 de dicho mes” (pag. 200).
Marx denuncia el “método” de Zabel consistente en buscar por todos los lados cosas sucias susceptibles de ser atribuidas a Marx: “Allí donde se encuentra con una frase especialmente sucia, la recoge y la añade lo más intacta posible a su fardo. Por lo demás mezcla los distintos pasajes extractados no presentándolos de acuerdo con su continuidad, sino como mejor convenga a sus propósitos personales” (pag 205). Esto lleva a Zabel a reproducir una acusación delirante, ya agitada por Vogt: Marx y los suyos se dedicaban a fabricar dinero falso: “De este modo en 1852 se enhebró una conspiración de la más vil índole, con fabricación en cantidad de papel moneda falso —[véanse más detalles en la obra de Vogt]— contra las Asociaciones Obreras Suizas; conspiración ésta que habría ocasionado a las autoridades suizas los mayores trastornos, de no haber sido descubierta a tiempo” (pag 203). Marx refuta fácilmente esta acusación demostrando que procede de la amalgama que habían hecho entre él y Cherval6, el cual efectivamente se dedicaba a fabricar dinero falso.
Pero la acusación más grave de Vogt, retomada para Zabel y aireada en la prensa alemana, es que Marx y sus amigos chantajearían a los militantes revolucionarios con la amenaza de delatarlos, que a los que no pagasen se les descubriría mediante artículos en la prensa alemana.
Marx refuta detalladamente las acusaciones demostrando en particular que ni Vogt ni Zabel han podido aportar al menos una de “esos cientos de cartas” que se habrían enviado para extorsionar. Pero además desmonta el juego de Zabel consistente en no afirmar directamente que Marx es quien procede a los chantajes y la delación (de esa manera legalmente –según las leyes prusianas de la época- no podía ser acusado de calumnias). Zabel dice en un pasaje lo que hacía la banda del azufre y en otro pasaje –cuidándose de no relacionarlo directamente- afirma que Marx era el jefe del “partido marxista” dentro del cual habría una banda del azufre donde estaría el círculo de los más allegados a Marx.
«Una de las ocupaciones principales de la Banda del Azufre era la de comprometer a las gentes en la patria de tal modo que se les obligara a pagar dinero a fin de que la Banda conservase el secreto sin compromiso. No una, sino cientos de cartas fueron escritas y enviadas a Alemania diciendo que se denunciaría este o aquel acto de participación en la revolución si en una fecha dada no llegaba una suma a una dirección indicada» (pág 190).
Marx aporta el análisis realizado por una asociación obrera en 1860 sobre estas acusaciones: “La Asociación Cultural de Obreros Alemanes que funciona en Londres, de la que me di de baja el 15 de marzo de 1850, festejaba el 6 de febrero de 1860 el vigésimo aniversario de su fundación, con cuyo motivo me invitó y en cuya oportunidad resolvió por unanimidad, “rechazar por calumniosa” la acusación de Vogt que afirmaba, que yo había “desvalijado” a los obreros alemanes en general” (pág 193).
Para Marx, aún más importante que la defensa de su persona es la defensa de la Liga de los Comunistas que Vogt intenta cubrir de oprobio. Se trata de defender la trayectoria y las aportaciones de ese eslabón de las organizaciones comunistas del proletariado desaparecida en 18527.
Marx subraya la función histórica de la Liga de los Comunistas y cómo su disolución consciente se hacía necesaria. “En lo que me concierne al carácter de la Liga de los Comunistas y a la índole de mi participación en la misma, era posible hacer concurrir como testigo a Berlín, a A. H. Bürgers, de Colonia, uno de los condenados en el Proceso de los Comunistas e interrogarlo durante el desarrollo de las vistas judiciales. Además Federico Engels encontró entre sus papeles una carta fechada en noviembre de 1852 y autentificada por los sellos de los correos de Londres y Manchester, en la que yo le comunicaba la disolución de la Liga cumplida a consecuencia de una indicación mía, como también los motivos que se hicieron valer para la resolución referente a dicha disolución: que a partir de la prisión de los acusados de Colonia, todas las comunicaciones con el continente habían quedado cortadas y que una asociación de propaganda semejante ya ni siquiera era digna de su época” (pag. 191).
Vogt falsifica la historia mezclando hechos de diferente naturaleza con el objetivo de denigrar a la Liga y a sus militantes más ligados a Marx y Engels. Así, Vogt convierte en una “conspiración militar secretísima” dirigida por Liebknecht8 donde un buen número de militantes habrían sido llevados a una trampa mortal tendida por la policía prusiana lo que en realidad era una proposición pública a 24 asociaciones obreras de acudir a una reunión “para conversar allí acerca de la organización y fundación de un periódico común” (pag. 31). Presentando a Liebknecht como una mera marioneta de Marx se obstina en mezclarlo en toda clase de asuntos turbios, reales o inventados, pero en los que aquel no participó, atribuyéndole por ejemplo una campaña de calumnias cosa que refuta Marx “Vogt podía mentir mucho, pero hasta su abogado Hermann le prohibió el embuste de que el artículo de Biskamp no copiado por el Allgemeine Zeitung había sido “reeditado” por Liebknecht. Del mismo modo tampoco se le podía ocurrir decir a Vogt que yo había mandado al Allgemeine Zeitung el panfleto intitulado “A Modo de Advertencia”. En cambio, dice textualmente: “El señor Liebknecht es… quien envió al Allgemeine Zeitung aquel panfleto calumniador” (pag 176)
Otra de las insidias de Vogt fue presentar al antes mencionado Cherval, agente doble de la policía francesa y prusiana, como “colaborador” de los miembros de la Liga de los Comunistas en el proceso de Colonia (1852), manchando su memoria.
Marx prueba de forma fehaciente que la causa contra los miembros de la Liga de los Comunistas se basaba en realidad en el testimonio, demostrado como falso, de un tal Steiber. Cita para ello el testimonio de un señor de Berlín, Eichoff, quien en respuesta a las calumnias de este último había afirmado que “todas las declaraciones que el tal Stieber había hecho durante ese proceso [el de Colonia], resultaban ser completamente falsas… La condena de los acusados de Colonia se debió exclusivamente a las declaraciones de Stieber… Toda la declaración de éste habría sido un juramento falso” (página 43).
Vogt presenta la Liga de los Comunistas como una organización sectaria, secreta y conspirativa. Marx en un largo capítulo de su libro (el IV) rebate esta falsificación explicando la evolución de la Liga desde posiciones que hacían concesiones al socialismo utópico y a las teorías sectarias, hacia posiciones dedicadas al desarrollo de la organización y la acción común de la clase obrera: “Las actividades de la Liga comprendían en primer término la fundación de Asociaciones Culturales de Obreros Alemanes, públicas y la mayoría de las asociaciones de esta índole que todavía existen en Suiza, Inglaterra, Bélgica y Estados Unidos, fueron fundadas directamente por ella o por antiguos socios de la misma. Es debido a ello que la constitución que rige a estas asociaciones obreras sea igual en todas partes. Se fijaba un día de la semana para polemizar, otro para los entretenimientos sociales —canto, declamación, etc.—; en todas partes se fundaban bibliotecas sociales. La Liga que apoyaba y dirigía estas asociaciones obreras hallaba en ellas un terreno propicio para su propaganda pública” (pag. 53).
En el mismo sentido, recopila una carta de un obrero emigrado a Londres, Scherzer, “Los tiempos han cambiado. Ha pasado la época de las asociaciones secretas. Es absurdo hablar de federación secreta o federación separatista, cuando un asunto es abiertamente planteado en una Asociación Obrera” (pag. 235)
Explica, igualmente, cómo el espíritu abierto de la Liga le hizo evolucionar desde posturas idealistas a las posiciones materialistas del socialismo científico: “publicamos una serie de panfletos [Marx y Engels] en los que la mezcolanza de socialismo anglo-francés y de filosofía alemana, era sometida a una crítica despiadada, recomendándose en cambio el estudio científico de la estructura económica de la sociedad burguesa, como único fundamento teórico pertinente, explicándose en un lenguaje netamente popular, que lo que se trataba no era la imposición de un sistema utópico cualquiera, sino la participación activa y consciente en el proceso revolucionario social a que asistíamos. A consecuencia de estas actividades la secretaría central londinense se puso en contacto con nosotros [con la intención], de convocar un congreso de la Liga en Londres, en el que las opiniones críticas que nosotros habíamos dado a conocer habrían de ser expuestas en un manifiesto público y que, si bien frente a los elementos anticuados y opositores nuestra colaboración se hacía indispensable, la misma exigía también nuestra entrada en la Liga. Por consiguiente, resolvimos entrar. El congreso después de algunas semanas de violentos debates quedó aceptado el Manifiesto del Partido Comunista que Engels y yo habíamos redactado” (pag. 54). Frente a la imposición a los obreros de “sistemas” elaborados por “cabezas pensantes”, Marx “desechaba todos los sistemas y también los que aparecen en dicho Manifiesto, suplantándolos con la comprensión crítica de las condiciones, el desarrollo y los resultados generales del legítimo movimiento social” (pag. 63).
En fin, Marx combate y desmonta la amalgama que hace Zabel entre la Liga de los Comunistas y la Banda del Azufre que este último trata de hacer pasar como una especie de organización secreta dentro de la Liga de los Comunistas puesto que la considera “el núcleo más íntimo del partido de Marx”. Realizando esa obra de prestidigitación, Zabel proclama que “La Banda de Azufre sometía a sus adictos a un rigor despiadado. Todo aquel que trataba de buscarse una existencia aburguesada, ya fuera por el simple hecho de anhelar una posición independiente, era considerado en general un traidor de la revolución… Los duelos, las desavenencias y grescas, eran fomentadas entre ésta bien alimentada clase de vagabundos, por medio de la siembra de rumores, correspondencias, etc.” (pág. 211).
Este tipo de amalgama es una grave acusación pues da a entender que dentro de una organización comunista hay un “grupo secreto” que mueve los hilos bajo mano y “dirige de facto” la organización. Esto tiene dos consecuencias:
1º Niega el carácter colectivo, unido y abierto con el que se toman las decisiones y orientaciones en las organizaciones comunistas y deforma la realidad de estas equiparándolas a las organizaciones burguesas donde efectivamente existen elites privilegiadas que las manipulan y las dirigen en la sombra. Más aún, en partidos, sindicatos y demás organizaciones capitalistas, existen bandas rivales que se disputan el poder y libran pugnan sobre cuestiones baladíes, muy difíciles de entender para el gran público, pero que tienen como objetivo alzarse con el control de la organización;
2º Acusan a Marx de una práctica conspirativa. Marx, Engels, Lenin, Rosa Luxemburgo y otros militantes proletarios, jamás se libraron a actividades conspirativas, su acción siempre fue pública y abierta, plantearon claramente sus posiciones y polemizaron con partidarios o adversarios exponiendo sin tapujos su postura y sus críticas.
Respecto al “control secreto” de la Liga de los Comunistas por la Banda del Azufre, Zabel no aporta ninguna prueba, su proceder es dar a entender que en “el partido de Marx” reinaría la dictadura despiadada de este último, calificado de “auténtico Napoleón que agita su férula sobre sus adictos”, igualmente que su cofradía sería un nido de espías, agentes provocadores, policías etc. y, por último, que su verdadera actividad, más allá de la palabrería socialista, sería la extorsión, el tráfico de divisas y el chantaje.
Con esta amalgama Zabel desprestigia la memoria de la Liga de los Comunistas, por lo que Marx refuta uno a uno todos los “argumentos” de Zabel que, en realidad, no son tales, sino únicamente amalgamas, alusiones, referencias indirectas… sin aportar la menor prueba.
Esta política de calumnia se combina con la acción policial de control y seguimiento de la actividad de las organizaciones revolucionarias, así Marx pone de relieve cómo la central de la policía de Frankfurt había organizado una “recopilación de informes” sobre las reuniones de la Liga de los Comunistas: “El contenido —[de mis informes sobre las asambleas de la Liga secreta celebrada por mí]— era rellenado con alguna que otra discusión que solía producirse, la aceptación de nuevos miembros de la federación, el que en algún rincón de Alemania acababa de fundarse una nueva feligresía, el que tuviera lugar alguna nueva organización, el que en Colonia los apresados amigos de Marx tuvieran o no posibilidades de ser liberados, que habían llegado cartas de éste o aquél, etc.”(pag 228)9. Esta acción policial incluía la suplantación de las propias organizaciones revolucionarias editando como si procedieran de ellas panfletos “radicales”. Marx cita a este respecto el testimonio de un colaborador policial (Hirsch): “Greif-Fleury alquilan una prensa litográfica en la imprenta de Stambury, Fetter Lane y, en compañía de Hirsch, se dedican ahora a confeccionar ellos mismos sus “panfletos radicales”. “El primer panfleto que redacté —Hirsch— llevaba, de acuerdo con las indicaciones de Fleury, el título: “Al Proletariado Campesino” y fue posible lograr del mismo algunas copias presentables. El señor Greif remitió estas copias como si provinieran del partido marxista y, a fin de hacer más verosímil su origen, agregó algunas líneas sobre la expedición de esta clase de panfletos, fundándose para ello sobre la así señalada manera de fabricarlos en las llamadas Asambleas Federales” (página 229). Esta suplantación llevaba a fabricar actas de las reuniones de la Liga de los Comunistas falsificando incluso firmas de militantes como Liebchneck o Becker.
C. Mir 17-2-22 (continuará)
1 Especialmente por el grupúsculo para – policial que se hace llamar GIGC (Grupo Internacional de la Izquierda Comunista). Ver a este propósito El aventurero Gaizka tiene los defensores que se merece: los matones del GIGC https://es.internationalism.org/content/4656/el-aventurero-gaizka-tiene-los-defensores-que-se-merece-los-matones-del-gigc [148]
2 Las citas están tomadas de la edición en Internet en español del libro de Marx: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860/herr-vogt.pdf [125] Indicamos la página.
3 Recordemos que un libro clásico -El 18 de Brumario de Luís Bonaparte- Marx denuncia las sucias maquinaciones de este personaje para hacerse con el poder. Ver https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm [149]
4 Que sepamos no existe versión digital en español, la versión francesa se puede encontrar en https://www.marxists.org/francais/marx/works/1852/12/index.htm [150]
5 Estructura y funcionamiento de la organización revolucionaria https://es.internationalism.org/revista-internacional/198302/2127/estructura-y-funcionamiento-de-la-organizacion-revolucionaria [3]
6 De este agente provocador ya hemos hablado antes y lo mencionaremos después pues actuó como infiltrado en la Liga de los Comunistas.
7 Para un conocimiento más detallado ver Contribución a la historia de la Liga de los Comunistas de Engels, https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/1885-hist.htm [151]
8 Wilhem Liebknecht (1826-1900), padre de Karl Liebknecht, fundador del Partido Socialdemócrata alemán y militante anteriormente de la Liga de los Comunistas.
9 Cabe añadir que los informes eran “enriquecidos”: “muy a menudo fue preciso recurrir a la imaginación y es probable que en esos casos apareciera también algún miembro de la federación, cuyo nombre acaso ni siquiera exista en el mundo entero. Sin embargo, el señor Greif opinaba que nuestros informes eran buenos, ya que a tout prix [a cualquier precio], era preciso forjarlos…” (pag 228).
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En la primera parte de nuestro estudio sobre el libro Herr Vogt de Carlos Marx vimos el método y el propósito militante que aquel tenía. En esta segunda parte, analizamos el contexto histórico donde se libró la batalla contra las calumnias de Vogt y vamos a ver cómo el método empleado sirvió a la defensa de la Primera Internacional contra la conspiración y la campaña de calumnias de Bakunin. Ese combate de Marx, primero contra Vogt y unos años después contra Bakunin, tiene actualmente plena validez frente al olvido del oportunismo que no quiere “entrar en esas nimiedades”.
Vogt era un agente a sueldo de Luis Bonaparte. Engels en un artículo aparecido en 1873 y que se publica como anexo en el libro Herr Vogt recoge una información que la Comuna de París puso al descubierto al lograr acceder a los archivos policiales del Estado francés: “en las listas recién publicadas de los fondos secretos empleados por Luis Bonaparte aparece: VOGT — le fueron remitidos en agosto de 1859… 40.000 francos” (página 248).
El libro Herr Vogt nos da un panorama claro y preciso de la situación histórica en la década de 1850. Es un momento de fuerte expansión del capitalismo en todo el mundo, de lucha por la formación de nuevas naciones como marco propulsor del desarrollo capitalista. Es también un tiempo de exilio para los revolucionarios de numerosos países debido a la derrota de las revoluciones de 1848. En el primer plano del escenario internacional aparece la política de Gran Bretaña, entonces superpotencia mundial, que para reforzar su dominación no duda en favorecer los movimientos más reaccionarios, especialmente al régimen zarista ruso, baluarte de la reacción feudal. Junto aquel vemos la errática política de Luis Bonaparte, el pequeño Napoleón, los intentos de Prusia por formar la “Nueva Alemania” en detrimento del decrépito poder austriaco.
Marx enmarca la acción de Vogt en esas condiciones históricas. El bisturí de Marx disecciona con precisión esos diferentes elementos que dominan la década aportando análisis muy interesantes. Se trataba de comprender qué pretendía Vogt, en que marco histórico desarrollaba su intriga miserable, qué objetivos e intereses servía y qué condiciones de confusión y debilidad del medio del exilio permitían el ascenso de un personaje de su calaña…
Marx analiza la naturaleza del régimen político instaurado por Luis Napoleón en Francia sobre los escombros de la derrota del proletariado en 1848, al que Vogt sirvió como “agente político” para organizar campañas de difamación de aquellos que el “pequeño emperador” consideraba sus enemigos. El sistema político organizado por el sobrino de Napoleón era semi – dictatorial y se apoyaba en el lumpen. Uno de sus puntales era la Banda del 10 de diciembre - un conglomerado de pequeños burgueses, delincuentes, arribistas, aristócratas arruinados etc.- que servía fielmente al “emperador” dando palizas o asesinando a los oponentes y constituyendo la claque que aplaudía los viajes de personajillo. Diferentes pasajes del libro Herr Vogt completan de forma brillante el estudio que Marx hizo del “pequeño Bonaparte”, quien selló el aplastamiento de las grandes luchas del proletariado de París en 1848 y por ello recibió de la burguesía la licencia para instaurar un régimen para su “pequeña gloria”1.
Marx igualmente denuncia la falsificación que hace Vogt del papel de Rusia, quien durante muchos años había sido el bastión de la reacción feudal -animada bajo mano por Gran Bretaña. Para Vogt Rusia y Francia aliadas podrían dar un impulso a la causa liberal y de emancipación de los pueblos pues veía a Rusia “como protectora del liberalismo y de las ambiciones nacionales. Catalina II fue reverenciada por todo un ejército de pensadores franceses y alemanes, como la abanderada del progreso. El “noble” Alejandro I, el griego del bajo Imperio según lo denomina Napoleón de manera por cierto muy innoble— jugó en un tiempo y en toda Europa el papel de héroe del liberalismo” (pag 104) 2.
Marx denuncia la famosa política de “neutralidad” y “democracia plena” de Suiza, un capital nacional quien siempre ha jugado con unos y con otros para hacer valer sus intereses. Las autoridades suizas se pavonean de “defensores de los derechos humanos”, sin embargo, tras esa máscara participan en la represión de los movimientos proletarios. Así, a propósito de un militante detenido y exiliado por las autoridades suizas, Marx relata como “Druey, en su correspondencia con el preso Schily y la que habremos de mencionar más adelante, le echaba todas las culpas al Cantón de Ginebra, mientras que Tourte aseguraba que toda la culpa la tenían las autoridades federales y que de parte del Cantón de Ginebra no existía queja alguna contra Schily. Una confirmación concordante le había sido dada hacía poco por el juez de instrucción ginebrino, el doctor Raissim” (pag. 219). Era un juego de tenis, donde el cantón pasa la pelota a las autoridades federales, éstas al juez, y el juez a la municipalidad y así sucesivamente, con el resultado final que los exiliados son entregados a los gendarmes alemanes o austriacos. Estos servicios son puntualmente cobrados a peso de oro por los “neutrales” y “demócratas” gobernantes suizos.
Otro importante elemento del libro de Marx es el estudio de los movimientos nacionales, sus contradicciones y miserias, en un tiempo donde la formación de nuevas naciones contribuía al desarrollo del capitalismo y, por tanto, podía ser apoyada críticamente por las fuerzas proletarias. Marx denuncia las proclamas de Vogt según las cuales el Pequeño Napoleón “Es “el desinteresado amigo” de Italia, de Suiza, en una palabra, de todas las nacionalidades”. Tanto el príncipe Napoleón, como el Emperador, es un gran economista… No cabe duda de que, si en Francia alguna vez llegaran a triunfar los buenos principios de la economía política, el príncipe Napoleón habrá contribuido muchísimo a ello”. Es y fue siempre partidario de la más amplia libertad de prensa”, contrario a todas las medidas de previsión policiales de censura, portavoz de “las ideas liberales en el más amplio de los sentidos, tanto en su teoría, como en su aplicación” (pag. 137).
El método marxista no se reduce a los hechos económicos. Esto es lo que pretenden los voceros de la burguesía (principalmente los popes del “marxismo académico”) que buscan enclaustrar el marxismo en cotos bien delimitados de tal forma que pierda todo su filo revolucionario. El método marxista abarca igualmente la lucha organizativa y la defensa de la organización comunista y de sus militantes.
En el libro Herr Vogt hay una unidad entre la minuciosa y científica refutación de las calumnias, el análisis de las motivaciones y lazos políticos de los calumniadores y la enmarcación de sus intrigas en un contexto histórico determinado (desarrollo del capitalismo, movimientos nacionales, medio del exilio debido a la derrota de los movimientos de 1848). Esta unidad hace del libro parte integral del método marxista.
Engels decía que la lucha de clase del proletariado tiene tres dimensiones: económica, política e ideológica. Creemos que debe añadírsele una cuarta dimensión: la lucha organizativa y dentro de ésta el combate contra la calumnia y la denigración.
Como hemos dicho al principio, la calumnia es un arma de la burguesía contra las organizaciones comunistas: quienes las ejecutan pueden ser elementos policiales o agentes políticos del capital, como es el caso de Vogt, pueden ser igualmente aventureros, parásitos, colaboradores para- policiales como el ignominioso grupúsculo GIGC3. Sin embargo, esa multiplicidad de motivaciones converge y se inscribe en una política superior y coherente: la lucha de la burguesía contra las organizaciones revolucionarias. Esta política sistemática de la burguesía tiene más de 200 años de antigüedad. Una de las primeras expresiones fue la campaña de calumnias contra un genuino militante obrero-organizada por un provocador policial dentro de la Sociedad de Correspondencia de Londres en 17954. Marx recuerda como otros militantes obreros habrían sufrido el mismo tratamiento “No sólo los Mouchards decembristas aullaron calumnias similares tras Luis Blanc, Blanqui, Raspail, etc; también en todas las épocas y partes del mundo los Sicofantes de la clase reinante calumniaron siempre en forma igualmente infamante a los precursores literarios y políticos pertenecientes a la clase sometida” (página 46).
El libro Herr Vogt desarrolló un método científico de denuncia y refutación de la calumnia, como tal inspiró otro combate de las organizaciones comunistas contra la conspiración y la calumnia: el de la Primera Internacional contra las actuaciones de Bakunin y su banda que se disfrazaba bajo el pomposo nombre de Alianza de la Democracia Socialista. Sus intrigas, maniobras y campañas de calumnia fueron científicamente desmenuzadas y puestas al desnudo por la comisión Utin que presentó un informe ante el Congreso de La Haya (1872). Hay pues un hilo conductor de método entre Herr Vogt y este combate de la AIT. Marx y Engels profundizaron en todas las lecciones de este combate en Las pretendidas escisiones en la Primera Internacional5.
Existe en el medio de la Izquierda Comunista una actitud oportunista consistente en rechazar la defensa de la organización, la lucha contra el parasitismo y el combate contra la calumnia, oponiendo una serie de “argumentos” que vamos a rebatir metódicamente.
Cuando Marx dedicó un año entero a la refutación de la calumnia de Vogt, muchos elementos de Asociaciones Obreras o incluso antiguos militantes de la Liga de los Comunistas decían que esa respuesta “se rebajaba al nivel de Vogt”, que “quien pretende combatir el lodo acaba enlodándose”; que Marx reaccionaba en función de su orgullo herido.
Vogt era un individuo indigno que no merecía sino el desprecio (Marx lo trata en su libro de “naturaleza redondeada”, Engels de “gusano”). Pero había que responderle no tanto por lo que era sino por el daño que causaba. Hay que hacer su vergüenza más vergonzosa haciéndola pública –como decía Marx-. Al sacar a la luz las tropelías de estos personajes, al desvelar de forma implacable sus maquinaciones, al poner en evidencia sus motivaciones inconfesables, estos individuos pierden el terreno en el que se mueven como pez en el agua: el de la sombra, el de la acusación sin respuesta, el de la duda jamás aclarada, el de la insinuación ambigua que propaga la sospecha. Cuando ese terreno sórdido es iluminado por los potentes focos de la denuncia revolucionaria pierde la mayor parte de su capacidad de hacer daño.
La lucha de clases es un terreno dramático y abigarrado, donde los contendientes no emplean las mismas armas. El proletariado, en efecto, actúa con claridad, transparencia, solidaridad, honestidad moral. Sin embargo, la burguesía no tiene el menor escrúpulo en desplegar contra el proletariado y sus organizaciones revolucionarias, las más viles maquinaciones, las intrigas más abyectas, las trampas más siniestras, en el fuego de los antagonismos de clase, el mundo burgués revela el barro pestilente sobre el que se levanta.
Es pues un arma fundamental de la lucha de clases la denuncia de esa ciénaga repugnante que la burguesía remueve sin descanso. Renunciar a ello en nombre de la “altura intelectual” es desarmar al proletariado de ese capítulo esencial de su combate.
Pero denunciar esa telaraña de intrigas, calumnias e indignidades, es igualmente sentar las bases para comprender que el mundo comunista del que el proletariado es portador se levanta sobre otro modo de vida, otra concepción de la humanidad y otros principios morales, pues como recuerda La Ideología Alemana de Marx y Engels “Este modo de producción no debe considerarse solamente en cuanto es la reproducción de la existencia física de los individuos. Es ya más bien, un determinado modo de actividad de estos individuos, un determinado modo de manifestar su vida, un determinado modo de vida de estos”6, ese mismo documento recuerda que “la revolución no sólo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la clase que derriba salir del cieno en que se hunde y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases”7. Así pues, la denuncia implacable de la calumnia, la denigración, las maniobras e insinuaciones, delimita claramente el campo proletario contra el cieno de la sociedad burguesa y sus servidores. Ayuda a comprender de forma concreta los contornos de la futura sociedad comunista, los principios que la inspirarán en todos los campos de la vida.
En el Prefacio de su libro contra Vogt, Marx responde a ese argumento8: «Yo sé, por lo demás, que los mismos sesudos varones que, al aparecer los infundios de Vogt, movían gravemente sus cabezas, concediendo importancia a aquellos, no comprenderán ahora en absoluto cómo puedo yo perder el tiempo en refutar semejantes niñerías; mientras tanto, los escritorzuelos liberales, que con odio maligno deseaban dañarme publicando en la prensa alemana, suiza, francesa y americana las más bajas vulgaridades y las inútiles mentiras de Vogt, encontrarán sacrílegamente escandaloso mi modo de despacharles a ellos mismos y a sus héroes » (pag. 12). Para Marx esa lucha es una tarea “en interés del partido”: «hasta entonces solo me había ocupado literariamente, por rarísima excepción, de las innumerables insolencias vertidas contra mi durante 10 años por la prensa alemana y germano americana cuando se trataba de un interés de partido, como ocurrió con ocasión del proceso de los comunistas de Colonia» (página 241).
La calumnia, la denigración, la difamación preparan la represión, son su trampolín necesario. Así lo evidencia Víctor Serge en su libro Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión: “La provocación es mucho más peligrosa por la desconfianza que siembra entre los revolucionarios. Es terrible, porque la confianza en el partido es la base de toda fuerza revolucionaria. Se murmuran acusaciones, luego se dicen en voz alta, generalmente no se pueden aclarar. De ahí resultan males en cierto sentido peores que los que podría ocasionar la misma provocación. Hay que recordar ciertos casos lamentables: Barbés acuso al heroico Blanqui y Blanqui, a pesar de sus cuarenta años de reclusión, a pesar de toda su vida ejemplar, de su vida indomable, jamás pudo quitarse de encima la infame calumnia”9. Dejar sin respuesta la calumnia es abrir las puertas a la represión. El asesinato de Rosa Luxemburgo fue ejecutado por un maldito teniente, pero su arma asesina había sido cargada con las balas de la campaña de difamación que montó el gobierno provisional del SPD, la cual a su vez recogía las insidias que “inocentemente” habían circulado por más de 20 años en el partido tachando a Rosa de “libertina”, “pervertidora de menores”, “revolucionaria violenta” y otras lindezas.
El piolet que Mercader clavó sobre Trotsky tenía detrás la patológica campaña que Stalin montó contra Trotski acusándolo de agente de la Gestapo y atribuyéndolo todos los desastres que ocurrían en Rusia desde un choque ferroviario hasta la avería de una central eléctrica. Sin embargo, yendo más lejos, esta campaña se levantaba sobre las calumnias contra Trotsky que circularon en 1917-23 en los círculos de partido bolchevique.
El oportunismo separa el vínculo sangriento que existe entre la calumnia y la represión, el lazo que hay entre el parasitismo y la barbarie policial. Con ello subestima a la burguesía y se imagina que esta se desmoronará sin apenas oponer resistencia, ignorando las trágicas lecciones de más de un siglo de decadencia capitalista y soñando con la imagen idílica que denunciaba el propio Víctor Serge “A fines del siglo anterior se podía alimentar el gran sueño de una transformación social idílica. Generosos espíritus se dedicaron a él, desdeñando o deformando la ciencia de Marx. Se imaginaban la revolución social como la expropiación casi indolora de una ínfima minoría de plutócratas. ¿Por qué el proletariado magnánimo, rompiendo las viejas espadas y los fusiles modernos, no habría de perdonar a sus desposeídos explotadores de la víspera? Los últimos ricos se extinguirían pacíficamente, ociosos, rodeados de un burlón menosprecio. La expropiación de los tesoros acumulados por el capitalismo, unida a la reorganización racional de la producción, le proporcionaría a la sociedad entera, en su momento, la seguridad y la comodidad”10.
Es cierto que el paso de los años ha puesto las calumnias en su sitio. Hoy ni el historiador burgués más abyecto se atreve a acusar a Lenin de “agente alemán” o a Trotsky de “esbirro de la Gestapo”, sin embargo, en el marco de la lucha de clases concreta, de su evolución histórica precisa, es un arma temible en manos de la burguesía. Cuando en el furor mismo de los enfrentamientos de clase, los agentes de la burguesía lanzan la calumnia, entonces, la confusión, las dudas, aquello de “no hay río sin agua", pueden provocar estragos terribles, aislar a los revolucionarios de su clase, sembrar la parálisis y la vacilación. Y esas maniobras pueden asestar un golpe terrible a la lucha revolucionaria, recordemos lo que decía Rosa Luxemburgo de esos momentos: “Pero hay una ley vital interna de la revolución que dice que nunca hay que pararse, sumirse en la inacción, en la pasividad después de haber dado un primer paso adelante. La mejor defensa es el ataque. Esta regla elemental de toda lucha rige sobre todos los pasos de la revolución”11.
Por ello, la pretensión intelectualoide de menospreciar la calumnia arguyendo que el “tribunal de la historia pondrá las cosas en su sitio” significa una subestimación de la dureza de la confrontación entre las clases, del grado de barbarie, cinismo y maquiavelismo de la burguesía, es un desprecio al combate proletario, duro y difícil, que debe enfrentar a un enemigo bárbaro que condensa en su seno lo peor y lo más cínico de las sociedades de explotación12.
Marx y Engels defendieron frente al fundamento moral en el que exclusivamente se apoyaba el socialismo utópico la necesidad de asentar la lucha por el comunismo en la visión histórica y científica del materialismo histórico. Pero de ahí no dedujeron que el proletariado debería carecer de toda moral. El proletariado tiene su moral que se opone tanto al amoralismo y la ausencia de escrúpulos que caracteriza un polo de la ideología burguesa -el utilitarismo moral-, como al imperativo moral o el moralismo religioso que expresan el otro polo13.
Dentro de su lucha de clase, el proletariado lleva igualmente un combate moral y este es una dimensión importante de las organizaciones comunistas y de sus militantes. Hay una diferencia fundamental, que es una frontera de clase, entre los hombres políticos de los partidos de la burguesía y los militantes de las organizaciones políticas del proletariado.
En los primeros, sus miembros están siempre desgarrados entre 3 intereses difíciles de conciliar: el interés general de la burguesía, el interés de la fracción que representan y su propio interés particular. Esto marca su comportamiento con el estigma de una duplicidad y una hipocresía congénitas pues ni son leales a la “comunidad de ciudadanos” (solo sirven a la clase dominante), ni son tampoco completamente leales a esta última (los intereses de fracción, camarilla o clique, matizan la lealtad general a su clase), ni finalmente tampoco son verdaderamente leales a la fracción burguesa que representan (pues no pierden de vista sus intereses personales y en muchos casos acaban anteponiéndolos por encima de todo). El Príncipe de Maquiavelo caracterizó magistralmente la “moral” que nace de estas complejas relaciones14.
Esta práctica es radicalmente incompatible con las organizaciones políticas proletarias. En estas, debe imperar como norma vital la limpieza, la transparencia, la entrega totalmente desprendida, la proscripción sistemática de calumnias o maniobras.
El oportunismo no se indigna ante la maniobra, la calumnia, la mentira, el rumor malintencionado. Al contrario, los mira con desdén, colocándose en un pedestal que “solo mira el cielo”, pretende estar por encima del bien y el mal y considera esa barbarie como “minucias". Dedicarle tiempo sería quitárselo a los análisis, la propaganda y la intervención.
No solamente no captan el peligro que significa la calumnia sin respuesta, sino que caen en la indiferencia moral, en un pragmatismo desmovilizador. La calumnia debe suscitar inmediatamente la indignación de los revolucionarios. Su ausencia revela la poca estima que se tiene de la organización, los militantes y la propia militancia. Se echa por la borda la tradición y la continuidad histórica que se hallan condensadas en la organización revolucionaria en nombre de “no caer en moralismos”.
El oportunismo ve demasiado dudoso, excesivamente sombrío, terriblemente sórdido, todo lo que sea defender la organización y sus militantes. Es un terreno demasiado “contaminado” para su etérea sensibilidad. Cree que responder es meterse en la boca del lobo y se niega a comprender que la respuesta es, por una parte, la afirmación positiva de la dignidad y la convicción de los revolucionarios y, de otro lado, constituye el desarrollo de los propios principios de la clase proletaria.
El caso de Freiligrath es un ejemplo palmario de filisteo demócrata preocupado ante todo de su noble conciencia. Cuando Marx recaba su ayuda frente a Vogt, Freiligrath olvida su pasado militante y prefiere la “libertad”: “Mi naturaleza, como la de todo poeta, necesita libertad. También el partido es como una jaula, y se puede cantar mejor, incluso para el partido, desde fuera que desde dentro. He sido un poeta del proletariado (...) Por eso quiero seguir volando con mis propias alas, quiero pertenecer sólo a mí mismo y quiero disponer de mí por completo".15.
La “fina sensibilidad” de Freiligrath no puede soportar «todos los elementos dudosos y abyectos que se habían pegado al partido” y se siente contento de dejar el Partido ¡para sentirse limpio! La «limpieza» del oportunismo consiste en sustraerse completamente de la arena trágica de la lucha de clases, colocarse en un pedestal imaginario –que tan solo existe en su cabeza temerosa- desde el que contempla cómo esas “sucias” y “políticas” clases se baten a muerte. El filisteo se encierra en un mundo inmóvil y conservador donde no existe combate sino el deambular más o menos agitado de cuatro ideas especulativas.
Como hemos señalado en la primera parte de este artículo16, el libro Herr Vogt no era únicamente una defensa de la persona de Marx, era sobre todo una defensa de la organización comunista. Las grandes luchas obreras de las Revoluciones de 1848 significaron la movilización política autónoma del proletariado por primera vez desde los orígenes lejanos del movimiento obrero en la revolución inglesa de 1640. El proletariado aparecía con un programa y una política propios, ya no era la clase subalterna que la burguesía movilizaba para su revolución contra la feudalidad. Como expresión avanzada de ese cambio fundamental el proletariado se dotaba de una organización política -la Liga de los Comunistas- que había significado una transformación radical de las organizaciones políticas proletarias. Hasta entonces, estas tenían un programa utópico que pedía a los burgueses ilustrados “colaborar” en su noble causa, se organizaban según criterios de las sectas y se dividían en diferentes tendencias abocadas al fracaso: bien la conspiración minoritaria al estilo del blanquismo; bien la realización del “paraíso comunista en la tierra” de los grupos utópicos; bien un reformismo sin perspectiva17.
Esta evolución tan importante de la lucha proletaria y de sus organizaciones comunistas preocupó seriamente a las diferentes fracciones burguesas. La clase proletaria podía poner en peligro la dominación capitalista al tener el objetivo propio de una sociedad alternativa. Había que combatir al proletariado y, de forma más concreta, a sus organizaciones comunistas con todos los medios, legales e ilegales, no solamente la represión y la ley sino igualmente la calumnia, la denigración, las campañas de prensa etc.
La conspiración calumniosa de Vogt forma parte de este combate de la burguesía contra la organización comunista. No fue un acto individual ni una maniobra particular de Luis Napoleón, su campaña contra Marx formaba parte de la lucha de la burguesía europea contra los militantes y las organizaciones comunistas. La prueba está que Vogt se vio secundado por Zabel, pero rápidamente encontró un eco ruidoso en toda la prensa liberal europea e incluso norteamericana. Hubo tras ese objetivo común una convergencia de fracciones burguesas muy diferentes: los feudales prusianos, la burguesía progresista alemana, los liberales ingleses y norteamericanos, los decembristas napoleónicos…
Este es el legado crucial del libro de Marx Herr Vogt, la lucha por la defensa de la organización que luego proseguiría con la defensa de la AIT contra conspiración de Bakunin, jaleada por toda la prensa burguesa desde Gran Bretaña a Rusia, desde Alemania a España.
Hay una continuidad entre los textos de denuncia del proceso de los comunistas de Colonia (1852), el libro Herr Vogt y los textos antes citados de defensa de la AIT contra la conspiración de Bakunin. Los tres forman una unidad de aplicación de método del materialismo histórico en la defensa de la organización.
C. Mir 24-10-21
1 Nos referimos a El 18 de Brumario de Luís Bonaparte https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm [149]. Cabe señalar que los editores en español de Herr Vogt en su advertencia insisten sobre este aspecto de análisis histórico de dicho libro y dejan completamente de lado lo esencial que es el combate de Marx contra la calumnia y la denigración
2 En un Anexo, artículo publicado por Engels en 1871 titulado Nuevamente el Señor Vogt mayo 1871, se evidencia cómo Herr Vogt está cambiando de chaqueta, pues “su glorioso emperador”, el pequeño Bonaparte, ha sido derribado y ha estallado la Comuna de París, y ahora denigra a su patrón, pero sigue defendiendo el papel “liberal” de Rusia en el contexto de “que estamos a las puertas de un conflicto entre el mundo eslavo y el mundo germano… y de que por uno de ambos lados será Rusia quien se encargue de dirigirlo” (pag. 247).
3 Ver El aventurero Gaizka tiene los defensores que se merece: los matones de la GIGC https://es.internationalism.org/content/4656/el-aventurero-gaizka-tiene-los-defensores-que-se-merece-los-matones-del-gigc [148]
4 Ver el libro de E.P. Thompson La formación de la clase obrera en Inglaterra. En español Editorial Crítica 1989
5https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/lpee72s.htm [21], Ver igualmente Cuestiones de organización, II - La lucha de la Iª internacional contra la « Alianza » de Bakunin https://es.internationalism.org/revista-internacional/199607/1774/cuestiones-de-organizacion-ii-la-lucha-de-la-i-internacional-contr [128] y Cuestiones de organización, III - El Congreso de La Haya en 1872 - La lucha contra el parasitismo político https://es.internationalism.org/revista-internacional/199610/1767/cuestiones-de-organizacion-iii-el-congreso-de-la-haya-en-1872-la-l [22]
6 https://www.marxists.org/espanol/m-e/1846/ideoalemana/index.htm [155] Primer Capítulo de Feuerbach, Oposición entre las concepciones materialista e idealista, sección 2ª Premisas de las que arranca la concepción materialista de la historia.
7 Ídem., Segundo Capítulo de Feuerbach, Oposición entre las concepciones materialista e idealista, sección 6ª Conclusiones de la concepción materialista de la historia: continuidad del proceso histórico, transformación de la historia en historia universal, necesidad de la revolución comunista
8 Una variante es el argumento según el cual responder a los parásitos es darles publicidad. Evidentemente, no se trata de entrar a todos los trapos que como señuelos pueden lanzar los parásitos y los calumniadores. De lo que se trata es de responder con firmeza y desde una posición ofensiva cada vez que está en juego la reputación de las organizaciones revolucionarias y de sus militantes.
9https://www.marxists.org/espanol/serge/represion/repres-1.htm#1iii [156] Capítulo XIX Conclusión. Por Qué Resulta Invencible la Revolución
10 Ídem., Capítulo XI Conciencia del riesgo y conciencia del fin
11 El orden reina en Berlín, https://www.marxists.org/espanol/luxem/01_19.htm [157]
12 Víctor Serge, en el último capítulo de su libro antes citado (ver nota 9) recuerda algo que los oportunistas olvidan fácilmente: “el capitalismo, en otra época inicuo y cruel sin duda, pero creador de riquezas, se convirtió, en el apogeo de su historia, que comienza el 2 de agosto de 1914, en el exterminador de su propia civilización, en el exterminador de sus pueblos… Desarrollado prodigiosamente durante un siglo de descubrimientos y de labor encarnizada, con la técnica científica en manos de los grandes burgueses, de los jefes de bancos y trusts, se volvió contra el hombre. Todo lo que servía para producir, para extender el poder humano sobre la naturaleza, para enriquecer la vida, sirvió para destruir y para matar con un poderío repentinamente acrecentado. Basta una tarde de bombardeo para destruir una ciudad, obra de siglos de cultura”.
13 Ver Texto de orientación sobre marxismo y ética https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1139/texto-de-orientacion-sobre-marxismo-y-etica-i [158] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/200703/1301/texto-de-orientacion-sobre-marxismo-y-etica-ii [159] . Igualmente, la cuarta parte de la Serie La Herencia oculta de la izquierda del capital https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201803/4278/la-herencia-oculta-de-la-izquierda-del-capital-iv-su-moral-y-la-nuestr [160]
14 En Herr Vogt, Marx pone al descubierto las trapacerías, los sobornos recibidos, las tentativas de formarse una camarilla de incondicionales, el republicanismo de fachada etc., de Kossuth –héroe de la liberación nacional de Hungría- que, conforme a la moral burguesa, era al mismo tiempo un héroe y un truhan, un republicano extremista y un monárquico de circunstancias: «Si Kossuth fue una vez el arpa eolia por medio de la cual tañía el ciclón popular, no es ahora más que la oreja de Dionisos, que remurmura los susurros de las misteriosas estancias del Palais Royal y las Tullerías» (página 206).
15 La “libertad” que Freiligrath reivindicaba frente al Partido no le impedía ser prisionero de Fazy, su patrón ginebrino, el cual a su vez era el protector de Vogt. La cita procede de una contribución al Boletín interno internacional de la CCI.
16 apartado Defensa de la memoria de la Liga de los Comunistas
17 Ver el capítulo Literatura socialista y comunista del Manifiesto Comunista, así como igualmente Del socialismo utópico al socialismo científico (https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/index.htm [161] ) y Contribución a la historia de la Liga de los Comunistas (https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/1885-hist.htm [151] ).
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La capitulación ante el imperialismo del antiguamente proletario Partido Socialdemócrata Alemán, en 1914, es bien conocida entre los revolucionarios. También lo es el declive oportunista del SPD, que pavimentó el camino a esta trascendental traición a la clase obrera.
Lo que no se conoce tan a fondo es la lucha ininterrumpida que libró el ala revolucionaria del Partido, desde su misma concepción, contra las fuerzas del oportunismo reformista, no solo a nivel teórico (mediante trabajos seminales de la talla de la Crítica del Programa de Gotha de Marx, el Anti-Dühring de Engels o el Reforma o Revolución de Luxemburgo) sino también en el plano de la defensa de los principios organizativos de clase.
En este artículo haremos la crónica de esta lucha organizativa en dos partes, basando nuestra investigación en libros y documentación que, en buena parte, solo está disponible en lengua alemana. Esta primera parte cubrirá el periodo de 1872 a 1890, del programa de Gotha al programa de Erfurt. La segunda parte, aún por publicar, lidiará con el periodo consiguiente hasta 1914.
Tras la derrota de la Comuna de París en 1871, la burguesía reaccionó desatando una ola de represión a lo largo y ancho de Europa. Como es evidente, las principales víctimas fueron los comuneros, en Francia, de los cuales más de 20.000 habían sido asesinados, 38.000 habían sido arrestados y más de 7.000 fueron deportados por el gobierno de Versalles. Pero en vista de este primer asalto victorioso al poder en una gran ciudad por parte de la clase obrera, las organizaciones del proletariado en otros países también sufrieron la intensificación de la represión. Al mismo tiempo, la clase dominante propició un ataque dentro de las mismas filas de la Primera Internacional – con Bakunin y su Alianza para la Democracia Socialista a la cabeza. Con la ayuda de una organización secreta, los logros previos de la Primera Internacional a nivel de funcionamiento fueron socavados, y su organización se redujo a la anarquía. En el Congreso de la Haya de 1872, el Consejo General de la Primera Internacional encabezado por Marx y Engels denunció esta estratagema. Esta lucha por la defensa de la organización estuvo llamada a convertirse en uno de los tesoros más valiosos de la experiencia del movimiento revolucionario, cuya trascendencia y consecuencias fueron ampliamente subestimadas entonces, y olvidadas hasta mucho después. En una serie de artículos (Revista Internacional 84-88), la CCI ha descrito esta lucha y sus lecciones en detalle. Recomendamos a nuestros lectores familiarizarse con este material indispensable para entender el desarrollo posterior de la situación1.
Las secciones alemanas de la Primera Internacional participaron activamente en la preparación del Congreso de La Haya – a pesar de la oposición de sus dirigentes. Tras la Comuna de París, la formación de secciones nuevas en Alemania había sido prohibida, y solo se permitía la adhesión individual. De este modo, no existía oficialmente la posibilidad de que ninguna organización alemana como tal fuera miembro de la Primera Internacional, como tampoco podía serlo ninguna sección local. En la mayoría de países europeos, ninguna organización de tamaño significativo podía seguir existiendo como tal si declaraba abiertamente su afiliación a la Internacional tras 1872. Por otro lado, el Gobierno prohibió a los miembros residentes en Alemania viajar a La Haya como delegados, pero consiguieron esquivar estas medidas coercitivas.
Wilhelm Liebknecht y August Bebel, líderes del SDAP (Sozialdemokratische Arbeiterpartei/Eisenacher2, 1869-1875) fueron encarcelados durante 2 años por su posición internacionalista en la Guerra franco-prusiana. Muchos de sus camaradas que escribían para el “Volkstaat” (publicación del SDAP) fueron arrestados, y las autoridades prohibieron cualquier publicación sobre el Congreso de La Haya. No obstante, la delegación alemana al Congreso fue capaz de enviar 15 delegados de un total de 65 (casi una cuarta parte), teniendo un papel activo en el mismo. Marx había recibido el mandato de Leipzig, Engels recibió el de Breslau, y Cuno fue elegido jefe del comité investigador de las actividades de la Alianza Bakuninista.
Tras la conclusión del Congreso de La Haya (2-7 de septiembre de 1872), los delegados se dirigieron inmediatamente al Congreso del SDAP (Eisenach) en Mainz (7-11 de septiembre).
Mientras que, al principio, los eisenachistas habían adoptado una firme posición contra los bakuninistas tras el Congreso de La Haya, el Volkstaat empezó a suavizar sus declaraciones contra los bakuninistas en torno al otoño de 1872. Durante este periodo, Liebknecht se abstuvo de criticar a los anarquistas y empezó a buscar el compromiso con los lassalleanos3. Marx y Engels, por otro lado, amenazaron con poner fin a su cooperación con la organización si el Volkstaat seguía manteniéndose en silencio. Defendían que la unidad real no podía conseguirse mediante el abandono de los principios. Ante las críticas de Marx y Engels, el Volkstaat retomó sus críticas contra los bakuninistas por un tiempo4. Mientras, los lassalleanos siguieron mostrando su apoyo a los bakuninistas. En abril de 1873 rechazaron las resoluciones del Congreso de La Haya y llegaron a mandar delegados a una reunión bakuninista en Suiza.
La tendencia que tenía el Partido de Eisenach de hacer concesiones al Partido Lassalleano (Asociación General de Trabajadores Alemanes – ADAV) buscaba su justificación, en parte, por la previsible unificación de las dos organizaciones. Sin embargo, durante el Congreso de Coburgo de 1874, el SDAP se centró en discutir el apoyo mutuo en la lucha de clase, y la unificación inmediata del SDAP y la ADAV no estaba en el orden del día. Aun así, con el voto de Marx y Engels en contra, los líderes del SDAP se apresuraron a firmar la unificación en Gotha, en marzo de 1875, fundando el Partido Obrero Socialista de Alemania (SAPD) junto a los lassalleanos.
“No debe distraernos este llamado a la ‘unificación’ […] Evidentemente cualquier líder de un partido quiere verlo triunfar, no hay nada de malo en ello. Pero hay circunstancias en las que uno debe tener el coraje de sacrificar el éxito inmediato por cosas más importantes, especialmente cuando hablamos de un partido como el nuestro, cuyo triunfo final es absolutamente inevitable, cuando lo hemos visto desarrollarse tan colosalmente a lo largo de nuestras vidas… el éxito inmediato no es de ninguna manera algo absolutamente necesario […] En cualquier caso, creo que con el tiempo los elementos más capaces de entre los lassalleanos empezarán a gravitar hacia ti por propia iniciativa, y que por tanto no sería sensato arrancar una fruta inmadura, como quieren los partidarios de la unificación. Ciertamente el viejo Hegel decía: ‘el partido que acaba siendo victorioso es el que se escinde, el que es capaz de tolerar escisiones’”.
En la misma carta, Engels advierte que al verse los eisenachistas en competencia directa con la ADAV, como ocurría en realidad, “se acaba acostumbrando uno a tener en cuenta a la ADAV para cualquier cosa […] En nuestra opinión, que la práctica ha confirmado ampliamente, la mejor táctica propagandística no es alienar a los miembros individuales del oponente de forma aislada, sino trabajar hacia las grandes masas que son aún indiferentes. Una sola fuerza singular nueva que se consigue atraer desde ese espacio vale más que cualquier desertor de Lassalle, que siempre llevará consigo la semilla de su mala concepción del partido”5.
Tras la derrota de la Comuna de París y la disolución de facto de la Primera Internacional en 18736, los esfuerzos del movimiento pasan a centrarse en el plano nacional. “El centro del movimiento pasó a ser Alemania”7, donde la tendencia marxista había ganado autoridad política gracias a su internacionalismo durante la Guerra franco-prusiana.
Durante la década de 1870, el SAPD se había convertido en uno de los primeros partidos cuya fundación se debía a la fusión de dos partidos del mismo país. Dado que la disolución de la Primera Internacional descartaba cualquier tipo de cooperación internacional significativa, el movimiento obrero internacional se enfrentaba a la tarea de fundar partidos en los diferentes países, dándoles un carácter programático y organizativo más profundo que en la década de 18608.
En Austria, el Partido Socialdemócrata Unido austriaco fue fundado en abril de 1874 (con un programa basado en el de los eisenachistas)9. En otros países, el proceso de formación de partidos empezó más tarde10.
El Congreso fundacional de Gotha del SAPD expresaba cierto progreso, principalmente por el hecho de que, por primera vez, se logró el establecimiento de un partido con principios organizativos sólidos, y de implantación nacional. La unión de las dos organizaciones hizo posible la superación de la “dictadura de los líderes” que había existido previamente en la ADAV de Lassalle, y puso el liderazgo del partido en manos colectivas y centralizadas. Lassalle, que murió en un duelo en 1867, había cumplido el papel de un presidente con poderes cuasi-dictatoriales entre los lassalleanos, y su forma de hacer las cosas seguía proyectando una larga sombra sobre la ADAV.
Los estatutos de la ADAV en 1872 exigían:
“III. Membresía § 3: todo obrero que así lo declare puede convertirse en miembro de la asociación con pleno e igual derecho a voto, y puede dimitir en cualquier momento. § 6 Los asuntos de la asociación serán administrados por el comité ejecutivo formado por 24 miembros más su presidente”.
En los siguientes puntos se detallaban los poderes del presidente. Por otro lado, los estatutos del SAPD, fundado en 1875, decían:
“§1 Podrá pertenecer al partido cualquiera que se comprometa con los principios de su programa y promueva activamente los intereses de los trabajadores, incluso mediante donaciones. Los que no contribuyan por un periodo de 3 meses no serán considerados camaradas del partido”.
Debido a la instauración de prohibiciones sobre la formación de asociaciones y la participación activa en organizaciones revolucionarias, los estatutos evitaban hacer referencia alguna a la cooperación activa dentro de la organización. Se dejaba claro que “los miembros del partido que actúen contra los intereses del mismo serán expulsados de la organización. Podrán apelar esta decisión en el Congreso del partido” (§2 Estatutos). A este respecto se dio una continuidad con los métodos de la Liga de los Comunistas, que no obstante solo fue posible gracias a los eisenachistas.
De esta forma, el recién nacido partido representaba un paso adelante a nivel organizativo. No se podía decir lo mismo, no obstante, en cuanto a su nivel programático, donde se dejaba entrever una gran inmadurez política, a su vez potenciada por toda una multitud de “defectos de nacimiento”.
Representando a los lassalleanos en el congreso había 73 delegados elegidos por 15.322 miembros, mientras que los eisenachistas contaban con 56 delegados con 9.121 votos11. Debido a que entre los lassalleanos había una mayor confusión política, la dirección del partido se vio inclinada a hacer compromisos en su favor y aceptar una mayor ambigüedad programática, en aras de la unidad. Cuando Karl Marx envió a Wilhelm Bracke su “Crítica del Programa de Gotha” el 5 de mayo de 1875, la dirección del partido la ocultó al congreso y a los militantes; hasta a Bebel, uno de los líderes más famosos, se le ocultó la existencia de la carta:
“Una vez terminado el congreso de coalición, Engels y yo publicaremos una breve declaración expresando nuestro desacuerdo con el mencionado programa y sus principios, y no queremos tener nada que ver con él […] Aclarado eso, es mi deber no reconocer por silencio diplomático lo que creo que es un programa completamente injustificable que desmoralizará al partido. Cada paso del movimiento real es más importante que una docena de programas. Si no se podía ir más allá del programa de Eisenach – y las circunstancias no lo permitían – deberíamos habernos limitado a aprobar un acuerdo de acción contra el enemigo común. Si, en cambio, nos proponemos la decisión de principios programáticos (en vez de ir posponiéndolos para el momento en que lo decida una prolongada actividad en común), podremos levantar los hitos que medirán el progreso de la organización del partido a la vista de todo el mundo […] Se quiere evitar toda posible crítica e impedir toda reflexión en el partido. Todo el mundo reconoce la satisfacción que sienten los trabajadores ante el hecho de la unificación, pero se cae en un error si se piensa que este éxito inmediato no se ha comprado a un alto precio. Por cierto que el programa es inútil. No es más que una canonización de Lassalle y sus artículos de fe”12 13.
Engels decía en una carta a Wilhelm Bracke en octubre de 1875:
“Estamos completamente de acuerdo contigo en que Liebknecht y su fe en los compromisos a toda costa han dado como resultado una chapuza […] Una vez que el proceso de unificación se ha puesto en marcha, sobre bases podridas y con las proclamas más altisonantes, no se permitía ni siquiera concebir el fracaso”14.
La vehemente crítica de Marx y Engels a esta falta de claridad, por no decir actitud oportunista, dejó claro su énfasis en la claridad programática y en la creencia de que la unidad no se puede comprar al precio del abandono del programa, haciendo alianzas poco fiables, basadas en la confusión. Es mejor ser pocos al principio mientras se trabaje sobre bases firmes, que ser muchos sobre bases poco claras. Marx y Engels asumían así el punto de vista de que la unidad solo puede darse sobre bases firmes y que la claridad no debe ceder ante la unidad. La adhesión marxista a la intransigencia programática y a la lealtad a los principios caracterizó su relación con las tendencias oportunistas que emergieron más adelante. A este respecto, la actitud de Marx y Engels de oponerse a la unidad a cualquier precio y luchar por la clarificación, sin miedo a las demarcaciones y las posibles divisiones, contrastó en gran medida con la política que acabaría adoptando el SPD.
Al mismo tiempo, la forma en la que se asumieron las críticas de Marx y Engels a estas debilidades reveló una tendencia que se había repetido insistentemente en el movimiento revolucionario: la evasión, incluso la ocultación de la crítica, sobre el pretexto de que la unidad era más importante que la claridad. Como mostraremos más adelante, no fue hasta 1891 (8 años tras la muerte de Marx) que Friedrich Engels pudo forzar la publicación de sus críticas en el Neue Zeit, contra la firme resistencia de los oportunistas de la dirección del partido. El Programa de Gotha hizo posible el surgimiento del oportunismo, dejando por escrito ciertos puntos de vista oportunistas. Solo la insistencia de Engels hizo posible la publicación de un punto en el programa que proclamaba la solidaridad del proletariado alemán con los obreros de todos los países, y su voluntad de cumplir con su deber internacionalista15. Por añadidura, al énfasis insuficiente en el internacionalismo del Congreso Fundacional de Gotha, se le suma la casi completa falta de referencias a las consecuencias de la experiencia de la Comuna de París. Se había formado ya un cierto “bache” en la continuidad histórica, y en la transmisión de la experiencia de la lucha por la organización contra los bakuninistas.
Otro aspecto importante de la dilución o distorsión de críticas políticas importantes era su tergiversación, como si fueran algo inspirado por motivaciones personales. Hasta Franz Mehring, que escribió la perspicaz biografía de Marx y la historia de la socialdemocracia alemana, cayó en esta trampa:
“Marx no se dio cuenta de que el proyecto de programa reflejaba fielmente las posiciones teóricas de ambas facciones; creía que los eisenachistas habían asumido todas las ramificaciones del comunismo científico mientras que los lassalleanos eran una secta retardada.
Acostumbrado por lo general a juzgar al movimiento obrero por la importancia clave de su avance, en esta ocasión se centró demasiado en poner las cosas bajo el microscopio, y hurgaba en las pequeñas torpezas, irregularidades e inexactitudes de expresión buscando malas intenciones que nunca estuvieron ahí. Ni tampoco se puede negar su antipatía por Lassalle en aquella carta, lo cual influía en su criterio…”16.
Así se frivolizaba la discusión de principios básicos y se presentaba como una cuestión de antipatía personal entre Marx y Lassalle. En vez de señalar que la superación del lassalleanismo supuso una liberación, Mehring escribió:
“El lassalleanismo se extinguió para siempre en los días de Gotha, y aun así fueron los días del triunfo de Lassalle. Por más en lo cierto que pudiera haber estado Marx con sus objeciones al programa de Gotha, el destino de su carta demostró a las claras que Lassalle había reconocido correctamente los medios mediante los cuales podía desarrollarse en Alemania un partido obrero poderoso e invencible, portador de la revolución social”17.
Al mismo tiempo, Mehring caía en la ambigüedad en la forma de “contrastar” el desarrollo del partido en diferentes países con su desarrollo a nivel internacional.
“La idea de la solidaridad internacional arraigó tan profundamente en el proletariado moderno que ya no necesitaba ningún apoyo externo, y los partidos obreros nacionales experimentaron un desarrollo tan peculiar y vigoroso durante las agitaciones en las fábricas, en la década de 1870, que superaron la relevancia de lo internacional…”18.
Tras el aplastamiento de la Comuna de París y la imposibilidad de continuar con el trabajo de la Primera Internacional, la actividad de los revolucionarios debía reconducirse a cada país concreto, creando las condiciones de la fundación de los diversos partidos. Sin embargo, este nuevo enfoque sobre cada país individual no significaba que la orientación y cooperación internacional se hubiese vuelto obsoleta o que la solidaridad internacional, o la necesidad de una Internacional, se hubieran vuelto superfluas. El rápido crecimiento de los partidos a nivel nacional no podía ser argumento de que el marco nacional había ido “más allá” que el internacional. Este punto de vista, quizás, reflejaba esa falta de espíritu internacionalista de Mehring que Engels ya había hecho notar en sus críticas al programa de Gotha. La orientación internacionalista solo puede triunfar mediante la lucha continua y consciente contra las prioridades nacionales e incluso locales. Aunque se dedicaba la mayor parte de la actividad al desarrollo del SAPD, también había esfuerzos dedicados a establecer contactos a nivel internacional para preparar la fundación de la Segunda Internacional, en 1889.
Por razones de brevedad no podemos desarrollar aquí la contribución del SAPD a la fundación de la Segunda Internacional.
Por otra parte, la tendencia a ‘olvidar’ las adquisiciones seguía viva. En Gotha, en 1875, había caído en el olvido la determinación que había mostrado buena parte de los delegados alemanes al Congreso de La Haya en 1872, junto a la consiguiente defensa de las decisiones del Consejo General contra los bakuninistas, encabezada por el SDAP. No se habían asumido las lecciones de aquella defensa tan vehemente de los principios revolucionarios del Congreso de La Haya, que había tenido lugar tan solo tres años antes. No se veía por ninguna parte la continuidad y la transmisión de esa experiencia. En cambio, Mehring también intentó presentar aquella lucha como un conflicto entre la autoridad personal de Marx y la de Bakunin, de la misma forma que lo hizo con respecto a Lassalle.
En el Congreso de Unificación de Gotha de 1875 se escogió la ciudad de Hamburgo como residencia de la ejecutiva del partido, y Leipzig para la Comisión de Control. A la clase dominante le preocupaba el alarmante crecimiento del movimiento obrero, y el SAPD fue proscrito por la Ley Prusiana de Asociación a partir de marzo de 1876. Poco tiempo después también fue ilegalizado en Baviera y Sajonia. La burguesía alemana empezaba a dar forma a su plan de proscripción completa del SAPD, y usó dos intentos de asesinato aislados como pretexto para aprobar las Leyes Antisocialistas del 21 de octubre de 1878.
Todas las organizaciones de tinte socialdemócrata, socialista o comunista debían disolverse, todas las publicaciones de prensa y reuniones que difundieran sus objetivos serían ilegalizadas, así como todas sus asociaciones educativas, clubs de baile y teatros (los miembros del SAPD, hasta entonces, solían quedar registrados oficialmente como miembros de una asociación de este tipo).
“A raíz de esto fueron ilegalizadas 1.299 publicaciones de prensa, así como 95 sindicatos, 23 asociaciones de apoyo, 106 asociaciones políticas y 108 de las así llamadas asociaciones de ocio. Se dieron sentencias de prisión a 1.500 personas aproximadamente, y unas 900 fueron expulsadas de varias regiones del Reich. Los deportados que no fueron al exilio fueron obligados a reasentarse en zonas remotas, desde donde intentaron retomar su trabajo político. La fracción del SAP en el Reichstag fue la única que salió indemne, por respeto al derecho de voto de las circunscripciones electorales, por lo que el trabajo parlamentario no fue interrumpido”19.
En otras palabras, al mismo tiempo que se ponían trabas a la actividad de base de las filas del partido y se desafiaba la consolidación de su tejido organizativo, se orientaba la concentración de sus esfuerzos a la actividad parlamentaria, cosa que desde el punto de vista de los gobernantes era lo más prometedor. Aunque Bismarck quería en un principio ilegalizar también la actividad parlamentaria, las demás facciones de la burguesía en el Reichstag no se plegaron a su insistencia. El objetivo final de los partidos burgueses era integrar completamente al SAPD en la maquinaria parlamentaria. La movilización electoral se convirtió así en el punto focal de su actividad. Si las comparamos con las medidas represivas zaristas en Rusia, las Leyes Antisocialistas alemanas fueron menos brutales, pero mucho más insidiosas.
Ya incluso antes de que se aprobaran las Leyes Antisocialistas en el Reichstag, el Comité Electoral Central, asentado en Hamburgo y actuando como ejecutiva del partido, había anunciado a las autoridades policiales que la organización del partido estaba por disolverse, contrariamente a la posición de Bebel y Liebknecht sobre la cuestión. Incluso había llegado a pedir a las secciones locales… que se auto-disolvieran. La dirección del partido proponía el legalismo más absoluto:
“Adheríos firmemente a esa consigna que solemos dirigiros: ‘nuestra legalidad hará caer al enemigo’. ‘Tened paciencia, no os dejéis provocar’”20.
Marx y Engels ya habían tomado nota de esta “obediencia anticipatoria” del órgano ejecutivo del partido, que no era ninguna anomalía, en una circular que escribieron en 1879:
“El partido, bajo la presión de las Leyes Antisocialistas, deja claro que no está dispuesto a seguir el camino de una revolución sangrienta y violenta, sino que está decidido a… seguir el camino de la legalidad. Es decir, la reforma”21.
Marx y Engels se oponían a todo esto con ironía:
“En aras de conjurar hasta el último rastro de recelo por parte de la burguesía, se le debe demostrar concienzudamente que el espectro es solo eso, un espectro, que no existe. Pero, ¿qué representa este espectro rojo, sino el miedo de la burguesía a la lucha a muerte inevitable que tiene pendiente con el proletariado? […] Son los representantes de la pequeñaburguesía dándose cuenta del pavor que les inspira el proletariado, de que su situación revolucionaria le empuje a ‘ir demasiado lejos’ […] Todos los conflictos inspirados por la necesidad histórica son objeto de reinterpretación y tergiversaciones, y todas las discusiones acaban con la misma frase: estamos todos de acuerdo en lo esencial.
El Partido Socialdemócrata NUNCA deberá ser un partido obrero, nunca deberá hacerse digno del odio de la burguesía ni de nadie más; tiene el deber, por encima de todo, de dirigir su más enérgica propaganda a las filas de la burguesía; en vez de poner énfasis en objetivos a largo plazo, que después de todo, no serán nunca alcanzables en nuestra generación, deberá dedicar todas sus fuerzas y energías a poner esos mismos parches reformistas de la pequeñaburguesía, que no hacen otra cosa que apuntalar los pilares del viejo orden social, transformando como mucho su inevitable catástrofe final en un proceso de disolución gradual, paulatino, y por encima de todo, lo más pacífico posible”22.
Por aquel entonces empezaron a alzarse ya algunas voces en el SAPD, llamando a la necesidad de una reacción violenta a lo que estaba pasando. Johannes Most defendió una posición de acciones terroristas individuales que fue rechazada en el primer congreso del SAPD en Wyden, Suiza, 1880.
El partido seguía manteniendo la tradición de combatir las difamaciones, ya iniciada por la Liga de los Comunistas, debido a su efecto destructor de la confianza en el seno del partido. Así, en 1882, la organización ilegalizada de los Socialdemócratas Berlineses decidió en sus estatutos:
Punto 13: “todo militante – incluso si es un camarada muy conocido – tiene el deber de mantener la confidencialidad sobre los asuntos discutidos en la organización – no importa cuáles sean. Si un camarada tiene noticia de una acusación en su contra, tiene el deber de mantener la confidencialidad en un primer momento y de exigir lo mismo al camarada que le haya informado al respecto; debe indagar en los motivos de dicha acusación y averiguar quién la está difundiendo. Tiene que informar a la secretaría de su sección local, que deberá tomas las medidas adecuadas y deberá clarificar el asunto en una reunión, en la que deberán estar presentes acusador y acusado. Si el acusado resulta ser el mismo secretario, deberá informar al respecto a su delegado representante. Cualquier otra medida, particularmente la de sembrar la sospecha sin prueba alguna y sin testimonio ante la secretaría, será enormemente dañina. Dado el hecho de que la policía tiene un interés especial en promover la desunión en nuestras filas mediante la propagación de calumnias, cualquier camarada que no se ciña al proceso descrito corre el riesgo de ser considerado un colaborador de la policía”23.
Durante el congreso del partido en Wyden se aprobó una resolución de expulsión del partido de Wilhelm Hasselmann:
“Tras haber sido informado de las intrigas y falta de escrúpulos de Hasselmann, los delegados al congreso aprobaron su expulsión de forma unánime, y advirtieron a todos los camaradas en el extranjero que este elemento había sido declarado un experto calumniador”.
Johannes Most también fue expulsado durante el mismo congreso mediante una resolución que rezaba:
“Teniendo en cuenta que Johann Most lleva ya un largo tiempo actuando en contra de los principios del partido, que lo ha seguido haciendo durante el periodo de las Leyes Antisocialistas y que desde entonces solo sigue las normas que le dicta su cambiante temperamento:
Considerando que Most sigue propagando todas y cada una de las calumnias que se lanzan contra la socialdemocracia alemana, sin importar de donde vengan, y que ha colaborado con notorios agentes de la policía a pesar de que le advertimos de su procedencia, solo porque simpatizaba con sus insultos a los supuestos “líderes” del partido;
Por ello en conclusión, considerando la actuación de Most en contra de todos los principios de honestidad;
El Congreso declara su rechazo a cualquier acto de solidaridad con Johann Most y le considera ajeno al Partido Obrero Socialista de Alemania”24.
Gracias al tejido consolidado por los miembros del partido, la organización fue capaz de ir extendiendo su influencia sobre el terreno durante más de una década, aprendiendo a organizar la solidaridad con los perseguidos, material y políticamente. En resumen, las condiciones de ilegalidad no habían desanimado a los militantes, más bien al contrario: había reforzado sus lazos mutuos de solidaridad.
Todos los órganos del partido que quedaron en pie se pronunciaron en contra de la formar una organización nacional secreta, ya que podría ser fácilmente desmantelada por la policía y dejar al partido sin ninguna capacidad de acción. La orientación que se dio finalmente fue una combinación de trabajo legal e ilegal (el primero sobre todo era de carácter parlamentario). En Alemania se organizaría “la publicación de un órgano ilegal, el Der Sozialdemokrat, que se imprimía en el extranjero y se distribuía en el Reich mediante redes clandestinas (incluyendo la Rote Feldpost [Correo Rojo de Campo]). La actividad tanto legal como ilegal estaba dirigida por un órgano oficial secreto llamado ‘Corpora’ (círculo interno de la organización), que se separó formalmente del aparato de distribución del Sozialdemokrat por razones de seguridad. Con la ayuda de esta organización ilegal, en la que J. Motteler jugó un papel prominente, se hizo posible una mayor cohesión del partido a nivel de base. El Sozialdemokrat fue capaz de desenmascarar a varios informantes de la policía. Bajo el seudónimo de ‘Máscara de Hierro’, el órgano de seguridad del partido ponía en guardia a los militantes frente a los informantes y provocadores” (cf. Fricke, p. 182).
Por un lado, todo esto fue capaz de impedir que el partido se convirtiera en una sociedad de conspiradores, y por otro permitió establecer un buen aparato de funcionamiento en la clandestinidad. Las reuniones del partido tenían lugar bajo la tapadera de reuniones de clubs de canto o de fumadores25.
En el primer congreso en la clandestinidad celebrado en Wyden, Suiza, en 1880, la expresión que el partido había asumido con anterioridad de que quería alcanzar sus objetivos por todos los “medios legales” posibles fue eliminada del texto, ya que el partido no quería que la legalidad le atase las manos.
El congreso también discutió la necesidad de que cada miembro de sección tuviera la necesaria libertad de acción para llevar a cabo sus propias iniciativas, mediante el establecimiento de una red de hombres de confianza.
“No podemos actuar siguiendo un molde, no siempre es posible consultar a los llamados ‘líderes’ para cada situación concreta, aunque ningún militante deba actuar por su cuenta. Son necesarias las consultas de conjunto, sin importar lo que cueste, y las acciones conjuntas con el todo en cuanto a asuntos de gravedad. Esto debe convertirse en nuestra línea directriz para la acción.
Organizaos, de la mejor manera posible. Los enclaves más grandes, mejores y más fuertes en espíritu deben apoyar a los más pequeños a su alrededor, y dado que los camaradas no pueden actuar de esta forma en gran número, los representantes de cada sección deben entablar conversaciones entre sí a menudo”26.
Dado que al partido todavía se le permitía elegir candidatos para las elecciones al Reichstag, se fundaron “asociaciones electorales” en cada distrito, que tenían la tarea de “formar a los camaradas en la teoría y convertirlos en socialistas bien formados. La administración de los asuntos del partido y la ejecución de su agitación pública, no obstante, seguían en manos del ‘movimiento interno’”27. Es decir, que, a pesar de las reuniones legales para organización de la propaganda en los clubs electorales, el partido seguía conservando una “organización interna” clandestina, un tejido organizativo secreto crucial para su supervivencia.
Sin embargo, esta interacción complementaria entre centralización e iniciativa local acabaría siendo elevada al plano teórico, como argumento de base contra la centralización.
En el Congreso de Wyder, la “dirección oficial del partido fue transferida a los diputados del Reichstag”28. No obstante, otorgar el liderazgo del partido a los parlamentarios debido a su inmunidad legal acabaría siendo una trampa: un partido revolucionario no puede ver en su fracción parlamentaria a sus “líderes naturales”. Lenin, más tarde, pondría de relieve que las fracciones parlamentarias “conservan ciertas trazas de la influencia de las condiciones electorales burguesas generales”29. Así, la medida de poner la dirección en manos de los parlamentarios contribuyó aún más a quitarle la iniciativa a las filas de la base del partido, poniendo el énfasis en la actividad parlamentaria.
La dirección de facto del partido estaba entonces en manos de un subcomité de cinco personas, encargadas de centralizar el trabajo clandestino. Sin embargo, debido a la gran dispersión geográfica, los militantes lo tenían muy difícil para reunirse en persona y siempre había problemas graves de comunicación. De hecho, Bebel (el líder más prominente) tuvo un papel primordial en la dirección del partido.
Tras el Congreso de Copenhague de 1883, el órgano central oficial del SAPD seguía declarando: “somos un partido revolucionario, nuestro objetivo es revolucionario y no nos hacemos ilusiones sobre su implementación por vía parlamentaria”30. Pero los impulsos oportunistas hicieron acto de presencia en el Congreso de Copenhague. El Sozialdemokrat puso de relieve las incontables diferencias surgidas en el Congreso:
“No tenemos razones para ocultar el hecho de que, en ciertos aspectos, las opiniones de nuestros camaradas divergen, lo cual es una prueba de la fuerza de nuestro partido, que por otro lado se muestra completamente unido de cara al exterior. A pesar de lo acalorado de los choques y de lo abiertamente y sin reservas que se expresen las opiniones, por otro lado se halló una aspiración general común: no buscar la mayoría, sino confrontar y comprender. No hacerlo mediante la formación de camarillas enfrentadas entre sí, sino mediante la aclaración de los puntos de acuerdo y de desacuerdo, sin dejar nada a la influencia de las relaciones personales. Este intercambio vivo de ideas en cuestiones varias, tácticas, etc., ha mostrado que nuestro partido no está ni mucho menos en peligro de anquilosamiento, que no lo preside ningún Papa ni hay ninguna ortodoxia en él, sino que dentro del marco de sus principios programáticos hay espacio para la lucha honesta por convencer” (Ibíd.).
No obstante, la voluntad de discutir y aclarar las divergencias conforme a los principios del programa fue puesta en cuestión rápidamente.
Mientras que, por un lado, el partido no se dejaba obsesionar por la represión de las Leyes Antisocialistas, por otro empezó a hacerse notar cada vez más el miedo a una clandestinidad indefinida, sobre todo de parte de los miembros de la fracción parlamentaria que tenían actividad legal en el Reichstag. Esta fracción tenía tendencia a autonomizarse y a desarrollar derivas oportunistas. Cada vez se hacía más grande el abismo entre los parlamentarios y la “base” y ya en 1883, pocos años después de las Leyes Antisocialistas, Bebel escribía a Engels: “no hay duda de que entre nuestros parlamentarios hay gente que se siente naturalmente inclinada a ese tipo de trabajo, porque no tienen confianza alguna en el nivel de desarrollo revolucionario, y son reacios a toda acción audaz”31. Poco después Bebel le decía a Liebknecht en una carta: “ahora más que nunca se me viene a la mente la idea de abandonar el parlamentarismo, que se ha convertido en una escuela de cómo hundirse en una ciénaga política. Tenemos buenas pruebas de ello entre nuestros propios amigos”32. Bebel era el miembro más antiguo y resuelto del SAPD en el Reichstag, y acabó por advertir lo siguiente:
“El mandato en el Reichstag satisface sus ambiciones y vanidades, se ven a ellos mismos, con gran satisfacción, entre los elegidos de la ‘nación’. Desarrollan el gusto por la comedia parlamentaria y se sienten muy autosatisfechos. Lo que es más, la mayoría de ellos ya no llevan a cabo estudio teórico alguno, o han abandonado los que estaban haciendo, y están alienados por una vida práctica que ya no sabrían ni reconocer…”33. Engels llegó a hablar de un intento por parte de estos oportunistas de “constituir el elemento pequeñoburgués como el dirigente y oficial del partido, desplazando el elemento proletario a algo que apenas sí se tolera en su seno”34.
El 20 de marzo de 1885, el Grupo Parlamentario Socialdemócrata del Reichstag publica una declaración contra las críticas a los parlamentarios por parte del Sozialdemokrat, periódico del SAPD:
“Recientemente este año, sobre todo durante el mes de junio, pudimos tomar nota de varios ataques (abiertos y encubiertos) contra el Grupo Parlamentario Socialdemócrata del Reichstag alemán, escritos en el Sozialdemokrat. Llamaban la atención especialmente hacia el comportamiento de los miembros socialdemócratas del Reichstag con respecto a los subsidios para barcos de vapor […] No es el periódico el que está llamado a determinar la posición del grupo parlamentario, sino el grupo parlamentario el que controla la postura del periódico”35 36.
Bebel protestó en los siguientes términos: “Con estas declaraciones, el grupo parlamentario se atribuye la autoridad absoluta por encima del órgano del partido. Der Sozialdemokrat dejaría por tanto de considerarse como tal, pasando a ser un órgano parlamentario, y se les prohibiría a los camaradas del partido expresar ninguna opinión que a la fracción parlamentaria le parezca incómoda o desagradable. La libertad de prensa para todos que exige nuestro programa sería una frase vacía para sus propios compañeros de partido”37.
Se escribieron muchas más cartas de protesta desde varias ciudades alemanas. Por ejemplo, la de los socialdemócratas del Frankfurt del Meno, de abril de 1885:
“… las Leyes Antisocialistas están empezando a tener un efecto educativo: están domesticando a nuestros diputados […] Nosotros, los camaradas de Frankfurt del Meno, vemos en esta declaración del grupo parlamentario un intento de reprimenda dictatorial por parte de la mayoría del grupo parlamentario, con la intención de imponer una especie de ley de excepción en la vida interna del partido […] Podemos ver en el tono de esta ‘ukase’38 la forma en la que la noble autoestima de la mayoría del grupo parlamentario se ha convertido en una lamentable arrogancia, expresándose como una especie de ‘tormenta de indignación’ […] No necesitamos ni explicar que nosotros no otorgamos ningún derecho especial aristocrático a los miembros del grupo parlamentario… declaramos que seguiremos sometiendo el comportamiento de nuestros diputados al escrutinio y la crítica públicos en los congresos del partido, que seguiremos luchando en base a nuestras diferencias de opinión en la arena pública y que no permitiremos que se nos reduzca a una mera infantería ideológica39. Los socialdemócratas de Wuppertal-Barmen emitieron una protesta similar, el 18 de mayo de 1885: “Nadie de entre nosotros esperaba ningún milagro del parlamentarismo, incluso después de haber conseguido el mayor número de asientos socialdemócratas hasta la fecha. Sabemos muy bien que no se puede luchar por la emancipación de los trabajadores desde el parlamento”40.
El diputado del SAPD Wilhelm Blos rechazó la actitud revolucionaria del Sozialdemokrat. Como resultado, los electores de Wuppertal-Barmen declararon lo siguiente:
“1. Si Mr. Blos dice que sus electores le han enviado a Berlín para participar en la legislación e influenciarla en el sentido que marca el programa socialdemócrata, nosotros nos pronunciamos en contra de eso. Creemos que contradice la posición del partido eso de ver al parlamento como la principal, o acaso única fuente de actividad electoral. Por nuestra parte, lo que motivó nuestros votos es lo siguiente:
a) razones de agitación y propaganda,
b) protestar enérgicamente contra la dominación de clase actual con nuestro voto;
c) permitir a nuestros representantes, si es necesario, expresar esta protesta de la forma más resuelta posible en sus discursos parlamentarios”41.
La confrontación que presentamos aquí evidencia la forma en la que, durante esos años, dos alas del partido entablaron combate, llevando a Engels a la observación de que esto crearía una brecha entre sus filas. En mayo de 1882 le escribía a Bebel:
“Hace ya mucho que no albergo ilusión alguna sobre el posible conflicto con los elementos burgueses del partido y el divorcio entre el ala derecha y la izquierda, y en mi redacción sobre el anuario expresé lo mucho que necesitamos algo así […] No mencioné explícitamente el asunto en mi última carta porque me parece que una escisión no es algo que se deba apresurar […] Por otro lado, ellos saben que bajo las Leyes Antisocialistas también tenemos nuestras razones para evitar las divisiones internas, y que no podemos debatirlas públicamente”42.
Pero incluso con las Leyes Antisocialistas, Engels no descartaba la necesidad de una escisión. Tan solo unos meses después retomó la cuestión: “El tema de controversia es puramente una cuestión de principios: ¿debemos orientarnos a la lucha de clase del proletariado contra la burguesía, o debemos dejar de lado el carácter de clase del movimiento y de nuestro programa… si eso nos garantiza más votos y más ‘seguidores’? […] La unidad es algo bueno, mientras sea posible, pero hay cosas que están por encima de la unidad”43.
“Una escisión en las condiciones de las Leyes Antisocialistas sería algo desafortunado, ya que se cortarían todos los lazos de comunicación con las masas. Pero es algo que se nos puede imponer de forma inevitable, y hay que afrontarlo”44.
Engels puso el mismo énfasis en la agravación del conflicto y en la necesidad de no rehuir la división cuando la situación lo exige: “la división entre el campo proletario y el burgués se está acentuando cada vez más, y una vez que los burgueses se pongan manos a la obra para superar a los proletarios en las votaciones, se provocará la ruptura. Esta posibilidad debe tenerse en mente, tal y como yo lo veo. Si provocan una escisión – algo para lo que hace falta cierto coraje – no sería el fin del mundo. Siempre he pensado que deberíamos evitar esa situación mientras sigan existiendo las Leyes Antisocialistas; pero si ocurre, tendríamos que aceptarlo sin reservas, y llegado el momento me pondré de tu parte”45.
A pesar de las difíciles condiciones de la clandestinidad, la socialdemocracia no quería aislarse del plano internacional. Gracias a la reorganización de los grupos y partidos políticos europeos durante la década de 1880, la socialdemocracia alemana pudo convertirse en pionera de los contactos internacionales y la preparación de una nueva Internacional.
“Con el objetivo de establecer un contacto regular entre los socialistas y sus asociaciones en el extranjero, entre ellos mismos y con el partido alemán, y de mantener la comunicación entre este último y sus partidos hermanos de otros países, se creará un centro de comunicación fuera de Alemania, que organizará los intercambios entre asociaciones, recibirá las quejas pertinentes, solicitudes, etc., administrándolas de la forma más adecuada”46.
A pesar de las Leyes Antisocialistas, la burguesía no logró aplastar al partido o eliminar su influencia. Más bien al contrario: en 1878, el mismo año de entrada en vigor de las Leyes, el SAPD consiguió 437.000 votos (7’6%), 2 diputados en las elecciones generales y 9 en las de segunda vuelta; en 1890 alcanzó los 1.427.000 votos, el 19’7% del escrutinio, 20 diputados en las elecciones generales y 35 en las de segunda vuelta47. El gran éxito electoral reflejaba un gran apoyo hacia el SAPD. Pero, al mismo tiempo, esto no solo aumentó la influencia de los diputados al Reichstag en el partido, sino que favoreció una orientación al parlamentarismo en general, junto con la ideología democrática que la acompañaba.
En septiembre de 1890 se suprimen las Leyes Antisocialistas. El SAPD cambia su nombre poco después a SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania) en la conferencia del partido de Halle.
Debido a las condiciones impuestas por las Leyes Antisocialistas, los debates sobre el programa del partido tenían lugar de forma extremadamente limitada. No obstante, con la supresión de las Leyes, la cuestión del programa acabó siendo el punto principal de la conferencia del partido de Halle, en 1890, y sobre todo en el congreso de Erfurt, en 1891. Tras largas discusiones con más de 400 reuniones y una multitud de artículos y contribuciones a la discusión en la prensa del SPD, se planearon hacer importantes correcciones al programa de Gotha. En nuestra serie de artículos de la Revista Internacional (nºs 84-88)48 hemos tratado ampliamente la cuestión, dando cuenta de los debates y críticas de las posiciones del programa de Erfurt, por lo que aquí nos limitaremos a seguir tratando la cuestión organizativa de conjunto.
En 1891 logra publicarse al fin, por primera vez, la crítica al programa de Gotha de Marx y Engels, siendo objeto de amplias discusiones. La dirección del partido durante el periodo de Gotha, que por entonces logró ocultar las críticas de Marx y Engels al resto del partido, se mostró de acuerdo con sus críticas en el Congreso de Erfurt de 1891. Así fueron superadas las posiciones socialistas vulgares y específicamente lassalleanas de Gotha.
En los Congresos de Halle y Erfurt también se discutieron (y rechazaron) las posiciones del grupo de oposición de tinte anarquista “Die Jungen” (Los Jóvenes).
Los estatutos definían la militancia de la siguiente forma: “punto 1; puede considerarse miembro del partido todo aquel que se muestre de acuerdo con los principios de su programa, y que apoye al partido como mejor pueda”49. Así, a los miembros solamente se les requería su adhesión a los principios del programa del partido, ignorando los detalles del mismo. Para algunos, como Ignaz Auer50, esta era la ocasión perfecta para expresarse en contra de la “estrechez de miras” a nivel programático, ya que “puede que algunos tengan sus reservas con respecto a algún punto particular del programa, y una ligera desviación circunstancial del mismo no tiene por qué ser algo malo”. Según Auer, la intención de este punto de vista era darles a los miembros un cierto margen de interpretación del programa del partido.
“Debido a la situación legal de las asociaciones en todos los estados alemanes más grandes, la conferencia del partido de Halle tuvo que abstenerse de crear una organización centralizada. Cualquier intento de crear una sola organización para toda Alemania, con secciones locales, representantes, tasas regulares, carnets de militante, etc., habría resultado, de forma abrupta y fulminante, en la disolución del partido por la violación de los requerimientos observados en todos y cada uno de los párrafos del Vereingesetz (Ley de Asociaciones Privadas) […] Debido a que no se permite la comunicación entre asociaciones políticas en la mayor parte de Alemania, no puede tener lugar ninguna correspondencia o contacto de cualquier tipo entre las secciones locales y la dirección del partido […] Esta tarea deben cumplirla los confidentes (hombres de confianza) […] Estos confidentes deben asumir, ante todo, el papel de corresponsales a los que la dirección del partido debe dirigir sus comunicados, y que al mismo tiempo informen a la dirección de la situación en las localidades y distritos varios”51.
El grupo de oposición Die Jungen apareció entonces por primera vez, defendiendo un concepto más laxo de la militancia. Se pronunciaron en contra de una forma de organización establecida en firme y pidieron otra más flexible y menos comprometedora. Según ellos, sería suficiente con una pronunciación verbal general a favor del SPD o con votar a alguno de sus candidatos para ser reconocido como socialdemócrata.
Una vez Bebel redactó los estatutos del partido en la conferencia celebrada en Halle, esta Conferencia del Partido se convirtió en “su más alta representación”. Bebel insistía en aprobar normas de conducta claras y concisas para todos los miembros del partido. Este énfasis en una serie de normas de comportamiento vinculantes fue algo muy innovador de cara al debate posterior en el 2º Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, en 1903 (ver el artículo de la Revista Internacional nº116: 1903-4, el nacimiento del bolchevismo52).
La relación entre la fracción parlamentaria del Reichstag y el partido, como tal, también se sometió a discusión por primera vez en el Congreso del Partido de Halle. Tras la abolición de las Leyes Antisocialistas, Bebel quería que la dirección del partido no estuviese más en manos de la fracción del Reichstag y pasase al Congreso del partido, y al órgano ejecutivo elegido por él, como autoridad decisiva. La ejecutiva del partido rendiría cuentas ante el Congreso y la fracción del Reichstag debía entonces ser desprovista de cualquier prerrogativa particular. Obviamente los parlamentarios se opusieron. Se propuso a su vez para el congreso de Halle la medida de que el órgano ejecutivo del partido, elegido por el congreso, debía controlar también el Vorwärts. Según la lectura que hacía Auer de los estatutos, debía asegurarse la sumisión del partido a los miembros del parlamento. George v. Vollmar, parlamentario, pidió durante este debate de la cuestión organizativa en el Congreso de Halle que “cada sección local decida independientemente su propia forma de organizarse, que se escinda la organización en una serie de sub-organizaciones autónomas, también como forma de protección contra ofensivas potenciales de la represión”53. Al mismo tiempo, Auer rechazó los principios programáticos del partido. Se podía sentir aquí la elevación a la teoría de la hostilidad hacia la centralización, y del deseo de someter al partido y su órgano central a la fracción parlamentaria.
El mismo Bebel acabó admitiéndole a Engels que su redacción de los estatutos fue una “concesión”54. Admitió más tarde, al ver la resistencia que oponían los parlamentarios: “Me dejé persuadir y cedí, en aras de mantener la paz”. Poco después, Bebel confesaba a Víctor Adler: “Reconozco, una vez más, todo el daño que puede causarnos ceder ante las exigencias del ala derecha”55. Al final, no obstante, el partido aprobó un estatuto que otorgaba su dirección al órgano ejecutivo, junto al reconocimiento de que el congreso del partido formaba su más alta representación, así como de la naturaleza vinculante de los documentos y resoluciones aprobados en él. También se reconoció el periódico Vorwärts como órgano central, y así quedaron establecidos los principios de funcionamiento del partido, acorde con el “espíritu de partido” que defendería Lenin en 1903.
Dadas las profundas debilidades del programa de Gotha de 1875, el programa de Erfurt de 1891 supuso un paso adelante. Las ideas reformistas lassalleanas, aún presentes en el programa de Gotha, fueron superadas; se estableció un marco científico, insistiéndose en la perspectiva de que el capitalismo seguía estando condenado al fracaso debido a sus contradicciones, y que la clase obrera albergaba en su conquista del poder la única solución posible a la situación: el derrocamiento de la sociedad burguesa. Sin embargo, había deficiencias cruciales en el programa: no decía absolutamente nada de la necesidad de la dictadura del proletariado para superar el capitalismo. Engels criticó el apartado de reivindicaciones políticas del programa en el debate que siguió a la publicación del borrador. Aprovechó esta oportunidad “para darle un buen golpe al ‘oportunismo pacífico’… y a los puros, píos, alegres y libres conceptos de ‘desarrollo pacífico’ de esa concepción anticuada y confusa de la sociedad socialista”56. En la versión final, sin embargo, no hubo ningún cambio sustancial en el apartado que Engels criticó; de hecho, se suprimieron sus críticas, y no se publicaron hasta 10 años más tarde57.
Al tomar nota de las esperanzas que suscitaban perspectivas como la de una “vida en democracia libre de represión”58, o las expectativas que podían verse ya en algunos círculos, en 1890 y 1891, de que la sociedad pudiera desarrollarse pacíficamente hacia el socialismo, Engels advirtió: “Por miedo a una renovación de las Leyes Antisocialistas, con el recuerdo fresco en la memoria de todas las declaraciones apresuradas que se hacían bajo el régimen de esas leyes, se busca ahora que la situación legal actual en Alemania pueda satisfacer de forma pacífica, de golpe y porrazo, todas las demandas del partido. Nos engañamos a nosotros mismos y al Partido si creemos que la ‘sociedad actual puede evolucionar pacíficamente hacia el socialismo’”59.
Pero al tiempo que Engels advertía correctamente del peligro de las esperanzas oportunistas, él mismo cayó en una cierta euforia que Rosa Luxemburg haría notar años después, en el congreso fundacional del KPD (ver la RI nº 88 sobre la revolución alemana: el fracaso de la construcción de la organización60).
Durante los años que sucedieron a las Leyes Antisocialistas, el SPD llegó a crecer hasta un 20% en votos, con respecto a cifras anteriores. Esto fue motivo de una ilusa euforia que achacaba este crecimiento a un desarrollo del poder de la clase obrera. Ya en 1884, Engels le dijo a Kautsky en una carta, con respecto al medio millón de votos que había conseguido el SAPD, lo siguiente:
“Por vez primera en la historia, un partido obrero sólidamente unificado se yergue como fuerza política real, con un desarrollo que ha perseverado contra la más dura persecución, conquistando inexorablemente una cima tras otra […] y elevándose más y más de forma imparable, hasta el punto de que ya se puede calcular matemáticamente la ecuación que determina la velocidad de su crecimiento, y por tanto, la hora de su victoria final”61. En el otoño de 1891, Engels escribía: “Once años de asedio bajo las Leyes Antisocialistas del Reichstag han cuadruplicado su fuerza y lo han convertido en el partido más poderoso de Alemania […] El Partido Socialdemócrata, que ha conseguido derribar a alguien tan poderoso como Bismarck, que tras once años de lucha ha quebrado las Leyes Antisocialistas, que como una marea creciente ha roto todos los diques y se ha propagado por la tierra, penetrando incluso en los distritos agrícolas más reaccionarios… este partido, a día de hoy, está a un paso de alcanzar ese punto en el que se puede determinar, casi con certeza matemática, el momento de su llegada al poder”.
“[…] En las elecciones de 1895 podemos contar al menos con 2’5 millones de votos; si hablamos del año 1900 podemos elevar la cifra hasta, aproximadamente, 3 y medio o 4 millones de votos […] No obstante, la fuerza de la socialdemocracia alemana no reside en su número de votantes. Solo se otorga el derecho al voto a los mayores de 25, mientras que ya te pueden reclutar para el ejército a los 20. Dado que las generaciones más jóvenes son las que nutren a nuestro partido con mayor número de reclutas, se sigue que el ejército alemán está cada vez más afectado por la infección socialista. Podemos contar hoy con uno de cada cinco soldados, y en pocos años podremos contar con uno de cada tres, alcanzando en el año 1900 una mayoría socialista en lo que antes era el elemento prusiano de la nación. Cada vez nos acercamos más a esta situación, tan inevitable como el día del Juicio. El gobierno de Berlín también lo ve venir, pero es impotente al respecto”62. “Se acerca el momento en el que representaremos a la mayoría de los alemanes, y seremos el único partido lo suficientemente fuerte – si se mantiene la paz – para tomar las riendas”63. En los últimos años previos a su muerte, como en 1892, Engels afirmaba: “la victoria de la clase obrera europea no solo depende de Inglaterra. Solo puede asegurarla la cooperación de, al menos, Inglaterra, Francia y Alemania. En estos dos últimos países, el movimiento obrero está mucho más avanzado que en Inglaterra. En Alemania está incluso, razonablemente, al alcance del poder”64. En 1894 llegaría a predecir: “casi podríamos prever el día exacto en el que el poder del Estado caerá en nuestras manos”65.
Bebel también se sumó a la glorificación de los resultados electorales en su discurso en el Congreso del Partido en Hamburgo, en 1897:
“Las elecciones al Reichstag han sido siempre el acontecimiento más importante para nosotros como organización de lucha, porque es algo que nos da la oportunidad de defender nuestras ideas y demandas con todo el vigor necesario, y porque las elecciones son un buen medidor del desarrollo que ha tenido nuestro partido en el periodo precedente; siempre han sido, y siguen siendo, la vara de medir del progreso que ha hecho nuestro partido en su camino a la victoria. Desde este punto de vista, consideramos las elecciones de 1897 como la mejor oportunidad para medir nuestras fuerzas”66.
Pero antes de caer en esta euforia pasajera, sin embargo, Engels ya había advertido en el Congreso de Erfurt que el SPD debía seguir la senda revolucionaria, y no dar pábulo a ideas sobre una evolución “legal y pacífica” hacia el socialismo.
Al ver las grandes diferencias que separaban a lassalleanos y eisenachistas al principio de la década de 1870, Marx y Engels advirtieron el peligro que suponía la pérdida de claridad del programa, insistiendo en la necesidad de una demarcación sin ambigüedades. Una y otra vez subrayaban: “[…] nuestro partido puede hacer uso de individuos de cualquier clase social, pero no de grupos enteros que defiendan intereses capitalistas, pequeñoburgueses o campesinos”67. Incluso en la época de las Leyes Antisocialistas en la que cada vez más gente, con los trasfondos sociales más dispares (incluyendo a burgueses), se unía a la socialdemocracia, Engels perseveraba en su correspondencia con Bebel y Liebknecht en los siguientes términos:
“Cuando este tipo de individuos de clases ajenas se unen al movimiento del proletariado, lo primero que se les debe exigir es el abandono de todo remanente de la ideología burguesa o pequeñoburguesa […] Si bien podemos tener razones para tolerarlos por el momento [en un partido obrero] también tenemos la obligación de tolerarlos y nada más, sin dejar que influyan en la dirección del partido, y mantenernos alerta ante el hecho de que la ruptura con ellos es una cuestión de tiempo”68.
“El proletariado abandonaría su papel histórico fundamental […] si hiciera concesiones a las ideas y deseos de estos elementos (burgueses y pequeñoburgueses)”69.
Por tanto, Engels consideró la posibilidad de que, tras la abolición de las Leyes Antisocialistas, pudiera haber una escisión entre el ala proletaria y el ala pequeñoburguesa del partido.
“Debemos todo este lío principalmente a Liebknecht, y a su predilección por los sabihondos de la burguesía con experiencia en impresionar a filisteos. No es capaz de resistirse a los literatos y mercaderes aficionados al socialismo. En Alemania son sin duda los más peligrosos […] La escisión acabará llegando, sin duda, pero creo que no deberíamos caer en provocaciones ni dejar que ocurra bajo las Leyes Antisocialistas”70.
Era evidente que el Estado intentaba aplastar y escindir al partido, y que cerrar filas en torno a él era la tendencia dominante en aquel momento. Pero la determinación de lucha frente a la represión no previene de forma automática frente al oportunismo. Al contrario: el oportunismo puede proliferar entonces incluso más, si no se mantiene una vigilancia consciente y práctica frente a su desarrollo.
En 1890, poco después de la abolición de las Leyes Antisocialistas, Engels reconocía que:
“El partido ha crecido tanto que la libertad absoluta de debate en su seno se ha convertido en una necesidad. No hay otra forma de asegurar la integración de los nuevos elementos que se nos han adherido en los últimos tres años, aún verdes en cuanto a una experiencia que deben asimilar y en la que deben ‘formarse’ […] El partido más grande del Reich no puede existir si no se expresan abiertamente todos sus claroscuros, y se debe evitar todo lo que se parezca siquiera a una dictadura a la Schweitzer”71.
Con la intención de crear un muro de contención frente a desviaciones inaceptables, se otorgaron los puestos de dirección del partido a funcionarios a tiempo completo, con un sueldo que abonaría la organización. Esto no conseguiría ofrecer, sin embargo, protección alguna contra el oportunismo o el ejercicio de la censura por parte de la dirección del partido. Para ser capaces de llevar adelante con mayor soltura la lucha contra el oportunismo, y sus representantes de la fracción del Reichstag, Engels llegó a decir que el ala radical debía tener su propio órgano de prensa independiente;
“Esta ‘nacionalización’ de la prensa que promovéis provocará un daño enorme si va demasiado lejos. Es imperativo que el partido disponga de una prensa que no esté bajo control directo del comité ejecutivo o incluso del congreso del partido, es decir, que pueda ejercer de oposición del partido, en el marco de la táctica y el programa aprobados, así como de poder someter a estos a la crítica dentro de los límites que marcan los estatutos del partido”72.
El Congreso de Halle de 1890 fue testigo del primer debate abierto con el grupo de oposición que la prensa burguesa denominó con el nombre de “Jungen”73. Precisamente, el único denominador común que parecían tener sus miembros era su juventud74.
La composición social del grupo era extremadamente heterogénea. En lo político, les unía principalmente su desconfianza hacia el peligro que representaba el parlamentarismo:
“1.) La actitud de los socialdemócratas en el Reichstag, por momentos, parece querer sembrar esperanzas en la posibilidad de que puede mejorarse significativamente la situación de la clase obrera en el marco de la sociedad capitalista. 2.) La agitación en las últimas elecciones al Reichstag se centran muy a menudo en ganar asientos parlamentarios antes que en formar a nuevos socialdemócratas. 3.) La fracción ha defendido a candidatos burgueses en las últimas elecciones de segunda vuelta. 4.) La actitud del grupo parlamentario con respecto a la cuestión del Primero de Mayo75 […] 6.) La forma que tienen algunos camaradas de tomarse críticas objetivas como insultos personales”76.
Pero esta crítica política de las tendencias oportunistas del partido quedó emborronada y perdió credibilidad, al insinuar Bruno Wille que había “corrupción” en las filas de los parlamentarios socialdemócratas, dándole al problema un enfoque individualista.
Durante una gran reunión del SPD en Berlín a finales de agosto de 1890, a la que asistieron más de 10.000 militantes, Bebel afrontó las críticas al SPD en un debate con algunos representantes de los Jungen. Al acabar, se aprobó una resolución en la que de los 4.000 participantes aproximados (de los 10.000 asistentes solo cabía la mitad en la sala) entre 300 y 400 votaron en contra de la resolución escrita por Bebel.
“La asamblea declara que la afirmación, defendida por varios grupos, de que la fracción socialdemócrata del Reichstag está implicada en casos de corrupción, de que pretende violar al partido y de que está ansiosa por eliminar la libertad de expresión en la prensa del partido, es un grave insulto a la fracción y a la dirección del partido, y no tiene el más mínimo fundamento. La Asamblea declara a su vez injustificados los ataques dirigidos contra la actividad parlamentaria de la fracción hasta la fecha”77.
Durante la conferencia del partido de Erfurt, una comisión de investigación presentó sus hallazgos sobre las acusaciones de algunos Jungen. No obstante, el mandato de esta comisión consistió en lidiar con dos tareas al mismo tiempo: las acusaciones de corrupción sistemática y de que se confiaran los fondos del partido a un grupo de parásitos. La comisión absolvió a los acusados de todos los cargos.
Al mismo tiempo, se rechazaron las críticas expresadas en un folleto anónimo que se distribuyó durante la conferencia del partido en Halle. En él se podía leer: “No acusamos a los jefes de falta de honestidad, sino de su excesiva consideración para con los poderes fácticos, resultado de sus nuevas condiciones de vida y la falta de contacto con la miseria del proletariado, el corazón latiente de la agonía del pueblo”78.
“La corrupción es lo peor que han podido traernos las Leyes Antisocialistas (Wille se refería con esto, sobre todo, al comportamiento político, y dirigió esta acusación principalmente a la dirección del partido)79.
A su vez, los Jungen advirtieron del peligro que corría el partido de entrar en un periodo de declive80.
La Comisión contraatacó frente a estos argumentos con sus propia investigación: “1.) Es falso que los líderes, a título individual, estén asfixiando sistemáticamente el espíritu revolucionario del partido. 2.) Es falso que exista una dictadura en el partido. 3.) Es falso que el movimiento haya entrado en decadencia y que la socialdemocracia se haya hundido al nivel de un partido reformista de la pequeñaburguesía. 4.) Es falso que se hayan pronunciado juramentos solemnes renegando de la revolución en la tribuna del Reichstag. 5.) A día de hoy, no se ha hecho nada que justifique la acusación de que se está intentando buscar la armonía entre la burguesía y el proletariado”81.
Finalmente, en el Congreso de Erfurt se acabó expulsando a varios miembros de Jungen que siguieron manteniendo sus acusaciones de corrupción. También se notificaron previamente varias dimisiones de la militancia de otros miembros del grupo. Tras el rechazo de una apelación contra su expulsión, la oposición fundó la “Asociación de Socialistas Independientes” (Verein Unabhängiger Sozialisten) el 8 de noviembre de 1891, poco después del Congreso de Erfurt (su órgano tomó el nombre de El Socialista, y fue publicado entre 1891 y 1899). Engels afirmó que no se dedicaba a otra cosa que a difundir “calumnias y mentiras”82.
Este grupo de oposición, surgido al principio de la década de 1890, mostró una vaga conciencia de los signos cada vez más alarmantes de degeneración del partido. Pero al poner la crítica política a la misma altura que un conjunto de acusaciones de corrupción contra los dirigentes del partido – sin pruebas sólidas – cayendo así en el personalismo – sus correctas advertencias sobre el peligro de degeneración perdieron fuerza, y pasaron a formar parte del arsenal de los oportunistas. Ya antes algunos representantes de los Jungen (Werner y Wille) habían afirmado que no era necesario tener un órgano central en el partido (como el periódico del partido, por ejemplo). Algunos Jungen se pronunciaron también en contra de la centralización y pedían una mayor laxitud estructural, pidiendo que se prescindiera de cualquier criterio de compromiso militante.
La consigna que marcó la fundación de los “Socialistas Independientes” fue: “la forma organizativa actual del partido restringe el movimiento de las clases sociales proletarias”. Por el contrario ellos defendían una “organización libre”, añadiendo que el propósito de la organización era ser una “asociación de discusión y educación”83.
Los “Socialistas Independientes” se escindieron poco después de establecerse como tal – algunos volvieron al SPD y otros se pasaron al anarquismo.
Para el SPD, lidiar con este grupo tan heterogéneo había supuesto un desafío por partida doble. Por un lado, las acusaciones personales, como las alegaciones de corrupción, no podían quedar sin respuesta. Y los que seguían manteniendo ese tipo de acusaciones sin poner ninguna prueba por delante no podían hacerlo sin asumir las consecuencias.
No obstante, al mismo tiempo puso a prueba la voluntad del partido a la hora de asumir las advertencias frente al oportunismo, que inevitablemente eran confusas, y hasta engañosas a veces, además de la arrogancia con la que se presentaron, como dijo Engels. Sin duda, no podía permitirse la expulsión del partido como medida frente a los desacuerdos políticos. Previamente a la conferencia del partido de Halle, Engels habló de esto:
“Probablemente podré ver a Bebel y a Liebknecht antes del Congreso, y haré todo lo posible para convencerles de la imprudencia que suponen todas las expulsiones que no se basen en la más clara evidencia de las acciones injuriosas contra el partido, sino simplemente en la enumeración interminable de cargos de oposición”84.
“Está claro que sois capaces de lidiar con los Jungen y sus partidarios en el Congreso. Pero asegúrate de no sembrar la semilla de futuros conflictos. No conviertas a nadie en mártir innecesariamente, muestra que la libertad de crítica prevalece, y si se tiene que expulsar a alguien que sea bajo la evidencia de hechos probados y descarados de deshonestidad y traición”85.
Tras el congreso de Erfurt, Engels aprobó las expulsiones de Jungen por su continuada labor de difusión de sospechas y acusaciones infundadas. Pero poco después se dio cuenta de que gente como Vollmar (representante de la derecha) era “mucho más peligrosa” que los Jungen86. Poco tiempo después moderó su punto de vista: describió los ataques de los Jungen a los “elementos pequeñoburgueses” del partido como “inestimables”87.
Hasta Bebel llegó a reconocer la influencia positiva que tuvieron los Jungen tras la publicación, en el verano de 1892, de la Der Klassenkampf in der Sozialdemokratie (La lucha de clases en la socialdemocracia) de Hans Müller. “Es realmente algo positivo en sí mismo que haya voces de la conciencia en el partido que lo llamen a la vigilancia. Si no hubiera surgido este grupo de oposición tendríamos que habernos inventado uno. Si les cae una regañina en la próxima conferencia del partido, ahí estaré yo para alabarles”88.
La batalla aquí descrita, entre las tendencias revolucionaria y oportunista de la socialdemocracia alemana, se recrudeció intensamente en los años subsiguientes, de 1890 a 1914. Describiremos este conflicto en la segunda parte del artículo.
Dino
1 https://es.internationalism.org/revista-internacional/199603/1780/cuestiones-de-organizacion-i-la-primera-internacional-y-la-lucha-c [163]
2 La ciudad alemana de Eisenach albergó el congreso fundacional del SDAP.
3 https://es.internationalism.org/content/4488/lassalle-y-schweitzer-la-lucha-contra-los-aventureros-politicos-en-el-movimiento-obrero [164]
4 La respuesta de Engels a los lassalleanos en Volkstaat, mayo de 1873 está en las Obras Escogidas de Marx y Engels, Volumen 18, p. 319-325 (todas las citas de las Obras Escogidas se han traducido de la edición alemana).
5 Carta de Engels a Bebel, 20-6-1873, Obras Escogidas Vol 33, p. 590.
6 La Primera Internacional no sería disuelta oficialmente hasta la Conferencia de Filadelfia, el 15 de julio de 1876.
7 Engels a Conrad Schmidt, 12 de abril de 1890, Obras Escogidas Vol. 37, p. 384.
8 Marx escribió a Friedrich A. Sorge en los siguientes términos, el 27 de septiembre de 1873: “Así las cosas en Europa, pienso que lo más útil es dejar la organización de la Internacional en segundo plano por ahora y asegurarnos, en la medida de lo posible, de no perder la oficina central de Nueva York durante el proceso, e impedir a idiotas como Perret o a aventureros como Cluseret hacerse con el liderazgo y poner en peligro la causa […] Por ahora basta con no dejar escapar las conexiones con los camaradas más capaces de los diferentes países […] (Obras Escogidas Vol. 33, p. 606)
9 En 1873, los socialdemócratas austríacos llegaron incluso a elegir la plana editorial del Volkstaat alemán (El Estado del Pueblo) como árbitro de las disputas en el partido austríaco (The International Working Class Movement, Progress Publishers, Moscú 1976, Vol. 2, 1871-1904, p. 261).
10- En Gran Bretaña los obreros más militantes estaban activos en las Trade Union. La Federación Socialdemócrata se fundaría en 1884.
Francia: las organizaciones que quedaron en pie tras la Comuna de París eran de carácter puramente profesional, orientadas exclusivamente a la lucha económica. Solo a partir de 1878 veríamos la fundación del Parti Ouvrier, de corte electoralista; estuvo liderado por Guesde y Lafargue, con la participación directa de Marx, que escribió su plataforma política (ver The International Working Class Movement, p. 237). En Francia hubo una escisión entre los “posibilistas” (ala reformista) y los partidarios de Guesde – que resultó en la fundación de la Federation d’ouvriers socialistes.
Bélgica: se funda el Partido Socialista en 1879 y el Partido Obrero Belga en 1885.
Holanda: se funda en 1882 la Unión Socialdemócrata.
Suiza: se funda un Congreso Obrero General Nacional en primavera de 1873. En 1888 se funda el Partido Socialdemócrata Suizo.
España: se funda en 1879 el Partido Socialista Obrero Español.
Portugal: se funda en 1875 el Partido Socialista de Portugal.
Italia: no se fundó ningún partido durante la década de 1870. En 1881 se funda el Partido Socialista Revolucionario, que en 1883 se unificó con el Partito Operaio. En 1892 se funda el Partido Socialista en Génova.
EEUU: se fundan el Workingmen’s Party of Illinois en 1873 y el Social-Democratic Socialist Party of North America en 1874 (sobre la base de secciones de la Primera Internacional).
Hungría: se anuncia la fundación del Partido Obrero en marzo de 1873, siendo inmediatamente ilegalizado.
En 1883 Plekhánov funda en el destierro la primera organización socialdemócrata rusa, el grupo Emancipación del Trabajo.
Así las cosas, en el ecuador de la década de 1870 solo había organizaciones obreras en unos pocos países europeos, y en EEUU y otros países hasta cierto punto (ver The International Working Class Movement, p. 205). No obstante, el programa de Gotha tuvo influencia en otros partidos a partir de la segunda mitad de la década de 1870 y principios de la de 1880, como por ejemplo en la Liga Danesa de Socialdemócratas, fundada en 1876, así como en el Partido Socialista de Flandes, de 1877, el Partido Socialdemócrata Checoslovaco de 1878, la Liga Socialdemócrata de los Países Bajos de 1882 y el Partido Obrero General de Hungría de 1880.
11 Mehring, Geschichte der deutschen Sozialdemokratie, p. 451
12 Marx a Wilhelm Bracke, 5 de mayo de 1875, Obras Escogidas Vol. 19, p. 13
13 En su carta a Bebel del 12 de octubre de 1875 , Engels subraya el carácter anti-marxista de las ideas que conforman el programa de Gotha:
“1- Las frases y expresiones comunes del lassalleanismo que se han incluido siguen siendo una desgracia para nuestro partido, tales como la de la “masa reaccionaria” fuera de la clase obrera, la “ley de hierro de los salarios”, la “ayuda estatal para las cooperativas de producción”, etc. Según Engels, este era “el yugo de Caudin bajo el que se arrastró nuestro partido para mayor gloria del divino Lassalle”.
2- Las reivindicaciones democráticas vulgares, como la consigna del “Estado libre” que supuestamente se alza por encima de las clases.
3- Reivindicaciones de cara al Estado ‘actual’ completamente confusas e ilógicas.
4- Frases generales “robadas sin más del Manifiesto Comunista y los Estatutos de la Internacional y reescritas para expresar una completa falsedad o un sinsentido […] Reina el más alto grado de desorden en todo el programa, es incoherente, ilógico, vergonzoso” (Obras Escogidas, vol. 34, p. 158).
14 Engels a Bracke, Obras Escogidas, Vol. 34 p. 155
15 “Por tanto, el principio de la naturaleza internacional del movimiento obrero es prácticamente negado por el momento, a pesar del hecho de que este principio se ha defendido de la forma más gloriosa durante 5 años, en las más difíciles circunstancias. La posición del movimiento obrero alemán como el más avanzado del movimiento europeo se basa esencialmente en su actitud genuinamente internacionalista durante la guerra” (Engels a Bebel, Obras Escogidas, Vol. 19, p. 4, 18/28. 3. 1875).
16 Mehring, Ibíd., Vol. 2, p. 449-450
17 Mehring, Ibíd., Vol. 2, p. 453
18 Mehring, Ibíd., Vol. 2, p. 419
19 Mehring, Vol. 2, p. 516
20 Declaración de Höchberg, Bernstein y Schramm. Escribieron las “Revisiones del movimiento socialista en Alemania”, rechazando el carácter revolucionario del partido y pidiendo la transformación del SAPD en un partido reformista democrático pequeño-burgués. (Documents and Materials, III, p. 119). Por miedo a la represión, el ala del partido en torno a Eduard Bernstein se pronunció a favor de la transformación del SAPD en un partido legalista y reformista, lo que quitaría su razón de ser a la ilegalización.
21 Circular a Bebel, Liebknecht, Bracke y otros de Marx y Engels, 17/18 9.1875, Obras Escogidas, Vol. 34, p. 394-408.
22 Circular de Marx y Engels a Bebel, Liebknecht, Bracke y otros, Obras Escogidas, Vol. 17 (18 de septiembre de 1879)(citado en The International Working Class Movement Vol. 2, p. 235).
23 Dieter Fricke, On the history of the German worker’s movement 1869-1917, p. 204.
24 Documents Vol. III, p. 148.
25 En vista del peligro que suponía una estructura ilegal tan centralizada, es decir, que podía ser desmantelada rápidamente por la policía si se decidía a atacar, Engels argumentó que “cuanto más fluida parezca ser la organización, más fuerte será en realidad” (Engels a J. Ph. Becker, 1 de abril de 1880, Obras Escogidas, Vol. 34, p. 441).
26 Apelación de los Representantes del SAPD del 18 de septiembre de 1880 sobre las tareas posteriores al Congreso de Wyden (Documents, Vol. III, p 153).
27 Fricke, Íbid., p. 211.
28 “Resolución sobre la Organización del Partido.
1. La representación oficial del partido queda asignada a los diputados del Reichstag.
2. En el caso de que las elecciones al Reichstag del año que viene resulten en un cambio substancial del número de diputados, tanto los diputados salientes como los entrantes deben ponerse de acuerdo con respecto a quien continuará cada actividad, implicando a camaradas de confianza en la organización. Este reparto de actividades es asunto exclusivo de los miembros del Parlamento.
(5) La organización de cada puesto individual se deja a discreción de los camaradas que residan en la zona, pero el Congreso declara que es deber de todos los camaradas asegurar las mejores conexiones posibles en cada momento”.
29 Lenin, “Sobre dos cartas”, Obras Completas, Vol. 15, p. 291.
30 Der Sozialdemokrat, 12 de abril de 1883 (Documents).
31 Bebel, “Discursos y escritos escogidos” (Ausgewählte Reden und Schriften), Vol. 2, p. 106F, (en Fricke, p. 193).
32 Dirk H. Müller, Idealismus und Revolution, p. 15.
33 Carta de Bebel a Liebknecht del 26 de julio de 1885, International Institute for Social History, Amsterdam, Nachlass Liebknecht, p. 108-111 (en Fricke, p. 276).
34 Engels a Bebel, 4 de agosto de 1885, Obras Escogidas, Vol. 36, p. 292.
35 “El Grupo Socialdemócrata del Reichstag alemán”, Der Sozialdemokrat, nº 14, 2 de abril de 1885 (en Documents, Vol. III, p. 223).
36 La cuestión del “subsidio de barcos a vapor” reveló la intención de varios miembros del parlamento de apoyar las peticiones de subsidios del gobierno, en su lucha contra otros Estados en la conquista del planeta por el transporte marítimo alemán.
37 Carta de protesta de Bebel, del 5 de abril de 1885, contra las declaraciones de la fracción socialdemócrata del Reichstag. IISG Amsterdam, NL Bebel, nº 42 (en Documentos y Materiales de las Obras Escogidas de Marx y Engels, Vol. 3, p. 226).
38 N. del T.: término con el que se designaban los edictos zaristas rusos.
39 Documentos, Vol. III, p. 229.
40 Ibíd., p. 231.
41 Ibíd., Vol. 3, p. 177, 2 de febrero de 1892, Der Sozialdemokrat.
42 Engels a Bebel, 21 de junio de 1882, Obras Escogidas, Vol. 35, p. 225.
43 Engels a Bebel, 28 de octubre de 1882, Obras Escogidas, Vol. 35, p. 383.
44 Engels a Bebel, 10/11 de mayo de 1883, Obras Escogidas, Vol. 36, p. 27.
45 Engels a Bebel, 11 de octubre de 1884, Obras Escogidas, Vol. 36, p. 215.
46 “Resolution über die Errichtung einer internationalen Verkehrsstelle unter den Sozialisten”, Documents, Vol. 3, p. 149.
47 Fricke, Ibíd.
48 https://es.internationalism.org/revista-internacional/199601/1761/1996-84-a-87 [165]
49 El principio de que los miembros del partido deben pagar cuotas de militancia no se mencionaba explícitamente para evitar medidas penales por el Acta de Asociaciones.
50 Ignaz Auer sería posteriormente bien conocido por representar la quintaesencia del oportunismo, cuando le comentó a Eduard Bernstein: “Lo que tú estás pidiendo, querido Ede, no es algo que uno deba admitir abiertamente ni someter a votación formal alguna; es algo que, simplemente, se hace”.
51 Circular nº 1 del Comité Ejecutivo del SPD de octubre de 1890, sobre la Construcción del Partido, Documents, Vol. 3, p. 348.
52 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200401/1875/el-nacimiento-del-bolchevismo-i-1903-1904 [166]
53 Protocols of the Negotiations of the Party Congresses of the Social Democratic Party of Germany Halle 1890 and Erfurt 1891, Leipzig 1983 – Foreword to Halle Party Congress, p. 32.
54 Carta de Bebel a Engels, 27 de agosto de 1890, Bebel Ibíd., p. 365.
55 Prefacio de los Protocolos, 29, cita original de Bebel en su Carta a Victor Adler del 5 de septiembre de 1890, en Selected Speeches and Writings, Vol. 2, p. 371.
56 Engels, Obras Escogidas, Vol. 22, p. 371.
57 Hemos tratado estas debilidades en detalle en varios artículos, entre otros los que pueden verse en la Revista Internacional 84 y 85, mencionadas más arriba.
58 Las medidas represivas se sucedían con mucha frecuencia. En 1895, por ejemplo, el comisario de la policía berlinesa ilegalizó al órgano ejecutivo del partido en Berlín (lo que es decir que lo disolvió, aunque esto no afectara al partido a nivel local o nacional). Una vez más se tuvo que transferir la dirección del partido a la fracción en el Reichstag. Estas medidas policiales asustaban a los que estaban “sentados en el sofá democrático”, camino de perder su espíritu de lucha.
59 Zur kritik des sozialdemokratischen Programmstwurfs 1891, Obras Escogidas, Vol. 22, p. 234. La Kritik de Engels no vería la luz hasta 10 años más tarde, cuando la dirección del SPD finalmente consintió su publicación. Las circunstancias de esto nunca se aclararon del todo. En una nota preliminar, la dirección del SPD señaló que el manuscrito de Engels fue hallado en los archivos de W. Liebknecht, que murió en el año 1900 (Obras Escogidas, Vol. 22, p. 595).
60 https://es.internationalism.org/revista-internacional/199701/1233/vi-el-fracaso-de-la-construccion-de-la-organizacion [167]
61 Engels a Kautsky, 8 de enero de 1884, Obras Escogidas, Vol. 36, p. 230.
62 Der Sozialismus in Deutschland, Obras Escogidas, Vol. 22, p. 250.
63 Engels a Bebel, 29 de septiembre de 1891, Obras Escogidas, Vol. 38, p. 163.
64 Engels, Einleitung zur englischen Ausgabe der “Entwicklung des Sozialismus“, 1892, Obras Completas, Vol. 22, p. 311.
65 Engels a Pablo Iglesias, 26 de marzo de 1894, Obras Escogidas, Vol. 39, p. 229. Aunque relativizara esta declaración con la reserva de que futuros desarrollos de la situación histórica podrían poner en cuestión todas las predicciones, como por ejemplo una guerra en Europa con consecuencias terribles a nivel mundial, se puede ver bien la influencia que tuvo en Engels el éxito electoral del SPD (ver también la carta de Engels a Bebel del 26 de octubre de 1891, Obras Escogidas, Vol. 38, p. 189).
66 Hamburger Parteitag, 1897, Protocols, p. 123.
67 Ibíd.
68 Engels, El problema campesino en Francia y Alemania, Obras Escogidas, Vol. 22, p. 493.
69 Engels a Bebel, Liebknecht y otros, mediados de septiembre de 1879, Obras Escogidas, Vol. 34, p. 394-408.
70 Engels a Bebel, 24 de noviembre de 1879
71 Engels a Sorge, 9 de agosto de 1890, Obras Escogidas, Vol. 37, p. 440.
72 “Probablemente tengamos que romper con él [Vollmar] este año o el que viene; parece empeñado en forzarnos a adoptar su socialismo de Estado. Pero dado que es un intrigante habilidoso y que yo tengo una dilatada experiencia en lidiar con este tipo de elementos, me daré la libertad de darte unos cuantos consejos – teniendo en cuenta que M[arx] y yo, más de una vez, hemos cometido auténticas chapuzas tácticas contra este tipo de gente y hemos tenido que pagar un alto precio por ello. Lo que más desea esta gente es intentar demostrar formalmente lo equivocados que estamos, lo cual debemos evitar. Si lo logramos, empezarán a bombardearnos con cuestiones secundarias con las que intentarán oscurecer el problema principal, al verse en una posición de debilidad en su discusión. Por tanto, debes cuidar las expresiones que uses, ya en público como en privado. Ya te habrás dado cuenta de lo habilidoso que es este hombre a la hora de emplear tus declaraciones sobre Liebknecht para crear tensión entre él, Liebknecht y tú, dejándote a ti en medio de su disputa. Por otro lado, dada la importancia que tiene para ellos difuminar la cuestión principal, hay que prevenir toda situación que se lo facilite; todas las cuestiones secundarias objeto de polémica para ellos deben afrontarse de la forma más rápida y convincente posible, para que les quede clara de una vez por todas, aunque por lo general estas cuestiones secundarias se deben evitar todo lo que se pueda, a pesar de la tentación de caer en ellas. No hacerlo provocará que el objeto del debate se extienda cada vez más y que se acabe alejando del punto de contención original. En una situación así no hay victoria posible, y el manipulador tendrá ya su pequeña victoria, o al menos, apuntará una derrota moral a nuestra cuenta” – Engels a Bebel, 23 de julio de 1892, Obras Escogidas, Vol. 38, p. 407.
73 Un año después, 12 de los 250 delegados al Congreso de Erfurt pertenecían a este grupo.
74 Cuatro de estos delegados tenían unos 30 años de edad, uno de ellos tenía 23 y la mayoría solo habían pertenecido al partido por un periodo de 2 a 3 años. Uno de ellos, Bruno Wille, ni siquiera era militante. Eran sobre todo estudiantes, trabajadores por cuenta propia, o como el caso de Wille, se ganaban la vida con empleos como el de orador público.
75 El órgano ejecutivo del partido y el grupo parlamentario se opusieron a una huelga organizada para el Primero de Mayo.
76 Dirk H. Müller, Idealism and Revolution, Zur Opposition der Jungen gegen den Sozialdemokratischen Parteivorstand, p. 50, contribución de H. Müller (der Klassenkampf…) p. 88 y ss., nº 35 del 30 de agosto de 1890.
77 Müller, Ibíd., p. 64.
78 Müller, Ibíd., p. 89.
79 Müller, Ibíd., p. 52.
80 “La táctica del partido es completamente errónea. 9.) El socialismo y la democracia no tienen absolutamente nada en común con los discursos de nuestros miembros […] 12.) Hablar de un desarrollo pacífico de la sociedad actual hacia el Estado socialista es un disparate. Los que defienden esta postura son mucho peores que los peores extremistas políticos” (“Acusaciones de la oposición en Berlín”, p. 24 en el original, en D. H. Müller, p. 94).
81 Erfurter Parteitagsprotokoll, p 318.
82 Engels a Sorge, 21 de noviembre de 1891, Obras Escogidas, Vol. 38, p. 228.
83 La proporción de obreros en la dirección de este grupo era insignificantemente baja; había muchos más “escritores”, pequeñoburgueses, que obreros (Müller, ibíd., p. 130-133).
84 Engels a Sorge, 21 de noviembre de 1890, Obras Escogidas, Vol. 38, p. 228.
85 Engels a Liebknecht, 10 de agosto de 1890, Obras Escogidas, Vol. 37, p. 445. Ver también Engels a Laura Lafargue, 27 de octubre de 1890, Obras Escogidas, Vol. 38, p. 193.
86 Engels a Sorge: “Mr. Vollmar […] es mucho más peligroso, es más astuto, más perseverante […]”, 24 de octubre de 1890, Obras Escogidas, Vol. 38, p. 183.
87 Engels a Victor Adler, 30 de agosto de 1892, Obras Escogidas, Vol. 38, p. 444: “… ¿pero qué clase de elementos burgueses hay en la fracción parlamentaria, que siempre acaban reelegidos? Parece que un partido obrero solo puede elegir entre trabajadores que sean destituidos al instante y arrojados luego a la lista de pensionistas del partido o burgueses que solo miran por sí mismos y avergüenzan al partido. Puestos a elegir entre estas dos fuerzas, los Independientes son impagables”.
88 Bebel a Engels, 12 de octubre de 1892, Bebels-Engels p. 602 (en Müller, Ibíd., p. 126).
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El peronismo, desde su aparición en la década de los cuarenta del siglo XX y hasta nuestros días, se ha presentado como un movimiento progresista, con preocupación por el mejoramiento de la vida de los trabajadores. Pero en realidad es una ideología que la burguesía argentina ha utilizado para asegurar el control y sometimiento de los explotados. Con gran astucia, la burguesía argentina ha echado mano de la demagogia, del chantaje sentimental y de la mentira para crear una mitología en torno a la personalidad y el accionar del militar Juan Domingo Perón y de su esposa Eva Duarte. Construida esa estructura, ha podido hacer un uso muy agresivo de la ideología nacionalista para lograr que los trabajadores se involucren en la defensa de la economía nacional, dominando así su combatividad y atándolos a los mandatos de los sindicatos y a la ilusión de la democracia y las urnas electorales.
Aunque han pasado varias décadas de la presencia de Perón, la burguesía argentina sigue utilizando el mito del peronismo por la utilidad que tiene para el control de la clase obrera. Con la presencia de la mancuerna “Perón-Evita”, logró su fuerza máxima para aprisionar la conciencia de los trabajadores, luego el “movimiento peronista” ha mantenido ese control, lo mismo cuando se encuentra en el gobierno o cuando está en la oposición. La manera en que el peronismo ha logrado esa presencia es ocupando todo el escenario social, usando diversas organizaciones, tales como:
- el partido “justicialista” (continuador del Partido Peronista), el cual se presenta, según el momento, con un discurso hacia la derecha o hacia la izquierda;
- las agrupaciones de control de sectores específicos de la población, como los jóvenes o las mujeres, creando para ello a las “juventudes peronistas” (hoy integrada como la Juventud del Partido Justicialista), o las diversas agrupaciones de “mujeres peronistas” (uno de ellos fue el Partido Peronista Femenino, dirigido por Eva Perón);
- las grandes centrales sindicales (tanto la CGT como la CTA1), han sido uno de los instrumentos con los que el peronismo ha logrado tener un control de los trabajadores, impidiendo el desarrollo de su conciencia;
- los grupos guerrilleros peronistas, como los “montoneros” o las FAR, también hicieron una activa labor de confusión y ataque a la conciencia de los trabajadores, lo mismo cuando estando proscrito el peronismo (con Perón en el exilio) y eran fieles seguidores de ese movimiento, que cuando se presentaban como “críticos” del caudillo.
Es cierto que esas estructuras referidas van cambiando en su forma o en su actuación, amoldándose siempre a las necesidades del capital. De manera que, a lo largo de casi ochenta años de existencia del peronismo, encontramos diversas fases, a saber:
desde su origen, marcada por la denominada “revolución de 1943” hasta el golpe de Estado de 1955,
luego vendrá la actuación de Perón desde el exilio y las respuestas diversas del “movimiento peronista”, que se prolonga hasta su retorno a Argentina en 1972.
Una nueva fase se abre en el peronismo con su retorno del exilio y su tercer cargo presidencial (1973), que no culmina dado que lo encuentra la muerte en 1974.
Luego de la muerte del caudillo, se dibujan diversas expresiones del “neo peronismo” (destacándose las actuaciones de los gobiernos encabezados por los Kirchner).
Pero aun cuando puede en cada momento por el que pasa usar discursos diferentes, mantiene en todos ellos su esencia burguesa; en ningún momento el peronismo ha dejado de ser un instrumento del capital en contra de los trabajadores, precisamente por esa razón iniciamos con esta serie, que convoca al análisis y la reflexión de parte de los trabajadores.
El sistema capitalista, como todo Modo de Producción, se mueve en la historia observando globalmente una época de expansión económica seguida por otra de decadencia. El momento de mayor crecimiento del capitalismo, en su fase de expansión, se desarrolló durante el siglo XIX, iniciando su fase de decadencia a partir de la Primera Guerra Mundial. En ese giro decadente, todos los Estados nacionales se sumergen en un proceso de mayor confrontación económica y política, lo que hace que la burguesía inicialmente avance sobre diversas vertientes para encontrar formulaciones que den oxígeno al sistema. Es sobre todo a partir de la crisis de 1929, al exponerse violentamente los efectos de la decadencia, que la burguesía se ve obligada a acelerar el proceso (que ya había iniciado con la 1ª GM) de ordenamiento de la economía, la administración y las relaciones político-militares en torno al Estado. Es entonces cuando, a semejanza de lo que aconteció en la fase decadente del feudalismo, se centralizan los poderes del Estado y, si en el feudalismo toma la forma de “monarquía absoluta”, en el Modo de Producción contemporáneo se expresa bajo la forma de capitalismo de Estado. En su definición inicial el capitalismo de Estado hace uso de expropiaciones y nacionalizaciones, lo cual no cambia en nada la esencia del sistema. La Izquierda Comunista de Francia en la década de los 40, recuperando el marco de análisis marxista, explicaba que: “La transferencia de capital de manos privadas individuales a manos del Estado no es una modificación, no es un cambio del capitalismo al no-capitalismo, sino estrictamente es una concentración de capital para asegurar más racionalmente, con mayor perfección, la explotación de la fuerza de trabajo […] Lo que otorga carácter capitalista a la producción no es la propiedad privada de los medios de producción […] Lo que hace que la producción sea una producción capitalista es la separación de los medios de producción de los productores, su transformación en medios de adquisición y dominio del trabajo vivo con objeto de hacerle producir un excedente, la plusvalía.” 2
A partir de la agudización de las contradicciones capitalistas expuestas en las guerras y la crisis, va empujando a que en todos los países se definiera la forma del capitalismo de Estado. Inicialmente asumen políticas de amplio intervencionismo estatal, como está presente (entre muchos casos) en Estados Unidos con el “New Deal” (1933-38), en Italia con Mussolini (1922-43), en Alemania con Hitler (1933-45) y desde luego, en Brasil, con Getulio Vargas (entre 1930 y 1954) y en México, con Lázaro Cárdenas (1934-40).
Los países de América Latina, al tener una injerencia continua de la burguesía extranjera, un rezago en su dinámica industrializadora y una burguesía frágil por contar en su composición con un peso desproporcionado del sector agrario, atado a las viejas formas de producción en la economía, se ven obligados a profundizar estas prácticas y configurar estructuras con modalidades más grotescas, utilizando gobiernos autoritarios, encabezados por militares o por partidos únicos.
Con el tiempo, las medidas aplicadas se han ajustado y reorientado, pero mantienen la forma de organización del capitalismo de Estado, aunque en realidad es la misma tendencia que se da en todos los países del mundo con fórmulas especificas a las necesidades de la burguesía argentina. Pero si la actuación de Perón tiene una relevancia particular, no es porque utilizó la estatización de la economía, antes de él, la burguesía argentina ya se orientaba a esas prácticas, sino por el uso propagandístico que la burguesía argentina ha hecho y continúa haciendo de esa ideología para confundir y controlar a los trabajadores.
Argentina, al entrar el siglo XX avanzaba ya en la formación de una industria manufacturera, además, contaba con un extenso territorio dedicado a la producción agropecuaria enfocada a la exportación, siendo su principal mercado Gran Bretaña. Pero la Primera Guerra Mundial trajo la desarticulación de la estructura del comercio internacional, afectando en Argentina la recepción de insumos y maquinaria, deteniendo las actividades de la industria, a la vez que la agricultura y ganadería se vieron afectadas por la limitación en la exportación de algunos de sus productos, todo ello generó un proceso recesivo que tuvo un breve respiro por la aplicación de algunas medidas que impulsaron la “industrialización por sustitución de importaciones”3, empero, al culminar los enfrentamientos militares y reanudarse las actividades mercantiles, se posterga esa política y se vuelve a enfocar su economía en la exportación de granos y carne.
La guerra al afectar la dinámica de la acumulación mundial modificó también las relaciones políticas de la burguesía, viéndose obligada a reordenar sus relaciones con el resto de Estados nacionales, pero también debía asegurar que el conjunto de la burguesía se cohesionara en torno al Estado. En el caso de Argentina, los sectores más poderosos de la burguesía, al dedicarse a las actividades primarias exportadoras, intervenían insistentemente para que las decisiones económicas y políticas tomadas por el Estado los favoreciera. Por ejemplo, el motivo por el que se mantuvo neutral durante la 1ªGM fue porque eso le permitía continuar con algunas exportaciones de alimentos demandados por Gran Bretaña, sin embargo, estas decisiones limitaban la expansión del proceso de acumulación en otros sectores, que además buscaban desmarcarse del control británico, para acercarse a los Estados Unidos.
Fue precisamente con la 1ªGM que los Estados Unidos incrementaron su comercio en América Latina (particularmente en Argentina), exponiendo su propósito de recuperar el terreno olvidado, apelando al principio de la “doctrina Monroe” dictada desde el siglo XIX, en el que declaraban “América para los americanos”.
Por eso al terminar la guerra, la disputa se mantiene al interno de la burguesía argentina, lo que expone una dificultad para cohesionarse en torno al Estado. En ese nivel de tensión se vuelve un gran tema de confrontación la búsqueda del tipo de proyectos a los que habrían de recurrir para impulsar la industrialización. La burguesía agropecuaria, como decíamos, muy integrada económica y políticamente con Gran Bretaña, busca mantener la base de la economía en la agroexportación, impulsando solamente a la industria que ocupen como insumos los granos y las carnes. En 1920, un vocero de la Sociedad rural argentina lo exponía así: “La industrialización no tiene por qué hacerse a partir de los minerales, porque el concepto que mantiene a éstos por base del proceso industrializador es anticuado, pues bien puede un país llegar a ser industrial careciendo en absoluto de minas, siempre que reúna otras condiciones. Nuestros ganados y nuestros vegetales constituyen una fuente inagotable de materias primas suficientes para proporcionar inversión industrial a muchos hombres.”4
Por su parte Estados Unidos para afianzar a América Latina como su zona de dominio, interviene con inversiones en el sector financiero e industrial, creándose en algunos sectores de la burguesía argentina un ánimo antinorteamericano, que va a inducir al planteamiento de la necesidad de una “industrialización sobre bases nacionales”. Bajo esa perspectiva, sectores de la burguesía y la pequeña burguesía (algunos de ellos agrupados en la Unión Cívica Radical), impulsan proyectos industrializadores apoyándose en el intervencionismo estatal y usando un discurso nacionalista. Y aunque su propuesta es muy pragmática, se engrana con las respuestas que la burguesía va estableciendo por todo el planeta para enfrentar a la decadencia del sistema, es decir, con las medidas en las que se le otorga al Estado la responsabilidad de controlar el aparato productivo5. Incluso como parte de esa reconfiguración de la forma de operar el sistema, los gobiernos radicales proclaman leyes laborales, con las que fingen dar respuesta a las demandas obreras, aunque cuando se trata de responder a huelgas y manifestaciones, su verdadera respuesta es la represión, como lo hizo el gobierno de Yrigoyen en “la Semana Trágica” (1919) o en “la Patagonia rebelde” (1920-22)6.
Estas medidas aplicadas por el gobierno radical nos dejan ver que la definición de un Estado hipertrofiado y omnipresente no es una invención de Perón, es una tendencia mundial que se impone en la fase decadente del capitalismo para apuntalarlo.
Los gobiernos de la UCR y particularmente en las dos ocasiones en que lo encabezó Yrigoyen, se mostró la intención por llevar una reorganización política a través de un “Estado dirigista, planificador y nacionalista”7. Sin embargo, en los tres lustros que ese partido se mantuvo en el gobierno, enfrentó una profunda división de la burguesía, que escaló a tal nivel, que condujo a un golpe de Estado el 6 de septiembre de 1930. El historiador Jorge A. Ramos, describe así el ambiente que llevó a la caída de Yrigoyen: “Desde 1930 el Ejército había sido un hervidero de intrigas y un empollador de conspiradores […]. La razón básica de la inquietud militar consistía en que, al desgajarse la Argentina de la prosperidad agraria nacida de su vinculación con el Imperio Británico, y la civilización europea, con la crisis de 1930, las instituciones fundadas sobre dicho sistema desde 1880 ya no podían funcionar. Habían perdido su equilibrio. Y el Ejército, a través de su propia oscuridad, pretendía reencontrarlo, apelando a las más diversas fórmulas…”8
Ese golpe de Estado abrió el período, que han denominado la “década infame”9, la cual se caracterizó por la corrupción y el fraude de los gobiernos en turno, pero además por la aplicación de políticas orientadas a combatir la crisis, favoreciendo a la burguesía que operaba en el sector agropecuario. El tipo de medidas aplicadas por los gobiernos en este período, se ejemplifican claramente en el Pacto “Roca-Runciman”10 con este pacto comercial entre los Estados de Argentina y Gran Bretaña, se protegían las ganancias británicas y las del sector rentista argentino, pero a costa de los beneficios del resto de la burguesía. Por esa razón a lo largo de los 13 años que duró la llamada “década infame”, la burguesía se mantuvo fracturada, en una separación política que, además se retroalimentó de las pugnas imperialistas que trajo la 2ª Guerra Mundial, que empujaba a la burguesía y a sus Estados a colocarse en uno de los bandos de la disputa imperialista.
Los sectores de mayor poder económico y político al estar dedicados a la agroexportación consideran al neutralismo como la posición más adecuada. En el ejército y la Iglesia hay amplios sectores que declaran sus simpatías hacia Alemania, pero también hay fracciones de la burguesía que considera que el proyecto agroexportador no tiene mayor futuro, por lo que requieren aprovechar la coyuntura para empujar a la industrialización, acercándose con los Estados Unidos, que desde 1939 daba señales de que abandonaría la “neutralidad”.
Al interno del gobierno argentino, dirigido en ese entonces por Ramón Castillo (1942-43) hay sectores que toman esa postura. En 1940, Federico Pinedo, que era ministro de Hacienda, presentó el “Programa de reactivación de la economía nacional”, en el que claramente dice: “…el gran mercado de Estados Unidos ofrece enormes posibilidades. No hay ninguna razón lógica que nuestra industria no pueda aprovecharla…” Además, incorpora el papel del Estado en ese proyecto: “…es indispensable que el Estado cree las condiciones favorables y ofrezca el incentivo necesario a fin de que esas actividades [privadas] adquieran todo el impulso…” Al final, el proyecto no fue aprobado y Pinedo fue presionado para dejar su puesto.
Todas esas pugnas que desarticulaban a la clase dominante sirvieron de caldo de cultivo para que el 4 de junio de 1943, se concretara un nuevo golpe de Estado, esta vez en contra del gobierno de Ramón Castillo, encabezado por los generales Arturo Rawson y Pedro Ramírez.
Aunque el cuartelazo tuvo inicialmente una aprobación de parte de las diversas fracciones de la burguesía y pequeña burguesía, las diferencias políticas se mantienen y se asomarán más adelante, aunque las primeras que aparecen se dan en las filas de los mismos militares. Así, Rawson solo puede mantenerse en la presidencia 3 días, el motivo de su destitución fue por colocar en su gabinete a personajes cercanos al gobierno depuesto, pero fundamentalmente por la promesa hecha a la embajada británica de romper relaciones con el eje, cambiando la postura neutralista de argentina. Lo relevó en el cargo Pedro Ramírez, que ocupó la presidencia tan solo 7 meses. Nuevamente los mandos militares lo retiran de la presidencia al descubrir las negociaciones que llevaba con los Estados Unidos preparando la ruptura de relaciones con el Eje Berlín-Roma-Tokio.
A partir de la renuncia obligada de Pedro Ramírez, pasará a ocupar la presidencia de 1944 a 46, Edelmiro Farrell. La presidencia de este militar otorgó más presencia pública al coronel Juan Domingo Perón, que había colaborado en la conspiración del golpe de Estado de 1943 a través de la logia secreta de militares llamada “Grupo de Oficiales Unidos” (GOU), pero ahora se integraba a cumplir una nueva tarea desde la secretaría del trabajo: crear los mecanismos necesarios para controlar y someter ideológicamente a la clase obrera, con el propósito de usarla como carne de cañón en el proyecto de los militares, que Perón bautizara como “la revolución justicialista”.
Si las divisiones políticas y los enfrentamientos de la burguesía crearon las condiciones para que los militares se presentaran como los propulsores de una “nueva revolución”, la debilidad política de la clase obrera generaba una situación favorable para que la burguesía ejerciera sobre ella una labor de manipulación y pudiera utilizarla como grupo de presión en sus disputas internas, además de hacerla aceptar mansamente altos niveles de explotación, bajo la consigna de la defensa de la economía nacional y la promesa de recibir algunas migajas.
Cuando la década de los 30 entra, la clase obrera en todo el mundo se encontraba sumida en una confusión y desmoralización provocada por la derrota de la oleada revolucionaria internacional y la imposición de la contrarrevolución. Esa condición fue determinante para arrastrar a los trabajadores tras las banderas de la burguesía y después lanzarlos a la guerra. Por otra parte, las organizaciones proletarias habían sido destruidas por el estalinismo, el fascismo o las democracias, quedando aislados los revolucionarios sobrevivientes, de forma que el proletariado se encontraba desarmado políticamente.
El debilitamiento político de los trabajadores en Argentina en esa misma época se debe también al efecto causado por la derrota de los esfuerzos revolucionarios en Rusia y Alemania, pero se combina con los efectos provocados por la feroz represión estatal desatada por los democráticos gobiernos de la UCR, por los conservadores de la “década infame” y por los militares de la “revolución” del 43.
El proletariado en Argentina desarrolló amplias movilizaciones muy combativas durante la oleada revolucionaria. Una gran combatividad fue alcanzada en las movilizaciones y huelgas, como la llevada a cabo por los obreros de la metalúrgica Vasena,11 o la encabezada por los trabajadores de los frigoríficos de la Patagonia, sin embargo, las respuestas represivas fueron tan brutales, que no es posible negar que afectaron la combatividad de la clase obrera. La principal organización (a pesar de sus confusiones) que impulsó la combatividad proletaria fue la FORA,12 y con el golpe de Estado de 1930 y la generalización de la represión vio disminuida su actividad.
La anarquista Juana Rouco expone así la situación que impuso el gobierno militar de Uriburu: “La FORA recibió un golpe de muerte, sus locales fueron asaltados y clausurados, sus bibliotecas y libros destruidos, y sus componentes detenidos o deportados y muchos desaparecidos […] Los barcos de guerra, se utilizaron como cárceles, pues en éstas ya no había cabida…”13
Otras organizaciones que en algún momento expresaron esfuerzos para integrarse en el combate proletario, como el Partido Socialista Internacional (conformado en 1918 y renombrado en diciembre de 1920 como Partido Comunista de la Argentina), hacía mucho tiempo que habían degenerado y se convertían en enemigos de los trabajadores. En esas circunstancias políticas en que se encontraba la clase obrera, aunado a la situación de pauperización y desempleo, las promesas del coronel Perón, investido como secretario del trabajo del gobierno militar, crearon esperanzas de que se iniciaba un cambio.
Esas esperanzas sembradas entre la clase obrera eran necesarias para la burguesía, porque lo que planteaba el proyecto de los militares en el gobierno era que, ante el inminente fin de la guerra mundial (definida ya claramente desde 1944), se requería prever la posguerra. En esta, Argentina ya no podría seguir con su modelo agroexportador, lo que llevaría a una falta de divisas, desencadenando un listado de efectos: inexistencia de recursos para importar insumos, parálisis de la industria, desempleo, miseria… acompañando a todo esto, el peligro de que se detonaran revueltas sociales. Ante ese panorama se plantean enfocarse en el mercado interno, elevando la producción nacional que permitiera incrementar el consumo. Todo este proyecto requería una “Alianza de clases”, porque los trabajadores deberían estar dispuestos a trabajar más y elevar la producción, es decir a ser más explotados y entonces el patrón podría mejorar los salarios.
Lo que está detrás de esa “Alianza de clases”, es la derrota del proletariado, la imposibilidad de reconocerse como explotados y sumirse a los designios del Estado. Por eso el gobierno militar puso tanta atención en la secretaría del trabajo. El propio Perón en su discurso en la Bolsa de Comercio (agosto-1944) informaba que: “En la Secretaría de Trabajo y Previsión ya funciona el Consejo de posguerra, que está preparando un plan para evitar, suprimir, o atenuar los efectos, factores naturales de la agitación; y que actúa también como medida de gobierno para suprimir y atenuar los factores artificiales…”
En ese trabajo de adoctrinamiento y control de los trabajadores, la estructura sindical jugó un papel central, mostrando que son instrumentos del capital en contra de los trabajadores. Todos los sindicatos tras la entrada del capitalismo en su periodo de decadencia dejaron definitivamente de ser útiles para el proletariado, pasando definitivamente a incorporarse al Estado como instrumentos de encuadramiento obrero y de contención. Posteriormente a esta tarea, se agregaría la demagogia y presencia carismática de Eva Perón.
En un claro intento por posicionar políticamente a Perón, en julio de 1944, el gobierno de Edelmiro Farrell le añade a su nombramiento de secretario del trabajo, el de vicepresidente de la Nación y de secretario de Guerra. Aunque Perón avanzaba ampliamente en su trabajo de control y adoctrinamiento, se presentaron desacuerdos dentro de las fuerzas armadas por el poder que concentraba y la incomprensión de la maniobra que se preparaba, por lo que presionan para su destitución y aprensión. Esta situación puso a prueba al aparato de control que Perón venía construyendo desde la secretaría del trabajo dos años antes. Esto es así, porque apenas enterados de la aprensión de Perón, la Confederación General del Trabajo (CGT14) arrastró a las calles a miles de trabajadores para pedir la libertad del militar, lo cual logran ese mismo día (17-octubre-1945, definido por eso como el día de la lealtad peronista). Al salir de la prisión, lo hace acrecentando su presencia, en tanto quedó como una víctima perseguida y como un poderoso “líder obrero”. El efecto fue tan amplio que permitió que la estructura sindical también se prestigiara, potenciando así su capacidad para maniobrar, controlar e impedir la toma de conciencia de los obreros. Este proceso que fortaleció a la estructura sindical permitió corroborar, como lo adelantábamos arriba, que los sindicatos se han integrado (a partir de la fase de decadencia) como un engrane más del Estado15.
Perón mismo pide a los capitalistas no temer a la presencia de los sindicatos, en tanto son sus aliados contra la clase obrera: “Señores capitalistas, no se asusten de mi sindicalismo, nunca mejor que ahora estará seguro el capitalismo, ya que yo también lo soy, porque tengo estancia y en ella operarios. Lo que quiero es organizar estatalmente a los trabajadores, para que el Estado los dirija y les marque rumbos y de esta manera se neutralizarán en su seno las corrientes ideológicas y revolucionarias que puedan poner en peligro nuestra sociedad capitalista en la posguerra.” (agosto-1944)
Luego, la presencia política de Perón se fortalecerá aún más por la tensión que tuvo con el embajador norteamericano Spruille Braden (que acusaba a Perón de estar cercano al fascismo). Esta pelea le dio un perfil “antiyanqui”, que lo acercó más a sectores de la burguesía agroexportadora, al mismo tiempo, le da oportunidad de presentarse ante los trabajadores como “antiimperialista”. Bajo esas circunstancias su campaña presidencial (para las elecciones de febrero de 1946), la resume en un slogan: Perón o Braden16… Se establece así el primer gobierno peronista y con este, se van a reforzar los mecanismos de control y sometimiento de los trabajadores.
Colocado Perón en el gobierno, va a llevar una permanente campaña nacionalista, identificando los intereses de los trabajadores con los de la nación. De forma paralela, para complementar a esa campaña, se encuentran las acciones de “beneficencia” que lleva a cabo “Evita”. Siguiendo formas semejantes a las usadas por las religiones, en donde se somete la razón a los sentimientos, en el gobierno de Perón se empuja a mistificar la figura de Eva Perón, presentándola como la “protectora” de los “descamisados” y con “vocación de mártir” (lo que ha dado ocasión a Hollywood para inventar historias). Según narra Eva Perón, su esposo decía: “Los pueblos muy castigados por la injusticia tienen más confianza en las personas que en las instituciones…” de lo que se deduce había una clara intención por generar un impacto ideológico al alentar a que “Evita” tomara a la “beneficencia” como un asunto personal (aun cuando fuera con recursos estatales). Esta apariencia de protección que representaba ayudó indudablemente a fortalecer los medios de control. Por eso su intervención fue continua, unas veces a través del Partido Peronista Femenino, pero principalmente a través de la Fundación Eva Perón y de la CGT, en la que asumía un rol de representante directa de Perón. No es gratuito que fuera el sindicato quien la designara como la “auténtica defensora de nuestra clase”.
En ese marco de control ideológico férreo, se presentó el primer plan quinquenal, sustentado en gran parte sobre la nacionalización de empresas, que como ya veíamos más arriba, estas medidas no exponen una negación del capitalismo, ni son “progresistas”, sino tan solo formas que el capital se ve obligado a aplicar en momentos de urgencia.
Estas formas de trabajo permiten que desde el Estado se impulse a la dinámica de acumulación, pero se mistifican los hechos, haciéndolos pasar como actos con los que se cumplen los deseos de los trabajadores. Así, el mayor proyecto del “primer plan quinquenal” (1947-51) fue la nacionalización de los ferrocarriles. Con esta operación que representó 2/3 del total de la inversión aplicada, se pudo beneficiar relativamente a los trabajadores en tanto bajó el precio de ese transporte, pero quien realmente se benefició fue la burguesía. El economista Eduardo Basualdo, aun cuando intenta presentar los “logros” del peronismo no puede evitar el reconocer que “…la nacionalización del ferrocarril era una medida que beneficiaba a los terratenientes y productores, en primer término, y a los industriales en el segundo. Los industriales obtenían mercado; los terratenientes la renta […] igualmente benefició a los pequeños y medianos productores rurales, así como a los industriales que redujeron sus costos, e incluso a los asalariados, por la disminución de las tarifas en el trasporte de pasajeros...”
De manera que, si la burguesía fue la que obtuvo los beneficios con la estrategia de Perón y los trabajadores, que tuvieron que sufrir las cargas laborales, recibieron muy poco, no vemos más que la repetición de la dinámica cotidiana que se vive en el capitalismo, sin embargo si ese nivel de beneficios que pudieron recibir los obreros, fue un poco mayor que el recibido en períodos anteriores y además se publicita sobredimensionándolo, entonces, esos beneficios recibidos aparecen como algo verdaderamente novedoso. Eso es lo que ha hecho que se asegure que con Perón se vivió un cambio radical. Pero, alcanzar una relativa mejora (y temporal) de la distribución de los ingresos no implica un giro inédito de la historia, define en cambio, un mecanismo de encuadramiento que presume la fundación de un nuevo pacto social entre las masas obreras y el Estado, pero la reproducción del sistema capitalista se mantiene sin afectarse ni una partícula de él. Lo único diferente en ese proceso es el intenso uso de mecanismos para asegurar el control ideológico. Proclamas como esta, emitida por la CGT, se repetían una y otra vez: “Trabajar para el Plan Quinquenal no es trabajar sólo para mejoras individuales ni para el enriquecimiento de un hombre, ni para servir a la […] oligarquía es trabajar para todos […] Los obreros por su parte han de responder frente a este nuevo estado de cosas, comprendiendo que un esfuerzo más para trabajar y producir no será en beneficio del patrón sino en beneficio de un plan, que en última instancia persigue el bien de todos…”
Pero si el objetivo de reimpulsar la acumulación y someter a la clase obrera era cumplido por el gobierno de Perón, no logra la homogeneidad entre la burguesía. Inicialmente son pequeños grupos de empresarios que amenazaban desde 1946 con detener el ascenso al gobierno a Perón, pero al contar con poco respaldo contienen sus fuerzas. Luego, es el clero católico (que representa una fuerza política y económica con mucho peso en Argentina, aún hoy), retira su apoyo a Perón cuando este les reduce el control de la educación, iniciando una campaña, que en el ambiente de incertidumbre por la recesión que se abre luego del fin de la 2ªGM –en la que Argentina ve disminuidas sus exportaciones y por tanto el Estado se ve impedido para obtener divisas y asegurar la importación de insumos y maquinaria necesarios para su proyecto de industrialización– y la implantación de la “doctrina Truman”, con la que los Estados Unidos busca definir su zona de dominio y presiona a los que percibe como un peligro potencial17, se logra aglutinar un grupo opositor, en el que se incluyen militares “liberales”. Así, aun cuando Perón logra arrastrar a la clase obrera a las urnas y con ello validar su segundo gobierno (1952), las tensiones al interior de la burguesía se mantienen, abriéndose un período de sabotajes y atentados, llegando hasta el ataque aéreo a la sede del gobierno el 16 de junio de 1955, bombardeando incluso a civiles que se encontraban en la plaza de mayo. El desgaste del gobierno de Perón era evidente, justo 3 meses después del bombardeo se consuma el golpe militar, derribando al gobierno, con lo que se corta la presencia y los programas de Perón, pero se mantiene y se fomenta la añoranza al peronismo, por un lado, por la afectación económica que se presenta con los gobiernos de los generales Eduardo Lonardi y Pedro Aramburu, y por otro, por la victimización que del peronismo hace el gobierno con las medidas de proscripción que impone. Esta situación abrió la posibilidad a que el peronismo, con su caudillo en el exilio, se mantuviera como un movimiento burgués de oposición, que sigue arrastrando a los trabajadores a un terreno ajeno a sus intereses y, por tanto, continúa con su ataque en contra de la conciencia de los trabajadores, aspectos que analizaremos en la siguiente parte.
1 CGT: Confederación General del Trabajo; CTA: Central de Trabajadores de la Argentina
2lnternationalisme (1946). La experiencia rusa. Propiedad privada y propiedad colectiva [172].
3 Entre 1914 y 1918 se inicia esa estrategia por la burguesía latinoamericana la cual va a ser recuperada durante la crisis de 1929 y luego ampliara su aplicación durante la 2ªGM. Este sistema consiste en impulsar, dentro del territorio, la producción de las mercancías manufacturadas que dejaron de ofertar los países de mayor industrialización.
4 Alberto E. Castex. Anales de la Sociedad Rural Argentina, 1-enero-1920, citado por Patricia Audino y Fernando Tohmé. “El Modelo Agroexportador Argentino y sus Descontentos: La Crítica a las Políticas Económicas entre 1900 y 1930”.
5 Aun cuando no podemos en este espacio profundizar sobre el capitalismo de Estado, se vuelve relevante señalar dos aspectos: Lo primero es comprender que el capitalismo de Estado no es una solución a las contradicciones del capitalismo, solo es un mecanismo que usa la burguesía para retrasar algunos de sus efectos. El segundo aspecto es que el capitalismo de Estado no termina cuando se abandona el intervencionismo estatal y se abren los procesos privatizadores, por el contrario, el Estado asume una presencia mayor en la protección del capital. Para profundizar sobre el tema recomendamos leer:
- “¿Crisis del neoliberalismo o crisis del capitalismo?”. https://es.internationalism.org/cci-online/200810/2380/crisis-del-neolib... [173]
- “Cuestiones sobre el Capitalismo de Estado en la actualidad” [174].
6 Sobre estas experiencias de lucha que forman parte de la oleada revolucionaria mundial de 1917-23, cuando nos sea posible escribiremos sobre ellas; animamos a los lectores a enviarnos contribuciones sobre estas.
7 Esa era la formulación usada por Perón para definir el perfil de su política en su primer plan quinquenal. La tomamos en este párrafo con el fin de mostrar que las preocupaciones establecidas por Perón eran buscadas décadas atrás por la burguesía argentina.
8 Jorge A. Ramos. Revolución y contrarrevolución en Argentina. La era del peronismo, 1943-1976. Buenos Aires 2006.
9 Durante este período, el gobierno lo dirige una coalición de partidos llamada “Concordancia”, formada por el Partido Demócrata Nacional (de corte conservadora), la UCR antipersonalista (se trata de una escisión de la UCR, que se hace llamar antipersonalista para definir su oposición a la actuación personalista Yrigoyen) y el Partido Socialista.
10 El pacto se firma en 1933 y tiene vigencia hasta 1948, aunque se increpó en 1936. Consistía en que, para asegurar la compra de carne argentina por Gran Bretaña, el Estado argentino se comprometía, entre otras cosas a: usar las divisas obtenidas por la exportación de carne en la compra de mercancías británicas; eliminación de impuestos a las mercancías inglesas exportadas a Argentina; control absoluto de los frigoríficos por parte del capital inglés; otorgarle el monopolio del transporte de Buenos Aires a una corporación inglesa…
11 La respuesta represiva fue tan brutal contra los obreros, que se denomina a esa jornada la “semana trágica”, pero la rabia de la burguesía no se calmó con la masacre de obreros, la represión la llevó hacia el barrio ruso (Barrio del Once), protagonizando un verdadero pogromo por parte de bandas de jóvenes burgueses (llamados los “niños bien”, que fueron armados por la policía). Un breve fragmento de la novela testimonial, “Pesadilla” de Pinie Wald, describe el nivel de represión desatada: “He aquí que detienen a un judío y, después de los primeros golpes, de su boca brota sangre en abundancia. Entonces le ordenan cantar el Himno Nacional. No puede hacerlo. Lo matan ahí mismo.”
12 Recomendamos leer: “Historia del movimiento obrero: La FORA. El anarcosindicalismo en Argentina (I)”.
13 Juana Rouco, Historia de un ideal vivido por una mujer. Capitulo XVI
14 La CGT aparece como la principal central sindical al fusionar a la Unión Sindical Argentina (USA), que surge de lo que quedó de la FORA-IX Congreso (es decir el sector no anarquista), y a la Confederación Obrera Argentina (COA), central orgánicamente integrada a la “Fraternidad”, estructura sindical ferrocarrilera, que solía mantener interlocución con todos los gobiernos. Justamente por ello, en la inauguración de la OIT, Yrigoyen envía como delegados a miembros de ese sindicato y en el primer acto público que hiciera Perón como secretario del trabajo, ese fue el sindicato que estuvo presente.
15 Los sindicatos, durante la fase de ascenso del capitalismo fueron un arma de defensa de los intereses de la clase trabajadora, su objetivo era obtener mejores condiciones y podía lograr reformas porque el desarrollo de las fuerzas productivas posibilitaba la extensión de los beneficios a los trabajadores, por ejemplo, el incremento de la productividad permitió la disminución de la jornada laboral. Para ampliar los argumentos recomendamos leer nuestro folleto “Los sindicatos contra la clase obrera [175]”.
16 Su actitud anti norteamericana cambia al ascender al gobierno, primero al verse obligado a romper con el Eje, 6 semanas antes de la capitulación de Alemania (aunque el historiador peronista F. Pigna, documenta que Perón explicó a los alemanes su ruptura bajo la idea de poder “salvar a algunos”, como finalmente lo hizo en mancuerna con el Vaticano), enseguida, se acerca a los EUA como socio comercial para poder importar maquinaria industrial y armamento moderno.
17 En la preparación del Plan Marshall, se consideró la posibilidad de incorporar a Argentina como apoyo en la producción de trigo, sin embargo, es eliminada la posibilidad, explicado en gran parte por el incremento de la producción agrícola en EUA y el inicio de la recuperación agrícola de Europa, pero también influyó la desconfianza que desde Washington se tenían hacia Perón, por actos como su negativa a integrarse al FMI. El embajador de los EUA en Argentina, James Bruce en un comunicado de junio de 1948 refiere: “Hay fuertes elementos nacionalistas en el gobierno de Perón que se oponen a cualquier forma de cooperación con EUA…” Lo cual en el marco de la “doctrina Truman” representaba un llamado a estar alerta.
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Este artículo forma parte de una serie de los que ya hemos publicado denunciando un intento de falsificar los verdaderos orígenes de la izquierda comunista que emana de un blog llamado Nuevo Curso[1](recientemente rebautizado como Communia). Esta tentativa está orquestada por un aventurero, Gaizka[2], cuyo objetivo no es contribuir a aclarar y defender las posiciones de esta corriente, sino "hacerse un nombre" en el medio político proletario. Este ataque contra la corriente histórica de la izquierda comunista pretende transformarla en un movimiento de contornos borrosos, desvinculado de los rigurosos principios proletarios que presidieron su formación, lo que constituye un obstáculo para la transmisión a las futuras generaciones de revolucionarios de los logros de la lucha de las fracciones de izquierda contra el oportunismo y la degeneración de los partidos de la Internacional Comunista. En cuanto al aventurero Gaizka, hemos proporcionado una gran cantidad de información, hasta ahora no refutada, sobre sus relaciones en el mundo de las personalidades políticas burguesas (principalmente de la izquierda, pero también de la derecha). Es un comportamiento y un rasgo de personalidad que comparte con otros aventureros más famosos de la historia, como Ferdinand Lassalle y Jean Baptiste von Schweitzer, que habían actuado en el seno del movimiento obrero en Alemania en el siglo XIX[3], aunque esté lejos, obviamente, de tener la talla de estas figuras.
Ante nuestra denuncia, Gaizka ha guardado un silencio absoluto: refutar la realidad de sus turbiedades es para él "misión imposible". Asimismo, recibió muy poco apoyo, el más explícito y casi único procedente de un grupo, el GIGC (Grupo Internacional de la Izquierda Comunista) que, antes de cambiar su nombre en 2014, se llamaba FICCI (Fracción Interna de la Corriente Comunista Internacional). Un grupo cuya vocación principal, desde hace unos veinte años, es calumniar a la CCI y cuya postura a favor de Nuevo Curso ha sido acompañada por un nuevo ataque de odio contra nuestra organización[4].
Después de haber denunciado el fraude constituido por esa llamada "izquierda comunista" llamada Nuevo Curso y la verdadera naturaleza de su anfitrión Gaizka, nos corresponde indagar en el perfil de sus "amigos". Evidentemente, la cuestión no carece de importancia. La Santa Alianza entre Nuevo Curso y el GIGC dice mucho sobre la verdadera naturaleza de cada uno y su "contribución" a los esfuerzos de los jóvenes elementos en busca de posiciones de clase. Pero antes de examinar el pedigrí del GIGC, merece la pena echar un rápido vistazo a cómo se posicionó este grupo en relación con Nuevo Curso cuando apareció por primera vez.
El GIGC acogió con gran entusiasmo y servilismo la entrada en la arena política de Nuevo Curso: "Nuevo Curso es un blog de compañeros que desde el pasado mes de septiembre ha comenzado a publicar regularmente declaraciones sobre la situación y sobre cuestiones más amplias, incluso teóricas. Por desgracia, sólo están en español. Todas las posiciones que defiende son muy claramente posiciones de clase y se inscriben en el marco programático de la izquierda comunista ... estamos muy favorablemente impresionados, no sólo por su recordatorio intransigente de las posiciones de clase, sino sobre todo por la calidad "marxista" de los textos de los camaradas ...". (Subrayado nuestro - Revolución o Guerra nº 9, "Nuevas voces comunistas: Nuevo Curso (España) y Worker's Offensive (EEUU)")
Asimismo, "la constitución de Emancipación como grupo político comunista de pleno derecho [que acoge el blog de NC] es un paso importante cuyo significado político e histórico va mucho más allá de la mera aparición de un nuevo grupo comunista. (...) Así, la constitución de Emancipación como grupo político propio expresa el hecho de que el proletariado internacional, aunque sumiso y lejos de poder repeler los ataques de cualquier tipo impuestos por el capital, tiende a resistir mediante la lucha y a liberarse del dominio ideológico del capital y que su futuro revolucionario sigue siendo relevante. Expresa la "vitalidad" actual (relativa) del proletariado". (Destacado por nosotros - Revolución o Guerra nº 12, Carta del GIGC a Emancipación en su 1º Congreso).
Sin embargo, la GIGC no pudo evitar plantear el problema que supone la interpretación de Nuevo Curso sobre la filiación histórica de la izquierda comunista, que incluye en ella a la corriente "trotskista" antes de su traición durante la Segunda Guerra Mundial. En efecto, la ausencia de cualquier crítica por parte del GIGC sobre esta cuestión habría puesto de manifiesto que este grupo no se siente en absoluto concernido por la defensa real de la izquierda comunista, que su proclamación de formar parte de ella y su pretensión de defenderla no son más que un señuelo al servicio de sus sórdidas maniobras destinadas a desacreditar a la CCI. Dicho esto, la "timidez" y la "amabilidad" de las críticas dirigidas por la GIGC a Nuevo Curso es difícil de ocultar una evidente benevolencia hacia el ataque de este grupo contra la Izquierda Comunista: "Queremos sobre todo llamar la atención de los camaradas sobre el callejón sin salida programático, teórico y político en el que está embarcada Emancipación con la reivindicación de la continuidad con la IV Internacional. (...) La transición a un grupo político de pleno derecho es muy positiva en sí misma y, al mismo tiempo, plantea nuevas cuestiones y responsabilidades. Estos han sido evidentes desde el congreso. Y una de ellas, la reivindicación de la IV Internacional, debe ser debatida -y en nuestra opinión combatida- para que Emancipación y sus miembros puedan cumplir con la tarea histórica que el proletariado les ha encomendado." (Subrayado nuestro - Carta del GIGC a Emancipación en su 1er Congreso Julio 2019 - R o G n° 12). En lugar de denunciar claramente un ataque contra la izquierda comunista, el GIGC elude este problema fundamental intentando embaucar con "el impasse programático, teórico y político en el que se encuentra Nuevo Curso (Emancipación)" y evocando, nada menos, que "la tarea histórica que el proletariado le ha encomendado". Moralidad: El GIGC se burla, efectivamente, de la defensa de la izquierda comunista, pero se preocupa, más bien, del futuro de Emancipación.
Además, una vez que nuestra organización había dado a los lectores la información suficiente para caracterizar a Gaizka (principal dirigente de Nuevo Curso) como un aventurero con la particularidad de haber mantenido, en 1992-94, relaciones con el partido más importante de la burguesía española de la época, el PSOE, ya no había dudas sobre el sentido del planteamiento de Nuevo Curso para desnaturalizar a la izquierda comunista. Y menos aún cabían dudas en los miembros del GIGC, ya que en los años 1992-94 todavía eran militantes de la CCI y tenían, por tanto, pleno conocimiento de la trayectoria y actuaciones de este individuo.
Sin embargo, no es esta información, accesible a todos (y que nadie ha desmentido, repetimos), la que impidió a la GIGC correr al rescate del aventurero Gaizka, ante nuestra denuncia: "debemos subrayar que hasta la fecha no hemos visto ninguna provocación, maniobra, denigración, calumnia o rumor, lanzada por los miembros de Nuevo Curso, ni siquiera individualmente, ni ninguna política de destrucción contra otros grupos o militantes revolucionarios"[5]. En efecto, Gaizka no procede de la misma manera que la GIGC, ya que la lista de comportamientos repugnantes que ésta evoca aquí es un buen resumen de su propia manera de actuar. Y realmente hace falta el aplomo de matones y pobres tramposos como los miembros de este grupo para hacer creer que no hay ningún problema con Gaizka ya que no se comporta como ellos.
En el caso de Gaizka, se trata de la personalidad política que se distingue, al igual que otros aventureros más conocidos antes que él, por el hecho de que "a diferencia de los luchadores sinceros que se unen desinteresadamente a una organización revolucionaria para ayudar a la clase obrera a cumplir su papel histórico, los aventureros se unen a las organizaciones revolucionarias sólo para cumplir su "propia misión histórica". Quieren poner el movimiento a su servicio y buscan constantemente el reconocimiento para ello"[6]. Para Gaizka, es la reescritura de la historia de la izquierda comunista, tergiversándola, lo que podrá poner en su haber y de lo que se sentirá orgulloso si la operación tiene éxito[7].
La FICCI se formó en 2001 bajo el signo del odio a la CCI y la voluntad de destruirla. Al no conseguirlo, trató de perjudicarla todo lo posible. Bajo el pretexto de querer "enderezar la CCI" amenazada, según ellos, de "degeneración oportunista", los pocos militantes de la CCI en el origen de la FICCI se caracterizaron desde el principio por la intriga (celebración de reuniones secretas[8]), por actos de matonismo como el robo y el chantaje, y por el trabajo de los provocadores, en particular mediante una campaña de desprestigio contra un camarada acusado públicamente por ellos de ser un agente del Estado que manipulaba indirectamente nuestra organización.
No podemos hacer una relación detallada de todas las canalladas de la FICCI-GIGC, remitimos al lector a los principales artículos de denuncia que hemos escrito al respecto[9] y nos limitamos aquí a un cierto número de ilustraciones concretas de las mismas.
Los miembros de la FICCI se situaron deliberadamente fuera de nuestra organización como consecuencia de los siguientes comportamientos:
- Las reiteradas violaciones de nuestros estatutos (en particular la negativa a pagar la totalidad de sus cuotas) y su negativa a comprometerse a respetarlos en el futuro;
- Negarse a venir a presentar la defensa de su comportamiento dentro de la organización ante nuestras críticas a la misma, ante una conferencia extraordinaria de la organización que puso específicamente este tema en su agenda;
- Robo de dinero y material de la CCI (archivos de direcciones y documentos internos).
Finalmente, los miembros de la FICCI fueron excluidos[10] de nuestra organización, no por estos comportamientos intolerables sino por sus actividades como soplones con, en su haber, varios actos de delación. Por ejemplo, publicaron en su sitio web la fecha de una conferencia de la CCI que se celebraría en México con la presencia de militantes de otros países. Este repugnante acto de la FICCI de facilitar la labor de las fuerzas represivas del Estado burgués contra los militantes revolucionarios es tanto más despreciable cuanto que los miembros de la FICCI sabían perfectamente que algunos de nuestros compañeros en México ya habían sido, en el pasado, víctimas directas de la represión y que algunos se habían visto obligados a huir de su país de origen.
Pero el comportamiento chivato de los miembros de la FICCI no se limita a este episodio. Antes y después de su exclusión de la CCI, sistematizaron su trabajo de espionaje sobre nuestra organización y comunicaron regularmente los resultados en sus boletines. Algunas de las "informaciones" así publicadas, bastante dignas de la prensa sensacionalista (por ejemplo, las "revelaciones" sobre un par de militantes), sólo interesan a los pocos estúpidos (si es que existe alguno fuera de los propios miembros de la FICCI) que se complacen en fantasear con una oligarquía familiar dentro de la CCI. Por otro lado, se codean con otros que, lejos de ser inofensivos, están directamente implicados en el trabajo de un informador policial. He aquí una pequeña muestra:
- El boletín de la FICCI n° 14 está lleno de una prosa digna de los más celosos informes policiales: "Este texto es de la mano de CG[11], alias Peter, lo que se demuestra por el estilo y sobre todo por la referencia (bastante fantasiosa) a una lamentable operación de recuperación realizada bajo su dirección. Este mismo Peter es el que dirige la CCI y el que, tras haber excluido o expulsado a la mayoría de los miembros fundadores de la CCI, pretende ser el único heredero de MC[12]. Pero también hay que saber que si Peter dirige esta cábala de odio contra nuestro compañero Jonas, es por la sencilla razón de que Louise (alias Avril), la militante sobre la que Jonas se atrevió a expresar claras dudas, no es otra que la compañera del líder."
- En el Boletín nº 18, nos encontramos con un informe detallado (típico de los informes que se encuentran en los archivos policiales) sobre una reunión pública del Partido Comunista Internacional (PCI-Le Proletariat), donde se informa de todas las acciones de "Peter alias C.G.".
- El boletín n° 19 vuelve a la carga sobre Peter "que difundía solo" en tal o cual manifestación y plantea una cuestión "altamente política": "Por último, y comprenderán que también nos hacemos esta pregunta: ¿dónde está Luisa? Ausente de las manifestaciones, ausente de las reuniones públicas, vuelve a estar 'enferma'".
La muestra anterior de la sórdida recopilación de información por parte de los miembros de la FICCI es bastante significativa de la forma en que estas personas conciben su "trabajo de fracción" (cotilleos, informes policiales). De hecho, la exposición de dicha información también está dirigida al conjunto de la CCI, con el fin de presionar a sus militantes haciéndoles comprender que están "bajo vigilancia", que nada de sus acciones escapará a los ojos de la "Fracción Interna". Así lo demuestra la inocente información publicada en el Boletín nº 13, que informa de que la CCI ha alquilado una "sala de lujo" para una reunión pública, información cuya única función es contribuir a este ambiente de vigilancia permanente. Con el mismo objetivo los miembros del CCI, así como nuestros contactos, recibían regularmente en sus buzones, incluso cuando habían cambiado de dirección algunos de ellos, el famoso "Boletín Comunista", a pesar de las protestas y las reiteradas peticiones de que cesaran tales envíos. Era una forma de decir a los destinatarios: "Os estamos vigilando y no os dejaremos libres".
El hecho de que provenga de las mentes enfermas de perseguidores obsesivos no significa que no debamos tomarnos en serio la labor de vigilancia de nuestra organización y especialmente de algunos de sus miembros.
Para terminar con el comportamiento policial de la FICCI, cabe mencionar la publicación por parte de la FICCI de un texto de 118 páginas en formato A4 y en letra pequeña (¡unas 150.000 palabras!) titulado "La historia del Secretariado Internacional de la CCI". Este texto, según su subtítulo, pretende contar "Cómo el oportunismo se impuso en los órganos centrales antes de contaminar y comenzar la destrucción de toda la organización...". Es un relato que, en muchos sentidos, puede describirse como una "novela policíaca".
En primer lugar, es una novela, es decir, una ficción y no un texto histórico, aunque se refiera a hechos y personajes reales. Es un poco como considerar "Los Tres Mosqueteros" de Alexandre Dumas como la verdadera historia de d'Artagnan (que realmente existió) y sus amigos. Evidentemente, aunque no haya comparación posible entre la imaginación romántica de Dumas y la imaginación enferma y paranoica de los autores de esta "historia", tenemos derecho a un "thriller" con personajes muy típicos, especialmente Louise y Peter. Louise es la principal "villana" de la historia, una verdadera Lady Macbeth. Ella había empujado a su marido a asesinar al rey Duncan para ocupar el trono. Por su parte, Louise, en conexión con los servicios especializados del Estado, manipuló taimadamente a su compañero Peter para incitarle a cometer fechorías contra la CCI y sus militantes[13]. Peter se convirtió así en el "líder", el que "dirige la CCI" (sic) después de haber eliminado a "la mayoría de los miembros fundadores de la CCI" y que "pretende ser el único heredero de MC". Ya no se trata de Peter-Macbeth sino de Peter-Stalin. Y es aquí donde se pone de manifiesto una vez más el carácter policial de este texto. En efecto, explica la supuesta "evolución oportunista" de la CCI por las intrigas de una serie de personajes malvados, como si la degeneración y la traición del partido bolchevique hubieran sido el resultado de la acción del megalómano Stalin y no la consecuencia del fracaso de la revolución mundial y del aislamiento de la revolución en Rusia. Este texto proviene de la más pura concepción policial de la historia, que siempre ha sido combatida por el marxismo, y a sus autores hay que reconocerles un cierto avance sobre todos los "conspiradores" que hoy pululan por las redes sociales y en el entorno de Donald Trump.
Sin embargo, el aspecto más odioso de este texto es que revela muchos detalles sobre el funcionamiento interno de nuestra organización, que son pan bendito para los servicios policiales. La bajeza de los miembros del GIGC definitivamente no tiene límites.
Habiendo fracasado en convencer a los militantes de la CCI de la necesidad de excluir al "líder" y al "compañero del líder", este grupo parasitario se ha fijado como objetivo arrastrar tras sus calumnias a los demás grupos de la izquierda comunista para establecer un cordón sanitario en torno a la CCI y desacreditarla (véanse a continuación los episodios del "Círculo" y de la "reunión pública del BIPR[14] en París"). Así, la FICCI pidió al PCI (Le Prolétaire), en una carta dirigida a él el 27 de enero de 2002, al mismo tiempo que a otros grupos de la izquierda comunista, que se posicionara a su favor contra la CCI: "Hoy sólo vemos una solución: dirigirnos a ustedes para que pidan a nuestra organización que abra los ojos y recupere su sentido de la responsabilidad. (...) Por no estar de acuerdo, hoy el CCI hace todo lo posible por marginarnos y demolernos moral y políticamente"[15]. A pesar de esta carta, la FICCI se atreve a escribir en su Boletín nº 13: "queremos afirmar que, por nuestra parte, nunca hemos pedido a nadie que tome partido entre la CCI y la Fracción".
La voluntad de aislar a la CCI se refería a un perímetro que iba más allá de la izquierda comunista, ya que se trataba de crear una barrera, en la medida de lo posible y a través de diferentes medios, entre el CCI y todos aquellos que, en un momento u otro, eran susceptibles de interesarse por el contenido de nuestra intervención. Este es el sentido de sus campañas de desprestigio en su página web, a veces incluso a través de folletos dedicados a este fin, en todos los lugares de debate a los que tuvo acceso.
Si no podemos prohibir a los miembros de la FICCI que acudieran a las manifestaciones callejeras para vigilarnos, nosotros podemos, en cambio, impedirles que hagan su trabajo sucio como policías en nuestras reuniones públicas. Por ello, la CCI decidió prohibir la presencia en sus reuniones públicas de los miembros de la FICCI[16]. En varias ocasiones tuvimos que hacer frente a las amenazas (incluida la amenaza en voz alta de degollar a uno de nuestros compañeros[17]) y a las agresiones de estos matones.
La FICCI se presenta como "la verdadera continuadora de la CCI" que habría conocido una degeneración "oportunista" y "estalinista". Declara continuar el trabajo, abandonado por la CCI, de defender en la clase obrera las "verdaderas posiciones de esta organización" que estarían amenazadas por el desarrollo del oportunismo en su seno, lo que afectaría, en primer lugar, a la cuestión de su funcionamiento. Hemos visto en la práctica su propia concepción del respeto a los estatutos y como se ha burlado de forma escandalosa de las más elementales normas de comportamiento del movimiento obrero.
Además, en ninguna parte hay rastro de una argumentación "política" de la FICCI-GIGC que destaque claramente sus "diferencias fundamentales" con la CCI, lo que habría justificado la constitución de una "fracción interna" situada en la continuidad de todas las fracciones de izquierda del movimiento obrero, desde la Liga Spartakus hasta la Fracción de la Izquierda Italiana[18] Habiendo sido siempre incapaz de obligarse a tal necesidad de rigor político recurriendo a la experiencia del movimiento obrero, prefiere levantar el espantajo de una repetición machacona de que la CCI es una secta "sin esperanza de retorno ahora, y que se ha marginado ampliamente, incluso se ha puesto fuera de juego, del campo proletario por sus posiciones oportunistas". (Informe de actividades de la 2ª Asamblea General de la GIGC. Revolución o Guerra nº 12).
No encontramos en ninguna parte una argumentación que demuestre por qué y cómo la CCI se habría puesto "fuera del campo proletario", concepto que, por otro lado, no existe en nuestros predecesores de Bilan y de Internationalisme-GCF[19](cuya filiación la FICCI-GIGC tiene la indecencia de reclamar y en particular la de nuestro camarada MC[20]).
La FICCI-GIGC sugiere que hemos traicionado, o estamos en proceso de traicionar, el internacionalismo proletario, lo que sería, en efecto, una razón válida para denunciar el oportunismo que lo conduce. Pero, hasta la fecha, la FICCI-GIGC no ha demostrado de ninguna manera cómo nuestra caracterización de la fase actual de la decadencia capitalista, la de su descomposición[21]-que, según esta gente, es una pieza central del oportunismo de la CCI- ¡sería una ilustración de esta traición!
La FICCI-GIGC sugiere que nuestro sectarismo se expresa a través de nuestra concepción de que existen grupos parasitarios que actúan en el entorno de la izquierda comunista[22] Esto, así como la idea de que el parasitismo representa un peligro para el medio político proletario, nos marginaría en relación con este medio e incluso constituiría una amenaza para él. En realidad, esta concepción constituye un peligro sólo para los parásitos y reivindicamos su validez de la misma manera que reivindicamos la lucha de Marx y Engels contra la Alianza de Bakunin en el seno de la AIT: "Ya es hora, de una vez por todas, de poner fin a las luchas internas cotidianas provocadas en nuestra Asociación por la presencia de este cuerpo parasitario". (Engels, "El Consejo General a todos los miembros de la Internacional", advertencia contra la Alianza de Bakunin").
El método de "sugerir" evitando el problema político subyacente apela al sentido común popular[23], a los métodos de caza de brujas practicados en la Edad Media, y que está experimentando un resurgimiento en la decadente sociedad actual con, en particular, la búsqueda sin cuartel de chivos expiatorios para todos los males de la sociedad.
De hecho, la FICCI-GIGC nunca ha explicado que, cuando sus miembros estaban en la CCI, jamás hicieron la menor objeción a las Tesis sobre la Descomposición y a las Tesis sobre el Parasitismo. El ataque que lanzaron contra nuestra organización en el año 2000 no hacía referencia a los desacuerdos sobre estas cuestiones. Sólo después "descubrieron", muy convenientemente, que no estaban de acuerdo con estos análisis. El reto para ellos era entonces eliminar los obstáculos para la justificación de su nuevo proyecto político:
- Convertidos en parásitos extremos, es evidente que no soportaban la imagen que el espejo de nuestro análisis del parasitismo reflejaba de ellos mismos y de su comportamiento. Tuvieron que romper este espejo para culpar a la CCI de sus propios abusos y tratar de privar a la CCI de un método adecuado para combatirlos;
- Al rechazar la teoría de la descomposición del capitalismo elaborada por la CCI, que es la única que defiende en el seno de la Izquierda Comunista, la FICCI podría acariciar la piel de los otros grupos de la Izquierda Comunista muy críticos con este análisis.
Además, la CCI ha sido objeto de muchas otras acusaciones por parte de la FICCI que no hemos mencionado hasta ahora. En general, se expresan mediante "fórmulas - impacto" basadas en mentiras y distorsiones, dignas del lema de Goebbels, el jefe de la propaganda nazi, según el cual: "Una gran mentira lleva consigo una fuerza que ahuyenta la duda". Afortunadamente, el oscurantismo medieval no impide que se exprese la estupidez y, con ella, la posibilidad de despertar la incredulidad de los partidarios de GIGC. Para su atención, reproducimos una pequeñísima muestra de las acusaciones que nos hace la FICCI: la CCI se vería hoy afectada por el estigma de "un alejamiento progresivo del marxismo y una tendencia cada vez más asertiva a plantear (y defender) valores burgueses y pequeñoburgueses en boga ("juvenilismo", feminismo y sobre todo "no violencia")[24]; la CCI "haría el juego a la represión"[25].
Apenas se guardó en el bolsillo el viejo nombre de “FICCI” para presentarse con la nueva cara de GIGC", este grupo parasitario ha intentado una maniobra, también de carácter policial, contra la CCI.
Aunque las campañas anti-CCI de la FICCI tuvieron inicialmente cierto impacto en el medio político proletario, no consiguieron marginar a nuestra organización, sobre todo porque las combatimos enérgicamente. La FICCI tuvo que resignarse a esta situación hasta que la historia pareció sonreírle de nuevo gracias a la llegada providencial de los boletines internos de la CCI a sus manos[26].Pensando que por fin había llegado su hora de gloria, estos parásitos, revitalizados por la nueva "baza" que tenían en sus manos, desataron una propaganda histérica contra la CCI, como lo demuestra la pancarta publicitaria (jubilosa) colgada en su página web: "¡Una nueva (¿última?) crisis interna en la CCI!", acompañada por supuesto de un "Llamamiento al campo proletario y a los militantes de la CCI". Durante varios días, llevaron a cabo una actividad frenética, dirigiendo carta tras carta a todo el "medio proletario", así como a nuestros militantes y a algunos de nuestros simpatizantes (cuyas direcciones siguieron utilizando después de haberlas robado a la CCI). Este llamado "Grupo Internacional de la Izquierda Comunista" (el nuevo nombre que la FICCI se había dado a sí misma) hizo sonar la campana y gritó a los cuatro vientos que estaba en posesión de los boletines internos de la CCI. Al exhibir su trofeo de guerra y armar semejante jaleo, el mensaje que estos chivatos patentados pretendían transmitir era muy claro: ¡había un "topo" en la CCI que trabajaba mano a mano con el ex-FICCI! Se trataba claramente de un trabajo policial sin otro objetivo que el de sembrar la sospecha, el desorden y la discordia en nuestra organización. Estos fueron los mismos métodos utilizados por la Guépéou, la policía política de Stalin, para destruir el movimiento trotskista de los años 30 desde dentro. Son los mismos métodos que ya utilizaron los miembros de la antigua FICCI (destacando dos de ellos, Juan y Jonás, miembros fundadores del "GIGC") cuando en 2001 hicieron viajes "especiales" a varias secciones de la CCI para celebrar reuniones secretas y difundir el rumor de que una de nuestras compañeras (la "esposa del jefe de la CCI", como la llamaban) era "policía".
¿Cómo podría el GIGC beneficiarse de semejante regalo del cielo? ¿Un cómplice encubierto dentro de nuestra organización? ¿Lo habrá obtenido la propia policía pirateando nuestros ordenadores y pasándoselo al GIGC por algún medio? Si, en lugar de ser una banda de delincuentes, el GIGC hubiera sido una organización responsable, se habría esforzado por resolver este enigma e informar al medio político proletario del resultado de sus investigaciones.
Nuestro artículo denunciando este nuevo ataque fue suficiente para calmar de golpe el fervor del GICG, pero es interesante la respuesta que dio: "Nuestro grupo toma nota del silencio y de la ausencia de desmentido por parte de la CCI sobre la realidad de una grave crisis organizativa en el seno de la CCI y sobre el nuevo cuestionamiento en el seno de la propia CCI del comportamiento de la "activista" Avril-Louise-Morgane. El GIGC no va a responder al aluvión de insultos que la CCI está vertiendo sobre nuestro grupo (como hizo antes sobre la FICCI). Tenemos otras cosas que hacer. (...)". Esta respuesta fue reveladora en varios sentidos:
- El GIGC se negó a responder al “aluvión de insultos", por lo que evitó tener que responder a la única pregunta de interés y comprensiblemente embarazosa para él: ¿Cómo consiguió nuestros boletines internos?
- Acusó a la CCI de ocultar sus problemas organizativos, mientras que la lectura de toda nuestra prensa revela que eso es una mentira y una calumnia, ya que, al igual que los bolcheviques (véase en particular el libro de Lenin "Un paso adelante dos pasos atrás"), somos la única organización que informa sistemáticamente sobre ellos y aprende de ellos.
- Al estar en posesión de nuestros boletines internos, el GIGC sabía perfectamente que, una vez más, nuestros problemas no se iban a ocultar. Por lo tanto, la repercusión de los problemas organizativos que afectan al CCI no podría esperarse antes de la celebración de una reunión general de la organización (un congreso, una conferencia) encargada de tratarlos; por lo tanto, sólo podría tener lugar en el contexto de una revisión de los trabajos de dicha reunión. El resultado de nuestra conferencia extraordinaria de mayo de 2014 se publicó en un artículo en septiembre de 2014, en la Revista Internacional nº 153, bajo el título, "Conferencia Internacional Extraordinaria del CCI: Las "noticias" de nuestra desaparición son muy exageradas"[27].
Hemos mostrado cómo la FICCI intentó utilizar el PCI para apoyarse contra la CCI e ilustraremos cómo utilizó el mismo enfoque “ a mayor escala” frente al BIPR. Este intento de corromper a estas dos organizaciones arrastrándolas hacia un campo ajeno a las normas que rigen las relaciones dentro de la Izquierda Comunista constituye también un ataque parasitario contra ellas.
Así, el BIPR ha sido objeto, en particular, de una audaz maniobra por parte de la FICCI consistente en organizar una reunión pública en París el 2 de octubre de 2004 en beneficio de este grupo. En realidad, como demostraremos, se trataba de una reunión pública que debía servir a la reputación de la FICCI, en detrimento de la del BIPR y con vistas a llevar a cabo un ataque contra la CCI.
El anuncio de esta reunión por parte del BIPR indicaba que su tema era la guerra de Irak. Por otra parte, el anuncio realizado por la FICCI subraya la importancia de su propio planteamiento: "A propuesta nuestra y con nuestro apoyo político y material, el BIPR organizará una reunión pública en París (RP que esperamos no sea la última) en la que llamamos a todos nuestros lectores a participar" (énfasis añadido)". Lo que se desprende de este llamamiento es que, sin la FICCI, esta organización de la izquierda comunista, que existe a nivel internacional y es conocida desde hace décadas, ¡no habría podido tomar la iniciativa y organizar la reunión pública!
De hecho, este grupo parasitario utilizó al BIPR como "hombre de paja" para su propia publicidad con el fin de obtener un certificado de respetabilidad, de reconocimiento de su pertenencia a la izquierda comunista. Y no dudó en utilizar la agenda de contactos del CCI (que había robado antes de abandonar la organización) para difundir su convocatoria de esta reunión pública.
Como señalamos en su momento, la FICCI no consideró útil escribir una sola frase de análisis de denuncia de la guerra de Irak (al contrario que el anuncio realizado por el BIPR). Asimismo, su anuncio estaba dedicado exclusivamente a una cuestión: "cómo reconstruir un polo de reagrupamiento revolucionario en la capital francesa tras el hundimiento de la CCI, un hundimiento del que sus reuniones públicas están ahora desiertas y ya no constituyen un lugar de debate".
De hecho, fue todo lo contrario lo que se puso de manifiesto en el desarrollo de la reunión pública del BIPR. Según la FICCI, esto debía ser la prueba de que el BIPR era ahora el "único polo serio" de discusión y referencia para la izquierda comunista. Sin embargo, habría sido un fiasco total si la CCI no hubiera participado e invitado a sus contactos a hacer lo mismo. En efecto, una importante delegación de militantes de la CCI y una decena de simpatizantes de nuestra organización estaban presentes.
En realidad, la multiplicación de los halagos del GIGC-FICCI al BIPR no era más que pura hipocresía. Desde su creación, el FICCI había buscado apoyo en el medio político proletario, principalmente en el BIPR, en su cruzada parasitaria contra la CCI, en particular "eligiendo" al BIPR como único polo viable para el reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias. Como el tábano de la fábula de Jean de La Fontaine, daba consejos, distribuía buenos puntos al medio político, reproducía algunos de sus artículos... En aquel momento, las relaciones entre el BIPR y el FICCI estaban en “plena luna de miel”. El informe de la FICCI de una reunión con el BIPR en junio de 2004 expuso el siguiente análisis de la dinámica existente dentro del campo proletario: "Estos diversos planes revisados nos permiten concluir que hay efectivamente dos dinámicas dentro del campo proletario actual, estas dos dinámicas van en dos direcciones opuestas: una para crear un marco que reúna las energías revolucionarias, que promueva y dirija los debates y la reflexión colectiva, que permita una intervención lo más amplia posible en el seno de la clase obrera, esta dinámica, de la que forma parte nuestra fracción, es llevada, hoy en día, esencialmente por el BIPR; la otra que va en sentido contrario, la de mantener, incluso aumentar la dispersión, la confusión política, es llevada por la CCI y contra la que la fracción lucha abiertamente. " (Acta de una reunión entre el BIPR y la fracción; septiembre de 2004 - Boletín Comunista FICCI 27).
Quince años después, el Informe de Actividades de la 2ª Asamblea General del GIGC (abril de 2019) pinta un panorama mucho menos idílico de su relación con la TCI (antes BIPR). En efecto, informa a sus lectores de que "... han surgido nuevas fuerzas comunistas de las que Nuevo Curso es la expresión y un factor, lo que sitúa directamente a los grupos históricos de la Izquierda del Partido Comunista ante su responsabilidad histórica frente a esta nueva dinámica y ante la cual la Tendencia Comunista Internacionalista, principal organización de este campo, comenzó por encerrarse en una actitud, o reflejos, relativamente sectaria hacia nosotros e inmediatista respecto a estas nuevas fuerzas". (subrayado nuestro - Informe de actividades de la 2ª Asamblea General del GIGC. Revolución o Guerra n°12).
Por otra parte, "la TCI, aunque esté vinculada orgánicamente al PC italiano y a la Izquierda Comunista de Italia, sufre el peso del informalismo relativo, del personalismo y del individualismo, y por tanto del espíritu del círculo" (subrayado nuestro - Idem) que, según el GIGC, dificulta la aplicación de un método de partido por parte de la TCI sobre todo en la relación con sus contactos.
¿Qué ocurrió para que la FICCI-GIGC, esos lameculos patentados de la TCI, se rebelaran de esta manera? Hoy descubren que el TCI, antes BIPR, se entrega a lo que parece un enfoque oportunista de la intervención ante los contactos: "El artículo, escrito por un miembro del CWO, el grupo británico del TCI, rechaza claramente las "fracciones o círculos de discusión". Más allá del rechazo de la forma organizativa per se y, lo que es más grave, subestima, ignora, y de hecho rechaza, todo proceso de confrontación y clarificación política como medio central y momento indispensable de la lucha del partido". (subrayado por nosotros – Idem)
Lo que molesta al GIGC no es lo que califica, sin decirlo, de oportunismo en la TCI, sino que el fiel "tábano" tiene mucho menos éxito que el TCI con los nuevos elementos que se acercan a la izquierda comunista. Sobre todo, al GIGC le cuesta digerir el hecho de que sus miembros en Canadá lo hayan abandonado para unirse a la TCI.
Esta crítica del GIGC a la TCI es reveladora, no de los métodos de reclutamiento de la TCI, sino de la infinita hipocresía del GIGC. En efecto, además de los compromisos político-teóricos que el GIGC había hecho para estar más en sintonía con el medio político proletario (abandonando la teoría de la descomposición y las tesis sobre el parasitismo), sus miembros habían sofocado otra divergencia, de gran importancia, que el GIGC siempre había tenido (y que compartían cuando estaban en nuestra organización), con el BIPR sobre los principios que debían regir la formación del partido. De repente, los miembros de la FICCI habían "olvidado" las críticas que ellos y la CCI habían hecho anteriormente al Partito Comunista Internazionalista (PCInt) y al BIPR sobre esta cuestión, en particular el enfoque oportunista que había presidido la formación del Partito en 1945. En la actualidad, el GIGC está "descubriendo" que los métodos de reclutamiento de la TCI son “un poco oportunistas”, pero no es, como el GGIC quiere hacer creer, que la TCI haya cambiado sus métodos, sino que es el GGIC quien abandona su actitud de lameculos a causa de la amargura que le produce el que la TCI le haya quitado algunos de sus miembros.
Existe un desacuerdo entre la TCI y la CCI sobre el método de reagrupamiento que debe llevar a la constitución del partido mundial, pero este desacuerdo se da dentro del campo proletario y dará lugar a un debate político y a una confrontación de posiciones entre camaradas que luchan por la misma causa[28]. Y es inaceptable que se vea contaminado por los lloriqueos de la GIGC.
Para concluir sobre los logros del GIGC-FICCI, y sobre su carácter eminentemente nocivo, es necesario volver a un episodio que presenta similitudes con la reciente situación en la que el parasitismo del GIGC viene a apoyar las travesuras de un aventurero. Un episodio en el que la alianza entre estos dos elementos tuvo efectos destructivos, especialmente en relación con los elementos que se acercan a las posiciones de clase.
En 2004, el CCI entabló una relación política con un pequeño grupo en búsqueda de posiciones de clase en Argentina, el NCI (Núcleo Comunista Internacional)[29]. Habiendo emprendido el estudio de las posiciones de las corrientes de la izquierda comunista, sus miembros se orientaron hacia las posiciones de la CCI. Las discusiones sobre la cuestión del comportamiento organizativo inaceptable dentro del proletariado convencieron a estos camaradas, sobre la base del estudio de las posiciones de la FICCI y de nuestros propios artículos sobre el tema, de que la FICCI "había adoptado un comportamiento ajeno a la clase obrera y a la izquierda comunista". Esto dio lugar a una toma de posición en este sentido, escrito el 22 de mayo de 2004 por estos compañeros[30].
Resultó que empezaba a surgir un problema en el seno del NCI debido a que uno de sus miembros -al que llamaremos Ciudadano B. en el resto de la narración- tenía una práctica totalmente opuesta a un funcionamiento colectivo y unitario, condición fundamental de existencia para una organización comunista. Tras iniciar los contactos con la CCI (era el único que podía utilizar Internet), mantuvo conversaciones individuales con cada uno de los miembros del grupo, pero maniobró para evitar el desarrollo de cualquier debate serio y sistemático del grupo en su conjunto, lo que le permitió "mantener el control" del mismo. Esta práctica organizativa, radicalmente ajena al proletariado, es típica de los grupos burgueses, sobre todo de los de la izquierda o extrema izquierda del capital. En realidad, el Sr. B se proponía utilizar a sus camaradas como trampolín para convertirse en una "personalidad" dentro del medio político proletario. Sin embargo, el trabajo sistemático de discusión de las posiciones políticas con la CCI a lo largo del tiempo, así como nuestra insistencia en las reuniones conjuntas de todos los camaradas, frustraron cada vez más sus planes inmediatos como aventurero.
Así, a finales de julio de 2004, el Sr. B. intentó una maniobra audaz: pidió la integración inmediata del grupo en la CCI. Impuso esta exigencia a pesar de la resistencia de los demás camaradas del NCI que, aunque también se fijaron el objetivo de ingresar en la CCI, sintieron la necesidad de realizar previamente un profundo trabajo de clarificación y asimilación, ya que la militancia comunista sólo puede basarse en convicciones sólidas. La CCI rechazó esta demanda en línea con nuestra política contra las integraciones precipitadas e inmaduras que pueden contener el riesgo de destrucción de militantes y son perjudiciales para la organización.
Al mismo tiempo, se había formado una alianza entre la FICCI y el aventurero B, seguramente por iniciativa de éste, al servicio de una maniobra contra la CCI utilizando, sin su conocimiento, al NCI.
La maniobra consistía en hacer circular en el medio político proletario una denuncia de la CCI y de sus "métodos nauseabundos" que parecía emanar indirectamente de la NCI, ya que esta denuncia estaba firmada por un misterioso y ficticio "Círculo de comunistas internacionalistas" (¡o "CCI" para abreviar!), dirigido por el ciudadano B y que, según él, debía constituir la “superación politica" del NCI. Estas calumnias se transmitieron mediante un folleto del "Círculo" distribuido por la FICCI con motivo de la reunión pública en París del BIPR el 2 de octubre de 2004.
También se pusieron en línea en diferentes idiomas en el sitio web del BIPR. Además de apuntar directamente a la CCI, el folleto en cuestión defendía a la FICCI, cuestionando totalmente la posición de la NCI del 22 de mayo de 2004, que había denunciado a este grupo.
Cuando más tarde descubrieron las maniobras del ciudadano B a sus espaldas, en particular la creación del títere "Círculo de Comunistas Internacionalistas", así como su posicionamiento en apoyo del FICCI y en denuncia de la CCI, los miembros del NCI analizaron la situación de la siguiente manera: "Es muy probable que él (B.) ya había establecido contactos clandestinos con la FICCI, mientras seguía engañándonos hasta el punto de querer precipitar la integración de la NCI en la CCI"[31].
La forma en que el ciudadano B elaboró su maniobra es típica de un aventurero, de sus ambiciones y de su total falta de escrúpulos y de preocupación por la causa del proletariado. La utilización de un aventurero por parte de la FICCI para satisfacer su odio a la CCI y tratar de poner en marcha, mediante la denigración pública, el aislamiento político de nuestra organización, es digna de los patéticos y despreciables personajes que pueblan el mundo de la pequeña y gran burguesía.
En ese momento, la CCI había respondido, a veces de forma cotidiana, a la campaña falsa y usurpadora del Ciudadano B hasta que, incapaz de refutar la exposición pública de sus artimañas, resolvió desaparecer políticamente[32]. Lamentablemente, los demás miembros del NCI, profundamente desmoralizados por la forma en que habían sido utilizados y manipulados por el ciudadano B., fueron incapaces de levantarse y continuar con sus esfuerzos de reflexión, y finalmente abandonaron toda actividad política.
En cuanto a la FICCI, que estaba metida hasta el cuello en este asunto y que se había apoyado mucho en el ciudadano B. para desacreditar a la CCI, parece que no ha aprendido la lección de esta desventura en la que hizo el ridículo ya que, recientemente, volvió a apoyarse en las acciones de otro aventurero.
Hoy, a diferencia del episodio del Ciudadano B, no es la CCI la que está en el punto de mira de la política del aventurero Gaizka, sino toda la izquierda comunista[33] cuya reputación sufrirá un daño político si no se desenmascara a este último y rendirlo incapaz de hacer daño político. Como enseña la tradición del movimiento obrero, y como demuestra la reciente experiencia de la CCI frente a las maniobras y calumnias del Ciudadano B, es vital defender el honor de las organizaciones que son objeto de ataques parasitarios y de la acción de aventureros[34], aunque ello requiera una gran cantidad de energía que podría destinarse útilmente a otras tareas organizativas[35].
Actualmente, en varias partes del mundo, asistimos a la aparición de un creciente interés por las posiciones de la izquierda comunista por parte de elementos jóvenes. Y aquí es donde el GIGC y el ciudadano Gaizka tienen un papel que desempeñar. No para contribuir a la reflexión y a la evolución de estos elementos hacia la Izquierda Comunista, sino, por el contrario, para aprovechar su inexperiencia con el fin de llevarlos a callejones sin salida, para esterilizar y destruir su convicción militante[36]. Si el GIGC y Gaizka se autodenominan Izquierda Comunista, es sobre todo para atrapar a estos jóvenes elementos en beneficio exclusivo de sus sórdidos intereses. En el caso del GIGC, se trata de establecer un cordón sanitario alrededor de la CCI dando rienda suelta a su odio hacia nuestra organización. En el caso de Gaizka, se trata de satisfacer sus ambiciones megalómanas de aventurero. Las motivaciones no son idénticas, pero si, como en 2004, con el episodio del Ciudadano B., hay una convergencia entre parásitos y aventureros, es obviamente porque son, cada uno a su manera, enemigos mortales de la izquierda comunista, de sus tradiciones y de sus principios. En el difícil camino hacia la plena comprensión de estas tradiciones y principios, será necesario, sobre la base de toda la experiencia del movimiento obrero, enfrentarse a los tejemanejes y trampas de estos enemigos patentes del movimiento obrero.
CCI (22 / 02 / 2021)
[1]Ver Nuevo Curso y una "Izquierda Comunista Española" ¿De dónde viene la Izquierda Comunista? https://es.internationalism.org/content/4460/nuevo-curso-y-una-izquierda-comunista-espanola-de-donde-viene-la-izquierda-comunista [23]
[2]Ver ¿Quién es quién en Nuevo Curso? https://es.internationalism.org/content/4519/quien-es-quien-en-nuevo-curso [24] y Gaizka calla. Un silencio atronador https://es.internationalism.org/content/4557/defensa-del-medio-politico-proletario-gaizka-calla-un-silencio-atronador [181]
[3] Ver Lassalle y Schweitzer: La lucha contra los aventureros políticos en el movimiento obrero https://es.internationalism.org/content/4488/lassalle-y-schweitzer-la-lucha-contra-los-aventureros-politicos-en-el-movimiento-obrero [164]
[4]Ver Nuevo ataque de la CCI al campo proletario internacional (1 de febrero de 2020). El hecho de que entre los grupos o blogs que dicen ser de la izquierda comunista, sólo los especialistas en difamación de la CCI atacaron nuestro enfoque sobre el Sr. Gaizka o trataron de defenderlo, ilustra la naturaleza irrefutable de la información que reportamos sobre él.
[5] Ver en el GIGC "Nouvelle attaque du CCI contre le camp prolétarien international [182] (1er février 2020)"
[6] Lassalle y Schweitzer: La lucha contra los aventureros políticos en el movimiento obrero https://es.internationalism.org/content/4488/lassalle-y-schweitzer-la-lucha-contra-los-aventureros-politicos-en-el-movimiento-obrero [164]
[7] Ver ¿Quién es quién en Nuevo Curso? https://es.internationalism.org/content/4519/quien-es-quien-en-nuevo-curso [24] Defensa del medio político proletario: Gaizka calla. Un silencio atronador https://es.internationalism.org/content/4557/defensa-del-medio-politico-proletario-gaizka-calla-un-silencio-atronador [181] y Cuestiones de organización, IV - La lucha del marxismo contra el aventurerismo político https://es.internationalism.org/revista-internacional/199701/1234/cuestiones-de-organizacion-iv-la-lucha-del-marxismo-contra-el-aven [122]
[8] En las que se expresa un método de combate político: "Hay que desestabilizarlos", siendo el "objetivo" de esta desestabilización, por supuesto, todos aquellos que no compartían su enfoque hostil hacia la CCI y la denigración despreciable de algunos de sus militantes.
[9] Ver, entre otros, Documentos de la vida de la CCI - El combate por la defensa de los Principios Organizativos https://es.internationalism.org/revista-internacional/200207/3276/documentos-de-la-vida-de-la-cci-el-combate-por-la-defensa-de-los-p [183] , La FICCI en acción: mentiras y comportamiento de “matones” https://es.internationalism.org/cci-online/200606/976/la-ficci-en-accion-mentiras-y-comportamiento-de-matones [184] etc.
[10] 15º Congreso CCI: reforzar la organización frente a los retos del periodo https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/850/15-congreso-cci-reforzar-la-organizacion-frente-a-los-retos-del-per [185]
[11] Son las iniciales reales de un camarada que la FICCI ofrece gentilmente a la policía.
[12]MC (Marc Chirik - mayo de 1907, diciembre de 1990) fue el principal fundador de la CCI a la que aportó toda una experiencia como militante revolucionario dentro de la Internacional Comunista, la Oposición de Izquierda y la Izquierda Comunista (Izquierda Italiana e Izquierda Comunista de Francia). "Con Marc, no es sólo nuestra organización la que pierde a su militante más experimentado y fructífero; es todo el proletariado mundial el que se ve privado de uno de sus mejores luchadores". Con estas palabras introducimos el primero de los dos artículos escritos en homenaje a la vida militante de nuestro compañero. Leer Marc: de la revolución de Octubre 1917 a la IIª guerra mundial https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1053/marc-de-la-revolucion-de-octubre-1917-a-la-ii-guerra-mundial [186]
[13]Una comisión especial nombrada por la CCI, formada por militantes experimentados, examinó todas las "pruebas" aportadas por los acusadores de Louise y concluyó que eran completamente absurdas. La propia Louise había solicitado un careo con sus principales acusadores. La de Olivier había permitido poner de relieve la papilla que había invadido el cerebro de Olivier y que le había llevado a cambiar completamente de posición al menos tres veces en pocas semanas antes de convertirse en uno de los principales fundadores del FICCI, que luego abandonó para seguir su propio camino. En cuanto a Jonas, sin duda el más inteligente de la banda, pero también el más cobarde, se negó rotundamente a esa confrontación.
[14]Buró Internacional por el Partido Revolucionario que se ha convertido posteriormente en Tendencia Comunista Internacional.
[15]Ver Défense de l'organisation - Le PCI (Le Prolétaire) à la remorque de la "fraction" interne du CCI https://fr.internationalism.org/ri328/Gauche_Communiste.htm [187]
[16] Ver "Les réunions publiques du CCI interdites aux mouchards [188]" ; Révolution Internationale n° 338, septembre 2003.
[17]Ver Solidaridad con nuestros militantes amenazados https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200602/694/solidaridad-con-nuestros-militantes-amenazados [189]
[18]Ver 'Fracción Interna' de la CCI: Intento de estafa a la Izquierda Comunista https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/834/fraccion-interna-de-la-cci-intento-de-estafa-a-la-izquierda-comunis [190]
[19]Para que la CCI esté fuera del campo proletario tendría que traicionar los principios fundamentales de éste, como el internacionalismo, la perspectiva de la revolución comunista, el rechazo a apoyar todas las instituciones del aparato político de la clase dominante (sindicatos, partidos políticos, democracia burguesa, etc.). La FICCI-GIGC no puede encontrar tales traiciones en nuestras posiciones y por eso no puede evitar incluir a nuestra organización en la lista de "Grupos y Organizaciones del Campo Proletario" en su página web. Dicho esto, la pertenencia al campo proletario no se reduce al rechazo de las posiciones políticas burguesas. También se basa en una lucha decidida contra los comportamientos propios de la clase dominante, de los que el estalinismo ha sido una de las encarnaciones más puras; la mentira sistemática, el gansterismo, los métodos policiales, es decir, los comportamientos que están en el corazón de la actividad de los matones y chivatos de la FICCI-GIGC.
[20]La FICCI-GIGC tiene la desfachatez de atribuirse el mérito de la lucha organizativa llevada a cabo por el camarada MC a lo largo de su vida, especialmente cuando militaba en la Fracción Italiana en los años 30. En el número 29 de su "Boletín Comunista" afirma: "Nuestra concepción de la organización es la que siempre ha defendido MC".
[21]Para ilustrar el nivel de crítica por parte de la FICCI a nuestro análisis de la fase de descomposición, la última fase del capitalismo, el lector puede consultar el siguiente artículo: Las raíces marxistas de la noción de descomposición en la Revista Internacional nº 117 (https://es.internationalism.org/revista-internacional/200404/167/entender-la-descomposicion-i-las-raices-marxistas-de-la-nocion-de-d [30] ). En lo que respecta más específicamente a la FICCI, el lector puede consultar el artículo "Sobre la teoría de la descomposición de la CCI", Boletín de la FICCI n° 4, febrero de 2011. En este texto, los miembros de la FICCI demuestran una vez más su falta de honestidad: en lugar de reconocer que están cuestionando la posición que habían defendido durante más de diez años en la CCI, afirman que su nuevo "análisis" está en consonancia con esta posición. Así se puede leer: "... cómo habíamos planteado la cuestión de la descomposición [dentro de la CCI]: como un bloqueo entre clases, sin que ninguna de ellas pueda imponer su perspectiva. El 11 de septiembre manifiesta el hecho de que la burguesía se ve obligada a romper este "equilibrio" y a forzar el paso: la marcha hacia la guerra. (...) Decir, en 2002, que la burguesía busca desbloquear la situación de "equilibrio" de los años 90 significa que el "bloqueo descomponedor" desaparece". En otras palabras, la fase de descomposición habría sido sólo un momento circunstancial y reversible que podría haber sido superado con una nueva configuración de la política imperialista de la burguesía. De hecho, el análisis de la FICCI compartido por sus miembros cuando estaban en nuestra organización dice exactamente lo contrario: "El curso de la historia es irreversible: la descomposición lleva, como su nombre indica, a la dislocación y putrefacción de la sociedad, a la nada". (Tesis: La descomposición, fase final de la decadencia capitalista (Revista Internacional nº 107 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11] )
[22]Para ver la realidad y el peligro que representa el parasitismo ver nuestras Tesis sobre el parasitismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/199807/1196/construccion-de-la-organizacion-revolucionaria-tesis-sobre-el-para [191]
[23]Es decir, dejarse llevar por todo el amasijo de prejuicios dominantes en la época actual.
[24]Las nuevas calumnias de la FICCI https://es.internationalism.org/cci-online/200612/1144/las-nuevas-calumnias-de-la-ficci [192]
[25]La pretendida “solidaridad” de la CCI con los CRS: cómo la FICCI intenta ocultar sus propias conductas policíacas https://es.internationalism.org/cci-online/200606/980/la-pretendida-solidaridad-de-la-cci-con-los-crs-como-la-ficci-intenta-ocultar- [193]
[26]Ver La CCI atacada por une nueva oficina del Estado burgués https://es.internationalism.org/content/4021/la-cci-atacada-por-une-nueva-oficina-del-estado-burgues [194]
[27]https://es.internationalism.org/content/4042/conferencia-internacional-extraordinaria-de-la-cci-la-noticia-de-nuestra-desaparicion [20]
[28]Ver entre otros Respuesta a la Communist Workers Organisation - Una política de agrupamiento sin orientación https://es.internationalism.org/revista-internacional/199610/1768/respuesta-a-la-communist-workers-organisation-una-politica-de-agru [195] y Polémica con el BIPR: una política oportunista de agrupamiento que no lleva mas que a "abortos" https://es.internationalism.org/revista-internacional/200504/69/polemica-con-el-bipr-una-politica-oportunista-de-agrupamiento-que-no [196]
[29]El Nucleo Comunista Internacional, una expresión del esfuerzo de toma de conciencia del proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/201/el-nucleo-comunista-internacional-una-expresion-del-esfuerzo-de-tom [197]
[30]Ver A propósito de la FICCI: Toma de posición de un grupo de militantes en Argentina https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200602/473/a-proposito-de-la-ficci-toma-de-posicion-de-un-grupo-de-militantes-en-a [198]
[31]¡El NCI no ha roto con la CCI! https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200602/641/noticias-de-argentina-el-nci-no-ha-roto-con-la-cci [199]
[32]Ver Círculo de Comunistas Internacionalistas' (Argentina): ¿Qué es y qué función cumple? https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200602/471/circulo-de-comunistas-internacionalistas-argentina-que-es-y-que-funcion [200]
[33]Gaizka se "interesa" por la izquierda comunista, mostrando benevolencia hacia ella -para torpedearla mejor- y hacia ciertos grupos dentro de ella. Así, en una carta que Gaizka nos escribió hace unos años, nos informaba de la importancia de la existencia política que atribuía a la CCI y a la TCI, e incluso de la influencia positiva que la CCI había tenido en su propio desarrollo. Esto hay que tenerlo en cuenta, no para relativizar la peligrosidad de su acción, sino, por el contrario, para comprenderla mejor y aprehender mejor el enfoque del aventurero que es. Así presentó su proyecto "Nuevo Curso": No nos consideramos un grupo político, un protopartido o algo así... Por el contrario, vemos nuestro trabajo como algo "formativo", para ayudar a la discusión en los centros de trabajo, entre los jóvenes, etc. y una vez que hayamos aclarado algunos elementos básicos, servir de puente entre esta nueva gente que está descubriendo el marxismo y las organizaciones internacionalistas (esencialmente la TCI y vosotros, CCI) que, tal como lo vemos, deberían ser los aglutinantes naturales del futuro partido aunque ahora seáis muy débiles (como, por supuesto, lo es toda la clase)". (7 de noviembre de 2017 - De [email protected] [201] a [email protected] [202])
[34]Los 3 artículos citados al principio son en defensa de la Izquierda Comunista
[35]En una circular dirigida a todos los miembros de la Internacional, el Consejo General de la AIT declaró que ya era hora de poner fin de una vez por todas a las luchas internas provocadas por la "presencia de un organismo parasitario". Y añadía: "Al paralizar la actividad de la Internacional contra los enemigos de la clase obrera, la Alianza sirve magníficamente a la burguesía y a sus gobiernos." Cuestiones de organización, III: El Congreso de La Haya de 1872: la lucha contra el parasitismo político; Revista Internacional nº 87 https://es.internationalism.org/revista-internacional/199610/3614/cuestiones-de-organizacion-iii-el-congreso-de-la-haya-en-1872-la-l [203]
[36]Las grandes luchas libradas por el proletariado en mayo de 1968 en Francia y, posteriormente, en muchos otros países, habían provocado la aparición de toda una generación de elementos que se volvieron hacia la perspectiva de la revolución comunista rechazando el estalinismo. Los grupos de izquierda, especialmente los maoístas y los trotskistas, habían tenido la función histórica de desviar la esperanza de estos elementos hacia callejones sin salida, esterilizando su voluntad militante, desmoralizándolos e incluso convirtiéndolos en opositores declarados de la perspectiva revolucionaria (como fue el caso de Daniel Cohn Bendit). Este es el tipo de función que los grupos parasitarios y los aventureros realizan hoy, a su nivel, con respecto a los jóvenes elementos que se acercan a la izquierda comunista.
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En diciembre del año pasado, la CCI escribió a la Tendencia Comunista Internacionalista, pidiéndole que publicara una carta de rectificación de las graves falsificaciones hechas sobre nuestra organización que aparecieron en el sitio web de la TCI en un artículo titulado "En el cuadragésimo quinto aniversario de la fundación de la CWO"[1].
La CCI no pide tales rectificaciones al campo burgués. No esperamos sino mentiras del mismo y simplemente denunciamos cualquier difamación de este tipo como la marca de la clase enemiga.
Si pedimos a la TCI una rectificación de difamaciones importantes de la CCI es porque consideramos a la TCI, cualesquiera que sean nuestras diferencias políticas, parte del campo proletario internacionalista, y por lo tanto asumimos un interés común en las rectificaciones de cualquier desviación importante de una imagen veraz de la historia de la izquierda comunista[2].
Esperábamos que el TCI reconociera estas importantes inexactitudes y aceptara rectificarlas o que aportara pruebas para refutar nuestras correcciones.
Desgraciadamente, el TCI respondió airadamente a nuestra petición, negándose a publicar cualquier corrección, sugiriendo que tal petición era una "provocación" o un "juego político". En su respuesta declararon que esa sería su última palabra sobre el tema y que la correspondencia quedaba cerrada[3].
Sin embargo, a pesar de este rechazo, la CCI volvió a escribir con la esperanza de hacer cambiar de opinión, explicando que nuestra solicitud de rectificación no era una provocación ni un juego ni una disputa sobre la interpretación de la CWO de su historia, ni un intento de tratar de imponer nuestra propia interpretación, sino la voluntad de restablecer la verdad sobre hechos importantes. Y señalamos en nuestra segunda carta que, a pesar de la airada negativa del TCI a publicar nuestra corrección, su respuesta no refutaba los hechos en cuestión y eran tal y como los describíamos. Pero el TCI ha sido coherente en una cosa: hasta ahora se ha mantenido en su rechazo unilateral de la correspondencia y tres meses después no ha respondido a nuestra segunda carta.
Si publicamos ahora esta correspondencia con el TCI es porque evidentemente fue imposible llegar a una solución de común acuerdo con ellos y porque, no obstante, consideramos que las falsificaciones son lo suficientemente graves como para necesitar una corrección pública. Ante la negativa del TCI a seguir discutiendo en privado una rectificación pública mutuamente aceptable, cosa que hubiéramos preferido, nos vemos obligados a hacer públicos nosotros mismos los hechos.
CCI a TCI, 8/12/2020
Estimados camaradas,
Les pedimos que publiquen la siguiente rectificación en su página web:
"Nos hemos dado cuenta de que un artículo en su página web 'En el 45º Aniversario de la fundación de la CWO' contiene algunas falsedades que difaman a nuestra organización. Tres de ellas destacan especialmente y deben ser corregidas:
- En primer lugar, el artículo afirma que la CCI "calumnió" a Battaglia Comunista en relación con sus orígenes en el Partido Comunista Internacionalista fundado en 1943:
“También descubrimos que las calumnias de la CCI de que ellos [el PCI] trabajaban "dentro de los partisanos" no eran ciertas, excepto en el hecho de que habían trabajado dondequiera que la clase obrera estuviera presente".
En una carta de Battaglia Comunista a la CCI reimpresa en un artículo "Las ambigüedades del Partido Comunista Internacionalista sobre los 'partisanos' en Italia en 1943" en la Revista Internacional nº 8 de 1977 se dice:
"Los camaradas que procedían de la izquierda comunista y que constituyeron el partido [Comunista Internacionalista] fueron los primeros, tanto en Italia como fuera de ella, en denunciar la política contrarrevolucionaria del bloque democrático (incluidos los partidos estalinistas y trotskistas) y fueron los primeros y los únicos en actuar dentro de las luchas obreras e incluso en las filas de los partisanos, llamando a los trabajadores a luchar contra el capitalismo sin importar el tipo de régimen que se escondiera.
Los compañeros a los que RI llama "resistentes" eran militantes revolucionarios que se dedicaron a la tarea de penetrar en las filas de los partisanos para difundir los principios y la táctica del movimiento revolucionario, y que pagaron este trabajo con su vida."
El Partido Comunista Internacionalista, en el que se originó Battaglia Comunista, actuó dentro y penetró en las filas de los partisanos, según su propio testimonio. Así que el reconocimiento y la crítica de la CCI a este hecho no es ninguna calumnia.
- En segundo lugar, el "Resumen de la línea de tiempo" al final del reciente artículo del CWO dice: "1980: La Tercera Conferencia de la Izquierda Comunista Internacional (París) condujo al abandono de las conferencias por parte de la CCI y de otros grupos menores".
Afirmar que la CCI abandonó las conferencias es una pura falsificación de la realidad, una falsificación que además se contradice con lo que está escrito antes en su artículo: "En la reunión [de la Tercera Conferencia] el CWO y el GCI belga anunciaron por separado que no asistirían a la próxima conferencia. La CWO no consultó al PCInt [es decir, a la Battaglia Comunista] antes de hacer esto, pero el PCint, como iniciador de las conferencias, trató de salvar algo de ellas proponiendo un nuevo criterio para la próxima conferencia que satisfaría (o eso creían) a algunos elementos como la CWO y la GCI y obligaría a la CCI a adoptar una postura más clara. No fue así, ya que la CCI argumentó que la resolución sólo pretendía excluirlos. Intentaron que el PCInt cambiara las palabras del criterio para que se mantuviera la confusión sobre la cuestión de los partidos. El PCInt se mantuvo en la formulación original y la delegación del CWO decidió apoyarlos".
Por lo tanto, no era la CCI sino el CWO el que quería abandonar las Conferencias. El PCInt, para "salvar algo" introdujo un nuevo criterio (que se negó a modificar, pero que la CWO apoyó) para la participación en la conferencia cosa que la CCI no podía aceptar. El debate sobre la naturaleza del partido entre los grupos de las Conferencias se había cerrado artificialmente. De hecho, la CCI fue excluida por los dos grupos y no es que abandonó las Conferencias.
- En tercer lugar, el artículo dice que: “Cuando la CCI empezó a irrumpir en las casas de la gente (supuestamente para recuperar los bienes de la CCI), incluida la de JM, que se fue junto a los escindidos, Aberdeen les amenazó con llamar a la policía".
La afirmación de que la CCI "empezó a irrumpir en las casas de la gente" es una mentira maliciosa lanzada por parásitos como el desaparecido Grupo del Boletín "Comunista" de Aberdeen para justificar el robo de los recursos materiales de la CCI y para excusar sus amenazas de llamar a la policía contra la CCI. La insinuación en el artículo -mediante el uso del adverbio "aparentemente"- de que la recuperación de material por parte de la CCI era un pretexto para la intimidación, fue otra mentira lanzada por los parásitos para excusar su propia villanía.
Uno de los principios por los que la tradición de la izquierda comunista se ha distinguido del estalinismo y del trotskismo ha sido decir la verdad y desenmascarar las mentiras de la contrarrevolución, en particular la falsificación de los hechos históricos por parte de ésta. Este principio de exactitud de los hechos es especialmente importante en una historia de la izquierda comunista. Las falsificaciones que aparecen en el artículo deben ser corregidas para dar una imagen veraz de esta historia a las nuevas generaciones de militantes comunistas.
El artículo lleva ya algún tiempo en su página web y podría haber sido leído por muchas personas, por lo que pedimos que la corrección mencionada aparezca en las próximas dos semanas en un lugar destacado de su página web.
Saludos comunistas, La CCI".
A pesar de negarse a publicar esta carta, el TCI corroboró efectivamente nuestras correcciones, como señalamos en nuestra segunda carta:
"...observamos que en su carta confirman de hecho la validez de las correcciones que pedimos:
1) Que no era una calumnia de la CCI decir que el PCInt entró en los partisanos al final de la 2ª Guerra Mundial en Italia.
"Los miembros del PCInt entraron en los partisanos para ganar trabajadores contra el antifascismo, el estalinismo (y el CLN)"
2) Que la CCI no abandonó las Conferencias de la Izquierda Comunista:
"[El PCI] ciertamente no quería que las invitaciones a participar en las conferencias se redujeran sólo a la CCI"
(En otras palabras, no había ninguna probabilidad de que la CCI se negara a participar en las conferencias).
3) Que la CCI no cometió ningún "allanamiento" durante la recuperación del material político en 1981: “En cuanto a la cuestión de los "allanamientos" tiene usted razón".
Los hechos en cuestión, que rectificamos en nuestra primera carta y confirmamos en la segunda, y que la TCI no impugna, pero se niega a corregir públicamente, no son evidentemente bagatelas, sino que afectan directamente a aspectos importantes de la integridad de las posiciones de la CCI. El artículo del CWO sugiere que las diferencias de la CCI con la conducta del PCint hacia los partisanos en Italia en la Segunda Guerra Mundial se basaría en una "calumnia", lo que dificulta comprender la diferente trayectoria de los predecesores de la CCI, la Gauche Communiste de France, de lo que fue el antepasado de la TCI, el PCInt.
A continuación, el artículo dice que abandonamos las Conferencias Internacionales de la Izquierda Comunista de los años 70 que, de hecho, defendimos con uñas y dientes. El impacto negativo del fracaso de estas conferencias todavía se siente hoy. Y, por último, el artículo pretende que la CCI, que siempre ha defendido la organización revolucionaria y su comportamiento honesto, se habría puesto al mismo nivel que los que intentaban destruirla con robos, calumnias y amenazas de la policía. En una palabra, totalmente contrario a los hechos, en el artículo aparecemos como calumniadores, matones y desertores.
No se trata de una exageración polémica, sino de invenciones que nos difaman.
Obviamente, la CCI está obligada a defenderse públicamente de tales denigraciones.
El CWO pretendía que su historia sirviera para que los nuevos miembros y contactos conocieran los "fundamentos de nuestra conciencia y perspectivas políticas actuales". Y como tal, su historia tenía que tener un lado polémico, ya que su pasado se cruza en muchos puntos con el de la CCI. Pero esto es una razón más para atenerse a los hechos para que los nuevos militantes conozcan la historia real de sus divergencias con otras tendencias. La convicción profunda de los nuevos militantes en la política de la TCI, o de cualquier otra tendencia de la izquierda comunista, no puede formarse sobre la base de denigraciones y falsedades sobre las tendencias opuestas. Por el contrario, la formación de nuevos militantes de la Izquierda Comunista exige el conocimiento de los hechos.
Desgraciadamente, como muestra el destino de la solicitud de la CCI a la TCI, la determinación colectiva de defender la verdad en el seno de la Izquierda Comunista en su conjunto - parte de su tradición histórica - a pesar de sus mutuos desacuerdos políticos, ha sido cada vez más olvidada y el intento de rectificar las falsedades es, en cambio, considerado por el TCI como un "juego" - es decir, la exigencia de la CCI de honestidad de los hechos es considerada en sí misma como deshonesta. Y luego se rechaza.
Sin embargo, este miserable desprecio por el establecimiento de los hechos es una desviación bastante reciente de la tradición de la izquierda marxista y de la izquierda comunista en particular.
El carácter revolucionario de la verdad tiene un significado general para el marxismo en el sentido de que la secuencia de cambios históricos de un modo de producción a otro a lo largo de la historia de la humanidad sólo puede entenderse científicamente, y por tanto con veracidad, como el resultado de la lucha de clases. Y tiene un significado específico para la lucha de la clase obrera, que necesita desenmascarar las mentiras que la clase capitalista utiliza para justificar su reino de explotación despiadada, crisis económica y la miseria, guerra interminable y catástrofes sin cuento. Dado que el objetivo comunista del proletariado revolucionario no es justificar un nuevo modo de explotación, sino abolir las clases y crear una sociedad de libre asociación de los productores, la búsqueda de la verdad es la mayor arma política y teórica de la clase obrera y de sus minorías comunistas, tanto contra la burguesía como en el refuerzo de sus propias filas.
El desarrollo teórico, político y organizativo de la tradición marxista se ha producido principalmente a través de las polémicas basadas en la verdad. Están las famosas polémicas de Marx y Engels contra los hegelianos de izquierda, (La Sagrada Familia, La Ideología Alemana) contra Proudhon (La Miseria de la Filosofía), el Anti-Dühring, la Crítica del Programa de Gotha, la polémica de Rosa Luxemburgo contra Eduard Bernstein (Reforma o Revolución) la polémica de Lenin con los populistas rusos en Quiénes son los amigos del pueblo y cómo combaten a los socialdemócratas, etc. Todos ellos se basan en extensas citas de los escritos y en los relatos precisos y probatorios de las acciones de aquellos a los que critican, y resultaron tanto más convincentes y vehementes por ello. A la inversa, la tradición marxista estaba decidida a responder públicamente a todas las alegaciones sobre su política y, sobre todo, a desenmascarar las calumnias y las maniobras al servicio del bando enemigo, como la exposición en un libro de Marx del espía de la policía Herr Vogt, o el informe de la Primera Internacional sobre la conspiración de Bakunin.
Estos principios de exactitud y honestidad comenzaron a debilitarse en el campo marxista con la degeneración oportunista de la II Internacional. Tras el colapso de ésta en 1914 y el apoyo de los principales partidos socialdemócratas a la guerra imperialista y el odio activo a la ola revolucionaria surgida en 1917, las calumnias contra la izquierda internacional marxista se intensificaron y fueron el preludio del intento de exterminio de sus militantes. El vilipendio de Rosa Luxemburgo por parte de la prensa socialdemócrata, por ejemplo, creó el clima para su asesinato en 1919. Lenin y Trotsky escaparon por poco del mismo destino en el verano de 1917 tras ser calumniados como agentes alemanes por los mencheviques y otros.
La larga contrarrevolución estalinista que siguió al final de la ola revolucionaria de 1917-23 intensificó este ataque contra los principios y el honor de la vanguardia revolucionaria en nombre del marxismo y de la clase obrera, una hipocresía sin precedentes en la historia. Los ataques estalinistas, disfrazados de "polémica marxista", tenían como objetivo la destrucción de aquellos que mantenían el núcleo internacionalista del programa marxista frente a la degeneración de la Revolución de Octubre y de la Internacional Comunista, es decir, la oposición en torno a Trotsky, pero sobre todo las izquierdas comunistas de Alemania e Italia. Las falsificaciones de la historia, las mentiras y las denigraciones prepararon el terreno para las expulsiones, los encarcelamientos, las torturas, los juicios de exhibición y los asesinatos.
Trotsky intentó mantener la verdadera tradición marxista con la Comisión Dewey en 1936 que expuso los montajes de los Juicios de Moscú con pruebas sistemáticas y testimoniales.
Pero el trotskismo se unió al campo burgués durante la Segunda Guerra Mundial abandonando el internacionalismo, y en el proceso sus métodos se volvieron más parecidos a los de la contrarrevolución estalinista y socialdemócrata. La mentira y la calumnia se convirtieron en un comportamiento normal dentro de la izquierda y la extrema izquierda de la contrarrevolución burguesa. Sólo la Izquierda Comunista se mantuvo del lado del proletariado y de la defensa de la verdad durante la carnicería imperialista 1939 - 45. Y hoy la Izquierda Comunista todavía tiene que enfrentarse y distinguirse claramente de los ignominiosos métodos de la izquierda contrarrevolucionaria.
En el resurgimiento de la tradición de la Izquierda Comunista después de 1968, a pesar del peso del sectarismo entre los diferentes grupos y la dificultad de los nuevos militantes para romper con las costumbres del izquierdismo, la necesidad de un esfuerzo común para establecer la verdad fue reconocida mutuamente por los diferentes grupos. Como muestra la carta de la CCI a la CWO arriba mencionada, la CCI publicó en 1977 en su Revista Internacional la petición de Battaglia Comunista (es decir, el PCint/ICT) de una corrección de su artículo sobre los partisanos y los orígenes del PCint. Y en esta ocasión la petición del PCInt se refería a este principio revolucionario de exactitud histórica, episodio que recordamos en nuestra segunda carta a la TCI:
"En 1976, el camarada Onorato Damen, en nombre del Ejecutivo del Partito Comunista Internazionalista, dirigió una carta a nuestra sección en Francia pidiéndole que rectificara ciertas afirmaciones contenidas en una polémica con el PCI Bordigista publicada en el nº 29 de nuestro periódico Révolution Internationale. Protestaba, en particular, contra lo que habíamos escrito sobre la política del Partito en la cuestión partidista. Y concluía su carta con lo siguiente "Queremos que todos los revolucionarios sepan realizar un examen crítico serio de las posiciones sobre los principales problemas políticos de la clase obrera de hoy, documentado con la seriedad que es propia de los revolucionarios, cuando se trata de volver (y esto es algo siempre necesario) a los errores del pasado". Publicamos su carta completa en la Revista Internacional nº 8, con, por supuesto, nuestra propia respuesta.
Nuestra pregunta es: ¿pensáis que el camarada Damen y el Ejecutivo del PCInt han incurrido en una "provocación", en un "juego político" al pedirnos que publiquemos una corrección?
Por supuesto, puede haber una disputa sobre la realidad de los hechos. En la Revista Internacional 87, por ejemplo, publicamos una carta del CWO (¿sería una "provocación" y un "juego político"?) que afirmaba que había falsedades en una polémica anterior del PCI. Argumentamos que, de hecho, eran ciertas.
Más recientemente, en las últimas décadas, esta tradición revolucionaria recordada por Onorato Damen ha sido olvidada, en parte como resultado del fracaso de las Conferencias de la Izquierda Comunista a las que nos hemos referido antes, y el consiguiente aumento, a pesar de los mejores esfuerzos de la CCI, de una mentalidad destructiva de "cada uno contra todos", donde el principio de honestidad dentro de la Izquierda Comunista fue cada vez más olvidado. El principio de discusión mutua y acción común establecido por Marx durante la Primera Internacional como el ethos de todas las diferentes tendencias dentro del movimiento proletario fue cada vez más ignorado. En relación con este fracaso, y agravándolo, se produjo la proliferación de grupos -que a menudo no eran más que blogueros desafectos- que verbalmente decían formar parte de la Izquierda Comunista, pero cuya función en realidad era denigrar y calumniar esta tradición organizada del comunismo de izquierda. Sin embargo, esta última en su conjunto no ha logrado hasta ahora cerrar filas contra este fenómeno maligno que debilita aún más el principio de honestidad dentro de la Izquierda Comunista[4].
La infección de la práctica deshonesta del izquierdismo, cuyos síntomas aparecen en las falsificaciones del último artículo de la CWO sobre su historia, recuerda a un episodio anterior de tipo similar, el infame escándalo del 'Asunto Círculo' cuando la TCI (entonces llamada Buró Internacional por el Partido Revolucionario) volvió a publicar en su sitio web, sin ninguna crítica, una letanía de calumnias contra la CCI que se originaron en un grupo imaginario de América Latina llamado 'Círculo de Comunistas Internacionalistas'.
A principios de la década de 2000, la CCI inició debates con un grupo de Argentina sobre las posiciones y los principios organizativos de la Izquierda Comunista y sobre el análisis del movimiento piquetero en ese país en diciembre de 2001. Como consecuencia de ello, este grupo, el Núcleo Comunista Internacionalista, lanzó un llamamiento internacional a los grupos de la Izquierda Comunista para un debate organizado, al que, desgraciadamente, sólo respondió positivamente la CCI. El NCI también hizo una declaración condenando las acciones de un grupo parasitario contra la CCI[5].
Sin embargo, las dificultades a las que se enfrentan los nuevos grupos que se acercan a la Izquierda Comunista se pusieron de manifiesto en un episodio extraño y destructivo.
Un individuo ambicioso, dentro del NCI, (que llegó a ser conocido como Ciudadano B) mostraba un comportamiento decididamente aventurero dentro del grupo con aire de gurú, y exigía perentoriamente la adhesión inmediata a la CCI. Cuando las condiciones de esta demanda fueron rechazadas, se vengó pretendiendo que el NCI se había transformado en un grupo político imaginario, ¡el "Círculo de Comunistas Internacionalistas"! Esta escandalosa usurpación tuvo lugar sin el conocimiento de los demás miembros del NCI.
En nombre de este grupo fantasma, el Ciudadano B comenzó entonces a producir declaraciones en Internet y por cuenta propia, invirtiendo la posición anterior del NCI contra el parasitismo y retomando en cambio los propios ataques de este último contra la CCI.
La primera de estas declaraciones, que fue distribuida físicamente en una reunión pública del BIPR en París por el grupo parasitario GIGC[6] declaraba: "Es la voz unilateral de la CCI la que, adoptando las nefastas lecciones del estalinismo en 1938 para liquidar a la vieja guardia bolchevique, intenta hoy hacer lo mismo: liquidar políticamente a los camaradas revolucionarios por el simple hecho de no estar de acuerdo con su línea política."
No sólo Stalin sino también Goebbels: "Es necesario poner fin a la calumnia y a la política de Goebbels de mentir y mentir una y otra vez para que siempre quede algo de ella".
Toda esta basura calumniosa contra la CCI a partir de la declaración del falso "Círculo", sin el apoyo de una sola prueba, fue publicada sin comentarios, y sin ningún intento de verificarla, en varios idiomas, en el sitio web del BIPR, la futura TCI. El inexistente "Círculo" fue incluso acogido como una auténtica incorporación a las filas de los revolucionarios.
La CCI, alarmada por el hecho de que se publicaran tales calumnias en una página web de la Izquierda Comunista contra otra tendencia de la Izquierda Comunista, escribió inmediatamente a la TCI aportando pruebas exhaustivas de que el 'Círculo' era la invención grotesca de un aventurero y exigió que nuestra declaración de rectificación de su calumniosa declaración fuera publicada por la TCI. Hicieron falta tres cartas del TCI y tres semanas para que finalmente se hiciera. Pero el asunto no terminó ahí.
La CCI se puso en contacto con los demás miembros del NCI para corroborar los hechos y comprobó que los compañeros se quedaron boquiabiertos al enterarse de la usurpación y las calumnias del Ciudadano B y su "Círculo" y decidieron redactar ellos mismos un comunicado denunciando la impostura y apoyando los hechos expuestos por la CCI[7].
Al enterarse de este contacto, el ciudadano B redobló las calumnias de su primera declaración y produjo una segunda diatriba: "...estas llamadas telefónicas no eran inocentes. Tenían la artera intención de destruir nuestro pequeño núcleo, o a sus activistas individuales, provocando la desconfianza mutua y sembrando la semilla de la división en las filas de nuestro pequeño grupo (…) la política actual de la CCI provoca dudas y un ambiente interno de desconfianza mutua. Utiliza la táctica estalinista de la "tierra quemada", es decir, no sólo la destrucción de nuestro pequeño y modesto grupo, sino también la oposición activa a cualquier intento de reagrupamiento revolucionario que la CCI no dirija, mediante su política sectaria y oportunista. Y para ello no duda en utilizar toda una serie de asquerosas artimañas con el objetivo central de desmoralizar a sus oponentes y, de este modo, eliminar a un 'enemigo potencial'".
¡El ciudadano B se enredó tanto en sus maniobras y calumnias que se encontró acusando a la CCI de destruir un grupo que él mismo había intentado sustituir por un grupo completamente ficticio de su propia imaginación![8] Pero cuando esta segunda declaración calumniosa del "Círculo" apareció en el sitio web de la TCI, ésta se negó a publicar la declaración del NCI que denunciaba de primera mano el fraude del "Círculo" y que habría aclarado y verificado independientemente todo el episodio. Una vez que los hechos se hicieron evidentes, y que el "Círculo" y el Ciudadano B desaparecieron sin dejar rastro, la TCI tampoco publicó ninguna retractación o explicación de por qué las calumnias contra la CCI habían aparecido en su sitio web, ni ningún reconocimiento del daño que esto había hecho a la reputación no sólo del CCI sino de toda la izquierda comunista. La declaración mentirosa del Círculo permaneció durante algunas semanas en el sitio web de la TCI antes de que se retirara discretamente como si no hubiera pasado nada.
Posteriormente, la CCI escribió una carta abierta a los militantes de la TCI sobre la extrema gravedad de facilitar la infiltración de los métodos podridos del izquierdismo en el comportamiento de la Izquierda Comunista. En esta carta abierta prometimos que cualquier otra acción del mismo tipo que el escándalo de Círculo sería denunciado, especialmente si la TCI volvía a intentar desmarcarse del escándalo dando a nuestras cartas el "tratamiento de silencio"[9]. El presente artículo es el cumplimiento de esa promesa.
En lugar de extraer las lecciones de la experiencia y reconocer los ataques del "Círculo" como lo que eran, y su propio y grave error al volver a publicarlos, la TCI respondió en su momento añadiendo un insulto al perjuicio sufrido por la CCI. En lugar de denunciar el fraude del "Círculo", denunciaron a la CCI como una organización paranoica en proceso de desintegración, y se hicieron pasar por víctimas de los ataques "vulgares y violentos" de la CCI.
El crimen del fiasco de 'Círculo', por lo tanto, según este escenario, no fue que la TCI hubiera facilitado un ataque malicioso a otro grupo de la izquierda comunista, sino el hecho de que la CCI hubiera reaccionado a este atropello y lo hubiera denunciado como el fraude que era.
La insolencia no terminó ahí. Después de haber desempeñado un papel importante en la creación del lío del "Círculo", la TCI pretendió que ahora estaba demasiado ocupado para ayudar a limpiarlo y responder a las críticas de la CCI. Dio a entender que su importante trabajo en favor de la lucha de clases significaba que no tenía tiempo para las disputas de pequeños grupos, como si el intento de arrastrar a un grupo de la Izquierda Comunista por el barro fuera una preocupación menor.
Si relatamos la historia del "Círculo" en este artículo es para mostrar que no se han aprendido las lecciones y se siguen cometiendo los mismos errores perjudiciales. De forma similar al episodio del "Círculo", las recientes invenciones difamatorias sobre la CCI contenidas en el artículo sobre la historia del CWO permanecen en su sitio web. La TCI no sólo ha rechazado la petición de publicar la refutación de la CCI, sino que se ha negado a seguir discutiendo la cuestión con la CCI, aunque en privado no impugnan los hechos en cuestión.
En su carta, la TCI responde en efecto a nuestra petición de establecer los hechos con insultos similares a los de la respuesta de la TCI a nosotros en 2004. Según ellos, el problema no son las falsificaciones del artículo, sino que la CCI causa problemas al exigir que se corrijan públicamente. El CWO pretende que la CCI está haciendo un juego político para desacreditarlos. Y hacen creer que están demasiado ocupados de todos modos para seguir con esta cuestión; adiós.
En realidad, el "juego político" consiste en este intento de ocultar las falsificaciones del artículo agravándolas aún más. El principal descrédito está aquí. La rectificación pública de las falsificaciones originales, de hecho, habría sido un mérito del CWO.
La recriminación que incluyen las respuestas de la TCI a nuestra crítica es que la CCI no se ocupa de la lucha de clases, sino sólo de las disputas entre grupos revolucionarios. Un vistazo al trabajo de la CCI en este sitio durante los últimos 45 años revelará inmediatamente que esto no es cierto.
Es inútil pretender, para ocultar los fracasos en este sentido, que la cuestión del comportamiento honesto de las organizaciones revolucionarias entre sí es secundaria o irrelevante para los objetivos políticos generales, los análisis y la intervención de la izquierda comunista. La honestidad organizativa de ésta en la clase obrera es indispensable para su éxito final. Por el contrario, adoptar, o excusar, comportamientos más afines al izquierdismo sólo puede suponer el riesgo de desmoralizar a quienes rompen con la izquierda contrarrevolucionaria para llegar a posiciones internacionalistas.
Si el Ciudadano B y su "Círculo" no lograron hacer desaparecer inmediatamente al NCI en 2004 como él quería, el NCI no sobrevivió sin embargo a todo este episodio fraudulento que, como hemos explicado, era más propio del medio de la izquierda del Capital de la que acababan de escapar que del medio de la izquierda comunista al que creían haberse unido. La experiencia tuvo un efecto desmoralizador a largo plazo en ellos.
Hoy en día, sin un comportamiento revolucionario por parte de los grupos de la izquierda comunista, existe el peligro real de destruir el potencial de los nuevos militantes que llegan a sus posiciones de clase.
Sin un comportamiento revolucionario, a los nuevos militantes revolucionarios les resultará difícil distinguir no sólo la izquierda comunista de todas las vertientes del izquierdismo, sino la verdadera de la falsa izquierda comunista. Los numerosos micro -grupos, aventureros, individuos rencorosos, que hoy pretenden formar parte de la tradición de la Izquierda Comunista mientras se dedican a desacreditarla, como el infame "Círculo", son la prueba de que la plataforma internacionalista es más que un documento, sino una forma de vida, de integridad organizativa.
Sin embargo, el mantenimiento de una norma de comportamiento común entre sus diferentes grupos reforzaría la presencia política del medio comunista de izquierda en el conjunto de la clase obrera.
El programa político de la Izquierda Comunista, es decir, la elaboración en la clase obrera de la verdad revolucionaria de la lucha proletaria depende de un comportamiento organizativo coherente con estos ideales políticos. El combate por la unidad internacionalista del proletariado contra las mentiras del imperialismo y todos sus apologistas, por ejemplo, no puede librarse con la misma moral de estos últimos y su desprecio por la verdad.
Esto no es una apelación a un ideal moral eterno, sino el reconocimiento de que los fines y los medios de la organización revolucionaria, el objetivo y el movimiento, son inseparables y se interrelacionan constantemente.
La CCI, al sacar a la luz las falsificaciones del artículo sobre la historia del CWO, no está jugando. Va en serio y seguirá haciendo de la cuestión de la honestidad y la exactitud revolucionarias un aspecto central de su intervención comunista.
"Participar en el combate de la izquierda comunista no significa sólo defender sus posiciones políticas. Significa también denunciar comportamientos políticos como los rumores, las mentiras, las calumnias y los chantajes, todos ellos diametralmente opuestos a la lucha del proletariado por su emancipación."
Corriente Comunista Internacional 14-4-21
[1] CWO: Organización Comunista Obrera, expresión británica de la TCI. www.leftcom.org/en/articles/2020-09-24/on-the-forty-fifth-anniversary-of-the-founding-of-the-cwo [205]
[2] Además de la CWO, la principal organización de la TCI es el Partido Comunista Internacionalista (Battaglia Comunista) en Italia. Al igual que la CCI, son herederos de la tradición de la Izquierda Comunista, más conocida por sus posiciones internacionalistas durante la 2ª Guerra Mundial. Entre 1984, cuando comenzó el reagrupamiento formal de la CWO y el PCint, y 2009, la TCI se conocía como el IBRP; es decir, Buró Internacional del Partido Revolucionario.
[3] La respuesta del TCI fue enviada desde el "Comité Ejecutivo del CWO".
[4] Esto no quiere decir que el PCint/TCI no haya sido capaz de reaccionar ante tales calumnias lanzadas contra él. En 2015 apareció una declaración en el sitio web del TCI 'Respuesta a una vil calumnia' en la que se denunciaban las mentiras que estaban haciendo circular antiguos militantes contra miembros de la TCI: "No nos han escatimado nada en sus acusaciones sin sentido: miedo, cobardía, traición, oportunismo de individuos, hasta acusaciones de vínculos con fuerzas del Estado burgués. Nunca han aportado un hilo de pruebas. Pero como los que acusan tienen la carga de presentar pruebas, la misma ausencia de pruebas concretas es una prueba de la iniquidad de estos individuos y de sus maniobras (…)
En la historia de nuestro Partido una cosa igual de mala tuvo su contrapartida -de forma mucho más grave- sólo durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los militantes internacionalistas fueron objetivo de los matones de Togliatti, que justificaron sus campañas de persecución hasta el asesinato, acusándonos de estar 'al servicio de la Gestapo'".
Sin embargo, la TCI se negó a generalizar a partir de esta experiencia y a establecer los evidentes paralelismos con ataques similares contra la CCI. Por lo tanto, ha sido incapaz y no ha querido defender al medio de la Izquierda Comunista en su conjunto del medio hostil de los calumniadores y denigradores. Peor aún, la TCI ha cometido el grave error de tratar de reclutar nuevos miembros y secciones de tales pozos negros, y se ha visto inevitablemente infectada por estos últimos, en detrimento de la Izquierda Comunista en su conjunto.
La CCI, por su parte, siempre ha intentado defender a los demás grupos de la izquierda comunista contra las calumnias, aunque la solidaridad de la CCI no sea recíproca. De hecho, apoyó a la TCI en su "Respuesta a una vil calumnia": en.internationalism.org/icconline/201504/12486/statement-solidarity-ict [206]. La CCI hizo lo mismo cuando el grupo Voz de los Trabajadores de Los Ángeles lanzó una campaña para denigrar a la TCI (ver Internationalism nº 122: "Defense of the revolutionary milieu [207]").
[5] Ver El Núcleo Comunista Internacional, una expresión del esfuerzo de toma de conciencia del proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/201/el-nucleo-comunista-internacional-una-expresion-del-esfuerzo-de-tom [197]
[6] "Grupo Internacional de la Izquierda Comunista", antes conocido como "Fracción Interna de la CCI". Para una historia de este grupo, véase https://es.internationalism.org/content/4656/el-aventurero-gaizka-tiene-los-defensores-que-se-merece-los-matones-del-gigc [148]
[7] Los compañeros del NCI también intentaron tener un encuentro cara a cara con el Ciudadano B en Buenos Aires para confrontarlo con los hechos. Pero no estuvo disponible para hacer comentarios
[8] Ver 'Círculo de Comunistas Internacionalistas' (Argentina): ¿Qué es y qué función cumple? https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200602/471/circulo-de-comunistas-internacionalistas-argentina-que-es-y-que-funcion [200]
[9]Ver 'Carta abierta a los militantes del IBRP (diciembre de 2004) https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/199/carta-abierta-de-la-cci-a-los-militantes-del-bipr [208]
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En artículos anteriores de esta serie hablamos de las condiciones en las que la Tercera Internacional, o Internacional Comunista (IC), fue fundada en marzo de 1919[1]. Tratándose de circunstancias tan difíciles, los revolucionarios de la época no consiguieron clarificar todos los nuevos problemas y desafíos a los que se enfrentaba el proletariado.
Además, el proceso de reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias estuvo marcado por la falta de una actitud firme en la defensa de los principios revolucionarios a la hora de fundar la Internacional. Esta es una de las lecciones que la Fracción italiana de la izquierda comunista, agrupada en torno a la revista Bilan, y sobre todo la Gauche Communiste de France (Internationalisme) extrajeron de la experiencia de la IC: "este método ‘laxo’ y su obsesión por hacer crecer sus filas lo máximo posible a expensas del programa y unos principios claros, llevó a la formación de partidos de masas: auténticos gigantes con pies de barro, ya predispuestos a caer bajo el impulso del oportunismo"[2].
Mientras que el Congreso fundacional supuso un auténtico paso adelante en la unificación del proletariado mundial, la evolución de la IC en los años subsiguientes estuvo marcada, esencialmente, por los retrocesos que desarmaron a la revolución frente a las fuerzas contrarrevolucionarias, que empezaban a ganar terreno cada vez más. El oportunismo rampante en las filas del Partido no fue eliminado, como previeron Lenin y los bolcheviques. Muy al contrario, con la degeneración de la revolución, el oportunismo acabó asumiendo un papel predominante, acelerando el final de la IC como partido de clase. Esta dinámica oportunista, ya notable en el Segundo Congreso, fue profundizándose tanto a nivel programático como organizativo, como intentaremos demostrar en este artículo.
Tras el Tercer Congreso de la IC[3], los revolucionarios empezaron a comprender que la revolución era algo más complicado de lo que creían. A pocos días de acabar el Congreso, Trotsky analizaba la situación de esta forma:
"El Tercer Congreso constata la ruina de las bases económicas de la dominación burguesa. Al mismo tiempo, pone enérgicamente en guardia a los obreros conscientes contra la creencia ingenua que piensa que de ello resulta, automáticamente, la caída de la burguesía, provocada por las ofensivas incesantes del proletariado. El instinto de conservación de la clase burguesa jamás había creado métodos de defensa y de ataque tan variados como en el presente. Las condiciones económicas de la victoria de la clase obrera ya están maduras. Sin esta victoria, están aseguradas la ruina y la pérdida de toda la civilización, ruina y pérdida que nos amenazan en un futuro más o menos próximo. Pero esta victoria solamente puede ser lograda con una dirección razonable de los combates y, en primer lugar, con la conquista de la mayoría de la clase obrera. Esta es la principal enseñanza del tercer congreso"[4].
Esto está a años luz del arrogante entusiasmo del Congreso Fundacional, en cuyo discurso de clausura proclamaba Lenin que "la victoria de la revolución proletaria en todo el mundo es inevitable. La fundación de una República Soviética internacional está en camino". En el periodo subsiguiente, el asalto del proletariado se estrella contra la respuesta de la burguesía en varios países. Especialmente notorio fue el fracaso del asalto al poder en Alemania en 1919, cuya relevancia fue subestimada por los revolucionarios.
Tal y como lo veía la mayor parte de la IC, la crisis del capitalismo y su paso a la decadencia histórica solo podía acabar llevando a las masas al camino de la revolución. Sin embargo, la conciencia de la envergadura del objetivo a conseguir y de los medios para alcanzarlo estaba a un nivel muy por debajo del que se necesitaba, como puso en evidencia, particularmente, el Segundo Congreso, el cual estuvo marcado por una serie de dificultades que contribuyeron a aislar al proletariado en Rusia:
Si bien la burguesía mundial no había conseguido hasta entonces aniquilar por completo a la revolución proletaria, sí consiguió aislar férreamente lo que constituía su núcleo: la Rusia de los Soviets. Aunque Lenin describió la situación como "un equilibrio que, aunque altamente precario e inestable, permite la existencia de la República Socialista – no por mucho tiempo, desde luego – bajo el cerco capitalista"[7], podemos afirmar en retrospectiva que los numerosos fracasos y dificultades que tuvieron lugar entre 1920 y 1921 fueron la antesala de la derrota de la oleada revolucionaria. En este contexto de grandes dificultades debemos analizar la política de la IC. Una política que, en muchos aspectos, expresaba un repliegue cada vez más evidente hacia el oportunismo.
La cuestión nacional era uno de los asuntos sin resolver del movimiento revolucionario cuando se fundó la IC. Aun siendo cierto que los revolucionarios habían apoyado algunos movimientos de liberación nacional durante el periodo ascendente del capitalismo, no se trataba de una cuestión de principios. El debate surgió durante el periodo precedente a la Primera Guerra Mundial. Rosa Luxemburgo fue una de las primeras en entender que la entrada del capitalismo en su fase de decadencia significaba que todos los Estados nacionales pasaban a adoptar un carácter imperialista. Consecuentemente, la lucha de una nación para liberarse de otra tiene como único objetivo la defensa de los intereses de una burguesía con respecto a los de otra, y en ningún caso concierne a los intereses de la clase obrera[8].
Los bolcheviques adoptaron la posición del centrismo socialdemócrata, ya que el derecho de los pueblos a la autodeterminación aparecía en su programa de 1903. "A pesar de la oposición a esta postura, tanto dentro como fuera del partido, los bolcheviques la mantuvieron con tenacidad, lo cual puede explicarse por el hecho de que la Rusia zarista era la representante “por excelencia” de la opresión nacional (“cárcel de los pueblos”, al decir de Lenin) y que en tanto que partido que formaba parte de la llamada “Gran Rusia”-geográficamente hablando, claro- los bolcheviques consideraron que defender el derecho de las naciones oprimidas por Rusia a separarse, era la mejor forma de ganarse la confianza de las masas de aquellos países. Aunque esta posición acabara por resultar errónea, se basaba en una perspectiva proletaria. En un periodo en el que los “social-imperialistas” de Alemania y Rusia, o de cualquier otra parte, argumentaban en contra del derecho de los pueblos oprimidos por el imperialismo alemán o ruso a luchar por la liberación nacional, la consigna de la autodeterminación fue propugnada por los bolcheviques para socavar las bases de esos imperialismos y crear así las condiciones de una futura unificación de los trabajadores, tanto en los países opresores como en los oprimidos"[9]. Al tiempo que Lenin consideraba que el ``derecho de las naciones a la autodeterminación´´ había pasado a ser una demanda obsoleta en los países occidentales, para él la situación era diferente en las colonias, donde el estallido de movimientos de liberación nacional constituiría una parte de la formación de un capitalismo independiente que contribuiría al surgimiento de la clase obrera. En estas condiciones, la autodeterminación nacional seguía siendo una consigna progresista para Lenin y la mayoría del Partido Bolchevique.
Rosa Luxemburgo, al comprender que el imperialismo no era simplemente una especie de saqueo perpetrado por los países desarrollados a expensas de los atrasados, sino la expresión de la totalidad de las relaciones capitalistas a escala global fue capaz de desarrollar una lúcida crítica de las luchas de liberación nacional en general y de la posición de los bolcheviques en particular. Contrariamente a la visión fragmentada de los bolcheviques, que consideraban que el proletariado tenía objetivos diferentes según su localización geográfica, Rosa Luxemburgo asumió la perspectiva de un proceso global, en el contexto de un mercado mundial que iría encontrándose con obstáculos cada vez más insuperables: "En este contexto, es imposible que ninguna nación nueva entre en el mercado mundial con bases independientes, o que lleve a cabo el proceso de acumulación primitiva fuera de la barbarie generalizada que gobierna el ajedrez mundial"[10]. Por tanto, "en este medio imperialista moderno no puede haber guerras de defensa nacional".
La capacidad de Rosa para entender el hecho de que ninguna burguesía nacional podía ya operar al margen del sistema imperialista mundial la llevó a criticar la política nacional de los bolcheviques tras 1917, cuando los soviets aceptaron la independencia de Ucrania, Finlandia, Lituania, etc., en aras de ``ganarse a las masas´´. La siguiente cita supone una asombrosa profecía de las consecuencias que tendría esa política nacional de la IC durante la década de 1920: "Una tras otra, estas “naciones” utilizaron la libertad recientemente adquirida para aliarse con el imperialismo alemán como enemigos mortales de la Revolución Rusa y, bajo la protección de Alemania, llevar dentro de la misma Rusia el estandarte de la contrarrevolución"[11].
La primera vez que se sometió a discusión la cuestión nacional en la IC fue durante el Segundo Congreso Mundial. Ya desde el inicio, con la concepción errónea del imperialismo que tenían los bolcheviques, en particular, el Congreso consideró: "se debe tomar una orientación que apunte a la formación de una alianza lo más fuerte posible entre la Rusia soviética y todos los movimientos de liberación colonial y nacional. La forma de esta alianza debe determinarla el grado de desarrollo del movimiento comunista del proletariado de cada país, o del movimiento de liberación democrático-burgués de los obreros y campesinos de países o nacionalidades atrasadas"[12]. El Congreso de los Pueblos de Oriente, celebrado en Bakú entre el 1 y el 8 de septiembre de 1920, recibió la tarea de poner en práctica las orientaciones del Segundo Congreso Mundial que había terminado unas pocas semanas antes. Reunió cerca de 1900 delegados, procedentes principalmente de Oriente Próximo y Asia. Mientras que casi dos tercios de las organizaciones representadas se autodenominaban comunistas, su adherencia era extremadamente superficial. "Las élites nacionales se sentían más atraídas por la organización y efectividad de las formas de acción que proponían los bolcheviques que por su ideología comunista"[13]. Esta es la razón por la que el Congreso se convirtió en un gran bazar de múltiples estratos y clases sociales que asistían por los más variados motivos, siendo los menos de ellos la intención firme de trabajar conscientemente por el desarrollo de la revolución proletaria mundial. La descripción de la composición del Congreso, que dio Zinoviev al Comité Ejecutivo de la IC tras su regreso de Bakú, habla por sí misma: "El Congreso de Bakú estaba compuesto por una fracción comunista y una gran mayoría sin partido. Esta última estaba a su vez dividida en dos grupos: uno formado efectivamente por elementos sin partido, incluyendo representantes de los campesinos y poblaciones semi- proletarias de las ciudades, y el otro formado por elementos que decían no pertenecer a ningún partido, pero que en realidad eran miembros de partidos burgueses"[14].
Para muchos delegados, la formación de un movimiento comunista revolucionario en el Este era algo secundario, o simplemente, no les interesaba. Para muchos de ellos, lo vital era asegurarse el apoyo de la Rusia soviética a la hora de expulsar al colonialismo británico y hacer realidad sus sueños de soberanía nacional.
¿Cuál fue la actitud de los representantes de la IC hacia estas demandas, evidentemente burguesas? En vez de defender el internacionalismo proletario con la mayor de las firmezas, la delegación de la IC aseguró su apoyo a los movimientos nacionalistas burgueses, y llamó a los pueblos del Este a unirse a ``la primera y verdadera Guerra Santa bajo la bandera roja de la Internacional Comunista´´, y librar así una cruzada contra ``el enemigo común, el imperialismo británico´´.
Estas importantes concesiones a los partidos nacionalistas, junto a todas las medidas que se aprobaron en Bakú, fueron dictadas por las necesidades de la defensa de la República soviética y no por los intereses de la revolución mundial. Esta posición central de la IC, asumida en su Segundo Congreso, demostró hasta qué punto las tendencias oportunistas habían ganado terreno. Ciertamente, hubo quienes criticaron estas tentativas de conciliar el nacionalismo con el internacionalismo proletario: Lenin advirtió del peligro de "pintar el nacionalismo de rojo", y John Reed, que estuvo presente en Bakú, se opuso a ese "desfile de demagogia", aunque "estas reacciones no atacaron en su raíz el curso oportunista que estaba empezando a tomarse, quedándose en un terreno centrista de conciliación con expresiones abiertas de oportunismo, y escondiéndose detrás de las Tesis del Segundo Congreso, que por decirlo eufemísticamente, escondían una multitud de pecados contra el movimiento revolucionario"[15].
El retroceso de la revolución en Europa occidental y el aislamiento del proletariado en Rusia en las condiciones más dramáticas, llevaron gradualmente a la IC a convertirse en instrumento de la política exterior bolchevique – de los mismos bolcheviques que, al ir pasando los años, empezaban a convertirse en los administradores del capital ruso[16]. Esta fatal evolución de la situación, parcialmente debida a las ideas erróneas de los bolcheviques sobre la relación entre clase, partido y Estado en el periodo de transición, se debió principalmente a la degeneración irreversible de la revolución desde la década de 1920 en adelante[17].
Fue sobre todo en nombre de la defensa del Estado soviético por lo que los bolcheviques y la IC forjaron alianzas, o apoyaron directamente, a los movimientos de liberación nacional. A partir de 1920, el Partido mundial daría su apoyo al movimiento de Kemal Atatürk, cuyos intereses estaban en las antípodas de los de la Internacional, como admitió Zinoviev. Esta alianza se justificó como un medio para expulsar a los británicos de la región, e incluso después de que este mismo movimiento ejecutara a los líderes del Partido Comunista de Turquía, la IC siguió viendo potencial en él, manteniendo su alianza con un país cuya posición geográfica era de importancia estratégica para el Estado ruso. Nada de esto impidió que Kemal rompiera el pacto y se aliara con la Entente en 1923.
Si bien la política de apoyo a los movimientos de liberación nacional fue simplemente, durante un determinado periodo, una posición errónea dentro del movimiento obrero, para finales de la década de 1920 se había convertido en la estrategia imperialista de una potencia capitalista como cualquier otra. El apoyo de la IC a los nacionalistas del Kuomintang en China llevó a la masacre de los obreros de Shanghái en 1927, lo cual fue un episodio decisivo en su proceso de degeneración[18]. Previamente, la IC ya había dado su apoyo al movimiento nacionalista liderado por Abd-el-Krim en la Guerra del Rif (1921-26) y a los Drusos sirios en 1926. Por tanto, ``semejantes actos abiertos de traición demostraron que la facción estalinista, que para entonces había alcanzado a dominar casi por completo a la IC y sus partidos, no era ya una corriente oportunista en el seno del movimiento obrero sino una expresión directa de la contrarrevolución capitalista´´[19].
Como mostramos en la primera parte de este análisis[20], tan solo unos pocos Partidos Comunistas bien constituidos estaban presentes en el Congreso Fundacional de la IC en marzo de 1919. Durante las semanas siguientes, la Internacional llevó a cabo un trabajo dedicado a la formación de Partidos Comunistas: "Desde el primer momento de su fundación, la Internacional Comunista se planteó como objetivo, claramente y sin equívocos, no la formación de pequeñas sectas comunistas que intentasen ejercer su influencia sobre las masas obreras únicamente mediante la agitación y la propaganda, sino la participación en la lucha de las masas obreras, guiando esta lucha en el sentido comunista y constituyendo en el proceso del combate grandes partidos comunistas revolucionarios"[21]. Esta postura se basaba en la convicción de que la revolución se extendería rápidamente por Europa y que, como consecuencia, se daría la acuciante necesidad de equipar a la clase obrera de los distintos países con partidos que pudieran guiar la acción revolucionaria de las masas.
Así, los bolcheviques insistieron en formar Partidos Comunistas de masas tan rápido como fuera posible, pero sobre la base de un compromiso entre el ala izquierda del movimiento obrero y las corrientes centristas que no habían roto con las posiciones y debilidades de la Segunda Internacional. En la mayor parte de los casos, estos partidos nacieron de un proceso de decantación en los Partidos Socialistas de la Segunda Internacional. Fue este el caso, más notablemente, del Partido Comunista de Italia, fundado en el Congreso de Livorno de enero de 1921, y del Partido Comunista de Francia, al que dio luz el Congreso de Tours de diciembre de 1920. Así, desde su concepción, estos partidos llevaban en su interior todo un bagaje de debilidades organizativas que solo podían desembocar en la falta de capacidad de estas organizaciones para dar una orientación clara a las masas. Mientras que Lenin y los principales impulsores de la Internacional eran perfectamente conscientes de estas concesiones y del peligro que representaban, contaban con la capacidad de estos partidos para luchar contra sus efectos. En realidad, Lenin subestimaba gravemente el peligro. La adopción de las 21 condiciones para unirse a la IC en el Segundo Congreso Mundial, considerada justamente como un paso adelante en la lucha contra el reformismo, no se cumplía al pie de la letra. La posición de Lenin se basaba en la idea de que el progreso de la revolución ya no podía detenerse, de que el desarrollo de la IC a expensas de la Segunda Internacional y de la Internacional Dos y Media era ya, más o menos, un hecho incontrovertible[22].
En una situación en la que las masas no estaban preparadas para la toma del poder, "la tarea actual de los Partidos Comunistas no consiste en acelerar la revolución, sino en intensificar la preparación del proletariado"[23]. Por este motivo, una de las orientaciones dadas por el Segundo Congreso fue trabajar por el "agrupamiento de todas las fuerzas comunistas dispersas, la formación en cada país de un partido comunista único (o el fortalecimiento y la renovación de los partidos ya existentes) a fin de activar el trabajo de preparación del proletariado para la conquista del poder bajo la forma de la dictadura del proletariado. La acción socialista habitual de los grupos y de los partidos que reconocen la dictadura del proletariado está lejos de haber experimentado esta modificación fundamental, esa renovación radical que es necesaria para que se reconozca la acción como comunista y como correspondiente a las tareas previas de la dictadura del proletariado"[24]. Una orientación correcta con una base práctica errónea.
Este es el contexto de aberraciones como la fusión entre el USPD[25] y el KPD en el Congreso de Halle del 12 de octubre de 1920. Otro ejemplo muy significativo fue la fundación del Partido Comunista de Francia, formado en diciembre de 1920 a partir de una escisión en el SFIO (Partido Socialista) cuyos principales líderes se habían unido a la Union Sacrée durante la Primera Guerra Mundial. Su nacimiento fue resultado de un compromiso, animado por la IC, entre el ala izquierda (una minoría muy débil) y una corriente centrista como mayoría absoluta.
Como mostramos en nuestro folleto en francés Cómo pasó el PCF al servicio del capital[26]: "esta táctica fue un desastre debido a que las condiciones de membresía – al contrario que en los demás Partidos Comunistas europeos – no estaban basadas en las 21 condiciones de adhesión a la IC, que exigía con especial énfasis la ruptura total y definitiva con la política oportunista del centrismo y su reformismo, social-patriotismo y pacifismo, dándose criterios mucho menos selectivos. El objetivo de esta táctica de la IC era atraerse a la mayoría y separarla del ala derecha de la socialdemocracia, un partido abiertamente patriótico que había participado en gobiernos capitalistas… La mayoría centrista del nuevo partido estaba infestada de oportunistas, que se habían ‘‘arrepentido’’ en uno u otro grado de haberse unido a la Union Sacrée… Al mismo tiempo también se unieron al partido una serie de elementos del anarquismo federalista (representados sobre todo por la Federación del Sena) que a cada ocasión que se les presentaba en la cuestión organizativa, apoyaban a los centristas contra el ala izquierda, oponiéndose a la centralización internacional y especialmente a las orientaciones que daba la IC al joven Partido Comunista francés". Gangrenado por el oportunismo, el PCF se sometería completamente a la degeneración de la IC, que empezó a hacer notar su peso especialmente durante el Tercer Congreso. Se convertiría así en uno de los principales agentes del estalinismo[27]. Lo mismo ocurrió en Italia: tras la escisión del Partido Socialista de Italia en el Congreso de Livorno, se formó el Partido Comunista de Italia, compuesto por un ala izquierda marxista, comunista, resueltamente decidida a luchar contra el oportunismo en la IC, y un centro liderado por Gramsci y Togliatti, incapaz de entender el papel político de los soviets como órganos centralizados de poder, y que subestimaba el rol político del partido. Los centristas se convirtieron posteriormente en el principal apoyo de la IC en la expulsión de la izquierda durante el periodo de la ``bolchevización´´.
Por último, tenemos el ejemplo más caricaturesco de todos en el Partido Comunista de Checoslovaquia, que se formó alrededor de la tendencia Smeral, la cual había apoyado a la monarquía de los Habsburgo durante la guerra imperialista de 1914-18.
¿Cómo podemos explicar tales compromisos? ¿Qué explicación puede tener que los bolcheviques, los mismos que durante años habían librado una ardua batalla por preservar los principios de forma intransigente, llegaran a aceptar tales concesiones? La Izquierda Comunista italiana examinó de forma exhaustiva este problema y propuso una respuesta: "Es evidente que los bolcheviques no sufrieron una conversión repentina en cuanto a sus convicciones sobre la formación de los Partidos Comunistas, sino que se basaban, fundamentalmente, en una perspectiva histórica que contemplaba la posibilidad de evitar las duras condiciones en las que se fundó el Partido Bolchevique. En 1918-20, Lenin y los bolcheviques contaban con el estallido inexorable de la revolución mundial, y por ello vieron en la fundación de Partidos Comunistas en varios países como un apoyo para la acción revolucionaria del Estado ruso, que para ellos parecía ser el elemento esencial en el derrocamiento del mundo capitalista"[28].
Sin duda, la interrupción del avance de la revolución en este periodo y los esfuerzos desesperados para reconducir la situación llevaron a Lenin y a los bolcheviques a bajar la guardia en la defensa de los principios, cayendo así en el oportunismo. Pero la persistencia de los errores sobre las tareas del partido y su relación con la clase contribuyó a forzar la formación de PCs sobre bases totalmente confusas, en un periodo marcado por los primeros retrocesos del proletariado.
El método oportunista con el que se estaban formando los partidos miembros de la IC tuvo su expresión definitiva en los Partidos Comunistas de las colonias.
Tras el Congreso de Bakú, el Ejecutivo de la IC estableció un buró central para Asia, al que puso a cargo de todo el trabajo concerniente a una región que iba de Oriente Próximo a la India. Este órgano, que formaban Sokolnikov, Grefor Safarov y MN Roy, se instaló en Tashkent (Uzbekistán). Más tarde, en enero de 1921, se formaría el secretariado de la IC para el Lejano Oriente en Irkutsk. De esta forma la IC, que se enfrentaba al retroceso de la revolución en Europa occidental, quería darse los medios para ``acelerar´´ la revolución en el Este, y con este objetivo en mente empezó a formar Partidos Comunistas por todo Oriente entre 1919 y 1923, sobre bases teoréticas y políticas extremadamente frágiles.
En los años previos a este periodo ya habían surgido Partidos Comunistas en Turquía, Irán, Palestina y Egipto, pero como ya hizo notar el historiador trotskista Pierre Broué: ``Nunca faltaron los problemas entre la Internacional y estos Partidos Comunistas, que no sabían nada del comunismo y representaban países donde los estratos proletarios propiamente dichos eran insignificantes, lo cual, no obstante, no impidió a sus líderes asumir una actitud de pureza doctrinal y unos esquemas obreristas rigurosos para la revolución que creían tener a la vuelta de la esquina´´[29].
En la India, los elementos que se acercaron a la Internacional todos tenían un pasado nacionalista. El más conocido era MN Roy. La IC mandató al grupo formado en torno suyo a que entrara en el Partido del Congreso de Gandhi, estableciendo al principio una alianza con su así llamada ``revolucionaria´´ y ``comunista´´ ala izquierda, y más tarde, con todas las facciones que se opusieron a Gandhi tras los disturbios violentos que tuvieron lugar el 4 de febrero de 1922, durante la campaña de desobediencia civil que lanzó el mismo Gandhi[30]. Roy fue obligado a defender un programa abiertamente oportunista en el seno del Partido del Congreso: independencia nacional, sufragio universal, abolición de los latifundios, nacionalización de los servicios públicos… y lo que es más, su objetivo no consistía en que se aceptara el programa en sí sino en provocar el rechazo de los líderes del partido para así poder ``desenmascararlos´´. La iniciativa acabó en el fracaso más absoluto. El programa de Roy no recibió ni un solo apoyo y la vida del grupo ``comunista´´ degeneró rápidamente en rencillas internas. Posteriormente, los comunistas sufrieron una dura represión, siendo arrestados y acusados de conspiración, lo que puso fin a la presencia de la IC en la India[31].
En Asia oriental, la IC adoptó más o menos la misma actitud irresponsable. La creación del movimiento comunista en China fue llevada a cabo por el Buró del Lejano Oriente, que contactó con intelectuales y estudiantes que habían sido ganados al ``bolchevismo´´. Se fundó el Partido Comunista de China en una conferencia que tuvo lugar en Shanghái en julio de 1921. Compuesto de unas pocas docenas de militantes, entró en poco tiempo en una fase de rápido crecimiento, llegando a contar con casi 20,000 miembros en 1927. Mientras que este crecimiento numérico expresaba genuinamente el espíritu que animaba a la clase obrera china, sumida en un periodo de intensos conflictos sociales, no era menos cierto que los militantes se unían al Partido sobre bases teóricas y políticas muy superficiales. Así, este método irresponsable llevó al Partido a la impotencia frente a la política oportunista de la IC hacia el Kuomintang. En enero de 1922, la Conferencia de los Pueblos de Oriente, celebrada en Moscú, sentó las bases para la colaboración de clases mediante el ``bloque antimperialista´´. A instancias del Ejecutivo de la IC, el Partido Comunista de China lanzó la consigna de un ``frente unido antimperialista´´ con el Kuomintang, pidiendo el ingreso de todos los comunistas, a título individual, en esta organización. Esta posición de colaboracionismo de clases fue resultado de negociaciones secretas entre la URSS y el Kuomintang. En junio de 1923, el Tercer Congreso del PC chino aprobó que sus miembros se unieran al Kuomintang. Al principio, la decisión de someterse a un partido burgués fue mal recibida por el joven partido, incluyendo parte de sus líderes[32]. Pero la fragilidad política y la falta de experiencia de esta oposición la hicieron incapaz de luchar contra las directivas incorrectas y suicidas de la Internacional. Y así, "esta política tuvo las más funestas consecuencias en el movimiento de la clase obrera en China. Mientras el movimiento huelguístico y las manifestaciones ascendían espontánea e impetuosamente, el Partido Comunista, confundido dentro del Kuomintang, era incapaz de orientar a la clase obrera, de mostrar una política de clase clara e independiente, a pesar del heroísmo incontestable de los militantes comunistas y de que estos se encontraban frecuentemente al frente de las luchas obreras. La clase obrera, carente además de organizaciones unitarias para su lucha política del tipo de los consejos, a instancias del propio PCCh depositó erróneamente su confianza en el Kuomintang, es decir en la burguesía"[33].
Podríamos dar muchos más ejemplos de Partidos Comunistas formados en países atrasados, en los que la clase obrera era aún muy débil, y que al ir surgiendo las derrotas se convirtieron rápidamente en organizaciones burguesas. Por ahora lo necesario es enfatizar que la formación de ``partidos de masas´´, tanto en Occidente como en Oriente, fue un factor de agravamiento de las dificultades que empezaba a sufrir el proletariado durante el reflujo de la oleada revolucionaria, haciendo imposible la retirada en buen orden.
En su Tercer Congreso, la IC aprobó la táctica del ``Frente Unido de los Trabajadores´´[34]. Esta táctica suponía el establecimiento de alianzas con organizaciones socialdemócratas, llevando a cabo acciones comunes con demandas similares, con la intención de desenmascarar su papel contrarrevolucionario ante las masas.
Esta orientación fue reafirmada por el Cuarto Congreso y supuso un giro de 180º con respecto al Congreso fundacional, en el que la nueva Internacional anunció su firme intención de luchar contra todas las fuerzas socialdemócratas, llamando a los ``obreros de todos los países a entablar la lucha más enérgica contra la Internacional Amarilla y a preservar a las masas contra esa Internacional de la mentira y la traición´´[35]. ¿Qué fue lo que llevó a la IC, dos años después, a adoptar una actitud aliancista con partidos que se habían convertido en los agentes más efectivos de la contrarrevolución?
¿Habían hecho las paces honorablemente y se habían arrepentido de sus crímenes del pasado? Obviamente, no. Se trata aquí, para variar, de la cuestión de "no aislarse de las masas": "La justificación que daba la IC al Frente Único se basaba principalmente en el hecho de que el reflujo había reforzado la influencia de la socialdemocracia, y que, para luchar contra ella, era necesario mantenerse junto a las masas prisioneras de esta mistificación. Se imponía el trabajo de denuncia de la socialdemocracia mediante alianzas con ella, en el caso de los Partidos Comunistas más fuertes (en Alemania, el PC se pronunció a favor de un frente único proletario y asumió la posibilidad de apoyar un gobierno obrero unificado) o mediante el entrismo en el caso de los partidos más débiles (‘los comunistas británicos deben iniciar una vigorosa campaña para pedir su admisión en el Partido Laborista’, como enuncian las Tesis del Frente Único del Cuarto Congreso)"[36].
Esta línea oportunista fue combatida y denunciada apasionadamente por los grupos de la izquierda de la IC. El KAPD dio comienzo a esta lucha durante el Tercer Congreso para ser expulsado de la IC poco después. La izquierda del PC de Italia les siguió durante el Cuarto Congreso, declarando que el Partido no aceptaría "formar parte de ningún organismo compuesto por diferentes organizaciones políticas… por lo que evitaría firmar declaraciones conjuntas con partidos políticos cuando estas contradijeran su programa y fueran presentadas al proletariado como resultado de negociaciones realizadas con el ánimo de hallar una línea de acción común"[37]. El Grupo Obrero de Miasnikov también rechazó el Frente Único. En su Manifiesto defendieron una posición con respecto a los partidos de la Segunda Internacional que estaba en perfecta conformidad con los intereses de la revolución: "El Frente Único con la Segunda Internacional o la Internacional Dos y Media no puede llevarnos a la victoria de la revolución, solo la guerra contra ellas puede hacerlo. Esta es la consigna de la futura revolución mundial". La historia confirmaría las previsiones y la intransigencia de los grupos de la izquierda. Con el cambio en el equilibrio de fuerzas, la ideología dominante recuperó el terreno perdido en la conciencia de las masas. En estas circunstancias, la función del partido no debía ser seguir a la clase en su error sino defender el programa revolucionario y sus principios. En el periodo de la decadencia del capitalismo, la vuelta a un "programa mínimo", incluso de forma temporal, era ya imposible. Esa fue otra de las lecciones que pudo extraer más tarde la Izquierda Comunista de Italia: "En 1921, los cambios en la situación no alteraron la característica fundamental del periodo, como confirmaron plenamente los sobresaltos revolucionarios de 1923, 1925, 1927 y 1934 (por nombrar solo los más importantes) … este cambio de la situación tendría obvias consecuencias para los Partidos Comunistas. Pero el problema era el siguiente: ¿se imponía modificar radicalmente la política de los Partidos Comunistas o deducir de las circunstancias desfavorables la necesidad de llamar a las masas a unirse en torno a luchas parciales, manteniendo nuestra orientación hacia el desenlace revolucionario[38], una vez que las derrotas sufridas hicieran imposible llamar abiertamente a la insurrección? El Tercer Congreso, el Ejecutivo Ampliado de 1921 y, más abiertamente, el Cuarto Congreso, dieron una respuesta a esta cuestión que fue perjudicial para los intereses de nuestra causa. Nos referimos especialmente a la cuestión del Frente Único"[39].
Como hemos visto, el periodo que media entre el Segundo y el Tercer Congreso estuvo marcado por una significativa penetración del oportunismo en las filas de la Comintern. Se trata de la consecuencia directa de la posición errónea de ``conquistar a las masas´´ al precio de compromisos y concesiones: apoyo a las luchas de liberación nacional, alianzas con los partidos traidores de la Segunda Internacional, participación en los parlamentos y sindicatos, formación de partidos de masas… La IC le estaba dando la espalda a todo lo que había dado fuerzas a las fracciones de izquierda de la Segunda Internacional: la defensa intransigente de los principios y el programa comunista. Esto es precisamente lo que Gorter le señaló a Lenin en 1920: ``Camarada Lenin, usted actúa ahora en el seno de la Internacional de manera muy distinta a no hace mucho, en el Partido Bolchevique. Éste se ha mantenido muy “puro” (y quizá continúe así). Pero ahora habría que admitir en la Internacional, y sobre la marcha, ¡a gentes que son comunistas no digo a medias, sino un cuarto sólo y aún mucho menos! […] La revolución rusa ha triunfado gracias a la “pureza”, gracias al apego a los principios […] Lejos de continuar poniendo en obra en todos los demás países una táctica tan experimentada, y reforzar así desde el interior la Tercera Internacional, se da hoy media vuelta y, al igual que la socialdemocracia no hace mucho, se pasa al oportunismo. Se hace entrar a todo el mundo: los sindicatos, los Independientes (alemanes), los centristas franceses, una fracción del partido laborista inglés´´[40].
El error fundamental de la Internacional Comunista fue considerar que, por mera fuerza de voluntad, era posible ``conquistar´´ a las masas obreras, liberarlas de la influencia de la socialdemocracia, elevar su nivel de conciencia y liderarlas hacia el comunismo.
De aquí nació la política del Frente Único para desenmascarar y denunciar a la socialdemocracia, de entrar en los parlamentos para aprovechar las divisiones entre los partidos burgueses y de trabajar en los sindicatos para traerlos de vuelta al campo proletario y la revolución[41]. Ninguna de estas tentativas trajo los resultados esperados. Muy al contrario, lo único que hicieron fue precipitar la traición de la IC contra el campo proletario. En lugar de elevar la conciencia de clase, esta estrategia sumió a las masas en la confusión y la desorientación, haciéndolas más vulnerables a las trampas de la burguesía. Aunque los grupos de izquierda de la IC nunca consiguieron unirse, todos coincidían en la naturaleza suicida de esta orientación, que vieron como el camino directo a la derrota del movimiento obrero y la muerte de la revolución. Esencialmente, lo que estos grupos defendían era una visión muy diferente de la relación entre el partido y la clase[42]. Al partido no le concierne alimentar las ilusiones de la clase obrera, y menos todavía enredarla con tácticas peligrosas y a medio hacer, sino elevar su nivel de conciencia mediante la defensa de los principios proletarios, asegurándose que no se hace la más mínima concesión en cuanto a los mismos. Esta era verdaderamente la única brújula que podía señalar el camino a la revolución, en un periodo en el que la ola desatada por Octubre de 1917 en Rusia empezaba a mostrar sus primeros signos de retroceso (continuará).
Najek, 16 de junio de 2020
[1] Ver Centenario de la fundación de la Internacional Comunista - ¿Qué lecciones se pueden sacar para las luchas del futuro? https://es.internationalism.org/content/4422/centenario-de-la-fundacion-de-la-internacional-comunista-que-lecciones-se-pueden-sacar [212] 100 años tras la fundación de la Internacional Comunista: ¿qué lecciones podemos extraer para futuros combates? (parte II) https://es.internationalism.org/content/4482/100-anos-tras-la-fundacion-de-la-internacional-comunista-que-lecciones-podemos-extraer [213] La Internacional de la acción revolucionaria de la clase obrera https://es.internationalism.org/content/4435/la-internacional-de-la-accion-revolucionaria-de-la-clase-obrera [214]
[2] Internationalisme nº7, 1945. ``La fracción de izquierda, método de formación del Partido´´, Revista Internacional nº162 https://es.internationalism.org/content/4431/sobre-el-primer-congreso-del-partido-comunista-internacionalista-de-italia [215]
[3] Que tuvo lugar entre el 21 de junio y principios de julio de 1921. Los documentos del tercer congreso pueden encontrarse en https://www.marxists.org/espanol/tematica/internacionales/comintern/index.htm [216]
[4] ``Las enseñanzas del Tercer Congreso de la Internacional Comunista´´ [según marxists.org, este escrito es del 12 de agosto de 1921, no de julio]. La idea de ganarse a la mayoría de la clase obrera, en el contexto de aquel periodo, ya tenía el germen de la idea de conquistar a las masas a expensas de los principios, como queremos mostrar en este artículo. Ver: https://www.marxists.org/espanol/trotsky/eis/1921.ensenanzas3ercongic.pdf [217]
[5] Ver Revolución y contrarrevolución en Italia https://es.internationalism.org/revista-internacional/197504/1941/revolucion-y-contrarrevolucion-en-italia-i [218]
[6] ``La Acción de marzo de 1921: el peligro de la impaciencia pequeñoburguesa´´, Revista Internacional nº 93 https://es.internationalism.org/revista-internacional/199804/1202/ix-la-accion-de-marzo-de-1921-o-el-peligro-de-la-impaciencia-peque [219]
[7] ``Tesis para el informe sobre la táctica del PCR´´, presentado al Tercer Congreso de la IC. Ver https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oc/akal/lenin-oc-tomo-34.pdf [220]
[8] Ver La crisis de la socialdemocracia https://www.marxists.org/espanol/luxem/09El%20folletoJuniusLacrisisdelasocialdemocraciaalemana_0.pdf [221]
[9] Folleto de la CCI ``Nación o Clase [222]´´
[10] Ibíd. El ascenso de China a la categoría de gran potencia imperialista a finales del s. XX no contradice el análisis general: primero, porque ascendió a dicha categoría en las circunstancias específicas de la descomposición capitalista, y segundo, porque su ascenso como Estado altamente militarizado y expansionista no tiene en ningún caso un carácter progresista.
[11] La Revolución Rusa, Rosa Luxemburgo, 1918 https://www.marxists.org/espanol/luxem/11Larevolucionrusa_0.pdf [223] . Ver también la primera parte de nuestro artículo Balance de 70 años de luchas de liberación nacional https://es.internationalism.org/revista-internacional/201707/4221/balance-de-70-anos-de-luchas-de-liberacion-nacional-primera-parte [224]
[12] ``Tesis sobre la cuestión nacional y colonial´´, Segundo Congreso de la IC https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1920s/internacional/congreso2/03.htm [225]
[13] ``Les delégués du premier Congrès des peuples d’Orient (Bakou, 1er-8 septembre 1920)´´ [Los delegados del Primer Congreso de los Pueblos de Oriente] en Cahiers du monde russe et soviétique, vol. 26, nº1, Enero-marzo de 1985, p. 21-42
[14] Ibíd.
[15] ``Los comunistas y la cuestión nacional (parte III)´´, Revista Internacional nº 42
[16] Ibíd.
[17] Ver ``La degeneración de la revolución rusa´´, Revista Internacional nº3 https://es.internationalism.org/revista-internacional/197507/998/la-degeneracion-de-la-revolucion-rusa [226]
[18] Ver La cuestión china y la Internacional (1920-1940) - La Izquierda comunista contra la traición de la Internacional comunista https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1179/la-cuestion-china-y-la-internacional-1920-1940-la-izquierda-comuni [227]
[19] ``Los comunistas y la cuestión nacional (parte III)´´, Revista Internacional nº42
[20] Centenario de la fundación de la Internacional Comunista - ¿Qué lecciones se pueden sacar para las luchas del futuro? [212]
[21] ``Tesis sobre la táctica [228]´´, Tercer Congreso de la IC
[22] ``Los partidos de la Internacional Comunista se convertirán en partidos de masas revolucionarios si saben vencer al oportunismo, sus supervivencias y sus tradiciones en sus propias filas, tratando de vincularse estrechamente con las masas obreras combatientes, deduciendo sus objetivos de las luchas prácticas del proletariado, rechazando en el curso de esas luchas tanto la política oportunista del allanamiento de los antagonismos insuperables como las frases revolucionarias que impiden distinguir la relación real de fuerzas y las verdaderas dificultades del combate´´ (Ibíd.)
[23] ``Las tareas fundamentales de la Internacional Comunista [228]´´, Segundo Congreso de la IC, julio de 1920
[24] Ibíd.
[25] Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, la mayor parte del cual no había roto con el reformismo y, de hecho, rechazaba la dictadura del proletariado y su organización en los consejos obreros.
[27] Para más detalles, leer nuestro folleto ya mencionado sobre la historia del PCF
[28] ``En marge d’un anniversaire´´, Bilan nº4, febrero de 1934
[29] ``Histoire de l’Internationale Communiste, 1919-1943´´, Pierre Broué, Fayard, 1997
[30] Aunque hay que anotar que Roy no estaba de acuerdo con esta táctica
[31] Óp. cit Histoire de l’Internationale Communiste
[32] Uno de los miembros fundadores del partido, Chen Duxiu, escribió una brillante crítica contra esta orientación: ``La razón principal de nuestro rechazo era esta: entrar en el Kuomintang traería la confusión a la organización de clase, obstruyendo nuestra política y subordinándola a la del Kuomintang. El delegado de la IC nos dijo, literalmente: ‘el periodo presente demanda que los comunistas hagamos de botones para el Kuomintang’. Y justo desde ese momento, el partido dejó de pertenecer al proletariado. Se transformó en la extrema izquierda de la burguesía y empezó a caer en el oportunismo´´ (Chen Duxiu, ``Carta a todos los camaradas del PC chino´´, 10 de diciembre de 1929, en Broué, óp. Cit.
[34] La ``carta abierta´´ del 7 de enero de 1921 que mandó la Central del KPD a otras organizaciones (SPD, USPD, KAPD) llamando a la acción de masas común de cara a futuras luchas, fue una de las premisas de esta táctica.
[35] ``Resolución sobre la posición respecto a las corrientes socialistas y la Conferencia de Berna´´, Primer Congreso de la IC https://www.marxists.org/espanol/tematica/internacionales/comintern/1919/5_iii.htm [231]
[36] ``Front unique, Front anti-prolétarien´´, Révolution Internationale 45, enero de 1978
[37] Intervención de la delegación del PC de Italia durante el Cuarto Congreso de la Comintern, de nuestro libro La izquierda comunista de Italia cuya versión en español puede solicitarse a nuestra dirección de correo: [email protected] [202]
[38] Dado que las condiciones para la extensión de la revolución eran cada vez menos favorables, habría sido más acertado hablar de ``luchas parciales… orientadas a una perspectiva revolucionaria´´
[39] Bilan, abril de 1934
[40] ``Carta abierta al camarada Lenin [232]´´, Herman Gorter (1920)
[41] La cuestión sindical ya fue analizada en la primera parte de esta serie de artículos, por lo que no volveremos a tratarla. Recordemos, no obstante, que mientras el Primer Congreso había señalado la bancarrota de los sindicatos tanto como la de la socialdemocracia (aunque el debate sobre la naturaleza de clase de los sindicatos durante los primeros años de la Primera Guerra Mundial no llegó a una conclusión), la IC se desdijo y llamó a la regeneración de los sindicatos, a luchar en su interior por la expulsión de los jefes y ganarse así a las masas para el comunismo. Esta ilusa táctica fue propuesta por el Tercer Congreso, que llamó a formar la Internacional Sindical Roja. Encontró la oposición de algunos grupos de izquierda (en especial de la izquierda alemana) que consideraban, correctamente, que los sindicatos habían dejado de ser órganos de lucha proletaria.
[42] A pesar de que buena parte de la Izquierda Germano-holandesa evolucionara más tarde a la negación de la necesidad del partido, formando la corriente consejista.
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"Las luces brillantes, la gran ciudad, se han subido a la cabeza de mi bebé" –Canción de Jimmy y Mary Reed, 1961
Este artículo se escribe en medio de la crisis mundial del Covid-19, una asombrosa confirmación de que estamos viviendo la fase terminal de la decadencia capitalista. La pandemia, que es producto de la relación profundamente distorsionada entre la humanidad y el mundo natural bajo el reinado del capital, pone de relieve el problema de la urbanización capitalista que los revolucionarios anteriores, en particular Engels y Bordiga, han analizado con cierta profundidad. Aunque hemos examinado sus contribuciones sobre esta cuestión en artículos anteriores de esta serie[[1]], parece oportuno, volver a plantear la cuestión. También nos acercamos al 50 aniversario de la muerte de Bordiga, en julio de 1970, por lo que el artículo también puede servir como parte de nuestro homenaje a un comunista cuyo trabajo valoramos mucho, a pesar de nuestros desacuerdos con muchas de sus ideas. Con este artículo, comenzamos un nuevo "volumen" de la serie sobre el comunismo, específicamente dirigido a examinar las posibilidades y problemas de la revolución proletaria en la fase de descomposición capitalista.
En una parte anterior de esta serie, publicamos varios artículos en los cuales se analizaba la manera en que los partidos comunistas surgidos durante la gran oleada revolucionaria de 1917-23 habían tratado de llevar el programa comunista de lo abstracto a lo concreto -para formular una serie de medidas que debían tomar los consejos obreros en el proceso de toma del poder de las manos de la clase capitalista[[2]]. Y pensamos que sigue siendo perfectamente válido que los revolucionarios se planteen la pregunta: ¿Cuáles serían los fundamentos del programa que la organización comunista del futuro -el partido mundial- se vería obligada a presentar en un auténtico auge revolucionario? ¿Cuáles serían las tareas más urgentes a las que se enfrentaría la clase obrera cuando se dirige hacia la toma del poder político a escala mundial? ¿Cuáles serían las medidas clave (políticas, económicas y sociales) a ser implementadas por la dictadura del proletariado, que sigue siendo la condición política previa necesaria para la construcción de una sociedad comunista?
Los movimientos revolucionarios de 1917-23, como la guerra imperialista mundial que los impulsó, fueron una prueba clara de que el capitalismo había entrado en su "época de revolución social", de decadencia[3]. En adelante, el progreso e incluso la supervivencia de la humanidad se verían cada vez más amenazados a menos que se superara la relación social capitalista a escala mundial. En este sentido, los objetivos fundamentales de una futura revolución proletaria, están en plena continuidad con los programas que se plantearon al inicio del período de decadencia. Pero este período ha durado ya más de un siglo y, desde nuestro punto de vista, las contradicciones acumuladas durante este siglo han abierto una fase terminal de la decadencia capitalista, la fase que llamamos de descomposición, en la que la continuación del sistema capitalista contiene el creciente peligro de que se socaven las condiciones mismas para una futura sociedad comunista[4]. Esto es particularmente evidente a nivel "ecológico": en 1917-23, los problemas planteados por la contaminación y la destrucción del medio ambiente natural estaban mucho menos desarrollados que en la actualidad. El capitalismo ha distorsionado tanto el "intercambio metabólico" entre el hombre y la naturaleza, que, como mínimo, una revolución victoriosa tendría que dedicar una enorme cantidad de recursos humanos y técnicos simplemente para limpiar el desorden que el capitalismo nos habrá legado. Del mismo modo, todo el proceso de descomposición, que ha exacerbado la tendencia a la atomización social, a la actitud del "cada uno para sí" inherente a la sociedad capitalista, dejará una huella muy perjudicial en los seres humanos que tendrán que construir una nueva comunidad basada en la asociación y la solidaridad. También hay que recordar una lección de la Revolución Rusa: dada la certeza de que la burguesía resistirá con todas sus fuerzas frente a la revolución proletaria, la victoria de ésta implicará una guerra civil que podría causar daños incalculables, no sólo en términos de vidas humanas y mayor destrucción ecológica, sino también a nivel de conciencia, ya que el terreno militar no es en absoluto el más propicio para el florecimiento de la auto organización, la conciencia y la moral proletaria. En Rusia en 1920, el Estado soviético salió victorioso en la guerra civil, pero el proletariado había perdido en gran medida el control sobre él. Así pues, al tratar de comprender los problemas de la sociedad comunista "tal como surge de la sociedad capitalista; que por lo tanto, en todos los aspectos: económico, moral e intelectual, todavía está estampada con las marcas de nacimiento de la vieja sociedad de cuyo vientre surge”[[5]], debemos reconocer que estas marcas de nacimiento serán probablemente mucho más feas y potencialmente más dañinas que en los días de Marx e incluso de Lenin. Así, las primeras fases del comunismo no serán un idílico despertar en una mañana de mayo, sino un largo e intenso trabajo de reconstrucción a partir de las ruinas. Este reconocimiento deberá pasar por nuestra comprensión de todas las tareas del período de transición, aunque sigamos basando nuestras anticipaciones del futuro en la convicción de que el proletariado puede efectivamente llevar a cabo su misión revolucionaria, a pesar de todo.
A lo largo de esta extensa serie, hemos tratado de entender el desarrollo del proyecto comunista como el fruto de la experiencia histórica real de la lucha de clases y de la reflexión sobre esa experiencia por parte de las minorías más conscientes del proletariado. Y en este artículo queremos proceder con este método histórico, intentando elaborar una versión actualizada de los "programas inmediatos" de 1917-23, que, a su vez, se ha convertido en parte de la historia del movimiento comunista. Nos referimos al texto escrito por Amadeo Bordiga en 1953 y publicado en Sul Filo del Tempo, "El programa inmediato de la revolución", que ya hemos mencionado en un artículo anterior de esta serie[[6]] con la promesa de volver a él con más detalle. En nuestra opinión, es esencial que cualquier intento futuro de formular un "programa inmediato" de este tipo se base en los puntos fuertes de estos esfuerzos anteriores, a la vez que se critican radicalmente sus debilidades. El texto completo, que tiene el mérito de ser muy sucinto, es el que sigue.
1. Con el resurgimiento del movimiento que se produjo a escala mundial después de la Primera Guerra Mundial y que se expresó en Italia con la fundación del PCI, quedó claro que la cuestión más apremiante era la toma del poder político, el cual el proletariado no podía lograr por medios legales, sino a través de la violencia; que la mejor oportunidad para alcanzar ese fin era la derrota militar del propio país, y que la forma política después de la victoria, debía ser la dictadura del proletariado, que, a su vez, es la primera condición previa para la siguiente tarea de derrocamiento socioeconómico.
2. El "Manifiesto Comunista" señaló claramente que las diferentes medidas deben ser tomadas lo más gradualmente posible y "despóticamente" -porque el camino hacia el comunismo completo es muy largo- en dependencia del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas en el país en el que el proletariado alcance primero la victoria, y de acuerdo con la rapidez con que esta victoria se extienda a otros países. Designa las medidas que en 1848 estaban a la orden del día para los países avanzados y subraya que no deben tratarse como un socialismo completo sino como pasos que deben identificarse como preliminares, inmediatos y esencialmente "contradictorios".
3. Más tarde, en algunos países, muchas de las medidas consideradas en ese momento como las de la dictadura proletaria fueron aplicadas por la propia burguesía: por ejemplo, la educación pública gratuita, un banco nacional, etc.
Este fue uno de los aspectos que engañó a quienes no seguían una teoría fija, sino creían que se requería un desarrollo ulterior perpetuo como resultado del cambio histórico.
El hecho de que la propia burguesía haya tomado estas medidas específicas, no significa que las leyes y predicciones exactas sobre la transición del modo de producción capitalista al socialista tengan que ser cambiadas en toda su configuración económica, política y social; sólo significa que las primeras etapas postrevolucionarias, las etapas inferiores y la etapa superior final del socialismo (o comunismo total) son todavía períodos precedentes, lo que significa que la economía de transición será algo más fácil.
1. El rasgo distintivo del oportunismo clásico era hacer creer que el Estado democrático burgués podía llevar a cabo todas estas medidas de principio a fin si sólo el proletariado ejercía suficiente presión, y que incluso era posible llevarlas a cabo de manera legal. Sin embargo, estas diversas "correcciones" -en la medida en que eran compatibles con el modo de producción capitalista- fueron en ese caso en interés de la supervivencia del capitalismo, y su aplicación sirvió para posponer su colapso, mientras que las que no eran compatibles naturalmente no se aplicaron.
2. Con su fórmula de una democracia popular cada vez más desarrollada, en el contexto de la constitución parlamentaria, el oportunismo contemporáneo ha asumido un deber diferente y más malvado.
No sólo hace creer al proletariado que un Estado que se sitúa por encima de las clases y los partidos es capaz de llevar a cabo algunas de sus propias tareas fundamentales (es decir, difunde el derrotismo con respecto a la dictadura, como la socialdemocracia antes de esta), despliega a las masas que organiza en luchas por acuerdos sociales "democráticos y progresistas", en oposición diametral a los que el poder proletario se ha fijado como objetivo desde 1848 y en el "Manifiesto".
1. Nada ilustra mejor la magnitud total de este retroceso que una lista de las medidas a tomar tras la toma del poder en un país del Occidente capitalista. Después de un siglo estas "correcciones" son diferentes de las enumeradas en el "Manifiesto", sin embargo sus características son las mismas.
2. Una lista de estas demandas se ve así:
1. "Desinversión de capital": se asigna a los medios de producción una proporción menor en relación con los bienes de consumo.
2. "Aumento de los costos de producción" de tal manera que -mientras existan los salarios, el dinero y el mercado- se intercambie más remuneración por menos tiempo de trabajo.
3. "Reducción drástica del tiempo de trabajo" -por lo menos a la mitad, ya que el desempleo y las actividades socialmente inútiles y perjudiciales pronto serán cosas del pasado.
4. Una reducción de la masa de lo producido mediante un "plan de subproducción", es decir, la concentración de la producción en lo necesario, así como una "regulación autoritaria del consumo" mediante la cual se combate la promoción de bienes de consumo inútiles, perjudiciales y de lujo y se prohíben violentamente las actividades que propagan una mentalidad reaccionaria.
5. Rápida "disolución de los límites de la empresa" por la que las decisiones sobre la producción no se asignan a la fuerza de trabajo, sino que el nuevo plan de consumo determina lo que se debe producir.
6. "Rápida abolición de los servicios sociales", en virtud de la cual las limosnas de caridad características de la producción de mercancías se sustituyen por una provisión social (mínima inicial) para los incapacitados para trabajar.
7. "Congelación de la construcción" en los anillos de viviendas y lugares de trabajo en torno a las ciudades grandes y pequeñas a fin de que la población se distribuya cada vez más equitativamente en toda la superficie terrestre del país. Con la prohibición del transporte innecesario, la limitación del tráfico y la velocidad del transporte.
8. "Una lucha decisiva contra la especialización profesional" y la división social del trabajo mediante la eliminación de toda posibilidad de hacer carrera o de obtener un título.
9. Medidas inmediatas políticamente determinadas para poner las escuelas, la prensa, todos los medios de comunicación e información, así como todo el espectro de la cultura y el entretenimiento bajo el control del Estado comunista.
2. No es de extrañar que los estalinistas y sus afines, junto con sus partidos en Occidente, exijan hoy precisamente lo contrario, no sólo en lo que respecta a los objetivos "institucionales" y también político-jurídicos, sino incluso en lo que respecta a los objetivos "estructurales", es decir, socioeconómicos.
La causa de ello es su coordinación con el partido que preside el Estado ruso y sus países hermanos, donde la tarea de la transformación social sigue siendo la de la transición de las formas pre capitalistas al capitalismo: Con todas las correspondientes demandas y pretensiones ideológicas, políticas, sociales y económicas en su equipaje, apuntando hacia un cénit burgués; se alejan con horror solamente de un nadir medieval.
Sus compinches occidentales siguen siendo nauseabundos renegados en la medida en que el peligro feudal (que sigue siendo material y real en las zonas insurgentes de Asia) es inexistente y falso en lo que respecta al hinchado supercapitalismo del otro lado del Atlántico, y para los proletarios que se estancan bajo su nervio civilizado, liberal y nacionalista es una mentira.
El texto fue publicado el año siguiente a la escisión del Partido Comunista Internacionalista que se había formado en Italia durante la guerra tras una importante oleada de luchas obreras[[7]]. Sin embargo, la escisión -como la disolución del grupo de Marc, la Gauche Communiste de France, que también tuvo lugar en 1952- fue una expresión del hecho de que, en contra de las esperanzas de muchos revolucionarios, la guerra no había dado lugar a un nuevo auge proletario sino a la profundización de la contrarrevolución. Los desacuerdos entre los "Damenistas" y los "Bordiguistas" del Partito Comunista Internazionalista de Italia se debieron en parte a las diferentes apreciaciones del período de posguerra. Bordiga y sus seguidores tendían a comprender mejor el hecho de que el período era de creciente reacción[[8]]. Y sin embargo, aquí tenemos a Bordiga formulando una lista de demandas que serían más adecuadas para un momento de lucha revolucionaria abierta. Este texto aparece así, más como una especie de experimento de pensamiento que como una plataforma para ser tomada por un movimiento de masas. Esto podría explicar, en cierta medida, algunas de las debilidades y lagunas más evidentes del documento, aunque en un sentido más profundo son el producto de contradicciones e inconsistencias que ya estaban incrustadas en la visión del mundo de los Bordiguistas.
Leyendo las observaciones que introducen y concluyen el texto, también podemos ver que fue escrito como parte de una polémica más amplia contra lo que los bordiguistas describen como las corrientes "reformistas"; en particular los estalinistas, esos falsos herederos de la tradición de Marx, Engels y Lenin. La principal razón por la que los bordiguistas calificaron a los partidos comunistas oficiales como reformistas no fue tanto que compartieran las ilusiones de los trotskistas, de que éstos seguían siendo organizaciones obreras, sino más bien porque los estalinistas se habían vuelto cada vez más partidarios de formar frentes nacionales con los partidos burgueses tradicionales y abogaban por una "transición" gradual al socialismo mediante la formación de "democracias populares" y diversas coaliciones parlamentarias. Contra estas aberraciones, Bordiga reafirma los fundamentos del Manifiesto Comunista que toma como punto de partida la necesidad de la conquista violenta del poder por el proletariado (en retrospectiva, también podemos señalar aquí el abismo que separa a Bordiga de muchos que "hablan en su nombre", en particular las corrientes de "comunización" que a menudo citan a Bordiga pero que se atragantan ante su insistencia en la necesidad de la dictadura proletaria y de un partido comunista). Al mismo tiempo, aún con la vista puesta en los estalinistas, Bordiga deja claro que aunque las medidas "transitorias" específicas defendidas al final del segundo capítulo del Manifiesto de 1848 -el creciente impuesto progresivo sobre la renta, la formación de un banco estatal, el control estatal de las comunicaciones y las industrias clave, etc.- pueden constituir la espina dorsal del programa económico de los "reformistas", no deben considerarse como verdades eternas: el propio Manifiesto subrayaba que "no deben tratarse como un socialismo completo, sino como pasos que deben identificarse como preliminares, inmediatos y esencialmente contradictorios", y que correspondían al bajo nivel de desarrollo capitalista en el momento de su elaboración; y de hecho bastantes de ellos ya han sido implementados por la propia burguesía.
Se le podría perdonar que tome esto como una refutación de la invariabilidad, la idea de que el programa comunista ha permanecido esencialmente inalterado desde al menos 1848. De hecho, Bordiga castiga a los estalinistas porque ellos "no seguían una teoría fija, sino que creían que se requería un desarrollo ulterior perpetuo como resultado del cambio histórico". Y de nuevo, argumenta que sus "correcciones" propuestas para el programa inmediato "son diferentes de las enumeradas en el 'Manifiesto'; sin embargo, sus características son las mismas". Encontramos esto contradictorio y no convincente. Si bien es cierto que ciertos elementos clave del programa comunista, como la necesidad de la dictadura proletaria, no cambian, la experiencia histórica ha aportado, en efecto, profundos desarrollos en la comprensión de cómo puede surgir esta dictadura y las formas políticas que la compondrán. Esto no tiene nada que ver con el "revisionismo" de los socialdemócratas, los estalinistas u otros que pueden haber usado la excusa de "cambiar con los tiempos" para justificar su deserción del campo proletario.
Examinando las "correcciones" de Bordiga a las medidas propuestas por el Manifiesto, también se le podría perdonar que sólo viera sus debilidades, principalmente:
Sin embargo, el documento conserva un interés considerable para nosotros al tratar de comprender cuáles serían los principales problemas y prioridades de una revolución comunista que tendría lugar no en los albores de la decadencia del capitalismo, como en 1917-23, sino después de todo un siglo en el que el deslizamiento hacia la barbarie ha seguido acelerándose, y la amenaza para la supervivencia misma de la humanidad es mucho mayor que hace cien años.
El documento de Bordiga no intenta hacer un balance de los éxitos y fracasos de la Revolución Rusa a nivel político, y de hecho sólo hace una referencia superficial a la oleada revolucionaria que siguió a la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, en un aspecto, trata de aplicar una importante lección de las políticas económicas adoptadas por los bolcheviques: las propuestas de Bordiga son pertinentes porque reconocen que el camino hacia la abundancia material y una sociedad sin clases no puede basarse en un programa de "acumulación socialista", en el que el consumo sigue estando sujeto a la "producción por la producción" (que en realidad es la producción por el valor), el trabajo vivo sujeto al trabajo muerto. Sin duda, la revolución comunista se ha convertido en una necesidad histórica porque las relaciones sociales capitalistas se han convertido en un grillete para el desarrollo de las fuerzas productivas. Pero desde el punto de vista comunista, el desarrollo de las fuerzas productivas tiene un contenido muy diferente de su aplicación en la sociedad capitalista, donde está impulsado por el afán de lucro y, por tanto, la urgencia de la acumulación. El comunismo ciertamente aprovechará plenamente los avances científicos y tecnológicos logrados bajo el capitalismo, pero los volcará al uso humano, para que se conviertan en servidores del verdadero "desarrollo" que plantea el comunismo: el pleno florecimiento de las fuerzas productivas, es decir, las fuerzas creativas de los individuos asociados. Un ejemplo bastará aquí: con el desarrollo de la informática y la robotización, el capitalismo nos ha prometido el fin de la monotonía y una "sociedad del ocio". En realidad, estos potenciales beneficios han traído la miseria del desempleo o el trabajo precario a algunos, y una mayor carga de trabajo a otros, con la creciente presión sobre los empleados para seguir trabajando en sus computadoras en cualquier lugar y a cualquier hora del día.
Concretamente, los primeros cuatro puntos de su programa incluyen: la exigencia de dejar de centrarse en la producción de máquinas para producir más máquinas, y la orientación de la producción hacia el consumo directo. En el capitalismo, por supuesto, esto último ha significado la producción de cada vez más "bienes de consumo inútiles, perjudiciales y lujosos", lo que se ejemplifica hoy en día en la producción de computadoras o teléfonos móviles cada vez más sofisticados que están diseñados para fallar después de un período limitado y no pueden ser reparados, o en las industrias inmensamente contaminantes del automóvil y la moda rápida, en las que la "demanda de los consumidores" es llevada al punto de frenesí por la publicidad y los medios sociales de información. Para la clase trabajadora en el poder, la reorientación del consumo se centrará en la necesidad urgente de proporcionar a todos los seres humanos, en todo el planeta, las necesidades fundamentales de la vida. Tendremos que volver a estas cuestiones en otros artículos pero podemos mencionar algunas de las más obvias:
Pero al mismo tiempo, estas tareas realmente inmensas, que no son más que el punto de partida de una nueva cultura humana, no se pueden concebir como el resultado de un aumento brutal de la jornada laboral. Por el contrario, deben ir ligadas a una drástica reducción del tiempo de trabajo, sin la cual, hay que añadir, la participación directa de los productores en la vida política de las asambleas generales y consejos no será factible. Y esta reducción se logrará en gran medida mediante la eliminación del despilfarro: el despilfarro del desempleo y de "actividades socialmente inútiles y perjudiciales".
Ya en los inicios del capitalismo, en un discurso en Elberfeld en 1845, Engels estigmatizó la forma en que el capitalismo no podía evitar un terrible mal uso de la energía humana e insistió en que sólo una transformación comunista podía resolver el problema.
"Desde el punto de vista económico, la actual organización de la sociedad es seguramente la más irracional y poco práctica que podemos concebir. La oposición de intereses tiene como resultado que una gran cantidad de la fuerza de trabajo sea utilizada de manera que la sociedad no gane nada, y que una cantidad sustancial de capital se pierda innecesariamente sin reproducirse. Ya lo vemos en las crisis comerciales; vemos cómo masas de mercancías, todas ellas producidas por los hombres con gran esfuerzo, se tiran a precios que causan pérdidas a los vendedores; vemos cómo masas de capital, acumuladas con gran esfuerzo, desaparecen ante los ojos de sus propietarios como resultado de las quiebras. Sin embargo, discutamos el comercio actual con un poco más de detalle. Consideren a través de cuántas manos debe pasar cada producto antes de que llegue al consumidor real. Consideren, caballeros, ¡cuántos intermediarios, especuladores superfluos y estafadores se han metido entre el productor y el consumidor! Tomemos, por ejemplo, un fardo de algodón producido en América del Norte. La bala pasa de las manos del plantador a las del agente en alguna estación del Mississippi y viaja por el río hasta Nueva Orleans. Aquí se vende -por segunda vez, porque el agente ya lo ha comprado al plantador- vendido, bien podría ser, al especulador, que lo vende una vez más, al exportador. La bala viaja ahora a Liverpool donde, una vez más, un especulador codicioso extiende sus manos hacia ella y la agarra. Este hombre la cambia entonces a un comisionista que, asumamos, es un comprador de una casa alemana. Así pues, la bala viaja a Rotterdam, a orillas del Rin, a través de otra docena de manos de transportistas, siendo descargada y cargada una docena de veces, y sólo entonces llega a las manos, no del consumidor, sino del fabricante, que primero la convierte en un artículo de consumo, y que tal vez vende su hilo a un tejedor, que dispone lo que ha tejido al impresor textil, que luego hace negocios con el mayorista, que luego trata con el minorista, que finalmente vende la mercancía al consumidor. Y todos esos millones de estafadores intermediarios, especuladores, agentes, exportadores, comisionistas, transportistas, mayoristas y minoristas, que en realidad no aportan nada al producto en sí -todos quieren vivir y obtener ganancias- y también lo hacen, en promedio, de lo contrario no podrían subsistir. Caballeros, ¿no hay otra forma más sencilla y barata de traer una bala de algodón de América a Alemania y de hacer llegar el producto fabricado con ella a las manos del verdadero consumidor, que este complicado negocio de diez veces vender y cien veces cargar, descargar y transportar de un almacén a otro? ¿No es éste un ejemplo sorprendente del múltiple desperdicio de la fuerza de trabajo provocado por la divergencia de intereses? Tal forma tan complicada de transporte está fuera de discusión en una sociedad racionalmente organizada. Siguiendo nuestro ejemplo, así como se puede saber fácilmente cuánto algodón o productos manufacturados de algodón necesita una colonia individual, será igualmente fácil para la autoridad central determinar cuánto necesitan todas las aldeas y municipios del país. Una vez elaboradas esas estadísticas -lo que puede hacerse fácilmente en uno o dos años- el consumo medio anual sólo cambiará en proporción al aumento de la población; por lo tanto, en el momento oportuno es fácil determinar de antemano la cantidad de cada artículo concreto que la gente necesitará; toda la gran cantidad se pedirá directamente a la fuente de suministro; será entonces posible adquirirlo directamente, sin intermediarios, sin más demora y descarga de lo que realmente requiere la naturaleza del viaje, es decir, con un gran ahorro de mano de obra; no será necesario pagar a los especuladores, a los comerciantes grandes y pequeños, su rastrillaje. Pero esto no es todo -de esta manera estos intermediarios no sólo se hacen inofensivos para la sociedad, sino que, de hecho, se hacen útiles para ella. Mientras que ahora realizan en perjuicio de todos los demás un tipo de trabajo que es, en el mejor de los casos, superfluo pero que, sin embargo, les permite ganarse la vida, incluso en muchos casos con grandes riquezas, y si, por lo tanto, en la actualidad perjudican directamente el bien común, quedarán entonces en libertad para realizar un trabajo útil y asumir una ocupación en la que puedan demostrar que son miembros reales, y no meramente aparentes, falsos miembros, de la sociedad humana, y participantes en su actividad como conjunto”[[11]].
Engels enumera a continuación otros ejemplos de este despilfarro: la necesidad, en una sociedad basada en la competencia y la desigualdad, de mantener instituciones sumamente costosas pero totalmente improductivas, como los ejércitos permanentes, las fuerzas de policía y las prisiones; el trabajo humano que se dedica a servir lo que William Morris denominó "el sucio lujo de los ricos"; y por último, pero no por ello menos importante, el enorme despilfarro de mano de obra que genera el desempleo, que alcanza niveles particularmente escandalosos durante las periódicas crisis "comerciales" del sistema. A continuación, contrasta el derroche del capitalismo con la simplicidad esencial de la producción y distribución comunista, que se calcula sobre la base de lo que los seres humanos necesitan y el tiempo total necesario para el trabajo que satisfará esta necesidad.
Todos estos sufrimientos capitalistas, observables durante el período de crecimiento y expansión del capitalismo, se han vuelto mucho más destructivos y peligrosos durante la época de decadencia del capitalismo: la guerra y el militarismo se han apoderado cada vez más de todo el aparato económico, y constituyen una amenaza tan grande para la humanidad que ciertamente es una de las prioridades más urgentes que enfrentará la dictadura proletaria (una que Bordiga no menciona, aunque la "era atómica" ya había aparecido claramente en el momento de escribir este texto) será librar al planeta de las armas de destrucción masiva acumuladas por el capitalismo, sobre todo porque no hay garantía de que, ante su derrocamiento definitivo por la clase obrera, la burguesía o facciones de ella prefieran destruir a la humanidad que sacrificar su dominio de clase.
Un capitalismo militarizado también sólo puede operar a través del crecimiento canceroso del Estado, con su propio ejército permanente de burócratas, policías y espías. Los servicios de seguridad, en particular, se han hinchado hasta alcanzar proporciones gigantescas, al igual que su contra imagen, las bandas mafiosas que imponen su orden brutal en muchos países de la periferia capitalista.
Del mismo modo, la decadencia capitalista, con su vasto aparato bancario, financiero y publicitario, que es más esencial que nunca para la circulación de las mercancías realmente producidas, ha inflado enormemente el número de personas que participan en formas fundamentalmente inútiles de la actividad diaria; y las sucesivas olas de "globalización" han hecho aún más evidentes los absurdos que implica la circulación planetaria de mercancías, por no hablar de su creciente coste a nivel ecológico. Y la cantidad de trabajo dedicado a las demandas de lo que hoy se llama "super ricos" no es menos chocante que en los tiempos de Engels -no sólo en su inagotable necesidad de sirvientes sino también en su sed de lujos verdaderamente inútiles como jets privados, yates y palacios. Y en el polo opuesto, en una época en la que la crisis económica del sistema ha tendido a hacerse permanente, el desempleo es menos un azote cíclico que permanente, incluso cuando se disfraza a través de la proliferación de empleos a corto plazo y del subempleo. En el llamado tercer mundo, la destrucción de las economías tradicionales ha dado lugar a algunas zonas de desarrollo capitalista intensivo, pero también ha creado un gigantesco "subproletariado" que vive la existencia más precaria como habitantes de chabolas en las poblaciones de África o las "favelas" de Brasil y toda América Latina.
Así, Bordiga -aunque no era coherente en su comprensión de la decadencia del sistema- había comprendido que la implementación del programa comunista en esta época no significa avanzar hacia la abundancia a través de un proceso muy rápido de industrialización, como los bolcheviques habían tendido a suponer, dadas las condiciones "atrasadas" que se enfrentaban en Rusia después de 1917. Ciertamente, requerirá el desarrollo y la aplicación de las tecnologías más avanzadas, pero inicialmente tomará la forma de un desmantelamiento planificado de todo lo que es dañino e inútil en el aparato de producción existente, y una reorganización mundial de los recursos humanos reales que el capitalismo continuamente despilfarra y destruye.
El movimiento comunista de hoy -aunque haya tardado en reconocer la magnitud del problema- no puede ayudar sin ser consciente del costo ecológico del desarrollo capitalista en el siglo pasado, y sobre todo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Para nosotros es más evidente que para los bolcheviques, que no podemos llegar al comunismo a través de los métodos de la industrialización capitalista, que sacrifican tanto la fuerza de trabajo humana, como la riqueza natural a las exigencias de la ganancia, al ídolo del valor auto expandido. Ahora entendemos que una de las principales tareas que enfrenta el proletariado, es la de detener la amenaza de un calentamiento global galopante y aclarar el gigantesco desorden que el capitalismo nos habrá legado: la destrucción gratuita de los bosques y las tierras vírgenes, el envenenamiento del aire, la tierra y el agua por el sistema de producción y transporte existente. Algunas partes de esta "herencia" requerirán muchos años de paciente investigación y trabajo para superar la contaminación de los mares y la cadena alimenticia por los residuos plásticos, que es sólo un ejemplo. Y como ya hemos mencionado, la satisfacción de las necesidades más básicas de la población mundial (alimentación, vivienda, salud, etc.) tendrá que ser coherente con este proyecto global de armonización entre el hombre y la naturaleza.
El mérito de Bordiga es que ya tomó conciencia de este problema a principios de los años 50: su intuición de lo central de esta dimensión se muestra sobre todo en su posición sobre el problema de las "grandes ciudades", que está plenamente en consonancia con el pensamiento de Marx y especialmente de Engels.
La ciudad y la civilización derivan de las mismas raíces, histórica y etimológicamente. A veces el término "civilización" se extiende de nuevo para incluir la totalidad de la cultura y la moral humana[[12]]; en este sentido los cazadores-recolectores de Australia o África también constituyen una civilización. Pero no hay duda de que la transición a la vida en las ciudades, que es la definición de civilización más utilizada, representó un desarrollo cualitativo en la historia de la humanidad: un factor de avance de la cultura y de registro de la propia historia, pero también los comienzos definitivos de la explotación de las clases y del Estado. Incluso antes del capitalismo, como muestra Weber, la ciudad es también inseparable del comercio y la economía del dinero[[13]]. Pero la burguesía es la clase urbana por excelencia, y las ciudades medievales se convirtieron en los centros de resistencia a la hegemonía de la aristocracia feudal, cuya riqueza se basaba sobre todo en la propiedad de la tierra y la explotación de los campesinos. El proletariado moderno no es menos que una clase urbana, formada a partir de la expropiación de los campesinos y la ruina de los artesanos. Conducida a las zonas conurbanas construidas apresuradamente de Manchester, Glasgow o París; fue aquí donde la clase obrera se dio cuenta por primera vez de que era una clase distinta, opuesta a la burguesía, y comenzó a concebir un mundo más allá del capitalismo.
En el plano de la relación del hombre con la naturaleza, la ciudad presenta el mismo aspecto dual: el centro del desarrollo científico y tecnológico, abriendo el potencial de liberación de la escasez y la enfermedad. Pero este creciente "dominio de la naturaleza", que tiene lugar en condiciones de alienación del hombre de sí mismo y de la naturaleza, es también inseparable de la destrucción de la naturaleza y de una serie de catástrofes ecológicas. Así, la decadencia de las culturas de las ciudades sumerias o mayas se ha explicado como el resultado de que la ciudad se extralimitó, agotando el medio circundante de bosques y agricultura, cuyo colapso asestaba terribles golpes a la arrogancia de las civilizaciones que habían empezado a olvidar su íntima dependencia de la naturaleza. Así también las ciudades, en la medida en que presionaron a los seres humanos a juntarse como sardinas, no lograron resolver el problema básico de la eliminación de residuos, e invirtieron las relaciones seculares entre los seres humanos y los animales, se convirtieron en el caldo de cultivo de plagas como la Peste Negra en el período de decadencia feudal o el cólera y el tifus que asolaron las ciudades industriales del capitalismo temprano. Pero, de nuevo, hay que considerar el otro lado de la dialéctica: la burguesía en ascenso fue capaz de entender que las enfermedades que atacan a sus esclavos asalariados también podían llegar a las puertas de los capitalistas y socavar todo su edificio económico. De este modo, pudo comenzar y llevar a cabo asombrosas proezas de ingeniería en la construcción de sistemas de alcantarillado que siguen funcionando hoy en día, mientras que se aplicaron conocimientos médicos en rápida evolución para la eliminación de formas de enfermedad hasta ahora crónicas.
En la obra de Federico Engels en particular, podemos encontrar los elementos fundamentales para una historia de la ciudad desde un punto de vista proletario. En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, traza la disolución de las antiguas "gens", la organización tribal basada en los lazos de parentesco, a la nueva organización territorial de la ciudad, que marca la división irreversible en clases antagónicas y con ella el surgimiento del poder estatal, cuya tarea es evitar que estas divisiones desgarren la sociedad. En La condición de la clase obrera en Inglaterra, dibuja un cuadro de las infernales condiciones de vida del joven proletariado, la suciedad y la enfermedad cotidiana de los barrios bajos de Manchester, pero también el empuje a la conciencia de clase y la organización que, al final, desempeñarán el papel decisivo de obligar a la clase dirigente a conceder reformas significativas a los trabajadores.
En dos obras posteriores, El Anti-Duhring y La Cuestión de la Vivienda, Engels se embarca en un debate sobre la ciudad capitalista en una fase en la que el capitalismo ya ha triunfado en el corazón de Europa y los EE.UU. y está a punto de conquistar el mundo entero. Y es notable que ya concluye que las grandes ciudades se han extralimitado y tendrán que desaparecer para cumplir la exigencia del Manifiesto Comunista: la abolición de la separación entre la ciudad y el campo. Cabe recordar que en la década de 1860, Marx también estaba cada vez más preocupado por el impacto destructivo de la agricultura capitalista en la fertilidad del suelo, y señaló, en la obra de Liebig, que la aniquilación de la cubierta forestal en algunas partes de Europa estaba repercutiendo en el clima, aumentando las temperaturas locales y disminuyendo las precipitaciones[[14]]. En otras palabras: así como Marx percibió los signos de la decadencia política de la clase burguesa después de su aplastamiento de la Comuna de París y, en su correspondencia con los revolucionarios rusos hacia el final de su vida, buscaba la manera de que las regiones donde el capitalismo aún no había triunfado plenamente pudieran evitar el purgatorio del desarrollo capitalista; tanto él como Engels habían empezado a preguntarse si, en lo que concernía al capitalismo, ya era suficiente[[15]]. ¿Quizás ya se habían sentado las bases materiales para una sociedad comunista mundial, y un mayor "progreso" para el capital tendría un resultado cada vez más destructivo? Sabemos que el sistema, a través de su expansión imperialista en las últimas décadas del siglo 19º, prolongaría su vida por varias décadas más y proporcionaría la base para una fase asombrosa de crecimiento y desarrollo, llevando a algunos elementos del movimiento obrero a cuestionar el análisis marxista de la inevitabilidad de la crisis y la decadencia capitalista, sólo para que las contradicciones no resueltas del capital explotaran a la vista en la guerra de 1914-18 (que Engels también había anticipado). Pero las preguntas de búsqueda sobre el futuro que habían empezado a plantearse precisamente cuando el capitalismo había llegado a su cénit eran perfectamente válidas en ese momento y son más relevantes hoy en día.
En "La transformación de las relaciones sociales", Revista Internacional 85, examinamos cómo los revolucionarios del siglo XIX -en particular Engels, pero también Bebel y William Morris- habían argumentado que el crecimiento de las grandes ciudades ya había llegado al punto en que la abolición del antagonismo entre la ciudad y el campo se había convertido en una necesidad real, por lo que la expansión de las grandes ciudades debe llegar a su fin en favor de una mayor unidad entre la industria y la agricultura y una distribución más uniforme de las viviendas humanas en toda la Tierra. Era una necesidad no sólo para resolver problemas acuciantes como la eliminación de desechos y la prevención del hacinamiento, la contaminación y las enfermedades, sino también como base para un ritmo de vida más humano en armonía con la naturaleza.
En "Damen, Bordiga y la pasión por el comunismo", Revista Internacional 158[16], mostramos que Bordiga -quizás más que cualquier otro marxista del siglo 20º- se había mantenido fiel a este aspecto esencial del programa comunista, citando por ejemplo su artículo de 1953 "Espacio contra cemento"[[17]], que es una polémica apasionante contra las tendencias contemporáneas de la arquitectura y el urbanismo (un área en la que el propio Bordiga estaba profesionalmente calificado), que fueron impulsadas por la necesidad del capital de acumular el mayor número posible de seres humanos en espacios cada vez más restringidos, una tendencia tipificada por la rápida construcción de torres de bloques supuestamente inspiradas en las teorías arquitectónicas de Le Corbusier. Bordiga es despiadado con los proveedores de la ideología moderna de planificación urbana:
"Cualquiera que aplauda tales tendencias no debe ser considerado sólo como defensor de las doctrinas, ideales e intereses capitalistas, sino como cómplice de las tendencias patológicas de la etapa suprema del capitalismo en decadencia y disolución" (¡no hay dudas sobre la decadencia aquí, entonces!). En otra parte del mismo artículo afirma:
"Verticalismo", se llama esta doctrina deformada; el capitalismo es verticalista. El comunismo será 'horizontalista". Y al final del artículo anticipa con alegría el día en que "los monstruos de cemento serán ridiculizados y suprimidos" y las "ciudades gigantes desinfladas" para "hacer la densidad de la vida y el trabajo uniformes sobre la tierra habitable".
En otro trabajo, "La especie humana y la corteza terrestre"[[18]], Bordiga cita extensamente la obra de Engels Sobre la Cuestión de la Vivienda, y no podemos evitar la tentación de hacer lo mismo. Esto es de la última sección del panfleto, donde Engels culpa al seguidor de Proudhon, Mülberger, por afirmar que es utópico por querer superar el "inevitable" antagonismo entre la ciudad y el campo:
"La abolición de la antítesis entre la ciudad y el campo no es ni más ni menos utópica que la abolición de la antítesis entre los capitalistas y los trabajadores asalariados. Día a día se está convirtiendo cada vez más en una demanda práctica de la producción industrial y agrícola. Nadie ha exigido esto con más energía que Liebig en sus escritos sobre la química de la agricultura, en los que su primera exigencia siempre ha sido que el hombre devuelva a la tierra lo que toma de ella, y en los que demuestra que sólo la existencia de las ciudades, y en particular de las grandes ciudades, lo impide. Cuando se observa cómo sólo aquí en Londres se vierte cada día al mar una cantidad de estiércol mayor que la que produce todo el reino de Sajonia, con un gasto de enormes sumas, y cuando se observa los colosales trabajos que son necesarios para evitar que este estiércol envenene a todo Londres, entonces la propuesta utópica de abolir la antítesis entre la ciudad y el campo recibe una base peculiarmente práctica. Y hasta el Berlín comparativamente insignificante se ha estado revolcando en su propia mugre por lo menos durante treinta años.
Por otra parte, es completamente utópico querer, como Proudhon, transformar la sociedad burguesa actual manteniendo al campesino como tal. Sólo una distribución lo más uniforme posible de la población en todo el país, sólo una conexión integral entre la producción industrial y la agrícola, junto con la extensión, por tanto necesaria, de los medios de comunicación -presuponiendo la abolición del modo de producción capitalista- podría salvar a la población rural del aislamiento y el estupor en el que ha vegetado casi sin cambios durante miles de años"[[19]].
Se sugieren varias líneas de pensamiento en este pasaje, y Bordiga es muy consciente de ellas. En primer lugar, Engels insiste en que la superación del antagonismo entre la ciudad y el campo está íntimamente ligada a la superación de la división general del trabajo capitalista -un tema desarrollado más adelante en el Anti-Dühring, en particular la división entre el trabajo mental y manual que parece tan insalvable en el proceso de producción capitalista. Ambas separaciones, nada menos que la división entre el capitalista y el trabajador asalariado, son indispensables para el surgimiento de un ser humano completo. Y contrariamente a los esquemas de los retrógrados proudhonistas, la abolición de la relación social capitalista no implica la preservación de la propiedad a pequeña escala de los campesinos o artesanos; trascendiendo las divisiones ciudad-campo, industria-agricultura, se rescatará al campesino del aislamiento y la vegetación intelectual tanto como liberará a los habitantes de la ciudad del hacinamiento y la contaminación.
En segundo lugar, Engels plantea aquí, como en otros lugares, el simple pero a menudo evitado problema de los excrementos humanos. En sus primeras formas "salvajes", las ciudades capitalistas casi no previeron el tratamiento de los desechos humanos, y muy rápidamente pagaron el precio en la generación de enfermedades epidémicas, en particular la disentería y el cólera, flagelos que todavía persisten en las chabolas de la periferia capitalista, donde es notoria la ausencia de medios básicos de higiene. La construcción de la red de alcantarillado representó sin duda un paso adelante en la historia de la ciudad burguesa. Pero el simple hecho de eliminar los desechos humanos es en sí mismo una forma de desecho, ya que podría ser utilizado como un fertilizante natural (como de hecho lo fue en la historia anterior de la ciudad).
Mirando hacia atrás al Londres o Manchester de la época de Engels, uno podría decir fácilmente: pensaban que estas ciudades ya habían crecido demasiado, demasiado separadas de su entorno natural. ¿Qué habrían hecho con los modernos avatares de estas ciudades? La ONU ha estimado que alrededor del 55% de la población mundial vive actualmente en grandes ciudades, pero si el crecimiento actual de las ciudades continúa, esta cifra aumentará a alrededor del 68% en 2050[[20]].
Este es un verdadero ejemplo de lo que Marx ya postuló en los Grundrisse: "el desarrollo como decadencia", y Bordiga fue previsor al ver esto en el período de reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial. Los antropólogos que buscan definir la apertura del período de lo que llaman la "Era Antropocena" (que básicamente significa la era en la que la actividad humana ha tenido un impacto fundamental y cualitativo en la ecología del planeta), suelen remontarse a la expansión de la industria moderna a principios del siglo XIX, en resumen, a la victoria del capitalismo. Pero algunos de ellos también hablan de una "Gran Aceleración" que tuvo lugar después de 1945, y podemos ver que el monstruo se aceleró aún más después de 1989 con el ascenso de China y otros países "en desarrollo".
Las consecuencias de este crecimiento son bien conocidas: la contribución de la megalópolis al calentamiento global mediante la construcción sin obstáculos, el consumo de energía y las emisiones de la industria y el transporte, que también hacen que el aire sea irrespirable en muchas ciudades (ya señalado por Bordiga en "La especie humana y la corteza terrestre": "En cuanto a la democracia burguesa, se ha rebajado tanto que ha renunciado a la libertad de respirar"). La propagación incontrolada de la urbanización ha sido un factor primordial en la destrucción de los hábitats naturales y en la extinción de especies; y por último, pero no menos importante, las mega ciudades han revelado su papel como incubadoras de nuevas enfermedades pandémicas, la más mortífera y contagiosa de las cuales -Covid-19- está en el momento de escribir este artículo, paralizando la economía mundial y dejando un rastro mundial de muerte y sufrimiento. De hecho, las dos últimas "contribuciones" probablemente se han unido en la epidemia de Covid-19, que es una de las numerosas en las que un virus ha saltado de una especie a otra. Esto se ha convertido en un problema importante en países como China y en muchas partes de África, donde los hábitats de los animales están siendo destruidos, lo que ha dado lugar a una considerable expansión del consumo de "carne de animales salvajes", y donde las nuevas ciudades, construidas para servir al frenesí de crecimiento económico de China, tienen mínimos controles de higiene.
En la lista de medidas revolucionarias que figura en el artículo de Bordiga, el punto 7 es el más relevante para el proyecto de abolir el antagonismo entre la ciudad y el campo:
"‘Congelación de la construcción’ en los anillos de viviendas y lugares de trabajo alrededor de las grandes y pequeñas ciudades con el fin de distribuir la población cada vez más equitativamente en toda la superficie terrestre del país. Con la prohibición del transporte innecesario, la limitación del tráfico y la velocidad del transporte".
Este punto parece especialmente contemporáneo hoy en día, cuando prácticamente todas las ciudades son el teatro de una implacable elevación "vertical" (la construcción de enormes rascacielos, sobre todo en los centros de las ciudades) y de una extensión "horizontal", que se come el campo circundante. La demanda es simplemente esta: detenerse. La hinchazón de las ciudades y la concentración insostenible de la población dentro de ellas es el resultado de la anarquía capitalista y, por lo tanto, esencialmente no es planificada, ni centralizada. La energía humana y las posibilidades tecnológicas que actualmente están comprometidas en este crecimiento canceroso deben, desde el principio del proceso revolucionario, ser movilizadas en una dirección diferente. Aunque la población mundial ha crecido considerablemente desde que Bordiga calculó, en Espacio contra Cemento, que "en promedio nuestra especie tiene un kilómetro cuadrado por cada veinte de sus miembros"[[21]], sigue existiendo la posibilidad de una distribución mucho más racional y armoniosa de la población en todo el planeta, incluso teniendo en cuenta la necesidad de preservar grandes zonas de tierras vírgenes, necesidad que se comprende mejor hoy en día porque se ha establecido científicamente la inmensa importancia de preservar la biodiversidad en todo el planeta, pero era algo que ya había previsto Trotsky en Literatura y Revolución[[22]].
El significado de la abolición del antagonismo ciudad-campo fue distorsionada por el estalinismo: pavimentar sobre todo, construir "cuarteles de trabajadores" y nuevas fábricas sobre cada campo y bosque. Para el comunismo auténtico significará cultivar campos y plantar bosques en medio de las ciudades, pero también que las comunidades viables pueden ubicarse en una asombrosa variedad de lugares sin destruir todo lo que les rodea, y no estarán aisladas porque tendrán a su disposición los medios de comunicación que el capitalismo ha desarrollado efectivamente, a una velocidad desconcertante. Engels ya se había referido a esta posibilidad en "La Cuestión de la Vivienda" y Bordiga la retoma en "El espacio contra el cemento":
"Las formas de producción más modernas, que utilizan redes de estaciones de todo tipo, como las centrales hidroeléctricas, las comunicaciones, la radio, la televisión, dan cada vez más una disciplina operacional única a los trabajadores dispersos en pequeños grupos a lo largo de enormes distancias. El trabajo combinado permanece, en tejidos cada vez más grandes y maravillosos, y la producción autónoma desaparece cada vez más. Pero la densidad tecnológica mencionada anteriormente está disminuyendo constantemente. La aglomeración urbana y productiva permanece, por lo tanto, no por razones dependientes de lo óptimo de la producción, sino por la durabilidad de la economía de la ganancia y la dictadura social del capital".
La tecnología digital, por supuesto, ha avanzado aún más este potencial. Pero bajo el capitalismo, el resultado general de la "revolución de Internet" ha sido acelerar la atomización del individuo, mientras que la tendencia a "trabajar desde casa" -particularmente puesta de relieve por la crisis del Covid-19 y las medidas de aislamiento social que la acompañan- no ha reducido en absoluto la tendencia a la aglomeración urbana. El conflicto entre, por un lado, el deseo de vivir y trabajar en asociación con otros y, por otro, la necesidad de encontrar un espacio en el que moverse y respirar, sólo puede resolverse en una sociedad en la que el individuo ya no esté en desacuerdo con la comunidad.
Al igual que con la construcción de viviendas humanas, lo mismo ocurre con la loca carrera del transporte moderno: ¡deténgase, o al menos, reduzca la velocidad!
Aquí de nuevo, Bordiga se adelanta a su tiempo. Los métodos de transporte capitalista por tierra, mar y aire, basados en su inmensa mayoría en la quema de combustibles fósiles, representan más del 20% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono[[23]], mientras que las ciudades se han convertido en una de las principales fuentes de enfermedades cardíacas y pulmonares, que afectan especialmente a los niños. El número de muertes anuales en el mundo por accidentes de tráfico asciende a la asombrosa cifra de 1,35 millones, más de la mitad de los cuales son usuarios "vulnerables" de las carreteras: peatones, ciclistas y motociclistas[[24]]. Y estas son solo algunas de las más obvias desventajas del actual sistema de transporte. El ruido constante que genera cala los nervios de los habitantes de la ciudad, y la subordinación del urbanismo a las necesidades del automóvil (y de la industria automovilística, tan central en la economía capitalista existente) produce ciudades que están infinitamente fragmentadas, con zonas residenciales divididas entre sí por el incesante flujo de tráfico. Mientras tanto, la atomización social, una característica esencial de la sociedad burguesa y de la ciudad capitalista en particular, no sólo se ilustra sino que se refuerza por el solitario propietario y conductor de un automóvil que compite por el espacio vial con millones de almas igualmente separadas.
Por supuesto, el capitalismo ha tenido que tomar medidas para tratar de mitigar los peores efectos de todo esto: "compensación de emisiones de carbono" para balancear el exceso de vuelos, "calmar el tráfico" y los paseos sin coches en los centros de las ciudades, el paso al coche eléctrico.
Ninguna de estas "reformas" se acerca a la solución del problema porque ninguna de ellas aborda la relación social capitalista que se encuentra en su raíz. Tomemos el coche eléctrico por ejemplo: la industria automovilística “lo ha visto escrito en la pared” y tiende a cambiar cada vez más hacia esta forma de transporte. Pero incluso dejando de lado el problema de la extracción y eliminación del litio necesario para las baterías, o la necesidad de aumentar la producción de electricidad para alimentar estos vehículos -todo lo cual tiene un costo ecológico sustancial- una ciudad llena de vehículos eléctricos sería marginalmente más silenciosa y algo menos contaminada, pero aun así sería peligroso caminar por ella y con riesgo de ser atropellados en las esquinas.
Es posible que el comunismo haga un uso extensivo (aunque sin duda no exclusivo) de los vehículos eléctricos. Pero el verdadero problema está en otra parte. El capitalismo necesita operar a una velocidad vertiginosa porque el tiempo es dinero y el transporte se rige por las necesidades de la acumulación, que incluye el tiempo de "rotación" y por lo tanto el transporte en sus cálculos generales. El capitalismo está igualmente impulsado por la necesidad de vender el mayor número posible de productos, de ahí la constante presión para que cada individuo tenga su propia posesión personal -de nuevo tipificada por el coche privado que se ha convertido en un símbolo de riqueza y prestigio personal- la clave del "libre tránsito” en una era de incesantes atascos de tráfico.
El ritmo de vida en las ciudades actuales es mucho mayor (incluso con los atascos) que en la segunda parte del siglo XIX, pero en Mujer y socialismo, publicado por primera vez en 1879, August Bebel ya esperaba con impaciencia la ciudad del futuro, donde "el ruido angustioso, la aglomeración y el ajetreo de nuestras grandes ciudades con sus miles de vehículos de todo tipo cesa sustancialmente: la sociedad asume un aspecto de mayor reposo" (p. 300)[25].
Las prisas y la congestión que hacen que la vida en la ciudad sea tan estresante sólo pueden superarse cuando se ha suprimido el impulso de acumular, en favor de una producción planificada para distribuir libremente los valores de uso necesarios. En la elaboración de las redes de transporte del futuro, un factor clave será obviamente mantener al mínimo las emisiones de carbono y otras formas de contaminación, pero la necesidad de lograr un "mayor reposo", un cierto grado de paz y tranquilidad tanto para los residentes como para los viajeros, se tendrá ciertamente en cuenta en el plan general. Como hay mucha menos presión para ir de A a B a la mayor velocidad posible, los viajeros tendrán más tiempo para disfrutar del viaje en sí: tal vez, en un mundo así, el caballo volverá a algunas partes de la tierra, los veleros al mar, los dirigibles al cielo, mientras que también será posible utilizar medios de transporte mucho más rápidos cuando sea necesario[[26]]. Al mismo tiempo, el volumen de tráfico se reducirá enormemente si se puede romper la adicción a la propiedad personal de los vehículos, y los viajeros pueden tener acceso a transporte público gratuito de diversos tipos (autobuses, trenes, barcos, taxis y vehículos de autoconducción sin propietario). También debemos tener en cuenta que, a diferencia de muchas ciudades capitalistas occidentales, donde la mitad de los apartamentos están ocupados por propietarios o inquilinos solteros, el comunismo será un experimento de formas de vida más comunales; y en tal sociedad viajar en compañía de otros puede convertirse en un placer más que en una carrera desesperada entre competidores hostiles.
También hay que tener en cuenta que muchos de los viajes que obstruyen el sistema de transporte, los que implican viajar a trabajos inútiles como los relacionados con las finanzas, los seguros o la publicidad, no tendrán cabida en una sociedad sin dinero. La hora pico diaria será cosa del pasado. Al mismo tiempo, la producción de objetos útiles puede rediseñarse y reubicarse para evitar la necesidad de transportar los productos a largas distancias, lo que en el capitalismo suele estar determinado únicamente por el objetivo de encontrar mano de obra menos remunerada u otras ventajas (para el capital) como la falta de reglamentación ambiental. Toda la producción y distribución de los valores de uso que necesitamos se reorganizará y ya no serán necesarios tantos viajes entre los lugares de producción y las viviendas.
Así, las calles de una ciudad donde el furioso rugido del tráfico se ha reducido a un ronroneo, recuperarán algunas de sus antiguas ventajas y usos, como por ejemplo, los parques infantiles.
Una vez más, no subestimamos la magnitud de las tareas involucradas aquí. Aunque la posibilidad de vivir de manera más comunal o asociada está contenida en la transición a un modo de producción comunista, los prejuicios egoístas que se han exacerbado enormemente por varios cientos de años de capitalismo, no desaparecerán de manera automática y, de hecho, a menudo operarán como serios obstáculos al proceso de comunización. Como dijo Marx,
"La propiedad privada nos ha hecho tan estúpidos y unilaterales que un objeto sólo es nuestro cuando lo tenemos, cuando existe para nosotros como capital o cuando lo poseemos directamente, lo comemos, bebemos, vestimos, habitamos, etc., en definitiva cuando lo usamos. Aunque la propiedad privada concibe todas estas realizaciones inmediatas de la posesión sólo como medios de vida, y la vida a la que sirven es la vida de la propiedad privada, el trabajo y la capitalización. Por lo tanto, todos los sentidos físicos e intelectuales han sido reemplazados por el simple distanciamiento de todos estos sentidos -el sentido de tener" (Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844, capítulo sobre "Propiedad privada y comunismo")[27].
Rosa Luxemburgo siempre sostuvo que la lucha por el socialismo no era sólo una cuestión de "pan y mantequilla", sino que "moralmente... la lucha de la clase obrera denota la renovación cultural de la sociedad"[[28]]. Este aspecto cultural y moral de la lucha de clases, y sobre todo la lucha contra el "sentido del tener", continuará sin duda durante la transición al comunismo.
CDW
[1] “La transformación de las relaciones sociales”, Revista International 85: https://es.internationalism.org/revista-internacional/199607/1775/xiii-la-transformacion-de-las-relaciones-sociales-segun-los-revolu [236]
“Damen, Bordiga, y la pasión por el Comunismo”, Revista Internacional 158, https://es.internationalism.org/revista-internacional/201708/4225/el-comunismo-esta-a-la-orden-del-dia-de-la-historia-los-anos-1950- [237]
[2] “1918: El programa del Partido Comunista Alemán, Revista Internacional 93, https://es.internationalism.org/revista-internacional/199802/1204/iii-1918-el-programa-del-partido-comunista-de-alemania [238] y “1919: el programa de la dictadura del proletariado” en Revista Internacional 95, https://es.internationalism.org/revista-internacional/199810/1187/v-1919-el-programa-de-la-dictadura-del-proletariado [239]
“El programa del KAPD”, Revista Internacional 97, https://es.internationalism.org/revista-internacional/199904/1169/vii-1920-el-programa-del-kapd [240]
[3] Hemos escrito muchos textos desarrollando esta noción fundamental para comprender la situación histórica que se arrastra desde hace más de un siglo y, en consecuencia, cuales son las tareas del proletariado. Ver por ejemplo, La decadencia : un concepto básico del marxismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/829/la-decadencia-un-concepto-basico-del-marxismo [241]
[4] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
[5] Marx, Crítica del Programa de Gotha.
[6] “Damen, Bordiga y la pasión por el comunismo”, ver nota 1.
[7] Debemos señalar que el texto fue adoptado como un "documento del partido" de la nueva organización en lugar de ser simplemente una contribución individual.
[8] Pero los Damenistas fueron mucho más claros sobre muchas de las lecciones de la derrota de la revolución rusa y las posiciones del proletariado en la fase decadente del capitalismo. Ver "Damen, Bordiga y la pasión por el comunismo".
[9] https://es.internationalism.org/content/4544/marc-chirik-y-el-estado-en-el-periodo-de-transicion [242]
[10] Ver “Damen, Bordiga...”, obra citada.
[11] marxists.catbull.com/archive/marx/works/1845/02/15.htm.
[12] Ver por el ejemplo “El efecto Darwin en Patrick Tort” https://es.internationalism.org/cci-online/200904/2538/a-proposito-del-libro-el-efecto-darwin-una-concepcion-materialista-de-los-ori [243]
[13] Max Weber, La Ciudad, 1921.
[14] Ver Kohei Saito, El Ecosocialismo de Karl Marx, Nueva York, 2017.
[15] Sobre Marx y la cuestión Rusa, ver un artículo previo en esta serie, “El Marx maduro: Comunismo pasado y futuro”, Revista Internacional 81, https://es.internationalism.org/revista-internacional/199507/1824/xi-el-marx-de-la-madurez-comunismo-del-pasado-comunismo-del-futuro [244]
[16] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201708/4225/el-comunismo-esta-a-la-orden-del-dia-de-la-historia-los-anos-1950- [237]
[17] Il Programma Comunista, Núm. 1, 8-24 enero de 1953. materialnecessity.org/2020/04/02/space-versus-cement-il-programa-comunista.
[18] Il Programma Comunista, Núm. 6, 18 de diciembre, 1952, https://libcom.org/article/human-species-and-earths-crust-amadeo-bordiga [245]
[20] https://www.cnbc.com/2018/05/17/two-thirds-of-global-population-will-live-in-cities-by-2050-un-says.html [247]
[21] Bordiga dio la cifra de 2.5 billones, hoy es más de 6.8 billion: https://www.quora.com/In-2009-the-world-population-was-6-8-billion-Exponential-growth-rate-was-1-13-per-year-What-is-the-estimated-world-population-in-2012-and-2020 [248]
[22] https://www.marxists.org/archive/trotsky/1924/lit_revo/ [249] Ver también Revista Internacional 111, “Trotsky y la cultura del comunismo”, https://en.internationalism.org/internationalreview/200210/9651/trotsky-and-culture-communism [250]
[26] Por supuesto, la gente puede seguir disfrutando de la emoción de viajar a una velocidad vertiginosa, pero tal vez en una sociedad racional tales placeres se obtendrán principalmente en pistas reservadas para ese propósito.
[28] “Estancamiento y progreso del marxismo”, 1903, https://www.marxists.org/espanol/luxem/03Estancamientoyprogresodelmarxismo_0.pdf [255]
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A pesar de las dificultades derivadas de la pandemia, la CCI ha celebrado su 24º Congreso Internacional y podemos hacer un balance positivo del mismo. Como siempre hemos hecho, y de conformidad con la práctica del movimiento obrero, ofrecemos una visión general de sus trabajos a través de este artículo y de una serie de documentos que orientarán nuestra actividad e intervención en los dos años venideros, informes y resoluciones que están en nuestra página web desde hace varios meses1. El Congreso se celebró con el pleno reconocimiento de la gravedad de la situación histórica actual, caracterizada por una de las pandemias más peligrosas de la historia, que está lejos de haber sido superada.
Lo peor sería subestimar esta situación en un momento en el que los gobiernos proclaman que "todo está bajo control" y que "volvemos a la normalidad", mientras que al mismo tiempo una horda de negacionistas de Covid y antivacunas (la otra cara, igualmente mentirosa, de las mentiras gubernamentales) que minimizan la realidad con su discurso de "conspiraciones" y "maniobras oscuras"; que utilizan un hecho real -el fortalecimiento del control totalitario del Estado- para llevar las cosas a niveles absurdos en nombre de la "defensa de las libertades democráticas", negando así los peligros muy reales para la vida humana que conlleva la pandemia.
Lo más grave de la pandemia ha sido cómo han respondido todos los estados: de forma totalmente irresponsable, tomando medidas contradictorias y caóticas, sin el más mínimo plan, sin ninguna coordinación, jugando más cínicamente que nunca con la vida de millones de personas2. Y esto no ha ocurrido en los estados habitualmente etiquetados como "estados canallas", sino en Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y Francia, los países "más avanzados", donde supuestamente hay "civilización y progreso". La pandemia ha puesto de manifiesto la decadencia y la descomposición del capitalismo, la podredumbre de sus estructuras sociales e ideológicas, el desorden y el caos que emanan de sus mismas relaciones de producción, el "no futuro" de un modo de producción atenazado por contradicciones cada vez más violentas que no puede superar.
Peor aún: la pandemia es el presagio de nuevas y más profundas convulsiones en todos los países, tensiones imperialistas, destrucción ecológica, crisis económica... El proletariado mundial no puede dejarse engañar por vagas promesas de "vuelta a la normalidad". Necesita mirar la realidad a la cara, comprender que el rostro de la barbarie ha sido claramente delineado por la pandemia y se definirá con mayor virulencia en los tiempos venideros.
El 24º Congreso de la CCI se desarrolló, como los congresos de las organizaciones revolucionarias a lo largo de la historia, en un marco de fraternidad y de debate profundo. Tenía la responsabilidad de confirmar el marco de análisis de la descomposición del capitalismo, rectificando posibles errores o apreciaciones insuficientemente elaboradas. El Congreso debía responder a una serie de preguntas necesarias:
¿La noción de descomposición y su elaboración progresiva concuerdan plenamente con el método del marxismo?
¿Cómo se manifiestan los efectos de la descomposición, su aceleración e intensificación y su interferencia en otros planos de la vida social, principalmente en la economía?
¿Cómo afecta la descomposición a la lucha de clases y cuál es la perspectiva de su desarrollo futuro?
Por último, ¿cuál es el papel de la organización en esta situación? ¿Cómo se prepara para el futuro ante estos retos?
Este Congreso confirmó que el análisis de la descomposición está en continuidad con el marxismo. En 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, los marxistas identificaron la entrada del capitalismo en su época de decadencia, análisis confirmado en 1919 por la plataforma de la Internacional Comunista, que hablaba de "época de descomposición del capital, de su desintegración interna". Fiel a este planteamiento, la CCI identificó hace más de tres décadas una fase específica y terminal de la decadencia del capitalismo: su descomposición. Esta fase de descomposición es la acumulación de una serie de contradicciones que la sociedad capitalista no ha podido resolver, como se describe en el punto 3 de las Tesis de Descomposición3:
"En la medida en que las contradicciones y expresiones del capitalismo decadente que marcan sus fases sucesivas no desaparecen con el tiempo, sino que continúan y se profundizan, la fase de descomposición aparece como el resultado de una acumulación de todas las características de un sistema moribundo, completando la agonía de 75 años de un modo de producción históricamente condenado. Concretamente, el carácter imperialista de todos los Estados, la amenaza de guerra mundial, la absorción de la sociedad civil por el Moloch estatal y la crisis permanente de la economía capitalista no sólo continúan durante la fase de descomposición, sino que llegan a una síntesis y a una conclusión final dentro de ella".
Este análisis, desarrollado por primera vez hace 30 años, se ha confirmado poderosamente en toda su gravedad, llevándonos a concluir en la Resolución sobre la Situación Internacional del 24º Congreso de la CCI que "la mayoría de los acontecimientos importantes de las últimas tres décadas han confirmado la validez de este marco, como lo atestigua la exacerbación del sálvese quien pueda a nivel internacional, el "rebote" de los fenómenos de descomposición a las áreas centrales del capitalismo mundial a través del crecimiento del terrorismo y la crisis de los refugiados, el aumento del populismo y la pérdida del control político por parte de la clase dominante, la creciente putrefacción de la ideología a través de la difusión de los chivos expiatorios, el fundamentalismo religioso y las teorías de la conspiración... La actual pandemia de Covid-19 es una destilación de todas las manifestaciones clave de la descomposición, y un factor activo en su aceleración"4.
Desde que nuestro Congreso finalizó sus trabajos, los acontecimientos se han sucedido con una virulencia sin precedentes, confirmando claramente nuestro análisis: guerras imperialistas en Etiopía, Ucrania, Yemen, Siria; intensificación del enfrentamiento entre Estados Unidos y China; enorme impronta de la crisis ecológica en todo el mundo, en particular mediante la multiplicación de inundaciones e incendios forestales catastróficos. Hoy, la pandemia asiste a una nueva oleada de infecciones y a la amenaza muy peligrosa de la variante Omicron; al mismo tiempo, la crisis económica se agrava... La defensa del marco marxista de la descomposición es hoy más necesaria que nunca frente a la ceguera de otros grupos de la izquierda comunista y la infiltración en el medio revolucionario de todo tipo de posiciones modernistas, escépticas, nihilistas, que cierran los ojos a la realidad de la situación. En este momento, vemos desarrollarse en varios países luchas obreras combativas que necesitan más que nunca la fuerza y la lucidez de este marco de análisis.
El 24º Congreso pudo identificar la aceleración de la descomposición capitalista al examinar en profundidad las raíces y las consecuencias de la pandemia, "la primera de tal envergadura desde el brote de gripe española de 1918... el momento más importante de la evolución de la descomposición capitalista desde que se abrió definitivamente el periodo en 1989". La incapacidad de la clase dominante para evitar la mortandad resultante, de entre 7 y 12 millones, confirma que el sistema mundial capitalista, abandonado a su suerte, arrastra a la humanidad hacia el abismo de la barbarie, hacia su destrucción; y que sólo la revolución proletaria mundial puede detener este deslizamiento y conducir a la humanidad hacia un futuro diferente. La pandemia ha demostrado y confirmado las siguientes realidades:
Si bien el capitalismo es el primer sistema de la historia cuyas relaciones de producción se han extendido y son dominantes a escala planetaria, no es menos cierto que su dominio es eminentemente caótico porque se basa en una competencia mortal por el dominio del mercado mundial entre los Estados capitalistas. El carácter mundial del capitalismo no le permite lograr una acción organizada y coordinada a escala mundial -que sería la única respuesta racional y eficaz a fenómenos como la pandemia de Covid- porque no está unificado ni centralizado a escala mundial. Por el contrario, la mortífera competencia por los mercados y por el control imperialista del globo ha llevado a formas de comportamiento cada vez más aberrantes y peligrosas por parte de los Estados, que han dejado a las poblaciones indefensas ante la pandemia e incluso la han agravado dramáticamente. China guardó silencio sobre el origen inicial de la pandemia en Wuhan; después, grandes países como Estados Unidos, por miedo a que sus economías se paralizaran, tardaron en reaccionar, lo que agravó los riesgos de la pandemia y les obligó a tomar medidas precipitadas, extremas y desorganizadas, como los confinamientos.
Los estados capitalistas, sin excepción, actuaron de la misma manera contra la clase obrera: restricciones sin ningún tipo de planificación y basadas esencialmente en la represión; cierre de centros de abastecimiento sin preocuparse por las condiciones económicas de los trabajadores; mantenimiento de los sectores de producción y servicios sin preocuparse por la vida de los trabajadores, como ocurrió con los trabajadores de la sanidad en todos los países (según Amnistía Internacional, 17000 trabajadores de este sector han muerto a causa del Covid y sólo en América se infectaron 5700005).
Después de la Segunda Guerra Mundial, se fundó la OMS (Organización Mundial de la Salud), que permitió una cierta coordinación entre los estados para luchar contra las epidemias; sin embargo, ante la pandemia, la OMS ha sido ignorada, cada estado ha ido por su cuenta, lo que ha aumentado los contagios y las muertes y ha impedido cualquier acción organizada. Esto es una clara expresión del avance de la descomposición capitalista6.
Las disputas por la producción y distribución de la vacuna expresan el caos y la podredumbre de la burguesía. Ante la crisis económica, este tipo de conflictos de intereses en el seno de la clase dominante serán cada vez más cruentos7.
El 24º Congreso concluyó que la pandemia no puede reducirse a una "calamidad" ni verse sólo como una crisis sanitaria (al estilo de las que se producían periódicamente en los modos de producción precapitalistas y en el propio capitalismo durante el siglo XIX). Es una crisis global, que se manifiesta a muchos niveles: sanitario, económico, social y político, así como moral e ideológico. Es una crisis de descomposición capitalista: producto de la acumulación de contradicciones del sistema de los últimos 30 años, como se expresó en nuestro Informe sobre Pandemia y Descomposición para el 24º Congreso8. Concretamente, la pandemia es el resultado
del progresivo desmantelamiento del sistema sanitario en todos los países del mundo. Desde principios del siglo XXI los estados capitalistas conocen la proliferación de epidemias como el EBOLA, el SARS, etc. Sin embargo, los presupuestos han disminuido en los servicios sanitarios y en la investigación científica. Esto contrasta con el aumento exorbitante de los presupuestos de armamento y del reforzamiento de las fuerzas represivas.
Las enfermedades virales, como el Covid-19, son también el resultado de las condiciones de vida de grandes sectores de la clase obrera en todos los países, obligados a vivir en condiciones de hacinamiento e insalubridad.
La irracionalidad de la producción capitalista, que privilegia exclusivamente el beneficio, devasta los bosques, los ríos y los océanos. En particular, la destrucción de los bosques altera peligrosamente los "vínculos biológicos" entre los animales, las plantas y los seres humanos, con consecuencias imprevisibles... La mayoría de los científicos atribuyen a este factor la aparición del Covid.
"La CCI está más o menos sola en la defensa de la teoría de la descomposición. Otros grupos de la izquierda comunista la rechazan por completo, ya sea, como en el caso de los bordiguistas, porque no aceptan que el capitalismo sea un sistema en decadencia (o, en el mejor de los casos, son incoherentes y ambiguos en este punto); o, en el caso de la Tendencia Comunista Internacionalista, porque hablar de una fase "final" del capitalismo suena demasiado apocalíptico, o porque definir la descomposición como un descenso al caos es una desviación del materialismo, que, en su opinión, busca las raíces de todo fenómeno en la economía y, sobre todo, en la tendencia a la baja de la tasa de ganancia" (Resolución sobre la situación internacional, 24º Congreso). La Resolución de Actividades del 24º Congreso subrayó que "la pandemia de Covid que comenzó a principios de 2020 confirmó de manera sorprendente la aceleración del impacto del periodo de descomposición social del capitalismo".
La crisis pandémica ha demostrado que la descomposición ha ido más allá:
1) ha golpeado con especial fuerza a los países centrales, sobre todo a los Estados Unidos;
2) existe una combinación y concomitancia entre los diferentes efectos de la descomposición, lo que es diferente a los periodos anteriores en los que se contenían localmente y no se influían mutuamente.
Lo que esta crisis anuncia son convulsiones cada vez más violentas, una agudización de las tendencias a la pérdida de control de la sociedad por parte del Estado. La década que se avecina aparece llena de graves incertidumbres, de catástrofes más frecuentes e interrelacionadas. El deslizamiento del capitalismo hacia la barbarie tendrá un rostro cada vez más aterrador.
Las perspectivas para el proletariado deben analizarse también en el marco de la descomposición capitalista. La Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases adoptada por nuestro anterior Congreso9 puso de relieve las dificultades y debilidades de la clase obrera en los últimos 30 años. Con el colapso del bloque del Este, la CCI identificó la apertura de la fase de descomposición y sus consecuencias para el proletariado en términos de dificultades crecientes para el desarrollo de sus luchas, dificultades que se agravarían aún más con las campañas sobre la "muerte del comunismo" y la "desaparición de la clase obrera". Sin embargo, en su 24º Congreso, la CCI sostuvo, al igual que en sus Congresos anteriores, que la clase obrera no está derrotada:
"A pesar de los enormes problemas a los que se enfrenta el proletariado, rechazamos la idea de que la clase ya haya sido derrotada a escala mundial, o que esté a punto de sufrir una derrota de este tipo comparable a la del período de la contrarrevolución, una derrota de la que posiblemente el proletariado ya no podría recuperarse. El proletariado, como clase explotada, no puede evitar pasar por la escuela de las derrotas, pero la cuestión central es si el proletariado ha sido ya tan abrumado por el avance implacable de la descomposición que su potencial revolucionario ha sido efectivamente socavado. Medir tal derrota en la fase de descomposición es una tarea mucho más compleja que en el período anterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando el proletariado se había levantado abiertamente contra el capitalismo y había sido aplastado por una serie de derrotas frontales." (Resolución sobre la situación internacional)
Evidentemente, tenemos que agudizar nuestra capacidad de análisis para detectar este "punto de no retorno" porque, "la fase de descomposición contiene, en efecto, el peligro de que el proletariado simplemente no responda y sea aplastado durante un largo período - una "muerte por mil cortes" en lugar de una confrontación de clase frontal" (ibid).
Sin embargo, el Congreso afirmó que "todavía hay pruebas suficientes para demostrar que, a pesar del indudable "progreso" de la descomposición, a pesar de que el tiempo ya no está del lado de la clase obrera, el potencial para un profundo resurgimiento proletario -que lleve a una reunificación entre las dimensiones económica y política de la lucha de clases- no se ha desvanecido".
El Congreso también señaló "los pequeños pero significativos signos de una maduración subterránea de la conciencia, que se manifiesta en los esfuerzos hacia una reflexión global sobre el fracaso del capitalismo y la necesidad de otra sociedad en algunos movimientos (particularmente los Indignados en 201110), pero también a través de la aparición de elementos jóvenes que buscan posiciones de clase y se vuelven hacia la herencia de la izquierda comunista".
También debemos tener en cuenta que la situación a la que se enfrenta la clase obrera no es la misma que la que se produjo tras el colapso del bloque ruso y la confirmación de la fase de descomposición en 1989. En aquel momento, la burguesía pudo presentar estos acontecimientos como la prueba de la muerte del comunismo, la victoria del capitalismo y el comienzo de un futuro brillante para la humanidad. Treinta años de descomposición han socavado seriamente este fraude ideológico, y la pandemia en particular ha puesto de manifiesto la irresponsabilidad y la negligencia de todos los gobiernos capitalistas, la realidad de una sociedad plagada de profundas divisiones económicas en la que no estamos en absoluto "todos juntos". Por el contrario, la pandemia y los confinamientos han revelado las condiciones de la clase trabajadora, tanto como la principal víctima de la crisis sanitaria como la fuente de todo el trabajo y toda la producción material y, en particular, como la fuerza cuyo trabajo satisface las necesidades humanas básicas. Esta puede ser la base para una futura recuperación de la identidad de clase. Y, junto con la creciente toma de conciencia de que el capitalismo es un modo de producción totalmente obsoleto, esto ha sido ya un elemento para la aparición de minorías politizadas cuya motivación ha sido, sobre todo, comprender la dramática situación a la que se enfrenta la humanidad.
A pesar de la atomización social que propicia la descomposición, a pesar de los intentos deliberados de fragmentar la fuerza de trabajo a través de estratagemas como la economía verde, o de las campañas ideológicas que pretenden presentar a los sectores más educados del proletariado como "clase media" y fomentar el individualismo, los trabajadores siguen siendo una clase que en los últimos años ha aumentado y está globalmente interconectada; pero con el avance de la descomposición, también es cierto que se intensifica la atomización y el aislamiento social. Es un factor que dificulta que la clase obrera, por el momento, experimente su propia identidad de clase. Sólo a través de las luchas de la clase obrera en su propio terreno de clase podrá desarrollar la fuerza colectiva que el proletariado necesitará a escala mundial para derrocar al capitalismo.
Los trabajadores son reunidos por el capital en el proceso de producción; su trabajo asociado se realiza bajo coacción, pero el carácter revolucionario del proletariado significa invertir dialécticamente estas condiciones en una lucha colectiva. La explotación del trabajo común se transforma en la lucha contra la explotación y por la liberación del carácter social del trabajo, por una sociedad que sepa utilizar conscientemente todo el potencial de la actividad asociada. Esa sociedad por la que tendrá que luchar el proletariado mundial es la sociedad comunista.
"Contrariamente a la visión bordiguista, la organización de los revolucionarios no puede ser "monolítica". La existencia de divergencias en su seno es la manifestación de que se trata de un órgano vivo que no tiene respuestas prefabricadas para dar de inmediato a los problemas que surgen en la clase. El marxismo no es un dogma ni un catecismo (...) Como toda reflexión humana, la que preside el desarrollo de la conciencia proletaria no es un proceso lineal y mecánico, sino contradictorio y crítico, que plantea necesariamente la discusión y la confrontación de argumentos"11.
Desde antes del 23º Congreso Internacional se han expresado divergencias sobre diferentes cuestiones: ¿las tensiones imperialistas conducirán a una nueva guerra mundial? ¿Está ya derrotado el proletariado? ¿Cuál es la tarea del momento para la organización? Esto lleva a la cuestión de qué significa el trabajo como fracción en la fase actual de descomposición12.
Las divergencias sobre el análisis de la situación internacional tuvieron una primera expresión pública en el documento "Divergencias con la Resolución sobre la situación internacional en el 23º Congreso de la CCI"13. La Resolución de Actividades de nuestro reciente Congreso subraya que "la organización se ha esforzado a todos los niveles - en los Congresos, reuniones de los órganos centrales, reuniones de las secciones junto con unas 45 contribuciones individuales en los boletines internos durante los últimos cuatro años - para responder a las divergencias de los camaradas y también ha comenzado a expresar el debate externamente. ...El esfuerzo de la organización para afrontar las divergencias durante este periodo expresa una voluntad positiva de reforzar la defensa polémica de sus posiciones y análisis."
Las divergencias se precisaron en el 24º Congreso:
¿La polarización de las tensiones imperialistas, principalmente entre EEUU y China, no está preparando el camino para una Tercera Guerra Mundial?
¿Las medidas brutales adoptadas por los Estados de confinamiento, etc., no serían un medio encubierto de preparar a las poblaciones para la guerra imperialista?
¿Es la pandemia un fenómeno "socio-natural" que los estados pueden aprovechar para controlar a la población o expresa y acelera, sobre todo, la descomposición general del capitalismo?
¿Cómo puede el proletariado hacer frente a esta grave situación histórica? ¿Necesita primero una conciencia de sí mismo y el desarrollo de su perspectiva histórica? ¿O requiere el desarrollo de una lucha en su propio terreno de clase, la maduración de su conciencia y el fortalecimiento de la capacidad de intervención de sus organizaciones comunistas?
Estas y otras cuestiones se han abordado en el Congreso y, con el fin de alcanzar la mayor claridad posible en su expresión, se presentarán públicamente en documentos de debate. Se trata de una práctica del movimiento obrero que la CCI se ha tomado muy en serio, como señala el citado texto Estructura y Funcionamiento de la organización revolucionaria: "En la medida en que los debates en curso en la organización conciernen al conjunto del proletariado, es conveniente que la organización los presente al exterior, respetando las siguientes condiciones
que los debates se refieran a cuestiones políticas generales que hayan alcanzado la suficiente madurez para que su publicación sea una verdadera contribución a la conciencia de la clase obrera;
que el lugar de los debates no comprometa el equilibrio general de las publicaciones
que sea la organización en su conjunto la que decida y se haga cargo de la publicación según los criterios que guían la publicación de cualquier artículo en la prensa: claridad y forma editorial, el interés que presentan para el conjunto de la clase obrera".
El Congreso hizo un balance positivo de la actividad de la organización en los dos últimos años, en particular la solidaridad con todos los compañeros afectados por la pandemia o por las graves consecuencias económicas del encierro (un buen número de compañeros perdieron los medios para ganarse la vida).
Este balance positivo no debe hacernos bajar la guardia. La organización comunista está sometida a múltiples presiones, y las adquisiciones -que cuesta mucho ganar- pueden perderse rápidamente. Como señala la Resolución de Actividades adoptada por el Congreso "La aceleración de la descomposición plantea importantes problemas a nivel de la militancia, de la teoría y del tejido organizativo".
Estos problemas no son nuevos, son una expresión del impacto de la descomposición en el funcionamiento y la militancia de las organizaciones comunistas ya que:
" la acción colectiva, la solidaridad, encuentran frente a ellas la atomización, el "sálvese quien pueda", el "arreglárselas por su cuenta" ;
la necesidad de organización choca contra la descomposición social, la dislocación de las relaciones en que se basa cualquier vida en sociedad;
la confianza en el porvenir y en sus propias fuerzas se ve minada constantemente por la desesperanza general que invade la sociedad, el nihilismo, el "no future" ;
la conciencia, la clarividencia, la coherencia y unidad de pensamiento, el gusto por la teoría, deben abrirse un difícil camino en medio de la huida hacia quimeras, drogas, sectas, misticismos, rechazo de la reflexión y destrucción del pensamiento que están definiendo a nuestra época”. (Tesis 13 de las Tesis sobre la descomposición).
Estos peligros demuestran claramente que nuestro trabajo consiste sobre todo en preparar el futuro. El objetivo fundamental de la CCI de construir un puente hacia el futuro partido comunista mundial del proletariado se ha planteado desde su Congreso de fundación en 1975, y fue reafirmado en el 23º Congreso; pero esto se ha puesto aún más de relieve en los últimos años por varios factores; la aceleración de la descomposición y las dificultades crecientes de las luchas del proletariado intensifican los desafíos para la organización de los revolucionarios; el envejecimiento de los camaradas y, al mismo tiempo, la aparición de nuevos militantes que se incorporan a la organización en el contexto de la descomposición; los ataques crecientes del parasitismo contra la organización; el peso del oportunismo y del sectarismo en los grupos procedentes de la izquierda comunista.
El 24º Congreso de la CCI se propuso identificar las perspectivas, las dificultades y los peligros a los que debemos enfrentarnos para llevar a cabo esta función de transmisión. Sin embargo, frente a esta situación, la preparación del futuro debe entenderse claramente como ir a contracorriente.
Históricamente, el movimiento marxista sólo ha podido desarrollarse enfrentándose con éxito a acontecimientos trascendentales y, por lo tanto, siempre se ha basado en un espíritu de lucha, en el deseo de superar todos los obstáculos que la sociedad burguesa pone en su camino. La experiencia de la CCI no es diferente en este sentido. Las organizaciones a las que la historia exige un papel de transmisión han tenido que probarse a sí mismas a través de verdaderas pruebas de fuego: la corriente marxista de mediados del siglo XIX, a pesar de los encarcelamientos, el exilio y la gran pobreza de sus militantes tras las derrotas de 1848, sirvió de trampolín para la creación de la 1ª Internacional en la década de 1860. Bilan y el Gauche Communiste de France atravesaron las pruebas de la contrarrevolución estalinista de los años 30, 40 y 50, del fascismo y del antifascismo, de la Segunda Guerra Mundial, para mantener viva la llama revolucionaria para las generaciones futuras. Está claro que el período de descomposición es la propia prueba de fuego de la CCI.
La capacidad de análisis de la situación mundial e histórica es uno de los pilares de nuestras perspectivas inmediatas; el método marxista del materialismo histórico y la referencia constante a la herencia de las adquisiciones anteriores, así como la confrontación de las divergencias, forman parte de la preparación para el futuro. Nuestra actividad en los ámbitos de la intervención, de la profundización teórica, de la defensa de la organización, se fundan en la transmisión y el desarrollo de las adquisiciones históricas de un siglo de la Izquierda Comunista y sólo sobre esta sólida base se puede preparar el futuro partido comunista mundial del proletariado.
Como parte de la preparación para el futuro, está también la lucha intransigente contra el parasitismo. El esfuerzo de los últimos años muestra la necesidad de continuar la lucha contra el parasitismo, denunciándolo como lo ha hecho la CCI ante la clase obrera, nuestros contactos y ante el medio de la Izquierda Comunista.
La lucha contra el oportunismo en el seno de las organizaciones de la Izquierda Comunista, ligada a la lucha contra el parasitismo14, va a ser importante en el próximo período; existe un gran peligro de que el potencial de la futura unidad de los revolucionarios se pierda y se atrofie. La experiencia de los dos últimos años de defensa de la organización contra los ataques del parasitismo y para romper el cordón sanitario que trata de erigir alrededor de la CCI muestra que la lucha contra el oportunismo y el sectarismo es sinónimo de conocimiento y defensa de nuestra historia.
En el próximo período, la CCI se propone mejorar su prensa. En las últimas décadas, la preocupación por polemizar con el medio político proletario de nuestras filas ha disminuido. En el próximo período, la organización tiene la intención de invertir esta situación. Nuestro trabajo como fracción, pasa también por preparar el futuro ampliando las polémicas, inspiradas en las de la primera fase de Iskra o en los primeros números de Internationalisme dedicados a la polémica contra Vercesi y su deriva oportunista. Frente a la putrefacción de la ideología burguesa, frente a las mistificaciones oscurantistas, la prensa debe actuar como punto de referencia contra la intoxicación que emana de la descomposición ideológica del capitalismo y ofrecer a la clase obrera una perspectiva racional y concreta para el derrocamiento del capitalismo; por ello, debemos reforzar la difusión de nuestra prensa digital e impresa.
El objetivo central del 24º Congreso fue la preparación del futuro mediante la extracción de las lecciones de los errores del pasado, la lucha implacable contra el parasitismo y el oportunismo, la comprensión lo más rápida posible de los desarrollos constantes de la evolución histórica, la defensa de la organización y de su funcionamiento unido, fraternal y centralizado. Esto significa basarse firme y críticamente en la continuidad histórica de las organizaciones comunistas, tal y como decía la Resolución de Actividades del Congreso:
"En la tormentosa transición hacia el futuro de "guerras y revoluciones", Rosa Luxemburgo declaró en el congreso de fundación del Partido Comunista Alemán en 1919 que "volvían bajo la bandera del marxismo". Cuando la clase obrera en Rusia se preparaba por primera vez en la historia para derrocar al Estado burgués, Lenin recordó las adquisiciones sobre la cuestión del Estado de Marx y Engels en Estado y Revolución...”
“La CCI, al prepararse para la inestabilidad e imprevisibilidad sin precedentes de la putrefacción del capitalismo mundial, debe recuperar la herencia, el ejemplo militante y la experiencia organizativa de MC15, treinta años después de su muerte. Es decir, volver a la tradición y al método de la izquierda comunista que la CCI heredó...
Esta tradición sigue viva y debe ser reapropiada críticamente, de hecho, es la única que puede guiar a la CCI y a la clase obrera en la prueba de fuego que está por venir".
CCI, diciembre de 2021
1 Hemos juzgado necesario añadir a estos documentos un informe sobre la situación de las tensiones imperialistas que hemos adoptado recientemente. Para consultar los informes y resoluciones del congreso ver: https://es.internationalism.org/content/4709/informe-sobre-la-crisis-economica-del-24o-congreso-internacional-de-la-cci-2021 [141] , https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021 [132] , https://es.internationalism.org/content/4719/informe-sobre-la-lucha-de-clases-internacional-para-el-24o-congreso-de-la-cci-2021 [143] y https://es.internationalism.org/content/4713/informe-sobre-la-pandemia-y-desarrollo-de-la-descomposicion-del-24o-congreso [142]
2 Todos los modos de explotación que han precedido al capitalismo (esclavismo, feudalismo, despotismo asiático) han jugado criminalmente con la vida de miles de personas, pero el capitalismo ha llevado esta barbarie a sus expresiones más extremas. ¿Qué es la guerra imperialista? Millones de seres humanos utilizados como carne de cañón, como juguetes, para los sórdidos intereses económicos e imperialistas de las naciones, los estados, los capitalistas. Por eso no es nada nuevo que la gestión de la pandemia haya sido concebida por los gobiernos como un juego irresponsable con la vida de millones de personas.
3 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
4 https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021 [132]
5 "COVID-19: Health worker deaths rise to at least 17,000 as organizations call for rapid distribution of vaccines - Amnesty International (amnesty.org) [262].
6 El capitalismo se basa, como hemos señalado antes, en la competencia mortal entre Estados y entre capitalistas. Por eso el "sálvese quien pueda" y el “cada cual a la suya” están inscritos en su ADN, pero se han agudizado hasta extremos nunca vistos con la fase de descomposición capitalista.
7 Ver La irrupción de la descomposición en el terreno económico: Informe sobre la crisis económica https://es.internationalism.org/content/4629/la-irrupcion-de-la-descompo... [104]
8 https://es.internationalism.org/content/4713/informe-sobre-la-pandemia-y-desarrollo-de-la-descomposicion-del-24o-congreso [142]
9 https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019 [17]
10 Ver 2011: De la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [50]
11 Estructura y funcionamiento de la organización revolucionaria https://es.internationalism.org/revista-internacional/198302/2127/estructura-y-funcionamiento-de-la-organizacion-revolucionaria [3]
12 Ver La noción de Fracción en la historia del movimiento obrero – 1a parte https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4148/la-nocion-de-fraccion-en-la-historia-del-movimiento-obrero-1a-part [9]
13 https://es.internationalism.org/content/4658/divergencias-con-la-resolucion-sobre-la-situacion-internacional-en-el-23o-congreso-de [131]
14 Ver Tesis sobre el parasitismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/199807/1196/construccion-de-la-organizacion-revolucionaria-tesis-sobre-el-para [191]
15 Ver nuestra serie sobre la vida de Marc Chiric: https://es.internationalism.org/content/4663/marc-parte-2-de-la-segunda-guerra-mundial-la-actualidad [263] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1053/marc-de-la-revolucion-de-octubre-1917-a-la-ii-guerra-mundial [186]
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Esta resolución está en continuidad con el informe sobre la descomposición del XXII Congreso de la CCI, la resolución sobre la situación internacional al XXIII Congreso y el informe sobre la pandemia y la descomposición del XXIV Congreso1. Se basa en la idea de que la decadencia del capitalismo no sólo pasa por diferentes etapas o fases, sino que desde finales de los años ochenta hemos llegado a su última fase, la fase de descomposición2; además, que la propia descomposición tiene una historia, y un objetivo central de estos textos es "probar" el marco teórico de la descomposición frente a la evolución de la situación mundial. Han demostrado que la mayoría de los acontecimientos importantes de las últimas tres décadas han confirmado la validez de este marco, como lo atestigua la exacerbación del sálvese quien pueda a nivel internacional, el "rebote" de los fenómenos de descomposición a las zonas centrales del capitalismo mundial a través del crecimiento del terrorismo y la crisis de los refugiados, el auge del populismo y la pérdida de control político por parte de la clase dominante, la putrefacción creciente de la ideología a través de la difusión de la búsqueda de un chivo expiatorio, el fundamentalismo religioso y las teorías de la conspiración. Y así como la fase de descomposición es la expresión concentrada de todas las contradicciones del capital, sobre todo en su época de decadencia, la actual pandemia de Covid-19 es una destilación de todas las manifestaciones clave de la descomposición, y un factor activo de su aceleración.
1.- La pandemia del Covid-19, la primera de tal envergadura desde el brote de la gripe española en 1918 es el momento más importante de la evolución de la descomposición capitalista desde que se abrió definitivamente el periodo en 1989. La incapacidad de la clase dominante para evitar la mortandad resultante, de entre 7 y 12 millones, confirma que el sistema mundial capitalista, abandonado a su suerte, arrastra a la humanidad hacia el abismo de la barbarie, hacia su destrucción; y que sólo la revolución proletaria mundial puede detener este deslizamiento y conducir a la humanidad hacia un futuro diferente.
2. La CCI está prácticamente sola en la defensa de la teoría de la descomposición. Otros grupos de la izquierda comunista la rechazan por completo, ya sea, como en el caso de los bordiguistas, porque no aceptan que el capitalismo sea un sistema en decadencia (o, en el mejor de los casos, son incoherentes y ambiguos en este punto); o, en el caso de la Tendencia Comunista Internacionalista, porque hablar de una fase "final" del capitalismo suena demasiado apocalíptico, o porque definir la descomposición como un descenso al caos es una desviación del materialismo, que, en su opinión, busca las raíces de todo fenómeno en la economía y, sobre todo, en la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. Todas estas corrientes parecen ignorar que nuestro análisis está en continuidad con la plataforma de la Internacional Comunista de 1919, que no sólo insistía en que la guerra imperialista mundial de 1914-18 anunciaba la entrada del capitalismo en la "época de la descomposición del capital, de su desintegración interna, la época de la revolución comunista del proletariado", sino que también subrayaba que "El viejo 'orden' capitalista ha dejado de funcionar; su existencia ulterior está fuera de toda duda. El resultado final del modo de producción capitalista es el caos. Este caos sólo puede ser superado por la clase productiva y más numerosa: la clase obrera. El proletariado tiene que establecer un orden real, un orden comunista". Así, el drama al que se enfrentaba la humanidad se planteaba efectivamente en términos de orden contra caos. Y la amenaza de ruptura caótica estaba vinculada a "la anarquía del modo de producción capitalista", es decir, a un elemento fundamental del propio sistema.
-Según el marxismo, el sistema capitalista, en un nivel cualitativamente superior a cualquier modo de producción anterior, implica que los productos del trabajo humano se conviertan en un poder ajeno que se sitúa por encima y en contra de sus creadores. Esta decadencia del sistema, con sus contradicciones insolubles, está marcada por una nueva espiral en esta pérdida de control. Y como explica la Plataforma de la IC, la necesidad de intentar superar la anarquía capitalista dentro de cada Estado-nación -a través del monopolio y sobre todo de la intervención del Estado- no hace sino empujarla a nuevas cotas a escala global, culminando en la guerra mundial imperialista. Así, si bien el capitalismo puede, en ciertos niveles y durante ciertas fases, contener su tendencia innata al caos (por ejemplo, a través de la movilización para la guerra en los años 30 o el período de auge económico que siguió a la guerra), la tendencia más profunda es hacia la "desintegración interna" que, para la IC, caracterizaba a la nueva época.
3. Mientras que el Manifiesto de la IC hablaba del comienzo de una nueva "época", hubo tendencias dentro de la Internacional a ver la situación catastrófica del mundo de posguerra como una crisis final en sentido inmediato y no como toda una época de catástrofes que podría durar muchas décadas. Y este es un error en el que los revolucionarios han caído muchas veces, no sólo por errores en sus análisis, sino también porque no es posible predecir con certeza el momento preciso en que se producirá un cambio importante a nivel histórico. Tales errores se produjeron, por ejemplo, en 1848, cuando el Manifiesto Comunista ya proclamaba que la envoltura del del capital se había vuelto demasiado estrecha para contener las fuerzas productivas que había puesto en marcha; en 1919-20 con la teoría del colapso inminente del capital, desarrollada en particular por la izquierda comunista alemana; o de nuevo, en 1938, con la noción de Trotsky de que las fuerzas productivas habían dejado de crecer. La propia CCI también ha subestimado la capacidad del capitalismo para expandirse y desarrollarse a su manera, incluso en un contexto general de avance de la decadencia, especialmente en el caso de la China estalinista tras el colapso del bloque ruso. Sin embargo, estos errores son producto de una interpretación inmediata de la crisis capitalista, no un fallo inherente a la teoría de la decadencia en sí, que ve al capitalismo en este periodo como un freno creciente a las fuerzas productivas, más que como una barrera absoluta. Pero el capitalismo lleva más de un siglo en decadencia, y reconocer que estamos llegando a los límites del sistema es totalmente coherente con la comprensión de que la crisis económica, a pesar de los altibajos, se ha vuelto esencialmente permanente; que los medios de destrucción no sólo han alcanzado un nivel tal que podrían destruir toda la vida del planeta, sino que están en manos de un "orden" mundial cada vez más inestable; que el capitalismo ha provocado un desastre ecológico planetario sin precedentes en la historia de la humanidad. En resumen, el reconocimiento de que nos encontramos en la última etapa de la decadencia capitalista se basa en una evaluación sobria de la realidad. Una vez más, esto debe verse en una escala de tiempo histórica, no cotidiana. Pero significa que esta fase final es irreversible y no puede haber otra salida que el comunismo o la destrucción de la humanidad. Esta es la alternativa histórica de nuestra época.
4. La pandemia de Covid-19, en contra de las opiniones propagadas por la clase dominante, no es un acontecimiento puramente "natural", sino que resulta de una combinación de factores naturales, sociales y políticos, todos ellos vinculados al funcionamiento del sistema capitalista en descomposición. El elemento "económico" es efectivamente crucial aquí, y de nuevo en más de un nivel. Es la crisis económica, la búsqueda desesperada de beneficios, lo que ha llevado al capital a invadir toda la superficie del planeta, a apoderarse de lo que Adam Smith llamaba el "don gratuito" de la naturaleza, destruyendo los santuarios que quedan para la vida salvaje y aumentando enormemente el riesgo de enfermedades zoonóticas. A su vez, el crack financiero de 2008 condujo a una brutal reducción de las inversiones en investigación de nuevas enfermedades, en equipos médicos y en tratamientos, lo que aumentó exponencialmente el impacto mortal del coronavirus, situación que se vio agravada por los ataques masivos a los sistemas sanitarios (reducción del número de camas y de cuidadores, etc.) que estaban desbordados en el momento de la pandemia. Y la intensificación de la competencia del "sálvese quien pueda" entre empresas y naciones a nivel mundial ha retrasado gravemente el suministro de material de seguridad y de vacunas. Y en contra también de las esperanzas utópicas de ciertos sectores de la clase dirigente, la pandemia no dará lugar a un orden mundial más armonioso una vez que se haya mantenido a raya. No sólo porque esta pandemia es probablemente sólo una señal de advertencia de pandemias peores por venir, dado que las condiciones fundamentales que la generaron no pueden ser abordadas por la burguesía, sino también porque la pandemia ha empeorado considerablemente una recesión económica mundial que ya se vislumbraba antes de que la pandemia golpeara. El resultado será lo contrario de la armonía, ya que las economías nacionales intentarán cortarse el cuello unas a otras en la lucha por los menguantes mercados y recursos. Esta mayor competencia se expresará sin duda en el plano militar. Y la "vuelta a la normalidad" de la competencia capitalista hará recaer nuevas cargas sobre las espaldas de los explotados del mundo, que soportarán el peso principal de los esfuerzos del capitalismo por recuperar una parte de las gigantescas deudas que ha contraído en sus intentos de gestionar la crisis.
5. Ningún Estado puede pretender ser un modelo de gestión de la pandemia. Si algunos Estados asiáticos consiguieron inicialmente hacer frente a la situación de forma más eficaz (aunque países como China se dedicaron a falsear las cifras y la realidad de la epidemia), es por su experiencia en la confrontación de pandemias a nivel social y cultural, ya que este continente ha sido históricamente el caldo de cultivo para la aparición de nuevas enfermedades, y sobre todo porque estos Estados han conservado los medios, las instituciones y los procedimientos de coordinación puestos en marcha durante la epidemia de SARS en 2003. La propagación global del virus, la generación internacional de nuevas variantes, plantea el problema desde el principio en el nivel en el que la impotencia de la burguesía queda más claramente expuesta, en particular su incapacidad para adoptar un enfoque unificado y coordinado (como demuestra el reciente fracaso de la propuesta de firmar un tratado para luchar contra las pandemias) y para garantizar que toda la humanidad esté protegida por las vacunas.
6. La pandemia, como producto de la descomposición del sistema, está demostrando ser una fuerza formidable para acelerar aún más esa descomposición. Además, su impacto en la nación más poderosa del planeta, Estados Unidos, confirma lo que ya se señaló en el informe del XXII Congreso: la tendencia a que los efectos de la descomposición vuelvan con más fuerza al corazón mismo del sistema capitalista mundial. De hecho, Estados Unidos está ahora en el "centro" del proceso de descomposición mundial. La catastrófica gestión de la crisis del Covid por parte de la administración populista de Trump ha jugado sin duda un papel importante en que Estados Unidos tenga las tasas de mortalidad más altas del mundo por esta enfermedad. Al mismo tiempo, el alcance de las divisiones en el seno de la clase dirigente estadounidense quedó al descubierto con las disputadas elecciones de noviembre de 2020 y, sobre todo, con el asalto al Capitolio por parte de los partidarios de Trump el 6 de enero de 20213, empujados por éste y su entorno. Este último acontecimiento demuestra que las divisiones internas de Estados Unidos atraviesan toda la sociedad. Aunque Trump ha sido desalojado del gobierno, el trumpismo sigue siendo una fuerza poderosa y fuertemente armada, que se expresa tanto en las calles como en las urnas. Y con todo, el ala izquierda del Capital reuniéndose detrás de la bandera del antifascismo, hay un peligro real de que la clase obrera en los EEUU se vea atrapada en conflictos violentos entre facciones rivales de la burguesía.
7. Los acontecimientos en EEUU también ponen de manifiesto el avance de la descomposición de las estructuras ideológicas del capitalismo, donde de nuevo EEUU "lidera el camino". La llegada de la administración populista de Trump, la poderosa influencia del fundamentalismo religioso, la creciente desconfianza en la ciencia, tienen sus raíces en factores particulares de la historia del capitalismo estadounidense, pero el desarrollo de la descomposición y, en particular, el estallido de la pandemia ha impregnado todo tipo de ideas irracionales a la corriente principal de la vida política, reflejando con precisión la completa falta de perspectiva para el futuro que ofrece la sociedad existente. En particular, EEUU se ha convertido en el punto nodal para la irradiación de la "teoría de la conspiración" en todo el mundo capitalista avanzado, sobre todo a través de Internet y los medios sociales, que han proporcionado los medios tecnológicos para socavar aún más los fundamentos de cualquier idea de verdad objetiva en un grado que el estalinismo y el nazismo sólo podrían haber soñado. La teoría de la conspiración, que se presenta en diferentes formas, tiene ciertos rasgos comunes: la visión personalizada de las élites secretas que dirigen la sociedad desde la sombra, el rechazo del método científico y una profunda desconfianza hacia todo discurso oficial. A diferencia de la ideología dominante de la burguesía, que presenta la democracia y el poder estatal existente como verdaderos representantes de la sociedad, la teoría de la conspiración tiene su centro de gravedad en el odio a las élites establecidas, un odio que dirige contra el capital financiero y la clásica fachada democrática del totalitarismo capitalista de Estado. Esto llevó a los representantes del movimiento obrero en el pasado a llamar a este enfoque el "socialismo de los tontos" (August Bebel, en referencia al antisemitismo), un error todavía comprensible antes de la Primera Guerra Mundial, pero que sería peligroso hoy en día. El populismo de la teoría de la conspiración no es un intento retorcido de acercarse al socialismo ni a nada que se parezca a la conciencia de clase proletaria. Una de sus principales fuentes es la propia burguesía: esa parte de la burguesía que se resiente de ser excluida precisamente de los círculos internos elitistas de su propia clase, respaldada por otras partes de la burguesía que han perdido o están perdiendo su posición central anterior. Las masas que este tipo de populismo atrae tras de sí, lejos de estar animadas por cualquier voluntad de desafiar a la clase dominante, al identificarse con la lucha por el poder de aquellos a los que apoyan, esperan compartir de alguna manera ese poder, o al menos verse favorecidos por él a expensas de otros.
8. Aunque el avance de la descomposición capitalista, junto con la agudización caótica de las rivalidades imperialistas, adopta principalmente la forma de fragmentación política y de pérdida de control por parte de la clase dominante, esto no significa que la burguesía no pueda seguir recurriendo al totalitarismo estatal en sus esfuerzos por mantener unida la sociedad. Por el contrario, cuanto más tiende a desintegrarse la sociedad, más desesperada se vuelve la confianza de la burguesía en el poder estatal centralizador, que es el principal instrumento de esta clase dominante, la más maquiavélica de todas. La reacción al ascenso del populismo, de las facciones de la clase dominante más conscientes de los intereses generales del capital nacional y de su Estado, es un ejemplo de ello. La elección de Biden, apoyada por una enorme movilización de los medios de comunicación, de partes del aparato político e incluso de los militares y de los servicios de seguridad, expresan esta contra tendencia real frente al peligro de desintegración social y política encarnado más claramente por el trumpismo. A corto plazo, estos "éxitos" pueden funcionar como un freno al creciente caos social. Frente a la crisis del Covid-19, los cierres sin precedentes, último recurso para contener la propagación desenfrenada de la enfermedad, el recurso masivo al endeudamiento estatal para preservar un mínimo de nivel de vida en los países avanzados, la movilización de recursos científicos para encontrar una vacuna, demuestran la necesidad de la burguesía de preservar la imagen del Estado como protector de la población, tratando de no perder credibilidad y autoridad frente a la pandemia. Pero a largo plazo, este recurso al totalitarismo estatal tiende a exacerbar aún más las contradicciones del sistema. La semiparalización de la economía y la escalada de la deuda no pueden tener otro resultado que acelerar la crisis económica mundial, mientras que, en el plano social, el aumento masivo de las fuerzas policiales y de la vigilancia del Estado introducidos para aplicar las leyes de bloqueo -e inevitablemente utilizados para justificar todas las formas de protesta y disidencia- están agravando visiblemente la desconfianza en el poder político, expresada principalmente en el terreno anti proletario de los “derechos ciudadanos”.
9. El carácter evidente de la descomposición política e ideológica en la primera potencia mundial no significa que los demás centros del capitalismo mundial puedan constituir fortalezas alternativas de estabilidad. Una vez más, esto es más claro en el caso de Gran Bretaña, que ha sido golpeada simultáneamente por las tasas de mortalidad de Covid más altas de Europa y los primeros síntomas de la herida autoinfligida del Brexit, y que se enfrenta a una posibilidad real de ruptura en sus "naciones" constituyentes. Las actuales e indecorosas disputas entre Gran Bretaña y la UE sobre la viabilidad y la distribución de las vacunas ofrecen una prueba más de que la principal tendencia de la política burguesa mundial actual es hacia una creciente fragmentación, no hacia la unidad frente a un "enemigo común". La propia Europa no se ha librado de estas tendencias centrífugas, no sólo en torno a la gestión de la pandemia, sino también en torno a la cuestión de los "derechos humanos" y la democracia en países como Polonia y Hungría. Resulta sorprendente que incluso países centrales como Alemania, que antes se consideraba un relativo "refugio seguro" de estabilidad política y que pudo aprovechar su fortaleza económica, se vea ahora afectada por un creciente caos político. La aceleración de la descomposición en el centro histórico del capitalismo se caracteriza tanto por la pérdida de control como por las crecientes dificultades para generar homogeneidad política. Tras la pérdida de su segunda economía más importante, aunque la UE no corre el peligro inmediato de sufrir grandes escisiones, estas amenazas siguen planeando sobre el sueño de una Europa unida. Y mientras la propaganda estatal china destaca la creciente desunión e incoherencia de las "democracias", presentándose como un baluarte de la estabilidad mundial, el creciente recurso de Pekín a la represión interna, como contra el "movimiento democrático" de Hong Kong y los musulmanes uigures, es en realidad una prueba de que China es una bomba de relojería. El extraordinario crecimiento de China es en sí mismo un producto de la descomposición. La apertura económica durante el periodo de Deng en la década de 1980 movilizó enormes inversiones, especialmente de Estados Unidos, Europa y Japón. La masacre de Tiananmen en 1989 puso de manifiesto que esta apertura económica estaba siendo aplicada por un aparato político inflexible que sólo ha podido evitar el destino del estalinismo en el bloque ruso mediante una combinación de terror de Estado, una explotación despiadada de la fuerza de trabajo que somete a cientos de millones de trabajadores a un estatus de trabajadores migrantes permanentes, y un crecimiento económico frenético cuyos cimientos parecen ahora cada vez más tambaleantes. El control totalitario sobre todo el cuerpo social, el endurecimiento represivo de la facción estalinista de Xi Jinping, no es una expresión de fuerza, sino una manifestación de la debilidad del Estado, cuya cohesión está en peligro por la existencia de fuerzas centrífugas en el seno de la sociedad e importantes luchas entre camarillas dentro de la clase dirigente.
10. A diferencia de una situación en la que la burguesía es capaz de movilizar a la sociedad para la guerra, como en los años 30, el ritmo y las formas exactas de la marcha del capitalismo en descomposición hacia la destrucción de la humanidad son más difíciles de predecir porque es el producto de una convergencia de diferentes factores, algunos de los cuales pueden estar parcialmente ocultos a la vista. El resultado final, como insisten las Tesis de Descomposición, es el mismo: "Abandonado a su suerte, (el capitalismo) llevará a la humanidad al mismo destino que la guerra mundial. Al final, es lo mismo si somos aniquilados por una lluvia de bombas termonucleares, o por la contaminación, la radiactividad de las centrales nucleares, el hambre, las epidemias y las masacres de innumerables guerras pequeñas (en las que también podrían utilizarse armas nucleares). La única diferencia entre estas dos formas de aniquilación radica en que una es rápida, mientras que la otra sería más lenta y, en consecuencia, provocaría aún más sufrimiento". Sin embargo, hoy en día, los contornos de esta tendencia a la aniquilación son cada vez más nítidos. Las consecuencias de la destrucción de la naturaleza por parte del capitalismo son cada vez más imposibles de negar, al igual que el fracaso de la burguesía mundial, con todas sus conferencias mundiales y promesas de avanzar hacia una "economía verde", para detener un proceso que está inextricablemente ligado a la necesidad del capitalismo de penetrar hasta el último rincón del planeta en su búsqueda competitiva del proceso de acumulación. La pandemia de COVID es probablemente la expresión más significativa hasta ahora de este profundo desequilibrio entre la humanidad y la naturaleza, pero también se multiplican otras señales de alarma, desde el deshielo de los polos hasta los devastadores incendios de Australia y California y la contaminación de los océanos por los detritus de la producción capitalista.
11. Al mismo tiempo, también proliferan las "masacres de innumerables guerras pequeñas" a medida que el capitalismo, en su fase final, se sumerge en un "cada uno para sí" imperialista cada vez más irracional. La agonía de diez años en Siria, un país ahora totalmente arruinado por un conflicto en el que participan al menos cinco bandos rivales, es quizás la expresión más elocuente de esta aterradora "cesta de víboras", pero estamos viendo manifestaciones similares en Libia, el Cuerno de África y Yemen, guerras que han sido acompañadas y agravadas por la aparición de potencias regionales como Irán, Turquía y Arabia Saudita, ninguna de las cuales puede aceptar la disciplina de las principales potencias mundiales: estas potencias de segundo o tercer nivel pueden forjar alianzas contingentes con los estados más poderosos sólo para encontrarse en bandos opuestos en otras situaciones (como en el caso de Turquía y Rusia en la guerra de Libia). Los recurrentes enfrentamientos militares en Israel/Palestina son también testimonio de la naturaleza intratable de muchos de estos conflictos, y en este caso la matanza de civiles se ha visto exacerbada por el desarrollo de una atmósfera de pogromos dentro del propio Israel, lo que muestra el impacto de la descomposición tanto a nivel militar como social. Al mismo tiempo, asistimos a una agudización del conflicto entre las potencias mundiales. La exacerbación de las rivalidades entre Estados Unidos y China ya era evidente bajo Trump, pero la administración Biden continuará en la misma dirección, aunque bajo pretextos ideológicos diferentes, como los abusos de los derechos humanos por parte de China; al mismo tiempo, la nueva administración ha anunciado que ya no se dejará “envolver” ante Rusia, que ahora ha perdido su punto de apoyo en la Casa Blanca. Y aunque Biden ha prometido reinsertar a Estados Unidos en una serie de instituciones y acuerdos internacionales (sobre el cambio climático, el programa nuclear iraní, la OTAN...), esto no significa que Estados Unidos vaya a renunciar a su capacidad de actuar en solitario en defensa de sus intereses. El ataque militar contra las milicias proiraníes en Siria por parte de la administración Biden sólo semanas después de las elecciones fue una clara declaración en este sentido. La búsqueda del sálvese quien pueda hará cada vez más difícil, si no imposible, que Estados Unidos imponga su liderazgo, una ilustración de cada uno contra todos en la aceleración de la descomposición.
12. Dentro de este caótico panorama, no cabe duda de que el creciente enfrentamiento entre Estados Unidos y China tiende a ocupar el centro del escenario. La nueva administración ha demostrado así su compromiso con la "inclinación hacia el este" (ahora apoyada por el gobierno tory en Gran Bretaña) que ya era un eje central de la política exterior de Obama. Esto se ha concretado en el desarrollo de la "Cuadrilateral", una alianza explícitamente anti-China entre EEUU, Japón, India y Australia. Sin embargo, esto no significa que nos dirijamos a la formación de bloques estables y a una guerra mundial generalizada. La marcha hacia la guerra mundial está todavía obstruida por la poderosa tendencia a la indisciplina, al sálvese quien pueda y al caos a nivel imperialista, mientras que en los países capitalistas centrales el capitalismo no dispone todavía de los elementos políticos e ideológicos -incluyendo en particular una derrota política del proletariado- que podrían unificar la sociedad y allanar el camino hacia la guerra mundial. El hecho de que seguimos viviendo en un mundo esencialmente multipolar se pone de manifiesto, en particular, en la relación entre Rusia y China. Aunque Rusia se ha mostrado muy dispuesta a aliarse con China en cuestiones concretas, generalmente en oposición a EEUU, no es menos consciente del peligro de subordinarse a su vecino oriental, y es uno de los principales opositores a la "Nueva Ruta de la Seda" de China hacia la hegemonía imperialista4.
13. Esto no significa que estemos viviendo una época de mayor seguridad que en el período de la Guerra Fría, acechado como estaba por la amenaza de un Armagedón nuclear. Por el contrario, si la fase de descomposición está marcada por una creciente pérdida de control por parte de la burguesía, esto también se aplica a los vastos medios de destrucción -nucleares, convencionales, biológicos y químicos- que ha acumulado la clase dominante, y que ahora están más ampliamente distribuidos en un número mucho mayor de Estados nación que en el período anterior. Aunque no asistimos a una marcha controlada hacia la guerra dirigida por bloques militares disciplinados, no podemos descartar el peligro de estallidos militares unilaterales o incluso de accidentes espantosos que marcarían una nueva aceleración del deslizamiento hacia la barbarie.
14. Por primera vez en la historia del capitalismo, fuera de una situación de guerra mundial, la economía se ha visto directa y profundamente afectada por un fenómeno -la pandemia del COVID 19- que no está directamente relacionado con las contradicciones de la economía capitalista. La magnitud e importancia del impacto de la pandemia, como producto de un sistema completamente obsoleto y en plena descomposición, ilustra el hecho inédito de que el fenómeno de la descomposición capitalista está afectando ahora también, de forma masiva y a escala mundial, a toda la economía capitalista5.
Esta irrupción de los efectos de la descomposición en la esfera económica está afectando directamente a la evolución de la nueva fase de crisis abierta, dando paso a una situación completamente inédita en la historia del capitalismo. Los efectos de la descomposición, al alterar profundamente los mecanismos del capitalismo de Estado que hasta ahora se habían establecido para "acompañar" y limitar el impacto de la crisis, están introduciendo un factor de inestabilidad y fragilidad, de incertidumbre creciente.
El caos que se apodera de la economía capitalista confirma la opinión de Rosa Luxemburgo de que el capitalismo no sufrirá un colapso puramente económico. "Cuanto más despiadadamente el capital emprende la destrucción de los estratos no capitalistas, en el país y en el mundo exterior, cuanto más baja el nivel de vida del conjunto de los trabajadores, mayor es también el cambio en la historia cotidiana del capital. Se convierte en una cadena de catástrofes y convulsiones políticas y sociales, y en estas condiciones, -acompañada por catástrofes o crisis económicas periódicas, la acumulación no puede continuar. Pero incluso antes de que se llegue a este impasse económico natural de la propia creación del capital, se hace necesario que la clase obrera internacional se rebele contra el dominio del capital". (La Acumulación del Capital, capítulo 32)
15. Golpeando a un sistema capitalista que desde principios de 2018 ya había entrado en una clara desaceleración, la pandemia concretó rápidamente la predicción del XXIII Congreso de la CCI de que nos dirigíamos a una nueva inmersión en la crisis. La violenta aceleración de la crisis económica -y los temores de la burguesía- puede medirse por la altura del enorme muro de la deuda, levantado apresuradamente para preservar el aparato de producción de la quiebra y mantener un mínimo de cohesión social.
Una de las manifestaciones más importantes de la gravedad de la crisis actual, a diferencia de las situaciones pasadas de crisis económica abierta, y a diferencia de la crisis de 2008, reside en el hecho de que los países centrales (Alemania, China y Estados Unidos) han sido golpeados simultáneamente y están entre los más afectados por la recesión. En China esto ha supuesto una fuerte caída del ritmo de crecimiento en 2020. Los Estados más débiles están viendo sus economías estranguladas por la inflación, la caída del valor de su moneda y el empobrecimiento.
Tras cuatro décadas de recurrir al crédito y al endeudamiento para contrarrestar la creciente tendencia a la sobreproducción, salpicadas por recesiones cada vez más profundas y recuperaciones cada vez más limitadas, la crisis de 2007-9 marcó ya un paso más en el descenso del capitalismo hacia una crisis irreversible. Aunque la intervención masiva del Estado pudo salvar al sistema bancario de la ruina total, empujando la deuda a niveles aún más asombrosos, las causas de la crisis de 2007-09 no fueron superadas. Las contradicciones subyacentes a la crisis se trasladaron a un nivel superior con un peso aplastante de la deuda sobre los propios Estados. Los intentos de relanzar las economías no condujeron a una verdadera recuperación: un elemento sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial fue que, aparte de Estados Unidos, China y, en menor medida, Alemania, los niveles de producción en todos los demás países principales se estancaron o incluso cayeron entre 2013 y 2018. La extrema fragilidad de esta "recuperación", al amontonar todas las condiciones para un nuevo deterioro significativo de la economía mundial, ya presagiaba la situación actual.
A pesar de la envergadura histórica de los planes de recuperación, y debido a que el relanzamiento de la economía se está produciendo de una manera tan caótica, todavía no se puede predecir cómo -y hasta qué punto- la burguesía logrará estabilizar la situación, ya que se caracteriza por todo tipo de incertidumbres, sobre todo acerca de la evolución de la propia pandemia.
A diferencia de lo que la burguesía fue capaz de hacer en 2008, cuando reunió al G7 y al G20, formados por los principales Estados, y pudo acordar una respuesta coordinada a la crisis crediticia, hoy cada capital nacional reacciona de forma dispersa, sin otra preocupación que la de reactivar su propia maquinaria económica y su supervivencia en el mercado mundial, sin concertación entre los principales componentes del sistema capitalista. El sálvese quien pueda se ha convertido en un predominio decisivo.
La aparente excepción, el plan de recuperación europeo, que incluye la mutualización de las deudas entre los países de la UE, es producto de la conciencia de los dos principales Estados de la UE de la necesidad de un mínimo de cooperación entre ellos como condición previa para evitar una desestabilización importante de la UE para hacer frente a sus principales rivales China y Estados Unidos, so pena de arriesgarse a una degradación acelerada de su posición en el escenario mundial.
La contradicción entre la necesidad de contener la pandemia y de evitar la parálisis de la producción condujo a la "guerra de las máscaras" y a la "guerra de las vacunas". La actual guerra de las vacunas, la forma en que se fabrican y distribuyen, es un espejo del desorden que afecta a la economía mundial.
Tras el hundimiento del bloque del Este, la burguesía hizo todo lo posible para mantener una cierta colaboración entre los Estados, en particular apoyándose en los órganos de regulación internacional heredados del período de los bloques imperialistas. Este marco de "globalización" permitió limitar el impacto de la fase de descomposición a nivel de la economía, llevando a su extremo la posibilidad de "asociar" a las naciones en los diferentes niveles de la economía - financiero, productivo, etc.
Con el agravamiento de la crisis y las rivalidades imperialistas, estas instituciones y mecanismos multilaterales ya estaban siendo puestos a prueba por el hecho de que las principales potencias desarrollaban cada vez más sus propias políticas, en particular China, construyendo su vasta red paralela, la Nueva Ruta de la Seda, y Estados Unidos, que tendía a dar la espalda a estas instituciones por la creciente incapacidad de estos organismos para mantener su posición dominante. El populismo se presentaba ya como un factor que agravaba la deteriorada situación económica al introducir un elemento de incertidumbre frente a los tormentos de la crisis. Su llegada al poder en diferentes países aceleró el deterioro de los medios impuestos por el capitalismo desde 1945 para evitar cualquier deriva hacia un repliegue detrás de las fronteras nacionales, que sólo puede conducir a un contagio incontrolado de la crisis económica.
El sálvese quien pueda se deriva de la contradicción existente en el capitalismo entre la escala cada vez más global de la producción y la estructura nacional del capital, contradicción exacerbada por la crisis. Al provocar un caos creciente en el seno de la economía mundial (con la tendencia a la fragmentación de las cadenas de producción y a la ruptura del mercado mundial en zonas regionales, al refuerzo del proteccionismo y a la multiplicación de las medidas unilaterales), este movimiento totalmente irracional de cada nación hacia la salvación de sí misma a costa de todos los demás es contraproducente para cada capital nacional y un desastre a nivel mundial, un factor decisivo de empeoramiento de toda la economía mundial.
Esta carrera de las facciones burguesas más "responsables" hacia una gestión cada vez más irracional y caótica del sistema y, sobre todo, el avance sin precedentes de esta tendencia al sálvese quien pueda, revela una creciente pérdida de control de su propio sistema por parte de la clase dominante.
16. Única nación con una tasa de crecimiento positiva en 2020 (2%), China no ha salido triunfante ni fortalecida de la crisis pandémica, aunque haya ganado terreno momentáneamente a costa de sus rivales. Al contrario. El continuo deterioro del crecimiento de su economía, que es la más endeudada del mundo, y que además tiene una baja tasa de utilización de las capacidades y una proporción de "empresas zombis" de más del 30%, es testimonio de la incapacidad de China a partir de ahora para desempeñar el papel que tuvo en 2008-11 en el relanzamiento de la economía mundial.
China se enfrenta a la reducción de los mercados en todo el mundo, al deseo de numerosos Estados de liberarse de la dependencia de la producción china y al riesgo de insolvencia al que se enfrentan varios de los países que participan en el proyecto de la Ruta de la Seda y que son los más afectados por las consecuencias económicas de la pandemia. Por ello, el gobierno chino sigue una orientación hacia el desarrollo económico interno del plan "Made in China 2025", y del modelo de "doble circulación", que también pretende compensar la pérdida de la demanda externa estimulando la demanda interna. Este cambio de política no representa, sin embargo, un "giro hacia adentro"; el imperialismo chino no quiere ni puede dar la espalda al mundo. Por el contrario, el objetivo de este cambio es ganar autarquía nacional a nivel de tecnologías clave para poder ganar más terreno más allá de sus propias fronteras. Representa una nueva etapa en el desarrollo de su economía de guerra. Todo ello está provocando fuertes conflictos en el seno de la clase dirigente, entre los partidarios de la dirección de la economía por el Partido Comunista Chino y los vinculados a la economía de mercado y al sector privado, entre los "planificadores" del poder central y las autoridades locales que quieren orientar ellas mismas las inversiones. Tanto en Estados Unidos (en relación con los gigantes tecnológicos "GAFA" de Silicon Valley) como -de forma aún más decidida- en China (en relación con Ant International, Alibaba, etc.) hay un fuerte movimiento del aparato central del Estado hacia la reducción del tamaño de las empresas que se vuelven demasiado grandes (y poderosas) para controlarlas.
17. Las consecuencias de la destrucción frenética del medio ambiente por el capitalismo en descomposición, los fenómenos derivados de las perturbaciones climáticas y la destrucción de la biodiversidad conducen en primer lugar a una mayor pauperización de las partes más desfavorecidas de la población mundial (África subsahariana y Asia meridional) o de las presas de los conflictos militares. Pero cada vez afectan más a todas las economías, con los países desarrollados a la cabeza.
Actualmente asistimos a la multiplicación de fenómenos meteorológicos extremos, lluvias e inundaciones extremadamente violentas, grandes incendios que provocan enormes pérdidas económicas en la ciudad y el campo por la destrucción de infraestructuras vitales (ciudades, carreteras, instalaciones fluviales). Estos fenómenos perturban el funcionamiento del aparato productivo industrial y debilitan también la capacidad productiva de la agricultura. La crisis climática mundial y la consiguiente desorganización del mercado mundial de productos agrícolas amenazan la seguridad alimentaria de muchos Estados.
El capitalismo en descomposición no posee los medios para luchar realmente contra el calentamiento global y la devastación ecológica. Éstos ya tienen un impacto cada vez más negativo en la reproducción del capital y sólo pueden actuar como un obstáculo para la vuelta al crecimiento económico.
Motivada por la necesidad de sustituir las industrias pesadas y los combustibles fósiles obsoletos, la "economía verde" no representa una salida para el capital, ni en el plano ecológico ni en el económico. Sus redes de producción no son más verdes ni menos contaminantes. El sistema capitalista no tiene la capacidad de emprender una "revolución verde". Las acciones de la clase dominante en este ámbito también agudizan inevitablemente la competencia económica destructiva y las rivalidades imperialistas. La aparición de sectores nuevos y potencialmente rentables, como la producción de vehículos eléctricos, podría, en el mejor de los casos, beneficiar a ciertas partes de las economías más fuertes, pero dados los límites de los mercados solventes y los crecientes problemas que plantea el uso cada vez más masivo de la creación de dinero y de la deuda, no podrán actuar como locomotora de la economía en su conjunto. La "economía verde" es también un vehículo privilegiado para poderosas mistificaciones ideológicas sobre la posibilidad de reformar el capitalismo, y un arma privilegiada contra la clase obrera para justificar los cierres de plantas y los despidos.
18. En respuesta a las crecientes tensiones imperialistas, todos los Estados están aumentando su esfuerzo militar, tanto en volumen como en duración. La esfera militar se extiende a cada vez más "zonas de conflicto", como la ciberseguridad y la creciente militarización del espacio. Todas las potencias nucleares están relanzando discretamente sus programas atómicos. Todos los Estados están modernizando y adaptando sus fuerzas armadas.
Esta demencial carrera armamentística, a la que todos los Estados están irremediablemente condenados por las exigencias de la competencia Inter imperialista, es tanto más irracional cuanto que el peso creciente de la economía de guerra y de la producción de armas absorbe una parte considerable de la riqueza nacional: esta gigantesca masa de gastos militares a escala mundial, aunque constituya una fuente de beneficios para los comerciantes de armas, representa una esterilización y una destrucción del capital mundial. Las inversiones realizadas en la producción y venta de armas y equipos militares no constituyen en absoluto un punto de partida ni la fuente de acumulación de nuevos beneficios: una vez producidas o adquiridas, las armas sólo sirven para sembrar la muerte y la destrucción o permanecen inactivas en los silos hasta que quedan obsoletas y deben ser sustituidas. “El impacto económico de estos gastos completamente improductivos será desastroso para el capital. Ante unos déficits presupuestarios ya inmanejables, el aumento masivo de los gastos militares, que el crecimiento de los antagonismos Inter imperialistas hace necesario, es una carga económica que sólo acelerará el descenso del capitalismo al abismo" ("Informe sobre la situación internacional", Revista Internacional 35).
19. Después de décadas de deudas gigantescas, la inyección masiva de liquidez contenida en los planes de apoyo económico más recientes supera ampliamente el volumen de las intervenciones anteriores. Los miles de millones de dólares liberados por los planes estadounidenses, europeos y chinos han llevado la deuda mundial a un récord del 365% del PIB mundial.
La deuda, que ha sido utilizada una y otra vez por el capitalismo a lo largo de su época de decadencia como paliativo de la crisis de sobreproducción, es una forma de aplazar las cosas para el futuro a costa de convulsiones aún más graves. Ahora se ha disparado a niveles sin precedentes. Desde la Gran Depresión, la burguesía ha mostrado su determinación de mantener vivo un sistema cada vez más amenazado por la sobreproducción, por la disminución de la disponibilidad de los mercados, a través de medios cada vez más sofisticados de intervención estatal, destinados a ejercer un control global sobre su economía. Pero no tiene forma de enfrentarse a las verdaderas causas de la crisis. Aunque no exista un límite fijo y predeterminado a la huida hacia la deuda, punto en el que ésta se haría imposible, esta política no puede prolongarse indefinidamente sin graves repercusiones en la estabilidad del sistema, como lo demuestra el carácter cada vez más frecuente y extendido de las crisis de la última década. Además, esta política ha demostrado ser, al menos en las últimas cuatro décadas, cada vez menos eficaz para reactivar la economía mundial.
El peso de la deuda no sólo condena al sistema capitalista a convulsiones cada vez más devastadoras (quiebra de empresas e incluso de Estados, crisis financieras y monetarias, etc.) sino que, al restringir cada vez más la capacidad de los Estados para burlar las leyes del capitalismo, no hace sino obstaculizar su capacidad para relanzar sus respectivas economías nacionales.
La crisis que ya se está desarrollando desde hace décadas va a convertirse en la más grave de todo el período de decadencia, y su importancia histórica superará incluso la primera crisis de esta época, la que se inició en 1929. Madurando después de más de 100 años de decadencia capitalista, con una economía asolada por el sector militar, debilitada por el impacto de la destrucción del medio ambiente, profundamente alterada en sus mecanismos de reproducción por la deuda y la manipulación estatal, presa de la pandemia, sufriendo cada vez más todos los demás efectos de la descomposición, es una ilusión pensar que en estas condiciones habrá una recuperación fácil o duradera de la economía mundial.
20. Al mismo tiempo, los revolucionarios no deben caer en la tentación de una visión "catastrofista" de una economía mundial al borde del colapso final. La burguesía seguirá luchando a muerte por la supervivencia de su sistema, ya sea por medios directamente económicos (como la explotación de los recursos no explotados y de los nuevos mercados potenciales, tipificados por el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda de China) o políticos, sobre todo a través de la manipulación del crédito y el engaño a la ley del valor. Esto significa que todavía puede haber fases de estabilización entre las convulsiones económicas con consecuencias cada vez más profundas.
21. El retorno de una especie de "neokeynesianismo" iniciado por los enormes compromisos de gasto de la administración Biden, y las iniciativas de aumento de los impuestos a las empresas -aunque también motivadas por la necesidad de mantener unida a la sociedad burguesa, y por la necesidad igualmente apremiante de hacer frente a la agudización de las tensiones imperialistas- muestra la voluntad de la clase dominante de experimentar con diferentes formas de gestión económica, sobre todo porque las deficiencias de las políticas neoliberales lanzadas en los años de Thatcher-Reagan han quedado gravemente expuestas bajo el resplandor de la crisis pandémica. Sin embargo, estos cambios de política no pueden rescatar a la economía mundial de oscilar entre los peligros gemelos de la inflación y la deflación, las nuevas crisis crediticias y las crisis monetarias, que conducen a recesiones brutales.
22. La clase obrera está pagando un duro tributo a la crisis. En primer lugar, porque es la más directamente expuesta a la pandemia y es la principal víctima de la propagación de la infección, y en segundo lugar porque la caída en picado de la economía está desencadenando los ataques más graves desde la Gran Depresión, en todos los niveles de las condiciones de trabajo y de vida, aunque no todos los sectores de la clase se verán afectados de la misma manera.
La destrucción de puestos de trabajo fue cuatro veces mayor en 2020 que en 2009, pero aún no se ha revelado toda la magnitud del enorme aumento del desempleo masivo que se avecina. Aunque los subsidios públicos que se entregan en algunos países a quienes están parcialmente desempleados tienen como objetivo mitigar el choque social (en Estados Unidos, por ejemplo, durante el primer año de la pandemia, los ingresos medios de los asalariados, según las estadísticas oficiales, en realidad aumentaron - por primera vez, durante una recesión, en la historia del capitalismo) millones de puestos de trabajo van a desaparecer muy pronto.
El aumento exponencial de la precariedad laboral y la bajada generalizada de los salarios provocarán un aumento gigantesco del empobrecimiento, que ya está afectando a muchos trabajadores. El número de víctimas del hambre en el mundo se ha multiplicado por dos y el hambre está reapareciendo en los países occidentales. Para los que conservan un empleo, la carga de trabajo y el ritmo de explotación empeorarán.
La clase obrera no puede esperar nada de los esfuerzos de la burguesía por "normalizar" la situación económica, salvo despidos y recortes salariales, estrés y miedo añadidos, aumento drástico de las medidas de austeridad a todos los niveles, tanto en la educación como en las pensiones sanitarias y las prestaciones sociales. En resumen, asistiremos a una degradación de las condiciones de vida y de trabajo a un nivel que ninguna de las generaciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial ha experimentado hasta ahora.
23. Desde que el modo de producción capitalista entró en su período de decadencia, la presión para combatir esta decadencia con medidas capitalistas de Estado ha crecido constantemente. Sin embargo, la tendencia a fortalecer los órganos y las formas capitalistas de Estado no es en absoluto un fortalecimiento del capitalismo; al contrario, expresan las crecientes contradicciones en el terreno económico y político. Con la aceleración de la descomposición a raíz de la pandemia, asistimos también a un fuerte aumento de las medidas capitalistas de Estado. Éstas no son una expresión de un mayor control estatal sobre la sociedad, sino una expresión de las crecientes dificultades para organizar la sociedad en su conjunto y evitar su creciente tendencia a la fragmentación.
24. La CCI reconoció a principios de los años 90 que el derrumbe del bloque del Este y la apertura definitiva de la fase de descomposición crearían dificultades crecientes para el proletariado6: la falta de perspectiva política, la incapacidad de asumir su perspectiva política e histórica que ya había sido un elemento central de las dificultades del movimiento de clase en los años 80, se vería seriamente agravada por las ensordecedoras campañas sobre la muerte del comunismo; en relación con esto, el sentido de identidad de clase del proletariado se vería gravemente debilitado en el nuevo período, tanto por los efectos atomizadores y divisorios de la descomposición social, como por los esfuerzos conscientes de la clase dominante para exacerbar estos efectos a través de campañas ideológicas (el "fin de la clase obrera") y los cambios "materiales" provocados por la política de globalización (desarticulación de los centros tradicionales de la lucha de clases, traslado de las industrias a regiones del mundo donde la clase obrera no tenía el mismo grado de experiencia histórica, etc.).
25. La CCI ha tendido a subestimar la profundidad y la duración de este retroceso en la lucha de clases, viendo a menudo señales de que el reflujo estaba a punto de ser superado y que veríamos en un período relativamente corto de tiempo nuevas oleadas internacionales de lucha como en el período posterior a 1968. En 2003, basándose en las nuevas luchas en Francia, Austria y otros lugares, la CCI predijo un renacimiento de las luchas por parte de una nueva generación de proletarios que habían sido menos influenciados por las campañas anticomunistas y que se enfrentarían a un futuro cada vez más incierto. En gran medida, estas predicciones fueron confirmadas por los acontecimientos de 2006-2007, en particular la lucha contra el CPE en Francia, y de 2010-2011, en particular el movimiento de los Indignados en España. Estos movimientos mostraron importantes avances a nivel de la solidaridad entre generaciones, la autoorganización a través de asambleas, la cultura del debate, la preocupación real por el futuro que enfrenta la clase trabajadora y la humanidad en su conjunto. En este sentido, mostraron el potencial de una unificación de las dimensiones económica y política de la lucha de clases. Sin embargo, tardamos en comprender las inmensas dificultades a las que se enfrentaba esta nueva generación, "criada" en las condiciones de la descomposición, dificultades que impedirían al proletariado revertir el retroceso posterior al 89 durante este periodo.
26. Un elemento clave en estas dificultades fue la continua erosión de la identidad de clase. ¡Esto ya había sido evidente en las luchas de 2010-11, en particular el movimiento en España; a pesar de los importantes avances realizados al nivel de la conciencia y organización, la mayoría de los Indignados se veían a sí mismos como «ciudadanos» en lugar de verse como parte de una clase, ¡dejándolos vulnerables a las ilusiones democráticas ofrecidas como las de Democracia Real Ya! (el futuro Podemos), y más tarde al veneno del nacionalismo catalán y español. En los años siguientes, el reflujo que siguió a la estela de estos movimientos se vio profundizado por el rápido ascenso del populismo, que creó nuevas divisiones en la clase obrera internacional -divisiones que explotaron las diferencias nacionales y étnicas, y alimentadas por las actitudes pogromistas de la derecha populista, pero también divisiones políticas entre el populismo y el antipopulismo. En todo el mundo crecían la ira y el descontento, basados en graves privaciones materiales y en ansiedades reales sobre el futuro; Pero en ausencia de una respuesta proletaria, gran parte de esto se canalizó en revueltas interclasistas como los Chalecos Amarillos en Francia, en campañas de un solo tema en un terreno burgués como las marchas por el clima, en movimientos por la democracia contra la dictadura (Hong Kong, Bielorrusia, Myanmar, etc.) o en la inextricable maraña de políticas de identidad racial y sexual que sirven para ocultar aún más la cuestión crucial de la identidad de clase proletaria como la única base para una auténtica respuesta a la crisis del modo de producción capitalista. La proliferación de estos movimientos -ya sea que aparezcan como revueltas interclasistas o como movilizaciones abiertamente burguesas- ha aumentado las ya considerables dificultades no sólo para la clase obrera en su conjunto sino para la propia izquierda comunista, para las organizaciones que tienen la responsabilidad de definir y defender el terreno de clase. Un claro ejemplo de ello fue la incapacidad de los bordiguistas y de la TCI para reconocer que la ira provocada por el asesinato policial de George Floyd en mayo de 2020 se había desviado inmediatamente hacia canales burgueses7. Pero la CCI también se ha encontrado con importantes problemas frente a este conjunto de movimientos, a menudo desconcertante, y, como parte de su revisión crítica de los últimos 20 años, tendrá que examinar seriamente la naturaleza y el alcance de los errores que cometió en el período que va desde la primavera árabe de 2011, pasando por las llamadas protestas de las velas en Corea del Sur, hasta estas revueltas y movilizaciones más recientes.
27. La pandemia, en particular, ha creado dificultades considerables para la clase obrera:
La mayoría de los trabajadores reconocen la realidad de esta enfermedad y los verdaderos peligros que supone reunirse en gran número, inhibiendo la posibilidad de realizar asambleas generales y manifestaciones obreras; el proletariado se enfrenta, no sólo a la burguesía, sino también, y en un sentido más inmediato, al virus. En general, las situaciones en las que las catástrofes naturales desempeñan un papel primordial no favorecen el desarrollo de la lucha de clases. La indignación de Voltaire contra la naturaleza por el terremoto de Lisboa no se generalizó. A diferencia del "terremoto social" de la huelga de masas de 1905 en Rusia, el terremoto de 1906 en San Francisco no hizo avanzar la causa del proletariado, como tampoco el de 1923 en Tokio; como siempre, la burguesía no duda en utilizar los efectos de la descomposición contra la clase obrera. Aunque los cierres han sido motivados principalmente por la comprensión de la burguesía de que no tenía otro recurso para evitar la propagación de la enfermedad, sin duda aprovechará la situación para imponer la atomización y la explotación de la clase obrera, en particular a través del nuevo modelo de "trabajo desde casa”. Este nuevo paso en la atomización de la población trabajadora ha sido una fuente de creciente sufrimiento psicológico, especialmente entre los jóvenes, hasta el punto de aumentar los casos de suicidio;
Por otra parte, la clase dominante ha aprovechado las condiciones de la pandemia para reforzar sus sistemas de vigilancia masiva e introducir nuevas leyes represivas que restringen las protestas y manifestaciones, junto con una violencia policial cada vez más abierta contra todas las expresiones de descontento social;
El aumento masivo del desempleo resultante del cierre no será, en esta situación y a corto plazo, un factor de unificación de las luchas obreras, sino que tenderá a reforzar aún más la atomización;
Aunque el cierre ha provocado un gran descontento social, cuando éste se ha expresado abiertamente, como en España en febrero y en Alemania en abril de 2021, ha tomado abrumadoramente la forma de protestas "por la libertad individual" que son un callejón sin salida para la clase obrera;
De manera más general, el período de la pandemia ha visto un nuevo auge de la "política de la identidad", en la que la insatisfacción con la vida bajo el sistema actual se fragmenta en una vorágine de identidades enfrentadas basadas en la raza, el género, la cultura, etc., y que constituyen una gran amenaza para la recuperación de la única identidad capaz de unificar y liberar a toda la humanidad detrás de ella: la identidad de clase proletaria. Además, detrás de este caos de identidades en pugna que penetra en toda la población, se encuentra la competencia entre diferentes facciones burguesas de derecha e izquierda, lo que conlleva el peligro de arrastrar a la clase obrera a nuevas formas de "luchas culturales" reaccionarias e incluso a una violenta guerra civil.
28. A pesar de los enormes problemas a los que se enfrenta el proletariado, rechazamos la idea de que la clase ya haya sido derrotada a escala mundial, o que esté a punto de sufrir una derrota de este tipo comparable a la del período de la contrarrevolución, una derrota de la que posiblemente el proletariado ya no podría recuperarse. El proletariado, como clase explotada, no puede evitar pasar por la escuela de las derrotas, pero la cuestión central es si el proletariado ha sido ya tan abrumado por el avance implacable de la descomposición que su potencial revolucionario ha sido efectivamente socavado. Medir tal derrota en la fase de descomposición es una tarea mucho más compleja que en el período anterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando el proletariado se había levantado abiertamente contra el capitalismo y había sido aplastado por una serie de derrotas frontales, o en el período posterior a 1968, cuando el principal obstáculo al impulso de la burguesía hacia una nueva guerra mundial fue el resurgimiento de las luchas de una nueva e invicta generación de proletarios. Como ya hemos recordado, la fase de descomposición encierra, en efecto, el peligro de que el proletariado simplemente no responda y sea aplastado durante un largo período, una "muerte por mil cortes" más que una confrontación de clase frontal. Sin embargo, afirmamos que todavía hay suficientes evidencias para mostrar que, a pesar del indudable "progreso" de la descomposición, a pesar de que el tiempo ya no está del lado de la clase obrera, el potencial para un profundo resurgimiento proletario -que lleve a una reunificación entre las dimensiones económica y política de la lucha de clases- no se ha desvanecido, como lo atestigua:
la persistencia de importantes movimientos proletarios que han aparecido en la fase de descomposición (2006-7, 2010-11, etc.)8
el hecho de que, justo antes de la pandemia, vimos varios signos embrionarios y muy frágiles de una reaparición de la lucha de clases, especialmente en Francia en 20199. E incluso si esta dinámica fue entonces en gran medida bloqueada por la pandemia y los cierres, hubo protestas de los trabajadores en varios países incluso durante la pandemia, en particular en torno a cuestiones de salud y seguridad en el trabajo10;
Los pequeños pero significativos signos de una maduración subterránea de la conciencia, que se manifiesta en los esfuerzos hacia una reflexión global sobre el fracaso del capitalismo y la necesidad de otra sociedad en algunos movimientos (particularmente los Indignados en 2011), pero también a través de la aparición de elementos jóvenes que buscan posiciones de clase y se vuelven hacia la herencia de la izquierda comunista;
Y lo que es más importante, la situación a la que se enfrenta la clase obrera no es la misma que tras el colapso del bloque del Este y la apertura de la fase de descomposición en 1989. En aquel momento, era posible presentar estos acontecimientos como la prueba de la muerte del comunismo y de la victoria del capitalismo y el comienzo de un futuro brillante para la humanidad. Treinta años de descomposición han socavado gravemente este fraude ideológico de un futuro más brillante, y la pandemia, en particular, ha puesto al descubierto la irresponsabilidad y la negligencia de todos los gobiernos capitalistas y la realidad de una sociedad desgarrada por profundas divisiones económicas en la que no estamos en absoluto "todos juntos". Por el contrario, la pandemia y el bloqueo han tendido a revelar la condición de la clase obrera como principal víctima de la crisis sanitaria, pero también como fuente de todo el trabajo "esencial" y de toda la producción material, y en particular de las necesidades básicas. Esta puede ser una de las bases para una futura recuperación de la identidad de clase. Y, junto con la creciente comprensión de que el capitalismo es un modo de producción totalmente obsoleto, esto ya ha sido un elemento en la aparición de las minorías politizadas cuya motivación ha sido, sobre todo, comprender la dramática situación a la que se enfrenta la humanidad;
Por último, en un plano histórico más amplio, el proceso de descomposición no ha eliminado el carácter asociado del trabajo bajo el capitalismo. Este sigue siendo el caso a pesar de la atomización social engendrada por la descomposición, a pesar de los intentos deliberados de fragmentar la fuerza de trabajo a través de estratagemas como la "economía gig", a pesar de las campañas ideológicas que pretenden presentar a los sectores más educados del proletariado como "clase media". El capital moviliza cada vez más trabajadores en todo el mundo, el proceso de proletarización y, por lo tanto, la explotación del trabajo vivo continúa sin cesar. La clase obrera es hoy más grande y está más interconectada que nunca, pero con el avance de la descomposición se intensifican la atomización y el aislamiento social. Esto se expresa también en las dificultades de la clase obrera para experimentar su propia identidad de clase. Sólo a través de las luchas de la clase obrera en su propio terreno de clase es capaz de crear su poder "asociativo" que expresa una anticipación del trabajo asociado del comunismo. Los trabajadores son reunidos por el capital en el proceso de producción, donde la combinación del trabajo se realiza bajo coacción, pero el carácter revolucionario del proletariado significa invertir dialécticamente estas condiciones en una lucha colectiva. La explotación del trabajo común se invierte en la lucha contra la explotación y por la liberación del carácter social del trabajo, por una sociedad que sepa utilizar conscientemente todo el potencial del trabajo asociado.
Así, la lucha defensiva de la clase obrera contiene el germen de las relaciones sociales cualitativamente más elevadas que son el objetivo final de la lucha de clases: lo que Marx llamó los "productores libremente asociados". A través de la asociación, de la unión de todos sus componentes, capacidades y experiencias, el proletariado puede hacerse poderoso, puede convertirse en el combatiente cada vez más consciente y unido por una humanidad liberada y en su precursor.
29. A pesar de la tendencia del proceso de descomposición a accionar sobre la crisis económica, ésta sigue siendo el "aliado del proletariado" en esta fase. Como dicen las Tesis sobre la descomposición:
"La inexorable agravación de la crisis capitalista constituye el estimulante esencial de la lucha de clases y del desarrollo de la conciencia, la condición previa para su capacidad de resistir el veneno que destila la podredumbre social. Porque si bien no hay base para la unificación de la clase en las luchas parciales contra los efectos de la descomposición, sin embargo, su lucha contra los efectos directos de la crisis constituye la base para el desarrollo de su fuerza y unidad de clase. Esto es así porque:
mientras que los efectos de la descomposición (por ejemplo, la contaminación, las drogas, la inseguridad) golpean de forma muy parecida a las distintas capas de la sociedad y constituyen un terreno fértil para las campañas y mistificaciones aclasistas (ecología, movimientos antinucleares, movilizaciones antirracistas, etc.), los ataques económicos (caída de los salarios reales, despidos, aumento de la productividad, etc.) resultantes directamente de la crisis golpean directa y específicamente al proletariado (es decir, a la clase que produce plusvalía y se enfrenta al capitalismo en este terreno);
a diferencia de la descomposición social que afecta esencialmente a la superestructura, la crisis económica ataca directamente los cimientos sobre los que se asienta esta superestructura; en este sentido, pone al descubierto toda la barbarie que se abate sobre la sociedad, permitiendo así que el proletariado tome conciencia de la necesidad de cambiar radicalmente el sistema, en lugar de intentar mejorar ciertos aspectos del mismo". (Tesis 17)
30. En consecuencia, debemos rechazar cualquier tendencia a restar importancia a las luchas económicas "defensivas" de la clase, lo que es una expresión típica de la concepción modernista que sólo ve a la clase como una categoría explotada y no igualmente como una fuerza histórica y revolucionaria. Por supuesto, es cierto que la lucha económica por sí sola no puede frenar la marea de la descomposición: como dicen las Tesis, "la resistencia de los trabajadores a los efectos de la crisis ya no es suficiente: sólo la revolución comunista puede poner fin a la amenaza de la descomposición". Pero es un profundo error perder de vista la interacción constante y dialéctica entre los aspectos económicos y políticos de la lucha, como subrayó Rosa Luxemburgo en su trabajo sobre la huelga de masas de 1905; y de nuevo, al calor de la revolución alemana de 1918-19, cuando la dimensión "política" estaba a la vista, insistió en que el proletariado seguía necesitando desarrollar sus luchas económicas como única base para organizarse y unificarse como clase. Será la combinación de una lucha defensiva renovada en un terreno de clase, enfrentándose a los límites objetivos de la sociedad burguesa en descomposición, y fecundada por la intervención de la minoría revolucionaria, la que permitirá a la clase obrera recuperar su perspectiva revolucionaria, para avanzar hacia la politización plenamente proletaria que la armará para sacar a la humanidad de la pesadilla del capitalismo en descomposición.
31. En un primer momento, el redescubrimiento de la identidad y la combatividad de clase constituirá una forma de resistencia contra los efectos corrosivos de la descomposición capitalista, un baluarte para evitar que la clase obrera se fragmente y se divida aún más contra sí misma. Sin el desarrollo de la lucha de clases, fenómenos como la destrucción del medio ambiente y la proliferación del caos militar tienden a reforzar los sentimientos de impotencia y el recurso a falsas soluciones como el ecologismo y el pacifismo. Pero en una etapa más desarrollada de la lucha, en el contexto de una situación revolucionaria, la realidad de estas amenazas a la supervivencia de la especie puede convertirse en un factor para comprender que el capitalismo ha llegado efectivamente a la fase terminal de su declive y que la revolución es la única salida. En particular, el impulso bélico del capitalismo -sobre todo cuando involucra directa o indirectamente a las grandes potencias- puede ser un factor importante en la politización de la lucha de clases, ya que trae consigo tanto un aumento muy concreto de la explotación y el peligro físico, como una confirmación más de que la sociedad se enfrenta a la trascendental elección entre el socialismo y la barbarie. A partir de factores de desmovilización y desesperación, estas amenazas pueden reforzar la determinación del proletariado de acabar con este sistema moribundo.
"Del mismo modo, en el período que viene, el proletariado no puede esperar beneficiarse del debilitamiento que la descomposición provoca en el seno de la propia burguesía. Durante este período, debe aspirar a resistir los efectos nocivos de la descomposición en sus propias filas, contando sólo con su propia fuerza y con su capacidad de lucha colectiva y solidaria para defender sus intereses como clase explotada (aunque la propaganda revolucionaria debe subrayar constantemente los peligros de la descomposición social). Sólo en el período revolucionario, cuando el proletariado esté a la ofensiva, cuando haya tomado directa y abiertamente las armas por su propia perspectiva histórica, podrá utilizar ciertos efectos de la descomposición, en particular de la ideología burguesa y de las fuerzas del poder capitalista, como palanca, y volverlos contra el capital" (Tesis sobre la descomposición).
1 Se pueden encontrar respectivamente en: https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017 [14] , https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida [12] y https://es.internationalism.org/content/4713/informe-sobre-la-pandemia-y-desarrollo-de-la-descomposicion-del-24o-congreso [142]
2 Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-desc... [11]
3 Ver Asalto del Capitolio en Washington: Los Estados Unidos en el centro de la descomposición mundial del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4635/asalto-del-capitolio-en-washington-los-estados-unidos-en-el-centro-de-la-descomposicion [266]
4 Ver La Ruta de la Seda china hacia la dominación imperialista https://es.internationalism.org/content/4366/la-ruta-china-de-la-seda-hacia-la-dominacion-imperialista [267]
5 Ver La irrupción de la descomposición en el terreno económico: Informe sobre la crisis económica https://es.internationalism.org/content/4629/la-irrupcion-de-la-descomposicion-en-el-terreno-economico-informe-sobre-la-crisis [104]
6 Ver Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole [60]
7 Ver Los grupos de la Izquierda Comunista ante el movimiento Black Lives Matter: una incapacidad para identificar el terreno de la clase obrera https://es.internationalism.org/content/4605/los-grupos-de-la-izquierda-comunista-ante-el-movimiento-black-lives-matter-una [268]
8 Ver Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [18] y 2011: de la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [50]
9 Ver Balance de las luchas en Francia contra la "reforma" de las pensiones https://es.internationalism.org/content/4524/balance-de-las-luchas-en-francia-contra-la-reforma-de-las-pensiones [269]
10 Ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [270]
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En cierto modo, “la Izquierda comunista se encuentra hoy en una situación similar a la de Bilan de los años 1930, en el sentido de que se ve obligada a comprender una situación histórica nueva y sin precedentes”1.
Esta constatación, más adecuada que nunca, requeriría intensos debates entre organizaciones del medio proletario para analizar el significado de la crisis del Covid-19 en la historia del capitalismo y las consecuencias que se derivan de ella. Sin embargo, ante la fulgurante extensión de los acontecimientos, los grupos del medio político proletario parecen totalmente desamparados y desarmados: en lugar asirse al método marxista como una teoría viva, lo reducen a un dogma invariante en el que la lucha de clases se ve como una repetición inmutable de esquemas eternamente válidos sin poder mostrar no sólo lo que persiste sino también lo que ha cambiado. Así, los grupos bordiguistas o consejistas ignoran obstinadamente la entrada del sistema en su fase de decadencia. Por otro lado, la Tendencia Comunista Internacional (TCI) rechaza la descomposición como una visión cataclísmica y limita sus explicaciones a la obviedad según la cual la ganancia económica es responsable de la pandemia, y a la ilusoria idea de que esta última es sólo un evento anecdótico, un paréntesis, en los ataques de la burguesía para maximizar sus ganancias. Esos grupos del medio político proletario se conforman con recitar los esquemas del pasado sin analizar las circunstancias específicas, el momento y el impacto de la crisis sanitaria. En consecuencia, su contribución a la evaluación de la relación de fuerzas entre las dos clases antagónicas de la sociedad, de los peligros u oportunidades que se presentan a la clase y a sus minorías, es irrisoria.
Un enfoque marxista firme es tanto más necesario cuanto la desconfianza hacia el discurso oficial engendra actualmente la emergencia de numerosas "explicaciones alternativas" falsas y fantasiosas de los acontecimientos. Surgen teorías "conspirativas"2 cada cual más extravagante, y son compartidas por millones de adeptos: la pandemia y la vacunación masiva de hoy serían una maquinación de los chinos para asegurar su supremacía, un complot de la burguesía mundial para preparar la guerra o reestructurar la economía mundial, una toma del poder por parte de una internacional secreta de virólogos o incluso una nebulosa conspiración mundial de las élites (bajo la dirección de Soros o Gates), ... Este ambiente general provoca también una desorientación del medio político, un verdadero "Corona blues".
Para la CCI, el marxismo es "un pensamiento vivo para el que cada acontecimiento histórico importante es la oportunidad de un enriquecimiento". (...). Corresponde a las organizaciones y a los militantes revolucionarios la responsabilidad específica y fundamental de llevar a cabo este esfuerzo de reflexión cuidando, al igual que hicieron nuestros mayores -como Lenin, Rosa Luxemburgo, la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista Internacional (Bilan), la Izquierda Comunista de Francia, etc.- avanzar a la vez con prudencia y audacia:
apoyándose firmemente en las aportaciones de base del marxismo;
examinando la realidad sin anteojeras y desarrollando el pensamiento sin "ninguna prohibición ni ningún ostracismo" (Bilan).
En particular, ante tales acontecimientos históricos, es importante que los revolucionarios sean capaces de distinguir claramente entre los análisis que han quedado obsoletos y los que siguen siendo válidos, para evitar un doble escollo: ya sea encerrarse en la esclerosis o "tirar el niño con el agua de la bañera"3.
Por tanto, la crisis del Covid-19 ha obligado a la CCI a confrontar los elementos más destacados de este importante acontecimiento en el marco de la descomposición que la organización lleva planteando desde hace más de 30 años para entender la evolución del capitalismo. Este marco se recuerda claramente en la Resolución sobre la situación internacional del 23º Congreso Internacional de la CCI (2019)4: "Hace 30 años, la CCI puso en evidencia que el sistema capitalista había entrado en la última fase de su período de decadencia y de su existencia, el de la descomposición. Este análisis se basaba en una serie de hechos empíricos, pero al mismo tiempo proporcionaba un marco para entenderlos: "En una situación como ésta, en la que las dos clases fundamentales y antagónicas de la sociedad se enfrentan sin poder imponer su propia respuesta decisiva, la historia no puede detenerse. Menos aún que para los otros modos de producción que le precedieron, no puede existir para el capitalismo "congelación", ni "estancamiento" de la vida social. Mientras las contradicciones del capitalismo en crisis no hacen más que agravarse, la incapacidad de la burguesía de ofrecer la más mínima perspectiva para el conjunto de la sociedad y la incapacidad del proletariado de afirmar abiertamente la suya en el futuro inmediato sólo pueden desembocar en un fenómeno de descomposición generalizada, de putrefacción de la sociedad desde su base." 5 Nuestro análisis se ocupó de precisar los dos significados del término "descomposición"; por un lado, se aplica a un fenómeno que afecta a la sociedad, particularmente en el período de decadencia del capitalismo, y, por otro lado, designa una fase histórica particular de éste último, su fase última : "... es indispensable destacar la diferencia fundamental que opone los elementos de descomposición que han afectado al capitalismo desde principios de siglo (el siglo 20º) y la descomposición generalizada en la que este sistema se hunde actualmente y que no podrá sino agravarse. También aquí, más allá del aspecto estrictamente cuantitativo, el fenómeno de la descomposición social alcanza hoy tal profundidad y extensión que adquiere una cualidad nueva y singular que manifiesta la entrada del capitalismo decadente en una fase específica -la fase última- de su historia, aquella en la que la descomposición se convierte en un factor, si no en el factor decisivo, de la evolución de la sociedad". (Ibid., Tesis 2).
Es principalmente este último punto, el hecho que la descomposición tiende a convertirse en el factor decisivo de la evolución de la sociedad y, por lo tanto, del conjunto de componentes de la situación mundial -una idea que de ninguna manera es compartida por los otros grupos de la Izquierda comunista- el que constituye el eje principal de la presente resolución”.
En este contexto, el objetivo de este informe es evaluar el impacto de la crisis del Covid-19 en la profundización de las contradicciones en el seno del sistema capitalista y las implicaciones de ésta en la profundización de la fase de descomposición.
La pandemia hace estragos en el corazón del capitalismo: una primera, luego una segunda, incluso una tercera oleada de infecciones está arrasando al mundo y en particular a los países industrializados; sus sistemas hospitalarios están al borde del colapso y se ven obligados a imponer repetidamente confinamientos más o menos drásticos. Después de un año de pandemia, las cifras oficiales, en gran parte subvaluadas en muchos países, contabilizan más de 500,000 muertes en Estados Unidos y más de 650,000 en la Unión Europea y América Latina6.
Durante los últimos doce meses, en este modo de producción con ilimitadas capacidades científicas y tecnológicas, las burguesías, no sólo de los países periféricos sino especialmente de los principales países industrializados, se han mostrado incapaces de:
impedir la propagación de la pandemia, luego su reanudación a través de una segunda, tercera, .... oleada;
evitar la saturación de los sistemas hospitalarios, como en Italia, en España, pero también en Gran Bretaña o Estados Unidos;
poner en práctica técnicas e instrumentos para controlar y contener las diversas oleadas;
coordinar y centralizar la búsqueda de una vacuna y poner en marcha una política de producción, distribución y vacunación planificada y pensada para todo el planeta.
Por el contrario, rivalizaron en la toma de medidas inconsistentes y caóticas y recurrieron, desesperados, a medidas que se remontan a épocas remotas de la historia que se suponía ya superadas, como el encierro, la cuarentena o el toque de queda. Han condenado a muerte a cientos de miles de personas seleccionando los enfermos de Covid ingresados en hospitales abarrotados o posponiendo a una fecha lejana el tratamiento de otras patologías graves.
El desarrollo catastrófico de la crisis pandémica está fundamentalmente ligado a la implacable presión de la crisis histórica del modo de producción capitalista. El impacto de las medidas de austeridad, aún más acentuadas desde la recesión de 2007-2011, la competencia económica despiadada entre los Estados y la prioridad dada, en particular en los países industrializados, al mantenimiento de las capacidades de producción en detrimento de la salud de las poblaciones en nombre de la primacía de la economía, ha favorecido la amplitud de la crisis sanitaria y constituye un obstáculo permanente para su contención. Esta inmensa catástrofe que constituye la pandemia no es producto de la fatalidad ni de la insuficiencia de conocimientos científicos o de herramientas sanitarias (como era el caso en anteriores modos de producción); ésta no llegó como un trueno en un cielo sereno, ni constituye un paréntesis pasajero. Ésta expresa la impotencia fundamental del modo de producción capitalista declinante, que va más allá de la irresponsabilidad de tal o cual gobierno, más bien, por el contrario, revela el bloqueo y pudrimiento desde su base de la sociedad burguesa. Y, sobre todo, revela el alcance de esta fase de descomposición, que se ha ido profundizando durante 30 años.
La crisis del Covid-19 no surge de la nada; es tanto la expresión como el resultado de 30 años de la fase de descomposición del capitalismo que marcó una tendencia a la multiplicación, a la profundización y a una convergencia cada vez más clara de las diversas manifestaciones de la pudrición del sistema en la raíz.
a) La importancia y el significado de la dinámica de descomposición fueron aprehendidos por la CCI desde finales de los años 80: “Mientras la burguesía no tenga las manos libres para imponer su "solución": la guerra imperialista generalizada, y la lucha de clases aún no está lo suficientemente desarrollada para permitirle que presente su perspectiva revolucionaria, el capitalismo se ve arrastrado en una dinámica de descomposición, de pudrimiento en la raíz que se manifiesta en todos los planos de su existencia:
degradación de las relaciones internacionales entre Estados manifestada por el desarrollo del terrorismo;
catástrofes tecnológicas y la repetición de las denominadas catástrofes naturales;
destrucción de la esfera ecológica;
hambrunas, epidemias, expresiones de la pauperización absoluta que se generaliza;
explosión de "nacionalismos";
vida de la sociedad marcada por el desarrollo de la criminalidad, la delincuencia, los suicidios, la locura, la atomización individual;
descomposición ideológica marcada, entre otras cosas, por el desarrollo del misticismo, el nihilismo, la ideología del "cada uno para sí", etc.”7.
b) La implosión del bloque soviético marca una aceleración espectacular del proceso a pesar de las campañas para encubrirlo. El derrumbe desde el interior de uno de los dos bloques imperialistas que se enfrentaban, sin que esto sea producto ni de una guerra mundial entre los bloques, ni de la ofensiva del proletariado, sólo puede entenderse como la expresión mayor de la entrada en la fase de descomposición. Sin embargo, las tendencias a la pérdida de control y a la exacerbación del cada uno para sí que esta implosión manifiesta, fueron en gran parte disimuladas y contrarrestadas: al principio, por la recuperación del prestigio de la "democracia" y del hecho de su “victoria sobre el comunismo” (campañas sobre la muerte del comunismo y la superioridad del modo democrático de gobierno); luego por la primera guerra del Golfo (1991) -desatada en nombre de las Naciones Unidas contra Saddam Husein- que permite a Bush padre imponer una "coalición internacional de Estados" bajo la dirección de los Estados Unidos y así frenar en un primer momento, la tendencia al cada uno para sí de los buitres imperialista; finalmente, por el hecho de que el colapso económico resultante de la implosión del bloque del Este sólo afecta a los antiguos países del bloque ruso, una parte particularmente atrasada del capitalismo, y perdona en gran medida a los países industrializados.
c) A comienzos del siglo 21º, la expansión de la descomposición se manifiesta sobre todo en la explosión del cada uno para sí y del caos en el plano imperialista. El ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono por parte de Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001 y la respuesta militar unilateral de la administración Bush, abre de par en par la "caja de Pandora" de la descomposición: con el ataque y la invasión de Irak en 2003, desafiando las convenciones u organizaciones internacionales y sin tener en cuenta la opinión de sus principales "aliados", la primera potencia mundial pasa del status de gendarme del orden mundial a la de agente principal del cada uno para sí y del caos. La ocupación de Irak, seguida de la guerra civil en Siria (2011) potenció el cada uno para sí imperialista no sólo en el Medio Oriente sino en todo el planeta. También acentúan la tendencia a la baja del liderazgo estadounidense, a medida que Rusia vuelve al primer plano -en particular a través de un papel imperialista “perturbador” en Siria- y que China está ganando fuerza rápidamente como potencia que reta a la superpotencia estadounidense.
d) En las dos primeras décadas del siglo 21º, el crecimiento cuantitativo y cualitativo del terrorismo, favorecido por la expansión del caos y la barbarie guerrera en el mundo, ocupa un lugar central en la vida de la sociedad como instrumento de guerra entre Estados. Esto llevó a la constitución de un nuevo Estado, “el Estado Islámico” (Daesh), con su ejército, su policía, su administración, sus escuelas, de las cuales el terrorismo es el arma preferida y que desató una oleada de atentados suicidas en el Oriente Medio y en las metrópolis de los países industrializados. “La constitución de Daesh en 2013-14 y los atentados en Francia en 2015-16, en Bélgica y en Alemania en 2016, representan otra etapa importante de primer plano de este proceso”8. Esta expansión de este terrorismo ‘kamikaze’ va de la mano con el aumento del radicalismo religioso irracional y fanático por todo el mundo, desde Oriente Medio hasta Brasil, desde Estados Unidos hasta la India.
e) En 2016-17 el referéndum del Brexit en Gran Bretaña y el ascenso de Trump en los EE. UU. revelan el tsunami populista que constituye una nueva manifestación particularmente destacada de la profundización de la descomposición. “El auge del populismo es una expresión, en las circunstancias actuales, de la creciente pérdida de control por parte de la burguesía, del funcionamiento de la sociedad resultante fundamentalmente de lo que está en el centro de su descomposición: la incapacidad de ambas clases fundamentales de la sociedad para dar respuesta a la insoluble crisis en la que se hunde la economía capitalista. En otras palabras, la descomposición resulta fundamentalmente de la impotencia de la clase dominante, de una impotencia que tiene su origen en su incapacidad para superar esta crisis de su modo de producción y que tiende cada vez más a afectar su aparato político. Entre las causas actuales de la oleada populista se encuentran las principales manifestaciones de la descomposición social: el auge de la desesperación, del nihilismo, de la violencia, de la xenofobia, asociada a un creciente rechazo a las "élites" (los "ricos", los políticos, los tecnócratas) y en una situación en la que la clase obrera es incapaz de presentar, ni siquiera en forma embrionaria, una alternativa”9. Si esta oleada populista afecta particularmente a las burguesías de los países industrializados, también se encuentra en otras regiones del mundo en la forma de la llegada al poder de líderes fuertes y “carismáticos” (Orban, Bolsonaro, Erdogan, Modi, Duterte, ...) a menudo con el apoyo de sectas o movimientos extremistas de inspiración religiosa (iglesias evangélicas en América Latina o África, Hermanos Musulmanes en Turquía, movimientos racistas identitarios hindúes en el caso de Modi).
La fase de descomposición tiene ya 30 años de historia y el breve repaso de esta última muestra cómo el pudrimiento del capitalismo se ha extendido y profundizado a través de fenómenos que han ido afectando progresivamente cada vez más aspectos de la sociedad, y que constituyen los ingredientes que provocaron el carácter explosivo de la crisis planetaria del Covid-19. Ciertamente, durante estos 30 años, la progresión de los fenómenos fue discontinua, pero se desarrolló en diferentes niveles (crisis ecológica, cada uno para sí imperialista, fragmentación de Estados, terrorismo, revueltas sociales, pérdida de control del aparato político, pudrimiento ideológico), socavando cada vez más los intentos del capitalismo de Estado de contrarrestar su avance y de mantener un cierto marco compartido. Por tanto, si los diversos fenómenos alcanzaron un nivel apreciable de intensidad, aparecieron hasta entonces como “una proliferación de síntomas sin aparente interconexión, a diferencia de los períodos anteriores de la decadencia del capitalismo que fueron definidos y dominados por hitos tan evidentes como la guerra mundial o la revolución proletaria”10. Este es precisamente el significado de la crisis del Covid-19, ser -como la implosión del bloque del Este- altamente emblemática de la fase de descomposición al acumular los factores de putrefacción del sistema.
Al igual que las diversas manifestaciones de la decadencia (guerras mundiales, crisis económicas generalizadas, militarismo, fascismo y estalinismo, …), también hay una acumulación de manifestaciones de la fase de descomposición. La magnitud del impacto de la crisis del Covid-19 se explica no sólo por esta acumulación, sino también por la interacción de las expresiones ecológicas, sanitarias, sociales, políticas, económicas e ideológicas de la descomposición en una especie de espiral nunca observada hasta entonces, que ha conducido a una tendencia a la pérdida de control de cada vez más aspectos de la sociedad y al estallido de ideologías irracionales, extremadamente peligrosas para el futuro de la humanidad.
a) Covid-19 y destrucción de la naturaleza
La pandemia es claramente una expresión de la ruptura de la relación entre la humanidad y la naturaleza, que ha alcanzado una intensidad y una dimensión planetaria incomparables, con la decadencia del sistema y, en particular, con la última fase de esta decadencia, la de la descomposición, más específicamente a través del crecimiento y la concentración urbanos descontrolados (proliferación de barrios marginales superpoblados) en las regiones periféricas del capitalismo, la deforestación y el cambio climático. Así, en el caso del Covid-19, un estudio reciente de investigadores de las universidades de Cambridge, Hawái y del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (en la revista Science of the Total Environment) indicaría que los cambios climáticos en China del Sur a lo largo del siglo pasado habrían favorecido la concentración en la región de especies de murciélagos, que portan miles de coronavirus, y permite la transmisión del SARS-CoV-2, probablemente a través del pangolín, a los humanos11
Durante décadas, la destrucción irremediable del mundo natural ha generado un peligro creciente de catástrofes ambientales, pero también de salud, como ya lo han mostrado las epidemias de SARS, H1N1 o Ébola, que, por suerte, no se han convertido en pandemias. Por tanto, aunque el capitalismo tiene las fuerzas tecnológicas que son capaces de enviar hombres a la Luna, de producir armas monstruosas capaces de destruir el planeta decenas de veces, no ha podido adquirir los medios necesarios para remediar los problemas ecológicos y de salud, lo que condujo al desencadenamiento de la pandemia del Covid-19. El hombre está cada vez más separado de su "cuerpo orgánico" (Marx) y la descomposición social acentúa esta tendencia.
b) Covid-19 y recesión económica
Al mismo tiempo, las medidas de austeridad y de reestructuración en las investigaciones y en los sistemas de salud, que se han intensificado aún más desde la recesión de 2007-2011, han reducido la disponibilidad de hospitales y ralentizado, si no detenido, la investigación sobre los virus de la familia de los Covid, mientras que diferentes epidemias habían advertido de la peligrosidad de estos. Por otro lado, durante la pandemia, el objetivo primordial de los países industrializados siempre ha sido mantener intactas las capacidades de producción el mayor tiempo posible (y, en su extensión, guarderías, jardines de niños y educación primaria y secundaria para que los padres puedan ir a trabajar) sabiendo que las empresas y las escuelas constituyen importantes fuentes de contagio, a pesar de las medidas tomadas (llevar cubrebocas, mantener la debida distancia, etc.). En particular, durante el desconfinamiento del verano de 2020, la burguesía jugó cínicamente con la salud de las poblaciones en nombre de la primacía de la economía, que siempre ha prevalecido, aunque esto contribuyera al surgimiento de una nueva oleada de la pandemia, a la repetición de los confinamientos y al aumento del número de hospitalizaciones y de muertes.
c) Covid-19 y el cada uno para sí imperialista
La acentuación del cada uno para sí entre los Estados ha constituido desde el inicio un poderoso estímulo para la propagación de la pandemia e incluso ha incitado a su explotación con fines hegemónicos. Primero, los intentos iniciales de China para encubrir el brote del virus y su negativa a proporcionar información a la OMS favorecieron en gran medida la expansión inicial de la pandemia. Luego, la persistencia de la pandemia y sus diversas oleadas, así como el número de víctimas, se han visto favorecidos por el rechazo de varios países a "compartir" sus existencias de material sanitario con sus vecinos, debido al creciente caos en la cooperación entre los distintos países, incluida -y sobre todo- dentro de la UE, con miras a armonizar las políticas de control de la contaminación o las políticas de elaboración y compra de vacunas, y también a través de la "carrera de vacunas" entre los gigantes farmacéuticos competidores (con jugosas ganancias para los ganadores), en lugar de reunir al conjunto de conocedores disponibles en medicina y farmacología. Finalmente, la "guerra de las vacunas" se está librando entre los Estados: así, la Comisión Europea inicialmente se negó a reservar 5 millones de dosis adicionales de la vacuna propuestas por Pfizer-BioNTech bajo la presión de Francia, que exigía un pedido adicional equivalente para la empresa francesa Sanofi; la vacuna AstraZeneca / Universidad de Oxford está reservada en prioridad para Inglaterra en detrimento de los pedidos de la UE; además, las vacunas chinas (Sinovac), rusas (Sputnik V), indias (BBV152) o americanas (Moderna) son ampliamente utilizadas por estos Estados como instrumentos de la política imperialista. La competencia entre Estados y la explosión del cada uno para sí han acentuado el caos aterrador en la gestión de la crisis pandémica.
d) Covid-19 y la pérdida de control de la burguesía sobre su aparato político
La pérdida de control sobre el aparato político era ya una de las características que marcaron la implosión del bloque del Este, pero apareció entonces como una especificidad ligada al carácter particular de los regímenes estalinistas. La crisis de refugiados (2015-16), la emergencia de las revueltas sociales contra la corrupción de las élites y, sobre todo, el maremoto populista (2016), todo ello manifestaciones que ciertamente ya estaban presentes, pero con menos protagonismo en décadas pasadas, pondrán de manifiesto, a partir de la segunda mitad de la década 2010-2020, la importancia de este fenómeno como expresión de la progresión de la descomposición. Esta dimensión jugará un papel determinante en la extensión de la crisis de Covid-19. El populismo y, en particular, los dirigentes populistas como Bolsonaro, Johnson o Trump han favorecido la expansión y el impacto letal de la pandemia a través de su política "vandálica": han banalizado el Covid-19 como una simple gripe, han favorecido la aplicación incoherente de una política de limitación de los contagios, expresando abiertamente su escepticismo hacia ella, y han saboteado cualquier colaboración internacional. Así, Trump transgredió abiertamente las medidas sanitarias recomendadas, acusó abiertamente a China (el "virus chino") y rechazó cualquier cooperación con la OMS.
Este "vandalismo" expresa de forma emblemática la pérdida de control por parte de la burguesía de su aparato político: tras mostrarse inicialmente incapaces de limitar la propagación de la pandemia, las distintas burguesías nacionales no lograron coordinar sus acciones y establecer un amplio sistema de "pruebas" y "seguimiento y localización" para controlar y limitar nuevas oleadas de contagio de Covid-19. Por último, el lento y caótico despliegue de la campaña de vacunación vuelve a poner de manifiesto las dificultades del Estado para gestionar adecuadamente la pandemia. La sucesión de medidas contradictorias e ineficaces ha alimentado el escepticismo y la desconfianza crecientes de la población hacia las directivas gubernamentales: "Es evidente que, en comparación con la primera oleada, los ciudadanos tienen más dificultades para adherirse a las recomendaciones" (D. Le Guludec, Presidente de la Alta Autoridad Sanitaria francesa, LMD 800, noviembre de 2020). Esta preocupación está muy presente al seno de los gobiernos de los países industrializados (desde Macron hasta Biden), instando a la población a seguir las recomendaciones y directrices de las autoridades.
e) Covid-19 y rechazo a las élites, las ideologías irracionales o la creciente desesperación
Los movimientos populistas no sólo se oponen a las élites, sino que también favorecen el desarrollo de las ideologías nihilistas y los sectarismos religiosos más retrógrados, ya reforzados por la profundización de la fase de descomposición. La crisis del Covid-19 ha provocado una explosión sin precedentes de visiones conspirativas y anticientíficas, que alimentan la impugnación de las políticas sanitarias de los Estados. Las teorías de la conspiración abundan y difunden concepciones totalmente fantasiosas sobre el virus y la pandemia. Además, dirigentes populistas como Bolsonaro y Trump han expresado abiertamente su desprecio por la ciencia. La propagación exponencial del pensamiento irracional y el cuestionamiento de la racionalidad científica durante la pandemia es una ilustración sorprendente de la aceleración de la descomposición.
El rechazo populista a las élites junto con las ideologías irracionales ha exacerbado una impugnación cada vez más violenta sobre un terreno puramente burgués de las medidas gubernamentales, como los toques de queda y los confinamientos. Esta rabia anti-élite y anti-Estado ha estimulado el surgimiento de grandes mítines (Dinamarca, Italia, Alemania) o de disturbios "vandálicos", nihilistas y anti-Estado contra las restricciones (al grito de "¡Libertad!", "por nuestros derechos y nuestra vida"), contra la "dictadura del confinamiento" o aún contra el "engaño de un virus que no existe", como los que estallaron en enero en Israel, Líbano, España y sobre todo en muchas ciudades de los Países Bajos.
Los efectos de la fase de descomposición afectaron primero a las zonas periféricas del sistema: países del Este con la implosión del bloque soviético y la antigua Yugoslavia, guerras en Oriente Medio, tensiones bélicas en Asia (Afganistán, Corea, conflicto fronterizo chino-indio), hambrunas, guerras civiles, caos en África. Esto cambia con la crisis de los refugiados, que ha provocado un flujo masivo de solicitantes de asilo hacia Europa, o con el éxodo de poblaciones desesperadas de México y Centroamérica hacia Estados Unidos. A esto le siguieron los atentados yihadistas en Estados Unidos y en el corazón de Europa y, finalmente, el tsunami populista de 2016. En la segunda década del siglo 21, el centro de los países industrializados se ve cada vez más afectado y esta tendencia se confirma dramáticamente con la crisis del Covid-19.
La pandemia está golpeando con fuerza el corazón del capitalismo, especialmente en Estados Unidos. En comparación con la crisis de 1989, la implosión del bloque del Este, que abrió la fase de descomposición, una diferencia crucial hoy es precisamente que la crisis del Covid-19 no afecta a una parte particularmente atrasada del modo de producción capitalista, que no puede por tanto presentarse como una victoria del "capitalismo democrático", ya que impacta, por el contrario, el centro del sistema capitalista a través de las democracias de Europa y los Estados Unidos. Como un bumerán, los peores efectos de la descomposición, que el capitalismo había empujado durante años a la periferia del sistema, regresan ahora a golpear con fuerza a los países industrializados, que se encuentran actualmente en el centro de la tormenta y están lejos de librarse de todos sus efectos. Este impacto en los países industrializados centrales ya había sido subrayado por la CCI en términos de control del juego político, en particular a partir de 2017, pero hoy, las burguesías americana, inglesa y alemana (y tras ellas las de los demás países industrializados) se encuentran en el centro del huracán pandémico y de sus consecuencias a nivel sanitario, económico, político, social e ideológico.
Entre los países centrales, es el más poderoso de ellos, la superpotencia estadounidense, el que más está sufriendo el impacto de la crisis de Covid19: el mayor número absoluto de infecciones y muertes del mundo, una situación sanitaria deplorable, una administración presidencial "vandálica" que ha gestionado la pandemia de forma catastrófica y que -en el plano internacional- ha aislado al país con relación a sus aliados anteriores, una economía en dificultades; un presidente que ha desacreditado las elecciones, ha convocado una marcha hacia el parlamento, ha profundizado las divisiones dentro del país y ha alimentado la desconfianza hacia la ciencia y los datos racionales, calificados fake news. Hoy, Estados Unidos constituye el epicentro de la descomposición.
¿Cómo se explica que la pandemia parezca afectar menos a la "periferia" del sistema esta vez (número de infecciones, número de muertes), y en particular a Asia y África? Por supuesto, hay una serie de razones circunstanciales: el clima, la densidad de población o el aislamiento geográfico (como muestran los casos de Nueva Zelanda, Australia o Finlandia en Europa), pero también la relativa fiabilidad de los datos: por ejemplo, la cifra de muertes por Covid-19 en 2020 en Rusia resulta ser tres veces superior a la oficial (185,000 en lugar de 55,000), según una de las viceprimeras ministras Tatjana Golikova, basándose en el exceso de mortalidad (De Morgen, 29.12.2020).
Más fundamentalmente, el hecho que Asia y África tengan experiencia previa en la gestión de pandemias (N1N1, Ébola) ha jugado sin duda a su favor. En segundo lugar, existen diversas explicaciones de carácter económico (la densidad más o menos elevada de los intercambios y contactos internacionales, la elección de un confinamiento limitado que permite continuar la actividad económica), social (una población de edad avanzada "aparcada" por centenares en "residencias de ancianos"), médica (una esperanza de vida media más o menos elevada: ver Francia: 82,4/ Vietnam: 76/ China: 76,1/ Egipto: 70,9/ Filipinas: 68,5/ Congo: 64,7 y una resiliencia más o menos elevada a las enfermedades). Además, los países de África, Asia y América Latina sufren y sufrirán un fuerte impacto indirecto de la pandemia a través de los retrasos en la vacunación en la periferia, los efectos económicos de la crisis de Covid-19 y la ralentización del comercio mundial, como indica el actual peligro de hambrunas en América Central debido a la recesión económica. Por último, el hecho que los países europeos y Estados Unidos eviten en lo posible imponer confinamientos y controles drásticos y brutales, como los decretados en China, está sin duda también relacionado con la prudencia de la burguesía ante una clase obrera, desorientada pero no vencida, que no está dispuesta a dejarse "encerrar" por el Estado. La pérdida de control de su aparato político y la cólera en el seno de una población enfrentada al colapso de los servicios de salud y al fracaso de las políticas sanitarias, le imponen aún más, actuar con circunspección.
Frente a un medio político proletario que, tras negar las pasadas expresiones de la descomposición, considera la crisis pandémica como un episodio transitorio, la CCI debe subrayar, por el contrario, que la magnitud de la crisis de Covid-19 y sus consecuencias implica que no habrá "vuelta a la normalidad". Aunque la profundización de la descomposición, como fue el caso para la decadencia, no es lineal, aunque la salida del populista Trump y la llegada al poder de Biden en la primera potencia mundial puedan presentar, inicialmente, la imagen de una estabilización ilusoria, hay que ser conscientes de que diferentes tendencias surgidas durante la crisis del Covid-19 marcan una aceleración del proceso de putrefacción en la raíz y de destrucción del sistema.
En 2007, nuestro análisis aún concluía que "Paradójicamente, la situación económica del capitalismo es el aspecto de esta sociedad que menos se ve afectado por la descomposición. Esto se debe principalmente a que es precisamente esta situación económica la que determina en última instancia los demás aspectos de la vida de este sistema, incluidos los que son objeto de descomposición. (...). Hoy en día, a pesar de todos los discursos sobre el "triunfo del liberalismo", sobre el "libre ejercicio de las leyes del mercado", los Estados no han renunciado ni a la intervención en la economía de sus respectivos países, ni a la utilización de estructuras encargadas de regular las relaciones entre ellos en cierta medida, creando incluso otras nuevas, como la Organización Mundial del Comercio"12. Hasta entonces, la crisis económica y la descomposición estaban separadas por la acción de los Estados, y la primera no parecía verse afectada por la segunda.
De hecho, los mecanismos internacionales del capitalismo de Estado, desplegados en el marco de los bloques imperialistas (1945-89), se habían mantenido a partir de los años 1990 por iniciativa de los países industrializados como paliativo a la crisis y como escudo protector contra los efectos de la descomposición. La CCI había entendido los mecanismos multilaterales de cooperación económica y una cierta coordinación de las políticas económicas no como una unificación del capital a nivel mundial, ni como una tendencia al super-imperialismo, sino como una colaboración entre las burguesías a nivel internacional para regular y organizar el mercado y la producción mundial, para enlentecer y reducir el peso del hundimiento en la crisis, para evitar el impacto de los efectos de la descomposición en el terreno neurálgico de la economía y, finalmente, para proteger el corazón del capitalismo (Estados Unidos, Alemania, ...). Sin embargo, este mecanismo de resistencia contra la crisis y la descomposición tendía a erosionarse cada vez más. Desde 2015, varios fenómenos han comenzado a expresar esa erosión: una tendencia a un considerable debilitamiento de la coordinación entre países, en particular en lo que respecta a la recuperación económica (y que contrasta claramente con la respuesta coordinada puesta en marcha ante la crisis de 2008-2011); una fragmentación de las relaciones entre los Estados y al seno de ellos. Desde 2016, el voto a favor del Brexit y la presidencia de Trump han aumentado la parálisis y el riesgo de fragmentación de la Unión Europea y han intensificado la guerra comercial entre Estados Unidos y China, así como las tensiones económicas entre Estados Unidos y Alemania.
Una de las principales consecuencias de la crisis del Covid-19 es el hecho que los efectos de la descomposición, la acentuación del cada uno para sí y la pérdida de control, que hasta entonces habían afectado principalmente a la superestructura del sistema capitalista, tienden ahora a impactar directamente a la base económica del sistema, a su capacidad de gestionar las sacudidas económicas en el hundimiento de su crisis histórica. "Cuando desarrollamos nuestro análisis de la descomposición, consideramos que este fenómeno afectaba a la forma de los conflictos imperialistas (véase "Militarismo y descomposición Revista Internacional 64) y también a la toma de conciencia del proletariado. Por el contrario, habíamos considerado que no tenía ningún impacto real en la evolución de la crisis del capitalismo. Si el actual auge del populismo debía desembocar en la llegada al poder de esta corriente en algunos de los principales países de Europa, podríamos ver cómo se desarrolla ese impacto de la descomposición" (Informe sobre la descomposición hoy, 22º Congreso de la CCI, 2017). En efecto, la perspectiva planteada en 2017 se ha materializado rápidamente y ahora debemos considerar que la crisis económica y la descomposición interactúan y se influyen mutuamente cada vez más.
Así, las restricciones presupuestarias en las políticas de salud y en la atención hospitalaria han favorecido la expansión de la pandemia, lo que a su vez ha provocado un colapso del comercio mundial, y de las economías, especialmente de los países industrializados (los PIB de los principales países industrializados en 2020 presentan tasas negativas jamás vistos desde la Segunda Guerra Mundial). La recesión económica será a su vez un estímulo a la profundización del pudrimiento de la superestructura. Por otra parte, la acentuación del cada uno para sí y la pérdida de control que marcaron globalmente la crisis del Covid-19 contagian ahora también a la economía. Es sorprendente la falta de concertación internacional entre los países centrales en el plano económico (ninguna reunión del G7, G8 o G20 en 2020) y también es evidente la falta de coordinación de las políticas económicas y sanitarias entre los países de la UE. Ante la presión de las contradicciones económicas en el seno de los propios países centrales del capitalismo, ante las vacilaciones de China sobre su política (seguir abriéndose al mundo o iniciar un repliegue nacionalista estratégico hacia Asia), los choques a nivel de la base económica tenderán a ser cada vez más fuertes y caóticos.
En los años anteriores, hemos asistido a una exacerbación de las tensiones al seno de las burguesías y entre ellas. En particular, con la llegada al poder de Trump y la puesta en marcha del Brexit, esto se ha manifestado intensamente a nivel de las burguesías estadounidense e inglesa, consideradas hasta entonces como las más estables y experimentadas del mundo: las consecuencias de la crisis del Covid-19 sólo pueden agudizar aún más estas tensiones:
La burguesía inglesa se adentra en la niebla post-Brexit habiendo perdido el apoyo del gran hermano americano por la derrota de Trump mientras sufre todas las consecuencias de la pandemia. En cuanto al Brexit, el descontento con el difuso acuerdo con la UE aparece tanto entre los que no lo querían (los escoceses, los norirlandeses) como entre los que querían un Brexit duro (los pescadores), mientras que no hay (¿todavía?) acuerdo con la UE en materia de servicios (el 80% del comercio) y las tensiones entre la UE y el Reino Unido aumentan (sobre las vacunas, por ejemplo). En cuanto a la crisis del Covid-19, Inglaterra ha tenido que reconfigurarse a toda prisa; ha superado la barrera de los 120,000 muertos y está sometida a una terrible presión en sus servicios sanitarios. Mientras tanto, la situación es deletérea dentro de sus principales partidos políticos, los Tories y los laboristas, ambos sumidos en una grave crisis interna.
La exacerbación de las tensiones entre Estados Unidos y otros Estados fue evidente bajo la administración Trump: "El vandalismo de un Trump que puede denunciar los compromisos internacionales estadounidenses de la noche a la mañana, desafiando las reglas establecidas, representa un nuevo factor de incertidumbre y de impulso al cada uno para sí. Este es una indicación más de la nueva etapa que inicia el sistema capitalista al hundirse en la barbarie y el abismo del militarismo extremo” (Resolución sobre la situación internacional punto 13, 23er Congreso de la CCI). Pero dentro de la propia burguesía estadounidense, las tensiones también son altas. Esto ya se había manifestado con respecto a la estrategia a adoptar para asegurar el mantenimiento de su supremacía durante la catastrófica aventura iraquí de Bush Junior: "El ascenso en 2001 a jefe del Estado estadounidense de los "neoconservadores" representó una verdadera catástrofe para la burguesía estadounidense. (...). De hecho, la llegada del equipo Cheney, Rumsfeld y compañía a las riendas del Estado no fue simplemente el resultado de un monumental "error de presentación" por parte de esta clase. Si esta agravó considerablemente la situación de los Estados Unidos sobre el plano imperialista, ya era la manifestación del estancamiento en el que se encontraba este país enfrentado a una creciente pérdida de su liderazgo, y más en general al desarrollo del "cada uno para sí" en las relaciones internacionales que caracterizan la fase de descomposición" (Resolución sobre la situación internacional 17º Congreso de la CCI, Revista Internacional 130, 2007). Pero con la política "vandálica" de Trump y la crisis del Covid-19, las oposiciones dentro de la burguesía estadounidense se han mostrado mucho más amplias (inmigración, economía) y, sobre todo, la capacidad del aparato político para mantener la cohesión de una sociedad fragmentada parece haber sido socavada. De hecho, “la unidad” y “la identidad” nacional presentan debilidades congénitas que las hacen vulnerables a la descomposición. Por lo tanto, la existencia de grandes comunidades étnicas y migrantes que sufren una discriminación racial desde los orígenes de los Estados Unidos -algunas de las cuales están excluidas de la vida "oficial"-, el peso de las iglesias y sectas propagando el pensamiento irracional y anticientífico, la gran autonomía de gestión de los Estados de la "Unión Americana" con relación al gobierno federal --(por ejemplo, hay un movimiento independentista en Texas), la oposición cada vez más fuerte entre los Estados de las costas Este y Oeste (California, Oregón, Washington, Nueva York, Massachusetts, ...) aprovechan plenamente la "globalización" y los Estados del Sur (Tennessee, Luisiana, ...) del cinturón de óxido (Indiana, Ohio, ...) y el centro profundo (Oklahoma, Kansas, ...), mucho más favorables a un enfoque más proteccionista-- tienden a favorecer una fragmentación de la sociedad estadounidense, a pesar de que el Estado federal todavía está lejos de perder el control de la situación. Sin embargo, el vodevil del desafío al proceso y los resultados de las últimas elecciones presidenciales, así como el "asalto" del Capitolio por parte de los partidarios de Trump a la vista del mundo entero, como en cualquier república bananera, confirma la acentuación de esta tendencia a la fragmentación13.
En cuanto a la futura exacerbación de las tensiones dentro y entre burguesías, merecen ser aclarados dos puntos:
El advenimiento de la administración Biden no significa la reducción de las tensiones intra e interburguesas, y en particular el fin de la impronta sobre la política interior y exterior del populismo trumpiano: por un lado, cuatro años de imprevisibilidad y vandalismo de Trump, recientemente todavía con respecto a la gestión catastrófica de la pandemia, marcan profundamente la situación interna de los Estados Unidos, la fragmentación de la sociedad estadounidense, así como su posicionamiento internacional. Además, Trump habrá hecho todo durante el último período de su presidencia para hacer la situación aún más caótica para su sucesor (véase la carta de los últimos 10 ministros de Defensa instando a Trump a no involucrar a los militares al desafiar los resultados de las elecciones en diciembre de 2020, y en la ocupación del Congreso por sus partidarios). En segundo lugar, el resultado obtenido por Trump durante las elecciones muestra que aproximadamente la mitad de la población comparte sus ideas y en particular su aversión a las élites políticas. Finalmente, el control de Trump y sus puntos de vista sobre gran parte del Partido Republicano anuncia una gestión difícil para la poco popular (fuera de las élites políticas) administración Biden. Su victoria se debe más a la polarización anti-Trump que al entusiasmo por el programa del nuevo presidente.
Además, si a nivel de la forma y en algunas áreas -como la política, la climática o la inmigración- la administración Biden tenderá a romper con la política de Trump, su política interna de "venganza" contra las élites de ambas costas, contra la "América profunda" (los temas de los combustibles fósiles y del "muro" están precisamente relacionados con esto) y su política externa, marcada por el mantenimiento de la política de Trump en el Medio Oriente y por un fortalecimiento de la confrontación con China (ver la actitud dura de Biden hacia Xi en su primera entrevista telefónica y la petición de Estados Unidos a la UE de revisar su tratado comercial con China) sólo puede conducir eventualmente a una mayor inestabilidad dentro de la burguesía estadounidense y entre las burguesías.
Oficialmente, China se presenta como el "país que ha vencido la pandemia". ¿Cuál es su situación en realidad? En respuesta, se trata de evaluar el impacto a corto y largo plazo (control efectivo de la pandemia) y el impacto a mediano plazo de la crisis del Covid-19.
China tiene una responsabilidad abrumadora a nivel del surgimiento y la expansión de la pandemia. Tras la epidemia del SARS en 2003, se han establecido protocolos para que las autoridades locales notifiquen a las autoridades centrales; ya con la epidemia de peste porcina en 2019, ha quedado claro que esto no estaba funcionando porque en el capitalismo de Estado estalinista los responsables locales temían por sus carreras/promociones si anunciaban las malas noticias. Lo mismo a principios del Covid-19 en Wuhan. Fueron las "oposiciones ciudadanas democráticas" las que finalmente pasaron la información y, en consecuencia, con retraso, llevaron la información al nivel central. El "nivel central" brilló inicialmente por su ausencia: no notificó a la OMS y durante 3 semanas, Xi estuvo ausente: tres semanas preciosas perdidas. Desde entonces, China ha seguido negándose a proporcionar a la OMS datos verificables sobre el desarrollo de la pandemia en su territorio.
El impacto a corto plazo es sobre todo indirecto. A nivel directo, las cifras oficiales de contaminación y muertes no son fiables (estas últimas oscilan entre 30,000 y varios millones) y, según el New York Times podría ser que el propio gobierno chino ignore la extensión de la epidemia ya que las autoridades locales mienten sobre el número de infecciones, pruebas y muertes por temor a represalias provenientes del gobierno central. Sin embargo, la imposición de confinamientos despiadados y bárbaros a regiones enteras, encerrando literalmente a millones de personas en sus hogares durante semanas (nuevamente impuestos regularmente en los últimos meses), paralizaron totalmente la economía china durante varias semanas, lo que llevó a un desempleo masivo (205 millones en mayo de 2020) y a consecuencias desastrosas en términos de cultivos (en combinación con sequías, inundaciones e invasiones de saltamontes). Para 2020, el crecimiento de su PIB había disminuido en más de un 4% en comparación con 2019 (de +6,1% hasta el +1,9%); el consumo interno se mantuvo mediante una liberación total de créditos por parte del Estado.
A largo plazo, la economía china se enfrenta a la deslocalización de industrias estratégicas por parte de Estados Unidos y los países europeos, y a las dificultades de la "Nueva ruta de la seda" debido a los problemas financieros vinculados a la crisis económica, y exacerbados por la crisis del Covid-19 (financiación china pero sobre todo niveles de deuda de países "socios" como Sri Lanka, Bangladesh, Pakistán, Nepal...) pero también por la creciente desconfianza por parte de muchos países y la presión anti-China de los Estados Unidos. Además, no es de extrañar que en 2020 se haya producido un desplome del valor financiero de las inversiones inyectadas en el proyecto de la “Nueva ruta de la seda” (-64%).
La crisis del Covid-19 y los obstáculos encontrados por la "Nueva ruta de la seda" también han exacerbado las tensiones cada vez más manifiestas en la cabeza del Estado chino, entre la facción "economista", que se centra principalmente en la globalización económica y el "multilateralismo" para continuar la expansión capitalista de China, y la facción "nacionalista" que exige una política más musculosa y que enfatiza la fuerza ("China que derrotó al Covid") frente a las amenazas internas (uigures, Hong Kong, Taiwán) y externas (tensiones con Estados Unidos, India y Japón). En la perspectiva del próximo Congreso Popular en 2022, que deberá nombrar al nuevo (o confirmar al viejo) presidente, la situación en China, por lo tanto, también es particularmente inestable.
"Como señaló la Izquierda Comunista de Francia en su órgano de prensa Internationalisme en 1952, el capitalismo de Estado no es una solución a las contradicciones del capitalismo, incluso si puede retrasar sus efectos, sino es su expresión. Por lo tanto, la capacidad del Estado para mantener la cohesión de una sociedad en declive, por muy generalizada que sea, está destinada a debilitarse con el tiempo y, en última instancia, a convertirse en un factor agravante de las mismas contradicciones que intenta contener. La descomposición del capitalismo es el período durante el cual una creciente pérdida de control de la clase dominante y de su Estado se convierte en la tendencia dominante de la evolución social, lo que el Covid revela tan dramáticamente" (Informe sobre la pandemia Covid-19 y el período de descomposición capitalista (julio de 2020). Con la crisis pandémica, se expresa de una manera particularmente aguda la contradicción entre la necesidad de un intervencionismo masivo del capitalismo de Estado -para tratar de limitar los efectos de la crisis- y una tendencia opuesta a la pérdida de control y la fragmentación -exacerbada por estos intentos del Estado de mantener su control.
En particular, la crisis del Covid-19 marcó una aceleración en la pérdida de credibilidad de los aparatos estatales. Mientras que el capitalismo de Estado ha intervenido masivamente para hacer frente a los efectos de la crisis pandémica (medidas sanitarias, confinamientos, vacunación masiva, compensación financiera generalizada para amortiguar el impacto económico, ...), las medidas adoptadas en diferentes planos, a menudo han resultado ineficaces o han provocado nuevas contradicciones (la vacunación exacerba la oposición anti-Estado de los "antivacunas"; las compensaciones económicas para un sector suscita el descontento de otros). Por lo tanto, si el Estado es presentado para representar al conjunto de la sociedad y mantener su cohesión, esto es cada vez menos visto así por la sociedad: ante la apatía y la creciente irresponsabilidad de la burguesía, cada vez más evidentes también en los países centrales, la tendencia es ver al Estado como una estructura al servicio de las élites corruptas, también como una fuerza de represión. Como resultado, hay cada vez más dificultades para imponer reglas: en muchos países europeos, como por ejemplo en Italia, Francia o Polonia, y también en los Estados Unidos, se han producido manifestaciones contra las medidas gubernamentales de cierre de comercios o de confinamiento. En todas partes, especialmente entre los jóvenes, las campañas en las redes sociales parecen oponerse a estas reglas, como el hashtag "Ya no quiero jugar el juego" en Holanda.
La incapacidad de los Estados para hacer frente a la situación está simbolizada y afectada a la vez por el impacto del "vandalismo" populista. La perturbación del juego político de la burguesía en los países industrializados se manifestó prominentemente a principios del siglo XXI con los movimientos y partidos populistas, a menudo cercanos a la extrema derecha. Reveladores son así, el sorpresivo ascenso de Le Pen "en la final" de las elecciones presidenciales de 2002 en Francia, el fulgurante y espectacular avance de la "lista Pim Fortuyn" en los Países Bajos en 2001-2002, el gobierno de Berlusconi con el apoyo de la extrema derecha en Italia, el ascenso de Jorg Haider y el FPO en Austria, o el ascenso del Tea Party en Estados Unidos. En ese momento, la CCI tendía a vincular el fenómeno con la debilidad de la burguesía: "Dependen de la fuerza o de la debilidad de la burguesía nacional. En Italia, las debilidades y divisiones internas de la burguesía, incluso desde un punto de vista imperialista, tienden a traer de vuelta a una importante derecha populista. En Gran Bretaña, por el contrario, la casi inexistencia de un partido específico de extrema derecha está vinculada a la experiencia y al control superior del juego político por parte de la burguesía inglesa [¡sic!]”14. Si bien la tendencia a la pérdida de control es mundial y ha marcado a la periferia (países como Brasil, Venezuela, Perú en América Latina, Filipinas o India en Asia), ahora está afectando fuertemente a los países industrializados; a las burguesías históricamente más fuertes (Gran Bretaña) y hoy especialmente a Estados Unidos. Mientras que la oleada populista se deslizaba en el desafío del establishment, la llegada al poder de los populistas desacredita y desestabiliza aún más las estructuras estatales a través de su política "vandálica" (ver Trump, Bolsonaro, pero también el "gobierno populista" M5S y Lega en Italia), hasta el punto de que no están dispuestos, ni son capaces de hacerse cargo de los asuntos del Estado de manera responsable.
Estas observaciones van al encuentro de la tesis según la cual la burguesía, a través de estas medidas, está movilizando y sometiendo a la población para una marcha hacia una guerra generalizada. Las políticas sanitarias caóticas y la ineptitud de los Estados para afrontar la situación expresan, por el contrario, la dificultad de las burguesías de los países centrales para imponer su control a la sociedad. El desarrollo de esta tendencia puede dañar la credibilidad de las instituciones democráticas (sin que esto implique, en el contexto actual, el más mínimo refuerzo del terreno de la clase trabajadora) o por el contrario ver el desarrollo de campañas para la defensa de las mismas, incluso para el restablecimiento de una "verdadera democracia": así, durante el asalto al Capitolio, se opusieron aquellos que querían recuperar la democracia "tomada como rehén por las élites" ("el Capitolio es nuestro hogar") y aquellos que defendían la democracia contra un golpe populista.
El hecho de que la burguesía sea cada vez menos capaz de presentar una perspectiva para el conjunto de la sociedad también genera una aterradora expansión de ideologías alternativas irracionales y un creciente desprecio por un enfoque científico y razonado. Ciertamente, la descomposición de los valores de la clase dominante no es nueva. Apareció ya a finales de la década de 1960, pero el hundimiento cada vez más profundo en la descomposición, el caos y la barbarie fomentó el aumento del odio y de la violencia de ideologías nihilistas y de los sectarismos religiosos más retrógrados. La crisis del Covid-19 estimuló la expansión a gran escala de estos. Movimientos como QAnon, Wolverine Watchmen, Proud Boys o el movimiento Boogaloo en Estados Unidos, sectas evangélicas en Brasil, América Latina o África, sectas musulmanas sunitas o chiítas, pero también sectas hinduistas o budistas difunden teorías conspirativas y difunden concepciones totalmente fantasiosas sobre el virus, la pandemia, el origen (creacionismo) o el futuro de la sociedad. La extensión exponencial del pensamiento irracional y el rechazo de las contribuciones de la ciencia tenderán a acelerarse.
Las explosiones de revueltas populares contra la miseria y la barbarie guerrera estuvieron presentes desde el comienzo de la fase de descomposición y se están acentuando en el siglo XXI: Argentina (2001-2002), los suburbios franceses en 2005, Irán en 2009, Londres y otras ciudades inglesas en 2011, el estallido de disturbios en el Magreb y Oriente Medio en 2011-12 (la "Primavera Árabe"). Una nueva oleada de disturbios sociales estalla en Chile, Ecuador o Colombia (2019), Irán (en 2017-18 y nuevamente en 2019-20), en Irak, en el Líbano (2019-2020), pero también en Rumanía (2017) en Bulgaria (2013 y 2019-2020) o en Francia con el movimiento de los "chalecos amarillos" (2018-2019) y, con características específicas, en Ferguson (2014) y Baltimore (2016) en los Estados Unidos. Estas revueltas muestran la creciente desesperación de las poblaciones que sufren la desestructuración de las relaciones sociales, sometidas a las consecuencias traumáticas y dramáticas de la pauperización vinculada al colapso económico o a las guerras interminables. Estas también están cada vez más dirigidas a la corrupción de las fracciones gobernantes y, en términos más generales, a las élites políticas.
A raíz de la prolongación de la crisis del Covid-19, tales estallidos de ira se multiplican, tomando la forma de manifestaciones e incluso revueltas. Tienden a cristalizarse alrededor de tres polos:
a) movimientos interclasistas, expresando una revuelta contra las consecuencias económicas y sociales de la crisis del Covid-19 (ejemplo de los "chalecos amarillos");
b) movimientos identitarios, de orígenes populistas (MAGA) o parcelarios, que tienden a exacerbar las tensiones entre los componentes de la población (como las revueltas raciales (BLM), pero también los movimientos de inspiración religiosa (en la India, por ejemplo), etc.);
c) movimientos anti-establishment y anti-Estado en nombre de la "libertad individual", de tipo nihilista, sin verdaderas "alternativas", como los movimientos "anti-vacunas" o movimientos conspiradores ("recuperar mis instituciones de las manos de las élites").
Estos tipos de movimientos a menudo conducen a disturbios y saqueos, sirviendo como una salida para las pandillas de jóvenes de los barrios minados por la descomposición. Si bien estos movimientos ponen en evidencia la importante pérdida de credibilidad de las estructuras políticas de la burguesía, ninguno de ellos ofrece, de ninguna manera, una perspectiva para la clase trabajadora. Cualquier revuelta contra el Estado no siempre es un terreno adecuado para el proletariado: por el contrario, lo desvían de su terreno de clase para encerrarlo en un campo que no es el suyo.
La pandemia ilustra el dramático empeoramiento de la degradación del medio ambiente, que está alcanzando niveles alarmantes según los hallazgos y pronósticos que ahora son unánimes en la comunidad científica y que la mayoría de los propios sectores burgueses de todos los países han retomado a su cuenta (Acuerdo de París, 2015): contaminación del aire de las ciudades y el agua oceánica, cambio climático con fenómenos meteorológicos cada vez más violentos, avance de la desertificación, aceleración de la desaparición de especies vegetales y animales que amenaza cada vez más el equilibrio biológico de nuestro planeta. "Todas estas calamidades económicas y sociales que, si bien revelan en general la decadencia misma, explican, por su acumulación y amplitud, el hundimiento en un completo estancamiento de un sistema que no tiene ningún futuro que ofrecer a la mayor parte de la población mundial, sino el de una barbarie creciente más allá de la imaginación. Un sistema cuyas políticas económicas, investigaciones e inversiones se llevan a cabo sistemáticamente en detrimento del futuro de la humanidad y, por lo tanto, en detrimento del futuro de este propio sistema" (Punto 7 de las Tesis sobre la descomposición).
La clase dominante es incapaz de aplicar las medidas necesarias debido a las mismas leyes del capitalismo y más específicamente debido a la exacerbación de las contradicciones causadas por el hundimiento en la descomposición; por lo tanto, la crisis ecológica sólo puede empeorar y conducir a nuevas catástrofes en el futuro. Sin embargo, en las últimas décadas, la burguesía ha recuperado la dimensión ecológica en un intento de poner de relieve la perspectiva de "reformas dentro del sistema". En particular, las burguesías de los países industrializados sitúan la "transición ecológica" y la "economía verde" en el centro de sus campañas actuales para hacer aceptar una perspectiva de austeridad draconiana en el marco de sus políticas económicas “posteriores al Covid” destinadas a reestructurar y fortalecer la posición competitiva de los países industrializados. Por lo tanto, están en el centro de los "planes de recuperación" de la Comisión Europea para los países de la UE y las medidas de estímulo de la administración Biden en Estados Unidos. Por lo tanto, la ecología será más que nunca una gran mistificación a ser combatida por los revolucionarios en los próximos años.
Este informe mostró que la pandemia no abre un nuevo período, sino que es en primer lugar un indicador del nivel de pudrimiento alcanzado durante los 30 años de fase de descomposición del capitalismo, un nivel a menudo subestimado hasta ahora. Al mismo tiempo, la crisis pandémica también anuncia una aceleración significativa de varios efectos de la descomposición en el próximo período, que se ilustra en particular por el impacto de la crisis del Covid-19 en la gestión de la economía por parte de los Estados y por sus efectos devastadores en los países industriales centrales, y en particular en la superpotencia estadounidense. Existen oportunidades para las contra tendencias puntuales, que pueden imponer una pausa o incluso una cierta reanudación del control por parte del capitalismo de Estado, pero estos acontecimientos específicos no significarán de ninguna manera que la dinámica histórica de hundimiento en la fase de descomposición, destacada en este informe, sea cuestionada.
Si la perspectiva no es a la guerra mundial generalizada (entre bloques imperialistas), el hundimiento actual en el cada uno para sí y la fragmentación trae, sin embargo, la siniestra promesa de una multiplicación de conflictos guerreros mortales, revueltas sin perspectivas ahogadas en sangre o catástrofes para la humanidad. "El curso de la historia es irreversible: la descomposición conduce, como su nombre indica, a la dislocación y putrefacción de la sociedad, a la nada. Dejada a su propia lógica, a sus últimas consecuencias, conduce a la humanidad al mismo resultado que la guerra mundial. Ser brutalmente aniquilada por una lluvia de bombas termonucleares en una guerra generalizada o por la contaminación, la radiactividad de las centrales nucleares, el hambre, las epidemias y las masacres de múltiples conflictos bélicos (donde también se podían utilizar armas atómicas), todo esto llega, en última instancia, a lo mismo. La única diferencia entre estas dos formas de aniquilación es que la primera es más rápida, mientras que la segunda es más lenta y causaría aún más sufrimiento" (Punto 11 de las Tesis sobre la Descomposición)
La continuación de la fase de descomposición también puede conducir a una disminución de la capacidad del proletariado para llevar a cabo su acción revolucionaria. Por lo tanto, este último está inmerso en una carrera contra reloj de frente al hundimiento de la sociedad en la barbarie de un sistema históricamente obsoleto. Por supuesto, las luchas de los trabajadores no pueden impedir el desarrollo de la descomposición, pero pueden detener los efectos de la descomposición, del cada uno para sí. Como recordatorio, "la decadencia del capitalismo era necesaria para que el proletariado estuviera en la medida de derrocar este sistema; por el contrario, el surgimiento del fenómeno histórico de la descomposición, resultado de la prolongación de la decadencia, en ausencia de la revolución proletaria, no constituye de ninguna manera una etapa necesaria para el proletariado en el camino de su emancipación" (Punto 12 de las Tesis sobre la Descomposición).
Por lo tanto, la crisis del Covid-19 crea una situación aún más impredecible y confusa. Las tensiones en diferentes niveles (salud, socioeconómico, militar, político, ideológico) generarán grandes choques sociales, revueltas populares masivas, disturbios destructivos, intensas campañas ideológicas, como la que rodea a la ecología. Sin marco para una sólida aprehensión de los acontecimientos, los revolucionarios no podrán desempeñar su papel de vanguardia política de la clase, sino que contribuirán, por el contrario, a su confusión, al declive de su capacidad para llevar a cabo su acción revolucionaria.
1 XIIIº Congreso de la CCI - Resolución sobre la situación internacional https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1167/xiii-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internaciona [272]
2 Ver Las teorías conspiranoicas una expresión de la descomposición ideológica del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4590/las-teorias-conspiranoicas-una-expresion-de-la-descomposicion-ideologica-del [273]
3 Militarismo y Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [32]
4 https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida [12]
5 Tesis 4 de nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
6 Según la Universidad John Hopkins a 6 de septiembre 2021 había 4.567.431 muertos en el mundo, más de 640000 en USA, más de 1250000 en Europa etc.
7 Resolución sobre la situación internacional del 8º Congreso de la CCI (1989) Revista Internacional nº 59 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200801/2143/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-viii-congreso-de-la-cc [274]
8 Ver Informe sobre la descomposición hoy (mayo de 2017) https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017 [14]
9 Resolución sobre la situación internacional del 23º Congreso de la CCI, punto 3, Revista Internacional nº 164. https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida [12]
10 Informe sobre la pandemia de Covid-19 y el periodo de descomposición capitalista https://es.internationalism.org/content/4630/informe-sobre-la-pandemia-de-covid-19-y-el-periodo-de-descomposicion-capitalista [275]
11 Este texto fue redactado en julio de 2020, y no podía tener en cuenta información reciente que considera plausible la tesis de que la epidemia tuvo su origen en un accidente de laboratorio en Wuhan, China (véase al respecto el siguiente artículo: Origines du Covid-19 : l’hypothèse d’un accident à l’Institut de virologie de Wuhan relancée après la divulgation de travaux inédits (lemonde.fr) [276] Dicho esto, esta hipótesis, si se verifica, no disminuiría en absoluto nuestro análisis según el cual la Pandemia es un producto de la descomposición del capitalismo. Por el contrario, ilustraría que esto no escatima la investigación científica en un país cuyo crecimiento meteórico en las últimas décadas lleva el sello de la descomposición
12 XVIIº Congreso internacional - Resolución sobre la situación internacional Revista Internacional nº 130 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200708/2004/xvii-congreso-internacional-resolucion-sobre-la-situacion-internac [277]
13 Ver Asalto del Capitolio en Washington: Los Estados Unidos en el centro de la descomposición mundial del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4635/asalto-del-capitolio-en-washington-los-estados-unidos-en-el-centro-de-la-descomposicion [266]
14 Alza de la extrema derecha en Europa: ¿Existe hoy un peligro fascista? https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/241/alza-de-la-extrema-derecha-en-europa-existe-hoy-un-peligro-fascista [278]
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En su 23º Congreso Internacional, la CCI dejó claro que hay que distinguir entre el concepto de relaciones de fuerza entre las clases y el concepto de curso histórico. El primero se aplica a todas las fases de la lucha de clases, tanto en el periodo ascendente como en decadencia, mientras que el segundo se aplica sólo a la decadencia, y sólo en el período comprendido entre la antesala de la Primera Guerra Mundial y el colapso del bloque del Este en 1989. La idea de un curso histórico sólo tiene sentido en aquellas fases en las que es posible prever el movimiento general de la sociedad capitalista hacia la guerra mundial o hacia enfrentamientos de clase decisivos. Así, en los años 30, la Izquierda italiana fue capaz de reconocer que la derrota previa del proletariado mundial en los años 20 había allanado el camino para la Segunda Guerra Mundial, mientras que después de 1968 la CCI tenía razón al argumentar que, sin una derrota frontal de una clase obrera resurgente, el capitalismo no podría reclutar al proletariado para una Tercera Guerra Mundial. Por otra parte, en la fase de descomposición, producto de un impass histórico entre las clases, aunque la guerra mundial no esté al orden del día en un futuro previsible por la desintegración del sistema de bloques, el sistema puede deslizarse hacia otras formas de barbarie irreversible sin una confrontación frontal con la clase obrera.
En tal situación, resulta mucho más difícil reconocer cuándo se ha alcanzado un "punto de no retorno" y se ha enterrado definitivamente la posibilidad de la revolución proletaria.
Pero la "imprevisibilidad" de la descomposición no significa que los revolucionarios ya no se preocupen por evaluar la relación de fuerzas entre las clases. Este punto es obviamente afirmado por el título de la resolución del 23º Congreso sobre la lucha de clases: «Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases». Hay dos elementos clave de esta resolución que debemos destacar aquí:
- «en la relación de fuerza entre la burguesía y el proletariado, es siempre la clase dominante la que está a la ofensiva, excepto en una situación revolucionaria» (punto 11). A veces, las luchas defensivas de la clase obrera pueden rechazar los ataques de la burguesía, pero en la decadencia, la tendencia es que esas victorias sean cada vez más limitadas y efímeras: este es un factor central que hace que la revolución proletaria sea una necesidad además de una posibilidad en esta época;
- La primera forma de "medir" la relación de fuerzas es observar la tendencia de la clase obrera a desarrollar su autonomía de clase y a presentar su propia solución a la crisis histórica del sistema. En resumen, la tendencia a la politización -el desarrollo de la conciencia de clase hasta el punto en que la clase obrera comprende la necesidad de enfrentarse y derrocar el aparato político de la clase dominante y sustituirlo por su propia dictadura de clase.
Estos temas forman el "hilo rojo" de la resolución, como anuncia la primera parte:
- «A finales de la década de 1960, con el agotamiento del boom económico de la posguerra, la clase obrera había reaparecido en la escena social ante el empeoramiento de las condiciones de vida. Las luchas obreras que estallaron a escala internacional pusieron así fin al período de contrarrevolución más largo de la historia. Habían abierto un nuevo curso histórico hacia los enfrentamientos de clase, impidiendo así que la clase dominante aportara su propia respuesta a la aguda crisis del capitalismo: una 3ª guerra mundial. Este nuevo curso histórico estuvo marcado por la aparición de luchas masivas, especialmente en los países centrales de Europa Occidental con el movimiento de mayo de 1968 en Francia, seguido por el movimiento del "otoño caliente" en Italia en 1969 y muchos otros como en Argentina en la primavera de 1969 y en Polonia en el invierno de 1970-71. En estos movimientos masivos, amplios sectores de la nueva generación que no habían vivido la guerra volvieron a plantear la perspectiva del comunismo como una posibilidad.
En relación con este movimiento general de la clase obrera a finales de los años sesenta y principios de los setenta, hay que subrayar también el despertar internacional, a escala muy pequeña pero no menos significativa, de la izquierda comunista organizada, la tradición que se mantuvo fiel a la bandera de la revolución proletaria mundial durante la larga noche de la contrarrevolución. En este despertar, la constitución de la CCI significó una renovación y un impulso importante de la izquierda comunista en su conjunto1.
Frente a una dinámica basada en la tendencia a politizar las luchas obreras, la burguesía (que se había visto sorprendida por el movimiento de mayo del 68) desarrolló inmediatamente una contraofensiva a gran escala y a largo plazo para impedir que la clase obrera diera su propia respuesta a la crisis histórica de la economía capitalista: la revolución proletaria»2
A continuación la resolución expone a grandes rasgos cómo la burguesía, la clase maquiavélica por excelencia, ha utilizado todos los medios a su alcance para bloquear esta dinámica:
- «En un primer período, ofreciendo a la clase obrera una alternativa política puramente burguesa. A finales de los años sesenta y principios de los setenta, desviando sus aspiraciones hacia la falsa perspectiva de gobiernos de izquierda capaces de humanizar el capitalismo e incluso de instaurar una sociedad socialista, y a partir de finales de los años setenta, mediante la división del trabajo entre una derecha dura en el poder que lleva a cabo los brutales recortes del nivel de vida de la clase obrera exigidos por la crisis económica, y una "izquierda en la oposición" mejor situada para absorber la amenaza que suponen las oleadas de lucha que caracterizan este periodo;
- La utilización masiva de la extrema izquierda del capital (maoístas, trotskistas, etc.) para recuperar la creciente búsqueda de respuestas políticas por parte de una importante minoría de la nueva generación;
- El uso del sindicalismo radical e incluso de formas de organización "extra sindical" manipuladas por la extrema izquierda para vencer el creciente desencanto de los trabajadores con los sindicatos y el peligro de que los trabajadores lleguen a comprender políticamente el papel de los sindicatos en la era de la decadencia;
- El uso de la ideología corporativista y nacionalista para aislar las luchas obreras importantes y, si es necesario, aplastarlas mediante la represión estatal directa (véase la huelga de los mineros en Gran Bretaña y, a una escala mucho mayor, la huelga de masas en Polonia en 1980).
- La reorganización consciente de la producción y el comercio mundiales que se puso en marcha a partir de la década de 1980: la política de "globalización", si bien estaba determinada fundamentalmente por la necesidad de responder a la crisis económica, también contenía un elemento directamente anti obrero en la medida en que pretendía romper los centros tradicionales de combatividad proletaria y socavar la identidad de clase;
- Volviendo la propia descomposición de la sociedad capitalista contra la clase obrera. Así, la al "sálvese quien pueda", amplificada en esta nueva fase, se utilizó para reforzar la atomización social y las divisiones corporativistas. Sobre todo, el colapso del "socialismo realmente existente" en el bloque del Este fue la plataforma de lanzamiento de una gigantesca campaña en torno a la muerte del comunismo, que profundizó y amplió las dificultades de la clase obrera para desarrollar su propia perspectiva revolucionaria.»
Si bien estas dificultades ya se habían incrementado en los años 80 -y estaban en el origen del impass entre las clases-, los acontecimientos de 1989 no sólo abrieron definitivamente la fase de descomposición, sino que provocaron un profundo retroceso de la clase a todos los niveles: en su combatividad, en su conciencia, en su capacidad misma de reconocerse como clase específica en la sociedad burguesa3. Además, esto aceleró todas las tendencias negativas de la descomposición social que ya habían empezado a hacer acto de presencia en el periodo anterior: el crecimiento tumoral del egoísmo, el nihilismo y la irracionalidad que son los productos naturales de un orden social que ya no puede ofrecer a la humanidad ninguna perspectiva de futuro4. La resolución del 23º congreso cabe señalar, también reafirma que, a pesar de que todos los factores negativos de la fase de descomposición pesan en la balanza, todavía hay signos de una contra tendencia proletaria. En particular, el movimiento estudiantil contra el CPE en Francia en 2006, y el movimiento de los "Indignados" en España en 2011, así como la reaparición de nuevos elementos en busca de posiciones auténticamente comunistas, proporcionan pruebas concretas de que el fenómeno de la maduración subterránea de la conciencia, el empuje del "Viejo Topo", sigue operando en la nueva fase. La búsqueda de una nueva generación de proletarios para comprender el impasse de la sociedad capitalista, el renacimiento del interés por los movimientos anteriores que habían planteado la posibilidad de una alternativa revolucionaria (1917-23, mayo del 68, etc.) confirmaron que la perspectiva de una futura politización no se había anegado en el fango de la descomposición. Pero antes de avanzar hacia una mejor comprensión de la relación de fuerzas entre las clases los últimos diez años, y especialmente tras la pandemia de Covid, es necesario profundizar en la comprensión de lo que queremos decir exactamente con el término politización.
A lo largo de su historia, la vanguardia marxista del movimiento obrero ha luchado por aclarar la interrelación entre los diferentes aspectos de la lucha de clases: económico y político, práctico y teórico, defensivo y ofensivo. La profunda conexión entre las dimensiones económica y política fue subrayada por Marx en su primera polémica con Proudhon:
«No digáis que el movimiento social excluye al movimiento político. Nunca hay un movimiento político que no sea al mismo tiempo social.
Sólo en un orden de cosas en el que ya no haya clases ni antagonismos de clase, las evoluciones sociales dejarán de ser revoluciones políticas»5. Esta polémica continuó en la época de la Primera Internacional en la lucha contra las doctrinas de Bakunin. En aquella época, la necesidad de afirmar la dimensión política de la lucha de clases estaba vinculada principalmente a la lucha por las reformas y, por tanto, a la intervención en el ámbito parlamentario de la burguesía. Pero el conflicto con los anarquistas, así como la experiencia práctica de la clase obrera, también plantearon cuestiones sobre la fase ofensiva de la lucha, especialmente los acontecimientos de la Comuna de París, el primer ejemplo de poder político de la clase obrera.
Durante el período de la Segunda Internacional, especialmente en su fase de degeneración, se inició una nueva batalla: la lucha de las corrientes de izquierda contra la creciente tendencia a separar rigurosamente la dimensión económica, considerada como la especialidad de los sindicatos, y la dimensión política, cada vez más reducida a los esfuerzos del partido por ganar escaños en los parlamentos burgueses y en los municipios locales.
En los albores de la era decadente del capitalismo, la espectacular aparición de la huelga de masas en 1905 en Rusia, y el surgimiento de los soviets, reafirmaron la unidad esencial de las dimensiones económica y política, y la necesidad de órganos de clase independientes que combinen ambos aspectos. Como decía Luxemburgo en su panfleto sobre la huelga de masas, que era esencialmente una polémica contra las concepciones anticuadas de la derecha y el centro socialdemócratas:
«No hay dos luchas de clase diferentes de la clase obrera, una económica y otra política, sino una sola lucha de clase, que tiene como objetivo tanto la limitación de la explotación capitalista dentro de la sociedad burguesa como la abolición de la explotación junto con la propia sociedad burguesa»6Sin embargo, es necesario recordar que estas dos dimensiones, aunque forman parte de una unidad, no son idénticas, y su unidad a menudo no es captada por los trabajadores comprometidos en las luchas reales. Así, incluso cuando una huelga en torno a reivindicaciones económicas puede enfrentarse rápidamente a la oposición activa de los órganos del Estado burgués (gobierno, policía, sindicatos, etc.), el contexto político "objetivo" de la lucha puede ser visible sólo para una minoría combativa de los trabajadores implicados.
Además, esto subraya que en el movimiento de toma de conciencia de lo que está en juego políticamente en la lucha, hay dos dinámicas diferentes: por un lado, lo que podríamos llamar la politización de las luchas, y, por otro lado, la aparición de minorías politizadas que pueden o no estar vinculadas al ascenso inmediato de la lucha abierta.
Y de nuevo, en el primer caso, estamos ante un proceso que pasa por diferentes fases. En la decadencia, si ya no puede haber intervención proletaria en la esfera política burguesa, todavía puede haber reivindicaciones políticas defensivas y debates que no plantean todavía la cuestión del poder político o de una nueva sociedad, como, por ejemplo, cuando los proletarios discuten cómo responder a la violencia policial, como durante las huelgas de masas en Polonia en 1980 o el movimiento "anti-CPE" en 2006. Sólo en una fase muy avanzada de la lucha los trabajadores pueden contemplar la toma del poder político como un objetivo real de su movimiento. Sin embargo, lo que generalmente caracteriza a la politización de las luchas es el estallido de una cultura de debate masivo, donde el lugar de trabajo, la esquina de la calle, la plaza pública, las universidades y las escuelas son el escenario de apasionadas discusiones sobre cómo llevar adelante la lucha, sobre los enemigos de la lucha, sobre sus métodos de organización y sus objetivos generales, como describieron Trotsky y John Reed en sus libros sobre la revolución rusa de 1917, y que fueron quizás la principal "señal de alarma" para la burguesía sobre los peligros que planteaban los acontecimientos de mayo-junio de 1968 en Francia.
Para el marxismo, la minoría comunista es una emanación de la clase obrera como fuerza histórica en la sociedad burguesa; la minoría comunista no es un producto mecánico de sus luchas inmediatas. Ciertamente, la experiencia de un amargo conflicto de clase puede empujar a los trabajadores individuales a conclusiones revolucionarias, pero los comunistas también pueden ser "formados" por la reflexión sobre las condiciones generales del proletariado y del capitalismo en general, y también pueden tener sus orígenes sociológicos en capas externas al proletariado. Así lo expresa Marx en La Ideología Alemana:
- «En el desarrollo de las fuerzas productivas se produce la aparición de una clase que tiene que soportar todas las cargas de la sociedad sin ningún beneficio, que, excluida de la sociedad, se ve obligada a entrar en el más decidido antagonismo con todas las demás clases; una clase que forma la mayoría de todos los miembros de la sociedad y de la que emana la conciencia de la necesidad de una revolución fundamental, la conciencia comunista, que, naturalmente, puede surgir también entre las demás clases a través de la contemplación de la situación de esta clase».
Evidentemente, la convergencia de las dos dinámicas -la politización de las luchas y el desarrollo de la minoría revolucionaria- es esencial para que surja una situación revolucionaria; e incluso podemos decir que dicha convergencia, como se señala el principio de la resolución en relación con el Mayo del 68 en Francia, puede ser también la expresión de un cambio en el curso de la historia hacia grandes enfrentamientos de clase. Del mismo modo, los avances en la lucha general de la clase obrera y la aparición de minorías politizadas son ambos básicamente productos de la maduración subterránea de la conciencia, que puede continuar incluso cuando la lucha abierta ha desaparecido de la vista. Pero mezclar las dos dinámicas también puede llevar a conclusiones erróneas, notablemente a una sobreestimación del potencial inmediato de la lucha de clases. Como dice el refrán, "una golondrina no hace primavera".
La Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases (punto 6) también nos advierte de las considerables dificultades que impiden a la clase obrera darse cuenta de que es "revolucionaria o nada". Habla de la naturaleza de la clase obrera como clase explotada sometida a todas las presiones de la ideología dominante, de modo que «la conciencia de clase no puede progresar de victoria en victoria, sino que sólo puede desarrollarse de forma desigual a través de una serie de derrotas». También señala que la clase se enfrenta a dificultades adicionales en la decadencia, por ejemplo, la no permanencia de organizaciones de masas en las que los trabajadores puedan mantener y desarrollar una cultura política; la inexistencia de un programa mínimo, lo que hace que la lucha de clases tenga que alcanzar las vertiginosas alturas del programa máximo; la utilización de las viejas herramientas de las organizaciones de la clase obrera contra la lucha de clases, que -en el caso del estalinismo en particular- han contribuido a crear una brecha entre las auténticas organizaciones comunistas y la masa de la clase obrera. En otro lugar, la resolución, haciéndose eco de nuestras Tesis sobre la Descomposición, destaca las nuevas dificultades impuestas por las condiciones particulares de la fase final de la decadencia capitalista.
Una de estas dificultades se discute ampliamente en la resolución: el peligro que suponen las luchas interclasistas como la de los Chalecos Amarillos en Francia o las revueltas populares provocadas por el creciente empobrecimiento de las masas en los países menos "desarrollados". En todos estos movimientos, en una situación en la que la clase obrera tiene un nivel muy bajo de identidad de clase, y aún está lejos de reunir sus fuerzas hasta el punto de poder dar una perspectiva a la ira y el descontento que se acumula en toda la sociedad, los proletarios participan no como una fuerza social y política independiente, sino como una masa de individuos. En algunos casos, estos movimientos no son simplemente interclasistas, mezclando las demandas proletarias con las aspiraciones de otros estratos sociales (como en el caso de los Chalecos Amarillos), sino que abrazan objetivos abiertamente burgueses, como las protestas por la democracia en Hong Kong, o la ilusión de un desarrollo sostenible o la igualdad racial dentro del capitalismo, como en el caso de las Marchas Juveniles por el Clima (YFC -Young For Climate) y las protestas del "Black Lives Matter". La resolución no es del todo clara en cuanto a la distinción que debe hacerse aquí, lo que refleja problemas más amplios en los análisis de la CCI sobre estos hechos: de ahí la necesidad de una sección específica de este informe para aclarar estas cuestiones.
«Debido a la gran dificultad que tiene actualmente la clase obrera para desarrollar sus luchas, a su incapacidad por el momento de recuperar su identidad de clase y de abrir una perspectiva para el conjunto de la sociedad, el terreno social tiende a ser ocupado por luchas interclasistas particularmente marcadas por la pequeña burguesía... Estos movimientos interclasistas son producto de la ausencia de cualquier perspectiva que afecte al conjunto de la sociedad, incluida una parte importante de la propia clase dominante... La lucha por la autonomía de clase del proletariado es crucial en esta situación impuesta por el agravamiento de la descomposición del capitalismo:
- contra las luchas interclasistas;
- contra las luchas parciales planteadas por todo tipo de categorías sociales que dan la falsa ilusión de una "comunidad protectora";
- contra las movilizaciones en el terreno podrido del nacionalismo, el pacifismo, la reforma "ecológica", etc.» (Resolución sobre la relación de fuerzas entre clases, 23º Congreso de la CCI)
Las luchas interclasistas y las luchas parciales son obstáculos para el desarrollo de la lucha obrera. Últimamente hemos visto dificultades en la CCI para dominar los matices del análisis de estas dos cuestiones:
- En el caso de los Chalecos Amarillos, al principio se consideró que el movimiento tenía elementos positivos para la lucha de clases (a través de la cuestión del rechazo a los sindicatos).
- En el movimiento juvenil en torno a la cuestión del clima, que es una lucha parcial, la movilización de los jóvenes se vio como algo positivo, olvidando el punto 12 de la plataforma.
- Sobre las movilizaciones por el asesinato de George Floyd, hubo tendencias a considerarlo como un movimiento interclasista, mientras que la indignación que provocó llevó a una movilización en un terreno directamente burgués, exigiendo un sistema policial y judicial más democrático.
La valoración de los movimientos de Oriente Medio: una cuestión a dilucidar
En la presentación sobre la lucha de clases del 23º Congreso se recordó que el análisis de los movimientos de la Primavera Árabe no se había incluido en el balance crítico que hemos emprendido desde el 21º Congreso, a pesar de la existencia de divergencias no resueltas, particularmente sobre «deslices oportunistas que hemos hecho en el pasado respecto al análisis por ejemplo de los movimientos interclasistas de la Primavera Árabe y otros»7.
Volvamos a nuestro análisis de los movimientos de 2011.
Si bien la organización, en su intervención, no utilizó el término "interclasista" para calificar estos movimientos, los describió de una manera que desarrollaba todas las características de un movimiento interclasista, mostrando así que no ignoraba totalmente su naturaleza: «La clase obrera nunca se ha presentado como una fuerza autónoma capaz de asumir la dirección de las luchas que a menudo han tomado la forma de una revuelta del conjunto de las clases no explotadoras, desde el campesinado arruinado hasta las clases medias en proceso de proletarización.»8
- La posición desarrollada - «En general, la clase obrera no ha estado a la cabeza de estas revueltas, pero ciertamente ha tenido una presencia e influencia considerables que pueden verse tanto en los métodos y formas de organización adoptadas por el movimiento como, en algunos casos, por el desarrollo específico de luchas obreras, como las huelgas en Argelia y, sobre todo, la gran oleada de huelgas en Egipto»9 - no logró situar con precisión el terreno de clase en el que se desarrollaron esos movimientos, ni identificar la dinámica del componente obrero que podía encontrarse en estos movimientos; nuestro análisis se basaba en un enfoque empírico: la comparación con Irán en 1979, aunque inspiradora, se utilizó sin encajarla en la nueva situación, sin contextualizarla con ayuda de nuestro marco de posiciones: «Al tratar de entender la naturaleza de clase de estas revueltas, debemos por tanto evitar dos errores simétricos: por un lado, una identificación general de todas las masas en lucha con el proletariado (la posición más característica de este punto de vista es la del Grupo Comunista Internacionalista), y por otro lado, un rechazo de lo que puede ser positivo en las revueltas que no son explícitamente las de la clase obrera»[ídem.]. La segunda parte de la cita hace concesiones a un enfoque que considera los aspectos "positivos" y los "negativos" sin basarse en su naturaleza de clase.
Una sobrevaloración de estos movimientos: «Todas estas experiencias son verdaderos trampolines para el desarrollo de una conciencia verdaderamente revolucionaria. Pero el camino en esta dirección es todavía largo, está sembrado de muchas ilusiones innegables y de debilidades ideológicas» [ídem.]; «El conjunto de estas revueltas constituye una formidable experiencia en el camino hacia la conciencia revolucionaria»10.
Olvidar el marco de la crítica del "eslabón más débil"
Si bien la organización tenía razón al señalar que el movimiento de los "Indignados" y los levantamientos de las clases explotadas, especialmente la clase obrera de Oriente Medio, tienen un origen común en los efectos de la crisis económica mundial, lo hizo equiparando, o metiendo en el mismo saco, a todos los movimientos, fueran de países centrales o periféricos. Es decir, sin situarlos en el marco de la Crítica de la teoría del "eslabón más débil"11, esto puede verse en un pasaje de la Resolución sobre la situación internacional del XXº Congreso)12.
La CCI ha definido el movimiento de los Indignados13 como un movimiento de la clase obrera marcado:
- Por una pérdida de identidad de clase: «Esto explica en parte que la participación del proletariado como clase no fuera dominante, sino que estuviera presente a través de la participación de individuos de la clase trabajadora (asalariados, parados, estudiantes, pensionistas...) que intentan aclararse, implicarse según su instinto, pero que carecen de la fuerza, la cohesión y la claridad que supone asumirse colectivamente como clase.»
- Por una «fuerte presencia de sectores sociales no proletarios, en particular una capa media en proceso de proletarización». «Aunque el movimiento parezca impreciso y mal definido, esto no puede poner en duda su carácter de clase, sobre todo si consideramos las cosas en su dinámica, en la perspectiva del futuro... La presencia del proletariado no es visible como fuerza dirigente del movimiento ni a través de una movilización desde los centros de trabajo. Reside en la dinámica de la búsqueda, la clarificación, la preparación del terreno social, del reconocimiento de la lucha que se prepara. Ahí radica toda su importancia, a pesar de que sólo se trata de un pequeño y extremadamente frágil paso adelante».
Nuestros textos de este periodo no distinguen entre el movimiento de los Indignados en España y las revueltas en los países árabes. Sin embargo, hay diferencias muy importantes: en España, aunque el ala proletaria no dominó el movimiento de los Indignados, luchó por su propia autonomía frente a los esfuerzos de "Democracia Real Ya" por destruirla. En los países árabes, el proletariado, en el mejor de los casos, no fue capaz de mantenerse en su propio terreno, ni de utilizar sus propios métodos de lucha para desarrollar su conciencia, dejándose movilizar detrás de las facciones nacionalistas y democráticas14.
Ausencia del marco de descomposición
Sin negar nunca su existencia ni el peso de las profundas dificultades de estos movimientos, subrayando los "aspectos positivos" de las revueltas sociales15, el análisis de estos movimientos en los países árabes no se situó en el marco de la descomposición16. Esto hizo que se debilitara la denuncia firme del veneno democrático y nacionalista tan potente en estos países, y el peligro que representaba especialmente en estas partes del mundo, pero también y sobre todo frente a la propaganda de las burguesías occidentales hacia el proletariado europeo, subrayando la necesidad de la democracia en los países árabes.
Debilidades más generales en la organización que determinan sus análisis y posiciones
La impaciencia por ver en todas partes y rápidamente una salida del repliegue post-1989 tras la reactivación de las luchas en 2003 fue una pesada carga: «La actual oleada internacional de revueltas contra la austeridad capitalista abre la puerta a una solución completamente diferente: la solidaridad de todos los explotados más allá de las divisiones religiosas o nacionales; la lucha de clases en todos los países con el objetivo final de una revolución mundial que será la negación de las fronteras y los estados nacionales. Hace uno o dos años, esta perspectiva habría parecido completamente utópica para la mayoría de la gente. Hoy en día, cada vez más personas ven la revolución mundial como una alternativa realista al orden del capital mundial que se está derrumbando»17.
La posición de la CCI estaba marcada no sólo por una sobreestimación general de la situación, sino también por una sobreestimación de la importancia de los movimientos en los países árabes para el desarrollo de una perspectiva proletaria. Asimismo, la tendencia a descuidar la importancia del debate en el medio político proletario también ha influido negativamente: si bien la contribución del NCI al análisis del movimiento piquetero en 2002-4 fue muy importante, la CCI no fue capaz de tener en cuenta las críticas que le hizo posteriormente, en 2011, Internationalist Voice.
¿Hemos cometido errores oportunistas en el análisis de los movimientos árabes?
Podemos concluir de los elementos anteriores que la CCI, sobre la cuestión del análisis de los movimientos en los países árabes en 2011, donde su carácter masivo, su simultaneidad con otros movimientos en los países occidentales, las formas adoptadas por estos movimientos (asambleas, etc), la presencia de la clase obrera (frente al carácter caótico de algunas revueltas interclasistas o dominadas por grupos izquierdistas como los piqueteros, por ejemplo) fueron examinadas sin tomar distancia y sin tener una visión lúcida de lo que realmente representaban, en un contexto en el que las partes más experimentadas del proletariado mundial no estaban en condiciones de aportar una perspectiva y una dirección. Este enfoque se ajusta al inmediatismo.
En el contexto general que favoreció la impaciencia y la precipitación que existían en la organización, imaginando que el proletariado mundial ya estaba superando masivamente el retroceso post-89, este inmediatismo fue ciertamente la antesala del oportunismo, el punto de partida para un deslizamiento hacia el oportunismo y el abandono de las posiciones de clase, como se puede ver en las diversas formas en que se manifestó este inmediatismo:
- El carácter mayormente contradictorio de nuestras posiciones sobre las revueltas en Oriente Medio;
- La ausencia de coherencia y articulación de las posiciones cardinales de la organización que sustentan nuestros análisis políticos, o incluso su olvido o abandono (por ejemplo, sustituyendo el concepto de luchas interclasistas por el de revueltas sociales, y sin explicar realmente qué entendemos por "revueltas sociales").
- El enfoque más bien empírico y superficial que tendía a quedarse en la superficie de las cosas y que tendía a sustituir a nuestro marco político;
- El papel principal que jugó nuestra visión de la indignación como factor unilateralmente positivo para el desarrollo de la conciencia proletaria (o incluso como índice del carácter positivo de un movimiento, aplicado a todo tipo de movimientos);
- La tendencia a ver elementos positivos allí donde la situación estaba dominada por los mayores peligros para la clase, lo que llevó a debilitar la denuncia de la ideología burguesa por parte de la organización.
Si todos estos elementos combinados crean las condiciones para posiciones abiertamente oportunistas -si la claridad proletaria y la defensa de las posiciones de clase por parte de la CCI no constituyen una barrera a estas tendencias deletéreas-, hay que subrayar que la CCI no adoptó posiciones que contradijeran directamente su plataforma y sus posiciones de clase. Es necesario situar estas dificultades en el nivel de lo que realmente representaron (lo que no significa relativizar su importancia y sus peligros). El análisis y la intervención de la CCI se vieron debilitados por el inmediatismo (con todo lo que ello implica en términos de ambigüedad, superficialidad, falta de rigor, olvido de la defensa de nuestro marco político y de nuestras posiciones, y una dinámica que abre la puerta al oportunismo), pero no podemos concluir que adoptara posiciones directamente oportunistas (como fue el caso ante el movimiento juvenil en torno a la ecología).
La deriva en el caso del movimiento juvenil contra la destrucción ecológica ha mostrado un olvido del punto 12 de nuestra plataforma: «La cuestión ecológica, al igual que todas las cuestiones sociales (ya sea la educación, las relaciones familiares y sexuales u otras) están llamadas a desempeñar un enorme papel en cualquier toma de conciencia en el futuro y en toda lucha comunista. El proletariado, y sólo el proletariado, tiene la capacidad de integrar estas cuestiones en su propia conciencia revolucionaria. Al hacerlo, ampliará y profundizará esta conciencia. Podrá así dirigir todas las "luchas parciales" y darles una perspectiva. La revolución proletaria tendrá que afrontar muy concretamente todos estos problemas en la lucha por el comunismo. Pero no pueden ser el punto de partida para el desarrollo de una perspectiva de clase revolucionaria. En ausencia del proletariado, son, en el peor de los casos, el punto de partida de nuevos ciclos de barbarie. La hoja y el artículo de la CCI en Bélgica son ejemplos flagrantes de oportunismo. Esta vez no se trata de oportunismo en materia de organización, sino de oportunismo en relación con las posiciones de clase recogidas en nuestra plataforma» (Camarada S. Boletín interno internacional 2019).
Podemos decir que el informe sobre la lucha de clases del 23º Congreso tenía ambigüedades en este sentido. Adoptó una posición ambigua sobre la naturaleza de estos movimientos y dejó la puerta abierta a la idea de que podían desempeñar un papel positivo en el desarrollo de la conciencia18.
Nos ha resultado difícil ver qué distingue a estos dos tipos de movimientos, con una tendencia a amalgamarlos, a ponerlos en el mismo nivel. Entonces, ¿qué distingue las luchas interclasistas de las parciales? En los movimientos interclasistas, las reivindicaciones obreras se diluyen y se mezclan con las reivindicaciones pequeñoburguesas (por ej. los Chalecos Amarillos). No es el caso de las luchas parciales, que se manifiestan esencialmente a nivel de las superestructuras, sus reivindicaciones se centran en temas que dejan de lado los fundamentos de la sociedad capitalista, aunque puedan señalar al capitalismo como responsable, como con la cuestión climática, o con la opresión de las mujeres que se achaca al patriarcado capitalista. También son factores de división de la clase trabajadora, divisiones con los trabajadores empleados en el sector de la energía en el primer caso, o reforzando las divisiones de género. Los trabajadores pueden ser arrastrados a luchas parciales, pero esto no las convierte en interclasistas. Se trata de aclarar la diferencia entre las luchas parciales y las interclasistas, y lo que pueden tener en común.
En la década de 2010, la CCI reconoció la indignación como un componente importante de la lucha de clases del proletariado y un factor de concienciación. Sin embargo, la CCI ha tendido a definir su importancia "en sí misma", de forma un tanto metafísica. Una de las raíces de nuestras dificultades radica en el uso inapropiado y unilateral del concepto de indignación como algo necesariamente positivo, una indicación del reflejo e incluso del desarrollo de la conciencia de clase, sin tener en cuenta la naturaleza de clase de su origen, o el terreno de clase en el que se expresa. A medida que la caída en la descomposición continúe, habrá muchos movimientos impulsados por la indignación, el asco, la ira en amplios sectores de la sociedad contra los fenómenos de este período.
El informe sobre la lucha de clases del 23º Congreso de la CCI trata de la extensión de la indignación social contra el carácter destructivo de la sociedad capitalista (por ejemplo, en reacción contra los asesinatos de población negra, la cuestión climática o el acoso a las mujeres). Al afirmar que estos movimientos basados en la cólera pueden recuperarse cuando el proletariado reencuentre su identidad de clase y luche en su propio terreno, se introduce una ambigüedad sobre el hecho de que el proletariado, luchando en su propio terreno, puede recuperar toda esta cólera. Esto contradice lo que se dice en el punto 12 de la plataforma: «La lucha contra los fundamentos económicos de la sociedad capitalista contiene la lucha contra sus aspectos superestructurales (forma de vida, costumbres, ideología…) pero lo recíproco es falso». Además, esas luchas parciales tienden a obstaculizar la lucha de la clase obrera, su autonomía, y por eso la burguesía sabe muy bien cómo recuperarlas para preservar el orden capitalista. En este sentido, la indignación no es en sí misma un factor de desarrollo de la conciencia de clase: todo depende del terreno en el que se exprese. Esta reacción emocional que puede provenir de diferentes clases no conduce automáticamente a una reflexión que pueda contribuir al desarrollo de la conciencia de clase.
Al afirmar que la rabia expresada por estos movimientos puede ser recuperada por el proletariado cuando éste recupere su identidad de clase y luche en su propio terreno, se introduce la falsa idea de que el proletariado podría "asumir" la dirección de tales movimientos en su forma actual. En realidad, estos movimientos tendrían que "disolverse" antes de que los elementos que participan en ellos pudieran unirse a la lucha proletaria.
La organización debe aclarar cuáles serían las condiciones, a escala histórica, para que un movimiento proletario autónomo diera una orientación y una dirección totalmente nuevas a todos los diferentes agravios y opresiones que impone la sociedad capitalista y que hoy, en ausencia de una dirección proletaria, encuentran su única salida en el terreno de las movilizaciones interclasistas o burguesas.
El impacto de la crisis capitalista en el conjunto de la sociedad plantea otra cuestión a dilucidar: cuál es la relación de la lucha del proletariado con las demás clases, capas intermedias o no explotadas, que todavía existen en el capitalismo y son capaces de desarrollar sus propias movilizaciones contra la política del Estado (como los movimientos campesinos).
Ha pasado casi una década desde el movimiento de los Indignados. Por muy importante que fuera, no supuso en absoluto una vuelta atrás respecto al retroceso de 1989. También sabemos que la burguesía -especialmente en Francia, donde el peligro de contagio era más evidente- tomó contramedidas para evitar que estallara un movimiento similar o más avanzado en la tradicional "cuna" de las revoluciones.
En muchos sentidos, el retroceso de clase se acentuó tras el colapso de los movimientos de 2011. Las ilusiones que prevalecieron en la Primavera Árabe, dada la incapacidad de la clase obrera de proporcionar un liderazgo a las diversas revueltas, fueron ahogadas por la barbarie, la guerra, el terrorismo y la feroz represión. En Europa y Estados Unidos, la marea populista, alimentada en parte por la barbarie de los acontecimientos en África y Oriente Medio que han precipitado la crisis de los refugiados y el retorno del terrorismo islámico con fuerza, ha afectado a una parte de la clase trabajadora. En el llamado "tercer mundo", el aumento de la miseria económica ha tendido a provocar revueltas populares en las que la clase obrera ha vuelto a ser incapaz de manifestarse en su propio terreno; aún más significativo es que la tendencia del descontento social a adoptar un carácter interclasista se expresó claramente en un país central como Francia, con las protestas de los Chalecos Amarillos que persistieron durante todo un año. A partir de 2016, con la llegada de Trump al poder y el voto del Brexit en el Reino Unido, el auge del populismo alcanzó niveles dramáticos, atrayendo a una parte de la clase trabajadora a sus campañas contra las "élites". Y en 2020, todo este proceso de descomposición se ha acelerado aún más dramáticamente con la pandemia. El clima de miedo generado por la pandemia, y el bloqueo resultante, aumentó aún más la atomización de la clase trabajadora y creó profundas dificultades para una respuesta de clase a las devastadoras consecuencias económicas de la crisis del Covid-19.
Y, sin embargo, poco antes de que se produjera la pandemia, estábamos asistiendo a un nuevo desarrollo de los movimientos de clase: las huelgas de los profesores y de los trabajadores de la industria automovilística de GM en Estados Unidos; las huelgas generalizadas en Irán en 2018, que plantearon la cuestión de la autoorganización, aunque, en contra de las exageraciones de algunos en el Medio político proletario, todavía estaban lejos de la formación de soviets. Estas últimas huelgas han planteado notablemente la cuestión de la solidaridad de clase frente a la represión del Estado.
Sobre todo, vimos las luchas en Francia a finales de 2019, donde los batallones clave de la clase obrera estaban en las calles en torno a las reivindicaciones de clase, dejando de lado el movimiento de los Chalecos Amarillos que se redujo a una presencia simbólica en la parte trasera de las manifestaciones.
Otras expresiones de combatividad tuvieron lugar en otros países, por ejemplo, en Finlandia. Pero la pandemia golpeó el corazón de Europa, paralizando en gran medida la posibilidad de que las luchas en Francia adquirieran una dimensión internacional. Sin embargo, en varios lugares del mundo se produjeron huelgas de trabajadores en defensa de sus condiciones laborales frente a las medidas sanitarias totalmente inadecuadas adoptadas por el Estado y los empresarios19. Estos movimientos no pudieron desarrollarse más debido a las condiciones restrictivas del primer confinamiento, aunque el papel central de la clase obrera para permitir la continuidad de la vida en la sociedad fue destacado por aquellos sectores que no tuvieron más remedio que seguir trabajando durante el confinamiento: sanidad, transporte, alimentación, etc. La clase dominante hizo grandes esfuerzos para presentar a estos trabajadores como héroes al servicio de la nación, pero la hipocresía de los gobiernos -y por tanto la base de clase de los "sacrificios" de estos trabajadores- era evidente para muchos. En Gran Bretaña, por ejemplo, los trabajadores sanitarios demostraron su cólera cuando quedó claro que su "heroísmo" no merecía un aumento de sueldo20.
Además de la pandemia, la clase obrera se enfrentó rápidamente a otros obstáculos al desarrollo de la conciencia de clase, especialmente en Estados Unidos, donde las protestas del Black Lives Matter se polarizaron en torno a una movilización fragmentaria en torno al racismo, seguida rápidamente por la enorme campaña electoral que dio un nuevo impulso a las ilusiones democráticas. Ambas campañas tuvieron una gran repercusión internacional. En Estados Unidos, en particular, el peligro de que la clase trabajadora se vea arrastrada, a través de las políticas identitarias de derecha e izquierda, a enfrentamientos violentos detrás de facciones burguesas concurrentes, sigue siendo muy real: el dramático asalto al Capitolio por parte de los partidarios de Trump demuestra que, incluso si éste ha sido apartado del gobierno, el trumpismo sigue siendo una fuerza poderosa a nivel de la calle21. Por último, los trabajadores se enfrentan ahora a una segunda oleada de la pandemia y a una nueva serie de restricciones, que no sólo renuevan la atomización de la clase por parte del Estado, sino que también han provocado estallidos de frustración contra las restricciones que han llevado a algunas partes de la clase a protestas reaccionarias alimentadas por las teorías de la conspiración y la ideología del "individuo soberano".
Por el momento, la combinación de todas estas cuestiones, pero sobre todo las condiciones impuestas por la pandemia han actuado como un importante freno a la frágil reactivación de la lucha de clases entre 2018 y 2020. Es difícil predecir cuánto tiempo persistirá esta situación y, por lo tanto, no podemos ofrecer perspectivas concretas para el desarrollo de la lucha en el próximo período. Lo que sí podemos decir es que la clase obrera se enfrentará a ataques brutales contra sus condiciones de vida. Esto ya ha comenzado en varios sectores en los que los empresarios han reducido drásticamente sus plantillas. Los gobiernos de los países centrales del capitalismo siguen mostrando cierta cautela hacia la clase, subvencionando a las empresas para que puedan mantener a sus empleados, "subvencionando el paro" a los obreros que no pueden trabajar en casa para evitar que se hundan inmediatamente en el empobrecimiento, tomando medidas para evitar los desahucios de los inquilinos que no pueden pagar sus alquileres, etc. Estas medidas son muy costosas para los gobiernos y aumentan considerablemente la carga de la deuda. Sabemos que tarde o temprano los trabajadores tendrán que pagar por ello.
La dramática evolución de la situación mundial desde el último Congreso de la CCI ha provocado inevitablemente debates tanto en el seno de la organización como entre nuestros contactos y simpatizantes. Estos debates se han centrado en la magnitud de la pandemia y la aceleración de la descomposición, pero también han planteado nuevas cuestiones sobre la relación de fuerzas entre las clases. En el Congreso de RI del verano de 2020, se criticó el informe de Lucha de Clases, en particular su evaluación del movimiento contra la reforma de las pensiones en Francia a principios de 2019. Una contribución en el boletín interno internacional (2021, Camarada M) en particular argumentó -creemos que con razón- que el informe afirmaba que el movimiento había alcanzado un cierto nivel de politización sin proporcionar pruebas suficientes; al mismo tiempo, que había una falta de claridad con respecto a la distinción entre la politización de las luchas, y la politización de las minorías -una distinción que este informe ha tratado de dilucidar. Esta contribución advierte del peligro de sobrestimar el nivel actual de la lucha de clases (un error que hemos cometido a menudo en el pasado - véase el informe del 21º Congreso):
- «La tendencia a la politización de las luchas no se manifestó en absoluto en el movimiento contra la reforma de las pensiones en Francia. No había espacio para el debate proletario, ni asambleas generales. La politización de la clase obrera en su propio terreno de clase será inseparable de su salida del profundo retroceso que ha sufrido desde 1989. El proletariado en Francia, como en todos los países, aún no ha encontrado el camino de su perspectiva revolucionaria, camino bloqueado por el colapso del bloque del Este. Con el agravamiento de la crisis y los ataques a sus condiciones de vida, es evidente que la clase obrera es cada vez más consciente de que el capitalismo no tiene ningún futuro que ofrecerle. Busca una perspectiva, pero aún no sabe que es en sus manos y en sus luchas donde se esconde y se encuentra esta perspectiva. Esta conciencia de la monstruosa realidad del mundo actual no significa una politización en su propio terreno de clase, es decir, fuera del marco de la democracia burguesa. A pesar de su enorme potencial de combatividad (que no se ha agotado con la irrupción de la pandemia), el proletariado en Francia no se plantea todavía la cuestión de la revolución proletaria. Aunque la palabra "revolución" haya vuelto a aparecer en algunas pancartas, ¿qué contenido tiene? No creo que sea una cuestión de revolución "proletaria". La clase obrera en Francia aún no ha recuperado su identidad de clase (que todavía era muy embrionaria en el movimiento contra la reforma de las pensiones). Todavía existe en su seno un rechazo o al menos una desconfianza muy profunda hacia la palabra 'comunismo'».
Además, se subraya que esta sobrevaloración de la tendencia a la politización puede abrir la puerta a una visión consejista: "La politización de las luchas sólo puede verificarse cuando la vanguardia revolucionaria empieza a tener cierta influencia en las luchas obreras (especialmente en las asambleas generales). Este no es el caso hoy en día. El informe del congreso de la RI abre pues la puerta a una visión consejista al afirmar que ya existen "los indicios de una politización de la lucha".
El peligro de una visión consejista se plantea también en las divergencias expresadas por el camarada S. durante y después del 23º Congreso, pero no desde el mismo punto de partida. Estas diferencias se han profundizado desde entonces y han dado lugar a un debate público22 que, a su vez, ha tenido cierta repercusión en algunas de nuestros contactos. En la medida en que se refieren al problema de la relación de fuerza entre las clases, estas diferencias tocan tres cuestiones esenciales:
- El potencial y los límites de las luchas económicas
- La cuestión de la maduración subterránea
- La cuestión de las "derrotas políticas". En este sentido, la publicación de la primera ronda del debate sobre las divergencias llevó a algunos de nuestros contactos a preguntarse sobre lo que ocurrió en los años ochenta.
En su respuesta a nuestra respuesta (Boletín Interno Internacional 2021), el camarada S. dice que está de acuerdo con la CCI sobre la necesidad de la lucha económica: porque los trabajadores deben defender su existencia física contra la explotación capitalista; porque los trabajadores deben luchar por "tener una vida" más allá de la jornada laboral para tener acceso a la cultura, a los debates políticos, etc.; y porque, como decía Marx, una clase que no puede luchar por sus intereses a este nivel no puede ciertamente presentarse como una fuerza capaz de transformar la sociedad. Pero al mismo tiempo, dice, en las condiciones de descomposición, especialmente debido al debilitamiento de la perspectiva de una revolución social por el impacto del colapso del bloque del Este, los vínculos históricos entre las dimensiones económica y política de la lucha se han roto hasta el punto de que esta unidad no puede ser restaurada por un desarrollo de las luchas económicas solamente. Y aquí cita a Rosa Luxemburgo en Reforma o Revolución para advertir a la CCI contra cualquier recaída en una visión consejista en la que los "propios trabajadores", sin el papel indispensable de la organización revolucionaria, puedan recuperar su perspectiva revolucionaria: «El socialismo no es en absoluto una tendencia inherente a las luchas cotidianas de la clase obrera. Sólo es inherente al agravamiento de las contradicciones objetivas de la economía capitalista, por un lado, y a la comprensión subjetiva de la necesidad de superarlas mediante una transformación socialista, por otro.»
S. concluye que el principal peligro al que se enfrenta la CCI es una desviación consejista en la que la organización deja que el resurgimiento de las luchas económicas se politice "espontáneamente", y por tanto ignora lo que debería ser su tarea principal: llevar a cabo la necesaria profundización teórica que permita a la clase recuperar la confianza en el marxismo y en la posibilidad de una sociedad comunista.
Hemos visto que no se puede descartar el peligro del consejismo a la hora de entender el proceso de politización: hemos aprendido por las malas que el peligro de entusiasmarse demasiado con las posibilidades y la profundidad de las luchas inmediatas está siempre presente. También estamos de acuerdo con Luxemburgo -y con Lenin- en que la conciencia socialista no es el producto mecánico de la lucha diaria, sino que es el producto del movimiento histórico de la clase, que ciertamente incluye la elaboración teórica y la intervención de la organización revolucionaria. Pero lo que falta en el argumento de S. es una explicación del proceso real por el que la teoría revolucionaria puede volver a "captar a las masas". En nuestra opinión, esto está relacionado con un desacuerdo sobre la cuestión de la maduración subterránea.
En su texto, el camarada dice: «La Respuesta de la organización pregunta si considero que la situación actual es peor que la de los años 30 (cuando grupos como Bilan contribuyeron a una "maduración subterránea" política y teórica de la conciencia a pesar de la derrota de la clase), mientras que niego la existencia de tal maduración en la actualidad. Sí, a nivel de maduración subterránea, la situación es efectivamente peor que en los años 30, porque hoy la tendencia entre los revolucionarios es más bien hacia la regresión política y teórica.»
Para responder a esto, es necesario volver a nuestro debate inicial sobre la cuestión de la maduración subterránea, a la lucha contra la visión consejista de que la conciencia de clase sólo se desarrolla en fases de lucha abierta.
Así, el argumento del camarada MC23 en «Sobre la maduración subterránea» (Boletín interno internacional1983) era que el rechazo de la maduración subterránea subestimaba profundamente el papel de la organización revolucionaria en el desarrollo de la conciencia de clase: «La lucha de clases del proletariado conoce altibajos, pero no es el caso de la conciencia de clase: la idea de una regresión de la conciencia con el retroceso de la lucha de clases se contradice con toda la historia del movimiento obrero, una historia en la que la elaboración y profundización de la teoría continúa en un período de retroceso. Es cierto que el campo, la extensión de su acción se está reduciendo, pero no su elaboración en profundidad».
Es evidente que S. no niega el papel de la organización revolucionaria en la elaboración de la teoría. Así, cuando habla de "regresión subterránea", quiere decir que la vanguardia política comunista (y, por tanto, la CCI) no realiza el trabajo teórico necesario para restaurar la confianza de la clase obrera en su perspectiva revolucionaria, que retrocede teórica y políticamente.
Pero recordemos que el texto de MC no limita la maduración clandestina al trabajo de la organización revolucionaria:
- «El trabajo de reflexión continúa en la cabeza de los trabajadores y se manifestará en el recrudecimiento de nuevas luchas. Hay una memoria colectiva de la clase, y esta memoria también contribuye al desarrollo de la conciencia y a su extensión en la clase". O también: "Este proceso de desarrollo de la conciencia no está reservado únicamente a los comunistas por la sencilla razón de que la organización comunista no es la única sede de la conciencia. Este proceso es también el producto de otros elementos de la clase que se mantienen firmemente en el terreno de la clase o tienden en esa dirección".
Este punto es importante porque S. parece restringir la maduración subterránea precisamente a la organización revolucionaria. Si le entendemos bien, dado que la CCI tiende a la regresión teórica y política, esto sería una prueba de la "regresión subterránea" de la que habla. Por supuesto, no estamos de acuerdo con esta valoración de la situación actual de la CCI, pero esa es otra discusión. El punto en el que hay que centrarse aquí es que la organización comunista y el medio político proletario son sólo la punta del iceberg de un proceso más profundo que se desarrolla en la clase:
En una polémica con la CWO en la Revista Internacional nº 43 sobre el problema de la maduración subterránea, definimos este proceso de la siguiente manera:
- "en el nivel más bajo de conciencia, así como en los estratos más amplios de la clase, esta (maduración subterránea) toma la forma de una contradicción creciente entre el ser histórico, las necesidades reales de la clase, y la adhesión superficial de los trabajadores a las ideas burguesas. Este choque puede permanecer en gran medida sin reconocer, enterrado o reprimido durante mucho tiempo, o puede comenzar a emerger en forma de desilusión y desvinculación con los temas principales de la ideología burguesa;
- en un sector más pequeño de la clase, entre los trabajadores que se mantienen básicamente en el terreno proletario, toma la forma de reflexión sobre las luchas pasadas; discusiones más o menos formales sobre las luchas futuras, el surgimiento de núcleos combativos en las fábricas y entre los desempleados. Recientemente, la manifestación más espectacular de este aspecto del fenómeno de la maduración clandestina la dieron las huelgas de masas en Polonia en 1980, en las que los métodos de lucha utilizados por los trabajadores demostraron que se había producido una verdadera asimilación de muchas de las lecciones de las luchas de 1956, 70 y 76 ......
- en una fracción de la clase, aún más limitada en tamaño, pero destinada a crecer con el avance de la lucha, esto toma la forma de una defensa explícita del programa comunista, y por lo tanto de un reagrupamiento en una vanguardia marxista organizada. La aparición de organizaciones comunistas, lejos de ser una refutación de la noción de maduración clandestina, es a la vez un producto y un factor activo de la misma»24.
Lo que falta en este modelo es otra capa constituida por aquellos elementos que a menudo no son productos directos de los movimientos de clase, pero que están en busca de posiciones comunistas; ellos constituyen el "pantano" (o una parte de él que es producto de un avance político, aunque confuso, y no aquellos elementos que expresan una regresión desde un nivel superior de claridad y que serían otra parte), y también aquellos que se mueven más explícitamente hacia las organizaciones revolucionarias.
La aparición de esta capa no es el único indicio de maduración subterránea, pero sin duda es el más evidente. S. sostiene que la aparición de esta capa puede explicarse simplemente por referencia a la naturaleza revolucionaria de la clase obrera. Dado que entendemos la clase no como una fuerza estática, sino como una fuerza dinámica, es más preciso ver esta capa como el producto de un movimiento hacia la conciencia dentro de la clase. Y, sin duda, es necesario estudiar el movimiento dentro del movimiento: entender si se está produciendo un proceso de maduración en esta capa, es decir, si el propio entorno de los elementos en búsqueda muestra signos de desarrollo. Y si comparamos las dos "oleadas" de minorías politizadas que han surgido desde aproximadamente 2003, hay indicios de que esa evolución se ha producido.
La primera oleada tuvo lugar a mediados de la década de 2000 y coincidió con lo que hemos llamado una nueva generación de la clase obrera, que se manifestó en el movimiento "anti-CPE" y los "Indignados". Una pequeña parte de este medio gravitó hacia la izquierda comunista e incluso se afilió a la CCI, lo que dio lugar a la esperanza de que nos encontráramos con una nueva generación de revolucionarios (véase el texto de orientación sobre la cultura del debate25). En realidad, se trataba de un "movimiento" ampliamente presente en el pantano y que resultó ser muy permeable a la influencia del anarquismo, el modernismo y el parasitismo. Uno de los rasgos distintivos de este movimiento fue, junto a la desconfianza en la organización política, una profunda resistencia al concepto de decadencia y, por tanto, a los grupos de la izquierda comunista, percibidos como sectarios y apocalípticos, especialmente la CCI. Algunos de los elementos de este brote habían participado en el ultra activismo del movimiento anticapitalista en los años 90, y aunque dieron un primer paso al ver la centralidad de la clase obrera en el derrocamiento del capitalismo, conservaron sus inclinaciones activistas, que empujaron a algunos de ellos (por ejemplo, a la mayoría del colectivo organizador de Libcom) hacia un anarcosindicalismo renaciente, hacia ideas de "organización" en el lugar de trabajo, que se alimentan de la posibilidad de ganar pequeñas victorias y se alejan de cualquier noción de que el desarrollo objetivo e histórico de la crisis es en sí mismo un factor de desarrollo de la lucha de clases.
La segunda oleada de elementos en búsqueda, de la que nos hemos dado cuenta en los últimos años, aunque tal vez de menor escala que la primera, se sitúa ciertamente en un nivel más profundo: tiende a dar por evidencia la decadencia e incluso la descomposición; a menudo pasa por alto el anarquismo, al que considera carente de las herramientas teóricas para entender el período actual, y tiene menos miedo de contactar directamente con los grupos de la izquierda comunista. A menudo muy jóvenes y sin experiencia directa de la lucha de clases, su primera preocupación es profundizar en la comprensión del mundo caótico al que se enfrentan asimilando el método marxista. En nuestra opinión, se trata de una clara concreción de la conciencia comunista resultante, en palabras de Rosa Luxemburgo, de «la agudeza de las contradicciones objetivas de la economía capitalista, por un lado, (y) la comprensión subjetiva de la indispensabilidad de su superación mediante una transformación socialista, por otro».
En lo que respecta a esta capa emergente de elementos politizados, la CCI tiene una doble responsabilidad como organización de tipo "fracción". Por un lado, por supuesto, la vital elaboración teórica necesaria para proporcionar un análisis claro de una situación mundial siempre cambiante y para enriquecer la perspectiva comunista26. Pero también se trata de un paciente trabajo de construcción de la organización: trabajo de "formación de cuadros", como decía la GCF (Izquierda Comunista de Francia, por sus siglas en francés Gauche Communiste de France) después de la Segunda Guerra Mundial, de desarrollo de nuevos militantes que mantengan el rumbo; de defensa contra las incursiones de la ideología burguesa, las calumnias del parasitismo, etc. Este trabajo de construcción organizativa no aparece en absoluto en la respuesta de S. y, sin embargo, es sin duda uno de los principales elementos de la lucha real contra el consejismo.
Además, si este proceso de maduración subterránea es real, si es la punta del iceberg de los desarrollos que tienen lugar en capas mucho más amplias de la clase, la CCI tiene razón al prever la posibilidad de una futura reconexión entre las luchas defensivas y el creciente reconocimiento de que el capitalismo no tiene ningún futuro que ofrecer a la humanidad. En otras palabras, anuncia el potencial intacto de la politización de las luchas y su convergencia con la aparición de nuevas minorías revolucionarias y el impacto creciente de la organización comunista.
La publicación de una primera ronda de debate sobre la relación de fuerzas entre las clases ha revelado diversas divergencias en nuestro entorno de simpatizantes cercanos. En el foro de la CCI, en particular en el tema "Debate interno en la CCI sobre la situación internacional | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org)", en un intercambio de contribuciones con MH; Debate sobre la relación de fuerzas entre las clases (Debate on the balance of class force | International Communist Current (internationalism.org)), en nuestras reuniones de contactos, y en el propio blog de MH. El camarada MH, en particular, se ha vuelto cada vez más crítico con nuestra opinión de que fue esencialmente el colapso del bloque del Este en 1989 lo que precipitó el largo retroceso de la clase de la que aún no hemos salido. Para MH, fue en gran medida una ofensiva política/económica de la clase dominante después de 1980, dirigida por la burguesía británica en particular, la que acabó con la tercera ola de luchas (más bien: la estranguló al nacer). Desde este punto de vista, fue la derrota de la huelga de los mineros en 1985 en el Reino Unido lo que marcó la derrota de las luchas de los años 80. Esta conclusión lleva actualmente a MH a reevaluar nuestra visión de las luchas después de 1968 e incluso a cuestionar la noción de descomposición, aunque sus divergencias parecen implicar a veces que "la descomposición ha ganado", y que estamos ante la realidad de una grave derrota histórica de la clase obrera. El camarada Baboon coincide en gran medida con MH en la importancia clave de la derrota de la huelga de los mineros, pero no le ha seguido hasta el punto de cuestionar la descomposición, ni de concluir que el retroceso de la clase obrera puede haber dado un paso cualitativo hacia algún tipo de derrota histórica27.
Sin embargo, el camarada S. parece ser cada vez más explícito en este sentido. Como dijo en una carta reciente al órgano central:
- "¿Existe o no una divergencia fundamental sobre la relación de fuerzas entre las clases?
La posición de la organización es que la clase obrera está invicta. En nuestras filas también existe la posición contraria, es decir, que la clase obrera en los últimos cinco años ha sufrido una derrota política, cuyo principal síntoma es la explosión del identitarismo de todo tipo, que resulta sobre todo de la incapacidad de la clase para recuperar su propia identidad de clase. La posición de la organización es que la situación de la clase es mejor que en los años 90 bajo el shock de la "muerte del comunismo", mientras que la otra posición dice que la situación de la clase hoy es peor que en los años 90, que el proletariado mundial está hoy al borde de una derrota política de tal magnitud que puede tardar una generación en recuperarse.
Como señalamos al principio de este informe, el reconocimiento por parte de la CCI de que el concepto de curso histórico ya no se aplica en la fase de descomposición significa que se hace mucho más difícil evaluar la dinámica general de los acontecimientos y, en particular, llegar a la conclusión de que la puerta a un futuro revolucionario está definitivamente cerrada, ya que la descomposición puede sumergir al proletariado en un proceso gradual, sin que la burguesía tenga que derrotarlo directamente, en una lucha cara a cara, como lo hizo en el período de la oleada revolucionaria. Por lo tanto, es difícil saber a qué se refiere S. con una "derrota política de tal magnitud que puede tardar una generación en recuperarse". Si el proletariado aún no se ha enfrentado al enemigo de clase en una lucha política abierta, como lo hizo en 1917-23, ¿qué criterios utilizamos para juzgar que el retroceso de la lucha de clases en las últimas tres décadas ha llegado a tal punto; y además, dado que tal derrota probablemente sería seguida por una gran aceleración de la barbarie, y -según S. - una guerra mundial, o al menos un holocausto nuclear "limitado", ¿qué posibilidades de "recuperación" tendría la siguiente generación?
Un último punto: S. afirma que consideramos que la situación actual de la clase es "mejor" de lo que era después del colapso de los bloques. Esto no es correcto. Ciertamente, hemos dicho que las condiciones para los futuros enfrentamientos de clase están madurando inevitablemente y, como señaló el informe sobre la lucha de clases al Congreso de RI, esto se da en un contexto muy diferente al de la situación al comienzo de la fase de descomposición:
- Mientras que 1989 podía presentarse como la derrota del comunismo y la victoria del capitalismo, la pandemia no puede presentarse como una justificación de la superioridad del sistema actual. Por el contrario, a pesar de todas las mistificaciones que rodean los orígenes y la naturaleza de la pandemia, ésta proporciona una prueba más de que el sistema capitalista se ha convertido en un peligro para la humanidad, aunque por el momento sólo una pequeña minoría lo haya entendido claramente;
- Si bien los acontecimientos de 1989 fueron un golpe para la combatividad y la conciencia de clase, y el desarrollo de la descomposición ha tendido a agravar la pérdida de identidad de clase, la pandemia se ha producido en el contexto de un cierto renacimiento de la lucha de clases: la voluntad de la burguesía de sacrificar la salud y la vida en aras del beneficio, así como su caótica gestión de la pandemia, tiende a provocar la conciencia de que no estamos "todos juntos en esto", que la clase obrera y los pobres son las principales víctimas de la pandemia y de la negligencia criminal de la clase dominante.
Pero todos estos "pluses" se suman a 30 años de descomposición, un periodo en el que el tiempo ya no está del lado del proletariado, que sigue sufriendo las heridas acumuladas infligidas por una sociedad que se pudre. En algunos aspectos, estaríamos de acuerdo en que la situación es "peor" que en los años 80. Pero fracasaríamos en nuestra tarea como minoría revolucionaria si ignoráramos las señales que indican un renacimiento de la lucha de clases, de un movimiento proletario que contiene la posibilidad de evitar que la sociedad se hunda definitivamente en el abismo.
1 ´Ver La renovación de la Izquierda Comunista: uno de los aportes clave de Mayo 68 https://es.internationalism.org/content/4344/la-renovacion-de-la-izquierda-comunista-uno-de-los-aportes-clave-de-mayo-68 [54]
2 Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases (2019) Revista Internacional nº 164 https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019 [17]
3 Ver Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole [60]
4 En su primer artículo en el que expone sus desacuerdos con las resoluciones del 23º Congreso sobre la situación internacional, el camarada S. sostiene que la resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases muestra que la CCI abandona su punto de vista de que la incapacidad del proletariado para desarrollar su perspectiva revolucionaria en el período 1968-89 fue una causa principal de la fase de descomposición. En nuestra respuesta ya hemos subrayado lo que repetimos en este informe: la resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases sitúa la cuestión de la politización -es decir, el desarrollo de una alternativa proletaria para el futuro de la sociedad- en el centro mismo de su comprensión del actual impasse entre las dos grandes clases. Es cierto que la resolución podría haber sido más explícita sobre el hecho de que el estancamiento es producto no sólo de la incapacidad de la burguesía para movilizar a la sociedad para la guerra mundial, sino también de la incapacidad de la clase obrera -especialmente de sus batallones centrales tras la huelga de masas polaca- para comprender y asumir los objetivos políticos de su lucha. Creemos que este punto -que es simplemente el elemento básico de nuestro análisis de la descomposición- fue aclarado en nuestra respuesta publicada a S. Ver Divergencias con la Resolución sobre la situación internacional en el 23º Congreso de la CCI https://es.internationalism.org/content/4658/divergencias-con-la-resolucion-sobre-la-situacion-internacional-en-el-23o-congreso-de [131]
5 Miseria de la filosofía, 1847
6 Huelga de masas, partido y sindicatos, 1906
7 Contribución (J.) en el boletín interno internacional en 2011
8 "Revueltas sociales en África del Norte y Oriente Medio, desastre nuclear en Japón, guerra en Libia: sólo la revolución proletaria puede salvar a la humanidad del desastre del capitalismo", Revista Internacional nº 145 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3089/revueltas-sociales-en-el-magreb-y-oriente-medio-catastrofe-nuclear [280] . La resolución del 21º Congreso sigue teniendo un enfoque ambiguo en cuanto a los movimientos en Oriente Medio como "marcados por el interclasismo"
9 "¿Qué está pasando en Oriente Medio?", Revista Internacional 145 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3088/que-esta-pasando-en-el-magreb-y-oriente-medio [281]
10 Ídem. Citado en nota 8
11 Ver El proletariado de Europa Occidental en una posición central de la generalización de la lucha de clases https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/855/el-proletariado-de-europa-occidental-en-una-posicion-central-de-la- [81]
12"La metáfora de los 5 cursos:
- 1. los movimientos sociales de la juventud precaria, desempleada o todavía estudiante, empezando por la lucha contra el CPE en Francia en 2006, continuando con las revueltas juveniles en Grecia en 2008 y culminando con los movimientos de los Indignados y Occupy en 2011 ;
- 2. movimientos masivos pero muy bien supervisados por la burguesía que había preparado el terreno de antemano, como en Francia en 2007, en Francia y en Gran Bretaña en 2010, en Grecia en 2010-2012, etc;
- 3. movimientos bajo el peso del interclasismo como en Túnez y Egipto en 2011;
- 4. las semillas de huelgas masivas en Egipto en 2007, Vigo (España) en 2006, China en 2009;
- 5. la continuación de movimientos en fábricas o sectores industriales localizados pero que contienen semillas prometedoras como Lindsay en 2009, Teckel en 2010, electricistas en Gran Bretaña en 2011.
Estos 5 cursos pertenecen a la clase obrera porque a pesar de sus diferencias, cada uno expresa a su nivel el esfuerzo del proletariado por encontrarse a sí mismo a pesar de las dificultades y los obstáculos sembrados por la burguesía; cada uno a su nivel ha llevado una dinámica de investigación, de clarificación, de preparación del terreno social. A diferentes niveles, forman parte de la búsqueda de "la palabra que nos llevará al socialismo" (como escribió Rosa Luxemburgo al hablar de los consejos obreros) mediante asambleas generales. (Resolución sobre la situación internacional, 20º Congreso de la CCI, Revista Internacional 152 https://es.internationalism.org/content/3965/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2013 [35] ).
13"Movimiento de los indignados en España, Grecia e Israel: de la indignación a la preparación de las luchas de clase", Revista Internacional 147 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201111/3264/movimiento-de-indignados-en-espana-grecia-e-israel-de-la-indignaci [19]
14 Como indica el título del artículo de la RI 147, los movimientos en Grecia e Israel en 2011 (pero también las protestas en Turquía y Brasil en 2013) han sido analizados de forma muy similar a los Indignados en España. Por lo tanto, es necesario hacer una revisión crítica de todos nuestros artículos de este periodo
15 Una cuestión que hay que reexaminar es también la existencia de ambigüedades y confusiones sobre el impacto positivo de las revueltas del hambre en el desarrollo de la conciencia de clase (cf. Crisis alimentaria, revueltas del hambre - Sólo la lucha de clases del proletariado...; Revista International No. 134 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200808/2340/crisis-alimentaria-revueltas-del-hambre-solo-la-lucha-de-clases-de [282] ).
16 El capítulo "Luchas contra la economía de guerra en Oriente Medio" del informe sobre la lucha de clases del 23º Congreso de la CCI (ver Informe sobre la lucha de clases: Formación, pérdida y reconquista de la identidad de clase proletaria 2019 https://es.internationalism.org/content/4452/informe-sobre-la-lucha-de-clases-formacion-perdida-y-reconquista-de-la-identidad-de [283] ) no ha sido discutido en profundidad. El informe habla de la existencia de movimientos proletarios en varios países, y es necesario reevaluar estos movimientos sobre una base más sólida y profunda, tratando de situar el análisis de estos movimientos en el marco de la crítica del eslabón más débil, así como en el contexto de la descomposición (lo que el informe no parece hacer explícitamente, adoptando el enfoque aplicado a los movimientos de 2011) para examinar la naturaleza de estos movimientos y sus fortalezas y debilidades.
17 Ver Protestas en Israel: “¡Mubarak, Assad, Netanyahu son lo mismo!” https://es.internationalism.org/cci-online/201108/3185/protestas-en-israel-mubarak-assad-netanyahu-son-lo-mismo [284] . El pasaje es citado en el artículo antes comentado de la Revista Internacional 137
18 "El hecho de que no sean movimientos específicamente proletarios los hace ciertamente vulnerables a las mistificaciones en torno a la política de identidad y al reformismo, y a la manipulación directa por parte de las facciones democráticas y de izquierda burguesas”.
19Covid-19: A pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases forja su futuro https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [270]
20 Gran Bretaña: Las protestas en el sector sanitario ponen en duda la unidad nacional https://es.internationalism.org/content/4613/gran-bretana-las-protestas-en-el-sector-sanitario-ponen-en-duda-la-unidad-nacional [285]
21 Ver Asalto del Capitolio en Washington: Los Estados Unidos en el centro de la descomposición mundial del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4635/asalto-del-capitolio-en-washington-los-estados-unidos-en-el-centro-de-la-descomposicion [266]
22 Ver Divergencias con la Resolución sobre la situación internacional en el 23º Congreso de la CCI https://es.internationalism.org/content/4658/divergencias-con-la-resolucion-sobre-la-situacion-internacional-en-el-23o-congreso-de [131]
23 Para la historia de nuestro camarada, antiguo miembro del Bilan y de la Gauche Communiste de France, miembro fundador de la CCI fallecido en 1990, véanse nuestros artículos "MARC: de la revolución de octubre de 1917 a la segunda guerra mundial" (https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1053/marc-de-la-revolucion-de-octubre-1917-a-la-ii-guerra-mundial [186] ) y "MARC: II - de la segunda guerra mundial a la época actual" (https://es.internationalism.org/content/4663/marc-parte-2-de-la-segunda-guerra-mundial-la-actualidad [263] ) en los números 65 y 66 de la Revista Internacional
24 "Respuesta a la CWO: Sobre la maduración subterránea de la conciencia de clase"; Revista Internacional nº 43
25 La cultura del debate: un arma de la lucha de clases https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2088/la-cultura-del-debate-un-arma-de-la-lucha-de-la-clase [286]
26 Como se señaló en un debate en una reunión del órgano central de la CCI en 2021, no se puede acusar a la CCI de descuidar el esfuerzo por profundizar en el programa comunista. La existencia de treinta años de publicaciones sobre el comunismo demuestra que no partimos de cero...
27No entraremos aquí en estas discusiones, salvo para decir que parecen basarse en una subestimación tanto de las importantes luchas que tuvieron lugar después de 1985, donde el desafío a los sindicatos en países como Francia e Italia obligó a la clase dominante a radicalizar su aparato sindical, como, sobre todo, una subestimación del impacto del colapso del bloque del Este en la combatividad y la conciencia de clase
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Este informe se sitúa en continuidad con el informe aprobado por el 24º Congreso de la Revolución Internacional1. En este informe se tratan adecuadamente varios aspectos, especialmente las medidas adoptadas en el ámbito económico frente a la pandemia, la violenta incursión de la descomposición en la esfera económica, el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores que se está convirtiendo en una auténtica pesadilla. No profundizaremos en estos elementos, sino que nos centraremos en la perspectiva: ¿hacia dónde se dirige la economía mundial tras el gran cataclismo que se ha desatado con la pandemia?
El informe sobre la crisis económica aprobado por el 23º Congreso decíamos: "Debemos considerar la posibilidad de que se produzcan importantes perturbaciones en la economía mundial para 2019-2020. Los factores negativos se acumulan: una deuda cada vez más incontrolable; la escalada de la guerra comercial; las fuertes devaluaciones de los activos financieros sobrevalorados; la economía alemana se contrajo un -0,1% en el tercer trimestre de 2018; la economía china ha caído a su ritmo más lento en una década”.
Para 2020, el Banco Mundial ha registrado un descenso global de la producción del 5,2%, un 7% para las 23 mayores economías del mundo y un 2,5% para las "economías en desarrollo". Según el Banco Mundial, el descenso de la producción es el peor desde 1945 y "por primera vez desde 1870, un número sin precedentes de países experimentará un descenso de la producción per cápita"2[2]. Un fenómeno muy importante es la caída del comercio mundial. Un indicador es el descenso del comercio marítimo mundial, que cayó un 10% en 2020. Pero, paradójicamente, "los precios de los contenedores se han cuadruplicado de media en los dos últimos meses. Desde unos 1.500 dólares hasta casi 5.000 dólares. Y en algunos casos, ha llegado incluso a los 12.000 dólares. Esto se debe a que países como China están utilizando sus barcos y contenedores para su propio uso, sacándolos del tráfico mundial”3.
Para 2021 se espera un repunte de la economía mundial, siempre que la pandemia sea derrotada antes de junio de 2021, de lo contrario las previsiones son mucho más pesimistas. Habrá aumentos febriles del crecimiento, pero más allá de eso, las previsiones más serias apuntan a una estabilización de la economía mundial a partir de 2023. La experiencia de la recuperación posterior a 2008 es que ha tardado en afianzarse (a partir de 2013), ha sido bastante anémica y en 2018 ha dado muestras de agotamiento. Como veremos a lo largo de este informe, las condiciones actuales de la economía mundial son mucho peores que las de 2008 y, más que hacer predicciones, lo importante es comprender este importante deterioro.
En primer lugar, los "expertos" dan una imagen engañosa de los efectos de la crisis pandémica en la economía. Suponen que dicha crisis no tendrá efectos irreversibles en el sistema económico y que la economía se recuperará hasta un nivel superior al del periodo anterior. Tal suposición subestima el importante y prolongado deterioro del tejido productivo, financiero y comercial, que la crisis pandémica está provocando y que es bastante profundo. Se calcula que el 30% de las empresas podrían desaparecer definitivamente en los países de la OCDE. Estamos ante más de 100 años de decadencia capitalista, con una economía distorsionada por la economía de guerra y los efectos de la destrucción del medio ambiente, profundamente alterada en sus mecanismos de reproducción por la deuda y la manipulación estatal, erosionada por las pandemias y cada vez más afectada por los efectos de la decadencia. En estas condiciones, es ilusorio pensar que la economía se recuperará sin sobresaltos.
En segundo lugar, la profunda debilidad de la proclamada "recuperación" de 2013 - 2018 ya presagiaba la situación actual. Aparte de Estados Unidos, China y, en menor medida, Alemania, la producción de todos los principales países del mundo se ha estancado o ha disminuido (según las estimaciones del Banco Mundial), algo que no ocurría desde la Segunda Guerra Mundial.
Ya en el 22º Congreso4 constatamos el creciente impacto de los efectos de la descomposición en el terreno económico y, en particular, en la gestión capitalista estatal de la crisis. Fuimos conscientes de esta tendencia en el informe sobre la crisis económica adoptado por el 23º Congreso que señalaba esta irrupción de la descomposición como uno de los principales factores de la evolución de la situación económica y, finalmente, el informe sobre la crisis adoptado por el 24º Congreso de "Revolución Internacional" profundizó en este análisis de la pandemia como resultado de la descomposición y también del agravamiento de la crisis económica pero, al mismo tiempo, como un poderoso factor de aceleración de la misma.
Es importante subrayar nuestro planteamiento de la cuestión: una de las características de la decadencia es que el sistema capitalista intenta extender todas las posibilidades contenidas en sus relaciones de producción hasta sus límites extremos, incluso a riesgo de violar sus propias leyes económicas. Así, "una de las principales contradicciones del capitalismo es la que surge del conflicto entre el carácter cada vez más global de la producción y la estructura necesariamente nacional del capital. Al llevar al límite las posibilidades de "asociación" de las naciones en el plano económico, financiero y productivo, el capitalismo ha obtenido un importante "soplo de aire fresco" en su lucha contra la crisis que lo corroe, pero al mismo tiempo se ha puesto en una situación de riesgo" (Informe del 23º Congreso). Esta "situación de riesgo" ha demostrado sus graves consecuencias ligadas al impacto de la descomposición en el terreno económico, especialmente durante los últimos cinco años de la década de 2010.
La pandemia representa una aceleración de la decadencia y, al mismo tiempo, una profundización de esta. El informe sobre la crisis económica se centra en esta realidad fundamental. La resolución sobre la situación en Francia destaca este eje central: "En 2008, durante la "crisis de las subprime", la burguesía fue capaz de reaccionar de forma coordinada a escala internacional. Los famosos G7, G8, G20 simbolizan esta capacidad de los Estados para ponerse de acuerdo como mínimo para intentar responder a la "crisis de la deuda". Doce años después, la división, la "guerra de las máscaras" y luego la "guerra de las vacunas", la cacofonía en las decisiones de cierre de fronteras contra la propagación del Covid-19, la ausencia de una acción concertada a escala internacional (aparte de Europa, que se esfuerza por protegerse de sus competidores) para limitar el colapso económico, todo ello apunta al avance del "sálvese quien pueda" y a la inmersión de las más altas esferas políticas del capitalismo en una gestión cada vez más irracional del sistema. Esta tendencia es particularmente fuerte en Estados Unidos, donde una larga tendencia al declive económico se combina con una profundización sin precedentes de la descomposición de su aparato político y su tejido social.
De todas formas, sería un error pensar que esta tendencia se limita a Estados Unidos. En Europa, Alemania parece haber reaccionado, pero las tensiones en el seno de la UE son cada vez más evidentes y la conmoción del Brexit tendrá consecuencias que aún no son visibles. La "estabilidad" de China es más aparente que real.
Por lo tanto, podemos decir que los efectos de la ruptura en la esfera económica y en la gestión estatal de la economía están destinados a durar y tendrán una influencia cada vez más fuerte en la evolución económica. Es cierto que la burguesía pondrá en marcha contra tendencias (por ejemplo, los acuerdos de la UE sobre mutualización parcial de la deuda o la anulación por parte de Biden de algunas de las medidas adoptadas por Trump). Sin embargo, más allá de los frenos o retrocesos, el peso de la descomposición en la economía y en la gestión estatal de ésta aumentará con consecuencias difíciles de predecir en este momento. Más que intentar hacer predicciones, debemos seguir de cerca la evolución de los acontecimientos y sacar conclusiones dentro del marco general que hemos establecido.
Con la respuesta que el capital de la mayoría de los países se ha visto obligado a dar a la pandemia (los confinamientos que aún no han terminado), se ha producido una de las peores recesiones de la historia.
Para evitar un colapso generalizado, la burguesía se vio obligada a inyectar miles de millones. Esto le permitió "capear el temporal"5. ¿Y cómo se llevará a cabo esta complicada operación?
Podemos decir que será mucho peor que en 2008, que implicará una violenta dosis de austeridad y que la economía mundial estará en un estado mucho peor, con menos capacidad de recuperación, caos y grandes convulsiones.
Cinco factores expresan y a la vez agravan, este contexto económico mundial muy desfavorable:
- El creciente peso de la decadencia en la economía y el capitalismo de Estado;
- China ya no podrá actuar como locomotora, ofreciendo un salvavidas, como hizo en respuesta a 2008;
- La catástrofe medioambiental;
- El peso de la economía de guerra;
- El peso aplastante de la deuda.
Con la pandemia, hemos asistido a una respuesta caótica e irracional por parte de los Estados, empezando por los más grandes y poderosos. La OMS fue ignorada por todos los Estados, impidiendo una necesaria estrategia internacional basada al máximo en criterios científicos. Cada Estado trató de cerrar su economía lo más tarde posible para no perder sus ventajas competitivas e imperialistas sobre sus rivales; Las economías que se reabrieron para obtener una ventaja sobre los rivales, y los cierres provocados por el agravamiento de la pandemia, se vieron atrapados por la contradicción entre la necesidad de mantener y aumentar la producción frente a los rivales, por un lado, y la necesidad de evitar que el aparato productivo y la cohesión social se vieran afectados por nuevas oleadas de contagio, por otro.
La guerra de las mascarillas fue un espectáculo degradante6: Estados considerados "serios", como Francia o Alemania, robaban abiertamente los envíos de máscaras destinados a otros países. Lo mismo ocurría con equipos médicos, como los aparatos de respiración, el oxígeno, el equipo de protección personal, etc.
En el contexto de la actual guerra de las vacunas, su fabricación, distribución y las propias vacunas son indicadores del creciente desorden de la economía mundial.
En el campo de la investigación y la fabricación de vacunas, hemos asistido a una caótica carrera entre estados que compiten ferozmente. Gran Bretaña, China, Rusia, Estados Unidos... han corrido contra reloj para ser los primeros en tener la vacuna. No hubo coordinación internacional. Las vacunas se probaron en un tiempo récord, sin ninguna garantía real de eficacia.
La distribución es igualmente caótica. El conflicto entre la UE y la empresa británica Astra Zeneca es un ejemplo de ello. Los países más ricos han dejado desprotegidos a los más pobres. Israel ha vacunado a sus ciudadanos mientras ha descuidado a los palestinos. Rusia utiliza una propaganda engañosa para presentar su vacuna como la mejor. Esto es una prueba de que la vacuna está siendo utilizada como un instrumento de influencia imperialista. Rusia y China no lo ocultan y proclaman abiertamente que ofrecerán precios más bajos a los países que cumplan con sus exigencias económicas, políticas y militares.
Por último, la forma de vacunar a la población es realmente inquietante por su desorganización e indisciplina. En Francia, Alemania, España, Italia, por citar sólo algunos países, hay un desabastecimiento constante, retrasos en la vacunación incluso en los grupos identificados como prioritarios (personal sanitario, personas mayores de 65 años). Los planes de vacunación se han retrasado repetidamente. A menudo se administra la primera dosis y la segunda se retrasa indefinidamente, anulando la eficacia de la vacuna. Dirigentes, políticos, empresarios, militares, etc., se han saltado la lista de grupos prioritarios y se han vacunado primero.
Este espectáculo degradante en torno a las vacunas7 nos muestra una tendencia creciente del capitalismo a socavar la capacidad de "cooperación internacional" que había logrado mitigar la crisis económica en el período 1990-2008. El capitalismo se basa en la competencia a muerte -y este rasgo constitutivo del capitalismo no desapareció en el apogeo de la "globalización"-, pero lo que vemos hoy es una competencia exacerbada, que toma como campo de acción algo tan sensible como la salud y las epidemias. Si en el período ascendente del capitalismo, la competencia entre capitales y entre naciones era un factor de expansión y desarrollo del sistema, en la decadencia es, en cambio, un factor de destrucción y caos: destrucción con la barbarie de la guerra imperialista; caos (que incluye también la destrucción y las guerras) especialmente con la irrupción de los efectos de la descomposición en el campo económico y su gestión estatal. Este caos afectará cada vez más a las cadenas de producción y suministro mundiales, a la planificación de la producción y a la capacidad de combatir fenómenos "inesperados" como las pandemias u otras catástrofes.
La repatriación de la producción al país de origen por parte de las multinacionales ya estaba en marcha desde 2017, pero parece haberse acelerado con la pandemia: "Un estudio publicado esta semana por Bank of America sobre 3.000 empresas con una capitalización bursátil total de 22 billones de dólares y ubicadas en 12 grandes sectores mundiales indica que el 80% de estas compañías tienen planes de deslocalización para repatriar parte de su producción del extranjero. Este es el primer punto de inflexión en una tendencia que dura décadas. En los últimos tres años, unas 153 empresas han vuelto a Estados Unidos, mientras que 208 lo han hecho en la UE"8.
¿Son estas medidas irreversibles? ¿Estamos asistiendo al final de la fase de "globalización", es decir, de la producción mundial, altamente interconectada con una división internacional del trabajo, con cadenas de producción, transporte y logística organizadas a escala mundial?
La primera consideración es que la pandemia está durando más de lo previsto. El 28 de septiembre de 2020 se alcanzó la cifra de un millón de muertos; el 15 de enero, menos de tres meses después, se había llegado a los dos millones. Aunque la vacunación está en marcha, la directora científica de la OMS, Soumya Swaminathan, predice que habrá que esperar hasta 2022 para lograr una inmunización razonable de la población en Europa9. Es probable que las perturbaciones e interrupciones de la producción continúen a lo largo de 2021.
En segundo lugar, si nos fijamos en la experiencia histórica, podemos ver que las medidas del capitalismo de Estado que se tomaron en respuesta a la Primera Guerra Mundial no desaparecieron por completo tras el final de la guerra, y 10 años después, con la crisis de 1929, dieron un salto gigantesco, confirmando la correcta predicción del Primer Congreso de la Internacional Comunista: "Todas estas cuestiones fundamentales de la vida económica del mundo ya no están reguladas por la libre competencia, ni siquiera por combinaciones de trusts o consorcios nacionales e internacionales. Han caído bajo el yugo de la tiranía militar para servir de salvaguarda a partir de ahora. Si el sometimiento absoluto del poder político al capital financiero ha llevado a la humanidad a la carnicería imperialista, esta carnicería ha permitido al capital financiero no sólo militarizar al máximo el Estado, sino militarizarse a sí mismo, de modo que sólo puede cumplir sus funciones económicas esenciales a hierro y sangre”10.
Del mismo modo, es probable que se mantengan las medidas adoptadas en respuesta a la pandemia en el frente económico, aunque se produzcan retrocesos parciales.
Lo confirma el hecho de que, desde 2015, como se señala en el informe del 23º Congreso, China, Alemania y Estados Unidos se han movido en esta dirección. Las medidas adoptadas durante la pandemia no hacen sino acentuar una dirección que ya estaba presente en la década de 2010.
Esto queda ilustrado por el hecho de que las principales potencias aún no han coordinado sus respuestas financieras y económicas ante el peligro de quiebra. Mientras que durante la crisis de 2008 hubo muchas reuniones del G8, del G20, etc., hoy en día es evidente que esas reuniones están ausentes11.
Sin embargo, la estructura globalizada de la producción mundial ofrece grandes ventajas a las economías más poderosas, y éstas tomarán medidas para corregir las principales perturbaciones descritas anteriormente. Un ejemplo muy claro: el plan de mutualización de la deuda en la UE beneficia especialmente a Alemania, que consolidará sus exportaciones a España, Italia, etc. Estos países, presentados como "los grandes beneficiarios", serán a la postre los grandes perdedores, ya que su tejido industrial se verá debilitado por la abrumadora competencia de las exportaciones alemanas. De hecho, la mutualización de las deudas ayudará a Alemania a contrarrestar la presencia china en los países del sur de Europa, que se ha fortalecido desde 2013. No asistimos a un desmantelamiento de la globalización, sino a su creciente desarticulación -por ejemplo, a través de la tendencia a la fragmentación en zonas regionales-, a la creciente importancia de las tendencias proteccionistas, a la deslocalización de las zonas de producción, a la multiplicación de las medidas que cada país toma por su cuenta, violando los acuerdos internacionales. En resumen, hay un caos creciente en el funcionamiento de la economía mundial.
Durante el período 2009-2015, China desempeñó un papel fundamental, a través de sus compras e inversiones, en la débil recuperación de la economía mundial tras las graves turbulencias de 2008. Dada la situación actual, ¿puede China volver a desempeñar el papel de locomotora de la economía mundial?
Creemos que esta posibilidad es altamente improbable por al menos 4 razones:
1ª) La situación actual de China es mucho más frágil que entonces: el crecimiento de la producción sigue disminuyendo de forma lenta pero segura; según el FMI, China experimentará su peor crecimiento en 35 años: sólo un 1,2%. Para el PCI - Le Prolétaire "en China, la tasa de paro oficial era del 6% a finales de abril; pero un estudio de una organización china estimaba en la misma fecha que el paro real era del 20,5% (es decir, 70 millones de parados); el estudio fue retirado y la dirección de la organización castigada por las autoridades, pero los economistas occidentales presentan cifras del mismo orden". El nivel de deuda de China es enorme (300% del PIB en 2019); la situación de muchas de sus empresas es muy frágil. Por ejemplo, en China hay un 30% de empresas zombis12, que es el porcentaje más alto del mundo (en Alemania y Francia se estima que es el 10%). Además, las empresas estatales siguen teniendo una gran parte de la economía y estas empresas son las más endeudadas.
2ª) El proyecto de la Ruta de la Seda -un plan de expansión comercial, económica e imperialista en el que participan 60 países13- pretende definir una zona económica global exclusiva de China, con la consiguiente disminución del papel que puede desempeñar en el estímulo del comercio mundial. Los rivales de China, especialmente Estados Unidos, han respondido con una guerra comercial y, en Asia-Oceanía, con el Acuerdo de Asociación Transpacífico que une a 12 países de la zona. Y entre los países que han tenido que endeudarse con China como parte de su participación en el proyecto de la Ruta de la Seda, algunos se han visto más afectados por las consecuencias económicas de la pandemia del Covid-19, lo que ha puesto en peligro su solvencia.
3ª Estos "acuerdos" demuestran que la dinámica que dominará los próximos años -a menos que se produzca un cambio de tendencia, lo que es muy poco probable- no es la de la "cooperación", sino la de una gran fragmentación de la producción mundial en zonas reservadas, bajo control chino, estadounidense o alemán.
4ª La acumulación de deuda, que sirvió para "alimentar" el motor chino después de 2008, ha permitido un crecimiento de dos dígitos en China y también ha creado mercados más grandes en la propia China para muchos exportadores de Estados Unidos, Asia Oriental y Europa. Pero no se dan las condiciones para que se repita. Todos los países se han vuelto más proteccionistas. Además, la mano de obra china, que solía recibir algunos de los salarios más bajos, ha recibido sueldos más altos, lo que ha provocado grandes transferencias de puestos de trabajo de China a otros países cada vez más baratos (Sudeste Asiático, África).
El proceso de destrucción ecológica (devastación y contaminación del medio ambiente y los recursos naturales) no es nuevo. La guerra imperialista y la economía de guerra han contribuido en gran medida a este proceso. Sin embargo, la cuestión es hasta qué punto este proceso ha influido negativamente en la economía capitalista al dificultar la acumulación.
En el marco de este informe, no podemos dar una respuesta elaborada. Sin embargo, es probable que, a consecuencia de las crecientes dificultades de colaboración entre países, las maniobras nacionalistas de cada estado etc., ... la destrucción ecológica tenga un impacto cada vez más negativo en la reproducción del capital y contribuya a que los momentos de recuperación económica en el próximo período sean mucho más débiles e inestables que en el pasado.
Se calcula que la contaminación atmosférica mata a 7 millones de personas cada año y que el consumo de agua contaminada provoca 485.000 muertes al año14.
Durante el siglo XX, 260 millones de personas murieron a causa de la contaminación del aire interior en el Tercer Mundo, aproximadamente el doble del número de víctimas de todas las guerras del siglo. Esta cifra es más de 4 veces superior al número de muertes por contaminación del aire exterior15.
Los fenómenos meteorológicos extremos, la extinción masiva de especies, la disminución de los rendimientos agrícolas y el aire y el agua tóxicos ya están perjudicando a la economía mundial, y sólo la contaminación cuesta 4,6 billones de dólares al año16.
Incluso la protección de las ciudades a lo largo de la costa costará tanto, si no más, que todos los planes de rescate que hubo que adoptar para la pandemia del Covid-19. Las implicaciones económicas de este caos son reales. El impacto de este proceso autodestructivo es asombroso. Se calcula que, si el cambio climático aumenta la temperatura en 4ºC, el PIB mundial caerá un 30% respecto a los niveles de 2010, ya que la caída durante la depresión de los años 30 fue del 26,7% (la caída actual será permanente). Podrían perderse 1.200 millones de empleos. Estas cifras no tienen en cuenta el agravamiento de la crisis económica ni el impacto del COVID.
Todos estos daños se ven considerablemente agravados por la crisis de la COVID, aunque habrá que esperar para evaluar su impacto. En efecto, la crisis ilustra claramente las consecuencias económicas de la destrucción ecológica: "La colonización de los espacios naturales y el contacto del hombre con los animales reservorios de virus y agentes patógenos es el primer eslabón de la cadena que explica las pandemias. La destrucción de los hábitats forestales en los trópicos permite la transmisión a los humanos de muchos patógenos que antes estaban confinados en zonas inaccesibles. Las personas se encuentran con especies con las que antes no estaban relacionadas, lo que aumenta el riesgo de contagio de enfermedades transmitidas por animales. Los mercados de animales, el transporte y la globalización los difunden"17.
Instituciones como el Banco Mundial advierten claramente de las consecuencias de la destrucción ecológica, por ejemplo, en lo que respecta a la expansión de la pobreza: "Según nuevas estimaciones, el cambio climático podría empujar a la pobreza a entre 68 y 135 millones de personas en 2030. Supone una amenaza especialmente grave para los países del África subsahariana y el sur de Asia, donde se concentra la mayor parte de los pobres del mundo. En varios países, como Nepal, Camerún, Liberia y la República Centroafricana, una gran proporción de los pobres vive en zonas afectadas por conflictos y muy propensas a las inundaciones”18.
El colapso de la cooperación internacional en torno a la pandemia del COVID es un anticipo de la actitud de sálvese quien pueda que prevalecerá ante el cambio climático. La mayor competencia entre países resultante de la COVID no puede sino acelerar esta dinámica. La capacidad del capitalismo para limitar el aumento de la temperatura global se está debilitando.
- “Juntos, una acción rápida contra el aumento de las temperaturas y un compromiso renovado con la globalización permitirían a la economía mundial alcanzar una producción de 185 billones de dólares en 2050. Si se retrasan las medidas para reducir las emisiones de carbono y se permite que se debiliten los vínculos transfronterizos, podría llegar a los 149 billones de dólares, lo que equivaldría a decir adiós a todo el PIB de Estados Unidos y China el año pasado”19.
La contradicción entre los intereses de la nación capitalista, y del sistema capitalista en su conjunto, y el futuro de la humanidad no puede ser más clara. Si se toman medidas suficientes contra el cambio climático, las tensiones imperialistas y económicas se intensificarán cualitativamente con el ascenso de China como la mayor economía del mundo. Si no se toman medidas, la economía mundial se contraerá un 30% con todas las consecuencias que ello conlleva.
Esto sólo puede aumentar exponencialmente la destrucción del medio ambiente por parte del capitalismo y preparar el terreno para nuevas pandemias a medida que se desarrollen las condiciones para ello, como muestran varias contribuciones en nuestros boletines internos internacionales20.
La economía de guerra, como nos recuerda Internationalisme (Gauche Communiste de France), es un peso muerto para la economía mundial21. A pesar de la clara posición de nuestro texto de orientación Militarismo y Descomposición22, algunos camaradas han tendido a pensar que con la descomposición el gasto en armamento tendería a reducirse y no tendría el enorme impacto que tuvo en la época de la Guerra Fría (1945-89). Esta opinión es errónea, como señala el informe aprobado por el 23º Congreso. "El gasto militar mundial experimentó -en 2019- su mayor aumento en una década. Durante 2019, el gasto militar alcanzó los 1,9 billones de dólares (1,8 billones de euros) en todo el mundo, un aumento del 3,6% en un año, el mayor desde 2010. "El gasto militar ha alcanzado su nivel más alto desde el final de la Guerra Fría", dijo Nan Tian, investigador del SIPRI"23.
La necesidad de hacer frente a la COVID no ha frenado el rearme. El presupuesto de la Bundeswehr se incrementa en un 2,85% para 2021, España aumenta su gasto militar en un 4,7%, Francia en un 4,5%, mientras que el Reino Unido lo hace en otros 18.500 millones de euros24.
En Estados Unidos, avivando la histeria anti china, el Senado aprobó un aumento astronómico del gasto militar hasta los 740.000 millones de dólares en 2021. En Japón, "el primer ministro Yoshihide Suga aprobó el lunes el noveno aumento consecutivo del presupuesto militar, estableciendo un nuevo máximo histórico de 5,34 billones de yenes (unos 51.700 millones de dólares), un aumento del 1,1% respecto al presupuesto del año anterior”25.
"Las guerras de Estados Unidos en Afganistán, Irak, Siria y Pakistán han costado a los contribuyentes estadounidenses 6,4 billones de dólares desde que comenzaron en 2001. Este total es 2 billones de dólares más que todo el gasto del gobierno federal en el año fiscal que acaba de terminar”26.
No hay datos disponibles sobre China para 2021, pero el gasto militar aparentemente aumentó menos en 2020 que en 2019. Sin embargo, "el Ejército Popular de Liberación logró dos grandes hitos, al presentar su primer portaaviones 100% autóctono y su primer misil balístico intercontinental capaz de llegar a Estados Unidos. China también construyó su primera base militar en el extranjero en Yibuti en 2017. Pekín también está diseñando una nueva generación de destructores y misiles para reforzar su capacidad de disuasión frente a sus vecinos asiáticos y a la marina estadounidense"27.
Rusia ha aumentado drásticamente su gasto militar en el trienio 2018-2021, Australia "ha puesto en marcha un ambicioso programa naval en los últimos dos años para crear una armada de doce nuevos submarinos que construirá el astillero francés DCNS, nueve fragatas, dos buques logísticos y doce patrulleras; también recibirá 72 aviones de combate F-35 estadounidenses de Lockheed Martin para 2020. Las autoridades australianas prevén incluso duplicar su presupuesto en una década hasta alcanzar los 21.000 millones de dólares anuales (...) [Los países escandinavos] ven cada vez menos ficticias las amenazas rusas a su espacio aéreo y en el Ártico, y en el caso de Suecia se ha anunciado la reintroducción del servicio militar obligatorio y un aumento significativo del presupuesto de defensa"28.
Este repaso a la sangrienta jungla del gasto militar muestra que la economía de guerra y el armamento, más allá del impulso inicial que puedan dar, acabarán siendo una carga cada vez más pesada para el conjunto de la economía mundial, y es de esperar que contribuyan a la tendencia a hacer más frágil y convulsa la recuperación económica que el capitalismo busca para el periodo post-COVID29.
En 1948, el Plan Marshall supuso un total de 8.000 millones de dólares en préstamos; el Plan Brady para rescatar las economías sudamericanas en 1985 supuso 50.000 millones de dólares; el gasto para salir del atolladero de 2008 alcanzó la asombrosa cifra de 750.000 millones de dólares.
Las cifras actuales convierten en calderilla esas anteriores inyecciones en la economía. La UE ha programado préstamos por 750.000 millones de euros. En Alemania, "el gobierno está desplegando el mayor paquete de ayudas de la historia de la República Federal. Para financiar este programa, la Federación contraerá nuevos préstamos por un total de unos 156.000 millones de euros"30. Biden propuso al Congreso un paquete de apoyo y estímulo económico de 1,9 billones de dólares. Se calcula que el estímulo total que fluirá en la economía estadounidense en 2020 será de 4 billones de dólares.
La deuda mundial en el tercer trimestre de 2020 era de 229 billones de euros, o el 365% del PIB mundial (un récord histórico). Esta deuda alcanza el 382% en los países industrializados. Según el Instituto de Finanzas Internacionales, esta escalada se ha acelerado desde 2016 con un incremento en los últimos 4 años de 44 billones de euros. Es en este contexto donde debemos abordar las consecuencias de la actual escalada de la deuda mundial.
La acumulación de capital (la reproducción ampliada definida por Marx) tiene como base de desarrollo los mercados extra capitalistas y las zonas aún no integradas plenamente en el capitalismo. Si ambos se reducen, la única salida para el capital, organizado por el Estado, es el endeudamiento, que consiste en arrojar sumas cada vez mayores a la economía como anticipo de la producción esperada de los años venideros.
Si este recurso al endeudamiento no provoca -hasta ahora- choques inflacionistas en las principales economías es por tres razones:
- 1ª La tendencia deflacionaria que afecta a la economía mundial desde 2008.
- 2ª La sobrevaloración de los activos de las empresas e incluso de los gobiernos se ha hecho crónica y ha degradado las cifras económicas que han dejado de ser fiables durante décadas.
- 3ª Tipos de interés cero o incluso negativos.
Uno de los factores que permitió al capital global amortiguar los efectos inflacionarios y desestabilizadores de la deuda fue la coordinación internacional de las políticas monetarias, un cierto grado de coordinación y organización de las transacciones financieras a escala mundial. Si este factor empieza a fallar y prevalece el "sálvese quien pueda", ¿qué consecuencias podríamos esperar?
El capitalismo tiene deudas equivalentes a tres años y medio de producción mundial. ¿Es una cifra insignificante que podría estirarse hasta el infinito? No, en absoluto. Esta gigantesca gangrena es el caldo de cultivo no sólo de los disparatados arrebatos especulativos que se han institucionalizado en el indescifrable laberinto de las transacciones financieras, sino también de las crisis monetarias, de las gigantescas quiebras empresariales y bancarias, e incluso de la quiebra de grandes Estados. Lógicamente, este proceso implica que el mercado interior de capitales no puede crecer infinitamente, aunque no exista un límite fijo para ello. Es en este contexto donde la crisis de sobreproducción en su fase actual de desarrollo plantea un problema de rentabilidad para el capitalismo. Se estima que alrededor del 20% de las fuerzas productivas del mundo están sin utilizar. La sobreproducción de medios de producción es especialmente visible y afecta a Europa, Estados Unidos, India, Japón, etc.31.
Desde 1985, cuando Estados Unidos abandonó su posición de acreedor y se convirtió en uno de los mayores deudores, la economía mundial sufre una situación aberrante: prácticamente todos los países están endeudados, los mayores acreedores son a su vez los mayores deudores, y todo el mundo lo sabe. Ahora, tras décadas de enormes deudas, estos recientes rescates han superado todas las intervenciones anteriores. Sin embargo, debido al actual nivel de endeudamiento de todos los grandes actores, el riesgo de "detonaciones"/avalanchas de la deuda está aumentando. La actual situación de "tipos de interés cero" sigue facilitando la política de aumento de la carga de la deuda, pero -dejando de lado todos los demás factores- si los tipos de interés suben, las consecuencias, por ejemplo, a nivel de la inflación, pueden ser graves.
El repentino cese de la producción tiene consecuencias. En primer lugar, China y Alemania, así como otros grandes países productores, se quedarán con un enorme exceso de capacidad de producción que no podrá ser compensado inmediatamente. En general, el sector de la maquinaria, la electrónica, la informática, el suministro de materias primas, el transporte, etc., se quedarán con enormes existencias y la recuperación de la demanda será lenta.
Aunque sin duda habrá momentos de recuperación de la producción (que serán aplaudidos con entusiasmo por la propaganda capitalista) y aunque habrá contra tendencias que activarán los sectores más inteligentes del capital, lo que es indiscutible es que la economía mundial se verá sacudida y debilitada durante la próxima década.
A lo largo del último medio siglo, el capitalismo ha demostrado su capacidad para "seguir adelante" frente a las numerosas convulsiones que ha sufrido (1975, 1987, 1998, 2008). Sin embargo, las condiciones globales que acabamos de analizar nos permiten argumentar que esta capacidad se ha debilitado considerablemente. No habrá -como esperan los consejistas y los bordiguistas- un Gran Colapso Final pero, al ser el núcleo de la economía mundial el que está fuertemente desestabilizado -en particular Estados Unidos y cada vez más también partes de Europa-, será más difícil coordinar una respuesta a la crisis a nivel internacional, lo que, junto con el peso aplastante de la deuda, proporciona una clara confirmación de la perspectiva esbozada por el informe del 23º Congreso sobre la crisis: "El peso desestabilizador de la deuda sin control; la saturación creciente de los mercados; las dificultades crecientes de la "gestión globalizadora" de la economía mundial provocadas por la irrupción del populismo, pero también la agudización de la competencia y el peso de las enormes inversiones que exige la carrera armamentística; por último, un factor que no hay que descuidar, los efectos cada vez más negativos de la destrucción galopante del medio ambiente y la alteración incontrolada de los equilibrios "naturales" del planeta"
Una de las políticas que los Estados pondrán en marcha para animar la economía son los llamados planes de "economía verde". Estos son impulsados por la necesidad de sustituir la antigua industria pesada y los combustibles fósiles por la electrónica, la informática, la Inteligencia Artificial, los materiales ligeros y las nuevas fuentes de energía que permiten una mayor productividad, menores costes y ahorro de mano de obra. Durante un tiempo, las grandes inversiones necesarias para esa reactivación económica -que también incluirá la producción de armas- podrán impulsar las economías de los países mejor situados en el proceso, pero el fantasma de la sobreproducción seguirá acechando permanentemente a la economía mundial.
El deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores fue muy gradual durante el periodo 1967-80.
Comenzó a acelerarse en la década de 1980, cuando se empezaron a reducir las prestaciones sociales, se produjeron despidos masivos y la precariedad laboral comenzó a imponerse.
En el periodo 1990-2008, el deterioro continuó: los despidos se hicieron regulares y sistemáticos, ningún sector se libró de ello, incluidos los más rentables. También comenzó una crisis de la vivienda. La migración masiva presionó a la baja los salarios y produjo un deterioro de las condiciones de trabajo en los países centrales. Sin embargo, el deterioro de las condiciones de vida en los países centrales siguió siendo gradual y limitado. Hubo algo perverso que enmascaró el declive de las condiciones de vida: el desarrollo del crédito masivo en los hogares de la clase trabajadora.
En el informe aprobado por el 23º Congreso, mostramos la enorme degradación del nivel de vida del proletariado en los países centrales, los grandes recortes en las pensiones, la sanidad, la educación, los servicios sociales, las prestaciones sociales, etc., el aumento del desempleo y, sobre todo, el espectacular desarrollo de la precariedad laboral. En la década de 2010 se ha producido una gran escalada en la degradación de la vida laboral en los países centrales. Los ataques graduales que presenciamos entre 1970 y 2008 comenzaron a acelerarse en la década 2010-2020.
La crisis pandémica ha intensificado los ataques a las condiciones de vida de los trabajadores. En primer lugar, en todos los países, los trabajadores fueron enviados al matadero porque se les obligó a viajar al trabajo en un transporte público abarrotado y se les dejó sin equipo de protección en sus lugares de trabajo (hubo muchas protestas en fábricas, almacenes, etc. al comienzo del cierre por este motivo). No obstante, cabe señalar que los trabajadores sanitarios y los de las residencias de ancianos sufrieron un elevado número de infecciones y muertes. Los trabajadores de la industria alimentaria también se han visto muy afectados32, al igual que los trabajadores agrícolas, la mayoría de los cuales son inmigrantes33.
Los ataques a la clase trabajadora en todos los países, pero especialmente en los países centrales, están claramente en la agenda. El informe de la OIT "COVID-19 y el mundo del trabajo" no se anda con rodeos: "COVID-19 ha creado la crisis más grave jamás registrada por el mundo del trabajo desde la Gran Depresión de los años treinta".
Desempleo. El exceso de capacidad de la industria y la lenta y débil recuperación de la demanda estimularán fuertemente los despidos masivos. Durante el periodo de confinamiento estricto, los enormes subsidios estatales a los parados a tiempo parcial enmascararon la gravedad de la situación de muchos trabajadores que sufrían una drástica reducción de sus ingresos. Sin embargo, una "normalización" gradual del funcionamiento económico conducirá a un mayor deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores, que en muchos casos será irreversible. Según la OIT, las estimaciones mundiales para 2021 oscilan entre una pérdida de 36 millones de puestos de trabajo en el mejor de los casos y 130 millones en el peor34.
Podemos ilustrarlo con un análisis de las sombrías perspectivas de la industria automovilística: "Un experto de la industria automovilística alemana ofreció el siguiente panorama, pronosticando que todos los principales mercados automovilísticos experimentarán una contracción porcentual de dos dígitos. Francia e Italia serán los más afectados, con un descenso del 25% cada uno, España con un 22%, y Alemania, Estados Unidos y México con un 20% cada uno. Para el mayor mercado automovilístico del mundo, China, Dudenhöffer prevé una caída de las ventas de alrededor del 15%. En las fábricas alemanas, de repente hay un exceso de capacidad de 1,3 a 1,7 millones de vehículos. La jornada reducida sólo puede abarcar períodos cortos. Ninguna empresa podría mantener su capacidad de producción ociosa durante años. Por lo tanto, 100.000 de los actuales 830.000 puestos de trabajo en los fabricantes y proveedores de automóviles en Alemania están en riesgo, "bajo supuestos optimistas", escribe Dudenhöffer"35.
Precariedad. La OIT llama a la precariedad "empleo infrautilizado" y calcula que hay 473 millones de trabajadores en todo el mundo en esta condición (2020). El trabajo informal es igualmente importante: "más de 2.000 millones de trabajadores se dedican a actividades económicas que están insuficientemente cubiertas o no están cubiertas en absoluto por las disposiciones formales de la ley o la práctica". Según la OIT, "más de 630 millones de trabajadores en todo el mundo no ganan lo suficiente para salir de la pobreza, ni ellos ni sus familias"36.
Los salarios. La OIT ha calculado que el descenso global de los salarios en todo el mundo será del 8,3% de aquí a 2020. A pesar de las medidas de apoyo de los gobiernos, en 2020 los salarios han caído (según datos de la OIT) un 56,2% en Perú, un 21,3% en Brasil, un 6,9% en Vietnam, un 4,0% en Italia, un 2,9% en el Reino Unido y un 9,3% en Estados Unidos.
El citado informe de la OIT advierte que "la crisis ha tenido efectos especialmente devastadores en muchos grupos y sectores vulnerables de todo el mundo. Los jóvenes, las mujeres, los mal pagados y los poco cualificados tienen menos posibilidades de impulsar la recuperación económica y los riesgos de estigmatización a largo plazo y desplazamiento del mercado laboral son reales para ellos".
El increíble nivel de endeudamiento nacional no puede mantenerse indefinidamente; en algún momento conducirá necesariamente a medidas drásticas de austeridad que afectarán a la educación, la sanidad, las pensiones, los subsidios, las prestaciones sociales, etc.
No se puede esperar nada de la "gestión inteligente" del capitalismo de Estado, sólo austeridad, miseria, caos y ningún futuro. El futuro de la humanidad está en manos del proletariado, su resistencia contra la brutal austeridad, y la politización de esta resistencia será la clave del próximo período.
1 https://es.internationalism.org/content/4629/la-irrupcion-de-la-descomposicion-en-el-terreno-economico-informe-sobre-la-crisis [104]
2 La pandémie de COVID-19 plonge l’économie planétaire dans sa pire récession depuis la Seconde Guerre [288] mondiale
4 Celebrado en 2017. Ver la Resolución sobre la situación internacional que dicho congreso adoptó https://es.internationalism.org/revista-internacional/201711/4256/22-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internacional [80]
5 Las cifras y el análisis de este enorme despliegue de inyecciones monetarias figuran en el informe sobre la crisis económica aprobado por el 24º Congreso de la RI (ver nota 1), por lo que no las repetiremos aquí
6 Ver "Guerra de las mascarillas": la burguesía es una clase de matones https://es.internationalism.org/content/4560/guerra-de-las-mascarillas-la-burguesia-es-una-clase-de-matones [107]
7 Ver Guerra de vacunas: para el capitalismo, la salud es sólo una mercancía https://es.internationalism.org/content/4651/guerra-de-vacunas-para-el-capitalismo-la-salud-es-solo-una-mercancia [290]
9 Al publicar el informe (agosto 2021) la cifra de muertos por COVID es de cuatro millones y medio (Fuente: Universidad Johns Hopkins Baltimore, EE.UU., última actualización de cifras 27 de agosto de 2021) y la OMS ha retrasado la inmunidad de grupo en los países centrales a 2023.
10 https://www.marxists.org/espanol/tematica/internacionales/comintern/4-Primeros3-Inter-2-edic.pdf [228]
11 Biden propuso celebrar una reunión del G10 no para coordinar la economía, sino para aislar a China. La reciente cumbre del G7 propuesta por Gran Bretaña ha tenido un objetivo bélico, la crisis de Afganistán.
12 Se considera una empresa zombi (muerto viviente) aquella cuyos beneficios de explotación no alcanzan a cubrir los intereses generados por sus deudas.
13 Ver La ruta china de la seda hacia la dominación imperialista https://es.internationalism.org/content/4366/la-ruta-china-de-la-seda-hacia-la-dominacion-imperialista [267]
14 Fuente: Britannica [292]
15 Fuente : assessment paper AIR POLLUTION [293]
17 Fuente : LAVANGUARDIA [295] Rapport de l'Agence européenne pour l'environnement
18 LA BANQUE MONDIALE [296]
19 Bloomberg Businessweek [297]
20 "La conquista temeraria por parte del capital de territorios 'salvajes', como ya hemos visto con el ébola [que] tiene que ver con la sed de tierras del sistema capitalista, es decir, con la operación de la renta. La creciente urbanización, la explotación de cada centímetro cuadrado del planeta (...) conduce a una convivencia forzada entre especies. (D.). "En efecto, se tiende a subestimar la medida en que la pandemia es un producto de la dimensión ecológica, otra característica fundamental de la decadencia. La cita de El hilo rojo es interesante: cómo la tendencia a las pandemias está vinculada al intercambio metabólico con la naturaleza (Marx) - que ha alcanzado proporciones distorsionadas a través del desarrollo del capitalismo en la decadencia y la descomposición. La idea de que es casi una catástrofe natural - lleva a las raíces sociales que se han dejado de lado". (B.)
21 Ver Las verdaderas causas de la Segunda Guerra Mundial https://es.internationalism.org/revista-internacional/198910/2140/internationalisme-1945-las-verdaderas-causas-de-la-segunda-guerra- [298]
22 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [32]
23 Informe del SIPRI 27-4-2020
27 Fuente : EL COMERCIO [302] (Lima)
28 Fuente: ABC Internacional [303]
29 La economía de guerra puede estimular inicialmente la economía. Pero esta estimulación es engañosa, y podemos verlo si miramos a largo plazo. Está el ejemplo de Rusia. Más recientemente, tenemos el caso de Turquía que, tras un espectacular despegue, se encuentra cada vez más debilitada por el peso asfixiante del esfuerzo bélico. Del mismo modo, las economías de Irán y Arabia Saudí, sumidas en una rivalidad extrema, están cada vez más debilitadas
30 Citado en un comunicado de nuestra sección en Alemania, aparecido en nuestro boletín interno internacional.
31 Informe sobre la crisis económica, ver nota 1
32 "La situación en la industria de la carne reveló un panorama similar al de los mataderos de Chicago de hace más de un siglo. De repente, se conocieron las altas tasas de infección entre los trabajadores de los mataderos. Se supo que se trataba de modernos talleres de explotación en Alemania, con mano de obra muy barata procedente de Europa del Este, que vivía en barracones o pisos especialmente deteriorados y hacinados, alquilados por los subcontratistas de los mataderos. Cientos de ellos se infectaron, debido a sus condiciones de trabajo y de vida hacinadas" (comunicado de prensa de Welt-D, nuestra sección en Alemania, en el boletín interno internacional del año 2020).
33 En España, en abril de 2020, los recolectores de fresas, en su mayoría trabajadores de Marruecos y África, intentaron hacer una huelga contra el terrible hacinamiento en sus barracones y el gobierno de coalición de izquierdas envió inmediatamente a la Guardia Civil.
34 Observatoire de l’OIT [304] Le COVID‑19 et le monde du travail. Septième édition
35 Ver nota 32
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Este informe está en consonancia con la resolución sobre la situación internacional adoptada por el 24º Congreso de la CCI1, y más concretamente con los siguientes puntos (subrayado nuestro):
"8. Aunque la progresión de la descomposición capitalista, junto con la agudización caótica de las rivalidades imperialistas, adopta la forma principalmente de fragmentación política y pérdida de control por parte de la clase dominante, esto no significa que la burguesía no pueda seguir recurriendo al totalitarismo estatal en sus esfuerzos por mantener unida la sociedad. (...) La elección de Biden, apoyada por una enorme movilización de los medios de comunicación, de parte del aparato político e incluso de los servicios militares y de seguridad, expresa esta verdadera contra tendencia frente al peligro de desintegración social y política muy claramente encarnada por el trumpismo. A corto plazo, estos "éxitos" pueden funcionar como un freno al creciente caos social. (...)
9. La obviedad de la descomposición política e ideológica de la primera potencia mundial no significa que los demás centros del capitalismo global sean capaces de constituir fortalezas alternativas de estabilidad. (...)
12. En este caótico panorama, no cabe duda de que el creciente enfrentamiento entre Estados Unidos y China tiende a ocupar el centro del escenario. La nueva administración ha demostrado así su compromiso con la "inclinación hacia el Este".”
En este contexto, pretendemos comprender los acontecimientos de los últimos meses para contribuir a la reflexión sobre las tres cuestiones siguientes:
1. ¿En qué punto nos encontramos con respecto al declive de la hegemonía estadounidense?
2. ¿Se ha beneficiado China de los acontecimientos de este periodo?
3. ¿Cuál es la tendencia dominante en los enfrentamientos imperialistas actuales?
"Confirmado como la única superpotencia restante, EE.UU. haría todo lo posible para evitar que cualquier otra superpotencia -de hecho, cualquier otro bloque imperialista- desafíe su "nuevo orden mundial". (Resolución sobre la situación internacional, punto 4, 15º Congreso de la CCI, 2003). La historia de los últimos 30 años se caracteriza por un declive sistemático del liderazgo de Estados Unidos, a pesar de una política persistente para mantener su posición hegemónica en el mundo.
Varias etapas caracterizan los esfuerzos de Estados Unidos por mantener su liderazgo ante la evolución de las amenazas contra su dominio. También están marcadas por las disensiones internas de la burguesía estadounidense sobre la política a seguir y las cuales se acentuarán aún más.
a) El "Nuevo Orden Mundial" bajo el liderazgo de EEUU (Bush padre y Clinton: 1990-2001)
El presidente Bush padre aprovechó la invasión de Kuwait por parte de las fuerzas iraquíes para movilizar una gran coalición militar internacional en torno a Estados Unidos para "castigar" a Saddam Hussein. La primera guerra del Golfo pretendía dar un "ejemplo": ante un mundo cada vez más sumido en el caos y el "sálvese quien pueda", se trataba de imponer un mínimo de orden y disciplina, en primer lugar a los países más importantes del antiguo bloque occidental. La única superpotencia que queda quiere imponer un "nuevo orden mundial" bajo su égida a la "comunidad internacional", porque es la única que tiene los medios para hacerlo, pero también porque es el país que más tiene que perder en el desorden mundial.
Sin embargo, sólo podrá desempeñar este papel encerrando cada vez más al mundo entero en el corsé de acero del militarismo y la barbarie bélica2, como ocurrió en la sangrienta guerra civil de la ex Yugoslavia, donde tendrá que contrarrestar los apetitos imperialistas de los países europeos (Alemania, Gran Bretaña y Francia) imponiendo la "pax americana" en la región bajo su autoridad (Acuerdo de Dayton, diciembre de 1995).
b) Estados Unidos como "sheriff mundial/policía global" (Bush hijo: 2001-2008)
Los atentados de Al Qaeda del 11 de septiembre de 2001 llevaron al presidente Bush hijo a lanzar una "guerra contra el terror" contra Afganistán y, sobre todo, contra Irak en 2003. A pesar de todas las presiones y del uso de "fake news" para movilizar a la "comunidad internacional" detrás de Estados Unidos contra el "eje del mal", Estados Unidos no logró movilizar a los demás imperialismos contra el "estado canalla" de Saddam e invadió Irak casi en solitario con la Inglaterra de Tony Blair como único aliado significativo.
El fracaso de estas intervenciones, subrayado por la retirada de Irak (2011) y Afganistán (2021), ha puesto de manifiesto la incapacidad de Estados Unidos para hacer de "sheriff global" e imponer "su orden" en el mundo. Por el contrario, esta "guerra contra el terror" ha abierto plenamente la caja de Pandora de la descomposición en estas regiones, exacerbando la expansión del sálvese quien pueda que se ha manifestado en particular en la multiplicación sin límites de las ambiciones imperialistas de potencias como China y Rusia, por supuesto Irán, pero también Turquía, Arabia Saudí e incluso los Emiratos del Golfo o Qatar. El creciente estancamiento de la política estadounidense y la aberrante huida hacia la barbarie bélica han puesto de manifiesto el claro debilitamiento de su liderazgo mundial.
El gobierno de Obama ha tratado de reducir el impacto de la catastrófica política de Bush (la ejecución de Bin Laden en 2011 subrayó la absoluta superioridad tecnológica y militar de EEUU) y ha señalado cada vez más claramente el ascenso de China como el principal peligro para la hegemonía estadounidense, lo que ha desencadenado intensos debates en el seno de la burguesía y su aparato estatal.
c) La política "America First" (Trump, básicamente continuada por Biden: 2017)
La política "America First" a nivel imperialista, implementada por Trump a partir de 2017, es de hecho el reconocimiento oficial del fracaso de la política imperialista de EEUU en los últimos 25 años: "La oficialización por parte de la administración Trump de hacer prevalecer sobre cualquier otro principio la defensa de sus propios intereses como Estado nacional y la imposición de relaciones de poder provechosas para Estados Unidos como base principal de las relaciones con otros Estados, ratifica y dibuja las implicaciones del fracaso de la política de los últimos 25 años de lucha contra el sálvese quien pueda como policía del mundo y la defensa del orden mundial heredado de 1945" (23º Congreso de la CCI, Resolución sobre la situación internacional, Revista Internacional nº 1643).
Si ello implica una limitación máxima de las operaciones con "botas sobre el terreno" ante la falta de alistamiento de las masas trabajadoras en relación con los compromisos masivos y las consiguientes pérdidas que implicaría un despliegue masivo de militares en el mundo (cf. ya la dificultad de reclutamiento de Bush II para la guerra de Irak), va especialmente de la mano de una polarización creciente y una agresividad acentuada hacia China, que tiende a ser identificada cada vez más como el principal peligro. Si esta posición sigue siendo debatida en el seno de la administración Obama y si todavía aparecen tensiones en el seno de la administración Trump entre los partidarios de la lucha contra los "estados canallas", como Irán (Pompeo, Kushner), y los partidarios del "gran peligro de China" (servicios secretos y ejército), la polarización sobre esta última opción es sin duda el eje central de la política exterior de Biden. Se trata de una opción estratégica de Estados Unidos de concentrar sus fuerzas en la competencia militar y tecnológica con China, para mantener e incluso acentuar su supremacía, para defender su posición de "Padrino" del clan dominante frente a los clanes competidores (China y accesoriamente Rusia) que amenazan más directamente su hegemonía. Ya como policía mundial, Estados Unidos exacerbó la violencia bélica, el caos y el sálvese quien pueda; su política actual no es menos destructiva, sino todo lo contrario.
La polarización de Estados Unidos hacia China y el consiguiente redespliegue de fuerzas, iniciado por la administración Trump, ha sido asumido plenamente por la administración Biden. Este último no sólo ha mantenido las agresivas medidas económicas contra China aplicadas por Trump, sino que sobre todo ha aumentado la presión mediante una política agresiva:
en el plano político: defensa de los derechos de los uigures y de Hong Kong, acercamiento diplomático y comercial con Taiwán, acusaciones de piratería informática contra China;
a nivel militar en el Mar de China, mediante acciones bastante explícitas y espectaculares en los últimos meses: El aumento de las maniobras militares de EE.UU. y de las flotas aliadas en el Mar de China Meridional, los informes alarmistas sobre la amenaza inminente de una intervención china en Taiwán, la presencia en Taiwán de las fuerzas especiales de EE.UU. para orientar a las unidades de élite taiwanesas, la conclusión de un nuevo acuerdo de defensa, el AUKUS, entre EE.UU., Australia y Gran Bretaña, que establece una coordinación militar explícitamente dirigida contra China, la promesa de Biden de apoyar a Taiwán en caso de agresión china.
Taiwán siempre ha desempeñado un papel importante en la estrategia estadounidense hacia China. Durante la Guerra Fría fue una pieza importante en la contención del llamado bloque “comunista”, pero en los años 90 y principios de los 2000 fue el escaparate de la sociedad capitalista globalizada en la que se integró China. Ahora bien, el ascenso de China ha hecho cambiar la perspectiva y Taiwán vuelve a desempeñar un papel geoestratégico al bloquear el acceso de la marina china al Pacífico occidental. Además, a nivel estratégico, "las fábricas de la isla producen la mayor parte de los semiconductores de última generación, componentes esenciales para la economía digital global (smartphones, objetos conectados, inteligencia artificial, etc.)" (Le Monde diplomatique, octubre de 2021).
China, por su parte, ha reaccionado con furia a estas presiones políticas y militares, en particular las relativas a Taiwán: organización de masivas y amenazantes maniobras navales y aéreas en torno a la isla, publicación de estudios alarmistas que indican un riesgo de guerra "que nunca ha sido tan alto" con Taiwán o planes para un ataque sorpresa contra Taiwán, que llevaría a una derrota total de las fuerzas armadas de la isla.
Así, las advertencias, amenazas e intimidaciones se han sucedido en el Mar de China en los últimos meses. Ello subraya la creciente presión ejercida por Estados Unidos sobre China. En este contexto, Estados Unidos ha hecho todo lo posible para que le apoyen otros países asiáticos, preocupados por las ambiciones expansionistas de Pekín, por ejemplo, intentando crear una especie de OTAN asiática, el QUAD, que reúna a Estados Unidos, Japón, Australia e India y en la que participa Corea del Sur. Por otra parte, y en el mismo sentido, Biden quería reactivar la OTAN para implicar a los países europeos en su política de presión contra China. Paradójicamente, la formación de la AUKUS indica los límites de reunir a otras naciones detrás de Estados Unidos. En primer lugar, el AUKUS es una bofetada a Francia y aniquila las bonitas palabras de Biden sobre la "asociación" dentro de la OTAN. Por otro lado, también confirma la reticencia de países como India, con sus propias ambiciones imperialistas, y especialmente de Corea del Sur y Japón, atrapados entre el temor a la escalada militar de China y sus considerables vínculos industriales y comerciales con este país.
Tras el hundimiento de Irak y Siria en el caos y la barbarie sangrienta, los acontecimientos de septiembre de 2021 en Afganistán confirman plenamente las tendencias más destacadas del periodo: el declive del liderazgo estadounidense y el auge del caos y el sálvese quien pueda.
El colapso total del régimen y el ejército afganos, el avance relámpago de los talibanes, a pesar de los 20 años de intervención militar estadounidense en el país y de los cientos de miles de millones de dólares invertidos en la "construcción de la nación" y la evacuación en pánico de los ciudadanos y colaboradores estadounidenses son la confirmación contundente de que Estados Unidos ya no es capaz de cumplir el papel de "policía mundial". Más concretamente, la dramática y caótica retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán ha supuesto una derrota interna y externa para la administración Biden.
(a) En el exterior, la debacle ha socavado la fiabilidad de EE.UU. ante sus "aliados".
Hasta el punto de que incluso el secretario de la OTAN, J. Stoltenberg, tuvo que reconocer que Estados Unidos ya no podía garantizar la defensa de los aliados europeos contra sus enemigos, toda la operación de encanto de Biden hacia la OTAN y los aliados se deshizo. La total falta de consulta en el seno de la OTAN y el absoluto actuar de "llanero solitario" de Estados Unidos provocaron reacciones de indignación en Londres, Berlín y París. En cuanto a los colaboradores de los estadounidenses en Afganistán (como los kurdos en Siria, traicionados por Trump), temen con razón por sus vidas: he aquí una primera potencia mundial incapaz de garantizar la vida de sus colaboradores y el apoyo de sus aliados. Un país así, no merece "confianza" (¡como señaló sarcásticamente Xi Jinping!).
(b) a nivel nacional ha erosionado la credibilidad de la administración Biden
La resolución sobre la situación internacional del 24º Congreso de la CCI señala que "La elección de Biden, apoyada por una enorme movilización de los medios de comunicación, de partes del aparato político e incluso de los servicios militares y de seguridad, expresa esta verdadera contra tendencia al peligro de desintegración social y política encarnada muy claramente por el trumpismo. A corto plazo, estos "éxitos" pueden funcionar como un freno al creciente caos social" (punto 8)4. Sin embargo, la debacle afgana no sólo ha puesto de manifiesto la falta de fiabilidad de Estados Unidos hacia sus aliados, sino que acentúa las tensiones en el seno de la burguesía estadounidense y abre un bulevar a todas las fuerzas opositoras (republicanos y populistas) que condenan esta retirada precipitada y humillante de una administración que "deshonra a Estados Unidos en el plano internacional". Y esto en un momento en el que la política de recuperación industrial y de grandes obras, propugnada por el gobierno de Biden y que se supone que debe contener los estragos causados por el populismo, se encuentra con la férrea oposición de los republicanos del Capitolio y de Trump, y en el que, ante el estancamiento de la política de vacunación contra el Covid-19, se ha visto obligado a tomar medidas restrictivas hacia la población.
La falta de centralización del poder talibán, la miríada de corrientes y grupos con las más diversas aspiraciones que conforman el movimiento y los acuerdos alcanzados con los señores de la guerra locales para hacerse rápidamente con el control de todo el país, hacen que el caos y la imprevisibilidad caractericen la situación, como demuestran los recientes atentados contra la minoría Hazara. Esto sólo puede intensificar la voluntad de intervención de los distintos imperialismos, pero también la imprevisibilidad de la situación y, por tanto, también el caos ambiente.
Irán está vinculado a las minorías hazaras a lo largo de sus fronteras y pretende mantener su influencia en esta región. A Pakistán le preocupa que la victoria de los talibanes (a los que financia a través de sus servicios secretos) pueda provocar un movimiento independentista de las poblaciones pastunes dentro de sus propias fronteras. India, que financió en gran medida el régimen derrumbado, se enfrenta ahora a una intensificación de la guerrilla musulmana en la Cachemira india. Rusia ha reforzado sus tropas en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia para contrarrestar cualquier inclinación a apoyar los movimientos yihadistas locales.
¿Y se beneficia China en particular de la retirada de Estados Unidos de Afganistán? Lo contrario es cierto. El caos en Afganistán hace que cualquier política coherente a largo plazo en el país sea incierta. Además, la presencia de los talibanes en las fronteras de China constituye un grave peligro potencial de infiltración islamista en China (los uigures), sobre todo porque los "hermanos" pakistaníes de los talibanes (el TTP, primos del ISK) están inmersos en una campaña de atentados contra las obras de la "Nueva Ruta de la Seda", que ya ha provocado la muerte de una docena de "cooperadores" chinos.
China intenta contrarrestar el peligro en Afganistán estableciéndose en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central (Turkmenistán, Tayikistán y Uzbekistán). Pero estas repúblicas forman parte tradicionalmente de la esfera de influencia rusa, lo que aumenta el peligro de enfrentamiento con este "aliado estratégico", al que en cualquier caso se oponen fundamentalmente sus intereses a largo plazo (la "Nueva Ruta de la Seda") (véase el punto 4.2. sobre la alianza chino-rusa).
China ha experimentado un ascenso meteórico en términos económicos e imperialistas en las últimas décadas, lo que la convierte en el más importante retador de los Estados Unidos. Sin embargo, como ya ilustran los sucesos de septiembre de 2021 en Afganistán, no ha sabido aprovechar ni el continuo declive estadounidense ni la crisis de Covid-19 y sus consecuencias para reforzar sus posiciones en cuanto a las relaciones imperialistas, sino todo lo contrario. Examinamos las dificultades a las que se enfrenta la burguesía china a la hora de hacerse cargo del Covid, de la gestión de la economía, de las relaciones imperialistas y las tensiones en su seno.
China apuesta por la inmunidad colectiva antes de abrir el país, pero la estricta política de cierre que está aplicando mientras tanto en ciudades y regiones enteras cada vez que se identifican infecciones está pesando mucho en las actividades económicas y comerciales: por ejemplo, el cierre del puerto de Yantian, el tercer puerto de contenedores del mundo, en mayo provocó el bloqueo de miles de contenedores y cientos de barcos durante meses, perturbando totalmente el tráfico marítimo mundial.
Esta búsqueda de la inmunidad colectiva también está empujando a algunas provincias y ciudades chinas a imponer sanciones económicas a los rezagados. Ante las críticas generalizadas en las redes sociales chinas, el gobierno central bloqueó estas medidas que tienden a "poner en peligro la cohesión nacional".
Por último, lo más grave es, sin duda, la convergencia de datos sobre la escasa eficacia de las vacunas chinas, comunicados por varios países que las utilizan: "En general, la campaña de vacunación chilena -importante con un 62% de la población actualmente vacunada- no parece tener un impacto notable en la proporción de muertes" (H. Testard, "Covid-19: La vacunación despega en Asia, pero crecen las dudas sobre las vacunas chinas ", Asialyst, 21.07.21). Los funcionarios chinos están incluso considerando acuerdos para importar Pfizer o Moderna para compensar la ineficacia de sus propias vacunas.
Más allá de la innegable responsabilidad de China en el estallido de la pandemia, la ineficaz gestión de la crisis de Covid por parte de Pekín pesa sobre la política general del capitalismo de Estado chino.
Los cuarenta años de fuerte crecimiento de China -aunque estas cifras ya estaban disminuyendo en la última década- parecen estar llegando a su fin. Los expertos esperan que el PIB de China crezca menos del 6% en 2021, frente a una media del 7% en la última década y más del 10% en la anterior. Hay otros factores que acentúan las dificultades actuales de la economía china:
a) El peligro de que estalle la burbuja inmobiliaria china: Evergrande, la segunda empresa inmobiliaria de China está ahora aplastada por unos 300.000 millones de euros de deuda, es decir, el 2% del PIB del país, que ya no puede manejar. Otros promotores se han visto contaminados, como Fantasia Holdings y Sinic Holdings, que han estado a punto de incumplir los pagos a sus acreedores. En general, el sector inmobiliario, que representa el 25% de la economía china, ha generado una colosal deuda pública y privada que asciende a miles de miles de millones de dólares. La quiebra de Evergrande es, de hecho, sólo la primera secuencia de un colapso global de este sector que está por llegar. Hoy en día hay tantas viviendas vacías que podrían albergar a 90 millones de personas. Por supuesto, el colapso inmediato del sector se evitará en la medida en que las autoridades chinas no tienen más remedio que limitar los daños del naufragio a riesgo de un impacto muy severo en el sector financiero: "(...) no habrá un efecto de bola de nieve como en 2008 [en Estados Unidos], porque el gobierno chino puede parar la máquina", afirma Andy Xie, economista independiente y ex de Morgan Stanley en China, citado por Le Monde. “Creo que con Anbang [grupo asegurador, nota del editor] y HNA [Hainan Airlines] tenemos buenos ejemplos de lo que puede ocurrir: habrá un comité que reúna en torno a una mesa a la empresa, los acreedores y las autoridades, que decidirá qué activos vender, cuáles reestructurar y, al final, cuánto dinero queda y quién puede perder fondos. (P.-A. Donnet, La caída de Evergrande en China: el fin del dinero fácil, Asianyst, 25.09.21).
Sin embargo, si la industria inmobiliaria china basa su modelo económico en un enorme endeudamiento, muchos otros sectores están en números rojos: a finales de 2020, la deuda global de las empresas chinas representaba el 160% del PIB del país, frente al 80% aproximadamente de las empresas estadounidenses, y las inversiones "tóxicas" de los gobiernos locales representarían hoy, según los analistas de Goldman Sachs, 53 billones de yuanes solamente, una suma que representa el 52% del PIB chino. Así, el estallido de la burbuja inmobiliaria corre el riesgo no sólo de contaminar otros sectores de la economía, sino también de generar inestabilidad social (casi 3 millones de empleos directos e indirectos vinculados a Evergrande), el gran temor del PCC.
b) Cortes de electricidad: son consecuencia de la insuficiencia de suministros de carbón causada, entre otras cosas, por las inundaciones récord en la provincia de Shaanxi, que produce por sí sola el 30% del combustible del país, y también del endurecimiento de la normativa anticontaminación por parte de Xi. La escasez ya está afectando a la actividad industrial en varias regiones: los sectores del acero, el aluminio y el cemento están sufriendo la limitación del suministro eléctrico. Esto ha reducido la capacidad de producción de aluminio en alrededor de un 7% y la de cemento en un 29% (cifras de Morgan Stanley) y el papel y el vidrio podrían ser los próximos sectores en verse afectados. Estos recortes están frenando el crecimiento económico en todo el país. Pero la situación es aún más grave de lo que parece a primera vista. "La escasez de energía se está extendiendo al mercado residencial en algunas partes del noreste. La provincia de Liaoning ha extendido los cortes de electricidad del sector industrial a las redes residenciales" (P.-A. Donnet, China: cómo la grave escasez de electricidad amenaza la economía, Asialyst, 30.09.21).
c) Interrupciones en las cadenas de producción y suministro. Están relacionados con la crisis energética, pero también con los cierres provocados por las infecciones de Covid (véase el punto anterior). Afectan a la producción de las industrias de varias regiones y aumentan el riesgo de interrupción de las ya tensas cadenas de suministro nacionales y mundiales, especialmente porque algunos fabricantes se enfrentan a una aguda escasez de semiconductores.
La "Nueva Ruta de la Seda" es cada vez más difícil de realizar, debido a los problemas financieros relacionados con la crisis de Covid y las dificultades de la economía china, pero también a la reticencia de los socios:
Por un lado, el nivel de endeudamiento de los países "socios" se ha visto incrementado por la crisis de Covid y se ven incapaces de pagar los intereses de los préstamos chinos. Países como Sri Lanka, Bangladesh, Kirguistán, Pakistán, Montenegro y varios países africanos han pedido a China que reestructure, retrase o cancele los pagos de las deudas que vencen este año.
Por otro lado, existe una creciente desconfianza hacia las acciones de China por parte de muchos países (la Unión Europea, Camboya, Filipinas, Indonesia), combinada con la presión anti china de Estados Unidos (como en América Latina), y también están las consecuencias del caos producido por la descomposición, desestabilizando algunos de los países clave de la "nueva ruta", como Etiopía.
En definitiva, no es de extrañar que en 2020 se haya producido un desplome del valor financiero de las inversiones inyectadas en el proyecto de la "Nueva Ruta de la Seda" (-64%), a pesar de que China ha prestado más de 461.000 millones de dólares desde 2013.
Bajo el mandato de Deng Xiao Ping, el capitalismo de Estado chino de corte estalinista, con el pretexto de una política de "crear ricos para compartir su riqueza", estableció zonas "libres" (Hong Kong, Macao, etc.) para desarrollar un capitalismo de Estado. Con el colapso del bloque del Este y la "globalización" de la economía en los años 90, el sector capitalista privado ha crecido exponencialmente, aunque el sector público bajo control directo del Estado sigue representando el 30% de la economía. ¿Cómo gestionó la estructura rígida y represiva del Estado estalinista y el partido único esta "apertura" al capitalismo privado? A partir de los años 90, el partido se transformó integrando masivamente a los empresarios y a los líderes de la empresa privada. "A principios de la década de 2000, el entonces presidente, el Sr. Jiang Zemin, levantó la prohibición de contratar a empresarios del sector privado, que antes se consideraban enemigos de clase (...). Los empresarios así seleccionados se convierten en miembros de la élite política, lo que garantiza que sus negocios estén, al menos parcialmente, protegidos de los gestores depredadores" (¿Qué queda del comunismo en China? Le monde diplomatique n°68, julio de 2021). En la actualidad, los profesionales y directivos con estudios superiores constituyen el 50% de los miembros del PCC.
Por lo tanto, las oposiciones entre las diferentes fracciones se expresarán no sólo dentro de las estructuras del Estado, sino dentro del propio PCC. Desde hace varios años (véase ya el Informe sobre las tensiones imperialistas del 20º Congreso de la CCI, 20135), las tensiones han ido creciendo entre las diferentes fracciones de la burguesía china, en particular entre las más vinculadas a los sectores capitalistas privados, dependientes del comercio y la inversión internacional, y las vinculadas a las estructuras estatales y al control financiero a nivel regional o nacional, las que abogan por una apertura al comercio mundial y las que avanzan una política más nacionalista. En particular, el "giro a la izquierda" de la facción que respalda al presidente Xi, que significa menos pragmatismo económico y más ideología nacionalista, ha intensificado las tensiones y la inestabilidad política en los últimos años: son testigos "las continuas tensiones entre el primer ministro Li Keqiang y el presidente Xi Jinping sobre la recuperación económica, así como la "nueva posición" de China en la escena internacional". (China: en Beidaihe, la "universidad de verano" del Partido, tensiones internas a flor de piel", A. Payette, Asialyst, 06.09. 20), la "política bélica" de la diplomacia china hacia Taiwán, pero al mismo tiempo la dramática declaración de Xi de que China quiere lograr la neutralidad del carbono para su economía en 2060, las críticas explícitas a Xi que surgen regularmente (la más reciente es el ensayo de "alerta viral" publicado por un renombrado profesor de derecho constitucional de la Universidad Qinghua de Pekín que predice la desaparición de Xi), tensiones entre Xi y los generales que dirigen el Ejército Popular, intervenciones del aparato estatal contra empresarios demasiado "extravagantes" y críticos con el control del Estado (Jack Ma y Ant Financial, Alibaba). Algunas quiebras (HNA, Evergrande) también podrían estar relacionadas con las luchas entre camarillas dentro del partido, como parte de la cínica campaña para "proteger a los ciudadanos de los excesos de la 'clase capitalista'".
En resumen, lejos de beneficiarse de la situación actual, la burguesía china, al igual que otras burguesías, se enfrenta al peso de la crisis, al caos de la descomposición y a las tensiones internas, que intenta contener por todos los medios dentro de sus caducas estructuras capitalistas de Estado.
Los datos analizados en los puntos anteriores muestran ciertamente que las tensiones entre EEUU y China tienden a ocupar un lugar preponderante en la situación imperialista, sin por ello inducir una tendencia a la formación de bloques imperialistas. En efecto, más allá de algunas alianzas limitadas, como la AUKUS, la principal potencia del planeta, Estados Unidos, no sólo no consigue movilizar a las demás potencias detrás de su línea política (contra Irak o Irán antes, contra China hoy), sino que tampoco es capaz de defender a sus propios aliados ni de darse a sí mismo la postura de "líder de un bloque". Este declive del liderazgo estadounidense está provocando un aumento del caos que afecta cada vez más a las políticas de todos los imperialismos dominantes, incluida China, que tampoco es capaz de imponer su liderazgo a otros países de forma sostenible.
El hecho de que los talibanes hayan "vencido" a los estadounidenses envalentonará a todos esos pequeños tiburones que no dudarán en mover sus piezas en ausencia de alguien que "imponga reglas". Estamos entrando en una aceleración del imperio sin ley y en el mayor caos de la historia. El sálvese quien pueda se está convirtiendo en el factor central de las relaciones imperialistas y la barbarie bélica amenaza zonas enteras del planeta.
(a) Asia Central, Oriente Medio y África:
Además de la barbarie de la guerra civil en Irak, Siria, Libia o Yemen y de la sumersión de Afganistán en el horror, las tensiones son altas entre Armenia y Azerbaiyán, estimuladas por Turquía que provoca a Rusia, la guerra civil ha estallado en Etiopía (apoyada por Eritrea) contra la "provincia rebelde" de Tigray (apoyada por Sudán y Egipto); finalmente, las tensiones crecen entre Argelia y Marruecos. La "somalización" de los Estados y la zona de inestabilidad y "anarquía" (véase ya el Informe del 20º Congreso de la CCI, 2013-nota 5) han seguido ampliándose: el caos reina ahora de Kabul a Addis Abeba, de Saná a Ereván, de Damasco a Trípoli, de Bagdad a Bamako.
(b) América Central y del Sur:
El Covid está golpeando con fuerza al subcontinente (1/3 de las muertes en 2020 para 1/8 de la población mundial) y lo está sumiendo en su peor recesión en 120 años: una contracción del 7,7% del PIB y un aumento de la pobreza de casi el 10% en 2020 (Le Monde Diplomatique, octubre de 2021). El caos crece, como en Haití, sumido en un desesperado y sangriento dominio de las bandas y en una horrible miseria, y la situación es también catastrófica en Centroamérica, con cientos de miles de personas desesperadas que huyen de la miseria y el caos y amenazan con inundar la frontera sur de Estados Unidos. La región experimenta cada vez más convulsiones relacionadas con la descomposición: revueltas sociales en Colombia y Chile, confusión populista en Brasil. México intenta jugar sus propias cartas (proponiendo una nueva OEA, etc.), pero depende demasiado de Estados Unidos para hacer valer sus propias aspiraciones. EEUU no ha podido derrocar a Maduro en Venezuela, a la que los chinos y los rusos e incluso Irán siguen prestando apoyo "humanitario", al igual que con Cuba. China se ha infiltrado en la economía de la región especialmente desde 2008 y se ha convertido en uno de los principales acreedores de muchos Estados latinoamericanos, pero la contraofensiva de Estados Unidos está ejerciendo una fuerte presión sobre algunos Estados (Panamá, Ecuador, Chile) para que se distancien de la "actividad económica depredadora" de Pekín.
(c) Europa:
Las tensiones entre la OTAN y Rusia se han intensificado en los últimos meses: Tras el incidente del vuelo de Ryanair secuestrado e interceptado por Bielorrusia para detener a un disidente que se había refugiado en Lituania, se produjeron unas maniobras de la OTAN en el Mar Negro frente a las costas de Ucrania en junio, donde se produjo un enfrentamiento entre una fragata británica y barcos rusos, y, en septiembre, unas maniobras conjuntas entre los ejércitos ruso y bielorruso en las fronteras de Polonia y los Estados bálticos ante las maniobras de la OTAN en territorio ucraniano, una auténtica provocación a ojos de Putin.
El caos creciente también aumenta las tensiones en el seno de las burguesías y refuerza la imprevisibilidad de su posicionamiento imperialista: es el caso de países como Brasil, donde la catastrófica situación sanitaria y la irresponsable gestión del gobierno de Bolsonaro está llevando a una crisis política cada vez más intensa, y de otros países latinoamericanos (inestabilidad política en Ecuador, Perú, Colombia o Argentina). En Oriente Próximo y Medio, las tensiones entre los clanes y tribus que gobiernan Arabia Saudí pueden desestabilizar el país, mientras que Israel está marcado por la oposición de gran parte de las fracciones políticas, desde la derecha hasta la izquierda, contra Netanyahu y contra los partidos religiosos, pero también por los pogromos dentro del país contra los árabes "israelíes". Por último, está Turquía que busca la solución a sus dificultades políticas y económicas en una huida suicida hacia las aventuras imperialistas (desde Libia hasta Azerbaiyán).
En Europa, la debacle de Afganistán y el "asunto de los submarinos", así como el periodo post-Brexit, acentúan la desestabilización de las organizaciones emanadas del periodo de bloques, como la OTAN o la UE. Dentro de la OTAN, los países europeos dudan cada vez más de la fiabilidad de Estados Unidos. Por ejemplo, Alemania no ha cedido a las presiones de EE.UU. sobre el oleoducto del Mar Báltico con Rusia y Francia no está digiriendo la afrenta de EE.UU. sobre el acuerdo de submarinos con Australia, mientras que otros países europeos siguen viendo a EE.UU. como su principal protector. El tema de las relaciones con el Reino Unido para aplicar los acuerdos del Brexit (Irlanda del Norte y cuotas de pesca) divide a los países de la UE y las tensiones son altas entre Francia e Inglaterra. Dentro de la propia UE los flujos de refugiados siguen enfrentando a los Estados entre sí, mientras que países como Hungría y Polonia cuestionan cada vez más abiertamente los "poderes supranacionales" definidos por los tratados europeos, y la hidra del populismo amenaza a Francia en las elecciones de la primavera de 2022.
El caos y la acentuación del sálvese quien pueda también tienden a obstaculizar la continuidad de la acción de los grandes imperialismos: Estados Unidos se ve obligado a mantener la presión con bombardeos aéreos regulares sobre las milicias chiítas que acosan a sus fuerzas restantes en Irak; los rusos tienen que "hacer de bomberos" en el enfrentamiento armado entre Armenia y Azerbaiyán, instigado por el interés imperialista de Turquía; la extensión del caos en el Cuerno de África a través de la guerra civil en Etiopía, con Sudán y Egipto apoyando a la región de Tigray y Eritrea respaldando al gobierno central etíope, perturba especialmente los planes chinos de utilizar Etiopía, pregonada como polo de estabilidad y "nuevo taller del mundo", como base de su "proyecto Ruta de la Seda" en el noreste de África, y para ello han instalado una base militar en Yibuti. El impacto continuo de las medidas e incertidumbres ligadas a la pandemia es también un factor de desestabilización de la política imperialista de los diferentes Estados: estancamiento de la vacunación en los Estados Unidos después de un fuerte comienzo, nuevos confinamientos masivos de regiones enteras y evidente falta de eficacia de las vacunas en China, explosión de las contaminaciones y exceso de mortalidad (660.000), desconfianza de la población hacia las vacunas en Rusia (tasa de vacunación de poco más del 30%)
Esta inestabilidad también caracteriza a las alianzas como la de China y Rusia. Si estos países desarrollan una "cooperación estratégica" (comunicado chino-ruso del 28.06. 21) contra Estados Unidos y en relación con Oriente Medio, Irán o Corea del Norte incluso organizan ejercicios conjuntos de sus ejércitos y armadas, sus ambiciones políticas son radicalmente diferentes: el imperialismo ruso tiene como objetivo sobre todo la desestabilización de las regiones y puede apuntar poco más que a los "conflictos congelados" (Siria, Libia, Ucrania, Georgia, ...), mientras que China despliega una política económica e imperialista a largo plazo, la "nueva ruta de la seda". Además, Rusia es perfectamente consciente de que las rutas de la Ruta de la Seda por tierra y a través de la zona del Ártico se oponen directamente a sus intereses en la medida en que amenazan claramente las zonas de influencia rusas en Asia Central y Siberia y que, en términos de capacidad industrial, no es rival para la segunda economía del mundo, pues apenas alcanza un PNB igual al de Italia.
"La economía de guerra (...) no es una política económica que pueda resolver las contradicciones del capitalismo o crear las bases para una nueva etapa de desarrollo capitalista. (...). La única función de la economía de guerra es... ¡la guerra! Su razón de ser es la destrucción efectiva y sistemática de los medios de producción y de las fuerzas productivas y la producción de los medios de destrucción: la verdadera lógica de la barbarie capitalista" (De la crisis a la economía de guerra, Revista Internacional nº 11, 1977). El hecho de que la perspectiva no sea la constitución de grandes alianzas estables, de "bloques" imperialistas que se enfrenten a nivel mundial y que no se plantee actualmente una guerra mundial, no quita que la economía de guerra se acentúe en la actualidad. El sometimiento de la economía a las necesidades militares pesa sobre la economía, pero esta irracionalidad no es una elección: es el producto del estancamiento del capital que acelera la descomposición social.
La carrera armamentística engulle cantidades fenomenales de dinero, en el caso de EE.UU., que sigue teniendo una importante ventaja en este sentido, pero también en el de China, que ha aumentado considerablemente su gasto militar en las dos últimas décadas. "El aumento del 2,6% en el gasto militar mundial se produce en un año en el que el producto interior bruto (PIB) mundial ha disminuido un 4,4% (proyección del Fondo Monetario Internacional, octubre de 2020), debido principalmente a las repercusiones económicas de la pandemia de Covid-19. Como resultado, el gasto militar como porcentaje del PIB -la llamada carga militar- ha alcanzado una media mundial del 2,4% en 2020, frente al 2,2% de 2019. Se trata del mayor aumento anual de dicho gasto desde la crisis económica y financiera mundial de 2009" (Comunicado de prensa de Sipri, abril de 2021). Esta carrera no sólo tiene que ver con las armas convencionales y nucleares, sino también con una mayor militarización de los programas espaciales y con la extensión de la carrera militarista a zonas hasta ahora vírgenes, como las regiones del Ártico.
Ante la aterradora expansión del sálvese quien pueda imperialista, la carrera armamentística no se limita a los grandes imperialismos, sino que afecta a todos los Estados, especialmente en el continente asiático que experimenta un importante aumento del gasto militar: la inversión del peso respectivo de Asia y Europa entre 2000 y 2018 es espectacular: en 2000, Europa y Asia representaban el 27% y el 18%, respectivamente, del gasto mundial en defensa. En 2018, estas proporciones se invierten, ya que Asia representa el 28% y Europa el 20% (datos del Sipri).
Esta militarización también se expresa hoy en día en un impresionante desarrollo de las actividades cibernéticas de los Estados (ataques de hackers, a menudo vinculados directa o indirectamente a los Estados, como el ciberataque de Israel contra los sitios nucleares iraníes), así como la inteligencia artificial y la robótica militar (robots, drones), que desempeñan un papel cada vez más importante en las actividades de inteligencia o en las operaciones militares.
Sin embargo, "la verdadera clave de la constitución de la economía de guerra (...) [es] la sumisión física y/o ideológica del proletariado al Estado, [el] grado de control que el Estado tiene sobre la clase obrera" (Id., Revista Internacional nº 11, 1977). Pero este aspecto está lejos de ser adquirido. Esto explica por qué la aceleración de la carrera armamentística va hoy en día acompañada de una fuerte reticencia de las grandes potencias imperialistas (Estados Unidos, China, Rusia, Gran Bretaña o Francia) al compromiso masivo de soldados sobre el terreno ("boots on the ground", “botas sobre el terreno”) por temor al impacto de un retorno masivo de "bolsas de cadáveres" sobre la población y, en particular, sobre la clase obrera. Así, cabe destacar el uso de empresas militares privadas (la organización Wagner por parte de los rusos, Blackwater/Academi por parte de Estados Unidos, ...) o la contratación de milicias locales para llevar a cabo acciones: utilización de milicias suníes sirias por parte de Turquía en Libia y Azerbaiyán, de milicias kurdas por parte de Estados Unidos en Siria e Irak, de milicias chiíes de Hezbolá o Irak por parte de Irán en Siria, de milicias sudanesas por parte de Arabia Saudí en Yemen, de una fuerza regional (Chad, Mauritania, Malí, Níger, Burkina Faso) "entrenada" por Francia y la UE en la región de Liptako, ...
La perspectiva es, por tanto, la multiplicación de conflictos bárbaros y sangrientos:
- "10. Al mismo tiempo, también proliferan las "masacres de innumerables pequeñas guerras", mientras que el capitalismo, en su fase final, se sumerge en un imperialismo cada vez más irracional de sálvese quien pueda.
13. Esto no significa que vivamos en una época de mayor seguridad que la de la Guerra Fría, acechada por la amenaza del Armagedón nuclear. Por el contrario, si la fase de descomposición está marcada por una creciente pérdida de control por parte de la burguesía, esto también se aplica a los vastos medios de destrucción -nucleares, convencionales, biológicos y químicos- que han sido acumulados por la clase dominante, y que ahora están más ampliamente distribuidos en un número mucho mayor de Estados-nación que en el período anterior." (Resolución sobre la situación internacional del 24 Congreso Internacional de la CCI, ver nota 4)
En la medida en que sabemos que la burguesía es capaz de volver los peores efectos de la descomposición contra el proletariado, debemos ser conscientes de que este contexto de barbarie asesina no facilitará en absoluto la lucha de los trabajadores:
La aceleración de la descomposición conducirá a guerras interminables en todo el mundo, a más masacres y miseria, a millones de refugiados vagando sin rumbo, a un caos social indescriptible y a la destrucción del medio ambiente, y todo ello acentuará el sentimiento de miedo y desmoralización en las filas del proletariado.
Los distintos conflictos armados servirán para desencadenar intensas campañas en defensa de la democracia, los derechos humanos y los derechos de las mujeres, como es el caso de Afganistán, Etiopía, Siria e Irak.
En consecuencia, nuestra intervención debe denunciar la progresión de la barbarie y el carácter insidioso de la situación, debe advertir constantemente al proletariado para que no subestime los peligros que genera la situación de multiplicidad caótica de conflictos en el contexto del sálvese quien pueda como dinámica dominante:
"Abandonada a su propia lógica, a sus últimas consecuencias, [la descomposición] lleva a la humanidad al mismo resultado que la guerra mundial. Ser brutalmente aniquilado por una lluvia de bombas termonucleares en una guerra generalizada o por la contaminación, la radiactividad de las centrales nucleares, la hambruna, las epidemias y las masacres en los conflictos bélicos múltiples (en los que también se podrían utilizar armas atómicas), todo ello equivale, al final, a lo mismo. La única diferencia entre estas dos formas de aniquilación es que la primera es más rápida, mientras que la segunda es más lenta y causaría tanto más sufrimiento" (Tesis sobre la descomposición, tesis 116).
23.10.2021
1 https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021 [132]
2 Ver nuestro texto de orientación Militarismo y Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [32]
3 https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida [12]
4 https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021 [132]
5 https://es.internationalism.org/content/3985/informe-sobre-tensiones-imperialistas [307]
6 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
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La guerra en Ucrania sigue desatando su asqueroso torrente de asesinatos, destrucción, violaciones y sufrimiento sobre los refugiados que tratan de escapar de la furia de los beligerantes. Las imágenes cotidianas de la barbarie desenfrenada a las puertas de Europa Occidental, centro histórico del capitalismo, son tan insoportables, tan apocalípticas y masivas; lo que está en juego a escala mundial es tan colosal, aunque sólo sea por los riesgos nucleares que el conflicto supone para la humanidad, que es evidente que esta guerra, como consecuencia de la exacerbación de las tensiones imperialistas mundiales, representa un notable agravamiento del caos global que implica y afecta directamente a todas las grandes potencias imperialistas.
Si la guerra de Ucrania es la expresión más central y caricaturesca de la dinámica de decadencia generalizada a la que el capitalismo arrastra al mundo, en particular porque se trata de un acontecimiento conscientemente desencadenado por la burguesía que afectará de forma duradera y grave al conjunto de la sociedad, también forma parte de un proceso de convergencia de numerosas catástrofes y contradicciones que la clase dominante es cada vez más incapaz de controlar:
- la pandemia de Covid-19 está lejos de ser contenida, como lo demuestran los confinamientos masivos y extremadamente brutales en Pekín y Shanghái en China, y la explosión de nuevas "olas" debidas a nuevas variantes en Europa;
- La crisis económica combina ahora la inflación, la desorganización de las cadenas de producción y el deslizamiento ineludible de la economía mundial hacia la recesión, que había sido momentáneamente contenida por la inyección récord de subsidios de la Reserva Federal y el BCE;
- el número de refugiados que huyen de la barbarie y la miseria en África, Siria, Libia, América Latina, Asia y ahora Europa ha seguido aumentando de forma espectacular;
- La incapacidad de la burguesía para lograr el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5°C es tan evidente que incluso los propagandistas más optimistas ya no se lo creen;
Y podríamos añadir muchos más estigmas, como la explosión de la violencia urbana, el ingenio individual frente a la miseria, la multiplicación de las "teorías conspirativas" delirantes, la corrupción, etc.
Sin embargo, la guerra en Ucrania marca una nueva y enorme inmersión en la barbarie. En 1991, poco después de la caída de la URSS, en su discurso a la nación sobre la Guerra del Golfo, Bush padre prometió el advenimiento de un "nuevo orden mundial"; la burguesía trató de persuadir a los explotados de que el capitalismo había triunfado definitivamente y anunciaba días brillantes. 30 años después, las promesas se han desvanecido, confirmando, cada día un poco más, lo que estaba en juego y que fue claramente discernido por el 1er Congreso de la Internacional Comunista en 1919: "Se abre una nueva época, una época de desintegración del capitalismo, de su colapso interno. Una época de la revolución comunista del proletariado [...]. La humanidad, cuya cultura ha sido totalmente devastada, está amenazada de destrucción. Sólo hay una fuerza capaz de salvarla, y esa fuerza es el proletariado. El viejo "orden" capitalista ya no existe. No puede existir. El resultado final de los procedimientos capitalistas de producción es el caos.
Para quienes esperaban una invasión tipo Blitzkrieg, empezando por la propia burguesía rusa (o al menos la camarilla de Putin), como fue el caso de la ofensiva de Crimea en 2014, estos cuatro meses de guerra han demostrado, por el contrario, que el conflicto será de larga duración. El fracaso inicial de la invasión rusa llevó a la destrucción sistemática de ciudades, como Mariupol, Severodonetsk o ahora Lyssychansk, que recuerda a la aniquilación de ciudades como Grozny (Chechenia), Faluya (Irak) o Alepo (Siria). Durante la Segunda Guerra Mundial, la destrucción de ciudades se hizo cada vez más masiva y sistemática, aunque el resultado del conflicto era seguro: Hiroshima y Nagasaki en Japón, ciudades obreras en Alemania. En el conflicto actual, bastaron unas pocas semanas para ver imágenes de enorme destrucción y ciudades arrasadas.
Así, en contra de quienes afirman que la guerra abriría un nuevo ciclo de acumulación capitalista, significando así la posibilidad de que el capitalismo encuentre una "solución" a la crisis, la realidad demuestra que la guerra es sólo una destrucción de fuerzas productivas, como ya decía la Izquierda Comunista de Francia en 1945: "La guerra fue el medio indispensable para que el capitalismo abriera posibilidades de desarrollo ulterior, en el momento en que estas posibilidades existían [el período de ascenso del capitalismo] y sólo podían abrirse por medio de la violencia. Del mismo modo, el colapso del mundo capitalista, habiendo agotado históricamente todas las posibilidades de desarrollo, encuentra en la guerra moderna, la guerra imperialista, la expresión de este colapso, que, sin abrir ninguna posibilidad para el desarrollo ulterior de la producción, no hace más que engullir las fuerzas productivas en el abismo y acumular ruina sobre ruina a un ritmo acelerado"1, empezando por la población trabajadora. Las primeras estimaciones de las víctimas cifran el número de muertos en Ucrania en más de 50.000 y el número de refugiados en unos 6 millones; Zelensky habla de 100 soldados ucranianos muertos cada día y 500 heridos (la mayoría de ellos lisiados). En el lado ruso, las pérdidas son mayores que las de toda la campaña de invasión en Afganistán. Las fábricas, las carreteras y los hospitales se han quemado por completo. Según la Facultad de Economía de Kiev, cada semana se destruyen infraestructuras civiles por valor de 4.500 millones de dólares.
Los bombardeos y la ocupación militar cerca de Chernóbil han suscitado el temor a la contaminación radiactiva, pero la magnitud del problema de la guerra y su impacto medioambiental va mucho más allá: "Se han bombardeado fábricas químicas en un país especialmente vulnerable. Ucrania ocupa el 6% del territorio europeo, pero contiene el 35% de su biodiversidad, con unas 150 especies protegidas y numerosos humedales"2. En general: "después del armisticio de 1918, decenas de toneladas de proyectiles abandonados por los beligerantes siguen liberando sus compuestos químicos en el subsuelo del Somme y del Mosa. Millones de minas diseminadas en Afganistán o Nigeria contaminan permanentemente las tierras agrícolas y condenan a la población al miedo y la miseria, por no hablar del arsenal atómico que representa una amenaza ecológica sin precedentes en la historia de la humanidad. La guerra industrial es la matriz de toda contaminación»(ídem.).
En cuanto al impacto de la guerra en la crisis económica, si durante la anterior crisis de 2008 muchos trabajadores perdieron sus empleos y algunos sus casas por no poder pagar su hipoteca, esta guerra plantea directamente la perspectiva de hambruna en varias regiones del mundo, y no sólo por la interrupción del comercio de cereales y semillas a los países de la periferia: la amenaza del hambre concierne directamente a las poblaciones económicamente más frágiles de Estados Unidos y de otros países centrales. La burguesía no puede seguir compensando con deuda el descenso de la producción que se ha agravado dramáticamente desde la pandemia, especialmente con una alta inflación sostenida y la presión del militarismo provocada por la guerra en Ucrania. Biden, que prometió 30.000 millones de ayuda económica, dice ahora, como todos los gobiernos de Europa, que "los buenos tiempos han terminado".
Sin embargo, no tienen ningún reparo en aumentar exorbitantemente el gasto militar (lo que también mantendrá la inflación). Macron acaba de declarar que Francia ha entrado en "una economía de guerra". En Alemania, el gobierno socialdemócrata de Scholz, con la participación de los Verdes, ha aprobado un presupuesto adicional de 100.000 millones de euros para el rearme, un hecho histórico desde la Segunda Guerra Mundial. Japón tiene previsto aumentar su presupuesto de defensa hasta el 2% del PIB, lo que le convertirá en el tercer país del mundo que más gasta en armamento, con China, que ha aumentado el gasto en un 4,7% desde 2020 (293.000 millones de dólares este año) y Estados Unidos (801.000 millones de dólares) en segundo y primer lugar respectivamente.
Otra dimensión del impacto de la guerra en la crisis económica es la aceleración del proceso de desglobalización (aunque la guerra en sí misma no sea la causa), principalmente a través del importante daño al proyecto militar y comercial geoestratégico de China y su "nueva ruta de la seda". La pandemia ya había acelerado enormemente la desorganización de la producción mundial y la tendencia a la "relocalización", pero la guerra supuso un nuevo e importante golpe: las rutas comerciales a través del Mar Negro se vieron gravemente interrumpidas y muchas empresas se vieron obligadas a abandonar Rusia. Las burguesías nacionales de los países más desindustrializados ya presentan la tendencia a la deslocalización como una "oportunidad" para el empleo y la economía nacional, pero la OMC ya ha advertido de los peligros de tal proceso: la carrera por acumular materias primas en cada nación, lejos de reducir la inseguridad de la economía, corre el riesgo, por el contrario, de perturbar aún más las cadenas de suministro y de ralentizar considerablemente la producción mundial como consecuencia del sálvese quien pueda. Basta con recordar los actos de piratería que los Estados protagonizaron durante la "guerra de las máscaras" para darse cuenta de ello3. Todo ello contribuye a la crisis logística de la escasez, produciendo la aparente paradoja de que una crisis que se origina en la sobreproducción generalizada crea escasez de bienes. Las consecuencias de la profundización de la crisis para la clase trabajadora son ya la precariedad más brutal y los despidos por quiebra de empresas.
Es difícil saber cuál es el estado de la pandemia en Rusia y Ucrania. Al igual que en 1918 con la llamada "gripe española", la guerra ciertamente ha agravado considerablemente los estragos de la infección. Sin embargo, no es descabellado pensar que, si la burguesía ya era incapaz de contener la pandemia antes de la guerra, como atestigua el fiasco de la vacuna del sputnik, la situación se volvió totalmente incontrolable con las deplorables condiciones higiénicas impuestas por la guerra y la destrucción de la infraestructura sanitaria. Pero la pandemia, aunque en última instancia es el producto del deterioro del sistema y su hundimiento en la descomposición (que anuncia nuevas pandemias en el futuro), es un fenómeno en la vida del capitalismo que la clase dominante no decidió conscientemente y que se impone a su voluntad. Por el contrario, la guerra es una decisión consciente y voluntaria de la burguesía, ¡su única respuesta al colapso del capitalismo!
Como ya analizó Rosa Luxemburgo durante la Primera Guerra Mundial, en la decadencia del capitalismo todos los países son imperialistas. El imperialismo es la forma que adopta el capitalismo en un momento determinado de su evolución, el de su decadencia. Cada capital nacional defiende sus intereses con uñas y dientes en la escena mundial, aunque no todas tengan medios equivalentes.
La propaganda burguesa denuncia, en Ucrania y en Occidente, la ofensiva y los crímenes de guerra del dictador Putin y, por parte rusa, la "amenaza nazi" que pesa sobre Ucrania, al igual que, durante la Primera Guerra Mundial, el bando aliado llamaba a alistarse contra el militarismo del káiser, y el bando contrario llamaba a contrarrestar el expansionismo del zar. Durante la Segunda Guerra Mundial, cada bando también esgrimió sus justificaciones "legítimas": el antifascismo contra Hitler o la defensa de Alemania contra el aplastamiento de las "reparaciones" de guerra. La burguesía también plantea que Ucrania es un pequeño país víctima del oso ruso. Pero detrás de Ucrania están la OTAN y Estados Unidos, y Rusia también intenta buscar el apoyo de China. De este modo, la guerra entre Ucrania y Rusia forma parte de un conflicto más amplio entre la primera potencia de Estados Unidos y su contrincante declarado, China. En la raíz de la guerra actual está el deseo de Estados Unidos de reafirmar su hegemonía mundial, en declive desde el colapso del bloque estalinista y, más recientemente, desde el fiasco de Bush Jr. en Irak en 2003 y la retirada de Afganistán en 2021. Al igual que lo que Bush (el padre esta vez) hizo creer a Saddam Hussein en 1991, el gobierno estadounidense ha informado de la movilización de tropas rusas en la frontera ucraniana, dejando claro que, si se produjera la amenaza de invasión, EEUU no intervendría, como en Crimea en 2014. Por su parte, el gobierno ruso no podía tolerar la entrada de Ucrania en la OTAN, tras la integración de gran parte de su esfera de influencia histórica (es decir, Polonia, Hungría y los Estados bálticos).
Por tanto, no tuvo más remedio que morder el anzuelo estadounidense con la idea inicial de actuar rápidamente para vetar las ambiciones de Ucrania. Sin embargo, el apoyo de EE.UU. a Zelensky y su presión sobre los miembros de la OTAN para que se muevan en la misma dirección ha envuelto a Rusia en un conflicto de desgaste más largo de lo esperado. El gobierno de Estados Unidos intenta así poner en evidencia la debilidad del imperialismo ruso, que no está a la altura de una gran potencia mundial en el siglo XXI, y agotarlo al máximo. Por otro lado, Estados Unidos ha conseguido imponer su disciplina a las potencias europeas, especialmente ante las veleidades de independencia del imperialismo francés (Macron había declarado que "la OTAN está descerebrada") y de Alemania, que tuvo que absorber la disminución de los envíos de gas ruso y el cierre del mercado ruso para sus propias mercancías tras las sanciones, pero también el coste presupuestario del rearme decidido bajo presión estadounidense. Pero, sobre todo, detrás del conflicto ucraniano, el objetivo estratégico de Estados Unidos es debilitar a su principal contrincante, el imperialismo chino. Estados Unidos ha conseguido dificultar el apoyo de China a Rusia, haciendo que la principal potencia asiática parezca un socio poco fiable. Además de bloquear una región muy importante para el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, Estados Unidos ha hecho una demostración de fuerza y de "estrategia diplomática internacional" que es una advertencia muy explícita a Pekín. En resumen, Estados Unidos no ha dudado, una vez más, en desatar un caos que anuncia tormentas aún mayores en defensa de sus sórdidos intereses imperialistas y de su liderazgo mundial. El debilitamiento del imperialismo ruso, a largo plazo, podría conducir a la desintegración de Rusia en varios pequeños imperialismos con armas nucleares. Del mismo modo, el hecho de doblegar a las potencias europeas conduce en realidad a su rearme, especialmente el de Alemania, lo que no ha ocurrido desde su derrota en la Segunda Guerra Mundial. Xi Jinping ve sus nuevas Rutas de la Seda amenazadas de bloqueo y al "aliado estratégico" de Rusia en graves problemas. Sin embargo, la verdadera víctima de esta guerra no es ni Ucrania, ni Rusia, ni China, ni Europa, sino la clase obrera, a la que se le pide, en Occidente, pero también en todo el mundo, que haga inmensos sacrificios en nombre del esfuerzo bélico y, en el frente, ¡que haga el sacrificio supremo de la propia vida!
La clase obrera en Ucrania, ya desde la "Revolución Naranja" en 2004, se había visto arrastrada a tomar partido en los conflictos entre fracciones de la burguesía y, desde 2014, se ha movilizado en gran medida en el frente contra Rusia. Hoy en día, los trabajadores son enviados al campo de batalla para servir de carne de cañón, mientras sus familias huyen desesperadamente de la guerra cuando no son masacradas en ciudades, hospitales o estaciones de tren. La clase obrera ucraniana está ahora totalmente derrotada y es incapaz de dar una respuesta de clase a la situación, por no hablar de plantear la perspectiva revolucionaria como en Rusia o Alemania en la Primera Guerra Mundial.
En Rusia, contrariamente a las especulaciones de la prensa internacional, Putin no logró imponer la movilización general de la población en la guerra. El proletariado ya no se dejó arrastrar directamente a la defensa de Rusia durante los conflictos nacionalistas que siguieron a la desintegración de la antigua URSS. Pero el hecho de no haber podido desempeñar un papel consciente en el derrumbe del estalinismo en 1990 y haberse dejado llevar por las campañas democráticas sobre la "muerte del comunismo" pesa sobre la clase obrera de todos los países del Este, como ilustraron muy claramente las ilusiones democráticas durante el movimiento social en Polonia en 1980. En Rusia, el peso del democratismo pesa aún más ahora debido a la propaganda de las fracciones burguesas opuestas al autoritarismo de Putin. Si minorías aisladas como el KRAS defienden heroicamente una posición internacionalista contra los dos bandos en guerra, la clase obrera en Rusia tampoco está en condiciones de tomar la iniciativa de una lucha antibélica en la situación inmediata, aunque la situación concreta de las luchas, los debates y la conciencia de los trabajadores en Rusia sigue siendo en gran medida un misterio.
Todo esto no significa, sin embargo, que el proletariado mundial esté derrotado. Sus principales batallones en Europa Occidental, donde se acumula la experiencia histórica y reciente de las principales luchas contra el capitalismo, donde sus minorías defienden y desarrollan su programa político revolucionario, no se han incorporado hasta ahora a la guerra. Aquí también, la campaña anticomunista ha sido un factor clave en el declive de la combatividad y la conciencia proletaria, una pérdida de identidad de clase; aunque desde 2003 hemos visto expresiones de varios intentos ocasionales de desarrollar la combatividad, y la aparición de minorías (aunque sigan siendo muy poco numerosas).
Además, la burguesía de los países centrales está llevando a cabo una verdadera campaña ideológica democrática para apoyar la lucha ucraniana contra el dictador Putin, especialmente con la consigna: "Armas para Ucrania". Los efectos combinados de la fragilidad de la clase obrera desde 1990 y de esta campaña conducen a la desmovilización y a un sentimiento de impotencia ante la gravedad de la situación. Por eso tampoco hay que esperar una reacción inmediata de la clase obrera a la guerra en estos países.
Incluso en la Primera Guerra Mundial, la respuesta de la clase obrera que puso fin a la guerra fue consecuencia de las luchas en las fábricas de retaguardia contra la miseria y los sacrificios impuestos por la guerra. También en la situación actual, la burguesía exige sacrificios en nombre de la guerra, empezando por el ahorro de energía y continuando con los recortes salariales y los despidos. La clase obrera, especialmente en los países centrales, se verá obligada a luchar para defender sus condiciones de vida. Es en esta lucha donde se forjarán las condiciones para que el proletariado recupere su identidad y su perspectiva revolucionaria. En la situación actual, esta lucha tendrá que llevar a comprender la relación entre los sacrificios de la retaguardia y el sacrificio supremo de la vida en el frente.
La intervención de los grupos revolucionarios (y de las minorías que los rodean) en la clase es indispensable. En la Primera Guerra Mundial, la Conferencia Internacionalista de Zimmerwald, censurada e inicialmente apenas conocida por el conjunto de la clase, representó un faro para el proletariado mundial en medio de la oscuridad de los campos de batalla. Aunque hoy los grupos revolucionarios son mucho menos reconocidos en la clase que entonces y la situación es diferente (no hay guerra generalizada ni derrota del proletariado), el método de Zimmerwald y la defensa por parte de las facciones de izquierda de la tradición y los principios históricos del proletariado que la socialdemocracia había traicionado siguen siendo muy actuales. El terreno de la defensa del internacionalismo proletario y de la herencia de la izquierda comunista es, en efecto, el que se reclama en la "Declaración conjunta de los grupos de la izquierda comunista" que publicamos en nuestro sitio web y en esta Revista4.
Hic Rhodus, 05-07-2022
1 Las verdaderas causas de la Segunda Guerra Mundial https://es.internationalism.org/revista-internacional/198910/2140/internationalisme-1945-las-verdaderas-causas-de-la-segunda-guerra- [298]
2 www.ancrage.org/le-cout-ecologique-exorbitant-des-guerres-un-impense-pol... [310].
3 https://es.internationalism.org/content/4560/guerra-de-las-mascarillas-la-burguesia-es-una-clase-de-matones [107]
4 https://es.internationalism.org/content/4807/declaracion-conjunta-de-grupos-de-la-izquierda-comunista-internacional-sobre-la-guerra [311]
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A principios de 2020, la crisis mundial de Covid-19 aparecía como el producto de la descomposición del sistema capitalista, a la vez que la aceleraba en varios niveles: importante desestabilización económica, pérdida de credibilidad de los aparatos del Estado, acentuación de las tensiones imperialistas.
Hoy en día, la guerra en Ucrania expresa una etapa más de esta intensificación a través de una característica importante de la inmersión del capitalismo en su período de decadencia y, en particular, en la fase de descomposición, la exacerbación del militarismo.
La brutalidad de esta aceleración no había sido anticipada en los informes anteriores (cf. el informe y la resolución sobre la situación internacional de la 24ª Congreso Internacional de la CCI1) y, aunque el informe sobre las tensiones imperialistas de noviembre de 20212 subrayaba en su último punto la expansión del militarismo y de la economía de guerra (§ 4. 3.) y la propagación del caos, la inestabilidad y la barbarie bélica (§ 4.1.), su repentina aceleración en Europa a través de la invasión masiva rusa de Ucrania sorprendió a la CCI.
Desde un punto de vista general, hay que recordar que el desarrollo del militarismo no es propio de la actual fase de descomposición, sino que está inseparablemente ligado a la decadencia del capitalismo: “De hecho, el militarismo y la guerra imperialista constituyen la manifestación central de la entrada del capitalismo en su período de decadencia (...), hasta tal punto que, para los revolucionarios de la época, imperialismo y capitalismo decadente se convierten en sinónimos. Dado que el imperialismo no es una manifestación particular del capitalismo, sino su forma de vida para todo el nuevo período histórico, no es tal o cual Estado el que es imperialista, sino todos los Estados, como señala Rosa Luxemburgo. En efecto, si el imperialismo, el militarismo y la guerra se identifican tan estrechamente con el período de decadencia, es porque éste corresponde al hecho de que las relaciones de producción capitalistas se han convertido en un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas” (“Militarismo y descomposición”, Revista Internacional 64, 1991, pt33). En los 75 años transcurridos entre agosto de 1914 y noviembre de 1989, el capitalismo sumió a la humanidad en más de diez años de guerras mundiales y luego en casi 45 años de “guerra fría” y de “coexistencia” armada entre los bloques estadounidense y soviético, que se materializaron en enfrentamientos mortales en la periferia de las dos alianzas (Vietnam, Oriente Medio, Angola, Afganistán) y en una loca “carrera armamentística”, que finalmente resultó fatal para el bloque del Este.
En una situación en la que tanto la burguesía como el proletariado fueron incapaces de imponer una solución a la crisis histórica del capitalismo, el colapso del bloque soviético abrió la fase de descomposición caracterizada por una explosión total del cada uno para sí y del caos, producto de la ruptura de los bloques y de la desaparición de la disciplina que imponían. El militarismo se manifestó en un sin fin de conflictos bárbaros, a menudo en forma de guerras civiles, por la explosión de las ambiciones imperialistas y la desintegración de las estructuras estatales: Somalia, Yugoslavia, Afganistán, Irak, Siria, Donbass y Crimea, el Estado Islámico, Libia, Sudán (del Norte y Sur), Yemen, Malí. Estos también tendieron a acercarse a Europa (Yugoslavia, Crimea, Donbass) y a tener un fuerte impacto en ella a través del flujo de refugiados.
Sin embargo, la guerra actual en Ucrania no es sólo una continuación del desarrollo del militarismo en descomposición, descrito anteriormente, sino que sin duda representa una profundización cualitativa extremadamente importante del militarismo y sus concreciones bárbaras por varias razones:
- es el primer enfrentamiento militar de esta magnitud entre Estados que tiene lugar a las puertas de Europa desde 1940-45, y está generando un caos económico y una avalancha de millones de refugiados en los países europeos, de modo que el corazón de Europa se está convirtiendo en el teatro central de los enfrentamientos imperialistas;
- esta guerra involucra directamente a los dos países más grandes de Europa, uno de los cuales tiene armas nucleares u otras armas de destrucción masiva y el otro es apoyado financiera y militarmente por la OTAN. Este enfrentamiento entre Rusia y la OTAN tiende a revivir el recuerdo de la confrontación de bloques de los años cincuenta a los ochenta y el terror nuclear que le siguió, pero se produce en un contexto mucho más imprevisible, precisamente por la ausencia de bloques constituidos y la disciplina de bloque que ello implica (más adelante se hablará de ello);
- la magnitud de los combates, las decenas de miles de muertos, la destrucción sistemática de ciudades enteras, la ejecución de civiles, el bombardeo irresponsable de centrales atómicas, las considerables consecuencias económicas para todo el planeta ponen de manifiesto tanto la barbarie como la creciente irracionalidad de los conflictos que pueden conducir a una catástrofe para la humanidad.
El desarrollo de la guerra en Ucrania sólo puede entenderse entendiéndolo como el producto directo de dos tendencias dominantes que marcan las relaciones imperialistas en el actual período de descomposición y que la CCI ha destacado en sus informes anteriores: por un lado, la lucha de Estados Unidos contra el irremediable declive de su hegemonía mundial, que se traduce en el estímulo al desarrollo del caos en el mundo, y por otro lado, la exacerbación de las ambiciones imperialistas de todos los países, que ha reanimado en particular la agresividad de Rusia, que pretende recuperar un lugar importante en la escena imperialista con un persistente espíritu de revancha.
Desde la presidencia de Obama, la burguesía estadounidense se ha centrado cada vez más, desde el punto de vista económico y militar, en su principal contrincante, China. En este punto, hay una continuidad absoluta entre las políticas de las administraciones de Trump y Biden. Sin embargo, sobre cómo “neutralizar” a Rusia, las diferencias aparecen: Trump pretendía más bien contratar los servicios de Rusia contra China, pero esta opción encontró la resistencia y la oposición de amplios sectores de la burguesía estadounidense, así como de las estructuras del Estado (servicios secretos, ejército, diplomacia, ...), dados los turbios lazos que unían a Trump con la facción gobernante rusa, pero sobre todo por la desconfianza de una alianza con un país que ha sido el enemigo absoluto durante 50 años. La estrategia de la parte dominante de la burguesía estadounidense, representada hoy por la administración Biden, consiste más bien en asestar golpes decisivos a Rusia para que deje de ser una amenaza potencial para Estados Unidos: “Queremos que Rusia quede tan debilitada que ya no pueda hacer cosas como invadir Ucrania”, dijo el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, durante su visita a Kiev el 25 de abril4. Esta política de debilitamiento de Rusia también le permite lanzar una advertencia indirecta a China (esto es lo que tendrá si se decide invadir Taiwán) e imponerle un revés estratégico, ya que el conflicto reduce drásticamente el potencial militar de Putin y, por tanto, convierte su “alianza” con Xi Jinping en una carga para este último.
La crisis ucraniana ofreció a la administración Biden una oportunidad excelente para poner en práctica de forma maquiavélica esa estrategia para debilitar radicalmente a Rusia y atrapar a China.
La facción dominante de la burguesía rusa, por su parte, cometió el error crucial de confundir la debacle táctica estadounidense en Kabul con una derrota estratégica, cuando se trataba fundamentalmente de un reposicionamiento de las fuerzas estadounidenses contra su adversario central, China. Para acentuar el retorno del imperialismo ruso al primer plano desde el colapso de la URSS, pensó que era un buen momento para dar un golpe recuperando Ucrania (o al menos grandes zonas estratégicas de ella). Aunque la facción de Putin considera que Ucrania forma parte de la “Rusia histórica”, no sólo está cada vez más fuera de su esfera de influencia, sino que corre el riesgo de convertirse en la punta de lanza de la OTAN a menos de 500 km de Moscú.
Al hacerlo, Putin cayó en una trampa tendida por Estados Unidos. Ellos tendieron una trampa maquiavélica muy parecida a la que se tendió a Saddam en la primera Guerra del Golfo por su invasión de Kuwait: gritar a los cuatro vientos que las tropas rusas estaban a punto de invadir Ucrania a gran escala mientras especificaban que ellos mismos no intervendrían porque “Ucrania no forma parte de la OTAN”. En consecuencia, Putin no podía hacer menos sin que se interpretara como un retroceso de la línea dura de Biden, especialmente porque la respuesta de Estados Unidos parecía inicialmente probable que se limitaría al tipo de medidas de represalia aplicadas durante la ocupación de Crimea en 2014.
Al atraer con éxito a Rusia a una guerra a gran escala en Ucrania, la maquiavélica maniobra de Estados Unidos le ha permitido, sin duda, ganar a corto plazo importantes puntos en tres frentes cruciales:
La guerra ha permitido obligar a los países europeos que hacían gala de cierta independencia a alinearse (mientras que esto no tuvo ningún éxito en el momento de la invasión de Irak en 2003). De hecho, la OTAN ha recuperado todo su esplendor bajo el control de Estados Unidos, mientras Trump pensaba incluso en retirarse de ella (en contra de los deseos de sus militares). Los “aliados” europeos contestatarios fueron llamados al orden: Alemania y Francia, por ejemplo, rompieron sus lazos comerciales con Rusia y se apresuraron a realizar las inversiones militares que Estados Unidos venía exigiendo desde hacía 20 años. Nuevos países, como Suecia y Finlandia, solicitan el ingreso en la OTAN y la UE llegará a depender parcialmente de Estados Unidos en materia de energía. En resumen, lo contrario de las ilusorias esperanzas de Putin de que los Estados europeos se dividan por la cuestión ucraniana.
La guerra implica ya un considerable debilitamiento de Rusia, tanto militar como en lo económico, debilidades que se intensificaran en la medida que la guerra continúe. Los resultados ya son dramáticos para Rusia después de casi tres meses de la “operación especial”:
las fuerzas armadas rusas han sufrido aplastantes derrotas sobre el terreno, con el fracaso de la ofensiva relámpago sobre Kiev destinada a eliminar el régimen de Zelenski, la toma del espacio aéreo sobre toda Ucrania, la toma de Kiev y Járkov, la ofensiva hacia Odessa, el corte de las salidas marítimas de Ucrania y la conjunción con la república de Transnistria. La retirada de las tropas rusas del norte de Ucrania y la vuelta a objetivos más limitados en el Donbass y a una estrategia militar menos ambiciosa, pero igual de sangrienta, de ir mordisqueando el territorio kilómetro a kilómetro, pueblo a pueblo, con bombardeos intensivos de artillería (tipo Marioupol, como en Alepo en Siria), El nuevo planteamiento de la guerra muestra que Rusia se había planteado objetivos imposibles de alcanzar con sus capacidades militares actuales, en ese sentido se trata de una política más realista, pero aún más sangrienta y destructiva pues va a permanentizar los frentes militares.
El ejército ruso se encuentra con miles de tanques y vehículos blindados fuera de servicio, decenas de helicópteros y aviones derribados, el buque insignia de la flota del Mar Negro (el Moskva) hundido, y ataques cada vez más frecuentes a depósitos de combustible o de armas y centros logísticos en la propia Rusia. Más allá de estas cifras, es sobre todo la modernización del armamento ruso lo que está mostrando sus límites, con armas sofisticadas que están llenas de defectos en su funcionamiento y cuyas existencias se están agotando, y el caos organizativo en el seno del ejército, que está provocando problemas de abastecimiento de alimentos y combustible, que se ven agravados por la corrupción que reina en el ejército e incluso por el sabotaje en su seno.
Las tropas rusas han sufrido grandes pérdidas (según los analistas militares): más de 15,000 muertos y cerca de 40,000 soldados fuera de combate (muertos, heridos, prisioneros y desertores), es decir, cerca del 20% de las fuerzas inicialmente comprometidas, lo que equivale a las sufridas en 8 años en Afganistán en la década de 1980. La moral de los soldados es baja, pues no entienden por qué están allí, donde no son recibidos como liberadores, y la guerra no es popular. Por ello, la burguesía rusa evita enviar reclutas (de ahí que Rusia habla de “operaciones especiales” y no de guerra) y recurre masivamente a los mercenarios (organización Wagner o “Kadirovni” chechenos) o coloca miles de ofertas de trabajo en páginas web especializadas para “kontraktniki” (contratos cortos para soldados especializados), generalmente procedentes de las regiones más pobres de Rusia. Si los “crímenes de guerra” son, por definición, uno de los “efectos colaterales” de cualquier guerra, las masacres de civiles y la destrucción de ciudades enteras son especialmente destacadas en esta guerra, por un lado, por la desmoralización y la desesperación existentes en las unidades rusas y, por otro, por el tipo de guerra “urbana” que buscan los ucranianos dada la disparidad de poder militar entre los protagonistas.
Sin embargo, Putin no puede detener las hostilidades a estas alturas porque está desesperado por conseguir trofeos que justifiquen la operación a nivel interno y por salvar lo que queda del prestigio militar de Rusia, lo que provocará aún más pérdidas militares, humanas y económicas. Por otra parte, dado que cuanto más dure la guerra, más se erosionará el poder militar y la economía de Rusia, Estados Unidos, cínicamente, tampoco tiene interés en fomentar el cese de las hostilidades, aunque este suponga el sacrificio de personal militar, civiles y centros urbanos en Ucrania, porque quiere desangrar a Rusia. En este sentido, las actuales campañas en torno a la defensa de la Ucrania mártir, los crímenes de guerra rusos (Butcha, Kramatorsk, Marioupol, ... ) y la puesta en marcha de un “genocidio de ucranianos”, campañas orquestadas por Estados Unidos y Gran Bretaña en particular y que se dirigen personalmente a Putin (“Putin ha perdido la razón”; “Rusia no forma parte de nuestro mundo”), permiten contrarrestar cualquier perspectiva de negociación a corto plazo (auspiciada por Francia y Alemania o incluso por Turquía) y llevar al máximo el debilitamiento de Rusia, o incluso estimular un cambio de régimen. En resumen, en las condiciones actuales, la carnicería sólo puede continuar y la barbarie extenderse, probablemente durante meses o incluso años, y esto en formas particularmente sangrientas y peligrosas, como la amenaza de utilizar armas nucleares tácticas.
Detrás de Rusia, los Estados Unidos apuntan fundamentalmente a China y mantiene la presiona porque el objetivo básico de la maniobra maquiavélica estadounidense es debilitar la pareja ruso-china y enviar una advertencia a China. Este último reaccionó de forma reservada a la invasión rusa deplorando “el regreso de la guerra al continente europeo” y pidiendo “el respeto de la soberanía” y “la integridad territorial de acuerdo con los principios de la ONU” (Xi Jinping, 08.03.22). De hecho, China también mantiene estrechos vínculos con Ucrania (14.4% de las importaciones ucranianas y 15.3% de las exportaciones) y ha firmado un “acuerdo de cooperación estratégica” con el presidente Zelensky “que consagra el papel fundamental de su país en los proyectos de las Nuevas Rutas de la Seda euroasiáticas” (Le monde diplomatique (LMD, abril de 2022, p.9). Sin embargo, el conflicto ucraniano está bloqueando varios ramales de la Ruta de la Seda, lo que sin duda es un objetivo importante de la maniobra estadounidense.
Por lo tanto, lejos de ganar la situación generada por la guerra en Ucrania, China se enfrenta a un dilema irresoluble: Rusia, está ya muy debilitada, se ve obligada a pedir ayuda a China, que sin embargo es cauta y ha evitado hasta ahora apoyar abiertamente la “operación especial” de su aliado, porque al ayudar a una Rusia debilitada se corre el riesgo de debilitar también a China: provocaría represalias económicas y la pérdida de rutas comerciales y mercados con Europa e incluso con Estados Unidos, que son mucho más importantes que su comercio (3% de sus importaciones y 2% de sus exportaciones) con Rusia. Por otra parte, el colapso del poder militar de Rusia y las inmensas dificultades de su economía harán de Rusia un aliado que ya no podrá contribuir con su punto fuerte (su experiencia militar) y que corre el riesgo de convertirse en una carga embarazosa para China.
Así que Pekín, aunque las desaprueba, está aplicando las sanciones de una manera más simbólica que incapacitantes para Rusia: la Banca Asiática de Inversión en Infraestructuras ha suspendido sus operaciones con Rusia y Bielorrusia, y las grandes refinerías estatales chinas han dejado de comprar petróleo a Rusia por temor a las represalias de los países occidentales. Asimismo, los principales bancos estatales se niegan a financiar acuerdos energéticos con Rusia porque son demasiado arriesgados. Sin embargo, entre bastidores, estas mismas empresas estatales están comprando a través de empresas de fachada y contratos a largo plazo en los mercados internacionales las reservas baratas de petróleo y gas natural licuado ruso no deseado.
Si bien a corto plazo la guerra de Ucrania puede haber fomentado una atmósfera de bipolarización, sobre todo por la imagen propagada de un enfrentamiento entre el “bloque de la autocracia” y el “bloque de la democracia”, promovido intensamente por Estados Unidos, esta impresión debe reconsiderarse al analizar el posicionamiento de China (véase el punto anterior). Y a más largo plazo, las implicaciones de las actuales hostilidades bélicas, lejos de favorecer un reagrupamiento estable de los imperialismos, acentuarán, por el contrario, las oposiciones y tensiones entre buitres.
Al llevar al límite el conflicto ucraniano, Estados Unidos está alimentando el desarrollo del cada uno para sí, a pesar de la unidad impuesta temporalmente a Europa. Durante la votación de la ONU sobre la exclusión de Rusia del Consejo de Derechos Humanos, 24 países votaron en contra y 52 se abstuvieron: India, Brasil, México, Irán, pero también Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) desarrollan su propia posición imperialista sin alinearse detrás de Estados Unidos o Rusia y no participan en el boicot a estos últimos: “A diferencia de la mayoría de las naciones occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, los países del Sur adoptan una postura prudente ante el conflicto armado entre Moscú y Kiev. La actitud de las monarquías del Golfo, aliadas de Washington, es emblemática de esta negativa a tomar partido: denuncian tanto la invasión de Ucrania como las sanciones contra Rusia. Así, está surgiendo un mundo multipolar en el que, en ausencia de diferencias ideológicas, son los intereses de los Estados los que priman” (LMD, mayo de 2022, p.1). Japón, que ha iniciado su rearme y se muestra agresivo con Rusia y China, hace valer claramente sus propias ambiciones imperialistas al negarse a detener el proyecto de gasoducto con Rusia. Turquía, miembro de la OTAN, persigue sin embargo sus propios objetivos imperialistas manteniendo buenas relaciones con Rusia (aunque también hay disputas sobre Libia y la guerra entre Armenia y Azerbaiyán). Incluso los países europeos no cortan todos los contactos con Rusia (Francia o Italia se resisten a cerrar las filiales de sus empresas, el gasoducto Rusia-Europa a través de Ucrania sigue funcionando, aunque con reducciones ocasionales, y proporciona ingresos financieros a ambos beligerantes, Bélgica excluye al sector del diamante de las medidas de boicot, etc.) y Hungría incluso mira con envidia a la Transcarpatia ucraniana con sus minorías húngaras. Esta tendencia a la exacerbación de una actitud brutal del cada uno para sí se verá acentuada por las fuertes repercusiones imperialistas y económicas de la guerra en Ucrania.
Para la Federación Rusa, las consecuencias de esta “operación especial” serán pesadas y corren el riesgo de constituir una segunda desestabilización profunda después de la fragmentación resultante de la implosión de su bloque (1989-92): en el plano militar, perderá probablemente su rango de segundo ejército del mundo; su economía, ya debilitada, caerá aún más en la decadencia (un descenso del 12% de la economía según el Ministerio de Finanzas ruso, la mayor caída desde 1994). La campaña en torno a los crímenes de guerra rusos y el establecimiento de estructuras internacionales de investigación y juicio tienen como objetivo final que Putin y sus asesores sean juzgados por un tribunal internacional por “crímenes de guerra” e incluso por “genocidio”. De este modo, las tensiones internas entre las facciones de la burguesía rusa sólo pueden intensificarse, mientras que la facción de Putin se ve obligada a luchar con la energía de la desesperación para sobrevivir. Los miembros de la facción gobernante (por ejemplo, Medvedev) ya están advirtiendo de las consecuencias: un posible colapso de la Federación Rusa y la aparición de varias mini Rusias con líderes impredecibles y armas nucleares.
Las consecuencias de la crisis ucraniana son peligrosamente desestabilizadoras para el principal rival de Estados Unidos, China. Se trata, en primer lugar, del dilema de su actitud hacia Rusia ante el temor de sanciones para su economía, pero también del bloqueo de importantes arterias de su Ruta de la Seda: “Por el momento, la gran obra del presidente chino -las rutas de la seda que se abren camino hacia Europa a través de Asia Central- está amenazado. Al igual que su esperanza de estrechar lazos con la Unión Europea como contrapeso a Estados Unidos" (LMD, abril de 2022, p.9). La guerra ruso-ucraniana llega en muy mal momento para Xi Jinping, a pocos meses del congreso del PCC en el que debería renovar su mandato para un tercer periodo, sobre todo porque la pandemia vuelve a hacer estragos y las perspectivas económicas son mediocres5.
La economía china sigue sufriendo mucho la pandemia, con los 27 millones de habitantes de su metrópolis industrial y comercial, Shangai, bloqueados en marzo y abril, y ahora también grandes partes de la capital, Pekín. La población está expresando cada vez más su pánico y descontento ante las semanas de encierro inhumano. Sin embargo, el gobierno difícilmente puede revisar su política de “cero Covid”: (a) por la bajísima tasa de vacunación entre las personas mayores y la mala calidad de las vacunas chinas frente a las variantes actuales; (b) y sobre todo por el impacto político que tendría el cambio de estrategia en vísperas del 20º Congreso del PCCh en la facción de Xi, que la ha defendido sin descanso. En Shanghái, por ejemplo, Xi impuso un drástico bloqueo contra el “sabotaje” de los cuadros locales, provocando un fuerte descontento entre la población. Envió a 50,000 miembros de la fuerza policial armada especial de Shandong, bajo la responsabilidad del gobierno central, para que “tomaran el control de la situación”. Para Xi, “la estrategia de ‘cero Covid’ funciona, hay que ‘limpiar’ Shanghái. Fracasar sería reivindicar, por defecto y al menos en parte, a la oposición que intenta oponerse a su reelección” (“Cero Covid en Shanghái: la batalla política de Xi Jinping”, A. Payette, Asialyst, 14.04.22). Y esto a toda costa: los expertos del banco de inversión japonés Nomura calcularon a principios de abril que 45 ciudades chinas, que representan el 40% del PIB de China, estaban sometidas a un bloqueo total o parcial. Estas medidas drásticas están causando grandes problemas en el transporte por carretera y en los puertos (a finales de abril había más de 300 barcos esperando a ser descargados en Shanghái, el triple que, en 2020, cuando la situación ya era crítica), así como interrupciones en la producción industrial y en las cadenas de suministro nacionales e internacionales.
La desaceleración de la economía, acentuada por los repetidos bloqueos de los dos últimos años en el marco de la política del “cero Covid” y por la guerra de Ucrania, es cada vez más evidente, y el crecimiento del PIB se estima actualmente en el 4.5% -el gobierno chino preveía un aumento del 5.5%, pero los pronósticos más pesimistas hablan del 3.5% (cf. “Cero covid en Shanghái: la batalla política de Xi Jinping”, A. Payette, Asianyst, 14.04.22) - y esto en el mismo año en que la Asamblea Popular se reunirá para elegir un nuevo presidente. A la burguesía china le preocupan especialmente las pésimas cifras del mes de marzo: las ventas al por menor cayeron un 3.5%, el desempleo aumentó un 5.8% (las cifras oficiales están subestimadas) y las importaciones se han paralizado prácticamente. Por último, el sector inmobiliario, que fue regulado radicalmente por el Estado el año pasado para acompañar el colapso de algunas grandes empresas, sigue hundiéndose: la venta de viviendas cayó un 26.7%, la mayor caída desde febrero de 2020. “Según un informe del Instituto Internacional de Finanzas de finales de marzo, los flujos financieros que salen de China no tienen precedentes”. Es probable que la invasión rusa de Ucrania sitúe a los mercados chinos bajo una nueva luz. “Esta fuga de capitales es ‘altamente inusual’, añade el informe. Los bonos chinos en manos de inversores extranjeros se redujeron en 80.3 millones de yuanes solo en febrero, la mayor caída desde enero de 2015, cuando se empezaron a registrar estas estadísticas. (...) Las sanciones occidentales contra su país provocarían una caída de la inversión extranjera, así como una fuga de capitales chinos. (...) Estas amenazas económicas y financieras son graves porque reflejan una creciente desconfianza de los inversores extranjeros hacia China” (“Guerra en Ucrania: el doble discurso de China podría costarle caro”, P.-A. Donnet, Asialyst, 16.04.22).
Por último, la difícil situación económica pesa sobre el mantenimiento del gigantesco financiamiento del proyecto de las Nuevas Rutas de la Seda, que también se ve gravemente obstaculizada por el bloqueo de varios de sus ramales a causa del conflicto ucraniano, pero también por el creciente caos ligado a la ruptura, como la desestabilización de Etiopía, que debía ser un “eje” central del ramal africano, o la incapacidad de los países endeudados con China para pagar sus deudas (Sri Lanka).
Estados Unidos no duda en acentuar estas dificultades y explotarlas en su enfrentamiento con Pekín, en un contexto difícil para la burguesía china, sometida a una creciente presión económica, política y social.
En Europa, la decisión de Alemania de rearmarse masivamente duplicando su presupuesto militar podría constituir un hecho imperialista de primer orden a medio plazo. Al principio del período de descomposición, nuestro análisis destacaba que el único polo capaz de enfrentarse a los Estados Unidos era Alemania (“Militarismo y descomposición”, Revista Internacional 64, 1991) y, aunque hoy haya que tener en cuenta el ascenso de China, que habíamos descuidado, el rearme masivo de Alemania debería representar un factor capital para la expansión de los futuros enfrentamientos imperialistas en Europa y en el mundo.
De hecho, este rearme debe verse en un contexto en el que, con la prolongación del conflicto ucraniano, las disensiones se expresan cada vez más claramente no sólo entre los países de Europa del Este (Polonia fanáticamente antirrusa frente a Hungría que permanece cerca de Moscú), sino también entre las potencias europeas (Francia, Alemania, Italia) y Estados Unidos en cuanto al mantenimiento de la política de extremismo bélico hacia Rusia. Ante la posibilidad de un retorno al poder de la facción Trump en Estados Unidos, y la constitución de un polo “intransigente” Estados Unidos-Gran Bretaña-Polonia hacia Rusia, la autonomía militar de las potencias europeas a través del desarrollo de un polo de la Unión Europea fuera de la OTAN se impone cada vez más como una necesidad imperiosa.
Por último, la situación interna de Estados Unidos, y en particular las tensiones en el seno de la burguesía son en sí mismas un poderoso factor de impredecibilidad. ¿Cuánto margen de maniobra tendrá Biden después de las elecciones de mitad de mandato en noviembre y quién será el próximo presidente de EE.UU., quizás de nuevo Trump? De hecho, la popularidad de Biden ha caído en picado en los últimos meses a medida que los precios de bienes de consumo han alcanzado su nivel más alto en cuatro décadas, afectando a la gasolina, los alimentos, los alquileres y otros gastos. “Los índices de aprobación de Joe Biden rondan ahora el 42,2%, según las encuestas Five Thirty Eight. A siete meses de las elecciones de mitad de mandato, cada vez es más previsible que los demócratas electos pierdan su escaso control de una o quizás ambas cámaras del Congreso” (20 minutos y agencias, 15.04.22). Los europeos saben perfectamente que los compromisos de Biden y la “vuelta con fuerza” de la OTAN sólo son válidos para dos años como máximo6.
Pero sea cual sea la facción de la burguesía que esté en el gobierno, está claro que desde el comienzo del período de descomposición (véanse las guerras de Irak de 1991 y 2003), son los Estados Unidos, en su deseo de defender su decadente supremacía, los que han sido la principal fuerza en la propagación del caos a través de sus intervenciones y maniobras: han creado el caos en Afganistán, Irak y han fomentado el ascenso de Al Qaeda, así como del Estado Islámico. En el otoño de 2021, agitaron conscientemente las tensiones con China sobre Taiwán para que las demás potencias asiáticas les apoyaran, pero con un éxito más limitado que en el caso de Ucrania. Su política no es diferente hoy en día, aunque su maquiavélica maniobra les permita aparecer como una nación pacífica que se opone a la agresión rusa. Este fomento del caos bélico por parte de Estados Unidos es la barrera más eficaz para ellos contra el despliegue de China como contrincante: “Esta crisis no será ciertamente el último capítulo de la larga batalla de Washington para asegurarse una posición dominante en un mundo inestable” (LMD, marzo de 2022, p.7). Al mismo tiempo, la guerra en Ucrania está siendo aprovechada para lanzar una contundente advertencia a Pekín sobre una posible invasión de Taiwán.
La fase de descomposición acentúa fuertemente una serie de características del militarismo y exige una mirada más atenta a las formas que adoptan los actuales enfrentamientos bélicos.
La ausencia de cualquier motivación o ventaja económica para las guerras era obvia desde el principio de la decadencia del capitalismo: “La guerra fue el medio indispensable para que el capitalismo abriera las posibilidades de un mayor desarrollo, en el momento en que estas posibilidades existían y sólo podían abrirse por medio de la violencia. Del mismo modo, el colapso del mundo capitalista, habiendo agotado históricamente todas las posibilidades de desarrollo, encuentra en la guerra moderna, la guerra imperialista, la expresión de este colapso que, sin abrir ninguna posibilidad de desarrollo ulterior para la producción, no hace más que engullir las fuerzas productivas en el abismo y acumular ruina sobre ruina a un ritmo acelerado.” (“Informe a la Conferencia de julio de 1945 de la Izquierda Comunista de Francia”, reimpreso en el “Informe sobre el Curso Histórico” adoptado en el 3er Congreso de la CCI, Revista Internacional 18, 3er trimestre de 1979).
La guerra de Ucrania ilustra de manera sorprendente cómo la guerra ha perdido no sólo cualquier función económica, sino incluso sus ventajas a nivel estratégico: Rusia lanzó una guerra en nombre de la defensa del pueblo ruso, pero masacró a decenas de miles de civiles en las regiones esencialmente que hablan en ruso, al tiempo que transformaba estas ciudades y regiones en campos de ruinas y sufría ella misma considerables pérdidas materiales y de infraestructuras. Si, al final de esta guerra, captura el Donbass y el sureste de Ucrania, habrá conquistado un campo de ruinas, una población que le odia y sufrido el consiguiente revés estratégico en sus ambiciones de gran potencia. En cuanto a Estados Unidos, en su política de apuntar a China, se ve abocado a seguir (literalmente) una política de “tierra quemada”, sin más beneficios económicos o estratégicos que una inconmensurable explosión de caos económico, político y militar. La irracionalidad de la guerra nunca ha sido tan evidente.
Esta creciente irracionalidad de los enfrentamientos bélicos va de la mano de una creciente irresponsabilidad de las fracciones gobernantes que llegan al poder, como lo ilustra la irresponsable aventura de Bush hijo y los “neo conservadores” en Irak en 2003, la de Trump de 2018 a 2021 o la facción de Putin en Rusia. Son el resultado de la exacerbación del militarismo y de la pérdida de control de la burguesía sobre su aparato político, lo que puede conducir a un aventurerismo catastrófico a largo plazo para estas facciones, pero también peligroso para la humanidad.
Más que nunca, la economía está al servicio de la guerra y es evidente la ineptitud de la magnitud del gasto militar en medio de una crisis económica y pandémica: “Hoy en día, las armas cristalizan lo último en perfección tecnológica. La fabricación de sofisticados sistemas de destrucción se ha convertido en el símbolo de una economía moderna y eficiente. Sin embargo, estas ‘maravillas’ tecnológicas que han demostrado su mortal eficacia en Oriente Medio no son, desde el punto de vista de la producción, de la economía, más que un gigantesco despilfarro. Las armas, a diferencia de la mayoría de las demás mercancías, tienen la particularidad de que una vez producidas son expulsadas del ciclo productivo del capital. En efecto, no pueden servir para ampliar o sustituir el capital constante (a diferencia de las máquinas, por ejemplo), ni para renovar la fuerza de trabajo de los obreros que ponen en funcionamiento este capital constante. Las armas no sólo sirven para destruir, sino que ya son en sí mismas una destrucción de capital, una esterilización de la riqueza” (“¿Dónde está la crisis? Economía, crisis y Militarismo”, Revista Internacional 65, 19917). Desde 1996, el gasto militar en todos los países se ha duplicado, mostrando una tendencia al alza en la militarización. Según el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), en 2021 se gastaron 2,000 billones de dólares en armamento, un nuevo récord. De este total, Estados Unidos gastó el 34%, China el 14% y Rusia el 3%. La guerra en Ucrania hará que se disparen los presupuestos militares en Europa, mientras que las crisis pandémica, económica y ecológica requieren inversiones masivas.
Además, el arma económica se utiliza masivamente al servicio del militarismo: China ya amenazó a Australia con represalias económicas porque este país criticó la política china en Hong Kong o en Sin-Kiang y Argelia, en conflicto con Marruecos, cortó los suministros de gas a este país, pero la guerra de Ucrania da otra dimensión a este tipo de política: EE.UU. y los países europeos lo utilizan para poner a Rusia de rodillas, y EE.UU. amenaza a China con tomar represalias si apoya a Rusia; esta última también lo utiliza para presionar a Europa (el gas estadounidense sustituye al ruso). El cáncer del militarismo afecta cada vez más a las políticas comerciales y económicas de los Estados.
Las consecuencias de la guerra para la situación económica de muchos países son dramáticas: Rusia es un importante proveedor de fertilizantes y energía, Brasil depende de los fertilizantes para sus cultivos. Ucrania es un gran exportador de productos agrícolas, y es probable que los precios de productos básicos como el trigo se disparen; Estados como Egipto, Turquía, Tanzania y Mauritania dependen al 100% del trigo ruso o ucraniano y están al borde de una crisis alimentaria; Sri Lanka y Madagascar, ya sobre endeudados, están en bancarrota. Según el Secretario General de la ONU, la crisis ucraniana corre el riesgo de “empujar hasta 1.700 millones de personas -más de una quinta parte de la humanidad- a la pobreza, la indigencia y el hambre” (ONU informe, 13 de abril de 2022); las consecuencias económicas y sociales serán globales e incalculables: empobrecimiento, miseria, hambre, revueltas, etc.
La importante aceleración del militarismo exige que los revolucionarios precisen la dinámica bélica actual y que se pronuncien sobre los retos y peligros del período actual. No se trata de disertar sobre el “sexo de los ángeles”, sino de captar todas las consecuencias de esta dinámica para la determinación de la relación de fuerzas, el vínculo entre la guerra y la lucha de clases y la dinámica de las luchas obreras hoy, así como para nuestra intervención en relación con ellas.
Durante la última década, se ha producido una polarización entre Estados Unidos y China. Esta polarización es sobre todo el resultado de un cambio en la política de Estados Unidos que ha tenido lugar durante la administración Obama. “En 2011, los líderes estadounidenses habían llegado a la conclusión de que su obsesiva guerra contra el terrorismo -aunque todavía es popular en el Congreso y entre el público- había debilitado su estatus de superpotencia. En una reunión secreta celebrada ese verano, la administración Obama decidió invertir el rumbo y dar mayor importancia estratégica a la competencia con China que a la guerra contra el terrorismo. Este nuevo enfoque, conocido como el "pivote" asiático, fue anunciado por el presidente estadounidense en un discurso ante el Parlamento australiano en Canberra el 17 de noviembre de 2011” (LMD, marzo de 2022, p.7). Esta creciente toma de conciencia de que el rival más peligroso para la continuidad del liderazgo de Estados Unidos era China impulsó un reposicionamiento de los medios económicos y militares para hacer frente a este peligro principal. La resistencia de los talibanes en Afganistán y la aparición de la Organización Estado Islámico retrasaron y ralentizaron la aplicación de esta política por parte de la administración Obama, de modo que sólo se desplegó plenamente con la administración Trump y se formuló en la “Estrategia de Defensa Nacional” por el entonces secretario de Defensa, James Mattis.
Así, esta tendencia a la polarización emana principalmente de Estados Unidos y es la estrategia actual de la superpotencia en declive para mantener su hegemonía. Tras el fracaso de su posicionamiento como “policía mundial”, ahora se centra en una política para contrarrestar a su más peligroso contrincante. Para China, en cambio, esta polarización es muy preocupante en estos momentos8: a pesar de sus actuales inversiones masivas en su ejército, su retraso en el desarrollo de su equipamiento militar es inmenso y su desarrollo tecnológico y económico (Ruta de la Seda) requiere por el momento el mantenimiento de la globalización y la multipolaridad. Como ha sucedido desde 1989 con la política imperialista de Estados Unidos, la actual política de polarización sólo exacerbará el caos y el cada uno para sí imperialista. Esto se ve claramente hoy en la invasión rusa de Ucrania, el rearme masivo de Alemania, la creciente agresividad del imperialismo japonés, el posicionamiento específico de la India, las maniobras de Turquía, etc.
Recordemos en primer lugar la posición de la CCI sobre la formación de bloques después de 1990: “Si bien la formación de bloques es históricamente la consecuencia del desarrollo del militarismo y del imperialismo, la exacerbación de estos dos últimos en la fase actual del capitalismo constituye, paradójicamente, un obstáculo importante para la reforma de un nuevo sistema de bloques después del que acaba de desaparecer.” (“Militarismo y descomposición”, 1991, Revista Internacional 64, pt 9). ¿En qué medida los conflictos actuales favorecen los factores planteados para generar una dinámica hacia la constitución de bloques?
(a) Dado que la fuerza de las armas se ha convertido en un factor dominante para limitar el caos global y para establecerse como líder de un bloque, y dado que Estados Unidos tiene una fuerza militar equivalente a la fuerza militar total de las otras grandes potencias, ningún país tiene actualmente el “potencial militar para reclamar la posición de líder de un bloque que pueda rivalizar con el liderado por esa potencia”, como lo ilustra la guerra en Ucrania. En la medida en que “lo que está en juego y la escala de los conflictos entre bloques se hace cada vez más global y general (cuantos más gánsteres hay que controlar, más poderoso debe ser el ‘jefe’), (...) cuanto más estragos causa la crisis histórica, y su forma abierta, más fuerte debe ser el jefe de un bloque para contener y controlar las tendencias a su dislocación entre las diferentes fracciones nacionales que lo componen.” (“Militarismo y descomposición”, pt.11).
(b) Dado que “la constitución de los bloques imperialistas corresponde a la necesidad de imponer una disciplina similar entre las diferentes burguesías nacionales para limitar sus antagonismos recíprocos y reunirlas para la confrontación suprema entre los dos campos militares” (“Militarismo y descomposición”, pt.4), ¿vemos hoy una tendencia a reforzar esta disciplina? La imposición por parte de Estados Unidos a los Estados europeos de una disciplina en el seno de la OTAN en el contexto de la guerra de Ucrania es temporal y ya revela grietas: Turquía juega al “llanero solitario”, Hungría no corta sus lazos con Rusia, Alemania no muestra mucho interés, Francia impulsa la constitución de un polo europeo. Por su parte, la alianza entre China y Rusia tiene un alcance limitado y China se cuida de no implicarse demasiado con Rusia, mientras que otros países del mundo son muy reservados a la hora de implicarse con las potencias en conflicto.
En resumen, si existe efectivamente una voluntad de polarización por parte de la superpotencia estadounidense en particular; si, en este marco, pueden formarse alianzas ocasionales (Estados Unidos-Japón-Corea; Turquía-Rusia en Siria; China-Rusia) o reactivarse temporalmente antiguas alianzas (OTAN), las tendencias de los enfrentamientos imperialistas actuales no indican una dinámica hacia la constitución de dos bloques antagónicos, como la que pudimos observar antes de la Primera o la Segunda Guerra Mundial o durante la “Guerra Fría”: “(...) en la era de la posguerra fría, los Estados ya no tienen amigos o patrocinadores permanentes, sino aliados fluctuantes, vacilantes y de duración limitada” (DML, mayo de 2022, p. 8 ).
La formación de bloques fue una tendencia dominante hasta la fase de descomposición. En esta última, la tendencia es más bien, dadas las características exacerbadas durante esta fase, a intensificar la tendencia a la guerra sin la constitución de bloques: “En el nuevo período histórico en el que hemos entrado, y los acontecimientos del Golfo acaban de confirmarlo, el mundo se presenta como una inmensa batalla campal, en la que la tendencia del ‘cada uno para sí’ se desarrollará plenamente, donde las alianzas entre Estados no tendrán, ni mucho menos, el carácter de estabilidad que caracterizaba a los bloques, sino que estarán dictadas por las necesidades del momento. Un mundo de desorden asesino, de caos sangriento en el que el policía estadounidense intentará mantener un mínimo de orden mediante el uso cada vez más masivo y brutal de su poder militar.” ("Militarismo y descomposición", pt 11).
¿La dinámica actual se orienta hacia una guerra mundial, es decir, un enfrentamiento generalizado entre grupos de países ordenados tras sus respectivos “jefes”?
Las guerras mundiales que hemos conocido en la decadencia capitalista estaban todas vinculadas a la existencia de coaliciones detrás de un “jefe”, cuya arquitectura estaba determinada mucho antes de la explosión del conflicto, que, por la lógica del bloque, conducía a enfrentamientos globales: dos grandes alianzas se opusieron en 1914: la Entente (la Triple Entente entre Inglaterra, Francia y Rusia, a partir de 1907, y más tarde la Cuádruple Entente tras la adhesión de Italia en 1915) contra la Triple Alianza (formada entre Alemania, Austria-Hungría e Italia, fundada en 1882, ampliada en 1887 y confirmada en 1891/1896); ambos ejes de alianzas se enfrentaron en 1914: El Eje Roma-Berlín-Tokio (concluido en 1936 y completado por el Pacto germano-soviético en agosto del 39) y el pacto de alianza entre Francia y Gran Bretaña se combinaron con dos alianzas tripartitas (Francia-Gran Bretaña-Polonia y Francia-Gran Bretaña-Turquía), así como con una “política de entendimiento” entre Gran Bretaña y Estados Unidos; finalmente, los dos bloques del Oeste y del Este (la OTAN y el Pacto de Varsovia) se enfrentaron entre 1945 y 1989. Además, estas guerras implicaban una movilización masiva de enormes ejércitos, mientras que las burguesías actuales evitan las movilizaciones masivas de poblaciones (salvo parcialmente en Ucrania) y los ejércitos de los grandes imperialismos se han reconfigurado desde los años 90 (reducción de su masividad, creación de fuerzas profesionales especializadas y desarrollo de tecnologías ligadas a la robótica y a la cibernética militar en el caso de los ejércitos estadounidense, chino, ruso y europeo) y recurren ampliamente a mercenarios y “contratistas” privados.
El análisis anterior no debe tranquilizarnos en absoluto sobre el peligro de guerra en una fase de descomposición a pesar de la ausencia de dinámica de bloques. En efecto, debemos ser conscientes de que este contexto no significa en absoluto que se excluya un gran conflicto bélico, y que el peligro de un enfrentamiento militar directo entre las grandes potencias sería insignificante, sino todo lo contrario: “En efecto, no es la constitución de bloques imperialistas lo que está en el origen del militarismo y del imperialismo. Todo lo contrario: la constitución de bloques no es más que la consecuencia extrema (que en un momento dado puede agravar las causas mismas), una manifestación (que no es necesariamente la única) del hundimiento del capitalismo decadente en el militarismo y la guerra” (“Militarismo y descomposición”, Revista Internacional 64, 1991, pt 5).
La ausencia de bloques hace, paradójicamente, que la situación sea más peligrosa, en la medida en que los conflictos se caracterizan por una mayor imprevisibilidad: “Al anunciar que ponía en alerta a su fuerza de disuasión, el presidente ruso Vladimir Putin obligó a todos los estados mayores a actualizar sus doctrinas, en su mayoría heredadas de la Guerra Fría. La certeza de la aniquilación mutua -cuyas siglas en inglés MAD significan ‘loco’- ya no es suficiente para excluir la hipótesis de los ataques nucleares tácticos, supuestamente limitados. Con el riesgo de una escalada incontrolada” (LMD, abril de 2022, p.1). De hecho, paradójicamente, puede afirmarse que la agrupación en bloques limitó las posibilidades de derrapes,
- debido a la disciplina del bloque;
- debido a la necesidad de infligir previamente una derrota decisiva al proletariado mundial en los centros del capitalismo (véase el análisis del curso histórico en los años 80).
Así, aunque actualmente no hay perspectivas de constitución de bloques ni de una tercera guerra mundial, al mismo tiempo, la situación se caracteriza por un peligro mayor, ligado a la intensificación del cada uno para sí y a la creciente irracionalidad: la imprevisibilidad del desarrollo de los enfrentamientos, las posibilidades de que se les vaya de las manos, que es más fuerte que en los años 50 a 80, marcan la fase de descomposición y constituyen una de las dimensiones especialmente preocupantes de esta aceleración cualitativa del militarismo.
En conclusión, debemos comprender que las condiciones de la guerra entre la primera y la segunda guerra mundial, por un lado, y las de hoy, por otro, son fundamentalmente diferentes y, en consecuencia, también las perspectivas para el proletariado. Si el deslizamiento hacia la barbarie en Ucrania es destructivo y brutal, el significado de tales conflictos es también más difícil de entender para la clase obrera. Mientras que las confraternizaciones fueron técnica y políticamente posibles durante la primera guerra mundial -los trabajadores podían comunicarse a través de las trincheras-, hoy en día no existe ese potencial. Tampoco hay cientos de miles de personas agrupadas en los frentes, con posibilidades de discusión, reacciones masivas contra sus superiores y revueltas.
Así que no podemos esperar ninguna reacción de clase en el frente de guerra por el momento, incluso si los soldados rusos pueden desertar o negarse a ser reclutados para Ucrania. Hoy, la clase obrera no tiene la capacidad de ofrecer una resistencia de clase contra la guerra imperialista, ni en Ucrania, ni en Rusia, ni en este momento en Occidente. En cuanto a las perspectivas más generales para el desarrollo de la lucha de clases en la actualidad, éstas se abordan en el informe sobre la situación de la lucha de clases.
09.05.2022
1 Ver los Documentos del 24º Congreso Internacional de la CCI (https://es.internationalism.org/content/4765/documentos-del-24o-congreso-internacional-de-la-cci-2021 [315] ) y más específicamente la Resolución sobre la situación internacional (https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021 [132] )
2 https://es.internationalism.org/content/4761/informe-de-noviembre-de-2021-sobre-los-conflictos-imperialistas [144]
3 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [32]
4 La facción de Biden también quiere “hacer pagar” a Rusia por su injerencia en los asuntos internos de Estados Unidos, por ejemplo, mediante sus intentos de manipular las recientes elecciones presidenciales
5 “Xi sólo tiene un 50% de posibilidades de ser reelegido para un tercer mandato como presidente porque ha cometido tres grandes errores, dice una fuente anónima citada por el periodista británico Mark O'Neill, conocedor de China desde Hong Kong. La primera es que ha arruinado las relaciones diplomáticas de China desde 2012. Cuando llegó al poder, China tenía buenas relaciones con la mayoría de los países del mundo. Ahora, por su culpa, sus relaciones están dañadas con muchos de estos países, especialmente en Occidente, así como con sus aliados en Asia. La segunda es la política del “cero Covid”, que ha hecho un gran daño a la economía china, que no alcanzará el 5.5% de crecimiento del PIB previsto para este año. Casi 50 ciudades están confinadas y no se ve el final. La tercera es su alineación con [Vladimir] Putin. Esto ha dañado aún más las ya malas relaciones con Europa y Norteamérica. A las empresas chinas se les ha dicho que no firmen nuevos contratos con empresas rusas, ya que esto podría dar lugar a sanciones. ¿Dónde está el beneficio para China?” (citado en “Cero Covid en China: Xi Jinping sordo a la alerta económica”, P.-A. Donnet, Asialyst, 07.05.22)
6 Ver Cumbre en Madrid de la OTAN: una cumbre por y para la guerra https://es.internationalism.org/content/4839/cumbre-de-la-otan-en-madrid-una-cumbre-por-y-para-la-guerra [316]
7 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1060/crisis-y-militarismo [317]
8 Filtraciones del Pentágono revelaron que al final de la administración Trump, el alto mando militar chino se había puesto en contacto en secreto con el Pentágono para expresar su preocupación por el peligro de un ataque atómico contra China por parte de Trump
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¡Los trabajadores no tienen patria!
¡Abajo todas las potencias imperialistas!
Contra la barbarie capitalista: ¡el socialismo!
La guerra en Ucrania se está librando en función de los intereses contrapuestos de todas las diferentes potencias imperialistas, grandes y pequeñas, y no de los intereses de la clase obrera, que es una clase de unidad internacional. Es una guerra por territorios estratégicos, por la dominación militar y económica que se libra abierta y encubiertamente por los belicistas a cargo de los EE.UU., Rusia, las máquinas estatales de Europa Occidental, con la clase dominante ucraniana actuando como un peón nada inocente en el tablero de ajedrez imperialista mundial.
La clase obrera, y no el Estado ucraniano, es la verdadera víctima de esta guerra, ya sea como mujeres y niños indefensos masacrados, refugiados hambrientos o carne de cañón reclutada en cualquiera de los dos ejércitos, o en la creciente miseria que los efectos de la guerra traerán a los trabajadores de todos los países.
La clase capitalista y su modo de producción burgués no pueden superar sus divisiones nacionales competitivas que conducen a la guerra imperialista. El sistema capitalista no puede evitar hundirse en una mayor barbarie.
Por su parte, la clase obrera mundial tiene que desarrollar su lucha contra el deterioro de los salarios y del nivel de vida. Esta guerra, la mayor en Europa desde 1945, advierte del futuro que el capitalismo reserva al mundo si la lucha de la clase obrera no conduce al derrocamiento de la burguesía y su sustitución por el poder político de la clase obrera, la dictadura del proletariado.
El imperialismo ruso quiere revertir el enorme revés que recibió en 1989 y volver a ser una potencia mundial. EEUU quiere preservar su estatus de superpotencia y su liderazgo mundial. Las potencias europeas temen la expansión rusa, pero también el dominio aplastante de EEUU. Ucrania quiere aliarse con el más fuerte de los imperialismos.
Reconozcámoslo, EE.UU. y las potencias occidentales tienen las mentiras más convincentes, y la mayor máquina de mentir de los medios de comunicación, para justificar sus verdaderos objetivos en esta guerra: supuestamente están reaccionando a la agresión rusa contra pequeños estados soberanos, defendiendo la democracia contra la autocracia del Kremlin, defendiendo los derechos humanos frente a la brutalidad de Putin.
Los gánsteres imperialistas más fuertes suelen tener la mejor propaganda de guerra, la mayor mentira, porque pueden provocar y maniobrar a sus enemigos para que disparen primero. Pero recordemos la actuación tan pacífica de estas potencias recientemente en Oriente Medio, en Siria, Irak y Afganistán, cómo el poder aéreo estadounidense arrasó recientemente la ciudad de Mosul, cómo las fuerzas de la Coalición pasaron a cuchillo a la población iraquí con la falsa excusa de que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. Recordemos más atrás los innumerables crímenes de estas democracias contra la población civil durante el siglo pasado, ya sea durante la década de 1960 en Vietnam, durante la década de 1950 en Corea, durante la Segunda Guerra Mundial en Hiroshima, Dresde o Hamburgo. Los atropellos rusos contra la población ucraniana están sacados esencialmente del mismo libro de operaciones imperialista.
El capitalismo ha catapultado a la humanidad a la era de la guerra imperialista permanente. Es una ilusión pedirle que "pare" la guerra. La "paz" sólo puede ser un paréntesis en el capitalismo bélico.
Cuanto más se hunda en una crisis irresoluble, mayor será la destrucción militar que traerá el capitalismo junto con sus crecientes catástrofes de contaminación y plagas. El capitalismo está podrido y maduro para un cambio revolucionario.
El sistema capitalista, cada vez más un sistema de guerra con todos sus horrores no encuentra actualmente ninguna oposición de clase significativa a su dominio, hasta el punto de que el proletariado sufre el empeoramiento de la explotación de su fuerza de trabajo y los últimos sacrificios que el imperialismo le pide en el campo de batalla.
El desarrollo de la defensa de sus intereses de clase, así como su conciencia de clase estimulada por el papel indispensable de la vanguardia revolucionaria, encierra un potencial aún mayor de la clase obrera, la capacidad de unirse como clase para derrocar por completo el aparato político de la burguesía como lo hizo en Rusia en 1917 y amenazó con hacerlo en Alemania y otros países en 1918-23. Es decir, derrocar el sistema que conduce a la guerra. De hecho, la Revolución de Octubre y las insurrecciones que suscitó en las demás potencias imperialistas son un brillante ejemplo no sólo de oposición a la guerra sino también de ataque al poder de la burguesía.
Hoy todavía estamos lejos de ese período revolucionario. Asimismo, las condiciones de la lucha del proletariado son diferentes de las que existían en la época de la primera matanza imperialista. En cambio, lo que sigue siendo lo mismo, frente a la guerra imperialista, son los principios fundamentales del internacionalismo proletario y el deber de las organizaciones revolucionarias de defender estos principios con uñas y dientes, contra la corriente cuando sea necesario, en el seno del proletariado.
Los pueblos de Zimmerwald y Kienthal, en Suiza, se hicieron famosos por ser los lugares de encuentro de los socialistas de ambos bandos en la Primera Guerra Mundial para iniciar una lucha internacional para poner fin a la carnicería y denunciar a los dirigentes patrióticos de los partidos socialdemócratas. Fue en estas reuniones donde los bolcheviques, apoyados por la Izquierda de Bremen y la Izquierda Holandesa, plantearon los principios esenciales del internacionalismo contra la guerra imperialista que siguen siendo válidos hoy en día:
el no apoyo a ninguno de los dos bandos imperialistas; el rechazo de todas las ilusiones pacifistas; y el reconocimiento de que sólo la clase obrera y su lucha revolucionaria podrían poner fin al sistema que se basa en la explotación de la fuerza de trabajo y genera permanentemente la guerra imperialista.
En los años 30 y 40 sólo la corriente política ahora llamada Izquierda Comunista se aferró a los principios internacionalistas desarrollados por los bolcheviques en la Primera Guerra Mundial. La Izquierda Italiana y la Izquierda Holandesa se opusieron activamente a ambos bandos en la Segunda Guerra Mundial imperialista rechazando tanto las justificaciones fascistas como antifascistas de la matanza -a diferencia de las otras corrientes que reivindicaban la revolución proletaria, incluido el trotskismo. Al hacerlo, estas izquierdas comunistas rechazaron cualquier apoyo al imperialismo de la Rusia estalinista en el conflicto.
Hoy, ante la aceleración del conflicto imperialista en Europa, las organizaciones políticas basadas en la herencia de la Izquierda Comunista siguen enarbolando la bandera del internacionalismo proletario consecuente, y constituyen un punto de referencia para quienes defienden los principios de la clase obrera.
Por eso las organizaciones y grupos de la Izquierda Comunista de hoy, poco numerosos y conocidos, han decidido emitir esta declaración común, y difundir lo más ampliamente posible los principios internacionalistas que se forjaron contra la barbarie de dos guerras mundiales.
Ningún apoyo a ningún bando en la carnicería imperialista de Ucrania.
Ninguna ilusión en el pacifismo: el capitalismo sólo puede vivir con guerras interminables.
Sólo la clase obrera puede poner fin a la guerra imperialista a través de su lucha de clase contra la explotación que lleva al derrocamiento del sistema capitalista.
Trabajadores del mundo, ¡uníos!
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Corriente Comunista Internacional
Instituto Onorato Damen
Voz Internacionalista
(El grupo Perspectiva Comunista Internacional de Corea apoya plenamente la Declaración).
6 de abril de 2022
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Corriente Comunista Internacional: https://es.internationalism.org/ [320]
Instituto Onorato Damen: http://www.istitutoonoratodamen.it [321]
Internationalist Voice: en.internationalistvoice.org
Perspectiva Comunista Internacional: (국제코뮤니스트전망 - International Communist Perspective (jinbo.net) [322]
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Europa ha entrado en la guerra. No es la primera vez desde la segunda carnicería mundial de 1939-45. A principios de los años 90, la guerra asoló la antigua Yugoslavia, causando 140.000 muertos con masacres de civiles, en nombre de la "limpieza étnica", como en Srebrenica, en julio de 1995, donde 8.000 hombres y adolescentes fueron asesinados a sangre fría. La guerra que acaba de estallar con la ofensiva de los ejércitos rusos contra Ucrania no es tan mortífera por el momento, pero nadie sabe aún cuántas víctimas se cobrará finalmente. Sin embargo, su envergadura es mucho mayor que la de la guerra en la ex Yugoslavia. Hoy, no son las milicias ni los pequeños estados los que luchan entre sí. La guerra actual enfrenta a los dos Estados más grandes de Europa, con una población de 150 y 45 millones de habitantes respectivamente, y con enormes ejércitos: 700.000 soldados en Rusia y más de 250.000 en Ucrania.
Además, si las grandes potencias intervinieron en los enfrentamientos de la antigua Yugoslavia, fue de forma indirecta o participando en "fuerzas de interposición", bajo la égida de las Naciones Unidas. Hoy, no es sólo Ucrania la que se enfrenta a Rusia, sino todos los países occidentales agrupados en la OTAN que, aunque no están directamente implicados en los combates, han adoptado importantes sanciones económicas contra este país al mismo tiempo que han comenzado a enviar armas a Ucrania.
Así pues, la guerra que acaba de empezar es un acontecimiento dramático de la máxima importancia, en primer lugar, para Europa, pero también para el mundo entero. Ya se ha cobrado miles de vidas entre los soldados de ambos bandos y entre los civiles. Ha arrojado a cientos de miles de refugiados a las carreteras. Provocará nuevas subidas del precio de la energía y de los cereales, sinónimo de frío y de hambre, mientras que, en la mayoría de los países del mundo, los explotados, los más pobres, ya han visto cómo se hunden sus condiciones de vida a causa de la inflación. Como siempre, es la clase que produce la mayor parte de la riqueza social, la clase trabajadora, la que pagará el precio más alto por las acciones bélicas de los amos del mundo.
Esta tragedia bélica no puede separarse del conjunto de la situación mundial de los dos últimos años: la pandemia, el agravamiento de la crisis económica, la multiplicación de las catástrofes ecológicas. Es una clara manifestación del hundimiento del mundo en la barbarie.
Todas las guerras van acompañadas de campañas masivas de mentiras. Es necesario lavar el cerebro de la población, y en particular los explotados, para que acepten los terribles sacrificios que se les piden, el sacrificio de sus vidas por los enviados al frente, el luto de sus madres, de sus compañeros, de sus hijos, el terror de la población civil, las privaciones y el agravamiento de la explotación.
Las mentiras de Putin son burdas, y reflejan las del régimen soviético en el que comenzó su carrera como oficial del KGB. Afirma que está llevando a cabo una "operación militar especial" para ayudar a la población de Donbass que es víctima de un "genocidio" y prohíbe a los medios de comunicación, bajo pena de sanciones, utilizar la palabra "guerra". Según él, quiere liberar a Ucrania del "régimen nazi" que la gobierna. Es cierto que las poblaciones ruso-parlantes del Este son perseguidas por las milicias nacionalistas ucranianas, a menudo nostálgicas del régimen nazi, pero no hay genocidio.
Las mentiras de los gobiernos y medios de comunicación occidentales suelen ser más sutiles. Aunque no siempre: Estados Unidos y sus aliados, entre ellos el muy "democrático" Reino Unido, España, Italia y... Ucrania (¡!) nos vendieron la intervención en Irak en 2003 en nombre de la amenaza -totalmente inventada- de las "armas de destrucción masiva" en manos de Saddam Hussein. Una intervención que provocó varios cientos de miles de muertos y dos millones de refugiados entre la población iraquí, y varias decenas de miles de muertos entre los soldados de la coalición.
Hoy, los dirigentes democráticos y los medios de comunicación occidentales nos cuentan la fábula de la lucha entre el "ogro malvado" Putin y el "niño bueno" Zelensky. Hace tiempo que sabemos que Putin es un criminal cínico. Además, tiene un aspecto que lo acompaña. Zelensky se beneficia de no tener tantos antecedentes penales como Putin y de haber sido, antes de entrar en política, un popular actor cómico (con una gran fortuna en paraísos fiscales como resultado). Pero sus dotes de comediante le han permitido ahora entrar con brío en su nuevo papel de caudillo, del que prohíbe a los hombres de entre 18 y 60 años acompañar a sus familias que quieran refugiarse en el extranjero, del que llama a matar por "la Patria", es decir, por los intereses de la burguesía y los oligarcas ucranianos. Porque sea cual sea el color de los partidos gobernantes, sea cual sea el tono de sus discursos, todos los estados nacionales son ante todo defensores de los intereses de la clase explotadora, de la burguesía nacional, frente a los explotados y frente a la competencia de otras burguesías nacionales.
En toda propaganda de guerra, cada estado se presenta como el "agredido" que debe defenderse del "agresor". Pero como todos los estados son en realidad bandoleros, no tiene sentido preguntar qué bandolero disparó primero en un ajuste de cuentas. Hoy, Putin y Rusia han disparado primero, pero en el pasado, la OTAN, bajo la tutela de Estados Unidos, ha integrado en sus filas a muchos países que, antes del colapso del bloque oriental y de la Unión Soviética, estaban dominados por Rusia. Al iniciar la guerra, el bandido Putin pretende recuperar parte del poder de su país en el pasado, sobre todo impidiendo que Ucrania entre en la OTAN.
En realidad, desde principios del siglo XX, la guerra permanente, con todos los terribles sufrimientos que engendra, se ha convertido en algo inseparable del sistema capitalista, un sistema basado en la competencia entre empresas y entre Estados, en el que la guerra comercial conduce a la guerra imperialista, en el que el agravamiento de sus contradicciones económicas, de su crisis, suscita conflictos cada vez más bélicos. Un sistema basado en el beneficio y en la explotación feroz de los obreros, en el que éstos se ven obligados a pagar con su sangre lo que primero han pagado con su trabajo.
Desde 2015, el gasto militar mundial se ha disparado. Esta guerra está acelerando brutalmente este proceso. Como símbolo de esta espiral mortal, Alemania ha comenzado a entregar armas a Ucrania, una primicia histórica desde la Segunda Guerra Mundial; por primera vez, la Unión Europea también está financiando la compra y entrega de armas a Ucrania; y el presidente ruso Vladimir Putin ha amenazado con utilizar armas nucleares para demostrar su determinación y capacidad destructiva.
Nadie puede predecir con exactitud cómo se desarrollará la guerra actual, aunque Rusia tiene un ejército mucho más fuerte que el de Ucrania. En la actualidad, hay muchas manifestaciones en todo el mundo, y en la propia Rusia, contra la intervención rusa. Pero no son estas manifestaciones las que pondrán fin a las hostilidades. La historia ha demostrado que la única fuerza que puede poner fin a la guerra capitalista es la clase explotada, el proletariado, enemigo directo de la clase burguesa. Este fue el caso cuando los trabajadores de Rusia derrocaron al Estado burgués en octubre de 1917 y los trabajadores y soldados de Alemania se rebelaron en noviembre de 1918 obligando a su gobierno a firmar el armisticio. Si Putin fue capaz de enviar cientos de miles de soldados a matar contra Ucrania, si muchos ucranianos están hoy dispuestos a dar su vida por la "defensa de la Patria", es en gran parte porque en esta parte del mundo la clase obrera es particularmente débil. El derrumbe en 1989 de los regímenes que se proclamaban "socialistas" o "obreros" ha supuesto un golpe muy brutal para la clase obrera mundial. Este golpe afectó a los trabajadores que habían luchado duramente desde 1968 y durante los años 70 en países como Francia, Italia y el Reino Unido, pero aún más a los de los países llamados "socialistas", como los de Polonia, que lucharon masivamente y con gran determinación en agosto de 1980, obligando al gobierno a abandonar la represión y a satisfacer sus demandas.
No es manifestándose "por la paz", no es optando por apoyar a un país contra otro como se puede aportar una verdadera solidaridad a las víctimas de la guerra, a las poblaciones civiles y a los soldados de ambos bandos, proletarios de uniforme transformados en carne de cañón. La única solidaridad consiste en denunciar a TODOS los estados capitalistas, a TODOS los partidos que llaman a agruparse detrás de tal o cual bandera nacional, a TODOS los que nos engañan con la ilusión de la paz y las "buenas relaciones" entre los pueblos. La única solidaridad que puede tener un impacto real es el desarrollo de luchas obreras masivas y conscientes en todo el mundo. Y en particular, conscientes de que constituyen una preparación para el derrocamiento del sistema responsable de las guerras y de toda la barbarie que amenaza cada vez más a la humanidad, el sistema capitalista.
Hoy, las viejas consignas del movimiento obrero, formuladas por el Manifiesto Comunista de 1848, están más que nunca a la orden del día: ¡Los proletarios no tienen patria! ¡Proletarios de todos los países, ¡uníos!
¡Por el desarrollo de la lucha de clases del proletariado internacional!
CORRIENTE COMUNISTA INTERNACIONAL 27-2-2022
Para todo contacto, crítica, propuestas, debate etc. escribir a [email protected] [202] . Nuestra Web: https://es.internationalism.org [320]
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El estallido de la guerra en Ucrania, a las puertas de Europa, participa peligrosamente en la acumulación explosiva de las contradicciones del capitalismo: desastre ecológico, resurgimiento de pandemias, inflación devastadora, guerras cada vez más irracionales desde el punto de vista de la burguesía, alianzas cada vez más circunstanciales dominadas por el sálvese quien pueda, desestabilización de partes crecientes del globo, dislocación y fragmentación social, éxodos migratorios, etc. En la situación actual, como en la Primera Guerra Mundial, el objetivo de la lucha de la clase obrera sólo puede ser el derrocamiento del capitalismo a escala mundial. La propia supervivencia de la humanidad depende de ello.
En la Primera Guerra Mundial, ante el derramamiento de sangre y el enorme sacrificio económico, la clase obrera había sido capaz de recuperarse de la traición de los partidos socialdemócratas que la habían envuelto en el conflicto mundial. Esto no fue posible ante la Segunda Guerra Mundial, ya que los principales destacamentos del proletariado habían sido aplastados por la contrarrevolución estalinista, aplastados en la derrota de la revolución en Alemania y sometidos al dominio del fascismo, envueltos en la defensa de la democracia y el antifascismo.
Desde la reanudación histórica de las luchas de clase en 1968, el proletariado no ha sufrido una derrota tal que la burguesía pueda hacer que sus batallones más concentrados y experimentados en el corazón del capitalismo acepten hoy los ataques resultantes de la agravación de la crisis económica mundial, el coste económico de las guerras -en particular en Ucrania- y el refuerzo del militarismo en todo el mundo; pero también las consecuencias económicas del desorden climático, la desorganización mundial de la producción, etc.
Todas las fracciones del proletariado mundial no están en la misma relación de fuerza contra la burguesía. El proletariado de Ucrania, al verse envuelto tras la bandera de la defensa nacional, ha sufrido una gran derrota política, amplificada y agravada por las masacres de la guerra. El proletariado en Rusia, cuya situación no es tan crítica, no tiene sin embargo los medios para oponerse en su terreno de clase a la guerra en Ucrania, ni mucho menos.
El capitalismo se ha desarrollado de forma desigual en las distintas regiones del mundo. Lo mismo ocurrió con el proletariado, que es el producto de este sistema. Como resultado, a principios del siglo XX, con la constitución del mercado mundial y la entrada del capitalismo en su crisis histórica, existen considerables disparidades entre las distintas fracciones del proletariado mundial. En el corazón histórico del capitalismo, en Europa Occidental, donde las concentraciones de la clase obrera son las más antiguas, la clase obrera ha vivido experiencias históricas insustituibles que dan a su lucha de clases una fuerza potencial que no existe en ningún otro país del mundo. Ni siquiera en Estados Unidos, que superó a las demás potencias durante el siglo XX, y menos aún en China, a pesar de su meteórico ascenso al 2º puesto mundial en el siglo XXI. Europa Occidental, que será el terreno de confrontación entre las fracciones más experimentadas de la burguesía y el proletariado en el mundo, será decisiva para el proceso de generalización global de la lucha de clases[1].
Lo que distingue al proletariado de Europa Occidental de las demás fracciones del proletariado mundial tiene que ver con las experiencias históricas, la concentración, la conciencia histórica, la resistencia a las mistificaciones de la burguesía y, en particular, a la mistificación democrática.
El recuerdo de las experiencias más "famosas" es edificante:
- La Comuna de París, que tuvo lugar del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871, fue la primera concreción en la historia de la necesidad y la posibilidad de que la clase obrera tomara el poder político[2] ;
- La ola revolucionaria de 1917-23: comenzó en Europa pero tuvo repercusiones en todo el mundo. Su apogeo se produjo en Rusia con la toma del poder por el proletariado en 1917, pero su centro de gravedad se desplazó entonces a Europa, en particular a Alemania. De hecho, la revolución rusa es la excepción que confirma la regla, como lo ilustra el hecho que Lenin subrayó mil veces: fue por un "accidente histórico" que les tocó a los rusos llevar la bandera de la revolución por un corto período, siendo la apuesta de la toma del poder en Alemania determinante para el destino de la revolución mundial.
- La reanudación histórica de la lucha de clases en 1968, que marcó el fin de la contrarrevolución, fue iniciada por el surgimiento del proletariado francés en mayo de ese año, seguido en 1969 por el proletariado en Italia, y esta ola de lucha de clases se extendió gradualmente a diferentes partes del mundo, a diferentes niveles. Es necesario señalar aquí la magnitud e importancia de las luchas de clase libradas por el proletariado en Polonia en 1971, 76 y 80, que constituyeron una sorprendente confirmación del retorno de la lucha de clases a escala mundial. "Está claro que los trabajadores de Polonia han aprendido mucho de sus experiencias anteriores de 1956, 70 y 76. Pero, a diferencia de esas luchas y especialmente de las de Gdansk, Gdynia y Szczecin en 1970, en las que los disturbios callejeros fueron el aspecto más destacado, la lucha de los trabajadores de Polonia en 1980 evitó conscientemente los enfrentamientos prematuros. No dejaron ningún muerto. Consideraban que su fuerza residía sobre todo en la generalización de la lucha, en la organización de la solidaridad"[3].
De hecho, las luchas en Polonia fueron la culminación del renacimiento internacional de las luchas de clase abiertas en 1968 en Francia. Fueron testigos de un nivel de auto organización de la lucha sin parangón desde la ola revolucionaria de 1917-23, lo que, a primera vista, parece invalidar nuestro análisis que sitúa en el centro de la perspectiva revolucionaria la importancia decisiva del proletariado de Europa Occidental. En realidad, nuestro análisis fue confirmado por la forma en que fueron derrotados por la burguesía mundial, con, en el centro de su dispositivo contra la clase obrera en Polonia, el confinamiento del proletariado polaco tras la mistificación del sindicalismo "libre" y las reivindicaciones democráticas, mediante la "toma de posesión material y política por parte de la izquierda y los sindicatos occidentales de la puesta en marcha del aparato de "Solidarnosc" (envío de fondos, material de imprenta, delegaciones para enseñar a los recién creados las diversas técnicas de sabotaje de las luchas. ..)"[4]
La forma en que la burguesía acabó con esta fracción del proletariado mundial ilustra la existencia de profundas debilidades de la clase obrera, comunes a todos los países del antiguo bloque del Este, expresadas por el peso de las ilusiones democráticas, e incluso de la religión. Estas debilidades han hecho que regímenes "autoritarios" de la derecha hayan sustituido a menudo a los regímenes totalitarios estalinistas.
Así, el episodio de las luchas de clase en Polonia, lejos de constituir un contraejemplo de la importancia del proletariado de Europa Occidental, lo ilustra al contrario. Es por ello que pensamos más globalmente que, por las razones históricas expuestas anteriormente, "el epicentro del terremoto revolucionario que se avecina se situará en el corazón industrial de Europa Occidental donde se reúnen las condiciones óptimas de la conciencia y la capacidad de lucha revolucionaria de la clase, lo que confiere al proletariado de esta zona un papel de vanguardia del proletariado mundial".
Es también por estas razones que zonas como Japón y Norteamérica, aunque reúnen la mayoría de las condiciones materiales necesarias para la revolución, no son las más favorables para desencadenar el proceso revolucionario por la falta de experiencia y el atraso ideológico del proletariado en estos países. Esto es particularmente claro en Japón, pero también es válido, hasta cierto punto, en América del Norte, donde el movimiento obrero se desarrolló como un apéndice del movimiento obrero europeo y con especificidades como el mito de "la frontera"[5] alcanzando, durante todo un período, el nivel de vida más alto de la clase obrera en el mundo, ... permitiendo a la burguesía asegurar un control ideológico sobre los trabajadores mucho más sólido que en Europa.
En cuanto al proletariado de China, el más numeroso del mundo (China es el taller del planeta), su número no compensa en absoluto su inexperiencia[6] y su extrema vulnerabilidad (aún más que en los países del Este) a todas las maniobras que la burguesía utilizará contra él, en particular la creación de sindicatos "libres", cuando sea necesario.
El reconocimiento de tales diferencias no significa que la lucha de clases, o la actividad de los revolucionarios, carezca de sentido en otras partes del mundo distintas de Europa Occidental. En efecto, la clase obrera es global, su lucha de clases existe allí donde se enfrentan los proletarios y el capital. Las lecciones de las diferentes manifestaciones de esta lucha son válidas para toda la clase obrera dondequiera que se produzcan[7].
Más que nunca, y a pesar de las importantísimas dificultades que atraviesa actualmente y que afectan al conjunto del proletariado mundial, el proletariado de Europa Occidental tiene la llave de una renovación global de la lucha de clases capaz de emprender el camino de la revolución mundial. Por todas estas razones, y en contra de lo que Lenin generalizó apresuradamente a partir del ejemplo de la revolución rusa, no es en los países donde la burguesía es más débil (el "eslabón más débil de la cadena capitalista") donde se desencadena primero un movimiento de este tipo, que luego se extenderá a los países más desarrollados. En estos países, el proletariado no sólo se enfrentaría a su propia burguesía, sino que, de una u otra forma, la burguesía mundial lo amordazaría.
A finales de los años sesenta en Estados Unidos, las protestas contra la guerra de Vietnam y el rechazo de muchos jóvenes trabajadores a ir a luchar por la bandera nacional fueron un presagio indirecto de la apertura de un nuevo curso mundial de la lucha de clases que marcaba el fin de medio siglo de contrarrevolución.
Desde la reanudación histórica de la lucha de clases en 1968, y durante todo el período en que el mundo estuvo dividido en dos bloques imperialistas rivales, la razón por la que no se produjo la Tercera Guerra Mundial fue que la clase obrera de los principales países industrializados de Europa y de los Estados Unidos -no batida, no sometida ideológicamente a la burguesía- no estaba dispuesta a aceptar los sacrificios de la guerra, ni en los lugares de producción ni en el frente[8].
Sin embargo, si la nueva dinámica mundial hacia los enfrentamientos decisivos de clase impidió a la burguesía marchar hacia la guerra mundial, las guerras "locales" estallaron en todas partes donde el proletariado no representaba una fuerza social capaz de obstaculizarla. Estas guerras enfrentaron a tropas profesionales o mercenarias al servicio de las grandes potencias en países en los que el proletariado local no sólo carecía de fuerza para oponerse a ellas mediante su propia lucha de clases, sino que se encontraba enrolado por la fuerza o por consentimiento en uno u otro de los bandos enfrentados. Pero no es casualidad que en ninguno de estos conflictos haya participado el proletariado con los uniformes de los países de Europa Occidental.
Desde el colapso de los bloques, incluso más que en el periodo anterior, las guerras locales han sido omnipresentes, asesinas y devastadoras. Pero ante ninguna de ellas el proletariado de los países de Europa Occidental fue movilizable por la burguesía.
Y cuando estos países fomentaron directamente las guerras, como en la ex Yugoslavia en 1991, siempre se movilizaron soldados profesionales, algunos de los cuales, es cierto, eran hijos de proletarios que no podían vender su fuerza de trabajo. Pero la mayoría de las veces, y precisamente por ello, estas tropas se limitaron a desempeñar el papel de las llamadas fuerzas de "interposición".
Es significativo, en este sentido, que en Estados Unidos, donde el proletariado no representa la misma fuerza política que en Europa Occidental, la burguesía haya podido llamar a las tropas de reclutas (proletarios con uniforme) para sus expediciones bélicas con cautela y circunspección. Sin embargo, en este país, el trauma de la guerra de Vietnam no se ha borrado y la población (especialmente la clase obrera dentro de ella) sigue siendo sensible al envío de tropas formadas por proletarios en uniforme a los teatros de operaciones. La segunda guerra de Irak (2003) fue una nueva advertencia para la burguesía, que tendía a pensar que el síndrome de Vietnam había desaparecido. Tras un año de ocupación de Irak por las tropas estadounidenses, "el clima de inseguridad permanente de las tropas y el regreso de las "bolsas de cadáveres" han enfriado singularmente el ardor patriótico -aunque sea relativo- de la población, incluso en el corazón de la "América profunda"[9].
Desde entonces, para Obama (con respecto a Siria) y aún más para Trump (en todas partes), es la doctrina de "no poner las botas en el suelo" la que establece los límites de las intervenciones militares estadounidenses.
Por todo ello, es inimaginable que, en la situación actual, uno o varios países de Europa Occidental pasen a la ofensiva como ha hecho Rusia en Ucrania.
De la misma manera que explicamos las razones de la no implicación del proletariado de Europa Occidental en los conflictos bélicos desde finales de los años 60, es necesario entender por qué el proletariado de algunos países se implicó directamente en la guerra, como en Ucrania, o no se opuso a ella, como en Rusia.
En los años 80, el proletariado industrial de la URSS era uno de los más grandes del mundo. Los trabajadores del Donbass en Ucrania protagonizaron luchas que podrían hacer pensar que el proletariado del Este estaba tomando la iniciativa. El punto álgido se alcanzó con las luchas de Polonia en 1970, 1976 y 1980, en las que se produjeron las movilizaciones masivas que hemos mencionado anteriormente. En esta parte del mundo, en cambio, el peso de la contrarrevolución encarnada por la existencia de regímenes políticos totalitarios -aunque rígidos y frágiles- hacía al proletariado mucho más vulnerable a las mistificaciones democráticas, sindicales, nacionalistas e incluso religiosas.
En el verano de 1989, 500.000 mineros del Donbass (Ucrania) y del sur de Siberia (la URSS aún existía y Ucrania formaba parte de ella) lucharon por sus reivindicaciones en su terreno de clase en el mayor movimiento desde 1917. Pero el movimiento estaba entonces marcado (como fue el caso de la lucha en Polonia en 1980) por ilusiones democráticas que acabaron por llevar a los callejones sin salida de la lucha contra el totalitarismo, de la exigencia de "autonomía" de las empresas para que pudieran vender la parte del carbón no entregada al Estado[10].
Ante el derrumbe del bloque estalinista, en lugar de luchas de clase masivas del proletariado, vimos movimientos marcados por el peso del nacionalismo separatista frente a la URSS y por las ilusiones democráticas. Las mismas debilidades marcaron el caos que reinaba en la Federación Rusa en los años 90.
Uno de los elementos más significativos de la debilidad del proletariado en el Este fue la incapacidad, ante los momentos más fuertes de la lucha de clases como en Polonia en 1980, de provocar una reflexión por parte de las minorías que les permitiera orientarse hacia las posiciones de la izquierda comunista.
El proletariado ucraniano está muy poco desarrollado. De hecho, fuera de la cuenca minera y de los pocos centros industriales de Kiev, Járkov o Dniepropetrovsk, predomina la agricultura a pequeña escala. Esta situación se acentuó aún más en la década de 1990, como informamos en un artículo publicado en 2006:
"Según el censo de 1989, en el momento en que el nivel de urbanización de Ucrania alcanzó su máximo, el 33,1% de la población del país vivía en el campo. De las dieciséis regiones que apoyarían a la Facción Naranja (sin incluir Kiev), sólo en tres de ellas esta proporción era inferior al 41%. En cinco regiones se sitúa entre el 43 y el 47%, y en ocho supera el 50%, en algunos casos de forma significativa (Ternopol Oblast 59,2%; Zakarpat Oblast 58,9%). En los años 90, la situación no hizo más que empeorar: la industria fue destruida, el nivel cultural de la población disminuyó, los trabajadores tuvieron que recurrir a sus huertos para sobrevivir y empezaron a volver a trabajar la tierra, para restablecer sus relaciones sociales con los pueblos donde también tienen muchas familias. También aumentó enormemente la influencia del ambiente pequeñoburgués rural"[11].
Sin embargo, en 1993, tras la independencia de Ucrania, los trabajadores de la región industrial de Pridneprovie consiguieron movilizarse en su terreno de clase, forzando la dimisión del presidente Kuchma y la celebración de elecciones generales. Pero, ya en 2004, el proletariado se vio arrastrado a las huelgas patronales y a la lucha entre fracciones de la burguesía en la llamada "revolución naranja" donde se impuso el enfrentamiento entre la opción pro rusa y la pro estadounidense. Desde la ocupación rusa de Crimea en 2014, esta situación ya ha provocado enfrentamientos armados en los que se han visto envueltos los proletarios.
Ante la actual guerra en Ucrania, hay una movilización de la población, incluyendo el proletariado. La "defensa de la patria" ha primado sobre cualquier otra consideración.
La importancia del proletariado de Rusia para el proletariado mundial es mayor que la del proletariado de Ucrania. Y si se le puede aplicar todo lo que dijimos sobre las debilidades del proletariado en los países del Este, sin embargo no se ha movilizado directamente en los enfrentamientos entre fracciones de la burguesía; aunque ciertamente hay un peso importante de las ilusiones democráticas, que la llegada de Putin y la imposición de un nuevo totalitarismo han reforzado considerablemente.
Sin embargo, a pesar de estas debilidades, este proletariado no era movilizable. Esta es tanto la causa como la consecuencia de la desintegración del Ejército Rojo en Afganistán: "las autoridades no pueden contar con la obediencia del propio Ejército "Rojo". En el Ejército Rojo, los soldados pertenecientes a las distintas minorías que ahora reclaman la independencia están cada vez menos dispuestos a dejarse matar para garantizar el control ruso sobre estas minorías. Además, los propios rusos son cada vez más reacios a asumir este tipo de trabajo. Así lo demostraron manifestaciones como la de Krasnodar, en el sur de Rusia, el 19 de enero, cuyos lemas dejaban claro que la población no está dispuesta a aceptar un nuevo Afganistán, y que obligaron a las autoridades a liberar a los reservistas movilizados unos días antes”[12].
En Rusia, la guerra aún no implica la movilización de toda la población y si se reclutan soldados "de reemplazo" entre la población, es bajo la apariencia de participación en "maniobras militares". La sola mención de la guerra está censurada en los medios de comunicación rusos, que sólo hablan de una "operación especial" en Ucrania. Y en contraste con la atmósfera de patriotismo en Ucrania, no se conocen manifestaciones de apoyo público a la guerra en Rusia (aparte, por supuesto, de las ceremonias oficiales orquestadas por la camarilla de Putin).
Sin embargo, por las razones expuestas, actualmente no existe la posibilidad de que el proletariado de Rusia tenga por sí solo la fuerza para poner fin a la guerra, y su futura respuesta a la situación sigue siendo difícil de predecir con exactitud.
Durante el período que va de 1968/80 hasta el derrumbe del bloque del Este y la dislocación del Oeste, el desarrollo de la combatividad y la reflexión del proletariado mundial, en los países centrales en particular, se había producido dentro de una dinámica hecha de la sucesión de tres oleadas de luchas, las dos primeras momentáneamente detenidas por las maniobras y estrategias de la burguesía para enfrentarlas. La tercera ola, por su parte, se encontró con las consecuencias del colapso del bloque del Este, provocando un profundo retroceso de la lucha de clases debido a las campañas de la burguesía sobre la "muerte del comunismo" y también a las condiciones más difíciles de la lucha de clases en la fase de descomposición[13] del capitalismo así abierta. En efecto, como ya hemos subrayado, la descomposición del capitalismo afecta profundamente a las dimensiones esenciales de la lucha de clases: - la acción colectiva, la solidaridad; - la necesidad de organización; - las relaciones que sustentan toda la vida en sociedad, desestructurándolas; - la confianza en el futuro y en las propias fuerzas; - la conciencia, la lucidez, la coherencia y la unidad de pensamiento, el gusto por la teoría[14].
A pesar de estas dificultades, la clase obrera no ha desaparecido, como demuestran varios intentos de la lucha de clases por abrirse paso: 2003 (sector público en Europa, en Francia en particular; 2006 (lucha contra el CPE en Francia: Movilización de las jóvenes generaciones de la clase obrera contra la precariedad); 2011 (Movilización de los "indignados" que atestigua un esbozo de reflexión global sobre la quiebra del capitalismo); 2019 (Movilización en Francia contra la reforma de las pensiones); finales de 2021/principios de 2022 (Aumento de la cólera y desarrollo de la combatividad en Estados Unidos, Irán, Italia, Corea a pesar del efecto asfixiante causado por la pandemia)[15].
Cualesquiera que sean las dificultades a las que se ha enfrentado el proletariado durante todo este periodo, en particular desde 1990, no ha sufrido ninguna derrota en los principales países industrializados, lo que implica que podrá retomar su lucha de clases para llevarla a un nivel superior ante la oleada de ataques sin precedentes que afectará cada vez más gravemente a todas sus fracciones en todos los países del mundo, en todos los sectores.
El estallido de la guerra a las puertas de Europa vuelve a alertar al proletariado mundial sobre lo que los revolucionarios ya habían señalado ante la Primera Guerra Mundial: mientras el capitalismo no sea derrocado, la humanidad estará amenazada con las peores catástrofes y, en última instancia, con la extinción. "Friedrich Engels dijo una vez: "La sociedad burguesa se enfrenta a un dilema: o la transición al socialismo o la recaída en la barbarie". Pero, ¿qué significa una "recaída en la barbarie" en el grado de civilización que conocemos hoy en Europa? (...) Miremos a nuestro alrededor en este mismo momento, y comprenderemos lo que significa una recaída de la sociedad burguesa en la barbarie. El triunfo del imperialismo conduce a la aniquilación de la civilización - esporádicamente durante la duración de una guerra moderna y definitivamente si el período de guerras mundiales que está comenzando se prolongara sin obstáculos hasta sus últimas consecuencias" (La crisis de la socialdemocracia - 1915; Rosa Luxemburgo). En la época actual, el dilema al que se enfrenta la sociedad es más precisamente "el socialismo o la desaparición de la humanidad".
Por eso, la actitud de la vanguardia revolucionaria ante la Primera Guerra Mundial debe ser absolutamente una fuente de inspiración hoy para la defensa del internacionalismo consecuente, que sólo tiene sentido con el énfasis en la necesidad de derrocar al capitalismo.
El internacionalismo proletario no es, como ha demostrado la experiencia del hundimiento de la Segunda Internacional ante la guerra mundial, una declaración de intenciones o una consigna pacifista. El internacionalismo proletario es la defensa de la guerra de clases contra la guerra imperialista y la defensa de la tradición histórica de los principios del movimiento obrero, encarnados por la izquierda comunista. La conferencia de Zimmerwald[16] -en particular los debates y confrontaciones de las diferentes posiciones en esta conferencia y la clarificación política que resultó de ella- debe constituir hoy una fuente de inspiración para que los revolucionarios consecuentes asuman sus responsabilidades tanto en el reagrupamiento de las fuerzas auténticamente proletarias como en la confrontación abierta, fraternal e intransigente de las divergencias que existen entre ellas.
En este sentido es necesario aclarar que las condiciones a las que se enfrenta hoy el proletariado son diferentes a las del primer conflicto mundial para sacar las consecuencias de la intervención de los revolucionarios:
- Si el proletariado de Ucrania ha sufrido una profunda derrota y el de Rusia está en grandes dificultades, no es el caso del proletariado de otros países y en particular del proletariado de Europa Occidental.
- Sin embargo, todas las fracciones del proletariado mundial se vieron afectadas por este acontecimiento induciendo un profundo sentimiento de impotencia en sus filas. Apenas el proletariado comenzó a recuperarse del efecto de la pandemia, tuvo que recibir un segundo golpe, más duro que el primero y que inevitablemente tiene y tendrá consecuencias en su capacidad de movilización frente a los considerables ataques económicos que se le vienen encima. Aunque las huelgas ya se multiplican, no sabemos cuánto tiempo más tardará el proletariado en ponerse en marcha ante el diluvio de ataques.
- El proletariado no tendrá más remedio que emprender el camino histórico de su lucha de clases contra las consecuencias de la explotación. A través de estas luchas podrá recuperar la conciencia (perdida con las campañas sobre la muerte del comunismo) de ser una clase distinta y antagónica al capitalismo, pudiendo contar sólo con la solidaridad de sus diferentes partes, con su unidad... y comenzará a encontrar el camino hacia la conciencia -abierta con Mayo 68 en Francia y las movilizaciones que siguieron en el mundo- de los medios, los objetivos y lo que está en juego en su lucha.
- La Primera Guerra Mundial había sido un factor de concienciación sobre la necesidad de derrocar el capitalismo y, al mismo tiempo, un factor de movilización. Sin embargo, tal movilización sólo se expresó realmente (en particular las fraternizaciones, las movilizaciones de las mujeres trabajadoras, etc.) cuando pudo ser respaldada por un poderoso movimiento del proletariado desde la retaguardia, desde los lugares de trabajo, en defensa de sus condiciones de vida.
- Sería engañar y confundir gravemente al proletariado dejar creer que sus fracciones en Ucrania o en Rusia pueden hoy movilizarse contra la guerra. Esto sólo puede conducir a una sobreestimación irresponsable de las posibilidades abiertas al proletariado en estos dos países. Además, tal consigna contribuye en la actual situación mundial a desviar al proletariado mundial de su tarea de derrocar al capitalismo desarrollando su lucha de clases contra los ataques del capitalismo en crisis. Esto representa condiciones mucho más favorables para la revolución que la guerra, ya que la burguesía no puede detener el desarrollo de su crisis económica, mientras que puede poner fin a la guerra, concluyendo la paz, y así desarmar la dinámica revolucionaria, dividiendo al proletariado de los países vencedores y vencidos, como fue el caso de la ola revolucionaria mundial de la primera posguerra.
- La consigna del "derrotismo revolucionario" tiene el mismo defecto de desviar al proletariado mundial de la revolución mundial contra el capitalismo en crisis. A esto se suma otro defecto de abogar por diferentes tácticas para diferentes fracciones nacionales del proletariado ante la guerra. Si algunos de ellos deben desear la derrota de su propia burguesía, para acelerar el proceso revolucionario, no puede ser lo mismo para los proletarios del campo contrario. Por lo tanto, no es casualidad que esta consigna sea tan querida por los izquierdistas y otros belicistas imperialistas que explotan un error de Lenin que entonces era bastante secundario en el contexto de su consecuente internacionalismo"[17].
En 1981, la capacidad de la burguesía mundial de infligir una derrota al proletariado polaco explotando las ilusiones democráticas y sindicales de esta fracción del proletariado mundial llevó a la CCI a criticar la teoría de Lenin del eslabón más débil de la cadena imperialista, según la cual un país con una burguesía menos desarrollada tiene las mejores posibilidades de una revolución victoriosa. Lo cierto es lo contrario. Corresponderá al proletariado de Europa Occidental enfrentarse a las fracciones mundiales más experimentadas de la burguesía. Del resultado de esta confrontación dependerá la conflagración revolucionaria mundial.
Silvio julio 2022
[1] Ver nuestro artículo El proletariado de Europa Occidental en una posición central de la generalización de la lucha de clases https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/855/el-proletariado-de-europa-occidental-en-una-posicion-central-de-la- [81]
[2] Ver Dossier sobre la Comuna de París en su 150 aniversario https://es.internationalism.org/content/4698/dossier-sobre-la-comuna-de-paris-en-su-150-aniversario [326]
[3] Leer nuestro artículo Huelga de masas en Polonia 1980: se abre una nueva brecha https://es.internationalism.org/revista-internacional/198007/2307/huelga-de-masas-en-polonia-se-ha-abierto-una-nueva-brecha [327], Revista Internacional nº 23
[4] Leer nuestro artículo Después de la represión en Polonia: perspectivas para las luchas de clase mundial.
. Revista Internacional n° 29
[5] En la sociedad estadounidense, el término Frontera tiene un significado específico que se refiere a su historia. A lo largo del siglo XIX, uno de los aspectos más importantes del desarrollo de Estados Unidos fue la expansión hacia el oeste del capitalismo industrial, que dio lugar al asentamiento en estas regiones por parte de poblaciones compuestas principalmente por personas de ascendencia europea o africana, a expensas, por supuesto, de las tribus indígenas nativas. La esperanza de la Frontera ha dejado una fuerte huella en la mente y la ideología en América
[6] Las comunas de Shanghái y Cantón, aplastadas con a sangre y fuego en 1927 por el Kuomintang con la complicidad de la Internacional Comunista estalinista, sólo pudieron dejar minúsculas huellas en la memoria de la clase obrera. Será necesaria una considerable agitación social para que estas experiencias se conviertan en factores activos en el desarrollo de la conciencia de clase del proletariado en China. Ver China 1928-1949 (I) - Eslabón de la guerra imperialista https://es.internationalism.org/revista-internacional/200704/1823/china-1928-1949-i-eslabon-de-la-guerra-imperialista [230] y China, eslabón del imperialismo mundial, III - El maoísmo : un engendro burgués https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1193/china-eslabon-del-imperialismo-mundial-iii-el-maoismo-un-engendro- [328]
[7] Como las luchas en Argentina en 1969 (El Cordobazo), en Egipto, en Sudáfrica tanto bajo el Apartheid así como con Nelson Mandela, ...
[8] Leer nuestro artículo Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases (2019) https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019 [17] ; Revista Internacional n° 164.
Hace cincuenta años, mayo del 68, parte 2 - Los avances y retrocesos de la lucha de clases desde 1968 https://es.internationalism.org/content/4347/hace-50-anos-mayo-68-2a-parte-los-avances-y-retrocesos-de-la-lucha-de-clases [329] ; Revista Internacional n° 161
[9]Detención de Saddam Hussein, conversaciones de paz sobre Palestina: No habrá paz en Oriente Medio Revista Internacional n° 116 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200704/1870/captura-de-sadam-husein-discusiones-por-la-paz-en-palestina-no-hab [330]
[10] Editorial: China, Polonia, Oriente Medio, huelgas en la URSS y EEUU; Revista Internacional 59 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200801/2164/convulsiones-capitalistas-y-luchas-obreras [331]
[11] Sobre la "Revolución Naranja" en Ucrania: la cárcel del autoritarismo y la trampa de la democracia. Revista Internacional nº 126 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1048/sobre-la-revolucion-naranja-en-ucrania-la-carcel-del-autoritarismo [332]
[12] Leer nuestro artículo Tras el hundimiento del bloque del Este, desestabilización y caos https://es.internationalism.org/revista-internacional/200712/2114/tras-el-hundimiento-del-bloque-del-este-inestabilidad-y-caos [31] ; Revista internacional n° 61
[13] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
[14] “Los diferentes factores que son la fuerza del proletariado chocan directamente con las diferentes facetas de la descomposición ideológica : (-) la acción colectiva, la solidaridad, encuentran frente a ellas la atomización, el "sálvese quien pueda", el "arreglárselas por su cuenta" ; (-) la necesidad de organización choca contra la descomposición social, la dislocación de las relaciones en que se basa cualquier vida en sociedad ; (-) la confianza en el porvenir y en sus propias fuerzas se ve minada constantemente por la desesperanza general que invade la sociedad, el nihilismo, el "no future" ; (-) la conciencia, la clarividencia, la coherencia y unidad de pensamiento, el gusto por la teoría, deben abrirse un difícil camino en medio de la huida hacia quimeras, drogas, sectas, misticismos, rechazo de la reflexión y destrucción del pensamiento que están definiendo a nuestra época” (tesis 13 de las Tesis sobre la Descomposición).
[15]Hoja internacional de la CCI, ¡Contra los ataques de la burguesía, necesitamos una lucha unida y masiva! https://es.internationalism.org/content/4773/hoja-internacional-de-la-cci-contra-los-ataques-de-la-burguesia-necesitamos-una-lucha [333]
[16] Zimmerwald (1915-1917): de la guerra a la revolución https://es.internationalism.org/content/4809/conferencia-de-zimmerwald-una-referencia-indispensable-para-la-defensa-del [334]
[17] "Esta consigna fue planteada por Lenin durante la Primera Guerra Mundial. Respondía al deseo de denunciar las tergiversaciones de los elementos "centristas" que, aunque estaban de acuerdo "en principio" en rechazar toda participación en la guerra imperialista, abogaban sin embargo por esperar a que los trabajadores de los países "enemigos" estuvieran dispuestos a participar en la lucha contra ella antes de llamar a los de "su" país a hacer lo mismo. En apoyo de esta posición, esgrimen el argumento de que, si los proletarios de un país se adelantan a los de los países enemigos, favorecerán la victoria de estos últimos en la guerra imperialista. En respuesta a este "internacionalismo" condicional, Lenin replicó con razón que la clase obrera de un país no tenía ningún interés en común con "su" burguesía, precisando, en particular, que la derrota de ésta sólo podía favorecer su lucha, como ya habíamos visto con la Comuna de París (resultante de la derrota contra Prusia) y con la revolución de 1905 en Rusia (derrotada en la guerra contra Japón). A partir de esta observación, concluyó que cada proletariado debía "desear" la derrota de "su" propia burguesía. Esta última posición ya era errónea en su momento, pues llevaba a los revolucionarios de cada país a reclamar para "su" proletariado las condiciones más favorables para la revolución proletaria, cuando era a nivel mundial y, en primer lugar, en los grandes países avanzados (que estaban todos implicados en la guerra) donde debía producirse la revolución. Sin embargo, en Lenin, la debilidad de esta posición nunca llevó a cuestionar el internacionalismo más intransigente". Polémica: el medio político proletario ante la guerra del Golfo; Revista Internacional nº 64
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La CCI adoptó las tesis sobre "La descomposición, fase final de la decadencia capitalista" (Revista Internacional núm. 1071) en mayo de 1990, unos meses después de la caída del bloque del Este que precedió al colapso de la Unión Soviética. La trampa tendida por Estados Unidos a Saddam Hussein, que le llevó a invadir Kuwait a principios de agosto de 1990, y la posterior concentración de fuerzas estadounidenses en Arabia Saudí fueron una primera consecuencia de la desaparición del bloque oriental, el intento de la potencia estadounidense de cerrar las filas de la Alianza Atlántica amenazada de desintegración por la desaparición de su adversario oriental. A raíz de estos acontecimientos, que preparaban la ofensiva militar contra Irak por parte de los principales países occidentales bajo el liderazgo de Estados Unidos, la CCI debatió y adoptó un documento político sobre "Militarismo y descomposición" en octubre de 1990 (Revista Internacional nº 642), que era un complemento de las Tesis de Descomposición.
En el 22º Congreso Internacional de 2017, la CCI aprobó una actualización de las tesis sobre la descomposición ("Informe sobre la descomposición hoy", Revista Internacional nº 1643) que básicamente confirmaba el texto aprobado 27 años antes. Hoy, la guerra de Ucrania nos lleva a elaborar un documento complementario sobre la cuestión del militarismo, similar al de octubre de 1990, del que constituye una actualización. Este paso es tanto más necesario cuanto que el error que cometimos al no prever el estallido de esta guerra se debió a un olvido por nuestra parte del marco de análisis que la CCI se había dado durante varias décadas sobre la cuestión de la guerra en el período de decadencia del capitalismo.
1) El texto de 1990 "Militarismo y descomposición", en su punto 1, nos recuerda el carácter vivo del método marxista y la necesidad de confrontar permanentemente los análisis que hemos podido hacer en el pasado con las nuevas realidades que se nos presentan, bien para criticarlos, bien para confirmarlos, bien para ajustarlos y aclararlos. No es necesario volver a ello en el presente texto. Por otra parte, frente a las interpretaciones erróneas de la guerra actual en Ucrania que nos proporcionan algunos "expertos" burgueses pero también la mayoría de los grupos del Medio Político Proletario (MPP), es útil volver a las bases del método marxista sobre la cuestión de la guerra, y más generalmente sobre el materialismo histórico.
En la base está la idea de que: "En la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas y necesarias, independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. La situación económica es la base, pero los diversos elementos de la superestructura - las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, - las constituciones establecidas una vez ganada la batalla por la clase victoriosa, etc., - las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las concepciones religiosas y su posterior desarrollo en sistemas dogmáticos, también ejercen su acción en el curso de las luchas históricas, y en muchos casos determinan predominantemente su forma. Hay acción y reacción de todos estos factores dentro de los cuales el movimiento económico acaba abriéndose paso como una necesidad a través de la infinita cantidad de contingencias (...)".
Obviamente, no se puede pedir a los "expertos" burgueses que se basen en el método marxista. Por otra parte, es triste constatar que muchas organizaciones que se declaran explícitamente marxistas y que defienden efectivamente este método con respecto a los principios fundamentales del movimiento obrero, como el internacionalismo proletario, no siguen la visión de Engels sobre las causas de las guerras, sino la que él critica. Así, en relación con la Guerra del Golfo de 1990-91, leemos lo siguiente: "Estados Unidos definió sin tapujos el "interés nacional americano" que le hizo actuar: garantizar un suministro estable de petróleo producido en el Golfo a un precio razonable: el mismo interés que le hizo apoyar a Irak contra Irán le hace ahora apoyar a Arabia Saudí y a las petro monarquías contra Irak." (Folleto del PCI - El Proletario) O también: "De hecho, la crisis del Golfo es realmente una crisis por el petróleo y por quien lo controla. Sin petróleo barato, los beneficios caerán. Los beneficios del capitalismo occidental están amenazados y es por esta razón y no otra por la que EEUU está preparando un baño de sangre en Oriente Medio..." (Folleto de la CWO, sección de la Tendencia Comunista Internacionalista en el Reino Unido). Un análisis completado por la sección de la TCI en Italia, Battaglia Comunista: "El petróleo, presente directa o indirectamente en casi todos los ciclos productivos, tiene un peso determinante en el proceso de formación de la renta de monopolio y, en consecuencia, el control de su precio es de vital importancia (...). Con una economía que muestra claramente signos de recesión, una deuda pública de proporciones asombrosas, un aparato productivo con un fuerte déficit de productividad en comparación con sus competidores europeos y japoneses, Estados Unidos no puede permitirse en absoluto en estos momentos perder el control de una de las variables fundamentales de toda la economía mundial: el precio del petróleo”. Lo que ha sucedido durante más de 30 años en Oriente Medio ha desmentido ese análisis. Las diversas aventuras de EEUU en esta región (como la guerra iniciada en 2003 por la administración Bush junior) han tenido un coste económico para la burguesía estadounidense incomparablemente mayor que todo lo que ha ganado con el control del precio del petróleo (si es que ha podido ejercer dicho control gracias a estas guerras).
Esta preeminencia de la base material económica sobre otros aspectos de la vida de la sociedad se ha interpretado a menudo de forma mecánica y reduccionista. Es un hecho que Engels constata y critica en una carta a Joseph Bloch de septiembre de 1890 (y en muchos otros textos): "Según la concepción materialista de la historia, el factor determinante de ésta es, en última instancia, la producción y reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos dicho nunca más. Si, pues, alguien deforma esta proposición para hacerla decir que el factor económico es el único determinante, la convierte en una frase vacía, abstracta y absurda”.
Hoy, la guerra en Ucrania no puede tener objetivos económicos directos. Ni para Rusia, que inició las hostilidades el 24 de febrero de 2022, ni para Estados Unidos, que durante más de dos décadas ha aprovechado el debilitamiento de Rusia tras la caída de su imperio en 1989 para impulsar la expansión de la OTAN hasta sus fronteras. Si Rusia consigue establecer el control sobre nuevas partes de Ucrania, tendrá que hacer frente a enormes gastos para reconstruir las zonas que está asolando. Además, a largo plazo, las sanciones económicas que están aplicando los países occidentales debilitarán aún más su ya débil economía. Por parte de Occidente, estas mismas sanciones también tendrán un coste considerable, por no hablar de la ayuda militar a Ucrania, que ya asciende a decenas de miles de millones de dólares. De hecho, la guerra actual es una ilustración más del análisis que hace la CCI de la cuestión de la guerra en el período de decadencia del capitalismo y especialmente en la fase de descomposición que constituye la culminación de esta decadencia.
2) Desde principios del siglo XX, el movimiento obrero ha destacado el imperialismo y la guerra imperialista como la manifestación más significativa de la entrada del modo de producción capitalista en su fase de declive histórico, su decadencia. Este cambio de época histórica supuso un cambio fundamental en las causas de las guerras. La Izquierda Comunista de Francia ha precisado de manera radiante las características de esta modificación:
"en la época del capitalismo ascendente, las guerras (nacionales, coloniales y de conquista imperialista) expresaban la marcha ascendente de la fermentación, el fortalecimiento y la ampliación del sistema económico capitalista. La producción capitalista encontró en la guerra la continuación de su política económica por otros medios. Cada guerra se justificaba y pagaba por sí misma abriendo un nuevo campo de mayor expansión, asegurando el desarrollo de una mayor producción capitalista.
En la era del capitalismo decadente, la guerra -como la paz- expresa esta decadencia y contribuye poderosamente a su aceleración.
Sería un error considerar la guerra como un fenómeno propio, negativo por definición, destructivo y un obstáculo para el desarrollo de la sociedad, en contraste con la paz, que se presentará como el curso positivo normal del desarrollo continuo de la producción y la sociedad. Esto introduciría un concepto moral en un curso objetivo y económicamente determinado.
La guerra fue el medio indispensable para que el capitalismo abriera las posibilidades de un mayor desarrollo, en un momento en que estas posibilidades existían y sólo podían abrirse por medio de la violencia. Del mismo modo, el colapso del mundo capitalista, habiendo agotado históricamente todas las posibilidades de desarrollo, encuentra en la guerra moderna, la guerra imperialista, la expresión de este colapso que, sin abrir ninguna posibilidad de desarrollo ulterior para la producción, no hace más que engullir las fuerzas productivas en el abismo y acumular ruina sobre ruina a un ritmo acelerado.
En el régimen capitalista no hay una oposición fundamental entre la guerra y la paz, pero sí hay una diferencia entre las dos fases ascendente y decadente de la sociedad capitalista y, por tanto, una diferencia en la función de la guerra (en la relación de la guerra y la paz) en las dos fases respectivas.
Mientras que en la primera fase la función de la guerra es asegurar una expansión del mercado, con vistas a una mayor producción de bienes de consumo, en la segunda fase la producción se orienta esencialmente a la producción de medios de destrucción, es decir, con vistas a la guerra. La decadencia de la sociedad capitalista encuentra su expresión más llamativa en el hecho de que de las guerras por el desarrollo económico (período ascendente), la actividad económica se limita esencialmente a la guerra (período decadente).
Esto no significa que la guerra se haya convertido en el objetivo de la producción capitalista, el objetivo sigue siendo siempre para el capitalismo la producción de plusvalía, pero sí significa que la guerra, adquiriendo un carácter de permanencia, se ha convertido en el modo de vida del capitalismo decadente. (Informe a la Conferencia de la Izquierda Comunista de Francia de julio de 1945, publicado “Las verdaderas causas de la Segunda Guerra Mundial”4)
Este análisis, formulado en 1945, ha demostrado ser fundamentalmente válido desde entonces, incluso en ausencia de una nueva guerra mundial. Desde entonces, el mundo ha vivido más de un centenar de guerras que han causado al menos tantas muertes como la Segunda Guerra Mundial. Una situación que continuó, e incluso se intensificó, tras el colapso del bloque del Este y el fin de la "Guerra Fría", que fue la primera gran manifestación de la entrada del capitalismo en su fase de descomposición. Nuestro texto de 1990 ya lo anunciaba: "La descomposición general de la sociedad constituye la última fase del período de decadencia del capitalismo. En este sentido, en esta fase no se cuestionan las características propias del periodo de decadencia: la crisis histórica de la economía capitalista, el capitalismo de Estado y, también, los fenómenos fundamentales del militarismo y el imperialismo. Además, en la medida en que la descomposición es la culminación de las contradicciones en las que el capitalismo se debate cada vez más desde el comienzo de su decadencia, las características de este período se agravan aún más en su fase final. (...) Así como el fin del estalinismo no pone en cuestión la tendencia histórica hacia el capitalismo de Estado, del que era una manifestación, la actual desaparición de los bloques imperialistas no puede implicar el más mínimo cuestionamiento del dominio del imperialismo sobre la vida de la sociedad. La diferencia fundamental es que mientras el fin del estalinismo corresponde a la eliminación de una forma particularmente aberrante de capitalismo de Estado, el fin de los bloques sólo abre la puerta a una forma aún más bárbara, aberrante y caótica de imperialismo." La Guerra del Golfo en 1990-91, las guerras en la antigua Yugoslavia a lo largo de la década de 1990, la guerra de Irak a partir de 2003, que duró 11 años, la guerra de Afganistán, que ha durado unos 20 años, y muchas otras guerras menores, especialmente en África, han confirmado este pronóstico.
Hoy, la guerra en Ucrania, es decir, en el corazón de Europa, ha venido a ilustrar una vez más esta realidad y a una escala mucho mayor. Es una confirmación elocuente de la tesis de la CCI sobre la completa irracionalidad de la guerra en la decadencia del capitalismo desde el punto de vista de los intereses globales de este sistema (véase el texto "Significado e impacto de la guerra en Ucrania", Revista Internacional nº 1685, aprobado en mayo de 2022).
3) De hecho, incluso si la distinción entre las guerras del siglo XIX y las del siglo XX, tal como se hace en el texto de 1945 del CGF, es perfectamente válida, incluso si la idea de que "La decadencia de la sociedad capitalista encuentra su viva expresión en el hecho de que de las guerras en vista del desarrollo económico (período ascendente), la actividad económica se restringe esencialmente en vista de la guerra (período decadente)" es globalmente correcta, no se puede atribuir una causa directamente económica a cada una de las guerras del siglo XIX. Por ejemplo, las guerras napoleónicas tuvieron un coste catastrófico para la burguesía francesa, que acabó por debilitarla considerablemente frente a la burguesía inglesa, facilitando el camino de esta última hacia su dominio a mediados del siglo XIX. Lo mismo ocurre con la guerra de 1870 entre Prusia y Francia. En este último caso, Marx (en el "Primer discurso del Consejo General sobre la guerra franco-alemana") utiliza el término "guerra dinástica" utilizado por los trabajadores franceses y alemanes para describir esta guerra. Del lado alemán, el rey de Prusia pretendía construir un imperio agrupando en torno a su corona a la multitud de pequeños estados germánicos que hasta entonces sólo habían conseguido formar una unión aduanera (Zollverein).
La anexión de Alsacia-Lorena fue el regalo de este matrimonio. Para Napoleón III, la guerra consistía fundamentalmente en reforzar una estructura política, el Segundo Imperio, amenazada por el desarrollo industrial de Francia. En el lado prusiano, más allá de las ambiciones del monarca, la guerra creó una unidad política de Alemania que sentó las bases para el pleno desarrollo industrial de ese país, mientras que en el lado francés fue totalmente reaccionaria. De hecho, el ejemplo de esta guerra ilustra perfectamente la presentación del materialismo histórico de Engels. Muestra las superestructuras de la sociedad, especialmente las políticas e ideológicas (la forma de gobierno y la creación del sentimiento nacional), que juegan un papel muy importante en el curso de los acontecimientos. Al mismo tiempo, se considera que la base económica de la sociedad es la responsable última de la realización del desarrollo industrial de Alemania y, por tanto, del capitalismo en su conjunto.
De hecho, los análisis que pretenden ser "materialistas" buscando una causa económica en todas las guerras olvidan que el materialismo marxista también es dialéctico. Y este "olvido" se convierte en un obstáculo considerable para la comprensión de los conflictos imperialistas de nuestro tiempo, que está precisamente marcado por el considerable refuerzo del militarismo en la vida de la sociedad.
4) El texto de 1990 "Militarismo y descomposición" dedica una parte importante al lugar que iba a ocupar el poderío estadounidense en los conflictos imperialistas del período que se iniciaba: "En el nuevo período histórico en el que hemos entrado, y los acontecimientos del Golfo acaban de confirmarlo, el mundo se presenta como una inmensa batalla campal, en la que la tendencia al "sálvese quien pueda" jugará a fondo, en la que las alianzas entre Estados no tendrán, ni mucho menos, el carácter de estabilidad que caracterizaba a los bloques, sino que estarán dictadas por las necesidades del momento. Un mundo de desorden asesino, de caos sangriento en el que el policía estadounidense tratará de garantizar un mínimo de orden mediante el uso cada vez más masivo y brutal de su poder militar”. Estados Unidos ha seguido desempeñando este papel de "policía mundial", en cierto modo, tras el colapso de su rival de la Guerra Fría, como se ha visto en Yugoslavia, en particular a finales de la década de 1990, y especialmente en Oriente Medio desde principios del siglo XXI (Afganistán e Irak, en particular). También han asumido este papel en Europa integrando a nuevos países en la organización militar que controlan, la OTAN, países que antes formaban parte del Pacto de Varsovia o incluso de la URSS (Bulgaria, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Rumanía, Eslovaquia). La cuestión que se planteó ya en 1990, con el fin del reparto del mundo entre el bloque occidental y el bloque oriental, fue la de la instauración de un nuevo reparto del mundo como había sucedido después de la Segunda Guerra Mundial: "Hasta ahora, en el período de la decadencia, nunca se ha prolongado una situación de dispersión de los antagonismos imperialistas, de ausencia de reparto del mundo (o de sus zonas decisivas) entre dos bloques. La desaparición de las dos constelaciones imperialistas surgidas de la Segunda Guerra Mundial trae consigo la tendencia a la recomposición de dos nuevos bloques. ("Tras el derrumbe del bloque del Este, desestabilización y caos", Revista Internacional nº 616) Al mismo tiempo, este texto señalaba todos los obstáculos que se oponen a dicho proceso, en particular el que representa la descomposición del capitalismo: "la tendencia a un nuevo reparto del mundo entre dos bloques militares se ve frustrada, e incluso puede verse definitivamente comprometida, por el fenómeno cada vez más profundo y generalizado de la descomposición de la sociedad capitalista, como ya hemos puesto de relieve". Este análisis fue desarrollado en el texto de orientación "Militarismo y descomposición" y, tres décadas después, la ausencia de tal división del mundo entre dos bloques militares lo ha confirmado. El texto "Significado e impacto de la guerra en Ucrania" desarrolla este tema, basándose en gran medida en el texto de 1990 para destacar que la reconstitución de dos bloques imperialistas que se reparten el planeta todavía no está en la agenda. Quizá convenga recordar lo que escribimos en 1990:
"... al comienzo del período de decadencia, y hasta los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, podía haber una cierta "paridad" entre los diferentes socios de una coalición imperialista, aunque siempre se sentía la necesidad de un líder. Por ejemplo, en la Primera Guerra Mundial no hubo una disparidad fundamental en el poder militar operativo entre los tres "vencedores": Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. Esta situación ya había cambiado drásticamente en la Segunda Guerra Mundial, cuando los "vencedores" quedaron bajo la estrecha dependencia de Estados Unidos, que tenía una considerable superioridad sobre sus "aliados". Se acentuó aún más durante todo el período de la "Guerra Fría" (que acaba de terminar), cuando cada jefe de bloque, los EE.UU. y la URSS, especialmente a través del control de las armas nucleares más destructivas, tenía una superioridad absolutamente abrumadora sobre los otros países de su bloque. La razón de esta tendencia es que, a medida que el capitalismo se hundía en la decadencia:
- lo que está en juego y la escala de los conflictos entre bloques es cada vez más global y general (cuantos más gánsteres haya que controlar, más poderoso tiene que ser el "capo");
- El armamento requiere inversiones cada vez más enormes (en particular, sólo los países muy grandes podrían proporcionar los recursos necesarios para construir un arsenal nuclear completo y dedicar recursos suficientes a la investigación de las armas más sofisticadas);
- y, sobre todo, las tendencias centrífugas entre todos los Estados, resultantes de la exacerbación de los antagonismos nacionales, no pueden sino aumentar.
Este último factor es como el capitalismo de Estado: cuanto más tienden a desgarrarse las distintas fracciones de una burguesía nacional con el agravamiento de la crisis que agita su competencia, más debe fortalecerse el Estado para poder ejercer su autoridad sobre ellas. Del mismo modo, cuantos más estragos causa la crisis histórica, y su forma abierta, más fuerte debe ser la cabeza de un bloque para contener y controlar las tendencias a su dislocación entre las diferentes fracciones nacionales que lo componen. Y está claro que en la última fase de la decadencia, la de la descomposición, tal fenómeno no puede sino agravarse a una escala considerable.
Es por este conjunto de razones, y sobre todo por la última, que la reconstitución de un nuevo par de bloques imperialistas no sólo no es posible durante muchos años, sino que es muy posible que no vuelva a producirse: la revolución o la destrucción de la humanidad ocurren antes de ese momento."
Hoy en día, este análisis sigue siendo totalmente válido, pero debemos señalar que en el texto de 1990 omitimos por completo considerar que China podría convertirse un día en una nueva cabeza de bloque, mientras que ahora está claro que este país se está convirtiendo en el principal rival de Estados Unidos. Detrás de esta omisión había un importante error de análisis: no habíamos considerado la posibilidad de que China se convirtiera en una gran potencia económica, lo cual es una condición para que un país pueda reclamar el papel de líder de un bloque imperialista. Esto es lo que la burguesía china ha entendido muy bien: sólo podrá competir con la burguesía estadounidense en el plano militar si adquiere una potencia económica y tecnológica capaz de apoyar su poderío militar, de lo contrario correrá la misma suerte que la Unión Soviética a finales de los años ochenta. Esta es una de las razones por las que, aunque China extiende cada vez más sus ambiciones militares (especialmente en relación con Taiwán), no puede todavía, y durante mucho tiempo, pretender reunir en torno a sí un nuevo bloque imperialista.
5) La guerra en Ucrania ha reavivado la preocupación por una tercera guerra mundial, especialmente con las posturas de Putin sobre las armas nucleares. Es importante señalar que se trata de la guerra mundial como de los bloques imperialistas. De hecho, una guerra mundial es la última fase de la constitución de los bloques. Más concretamente, es debido a la existencia de bloques imperialistas constituidos que una guerra que inicialmente sólo afecta a un número limitado de países degenera, mediante el juego de alianzas, en una conflagración generalizada. Así, el estallido de la Primera Guerra Mundial, cuyas causas históricas profundas fueron la agudización de las rivalidades imperialistas entre las potencias europeas, tomó la forma de una serie de situaciones en las que los distintos aliados fueron entrando en el conflicto: Austria-Hungría, con el apoyo de su aliada Alemania, quería aprovechar el asesinato del heredero al trono en Sarajevo el 28 de junio de 1914 para poner en jaque al Reino de Serbia, al que acusaban de azuzar el nacionalismo de las minorías serbias en el Imperio Austrohúngaro. Este país recibió inmediatamente el apoyo de su aliado ruso, que también había formado la "Triple Entente" con Gran Bretaña y Francia. A principios de agosto de 1914, todos estos países entraron en guerra entre sí, lo que llevó a otros estados como Japón, Italia en 1915 y Estados Unidos en 1917. Del mismo modo, en septiembre de 1939, cuando Alemania atacó a Polonia, fue la existencia de un tratado que databa de 1920 entre Polonia, el Reino Unido y Francia lo que llevó a estos dos países a declarar la guerra a Alemania, a pesar de que sus burguesías no deseaban especialmente ese conflicto, como se demostró un año antes con la firma del Acuerdo de Munich. El conflicto entre las tres principales potencias europeas se extendió rápidamente a todo el mundo. En la actualidad, el artículo 5 de los estatutos de la OTAN establece que un ataque a uno de sus miembros se considera un ataque a todos los aliados. Por eso los países que pertenecían al Pacto de Varsovia antes de 1989 (e incluso a la Unión Soviética, como los Estados bálticos) se unieron con entusiasmo a la OTAN: era una garantía de que la vecina Rusia no intentaría atacarlos. Una actitud que Finlandia y Suecia acaban de adoptar tras décadas de "neutralidad". Por eso también Putin no podía aceptar una situación en la que el Estado ucraniano corriera el riesgo de entrar en la OTAN, como estaba escrito en su constitución.
Por lo tanto, la ausencia de una división del mundo en dos bloques significa que una tercera guerra mundial no está en la agenda en la actualidad y puede que no lo esté nunca. Sin embargo, sería irresponsable subestimar la gravedad de la situación mundial. Como escribimos en enero de 1990:
"Por eso es fundamental señalar que, si la solución del proletariado -la revolución comunista- es la única que puede oponerse a la destrucción de la humanidad (que constituye la única "respuesta" que la burguesía puede dar a su crisis), esta destrucción no resultaría necesariamente de una tercera guerra mundial. También podría resultar de la continuación, hasta sus consecuencias extremas (catástrofes ecológicas, epidemias, hambrunas, guerras locales desatadas, etc.) de esta descomposición.
La alternativa histórica "Socialismo o Barbarie", tal y como la puso de manifiesto el marxismo, después de haberse concretado en la forma de "Socialismo o guerra mundial imperialista" durante la mayor parte del siglo XX, se había aclarado en la terrorífica forma de "Socialismo o Destrucción de la Humanidad" durante las últimas décadas debido al desarrollo de los armamentos atómicos. Hoy, tras el colapso del bloque del Este, esta perspectiva sigue siendo bastante válida. Pero hay que subrayar que esa destrucción puede provenir de la guerra imperialista generalizada O de la decadencia de la sociedad". ("Tras el colapso del bloque del Este, desestabilización y caos", Revista Internacional nº 61)
Las tres décadas transcurridas desde la adopción de este documento por parte de la CCI han dejado claro que, incluso al margen de una tercera guerra mundial, "las catástrofes ecológicas, las epidemias, las hambrunas y las guerras locales desatadas" son los cuatro jinetes del apocalipsis que amenazan la supervivencia de la humanidad.
6) El texto de orientación "Militarismo y descomposición" concluyó con una sección sobre "El proletariado frente a la guerra imperialista". Dada la importancia de esta cuestión, puede valer la pena citar grandes extractos de esta sección en lugar de parafrasearla:
"Más que nunca, por tanto, la cuestión de la guerra sigue siendo central en la vida del capitalismo. Por eso, más que nunca, es fundamental para la clase obrera. La importancia de esta cuestión no es obviamente nueva. Ya era central antes de la Primera Guerra Mundial (como demuestran los congresos internacionales de Stuttgart en 1907 y Basilea en 1912). Se volvió aún más decisivo, por supuesto, durante la primera matanza imperialista (como lo demuestra la lucha de Lenin, Rosa Luxemburg, Liebknecht y la revolución en Rusia y Alemania). Sigue siendo aguda entre las dos guerras mundiales, en particular durante la guerra de España, por no hablar de la importancia que adquiere durante el mayor holocausto de este siglo, entre 1939 y 1945. (...) De hecho, desde principios del siglo [XX], la guerra es la cuestión más decisiva a la que se enfrentan el proletariado y sus minorías revolucionarias, muy por delante de las cuestiones sindicales o parlamentarias, por ejemplo. Y sólo podría serlo en la medida en que la guerra constituye la forma más concentrada de la barbarie del capitalismo decadente, la que expresa su agonía y la amenaza que supone para la supervivencia de la humanidad.
En el período actual, en el que, aún más que en las décadas pasadas, la barbarie bélica (...) será un rasgo permanente y omnipresente de la situación mundial, implicando cada vez más a los países desarrollados (dentro de los límites que el proletariado de estos países podrá establecer), la cuestión de la guerra es aún más esencial para la clase obrera. La CCI ha dejado claro desde hace tiempo que, a diferencia del pasado, el desarrollo de la próxima ola revolucionaria no vendrá de la guerra sino del agravamiento de la crisis económica. Este análisis sigue siendo totalmente válido: las movilizaciones obreras, punto de partida de las grandes luchas de clase, provendrán de los ataques económicos. Asimismo, en el plano de la conciencia, el agravamiento de la crisis será un factor fundamental para revelar el impasse histórico del modo de producción capitalista. Pero, en este mismo nivel de conciencia, la cuestión de la guerra está llamada, una vez más, a desempeñar un papel de primer orden:
- al destacar las consecuencias fundamentales de este impasse histórico: la destrucción de la humanidad;
- al constituir la única consecuencia objetiva de la crisis, de la decadencia y de la descomposición que el proletariado puede ya limitar (frente a las otras manifestaciones de la descomposición) en la medida en que, en los países centrales, no se encuentra, por el momento, envuelto detrás de las banderas nacionalistas. (Punto 13)
"Es cierto que la guerra puede ser utilizada contra la clase obrera con mucha más facilidad que la propia crisis y los ataques económicos:
- puede fomentar el desarrollo del pacifismo;
- puede darle una sensación de impotencia, permitiendo a la burguesía colocar sus ataques económicos". (Punto 14)
Hoy, la guerra en Ucrania provoca efectivamente un sentimiento de impotencia entre los proletarios, cuando no conduce a un dramático enrolamiento y al triunfo del chauvinismo como ocurre en este país y también, en parte, en Rusia. En los países occidentales, permite incluso un cierto refuerzo de la ideología democrática gracias a los torrentes de propaganda transmitidos por los medios de comunicación "Main Stream". Veríamos un enfrentamiento entre el "mal", la "dictadura" (Putin), por un lado, y el "bien", la "democracia" (Zelensky y sus partidarios occidentales), por otro. Esta propaganda fue obviamente menos efectiva en 2003, cuando el "jefe" de la "Gran Democracia Americana", Bush hijo, hizo lo mismo que Putin al lanzar la guerra contra Irak (uso de una enorme mentira, violación del "derecho internacional" de la ONU, uso de armas "prohibidas", bombardeo de poblaciones civiles, "crímenes de guerra").
Dicho esto, es importante tener en cuenta el análisis que la CCI ha desarrollado en torno a la cuestión del "eslabón más débil", destacando la diferencia entre el proletariado de los países centrales, y en particular el de Europa Occidental, y el de los países de la periferia y del antiguo bloque "socialista" (véanse en particular nuestros artículos "El proletariado de Europa Occidental en el centro de la generalización de la lucha de clases, crítica de la teoría del eslabón más débil " en la Revista Internacional n° 317). La guerra entre Rusia y Ucrania pone de manifiesto la gran debilidad política del proletariado en estos países. La guerra actual también tendrá un impacto político negativo en el proletariado de los países centrales, pero no significa que el renacimiento de las ideas democráticas que experimenta lo paralice definitivamente. En particular, ya está sufriendo las consecuencias de esta guerra a través de los ataques económicos que acompañan al espectacular aumento de la inflación (que había comenzado antes del estallido de la guerra, pero que la guerra está acentuando). Necesariamente, tendrá que emprender el camino de la lucha de clases contra estos ataques.
"En la actual situación histórica, la intervención de los comunistas en el seno de la clase está determinada, además, obviamente, por la considerable agravación de la crisis económica y los consiguientes ataques al conjunto del proletariado, por:
- la importancia fundamental de la cuestión de la guerra;
- el papel decisivo de los revolucionarios para que la clase tome conciencia de la gravedad de lo que está en juego.
Por lo tanto, es importante que esta cuestión esté siempre en el primer plano de la propaganda revolucionaria. Y en períodos, como el actual, en que esta cuestión está en el primer plano inmediato de los asuntos internacionales, es importante que aprovechen la especial conciencia de los trabajadores sobre este tema dándole una prioridad y un énfasis especiales.
En particular, las organizaciones revolucionarias tendrán el deber de
- denunciar con la máxima virulencia la repulsiva hipocresía de los izquierdistas que, en nombre del "internacionalismo" y de la "lucha contra el imperialismo", piden en realidad el apoyo a uno de los campos imperialistas;
- arrastrar por el barro las campañas pacifistas que constituyen un medio privilegiado para desmovilizar a la clase obrera en su lucha contra el capitalismo arrastrándola por el terreno podrido del inter clasismo;
- subrayar la gravedad de las cuestiones que están en juego en el período actual, en particular comprendiendo plenamente todas las implicaciones de las considerables conmociones que acaba de sufrir el mundo, y en particular el período de caos en el que ha entrado". (Ibíd. Punto 15)
7) Estas orientaciones planteadas hace más de 30 años siguen siendo totalmente válidas en la actualidad. Pero, en nuestra propaganda frente a la guerra imperialista, también es necesario recordar nuestro análisis de las condiciones de la generalización de las luchas revolucionarias, análisis desarrollado notablemente en nuestro texto de 1981 "Las condiciones históricas de la generalización de la lucha de la clase obrera" (Revista Internacional n° 26). Durante décadas, los revolucionarios, basándose en los ejemplos de la Comuna de París (que siguió a la guerra franco-prusiana), de la revolución de 1905 en Rusia (durante la guerra ruso-japonesa), de 1917 en este mismo país, de 1918 en Alemania, consideraron que la guerra imperialista creaba las mejores condiciones para la revolución proletaria, o incluso que ésta sólo podía surgir de la guerra mundial. Este es un análisis que sigue estando muy extendido entre los grupos de la izquierda comunista, lo que explica en parte su incapacidad para entender la cuestión del curso histórico. Sólo la CCI ha cuestionado claramente este análisis y ha vuelto al análisis "clásico" desarrollado por Marx y Engels en su época (y en parte por Rosa Luxemburgo), considerando que la lucha revolucionaria del proletariado surgiría del colapso económico del capitalismo y no de la guerra entre estados capitalistas.
Los argumentos esgrimidos en apoyo de nuestro análisis pueden resumirse como sigue:
1. Si en un país la guerra provoca reacciones masivas del proletariado, la burguesía de ese país tiene una carta importante para tirar de la manta de esas reacciones: el cese de las hostilidades, la salida de la guerra. Esto es lo que ocurrió en noviembre de 1918 en Alemania, donde la burguesía, instruida por el ejemplo de la revolución en Rusia, firmó inmediatamente el armisticio con los países de la Entente pocos días después de la insurrección de los marineros del Báltico. Por otra parte, ninguna burguesía está en condiciones de superar las convulsiones económicas que estarían en el origen de la lucha masiva y generalizada del proletariado.
2. "... la guerra produce tanto vencedores como vencidos, al mismo tiempo que la rabia revolucionaria contra la burguesía, se produce también una tendencia revanchista en la población. Y esta tendencia revanchista penetra incluso en las filas de los revolucionarios, como lo demuestra la tendencia del "nacional-comunismo" en el K.A.P.D. y la lucha contra el Tratado de Versalles, que se convertirá en el eje de la propaganda del K.P.D. Peor aún es el efecto producido en los trabajadores de los países vencedores. Como ya ha demostrado la primera posguerra, y más aún la segunda, lo que prevalece, junto a una real y lenta reanudación de la lucha de clases, es un espíritu de lasitud, cuando no un delirio chauvinista del todo." (Ibíd.)
3. La burguesía ha aprendido las lecciones de la Primera Guerra Mundial y la ola revolucionaria que provocó. Por un lado, consideró que era necesario asegurar un aplastamiento político completo del proletariado en los países centrales antes de entrar en la Segunda Guerra Mundial. Esto lo consiguió con el establecimiento del terror nazi en el lado alemán y la incitación antifascista en el lado aliado. Por otra parte, la clase dominante adoptó múltiples medidas para impedir o cortar de raíz cualquier levantamiento proletario durante o al final de la guerra, especialmente en los países derrotados. "En Italia, donde el peligro era mayor [tras las batallas obreras que afectaron al Norte industrial a partir de marzo de 1943], la burguesía (...) se apresuró a cambiar de régimen y luego de alianzas [El Rey depuso a Mussolini y lo sustituyó por el almirante pro aliado Badoglio]. En otoño de 1943, Italia estaba dividida en dos, el sur en manos de los aliados, el resto ocupado por los nazis. Siguiendo el consejo de Churchill ("hay que dejar que Italia se cueza en sus propios jugos"), los aliados retrasaron su avance hacia el norte, consiguiendo así un doble resultado: por un lado, se dejó que el ejército alemán reprimiera el movimiento proletario; por otro, se encomendó a las fuerzas "antifascistas" la tarea de desviar ese mismo movimiento del terreno de la lucha anticapitalista al de la lucha antifascista. (...) En Alemania (...) la burguesía mundial está llevando a cabo una acción sistemática para evitar que vuelvan a producirse acontecimientos similares a los de 1918-19. En primer lugar, poco antes del final de la guerra, los aliados procedieron a un exterminio masivo de las poblaciones de los barrios obreros mediante bombardeos sin precedentes de grandes ciudades como Hamburgo o Dresde (...). Estos objetivos no tienen ningún valor militar (además, los ejércitos alemanes ya están en plena huida): se trata realmente de aterrorizar e impedir cualquier organización del proletariado. En segundo lugar, los Aliados rechazaron cualquier idea de armisticio hasta que no hubieran ocupado todo el territorio alemán: querían administrar este territorio directamente, sabiendo que la burguesía alemana derrotada podría no ser capaz de controlar la situación por sí sola. Finalmente, tras la capitulación de ésta, y en estrecha colaboración con ella, los aliados retuvieron a los prisioneros de guerra alemanes durante muchos meses para evitar la mezcla explosiva que podría haber provocado su encuentro con la población civil. En Polonia, durante la segunda mitad de 1944, fue el Ejército Rojo el que dejó a las fuerzas nazis el trabajo sucio de masacrar a los obreros insurgentes de Varsovia: el Ejército Rojo esperó durante meses, a pocos kilómetros de la ciudad, a que las tropas alemanas sofocaran la revuelta. Lo mismo ocurrió en Budapest a principios de 1945". ("Lucha de clases contra la guerra imperialista: luchas obreras en Italia 1943", Revista Internacional nº 758)
4. La emergencia revolucionaria del proletariado durante la Primera Guerra Mundial se vio favorecida por las características de ésta: predominio de los enfrentamientos entre soldados de infantería, guerra de trincheras que facilitaba las confraternizaciones entre los soldados de los dos bandos que se encontraban durante largos períodos a pocos metros de distancia. La Segunda Guerra Mundial no adoptó la forma de una guerra de trincheras, sino que se caracterizó por el uso masivo de medios mecánicos y tecnológicos, en particular el blindaje y la aviación, tendencia que no ha hecho más que acentuarse desde entonces, ya que los Estados recurren cada vez más a ejércitos profesionales capaces de utilizar armas cada vez más sofisticadas, lo que limita enormemente las posibilidades de confraternización directa entre los combatientes de ambos bandos. Finalmente, "last but not least", una tercera guerra mundial apelaría, en un momento u otro, a las armas nucleares, lo que evidentemente resuelve radicalmente la cuestión de la posibilidad de una emergencia proletaria en su seno.
8) En el pasado hemos criticado la consigna del "derrotismo revolucionario". Esta consigna fue planteada durante la Primera Guerra Mundial, en particular por Lenin, y se basaba en una preocupación fundamentalmente internacionalista: la denuncia de las mentiras difundidas por los social chovinistas que afirmaban que era necesario que su país obtuviera la victoria antes de permitir que los proletarios de ese país emprendieran la lucha por el socialismo. Frente a estas mentiras, los internacionalistas señalaron que no era la victoria de un país lo que favorecía la lucha de los proletarios de ese país contra su burguesía sino, por el contrario, su derrota (como ilustran los ejemplos de la Comuna de París tras la derrota de Prusia y de la Revolución de 1905 tras la debacle de Rusia contra Japón). Posteriormente, esta consigna de "derrotismo revolucionario" se interpretó como el deseo del proletariado de cada país de ver derrotada a su propia burguesía para favorecer la lucha por su derrocamiento, lo que obviamente da la espalda a un verdadero internacionalismo. En realidad, el propio Lenin (que en 1905 había saludado la derrota de Rusia ante el Japón) planteó sobre todo la consigna de "transformar la guerra imperialista en una guerra civil", que constituía una concreción de la enmienda que, junto con Rosa Luxemburg y Mártov, había presentado y adoptado en el Congreso de la Internacional Socialista de Stuttgart en 1907: "En caso de que estalle la guerra, sin embargo, [los partidos socialistas] tienen el deber de interceder para ponerle fin rápidamente y utilizar con todas sus fuerzas la crisis económica y política creada por la guerra para agitar a las capas populares más profundas y precipitar la caída de la dominación capitalista. "
La revolución en Rusia en 1917 fue una brillante concreción de la consigna "transformación de la guerra imperialista en guerra civil": los proletarios volvieron contra sus explotadores las armas que éstos les habían confiado para masacrar a sus hermanos de clase en otros países. Dicho esto, como hemos visto anteriormente, aunque no se excluye que los soldados puedan volver sus armas contra sus oficiales (durante la guerra de Vietnam, sucedió que soldados estadounidenses mataron "accidentalmente" a sus superiores), tales hechos sólo podrían ser de escala muy limitada y no podrían constituir de ninguna manera la base de una ofensiva revolucionaria. Por eso, en nuestra propaganda, no debemos plantear la consigna del "derrotismo revolucionario", ni tampoco la de "transformar la guerra imperialista en guerra civil".
De manera más general, es responsabilidad de los grupos de la izquierda comunista hacer un balance de la posición de los revolucionarios frente a la guerra en el pasado, poniendo de relieve lo que sigue siendo válido (la defensa de los principios internacionalistas) y lo que ya no lo es (las consignas "tácticas"). En este sentido, si la consigna de "transformar la guerra imperialista en una guerra civil" no puede constituir una perspectiva realista desde ahora, es necesario, por otra parte, subrayar la validez de la enmienda adoptada en el Congreso de Stuttgart de 1907 y, en particular, la idea de que los revolucionarios "tienen el deber de utilizar con todas sus fuerzas la crisis económica y política creada por la guerra para agitar las capas populares más profundas y precipitar la caída de la dominación capitalista". Evidentemente, esta consigna no es realizable de inmediato, dada la débil situación actual del proletariado, pero sigue siendo una señal para la intervención comunista en la clase.
CCI, mayo de 2022
1 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
2 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [32]
3 https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017 [14]
4 https://es.internationalism.org/revista-internacional/198910/2140/internationalisme-1945-las-verdaderas-causas-de-la-segunda-guerra- [298]
5 https://es.internationalism.org/content/4843/significado-e-impacto-de-la-guerra-en-ucrania [336]
6 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200712/2114/tras-el-hundimiento-del-bloque-del-este-inestabilidad-y-caos [31]
7 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/855/el-proletariado-de-europa-occidental-en-una-posicion-central-de-la- [81]
8 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200704/1863/la-lucha-de-clases-contra-la-guerra-imperialista-las-luchas-obrera [337]
En las partes anteriores de esta serie hemos destacado las debilidades oportunistas sobre las que se constituyó la Internacional Comunista (IC) tanto programática como organizativamente[1]. Esta parte tratará del último período de la IC como órgano de la clase obrera.
En los años siguientes al congreso fundacional y al segundo congreso, a pesar de los episodios de gran combatividad, continuó el reflujo de la ola revolucionaria. La clase obrera en Rusia está cada vez más aislada, los soviets mueren lentamente[2], el partido bolchevique se confunde cada vez más con el Estado, se burocratiza y sigue perdiendo su contenido proletario. Los levantamientos insurreccionales en Europa Occidental (Bulgaria, Polonia, Alemania[3]), apoyados por la IC, mientras las condiciones se hacían cada vez más desfavorables, terminaron por desorientar y desmoralizar al proletariado mundial.
La IC sufre los efectos del aislamiento de la revolución con sólo el bastión ruso y sigue la misma trayectoria que el partido bolchevique, donde la lógica del aparato se impone gradualmente a la aplicación de una auténtica política de clase. Su vitalidad política está muriendo, al igual que en el partido ruso, lo que le lleva a convertirse al final en una herramienta al servicio de los intereses imperialistas del Estado ruso. En otras palabras, después de haber encarnado la máxima expresión de la unidad del proletariado mundial en su lucha revolucionaria, la IC degenera.
Esta cuarta parte, por lo tanto, tratará de mostrar la forma en que se produjo esta trágica evolución política.
Los tres años de guerra civil entre 1918 y 1920 durante los cuales los ejércitos blancos y los batallones extranjeros pusieron a prueba la revolución, llevaron a la República de los Soviets a adoptar la política del "comunismo de guerra". Pero lo que pretendía ser un conjunto de medidas de emergencia para hacer frente a una situación desesperada desembocó en la militarización de la sociedad bajo la autoridad del partido bolchevique y del Estado. Durante este período, que exigió sacrificios muy fuertes para los trabajadores y otras capas sociales, se produjo un "debilitamiento progresivo de los órganos de la dictadura del proletariado [los consejos obreros], y el desarrollo de tendencias e instituciones burocráticas"[4].
Si durante toda la duración de la guerra civil las penurias fueron relativamente bien soportadas por los obreros y pequeños campesinos, no fue así después. La guerra civil había dejado la situación social en Rusia totalmente desamparada. La población carecía de todo, desde alimentos hasta combustible para soportar la dureza del invierno. Ya en el verano de 1920, los primeros signos de descontento se expresaron en el campo, sobre todo a través del levantamiento campesino de Tambov. Pero la agitación se extendió rápidamente a las ciudades, donde, junto a las reivindicaciones económicas, los trabajadores exigían también el fin del comunismo de guerra. Por lo tanto, estas huelgas no sólo fueron una reacción al deterioro de las condiciones de vida, sino que también marcaron el deseo de volver a situar a los soviets en el centro de la toma de decisiones políticas. En este contexto estalló el levantamiento de los marineros de Kronstadt el 28 de febrero de 1921. Como reacción a los brutales métodos de requisición de grano perpetrados por los destacamentos armados y a las privaciones sufridas por los obreros y los campesinos, los marineros del acorazado Petropavlovsk se amotinaron y adoptaron una resolución de diez puntos cuya principal exigencia era la rápida regeneración del poder soviético. La revuelta de los marineros de Kronstadt se produjo "en el curso de un movimiento de lucha de la clase obrera contra la burocratización del régimen, se identificó con esta lucha y se vio como un momento de su generalización" (ídem.).
La terrible represión del partido bolchevique contra los rebeldes marcó un verdadero punto de inflexión en la revolución. Al pasar por las armas contra casi 10 000 marineros, el partido bolchevique cruzó la línea roja al ejercer la violencia dentro de la propia clase obrera. La dramática política llevada a cabo por la única organización que, hasta entonces, había sido capaz de defender la línea revolucionaria y el programa comunista marcó, en cierto modo, un punto de no retorno y una lenta pero irremediable ruptura entre los intereses del partido, cada vez más asimilado al Estado, y los de la clase obrera.
Si la clase obrera había logrado salir victoriosa de la guerra contra las fuerzas contrarrevolucionarias, la concentración de la autoridad en manos de la pareja partido-Estado constituía la otra cara de la moneda. Las disensiones en el seno del campo proletario sobre este tema, encarnadas en particular por las huelgas obreras de Moscú y Petrogrado y la revuelta de los marineros de Kronstadt, se habían expresado en el seno del propio partido desde el comienzo de la guerra civil. Llegaron a su punto álgido durante el 10º congreso del Partido Comunista Ruso (PCR)[5] a través de la controversia sobre la cuestión sindical y las críticas del grupo de la Oposición Obrera dirigido por A. Kollontai y Shliapnikov. Desde el otoño de 1920, este grupo dentro del PCR se había estructurado durante el debate sobre el papel de los sindicatos en la dictadura del proletariado. Aunque el marco del debate seguía siendo profundamente inadecuado, la posición de la Oposición Obrera de que los sindicatos industriales debían gestionar la producción independientemente del Estado soviético[6] expresaba, aunque "de forma confusa y vacilante, la antipatía del proletariado hacia los métodos burocráticos y militares que se habían convertido cada vez más en el sello del régimen, y la esperanza de la clase obrera de que las cosas cambiarían ahora que los rigores de la guerra habían terminado"[7]. Este debate dio lugar a feroces polémicas a lo largo del invierno de 1920-1921, cuando, según Lenin, el partido necesitaba más que nunca la unidad en sus filas, tal como lo expresó en el discurso de apertura del congreso: "Compañeros, hemos vivido un año excepcional, nos hemos permitido el lujo de discutir y debatir en nuestro partido. Para un partido rodeado de enemigos, los más poderosos y fuertes que agrupan a todo el mundo capitalista, para un partido que soporta una carga increíble, este lujo fue realmente sorprendente. [...] En todo caso, cualesquiera que sean las discusiones que se hayan dado hasta ahora, cualesquiera que sean los debates que se hayan dado en nuestro país, cuando tenemos que enfrentarnos a tantos enemigos, la dictadura del proletariado en un país campesino es una tarea tan inmensa, tan difícil que no basta con que el trabajo sea formalmente más unido, más concertado que antes, lo que vuestra presencia aquí, en este congreso, ya demuestra; También es necesario que no quede el más mínimo rastro de espíritu fraccionario, sea cual sea el lugar y la forma en que se haya manifestado hasta ahora; es necesario que en ningún caso queden estos rastros. "[8] El congreso refrendaría más tarde el objetivo fijado en este discurso de apertura al adoptar la resolución sobre la "unidad del partido" que ordena "la disolución inmediata de todos los grupos sin excepción que se hayan formado en tal o cual plataforma, y da instrucciones a todas las organizaciones para que insistan estrictamente en la inadmisibilidad de todo tipo de actividad fraccional". El incumplimiento de esta decisión del congreso supondría la exclusión incondicional e inmediata del partido." Esta decisión, que también contó con el apoyo de gran parte de la IC, reflejó un profundo cambio en la forma en que el partido abordaba los desacuerdos que pudieran surgir en temas tan fundamentales como el papel de los sindicatos, por ejemplo. La prohibición de las fracciones en el seno del partido reflejaba en realidad una distorsión de la disciplina del partido, ya que ahora se exigía una estricta sumisión a las decisiones del partido una vez tomadas. Se toleraban las críticas de militantes o grupos individuales, pero estaba formalmente prohibido que la oposición a la política oficial del partido se organizara para defender sus posiciones[9]. Con esta decisión, el Partido Comunista Ruso abandonó toda una parte de su historia, ya que él mismo había llevado a cabo esa labor luchando contra el oportunismo que asolaba la Segunda Internacional y que condujo a su propio colapso al estallar la Primera Guerra Mundial.
Muchos académicos y periodistas de una deshonestidad e inconsecuencia sin límites ven en este asunto, sin duda, la prueba del "autoritarismo natural" de Lenin y de una supuesta tiranía bolchevique. En realidad, este proceso fue sobre todo el producto del aislamiento y del estado de sitio impuesto a la revolución en Rusia, y expresaba, no un "autoritarismo natural", sino una verdadera desviación de los bolcheviques de su propia historia. Además, como señala Lenin, la existencia de grupos de oposición organizados en "fracciones" podría ser utilizada por las fuerzas contrarrevolucionarias para desacreditar al partido. Pero lo que Lenin ya no veía era que, si bien es cierto que los enemigos declarados de la revolución podían señalar los desacuerdos en el seno del partido como medio para desacreditarlo, es aún más cierto que el "enemigo oculto" de la revolución, la contrarrevolución desde dentro iba a utilizar la prohibición de las fracciones para estalinizar completamente el partido.
Así, el aislamiento de la revolución en el bastión ruso fue lo que llevó al PCR a replegarse sobre sí mismo, anteponiendo los intereses del partido y del Estado mediante una "disciplina férrea", en lugar de asegurar la expresión del desacuerdo para participar en el esclarecimiento de las cuestiones políticas fundamentales para el conjunto del medio revolucionario y la clase obrera mundial[10]. Al amenazar con excluir a los grupos con posiciones divergentes, el partido ruso se desvitalizó y se hizo vulnerable a la espiral burocrática.
Aunque, como hemos indicado, Lenin defendió la prohibición de las fracciones y posteriormente trató de disuadir a ciertos militantes de hacer críticas públicas a la "disciplina necesaria", pronto se dio cuenta de la magnitud de la proliferación de burócratas y del peligro que esto suponía para la actividad del partido. La tendencia a la burocracia había sido una preocupación constante de Lenin desde que se tomó el poder en octubre de 1917. La conciencia de esta lacra siguió creciendo a medida que se acumulaban las disfunciones, proliferaban los arribistas y los funcionarios controlaban cada vez más toda la vida social.
Las diversas oposiciones surgidas en el curso de 1920-1921 no habían dejado de advertir, aunque de forma confusa, al partido sobre el creciente peso del "Estado obrero"[11] y la absorción del partido por él. Un peligro mortal para la revolución y el partido que el propio Lenin expuso en el 11º Congreso del PCR, afirmando que se habían establecido "relaciones erróneas entre el partido y las administraciones soviéticas".
El "asunto de Georgia", que estalló en 1922, permitió a Lenin ver el alcance de la gangrena burocrática. El uso de la violencia, la represión y la manipulación por parte de Ordzhonikidze (secretario del buró regional de Transcaucásica) bajo las órdenes de Stalin (secretario general del PCR) contra los miembros del partido georgiano que se negaban a adherirse al proyecto de Constitución de la URSS[12] indignó a Lenin en grado sumo.
Estos métodos brutales, totalmente ajenos a las costumbres proletarias y comunistas, no tenían precedentes en las filas del partido. Demostraron la omnipotencia del partido sobre sus miembros y la desastrosa evolución de una fusión entre el partido y el Estado que se traduce en prácticas que emanan de "un aparato que nos es fundamentalmente ajeno y que representa una mezcolanza de supervivencias burguesas y zaristas [...] sólo cubiertas con un barniz soviético"[13].
Durante los dos últimos años de su vida Lenin intentó detener la deriva burocrática encarnada por Stalin y sus secuaces. Tras el episodio de Georgia, emprendió la lucha frontal acusando abiertamente a la Inspección Obrera y Campesina, encabezada por Stalin, de estar "a la cabeza" del desarrollo de la burocracia. A pesar de las respuestas erróneas, Lenin utilizó sus escasas fuerzas para tratar de reorganizar la estructura del Estado con una idea en mente, aguantar hasta un estallido revolucionario del proletariado europeo. Así, con la llama del internacionalismo, trató de repeler las primeras ofensivas del estalinismo y su "socialismo en un solo país".
Durante décadas, la ideología dominante ha utilizado todos los medios para establecer un vínculo entre la lucha revolucionaria de Lenin y el poder totalitario de Stalin. ¡Pero los hechos son obstinados! El "Testamento de Lenin" contenía suficientes advertencias contra el futuro tirano como para descartar cualquier legitimación del comportamiento matón y los objetivos chovinistas de Stalin y su camarilla. Además, el testamento de Lenin se mantuvo oculto durante mucho tiempo, sólo después de haber adquirido la garantía de su omnipotencia en el seno del partido y del Estado Stalin confesó la desautorización que este documento contenía hacia él.
Debido a la victoria de la revolución en Rusia y a la debilidad de los demás partidos comunistas, el PCR desempeñó un papel preponderante en la formación de la IC, cuya sede ejecutiva estaba en Moscú. Pero esta preponderancia tomó incluso un carácter desproporcionado en la vida y el funcionamiento de la IC.
Como resultado, el burocratismo y el autoritarismo rampante en el PCR pronto se extendió a las filas de la Internacional. Lenin fue uno de los únicos que se preocupó por la "rusificación" de la IC, como había expresado primero en el II congreso al proponer la instalación de la sede del ejecutivo en Berlín y luego en el IV congreso, donde criticó el carácter "demasiado ruso" de las "Tesis sobre la estructura, los métodos y la acción de los partidos comunistas", aunque apoyaba plenamente su contenido. Preocupado por la excesiva dependencia de la IC del PCR, instó a las demás secciones de la IC a apropiarse sin demora de toda la experiencia y las lecciones de la revolución en Rusia para reforzar su cohesión mediante una mayor asociación de las distintas secciones en la vida del partido. Se trataba también de garantizar la vitalidad de la Internacional situando la reflexión y el estudio de la experiencia revolucionaria en el centro de la actividad de las secciones[14]. Pero estas perspectivas de trabajo se extinguieron con la muerte de Lenin en 1924. A partir de ese momento, asistimos a un punto de inflexión en la trayectoria de la IC, que gradualmente se convirtió en un arma en manos de la troika (Zinóviev-Kamenev-Stalin) primero, y luego de la burocracia estalinista. La "Bolchevización de los Partidos Comunistas" se declaró en el V Congreso Mundial de julio de 1924 para suprimir toda oposición en su seno, tanto a Trotsky y sus partidarios como a los grupos de izquierda: "La palabra clave de bolchevización nació en la lucha contra la derecha. Se dirigirá, sobre todo, naturalmente, contra ella, pero también, por supuesto, contra las desviaciones ultraizquierdistas y contra el pesimismo que aquí y allá pesa sobre nosotros."[15]
Esta nueva consigna era, por tanto, una clara expresión de la situación de asfixia cada vez más estricta en la que se encontraba la Rusia revolucionaria tras el nuevo fracaso del proletariado alemán en 1923 en el intento desesperado de insurrección. Esto sólo aceleró el dominio de la burocracia utilizando su disciplina autoritaria contra todos los que se atrevían a oponerse o criticar la política del partido dirigida por la troika primero y la camarilla estalinista después. Se trataba, pues, de "romper los huesos" de todas las formas de resistencia contra la degeneración de lo internacional. Alfred Rosmer, miembro del buró ejecutivo de la IC entre 1920 y 1921, que participó en los congresos 2º, 3º y 4º, hace un relato sorprendente de esta política atroz dirigida por Zinóviev, entonces presidente de la Internacional: "Por medio de emisarios que envió a las secciones, suprimió, ya antes del congreso, toda oposición. Allí donde surgía la resistencia, se empleaban los más variados medios para reducirla; era una guerra de desgaste en la que los trabajadores eran derrotados de antemano por los funcionarios que, teniendo todo el tiempo del mundo, imponían debates interminables; con el cansancio, todos los que se habían dejado criticar y que cargaban con el peso de la Internacional cedían temporalmente o se marchaban"[16].
La "Declaración del Comité de Entendimiento"[17] dirigida al Ejecutivo de la IC en julio de 1925 tras el V Congreso denunciaba las mismas aberraciones: "El grave problema de las tendencias y fracciones en el Partido que surge históricamente, tanto como consecuencia de la táctica política seguida como de la reprobación de la misma, como síntoma de sus insuficiencias que debe ser estudiado con la mayor atención, se pretende resolver mediante órdenes y amenazas, sometiendo a algunos camaradas a una dura presión disciplinaria, haciendo creer así que todo el desarrollo favorable del Partido depende de su conducta personal. "
En consecuencia, todos los militantes o tendencias que, a partir de entonces, expresaron sus desacuerdos con las orientaciones defendidas por el partido se enfrentaron a la siguiente alternativa: ¡someterse o ser excluido! Éstos últimos fueron sustituidos en los órganos ejecutivos de los PC por militantes dóciles, jóvenes e inexpertos que muy pronto se convirtieron en hombres del aparato con una lealtad sin límites a Moscú, como en el KPD o a imagen y semejanza de Maurice Thorez en el seno del PCF. Los PC’s encarnaban ahora la defensa implacable de la política exterior del Estado ruso en lugar de desempeñar un papel activo en la elevación de la conciencia revolucionaria de las masas. El nuevo modo de organización de los PC basado en las "células de fábrica" era una clara expresión de esta desafortunada evolución, ya que encerraba a los trabajadores en problemas locales y corporativistas en detrimento, obviamente, de una visión y perspectiva general de la lucha proletaria.
La propaganda estalinista contribuyó en gran medida a presentar la bolchevización como la continuidad de la política llevada a cabo por los bolcheviques desde octubre de 1917. Esta fue la primera de una larga serie de falsificaciones montadas por esta camarilla burguesa a lo largo del período de la contrarrevolución. En realidad, esta consigna suponía una ruptura total con la historia y el espíritu del partido bolchevique. Más que eso, marcó una etapa importante en la degeneración de la IC. Posteriormente persistió aún más fuertemente en esta trayectoria y se convirtió en una herramienta contrarrevolucionaria en manos del Estado ruso para la preservación de sus intereses exteriores. Sólo las fracciones de izquierda intentaron librar una lucha decidida para contrarrestar esta involución y mantener viva la llama del internacionalismo y del programa comunista. De esto hablaremos en la última parte de esta serie.
(Continuará)
Najek
16 de abril de 2021.
[1] Ver https://es.internationalism.org/content/4422/centenario-de-la-fundacion-de-la-internacional-comunista-que-lecciones-se-pueden-sacar [212] , https://es.internationalism.org/content/4482/100-anos-tras-la-fundacion-de-la-internacional-comunista-que-lecciones-podemos-extraer [213] y https://es.internationalism.org/content/4648/100-anos-tras-la-fundacion-de-la-internacional-comunista-que-lecciones-podemos-extraer [340]
[2] Para un análisis del declive de los Consejos Obreros en Rusia después de 1918 ver los dos últimos artículos de la Serie ¿Qué son los Consejos Obreros? https://es.internationalism.org/revista-internacional/201012/3004/que-son-los-consejos-obreros-iv-1917-21-los-soviets-tratan-de-ejer [341] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3086/que-son-los-consejos-obreros-v-los-soviets-ante-la-cuestion-del-es [342]
[3] Véase en particular los artículos XII y XIII de la serie sobre la tentativa revolucionaria en Alemania: https://es.internationalism.org/revista-internacional/199907/1163/xii-1923-la-burguesia-quiere-infligir-una-derrota-a-la-clase-obrer [343] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/199912/1154/xiii-1923-ii-una-derrota-que-rubrica-el-fin-de-la-oleada-revolucio [344]
[4] "Las enseñanzas de Kronstadt", Revista Internacional n°3 https://es.internationalism.org/revista-internacional/197507/940/las-ensenanzas-de-kronstadt [345]
[5] Este congreso tuvo lugar del 8 al 16 de marzo, al mismo tiempo que la represión de la revuelta de los marineros de Kronstadt
[6] En el debate se expresaron otras dos posiciones: la de Trotsky por la integración total de los sindicatos en el "estado obrero", y la de Lenin para quien los sindicatos siempre tendrían que actuar para la defensa de la clase, incluso contra el "estado obrero"
[7] "La izquierda comunista en Rusia: 1918-1930 (Parte 1)", Revista Internacional nº 8, diciembre de 1976 https://es.internationalism.org/revista-internacional/197701/1996/la-izquierda-comunista-en-rusia-i [346]
[8] V. Lenin, Obras escogidas, "El X Congreso del PCR", tomo III, páginas 572-573
[9] Hay que señalar, sin embargo, que esta decisión fue considerada temporal: "La prohibición de las fracciones fue, repitámoslo, concebida como una medida excepcional destinada a caer en desuso a la primera mejora de la situación" (Trotsky, La revolución desfigurada, 1963)
[10] La alteración de la vitalidad política y la tendencia a la burocratización continuaron con otras medidas:
- El congreso perdió algunas de sus prerrogativas sobre el nombramiento del comité central, ya que dos tercios de sus miembros tenían ahora la posibilidad de excluir a uno de ellos en caso de desacuerdo con las decisiones.
- El secretariado adquirió una importancia creciente en el aparato del partido gracias al aumento de sus miembros
[11] La CCI rechaza el concepto de Estado obrero, que consideramos una contradicción en los términos. Como decimos en el folleto del periodo de transición: "La clase obrera no construye estados porque no es una clase explotadora. El estado del período de transición es inevitable, pero no es una emanación de la clase obrera. Este Estado puede representar un peligro para el proletariado, puede intentar atar las manos de los proletarios para que "trabajen para otros". La clase obrera debe ser libre de llevar a cabo su propia política, incluido el derecho de huelga contra los dictados del Estado. Confundir proletariado y Estado lleva a la aberración de un "Estado obrero" que prohíbe a los trabajadores levantarse contra él. Para Lenin, el Estado soviético no era propiamente un Estado obrero, sino "un Estado obrero y campesino con deformaciones burocráticas". Fue más bien Trotsky, que quería la subordinación de todas las organizaciones obreras al Estado, quien habló de un "Estado obrero"
[12] Este proyecto presentado por Stalin, al que se opuso Lenin, preveía la autonomía de las repúblicas hermanas dentro de la federación situándolas bajo la República Rusa
[13] Citado en P. Broué, Le parti bolchévique. Histoire du PC de l'URSS, Éditions de minuit, 1971, página 174. Lenin se refiere aquí más al partido que al Estado, pero en realidad ambos son inseparables
[14] "Estoy convencido de que debemos decir a este respecto, no sólo a los rusos, sino también a los camaradas extranjeros, que lo más importante en el próximo período es el estudio. Estudiamos en sentido general. Deben estudiar en un sentido particular, para comprender realmente la organización, la estructura, el método y el contenido de la acción revolucionaria". (Discurso de Lenin en el IV Congreso Mundial)
[15] Discurso de Zinoviev en el 5º pleno de la IC, citado en P. Broué, Histoire de l'internationale communiste. 1919-1943, Fayard
[16] Alfred Rosmer, Moscou sous Lenin. Les origines du communisme, Les bons caractères, 2009
[17] Formado por la izquierda dentro del Partido Comunista de Italia que se convirtió en la fracción de izquierda del Partido Comunista de Italia
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La última vez que esta serie examinó específicamente el problema del Estado en el período de transición fue en nuestra introducción a las tesis sobre el Estado producidas por la Izquierda Comunista de Francia (ICF) en 1946[1]. Presentamos este texto como una importante continuación del trabajo de la Izquierda Italiana que, durante la década de 1930, produjo una serie de artículos examinando las lecciones de la derrota de la Revolución Rusa, en la que el problema del Estado era visto como central. Basándose en las advertencias de Marx y Engels contra la tendencia del Estado a alejarse de la sociedad, la caracterización del Estado como un flagelo temporal que el proletariado tendrá que utilizar limitando al mismo tiempo al máximo sus aspectos más dañinos, los artículos de Vercesi y en particular de Mitchell (miembro de la Fracción Belga) ya habían establecido una distinción entre la función necesaria del "Estado proletario" y el poder real, efectivo del proletariado. El texto de la ICF dio un paso adelante al argumentar que el Estado, por su propia naturaleza, es ajeno al proletariado como portador del comunismo y, por lo tanto, de una sociedad sin Estado.
En nuestra introducción a las Tesis observamos algunas debilidades o ambigüedades en el texto del 46 (sobre los sindicatos, el papel del partido, el programa económico de la revolución), la mayoría de las cuales se superarían sustancialmente mediante el proceso de discusión y clarificación que estaba en el centro de las actividades de la ICF. Pero estos avances -especialmente sobre los sindicatos y el partido- se corrigieron en otros textos[3] ya que, hasta donde sabemos, el grupo no produjo más documentos sobre la cuestión del propio período de transición.
Las tesis de 1946 fueron producto del trabajo colectivo de la ICF y redactadas por Marc Chirik, quien jugó un papel clave en la formación y desarrollo teórico del grupo. Cuando el grupo se separó después de 1952 (a pesar de los esfuerzos de Marc para mantenerlo), Marc fue "exiliado" a Venezuela, donde no estuvo involucrado en ninguna actividad política organizada durante más de una década. Sin embargo, este no fue un período de desvinculación de la reflexión política por su parte y tan pronto como los tiempos comenzaron a cambiar, a principios y mediados de los años 60, Marc formó un círculo de discusión con algunos elementos jóvenes, cuyo resultado fue la formación del Grupo Internacionalismo en 1964. Este grupo a su vez posteriormente se convirtió en la sección en Venezuela de la CCI.
Marc regresó a Europa para participar en los acontecimientos históricos de mayo-junio de 1968 y se quedó para ayudar a formar el grupo Révolution Internationale, que se convertiría en la sección francesa de la CCI.
Para la generación de revolucionarios que emergieron de la oleada internacional de luchas que se desató en mayo del 68, la revolución no parecía una perspectiva tan lejana. Varios grupos nuevos y militantes, después de haber redescubierto la tradición de la Izquierda Comunista, no sólo se dedicaron a delimitarse del ala izquierda del capital reapropiándose de las posiciones de clase elaboradas durante el periodo de la contrarrevolución, pero también se sumergieron en debatir el carácter de la anticipada revolución y el camino hacia una sociedad comunista. El enfoque hacia el período de transición y su semi-estado que había sido planteado por la ICF y elaborado por Marc pronto se convirtió en un punto focal para muchos debates apasionados entre los nuevos grupos. La mayoría de RI y los grupos alineados con ella estaban convencidos por los argumentos de Marc, pero se dejó claro desde el principio que este análisis en particular no podía considerarse como una frontera de clase porque la historia aún no había establecido definitivamente su veracidad. Así, el debate continuó en el seno de la recién formada CCI y con otros grupos que participaron en los debates sobre el reagrupamiento internacional de las fuerzas revolucionarias emergentes que marcaron esta fase. El primer número de la Revista Internacional contenía contribuciones sobre el período de transición de Marc (en nombre de Révolution Internationale) y un largo artículo en desarrollo de ideas en la misma línea escritas por el joven CD Ward en nombre de World Revolution en Gran Bretaña, así como un texto de Rivoluzione Internazionale en Italia que argumentaba a favor del carácter proletario del Estado de transición, y una nueva contribución de Perspectiva Comunista, que fue el núcleo de Communist Workers´ Organisation. Estos textos fueron escritos para la conferencia de 1975 que vio la constitución formal de la CCI; Aunque no hubo tiempo para celebrar el debate durante la reunión, se publicaron como contribución a un debate en curso.
No es exagerado decir que estos debates fueron acalorados. El grupo Workers Voice de Liverpool pronto se separó de las discusiones de reagrupamiento, citando la futura posición mayoritaria de la CCI sobre el período de transición como prueba de su carácter contrarrevolucionario, ya que supuestamente significaba en un futuro proceso revolucionario, abogar por un Estado que dominaría a los consejos obreros. Como argumentamos en ese momento ("Sectarismo ilimitado" en World Revolution 3), esta no sólo fue una falsa acusación, sino también en gran medida un pretexto destinado a preservar la autonomía local de WV de la amenaza de ser tragado por una organización internacional más grande; pero otras reacciones de la época revelaron hasta qué punto las adquisiciones de la Izquierda Comunista Italiana se habían perdido en la niebla de la contrarrevolución. En el Segundo congreso de la CCI en 1977, por ejemplo, donde una resolución (y contra-resolución) sobre El Estado en el periodo de transición estaban en el orden del día, un delegado de Battaglia Comunista, que entonces y aún hoy afirma ser la más consistente continuación de la tradición de la Izquierda Italiana, parecía aturdido por la mera noción de cuestionar el carácter proletario del Estado de transición, aún si este punto de vista era una lógica conclusión extraída de las contribuciones de Bilan en los años 1930.
En efecto, aunque la resolución que expresaba la posición mayoritaria fue finalmente adoptada en el Tercer Congreso de la CCI en 1979, en el congreso de 1977 se consideró que el debate no había madurado lo suficiente y debía continuar. Varias de las contribuciones a este debate se publicaron posteriormente en un folleto que muestra la riqueza del debate[4]. En el seno de la CCI, la minoría no era homogénea, sino que tendía a la idea de que la posición de Bilan sobre el Estado en el período de transición había sido la correcta, mientras que la ICF se había alejado de la concepción marxista. Algunos camaradas de la minoría se unieron más tarde a la posición mayoritaria, mientras que otros comenzaron a cuestionar otros desarrollos clave realizados por la ICF y retomados por la CCI, en particular sobre la cuestión del partido. La mayoría de ellos se dispersaron en diferentes direcciones -uno hacia una posición más ortodoxa de los Bordiguistas, otro embarcándose en un breve intento de formar una nueva versión de Bilan (Fraction Communiste Internationaliste), mientras que otros imbuyeron el peligroso brebaje del anarquismo, el Bordigismo y la defensa del llamado "terrorismo obrero" que marcó la trayectoria del Grupo Comunista Internacionalista[5].
En este artículo, nos vamos a centrar en tres contribuciones a la discusión dentro de la CCI de ese periodo escritas por Marck Chirik. Este enfoque continúa y concluye los tres artículos precedentes de esta serie que han considerado la contribución a la teoría comunista hecha por individuos particulares dentro del movimiento político proletario durante el periodo de la contrarrevolución (es decir, Damen, Bordiga, Munis y Castoriadis) Esto no se debe a que nos acerquemos a estos comunistas individuales a la manera de las revistas académicas en las que la teoría siempre es vista como la propiedad intelectual de tal o cual especialista; por el contrario, como militantes de clase, estos camaradas solo podían hacer sus contribuciones con el objetivo de desarrollar algo que, lejos de ser el derecho de autor de los individuos, solo existe para convertirse en la propiedad universal del proletariado: el programa comunista. Pero para nosotros el programa comunista es un trabajo de asociación en el que los camaradas individuales pueden hacer su contribución particular dentro de una colectividad más amplia. Y precisamente la cualidad sobresaliente de Marck Chirik era su capacidad de “universalizar” lo que había adquirido, a través de la experiencia vivida, a nivel organizativo y programático –para transmitirlo a otros camaradas. Así pues, dentro de la historia de la CCI, ha habido una serie de contribuciones importantes a este esfuerzo general por iluminar el camino hacia el comunismo por parte de otros camaradas de la organización – algunos de las cuales mencionaremos en este artículo. Pero no cabe duda de que los textos escritos por MC son ejemplos de su profundo conocimiento del método marxista y merecen ser reexaminados con cierto detalle. Pedimos disculpas de ante mano por la extensión de algunas citas de estos artículos, pero creemos que es mejor dejar que las palabras de Marc hablen por sí mismas en la medida de lo posible.
El artículo publicado en Revista Internacional número 1 es notable por plantear la cuestión de los “periodos de transición” en un amplio marco histórico.
“La historia humana está formada por diferentes sociedades estables vinculadas a un modo de producción determinado y, por lo tanto, a relaciones sociales estables. Estas sociedades se basan en las leyes económicas dominantes inherentes a ellas. Se componen de clases sociales fijas y se basan en superestructuras apropiadas. Las sociedades estables básicas en la historia escrita han sido: sociedad esclavista, sociedad asiática, sociedad feudal y sociedad capitalista.
Lo que distingue los periodos de transición de los periodos en que la sociedad es estable es la descomposición de las viejas estructuras sociales y la formación de nuevas estructuras. Ambos están vinculados al desarrollo de las fuerzas productivas y están acompañados por la aparición y el desarrollo de nuevas clases, así como el desarrollo de ideas e instituciones correspondientes a estas clases. El periodo de transición no es un modo de producción distinto, sino un vínculo entre dos modos de producción: el antiguo y el nuevo. Es el periodo durante el cual los gérmenes del nuevo modo de producción se desarrollan lentamente en detrimento de los viejos, hasta que suplanta el viejo modo de producción y constituyen un nuevo modo de producción dominante.
Entre dos sociedades estables (y esto será cierto para el período entre el capitalismo y el comunismo como lo ha sido en el pasado), el período de transición es una necesidad absoluta. Esto se debe al hecho de que el socavamiento de la base de la existencia de la vieja sociedad no implica automáticamente la maduración y preparación de las condiciones de la nueva. En otras palabras, el declive de la vieja sociedad no significa automáticamente la maduración de la nueva, sino que es sólo la condición para que ésta tenga lugar.
La decadencia y el período de transición son dos fenómenos muy distintos. Cada período de transición presupone la descomposición de la vieja sociedad cuyo modo y relaciones de producción han alcanzado el límite extremo de su posible desarrollo. Sin embargo, cada período de decadencia no significa necesariamente un período de transición, en la medida en que el período de transición representa un paso hacia un nuevo modo de producción. Del mismo modo, la antigua Grecia no disfrutaba de las condiciones históricas necesarias para una transcendencia de la esclavitud; tampoco lo hizo el antiguo Egipto.
Decadencia significa el agotamiento del antiguo modo social de producción; transición significa el surgimiento de las nuevas fuerzas y condiciones que permitirán una resolución y transcendencia de las viejas contradicciones."
En el momento de la redacción de este texto, el movimiento revolucionario emergente ya se enfrentaba a la influencia de los precursores de la actual corriente de "comunización", particularmente en los escritos de Jacques Camatte y Jean Barrot (Dauvé). En efecto, la CCI ya había sufrido una escisión por parte de un grupo de miembros que provenían de la organización trotskista Lutte Ouvrière, pero que rápidamente habían caído en las nociones pseudo-radicales que marcaban lo que en ese momento llamábamos "modernismo": que la clase obrera se había convertido, en esencia, en una clase para el capital, que su lucha por reivindicaciones inmediatas era un callejón sin salida, y que la revolución comunista significaba la inmediata autonegación de la clase obrera en lugar de su afirmación política a través de la dictadura del proletariado. En esta visión, la idea de un período de transición dirigido por el proletariado fue denunciada como la perpetuación del capital: el proceso de comunización obviaría cualquier necesidad de una fase de transición entre el capitalismo y el comunismo[6]. Que tales ideas estaban ganando terreno en el movimiento revolucionario también quedó demostrado por la evolución de uno de los grupos que asistieron a la conferencia -Revolutionary Workers' Group, con sede en Chicago, que también había salido del trotskismo pero que ahora estaba descubriendo la inutilidad de la lucha por las reivindicaciones económicas (ver el Prefacio de la Revista Internacional nº 1). Mientras tanto, el grupo Revolutionary Perspectives insistía en que un bastión proletario aislado debía aislarse conscientemente del mercado mundial mientras implementaba todo tipo de medidas comunistas dentro de sus fronteras: esto era menos una aberración modernista que una tardía apología del "comunismo de guerra" del período 1918-21 en Rusia, pero comparte con los comunizadores la idea de que es posible introducir auténticas medidas comunistas en un solo país o región[7].
El texto de Marc nos proporciona un sólido punto de partida para criticar todos estos enfoques. Por un lado, insiste en que cada nuevo modo de producción ha sido el producto de un período de transición más o menos largo, que "no es un modo de producción distinto, sino un vínculo entre dos modos de producción: el antiguo y el nuevo". Esto se aplica, sin duda, al período de transición al comunismo, que es todo menos un modo de producción estable (que a veces se describe erróneamente como "socialismo"). Al contrario, será el teatro de un combate sostenido para impulsar la transformación comunista de las relaciones sociales contra el inmenso peso económico e ideológico de la vieja sociedad y, de hecho, de los miles de años de sociedad de clases que precedieron al capitalismo. Eso será cierto incluso después de que el proletariado haya conquistado el poder a nivel mundial y es más aplicable a situaciones en que los primeros puestos de avanzada proletaria enfrenten un ambiente capitalista hostil.
Al mismo tiempo, el texto explica que el período de transición al comunismo difiere profundamente de todas las transiciones anteriores:
La consecuencia de todo esto es que el período de transición al comunismo no puede comenzar dentro del capitalismo, a través de una acumulación de cambios económicos que sirven como base del poder de la nueva clase dominante, sino sólo después de un acto esencialmente político - el desmantelamiento violento de la máquina estatal existente. Este es el punto de partida para el rechazo de cualquier idea de que un verdadero proceso de comunización[8] puede comenzar antes de la destrucción del poder mundial de la burguesía. Cualquier cambio económico y social emprendido antes de que se haya alcanzado ese punto son esencialmente recursos, medidas contingentes y de emergencia que no deberían ser pintadas como una especie de "comunismo realmente existente", y su objetivo principal sería reforzar el dominio político de la clase trabajadora en un área determinada.
De hecho, incluso después del comienzo del período de transición propiamente dicho, el texto advierte contra la idealización de las medidas inmediatas adoptadas por la clase obrera:
"En el plano económico, el período de transición consiste en una política económica (y ya no una economía política) del proletariado con miras a acelerar el proceso de socialización universal de la producción y la distribución. Pero la realización de este programa de comunismo integral a todos los niveles, si bien es la meta afirmada y seguida por la clase obrera, seguirá estando sujeta a condiciones inmediatas, coyunturales y contingentes en el período de transición que sólo el puro voluntarismo utópico ignoraría. El proletariado tratará de avanzar inmediatamente en la medida de lo posible hacia su meta, reconociendo al mismo tiempo las inevitables concesiones que se verá obligado a tolerar. Dos peligros amenazan tal política:
Todo el espíritu que recorre el texto es el de un realismo revolucionario. Estamos hablando de la transformación social más radical desde el advenimiento de la especie humana y es absurdo pensar que este proceso - que para la gran mayoría de la humanidad hoy en día es visto como imposible, contrario a la naturaleza humana, o en el mejor de los casos "una bonita idea que nunca funcionaría" - podría de hecho llevarse a cabo de una sola vez: en términos históricos, de la noche a la mañana.
A continuación, el texto esboza algunos aspectos más específicos de esta "política económica", que de hecho siguen siendo bastante generales:
- La socialización inmediata de las grandes concentraciones capitalistas y de los principales centros de actividad productiva.
- Planificación de la producción y la distribución: el criterio de la producción debe ser la máxima satisfacción de las necesidades y ya no la acumulación.
- Reducción masiva de la jornada laboral.
- Aumento sustancial del nivel de vida.
- Intento de abolir la remuneración basada en el salario y en su forma monetaria.
- Socialización del consumo y de la satisfacción de las necesidades (transporte, ocio, alimentos, etc.).
- La relación entre los sectores colectivizados y los sectores de producción que siguen siendo individuales -especialmente en el campo- debe tender a un intercambio colectivo organizado a través de las cooperativas, suprimiendo así el mercado y el intercambio individual.
El texto de Marc comienza con la siguiente advertencia: "es siempre con la mayor precaución que los revolucionarios han planteado la cuestión del período de transición. El número, la complejidad y, sobre todo, la novedad de los problemas que el proletariado debe resolver impide cualquier elaboración de planes detallados de la sociedad futura; cualquier intento de hacerlo corre el riesgo de convertirse en una camisa de fuerza que ahogue la actividad revolucionaria de la clase". Es muy comprensible que Marc sólo nos dé un esbozo muy general de una posible "política económica" del proletariado. Uno de los puntos es demasiado general - "aumento sustancial del nivel de vida"-, pero los otros sí indican la dirección general; y uno marca claramente un avance sobre el texto de 1946, por ejemplo cuando dice que "el criterio de la producción debe ser la máxima satisfacción de las necesidades y ya no la acumulación", ya que el texto de 1946 todavía tendía a ver el "desarrollo de las fuerzas productivas" del proletariado como un proceso de acumulación que sólo puede significar la expansión del valor. De hecho, hoy en día somos muy conscientes de que tanto la crisis económica como ecológica del sistema son el resultado de una "sobreacumulación" y que el verdadero desarrollo tendrá que tomar necesariamente la forma de una profunda transformación y reorganización de las fuerzas productivas acumuladas bajo el capitalismo (implicando, por ejemplo, la conversión de formas de producción, energía y transporte altamente contaminantes, la reducción de las mega-ciudades capitalistas a una escala mucho más humana, la reforestación masiva, etc.).
En cuanto a la distribución del producto social en el período de transición, el texto no se pronuncia sobre el debate de los "bonos de tiempo de trabajo" basado en las propuestas de Marx en la Crítica del Programa Gotha y fuertemente defendidos, por ejemplo, por los comunistas de consejos holandés del GIC en el Grundprinzipien[9] y por la CWO en su más reciente artículo sobre el período de transición[10], pero el texto de Marc marca la pauta al insistir tanto en el intento de deshacerse de las formas salariales y monetarias como en la socialización generalizada del consumo: gratuidad del transporte, comidas comunitarias, etc. En el texto del WR en la Revista Internacional nº 1 la posición es más explícita en su rechazo de los vales de tiempo de trabajo. Aunque Marx no consideraba estos vales como una forma de dinero, ya que no se podían acumular, el artículo de WR sostiene que el sistema de tiempo de trabajo “no va realmente más allá de la noción capitalista de trabajo como un 'intercambio' entre el individuo, el trabajador atomizado y la 'sociedad'. El sistema de bonos de tiempo de trabajo tendería a dividir a los proletarios capaces de trabajar de los que no lo son (situación que bien puede intensificarse en un período de crisis revolucionaria internacional), y además abriría una brecha entre los proletarios y otras capas, inhibiendo el proceso de integración social. Tal sistema exigiría una inmensa supervisión burocrática de la labor de cada trabajador, y degeneraría muy fácilmente en una forma de salarios monetarios en un momento de declive de la revolución (estos inconvenientes se aplican tanto al período de la guerra civil como al propio período de transición).
Un sistema de racionamiento bajo el control de los consejos obreros se prestaría más fácilmente a la regulación democrática de los recursos totales de un bastión proletario y al fomento de sentimientos de solidaridad entre todos los miembros de la clase. Pero no nos hacemos ilusiones de que éste o cualquier otro sistema represente una 'garantía' contra el retorno de la esclavitud asalariada en su forma más desnuda".
Sin embargo, no creemos que se pueda decir con mayor certeza que en 1975 que este debate sobre las medidas económicas inmediatas del proletariado en el poder se ha resuelto de una vez por todas. Por el contrario, si bien puede y debe continuar hoy (nos proponemos volver a la cuestión en un futuro artículo de esta serie), solo puede resolverse con una futura praxis revolucionaria.
Una vez definido el carácter general del período de transición, el texto reafirma la posición sobre el Estado que ya había sido esbozada por el texto de la ICF en 1946:
"La sociedad de transición sigue siendo una sociedad dividida en clases y, por lo tanto, surgirá necesariamente en ella esa institución propia de todas las sociedades divididas en clases: el ESTADO. Con todas las limitaciones y medidas cautelares con las que rodearemos esta institución (los funcionarios serán elegidos y revocables, su consumo será igual al de un trabajador, existirá una unificación entre las funciones legislativas y ejecutivas, etc.), y que hacen de este estado un 'semi-estado', no debemos perder nunca de vista la naturaleza histórica antisocialista, y por lo tanto anti- proletaria y esencialmente conservadora, del Estado. El Estado sigue siendo el guardián del statu quo.
Reconocemos la inevitabilidad de esta institución que el proletariado tendrá que utilizar como un mal necesario para: romper la resistencia de la menguante clase capitalista y preservar un marco administrativo y político unido en este período en que la sociedad todavía está desgarrada por intereses antagónicos.
Pero rechazamos categóricamente la idea de hacer que este Estado sea el abanderado del comunismo. Por su propia naturaleza ('naturaleza burguesa en su esencia'--Marx), es esencialmente un órgano para la conservación del statu quo y una restricción del comunismo. Por lo tanto, el Estado no puede identificarse con el comunismo ni con el proletariado que es portador del comunismo. El proletariado es, por definición, la clase más dinámica de la historia ya que lleva a cabo la supresión de todas las clases, incluida la suya propia. Por eso, al utilizar el Estado, el proletariado expresa su dictadura no a través del Estado, sino sobre el Estado. Por eso el proletariado no puede permitir bajo ninguna circunstancia que esta institución (el Estado) intervenga con violencia dentro de la clase, ni que sea el árbitro de las discusiones y actividades de los órganos de clase - los consejos y el partido revolucionario".
Fue esta posición en particular -la naturaleza conservadora y no proletaria del Estado- que fue objeto de argumentos divergentes dentro de la CCI, no sólo con respecto al Estado de transición, sino al Estado en general.
El folleto de 1981 incluía un texto de Marc llamado 'Los orígenes del Estado y demás cuestiones’, que era una respuesta a un texto[11] escrito por dos camaradas de la minoría, M y S, defendiendo la noción de Estado proletario sobre la base de un examen de los orígenes históricos del Estado. M y S argumentaban que, dado que el Estado es en esencia la creación y el instrumento de una clase dominante, puede desempeñar un papel revolucionario en períodos en que esa clase es en sí misma una fuerza revolucionaria o al menos activamente progresista, mientras que sólo está condenado a desempeñar un papel reaccionario cuando esa clase en sí misma se vuelve decadente u obsoleta. Por lo tanto, su texto rechaza la definición del Estado como "conservador" en su naturaleza esencial. En cuanto a su función esencial, es como un instrumento de represión de una clase por otra. Por consiguiente, durante el período de transición el Estado puede y debe tener un carácter proletario, ya que no es más que la creación de la clase obrera con el fin de ejercer su dictadura.
En su respuesta, Marc ofrece una breve pero perspicaz historia de la forma en que el movimiento proletario ha desarrollado, a través de sus propios debates y sobre todo de sus propias experiencias en la lucha de clases, su comprensión de la cuestión del Estado: desde las primeras ideas de Babeuf y los Iguales sobre la conquista del Estado por la revolución armada hasta las intuiciones de los utópicos sobre el comunismo como una sociedad sin Estado; desde la crítica de la adoración al Estado de Hegel por el joven Marx hasta las lecciones extraídas por la Liga de los Comunistas de las revoluciones de 1848 y sobre todo por Marx y Engels de la Comuna de París de 1871, cuando se hizo evidente por primera vez que el Estado existente debía ser desmantelado y no conquistado. A continuación, se mencionan los estudios sobre el comunismo primitivo de Morgan que permitieron a Engels analizar los orígenes históricos del Estado, pasando por las fuerzas, debilidades y percepciones incompletas de Lenin en relación con la experiencia de la Revolución Rusa, y finalmente a los esfuerzos de la Izquierda Comunista para sintetizar y desarrollar todos los avances realizados por las expresiones precedentes del movimiento obrero. El objetivo aquí es mostrar que nuestro entendimiento del problema del Estado y el período de transición no es el producto de una ortodoxia marxista invariable, sino que ha evolucionado y de hecho continuará evolucionando a la luz de la experiencia real y la reflexión sobre esa experiencia.
El núcleo central del texto es la referencia al famoso pasaje de Engels sobre cómo el Estado aparece por primera vez en el largo período de transición cuando la sociedad comunista primitiva está dando paso al surgimiento de divisiones de clase definidas - no como la creación consciente ex nihilo de una clase dominante sino como una emanación de la sociedad en cierta etapa de su desarrollo: "El Estado no es, por lo tanto, de ninguna manera un poder impuesto a la sociedad desde el exterior; tampoco es 'la realidad de la idea moral', 'la imagen y la realidad de la razón', como sostiene Hegel. Más bien, es un producto de la sociedad en una etapa particular de desarrollo; es la admisión de que esta sociedad se ha involucrado en una autocontradicción insoluble y está dividida en antagonismos irreconciliables que no puede exorcizar. Pero para que estos antagonismos, clases con intereses económicos conflictivos, no se consuman a sí mismos y a la sociedad en una lucha infructuosa, se ha vuelto necesario un poder, aparentemente por encima de la sociedad, para moderar el conflicto y mantenerlo dentro de los límites del 'orden'; y este poder, surgido de la sociedad, pero colocándose por encima de ella y alienándose cada vez más de ella, es el Estado".[12]
Marc explica que esto no significa que el Estado tenga un papel neutral o mediador en la sociedad, pero muestra que simplemente definir el Estado como 'cuerpo de hombres armados' cuya función es ejercer la represión contra las clases explotadas u oprimidas es inadecuado, porque el papel principal del Estado es mantener unida a la sociedad y esta represión nunca será suficiente. De ahí la necesidad de utilizar instituciones ideológicas, formas de representación política, etc. Como dijo Marx en El rey de Prusia y la reforma social (1844), "desde el punto de vista político, el Estado y la organización de la sociedad no son dos cosas diferentes. El estado es la organización de la sociedad" - con la calificación, por supuesto, de que todavía estamos hablando de una sociedad dividida en clases.
Marc vuelve entonces a Engels para subrayar que esta función de organizar la sociedad, de mantenerla unida, significa preservar las relaciones de producción existentes y por lo tanto "Como el Estado surgió de la necesidad de mantener a raya los antagonismos de clase, pero también surgió en lo más reñido de la lucha entre las clases, normalmente es el Estado de la clase dominante económicamente más poderosa, que por sus medios se convierte también en la clase políticamente dominante, y por lo tanto adquiere nuevos medios de mantener y explotar a la clase oprimida"[13] .
Sin embargo, esta necesaria identificación con el Estado por parte de las clases explotadoras del pasado no se aplica al proletariado porque, como clase explotada, no tiene su propia economía. Y podemos agregar: ante una situación en que el viejo Estado se ha desmantelado y la vieja sociedad burguesa está en condiciones de disolverse, el proletariado todavía necesitará un instrumento para impedir que los conflictos entre él y las demás clases no explotadoras desgarren la sociedad. Y como esta situación es, en cierto sentido, un retorno a las condiciones originales que llevaron a la formación del Estado, las formas estatales aparecerán, surgirán, se manifestarán, le guste o no a la clase obrera. Y precisamente por ello, el Estado de transición, por mucho que el proletariado pueda dominarlo, no será un órgano puramente proletario, sino que -como ya pudo discernir la Oposición Obrera en relación con el Estado soviético en 1921- tendrá un carácter "heterogéneo"[14], basado en comunas territoriales o en organismos de tipo soviético en los que estará necesariamente representada toda la población no explotadora.
En cuanto al papel "conservador" del Estado, es necesario aclarar el texto original de 1946, en el que se dice que "en el curso de la historia, el Estado ha aparecido como un factor conservador y reaccionario". Pero conservador y reaccionario no son exactamente lo mismo. La función del Estado es siempre conservadora en el sentido de proteger, codificar y estabilizar los acontecimientos que tienen lugar en la economía y la sociedad. Dependiendo de la época, este papel puede servir globalmente al desarrollo progresivo de las fuerzas productivas; en períodos de decadencia, el mismo papel se vuelve abiertamente reaccionario en el sentido de mirar hacia atrás, preservando todo lo que es pasado y obsoleto. La diferencia clave con la minoría no estaba aquí, sino en su idea de que el movimiento dinámico -el movimiento hacia el futuro- provenía del Estado y no de la sociedad. Un artículo publicado en la Revista Internacional 11[15] y firmado por RV argumenta con fuerza que, incluso en la revolución burguesa, a la cual los camaradas de la minoría les gustaba más referirse como ejemplo de que el Estado era un instrumento revolucionario, el movimiento realmente radical que impulsaba el derrocamiento del viejo régimen venía de "abajo", del movimiento "plebeyo" en las calles, las asambleas generales en las "secciones", o la primera Comuna de París de 1793 - que se enfrentaban constantemente a las fronteras económicas y políticas impuestas por el poder estatal central de la burguesía en su búsqueda de orden y estabilidad. Esto es aún más cierto en el caso de la revolución proletaria, donde la transformación comunista dirigida por la clase obrera tendrá que ir constantemente más allá de los límites legalmente definidos por la organización oficial de la sociedad de transición, el Estado.
En el tercer texto, publicado en 1978 en la RInt 15[16], Marc profundiza en algunas de las cuestiones planteadas en los dos artículos anteriores, pero en particular recoge y desarrolla una idea clave en la cita de Engels utilizada en el artículo anterior: "este poder, surgido de la sociedad, pero que se sitúa por encima de ella y se aleja cada vez más de ella, es el Estado".[17]
Como señala Marc, el reconocimiento del Estado como una de las manifestaciones más primordiales de la alienación del hombre de sí mismo, o de lo que puede ser, es una de las primeras ideas políticas de Marx y fue clave para su Crítica de la filosofía hegeliana:
"En su Crítica de la Filosofía del Estado de Hegel[18], con la que comenzó su vida como pensador y militante revolucionario, Marx no sólo luchó contra el idealismo de Hegel que sostenía que la idea era el punto de partida de todo movimiento (haciendo de la “idea el sujeto, el sujeto real, o propiamente dicho, el predicado” en todos los casos, como escribió en la Crítica de la Filosofía del Estado de Hegel, también denunció con vehemencia las conclusiones de esta filosofía, que hacen del Estado el mediador entre el hombre social y el hombre político universal, el reconciliador de la escisión entre el hombre privado y el hombre universal. Hegel, constatando el creciente conflicto entre la sociedad civil y el Estado, quiso que la solución de esta contradicción se encontrara en la autolimitación de la sociedad civil y en su integración voluntaria en el Estado, pues, como dijo, "sólo en el Estado el hombre tiene una existencia conforme a la razón" y "todo lo que el hombre es, se lo debe al Estado y es allí donde reside su ser". Todo su valor y realidad espiritual, el hombre sólo los tiene a través del Estado" (Hegel, La Razón en la Historia). Contra esta delirante apología del Estado, Marx dijo que 'la emancipación humana sólo se completa cuando el hombre ha reconocido y organizado sus propias fuerzas como fuerzas sociales, de modo que la fuerza social ya no está separada de sí misma en forma de fuerza política', es decir, el Estado (de La cuestión judía)".
Por lo tanto, desde el principio, el trabajo teórico de Marx tomó una posición contra el Estado como tal, que era un producto, una expresión y un factor activo de la alienación de la humanidad. En contra de la demanda de Hegel de fortalecer el Estado y de absorber la sociedad civil, Marx insistió resueltamente en que la desaparición del Estado era sinónimo de emancipación de la humanidad, y que esta noción fundamental se enriquecería y desarrollaría a lo largo de su vida y su obra.
Esto se argumenta de manera más explícita en la sección de la Crítica que trata sobre la cuestión del voto, que para Hegel mantenía estrictamente la separación entre la asamblea legislativa y la sociedad civil, ya que los electores no ejercían en ningún sentido un mandato sobre los elegidos. Marx veía un potencial diferente, si el voto iba a ser universal y si "los electores tenían la opción de deliberar y decidir sobre los asuntos públicos por sí mismos o de delegar a individuos específicos para que realizaran estas tareas en su nombre". El resultado de tal "democracia directa" sería este:
"En el sufragio irrestricto, tanto activo como pasivo, la sociedad civil se ha elevado por primera vez a una abstracción de sí misma, a la existencia política como su verdadera existencia universal y esencial. Pero el pleno logro de esta abstracción es a la vez también la trascendencia [Aufhebung] de la abstracción. Al establecer su existencia política como su verdadera existencia, la sociedad civil ha establecido simultáneamente su existencia civil, en distinción de su existencia política, como no esencial. Y con una separada, la otra, su opuesto, cae. Dentro del Estado político abstracto, la reforma del voto adelanta la disolución [Auflösung] de este estado político, pero también la disolución de la sociedad civil".
Estas palabras pueden estar todavía redactadas en el lenguaje de la democracia, pero también tienden a trascenderla, ya que anticipan no sólo la disolución del Estado sino también de la sociedad civil - es decir, burguesa. Y en el año siguiente Marx escribirá la "Introducción" a la Crítica, que a diferencia de ésta última se publicó en realidad (en los Anales francoalemanes de 1844) y compondrá los Manuscritos económicos y filosóficos. En el primero, Marx identifica al proletariado como el agente del cambio revolucionario, y en el segundo, declara definitivamente que el comunismo es el único futuro posible para la sociedad humana.
Volviendo al texto de Marc, es significativo que de nuevo enmarque toda su línea de investigación en un arco histórico muy amplio. Al igual que en el texto anterior sobre los orígenes del Estado, donde habla con cierto detalle sobre la sociedad "gentilicia" y su desaparición, comienza con la disolución de la sociedad comunista primitiva y el primer surgimiento del Estado. El define esto como la antítesis o negación inicial que asegura que todas las sociedades de clases subsiguientes, a pesar de todos los cambios que han tenido lugar de un modo de producción a otro, mantengan una unidad y continuidad esenciales - hasta la futura abolición de las clases y, por lo tanto, la desaparición del Estado, que es la síntesis, la "Negación de la negación, la restauración de la comunidad humana en un nivel superior".
En toda la larga época de la primera negación, de la sociedad de clases, el Estado tiende cada vez más a perpetuarse a sí mismo y a sus propios intereses privados, a alienarse cada vez más de la sociedad. Así, el poder cada vez más totalitario del Estado alcanza su punto culminante en el fenómeno del capitalismo de Estado que pertenece a la época de la decadencia del capitalismo. "Con el capitalismo, la explotación y la opresión han alcanzado un paroxismo, porque el capitalismo es el producto condensado de todas las sociedades anteriores de explotación del hombre por el hombre. El Estado en el capitalismo ha logrado su destino, convirtiéndose en el monstruo horrible y sangriento que conocemos hoy en día. Con el capitalismo de Estado ha realizado la absorción de la sociedad civil, se ha convertido en el gestor de la economía, en el jefe de la producción, en el amo absoluto e indiscutible de todos los miembros de la sociedad, de sus vidas y actividades; ha desatado el terror y la muerte y ha presidido una barbarie generalizada".
Por lo tanto, todo este proceso es clave para medir la distancia entre la humanidad tal como podría ser y la humanidad tal como está ahora: en resumen, la espiral de alienación de la humanidad, que ha llegado a su punto más extremo en la sociedad burguesa. En oposición a esto corre el "movimiento real", el desarrollo del comunismo, que, como condición previa a su futuro florecimiento, debe asegurar el marchitamiento del Estado, cumpliendo la promesa de Marx de un tiempo "en que el hombre ha reconocido y organizado sus propias fuerzas como fuerzas sociales".
Esta visión panorámica de la historia nos permite entender mejor la naturaleza esencialmente conservadora del Estado, su necesario antagonismo con la dinámica que surge de la esfera social, la humana:
"Debemos tener mucho cuidado de no caer en la confusión y el eclecticismo que sostiene que el Estado es a la vez conservador y revolucionario. Esto daría la vuelta a la realidad y abriría la puerta al error de Hegel que hace del Estado el sujeto del movimiento de la sociedad.
La tesis de la naturaleza conservadora del Estado, que se preocupa sobre todo de su propia conservación, está estrecha y dialécticamente vinculada a la noción de que la emancipación de la humanidad puede identificarse con la desaparición del Estado".
En el artículo de Marc, en el párrafo que abre esta sección, se señala que el error cardinal de Hegel sobre la historia, en el que ve la verdadera fuerza que avanza como el Estado, también se comete el error a nivel lógico, en su confusión entre sujeto y predicado, idea y realidad, que Marx también critica ampliamente en la Crítica: "La familia y la sociedad civil son los presupuestos del Estado; son las cosas realmente activas; pero en la filosofía especulativa se invierte. Pero si la Idea se hace sujeto, entonces los sujetos reales -sociedad civil, familia, circunstancias, capricho, etc. - se vuelven irreales y asumen el significado diferente de los momentos objetivos de la Idea".
El artículo de la Revista Internacional 15 también entra en mayores detalles sobre la forma del Estado en el periodo de transición:
"Podemos proponer los siguientes principios para la estructura de la sociedad de transición:
1. Toda la población no explotada se organiza sobre la base de soviets territoriales o comunas, centralizados de abajo hacia arriba, y dando lugar al Estado-Comuna.
2. Los trabajadores participan en esta organización soviética, individualmente como todos los miembros de la sociedad, y colectivamente a través de sus órganos de clase autónomos, en todos los niveles de la organización soviética.
3. El proletariado se asegura de tener una representación preponderante en todos los niveles, pero especialmente en los niveles superiores.
4. El proletariado conserva y mantiene una completa libertad en relación con el Estado. El proletariado no subordina en ningún caso el poder de decisión de sus propios órganos, los consejos obreros, al del Estado, sino que debe procurar que ocurra lo contrario.
5. En particular, no tolerará la injerencia del Estado en la vida y la actividad de la clase organizada; le privará de todo derecho o posibilidad de reprimir a la clase obrera.
6. El proletariado conserva sus armas fuera de todo control del Estado".
Estas perspectivas no son recetas para los libros de cocina del futuro; "no se basan en modo alguno en ideas o principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo" (Manifiesto Comunista). Al contrario, son las conclusiones que hay que sacar de la experiencia real de la Revolución Rusa. Aquí, en su primer período heroico, los órganos específicos de la clase obrera -comités de fábrica, Guardias Rojas, soviets elegidos por las asambleas de los lugares de trabajo- formaban parte de una red más amplia de soviets que abarcaba a toda la población no explotadora. Pero el esbozo de Marc sobre la estructura del Estado de transición hace más explícita la necesidad de que la clase obrera ejerza su control sobre este aparato estatal general, una idea que hasta ahora sólo estaba implícita en la Revolución Rusa, por ejemplo, en la noción de que los votos de las asambleas obreras y los delegados deben contar más que los votos de los delegados de los campesinos y otras clases no explotadoras. Al mismo tiempo, el bosquejo supera ciertos errores clave cometidos en la Rusia de 1917, en particular el hecho de que, una vez iniciada la Guerra Civil en 1918, las milicias de las fábricas, los Guardias Rojos, fueron disueltos en el Ejército Rojo territorial. Esto significó que los trabajadores se vieron privados de un instrumento crucial para defender sus intereses específicos, incluso contra el Estado de transición y su ejército, si fuera necesario. El párrafo que sigue en el texto de Marc también insiste en otra lección esencial de la experiencia rusa:
"Sólo nos queda afirmar que el partido político de la clase no es un órgano estatal. Durante mucho tiempo los revolucionarios no mantuvieron este punto de vista, pero esto fue un signo de la inmadurez de la situación objetiva y de su propia falta de experiencia. La experiencia de la Revolución Rusa ha demostrado que este punto de vista es obsoleto. La estructura de un Estado basado en partidos políticos es típica de la democracia burguesa, del Estado burgués. La sociedad en el período de transición no puede delegar su poder a los partidos políticos, es decir, a organismos especializados. El semi- estado se basará en el sistema soviético, en la participación directa y constante de las masas en la vida y el funcionamiento de la sociedad. Esto implica que las masas pueden en cualquier momento retirar a sus representantes, reemplazarlos, ejercer un control constante y directo sobre ellos. La delegación del poder a los partidos, de cualquier tipo, reintroduce la división entre el poder y la sociedad y, por lo tanto, es una barrera importante para su emancipación.
Además, la asunción o la participación en el poder estatal por parte del partido proletario alterarán profundamente sus funciones, como lo demuestra la experiencia rusa. Sin entrar en una discusión sobre la función del partido y su relación con la clase -lo que plantea otro debate-, basta con decir aquí que las exigencias contingentes del Estado terminarían prevaleciendo sobre el partido, haciéndolo identificar con el Estado y separarse de la clase, hasta el punto de oponerse a ella".
Hay que preguntarse sobre este esbozo de un posible Estado de transición del futuro. Se basa en el principio fundamental de que el proletariado, como única clase comunista, debe mantener en todo momento su autonomía de todas las demás clases. La traducción directa de este concepto es el llamado a los consejos obreros a ejercer su dictadura sobre el Estado, y la composición social de estos consejos es clara: son consejos de toda la ciudad compuestos por delegados elegidos por todos los lugares de trabajo de esa ciudad. El problema para nosotros es que esta noción fue planteada en un momento - en los años 70 - en que la clase obrera todavía tenía un sentido definido de identidad de clase y, en los países centrales del capital, se concentraba en grandes lugares de trabajo como fábricas, minas, astilleros, etc. Pero en las últimas décadas estas concentraciones han sido en gran medida disueltas por el proceso de "globalización" y la clase obrera no sólo ha sido atomizada materialmente por estos cambios sino que también ha sido sometida a una implacable ofensiva ideológica, sobre todo desde el colapso del llamado "comunismo" después de 1989: una ofensiva basada en la idea de que la clase obrera ya no existe, que es ahora, en el mejor de los casos, una especie de subclase, incluso una subclase racial, como en la repugnante noción de que la clase obrera es por definición "blanca". De la misma manera, nuestra clase se ha fragmentado aún más por el proceso de "Uberización" que busca presentar a cada trabajador como un empresario individual. Pero sobre todo ha sido asaltada por la propaganda que afirma que la lucha de clases es un anacronismo total y que sólo puede conducir no a la formación de una sociedad más humana, sino a las peores formas de terror de Estado, como en la URSS de Stalin[19].
Estos cambios y campañas han traído grandes dificultades para la clase obrera y plantean verdaderos problemas sobre la formación de los consejos obreros del futuro. No es que la idea de los consejos haya desaparecido totalmente o se haya convertido en un mero apéndice de la democracia burguesa. La noción subyacente apareció, por ejemplo, en las asambleas de masas del movimiento de los Indignados en España en 2011 - y contra aquellos grupos como Democracia Ahora que querían usar las asambleas para dar una especie de vida vampírica al sistema parlamentario, había quienes en el movimiento argumentaban que estas asambleas eran una forma más alta de autogobierno que el viejo sistema parlamentario. La mayoría de los protagonistas de estas asambleas eran efectivamente proletarios, pero eran principalmente estudiantes, desempleados, trabajadores precarios, y superaron su atomización reuniéndose en las plazas de las ciudades o en asambleas de barrios más locales. Al mismo tiempo, había poca o ninguna tendencia a celebrar asambleas en los lugares de trabajo más grandes.
En cierto sentido, esta forma de organización de asambleas fue una vuelta a la forma de la Comuna en 1871, que estaba formada por delegados de los barrios (pero sobre todo de los barrios obreros) de París. Los consejos obreros o soviets de 1905 o 1917 habían sido un paso adelante respecto de la Comuna porque eran un medio definitivo para permitir a la clase organizarse como clase. La forma "territorial", por el contrario, es mucho más vulnerable a la idea de que son los ciudadanos los que se reúnen, no una clase con su propio programa, y vimos esta debilidad muy claramente en el movimiento de los indignados. Y más recientemente, las revueltas sociales que han ido arrasando el globo desde el Medio Oriente hasta Sudamérica han mostrado aún más claramente el peligro del interclasismo, de que el proletariado se ahogue en las protestas de la población en general, que están dominadas por la ideología democrática por un lado y, por otro, por la violencia desesperada y desorganizada que caracteriza al lumpen proletariado[20].
No podemos estar seguros de cómo se abordará este problema en un futuro movimiento de masas, que bien puede ver al proletariado organizándose mediante una combinación de asambleas de masas en el lugar de trabajo y en la calle. También puede ser que la autonomía de la clase obrera tenga que asumir un carácter más directamente político en el futuro: en otras palabras, que los órganos de clase de la próxima revolución se definan mucho más que en el pasado sobre la base de su capacidad de asumir y defender posiciones políticas proletarias (como la oposición al parlamento y a los sindicatos, el desenmascaramiento de la izquierda capitalista, etc.). Esto no implica de ninguna manera que los lugares de trabajo, y los consejos que emanan de ellos, dejarán de ser un foco crucial para el encuentro de la clase obrera como clase. Este será ciertamente el caso en países como China, cuya frenética industrialización ha sido el contrapunto a la desindustrialización de partes del capitalismo en Occidente. Pero incluso en este último, todavía hay concentraciones considerables de trabajadores en sectores como la salud, transporte, comunicación, administración y educación (y el sector manufacturero)…). Y hemos visto algunos ejemplos de cómo los trabajadores pueden superar las desventajas de estar dispersos en pequeñas empresas, por ejemplo, en la lucha de los trabajadores del acero en Vigo, España, en 2006, donde asambleas de huelguistas en el centro de la ciudad agruparon a los trabajadores de varias pequeñas fábricas de acero. Volveremos a estas cuestiones en un futuro artículo. Pero lo que es seguro es que, en cualquier levantamiento revolucionario futuro, la autonomía de clase del proletariado implicará una verdadera asimilación de la experiencia de las revoluciones anteriores y, sobre todo, de la experiencia del Estado post-revolucionario. Podemos decir con cierta confianza que la crítica del Estado elaborada por una línea de revolucionarios que vincula a Marx, Engels y Lenin con Bilan y Marc Chirik tanto en la ICF como en la CCI, será indispensable para la readquisición, por parte de la clase obrera, de su propia historia y, por tanto, para la realización de su futuro comunista.
C D Ward, agosto de 2019
[1] https://en.internationalism.org/content/9523/aftermath-world-war-two-debates-how-workers-will-hold-power-after-revolution [348]
[2] Varios artículos y nuestros análisis pueden encontrarse aquí: https://en.internationalism.org/series/395 [349]
[3] Por ejemplo: https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4055/sobre-la-naturaleza-y-la-funcion-del-partido-politico-del-proletar [350]
[4]El folleto original de El periodo de transición del capitalismo al socialismo está agotado, pero pueden solicitarse fotocopias. Ver también en https://es.internationalism.org/series/488 [351] y https://es.internationalism.org/content/4459/debate-sobre-el-comunismo-y-el-periodo-de-transicion-del-capitalismo-al-comunismo [352]
[5] La evolución de este grupo, en particular su apología del terrorismo y sus amenazas violentas contra camaradas de la CCI, se sale de las fronteras del campo proletario, ver: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200602/516/para-que-sirve-el-grupo-comunista-internacionalista-gci [353]
[6] Uno de los grupos que más recientemente se ha convertido a esta idea es Internationalist Perspective (internationalist-perspective.org/IP/ip-texts/communisation.html). Una respuesta interesante a quienes rechazan la necesidad del periodo de transición fue publicado en 2014 por CWO (https://www.leftcom.org/en/articles/2014-10-07/the-period-of-transition-and-its-dissenters [354]
[7] Ver nuestra crítica de Dauvé sobre los acontecimientos de España en 1936 https://en.internationalism.org/wr/230_Fbarrot.htm [355]. También Las confusiones del FOR sobre Octubre 1917 y España 1936 (https://es.internationalism.org/content/4388/las-confusiones-del-sobre-octubre-1917-y-espana-1936 [356] ) y ¿Una revolución más profunda que la revolución rusa de 1917? https://es.internationalism.org/cci/200602/754/2-una-revolucion-mas-profunda-que-la-revolucion-rusa-de-1917 [357]
[8] En sí mismo el término comunización es válido, ya que es perfectamente cierto que las relaciones sociales comunistas no son producto de los decretos del Estado sino del "movimiento real que suprime el estado de cosas actual” como dijo Marx. Pero rechazamos la idea de que este proceso pueda tener lugar sin la toma del poder por la clase obrera.
[9] El comunismo no es una "buena idea", Vol. 3 Parte 10, "Bilan, la Izquierda Holandesa y la transición al comunismo", Revista Internacional 151, https://es.internationalism.org/revista-internacional/201305/3732/bilan-la-izquierda-holandesa-y-la-transicion-al-comunismo [358]
[10] Ver nota de pie de página 6.
[11] "El Estado en el período de transición", S y M, mayo de 1977
[12] El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Capítulo IX https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/index.htm [359]
[13] Engels utiliza el término "normalmente" porque continúa diciendo que "los períodos excepcionales, sin embargo, ocurren cuando las clases en conflicto son casi tan iguales en fuerzas que el poder estatal, como mediador aparente, adquiere por el momento una cierta independencia en relación con ambos. Esto se aplica a la monarquía absoluta de los siglos XVII y XVIII, que equilibra la nobleza y la burguesía entre sí; y al bonapartismo del Primer y particularmente del Segundo Imperio Francés, que enfrentó al proletariado contra la burguesía y a la burguesía contra el proletariado". Marc comenta estas excepciones en "Orígenes del Estado y demás cuestiones", dando ejemplos en los que, en el marco de la sociedad de clases, la forma de Estado que corresponde generalmente al modo de producción dominante puede servir también para proteger las relaciones de producción que han reaparecido después de una larga ausencia, como es el caso de la esclavitud en los siglos XVII-XIX.
[14] “1921: El proletariado y el periodo de transición”, Revista Internacional 100, https://en.internationalism.org/internationalreview/200001/9646/1921-proletariat-and-transitional-state [360]
[15] "Estado y dictadura del proletariado", https://es.internationalism.org/revista-internacional/197710/1075/estado-y-dictadura-del-proletariado [361]
[16] “El Estado en el período de transición” Revista Internacional 115, https://en.internationalism.org/content/2648/state-period-transition [362]
[17] El Origen de la Familia, la propiedad privada y el Estado, Capítulo IX
[19]El informe sobre la lucha de clases del último congreso de la CCI se centra en esta cuestión de la identidad de clase. https://es.internationalism.org/content/4452/informe-sobre-la-lucha-de-clases-formacion-perdida-y-reconquista-de-la-identidad-de [283]
Cuando el proletariado fue traicionado en vísperas de la Primera Guerra Mundial y conducido a las trincheras por la socialdemocracia, los pocos revolucionarios que habían permanecido fieles al internacionalismo no cedieron a los llamados a la “Unión Sagrada” contra el “militarismo alemán” para unos, o contra “el zarismo autocrático” para otros.
¡Todo lo contrario! Cuando la histeria chovinista estaba en su apogeo, incluso en las filas del proletariado, primero se reunieron en Zimmerwald en 1915, a pesar de la confusión de muchos de ellos, luego al año siguiente en Kienthal. Los revolucionarios que fueron los más claros sobre la nueva situación que se abría con la guerra, la "izquierda de Zimmerwald", en particular los bolcheviques, entablaron una feroz lucha dentro de estas conferencias para esclarecer el camino a seguir y mantener bien enarbolada la bandera del internacionalismo y la autonomía del proletariado en su lucha: la clase obrera no tiene que elegir un bando y no tiene que alinearse detrás de los intereses de tal o cual clase social; la única salida para detener la guerra, ¡es la lucha autónoma e internacional del proletariado sobre la base de sus intereses específicos!
Durante la Segunda Guerra Mundial, pináculo atroz de varias décadas de contrarrevolución, las fuerzas revolucionarias, las de la Izquierda Comunista, aunque débiles y dispersas, nunca dejaron de denunciar la guerra e intervenir en su clase para recordarle, en un contexto sumamente difícil, que tenía que desarrollar sus luchas contra todas las formas de imperialismo. Una vez más, las organizaciones revolucionarias no esperaron de brazos cruzados que el proletariado se movilizara en masa contra la guerra. Más bien, buscaron actuar como una punta de lanza decidida en la defensa del internacionalismo, destacando la necesidad de derrocar el sistema capitalista, a pesar de que el proletariado, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, era absolutamente incapaz de llevar a cabo esta tarea titánica.
Siguiendo los pasos de nuestros predecesores, varias organizaciones revolucionarias, incluida la CCI, suscribieron, y difundieron, tras la invasión del ejército ruso a Ucrania, una “Declaración conjunta [367]”(1) que comenzaba con estas palabras: “Los proletarios ¡No tienen patria! ¡Abajo todas las potencias imperialistas! En lugar de la barbarie capitalista: ¡el socialismo!”.
Aquellos que no ven más allá de la punta de sus narices no dejarán (¡y no han fallado!) de mofarse de este llamado de un puñado de pequeñas, inaudibles y desconocidas organizaciones de la clase obrera. No nos hacemos ilusiones, sabemos perfectamente que solo una parte ínfima de la clase tuvo acceso a esta declaración, que su influencia en las filas del proletariado sigue siendo muy minoritaria.
Pero también sabemos de dónde venimos, recordamos las lecciones de Zimmerwald, de Kienthal y de la lucha de la Izquierda Comunista durante la Segunda Guerra Mundial: los “puñados de organizaciones pequeñas, inaudibles y desconocidas” de entonces supieron ponerse a la altura de sus responsabilidades, conscientes de la necesidad de reagrupar las fuerzas revolucionarias sobre la base de un esclarecimiento político serio, para una intervención decidida y lo más clara posible dentro del proletariado. Como señala la “Declaración Conjunta”: “Ante la aceleración del conflicto imperialista en Europa, las organizaciones políticas basadas en el legado de la Izquierda comunista continúan enarbolando la bandera de un internacionalismo proletario coherente y proporcionando un punto de referencia para quienes defienden los principios de la clase obrera. Es por esto que las organizaciones y grupos de la Izquierda Comunista, hoy pocos y poco conocidos, han decidido publicar esta declaración conjunta y difundir lo más ampliamente posible los principios internacionalistas que se forjaron contra la barbarie de las dos guerras mundiales”. ¡Esta es la tarea que hoy deben plantearse los revolucionarios consecuentes! No se trata de ver pasar la historia desde el balcón disertando hábilmente sobre el estado del mundo: los revolucionarios son combatientes, no académicos. Tampoco se trata de lanzarnos en una agitación política artificial, de inventarse una influencia dentro de la clase obrera pensando en barrer sus inmensas dificultades con el poder de nuestras palabras y la justeza de nuestras posiciones. Tal actitud inmediatista, no puede conducir más que a la desmoralización, o peor aún al oportunismo más desvergonzado en un intento de ganar, por concesiones de principios, una influencia que no tenemos ni podemos tener en la situación actual.
Ahora bien, si el proletariado aún no está en condiciones de luchar directamente contra la guerra imperialista, ha demostrado su capacidad de levantar la cabeza frente a las consecuencias de la guerra y de la crisis económica. Durante meses, el proletariado en el Reino Unido ha estado en lucha. Por supuesto, la burguesía, sus partidos de izquierda y sus sindicatos, hacen todo lo posible por canalizar la ira y dirigirla hacia los callejones sin salida, del corporativismo o el electoralismo, de las luchas parcelarias o interclasistas. Sin embargo, millones de trabajadores salieron a las calles para desahogar su ira, discutir y negarse a agachar la cabeza. ¡Esto, en un país que no conocía ninguna lucha significativa desde hacía 40 años! En muchos otros países se expresa la ira, se multiplican las luchas para rechazar la inflación, despidos y "reformas" de la burguesía. Estas luchas son un fermento para el desarrollo de la conciencia de clase. Corresponde, pues, a los revolucionarios no solo defender allí la autonomía de la lucha de clases contra las trampas tendidas por la burguesía, sino también establecer el vínculo entre los ataques sufridos por el proletariado en todos los países y la crisis histórica del capitalismo, de la cual la guerra es una expresión caricaturesca a la vez que un poderoso acelerador.(2) Cuanto más armados políticamente estén los revolucionarios para defender esta orientación, más decisiva será su influencia, al menos inicialmente, entre los trabajadores en búsqueda de posiciones de clase.
La otra lección de la experiencia de las conferencias de Zimmerwald y Kienthal es la necesidad de construir la organización revolucionaria. Sin el Partido Mundial del Proletariado, sin esta parte más consciente y decidida de la clase obrera, no puede haber lucha revolucionaria victoriosa contra la crisis y las guerras del capitalismo. Tanto en Zimmerwald y Kienthal, como en el seno de la Izquierda Comunista, los revolucionarios, a pesar de las dificultades, las confusiones, a veces los errores, siempre han buscado confrontar sus puntos de vista, defendiendo la necesidad del debate dentro del campo proletario en torno a cuestiones divergentes. Por ello en las conferencias de 1915 y 1916, a pesar de profundos desacuerdos, tampoco dudaron en unirse y publicar un Manifiesto para defender lo que tenían en común:
EG , 30 de diciembre de 2022
1 Véase Declaración Conjunta de Grupos de la Izquierda Comunista Internacional sobre la Guerra en Ucrania.
2 Véase, nuestro volante internacional: “La burguesía impone nuevos sacrificios, la clase obrera responde con la lucha”, en la Revista Internacional 169.
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Hace 130 años cuando las tensiones entre potencias capitalistas crecían en Europa, Federico Engels planteó la disyuntiva para la humanidad: Socialismo o Barbarie.
Esta se concretó en la Primera Guerra Mundial que estalló en 1914 y causó 20 millones de muertos, otros 20 millones de inválidos, y en el caos de la guerra se produjo la pandemia de la gripe española con más de 50 millones de muertos.
La revolución en Rusia 1917 y las tentativas revolucionarias en varios países acabaron con la carnicería y mostraron la otra cara del dilema histórico planteado por Engels: el derrocamiento del capitalismo a nivel mundial por la clase revolucionaria -el proletariado- abriendo la posibilidad de la sociedad comunista.
Sin embargo, lo que viene a continuación:
el aplastamiento de la tentativa mundial revolucionaria de 1917-23, la brutal contrarrevolución en Rusia perpetrada por el estalinismo adoptando la bandera del “comunismo”;
la masacre del proletariado en Alemania, iniciada por la Socialdemocracia1 [370] y rematada por el nazismo;
el alistamiento del proletariado y su masacre en este país;
el alistamiento de los proletarios bajo las banderas del antifascismo y la defensa de la Patria “socialista”;
llevaron en 1939-45 a otro nuevo jalón de la barbarie, la Segunda Guerra Mundial con 60 millones de muertos y una secuela infinita de sufrimientos: los campos de concentración nazis y estalinistas; los bombardeos aliados de Dresde, Hamburgo o Tokio (enero 1945), el lanzamiento por USA de bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.
Desde entonces la guerra no ha cesado de segar vidas en todos los continentes.
Primero fue la confrontación entre los bloques americano y ruso, la llamada Guerra Fría (1945-89), con una cadena interminable de guerras localizadas y con la amenaza de un diluvio de bombas nucleares pendiendo sobre el planeta entero
Después, tras el hundimiento de la URSS en 1989-91, guerras caóticas han ensangrentado el planeta, Irak, Yugoslavia, Ruanda, Afganistán, Yemen, Siria, Etiopía, Sudán… La guerra de Ucrania es la crisis bélica más grave desde 1945.
La barbarie de la guerra se ve acompañada por una multiplicación y una interacción de fuerzas destructivas que se refuerzan mutuamente:
la pandemia COVID que aún está lejos de ser superada y que anuncia nuevas pandemias;
el Desastre ecológico y medioambiental que se acelera y se amplifica conjugandose con toda clase de trastornos climáticos, provocando catástrofes cada vez más incontrolables y mortíferas: sequías, inundaciones, huracanes, tsunamis; contaminación de tierras, aguas, del aire y del espacio…
la grave crisis alimentaria que provoca hambrunas de proporciones bíblicas.
Hace 40 años, la humanidad corría el riesgo de perecer en una Tercera Guerra Mundial, hoy puede ser aplastada por esa agregación y combinación mortífera de fuerzas de destrucción. “Ser aniquilado bestialmente por un chaparrón de bombas termonucleares en una guerra generalizada o serlo por la contaminación, la radioactividad de las centrales nucleares, las hambres, las epidemias y las matanzas en conflictos guerreros, en los que, además, se utilizarían las armas atómicas, todo ello es, en fin, de cuentas, lo mismo. La única diferencia entre ambas formas de destrucción es que aquélla es más rápida mientras que ésta va más lenta y, por ende, con muchos más sufrimientos si cabe”2 [371]. La disyuntiva planteada por Engels toma una forma mucho más acuciante: COMUNISMO o DESTRUCCION DE LA HUMANIDAD. El momento es grave, es necesario que los revolucionarios internacionalistas lo afirmemos sin tapujos ante nuestra clase pues solo ella puede abrir la perspectiva comunista a través de una lucha permanente y encarnizada.
Los llamados « medios de comunicación de masas” falsifican y subestiman la realidad de la guerra. Al principio no hacían más que hablar de la guerra de Ucrania las 24 horas del día. Pero, con el paso del tiempo, la guerra se ha banalizado, ya no ocupa los titulares de los periódicos, sus ecos no van más allá de algunas declaraciones amenazadoras, de llamamientos a los sacrificios para “enviar armas a Ucrania”, de campañas de propaganda machacones contra los rivales, de fake news, todo ello sazonado con vanas ilusiones de “negociaciones” …
Banalizar la guerra, habituarse a su olor repugnante de cadáveres y ruinas humeantes, es la peor de las perfidias, es ocultar el grave peligro que hace pesar sobre la humanidad, es cegarnos sobre todas las amenazas que penden permanentemente sobre nuestras cabezas.
Millones de personas, en África, Asia o Centroamérica, no conocen otra realidad que la GUERRA; desde que nacen hasta que mueren malviven en un océano de barbarie donde proliferan atrocidades de todo género: niños - soldados, operaciones de castigo, toma de rehenes, atentados terroristas, desplazamientos en masa, bombardeos indiscriminados.
Mientras las guerras del pasado se limitaban al frente de combate y movilizaban a una proporción muy limitada de la población, las guerras del siglo XX y XXI son GUERRAS TOTALES que abarcan todas las esferas de la vida social, movilizan a toda la población, tanto soldados como civiles, y sus efectos se extienden por todo el mundo arrastrando a todos los países, incluidos los no directamente beligerantes. En las guerras del siglo XX y XXI ningún habitante ni lugar del planeta pueden escapar a sus efectos letales.
En el frente, que puede abarcar miles de kilómetros y que se extiende por tierra, mar y aire… ¡y por el espacio!, la vida es segada por las bombas, los disparos, las minas, en muchos casos por el “fuego amigo” … Embargados por una locura asesina, forzados por el terror que imponen los superiores o atrapados en situaciones extremas, todos los participantes se ven obligados a realizar las acciones más suicidas, criminales y destructivas.
Parte del frente militar es la “guerra a distancia” con el despliegue incesante de máquinas de destrucción ultramodernas: aviones que arrojan sin pausa miles de bombas; drones teledirigidos a todos los “objetivos” del enemigo, artillería móvil o fija que machacan incansables al rival, misiles que recorren cientos o miles de kilómetros.
La llamada “retaguardia” se convierte en teatro permanente de la guerra donde la población es tomada como rehén de los bandos enfrentados. Cualquiera puede morir en los bombardeos periódicos de ciudades enteras…. En los centros de producción se trabaja con el fusil en la espalda armado por policía, partidos, sindicatos y demás instituciones de “la Patria”, a la vez que se corre el peligro de ser destripados por las bombas enemigas. El trabajo se convierte en un infierno aún mayor que el cotidiano de la explotación capitalista.
La comida dramáticamente racionada es una sopa inmunda y pestilente … No hay agua, ni electricidad, ni calefacción… Millones de seres humanos ven su existencia reducida a una animal supervivencia. Desde el cielo caen los obuses que matan miles de personas causándoles horribles agonías, sobre el terreno los interminables controles policiales o militares, el peligro de ser arrestado por esbirros armados, mercenarios presentados como “defensores de la patria” … Continuamente hay que correr a refugiarse en sótanos inmundos infestados de ratas … El respeto, la solidaridad más elemental, la confianza, el pensamiento racional… desaparecen arrasados por la atmósfera de terror que impone no solo el gobierno, sino la Unión Nacional en la que participan con celo inmisericorde partidos y sindicatos. Los rumores más absurdos, las noticias más inverosímiles, circulan sin cesar provocando un ambiente histérico de delación, de sospecha indiscriminada, tensión brutal, pogromismo.
La guerra es una barbarie querida y planificada por los gobiernos que la agudizan propagando conscientemente el odio, las fracturas y divisiones entre seres humanos, la muerte por la muerte, la institucionalización de la tortura, la sumisión, las relaciones de fuerzas, como única lógica de la evolución social. Los violentos combates que se producen en torno a la central nuclear de Zaparosvke en Ucrania muestra como los dos bandos no tienen ningún escrúpulo ante el riesgo de provocar una catástrofe radioactiva peor que la de Chernobyl y con consecuencias tremendas para las poblaciones europeas. La amenaza del uso del arma nuclear asoma inquietante.
El capitalismo es el sistema más hipócrita y cínico de la historia. Todo su arte ideológico consiste en hacer pasar sus intereses como el “interés del pueblo” adornados por los más elevados ideales: la justicia, la paz, el progreso, los derechos humanos…
Todos los Estados fabrican una IDEOLOGIA DE GUERRA destinada a justificarla y a convertir a sus “ciudadanos” en hienas dispuestas a matar. “La guerra es un asesinato gigantesco, metódico, organizado. En los seres humanos este asesinato sistemático es posible sólo si previamente se ha alcanzado cierto grado de ebriedad. La acción bestial debe contar con la misma bestialidad de pensamiento y sentido; ésta prepara y acompaña a aquélla” (Rosa Luxemburgo).
Las grandes democracias tienen la PAZ como pilar de su ideología de guerra. Manifestaciones “por la paz” han preparado las guerras imperialistas. En el verano de 1914 y en 1938-39 millones de personas se manifestaron “por la paz” en un grito estéril de “hombres de buena voluntad”, explotadores y explotados tomados de la mano, que el bando “democrático” utilizó para justificar la aceleración de los preparativos bélicos.
En la primera guerra mundial, Alemania movilizó sus tropas en “defensa de la paz”, “rota por el atentado de Sarajevo que golpeaba a su aliado austriaco”. Pero en el bando contrario, Francia y Gran Bretaña se lanzaron a la carnicería en nombre de la paz “rota por Alemania”. En la segunda guerra mundial, Francia y Gran Bretaña aparentaron un esfuerzo de “paz” en Múnich frente a las pretensiones de Hitler, a la vez que preparaban frenéticamente la guerra. La invasión de Polonia por la acción combinada de Hitler y Stalin les dio la excusa perfecta para lanzarse a la guerra … En Ucrania, Putin dijo hasta unas horas antes de la invasión el 24 de febrero que quería “la paz”, mientras que Estados Unidos denunciaban sin descanso el belicismo de Putin…
La Nación, la defensa nacional y todas las armas ideológicas que gravitan a su alrededor (racismo, religión etc.) es el banderín de enganche para movilizar al proletariado y a toda la población en la matanza imperialista. La burguesía proclama en tiempos de “paz” la ”convivencia entre los pueblos”, pero todo se esfuma con la guerra imperialista, entonces caen las máscaras y todos propagan el odio al extranjero y la defensa acérrima de la Nación.
Todos presentan sus guerras como “defensivas”. Hace 100 años, los ministerios encargados de la barbarie guerrera se llamaban “ministerio de la guerra” hoy con la peor de las hipocresías se llaman “Ministerio de Defensa”. El defensismo es la hoja de parra de la acción bélica. No hay naciones agredidas y naciones agresoras, todas son participantes activos del engranaje mortífero de la guerra. Rusia en la guerra actual aparece como el “agresor” pues es quien ha tomado la iniciativa de invadir Ucrania, pero previamente Estados Unidos expandió maquiavélicamente la OTAN integrando a varios países del antiguo Pacto de Varsovia. No se puede mirar cada eslabón aislado, hay que ver la cadena sangrienta de confrontación imperialista que desde hace más de un siglo atenaza la humanidad entera.
Hablan de “guerra limpia”, que sigue (o debería seguir) “reglas humanitarias” conformes al “derecho internacional”. ¡Es un engaño vil que expresa un cinismo y una hipocresía monstruosos! Las guerras del capitalismo decadente no pueden atenerse a más regla que la destrucción absoluta del enemigo y ello incluye aterrorizar a la población del rival con bombardeos despiadados … En la guerra se establece una relación de fuerza donde TODO VALE, desde las violaciones y los castigos más brutales sobre la población de los rivales, hasta el terror más indiscriminado sobre los propios “ciudadanos”. Los bombardeos que Rusia efectúa sobre Ucrania siguen la estela de los realizados por Estados Unidos en Irak y por los gobiernos americano y rusa en Siria y Afganistán; y mucho antes por USA en Vietnam; los que Francia realizó sobre sus antiguas colonias, como Madagascar o Argelia; los que hicieron los “aliados democráticos” sobre Dresde o Hamburgo o la barbarie nuclear sobre Hiroshima y Nagasaki. Las guerras del siglo XX y XXI se han visto acompañadas por métodos de exterminación en masa empleados por todos los bandos, aunque el democrático tiene la astucia de subcontratarlos a personalidades siniestras que cargan con la impopularidad de su ejecución.
¡Tienen el rostro de hablar de “guerras justas”! El bando de la OTAN que sostiene Ucrania dice que es una batalla por la democracia contra el despotismo de Putin. Putin dice que va a “desnazificar” Ucrania. Ambos engañan descaradamente. El bando de las “democracias” tiene las manos manchadas de sangre: sangre de las innumerables guerras que han provocado directa (Vietnam, Yugoslavia, Irak, Afganistán) o indirectamente (Libia, Siria, Yemen…); sangre de los miles de emigrantes asesinados en el mar o en las “fronteras calientes” en USA o en Europa… El Estado ucraniano emplea el terror para imponer la lengua y la cultura ucranianas; asesina a trabajadores por el único delito de hablar ruso; alista por la fuerza a cualquier joven pillado en calles o carreteras; utiliza la población incluida la de los hospitales como escudos humanos; despliega bandas nazis para aterrorizar a la población… Por su parte, Putin, además de los bombardeos, las violaciones y las ejecuciones sumarias, desplaza miles de familias a campos de concentración en tierras recónditas; impone el terror en los territorios “liberados” y alista para el ejército a los ucranianos enviándolos a las posiciones donde la muerte es segura.
Hace diez mil años uno de los medios de destrucción del comunismo primitivo fue las guerras tribales, desde entonces, bajo la égida de modos de producción basados en la explotación, la guerra ha sido uno de los peores flagelos. Pero ciertas guerras han jugado un papel progresivo, por ejemplo, en el desarrollo del capitalismo, formando nuevas naciones, extendiendo el mercado mundial, estimulando el desarrollo de las fuerzas productivas.
Sin embargo, desde la primera Guerra Mundial, el mundo está totalmente repartido entre las potencias capitalistas, con ello la única salida para cada capital nacional es arrebatar a los rivales mercados, zonas de influencia y áreas estratégicas. Esto hace que la guerra y todo lo que conlleva (militarismo, acumulación gigantesca de armamentos, alianzas diplomáticas) se convierta en el MODO DE VIDA PERMANENTE del capitalismo. Una incesante tensión imperialista se apodera del mundo y arrastra a todas las naciones, grandes o pequeñas, sea cual sea su definición ideológica, la orientación de sus gobiernos, su composición racial o su herencia cultural y religiosa. TODAS LAS NACIONES SON IMPERIALISTAS. El mito de las naciones “pacíficas y neutrales” es un engaño, si ciertas naciones adoptan una política “neutral” es para sacar tajada de los diferentes campos enfrentados y labrarse su propia zona de influencia. En junio 2022, Suecia un país oficialmente neutral durante más de 70 años se ha unido la OTAN y con ello no “ha traicionado ningún ideal”, ha proseguido su política imperialista “por otros medios”.
La guerra puede ser un negocio para los sectores empresariales implicados en la fabricación de armamentos. Puede igualmente favorecer por un tiempo a un país determinado, pero, para el capitalismo en su conjunto, es una catástrofe económica, un despilfarro irracional, un MENOS que pesa sobre la producción mundial y causa endeudamiento, inflación y destrucción ecológica, nunca un MAS que expande la acumulación capitalista.
Necesidad ineludible para la supervivencia de cada nación, la guerra supone una carga económica letal. La URSS se hundió porque no pudo resistir la alocada carrera armamentística que supuso el enfrentamiento con USA y que este llevó al máximo con el famoso despliegue de la Guerra de las Estrellas en los años 1980 del siglo XX. Estados Unidos que fue el gran vencedor de la 2ª Guerra Mundial y gozó de una espectacular bonanza económica hasta finales de 1960, ha encontrado numerosos obstáculos para preservar su hegemonía imperialista, por una parte, a causa de la disolución de la política de bloques que ha favorecido la emergencia el despertar de nuevos apetitos imperialistas, especialmente entre sus antiguos “aliados”, una política de contestación y de cada uno para sí, y, en segundo lugar, a causa del gigantesco esfuerzo guerrero que ha tenido que realizar durante más de 80 años y las costosas operaciones militares en la que ha debido embarcarse para mantener su rango de primera potencia mundial.
El capitalismo lleva en su ADN la competencia más exacerbada, el TODOS CONTRA TODOS y el CADA UNO A LA SUYA, de cada capitalista y de cada nación.
Sin embargo, esta tendencia “orgánica” del capitalismo no apareció claramente en su periodo ascendente (siglo XIX) pues cada capital nacional gozaba todavía de áreas suficientes para su expansión sin necesidad de entrar en colisión con otros rivales.
Entre 1914 a 1989, esta tendencia se vio atenuada por la formación de grandes bloques imperialistas. Sin embargo, con el fin de esa disciplina brutal, las tendencias centrifugas configuran un mundo de desorden asesino, donde imperialismos con ambiciones mundiales, imperialismos con pretensiones regionales e imperialismos más locales, todos pugnan por dar rienda suelta a sus apetitos apremiantes. En este escenario, Estados Unidos intenta impedir que nadie le haga sombra desplegando sin cesar su aplastante potencia militar, aumentándola sin descanso, y lanzándose a constantes operaciones militares fuertemente desestabilizadoras. La promesa en 1990 tras el fin de la URSS de un “Nuevo Orden Mundial” de paz y prosperidad fue inmediatamente desmentida por la guerra del Golfo (1991) y después por las guerras en Oriente Medio, Irak y Afganistán, que avivaron las tendencias guerreras de tal manera que el imperialismo “más democrático del mundo”, los USA, es el primer agente de propagación del caos guerrero y de la desestabilización de la situación mundial.
China se ha impuesto como un concurrente de primer orden para desafiar el liderazgo norteamericano. Su ejército, pese a la modernización realizada, está muy lejos de la fuerza y la experiencia del rival norteamericano; su “tecnología de guerra”, base de armamentos y despliegues bélicos eficaces, es aún limitada y frágil, lejos igualmente de la potencia USA; China se halla rodeada en el Pacífico por una cadena de potencias hostiles (Japón, Corea del Sur, Taiwán, Australia etc.) lo que bloquea su expansión imperialista marítima. Ante esta situación desfavorable ha emprendido una gigantesca empresa económico – imperialista, llamada Ruta de la Seda, que busca una implantación mundial y una expansión terrestre por Asia Central en una de las zonas más desestabilizadas del mundo.
Se trata de un esfuerzo de resultado muy incierto que exige una inversión económica, militar y una movilización político -social total e inconmensurable que está muy por encima de sus medios de encuadramiento de la población que se basan sobre una rigidez política de su aparato estatal, sobre el que pesa la herencia del maoísmo estalinista: el recurso sistemático y brutal a sus fuerzas de represión, a la sumisión a un gigantesco aparato estatal ultra- burocrático, como lo vemos con la multiplicación de protestas frente a la política de COVID 0. Esta orientación aberrante y la acumulación de contradicciones que minan su desarrollo podrían finalmente afectar a este coloso con pies de barro.
Esta evolución, junto con la respuesta brutal y amenazante de los Estados Unidos, ilustran el grado de locura asesina, de huida ciega en la barbarie y el militarismo (que incluye una creciente militarización de la vida social) que el capitalismo está alcanzado como síntoma de un cáncer generalizado que afecta al mundo y que amenaza directamente el porvenir de la Tierra y de la vida humana.
La guerra en Ucrania no es una tempestad en un cielo azul, viene a continuación de la peor pandemia del siglo XXI, el COVID, con más de 15 millones de muertos, y cuyos estragos siguen con los confinamientos draconianos en China. Sin embargo, ambas se enmarcan, a la vez que estimulan, en una cadena de catástrofes que golpea la humanidad: la destrucción medioambiental combinada con el trastorno climático y sus múltiples consecuencias; la hambruna que vuelve con violencia en África, Asia y Centroamérica; la increíble oleada de desplazados y emigrantes, que en 2021 alcanzó la cifra nunca vista de 100 millones de personas; el desorden político que se apodera de los países centrales como vemos con los gobiernos en Gran Bretaña o el peso del populismo en Estados Unidos; el ascenso espectacular de las ideologías más oscurantistas.
La pandemia ha puesto al desnudo las contradicciones que minan al capitalismo. Un sistema social que presume de adelantos científicos impresionantes recurre al método medieval de la cuarentena, a la vez que sus sistemas sanitarios colapsan y su economía debe ser paralizada durante casi dos años agravando una crisis económica disparada. Un orden social que dice tener el progreso como bandera produce las ideologías más absurdas e irracionales que han estallado en torno a la pandemia con ridículas teorías conspiranoicas, muchas de ellas en boca de “grandes dirigentes mundiales”.
Una causa directa de la pandemia reside en el desastre ecológico que desde hace años amenaza la humanidad. Movido por la ganancia y no por la satisfacción de las necesidades humanas, el capitalismo es un depredador de los recursos naturales, como lo es del trabajo humano, pero, a la vez, tiende a destruir los equilibrios y procesos naturales, modificándolos de forma caótica, cual aprendiz de brujo, provocando todo género de catástrofes que tienen consecuencias cada vez más destructivas: calentamiento global, sequías, inundaciones, incendios, derrumbe de glaciares e icebergs, desaparición masiva de especies vegetales y animales con consecuencias imprevisibles y que anuncian la propia desaparición de la especie humana a la que lleva el capitalismo. El desastre ecológico se ve agudizado por las necesidades de la guerra, por las propias operaciones bélicas (el uso de armas nucleares es una expresión evidente) y por la agravación de la crisis que obliga a cada capital nacional a devastar aún más numerosas áreas en búsqueda desesperada de materias primas. El verano de 2022 es una ilustración contundente de las graves amenazas que pesan sobre la humanidad en el terreno ecológico: aumento de las temperatura tanto en las máximas con en las medias -el verano más caluroso desde que hay estadísticas de temperaturas-, sequía generalizada que ha afectado ríos como el Rihn, el Po o el Támesis, incendios forestales devastadores, inundaciones que como la de Pakistán afectan a un tercio de la superficie del país… y, en medio de ese panorama, los gobiernos ¡retiran sus ridículas medidas de protección ambiental en nombre del esfuerzo de guerra!
“El resultado final de los procedimientos capitalistas de producción es el caos”, dijo en 1919 el primer Congreso de la Internacional Comunista. Es suicida e irracional, contrario a todo criterio científico, pensar que todos esos estragos no serían más que una suma de fenómenos pasajeros, encerrados cada uno en causas particulares. Hay una coherencia de hierro, una acumulación de contradicciones, un sangriento hilo conductor, que los liga convergiendo en un torbellino letal que amenaza la humanidad:
Asistimos a una aceleración de todas las contradicciones del capitalismo combinándose entre ellas y provocando un efecto multiplicador de los factores de destrucción y caos;
La economía se ve sumida no solo en la crisis sino en un desorden creciente (constantes bloqueos en los suministros, situaciones combinadas de sobreproducción y escasez de mercancías y mano de obra);
Los países más industrializados que presumían ser oasis de prosperidad y paz se desestabilizan y devienen ellos mismos factores clave de una vertiginosa inestabilidad internacional.
Como dijimos en el Manifiesto de nuestro 9º Congreso (1991): “Nunca la sociedad humana había experimentado una carnicería de la magnitud de las dos guerras mundiales. Nunca se había utilizado el progreso científico a tal escala para provocar destrucción, masacres y miseria humana. Nunca una acumulación de riqueza tan grande se había codeado y provocado tanta hambruna y sufrimiento como la que se ha desatado en los países del Tercer Mundo durante décadas. Pero parece que la humanidad aún no había tocado fondo. La decadencia del capitalismo significa la agonía de este sistema. Pero esta agonía tiene una historia: hoy hemos llegado a su fase terminal, la de la descomposición general de la sociedad, la de su putrefacción en la raíz”
De todas las clases de la sociedad, la más afectada y golpeada por la guerra es el proletariado. La guerra “moderna” se levanta sobre una gigantesca máquina industrial que exige la explotación decuplicada del proletariado.
El proletariado es una clase internacional que NO TIENE PATRIA, en cambio, la guerra es matarse los obreros entre sí por la patria que les explota y oprime.
Al ser una clase que no aspira a una nueva forma de explotación, sino a la abolición de toda explotación y al no tener ningún interés particular, el proletariado es la clase de la conciencia; en cambio, la guerra es el enfrentamiento irracional, la renuncia a todo pensamiento y reflexión conscientes.
El proletariado tiene como interés la verdad más clara, en las guerras la primera víctima es la verdad, encadenada, amordazada, asfixiada, por las mentiras de la propaganda imperialista.
El proletariado es la clase de la unidad por encima de las barreras de lengua, religión, raza o nacionalidad; la confrontación mortal que realiza la guerra erige en regla el desgarramiento, la división, el enfrentamiento entre las naciones y las poblaciones.
El proletariado es la clase del internacionalismo, de la confianza y la solidaridad mutuas. La guerra exige como motor la sospecha, el “miedo al extranjero”, el odio más aberrante “al enemigo”.
Porque la guerra ataca la fibra más profunda del ser proletario, la guerra generalizada necesita la derrota previa del proletariado. La primera guerra mundial fue posible porque los partidos entonces de la clase obrera, los partidos socialistas, junto con los sindicatos, traicionaron a nuestra clase y se sumaron a sus burguesías en el marco de la UNION NACIONAL contra el enemigo.
Pero esta traición no logró aplastar la respuesta proletaria, desde 1915, la Izquierda de la socialdemocracia se agrupó en Zimmerwald levantando la bandera de lucha por la revolución mundial. Esta contribuyó a la emergencia de luchas masivas que abrieron el paso a la Revolución en Rusia en 1917 y la oleada mundial de 1917-23 que se dirigieron no solamente contra la guerra en defensa de los principios del internacionalismo proletariado, sino también contra el capitalismo todo entero, afirmando su capacidad como clase unida para derrocar este sistema de explotación bárbaro e inhumano.
¡Una lección imperecedera de 1917-18! la primera guerra mundial no acabó por las negociaciones diplomáticas o por las conquistas de tal o cual imperialismo, FUE TERMINADA POR EL LEVANTAMIENTO REVOLUCIONARIO INTERNACIONAL DEL PROLETARIADO. SOLO EL PROLETARIADO PUEDE ACABAR CON LA BARBARIE GUERRERA DIRIGIENDO SU LUCHA DE CLASE A LA DESTRUCCION DEL CAPITALISMO.
Para abrir el curso hacia la segunda guerra mundial, la burguesía se aseguró la derrota no solo física, sino igualmente ideológica del proletariado. Este fue sometido a un terror inmisericorde allí donde su tentativa revolucionaria había llegado más lejos: en Alemania de la mano del nazismo, en Rusia de la mano del estalinismo. Pero, al mismo tiempo, fue alistado ideológicamente agitando las banderas del antifascismo y la defensa de la “Patria Socialista”, la URSS. “de “victoria” en “victoria”, atada de pies y manos fue arrastrada a la segunda guerra imperialista, la cual, contrariamente a la primera, no le permitiría surgir de manera revolucionaria y en la que en cambio sería reclutada para las grandes “victorias” de la “resistencia”, el “antifascismo” o bien de las “liberaciones” coloniales y nacionales” (Manifiesto del primer Congreso Internacional de la CCI 1975).
Desde la reanudación histórica de la lucha de clases en 1968, y durante todo el período en que el mundo estuvo dividido en dos bloques imperialistas, la clase obrera de los principales países rechazó los sacrificios que exige la guerra y menos aún ir al frente a morir por la Patria, lo que cerró la puerta a una Tercera Guerra Mundial.
Sin embargo, la no movilización del proletariado de los países centrales para la guerra NO ES SUFICIENTE. Una segunda lección se desgaja de la evolución histórica desde 1989: NO BASTA LA MERA NEGATIVA A LAS OPERACIONES GUERRERAS NI LA SIMPLE RESISTENCIA A LA BARBARIE CAPITALISTA. QUEDARSE EN ESE ESTADIO NO PODRA DETENER EL CURSO HACIA LA DESTRUCCION DE LA HUMANIDAD.
El proletariado necesita pasar al terreno político de la ofensiva general internacional contra el capitalismo. “Únicamente : (-) la conciencia de la importancia de lo que se está jugando en la situación histórica de hoy y, en especial, de los peligros mortales que corre la humanidad; (-) su determinación en proseguir, desarrollar y unificar su combate de clase ; (-) su capacidad para desactivar la cantidad de trampas que la burguesía, no dejará de tenderle; permitirá a la clase obrera responder golpe a golpe a los ataques de todo tipo desencadenados por el capitalismo para finalmente pasar a la ofensiva y acabar de una vez con este sistema cruel y despiadado” (Tesis sobre la Descomposición, tesis 17).
El telón de fondo de la acumulación de destrucción, barbarie y catástrofes que estamos denunciando, es la crisis económica irreversible del capitalismo que constituye la base de todo su funcionamiento. Desde 1967 el capitalismo entró en una crisis económica de la que 50 años después es incapaz de salir, al contrario, como muestran las convulsiones económicas que se suceden desde 2018 y la agobiante escalada de la inflación, aquella se está agravando considerablemente, con su secuela de miseria, desempleo, precariedad y hambrunas.
La crisis capitalista afecta a los fundamentos mismos de esta sociedad. Inflación, precariedad, desempleo, ritmos infernales y condiciones laborales que destrozan la salud de los trabajadores, viviendas inalcanzables… testimonian una degradación incontenible de la vida obrera y, aunque la burguesía trata de crear todas las divisiones imaginables, otorgando condiciones “más privilegiadas” a determinadas categorías obreras, lo que vemos EN SU CONJUNTO es, por un lado, la que posiblemente va a ser la PEOR CRISIS de la historia del capitalismo, y, por otro lado, la realidad concreta, lacerante, de la PAUPERIZACION ABSOLUTA de la clase obrera en los países centrales, ese anuncio que Marx hizo de la perspectiva histórica del capitalismo y del que tanto se han burlado los economistas y demás ideólogos de la burguesía.
La agravación inexorable de la crisis del capitalismo es un estímulo esencial de la lucha y de la toma de conciencia de la clase. La lucha contra los efectos de la crisis es la base para que se desarrolle su fuerza y su unidad. La crisis económica afecta directamente la infraestructura de la sociedad; por eso, pone al desnudo las causas primeras de toda la barbarie que se cierne sobre la sociedad, permitiendo al proletariado tomar conciencia de la necesidad de cambiar radicalmente de sistema y no ya de pretender mejorar algunos aspectos de él.
En la lucha contra los ataques brutales del capitalismo y especialmente contra la inflación que golpea de manera general e indiscriminada al conjunto de los trabajadores, estos irán desarrollando su combatividad, podrán empezar a reconocerse como una clase con una fuerza, una autonomía y un papel histórico que jugar en la sociedad. Este desarrollo político de la lucha de clase le dará la capacidad para acabar con la guerra acabando con el capitalismo.
Esta perspectiva empieza a surgir: "Frente a los ataques de la burguesía, la clase obrera del Reino Unido está demostrando que está de nuevo dispuesta a luchar por su dignidad, a rechazar los sacrificios constantemente impuestos por el capital. Es el reflejo más significativo de la dinámica internacional: el invierno pasado, las huelgas habían comenzado a estallar en España y en Estados Unidos; este verano, Alemania y Bélgica también experimentaron paros; es imposible predecir dónde y cuándo la combatividad obrera volverá a manifestarse masivamente en un futuro próximo, pero una cosa es cierta, la magnitud de la actual movilización obrera en el Reino Unido constituye un hecho histórico de primer orden: es el fin de la pasividad, de la sumisión. Las nuevas generaciones de trabajadores levantan la cabeza"3 [372].
Estamos viendo una situación de ruptura ante la pasividad y desorientación previas. El retorno de la combatividad de los trabajadores en respuesta a la crisis puede convertirse en un foco de conciencia animada por la intervención de las organizaciones comunistas. Es evidente que cada aceleración de la descomposición consigue frenar los esfuerzos de combatividad de los trabajadores: el movimiento en Francia 2019 sufrió el golpe del estallido de la pandemia. Esto significa una dificultad adicional para el desarrollo de las luchas. Sin embargo, no hay otro camino que la lucha, la lucha es en sí misma la primera victoria. El proletariado mundial, a través de un proceso atormentado, sembrado de obstáculos y trampas tendidos por los aparatos políticos y sindicales de su enemigo de clase, surcado de derrotas amargas, guarda, sin embargo, intactas sus capacidades para recuperar su identidad de clase y lanzar finalmente una ofensiva internacional contra este sistema moribundo.
Los años veinte del siglo XXI tendrán, pues, una importancia considerable en la evolución histórica de la lucha de clases y del movimiento obrero. Mostrarán -como ya hemos visto desde 2020- con mayor claridad que en el pasado la perspectiva de destrucción de la humanidad que encierra la descomposición capitalista. En el otro polo, el proletariado comenzará a dar los primeros pasos, a menudo vacilantes y llenos de debilidades, hacia su capacidad histórica de plantear la perspectiva comunista. Se van a plantear los dos polos de la perspectiva, Destrucción de la Humanidad o Revolución Comunista, aunque esta última está todavía muy lejos y encuentra enormes obstáculos para su afirmación.
Para el proletariado es suicida ocultarse o subestimar los obstáculos gigantescos que emanan tanto de la acción del Capital y sus estados como de la propia situación de pudrimiento que emponzoña el ambiente social en todo el mundo:
La burguesía ha sacado las lecciones del GRAN SUSTO que le propinó el triunfo inicial de la Revolución en Rusia y la oleada mundial de 1917-23, quien le hizo comprobar “en la práctica” lo que anunció el Manifiesto Comunista en 1848 “Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo. La burguesía cría a su propio enterrador: el proletariado”.
COLABORA INTERNACIONALMENTE contra el proletariado como se vio ante la revolución en Rusia 19174 [373] y Alemania en 1918 o frente a la huelga masiva en Polonia en 1980.
Ha desarrollado un gigantesco aparato de control, desviación y sabotaje de las luchas obreras formado por los sindicatos y los partidos de todos los colores, desde la extrema derecha a la extrema izquierda
Utiliza todos los instrumentos de su Estado y de los llamados “medios de comunicación” para lanzar constantes campañas ideológicas y articular maniobras políticas para desbaratar la conciencia y la lucha proletarias.
La descomposición de la sociedad capitalista agudiza la falta de confianza en el porvenir y del proletariado en sí mismo, el “cada cual a la suya”, la fragmentación social en categorías enfrentadas, el corporativismo, levantan un obstáculo considerable al desarrollo de las luchas obreras y sobre todo su politización revolucionaria.
En este contexto, el proletariado corre el riesgo de verse arrastrado a luchas interclasistas en movilizaciones polarizadas sobre las luchas parciales (feminismo, antirracismo, cuestiones climáticas, medioambientales, o en el anti-populismo (variante del antifascismo), etc..). Todas estas luchas abren la puerta a una desviación de su lucha en un terreno de enfrentamiento entre fracciones puramente burguesas.
“El tiempo ya no juega en favor de la clase obrera. Contrariamente a la guerra imperialista, la cual, para poder estallar, requiere la adhesión del proletariado a los ideales de la burguesía, la descomposición no necesita ningún alistamiento de la clase obrera para destruir a la humanidad. En estas condiciones, aunque la amenaza que representa la descomposición para la vida social aparece como algo a más largo plazo que la que vendría de una guerra mundial es, en cambio, mucho más insidiosa.” (Tesis sobre la Descomposición, tesis 16).
Esta inmensidad de peligros no debe empujarnos al fatalismo. La fuerza del proletariado es la conciencia de sus debilidades, sus dificultades, los obstáculos que el enemigo o la propia situación levantan contra su lucha. “Las revoluciones proletarias se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: Hic Rhodus, hic salta!” (Marx: 18 de Brumario de Luis Bonaparte).
En situaciones históricas graves como las guerras de gran envergadura como la de Ucrania el proletariado puede ver quiénes son sus amigos y quienes sus enemigos. Enemigos no son solamente los grandes dirigentes, como Putin, Zelensky o Biden, son igualmente los partidos de extrema derecha, derecha, izquierda y extrema izquierda, quienes, con los más variopintos argumentos, incluidos el pacifismo, apoyan y justifican la guerra y siempre proponen un campo a elegir entre los bandidos imperialistas.
Desde hace más de un siglo solamente la Izquierda Comunista ha denunciado sistemática y consecuentemente la guerra imperialista, defendiendo la alternativa de la lucha de clases del proletariado, de su orientación hacia la destrucción del capitalismo por la Revolución Proletaria Mundial.
La lucha del proletariado no se limita únicamente a sus luchas defensivas o a sus huelgas masivas. Componente indispensable, permanente e inseparable, de ella es el combate de sus organizaciones comunistas y concretamente desde hace un siglo de la Izquierda Comunista. La unidad de todos los grupos de la Izquierda Comunista es imprescindible frente a la dinámica capitalista de destrucción de la humanidad. Como dijimos en el manifiesto de nuestro primer congreso (1975): “Rechazando el monolitismo de las sectas, la Corriente Comunista Internacional hace un llamamiento a los comunistas de todos los países a que tomen conciencia de las enormes responsabilidades que les incumben, abandonen las falsas querellas que les enfrentan, superen las divisiones ficticias con que el viejo mundo les carga, a unirse a ese esfuerzo con el fin de constituir, antes de los combates decisivos, la organización internacional y unificada de la vanguardia. Como fracción más consciente de la clase obrera, los comunistas deberán mostrarle su camino, haciendo suya la consigna “REVOLUCIONARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS”.
Corriente Comunista Internacional diciembre 2022
1 [374] Frente a la tentativa revolucionaria en Alemania en 1918 el socialdemócrata Noske dijo que estaba dispuesto a ser el perro sangriento de contrarrevolución.
2 [375] Tesis sobre la Descomposición (tesis 11) https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
3 [376] Hoja internacional de la CCI: https://es.internationalism.org/content/4858/el-verano-de-la-ira-en-gran-bretana-la-burguesia-impone-nuevos-sacrificios-la-clase [377]
4 [378] Ejércitos mancomunados de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Japón, colaboraron desde abril 1918 con los restos del antiguo ejército zarista en una horrorosa Guerra Civil que causó 6 millones de muertos
La guerra en Ucrania no es ni mucho menos una tormenta de verano. Las ruinas que provoca ocurren en un tiempo en que se multiplican los fenómenos catastróficos: alteraciones climáticas, degradación del medio ambiente, agravamiento acelerado de la crisis económica, convulsiones políticas que afectan incluso al país más antiguo del capitalismo (Reino Unido), retorno de terribles hambrunas a gran escala, migraciones masivas de poblaciones que huyen de zonas de guerra, masacres, persecuciones, miseria... Esta combinación de fenómenos, su interdependencia e interacción, han inducido a la Corriente Comunista Internacional a adoptar el documento que publicamos aquí, que intenta integrarlos en un marco histórico más amplio teniendo en cuenta el acontecimiento igualmente tan importante como ha sido el surgimiento de un movimiento huelguístico a gran escala que ha agitado el Reino Unido, provocado por un profundo descontento: ha sido el "verano de la ira".
1. Los años veinte del siglo XXI se perfilan como uno de los periodos más convulsos de la historia, ya están acumulando desastres y sufrimientos indecibles. Comenzó con la pandemia de Covid-19 (que aún continúa) y una guerra en el corazón de Europa, que ya dura desde hace más de 9 meses y cuyo desenlace nadie puede predecir. El capitalismo ha entrado en una fase de graves disturbios en todos los frentes. Detrás de esa acumulación y entrelazamiento de convulsiones planea la amenaza de destrucción de la humanidad. Como ya hemos señalado en nuestras Tesis sobre la descomposición1, el capitalismo “es la primera [sociedad] en poner en peligro la supervivencia misma de la humanidad, la primera que puede acabar destruyendo la especie humana”(tesis 1).
2. La decadencia del capitalismo no es un proceso homogéneo y regular: al contrario, tiene una historia con diferentes fases. La fase de descomposición ha sido identificada en nuestras Tesis como “expresión de la entrada del capitalismo decadente en una fase específica - y última - de su historia, aquélla en la que la descomposición social se convierte en un factor, incluso en el factor, decisivo de la evolución de la sociedad” (tesis 2). Es evidente que, si el proletariado no fuera capaz de derrocar al capitalismo, asistiríamos a una terrible agonía que conduciría a la destrucción de la humanidad.
3. Con la irrupción relámpago de la pandemia de Covid, hemos puesto de relieve la existencia de cuatro características de la fase de descomposición:
- La creciente gravedad de sus efectos. La pandemia ha causado entre 15 y 20 millones de muertos, la paralización general de la economía durante más de un año, el colapso de los sistemas nacionales de salud, la incapacidad de los Estados de coordinarse internacionalmente para combatir el virus y producir vacunas, al contrario, cada Estado ha seguido una política de "sálvese quien pueda". Tal situación refleja no sólo la imposibilidad del sistema de escapar a sus propias leyes dictadas por la competencia, sino también la agudización de las rivalidades resultantes de la incuria, la aberración y el caos de la gestión burguesa, incluso en el propio núcleo de los países más poderosos o desarrollados del planeta.
- la irrupción de los efectos de la descomposición en lo económico. Esta tendencia, ya señalada en el XXIII Congreso de la CCI, se ha confirmado plenamente, con una “novedad”, puesto que desde los años 80 la burguesía de los países centrales había logrado proteger la economía de los principales efectos de la descomposición2.
- Interacción creciente de sus efectos, lo cual agrava las contradicciones del capitalismo hasta cotas sin precedentes. De hecho, en los treinta años anteriores, la burguesía había logrado más o menos (sobre todo en los países centrales) aislar o limitar los efectos de la descomposición, impidiendo en general que interactuaran. Lo que ha quedado claro en los dos últimos años es que interactúan y se imbrican: la barbarie bélica, una descomunal crisis ecológica, el caos en el aparato político de un buen número de importantes burguesías, la pandemia actual y el riesgo creciente de nuevas crisis sanitarias, las hambrunas, el gigantesco éxodo de millones de personas, la difusión de las ideologías más retrógradas e irracionales, etc, todo ello en medio de un virulento agravamiento de la crisis económica que debilita aún más a sectores enteros de la población, en particular a los proletarios expuestos a un empobrecimiento creciente y a un deterioro acelerado de sus condiciones de vida (desempleo, precariedad, dificultad para encontrar alimentos, vivienda, etc.).
- Presencia creciente de sus efectos en los países centrales. Si durante los últimos treinta años los países centrales han estado relativamente protegidos de los efectos de la descomposición, hoy son golpeados duramente y, peor aún, tienden a convertirse en sus mayores propagadores, como en Estados Unidos, donde a principios de 2021 asistimos al intento de asalto del Capitolio por los partidarios del populista Trump como si se tratara de una vulgar república bananera.
4 El año 2022 está siendo una descarnada ilustración de esas cuatro características con:
- El estallido de la guerra en Ucrania.
- La aparición de oleadas sin precedentes de refugiados.
- La continuación de la pandemia con los sistemas sanitarios al borde del colapso3.
- Una creciente pérdida de control de la burguesía sobre su aparato político, una de cuyas expresiones más aparatosas ha sido la crisis en Reino Unido.
- Una crisis agrícola que acarrea escasez de numerosos productos alimenticios en un contexto de sobreproducción generalizada, fenómeno relativamente nuevo en más de un siglo de decadencia: “A corto plazo, el cambio climático ataca los pilares de la seguridad alimentaria. El aumento de las temperaturas y la extrema variabilidad climática amenazan con poner en peligro las cosechas; de hecho, en 2020, los tiempos de crecimiento de los cultivos se acortaron en 9,3 días para el maíz, 1,7 días para el arroz y 6 días para el trigo en invierno y primavera, en comparación con el periodo comprendido entre 1981 y 2004"4.
- Hambrunas espantosas que azotan cada vez a más países5.
La agregación e interacción de fenómenos destructivos produce un "efecto torbellino" que concentra, cataliza y multiplica cada uno de sus efectos parciales, provocando una devastación aún más destructiva. Algunos científicos lo ven más o menos claro, como Marine Romanello, del University College de Londres: "Nuestro informe de este año revela que nos encontramos en un momento crítico. Vemos cómo el cambio climático está afectando gravemente a la salud en todo el mundo, mientras que la continua dependencia mundial de los combustibles fósiles está agudizando ese daño a la salud en medio de una multiplicidad de crisis mundiales”. Ese "efecto torbellino" es un cambio cualitativo cuyas consecuencias serán cada vez más evidentes en el periodo venidero.
En este contexto, es necesario subrayar el papel motor de la guerra como acción intencionada y planificada de los Estados capitalistas, convirtiéndose en el factor más poderoso y grave de caos y destrucción. De hecho, la guerra en Ucrania ha tenido un efecto multiplicador de los factores de barbarie y destrucción, que implican:
- El peligro de uso de armas químicas y nucleares.
- La violenta escalada del militarismo con sus consecuencias para el medio ambiente y el clima.
- El impacto directo de la guerra en la crisis energética y alimentaria.
En este contexto, hay que entender en toda su gravedad la expansión de la crisis medioambiental, que está alcanzando niveles nunca vistos:
- Una ola de calor estival, la peor desde 1961, con la perspectiva de que este tipo de olas de calor se hagan permanentes.
- Una sequía sin precedentes, la peor en 500 años según los expertos, que afecta incluso a ríos caudalosos como el Támesis, el Rin o el Po.
- Incendios devastadores, también los peores en décadas.
- Inundaciones incontrolables como las de Pakistán, que han afectado a un tercio de la superficie del país (así como en Tailandia).
- Riesgo de desmoronamiento de los casquetes polares al derretirse los glaciares en una zona del tamaño del Reino Unido, con consecuencias catastróficas.
Otro factor vinculado a la crisis medioambiental y que la agrava es el estado ruinoso de las centrales nucleares6 en un contexto de la crisis energética (derivada de la crisis económica), pero también como consecuencia de la guerra en Ucrania. Es evidente que existe el riesgo de que se produzcan catástrofes sin precedentes, además de lo que pueda suceder si bombardean las centrales nucleares ucranianas.
No somos los únicos en ver la gravedad de la situación, e incluso una personalidad en nada sospechosa de hostilidad hacia el capitalismo, proclama que "la crisis climática nos está matando, lo cual acabaría no sólo con el problema de la salud de nuestro planeta, sino también con el de la salud de toda su población por contaminación atmosférica..." (así dijo Antonio Guterres, secretario general de la ONU en un mensaje a la Asamblea General en septiembre de 2022).
5. El telón de fondo de tal degradación es el empeoramiento de la crisis económica que se viene desarrollando desde 2019, agudizada primero por la pandemia y luego por la guerra. Esta crisis se perfila como más larga y profunda que la de 1929. Primero, porque la irrupción de los efectos de la descomposición en la economía tiende a desordenar el funcionamiento de la producción, provocando constantes atascos y bloqueos en una situación de desempleo creciente, combinada, paradójicamente, con situaciones de escasez de mano de obra. Sobre todo, se expresa en una inflación a rienda suelta, que los diversos planes de rescate sucesivos, montados a toda prisa por los Estados ante la pandemia y la guerra, no han hecho sino alimentar mediante un endeudamiento precipitado. Los bancos centrales aumentan los tipos de interés en un intento de frenar la inflación. Con eso corren el riesgo de precipitar una recesión muy violenta, estrangulando tanto a los Estados como a las empresas. Un tsunami de miseria, una pauperización brutal del proletariado en los países centrales está ya en marcha.
6. Resultado: países importantes se encuentran en una situación cada vez más peligrosa, cuyas repercusiones podrán ser graves para el mundo entero:
- En Rusia se van a producir con toda seguridad grandes convulsiones. Es poco probable que una simple destitución de Putin pueda producirse sin enfrentamientos sangrientos entre facciones rivales. Hasta podría haber separaciones de partes de Rusia, el Estado más grande y uno de los más fuertemente armados del mundo, lo cual tendría consecuencias imprevisibles para el mundo entero.
- China está cada vez más afectada por los repetidos golpes de la pandemia (y posiblemente de otras venideras), el debilitamiento de la economía, las repetidas catástrofes medioambientales y la enorme presión imperialista de Estados Unidos. El esfuerzo económico y estratégico realizado en pro de las "Nuevas Rutas de la Seda" no podrá sino agravar aún más la difícil situación del capitalismo chino. Como señala la Resolución sobre la situación internacional del 24º Congreso de la CCI: "China es una bomba de relojería [...]. El control totalitario sobre todo el cuerpo social, el endurecimiento represivo de la facción estalinista de Xi Jinping no es una expresión de fuerza sino una manifestación de la debilidad del Estado, cuya cohesión está en peligro por la existencia de fuerzas centrífugas en la sociedad y de importantes luchas de camarillas en el seno de la clase dominante".
- El propio EE. UU. es presa de conflictos en el seno de la burguesía, los más graves desde la Segunda Guerra Mundial, “la profundidad de las divisiones en el seno de la clase dominante estadounidense quedó al descubierto con las disputadas elecciones de noviembre de 2020 y, sobre todo, con el asalto al Capitolio por parte de los partidarios de Trump el 6 de enero de 2021, jaleados por Trump y su entorno. Ese acontecimiento demuestra que las divisiones internas de Estados Unidos atraviesan a toda la sociedad. Aunque Trump fue desalojado de la presidencia, el trumpismo sigue siendo una fuerza poderosa y fuertemente armada, que se expresa tanto en las calles como en las urnas.”7 Esto se ha confirmado recientemente con las elecciones de mitad de mandato de Biden. Las divisiones entre cada una de las bandas rivales (demócratas y republicanos) nunca han sido tan profundas y exacerbadas, pero también las desavenencias dentro de cada uno de los dos bandos, y eso cuando el peso del populismo y de las ideologías más retrógradas, marcadas por el rechazo al pensamiento racional, coherente y construido, lejos de reducirse con los intentos de frenar una nueva candidatura de Trump, no han hecho sino arraigarse de forma cada vez más profunda y duradera en la sociedad estadounidense, al igual que en el resto del mundo. Eso revela el grado de descomposición de las relaciones sociales.
7 - El deterioro de la situación mundial hasta un nivel sin precedentes se ve agravado por dos factores muy importantes relacionados con el insuficiente control por parte de los Estados capitalistas, especialmente los más poderosos, del conjunto de las relaciones sociales:
- Como constatamos con la crisis del Covid-19 e incluso antes (en nuestro 23º Congreso), la capacidad de cooperación entre los grandes estados para retrasar y atenuar el impacto de la crisis económica y limitar o evacuar los efectos de la descomposición hacia los países más débiles, se ha debilitado considerablemente y la tendencia no es al "retorno" de las políticas de "cooperación internacional", es más bien lo contrario. Tal dificultad sólo puede agravar el caos mundial.
- Por otra parte, en el seno de las principales burguesías del mundo, no se detecta razonablemente la aparición de políticas que puedan detener, siquiera parcial o temporalmente, una erosión tan destructiva y rápida. Sin subestimar la capacidad de respuesta de la burguesía, no se ve, al menos por el momento, la aplicación de políticas similares a las de los años ochenta y noventa que mitigaron y retrasaron los peores efectos de la crisis y la descomposición.
8. Esta evolución, aunque pueda sorprendernos por su rapidez y amplitud, fue prevista en gran medida por la actualización de nuestro análisis de la descomposición en el 22 Congreso8. Por un lado, el informe reconocía claramente el auge del populismo en los países centrales como una manifestación importante de la pérdida de control de la burguesía sobre su aparato político. Asimismo, mencionábamos otra manifestación: la irrupción de oleadas de refugiados y el éxodo de personas hacia los centros del capitalismo y destacábamos, en particular, el desastre medioambiental y su magnitud.
Al mismo tiempo, el informe identificaba problemas que hoy no ocupan el primer plano de los medios de comunicación, pero que no han dejado de agravarse: el terrorismo, el problema de la vivienda en los países centrales, el hambre y, sobre todo, “la destrucción de las relaciones humanas, de los lazos familiares y afectivos, que no han hecho más que agravarse, como lo demuestra el consumo de antidepresivos, la explosión del sufrimiento psicológico en el trabajo, así como la aparición de auténticas hecatombes, como la ocurrida en Francia durante el verano de 2003, cuando murieron 15.000 ancianos más durante la canícula”. Cabe señalar que la pandemia ha endurecido considerablemente esa tendencia hasta el límite y que los suicidios y las enfermedades psicológicas durante este periodo se han considerado como “una segunda pandemia”.
9. La perspectiva que planteamos se inscribe en el marco de análisis expuesto en las Tesis sobre la descomposición hace ya treinta años:
- “En una situación así, en la que las dos clases fundamentales - y antagónicas - de la sociedad se enfrentan sin lograr imponer su propia respuesta decisiva, la historia sigue, sin embargo, su curso. En el capitalismo, todavía menos que en los demás modos de producción que lo precedieron, la vida social no puede "estancarse" ni quedar "congelada". (tesis 4). Durante treinta años, la gangrena de la decadencia no ha cesado de expandirse, desembocando hoy en una agravación cualitativa, con unas consecuencias destructoras nunca vistas.
- “ningún modo de producción puede seguir viviendo, desarrollarse, afianzarse en bases firmes, mantener la cohesión social, si no es capaz de dar una perspectiva al conjunto de la sociedad en la que impera. Y esto es tanto más cierto para el capitalismo, al haber sido el modo de producción más dinámico de la historia.» (tesis 5). La situación actual es la continuación de más de cincuenta años de agravamiento incesante de la crisis capitalista sin que la burguesía haya sido capaz de ofrecer una perspectiva, y a la vez, el proletariado todavía no ha sido capaz de hacer avanzar la suya: la revolución comunista. La situación actual está arrastrando al mundo a una espiral de barbarie y destrucción en la que los países centrales, que durante todo un periodo habían desempeñado un papel de freno relativo a la descomposición, se están convirtiendo ahora en un factor agravante de la misma.
-“La descomposición no retrotrae a ningún tipo de sociedad anterior, a ninguna fase precedente de la vida del capitalismo. […] Hoy, la civilización humana está perdiendo cierta cantidad de lo adquirido […] El discurrir de la historia es irreversible: la descomposición lleva, como su nombre tan bien lo indica, al desmembramiento y a la putrefacción de la sociedad, a la nada.” (tesis 11).
10. Frente a esta situación, las Tesis sobre la descomposición, aunque advierten que “hoy, contrariamente a la situación de los años 70, el tiempo ya no juega en favor de la clase obrera” (tesis 16) y que existe el peligro de una erosión lenta, pero en última instancia irreversible de los fundamentos mismos del comunismo, dejan claro sin embargo que "la perspectiva histórica sigue abierta" (tesis 17).
En efecto, "A pesar del golpe en su toma de conciencia dado por el hundimiento del bloque del Este, el proletariado no ha sufrido derrotas importantes en el terreno de sus luchas. Su combatividad sigue intacta. Pero, además, y es éste un factor que determina en última instancia la evolución de la descomposición, o sea, la agravación inexorable de la crisis del capitalismo es un estímulo esencial de la lucha y de la toma de conciencia de la clase, condición misma en su capacidad para resistir al veneno ideológico de la putrefacción de la sociedad. En efecto, si bien las luchas parciales contra los efectos de la descomposición no pueden ser un terreno de unificación de clase, en cambio la lucha contra los efectos de la crisis misma es la base para que se desarrolle su fuerza y su unidad de clase" (tesis 17).
"la crisis económica, al contrario de la descomposición social, la cual concierne esencialmente las superestructuras, es un fenómeno que afecta directamente la infraestructura de la sociedad en la que se basan aquéllas; por eso, la crisis pone al desnudo las causas primeras de toda la barbarie que se cierne sobre la sociedad, permitiendo así al proletariado tomar conciencia de la necesidad de cambiar radicalmente de sistema y no ya de pretender mejorar algunos sus aspectos» (tesis 17).
De hecho, esta perspectiva está empezando a emerger: "Frente a los ataques de la burguesía, la clase obrera del Reino Unido está demostrando que una vez más está dispuesta a luchar por su dignidad, a rechazar los sacrificios impuestos constantemente por el capital. Es el reflejo más significativo de la dinámica internacional: el invierno pasado comenzaron a estallar huelgas en España y Estados Unidos; este verano, Alemania y Bélgica también experimentaron paros; es imposible predecir dónde y cuándo volverá a manifestarse masivamente la combatividad obrera en un futuro próximo, pero una cosa es cierta, la magnitud de la actual movilización obrera en el Reino Unido es un hecho histórico de primer orden: el fin de la pasividad, de la sumisión. Las nuevas generaciones de trabajadores están levantando la cabeza”9.
Hemos destacado que las luchas en el Reino Unido constituyen una ruptura con la pasividad y la desorientación imperantes hasta entonces. El retorno de la combatividad de los trabajadores en respuesta a la crisis puede convertirse en una fuente de concienciación, al igual que nuestra intervención, que es esencial ante una situación así. Es evidente que cada aceleración de la descomposición consigue frenar los esfuerzos de combatividad de los trabajadores: el movimiento en Francia 2019 sufrió un parón cuando estalló la pandemia. Esto supone una dificultad añadida y nada desdeñable ante el desarrollo de las luchas y la recuperación de la confianza del proletariado en sí mismo y en sus propias fuerzas. Sin embargo, no hay otro camino que la lucha. La reanudación de la lucha es en sí misma una primera victoria. El proletariado mundial en un proceso muy atormentado, con muchas derrotas amargas, puede finalmente recuperar su identidad como clase y eventualmente lanzar una ofensiva internacional contra este sistema moribundo.
11. En este contexto, los años veinte del siglo XXI tendrán una importancia considerable en la evolución histórica. Mostrarán aún más claramente que en el pasado la potencia destructora de la humanidad que conlleva la descomposición capitalista. En el otro polo, el proletariado comenzará a dar sus primeros pasos, como los esbozados por la combatividad de las luchas en Gran Bretaña, para defender sus condiciones de vida frente a la multiplicación de los ataques de cada burguesía y los golpes de la crisis económica mundial con todas sus implicaciones. Estos primeros pasos serán a menudo vacilantes y plagados de debilidades, pero son esenciales para que la clase obrera pueda reafirmar su capacidad histórica de imponer su perspectiva comunista. Así, los dos polos de la perspectiva se opondrán globalmente en la alternativa: destrucción de la humanidad o revolución comunista, aunque esta solución esté aún muy lejos y se enfrente a enormes obstáculos. Esclarecer este contexto histórico es una tarea inmensa pero absolutamente necesaria y vital para las organizaciones revolucionarias del proletariado. Les exige ser las mejores defensoras y propagadoras de una perspectiva general. También es una prueba crucial de su capacidad para analizar y dar respuesta a los retos que plantean los distintos aspectos de la situación actual: guerra, crisis, lucha de clases, crisis medioambiental, crisis política, etc.
CCI, 28 de octubre de 2022
1 TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [11].Estas Tesis se adoptaron en 1990.
2 Véase el Informe sobre la crisis económica del 24º Congreso Internacional de la CCI (2021) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [141]
3 A escala mundial, el riesgo para la salud humana en todos los países, incluidos los "más desarrollados", ha empeorado drásticamente, al tiempo que los científicos advierten de la posibilidad de nuevas pandemias. El estudio de un equipo del London University College publicado en The Lancet también muestra cómo la crisis climática ha aumentado la propagación del dengue en un 12% entre 2018 y 2021 y que “las muertes por oleadas de calor han aumentado en un 68% entre 2017 y 2021, en comparación con el periodo entre 2000 y 2004”.
4 The Lancet (2022). Cabe señalar que, si bien el enorme deterioro ecológico no es el único factor de la crisis alimentaria, la concentración de la producción en muy pocos países y la fuerte especulación financiera con el trigo y otros alimentos básicos agravan aún más el problema.
5 A su manera, el Fondo Monetario Internacional reconoce, con su alambicado lenguaje, la realidad de la situación: "es muy probable que el crecimiento se aminore todavía más y que la inflación sea más alta de lo previsto. En general, los riesgos son elevados y comparables en líneas generales a la situación al inicio de la pandemia: una combinación de factores sin precedentes está configurando el panorama, con factores específicos que interactúan con formas intrínsecamente difíciles de predecir. Muchos de los riesgos descritos a continuación son esencialmente una intensificación de las fuerzas ya presentes en el escenario de referencia. Además, la materialización de los riesgos a corto plazo puede precipitar los riesgos a medio plazo y dificultar la resolución de los problemas a largo plazo.”
6 En Francia, uno de los gigantes mundiales de la energía nuclear, 32 de sus 56 reactores nucleares están inactivos.
7 Resolución sobre la situación internacional del 24º Congreso del CCI
8 Véase el “Informe sobre la descomposición hoy (mayo de 2017)”, Revista Internacional nº 164, (en francés e inglés) Rapport sur la décomposition aujourd’hui (Mai 2017) | Courant Communiste International (internationalism.org) [380]/ Report on decomposition today, from the 22nd ICC Congress | International Communist Current (internationalism.org) [381]
9 El verano de la ira en Gran Bretaña: la burguesía impone nuevos sacrificios, la clase obrera responde con la lucha (panfleto internacional de la CCI). hoja_internacional_huelgas_gb.pdf [382].
Algunos acontecimientos tienen una importancia que no se limita al ámbito local o inmediato, sino que tiene un alcance internacional. Por el número de sectores afectados, la combatividad de los trabajadores implicados en la lucha y el amplio apoyo a la acción entre la población trabajadora, la ola de huelgas que se ha extendido por toda Gran Bretaña este verano es un acontecimiento de innegable importancia a nivel nacional. Pero también hay que entender que la importancia histórica de estas luchas va mucho más allá de su dimensión local o incluso de su ocurrencia puntual. Desde hace décadas, la clase obrera de los países europeos está sometida a la presión asfixiante de la descomposición del capitalismo. Más concretamente, desde 2020, ha sufrido varias oleadas de Covid y luego el horror de la guerra bárbara en Europa con la invasión rusa de Ucrania. Aunque estos acontecimientos afectaron a la combatividad de los trabajadores, no la hicieron desaparecer, como todavía subrayaron las luchas en Estados Unidos, España, Italia, Francia, Corea e Irán a finales de 2021 y principios de 2022. Sin embargo, la oleada de huelgas en Gran Bretaña en respuesta a los ataques a su nivel de vida causados por la profundización de la crisis económica, acentuada por las consecuencias de la crisis sanitaria y, sobre todo, por la guerra en Ucrania, es de una escala diferente. En circunstancias difíciles, los trabajadores británicos envían una señal clara a los trabajadores de todo el mundo: hay que luchar, aunque hayamos sufrido ataques y aceptado sacrificios sin poder reaccionar; pero hoy "ya basta": no lo aceptamos más, hay que luchar. Este es el mensaje que se envía a los trabajadores de otros países. En este contexto, la entrada en la lucha del proletariado británico constituye un acontecimiento de importancia histórica en varios niveles.
Esta ola de lucha está dirigida por una fracción del proletariado europeo que ha sufrido más que la mayoría el retroceso general de la lucha de clases desde 1990. En efecto, si en los años 70, aunque con cierto retraso respecto a otros países como Francia, Italia o Polonia, los trabajadores británicos desarrollaron luchas muy importantes, que culminaron con la ola de huelgas de 1979 ("el invierno del descontento"), el Reino Unido fue el país europeo donde el retroceso de la combatividad ha sido más acusado en los últimos 40 años. Durante la década de 1980, la clase obrera británica sufrió una eficaz contraofensiva de la burguesía que culminó con la derrota de la huelga de mineros de 1985 por parte de Thatcher, la "Dama de Hierro" de la burguesía británica. Además, Gran Bretaña se ha visto especialmente afectada por la desindustrialización y la transferencia de industrias a China, India o Europa del Este. Así, cuando la clase obrera sufrió un declive generalizado en todo el mundo en 1989, éste fue especialmente acusado en Gran Bretaña. Además, en los últimos años, los trabajadores británicos han sufrido la embestida de los movimientos populistas y, sobre todo, la ensordecedora campaña del Brexit, estimulando la división en su seno entre los "remainers" y los "leavers", y luego la crisis de Covid que ha pesado mucho sobre la clase obrera, especialmente en Gran Bretaña. Por último, y más recientemente, se ha enfrentado a la intensa algarabía democrática pro-ucraniana y al belicismo especialmente abyecto en torno a la guerra de Ucrania. La "generación Thatcher" sufrió una gran derrota, pero hoy aparece en la escena social una nueva generación de proletarios que ya no se ve tan afectada como sus mayores por el peso de estas derrotas y levanta la cabeza, mostrando que la clase obrera es capaz de responder mediante la lucha a estos grandes ataques. Guardando las proporciones, asistimos a un fenómeno bastante comparable (aunque no idéntico) al que vio surgir a la clase obrera francesa en 1968: la llegada de una generación joven menos afectada que sus mayores por el peso de la contrarrevolución.
El "verano de la ira" solo puede ser un estímulo para todos los trabajadores del planeta y ello por varias razones: se trata de la clase obrera de la quinta potencia económica mundial, y de un proletariado anglófono, cuyas luchas pueden tener un impacto importante en países como Estados Unidos, Canadá o en otras regiones del mundo, como la India o Sudáfrica. Al ser el inglés la lengua de comunicación mundial, la influencia de estos movimientos supera necesariamente la de las luchas en Francia o Alemania, por ejemplo. En este sentido, el proletariado inglés muestra el camino no sólo a los trabajadores europeos, que deberán estar en la vanguardia del ascenso de la lucha de clases, sino también al proletariado mundial, y en particular al proletariado americano. En la perspectiva de las futuras luchas, la clase obrera británica puede servir así de enlace entre el proletariado de Europa Occidental y el proletariado americano. Esta importancia puede medirse también por la reacción preocupada de la burguesía, especialmente en Europa Occidental, ante el peligro de la extensión del "deterioro de la situación social". Es el caso, en particular, de Francia, Bélgica o Alemania, donde la burguesía, a diferencia de la actitud de la burguesía británica, ha tomado medidas más firmes para poner un techo a las subidas del petróleo, del gas y de la electricidad o para compensar el impacto de la inflación y de las subidas de precios mediante subvenciones o reducciones de impuestos, al tiempo que proclama a viva voz que quiere proteger el poder adquisitivo de los trabajadores. Por otra parte, la amplia cobertura mediática de la muerte de la reina Isabel y de las ceremonias fúnebres pretendía contrarrestar las imágenes de la lucha de clases y mostrar, en cambio, una imagen de una población británica unida, envuelta en un fervor nacionalista y respetuosa con el orden constitucional burgués. Desde entonces, los medios de comunicación burgueses han aplicado un amplio apagón sobre la continuación de los movimientos de huelga. La burguesía sabe perfectamente que la profundización de la crisis y las consecuencias de la guerra no cesarán. Sin embargo, el hecho de que ya se esté desarrollando un movimiento masivo ante los primeros ataques, que son similares para todos los destacamentos del proletariado, no solo en Inglaterra sino en Europa e incluso en el mundo, ataques que la burguesía se ve obligada a imponer en el contexto actual, no puede sino preocupar profundamente a la burguesía.
Aunque el proletariado de Europa Occidenta no ha sido derrotado durante los últimos cuarenta años, a diferencia de lo que ocurría antes de las dos guerras mundiales, el declive de su conciencia de clase después de 1989 (subrayado por la campaña sobre la "muerte del comunismo") ha sido, sin embargo, extremadamente importante. En segundo lugar, la profundización de la descomposición a partir de los años 90 ha afectado cada vez más a su identidad de clase, y esta tendencia no ha podido ser invertida por ciertos movimientos de lucha o expresiones de reflexión entre minorías de la clase en las dos primeras décadas del siglo XXI, como la lucha contra el Contrato del Primer Empleo (CPE) en Francia en 2006, el movimiento de los "Indignados" en España en 2011, las luchas en la SNCF y Air France en 2014 y el movimiento contra la reforma de las pensiones en 2019 en Francia o el "Striketober" (neologismo que alude a la ola de huelgas en octubre) en Estados Unidos en 2021. Además, a lo largo de las dos primeras décadas del siglo XXI, la clase obrera mundial se ha enfrentado en sus luchas al peligro de los movimientos interclasistas, como en Francia con las acciones de los "Chalecos amarillos", al peso de las movilizaciones populistas, como el movimiento MAGA ("Make America Great Again") en Estados Unidos, o a campañas burguesas como las "marchas por el clima" o el movimiento "Black Lives Matter" y las movilizaciones a favor del derecho al aborto en Estados Unidos y otros países. Más recientemente, ante las primeras consecuencias de la crisis, han estallado numerosas revueltas populares en varios países de América Latina contra el aumento del precio de los combustibles y otros productos básicos. Todos estos movimientos constituyen un peligro para los trabajadores en la medida en que los arrastran a un terreno interclasista, donde son ahogados por la masa de "ciudadanos" o arrastrados a un terreno completamente burgués. Pero sólo el proletariado ofrece una alternativa a los desastres que marcan nuestra sociedad. Y precisamente, a diferencia de estos movimientos que arrastran a los trabajadores a terrenos falsos, la aportación fundamental de la oleada de huelgas de los trabajadores británicos es la afirmación de que la lucha contra la explotación capitalista debe situarse en un claro terreno de clase y plantear claras reivindicaciones obreras contra los ataques al nivel de vida de los trabajadores: "Además, y este es el elemento que en última instancia determinará el resultado de la situación mundial, el inexorable agravamiento de la crisis capitalista constituye el estimulante esencial para la lucha de clases y el desarrollo de la conciencia, la condición previa para su capacidad de resistir el veneno que destila la podredumbre social. Porque si bien no hay base para la unificación de la clase en las luchas parciales contra los efectos de la descomposición, sin embargo, su lucha contra los efectos directos de la crisis constituye la base para el desarrollo de su fuerza y unidad de clase". (Tesis sobre la descomposición, 1991. Revista Internacional nº 107, 2001). El desarrollo de esta combatividad masiva en las luchas por la defensa del poder adquisitivo es, para el proletariado mundial, una condición ineludible para superar el profundo retroceso que ha sufrido desde el derrumbe del bloque del Este y de los regímenes estalinistas y para recuperar su identidad de clase y su perspectiva revolucionaria. En definitiva, tanto desde el punto de vista histórico como desde el contexto actual al que se enfrenta la clase obrera, esta oleada de huelgas en Gran Bretaña constituye, por tanto, una ruptura en la dinámica de la lucha de clases, capaz de poner en marcha un "cambio en la atmósfera social".
El "cambio de ambiente" social habido durante estas luchas en Gran Bretaña recuerda en ciertos aspectos la situación que se inició en aquel Mayo de 1968 en Francia. Mayo del 68 fue el símbolo de la ruptura con el largo periodo de contrarrevolución precedente, quebrando el collar con el que el estalinismo tenía amarrado al proletariado, inyectando dinamismo, un impetuoso desarrollo mundial de las luchas obreras y abriendo un periodo de enfrentamientos de clase que se concretó durante las dos décadas siguientes en el "otoño caliente" de 1969 en Italia, las luchas en Polonia en 1970 y 1976, antes de alcanzar su auge en agosto de 1980, en Bélgica entre 1970 y 1972, luego en 1983 (servicios públicos) y en 1986, en Estados Unidos (General Motors en Lordstown, Ohio) en 1972 y luego una nueva oleada de huelgas durante el verano de 1986, en Francia de nuevo con la lucha de los trabajadores del acero (Longwy, Denain) en 1979, en Suecia en 1980, en parte de los países escandinavos -Suecia y Noruega- (86), los estibadores de Rotterdam en los Países Bajos en 1984, así como en España (Vitoria, 1976), Alemania, Grecia, Brasil, México y Sudáfrica, entre otros.
En efecto, la entrada en lucha de los proletarios en Gran Bretaña tiene una importancia comparable a la de Mayo del 68 en Francia, porque se sitúa en el corazón de uno de los bastiones más antiguos y desarrollados del capitalismo, en Europa Occidental, en uno de los batallones del proletariado más experimentados en la guerra de clases. Por eso, esa lucha va a desempeñar un papel clave como acicate de crucial importancia en el nuevo desarrollo de las luchas a escala mundial. Y, por otra parte, hoy la burguesía sigue prendiendo las mechas de los mismos contrafuegos con los que se topó la clase obrera en 1968, enfrentada hoy a los mismos enemigos: sindicatos, partidos de izquierda y organizaciones izquierdistas para hacerla descarrilar su combate de su vía de clase.
Y también, el despertar de la combatividad del proletariado en Gran Bretaña replicando a la dramática agravación de la crisis mundial del capitalismo y a los ataques de la burguesía evoca, mutatis mutandis, el Mayo 68 francés por el importante número de proletarios implicados en una lucha que afecta a todos los principales sectores de actividad del país. El análisis del desarrollo de las luchas proletarias en el corazón de Europa debe inscribirse en esta dimensión histórica. Todo lo que la CCI propuso antes de 2022 para analizar el desarrollo de la combatividad obrera en su terreno frente a la crisis y los ataques de la burguesía, se ha confirmado. El proletariado está desarrollando sus luchas actuales sobre esas bases.
Sin embargo, existen diferencias considerables entre ambas situaciones. El contexto es muy diferente: la clase obrera se encuentra hoy considerablemente debilitada. En aquella época el proletariado albergaba cantidad de ilusiones y confusiones sobre el camino hacia la revolución que parecía a su alcance. Esas fueron una de las mayores debilidades de las luchas del 68 y de los veinte años de luchas obreras que siguieron, lo cual llevó al proletariado a encontrarse totalmente indefenso y desorientado en el momento de la caída del bloque del Este en 1989. Esto permitió a la burguesía desarrollar y llevar a cabo una gigantesca campaña ideológica a escala mundial contra el marxismo y el comunismo presentándolos como una victoria de la democracia sobre los regímenes totalitarios "comunistas", minando así la confianza de la clase obrera en sí, en sus fuerzas, acarreando un reflujo general de la lucha de clases, afectando todo ello profundamente a su capacidad para luchar en su terreno de clase y abriendo así el camino a una nueva fase en el hundimiento de la moribunda sociedad capitalista en su decadencia: El resultado ha sido una descomposición social y un estancamiento en la relación de fuerzas en la que ni el proletariado ni la burguesía son capaces de imponer su "salida" al capitalismo en crisis: la revolución mundial para aquel o la guerra mundial para esta, haciendo así posible que se haya producido una putrefacción de raíz de la sociedad y una desintegración de las relaciones sociales, una espiral dominada por la tendencia al sálvese quien pueda y la sumersión en el caos y la barbarie bélica.
Una de las consecuencias de este contexto diferente es que, mientras que en el período de desarrollo de la lucha de clases entre 1968 y 1989, el proletariado pudo desempeñar un papel activo como freno en la confrontación entre los dos bloques, pues su movilización en su terreno de clase impedía el enrolamiento ideológico por parte de la burguesía tras sus soluciones bélicas, siendo así un obstáculo decisivo ante el estallido de una tercera guerra mundial; ahora, en cambio, el nivel de desarrollo de la lucha de clases no dispone de los medios para oponerse inmediata y directamente a la guerra como vemos con la guerra en Ucrania.
Por otra parte, esta situación es reveladora de algo aún más fundamental y crucial para el propio futuro de la humanidad: el inexorable hundimiento de la sociedad capitalista en el caos y la barbarie bélica, la acumulación y encadenamiento de peligros mortales contenidos en la última fase de descomposición del capitalismo, es mucho más más reveladora de la evidente bancarrota del sistema cuyo desenlace será la destrucción planetaria, que la amenaza de una guerra mundial.
Por todo ello, las luchas en Gran Bretaña demuestran que el proletariado no ha sufrido una derrota decisiva, que no está vencido de antemano. Por el contrario, es capaz de levantar cabeza, a pesar de la cantidad de dificultades e incluso de nuevos desafíos que inevitablemente se le presentarán. Esas luchas muestran que sigue abierta la alternativa de futuro: comunismo o barbarie.
Hoy, muchas de las ilusiones y debilidades que marcaron las luchas entre 1968 y 1989 se han derrumbado: Ha quedado claro que el camino hacia la revolución comunista es todavía largo, lleno de escollos y obstáculos que se han hecho más difíciles de superar. Abrirse paso es un reto enorme, pero al proletariado no le queda más remedio que comprometerse resueltamente en una lucha que deja abierta la perspectiva de recuperar la confianza en sí mismo desarrollando sus propias luchas y afirmarse una vez más como la única fuerza social capaz de derrocar y destruir el capitalismo antes de que éste destruya la humanidad.
Queda pues clara la importancia de este movimiento no se limita al hecho de que pone fin a un largo período de relativa pasividad. Estas luchas se desarrollan en un momento en el que el mundo se enfrenta a una guerra imperialista de gran envergadura, una guerra que opone a Rusia y Ucrania en suelo europeo, pero que tiene un alcance mundial con, en particular, una movilización de los países miembros de la OTAN que es una movilización no solo en las armas, sino también en el plano económico, diplomático e ideológico: en los países occidentales, los gobiernos piden sacrificios para "defender la libertad y la democracia". En concreto, esto significa que los proletarios de estos países deben apretarse aún más el cinturón para "mostrar su solidaridad con Ucrania", de hecho, con la clase dominante ucraniana y los gobernantes de los países occidentales. Frente al conflicto en Ucrania, llamar a una movilización directa de los trabajadores contra la guerra es ilusorio en Europa Occidental o en los Estados Unidos; sin embargo, desde febrero de 2022, la CCI ha destacado que la reacción de los trabajadores aparecerá sobre la base del ataque a sus salarios, producto de la acumulación e interconexión de las crisis y desastres del período pasado, y contra la campaña que llama a aceptar sacrificios en apoyo a la "resistencia heroica del pueblo ucraniano". Además, la movilización contra la austeridad capitalista contiene también, en última instancia, una oposición a la guerra. Esto es también lo que llevan en embrión las huelgas de la clase obrera en el Reino Unido, aunque los trabajadores no sean siempre plenamente conscientes de ello: el rechazo a hacer más y más sacrificios por los intereses de la clase dominante, el rechazo a los sacrificios por la economía nacional y por el esfuerzo de guerra, y el rechazo a aceptar la lógica de este sistema que lleva a la humanidad hacia la catástrofe y, finalmente, a su destrucción. En resumen, aunque las luchas se limiten por el momento a un solo país, aunque se agoten, y aunque probablemente no debamos esperar una serie de acontecimientos importantes similares en diferentes países en un futuro próximo, se ha alcanzado un hito. El logro esencial de la lucha de los trabajadores en Gran Bretaña es levantarse y luchar, porque la peor derrota es sufrir el empobrecimiento sin luchar. Es sobre esta base que se pueden aprender las lecciones y la lucha puede avanzar. En esta perspectiva, las huelgas representan un cambio cualitativo y anuncian un cambio en la situación de la clase obrera frente a la burguesía: marcan un desarrollo de la combatividad en un terreno de clase que puede ser el inicio de un nuevo episodio de la lucha, porque es a través de sus luchas económicas masivas que la clase obrera podrá recuperar progresivamente su identidad de clase, erosionada por la presión de 40 años de descomposición, por el reflujo de las luchas y la conciencia, por las sirenas de los movimientos interclasistas, el populismo y las campañas ecologistas. Es sobre esta base que la clase obrera podrá abrir una perspectiva para el conjunto de la sociedad. Desde este punto de vista, hay un "antes" y un "después" del verano de 2022.
R. Havanais, 30.12.2022
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La irrupción del populismo en la primera potencia mundial que se coronó con el triunfo de Donald Trump en 2016 trajo 4 años de decisiones contradictorias y erráticas, de denostación de las instituciones y acuerdos internacionales que aceleraron aún más el caos mundial y condujeron a un mayor debilitamiento y descrédito de la potencia americana, acelerando así su declive histórico. La situación se torna cada vez más grave y afloran abiertamente dificultades y divisiones internas en la vida social americana. A ello se agrega una pandemia cuyo manejo mostró la enorme irresponsabilidad del enfoque populista, llamando a no tomar en cuenta las medidas preventivas propuestas por los equipos de científicos, al grado que USA concentra el triste record de muertes por Covid-19 en el mundo. Terror del Estado, violencia en manifestaciones antirracistas (BLM), auge de grupos supremacistas armados, incremento de la criminalidad y como parte de esa escalada feroz de los acontecimientos, el 6 de enero de 2021, las huestes trumpistas tomaron el Capitolio, el “símbolo del orden democrático”, para tratar de echar abajo la legalización del resultado favorable a la fracción Biden[1]. La pandemia aceleró las tendencias a la pérdida de control de la situación social, las divisiones internas de la burguesía americana se agudizaron en unas elecciones donde por primera vez en la historia el mismo presidente y candidato a reelegirse acusa la existencia de una “fraude electoral”, al mejor estilo de una “república bananera”. Los USA se encuentran ahora en el epicentro de la descomposición social.
Para poder explicar desde un análisis marxista esta “nueva” situación de la otrora superpotencia debemos asumir un enfoque histórico. Hay que explicar primero cómo fue que los USA se convirtieron en la primera potencia mundial, en el país que dominó el comercio, la política, la guerra y que su moneda se convertiría en la moneda mundial. En una primera parte de este artículo veremos el discurrir histórico de los USA desde su fundación hasta su culmen, su auge como indiscutible gendarme mundial, es decir, abordaremos acontecimientos que van de finales del siglo XVIII hasta la caída del bloque del Este en 1989. Este es el periodo histórico que ha sido marcado por la primacía del capitalismo americano a nivel mundial. A partir del derrumbe del bloque del Este se abre una fase terminal en la evolución del capitalismo: la Descomposición social[2]. Con ello empieza también un declive del liderazgo americano y el hundimiento de todo el sistema burgués en el caos y la barbarie. La segunda parte de este artículo abordará el periodo que va de inicios de los 90´s hasta el año en curso. En 30 años de pudrimiento en pie de la sociedad burguesa los USA han pasado a ser un factor de agravación del caos, su liderazgo mundial no será recuperado por más que el equipo Biden lo proclame en sus discursos, no es una cuestión de deseos, son las características de esta fase final del capitalismo lo que determina el rumbo de las tendencias y el abismo al que nos conduce el capitalismo si el proletariado no le pone fin a través de la revolución comunista mundial.
Cuando Marx escribió “Trabajo asalariado y capital”, y sobre todo la gran obra del marxismo “El Capital”, tomó como referencia el proceso interno del país capitalista más desarrollado de su época: Inglaterra, el país de la Revolución Industrial y cuna del capitalismo moderno. Para el siglo XVIII, los USA apenas empezaban a consolidarse como país en el nuevo continente. La independencia de las 13 Colonias el 4 de julio de 1776 y la elaboración de la Constitución de la “Unión Americana” darían arranque a un vertiginoso desarrollo del capitalismo en Norte América.
En el marco de este artículo no vamos a desarrollar la historia de la independencia de las “13 Colonias inglesas”. Sin embargo, queremos subrayar que una de las grandes inconformidades de los colonos se desarrolló a partir de los aumentos a los impuestos y la falta de “representación”, por ello la consigna era, “un hombre un voto” o “No taxation without representation” (“No impuestos sin representación”). La democracia empezaba a despuntar como el mejor marco para el desarrollo de la “libre empresa y la propiedad privada”, no es casual que los USA se empezaron a considerar a sí mismos como los garantes de la democracia en el mundo.
El siglo XVIII estaba dominado por los grandes países colonialistas: Inglaterra, Francia, España y en menor medida Holanda y Portugal. Por ello el reconocimiento de la independencia de los USA se acuerda bajo el ambiente de rivalidades y luchas por territorios entre esos potentados. El “Tratado de Paris” (1783) reconoce la independencia de los USA y su derecho a expandirse hasta el Mississippi. Francia poseía Luisiana y toda la cuenca del Mississippi, España dominaba Florida y aún tenía el dominio absoluto sobre el “Virreinato de la Nueva España” que después sería México.
En 1787 la Convención decide dotarse de una Constitución para los nuevos “13 estados” eliminando así los enfrentamientos entre ellos (New Jersey y New York por ejemplo) y solucionar el problema de las arcas vacías para hacer frente a las invasiones que desde el oeste mantenían Gran Bretaña y España. Junto a la aprobación de la Constitución en 1789 se aprueba también la “declaración de derechos”. Al ser la burguesía naciente una nueva clase explotadora y el capitalismo un sistema de extracción de plusvalía de la clase trabajadora, todas esas declaraciones sobre “derechos” como en la revolución francesa “libertad, igualdad y fraternidad” eran sólo tapaderas ideológicas para justificar las modernas relaciones de explotación capitalista, un programa para rematar la consolidación del capitalismo en contra el viejo régimen feudal y sus secuelas. Estas rimbombantes “declaraciones” pronto se convertirían en meros taparrabos de una explotación rapaz y sin asomo de trato humano: la esclavitud, el racismo y la lucha por derechos civiles en USA son una demostración del abismo que hay entre los “postulados” de la democracia y la realidad de la vida bajo el capitalismo.
Los barcos llegaban a los puertos del Este americano repletos de emigrantes que aspiraban a nuevas y fértiles tierras, emprender negocios propios, en otras palabras, el “sueño americano” fue una posibilidad para millones de emigrados de mejorar su situación. Las leyes permitían la emigración y muchos europeos se lanzaron a la colonización del oeste americano. La población americana creció enormemente gracias a la emigración. En 1850 había 23 millones de habitantes y para 1910 se alcanzaría la cifra de 92 millones, superior a la población de Inglaterra y Francia juntas. En la etapa ascendente del capitalismo, la emigración tenía una naturaleza distinta a las emigraciones de hoy. En los tiempos de expansión del capitalismo la posibilidad de mejorar las condiciones de vida era real, hoy es una simple huida ciega y suicida, un verdadero callejón sin salida. Por ejemplo, las caravanas de miles migrantes que salen desde Centroamérica e intentan llegar por tierra a los USA se enfrentan al hambre, las pandillas de traficantes y la represión estatal, la mayoría de ellos solo encuentran el sufrimiento indecible o la muerte pura y llana.
La expansión del capitalismo hacia el Oeste es conocida como el “Destino manifiesto”, el capitalismo se expandía y abría camino a punta de cañonazos y winchester en mano, los nativos fueron desplazados o exterminados y los sobrevivientes que resultaron de esta violenta expropiación terminaron recluidos en “reservas”. “La Frontera” se iba expandiendo a lo largo del siglo XVIII “por la Autoridad Divina o de Dios”. El Destino Manifiesto expresaba la idea de los primeros colonos, protestantes y puritanos, en concebirse como una nación “elegida” y destinada a expandirse desde el Atlántico hasta el Pacífico. Esta expansión llevaba consigo los trenes[3], el telégrafo y se incrementaban las necesidades de suministros de mercancías. Parecería que el capitalismo vivía un ascenso sin límites temporales, de ahí que las históricas posturas aislacionistas abrevaban en esta idea de un progreso permanente bajo un estado casi autárquico. Esa “expansión interior” termina y se consolida a principios del siglo XX.
A principios del siglo XIX, la joven república estadounidense se dota de una doctrina que marcará su historia: La Doctrina Monroe, “América para los americanos”. Elaborada en 1823 por Q. Adams y presentada al congreso de la Unión por James Monroe ha sido piedra angular en la política exterior americana que traduce esta doctrina como “América para los estadounidenses”. Desde entonces se perfilaba ya que los USA iban a poner un alto a los europeos en América y que tal Doctrina en realidad se quedó corta en relación a los territorios que los USA iban a dominar alrededor del planeta.
Esa mítica “frontera” conoció una expansión vertiginosa en el siglo XIX. Napoleón Bonaparte vendió Luisiana y toda la cuenca del Mississippi, luego los americanos compraron Florida a España (1821) y la guerra contra México en 1846 la ganan y se agencian más de la mitad del territorio mexicano y alcanzaron así las costas del Pacífico. Más tarde en 1898 la guerra entre USA y España se saldó con la victoria norteamericana obteniendo el control sobre Cuba, otras islas del Caribe y la lejana Filipinas. Ello mostraba ya el claro declive del “imperio español” y el ascenso ya de los USA como potencia regional[4]. “…El mismo año que Jorge Washington ascendía a la presidencia de los Estados Unidos, se vieron llegar quince buques cargados con seda y té del exótico y legendario puerto asiático de Cantón, mientras los navíos de New York, Boston y Philadelphia penetraban valerosamente en el área del monopolio de la Compañía de las Indias Orientales. Y en menos de quince años los barcos de bandera norteamericana, tripulados por sus valerosos marinos, recalaban en Batavia, Calcuta, Filipinas, Japón, Turquía, Egipto y Marruecos. Comenzaba en forma espectacular la historia del comercio exterior de los Estados Unidos”[5]. En el Pacifico desde la mitad del siglo XIX los EEUU empezaron a manifestar su presencia contribuyendo a la “apertura” de Japón al capitalismo. Al mismo tiempo Gran Bretaña penetraba en China y sentaba sus relaciones en ese país asiático, sin embargo, en aquella fase los EEUU todavía no tenían la presión de extender su presencia y defender sus posesiones, esto empezó a ocurrir sobre todo en los albores del siglo XX.
El largo proceso de integración de los Estados de la Unión inició desde 1787 hasta las últimas integraciones en 1959. Alaska fue comprada a los rusos en 1867 pero es hasta enero de 1959 cuando Alaska se convirtió en el Estado número 49 y Hawai emergió como el Estado número 50 en agosto de ese mismo año. Estamos hablando de más de 170 años, tiempo en el cual se ha ido extendiendo el territorio hasta conquistar la “última frontera”, es decir, hasta alcanzar las costas del Pacífico californiano. En el avance frenético del capitalismo en el inmenso territorio de Norte América había que hacer frente a los Estados esclavistas del sur por dos razones: consolidar la unidad del Estado Nacional poniendo un alto a los secesionistas que constantemente amenazaban con independizarse y permitir, por otro lado, eliminar el arcaico sistema esclavista que no permitía la existencia de “ciudadanos libres” … ¡libres de vender su fuerza de trabajo asalariada! Ello era más necesario en tanto que en USA, al menos hasta la I Guerra Mundial, sufrió casi permanentemente de una escasez de mano de obra.
Los USA se convirtieron en el siglo XIX en el mayor importador de esclavos. El trabajo agrícola con mano de obra esclava estaba focalizado en los estados del sur. En cambio, el norte industrializado basaba su desarrollo en la explotación del trabajo asalariado, por tanto, se planteaba un problema para el capitalismo: La industria domina al campo y la mano de obra debe “circular libremente” para que el capital pueda hacer uso de ella indiscriminadamente[6]. Los propietarios de esclavos oponían resistencia a esa lógica del capital y trataron de separarse del norte industrial. La sangrienta Guerra de Secesión (1861-1865) fue el triunfo total del capitalismo y se impuso una dura lección a las próximas tentaciones separatistas. Este avance del capitalismo ha sido saludado por el marxismo ya que las relaciones de producción burguesas traen aparejadas a sus enterradores: el proletariado moderno. Por eso “En el mensaje de saludo al Sr Lincoln con motivo de su reelección a la presidencia, hemos expresado nuestro convencimiento de que la guerra civil de América tendría una significación tan grande para el progreso de la clase obrera como la que tuvo para el progreso de la burguesía la guerra de independencia americana”[7].
Mientras los USA estaban enfrascados en su Guerra de Secesión, en México Francia había impuesto a un miembro de casa de los Habsburgo como emperador mexicano, Napoleón III pretendía disputarle el patio trasero a los Estados Unidos. No se trataba de una complacencia del “Tío Sam” o que la Doctrina Monroe fuese un sueño guajiro, no, simplemente estaban ocupados con su guerra interna pero una vez terminada la guerra de secesión Washington estuvo en condiciones de expulsar a los franceses de su zona de influencia natural. Para dar una lección a los europeos y que guardaran sus futuras pretensiones bajo llave, los USA hicieron fusilar a Maximiliano de Habsburgo a pesar de los ruegos de la aristocracia europea y de artistas como Víctor Hugo. Un episodio más que mostraba quién, de ahí en adelante, marcaría el paso en la política mundial.
Para inicios del siglo XX “los Estados unidos habían constituido la sociedad capitalista más vigorosa del mundo y organizado la producción industrial la más potente (…) La productividad del trabajo creció de manera más fuerte que en otros lados, de la misma manera las ganancias, los salarios y el ingreso nacional”. “Pero desde la época de la muerte de Marx, durante los años 1800, el capitalismo americano alcanzaba y superaba las cifras de la producción industrial inglesas, desde esta época América asume pues el primer rango entre los países industrializados. (…) La Primer Guerra Mundial, al mismo tiempo que ocasionaba una fuerte reducción de la producción europea, iba a acentuar aún más el progreso de la economía americana, de manera que en el momento en que estalla la Revolución de Octubre los USA producían ya casi la totalidad de bienes y mercancías que toda Europa junta”[8].
Para la burguesía americana y todos sus ideólogos parecía que la bonaza capitalista era casi una “característica natural” del sistema, sin embargo, la realidad se basaba en la conquista de un vasto territorio que, a medida que “la frontera” avanzaba al oeste, se ampliaba la demanda de toda clase de suministros y mercancías, un proceso capaz de absorber también grandes cantidades de emigrantes y empujaba todas las cifras de crecimiento al alza, los préstamos que apuntalaban esa expansión fluían desde Europa. En 1893 Chicago se convierte en sede de la “Exposición Universal” lo cual metía a los USA directamente en la lista de las potencias industriales. El “sueño americano” empero tocaba sus límites, el inicio de siglo XX y la I Guerra Mundial anunciaban la entrada del capitalismo en su decadencia histórica y nuevas condiciones iban a entrar en escena para explicar la evolución de los USA que empezaba a despuntar como potencia mundial.
La I Guerra Mundial marcaba la necesidad de “un nuevo reparto del mundo”. Potencias industriales como Alemania llegaron tarde al reparto de ese mercado mundial. Mientras que Francia e Inglaterra se habían servido con la cuchara grande a nivel de la conquista de colonias, mientras que los USA dominaban el continente americano y consolidaban su expansión de Este a Oeste, Alemania no tenía nada y necesitaba replantear ese reparto. Bajo el capitalismo no hay otro medio de enfrentar la búsqueda de un “espacio vital” que no sea la guerra y a partir de 1914 la guerra se convierte en la forma de vida del capitalismo decadente[9].
El conflicto de “La gran Guerra” arrastró a toda Europa a la destrucción, a las masacres, a la barbarie pura y simple. Alemania estalla las hostilidades, por primera vez en la era moderna Europa se ve confrontada a tan dramática situación.
Los USA mantuvieron una “neutralidad” hasta 1917. Recordemos el enorme peso que tenía la ilusión de un desarrollo capitalista ilimitado y alejado de los problemas europeos. A pesar del hundimiento del RMS Lusitania por submarinos alemanes en 1915, el presidente Woodrow Wilson mantuvo la “neutralidad”. Una neutralidad muy conveniente, los USA aumentaron su producción de forma notable, empezaron a convertirse en los grandes proveedores de la Entente de municiones, pertrechos militares de todo tipo, alimentos, etc. Los barcos americanos no dejaban de transitar el Atlántico cargados de mercancías para abastecer el frente de guerra. Por eso los alemanes sabían que había que hacer la guerra a los USA para poner un alto a ese enorme apoyo logístico a Inglaterra y Francia. Alemania vuelve a declarar en 1917 la reanudación de los ataques submarinos sin restricciones. A ello hay que agregar la injerencia alemana en México aprovechando las convulsiones sociales en este país y Berlín le propone al gobierno mexicano que declare la guerra a los USA y la victoria del lado alemán significaría para México la recuperación de los territorios perdidos[10]. Para poder mantener su papel de gran proveedor y defender sus barcos, su canal de Panamá y su convulso traspatio la “neutralidad” era ya inservible y la entrada en la guerra era una necesidad impostergable para la burguesía americana…a pesar de los intentos de Wilson de impedir ese camino. Al final se impuso la lógica del capital en contra de las puritanas y cándidas intenciones de la paz.
“La entrada en la guerra de los USA provocó un cambio fundamental en las relaciones de fuerza industrial y militar entre los beligerantes. Sin los Estados Unidos, el potencial industrial anglo-francés y el de las Potencias Centrales se mantenían más o menos en equilibrio; con América, las Potencias Occidentales poseían sobre sus adversarios una superioridad de tres a uno, lo que hacía imposible la victoria para éstos últimos”[11]. Los USA enviaron un millón de hombres al frente, al único frente en el que lucharon, su industria fue la gran arma estratégica para que Alemania se rindiera y el Tratado de Versalles estableciera las condiciones para que los vencidos pagaran los daños de guerra. Fueron los USA los que empujaron a la creación de la Sociedad de las Naciones teniendo como base los “14 puntos de Wilson”, sin embargo, los USA no entraron en ese organismo para seguir conservando su “neutralidad” ante futuros conflictos.
Mientras que los centros industriales de Europa junto con su población se vieron sumamente afectados por las destrucciones y las masacres, los USA, a miles de kilómetros de los campos de batalla, mantuvieron una industria en ascenso trabajando a todo vapor y una población alejada de los sufrimientos directos producidos por la guerra. Los países “vencedores” como Francia e Inglaterra no recuperaron su fuerza industrial, para 1919 todos los beligerantes europeos habían disminuido su producción en más de un tercio mientras que los USA salieron de esta guerra fortalecidos y con una concentración de oro en sus arcas como nunca. A mitad del siglo XIX, Inglaterra era la potencia mundial incuestionable y su imperio, “donde no se ponía el sol”, estaba ahí para demostrarlo, pero después de la I Guerra Mundial tendrá que ir a remolque y a regañadientes detrás de los estadounidenses. Los USA pasaron de ser deudores para convertirse en la primera posguerra en los mayores acreedores y prestamistas de Europa. La decadencia del capitalismo inauguraba una nueva organización en las constelaciones imperialistas.
“La difícil situación de la economía británica, que había sido la más poderosa, es típica de aquel contexto cuando en 1926 tiene que recurrir a bajas de salarios para intentar recuperar en vano su ventaja en la competencia del mercado mundial (…) El único verdadero boom se produjo en Estados Unidos, país que, a la vez, se benefició de las dificultades de sus antiguos rivales y del desarrollo acelerado de la producción en serie, cuyo símbolo eran las cadenas de montaje de Detroit donde se producía el Ford T. La coronación de Estados Unidos como primera potencia económica mundial permitió además sacar a la economía alemana del marasmo gracias a la inyección de préstamos masivos.”[12]
En realidad, no hubo después de la guerra un relanzamiento mundial de la economía y tampoco una ampliación de nuevos mercados. Para los USA fue gracias a la guerra que aumentaron sus exportaciones masivas a Europa y al haber mantenido intacta su planta industrial se reforzó el pensamiento de la burguesía americana de un “crecimiento ilimitado”. Sin embargo, 1929 y la Gran Depresión aboyaron esa ideología de los “felices 20´s” y recordaron a todos que el capitalismo había entrado en su decadencia y que las crisis y las guerras eran ya su forma de vida.
Como plagas bíblicas los flagelos de la Gran depresión azotaron suelo americano. El desempleo masivo, las quiebras de empresas, el hambre en las calles…imágenes de desolación se repiten por todo el país y los estragos se propagan por el resto del mundo, claro, con diferentes niveles de afectación. El Estado americano, bajo Franklin D. Roosevelt, decide intervenir. El capitalismo de Estado que se perfiló desde la I Guerra Mundial hace acto omnipresente e interviene para salvar la economía. El “New Deal” no es otra cosa que keynesianismo, el Estado debe invertir en infraestructura para volver a dinamizar toda la industria. Hubo tardanza en la aplicación del plan y los efectos positivos que se esperaban tardaron en llegar. Así, la década de los 30 iba a significar que la burguesía mundial buscaría dar a esta situación una salida, la única salida que puede el capital poner en marcha: una nueva guerra mundial sólo posible gracias al aplastamiento del proletariado. Esta vez la guerra sería más devastadora y cruel y de la que los USA saldrían aún mejor posicionados como la potencia mundial indiscutible.
Nuevamente es Alemania la que tiene que volver a cuestionar el statu quo. La anexión de Austria primero y la “guerra relámpago” para invadir Polonia en 1939 abrieron de nuevo las hostilidades. Los USA con su territorio al abrigo de los campos de batalla mantienen de nuevo su neutralidad. Con una Francia invadida por las tropas de ocupación y una Inglaterra sometida a bombardeos alemanes, los USA volvieron a reactivar su papel de proveedor del frente de guerra, se absorbió el desempleo y la industria americana regresó a una producción frenética, no fue el New Deal sino de nuevo la guerra lo que posibilitó que la planta industrial americana recobrara su pujanza.
La Alemania parecía imparable. Al interior de los USA había una fuerte resistencia a una posible entrada de los USA en el conflicto mundial, el ala “aislacionista” normalmente concentrada en el partido republicano no estaba de acuerdo en la entrada de los USA en el conflicto y existían fuertes simpatías de sectores de la sociedad americana hacia las potencias del Eje, en particular hacia Alemania. La burguesía americana sabía que Alemania iba a tomar el control de Europa si no intervenían. A diferencia de la I Guerra Mundial, esta vez Japón, que ya había extendido sus ambiciones imperialistas a Manchuria y ocupaba grandes partes de China. entró inmediatamente a la guerra al lado del Eje (Berlín-Roma-Tokio) y trató de dominar el Pacífico.
Para poder entrar a la guerra no sólo había que doblegar a los aislacionistas, sino que había que convencer a la población y neutralizar a la clase obrera detrás de la bandera de las barras y las estrellas. Para ello se necesitaba un ataque que justificara, sin resistencias, la entrada en la guerra. Las provocaciones de la burguesía americana a los japoneses rindieron sus frutos y en diciembre de 1941 el imperio de Hirohito mordió el anzuelo y atacó Pearl Harbour en Hawái. El maquiavelismo de la burguesía americana es digno de estudio, no importan las vidas de nadie y las pérdidas materiales son secundarias cuando se trata de alcanzar objetivos imperialistas.[13] Nuevamente la entrada de los USA en la guerra inclinó la balanza en favor de los aliados y toda su industria se dedicó a proveer de armas y pertrechos a los aliados. El New Deal no había cumplido con su promesa de pleno empleo: en 1938 había 11 millones de desempleados y para 1941 la cifra todavía rondaba los más de 6 millones. Es hasta que toda la planta industrial se aboca a cumplir con los requerimientos de la guerra cuando el desempleo finalmente cedió. El espejismo de haber superado la crisis volvió a aparecer en el horizonte americano.
La burguesía americana había construido un moderno ejército capaz de intervenir en cualquier parte del mundo y sus científicos experimentaban ya con el uso de la fisión nuclear. La pacífica “neutralidad” estaba armada hasta los dientes. Ser potencia económica va íntimamente ligado a la capacidad del estado nación para defender esos intereses y extenderlos por el mundo. “No existe una oposición fundamental en el régimen capitalista entre guerra y paz, sino que existe una diferencia entre dos fases, una ascendente y otra decadente, de la sociedad capitalista y, por lo tanto, una diferencia de función de la guerra (en relación a la guerra y a la paz) entre estas dos fases respectivas. Si durante la primera fase, la guerra tiene por función asegurar la ampliación del mercado de cara a una más amplia producción de bienes de consumo, durante la segunda fase, la producción gravita esencialmente sobre la producción de medios de destrucción, es decir para la guerra. La decadencia de la sociedad capitalista encuentra su expresión más impactante en que a diferencia de las guerras para el desarrollo económico (período ascendente), la actividad económica se limita esencialmente a la guerra (período decadente). Esto no quiere decir que la guerra se haya convertido en el fin de la producción capitalista, el fin sigue siendo para el capitalismo la producción de plusvalor, lo que significa que la guerra adquiere un carácter permanente, y se ha convertido en el modo de vida del capitalismo decadente”.[14]
La II Guerra Mundial fue obviamente mucho más devastadora que la Primera, la cantidad de muertos en el mundo alcanzó los 50 millones de muertos, incluyendo gran cantidad de civiles. La destrucción de las fábricas del enemigo y de los barrios obreros es un elemento nuevo para debilitar la capacidad del adversario, era imprescindible destruir los centros de fuerzas de trabajo y las fábricas de alimentos, de medicamentos, municiones, etc. La devastación de Europa provocó el ascenso de una potencia de segundo orden como la URSS cuyos apetitos imperialistas parecían insaciables. Los USA tienen que hacer uso de su poderío militar recién descubierto, la bomba atómica, para negociar con posición de fuerza ante Stalin. Es por ello que en Yalta en febrero de 1945 cuando los americanos aún no terminaban de construir sus armas atómicas, Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill dejaron temas ambiguos ante la URSS, los rusos querían invadir Japón para mayo. Ya bajo Harry S. Truman se realiza el acuerdo de Potsdam a inicios de agosto del 45, pero Truman recibió telegramas confirmando el éxito de los ensayos en Nuevo México con la bomba atómica y Truman fue capaz de hablar más fuerte a los soviéticos, sabía que tenían ya el arma que los ponía por encima de la URSS. Los USA lanzaron sus armas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki cuando en realidad no eran para vencer a Japón que en los hechos ya no representaba una amenaza para los aliados, los bombardeos atómicos fueron para detener las ambiciones soviéticas. Aún no terminaba la II Guerra Mundial y la guerra fría había ya asomado su nariz.
Los USA aseguraron el control mundial al final de la II Guerra Mundial. La creación de la ONU, los acuerdos de Bretton Woods (en 1945 el 80% del oro mundial se encontraba en los USA), el Banco Mundial, FMI, GATT, la OTAN…toda una arquitectura organizativa que aseguraba la afluencia mundial americana en lo económico, político y, sobre todo, en lo militar. Las bases americanas se multiplicaron alrededor del planeta, 800 bases militares más las bases secretas que hay seguramente en países como Israel y Arabia Saudita. En la II Guerra Mundial había 12 millones de hombres sirviendo en el ejército, EE.UU duplicó su producto nacional bruto (PNB), y a finales de la guerra poseía “la mitad de la capacidad manufacturera mundial, la mayor parte de sus excedentes en abastecimiento y la casi totalidad de sus reservas financieras. Estados Unidos era líder de una serie de tecnologías esenciales para la guerra moderna y la prosperidad económica. La posesión de grandes reservas petrolíferas interiores y el control de las de América Latina y de Oriente Medio contribuyeron a su posición dominante global” (DS Painter, Encyclopedia of US Foreign Policy.). “El poderío americano se vio favorecido por las ventajas debidas a su relativo aislamiento geográfico. Distante de los escenarios centrales de ambas guerras mundiales, la nación norteamericana no sufrió ninguna destrucción masiva de sus principales centros de producción como le ocurrió a Europa, y su población civil estuvo al margen del terror de las incursiones aéreas, los bombardeos, las deportaciones y los campos de concentración que provocaron la muerte de millones de civiles en Europa (se estima que sólo en Rusia perecieron más de 20 millones de civiles) [15].
Durante la Guerra Fría, el gran eje de la política exterior norteamericana desde 1945 fue la de “contención de la URSS” y su falsamente llamado bloque “comunista”. Las pretensiones de la URSS pronto se vieron abiertamente: literalmente se tragó los países Bálticos, puso un gobierno a su modo en Polonia, negoció con Turquía un acceso al Mar Negro, alimentó la guerra civil en Grecia y no ocultaba sus pretensiones hacia Japón y las islas Kuriles, con ello dominaría desde Europa hasta el Pacífico. Es hasta 1947 que los USA diseñan la estrategia del “Plan Marshall”, más de 12 500 millones de dólares de esa época para reconstruir ciudades, parar mitigar el hambre, surtir de mercancías a toda Europa, en fin, gran parte de los créditos del Plan Marshall será para que los europeos siguieran consumiendo mercancías americanas. Sin embargo, el objetivo central era impedir que en Europa se desarrollaran condiciones para que la URSS y los Partidos Comunistas fieles a Moscú alborotaran el ambiente social convulso y consiguieran nuevos integrantes para el bloque ruso, el caso de Checoslovaquia fue una lección elocuente que no se podía repetir[16].
Al final de la guerra George Marshall llega a China para tratar de formar una coalición, sin embargo, Mao Tse Toung del PCCh y Chiang Kai-Shec del Koumitang, asesorados por Moscú dejaron de lado sus rivalidades para hacer frente común contra los americanos y reventaron las negociaciones en la primavera del 46. La guerra fría mostraba sus tempranas confrontaciones.
Al finalizar la 2a guerra mundial la URSS y los USA acordaron dividir Corea a partir del paralelo 36, sin embargo, en 1950 el norte, apoyado por los rusos invaden Corea del sur la cual estaba bajo la tutela americana. El horror de la Guerra Fría mostrada su macabro destino[17], la guerra duró 3 años con 3 millones de muertos, familias divididas y angustia permanente en la población coreana. Los USA logran imponerse, hacen retroceder a las fuerzas de Corea del norte a la frontera originalmente pactada. Esta guerra marcaría el inicio de una escalada en la que los USA se afirmarían por los siguientes 40 años como la primera potencia mundial indiscutible.
Europa quedaba dividida por el “telón de acero”. La OTAN se crea en 1949 para la protección militar de Europa occidental, después los rusos responden con el Pacto de Varsovia (1955). El mundo se sume en una amenaza permanente de conflicto, los misiles y toda clase de armamento ya no desaparecerían del paisaje, la paz del capitalismo es la nueva espada de Damocles.
Poco a poco los USA fueron imponiendo su ley. En 1956 cuando GB y Francia en contubernio con Israel quisieron poner en práctica sus pequeñas veleidades y volver a controlar el canal de Suez, los americanos impusieron la disciplina y relegaron a Francia y a GB a su papel de segundones detrás de los USA.
El único enfrentamiento directo entre las dos cabezas de bloque, USA-URSS, fue la “crisis de los misiles en Cuba” en 1962.Todo se saldó con un acuerdo secreto entre la administración Kennedy y Nikita Jrushchov. El resto de los enfrentamientos de este periodo se hizo a través de intermediarios.
El tropiezo más importante durante el “siglo americano” fue la guerra de Vietnam. Vietnam estaba dividido en norte y sur, el Sur bajo influencia de Washington y el Norte apoyado por la URSS y China. Hubo muchas divisiones en el seno de la burguesía americana sobre esta guerra y el “atasco” en el pantano vietnamita, más los avances de Moscú en sus influencias en Medio Oriente, obligaron a los americanos a desistir de esta guerra y reorientar su política exterior. A pesar de haber enviado más de 500 mil hombres en 1968 a Vietnam tuvieron que abandonar territorios otrora controlados por la Francia colonial y en 1973 se firman los “Acuerdos de Paris” que estipulan la salida de los estadounidenses de Vietnam del sur. Esto pronto significaría la retoma de Saigón por Vietnam del Norte (1975) y una reunificación bajo la égida “comunista” con el pomposo nombre de República Socialista de Vietnam (1975).
Aparte de este fiasco que no fue “la guerra por el arroz”, los americanos lograron llegar a La luna y ponerse a la cabeza de la tecnología y la investigación científica en el campo militar. En esta carrera contra el bloque “comunista” logra contener a la URSS en todo el continente americano. Lo de Cuba fue una excepción que Washington se encargaría de que no se repitiera, la Doctrina Monroe fue aplicada a pie juntillas. La influencia cubana se limitó entonces al romanticismo alrededor de “la revolución de los barbudos” para alimentar el izquierdismo guerrillero gracias a su emblema el Che Guevara. En Medio Oriente hicieron de Israel su cabeza de puente para contener los coqueteos árabes con Moscú. En el lejano Oriente, el fracaso de Vietnam trajo sin embargo algo positivo para Washington: logró atraer a China al bloque occidental y ésta rompió definitivamente con los rusos. Claro, los USA tuvieron que abandonar su postura de reconocer a Taiwán como el “gobierno continental”, en política imperialista el rubor y la vergüenza son especies extintas, lo que prima es el cálculo frio de los intereses más sórdidos con tal de seguir asegurando el poder y el control sobre los otros. Fueron 4 décadas de malabares imperialistas en la Guerra Fría, se pasó de la “contención” (containment) a la distensión y finalmente al cerco a la URSS.
Los USA no intervinieron en la sublevación de Hungría en 1956, pero cuando la URSS invade Afganistán a principios de los 80 se ve forzada a apoyar y subvencionar a la “resistencia” contra la invasión soviética dando nacimiento a la resistencia de los muyahidines y a lo que después sería Al Qaeda y Osama Bin Laden que sirvieron del lado de los americanos. A inicios del siglo XXI todos estos “aliados” empezaron a jugar por su cuenta al grado de atreverse rebelarse y a atacar a sus antiguos patrones.
La formación de los USA les permitió, desde el siglo XVIII, conquistar un inmenso territorio y acoger una emigración constante. La industrialización del norte venció sobre el anacrónico sistema esclavista del sur y, con ello, el capitalismo consolida las bases para su expansión. A finales del siglo XIX los USA eran ya un país cuyo territorio abarcaba desde el Atlántico hasta el Pacífico. Hay que hacer notar que la “Unión americana” es literalmente una suma de estados y ello genera una unidad nacional mantenida bajo coerción. Pero el “Destino Manifiesto” era que los USA se expandieran a todo el mundo porque, a fin de cuentas, ese “destino” era el del capitalismo americano y el cual se expresó en filigrana en la ilusión de los primeros pioneros. El fin de la expansión americana en su territorio y el haber delimitado su zona de influencia (Doctrina Monroe) en el continente ante el resto de las potencias europeas coincidió con la entrada al siglo XX y el inicio de la decadencia del capitalismo, la I Guerra Mundial fue la expresión abierta de que se había terminado la etapa progresista del capitalismo y empezaba su ocaso histórico.
Los USA salieron fortalecidos de la I Guerra Mundial, los prestamistas de ayer eran ahora le debían dinero, a diferencia de Europa donde hasta los ganadores, GB y Francia, nunca recuperaron su posición en el concierto de naciones, EEUU se posicionaría como primera potencia mundial gracias a convertirse en el gran proveedor de la Entente y, al estar alejada geográficamente de los campos de batalla, su planta industrial y su población permanecieron intactas y abocadas a producir para abastecer el frente de guerra. La Gran Depresión marcó cómo el capitalismo de Estado era ya el regente de toda la vida económica, política, social y militar. Aunque el New Deal no resolvió el fondo de la crisis puso de manifiesto ese papel del estado. La II Guerra Mundial confirmó con creces el papel de los USA como la potencia mundial, esta vez su papel de abastecedor se incrementó, las reservas de oro se concentraron en las arcas americanas y su ejército dio muestras de estar presente en todo el planeta por cielo, mar y tierra. Todo su aparato productivo y científico se supeditó a los requerimientos de guerra. Al finalizar la II Guerra mundial asistimos a la coronación del gran ganador de ambas guerras mundiales: los USA. La Guerra Fría fue dominada completamente por los americanos, el bloque ruso implosionó en 1989 sin disparos ni misiles de occidente. Pero la dominación americana venía sustentada en arenas movedizas, todo su imperio estaba penetrado por el cáncer del militarismo. Mientras al bloque soviético con Rusia a su cabeza se agotó y se dislocó debido al agotamiento de su aparato productivo sometido durante décadas a la carrera armamentista, los EEUU mismos fueron socavando también su supremacía bajo el peso de una economía sometida a los requerimientos de guerra. El lugar de primera potencia mundial no se defiende a base de poesía sino a través del mantenimiento y expansión de un poderoso ejército. Es hasta en este periodo que termina el “siglo americano”. Así como los gastos militares terminaron hundiendo a la URSS ya que la industria del armamento es un terreno de despilfarro puro y simple para el capital global, analizaremos en la segunda parte cómo este rubro también ha jugado negativamente en la capacidad competitiva del capital estadounidense.
Los USA podemos considerarlo como el país emblema de la decadencia del capitalismo. Si Gran Bretaña y Francia fueron las potencias de la ascendencia del capitalismo, los USA se convertirían en la gran potencia debido a condiciones creadas por la decadencia del capitalismo, en particular, las guerras como “modo de vida” de un sistema en declive. En esta decadencia se ha abierto ya su fase terminal, la descomposición social, que desde finales de los 80 ha marcado una agudización cualitativa de las contradicciones de este modo de producción. 30 años de descomposición social han llevado a los países centrales del capitalismo, pero sobre todo a los USA, a convertirse en motor acelerador del caos.
Marsan
[1] Ver Asalto del Capitolio en Washington: Los Estados Unidos en el centro de la descomposición mundial del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4635/asalto-del-capitolio-en-washington-los-estados-unidos-en-el-centro-de-la-descomposicion [266]
[2] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
[3] El 1 de julio de 1862, el presidente Abraham Lincoln convirtió en ley el proyecto Pacific Railroad Act. La ley daba a dos empresas, Union Pacific Railroad y Central Pacific Railroad, la responsabilidad de completar el ferrocarril transcontinental.
[4] El pretexto para esta guerra fue el hundimiento en la Habana del acorazado americano Maine el 15 de febrero de 1898. España se negaba a vender Cuba a los americanos y la operación que consistió en enviar al Maine sin avisar previamente a España era una abierta provocación. Aún se sigue especulando sobre “quién hundió al Maine”. Lo cierto es que “el crimen benefició” a los USA y después de la guerra contra España controlaron Cuba, Puerto Rico y hasta Filipinas. El maquiavelismo de la burguesía americana tiene larga data.
[5] Eugenio Pereira Salas. Los primeros contactos entre Chile y los Estados Unidos. 1778-1809 (Santiago: Ed. Andrés
Bello, 1971),
[6] Para ver cómo el capital norteamericano utilizó primero la esclavitud y luego el racismo como medios de acumulación capitalista se puede leer Esclavitud y racismo, herramientas de la explotación capitalista https://es.internationalism.org/content/4591/esclavitud-y-racismo-herramientas-de-la-explotacion-capitalista [386]
[7] “El Mensaje a la Unión Obrera Nacional de los Estados Unidos” fue escrito por Marx y leído por él mismo en reunión del Consejo General de la AIT en mayo de 1869.
Véase también “A Abraham Lincoln Presidente de los Estados Unidos de América” escrito por Marx en diciembre de 1864.
[8] Le Conflit du siècle : capitalisme et socialisme a l’épreuve de l’histoire. Fritz Sternberg, Ed. Seuil, 1958.
[9] Revista Internacional n° 52 - 1er trimestre de 1988 [387] :”Guerras, militarismo y bloques imperialistas en la decadencia del capitalismo” Guerras, militarismo y bloques imperialistas en la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [388]. En este artículo se explica, a partir de los análisis de la Izquierda Comunista de Francia, la diferencia entre las guerras en la ascendencia y en la decadencia del capitalismo.
[10] Ver “La burguesía mexicana en la historia del imperialismo” https://es.internationalism.org/revista-internacional/200704/1850/la-burguesia-mexicana-en-la-historia-del-imperialismo [389] y el libro “La guerra secreta en México” de Katz.
[11] Le Conflit du siècle : capitalisme et socialisme à l’épreuve de l’histoire. Fritz Sternberg, Ed. Seuil, 1958.
[12] Revista Internacional 146 del 2011. Decadencia del capitalismo (X) – Para los revolucionarios, la Gran Depresión confirma la caducidad del capitalismo. https://es.internationalism.org/revista-internacional/201108/3170/decadencia-del-capitalismo-x-para-los-revolucionarios-la-gran-depr [390]
[13] Para comprender mejor cómo los media norteamericanos compararon los hechos del 11 de septiembre del 2001 y Pearl Harbor, ver la Rev. Internacional nº 108, 1er trimestre 2002 [391] Pearl Harbor 1941, 'Torres Gemelas' 2001 : El maquiavelismo de la burguesía. Pearl Harbor 1941, 'Torres Gemelas' 2001 : El maquiavelismo de la burguesía | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [49]
[14] Informe de la Conferencia de julio de 1945 de la Gauche Communiste de France, recogido en el informe sobre el Curso Histórico adoptado durante el 3º Congreso de la CCI, Revista Internacional nº 18, 3º trimestre de 1979. Citado en Revista Internacional n° 52 - 1er trimestre de 1988 [387] “Guerras, militarismo y bloques imperialistas en la decadencia del capitalismo”.
[15] Rev. Internacional nº 113, 2º trimestre 2003 [392] “La política extranjera de los Estados Unidos tras la 2ª Guerra Mundial” La política extranjera de los Estados Unidos tras la 2ª Guerra Mundial | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [393]
[16] Los tratados de Yalta (1944) deciden juntar a checos y eslovacos en una sola república. Con un gobierno aprobado por los aliados (Edvar Benes). La idea era que los soviéticos permitieran que Checoslovaquia fungiera como “puente” pero Stalin actuó para radicalizar al Partido Sociademócrata Checo (KSC), ocuparon el ministerios del interior y el puesto de primer ministro (Gottwald), entre otros. Organizaron un “golpe de estado legal”, hubo intrigas, “suicidios”(Jan Masaryk, ministro de asuntos exteriores), milicias, etc para finalmente en febrero 1948 los comunistas se hacen del poder total. Los USA no reaccionaron a tiempo, algo de lo que siempre Winston Churchill se quejó.
[17] El tonelaje de las bombas atómicas superaba ya a las de la II GM y el uso de químicos como el napalm en Vietnam fue una dramática confirmación de una Guerra Fría cuya barbarie iba en escalada.
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Desde 1989 y el colapso de los regímenes falsamente llamados “comunistas” del antiguo bloque imperialista alrededor de la URSS, el marxismo genuino ha tenido que defenderse contra una campaña intensificada basada en distorsiones y mentiras, que afirma que el marxismo es una ideología anticuada y desacreditada que, puesto en práctica, sólo podía preparar el terreno para el gulag totalitario estalinista. Estas campañas se han visto favorecidas no sólo por la existencia de regímenes que han mantenido, bajo una bandera roja, la explotación y represión de los trabajadores, sino también por todas las viejas expresiones del movimiento obrero que, tras pasarse al lado de la burguesía, continúan invocando una versión desfigurada del marxismo como pretexto para su participación en las guerras imperialistas y su defensa de más formas estatales de dominación capitalista; y esto ha sido una característica de los últimos 100 años o más. Así, la movilización de la clase obrera en los campos de batalla de 1914-18 fue dirigida por exsocialistas que utilizaron pasajes de Marx y Engels aplicables cuando aún eran posibles las guerras nacionales para justificar su apoyo a una guerra mundial imperialista y reaccionaria. Posteriormente, los estalinistas y los trotskistas demostraron su adhesión al campo del capital pintando la Segunda Guerra Mundial bajo un falso barniz marxista, en particular llamando a la defensa de la “patria socialista” o de un supuesto “Estado obrero degenerado” en la URSS.
Pero la contrarrevolución que envolvió a la clase trabajadora después de las heroicas luchas de 1917-1923 no solo tomó las formas abiertas del estalinismo y el fascismo. También necesitaba su lado “democrático”, especialmente en la ideología del antifascismo que fue diseñada para atraer a los trabajadores e incluso a los ex militantes revolucionarios hartos de los horrores de la represión fascista y el asesinato en masa. Pero a un nivel más teórico, esta contrarrevolución democrática también dio lugar a una nueva distorsión del marxismo, que se ha llamado “marxismo occidental” y que ha sido un componente clave de lo que llamamos modernismo1. A diferencia de los estalinistas y los trotskistas, esta tendencia es más amorfa y no ofrece un programa definido para la estatización del capital (aunque generalmente acepta que hay algo no capitalista en lo que Marcuse y otros han llamado “marxismo soviético”). Tuvo su origen principalmente en universidades o “institutos de investigación social” reconocidos por el Estado, en particular la Escuela de Frankfurt, la principal fuente de inspiración intelectual para el “marxismo occidental”.
Esta corriente puede considerarse la fuente del modernismo porque pretende ofrecer una crítica a los “dogmas obsoletos” del marxismo, que tal vez alguna vez fueron válidos pero que ya no son aplicables en el “capitalismo moderno”. Por supuesto, el marxismo genuino está lejos de ser un dogma estático y debe analizar constantemente los cambios interminables provocados por la sociedad más dinámica y expansiva jamás vista en la historia humana. Pero la esencia del modernismo consiste en invocar el nombre de Marx para despojar al marxismo de sus principios fundacionales, de todos sus rasgos revolucionarios. Por lo tanto, se caracteriza por todos o algunos de los siguientes elementos:
- En primer lugar, el rechazo del carácter revolucionario de la clase obrera. El fracaso de los intentos revolucionarios de 1917-23 demostró, para el modernismo, el fracaso histórico de la clase obrera, incluso su entusiasmo por la contrarrevolución, ya sea por su sumisión al fascismo (un elemento fuerte en los escritos de Adorno, por ejemplo ) o porque el propio marxismo “tradicional” fue visto como responsable del estalinismo (lo que luego alinearía estas ideologías “posmarxistas” con los temas principales de las campañas ideológicas que siguieron al “colapso del comunismo” de 1989). En el período de auge de la posguerra, Marcuse, llegó a la conclusión de que la clase obrera de Occidente había sido sobornada por la prosperidad económica y las ideologías “unidimensionales” como el consumismo, empezó a buscar otros sujetos “revolucionarios”, como los estudiantes protestando contra la guerra de Vietnam o los campesinos supuestamente en una “lucha anti imperialista” en las periferias del sistema2;
- el rechazo de cualquier continuidad con el desarrollo histórico progresista, tanto en general como más particularmente el del movimiento proletario: se acepta a Marx, pero se rechaza a menudo a Engels por ser, en el mejor de los casos, un divulgador; la Segunda Internacional no juega ningún papel en el desarrollo del marxismo y está completamente identificada con su ala oportunista; el mismo tratamiento también puede reservarse para la Internacional Comunista, considerada como nada más que la fuente del “marxismo soviético” moderno;
- en línea con lo anterior, el rechazo del objetivo de la dictadura del proletariado y la construcción de un partido revolucionario de clase. De hecho, la militancia revolucionaria a menudo se presenta como la forma más alta de alienación.
El marxismo se transforma así en una utopía individual de rechazo del capitalismo a nivel de ideología cultural, desvirtuando así al joven Marx y su planteamiento del problema de la alienación, o transformando la crítica de la economía política en un sofisticado argumento a favor de la naturaleza perenne e inmutable del capitalismo y en un rechazo a la teoría de la decadencia del capitalismo.
En nuestro artículo “Modernismo: del izquierdismo a la nada”, publicado en el número 18 de Révolution Internationale en abril de 1975, identificamos a la Escuela de Frankfurt como una de las principales fuentes del modernismo, y mostramos que sus principales impulsores se identificaban abiertamente con la clase dominante y la guerra imperialista de 1939-45:
“En las décadas de 1930 y 1940, los compañeros de viaje estalinistas en el Instituto de Investigación Social de Frankfurt (Marcuse, Horkheimer, Adorno) comenzaron a establecer el marco utilizado por los modernistas de hoy. Según ellos, el marxismo y el proletariado fracasaron porque no eran ‘revolucionarios’. Por ejemplo, los trabajadores no se habían unido fervientemente a la defensa de la España republicana en 1936-38... Incapaces de ver que los aplastantes levantamientos obreros de 1917-23 finalmente permitieron una nueva guerra imperialista, estos diletantes ‘eligieron’ con entusiasmo apoyar al campo de los aliados durante este mismo conflicto imperialista”.
El artículo señala, por ejemplo, que durante la guerra Marcuse trabajó para la Oficina de Investigación de Inteligencia del Departamento de Estado de EE. UU. y se convirtió en el jefe interino de su sección de Europa del Este.
El título del artículo, que sitúa los orígenes del modernismo en el ala izquierda del capital, es perfectamente apropiado en este caso. Sin embargo, experiencias posteriores confirmaron que el modernismo, al igual que las diversas tergiversaciones del socialismo criticadas en el Manifiesto Comunista, también podían enraizarse en corrientes que inicialmente habían buscado ubicarse en el terreno del proletariado. En la década de 1960, ante el auge económico de la posguerra, el grupo Socialisme ou Barbarie se propuso demostrar que Marx estaba equivocado en lo que respecta a la inevitabilidad de las crisis económicas en el capitalismo. En 1948, luego de haber roto con el trotskismo, S o B insistió en que el capitalismo se había convertido en un sistema decadente y que ello había sido acogido por la Izquierda Comunista en Francia (GCF) como un desarrollo potencialmente positivo aunque la GCF les había advertido explícitamente de las dificultades de una ruptura total con el trotskismo y contra la arrogancia intelectual de considerarse los únicos capaces de resolver los problemas a los que se enfrenta la clase obrera y el movimiento revolucionario sin una referencia a la tradición comunista que ya se había hecho preguntas profundas sobre la derrota de las revoluciones de 1917-23 y sobre la naturaleza del sistema “socialista” en la URSS y otros países3. En realidad, S o B tuvo que demostrar que no estaba menos fascinado por el crecimiento capitalista en los años 50 y 60 de lo que lo había estado una figura como el socialdemócrata Bernstein en los años 1890. Y como cada vez más llegaron a ver los dogmas del estalinismo y el trotskismo como arraigados en el propio marxismo, empezaron a cuestionar no sólo las contradicciones económicas del sistema, sino incluso la contradicción fundamental entre la clase obrera y el capital, sustituyéndola por un nebuloso conflicto entre “dadores y ejecutores de órdenes” que reproducía la clásica obsesión anarquista por la “autoridad”. Una consecuencia lógica de la negación de las contradicciones internas del capital fue la elaboración de una concepción del socialismo como un sistema de “autogestión” que podría coexistir con la producción de mercancías, otra regresión hacia el anarquismo presentada como una alternativa nueva y radical al “marxismo tradicional”4.
S o B, y en particular su visión de la autogestión generalizada, tuvo una gran influencia en la corriente situacionista, cuya hora de gloria fue en los acontecimientos de mayo-junio de 1968. Un artículo de Marc Chirik en Révolution Internationale n° 2, 19695, muestra que la influencia de S o B también se extendió al rechazo por parte de los situacionistas de la concepción marxista del vínculo profundo entre la lucha de clases y una crisis capitalista objetiva. Para ellos, los grandes movimientos de clase del 68 y los años siguientes fueron sobre todo consecuencia de factores subjetivos: a nivel general, el hastío y la alienación de la “vida cotidiana” bajo el capitalismo, pero también, más específicamente, de la intervención ejemplar de los propios situacionistas. Los situacionistas estaban por lo tanto anclados en la visión modernista del mundo, pero habiendo participado en un movimiento de clase real, y a pesar del carácter clásicamente “artístico” -de hecho, pequeñoburgués- de consignas como “Nunca trabajes”, eran mucho menos hostiles a la lucha de la clase obrera que algunos que les sucedieron.
A principios de la década de 1970, tanto S o B como la Internacional Situacionista habían dejado de existir, y la mayoría de las corrientes modernistas -algunas de las cuales habían pasado por la escuela de S o B y el situacionismo, e incluso por la rama bordiguista de la Izquierda Comunista- habían desarrollado un lenguaje más “marxista”, capaz de discernir los errores de la autogestión (aunque, como veremos, muchas veces la resucitaron bajo nuevas formas) y de insistir en el hecho de que el comunismo significaba la erradicación de todas las relaciones sociales capitalistas basadas en el trabajo asalariado y la producción de mercancías. Así nació la corriente “communisateur”, que desde entonces se ha convertido en la forma principal de la ideología modernista. No es una casualidad que este desarrollo coincidiera con el renacimiento de la Izquierda Comunista. Los “comunistizadores”, como el grupo Invariance en torno a Jacques Camatte, el grupo Mouvement Communiste en torno a Barrot/Dauvé6, o la Organisation des Jeunes Travailleurs Révolutionnaires (OJTR) en torno a Dominique Blanc, se presentan mucho más voluntariamente como herederos de la Izquierda Comunista histórica pero también como críticos de sus límites, y sobre todo del “conservadurismo” de los grupos de la izquierda comunista resurgente con su insistencia en la necesidad de una organización política militante y en la lucha defensiva de la clase obrera como condición previa para una futura revolución comunista. Los elementos de esta nueva tendencia se autodenominan “comunistizadores” porque afirman ser los únicos verdaderos comunistas, los únicos que entienden lo que Marx quiere decir en La Ideología Alemana cuando definió al comunismo como el “movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual”. En este sentido, aunque hubo algunos debates iniciales entre “comunistizadores” y grupos de la nueva Izquierda Comunista7, esta expresión actualizada del modernismo se convirtió cada vez más en una fuerza destructiva contra la Izquierda Comunista, como lo demuestra el papel de la llamada tendencia de Bérard o ex Lutte Ouvrière que se separó de Révolution Internationale en 1974 y muy rápidamente desapareció de la vida política.
Como hemos dicho, el resurgimiento de la Izquierda Comunista a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970 estuvo profundamente ligado al terremoto de la lucha de clases internacional que sacudió gran parte de Europa y América, y también al retorno cada vez más evidente de la crisis económica abierta. En este período, cuando los “comunistizadores”, y especialmente Camatte, cuestionaron cada vez más la importancia central de la lucha de clase de los trabajadores, la idea de que la clase obrera era solo una “clase para el capital”, y que su futuro estaba en su negación más que en su afirmación como clase, tuvo mucho menos peso que el que tuvo después de las dificultades de la lucha de clases en la década de 1980 y sobre todo que solo será con el inicio de la fase de descomposición capitalista tras el colapso del Bloque del Este en 1989. Como ya lo hemos argumentado en otro lugar8, este período estuvo marcado por un debilitamiento real de la identidad de clase, de la conciencia del proletariado de verse a sí mismo como una fuerza distinta y antagónica al seno de la sociedad capitalista. Estas condiciones proporcionaron un terreno más fértil para los “comunistizadores”, quienes en general argumentaron que es precisamente esta identidad de clase lo que el proletariado debe abolir, no como el resultado final de la lucha revolucionaria, sino como su condición previa. Y en un período en que la crisis del sistema capitalista está dando lugar cada vez más a revueltas populares en las que la clase obrera no tiene un papel diferenciado, puede parecer que las ideas de los “comunistizadores” están justificadas, y que comenzamos a ver la “revuelta de la humanidad” contra el capital que Camatte y otros predijeron en los años 1970.
Al mismo tiempo, los primeros signos de un resurgimiento de la lucha de clases en la primera década del nuevo siglo van acompañados de un cierto resurgimiento del anarquismo, atrayendo a elementos jóvenes en búsqueda de las ideas revolucionarias, pero en su mayoría, incapaces de relacionarse con la verdadera tradición marxista, a la que todavía tienden a asociar con la derrota de la revolución rusa y la degeneración del bolchevismo. Frente a la indigencia del marco teórico del anarquismo, los “comunistizadores”, en particular individuos como Dauvé y grupos como Théorie communiste, Aufheben y Endnotes, han sido capaces de ofrecer al medio anarquista una apariencia de profundidad teórica, mostrando su familiaridad con la terminología marxista sin cuestionar la mayoría de los prejuicios centrales del anarquismo, especialmente el rechazo a la organización política centralizada. Vista desde otro ángulo, la corriente de la “communisation” es en sí misma una nueva variante del anarquismo, como lo intentaremos demostrar en los siguientes artículos de esta serie. Pero, dado que muchos de sus adherentes se refieren no sólo a Marx, sino también a Bordiga, al KAPD y otros componentes de la tradición comunista de izquierda, a menudo pueden confundirse con la verdadera tradición comunista de izquierda, lo que puede constituir un factor extremadamente negativo en la política. evolución de los nuevos elementos en busca de la claridad comunista.
Precisamente por eso es esencial que la Izquierda Comunista se desmarque claramente de la tendencia a la “communisation” en torno a las cuestiones más importantes que las separan:
En primer lugar, insistir en que a pesar de todos los cambios en la composición de la clase obrera que hemos visto en las últimas décadas, a pesar de todos los reveses ideológicos y políticos sufridos por la clase obrera, ésta sigue siendo la única clase revolucionaria en la sociedad capitalista, y que sus luchas por la defensa de sus intereses materiales siguen siendo el único terreno en el que puede desarrollarse un asalto revolucionario contra el capital. De ahí el necesario repudio hacia todas las teorías que llaman a la clase obrera a negarse a sí misma o a renunciar a sus luchas defensivas.
En segundo lugar, reafirmar que, para luchar contra el embate de la ideología burguesa, y para la posterior transformación de las luchas económicas inmediatas en una ofensiva política y social contra todo el sistema capitalista, la minoría revolucionaria debe organizarse a escala internacional y sobre la base de una plataforma política coherente. Reafirmando así la crítica a la idea de que la militancia comunista es “el estadio más alto de la alienación”, que las organizaciones políticas proletarias sólo pueden ser “sectas” o “mafias” y deben disolverse en una cooperación laxa entre individuos soberanos. Al hacerlo, mostraremos cómo la hostilidad hacia la organización revolucionaria ha conducido a una parte de la corriente de la “communisation” hacia el parasitismo político y su propensión hacia el individualismo, la lleva hacia el arribismo burgués.
En tercer lugar, defendiendo la necesidad de que la clase obrera luche a favor de su dictadura política en contra de la sociedad burguesa para iniciar un período de transición al comunismo, frente a la visión de los “comunistizadores” de una especie de “gran disolución” que soslaya tanto la necesidad de un poder político de la clase obrera y un período de transición.
Consideramos esta serie como una extensión de nuestra ya larga serie sobre el desarrollo histórico del programa comunista9. Así, retomando los puntos que nos distinguen de los “comunistizadores” enumerados anteriormente, también adoptaremos un enfoque histórico, centrándonos en algunos de los textos “clásicos” de la teoría de la “communisation” en la década de 1970 y en la trayectoria de algunas de las principales figuras que desarrollaron la teoría de la “communisation”. Por lo tanto, nuestro proyecto de artículos incluirá:
Un regreso a la primera gran lucha de la CCI contra la teoría modernista/communautaire en sus propias filas, la “tendencia ex Lutte Ouvrière” a principios de los años setenta;
Un recordatorio de la trayectoria política de Jacques Camatte, que revela en muchos aspectos el verdadero “secreto” o dirección de la teoría de la “communisation”;
Una crítica a textos como “Sobre la organización” de Camatte y “La militancia: el estadio más alto de la alienación” de OJTR
Una respuesta a ciertos textos de Barrot/Dauvé sobre las “medidas comunistas” y la abolición del valor.
Como parte de este trabajo, también volveremos a publicar algunos de los textos de la CCI en respuesta a la concepción modernista del comunismo y la lucha de clases, la mayoría de los cuales no han estado disponibles durante muchos años.
CDW
1 En el lenguaje común, el término “modernismo” se usa para describir algunas de las tendencias artísticas que surgieron a finales del siglo XIX y principios del XX, y en particular después de la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, la escritura musical experimental de James Joyce y Virginia Wolf, la música atonal de Schönberg, o el expresionismo y el cubismo en la pintura. Por supuesto, sería interesante analizar estos movimientos artísticos en su contexto histórico (ver, por ejemplo: Notas para una historia del arte en el capitalismo ascendente y decadente), pero queremos aclarar aquí que nuestro uso del término modernismo para describir una corriente política particular tiene un significado muy diferente.
2 Véase Crítica de Marcuse de Paul Mattick: El hombre unidimensional en la sociedad de clases, Editorial Grijalbo, 1974, para una respuesta proletaria a la teorización de Marcuse sobre la integración de la clase obrera en el capitalismo. No intentaremos aquí una crítica más desarrollada de las principales figuras e ideologías de la Escuela de Frankfurt, aunque esta sigue siendo una tarea importante para el futuro. Es obvio que esta escuela fue dirigida por intelectuales eruditos, incluso brillantes, que se preocupaban por cuestiones reales, en particular la forma en que la ideología capitalista penetra en la masa de la población y en la clase trabajadora en particular. Al hacerlo, intentaron reunir elementos del marxismo y el psicoanálisis freudiano. Pero, debido a que este intento de síntesis no se planteó desde un punto de vista comunista, sino desde el punto de vista de la “humanidad social”, por retomar la terminología de las Tesis sobre Feuerbach, más bien desde el punto de vista del profesor aislado, no logró realizar esta “crítica teórica” global.
3 El comunismo está en la agenda de la historia: Castoriadis, Munis y el problema de la ruptura con el trotskismo (I) Revista internacional n° 161.
4 El comunismo está en la agenda de la historia – Sobre el contenido de la revolución comunista; Revista Internacional n° 162.
5 “Entendiendo Mayo”
6 No debe confundirse con el grupo obrerista actual, Mouvement Communiste.
7 Por ejemplo, el Mouvement Communiste envió una contribución a la conferencia de Liverpool de 1973 organizada por Workers Voice siguiendo el llamado de Internationalism en los Estados Unidos para una red de discusión internacional.
8 Ver Informe sobre la Lucha de Clases para el XXIII Congreso Internacional de la CCI (2019); Formación, pérdida y reconquista de la identidad de clase proletaria; Revista Internacional n° 164.
9 Temas de reflexión y discusión El comunismo: una necesidad material.
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Si bien hubo entonces una sobreestimación de la dinámica hacia la revolución, la mayoría de los grupos del medio político proletario presentes en ese momento en general entendieron que Mayo del 68 en Francia y el Otoño Caliente del año siguiente en Italia, de ninguna manera podían ser entendidos como expresiones de una situación revolucionaria. La clase obrera, a pesar de su combatividad y conciencia, todavía estaba dominada por ilusiones sobre el capitalismo y la democracia burguesa. Aún necesitaba mucho tiempo para transformarse en profundidad y poder lanzar el asalto revolucionario. Sin embargo, era necesario explicar concretamente por qué la efervescencia laboral había retrocedido a mediados de la década de 1970 en la mayoría de los países1.
En un intento de explicar este reflujo, un militante de RI, Bérard (o Hembé), planteó que las luchas de resistencia llevadas a cabo hasta entonces por el proletariado habían terminado en un callejón sin salida, que este último estaba animado por la ilusión de que las grandes reformas a favor de los trabajadores eran aún posibles, lo que les impedía radicalizar sus luchas. Para que el proletariado retomara su marcha hacia adelante, afirmaba Bérard, debía rechazar no solo estas ilusiones sino las propias luchas por reivindicaciones. Su artículo fue aceptado como contribución a la discusión y apareció en la revista RI (nueva serie) n° 8 (marzo-abril de 1974) bajo el título: “Lecciones de la lucha de los trabajadores ingleses.” Defendió las siguientes consignas: “Impasse de las luchas parciales, imposibilidad de reformismo, necesidad de un salto cualitativo hacia la unificación revolucionaria de la clase”. Todos coincidieron en que el final histórico del período de reformas empezó luego del estallamiento de la Primera Guerra Mundial. Por otro lado, Marx había subrayado muy claramente, la insuficiencia de las luchas de resistencia por sí mismas, pero sin negar su necesidad. Sin embargo, en Bérard había, efectivamente, una negación de las luchas de resistencia. “Las luchas por reivindicaciones no se vuelven revolucionarias; es la clase obrera la que, al ir más allá y negar su lucha inmediata, se vuelve revolucionaria”. Además, según Bérard, el proletariado debía negar no sólo sus luchas inmediatas sino también su ser como clase explotada. El proletariado se presentaba primero como “clase para el capital”, pero en el curso de la lucha “la clase debe comenzar a plantearse como la negación de su relación con el capital, por lo tanto, ya no como una categoría económica, sino como una clase para sí misma. Rompiendo entonces las divisiones que son propias de su estado anterior ya no se presenta como una suma de asalariados, sino como un movimiento de afirmación autónoma, es decir, de negación de lo que era antes.” El artículo de Bérard retoma una de las posiciones clásicas del marxismo: “el proletariado es una clase explotada y revolucionaria”; pero, para anularla inmediatamente en la siguiente frase: “Es, pues, el ser mismo de la clase el que constituye el vínculo dinámico entre las diferentes fases transitorias, el movimiento que surge y se niega a sí mismo a través de los diversos momentos de la lucha”. Según esta concepción, las repetidas derrotas de sus luchas de resistencia terminan haciendo comprender al proletariado la necesidad de negarlas. “Hay derrotas fructíferas en cuanto desnudan las instituciones contrarrevolucionarias y socavan la credibilidad del reformismo.” Y Bérard se regocija que surjan importantes luchas obreras sin ninguna reivindicación.
De hecho, es esta una visión voluntarista que ignora las fuerzas materiales que permiten la transformación de las luchas parciales en luchas revolucionarias. Rosa Luxemburgo, quien participó en la revolución de 1905 y sabía de lo que hablaba, explicó que la huelga de masas es una maraña de luchas económicas y luchas políticas, una dinámica de idas y venidas, donde los trabajadores politizan y organizan sus luchas, conquistan una mayor unidad y una conciencia más profunda. En realidad, los trabajadores nunca retomaron sus luchas a fines de la década de 1970 según el esquema de Bérard. En julio de 1980, fue la supresión de los subsidios a los precios al consumidor (la carne vendida directamente a los trabajadores en su lugar de trabajo aumentó repentinamente en un 60%) lo que provocó huelgas en los suburbios de Varsovia y en la región de Gdansk. Así fue como comenzó la huelga de masas en Polonia, es decir, la lucha más importante de la segunda ola internacional de luchas obreras.
La discusión comenzó en las secciones de RI que, una tras otra, se opusieron a los razonamientos de Bérard. Entonces se hizo necesario responder lo más rápidamente posible a las posiciones modernistas de Bérard que representan una ruptura total con el marxismo. La respuesta a su artículo apareció en el número 9 de RI (nueva serie) de mayo-junio de 1974, bajo el título: “Cómo el proletariado es la clase revolucionaria”. Reafirmando la posición clásica del marxismo: “El proceso por el cual la clase obrera se eleva a la altura de su tarea histórica no es un proceso separado, externo a su lucha económica cotidiana contra el capital. Por el contrario, es en este conflicto y a través de él como la clase obrera forja las armas de su lucha revolucionaria”. No hay, pues, dos clases obreras sino una sola que es a la vez explotada y revolucionaria. Es por eso que la lucha revolucionaria está siempre preparada por un largo período de luchas reivindicativas, y por eso éstas reaparecen durante el período revolucionario2. “¿Y cómo podría ser de otra manera, si se trata de la lucha revolucionaria de una clase, por lo tanto, de un grupo de hombres económicamente determinados, unidos por su situación material común?”
Cual nuevo profeta de la “communisation”3, Bérard afirmó en RI n° 8 que, en las luchas revolucionarias, “no es el trabajo asalariado el que, entonces, se enfrenta al capital, sino el trabajo asalariado en proceso de convertirse en otra cosa, para disolverse. La afirmación del proletariado se hace sólo a través de este movimiento de negación”. Esta disolución del trabajo asalariado, presente desde la fase de generalización internacional de la revolución, es típica de las especulaciones modernistas que confunden el punto de partida y el resultado final. Para obtener una disolución del valor, es necesario poder disponer de un cuerpo político lo suficientemente poderoso a escala internacional para poder derrocar fundamentalmente el sistema, destruir las categorías económicas y reemplazar la regulación del mercado con la planificación de la producción. La respuesta en RI n° 9 se ve obligada a recordarnos “que, dado que la producción capitalista se realiza a escala mundial, que en cada mercancía se encuentran hoy mercancías procedentes de los cuatro puntos cardinales, la abolición del trabajo asalariado sólo podrá hacerse efectiva cuando se haya eliminado el intercambio mercantil en toda la superficie del planeta”. Mientras haya partes del mundo a las que haya que comprar y vender los productos del trabajo, la abolición del trabajo asalariado no podrá realizarse plenamente en ninguna parte. Para los modernistas, la abolición del trabajo asalariado sigue siendo una quimera, ya que rechazan las tres condiciones que la hacen posible:
La toma del poder a nivel internacional o en los principales países del planeta, lo que el marxismo llama la dictadura del proletariado, es decir, la destrucción del Estado y de la nación como condición para el surgimiento del poder internacional de los consejos obreros.
El proceso de colectivización (o socialización) de la producción que permite la destrucción de la división capitalista del trabajo y la reorientación de la producción hacia la satisfacción de las necesidades humanas.
La integración paulatina de todos los miembros de la sociedad en el trabajo asociado, permitiendo así la desaparición definitiva de la división de la sociedad en clases.
De hecho, es la afirmación del proletariado y no su autonegación, lo que permite la disolución de las clases y la desaparición de la ley del valor. El conflicto entre trabajo y capital está constantemente presente en la lucha de clases. Desde la más pequeña lucha parcial donde se afirma tímidamente la solidaridad obrera, hasta la huelga de masas donde los trabajadores han adquirido una conciencia política y una unidad que les permite imponer sus demandas, incluso durante el período de transición cuando están en el proceso de modificar la producción tan radicalmente que podemos decir como Marx y Engels: “Los proletarios deben, para afirmar su personalidad, abolir la condición de existencia que ha sido hasta ahora suya, y que es al mismo tiempo la de toda sociedad antigua: deben abolir el trabajo”4.
La discusión se intensificó muy rápidamente. La minoría, presa de un sentimiento de orgullo herido, se enfureció al no encontrar eco al seno de la organización. En el n° 9 de RI apareció un nuevo artículo, “Luchas reivindicativas y el surgimiento de la clase para sí”, que, esta vez, se presenta como un “texto de una tendencia”. Este artículo confirma cuál es el enfoque de la minoría: ante las dificultades de la lucha de clases, es necesario inventar una receta mágica para superar las divisiones y derribar el marco sindical. Cada vez se aleja más del mundo real. “Las luchas reivindicativas existen y son necesarias. Lo hemos repetido lo suficiente como para no tener que repetirlo nunca más. Pero nuestra tarea es entender y expresar [que la clase obrera] debe superarlas negándolas y destruyendo la organización que les corresponde (los sindicatos)”. Los sindicatos seguirán estorbando a los trabajadores durante mucho tiempo, hasta la revolución, y no es decretando su disolución como nos libraremos de ellos. El artículo se equivoca totalmente sobre la naturaleza de los sindicatos: no son los defensores de las reivindicaciones de los trabajadores, ni los que negocian la fuerza de trabajo a buen precio. Su función es precisamente enmarcar y sabotear las luchas reivindicativas rechazando los medios que permiten su victoria (aunque ésta sea siempre provisional): la extensión geográfica y la politización de las luchas.
El enfoque materialista de la minoría es singular: “O no hay reivindicaciones o, a todos no les importan las ‘reivindicaciones’; no es que no se expresen las necesidades materiales, al contrario, la revuelta social, general, expresa la única necesidad material real que la clase, como clase, puede sentir frente a la degradación de toda vida social, es decir, la transformación de las relaciones sociales”. La contestación, la revuelta, ahí tenemos todo el horizonte de la pequeña burguesía en mayo del 68. Para nosotros la necesidad material está representada, es cierto, por la necesidad del comunismo como única resolución posible de las contradicciones del capitalismo. Pero también está representada por la voluntad de vencer en las luchas inmediatas, como condición para la generalización de la lucha. Por su idealismo, la minoría es incapaz de comprender la dinámica descrita en el Manifiesto del Partido Comunista: “A veces los trabajadores triunfan; pero es un triunfo fugaz. El resultado real de sus luchas es menos un éxito inmediato que la creciente solidaridad obrera.”
Durante la discusión, la “tendencia” adoptó un tono cada vez más agresivo, interviene irresponsablemente en una reunión pública de RI y finalmente publica hacia el exterior (ahora llamándose “Una Tendencia Comunista”) un folleto, “La revolución será comunista o no será”. El enfoque es propio de personas que buscan salvarse individualmente y no avanzar colectivamente en el esclarecimiento de cuestiones políticas.
La mitad de este folleto está dedicada a responder al artículo aparecido en RI n° 9 (“Cómo el proletariado es la clase revolucionaria”). La tendencia trata nuevamente de demostrar que es su posición la que es materialista. Veamos cómo. “Nadie puede negar que el trabajo asalariado y el trabajo asociado son, desde un punto de vista puramente descriptivo y estático, las dos caras de la situación del proletariado como “categoría económica”. Pero precisamente, en nuestro debate, esta ‘descripción’ nada nos dice sobre ‘cómo la clase es revolucionaria’ (título del artículo [de RI]) porque, para entender la constitución del proletariado como sujeto revolucionario por esta “actividad humana concreta” de la que habla Marx, es necesario entender la situación objetiva como una contradicción y no como una yuxtaposición de atributos fijos. [RI] no nos dice que la clase se ve obligada a hacerse revolucionaria porque las relaciones materiales y sociales objetivas en las que vive han entrado en contradicción, pero nos explica que es revolucionaria porque 1) es explotada (asalariados); 2) está asociado (por el capital)”5. Podemos tomar totalmente el juicio de Marx sobre Proudhon tal como está: “Un pequeño burgués deifica la contradicción, porque la contradicción es la base de su ser. Él no es más que la contradicción social puesta en acción”6. La contradicción, tal como aquí se concibe, es totalmente estéril y las nociones de salto cualitativo y negación, tan importantes en la dialéctica marxista, se utilizan aquí en un sentido totalmente metafísico, son una varita mágica que esgrimirá el intelectual para supuestamente solucionar los problemas sociales contra los que se rompe los dientes.
Si queremos plantear correctamente la contradicción y resolverla, es fundamental distinguir entre lo que se rechaza, lo que se conserva y lo que adquiere un nuevo sentido. De lo contrario, se rompe la continuidad del movimiento general. Esto es lo que la dialéctica marxista llama una superación. Escuchemos a Rosa Luxemburgo sobre el sentido que el marxismo le da a la negación y al salto cualitativo: “El socialismo es el primer movimiento popular en la historia mundial que se propone como fin, y al que la historia le encarga, introducir en la acción social de los hombres un sentido consciente, un pensamiento metódico y, por tanto, una voluntad libre. Por eso Federico Engels describe la victoria definitiva del proletariado socialista como el salto de la humanidad del reino animal al reino de la libertad. Pero este mismo ‘salto’ queda ligado a las leyes de hierro de la historia, a los miles de peldaños de una evolución anterior muy dolorosa y demasiado lenta. Y nunca podrá realizarse si de toda la sustancia reunida por la evolución de las condiciones materiales no surge la chispa estimulante de la voluntad consciente de la gran masa del pueblo”7.
Bérard comenzó por rechazar las luchas de protesta del proletariado, luego su naturaleza de clase explotada, la única forma que tiene para resolver su “contradicción” consiste simplemente en negar al propio proletariado. Aunque quería distanciarse de Camatte (quien ya había rechazado abiertamente la “teoría del proletariado”) y reafirmar al proletariado como sujeto revolucionario, la idea de la “communisation” inmediata sin período de transición conduce inevitablemente al rechazo de la autonomía de clase y a ahogar al proletariado en las otras clases. “Existe, en efecto, un núcleo materialmente determinado, una vanguardia práctica de la clase para sí misma (trabajadores de las grandes empresas), pero este núcleo, al salir de la relación capitalista, tiende, de entrada, a precipitar la inminencia del paso de las clases medias al proletariado” (Marx). […] El ‘peligro’ de que el proletariado se disuelva en la población no existe”8. Desde 1848, la autonomía de clase es un principio intangible de la lucha proletaria. Es el hilo que une las luchas parciales de los trabajadores con la dictadura del proletariado. Con la pérdida de identidad de clase que podemos observar hoy en día, el veneno del interclasismo es aún más peligroso. Podemos ver aquí cómo el modernismo hace el trabajo de burguesía.
Ha habido muchas tendencias en la historia del movimiento obrero, pero la tendencia de Bérard es una falsa tendencia cuya dinámica se explica fácilmente. De sus siete miembros, todos (excepto uno) procedían de la organización trotskista Lutte Ouvrière. Era en realidad una agrupación de corte afinitario en torno a un elemento que poseía cierto carisma, agrupación que representaría para sus miembros un verdadero obstáculo en el proceso de ruptura con el trotskismo9. Bérard, a raíz de su ruptura con LO a principios de 1973, escribió el folleto: “La ruptura con Lucha Obrera y el trotskismo”, que muestra cómo el trotskismo se pasó al campo de la burguesía tras una larga deriva oportunista y su traición al internacionalismo durante la Segunda Guerra Mundial. Este folleto tan efectivo ha tenido un gran éxito con tres ediciones sucesivas. La última data de 1976 e incluye una introducción que corrige ciertas ambigüedades del texto10. Pero lo cierto es que esta obra reveló los talentos de su autor. Esto también se puede ver leyendo un artículo sobre “El período de transición”, en particular la segunda parte que aparece en Révolution internationale (nueva serie) n° 8 (marzo-abril de 1974), que aborda el tema de los bonos de trabajo. Llevado por la polémica contra los lassalleanos, Marx vislumbra la posibilidad de utilizar los bonos de trabajo11 en el período de transición del capitalismo al comunismo como un medio de retribución individual de acuerdo con el tiempo de trabajo brindado a la sociedad12. Bérard demuestra muy bien que esta forma de salario sin nombre es una contradicción en los términos y representa más un obstáculo que cualquier otra cosa bajo la dictadura del proletariado. Su demostración se basa en las críticas del propio Marx contra los bonos de trabajo preconizadas por Proudhon (“Miseria de la Filosofía”) o por Bray y Gray (Grundrisse). En los Grundrisse, Marx da la estocada a esta panacea: “Como el precio no es igual al valor, el elemento que determina el valor (el tiempo de trabajo) no puede ser el elemento en el que se expresan los precios”13. En otras palabras, el tiempo de trabajo no se puede medir por sí mismo. Esta crítica sobre las ilusiones de los bonos de trabajo hecha en su momento por RI es hoy la de la CCI14. Bérard, integrado en el trabajo de reapropiación de las adquisiciones históricas de la corriente de la Izquierda Comunista, jugaría un papel a menudo positivo, igualmente en las discusiones entre los diferentes grupos que aparecieron en el Reino Unido.
Pero estas cualidades militantes pueden transformarse de un factor de refuerzo de la organización a un factor de destrucción de ésta. Muy pronto, Bérard y sus acólitos expresarán las mayores confusiones y prejuicios sobre la cuestión organizativa.
En la primavera de 1973, tras cinco años de existencia, tras la reagrupación realizada en Francia15, el grupo RI considera que es necesario un nuevo paso adelante en la construcción de la organización con la reapropiación del principio proletario de centralización. Hasta ahora existía una Comisión Internacional encargada de coordinar las discusiones que conducirían a la conformación de la CCI, se propone la creación de una Comisión Organizadora, encargada de estructurar y dirigir las actividades del grupo. Los debates iban a ser muy animados, estando todavía una gran minoría marcada por las concepciones contestatarias y consejistas de Mayo del 68. Por ello, la nueva Comisión fue nombrada por una estrecha mayoría en la reunión nacional de noviembre de 1973. Dicho esto, el debate aclaró un principio central del marxismo: la cuestión organizativa es una necesidad vital y una cuestión política por derecho propio.
Es sobre esta cuestión que se constituyó la tendencia de Bérard (por lo tanto, muy rápidamente después de la integración en RI), gritando el peligro de la burocratización y pidiendo garantías para protegerse contra este peligro diabólico. Expresó así una real hostilidad hacia la continuidad del movimiento obrero y malinterpretó completamente las medidas organizativas propuestas al confundirlas con las prácticas (realmente) estalinistas de los trotskistas. En contraste con el carácter desinteresado y el compromiso de los militantes de la clase del trabajo asociado, la tendencia ex-LO estaba profundamente marcada por el individualismo. “Es suficiente señalar que pocos días después de la votación de constitución del Comité Organizador, a lo que Bérard se había opuesto, el mismo Bérard fue a buscar a MC para ofrecerle el siguiente trato: “Cambio mi voto a favor del CO si me propones ser parte de él, de lo contrario lo combatiré”. Baste decir, que Bérard fue enviado a paseo, ya que MC solo se comprometió a no informar sobre esta propuesta para no ‘hundir’ a Bérard públicamente y permitir que el debate se llevara a cabo sobre el fondo. Así que, el CO solo presentaba un ‘peligro de burocratización’ porque Bérard no formaba parte de él… ¡Sin comentarios!”16.
Después del artículo “Luchas reivindicativas y el surgimiento de la clase para sí” publicado en RI nueva serie n° 9 (mayo-junio de 1974), la tendencia publicó “Fracciones y partidos” en el n° 9 del Bulletin d'études et de discussion (septiembre de 1974). Despejó su propia visión del proletariado y de la organización de vanguardia comunista. Allí se anuncia inmediatamente la ruptura en la continuidad del movimiento obrero. “Para entender lo que eran las fracciones comunistas durante este período [de la contrarrevolución], no debemos partir de una ‘continuidad’ orgánica que no existe; debemos rechazar todas las imágenes de ‘herencia’, ‘acervo’ que embrollan la cuestión. Hay que dejar de buscar una continuidad puramente ideológica (ideas que producen ideas). Hay que partir de la experiencia real del proletariado, la necesidad de la clase de agotar prácticamente todas las consecuencias de la crisis histórica de la clase asalariada. Decimos prácticamente porque los trabajadores están luchando, están ‘organizados’ dentro de las relaciones capitalistas y se enfrentan muy concretamente, a través de sangrientas derrotas, a una nueva realidad que aún no logran captar: el proletariado ya no puede afirmarse a sí mismo permaneciendo como trabajador asalariado.” Reconocemos aquí a Proudhon que rechazó las huelgas obreras que, según él, llevaban a reconocer la legitimidad del patrón. Y la tendencia concluye a la manera de los consejistas: “El viejo movimiento obrero está muerto”.
En su respuesta17, el camarada MC comienza restableciendo toda la importancia de la continuidad. "No muy orgullosos de sus padres, todavía prefieren llamarse bastardos, tanto orgánica como políticamente. Y para estar completamente tranquilos, les gustaría que el proletariado y todo el movimiento comunista hicieran lo mismo. Este pavor a la ‘continuidad’, al ‘pasado’, al ‘acervo’ es la pesadilla de estos camaradas que vuelven constantemente a él para poner salvaguardias una y otra vez. Envuelven todo, como es su costumbre, en un revoltijo de palabras, donde hay ‘a favor’ y ‘en contra’, un poco para todos los gustos, pero no logran ocultar del todo el desagrado que sienten ante la mera mención de la palabra ‘adquisición’, casi tanto como para la palabra ‘organización’. Esto es comprensible: continuidad, adquisición, organización, imponen marcos y fronteras estrictas muy mal adaptados a los parlanchines y chismosos, a los que se meten en todo y saben poco, a las fantasías de los ‘cazadores de originalidad’. ‘Nada que ver con el pasado’ fue el grito de guerra de todos los manifestantes en Francia y en todas partes, ¡y no fue en vano! Hablar de una nueva coherencia sin precisar de dónde viene, en qué posiciones adquiridas se fundamenta y hablar de una nueva coherencia ‘sin pasado’ es la esencia de una pretensión megalómana digna de un Dühring. Sabias palabras en torno a ‘superaciones necesarias’ solo sirven como hojas de parra en este caso; ir más allá nunca es un borrado, siempre se contiene un pasado. Hablar de superación sin responder primero a la pregunta “¿qué porción del pasado se debe conservar y por qué? No es más que una evasión y el peor de los empirismos”.
Luego aborda la cuestión de la contribución vital de la Izquierda Comunista y la tradición viva que encarna a pesar de las diferencias que existen entre los grupos que hoy dicen formar parte de ella. Esta cuestión del legado de la Izquierda Comunista, las escisiones o los elementos provenientes del izquierdismo, siempre han tenido grandes dificultades para comprenderla y sólo ven comunistas de izquierda heterogéneos y confusos18. Revelan así su ceguera ante el inmenso paso adelante que representó la Internacional Comunista (IC) y el inmenso aporte de todos aquellos que, reclamándose pertenecientes a la IC, supieron detectar su deriva oportunista y aprender de ella. Las condiciones de la época hacían imposible la unificación de las izquierdas, pero en realidad estaban unidas, por encima de fronteras y diferencias, en el trabajo de una fracción contra el oportunismo y la liquidación del viejo partido. Por eso hay una tradición de la Izquierda Comunista hoy, es decir, un método, un espíritu de lucha, una serie de posiciones que la distinguen y que forman una especie de puente sobre el abismo del tiempo hacia el futuro Partido Comunista Mundial. “Hembé está en la casa equivocada. Él cree que todavía está hablando en y a LO. Las diferentes corrientes de la Izquierda Comunista han tenido muchas debilidades y carencias, a menudo titubeaban y tartamudeaban, pero tuvieron el mérito imperecedero de haber sido las primeras en dar la voz de alarma contra la degeneración de la IC, de haber defendido, diversa pero contundentemente, los principios fundamentales del marxismo revolucionario, de haber estado al frente del combate del proletariado revolucionario, y sus balbuceos fueron y siguen siendo un aporte inmenso a la teoría y práctica del proletariado, respondiendo a los problemas y tareas de la revolución proletaria”.
Al publicar su folleto fuera de RI y al negarse a participar en el Encuentro Nacional de noviembre de 1974, que debía hacer un balance del estado de las diferencias, la tendencia ex-LO se colocó fuera de la organización. Sin embargo, dada la importancia de la cuestión organizativa y el papel destructivo de la “tendencia”, esta asamblea general de RI decidió excluir formalmente a sus miembros. Encontramos a Bérard a finales de los 80 con los Cahiers du Doute (Cuadernos de la Duda) y luego desaparece en la nada después de haber sido durante un tiempo seguidor de las tesis primitivistas. Después de todo, una trayectoria lógica, la duda invocada aquí no es la duda científica creadora sino el reflejo de una gran debilidad en la convicción revolucionaria.
La primera de las lecciones a sacar es, la necesidad de una discusión profunda con los elementos que postulan su candidatura sobre el significado profundo de la cultura del debate en las organizaciones comunistas, en oposición al democratismo que aboga por el parloteo y rinde culto a la divergencia como fetiche.
La segunda lección a extraer es la importancia de la cuestión organizativa y de los principios que deben guiarnos en la construcción de la organización y la perspectiva del futuro Partido Mundial. Una comprensión profunda de la cuestión organizativa debe permitir, en particular, evitar, durante los debates, los agrupamientos informales, entre un cierto número de camaradas sobre la base, no de un acuerdo político, sino de criterios heterogéneos como las afinidades personales, la insatisfacción con una determinada orientación de la organización o la impugnación de un órgano central. La organización de los comunistas se basa en la lealtad a la organización, a los principios revolucionarios, y no en la lealtad a los amigos.
La tercera lección surge del error que cometió RI en su momento, la falta de atención a los elementos que rompían colectivamente con una organización izquierdista. Tal ruptura no está destinada a fracasar sistemáticamente, pero la experiencia ha demostrado que es muy difícil de llevar a cabo. Romper con la cohesión contrarrevolucionaria no lleva automáticamente a comprender y retomar la coherencia de las posiciones revolucionarias.
Debe mencionarse una última lección. La militancia comunista se basa en el compromiso a la causa, en la vigilancia teórica y en una convicción revolucionaria que nos preserva de las sirenas del empirismo y el inmediatismo. El modernismo y su avatar “comunistizador” representan hoy, por el contrario, un peligro inmenso de disolución del proletariado en las gélidas aguas de la duda y la ignorancia, reflejo del mundo actual de descomposición capitalista.
El artículo de RI n° 3 (antigua serie), “De la organización”, que fue preparado para un encuentro organizado por Informations et Correspondance Ouvrières [ICO] en 1969, sólo podía plantear las premisas de la cuestión organizativa, recordando en particular esta banalidad: de la degeneración y la traición a las organizaciones revolucionarias del pasado de ninguna manera implica su inutilidad o peligro. En 1973-74, la cuestión organizativa pasó a depender mucho más cruda y concretamente del proceso en curso de construcción de la organización (reagrupaciones en diferentes países, creación de la CCI). Es frente a esta cuestión práctica que surgieron diversas oposiciones, como la tendencia Bérard. Por una ruptura inconclusa con el trotskismo y una deriva afinitaria, la tendencia Bérard levantó el estandarte de la rebelión contra la centralización y contra la necesidad vital de pasar de un círculo de amigos a un grupo político, de pasar del espíritu de círculo al espíritu de partido. Fue así la expresión clásica de la penetración de la ideología burguesa y pequeñoburguesa en el seno del proletariado, que se materializó en él por una explosión de individualismo y una impaciencia oportunista buscando atajos hacia la meta comunista. La rabia de los “comunistizadores” contra la organización revolucionaria y el programa comunista los hace hoy mucho más peligrosos que aquellos intelectuales en busca de originalidad que envenenaron el movimiento durante la década de 1970.
Dejemos que hable el camarada MC para la conclusión: “Qué pensar de los señoritos que se pasean tan casualmente por la historia del movimiento obrero como si estuvieran en un bar o en una cafetería. De todas estas proclamas gratuitas y fanfarronas, lo único que hay que recordar es esta conclusión: ‘La necesidad ahora de romper críticamente con el pasado’. RI siempre ha planteado la necesidad, después de cincuenta años de reacción y contrarrevolución, de reconectar, continuar y superar críticamente el pasado, ese punto culminante del asalto revolucionario del proletariado. [podrá] también enfatizar la unidad fundamental del movimiento histórico de la clase, [mientras] los contestatarios ‘renovadores’ de todas las tendencias no tienen otro afán que el de romper, borrar, hacer borrón y cuenta nueva del pasado, para partir de una presente virgen, de un nuevo “comienzo”, es decir, de ellos mismos”19.
Elberg.
1 La “Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases” adoptada en el 23° Congreso de la CCI en 2019, describe y analiza tanto el pantano político que apareció a fines de la década de 1960 como las tres oleadas de luchas obreras que se sucedieron hasta 1989.
2 Incluso durante el período de transición, cuando los antagonismos de clase aún no han desaparecido. La necesidad de que la clase defienda sus intereses inmediatos durante la dictadura del proletariado fue destacada por Lenin durante el debate dentro del Partido Bolchevique sobre la cuestión sindical en 1921. Esta posición fue asumida y desarrollada por la Izquierda Comunista de Italia en 1930 y por la Izquierda Comunista de Francia (GCF) después de la Segunda Guerra Mundial. Véase nuestro artículo “Comprender la derrota de la revolución rusa II. 1921: El proletariado y el Estado de transición”, en Revista Internacional n° 100, 1er trimestre de 2000.
3 Proudhon fue, según algunos doctrinarios, el padre del anarquismo. El padre de la “communisation” no es Bérard sino Jacques Camatte, de la revista Invariance, que se separó del Partido Comunista Internacional en 1966. Volveremos sobre esto en próximos artículos.
4 Marx y Engels, La ideología alemana (1845-1846).
5 El folleto de la tendencia ex-Lutte Ouvrière (la mayoría de los miembros de esta “tendencia” eran ex militantes trotskistas) fue reeditado en la antología Ruptura en la teoría de la revolución de François Danel. Textos 1965-1975 (2003).
6 Marx, carta del 28 de diciembre de 1846 a Annenkov.
7Luxemburgo, La crisis de la socialdemocracia (1915).
8 Artículo de la tendencia, “Luchas reivindicativas y el surgimiento de la clase para sí”, Revolución Internacional n° 9, (mayo-junio 1974).
9Ver Revista Internacional n°161 (2º semestre 2018) y 162 (1º semestre 2019): “Castoriadis, Munis y el problema de la ruptura con el trotskismo”.
10Desde entonces, la CCI ha publicado otro folleto sobre el mismo tema, “El trotskismo contra la clase obrera”.
11 La hipótesis de Marx se sitúa en el marco del proceso de socialización que sigue a la toma del poder por el proletariado, en el marco no de la sociedad comunista sino de una sociedad “que acaba de salir del capitalismo”. No tiene nada que ver con la posición de Proudhon sobre las órdenes de trabajo.
12 Marx, Crítica del Programa del Partido Laborista Alemán (1891). Este texto es más conocido como la Crítica del Programa de Gotha.
13Marx, Manuscritos de 1857-1858, conocidos como “Grundrisse”
14El Grupo de Comunistas Internacionalistas (GIC), en la década de 1930, asumió esta posición a favor de las órdenes de trabajo, en particular en el folleto Principios de la Producción y Distribución Comunista. Véanse nuestras críticas en la Revista Internacional n° 152, (2º semestre 2013): “Bilan: La Izquierda holandesa y la transición al comunismo, II”.
15Tres grupos comunistas se fusionaron en 1973 bajo el nombre de Revolución Internacional. En esta ocasión, se adoptó una nueva plataforma política y aparece en el n° 1 de RI (nueva serie).
16 “La cuestión del funcionamiento de la organización en la CCI”, Revista Internacional n° 109 (2º trimestre 2002).
17 “En respuesta al artículo “Fracciones y partidos”, en el mismo número del Bulletin d'études et de debate, segunda revista publicada por RI. Pronto sería reemplazada por la Revista Internacional, cuando se creó la CCI en 1975.
18 Uno de los mejores ejemplos es el de Éveil internationaliste que participó en la 3ª conferencia de grupos de la Izquierda Comunista en 1980. Después de romper con el maoísmo, quiso mantener una coherencia ex maoísta, y finalmente se hundió en la nada. Para volver a intentar borrar su pasado estalinista, algunos de sus elementos no han encontrado otra salida que adherirse al anarquismo o a la Liga de los Derechos Humanos, todo aderezado con la habitual verborrea situacionista.
19 Marc Chirik, “En respuesta al artículo “Fracciones y partidos”, Boletín de estudio y discusión n° 9, septiembre 1974, p. 9.
Como explicamos en los artículos anteriores de esta serie, la degeneración de la Internacional Comunista no se desarrolló sin provocar una respuesta. Frente a esta degeneración, las fracciones comunistas de izquierda se levantaron y defendieron enérgicamente los principios abandonados por la IC y, al mismo tiempo, intentaron responder a las nuevas interrogantes que planteaba la entrada del capitalismo en su fase de decadencia. Todos estos grupos fueron excluidos y reprimidos uno tras otro, mientras la degeneración oportunista devoraba las filas de la Internacional y los Partidos Comunistas traicionaban el campo proletario.
Este último artículo de la serie destaca la trayectoria de los principales grupos y sobre todo las lecciones fundamentales que podemos sacar de su combate.
En la segunda parte de esta serie mostramos las bases sobre las que surgieron los grupos de izquierda dentro de la Internacional Comunista. Como recordamos, el Congreso de fundación estuvo marcado por algunos avances fundamentales en la comprensión de las condiciones del nuevo período histórico. Sin embargo, para la mayoría, los revolucionarios seguían marcados por el peso del pasado y comenzaron a retroceder en congresos posteriores en varias cuestiones. Este desarrollo, que anunciaba la degeneración oportunista de la IC, tuvo consecuencias desastrosas para la conciencia revolucionaria de la clase obrera internacionalmente. Pero, del mismo modo que el desarrollo del oportunismo dentro de la Segunda Internacional dio lugar a una respuesta proletaria en forma de corrientes de izquierda, el crecimiento del oportunismo en la Tercera Internacional encontró la resistencia de la izquierda comunista, muchos de cuyos portavoces, como Pannekoek y Bordiga, ya habían demostrado en la vieja Internacional estar entre los mejores defensores del marxismo. Esta última fue esencialmente una corriente internacional y tuvo expresiones en numerosos países, desde Bulgaria hasta Gran Bretaña, desde Estados Unidos hasta Sudáfrica. Sin embargo, sus representantes más importantes se encontraban en los países donde las tradiciones del marxismo eran más fuertes: Alemania, Italia y Rusia.
Y si estos grupos no alcanzaron el mismo nivel de claridad y cohesión, todos buscaban una alternativa a la degeneración de la IC y trataron de defender los principios comunistas y el programa comunista frente a las nuevas interrogantes que trajo consigo la entrada del capitalismo en su período de decadencia: cuestiones como, ¿Los sindicatos siguen siendo órganos de la clase obrera o se han enredado en los engranajes del estado burgués? ¿Era necesario acabar con la táctica “parlamentaria”? ¿Cómo entender las luchas de liberación nacional en la era del imperialismo global? ¿Cuáles eran las perspectivas para el nuevo estado ruso? La puesta en evidencia de todos estos problemas expresaba la voluntad de armar a la Internacional que por sí misma era incapaz de comprender todas las implicaciones del nuevo período de “guerras y revoluciones”.
Pero las izquierdas en la IC permanecieron dispersas, teniendo pocos vínculos entre sí. En consecuencia, no estaban realmente en condiciones de asumir el papel de una corriente internacional de la izquierda comunista y así emprender la verdadera lucha de una fracción dentro de la IC. Estas izquierdas fueron además gradualmente excluidas de las filas de la IC, bajo el yugo de la represión estalinista. Este fue particularmente el caso del Grupo Obrero, formado en 1922, que fue la única reacción real dentro del Partido Comunista de Rusia parecida a una fracción que sería capaz de formular sus críticas, no en el marco de Rusia, sino contra la IC como tal1, expresando así una clara voluntad de involucrarse en el combate a nivel internacional. Pero muy pronto se convirtió en víctima de la represión desde 1923; sus principales elementos fueron encarcelados por la GPU, impidiendo así que el grupo se desarrollara y cumpliera su función.
Esta fragmentación aumentaba a medida que se excluían los diferentes grupos. “Al momento de la muerte de la IC, la izquierda alemana, que ya estaba dispersa en varias partes, cayó en el activismo y el aventurerismo, y fue eliminada bajo los golpes de una sangrienta represión; la izquierda rusa estaba dentro de las prisiones de Stalin; las débiles izquierdas británica y estadounidense habían desaparecido hacía mucho tiempo. Fuera del trotskismo, sería esencialmente la izquierda italiana y lo que quedaba de la izquierda holandesa la que, a partir de 1928, mantendría una actividad política proletaria -sin Bordiga y sin Pannekoek- haciendo cada una, una valoración diferente de la experiencia que habían vivido”2 Realmente podemos ver hasta qué punto el reflujo de la oleada revolucionaria durante la década de 1920 y los primeros golpes de la contrarrevolución fueron una prueba terrible que acabó con gran parte de las minorías revolucionarias. Pero sean cuales sean las fortalezas y debilidades de las izquierdas, es esencial considerarlas todas como intentos del proletariado de desarrollar, a nivel histórico, una conciencia de las condiciones de su combate revolucionario para derrocar al capitalismo. Además, todos tenían en común la característica de sumarse a la defensa intransigente del terreno de clase del proletariado. Del mismo modo, el comunismo de izquierda no surgió de la nada sino del movimiento revolucionario de la época. Por el contrario, constituyó una reacción orgánica al abandono de principios por parte de la IC y su antigua vanguardia, el Partido Bolchevique. Por lo tanto, era normal que, como en Rusia, Italia, Alemania y otros lugares, los diferentes grupos de la izquierda comunista provinieran del interior de los Partidos Comunistas. Era hora pues, de la lucha de la fracción para enderezar a la IC que se doblegaba bajo el peso creciente del oportunismo: “Es responsabilidad de la minoría, que sostiene el programa revolucionario, llevar a cabo una lucha organizada por su victoria dentro del partido. O triunfa la Fracción, triunfan sus principios y se salva el partido, o el partido sigue degenerando y pasando con armas y bagaje al campo burgués. El momento en que el partido proletario pasa al campo burgués no es fácil de determinar. Sin embargo, uno de los signos más importantes de este pasaje es el hecho de que ya no aparece vida política proletaria dentro del partido. Es responsabilidad de la Fracción de Izquierda continuar la lucha dentro del partido mientras exista alguna esperanza de revertirla; por eso, a fines de la década de 1920 y principios de la de 1930, las corrientes de izquierda no abandonaron los partidos de la IC, sino que fueron excluidas, muchas veces mediante sórdidas maniobras”3
No se trata aquí de preguntar por qué las fracciones de izquierda no estuvieron a la altura de “ganar” el combate, ni por qué, mientras la IC notaba el reflujo en la oleada revolucionaria, la necesidad de replegarse en orden y preparar las condiciones para el resurgimiento de un futuro partido no se entendía ampliamente en sus filas. ¡Como dice el refrán, con suficientes sisa, se podría poner a París en una botella! Lo que nos importa es más bien la forma en que las fracciones de izquierda emprendieron la lucha contra la degeneración oportunista de la IC. Como vimos arriba, no todos ellos harían la misma contribución a la lucha histórica del proletariado contra la explotación capitalista y la dominación de la burguesía.
Es pues indispensable poder extraer todas las lecciones de sus trayectorias y la evolución que atravesaron durante el período contrarrevolucionario que se abrió a fines de la década de 1920.
“Ante la muerte de la IC, se plantea el problema de la formación de cuadros capaces de reconstruir la organización internacional del proletariado. Con este fin es necesario constituir fracciones de izquierda en cada país. La base política de las mismas debe buscarse, en primer lugar, en los cimientos mismos de la IC y perfeccionarse tras una crítica de todos los acontecimientos posteriores a la guerra. Esta crítica debe representar la contribución específica de cada proletariado a los problemas que la IC no supo resolver en el momento de su fundación”4. Tal fue la orientación propuesta por la Fracción de Izquierda del Partido Comunista de Italia a todas las fuerzas de la oposición proletaria. Esto fue en 1933, y la Fracción Italiana, constando la muerte de la IC, hizo un llamado a sacar todas las lecciones del retroceso de la oleada revolucionaria para armar al proletariado para futuras batallas y asumir la continuidad política hasta el momento en que se dieran las condiciones favorables para el surgimiento de un nuevo partido de clase. En otras palabras, se trataba de asumir el trabajo real de una fracción.
Entre todos los grupos de izquierda involucrados en la lucha contra la degeneración oportunista de la IC a finales de los años 20, la Fracción de Izquierda del Partido Comunista de Italia hizo la contribución más rica. ¿Por qué? Porque fue la única en asimilar en profundidad el aporte del Partido Bolchevique dentro de la II Internacional entre 1903 y 1917; y porque entendió que se trataba de poner en marcha un trabajo similar frente al camino suicida emprendido por la IC. Se trataba entonces de presentarse como: “una organización dentro del partido que no está unida por el lugar de trabajo, por el idioma o por cualquier otra condición objetiva, sino por un sistema de concepciones comunes sobre los problemas que se le plantean al partido”. Lo que aquí nos parece esencial no reside en el contenido de los debates en sí, sino en el método con el que la Izquierda Italiana trató de defender sus posiciones con el objetivo de “reenderezar” a la Internacional. Los desacuerdos entre la IC y el PC de Italia aparecieron muy pronto, entre 1920 y 1921, cuando la IC decretaba la consigna del “Frente único”, “gobierno obrero” y la creación de partidos de masas a través de la fusión del PC con varias corrientes centristas. Hasta 1925, la mayoría del PC de Italia, animada en particular por Amadeo Bordiga, resultó ser la más decidida a contrarrestar todo este oportunismo político. Pero el proceso de “bolchevización” de los Partidos Comunistas cambió las condiciones en que la izquierda pudo emprender la lucha, ya que a mediados de abril de 1925 el Ejecutivo ampliado de la IC ordenó la eliminación de la “tendencia Bordiga” para el III Congreso del PC de Italia. A pesar de esta maniobra política, la nueva “minoría” del PC italiano trató de dotarse de todos los medios para proseguir el combate dentro de la Internacional Comunista. Es lo que hizo en el Congreso de Pantin de abril de 1928 al constituirse como “Fracción de Izquierda de la Internacional Comunista” y no sólo del PC italiano. Frente a las presiones, maniobras y denigraciones que se convirtieron en la norma dentro de los Partidos Comunistas, la Fracción nunca se rindió y supo defender los principios del programa comunista tanto a través de la prensa – publicación quincenal (mensual desde 1933) del periódico Prometeo – como a través de intervenciones en las fábricas y manifestaciones. También fue muy activa en la apertura al trabajo común con grupos a nivel internacional a través de la confrontación de posiciones con miras al reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias sobre la base de principios claros y un programa claro.
Esta labor se hizo aún más crucial a partir de 1933 cuando el desarme del proletariado internacional ante la victoria del nazismo en Alemania consagró en gran medida la victoria de la contrarrevolución. Ya no era el momento de luchar por revertir la IC sino de sacar las lecciones de la derrota de la revolución y la degeneración de la Internacional para fortalecer al proletariado mundial y preparar las condiciones para el resurgimiento del futuro partido. Para que eso sucediera era importante no eludir ningún cuestionamiento y enfrentar los problemas fundamentales enfrentados por el proletariado y sus organizaciones desde octubre de 1917. Este trabajo teórico y político, ejemplificado por Bilan, no hubiera sido posible sin una profunda comprensión de las demandas del trabajo de una fracción. En 1935, asumiendo el paso definitivo del PC al campo de la contrarrevolución, se vio en adelante como una fracción externa para seguir al frente de la lucha por el comunismo: “Esta situación especial de la Tercera Internacional ya ha resultado en un gran número de capitulaciones provenientes principalmente del hecho de que los militantes creen que lo esencial es mantener los vínculos orgánicos con los Partidos Comunistas, y que no han entendido que lo esencial es construir el organismo que exige la nueva situación, y que ha de encontrar una solución comunista a los mismos problemas que han dado origen al centrismo5”6
¡La contribución teórica y política de la Fracción Italiana hasta 1944-1945 será posteriormente continuada y enriquecida por la Izquierda Comunista de Francia hasta 1952 y la Corriente Comunista Internacional a partir de 19757!
Desafortunadamente, la izquierda alemana no pudo seguir la misma trayectoria. Si muy pronto el KAPD defendió posiciones claras sobre el rechazo al trabajo parlamentario o la participación en los sindicatos8, no pudo alcanzar la misma coherencia organizativa de la izquierda italiana, que se consideraba en continuidad orgánica con el viejo partido. Muy al contrario, toda su trayectoria tras su exclusión de la IC en su III Congreso de septiembre de 1921, se caracterizaría incluso por cuestionar el carácter puramente proletario de la revolución en Rusia (y del Partido Bolchevique) en beneficio de una visión de una “revolución dual”, tanto burguesa como proletaria; burguesa, porque suprimió el feudalismo para llevar el capitalismo al campo; proletario, porque suprimió el capitalismo en las ciudades. La misma incomprensión del proceso gradual de degeneración se encuentra en su análisis de la III Internacional, que ya se consideraba totalmente absorbida por el Estado ruso. Así, el KAPD pensó que todas las secciones de la IC (los Partidos Comunistas) estaban definitivamente perdidas. Esto implicaba que no podían surgir fracciones revolucionarias ni dentro de ésta ni dentro de los Partidos Comunistas. Todo este andamiaje teórico justificó la proclamación de una Internacional Comunista de los Trabajadores (KAI). Esta fundación totalmente artificial y voluntarista de una Internacional alternativa condujo a la división del partido (entre partidarios y opositores de la KAI) y su desintegración numérica.
Revelaba una falta de comprensión del papel del partido dentro de la clase y la relación entre fracción y partido que sólo podía conducir al fracaso.
Esta política suicida iba a tener graves consecuencias para el movimiento revolucionario, ya que debilitó considerablemente la capacidad de las fracciones comunistas de izquierda de agruparse para llevar hasta el final la lucha contra la degeneración de la IC9. La Izquierda holandesa, que posteriormente retomó el espíritu teórico de la Izquierda alemana, pasó a amplificar estos errores en la cuestión organizativa. La corriente consejista, a imagen del Grupo de Comunistas Internacionalistas (fundado en 1927), vino a negar pura y simplemente la necesidad de las organizaciones revolucionarias como factor activo de la lucha de clases y del desarrollo de la conciencia. Esto fue en beneficio de una federación de “grupos de trabajo” reducidos al único papel de dar una opinión. Esta fue una verdadera regresión en la cuestión de la organización dentro de la izquierda comunista, ya que esta última se redujo a una mera adición decorativa a la clase. Además, el siglo que acaba de pasar está ahí para presenciar la debilidad de la corriente consejista frente a los desafíos planteados a los revolucionarios en la decadencia del capitalismo.
“En el pasado, hemos defendido la noción fundamental de la 'fracción' contra la idea de una 'oposición'. Por fracción entendemos el organismo que construye los cuadros para asegurar la continuidad de la lucha revolucionaria y que está llamado a convertirse en protagonista de la victoria proletaria. Contra nosotros, el concepto de “oposición” ha triunfado dentro de la Oposición de Izquierda Internacional. Este último ha afirmado que no se debe proclamar la necesidad de la formación de cuadros: la clave de los hechos está en manos del centrismo y no en manos de la fracción. Esta divergencia adquiere ahora un nuevo aspecto: el contraste básico es el mismo, aunque a primera vista parece que el problema hoy es este: a favor o en contra de nuevos partidos. Por segunda vez el camarada Trotsky descuida totalmente el trabajo de formación de cuadros, creyendo posible pasar inmediatamente a la construcción de nuevos partidos y de una nueva Internacional”. Esta declaración hecha por la Fracción de Izquierda del Partido Comunista de Italia en el primer número de su revista teórica Bilan contiene la pregunta central planteada a todas las organizaciones comprometidas en la reacción a la degeneración de la IC: “¿Cuáles son las tareas del momento? ¿La lucha de la fracción o la creación de un nuevo partido?”. Estos dos enfoques discordantes expresan una gran divergencia entre la Fracción de Izquierda y la Oposición de Izquierda dirigida por Trotsky.
Como describimos en el artículo anterior, los años 1921-1922 estuvieron marcados por el combate encabezado por Lenin contra el ascenso dentro del Partido Comunista de Rusia, y entonces de la IC, de la facción burocrática dirigida por Stalin. Aunque los medios utilizados expresaban una clara incapacidad para remediar la situación, Lenin comprendía bien que la dirección tomada por el PCR se alejaba cada día un poco más del campo proletario.
Sin embargo, puso toda su energía política en una batalla desesperada contra el crecimiento del estalinismo y le pidió a Trotsky que se uniera a él en la lucha contra el burocratismo en general y contra Stalin en particular.10
Pero a partir de 1923, y su forzado retiro de la vida política, estalló una verdadera crisis abierta dentro del PCR. Por un lado, la facción burocrática consolidó su dominio, inicialmente bajo la forma de un “triunvirato” formado por Stalin, Zinoviev y Kamenev, cuyo principal cimiento era su necesidad de aislar a Trotsky. Esta empresa se manifestó en forma de una verdadera conspiración contra “lo mejor de los bolcheviques”, como recuerda en su autobiografía: “Lenin descansaba en Gorki; yo mismo en el Kremlin. Los epígonos agrandaban los círculos del complot (...) Se creó toda una nueva ciencia: la fabricación de reputaciones artificiales, la fabricación de biografías fantasiosas, pretensiones de un liderazgo designado de antemano. (...) Posteriormente, cuando Zinoviev y Kamenev combatieron a Stalin, los secretos de este primer período fueron revelados por los propios cómplices de la trama; porque realmente era una conspiración. Se creó un buró político secreto al que pertenecían todos los miembros del buró político oficial excepto yo. (...) Los líderes en el partido y el estado fueron elegidos sistemáticamente de acuerdo a un solo criterio: 'contra Trotsky'. (...) Así se determinó un cierto tipo de 'carrerismo' que luego se llamó abiertamente 'antitrotskismo'. (...) A fines de 1923, en todas las secciones de la Internacional Comunista, se emprendió el mismo trabajo: se removió a los líderes, otros se mantuvieron en sus lugares de acuerdo con la actitud que habían tomado hacia Trotsky”11.
Desde entonces, durante el transcurso de 1923, apareció una oposición en las filas del PCR. Tomó la forma de una plataforma política firmada por 46 militantes cercanos a Trotsky o provenientes del grupo Centralismo Democrático. Esta “Plataforma de los 46” expresaba sobre todo dos cosas:
- la necesidad de una mayor planificación estatal en el dominio económico;
- una advertencia contra la asfixia de la vida interna del partido.
Pero, al mismo tiempo, la plataforma se distanció públicamente de los comunistas de izquierda dentro del PCR, calificándolos de “poco saludables”12
Aunque Trotsky no firmó la Plataforma, tomó parte abiertamente en esta oposición de izquierda y varias veces mostró vacilaciones para comprometerse en la lucha contra la facción estalinista de manera decidida e intransigente, revelando así una tendencia hacia el centrismo que lo hizo cada vez más incapaz de defender principios esenciales. Esta indecisión se manifestó en el V Congreso de la IC (junio de 1924) cuando Bordiga lo presionó para que se convirtiera en el vocero de una Oposición de Izquierda a nivel internacional. Trotsky se negó, incluso le pidió a Bordiga que aprobara la moción del XIII Congreso del PCR para no ser excluido.
Si bien siempre podemos invocar características individuales, la razón esencial de la timidez de Trotsky radica en su incapacidad:
- para entender que el estalinismo constituyó la contrarrevolución burguesa en Rusia:
- para sacar lecciones de cómo la política emprendida por el partido (en la que había participado ampliamente) había acelerado el curso de su degeneración.
En otras palabras, Trotsky y la oposición en Rusia no entendieron en absoluto el significado de la lucha que se iba a librar, a saber, el trabajo de fracción destinado a reenderezar al partido de su curso oportunista. En lugar de eso, la Oposición siguió defendiendo con uñas y dientes la “proscripción de las fracciones” adoptada en el X Congreso del PCR en 1921. En consecuencia, “en la medida en que se ve a sí misma, no como una fracción revolucionaria que intenta salvaguardar las conquistas teóricas y organizativas de la Revolución de Octubre, sino como oposición leal al Partido Comunista Ruso, no irá más allá de cierto 'maniobrismo', realizando alianzas sin escrúpulos con el objetivo de cambiar un partido casi completamente gangrenado (por ejemplo, Trotsky buscando el apoyo de Zinoviev y Kamenev, quienes lo habían calumniado continuamente desde 1923). Por todas estas razones, se podría decir que la “oposición de izquierda” de Trotsky en Rusia siempre cayó por debajo de las oposiciones proletarias que aparecieron a partir de 1918”13
Sin embargo, la tendencia opositora logró organizarse internacionalmente, pero de manera dispersa, sin ningún rigor real a nivel organizativo. Fue sólo a partir de 1929 y con la expulsión de Trotsky de la URSS que se organizó una Oposición de Izquierda Internacional de manera más centralizada sin poder ir más allá de los errores y confusiones acarreados por la IC14.
En consecuencia, “constituyó en más de un sentido la extensión de lo que había sido representado por el establecimiento y la lucha de la 'Oposición de Izquierda' en Rusia. Retrocedió en las ideas principales y reivindicó los cuatro primeros congresos de la IC. Además, perpetuó el “maniobrismo” que ya caracterizaba a la “Oposición de Izquierda” en Rusia. En muchos sentidos, esta 'Oposición' fue un reagrupamiento sin principios de todos aquellos que querían hacer una crítica de izquierda al estalinismo. Prohibió toda clarificación política real dentro de sus filas y dejó a Trotsky, visto como un símbolo vivo de la Revolución de Octubre, la tarea de convertirse en su vocero y “teórico”. En estas condiciones muy pronto se mostró incapaz de resistir los efectos de la contrarrevolución que se desarrollaba a escala mundial sobre la base de una derrota del proletariado internacional.”15
La incapacidad de la corriente trotskista de involucrarse en el trabajo de una fracción de izquierda, restringiéndose al papel de simple “oposición” al estalinismo, la llevó igualmente a ver la construcción del partido como una cuestión de “voluntad” sin tomar en consideración “las condiciones de la lucha de clases, que dependen del desarrollo histórico y la relación de fuerzas de las clases existentes”.16
Así, lejos de aportar alguna contribución creíble a las filas de una clase obrera que sufre los embates de la contrarrevolución con toda su fuerza, el trotskismo asumió un buen número de posiciones oportunistas desarrolladas en el seno de la IC, participando activamente en la desorientación del proletariado mundial y terminando por capitular y abandonar el internacionalismo proletario en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial en nombre del antifascismo y la defensa del “Estado proletario”.17
La fundación de la Internacional Comunista en marzo de 1919 fue la empresa más profunda de los revolucionarios que dotó a la clase obrera de una organización capaz de conducirla a la victoria. Un siglo después, la historia de este momento heroico de la lucha del proletariado, y las lecciones que de ella han sacado los revolucionarios, no deben exhibirse como mercancías en un escaparate. Todo lo contrario; todo este legado debe estar en el centro de las preocupaciones de los revolucionarios de hoy para que puedan defender la concepción más clara de cómo debe construirse el partido del mañana. Esperamos que el esfuerzo de profundización de las cuestiones emprendidas a lo largo de esta serie de artículos ofrezca un aporte pertinente a la reflexión y a la discusión en todo el medio revolucionario sobre un tema de tanta trascendencia para los combates futuros. Por lo pronto, creemos que podemos afirmar algunas lecciones importantes sobre las condiciones políticas en las que deberá surgir el partido:
1. La base del partido debe estar determinada por las condiciones de la lucha de clases.
2. La necesidad de que el partido esté constituido antes del estallido de una oleada revolucionaria.
3. El reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias debe basarse en el programa de clarificación de principios y no en la simple voluntad de participar en la lucha revolucionaria. Como decía Bordiga, el partido es ante todo “un cuerpo programático y una voluntad de actuar”.
4. En el período anterior a la fundación del partido, el tipo de trabajo fraccionario es la única forma organizativa que permite a los revolucionarios prepararse para su construcción.
Nadjek (11 de noviembre de 2022).
1Para una visión más completa y global de las Fracciones de Izquierda en Rusia ver:
- “La Izquierda Comunista en Rusia: (1918-1930), 1ra parte [346])” Revista Internacional n° 8.
- “La Izquierda Comunista en Rusia: (1918-1930, 2ª parte [399])” Revista Internacional n° 9.
2“Convulsiones en el medio revolucionario: el PCI (Programa Comunista) en un punto de inflexión en su historia [399]”. Revista Internacional n° 32 (1er trimestre 1983).
3Polémica: Orígenes de la CCI y el BIPR (primera parte)- La Fracción Italiana y la Izquierda Comunista Francesa [400]” Revista Internacional n° 90 (tercer trimestre, 1997).
4“Proyecto de constitución de un Buró Internacional de Información”, Bilan n° 1, noviembre de 1933.
5En esta época, lo que se llamó erróneamente “centrismo” en el seno de la IC estaba representado por la fracción burocrática estaliniana que en la realidad era la encarnación de la contrarrevolución.
6“La necesidad de la Fracción de Izquierda del Partido Comunista”, Bulletin d’information de la Fraction de Gauche italienne no 6.
7Ver especialmente, “Informe sobre el papel de la CCI como ‘Fracción’ [9]”, Revista Internacional no 156 (invierno 2016).
8Ver “Cien años después de la fundación de la Internacional Comunista, ¿Qué lecciones para las luchas futuras? [213] (parte 2)”, Revista Internacional n° 163, (segundo trimestre, 2019).
9No podemos detenernos aquí en los detalles de la historia del KAPD. Para un mayor desarrollo al respecto ver:
-“La concepción de la organización en la izquierda holandesa y alemana” Revista Internacional n° 37 (tercer trimestre 1984).
-“Tesis sobre el papel del partido en la revolución”, Revista Internacional n° 41 (segundo trimestre de 1985).
-“La Izquierda Holandesa, Contribución a la historia del movimiento revolucionario”. Capítulo V: Gorter, la Izquierda Comunista y la fundación de la KAI” Libro de la CCI.
10Para más detalles sobre esto ver el artículo “Cómo entender la derrota de la revolución rusa, 1922-1023: Fracciones comunistas contra el crecimiento de la contrarrevolución [401]”, Revista Internacional n° 101, 4° trimestre 2000.
11León Trotsky, Mi Vida, “La Conspiración de los Epígonos”, Capítulo XL, Editorial Gallimard.
12En realidad, los comunistas de izquierda rusos, en particular el Grupo de Trabajadores de Miasnikov, expresaron la visión más clara en Rusia sobre cómo luchar contra la degeneración del PCR y la IC.
13“El trotskismo, producto de la contrarrevolución”, El trotskismo contra la clase obrera, folleto de la CCI.
14La oposición de izquierda reivindicó notablemente los cuatro primeros congresos de la IC.
15“El trotskismo, producto de la contrarrevolución” de; El trotskismo contra la clase obrera”, folleto de la CCI.
16“Los métodos del comunismo de izquierda y los del trotskismo”, Internationalisme n° 23 (junio de 1947).
17Para mayor precisión sobre la evolución del trotskismo, ver nuestro folleto: El Trotskismo contra la clase obrera.
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A principios de la década de 1890, los intentos de la clase dominante durante muchos años de silenciar al Partido Socialdemócrata con la ayuda de la represión a través de la Ley Anti -Socialista habían fracasado. Sin embargo, los gobernantes habían logrado orientar las actividades del SPD en gran medida hacia la vía parlamentaria, lo que significaba descuidar gravemente otras actividades fuera de la propaganda electoral, relegando así los esfuerzos teóricos a un segundo plano. En otras palabras, aunque la burguesía no pudo impedir el crecimiento del partido, el veneno ideológico de la democracia se había extendido, socavando la auténtica solidaridad obrera y ahogando cada vez más el espíritu de lucha del partido. Al mismo tiempo, se había desarrollado lentamente un sentimiento entre una parte considerable de los funcionarios del partido, desde los diputados hasta los dirigentes sindicales: no correr el riesgo de ser castigados por el Estado burgués, rehuir cualquier confrontación con la clase dominante, evitar una nueva ley antisocialista; en resumen, ¡agacharse!
Esta evolución se vio favorecida por el hecho de que, tras la guerra francoalemana, Alemania entró en una gigantesca carrera para alcanzar a sus otros rivales europeos y a los Estados Unidos en materia de industrialización. Además, el rápido crecimiento numérico de la clase obrera en las ciudades, que primero tuvo que vivir y trabajar en condiciones higiénicas y materiales miserables antes de que su situación mejorara paulatinamente, suscitó la sensación de que el capitalismo aún podía proporcionar un medio de vida a los trabajadores[1]. Cegados por esta fase ascendente del capitalismo, con las crisis económicas aparentemente superadas, ciertos círculos del SPD comenzaron a cuestionar sus fundamentos programáticos revolucionarios ya a principios de la década de 1890. El rápido crecimiento económico y las ilusiones reformistas resultantes fueron el caldo de cultivo para un creciente oportunismo. El modo en que este cuestionamiento del programa y de los principios de organización estaba inextricablemente unido, iniciando un proceso de degeneración complejo, de múltiples vías e insidioso, no puede describirse exhaustivamente en este artículo. Nuestro objetivo es destacar algunas de las principales características de este proceso a nivel organizativo.
En el llamamiento de la facción socialdemócrata del Reichstag, que apareció poco antes de las elecciones de febrero de 1890, se afirmaba que "la sociedad actual está creciendo hacia el socialismo". El miembro del SPD en el Reichstag, Grillenberger, anunció en febrero de 1891 que el SPD no aspiraba a un derrocamiento violento del orden existente[2]. El socialismo surgiría como resultado de las reformas y no como resultado de la revolución: "Este crecimiento [del partido] en el Estado, como lo he llamado en otro lugar, distingue al partido de la secta. El partido, por muy hostil que sea al orden del Estado en el que opera, no puede evitar integrarse orgánicamente en la vida de ese Estado, de lo contrario sería políticamente estéril. Este ha sido el curso del desarrollo de la socialdemocracia alemana hasta la fecha, como ha sido el curso del desarrollo del Partido Socialista en todos los países en los que ha alcanzado mayor importancia." (Eduard Bernstein, "Disciplina del Partido", Neue Zeit S. 1216). En el debate sobre el Programa de Erfurt, Friedrich Engels se opuso decididamente a la perspectiva de que "la sociedad actual está creciendo hacia el socialismo". Pero por más que Engels denunciara con vehemencia este temprano y abierto menoscabo del programa, tales ideas se propagaron sin embargo de forma aún más ofensiva y clara a finales de la década de 1890. En 1898, el portavoz del reformismo, Eduard Bernstein, publicó "Die Voraussetzungen des Sozialismus und die Aufgaben der Sozialdemokratie" ("Los requisitos previos del socialismo y las tareas de la socialdemocracia"), en el que renunciaba por completo al objetivo del movimiento y lo subordinaba todo al propio movimiento.
Tras la muerte de Friedrich Engels en 1895, Rosa Luxemburgo continuó con estas críticas y expuso ampliamente la posición y la actitud de Bernstein en su folleto Sozialreform oder Revolution (Reforma social o revolución). En el Congreso del Partido de la Socialdemocracia celebrado en Hannover en 1899, dijo en un discurso "sobre la sustitución de la sociedad capitalista": "Es un hecho generalmente conocido que desde hace más de una década tenemos en nuestras filas una tendencia bastante fuerte que simpatiza con las nociones de Bernstein, que quiere presentar nuestra práctica actual como si ya fuera socialismo, y así -inconscientemente, por supuesto- transformar el socialismo por el que luchamos, el único socialismo que no es una frase vacía o un producto de la imaginación, en un mero eslogan revolucionario". Bebel tenía razón al decir despectivamente que las nociones de Bernstein son tan confusas, tan llenas de implicaciones, que no se pueden captar en un esquema claro sin que pueda decir que ha sido malinterpretado. “Anteriormente, Bernstein no escribía así. Esta falta de claridad, estas contradicciones, no deben atribuirse a él personalmente, sino a la tendencia, al contenido de sus ensayos. Si se sigue la historia del Partido en los últimos diez años, y se estudian las transcripciones de los congresos del Partido, se verá que la tendencia de Bernstein se ha fortalecido gradualmente, pero aún no ha madurado del todo. Espero que nunca lo haga"[3]. Subrayó que el hundimiento del partido en el fango no se debía a la "mala política" de la dirección del partido, sino al parlamentarismo y al veneno de la propia democracia. Además de Rosa Luxemburgo como "voz" de la generación más joven, que rastreó con mayor determinación las raíces más profundas del revisionismo, algunos dirigentes más antiguos del SPD, como August Bebel y Wilhelm Liebknecht, también se posicionaron contra los revisionistas.
Alrededor del cambio de siglo, Bebel estaba decidido a declarar la guerra a los revisionistas. "El partido debe saber a qué fase de corrupción y traición a los intereses del partido se ha llegado"[4] La socialdemocracia debe seguir avanzando sobre la base de la irreconciliable lucha de clases contra el orden existente: "Mientras pueda respirar, escribir y hablar, las cosas no deben cambiar. Quiero seguir siendo el enemigo mortal de esta sociedad burguesa y de este orden estatal". (ibid). Y en 1899, un año antes de su muerte, Wilhelm Liebknecht escribió: "Estoy a favor de la unidad del partido, de la unidad nacional e internacional del partido. Pero debe ser la unidad del socialismo y de los socialistas. La unidad con los adversarios, con personas que tienen otros objetivos y otros intereses, no es una unidad socialista. (...) Si nos mantenemos firmes sobre la base de la lucha de clases somos invencibles; si la dejamos, estamos perdidos porque ya no somos socialistas. La fuerza y el poder del socialismo consisten en que llevamos a cabo una lucha de clases, en que la clase obrera es explotada y oprimida por la clase capitalista y en que en la sociedad capitalista son imposibles las reformas efectivas que acaben con el dominio y la explotación de clase. No podemos regatear con nuestros principios, no podemos transigir, no podemos hacer un trato o un tratado con el sistema dominante. Debemos romper con el sistema dominante, luchar hasta la muerte. Debe caer para que el socialismo pueda triunfar”[5] Pero a pesar de esta gran determinación, la mayoría de los defensores del programa no se esforzaron por sacar a la luz las raíces más profundas. Sólo Rosa Luxemburgo y las pocas voces que la rodeaban profundizaron.
Además de la revisión programática, estos revisionistas también comenzaron a socavar los fundamentos organizativos del partido. Bernstein, por ejemplo, abogó abiertamente por la tolerancia de las infracciones de la disciplina: "Porque antes de ser gente del partido, somos seres humanos. (...) En determinadas circunstancias, puede ir en interés del partido y de su sano desarrollo no obedecerla"[6] Por el contrario, Rosa Luxemburgo subrayó que el partido sólo podía funcionar mediante "la subordinación incondicional del individuo a la voluntad general de la organización como fundamento de nuestra existencia como partido (...) Y no hay ninguna excepción, ninguna absolución del deber de disciplina. Porque la disciplina, o vincula a todos en el partido, o no vincula a nadie"[7] Y añadió: "El sentido de la disciplina socialdemócrata] (...) es el instrumento histórico e indispensable para forjar la acción política del programa del Partido, en las resoluciones de los congresos del Partido y en las resoluciones de los congresos internacionales"[8].
Heine reivindicó el derecho a la "libertad de expresión", la "autonomía" y la "libre autodeterminación" en el partido. Al igual que Bernstein, Heine justificó el incumplimiento constante de la disciplina del partido para evitar la "obediencia cadavérica" a la dirección del partido[9]. En el congreso del partido celebrado en Hannover en 1899, Heine exigió la "libertad de crítica sin restricciones", es decir, decir lo que se le ocurra a cada miembro, independientemente de que esté de acuerdo o no con los principios de la organización. Rosa Luxemburg replicó: "He dicho que no hay ningún partido que conceda la libertad de crítica en tal medida como el nuestro. Pero si usted quiere decir que el Partido, en nombre de la libertad de crítica, no debe tener derecho a comentar ciertas opiniones y críticas de los últimos tiempos y a declarar por resolución mayoritaria: no estamos en estas posiciones, debo protestar contra ello, porque no somos un club de discusión, sino un partido político de lucha que debe tener ciertos puntos de vista básicos"[10] Kautsky se sumó a esta concesión a los puntos de vista democráticos cuando, a partir de 1900, adoptó el punto de vista de que debe haber una "competencia de puntos de vista diferentes" en el Partido. En otras palabras, en lugar de una posición mayoritaria del Partido debe haber una coexistencia de diversas posiciones.
Cuando se fundó el SAPD en Gotha en 1875, los estatutos seguían exigiendo que los miembros apoyaran activamente al partido. Alrededor del cambio de siglo se hizo patente la oposición entre las alas oportunista y revolucionaria de la socialdemocracia sobre esta cuestión de los estatutos. Según los oportunistas, el SPD debe convertirse en un "partido del pueblo" que esté "abierto a todo el mundo", porque el mayor número de votos es el objetivo final. Por tanto, el partido no debe comportarse como una "secta". Los revisionistas se oponen a cualquier adhesión a los criterios de afiliación anteriores.
Una característica de la demanda de los revisionistas era que los criterios de admisión fueran lo más débiles posible o que no hubiera ningún criterio de admisión. Desde su punto de vista, un partido de masas podía y debía aceptar cada vez más personas sin una cooperación activa y sin una convicción interna más profunda. Contra el intento de definir los criterios de afiliación de forma más estricta, [Auer] rechazó la propuesta hecha por los delegados en el congreso del partido en Maguncia ya en 1900 de reforzar el primer párrafo de los estatutos del Partido Socialdemócrata exigiendo la participación en el trabajo del partido y la pertenencia a una organización del partido al ingresar en él. Tales exigencias, según Auer, podían repeler del Partido a las mejores personas que se autodenominaban socialdemócratas por el peligro de persecución policial, etc. Según los revisionistas, la cooperación activa ya no era necesaria. En el caso de un partido de masas que sólo estaba orientado a obtener grandes éxitos electorales, uno podía simplemente declarar su acuerdo sin participar activamente. En realidad, la orientación parlamentaria de la actividad del partido condujo a la pasividad en la "vida cotidiana" del partido y a la suavización de su programa. En los estatutos del SPD, en el Congreso del Partido de Maguncia de 1900 se suprimieron todos los pasajes sobre la cooperación activa. Ya no se hablaba de las cuotas de los afiliados, hasta 1905 sólo se hablaba de un "apoyo" permanente mediante donaciones.
Además, los revisionistas objetaron que existía el peligro de que las listas de afiliados (el SPD tenía unos 385.000 afiliados en 1905) cayeran en manos de la policía. Por ello, los estatutos de Jena de 1905 no estipulaban que cada afiliado debía participar en el "trabajo práctico". El peligro de que la policía pudiera proceder de forma represiva contra el Partido se exageró en cierta medida para no obligar a los miembros a participar en las actividades[11], lo que significa que a partir del cambio de siglo el Partido ya no exigía que los miembros participaran activamente en el trabajo del Partido. Sólo se exigía un compromiso "verbal" con el programa y el apoyo financiero[12]. Mientras que, en Alemania, a finales de siglo, la cuestión de la cooperación activa y su definición en los estatutos se produjo en el contexto de la decadencia del Partido, este debate tuvo lugar, como veremos más adelante, en un contexto diferente en el II Congreso del Partido Laborista Socialdemócrata Ruso en 1903.
Al mismo tiempo, los revisionistas del SPD también empezaron a escribir artículos para los periódicos burgueses. También los miembros del partido se presentaron a cargos administrativos oficiales en el Estado, por ejemplo, el miembro del SPD Lindemann se presentó a la alcaldía de Stuttgart. Durante la campaña electoral no presentó ninguna de las reivindicaciones socialdemócratas[13]. Hasta entonces, el partido se había negado a que los miembros del SPD ocuparan cargos públicos estatales. Ahora los revisionistas abogaban también por que se aprobaran en los presupuestos estatales partidas que correspondieran a los intereses de los trabajadores (por ejemplo, educación, seguridad social). Aunque esto todavía no se defendía a nivel nacional para el Reichstag, había diputados del SPD en algunas partes de Alemania (como Baviera y Baden-Württemberg) que apoyaban los presupuestos del gobierno burgués[14].
Mientras que algunas voces del partido apoyaban una mayor centralización organizativa, otras pedían una "federación de asociaciones". Vollmar llegó a advertir que una forma de organización centralizada copiaría la "organización de la burocracia estatal".
Detrás de la reivindicación de los diputados de la "autonomía" del Partido y del federalismo, se podía ver en realidad el abandono de las posiciones programáticas del SPD como partido obrero[15]. Todos estos pequeños pasos mencionados en diferentes niveles eran mucho más que un "fracaso de los dirigentes", como subrayaba Rosa Luxemburgo: más bien expresaban el proceso de integración del aparato del Partido en el Estado.
Hasta 1899, el SPD se enfrentó siempre al peligro de la represión mediante prohibiciones y restricciones a la afiliación y al funcionamiento del Partido (hasta 1899 no podía haber contacto entre las secciones del Partido). A partir de 1899, esta traba cayó gracias a la abolición del "mandamiento de enlace" (prohibición de cualquier contacto entre las partes del Partido). Como este proceso de integración del aparato del Partido en el Estado fue impulsado con más fuerza por los diputados, la fracción parlamentaria volvió a abogar por el control de la dirección del Partido por parte de la fracción del Reichstag, como había hecho en el Congreso del Partido de Haller y Erfurt en 1890/1891[16] Engels se opuso a tales medidas.
Este revisionismo fue acompañado por un abandono del trabajo teórico. Luxemburgo ya había denunciado el debilitamiento teórico en su texto "Estancamiento y progreso en el marxismo" (1903). También Clara Zetkin había denunciado el 11 de septiembre de 1899 en una carta a Karl Kautsky que "no hay un interés vivo por la discusión de las cuestiones fundamentales entre las masas de nuestros camaradas del partido"[17]. El poco valor que se daba a la teoría a nivel de los "funcionarios dirigentes del partido" se muestra en los criterios de selección y la orientación de su trabajo. Se exigían los siguientes elementos: "Expresión precisa, energía de hierro, perseverancia tenaz en la aplicación de las decisiones tomadas..., y al mismo tiempo calma y sensatez... "[18] La voluntad y los esfuerzos para la elaboración teórica ni siquiera se mencionaron. Y Heine se volvió contra el "énfasis en lo teórico" porque es un "error fundamental de nuestra socialdemocracia alemana". Su enfoque era sobre todo la "preocupación por el presente". "Lo principal es que crezcamos. Esto es la lucha de clases. De las demás cosas se encargará el futuro"[19] La negativa a aprender las lecciones del pasado y a centrarse sólo en el presente era una característica esencial del revisionismo. Esto iba acompañado de un apagamiento de las propias reuniones del partido. Así, se diagnosticó y criticó la "tibieza e indolencia" del partido[20].
En los congresos del Partido en torno al cambio de siglo, aumentó la lucha de las fuerzas que querían luchar contra el ascenso del revisionismo. En el Congreso del Partido de Dresde de 1903, por ejemplo, se presentó la siguiente resolución "El Congreso del Partido condena en los términos más enérgicos los esfuerzos revisionistas por cambiar nuestra táctica, que había sido concedida y coronada por la victoria y basada en la lucha de clases, en el sentido de que en lugar de conquistar el poder político venciendo a nuestros adversarios, se lleva a cabo una política de concesiones al orden de cosas existente. La consecuencia de tal táctica revisionista sería que de un partido que trabaja por la transformación más rápida posible del orden social burgués existente en el socialista, es decir, revolucionario en el mejor sentido de la palabra, surgiría un partido que se contenta con reformar la sociedad burguesa. Por lo tanto, en contraste con las aspiraciones revisionistas existentes en el partido, el Congreso del Partido está convencido de que las diferencias de clase no disminuyen, sino que se intensifican constantemente, y declara
1) que el Partido rechaza la responsabilidad de las condiciones políticas y económicas basadas en el modo de producción capitalista y que, por lo tanto, rechaza toda concesión de medios adecuados para mantener a la clase dominante en el gobierno;
2) que, de acuerdo con la resolución de Kautsky del Congreso Socialista Internacional de París de 1900, la socialdemocracia no puede buscar una participación en el poder para gobernar dentro de la sociedad burguesa.
Además, el Congreso condena toda tentativa de encubrir los antagonismos de clase cada vez mayores que existen, con el fin de facilitar una inclinación hacia los partidos burgueses"[21].
Esta resolución fue presentada por Bebel, Kautsky y Singer y aprobada por 288 votos contra 11. Muchos revisionistas que no tuvieron valor en el seno del Partido para votar en contra de la mayoría votaron hipócritamente a favor, para luego defender sus posiciones con mayor decisión. Los Congresos del Partido de 1898-1903 muestran que algunas partes del Partido habían empezado a luchar, es decir, que el Partido no estaba todavía en decadencia sin fuerzas opuestas. El Comité Ejecutivo, al que el ala izquierda del partido presentaba propuestas y mociones para la lucha contra los revisionistas, intentaba cada vez más evitar la cuestión. En el verano de 1904, la dirección emitió una declaración especial con la "petición urgente de suspender todas las 'disputas intrapartidarias en nombre de la unidad'". En el Congreso del Partido de Dresde, como relata Paul Frölich en su biografía de Rosa Luxemburgo, por un lado, se rechazó verbalmente el revisionismo, pero al mismo tiempo se lanzó un ataque feroz y pérfido contra Franz Mehring en el Congreso del Partido. Se puede suponer que este ataque contra Mehring también fue incitado por los revisionistas como una especie de contraofensiva, ya que Mehring pertenecía al campo que rodeaba a Rosa Luxemburgo en ese momento[22]. Lenin denunció la manera "considerada" y "cedente" con la que el SPD trató a los revisionistas en su folleto Un paso adelante, dos pasos atrás[23].
A pesar de que este rechazo a la participación del gobierno y a la aprobación del presupuesto había desafiado inicialmente a los revisionistas, el Comité Ejecutivo quiso que los revisionistas siguieran trabajando en las filas del Partido, aunque socavaran y abandonaran claramente el programa. Muchas partes del partido subestimaron el peligro del revisionismo. Esto refleja la presión permanente de la ideología burguesa para socavar las conquistas teóricas. Muchos lo consideraron un fenómeno meramente temporal y que no ponía en peligro la vida del partido, argumentaban que con el revisionismo se podía convivir en un "debate pluralista y democrático" entre voces "iguales". Victor Adler explicó: "Después de todo, no es una desgracia que tengamos dos corrientes en el partido; lo principal es sólo que la otra (la revisionista) sigue siendo bastante minoritaria. "[24] Kautsky creía desde 1903 que el peligro del revisionismo estaba conjurado, por ejemplo, por la resolución del Congreso del Partido de Dresde citada anteriormente. "El revisionismo teórico como factor político ha sido enterrado" concluia el Congreso del Partido de Dresde[25] Después de que Kautsky tolerara y se comportara con benevolencia con su antiguo amigo íntimo Bernstein durante años, abrigaba esperanzas en él, como demostró su discurso en el Congreso del Partido de Lübeck en 1901: "Bernstein nos recordó que durante diez años trabajó como editor del Social Demócrata. Sí, durante diez años trabajó para el periódico, para nuestra alegría y para nuestro beneficio, y nada deseo más que vuelva a esta tradición (...) Que renueve las viejas tradiciones"[26]. Entre la izquierda había opiniones divergentes sobre la forma de combatir el revisionismo. Bebel transmitió a Kautsky la opinión de que el oportunismo moriría de "muerte natural". "Lo que aplasta al revisionismo es el desarrollo interno y externo de Alemania, que destruye todas sus ilusiones"[27] Esto demuestra hasta qué punto se equivocaba incluso Bebel al analizar el carácter del revisionismo. Mientras que, por un lado, había fuerzas en el Partido que proponían resoluciones contra el revisionismo, por otro lado, algunas de esas mismas fuerzas frenaban o bloqueaban una radicalización de la lucha. "Una moción apoyada por Kautsky, Luxemburgo, Zetkin, entre otros, para incluir la cuestión de la huelga general en el orden del día del próximo Congreso del Partido, fue rechazada por una muy amplia mayoría"[28].
La lucha contra el revisionismo se vio así extremadamente dificultada por la aparición de una corriente centrista que se conciliaba con el revisionismo[29].
Karl Kautsky personificó esta corriente. Se posicionó contra el revisionismo durante un tiempo tras la llegada de Rosa Luxemburgo a Alemania en 1898, pero poco a poco se alejó de esta lucha. En primer lugar, sólo reaccionó después de que Rosa Luxemburgo lo hubiera "azotado con fuerza". Se mostró reacio a hablar en contra de su viejo amigo Bernstein, y luego comenzó a sabotear lentamente la lucha contra el revisionismo.
La comparación entre el papel de Kautsky, considerado como la gran autoridad del marxismo tras la muerte de Engels, y Plejánov, que desempeñó un papel esencial en la difusión del marxismo y del movimiento obrero en Rusia, es reveladora. Plejánov denunció abiertamente al "señor Bernstein", pero Kautsky era reacio a tomar partido; hacía declaraciones teóricas, pero despreciaba las "cuestiones organizativas" y evitaba cada vez más la confrontación con los revisionistas. Aunque su especial relación personal con Bernstein contribuyó a frenarle, se distinguió sobre todo por su falta de voluntad de lucha. En cambio, abogó por la reconciliación con los revisionistas y expresó la esperanza de que Bernstein pudiera volver al buen camino. Cuando Bernstein fue atacado en el Congreso del Partido en Hannover en 1899 y en los siguientes Congresos del Partido, Kautsky argumentó que Bernstein no debía ser excluido del Partido, ya que esto sólo era posible con los miembros que eran "deshonrosos, insultan al partido o contravienen las decisiones del Partido. Bernstein no hace ni una cosa ni la otra. Su actitud no es de oposición decidida, sino de indefinición general. No se puede obligar a nadie a ser consecuente"[30] Esta actitud de blanquear y restar importancia al hecho de que Bernstein rechazara el objetivo de derrocar al capitalismo debilitó la determinación de la izquierda y reforzó el peligro de los revisionistas. El papel devastador del centrismo iba a tener graves repercusiones durante los años anteriores a la guerra, pero también después de 1914, ya que provocó un enorme debilitamiento del trabajo revolucionario en la forma del USPD fundado en 1917. Kautsky y los centristas obstruyeron una mayor reunión de las fuerzas de izquierda porque diluyeron los antagonismos[31] Con los revisionistas y los reformistas no había "normalmente ningún conflicto de intereses, ningún antagonismo de clase, sino simplemente una diferencia de opinión sobre la mejor manera de alcanzar el objetivo común"[32] Lenin, que reconoció tardíamente el carácter y el papel real de Kautsky, escribió en 1914 "Rosa Luxemburgo tenía razón cuando escribió hace tiempo que Kautsky tenía el 'servilismo del teórico', la astucia, más simplemente, la astucia ante la mayoría del partido, ante el oportunismo"[33].
Después de las primeras huelgas salvajes en Pensilvania en 1900, en Bélgica en 1902, en Holanda en 1903, en Hungría en 1904 y en muchos otros países, las luchas revolucionarias en Rusia en 1905 produjeron por primera vez una nueva forma de lucha: los consejos obreros[34].
Bajo la influencia de estos acontecimientos, creció la crítica, sobre todo en la socialdemocracia alemana y más tarde también en los Países Bajos, a la concentración casi exclusiva en las elecciones parlamentarias y a la lucha sindical. "Desde hace un año, las elecciones al Reichstag son la nota clave y la palabra de moda en todas nuestras acciones. De este modo, las masas se ven sistemáticamente fascinadas por las constantes repeticiones de la propaganda electoral; se les hace albergar involuntariamente esperanzas exageradas, como si los resultados de las elecciones significaran una especie de nueva era en la historia política de Alemania, un punto de inflexión en el destino de la lucha de clases (...) Nuestra vida de partido como expresión de los intereses generales de la lucha de clases proletaria tiene sus múltiples vertientes, que no deben descuidarse por ningún propósito táctico temporal. Tenemos tareas que son de carácter permanente, que se extienden más allá de las próximas elecciones al Reichstag y que no deben ser pospuestas bajo ninguna circunstancia"[35] Esto significaba nadar a contracorriente en el Partido, porque el espectacular aumento de miembros y votos del SPD parecía confirmar a primera vista la política de "táctica parlamentaria únicamente". Para el periodo entre 1878 y 1906, el número de afiliados sólo puede estimarse. Antes de la Ley Socialista era de unos 35.000; tras el fin de la Ley Socialista (1890), de unos 75.000; hacia el cambio de siglo, de unos 100.000, tras lo cual aumentó considerablemente, pero sólo lentamente durante las crisis económicas de 1907-1909 y 1912/1913[36].
Año Miembros Crecimiento (%)
1905-06 384.000
1906-07 530.000 38
1907-08 587.000 11
1908-09 633.000 8
1909-10 720.000 14
1910-11 836.000 16
1911-12 970.000 16
1912-13 982.000 1
1913-14 1.085.000 11
En 1905, el Leipziger Volkszeitung criticó al Partido por estar demasiado orientado a la lucha parlamentaria, afirmando que existía el peligro de que la socialdemocracia se quedara en un "mero mecanismo electoral".
"Cuanto más crecen nuestras organizaciones, que comprenden cientos de miles y millones, más crece inevitablemente el centralismo. Pero la pequeña cantidad de contenido intelectual y político, de iniciativa y de decisión que las organizaciones desarrollan en la vida cotidiana del Partido se transfiere así por completo a los pequeños círculos de la cúpula: a los comités ejecutivos de las asociaciones, a los consejos de distrito y a los parlamentarios. Lo que queda para la gran mayoría de los miembros son las obligaciones de pagar las cuotas, distribuir folletos, votar y hacer campaña para las elecciones, ir a llamar a las puertas y recoger las suscripciones a los periódicos, etc."[37].
Mientras que entre los revisionistas aumentaba la sensación de "invencibilidad" del Partido como resultado de estos éxitos cuantitativos, muchos trabajadores también tenían la sensación de que el Partido era cada vez más poderoso gracias a sus numerosos escaños en el parlamento. En realidad, la vida en el propio Partido se había vuelto, por un lado, cada vez más superficial, mientras que, por otro, se producía una fusión cada vez más estrecha entre el aparato sindical, los parlamentarios y el aparato estatal. "Entre la socialdemocracia y el mundo burgués se creó una ósmosis espiritual a través de la cual las toxinas de la descomposición burguesa podían penetrar libremente en la circulación sanguínea del cuerpo del partido proletario."[38]
"Los revisionistas atacan constantemente el programa, violan repetidamente los principios del partido, pero evitando siempre una definición clara e inequívoca de su posición. (...) [Los revisionistas] han jugado con todos los principios básicos de la cosmovisión socialdemócrata. Algunos han tirado por la borda el materialismo histórico, otros la teoría de la ley del valor. El concepto de la lucha de clases -decían- debía ser complementado, la teoría de la crisis de Marx, la teoría de la renta de la tierra se ha vuelto a sus ojos cuestionable. (...) En la socialdemocracia alemana, nos hemos vuelto en parte terriblemente indiferentes a las cuestiones políticas, porque la posibilidad de desarrollar acciones políticas es muy pequeña. Esta circunstancia beneficia a los revisionistas. A pesar de todas sus derrotas, han defendido su territorio, porque los trabajadores organizados eran demasiado a menudo indiferentes a lo que ocurría en las redacciones, en los parlamentos, en los ayuntamientos. (...) Esta necesidad de paz condujo entonces al florecimiento del revisionismo en algunos órganos del Partido, aunque los miembros de la sección del Partido que tiene que decidir sobre el órgano están muy alejados del revisionismo... En cierto sentido, ha surgido un partido dentro del Partido, se ha desarrollado una camarilla. (...) Hay un plan detrás de esto. (...) La política de camarilla se llevó a cabo en contra de la voluntad de la inmensa mayoría del partido. Hace diez años [1898] se inició la lucha político-teórica por los principios del Partido en el Congreso del Partido de Stuttgart. En esta lucha los revisionistas sufrieron una derrota tras otra. Ahora ya no es necesario defender los principios teóricos, sino decidir en Nuremberg si el Partido puede ser violado por la camarilla. Hay que poner un freno inquebrantable a las artimañas de los que quieren pisotear la ley formal y moral en el Partido"[39] Hermann Duncker también señaló que en el partido se había desarrollado un aparato de poder cada vez más autónomo. "Pero las masas están paralizadas por los funcionarios. Como un lazo, el cuerpo de funcionarios y funcionarias estrangula a las masas. Es el terrible lado oscuro de la burocracia. "[40]
Ya a principios de la década de 1890, la derecha había comenzado a estrechar lazos entre sí. Engels hablaba de "lazos especiales", incluso de una especie de pandilla[41]. El 6 de octubre de 1903, Zetkin escribió a Bebel: "Los revisionistas 'trabajan' aparentemente según un plan maestro y según un esquema acordado (...) Nos enfrentamos a una conspiración total (...) Mirar hacia otro lado con el silencio y tratar de encubrir y dejar que crezca la hierba por encima equivaldría a manchar el Partido con el estigma de esta corrupción más profunda"[42] En el Congreso del Partido de Dresde, en 1903, los revisionistas celebraron una conferencia especial[43] También se intensificaron cada vez más los contactos entre ciertos círculos de la burguesía y las fuerzas dirigentes de la fracción parlamentaria. "Al amparo de la 'educación' y la 'cultura humana general', los parlamentarios socialdemócratas se reunían con periodistas burgueses en hermosas tardes de invierno para 'recuperarse de las penurias de la profesión' y de la 'tertulia política'"[44].
Desde el cambio de siglo, los principales oportunistas se habían agrupado en torno a Heine y Vollmar, entre otros, que se reunían regularmente en "tardes de cerveza" o "tardes de jueves". El creciente número de reuniones entre representantes de los revisionistas y ciertos círculos capitalistas no había escapado a la atención de las fuerzas revolucionarias. Bebel escribió a Karl Liebknecht el 10.11.1908 que estas veladas de cerveza "reunían a toda la camarilla revisionista"[45] Además de este acercamiento de la derecha en reuniones separadas de todo tipo (entre sí en el partido o con determinados círculos de la burguesía), se avivó también una campaña de desprestigio en el SPD contra las fuerzas que luchaban contra la degeneración. Toda voz, ya sea desde las filas del propio SPD o desde el extranjero, que tratara críticamente a los revisionistas y a la dirección del Partido, fue combatida con gran determinación y de forma muy pérfida[46] Lo hemos documentado detalladamente en un artículo anterior[47].
El revisionismo que había surgido en aquella época había alcanzado proporciones particularmente fuertes y una importancia especial en Alemania debido al carisma y la posición destacada de la socialdemocracia alemana, que contaba con más de un millón de afiliados. Durante mucho tiempo, Kautsky fue considerado casi como el "Papa del marxismo", y Bernstein apareció internacionalmente como el "portavoz" del revisionismo. Sin embargo, el revisionismo no se limitaba en absoluto a Alemania: en Francia, por ejemplo, Millerand se había unido al gobierno francés que contaba con Gastón, marqués de Galliffet, el carnicero de los comuneros de París en 1871. En Italia, el movimiento reformista en torno a Turati y la revista La Critica Sociale representó la mayoría en el Congreso de Imola de 1902.
En otros artículos de nuestra prensa hemos tratado con detalle los antecedentes y el desarrollo del II Congreso del Partido del POSDR[48]
Como ya explicamos con más detalle en esta Seire, era una época en la que se acercaban las convulsiones históricas, la transición de la fase ascendente a la decadente del capitalismo. Una característica de este proceso era que las condiciones para la existencia o formación de un partido de masas se estaban desintegrando lentamente. Mientras que en un partido de masas podía haber miembros relativamente pasivos, un partido en la fase decadente del capitalismo exigía una participación más activa que nunca. Ya no bastaba con hacer principalmente campaña electoral, sino que el partido debía convertirse en un partido numéricamente pequeño pero combativo, dependiente del compromiso activo de todos sus miembros. Aunque Lenin aún no podía sentir esta agitación tan claramente durante la discusión de los estatutos en el II Congreso del Partido en 1903, este cambio se cernía sobre el partido y, en este sentido, el debate anticipó el debate sobre las nuevas condiciones del papel del partido que surgió apenas 20 años después, a partir de 1919[49].
Cuando el oportunista Wolfgang Heine abogó por la defensa de la autonomía local, Lenin señaló los paralelismos de pensamiento entre gente como Heine y los mencheviques. "Wolfgang Heine escribió en un artículo publicado en abril de 1904 por el Sozialistischen Monatshefte contra la injerencia de las 'autoridades designadas', es decir, la ejecutiva del partido, en las actividades de las organizaciones socialdemócratas. Heine se presentó como pionero del "principio democrático" y se rebeló contra la supuestamente peligrosa "tendencia a la burocratización y centralización del partido" (Wolfgang Heine, "Demokratische Randbemerkungen zum Fall Göhre". En Sozialistische Monatshefte, 1904, nº 4, p. 281-291). Heine tomó prestadas sus conclusiones más importantes del folleto de Martov "De nuevo en minoría" y de su discurso en el II Congreso del Partido para enfrentar a las instituciones locales del partido con las centrales y para advertir al partido contra una "política doctrinal" en la que "todas las decisiones políticas importantes se tomaran desde una oficina central". En primer lugar, se opuso a la noción de disciplina. Heine se oponía a "la creación de una gran organización global, lo más centralizada posible, una táctica, una teoría". Estas advertencias contra la degradación, el 'amordazamiento', la 'burocratización' de la libre lucha ideológica y la reivindicación de la 'libertad de crítica' así como de la 'creatividad ideológica absolutamente individual' eran la expresión concentrada del individualismo ..."[50] Dentro del SPD, el esfuerzo por abandonar la centralización y socavar la autoridad de los Congresos del Partido expresaba una clara revisión y regresión. La posición adoptada a principios de la década de 1890 en el Congreso de Halle/Erfurt de que la soberanía del Congreso debía ser aplicada por los órganos centrales del mismo y que éstos debían ser vinculantes para todos los miembros e instancias del Partido, fue rechazada aquí. Por otra parte, la insistencia en la sumisión a las decisiones del Partido en las filas del POSDR significó un claro paso adelante respecto al espíritu de círculo que prevalecía hasta entonces. Los revisionistas del SPD y los mencheviques en el II Congreso del POSDR tocaron la misma bocina.
Unas semanas después del II Congreso del Partido del POSDR, se celebró el Congreso del Partido del SPD, sin que la policía de Dresde lo impidiera[51][52] En diciembre de 1903, la prensa del SPD informó por primera vez sobre este Congreso del Partido. Medio año después apareció la crítica de Rosa Luxemburgo a la posición de los bolcheviques "Cuestiones organizativas de la socialdemocracia rusa"[52]. Cuando Lenin le contestó poco después, Kautsky, como editor del Neue Zeit, se negó a publicar su artículo[53]. La "noticia de la disputa rusa" perjudicaría las simpatías de los socialdemócratas alemanes por los socialdemócratas rusos en ambos sentidos. "Es una 'disputa familiar' que no tiene 'importancia internacional', Lenin ha comenzado esta 'siniestra disputa'" Kautsky describió la disputa entre mencheviques y bolcheviques como una "disputa personal" como resultado de "hostilidades puramente personales" entre los líderes de ambas fracciones. (Kautsky, Carta a Axelrod 14.2.1905). Afirmó además que "todavía no conocemos a su Lenin, y no podemos creerle así como así"[54] Como declaró Lenin más tarde, Vorwärts no sacó ni un solo artículo con una valoración objetiva de la actividad de los bolcheviques, mientras que en Neue Zeit los mencheviques y Trotsky escribieron varios artículos despectivos[55] Desde el punto de vista de Kautsky, la cuestión de la afiliación al partido "no era una cuestión de principios". En las columnas de la Iskra menchevique afirmaba que la "mayoría no debe imponer su voluntad a la minoría", sino que debe acordar con ella sobre la base de "las mayores concesiones mutuas posibles". Así, se rechazó la posición del Congreso del Partido de Erfurt, según la cual las resoluciones del Congreso del Partido eran vinculantes y, por tanto, las minorías debían aceptar y aplicar las resoluciones de la mayoría.
Otra razón por la que la dirección del partido del SPD y el ala que rodeaba a Kautsky evitaron posicionarse sobre la lucha en el POSDR fue que el SPD estaba tomando realmente partido por los mencheviques. Kautsky escribió: "Si tuviera que elegir entre Mártov y Lenin, me pronunciaría a favor de Mártov sobre la base de toda nuestra experiencia en Alemania"[56]. Kautsky tenía la intención de publicar un artículo contra los bolcheviques en Iskra. En general, apenas hubo voces del SPD que apoyaran la posición de los bolcheviques en ese momento.
Además, se puso de manifiesto la profunda divergencia de Kautsky con los bolcheviques en cuestiones organizativas: creía que el principio de autonomía, al que atribuía los éxitos de la socialdemocracia alemana en los años de la Ley Socialista, debía convertirse en el principio organizativo determinante del POSDR. Como se ha desarrollado anteriormente, una cierta autonomía de las unidades locales del Partido era inevitable en la época de la Ley Socialista, pero desde el final de la Ley Socialista y, sobre todo, después de la abolición de cualquier restricción al funcionamiento del SPD a finales de siglo, no había justificación para estas medidas de protección de las secciones locales en forma de una cierta autonomía del Partido en su conjunto. En realidad, se trataba de una visión localista y anticentralista que era expresión de las concepciones federalistas imperantes en la II Internacional.
Estos diversos aspectos (intento de minimizar u ocultar las divergencias, toma de partido por los mencheviques, presentación de la cuestión de principios como una disputa entre personas, rechazo de la centralización, rechazo del punto de los estatutos que exige la participación activa en el partido) ilustran la regresión de partes del SPD en aquella época.
Al mismo tiempo, los estatutos de los demás partidos de la II Internacional no eran más claros en cuanto a la afiliación y la centralización[57].
Aunque la mayoría del SPD no entendía lo que estaba en juego en el II Congreso del Partido del POSDR, y aunque parte de ellos se había posicionado abiertamente a favor de los mencheviques, se podría argumentar que esta percepción de la lucha en Rusia estaba moldeada por las diferentes condiciones objetivas y, por tanto, en cierto modo, distorsionada.
De hecho, había grandes diferencias entre las situaciones de los dos partidos. En Alemania, había signos de un declive político del partido, como lo demuestra, entre otras cosas, la degeneración de la fracción del Reichstag. El débil comité ejecutivo, que sólo era "empujado" por la iniciativa "desde abajo", por la masa de miembros del partido, mostraba rasgos revisionistas cada vez más claros y una creciente integración en el Estado. Por ello, en esos años Rosa Luxemburgo puso el acento en la actividad de masas, en la "iniciativa desde abajo", en la "espontaneidad", en la vigilancia, en el pensamiento independiente de la base. Ella mostraba, con razón, una "desconfianza" hacia una dirección poderosa que actuaba cada vez más de forma autónoma. En Rusia, en cambio, no había un "peso opresivo" comparable de un órgano central, sino una lucha en la que el espíritu del círculo debía ser desterrado por el espíritu del partido y las resoluciones del Congreso debían ser respetadas a toda costa.
Mientras que los revolucionarios en Rusia siempre lucharon con una represión mucho más drástica bajo las condiciones de ilegalidad del zar, y mientras que esta ilegalidad no impidió que el Partido hiciera de la cuestión de la afiliación y la cooperación activa un tema central en el II Congreso del Partido en 1903, la objeción del "veterano" líder del SPD, Auer, de que un compromiso con la participación activa podría llevar a la exposición al Estado, era sobre todo una excusa oportunista, una concesión a la democracia burguesa y sus perniciosos mecanismos.
En nuestro artículo en la Revista Internacional 118[58] tratamos en detalle las divergencias entre Lenin y Luxemburgo y criticamos las deficiencias del enfoque de Rosa Luxemburgo. En su artículo "Cuestión organizativa de la socialdemocracia rusa" advirtió, entre otras cosas, contra el "ultracentralismo"; la dirección del partido no debería estar "dotada de poderes tan absolutos" como "lo hace Lenin"[59] En su respuesta a Rosa Luxemburgo, Lenin subrayó que no defendía el "centralismo despiadado", sino la disciplina elemental del partido violada por los mencheviques. No consideraba al Comité Central como el "verdadero núcleo activo del partido", sino que sólo defendía sus derechos estatutarios. Sólo exigía que el Comité Central representara la dirección de la mayoría del partido. Lenin escribió: "nuestra controversia ha sido principalmente sobre si el Comité Central y el Órgano Central deben representar la tendencia de la mayoría del Congreso del Partido, o si no deben hacerlo."[60] [62]... "prefiere declamar contra la subordinación mecánica de la parte al todo, contra la sumisión servil, la obediencia ciega y otros bichos semejantes. Le agradezco mucho a la camarada Luxemburg que haya explicado la profunda idea de que la sumisión servil es muy perjudicial para el Partido, pero me gustaría saber: ¿considera la camarada normal que las supuestas instituciones centrales del Partido estén dominadas por la minoría del Congreso del Partido? - ¿puede imaginarse algo así? - ¿lo ha visto alguna vez en algún partido? [La camarada] prefiere refunfuñar contra el sometimiento mecánico de una parte al todo, contra la obediencia cadavérica, contra la subordinación ciega y fantasmas similares. Agradezco mucho a la camarada Luxemburgo la presentación de la idea más ingeniosa de que la obediencia cadavérica es muy perjudicial para el partido, pero quisiera saber: ¿la camarada lo considera normal, puede permitirlo, ha visto alguna vez en algún partido que en las autoridades centrales, que se llaman autoridades del partido, pueda dominar la minoría del congreso del partido?" Lenin también respondió que "(...) ya ha pasado la época en que una institución del Partido podía ser suplantada por un círculo privado"[61].
En vista de la experiencia con el peso aplastante y paralizante de la dirección del partido alemán, contra la cual era necesaria una movilización de "la base", Luxemburgo concluyó que "el ejército proletario se recluta sólo en la lucha y sólo en la lucha se hace claro sobre las tareas de la lucha. (...) Las grandes masas deben actuar a su manera, ser capaces de desplegar su energía de masas, su energía, deben actuar como masas, actuar, desarrollar la pasión, el coraje y la determinación"[62] Si bien Rosa Luxemburgo tenía razón en 1905 en su análisis de la importancia del movimiento huelguístico de masas y de la fuerza motriz interna, la espontaneidad, de la clase, hay que subrayar que la iniciativa de la clase por sí sola no es suficiente. Para llevar a cabo una revolución con éxito, es indispensable una organización revolucionaria, pero ésta no se produce sólo por la espontaneidad de las masas. Es el resultado de años, incluso décadas, de dura lucha en la que hay que elaborar y defender posiciones y principios. Aunque Luxemburgo estaba de acuerdo con esta necesidad, su énfasis, marcado por la experiencia, especialmente en Alemania, estaba en el hecho de que la gran masa de miembros del partido tenía que empujar a la "dirección". "Las masas deben pasar a primer plano para empujar el barco del partido hacia adelante, entonces podrán mirar con confianza al futuro"[63] Y temía, a la luz de la experiencia alemana, que una dirección "centralista" demasiado fuerte sólo conduciría a la victoria del oportunismo. Pero las raíces del oportunismo no sólo estaban en el parlamentarismo burgués, cuyo peso en Alemania era mucho más abrumador que en Rusia. En otras palabras, la disputa entre Luxemburgo y Lenin giraba en torno a la cuestión de cómo debía construirse la organización y cuál era la relación entre espontaneidad y conciencia en el movimiento revolucionario. La organización revolucionaria no puede ser simplemente el "espejo" de la propia clase, y su papel no debe depender del grado y extensión de la espontaneidad de la clase obrera. El énfasis en la necesidad de la espontaneidad en Rosa Luxemburgo tras la aparición de la huelga de masas en 1905, y de la iniciativa y vigilancia de las amplias masas del partido frente a una dirección voluble u oportunista, en cuyas manos la centralización se convirtió en realidad en una herramienta para estrangular la actividad de la base del partido, era totalmente correcto, pero no debe ponerse en el mismo plano que la construcción del partido[64] Existe el peligro de difuminar la distinción entre clase y partido.
En cierto sentido, la construcción de la organización debe "preceder" a la acción de la clase, porque las organizaciones revolucionarias no deben esperar a que la clase esté "suficientemente preparada y madura" para construir la organización, porque la maduración y la capacidad de radicalización de la clase depende también de la intervención de los propios revolucionarios.
Quizás aquí podemos ver debilidades más profundas en el punto de vista de Rosa Luxemburgo, quien, mientras llevaba a cabo una exposición muy combativa y lúcida de la dirección seguida por los revisionistas de y la política de estrangulamiento de la dirección del SPD, descuidó el componente de los esfuerzos activos para construir la organización. Aunque éste era sólo un aspecto de las debilidades de los revolucionarios, como veremos más adelante, puede haber habido indicios de lo que la Izquierda Comunista de Francia diagnosticó décadas después: "La historia iba a confirmar magistralmente la posición de Lenin. Sin entrar a examinar otros múltiples factores de la situación rusa, podemos afirmar que, si en octubre de 1917 triunfó la revolución proletaria, se debe sobre todo a la realización de esta condición decisiva, a la existencia de este partido que Lenin forjó incansablemente durante 20 años. En cambio, en 1918 en Alemania se produjo la derrota de la revolución, una de cuyas causas, y no la menor, a pesar de la magnífica y heroica combatividad de las masas, fue la tardía formación del partido, de ahí su inexperiencia, sus vacilaciones y su incapacidad para conducir la revolución a la victoria. Este fue el precio y la invalidación experimental de la teoría de Rosa Luxemburgo sobre la espontaneidad del movimiento revolucionario"[65].
Sobre todo después de las huelgas de masas de 1905 en Rusia, los dirigentes del SPD y de los sindicatos sintieron que la propia iniciativa de los trabajadores, el desarrollo de las huelgas de masas, la agrupación de las fuerzas de la clase obrera en consejos obreros, etc., y las lecciones y orientaciones que debían extraerse de ellas, especialmente de Rosa Luxemburgo en "Huelga de masas, partido y sindicatos", y de Pannekoek en "Diferencias tácticas en el movimiento obrero", se convertirían en una amenaza para ellos. Desde su punto de vista, todo lo que venía de Rusia -huelgas de masas, consejos obreros, el partido ruso -especialmente los bolcheviques- no sólo se veía con recelo, sino que se rechazaba con gran arrogancia.
En la historia del movimiento revolucionario había habido reveses, represión, dispersión y también la disolución real de la Liga Comunista y de la Primera Internacional. El movimiento revolucionario también había ganado experiencia en la lucha contra el oportunismo, el anarquismo y el aventurerismo. Pero nunca un partido había degenerado, y por lo tanto el movimiento revolucionario no tenía experiencia en la defensa de la organización contra ella.
En primer lugar, fue un gran desafío reconocer este peligro de degeneración. Aunque Marx, Engels y Bebel ya habían expuesto los primeros signos oportunistas y revisionistas en la década de 1880, cuando el revisionismo tomó una forma más sólida en la década de 1890 y fue prácticamente elaborado en un programa por Bernstein, Rosa Luxemburgo fue la primera en poner este desarrollo en un marco teórico-programático más profundo con su texto "Reforma social o revolución". En ese período expuso con mayor claridad la incompatibilidad de la orientación revisionista y el marxismo. Al mismo tiempo, era necesario analizar las causas más profundas y el desafío que suponía la inminente convulsión en el desarrollo del propio capitalismo, cuya fase ascendente estaba llegando a su fin, y en la que se veían los primeros signos de decadencia.
Las respectivas convulsiones, como la integración gradual del aparato sindical en el aparato estatal y el sometimiento del Partido a los sindicatos[66], la aparición de los consejos obreros en Rusia en 1905 y el nuevo fenómeno de la huelga de masas, así como la identificación de gran parte del aparato del Partido con los parlamentarios a la cabeza con el Estado, el embotamiento del Partido por el democratismo y la creciente erosión de la voluntad de lucha, todos estos signos lentamente reconocibles formaban parte de una transformación de gran alcance e interconectada. Pero las fuerzas revolucionarias de la época no consiguieron situar estos fenómenos en un contexto claro.
El trasfondo era la creciente integración del aparato del Partido en el Estado, incluso la identificación de los sindicatos y del propio Partido con el Estado. Aunque este proceso fue encarnado más claramente por los dirigentes, la fracción parlamentaria y los funcionarios sindicales, no se limitó a unas pocas personas. Por eso, ninguna expulsión rápida y decidida de los revisionistas habría resuelto el problema, ya que era el producto de un proceso general de decadencia en el que cambiaban las condiciones de la lucha en el conjunto de la sociedad. Esto sólo podía percibirse como el germen de una idea en aquel momento.
Los demás partidos de la II Internacional tampoco eran conscientes del alcance del proceso de decadencia. Como la mayoría de los partidos estaban cegados por los éxitos electorales del SPD y, por tanto, el SPD era casi glorificado también a nivel internacional, la conciencia de esta dinámica no surgió hasta muy tarde. En Rusia se encontraban algunos de los mayores admiradores del SPD[67].
Sin embargo, las fuerzas más decididas habían declarado una lucha inquebrantable contra este proceso de decadencia. Los enfrentamientos en el Congreso del Partido de Hannover de 1899 hasta el Congreso del Partido de Dresde de 1903 reflejan esta determinación.
Alemania fue un campo de batalla principal en la lucha internacional entre el revisionismo y los defensores del marxismo. Si bien hemos tratado aquí con más detalle la reacción en el SPD a la evolución del POSDR, en realidad hay que tener en cuenta la situación en los demás países para obtener una visión más completa. Por razones de espacio, no lo hemos hecho aquí. Sin embargo, incluso durante estos años de debate sobre la cuestión de la organización, quedó claro que ya entonces existía una gran diferencia entre el POSDR y el SPD (y esencialmente lo mismo ocurría con los demás partidos de Europa). Con los bolcheviques y Lenin había cristalizado en el POSDR un polo decidido que defendía el respeto a las decisiones del partido, mientras que en el SPD había sobre todo voces individuales contra el oportunismo, como la de Rosa Luxemburgo o en parte todavía la de Bebel, pero no aparecían como una fuerza fuerte y unificada y no se convertían en un polo eficaz. Los bolcheviques y las fuerzas de izquierda en Alemania no diferían en su voluntad de lucha, su intransigencia y su compromiso. Pero las fuerzas de izquierda del SPD carecían de unidad, cohesión y capacidad de acción conjunta.
Después de que el revisionismo apareciera claramente en 1890 en el Congreso del Partido de Halle y Erfurt, y de que las fuerzas de izquierda lo desenmascararan decididamente y lo mantuvieran en parte bajo control, algunos camaradas del ala izquierda del SPD todavía consideraban hacia 1900 que los revisionistas habían sido suficientemente desenmascarados en el Congreso del Partido de Hannover en 1899 y en Dresde en 1903. Pero, aunque el revisionismo había sido denunciado oficialmente en las resoluciones del partido y rechazado por la mayoría, en realidad había penetrado cada vez más profundamente en el SPD por la puerta trasera, por así decirlo.
Como ya se ha dicho, los acontecimientos de 1905, cuando, por un lado, la huelga de masas de los obreros en Rusia anunció las nuevas condiciones de la lucha de clases en el capitalismo decadente, y, por otro, la agravación del peligro de guerra, demostrada por la guerra entre Japón y Rusia y, más tarde, por las crecientes tensiones entre las potencias europeas, iban a dejar claro que el revisionismo cada vez más desenfrenado sólo podía ser rechazado por una oposición que hubiera concentrado y fusionado sus fuerzas[68].
Sin embargo, a pesar de esta evolución, ni en el seno del SPD ni a nivel internacional se tomaron medidas suficientes para unir a las fuerzas internacionalistas y contrarias al revisionismo. Al mismo tiempo, Lenin seguía siendo relativamente desconocido fuera del ámbito del partido ruso. "Este trabajo de fracción de Lenin se llevó a cabo sólo dentro del partido ruso, sin ningún intento de llevarlo al nivel internacional. Basta con leer sus discursos en los distintos congresos para convencerse de que esta obra permaneció completamente desconocida fuera del ámbito ruso."[69]
En el Congreso de la II Internacional, celebrado en Stuttgart en 1907, donde fue acompañado por una manifestación de 60.000 personas contra la guerra, se adoptó una resolución contra la amenaza de guerra, que fue redactada conjuntamente por Lenin, Luxemburg y Martov y que iba más allá de la original y vacilante redactada por Bebel. Esto dio testimonio de la determinación de las fuerzas internacionalistas de izquierda de trabajar juntas para contrarrestar la amenaza de guerra por encima de las fronteras nacionales. Pero en el conjunto de los partidos no se intensificó la resistencia al peligro de guerra. Lo mismo se repitió posteriormente en los Congresos de Copenhague de 1910 y de Basilea de 1912. En retrospectiva, hay que decir que la cooperación de las fuerzas de izquierda tuvo lugar casi exclusivamente en los Congresos y a través de estas proclamas contra el peligro de guerra; en la lucha contra el revisionismo y en torno a la cuestión de la organización permanecieron en gran medida fragmentadas.
Mientras que el creciente peligro de guerra exigía algo más que acciones y resoluciones conjuntas en los congresos, las divergencias en torno a la cuestión de la organización impidieron que las fuerzas de izquierda se acercaran. Esto era tanto más trágico cuanto que, como ya se ha dicho, la derecha y los revisionistas hacía tiempo que se habían acercado.
Paul Frölich relata en su autobiografía que sólo había contactos entre ellos en las distintas ciudades, pero no había esfuerzos entre ciudades para lograr un planteamiento común, una soldadura, y mucho menos una centralización de la oposición en el seno del SPD[70] Una de las lecciones aprendidas de la lucha por la organización en el Congreso de La Haya, más de 30 años antes, había sido que la conspiración de Bakunin sólo podía ser repelida por la acción decisiva del Consejo General de la Primera Internacional. No basta con una cooperación informal: hay que construir un frente sólido y bien organizado. Es cierto que hubo aproximaciones en este sentido en el Congreso del Partido de 1910 en Magdeburgo o en el Congreso del Partido de 1911 en Jena, cuando los delegados de la izquierda se reunieron para realizar consultas especiales[71]. La izquierda también estaba más fuertemente representada en algunas ciudades, especialmente en las redacciones de los numerosos periódicos y revistas del SPD, pero no hubo pasos hacia una prensa común. En 1913, después de haber sido amordazados uno tras otro, Rosa Luxemburgo y otras fuerzas de izquierda renunciaron al Leipziger Volkszeitung, y a partir de diciembre de 1913 publicaron Sozialdemokratische Korrespondenz (Correspondencia Socialdemócrata). "Los tres, y quiero subrayarlo especialmente, somos de la opinión de que el Partido atraviesa una crisis interna, mucho, mucho más difícil que en la época en que surgía el revisionismo. La palabra puede ser dura, pero estoy convencido de que el Partido amenaza con caer en la decadencia si continúa así. En una situación así, sólo hay una salvación para un partido revolucionario: la autocrítica más aguda y despiadada que se pueda imaginar. Por eso creo que el papel del Leipziger Volkszeitung, de acuerdo con su tradición anterior, es que tiene que perseguir estas tareas día tras día ahora."[72]
Mirando hacia atrás, se puede ver que antes de la guerra no se había establecido ninguna red de fuerzas de izquierda que pudiera haber representado un polo organizativo sólido y un puente hacia el dramático periodo posterior a 1914, cuando la dirección del partido había traicionado el internacionalismo. Como resultado, las fuerzas de izquierda no habían aprendido a cooperar como una fracción independiente dentro del SPD y dentro de la Segunda Internacional en su conjunto. En resumen, mientras que, por un lado, los bolcheviques dentro del POSDR lucharon sin descanso contra todo tipo de fuerzas oportunistas y liquidacionistas, ganando años de importante experiencia de lucha para la organización y aprendiendo también a tratar las divergencias sin que la organización se rompiera, las fuerzas de izquierda dentro de la socialdemocracia en Alemania no adquirieron un fondo de experiencia comparable.
En el SPD se formaron "grupos de trabajo", pero nunca pudieron representar el polo de lucha que los bolcheviques habían logrado durante años dentro del POSDR. La izquierda nunca fue más allá de algunos pequeños pasos aquí y allá.
A partir del otoño de 1910, en algunas ciudades del sur de Alemania se fundaron "Karl-Marx-Klubs", en los que se reunían las fuerzas de izquierda. Las fuerzas de la derecha se movilizaron inmediatamente contra su existencia. En Stuttgart, en 1910, la izquierda consiguió poner a la Asociación Socialdemócrata bajo su influencia. Sobre todo, los escritos y la aparición del grupo en torno a Rosa Luxemburgo no dejan lugar a dudas de que lucharon sin miedo, pero esta resistencia permaneció fragmentada y su fuerza de atracción como polo siguió siendo demasiado débil. Ciertamente, el hecho de que el SPD contara con más de un millón de afiliados favoreció la inercia de las masas, que de todos modos nunca habían adquirido ese espíritu de lucha. Como resultado de este polo insuficientemente discernible, no hubo una clara delimitación del centro y los revisionistas. Mientras el dogma de la unidad se seguía presentando en la esfera pública, el Partido ya se estaba desgarrando internamente. Pero el polo internacionalista y revolucionario no podía distinguirse con suficiente claridad, ni en el Partido ni en el conjunto de la clase. En el curso de la guerra, especialmente en 1917 y 1918, el resultado fue que muchos trabajadores no pudieron ver con suficiente claridad la diferencia entre el SPD, el USPD y los espartaquistas y otras fuerzas de la izquierda revolucionaria. En una organización que degenera, la resistencia a esta degeneración exige también una organización independiente DENTRO del partido, para soldar los elementos más lúcidos y preparar el futuro. Por falta de estos esfuerzos, en 1914, a la hora de organizar la resistencia en condiciones de ilegalidad, no había canales y redes adecuadas de fuerzas de izquierda para discutir, aclarar y actuar.
No estaban preparadas para la ilegalidad, a pesar de que el peligro de la guerra y el consiguiente empeoramiento de las condiciones para el trabajo de los revolucionarios habían sido reconocidos desde hacía años. La guerra significaba también que la lucha contra los traidores tenía que situarse en un nuevo nivel[73] La fijación en las elecciones, en el trabajo parlamentario, es decir, en todo el marco de la democracia burguesa, había conducido a una cierta parálisis y al abandono de la experiencia de los revolucionarios de las luchas anteriores[74] Mientras que la izquierda había observado y denunciado el creciente fango oportunista y el rechazo abierto de los principios, especialmente cuando se trataba de la cuestión de la guerra, los revolucionarios no se habían adaptado realmente de forma consecuente a ello.
Como ya se ha mencionado, las fuerzas de izquierda en el SPD a finales de la década de 1890 incluían a figuras destacadas como Bebel, Wilhelm Liebknecht y Karl Kautsky. Sin embargo, pronto quedó claro que Kautsky quería evitar la lucha contra el revisionismo, y que sólo se le pudo convencer de que se posicionara en contra de Bernstein tras una considerable presión de Rosa Luxemburgo. Después de 1903-1905 se comportó de forma cada vez más abiertamente centrista, mientras que en el extranjero fue considerado durante mucho tiempo como un líder teórico, incluso como el "Papa del marxismo". La delimitación de tales fuerzas "teóricamente" reconocidas, pero centristas, es una empresa difícil. Y personalidades conocidas como líderes, como Bebel y Wilhelm Liebknecht, que siempre se habían ganado un gran prestigio por su aparición en el parlamento, se mostraron incapaces de dirigir una oposición decidida contra los revisionistas[75]. Rosa Luxemburgo, que resistió a los revisionistas con la mayor fiereza y valentía, y cuyos puntos de vista programáticos formaban la antítesis más clara a ellos, fue escuchada a menudo con mucho entusiasmo en las reuniones, a pesar de toda la campaña de desprestigio contra ella[76], pero los "mejores", los "más claros" y los más conocidos líderes no son suficientes para establecer una oposición efectiva. Es necesario un trabajo de fracción organizado y conjunto. Debe haber un esfuerzo consciente para unir las distintas fuerzas de la resistencia. Rosa Luxemburgo nunca formó una corriente de izquierda independiente a su alrededor. Ella y su grupo no lograron reunir a las distintas fuerzas de Alemania en torno a sí. ¿Se debió a que quizás ella misma subestimó la necesidad de unir a las fuerzas de izquierda?[77] En cambio, se mantuvo una distancia y, en algunos casos, prevaleció cierta desconfianza entre las diversas fuerzas de izquierda. Hubo varios factores que influyeron. A continuación, analizaremos algunos de ellos.
Hasta bien entrada la primera década del siglo XX, el SPD gozaba de una enorme reputación internacional dentro de la Segunda Internacional, especialmente en Rusia. La socialdemocracia alemana estaba "a la cabeza de todos los partidos socialdemócratas en cuanto a la organización y la unidad del movimiento, la riqueza y el contenido de la literatura marxista"[78]. "Entre otras cosas, por ser el partido de masas más fuerte en términos de número y de mayor éxito electoral, se le consideraba un modelo. A nivel internacional, las impresionantes cifras de votos ocultaron también el hecho de que el gusano ya estaba en el cogollo del partido[79] La mayor parte de la II Internacional no había visto o había subestimado el proceso de degeneración del SPD. La experiencia demuestra que la idealización de una parte del movimiento obrero es siempre problemática, sobre todo cuando se convierte en un seguidismo totalmente acrítico. Este fue en parte el caso de los mencheviques con respecto a las fuerzas derechistas y centristas del SPD, pero, como se mencionó anteriormente, el propio Lenin estuvo durante mucho tiempo lleno de elogios hacia el SPD y hacia Kautsky en particular[80].
Ya nos hemos referido en otros artículos a las particularidades de las condiciones y el funcionamiento de la II Internacional, y hemos mostrado que un proceso de decadencia no puede detenerse en un país por sí solo, sino que requiere la unión internacional de las fuerzas de izquierda.
En el plano programático, había una gran heterogeneidad entre las fuerzas de izquierda: por un lado, en Holanda y en Alemania se criticaba el "parlamentarismo único" y la podredumbre de los sindicatos. Estas eran cuestiones en las que los revolucionarios de Rusia no se centraban especialmente, ya que en la propia Rusia no se enfrentaban tan directamente al peso abrumador del parlamentarismo y del trabajo sindical.
En el plano organizativo, hasta 1900 no hubo un Buró Internacional en la Internacional, y dentro de la II Internacional, aparte de la cuestión de la guerra, casi no hubo cooperación conjunta entre las fuerzas de izquierda.
Cuando, por ejemplo, Lenin fue duramente atacado por los mencheviques y también por Trotsky después de 1903, las divergencias entre Luxemburgo y Lenin le impidieron ciertamente defender a Lenin contra los insultos y calumnias de los mencheviques, trotskistas y social-revolucionarios. Y mientras el SPD azuzaba una campaña contra Rosa Luxemburgo, Lenin no acudió en su ayuda. Tal vez se habría comportado de otra manera si hubiera conocido el verdadero alcance de esta campaña. En resumen, hay que hablar de una falta de solidaridad y de un insuficiente sentido de pertenencia común entre la izquierda de la II Internacional. Por ejemplo, las fuerzas de "izquierda" en los Países Bajos actuaron en su mayoría sólo a nivel local o sin la suficiente coordinación con las voces de izquierda en el SPD y en el conjunto de la II Internacional[81]. Cuando la lucha en el II Congreso del Partido del POSDR en 1903 se conoció en la II Internacional, el SPD propuso en 1905 que se llevara a cabo un "intento de unificación" entre mencheviques y bolcheviques con la ayuda de un "tribunal de arbitraje". Los mencheviques apoyaron la propuesta de un tribunal de arbitraje con la esperanza de que la posición mayoritaria de los bolcheviques pudiera ser derrotada. Lenin rechazó este planteamiento e insistió en que estas cuestiones debían ser decididas por la propia conferencia del partido y no por un tribunal de arbitraje internacional, ya que se trataba de tendencias políticas "que son aceptadas o rechazadas por el partido, pero que no pueden ser justificadas o condenadas por un tribunal de arbitraje del partido"[82] Finalmente, la propuesta del SPD de un tribunal de arbitraje fue abandonada. Incluso después de que fuera renovada por la ISB en junio de 1905, los bolcheviques volvieron a rechazarla por las mismas razones.
En los enfrentamientos de casi una década entre mencheviques y bolcheviques, el SPD impulsó repetidamente la "reunificación" de las dos alas, aunque sus dos direcciones eran irreconciliables.
Incluso cuando la escisión entre bolcheviques y mencheviques se llevó a cabo en la VII Conferencia del POSDR en Praga, en enero de 1912, el SPD, y sobre todo las fuerzas en torno a Rosa Luxemburgo, seguían presionando por la reunificación de las dos alas[83], por lo que se oponían explícitamente a la posición de Lenin. En marzo de 1912, Vorwärts también publicó un artículo en el que se calificaba a los bolcheviques de usurpadores y divisores. El SPD se negó a publicar la respuesta de Lenin. Lenin escribió entonces un panfleto en alemán[84].
Desde finales de la década de 1890 había surgido una divergencia en la II Internacional en torno a la cuestión de las nacionalidades, que tuvo especial importancia para la relación entre los revolucionarios de Polonia y Lituania y el posdr, especialmente los bolcheviques. El grupo en torno a Rosa Luxemburgo había sido el primero en rechazar la posibilidad de la autonomía nacional de Polonia[85] Los años siguientes estuvieron determinados por la persistencia de estas divergencias, especialmente entre Lenin y Luxemburgo[86] Aunque estas divergencias nunca impidieron a los bolcheviques y al ala en torno a Rosa Luxemburgo defender el internacionalismo, actuaron sin embargo como un obstáculo en la relación entre ambas partes. En el II Congreso del POSDR, en 1903, esta cuestión iba a ser incluida en el orden del día. Sin embargo, debido al debate sobre los estatutos y la cuestión del espíritu del círculo, este debate no se celebró en el II Congreso del Partido.
La importancia de esta divergencia para la relación entre los bolcheviques y el ala en torno a Luxemburgo/Jogiches es difícil de evaluar; en cualquier caso, contribuyó a que los camaradas del SPD, procedentes de Polonia, mantuvieran las distancias con los bolcheviques.
La relación entre las fuerzas de izquierda de Polonia y los bolcheviques también se vio obstaculizada por otro factor: a partir de 1904 Karl Radek fue acusado de mala conducta en el SDKPL polaco; en los años siguientes también fue acusado de otras faltas menores. Tras la primera investigación del caso -el robo de un abrigo a un camarada- fue expulsado del partido polaco años después del delito. Como Radek vivía ahora en Alemania y era miembro del SPD, la ejecutiva del SPD inició un procedimiento para expulsarlo del SPD ante la insistencia de Luxemburgo/Jogiches, entre otros; pero los camaradas de Bremen se resistieron. Entre ellos estaban Frölich, Knief, Pannekoek, es decir, miembros del ala izquierda del SPD en la ciudad hanseática. Crearon una comisión de investigación que "absolvió" a Radek, a diferencia de la Conferencia del Partido SPD. En 1913, el partido ruso también había investigado el caso de Radek y lo había "absuelto". De este modo, Radek fue considerado rehabilitado por el partido ruso y la sección de Bremen (o partes de ella), pero excluido por la dirección del SPD y el Comité Central del Partido Polaco[87] Al no existir una acción conjunta en los distintos partidos de la II Internacional, y al no saber nadie cómo proceder con las conclusiones contrarias de las comisiones de investigación en estos temas, la relación entre el grupo de Luxemburgo, la Izquierda de Bremen, y los bolcheviques, en particular, se hizo aún más difícil.
Como ya se ha mencionado, en el desarrollo de la socialdemocracia habían surgido varias lagunas en la transmisión de la experiencia y el espíritu de lucha:
- las lecciones del Congreso de La Haya (1872) no tuvieron continuidad;
- la generación de militantes que había mantenido la organización en la época de la Ley Socialista no pudo transmitir este espíritu de lucha a la generación siguiente, paralizada por el veneno del parlamentarismo y la democracia;
- las lecciones de la lucha bolchevique de 1903 no fueron comprendidas ni transmitidas.
Además, como ya se ha mencionado, a medida que el revisionismo y el oportunismo de todo tipo ganaban más y más influencia, las jóvenes fuerzas en torno a Rosa Luxemburgo (que sólo tenía 30 años al comienzo del enfrentamiento con Bernstein en 1899) sólo podían contar con unos pocos partidarios. En su mayoría, los viejos fracasaron en la prueba; el espíritu de lucha ya estaba roto en muchos camaradas
A pesar de sus casi 40 años de existencia, en el SPD no existían textos básicos significativos sobre la cuestión organizativa. Por el contrario, se había dejado llevar y absorber por la posibilidad de convertirse en un partido de masas. La experiencia en la lucha por la defensa de la organización nunca fue sintetizada y resumida en textos específicos. Sin embargo, no faltaron textos sobre la historia de la organización, y ya en 1890 se propuso elaborar una historia del partido[88], pero el libro de Mehring sobre la historia de la socialdemocracia, publicado en 1897, o su biografía de Marx, o Mi vida, de Bebel, ofrecían muy pocas afirmaciones claras sobre las principales lecciones de la lucha por la organización. Por el contrario, en su texto "Un paso adelante, dos pasos atrás", Lenin defendió muy pronto y rápidamente las principales lecciones de la lucha en el Partido. Como ya se ha dicho, aparte de las críticas de Rosa Luxemburgo, este texto no tuvo casi ningún eco.
Paul Frölich, que se había politizado a principios del siglo XX y se había afiliado al partido en su juventud, escribió: "Me parece casi como si hubiera habido una brecha entre los trabajadores activos del partido que habían comenzado a desempeñar un papel durante la época de la ley socialista y poco después de su derogación y nuestra generación. (...) También sentíamos que éramos una nueva generación que miraba por encima del hombro a la generación anterior con cierto orgullo descarado"[89].
En 1904, en el Congreso del Partido en Bremen, se propuso una moción para la formación de organizaciones juveniles proletarias[90], pero fue rechazada por falta de apoyo en la Conferencia. Los camaradas de Stuttgart pidieron en el mismo Congreso del Partido en Bremen que se mejorara la labor educativa en el Partido y se fundaran organizaciones juveniles proletarias[91], pero el problema no podía resolverse sólo con esos métodos.
Se subestimó la importancia de la cuestión organizativa como tal. Por ejemplo, aunque la revista Neue Zeit trataba un gran número de temas, descuidaba el tratamiento de las experiencias organizativas fundamentales, y en general faltaban fuentes para la cuestión de la organización[92].
La fundación de la escuela del Partido tenía como objetivo la formación de los camaradas (dirigentes)[93] Aunque muchos temas históricos figuraban en el programa, el plan de estudios no abordaba las luchas organizativas.
Por lo tanto, las experiencias organizativas del periodo comprendido entre la década de 1870 y 1914 no se registraron en ninguna parte con más detalle por escrito en el SPD, y la generación cuyo espíritu de lucha seguía intacto no logró transmitir estas experiencias[94].
Dino
[1] Alemania superó a Gran Bretaña, alcanzando el segundo lugar detrás de Estados Unidos
[2] Historia de la Segunda Internacional, Editorial Progress, Moscú 1983, p. 277
[3] Rosa Luxemburg, Gesammelte Werke, Dietz Verlag, Berlín, 1974, Vol 1/1, p. 572, traducción al inglés https://www.marxists.org/archive/luxemburg/1899/10/11.htm [404]
[4] Bebel en una carta a Kautsky, 9.9.1903, en Dieter Fricke, Handbuch zur Geschichte der deutschen Arbeiterbewegung, 1869-1917, Dietz Verlag, Berlín 1987 p. 249, IISG, NL Kautsky, D III 87
[5] Carta de Wilhelm Liebknecht del 10 de agosto de 1899 al Congreso Anual del Partido Obrero Francés (Le Parti ouvrier francais) sobre la entrada de A.E. Millerand en el gobierno burgués y la unidad del partido, en Dokumente und Materialien zur Geschichte der deutschen Arbeiterbewegung, Dietz Verlag, Berlín, 1974, volumen IV, p. 31
[6] Bernstein, "Party Discipline and Belief in Conviction", Socialist Monthly Bulletins, 1901, H.11, p.848 f ver también Fricke, ibid p. 247
[7] Rosa Luxemburg, "Gefährliche Neuerungen" (Innovaciones peligrosas), Leipziger Volkszeitung, 9.5.1911, Gesammelte Werke, Dietz Verlag, Berlín 1972, vol. 2, p. 508
[8] Rosa Luxemburg, "Parteidisziplin", (Disciplina del Partido), 4.12.1914, Gesammelte Werke, Dietz Verlag, Berlín 1974, vol 4 p. 15
[9] Fricke, ibíd., p. 247
[10] Congreso del partido del SPD en Hannover 1899, Rosa Luxemburg, Gesammelte Werke. Dietz Verlag, Berlín 1974, vol. 1/1, p. 574
[11] Protocolo de Jena, 1905, p. 117/158https://library.fes.de/parteitage/pdf/pt-jahr/pt-1905.pdf [405]
[12] "Se considerará miembro a toda persona que reconozca los principios del programa del partido y contribuya regularmente con fondos al mismo" (Maguncia, Estatutos, 1900), es decir, los miembros del SPD no tenían que estar necesariamente implicados de forma constante en el trabajo del partido y sólo debían reconocer los principios (no el programa en sus detalles): "1 Se considerará que toda persona pertenece al Partido si se adhiere a los principios del Programa del Partido y apoya al Partido de forma continua mediante fondos". En los estatutos de 1909 (aprobados en el Congreso del Partido de Leipzig), no había ni una palabra sobre la participación activa en las actividades: "1: Toda persona que profesa los principios del programa del partido y es miembro de la organización del partido pertenece al partido"
[13] "Hasta ahora, en el partido hemos sido de la opinión de que todo tipo de elecciones públicas nos sirven para ganar a las masas para la socialdemocracia y su programa, sus puntos de vista, sus objetivos. En la campaña electoral para la alcaldía de Stuttgart no hubo nada de eso (...). En este caso sólo se hizo campaña en torno a la persona del candidato. Sus ventajas, sus méritos, sus intenciones, su programa (...) No se habló del programa general de la socialdemocracia, de las aspiraciones de clase política del proletariado (...) No se han visto todavía elecciones así en la socialdemocracia alemana. Hasta ahora, para nosotros la cosa, el partido lo era todo, la persona nada. Aquí el partido no era nada y la persona lo era todo". (Rosa Luxemburg, "Der Disziplinbruch als Methode", 15.5.1911, Leipziger Volkszeitung, en Gesammelte Werke, Berlin Dietz Verlag, 1972, vol. 2, p. 512)
[14] Ya en julio de 1910, el grupo parlamentario estatal del SPD de Baden había aprobado el presupuesto, desafiando así la decisión sobre el Congreso del Partido de Nuremberg de 1908, según la cual los presupuestos de los gobiernos debían ser rechazados en principio. Las fuerzas más radicales quisieron oponerse a esta ruptura de la disciplina en el Congreso del Partido de Magdeburgo (1910), "oponiendo al bloque revisionista un bloque radical". (Heinz Wohlgemuth, Die Entstehung der Kommunistischen Partei, Dietz Verlag, Berlín, 1978, p. 38). No disponemos de ninguna documentación sobre sus acciones. No se sabe si Pannekoek y Luxemburgo, que estaban presentes en la conferencia del partido, trabajaron juntos y de qué manera
[15] Bernstein habló de que "el partido se convertía en [una parte del] Estado (...) [lo que a su vez exigía nuevas normas] para el alcance y los límites de sus pretensiones de soberanía sobre los miembros", es decir, que los miembros tendrían que someterse a un partido integrado en el Estado. (Fricke, ibid, p. 288, Bernstein, "Party Discipline", Monthly Socialist Issues, 1910, H 19/20, p. 1218)
[16] Bebel, Ausgewählte Reden und Schriften, Dietz-Verlag, Berlín, 1978, vol. 2/2, p. 379-384
[17] Fricke ibid, p. 246
[18] "Directrices para los funcionarios del partido socialdemócrata del distrito de agitación, provincia del Alto Rin", Colonia, octubre de 1913, p. 5, en Fricke, ibid, p. 283. Es de suponer que personas como Friedrich Ebert, líder y posterior jefe de gobierno, cumplían estos criterios
[19] Heine an Haenisch, 9.2.1915, Zsta Potsdam NL Haenisch, nº 134, BI.39 y 44, Fricke, ibid, p. 289
[20] Fricke, ibid, p. 239
[21] "Resolución contra el revisionismo", Dresdner Parteitag, septiembre de 1903.https://library.fes.de/parteitage/pdf/pt-jahr/pt-1903.pdf [406]
[22] Mehring, nacido en 1846, sólo se unió a la socialdemocracia ya mayor. En los años 1870 incluso había luchado contra el SAPD. Después de haberse convencido de las posiciones socialdemócratas no había publicado un balance suficientemente claro de sus propias posiciones políticas. Véase también Paul Frölich: Im radikalen Lager - Politische Autobiographie 1900 - 1921, Basis Druck, Berlín, 2013, S. 36
[23] "Bebel declaró públicamente en los congresos de su Partido que no conocía a nadie que fuera tan susceptible a la influencia del ambiente como el camarada Bernstein (no Mr. Bernstein, como el camarada Plejánov le llamaba en una ocasión, sino el camarada Bernstein): acojámoslo en nuestro entorno, hagámoslo miembro del Reichstag, combatamos el revisionismo, no con una dureza inadecuada (a la manera de Sobakevich-Parvus) hacia el revisionista, sino 'matándolo con amabilidad' -como dijo el camarada M. Beer, recuerdo que lo dijo en una reunión de socialdemócratas ingleses al defender la conciliación, la pacificación, la suavidad, la flexibilidad y la prudencia alemanas frente al ataque de los Sobakevich-Hyndman ingleses. Y del mismo modo, el camarada Plejánov quiso 'matar con amabilidad' el pequeño anarquismo y el pequeño oportunismo de los camaradas Axelrod y Mártov" (Vladimir Ilich Lenin, Un paso adelante, dos pasos atrás" (LA CRISIS EN NUESTRO PARTIDO) : "P. Las pequeñas molestias no deben interponerse en el camino de un gran placer":https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1904/onestep/p.htm [407]
[24] Victor Adler y Kurt Eisner, 6.9.1903, IML, ZPA, NL 60/59, Fricke, S. 251
[25] Fricke, ibid, S. 251
[26] Kautsky, Rede auf dem Parteitag der SPD in Lübeck, September 1901, Dokumente und Materialien, Berlin, 1974, IV, S. 80
[27] Bebel 8.10.1912 en Fricke, ibid, S 294
[29] "El centrismo es una variedad del oportunismo, una manifestación, que tiende a situarse y oscilar entre el oportunismo franco y abierto y las posiciones revolucionarias”. Lenin describió el centrismo como 'inconsistente, irresoluto, camuflado, vacilante, hipócrita, oportunismo harinoso, flotante, indeciso'". Para una comprensión más profunda, ver los siguientes artículos de la CCI: Debate: oportunismo y centrismo en la clase obrera y sus organizaciones https://es.internationalism.org/content/4749/debate-oportunismo-y-centrismo-en-la-clase-obrera-y-sus-organizaciones [409] ; Resolución: Oportunismo y centrismo en el período de decadencia https://es.internationalism.org/content/4778/resolucion-oportunismo-y-centrismo-en-el-periodo-de-decadencia [410] ; Las corrientes centristas en las organizaciones políticas del proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/201509/4115/las-corrientes-centristas-en-las-organizaciones-politicas-del-prol [411]
[30] Kautsky a Bernstein, 2.2.1900, IISG, NL Kautsky, C 691, Fricke, ibid, p. 293
[31] Kautsky, (Der Weg zur Macht - El camino al poder), Buchhandlung Vorwärts, Berlín, 1909
[32] Kautsky, Parlamentarismo y democracia, p. 17F, Fricke, ibid, p. 292
[33] Lenin, Carta a Schlapnikow, 27.10.1914, Lenin, Cartas, Editorial Progress, Moscú, volumen 35, p. 142 f
[34] Rosa Luxemburg, Die Theorie und Praxis, Gesammelte Werke, Dietz Verlag, Berlín, 1974, Bd. 2, S. 404, Die Neue Zeit, 1909/1919, ibid, S. 564. Véase también nuestra serie sobre Los Consejos Obreros, principalmente el primer artículo de la Serie: https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2769/que-son-los-consejos-obreros-i [412] ; https://es.internationalism.org/revista-internacional/201005/2865/que-son-los-consejos-obreros-2-parte-de-febrero-a-julio-de-1917-re [413] ; https://es.internationalism.org/revista-internacional/201008/2910/que-son-los-consejos-obreros-iii-la-revolucion-de-1917-de-julio-a- [414] ; https://es.internationalism.org/revista-internacional/201012/3004/que-son-los-consejos-obreros-iv-1917-21-los-soviets-tratan-de-ejer [341] ; https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3086/que-son-los-consejos-obreros-v-los-soviets-ante-la-cuestion-del-es [342].
[35] Rosa Luxemburg, "Zum kommenden Parteitag", Jena, 1911, 29.6.1911, Gesammelte Werke, Dietz Verlag, Berlín, 1974, Bd 2, S. 555
[36] Fricke, ibid, S. 308
[37] Rosa Luxemburg, "Taktische Fragen", 1913, Gesammelte Werke, Dietz Verlag Berlin, 1974, Bd 3, S., 253. Si bien es cierto que enfatiza mucho el papel de la movilización de las bases, sobreestima el nivel de vitalidad, la vigilancia y los esfuerzos de los dirigentes
[38] R. Luxemburg, "Geknickte Hoffnungen", 1903, Gesammelte Werke, Dietz Verlag, Berlín, 1974 Bd. ½, S. 399ss
[39]"Zehn Jahre Revisionismus", Julian Marchlewski (Karski), 1.9.1908 Leipziger Volkszeitung, 1.09.1908, en Dokumente und Materialien, Dietz Verlag, Berlín, 1974, Bd. IV, S. 242.Mientras Marchlewski consideraba que los revisionistas habían sufrido una derrota tras otra, en realidad los revisionistas sólo se habían contenido temporalmente, en realidad ganaban cada vez más peso y se convertían en algo así como una fuerza autónoma dentro del Partido
[40] Brief von Hermann Duncker an seine Frau, 14.09.1910 IML, ZPA, NL 45/125, en Fricke, ibid, S. 287
[41] Engels an W. Liebknecht 24.11.1894, Marx-Engels-Werke 39, Dietz-Verlag, Berlín, 1967, S. 330, véase también Fricke, idid, S. 288
[42] IISG 183/12-17, Fricke, S. 250
[43] Wolfgang Heine, "Sonderkonferenz", Sozialistische Monatshefte, 1912, H. 18/20, S. 1 142 y ss.; en Fricke, ibid, S. 289
[44] R. Luxemburgo, "Geknickte Hoffnungen", 1903. Gesammelte Werke, Dietz Verlag, Berlín, 1972, Bd. ½, S. 399ss
[45] Fricke, ibid, S. 289
[46] Alexandra Kollontai escribió en su libro Ich habe viele Leben gelebt: (He vivido muchas vidas) (1912 Krieg): "En 1912 se publicó mi libro A través de la Europa de los Trabajadores. En este libro señalé la inclinación del aparato del partido de la socialdemocracia alemana hacia el oportunismo y su creciente burocratización. A veces despreciaba el comportamiento militar, la displicencia y la arrogancia de los dirigentes y había contrastado la condescendencia burocrática y el conservadurismo de la dirección del partido con el sano instinto de clase de los miembros de base. (...) La dirección del partido estaba indignada". (p. 157). Kollontai también informó de que Karl Liebknecht escribió una crítica de su libro. En respuesta a esto, un escritor anónimo escribió: "¿Por qué la policía alemana tolera a un emigrante político ruso en Berlín? Hay algo que no funciona". (Kollontai, p. 159
[47] Ver 1914 – El camino hacia la traición de la socialdemocracia alemana https://es.internationalism.org/revista-internacional/201504/4097/1914-el-camino-hacia-la-traicion-de-la-socialdemocracia-alemana [415]
[48] Ver nuestra Serie El nacimiento del bolchevismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/200401/1875/el-nacimiento-del-bolchevismo-i-1903-1904 [166] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/200404/166/el-nacimiento-del-bolchevismo-ii-trotsky-contra-lenin [416] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/172/el-nacimiento-del-bolchevismo-iii-la-polemica-entre-lenin-y-rosa-lu [417]
[49] Ver La Fundación del KAPD https://es.internationalism.org/revista-internacional/199704/2782/vii-la-fundacion-del-kapd [418]
[50] Lenin, "Ein Schritt vorwärts, zwei Schritte zurück", Werke, Dietz Verlag, Berlin, 1962, Bd. 7, S. 403, 404) en Die Geschichte der Zweiten Internationale, Verlag Progress, Moksau, 1983, S. 789, véase también Neue Zeit, Jahrgang 22, 1903-1904, Bd. 2, Nr. 28, S. 37
[51] En cambio, el Congreso del POSDR comenzó en Bruselas, pero debido al acoso policial tuvo que ser trasladado a Londres
[52] Rosa Luxemburg, Gesammelte Werke, Dietz Verlag Berlin, 1974, Bd. 1/2, S. 422, (véase también Neue Zeit, 1903/1904, I, S. 484-492, II, S. 529-535,)
[53] Lenin "Ein Schritt vorwärts, zwei Schritte zurück. Antwort an R. Luxemburg", 1904, Dietz Verlag, Berlín, 1962, Bd. 7, S. 480-491. (Edición en alemán). En 1882 Kautsky fundó Neue Zeit, del que fue director hasta 1917. Reisberg, S. 62
[54] Geschichte der 2. Internationale, Verlag Progress, Moskau 1983, S. 790
[55] "Cuando los alemanes [socialdemócratas] escriben, suelen evitar la cuestión del desacuerdo. Cuando los rusos escriben en los órganos de prensa socialdemócratas alemanes, vemos o bien una alineación de todos los grupos de ultramar con los liquidadores hasta la más grosera despotricarían contra los 'leninistas' (como ocurrió en la primavera de 1912 en Vorwärts) o bien el escrito de un tyszkiano, de un trotskiano o de otro miembro de un círculo extranjero oscureciendo deliberadamente la cuestión. Durante años, ni un solo documento, ni un solo resumen de resoluciones, ni un solo análisis de ideas, ni un solo intento de reunir el material de los hechos. Lamentamos que los dirigentes del partido alemán (...) no se avergüencen de escuchar y repetir los cuentos de hadas de sus fuentes liquidacionistas" (Lenin, Ges. Werke, vol. 19, "Una buena resolución y un mal discurso", Proletarskaja Prawda no. 6, 13 de diciembre de 1913).
[56] Geschichte der 2. Internationale, vol. 2, p. 791
[57] El PS de Francia (guesdistas) se limitó a afirmar que "el partido se compone de grupos políticos cuyos miembros tienen carnés y pagan una contribución mensual a la organización central del partido". El Partido Socialista Francés (Jaurès), el SD austriaco y el Partido Obrero Belga no definieron en absoluto la afiliación. Los estatutos de los partidos de la II Internacional no contienen ni una palabra sobre el carácter vinculante de las decisiones de los órganos centrales para las organizaciones locales del partido. Geschichte der 2. Internationale p. 699
[58] Serie sobre el nacimiento del bolchevismo, la polémica entre Lenin y Rosa Luxemburgo https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/172/el-nacimiento-del-bolchevismo-iii-la-polemica-entre-lenin-y-rosa-lu [417]
[59] ] R. Luxemburg, "Organisationsfragen der Russischen Sozialdemokratie", Gesammelte Werke, Dietz Verlag, Berlín, 1974, "Cuestiones organizativas de la socialdemocracia rusa", vol. ½. S. 422, 424
[60] Lenin, "Ein Schritt vorwärts, zwei Schritte zurück. Antwort an R. Luxemburg", Lenin, Werke, Dietz Verlag, Berlín 1962, vol. 7, 1904, inglés: https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1904/sep/15a.htm [419]
[61] Ebenda, ibid, p. 365
[62] Rosa Luxemburg, Taktische Fragen, Gesammelte Werke, Dietz Verlag, 1974, vol. 3, p. 253
[63] Congreso del Partido de Jena de 1911, p. 161, 319, https://library.fes.de/parteitage/pdf/pt-jahr/pt-1911.pdf [420]
[64]"Durante 20 años, desde el final de la Ley Socialista, nuestro aparato organizativo y nuestra táctica de partido se han adaptado básicamente a una tarea principal: las elecciones parlamentarias y la lucha parlamentaria. Ahí es donde nos hemos esforzado al máximo y ahí es donde hemos crecido. Pero la nueva era del imperialismo nos plantea cada vez más nuevos retos que no pueden ser resuelto sólo con el parlamentarismo, con el viejo aparato y la vieja rutina. Nuestro partido debe aprender a poner en marcha acciones de masas en situaciones apropiadas y a dirigirlas. (...) El proletariado no puede reunir sus fuerzas y aumentar su poder para la victoria final más que poniéndose a prueba en la lucha, en medio de las derrotas y de todas las vicisitudes de la lucha. Una gran lucha librada, ya sea que termine en victoria o en derrota, en un corto período de esclarecimiento de clase y de experiencia histórica, rinde más que miles de escritos y reuniones de propaganda". (Rosa Luxemburg, Taktische Fragen, junio de 1913, Leipziger Volkszeitung, Gesammlte Werke, Dietz Verlag, 1974, vol. 3, p. 256)
[65] Internationalisme, Gauche Communiste de France, n°4, 1946 P. 73
[66] En el congreso sindical de Colonia de 1905, la discusión sobre la huelga de masas se consideró "censurable" y se rechazó
[67] Claudie Weill - Marxistes russes et social-démocratie allemande 1898-1904, París, 1977
[68] La trayectoria del camino hacia la Primera Guerra Mundial fue bien trazada por Rosa Luxemburg en su folleto Junius
[69] "La fraction dans les partis socialistes de la Seconde Internationale", Bilan Oct.-Nov. 1935, n° 24, p. 814
[70] En su autobiografía, Frölich también informó sobre las fuerzas de la oposición en varias ciudades alemanas, en las que la generación más joven se distinguía a menudo de las fuerzas más antiguas, reformistas y revisionistas
[71] Reisberg, Lenins Beziehungen zur deutschen Arbeiterbewegung, Dietz Verlag, Berlín, 1970, p. 125
[72] P. Frölich, Im radikalen Lager, BasisDruck, Berlín, 2013 , p. 54
[73] Poco a poco, el Partido perdió el hábito del trabajo ilegal, aunque en 1908 todavía se tomaron medidas represivas contra él. "En 1908 se aprobó en Alemania una ley sobre sindicatos y asambleas que restringía su derecho a celebrar reuniones en idiomas distintos del alemán, daba vía libre a la policía para reprimir la propaganda socialdemócrata y prohibía a los menores de 18 años afiliarse a sindicatos políticos y asistir a reuniones políticas. También se prohibió a los socialdemócratas acceder a determinados puestos de trabajo, como los ferrocarriles". (El movimiento obrero internacional, Editorial Progress de Moscú, 1981, vol. 3, p. 317)
[74] Hay que añadir que, aunque el ala en torno a Rosa Luxemburgo se había desarrollado en condiciones de ilegalidad y exilio, ella misma no tenía experiencia en el trabajo de Fracción, ya que la ruptura entre el SDKP y el PSP fue relativamente rápida
[75] Personas como Bebel, un líder muy respetado del SPD, criticaron el revisionismo, pero no llegaron realmente a las raíces. O también, personas como Mehring aportaron textos valiosos, pero no demostraron ser luchadores suficientemente decididos
[76] Hay muchos informes de ella y de la prensa que informan de miles de participantes entusiastas en las reuniones en las que a menudo hablaba durante más de una hora
[77] ]"De este modo, Rosa Luxemburgo tuvo antes vía libre, pero nunca tuvo la oportunidad de adquirir experiencia en la lucha de una fracción en defensa de un partido amenazado de degeneración. Por eso nunca logró desarrollar y comprender realmente el concepto de fracción. Esta fue una debilidad que se pagaría muy cara durante la heroica lucha de los espartaquistas contra la degeneración del SPD alemán, y sería en gran medida responsable del fatal retraso en la constitución del Partido Comunista Alemán en 1918." (La relación Fracción-Partido en la tradición marxista" 3ª parte - De Marx a Lenin 1848-1917, IR 64, p. 29, https://es.internationalism.org/revista-internacional/199204/1052/la-relacion-entre-fraccion-y-partido-en-la-tradicion-marxista-iii- [6] )
[78] Lenin, "El Congreso del Partido de Jena del SPD, septiembre de 1905", Werke, Editorial Progress, Moscú, vol. 9, p. 285, Reisberg, ibid, p. 60
[79] En las elecciones al Reichstag de 1912, el SPD fue el claro vencedor con el 34,8% de los votos y 110 escaños en el Reichstag
[80] La confianza en la fiabilidad del SPD, o más exactamente en ciertas fuerzas del SPD, queda atestiguada por el hecho de que después de 1905 el POSDR confió una gran suma de dinero al SPD. Esto volvió a bloquear cualquier acercamiento. Véase Dietrich Geyer, Kautsky's Russian Dossier," Deutsche Sozialdemokraten als Treuhänder des russischen Parteivermögen, 1910-1915", Frankfurt/Nueva York, 1981
[81] Pannekoek, que había vivido en Alemania durante años, no empujó en la misma dirección que Rosa Luxemburg en cuestiones organizativas
[82] Lenin, Werke, Dietz Verlag, Berlín 1962, vol. 7, p. 600
[83] Reisberg, ibid. p.130
[84] En este panfleto, del que se trajeron 600 ejemplares a Alemania desde Francia ("Zur gegenwärtigen Sachlage in der Sozialdemokratischen Arbeiterpartei Russlands" - Lenin, julio de 1912, Gesammelte Werke, vol. 18, p. 191-209), Lenin subrayó que los bolcheviques eran la fracción parlamentaria legal; había todo tipo de asociaciones obreras legales, pero la organización ilegal del partido era la base. Por cierto, Alemania era un "punto nodal" central para el transporte de literatura ilegal a Rusia, que a menudo se contrabandeaba desde Suiza y Gran Bretaña a través de Alemania a los camaradas en Rusia
[85] Véase Rosa Luxemburg "The Industrial Development of Poland", Inaugural Dissertation on Poland - Die industrielle Entwicklung Polens, Inaugrual Dissertation, Gesammelte Werke, Dietz Verlag, Belin, 1974, vol. 1, p. 113
[86] Incluso durante la Primera Guerra Mundial, después de la publicación del folleto de Junius por parte de Luxemburgo y la polémica de Lenin con ella, el debate continuó; e incluso después del estallido de la revolución, Rosa Luxemburgo mantuvo su crítica a la actitud bolchevique. Un factor adicional que resultó ser un obstáculo entre el ala que rodeaba a Rosa Luxemburgo y los bolcheviques surgió en 1913 en un momento en que la ISB y el SPD querían impulsar una reunificación del POSDR
[87] Karl-Ernst Moring, Die Sozialdemokratische Partei in Bremen, 1890-1914, Reformismus und Radikalismus in der Sozialdemokratischen Partei Bremens, Hannover, 1968, publicado por la Friedrich-Ebert-Stiftung; Lenin, The Splits in the Polish Social Democracy" (Werke, Editorial Progress, Moscú, volumen 18, p. 476 versión alemana, 12 de enero de 1912), Lenin "También los unificadores", (15 de noviembre de 1913, Werke, volumen 18, p. 493, versión alemana) Lenin, "Al Secretariado de la JIS", Werke, Editores del Progreso, Moscú, volumen 19, 21 de noviembre de 1912, p. 266)
[88] Solicitud de los socialdemócratas de Dresde para la elaboración de una historia del movimiento obrero alemán. Se debe escribir una historia completa del movimiento obrero alemán. Motivo: "Este interés sólo quedará plenamente salvaguardado si la investigación requerida no equivale a una glorificación de nuestro partido, sino que examina los lados claros y oscuros con el rigor y la imparcialidad de los métodos científicos. Por lo tanto, exigimos un trabajo científico, que debe estar escrito en un lenguaje bello y generalmente comprensible". (Dokumente und Materialien, Dietz Verlag, Berlín, 1987, Vol. III, p. 348, Congreso del Partido Halle, 1890 (https://library.fes.de/parteitage/pdf/pt-jahr/pt-1890.pdf [421]
[89] Paul Frölich: Im radikalen Lager - Politische Autobiographie 1900 - 1921, Basis Druck, Berlín, 2013, p. 43
[90] "La ejecutiva del partido tiene instrucciones de fundar asociaciones juveniles socialistas". (Dokumente und Materialien, Dietz Verlag, Berlín, 1974, vol. IV, p. 120)
[91]"El congreso del partido debe decidir que el congreso del partido de 1905 debe tratar la cuestión de cómo hacer posible que con el creciente número de simpatizantes del partido se mantenga el ritmo de la educación y la formación de los mismos, lo que es tanto más necesario cuanto que las condiciones actuales conducen a un aplanamiento [teórico-político]. Habría que examinar si se puede encontrar una solución a esta cuestión en relación con la creación de organizaciones juveniles que deberían ser lo más amplias posible". (Dokumente, ibid, IV, p. 120). Esta moción también fue rechazada, pero se aprobó un año después, en 1905
[92] En las publicaciones de los bolcheviques, en cambio, en el período comprendido entre 1903 y 1912, se encuentran constantemente artículos sobre la cuestión de la organización
[93]"El trabajo de organización absorbía toda la energía, no quedaba tiempo para el estudio. Las exigencias inexorables del trabajo práctico debilitaban la pasión por el conocimiento. Las pequeñas industrias clamaban por nuevos poderes, los obreros más agresivos exigían la medida completa; y todo joven que mostraba algo de afán y capacidad se ponía inmediatamente a trabajar, y en adelante no encontraba tiempo para el estudio teórico. Sucedió además que los partidos burgueses dejaron de luchar con teorías, principios y argumentos. El abuso, los ataques personales y la tergiversación de los hechos ocuparon su lugar. Por lo tanto, para hacer la guerra a los burgueses, no eran necesarios los conocimientos teóricos, sino la agilidad polémica y el conocimiento de los hechos; al menos la necesidad de conocimientos fundamentales se hacía sentir poco en una contienda de este tipo" http://www.marxists.org/archive/pannekoe/1907/social-democrat.ht [422] [20], Anton Pannekoek, "The Social Democratic Party School in Berlin", 1907 Fuente: The International Socialist Review, Nueva York, vol. VIII, nº 6 (diciembre de 1907), pp. 820-824
[94] Por ejemplo, en los escritos de Bebel se puede encontrar mucho material sobre el periodo de la Ley Socialista y antes, pero después de 1891 apenas hay explicaciones
La primavera pasada, la CCI celebró su 25º Congreso Internacional. Verdadera asamblea general, el Congreso es un momento privilegiado en la vida de nuestra organización; es la máxima expresión del carácter centralizado e internacional de la CCI. El Congreso permite a toda nuestra organización, en su conjunto, debatir, clarificar y desarrollar orientaciones. Es nuestro órgano soberano. Como tal, sus tareas son:
elaborar análisis y orientaciones generales para la organización, especialmente en lo que respecta a la situación internacional;
examinar y hacer balance de las actividades de la organización desde el Congreso anterior;
definir sus perspectivas de trabajo para el futuro.
Las organizaciones revolucionarias no existen por sí mismas. Son a la vez la expresión de la lucha histórica del proletariado y la parte más decidida de esa misma lucha. Es la clase obrera la que confía sus organizaciones a los revolucionarios, para que puedan desempeñar su papel: ser un factor activo en el desarrollo de la conciencia proletaria y en la lucha hacia la revolución.
Por lo tanto, corresponde a los revolucionarios dar cuenta de su trabajo al conjunto de la clase. Publicar una gran parte de los documentos adoptados en nuestro último congreso es la misión que se ha fijado este número de nuestra Revista Internacional.
La primera tarea de este Congreso fue tomar la medida de la gravedad de la situación histórica.
Como indica el informe sobre la Lucha de Clases, con el Covid 19, el conflicto en Ucrania y el crecimiento de la economía de guerra en todas partes, con la crisis económica y su inflación galopante, con el calentamiento global y la devastación de la naturaleza, con el auge del sálvese quien pueda, de la irracionalidad y el oscurantismo, y la descomposición de todo el tejido social, la década de 2020 no sólo está siendo testigo de una acumulación de flagelos asesinas. Todas estas plagas convergen, se combinan y se alimentan mutuamente en una especie de "efecto torbellino". La dinámica catastrófica del capitalismo global significa mucho más que un empeoramiento de la situación internacional. Está en juego la propia supervivencia de la humanidad.
El 25º Congreso Internacional aprobó como primer informe una "Actualización de las tesis sobre la descomposición".
En mayo de 1990, la CCI había adoptado unas tesis tituladas "La descomposición, fase última de la decadencia capitalista"1, que presentaban nuestro análisis global de la situación mundial en el momento y tras el hundimiento del bloque imperialista del Este a finales de 1989. La idea central de estas tesis era que la decadencia del modo de producción capitalista, que había comenzado durante la Primera Guerra Mundial, había entrado en una nueva fase de su evolución, dominada por la descomposición general de la sociedad. 27 años más tarde, en su XXII Congreso de 2017, nuestra organización consideró necesario actualizar por primera vez estas tesis adoptando un texto titulado "Informe sobre la descomposición hoy (mayo de 2017)"2. Este texto destacaba el hecho de que no sólo el análisis adoptado en 1990 había sido ampliamente verificado por la evolución de la situación, sino también que ciertos aspectos habían adquirido una nueva importancia: la explosión del flujo de refugiados que huyen de las guerras, el hambre y la persecución, el auge del populismo xenófobo que tiene un impacto cada vez mayor en la vida política de la clase dirigente...
Ahora, sólo 6 años después, la CCI ha decidido que es necesario actualizar los textos de 1990 y 2017. ¿Por qué tan rápidamente? Porque asistimos a un aumento espectacular de las manifestaciones de la descomposición general de la sociedad capitalista.
Ante la evidencia de los hechos, la propia burguesía se ve obligada a reconocer este vertiginoso hundimiento del capitalismo en el caos y la decadencia. Nuestro informe cita ampliamente textos destinados a los dirigentes políticos y económicos del mundo, como el Global Risks Report (GRR), que se basa en los análisis de una multitud de "expertos" y se presenta cada año en el Foro Económico Mundial (FEM) de Davos. La CCI adopta un método utilizado por el movimiento obrero, que consiste en basarse en el trabajo de expertos burgueses para poner de relieve las estadísticas y los hechos que revelan la realidad del mundo capitalista. El mismo método puede encontrarse en clásicos marxistas como La condición de la clase obrera en Inglaterra de Engels y El Capital de Marx. En el GRR, leemos: "Los primeros años de esta década han anunciado un período particularmente perturbador en la historia de la humanidad. ... COVID-19... guerra en Ucrania... crisis alimentaria y energética... inflación... confrontación geopolítica y el espectro de la guerra nuclear... niveles insostenibles de deuda... declive del desarrollo humano... Todo ello confluye para dar forma a una década única, incierta y turbulenta por venir".
Aquí los expertos de la burguesía ponen el dedo en una dinámica que fundamentalmente no pueden comprender. Sí, en efecto, todos estos elementos "están convergiendo para dar forma a una década única, incierta y turbulenta". Pero sólo pueden detenerse ahí. De hecho, describen esta dinámica como una "policrisis", como si se tratara de diferentes crisis que se suman. En realidad -y sólo nuestra teoría de la descomposición nos permite comprenderlo- detrás de esta explosión de las peores lacras del capitalismo se esconde una misma dinámica: el pudrimiento en la raíz de este sistema decadente. El modo de producción capitalista ya no tiene ninguna perspectiva que ofrecer, y dada la incapacidad del proletariado hasta ahora para desarrollar su proyecto revolucionario, es la humanidad entera la que se hunde en el "no futuro" y sus consecuencias: irracionalidad, repliegue, atomización... En esta ausencia de perspectiva podemos encontrar las raíces más profundas de la putrefacción de la sociedad, a todos los niveles.
Incluso en el campo proletario, existe la tendencia a plantear una causa específica y aislada para cada una de las manifestaciones catastróficas de la historia actual; a no ver la coherencia de todo el proceso en curso. Existe entonces un gran peligro de:
encontrarnos desorientados, perdidos, zarandeados por un acontecimiento tras otro;
centrarse en un solo aspecto, por espectacular y devastador que sea (como la guerra de Ucrania, por ejemplo), y caer luego en una especie de catastrofismo inmediato ("Rápido, hay que actuar absolutamente porque la tercera guerra mundial está a punto de estallar");
subestimar el peligro, al no comprender que la dinámica mundial es en realidad una espiral en la que todas las crisis se entrecruzan, interrelacionan y multiplican.
Debemos detenernos un poco en este riesgo de subestimar el peligro de la situación histórica de descomposición. A primera vista, cuando alguien grita a los cuatro vientos sobre el inminente estallido de la Tercera Guerra Mundial, puede decirse que está previendo lo peor. En realidad, y la guerra de Ucrania lo confirma una vez más, el verdadero proceso que podría conducir a la barbarie generalizada, o incluso a la destrucción de la humanidad, es una combinación de factores: la guerra que se extiende a través de una multiplicación de conflictos (en Oriente Medio, los Balcanes, Europa del Este, etc.), conflictos cada vez más imprevisibles e irracionales; un clima que se calienta, con su parte de catástrofe; el gansterismo y la sensación de no futuro que invaden a sectores cada vez más amplios de la población mundial... este proceso de descomposición es tanto más peligroso cuanto que es tan escurridizo e insidioso, que se filtra poco a poco por todos los poros de la sociedad.
Y entre los diversos factores que alimentan la caída en la descomposición, la guerra (y el desarrollo generalizado del militarismo) constituye el factor central, como acto deliberado de la clase dominante.
Por eso la situación imperialista fue el segundo informe debatido en nuestro congreso: "En particular, la fase de descomposición acentúa uno de los aspectos más perniciosos de la guerra en decadencia: su irracionalidad. Desde la apertura de esta fase, los efectos del militarismo se vuelven cada vez más imprevisibles y desastrosos. Nuestros materialistas vulgares no comprenden este aspecto y objetan que las guerras tienen siempre una motivación económica, y por tanto una racionalidad. No ven que las guerras de hoy no tienen fundamentalmente una motivación económica, sino geoestratégica, y aun así ya no alcanzan sus objetivos originales, sino que conducen al resultado contrario. (...) La guerra de Ucrania es una confirmación ejemplar de esto: sean cuales sean los objetivos geoestratégicos del imperialismo ruso o estadounidense, el resultado será un país en ruinas (Ucrania), un país arruinado económica y militarmente (Rusia), una situación imperialista aún más tensa y caótica desde Europa hasta Asia Central y millones de refugiados en Europa."
Dentro de la organización, algunos camaradas no están de acuerdo con este análisis de la dinámica imperialista actual. Para ellos, la guerra de Ucrania no es sólo el resultado de una tendencia a la bipolarización del mundo. Alrededor de China, por un lado, y de Estados Unidos, por otro, se están configurando dos campos cada vez más claramente definidos, dos campos que, con el tiempo, podrían formar bloques y enfrentarse en una tercera guerra mundial.
El Congreso fue otra oportunidad para responder: "Las consecuencias del conflicto en Ucrania no conducen a una 'racionalización' de las tensiones a través de un alineamiento 'bipolar' de los imperialismos detrás de dos 'padrinos' dominantes, sino por el contrario a la explosión de una multiplicidad de ambiciones imperialistas, que no se limitan a las de los grandes imperialismos (que se examinarán en la próxima sección), ni a las de Europa del Este y Asia Central, acentuando así el carácter caótico e irracional de los enfrentamientos".
Para estar a la altura de sus responsabilidades e identificar todos los peligros que se ciernen sobre la humanidad, y especialmente sobre la clase obrera, los revolucionarios deben comprender la coherencia del conjunto de la situación y su gravedad real. Nuestro informe muestra que sólo el método marxista y el materialismo permiten tal comprensión, pero un materialismo que no sea vulgar, un materialismo dialéctico e histórico capaz de abarcar todos los factores en su relación y su movimiento, un materialismo que integre la fuerza del pensamiento en su relación y su influencia sobre el conjunto del mundo material porque el pensamiento es una de las fuerzas motrices de la historia. Nuestro informe destaca cuatro puntos centrales que pertenecen a este método:
Aplicada a la situación histórica abierta en 1989/90, se traduce así: las manifestaciones de descomposición pueden haber existido en la decadencia del capitalismo, pero hoy la acumulación de estas manifestaciones es la prueba de una transformación, de una ruptura en la vida de la sociedad, que señala la entrada en una nueva época de la decadencia capitalista en la que la descomposición se convierte en el elemento decisivo.
Este es uno de los principales fenómenos de la situación actual. Las diversas manifestaciones de la descomposición, que al principio podían parecer independientes pero cuya acumulación ya indicaba que habíamos entrado en una nueva época de la decadencia capitalista, reverberan ahora cada vez más unas sobre otras en una especie de "reacción en cadena" cada vez más fuerte, un "torbellino" que impulsa la aceleración histórica a la que estamos asistiendo. Estos efectos acumulativos superan ahora con creces su mera suma.
En este enfoque histórico se trata de tener en cuenta que las realidades que examinamos no son cosas estáticas e intangibles que existen desde tiempos inmemoriales, sino que corresponden a procesos en constante evolución con elementos de continuidad, pero también, y sobre todo, de transformación e incluso de ruptura.
La dialéctica marxista atribuye al futuro un lugar fundamental en la evolución y el movimiento de la sociedad. De los tres momentos de un proceso histórico -pasado, presente y futuro- es el futuro el que constituye el factor fundamental de su dinámica. Y es precisamente porque la sociedad actual está privada de este elemento fundamental, el futuro, la perspectiva (que sienten cada vez más personas, en particular los jóvenes), una perspectiva que sólo puede ofrecer el proletariado, por lo que se hunde en la desesperación y se pudre en la raíz.
Este método permite que nuestra resolución sobre la situación internacional eleve nuestro análisis de lo abstracto a lo concreto: "... asistimos ahora a este "efecto torbellino" en el que todas las diferentes expresiones de una sociedad en descomposición interactúan entre sí y aceleran el descenso hacia la barbarie. Así, la crisis económica se ha visto palpablemente agravada por la pandemia y la paralización de la economía, la guerra de Ucrania y el creciente coste de los desastres ecológicos; mientras tanto, la guerra de Ucrania tendrá graves implicaciones a nivel ecológico y en todo el planeta; la competencia por los menguantes recursos naturales exacerbará aún más las rivalidades militares y las revueltas sociales."
Del otro lado de este polo de destrucción está el polo de la perspectiva revolucionaria del proletariado.
Los últimos meses han demostrado que el proletariado no sólo no está derrotado, sino que incluso empieza a levantar cabeza, a encontrar de nuevo el camino de la lucha. Ya en el verano de 2022, la CCI reconoció en las huelgas del Reino Unido un cambio en la situación de la clase obrera. En nuestro volante internacional publicado el 31 de agosto, "La burguesía impone nuevos sacrificios, la clase obrera responde con la lucha", escribimos: "Basta ya". Este grito ha resonado de huelga en huelga durante las últimas semanas en el Reino Unido. Este movimiento masivo, bautizado como "El verano del descontento" (...), ha implicado cada día a trabajadores de más sectores (...) sólo las enormes huelgas de 1979 produjeron un movimiento mayor y más extendido. Una acción de esta envergadura en un país tan grande como Gran Bretaña no sólo es significativa a nivel local, sino que es un acontecimiento de importancia internacional, un mensaje para los explotados de todos los países (...) el regreso de las huelgas generalizadas en el Reino Unido marca el retorno de la combatividad del proletariado mundial".
Teóricamente armada para comprender las huelgas y manifestaciones que surgieron en muchos países, la CCI pudo intervenir, en la medida de sus posibilidades, distribuyendo ocho volantes diferentes, con el fin de seguir la evolución del movimiento y la reflexión en curso en la clase obrera. Lo que todos estos volantes tienen en común es que ponen de relieve:
el retorno de la combatividad de la clase obrera,
la dimensión histórica e internacional del movimiento,
el sentimiento creciente en las filas de los trabajadores de que todos están "en el mismo barco", caldo de cultivo para la reconquista de la identidad de clase,
la necesidad de tomar la lucha en nuestras manos y, para ello, de reapropiarnos de las lecciones de las luchas pasadas.
También en este caso, como en el de la guerra de Ucrania, hay desacuerdos y debates en el seno de la organización. Los mismos camaradas que creen ver en la guerra de Ucrania un paso hacia la constitución de bloques y la tercera guerra mundial, plantean la idea de que las luchas y la combatividad obreras actuales no constituyen una ruptura de una dinámica negativa desde los años 80, con una larga serie de derrotas que no son definitivas pero que han conducido a una debilidad particularmente grave, sobre todo a nivel de la conciencia. En esta visión, "en un mundo capitalista que, más que nunca desde 1989, avanza caótica y 'naturalmente' hacia la guerra, la respuesta del proletariado a nivel político sigue estando muy por debajo de lo que la situación le exige" (una de las enmiendas de los camaradas, rechazada por el Congreso, a la resolución sobre la situación internacional). Para ellos, la situación actual, sin ser idéntica, es una evolución que recuerda a la de los años 30, con un proletariado combativo en muchos países centrales, pero incapaz de evitar la guerra. "Por el momento, aún no se ha producido el necesario desarrollo de asambleas de masas y de una auténtica cultura del debate. Tampoco ha surgido una nueva generación de militantes proletarios politizados". (ibid.) Se esgrimió otro argumento para explicar la magnitud de los movimientos sociales y la proliferación de huelgas en muchos países: la escasez de mano de obra en muchos sectores y la necesidad de mantener la economía de guerra funcionando a pleno rendimiento hicieron que la situación fuera favorable para que la clase obrera exigiera salarios más altos. Para el Congreso, la realidad que se despliega ante nuestros ojos, a saber, la ola de empobrecimiento en curso, con los precios disparados mientras los salarios se estancan y llueven los ataques gubernamentales, desmiente esta teoría.
Para los camaradas, las hojas volantes distribuidas por la CCI, unos 150,000, durante los diversos movimientos sociales de los últimos meses, no corresponden a las necesidades de la situación. De acuerdo con su análisis de un proletariado casi derrotado y de una dinámica hacia la constitución de dos bloques y la guerra mundial, la primera tarea de los revolucionarios no es la intervención sino la implicación en la profundización teórica.
Por el contrario, el Congreso hizo un balance muy positivo de la intervención internacional de la organización en las luchas. La CCI sabía que no podría influir en la clase y en el movimiento en su conjunto: las organizaciones revolucionarias no pueden tener tal impacto en el periodo histórico actual Este papel de guía de las masas sólo es posible cuando la clase ha desarrollado su conciencia y su lucha histórica a un nivel muy superior. Esta intervención iba dirigida a una parte de la clase obrera, la minoría que hoy busca posiciones de clase. El importante número de discusiones que provocó la distribución de estos volantes en las manifestaciones, las cartas recibidas, los recién llegados a nuestras diversas reuniones públicas demuestran que nuestra intervención cumplió su papel: estimular la reflexión en una parte de la minoría, provocar el debate y fomentar el reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias.
Detrás del reconocimiento inmediato de la importancia histórica del retorno de la lucha de clases en el Reino Unido y de sus implicaciones para nuestra intervención en la lucha, está el mismo método que nos permitió aprehender la novedad en la aceleración actual de la descomposición, con su "efecto torbellino": la transformación de la cantidad en calidad, el enfoque histórico... Pero una faceta de este método reviste aquí una importancia particular: la aproximación a los acontecimientos a través de su dimensión internacional.
Fue ya este reconocimiento de la dimensión necesariamente internacional de la lucha de clases lo que, en 1968, permitió a los que iban a fundar la CCI captar inmediatamente el significado real y profundo de los acontecimientos de mayo. Mientras que todo el medio político proletario de la época no veía en ello más que una revuelta estudiantil, y afirmaba que no había "nada nuevo bajo el sol", nuestro camarada Marc Chirik y los militantes que empezaban a unirse veían que este movimiento anunciaba el fin de la contrarrevolución y la apertura de un nuevo periodo de lucha de clases a escala internacional.
Esta es la razón por la que el punto 7 de la resolución internacional que adoptamos explícitamente afirma "La recuperación de la combatividad obrera en varios países es un acontecimiento histórico importante que no sólo resulta de circunstancias locales y no puede explicarse por condiciones puramente nacionales. (...) El hecho de que las luchas actuales hayan sido iniciadas por una fracción del proletariado que más ha sufrido el retroceso general de la lucha de clases desde finales de los años 80 es profundamente significativo: así como la derrota en Gran Bretaña en 1985 anunció el retroceso general a finales de los años 80, el retorno de las huelgas y de la combatividad obrera en Gran Bretaña revela la existencia de una corriente profunda en el seno del proletariado de todo el mundo."
De hecho, ¡nos veníamos preparando para esta eventualidad desde principios de 2022! En enero, publicamos un volante internacional anunciando "Hacia un deterioro brutal de las condiciones de vida y de trabajo". Basándonos en los indicios de que la lucha empezaba a desarrollarse, anunciábamos la posibilidad de una respuesta de nuestra clase. El retorno de la inflación era un terreno fértil para la combatividad obrera.
Un mes después, el estallido de la guerra en Ucrania agravó considerablemente los efectos de la crisis económica, disparando los precios de la energía y los alimentos.
Consciente de las profundas dificultades de nuestra clase, pero también conocedora de la historia de sus luchas, la CCI sabía que no habría una reacción directa y a gran escala de nuestra clase a la barbarie de la guerra, pero que existía, en cambio, la posibilidad de una reacción a los efectos de la guerra "en la retaguardia", en Europa y en Estados Unidos3: huelgas frente a los sacrificios exigidos en nombre de la economía de guerra. Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Sobre estas bases teóricas e históricas, la CCI no se engañó sobre la posibilidad de una reacción de clase a la guerra, no creyó que los comités internacionalistas surgirían por todas partes, y menos aún trató de crearlos artificialmente. Nuestra respuesta fue, ante todo, tratar de defender lo más firmemente posible la tradición internacionalista de la izquierda comunista, llamando a todas las fuerzas del medio político proletario a agruparse en torno a una declaración común. Mientras que una gran parte del medio ignoró o incluso rechazó4 nuestro llamado, tres grupos (Voz Internacionalista, Istituo Onorato Damen y Perspectiva Comunista Internacionalista) respondieron para mantener vivo el método de lucha y reagrupamiento de las fuerzas internacionales iniciado por las conferencias de Zimmerwald y Kienthal en septiembre de 1915 y abril de 1916 frente a la Primera Guerra Mundial5.
Los pueblos de Zimmerwald y Kienthal, en Suiza, se hicieron famosos por ser los lugares donde los socialistas de ambos bandos se reunieron durante la Primera Guerra Mundial para lanzar una lucha internacional que pusiera fin a la matanza y denunciar a los dirigentes patrioteros de los partidos socialdemócratas. Fue en estas reuniones donde los bolcheviques, apoyados por la Izquierda de Bremen y la Izquierda Holandesa, plantearon los principios esenciales del internacionalismo contra la guerra imperialista que siguen siendo válidos hoy en día: ningún apoyo a ninguno de los dos bandos imperialistas, el rechazo de todas las ilusiones pacifistas y el reconocimiento de que sólo la clase obrera y su lucha revolucionaria pueden poner fin al sistema que se basa en la explotación de la fuerza de trabajo y que produce constantemente la guerra imperialista. Hoy, ante la aceleración del conflicto imperialista en Europa, las organizaciones políticas basadas en la herencia de la izquierda comunista tienen el deber de seguir levantando la bandera de un internacionalismo proletario consecuente y de constituir un punto de referencia para quienes defienden los principios de la clase obrera. Esta es, al menos, la opción de las organizaciones y grupos de la Izquierda Comunista que han decidido publicar esta declaración común para difundir lo más ampliamente posible los principios internacionalistas que se forjaron contra la barbarie de la guerra mundial.
Esta forma de unir las fuerzas revolucionarias en torno a los principios fundamentales de la izquierda comunista es una lección histórica para el futuro. Zimmerwald ayer y la declaración conjunta hoy son pequeños hitos que señalarán el camino hacia el mañana.
Los debates preparatorios y el propio Congreso se ocuparon de la cuestión esencial de la construcción de la organización. Aunque ésta es claramente la dimensión central de las actividades de la CCI, esta preocupación por el futuro va mucho más allá de nuestra organización.
"Frente al choque creciente de los dos polos de la alternativa -destrucción de la humanidad o revolución comunista-, las organizaciones revolucionarias de la izquierda comunista, y la CCI en particular, tienen un papel insustituible que desempeñar en el desarrollo de la conciencia de clase, y deben consagrar sus energías a la tarea permanente de profundización teórica, a plantear un análisis claro de la situación mundial, y a intervenir en las luchas de nuestra clase para defender la necesidad de la autonomía, la autoorganización y la unificación de clase, y del desarrollo de la perspectiva revolucionaria. Esta labor sólo puede llevarse a cabo sobre la base de un paciente trabajo de construcción de la organización, sentando las bases del partido mundial del futuro. Todas estas tareas exigen una lucha militante contra todas las influencias de la ideología burguesa y pequeñoburguesa en el seno de la izquierda comunista y de la propia CCI. En la coyuntura actual, los grupos de la izquierda comunista se enfrentan al peligro de una crisis real: con algunas excepciones, han sido incapaces de unirse en defensa del internacionalismo frente a la guerra imperialista en Ucrania, y están cada vez más abiertos a la penetración del oportunismo y el parasitismo. Una adhesión rigurosa al método marxista y a los principios proletarios es la única respuesta a estos peligros". (punto 8 de la resolución sobre la situación internacional).
Para que la revolución sea posible a largo plazo, el proletariado debe tener en sus manos el arma del Partido. Es esta futura construcción del Partido la que hay que preparar hoy. En otras palabras, una minoría de revolucionarios organizados lleva sobre sus hombros la responsabilidad de mantener vivas las organizaciones actuales, de mantener vivos los principios históricos del movimiento obrero y en particular de la Izquierda Comunista, y de transmitir estos principios y posiciones a la nueva generación que se unirá gradualmente al campo revolucionario.
Cualquier espíritu de competición, cualquier oportunismo, cualquier concesión a la ideología burguesa y al parasitismo en el seno del medio político proletario son puñaladas en la espalda de la revolución. En el contexto muy difícil de la aceleración de la descomposición, que desorienta, que la empuja a actuar de manera individualista, que mina la confianza en la capacidad de la clase y de sus minorías para organizarse y unirse, es responsabilidad de los revolucionarios no ceder y seguir manteniendo en alto la bandera de los principios de la Izquierda comunista.
Las organizaciones revolucionarias se enfrentan a un enorme reto: ser capaces de transmitir la experiencia acumulada por la generación surgida de la oleada de Mayo del 68.
Desde finales de los años de 1960, durante casi sesenta años, el capitalismo mundial decadente se ha ido hundiendo lentamente en una crisis económica sin fin y en una barbarie creciente. De 1968 a mediados de los años ochenta, el proletariado libró toda una serie de luchas y acumuló una gran experiencia, sobre todo en su enfrentamiento con los sindicatos, pero la lucha de clases decayó bruscamente a partir de 1985/1986 y casi se ha extinguido hasta nuestros días. En este contexto tan difícil, muy pocos militantes se unieron a las organizaciones revolucionarias. Toda una generación se perdió por la falsa propaganda de la "muerte del comunismo" en 1989/1990. Desde entonces, con el desarrollo de la descomposición, que ataca de manera insidiosa la convicción militante favoreciendo el no futuro, el individualismo, la pérdida de confianza en la organización colectiva y en la lucha histórica de la clase obrera, muchas fuerzas militantes han abandonado progresivamente la lucha y han desaparecido.
Entonces sí, hoy el futuro de la humanidad descansa sobre un número muy reducido de hombros, repartidos por todo el mundo. Sí, el estado desastroso del medio político proletario, gangrenado por el espíritu de competición y el oportunismo, hace que las posibilidades de éxito de la revolución sean aún más escasas. Y sí, el papel de las organizaciones revolucionarias en general, y de la CCI en particular, es aún más vital. Transmitir a las nuevas generaciones de militantes revolucionarios que empiezan a llegar las lecciones de nuestra historia, la historia de las organizaciones motivadas por el espíritu revolucionario de las generaciones militantes del pasado es la clave del futuro.
CCI, 11 de junio de 2023
1 TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [11]
2 Informe sobre la descomposición hoy (mayo de 2017) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [14]
3 Nuestro informe sobre la lucha de clases y el debate en el Congreso nos recordaron una vez más el papel crucial del proletariado de los países occidentales que, a través de su historia y su experiencia, tendrá la responsabilidad de mostrar al proletariado mundial el camino hacia la revolución. Nuestro informe también recuerda ampliamente nuestra posición sobre "la crítica del eslabón más débil". Es también este enfoque el que nos ha permitido ser conscientes de la heterogeneidad del proletariado en las diferentes partes del planeta, de la inmensa debilidad del proletariado en los países de Europa del Este, y anticipar la posibilidad de un conflicto en los Balcanes. Así, ya esta primavera, nuestro informe extraía lecciones de la guerra en Ucrania y predecía que: "La incapacidad de la clase obrera de este país para oponerse a la guerra y a su movilización, incapacidad que abrió la posibilidad de esta carnicería imperialista, indica hasta qué punto la barbarie y la descomposición capitalistas están ganando terreno en partes cada vez más amplias del planeta. Después de África, Oriente Medio y Asia Central, ahora es parte de Europa Central la que se ve amenazada por el riesgo de sumirse en el caos imperialista; Ucrania ha demostrado que existe, en algunos países satélites de la ex URSS, en Bielorrusia, en Moldavia, en la ex Yugoslavia, un proletariado muy debilitado por décadas de explotación forzada por el estalinismo en nombre del comunismo, décadas en las que soportó el peso de las ilusiones democráticas y fue gangrenado por el nacionalismo. En Kosovo, Serbia y Montenegro, las tensiones van en aumento".
4 La Tendencia Comunista Internacionalista ha preferido así comprometerse en la aventura de No War But the Class War. Leer nuestro artículo "Un comité que lleva a sus participantes a un callejón sin [424] salida" en https://es.internationalism.org/content/4911/un-comite-que-lleva-los-participantes-un-callejon-sin-salida [425]
5 Ver "Declaración conjunta de los grupos de la izquierda comunista internacional sobre la guerra en [426] Ucrania" en https://es.internationalism.org/content/4807/declaracion-conjunta-de-grupos-de-la-izquierda-comunista-internacional-sobre-la-guerra [311]
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El texto de la CCI sobre las perspectivas que se abren en la década de 20201 afirma que las múltiples contradicciones y crisis del sistema capitalista mundial -económicas, sanitarias, militares, ecológicas, sociales- se juntan cada vez más, interactuando entre ellas para crear una especie de “efecto torbellino” que hace de la destrucción de la humanidad un resultado cada vez más probable. Esta conclusión se ha vuelto tan evidente que partes significativas de la clase dominante pintan un cuadro similar. El Informe sobre Desarrollo Humano 2021-22 de la ONU ya había hecho sonar la alarma, pero el informe “Global Risk” (Riesgo Global) del Foro Económico Mundial (FEM), publicado en enero de 2023, es aún más explícito, puesto que habla de la “policrisis” a la que esta enfrentada la humanidad “A medida que comienza 2023, el mundo se enfrenta a una serie de riesgos que parecen completamente nuevos y extrañamente familiares. Hemos visto un regreso de los riesgos “antiguos” (inflación, crisis del costo de vida, guerras comerciales, salidas de capital de los mercados emergentes, disturbios sociales generalizados, enfrentamientos geopolíticos y el espectro de la guerra nuclear) que pocos líderes empresariales y gubernamentales de esta generación han conocido. Estos fenómenos se ven amplificados por desarrollos relativamente nuevos en el panorama de riesgo global, incluidos niveles de deuda insostenibles, una nueva era de bajo crecimiento, de baja inversión global y desglobalización, una disminución en el desarrollo humano después de décadas de progreso, el desarrollo rápido y sin restricciones de tecnologías de doble uso (civil y militar), y la creciente presión de los impactos y ambiciones del cambio climático en una ventana de transición cada vez más estrecha hacia un mundo con una temperatura de 1.5°C. temperatura que necesariamente debería reducirse. Todos estos elementos están convergiendo para dar forma a una década única, incierta y turbulenta por venir”.
Aquí está la burguesía hablando honestamente consigo misma sobre la situación mundial actual, incluso si solo puede engañarse sobre la posibilidad de encontrar soluciones en el marco del sistema existente. Y continuará vendiendo estas ilusiones a la población mundial, con la ayuda y el apoyo de numerosos partidos políticos y campañas de protesta que ofrecen programas que suenan radicales y que jamás cuestionan las relaciones sociales capitalistas que han dado origen a una catástrofe inminente.
Para nosotros, los comunistas, no puede haber solución sin la abolición de las relaciones capitalistas y el establecimiento de una sociedad comunista a escala planetaria. Y lo que el FEM ha designado como otro “riesgo” en el período venidero -“malestar social generalizado”- constituye, sí separamos este término de todos los diversos movimientos burgueses o interclasistas que han planteado esta categoría, la alternativa opuesta con la que la humanidad se enfrenta: la lucha de clases internacional, que es la única que puede conducir al derrocamiento del capital y a la instauración del comunismo.
La burguesía no ha sido capaz de situar la “policrisis” en las contradicciones económicas insolubles que surgen de las relaciones sociales antagónicas existentes, sino que ha visto su causa en la abstracción de la “actividad humana”; y tampoco ha podido ubicarlos en un marco histórico coherente. Para los comunistas, por el contrario, la trayectoria catastrófica del capitalismo mundial es el resultado de más de un siglo de decadencia de este modo de producción.
La guerra de 1914-18, y la oleada revolucionaria que provocó, llevó al primer Congreso de la Internacional Comunista a proclamar que el capitalismo había llegado a su época de “desintegración interior”, de “guerras y revoluciones”, ofreciendo la opción entre socialismo y descenso en la barbarie y el caos. La derrota de los primeros intentos revolucionarios del proletariado hizo que los acontecimientos de fines de la década de 1920, luego de la de 1930 y 1940 (la mayor depresión económica de la historia del capitalismo, una guerra mundial aún más devastadora, genocidios sistemáticos, etc.), inclinaran la balanza hacia la barbarie, y después de la Segunda Guerra Mundial, el conflicto entre los bloques estadounidense y ruso confirmó que el capitalismo decadente ahora tenía la capacidad de destruir a la humanidad. Pero la decadencia del capitalismo continuó a través de una serie de fases: el auge económico de la posguerra, el regreso de la crisis abierta a fines de la década de 1960, el resurgimiento de la clase obrera internacional después de 1968. Esta última terminó con la dominación de la contrarrevolución, impidiendo la marcha hacia una nueva guerra mundial y abriendo un nuevo camino histórico hacia la confrontación de clases, que contenía el potencial para el renacimiento de la perspectiva comunista. Pero el fracaso de la clase trabajadora en su conjunto para desarrollar esta perspectiva condujo a un estancamiento de clase que se hizo cada vez más evidente en la década de 1980. El colapso del viejo orden mundial imperialista después de 1989 ha confirmado y acelerado la apertura de una fase cualitativamente nueva y terminal de la época de decadencia, que llamamos descomposición del capitalismo2. El hecho de que esta fase se haya caracterizado por una creciente tendencia al caos en las relaciones internacionales ha agregado un obstáculo adicional a una trayectoria hacia la guerra mundial, pero de ninguna manera hizo más seguro el futuro de la sociedad humana. En nuestras Tesis sobre Descomposición [428], publicadas en 1990, pronosticamos que la descomposición de la sociedad burguesa podría conducir a la destrucción de la humanidad sin necesidad de una guerra mundial entre bloques imperialistas organizados, a través de una combinación de guerras regionales, destrucción ecológica, pandemias y de colapso social. También pronosticamos que el ciclo de luchas obreras de los años 1968-89 estaba llegando a su fin y que las condiciones de la nueva etapa traerían mayores dificultades para la clase obrera.
La situación actual del capitalismo mundial ha traído una sorprendente confirmación de este pronóstico. La década de 2020 se abrió con la pandemia de Covid, luego en 2022 por la guerra en Ucrania. Al mismo tiempo, hemos sido testigos de numerosas confirmaciones de la crisis ecológica planetaria (olas de calor, inundaciones, derretimiento de los casquetes polares, contaminación masiva tanto del aire como de los océanos, etc.). Desde 2019, también hemos experimentado una nueva inmersión en la crisis económica, los “remedios” para la llamada crisis financiera de 2008 revelando todos sus límites. Pero mientras que en décadas anteriores la clase dominante de los principales países había logrado hasta cierto punto proteger a la economía del impacto de la decadencia, asistimos hoy a un “efecto torbellino” donde las diferentes expresiones de una sociedad en descomposición interaccionan entre sí y aceleran el descenso hacia la barbarie. Por lo tanto, la crisis económica obviamente se ha visto agravada por la pandemia y los confinamientos, la guerra en Ucrania y el costo creciente de los desastres ecológicos; mientras tanto, la guerra en Ucrania tendrá serias implicaciones ecológicas mundiales; tanto como la competencia por los escasos recursos naturales exacerbará aún más las rivalidades militares y revueltas sociales. En esta concatenación de efectos, la guerra imperialista, resultado de elecciones deliberadas de la clase dominante, ha jugado un papel central, pero incluso el impacto de un desastre “natural” como el terrible terremoto de Turquía y Siria se ha visto muy agravado por el hecho de que se produjo en una región ya paralizada por la guerra. También se puede señalar la corrupción endémica de políticos y contratistas, que es otra característica de la decadencia social: en Turquía, la miserable y desconsiderada búsqueda de ganancias en la industria de la construcción local llevó a ignorar las normas de seguridad que habrían podido reducir significativamente el número de víctimas del terremoto. Esta aceleración y esta interacción de los fenómenos de descomposición han marcado una nueva transformación de la cantidad en calidad en esta fase terminal de decadencia, mostrando más claro que nunca que la continuación del capitalismo se ha convertido en una amenaza tangible para la sobrevivencia de la humanidad.
La guerra en Ucrania también tiene una larga “prehistoria”. Ella es la culminación de los desarrollos más importantes en las tensiones imperialistas durante las últimas tres décadas, en particular:
- el derrumbe del sistema de bloques posterior a 1945 a fines de la década de 1980 y la irrupción del “cada uno para si” en las relaciones Inter imperialistas, provocando un importante declive en el liderazgo mundial de Estados Unidos.
- el surgimiento, dentro de esta nueva refriega global, de China como el principal retador imperialista de Estados Unidos, con su estrategia de largo plazo dirigida a sentar las bases económicas globales para su futura dominación imperialista. La reacción de Estados Unidos ante su propio declive y el ascenso de China no ha sido retirarse de los asuntos globales, sino todo lo contrario, ha lanzado su propia ofensiva destinada a limitar el progreso de China, desde el “viraje hacia el Este” de Obama hasta el enfoque más directamente militar de Biden, pasando por el énfasis de Trump en la guerra comercial (provocaciones en torno a Taiwán, destrucción de globos espía chinos, formación de AUKUS, nueva base estadounidense en Filipinas, etc.) El objetivo de esta ofensiva es erigir un muro de fuego alrededor de China, bloqueando su capacidad para desarrollarse como potencia mundial.
- Al mismo tiempo, Estados Unidos ha continuado con el cerco gradual de Rusia a través de la expansión de la OTAN, con el objetivo no solo de contener y debilitar a la propia Rusia, sino también y sobre todo de sabotear su alianza con China. La trampa tendida para Rusia en Ucrania fue el movimiento final en este juego de ajedrez, dejando a Moscú sin otra opción que tomar represalias militares, empujándolo a una guerra que tiene el potencial de desangrarlo y socavar sus ambiciones como una fuerza regional y mundial.
A la sombra de estas rivalidades imperialistas globales, se han extendido e intensificado otros tipos de conflictos que también están vinculados a la lucha entre las principales potencias, pero de forma aún más caótica. Numerosas potencias regionales juegan cada vez más su propio juego, tanto con respecto a la guerra en Ucrania como en los conflictos en su propia región. Así, Turquía, miembro de la OTAN, por un lado actúa como “intermediario” en nombre de la Rusia de Putin en el tema del aprovisionamiento de cereales, pero por otro suministra a Ucrania drones militares y se opone a Rusia en la “guerra civil” de Libia; Arabia Saudita ha desafiado a Estados Unidos al negarse a aumentar sus entregas de petróleo y, por lo tanto, a bajar los precios mundiales del petróleo; India se ha negado a cumplir con las sanciones económicas dirigidas por Estados Unidos contra Rusia. Mientras tanto, la guerra en Siria, que los principales medios de comunicación apenas han cubierto desde la invasión de Ucrania, ha seguido causando estragos, con Turquía, Irán e Israel más o menos directamente involucrados en la matanza. Yemen ha sido un campo de batalla sangriento entre Irán y Arabia Saudita; la subida al poder de un gobierno de extrema derecha en Israel ha echado leña al fuego del conflicto con la OLP, Hamas e Irán. Tras una nueva cumbre Estados Unidos. -África, Washington ha anunciado una serie de medidas económicas destinadas explícitamente a contrarrestar la creciente implicación de Rusia y China en este continente, que sigue sufriendo el impacto de la guerra en Ucrania por el suministro de alimentos y todo un mosaico de guerras y tensiones regionales (Etiopía-Tigray, Sudán, Libia, Ruanda-Congo, etc.) que ofrecen oportunidades para todos los buitres imperialistas regionales y mundiales. En el Lejano Oriente, Corea del Norte, que es uno de los raros países que suministra armas directamente a Rusia, agita su sable contra Corea del Sur (en particular con nuevos disparos de misiles, que también son una provocación con respecto a Japón). Y detrás de Corea del Norte está China, que está reaccionando al creciente cerco de Estados Unidos.
Otro objetivo de guerra de Estados Unidos en Ucrania, en marcada ruptura con los esfuerzos de Trump por socavar la alianza de la OTAN, ha sido frenar las ambiciones independientes de sus “aliados” europeos, obligándolos a cumplir las sanciones estadounidenses contra Rusia y continuar armando a Ucrania. Esta política de acercamiento a la alianza de la OTAN ha tenido cierto éxito, siendo Gran Bretaña el partidario más entusiasta del esfuerzo bélico de Ucrania. Sin embargo, la reconstitución de un verdadero bloque controlado por Estados Unidos aún está lejos. Francia y Alemania -este último con más que perder con el abandono de su tradicional “Ostpolitik” (Política hacia Este), dada su dependencia de los suministros energéticos rusos- siguen siendo incoherentes en cuanto a la entrega de armas solicitada por Kiev y han persistido en sus propias “iniciativas” diplomáticas hacia Rusia y China. Por su parte, China ha adoptado una postura muy cautelosa hacia la guerra en Ucrania, revelando recientemente su propio “plan de paz” y absteniéndose de proporcionar a Moscú la “ayuda letal” que tan a desesperadamente necesita.
Todos los hechos -incluso dejando de lado la cuestión de la movilización del proletariado en los países centrales que esto requeriría- confirman, pues, el punto de vista según el cual no nos encaminamos hacia la formación de bloques imperialistas estables. Pero eso de ninguna manera disminuye el peligro de escaladas militares descontroladas, incluido el uso de armas nucleares. Desde que George Bush padre anunció el advenimiento de un “nuevo orden mundial” tras la desaparición de la URSS, los intentos de Estados Unidos por imponer este “orden” lo han convertido en la fuerza más poderosa para aumentar el desorden y la inestabilidad en el mundo. Esta dinámica quedó claramente ilustrada por el caos de pesadilla que sigue reinando en Afganistán e Irak tras las invasiones estadounidenses de estos países, pero el mismo proceso también está funcionando en el conflicto ucraniano. Poner a Rusia contra la pared, por lo tanto, conlleva el riesgo de una reacción desesperada del régimen de Moscú, incluido el uso de armas nucleares; por el contrario, si el régimen se derrumba, podría desencadenar la desintegración de la propia Rusia, creando una nueva zona de caos con las consecuencias más impredecibles. La irracionalidad de la guerra en la decadencia del capitalismo se mide no sólo por sus gigantescos costos económicos, que superan con creces cualquier posibilidad de ganancia o reconstrucción a corto plazo, sino también por el brutal derrumbe de los objetivos estratégico-militares que, en el período de decadencia capitalista, ha suplantado cada vez más a la racionalidad económica de la guerra.
Después de la primera Guerra del Golfo, en nuestro texto “Militarismo y descomposición [429]” (Revista International 64, primer trimestre de 19913), predijimos el siguiente escenario para las relaciones imperialistas en la fase de descomposición:
- “En el nuevo período histórico al que hemos entrado, y los acontecimientos del Golfo acaban de confirmarlo, el mundo se presenta como una inmensa batalla campal, donde jugará fondo la tendencia del ‘cada uno para sí’, en la cual las alianzas entre Estados no tendrán, ni mucho menos, el carácter de estabilidad que caracterizó a los bloques, sino que estará dictado por las necesidades del momento. Un mundo de desorden asesino, de caos sangriento en el que el gendarme americano intentará hacer reinar un mínimo de orden mediante el uso cada vez más masivo y brutal de su poderío militar”.
Como demostraron las secuelas de las invasiones de Afganistán e Irak a principios de la década de 2000, la creciente dependencia de Estados Unidos del poderío militar dejó en claro que, lejos de lograr este mínimo de orden, “la política imperialista de Estados Unidos se ha convertido en una de los principales factores de la inestabilidad del mundo ” (Resolución sobre la situación internacional [430] , 17º Congreso de la CCI, (Revista Internacional 130, tercer trimestre de 20074), y los resultados de la ofensiva de EE.UU. contra Rusia lo han hecho aún más evidente, que el “gendarme del mundo” se ha convertido en el factor principal en la intensificación del caos a escala planetaria.
La guerra de Ucrania es un nuevo golpe a una economía capitalista ya debilitada y socavada por sus contradicciones internas y por las convulsiones resultantes de su descomposición. La economía capitalista ya estaba entonces en medio de una desaceleración, marcada por el desarrollo de la inflación, las crecientes presiones sobre las monedas de las grandes potencias y la creciente inestabilidad financiera (reflejada en el estallido de las burbujas inmobiliarias en China, así como de las criptomonedas y de tecnología). La guerra ahora está agravando poderosamente la crisis económica en todos los niveles.
La guerra significa la aniquilación económica de Ucrania, el severo debilitamiento de la economía rusa por el inmenso costo de la guerra y los efectos de las sanciones impuestas por las potencias occidentales. Sus ondas de choque se sienten en todo el mundo, agravando las crisis alimentarias y las hambrunas a través del aumento de los precios de los productos de primera necesidad y la escasez de cereales.
La consecuencia más tangible de la guerra en todo el mundo es la explosión de los gastos militares, que ha superado los 2 billones de dólares. Todos los estados del mundo están atrapados en la espiral del rearme. Más que nunca, las economías están sujetas a las necesidades de la guerra, aumentando la parte de la riqueza nacional dedicada a la producción de instrumentos de destrucción. El cáncer del militarismo significa la esterilización del capital y constituye una carga aplastante para el comercio y la economía nacional, que lleva a exigir cada vez mayores sacrificios a los explotados.
Al mismo tiempo, se extienden las convulsiones financieras más graves desde la crisis de 2008, nacidas de una serie de quiebras bancarias en Estados Unidos (incluida la del 16º banco estadounidense) y luego de Credit Suisse (2º banco más grande del país), a nivel internacional, mientras que la intervención masiva de los bancos centrales estadounidense y suizo no ha logrado evitar el riesgo de contagio a otros países de Europa y a otros sectores de riesgo, ni ha evitado que estas quiebras se conviertan en una crisis crediticia “sistémica”.
A diferencia de 2008, cuando el colapso de los grandes bancos se debió a su exposición a los prestamos hipotecarios de alto riesgo [subprime], esta vez los bancos se ven debilitados principalmente por sus inversiones a largo plazo en bonos del gobierno que, con el aumento repentino de las tasas de interés para combatir la inflación, pierden valor. La inestabilidad financiera actual, aunque no sea (todavía) tan dramática como la de 2008, esta tocando el corazón del sistema financiero, porque el recurso a la deuda pública -y en particular al Tesoro americano, en el centro de este sistema- siempre ha sido considerado el refugio más seguro.
En todo caso, las crisis financieras, cualquiera que sea su dinámica interna y sus causas inmediatas, son siempre, en última instancia, una manifestación de la crisis de sobreproducción que resurgió en 1967 y que se ha agravado aún más por factores ligados a la descomposición del capitalismo.
Sobre todo, la guerra revela el triunfo del “cada uno para si” y el fracaso, incluso el fin, de toda “gobernanza mundial” al nivel de la coordinación de las economías, de la respuesta a los problemas climáticos, etc. Esta tendencia al cada uno para sí, en las relaciones entre Estados se ha profundizado gradualmente desde la crisis de 2008, y la guerra en Ucrania ha puesto fin a muchas tendencias económicas, descritas como “globalización”, que habían continuado desde la década de 1990.
No sólo la capacidad de cooperación de las principales potencias capitalistas para contener el impacto de la crisis económica ha desaparecido más o menos, sino que, ante el deterioro de su economía y el recrudecimiento de la crisis global, y a fin de preservar su posición como primera potencia mundial, Estados Unidos apunta cada vez más deliberadamente a debilitar a sus competidores. Se trata de una ruptura abierta con gran parte de las normas adoptadas por los Estados desde la crisis de 1929. Esto ha abierto paso a una Terra incógnita cada vez más dominada por el caos y lo impredecible.
Estados Unidos, convencido de que la preservación de su liderazgo frente al ascenso de China depende en gran medida de la pujanza de su economía, a la que la guerra ha colocado en una posición de fortaleza política y militar, también se lanza a la ofensiva contra la economía de sus rivales. Esta ofensiva opera en varias direcciones. Estados Unidos es el gran ganador de la “guerra del gas” lanzada contra Rusia en detrimento de los Estados europeos que se han visto obligados a dejar de importar gas ruso. Habiendo alcanzado la autosuficiencia en petróleo y gas gracias a una política energética a largo plazo iniciada bajo Obama, esta guerra ha confirmado la supremacía estadounidense en la esfera estratégica de la energía. Ha puesto a sus rivales a la defensiva en este nivel: Europa tuvo que aceptar su dependencia del gas natural licuado estadounidense; China, altamente dependiente de las importaciones de hidrocarburos, se ha visto debilitada por el hecho de que Estados Unidos ahora está en condiciones de controlar las rutas de suministro de China. Estados Unidos tiene ahora una capacidad sin precedentes para ejercer presión sobre el resto del mundo a este nivel.
Aprovechando el rol central del dólar en la economía mundial, de ser la primera potencia económica mundial, las diversas iniciativas monetarias, financieras e industriales (desde los planes de estímulo económico de Trump hasta los subsidios masivos de Biden a productos “made in USA”, pasando por la Ley de Reducción de la Inflación, etc.) han aumentado la “resiliencia” de la economía estadounidense, que atrae inversiones de capital y reubicaciones industriales en el territorio estadounidense. Estados Unidos está limitando el impacto de la actual desaceleración mundial en su economía y trasladando los peores efectos de la inflación y la recesión al resto del mundo.
Además, para garantizar su decisiva ventaja tecnológica, Estados Unidos también pretende asegurar la reubicación en Estados Unidos de tecnologías estratégicas (semiconductores) o, al menos, su control internacional, de las que pretende excluir a China, al tiempo que amenaza con sanciones a todos los que rivalizan con su monopolio.
El deseo de Estados Unidos de preservar su poder económico tiene como consecuencia el debilitamiento del sistema capitalista en su conjunto. La exclusión de Rusia del comercio internacional, la ofensiva contra China y el desacoplamiento de sus dos economías, en definitiva, la voluntad declarada de Estados Unidos de reconfigurar en su beneficio las relaciones económicas mundiales, ha marcado un punto de inflexión: Estados Unidos se revela como un factor en la desestabilización del capitalismo mundial y la propagación del caos en el plano económico.
Europa se vio especialmente afectada por la guerra, que la privó de su principal fortaleza: su estabilidad. Los capitalismos europeos están sufriendo una desestabilización sin precedentes de su “modelo económico” y corren un riesgo real de desindustrialización y reubicación en áreas americanas o asiáticas bajo los embates de la “guerra del gas” y el proteccionismo estadounidense.
Alemania en particular es un concentrado explosivo de todas las contradicciones de esta situación sin precedentes. El fin del suministro de gas ruso sitúa a Alemania en una situación de fragilidad económica y estratégica, amenazando su competitividad y toda su industria. El fin del multilateralismo, del que el capital alemán se benefició más que cualquier otra nación (ahorrándole también la carga del gasto militar), afecta más directamente a su poder económico, dependiente de las exportaciones. También corre el riesgo de volverse dependiente de Estados Unidos para su suministro de energía, ya que este último presiona a sus “aliados” para que se unan a la guerra económica-estratégica contra China y renuncien a sus mercados chinos. Dado que se trata de una salida vital para el capital alemán, Alemania se enfrenta a un gran dilema, compartido por otras potencias europeas, en un momento en el que la propia UE se ve amenazada por la tendencia de sus Estados miembros a anteponer sus intereses nacionales a los de la Unión.
En cuanto a China, si bien se presentó hace dos años como el gran ganador de la crisis del Covid, es una de las expresiones más características del efecto “torbellino”. Víctima ya de una desaceleración económica, ahora enfrenta graves turbulencias.
Desde finales de 2019, la pandemia, los repetidos confinamientos y el tsunami de contagios que siguió al abandono de la política “Covid cero” han seguido paralizando la economía china.
China está atrapada en la dinámica global de la crisis, con su sistema financiero amenazado por el estallido de la burbuja inmobiliaria. El declive de su socio ruso y la ruptura de las “rutas de la seda” hacia Europa por los conflictos armados o el caos ambiental están causando daños considerables. La poderosa presión de Estados Unidos aumenta aún más sus dificultades económicas. Y frente a sus problemas económicos, sanitarios, ecológicos y sociales, la debilidad congénita de su estructura estatal estalinista constituye una desventaja mayor.
Lejos de poder jugar el papel de locomotora de la economía mundial, China es una bomba de relojería cuya desestabilización tendría consecuencias imprevisibles para el capitalismo mundial.
Las principales áreas de la economía mundial ya están en recesión o a punto de hundirse en ella. Sin embargo, la gravedad de “la crisis que se desarrolla desde hace décadas y que está destinada a convertirse en la más grave de todo el período de decadencia, cuya importancia histórica superará incluso a la mayor crisis de esta era, la que se inició en 19295, no se limita a la magnitud de esta recesión. La gravedad histórica de la crisis actual marca un punto avanzado en el proceso de “desintegración interna” del capitalismo mundial, anunciado por la Internacional Comunista en 1919, y que se desprende del contexto general de la fase terminal de la decadencia, cuyas principales tendencias son:
- la aceleración de la descomposición y la multiplicidad de sus efectos sobre una economía capitalista ya degradada;
- la aceleración del militarismo a escala global;
- el agudo desarrollo del cada uno para sí entre las naciones en el contexto de una competencia cada vez más feroz entre China y Estados Unidos por la supremacía mundial;
- el abandono de las reglas de cooperación entre naciones para enfrentar las contradicciones y convulsiones del sistema;
- la ausencia de una locomotora capaz de reactivar la economía capitalista;
- la perspectiva de un empobrecimiento absoluto del proletariado en los países centrales, que ya está en marcha.
Asistimos a la coincidencia de las distintas expresiones de la crisis económica, y sobre todo a su interacción en la dinámica de su desarrollo: así, la alta inflación obliga a subir las tasas de interés; esto a su vez provoca una recesión, fuente de la crisis financiera, que conduce a nuevas inyecciones de liquidez, y por lo tanto a un endeudamiento aún mayor, ya astronómico, y que es un factor adicional de la inflación... Todo esto demuestra el fracaso de este sistema y su incapacidad para ofrecer una perspectiva a la humanidad.
La economía mundial se encamina hacia la estanflación, situación marcada por el impacto de la sobreproducción y el estallido de la inflación por el crecimiento de los gastos improductivos (principalmente los gastos en armamento, pero también el costo desorbitado de los estragos de la descomposición) y el uso de la impresión de dinero lo que alimenta aún más la deuda. En un contexto de caos creciente y aceleraciones imprevistas, la burguesía no hace más que revelar su impotencia: todo lo que hace tiende a agravar la situación.
Para el proletariado, el aumento de la inflación y la negativa de la burguesía a agravar la “espiral de salarios y precios” redujeron drásticamente el poder adquisitivo. A esto se suman los despidos masivos, los severos recortes en los presupuestos sociales, los ataques a las pensiones, que auguran un futuro de pobreza, como ya ocurre en los países de la periferia. Para capas cada vez más grandes del proletariado en los países centrales, será cada vez más difícil encontrar vivienda, calefacción, comida o beneficiarse de la asistencia social.
La burguesía se enfrenta a una escasez masiva de mano de obra en varios sectores. Este fenómeno, cuyo alcance e impacto sobre la producción no tienen precedentes, aparece como la cristalización de un conjunto de factores que conjugan las contradicciones internas del capitalismo y los efectos de su descomposición. Es a la vez el producto de la anarquía del capitalismo que genera sobrecapacidad - desempleo - y escasez de mano de obra. Los otros factores de este fenómeno son la globalización y la creciente fragmentación del mercado mundial que dificultan la disponibilidad internacional de la mano de obra; factores demográficos como la disminución de las tasas de natalidad y el envejecimiento de la población que limitan el número de trabajadores disponibles para la explotación, la relativa ausencia de una mano de obra suficientemente calificada, a pesar de las políticas de inmigración selectiva implementadas por muchos Estados. A esto se suma la huida de empleados de sectores donde las condiciones laborales se han vuelto insoportables.
La guerra en Ucrania es también una poderosa demostración de cómo la guerra puede acelerar aún más la crisis ecológica que se ha acumulado a lo largo del período de decadencia, pero que ya había alcanzado nuevos niveles en las primeras décadas de la fase terminal del capitalismo. La devastación de edificios, infraestructura, tecnología y otros recursos son un gran desperdicio de energía y reconstruirlos generará aún más emisiones de carbono. El uso descontrolado de armas altamente destructivas conduce a la contaminación del suelo, el agua y el aire, con la amenaza siempre presente de que toda la región pueda volver a convertirse en una fuente de radiación atómica, ya sea como resultado del bombardeo de centrales nucleares o del uso deliberado de armas nucleares. Pero la guerra también tiene un impacto ecológico a nivel global, ya que ha hecho aún más difícil alcanzar los objetivos globales de limitación de emisiones, con cada país cada vez más preocupado por su “seguridad energética”, lo que generalmente significa una mayor dependencia de los combustibles fósiles.
Así como la crisis ecológica es un factor del “efecto torbellino”, también genera sus propios “ciclos de retroalimentación” que ya están acelerando el proceso de calentamiento global. Así, el derretimiento de los casquetes polares no sólo contiene los peligros inherentes a la subida del nivel del mar, sino que se convierte en sí mismo en un factor del aumento de la temperatura global ya que la pérdida de hielo implica una menor capacidad de retorno de la energía solar en la atmósfera. De igual modo, el derretimiento del permafrost (capas de hielo y tierra rocosa congeladas) en Siberia liberará una gran cantidad de metano, un potente gas de efecto invernadero. El agravamiento y la combinación de los efectos del calentamiento global (inundaciones, incendios, sequías, erosión del suelo, etc.) ya están haciendo cada vez más inhabitables regiones del planeta, exacerbando aún más el problema mundial de los refugiados, ya alimentado por la persistencia y la propagación de los conflictos imperialistas.
Como explicaron Carlos Marx y Rosa Luxemburgo, la búsqueda incesante de mercados y materias primas empujó al capitalismo a invadir y ocupar todo el planeta, destruyendo las áreas “salvajes” restantes o sometiéndolas a la ley de la ganancia. Este proceso es inseparable de la generación de enfermedades zoonóticas (que “saltan” de animales al ser humano) como el Covid y sienta así las bases para futuras pandemias.
La clase dominante es cada vez más consciente de los peligros que plantea la crisis ecológica, tanto más cuanto todo esto tiene un costo económico enorme, pero las recientes conferencias sobre el medio ambiente han confirmado la incapacidad fundamental de la clase dominante para hacer frente a semejante situación, ya que el capitalismo no puede existir sin la competencia entre los Estados nacionales, debido a las exigencias del “crecimiento”. Un sector de la burguesía, como un ala significativa del Partido Republicano en los Estados Unidos, cuya ideología es alimentada por la profunda irracionalidad típica de la fase final del capitalismo, persiste en negar la ciencia del clima, pero tal como muestran los informes del FEM y la ONU, las facciones más inteligentes o menos retrogradas, son muy conscientes de la gravedad de la situación. Pero las soluciones que ofrecen nunca pueden llegar a la raíz del problema y, de hecho, se basan en soluciones técnicas que son tan tóxicas como la tecnología existente (como en el caso de los vehículos eléctricos “limpios” cuyas baterías de litio se basan en grandes proyectos mineros altamente contaminantes) o impliquen nuevos ataques a las condiciones de vida de la clase trabajadora. Así, la idea de una economía de “poscrecimiento” en la que un Estado “benefactor” y “verdaderamente democrático” preside todas las relaciones fundamentales del capitalismo (trabajo asalariado, producción generalizada de mercancías) no solo es un absurdo lógico -puesto que son estas mismas relaciones las que subyacen a la necesidad de acumulación sin fin- sino que implicaría mayores medidas de feroz austeridad, justificadas por el lema “consumir menos”. Y mientras el ala más radical de los movimientos “verdes” (Fridays for Future, Extinction Rebellion, etc.) expresa críticas cada vez más al “bla-bla-bla” de las conferencias gubernamentales sobre el medio ambiente, sus llamados a la acción directa por parte de “ciudadanos” afectados, solo puede oscurecer la necesidad de que los trabajadores luchen contra este sistema en su propio terreno de clase y evitando reconocer que el verdadero “cambio de sistema” solo puede ocurrir a través de la revolución proletaria.
En un momento en que las catástrofes ecológicas se suceden cada vez con mayor rapidez, la burguesía no dejará de utilizar estas formas de protesta como falsas alternativas a la lucha de clases, que es la única que puede desarrollar la perspectiva de una relación radicalmente nueva entre la humanidad y su entorno natural.
En 1990, nuestras Tesis sobre la descomposición destacaron la creciente tendencia de la clase dominante a perder el control de su juego político. El auge del populismo, engrasado por la ausencia total de perspectiva ofrecida por él capitalismo y el desarrollo del “cada uno para sí” a nivel internacional, es probablemente la expresión más clara de esta pérdida de control, y esta tendencia ha continuado a pesar de los contra movimientos de otras facciones más “responsables” de la burguesía (por ejemplo, el reemplazo de Trump y el rápido desprendimiento de Truss en el Reino Unido). En EE.UU., Trump todavía está preparando una nueva candidatura presidencial que, de tener éxito, socavaría gravemente las orientaciones actuales de la política exterior del gobierno de EE.UU.; en Gran Bretaña, el país clásico de gobierno parlamentario estable, hemos visto un tren de cuatro primeros ministros conservadores sucesivos, expresando profundas divisiones dentro del partido conservador en su conjunto, y nuevamente impulsado principalmente por las fuerzas populistas que han empujado al país al fiasco del Brexit; lejos de los centros históricos del sistema, demagogos nacionalistas como Erdogan (Turquia) y Modi (India) continúan actuando como francotiradores impidiendo la formación de una alianza sólida detrás de Estados Unidos en su conflicto con Rusia. En Israel, Netanyahu también se levantó de lo que parecía ser su tumba política, apoyado por fuerzas ultra sionistas y abiertamente anexionistas,y sus esfuerzos por subordinar la Corte Suprema a su gobierno provocaron un vasto movimiento de protesta, enteramente dominado por llamados a la defensa de la “democracia”.
El asalto al Capitolio por parte de los partidarios de Trump el 6 de enero puso de relieve el hecho de que las divisiones dentro de la clase dominante, incluso en el país más poderoso del planeta, se están profundizando y corren el riesgo de degenerar en enfrentamientos violentos, incluso en guerras civiles. La elección de Lula en Brasil ha visto a las fuerzas bolsonaristas intentar su propia versión del 6 de enero, y en Rusia la oposición a Putin dentro de la clase dominante es cada vez más evidente, especialmente de grupos ultranacionalistas que no están satisfechos con el progreso de la actual “operación militar especial” en Ucrania. Abundan los rumores de golpes militares; y aunque el propio Putin actualmente se está adaptando a la presión de la derecha al amenazar constantemente con intensificar la “guerra con Occidente”, reemplazar a Putin con una pandilla rival sería cualquier cosa menos un proceso pacífico. Finalmente, en China, las divisiones dentro de la burguesía también se están volviendo más manifiestas, en particular entre la facción en torno a Xi Jinping, a favor de un fortalecimiento del control estatal central sobre toda la economía, y rivales más apegados a las posibilidades de desarrollo del capital privado y la inversión extranjera. Si bien el gobierno de la facción de Xi parecía inexpugnable durante el Congreso del Partido de octubre de 2022, su manejo desastroso de la crisis del Covid, el empeoramiento de la crisis económica y los graves dilemas creados por la guerra en Ucrania expusieron las debilidades de la clase dominante china, abrumada por un rígido aparato estalinista que no tiene los medios para adaptarse a los grandes problemas sociales y económicos.
Sin embargo, estas divisiones no ponen fin a capacidad de la clase dominante de volver los efectos de la descomposición en contra de la clase trabajadora, o, frente a la creciente lucha de clases, de dejar temporalmente de lado sus divisiones para enfrentar a su enemigo mortal. E incluso cuando la burguesía es incapaz de controlar sus divisiones internas, la clase obrera está constantemente amenazada por el peligro de ser movilizada detrás de las facciones rivales de su enemigo de clase.
El resurgimiento de la combatividad obrera en un cierto número de países es un acontecimiento histórico importante que no resulta sólo de circunstancias locales y no puede explicarse por condiciones puramente nacionales.
En el origen de este resurgimiento, las luchas que se han estado desarrollando en Gran Bretaña desde el verano de 2022 tienen un significado que va más allá del contexto únicamente británico; la reacción de los trabajadores en Gran Bretaña arroja luz sobre lo que están ocurriendo en otros lugares y da un significado nuevo y especial en la situación. El hecho de que las luchas actuales hayan sido iniciadas por una fracción del proletariado que más ha sufrido con el repliegue general de la lucha de clases desde fines de la década de 1980 es profundamente significativo: así como la derrota en Gran Bretaña en 1985 anunció el reflujo general de fines de la década de 1980, el regreso de las huelgas y la combatividad obrera en Gran Bretaña revelan la existencia de una corriente profunda dentro del proletariado del mundo entero. Ante el recrudecimiento de la crisis económica mundial, la clase obrera comienza a desarrollar su respuesta al inexorable deterioro de las condiciones de vida y de trabajo en un mismo movimiento internacional. Y este análisis también es válido con respecto a las movilizaciones masivas durante tres meses de la clase obrera en Francia ante el ataque del gobierno a las pensiones. Desde hace varias décadas, los trabajadores de este país se encuentran entre los más combativos del mundo, pero sus movilizaciones a principios de 2023 no constituyen una simple continuación de las importantes luchas del período anterior; la amplitud de estas movilizaciones se explica también, y fundamentalmente, por el hecho de que forman parte de una combatividad que anima al proletariado de muchos países.
Las luchas obreras actuales en Europa confirman que la clase obrera no ha sido derrotada y conserva su potencial. El hecho de que los sindicatos controlen estos movimientos sin ser cuestionados no debe minimizar o relativizar su importancia. Por el contrario, la actitud de la clase dominante, que se ha estado preparando durante mucho tiempo para la perspectiva de un resurgimiento de las luchas obreras, atestigua su potencial: los sindicatos han estado listos de antemano para adoptar una posición “combatiente” y para ponerse ellos mismos a la cabeza del movimiento para desempeñar plenamente su papel como guardianes del orden capitalista.
Impulsados por una nueva generación de trabajadores, la escala y la simultaneidad de estos movimientos dan testimonio de un verdadero cambio de estado de ánimo en la clase y rompen con la pasividad y la desorientación que prevalecía a fines de la década de 1980 hasta hoy.
Ante el calvario de la guerra, no era posible esperar una respuesta directa de la clase obrera. La historia muestra que la clase obrera no se moviliza directamente contra la guerra sino contra sus efectos sobre la vida en la retaguardia. La rareza de las movilizaciones pacifistas organizadas por la burguesía no significa que el proletariado se adhiera a la guerra, solo muestra la efectividad de la campaña por “la defensa de Ucrania contra el agresor ruso”. Sin embargo, no se trata solo de una falta de adherencia pasiva. La clase obrera de los países centrales no sólo no está todavía dispuesta a aceptar el sacrificio supremo de la muerte, sino que rechaza el sacrificio de las condiciones de vida y de trabajo que exige la guerra.
Las luchas actuales son precisamente la respuesta obrera a este nivel; son la única respuesta posible y contienen las premisas del futuro, pero al mismo tiempo muestran que la clase obrera aún no es capaz de hacer la conexión entre la guerra y el deterioro de sus condiciones.
La CCI siempre ha insistido en que, a pesar de los golpes a la conciencia de clase, a pesar de su reflujo en las últimas décadas:
- el proletariado de los países centrales ha conservado enormes reservas de combatividad que no han sido puestas a prueba decisivamente hasta ahora;
- el desarrollo de una resistencia abierta a los ataques del capital constituye más que nunca, en la situación actual, la condición más crucial para que el proletariado redescubra su identidad de clase como punto de partida para una evolución más general de la conciencia de clase.
Hasta ahora, las expresiones de combatividad que han surgido parecen haber tenido “muy poco eco en el resto de la clase: el fenómeno de las luchas en un país que ‘responden’ a movimientos en otros lugares parece ser casi inexistente. Para la clase en general, la naturaleza fragmentada e inconexa de las luchas hace poco, al menos en apariencia, para fortalecer o más bien restaurar la confianza en sí mismo del proletariado, su conciencia de ser una fuerza distinta en la sociedad, una clase internacional que tiene el potencial para desafiar el orden existente”6.
Hoy, la combinación de un retorno de la combatividad obrera y el agravamiento de la crisis económica mundial (respecto a 1968 o 2008) que no perdonará a ninguna parte del proletariado y los golpeará a todos simultáneamente, está cambiando objetivamente las bases de la lucha de clases.
La profundización de la crisis y la intensificación de la economía de guerra solo pueden continuar a escala global y en todas partes esto solo puede generar una combatividad creciente. La inflación jugará un papel especial en este desarrollo de la combatividad y la conciencia. Al golpear a todos los países, a toda la clase obrera, la inflación empuja al proletariado a la lucha. Al no ser un ataque que la burguesía pueda preparar y posiblemente retirar, sino un producto del capitalismo implica una lucha y una reflexión más profunda.
La reanudación de las luchas confirma la posición de la CCI según la cual la crisis sigue siendo el mejor aliado del proletariado: “El inexorable agravamiento de la crisis capitalista constituye el estímulo esencial para la lucha de clases y el desarrollo de la conciencia, la condición previa para su capacidad de resistir el veneno destilado por la podredumbre social. Porque si las luchas parciales contra los efectos de la descomposición no tienen base para la unificación de la clase, su lucha contra los efectos directos de la crisis constituye sin embargo la base para el desarrollo de su fuerza y su unidad de clase”. (Tesis sobre descomposición [428], Revista International 107). Este desarrollo de luchas no es una efímera llamarada, sino que tiene futuro. Indica un proceso de renacimiento de la clase después de años de reflujo, y contiene el potencial para la recuperación de la identidad de clase, de la clase recuperando la conciencia de lo que es, del poder que tiene cuando entra en lucha.
Todo indica que este movimiento de clase, nacido en Europa, puede durar mucho tiempo y se repetirá en otras partes del mundo. Se abre una nueva situación para la lucha de clases.
Ante el peligro de destrucción que encierra la descomposición del capitalismo, estas luchas muestran que la perspectiva histórica permanece totalmente abierta: “Estos primeros pasos serán muchas veces vacilantes y llenos de debilidades, pero son esenciales para que la clase obrera pueda reafirmar su capacidad histórica para imponer su perspectiva comunista, por lo que los dos polos alternativos de la perspectiva se enfrentarán globalmente: la destrucción de la humanidad o la revolución comunista, aunque esta última alternativa sea todavía muy lejana y tropiece con enormes obstáculos.”7
Aunque el propio contexto de descomposición representa un obstáculo para el desarrollo de las luchas y la recuperación de la confianza del proletariado, aunque la descomposición ha avanzado espantosamente, aunque el tiempo ya no está de su lado, la clase ha logrado retomar la lucha. El período reciente ha confirmado sorprendentemente nuestra predicción en la Resolución sobre la Situación Internacional del 24º Congreso Internacional: - “Como ya hemos recordado, la fase de descomposición encierra el peligro de que el proletariado simplemente no responda y sea asfixiado durante un largo período, una ‘muerte por mil golpes’ en lugar de un choque de clases frontal. Sin embargo, afirmamos que todavía hay suficiente evidencia para mostrar que, a pesar del innegable avance de la descomposición, a pesar de que el tiempo ya no está del lado de la clase obrera, el potencial para un profundo renacimiento proletario - que conduzca a una reunificación entre las dimensiones económicas y políticas de la lucha de clases- no ha desaparecido”8
La lucha en sí es la primera victoria del proletariado, revelando en particular:
- El camino para recuperar la identidad de clase. Si bien la frágil reaparición de la lucha de clases (EE.UU. 2018, Francia 2019) estuvo bloqueada en gran medida por la pandemia y los confinamientos, estos eventos revelaron la condición de la clase trabajadora, como principal víctima de la crisis sanitaria pero también como fuente de todo trabajo y de toda producción material de bienes esenciales. Los trabajadores ahora están inmersos en una experiencia colectiva de lucha en la que se busca la unidad y el inicio de la solidaridad entre los diferentes sectores de la clase, entre los “cuellos azules” y los “cuellos blancos”, como entre las generaciones. El sentimiento de estar todos en el mismo barco permitirá que la clase obrera se reconozca como una fuerza social unida por las mismas condiciones de explotación. La recuperación de la identidad de clase del proletariado comprende una dimensión inseparable de estos primeros pasos en el reconocimiento de sí mismo y de sus fuerzas; incluido también la identificación de su antagonismo de clase, más allá de tal o cual patrón o gobierno. Esta reanudación del enfrentamiento entre clases crea las condiciones para una perspectiva de politización más consciente de la lucha, un proceso largo y tortuoso que recién comienza.
- Una progresión de la maduración subterránea de la conciencia, que se ha desarrollado durante un período bastante largo y en diferentes niveles: en los estratos más amplios de la clase, la maduración subterránea toma primero la forma de una pérdida de ilusión en la capacidad del capitalismo para ofrecer un futuro, una conciencia que la situación solo puede empeorar, que toda la dinámica del capitalismo está empujando a la sociedad contra la pared y, sobre todo, una profunda revuelta contra las condiciones de explotación, resumida en la consigna “ya basta”. En un sector más pequeño de la clase, hay una reflexión sobre las luchas pasadas y una búsqueda de lecciones sobre cómo fortalecer la lucha, para crear una relación de fuerzas contra el Estado. Finalmente, “en una fracción de la clase, aún más limitada en tamaño, pero destinada a crecer con el avance de la lucha, esto toma la forma de una defensa explícita del programa comunista, y por tanto de reagrupamiento en una vanguardia marxista organizada.”9 Esto se materializa con la aparición de minorías interesadas en las posiciones políticas de la izquierda comunista.
Es la pérdida paulatina de la identidad de clase lo que permitió a la burguesía esterilizar o recuperar los dos grandes momentos de lucha proletaria desde los años 80 (el movimiento contra el Contrato de Primer Empleo en Francia en 2006 y los Indignados en España en 2011), porque los protagonistas fueron privados de esta base crucial para el desarrollo más general de la conciencia10. Hoy, la tendencia hacia la recuperación de la identidad de clase y la evolución de la maduración subterránea expresan el cambio más importante a nivel subjetivo, revelando el potencial para el desarrollo futuro de la lucha proletaria. Porque significa la conciencia de formar una clase unida por intereses comunes, opuestos a los de la burguesía, porque significa la “constitución del proletariado como clase” (Manifiesto), la identidad de clase es parte inseparable de la conciencia de clase, para la afirmación del ser revolucionario consciente del proletariado. Sin ella, no hay posibilidad de que la clase se relacione con su historia para extraer lecciones de las batallas pasadas y así participar en sus luchas presentes y futuras. La identidad de clase y la conciencia de clase sólo pueden fortalecerse mediante el desarrollo de la lucha autónoma de la clase en su propio terreno.
El despertar de la combatividad de clase y la maduración subterránea de la conciencia exigen que los sindicatos, estos órganos estatales especializados en el encuadramiento de las luchas obreras, y las organizaciones políticas izquierdistas, falsos amigos burgueses de la clase obrera, se coloquen en primera línea contra la lucha de clases.
La eficacia actual del control sindical se basa en las debilidades resultantes de la descomposición, debilidades explotadas políticamente por la burguesía, y del repliegue de conciencia que se prolonga desde hace varias décadas y que ha desembocado en el “retorno con fuerza de los sindicatos” y el fortalecimiento de “la ideología reformista sobre las luchas del próximo período, facilitan mucho el trabajo de los sindicatos” (Tesis sobre la crisis económica y política en la URSS y en los países del Este [431]11).
En particular, el peso de la atomización, la falta de perspectiva, la debilidad de la identidad de clase, la pérdida de adquisiciones y lecciones de los enfrentamientos con los sindicatos en el pasado están en el origen de la influencia extremadamente importante del corporativismo. Esta debilidad permite que los sindicatos mantengan una poderosa influencia sobre la clase.
Aunque todavía no se ven amenazados por un cuestionamiento de este control de la lucha, los sindicatos se han visto obligados a adaptarse a las luchas actuales, a hacer mejor su habitual labor de división, utilizando un lenguaje más “combativo” más “obrero”, presentándose como los artífices de la unidad de clase, solo para sabotearla mejor.
Al mismo tiempo, las diversas organizaciones izquierdistas (y la izquierda en general) trabajan dentro y fuera de los sindicatos y les brindan un poderoso apoyo. Defensores de las más sofisticadas mistificaciones antiobreras bajo un disfraz radical, también tienen la función de capturar minorías en busca de posiciones de clase.
La constante defensa de la “democracia” y de los intereses del “pueblo” pretende ocultar la existencia de antagonismos de clase, alimentar la mentira del Estado de bienestar y atacar la identidad de la clase proletaria, reduciendo a la clase obrera a una masa de ciudadanos o a “sectores” de actividad separados por intereses particulares.
Frente a los movimientos de las clases no explotadoras o de la pequeña burguesía pulverizada por la crisis económica, el proletariado debe desconfiar de las revueltas “populares” o luchas interclasistas que ahogan sus propios intereses en la suma indiferenciada de los intereses del “pueblo”. Debe colocarse resueltamente sobre el terreno de la defensa de sus propias reivindicaciones y de su autonomía de clase, condición para el desarrollo de su fuerza y de su combate.
También debe rechazar las trampas tendidas por la burguesía en torno a las luchas sectoriales (para salvar el medio ambiente, contra la opresión racial, el feminismo, etc.) que la desvían de su propio terreno de clase. Una de las armas más eficaces de la clase dominante es su capacidad para volver contra él los efectos de la descomposición y alentar las ideologías descompuestas de la pequeña burguesía. En el terreno de la descomposición, la irracionalidad, el nihilismo y el “no-futuro” proliferan todo tipo de corrientes ideológicas. Su papel central es hacer de cada aspecto repugnante del sistema capitalista decadente un motivo específico de lucha, asumido por diferentes categorías de la población o, a veces, por el “pueblo”, pero siempre separado de un verdadero cuestionamiento del sistema en su conjunto.
Todas estas ideologías (ecologistas, “wokismo”, antirracistas, etc.) que niegan la lucha de clases, o que, como las que abogan por la “interseccionalidad”, ponen la lucha de clases al mismo nivel que la lucha contra el racismo o el machismo, representan un peligro para la clase, en particular para la joven generación de trabajadores sin experiencia que están profundamente indignados por el estado de la sociedad. En este nivel, estas ideologías se complementan con la panoplia de izquierdistas y modernistas (“comunizadores”12) cuyo papel es esterilizar los esfuerzos del proletariado por desarrollar la conciencia de clase y desviar a los trabajadores de la lucha de clases.
Si la lucha de clases es por naturaleza internacional, la clase obrera es al mismo tiempo una clase heterogénea que debe forjar su unidad a través de su lucha. En este proceso, es el proletariado de los países centrales el que tiene la responsabilidad de abrir la puerta de la revolución al proletariado mundial.
En países como China, India, etc., si bien la clase obrera se ha mostrado muy combativa y a pesar de su importancia cuantitativa, estas fracciones del proletariado, por su falta de experiencia histórica, son particularmente vulnerables a las trampas y mistificaciones de la clase dominante. Sus luchas son fácilmente reducidas a la impotencia o se desvían hacia callejones sin salida burgueses (llamadas a más democracia, libertad, igualdad, etc.) o incluso se diluyen por completo en movimientos interclasistas dominados por otros estratos sociales. Como mostró la Primavera Árabe de 2011: la lucha muy real de los trabajadores en Egipto se diluyó rápidamente en el “pueblo”, luego arrastrado detrás de las facciones de la clase dominante hacia el terreno burgués de “más democracia”. O nuevamente, el inmenso movimiento de protesta en Irán, donde, en ausencia de una clara perspectiva revolucionaria defendida por las fracciones más experimentadas del proletariado mundial en Europa Occidental, las muchas luchas obreras en el país solo pueden ahogarse en el movimiento popular y desviados de su terreno de clase tras la consigna de los derechos de la mujer.
En Estados Unidos, aunque marcado por debilidades ligadas al hecho de que la clase de este país no se ha enfrentado directamente a la contrarrevolución y que no tiene una tradición revolucionaria profunda, el proletariado de la primera potencia mundial, a pesar de los numerosos obstáculos generados por la descomposición de la que Estados Unidos (el peso de las divisiones raciales y del populismo, todo el ambiente de cuasi guerra civil entre populistas y demócratas, el impasse de los movimientos que trabajan en terreno burgués como Black Lives Matter) muestra la capacidad de desarrollar sus luchas (durante la pandemia, durante el "Striketober" en 2021) en su terreno de clase. El proletariado estadounidense muestra, en una situación política muy difícil, que empieza a responder a los efectos de la crisis económica.
La clave del futuro revolucionario del proletariado permanece en manos de su fracción en los países centrales del capitalismo. Sólo el proletariado de los viejos centros industriales de Europa Occidental constituye el punto de partida de la futura revolución mundial:
- Porque es sede de la más importante experiencia revolucionaria de la clase obrera desde las primeras batallas de 1848 hasta la revolución en Alemania de 1918-19 pasando por la Comuna de París de 1871;
- Porque ha sido más endurecido por la confrontación con las mistificaciones burguesas más sofisticadas de la democracia, las elecciones y los sindicatos.
- Porque también se enfrentó a la contrarrevolución en las diferentes formas que tomó la dictadura de la clase dominante: democracia burguesa, estalinismo y fascismo.
- Porque la cuestión de la internacionalización de la lucha de clases se plantea inmediatamente por la proximidad de las naciones más poderosas de Europa;
- Porque allí están presentes los grupos políticos de la izquierda comunista, aunque todavía muy minoritarios y débiles.
Ante el enfrentamiento creciente entre los dos polos de la alternativa - destrucción de la humanidad o revolución comunista - las organizaciones revolucionarias de la izquierda comunista, y la CCI en particular, tienen un papel insustituible que desempeñar en el desarrollo de la conciencia de clase, y deben dedicar sus energías al trabajo permanente de profundización teórica, a proponer un análisis claro de la situación mundial, y a intervenir en las luchas de nuestra clase para defender la necesidad de la autonomía, la autoorganización y la unificación de la clase, y el desarrollo de la perspectiva revolucionaria.
Este trabajo solo puede hacerse sobre la base de una construcción organizativa paciente, sentando las bases para el partido mundial del mañana. Todas estas tareas requieren una lucha militante contra todas las influencias de la ideología burguesa y pequeñoburguesa en el medio de la izquierda comunista y de la misma CCI. En la coyuntura actual, los grupos comunistas de izquierda están confrontados el peligro de una verdadera crisis: salvo contadas excepciones, no han podido unirse en defensa del internacionalismo ante la guerra imperialista en Ucrania y están cada vez más abiertos a la penetración del oportunismo y el parasitismo. La adhesión rigurosa al método marxista y a los principios proletarios es la única respuesta a estos peligros.
Mayo-2023
1 Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [432]
2 Ver TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [11]
3 Militarismo y descomposición | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [32], ver actualización en Militarismo y descomposición (mayo de 2022) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [433]
4 XVIIº Congreso internacional - Resolución sobre la situación internacional | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [277]
5 Resolución sobre la situación internacional XXIV Congreso de la CCI (2021) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [132]
6 El concepto de curso histórico en el movimiento revolucionario | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [97]
7 Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [432]
8 Resolución sobre la situación internacional (2021) [434]
9 Respuesta a la CWO: sobre la maduración subterránea de la conciencia de clase [435]; Revista Internacional 43
10 Sobre estas experiencias ver Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [18], 2011: de la indignación a la esperanza | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [50] y Un balance crítico del movimiento de indignados (2011) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [436]
11 Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [10], ver también Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [60]
12 Ver Críticas a los llamados “comunistizadores”. (I): Introducción a la serie | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [437] y Crítica de los llamados “comunistizadores” (II) Del izquierdismo al modernismo: las desventuras de la “tendencia Bérard” | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [438]
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En mayo de 1990, la CCI adoptó las tesis tituladas “La descomposición, fase última de la decadencia capitalista”1, que presentaban nuestro análisis global de la situación mundial en el momento y tras el hundimiento del bloque imperialista del Este a finales de 1989. La idea central de estas tesis era, como indica su título, que la decadencia del modo de producción capitalista, que había comenzado en la Primera Guerra Mundial, había entrado en una nueva fase de su evolución, dominada por la descomposición general de la sociedad. En su 22º Congreso, en 2017, al adoptar un texto titulado “Informe sobre la descomposición hoy (mayo de 2017)”2, nuestra organización consideró necesario actualizar el documento de 1990, para “confrontar los puntos esenciales de las tesis con la situación actual: en qué medida los aspectos planteados se han verificado, o incluso ampliado, o se han contradicho o necesitan ser completados”. Este segundo documento, redactado 27 años después del primero, demostró que el análisis adoptado en 1990 se había confirmado ampliamente. Al mismo tiempo, este texto de 2017 abordaba aspectos de la situación mundial que no figuraban en el documento de 1990, pero que complementaban el panorama que presentaba, y que habían adquirido una importancia capital: la explosión del flujo de refugiados que huyen de la guerra, el hambre, las persecuciones y también el auge del populismo xenófobo, que tiene un impacto creciente en la vida política de la clase dominante.
Hoy, la CCI considera necesario actualizar los textos de 1990 y 2017, no un cuarto de siglo después de estos últimos, sino sólo 6 años después, porque durante el último periodo hemos asistido a una aceleración y amplificación espectaculares de las manifestaciones de esta descomposición general de la sociedad capitalista.
Este cambio catastrófico y acelerado del estado del mundo no ha escapado a la atención de los principales dirigentes políticos y económicos del planeta. En el “Global Risks Report” (GRR), basado en los análisis de una multitud de “expertos” (1,200 en 2022) y presentado cada año en el foro de Davos (Foro Económico Mundial - FEM), que reúne a estos dirigentes, leemos: “Los primeros años de esta década han anunciado un periodo particularmente agitado en la historia de la humanidad. La vuelta a una ‘nueva normalidad’ después de la pandemia del COVID-19 se vio rápidamente socavada por el estallido de la guerra en Ucrania, dando paso a una nueva serie de crisis alimentarias y energéticas, que desencadenaron problemas que décadas de progreso habían intentado resolver.
Ahora, a principios de 2023, el mundo se enfrenta a una serie de riesgos que son a la vez completamente nuevos e inquietantemente familiares. Hemos asistido al regreso de ‘viejos’ riesgos –inflación, crisis del costo de la vida, guerras comerciales, salidas de capitales de los mercados emergentes, malestar social generalizado, enfrentamientos geopolíticos y el espectro de la guerra nuclear– que pocos líderes empresariales y responsables públicos de esta generación han conocido. Estos fenómenos se ven amplificados por acontecimientos relativamente nuevos en el panorama mundial del riesgo, como niveles insostenibles de deuda; una nueva era de bajo crecimiento, reducción de la inversión mundial y desglobalización; un declive del desarrollo humano tras décadas de progreso; el desarrollo rápido y sin restricciones de tecnologías de doble uso (civil y militar); y la creciente presión de los impactos y las ambiciones ligadas al cambio climático en una ventana de oportunidad cada vez más pequeña para la transición a un mundo de +1.5°C. Todos estos elementos convergen para dar forma a una década única, incierta y problemática”. (Principales conclusiones: algunos extractos3)
En general, tanto en las declaraciones gubernamentales como en las grandes medias, la clase dirigente intenta restar importancia a las conclusiones sobre la extrema gravedad de la situación mundial. Pero cuando reúne a los principales líderes mundiales, o habla consigo misma, como en el Foro anual de Davos, no puede evitar ser algo lúcida. También es significativo que las alarmantes conclusiones contenidas en este informe hayan tenido muy poco eco en los grandes medios de comunicación, cuya vocación fundamental no es informar honestamente a la población, y en particular a los explotados, sino actuar como agencias de propaganda destinadas a hacerles aceptar una situación cada vez más catastrófica, a ocultarles la completa bancarrota histórica del modo de producción capitalista.
De hecho, las conclusiones contenidas en el informe presentado en el Foro de Davos en enero de 2023 coinciden en gran medida con el texto adoptado por la CCI en octubre de 2022 titulado “La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad”4. En realidad, el análisis de la CCI no precedió al de los “expertos” más informados de la clase dominante por unos meses, sino por varias décadas, ya que las conclusiones expuestas en nuestro documento de octubre de 2022 no son más que una sorprendente confirmación de las previsiones que ya habíamos adelantado a finales de los años 80, en particular en nuestras “Tesis sobre la descomposición”. El hecho de que los comunistas tengan clara ventaja sobre los “expertos” burgueses en la previsión de las grandes tendencias catastróficas que actúan en el mundo capitalista no es sorprendente: por regla general, la clase dominante sólo puede, ocultarse a sí misma y a la clase que explota y que es la única que puede aportar una solución a las contradicciones que socavan la sociedad, el proletariado, una realidad fundamental: el modo de producción capitalista no es más eterno que los modos de producción que lo precedieron. Como los modos de producción del pasado, está destinado a ser sustituido, si no destruye antes a la humanidad, por otro modo de producción superior que corresponda al desarrollo de las fuerzas productivas que ha hecho posible en un momento de su historia. Un modo de producción que suprimirá las relaciones mercantiles que son el corazón de la crisis histórica del capitalismo, donde ya no habrá lugar para una clase privilegiada que viva de la explotación de los productores. Precisamente porque no puede prever su propia desaparición, la clase burguesa es incapaz, por regla general, de mirar con lucidez las contradicciones que están llevando a la sociedad que gobierna a su ruina.
En el Postfacio de la 2ª edición de El Capital en alemán, Marx escribió: “El movimiento contradictorio de la sociedad capitalista se le revela al burgués práctico, de la manera más contundente, durante las vicisitudes del ciclo periódico que recorre la industria moderna y en su punto culminante: la crisis general. Esta crisis nuevamente se aproxima, aunque aún se halle en sus prolegómenos, y por la universalidad de su escenario y la intensidad de sus efectos, atiborrará de dialéctica hasta a los afortunados advenedizos del nuevo Sacro Imperio prusiano-germánico.”
En el mismo momento en que la CCI adoptaba las tesis de la descomposición anunciando la entrada del capitalismo en una nueva fase, la fase última, de su decadencia, marcada por una agravación cualitativa de las contradicciones de este sistema y una descomposición general de la sociedad, los “burgueses prácticos”, en particular en la persona del presidente Bush padre, se extasiaban ante la gloriosa nueva perspectiva inaugurada a sus ojos por el derrumbe de los regímenes estalinistas y del bloque “soviético”, una era de “paz” y de “prosperidad”. Hoy, confrontado al “movimiento contradictorio de la sociedad capitalista”, en forma no de crisis cíclica como las del siglo XIX sino de crisis permanente e insoluble de su economía que engendra crecientes trastornos y caos sociales, este mismo “burgués práctico” se ve obligado a dejar entrar un poco de “dialéctica” en su cabeza.
Es por esta razón que la actualización de nuestras tesis sobre la descomposición se basará en gran medida en los análisis y previsiones contenidos en el “Global Risks Report” de 2023 (Informe sobre los Riesgos Mundiales 2023), así como en nuestro texto de octubre de 2022, que confirma en muchos aspectos. Una confirmación proporcionada por los miembros más lúcidos de la clase dominante, en realidad una verdadera admisión de la bancarrota histórica de su sistema. La utilización de datos y análisis proporcionados por la clase enemiga no es una “innovación” de la CCI. De hecho, los revolucionarios no disponen generalmente de los medios para recoger los datos y las estadísticas que el aparato estatal y administrativo de la burguesía reúne para sus propias necesidades en la gestión de la sociedad. Fue basando su estudio sobre “La situación de la clase obrera en Inglaterra” en parte en este tipo de datos, obviamente con una mirada crítica. Y Marx, sobre todo en El Capital, utiliza a menudo los “libros azules” de las investigaciones parlamentarias británicas. Con respecto a los análisis y previsiones elaborados por los “expertos” burgueses, hay que ser aún más crítico que con los datos fácticos, sobre todo cuando corresponden a la propaganda destinada a “demostrar” que el capitalismo es el mejor o el único sistema capaz de garantizar el progreso y el bienestar humanos. Sin embargo, cuando estos análisis y previsiones subrayan el callejón sin salida catastrófico en el que se encuentra este sistema, que evidentemente no corresponde a su apología, es útil e importante apoyarse en ellos para respaldar y reforzar nuestros propios análisis y previsiones.
En el texto aprobado en octubre de 2022, leemos: “Los años 20 del siglo XXI se perfilan como uno de los periodos más convulsos de la historia y ya acumulan catástrofes y sufrimientos indescriptibles. Comenzó con la pandemia del Covid-19 (que aún continúa) y una guerra en el corazón de Europa, que ya dura más de 9 meses y cuyo desenlace nadie puede predecir. El capitalismo ha entrado en una fase de graves turbulencias a todos los niveles. Detrás de esta acumulación y entrecruzamiento de convulsiones se cierne la amenaza de la destrucción de la humanidad. (...)
Con la irrupción fulgurante de la pandemia de Covid, hemos puesto de relieve la existencia de cuatro características de la fase de descomposición:
- La gravedad creciente de sus efectos (...)
- La irrupción de los efectos de la descomposición en la economía (...)
- La creciente interacción de sus efectos, que agrava las contradicciones del capitalismo hasta un grado nunca visto (...)
- La creciente presencia de sus efectos en los países centrales (...)
El año 2022 fue una ilustración sorprendente de estas cuatro características:
- El estallido de la guerra en Ucrania.
- La aparición de oleadas de refugiados sin precedentes.
- La continuación de la pandemia con los sistemas sanitarios al borde de la quiebra.
- Una creciente pérdida de control de la burguesía sobre su aparato político, del que la crisis en el Reino Unido fue una manifestación espectacular.
- Una crisis agrícola que provocó la escasez de muchos productos alimentarios en un contexto de sobreproducción generalizada, un fenómeno relativamente nuevo en más de un siglo de decadencia.
- Hambrunas aterradoras en muchos países.
Sin embargo, la agregación e interacción de fenómenos destructivos da lugar a un “efecto vórtice” que concentra, cataliza y multiplica cada uno de sus efectos parciales, provocando una devastación aún más destructiva. (...) Este “efecto torbellino” representa un cambio cualitativo cuyas consecuencias serán cada vez más evidentes en el periodo que se avecina.
En este contexto, es importante subrayar el papel motor de la guerra como acción deliberada y planificada por los Estados capitalistas, convirtiéndose en el factor más poderoso y grave de caos y destrucción. De hecho, la guerra en Ucrania ha tenido un efecto multiplicador de los factores de barbarie y destrucción (...)
En este contexto, debemos comprender en toda su gravedad la expansión de la crisis medioambiental, que está alcanzando niveles sin precedentes:
- Una ola de calor estival, la peor desde 1961, con la perspectiva de que se convierta en permanente.
- Una sequía sin precedentes, la peor en 500 años según los expertos, que afecta incluso a ríos como el Támesis, el Rin y el Po, habitualmente caudalosos.
- Incendios devastadores, también los peores en décadas.
- Inundaciones incontrolables como las de Pakistán, que han afectado a un tercio de la superficie del país (además de Tailandia).
- El riesgo de que la capa de hielo se derrumbe como consecuencia del deshielo de glaciares del tamaño del Reino Unido, con consecuencias catastróficas”.
Las conclusiones de los “expertos” del FEM no son diferentes:
“La próxima década se caracterizará por crisis medioambientales y sociales, alimentadas por tendencias geopolíticas y económicas subyacentes. La ‘crisis del costo de la vida’ se clasifica como el riesgo mundial más grave para los próximos dos años, con un pico a corto plazo. La ‘pérdida de biodiversidad y colapso de los ecosistemas’ se considera uno de los riesgos mundiales que más rápidamente se deteriorarán en la próxima década, y los seis riesgos medioambientales figuran entre los diez principales riesgos para los próximos diez años. Nueve riesgos figuran entre los diez principales a corto y largo plazo, entre ellos ‘Enfrentamiento geoeconómico’ y ‘Erosión de la cohesión social y polarización de la sociedad’, así como dos recién llegados a la clasificación: ‘Ciberdelincuencia y ciberseguridad generalizadas’ y ‘Migración involuntaria a gran escala’.
Los gobiernos y los bancos centrales podrían enfrentarse a presiones inflacionistas persistentes en los próximos dos años, como la posibilidad de una guerra prolongada en Ucrania, la persistencia de cuellos de botella debidos a una pandemia persistente y una guerra económica que provoque la disociación de las cadenas de suministro. También existen importantes riesgos a la baja para las perspectivas económicas. Un desequilibrio entre las políticas monetaria y fiscal aumentará la probabilidad de que se produzcan perturbaciones de liquidez, señal de una desaceleración económica más prolongada y de un sobreendeudamiento mundial. La continuación de la inflación por el lado de la oferta podría conducir a la estanflación, con consecuencias socioeconómicas potencialmente graves, dada la interacción sin precedentes con niveles históricamente altos de deuda pública. La fragmentación de la economía mundial, las tensiones geopolíticas y una reestructuración más difícil podrían contribuir a un sobreendeudamiento generalizado en los próximos diez años. (...)
La guerra económica se está convirtiendo en la norma, con crecientes enfrentamientos entre potencias mundiales y la intervención estatal en los mercados durante los próximos dos años. Las políticas económicas se utilizarán de forma defensiva, para reforzar la autosuficiencia y la soberanía frente a potencias rivales, pero también se desplegarán cada vez más de forma ofensiva para limitar el ascenso de otras. La militarización geoeconómica intensiva pondrá de relieve las vulnerabilidades en materia de seguridad que plantea la interdependencia comercial, financiera y tecnológica entre economías integradas globalmente, con el riesgo de una escalada del ciclo de desconfianza y desacoplamiento.
Los encuestados del GRPS esperan que los enfrentamientos interestatales sigan siendo en gran medida de naturaleza económica durante los próximos 10 años. Sin embargo, el reciente aumento del gasto militar y la proliferación de nuevas tecnologías entre un mayor número de actores podrían dar lugar a una carrera armamentística mundial en el ámbito de las tecnologías emergentes. El panorama del riesgo mundial a más largo plazo podría definirse por conflictos multidominio y guerras asimétricas, con el despliegue selectivo de armas de nueva tecnología a una escala potencialmente más destructiva que la que se ha visto en las últimas décadas.
La imbricación cada vez mayor de la tecnología en el funcionamiento crítico de las sociedades expone a las personas a amenazas internas directas, incluidas las que pretenden perturbar el funcionamiento de la sociedad. A medida que aumente la ciberdelincuencia, serán más frecuentes los intentos de perturbar recursos y servicios tecnológicos esenciales, con ataques previstos contra la agricultura y el agua, los sistemas financieros, la seguridad pública, el transporte, la energía y las infraestructuras de comunicaciones nacionales, espaciales y submarinas.
La destrucción de la naturaleza y el cambio climático están intrínsecamente relacionados: un fallo en un área tendrá un efecto cascada en la otra. Si no se producen cambios políticos o inversiones significativas, la interacción entre los efectos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la seguridad alimentaria y el consumo de recursos naturales acelerará el colapso de los ecosistemas, amenazará el suministro de alimentos y los medios de subsistencia en las economías vulnerables al clima, amplificará los efectos de las catástrofes naturales y limitará los avances en la mitigación del cambio climático.
La profundización de las crisis está ampliando su impacto en las sociedades, afectando a los medios de subsistencia de una franja mucho más amplia de la población y desestabilizando más economías mundiales que las comunidades tradicionalmente vulnerables y los Estados frágiles. A partir de los riesgos más graves previstos para 2023 -en particular la ‘crisis del suministro energético’, el ‘aumento de la inflación’ y la ‘crisis del suministro alimentario’- ya se está dejando sentir una crisis mundial del costo de la vida (...).
El malestar social y la inestabilidad política resultantes no se limitarán a los mercados emergentes, ya que las presiones económicas siguen drenando la franja de ingresos medios. La creciente frustración de los ciudadanos ante la pérdida de desarrollo humano y la disminución de la movilidad social, así como la brecha cada vez mayor en materia de valores e igualdad, plantean un desafío existencial a los sistemas políticos de todo el mundo. La elección de líderes menos centristas y la polarización política entre las superpotencias económicas durante los próximos dos años también podrían reducir aún más el espacio para la resolución colectiva de problemas, fracturando alianzas y dando lugar a dinámicas más volátiles.
Con la reducción de la financiación del sector público y las preocupaciones de seguridad en pugna, nuestra capacidad para absorber la próxima conmoción mundial está disminuyendo. En la próxima década, menos países dispondrán de espacio fiscal para invertir en crecimiento futuro, tecnologías verdes, educación, sanidad y sistemas sanitarios.
Los choques simultáneos, los riesgos profundamente interconectados y la erosión de la resiliencia dan lugar al riesgo de policrisis, donde crisis dispares interactúan de tal manera que el impacto global supera con creces la suma de cada parte. La erosión de la cooperación geopolítica tendrá repercusiones en el panorama mundial de los riesgos a medio plazo, sobre todo al contribuir a una policrisis potencial de riesgos medioambientales, geopolíticos y socioeconómicos interrelacionados relacionados con la oferta y la demanda de recursos naturales. El informe describe cuatro futuros potenciales centrados en la escasez de alimentos, agua, metales y minerales, todos los cuales podrían desencadenar una crisis humanitaria y ecológica, desde guerras por el agua y hambrunas hasta la continua sobreexplotación de los recursos ecológicos y la ralentización de la mitigación y adaptación al cambio climático.” (Principales conclusiones: algunos extractos).
“La ‘nueva normalidad’ mundial es una vuelta a lo básico -alimentación, energía, seguridad- de los problemas que se suponía que nuestro mundo globalizado podía resolver. Estos riesgos se ven amplificados por el continuo riesgo sanitario y económico de una pandemia mundial, por la guerra en Europa y las sanciones que repercuten en una economía globalmente integrada, y por la escalada de la carrera armamentística tecnológica apuntalada por la competencia industrial y el aumento de la intervención estatal. Los cambios estructurales a más largo plazo en la dinámica geopolítica (...) coinciden con un panorama económico que cambia más rápidamente, allanando el camino para una era de bajo crecimiento, baja inversión y escasa cooperación y un posible declive del desarrollo humano tras décadas de progreso”. (1.1. Las crisis actuales, p.13).
“La combinación de fenómenos meteorológicos extremos y suministros limitados podría convertir la actual crisis del costo de la vida en un escenario catastrófico de hambre y angustia para millones de personas en países dependientes de las importaciones, o convertir la crisis energética en una crisis humanitaria en los mercados emergentes más pobres.
Se calcula que más de 800,000 hectáreas de tierras de cultivo han sido destruidas por las inundaciones en Pakistán, ... Las sequías y la escasez de agua previstas podrían reducir las cosechas y provocar la muerte del ganado en África oriental, septentrional y meridional, lo que agravaría la inseguridad alimentaria.
Las ‘choques graves o la volatilidad de los precios de los productos básicos’ es uno de los cinco principales riesgos para los próximos dos años en 47 países encuestados en el Estudio de Opinión Ejecutiva (EOS) del Foro, mientras que las “crisis graves de suministro de productos básicos” es un riesgo más localizado, como principal preocupación en 34 países, entre ellos Suiza, Corea del Sur, Singapur, Chile y Turquía. Los efectos catastróficos de la hambruna y la pérdida de vidas también pueden tener repercusiones más lejanas, al aumentar el riesgo de violencia generalizada y multiplicarse las migraciones involuntarias”. (Crisis del costo de la vida, p.15)
“Algunos países no serán capaces de contener futuros choques, invertir en crecimiento futuro y tecnologías verdes o construir resiliencia futura en educación, sanidad y sistemas ecológicos, con impactos exacerbados por los más poderosos y soportados desproporcionadamente por los más vulnerables”. (Recesión económica, p.17)
“Frente a las vulnerabilidades puestas de manifiesto por la pandemia y luego por la guerra, la política económica, sobre todo en las economías avanzadas, se orienta cada vez más hacia objetivos geopolíticos. Los países tratan de construir su 'autosuficiencia', apoyándose en las ayudas públicas, y de alcanzar la 'soberanía' frente a las potencias rivales (...).
Esto podría tener el efecto contrario al deseado, provocando una disminución de la resistencia y del crecimiento de la productividad y marcando el final de una era económica caracterizada por el abaratamiento y globalización de capitales, mano de obra y las materias primas.
Es probable que esto siga debilitando las alianzas existentes a medida que las naciones se replieguen sobre sí mismas”. (Confrontación geoeconómica, p.19)
“Hoy en día, los niveles atmosféricos de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso han alcanzado su máximo. Las trayectorias de las emisiones hacen muy improbable que se cumplan las ambiciones mundiales de limitar el calentamiento a 1.5°C.
Los últimos acontecimientos han puesto de manifiesto una divergencia entre lo que es científicamente necesario y lo que es políticamente conveniente.
Sin embargo, las tensiones geopolíticas y las presiones económicas ya han limitado -y en algunos casos invertido- los avances en la mitigación del cambio climático, al menos a corto plazo. Por ejemplo, la UE ha gastado al menos 50 mil millones de euros en crear y ampliar infraestructuras y suministros de combustibles fósiles, y algunos países han vuelto a poner en marcha centrales eléctricas de carbón.
La cruda realidad de 600 millones de personas en África sin acceso a la electricidad ilustra el fracaso a la hora de llevar el cambio a quienes lo necesitan y el continuo atractivo de las soluciones rápidas basadas en los combustibles fósiles, a pesar de los riesgos que entrañan.
El cambio climático también se convertirá cada vez más en un factor clave de las migraciones, y hay indicios de que ya ha contribuido a la aparición de grupos terroristas y conflictos en Asia, Oriente Medio y África”. (El hiato de la acción climática, p. 21)
Esta evaluación del estado del mundo actual incluye todos los elementos citados en nuestro texto de octubre de 2022, y a menudo con mayor detalle. En particular con las cuatro grandes características de la situación actual:
- La creciente gravedad de los efectos de la descomposición
- La irrupción de los efectos de la descomposición en la economía
- La creciente interacción de sus efectos, que agrava las contradicciones del capitalismo en una medida nunca vista.
- La creciente presencia de sus efectos en los países centrales (...)
están todos presentes en el documento del FEM, aunque con palabras y articulaciones ligeramente diferentes, y el impacto político de la descomposición en los países más avanzados se aborda en términos un tanto “tímidos”: no hay que molestar a los gobiernos y a las fuerzas políticas de estos países mencionando sus políticas cada vez más irracionales y caóticas.
En particular, el informe del Foro Económico Mundial hace hincapié en la creciente interacción de los efectos de la descomposición, que nosotros denominamos “efecto torbellino”. Para ello, introduce el término “policrisis”, ya utilizado en los años 90 por Edgar Morin, “filósofo” francés amigo de Castoriadis, mentor del grupo Socialisme ou Barbarie. El informe del FEM utiliza las siguientes definiciones de este término:
“Un problema se convierte en crisis cuando pone en tela de juicio nuestra capacidad para hacerle frente y, por tanto, amenaza nuestra identidad. En la policrisis, los choques son dispares, pero interactúan de tal manera que el conjunto es aún más abrumador que la suma de sus partes.
Otra explicación de la policrisis sería: cuando múltiples crisis en múltiples sistemas mundiales se enredan causalmente de tal manera que empeoran significativamente las perspectivas de la humanidad”.
Este “considerable deterioro de las perspectivas de la humanidad” se encuentra en el informe del FEM en el capítulo titulado “Riesgos mundiales 2033: las catástrofes del mañana”, un título que ya es indicativo del tono de estas perspectivas. Algunos de los subtítulos también son significativos: “Ecosistemas naturales: se ha superado el punto de no retorno”, “Salud humana: pandemias permanentes y retos crónicos de capacidades”, “Seguridad humana: nuevas armas, nuevos conflictos”.
Más concretamente, he aquí algunos ejemplos de cómo el informe del FEM desglosa estos temas:
“La biodiversidad dentro de los ecosistemas y entre ellos, ya está disminuyendo más rápidamente que en ningún otro momento de la historia de la humanidad.
Las intervenciones humanas han tenido un impacto negativo en un ecosistema natural global complejo y delicadamente equilibrado, desencadenando una cadena de reacciones. En los próximos diez años, la interacción entre la pérdida de biodiversidad, la contaminación, el consumo de recursos naturales, el cambio climático y los factores socioeconómicos formará una peligrosa mezcla. Dado que se calcula que más de la mitad de la producción económica mundial depende moderada o altamente de la naturaleza, el colapso de los ecosistemas tendrá consecuencias económicas y sociales considerables. Entre ellas se encuentran el aumento de los brotes de enfermedades zoonóticas, la reducción del rendimiento de los cultivos y de su valor nutricional, el aumento del estrés hídrico que exacerba conflictos potencialmente violentos, la pérdida de medios de vida dependientes de los sistemas alimentarios y de servicios naturales como la polinización, así como las inundaciones cada vez más dramáticas, la subida del nivel del mar y la erosión debida a la degradación de los sistemas naturales de protección contra las inundaciones, como las praderas acuáticas y los manglares costeros.
La destrucción de la naturaleza y el cambio climático están intrínsecamente ligados: el fracaso en una esfera afectará en cascada a la otra, y alcanzar el objetivo cero netos exigirá medidas de mitigación para ambas. Si no conseguimos limitar el calentamiento a +1.5° C o incluso a 2°C, el impacto continuado de los desastres naturales y los cambios de temperatura y precipitaciones se convertirán en la principal causa de pérdida de biodiversidad, en términos de composición y función.
El daño continuado a los sumideros de carbono por la deforestación y el deshielo del permafrost, por ejemplo, y la disminución de la productividad del almacenamiento de carbono (suelo y océano) podrían convertir estos ecosistemas en fuentes ‘naturales’ de emisiones de carbono y metano. El colapso inminente de las capas de hielo de Groenlandia y de la Antártida Occidental podría contribuir a la subida del nivel del mar y a las inundaciones costeras, mientras que la ‘extinción’ de los arrecifes de coral de baja latitud, que son viveros de vida marina, tendrá sin duda repercusiones en el suministro de alimentos y en los ecosistemas marinos en sentido amplio.
Es probable que la presión sobre la biodiversidad se amplifique aún más por la continua deforestación con fines agrícolas, con la consiguiente demanda de tierras de cultivo adicionales, sobre todo en zonas subtropicales y tropicales con una densa biodiversidad, como el África subsahariana y el Sudeste Asiático.
Sin embargo, hay que tener en cuenta un mecanismo de retroalimentación más existencial: la biodiversidad contribuye a la salud y resistencia de suelos, plantas y animales, y su declive pone en peligro el rendimiento de la producción de alimentos y su valor nutricional. Esto, a su vez, podría alimentar la deforestación, aumentar los precios de los alimentos, amenazar los medios de vida locales y contribuir a las enfermedades y la mortalidad relacionadas con la alimentación. También puede provocar migraciones involuntarias a gran escala.
Está claro que la escala y el ritmo de la transición a una economía verde requieren nuevas tecnologías. Sin embargo, es probable que algunas de estas tecnologías tengan un nuevo impacto en los ecosistemas naturales, y las oportunidades de ‘probar los resultados sobre el terreno’ son limitadas”. (Ecosistemas naturales: el punto de no retorno ha pasado, p.31)
“La salud pública mundial está sometida a una presión cada vez mayor y los sistemas sanitarios de todo el mundo corren el riesgo de volverse inadecuados.
Dadas las crisis actuales, la salud mental también puede verse agravada por el aumento de factores de estrés como la violencia, la pobreza y la soledad.
Los sistemas sanitarios se enfrentan al agotamiento de los trabajadores y a una escasez persistente en un momento en que la consolidación fiscal corre el riesgo de desviar la atención y los recursos hacia otros ámbitos. En la próxima década, es probable que epidemias más frecuentes y generalizadas de enfermedades infecciosas, en un contexto de enfermedades crónicas, lleven a los agotados sistemas sanitarios al borde de la quiebra en todo el mundo. (...)
También se prevé que el cambio climático agrave la malnutrición por el aumento de la inseguridad alimentaria. El aumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera puede provocar deficiencias de nutrientes en las plantas, o incluso una absorción acelerada de minerales pesados, que se han relacionado con el cáncer, la diabetes, las cardiopatías y los trastornos del crecimiento”. (Salud humana: pandemia permanente y retos crónicos en capacidades, p.35)
“Una inversión de la tendencia a la desmilitarización aumentará el riesgo de conflicto, a una escala potencialmente más destructiva. La creciente desconfianza y suspicacia entre las potencias mundiales y regionales ya ha dado lugar a una redefinición de las prioridades del gasto militar y a un estancamiento de los mecanismos de no proliferación.
La extensión del poder económico, tecnológico y, en consecuencia, militar a múltiples países y actores está en el origen de la última iteración de una carrera armamentística mundial.
La proliferación de armas militares más destructivas y de nuevas tecnologías puede permitir nuevas formas de guerra asimétrica, que permitan a pequeñas potencias y a particulares tener un mayor impacto a escala nacional y mundial”. (Seguridad humana: nuevas armas, nuevos conflictos, p.38)
“Todas las preocupaciones emergentes sobre la oferta y la demanda de recursos naturales se están convirtiendo ya en un motivo creciente de inquietud. Los encuestados en el GRPS [Global Risks Perception Survey] identificaron fuertes relaciones y vínculos recíprocos entre las ‘crisis de los recursos naturales’ y los demás riesgos identificados en los capítulos anteriores.
El informe describe cuatro futuros potenciales centrados en la escasez de alimentos, agua, metales y minerales, todos los cuales podrían desencadenar una crisis humanitaria y ecológica: desde guerras por el agua y hambrunas hasta la continua sobreexplotación de los recursos ecológicos y la ralentización de la mitigación del cambio climático y la adaptación al mismo”. (Rivalidades por los recursos: cuatro futuros emergentes, p.57)].
La conclusión del informe nos da una imagen resumida de cómo será el mundo en 2030:
“La pobreza mundial, las crisis ligadas a los medios de subsistencia relacionadas con el clima, la malnutrición y las enfermedades relacionadas con la alimentación, la inestabilidad estatal y la migración involuntaria han aumentado, prolongando y ampliando la inestabilidad y las crisis humanitarias. (...)
La inseguridad alimentaria, energética e hídrica se están convirtiendo en factores de polarización social, disturbios civiles e inestabilidad política.
La sobreexplotación y la contaminación -la tragedia de los bienes comunes- se han extendido. El hambre ha vuelto a una escala nunca vista en el siglo pasado. La magnitud de las crisis humanitarias y medioambientales pone de manifiesto la parálisis y la ineficacia de los principales mecanismos multilaterales a la hora de abordar las crisis a las que se enfrenta el orden mundial, que se están convirtiendo en una espiral de policrisis que se autoperpetúan y agravan”.
El informe intenta en ciertos momentos no desesperar demasiado a sus lectores diciendo, por ejemplo:
“Algunos de los riesgos descritos en el informe de este año están cerca de un punto de inflexión. Ahora es el momento de actuar colectivamente, con decisión y con una perspectiva a largo plazo, para trazar un rumbo hacia un mundo más positivo, inclusivo y estable.” Pero, en conjunto, demuestra que los medios para “actuar colectivamente, con decisión” son inexistentes en el sistema actual.
En el texto de 1990, basábamos el desarrollo de nuestro análisis en la aparición o el agravamiento a escala mundial de toda una serie de manifestaciones mortíferas o caóticas de la vida social. Podemos recordarlas aquí para ver en qué medida la situación actual, tal como se presenta más arriba, ha acentuado y amplificado esas manifestaciones:
- “Multiplicación de las hambrunas en los países del 'tercer mundo'“.
- Transformación de este mismo 'tercer mundo' en una inmensa chabola y desarrollándose ese mismo fenómeno en el corazón de las grandes ciudades de los países 'avanzados'“.
- “Aumento de las catástrofes ‘accidentales’ y efectos humanos, sociales y económicos cada vez más devastadores de las catástrofes ‘naturales’”.
- “Degradación del medio ambiente (ríos muertos, vertidos en los océanos, aire irrespirable en las ciudades, contaminación radiactiva, efecto invernadero)”.
- “Desarrollo de epidemias”
- “La increíble corrupción que crece y florece en el aparato político de la clase dirigente”.
El fenómeno de la corrupción no se aborda en el informe del FEM (¡para no molestar a los corruptos!). Por ejemplo, la victoria de los talibanes en Afganistán y el avance de los grupos yihadistas en el Sahel deben mucho a la corrupción desenfrenada de los regímenes que estaban o siguen estando a su cabeza. En los países surgidos de la antigua Unión Soviética, empezando por Rusia y Ucrania, gobiernan estados mafiosos. Pero este fenómeno no perdona a los países más desarrollados, con todos los tejemanejes (que no son más que la punta del iceberg) revelados por los “papeles de Panamá” y otros organismos. Del mismo modo, los “petrodólares” entran a raudales en los países avanzados, sobre todo en Europa, para comprar la complacencia de los “responsables políticos de estos países” ante decisiones absurdas y perjudiciales como la adjudicación del Mundial de Fútbol a Qatar o (increíble pero cierto) ¡la adjudicación de los Juegos Asiáticos de Invierno a Arabia Saudí! Pero uno de los puntos álgidos se alcanzó cuando el vicepresidente del Parlamento Europeo, una institución que se supone, entre otras cosas, que lucha contra la corrupción, fue sorprendido con maletas de billetes provenientes de Qatar.
Por último, está claro que el terrible balance humano de los terremotos que sacudieron Turquía y Siria a principios de febrero es en gran medida el resultado de la corrupción que permitió a los promotores ignorar las normas oficiales antisísmicas para aumentar sus ganancias.
“La tendencia general es que la burguesía pierda el control sobre la conducción de sus políticas:
Como hemos visto, esta cuestión se trata con mucha cautela en el informe del FEM, sobre todo cuando se refiere a “un desafío existencial para los sistemas políticos de todo el mundo” y a “la elección de líderes menos centristas”.
Por último, las manifestaciones de descomposición identificadas en 1990 no se mencionan directamente en el informe del FEM (a menudo por razones “diplomáticas”) ni en nuestro texto de octubre de 2022, porque eran secundarias con respecto a la idea central de dicho texto: el considerable paso dado por la decadencia al entrar en la década de 2020...
“Un aumento permanente de la delincuencia, la inseguridad y la violencia urbana, en la que los niños están cada vez más implicados”:
Podemos citar dos ejemplos (entre muchos): los continuos asesinatos en masa en Estados Unidos y los recientes asesinatos de varios adolescentes a manos de otros adolescentes en Francia.
Desarrollo del nihilismo, del odio “sin futuro” y de la xenofobia”:
El auge del odio racista (a menudo en nombre de la religión) que es el caldo de cultivo sobre el que prosperan los populismos de extrema derecha (Nigel Farrage en el Reino Unido, Trump y sus “fans” en Estados Unidos, Le Pen en Francia, Meloni en Italia, etc.).
“Marea creciente de la droga, que afecta sobre todo a los jóvenes”:
No hay tregua en esta plaga ilustrada por el poder de las bandas de narcotraficantes como en México.
“Profusión de sectas, renacimiento del espíritu religioso, incluso en algunos países avanzados”:
Hoy en día hay muchos ejemplos del agravamiento de este fenómeno con el auge del:
- el salafismo, la versión más oscurantista del islam;
- el fanatismo cristiano de extrema derecha, ilustrado por la creciente influencia de los evangélicos, como en Estados Unidos y Brasil;
- un hinduismo beligerante y xenófobo en la India (el país más poblado del mundo);
- un “judaísmo combativo” de extrema derecha en Israel.
Evidentemente, el informe del FEM evita cuidadosamente mencionar estos fenómenos: hay que ser cortés con los participantes en el Foro de Davos, que representan a gobiernos cuya religión y fanatismo religioso son un instrumento político fundamental de su poder.
“Rechazo del pensamiento racional, coherente y construido, incluso por parte de ciertos círculos 'científicos'“:
Desarrollo reciente de la teoría de la conspiración, en particular en la época de la pandemia de Covid, a menudo asociada a la ideología de extrema derecha. Con una contrapartida, al otro lado del espectro político: el éxito creciente del “wokismo”, corriente originaria de las universidades americanas, cuyo “radicalismo” consiste en agruparse en pequeñas capillas “militantes” en torno a temas totalmente burgueses que pretenden “luchar contra el sistema”.
“Cada uno para sí”, atomización de los individuos”:
Un ejemplo dramático es el aislamiento de ancianos durante la pandemia, antes de que se utilizaran vacunas, sobre todo en residencias de ancianos. Y la angustia de las familias de los fallecidos.
Todos los pasajes entrecomillados están tomados de las tesis de 1990. Reflejan las características que ya estaban presentes en el mundo en aquella época, y en las que basamos nuestro análisis. La acumulación simultánea de todos estos acontecimientos catastróficos, y su gran cantidad, indicaban que se iniciaba un periodo cualitativamente nuevo en la historia de la decadencia del capitalismo. En las Tesis, la interacción entre varias de estas manifestaciones ya estaba presente. Sin embargo, en aquel momento, habíamos destacado sobre todo el origen común de estas manifestaciones que, en cierto modo, parecían desarrollarse en paralelo sin interactuar entre sí. En particular, constatamos que si bien, fundamentalmente, la crisis económica del capitalismo estaba en la raíz del fenómeno de descomposición de la sociedad, no se veía realmente afectada por las diferentes manifestaciones de esta descomposición.
- En el 22º Congreso, además de destacar la aparición de dos nuevas manifestaciones interrelacionadas de la descomposición, la inmigración masiva y el auge del populismo, señalamos que la economía empezaba a verse afectada por la descomposición (especialmente a través del auge del populismo), mientras que anteriormente se había mantenido relativamente a salvo. Hoy en día, esta interacción entre aspectos fundamentales de la situación mundial y de crucial importancia histórica está experimentando un auge espectacular y dramático. Nuestro texto de octubre de 2022, al igual que el informe del FEM, pone de relieve hasta qué punto estas diferentes manifestaciones son ahora interdependientes.
Así pues, a medida que nos adentramos en la década de 2020, y en particular en la de 2022, asistimos a una aceleración de la historia, a un nuevo agravamiento dramático de la descomposición que está llevando a la sociedad humana, e incluso a la especie humana -y así lo percibe un número cada vez mayor de personas-, a su destrucción.
Esta intensificación de las diversas convulsiones que experimenta el planeta, y su creciente interacción, constituyen una confirmación no sólo de nuestro análisis, sino también del método marxista en el que se basa, método que otros grupos del medio político proletario tienden a “olvidar” cuando rechazan nuestro análisis de la descomposición.
Esta parte del informe, que publicamos a continuación, se ha visto ampliada por una serie de desarrollos que forman parte del método marxista de aprehensión de la realidad. No estaban explícitamente presentes en la versión presentada al congreso, pero la sustentan. El objetivo de este añadido es alimentar el debate público en defensa de la concepción marxista del materialismo frente a la concepción vulgar del materialismo defendida por la mayoría de los componentes del medio político proletario, en particular los damenistas y los bordiguistas.
En conjunto, los grupos del MPP han comprendido muy poco lo que queremos decir en nuestro análisis de la descomposición. El grupo que ha ido más lejos en la refutación de este análisis es el grupo bordiguista que publica Le Prolétaire en France. Ha dedicado dos artículos a nuestro análisis del auge del populismo en varios países y a su vínculo con el análisis de la descomposición (que califica de “famoso y fumoso”), de los que he aquí algunos extractos:
“Révolution Internationale nos explica las raíces de esta llamada ‘descomposición’: ‘la incapacidad actual de las dos clases fundamentales y antagónicas, la burguesía y el proletariado, para plantear su propia perspectiva (guerra mundial o revolución) ha engendrado una situación de ‘bloqueo momentáneo’ y de ‘putrefacción de la sociedad’. Los proletarios que ven cada día empeorar sus condiciones de explotación y deteriorarse sus condiciones de vida, se alegrarán de saber que su clase es capaz de bloquear a la burguesía e impedirle plantear sus ‘perspectivas’...” (LP 523)
“Negamos, pues, que la burguesía haya ‘perdido el control de su sistema’ políticamente y que la política llevada a cabo por los gobiernos de Gran Bretaña o Estados Unidos se deba a una misteriosa enfermedad llamada ‘populismo’ causada por el ‘hundimiento de la sociedad en la barbarie’.
Para decirlo en términos muy generales, estos giros (a los que podríamos añadir el avance de la extrema derecha en Suecia o Alemania, con el apoyo de una parte del establishment político burgués) tienen la función de responder a una necesidad de dominación burguesa, ya sea interna o externa, en una situación de acumulación de riesgos económicos y políticos a nivel internacional - y no algo que “perturbe el juego político con la consecuencia de una creciente pérdida de control del aparato político burgués sobre el terreno electoral”. (LP 530)
En cuanto a la idea de que el populismo correspondería a una auténtica política “realista” de la burguesía y controlada por ella, lo ocurrido en el Reino Unido en los últimos años debería hacer reflexionar a este grupo.
Como vemos, Le Prolétaire se toma la molestia de llegar al corazón de nuestro análisis: la situación de bloqueo entre las clases surgida tras el renacimiento histórico del proletariado mundial en 1968 (que no reconoció, al igual que el medio político proletario en su conjunto). De hecho, detrás de este malentendido se esconde una incomprensión y un rechazo de la noción de curso histórico, que se remonta a un desacuerdo que tenemos con los grupos surgidos del Partito de 1945.
Para estos bordiguistas, negar la existencia del período de descomposición significa negar el papel histórico fundamental desempeñado por la lucha entre las clases en el desarrollo de la situación mundial. En otras palabras, un alejamiento importante del método marxista. Reconocer el factor decisivo de la lucha de clases sólo en los momentos excepcionales en que el proletariado se manifiesta abiertamente en la escena mundial, es decir, cuando las capacidades de la clase obrera son evidentes para todos, es un indicio de la decadencia de los epígonos de la izquierda italiana.
El hecho de que la burguesía siempre, en todo momento, ya sea en períodos de derrota o de retroceso o en períodos de revolución, haya aprendido a tener en cuenta las disposiciones de la clase obrera fue conocido por el marxismo después de 1848, tras el sangriento aplastamiento de la insurrección del proletariado francés en junio de ese año. El 18 Brumario de Luis Bonaparte de Marx, que Engels siempre ha presentado como el ejemplo por excelencia de la aplicación del método del materialismo histórico a los acontecimientos mundiales, muestra que después de los acontecimientos de 1848, la burguesía se vio obligada, no obstante, a reconocer incluso a la clase obrera derrotada como su adversario histórico. Este reconocimiento fue un factor importante en el alineamiento de la clase dominante tras el golpe de Estado de Luis Bonaparte de 1852 y la represión de la facción republicana de la burguesía”5
Otro sucesor del Partito de 1945, la Tendencia Comunista Internacionalista (TCI, anteriormente llamado Buro Internacional para el Partido Revolucionario) también ha renunciado al ABC del materialismo histórico según el cual “la historia es la historia de la lucha de clases” y muestra con orgullo su ignorancia del actual periodo de descomposición del capitalismo mundial y de sus causas subyacentes que residen en el estado de los antagonismos de clase.
La TCI también intenta presentar nuestro análisis como no marxista e idealista:
“Tras el colapso de la URSS, la CCI declaró de repente que este colapso había creado una nueva situación en la que el capitalismo había alcanzado una nueva etapa, que denominó ‘descomposición’. En su incomprensión de cómo funciona el capitalismo, para la CCI casi todo lo que es malo -desde el fundamentalismo religioso hasta las numerosas guerras que han estallado desde el colapso del bloque del Este- no es más que la expresión del Caos y la Descomposición. Creemos que esto equivale a un abandono completo del terreno del marxismo, ya que estas guerras, al igual que las anteriores guerras de la fase decadente del capitalismo, son el resultado de este mismo orden imperialista. (...) La sobreproducción de capital y mercancías, provocada cíclicamente por la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, conduce a crisis y contradicciones económicas que, a su vez, dan lugar a guerras imperialistas. En cuanto se ha devaluado lo suficiente el capital y se han destruido los medios de producción (mediante la guerra), puede comenzar un nuevo ciclo de producción. Desde 1973, nos encontramos en la fase final de una crisis de este tipo, y todavía no ha comenzado un nuevo ciclo de acumulación”. (Marxismo o idealismo - Nuestras diferencias con la CCI).
Uno se pregunta si los camaradas de la TCI (que piensan que fue a raíz del hundimiento del bloque del Este en 1989 cuando nos sacamos de repente de la chistera nuestro análisis de la descomposición) se han molestado en leer nuestro texto de base de 1990. En su introducción, somos muy claros: “Incluso antes de los acontecimientos del Este, la CCI ya había puesto de relieve este fenómeno histórico (véase en particular la Revista Internacional, nº 57)”. También es terriblemente superficial atribuirnos la idea de que “casi todo lo que es malo (...) no es más que la expresión del Caos y de la Descomposición”. Y se les ocurre una idea fundamental en la que creen que no habíamos pensado: “estas guerras, como las anteriores de la fase decadente del capitalismo, son el resultado de este mismo orden imperialista”. ¡Qué descubrimiento! Nunca hemos dicho nada diferente, pero la cuestión que se plantea, y que ellos no se plantean, es en qué contexto histórico general se inscribe hoy el orden imperialista. Para los militantes de la TCI, basta con destruir suficiente capital constante para que se inicie un nuevo ciclo de acumulación. Desde este punto de vista, la destrucción que tiene lugar hoy en Ucrania es una bendición para la salud de la economía mundial. Tenemos que hacer llegar este mensaje a los dirigentes económicos de la burguesía que, en el reciente Foro de Davos, se mostraron alarmados, como hemos visto, por las perspectivas del mundo capitalista y, en particular, por el impacto negativo de la guerra en Ucrania sobre la economía mundial. De hecho, quienes nos atribuyen una ruptura con el enfoque marxista harían bien en releer (o leer) los textos fundamentales de Marx y Engels y tratar de comprender el método que emplean. Si los propios hechos, la evolución de la situación mundial, confirman, día tras día, la validez de nuestro análisis es en gran parte porque se basa firmemente en el método dialéctico del marxismo (aunque no haya ninguna referencia explícita a este método ni citas de Marx o Engels en las tesis de 1990).
En su rechazo del análisis de la descomposición del capitalismo mundial, la TCI se distingue, y se avergüenza, por llevar también su hacha polémica, aunque roma, a otro pilar del método marxista del materialismo histórico que se resume en el prefacio de Marx a la “Contribución a la crítica de la economía política” de 1859 (y retomado en el primer punto de la plataforma de la CCI). Las relaciones de producción en cada formación social de la historia humana -relaciones que determinan los intereses y las acciones de las clases opuestas que han surgido de ellas- se transforman siempre de factores del desarrollo de las fuerzas productivas en una fase ascendente, en impedimentos negativos para estas mismas fuerzas en otra fase, creando la necesidad de una revolución social. Pero el período de descomposición, culminación de un siglo de decadencia del capitalismo como modo de producción, simplemente no existe para la TCI.
Aunque la TCI utiliza la expresión “fase de decadencia del capitalismo”, no ha comprendido lo que esta fase significa para el desarrollo de la crisis económica del capitalismo o las guerras imperialistas que se derivan de ella.
En la época de ascenso del capitalismo, los ciclos de producción -conocidos comúnmente como auges y crisis- eran el latido de un sistema en progresiva expansión. Las guerras limitadas de aquella época podían acelerar esta progresión mediante la consolidación nacional -como hizo la guerra franco-prusiana de 1871 para Alemania- o ganar nuevos mercados mediante la conquista colonial. La devastación de las dos guerras mundiales, la destrucción imperialista del periodo decadente y sus consecuencias expresan, por el contrario, la ruina del sistema capitalista y su estancamiento como modo de producción.
Para la TCI, sin embargo, la sana dinámica de acumulación capitalista del siglo XIX es eterna: para esta organización, los ciclos de producción no han hecho más que aumentar de tamaño. Y esto los lleva al absurdo de que un nuevo ciclo de producción capitalista podría fecundarse en las cenizas de una tercera guerra mundial6 Incluso la burguesía no es tan estúpidamente optimista sobre las perspectivas de su sistema y comprende mejor la era de catástrofes a la que se enfrenta.
La TCI puede ser “económicamente materialista”, pero no en el sentido marxista de analizar el desarrollo de las relaciones de producción en condiciones históricas que han cambiado fundamentalmente.
En 3 obras fundamentales del movimiento obrero, El Capital de Marx, La acumulación del capital de Rosa Luxemburgo y Estado y revolución de Lenin, encontramos un enfoque histórico de las cuestiones estudiadas. Marx dedica muchas páginas a explicar cómo el modo de producción capitalista, que ya dominaba plenamente la sociedad de su época, se desarrolló en el curso de la historia. Rosa Luxemburgo examina cómo plantearon la cuestión de la acumulación diversos autores anteriores, y Lenin hace lo propio con la cuestión del Estado. En este enfoque histórico, de lo que se trata es de tener en cuenta que las realidades que examinamos no son cosas estáticas, intangibles, que existen desde tiempos inmemoriales, sino que corresponden a procesos en constante evolución con elementos de continuidad, pero también y, sobre todo, de transformación e incluso de ruptura. Las tesis de 1990 intentan inspirarse en este enfoque presentando la situación histórica actual dentro de la historia general de la sociedad, la del capitalismo, y más concretamente de la historia de la decadencia de este sistema. Más concretamente, constatan las similitudes entre la decadencia de las sociedades precapitalistas y la de la sociedad capitalista, pero también, y sobre todo, las diferencias entre ellas, cuestión que está en el centro del inicio de la fase de descomposición en el seno de esta última: “Mientras que en las sociedades del pasado, las nuevas relaciones de producción destinadas a suceder a las relaciones de producción que se habían vuelto obsoletas podían desarrollarse a su lado, en el seno de la propia sociedad -lo que podía, en cierto modo, limitar los efectos y la amplitud de su decadencia-, la sociedad comunista, la única capaz de suceder al capitalismo, no puede en modo alguno desarrollarse en su seno; No hay, pues, ninguna posibilidad de regeneración de la sociedad sin el derrocamiento violento del poder de la clase burguesa y la extirpación de las relaciones de producción capitalistas”. (Tesis 1)
Por el contrario, el materialismo ahistórico de la TCI puede explicar todos los acontecimientos, todas las guerras, en todas las épocas, aplicando magicamente la misma fórmula: “ciclos de acumulación”. Este materialismo oracular, por explicarlo todo, no explica nada, y por eso no puede exorcizar el peligro del idealismo. Al contrario, las lagunas creadas por el materialismo vulgar deben llenarse con cemento idealista. Cuando no se pueden comprender ni explicar las condiciones reales de la lucha revolucionaria del proletariado, se necesita un deus ex-machina idealista para resolver el problema: “el partido revolucionario”. Pero éste no es el partido comunista que surge y se construye en condiciones históricas específicas, sino un partido mítico que puede ser inflado en cualquier período por la palabrería oportunista.
Los epígonos de la izquierda italiana7, al criticar la existencia de un periodo de descomposición del capitalismo mundial, han tenido por tanto que intentar acabar con dos pilares fundamentales del método marxista del materialismo histórico. En primer lugar, el hecho de que la historia del capitalismo, como toda la historia anterior, es la historia de la lucha de clases, y, en segundo lugar, el hecho de que el papel determinante de las leyes económicas evoluciona con la evolución histórica de un modo de producción.
Hay un tercer requisito olvidado, implícito en los otros dos aspectos del método marxista: el reconocimiento de la evolución dialéctica de todos los fenómenos, incluido el desarrollo de las sociedades humanas, según la unidad de los contrarios, que Lenin describió como la esencia de la dialéctica en su trabajo sobre la cuestión durante la Primera Guerra Mundial. Mientras que los epígonos sólo ven el desarrollo en términos de repetición y aumento o disminución, el marxismo entiende que la necesidad histórica -el determinismo materialista- se expresa de forma contradictoria e interactiva, de modo que causa y efecto pueden cambiar de lugar y la necesidad se revela a través de un camino tortuoso.
Para el marxismo, la superestructura de las formaciones sociales, es decir, su organización política, jurídica e ideológica, nace sobre la base de la infraestructura económica y está determinada por ella. Así lo entendieron los epígonos. Sin embargo, se les escapa el hecho de que esta superestructura puede actuar como causa -si no como principio- además de como efecto. Engels, hacia el final de su vida, debió insistir en este punto preciso en una serie de cartas dirigidas en los años 1890 al materialismo vulgar de los epígonos de la época. Su correspondencia es de lectura absolutamente imprescindible para quienes niegan hoy que la descomposición de la superestructura capitalista pueda tener un efecto catastrófico sobre los fundamentos económicos del sistema.
“El desarrollo político, jurídico, filosófico, religioso, literario, artístico, etc. se basa en el desarrollo económico. Todos ellos reaccionan entre sí y sobre la base económica. No es cierto que la situación económica sea la única causa activa y que todo lo demás sea un efecto pasivo. Pero hay una acción recíproca sobre la base de la necesidad económica que siempre triunfa en última instancia”. (Engels a Borgius, 25 de enero de 1894).
En la fase final de la decadencia capitalista, su periodo de descomposición, el efecto retroactivo de la superestructura en descomposición sobre la infraestructura económica se acentúa cada vez más, como han demostrado vívidamente los efectos económicos negativos de la pandemia de Covid, el cambio climático y la guerra imperialista en Europa -excepto para los discípulos ciegos de Bordiga y Damen8
Marx no tuvo ocasión de exponer, como había previsto, su método, el que utilizó en particular en El Capital. Sólo menciona este método, muy brevemente, en el epílogo de la 2ª edición alemana de su libro. Por nuestra parte, sobre todo frente a las acusaciones, a menudo estúpidas, de grupos del medio político proletario (y más aún de los parásitos) de que nuestro análisis “no es marxista”, de que es “idealista”, nos corresponde subrayar la fidelidad del planteamiento de las tesis de 1990 al método dialéctico del marxismo, del que cabe recordar algunos elementos adicionales:
Es una idea que se repite con frecuencia en el texto de 1990. Las manifestaciones de descomposición pueden haber existido en la decadencia del capitalismo, pero hoy la acumulación de estas manifestaciones es la prueba de una transformación-ruptura en la vida de la sociedad, que señala la entrada en una nueva época de decadencia capitalista en la que la descomposición se convierte en el elemento decisivo. Este componente de la dialéctica marxista no se limita a los hechos sociales. Como señala Engels, en particular en Anti Dühring y en La dialéctica de la naturaleza, es un fenómeno que puede encontrarse en todos los ámbitos y que, además, ha sido aprehendido por otros pensadores. En Anti Dühring, por ejemplo, Engels cita a Napoleón Bonaparte diciendo (en resumen) “Dos mamelucos eran absolutamente superiores a tres franceses; (...) 1,000 franceses derribaban siempre a 1,500 mamelucos” como resultado de la disciplina que se hace efectiva cuando interviene un gran número de combatientes. Engels insistió también en que esta ley se aplicaba plenamente a las ciencias. Por lo que se refiere a la situación histórica actual y a la multiplicación de toda una serie de acontecimientos catastróficos, es dar la espalda a la dialéctica marxista (lo que es normal por parte de la ideología burguesa y de la mayoría de los “especialistas” académicos) no apoyarse en esta ley de la transformación de la cantidad en calidad, lo que es sin embargo el caso del medio político proletario en su conjunto, que intenta aplicar una causa específica y aislada a cada una de las manifestaciones catastróficas de la historia actual.
Los diferentes componentes de la vida de la sociedad, aunque cada uno tenga una especificidad, aunque puedan incluso adquirir en ciertas circunstancias una autonomía relativa, están inter determinados dentro de una totalidad regida, “en última instancia” (pero sólo en última instancia, como dice Engels en la famosa carta a J. Bloch del 21 de septiembre de 1890), por el modo y las relaciones de producción y su evolución. Este es uno de los principales fenómenos de la situación actual.
Las diversas manifestaciones de la descomposición, que al principio podían parecer independientes pero cuya acumulación ya indicaba que habíamos entrado en una nueva época de decadencia capitalista, reverberan ahora cada vez más unas sobre otras en una especie de “reacción en cadena”, un “torbellino” que está dando a la historia la aceleración que estamos testimoniando (reconocida incluso por los “expertos” de Davos).
Por último, el préstamo a la dialéctica marxista del enfoque histórico, de este aspecto esencial del movimiento y de la transformación, está en el corazón de la idea central de nuestro análisis de la descomposición: “ningún modo de producción puede vivir, desarrollarse, mantenerse sobre bases viables, asegurar la cohesión social, si no es capaz de presentar una perspectiva al conjunto de la sociedad que domina. Esto es particularmente cierto en el caso del capitalismo como modo de producción más dinámico de la historia. (Tesis 5) Y precisamente hoy, ninguna de las dos clases fundamentales, la burguesía y el proletariado, puede, por el momento, ofrecer tal perspectiva a la sociedad.
Para los que nos llaman “idealistas”, es un verdadero escándalo afirmar que un factor ideológico, la ausencia de un proyecto de sociedad, puede tener un impacto importante en la vida de la sociedad. De hecho, están demostrando que el materialismo que reivindican no es más que un materialismo vulgar ya criticado por Marx en su época, especialmente en las Tesis sobre Feuerbach. Según ellos, las fuerzas productivas se desarrollan de manera autónoma. Y el desarrollo de las fuerzas productivas dicta por sí solo los cambios en las relaciones de producción y las relaciones de clase.
Desde su punto de vista, las instituciones y las ideologías, es decir, la superestructura, se mantienen mientras legitimen y preserven las relaciones de producción existentes. Quedan excluidos, por tanto, elementos como las ideas, la moral humana y la intervención política en el proceso histórico.
El materialismo histórico contiene, además de los factores económicos, otros factores como la riqueza natural y los factores contextuales. Las fuerzas productivas contienen mucho más que máquinas o tecnología. Contienen conocimientos, saber hacer y experiencia. De hecho, todo lo que hace posible o dificulta el proceso de trabajo. La forma de cooperación y asociación son en sí mismas fuerzas productivas, y son también un elemento importante en la transformación y el desarrollo económicos.
Los que podríamos llamar “antidialécticos”9 niegan la distinción entre las condiciones objetivas y subjetivas de la lucha revolucionaria. Derivan la capacidad de la clase simplemente de la defensa de sus intereses económicos inmediatos. Consideran que los intereses de clase del proletariado crearán su capacidad para realizar y defender estos intereses. Niegan las fuerzas que actúan para desorganizar sistemáticamente a la clase obrera, aniquilar sus capacidades, dividirla y oscurecer el carácter de clase de su lucha.
Como señaló Lenin, debemos hacer análisis concretos de la situación concreta. Y en la sociedad capitalista más desarrollada, se otorga un papel muy importante a la ideología, a un aparato que debe defender y justificar los intereses burgueses y dar estabilidad al sistema capitalista. Por eso Marx subrayaba que para que se produjera la revolución comunista debían darse sus condiciones objetivas y subjetivas. La primera condición es la capacidad de la economía para producir en abundancia suficiente para la población mundial. La segunda condición es un nivel suficiente de desarrollo de la conciencia de clase. Esto nos devuelve a nuestro análisis de la cuestión del “eslabón débil” y de la necesaria experiencia histórica expresada en la conciencia.
Los “deterministas” sacan el desarrollo de las fuerzas productivas de su contexto social. Tienden a negar TODA importancia a la superestructura ideológica, aunque lo nieguen. Las luchas obreras tienden a aparecer como una pura cuestión de reflejos. Se trata de una visión fundamentalmente fatalista, bien expresada en la idea de Bordiga de que “la revolución es tan segura como si ya hubiera tenido lugar”. Tal visión conduce a una sumisión pasiva, una sumisión que espera los efectos automáticos del desarrollo económico. En última instancia, no deja lugar a la lucha de clases como condición fundamental para cualquier cambio, en contradicción con la primera frase del Manifiesto Comunista: “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días no ha sido más que la historia de las luchas de clases.”
La tercera tesis sobre Feuerbach nos da una buena idea del materialismo histórico y rechaza cualquier determinismo estricto:
“La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a la sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de la sociedad (así, por ejemplo., en Robert Owen).
La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.”.
Nuestros detractores verán probablemente en esto una visión idealista, pero nosotros sostenemos que la dialéctica marxista asigna al futuro un lugar fundamental en la evolución y el movimiento de la sociedad. De los tres momentos de un proceso histórico -pasado, presente y futuro- es el futuro el que constituye el factor fundamental de su dinámica.
El papel del futuro es fundamental en la historia de la humanidad. Los primeros humanos que partieron de África para conquistar el mundo, y los aborígenes que partieron de Australia para conquistar el Pacífico, miraban al futuro en busca de nuevos medios de subsistencia. Es esta preocupación por el futuro la que impulsa el deseo de procrear, así como la mayoría de las religiones. Y ya que nuestros detractores necesitan ejemplos “muy económicos”, podemos citar dos del funcionamiento del capitalismo. Cuando un capitalista invierte, no lo hace con la vista puesta en el pasado, sino para obtener beneficios en el futuro. Del mismo modo, el crédito, que desempeña un papel tan fundamental en los mecanismos del capitalismo, no es otra cosa que una apuesta por el futuro.
El papel del futuro está omnipresente en los textos de Marx y del marxismo en general. Este papel se pone bien de relieve en este conocido pasaje de El Capital:
“Aquí, partimos del supuesto del trabajo plasmado ya bajo una forma en la que pertenece exclusivamente al hombre. Una araña ejecuta operaciones que semejan a las manipulaciones del tejedor, y la construcción de los paneles de las abejas podría avergonzar, por su perfección, a más de un maestro de obras. Pero, hay algo en que el peor maestro de obras aventaja, desde luego, a la mejor abeja, y es el hecho de que, antes de ejecutar la construcción, la proyecta en su cerebro. Al final del proceso de trabajo, brota un resultado que antes de comenzar el proceso existía ya en la mente del obrero; es decir, un resultado que tenía ya existencia ideal. El obrero no se limita a hacer cambiar de forma la materia que le brinda la naturaleza, sino que, al mismo tiempo, realiza en ella su fin, fin que él sabe que rige como una ley las modalidades de su actuación y al que tiene necesariamente que supeditar su voluntad.”
Evidentemente, este papel esencial del futuro en la sociedad es aún más fundamental para el movimiento obrero, cuyas luchas en el presente sólo cobran verdadero sentido en la perspectiva de la revolución comunista del futuro.
“La revolución social del siglo XIX [la revolución proletaria] no puede extraer su poesía del pasado, sino sólo del futuro”. (Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte).
“Los sindicatos actúan útilmente como centros de resistencia a los atropellos del capital. Fracasan en parte en su propósito en cuanto hacen un uso imprudente de su poder. Pierden totalmente su objetivo cuando se limitan a una guerra de escaramuzas contra los efectos del régimen existente, en vez de trabajar al mismo tiempo por su transformación y utilizar su fuerza organizada como palanca para la emancipación definitiva de la clase obrera, es decir, para la abolición definitiva del trabajo asalariado.” (Marx, Salarios, precios y ganancias).
“Según Berstein, El objetivo final, sea cual sea, no es nada, el movimiento lo es todo. Pero, el objetivo final del socialismo es el único elemento decisivo que distingue al movimiento socialista de la democracia burguesa y del radicalismo burgués, el único elemento que, en lugar de dar al movimiento obrero la vana tarea de revocar el régimen capitalista para salvarlo, lo convierte en una lucha de clases contra ese régimen, por la abolición de ese régimen...” (Rosa Luxemburgo, ¿Reforma social o revolución?). (Rosa Luxemburgo, ¿Reforma social o revolución?)
“Qué hacer”, “Por dónde empezar” (Lenin)
Y es precisamente porque la sociedad actual está privada de este elemento fundamental, del futuro, de la perspectiva (que cada vez siente más gente, en particular los jóvenes), perspectiva que sólo el proletariado puede ofrecer, que se hunde en la desesperación y se pudre en la raíz.
El informe del FEM 2023 nos alerta de manera muy convincente sobre la extrema gravedad de la situación actual del mundo, que será aún peor en la década de 2030 “en ausencia de un cambio político o de inversiones significativas”. Al mismo tiempo, “pone de relieve la parálisis y la ineficacia de los principales mecanismos multilaterales frente a las crisis a las que se enfrenta el orden mundial” y constata la “divergencia entre lo que es científicamente necesario y lo que es políticamente oportuno”. En otras palabras, la situación es desesperada y la sociedad actual es definitivamente incapaz de invertir el curso de su destrucción, lo que confirma el título de nuestro texto de octubre de 2022: “La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad”, del mismo modo que confirma plenamente el pronóstico ya contenido en nuestras tesis de 1990.
Al mismo tiempo, el informe se refiere varias veces a la perspectiva de un “malestar social generalizado” que “no se limitará a los mercados emergentes” (lo que significa que también afectará a los países más desarrollados) y que “plantea un desafío existencial a los sistemas políticos de todo el mundo”. ¡Nada menos! Para el FEM, y para la burguesía en general, este malestar social entra en la categoría negativa de “riesgos” y amenazas al “orden mundial”. Pero las previsiones del FEM añaden tímida e involuntariamente agua a nuestro propio análisis al señalar que el proletariado sigue representando una amenaza para el orden burgués. Al igual que la burguesía en su conjunto, el FEM no distingue entre las diversas perturbaciones sociales: todas ellas son un factor de “desorden” y “caos”. Y es cierto que algunos movimientos entran en esta categoría, como en el caso de la “primavera árabe”, por ejemplo. Pero en realidad, lo que más asusta a la burguesía, sin que lo diga abiertamente ni sea plenamente consciente de ello, es que algunos de estos “disturbios sociales” prefiguran el derrocamiento de su poder sobre la sociedad y el sistema capitalista: las luchas del proletariado.
Así, incluso a este respecto, el FEM ilustra nuestras tesis de 1990 y nuestro texto de octubre de 2022. Este último retoma la idea de que, a pesar de todas las dificultades que ha encontrado, el proletariado no ha perdido la partida, que “la perspectiva histórica sigue totalmente abierta” (tesis 17). Y nos recuerda que “a pesar del golpe asestado a la conciencia del proletariado por el hundimiento del bloque del Este, no ha sufrido ninguna derrota importante en el terreno de su lucha; en este sentido, su espíritu de lucha permanece prácticamente intacto. Pero, además, y éste es el elemento que determina en última instancia la evolución de la situación mundial, el mismo factor que está en el origen del desarrollo de la descomposición, de la agravación inexorable de la crisis del capitalismo, constituye el estímulo esencial de la lucha y del despertar de la clase, la condición misma de su capacidad para resistir al veneno ideológico de la putrefacción de la sociedad. En efecto, así como el proletariado no puede encontrar un terreno para la unidad de clase en las luchas parciales contra los efectos de la descomposición, su lucha contra los efectos directos de la propia crisis constituye la base del desarrollo de su fuerza y de su unidad de clase.” (Ibid.).
Además:
“la crisis económica, a diferencia de la descomposición social que concierne esencialmente a las superestructuras, es un fenómeno que afecta directamente a la infraestructura de la sociedad sobre la que descansan estas superestructuras; en este sentido, pone al desnudo las causas últimas de toda la barbarie que se abate sobre la sociedad, permitiendo así al proletariado tomar conciencia de la necesidad de cambiar radicalmente el sistema, y no de intentar mejorar ciertos aspectos del mismo.” (Ibid.).
Y, en efecto, hoy podemos constatar que, a pesar del peso de su descomposición (en particular el hundimiento del estalinismo) y del largo letargo que la afectó, la clase obrera sigue presente en el escenario de la historia y tiene la capacidad de retomar su combate, como lo demuestran en particular las luchas en el Reino Unido y en Francia (los dos proletariados que estuvieron detrás de la fundación de la AIT en 1864: ¡es un guiño de la historia!).
- En este sentido, si las diferentes manifestaciones de descomposición actúan negativamente sobre la lucha del proletariado y su conciencia (el peso del populismo, del interclasismo, de las ilusiones democráticas), hoy tenemos una nueva confirmación de que sólo los ataques directamente económicos permiten al proletariado movilizarse en su terreno de clase y que estos ataques, que se están desencadenando en este momento y que se agravarán aún más, crean las condiciones para un desarrollo significativo de las luchas obreras a escala internacional. Así, debemos subrayar lo que está escrito en el texto de octubre 2022:
- “Los años 20 del siglo XXI tendrán pues, en este contexto, una importancia considerable en el desarrollo histórico. Mostrarán aún más claramente que en el pasado la perspectiva de destrucción de la humanidad que encierra la descomposición capitalista. En el otro extremo, el proletariado comenzará a dar sus primeros pasos, como lo hizo con la combatividad de las luchas en Gran Bretaña, para defender sus condiciones de vida frente a la multiplicación de los ataques de todas las burguesías y los golpes de la crisis económica mundial con todas sus implicaciones. Estos primeros pasos serán a menudo vacilantes y llenos de debilidades, pero son esenciales para que la clase obrera pueda reafirmar su capacidad histórica de imponer su perspectiva comunista. Así, los dos polos de la perspectiva se opondrán ampliamente en la alternativa: destrucción de la humanidad o revolución comunista, aunque esta última alternativa esté aún muy lejos y se enfrente a enormes obstáculos.”
El camino que tiene por delante el proletariado es, en efecto, extremadamente largo y difícil. Por una parte, tendrá que enfrentarse a todas las trampas que la burguesía pondrá en su camino, y ello en una atmósfera ideológica envenenada por la descomposición de la sociedad capitalista que obstaculiza constantemente la lucha y la conciencia del proletariado:
- “la acción colectiva, la solidaridad, se enfrentan a la atomización, al ‘cada uno para sí’ y al “ingenio individual”;
- la necesidad de organización se enfrenta a la descomposición social, a la ruptura de las relaciones en las que se basa toda la vida en sociedad;
- la confianza en el futuro y en las propias fuerzas se ve constantemente minada por la desesperación general que invade la sociedad, por el nihilismo, por el ‘no hay futuro’;
- la conciencia, la lucidez, la coherencia y la unidad del pensamiento, el gusto por la teoría, deben encontrar un camino difícil en medio de la huida hacia las quimeras, las drogas, las sectas, el misticismo, el rechazo de la reflexión y la destrucción del pensamiento que caracterizan nuestra época”. (Tesis 13)
Las tesis de 1990 insisten en estas dificultades. Subrayan en particular que “es (...) fundamental comprender que cuanto más retrase el proletariado el derrocamiento del capitalismo, mayores serán los peligros y los efectos nefastos de la descomposición”. (Tesis 15).
“De hecho, hay que señalar que hoy, a diferencia de la situación de los años 70, el tiempo ya no está del lado de la clase obrera. Mientras la amenaza de destrucción de la sociedad estaba representada únicamente por la guerra imperialista, el simple hecho de que las luchas del proletariado pudieran mantenerse como un obstáculo decisivo a tal desenlace bastaba para bloquear el camino hacia esta destrucción. Por otra parte, a diferencia de la guerra imperialista que, para desencadenarse, requiere la adhesión del proletariado a los ideales de la burguesía, la descomposición no necesita el alistamiento de la clase obrera para destruir la humanidad. De hecho, al igual que no pueden oponerse al colapso económico, las luchas del proletariado en este sistema tampoco son capaces de actuar como freno a la descomposición. En estas condiciones, incluso si la amenaza de descomposición para la vida de la sociedad parece ser más a largo plazo que la que podría provenir de una guerra mundial (si se dieran las condiciones para esta última, lo que no es el caso hoy), es por otra parte mucho más insidiosa. Para poner fin a la amenaza de descomposición, ya no bastan las luchas obreras para resistir a los efectos de la crisis: sólo la revolución comunista puede superar semejante amenaza”. (Tesis 16).
La brutal aceleración de la descomposición a la que asistimos hoy, que hace cada vez más amenazadora la perspectiva de la destrucción de la humanidad, incluso a los ojos de los sectores más lúcidos de la burguesía, es la confirmación de este análisis. Y como sólo la revolución comunista puede poner fin a la dinámica destructiva de la descomposición y a sus efectos cada vez más deletéreos, esto puede dar una idea de la dificultad del camino que conduce al derrocamiento del capitalismo. Un camino en el que las tareas a las que se enfrenta el proletariado son considerables. En particular, tendrá que reapropiarse plenamente de su identidad de clase, gravemente afectada por la contrarrevolución y las diversas manifestaciones de su descomposición, en particular el hundimiento de los regímenes llamados “socialistas”. Tendrá también, y esto es igualmente fundamental, que reapropiarse de su experiencia pasada, lo cual es una tarea inmensa dado lo mucho que esta experiencia ha sido olvidada por los proletarios. Esta es una responsabilidad fundamental de la vanguardia comunista: contribuir decisivamente a esta reapropiación por el conjunto de la clase de las lecciones de más de siglo y medio de lucha proletaria.
Las dificultades a las que se enfrenta el proletariado no desaparecerán con el derrocamiento del Estado capitalista en todos los países. Siguiendo a Marx, hemos insistido a menudo en la inmensidad de la tarea que espera a la clase obrera durante el periodo de transición del capitalismo al comunismo, una tarea desproporcionada con respecto a todas las revoluciones del pasado, ya que se trata de pasar del “reino de la necesidad al reino de la libertad”. Y está claro que cuanto más tarde en realizarse la revolución, más inmensa será la tarea: día tras día, el capitalismo destruye un poco más del planeta y, en consecuencia, las condiciones materiales para el comunismo. Es más, la toma del poder por el proletariado seguirá a una terrible guerra civil, aumentando la devastación de todo tipo ya causada por el modo de producción capitalista incluso antes del período revolucionario. En este sentido, la tarea de reconstrucción de la sociedad que tendrá que llevar a cabo el proletariado será incomparablemente más gigantesca que la que habría tenido que realizar si hubiera tomado el poder durante la oleada revolucionaria de la primera posguerra. Del mismo modo, aunque la destrucción de la Segunda Guerra Mundial ya era considerable, sólo afectó a los países implicados en la contienda, lo que permitió reconstruir la economía mundial, sobre todo porque la principal potencia industrial, Estados Unidos, se libró de esta destrucción. Pero hoy es todo el planeta el que está preocupado por la creciente destrucción de todo tipo causada por el capitalismo moribundo. Por consiguiente, debemos tener claro que la toma del poder por la clase obrera a escala mundial no garantizará por sí misma que pueda cumplir su tarea histórica de instaurar el comunismo. El capitalismo, al permitir un enorme desarrollo de las fuerzas productivas, ha creado las condiciones materiales para el comunismo, pero la decadencia de este sistema, y su descomposición, podrían socavar estas condiciones legando al proletariado un planeta completamente devastado e irrecuperable.
Por lo tanto, es responsabilidad de los revolucionarios poner de relieve las dificultades a las que se enfrentará el proletariado en el camino hacia el comunismo. Su papel no es ofrecer consuelo para no desesperar a la clase obrera. La verdad es revolucionaria, como decía Marx, por terrible que sea.
Dicho esto, si logra tomar el poder, el proletariado dispondrá de una serie de bazas para cumplir su tarea de reconstruir la sociedad.
Por un lado, podrá poner a su servicio los formidables progresos realizados por la ciencia y la tecnología durante el siglo XX y las dos décadas del siglo XXI. El informe del FEM se refiere a estos avances precisando que se trata de “tecnologías de doble uso (civil y militar)”. Una vez que el proletariado haya tomado el poder, el uso militar ya no será necesario, lo que representa un avance considerable, ya que es evidente que hoy en día la esfera militar representa la mayor parte (junto con muchos otros gastos improductivos) de los beneficios aportados por el progreso tecnológico.
Más globalmente, la toma del poder por el proletariado deberá conducir a una liberación sin precedentes de las fuerzas productivas aprisionadas por las leyes del capitalismo. No sólo se eliminará la enorme carga de los gastos militares e improductivos, sino también el monstruoso despilfarro que representa la competencia entre los diversos sectores económicos y nacionales de la sociedad burguesa y la fenomenal infrautilización de las fuerzas productivas (obsolescencia programada, desempleo masivo, ausencia o deficiencia de los sistemas educativos, etc.).
Pero la principal ventaja del proletariado en este período de transición-reconstrucción no será tecnológica ni estrictamente económica. Será fundamentalmente política. Si el proletariado consigue tomar el poder, significará que ha alcanzado un nivel muy alto de conciencia, organización y solidaridad durante el periodo de confrontación con el Estado capitalista y la guerra civil contra la burguesía. Estos logros tendrán un valor incalculable a la hora de afrontar los inmensos retos que tenemos por delante. Sobre todo, el proletariado podrá contar con el futuro, ese elemento fundamental en la vida de la sociedad, cuya ausencia en la sociedad actual está en el corazón de su decadencia.
En su Informe sobre Desarrollo Humano 2021/2022, publicado el pasado mes de octubre y titulado “Tiempos inciertos, vidas inestables”, dice:
“Nuevas capas de incertidumbre están interactuando para crear nuevos tipos de incertidumbre -un nuevo complejo de incertidumbres- nunca antes visto en la historia de la humanidad. Además de la incertidumbre cotidiana a la que las personas se han enfrentado desde tiempos inmemoriales, ahora navegamos por aguas desconocidas, atrapados en tres corrientes cruzadas volátiles:
- El peligroso cambio planetario del Antropoceno.
- La continuación de transformaciones sociales a gran escala, como la Revolución Industrial.
- Los vaivenes de las sociedades polarizadas. (...)
Las crisis mundiales se han ido acumulando: la crisis financiera mundial, la actual crisis climática mundial y la pandemia de Covid-19, una inminente crisis alimentaria mundial. Hay una sensación persistente de que el control que tenemos sobre nuestras vidas se está esfumando, de que las normas e instituciones en las que solíamos confiar para la estabilidad y la prosperidad no están a la altura del complejo de incertidumbre actual”
Como vemos, este informe de la ONU va en la misma dirección que el del FEM. En cierto modo, va incluso más allá, ya que considera que la Tierra ha entrado en un nuevo periodo geológico como consecuencia de la acción humana, que comenzó en el siglo XVII y que denomina Antropoceno y que nosotros llamamos capitalismo. Sobre todo, subraya la profunda desesperación, el “no futuro” que invade cada vez más a la sociedad (lo que ellos llaman el “complejo de incertidumbre”).
Justamente, el hecho de que la revolución proletaria devuelva a la sociedad humana un futuro que ha perdido va a ser un factor poderoso en la capacidad de la clase obrera para alcanzar finalmente la “tierra prometida” del comunismo tras no 40 años, sino bastante más de un siglo de “travesía por el desierto”.
CCI, 11-junio-2023
1 TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [11]
2 Informe sobre la descomposición hoy (mayo de 2017) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [14]
3 Las conclusiones principales del Foro de Davos 2023 - Lean Compacting Company (lcc.eco).
4 Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [432]
5 “El instinto les enseñaba que, aunque la república había coronado su dominación política, al mismo tiempo socavaba su base social, ya que ahora se enfrentaban con las clases sojuzgadas y tenían que luchar con ellas sin ningún género de mediación, sin poder ocultarse detrás de la corona, sin poder desviar el interés de la nación mediante sus luchas subalternas intestinas y con la monarquía. Era un sentimiento de debilidad el que las hacía retroceder temblando ante las condiciones puras de su dominación de clase y suspirar por las formas más incompletas, menos desarrolladas y precisamente por ello menos peligrosas de su dominación.” (El 18 brumario de Luis Bonaparte, Capítulo III). K. Marx (1852): El 18 brumario de Luis Bonaparte, Cap. I (marxists.org) [149]
6 Este cambio cualitativo (y no sólo cuantitativo) fundamental en la vida del capitalismo se pone claramente de relieve en el Manifiesto de la Internacional Comunista (marzo de 1919): “Si la sujeción absoluta del poder político al capital financiero ha conducido a la humanidad a la carnicería imperialista, esta carnicería ha permitido al capital financiero no sólo militarizar al máximo el Estado, sino militarizarse a sí mismo, de modo que ya no puede cumplir sus funciones económicas esenciales más que a hierro y sangre. (...) La nacionalización de la vida económica, a la que tanto se opone el liberalismo capitalista, es un hecho consumado. Ya no es posible volver a la libre competencia, sino sólo a la dominación de los trusts, los sindicatos y demás pulpos capitalistas.” (Cuadernos-PyP-43.pdf (marxists.org) [440]). Pero, evidentemente, los camaradas de la TCI no conocen este documento; a menos que no estén de acuerdo con esta posición fundamental de la IC lo que deberían decir claramente.
7 Nos permitimos utilizar este término porque los descendientes del Partito de 1945 han dado la espalda a la obra teórica revolucionaria de Bilan, la izquierda italiana en el exilio, en los años 1930
8 Otra carta de Engels sobre el tema del método marxista parece perfectamente adaptada a estos epígonos: “Lo que les falta a todos estos señores es la dialéctica. Siempre ven aquí sólo la causa, allí sólo el efecto. Que se trata de una abstracción vacía, que en el mundo real tales antagonismos polares metafísicos sólo existen en las crisis, sino que todo el gran curso de las cosas se produce en forma de acción y reacción de fuerzas, sin duda muy desiguales, -de las cuales el movimiento económico es con mucho la fuerza más poderosa, la más inicial, la más decisiva, que aquí no hay nada absoluto y que todo es relativo, todo eso, qué esperas, no lo ven; para ellos Hegel no existió.... “(Engels a Conrad Schmidt, 27 de octubre de 1890)
9 Hay que distinguir la dialéctica objetiva marxista de la dialéctica vacía y subjetiva de las diversas corrientes del anarquismo y del modernismo, que siguen confundidas a la hora de encontrar contradicciones por todas partes. Pueden reconocer perfectamente algunos fenómenos de descomposición, pero se niegan característicamente a ver la causa última y la lógica del período de descomposición en la bancarrota económica del sistema capitalista. Para ellos, la dialéctica histórica objetiva es un anatema, porque les privaría de su principal preocupación, a saber, la preservación dogmática de su libertad de opinión individual. Si el factor económico se trata como uno más entre otros de igual importancia, su dialéctica sigue siendo subjetiva, antihistórica y, como los epígonos de la izquierda italiana, incapaz de captar la trayectoria de los acontecimientos
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Disponer de un análisis preciso de la situación histórica y de las perspectivas que se desprenden de ella es una de las principales responsabilidades de las organizaciones revolucionarias para dar un marco sólido a su intervención en la clase y proponer a ésta orientaciones precisas para comprender la dinámica del capitalismo o las acciones y maniobras de la burguesía. Desgraciadamente, los grupos del medio político proletario en su conjunto se quedan muy cortos en esta necesidad: bien porque se quedan anclados en esquemas del pasado aplicados mecánicamente, sin someterlos a la crítica y aunque ya no se atengan a la realidad histórica (los grupos bordiguistas); o bien porque su oportunismo les lleva a privilegiar un enfoque inmediatista y empirista encaminado a un ilusorio éxito inmediato, en lugar de hacer el esfuerzo de verificar la solidez y la pertinencia de sus análisis la Tendencia Comunista Internacionalista (la Tendance Communiste Internationaliste - TCI).[i]
Por su parte, la CCI, fiel a la tradición del movimiento obrero y al método marxista, siempre ha sometido sus marcos de análisis a una verificación crítica para ver si siguen siendo válidos o si, por el contrario, requieren modificaciones o incluso una revisión. De acuerdo con este planteamiento, el presente informe toma como punto de partida la Resolución sobre la situación internacional del XXIV Congreso de la CCI[ii], que puso de relieve la marcada aceleración de la descomposición manifestada a través de los estragos de la pandemia y su impacto en la base económica del sistema, concretando así la alternativa "socialismo o barbarie" planteada por la III Internacional. Pero, "a diferencia de una situación en la que la burguesía es capaz de movilizar a la sociedad para la guerra, como en los años 30, el momento final de la marcha, el ritmo y las formas de la dinámica del capitalismo en descomposición hacia la destrucción de la humanidad son más difíciles de predecir porque son el producto de una convergencia de diferentes factores, algunos de los cuales pueden estar parcialmente ocultos" (punto 10). Diversas observaciones subrayan esta aceleración de la descomposición sobre el plano de los enfrentamientos imperialistas:
- Una intensificación del desarrollo del militarismo, que ya se había convertido en el modo de vida del capitalismo en su fase decadente. Así, las "masacres de innumerables pequeñas guerras" sumen al capitalismo "en un sálvese quien pueda imperialista cada vez más irracional" (punto 11), al tiempo que asistimos a un endurecimiento de los conflictos entre las potencias mundiales. "En este caótico panorama, no cabe duda de que el creciente enfrentamiento entre Estados Unidos y China tiende a ocupar el centro del escenario" (punto 12). Mientras la rivalidad entre Estados Unidos y China tiende a exacerbarse, la nueva administración Biden ha anunciado que "ya no se dejará tomar el pelo" por Rusia (punto 11).
- La política agresiva de Estados Unidos, que, ante el declive de su hegemonía, no duda en utilizar "su capacidad de actuar en solitario para defender sus intereses". Sin embargo, "la búsqueda del sálvese quien pueda hará cada vez más difícil, si no imposible, que Estados Unidos imponga su liderazgo, una ilustración del todos contra todos en la aceleración de la descomposición" (punto 11).
- El extraordinario crecimiento de China es en sí mismo un producto de la descomposición [...]. El control totalitario sobre todo el cuerpo social y el endurecimiento represivo al que se entrega la facción estalinista de Xi Jinping no son una expresión de fuerza sino, por el contrario, una manifestación de la debilidad del Estado" (punto 9).
- El aumento de las tensiones "no significa que nos dirijamos hacia la formación de bloques estables y una guerra mundial generalizada" (punto 12). Sin embargo, no vivimos "en una época de mayor seguridad que la Guerra Fría [...]. Al contrario, si la fase de descomposición está marcada por una creciente pérdida de control por parte de la burguesía, esto también se aplica a los vastos medios de destrucción (nucleares, convencionales, biológicos y químicos) que han sido acumulados por la clase dominante [...]" (punto 13).
El estallido de la guerra en Ucrania y la consiguiente agudización de las tensiones imperialistas se inscriben plenamente en el marco de referencia adoptado por el XXIV Congreso Internacional. Sin embargo, representan sin duda una evolución cualitativa en el deslizamiento de la sociedad hacia la barbarie, al poner de relieve el papel motor del militarismo en la interrelación de las distintas crisis (sanitaria, económica, política, ecológica, etc.) que afligen actualmente al capitalismo.
Tras dos años de pandemias, el estallido de la guerra en Ucrania en febrero de 2022 representó un paso cualitativo en el descenso de la sociedad hacia la barbarie. Desde 1989, EE. UU. había buscado efectivamente la confrontación en varias ocasiones (con Irak, Irán, Corea del Norte y Afganistán), pero estas confrontaciones nunca habían implicado a otra gran potencia imperialista ni habían tenido un impacto en todo el planeta. Esta guerra es muy diferente:
"-es la primera confrontación militar de esta envergadura entre Estados que tiene lugar a las puertas de Europa desde 1940-45 [...], de modo que el corazón de Europa se convierte ahora en el teatro central de la confrontación imperialista [...];
- esta guerra implica directamente a los dos países más grandes de Europa, uno de los cuales posee armas nucleares u otras armas de destrucción masiva y el otro cuenta con el apoyo financiero y militar de la OTAN. Este enfrentamiento entre Rusia y la OTAN tiende a revivir los recuerdos del enfrentamiento entre los bloques de los años 50 a los años 80 y el terror nuclear que sobrevino [...];
- la amplitud de los combates, las decenas de miles de muertos, la destrucción sistemática de ciudades enteras, la ejecución de civiles, el bombardeo irresponsable de centrales atómicas, las considerables consecuencias económicas para el conjunto del planeta subrayan tanto la barbarie como la creciente irracionalidad de unos conflictos que pueden conducir a una catástrofe para la humanidad"[iii].
Quince meses después del estallido de la guerra, es importante establecer las principales lecciones del conflicto en términos de relaciones imperialistas, pero también en términos del marco de referencia propuesto por la CCI.
El balance material y humano de un año de guerra es espantoso: la pérdida de vidas y la destrucción material son gigantescas, el desplazamiento de la población se cifra en millones. Decenas billones han sido engullidos por ambos bandos (en 2022, 45.000 millones de euros por Estados Unidos, 52.000 millones por la UE, 77.000 millones por Rusia, es decir, el 25% de su PIB). Rusia destina actualmente a la guerra alrededor del 50% de su presupuesto estatal, mientras que la hipotética reconstrucción de Ucrania requeriría más de 700 billones de dólares. Esta guerra también está teniendo un impacto considerable en la intensificación de las tensiones imperialistas.
Ante el declive de su hegemonía, Estados Unidos lleva a cabo desde los años noventa una política agresiva destinada a defender sus intereses, en particular frente al antiguo líder del bloque rival, Rusia. A pesar del compromiso adquirido tras la desintegración de la URSS de no ampliar la OTAN, los estadounidenses han incorporado a la alianza a todos los países del antiguo Pacto de Varsovia, incluidos países como los Estados bálticos que formaban parte de la propia antigua URSS, y tenían previsto hacer lo mismo con Georgia y Ucrania en 2008. La "Revolución Naranja" en Ucrania en 2014 sustituyó al régimen pro-ruso por un gobierno prooccidental, y las protestas generalizadas en Bielorrusia amenazaron al régimen pro-ruso de Lukashenko. Frente a esta estrategia de cerco, el régimen de Putin intentó reaccionar utilizando su poderío militar, vestigio de su pasado como jefe de un bloque (Georgia en 2008, Crimea y Donbass en 2014, etc.). Ante los arrebatos imperialistas de Rusia, Estados Unidos comenzó a armar a Ucrania y a entrenar a su ejército en el uso de armas más sofisticadas. Cuando Rusia desplegó su ejército en Bielorrusia y el este de Ucrania, Estados Unidos tensó la trampa afirmando que Putin iba a invadir Ucrania, al tiempo que aseguraba que no intervendría sobre el terreno.
En resumen, aunque la guerra la inició Rusia, es consecuencia de la estrategia estadounidense de cercar y asfixiar a Rusia. De este modo, Estados Unidos ha logrado un golpe maestro al intensificar su política agresiva, que tiene un objetivo mucho más ambicioso que el de simplemente poner coto a las ambiciones de Rusia:
- Inmediatamente, la trampa fatal que han tendido a Rusia está conduciendo a un debilitamiento significativo del poder militar que le queda a esta última y a una degradación radical de sus ambiciones imperialistas. La guerra también ha demostrado la absoluta superioridad de la tecnología militar estadounidense, que está en la raíz del "milagro" de la "pequeña Ucrania" que está haciendo retroceder al "oso ruso";
- en segundo lugar, apretaron las tuercas dentro de la OTAN al obligar a los países europeos a alinearse bajo la bandera de la Alianza, en particular Francia y Alemania, que habían tendido a desarrollar sus propias políticas hacia Rusia e ignorar a la OTAN, que hasta hace unos meses el presidente francés Macron había diagnosticado con "muerte cerebral";
- Más allá de la paliza administrada a Rusia, el principal objetivo de los estadounidenses era sin duda una advertencia inequívoca a su principal adversario, China ("esto es lo que te espera si te arriesgas a intentar invadir Taiwán"). Durante los últimos diez años aproximadamente, la defensa del liderazgo estadounidense se ha centrado en el ascenso de este serio rival. Bajo la administración Trump, este deseo de enfrentarse a China tomó principalmente la forma de una guerra comercial abierta. Pero la administración Biden también intensificó la presión militarmente (tensiones en torno a Taiwán). La guerra ha debilitado al único socio de interés para China, Rusia, que podría aportarle en particular una contribución militar. También ha puesto en tensión el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, uno de cuyos ejes debía pasar por Ucrania.
El objetivo inicial de Rusia era, en primer lugar, llegar rápidamente a Kiev mediante una audaz operación combinada de sus tropas de élite para eliminar a la facción de Zelensky e instalar un gobierno pro-ruso y, en segundo lugar, cortar el acceso al Mar Negro tomando Odesa. El ejército ruso subestimó la capacidad de resistencia del ejército ucraniano, que contaba con el apoyo financiero y militar de Estados Unidos y sobrestimó sus propias capacidades militares, sufriendo una aplastante derrota. El siguiente objetivo, más modesto, era ocupar el noreste del país, pero el ejército ruso volvió a sufrir grandes pérdidas y tuvo que retirarse a Kharkiv y abandonar Kherson. Los programas de movilización de nuevos reclutas hicieron que cientos de miles de jóvenes rusos huyeran al extranjero y que el ejército ruso se viera obligado a recurrir a los mercenarios del grupo Wagner, que reclutó a un gran número de presos comunes, para mantener la línea del frente. Ahora está utilizando todos los medios a su alcance para mantener el territorio que une el Donbass con Crimea. Para ello, está bombardeando masivamente todas las ciudades, centrales eléctricas y puentes, para hacer pagar cara a Ucrania su victoria y obligar a Zelensky a aceptar las condiciones rusas. Además, dada su precaria situación militar, no se puede descartar que Rusia acabe utilizando armas nucleares tácticas.
Sea cual sea el resultado final, ya está claro que Rusia se ha visto gravemente debilitada por esta aventura bélica. Ha sido desangrada militarmente, habiendo perdido alrededor de cien mil soldados, particularmente entre sus unidades de élite más experimentadas, y un gran número de los tanques, aviones y helicópteros más modernos y eficientes; ha sido gravemente debilitada económicamente por los enormes costos de la guerra (25% de su PIB este año), así como por el colapso de la economía causado por el esfuerzo bélico y las sanciones impuestas por los países occidentales. Por último, su imagen de potencia imperialista se ha visto muy perjudicada por los acontecimientos, que han demostrado los límites militares y económicos de su poder.
Las burguesías europeas, especialmente Francia y Alemania, habían intentado por todos los medios convencer a Putin de no desencadenar esta guerra, o incluso de que lanzara un ataque limitado en escala y tiempo. Indiscreciones de Boris Johnson revelaron que Alemania estaba incluso considerando respaldar de hecho una "blitzkrieg" rusa de unos pocos días de duración para eliminar el régimen actual. Sin embargo, ante el fracaso de las fuerzas rusas y la inesperada resistencia del ejército ucraniano, Macron y Scholz tuvieron que adoptar tímidamente la posición de la OTAN dictada por Estados Unidos. Sin embargo, siguen dando marcha atrás en su compromiso militar con Ucrania y han dado largas a la hora de cortar todos los lazos económicos con Rusia. Al mismo tiempo, han aumentado drásticamente sus presupuestos militares, con el objetivo de rearmar masivamente sus fuerzas armadas (Alemania ha llegado a duplicar su presupuesto hasta 107.000 millones de euros). Las recientes visitas a Pekín del canciller Scholz y del presidente Macron confirmaron la determinación de Alemania y Francia de no plegarse a los designios de Estados Unidos y de mantener fuertes lazos económicos con China.
En cuanto a China, ante las dificultades de su "aliado" ruso y las amenazas indirectas pero insistentes de Estados Unidos, ha adoptado una postura muy cauta en el conflicto ucraniano: ha pedido el cese de las hostilidades y, aunque no se ha adherido formalmente a las sanciones contra Rusia, no ha suministrado a esta última armas ni material militar. Xi incluso expresó abiertamente su preocupación a Putin e invitó a Rusia a buscar negociaciones. Para la burguesía china, la lección es amarga: la guerra de Ucrania ha demostrado que cualquier ambición imperialista global es ilusoria en ausencia de una potencia militar y económica capaz de competir con la superpotencia estadounidense. Hoy, sin embargo, China no tiene ni fuerzas armadas a la altura, ni una estructura económica capaz de apoyar tales ambiciones imperialistas globales.
Toda su expansión económica y comercial es vulnerable al caos de la guerra y a las presiones del poder estadounidense. Es cierto que China no renuncia a sus ambiciones imperialistas, en particular a la reconquista de Taiwán, como recordó Xi Jinping en el congreso del PCCh, pero sólo podrá progresar a largo plazo evitando ceder a las provocaciones estadounidenses.
En un plano más general, el conflicto de Ucrania no sólo ha representado una profundización cualitativa extremadamente importante del militarismo, sino que también es el motor de la intensificación, a escala mundial, de las dificultades económicas (inflación y recesión), de los problemas sanitarios (repuntes de Covid), de la afluencia de refugiados y de la incapacidad del sistema para hacer frente a la crisis ecológica (explotación intensiva del gas de esquisto, reactivación de las centrales nucleares e incluso del carbón), que caracterizan la actual zambullida en la descomposición.
La negación inicial de la CCI de la inminencia de una invasión masiva de Ucrania por parte de Rusia, a pesar de las advertencias explícitas de Estados Unidos, no era en absoluto la expresión de la inadecuación de nuestro marco analítico, sino más bien la manifestación de una falta de dominio de este último, y más concretamente un "olvido" de las orientaciones presentadas en el texto "Militarismo y descomposición" (1990). Por ello, la CCI adoptó un documento complementario que actualizaba el texto de octubre de 1990 ("Militarismo y descomposición, mayo de 2022), en el que se destacaban en particular las siguientes adquisiciones, hechos aún más evidentes por un año de guerra en Ucrania:
La cuestión del método es crucial en la aprehensión de los acontecimientos que marcan la actualidad: ¿hay que concebir el materialismo dialéctico como un simple determinismo económico o más bien, como nos recordaba Engels ya en 1890 en una carta a Bloch, un método dialéctico que tenga en cuenta las interacciones entre los diferentes aspectos de la realidad, en particular la relación entre la base económica y la superestructura, aunque "el factor determinante de la historia sea, en última instancia, la producción y la reproducción de la vida real".[iv] Este enfoque contradice todos los análisis materialistas vulgares, mayoritarios en los medios políticos proletarios, que explican cada guerra únicamente en función del interés económico inmediato, sin diferenciar las situaciones en las distintas fases del capitalismo. Sin embargo, como señala elocuentemente la Gauche Communiste de France (Izquierda Comunista Francesa), "la decadencia de la sociedad capitalista encuentra su expresión más patente en el hecho de que de las guerras con vistas al desarrollo económico (periodo ascendente), se pasa a una actividad económica esencialmente restringida con vistas a la guerra (periodo decadente). Esto no significa que la guerra se haya convertido en el objetivo de la producción capitalista, el objetivo sigue siendo siempre para el capitalismo la producción de plusvalía, pero sí significa que la guerra, adquiriendo un carácter de permanencia, se ha convertido en el modo de vida del capitalismo decadente"[v].
La fase de descomposición acentúa uno de los aspectos más perniciosos de la guerra en la decadencia: su irracionalidad. Los efectos del militarismo son cada vez más imprevisibles y desastrosos. Nuestros materialistas vulgares no comprenden este aspecto y objetan que las guerras tienen siempre una motivación económica y, por tanto, racional. No ven que las guerras actuales no tienen fundamentalmente una motivación económica, sino geoestratégica, e incluso que estas guerras ya no alcanzan sus objetivos originales, sino que conducen al resultado contrario:
- Estados Unidos emprendió las dos guerras del Golfo, al igual que la guerra de Afganistán, para mantener su liderazgo en el planeta, pero tanto en Iraq como en Afganistán, el resultado ha sido una explosión de caos e inestabilidad, provocando una oleada de refugiados que llaman a las puertas de los países industrializados.
- Sean cuales sean los objetivos de los numerosos buitres imperialistas (rusos, turcos, iraníes, israelíes, estadounidenses o europeos) que intervinieron en las horribles guerras civiles siria o libanesa, heredaron un país en ruinas, fragmentado y dividido en clanes, con millones de refugiados inundando los países vecinos o huyendo a los países industrializados.
La guerra de Ucrania es una confirmación ejemplar de ello: cualesquiera que sean los objetivos geoestratégicos del imperialismo ruso o estadounidense, el resultado será un país en ruinas (Ucrania), un país arruinado económica y militarmente (Rusia), una situación imperialista aún más tensa y caótica desde Europa hasta Asia Central y, por último, millones de refugiados en Europa.
El aumento del militarismo y de la irracionalidad de la guerra significa una expansión aterradora de la barbarie bélica. Sin embargo, no conduce a la agrupación de los imperialismos en bloques y, por tanto, a una guerra generalizada en todo el planeta. Varios factores apoyan este análisis:
- La guerra en Ucrania no ha mostrado una alineación fuerte y estable de los imperialismos detrás de los líderes de los bloques potenciales: grandes potencias imperialistas como India, Brasil e incluso Arabia Saudita conservan claramente su autonomía respecto a los protagonistas, el vínculo entre China y Rusia no se ha estrechado, sino todo lo contrario, y mientras Estados Unidos ha utilizado la guerra para imponer sus puntos de vista en el seno de la OTAN, países miembros como Turquía o Hungría van abiertamente por la libre y Alemania y Francia hacen todo lo posible por desarrollar sus propias políticas.
- Un líder de bloque debe ser capaz de generar la confianza de sus países miembros y garantizar la seguridad de sus aliados, mientras que China se ha mostrado muy cauta en su apoyo a su aliado ruso. En cuanto a EE. UU., el "America first" de Trump fue un jarro de agua fría para los "aliados" que pensaban que podían contar con EE. UU., y Biden está siguiendo básicamente la misma política: decidió sin consultar a sus aliados retirar sus tropas de Kabul y les está haciendo pagar un alto precio energético por el boicot de la economía rusa, a pesar de que Estados Unidos es autosuficiente en este sentido.
- La ausencia de un proletariado derrotado, condición indispensable para comprometer a un país en una guerra mundial. Las recientes luchas en varios países occidentales demuestran que el proletariado no está dispuesto a aceptar la austeridad impuesta por la crisis económica, y mucho menos los sacrificios ligados a una guerra generalizada. Incluso en Rusia, donde el proletariado es débil y está sometido a una fuerte exaltación nacionalista, la mayoría de la población no apoya la guerra. Por último, también falta un arma ideológica fuerte capaz de aglutinar al proletariado, como ocurrió con el fascismo y el antifascismo en los años 1930.
-La formación de bloques no debe confundirse con alianzas coyunturales formadas para objetivos específicos. Por ejemplo, Turquía, miembro de la OTAN, ha adoptado una política de neutralidad frente a Rusia en Ucrania, esperando aprovecharla para aliarse con Rusia en Siria contra las milicias kurdas apoyadas por Estados Unidos. Al mismo tiempo, se enfrenta a Rusia en Libia y en Asia Central, donde presta apoyo militar a Azerbaiyán contra Armenia, miembro de la alianza liderada por Rusia.
Aunque desde mediados de la segunda década del siglo XXI se ha producido una polarización cada vez más clara de las tensiones imperialistas entre Estados Unidos y China, esto no debe considerarse en modo alguno como el inicio de una dinámica hacia la formación de bloques. A diferencia de ésta, no es producto de la presión del retador (Alemania, la URSS en el pasado) sino, por el contrario, de una política sistemática llevada a cabo por la potencia imperialista dominante, EE. UU., en un intento de frenar el declive irreversible de su liderazgo. Inicialmente, se centró en neutralizar las aspiraciones de los antiguos aliados del bloque occidental, en particular Alemania. Luego se centró en polarizar el "eje del mal" (Irak, Irán, Corea del Norte) en un intento de reunir a los demás imperialistas detrás del policía mundial. Más recientemente, su objetivo ha sido precisamente impedir que surja cualquier contrincante.
Treinta años de semejante política por parte de EE. UU. no han aportado en absoluto más disciplina y orden a las relaciones imperialistas; al contrario, han exacerbado el sálvese quien pueda, el caos y la barbarie. EE. UU. es hoy un vector importante en la aterradora expansión de los enfrentamientos bélicos.
Es cierto que, a nivel general, la guerra en Ucrania demuestra la bancarrota de este sistema (sobre todo porque es claramente un producto voluntario de la clase dominante) y puede constituir en este sentido una fuente de toma de conciencia de esta bancarrota, aunque ésta se limite hoy a minorías de la clase. Fundamentalmente, sin embargo, confirma el análisis de la CCI de que la guerra y los sentimientos de impotencia y horror que provoca no favorecen el desarrollo de la lucha de la clase obrera. Al contrario, provoca un agravamiento sensible de la crisis económica y de los ataques a los trabajadores, empujando a estos últimos a oponerse a ella en defensa de sus condiciones de vida.[vi]
En el período actual, la guerra en Ucrania no puede considerarse un fenómeno aislado. A medida que nos adentramos en la década de 2020 del siglo XXI, diferentes tipos de crisis se acumulan e interactúan (crisis sanitaria, crisis económica, crisis climática y alimentaria, tensiones entre imperialismos) pero, sobre todo, todas ellas se ven afectadas por los efectos de este conflicto, que es un auténtico multiplicador e intensificador de la barbarie y el caos destructivo. Esta guerra es el factor central que determina la intensificación de los demás aspectos: "Con respecto a esta agregación de fenómenos destructivos y su 'efecto torbellino', debemos subrayar el papel motor de la guerra en tanto que acción deseada y planificada por los Estados capitalistas, convirtiéndose en el factor más poderoso y grave de caos y destrucción. De hecho, la guerra en Ucrania ha tenido un efecto multiplicador de los factores de barbarie y destrucción, implicando:
- un riesgo siempre presente de bombardeo de centrales nucleares, como ya estamos viendo en torno al emplazamiento de Zaporijia;
- un peligro de utilización de armas químicas y nucleares;
- una escalada violenta del militarismo con sus consecuencias para la ecología y el clima;
- además, un impacto directo de la guerra sobre la crisis energética y la crisis alimentaria"[vii].
En resumen, sea cual sea el escenario de los próximos meses, las repercusiones globales del conflicto en Ucrania se manifestarán a través de:
- la expansión de las zonas de tensión imperialista en todo el mundo, así como la desestabilización de las estructuras políticas de muchos Estados;
- la exacerbación de los enfrentamientos entre los principales protagonistas del conflicto, así como en el seno de las diferentes burguesías (incluida la ucraniana) de estos países.
Las consecuencias del conflicto en Ucrania no conducen en absoluto a una "racionalización" de las tensiones a través de un alineamiento "bipolar" de los imperialismos detrás de dos "padrinos" dominantes, sino por el contrario a la explosión de una multiplicidad de ambiciones imperialistas, que no se limitan a las de los grandes imperialismos, examinados en la sección siguiente, ni a las de Europa del Este y Asia Central, lo que acentúa el carácter caótico e irracional de los enfrentamientos.
- En Europa, la aparición en el Este de una Ucrania fuertemente armada por Estados Unidos avivará la pugna entre el imperialismo estadounidense y el alemán por controlarla.[ [442]viii] Su posición central también generará tensiones con otros países de Europa del Este, como Rumania, Hungría (muy reacia a apoyar a Ucrania) y sobre todo Polonia, que tienen minorías en diversas regiones de Ucrania. En Occidente, la presión sobre Alemania ha provocado desavenencias con Francia, mientras que se han reavivado los conflictos en Bosnia y entre serbios y kosovares (por mercenarios rusos del grupo Wagner). Por último, la UE ha reaccionado con ira ante la Ley de Reducción de la Inflación promulgada por la administración Biden, que considera una auténtica declaración de guerra a las exportaciones europeas a Estados Unidos.
- En Asia Central, el declive del poder ruso va de la mano de una rápida expansión de la presencia de otras potencias imperialistas, como China, Turquía, Irán y, por supuesto, EE. UU. en las repúblicas de la antigua URSS. En Extremo Oriente, persiste el riesgo de conflicto entre China, por un lado, e India (con enfrentamientos fronterizos regulares) o Japón (que se está rearmando masivamente), por otro, por no mencionar las tensiones entre India y Pakistán y las tensiones recurrentes entre las dos Coreas, en las que EE. UU. está plenamente implicado. Merece la pena mencionar la posición imperialista específica de la India: mientras que sus relaciones con China son conflictivas en términos políticos, militares y económicos, son más ambiguas en relación con EE. UU. (la India es miembro de QUAD pero no de AUKUS) o Rusia (importantes contratos militares), una sorprendente ilustración de la mentalidad de sálvese quien pueda y de la fragilidad del acercamiento entre potencias imperialistas.
- En Oriente Medio, el debilitamiento de Rusia, la desestabilización interna de grandes buitres como Irán (revueltas populares, luchas entre facciones y presión imperialista) y Turquía (situación económica desastrosa) tendrán un impacto importante en las relaciones imperialistas, en un momento en que estos tres países tienden a acercarse con vistas a emprender acciones militares en Siria e Irak contra diversas facciones kurdas apoyadas por Estados Unidos. Por último, la actitud de Arabia Saudita, empantanada en la guerra civil de Yemen, que se opone a las políticas estadounidenses y se acerca a Rusia, China e incluso Irán, así como la formación de un gobierno de extrema derecha en Israel, son también expresiones del agravamiento del caos de la guerra y del sálvese quien pueda.
- En África, mientras la crisis energética y alimentaria y las tensiones bélicas hacen estragos en varias regiones (guerra civil entre el gobierno central etíope y la provincia insurgente de Tigray, en la que también están implicados Eritrea y Sudán, guerra civil en Libia, fuertes tensiones entre Sudán del Norte y Sudán del Sur y también entre Argelia y Marruecos), la agresividad de las potencias imperialistas estimula la desestabilización y el caos. Entre 2016 y 2020, China invirtió el equivalente de toda la inversión occidental en el mismo periodo (70.000 millones de dólares) y ha renunciado al reembolso de 23 préstamos sin intereses para 17 países africanos en 2021. India superó a Francia como tercer socio comercial del continente en 2018 (después de China y Estados Unidos). El comercio de Turquía con África ha pasado de 5.000 a 25.000 millones de dólares en veinte años. Rusia, por su parte, sigue desestabilizando Mali y la República Centroafricana con mercenarios del grupo Wagner, mientras sigue siendo un importante socio comercial en armas y agricultura (cereales y fertilizantes) para países africanos como Egipto, Etiopía y Sudáfrica. Francia y Gran Bretaña, que pierden terreno, quieren recuperar cuota de mercado y prometen inversiones. En cuanto al imperialismo estadounidense, para contrarrestar la influencia del imperialismo ruso y chino en África, organizó una gran cumbre EE. UU.-África el 13 de diciembre de 2022 en Washington, donde prometieron 55 millones de dólares para África en tres años.
El creciente peso de la descomposición también tiende a acentuar la pérdida de control del aparato político burgués, reforzando la lucha entre fracciones y la presión de las tendencias populistas[ix] Esta mayor inestabilidad política tendrá un impacto creciente en la imprevisibilidad del posicionamiento imperialista, como ha ilustrado la presidencia de Trump.
Los países europeos, sometidos a una fuerte presión estadounidense y a fuertes tensiones en el seno de la UE, se enfrentan a movimientos populistas y a luchas entre fracciones de la burguesía, que desestabilizan fuertemente el aparato político de la burguesía y pueden provocar cambios en las orientaciones imperialistas. Este ya es el caso no sólo en Gran Bretaña, sino también en Italia con varios gobiernos populistas. Esta creciente desestabilización también tiende a reforzarse en Francia, donde "Les Républicains" de Ciotti están dispuestos a gobernar con los populistas, e incluso en Alemania[x]
Las turbulencias imperialistas también pueden exacerbar las tensiones en el seno de las burguesías, como ocurre en Rusia y China, y acabar provocando reorientaciones imperialistas. En Irán, por ejemplo, los enfrentamientos entre facciones dentro de la burguesía iraní, atizados por la injerencia extranjera y explotando las revueltas y expresiones de desesperación de la población, pueden modificar las orientaciones imperialistas.[ [443]xi]
Por último, en numerosos Estados de África (Sudán, Etiopía), Asia (Pakistán, Afganistán) o América Latina (Perú, Ecuador, Bolivia, Chile), la multiplicación de las revueltas populares o de las masacres interétnicas marcan la desestabilización de la estructura del Estado y estas diversas situaciones acentuarán la inestabilidad de las relaciones imperialistas y la imprevisibilidad de los conflictos.
Un año de guerra ha provocado grandes turbulencias en las orientaciones de los principales imperialismos implicados, pero también en las tensiones en el seno de las diferentes burguesías de estos países.
2.1.1. El éxito inicial de la actual ofensiva estadounidense se basa en una característica ya destacada en el Texto de Orientación: "Militarismo y descomposición " (1990), el dominio económico y especialmente militar de EE. UU. que excede la suma de potencias potencialmente competidoras. EE. UU. explota plenamente esta ventaja en su política de polarización. Esto nunca ha traído más orden y disciplina a las relaciones imperialistas, sino que por el contrario ha multiplicado los enfrentamientos bélicos, exacerbado el sálvese quien pueda, sembrado la barbarie y el caos en muchas regiones (Oriente Medio, Afganistán…), recrudecido el terrorismo, provocado enormes oleadas de refugiados. y exacerbó en todas direcciones las ambiciones de pequeños y grandes tiburones.
La cuestión a la que se enfrenta EE. UU. en Ucrania hoy es la siguiente: ¿debemos ofrecer una salida a Rusia, que en cualquier caso ya no puede reclamar después de esta guerra un papel imperialista mundial preponderante, o debe apuntar más bien a la humillación total, que podría ¿Provocar una reacción desesperada y descontrolada de la burguesía rusa y también implicar el riesgo de una desintegración de Rusia, peor que en 1990, y por lo tanto una desestabilización de toda esta parte del planeta? Las fracciones dominantes de la burguesía estadounidense (en particular los demócratas) son sin duda conscientes de estos peligros, incluso si insisten en completar sus objetivos, ya ampliamente logrados, a nivel del debilitamiento definitivo de Rusia. y sobre todo la acentuación de la presión sobre China a fin de contenerla para bloquear su expansión. Como resultado, EE. UU. equilibra cuidadosamente las capacidades militares del ejército ucraniano, presiona a Zelensky para que aumente su control sobre su administración y su ejército e indica que "de una forma u otra esta guerra tendrá que terminar en torno a una mesa de negociaciones" (M. Milley, Jefe de Estado Mayor de EE. UU.). Sin embargo, esta orientación puede verse frustrada por: presionan a Zelensky para que aumente su control sobre su administración y su ejército e indican que “de una forma u otra esta guerra tendrá que terminar en torno a una mesa de negociación” (M. Milley, Jefe de Estado Mayor de Estados Unidos). Sin embargo, esta orientación puede verse frustrada por:
• una posible estrategia de los líderes rusos para apostar por el cansancio en Occidente por prolongar la guerra en el tiempo, así como por la presión de la fracción que llama a la guerra total (ver más adelante);
• las tensiones dentro del aparato estatal y militar ucraniano, con facciones que piden continuar las ofensivas hasta la victoria total contra Rusia, incluida la reconquista de Donbass y Crimea;
• un deslizamiento irracional, ligado al caos y a la barbarie ambiental, como, por ejemplo, un misil que impacta en Polonia, Bielorrusia o una central nuclear.
De cualquier manera, y sea cual sea el resultado del conflicto, la actual política de confrontación de la administración Biden, lejos de producir una tregua en las tensiones o imponer disciplina entre los buitres imperialistas,
• aumentará aún más las tensiones económicas y militares con el imperialismo chino;
• Exacerbará las contradicciones entre imperialismos, por ejemplo en Europa Central donde el debilitamiento de Rusia y el armamento masivo de Ucrania agudizará la oposición entre países de Europa Central, como Polonia, Hungría, Rumania y por supuesto Alemania. En Asia Central, además de EE. UU., los imperialismos chino, turco o iraní ya se dan empujones para tomar el lugar de Rusia;
• intensificará la oposición en el seno de las diversas burguesías, en EE. UU., Rusia y por supuesto Ucrania, pero igualmente en Alemania o China, como desarrollamos en los puntos siguientes.
Contrariamente a la retórica de sus líderes, la política ofensiva y brutal de EE. UU. está, por tanto, a la vanguardia de la barbarie bélica y destrucciones de la descomposición.
2.1.2. La estrategia de Estados Unidos para contrarrestar su declive también reveló disensiones dentro de la burguesía estadounidense. Si existe un claro consenso en cuanto a la política hacia China, estos desacuerdos hoy se refieren a cómo "neutralizar" a Rusia en el contexto de un enfoque sobre el "principal enemigo", China. En cambio, la facción de Trump tendía a considerar una alianza con Rusia contra China, pero esta orientación encontró la oposición de gran parte de la burguesía estadounidense y la resistencia de la mayoría de las estructuras estatales. La estrategia de las fracciones dominantes de la burguesía estadounidense, representada hoy por la administración Biden, apunta por el contrario a asestar golpes decisivos a Rusia, para que ya no pueda representar una amenaza potencial para EE. UU.: “Queremos debilitar a Rusia de tal manera que no pueda hacer cosas como invadir a Ucrania”[ [444]xii] lanzando una clara advertencia a China.
Las elecciones de mitad de período han confirmado que las fracturas siguen siendo tan profundas y agudas entre demócratas y republicanos, como lo son las divisiones dentro de cada uno de los dos campos[xiii] aunque el peso del populismo y las ideologías más retrógradas, marcados por el rechazo a un pensamiento racional y coherente, lejos de ser frenado por las campañas tendientes a marginar a Trump[xiv], no ha hecho más que pesar cada vez más profunda y duraderamente en la sociedad estadounidense. Estas tensiones dentro de la burguesía estadounidense (que no pueden reducirse simplemente a la irracionalidad del individuo Trump), acentuadas por el giro de la Cámara de Representantes hacia los republicanos y la nueva candidatura presidencial de Trump, todavía favorecido por más de 30% de los estadounidenses (casi 2/3 de los votantes republicanos), para las elecciones de 2024, traiga una dosis de incertidumbre a la política estadounidense de apoyo masivo a Ucrania y no comprometa a otros países a tomar las promesas de EE. UU. con seriedad
Esta imprevisibilidad de la política estadounidense es en sí misma (además de su política de polarización) un factor de intensificación del caos en el futuro.
2.2.1. La fallida intervención en Ucrania, hoy ya catastrófica, tendrá consecuencias aún más graves en los próximos meses. El ejército ruso demostró su ineficacia y perdió gran parte de sus soldados de élite y su equipamiento más moderno. Su economía está sufriendo golpes muy duros, especialmente en los sectores tecnológicos avanzados por la falta de materias primas por el boicot y la huida de gran parte de las élites tecnológicas (se dice que 1 millón de personas han huido al extranjero). A pesar de un gigantesco esfuerzo financiero (el 50% del presupuesto del Estado ahora se dedica al esfuerzo bélico), el sector industrial militar, vital para un esfuerzo bélico a largo plazo, es incapaz de mantener el ritmo, y es típico que Rusia tenga que pedir ayuda a Corea del Norte (municiones) e Irán (drones) para compensar las deficiencias de su propia economía de guerra.
Pero es sobre todo en el plano de las relaciones imperialistas donde Moscú sentirá cada vez más claramente las repercusiones de su derrota. Rusia está aislada e incluso países "amigos" como China y Kazajstán se están distanciando abiertamente. Además, en Asia Central, los distintos países que fueron miembros de la URSS se han negado a permitir la movilización de sus ciudadanos residentes en Rusia y se muestran cada vez más críticos con Rusia: Kazajastán ha acogido a 200.000 rusos que huían de la orden de movilización, desaprueba expresamente la invasión rusa y proporciona ayuda material a Ucrania. Kirguistán y Tayikistán reprochan abiertamente a Rusia su incapacidad para interceder en sus conflictos internos. Armenia está furiosa porque Rusia no ha respetado el pacto de asistencia que les unió durante la guerra con Azerbaiyán. Incluso Lukashenko, el tirano de Bielorrusia, intenta desesperadamente evitar involucrarse demasiado con Putin. El colapso de la influencia rusa en Europa del Este y Asia Central avivará las tensiones entre las distintas burguesías de estas regiones y abrirá el apetito de los grandes buitres, desestabilizándolas aún más. Y para colmo, Rusia tendrá que aceptar una Ucrania poderosamente armada por Estados Unidos, a 500 km de Moscú.
2.2.2. En el plano interno, las tensiones entre las distintas facciones de la burguesía rusa eran cada vez más agudas y visibles. Surgen varias tendencias:
- La facción pro-democracia, que por el momento está siendo fuertemente reprimida.
- La facción que respalda a Putin, que a su vez está dividida en tres fracciones: 1. la facción "dura" que respalda al líder checheno Kadirov y a la facción Wagner; 2. una facción más pequeña que está presionando a Putin para que detenga la guerra en Ucrania; 3. una facción que respalda a Putin y que está enfrentando a estas dos fracciones para mantener su control sobre el Estado ruso.
Al parecer, estas divisiones son tan profundas en el ejército y los servicios de seguridad como en el círculo íntimo de Putin. Desde la supervivencia política de Putin hasta la de la Federación Rusa y el estatus imperialista de esta última, lo que está en juego tras la derrota en Ucrania tiene consecuencias de largo alcance: a medida que Rusia se hunde más en los problemas, es probable que se produzcan ajustes de cuentas e incluso enfrentamientos sangrientos entre facciones rivales. Están surgiendo "señores de la guerra" como Kadyrov y Prigozhin (fundador del grupo Wagner) que se oponen cada vez más al Estado Mayor, llegando incluso a criticar a Putin. Al mismo tiempo, una gran parte de los soldados muertos proceden específicamente de ciertas repúblicas autónomas pobres, lo que ha provocado numerosas manifestaciones y sabotajes en estas regiones y puede conducir a la fragmentación de la Federación Rusa. Estas contradicciones apuntan a un periodo de gran inestabilidad en el Estado más grande y más fuertemente armado del mundo, con riesgo de pérdida de control y consecuencias imprevisibles para el mundo entero.
Mientras que algunos empíricos podían pensar hace dos años que China era la gran vencedora de la crisis de Covid, los datos recientes confirman que China se enfrenta ahora a una desestabilización múltiple y a la perspectiva de grandes turbulencias.
Ante la trampa tendida a su "aliado" ruso en Ucrania y la estrepitosa derrota sufrida por éste, China intenta calmar los ánimos con EE. UU., cuya política de polarización se dirige fundamentalmente, detrás de Rusia, contra China, como demuestran las actuales tensiones en torno a Taiwán. Sin embargo, la estrategia de China difiere fundamentalmente de la de Rusia. Mientras que la única baza de Rusia era su poder militar como antiguo líder del bloque, la burguesía china entiende que el desarrollo de su fuerza está ligado a un aumento de su poder económico, que tardará tiempo en alcanzar.
¿Se le dará ese tiempo? Presionada por el desarrollo del caos bélico y la polarización imperialista, China se enfrenta al mismo tiempo a la desestabilización sanitaria, económica y social, lo que coloca a la burguesía china en una situación particularmente incómoda.
2.3.1. China se ha visto gravemente desestabilizada en varios frentes:
- La inmensa dificultad de China para controlar la crisis sanitaria que sufre desde finales de 2019 ha paralizado en gran medida su economía y penalizado a su población. El resultado han sido encierros gigantescos e interminables, como en noviembre de 2022, cuando no menos de 412 millones de chinos fueron encerrados en terribles condiciones en diversas partes de China, a menudo durante varios meses.
- La economía china se ha enlentecido drásticamente como consecuencia de los repetidos confinamientos, la burbuja inmobiliaria y el bloqueo de varias rutas de la Ruta de la Seda por conflictos armados (Ucrania) o el caos reinante (Etiopía).
No se espera que el crecimiento del PIB supere el 3% en 2022, el más bajo desde 1976 (excluyendo el "año Covid" de 2020). Los jóvenes se ven especialmente afectados por el deterioro de la situación, con una tasa de desempleo estimada en el 20% entre los universitarios que buscan trabajo.
- La espectacular caída de su demografía, que por primera vez en sesenta años ha provocado un descenso de la población total de China y que podría reducir la población a unos 600 millones en 2100, está provocando una inversión gradual de la pirámide de edades y una pérdida de competitividad de la industria china debido al aumento de los costes laborales de una mano de obra que será cada vez más escasa, así como una presión sobre el sistema de pensiones, que hoy es prácticamente inexistente, y sobre las infraestructuras sociales y sanitarias para una población que envejece.
- Aún más preocupante para la burguesía china, los problemas económicos, junto con la crisis sanitaria, han provocado un importante malestar social, a pesar de que la política del gobierno chino desde 1989 ha sido evitar a toda costa los disturbios sociales a gran escala. Movimientos de compradores engañados por las dificultades y quiebras de gigantes inmobiliarios, pero sobre todo disturbios, huelgas -como la de 200.000 trabajadores de la enorme fábrica del gigante taiwanés Foxconn, que ensambla los iPhones de Apple- y manifestaciones generalizadas en muchas ciudades chinas, como Shanghái, al grito de "¡Xi Jinping dimisión! dimisión del PCCh!" han hecho sudar frío a Xi y a sus partidarios.
2.3.2. Las convulsiones de un modelo neo-estalinista caduco.[xv]
Frente a las dificultades económicas y luego sanitarias, la política de Xi Jinping desde el inicio de su segundo mandato (2017) había sido volver a las recetas clásicas del estalinismo:
- en el plano económico, desde Deng Xiao Ping, la burguesía china había creado un frágil y complejo mecanismo para mantener un todopoderoso marco de partido único cohabitando con una burguesía privada estimulada directamente por el Estado. "A finales de 2021, la era de reforma y apertura de Deng Xiaoping está claramente acabada, sustituida por una nueva ortodoxia económica estatista"[xvi] De hecho, la facción dominante detrás de Xi Jinping había reorientado la economía china hacia un control estatal absoluto de estilo estalinista.
- En el frente social, la política de "Covid cero" había permitido a Xi no sólo reforzar el despiadado control estatal sobre la población, sino también imponer este control a las autoridades regionales y locales, que se habían mostrado poco fiables e ineficaces al comienzo de la pandemia. Todavía en otoño, envió unidades de policía del gobierno central a Shanghai para llamar al orden a las autoridades locales que estaban liberando las medidas de control.
Pero, como demuestra el punto anterior, esta política de las autoridades chinas las ha llevado directamente contra la pared. De hecho, ante la explosiva protesta social, el régimen se vio obligado a dar marcha atrás a toda prisa a todos los niveles y a abandonar en cuestión de días la política que había mantenido durante años contra viento y marea.
- Abandonó bruscamente la política de "Covid cero" sin proponer la menor alternativa, sin reforzar la inmunidad, sin vacunas eficaces ni reservas suficientes de medicamentos, sin una política de vacunación de los más débiles, sin un sistema hospitalario capaz de absorber el choque, lo que ha provocado graves problemas sanitarios: Pacientes haciendo cola para entrar en hospitales saturados y cadáveres amontonados ante crematorios abarrotados: las proyecciones prevén que para el verano habrán muerto más de un millón de personas y decenas de millones se habrán visto gravemente afectadas por la oleada del virus. Además, decenas de miles de trabajadores contratados para organizar los encierros o empleados en fábricas que producen pruebas u otros materiales contra el covid han sido despedidos, lo que ha desencadenado un gran descontento social.
- Ha reconsiderado parcialmente su política de control estatal absoluto de la economía reduciendo los controles sobre el acceso al crédito en el sector inmobiliario y las medidas antimonopolio en el sector tecnológico. Incluso promete que los bancos y sociedades de inversión extranjeros podrían convertirse en propietarios de pleno derecho de empresas en China. Pero el escepticismo sigue prevaleciendo entre las empresas extranjeras y la retirada de capital extranjero de China sigue siendo masiva, mientras se intensifica la presión económica de Estados Unidos, en particular con la "Inflation Reduction Act" y la "Chips in USA Act", que apuntan directamente a las exportaciones de empresas tecnológicas chinas (como Huawei) a Estados Unidos.
Esta política en zigzag revela el callejón sin salida de un régimen de corte estalinista en el que "la gran rigidez de las instituciones no deja prácticamente ningún margen para la aparición de fuerzas políticas burguesas de oposición capaces de desempeñar el papel de amortiguadores".[xvii] Aunque el capitalismo de Estado chino supo aprovechar las oportunidades que le brindó el cambio de bloque en los años 70, con la implosión del bloque soviético y la globalización de la economía propugnada por Estados Unidos y las principales potencias del bloque occidental, las debilidades congénitas de su estructura estatal de corte estalinista son ahora un gran hándicap frente a los problemas económicos, sanitarios y sociales. Las desesperadas convulsiones del régimen revelan el fracaso de las políticas de Xi Jinping, reelegido para un tercer mandato tras acuerdos entre bastidores entre fracciones del PCCh, y presagian conflictos entre facciones dentro de un aparato estatal cuya incapacidad para superar la rigidez política revela la pesada herencia del maoísmo estalinista[xviii]
2.3.3. Una política imperialista bajo presión
Enfrentada a la ofensiva económico-militar de EE. UU., de Taiwán a Ucrania, la burguesía china parece haber aprendido las lecciones imperialistas y por el momento orienta su política hacia una estrategia de evitar la espiral de provocaciones, militares o de otro tipo:
- la agresiva diplomacia nacionalista de los "lobos guerreros", lanzada en 2017 por Xi, ha sido abandonada y el portavoz del Ministerio de Exteriores que la personificaba, Zhao Lijian, ha sido trasladado a un puesto inferior;
- China intenta contrarrestar la estrategia de aislarla buscando nuevas alianzas en todos los frentes: Xi se reunió con 25 jefes de Estado extranjeros en tres meses para impulsar su economía y forjar lazos diplomáticos (con Brasil, Alemania, Francia y Europa en general, por ejemplo);
- intensifica su implicación en la escena internacional, como demuestra su actitud conciliadora en la última cumbre del G20 en Indonesia, su fuerte implicación en la conferencia sobre la diversidad ecológica de Montreal y, sobre todo, su papel de mediador en el enfrentamiento entre Arabia Saudita e Irán e incluso en el conflicto de Ucrania.
Sin embargo, la agresividad económica y militar de EE. UU. se está intensificando mediante el armamento masivo de Taiwán y el aumento de la presión sobre los "socios" de China, como Irán y Pakistán. Con el auge del militarismo japonés y las ambiciones cada vez más asertivas de la India, esta mayor presión imperialista en Oriente Medio y el Pacífico podría dar lugar a acontecimientos imprevistos. Por otra parte, el "torbellino" de convulsiones y desestabilizaciones que azota a la burguesía china también ejerce una fuerte presión sobre su política imperialista y le infunde un alto grado de imprevisibilidad. Y debe quedar claro que una desestabilización del capitalismo chino tendría consecuencias imprevisibles para el capitalismo mundial.
Alemania también se enfrenta a una serie de señales inequívocas: su condición de enano militar le ha obligado a alinearse como miembro de la OTAN, el bloqueo impuesto a Europa por Estados Unidos sobre el petróleo y el gas rusos le está sumiendo en grandes dificultades económicas, sobre todo porque la Inflation Reduction Act y la Chips in USA Act son también un ataque directo a las importaciones europeas y, por tanto, a las alemanas en particular.
2.4.1. En el momento de la implosión del bloque soviético, la CCI señalaba que si, en un futuro próximo, "no hay ningún país en condiciones de oponerse al de EE. UU. con un potencial militar que le permita reivindicar la posición de jefe de un bloque que pueda rivalizar con el que estaría dirigido por esa potencia"[xix], la única potencia imperialista potencialmente capaz en un futuro más lejano de convertirse en el núcleo central de un bloque que compitiera con Estados Unidos era entonces, según nuestro análisis, Alemania: "En cuanto a Alemania, único país que podría desempeñar algún día un papel que ya desempeñó en el pasado, su actual poderío militar (¡ni siquiera tiene armas atómicas, nada menos! ) no le permite pensar en competir con Estados Unidos en este campo durante mucho tiempo. Esto es tanto más cierto cuanto que, a medida que el capitalismo se hunde en la decadencia, se hace cada vez más indispensable que el jefe de un bloque disponga de una superioridad militar aplastante sobre sus vasallos si quiere mantenerse"[xx].
De hecho, Alemania se encontraba entonces en una situación especialmente compleja: se enfrentaba al enorme reto económico, político y social de integrar a la antigua RDA en su tejido industrial, al tiempo que tropas extranjeras (estadounidenses y de otros países de la OTAN) estaban estacionadas en su territorio. Este gigantesco esfuerzo financiero para "unificar" el país dividido había hecho imposible realizar las importantes inversiones necesarias para poner sus fuerzas militares al nivel requerido, siendo la división del país y el desmantelamiento de su fuerza militar, por supuesto, la consecuencia de la derrota de 1945. [xxi] En este contexto, la burguesía alemana ha desarrollado en los últimos veinte años una política de expansión económica e imperialista decididamente orientada hacia el Este, transformando a numerosos países de Europa del Este en subcontratistas de su industria y garantizando al mismo tiempo su abastecimiento energético estable y barato mediante acuerdos de gas y petróleo con Rusia, lo que le ha permitido también aprovechar plenamente la globalización de la economía. Al mismo tiempo, al integrar a los Estados de Europa del Este en la UE, también se aseguraba la preeminencia política dentro de la UE.
2.4.2. La ilusoria esperanza de poder desarrollar su poder imperialista sin un despliegue de militarismo y la construcción de una fuerza militar consecuente se hizo añicos con el estallido de la guerra en Ucrania. Sin embargo, la burguesía alemana hizo todo lo posible por mantener su asociación con Rusia a pesar del conflicto:
- creó empresas tapadera para continuar el proyecto conjunto con Rusia de construir gasoductos bajo el Mar Báltico (North Stream 1 y 2), a pesar de la amenaza de sanciones económicas de Estados Unidos;
- ha desarrollado (al igual que Francia) una intensa diplomacia con Putin para tratar de evitar o enmarcar el conflicto;
- ha considerado respaldar la operación rusa contra Ucrania con vistas a una rápida victoria, que entonces sólo tendría un impacto limitado en las relaciones económicas (según declaraciones de Boris Johnson a CNN).
La guerra intensiva, financiada y mantenida por las entregas masivas de armas de Estados Unidos, está sometiendo a Berlín a una presión particularmente intolerable, pero esto está en consonancia con la ya clara hostilidad de la administración Trump hacia la política autónoma del imperialismo alemán, destacando su posición como "enano" militar y poniendo bajo control sus fuentes de suministro de energía.
2.4.3. Ante esta situación, la burguesía alemana, atrapada en una trampa, emprendió una acción sin cuartel para reforzar su posición militar, buscar nuevas alianzas económicas y mantener su presencia imperialista en Europa del Este:
- ante la amarga constatación de que era ilusorio afirmar ambiciones imperialistas sin respaldarlas con un poder militar sustancial, duplicó su presupuesto militar (serán necesarios ocho años para poner al ejército alemán a la altura de las circunstancias) y adoptó medidas económicas y energéticas draconianas para garantizar la defensa de su tejido industrial;
- se ha embarcado en la búsqueda de nuevas alianzas estratégicas, en particular con China, como ilustra la visita sorpresa en solitario del Canciller Scholz a Xi el 4 de noviembre de 2022, que incluyó la compra por Pekín de una participación del 25% de acciones en el puerto de Hamburgo: "Esta visita del Canciller alemán a Pekín es tanto más extraña cuanto que el pasado mes de octubre, en su última cumbre, los Veintisiete no habían logrado ponerse de acuerdo sobre una nueva alianza estratégica con Pekin. En aquel momento, la actitud de Europa se había endurecido considerablemente, y los países bálticos [...], habían instado a la UE a mostrar la máxima cautela al tratar con China;[xxii]
- anunció que estaba dispuesto a financiar un gigantesco Plan Marshall para la reconstrucción de Ucrania.
2.4.4. Estas reacciones de la burguesía alemana a la ofensiva estadounidense exacerbaron no sólo las tensiones y el sálvese quien pueda frente a Estados Unidos, sino también dentro de la propia Europa. Por ejemplo, las decisiones alemanas de encargar aviones de combate... a Estados Unidos y de crear un escudo antimisiles basado en tecnología alemana e... israelí, congelando los programas de armamento sofisticado (aviones y tanques) previstos con Francia, han provocado importantes desavenencias entre Francia y Alemania, columna vertebral de la UE.
El imperialismo francés decidió aplazar una reunión del consejo franco-alemán y expresó su negativa a construir un gasoducto que una España y Alemania para transportar gas desde África. El último consejo conjunto franco-alemán de enero de 2023 no cambió la situación, a pesar de las retóricas declaraciones conjuntas: "Emmanuel Macron y Olaf Scholz hicieron un alarde de simbolismo el domingo en París con motivo del 60 aniversario del Tratado del Elíseo, pero no presentaron ninguna propuesta firme sobre el apoyo a Ucrania, la defensa europea o la crisis energética"[xxiii].
Sin embargo, a Alemania no le interesa separarse demasiado de Francia, primera potencia militar europea y pilar central para mantener una UE unida en torno a Alemania.
El enfoque de "sálvese quien pueda" del gobierno alemán respecto a las medidas económicas, las relaciones con China y el futuro de Ucrania está aumentando las tensiones con otros países de la UE, en particular con algunos de Europa del Este, como los países bálticos y Polonia, que apoyan firmemente la política estadounidense.
La política de Scholz también está causando divisiones dentro de la burguesía alemana (algunos de los Verdes en el gobierno estaban en contra del viaje de Scholtz a China, por ejemplo) y, a diferencia del SPD, los otros partidos en el gobierno (FDP y los Verdes) tienden a apoyar la política estadounidense hacia Rusia. Es probable que estas divergencias dentro de las fracciones de la burguesía alemana se profundicen con el empeoramiento de la crisis económica, con la presión sobre la economía alemana y la posición imperialista del país, anunciando una creciente inestabilidad política, con el peligro de un mayor impacto de los movimientos populistas[xxiv] ante el empeoramiento de la situación social.
La explosión del militarismo es la ilustración perfecta de la profundización cualitativa del periodo de descomposición, al tiempo que anuncia la inevitable acentuación del caos y del sálvese quien pueda.
- La explosión de los presupuestos militares: además de EE. UU., que sigue aumentando su presupuesto militar, que ya representa el 8,3% del presupuesto nacional, el gran aumento de los gastos militares ya se había observado antes de la guerra de Ucrania, sobre todo en Asia, en China (5% del presupuesto), India (que es el tercer país en gastos militares después de los "dos grandes"), Pakistán y Corea del Sur. Desde entonces, como consecuencia directa de la invasión de Ucrania, se ha producido una aceleración fenomenal, en primer lugar en el caso de grandes potencias como Japón, que ha destinado 320 billones de dólares a sus fuerzas armadas en cinco años, el mayor aumento de armamento desde 1945, y sobre todo en Europa Occidental, con Alemania aumentando también su presupuesto de defensa en 107 billones de euros, al igual que Francia y Gran Bretaña. Incluso imperialismos más modestos, como Turquía (que ya es el segundo mayor ejército de la OTAN) o Arabia Saudita, y en Europa un país como Polonia, que aspira a tener el ejército más poderoso de Europa, se están armando hasta los dientes.
- La extensión del militarismo al espacio y el renacimiento del poder nuclear: La carrera armamentística se centra cada vez más en la conquista del espacio. Sobre este plano igualmente, EE. UU., pero también China, están tirando la casa por la ventana y las últimas expresiones de cooperación tienden a desaparecer. Por último, "Todos los Estados poseedores de armas nucleares están aumentando o modernizando sus arsenales, y la mayoría está reforzando la retórica nuclear y el papel que estas armas desempeñan en su estrategia militar. Se trata de una tendencia muy preocupante"[xxv].
- El reforzamiento de la puesta en marcha de la economía de guerra: la guerra en Ucrania plantea claramente interrogantes sobre la reorientación de las inversiones financieras, y sobre todo del apoyo de las poblaciones, en el seno de los think tanks de la burguesía: "Por eso la capacidad de equipar a Ucrania con suficientes armas para ganar la guerra es una preocupación creciente, es una especie de transición a una economía de guerra en tiempos de paz, [...] Y los líderes occidentales tendrán que tener una discusión franca con sus poblaciones sobre los costes futuros de la defensa y la seguridad, es un esfuerzo de toda la nación, de todas las naciones, porque no es sólo el ministro de Defensa quien encarga más equipamiento [a] la industria. Se trata de mantener un debate sobre cómo aumentar la producción. Los eslabones débiles de la cadena de suministro de armas no sólo tienen que ver con el bajo gasto público, sino también con las actitudes sociales y la reticencia de las instituciones financieras a invertir en empresas armamentistas".[xxvi]
Hemos subrayado que "la agregación e interacción de fenómenos destructivos conduce a un 'efecto torbellino' que concentra, cataliza y multiplica cada uno de sus efectos parciales, provocando una devastación aún más destructiva"[xxvii] En este contexto, si la crisis económica es, en última instancia, la causa subyacente de la tendencia a la guerra, ésta agrava a su vez la crisis económica. En efecto, lejos de estimular la economía, la guerra y el militarismo agravaron la crisis. La explosión del gasto como consecuencia del conflicto ucraniano agravará la deuda nacional, que es otra carga para la economía. Acelerarán el crecimiento de la inflación, que es otra amenaza para el crecimiento económico que, para ser combatida, requiere una contracción del crédito que sólo puede conducir a una recesión abierta, lo que también significa un agravamiento de la crisis económica. Por último, la guerra de Ucrania ha provocado un enorme aumento de los costes energéticos, que está lastrando toda la producción industrial, así como una escasez de productos agrícolas y un enlentecimiento del comercio mundial.
En resumen, "los años 20 del siglo XXI tendrán, en este contexto, un impacto considerable en el desarrollo histórico"[xxviii], en la medida en que la alternativa "socialismo o barbarie", planteada por la Internacional Comunista en 1919, adopta cada vez más la forma de "socialismo o destrucción de la humanidad".
Abril de 2023
i] Por ejemplo, la TCI utiliza a veces la noción de decadencia, pero sin explicar ni precisar sus implicaciones, o se abstiene de reconsiderar la noción de derrotismo revolucionario teniendo en cuenta las características del contexto actual. Sobre este punto, véase nuestra crítica de los comités No War But the Class War (no a la guerra sí a la guerra de clases): Sobre la historia de los grupos "No hay más guerra que la de clases" | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [445] y Un comité que lleva a los participantes a un callejón sin salida | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [425].
ii] Revista Internacional núm. 167.
iii] Significado e impacto de la guerra en Ucrania | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [336], Revista Internacional núm. 168 (2022).
iv] Citado en Militarismo y descomposición (mayo de 2022) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [433], Revista Internacional núm.168.
v] "Rapport à la Conférence de juillet 1945 de la Gauche Communiste de France".
vi] Sobre este tema, léase el "Informe sobre la lucha de clases" del XXV Congreso de la CCI.
vii] Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [432], Revista Internacional núm. 169 (2022).
viii] Véanse los planes para su reconstrucción.
ix] Véanse las recientes elecciones en Brasil.
x] Véase el complot "Reichsburger", en el que están implicados importantes sectores de los servicios de seguridad.
xi] Véase el acercamiento a Rusia.
xii] Declaración del Secretario de Estado de Defensa, Lloyd Austin, durante su visita a Kiev el 25 de febrero de 2022. La facción de Biden también quería "hacer pagar" a Rusia por su injerencia en los asuntos internos estadounidenses, por ejemplo, sus intentos de manipular las últimas elecciones presidenciales.
xiii] Ver la complicada elección del presidente republicano de la Cámara de Representantes.
xiv] Véanse las amenazas de varias demandas.
xv] "La característica más evidente y más conocida de los países del bloque del Este, en la que se basa el mito de su "naturaleza socialista", es el grado extremo de nacionalización de sus economías... El capitalismo de Estado no es un fenómeno propio de estos países... Aunque la tendencia al capitalismo de Estado es un hecho histórico universal, no afecta a todos los países de la misma manera [...]. En los países avanzados, donde existe una vieja burguesía industrial y financiera, esta tendencia toma generalmente la forma de una superposición progresiva de los sectores "privado" y estatal [...]. Esta tendencia hacia el capitalismo de Estado "toma sus formas más extremas allí donde el capitalismo experimenta sus contradicciones más brutales, donde la burguesía clásica es más débil". En este sentido, el hecho de que el Estado asuma el control directo de la mayor parte de los medios de producción, característico de los países de Europa del Este y, en gran medida, del Tercer Mundo, es la forma más extrema en la que el capitalismo experimenta sus contradicciones más brutales, donde la burguesía clásica se encuentra en su punto más débil" (Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [10]", Revista Internacional núm. 60.
xvi] Foreign Affairs, citado en Courrier International nº 1674.
xvii] Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [10], Revista internacional núm. 60.
xviii] "Un capital nacional desarrollado, detentado "privadamente" por diferentes sectores de la burguesía, encuentra en la "democracia" parlamentaria su aparato político más adecuado; al control estatal casi completo de los medios de producción corresponde el poder totalitario de un partido único" (Ibid.).
xix] Militarismo y descomposición | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [32], Revista Internacional núm. 64 (1991).
xx] Idem.
xxi] Sin embargo, la importante reducción de los costes improductivos en los años 50 y 60 también estuvo detrás de la impresionante reconversión de la economía alemana.
xxii] "Olaf Scholz va solo a Pekín", Asianyst (5 de noviembre de 2022).
xxiii] "Entre Francia y Alemania, un acercamiento engañoso", Le Monde (23 de enero de 2023).
xxiv] Véase la conspiración "Reichsburger".
xxv] Wilfred Wan, Director del Programa de Armas de Destrucción Masiva del SIPRI, Informe SIP. (5 de diciembre de 2022).
xxvi] Almirante R. Bauer, Jefe del Comité Militar de la OTAN, en Defense One.
xxvii] "L’accélération de la décomposition capitaliste pose ouvertement la question de la destruction de l’humanité [446]" ("La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad"), Revista Internacional núm. 169 (2022).
xxviii] Idem
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Comenzando con una pandemia espantosa, la década de 2020 ha sido un recordatorio concreto de la única alternativa que existe: la revolución proletaria o la destrucción de la humanidad. Con el Covid 19, el conflicto en Ucrania y el crecimiento de la economía de guerra en todas partes, la crisis económica y su devastadora inflación, con el calentamiento global y la devastación de la naturaleza amenazando cada vez más la vida misma, con el auge del sálvese quien pueda, de la irracionalidad y el oscurantismo, y la descomposición de todo el tejido social, la década de 2020 no es sólo testigo de una acumulación de lacras asesinas; todas estas lacras convergen, se combinan y se alimentan unas a otras. La década de 2020 será una concatenación de todos los peores males del capitalismo decadente y putrefacto. El capitalismo ha entrado en una fase de graves convulsiones extremas, entre las cuales la más amenazadora y sangrienta es el riesgo de un aumento de los conflictos bélicos1.
La decadencia del capitalismo tiene una historia, y desde 1914 ha pasado por varias etapas. La que comenzó en 1989 es “una fase específica -la fase última- de su historia, en la que la descomposición se convierte en un factor, si no el factor decisivo, de la evolución de la sociedad”2 La característica principal de esta fase de descomposición, sus raíces más profundas, lo que socava el conjunto de la sociedad y engendra el pudrimiento, es la ausencia de perspectiva. Esta década de 2020 demuestra una vez más que la burguesía sólo puede ofrecer a la humanidad más miseria, guerra y caos, en un desorden creciente y cada vez más irracional. Pero ¿qué pasa con la clase obrera? ¿Qué pasa con su perspectiva revolucionaria, el comunismo? Es evidente que el proletariado lleva décadas sumido en inmensas dificultades; sus luchas son escasas y poco masivas, su capacidad para organizarse sigue siendo extremadamente limitada y, sobre todo, ya no sabe que existe como clase, como fuerza social capaz de liderar un proyecto revolucionario. Es decir, el tiempo no está a favor de la clase obrera.
Sin embargo, si existe este peligro de una erosión lenta y finalmente irreversible de los fundamentos mismos del comunismo, no hay fatalidad para este final en la barbarie total; por el contrario, la perspectiva histórica permanece totalmente abierta. En efecto, “a pesar del golpe asestado por el hundimiento del bloque del Este a la toma de conciencia del proletariado, éste no ha sufrido ninguna derrota importante en el terreno de su lucha, en ese sentido su combatividad permanece prácticamente intacta. Pero, por otra parte, y éste es el elemento que determina en última instancia la evolución de la situación mundial, el mismo factor que está en el origen del desarrollo de la descomposición, la agravación inexorable de la crisis del capitalismo constituye el estímulo esencial de la lucha y de la toma de conciencia de la clase, la condición misma de su capacidad para resistir al veneno ideológico de la putrefacción de la sociedad. Su lucha contra los efectos directos de la propia crisis constituye la base del desarrollo de su fuerza y de su unidad de clase3.
Justamente hoy, con el terrible agravamiento de la crisis económica mundial y el retorno de la inflación, la clase obrera comienza a reaccionar y a reencontrar el camino de su lucha. Persisten todas sus dificultades históricas; su capacidad para organizar sus propias luchas y aún más la toma de conciencia de su proyecto revolucionario están todavía muy lejos, pero la combatividad creciente frente a los golpes brutales asestados por la burguesía a las condiciones de vida y de trabajo es el terreno fértil en el que el proletariado puede redescubrir su identidad de clase, volver a tomar conciencia de lo que es, de su fuerza cuando lucha, se solidariza y desarrolla su unidad. Se trata de un proceso, de una lucha que se reanuda tras años de estancamiento, de un potencial que dejan entrever las huelgas actuales. La señal más fuerte de esta posible dinámica es la vuelta de la huelga en el Reino Unido. Se trata de un acontecimiento de importancia histórica.
El retorno de la combatividad de los trabajadores en respuesta a la crisis económica podría convertirse en un foco de toma de conciencia. Hasta ahora, cada aceleración de la descomposición ha dado un golpe paralizante a los esfuerzos embrionarios de combatividad de los trabajadores: el movimiento en Francia en 2019 sufrió el estallido de la pandemia; las luchas del invierno de 2021 se detuvieron ante la guerra en Ucrania, etc. Esto significa una dificultad adicional nada desdeñable al desarrollo de las luchas y de la confianza del proletariado en sí mismo. Sin embargo, no hay otro camino que la lucha; la lucha misma es la primera victoria. El proletariado mundial, en un proceso muy atormentado, con muchas y amargas derrotas, puede empezar poco a poco a recuperar su identidad de clase y lanzarse finalmente a una ofensiva internacional contra este sistema moribundo. En otras palabras, los próximos años serán decisivos para el futuro de la humanidad.
Durante la década de 1980, el mundo se dirigía claramente hacia la guerra o hacia grandes enfrentamientos de clase. El desenlace de esta década fue tan inesperado como inédito: por un lado, la imposibilidad para la burguesía de avanzar hacia la guerra mundial, impedida por la negativa de la clase obrera a aceptar sacrificios, y por otro, esta misma clase obrera, incapaz de politizar sus luchas y de ofrecer una perspectiva revolucionaria, condujeron a una especie de bloqueo, sumiendo al conjunto de la sociedad en una situación sin futuro y llevando a la podredumbre generalizada. Los “años de la verdad” de la década de 19804 desembocaron así en la Descomposición. Hoy, la situación se plantea en condiciones históricas más intensas y dramáticas:
Por un lado, la década de 2020 mostrará, con una acuidad aún mayor, la posibilidad de la destrucción de la humanidad contenida en la Descomposición capitalista.
Pero, por otra parte, el proletariado comenzará a dar los primeros pasos, a menudo vacilantes y llenos de debilidades, en el camino de sus luchas, conduciéndolo hacia su capacidad histórica de plantear la perspectiva del comunismo. El proletariado va a pasar por una muy dura y difícil escuela de aprendizaje.
Los dos polos de la perspectiva se plantearán y chocarán. Durante esta década, va a haber al mismo tiempo una agravación cada vez más dramática de los efectos de la Descomposición, y reacciones obreras portadoras de un futuro diferente. La única alternativa, la destrucción de la humanidad o la revolución proletaria, volverá y se hará cada vez más palpable. Se trata, pues, de un combate, de una lucha, de la lucha de clases. Y para que el resultado sea favorable, el papel de las organizaciones revolucionarias será vital. Tanto si se trata del desarrollo de la conciencia y de la organización de la clase en la lucha, como de la clara comprensión de los retos y de la perspectiva por las minorías, nuestra intervención será decisiva. Por tanto, necesitamos tener la conciencia más clara y lúcida de la dinámica en curso, de su potencial, de las fuerzas y debilidades de nuestra clase, así como de los ataques ideológicos y las trampas tendidas en el camino ante nosotros por la situación histórica de la Descomposición y por la burguesía, la clase dominante más inteligente y maquiavélica de la historia.
La guerra es siempre un momento decisivo para el proletariado mundial. Con la guerra, la clase obrera mundial sufre la masacre de una parte de sí misma, pero también una bofetada monumental asestada por la clase dominante. Desde todos los puntos de vista, la guerra es exactamente lo contrario de lo que es la clase obrera, de su naturaleza internacional simbolizada por su grito de rebelión: “Los trabajadores no tienen patria. ¡Proletarios de todos los países, uníos!”.
El estallido del conflicto en Ucrania puso así a prueba al proletariado mundial. La reacción a esta barbarie es un marcador esencial para comprender dónde se encuentra nuestra clase, dónde está la relación de fuerzas con la burguesía. Y aquí no hay homogeneidad. Al contrario, hay enormes diferencias entre países, entre la periferia y las regiones centrales del capitalismo.
En Ucrania, la clase obrera está aplastada física e ideológicamente. Ampliamente implicada en la defensa de la patria, contra “el invasor ruso”, contra “el bruto y asesino Putin”, por la defensa de “la cultura y las libertades ucranianas”, por la democracia, los obreros participan en la movilización en las fábricas como en las trincheras. Esta situación es evidentemente el resultado de la debilidad del movimiento obrero internacional, pero también de la historia del proletariado en Ucrania. Aunque se trata de un proletariado concentrado y educado, con una larga experiencia, este proletariado ha sufrido también, y, sobre todo, toda la fuerza de las consecuencias de la contrarrevolución y del estalinismo. La hambruna organizada por el poder soviético en los años 1930, el Holomodor, en el que perdieron la vida 5 millones de personas, sentó las bases de un odio hacia el vecino ruso y de un poderoso sentimiento patriótico. Más recientemente, a principios de la década de 2010, todo un sector de la burguesía ucraniana optó por emanciparse de la tutela rusa y aliarse con Occidente. En realidad, esta evolución testimoniaba la creciente presión de Estados Unidos en toda la región. “La Revolución Naranja”5 de 2004, seguida de la Maïdan (o “Revolución de la dignidad”) de 2014, mostraron hasta qué punto una parte muy importante de la población se adhería a la defensa de la “democracia” y de la independencia ucraniana frente a la influencia rusa. Desde entonces, la propaganda nacionalista no ha hecho más que intensificarse, culminando en febrero de 2022.
La incapacidad de la clase obrera de este país para oponerse a la guerra y a su reclutamiento, incapacidad que abrió la posibilidad de esta carnicería imperialista, indica hasta qué punto la barbarie y la podredumbre capitalistas están ganando terreno en partes cada vez más amplias del planeta. Después de África, Oriente Medio y Asia Central, ahora una parte de Europa Central tiende a verse sumida en la carnicería y el caos imperialista; Ucrania ha mostrado que en ciertos países satélites de la antigua URSS, en Bielorrusia, Moldavia y la antigua Yugoslavia, existe un proletariado debilitado por décadas de implacable explotación por el estalinismo en nombre del comunismo, por el peso de las ilusiones democráticas y gangrenado por el nacionalismo, para que la guerra pueda continuar. En Kosovo, Serbia y Montenegro, las tensiones efectivamente van en aumento.
En Rusia, en cambio, el proletariado no está dispuesto a aceptar sacrificar masivamente su vida. Es cierto que la clase obrera de Rusia no es capaz de oponerse a la aventura bélica de su propia burguesía; es cierto que acepta esta barbarie y sus 100.000 muertos sin reaccionar. Es cierto que la reacción de los reclutas para no ir al frente es la deserción o la automutilación, todos estos actos individuales desesperados que reflejan la ausencia de reacción de clase, pero el hecho es que la burguesía rusa no puede declarar la movilización general. Esto se debe a que los trabajadores rusos no apoyan suficientemente la idea de dejarse triturar la carne en masa en nombre de la Patria.
Por lo tanto, sería un error deducir demasiado rápidamente de la debilidad del proletariado en Ucrania, que el camino también está despejado para el desencadenamiento del fuego militar entre China y Taiwán o entre las dos Coreas. En China, Corea del Sur y Taiwán la clase obrera tiene una concentración, una educación y una conciencia mayores que en Ucrania, y mayores que en Rusia. El rechazo para convertirse en carne de cañón sigue siendo hoy la situación más plausible en estos países. Así pues, más allá de la relación de fuerzas entre las potencias imperialistas implicadas en esta región del mundo, en primer lugar, China y Estados Unidos, la presencia de una muy fuerte concentración obrera educada representa el primer freno a la dinámica guerrera.
En cuanto a los países centrales, a diferencia de 1990 o 2003, las grandes potencias democráticas no están directamente implicadas en el conflicto ucraniano, ni envían sus tropas de soldados profesionales. Por el momento, sólo pueden apoyar política y militarmente a Ucrania contra la invasión rusa, para defender la libertad democrática del pueblo ucraniano contra el dictador Putin, mediante el envío de armas, todas etiquetadas como “armas defensivas”.
En 2003, y más aún en 1991, los efectos de la guerra se tradujeron en una relativa parálisis de la combatividad, pero también en una reflexión preocupada y profunda sobre los retos históricos. Esta situación en el seno de la clase hizo necesaria, por parte de las fuerzas de la izquierda de la burguesía, la organización de manifestaciones pacifistas que habían florecido prácticamente en todas partes contra “el imperialismo estadounidense y sus aliados”. Estas grandes movilizaciones contra las intervenciones de los países occidentales no fueron obra de la clase obrera; al decir “estamos en contra de la política de nuestro gobierno que participa en la guerra”, tuvieron un impacto en la clase obrera que condujo al bloqueo y esterilizó cualquier esfuerzo de toma de conciencia. Hoy no ha ocurrido nada parecido, no ha habido movilizaciones pacifistas de ese tipo. Quienes critican la política de los países occidentales y su apoyo a Ucrania son principalmente las fuerzas de extrema derecha vinculadas a Putin. En Estados Unidos, son los trumpistas o los republicanos los que “vacilan”.
Esta ausencia de movilización pacifista no significa hoy indiferencia, y menos aún adhesión del proletariado a la guerra. Sí, la campaña para defender la democracia y la libertad de Ucrania contra el agresor ruso ha demostrado toda su eficacia en este sentido: la clase obrera está atrapada por el poder de la propaganda prodemocrática. Pero, a diferencia de 1991, la otra cara de la moneda es que no tiene ningún impacto en la combatividad de los trabajadores. Estamos lejos de una simple no adhesión pasiva. No solamente la clase obrera en los países centrales no sigue sin estar dispuesta a aceptar a los muertos (incluso de los soldados profesionales), sino que también se niega a aceptar los sacrificios que implica la guerra y la degradación de sus condiciones de vida y de trabajo. Así, en Gran Bretaña, el país europeo que está a la vez más implicado material y políticamente en la guerra y es el más determinado a apoyar a Ucrania, es al mismo tiempo donde se expresa más fuertemente la combatividad obrera por el momento. Las huelgas en el Reino Unido son la parte más avanzada de la reacción internacional, del rechazo por parte de la clase obrera de los sacrificios (de la sobreexplotación, de la reducción de la mano de obra, del aumento de los ritmos de producción, del alza de los precios, etc.) que la burguesía impone al proletariado, y que el militarismo le ordena imponer cada vez más.
Uno de los límites actuales de los esfuerzos de nuestra clase es su incapacidad para establecer el vínculo entre el deterioro de sus condiciones de vida y la guerra. Las luchas obreras que tienen lugar y se desarrollan son una respuesta de los trabajadores a las condiciones a las que se enfrentan; son la única respuesta posible y portadora del porvenir frente a la política de la burguesía, pero, al mismo tiempo, no son capaces, por el momento, de asumir por su cuenta e integrar la cuestión de la guerra. No obstante, debemos permanecer muy atentos a la posible evolución. Por ejemplo, en Francia, el jueves 19 de enero, hubo una manifestación extremadamente masiva tras el anuncio de una reforma de las pensiones en nombre del equilibrio presupuestario y la justicia social; al día siguiente, el viernes 20 de enero, el presidente Macron oficializó a bombo y platillo un presupuesto militar récord de 400,000 millones de euros. La concomitancia entre los sacrificios exigidos y los gastos de guerra está destinada, con el tiempo, a abrirse camino en la mente de los trabajadores.
La intensificación de la economía de guerra implica directamente un agravamiento de la crisis económica; la clase obrera todavía no ha hecho realmente la conexión, y no se está movilizando, en general, contra la economía de guerra, pero se está levantando contra sus efectos, contra la crisis económica, ante todo contra unos salarios demasiado bajos frente a la inflación.
Esto no es ninguna sorpresa. La historia demuestra que la clase obrera no se moviliza directamente contra la guerra en el frente, sino contra sus efectos en la vida cotidiana en la retaguardia. Ya en 1982, en un artículo de nuestra revista titulado “¿Es la guerra una condición favorable para la revolución comunista?”, respondíamos negativamente y afirmábamos que es sobre todo la crisis económica la que constituye el terreno más fértil para el desarrollo de las luchas y de la conciencia, añadiendo con toda razón que “la profundización de la crisis económica está rompiendo estas barreras en la conciencia de un número creciente de proletarios a través de hechos que demuestran que se trata de la misma lucha de clases”.
La reacción de la clase obrera ante la guerra, aunque muy heterogénea en todo el mundo, muestra que allí, donde está la clave del futuro, allí donde hay experiencia histórica acumulada, en los países centrales, el proletariado no ha sufrido una derrota significativa, que no está dispuesto a dejarse reclutar y a sacrificar su vida. Es más, su reacción a los efectos de la crisis económica indica una dinámica hacia la reanudación de la combatividad obrera en estos países.
Reencontrando el camino de la huelga, los trabajadores británicos han enviado una señal clara a los trabajadores de todo el mundo: “Tenemos que luchar. Ya basta”. Parte de la prensa de izquierda llegó a titular: “En el Reino Unido: el gran retorno de la lucha de clases”. La entrada del proletariado británico en la lucha es, pues, un acontecimiento de importancia histórica.
Esta oleada de huelgas ha sido dirigida por la fracción del proletariado europeo que más ha sufrido el retroceso general de la lucha de clases desde finales de los años ochenta. Si en los años 70, aunque con cierto retraso respecto a otros países como Francia, Italia o Polonia, los trabajadores británicos habían desarrollado luchas muy importantes que culminaron en la oleada de huelgas de 1979 (“el invierno del descontento”), durante los años 80, la clase obrera británica sufrió una eficaz contraofensiva de la burguesía que culminó con la derrota de la huelga de mineros de 1985 por Margaret Thatcher. En cierto modo, esta derrota y el retroceso del proletariado británico anunciaron el retroceso histórico del proletariado mundial, revelando antes de tiempo el resultado de la incapacidad de politizar las luchas y el peso de la debilidad resultado del corporativismo. Durante las décadas de 1990 y 2000, Gran Bretaña se vio especialmente afectada por la desindustrialización y la transferencia de industrias a China, India o Europa del Este. En los últimos años, los trabajadores británicos han sufrido la embestida de los movimientos populistas y, sobre todo, por la ensordecedora campaña del Brexit, que estimuló la división entre “remainers” y “leavers” (división entre los que querían que permaneciera y los que querían que se abandonara), y luego por la crisis de Covid, que ha pesado mucho sobre la clase trabajadora. Por último, más recientemente aún, ésta se ha enfrentado al llamamiento a los sacrificios necesarios del esfuerzo de guerra, sacrificios que son “muy ínfimos” comparados con los del “heroico pueblo ucraniano” que resiste bajo las bombas. Sin embargo, a pesar de todas estas dificultades y obstáculos, hoy aparece en la escena social una generación de proletarios que ya no está afectada, como sus mayores, por el peso de las derrotas de la “generación Thatcher”; una nueva generación que levanta cabeza mostrando que la clase obrera es capaz de responder a los ataques mediante la lucha. En definitiva, guardando las proporciones, asistimos a un fenómeno bastante comparable (aunque no idéntico) al que vio surgir a la clase obrera francesa en 1968: la llegada de una generación más joven, menos afectada que sus mayores por el peso de la contrarrevolución. Así, del mismo modo que la derrota de 1985 en el Reino Unido anunció el retroceso general de finales de los años 80, el retorno de la combatividad obrera y de las huelgas en la isla británica indica una dinámica profunda en las entrañas del proletariado mundial. El “verano de la ira” (que ha continuado en otoño, invierno... y pronto en primavera) sólo puede ser un estímulo para todos los trabajadores del mundo, y esto por varias razones: se trata de la clase obrera de la quinta potencia económica mundial, y de un proletariado anglófono cuyas luchas están llamadas a tener un gran impacto en países como Estados Unidos, Canadá, y en aun en otras partes del mundo como India y Sudáfrica. Como el inglés es la lengua de comunicación mundial, la influencia de estos movimientos supera necesariamente la de las luchas en Francia o Alemania, por ejemplo. En este sentido, el proletariado británico está mostrando el camino no sólo a los trabajadores europeos, que tendrán que estar en la vanguardia de la creciente de la lucha de clases, sino también al proletariado mundial, y en particular al proletariado estadounidense. En la perspectiva de las luchas futuras, la clase obrera británica podrá servir así de enlace entre el proletariado de Europa Occidental y el proletariado americano. En Estados Unidos, como han demostrado las huelgas en muchas fábricas en los últimos años, hay una creciente combatividad de la clase y el movimiento Occupy había revelado toda la reflexión que trabaja en sus entrañas; no debemos olvidar que el proletariado tiene una gran historia y experiencia a este lado del Atlántico. Pero sus debilidades son también muy grandes: el peso de la irracionalidad, del populismo y del atraso, el peso del aislamiento continental, el peso de la ideología pequeñoburguesa y burguesa en materia de libertades, razas, etc. El lazo con Europa, ese vínculo de unión que proporciona el Reino Unido, es aún más crucial.
Para entender cómo el retorno de la huelga al Reino Unido es una señal de la posibilidad de un futuro desarrollo de la lucha y de la conciencia proletarias, tenemos que volver a lo que dijimos en nuestra Resolución sobre la situación internacional adoptada en nuestro Congreso Internacional de 2021: “En 2003, basándose en las nuevas luchas en Francia, Austria y otros lugares, la CCI predijo una renovación de las luchas por parte de una nueva generación de proletarios que habían sido menos influenciados por las campañas anticomunistas y que se enfrentaría a un futuro cada vez más incierto. En gran medida, estas predicciones fueron confirmadas por los acontecimientos de 2006-2007, en particular la lucha contra el CPE (Contrato del Primer Empleo) en Francia, y de 2010-2011, en particular el movimiento de los Indignados en España. Estos movimientos han mostrado importantes avances en términos de solidaridad entre generaciones, de autoorganización a través de asambleas, de la cultura del debate, de auténticas preocupaciones por el futuro al que se enfrenta la clase trabajadora y la humanidad en su conjunto. En este sentido, mostraron el potencial para unificar las dimensiones económica y política de la lucha de clases. Sin embargo, nos llevó mucho tiempo comprender las inmensas dificultades a las que se enfrentaba esta nueva generación, 'criada' en condiciones de descomposición, dificultades que impedirían al proletariado invertir el retroceso posterior al 89 durante este periodo”6. El elemento clave de estas dificultades ha sido la continua erosión de la identidad de clase. Esto es lo que explica principalmente que el movimiento del CPE de 2006 no haya dejado ninguna huella visible: tras éste, no hubo círculos de discusión, ni aparición de pequeños grupos, ni tampoco libros, ni recopilaciones de testimonios, etc., hasta el punto de que hoy en día es totalmente desconocido entre los jóvenes. Los estudiantes precarios de la época habían utilizado los métodos de lucha del proletariado (las asambleas generales) y de la naturaleza de su lucha (la solidaridad) sin siquiera saberlo, lo que les impidió tomar conciencia de la naturaleza, de la fuerza y de los objetivos históricos de su propio movimiento. Esta es la misma debilidad que obstaculizó el desarrollo del movimiento de los Indignados en 2010-2011 y que impidió extraer sus frutos y lecciones. De hecho, “a pesar de los significativos avances logrados a nivel de la conciencia y de la organización, la mayoría de los Indignados se veían a sí mismos como 'ciudadanos' y no como miembros de una clase, lo que les hacía vulnerables a las ilusiones democráticas pregonadas por grupos como Democracia real ¡Ya! (el futuro Podemos), y más tarde al veneno del nacionalismo catalán y español”7. Por falta de raíces, el movimiento quedó a la deriva. Porque es el reconocimiento de un interés común de clase, opuesto al de la burguesía, porque es la “constitución del proletariado en clase”, como dice el Manifiesto Comunista, la identidad de clase es inseparable del desarrollo de la conciencia de clase. Por ejemplo, sin identidad de clase es imposible relacionarse conscientemente con la historia de la clase, sus luchas y sus lecciones.
Los dos grandes momentos del movimiento proletario desde los años 80, el movimiento contra el CPE y los Indignados, se esterilizaron o se recuperaron sobre todo a causa de esta ausencia de base para el desarrollo más general de la conciencia, a causa de esta pérdida de identidad de clase. Es esta considerable debilidad la que el retorno de la huelga en el Reino Unido tiene el potencial de superar. Históricamente, el proletariado en el Reino Unido está marcado por grandes debilidades (el control sindical y el corporativismo, el reformismo)8, pero la palabra “trabajador” ha sido menos borrada allí que en otros lugares; en el Reino Unido la palabra no es vergonzosa; y esta huelga puede empezar a ponerla “al día” internacionalmente. Los trabajadores del Reino Unido no están mostrando el camino en todos los aspectos, porque sus métodos de lucha están demasiado marcados por sus debilidades, ese será el papel del proletariado en otros lugares, pero hoy están enviando el mensaje esencial: no luchamos como ciudadanos o estudiantes, sino como trabajadores. Y este paso adelante es posible gracias al inicio de una reacción de la clase obrera a la crisis económica.
La realidad de esta dinámica se puede calibrar por la reacción preocupada de la burguesía, sobre todo en Europa Occidental, ante los peligros que plantea la extensión de la “degradación de la situación social”. Este es particularmente el caso de Francia, Bélgica, España y Alemania, donde la burguesía, contrariamente a la actitud de la burguesía británica, ha tomado medidas para limitar los aumentos de los precios del petróleo, el gas y la electricidad o para compensar el impacto de la inflación y de las subidas de precios mediante subsidios o recortes de impuestos, afirmando alto y claro que quiere proteger el “poder adquisitivo” de los trabajadores. En Alemania, en octubre y noviembre de 2022, las “huelgas de advertencia” desembocaron inmediatamente en el anuncio de “primas por inflación” (3000 euros en la industria metalúrgica, 7000 en la automovilística) y en promesas de aumentos salariales.
Pero con la realidad del empeoramiento de la crisis económica mundial, las burguesías nacionales se ven obligadas, sin embargo, a atacar a su proletariado en nombre de la competitividad y el equilibrio presupuestario; sus medidas de “protección” y otros “escudos” se están reduciendo gradualmente. Así, en Italia, la “Ley de Finanzas 2023” recorta una gran parte de las “ayudas especiales” y constituye un nuevo ataque frontal a las condiciones de vida y de trabajo. En Francia, el gobierno de Macron tuvo que anunciar su gran reforma de las pensiones a principios de enero de 2023, tras meses de retraso y preparación. El resultado: manifestaciones masivas, superando incluso las expectativas sindicales. Más allá del millón de personas en las calles, es la atmósfera y la naturaleza de las discusiones en estas marchas en Francia lo que mejor revela aquello que se está gestando en las profundidades de nuestra clase:
La reforma de las pensiones es descrita por muchos como “la gota de agua que colmó el vaso”; es el conjunto de la situación que se ha vuelto intolerable e insoportable.
“A un momento dado, ya basta”. Esta idea, expresada en las manifestaciones, llegó a las portadas de uno de los periódicos. Era claramente un eco del “Enough is enough” británico. El vínculo con la situación en el Reino Unido parecía obvio para los manifestantes con los que hablamos mientras distribuíamos nuestra hoja internacional: “Tenéis razón, es lo mismo en todas partes, en todos los países”.
Es una confirmación de lo que ya habíamos percibido en las manifestaciones de 2019 y durante las huelgas de otoño de 2022: la sensación de que todos estamos “en el mismo barco”. Las huelgas dispersas que tienen lugar desde hace meses en Francia se perciben como un callejón sin salida, y el “tenemos que luchar todos juntos” emerge cada vez más en la mente de la gente.
Hay incluso un cierto cambio de ambiente con respecto a las manifestaciones de las últimas décadas, que eran todas de resignación. La idea de que “unidos podemos vencer” está ahora muy presente.
Evidentemente, esta dinámica positiva no se dirige todavía a la autoorganización. La confrontación abierta con los sindicatos es inexistente por el momento. Nuestra clase aún no está ahí. Todavía ni siquiera se ha planteado la cuestión. Y cuando los trabajadores empiecen a enfrentarse a esta cuestión, se tratará de un proceso muy largo con la reconquista de las asambleas generales y comités frente a los escollos de las diferentes formas de sindicalismo (las centrales, las coordinaciones, el de base, etc.). Pero el hecho de que los sindicatos, para ajustarse a las preocupaciones de la clase y mantener la dirección del movimiento, tengan que organizar grandes manifestaciones aparentemente unitarias, cuando han hecho todo lo posible por evitarlo durante meses, muestra que los obreros tienden a querer ser solidarios para luchar.
Será interesante ver cómo evoluciona la situación en el Reino Unido a este respecto. Tras 9 meses de huelgas continuas, la cólera y la combatividad no muestran signos de disminuir. A principios de enero, les tocó a los conductores de ambulancias y a los profesores sumarse a la ronda de huelgas. Y también aquí germinó la idea de luchar juntos. En consecuencia, el discurso sindical ha tenido que adaptarse, dando cada vez más protagonismo a las palabras “unidad”, “solidaridad” ... y las promesas de “manifestaciones” se tienen que cumplir. Por primera vez, hubo sectores en huelga el mismo día, por ejemplo, enfermeras y conductores de ambulancias.
¡Esta simultaneidad de las luchas en varios países no se veía desde los años 80! La influencia de la combatividad del proletariado en el Reino Unido sobre el proletariado en Francia es algo que hay que seguir de cerca, al igual que la influencia de la tradición de manifestaciones callejeras en Francia sobre la situación en el Reino Unido. Hace casi 160 años, el 28 de septiembre de 1864, nació la Asociación Internacional de Trabajadores, principalmente por iniciativa de los proletarios británicos y franceses. Esto es algo más que un guiño a la historia. Revela la profundidad de lo que está ocurriendo: las partes más experimentadas del proletariado mundial vuelven a moverse y a levantar sus voces. El proletariado de Alemania sigue ausente, sigue profundamente marcado por su derrota en los años 20 y su aplastamiento físico e ideológico, pero la dureza de la crisis económica que empieza a golpearle también podría empujarle a reaccionar.
Así, la profundización de la crisis y las consecuencias de la guerra van a ir in crescendo, generando un aumento de la cólera y de la combatividad en todas partes. Y es muy importante que el agravamiento de la crisis económica mundial tome ahora la forma de inflación, porque:
empuja a los proletarios a la lucha, por necesidad, no les deja otra opción;
afecta a todos los países
no es un ataque que la burguesía pueda preparar y luego retirar como una reforma;
afecta a toda la clase obrera, en todos los sectores;
no es fruto de tal o cual gobierno o patrón, sino del capitalismo, por lo que implica una lucha y una reflexión más globales, más generales.
A lo largo de la historia, los periodos de inflación han llevado regularmente al proletariado a las calles. Todo el final del siglo 19º estuvo marcado a nivel internacional por la subida de los precios, y al mismo tiempo se desarrolló un proceso de huelgas de masas desde Bélgica en 1892 hasta Rusia en 1905. Polonia en 1980 tuvo sus raíces en la subida de los precios de la carne. El ejemplo opuesto es Alemania en los años 30: aunque la inflación galopante provocó entonces una inmensa cólera, también contribuyó al miedo, al repliegue y a la desorientación de la clase; pero ese momento se situaba en un periodo histórico muy diferente, el de la contrarrevolución, y era precisamente en Alemania donde el proletariado anteriormente había sido más aplastado ideológica y físicamente.
Hoy en día, Alemania (Occidental) se ve afectada por la crisis económica mundial como no lo había estado desde los años 1930, pero este deterioro de las condiciones de vida y de trabajo y la reaparición de la inflación tienen lugar en el contexto de un auge internacional de la combatividad obrera. Por lo tanto, es particularmente importante seguir la evolución de la situación social en este país, tras décadas de relativo letargo.
Así, a pesar de la tendencia de la descomposición a actuar sobre la crisis económica, ésta sigue siendo “el mejor aliado del proletariado”. Es una confirmación más de nuestras Tesis sobre la descomposición: “la agravación inexorable de la crisis del capitalismo constituye el estímulo esencial de la lucha y de la toma de conciencia de la clase, la condición misma de su capacidad para resistir al veneno ideológico de la putrefacción de la sociedad. En efecto, así como el proletariado no puede encontrar un terreno para la unidad de clase en las luchas parciales contra los efectos de la descomposición, su lucha contra los efectos directos de la propia crisis constituye la base del desarrollo de su fuerza y de su unidad de clase.” Así que teníamos razón cuando, en nuestra última resolución sobre la situación internacional, afirmábamos: “debemos rechazar cualquier tendencia a restar importancia a las luchas económicas “defensivas” de la clase, que es una expresión típica de la concepción modernista que ve a la clase sólo como una categoría explotada y no de la misma forma como una fuerza histórica y revolucionaria.” Ya defendimos esta posición cardinal en uno de nuestros artículos pertenecientes a nuestro patrimonio, “La lucha del proletariado en la decadencia del capitalismo”: “La lucha proletaria tiende a superar el marco estrictamente económico para convertirse en social, enfrentándose directamente al Estado, politizándose y exigiendo la participación masiva de la clase”9. La misma idea está contenida en la frase de Lenin: “Detrás de cada huelga se cierne el espectro de la revolución” (ver anexo).
El movimiento de 2006 contra el CPE (Contrato de Primer Empleo) fue una reacción a un ataque económico que planteó inmediatamente profundas cuestiones políticas generales, en particular la de la organización en asambleas, pero también la de la solidaridad entre generaciones. Pero, como hemos visto anteriormente, la pérdida de identidad de clase esterilizó todo este cuestionamiento subyacente. En las futuras huelgas, a escala internacional, frente al hundimiento en la crisis económica, existe la posibilidad de que los trabajadores, incluso con todas sus debilidades e ilusiones, empiecen a verse a sí mismos, a reconocerse, a comprender la fuerza que representan en el colectivo y, por tanto, como clase, y entonces todas esas preguntas que han estado flotando en el aire desde principios de los años 2000 sobre la perspectiva (“Otro mundo es posible”), sobre los métodos de lucha (asambleas y superación de las divisiones corporativistas), el sentimiento de que “todos estamos en el mismo barco”, las oleadas de solidaridad se convertirán en el caldo de cultivo de la unidad, etc., se iluminarán con una nueva luz. Podrán, en fin, empezar a ser conscientemente consideradas y debatidas. Así se entrelazarán las dimensiones económica y política.
La intensificación de la economía de guerra y el agravamiento de la crisis económica en todo el mundo están creando un aumento de la ira y la combatividad también a escala mundial. Y, como frente a la guerra, la heterogeneidad del proletariado en los distintos países crea una heterogeneidad de respuestas y del potencial de cada movimiento. Existe toda una gama de luchas en función de la situación, de la historia del proletariado y de su experiencia.
Muchos países se acercan a la situación europea, con una concentración obrera importante y gobiernos “democráticos” en el poder. Este fue también el caso en América del Sur. La huelga de médicos y enfermeras de finales de noviembre y la huelga “general” de finales de diciembre en Argentina confirman esta relativa similitud, esta dinámica en parte común. Pero en estos países, el proletariado no ha acumulado la misma experiencia que en Europa y Norteamérica. El peso de las capas intermedias y, por tanto, el peligro de la trampa interclasista es mucho mayores allí; el movimiento piquetero de los años 1990 en Argentina sigue siendo el modelo de lucha dominante. Sobre todo, los estertores de la descomposición están pudriendo todo el tejido social; la violencia y el narcotráfico dominan la sociedad en el norte de México, en Colombia y Venezuela, y están empezando a gangrenar Perú y Chile... Estas debilidades explican, por ejemplo, por qué en la última década Venezuela se ha hundido en una crisis económica devastadora sin que el proletariado haya sido capaz de reaccionar, a pesar de ser un proletariado industrial altamente educado y con una fuerte tradición de lucha.
Esta realidad confirma una vez más la responsabilidad primordial del proletariado en Europa. Sobre sus espaldas pesa el deber de mostrar el camino desarrollando luchas que sitúen en su centro los métodos del proletariado: asambleas obreras generales, reivindicaciones unificadoras, solidaridad entre sectores y generaciones... y defensa de la autonomía obrera, ¡una lección que se remonta a las luchas de clase en Francia en 1848!
Debemos seguir especialmente la evolución de la lucha de clases en China. Ese país concentra 770 millones de trabajadores asalariados y parece estar experimentando un aumento significativo del número de huelgas ante una crisis económica que allí está tomando la forma de enormes oleadas de despidos. Algunos analistas formulan la idea de que la nueva generación de trabajadores no está dispuesta a aceptar las mismas condiciones de explotación que sus padres, porque con el desarrollo de la crisis económica ya no es válida la promesa de un futuro mejor a cambio de los sacrificios actuales. El puño de hierro del Estado chino, cuya autoridad se basa sobre todo en la represión, puede contribuir a avivar las llamas de la cólera y a impulsar la lucha masiva. Dicho esto, la terrible historia del proletariado en China significa que el veneno de las ilusiones democráticas será muy poderoso; es inevitable que la cólera y las reivindicaciones se desvíen hacia terrenos burgueses: contra el yugo “comunista”, por los derechos y las libertades, etc. Esto es al menos lo que ha pasado cuando estalló la ira contra las insoportables restricciones de la política anti-Covid china a finales de 2022.
En toda una parte del mundo, el proletariado está marcado por una debilidad histórica muy grande y sus luchas sólo pueden reducirse a la impotencia y/o hundirse en callejones sin salida burgueses (reivindicaciones de más democracia, libertad, igualdad, etc.) y/o diluirse en movimientos interclasistas. Esta es la principal lección de la Primavera Árabe de 2010: aunque la movilización obrera fue real, se diluyó en el “pueblo” y, sobre todo, las reivindicaciones fueron dirigidas hacia el terreno burgués para cambiar dirigentes (“Mubarak fuera”, etc.) y pedir más democracia. El enorme movimiento de protesta que toca a Irán es una nueva ilustración perfecta de esto. La ira masiva de la población se está volcando hacia las reivindicaciones de los derechos de la mujer (el lema central y ahora mundialmente famoso es “mujer, vida, libertad”); así que, aunque en el país siguen teniendo lugar numerosas luchas obreras, éstas sólo pueden acabar ahogadas por el movimiento popular. En los últimos años, el lenguaje muy radical de estos movimientos sociales ha llevado a la gente a creer en una cierta forma de autoorganización de los trabajadores: críticas a los sindicatos, llamamientos a los soviets, etc. En realidad, esta terminología marxista es un barniz extendido por la izquierda radical que no se corresponde con la realidad de las acciones de la clase obrera en Irán10. Numerosos militantes izquierdistas en Irán se formaron en Europa en los años 1970/80, y han utilizado este vocabulario para defender sus propios intereses, es decir, los del ala izquierda del capital en Irán.
Además, los Estados democráticos utilizan estos movimientos, tanto en China como en Irán:
En el plano imperialista, por supuesto, Ucrania ha mostrado cómo la carta de la “defensa de la democracia” puede ser jugada por los Estados Unidos para aumentar su influencia sobre un país o para desestabilizarlo. No es casualidad que sea en la región kurda de Irán -presentando la protesta social más fuerte- donde la influencia estadounidense es también importante.
A nivel ideológico también, contra su propio proletariado, machacando la idea de que “la democracia se defiende, se logró con grandes luchas, y están luchando por obtenerla” y que es como “pueblo” como podemos movilizarnos.
Aquí vemos que la debilidad política del proletariado en un país es instrumentalizada por la burguesía contra todo el proletariado mundial; pero también a la inversa, la experiencia acumulada por el proletariado en los países centrales puede mostrar el camino a todo el mundo.
Estas confusiones actuales sobre los movimientos sociales que sacuden los países de la periferia nos obligan a recordar aquí nuestra crítica de la teoría del eslabón débil, crítica que pertenece a nuestro patrimonio. En nuestra resolución de enero de 1983, escribimos: “La otra gran lección de estas luchas (en Polonia 80-81) y de su derrota es que esta generalización mundial de las luchas sólo puede provenir de los países que constituyen el corazón económico del capitalismo: los países avanzados de Occidente, y entre ellos, aquellos donde la clase obrera ha adquirido la experiencia más larga y completa: los de 'Europa Occidental'”11. Y, para ser aún más precisos, detallábamos en nuestra resolución de julio de 1983: “Ni los países del Tercer Mundo, ni los países de Europa del Este, ni Norteamérica, ni Japón, pueden ser el punto de partida del proceso que conduzca a la revolución:
los países del Tercer Mundo, por la debilidad numérica del proletariado y el peso de las ilusiones nacionalistas;
Japón, y Estados Unidos en particular, porque no se enfrentaron tan directamente a la contrarrevolución y sufrieron menos directamente la guerra mundial, y porque carecían de una profunda tradición revolucionaria;
los países de Europa del Este, por su atraso económico relativo, la forma específica (escasez) que tomó allí la crisis mundial, que impidió una toma de conciencia global y directa de sus causas (sobreproducción), de la contrarrevolución estalinista que transformó el ideal del socialismo en su contrario en la mente de los trabajadores y permitió un nuevo impacto de las mistificaciones democráticas, sindicalistas y nacionalistas”12.
Si fuera de los países centrales puede haber luchas masivas que demuestren la rabia, el coraje y la combatividad de los trabajadores de estas regiones del mundo, estos movimientos no pueden tener ninguna perspectiva. Esta imposibilidad subraya la responsabilidad histórica del proletariado en Europa, que tiene el deber de apoyarse en su experiencia para frustrar las trampas más sofisticadas de la burguesía, empezando por la democracia y los “sindicatos libres”, y mostrar así el camino a seguir.
Lo que vemos en las huelgas y manifestaciones actuales, el desarrollo de la solidaridad, del sentimiento de que debemos luchar juntos, de que todos estamos en el mismo barco, indica una cierta maduración subterránea de la conciencia. Como escribió MC13 en su texto “Sobre la maduración subterránea” (Boletín Interno1983) en un debate dentro de la organización: “El trabajo de reflexión continúa en la mente de los trabajadores y se manifestará en el estallido de nuevas luchas. Existe una memoria colectiva de la clase, y esta memoria también contribuye al desarrollo de la toma de conciencia y a su extensión en la clase”. Pero hay que ser más precisos. La maduración subterránea se expresa de forma diferente según hablemos de la clase en su conjunto, de sus sectores combativos o de las minorías en búsqueda de las posiciones proletarias. Como detallamos en nuestra Revista Internacional 43:
“En el nivel más bajo de conciencia, así como en los estratos más amplios de la clase, esto (la maduración subterránea) toma la forma de una contradicción creciente entre el ser histórico, las necesidades reales de la clase, y la adhesión superficial de los trabajadores a las ideas burguesas. Este choque puede permanecer por largo tiempo en gran medida sin ser reconocido, siendo enterrado o reprimido durante mucho tiempo, o puede empezar a emerger en forma de desilusión y desvinculación con los temas principales de la ideología burguesa.
En un sector más restringido de la clase, entre los trabajadores que permanecen fundamentalmente en el terreno proletario, adopta la forma de reflexión sobre las luchas pasadas, debates más o menos formales sobre las luchas futuras, la aparición de núcleos combativos en las fábricas y entre los desempleados. (...)
En una fracción de la clase, aún más limitada en tamaño, pero destinada a crecer a medida que avance la lucha, esto toma la forma de una defensa explícita del programa comunista y, por tanto, de la reagrupación en una vanguardia marxista organizada. La aparición de organizaciones comunistas, lejos de refutar la noción de maduración subterránea, es a la vez un producto de ésta y un factor activo de la misma”14.
Entonces, ¿dónde está la maduración subterránea en los distintos niveles de nuestra clase?
Examinar la política de la burguesía es siempre absolutamente primordial, tanto para evaluar mejor dónde se encuentra nuestra propia clase como para detectar las trampas que se preparan. Así, la energía que despliega la burguesía en los países centrales, principalmente a través de sus sindicatos, para dividir las luchas, aislar las huelgas unas de otras y evitar cualquier manifestación unitaria masiva, demuestra que no quiere que los trabajadores se unan para manifestarse por salarios más altos, porque sabe que ése es el terreno más fértil para la reconquista de la identidad de clase.
Hasta ahora, esta estrategia ha funcionado, pero la burguesía sabe que la idea de tener que luchar “todos juntos” seguirá germinando en la mente de los trabajadores, a medida que la crisis se agrave en todas partes; además, ya hay una pequeña parte de la clase que se plantea este tipo de cuestiones. Por eso, tanto para prepararse para el futuro como para captar y esterilizar el pensamiento de las minorías actuales, algunos de los sindicatos están presentando cada vez más una fachada radical, haciendo hincapié en el sindicalismo de clase y de combate.
También es sorprendente ver en las manifestaciones hasta qué punto las organizaciones de extrema izquierda están atrayendo a una proporción cada vez mayor de jóvenes. Algunos de los grupos trotskistas se reclaman cada vez más del combate de la clase obrera revolucionaria por el comunismo, mientras que en los años 1990 se centraban en la defensa de la democracia, los frentes de izquierda, etc. Esta clara diferencia es el resultado de la adaptación de la burguesía a lo que percibe en la clase: no sólo el retorno de la combatividad obrera, sino también una cierta maduración de la conciencia.
Además, este creciente radicalismo de una parte de las fuerzas de izquierda y sindicales también es visible en la cuestión de la guerra. Son muchos los sindicatos “de combate” y partidos que reivindican el anarquismo, el trotskismo, o el maoísmo que han elaborado declaraciones “internacionalistas”, es decir, que aparentemente denuncian los dos campos enfrentados en Ucrania, Rusia y Estados Unidos, y que aparentemente llaman a una lucha unida de la clase obrera. También en este caso, esta actividad de la izquierda del capital tiene un doble sentido: captar a las pequeñas minorías en busca de las posiciones de clase que se están desarrollando y, a más largo plazo, dar respuestas falsas a las preocupaciones que genera la clase en la profundidad de sus entrañas.
Sin embargo, no debemos subestimar el impacto de la propaganda imperialista o de la propia guerra en la conciencia de los trabajadores. Si la “defensa de la democracia” no basta hoy para movilizar a los trabajadores, contamina por lo menos las mentes, que, como resultado, mantienen las ilusiones y mentiras del Estado protector. El discurso permanente relativo al “pueblo” contribuye a socavar aún más la identidad de clase, a hacer olvidar que la sociedad está dividida en clases antagónicas irreconciliables, ya que “el pueblo” sería una comunidad de intereses agrupados por la nación. Por último, pero no por ello menos importante, la propia guerra amplifica todos los temores, el repliegue y la irracionalidad utilizando: el aspecto incomprensible de esta guerra, el desorden y el caos crecientes, la incapacidad de prever la evolución del conflicto, la amenaza de su extensión, el temor a una tercera guerra mundial o al uso de armas nucleares.
De forma más general, durante los dos últimos años, la irracionalidad ha aumentado entre la población al mismo tiempo que la descomposición se ha agravado profundamente: la pandemia, la guerra y la destrucción de la naturaleza han reforzado considerablemente el no-futuro. De hecho, todo lo que escribimos en 2019 en nuestro Informe sobre la lucha de clases para el 23º Congreso Internacional de la CCI” se ha verificado y amplificado: “El mundo capitalista en descomposición engendra necesariamente un clima de apocalipsis. No tiene ningún futuro que ofrecer a la humanidad y su inimaginable potencial de destrucción es cada vez más evidente para una gran parte de la población mundial. (...) El nihilismo y la desesperación nacen de un sentimiento de impotencia, de la pérdida de la convicción de que existe una alternativa al escenario de pesadilla que el capitalismo prepara para nosotros. Tienden a paralizar la reflexión y la voluntad de acción. Y si la única fuerza social que puede plantear esta alternativa es prácticamente inconsciente de su propia existencia, ¿significa eso que la suerte está echada, que ya se ha pasado el punto de no retorno? Reconocemos plenamente que cuanto más tiempo el capitalismo se hunda en la descomposición, más socava los cimientos de una sociedad más humana. Nuevamente esto se ilustra claramente por la destrucción del medio ambiente, que está llegando a un punto en el que puede acelerar la tendencia hacia el colapso total de la sociedad, una condición que no contribuye en absoluto a fomentar la autoorganización y la confianza en el futuro necesarias para llevar a cabo una revolución”15.
La burguesía utiliza descaradamente esta gangrena contra la clase obrera, favoreciendo ideologías pequeñoburguesas descompuestas. En Estados Unidos, todo un sector del proletariado se ve afectado por los peores efectos de la descomposición, como el auge de la xenofobia y el odio racial. En Europa, la clase obrera muestra una mayor resistencia a estas manifestaciones ultra nauseabundas, pero la teoría de la conspiración y el rechazo de todo pensamiento racional (la corriente “antivacunas”, por ejemplo) también han comenzado a extenderse en este corazón histórico. Sobre todo, en todos los países centrales, el proletariado está cada vez más contaminado por el ecologismo y el wokismo.
Lo que vemos aquí es un proceso general: cada aspecto repugnante de este capitalismo decadente y descompuesto está aislado, separado de la cuestión del sistema y de sus raíces, y se convierte en una lucha parcelaria en la que debe participar ya sea una categoría de la población (negros o mujeres, etc.) o todos como “pueblo”. Todos estos movimientos constituyen un peligro para los trabajadores, que corren el riesgo de verse arrastrados a luchas interclasistas o francamente burguesas en las que se ven ahogados por la masa de “ciudadanos”. Los trabajadores de los sectores clásicos y experimentados de la clase parecen menos influenciados por estas ideologías y estas formas de “lucha”. Pero la generación más joven, a la vez desvinculada de la tradición de la lucha de clases y particularmente indignada por las injusticias flagrantes y preocupada por el sombrío futuro, está muy perdida en estos movimientos “no mixtos” (reuniones exclusivamente de negros, o de mujeres, etc.), contra el “género” (teoría de la ausencia de distinción biológica entre los sexos), etc. En lugar de que la lucha contra la explotación, que está en la base del sistema capitalista, permita un movimiento de emancipación cada vez más amplio (la cuestión de las mujeres, de las minorías, etc.) como fue el caso en 1917, las ideologías ecologistas, wokistas, racistas, zadistas... barren la lucha de clases, la niegan o incluso la juzgan responsable del estado actual de la sociedad. Según los racistas, la lucha de clases es una cosa de blancos que mantiene la opresión de los negros; según el wokismo, la lucha de clases es una cosa del pasado marcada por el paternalismo machista y la dominación; o según la teoría de la interseccionalidad, la lucha de los trabajadores es una lucha igual a las demás: feminismo, antirracismo, “clasismo”, etc. son todas luchas particulares contra la opresión que a veces pueden encontrarse una al lado de la otra, “convergiendo”. El resultado es catastrófico: rechazo de la clase obrera y de sus métodos de lucha, división por categorías que no es más que una forma del sálvese quien pueda, crítica superficial del capitalismo que acaba pidiendo reformas, una “toma de conciencia” de los poderosos, nuevas “leyes”, etcétera. La burguesía no duda, siempre que puede, en dar la máxima publicidad a todos estos movimientos. Todos los Estados democráticos han hecho suya la causa de la consigna “mujer, vida, libertad”, que se ha convertido en el símbolo de la protesta social en Irán.
Y como estos movimientos son claramente impotentes, se propone a algunos de los jóvenes más radicales y rebeldes a emprender acciones más “contundentes”, como peleas a puñetazos, sabotajes, etc. En los últimos meses se ha desarrollado la “ecología radical”. La más a la “izquierda” de estas ideologías es la “interseccionalidad”: se reclama de la revolución y de lucha de clases, pero pone igualitariamente al mismo nivel la lucha contra la explotación y las luchas contra el racismo, el machismo, etc., para diluir mejor la lucha obrera y orientarla hacia el interclasismo.
En otras palabras, todas esas ideologías descompuestas cubren todo el espectro de la reflexión que germina en el seno de nuestra clase, especialmente de su juventud, y son así muy eficaces para esterilizar los esfuerzos del proletariado que trata de encontrar una manera de luchar, una manera de enfrentarse a este mundo que se hunde en el horror de la barbarie y la destrucción.
Todo un sector de partidos y organizaciones de la izquierda y extrema izquierda del capital promueven evidentemente estas ideologías. Es llamativo ver cómo todo un sector del trotskismo antepone cada vez más al “pueblo”; y los vástagos del modernismo (comunizadores y otros)16 tienen el papel de ocuparse específicamente en atraer hacia sí a jóvenes que buscan claramente destruir el capitalismo, para hacer el trabajo sucio de alejarlos de la lucha de clases y obstaculizar cualquier reconquista de la identidad de clase.
En los años venideros, habrá tanto un desarrollo de la lucha del proletariado frente al agravamiento de la crisis económica (huelgas, jornadas de acción, manifestaciones, movimientos sociales) como un hundimiento de toda la sociedad en la descomposición con todos los peligros que ello representa para nuestra clase (luchas parcelarias, movimientos interclasistas e incluso reivindicaciones burguesas). Al mismo tiempo, existirá la posibilidad de una reconquista progresiva de la identidad de clase y, por otra parte, la influencia creciente de las ideologías descompuestas.
Así pues, la CCI tendrá un papel crucial que desempeñar en estas luchas venideras.
Con respecto a la clase en su conjunto, tendremos que intervenir a través de nuestra prensa, en las manifestaciones, en las posibles reuniones políticas y asambleas generales para:
1) Explotar el sentimiento creciente de “estar todos en el mismo barco” y el aumento de la combatividad para defender todos los métodos de lucha que, en la historia, han mostrado ser portadores de solidaridad y unidad, de identidad de clase.
2) Denunciar la labor saboteadora y de división de los sindicatos.
3) Calificar la naturaleza de cada movimiento, caso por caso (obrero, interclasista, parcelario, burgués, etc.). Sobre este último punto, debemos estar atentos a las dificultades de los últimos años. La guerra en Ucrania no desencadenó ni desencadenará una reacción masiva de la clase, no habrá movimiento contra la guerra. Si queremos defender la antorcha del internacionalismo, sería ilusorio, u oportunista, creer que se pueden formar comités obreros en este terreno; la naturaleza totalmente artificial y hueca de los comités No a la guerra sí a la guerra de clases (NWBCW), que se mantienen en vida por la sola voluntad de la TCI (Tendencia Comunista Internacionalista), es una prueba contundente de ello17. La lucha contra la degradación de las condiciones de vida, en particular frente al alza de los precios, es el terreno más fértil para el desarrollo futuro de la lucha y de la conciencia.
Con respecto a toda una parte de la clase que se cuestiona el estado de la sociedad y la perspectiva, tendremos que seguir desarrollando lo que empezamos a hacer con nuestro texto sobre los años 2020, es decir, expresar lo mejor posible la coherencia de nuestro análisis, que es el único capaz de vincular los diferentes aspectos de la situación histórica y poner de manifiesto la realidad de la dinámica del momento histórico.
Más concretamente, con respecto a todos esos jóvenes que quieren luchar pero que están atrapados en ideologías descompuestas, vamos a tener que desarrollar nuestra crítica del wokismo, del ecologismo, etc. y recordar la experiencia del movimiento obrero sobre todas estas cuestiones (la cuestión de la mujer, de la naturaleza, etc.). Del mismo modo que es absolutamente necesario responder a todas las cuestiones que el trotskismo sabe aprovechar (la distribución de la riqueza, el capitalismo de Estado, el comunismo, etc.). Aquí, la cuestión de la perspectiva y del comunismo, punto débil de nuestra intervención, adquiere toda su importancia.
Por último, con respecto a las minorías en búsqueda, la denuncia concreta de las distintas fuerzas de extrema izquierda que se desarrollan para destruir este potencial, así como la lucha contra todas las ramificaciones del modernismo, aparecen como absolutamente esenciales, ya que es nuestra responsabilidad para el futuro y la construcción de la organización. Y es aquí donde cobra todo su sentido nuestro llamamiento a las organizaciones de la Izquierda Comunista a unirse en torno a una declaración internacionalista frente a la guerra de Ucrania, la de retomar el método de nuestros predecesores, los de Zimmerwald, para que las minorías de hoy puedan enraizarse en la historia del movimiento obrero y resistir a los vientos en contra soplados por la burguesía y sus ideologías de extrema izquierda18.
Sobre el vínculo entre economía y política en el desarrollo de la lucha y de la conciencia
Del Folleto de Rosa Luxemburgo “La huelga de masas”
“... si consideramos no esta variedad menor que representa la huelga de manifestación, sino la huelga de lucha tal como hoy en Rusia esta constituye el verdadero soporte de la acción proletaria, nos sorprende el hecho que el elemento económico y el elemento político están indisolublemente ligados. También aquí la realidad se aparta del esquema teórico; la concepción pedante, que hace derivar lógicamente la huelga de masas puramente política de la huelga general económica como su etapa más madura y elevada, y que distingue sinuosamente ambas formas entre sí, es desmentida por la experiencia de la revolución rusa. Esto no sólo queda demostrado históricamente por el hecho de que las huelgas de masas -desde la primera gran huelga de obreros textiles en San Petersburgo en 1896-97 hasta la última gran huelga en diciembre de 1905- han pasado imperceptiblemente del dominio de las reivindicaciones económicas al de la política, de modo que es casi imposible trazar fronteras entre unas y otras. Pero cada una de las grandes huelgas de masas recorre, por así decirlo en miniatura, la historia general de las huelgas en Rusia, empezando por un conflicto puramente sindical, o al menos parcial, y pasando luego por todas las etapas hasta la manifestación política. La tormenta que sacudió el sur de Rusia en 1902 y 1903 comenzó en Bakú, como hemos visto, por una protesta contra el despido de obreros en paro; en Rostov por reivindicaciones salariales; en Tiflis por una lucha de los empleados de comercio para obtener una reducción de la jornada laboral; en Odesa por una reivindicación salarial en una pequeña fábrica aislada. La huelga de masas de enero de 1905 comenzó por un conflicto en el interior de las fábricas Poutilov, la huelga de octubre por las reivindicaciones de los ferroviarios por su fondo de pensiones, la huelga de diciembre finalmente por la lucha de los empleados de correos y telégrafos por obtener el derecho de coalición. El progreso del movimiento no se manifestó por el hecho de que el elemento económico desapareciera, sino más bien por la rapidez con la cual se atraviesan todas las etapas hasta llegar a la manifestación política, y por la posición más o menos extrema del punto final alcanzado por la huelga de masas.
Sin embargo, el movimiento en su conjunto no sólo se orienta en el sentido de un paso de lo económico a lo político, sino también en el sentido opuesto. Cada una de las grandes acciones políticas de masa se transforma, una vez alcanzado su punto álgido, en un sinfín de huelgas económicas. Esto se aplica no sólo a cada una de las grandes huelgas, sino también a la revolución en su conjunto. Cuando la lucha política se extiende, se clarifica y se intensifica, la lucha reivindicativa no sólo no desaparece, sino que se extiende, se organiza y se intensifica paralelamente. Existe una interacción completa entre ambas.
Cada nuevo impulso y cada nueva victoria de la lucha política da un poderoso impulso a la lucha económica ampliando sus posibilidades de acción exterior y dando a los trabajadores un nuevo impulso para mejorar su situación aumentando su combatividad. Cada oleada de acción política deja tras de sí un terreno fértil del que brotan inmediatamente mil nuevos brotes de reivindicaciones económicas. Y a la inversa, la incesante guerra económica que los trabajadores libran contra el capital mantiene viva la energía combativa incluso en tiempos de calma política; constituye de alguna manera una especie de reservorio permanente de energía del que la lucha política siempre saca fuerzas frescas; al mismo tiempo, la incansable labor de mordisqueo reivindicativo desencadena a veces conflictos agudos de los que estallan bruscamente batallas políticas.
En una palabra, la lucha económica presenta una continua; es el hilo que une los diferentes nudos políticos; la lucha política es una fertilización periódica que prepara el terreno para las luchas económicas. Causa y efecto se suceden y alternan sin cesar, y así el factor económico y el factor político, lejos de distinguirse completamente o incluso de excluirse recíprocamente, como lo pretende el esquema pedante, constituyen en un período de huelga de masas dos aspectos complementarios de la lucha de clases proletaria en Rusia. Es precisamente la huelga de masas la que constituye su unidad. La sutil teoría disecciona artificialmente, con ayuda de la lógica, la huelga de masas para obtener una “huelga política pura”; pero tal disección -como todas las disecciones- no nos permite ver el fenómeno vivo, nos da un cadáver”.
1 Ver Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [432]
2 TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [11]
3 Ibid.
4 Années 80 : les années de vérité, Revue internationale 20. Années 80 : les années de vérité | Courant Communiste International (internationalism.org) [448] (Años 80: los años de la verdad); Revista Internacional 20)
5 La “Revolución Naranja” forma parte del movimiento de las “revoluciones de colores” o “revoluciones de las flores”, una serie de levantamientos “populares”, “pacíficos” y prooccidentales, algunos de los cuales desembocaron en cambios de gobierno entre 2003 y 2006 en Eurasia [3] y en Medio Oriente: la “Revolución de las Rosas” en Georgia en 2003, la “Revolución de los Tulipanes” en Kirguistán, la “Revolución de los jeans (o de la mezclilla)” en Bielorrusia y la “Revolución de los Cedros” en Líbano en 2005.
6 Resolución sobre la situación internacional (2021), Punto 25; Revista Internacional 167. Resolución sobre la situación internacional XXIV Congreso de la CCI (2021) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [132]. Para un análisis detallado de los movimientos de Francia y España ver Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [18] y 2011: de la indignación a la esperanza | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [50]
7 Ibid. punto 26. Ver también Un balance crítico del movimiento de indignados (2011) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [436]
8 Hay que reconocer que el proletariado alemán es el teórico del proletariado europeo, así como el proletariado inglés es el economista y el proletariado francés el político” (Marx, en Vorwärts, 1844).
9 La lucha del proletariado en la decadencia del capitalismo; Revista Internacional 23. La lucha del proletariado en el capitalismo decadente | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [59]
10 Por el contrario, algunos camaradas piensan que este lenguaje radical de los izquierdistas y los comités de base corresponde a la necesidad de recuperar las formas embrionarias de autoorganización y solidaridad que hemos visto en la clase obrera en Irán desde 2018. Por lo tanto, debemos debatir esto
11 Résolution sur la situation internationale 1983 [449] ; Revue Internationale 35 (Resolución sobre la situación internacional 1983; Revista Internacional 35. Ver igualmente El proletariado de Europa Occidental en una posición central de la generalización de la lucha de clases | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [81]
12 Débat : à propos de la critique de la théorie du "maillon le plus faible" | Courant Communiste International (internationalism.org) [450](Debate: sobre la crítica de la teoría del “eslabón más débil”, Revista Internacional 37 (no disponible en español).
13 Para saber más sobre nuestro camarada Marc, lea los artículos Marc: de la revolución de Octubre 1917 a la IIª guerra mundial | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [186] y Marc, parte 2: de la Segunda Guerra Mundial a la actualidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [263]
14 Réponse à la CWO : sur la maturation souterraine de la conscience de classe [435] (Respuesta a la CWO: Sobre la maduración subterránea de la conciencia de clase, Revista Internacional 43
15 Informe sobre la lucha de clases: Formación, pérdida y reconquista de la identidad de clase proletaria (2019) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [283]
16 Ver nuestra serie sobre los comunistizadores: Críticas a los llamados “comunistizadores”. (I): Introducción a la serie | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [437] y Crítica de los llamados “comunistizadores” (II) Del izquierdismo al modernismo: las desventuras de la “tendencia Bérard” | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [438]
17 Un comité que lleva a los participantes a un callejón sin salida | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [425]
18 Declaración conjunta de grupos de la Izquierda Comunista Internacional sobre la guerra en Ucrania | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [311]
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La resolución adoptada por el 24º Congreso de la CCI (2021, Revista Internacional 167)1 ofrecía un marco adecuado para guiar a la organización en la evolución de la crisis económica. En ella se afirmaba que: "La amplitud y la importancia del impacto de la pandemia, producto de la agonía de un sistema en plena descomposición y que ha quedado completamente obsoleto, ilustra el hecho sin precedentes de que el fenómeno de la descomposición capitalista afecta ahora también, de forma masiva y a escala mundial, al conjunto de la economía capitalista. Esta irrupción de los efectos de la descomposición en la esfera económica está teniendo un impacto directo en el desarrollo de la nueva fase de crisis que se ha abierto, inaugurando una situación totalmente inédita en la historia del capitalismo. Los efectos de la descomposición, al alterar profundamente los mecanismos del capitalismo de Estado puestos en marcha hasta ahora para 'acompañar' y limitar el impacto de la crisis, introducen en la situación un factor de inestabilidad y fragilidad, de incertidumbre creciente". (Punto 14)
También reconoció el papel predominante del sálvese quien pueda en las relaciones entre las naciones y la "carrera de las facciones burguesas más 'responsables' hacia una gestión cada vez más irracional y caótica del sistema, y sobre todo el avance sin precedentes de la tendencia al sálvese quien pueda, [que] revelan una creciente pérdida de control de su propio sistema por parte de la clase dominante". (Punto 15) Este sálvese quien pueda "Al provocar un caos creciente en el seno de la economía mundial (con la tendencia a la fragmentación de las cadenas de producción y a la fragmentación del mercado mundial en zonas regionales, el fortalecimiento del proteccionismo y la multiplicación de las medidas unilaterales), este movimiento totalmente irracional de cada nación para salvar su economía en detrimento de todas las demás es contraproducente para cada capital nacional y un desastre a escala mundial, un factor decisivo del deterioro de la economía mundial en su conjunto." (Punto 15)
Subrayó que "las consecuencias de la destrucción desenfrenada del medio ambiente por un capitalismo en decadencia, los fenómenos resultantes de la perturbación climática y la destrucción de la biodiversidad, (...) afectan cada vez más a todas las economías, encabezadas por los países desarrollados, (...) perturban el funcionamiento del aparato de producción industrial y debilitan también la capacidad productiva de la agricultura. La crisis climática mundial y la consiguiente desorganización creciente del mercado mundial de productos agrícolas amenazan la seguridad alimentaria de muchos países” (Punto 17)
Por otra parte, aunque la resolución no preveía el estallido de una guerra entre naciones, afirmaba que "no podemos excluir el peligro de estallidos militares unilaterales o incluso de accidentes espantosos que marcarían una nueva aceleración del deslizamiento hacia la barbarie". (Punto 13)
Y podía señalar que: "La crisis que ya lleva décadas desarrollándose se convertirá en la más grave de todo el periodo de decadencia, y su alcance histórico superará incluso a la primera crisis de esta era, la que comenzó en 1929. Después de más de 100 años de decadencia capitalista, con una economía devastada por el sector militar, debilitada por el impacto de la destrucción del medio ambiente, profundamente alterada en sus mecanismos reproductivos por la deuda y la manipulación estatal, plagada de pandemias, sufriendo cada vez más todos los demás efectos de la decadencia, es ilusorio pensar que en estas condiciones habrá alguna recuperación algo sostenible de la economía mundial". (punto 19)
Así pues:
- La aceleración de la descomposición y la multiplicación del impacto de sus efectos combinados sobre la ya muy degradada economía capitalista;
- El estallido de la guerra y la aceleración del militarismo a escala mundial, empeorando drásticamente la situación;
- El desarrollo a ultranza del sálvese quien pueda entre las naciones, con el telón de fondo de la competencia cada vez más aguda entre China y Estados Unidos por la supremacía mundial;
- El abandono de un mínimo de reglas y de cooperación entre las naciones para hacer frente a las contradicciones y convulsiones del sistema;
- La ausencia de una fuerza motriz capaz de revitalizar la economía capitalista;
- La perspectiva de una pauperización absoluta del proletariado de los países centrales, que ahora está a la orden del día;
son los principales indicadores de la gravedad histórica de la crisis actual e ilustran el proceso de "desintegración interna" del capitalismo mundial, anunciado por la Internacional Comunista en 1919.
En palabras de un importante industrial francés: "Lo que ha sido excepcional en los dos últimos años es que las crisis empiezan, pero no terminan. Hay un verdadero efecto de acumulación. La crisis del covid comenzó en 2020, ¡pero sigue con nosotros! Desde entonces, nos hemos enfrentado a tensiones extremas y a perturbaciones en las cadenas de suministro, a un cambio profundo en la relación con el trabajo, a una guerra en las fronteras de Europa, a la crisis energética y el retorno de la inflación y, por último, a la toma de conciencia del cambio climático (...) Los choques se acumulan. Surgen rápida y violentamente"2. En una situación histórica en la que los diversos efectos de descomposición se combinan, se Inter penetran e interactúan en un efecto de torbellino devastador3, el calentamiento global y la crisis ecológica, el sálvese quien pueda en las relaciones entre Estados y, en general, las contradicciones fundamentales del capitalismo, la guerra y sus repercusiones; constituyen el factor agravación central la crisis económica:
- La destrucción de Ucrania: la economía nacional se ha reducido al 40% de lo que era. Según su primer ministro, "los daños se estimaron este otoño en 350.000 millones de dólares. Pero estas estimaciones deberían duplicarse de aquí a finales de año, hasta 700.000 millones de dólares, debido a los ataques masivos llevados a cabo por Moscú contra nuestras infraestructuras. (...) Se prevé que los actuales cortes de electricidad representen una pérdida de entre el 3% y el 9% del PIB"4. El esfuerzo militar absorbe el 30% de los recursos del país; la insuficiencia de ingresos presupuestarios obliga al gobierno a endeudarse y a imprimir dinero.
- Inflación: Está provocando que la inflación mundial se dispare: 7,2% en los países avanzados, 9,8% en los emergentes, 13,8% en Oriente Medio y Asia Central y 14,4% en el África subsahariana. En la UE es del 10%, aunque en algunos países la media es superior: Letonia y Lituania están en el 22%, los Países Bajos en el 17%. Las cifras alcanzan un máximo del 9% a mediados de 2022, para descender al 7,1% a finales de ese mismo año.
- Agravamiento de la crisis alimentaria y de las hambrunas en el mundo: Enfrentando a dos grandes productores de cereales y fertilizantes, la guerra ha provocado un aumento del hambre en el mundo sin "ningún precedente, (...), desde la Segunda Guerra Mundial."5 "El choque se ve agravado por otros grandes problemas que ya habían provocado la subida de los precios y la caída de los suministros, como la pandemia de Covid-19, las limitaciones logísticas, el elevado coste de la energía y las recientes sequías, inundaciones e incendios"6. La producción mundial de cereales está en declive: China, tras las graves inundaciones de 2021, se enfrenta a su peor cosecha de trigo en décadas, mientras que en India las olas de calor sin precedentes "han provocado considerables pérdidas de rendimiento este año". El aumento de los precios y las "amenazas a la seguridad alimentaria" han desencadenado una "oleada de proteccionismo alimentario", con la prohibición de exportar grano en India y la introducción de cuotas (en Argentina, Kazajstán, Serbia, etc.) para garantizar el abastecimiento interno. Mientras el trigo de invierno estadounidense "está en malas condiciones", las reservas francesas "se están agotando" y "el mundo se enfrenta a una escasez de trigo"7.
- La anarquía capitalista está alcanzando nuevas cotas. La organización de las cadenas de producción y abastecimiento expone a cada capital nacional a múltiples dependencias que, hasta ahora, no tenían consecuencias, ya que el comercio y los intercambios mundiales podían realizarse sin restricciones. Pero la pandemia y luego la guerra cambiaron todo eso. Los bloqueos en China, las sanciones contra Rusia y los efectos de la guerra comercial entre Estados Unidos y China provocaron múltiples bloqueos e interrupciones tanto en la producción como en el comercio, sembrando el caos y la anarquía; la escasez se multiplicó en muchos ámbitos: chips, productos médicos, materias primas.
- El desarrollo del militarismo y de la producción de armas. Una de las principales consecuencias de la guerra fue que todos los Estados dispararon el gasto en armamento hasta niveles abismales. El peso de la carga militar (un peso muerto para el capital) sobre la riqueza nacional, el aumento forzoso de la producción de armas, la eventual conversión de sectores estratégicos a la industria militar, la deuda resultante y la caída de la inversión en otros sectores de la economía alterarán considerablemente la economía y el comercio mundial.
Al pretender "desangrar" a la octava economía del mundo, las sanciones occidentales contra Rusia han abierto un auténtico "agujero negro" en la economía mundial, de consecuencias aún desconocidas. Aunque la economía rusa no se haya hundido ni reducido a la mitad (como había prometido Biden), atrapada en la guerra en curso y estrangulada por las medidas de represalia impuestas por Estados Unidos, la economía rusa está siendo asfixiada y llevada a la ruina. Con una caída del PIB del 11% y una inflación del 22%, las sanciones económicas debilitaron el esfuerzo bélico ruso8 y provocaron una escasez paralizante en la industria. Además, el embargo sobre los semiconductores está limitando la producción de misiles y tanques de precisión9.
Con la retirada de los fabricantes extranjeros, el sector del automóvil se ha hundido casi por completo a un 97%. Los sectores, aeroespacial (estratégico) y del transporte aéreo (fundamental para un país tan extenso), totalmente dependientes de las tecnologías occidentales, se han visto duramente afectados.
Con cientos de miles de rusos que abandonan el país, la economía rusa sufre una pérdida masiva de mano de obra, sobre todo en el sector de las tecnologías de la información, del que se han marchado 100,000 especialistas informáticos.
El apoyo ofrecido por China y los países que se han resistido a las sanciones occidentales (India y Turquía, compradores de energía rusa) pueden haber supuesto un respiro temporal, pero está lejos de compensar la desaparición de los mercados occidentales. La entrada en vigor a principios de diciembre de 2022 del embargo europeo sobre el petróleo ruso reducirá considerablemente este "soplo de aire fresco".
Mientras que las importaciones chinas procedentes de Rusia han aumentado, las exportaciones a Rusia han disminuido en proporciones similares a las de los países occidentales (debido a la aplicación cautelosa por parte de China de la mayoría de las sanciones occidentales10). La resistencia del valor del rublo e incluso su subida frente al dólar, reflejo de este enorme desequilibrio entre el elevado volumen de las exportaciones de petróleo y gas y el hundimiento paralelo de las importaciones tras las sanciones, no es en absoluto un signo de fortaleza. Las sanciones financieras, la congelación del 40-50% de las reservas rusas y la prohibición del sistema SWIFT afectan cada vez más a la capacidad de pago de Rusia en el extranjero y a la credibilidad de su solvencia.
A pesar de su aparente resistencia, las sanciones son un arma de guerra formidable y tendrán un gran impacto en la economía rusa a medio plazo: debido a su efecto "retardado", la prolongación de la guerra será el medio en manos de Estados Unidos para lograr el objetivo de "destruir" la economía rusa.
El terremoto de la guerra representó un gran "cambio de época", no sólo en lo que se refiere a la situación de cada una de las naciones, especialmente de los países europeos, sino también en el plano internacional.
La guerra es un abismo de coste económico desorbitado "(de marzo a agosto) Ucrania recibió 84.000 millones de euros de 40 estados socios e instituciones de la UE - los aliados más importantes son Estados Unidos, instituciones de la UE, Reino Unido, Alemania, Canadá, Polonia, Francia, Noruega, Japón e Italia". "Ucrania podría recibir hasta 30.000 millones entre septiembre y diciembre de 2022". La UE desempeña un papel central "en el mantenimiento de la estabilidad macro financiera de Ucrania" (proporcionándole 10.000 millones de euros entre marzo y septiembre de 2022)11. La onda expansiva económica de la guerra en todo el mundo no tiene el mismo impacto inmediato ni a medio plazo en las principales regiones del mundo. Las capitales europeas sufren el impacto más brutal. Para ellos, se trata de una desestabilización sin precedentes de su "modelo económico".
Como consecuencia de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos a Rusia, las empresas europeas más implicadas en Rusia que sus homólogas estadounidenses se ven más directamente afectadas por la ruptura de las relaciones económicas con Rusia.
El embargo del gas ruso está causando una enorme conmoción con efectos en cascada en toda Europa: "Las verdaderas bombas están cayendo en Ucrania, pero es casi como si también se hubiera destruido la infraestructura industrial de la UE. El continente va a experimentar una violenta crisis industrial. Esto va a ser un shock terrible para las finanzas públicas y para las clases medias y pobres de los países de Europa"12 Como dijo J. Borrell: "Estados Unidos se ocupaba de nuestra seguridad. China y Rusia proporcionaban la base de nuestra prosperidad. Ese mundo ya no existe (...) Nuestra prosperidad se basaba en la energía de Rusia, su gas, reputado como barato, estable y sin riesgos. Todo eso estaba mal (...) Esto llevará a una profunda reestructuración de nuestra economía”.
Cada capital se enfrenta a contradicciones y dilemas casi insolubles, con decisiones económicas y estratégicas drásticas que deben tomarse con urgencia, afectando a su soberanía nacional y salvaguardando su posición mundial.
1. En un momento en que el crecimiento ya se ralentizaba, la vertiginosa subida de los precios de la energía (el precio del gas se ha multiplicado por 20 desde 2010) ya está provocando el debilitamiento de sectores industriales enteros muy dependientes de la energía importada, con vastas franjas de actividad que no son ni rentables ni competitivas. Algunos sectores (química, vidrio, altos hornos, aluminio, etc.) están teniendo que recortar su producción para mantener unos costes desorbitados, mientras se avecinan numerosas quiebras como consecuencia de la pérdida radical de rentabilidad.
2. Ante la gravedad de la situación, el Estado intervino masivamente nacionalizando las principales empresas energéticas, como Uniper en Alemania y EDF en Francia, y estableciendo "escudos financieros o tarifarios" para apoyar a las empresas y amortiguar el impacto sobre empresas y particulares.
3. Los países europeos corren un riesgo real de desindustrialización y declive económico, debido al diferencial duradero de precios de la energía entre Europa y Estados Unidos y Asia. En este ambiente de "sálvese quien pueda", surge la tendencia, para quienes pueden, de deslocalizar las empresas europeas cuya supervivencia se ve amenazada hacia zonas americanas o asiáticas donde los precios de la energía son más bajos.
4. Además del agotamiento de las fuentes de gas ruso, se teme tener que restringir la producción en los sectores más expuestos, como la química, la metalurgia, la madera y el papel, o la industria del plástico y el caucho, o incluso interrumpirla durante el invierno, en Francia, por ejemplo. Además, está el shock eléctrico: la falta de inversiones y el estado ruinoso de las centrales nucleares podrían provocar cortes de electricidad, con el riesgo de reducir o incluso detener la producción industrial a partir del próximo mes de enero, y sumir en el caos a sectores como el transporte, la agroalimentación y las telecomunicaciones ¡a la 5ª economía mundial!13
El debilitamiento del capital alemán: Es Alemania en particular la que concentra de forma explosiva todas las contradicciones de esta situación sin precedentes. El fin del suministro de gas ruso coloca al capital alemán en una situación de fragilidad estratégica y económica sin precedentes: está en juego la competitividad de toda su industria14. El capital alemán (y europeo) corre el riesgo de tener que pasar de la dependencia del gas ruso a la dependencia del GNL estadounidense, que Estados Unidos pretende imponer en el continente europeo, sustituyendo el papel que hasta ahora desempeñaba Rusia. El fin del multilateralismo, del que el capital alemán se ha beneficiado más que ninguna otra nación (al ahorrarse también parte de la carga de los gastos militares del "dividendo de la paz" desde 1989), repercute más directamente en su poder económico, basado en las exportaciones. Por último, la presión ejercida por Estados Unidos para obligar a sus "aliados" a sumarse a la guerra económica/estratégica con China y a renunciar a los mercados de este país plantea a Alemania un enorme dilema, dada la importancia vital del mercado chino. Dada su posición de liderazgo en la UE, el tambaleo del poder alemán repercute en toda Europa, que está marcada, en mayor o menor medida, por las mismas contradicciones y dilemas.
China y las Rutas de la Seda se ven directamente afectadas. Uno de los objetivos de la guerra y del debilitamiento de Rusia es apuntar a China. La guerra está frustrando el gran objetivo de las Rutas de la Seda de convertir a Ucrania en un centro para el mercado europeo; el caos está aislando a China de uno de sus principales mercados. Este objetivo debe encontrar una alternativa a través de Oriente Medio.
Aunque las grandes potencias reconocen que "el cambio es una fuerza desestabilizadora, incluso al nivel económico", la COP27 de Sharm El Sheikh se fracturó en torno a la cuestión de "¿quién debe pagar?” Más allá de la incapacidad congénita del capitalismo para frenar la destrucción de la naturaleza, lo que suena a sentencia de muerte para el compromiso de las grandes potencias de reducir la producción de gases de efecto invernadero es el regreso y la preparación de todos los Estados para una guerra de "alta intensidad". En efecto: "No puede haber guerra sin petróleo. Sin petróleo, es imposible hacer la guerra (...) Renunciar a la posibilidad de abastecerse de petróleo abundante y barato equivale simplemente a desarmarse. Las tecnologías de transporte (que no requieren petróleo, hidrógeno y electricidad) son totalmente inadecuadas para los ejércitos. Los tanques eléctricos a batería plantean tantos problemas técnicos y logísticos que deben considerarse imposibles, como todo lo que funciona en tierra (blindados, artillería, máquinas de ingeniería, todoterrenos ligeros, camiones). El motor de combustión interna y su combustible son tan eficaces y flexibles que sería suicida sustituirlos"15.
El capitalismo está condenado a sufrir cada vez más los efectos del cambio climático (incendios gigantescos, inundaciones, olas de calor, sequías, fenómenos meteorológicos violentos, etc.), que afectan cada vez más significativamente a la economía capitalista y la penalizan cada vez más: el factor climático (que ya fue un factor en la implosión de los países árabes en la década de 2010) es en sí mismo una causa del colapso de países particularmente vulnerables en la periferia del capitalismo. En opinión de Antonio Guterres, secretario general de la ONU, la "carnicería climática ha alcanzado una escala sin precedentes" en Pakistán ha causado daños estimados en dos y ½ veces su PIB, una catástrofe imposible de superar económicamente16. La magnitud del choque climático está teniendo ahora un impacto directo en los países del corazón del capitalismo y en toda su actividad económica a todos los niveles:
- Los costos de las pérdidas sufridas como consecuencia de factores relacionados con el clima en los países centrales no dejan de aumentar: sólo en Estados Unidos "en la década de 1980, los costes totales de las catástrofes naturales ascendían a 3,000 millones de dólares al año. Entre 2000 y 2010, esta cifra aumentó a más de 20,000 millones de dólares anuales. (...) A partir de 2011 y 2012 (...) estos costes empezaron a duplicarse para alcanzar en 2018 300,000 millones en daños materiales que corresponden a ¾ del servicio anual de la deuda estadounidense."
- La situación de las infraestructuras productivas (así como su distribución) han afectado directamente al comercio, socavando y poniendo en peligro la estabilidad de las economías nacionales debido al cambio climático: entre otros ejemplos, la combinación de sequía y sobreexplotación del agua en América, Europa y China está perturbando la generación de energía tanto nuclear como hidroeléctrica; desorganizando y reduciendo el tráfico fluvial de mercancías; lo que supone "un riesgo importante para la capacidad agrícola estadounidense". (...) Un estado permanente de desastre hídrico, cargado de conflictos y migraciones internas, se está instalando en el Oeste americano. China se ve amenazada por "una nueva inseguridad alimentaria inducida por la fragilidad climática, hídrica y biológica de la agricultura".
Los efectos "cada vez más rápidos e intensos" de la subida del nivel del mar plantean a los gobiernos retos colosales. La salinización de los suelos está esterilizando las tierras cultivables (como en Bangladesh). Amenazan tanto a las megaciudades costeras (como las de las costas este y oeste de Estados Unidos, y muchas ciudades de China) como a las industrias costeras (como la industria petrolera en torno al Golfo de México, y en la región de Shenzhen, en el corazón de la producción electrónica china, donde "las autoridades urbanas chinas ya están empezando a evacuar a cientos de miles de personas").
En los dos últimos años, los diversos efectos de la descomposición que ya habían empezado a afectar a la economía capitalista han adquirido una nueva cualidad, inédita en su interacción a una escala desconocida hasta ahora, y que no ha hecho sino fortalecerse en una especie de "torbellino" infernal en el que cada catástrofe alimenta la virulencia de las demás: la pandemia ha trastornado la economía mundial; a su vez, ha agravado la barbarie de la guerra y la crisis medioambiental. La guerra y la crisis medioambiental seguirán teniendo un impacto considerable, golpeando ahora en el corazón de las grandes potencias y agravando considerablemente la crisis económica, que constituye el telón de fondo de estos acontecimientos catastróficos.
Un sistema capitalista ya debilitado en su conjunto por las convulsiones resultantes de sus contradicciones y de su descomposición, se ve duramente golpeado por los efectos de la guerra.
Las ondas de choque de la guerra golpean a una economía debilitada, con algunos sectores muy debilitados desde la pandemia: "en 2022, la producción mundial de automóviles seguirá siendo inferior a la de 2019. En China sube un 7%, pero en Europa sigue bajando un 25%, y en Estados Unidos un 11%. La industria ha perdido volúmenes, y sus costes aumentan...”17.
"Las causas fundamentales de la inflación se encuentran en las condiciones específicas de funcionamiento del modo de producción capitalista en su fase decadente. En efecto una observación empírica nos permite ver que la inflación es fundamentalmente un fenómeno de esta época del capitalismo, y que es más aguda durante los periodos de guerra (1914-18, 1939-45, la guerra de Corea, 1957-58 en Francia durante la guerra de Argelia...). ...), es decir, cuando los gastos improductivos son más elevados. Por lo tanto, es lógico considerar que es a partir de esta característica específica de la decadencia, la parte considerable del armamento y, más en general, de los gastos improductivos en la economía, que debemos tratar de explicar el fenómeno de la inflación"18
Desencadenada por el aumento del peso de los gastos improductivos, por el endeudamiento a ultranza desplegado por los Estados en sus diversos planes de salvamento frente a la pandemia, para luego asumir la política de desarrollo de la economía de guerra y el rearme general de las naciones capitalistas, la inflación sólo puede aumentar19 cada vez más por la necesidad de cada capital nacional de gastar colosalmente en gastos improductivos, con:
- los gastos armamentistas a niveles absurdos, sometiendo más que nunca la economía al servicio de la guerra y a la producción desenfrenada de instrumentos de destrucción sin la menor racionalidad económica;
- los efectos de la impresión de dinero para aumentar la deuda en respuesta a las contradicciones de su sistema;
- el coste exorbitante de los estragos causados por la decadencia en la sociedad y en las infraestructuras de producción: pandemias, fenómenos climáticos graves, etc.
- El envejecimiento de la población en todos los países (incluida China), que está reduciendo drásticamente la proporción de la población en edad de trabajar sobre la población total.
Con la inflación elevada y sostenida, que el capitalismo ya no es capaz de controlar como hasta ahora (la burguesía ha renunciado a volver al 2%, considerado poco realista), marca también una etapa en el agravamiento de la crisis. La crisis tendrá un impacto cada vez más negativo en la economía, desestabilizando el comercio mundial y privando a la producción de la transparencia que necesita, al tiempo que se convierte en un vector esencial de inestabilidad monetaria y financiera.
La fragilidad del sistema capitalista queda ilustrada por "los crecientes riesgos para la estabilidad financiera en determinados segmentos clave de los mercados financieros y de la deuda soberana"20 y nuevas grietas se abren:
- La fragilidad y las tensiones de las monedas de las grandes potencias se están convirtiendo en un factor cada vez más importante de la situación: la caída de la libra frente al dólar está en su nivel más bajo de la historia, ha perdido un 17% de su valor; el yen se ha desplomado un 21% a su nivel más bajo desde 1990, el yuan ha caído a su nivel más bajo frente al dólar desde hace 14 años, y el euro se ha desplomado a su nivel más bajo de la historia en paridad con el dólar... Los bancos centrales ya están teniendo que intervenir para apoyar sus divisas, y la creciente inestabilidad monetaria está tomando forma.
- El estallido de la burbuja de las criptomonedas (las valoraciones del mercado del bitcoin se han multiplicado por 3 en el espacio de un año) y las quiebras de alto perfil en el sector (como la de FTX, el segundo operador mundial de criptomonedas) han llevado a la burguesía a temer el contagio a otros actores de las finanzas tradicionales. La inestabilidad financiera en este sector es un presagio de futuras quiebras, como la del sector inmobiliario (50% de las transacciones mundiales por valor), que comenzó en China y amenaza en otros lugares.
- Del mismo modo, "la economía tecnológica se tambalea (...) Desde hace unos diez años, hemos asistido a la aparición de una burbuja financiera alimentada por la abundancia de liquidez creada por los bancos centrales. (...) Esta burbuja ha estallado desde el inicio de la guerra ruso-ucraniana y el estallido de la inflación. El valor de la tecnología en los mercados bursátiles se ha desplomado. Amazon se convirtió en la primera empresa de la historia en perder 1 billón de dólares de valor en bolsa. Meta ha perdido 200,000 millones de dólares en seis meses. (...) Este brutal baño de realidad ha desencadenado enormes planes de despido, sobre todo en Estados Unidos. Es probable que en 2022 se hayan perdido 130,000 empleos tecnológicos"21.
A pesar de que el volumen de la deuda (260% del PIB mundial) ya está socavando todo el sistema22, y a pesar de que la naturaleza de la deuda se basa cada vez menos en las plusvalías ya realizadas, y se alimenta de la impresión de dinero y de la deuda soberana, la continuación de la política de endeudamiento sigue siendo una obligación a la que está sujeto todo capital nacional, a pesar de los efectos deletéreos sobre la estabilidad cada vez más incierta del sistema financiero. Sin excepción, todos los Estados están cada vez más comprometidos con él para hacer frente a las contradicciones generadas por el sistema capitalista. Así lo demuestra la suspensión del Pacto de Estabilidad de la UE, que sólo se restablecerá a principios de 2023 tras haber sido modificado sustancialmente con una flexibilización de sus normas de aplicación, y sin duda para permitir que el Banco Central Europeo desempeñe el papel de prestamista de última instancia.
La irresponsabilidad y la negligencia de la clase dirigente, que se han manifestado en la crisis sanitaria, la crisis energética y la crisis climática, son un poderoso factor de exacerbación de la crisis.
A estos factores se añaden el caos político y la influencia del populismo dentro de la clase dirigente. Este, en la burguesía más antigua del mundo, está teniendo efectos catastróficos en la economía del Reino Unido. El Brexit ilustra la irracionalidad del “sálvese quien pueda económico”: "En lugar de la prosperidad, la soberanía y la influencia internacional que [los conservadores] pretendían traer al romper con sus vecinos, sólo han cosechado una ralentización de sus exportaciones, la depreciación de la libra esterlina, las peores previsiones de crecimiento de los países desarrollados, aparte de Rusia, y el aislamiento diplomático”23. La incompetencia y el amiguismo electoral del gobierno de Lizz Truss, que sucedió a Johnson en una etapa fulgurante en el poder, explican sus decisiones irresponsables, condenadas por el resto de la clase dirigente: ¡el anuncio de 45,000 millones en recortes fiscales sin financiación para los más ricos provocó una caída acelerada de la libra y el temor a su hundimiento y a una ¡crisis de la deuda!
En Italia, las promesas de Meloni de respetar las reglas europeas (la primera vez que un gobierno de extrema derecha llega al poder en uno de los países fundadores de la UE) han calmado temporalmente los temores sobre el futuro del plan de recuperación italiano financiado por el fondo europeo creado por el endeudamiento conjunto de los países miembros, pero no auguran una estabilidad futura24.
Por último, las divisiones en el seno de la clase dirigente no pueden sino agravarse debido a las opciones y prioridades que deben adoptarse para defender los intereses de cada capital nacional en un contexto más que incierto y contradictorio.
En el informe 2020, la CCI se preguntaba si el desarrollo de la actitud del "sálvese quien pueda", enraizada en el impasse de la superproducción y en la creciente dificultad del capital para lograr la acumulación ampliada de capital, así como en los efectos de la propia descomposición, era irreversible. Entre la crisis de 2008 (que puede considerarse como la crisis de la globalización) y la actualidad, el enfoque del sálvese quien pueda en las relaciones entre potencias ha experimentado un cambio cualitativo gradual y ahora triunfa por completo. Según el FMI, la guerra "alterará fundamentalmente el orden económico y geopolítico mundial". El conflicto en Ucrania cierra el periodo "intermedio" que comenzó después de 2008 y marca el final de la globalización:
- Después de 2008, el "sálvese quien pueda" se manifestó por primera vez en la tendencia de China, y sobre todo de Estados Unidos, a cuestionar el marco de la globalización; la primera, desarrollando su propio proyecto alternativo de las Rutas de la Seda; el segundo, saboteando estructuras como la OMC.
- Luego ha quedado magistralmente ilustrado durante la pandemia del Covid, la incapacidad de coordinar una política de producción, distribución y vacunación a escala mundial; el comportamiento gansteril de algunos países que roban material médico destinado a otros países; la tendencia a replegarse sobre sí mismos en el marco nacional; y el deseo de cada burguesía de salvar su propia economía a expensas de las demás, tendencia irracional y desastrosa para todos los países y para la economía mundial en su conjunto.
- La actual "guerra del gas" entre naciones está demostrando ser una digna continuadora de la guerra de las máscaras que se produjo durante la pandemia25: el reciente sabotaje del gasoducto Nord Stream II, achacado a un "agente del Estado", aún no identificado, ilustra las maneras de los gánsteres mientras que "en el mercado del GNL, (...) todos los golpes están permitidos”.26
Estados Unidos es el gran beneficiado en la guerra, incluso en términos económicos. En las condiciones históricas de descomposición, gracias a la guerra, expresión última de la guerra de todos contra todos, el poder militar -como único medio real de que disponía Estados Unidos para defender su liderazgo mundial. Estados Unidos está fortaleciendo momentáneamente su economía nacional a expensas del resto del mundo, a costa de la dislocación mundial y del debilitamiento convulsivo del sistema capitalista en su conjunto27. Este fortalecimiento económico de Estados Unidos es el producto directo del sálvese quien pueda; no es contradictorio con el hundimiento de todo el sistema en la espiral de su descomposición (es una manifestación de ello y en modo alguno representa una estabilización, sino que por el contrario atestigua la agudización de este hundimiento) ya que su corolario y condición es el fenomenal desarrollo del caos y el debilitamiento del sistema capitalista en su conjunto. "El apoyo sin fisuras de Washington a Ucrania ha convertido a Estados Unidos en el gran vencedor de la secuencia a nivel mundial, sin que un solo GI haya tenido que pisar suelo ucraniano. Ganancias geoestratégicas, militares y políticas innegables. (...) En un contexto de proteccionismo y nacionalismo económico a ultranza, la América de Biden puede ahora dedicarse enteramente a la guerra tecnológica contra su único gran rival, China. Europa, que había conseguido mantenerse unida durante el covid, ha salido debilitada y dividida, con el tándem francoalemán hecho trizas"28.En este descenso a los infiernos del capitalismo global, la guerra ha cambiado la situación de todo el capital y ha puesto patas arriba las relaciones económicas mundiales:
- La guerra del petróleo y del gas: un vuelco sin precedentes, con Washington como gran vencedor. Mientras que hace 10 años Estados Unidos no exportaba GNL, ahora es el primer exportador mundial. "Estados Unidos disfruta de una casi independencia energética, lo que le permite proyectarse tranquilamente en un mundo en el que los hidrocarburos se han convertido en armas geopolíticas. Estados Unidos no necesita importar gas; es el primer productor mundial, por delante de Rusia. En cuanto al petróleo, Washington es también el primer productor mundial y ha reducido recientemente su dependencia del crudo extranjero"29. Producto de una política de autosuficiencia de largo alcance iniciada por la administración Obama como parte de su empeño por frustrar el ascenso de su contrincante chino, la guerra de Ucrania no sólo ha permitido a Estados Unidos sacar gran provecho de ella para impulsar su industria30, sino que también ha sido un medio para establecerse como actor clave. Estados Unidos está poniendo a sus rivales a la defensiva y en desventaja en este ámbito energético estratégico:
Europa se ve prácticamente reducida a pasar de la dependencia del gas ruso a la dependencia del GNL estadounidense. Para escapar a este estrangulamiento mortal, los europeos buscan frenéticamente diversificar sus proveedores.
China, que depende en gran medida de la importación de hidrocarburos, está en desventaja y se ha visto debilitada por Estados Unidos, que ahora está en condiciones de controlar -y cortar- las rutas de suministro terrestre y marítimo de China.
- El fortalecimiento del sector militar: Con un peso del 40% en el mercado de armamento, "el innegable éxito estratégico de la maquinaria bélica estadounidense" está impulsando la industria militar de Estados Unidos: "El arsenal de la democracia, como lo llamó el Presidente F D Roosevelt, está disparando todos los cilindros (...) Como resultado, la industria militar estadounidense se enfrenta a considerables limitaciones de producción"31.
- La fortaleza del dólar y la subida de las tasas de interés. La escala sin precedentes del plan de Biden de 1.17 trillones de dólares para apoyar la economía estadounidense impulsando la demanda y el consumo, seguida del inicio del desmantelamiento de la flexibilización monetaria y la subida gradual de los tipos de interés por parte de la FED (decidida a principios de 2022) pilló desprevenidos a todos sus rivales. Aprovechando el papel central del dólar (en las reservas de los bancos centrales del mundo, su preponderancia en la economía y el comercio mundiales), la fortaleza del dólar, el tamaño de su economía y su rango de primera potencia económica mundial, esta política tiene como efecto:
a) atraer y canalizar capitales e inversiones (en busca de un refugio seguro) hacia la economía estadounidense,
b) hacer que el resto del mundo financie el sostenimiento de su economía,
c) trasladar los efectos más nocivos de la inflación a otros países más débiles32. Estados Unidos refuerza la estabilidad y el poder de su economía a costa directa de sus competidores más directos.
Es evidente que Estados Unidos no duda en asumir el riesgo de impulsar la recesión, frenar el comercio internacional y provocar crisis financieras en los países más débiles, siempre que su economía se beneficie y sea la beneficiaria, en nombre de la necesidad de rescatar su propia economía y su posición de primera potencia mundial.
- Aumento del proteccionismo: el plan de 370,000 millones de dólares de la "Inflation Reduction Act" para inversiones públicas en la industria, combinado con fuertes medidas proteccionistas que conceden preferencia nacional a los equipos producidos en Estados Unidos, en detrimento de los productos importados, constituye un "2º choque de competitividad" para la UE (después del choque del gas).
De manera más general, todas las medidas económicas, monetarias, financieras e industriales adoptadas en Estados Unidos actúan como un aspirador de inversiones y un imán para las deslocalizaciones hacia Estados Unidos. El "dorado" de los bajos precios de la energía y de las subvenciones desvía capitales y grandes empresas extranjeras hacia Estados Unidos, en detrimento sobre todo de Europa. Más de sesenta empresas alemanas (Lufthansa, Siemens, etc.) tienen previsto invertir en Estados Unidos. VW ha anunciado que quiere aumentar su producción de vehículos eléctricos en Estados Unidos y tiene previsto invertir 7,000 millones en sus centros estadounidenses. BMW va a invertir 1,700 millones en su planta de Carolina del Norte y está tentada de producir baterías localmente en lugar de en el marco de proyectos europeos. Francia estima sus pérdidas potenciales en "10,000 millones de euros de inversión" y "10,000 empleos potenciales" perdidos.
En respuesta a este "giro" de Estados Unidos "hacia el lado equivocado del proteccionismo" (según la UE)33 ha amenazado con una "Buy European Act"; y "Francia y Alemania han formalizado una propuesta de contraofensiva... y han pedido a Bruselas que flexibilice las normas que rigen las subvenciones públicas a las empresas, así como las subvenciones específicas y los créditos fiscales para sectores estratégicos.”34
- Agricultura: "La guerra en Ucrania ha alterado todos los equilibrios agrícolas. África y el Magreb han sido las primeras víctimas. Pero el viejo continente también se ha visto afectado. Durante la última década, Europa ha tenido que depender de Ucrania para sus suministros de maíz35 (...) Aunque una gran parte de las entregas han salido de Ucrania, los compradores europeos han tenido que recurrir a otros proveedores. Estados Unidos dispone de una enorme capacidad de producción de maíz (...) Esta fuerza no sólo le ha permitido abastecer su propio mercado interior, sino también tomar el relevo de Rusia y Ucrania y exportar ampliamente a otros países. Y en particular a Europa"36.
- La ofensiva estadounidense contra China al nivel económico: Desde una posición de fuerza, Estados Unidos intensifica su presión sobre China y ataca sus intereses económicos en todo el mundo a través de diversas iniciativas y, aprovechando el debilitamiento y las divisiones entre los europeos, busca por diversos medios obligarles a seguirle en su ofensiva37: “Una primicia": El G7 de junio de 2022 denunció "las intervenciones no transparentes y distorsionadoras del mercado por parte de China" y pidió "enfoques colectivos, también más allá del G7, para abordar los desafíos que plantean las políticas y prácticas no mercantiles que distorsionan la economía mundial" utilizando el argumento democrático de "eliminar todas las formas de trabajo forzoso de las cadenas de suministro mundiales, incluido el trabajo forzoso patrocinado por el Estado, como en Xinjiang. "
Para garantizar su decisiva ventaja tecnológica sobre China, Estados Unidos está organizando la recolocación38 de la producción de semiconductores de última generación a su suelo, así como el control internacional de todo el sector, del que pretende excluir a China, al tiempo que amenaza con imponer sanciones a cualquier rival que mantenga relaciones comerciales con China y pueda violar este "monopolio".
El vasto programa de inversiones de la Asociación Mundial para las Infraestructuras, de 600,000 millones de dólares de aquí a 2027 para estos países en desarrollo, pretende contrarrestar, en primer lugar, en el África subsahariana, pero también en América Central y Asia, los enormes proyectos financiados por China en el marco de las Rutas de la Seda.
El establecimiento del Acuerdo Económico Indo-Pacífico39 para "escribir las nuevas reglas de la economía del siglo XXI" (Biden) y "construir cadenas de suministro fuertes y resistentes" bajo el control de Washington fue denunciado inmediatamente por China como la "formación de camarillas destinadas a contenerla".
Profundamente dividida, marcada por la publicación unilateral por Alemania de un plan de apoyo a su economía de 200,000 millones (calificado de “insulto al resto de Europa”) y por la disputa entre Francia y Alemania por el liderazgo, la Unión está desgarrada por grandes divisiones. “Algunos países, como Alemania, disponen de medios para subvencionar masivamente su industria. Otros, como Italia, mucho menos. Grecia, España y Francia están preocupadas por ello y piden medidas de solidaridad europea para corregir estas diferencias. ‘La IRA [Ley de Reducción de la Inflación]norteamericana representa 2 puntos del PIB, así que tenemos que hacer un esfuerzo comparable’, explicó E. Macron. Por el contrario, Alemania, Países Bajos y Suecia siguen oponiéndose a un nuevo instrumento financiero europeo”40. Las dos potencias europeas no están en la misma longitud de onda cuando se trata de China: “Las sutilezas diplomáticas ya no bastan para ocultar el abismo entre Washington -que ve a Pekín como su principal rival- y el Gobierno alemán, cuyos intereses le impulsan a mantener una buena relación comercial con China (...) Sin estar alineada con Estados Unidos, Francia está más cerca de Washington que de Berlín. China sólo es el 5º socio comercial de Francia (...) Cuando Macron se reunió con Xi al margen de la cumbre del G20, su posición era más cercana a la de Biden que a la de Scholz41”. Así pues, el viaje en solitario de Scholz a China fue igualado por el viaje en solitario de Macron a Estados Unidos.
Si estas tensiones se exacerbaran hasta el punto de amenazar con la ruptura de la UE, bajo el peso de los intereses nacionales contradictorios que la atraviesan y su agudización por el rival estadounidense, ello constituiría un factor de agravamiento de gran magnitud en la crisis y una desestabilización de todo el sistema capitalista.
La reacción de China: La guerra de Ucrania muestra hasta qué punto la disociación de las economías estadounidense y china iniciada por Estados Unidos está haciendo vulnerable a China:
- Las sanciones contra Rusia constituyen una advertencia a China sobre “las gigantescas consecuencias para la economía china de posibles sanciones occidentales contra China42”. En cuanto a sus enormes reservas de dólares: “La guerra de Ucrania ha hecho saltar las alarmas (...) Los expertos chinos señalan que la dependencia del dólar es aún más preocupante que en el caso de Rusia”. China “no está dispuesta a enfrentarse a ninguna sanción occidental” y “quiere reforzar drásticamente la seguridad de sus activos exteriores para no repetir los errores de Rusia, (...) cambiar la estructura de sus inversiones en el extranjero y reducir lo antes posible su dependencia de los dólares estadounidenses43” para salir de la contradicción de no tener “actualmente otra solución para dar valor a los dólares recibidos por su superávit comercial que prestárselos con el tiempo a Estados Unidos44”.
- Los esfuerzos del Estado para hacer del yuan una moneda internacional que compita con el dólar se han quedado en nada, incluso en un contexto en el que muchos países pueden estar buscando protegerse de las sanciones occidentales: el yuan se ha estancado en el 2,88% de las reservas de divisas (el 30% de las cuales están en manos de Rusia) (frente al 59.5 del dólar y el 19.76 del euro); y desde 2015 en la 5ª posición en los pagos globales con una cuota del 2.44% frente al 42% del dólar. El BPC (Banco Popular de China) debe luchar contra la depreciación del yuan frente al dólar.
- Como consecuencia de las medidas adoptadas en los últimos años por Estados Unidos para restringir la exportación de alta tecnología (utilizada en la producción de vanguardia en los sectores del automóvil, la aeronáutica, el espacio, la investigación científica, la informática, el transporte, la medicina, etc.), “China está actualmente fuera de juego (...) Los fabricantes chinos de semiconductores no disponen de la tecnología necesaria para ponerse al día. (...) Por ello, algunos expertos se muestran escépticos en cuanto a la capacidad de China para ponerse al día a corto y medio plazo en este sector, que representará una gran parte del futuro crecimiento económico”. (Asyalist)
- China está inmersa en una lucha competitiva a muerte por el control de ciertos sectores estratégicos (como las tierras raras y los metales); o por garantizar sus suministros de hidrocarburos, aprovechando el debilitamiento de Rusia para firmar contratos con las repúblicas centroasiáticas y con Arabia Saudí.
- Los intereses económicos vitales de China están en juego en las tensiones en torno a Taiwán, que, como Singapur, es una plataforma esencial para la industria manufacturera china e indispensable para su actual modelo económico.
La exclusión de Rusia del comercio internacional por parte de Estados Unidos, su ofensiva contra China y su voluntad declarada de reconfigurar las relaciones económicas mundiales en su propio beneficio marcan un punto de inflexión en la visión del libre comercio que ha guiado la política estadounidense durante casi treinta años. Esto se traducirá en una mayor fragmentación del mercado mundial a través de la proliferación de acuerdos regionales como el firmado entre Estados Unidos, Canadá y México en 202045.
Acuerdos de este tipo entre firmantes que supuestamente comparten “más intereses comunes”, y un comercio entre Estados y empresas que favorece a “socios afines, de modo que ya no comerciamos con cualquiera”, no auguran estabilidad ni la formación de relaciones económicas exclusivas bajo la égida de grandes patrocinadores. Más bien al contrario. Como tienden a seguir las múltiples fallas de las tensiones entre potencias, sólo darán lugar a una mayor fragmentación del mercado mundial a escala global y al refuerzo del sálvese quien pueda, las guerras comerciales, el repliegue nacional y la búsqueda de la preservación de la soberanía nacional a todos los niveles. Esto no hará sino agudizar, por una cuestión de supervivencia, el deseo de controlar las cadenas de producción estratégicas esenciales para la supervivencia nacional y de situarse en una posición de fuerza frente a otras potencias sometidas a chantaje o, por el contrario, de eludirlo46.
A partir de ahora, no sólo ha desaparecido progresivamente (sin retorno perceptible) la capacidad de las principales naciones capitalistas de cooperar para retrasar y atenuar el impacto de la crisis económica sobre el conjunto del sistema capitalista y sobre ellas mismas, sino que se perfila cada vez más claramente una política impulsada en particular por la primera de las grandes potencias, Estados Unidos, para salvaguardar su propia posición en el escenario mundial en detrimento directo de otras potencias del mismo tipo (y del resto del mundo), atacando sus intereses y provocando deliberadamente su debilitamiento.
Esta situación rompe abiertamente con gran parte de las reglas que los Estados se habían fijado desde la crisis de 1929 y abre un período de terra incognita, donde el caos va a adquirir una nueva dimensión desconocida, incluso en y entre los países centrales, con repercusiones aún difíciles de “imaginar”, golpeando el corazón del sistema capitalista en una espiral de crisis aún más profunda.
La crisis irreversible del capitalismo constituye el telón de fondo de la aceleración del caos y la barbarie. Más concretamente, se trata de 50 años de crisis económica, acelerada desde 2018, que ahora se manifiesta abiertamente en una inflación galopante con sus secuelas de miseria, hambre y empobrecimiento generalizado.
- “La crisis capitalista afecta a los fundamentos mismos de esta sociedad. Inflación, precariedad, desempleo, ritmos infernales y condiciones laborales que destrozan la salud de los trabajadores, viviendas inalcanzables… testimonian una degradación incontenible de la vida obrera y, aunque la burguesía trata de crear todas las divisiones imaginables, otorgando condiciones “más privilegiadas” a determinadas categorías obreras, lo que vemos EN SU CONJUNTO es, por un lado, la que posiblemente va a ser la PEOR CRISIS de la historia del capitalismo, y, por otro lado, la realidad concreta, lacerante, de la PAUPERIZACION ABSOLUTA de la clase obrera en los países centrales, ese anuncio que Marx hizo de la perspectiva histórica del capitalismo y del que tanto se han burlado los economistas y demás ideólogos de la burguesía.”47
A diferencia de los años 30, hoy hay más factores que agravan la crisis. La pandemia y la guerra en Ucrania marcan una nueva calidad de la situación. La concatenación de factores decadentes está en el origen de una espiral de deterioro y empeoramiento de la situación económica mundial. “Esta crisis promete ser más larga y profunda que la de 1929. En primer lugar, porque los efectos de la descomposición de la economía tienden a perturbar el funcionamiento de la producción, provocando cuellos de botella y bloqueos constantes en una situación de desempleo creciente, asociado, paradójicamente, a una escasez de mano de obra. Sobre todo, se expresa en una inflación galopante, que los sucesivos planes de rescate, elaborados a toda prisa por los gobiernos frente a pandemias y guerras, no han hecho sino alimentar con un endeudamiento precipitado. Los bancos centrales están subiendo los tipos de interés en un intento de frenar la inflación. Al hacerlo, corren el riesgo de precipitar una recesión muy violenta, que estrangularía tanto a los gobiernos como a las empresas. Ya está en marcha un tsunami de miseria, un empobrecimiento brutal del proletariado en los países centrales”48. El espectro de la “estanflación” se cierne sobre el mundo. Si bien se trataba de un concepto utilizado por los economistas burgueses en la década de 1970 para describir un estado de alta inflación combinado con el estancamiento económico, hoy en día este peligro se está haciendo evidente y la actual inflación descontrolada y la desaceleración económica provocarán una cadena de quiebras, incluso de países enteros (Pakistán, Sri Lanka, etc.), así como turbulencias financieras y dificultades aún mayores en los países emergentes.
“El crecimiento de las economías avanzadas se desacelerará bruscamente, pasando del 5.1% en 2021 al 2.6% en 2022 (1.2 puntos porcentuales menos que en las previsiones de enero). Se espera que el crecimiento se modere aún más hasta el 2.2% en 2023, reflejando en gran medida la retirada del apoyo de la política monetaria y fiscal proporcionado durante la pandemia”49. A la burguesía no le queda otra alternativa que seguir subiendo los tipos de interés, como hizo la FED el pasado mes de noviembre. Todos los estados están implicados en esta dinámica y provocará contracciones en los mercados, cierres de empresas y despidos masivos, como se puede ver en las empresas tecnológicas estadounidenses (GAFAM). La deslocalización de empresas de China a América (Nearshoring) agravará la situación de desempleo en ciertas regiones del mundo.
A diferencia de los años treinta, los niveles actuales de endeudamiento no tienen precedentes. China, segunda economía mundial, ¡debe 2.5 veces su PIB! Al mismo tiempo, se ha convertido en un respaldo financiero, principalmente para apoyar su Ruta de la Seda y asegurar su influencia en África y América Latina. Estados Unidos, cuya deuda total supera ya los 31 billones, ha impreso 5,000 millones de dólares, mientras que la UE, con 750 millones de euros, ha impreso un 20% más que Estados Unidos. El panorama para los próximos años estará lleno de convulsiones y dificultades para el capitalismo.
i.- La economía china ha sufrido una fuerte desaceleración debido a los repetidos bloqueos, seguidos del tsunami de infecciones que provocó el caos en el sistema sanitario, la burbuja inmobiliaria y el bloqueo de varias rutas de la “Ruta de la Seda” debido a conflictos armados (Ucrania) o al caos reinante (Etiopía). El crecimiento en el primer semestre de este año fue del 2.5%, lo que hace inalcanzable el objetivo del 5% fijado para este año. Por primera vez en 30 años, el crecimiento económico de China será inferior al de otros países asiáticos (Vietnam). Grandes empresas tecnológicas y comerciales como Alibaba, Tencent, JD.com e iQiyi han despedido entre el 10% y el 30% de su plantilla. Los jóvenes son especialmente sensibles al deterioro de la situación, con una tasa de desempleo estimada del 20% entre los universitarios que buscan trabajo. Los proyectos de expansión de la “Nueva Ruta de la Seda” también están en apuros debido al empeoramiento de la crisis económica: casi el 60% de la deuda contraída con China corresponde ahora a países con dificultades financieras, frente al 5% en 2010. Además, la presión económica de Estados Unidos se está intensificando, especialmente con la Ley de Reducción de la Inflación y la Ley de Chip estadounidense, que apuntan directamente a las exportaciones de tecnología de varias empresas tecnológicas chinas (por ejemplo, Huawei) a Estados Unidos.
Aún más angustioso para la burguesía china, los problemas económicos, unidos a la crisis sanitaria, han dado lugar a importantes movimientos de protesta social.
ii.- El fracaso del modelo neo estalinista de la burguesía china. Frente a las dificultades económicas y sanitarias, la política de Xi Jinping ha consistido en volver a las recetas clásicas del estalinismo:
- En el plano económico, desde Deng Xiao Ping, la burguesía china había creado un frágil y complejo mecanismo para mantener un todopoderoso marco de partido único cohabitando con una burguesía privada directamente estimulada por el Estado. “A finales de 2021, la era de reforma y apertura de Deng Xiaoping está claramente acabada, sustituida por una nueva ortodoxia económica estatista.”50 La facción dominante detrás de Xi Jinping está reorientando la economía china hacia un control estatal absoluto de estilo estalinista;
- En el frente social, con la política de “Covid cero”, Xi no sólo aseguró un implacable control estatal sobre la población, sino que también impuso este control a las autoridades regionales y locales, que se habían mostrado poco fiables e ineficaces al comienzo de la pandemia. Ya en otoño, envió unidades de la policía central del Estado a Shanghái para llamar al orden a las autoridades locales que estaban liberalizando las medidas de control.
“Un capital nacional desarrollado, poseído de modo “privado” por diferentes sectores de la burguesía tiene en la “democracia” parlamentaria su aparato político más apropiado; el control estatal casi completo de los medios de producción se corresponde con el poder totalitario de un partido único”51. El fracaso de la política de “Covid cero” ha repercutido en la reelección para un tercer mandato del hombre que la impuso, Xi Jinping, a costa de complejos compromisos entre facciones del PCCh. La burguesía china demuestra así más que nunca su incapacidad congénita para superar la rigidez política de su aparato de Estado, pesada herencia del maoísmo estalinista.
iii.- Una crisis que se extiende inexorablemente. La segunda potencia mundial está atrapada en la misma dinámica que sus pares. Esta catástrofe está aún por llegar.
- El papel de China en la crisis financiera de 2008 fue el de contener y no dejar de invertir, centrándose sobre todo en su mercado interior y en las infraestructuras (trenes de alta velocidad), por supuesto, todo ello a lomos de una montaña de deuda. Sin embargo, durante la crisis financiera de 2008, siguió siendo un “sector sano de la economía”. Hoy no podemos decir lo mismo; China vio la quiebra de Evergrande seguida de la de Shintao (la segunda mayor constructora después de Evergrande). Sólo Evergande representaba 350,000 millones de dólares de deuda que no pueden pagar. Detrás de esta deuda están los inversores internacionales, entre ellos Black Rock, que exigen la devolución de su dinero. Los bancos regionales se han hundido hasta el punto de desencadenar un “corralito” chino”52. 320 proyectos inmobiliarios se han paralizado y hay 100 millones de viviendas vacías. La deuda de los hogares se ha triplicado hasta alcanzar los 7 billones de dólares, a lo que hay que añadir la deuda de las empresas. La sequía ha reducido drásticamente la producción de energía hidroeléctrica hasta el punto del racionamiento y el cierre parcial de fábricas como TESLA, ¡que irónicamente produce coches eléctricos! ¿Cómo está respondiendo la burguesía china a la crisis? Tipos de interés más bajos, contratación estatal masiva, fondos estatales para infraestructuras e inmuebles... ¡nada nuevo! Y ya sabemos lo “eficaces” que han sido estas medidas... Sólo podemos esperar una serie de sacudidas económicas en un futuro próximo en esta parte del mundo.
- La guerra comercial con Estados Unidos y el deseo de dejar de depender de China han llevado a los países desarrollados, con Estados Unidos a la cabeza, a diversificar sus cadenas de suministro y buscar nuevos países maquiladores53. Países como México, pero sobre todo Vietnam, que ya ha superado a China en porcentaje de crecimiento económico, se perfilan como las nuevas “maquiladoras” del capitalismo. Este año, los pedidos estadounidenses a fabricantes chinos han caído un 40% (CNBC).
En conclusión, ahora parece que, si bien el capitalismo de Estado chino ha sabido aprovechar las oportunidades ofrecidas por el cambio de bloque, la implosión del bloque soviético y la globalización de la economía propugnada por Estados Unidos y las grandes potencias del bloque occidental, su debilidad congénita en su estructura estatal de corte estalinista es ahora un gran hándicap ante los problemas económicos, sanitarios y sociales. La situación anuncia inestabilidad y posibles trastornos, incluso para la posición de Xi y sus partidarios dentro del PCCh. Una desestabilización del capitalismo chino tendría consecuencias imprevisibles para el capitalismo mundial.
El año 2021 ha visto una explosión acelerada del gasto militar. Estados Unidos aumentó su gasto en un 38% (880000 millones de dólares), China en un 14% (243000 millones de dólares) y Rusia en un 3% (65000 millones de dólares). La superioridad militar de Estados Unidos se refleja en su presupuesto. Según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), ese mismo año “el mundo gastó 2 billones de dólares” en el ámbito militar.
Toda la región del Indo-Pacífico ha visto aumentar su gasto militar por miedo a ser víctima del imperialismo chino: Japón también ha duplicado su presupuesto militar y ha firmado un acuerdo de “transferencia de defensa” con Vietnam, Tailandia invierte 125000 millones de dólares en 50 buques de guerra para proteger sus mares, Indonesia aumenta en un 200% su inversión militar en el Mar de China y Filipinas acaba de recibir 64 millones de dólares adicionales de Estados Unidos para reforzar sus bases militares con el fin de contener la amenaza china. Pero esta región no es la única que se ve atrapada en esta dinámica, nadie se ha librado.
El mundo se encamina hacia una explosión del gasto militar sin precedentes en la historia. Todo este gasto improductivo se cargará a los trabajadores.
No sólo es imposible la implantación de energías limpias y renovables bajo el capitalismo, sino que la guerra energética seguirá marcando el futuro de este sistema. El control de las fuentes de energía, especialmente el gas y el petróleo, seguirá siendo una cuestión de “seguridad nacional” para todo estado capitalista. El funcionamiento de las empresas depende de ello y, a nivel imperialista, el ejército funciona con petróleo. Estados Unidos controla actualmente estos recursos y el hecho de que ahora sea el principal proveedor de Europa se está convirtiendo en una fuente de chantaje y presión futura sobre los países de la UE. El viaje de Xi a Arabia Saudí y el reciente acuerdo energético con Rusia lo confirman.
Cabe destacar la aceleración histórica de la influencia de la guerra en la economía, trágicamente demostrada por la guerra de Ucrania. Haciendo una comparación histórica con la guerra de Vietnam, si entonces la carga militar pesaba sobre la economía, hoy el impacto del militarismo sobre la economía es aún mayor.
El capitalismo es el único sistema de la historia capaz de devastar la naturaleza a escala masiva, eliminando ecosistemas enteros y acelerando la extinción de especies, cambiando así todo el orden natural. Este fenómeno es acumulativo y acelerado, y conduce a una rápida devastación del planeta. La actual “transición hacia las energías limpias” no es más que una expresión de la lucha a muerte entre los capitalistas y su competencia. Se trata de ver quién llega primero al mercado y quita clientes a sus rivales. Toda la palabrería sobre su “preocupación” por el medio ambiente no es más que demagogia. El agravamiento de la “crisis ecológica” se está acelerando y está causando una devastación inaceptable. Estados Unidos, cuyo expresidente Trump negó la existencia del “cambio climático”, se enfrenta a los efectos de esta crisis ecológica y la primera potencia mundial está lejos de “salvarse” de las “catástrofes naturales” e incluso ostenta el siniestro récord mundial de destrucción de la biodiversidad. De hecho, el capitalismo no puede ser un sistema competitivo y ser “ecológico” al mismo tiempo, porque:
- Su objetivo es la ganancia, no la preservación de la naturaleza, que siempre será considerada por el capitalismo como una fuente de recursos gratuitos cuya depredación e implicaciones no le preocupan;
- El cada uno para sí y la anarquía de la producción hacen que la burguesía no tenga ningún control sobre las “nuevas tecnologías”, ¡es un aprendiz de brujo!
- Los avances tecnológicos son unilaterales, nunca se preocupan del marco global. Si la extracción de litio para las baterías de los coches contamina y su reciclabilidad se reduce al 5%, eso no tiene importancia para el capitalismo. Lo principal es vender coches “verdes”;
- La separación entre el hombre y la naturaleza se vuelve extrema bajo el capitalismo, hasta el punto de que se considera que el hombre está “fuera” de su entorno natural.
Por otra parte, la vuelta al carbón, aunque las empresas paguen un impuesto adicional para cubrir los daños causados al medio ambiente -lo que no es más que una cortina de humo-, no elimina el enorme fracaso del capitalismo a la hora de eliminar las emisiones de carbono. Si los europeos habían decidido abandonar la energía nuclear, ahora intentan reintroducirla para compensar su dependencia de Rusia y Estados Unidos. Es un ejemplo más de los fracasos del capitalismo, que nos empuja a revivir viejas glorias, aunque contaminen. Cada país sólo actúa en su propio interés, ¡y los demás sufren las consecuencias!
La transición a la “energía verde” en el capitalismo equivale a la ilusión de un capitalismo sin guerras.
El gasto improductivo del capital no cesará, el militarismo y el mantenimiento del Estado harán estragos en la clase obrera. Este fenómeno del empobrecimiento de la clase obrera en los países centrales tiene una historia, pero desde la pandemia y la guerra de Ucrania se ha acelerado. La inflación reduce considerablemente el poder adquisitivo de los trabajadores y, a diferencia de los años 70, la burguesía no recurre hoy a la indexación salarial. Por ejemplo, la burguesía del Reino Unido está adoptando una línea dura con respecto a las demandas de aumentos salariales para compensar la inflación; el primer ministro británico ha declarado que “no hay negociación posible”.
- “Calentar o comer”, el lema de las huelgas británicas revela la gravedad de la situación. Para muchas familias trabajadoras, cuesta más pagar la energía que la hipoteca: salarios cada vez más miserables, aumento del coste de la vida, precios cada vez más altos, despidos masivos, recortes en la seguridad social, ataques a las pensiones, etc. Todo esto augura un futuro de miseria al que el proletariado tendrá que responder siguiendo a sus hermanos y hermanas de clase como en Gran Bretaña, Europa e incluso Estados Unidos. La perspectiva del empobrecimiento del proletariado se abre y se acelera.
- La escasez de mano de obra es a la vez un producto y un factor de la crisis del capitalismo. La logística del capitalismo en el movimiento de mercancías es un caos, no hay suficientes conductores y los productos se pudren o hay escasez. En la sanidad, hay demasiadas vacantes y en la educación, los profesores abandonan rápidamente sus puestos de trabajo. En China, por ejemplo, 1 de cada 5 jóvenes no encuentra un trabajo “prometedor” y prefiere no aceptar nada. “Dejarlo girar”, es una expresión común en China para referirse a los jóvenes que no aceptan un trabajo. Detrás de esta situación se esconde obviamente un desenlace individual y desesperado, una reacción “privada” al empeoramiento de las condiciones laborales. Las nuevas generaciones no quieren vivir al ritmo de la producción capitalista. Al mismo tiempo, este fenómeno es la expresión de una falta de identidad de clase: no se organizan para luchar, y sólo adoptan una postura personal ante un problema eminentemente social, económico y político. La reducción de las prestaciones laborales, la falta de pensiones en muchos países, el aumento de las enfermedades mentales y de los suicidios, todos estos factores están creando unas condiciones de vida y de trabajo insoportables.
Es la crisis y su perspectiva de recesión mundial lo que está creando las condiciones para que los trabajadores empiecen a plantear sus luchas en su propio terreno. “La crisis económica, a diferencia de la descomposición social que concierne esencialmente a las superestructuras, es un fenómeno que afecta directamente a la infraestructura de la sociedad sobre la que descansan las superestructuras; la crisis desnuda, pues, las causas profundas de toda la barbarie que pesa sobre la sociedad, permitiendo así al proletariado tomar conciencia de la necesidad de cambiar radicalmente el sistema y de no pretender ya mejorar ciertos aspectos del mismo” (La descomposición, fase última de la decadencia capitalista, Revista Internacional 10754).
Enero de 2023
1 Informe sobre la crisis económica del 24º Congreso Internacional de la CCI (2021) | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [141]
2 Les Echos 21/22/10
3 Ver Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [432]
4 Le Monde 17/12/22
5 El hambre aumentó alrededor de un 18% durante la pandemia y afecta actualmente a entre 720 y 811 millones de personas. Las reducciones de la ayuda alimentaria, la reorientación de la ayuda para acoger únicamente a los refugiados ucranianos y la reasignación de la ayuda para aumentar los gastos militares han hecho que no lleguen los fondos necesarios para Afganistán, donde la hambruna amenaza a 23 millones de personas, y Somalia, donde parte de la población se encuentra en "peligro inminente de muerte"
6 En Europa, la considerable reducción de la producción de fertilizantes (que utiliza mucho gas natural) debido a los elevados precios de la energía está provocando una caída del consumo de fertilizantes en todo el mundo, desde Brasil a Estados Unidos, lo que amenaza el volumen de las futuras cosechas. Por ejemplo: "Brasil, primer productor mundial de soja, compra casi la mitad de sus abonos fosfatados a Rusia y Bielorrusia. Sólo le quedan existencias para tres meses. La asociación brasileña de productores de soja (Aprosoja) ha pedido a sus miembros que utilicen menos fertilizantes este año, o que no utilicen ninguno. La cosecha de soja de Brasil, ya reducida por la grave sequía, será por tanto probablemente aún menor. Brasil vende su soja principalmente a China, que destina gran parte de ella a la alimentación animal. Una soja menos abundante y más cara podría obligar a los agricultores chinos a reducir las raciones que dan a sus animales. El resultado: vacas, cerdos y pollos más pequeños - y carne más cara"
7 Todas las citas de este pasaje son de Courrier International
8 "Debido a la escasez de ingresos públicos a causa del embargo occidental sobre la compra de oro, carbón y metales, algunos regimientos sólo reciben paga esporádicamente. Se cree que esto contribuye a que se rechacen los combates e incluso a que se produzcan rendiciones". (Les Echos 17/09/2022)
9 "Varias fábricas del complejo militar-industrial han tenido que reducir su producción o incluso cerrar, como la fábrica de misiles antiaéreos de Uliánovsk, la fábrica de misiles aire-aire de Vympel y la fábrica de tanques de Uralvagonzavod, principal centro de producción del país" (Les Echos 17/09/2022).
10 "Aunque Pekín se niega a renegar públicamente de su principal socio estratégico, las autoridades chinas han acatado en gran medida las sanciones impuestas por Occidente contra Rusia. Las empresas chinas han seguido a las occidentales en su éxodo del mercado ruso: los gigantes tecnológicos chinos -Lenovo, TikTok y Huawei- han bloqueado todas sus operaciones en Rusia, mientras que los fabricantes chinos de módulos árticos para el megaproyecto gasístico ruso Arctic-LNG2 han decidido poner fin a su cooperación con Novatek. Por último, a pesar de las garantías de la propaganda oficial del Kremlin, UnionPay, uno de los principales procesadores de pagos del mundo bajo control estatal chino, dejó en suspenso a finales de abril sus planes de colaboración con los bancos rusos, truncando sus esperanzas de encontrar una alternativa a los gigantes de pago estadounidenses Visa y Mastercard. A ojos de Pekín, este complejo juego a dos bandas debería proteger los intereses chinos y minimizar el impacto de la guerra en la economía china... "China: 2022, l'annee de tous les perils , Diplomatie
11 Diplomatie 118, p33; "Si se añaden [a los gastos puramente militares] la ayuda humanitaria, la ayuda económica de urgencia y la asistencia a los refugiados, la UE y sus Estados miembros han proporcionado más ayuda que Estados Unidos, según el Instituto de Kiel, 52.000 millones de dólares frente a los 48.000 millones de Washington. "(Les Echos, 3-4/02)
12 IFRI, Le Point Géopolitique, Les guerres de l'énergie, p.6
13 El ejemplo de Sudáfrica muestra la naturaleza general del problema: A los efectos de la sequía y la escasez de agua que sufre el país este otoño se suma una crisis energética de una magnitud sin precedentes, debida a la obsolescencia y las averías de las viejas centrales eléctricas de carbón, que provocan incesantes cortes de electricidad que impiden bombear el agua de las montañas Drakensberg y transportarla a Johannesburgo y Pretoria, que están racionadas, mientras que el 40% desaparece por fugas en la red. Pero para reparar todas estas infraestructuras harían falta 3,400 millones de euros, de los que no dispone la Junta del Agua
14 Por ejemplo, en la industria química (la mayor consumidora de gas), la producción se ha reducido drásticamente; el 70% del sector registra pérdidas; en el caso de BASF, partes enteras de su actividad han dejado de ser rentables o competitivas, lo que ha provocado una caída del 30% en sus resultados. Toda Europa (que absorbe el 60% de las exportaciones del sector) se ve afectada
15 Conflits n°42
16 Las inundaciones han destruido casi por completo las cosechas del 5º productor mundial de algodón. Se trata de una pérdida colosal para la industria textil, que representa el 10% del PIB; la agricultura de Sindh ha quedado destruida, la ganadería diezmada; el resto ha quedado a merced de las epizootias: "la seguridad alimentaria de 220 millones de habitantes está en peligro" (Le Monde 14/09) A ello se añaden las plagas de paludismo, dengue, cólera y tifus. Cuarto productor mundial de arroz y proveedor de China y del África subsahariana, "cualquier caída de las exportaciones no hará sino agravar la inseguridad alimentaria mundial, alimentada por la caída de las exportaciones de trigo de Ucrania. "(Le Monde 14/09)
17 Les Echos, 23-24/12
18 Révolution Internationale, antigua serie n°6
19 "No hay que confundir la inflación con otro fenómeno de la vida del capitalismo, que adopta la forma de una tendencia al alza del precio de ciertas mercancías debido a una oferta insuficiente. Este último fenómeno ha adquirido recientemente una importancia particular como consecuencia de la guerra en Ucrania, que ha afectado al suministro de un volumen importante de diversos productos agrícolas, cuya privación es ya un factor de agravamiento de la pobreza y el hambre en el mundo. Es una característica permanente del período de decadencia del capitalismo, que está teniendo un fuerte impacto en la economía. Al igual que la insuficiencia de la oferta, se refleja en la subida de los precios, pero es consecuencia del peso de los gastos improductivos de la sociedad, cuyo coste se repercute en el de los bienes producidos. Por último, otro factor de inflación es la devaluación de las monedas resultante de la impresión de dinero, que acompaña al aumento incontrolado de la deuda mundial, que actualmente se acerca al 260% del PIB mundial."
20Declaraciones de K. Georgieva presidenta del FMI
21 Marianne n° 1341
22 Numerosos impagos se perfilan en el horizonte. El FMI estima que 2/3 de los países de bajos ingresos y una cuarta parte de los países emergentes se enfrentan a graves dificultades relacionadas con la deuda. "(Le Monde 24/09)
23 El Brexit ha provocado el estancamiento de la economía británica: "El Reino Unido es el único país avanzado cuyas exportaciones cayeron el año pasado y siguen por debajo de su nivel anterior a la crisis (...) la inversión empresarial se mantuvo un 10% por debajo de su nivel de mediados de 2016. " (Les Echos 24/09) "Con el Brexit, se ha perdido el pasaporte financiero europeo, que permitía vender productos en toda la UE. Unos diez mil banqueros han abandonado la plaza financiera londinense para instalarse en Dublín, Fráncfort, París, Luxemburgo o Ámsterdam (...) otro fenómeno: desde finales de 2019, el número de empleos en el sector financiero británico ha caído en 76,000 (sobre un total actual de 1.06 millones) (...) el Brexit ha desempeñado un papel importante en el declive de la City en relación con los cerca de diez mil empleos deslocalizados, pero sobre todo indirectamente, porque las grandes instituciones financieras internacionales han optado por invertir en otros lugares. "(Le Monde 19/11)
24 "Esta alineación con la Comisión Europea y su doctrina de austeridad no estará exenta de problemas para una gran parte del electorado de la señora Meloni."(Le Monde Diplomatique, 12/22)
25 "Desde principios de los años 80, bajo Reagan, Estados Unidos soñaba con cortar a Europa el suministro de gas ruso. Ejercieron una enorme presión para que el gasoducto Nord Stream 1 nunca viera la luz, y volvieron a hacerlo años más tarde con Nord Stream 2, llegando incluso a amenazar con sanciones a las empresas implicadas en el proyecto. La guerra en Ucrania es una bendición para ellos"
26 "Una historia saltó a los titulares la primavera pasada: un buque cisterna de GNL salió de Freeport, Texas, el 21 de marzo, con destino a Asia. Pero tras diez días de viaje, cambió bruscamente de rumbo, en pleno Océano Pacífico, y se desvió hacia Europa (...) Las elevadas primas ofrecidas en el Viejo Continente por este preciado cargamento de GNL convencieron a BP, la compañía que fletaba el buque, de cambiar de planes. (Le Point Géopolitique, Les guerres de l'énergie, p.36) "A principios de noviembre, una treintena de gaseros cargados con GNL por valor de 2.000 millones de dólares se balanceaban frente a las costas españolas y las terminales del norte de Europa. ¿Cuándo descargarán? "Los brokers que controlan los petroleros esperan que los precios suban cuando bajen las temperaturas durante el invierno", explica el FT (4/11/2022)" (Le Monde Diplomatique, 22 de diciembre).
27 El impacto de la crisis en la economía estadounidense, la erosión relativa de su peso en el mundo, los efectos de la descomposición en su aparato político y la tendencia histórica a la pérdida de su liderazgo no deben llevarnos a subestimar la realidad del poder estadounidense y su capacidad para defenderlo a todos los niveles: "Estados Unidos maneja un sistema panóptico único que le permite controlar la mayoría de los centros neurálgicos de la globalización. "Global" sigue siendo el adjetivo que mejor define su poder y su estrategia. Se basan en un sistema de vigilancia y control simultáneo de los "espacios comunes": marítimo, aéreo, espacial y digital. Los 3 primeros corresponden a entornos físicos distintos que están interconectados por el cuarto. Gracias al dólar y a la ley, garantizados por su aplastante superioridad militar, Estados Unidos conserva un formidable poder de estructuración y, por tanto, de desestructuración. T. Gomart, "Guerres invisibles", 2021, p. 251
28 l'Express nº 3725
29 "Desde 2020, sus exportaciones superan a sus importaciones, y su principal proveedor es un país con el que debería mantener buenas relaciones en los próximos años, a saber, Canadá (el 51% del petróleo que importa procede de su vecino del norte). Un seguro energético que le permite llevar a cabo una diplomacia ofensiva en Ucrania". (Le Point Géopolitique, Les guerres de l'énergie, p.7)
30 "En el primer semestre de 2022, las exportaciones de GNL (todos los países juntos) aumentaron un 20%, con casi dos tercios destinados a Europa. América tiene un potencial considerable. En primer lugar, porque existe un consenso político para ir más lejos con el gas de esquisto. En segundo lugar, porque tienen la red de gasoductos más extensa de todos los países. Y, por último, porque están invirtiendo mucho en terminales de licuefacción. (...) En todo el Golfo de México, al sur de Luisiana, de Texas a Florida, se está escribiendo una revolución del GNL. Estados Unidos sólo cuenta actualmente con 8 terminales de licuefacción. Pero 5 están aún en construcción, otras 12 ya han sido aprobadas y están a la espera de permisos, y 8 permisos están en proceso de tramitación" l'Express n°3725
31 "La mayoría de los países europeos han hecho pedidos. El principal de ellos es Alemania, que ha anunciado su intención de comprar hasta 35 cazas F35 a Lockheed Martin. La Royal Navy invertirá 300 millones de euros para mejorar las capacidades de sus misiles Tomahawk. Holanda ha puesto mil millones de euros sobre la mesa para adquirir sistemas de defensa antimisiles de medio alcance Patriot. Este verano, Estonia encargó seis sistemas Himars y un misil balístico capaz de alcanzar un objetivo a casi 300 km de distancia. Bulgaria, por su parte, decidió en septiembre aumentar su pedido de cazas F16 en 1.300 millones de dólares.” (L’Express n°3725)
32 "Los capitales abandonan los mercados emergentes, debilitando sus monedas. "(La moneda ghanesa -41%, el dólar taiwanés -13%, el tugrik mongol -16%,) (...) Once países emergentes corren el riesgo de una crisis de balanza de pagos debido al endurecimiento monetario internacional (Chile, Pakistán, Hungría, Kenia, Túnez)" (Le Monde 13/10)
33 Otro freno al comercio internacional es el aumento de los derechos de aduana en muchos países, entre ellos Estados Unidos. Desde 2010, el valor del comercio mundial sujeto a derechos de aduana y otras barreras ha pasado de 126.000 millones de dólares a 1.500.000 millones de dólares, según la OMC
34 Frente al “fin de una era liberal de globalización" (Lemaire) “los empresarios franceses han cambiado también su doctrina… y están advocando al proteccionismo inteligente”. Les Echos 23-24/12
35 Casi una cuarta parte de las mazorcas de maíz que se consumen en el continente se cultivan fuera de las fronteras de la UE, sobre todo en Ucrania, que con el tiempo se ha convertido en nuestro principal proveedor. Aunque los combates no han interrumpido la siembra, la producción del país podría reducirse entre 10 y 15 millones de toneladas este año
36 L'Express n°3725
37 "Para Washington, Europa no puede considerar a China como un socio, un competidor y un rival a la vez. " Bloomberg, 21/11
38 "En agosto, Joe Biden firmó la Chips and Science Act, que inyectará miles de millones de dólares en la industria, incluidos 57.000 millones en préstamos, subvenciones y otras medidas fiscales para animar a los productores estadounidenses de semiconductores a aumentar su capacidad.” (Asyalist)
39 Los Estados miembros de este pacto son Australia, Brunei, India, Indonesia, Japón, Corea del Sur, Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam. Junto con Estados Unidos, representan el 40% del PIB mundial
40 Le Monde, 17/12
41 Bloomberg, 21/11
42 “Según un estudio del Consejo de Estado chino del pasado mes de abril, cuyo texto se filtró a Japón, estas sanciones tendrían un “efecto dramático en China”, que “volvería a una economía planificada aislada del mundo”. “Existiría entonces un grave riesgo de crisis alimentaria”, debido a los daños que causarían estas sanciones con la interrupción de las importaciones de productos alimentarios esenciales. Detener las importaciones de soja, en particular, crearía una crisis para las cadenas alimentarias chinas, muy dependientes de la soja, mientras que reducir o detener las exportaciones tendría graves consecuencias en términos de ingresos financieros, prosigue el documento de Pekín. China importa el 30% de la soja que necesita Estados Unidos. La producción china de soja representa menos del 20% de las necesidades del país, según el documento. La soja es esencial para la producción de aceites comestibles y para alimentar a los cerdos, que representan el 60% de la carne consumida por los chinos”
43 Conflits nº 41, septiembre-octubre de 2022
44 T. Gomart, “Guerres invisibles”, 2021, p. 242
45 Así lo confirman las recientes declaraciones de Janet Yellen, secretaria del Tesoro: “Durante 2022, la administración Biden ha promovido un plan económico para que Estados Unidos sea más resistente a las interrupciones del suministro, aliviando los cuellos de botella en los puertos, invirtiendo fuertemente en infraestructuras físicas y creando capacidad de fabricación nacional en sectores clave del siglo XXI, como los semiconductores y las energías renovables. (...) Mediante un enfoque de ‘friend-shoring’ (deslocalización amistosa), la administración Biden pretende mantener la eficiencia comercial al tiempo que promueve la resistencia económica de Estados Unidos y sus socios. (...) El objetivo del enfoque ‘friend-shoring’ es profundizar nuestra integración económica con un gran número de socios comerciales de confianza en los que podamos confiar. (...) A través del Consejo de Comercio y Tecnología UE-EE.UU., estamos trabajando juntos para crear cadenas de suministro seguras en los sectores de la energía solar, los semiconductores y los imanes de tierras raras. Estados Unidos está forjando asociaciones similares a través del Marco Económico Indo-Pacífico (IPEF) y en América Latina a través de la Alianza de las Américas para la Prosperidad Económica. Los países participantes en el IPEF, que representan el 40% del PIB mundial, se han comprometido a coordinar sus esfuerzos para diversificar las cadenas de suministro. (...) El ‘friend-shoring’ se implantará gradualmente. Ya se están desarrollando nuevas cadenas de suministro. La UE colabora con Intel para facilitar una inversión de unos 90,000 millones de dólares en la creación de una industria de semiconductores. Estados Unidos trabaja con sus socios de confianza para desarrollar un ecosistema completo de semiconductores en su territorio. También estamos trabajando con Australia para construir instalaciones de extracción y procesamiento de tierras raras en nuestros dos países.” (Le Monde 1-2/01/2023)
46 “La guerra comercial es uno de los escenarios en los que se juega la rivalidad estratégica sino-estadounidense, con una consecuencia importante para todos los actores: la transformación de las interdependencias en palancas de poder. (...) Al abandonar el sistema multilateral que él mismo había construido, [Estados Unidos] ha desestabilizado deliberadamente a sus aliados tradicionales, indicando al mismo tiempo su voluntad de seguir ejerciendo su poder estructurador. La administración Biden seguirá haciéndolo, aunque tenga que llegar muy lejos, para contener en la medida de lo posible el ascenso de China al poder”. T. Gomart, “Guerras invisibles”, 2021, p. 112
47Manifiesto Internacional de la CCI: El capitalismo lleva a la destrucción de la humanidad solo la revolución mundial del proletariado puede acabar con él | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [452]
48 Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [432]
49 Banco Mundial, junio/2022
50 Asuntos Exteriores, en Courrier International 1674
51 Tesis sobre la crisis económica y política en los países del Este | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [10]
52 Denominación no oficial de las medidas económicas adoptadas en Argentina durante la crisis económica de 2001, limitando las retiradas de efectivo y prohibiendo toda salida de remesas, para poner fin a la carrera de liquidez y luchar contra la fuga de capitales
53 Países en los que las fábricas se benefician de exenciones de derechos de aduana para producir mercancías a menor costo
54 TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [11]
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Todas las calamidades generadas por el capitalismo, la explotación, la miseria, el desempleo, las catástrofes climáticas y la guerra pesan cada vez más y de manera más dramática sobre la vida de la sociedad y, en particular, sobre la clase explotada y los miserables del mundo. Así, el mortífero conflicto de Ucrania, parece que va a durar hasta el agotamiento de ambas partes, mientras que el más reciente y particularmente bárbaro conflicto en Oriente Medio entre Israel y Hamás conlleva el riesgo de una escalada incontrolada de la guerra en la región. Sin embargo, una dinámica opuesta a esta barbarie generalizada emerge tras 30 años de parálisis ante los ataques de la burguesía, nuestra clase está empezando a resistir a través de luchas a menudo masivas frente a nuevos ataques más violentos. Esta otra dinámica, en marcha desde el verano de la cólera de 2022 en el Reino Unido, ilustra la existencia en la sociedad de dos polos opuestos y antagónicos:
Por un lado, una espiral infernal de convulsiones, caos y destrucción, cuyo motor será cada vez más la guerra imperialista y la militarización general de la sociedad, mezclando sus efectos con los de la descomposición de la sociedadi, la crisis económica, la crisis ecológica. Todos estos factores no actúan independientemente unos de otros, sino que se combinan e interactúan para producir un “efecto torbellino” (cuya existencia no pueden dejar de reconocer los miembros más clarividentes de la burguesía mundialii) que concentra, cataliza y multiplica cada uno de los efectos de los diversos factores implicados, provocando una devastación a un nivel superior.
Por otra parte, estimulada por una ola de ataques económicos que conducen a un deterioro considerable de sus condiciones de vida, la clase obrera se manifiesta en su terreno de clase con determinación y a menudo de forma masiva en los principales países industrializados del mundo.
La dinámica del primer polo -la espiral de convulsiones del capitalismo- sólo puede conducir a un dramático hundimiento de la humanidad en la miseria, el caos y la barbarie guerrera, o incluso a su desaparición en un futuro no muy lejano si no se hace nada para invertir el curso de los acontecimientos. El segundo polo, en cambio, es el de la apertura de otra perspectiva para la humanidad, impulsada por el desarrollo de la lucha de clases. Así, si la clase obrera es capaz de desarrollar sus luchas al nivel de los ataques de la burguesía, pero también de elevar su politización al nivel de lo que está en juego históricamente, entonces, como tras la primera oleada revolucionaria mundial de 1917-23, se abrirá de nuevo la perspectiva del derrocamiento del capitalismo a escala mundial.
Esto es el producto de una situación en la que, en los años 80, de frente a la crisis económica cada vez más profunda y sin salida, las dos clases fundamentales y antagónicas de la sociedad se enfrentaron sin lograr imponer su propia respuesta decisiva (la de la guerra mundial para la burguesía, la de la revolución para el proletariado). La incapacidad de la clase dominante para ofrecer la más mínima perspectiva para el conjunto de la sociedad y la incapacidad del proletariado para afirmar abiertamente la suya, conducen a un periodo de descomposición generalizada, de putrefacción de la sociedad a medida que se profundizan las contradicciones del capitalismo en crisisiii.
Un nuevo agravamiento de la crisis sólo podría dar un mayor impulso a todos los estragos de la descomposición de la sociedad que se viene produciendo desde hace 35 años, a la creciente fragmentación y dislocación del tejido social hasta el punto de que algunas de sus expresiones forman ya claramente parte del paisaje desolador: la degradación del pensamiento, la explosión de las enfermedades mentales y psicológicas, el desarrollo de los comportamientos más irracionales y suicidas, la irrupción de la violencia en todos los aspectos de la vida social, los asesinatos en masa perpetrados por desequilibrados, el acoso en las escuelas y en Internet, los salvajes ajustes de cuentas entre bandas, ...
Ninguna de las fracciones mundiales de la burguesía se ha librado de la descomposición de su sistema, como demuestra el auge del populismo con la llegada al gobierno de figuras aberrantes como Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil, Milei en Argentina, ... En algunos países, el ascenso del populismo al poder es sinónimo de opciones igualmente aberrantes, irracionales desde el punto de vista mismo de los intereses de la burguesía, con posibles repercusiones mundiales. Si Trump vuelve al poder en las próximas elecciones estadounidenses, es probable que retire el apoyo financiero y militar a Ucrania -destinado en un principio a debilitar a Rusia y privar así a China del posible apoyo militar ruso en un probable futuro conflicto militar entre Estados Unidos y China-. Del mismo modo, es previsible que Trump en el poder no haga sino animar a Netanyahu a pasar a la ofensiva en todas partes, con el riesgo de que una conflagración regional haga necesaria una fuerte implicación del Tío Sam en la región para defender su hegemonía.
Los acontecimientos recientes no dejan lugar a dudas ni a relativizaciones en cuanto a las consecuencias de los daños ecológicos sobre la habitabilidad del planeta y la supervivencia de muchas especies, incluida, en última instancia, la especie humana: catastróficas inundaciones masivas en Pakistán; subidas de temperatura este verano por encima de los 40 grados en los países del sur de Europa; contaminación que obligó a cerrar las escuelas en la India durante las vacaciones de noviembre, causando problemas respiratorios a 1 de cada 3 niños; la actual epidemia de neumonía entre los niños en China; hambrunas en África, etc.
Sometida a las leyes del capitalismo, la naturaleza será cada vez menos capaz de albergar y alimentar a la especie humana: las poblaciones de peces están amenazadas no sólo por la sobrepesca industrial, sino también por el calentamiento de los océanos; el agotamiento de los suelos y la escasez de agua -resultante de la sequía persistente- están reduciendo considerablemente los rendimientos, sobre todo en las zonas tropicales y subtropicales. En el Cuerno de África, más de 23 millones de personas padecen inseguridad alimentaria aguda y 5.1 millones de niños sufren malnutrición aguda. Y lo peor está claramente por llegar, ya que el medio ambiente se aproxima a una serie de “puntos de inflexión” en los que el daño causado se hará incontrolable, conduciendo a nuevos niveles de destrucción.iv
Frente a estas perspectivas desastrosas, las grandes conferencias internacionales como la COP 28 en los Emiratos Árabes Unidos no son más que foros de debate destinados a dar la ilusión de que “se está haciendo algo”, mientras que ciertos sectores de la clase dominante se vuelven cada vez más “realistas” al optar por adaptarse a la inevitabilidad del calentamiento global en lugar de intentar luchar contra él. De hecho, la función objetiva de la COP 28 (y de todas las demás que la han precedido o la seguirán) es mantener la mistificación de que el capitalismo puede resolver el desafío climático, mientras que la incapacidad de las distintas burguesías nacionales para dejar de lado sus rivalidades, está llevando a la humanidad a la nada.
Frente a quienes no se hacen ilusiones sobre los engaños tipo COP, surgen los llamamientos a luchar por el planeta de grupos a menudo críticos -incluso muy radicales- con las reuniones de la COP o incluso con la sociedad actual, pero que en su programa no plantean la única solución a los problemas climáticos, el derrocamiento del capitalismo por la única fuerza de la sociedad capaz de hacerlo, la clase obrera.
Adquiriendo proporciones sin parangón en la historia de la humanidad, la guerra bajo el capitalismo decadente hunde a la humanidad en la miseria y amenaza su supervivencia. Las dos guerras mundiales y los numerosos conflictos “locales” que no han cesado desde el final de la Segunda Guerra Mundial son una ilustración edificante de ello.
Actualmente hay 56 guerras en el mundo, en las que están implicadas 1.1 millones de personas (el 14% de la población mundial). La guerra es, pues, el componente más “dinámico” de la espiral de destrucción que asola el mundo.
Mientras continúa la carnicería en Ucrania, Sudán, Yemen, Etiopía, el Cáucaso Meridional y Nagorno-Karabaj, y persisten las tensiones bélicas en los Balcanes, un nuevo foco de guerra imperialista, entre Israel y Hamás, está haciendo su brutal aparición, con su rastro de destrucción, emigración masiva, muertes de civiles y barbarie. Las actuales guerras en Ucraniav y Oriente Mediovi son una dramática confirmación de esa dinámica del capitalismo y, por el momento, son su punto álgido.
Estas guerras ya han matado o herido a cientos de miles de soldados y civiles. Están sumiendo a amplios sectores de la población en la miseria más extrema. Su impacto se extiende más allá de las fronteras de Ucrania, Rusia y Palestina. Por ejemplo, los daños causados a la agricultura ucraniana o el bloqueo de las exportaciones de productos agrícolas de ese país han provocado el agravamiento y la extensión de la desnutrición por todo el mundo. Es más, la ferocidad de la burguesía israelí no está dejando un solo metro cuadrado de tierra en el enclave de Gaza a salvo de las bombas (y del hambre y las epidemias), y está provocando un gigantesco éxodo de la población palestina. La guerra de Gaza se sumará inevitablemente de forma significativa a la avalancha mundial de refugiados de guerra.
Los riesgos de efectos colaterales también amenazan a las poblaciones incluso lejos de los campos de batalla, con, por ejemplo, en Ucrania, la posible emisión de nubes radiactivas procedentes de centrales nucleares, dañadas accidental o deliberadamente durante los combates.
No sólo las personas sufren las consecuencias de la guerra, sino también el planeta. En efecto, la necesidad de petróleo, gas y carbón de la maquinaria bélica está provocando un aumento desorbitado del consumo de combustibles fósiles. Aunque el fracaso de la COP 28 a la hora de comprometerse a reducir el consumo de combustibles fósiles se atribuyó con razón al veto de Arabia Saudí y otros productores de petróleo (que en realidad no hizo sino ocultar el veto de la mayoría de los Estados), pero lo que se ha dejado deliberadamente en la sombra es la necesidad insaciable de las fuerzas armadas (tanques, vehículos militares, aviones de combate, .... todos ellos consumidores de mucho combustible) del mundo entero, empezando por las más poderosas, en petróleo, gas y carbón. Así, un estudiovii sobre el consumo de carbono del conjunto de las fuerzas armadas estadounidenses (fuerza aérea, ejército y marina) revela que ellas solas “contaminan y consumen más combustible que la mayoría de los países del mundo”. Las fuerzas armadas de los países de la UE contribuyen más al efecto invernadero que todos los coches de Portugal, Noruega y Grecia juntos, por no hablar de la “huella de carbono” de la industria militar europea. También hay que tener en cuenta la contaminación del suelo y la atmósfera en las zonas de guerra como consecuencia de las municiones disparadas. Si todas estas consideraciones se evitaron cuidadosamente en los debates de la COP28, es precisamente porque el capitalismo es la guerra, y la única manera de librarse de la guerra es librarse del capitalismo.
En cuanto al costo económico de todas las guerras (destrucción de infraestructuras económicas y sociales, gastos en armamento, ...), es en definitiva la población quien lo soporta, la clase obrera en particular, a través de los recortes cada vez mayores sobre los presupuestos nacionales.
La irracionalidad de la guerra sobre el plano económico durante la decadencia del capitalismo es evidente: todos los beligerantes pierden. Pero lo más sorprendente es que, con el periodo de descomposición, la irracionalidad de la guerra afecta también a las ganancias estratégicas esperadas por todos los beligerantes, incluidos los “vencedores”. Todos salen perdiendo en este sentido. Y la guerra que acaba de estallar en Oriente Medio es ya más irracional y bárbara que la de Ucrania.
La crisis de sobreproducción que reapareció en 1967, y cuyos primeros efectos estuvieron en el origen de las oleadas internacionales de lucha de clases, desde entonces no ha hecho más que agravarse a pesar de todos los esfuerzos de la burguesía por ralentizar su curso. Y no podía ser de otra manera, porque no hay solución a la crisis dentro del capitalismo. Lo único que puede hacer, y de lo que ya ha usado y abusado, es posponer los efectos para más adelante. Así pues, no sólo la deuda, principal paliativo de la crisis histórica del capitalismo y ya utilizada a escala masiva, pierde su eficacia -limitando así aún más la posibilidad de reactivar la economía-, sino que la existencia de esta colosal deuda acumulada hace al capitalismo vulnerable a convulsiones cada vez más devastadoras.
Tras la crisis abierta en 2008, que marcó el fin de las “oportunidades” ofrecidas por la globalización, la incapacidad aún más evidente de la clase dominante para superar la crisis de su modo de producción se tradujo en una explosión del cada uno para sí en las relaciones entre naciones y dentro de cada nación, con el retorno gradual del proteccionismo y el cuestionamiento unilateral, por parte de las dos principales potencias, del multilateralismo y de las instituciones de la globalización. En consecuencia, la burguesía se encuentra ahora peor equipada que nunca para hacer frente a la profundización de la crisis actual y a sus posibles expresiones brutales, sobre todo porque la unidad de acción de la burguesía a nivel internacional, que todavía existía durante la crisis de 2008, ha quedado efectivamente descartada.
La situación es aún más grave por el hecho de que tres factores están desempeñando un papel cada vez más importante en el agravamiento de la crisis: la descomposición social, el cambio climático y la guerra. En efecto:
La descomposición social está perturbando cada vez más la producción y el comercio;
El cambio climático está afectando a la producción y la productividad agrícola en Estados Unidos, en China y en Europa. Las lluvias y las inundaciones extremas arruinan irremediablemente regiones enteras o incluso Estados (Pakistán), destruyen infraestructuras vitales y perturban la producción industrial;
la guerra representa un costo para la economía, tanto por el aumento de los gastos improductivos (armamento) como por la destrucción causada por los conflictos.
Por todas estas razones, la próxima expresión abierta de la crisis económica promete ser más grave que la de 1929.
Todos los Estados se preparan ahora para una guerra de “alta intensidad”. Los presupuestos militares aumentan rápidamente en todas partes, de modo que la proporción de la riqueza nacional dedicada al armamento ha vuelto al mismo nivel -e incluso superior- al alcanzado en el punto álgido del enfrentamiento entre los bloques. Cada capital nacional está reorganizando su economía nacional con vistas a reforzar su industria militar y garantizar su independencia estratégica.
El agravamiento de las tensiones y conflictos imperialistas en los dos últimos años demuestra que la guerra, como acción deseada y planificada por los Estados capitalistas, se está convirtiendo en el factor más poderoso de caos y destrucción.
En Ucrania, ambos bandos necesitan reclutar más soldados para mantener la presión actual en los frentes y el equilibrio de fuerzas militares. Esto requiere más sacrificios por ambas partes y también significa más represión de cualquier expresión de resistencia a las exigencias del Estado. Ya está claro que Estados Unidos no podrá mantener su apoyo financiero y militar a Ucrania al nivel actual, y es previsible que Europa no pueda, o ni siquiera quiera, tomar el relevo de Estados Unidos a este respecto. Esta cuestión tiene el potencial de dividir a Europa, debilitarla y posiblemente, a largo plazo, provocar su ruptura, dejando un mosaico de tensiones imperialistas entre sus antiguos miembros.
En Medio Oriente, después de tres meses de conflicto, nada parece capaz de calmar los objetivos imperialistas de Netanyahu, que incluyen descaradamente la erradicación de la población de Gaza. La masiva presencia militar estadounidense en la región -justificada por el hecho de que Israel ha sido durante décadas un apoyo estratégico del imperialismo estadounidense en Medio Oriente- ha impedido hasta ahora que estalle el enorme polvorín que es el Medio Oriente, en particular enfrentando a Israel con Irán, apoyado este último por sus diversas milicias en el Líbano y Yemen. El hecho de que Estados Unidos haya tenido que reunir apresuradamente una fuerza naval para asegurar el tráfico marítimo en el Mar Rojo, afectado por el fuego hostil de los houthistas yemeníes, es un serio indicio del carácter explosivo de la situación. El hecho de que varios países europeos se hayan mantenido al margen de semejante iniciativa estadounidense dice mucho de las dificultades que Estados Unidos puede encontrar en el futuro en esta zonaviii.
El telón de fondo de la actual situación mundial es el plan de la burguesía estadounidense para detener la expansión de China antes de que amenace la dominación militar y económica del mundo por parte de Estados Unidosix. Esa detención implicaría necesariamente una confrontación militar, cuyas consecuencias serían desastrosas para el mundo, aunque la escala de ese conflicto se vería limitada por varios factores, en particular la ausencia de bloques imperialistas mundiales establecidos y el hecho de que la burguesía estadounidense se enfrentará a ciertos límites para conseguir que una clase obrera no derrotada acepte las consecuencias de la guerra, una clase que ha demostrado recientemente su combatividad frente a los ataques económicosx. La guerra en Ucrania estuvo totalmente al servicio de esta perspectiva de Estados Unidos, que incitó a Rusia a invadir Ucraniaxi. Pero el hecho de que este conflicto se prolongue más allá de lo que sin duda esperaba Estados Unidos, así como el estallido de la guerra en Medio Oriente-que va en contra de los planes del Tío Sam- están complicando enormemente la tarea de Estados Unidos, como lo ponen en evidencia los siguientes pasajes de un artículo del diario Le Monde: “Frente a los nuevos conflictos en Europa y Oriente Medio, y las tensiones en el Indo-Pacífico, Washington debe movilizar sus fuerzas en todos los frentes, lo que agrava las vulnerabilidades de su aparato militar en un periodo político crucial. (...)”xii
La III Guerra Mundial no está en el orden del día de la situación actual. Contrariamente a la retórica - venga de donde venga - que apunta a la perspectiva de una Tercera Guerra Mundial, la actual proliferación de conflictos no es la expresión de una dinámica hacia la formación de dos bloques imperialistas, requisito previo para una Tercera Guerra Mundial, sino que confirma, por el contrario, la tendencia al “cada uno para sí” en los enfrentamientos imperialistas. El hecho de que vivamos en un mundo esencialmente multipolar se refleja en la multiplicidad de conflictos en curso en todo el mundo, como ilustran, por ejemplo, las ambiguas relaciones entre Rusia y China. Aunque Rusia se ha mostrado muy dispuesta a aliarse con China en cuestiones específicas, generalmente en oposición a Estados Unidos, no es menos consciente del peligro de subordinarse a su vecino oriental, como demuestra el hecho de que sea uno de los principales opositores a la “Nueva Ruta de la Seda” de China hacia la hegemonía imperialista.
Sin embargo, la multipolaridad que sustenta los conflictos imperialistas actuales no debe llevarnos a subestimar el peligro de que estallen conflictos militares incontrolados, como ocurrió al comienzo de la guerra de Ucrania en 2022xiii.
En los países capitalistas centrales, la burguesía no dispone por el momento de los medios políticos e ideológicos para mantener el control sobre la clase obrera -que no ha sufrido una derrota física y política- con vistas a una confrontación militar frontal y total con otra potencia, exigiendo al proletariado los sacrificios necesarios para el esfuerzo de guerra.
Dicho esto, incluso en ausencia de una guerra mundial entre bloques imperialistas rivales, cuyas condiciones aún no se han dado, la situación actual está llena de peligros que amenazan a la humanidad, incluidas las guerras. El número de guerras locales va en aumento, con consecuencias cada vez más nefastas para la vida en la Tierra, que está a merced del uso de todo tipo de armas, incluidas las nucleares y químicas.
Frente al polo que conduce a la destrucción de la humanidad se alza el de la lucha de clases del proletariado. El primero, con su acumulación de barbarie y de peligros mortales a escala cada vez mayor, aparece como un Goliat aterrador y desproporcionado frente al David de la lucha de clases, de menos de dos años.
¿Cómo puede el David proletario poner fin a la espiral infernal de convulsiones, caos y destrucción del capitalismo en descomposición? Siguiendo los pasos del primer intento mundial del proletariado de derrocar al capitalismo en 1917-23. Fue este intento, encabezado por la Revolución Rusa de 1917, el que puso fin a la Primera Guerra Mundial. A la inversa, la derrota y el alistamiento del proletariado en la Segunda Guerra Mundial abrieron la puerta a una sucesión interminable de guerras (Corea, Vietnam, Medio Oriente). El periodo 1914-68 proporciona una lección clara: sólo el proletariado mundial puede poner fin a la guerra, mientras que su alistamiento bajo banderas burguesas abre la puerta al desencadenamiento del militarismo.
El periodo 1968-1989 es igualmente rico en lecciones. La reemergencia histórica de nuestra clase, expresada en luchas como el Mayo del 68, el otoño caliente italiano, la huelga de masas en Polonia, etc., detuvo la marcha hacia la tercera guerra mundial que, con su frenética carrera por las armas nucleares, podría haber aniquilado el planeta. Sin embargo, estas luchas obreras no pasaron de constituir un obstáculo a la marcha hacia la guerra mundial, porque se limitaron al plano económico sin poder politizarse más cuestionando el capitalismo y comprendiendo lo que está en juego históricamente en la lucha de clases. En consecuencia, no pudieron impedir que se pudriera el capitalismo y sus consecuencias en todos los aspectos de la vida en sociedad, incluida la exacerbación del cada uno para sí a nivel imperialistaxiv.
Las huelgas masivas del verano de 2022 en Gran Bretaña, con su consigna “Basta ya”, fueron las primeras de una nueva dinámica internacional de lucha de clases, rompiendo con todo un periodo de 30 años de gran retroceso.
Desde entonces, se han producido grandes movilizaciones en Francia, Alemania, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Islandia, Bangladesh, Escandinavia, Quebec, ... la mayoría de las cuales constituyen, en opinión incluso de los medios de comunicación burgueses, un “acontecimiento histórico”, que marca una “ruptura” con la situación anterior en términos de masividad y combatividad. Son protagonizados por una nueva generación de trabajadores que no han sido sometidos al apisonamiento de las campañas sobre la muerte del comunismo y la “desaparición” de la clase obrera, desarrolladas por la burguesía con ocasión del derrumbe de los regímenes estalinistas; por el contrario, son el producto de una maduración de la conciencia en el seno de nuestra clase alimentada por un considerable agravamiento de los ataques del capitalismo en crisisxv.
En este sentido, esta renovación de la lucha de clases es comparable a la emergencia de la lucha de clases en 1968, ante el retorno de la crisis abierta del capitalismo y llevada por una nueva generación de la clase obrera que no había sido, como sus mayores, aniquilada en términos de conciencia por la contrarrevolución tras el fracaso de la oleada revolucionaria de 1917-23. Pero la nueva generación se enfrenta ahora a una tarea mucho más difícil que la generación de 1968. Al impulso de la lucha, la burguesía, a escala mundial, tuvo que movilizar a sus sindicatos, a su ala izquierda y, en ocasiones, a su extrema izquierda. Sin embargo, el nivel de politización alcanzado por la clase obrera en aquella época resultó insuficiente para hacer frente a una serie de obstáculos: las ilusiones democráticas en Polonia, responsables en gran medida de la derrota de las luchas de 1980, y el resurgimiento del corporativismo en Europa Occidental como consecuencia del impacto que tuvo sobre la clase obrera el desarrollo del cada uno para sí en la sociedad. A partir de ahora, corresponderá a las generaciones actuales y futuras de trabajadores elevar la politización de sus luchas a un nivel mucho más alto para orientarlas hacia la perspectiva revolucionaria de derrocar el capitalismo. En esta necesaria toma de conciencia los revolucionarios tienen un rol fundamental que desempeñar.
Para que una vanguardia política se implique plenamente en la lucha de la clase obrera y sea capaz de guiarla, es esencial que haya podido surgir del proceso de confrontación de las posiciones políticas iniciado por la actividad de la Izquierda comunista y su intervención en las luchas. En este sentido, las organizaciones que pertenecen a esta corriente deberán asumir tal responsabilidad, lo que está lejos de ser el caso hoy, más preocupadas como están por su éxito inmediato de reclutamiento, a menudo al precio de concesiones oportunistas.
Sylunken, enero-2024
i Todas estas manifestaciones de putrefacción social que hoy, a una escala desconocida en la historia, invaden todos los poros de la sociedad humana, sólo pueden expresar una cosa: no sólo la dislocación de la sociedad burguesa, sino también la aniquilación de todo principio de vida colectiva en el seno de una sociedad que se encuentra privada del más mínimo proyecto, de la más mínima perspectiva, incluso a corto plazo, incluso de la más ilusoria” (TESIS: La descomposición, fase última de la decadencia capitalista [11]).
ii Cf. el Informe presentado en el Foro de Davos en enero de 2023, al que se hace referencia en el Informe sobre la descomposición para el 25º Congreso Internacional de la CCI [456]. Revista Internacional 170.
iii TESIS: la descomposición, fase última de la decadencia capitalista [11].
iv El colapso del sistema de corrientes oceánicas como la Corriente del Golfo, regulador esencial del clima del planeta, podría, de confirmarse, alterar radicalmente el clima de la Tierra y debilitar considerablemente a la especie humana en el espacio de algunas décadas. El deshielo de la tundra y de los casquetes polares del Norte o el declive de la selva amazónica (cada vez más amenazada por la sequía y los incendios forestales) plantean la aterradora perspectiva de que se empiece a emitir a la atmósfera más dióxido de carbono del que puede absorber.
v Leer el artículo “Espiral de atrocidades en Oriente Medio: la aterradora realidad de la descomposición del capitalismo”, en este número de la Revista.
vi Leer el artículo “Guerra en Ucrania: Dos años de enfrentamiento imperialista, barbarie y destrucción”, en este número de la Revista.
vii Estudio [457] que revela que las fuerzas armadas estadounidenses contaminan y consumen más combustible que la mayoría de los países del mundo. Se basa a su vez en otro estudio publicado en la revista Transactions of the Institute of British Geographers [458].
viii “Aunque Estados Unidos anunció en diciembre que contaba con el apoyo de más de veinte países, los refuerzos de la coalición han sido hasta ahora extremadamente limitados, y a veces no han ascendido más que a unos pocos oficiales adicionales: tres holandeses, dos canadienses y una decena de noruegos. A finales de diciembre, Dinamarca anunció que enviaría una fragata “antes de finales de enero”, pero este despliegue requería la aprobación parlamentaria. Italia también anunció el envío de un buque al Mar Rojo a finales de diciembre, antes de distanciarse de la coalición anti houthista. Al igual que París y Madrid, que desviaron un buque que ya operaba en zonas cercanas (el golfo de Adén y el estrecho de Ormuz), Roma quiso conservar un mando autónomo sobre su buque.” “Coalition anti-Houthists : les États-Unis en manque de renforts en mer Rouge [459]” - Le Monde (12 de enero de 2024).
ix Leer el “Complemento a la resolución sobre la situación internacional adoptada en el 25º Congreso de la CCI”, en este número de la Revista.
x Leer nuestro artículo “Después de la ruptura en la lucha de clases, la necesidad de la politización de las luchas”, en este número de la Revista.
xi Leer el “Complemento a la resolución sobre la situación internacional adoptada en el 25º Congreso de la CCI” y la “Resolución sobre la situación internacional en el 24º Congreso de la CCI”, Revista Internacional 170.
xii L’armée américaine au défi de la multiplication des guerres [460], Le Monde, 12 de enero de 2024.
xiii Leer el “Complemento a la resolución sobre la situación internacional del 25º Congreso de la CCI”.
xiv Leer “Después de la ruptura en la lucha de clases, la necesidad de la politización de las luchas”.
xv Ibid
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La evolución de la situación mundial desde el 25º congreso confirma ampliamente lo que plantea la resolución que adoptamos sobre la situación internacional. No sólo la descomposición se convierte en el factor decisivo de la evolución de la sociedad como habíamos anticipado ya desde 19901, sino que en la presente década, «la agregación e interacción de fenómenos destructivos produce un "efecto torbellino" que concentra, cataliza y multiplica cada uno de sus efectos parciales, provocando una devastación aún más destructiva»2.
Concretamente, mientras la crisis económica se profundiza y se produce un deterioro significativo de las condiciones de vida de la clase obrera, que anima una “ruptura” con la situación de pasividad y el desarrollo de la combatividad y potencialmente de la conciencia, el deterioro ecológico y la multiplicación de los focos de guerra imperialista (Ucrania, Armenia/Azerbayán, Bosnia, África, Oriente Medio) muestran la perspectiva de destrucción y ruina que el capitalismo ofrece a la humanidad.
En el terreno de la crisis ambiental, los acontecimientos recientes no dejan margen de duda o relativización sobre las consecuencias del cambio climático para la habitabilidad del planeta y la supervivencia de muchas especies (incluyendo a término la especie humana). Muestras recientes de ello son las inundaciones de Pakistán, o el aumento de la temperatura este verano a más de 40 grados en los países del sur de Europa, la contaminación que ha obligado a cerrar las escuelas en India por las vacaciones de navidad en Noviembre y que hace que 1 de cada 3 niños tengan problemas respiratorios, las hambrunas en África, etc.
De entre todos los elementos del “efecto torbellino” sin embargo, es la guerra imperialista la que determina de forma inmediata el curso de los acontecimientos de la situación mundial. Desde el 25º congreso, hemos asistido a una especie de estancamiento de la guerra en Ucrania, al resurgimiento de la guerra en Nagorno-Karabaj, a las tensiones guerreras en los Balcanes y principalmente a la guerra entre Israel y Hamas. A pesar de la presencia de fondo en la situación mundial de la confrontación entre EEUU y China, esta proliferación de conflictos regionales no es la expresión de una dinámica a la formación de bloques imperialistas sino que confirma la tendencia al “cada uno a la suya” de los enfrentamientos imperialista en este periodo.
1.- Respecto al análisis de los enfrentamientos imperialistas durante la guerra fría, las coordenadas del análisis marxista han cambiado en la situación actual; principalmente sobre la posibilidad de la formación de bloques imperialistas y sobre la confrontación de clases. A pesar de ello, los Bordiguistas (Programa, Le Proletaire, Il Partito) y Damenistas (TCI) se empeñan en ver en la situación actual la formación de dos bloques imperialistas opuestos alrededor de China y EEUU, y la marcha hacia una tercera guerra mundial. De hecho los “expertos” de la burguesía dan una visión de los conflictos imperialistas recientes más ajustada a la realidad3.
Nosotros en la resolución sobre la situación internacional del 24º congreso escribíamos:
«La marcha hacia la guerra mundial está todavía obstruida por la poderosa tendencia a la indisciplina, al sálvese quien pueda y al caos a nivel imperialista, mientras que en los países capitalistas centrales el capitalismo no dispone todavía de los elementos políticos e ideológicos -incluyendo en particular una derrota política del proletariado- que podrían unificar la sociedad y allanar el camino hacia la guerra mundial. El hecho de que seguimos viviendo en un mundo esencialmente multipolar se pone de manifiesto, en particular, en la relación entre Rusia y China. Aunque Rusia se ha mostrado muy dispuesta a aliarse con China en cuestiones concretas, generalmente en oposición a EEUU, no es menos consciente del peligro de subordinarse a su vecino oriental, y es uno de los principales opositores a la "Nueva Ruta de la Seda" de China hacia la hegemonía imperialista»4.
2) El reconocimiento de la correlación desordenada de fuerzas imperialistas, definida esencialmente por la tendencia al "sálvese quien pueda", no debe llevar a subestimar el peligro de la explosión de conflictos militares incontrolados, como ocurrió al comienzo de la guerra en Ucrania en 2022. El conflicto entre EE.UU. y China bien podría conducir a una confrontación militar directa, por lo que la amenaza de un conflicto abierto en este caso (algo subestimada en la Resolución del 25º Congreso sobre la situación internacional) debe analizarse más a fondo.
La estrategia geopolítica proclamada por Estados Unidos desde 1989 ha consistido en impedir la aparición de cualquier potencia que pudiera rivalizar con su enorme superioridad militar en la escena mundial. Esta doctrina confirmaba a la vez que su principal ambición no era la recreación de un bloque, y al mismo tiempo indicaba que, a diferencia de la 1ª y 2ª Guerras Mundiales, en las que esperó en una postura defensiva antes de emerger con el botín, ahora tenía que tomar la ofensiva militar en la escena mundial y convertirse en la fuerza dominante de la desestabilización imperialista.
Los fiascos de Irak y Afganistán demostraron que la política de policía mundial sólo producía más caos, mostrando al mismo tiempo el declive del imperialismo estadounidense. Más recientemente ha intentado reaccionar recurriendo a una defensa más estricta de sus propios intereses (el "America first" de Trump y el "America is back" de Biden), aunque esto desencadene un caos aún mayor. Como ya habíamos identificado, el enorme desarrollo económico, tecnológico y militar de China es una amenaza para el dominio estadounidense.
Por eso EEUU desarrolla una política que trata de dificultar la progresión del desarrollo económico, tecnológico y militar en China, con iniciativas como la deslocalización de empresas, las limitaciones a la colaboración en investigación universitaria de vanguardia, el bloqueo a las exportaciones de tecnología, la”chip quadruple Alliance” de EEUU con Taiwan, Japón y Corea del Sur, que intenta aislar a China de las cadenas de aprovisionamiento mundial de microchips, etc. Por otro lado, trata de establecer un cerco geopolítico que garantice el control del Indopacífico y el continente asiático con iniciativas como el QUAD, la “OTAN de Asia”, que agrupa a EEUU con Japón, India, Australia y Corea del Sur, o el AUKUS, tratado de cooperación militar con Australia y el Reino Unido. Ese cerco de EEUU no deja de estrecharse y los últimos pasos han sido la instalación de bases militares americanas en Filipinas y el logro de ganar a Vietnam como aliado en la región. En última instancia, para EEUU la guerra de Ucrania tiene igualmente el objetivo de aislar estratégica y militarmente a China, desangrando a Rusia despojándola de cualquier vehemencia de potencia mundial y tratando de evitar que China pudiera aprovechar su tecnología militar o sus recursos energéticos y su experiencia y medios en el “gran juego” imperialista mundial. El sangriento estancamiento de la guerra en Ucrania ha hecho avanzar este proyecto estadounidense de desangrar a Rusia.
Recientemente, a esa política de cerco a China se añade además una sobrepuja de provocaciones como la visita de Pelosi a Taipéi, el derribo de globos meteorológicos acusándolos de espionaje, el anuncio de 345 millones de dólares en ayuda militar a Taiwan, o las declaraciones de Biden de que EEUU no dudará en enviar tropas a la isla para defenderla de una invasión china.
El conjunto de todas las iniciativas americanas apunta a una estrategia de aislamiento y de provocación a China, que trata de empujar a enfrentamientos prematuros para los que no está aún cualificada y que podrían incluir choques militares. Esto reproduce en realidad la política de cerco a la “URSS” que obligaba a ésta a implicarse en aventuras imperialistas por encima de sus posibilidades reales económicas y militares, y que acabó produciendo el hundimiento del bloque imperialista que dirigía.
No cabe duda que China ha aprendido y toma nota de las lecciones del hundimiento del bloque del Este; pero no hay que descartar la posibilidad de que, ante la continuación e intensificación de la presión de EEUU, acabe por no tener más remedio que responder, y por tanto no hay que subestimar la posibilidad de un conflicto particularmente en el mar de China en torno a Taiwán. Evidentemente en el caso de producirse, las consecuencias serían desastrosas y terribles para todo el mundo; aunque la escala de tal conflicto estuviera limitada por varios factores, en particular por la ausencia de bloques imperialistas y la incapacidad de la burguesía estadounidense para arrastrar a una clase obrera no derrotada a una movilización a gran escala para la guerra.
3) El sangriento conflicto actual en Oriente Medio estalló precisamente en el contexto de la expansión caótica e imprevisible de la tendencia de cada potencia imperialista para sí misma, y no a partir de ningún movimiento hacia la solidificación de bloques.
La retirada de una fuerte presencia militar de EEUU en Oriente Medio fiaba el mantenimiento de la Pax americana en la región a Israel, en el marco de los acuerdos de Oslo (1993), que reconocían el principio de “dos Estados” (por tanto de un Estado Palestino)en la región. Aparentemente reinaba la calma que había permitido incluso firmar los acuerdos de Abraham en 2020, que sancionaban la paz entre Israel y Emiratos Árabes Unidos; sin embargo, Israel en la práctica ha continuado e intensificado una política de hostigamiento y apoyo a los colonos en Cisjordania, saboteando la Autoridad Palestina (AP)apoyando precisamente a Hamas, que ahora es su enemigo mortal, saboteando así en la práctica el mandato americano. La situación ha llegado a un límite con el gobierno de Netanyahu conjuntamente con la extrema derecha. El ministro de finanzas ha llamado al ejército a asumir la venganza de los colonos quemando las casas de los palestinos y la presencia de los soldados de Israel compite con la de la policía de la AP. Así que Hamas, que ganó las últimas elecciones en la franja de Gaza, antes que esperar de brazos caídos el destino de Cisjordania, ha lanzado un ataque a la desesperada.
Ese ataque sin embargo coincide con las ambiciones de otra potencia regional: Irán, que veía un debilitamiento de su presencia en la región y que a su vez, bajo los auspicios de China, había firmado en marzo un acuerdo con Arabia Saudí sobre las “rutas de la seda”, en concurrencia directa con el de Israel y Emiratos Árabes.
El Wall Street Journal hizo público lo que todo el mundo sabía: el ataque de Hamas fue abiertamente preparado y apoyado por Irán y Hezbollah en el sur de Líbano.
La respuesta de Israel de arrasar Gaza con el pretexto de acabar con Hamas muestra una política de tierra quemada por ambas partes. La furia asesina de Hamas encuentra en la venganza exterminadora de Israel la otra cara de la moneda. Y globalmente el incendio de la región es un llamamiento a la intervención de otras potencias regionales, y particularmente de Irán, que es el principal beneficiado de la situación de quiebra del equilibrio regional.
Lo que sin embargo no beneficia a EEUU. El gobierno Biden no ha tenido más remedio que apoyar a regañadientes la respuesta del ejército israelí, tratando, aunque inútilmente, de rebajar la tensión y se ha visto obligado a restablecer su presencia militar en la zona con el envío «Junto con el portaaviones Ford, del crucero Normandy y los destructores Thomas Hudner, Ramage, Carney y Roosevelt, y aumentará la presencia de escuadrones de aviones de combate F-35, F-15, F-16 y A-10 en la región»5. Algunos ya han tenido que intervenir ante los ataques a las tropas americanas en Irak. El objetivo es disuadir a toda costa a Irán de una intervención directa o a través de Hezbollah, que haría estallar toda la región y el mundo entero; pero también a Israel de intentar cumplir su amenaza de “borrar a Irán del mapa”.
Por su parte Rusia sin duda se beneficia de que el foco de atención y propaganda bélica se desplace de Ucrania a Palestina. Eso interfiere con los recursos financieros y militares que EEUU podría emplear en el frente ruso y “da un respiro” a la tensión guerrera. Además Putin se beneficia del apoyo de EEUU al salvajismo de la represión israelí para denunciar la hipocresía de la sociedad americana y de “Occidente”, que denuncia la ocupación de Crimea pero consiente la invasión de Gaza. Sin embargo Rusia no puede hacer avanzar significativamente sus propios intereses en la región a través de esta guerra.
China podría igualmente ver con buenos ojos el debilitamiento de la política USA de “pivot to the East”; pero la guerra y la desestablización de la región va en contra de sus propios intereses geopolíticos del trazado de la nueva ruta de la seda.
La guerra actual en Oriente Medio no es pues el resultado de la dinámica a la formación de bloques imperialistas, sino del “cada uno para sÍ”; Al igual que el enfrentamiento en Ucrania, esta guerra confirma la tendencia dominante de la situación imperialista mundial: una creciente irracionalidad alimentada por la tendencia de cada potencia imperialista a actuar por su cuenta y la sangrienta política de la potencia dominante, Estados Unidos, para contrarrestar su inevitable declive impidiendo el ascenso de cualquier posible contendiente.
4) La Guerra en Oriente Medio tiene un impacto en el conjunto de la clase obrera de los países centrales aún mayor que la de Ucrania, por un lado porque en algunos países como Francia, un gran porcentaje de la emigración procede de los países árabes6, pero también porque la “defensa del pueblo palestino” forma parte desde hace tiempo del bagaje de la “ideología de izquierdas” de los grupos trotskistas y anarquistas, y también hay que decirlo, del apoyo a la “liberación nacional” de algunos grupos bordiguistas como Programa. Así hemos visto manifestaciones de 30.000 asistentes en Berlín, 40.000 en Bruselas y 35.000 en Madrid, por la defensa de los palestinos y por la paz. Por otro lado, el sionismo se cubre con “la cuestión judía”, que no solo tiene connotaciones históricas, sino que implica una parte de la población en Europa y en EEUU. Eso explica las manifestaciones y actos contra el antisemitismo en Francia, recientemente en París, o en Alemania; y también las campañas en las universidades americanas, como en Harvard, donde los estudiantes que han denunciado las masacres han sido expuestos como antisemitas.
A pesar de ello, la Guerra en Oriente Medio probablemente no va a acabar con la dinámica de “ruptura” de la pasividad de la clase obrera que identificamos a partir del “verano del descontento” en Gran Bretaña, que no tiene como punto de partida una respuesta a la Guerra, lo que en la situación actual demandaría un desarrollo de la conciencia y una politización en el conjunto de la clase que por el momento no es el caso; sino la profundización de la crisis económica.
Cuando Internacionalismo planteó la perspectiva de una reanudación de la lucha de clases en los años 60, su análisis se basaba fundamentalmente en dos elementos: 1) el final del periodo de “prosperidad” tras la 2ª guerra mundial y la perspectiva de la crisis; 2) la presencia de una nueva generación en la clase obrera que no había sufrido una derrota. La dimensión que tomaron las luchas en Mayo 68 en Francia y el Otoño caldo en Italia 69, etc fue, además de lo anterior, también el producto de la falta de preparación de la burguesía.
La condición de que el proletariado no está derrotado es igualmente determinante y lo más importante en la situación actual. Por otro lado, la situación actual de agravación de la descomposición y efecto torbellino, presenta elementos que son un obstáculo a la lucha y la toma de conciencia del proletariado; pero contiene igualmente una agravación cualitativa de la crisis, que se expresa en un deterioro significativo de las condiciones de vida del proletariado. La decisión de entrar en lucha, de no resignarse, de no confiar y esperar “un nuevo desarrollo de la economía”, significa una reflexión sobre la situación global, una desconfianza hacia las expectativas que puede ofrecer el capitalismo, un mínimo balance de lo que nos han prometido y no han cumplido. En ese sentido, “enoug is enough” implica una maduración subterranea de la conciencia. Ese planteamiento tiene una dimensión internacional, para el conjunto de la clase obrera. El ejemplo de las luchas en Francia y GB, y ahora en EEUU, forma parte igualmente de una reflexión por la que los trabajadores en otros países se identifican con los que participan en esas luchas. Eso forma parte igualmente del inicio de una reflexión sobre la identidad de clase.
Cierto que, indirectamente, la cuestión de la Guerra está presente en ese proceso. Esa maduración se ha producido durante dos décadas de agravación de los conflictos imperialistas simultaneamente a la agravación de la crisis económica; más aún, la “ruptura” se ha producido a pesar del estallido de la guerra de Ucrania. De hecho, el desarrollo de las luchas conduce necesariamente al inicio embrionario de una reflexión que relaciona la crisis y la Guerra, por ejemplo cuando se ve que la inflación aumenta por los gastos en armamentos y que nos exigen sacrificios para aumentar los presupuestos de defensa.
5) Sin embargo, el empeoramiento de la situación mundial está lleno de peligros para la clase obrera. ¿Quién puede predecir las consecuencias de una guerra entre EEUU y China, cuya escala puede empequeñecer cualquier conflicto desde 1945? ¿O los efectos de otras catástrofes que traerá el periodo de descomposición?
En este periodo de descomposición, no solo han cambiado las condiciones de la agravación de los conflictos imperialistas, pasando de la “Guerra fría” entre dos bloques imperialistas al “cada uno para sí”; también han cambiado desde el punto de vista de la confrontación de clases.
Durante el periodo de la Guerra fría, la resistencia del proletariado, el hecho que la burguesía no hubiera conseguido derrotar a la clase obrera, significaba el principal obstáculo a la guerra imperialista total. Y la confrontación de clases podía analizarse en términos de “curso histórico”, como había hecho la Izquierda italiana en el exilio (BILAN) en los años 30, ante la guerra de 1936 en España y la IIª guerra mundial: o curso a la derrota del proletariado y la guerra, o curso hacia los enfrentamientos decisivos y la perspectiva revolucionaria.
En el periodo actual de agravación caótica de los conflictos imperialistas según la tendencia del “cada uno para sí”, la no derrota del proletariado no impide la proliferación de enfrentamientos guerreros que aunque por el momento implican a los países donde el proletariado es más débil, como en Rusia/Ucrania u Oriente Medio, no excluye la posibilidad de que alguno de los países centrales pueda embarcarse en aventuras guerreras.
Así, mientras en los años 1960-90 el tiempo jugaba a favor del proletariado, que podía madurar las lecciones de sus fracasos y vacilaciones para preparar nuevos asaltos en su lucha contra el capitalismo, como escribimos en las «Tesis sobre la descomposición» en 1990, a partir de entonces, el período de descomposición ha creado una carrera contrarreloj para la clase obrera.
02.12.2023
1 La decadencia del capitalismo no es un proceso homogéneo y regular: al contrario, tiene una historia con diferentes fases. La fase de descomposición ha sido identificada en nuestras Tesis como “expresión de la entrada del capitalismo decadente en una fase específica - y última - de su historia, aquélla en la que la descomposición social se convierte en un factor, incluso en el factor, decisivo de la evolución de la sociedad” (tesis 2). Es evidente que, si el proletariado no fuera capaz de derrocar al capitalismo, asistiríamos a una terrible agonía que conduciría a la destrucción de la humanidad.
2 https://es.internationalism.org/content/4897/los-anos-20-del-siglo-xxi-l... [432]
3 Actualización de las tesis de la Descomposición (2023), Revista Internacional n 170
4 Resolución sobre la situación Internacional del XXIVº congreso de la CCI, Revista Internacional nº 167
5 Los AngelesTimes, 8 de Octubre 2023
6 el 10% de la población de Francia son musulmanes, o sea aproximadamente 6 millones
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¡Abajo las masacres!
¡No a las ilusiones pacifistas!
¡Internacionalismo proletario!
El actual baño de sangre imperialista en Oriente Próximo es el último episodio de un siglo de guerra casi permanente que ha caracterizado al capitalismo mundial desde 1914.
Las masacres de millones de civiles indefensos, los genocidios, la reducción a escombros de ciudades e incluso países enteros no han traído más que la promesa de más y peores atrocidades por venir.
Las justificaciones o "soluciones" propuestas por las diversas potencias imperialistas implicadas, grandes o pequeñas, para la carnicería actual, como todas las que la precedieron, constituyen un gigantesco engaño destinado a engatusar, dividir y preparar a la clase obrera para una masacre fratricida en nombre de una burguesía nacional contra otra.
Hoy llueve un diluvio de fuego y hierro sobre los habitantes de Israel y Gaza. Por un lado, Hamás. Al otro, el ejército israelí. En medio, trabajadores bombardeados, tiroteados, ejecutados y tomados como rehenes. Ya han muerto miles de personas.
En todo el mundo, la burguesía nos llama a elegir bando. Por la resistencia palestina a la opresión israelí. O por la respuesta israelí al terrorismo palestino. Cada uno denuncia la barbarie del otro para justificar la guerra. El Estado israelí lleva décadas oprimiendo al pueblo palestino mediante bloqueos, acoso, puestos de control y humillaciones. Las organizaciones palestinas matan a inocentes con cuchilladas y atentados. Cada bando pide que se derrame la sangre del otro.
Esta lógica mortífera es la de la guerra imperialista. Son nuestros explotadores y sus Estados los que libran siempre una guerra despiadada para defender sus propios intereses. Y somos nosotros, la clase obrera, los explotados, los que pagamos siempre el precio, con nuestras vidas.
Para nosotros, proletarios, no hay bando que elegir, ¡no tenemos patria, ni nación que defender! A ambos lados de la frontera, ¡somos hermanos de clase! ¡Ni Israel, ni Palestina!
Sólo el proletariado internacional unido puede poner fin a estas masacres crecientes y a los intereses imperialistas que están detrás de ellas. Esta solución única e internacionalista, preparada por un puñado de comunistas de izquierdas en Zimmerwald, fue validada en octubre de 1917 cuando la lucha revolucionaria de la clase obrera derrocó al régimen capitalista en Rusia y estableció su propio poder político de clase. Con su ejemplo, Octubre inspiró un movimiento revolucionario internacional más amplio que forzó el fin de la Primera Guerra Mundial.
La única corriente política que sobrevivió a la derrota de esta oleada revolucionaria y mantuvo la defensa militante de los principios internacionalistas fue la Izquierda Comunista. En los años 30, preservó esta línea fundamental de la clase obrera durante las guerras española y chino-japonesa, mientras que otras corrientes políticas como los estalinistas, los trotskistas y los anarquistas eligieron su bando imperialista al comienzo de estos conflictos. La Izquierda Comunista mantuvo su internacionalismo durante la Segunda Guerra Mundial, mientras que estas otras corrientes participaron en la carnicería imperialista disfrazada de lucha entre "fascismo y antifascismo" y/o en defensa de la Unión "Soviética".
Hoy, las escasas fuerzas militantes organizadas de la izquierda comunista siguen adhiriéndose a esta intransigencia internacionalista, pero sus escasos recursos se ven aún más debilitados por la fragmentación en varios grupos diferentes y por un espíritu sectario y mutuamente hostil.
Por eso, ante el creciente deslizamiento del mundo hacia la barbarie imperialista, estas fuerzas dispersas deben hacer una declaración conjunta contra todas las potencias imperialistas, contra los llamamientos a la defensa nacional detrás de los explotadores, contra los llamamientos hipócritas a la "paz", y por la lucha de clases proletaria que conduce a la revolución comunista.
TRABAJADORES DEL MUNDO, ¡UNÍOS!
Corriente Comunista Internacional
Internationalist Voice
17.10.2023
Hace sólo 20 meses, tras la invasión rusa de Ucrania, la CCI propuso a los grupos de la izquierda comunista una declaración conjunta similar. Los grupos que la firmaron -además de la CCI, Istituto Onorato Damen, Internationalist Voice e International Communist Perspective (Corea del Sur)- produjeron posteriormente dos Boletines de Discusión de los grupos de la Izquierda Comunista debatiendo sus respectivas posiciones y diferencias y celebraron reuniones públicas conjuntas.
Sin embargo, otros grupos de la Izquierda Comunista se negaron a firmar el llamamiento (o no respondieron en absoluto) a pesar de estar de acuerdo con su principio internacionalista. Dada la urgencia de defender este principio en común hoy en día, pedimos a estos grupos - enumerados a continuación - que reconsideren y firmen este llamamiento.
Uno de los argumentos en contra de la firma de la declaración conjunta sobre Ucrania fue que las diferencias entre los grupos eran demasiado grandes para permitirlo. Es innegable que estas diferencias importantes existen, ya sea sobre cuestiones de análisis, cuestiones teóricas, la concepción del partido político, o incluso sobre las condiciones de afiliación de los militantes. Pero el principio más urgente y fundamental del internacionalismo proletario, la frontera de clase que distingue a las organizaciones revolucionarias de la Izquierda Comunista, es mucho más importante. Y, una declaración común sobre esta cuestión no significa que se olviden otras diferencias. Al contrario, los boletines de debate demuestran que es posible y necesario un foro de discusión.
Otro argumento era que se necesitaba una influencia más práctica de la perspectiva internacionalista en la clase obrera, más amplia que un llamamiento limitado a la izquierda comunista. Por supuesto, todas las organizaciones comunistas internacionalistas militantes quieren tener más influencia en la clase obrera. Pero si las organizaciones internacionalistas de la izquierda comunista ni siquiera son capaces de actuar juntas en la práctica sobre la base de su principio fundamental en los momentos cruciales del conflicto imperialista, ¿cómo pueden esperar ser tomadas en serio por sectores más amplios del proletariado?[1]
El actual conflicto israelí-palestino, más peligroso y volátil que ninguno de los anteriores, que llega menos de dos años después del resurgimiento de la guerra imperialista en Ucrania, y junto a muchas otras conflagraciones imperialistas reavivadas recientemente (Serbia/Kosovo, Azerbaiyán/Armenia, y las crecientes tensiones entre EEUU y China sobre Taiwán), significan que una declaración internacionalista conjunta es aún más urgente que antes.
Por eso pedimos directa y públicamente a los siguientes grupos que manifiesten su voluntad de firmar conjuntamente la declaración contra la guerra imperialista reproducida más arriba, que luego, si es necesario, podrá ser modificada o reformulada en función de su objetivo internacionalista común:
Tendencia Comunista Internacionalista
PCI (Programma Comunista)
PCI (Il Partito Comunista)
PCI (Le Prolétaire, Il Comunista)
Istituto Onorato Damen
Otros grupos que no han nacido en el marco de la Izquierda Comunista que estén de acuerdo con las posiciones internacionalistas defendidas en este llamamiento pueden anunciar su apoyo al mismo y distribuirlo.
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El 24 de Febrero de 2022 Rusia desencadenaba una “Operación especial” contra Ucrania que pretendía ser una Blitzkrieg1 desde el Norte y el Este, con la intención de cambiar el gobierno de Kiev y ocupar el Donbás, Zaporiya y Jerson. Frente a ello el Estado de Ucrania declaraba la movilización militar de la población y en las principales potencias occidentales se ponía en marcha una campaña democrática de apoyo a la defensa de Ucrania. Todo lo que quería inducir a pensar en un incidente “limitado”, como la ocupación de Crimea en 2014.
Hoy en cambio, la situación se parece más a lo que Rosa Luxemburg describía al principio de su folleto de Junius sobre la Iª guerra mundial: «La ruidosa alegría de las muchachas que corrían a lo largo de los convoys de soldados ya no escolta a los trenes de reservistas y éstos ya no saludan a la multitud colgados de las ventanillas de su vagón con una sonrisa alegre en los labios…La carne de cañón embarcada en agosto y septiembre, henchida de patriotismo, se pudre ahora en Bélgica, en los Vosgos, en Masuria… Las ciudades se metamorfosean en montones de escombros; los pueblos en cementerios; regiones enteras en desiertos; poblaciones íntegras en ejércitos de mendigos; iglesias en cuadras…Enlodada, deshonrada, embarrada en sangre, ávida de riqueza: así se presenta la sociedad burguesa, así es ella».
La guerra de Ucrania expresa las características de la guerra imperialista en la decadencia del capitalismo, y particularmente en su periodo de descomposición.
Desde la Iª guerra mundial (4 años de duración), y particularmente después de la IIª guerra mundial (5 años), la guerra no ha cesado, causando globalmente mucho más muertos y destrucción que en las dos guerras mundiales: Guerra de Corea(3 años; aunque se cerró en falso con un armisticio que significa la persistencia de la guerra); Vietnam (20 años); Irán-Irak (8 años); Afganistán (20 años); guerra de Irak (8 años); guerra de Angola (13 años); 1ª y 2ª guerra del Congo ( 1 año y 5 años)… Hoy se calcula que hay en todo el mundo 183 conflictos armados.
La guerra en Ucrania dura ya casi 2 años2 y ahora mismo se encuentra en un estado de estagnación tras el fracaso de la contraofensiva ucraniana, que solo puede ser la antesala de una nueva agravación. De hecho, desde la ocupación rusa de Crimea en 2014, la guerra en el Donetsk no ha cesado. Pero más allá de eso, el conflicto entre la extensión de la OTAN hasta las puertas de Moscú y la resistencia de la Federación rusa, pone las bases para la persistencia y escalada de los enfrentamientos: «Ucrania ha desarrollado una impresionante potencia de combate con decenas de miles de millones de dólares de ayuda, formación exhaustiva y apoyo de inteligencia de Occidente. Las fuerzas armadas ucranianas serán capaces de poner en riesgo cualquier área bajo ocupación rusa. Más aún, Kiev mantendrá la capacidad de atacar la propia Rusia, como se ha demostrado consistentemente el año pasado. Por supuesto el ejército ruso también tienen la capacidad de amenazar la seguridad de Ucrania. Aunque sus fuerzas armadas hayan sufrido bajas significativas y pérdidas de material de las que les llevará años recuperarse, sus capacidades aún son formidables. Y como han demostrado diariamente, incluso en su estado actual lamentable, aún pueden causar muerte y destrucción significativas en el ejército y la población civil de Ucrania»3
La guerra de Ucrania confirma igualmente la tendencia a una mayor implicación directa de los países centrales del capitalismo en la guerra imperialista. De hecho, esta guerra significa la vuelta de la guerra a Europa desde 1945 y la guerra de los Balcanes en los años 90. Y enfrenta a los dos países más grandes de Europa en cuanto a extensión, incluyendo por otra parte a la 2ª potencia nuclear mundial.
Además la guerra implica directamente a las grandes potencias de Europa4 y a EEUU, que participan en su financiación y en el envío de armamento y entrenamiento militar5. No es extraño, pues, que esta guerra traiga el espectro de la guerra mundial:
«Antes de la invasión rusa, muchos asumían que las guerras entre las grandes potencias del siglo XXI, en el caso de que pudieran ocurrir, no serían como las anteriores. Se librarían usando una nueva generación de tecnologías avanzadas incluyendo sistemas de armas autónomas. Se desarrollarían en el espacio y el ciberespacio; la presencia de soldados en el frente probablemente no importaría mucho. En vez de eso, Occidente ha tenido que admitir que se trata de otra guerra entre Estados en suelo europeo, librada por grandes ejércitos en muchas millas cuadradas de territorio. Y esta es solo una de las muchas formas en que la invasión de Rusia recuerda a las dos guerras mundiales. Igual que esas guerras anteriores, ésta ha sido alimentada por el nacionalismo y las expectativas irrealistas sobre lo fácil que sería avasallar al enemigo. Los combates han tenido lugar tanto en áreas civiles como en el frente, asolando ciudades y haciendo huir a la población. La guerra ha consumido vastos recursos y los gobiernos implicados se han visto forzados a usar reclutas, y en caso de Rusia, mercenarios. El conflicto ha llevado a la búsqueda de nuevo y más mortífero armamento y comporta el potencial de una peligrosa escalada. Y también se deja sentir en muchos otros países»6
Otro perfil de las guerras en la decadencia (y también en su fase final de descomposición) es que exigen la movilización de todos los recursos de la nación y el alistamiento de toda la población en el frente o la retaguardia. Los medias han insistido que tanto en Rusia como en Ucrania, mientras la guerra transcurría en el frente, la vida en la retaguardia seguía normalmente en Moscú o Kiev. Se trata de una verdad a medias. Es cierto que, particularmente en Rusia, se han enviado al frente principalmente mercenarios de Wagner y Kadyrovtsi7, y que la conscripción ha evitado por el momento cuidadosamente las concentraciones del proletariado: «El Kremlin ha recurrido desproporcionadamente a reclutar soldados de las regiones más pobres de Rusia, compuestas de una amplia población de minorías étnicas, incluyendo las de repúblicas que en su día fueron rebeldes, como Chechenia, y provincias como Buryatia y Tuva. En Tuva, por ejemplo, uno de cada 3.300 adultos ha muerto luchando en Ucrania (comparado con Moscú, donde la cifra es 1 de cada 480 mil adultos)»8
También es cierto que es necesario mantener la producción en la medida de lo posible: por ejemplo en Ucrania, las empresas tienen el derecho de “salvar” del reclutamiento hasta el 50% de sus cuadros y obreros especializados (a cambio, facilitan el de los demás obreros amenazándolos de despido) y que ambos gobiernos están interesados en mantener una apariencia de “normalidad” en la retaguardia.
Pero la guerra es una guerra total; la barbarie se ceba en el frente y con la población civil. Desde el primer día de la guerra Zelenski prohibió la salida del país a los hombres adultos en edad de combatir, lo que no ha impedido que hayan más de 8 millones de refugiados ucranianos (y otros tantos desplazados al interior del país huyendo de los frentes de guerra). En Rusia igualmente desde la movilización parcial de septiembre 2022, el gobierno puede reclutar a cualquier ciudadano en condiciones de combatir, lo que produjo inmediatamente la huida del país de 200 mil jóvenes según se calcula, y posiblemente más después.
En el frente «las agencias de Inteligencia occidentales han estimado que durante algunos de los peores combates, Rusia ha sufrido una media de más de 800 muertos y heridos por día y los oficiales ucranianos han reconocido picos de entre 200 y 500 bajas al día del lado de Ucrania. Rusia ha perdido ya más soldados en este guerra que en 10 años de combate en Afganistán»9
Según fuentes de oficiales americanos, el New York Times estima a mediados de agosto de este año en cerca de 500 mil el número de muertos, heridos y mutilados en la guerra; 70 mil muertos y 120 mil heridos graves del lado ucraniano10, de donde se tienen más datos. Según fuentes ucranianas, las tropas rusas se rellenan con presidiarios excarcelados chantajeados para ir a la guerra. Los oficiales los desprecian y los envían a morir a primera línea sin ocuparse de los heridos y menos aún de los muertos.
En cuanto a la población civil, desde el primer asalto ruso, se han descubierto fosas comunes de asesinatos y torturas en los suburbios de Kiev y después en Bucha, con evidencias de cientos de ejecuciones sumarias, violaciones a mujeres y niños, que se han exhibido como propaganda de guerra contra Rusia. Los bombardeos continuos destruyen las viviendas de la población y las infraestructuras mínimas y causan un goteo permanente de víctimas. Ciudades enteras como Mariupol han sido completamente destruidas. La lluvia de misiles no cesa, no solamente en el frente del Este, sino también en Kiev. Se han bombardeado estaciones de tren (Kramatorsk –Abril 2022-), cafeterías y restaurantes, hospitales, maternidades, centrales eléctricas e incluso centrales nucleares como Zaporiya se han visto seriamente amenazadas.
Cada día ambos bandos disparan decenas de miles de proyectiles11 desencadenando el terror y la destrucción cuando explosionan; pero también cuando no lo hacen, porque quedan como una amenaza que puede seguir matando y mutilando. Las bombas de racimo proporcionadas por EEUU los últimos meses, como su nombre indica, estallan sembrando al mismo tiempo toda la zona de explosivos. Ucrania es hoy uno de los países con más minas del mundo; minas antipersonales y antitanque, que estallan al pisar sobre ellas pero también cuando pasan los coches o los autobuses de la población huyendo. Las tropas rusas en su retirada siembran todo el terreno de minas y preparan trampas dejando explosivos en los cadáveres y en las casas abandonadas, y el ejército de Ucrania mina el frente para impedir el avance de los rusos. Las minas se lanzan con misiles o con drones, por todas partes:
«Se sospecha que unos 174.000 kilómetros cuadrados de Ucrania están contaminados con minas y artefactos explosivos sin detonar. Se trata de una superficie del tamaño de Florida, aproximadamente el 30% del territorio ucraniano. Esta estimación tiene en cuenta las áreas ocupadas por Rusia desde su invasión a gran escala, junto con las zonas reconquistadas, desde la región de Járkov, en el este, hasta los alrededores de Kiev, como Bucha. Según Human Rights Watch, se han documentado minas en 11 de las 27 regiones de Ucrania»12
Por no hablar de las consecuencias ecológicas de la guerra, que ya mencionamos antes: «Se han bombardeado fábricas químicas en un país especialmente vulnerable. Ucrania ocupa el 6% del territorio europeo, pero contiene el 35% de su biodiversidad, con unas 150 especies protegidas y numerosos humedales»13
Esta es la imagen reciente que dan los periodistas de Kryvyi Rih, importante concentración industrial cerca de Zaporiya, 7ª ciudad del país: «Las colas ante las oficinas de reclutamiento han desaparecido. Ahora todo el mundo sabe cómo es el día a día de un soldado. Ya no es raro cruzarse con soldados mutilados de guerra en las inmediaciones de las estaciones de autobuses de las ciudades medianas.»14
Pero la principal víctima de la guerra es la clase obrera. Las familias de los trabajadores son bombardeadas en la retaguardia y ellos son reclutados en las fábricas para ir al frente, chantajeados con el despido, de manera parecida a lo que ocurre con los presidiarios rusos. Pero encima, una vez movilizados, pierden su salario, que cambian por la mísera paga de soldado de 500€. Además el Estado se ha desentendido de los seguros de los heridos y mutilados. Para los que quedan en el trabajo, la Rada (parlamento de Ucrania) aprobó en Julio de 2022 la suspensión de la mayor parte de la legislación laboral, dejando arbitrariamente en manos de las empresas la negociación de los salarios y el despido libre.
En las guerras imperialistas de la decadencia (y también en su fase final de descomposición), la guerra no está al servicio de la economía, como en el periodo ascendente de expansión del capitalismo en el s.XIX, cuando las guerras coloniales permitían la expansión mundial del capitalismo, o las guerras nacionales daban un marco al desarrollo capitalista, sino que la economía está al servicio de la guerra15. Y esto se confirma en la guerra de Ucrania, empezando por Rusia.
En su entrevista de fin de año, Putin ha presumido de un aumento de la producción del 3,5% en Rusia; pero eso indica substancialmente el aumento de la producción de guerra:
«El Kremlin está tirando la casa por la ventana, aumentando su presupuesto militar un 68% en 2024. La industria de defensa se pone rápidamente en marcha para abastecer a la primera línea. Una investigación del medio ucraniano Skhemy, basada en observaciones por satélite, muestra la construcción o ampliación de varias fábricas clave del sistema militar-industrial ruso. En el sector aeronáutico, se trata de la fábrica Gorbunov de Kazán (que produce los bombarderos Tu-16, Tu-22 y TU-160), la de Irkutsk (cazas Su-30) y la de Ekaterimburgo (motores y cajas de cambio para los helicópteros militares Mi-24 y Ka-52). Otras, especializadas en ingeniería mecánica en Doubna (misiles Kh-22, Kh-55 y Kh-101) y Kronstadt (aviones no tripulados militares Orion y Helios), así como Kalashnikov (munición para merodeadores Zala, Lancet e Italmas), también han ampliado sus instalaciones industriales.»16
Los ingresos de la población sin embargo, han disminuido un 10% la última década según cifras oficiales, y la situación económica del país recuerda a la de la URSS estalinista en el momento del hundimiento del bloque del Este, de la que el estancamiento y atraso económico fue precisamente una causa principal:
«La economía del país está estancada, con pocas fuentes de valor aparte de la extracción y exportación de recursos naturales. Todo el sistema está plagado de corrupción y dominado por empresas estatales, o controladas por el Estado, que son ineficientes, y las sanciones internacionales limitan el acceso al capital y la tecnología. Rusia tiene dificultades para desarrollar, retener y atraer talentos; el Estado no financia suficientemente la investigación científica y la mala gestión burocrática obstaculiza la innovación tecnológica. Como resultado, Rusia va considerablemente a la zaga de Estados Unidos y China en la mayoría de los indicadores de desarrollo científico y tecnológico. El gasto militar se ha estancado en los últimos cuatro años, y se prevé que la población disminuya en diez millones de personas de aquí a 2050.»17
La guerra ha tenido igualmente un gran impacto en la economía de las principales potencias europeas. EEUU ha utilizado la guerra, que él mismo contribuyó a desencadenar, no sólo para “desangrar” a Rusia y dificultar una posible alianza con China18, sino también para imponer a las potencias europeas su política de sanciones a la Federación y de financiación de la guerra en Ucrania.
Hasta ahora hemos tratado el balance de casi dos años de esta guerra sin hacer diferencias entre las características de las guerras en la decadencia o su última fase de la descomposición; pero en este punto hay una diferencia importante, y es la tendencia a “cada uno a la suya”, la dificultad de EEUU de imponer una disciplina a sus aliados y al mismo tiempo la imposibilidad de éstos de librarse de la tutela americana, y por tanto la imposibilidad de consolidar un bloque imperialista. Lo que en los medios se llama “Occidente”, frente al “Sur global”, no es la continuación de lo que fue el bloque USA frente al bloque del Este en la guerra fría, sino un saco de gatos donde cada cual defiende sus propios intereses frente a los demás; no menos de lo que sucede en el “Sur global”.
En un primer momento de la guerra, especialmente Francia y Alemania, trataron de mantener un diálogo con Putin y esquivar la política USA de forzar el desgaste del Kremlin en la guerra; pero finalmente han tenido que acatar las sanciones y la financiación de la guerra. Globalmente se calcula en 5 mil millones de euros la cantidad que la UE ha invertido solo en ayuda militar a Ucrania. Macron ha tenido que pasar de declarar la “muerte cerebral” de la OTAN, a contribuir con cerca de 3 mil millones de euros a financiar la guerra y enviar armamento a Ucrania; aunque no sin resistencias, porque su ayuda militar se situaría en quinto lugar, incluso detrás de Finlandia o Eslovaquia.
Pero sin duda es para Alemania para la que las sanciones y la guerra han tenido mayor impacto: «Antes de la invasión de Ucrania, Europa importaba el 45% de su gas de Rusia, con Alemania particularmente resistente a décadas de advertencias de EE.UU. de que tal dependencia de una única potencia ideológicamente hostil era una locura. Como era de esperar, una vez iniciada la guerra, Vladimir Putin recurrió al uso de los suministros de gas como arma de guerra. A partir de junio de 2022, los suministros de gas a través de Nord Stream 1, el gasoducto de 1.200 km desde la costa rusa cerca de San Petersburgo hasta el noreste de Alemania, se redujeron al 40% de lo normal. En julio el suministro había caído aún más, hasta el 20%. Gazprom culpó al "mantenimiento rutinario y los equipos defectuosos". A finales de agosto con los precios del gas subiendo en espiral, el NordStream 1 no transportaba nada de gas.»19. A lo que hay que añadir el sabotaje, primero político por parte de EEU y después práctico (haciéndolo estallar) de autoría desconocida, del Nordstream 2. Alemania ha tenido que reorganizar sus fuentes de Energía con amenazas de racionamientos.
En revancha Scholz ha declarado una Zitenwenden (cambio de época) en la política de Seguridad del país, que significa una política de rearme intensivo. Política que sigue el conjunto de países de la UE con un aumento del 30% de sus gastos de defensa desde febrero 2022.
EEUU por su parte ha invertido globalmente cerca de 250 mil millones de dólares en armamento y financiación de la guerra, y actualmente la administración Biden trata de salvar a toda costa un presupuesto de 60 mil millones más. A pesar de todo, el Estado americano se ha beneficiado económicamente de las sanciones y los recortes de energía para exportar sus propios recursos.
A escala internacional, el bloqueo de la exportación de grano de Ucrania (uno de los 4 principales productores mundiales), y del tráfico marítimo en el mar negro, han causado hambrunas en África y junto con el gasto en armamentos y otros gastos improductivos han colaborado al aumento de la inflación y particularmente de los precios de los alimentos. Todo esto, además del encarecimiento energético y el enorme aumento de los presupuestos militares, se descarga sobre los trabajadores en forma de sacrificios y un deterioro notable de sus condiciones de vida.
Los grupos del Medio Político proletario de tradición Bordiguista y Damenista defienden que la guerra imperialista permite iniciar un nuevo ciclo de acumulación; La Izquierda Comunista de Francia, de la que nos reclamamos, al final de la IIª guerra mundial había sacado sin embargo la conclusión de que en la decadencia del capitalismo, la guerra solo produce la destrucción de fuerzas productivas:
«La guerra fue el medio indispensable para que el capitalismo abriera las posibilidades de un mayor desarrollo, en un momento en que estas posibilidades existían y sólo podían abrirse por medio de la violencia. Del mismo modo, el colapso del mundo capitalista, habiendo agotado históricamente todas las posibilidades de desarrollo, encuentra en la guerra moderna, la guerra imperialista, la expresión de este colapso que, sin abrir ninguna posibilidad de desarrollo ulterior para la producción, no hace más que engullir las fuerzas productivas en el abismo y acumular ruina sobre ruina a un ritmo acelerado.»20
Y esta guerra es una confirmación de eso:
«Hoy, la guerra en Ucrania no puede tener objetivos económicos directos. Ni para Rusia, que inició las hostilidades el 24 de febrero de 2022, ni para Estados Unidos, que durante más de dos décadas ha aprovechado el debilitamiento de Rusia tras la caída de su imperio en 1989 para impulsar la expansión de la OTAN hasta sus fronteras. Si Rusia consigue establecer el control sobre nuevas partes de Ucrania, tendrá que hacer frente a enormes gastos para reconstruir las zonas que está asolando. Además, a largo plazo, las sanciones económicas que están aplicando los países occidentales debilitarán aún más su ya débil economía. Por parte de Occidente, estas mismas sanciones también tendrán un coste considerable, por no hablar de la ayuda militar a Ucrania, que ya asciende a decenas de miles de millones de dólares. De hecho, la guerra actual es una ilustración más del análisis que hace la CCI de la cuestión de la guerra en el período de decadencia del capitalismo y especialmente en la fase de descomposición que constituye la culminación de esta decadencia.»21
En efecto, como el propio Putin acaba de declarar, “Ucrania es incapaz de producir nada”; de hecho la economía de Ucrania antes de la guerra ya estaba muy debilitada. Por ejemplo, tras la independencia de la URSS en 1991, la producción disminuyó un 60% y el PNB por habitante cayó un 42%; a excepción precisamente del Este, que es ahora el principal escenario de la guerra, de Kiev y los oblast del norte, la producción principal es agrícola. Y ahora las infraestructuras como el puente de Crimea son destruidas, ciudades enteras están en ruinas, en algunos lugares que eran importantes concentraciones obreras, las fábricas producen al 25% de su capacidad.
La situación del sector de producción y abastecimiento de energía es significativa del estado del país. Cuatro centrales nucleares están detenidas, y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) calcula en 10 mil millones el costo de las destrucciones solo en este sector, que han dejado a 12 millones de personas en penuria energética: «El invierno pasado, Ucrania sufrió apagones y cortes de calefacción en todo el país. Los hospitales se quedaron sin electricidad o tuvieron que recurrir a sus propios generadores. En abril, la capacidad de generación de energía de Ucrania se había reducido en un 51% en comparación con justo antes de la invasión rusa, según el PNUD de la ONU.»22
Falta la mano de obra básica y particularmente la especializada en tecnología e investigación, que mayormente ha huido del país, o ha sido alistada en el frente: «Muchos profesores y estudiantes varones se alistaron en el ejército. Unos 2.000 profesores e investigadores no pudieron continuar su trabajo. En algunas universidades, el 30% de los profesores se han marchado al extranjero o al otro extremo del país. Sesenta y tres instituciones informan de la escasez de personal docente.»23
En esas condiciones es difícil pensar en una reconstrucción que inicie un nuevo ciclo de acumulación, y menos aún ante la perspectiva de cronificación de la guerra.
La guerra imperialista en la decadencia del capitalismo presenta ya en sí ese aspecto de la destrucción permanente como modo de vida del capitalismo; pero en su fase final de descomposición, y particularmente en los años recientes, esa irracionalidad adquiere una cualidad superior, de tierra quemada, por parte de los diferentes bandos imperialistas.
Así en esta guerra Rusia destruye las infraestructuras y la producción y aniquila la población del territorio que reclama (Donbás) y mientras uno de sus objetivos principales era impedir la presencia de la OTAN a las puertas de sus fronteras, de un lado ha empujado a Suecia y Finlandia a presentar su candidatura para entrar en ella, y de otro en vez de la “neutralidad” de Ucrania, se encuentra con el país militarizado y armado con la tecnología más moderna suministrada por el conjunto de países de la OTAN.
EEUU, que empujó a Putin a desencadenar la guerra para “desangrar a Rusia” y debilitar su posible alianza con China, ante la estagnación de la guerra, se encuentra frente a la perspectiva de, o bien aceptar la derrota de Ucrania (respaldada por la OTAN y en primer lugar por los USA mismo), lo que significaría un debilitamiento de la imagen de EEUU como 1ª potencia mundial y como aliado, o bien seguir la guerra hacia una escalada de consecuencias imprevisibles si hay una implicación directa de la OTAN, o por el uso de armas nucleares. Al mismo tiempo, en lugar de que la guerra fuera una demostración de fuerza que habría impuesto la disciplina a todos sus rivales y a las potencias de segundo y tercer orden, se encuentra con el desafío de Israel en la guerra de Oriente Medio y la posibilidad de la implicación de otras potencias regionales como Irán. Y si bien ha sido capaz de imponer por el momento sus intereses en Europa, las diferentes potencias de la UE han comenzado una carrera armamentística que algún día pueda permitirles resistir esas presiones. Una situación que no escapa a los analistas americanos:
«Un conflicto prolongado mantendría el riesgo de escalada –o bien del recurso a las armas nucleares de Rusia o a una guerra OTAN/Rusia- en un alto estado de alarma. Ucrania quedaría completamente dependiente militar y económicamente del apoyo de Occidente, lo que eventualmente causaría problemas presupuestarios para los países occidentales y problemas de preparación de sus ejércitos. Las consecuencias económicas globales persistirían y Estados Unidos serían incapaces de enfocar sus recursos en otras prioridades, y la dependencia rusa de China se profundizaría. Aunque una guerra larga también debilitaría aún más a Rusia, el beneficio no supera los costos»24
En el campo de batalla mismo, esa tendencia a la irracionalidad se ha expresado en la tendencia a reproducir a pequeña escala los asedios como el de Stalingrado en la 2ª guerra mundial o Verdun en la 1ª guerra mundial25, como en Bajmut o en Mariupol, donde con el pretexto del valor más o menos estratégico de la plaza, se procede a una destrucción sistemática con su enorme saldo de soldados muertos y heridos (en Bajmut se calculan cientos de miles de heridos graves y más de 50 mil muertos).
La clase obrera en Ucrania está enormemente debilitada por la desindustrialización tras la desintegración de la URSS y por el peso de las campañas ideológicas que buscaron arrastrarla a las peleas entre fracciones de la burguesía en la llamada “revolución naranja”26 (2004), el euromaidán (2013) y la guerra de Crimea (2014). La declaración de guerra de Febrero no encontró resistencia en las movilizaciones obreras, sino en la huida masiva de refugiados. Y aunque recientemente en Kiev han habido manifestaciones de las mujeres pidiendo la vuelta de los soldados del frente, y el gobierno Zelensky tiene serias dificultades para reclutar soldados, no cabe esperar una respuesta obrera a la guerra.
En cuanto a Rusia, a pesar del black out informativo, da la impresión de que el proletariado de las principales concentraciones industriales sufre directamente menos el reclutamiento y los bombardeos, y al contrario, cada vez más la intensificación de la explotación y la represión en el trabajo y la pérdida de poder adquisitivo. Su respuesta a la situación continúa siendo un enigma; pero lo que se desprende de los hechos hasta ahora es que necesitará un tiempo de maduración.
Esperar una respuesta del proletariado de alguno de ambos países implicados que detenga la guerra está pues, fuera de lugar.
Por otro lado, tampoco las luchas actuales del proletariado mundial en los principales países son el producto de una protesta contra la guerra. El proletariado mundial fue capaz de detener la Iª guerra mundial, pero su lucha revolucionaria en Rusia y Alemania no era directamente el producto de una respuesta a la guerra, sino del desarrollo de sus luchas reivindicativas y de su conciencia frente al hundimiento del capitalismo. En el momento en que la burguesía en Alemania consiguió separar la lucha contra la guerra de la lucha revolucionaria en la retaguardia, la paz fue empleada contra la revolución.
Hoy los trabajadores de los principales países, a partir del verano del descontento en Gran Bretaña27, han iniciado una dinámica de luchas en defensa de sus condiciones de vida que se ha confirmado especialmente con las luchas contra la reforma de las pensiones en Francia y las luchas en EEUU (automóvil, sanidad, enseñanza, etc.). Las luchas se han desarrollado a pesar de la guerra de Ucrania; y la implicación de los diferentes países en la financiación y el envío de armamento para la guerra empezaba a permitir un terreno de reflexión sobre la relación entre los sacrificios y la guerra.
El estallido de la guerra en Oriente Medio no puede acabar con las luchas; pero teniendo en cuenta el peso ideológico de “la cuestión palestina”, que han transmitido durante muchos años los grupos izquierdistas; así como de la “cuestión judía”, que jugó un papel central en la movilización antifascista en la 2ª guerra mundial, esta guerra llama a elegir uno de los bandos imperialistas y significa un golpe al internacionalismo proletario28.
Hic Rhodas
29.12.2023
1 Guerra relámpago; término alemán para designar una campaña militar rápida y contundente con el objetivo de una clara victoria que evite la posibilidad de una guerra total (Wikipedia)
2 Según un estudio de la Universidad de Uppsala (Suecia) basado en los conflictos de 1946 a 2021, el 26% de las guerras entre los Estados terminan en menos de un mes, y otro 25% en un año; pero también demuestra que si el conflicto dura más de 1 año, la tendencia es a que se alargue al menos una década.
3 An Unwinnable War, in Foreign Affairs July/August 2023, by Samuel Charap (RAND Corporation; he served on the Policy Planning Staff of the US Department of State during the Obama administration)
4 «El bloque ha proporcionado ayuda militar a Ucrania -la primera vez que las instituciones europeas prestan directamente ayuda militar (incluso letal) a un Estado, además de poner fin a su resistencia a implicarse militarmente en apoyo a un tercer Estado en guerra» (How the Ukraine war made the EU rethink everything, The Guardian weekly, 6 Oct 2023
5 18 Estados miembros de la UE están instruyendo soldados ucranianos (The Guardian weekly, ídem)
6 How wars Don’t End, Foreign Affairs July/August 2023, by Margaret MacMillan, Professor Emeritusof International History at Oxford
7 soldadesca del líder checheno Kadyrov
8 The Treacherous Path to a Better Russia, Foreign Affairs July/August 2023, by Andrea Kendall-Taylor and Erica Frantz. Andrea Kendall is Senior Fellow and Director of the Transatlantic Security Program at the Center for a New American Security. From 2015-2018, she was deputy national intelligence officer for Russia and Eurasia at the National Intelligence Council in the Office of the Director of National Intelligence. Erica Frantz is Associate Professor of Political Science at Michigan State University
9 ver nota 3
10 Loin du front, la société ukranienne coupée en deux, Le Monde Diplomatique, Novembre 2023
11 Uno de los periodistas que aguantó hasta el final el asedio de Mariupol cuenta que «en un momento dado la gente no sabía a quien culpar de los bombardeos, si a los rusos o a los ucranianos» (A harrowing film exposes the brutality of Russia’s war in Ukraine, Vox -Voxmedia-, sobre un documental de la toma de Mariupol)
12 There are now more land mines in Ukraine than almost anywhere else on the planet, Vox (Voxmedia)
13 Ver : la guerra de Ucrania, un paso de gigante hacia la barbarie y el caos generalizado, en la Revista Internacional nº 168. La cita es de Iryna Stavchuk, ministra ucraniana del medio ambiente y recursos naturales, publicada en “Les guerres contre nature”, Le Monde 11 Junio 2022
14 Ver nota 10
15 Ver: Informe a la Conferencia de la Izquierda Comunista de Francia de julio de 1945, publicado “Las verdaderas causas de la Segunda Guerra Mundial”, en Revista Internacional nº 59
16 L’industrie d’armement russe monte en puissance, Le Monde 4 de Noviembre 2023
17 The Myth of russian decline, by Michael Kofman and Andrea Kendall-Taylor (Center for a New American Security), Foreing Affairs Noviembre/Diciembre 2021
18 Ver: significado e impacto de la guerra en Ucrania, en Revista Internacional nº 169
19 The Guardian weekly 6 October 2023, Vol 209 n.º 14: How the Ukraine war made the EU rethink everything, pag. 13
20 Ver nota 15
21 Militarismo y descomposición, Mayo 2022, en Revista Internacional nº 168
22 Ukraine fears another plunge into cold and darkness the washington post . wednesday, october 1 1 , 2023
23 Ukraine, le sistème éducatif fait front, de Qubit, revista científica de Hungría, publicado en Courrier International 1275, del 23 al 29 Noviembre 2023
24 Ver nota 3
25 El término de “bleeding to White”, que había empleado Hillary Clinton para referirse al objetivo de EEUU respecto a Rusia en esta guerra, lo empleó Erich von Falkenhayn, Jefe del Estado Mayor alemán, en el asedio a la fortaleza de Verdun en la Iª Guerra mundial respecto de Francia, a la que quería obligar a desgastar sus fuerzas. El fracaso de la ofensiva alemana resultó en una carnicería en la que murieron 750 mil soldados, 143 mil alemanes y 162 mil franceses
26 Ver Revista Internacional nº 120 (1er trimestre 2005): Elecciones USA-Ucrania, el capitalismo mundial, un callejón con cada vez menos salida
27 Se ha llamado el verano del descontento a las luchas del verano de 2022 en gran Bretaña, que tras la consigna de “enough is enough”, expresaban una ruptura de 40 años de pasividad tras la derrota de las huelgas mineras de 1983; el término hace referencia a las luchas de 1978-1979 que se conocieron como el invierno del descontento
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Israel y Gaza desde el 7 de octubre del 2023: la guerra en toda su abominación, una explosión de barbarie. Ese día, en nombre de la "justa venganza" contra "los crímenes de la ocupación sionista", miles de "combatientes" fanáticos de Hamás y sus aliados se abalanzaron sobre las ciudades israelíes que rodean la Franja de Gaza, sembrando el terror y cometiendo crímenes de un salvajismo sin límites contra civiles indefensos. Una vez repelidos los escuadrones asesinos de Hamás, Tsahal desató todo su poder asesino sobre la Franja de Gaza en nombre de la lucha por la "civilización democrática" contra "las fuerzas de la oscuridad": "Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia", declaró el ministro de Defensa israelí Yoav Galant el 9 de octubre1. Desde hace más de tres meses, la aviación y la artillería israelíes bombardean día y noche el superpoblado enclave controlado por Hamás, masacrando indiscriminadamente a civiles y terroristas por igual, mientras las columnas blindadas del Tsahal avanzan entre las ruinas disparando a todo lo que se mueve.
Ciudades completamente devastadas, hospitales destruidos por los misiles, multitudes de civiles deambulando bajo las bombas, sin comida ni agua, familias buscando a sus seres queridos bajo las ruinas o llorando a sus muertos por todas partes... "Carthago delenda est" ("Cartago debe ser destruida") era el estribillo obsesivo de Catón el Viejo; esta misma obsesión parece rondar las mentes de las facciones dirigentes de la burguesía israelí. Después de sólo tres meses de conflicto, Gaza ya tiene proporcionalmente más muertos y edificios destruidos que Mariupol, en Ucrania, o que las ciudades alemanas bombardeadas durante la Segunda Guerra Mundial. Este paisaje apocalíptico es el del capitalismo del siglo XXI.
Estas decenas de miles de civiles gazatíes "eliminados", estos otros millones arrojados a carreteras que no llevan a ninguna parte, son las víctimas del Estado de Israel, "la única democracia del Cercano Oriente y Medio Oriente", que pretende ser el único depositario de la memoria del Holocausto y de sus campos de exterminio. Los revolucionarios llevan décadas diciéndolo: ¡el capitalismo está hundiendo poco a poco a la humanidad en la barbarie y el caos! ¡En Medio Oriente, el capitalismo está desvelando el futuro que tiene reservado para toda la humanidad! La guerra de Gaza es la ilustración perfecta de la intensificación aterradora de la barbarie desatada por el capitalismo en la fase final de su decadencia, el período de descomposición.
La historia de Medio Oriente es una sorprendente ilustración de la aterradora expansión del militarismo y de las tensiones bélicas, más concretamente desde que el capitalismo comenzó a entrar en su decadencia a principios del siglo XX. De hecho, el hundimiento del imperio otomano situó a la región en el centro de los apetitos y enfrentamientos imperialistas2.
En particular, tras la Segunda Guerra Mundial, la región estuvo marcada por la creación del nuevo Estado de Israel y las sucesivas guerras árabe-israelíes de 1948, 1956, 1967 y 1973 (sin olvidar la invasión israelí de Líbano en 1982), y fue una zona central de confrontación entre los bloques oriental y occidental. De los años cincuenta a los setenta, la Unión Soviética y su bloque intentaron con insistencia afianzarse en la región apoyando al nacionalismo árabe y, en particular, a los fedayines palestinos y a la Organización para la Liberación de Palestina. Estos intentos encontraron una fuerte oposición por parte de Estados Unidos y el bloque occidental, que hicieron del Estado de Israel una de las puntas de lanza de su política. A finales de los años setenta y durante los ochenta, el bloque estadounidense se hizo poco a poco con el control general de Medio Oriente y redujo progresivamente la influencia del bloque soviético, aunque la caída del Sha y la "revolución iraní" de 1979 no sólo privaron al bloque estadounidense de un importante bastión sino que anunciaron, con la llegada al poder del retrógrado régimen de los molas, la creciente descomposición del capitalismo. El objetivo de esta ofensiva del bloque norteamericano era "completar el cerco de la URSS, despojar a ese país de todas las posiciones que había podido mantener fuera de su control directo. La prioridad de esta ofensiva es la expulsión definitiva de la URSS de Medio Oriente, la puesta en camino de Irán y la reintegración de este país en el bloque estadounidense como parte importante de su sistema estratégico"3.
Tras la implosión del bloque soviético a finales de 1989, la década de 1990 vio una expansión espectacular de las manifestaciones del periodo de descomposición del capitalismo y, en este contexto, el "informe sobre las tensiones imperialistas" del XX Congreso de la CCI ya señalaba en 2013: "Medio Oriente es una terrible confirmación de nuestros
análisis sobre el impase del sistema y la huida hacia el "cada uno para sí”. Es una ilustración sorprendente de los rasgos centrales de esta fase:
la explosión del "sálvese quien pueda" imperialista mediante la expresión de los apetitos hegemónicos de una multitud de Estados. Irán ha manifestado sus ambiciones imperialistas, primero en Irak apoyando a las principales milicias chiíes, que dominan un aparato estatal fragmentado, después en Siria apoyando a distancia al régimen de Bashar al-Assad, a punto de ser barrido por la revuelta de la mayoría Suní. A través de sus aliados -desde el Hezbola libanés hasta los Hutis yemeníes-, el país de los Mulás se ha erigido en una formidable potencia regional. Pero Turquía, con sus intervenciones en Irak y Siria, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, presentes en Yemen y Egipto, e incluso Qatar, base de retaguardia de grupos vinculados a los Hermanos Musulmanes, no ocultan sus ambiciones imperialistas;
las reacciones asesinas de la superpotencia estadounidense para contrarrestar el declive de su dominación. Estados Unidos ha provocado y librado dos guerras asesinas en Medio Oriente (la Operación Tormenta del Desierto de Bush padre en 1991 y la Operación Libertad Iraquí de Bush hijo en 2003), que al final sólo han provocado más caos y barbarie;
el aterrador caos resultante de sangrientas guerras civiles (Siria, Yemen) que han provocado el colapso de las estructuras estatales, Estados fragmentados y fallidos (Irak, Líbano), poblaciones traumatizadas y millones de refugiados.
En esta dinámica de creciente confrontación en Medio Oriente, Israel ha desempeñado un papel clave. Como primer lugarteniente de los estadounidenses en la región, Tel Aviv estaba destinada a ser la piedra angular de una región pacificada gracias a los acuerdos de Oslo y Jericó-Gaza de 1993, uno de los mayores éxitos de la diplomacia estadounidense en la región, que concedieron a los palestinos un principio de autonomía y los integraron así en el orden regional concebido por el Tío Sam. Sin embargo, en la segunda mitad de los años noventa, tras el fracaso de la invasión israelí del sur del Líbano, la derecha "dura" israelí llegó al poder (el primer gobierno de Netanyahu, de 1996 a 1999) en contra de los deseos del gobierno estadounidense, que había apoyado a Simón Peres. Desde entonces, la derecha hizo todo lo posible por sabotear el proceso de paz con los palestinos:
mediante la extensión de los asentamientos en Cisjordania y el apoyo a colonos cada vez más arrogantes y violentos: ya en febrero de 1994, un terrorista judío, colono perteneciente al movimiento racista creado por el rabino Meir Kahane, masacró a 29 musulmanes en la Cueva de los Patriarcas en Hebrón; en noviembre de 1995, un joven sionista religioso asesinó al primer ministro Isaac Rabin;
- mediante la estimulación secreta de Hamás y sus atentados terroristas para socavar la autoridad de la OLP, aplicar una política de "divide y vencerás" y justificar un control cada vez mayor sobre los territorios palestinos.
Desde esta perspectiva, el desmantelamiento unilateral de los asentamientos en Gaza por parte del gobierno de Sharon en 2004 no fue en absoluto un gesto conciliador, como lo presentó la propaganda israelí, sino por el contrario el producto de un cálculo cínico para congelar las negociaciones sobre una solución política del conflicto en una fecha posterior: la retirada de Gaza "significa congelar el proceso político. Y cuando se congela ese proceso, se impide la creación de un Estado palestino y cualquier debate sobre los refugiados, las fronteras y Jerusalén"4.
Además, dado que los islamistas rechazan la existencia de un Estado judío en tierras islámicas, al igual que los sionistas mesiánicos rechazan la existencia de un Estado palestino en la tierra de Israel, dada por Dios a los judíos, estas dos facciones son, por tanto, aliadas objetivas en el sabotaje de la "solución de los dos Estados". Los sectores derechistas de la burguesía israelí también han hecho todo lo que estaba en su mano para reforzar la influencia y los recursos de Hamás, en la medida en que esta organización era, como ellos, totalmente contraria a los Acuerdos de Oslo: en 2006, los primeros ministros Sharon y Olmert prohibieron a la Autoridad Palestina desplegar un batallón de policía adicional en Gaza para oponerse a Hamás y autorizaron a Hamás a presentar candidatos en las elecciones de 2006. Cuando Hamás dio un golpe de Estado en Gaza en 2007 para "eliminar a la Autoridad Palestina y establecer su poder absoluto, el gobierno israelí se negó a apoyar a la policía palestina". En cuanto a los fondos financieros qataríes que Hamás necesitaba para poder gobernar, el Estado hebreo permitió que se transfirieran regularmente a Gaza bajo la protección de la policía israelí.
La estrategia de Israel es clara: Gaza entregada a Hamás, la Autoridad Palestina debilitada, con un control limitado sobre Cisjordania. El propio Netanyahu ha afirmado abiertamente esta política: "Cualquiera que quiera frustrar la creación de un Estado palestino debe apoyar el fortalecimiento de Hamás y transferir dinero a Hamás. Esto forma parte de nuestra
estrategia"5. La precipitación de las fracciones derechistas de la burguesía israelí en el poder para seguir su propia política imperialista, en oposición a los intereses de Washington, en particular con los sucesivos gobiernos de Netanyahu desde 2009 hasta la actualidad, es una caricatura de la gangrena de la descomposición que corroe el aparato político de la burguesía. El Estado de Israel y Hamás, en diferentes momentos y con ambos practicaron la política de lo peor que conduciría a las atroces masacres de hoy.
Ante la prioridad otorgada a la contención de Irán, Trump ha llevado a cabo una política de apoyo incondicional a esta política de la derecha israelí, proporcionando al Estado hebreo y a sus respectivos dirigentes promesas de apoyo inquebrantable en todos los frentes: suministro de material militar de última generación, reconocimiento de Jerusalén Este como capital y de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán sirios. Ha apoyado la política de abandono de los Acuerdos de Oslo y de la solución de "dos Estados" (israelí y palestino) en "tierra santa".
Con el fin de dar prioridad a la contención de Irán, Trump ha llevado a cabo una política de apoyo incondicional a esta política de la derecha israelí, ofreciendo al Estado hebreo y a sus respectivos dirigentes el compromiso de poner fin a la ayuda estadounidense a los palestinos y a la OLP y de negociar los "Acuerdos de Abraham", una propuesta de "gran acuerdo" que implicaba el abandono de cualquier pretensión de crear un Estado palestino y la anexión por parte de Israel de amplias zonas de Palestina a cambio de una "gigantesca" ayuda económica estadounidense, tenía como objetivo esencial facilitar el acercamiento de facto entre los comparsas saudí e israelí: "Para las monarquías del Golfo, Israel ya no es el enemigo. Esta gran alianza comenzó hace mucho tiempo entre bastidores, pero aún no se ha concretado. La única manera de que los estadounidenses avancen en la dirección deseada es obtener la luz verde del mundo árabe, o más bien de sus nuevos dirigentes, MBZ (Emiratos) y MBS (Arabia), que comparten la misma visión estratégica para el Golfo, para quienes Irán y el islam político son las principales amenazas. Según esta visión, Israel ya no es un enemigo, sino un socio regional potencial con el que será más fácil frustrar la expansión iraní en la región. […] Para Israel, que lleva años buscando normalizar sus relaciones con los países árabes suníes, la ecuación es simple: se trata de buscar la paz árabe-israelí, sin necesariamente obtener la paz con los palestinos. Los países del Golfo, por su parte, han bajado sus exigencias sobre la cuestión palestina. Este “plan final” […] parece aspirar a establecer una nueva realidad en Medio Oriente. Una realidad basada en la aceptación por parte de los palestinos de su derrota, a cambio de unos miles de millones de dólares, y en la que israelíes y países árabes, principalmente del Golfo, podrían finalmente formar una nueva alianza, apoyada por Estados Unidos, para frustrar la amenaza de la expansión de un imperio persa moderno”6.
Sin embargo, como ya señalamos en 2019, estos acuerdos, que fueron una pura provocación a nivel internacional (abandono de acuerdos internacionales y resoluciones de la ONU) así como regional, no pudieron en última instancia reactivar la manzana de la discordia palestina, explotada por todos los actores imperialistas regionales (Irán por supuesto, pero también Turquía e incluso Egipto) contra Estados Unidos y sus aliados. Además, sólo podrían envalentonar al compinche israelí en sus propios apetitos imperialistas e intensificar las confrontaciones, por ejemplo, con Irán: “Ni Israel, hostil al fortalecimiento de Hezbollah en el Líbano ni Siria ni Arabia Saudita pueden tolerar este avance iraní”7. Los Acuerdos de Abraham irremediablemente sembraron las semillas de la actual tragedia de Gaza.
El ataque suicida de Hamas y las ciegas represalias de Israel aparecen como la expresión de una dinámica de confrontación imperialista caótica e impredecible, carente de toda racionalidad: de hecho, estos tres meses de destrucción y masacres alrededor de la franja de Gaza claramente no dan evidencia de un proceso gradual de alineación detrás de un líder dominante o de adhesión a un bloque imperialista en formación, sino que, por el contrario, ilustran la explosión del “sálvese quien pueda” imperialista, en creciente interrelación con una exacerbación del militarismo, una multiplicación de los trastornos económicos y una creciente pérdida de control de las burguesías nacionales sobre su aparato político. Estos enfrentamientos sangrientos son un producto a la vez inevitable e irracional, porque ninguno de los protagonistas puede realmente obtener ventajas estratégicas duraderas (por no hablar de las consecuencias económicas, que corren el riesgo de ser catastróficas para todos).
Si consideramos primero a los beligerantes directos, está claro que la elección de la política de los peores no beneficiará en última instancia a ninguno de ellos, sino que producirá una extensión aterradora de destrucción y barbarie:
-Para Hamás, que corría el riesgo de quedar totalmente marginado por las consecuencias de los Acuerdos de Abraham, dar un golpe importante era vital para redirigir la atención internacional hacia el “problema palestino”. Evidentemente, el atentado del 7 de octubre sólo fue posible gracias a un acercamiento con Irán que le proporcionó armas adecuadas, pero este acercamiento generó tensiones en el seno de la organización entre los "militares" (los comandantes de las brigadas al- Qassam) y los "políticos". liderazgo que criticó a Irán por su apoyo a Assad durante la guerra civil contra grupos suníes en Siria. Además, al enviar mil asesinos a masacrar a civiles, Hamás se expone a una posible aniquilación en Gaza y, en cualquier caso, a una destrucción masiva de sus fuerzas. A través de estas acciones, esta banda de “dioses locos” oscurantistas y sanguinarios, que reemplazaron al podrido y corrupto Fatah en Gaza, expresa de manera caricaturizada la irracionalidad en la que se ha sumido la burguesía palestina;
-En cuanto al Estado de Israel, ha emprendido sangrientas represalias que generarán una generación de palestinos ebrios de venganza y que al mismo tiempo corren el riesgo de acentuar la desestabilización interna del país, dado el creciente caos que reina en el aparato político israelí: tensiones entre facciones de la burguesía, corrupción masiva, chanchullos legislativos, tensiones entre el gobierno y el aparato judicial que ocultan mal los ajustes de cuentas en el seno del aparato estatal, delirios supremacistas de los ultraortodoxos... Todo ello en un contexto de considerable explosión de la pobreza. El desencadenamiento ciego de la venganza corre el riesgo, sobre todo, de desestabilizar gravemente toda la región, hasta el punto de que las facciones de derecha pretenden liquidar definitivamente la “solución de dos Estados” emprendiendo una “limpieza étnica” de Palestina en su totalidad. población árabe, que sólo puede acentuar la oposición al “padrino” estadounidense.
La situación no es muy diferente para los demás protagonistas involucrados en este conflicto:
-Irán parece sacar a corto plazo cierta ventaja de la situación, ¡pero para él es una victoria pírrica! En realidad, el régimen de los mulás se ve obligado a optar por huir precipitadamente de las provocaciones porque está bajo una fuerte presión de las sanciones económicas impuestas por los Estados Unidos, pero también de las tensiones sociales dentro de la propia sociedad iraní, que sufre miseria y escasez de bienes vitales, resultado de cuarenta años de economía de guerra. Además, Irán está expuesto a durísimas represalias contra sus posiciones en el Líbano y Siria, e incluso a ataques destructivos en su territorio, como los recientes ataques en Kerman. Israel ya bombardea periódicamente instalaciones de Hezbolá o de la Brigada iraní Al Quds en el Líbano, Siria e incluso Irak y siempre está dispuesto a atacar las centrales nucleares iraníes, como en julio de 2019, donde explosiones “misteriosas” destruyeron una fábrica de centrifugadoras en Natanz;
-Turquía forma parte de la nebulosa de los “hermanos musulmanes” con Qatar y Hamás y, por tanto, está situada en primera línea para condenar a Israel: Erdogan comparó a Netanyahu con Hitler y la policía turca arrestó a 33 personas sospechosas de espiar para Israel. Por otra parte, Ankara no deja de criticar la tibieza de las monarquías del Golfo: “la aparición de una oposición brutal entre el eje Ankara-Doha y el eje Riad-Abu Dabi. En julio de 2013, esta oposición ya era perceptible en el teatro egipcio durante el golpe de Estado contra el presidente Mohamed Morsi"8;
desde el punto de vista de Rusia, los enfrentamientos en Gaza ciertamente desvían la atención de EEUU y los europeos de Europa del Este y reducen la presión sobre el frente ucraniano. Pero el conflicto de Gaza coloca también a Moscú en una posición delicada, dividida entre el apoyo tradicional a la causa palestina y un acercamiento estratégico con Irán (que le suministra drones) por un lado y las buenas relaciones que Putin mantiene con Israel y en particular con Netanyahu por otra parte (Israel no participa en el programa de sanciones económicas contra Rusia y también se ha abstenido de condenar la ocupación de Crimea en 2014). Además, una posible extensión de los enfrentamientos e intervenciones de otras potencias en el conflicto podría poner en peligro las posiciones rusas en Siria;
-China también se está beneficiando de la reorientación temporal de la atención de Washington, que ya no sitúa al Mar de China y a Taiwán en el centro de sus preocupaciones inmediatas. Sin embargo, mientras que la diplomacia china, al reconciliar a los enemigos hermanos iraníes y sauditas e integrar a estos países, así como a Egipto, en los BRICS había logrado relanzar una rama de las "Rutas de la Seda" a través de Medio Oriente, que terminaría en Israel, la el actual estallido de caos y atrocidades corre el riesgo no sólo de debilitar su suministro de hidrocarburos, sino también de constituir un obstáculo considerable para la aplicación de las "Rutas de la Seda", que la economía china, en dificultades, tiene gran necesidad;
-En lo que respecta finalmente a la primera potencia mundial, EEUU, la reacción, cuando menos febril, de la administración Biden, con una visita expresa de Biden a Tel Aviv y una presencia casi semanal del Secretario de Estado Blinken o del Ministro de Defensa Austin en la región, subraya ampliamente que la guerra de Gaza está trastornando gravemente su política imperialista. EEUU operó, durante la era Obama, un “pivote asiático”, una política de reorientación de sus recursos económicos y militares para frenar al rival chino, continuada y amplificada por Trump y Biden. Al mismo tiempo, promovieron un sistema de alianzas entre Israel y varios países árabes, en particular Arabia Saudí, para contener las aspiraciones imperialistas de Irán, delegando en el Estado judío la responsabilidad de mantener el orden en Medio Oriente. Esto sin tener en cuenta la dinámica de creciente inestabilidad de las alianzas y la profunda tendencia hacia el “sálvese quien pueda” y sobre todo con la tendencia cada vez más marcada de la burguesía israelí a anteponer sus propios intereses imperialistas a los de EEUU.
EEUU se encuentra hoy acorralado por Israel, obligado a apoyar la irresponsable política de “limpieza étnica” de Netanyahu. El propio Biden lo reconoció durante en su rueda de prensa del pasado 12 de diciembre: “No sólo quieren venganza por lo que hizo Hamás, sino también por todos los palestinos. No quieren una solución de dos Estados”. La administración estadounidense tiene poca confianza en la camarilla de Netanyahu, que corre el riesgo de incendiar la región, mientras cuenta con el apoyo militar y diplomático estadounidense en caso de que el conflicto empeore. Además, Biden insiste periódicamente en que “estos bombardeos indiscriminados están provocando que Israel pierda el apoyo internacional”. Por lo tanto, la guerra en Gaza es un nuevo punto de presión sobre la política imperialista estadounidense, que podría resultar desastrosa si el conflicto se amplía. Washington tendría entonces que asumir una presencia militar considerable y un apoyo a Israel que sólo podría pesar, no sólo en la economía estadounidense, sino también en su apoyo a Ucrania y, más aún, en su estrategia para frenar la expansión de China.
En resumen, no sólo ningún Estado tiene nada que ganar con este conflicto sin salida, sino que la continuación del conflicto sólo puede conducir a su extensión y a una destrucción y barbarie aún mayores.
Esto se aplica principalmente a Israel, como señala Steinberg, uno de los mejores expertos israelíes en la cuestión palestina: “Al presionar a su principal enemigo para que reaccione exageradamente, las organizaciones terroristas buscan deslegitimarlo ante los ojos de la opinión internacional. Esto a su vez les otorga una forma de legitimidad. Si Israel no se retira de Gaza, se enfrentará a una forma omnipresente de guerra de guerrillas, cuyo objetivo será empantanarlo en una situación idéntica a la que experimentó en el sur del Líbano. Esto supondría una amenaza para las relaciones con Egipto y Jordania, llegando incluso a cuestionar los tratados de paz con estos países. Hamás saldrá fortalecido”9. Si para Israel el riesgo de permanecer “atascado en la espiral infernal de los años de Netanyahu” podría llevar al “aislamiento y al colapso económico y social”10, para Medio Oriente, tal perspectiva de expansión del conflicto por toda la región generaría una nueva espiral de barbarie, una conflagración de guerra dominada por el “sálvese quien pueda”, la desestabilización de numerosos Estados, incluso de regiones del planeta en constante expansión, con carestías, hambrunas, millones de refugiados, consecuencias inmediatas particularmente devastadoras para toda la economía mundial, teniendo en cuenta la importancia de la zona en la producción de hidrocarburos y en el transporte naval mundial, y finalmente la importación del conflicto en Europa, con una serie de atentados mortales y enfrentamientos comunitarios.
El riesgo de una conflagración general en Medio Oriente no es despreciable y aumenta con el establecimiento de una guerra de larga duración. Y el peligro de que el conflicto se expanda es cada vez más claro: los disparos de Hezbollah son diarios y, ante estas oleadas de misiles, el ministro de Defensa israelí ha amenazado con invadir el sur del Líbano; Israel “liquidó” a uno de los líderes de Hamás con un ataque con drones contra un barrio de Beirut controlado por Hezbollah; en Irán se llevan a cabo ataques con bombas; Los hutíes de Yemen atacan barcos comerciales y petroleros a la entrada del Mar Rojo, lo que provocó la formación de una "coalición internacional" que involucra a Estados Unidos, Gran Bretaña y otros estados europeos para "garantizar la libre circulación" en esta arteria vital para la economía global.
Lejos de cualquier “coherencia de bloque” que prevaleció hasta el colapso de la URSS, todos los actores locales están dispuestos a apretar el gatillo. Por encima de todo, el conflicto corre el riesgo de abrir un nuevo frente, con Irán y sus aliados en una emboscada, lo que probablemente debilitará aún más el liderazgo estadounidense. Las tensiones políticas dentro de la burguesía estadounidense y las consiguientes dificultades para controlar el juego político son en sí mismas un factor poderoso que reaviva la inestabilidad. Limitan la libertad de acción de la administración Biden y empujan a las facciones israelíes en el poder (como Putin en el conflicto en Ucrania) a postergar las cosas con la esperanza de que Donald Trump regrese a la presidencia. Por supuesto, Washington intenta impedir que la situación se salga de control... una ambición completamente ilusoria a largo plazo, dada la desastrosa dinámica en la que se está hundiendo Medio Oriente.
Cualesquiera que sean las medidas que se adopten, la dinámica de desestabilización es inevitable. Por lo tanto, se trata fundamentalmente de una nueva etapa significativa en la aceleración del caos global. Este conflicto muestra hasta qué punto cada Estado aplica cada vez más, para defender sus intereses, una política de “tierra arrasada”, buscando ya no ganar influencia o conquistar intereses, sino sembrar el caos y la destrucción entre sus rivales. Esta tendencia a la irracionalidad estratégica, las visiones cortoplacistas, la inestabilidad de las alianzas y el “sálvese quien pueda” no es una política arbitraria de tal o cual Estado, ni producto de la mera estupidez de tal o cual fracción burguesa en el poder. Es consecuencia de condiciones históricas, las de la descomposición del capitalismo, en las que se enfrentan todos los Estados. Con el estallido de la guerra en Ucrania, esta tendencia histórica y el peso del militarismo en la sociedad se han profundizado profundamente. La guerra de Gaza confirma hasta qué punto la guerra imperialista es ahora el principal factor desestabilizador de la sociedad capitalista. Producto de las contradicciones del capitalismo, el aliento de la guerra alimenta a su vez el fuego de esas mismas contradicciones, aumentando, por el peso del militarismo, la crisis económica, el desastre ambiental, el desmembramiento de la sociedad. Esta dinámica tiende a pudrir todos los sectores de la sociedad, a debilitar a todas las naciones, empezando por la primera de ellas: EEUU
Durante años, la situación de la población en general y de la clase trabajadora ha sido dramática en la región, especialmente en Irak, Siria, Líbano y Egipto. En Palestina, Hamás ha reprimido sangrientamente manifestaciones contra la pobreza, como en marzo de 2019, mientras sus líderes mafiosos se atiborran de ayuda internacional (Hamás es una de las organizaciones terroristas más ricas del planeta). Hoy, en todo el mundo, la burguesía está llamando a los trabajadores a elegir un bando: la “resistencia palestina” o la “democracia israelí”. Como si no hubiera otra opción que apoyar a una u otra de estas camarillas burguesas sedientas de sangre.
Por un lado, el gobierno israelí justifica la carnicería afirmando que vengará a las víctimas del 7 de octubre e impedirá que los terroristas de Hamás ataquen nuevamente la “seguridad del Estado judío”. ¡Qué lástima por las decenas de miles de víctimas inocentes! ¡La seguridad de Israel merece una masacre! Por otro lado, se afirma: "No defendemos a Hamás, defendemos el derecho del 'pueblo palestino' a la autodeterminación", con la esperanza de hacer olvidar "el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación" ¡Es sólo una fórmula destinada a ocultar la defensa de lo que debemos llamar el Estado de Gaza! Los intereses de los proletarios de Palestina, de Israel o de cualquier otro país del mundo no se confunden en modo alguno con los de su burguesía y su Estado. Una Franja de Gaza “liberada” no significaría otra cosa que consolidar el odioso régimen de Hamás o de cualquier otra facción de la burguesía de Gaza.
Pero algunos argumentarán que “la lucha de un país colonizado por su liberación” socava “el imperialismo de los estados colonizadores”. En verdad, como muestra este artículo a lo largo del texto, el ataque de Hamás es parte de una lógica imperialista que va mucho más allá de sus intereses exclusivos. “Todas las partes de la región tienen la mano en el gatillo”, afirmó el Ministro de Asuntos Exteriores iraní a finales de octubre. Por muy débil que sea frente al poder del Tsahal, Hamás, como cualquier burguesía nacional desde la entrada del capitalismo en su período de decadencia, no puede, como por arte de magia, escapar de las relaciones imperialistas que gobiernan todas las relaciones internacionales. Apoyar al Estado palestino significa alinearse detrás de los intereses imperialistas de Jamenei, Nasrallah, Erdogan o incluso Putin, que se frotan las manos. No que elegir entre esta banda de locos sedientos de dinero y sangre de Gaza y la camarilla de gente ilustrada y corrupta de Netanyahu.
Para completar la camisa de fuerza nacionalista en la que la burguesía busca encerrar a la clase obrera, están finalmente las campañas pacifistas: “¡No apoyamos a ningún bando! ¡Exigimos un alto al fuego inmediato!” Los más ingenuos imaginan sin duda que el acelerado descenso del capitalismo a la barbarie se debe a la falta de “buena voluntad” de los asesinos a la cabeza de los Estados, o incluso a una “democracia fallida”. Los más inteligentes saben perfectamente qué sórdidos intereses defienden. Este es el caso, por ejemplo, del presidente Biden, proveedor de municiones de racimo a Ucrania, “horrorizado” por los “bombardeos indiscriminados” en Gaza mientras sigue suministrando las municiones esenciales. Y si Biden alzara la voz ante Netanyahu, no se trata de “preservar la paz en el mundo”, sino de concentrar mejor sus esfuerzos y sus fuerzas militares hacia su rival chino en el Pacífico, en lugar del engorroso aliado ruso de Beijing en Ucrania. Por lo tanto, no hay nada que esperar de “paz” bajo el dominio del capitalismo, como tampoco después de la victoria de tal o cual campo. ¡La burguesía no tiene solución a la guerra!
La solución no vendrá de los proletarios de Gaza, aplastados bajo las bombas, ni de los de Israel, consternados por las masacres bárbaras de Hamás y arrastrados a las campañas chauvinistas, como ocurre con los proletarios de Ucrania o Rusia. Sólo puede provenir de la clase trabajadora internacional, en el rechazo de la austeridad y los sacrificios que implica el desarrollo de choques económicos y militarismo.
A través de una serie de luchas sin precedentes en muchos países, en el Reino Unido con un año de movilizaciones, en Francia contra la reforma de las pensiones, en Estados Unidos contra la inflación en particular, en Canadá, en Escandinavia o recientemente en Bangladesh, la clase trabajadora demuestra que es capaz de luchar, si no contra la guerra y el militarismo mismos, al menos contra las consecuencias económicas de la guerra, contra los sacrificios exigidos por la burguesía para alimentar su economía de guerra. Es un paso fundamental en el desarrollo de la combatividad y, en definitiva, de la conciencia de clase. La guerra en Medio Oriente, con la profundización de la crisis y las necesidades adicionales de armas que generará en los cuatro rincones del planeta, no harán más que aumentar las condiciones objetivas para esta ruptura con las últimas décadas en las reacciones del proletariado11.
¡La clase obrera no ha muerto! A través de sus luchas, el proletariado también se enfrenta a lo que es la verdadera solidaridad de clase. Sin embargo, frente a la guerra, la solidaridad de los trabajadores no se dirige ni a los palestinos ni a los israelíes. Va a los trabajadores de Palestina e Israel, como va a los trabajadores de todo el mundo. La solidaridad con las víctimas de las masacres no significa ciertamente mantener las mistificaciones nacionalistas que llevaron a los trabajadores a colocarse detrás de una camarilla burguesa. La solidaridad de los trabajadores requiere sobre todo el desarrollo de la lucha contra el sistema capitalista, responsable de todas las guerras. La Izquierda Comunista ya lo expresó claramente en los años 1930: “Para el verdadero revolucionario, naturalmente, no existe la cuestión “palestina”, sino sólo la lucha de todos los explotados en Medio Oriente, ya sean árabes o judíos, de la lucha más general de todos los explotados del mundo por la revuelta comunista”12. La lucha revolucionaria no puede surgir de un chasquido de dedos. Ciertamente no será el resultado de la adhesión a los campos nacionalistas o imperialistas defendidos por la burguesía; hoy, sólo puede pasar por el desarrollo de las luchas obreras, contra los ataques económicos cada vez más duros de la burguesía. ¡Las luchas de hoy preparan la revolución del mañana!
07.01.2024 / R. Havanais
1 “Un periódico no alineado”, Le Monde Diplomatique, noviembre de 2023.
2 Para una visión más detallada de las relaciones imperialistas en la región hasta la Segunda Guerra Mundial, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/163/conflictos-imperialistas-en-oriente-medio-ii-la-utilizacion-del-sio [467], Revista Internacional N° 117.
3 Resolución sobre la situación internacional, VI Congreso de la CCI, Revista Internacional No. 44, 1986.
4 Dov Weissglas, asesor cercano del Primer Ministro Sharon, en el diario Haaretz, 8 de octubre de 2004. Citado en Ch. Enderlin, "El error estratégico de Israel", Le Monde Diplomatique, enero de 2024.
5 Netanyahu a los parlamentarios del Likud el 11 de marzo de 2019, comentarios informados por el diario israelí Haaretz el 9 de octubre.
6 Extracto del periódico libanés L´Orient -Le Jour, 18 de junio, 2019.
7 “XXIII Congreso de la CCI, Resolución sobre la situación internacional, Revista Internacional 164.
8 Le Monde Diplomatique, junio de 2020.
9 Cita tomada de Ch. Enderlin, “https://www.monde-diplomatique.fr/2024/01/ENDERLIN/66457 [468] , Le Monde Diplomatique, enero de 2024.
10 Ch. Enderlin, https://www.monde-diplomatique.fr/2024/01/ENDERLIN/66457 [468] “El error estratégico de Israel”, Le Monde Diplomatique, enero de 2024.
11 “El conflicto judío-árabe: la posición de los internacionalistas en los años 1930” (tomado de Bílan n°30 y 31, 1936), Revista Internacional n°110, 2002.
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“La guerra es un asesinato metódico, organizado y gigantesco. Sin embargo, para realizar un asesinato sistemático entre hombres normalmente constituidos es necesario producir primero una intoxicación adecuada. Este ha sido siempre el método habitual de los beligerantes. Los pensamientos y sentimientos de bestialidad deben corresponder a La bestialidad de la práctica, debe prepararla y acompañarla.” (Rosa Luxemburgo, ‘La crisis de la socialdemocracia’,1915)
Los terribles enfrentamientos que vuelven a ensangrentar Medio Oriente confirman una vez más lo que la gran revolucionaria Rosa Luxemburgo escribió en prisión en 1915.
Los milicianos de Hamas que el 7 de octubre de 2023, cometieron crímenes atroces contra la población civil israelí, mujeres, niños y ancianos, sólo pudieron comportarse con tal salvajismo tras un condicionamiento y un lavado de cerebro sistemático por parte de la organización islamista que gobierna la Franja de Gaza.
Del mismo modo, si hoy la gran mayoría de la población israelí aprueba los criminales bombardeos y la ofensiva terrestre de la que son víctimas los habitantes de Gaza y que ya han causado miles de muertes civiles, no solo es porque sufrió un terrible trauma con la masacre del 7 de octubre, sino porque ella también ha sido víctima de condicionamientos durante décadas por parte de las autoridades israelíes y de los distintos partidos de la burguesía.
Hoy, con la guerra entre el Estado de Israel y Hamas asistimos una vez más a como las diferentes fuerzas políticas, que defienden la perpetuación del orden capitalista, usan el mismo método que la clase explotadora ha utilizado a gran escala desde el principio del siglo XX para justificar la barbarie bélica: resaltar las atrocidades cometidas por “el enemigo” para justificar sus propias atrocidades. Y no faltan ejemplos a lo largo del siglo XX, el siglo donde el sistema capitalista entró en su período de decadencia.
Ciertamente, la guerra existió mucho antes de este período y las justificaciones, por parte de quienes la dirigieron, estuvieron siempre acompañando, pero las guerras del pasado nunca habían tomado la forma de una guerra total, movilizando todos los recursos de la sociedad e involucrando a toda la población, como sucedió a partir de 1914. Fue a partir de la Primera Guerra Mundial cuando los gobiernos de los países beligerantes se ocuparon de manera organizada y sistemática de la propaganda que permitía movilizar a los sectores más importantes de la población de un país.
Ya hemos dedicado en nuestra prensa un artículo muy detallado sobre la propaganda destinada, “con miras al asesinato sistemático”, a “ producir una intoxicación apropiada en hombres de constitución normal” , como escribió Rosa Luxemburgo. Instamos a nuestros lectores a leer este artículo completo, “ El nacimiento de la democracia totalitaria [472] ”(1) , publicado en 2015, del que aquí citaremos sólo algunos breves extractos.
En particular, este artículo cita extensamente una obra de Harold Lasswell publicada en 1927 y titulada “Técnicas de Propaganda en la Guerra Mundial [473]”.
Aquí algunos pasajes:
"Las resistencias psicológicas a la guerra en las naciones modernas son tan grandes que cada guerra debe aparecer como una guerra de defensa contra un agresor amenazante y asesino. No debe quedar ambigüedad sobre aquéllos a los que debe odiar la población. No puede quedar el menor resquicio por el que penetre la idea de que la guerra se debe a un sistema mundial de negocios internacionales o a la imbecilidad y maldad de todas les clases gobernantes, sino que se debe a la rapacidad del enemigo. Culpabilidad e inocencia deben quedar geográficamente establecidas: la culpabilidad debe estar del otro lado de la frontera. Si la propaganda quiere movilizar todo el odio de la población, debe vigilar que todas las ideas que circulan responsabilicen únicamente al enemigo. Podrán permitirse en ciertas circunstancias algunas variaciones de esa consigna principal, que vamos a intentar especificar, pero ese argumento debe ser siempre el esquema dominante. Los gobiernos de Europa occidental no podrán nunca estar totalmente seguros de que el proletariado de dentro de sus fronteras y bajo su autoridad y que posee una conciencia de clase, vaya a alistarse tras sus trompetas bélicas"
La propaganda “"es una concesión a la racionalidad del mundo moderno. Un mundo instruido, un mundo educado prefiere desarrollarse basándose en argumentos e informaciones (…) Todo un aparato de erudición difundida populariza los símbolos y las formas del llamamiento pseudo-racional: el lobo de la propaganda no duda en vestirse con piel de cordero. Todos los hombres elocuentes de aquel entonces (escritores, reporteros, editores, predicadores, conferenciantes, profesores, políticos) se ponen al servicio de la propaganda amplificando la voz del amo. Todo se lleva con el ceremonial y el disfraz de la inteligencia pues es una época racional que requiere que la carne cruda sea asada por chefs mañosos y competentes". Las masas deben ser atiborradas con una emoción inconfesable, que deberá por lo tanto estar sabiamente cocida y bien aderezada: "Una nueva llamarada debe restañar el chancro del desacuerdo y reforzar el acero del entusiasmo bélico” (Lasswell, op. cit. p. 221)
“Para movilizar el odio de la población contra el enemigo, había que representar la nación adversa como un agresor amenazante y asesino (…). Mediante la elaboración de los objetivos de guerra el trabajo de obstrucción del enemigo se hace evidente. Representar la nación adversa como satánica: viola todos los modelos morales (las costumbres) del grupo, es un insulto a su propia autoestima. Mantener el odio depende de que hay que completar las representaciones del enemigo amenazante, obstructor, satánico, con la afirmación de la seguridad de la victoria final”. (Lasswell, op.cit., pág. 195)
La lectura de estos pasajes, que ilustran y complementan las líneas de Rosa Luxemburgo de manera notable,
podría sugerir que Lasswell era un militante que luchaba contra el capitalismo. Nada de eso, fue un eminente académico estadounidense que publicó numerosos trabajos sobre ciencia política y enseñó esta disciplina de 1946 a 1958 en la prestigiosa Universidad de Yale. En su obra de 1927, como conclusión de sus trabajos, defendió el control gubernamental de las técnicas de comunicación (telégrafo, teléfono, cine y radio) y puso sus conocimientos al servicio de la burguesía estadounidense durante toda su vida, pero especialmente durante la Segunda Guerra Mundial, donde fue director de investigaciones sobre comunicación y guerra en la Biblioteca del Congreso (la principal y prestigiosa biblioteca de Estados Unidos) al mismo tiempo que trabajaba en los servicios de propaganda de la armada.
Como se expresa con toda claridad en los escritos de Lasswell, se trata de que cada Estado que lidera la guerra presente al enemigo combatido como la encarnación del MAL para presentarse como el eminente representante del BIEN. Hay muchos ejemplos en la historia desde 1914 en adelante y sólo podemos citar algunos.
Como dice nuestro artículo de 2015, “Gran Bretaña utilizó a fondo la ocupación de Bélgica por Alemania, con una buena dosis de cinismo por cierto, pues la invasión alemana frustraba sencillamente los planes de guerra británicos. Gran Bretaña propaló historias atroces de lo más macabro: las tropas alemanas mataban a las criaturas a bayonetazos, hacían caldo con los cadáveres, ataban a los curas cabeza abajo en los badajos de las campanas en su propia iglesia, etc..”
La burguesía francesa no se quedó al margen: en una postal propagandística encontramos un poema en el que un soldado explica a su joven hermana qué es un “boche” (término utilizado en Francia para designar a un alemán y que significa “carnicero”):
“¿ Quieres saber, niña, qué es este monstruo, un Boche?
Un Boche, cariño, es un ser sin honor
Es un bandido traicionero, torpe, odioso e inmundo
Es el hombre del saco-robachicos, un ogro envenenador.
Es un demonio de soldado que quema pueblos,
Fusila a los viejos y mujeres, sin remordimientos,
Remata a los heridos, comete todos los pillajes
Entierra a los vivos y expolia a los muertos .
Es un cobarde degollador de niños y niñas,
que ensarta a bebés con bayonetas,
Masacrando por placer, sin motivos... sin cuartel
Este es el hombre, mi niña, que quiere matar a tu padre,
Destruir tu patria y torturar a tu madre,
Este es el teutón maldito en el universo entero.
Este tipo de propaganda se desarrolló especialmente tras la confraternización que tuvo lugar en el frente durante la Navidad de 1914 entre unidades alemanas, francesas y escocesas. Este poema lo dice claramente: no podemos, de ninguna manera, confraternizar con “monstruos”.
Posteriormente, la acumulación de cadáveres en ambos bandos sirvió a cada Estado contendiente para justificar la demonización del enemigo. Cada campo elogió el heroísmo y el sacrificio de sus soldados en la “necesaria” misión de parar los “crímenes” de los soldados del otro campo. Matar a seres humanos ya no era un delito si vestían otro uniforme sino que al contrario era un “deber sagrado en defensa de la humanidad y la moralidad”.
Esta demonización de los pueblos “enemigos” con miras a justificar la barbarie bélica que se mantuvo durante todo el siglo XX y principios del XXI, cuando la guerra se convirtió en una manifestación permanente del hundimiento del capitalismo en su fase de decadencia. La Segunda Guerra Mundial nos ofrece un ejemplo que es a la vez esclarecedor y atroz. Para la propaganda burguesa de hoy sólo había un “Campo del MAL”: la Alemania nazi y sus aliados.
El régimen nazi era la encarnación de la contrarrevolución que había sufrido el proletariado de Alemania después de sus intentos revolucionarios de 1918-23. Una contrarrevolución a la que las “democracias” del “Campo del BIEN” habían contribuido plenamente y que fue culminada por el nazismo. Además, estas “democracias” habían creído durante mucho tiempo que podían llegar a un acuerdo con el régimen de Hitler, como lo demuestran los acuerdos de Munich de 1938. Las atrocidades cometidas por el régimen nazi fueron utilizadas en la propaganda de los aliados para justificar sus propias atrocidades. En particular, el exterminio de los judíos de Europa por parte de este régimen, que era expresión más concentrada de la barbarie en la que la decadencia del sistema capitalista ha sumido a la sociedad humana, y que resultó un argumento generalizado y presentado como “irrefutable” sobre la necesidad de los Aliados para destruir Alemania, que incluyó el asesinato de decenas de miles de civiles bajo las bombas del “Campo del BIEN”. Después de la guerra, cuando las poblaciones de los países “victoriosos” tomaron conciencia de los crímenes cometidos por sus líderes, se les explicó que las terribles masacres de poblaciones civiles (en particular los bombardeos de Hamburgo entre el 25 de julio y el 3 de agosto de 1943 y los de Dresde del 13 al 15 de febrero de 1945 que, utilizando masivas bombas incendiarias, atacaron principalmente a civiles, causando un total de más de 100 mil muertes) eran justificados por la barbarie del régimen nazi. Estos mismos líderes organizaron propaganda masiva sobre las –verdaderas– atrocidades cometidas por este régimen, y en particular el exterminio de las poblaciones judías(2). Por otra parte, se cuidaron de no señalar que los Aliados no hicieron absolutamente nada para ayudar a estas personas, a las que la mayoría de los países del Campo del BIEN denegaron los visados de entrada y que incluso rechazaron las ofertas de los dirigentes nazis de entregar a cientos de miles de judíos.
Esta sucia hipocresía de la burguesía “democrática” queda muy bien desmantelada, con la evocación de hechos históricos probados, en un artículo titulado “Auschwitz o la gran coartada [474]” y publicado en 1960 en el n°11 de la revista Programme Comunista (órgano del Partido Comunista Internacional, bordiguista) (3) . Aquí está la conclusión de este artículo que apoyamos plenamente:
“Hemos visto cómo el capitalismo condenó a muerte a millones de hombres expulsándolos de la producción. Hemos visto cómo los masacró sin dejar de extraerles toda la plusvalía que les fue posible. Queda ver cómo el capitalismo los explota todavía después de su muerte.
Son ante todo los imperialistas del campo aliado quienes se sirvieron de esta masacre para justificar su guerra y justificar, después de la guerra, el tratamiento infame infligido al pueblo alemán. Cómo nos precipitamos sobre campos y cadáveres, paseando por todas partes fotos horribles y clamando: ¡Vean lo hijos de puta que eran esos boches! ¡Cuánta razón tuvimos de haberlos combatido! ¡Y cómo ahora tenemos razón de hacerles pasar el trago amargo! Cuando se piensa en los innumerables crímenes cometidos por el imperialismo; cuando se piensa, por ejemplo, que en ese mismo momento (1945) en que nuestros Thorez cantaban su victoria sobre el fascismo, 45.000 argelinos (¡provocadores fascistas!) caían bajo los golpes de la represión(4) ; cuando se piensa que es el capitalismo mundial el responsable de estas masacres da realmente náuseas el innoble cinismo de esta satisfacción hipócrita.
Al mismo tiempo todos nuestros buenos demócratas se arrojaron sobre los cadáveres de los judíos. Que desde entonces no han cesado de agitar ante las narices del proletariado. ¿Para hacerles sentir la infamia del capitalismo? Al contrario, para hacerles apreciar por contraste la verdadera democracia, el verdadero progreso, ¡el bienestar del cual uno goza en la sociedad capitalista! Los horrores de la muerte capitalista deben hacer olvidar al proletariado los horrores de la vida capitalista y del hecho que ¡ambos están indisolublemente ligados! Las experiencias de los médicos S.S. deben hacer olvidar que el capitalismo experimenta a gran escala productos cancerígenos, los efectos del alcoholismo sobre la herencia, la radioactividad de las bombas «democráticas». Si se muestran las lámparas forradas en piel de hombre, es para hacer olvidar que el capitalismo ha transformado al hombre viviente en lámpara. Las montañas de cabellos, los dientes en oro, el cuerpo del hombre muerto, han convertido al hombre viviente en mercancía. Es el trabajo, la vida misma del hombre que el capitalismo ha transformado en mercancía. Es ésta la fuente de todos los males. Utilizar los cadáveres de las víctimas del capital para tratar de esconder la verdad, hacer que estos cadáveres sirvan a la protección del capital es bien la más infame forma de explotarlos hasta la médula”.
De hecho, este artículo expone lo que constituye una posición fundamental de la izquierda comunista: la denuncia de la ideología antifascista, de la cual la evocación de la Shoah [aniquilación] constituye un pilar, como medio para justificar la defensa de la “democracia” capitalista. Así, ya en junio de 1945, el número 6 de L'Étincelle , periódico de la izquierda comunista francesa, antepasado político de la CCI, había publicado un artículo titulado “Buchenwald, Maïdaneck, demagogia macabra” que desarrollaba el mismo tema y que reproducimos a continuación:
“El papel desempeñado por las SS, los nazis y su campo de muerte sistematizada, era exterminar en general a todos los que se oponían al régimen fascista y especialmente a los militantes revolucionarios que siempre han estado en la vanguardia de la lucha contra la burguesía capitalista, bajo cualquiera forma que adopte: autárquica, monárquica o “democrática”, cualquiera que sea su líder: Hitler, Mussolini, Stalin, Leopoldo III, Jorge V, Víctor-Emmanuel, Churchill, Roosevelt, Daladier o De Gaulle”.
La burguesía internacional que, cuando estalló la Revolución de Octubre en 1917, buscó todos los medios posibles e imaginables para aplastarla, que destrozó la revolución alemana en 1919 con una represión de increíble salvajismo, que ahogó en sangre la insurrección proletaria china; la misma burguesía que financió la propaganda fascista en Italia y luego la de Hitler en Alemania; la misma burguesía puso en el poder en Alemania a quien había designado como policía de Europa en su nombre; la misma burguesía que hoy gasta millones para financiar la organización de una exposición “Las SS crímenes hitlerianos”, el rodaje y la presentación al público de películas sobre las “atrocidades alemanas” (mientras las víctimas de estas atrocidades siguen muriendo a menudo sin cuidados y que los supervivientes que regresan no tienen medios para vivir).
Esta misma burguesía, es la que pagó por un lado el rearme de Alemania y, por el otro, la que se burló del proletariado arrastrándolo a la guerra con una ideología antifascista, es la que de esta manera favoreció la llegada de Hitler al poder. El poder se utilizó hasta el final para aplastar al proletariado alemán y arrastrarlo a la más sangrienta de las guerras, a la más inmunda carnicería que se pueda concebir.
Es siempre esta misma burguesía la que envía representantes con coronas de flores para inclinarse hipócritamente ante las tumbas de los muertos que ella misma ha generado porque es incapaz de dirigir la sociedad y porque la guerra es su única forma de vida.
¡ES A ELLA A LA QUE ACUSAMOS!
Porque los millones de muertes que ha perpetrado en esta guerra no son más que un añadido a una lista ya demasiado larga, por desgracia, de los mártires de la “civilización”, de la sociedad capitalista en descomposición.
Los responsables de los crímenes de Hitler no son los alemanes que fueron los primeros, en 1934, en pagar la represión burguesa de Hitler con 450 mil vidas humanas y que continuaron sufriendo esta represión despiadada cuando se llevó a cabo al mismo tiempo en el extranjero. No más que los franceses, los ingleses, los americanos, los rusos, o los chinos no son responsables de los horrores de la guerra que no querían pero que les impuso su burguesía.
Por el contrario, son los millones de hombres y mujeres que murieron lentamente en los campos de concentración nazis, que fueron salvajemente torturados y cuyos cuerpos se pudrían en cualquier parte, que han sido golpeados durante esta guerra combatiendo o sorprendidos en un bombardeo “liberador”, los millones de cadáveres mutilados, amputados, desgarrados, desfigurados, enterrados bajo tierra o pudriéndose al sol, los millones de cuerpos, soldados, mujeres, ancianos, niños.
Son estos millones de muertos los exigen venganza...
...y no reclaman venganza contra el pueblo alemán que sigue pagando; sino sobre esta burguesía infame y sin escrúpulos que no pagó, pero se aprovechó y que sigue burlándose con sus caras de gordos cerdos, de los esclavos hambrientos.
La verdadera posición del proletariado no es responder a llamados demagógicos tendentes a continuar y acentuar el chauvinismo a través de comités antifascistas, sino la lucha directa de clases por la defensa de sus intereses, de su derecho a la vida, de su lucha de cada día, de cada momento hasta la destrucción del monstruoso régimen del capitalismo.”(5)
Incluso hoy, el Estado de Israel (y quienes lo apoyan) invocan la memoria de la Shoá para justificar sus crímenes. Las atrocidades sufridas en el pasado por las poblaciones judías son una manera de hacer creer que este Estado pertenece al campo del BIEN, incluso cuando toma el ejemplo de las “democracias” durante la Segunda Guerra Mundial para masacrar bajo las bombas, de manera deliberada, poblaciones civiles. Y las atrocidades cometidas por Hamás el 7 de octubre le permitieron reavivar la llama de manera espectacular hasta el punto de silenciar en Israel incluso las voces de quienes anteriormente denunciaban la política criminal de este Estado, o incluso de arrojarlos al campo de “guerra a toda costa”
Al mismo tiempo, los enemigos de Israel y quienes los apoyan, y que durante décadas han hecho de la opresión y la humillación de las poblaciones palestinas su negocio, ya sea que se alineen detrás de banderas islámicas o banderas "antiimperialistas", encuentran hoy, con las masacres cometidas por el Estado hebreo en Gaza, los escandalosos argumentos para justificar su apoyo a un Estado palestino que, como todos los Estados, será el instrumento de la clase explotadora para oprimir y reprimir a los explotados.
Para justificar la barbarie bélica, la propaganda burguesa ha hecho, especialmente desde 1914, un uso masivo de la mentira, como vimos anteriormente y como seguimos viendo. Pensemos, entre muchos otros ejemplos, en el mito de las “armas de destrucción masiva” suscitado por el Estado estadounidense en 2003 para justificar la invasión de Irak. Pero esta propaganda es aún más eficaz cuando puede basarse en las atrocidades reales cometidas por quienes son designados como enemigos. Y estas atrocidades no van a desaparecer; todo lo contrario. A medida que el sistema capitalista se hunde en su decadencia y descomposición, serán cada vez más frecuentes y abominables. Como en el pasado, serán utilizados por cada sector de la burguesía para justificar sus propias atrocidades y las atrocidades futuras.
La indignación y la ira contra estas atrocidades son legítimas y normales en todo ser humano. Pero es importante que los explotados, los proletarios, sean capaces de resistir las sirenas de quienes los llaman a combatir y matar a los proletarios de otros países, o a morir en esos combates. Ninguna guerra en el capitalismo será jamás la que ponga fin a las guerras, las “últimas de las últimas”, como afirmaba la propaganda de los países de la Entente en 1914 o como afirmaba en 2003 el presidente Bush hijo, que predijo “una era de paz y prosperidad” tras la eliminación de Saddam Hussein (de hecho, la masacre de cientos de miles de iraquíes). La única manera de poner fin a las guerras y las atrocidades que causan es acabar con el sistema que las crea, el capitalismo. Cualquier otra perspectiva sólo preserva la supervivencia de este sistema bárbaro.
(Fabienne, 24-11-2023)
1 Revista Internacional nº 155. El articulo original en nuestra prensa francesa “Naissance de la démocratie totalitaire”, en español se publicó con el título “La propaganda durante la Primera Guerra Mundial [475]”.
2 La utilización por parte del Campo del BIEN americano de la bomba atómica que arrasó las ciudades de Hiroshima (6 de agosto de 1945 – entre 103 mil y 220 mil muertos según diferentes estimaciones) y Nagasaki (9 de agosto – de 90 mil a 140 mil muertos) no podría evidentemente justificarse por el exterminio de los judíos por parte de las autoridades japonesas, pero sí hay que darle una vocación “humanitaria”. De hecho, según las autoridades estadounidenses, ayudó a salvar un millón de vidas en ambos bandos al acelerar el fin de la guerra. Esta es una de las mentiras más atroces sobre la Segunda Guerra Mundial. De hecho, incluso antes de estos bombardeos, el gobierno japonés estaba dispuesto a capitular con la condición de que el emperador Hirohito conservara su trono. Las autoridades estadounidenses rechazaron entonces esta condición. Era absolutamente necesario que pudieran utilizar la bomba atómica para comprender mejor el “rendimiento” de esta nueva arma y, sobre todo, para enviar un mensaje de intimidación a la Unión Soviética, que el gobierno estadounidense predijo sería el próximo enemigo. Por su parte, Hirohito permaneció en su trono hasta su muerte el 7 de enero de 1989, sin ser nunca preocupado por las autoridades estadounidenses a pesar de que su participación personal en los crímenes de los ejércitos japoneses estaba claramente establecida. Una última aclaración: si la capital de Japón, Tokio, no recibió una bomba atómica es porque ya fue prácticamente arrasada por múltiples bombardeos “clásicos” (con uso intensivo de bombas incendiarias), y en particular los de de marzo de 1945 que provocó tantas muertes como la de Hiroshima.
3 Este artículo se basa en particular en el libro “ La historia de Joël Brand” (Éditions du Seuil, 1957, traducido del alemán: Die Geschichte von Joel Brand , Verlag Kiepenheuer & Witsch, Köln-Berlin, 1956) que describe las aventuras de este judío húngaro que organizó la fuga de los judíos perseguidos por los nazis. En mayo de 1944, Adolf Eichmann encargó a Brandt transmitir a los aliados una propuesta para la “entrega” de cientos de miles de judíos, propuesta rechazada por las autoridades británicas.
4 Referencia a la sublevación de la población de Sétif el 8 de mayo de 1945, el mismo día de la firma del armisticio, sofocada con extrema violencia por el gobierno francés, en la que participó el Partido "Comunista" dirigido por Maurice Thorez.
5 La Tendencia Comunista Internacionalista ha publicado en su sitio web un artículo que trata las mismas cuestiones abordadas en nuestro presente artículo:-La hipocresía imperialista en Oriente y Occidente [476]. Este es un artículo excelente que damos la bienvenida y animamos a nuestros lectores a consultarlo.
En la Parte I de este artículo, decíamos en la introducción que "El colapso del bloque del Este marcó el inicio de la fase final de la evolución del capitalismo: la descomposición social. Con esta fase también comienza el declive del liderazgo estadounidense y el deslizamiento del sistema burgués hacia el caos y la barbarie.... La segunda parte de este artículo tratará del período que va desde 1990 hasta hoy. En 30 años de descomposición de la sociedad burguesa, Estados Unidos se ha convertido en un factor de agravamiento del caos, y su liderazgo mundial no se recuperará, proclame lo que proclame el equipo de Biden en sus discursos. No es una cuestión de deseos; son las características de esta fase final del capitalismo las que determinan las tendencias que está obligado a seguir, conduciendo inexorablemente al abismo si el proletariado no puede ponerle fin mediante la revolución comunista mundial"1.
El gobierno de Biden lleva ya 8 meses en el poder y se han confirmado claramente las dificultades de la burguesía estadounidense para revertir los efectos de la descomposición en todos los niveles: El huracán Ida causando estragos en Nueva Orleans, los incendios que arrasan regiones enteras en California... en resumen, la burguesía es incapaz de hacer frente a las consecuencias del cambio climático; la guerra comercial con China afecta a los propios consumidores estadounidenses; mientras tanto, los políticos de ambos partidos están más preocupados por defender sus intereses mezquinos que por construir una unidad que responda a las necesidades del capital nacional; la violencia en las calles sigue aumentando, el consumo de opioides y fentanilo bate récords y destruye vidas; los grupos que promueven las teorías conspirativas más descabelladas siguen floreciendo; y la "mayor democracia del mundo" aún no se ha recuperado del fiasco político de las elecciones de 2020, lo que Trump llama el gran "fraude electoral" . Ahora hay que añadir que la retirada de EEUU de Afganistán en desorden2, abandonando a sus aliados a su suerte, es una muestra más de que EEUU nunca recuperará su lugar como gendarme del mundo. La pérdida de ese estatus provocará más divisiones en el seno de la burguesía norteamericana, y a nivel mundial se producirá un caos creciente en las relaciones imperialistas donde las guerras localizadas, el desorden y el sálvese quien pueda serán el centro de la dinámica infernal de un sistema que se está pudriendo.
Por lo tanto, nuestro marco de análisis insiste en que ".... es vital subrayar la distinción fundamental entre los elementos de descomposición que han infectado al capitalismo desde principios de siglo y la descomposición generalizada que está infectando al sistema en la actualidad, y que sólo puede agravarse. También en este caso, al margen del aspecto estrictamente cuantitativo, el fenómeno de la descomposición social ha alcanzado hoy tal amplitud y profundidad que ha adquirido una cualidad nueva y única, que revela la entrada del capitalismo decadente en una nueva y última fase de su historia: la fase en la que la descomposición se convierte en un factor decisivo, si no el decisivo, de la evolución social"3.
La implosión de la URSS y la desaparición del bloque oriental provocaron la dislocación automática del bloque occidental. Estados Unidos tuvo que provocar la Guerra del Golfo Pérsico en 1991, haciendo creer a Saddam Hussein que no se "inmiscuiría en los asuntos árabes": Irak invadió Kuwait y los estadounidenses organizaron la "gran coalición de la Comunidad Internacional" para castigar a Irak. Pero el objetivo central era alinear a los países tras la bandera estadounidense, dar un golpe en la mesa y demostrar quién impondría la disciplina en el mundo a partir de entonces.
"La guerra del Golfo muestra que, ante la tendencia al caos generalizado propia de la descomposición y que se ha acelerado considerablemente con el colapso del bloque del Este, el capitalismo no tiene otra salida en su intento de mantener unidos a sus diferentes componentes, que imponer la camisa de fuerza militar. En este sentido, los métodos que utiliza para tratar de contener un estado de caos cada vez más sangriento son en sí mismos un factor de agravamiento de la barbarie militar en la que se está sumiendo el capitalismo"4 Este fue el punto álgido del liderazgo estadounidense tras el fin de la "era bipolar": después de la "Tormenta del Desierto" los fracasos se han ido acumulando uno tras otro y la dominación estadounidense se ha ido debilitando desde entonces.
"A principios del siglo XXI, la propagación de la descomposición se manifestó sobre todo en la explosión del sálvese quien pueda y el caos a nivel imperialista. El ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono por parte de Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001, y la respuesta militar unilateral de la administración Bush, abrieron aún más la caja de Pandora de la descomposición: con el ataque y la invasión de Irak en 2003, desafiando las convenciones y organizaciones internacionales y sin tener en cuenta la opinión de sus principales "aliados", la primera potencia mundial pasó de ser el gendarme del orden mundial al principal agente del sálvese quien pueda y del caos. La ocupación de Irak y luego la guerra civil en Siria (2011) agitarían poderosamente el sálvese quien pueda imperialista, no sólo en Oriente Medio sino en todo el mundo. También acentuaron la tendencia al declive del liderazgo de Estados Unidos, mientras que Rusia comenzó a volver al primer plano, especialmente a través de un papel imperialista "disruptivo" en Siria, y China se alzaba rápidamente como retador de la superpotencia estadounidense"5
Mientras que en la década de los noventa Estados Unidos consiguió mantener su estatus de primera potencia mundial, gracias en gran parte a su capacidad para presentarse como vencedor de la Guerra Fría, el "Nuevo Orden Mundial" de Bush padre iba a ser un eufemismo para el desorden y el caos. De hecho, el comienzo del siglo XXI marcaría ya el abierto declive histórico de Estados Unidos. Esto se expresa en su incapacidad para estabilizar las zonas en las que mete sus narices. Está claro en el caso de Palestina-Israel, pero también en el de Irán y en la incapacidad de la OTAN para responder a la política de Rusia en Ucrania, cuya política de sanciones y "máxima presión" no ha dado los resultados esperados.
"En 1992, Washington adoptó una orientación muy clara y consciente para guiar su política imperialista en el período posterior a la Guerra Fría, basada en "un compromiso fundamental de mantener un mundo unipolar en el que Estados Unidos no tenga ningún competidor de igual nivel. No se permitirá que ninguna coalición de grandes potencias sin Estados Unidos alcance la hegemonía" (Prof. G.J. Ikenberry, Foreign Affairs, Sept/Oct. 2002, p.49). Esta política pretende impedir el ascenso de cualquier potencia en Europa o Asia que pueda desafiar el protagonismo estadounidense y servir de polo de reagrupación para la formación de un nuevo bloque imperialista. Esto se explicó inicialmente en la declaración de política de planificación de la defensa de 1992, redactada por Rumsfeld en 1992, durante el último año de la primera administración Bush, que estableció claramente esta nueva gran estrategia”6
Hoy podemos confirmar el estrepitoso fracaso de esta orientación: hay un claro ascenso de Rusia, pero sobre todo de China, en la arena imperialista. China es ya el principal rival de EEUU, aunque todavía no posee la capacidad militar de los norteamericanos. Los "capitalistas estalinistas" no tienen otra opción: o se arman para defender su expansión económica o se hundirán, encerrados tras el muro de contención que los estadounidenses pretenden construir a su alrededor. El peligro que representa China sigue creciendo y amenazando los privilegios de EEUU como única superpotencia mundial. La guerra comercial ha sido declarada, y con ella la movilización militar que la acompaña serán factores de crisis, desacuerdos y tensiones que inevitablemente involucrarán a otros peones imperialistas.
El ascenso de China no causó ningún problema durante más de 25 años. Todos los países industrializados, empezando por los Estados Unidos y los europeos, se apresuraron a invertir en China, a instalar sus fábricas, ya que allí podían contar con una mano de obra muy barata y casi sin exigencias fiscales y medioambientales. Este ascenso de China no puede entenderse sin analizarlo en el marco de las condiciones creadas por la entrada del capitalismo en su fase terminal: la descomposición social7. Lo que nos interesa aquí es destacar cómo la política estadounidense dedica cada vez más esfuerzos a contener al Dragón Chino. La dinámica del capitalismo decadente conduce inexorablemente a la guerra como forma permanente de existencia. El fin de los bloques imperialistas y el fin de la Guerra Fría no significaron una "era de paz", un "Nuevo Orden Mundial". Los esfuerzos de EEUU, como primera potencia económico-militar, debían dirigirse a salvaguardar el capitalismo en su conjunto, coincidiendo los intereses del capitalismo norteamericano con la defensa de ese "orden mundial". Y, sin embargo, sus aventuras militares al estilo "llanero solitario" sólo han traído más caos e inestabilidad. Afganistán es un ejemplo dramático de lo que supone la decadencia estadounidense, y junto a ella la decadencia general de un sistema en descomposición.
20 años de invasión, más de 2 billones de dólares (¡300 millones de dólares al día!) - ninguna de estas inversiones fue compensada con petróleo, litio o heroína. Las guerras ya no tienen una justificación económica. La salida de Estados Unidos de Afganistán bajo una imagen de estampida y huida humillante es el ejemplo más concreto del atolladero en el que se encuentra la "política exterior estadounidense". Asia Central es un espacio geopolítico importante y el hecho de que después de 20 años no se hayan alcanzado los objetivos estadounidenses no se debe a la incompetencia del ejército afgano, como dijo cínicamente Biden; se debe principalmente a los años de inestabilidad, al aumento del caos, a la miseria, al fortalecimiento de los "señores de la guerra". Poner orden en este caos es misión imposible, ya que la descomposición, con su tendencia al sálvese quien pueda, es un fenómeno irreversible.
Este fracaso abierto de Estados Unidos en Afganistán acelerará los procesos centrífugos que se vienen produciendo desde hace más de 30 años:
- El aumento de la desconfianza de los "aliados" de Estados Unidos respecto a la capacidad de este país para garantizar el cumplimiento de sus objetivos. Así, los miembros de la OTAN ya se inclinan por mantener a EEUU al margen de los intereses europeos. Desde la creación de la OTAN, los aliados europeos aceptaron alinearse detrás de los estadounidenses para obtener protección militar contra la amenaza de la Unión Soviética. Aunque Rusia sigue siendo un peligro latente para Europa, no tiene la importancia que tuvo en su día. Trump insistió en que los europeos debían asumir más costes de la OTAN, lo que significa que los estadounidenses son cada vez más incapaces de sostener económica y militarmente este legado de la Guerra Fría. En la actualidad, el liderazgo estadounidense está tan desgastado que no inspira confianza ni siquiera a sus aliados europeos. La reciente formación de un acuerdo entre EEUU, Australia y Gran Bretaña (AUKUS) echó por tierra el acuerdo de Francia para vender submarinos nucleares a Australia, y esto ya está enfrentando a la Unión Europea con los estadounidenses. Para las burguesías europeas, la emancipación de la tutela norteamericana ya es posible, no por sus mayores atributos militares y económicos, sino por el declive histórico de EEUU.
- Todos los pequeños tiburones imperialistas regionales se envalentonarán para desafiar abiertamente a EEUU. La inclusión de Irán en la "Organización del Acuerdo de Shangai" pretende impedir el acceso militar de EEUU a la región. China y Rusia son las principales partes de dicho acuerdo. Pero lo mismo ocurrirá con las demás potencias de Asia Central y Oriente Medio. La tendencia al sálvese quien pueda va a crecer, y con ella la inconstancia de cada país aumentará el número de interminables guerras locales. Los rusos ya tienen un pie en Siria; Turquía siente que puede desafiar a Europa, léase la OTAN, y avanzar en sus intereses en el Mediterráneo. Al mismo tiempo, el vacío dejado por Estados Unidos será llenado por otras potencias. Ya se sabe que China y Rusia harán tratos con los talibanes para relanzar la "Nueva Ruta de la Seda" Aunque Rusia no apoya el proyecto chino, intervendrá para proteger sus propias fronteras y los países de Asia Central bajo su influencia de la inminente propagación del caos en la región. Estados Unidos no puede retirarse sin establecer una retaguardia que le permita al menos seguir interviniendo. Mantendrán sus bases militares en la región y desde allí seguirán avivando el fuego.
- Las divisiones en el seno de la burguesía estadounidense se exacerbarán. La salida de Afganistán estaba prevista desde Obama; Trump firmó los acuerdos de salida el 1 de mayo de este año y Biden la está aplicando de forma totalmente caótica. La pérdida de su lugar como primera potencia mundial acentuará las fracturas: ¿Cómo mantendrá Estados Unidos su presencia en Oriente Medio y Asia Central para no dejar el campo libre a otras potencias? ¿Cuál será la política de Estados Unidos hacia sus aliados europeos después de Afganistán? ¿Estará Israel a salvo? ¿Cómo contener el ascenso de China después de esta debacle? ¿Cómo enfrentarse a Rusia? Todas estas preguntas no serán objeto de decisiones unánimes en el seno de la burguesía estadounidense; al contrario, acelerarán las divisiones internas en un contexto en el que el populismo seguirá influyendo en la política estadounidense. Todo el mundo tratará de promover sus intereses, desde facciones como Black Rock, Soros y compañía hasta otras vinculadas al fundamentalismo cristiano, los supremacistas blancos y agrupaciones como el Instituto Cato y el Movimiento Tea Party, todo tipo de think tanks y milicias civiles que tratarán de imponer sus ideologías a costa de una visión nacional del capital, lo que favorecerá enormemente la fragmentación de la vida política estadounidense.
"Esta tendencia general de la burguesía a perder el control de su propia política fue uno de los factores principales del colapso del bloque del Este; este colapso sólo puede acentuar la tendencia
- por el agravamiento de la crisis económica resultante;
- por la desintegración del bloque occidental que supone la desaparición de su rival;
- porque la desaparición temporal de la perspectiva de la guerra mundial exacerbará las rivalidades entre las diferentes facciones burguesas (entre facciones nacionales especialmente, pero también entre camarillas dentro de los estados nacionales)" (Tesis sobre la Descomposición).
La erosión de la capacidad de la burguesía para gestionar su juego político comenzó con fuerza al final de la Guerra Fría y la entrada en la fase de descomposición del capitalismo: estamos hablando de principios de los años 90. Aunque ya había fenómenos que anunciaban esta tendencia (la candidatura de Ross Perot, la destitución de Clinton, etc.) fue en el año 2000, con las elecciones que dieron la victoria a Bush hijo, cuando esta tendencia a la pérdida de control del juego político comenzó a manifestarse de forma espectacular. Las "elecciones robadas" mostraron que el ejemplo mundial de democracia empezaba a parecer cada vez más endeble8. Al Gore ganó la elección presidencial nacional por más de 500.000 votos, pero la decisión se tomó 36 días después y fue Florida, gobernada por el hermano de Bush, la que decidió la elección. El arcaico sistema electoral estadounidense demostró que no es el voto popular del ciudadano el que decide. La ideología demócrata recibió un duro golpe.
Tanto la facción de Bush como la de Gore llegaron a defender sus propios apetitos e intereses en detrimento de una visión global del capital estadounidense. Nixon, en 1960, adoptó una actitud diferente y comprendió la naturaleza del circo electoral y las necesidades del capital en ese momento. No impugnó a Kennedy, a pesar del fraude de Chicago, y todas las facciones dejaron de lado sus divergencias para formar un frente unido. Lo que ocurrió en las elecciones de 2000 fue ya la expresión de las divisiones internas de la burguesía, donde las tendencias centrífugas empezaban a mostrar su gravedad.
Las fuerzas de extrema derecha, especialmente el fundamentalismo cristiano, comenzaron a aparecer en la escena política estadounidense. Inicialmente como base del Partido Republicano en la época de Reagan, ahora han ganado fuerza en los llamados "estados rurales", una tendencia que ha sido alimentada por el creciente caos y la falta de esperanza en el futuro. Un ejemplo concreto de este fenómeno fue el surgimiento del Tea Party, que sería un actor importante en el torpedeo de la administración Obama, acusando al presidente de ser "marxista" y "agente musulmán". El Tea Party no sólo se nutrió del fundamentalismo cristiano, sino también de supremacistas blancos, activistas antiinmigrantes, milicianos, etc., todo un cóctel que se infiltró en el Partido Republicano y amenazó la estabilidad del sistema político, unido en torno a la consigna de estar en contra del "establishment de Washington". Estos eran ya signos claros de la propagación de la ideología populista, una ideología de la descomposición.
"- El ascenso del populismo "no es la opción política deseada por los sectores dominantes de la burguesía". Por el contrario, es una confirmación de la tendencia a 'una creciente pérdida de control de la clase dominante sobre su aparato político'.
- Su verdadera causa es "la incapacidad del proletariado de plantear su propia respuesta, su propia alternativa a la crisis del capitalismo". En este vacío entra la pérdida de confianza en las instituciones oficiales de la sociedad, que ya no son capaces de protegerla, y se hace cada vez más fuerte, dando lugar a una pérdida de confianza en el futuro y a la tendencia a mirar al pasado y a buscar chivos expiatorios a quienes culpar de la catástrofe".
- Hay "un elemento común presente en la mayoría de los países avanzados: la profunda pérdida de confianza en las 'élites' (...) debido a su incapacidad para restablecer la salud de la economía y frenar el aumento constante del desempleo y la pobreza". Esta revuelta contra los dirigentes políticos "(...) no puede conducir en modo alguno a una perspectiva alternativa al capitalismo".
- La reacción populista es querer sustituir la hipócrita pseudo igualdad existente por un sistema 'honesto' y abierto de discriminación legal. (...) La lógica de esta argumentación es que, en ausencia de una perspectiva de crecimiento a largo plazo para la economía nacional, las condiciones de vida de los nativos solo pueden estabilizarse más o menos discriminando a todos los demás."9
La llegada de Trump al poder no marcó el inicio del populismo, ni la victoria de Biden marca su fin. Trump hace oficial la enorme dificultad de la burguesía de la primera potencia mundial para "gestionar" su circo electoral y contener las tendencias centrífugas que crecen en su seno. "La crisis de la burguesía estadounidense no se ha producido como consecuencia de la elección de Trump. En 2007, el informe ya señalaba la crisis de la burguesía estadounidense explicando: "Es ante todo esta situación objetiva -una situación que excluye cualquier estrategia a largo plazo por parte del poder dominante - la que hizo posible la elección y reelección de un régimen tan corrupto, con un presidente piadoso y estúpido a la cabeza [Bush hijo]. (...), la Administración Bush no es más que un reflejo de la situación de callejón sin salida del imperialismo estadounidense' Sin embargo, la victoria de un presidente populista (Trump) conocido por tomar decisiones impredecibles no sólo sacó a la luz la crisis de la burguesía estadounidense, sino que también puso de manifiesto la creciente inestabilidad del aparato político de la burguesía estadounidense y la exacerbación de las tensiones internas" (ídem.)
Las elecciones de 2020 estuvieron rodeadas de inestabilidad y agudización de las luchas internas en el aparato político estadounidense. Las manifestaciones antirracistas y el movimiento Black Lives Matter tuvieron un gran impacto en la vida política, las milicias se manifestaron abiertamente, los republicanos y los demócratas también mostraron sus divisiones y la burguesía estadounidense luchó por imponer una facción más responsable en el poder. De hecho, las acusaciones de fraude impregnaron las elecciones de principio a fin y la democracia quedó aún más desacreditada: El propio presidente Trump la calificó de "enorme fraude". La burguesía trató de recuperarse de las "elecciones robadas" del año 2000, pero Trump y el trumpismo revivieron la idea de "fraude", y el sistema democrático en el que se basa la explotación del trabajo por el capital se ha debilitado de nuevo. Esta fragilidad y el crecimiento de la fragmentación en la vida de la sociedad estadounidense no harán más que aumentar, a pesar de que las facciones más responsables de la burguesía estadounidense intentan, con "Sleepy Joe"10 a la cabeza, contrarrestar esta dinámica irreversible.
La implosión de la Unión Soviética a finales de 1989 puso fin a la Guerra Fría. La causa fundamental de la debacle soviética residía en la imposibilidad de mantener una carrera armamentística con Occidente. La economía de la URSS no estaba ni siquiera cerca de igualar el poderío de Estados Unidos. Sin embargo, como cabeza del llamado bloque "socialista", la URSS estaba obligada a competir militarmente para mantener esa posición. A la larga, esta aberración económica, el gasto militar, la desangraría financieramente y se desmoronaría bajo el implacable ariete de la crisis.
"Hoy en día, el armamento cristaliza el plus ultra de la perfección tecnológica. La fabricación de sofisticados sistemas de destrucción se ha convertido en el símbolo de una economía moderna de alto rendimiento. Sin embargo, estas "maravillas" tecnológicas, que acaban de mostrar su eficacia asesina en Oriente Medio, son, desde el punto de vista de la producción, de la economía, un gigantesco despilfarro. Las armas, a diferencia de la mayoría de las otras mercancías tienen la particularidad de que una vez producidas son expulsadas del ciclo productivo del capital. No sirven ni para ampliar o sustituir el capital constante (a diferencia de las máquinas, por ejemplo) ni para renovar la fuerza de trabajo de los trabajadores que ponen en marcha este capital constante. Las armas no sólo no hacen más que destruir, sino que ya son una destrucción de capital en sí mismas, una esterilización de la riqueza. Cuando Estados Unidos, por ejemplo, anuncia que el presupuesto de defensa representa el 6% del PNB, eso significa que se ha destruido el 6% de la riqueza producida anualmente. Este 6% tiene que ser retirado de la producción global, lo que significa que la producción militar debe restarse del crecimiento anual, no añadirse como hacen los economistas."11 Los bienes de consumo y los bienes de producción pueden integrarse en el ciclo de la acumulación de capital, pero la producción militar tiene el único destino de esfumarse literalmente. Desde el punto de vista del capital global es la esterilización pura y dura del trabajo acumulado. El capitalismo decadente no puede evitar la huida hacia adelante de este proceso.
La economía norteamericana está sometida a una presión creciente en cuanto al gasto militar, que ya triplica el de su rival más cercano, China. ¡El presupuesto militar en 2019 fue de unos 716 mil millones de dólares! Esta tendencia del capitalismo a gastar cada vez más en armamento no es una opción, es una expresión de la vida misma de este sistema en decadencia y su impulso ciego hacia la guerra. China ya está inmersa en esta dinámica y EEUU hará todo lo posible para evitar que surja como rival en igualdad de condiciones. Con este ejemplo podemos ver que las ilusiones aislacionistas del capital estadounidense en los años 20 y 30, sobre crecer económicamente lejos de los "problemas europeos", era una utopía: la participación en la guerra bajo el capitalismo no es una opción sino un imperativo. Por eso, la facción aislacionista fue perdiendo terreno y se disolvió orgánicamente después de la Segunda Guerra Mundial, tras la cual siguió presente pero ya no tuvo un peso real. Aunque el populismo trumpista intentó abanderar esta facción, la realidad es que la lógica del capitalismo conduce inevitablemente a la guerra. El capitalismo moviliza todo el aparato productivo en aras de mantener y mejorar constantemente su poder militar12. Esto explica por qué Estados Unidos ha perdido su competitividad económica mundial. Muchas empresas estadounidenses dependen de las inversiones a través del Pentágono (Boeing, MacDonell-Douglas, Texas Instruments, General Electric, Chrysler, etc.). Estas "inversiones" exigen cada vez más dólares, de modo que la deuda estadounidense ya ha alcanzado los 28 billones de dólares, es decir, el 130% de su PIB. Por lo tanto, no es casualidad que la esfera militar colonice cada vez más la estructura del Estado e influya en el aumento de los presupuestos militares en detrimento de otros sectores. Las dificultades y divisiones que corroen la supuesta unidad de la burguesía no pueden sino aumentar en este ámbito, y las luchas internas se intensificarán sin duda.
Otro resultado del crecimiento canceroso del militarismo es que la economía "civil" -infraestructuras, sanidad, educación, etc.- se descuida cada vez más. Esto no puede sino debilitar la competitividad del capital estadounidense en el mercado mundial, obligando a la administración Biden a impulsar un importante programa de "modernización" en este ámbito. Y esto, a su vez, contribuirá a acumular la deuda nacional.
El frente interno de Estados Unidos está experimentando un empeoramiento de los conflictos y las divisiones. Los principales partidos están perdiendo credibilidad y las disensiones y fracturas son cada vez más evidentes. El Partido Demócrata no se unificó tras la pérdida del candidato Sanders frente a Hilary Clinton y Biden para la presidencia. El ala "socialista" del Partido Demócrata no está muy contenta, por lo que el "Escuadrón" (Ocasio Cortez y compañía) será el "ala crítica" contra Biden si no implementa sus "propuestas sociales, verdes y progresistas". No olvidemos que también hay divisiones entre el Escuadrón y Nancy Pelosi. El Escuadrón la ha acusado de ser "racista" y hay serias divergencias sobre la política de inmigración. A esto se suma el hecho de que la población no votó por Biden sino contra Trump, lo que refleja la débil base social de los demócratas. Por otro lado, los partidarios de Trump son muy significativos y éste se ha convertido en el segundo candidato presidencial con más votos de la historia, sólo por detrás de Biden. El Partido Republicano, por su parte, también se enfrenta a luchas internas. Bush Jr., miembro distinguido del Partido Republicano, ha desatado las críticas contra Trump desde las últimas elecciones cuando dijo abiertamente sobre la toma del Capitolio el 6 de enero de este año: "Así es como se disputan los resultados en las repúblicas bananeras".
Durante los cuatro años de mandato de Trump, el Partido Republicano, el partido de Abraham Lincoln, se deslizó más hacia la extrema derecha. Trump avivó el racismo, no condenó a los conspiranoicos como el grupo QAnon, halagó a los supremacistas blancos y condenó al movimiento BLM como "comunista". Acusó a Gorge Soros de financiar al BLM, a los Antifas y a las caravanas de migrantes que vienen de Centroamérica. Por otro lado, tras los acontecimientos del 6 de enero muchos republicanos desertaron de las filas de los partidarios de Trump. El GOP (Grand Old Party) fue vandalizado por el populismo y la democracia estadounidense pierde cada vez más su capacidad de controlar los resultados electorales. Los dos grandes partidos han perdido la unidad interna y la credibilidad. En las últimas elecciones, el programa de Biden era básicamente vacío y sólo inspiraba desconfianza, mientras que los republicanos y Trump basaron su campaña en el alarmismo. La amenaza de una confrontación abierta estuvo presente en todo el ambiente electoral de 2020. Esta tendencia social hacia el desarrollo de fuerzas centrífugas no cambiará con Biden: su promesa de "reconciliación nacional" y de "restauración de la democracia" se quedará en nada ante la aceleración de la descomposición social.
Estados Unidos es el país con el mayor número de premios Nobel en ciencia, el país de Silicon Valley. Es el centro mundial de empresas tecnológicas como Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft. Sin embargo, en los últimos 30 años ha habido un resurgimiento de todo tipo de ideologías retrógradas y fundamentalistas. Por ejemplo, durante la elección de Bush hijo, de los 60 millones de votos que obtuvo, 20 millones procedían de los fundamentalistas cristianos de derecha. Estos elementos no votan en función de cuestiones económicas o de la orientación imperialista de los EE.UU., sino que votan por consejo de los clérigos locales basándose generalmente en cuestiones como el matrimonio homosexual o el aborto. Las teorías "creacionistas" siguen teniendo una enorme influencia, incluso a nivel de la educación oficial en varios estados. "El alarmante aumento del fundamentalismo religioso, ya sea en sus variantes cristiana, islámica o judía, es una consecuencia de la descomposición social, que representa una falsa respuesta a una sociedad sin esperanza, un mundo caracterizado sin perspectiva de futuro, por la creciente desesperación y el miedo"13.
Las divisiones internas se vuelven aún más peligrosas cuando están inmersas en una "cultura de la violencia". En Estados Unidos la carga de la violencia tiene una larga historia, sin embargo, los grupos que viven en torno a la promoción y el uso de la violencia como forma de expresión han revivido e incluso aumentado: el KKK sigue existiendo, QAnon cobró un enorme impulso bajo la administración Trump, Proud Boys, Boogalo Boys, New Black Panthers, The Oath Keepers,14 etc. Hay más de 200 milicias organizadas y armadas hasta los dientes. "Las milicias han estado involucradas y activas en Estados Unidos durante décadas o siglos en algunos casos. Pero lo que estamos viendo ahora no tiene absolutamente ningún precedente en la historia de Estados Unidos", le dice a BBC Mundo Paul Goldenberg, miembro del Consejo Asesor del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos."15 El escenario es un caldo de cultivo explosivo en una sociedad dividida. Trump estuvo coqueteando con estas milicias y les dijo a los Proud Boys que "esperaran" y luego dio la señal de "no rendición". El asalto al Capitolio no se entiende sin la aquiescencia del populismo y de Trump en particular. Al final Trump acabó condenando sin convicción la invasión del Capitolio, obligado a proteger su propio pellejo16.
El complemento ideal a este aspecto de la cultura de la violencia es el enorme peso del terror de Estado. Si hay un país en el que el terror de Estado se vive a diario, ese es EEUU. No sólo nos referimos a la brutalidad policial que en este país tiene un siniestro legado; hay otros aspectos como el aplastamiento permanente de cualquier expresión de lucha proletaria, las persecuciones y la vigilancia de todo lo que huela a "subversión". Hay una larga historia de patrones estadounidenses que contratan matones armados para reprimir las huelgas; el "miedo rojo" después de 1919 fue la reacción del capital estadounidense ante el temor de que la ola revolucionaria de la posguerra se extendiera a América, mientras que el macartismo fue la expresión de la política anticomunista durante la Guerra Fría. Hoy ya se habla de un "nuevo macartismo" que ahora controla las redes sociales y los "medios alternativos": en octubre de 2018 hubo una purga en Twitter y Facebook de sitios que "no cumplían con los requisitos". "Durante este mes de octubre, Facebook y Twitter eliminaron las cuentas de cientos de usuarios, incluidas muchas fuentes de medios alternativos dirigidas por usuarios estadounidenses. Entre los eliminados durante la purga coordinada se encontraban populares portales que escudriñan los abusos policiales y el intervencionismo estadounidense, como 'The Free Thought Project', 'Anti-Media'" y 'Cop Block'", junto con las páginas de periodistas como Rachel Blevins"17 Es sólo el principio y siguen en la mira con la idea de mantener un enorme aparato dedicado a acabar con cualquier teoría conspirativa "masónica-judeo-comunista" (la base unificadora de todos los grupos supremacistas blancos). La supresión de ideas impregna todo el entorno social y la clase trabajadora no se libra, desde luego. No es casualidad que el Día del Trabajo, el Primero de Mayo, se celebre en todo el mundo para conmemorar la gesta de los "Mártires de Chicago"... ¡Excepto en EEUU! No es por vergüenza por el pasado criminal de la burguesía; no, es una manipulación pura y dura, destinada a enterrar todo lo que pueda despertar una idea sobre la lucha de clases. El Estado en el "país de la libertad" ejerce un control omnipresente sobre grupos e individuos que es la envidia de los totalitarismos más abyectos. En esta misión, las redes sociales desempeñan cada vez más un papel central.
Tras el fiasco de Afganistán, la pérdida del estatus de gendarme mundial, el agravamiento de la crisis económica y la guerra comercial con China, se abren ahora varios focos de conflicto: cómo hacer frente al "terrorismo global e interno", qué hacer con unas infraestructuras que necesitan una renovación, qué hacer con el cambio tecnológico, la crisis climática y la inmigración, que sigue aumentando, etc. Todas estas cuestiones aceleradas no contribuirán a la unidad; al contrario, son factores que exacerbarán las divisiones ya existentes
Como señalamos en la primera parte de este artículo, "el largo proceso de incorporación de los Estados de la Unión comenzó en 1787 hasta las últimas incorporaciones de 1959. Alaska fue traída de los rusos en 1867, pero no fue hasta enero de 1959 que Alaska se convirtió en el estado número 49 y Hawaii en el 50 en agosto del mismo año. Estamos hablando de más de 170 años, un periodo en el que el territorio se extendió hasta la conquista de la "última frontera", es decir, hasta la costa del Pacífico de California". Un largo proceso que comenzó en el ascenso del capitalismo y culminó en pleno periodo de decadencia, tras la Segunda Guerra Mundial. Este elemento siempre ha supuesto un problema para la "unidad nacional": la "Unión Americana" es un enorme rompecabezas en el que cada pieza intenta siempre defender su especificidad. Las reivindicaciones independentistas de la "República de Texas" o las divisiones entre estados altamente productivos como California y los más agrícolas son muy familiares. Además, cada estado tiene su propia autoridad electoral con sus propias leyes, por lo que el arcaico modelo del Colegio Electoral ha roto la ilusión democrática de "un hombre un voto": basta recordar las elecciones presidenciales de 2000 y 2020 (ver más arriba).
Un problema adicional surge con la cuestión de cómo Estados Unidos ha construido la llamada "identidad nacional". "El estimado politólogo de Harvard Samuel Huntington en su libro de 2004, ¿Quiénes somos? fue una expresión temprana de una crisis de identidad nacional emergente, en la que se preocupaba expresamente por los desafíos únicos que planteaba la inmigración hispana masiva. Mientras que otros veían la inmigración continua como una parte integral e importante de la historia estadounidense -su supuesta historia de apertura, inclusión y diversidad-, a Huntington le preocupaba la pérdida de identidad nacional, la balcanización cultural y la corrosión de la vida cívica. Hoy en día, estos debates en torno al significado de la "americanidad" no han hecho más que acelerarse y profundizarse en un tono cada vez más hostil, con Trump llevando la retórica de un lado a niveles de agresión que muchos en los medios de comunicación consideran más allá de las normas de la política burguesa"18.
El capitalismo es totalmente incapaz de generar una unidad de lo diverso; su esencia es la división, la competencia y la exclusión. Si bien esto es un problema para el sistema en su conjunto, la sociedad estadounidense tiene un problema muy agudo. La migración fue la base de su constitución como nación, y, sin embargo, hoy en día los inmigrantes son vistos como una "amenaza para los valores estadounidenses". Toda la retórica antiinmigrante, el odio contra los "invasores migrantes", refleja no sólo la incapacidad del capital para absorber mano de obra barata, sino que también se basa en el "miedo al otro". La descomposición social aumenta estas ideologías irracionales. Por ejemplo, los WASP (White Anglo Saxon Protestants) ven amenazada su preponderancia en el Estado y en la vida social. La idílica "identidad nacional" es una mera ilusión ligada exclusivamente a las necesidades del estado capitalista. En EE.UU., las minorías son excluidas, el racismo segrega, los inmigrantes son rechazados y odiados. Por ejemplo, en EEUU hay unos 60 millones de migrantes de México, pero sólo 35 millones están registrados en el censo, es decir, "oficialmente" más de 25 millones son "ciudadanos fantasmas". Lo mismo ocurre con todos los migrantes de América Latina y del resto del mundo. La generación de un "sentimiento americano" que sea referente de identidad es imposible en una sociedad fracturada que excluye a millones de personas de la vida oficial.
También hay que añadir la "cultura de la posesión de armas". Históricamente, EE.UU. expandió su "frontera" de forma violenta, y la posesión de armas era un "derecho individual" consagrado en la constitución. Hoy podemos ver que la gran democracia occidental tiene más armas que habitantes: las armas que circulan por la nación se estiman en una media de 4 armas por habitante. El poderoso lobby de la Asociación Nacional del Rifle es uno de los más influyentes en el gobierno estadounidense, ya sea una administración demócrata o republicana. La promesa de Biden de limitar la venta indiscriminada de armas se encontrará con la resistencia de la NRA y del complejo militar estadounidense. ¿Cuáles son las consecuencias sociales de vivir en una "democracia armada" como ésta? ¿Es una práctica que permite al individuo "defender su propiedad y defender a los suyos"? Detrás de este derecho completamente burgués se encuentra la rancia ideología del capitalismo que enfrenta a un individuo con otro: "tus derechos terminan donde empiezan los míos". Esta división congénita del capitalismo ha comenzado a expresarse violentamente en la vida social estadounidense. No faltan las masacres diarias, los tiroteos en escuelas, bares, centros comerciales, etc. La delincuencia va en aumento y es la "democracia americana" la que tiene el mayor porcentaje de presos por habitante. A esto hay que añadir el aumento del número de milicias, la falta de confianza en el futuro, las divisiones provocadas por el populismo, etc. Estamos ante un caldo de cultivo para el agravamiento de la descomposición social, y de forma violenta y sangrienta.
Otro aspecto que no se puede ignorar es el de la inmigración. Aunque Estados Unidos se ha construido sobre la base de la migración, el declive del capitalismo ha convertido este fenómeno en un verdadero problema. Si bien los dos grandes océanos que lo rodean lo "protegen" del flujo migratorio masivo, la frontera con México es un verdadero talón de Aquiles. El inacabado Muro de Trump no ha inhibido el flujo, y los migrantes de todo el mundo utilizan México como puerta de entrada. "México registró la llegada de 147.000 migrantes indocumentados entre enero y agosto, el triple que, en 2020, mientras que las autoridades estadounidenses detuvieron a unos 212.000 migrantes sólo en julio, la primera vez que se supera la barrera de los 200.000 en 21 años."19
La política de Biden no difiere de la de sus predecesores. Prometió ser "más humano" pero la realidad es que las deportaciones masivas continúan, la frontera está cerrada "por razones de salud" y la frontera con México está plagada de indocumentados de Haití, Cuba, Venezuela, Centroamérica, etc. Hay una verdadera crisis humanitaria presentada como crisis "migratoria". Las oportunidades de trabajo y la estabilidad no existen en América Latina, por lo que la huida a EEUU es una última esperanza para millones de personas, una esperanza que se topa con un Muro, bandas de traficantes, fuerzas del Estado... hasta que la esperanza se disuelve en lágrimas y el sueño americano se convierte en una cruel y sangrienta pesadilla. Los inmigrantes que tienen la suerte de cruzar la frontera y entrar en Estados Unidos están condenados, en su mayoría, a la segregación, la mendicidad o a engrosar las filas de los sin techo que se pierden en barrios violentos y marginales donde la droga es "el pan de cada día". ¡Cuán lejos están las aspiraciones de los primeros pioneros y colonos americanos de estas masas de desesperados en un camino suicida!20
La falta de perspectivas de una sociedad se refleja dramáticamente en todos los niveles de la vida política e ideológica:
- El desarrollo del terrorismo, o la toma de rehenes, como métodos de guerra entre estados, en detrimento de las "leyes" que el capitalismo estableció en el pasado para "regular" los conflictos entre las diferentes facciones de la clase dominante;
- el aumento constante de la criminalidad, la inseguridad y la violencia urbana, así como el hecho de que cada vez más niños sean presa de esta violencia y de la prostitución
- el desarrollo del nihilismo, la desesperación y el suicidio entre los jóvenes (expresado, por ejemplo, en el eslogan punk "no future" y en los disturbios urbanos en Gran Bretaña), y del odio y la xenofobia que infectan los "skinheads" y los "hooligans" que aprovechan los acontecimientos deportivos para aterrorizar a la población en general
- el maremágnum de la drogadicción, que se ha convertido en un fenómeno de masas y en un poderoso elemento de corrupción de los Estados y de los organismos financieros; sin escatimar en ningún rincón del planeta, especialmente prevalente entre los jóvenes, es cada vez menos una huida hacia la fantasía y la ilusión, sino que se acerca cada vez más a la locura y al suicidio;
- la profusión de sectas, la renovación del espíritu religioso, incluso en los países avanzados, el rechazo del pensamiento racional y coherente incluso entre ciertos "científicos"; un fenómeno que domina los medios de comunicación con sus espectáculos idiotas y su publicidad adormecedora;
- la invasión de los mismos medios de comunicación por el espectáculo de la violencia, el horror, la sangre, las masacres, incluso en los programas destinados a los niños" (Tesis sobre la Descomposición).
Desgraciadamente, la realidad de la vida americana confirma dramáticamente lo que decíamos hace 30 años. No se trata de presumir, sino simplemente de mostrar la corrección de nuestro marco marxista de análisis.
Este verano se cumplieron 50 años desde que Richard Nixon declaró la guerra a las drogas: en el punto álgido de la pandemia hubo 87.000 muertes por sobredosis en un año, la mayoría por opioides. El piadoso Biden propone no "encarcelar, sino tratar" a los adictos, pero no hay presupuesto para ello y la vida social está fuera de control. El mercado negro está inundado de analgésicos y otras drogas elaboradas con opioides sintéticos como el fentanilo, más potentes, pero también más adictivos. El sistema sanitario estadounidense lanzó una "campaña contra el dolor", pero fue una forma criminal de hacer legales las recetas de analgésicos opiáceos, y las grandes farmacéuticas se llevan su tajada de este triste pastel. Las comunidades afroamericana y latina han sido señaladas como los principales consumidores y traficantes. Sin embargo, la realidad está superando todas las previsiones; las cifras van en aumento y hoy las autoridades estadounidenses ya hablan de "crisis de salud pública" o "crisis de los opioides" para referirse al aumento de las adicciones y al incremento de las muertes por sobredosis. El capitalismo está intoxicando a una sociedad estadounidense que se hunde en la desesperación y la angustia diaria.
Algunos pensarían que vivir en Estados Unidos, la primera potencia mundial, es lo más parecido al paraíso en la tierra. A los datos anteriores hay que añadir el pésimo estado de las infraestructuras estadounidenses, calificadas de "mediocres" y "precarias" por la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE): la mayoría de las autopistas y aeropuertos se construyeron entre 1950 y 1970, y ni un solo aeropuerto estadounidense está entre los 20 mejores. Trump propuso invertir 1,5 billones de dólares, de los cuales sólo 200.000 millones procederían del presupuesto federal, pero esta faraónica suma no cubre ni un tercio de las necesidades. Con Biden, las cosas no son diferentes. De su propuesta de 2 billones de dólares para infraestructura, sólo se ha aprobado la mitad. La renovación de las "arterias" para la circulación de mercancías será lenta y el deterioro avanza más rápido que la regeneración. Lo más significativo es la imagen dantesca de la ciudad de Detroit: una ciudad emblemática, antaño cuna de la industria del automóvil, es ahora una ciudad en ruinas y sus habitantes se han reducido a la mitad.
La pandemia de Covid-19 no hizo más que confirmar una realidad que se venía gestando desde hace al menos tres décadas. La negligencia criminal de Trump al restar importancia a la pandemia, ignorar a sus asesores científicos y no aplicar inmediatamente medidas de contención, hizo que la pandemia estallara y que EEUU se convirtiera en uno de los países más afectados. La vacunación masiva emprendida por Biden ha limitado los efectos; decimos limitado porque las variantes como Delta y Mu han vuelto a aumentar el número de hospitalizados. "Entre los países centrales, es el más poderoso de ellos, la superpotencia estadounidense, el que más está sufriendo el impacto de la crisis del Covid-19: el mayor número absoluto de infecciones y muertes del mundo, una situación sanitaria deplorable, una administración presidencial 'vandálica' que ha gestionado catastróficamente la pandemia y ha aislado internacionalmente al país de sus alianzas, una economía en grandes dificultades, un presidente que ha socavado la credibilidad de las elecciones, ha convocado una marcha al parlamento, ha profundizado las divisiones dentro del país y ha alimentado la desconfianza en la ciencia y en los datos racionales, calificados de 'fake news'. En la actualidad, Estados Unidos es el epicentro de la descomposición” (ver nota 4). También hemos visto que la crisis climática mundial está golpeando con fuerza a Estados Unidos, especialmente en los estados del oeste, como California y Oregón, que han visto una sucesión de incendios forestales, sequías e inundaciones. En resumen, estamos asistiendo a la incapacidad de la burguesía de la primera potencia mundial para hacer frente, de forma unitaria, a los efectos de la decadencia de su propio sistema.
Tanto a nivel nacional como internacional, estamos asistiendo a la decadencia histórica de EEUU. Decadencia como nación modelo en la que el "sueño americano" empieza a convertirse en la "pesadilla americana"; en la que el "estilo de vida americano" y los "valores americanos" reflejan un empeoramiento de las condiciones de vida; en la que la clase trabajadora americana se lleva la peor parte de los efectos. No es una cuestión de afroamericanos o de latinos, no es una cuestión racial como quieren hacer ver los medios de comunicación. Hay una cuestión mucho más grave que se está ocultando: la clase explotada (trabajadores agrícolas, asalariados, obreros industriales, etc.) está formada por blancos, negros, latinos, asiáticos, etc. y la burguesía hace todo lo posible por ocultar esta realidad y evitar cualquier reflexión en profundidad sobre el destino del capitalismo y sobre quién puede sacar a la humanidad de este atolladero.
El declive de EEUU como gendarme del mundo ya está en marcha. La salida de Afganistán es una expresión de la aceleración de un fenómeno irreversible para los estadounidenses. En lugar de estabilizar la región, los estadounidenses han acelerado su caída en el desorden. Asia Central experimentará una verdadera aceleración de la inestabilidad y el caos. Esta debilidad de Estados Unidos fomentará que las fuerzas centrífugas y la indisciplina se extiendan por todo el mundo, que ya está lleno de guerras localizadas. La guerra comercial con China puede llevar tarde o temprano a enfrentamientos más directos, aunque China no se mueve por el momento en esa dirección (Taiwán, por ejemplo, será un termómetro decisivo en esta evolución). Hay que repetir con énfasis que Estados Unidos nunca recuperará su estatus perdido. Su papel de gendarme mundial y su supremacía como potencia en todos los ámbitos de la vida capitalista han llegado a su fin. El fin del "siglo americano" no se plantea en términos absolutos: la burguesía estadounidense intentará contrarrestar esta tendencia, pero es irreversible. En esta caída arrastrará a la humanidad a una barbarie sin fin si el proletariado mundial no bloquea este camino hacia el abismo.
Marsan
1 https://es.internationalism.org/content/4688/los-estados-unidos-superpotencia-en-la-decadencia-del-capitalismo-hoy-epicentro-de-la [477]
2 Ver Detrás del declive del imperialismo estadounidense, el declive del capitalismo mundial https://es.internationalism.org/content/4705/detras-del-declive-del-imperialismo-estadounidense-el-declive-del-capitalismo-mundial [478]
3 Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [11]
4 Militarismo y Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [32]
5 Informe sobre la pandemia y desarrollo de la descomposición del 24º Congreso Internacional de la CCI https://es.internationalism.org/content/4713/informe-sobre-la-pandemia-y-desarrollo-de-la-descomposicion-del-24o-congreso [142]
6 Notas sobre la historia de la política imperialista de Estados Unidos desde la 2ª Guerra Mundial (2ª parte) https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/847/notas-sobre-la-historia-de-la-politica-imperialista-de-estados-unid [479]
7 “Las etapas del ascenso de China son inseparables de la historia de los bloques imperialistas y de su desaparición en 1989: la posición de la izquierda comunista que afirmaba la "imposibilidad de todo surgimiento de nuevas naciones industrializadas en el período de la decadencia y la condena de los Estados "que no lograron su "despegue industrial" antes de la Primera Guerra Mundial a estancarse en el subdesarrollo, o a conservar un atraso crónico con respecto a los países que llevan la delantera" era válida en el período de 1914 a 1989. Fue la camisa de fuerza de la organización del mundo en dos bloques imperialistas opuestos (permanentes entre 1945 y 1989) en preparación de la guerra mundial lo que impidió cualquier alteración importante de la jerarquía entre potencias. El ascenso de China comenzó con la ayuda norteamericana que premiaba su giro imperialista hacia Estados Unidos en 1972. Continuó de forma decisiva tras la desaparición de los bloques en 1989. China aparece como el principal beneficiario de la "globalización" tras su adhesión a la OMC en 2001, cuando se convirtió en el taller mundial y en el receptor de las deslocalizaciones e inversiones occidentales, convirtiéndose finalmente en la segunda potencia económica del mundo. Fueron necesarias las circunstancias sin precedentes del periodo histórico de descomposición para permitir el ascenso de China, sin el cual no se habría producido. El poder de China lleva todos los estigmas del capitalismo terminal: se basa en la sobreexplotación de la fuerza de trabajo proletaria, en el desarrollo desenfrenado de la economía de guerra a través del programa nacional de "fusión militar-civil" y va acompañado de la destrucción catastrófica del medio ambiente, mientras que la cohesión nacional se basa en el control policial de las masas sometidas a la educación política del Partido Único y en la feroz represión de las poblaciones de musulmanes uigures y del Tíbet. De hecho, China no es más que una gigantesca metástasis del cáncer militarista generalizado de todo el sistema capitalista: su producción militar se desarrolla a un ritmo frenético, su presupuesto de defensa se ha multiplicado por seis en 20 años y ocupa el segundo lugar en el mundo desde 2010". Revista Internacional 164, Resolución sobre la situación internacional (2019): Conflictos imperialistas; vida de la burguesía, crisis económica | Corriente Comunista Internacional https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida [12]
8 "Comenzó a circular por Internet una popular parodia de las elecciones en la que se preguntaba qué dirían los medios de comunicación si en una nación africana se celebraran unas controvertidas elecciones en las que el candidato ganador fuera el hijo de un presidente anterior, que hubiera servido previamente como director de las fuerzas de seguridad del Estado (CIA), y en las que la victoria se determinara por un disputado recuento de los votos en una provincia gobernada por un hermano del candidato presidencial". Elección de George W. Bush | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org)
9 Informe sobre el impacto de la descomposición en la vida política de la burguesía (2019) https://es.internationalism.org/content/4458/informe-sobre-el-impacto-de-la-descomposicion-en-la-vida-politica-de-la-burguesia-2019 [13]
10 Apodo de Joe Biden
11 Revista Internacional 65. ¿Dónde estamos en la crisis? Crisis económica y militarismo. https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1060/crisis-y-militarismo [317]
12 "Para desarrollar la bomba atómica, el Estado estadounidense movilizó todos los recursos de la ciencia y los puso a disposición de los militares. Se dedicaron dos mil millones de dólares al Proyecto Manhattan, creado por el gran humanista Roosevelt. Todas las universidades del país se sumaron a él. Directa o indirectamente, todos los grandes físicos, desde Einstein hasta Oppenheimer, participaron, incluyendo seis premios Nobel. Esta gigantesca movilización de todos los recursos científicos para la guerra expresa una característica general del capitalismo decadente. El capitalismo de Estado, ya sea abiertamente totalitario o envuelto en la bandera democrática, coloniza y militariza toda la ciencia. Bajo el reinado del capitalismo, la ciencia vive y se desarrolla por y para la guerra. Esta realidad no ha dejado de agravarse desde 1945". Revista Internacional 83 Hiroshima y Nagasaki: las mentiras de la burguesía https://es.internationalism.org/revista-internacional/200703/1784/50-anos-despues-hiroshima-y-nagasaki-o-las-mentiras-de-la-burguesi [480]
13 Internationalism 134, Informe sobre la situación nacional en EUA. Corriente Comunista Internacional
14 Los Oath Keepers se formaron en 2009 y se describen a sí mismos como "una asociación no partidista de militares en activo y en servicio, policías y personal de primera respuesta que se comprometen a mantener el juramento prestado por todos los militares y policías de "defender la Constitución contra todos los enemigos, extranjeros y nacionales”
15 BBC World News, 21 de septiembre 2020
16 Asalto del Capitolio en Washington: Los Estados Unidos en el centro de la descomposición mundial del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4635/asalto-del-capitolio-en-washington-los-estados-unidos-en-el-centro-de-la-descomposicion [266]
17 Nuevo Macartismo. Telesurtv.net. 2018
18 World Revolution 384, Trump contra el escuadrón
19 BBC World News, 22.9.21
20 El éxodo migratorio expresa la aceleración de la descomposición capitalista https://es.internationalism.org/content/4760/el-exodo-migratorio-expresa-la-aceleracion-de-la-descomposicion-capitalista [481]
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“El Reino Unido se ve sacudido por un movimiento de huelga histórico” (Le Parisien, agosto de 2022)
“Reforma de las pensiones en Francia: movilización histórica” (Midi libre, enero de 2023)
“Huelga histórica en el transporte alemán por mejores salarios” (Euronews, marzo de 2023)
“Canadá: huelga histórica de funcionarios por aumento de salarios” (France 24, abril de 2023)
“Estados Unidos: huelga histórica en el sector del automóvil” (France Info, septiembre de 2023)
“Islandia: huelga histórica contra las desigualdades salariales” (Tf1, octubre de 2023)
“En Bangladesh, una huelga histórica de los obreros textiles” (Libération, noviembre de 2023)
“En Suecia, un movimiento de huelga interprofesional histórica” (Libération, noviembre de 2023)
“Huelga histórica de los servicios públicos en Quebec” (Le Monde, diciembre de 2023)
Los titulares de la prensa no dejan lugar a dudas: desde julio de 2022 algo está sucediendo en la clase obrera. Los trabajadores han retomado el camino de la lucha proletaria a escala internacional y esto es, en efecto, un acontecimiento “histórico”.
La CCI califica este cambio como “ruptura”. Creemos que se trata de una nueva dinámica prometedora para el futuro. ¿Por qué?
En enero de 2022, en un momento en el que la crisis sanitaria de Covid todavía era una amenaza, escribimos en un volante internacional1: “En todos los países, en todos los sectores, la clase trabajadora está sufriendo un deterioro insoportable de sus condiciones de vida y de trabajo. Todos los gobiernos -ya sean de derecha o de izquierda, tradicionales o populistas- son implacables en sus ataques. Los ataques llueven bajo el peso del agravamiento de la crisis económica mundial. A pesar del temor a una crisis sanitaria opresiva, la clase trabajadora empieza a reaccionar. En los últimos meses se han desarrollado luchas en Estados Unidos, Irán, Italia, Corea, España y Francia. Es cierto que no se trata de movimientos masivos: las huelgas y manifestaciones son aún muy escasas y poco frecuentes. Pero la burguesía las observa como un halcón, consciente de la magnitud de la cólera que se está gestando. ¿Cómo hacer frente a los ataques de la burguesía? ¿Quedarse aislados y divididos, cada uno en “su” empresa, en “su” sector de actividad? ¡Eso nos dejaría impotentes! Entonces, ¿cómo podemos desarrollar una lucha unida y masiva?”.
Si elegimos producir y distribuir este volante desde el primer mes de 2022, es porque somos conscientes del potencial actual de nuestra clase. En junio, apenas 5 meses después, estalló en el Reino Unido “El Verano de la cólera”, la mayor oleada de huelgas en el país desde 1979 y su “Invierno de la cólera”2, un movimiento que anunció toda una serie de luchas “históricas” a través del mundo. En el momento de escribir estas líneas la huelga se está extendiendo en Quebec.
Para comprender la profundidad del proceso en curso y lo que está en juego, es necesario adoptar un enfoque histórico, el mismo que nos permitió detectar esta famosa “ruptura” en agosto de 2022.
En agosto de 1914, el capitalismo anunció su entrada en la decadencia de la forma más estremecedora y bárbara imaginable: estalla la Primera Guerra Mundial. Durante cuatro espantosos años, en nombre de la patria, millones de proletarios tuvieron que masacrarse unos a otros en las trincheras, mientras los que quedaban atrás -hombres, mujeres y niños- trabajaban día y noche para “apoyar el esfuerzo de guerra”. Las armas escupían balas, las fábricas escupían fusiles. Por todas partes el capitalismo engullía el metal y las almas.
Ante estas condiciones insoportables, los trabajadores se sublevaron. Hubo fraternización en el frente, huelgas en la retaguardia. En Rusia, la dinámica se volvió revolucionaria, es la Insurrección de Octubre. Esta toma del poder por el proletariado fue un grito de esperanza que escucharon los explotados de todo el mundo. La oleada revolucionaria se extendió a Alemania. Fue esta propagación la que puso fin a la guerra: las burguesías, aterrorizadas por esta epidemia roja, prefirieron poner fin a la carnicería y unirse contra su enemigo común: la clase obrera. Aquí, el proletariado demuestra su fuerza, su capacidad de organizarse masivamente, de tomar en sus manos las riendas de la sociedad y de ofrecer a toda la humanidad una perspectiva distinta de la prometida por el capitalismo. Por un lado, la explotación y la guerra, por el otro la solidaridad internacional y la paz. Por un lado. la muerte, por el otro la vida. Si esta victoria fue posible, fue porque la clase y sus organizaciones revolucionarias habían acumulado una gran experiencia a lo largo de décadas de luchas políticas desde las primeras huelgas obreras en los años de 1830.
En Alemania en 1919, 1921 y 1923, los intentos de insurrección fueron sofocados con derramamiento de sangre (¡por la socialdemocracia entonces en el poder!). Derrotada en Alemania, la oleada revolucionaria se rompió y el proletariado se encontró aislado en Rusia. Esta derrota fue evidentemente una tragedia, pero sobre todo una fuente inagotable de lecciones para el futuro (cómo enfrentarse a una burguesía fuerte y organizada, a su democracia, a su izquierda; cómo organizarse en asambleas generales permanentes; qué papel tiene el partido y qué relación tiene con la clase, con las asambleas y los consejos obreros, etc.).
Dado que el comunismo sólo es posible a escala mundial, el aislamiento de la revolución en Rusia significaba implacablemente su degeneración. Y así, desde “dentro”, la situación se fue deteriorando hasta el triunfo de la contrarrevolución. La tragedia fue que esta derrota hizo posible también identificar fraudulentamente la revolución con el estalinismo, que se presenta falsamente como el heredero de la revolución cuando en realidad la asesinó. Sólo unos pocos vieron en el estalinismo la contrarrevolución. Los demás lo defenderán o lo rechazarán, pero todos estos serán portadores de la mentira de la continuidad Marx-Lenin-Stalin, destruyendo así las inestimables lecciones de la revolución.
El proletariado había sido derrotado a escala internacional. Se había vuelto incapaz de reaccionar ante los nuevos estragos de la crisis económica: inflación galopante en Alemania en los años 20, crac de 1929 en Estados Unidos, desempleo masivo en todas partes. La burguesía podía desencadenar sus monstruos y marchar hacia una nueva guerra mundial: nazismo, franquismo, fascismo, antifascismo... a ambos lados de la frontera los gobiernos se movilizaban acusando al “enemigo” de ser un bárbaro. Durante estas oscuras décadas, los revolucionarios internacionalistas fueron perseguidos, deportados y asesinados. Los supervivientes se rindieron, aterrorizados o moralmente aplastados. Otros, desorientados y víctimas de la mentira “estalinismo = bolchevismo”, rechazaron todas las lecciones de la oleada revolucionaria, y algunos rechazaron incluso la teoría de la clase obrera como clase revolucionaria. Es la “medianoche del siglo”3. Sólo un puñado mantuvo el rumbo, aferrándose a una comprensión profunda de lo que es la clase obrera, de lo que es su lucha por la revolución, de lo que es el papel de las organizaciones proletarias, encarnando la dimensión histórica, la continuidad, la memoria y el esfuerzo teórico permanente de la clase revolucionaria. Esta corriente se reconoce como Izquierda Comunista.
Al final de la Segunda Guerra Mundial grandes huelgas en el norte de Italia, y en menor medida en Francia, dieron motivos para creer que la clase obrera había despertado. Churchill y Roosevelt también lo creyeron; extrayendo lecciones del final de la Primera Guerra Mundial y de la oleada revolucionaria, bombardearon “preventivamente” todos los barrios obreros de la Alemania derrotada para protegerse de cualquier riesgo de sublevación: Dresde, Hamburgo, Colonia... todas estas ciudades fueron arrasadas con bombas incendiarias, matando a cientos de miles de personas. Pero en realidad, esta generación estaba demasiado marcada por la contrarrevolución y su aplastamiento ideológico desde los años 1920. La burguesía podía seguir pidiendo a los explotados que se sacrificaran sin arriesgarse a una reacción: tenía que reconstruir y aumentar los ritmos de producción. Así, el Partido Comunista Francés les ordenó “apretarse el cinturón”.
En este contexto estalló la mayor huelga de la historia: Mayo del 68 en Francia. Casi toda la Izquierda Comunista no se dio cuenta de la importancia de este acontecimiento y no comprendió en absoluto el profundo cambio de la situación histórica. Un grupo muy pequeño de la Izquierda Comunista, aparentemente marginado en Venezuela, adoptó un enfoque completamente diferente. Desde 1967, Internacionalismo comprendió que algo estaba cambiando en la situación. Por un lado, sus miembros notaron un ligero repunte de las huelgas y encontraron individuos en varias partes el mundo, interesados en discutir de la revolución. También había reacciones a la guerra de Vietnam que, aunque eran desviadas al terreno pacifista, mostraban que la pasividad y la aceptación de décadas anteriores empezaban a desvanecerse. Por otra parte, este grupo comprendió que la crisis económica volvía con la devaluación de la libra esterlina y la reaparición del desempleo masivo. Tanto es así que en enero de 1968 escribieron: “No somos profetas, ni pretendemos saber cuándo o cómo se desarrollarán los acontecimientos futuros. Pero de lo que estamos seguros y somos conscientes respecto al proceso en el que está inmerso actualmente el capitalismo, es que es imposible de detener (...) y que conduce directamente a la crisis. Y también estamos seguros de que el proceso inverso de desarrollo de la combatividad de la clase, que estamos viviendo ahora en general, llevará a la clase obrera a una lucha sangrienta y directa por la destrucción del Estado burgués” (Internacionalismo núm. 8). Cinco meses más tarde, la huelga general de Mayo del 68 en Francia confirmó de forma deslumbrante estas previsiones. Evidentemente, todavía no era el momento de “una lucha directa por la destrucción del Estado burgués”, sino de una vuelta histórica del proletariado mundial, agitado por las primeras manifestaciones de la crisis abierta del capitalismo tras la contrarrevolución más profunda de la historia. Estas predicciones no son clarividencia, sino simplemente el resultado del notable dominio del marxismo por parte de Internacionalismo y de la confianza que, incluso en los peores momentos de la contrarrevolución, este grupo había conservado en las capacidades revolucionarias de la clase. Hay cuatro elementos en el corazón del planteamiento de Internacionalismo, cuatro elementos que le permitieron anticiparse a Mayo del 68 y luego, en el calor mismo del momento, comprender la ruptura histórica que esta huelga engendró, es decir, el fin de la contrarrevolución y el regreso a la escena internacional del proletariado en lucha. Estos cuatro elementos son una comprensión profunda de:
1) El papel histórico del proletariado como clase revolucionaria;
2) La gravedad de la crisis económica y su impacto en la clase, como acicate para la combatividad;
3) El desarrollo en curso de la conciencia en el seno de la clase, reflexión visible a través de las cuestiones planteadas en los debates de las minorías que buscan posiciones revolucionarias;
4) La dimensión internacional de esta dinámica general, crisis económica y lucha de clases.
En el centro de todo este enfoque está la idea de Internacionalismo de que estaba surgiendo una nueva generación, una generación que no había sufrido la contrarrevolución, una generación que se enfrentaba al retorno de la crisis económica conservando todo su potencial de reflexión y de lucha, una generación capaz de poner en primer plano el retorno del proletariado en lucha. Y eso es lo que efectivamente fue Mayo del 68, que abrió el camino a toda una serie de luchas a escala internacional. Además, todo el ambiente social cambió: tras los años de silencio y plomo, los trabajadores, en particular su juventud, tenían ganas de discutir, de elaborar, de “rehacer el mundo”. La palabra “revolución” estaba en todas partes. Los textos de Marx, Lenin, Luxemburgo y de la Izquierda Comunista circulaban y provocaban debates interminables. La clase obrera intentaba reapropiarse de su pasado y de sus experiencias. En contra de este esfuerzo, toda una serie de corrientes -estalinismo, maoísmo, trotskismo, castrismo, modernismo, etc.- trabajaban para pervertir las lecciones de 1917. La gran mentira de estalinismo = comunismo fue explotada en todas sus formas.
La primera oleada de luchas fue sin duda la más espectacular: el otoño caliente en Italia en 1969, el violento levantamiento en Córdoba, Argentina ese mismo año y la enorme huelga en Polonia en 1970, grandes movimientos en España y Gran Bretaña en 1972... En España en particular, los trabajadores empezaron a organizarse mediante asambleas de masas, proceso que culminó en Vitoria de 1976. La dimensión internacional de la oleada llegó hasta Israel (1969) y Egipto (1972) y, más tarde, a través de los levantamientos en los municipios de Sudáfrica, dirigidos por comités de lucha (los “Cívicos”). A lo largo de este periodo, Internacionalismo trabajó para reagrupar a las fuerzas revolucionarias. Un pequeño grupo con sede en Toulouse y que publicaba un periódico llamado Révolution Internationale se unió a este proceso. Juntos formaron en 1975 lo que aún hoy es la Corriente Comunista Internacional, nuestra organización. Nuestros artículos proclamaban “¡Saludos a la crisis!” porque, en palabras de Marx, no debemos “ver en la miseria sólo miseria” sino, por el contrario, “el lado revolucionario, subversivo, que derrocará a la vieja sociedad” (Miseria de la Filosofía, 1847). Tras una breve pausa a mediados de los años 70, se extendió una segunda oleada: huelgas de los trabajadores iraníes del petróleo y de los trabajadores de la siderurgia en Francia en 1978, el “Invierno de la cólera” en Gran Bretaña, los estibadores en Rotterdam (dirigidos por un comité de huelga independiente) y los trabajadores de la siderurgia en Brasil en 1979 (que también desafiaron el control sindical). Esta oleada de luchas alcanzó su punto culminante con la huelga de masas en Polonia en 1980, dirigida por un comité de huelga interempresarial independiente (el MKS); sin duda el episodio más importante de la lucha de clases desde 1968. Aunque la dura represión de los trabajadores polacos puso fin a esta oleada, no pasó mucho tiempo antes de que se produjera un nuevo movimiento con las luchas en Bélgica en 1983 y 1986, la huelga general en Dinamarca en 1985, la huelga de los mineros en Inglaterra en 1984-85, las luchas de los trabajadores ferroviarios y sanitarios en Francia en 1986 y 1988, y el movimiento de los trabajadores de la enseñanza en Italia en 1987. Las luchas de Francia e Italia en particular -al igual que la huelga de masas en Polonia- muestran una capacidad real de autoorganización con asambleas generales y comités de huelga.
No es sólo una lista de huelgas. Este movimiento de oleadas de luchas no estaba dando vueltas en círculos, sino haciendo verdaderos avances en la conciencia de clase. Como escribimos en abril de 1988, en un artículo titulado “20 años después de mayo de 1968”: “Una simple comparación de las características de las luchas de hace 20 años con las de hoy permite percibir rápidamente la amplitud de la evolución que se ha producido lentamente en la clase obrera. Su propia experiencia, sumada a la catastrófica evolución del sistema capitalista, le ha dado una visión mucho más clara de la realidad de su lucha. Esto se tradujo en:
La pérdida de ilusiones respecto a las fuerzas políticas situadas a la izquierda del capital, y en primer lugar respecto a los sindicatos, cuyas ilusiones han dado paso a la desconfianza y cada vez más a la hostilidad abierta;
el abandono cada vez más marcado de formas ineficaces de movilización, callejones sin salida a los que los sindicatos han conducido tan a menudo la combatividad de los trabajadores:
jornadas de “acción”, manifestaciones, marchas y procesiones tipo funerales;
huelgas largas y aisladas...
Pero la experiencia de estos 20 años de lucha no sólo ha enseñado a la clase obrera lecciones “en negativo” (lo que no hay que hacer). También nos ha enseñado cómo hacer las cosas:
La búsqueda de la extensión de la lucha (Bélgica 1986 en particular);
La búsqueda del control de la lucha, organizándose en asambleas y comités de huelga elegidos y revocables (principalmente en Francia a finales de 1986 y en Italia en 1987)”.
Fue esta fuerza de la clase obrera la que impidió, durante todos estos años, que la Guerra Fría se convirtiera en la Tercera Guerra Mundial. Mientras que las burguesías estaban soldadas en dos bloques listos para la batalla, los trabajadores no querían sacrificar sus vidas, por millones, en nombre de la Patria. Así lo demostró también la guerra de Vietnam: ante las pérdidas del ejército norteamericano (58,281 soldados), la protesta creció en Estados Unidos y obligó a la burguesía norteamericana a retirarse del conflicto en 1973. La clase dominante no podía movilizar a los explotados de todos los países en un enfrentamiento abierto. A diferencia de los años 30, el proletariado no estaba derrotado.
En realidad, los años 80 ya empezaban a revelar las dificultades de la clase obrera para desarrollar su lucha más que antes, para llevar adelante su proyecto revolucionario:
La huelga de masas de 1980 en Polonia fue extraordinaria por su amplitud y por la capacidad de los trabajadores para autoorganizarse en la lucha. Pero también demostró que en el Este las ilusiones en la democracia de Occidente eran inmensas. Peor aún, frente a la represión que azotaba a los huelguistas, la solidaridad del proletariado en Occidente se reducía a declaraciones platónicas, incapaces de ver que a ambos lados del Telón de Acero se trataba en realidad de una misma lucha de la clase obrera contra el capitalismo. Este es el primer indicio de la incapacidad del proletariado para politizar su lucha, para seguir desarrollando su conciencia revolucionaria.
En 1981, el presidente estadounidense Ronald Reagan despidió a 11,000 controladores aéreos alegando que su huelga era ilegal. Esta capacidad de la burguesía norteamericana para sofocar una huelga utilizando el arma de la represión, muestra cómo se encontraba la relación de fuerzas.
La represión en Polonia y la huelga en Estados Unidos actuaron como un verdadero golpe para el proletariado internacional cuyo efecto duró casi dos años.
En 1984, la primera ministra británica Margareth Thatcher fue mucho más lejos. En aquella época, la clase obrera británica tenía fama de ser la más combativa del mundo, y año tras año batía el récord de días de huelga. La Dama de Hierro provocó a los mineros; mano a mano con los sindicatos, los aisló del resto de sus hermanos de clase; durante un año lucharon solos, hasta que se agotaron (Thatcher y su gobierno habían preparado su golpe acumulando en secreto reservas de carbón); las manifestaciones fueron reprimidas con derramamiento de sangre (tres muertos, 20,000 heridos, 11,300 detenidos). El proletariado británico tardaría 40 años en recuperarse de este golpe y permanecería aletargado y sumiso hasta el verano de 2022 (volveremos sobre esto más adelante). Por encima de todo, esta derrota muestra que el proletariado no ha logrado entender la trampa, evitar el sabotaje y la división sindical. La politización de las luchas sigue siendo ampliamente insuficiente, lo que representa una desventaja creciente.
Una pequeña frase de nuestro artículo de 1988, que ya hemos citado, resume el problema crucial al que se enfrentaba el proletariado en aquella época: “Quizás se habla menos fácilmente de revolución en 1988 que en 1968”. En aquel momento, nosotros mismos no comprendíamos todo el significado de esta constatación, sólo la intuíamos. En efecto, la generación que había cumplido su tarea poniendo fin a la contrarrevolución en Mayo de 1968, no podía desarrollar también el proyecto revolucionario del proletariado.
Esta falta de perspectiva empieza a marcar a toda la sociedad: la droga se extiende tanto como el nihilismo. No es casualidad que fuera en esta época cuando dos palabras contenidas en una canción de la banda punk Les Sex Pistols fueran pintadas con aerosol en los muros de Londres: No future (No hay futuro).
Es en este contexto, en que empiezan a emerger los límites de la generación del 68 y con la putrefacción de la sociedad, que se asestó un terrible golpe a nuestra clase: el colapso del bloque del Este en 1989-91 desató una campaña ensordecedora sobre la “muerte del comunismo”. La gran mentira “estalinismo = comunismo” volvió a explotarse al máximo; todos los abominables crímenes de este régimen, que en realidad era capitalista, se atribuyeron a la clase obrera y a “su” sistema comunista. Peor aún, se pregonará día y noche: “¡He aquí a donde conduce la lucha obrera, a la barbarie y a la bancarrota! ¡He aquí a donde conduce ese sueño de revolución: a una pesadilla!” El resultado es terrible: los obreros se avergonzaban de su lucha, de su clase, de su historia. Privados de perspectiva, se negaban a sí mismos y perdían la memoria de ella. Todas las lecciones y los logros de los grandes movimientos sociales del pasado cayeron en el limbo del olvido. Este cambio histórico de la situación mundial ha sumido a la humanidad en una nueva fase de la decadencia capitalista: la fase de la descomposición.
La descomposición no es un momento fugaz y superficial; es una dinámica profunda que afecta a la sociedad. La descomposición es la última fase del capitalismo decadente, una fase de agonía que acabará o con la muerte de la humanidad o con la revolución. Es el fruto de los años 1970-1980 durante los cuales ni la burguesía ni el proletariado fueron capaces de imponer su perspectiva: la guerra por la burguesía, la revolución por el proletariado. La descomposición expresa esta especie de bloqueo histórico entre las clases:
La burguesía no infligió a la clase obrera una derrota histórica decisiva que le hubiera permitido movilizarse para una nueva guerra mundial.
La clase obrera, a pesar de 20 años de lucha que impidieron la marcha a la guerra, y que vieron importantes desarrollos en la conciencia de clase, no ha sido capaz de desarrollar la perspectiva de la revolución, de plantear su propia alternativa política a la crisis del sistema.
Como resultado, privado de toda salida, pero hundiéndose aún en la crisis económica, el capitalismo decadente empezó a pudrirse desde el fondo. Esta putrefacción afecta a la sociedad a todos los niveles, ya que la ausencia de perspectivas y de futuro actúa como un auténtico veneno: aumento del individualismo, de la irracionalidad, de la violencia, de la autodestrucción, etcétera. El miedo y el odio se apoderan poco a poco de la sociedad. Los cárteles de la droga se desarrollaron en América Latina, el racismo está por todas partes...El pensamiento está marcado por la imposibilidad de proyectarse al futuro, está marcado por una visión corta y limitada; la propia política de la burguesía se limita cada vez más a lo inmediato. Este baño de lodo cotidiano impregna inevitablemente a los proletarios, sobre todo porque dejaron de creer en el futuro de la revolución, se avergüenzan de su pasado y ya no se sienten una clase. Atomizados, reducidos a ciudadanos individuales, soportan todo el peso de la putrefacción de la sociedad. El problema más grave es sin duda la amnesia sobre las lecciones y avances del periodo 1968-1989.
Para empeorar las cosas, la política económica de la clase dominante está atacando deliberadamente cualquier sentido de identidad de clase, tanto mediante la disolución de los antiguos centros industriales de resistencia de la clase obrera, como mediante la introducción de formas de trabajo mucho más atomizadas, como la llamada “economía gig” (economía de pequeños trabajos), en la que los trabajadores son tratados regularmente como “auto emprendedores”.
Para toda una parte de la juventud obrera la consecuencia es catastrófica: tendencia a formar bandas en los centros urbanos, expresión tanto de toda falta de perspectiva económica como la búsqueda desesperada de una comunidad alternativa, que lleva a la creación de divisiones asesinas entre los jóvenes, basadas en rivalidades entre barrios y condiciones diferentes, en la competencia por el control de la economía local de la droga o en diferencias raciales o religiosas.
Mientras la generación del 68 sufría este revés, la generación que entró a escena en la edad adulta en 1990 -con la mentira de “la muerte del comunismo” y esta dinámica de descomposición social- parecía perdida para la lucha de clases.
En 1999, en una conferencia de la OMC (Organización Mundial del Comercio) celebrada en Seattle, un nuevo movimiento político saltó a la palestra: el altermundismo. 40,000 manifestantes, en su gran mayoría jóvenes, se alzaron contra el desarrollo de una sociedad capitalista que mercantilizaba todo el planeta. En la cumbre del G8 celebrada en Génova en 2001, fueron 300,000 manifestantes.
¿Qué revela el surgimiento de este movimiento? En 1990, el presidente estadounidense George Bush padre prometió “un nuevo orden mundial” de “paz y prosperidad”, pero la realidad de la década fue bien distinta: la guerra del Golfo en 1991, la guerra de Yugoslavia en 1993, el genocidio de Ruanda en 1994, la crisis y el hundimiento de los “Tigres asiáticos” en 1997... el aumento del desempleo, la precariedad laboral y la “flexibilidad” por doquier. En resumen, el capitalismo seguía hundiéndose en su decadencia. Esto llevó inevitablemente a la clase obrera y a todos los estratos de la sociedad a preocuparse, cuestionarse y reflexionar. Pero cada uno en su rincón. La aparición del movimiento altermundista es el resultado de esta dinámica: una protesta “ciudadana” contra la “globalización”, que reclama un capitalismo global “justo”. Es una aspiración a otro mundo, pero en un terreno no obrero, no revolucionario sino en el terreno burgués de la creencia en el mito de la democracia.
Los años 2000-2010 fueron testigos de una sucesión de intentos de lucha, todos los cuales se toparon con esta debilidad decisiva ligada a la pérdida de la identidad de clase.
El 15 de febrero de 2003 tuvo lugar la mayor manifestación mundial de la que se tiene constancia (hasta el día de hoy). Hubo 3 millones de personas en Roma, 1 millón en Barcelona, 2 millones en Londres, etcétera. El objetivo era protestar contra la inminente guerra de Iraq, que estallaría en marzo; con el pretexto de luchar contra el terrorismo duró 8 años y produjo 1.2 millones de muertos. En este movimiento está presente el rechazo a la guerra, mientras que las sucesivas guerras de los años 1990 no habían suscitado ninguna resistencia. Pero, sobre todo, se trataba de un movimiento encerrado en el terreno cívico y pacifista; no era la clase trabajadora la que luchaba contra las intenciones bélicas de sus Estados, sino una suma de ciudadanos atomizados que exigían a sus gobiernos que adoptaran una política de paz.
En Francia, en mayo-junio de 2003, hubo una serie de manifestaciones contra una reforma del sistema de pensiones. La huelga estalló en el sector de la educación nacional, y se presentaba la amenaza de una “huelga general”. Sin embargo, al final ésta no se produjo, y los profesores permanecieron aislados. Este confinamiento sectorial fue evidentemente el resultado de una política deliberada de división por parte de los sindicatos, pero el sabotaje tuvo éxito porque se basaba en una debilidad muy importante de la clase: los profesores se consideraban diferentes, no como trabajadores, no como miembros de la clase obrera. En ese momento, la propia noción de clase obrera sigue perdida en el limbo, rechazada, desfasada y vergonzante.
En 2006, los estudiantes franceses se movilizaron en masa contra un contrato precario especial para los jóvenes: el CPE (Contrato de Primer Empleo). El movimiento demostró una paradoja: la reflexión se produce en la clase, pero la clase no lo sabe. Los estudiantes redescubrieron, en efecto, una forma de lucha auténticamente obrera: las asambleas generales. En esas asambleas generales se llevan a cabo verdaderas discusiones. Estaban abiertas a los trabajadores, los desempleados y los jubilados; las intervenciones de las personas mayores fueron aplaudidas.
El eslogan faro utilizado en las marchas se convirtió en: “Los jóvenes y los viejos, todos son parte de la misma ensalada”. Era la emergencia de la solidaridad obrera entre generaciones, la comprensión de que todos eran afectados, y que todos tenían que unirse. Este movimiento, que desbordó el marco sindical, contenía el “riesgo” (para la burguesía) de atraer a empleados y obreros por un camino igualmente “incontrolado”. El jefe del gobierno se vio obligado a retirar el proyecto de ley. Esta victoria marcó un paso adelante en los esfuerzos realizados por la clase obrera desde principios de la década de 2000 para salir del estancamiento de los años 1990. Al calor de la lucha, publicamos y distribuimos un suplemento con el título “¡Salud a las nuevas generaciones de la clase obrera!”4. Y efectivamente, este movimiento muestra la emergencia de una nueva generación que no ha experimentado ni la pérdida de impulso de las luchas de los años 80, y a veces su represión, ni ha experimentado directamente las grandes mentiras “estalinismo = comunismo” y “revolución = barbarie”; es una nueva generación golpeada por el desarrollo de la crisis y la precariedad, una nueva generación dispuesta a rechazar los sacrificios impuestos y a luchar. Pero esta generación también creció en los años 1990, y lo que más la caracteriza es la aparente ausencia de la clase obrera, la desaparición de su proyecto y de su experiencia. Esta nueva generación tiene, así, que “reinventar” sus métodos; en consecuencia, retoma los métodos de lucha del proletariado, pero -y el “pero” es grande- de forma no consciente, por instinto, diluyéndose así en la masa de “ciudadanos”. Es un poco como en la obra de Molière en la que Monsieur Jourdain hace prosa sin saberlo. Esto explica por qué, una vez desaparecido, este movimiento no dejó ningún rastro aparente: ni grupos, ni periódicos, ni libros... Los propios protagonistas parecieron olvidar muy rápidamente lo que habían vivido.
El “movimiento de las plazas” que recorrió el mundo unos años más tarde iba a ser una demostración flagrante de esas fuerzas contradictorias, de ese impulso y de esas debilidades profundas e históricas. La combatividad se desarrolló, al igual que la reflexión, pero sin referencia a la clase obrera y a su historia, sin sentido de pertenencia al proletariado, sin identidad de clase.
El 15 de septiembre de 2008, la mayor quiebra de la historia, la del banco de inversión Lehman Brothers, desencadenó una ola de pánico internacional; era la llamada crisis de las “subprimes”. Millones de trabajadores perdieron sus escasas inversiones y pensiones, y los planes de austeridad hundieron en la miseria a poblaciones enteras. Inmediatamente la aplanadora propagandística se puso en marcha: no era el sistema capitalista el que mostraba una vez más sus límites, sino que “son los banqueros corruptos y codiciosos los causantes de todos los males”. La prueba es que algunos países van bien, en particular los BRICS y China. La propia forma que toma esta crisis, “una contracción del crédito” implicando una pérdida masiva de ahorros para millones de trabajadores, hace que sea aún más difícil responder sobre un terreno de clase, ya que el impacto parecía afectar más a los hogares individuales en lugar de a una clase asociada. Esto es precisamente el talón de Aquiles del proletariado desde 1990, el haber olvidado que existe, e incluso que es la principal fuerza de la sociedad.
En 2010, la burguesía francesa aprovechó este contexto de gran confusión en la clase para orquestar, con sus sindicatos, una serie de catorce jornadas de acción que terminaron con la victoria del gobierno (la adopción de otra reforma más a las pensiones) y con el agotamiento y la desmoralización de los trabajadores. Al limitar la lucha a cortejos sindicales, sin vida ni debate en las marchas, la burguesía consiguió explotar la gran debilidad política de los trabajadores para borrar aún más la principal lección positiva del movimiento anti-CPE de 2006: las asambleas generales como savia de la lucha.
El 17 de diciembre de 2010, en Túnez, un joven vendedor ambulante de frutas y verduras vio cómo su escasa mercancía era requisada por la policía, que le propinó una paliza. Desesperado, se prendió fuego. Lo que siguió fue un verdadero grito de rabia e indignación que sacudió a todo el país y traspasó fronteras. La miseria y la represión atroces en todo el Magreb impulsaron a la gente a rebelarse. Las masas se reunieron, primero en la plaza Tahrir de Egipto. Los trabajadores que luchaban se encontraron diluidos en la multitud, en medio de todas las demás clases no trabajadoras de la sociedad. La consigna es en cada país “¡Fuera!”: “Fuera Mubarak”, “Fuera Gadafi”, etc. Es un llamado a la dimisión de los dirigentes y a su remplazo; los protagonistas exigen democracia y reparto de la riqueza. Por tanto, la ira conduce a estas consignas ilusorias y burguesas.
En 2011, en España, toda una generación precaria, obligada a quedarse a vivir en casa de sus padres, se inspiró en lo que hoy se conoce como la “La primavera árabe” e invadió la plaza mayor de Madrid. El lema era: “De la plaza Tahrir a la Puerta del Sol”. Había nacido el movimiento de los “Indignados” que se extendió por todo el país. Aunque este movimiento reúne a todos los estratos de la sociedad, como en el norte de África, aquí la clase obrera es ampliamente mayoritaria. Así, las reuniones adoptan la forma de asambleas para debatir y organizarse. Cuando intervinimos, observamos una especie de ímpetu internacionalista en los numerosos saludos a las expresiones de solidaridad procedentes de todos los rincones del mundo, se toma en serio la consigna “revolución mundial”, se reconoce que “el actual sistema ya es obsoleto” y existe una fuerte voluntad de debatir la posibilidad de una nueva forma de organización social, por lo que se plantean numerosas cuestiones sobre la moral, la ciencia, la cultura, etc.
En Estados Unidos, Israel y el Reino Unido, este “movimiento de plazas” adoptó el nombre de “Occupy”. El hecho de “ocupar” es por tanto puesto al centro; los participantes hablaron de su sufrimiento como consecuencia de la precariedad y la flexibilidad que hacían casi imposible el simple hecho de tener verdaderos compañeros de trabajo estables o la más mínima vida social. Esta explotación y desestructuración implacables individualizan, aíslan y atomizan. Los protagonistas de Occupy logran así, la alegría de reunirse y formar una comunidad, de poder hablar e incluso vivir como parte de un colectivo. Así que ya hay una especie de regresión en comparación con los Indignados, porque no se trata tanto de luchar como de estar juntos. Pero, sobre todo, Occupy nació en Estados Unidos, el país de la represión obrera bajo Reagan, el país que simbolizó la victoria del capitalismo sobre el “comunismo”, el país campeón de la sustitución de la clase obrera por individuos “emprendedores”, empleados libres, etcétera. Por tanto, este movimiento está extremadamente marcado por la pérdida de identidad de clase, por el borrado de toda la experiencia obrera acumulada pero reprimida. Occupy se centró en la teoría del 1% (la minoría que posee la riqueza... de hecho la burguesía) para exigir más democracia y una mejor distribución de los bienes. En otras palabras, fue una peligrosa ilusión de un capitalismo mejor, más justo, y más humano. Además, el bastión del movimiento es Wall Street, la bolsa de Nueva York (Occupy Wall Street), para simbolizar que el enemigo son las finanzas viciadas.
Pero en el fondo, esta debilidad también marca a los Indignados: la tendencia a verse como “ciudadanos” y no como proletarios, hace que todo el movimiento sea vulnerable a la ideología democrática, que acaba permitiendo que partidos burgueses -como Syriza en Grecia y Podemos en España- se presenten como los verdaderos herederos de estas revueltas. “¡Democracia Real Ya!” se convirtió, desgraciadamente, en la consigna del movimiento.
Finalmente, el reflujo de este “movimiento en las plazas” profundizó aún más el retroceso general de la conciencia de clase.
En Egipto, las ilusiones sobre la democracia han allanado el camino para la restauración del mismo tipo de gobernanza autoritaria que había sido el catalizador inicial de la “Primavera árabe”. En Israel, donde las manifestaciones masivas lanzaron en su día el lema internacionalista: “Netanyahu, Mubarak, Assad, el mismo enemigo”, esta vez la brutal política militarista del gobierno de Netanyahu vuelve a imponerse. En España, muchos jóvenes que habían participado en el movimiento están enredados en el callejón sin salida absoluto del nacionalismo catalán o español. En Estados Unidos, la focalización en el 1% alimenta el sentimiento populista contra “las élites”, “el Establishment”, ...
El período 2003-2011 representa, pues, toda una serie de esfuerzos de nuestra clase para luchar contra el continuo deterioro de las condiciones de vida y de trabajo en este capitalismo en crisis, pero, privada de una identidad de clase, acaba (temporalmente) en un marasmo mayor. Y el agravamiento de la descomposición en la década de 2010 agravará aún más estas dificultades: desarrollo del populismo, con toda la irracionalidad y el odio que encierra esta corriente política burguesa, proliferación a escala internacional de atentados terroristas, toma del poder sobre regiones enteras por narcotraficantes en Latinoamérica y por los señores de la guerra en Oriente Medio, África y el Cáucaso, enormes oleadas de emigrantes que huyen del horror del hambre, de la guerra, de la barbarie, de la desertificación ligada al calentamiento climático... mientras el Mediterráneo se está convirtiendo en un cementerio acuático.
Esta dinámica podrida y mortífera tiende a reforzar el nacionalismo y la confianza en la “protección” del Estado; lleva a dejarse influir por las falsas críticas al sistema que ofrece el populismo (y, para una minoría, el yihadismo), a adherirse a la “política de identidad” ... La falta de identidad de clase se ve agravada por la tendencia a la fragmentación en identidades raciales, sexuales y de otro tipo, lo que a su vez refuerza la exclusión y la división, mientras que sólo el proletariado que lucha por sus propios intereses puede ser verdaderamente integrador.
En resumen, la sociedad capitalista se está pudriendo desde sus bases.
Pero en la situación actual no hay que ver sólo la descomposición. Otras fuerzas están actuando: con el hundimiento en la decadencia la crisis económica se agrava y con ella surge la necesidad de luchar; el horror de la vida cotidiana plantea sin cesar cuestiones que acaban por incidir en la mente de los trabajadores; las luchas de los últimos años han comenzado a dar algunas respuestas y estas experiencias están cavando sus surcos sin que nos demos cuenta. En palabras de Marx: “Reconocemos a nuestro viejo amigo, nuestro viejo topo que tan bien sabe trabajar subterráneamente para aparecer de repente”.
En 2019 se desarrolla en Francia un movimiento social contra una nueva (sic) reforma de las pensiones. Más que la combatividad, que es muy grande, lo que nos llama la atención es la tendencia a la solidaridad entre generaciones que se expresa en las marchas: muchos trabajadores próximos a los sesenta años -y, por tanto, no afectados directamente por la reforma- hacen huelga y se manifiestan para que los asalariados jóvenes no sufran este ataque gubernamental. La solidaridad intergeneracional, muy presente en 2006, parece resurgir. Escuchamos a los manifestantes corear “¡La clase obrera existe!”, cantar “¡Estamos aquí, estamos aquí por el honor de los trabajadores y por un mundo mejor!”, y defender la idea de “guerra de clases”. Si bien se trata de una minoría, la idea vuelve a estar en el aire, ¡algo que no ocurría desde hace 30 años!
En 2020 y 2021, durante la pandemia de Covid y sus múltiples confinamientos, constatamos la existencia de huelgas en Estados Unidos, Irán, Italia, Corea, España y Francia que, aunque dispersas, daban testimonio de la profundidad de la cólera, ya que es particularmente difícil luchar en estos tiempos de control de plomo estatal en nombre de “la salud de todos”
Por eso, en enero de 2022, cuando la inflación reapareció tras casi 30 años de tregua en este frente económico, decidimos redactar un volante internacional que decía:
“Los precios se disparan, sobre todo en productos de primera necesidad como los alimentos, la energía y el transporte… dejando a cada vez más personas con dificultades para alimentarse, alojarse, calentarse y desplazarse”.
Y es en este volante donde, por tanto, anunciamos: “En todos los países, en todos los sectores, la clase obrera sufre un deterioro insoportable de sus condiciones de vida y de trabajo. (...) Los ataques llueven bajo el peso de la agravación de la crisis económica mundial. A pesar del temor a una crisis sanitaria opresiva, la clase obrera empieza a reaccionar (...) Es cierto que no se trata de movimientos masivos: las huelgas y manifestaciones siguen siendo demasiado escasas y aisladas. Pero la burguesía los observa como un halcón, consciente de la amplitud de la cólera que se está gestando (...) Entonces, ¿cómo desarrollar una lucha unida y masiva?”.
El estallido de la guerra en Ucrania un mes después fue un acontecimiento aterrador; la clase temía que el conflicto se extendiera y degenerara. Pero, al mismo tiempo, la guerra empeoró considerablemente la inflación. Junto con los efectos desastrosos del Brexit, el Reino Unido ha sido el más afectado.
Ante este deterioro insoportable de las condiciones de vida y de trabajo, estallaron en el Reino Unido huelgas en sectores muy diversos (sanidad, educación, transportes, etc.): ¡fue lo que los medios de comunicación llamaron “El verano de la cólera”, en referencia a “El invierno de la cólera” de 1979 ¡que sigue siendo el movimiento más masivo de cualquier país después del de mayo de 1968 en Francia!
Al establecer este paralelismo entre estos dos grandes movimientos, separados por 43 años, los periodistas dicen mucho más de lo que piensan. Porque detrás de esta expresión de “cólera” se esconde un movimiento extremadamente profundo. Dos expresiones correrán de piquete en piquete de huelga: “Enough is enough!” (¡Ya basta!) y “¡Somos trabajadores!”. En otras palabras, si los trabajadores británicos se levantan contra la inflación, no es sólo porque ésta sea insoportable. La crisis es necesaria, pero no suficiente. Es también porque la conciencia ha madurado en las cabezas de los trabajadores, es que el viejo topo ha cavado durante décadas y ahora asoma una pequeña parte de su hocico. Retomando el método de nuestros antepasados de Internacionalismo, que les permitió anticipar la llegada de mayo de 1968 y luego comprender su significado histórico, hemos podido desde agosto de 2022 subrayar en nuestro volante internacional que el despertar del proletariado británico tiene un significado mundial e histórico; por eso nuestro volante concluye que: “Las huelgas masivas en el Reino Unido son un llamado al combate para los proletarios de todo el mundo”. El hecho que el proletariado que fundó la Primera Internacional con el proletariado francés en 1864 en Londres, que fue el más combativo de las décadas 1970-80, que sufrió una gran derrota a manos de Thatcher en 1984-85 y que desde entonces no había sido capaz de reaccionar, anuncie que ahora “¡Ya basta!” revela lo que está madurando en lo más profundo de las entrañas de nuestra clase: el proletariado empieza a recuperar su identidad de clase, a sentirse más seguro de sí mismo, a sentirse una fuerza social y colectiva.
Tanto más cuanto que estas huelgas tienen lugar en un momento en que la guerra de Ucrania y todos sus discursos patrióticos hacen estragos. Como decíamos en nuestro volante de finales de agosto de 2002: “La importancia de este movimiento no se limita al hecho de que pone fin a un largo periodo de pasividad. Estas luchas tienen lugar en un momento en que el mundo se enfrenta a una guerra imperialista a gran escala, una guerra que enfrenta a Rusia y Ucrania sobre el terreno, pero que tiene un alcance mundial con, en particular, la movilización de los países miembros de la OTAN. Se trata de una movilización armamentística, pero también económica, diplomática e ideológica. En los países occidentales, el discurso de los gobiernos pide sacrificios para “defender la libertad y la democracia”. En concreto, esto significa que los proletarios de estos países deben apretarse aún más el cinturón para “mostrar su solidaridad con Ucrania”, de hecho, con la burguesía ucraniana y la de los países occidentales. (...) Los gobiernos piden “sacrificios para luchar contra la inflación”. Se trata de una farsa siniestra cuando lo único que hacen es agravarla con la explosión de los gastos de guerra. Este es el futuro prometido por el capitalismo y sus burguesías nacionales en competencia: más guerras, más explotación, más destrucción, más miseria. Con esto está también lo que las huelgas del proletariado en el Reino Unido llevan en germen, aunque los trabajadores no siempre sean plenamente conscientes de ello: la negativa a sacrificarse cada vez más por los intereses de la clase dominante, el rechazo a hacer sacrificios por la economía nacional y por el esfuerzo de guerra, la negativa a aceptar la lógica de este sistema que está llevando a la humanidad hacia la catástrofe y, en última instancia, a su destrucción”.
Mientras las huelgas en el Reino Unido continuaban y afectaban cada vez a más sectores, en Francia se iniciaba un importante movimiento social contra... la reforma de las pensiones. Las mismas características se manifestaban a este lado del Canal de la Mancha: también en Francia, los manifestantes hacían hincapié en su pertenencia al campo de los trabajadores y la consigna “¡Enough is Enough!” se retomaba bajo la forma de “C’est assez !” (“¡Ya basta!”). Evidentemente, el proletariado en Francia aportó a esta dinámica internacional su costumbre de salir a la calle en masa, lo que contrastaba con los piquetes dispersos impuestos por los sindicatos en el Reino Unido. Aún más significativa de la contribución de este episodio de lucha al proceso internacional global fue la consigna que floreció por doquier en las manifestaciones: “Vosotros nos ponéis los 64, nosotros os volvemos a poner el 68” (el gobierno quería retrasar la edad legal de jubilación a los 64 años, y los manifestantes contraatacaron con su deseo de reconstruir el Mayo del 68). Aparte del excelente juego de palabras (ejemplo de la creatividad de la clase obrera en lucha), esta consigna inmediatamente popular indica que el proletariado, al empezar a reconocerse como clase, al empezar a recuperar su identidad de clase, empieza también a recordar, a reactivar su memoria dormida. Nos sorprendió, además, interviniendo en las manifestaciones, ver referencias al movimiento de 2006 contra el CPE. Mientras que este episodio parecía haber sido borrado, ignorado por todos, ahora los jóvenes manifestantes volvían a hablar de él, preguntándose lo que había pasado... Inmediatamente publicamos y distribuimos un nuevo volante, recordando la cronología del movimiento y sus lecciones (la importancia de las asambleas generales abiertas y soberanas, es decir, realmente organizadas y dirigidas por la asamblea y no por los sindicatos). Al ver el título, los manifestantes vinieron a pedirnos el volante, y algunos nos dieron las gracias después de leerlo cuando nos volvieron a ver en la acera. Así pues, no es sólo el factor “ruptura con el pasado” lo que explica la capacidad de la nueva generación actual para dirigir al conjunto del proletariado a la lucha. Al contrario, la noción de continuidad es quizás aún más importante. Así que teníamos razón al escribir en 2020: “Las conquistas de las luchas del periodo 1968-89 no se han perdido, incluso si pueden haber sido olvidadas por muchos trabajadores (y revolucionarios): la lucha por la autoorganización y la extensión de las luchas, el comienzo de una comprensión del papel anti obrero de los sindicatos y los partidos capitalistas de izquierda, la resistencia al reclutamiento bélico, la desconfianza en el juego electoral y parlamentario, etcétera. Las luchas futuras deberán basarse en la asimilación crítica de estas lecciones, yendo mucho más lejos, y ciertamente no en su negación u olvido” (Artículo de balance del 23er Congreso, Revista Internacional 164, 2020).
La experiencia acumulada por las generaciones anteriores desde el 68, e incluso desde el inicio del movimiento obrero, no ha sido borrada, sino más bien guardada en una memoria latente; la reconquista de la identidad de clase permite que ésta pueda ser reactivada, y que la clase obrera pueda ponerse en marcha para reivindicar su propia historia.
En concreto, las generaciones que vivieron el 68 y el enfrentamiento con los sindicatos en los años 70 y 80 siguen vivas hoy, pueden contar sus historias y transmitirlas. La generación “perdida” de los años 90 también puede aportar su contribución. Los jóvenes de las asambleas de 2006 y 2011 podrán por fin comprender lo que hicieron, el sentido de su autoorganización, y contárselo a la nueva generación. Por una parte, esta nueva generación de los años 2020 no ha sufrido las derrotas de los años 1980 (bajo Tatcher y Reagan), ni la mentira de 1990 sobre la muerte del comunismo y el fin de la lucha de clases, ni los años de oscuridad que siguieron; por otra parte, ha crecido en una crisis económica permanente y en un mundo en descomposición, por lo que lleva en su interior una combatividad intacta. Esta nueva generación puede atraer tras de sí a todas las demás, teniendo que escucharlas y aprender de sus experiencias, sus victorias y sus derrotas. El pasado, el presente y el futuro pueden volver a unirse. Este es todo el potencial que lleva en sí el movimiento actual y el porvenir, esto es lo que hay detrás de la noción de “ruptura”: una nueva dinámica que rompe con la inmovilidad y la amnesia que han dominado desde 1990, una nueva dinámica que se reapropia de la historia del movimiento obrero de forma crítica para llevarlo mucho más lejos. Las huelgas que hoy se desarrollan son fruto de la maduración subterránea de las décadas anteriores, y pueden a su vez conducir a una maduración mucho mayor.
Y evidentemente, quienes representan esta continuidad y memoria históricas, las organizaciones revolucionarias, tienen un inmenso papel que desempeñar en este proceso.
Desde 2020 y la pandemia de Covid, la descomposición del capitalismo se ha acelerado en todo el planeta. Todas las crisis de este sistema decadente -sanitaria, económica, climática, social y guerrera- se entrecruzan para formar un vórtice devastador5. Esta dinámica amenaza con arrastrar a toda la humanidad a la muerte.
La clase trabajadora se enfrenta, por tanto, a un gran desafío: cómo desarrollar su proyecto revolucionario y plantear, así, su perspectiva, la del comunismo, en este contexto de putrefacción. Para ello, debe ser capaz de resistir a todas las fuerzas centrífugas que la presionan sin tregua; debe ser capaz de no dejarse atrapar por la fragmentación social que fomenta el racismo, el enfrentamiento entre bandas rivales, el repliegue y el miedo; debe ser capaz de no ceder a las sirenas del nacionalismo y de la guerra (supuestamente humanitaria, antiterrorista, de “resistencia”, etc. Las burguesías siempre acusan al enemigo de la barbarie para justificar la suya). Resistir a toda esta podredumbre que corroe poco a poco al conjunto de la sociedad y lograr desarrollar su lucha y sus perspectivas implica necesariamente que el conjunto de la clase obrera eleve su nivel de conciencia y de organización, que logre politizar sus luchas, cree lugares de debates, de elaboración y de toma de control de las huelgas por los propios trabajadores.
Entonces, ¿qué nos dicen todas estas huelgas, calificadas de “históricas” por los medios de información, sobre la dinámica actual y la capacidad de nuestra clase para proseguir sus esfuerzos, aunque esté rodeada de un mundo en putrefacción?
La solidaridad que se ha expresado en todas las huelgas y movimientos sociales desde 2022 demuestra que la clase obrera, cuando lucha, no sólo consigue resistir a esta putrefacción social, sino que empieza a esbozar un antídoto, la promesa de otro futuro posible: la fraternidad proletaria. Su lucha es la antítesis de la guerra de todos contra todos hacia la que empuja la descomposición.
En los piquetes y manifestaciones en Canadá, Francia e Islandia, las expresiones más comunes son “¡Todos estamos en el mismo barco!” y “¡Todos debemos luchar juntos!”.
Incluso en Estados Unidos, un país asolado por la violencia, las drogas, el aislacionismo y la división racial, la clase obrera fue capaz de plantear la cuestión de la solidaridad obrera entre sectores y entre generaciones. Los testimonios que se desprenden de la huelga “histórica” del verano de 2023, cuyo núcleo fueron los trabajadores del automóvil, muestran incluso que el proceso sigue avanzando y profundizándose:
“¡Tenemos que decir basta! No sólo nosotros, sino toda la clase obrera de este país tiene que decir, en algún momento, ¡basta! (...) Todos estamos hartos: los trabajadores temporales están hartos, los empleados con muchos años de antigüedad como yo estamos hartos... porque estos trabajadores temporales son nuestros hijos, nuestros vecinos, nuestros amigos” (Littlejohn, jefe de mantenimiento en los oficios calificados de la planta de estampado de Ford en Búfalo, Estados Unidos).
“Todos estos grupos no son movimientos separados, sino un grito de guerra colectivo: somos una ciudad de trabajadores: obreros y empleados, sindicalizados y no sindicalizados, inmigrantes y nativos” (Los Ángeles Times).
“El complejo Stellantis de Toledo, Ohio, se llenó de vítores y bocinazos de automóviles al comenzar la huelga” (The Wall Street Journal).
“Las bocinas apoyan a los huelguistas frente a la planta del fabricante de automóviles en Wayne, Michigan” (The Guardian).
Esta solidaridad se basa explícitamente en la idea de que “¡todos somos trabajadores!”.
¡Qué contraste con los intentos de pogromo antiinmigración de Dublín (Irlanda) y Romans-sur-Isère (Francia)! En ambos casos, tras un apuñalamiento mortal, una parte de la población culpó de los asesinatos a la inmigración y exigió venganza, saliendo a la calle para linchar a la gente. No se trata de incidentes aislados e insignificantes; al contrario, anuncian la deriva general de la sociedad. Las reyertas entre bandas de jóvenes, las agresiones, los asesinatos cometidos por individuos desequilibrados y los disturbios nihilistas se multiplican y no harán sino aumentar más y más.
Las fuerzas de la descomposición impulsarán progresivamente la fragmentación social; la clase trabajadora se encontrará en medio de un odio creciente. Para resistir a estos vientos fétidos, tendrá que seguir esforzándose por desarrollar su lucha y su conciencia. El instinto de solidaridad no será suficiente; la clase trabajadora tendrá que trabajar también por su unidad, es decir, por tomar conscientemente la construcción de sus vínculos y de su organización en la lucha. Esto implica inevitablemente enfrentarse a los sindicatos y a su sabotaje permanente de división. Aquí volvemos a la necesidad de reapropiarse de las lecciones de las luchas de los años 1970 y 80.
El cruce del Atlántico por el grito de “¡Ya basta!” revela el carácter profundamente internacional de nuestra clase y de su lucha. Las huelgas en Estados Unidos son el resultado directo de la influencia de las huelgas en el Reino Unido. También aquí teníamos razón cuando escribíamos en la primavera de 2023: “Siendo el inglés, además, la lengua de comunicación mundial, la influencia de estos movimientos supera necesariamente la que podrían tener las luchas en Francia o Alemania, por ejemplo. En este sentido, el proletariado británico muestra el camino no sólo a los trabajadores europeos, que deberán estar en la vanguardia del ascenso de la lucha de clases, sino también al proletariado mundial, y en particular al proletariado norteamericano.” (Informe sobre la lucha de clases, 25º Congreso, Revista Internacional 170, 2023).
Durante la huelga de las Tres Grandes de la industria automovilística (Ford, Chrysler, General Motors) en Estados Unidos, empezó a surgir el sentimiento de ser una clase internacional. Además de esta referencia explícita a las huelgas del Reino Unido, los trabajadores intentaron unificar la lucha a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y Canadá. La burguesía no se equivocó; comprendió el peligro de tal dinámica y el gobierno canadiense firmó inmediatamente un acuerdo con los sindicatos para poner fin prematuramente a este vestigio de lucha común e impedir así cualquier posibilidad de unificación.
Durante el movimiento en Francia, también hubo expresiones de solidaridad internacional. Como escribimos en nuestro volante de abril de 20236: “Los proletarios empiezan a tenderse la mano más allá de las fronteras, como vimos con la huelga de los obreros de una refinería belga en solidaridad con los obreros de Francia, o la huelga del “Mobilier national” en Francia -antes de la visita (aplazada) de Carlos III a Versalle-, en solidaridad con “los trabajadores ingleses en huelga desde hace semanas por aumentos salariales”. A través de estas expresiones aún muy embrionarias de solidaridad, los obreros empezaron a reconocerse como clase internacional: “¡Todos estamos en el mismo barco!”.
De hecho, el resurgimiento de la combatividad obrera desde el verano de 2022 tiene quizás una dimensión internacional aún más fuerte que en los años 1960/70/80. ¿Por qué?
Porque la “globalización”, esta red económica mundial extremadamente tupida, confiere a la crisis económica una dimensión mundial igualmente inmediata.
Porque ya no hay zonas “resistentes” a la crisis económica: China y Alemania también se han visto afectadas, al contrario que en 2008 (lo que dice mucho de la gravedad de la actual crisis abierta).
Porque el proletariado se enfrenta en todas partes al mismo deterioro de las condiciones de vida.
Por último, pero no menos importante, porque los vínculos entre los proletarios de los distintos países se han estrechado fuertemente (colaboración económica a través de las multinacionales, intensa migración internacional, información globalizada, etc.).
En China, el “crecimiento” sigue ralentizándose y el desempleo disparándose. Las cifras oficiales del gobierno chino muestran que ¡una cuarta parte de los jóvenes están desempleados! Como respuesta, se desarrollan luchas: “Afectadas por la caída de los pedidos, las fábricas que emplean a un gran número de trabajadores se están deslocalizando y están despidiendo a trabajadores. Se multiplican las huelgas contra los salarios impagados y las manifestaciones contra los despidos sin indemnización”. Estas huelgas, en un país donde la clase obrera está bajo el manto ideológico y represivo del supuesto “comunismo”, son particularmente significativas de la magnitud de la cólera que se está gestando. Con el probable hundimiento del sector de la construcción inmobiliaria a la vuelta de la esquina, habrá que estar atentos a las posibles reacciones de los trabajadores.
Por el momento, en el resto de Asia, es sobre todo en Corea del Sur donde el proletariado ha vuelto a la senda de la huelga, con un gran movimiento general el pasado mes de julio.
Esta dimensión profundamente internacional de la lucha de clases, este inicio de comprensión de que los trabajadores en huelga luchan todos por los mismos intereses, cualquiera que sea el lado de la frontera en que se encuentren, representa exactamente lo contrario de la naturaleza intrínsecamente imperialista del capitalismo. Ante nuestros ojos se desarrolla la oposición entre dos polos: uno constituido por la solidaridad internacional, el otro por guerras cada vez más bárbaras y asesinas.
Dicho esto, la clase obrera está aún muy lejos de ser lo suficientemente fuerte (consciente y organizadamente) como para levantarse explícitamente contra la guerra, o incluso contra los efectos de la economía de guerra:
- En Europa Occidental y Norteamérica, por el momento, las dos grandes guerras en curso no parecen afectar sustancialmente a la combatividad de la clase obrera. Las huelgas en el Reino Unido comenzaron justo después del inicio de la guerra en Ucrania, la huelga en la industria automovilística en Estados Unidos continuó a pesar del estallido del conflicto en Gaza, y otras huelgas se han desarrollado desde entonces en Canadá, Islandia y Suecia... Pero el hecho es que los trabajadores todavía no han conseguido incorporar a su lucha -en sus consignas y debates- el vínculo entre la inflación, los golpes asestados por la burguesía y la guerra. Esta dificultad se debe a la falta de confianza de los trabajadores en sí mismos, a su falta de conciencia de la fuerza que representan como clase; levantarse contra la guerra y sus consecuencias parece un reto demasiado grande, abrumador, fuera de su alcance. Lograr este vínculo depende de un mayor grado de conciencia. El proletariado internacional tardó 3 años en establecer este vínculo frente a la Primera Guerra Mundial. En el periodo 1968-1989, el proletariado fue incapaz de establecer este vínculo, lo que constituyó uno de los factores que inhibieron su capacidad para desarrollar su politización. Así pues, después de 30 años de reflujo, no deberíamos esperar que el proletariado diera este paso fundamental de inmediato. Es un paso profundamente político, que marcará una ruptura crucial con la ideología burguesa. Es un paso que requiere comprender que el capitalismo es una barbarie militar, que la guerra permanente no es algo accidental sino una característica del capitalismo decadente.
- En Europa del Este, en cambio, la guerra ha tenido un impacto absolutamente desastroso; no ha habido oposición -ni siquiera manifestaciones pacifistas- a la guerra. Aunque el conflicto se ha cobrado ya 500 000 vidas (250 000 en cada bando), y los jóvenes de Rusia y Ucrania huyen de la movilización para salvar el pellejo, no ha habido ninguna protesta colectiva. La única salida ha sido individual: desertar y esconderse. Esta ausencia de reacción de clase confirma que, si bien 1989 fue un golpe contra todo el proletariado a nivel mundial, los trabajadores de los países estalinistas fueron golpeados aún más duramente. La extrema debilidad de la clase obrera de Europa del Este es la punta del iceberg de la debilidad de la clase obrera en los países del conjunto de la antigua URSS. La amenaza de guerra que se cierne sobre los países de la antigua Yugoslavia es en parte posible gracias a esta profunda debilidad del proletariado que vive allí.
- En cuanto a China, es difícil evaluar con precisión cuál es la situación de la clase trabajadora de este país en relación con la guerra. Debemos seguir de cerca la situación y su evolución. La magnitud de la crisis económica que se avecina tendrá un gran impacto en la dinámica del proletariado. Dicho esto, al igual que en el Este, el estalinismo (vivo o muerto) seguirá desempeñando su papel contra nuestra clase. Cuando uno tiene que estudiar las ideas distorsionadas de Karl Marx en la escuela, el marxismo asquea.
De hecho, cada guerra -que inevitablemente estallará- planteará problemas diferentes al proletariado mundial. La guerra en Ucrania no plantea los mismos problemas que la guerra en Gaza, que no plantea los mismos problemas que la guerra que amenaza a Taiwán. Por ejemplo, el conflicto israelí-palestino engendra una podrida situación de odio en los países centrales entre las comunidades judía y musulmana, lo que permite a la burguesía hacer una gran alharaca de división.
Pero tanto en Occidente como en Oriente, tanto en el Norte como en el Sur, podemos reconocer que, en general, el proceso de desarrollo de la conciencia sobre la cuestión de la guerra será muy difícil, y no hay ninguna garantía de que el proletariado consiga llevarlo a cabo. Como señalamos hace 33 años: “A diferencia del pasado, el desarrollo de una nueva oleada revolucionaria no vendrá de una guerra, sino del agravamiento de la crisis económica (...) La movilización de la clase obrera, punto de partida de las luchas de clase a gran escala, vendrá de los ataques económicos. Del mismo modo, a nivel de conciencia, el agravamiento de la crisis será un factor fundamental para revelar el callejón sin salida histórico del modo de producción capitalista. Pero en este mismo nivel de conciencia, la cuestión de la guerra está llamada una vez más a desempeñar un papel clave:
- al poner en evidencia las consecuencias fundamentales de este impasse histórico: la destrucción de la humanidad,
- al constituir la única consecuencia objetiva de la crisis, de la decadencia y de la descomposición que el proletariado puede hoy limitar (a diferencia de todas las demás manifestaciones de la descomposición), en la medida en que, en los países centrales, actualmente no está enrolado bajo las banderas del nacionalismo”. (“Militarismo y descomposición”, Revista Internacional 64, 1991).
También aquí vemos hasta qué punto la capacidad del proletariado para politizar sus luchas será la clave del futuro.
La agravación de la descomposición va a poner toda una serie de obstáculos en el camino de la clase trabajadora hacia la revolución. Además de la fragmentación social, la guerra y el caos, crecerá el populismo.
En Argentina, Javier Milei acaba de ser elegido presidente. ¡El 23º país más grande del mundo está dirigido por un hombre que cree que la Tierra es plana! Celebra sus reuniones con una motosierra en la mano. En resumen, hace que Trump parezca un hombre de ciencia. Más allá de la anécdota, esto muestra hasta qué punto la descomposición avanza y envuelve en su irracionalidad y podredumbre a sectores cada vez más amplios de la clase dirigente:
En Estados Unidos, Trump es el favorito para las próximas elecciones presidenciales.
En Francia, por primera vez, la posibilidad de que la extrema derecha llegue al poder se hace creíble, incluso muy probable.
Italia está liderada por el gobierno de Meloni.
En Holanda, la victoria de Geert Wilde, islamófobo y soberanista confeso, sorprendió a todos los expertos.
En Alemania, el populismo también está al alza, alimentado sobre todo por el discurso de odio ante las oleadas masivas de refugiados.
Hasta ahora, toda esta putrefacción no ha impedido a la clase obrera desarrollar sus luchas y su conciencia. Pero debemos mantener la mente y los ojos bien abiertos para seguir la evolución y evaluar el impacto del populismo en el pensamiento racional que el proletariado debe desarrollar para llevar a cabo su proyecto revolucionario.
Este paso decisivo en la politización de las luchas faltó en los años 1980. Hoy, es en el contexto terriblemente más difícil de la descomposición donde el proletariado debe conseguirlo, de lo contrario el capitalismo arrastrará a toda la humanidad a la barbarie, al caos y, en última instancia, a la muerte.
Una revolución victoriosa es posible. No es sólo la descomposición la que avanza, sino también las condiciones objetivas de la revolución: una crisis económica mundial cada vez más devastadora que nos empuja a la lucha; una clase trabajadora cada vez más numerosa, concentrada y vinculada a escala internacional; una acumulación de experiencias históricas de la clase obrera.
¡El hundimiento en la decadencia revela cada vez más claramente la necesidad de una revolución mundial!
Para lograrlo, los esfuerzos actuales de nuestra clase tendrán que continuar, en particular la reapropiación de las lecciones del pasado (las oleadas de lucha de los años 1970-80, la oleada revolucionaria de los años 1910-20). La generación actual que se está levantando pertenece a toda una cadena que nos une a las primeras luchas, ¡los primeros combates de nuestra clase desde la década de 1830!
A largo plazo, también debemos conseguir romper la gran mentira que pesa sobre nosotros desde la contrarrevolución, según la cual estalinismo = comunismo.
Con todo este proceso, se juega la cuestión de la confianza en la fuerza organizada del proletariado, en la perspectiva y por lo tanto en la posibilidad de la revolución… Es al calor de las luchas por venir, en la lucha política contra el sabotaje sindical, contra las sofisticadas trampas de las grandes democracias, logrando reunirnos en asambleas, comités y círculos para debatir y decidir, que nuestra clase aprenderá todas estas lecciones necesarias. Porque, como escribió Rosa Luxemburgo en una carta a Mehring: “El socialismo no es, precisamente, un problema de cuchillo y tenedor, sino un movimiento de cultura, una gran y poderosa concepción del mundo.” (Rosa Luxemburgo, carta a Franz Mehring).
Sí, este camino será difícil, accidentado e incierto, pero no hay otro.
Gracchus
1 ¡Contra los ataques de la burguesía, necesitamos una lucha unida y masiva! (Volante internacional) Búsqueda | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [483]
2 Como dice Shakespeare en Ricardo III.
3 Título de un libro del periodista y revolucionario Víctor Serge.
4 ¡Salud a las nuevas generaciones de la clase obrera! | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [484]
5 Leer en la Revista Internacional 169, 2022: Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [432]
6 Desde “El verano de la ruptura en 2022”, hemos escrito 7 volantes diferentes, de los que se han distribuido más de 130,000 sólo en Francia.
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Jacques Camatte es sin duda uno de los padres fundadores de la corriente llamada de "comunistización". En el desarrollo de una crítica marxista de los profundos errores de esta corriente, pensamos que será útil dar cuenta del deambular político de Camatte, desde el bordiguismo ortodoxo hasta el rechazo total de la "teoría del proletariado" y una teorización de la negación de la lucha de clases. En nuestra opinión, aunque pocos "comunistizadores" siguieron a Camatte hasta sus últimas conclusiones, en muchos aspectos el camino que siguió revela la verdadera dinámica de toda la tendencia comunistizadora.
Nuestro objetivo aquí no es escribir una biografía de Camatte, sino examinar su trayectoria a la luz de algunos de sus trabajos teóricos más significativos.
Según Wikipedia, Camatte, a la edad de 18 años, ya era miembro de la Fracción Francesa de la Izquierda Comunista en 1953[1] es decir, poco después de la escisión del Partito Comunista Internazionalista (PCInt) en Italia entre la tendencia en torno a Damen y la tendencia en torno a Bordiga. La Fracción Francesa se convirtió más tarde en la sección francesa del Partido Comunista Internacional (PCI) bordiguista, que publicaba Programme Communiste y Le Prolétaire. Camatte desempeñaría un papel cada vez más importante en el trabajo teórico de esta organización, al tiempo que desarrollaba una estrecha colaboración con Bordiga. Sin embargo, a principios de los años 60, no estaba satisfecho con la dirección que estaba tomando la organización: una práctica militante y sindical centrada en la producción de "periódicos obreros". Camatte consideraba que, dado que el periodo seguía dominado esencialmente por la contrarrevolución, las tareas del PCI eran sobre todo teóricas: la denuncia de todas las formas de revisionismo y restauración del programa comunista. En 1966, Camatte rompió con el PCI y lanzó la publicación de la revista Invariance, cuya "declaración de principios", que aparecía en la página interior de la primera serie, mostraba una clara continuidad con la tradición bordiguista[2]:
"Invarianza de la teoría del proletariado:
- Defendida en la Liga Comunista (Manifiesto Comunista de 1848) en la AIT (los trabajos del Consejo General de Londres dirigido por Marx); en la época de la Comuna; en la Segunda Internacional; contra la degeneración y el fracaso de esta última (La Izquierda Socialista en Alemania, los bolcheviques, la Izquierda Socialista en Italia - la fracción abstencionista).
- Que triunfó en Rusia en 1917 y a nivel internacional: Moscú en 1919, fundación de la III Internacional; Livorno en 1921: la ruptura con la democracia.
- Defendida por la izquierda comunista contra la degeneración de Moscú; contra la unión sagrada en la resistencia al fascismo.
- Que debe ser restaurada, así como el Partido Comunista- órgano de la clase proletaria- fuera de todo democratismo, carrierismo, individualismo, contra el inmediatismo y toda duda revisionista sobre la doctrina.
-El objetivo de la invarianza es la reforma del Partido Comunista.
Invariance n° 6, publicado en abril de 1969 bajo el título "La Revolución Comunista, Tesis de Trabajo”, es una obra sustancial, de más de 150 páginas a doble cara, que nos ofrece una visión de conjunto de las principales conclusiones y orientaciones políticas de la revista en aquella época - interesantes, sobre todo porque tienden a rechazar algunas de las verdades sacrosantas del bordiguismo.
Está dividida en varios capítulos que tratan de la historia del movimiento proletario desde sus inicios hasta la posguerra, de la naturaleza de la Rusia estalinista, la cuestión colonial, la crisis económica y de la evolución del capitalismo.
El primer capítulo, "Breve historia del movimiento de la clase proletaria en el espacio euroamericano, desde sus orígenes hasta nuestros días", confirma que el punto de partida de Invariance sigue siendo la tradición marxista y la teoría del proletariado, que, según él, ha sido confirmada por la oleada revolucionaria que siguió a la Primera Guerra Mundial; y, al menos en esta etapa, parece comprometido con la idea de que la futura revolución comunista es tarea exclusiva del proletariado. También desarrolla un análisis bastante coherente de la sucesión de diferentes fases de ascenso de la clase y contrarrevolución en la historia del proletariado y, en particular, de la derrota de la oleada revolucionaria y la lucha de la izquierda comunista contra la degeneración de la Internacional Comunista. Pero, a diferencia de las corrientes bordiguistas más "tradicionales", no excluía a ciertas corrientes de la Izquierda comunista como el KAPD, cuyas tesis sobre el partido se publicarían, junto con el Manifiesto del grupo de Miasnikov en Rusia, en ediciones posteriores de Invariance: "Un elemento fundamental para la readquisición de la totalidad doctrinal lo proporciona la contribución de la Izquierda comunista italiana. Sin embargo, también pueden ser necesarios muchos elementos paralelos: de los tribunistas, el KAPD, de diversos movimientos referentes a los Consejos Obreros, Lukacs... el trabajo de unificación implica el rechazo de los anatemas" (Tesis 1.5.20, p. 37).
Al mismo tiempo, el texto expone su crítica al deslizamiento activista y oportunista de los Bordiguistas oficiales:
- "En 1962, el PCI creyó posible - siguiendo la agitación iniciada en 1960 y reforzada durante ese año - producir un órgano sindical: Spartaco....pero, cuando se empieza a dejar de tener un enfoque materialista y no voluntarista, el error es inevitable. La aparición de este panfleto sindical fue la primera derrota teórica, porque significó abandonar la exigencia de vincular en una unidad indisoluble la acción inmediata (sindical u otra, según la organización: comités de fábrica, comités de empresa, etc.) y la lucha inmediata, "política". Todo ello porque con este panfleto se tenía la esperanza de ser más permeable a la clase... En 1963, el movimiento abandonó sus posiciones originales y se situó al nivel del movimiento trotskista, con el que entró en competencia." Por otra parte, "Todo esto demostró también la insuficiencia de la tesis de la izquierda sobre los sindicatos desde el momento en que dejó de definir con precisión su evolución, su integración en el Estado y el comportamiento de los trabajadores hacia ellos: la deserción" (1.5.10, p. 33).
También puede observarse que la visión de Invariance sobre las condiciones de formación del partido empieza a acercarse a la posición de Bilan en los años 1930 y de la GCF en los años 1940, y por tanto al reconocimiento de que el partido "formal" bordiguista no era realmente un partido:
- "El partido sólo puede ser reformado por la reunión de dos movimientos: el retorno de la totalidad de la teoría del proletariado y el movimiento hacia la unificación de la clase... su existencia formal es hoy una vergüenza, aunque sólo sea porque, al cabo de cierto tiempo, y como consecuencia de la niebla política reinante, tiende a tomarse por un deus ex-machina y a creer que todo debe pasar por él, que debe dirigirlo todo en el momento en que es menos reconocido por el movimiento real" (Invariance n° 6, 1-5-18-19, pp. 36-37).
Se trata sin duda de una referencia a la ridícula intervención del PCI en el movimiento de mayo de 1968, en el que los bordiguistas, a pesar de su tendencia a tachar a todo el movimiento de pequeñoburgués, fueron incapaces de ofrecer nada más que un llamamiento a las masas para que se unieran en torno al Partido. Por otra parte, varios pasajes de las Tesis muestran que los primeros números de Invariance veían Mayo del 68 como una ruptura real con la contrarrevolución.
Otro elemento positivo de las Tesis es el reconocimiento (que compartía claramente con Bordiga[3]) de la creciente tendencia del capital a destruir la naturaleza:
- "Las predicciones de Marx (sobre el agotamiento del suelo por la agricultura capitalista) se verifican hoy diariamente. El desarrollo del capital se presenta como una inmensa catástrofe natural: el agotamiento del suelo, la destrucción de la flora y la fauna. El capital es la cosificación del hombre y la mineralización de la naturaleza (4.3.3, p.111).
... y retrocesos teóricos
Al mismo tiempo, las Tesis no logran superar algunas de las debilidades teóricas más importantes de la tradición bordiguista:
- En la propia noción del marxismo como teoría invariable, como "doctrina" que sólo pide ser restaurada. Es cierto que algunos principios del movimiento obrero -como la necesidad del internacionalismo y la independencia política de la clase obrera respecto a la burguesía- no cambian en el curso de la historia del movimiento obrero, pero siempre deben aplicarse según las condiciones históricas específicas, lo que significa, por ejemplo, que en el período de formación del capital como sistema mundial, los marxistas podían apoyar ciertas luchas nacionales, mientras se hizo imposible cuando el sistema entró en su período de decadencia. La noción de un programa inmutable, ajeno a la experiencia histórica de la clase obrera, deriva de un punto de partida idealista, incluso religioso.
- En la distinción entre el partido formal y el partido histórico, una idea que apareció como medio de justificar el error de la formación del PCInt en 1943-5, y de rechazar el concepto de Fracción tal como fue desarrollado por la Izquierda italiana entre las dos guerras. Es cierto, como hemos señalado antes, que en Invariance nº 6 se ha producido un cierto movimiento hacia una comprensión materialista del hecho de que el partido no puede formarse sin importar cualquier momento de la vida de la clase; pero no por ello va por el camino de la contribución de Bilan sobre la relación entre Fracción y Partido, de modo que la crítica parcial del idealismo bordiguista sobre esta cuestión queda suspendida en el aire.
- En el rechazo de la teoría del capitalismo desde 1914 como un sistema globalmente decadente, y con ello, la defensa de la noción de la Revolución de Octubre como una doble revolución: según el punto de vista de las Tesis, dado que la insurrección proletaria de octubre fue incapaz de extenderse internacionalmente, la Rusia bolchevique se transformó en una especie de revolución burguesa. Este punto de vista chocaba fundamentalmente con la posición de la Fracción Italiana, que insistía en que la revolución proletaria se hace posible porque el sistema capitalista entra en su fase de decadencia en su conjunto y no región por región[4], descartando de hecho la posibilidad de revoluciones burguesas progresivas.
Por otra parte, quizá el elemento más significativo hacia el final de las Tesis resida menos en la falta de crítica al dogma bordiguista que en una tendencia a abrir la puerta a ciertas ideas modernistas que iban a desarrollarse muy rápidamente en el periodo siguiente. Es el caso de la Tesis 4.6.1, con el inicio de una nueva "periodización" del capital, en la que la guerra de 1914 no marca el comienzo definitivo de la época decadente del capital, como proclamaba la Internacional Comunista, sino el paso de la "dominación formal" a la "dominación real" del capital. De ahí a afirmar que el capital se había vuelto totalmente autónomo y había alcanzado la dominación total sobre la humanidad, no había más que un paso para Camatte, de modo que la humanidad entera, y no la clase obrera, debía convertirse en el sujeto de la revolución. Sin embargo, este paso aún no se había dado: "Toda la humanidad tiene tendencia a oponerse al capital, a rebelarse contra él. Pero qué clase puede tener la máxima coherencia revolucionaria, que puede tener un programa radical para la destrucción del capital y al mismo tiempo ver, describir la sociedad futura, el comunismo, es el proletariado... La clase obrera, al constituirse como clase, y por tanto como partido, se convierte en sujeto histórico... El hombre es la negación del capital, pero su negación activa, positiva, es el proletariado" (Tesis 4.7.20, p. 139).
El número 8 de Invariance, que abarca el periodo de julio a diciembre de 1969, se titula "Transición". El número anterior había continuado con las "Tesis de trabajo" y estaba compuesto por toda una serie de "textos de apoyo" de los Partidos Comunistas de Italia y Estados Unidos, el KAPD, y contribuciones de Pannekoek, Gorter, Lukacs y Sylvia Pankhurst. En el número 8 encontramos las tesis del KAPD sobre el partido y las intervenciones del KAPD en el debate sobre los sindicatos en el III Congreso de la Internacional Comunista; un texto de Jehan de 1937 sobre la guerra en España, defendiendo la posición de la Fracción Italiana ; y dos reimpresiones de artículos de Programma Comunista - "Relatividad y determinismo, con motivo de la muerte de Albert Einstein", reimpreso del nº 9 de 1955, y "Programa del comunismo integral y teoría marxista del conocimiento", de la reunión del PCI en Milán en junio de 1962.
Por una parte, pues, Invariance nº 8 proseguía la actitud más abierta hacia las diferentes corrientes de la izquierda comunista que ya habíamos visto en el nº 6. Pero la verdadera importancia de este número se encuentra en dos breves artículos al principio: un editorial titulado "Transición" y un segundo artículo titulado "El capitalismo y el desarrollo del gansterismo".
El primero comienza de la siguiente manera:
- "El punto de partida de la crítica de la sociedad del capital existente debe ser la reafirmación de los conceptos de dominación formal y real como fases históricas del desarrollo capitalista. Todas las demás periodizaciones del proceso de autonomización del valor, como capitalismo competitivo, capitalismo monopolista, capitalismo monopolista de Estado, capitalismo burocrático, etc., abandonan el dominio de la teoría del proletariado, es decir, de la crítica de la economía política, y parten del vocabulario de la práctica de la socialdemocracia o de la ideología "leninista", codificada por el estalinismo.
Toda esta fraseología utilizada para explicar los "nuevos" fenómenos no hace sino mistificar el paso del valor a su completa autonomía, es decir, a la objetivación de la cantidad abstracta en curso en la comunidad concreta.
El capital, como modo social de producción, alcanza su verdadera dominación cuando logra sustituir todos los presupuestos sociales y naturales preexistentes por sus formas particulares de organización, que median la sumisión del conjunto de la vida física y social a sus necesidades reales de valorización. La esencia de la Gemeinschaft (organización de la sociedad), del capital, es la organización.
La política, como instrumento de mediación entre el despotismo y el capital, desaparece en la fase de la dominación real del capital. Tras ser plenamente utilizada en el período de dominación formal, puede ser eliminada cuando el capital, como ser total, llega a organizar rígidamente la vida y la experiencia de sus subordinados. El Estado, como gestor rígido y autoritario de la expansión de formas equivalentes en la relación social ("Urtext"), se convierte en un instrumento elástico en la esfera de los negocios. En consecuencia, el Estado, o directamente la "política", es menos que nunca el sujeto de la economía y de los "jefes" del capital. Hoy, más que nunca, el capital encuentra su propia fuerza real en la inercia del proceso que produce y reproduce sus necesidades específicas de valorización como necesidades humanas en general".
Ya hemos señalado que el número 6 contenía algunas de las premisas de la perspectiva modernista, vinculadas a la teorización de la transición de la dominación formal a la dominación real. Pero aquí la "transición" se hace definitiva.
Como hemos señalado en otro lugar[5], el concepto de Marx de transición de la dominación formal a la dominación real ha sido ampliamente malinterpretado, en particular en los círculos modernistas. En un capítulo de El Capital que permaneció inédito hasta la década de 1930, y que fue traducido y publicado más ampliamente hasta finales de la década de 1960, "Resultados del proceso inmediato de producción", Marx lo utilizó para describir la evolución del capital desde una fase en la que su dominación sobre el trabajo seguía siendo formal, en el sentido de que todavía estaba marcada por métodos de producción precapitalistas, especialmente artesanales; El capital había privado al productor individual de su independencia reduciéndolo a un trabajador asalariado, pero el método real de producción seguía siendo semi- individual y todavía implicaba muchas etapas hasta la creación del producto completo, incluso cuando los productores se agrupaban en centros de "fabricación". El sistema fabril pleno, basado en una maquinaria desarrollada, redujo la actividad de los trabajadores a una serie de gestos fragmentados, es decir, a la subordinación a la cadena de producción, deshaciéndose cada vez más de todos estos vestigios artesanales; esta evolución correspondió también a un paso de la extracción de plusvalía absoluta (donde la tasa de explotación dependía en gran medida de la extensión de la jornada de trabajo) a la extracción de plusvalía relativa, que permitía una reducción de la jornada laboral pero también una compresión más eficaz del trabajo productivo: "La sumisión real del trabajo por el capital se desarrolla en todas las formas evolucionadas a través de la plusvalía relativa, en oposición a la plusvalía absoluta"[6].
Para una serie de grupos, algunos surgidos del bordiguismo o dirigiéndose hacia el modernismo por completo como Perspective Internacionaliste, esta transición era más o menos equivalente al "viejo" paso del capitalismo ascendente al decadente y proporcionaba otra forma de ver los principales fenómenos del periodo decadente, como el capitalismo de Estado, e incluso algunos -como Camatte en sus Tesis de Trabajo- consideraban que el momento clave llegaba en 1914. Pero, como hemos dicho, Marx hablaba claramente de un proceso que ya estaba muy avanzado a mediados del siglo XIX y -dado que, como señaló Rosa Luxemburgo en 1913, vastas zonas del globo seguían formando parte esencialmente del mundo precapitalista, incluso cuando el imperialismo destruía cada vez más las viejas formas e imponía su dominación política en las colonias- la transición a las formas modernas de explotación capitalista fue un proceso que continuó a lo largo del siglo XX y que aún no ha concluido. Así, como medio para entender que el capitalismo había entrado en su "época de revolución social", el concepto era inadecuado, excepto en la medida en que un cierto nivel de desarrollo capitalista mundial era obviamente necesario para que la revolución mundial fuera posible y necesaria. Pero mientras que el uso del concepto por Marx tenía una implicación importante pero más limitada, para Camatte el concepto se convirtió en el "punto de partida" de un derrocamiento completo del marxismo para anunciar el advenimiento de un mundo en el que el capital se volvía autónomo, se convertía en la "comunidad material", logrando la dominación total sobre la humanidad y el proletariado, significando el fin del "mito del proletariado" como sujeto revolucionario.
Volveremos sobre algunas de estas ideas en una segunda parte del artículo, pero no menos importante es el breve texto sobre el desarrollo de “bandas rivales” (gang-rackets), que proporciona la base teórica que "justifica" el abandono de cualquier forma de organización política proletaria y, por tanto, la huida individual de Camatte del compromiso político en el seno de la clase obrera:
- "Con la constitución del capital en tanto que ser material y, por tanto, en tanto que comunidad social, tenemos la desaparición del capitalismo en su forma personal tradicional, la disminución relativa y a veces absoluta de los proletarios y el crecimiento de nuevas clases medias. Toda comunidad humana, por pequeña que sea, está condicionada por el modo de ser de la comunidad material. Este modo de ser deriva del hecho de que el capital sólo puede valorizarse, y por tanto existir, desarrollar su ser, si una partícula de sí mismo, al tiempo que se autonomiza, se enfrenta a la totalidad social, se define en relación con el equivalente socializado total, el capital. Necesita esta confrontación (competencia, emulación) porque sólo existe por la diferenciación. Sobre esta base, se forma un tejido social basado en la competencia entre "organizaciones" rivales.
Los distintos grupúsculos son como bandas que se enfrentan entre sí, teniendo como equivalente general la divinización del proletariado".
La consecuencia, extraída del editorial titulado "Transición", es obvia: la tarea de la revista Invariance "no es, por tanto, ser el órgano de un grupo formal o informal, sino luchar contra todas las falsas 'teorías' producidas en épocas pasadas mientras apunta hacia el futuro comunista".
Una revista que no es el producto de un grupo formal, ni siquiera informal, sólo puede ser propiedad de un individuo brillante que, de alguna manera, ha escapado al destino que el capital impone implacablemente a todos los esfuerzos por unirse en la lucha contra la dominación capitalista. Camatte prosiguió esta línea de argumentación con una carta fechada el 4.9.69 que desarrollaba aún más los fundamentos "teóricos" de la noción de organización como tinglado, que posteriormente se publicó como folleto "Sobre la organización" en varios idiomas. La introducción de 1972 a este texto afirma que esta posición no debe interpretarse como un "retorno a un individualismo más o menos stirneriano" y parece insinuar la posibilidad de una futura "unión" de las fuerzas revolucionarias. En nuestra opinión, sin embargo, todo en el texto, así como toda la trayectoria política posterior de Camatte, no puede sino confirmar precisamente este retorno a la lógica del "egoísmo" de "Saint-Max" (Stirner) que Marx atacó con tanta fuerza y agudeza en La ideología alemana.
La justificación teórica de esta recaída se encuentra, una vez más, en el uso que hace Camatte de la noción de dominación real del capital, que tiende a despersonalizar la relación social capitalista y a sustituir el reinado del capitalista individual por la organización anónima y colectiva del capital, ya sea a través de vastas empresas "privadas" o de la mayor sociedad de todos los tiempos, el Estado. En efecto, Marx ya había observado que, en la segunda mitad del siglo XIX, el capitalista tendía a convertirse en un mero funcionario del capital. Camatte cita también el estudio de Bordiga sobre "La estructura económica y social de la Rusia actual", según el cual "La organización no es sólo el capitalista moderno despersonalizado, sino también el capitalista sin capital porque no lo necesita". Todo esto es cierto y se desprende del principio marxista fundamental de que el capital es en esencia una relación social impersonal -y del reconocimiento, desarrollado con la mayor lucidez por la Izquierda Comunista, de que la organización del capitalismo por el Estado se ha convertido cada vez más en parte del modo de supervivencia del sistema en su época de crisis histórica (que, como hemos visto, Camatte tiende a equiparar con el periodo de "dominación real"). Pero a partir de ahí, Camatte da un salto teórico que ni Marx ni Bordiga habrían aprobado jamás.
Así: "Con la transición a la dominación real, el capital creó su propio equivalente general, que ya no podía ser tan rígido como lo había sido en el período de la circulación simple. El propio Estado tuvo que perder su rigidez y convertirse en una banda mediadora entre diferentes bandas y entre el capital total y los capitales particulares".
De esta razonable descripción del desarrollo del capitalismo de Estado, pasamos a la "esfera política". Y no sólo a la esfera política de la clase dominante, sino a las organizaciones políticas del proletariado: "Podemos observar el mismo tipo de transformación en la esfera política. El comité central de un partido o el centro de alguna agrupación desempeña el mismo papel que el Estado. El centralismo democrático sólo consigue imitar la forma parlamentaria característica de la dominación formal. Y el centralismo orgánico, afirmado sólo de forma negativa, como rechazo de la democracia y de su forma (sumisión de la minoría a la mayoría, votaciones, congresos, etc.) de hecho, sólo queda atrapado en formas más modernas. Esto conduce a la mística de la organización (como en el caso del fascismo). Así es como el Partido Comunista Internacional se convirtió en una banda".
El truco aquí es eliminar por completo la lucha de clases de la ecuación. No se distingue entre la esfera política de la burguesía y la del proletariado, que deja de ofrecer una fuerza opuesta, opuesta a las características dominantes del orden existente.
Es cierto, como señalaron Marx y Rosa Luxemburgo, que el capital tiene una necesidad intrínseca de penetrar en todos los rincones del planeta y en todas las esferas de la actividad humana, que sus visiones ideológicas y morales del mundo tienden a envenenarlo todo, incluidos los esfuerzos de la clase obrera por asociarse, organizarse, resistir y desarrollar su propia comprensión teórica de la realidad social. Por eso toda forma de organización proletaria está sujeta al peligro de acomodarse al orden capitalista, a la tendencia al oportunismo y a la degeneración. Pero si otra forma de sociedad sigue siendo posible, si el comunismo sigue siendo el único futuro de la humanidad, es porque el proletariado, la clase obrera, proporciona efectivamente un antídoto contra el veneno del capital, y sus organizaciones no son un mero reflejo pasivo de la ideología dominante, sino una arena de lucha entre la visión proletaria del mundo y las invasiones de los hábitos y la ideología capitalistas.
Para Camatte, esto puede haber sido cierto en otro tiempo, pero ya no lo es. "Al haber sido destruido el proletariado, esta tendencia del capital no encuentra ninguna oposición real y, por tanto, puede autoreproducirse tanto más eficazmente. La esencia real del proletariado ha sido negada y sólo existe como objeto del capital. Del mismo modo, la teoría del proletariado, el marxismo, ha sido destruida, primero por la revisión de Kautsky y luego por la liquidación de Bernstein".
Y de un plumazo deja de existir la batalla de la izquierda de la II y III Internacional contra estos intentos de revisión y liquidación del marxismo. Al mismo tiempo, todos los esfuerzos posteriores de los grupos de la Izquierda comunista de luchar por la defensa de los principios proletarios contra la penetración de la ideología capitalista estaban condenados al fracaso y a la recuperación.
Es cierto que el PCI, nacido de una corriente surgida de la resistencia a la degeneración de la IC, mostraba él mismo todos los signos de una organización en degeneración; y Camatte no tiene dificultad en mostrar que la confusión política del PCI abrió la puerta a prácticas burguesas: la teoría del centralismo orgánico como justificación de métodos jerárquicos y burocráticos, la visión sectaria de sí mismo como única organización política proletaria empujándola hacia una actitud de competencia y denigración de las demás corrientes proletarias. En este sentido, es cierto que la omnipresencia del comportamiento de bandas (incluidas las formas más vulgares, como el robo y la violencia contra otros proletarios) se ha convertido -sobre todo en la fase de descomposición capitalista- en un peligro real para el campo político proletario existente. Pero para Camatte, simplemente ya no puede haber un campo proletario: "todas las formas de organización política de la clase obrera han desaparecido. En su lugar, las bandas se enfrentan en una competencia obscena, auténticos chanchullos que compiten en lo que venden pero que son idénticos en su esencia".
En resumen: el propio intento de organizarse políticamente contra el capital está inevitablemente condenado a reproducir el capital. Por tanto, es inútil combatirlo en asociación con otros camaradas. Es mejor replegarse en la pureza del propio pensamiento individual. De hecho, replegarse tras el propio ego.
Lo peor de todo es que Camatte cita a los militantes del movimiento proletario para justificar esta orientación hacia el suicidio político. Como todos los comunistizadores posteriores, se invoca con razón la referencia de Marx al proletariado como encarnación del movimiento real hacia el comunismo, en lo que se refiere a la organización de un movimiento de clase capaz de superar su fase inicial, sectaria, aunque con conclusiones radicalmente falsas para la época de la "dominación real": "En tiempos de Marx, la superación de las sectas residía en la unidad del movimiento obrero. Hoy, los partidos, estos grupúsculos, manifiestan no sólo la falta de unidad, sino la ausencia de lucha de clases. Se disputan los restos del proletariado. Teorizan sobre el proletariado en su realidad inmediata y se oponen a su movimiento. En este sentido, satisfacen las exigencias de estabilización del capital. El proletariado, por tanto, en lugar de suplantarlos, debe destruirlos".
Esto podría ser cierto si, por "grupúsculos", Camatte entendiera las organizaciones de la izquierda del capital que el proletariado tendrá que destruir realmente. Pero, al negar la capacidad de los proletarios comunistas para unirse y luchar contra la influencia de la ideología burguesa en sus formas más radicales, elimina la posibilidad de que el proletariado se enfrente y destruya realmente a la miríada de sus falsos representantes, desde los sindicatos hasta las organizaciones trotskistas o maoístas.
Quizás, con esta idea del proletariado destruyendo los obstáculos en el camino hacia el comunismo, Camatte muestra una ligera nostalgia de la lucha de clases, del impulso original que le llevó a la militancia proletaria. Pero ahora que ha pasado a la idea de que el proletariado y el marxismo han sido destruidos, sus referencias a Marx, Luxemburgo y las anteriores oleadas proletarias (1905, 1917, 1968) suenan huecas. Estos levantamientos, nos dice, dejaron a los grupúsculos "aturdidos, estupefactos" tras el movimiento; y continúa recordándonos que Luxemburgo, basándose en la experiencia de la huelga de masas de 1905, nos ofrece una teoría coherente de la creatividad de las masas que refuta radicalmente la teoría "leninista" de la conciencia de clase introducida en la clase desde fuera (una posición que el propio Lenin acabó rechazando). Pero las referencias a estas verdades parciales sólo están ahí para utilizarlas en un intento de ocultar su significado esencial: A saber, que Marx, incluso si vivió momentos en los que estaba dispuesto a aislarse y limitar su vida organizativa a la cooperación con otros pocos camaradas, o Luxemburgo en 1914 cuando vio que la II Internacional se había convertido en un "cadáver maloliente", nunca dejaron de luchar por la restauración y el renacimiento de la organización política proletaria, sobre la base de su profunda convicción en la naturaleza revolucionaria de la clase obrera, una clase asociada, solidaria y consciente.
Una cosa sería que la deserción de Camatte de esta lucha fuera una mera huida individual, una simple admisión de que prefería cultivar su propio jardín. Pero la teorización de esta deserción, que se prolongó durante décadas y fue continuada por la progenie de Camatte en la corriente de la comunistización, es un estímulo activo para que otros se unan a esta huida, que ya ha hecho un daño incalculable a la difícil lucha por construir una organización política proletaria.
En la segunda parte de este artículo, examinaremos con más detalle algunos de los textos clave que pretendían justificar la deserción de Camatte de la lucha de clases, en particular su libro Errance de l´humanite.
CDW
[1] Hay que tener cuidado con este relato, porque la redacción real es la siguiente: "Camatte se implicó en la política radical desde una edad temprana, uniéndose por primera vez a la Fraction Française de la Gauche Communiste Internationale (FFGCI), una organización comunista de izquierdas vinculada a Marc Chirik y Onorato Damen, en 1953". De hecho, la Fracción Francesa se había dividido en dos en 1945, una parte apoyando al PCInt en Italia (en el que Damen desempeñó un papel destacado) y la otra formando la Gauche Communiste de France en torno a Marc Chirik. Para un relato de esta escisión anterior, véase nuestro libro: La Izquierda Comunista Italiana, p. 156 y las siguientes
[2] Las circunstancias de la escisión plantearon un problema de moral proletaria: de nuevo, según la entrada de Wikipedia: "En 1966, tras nuevos escritos polémicos dentro del partido, Camatte y Dangeville se separaron del partido junto con otros once miembros. Esta ruptura fue especialmente dolorosa, porque, como recordaba Camatte, "cualquiera que abandona el partido está muerto para el partido". Como Camatte era el bibliotecario de las publicaciones periódicas y de la colección literaria del PCI, tuvo que atrincherarse en su piso para conservarlas. Al final, se vio obligado a quemar toda la colección que no estaba escrita por Bordiga, para demostrar que no era un "académico". Bordiga lo describió más tarde como un "acto de gangsterismo". (Wikipedia) Las citas son la entrevista de Cercle Marx en 2019; la entrevista fue parcialmente transcrita al inglés en https://libcom.org/article/interview-jacques-camatte-2019 [486], con este descargo de responsabilidad, al que volveremos en un segundo artículo: "Nota: El grupo que realizó esta entrevista, Cercle Marx, es un grupo racista pseudo-debordista/Bordiguista que se centra en el "marxismo" de alianza rojo-marrón de escritores como Francis Cousin. Desde luego, no pretendemos dar la bienvenida a estos puntos de vista, pero creemos que la mayor parte de la entrevista sigue teniendo mérito en la medida en que ayuda a trazar la progresión del pensamiento de Camatte, que ha sido más o menos ignorado por el público de habla inglesa durante algún tiempo. Dicho esto, esperamos que los lectores de Libcom disfruten del texto y saquen algo útil de él".
[3] Para una crítica más desarrollada sobre el concepto de invarianza ver: Revista Internacional N° 14, Una caricatura de partido, el partido bordiguista (respuesta a “Programme Communiste”) y Revista Internacional N° 158, Los años 1950 y 60… Damen, Bordiga y la pasión del comunismo [237].
[4] Ver Revista Internacional N° 128, El comunismo, la entrada de la humanidad en su verdadera historia (IV) -los problemas del periodo de transición. IV - Los problemas del período de transición, 2 | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [487]
[5] Ver el artículo de la Revista Internacional N° 60, Comprender la decadencia del capitalismo: La dominación real del capital
[6] “Resultados del proceso inmediato de producción”, sección titulada “la sumisión real del trabajo al capital”, Edición Peguin 1976 p 1035). La edición francesa había sido traducida por Roger Dangeville, que había sido cercano a Camatte cuando estaba en el PCI, pero después evolucionó en una dirección muy diferente, Dangeville publicó la revista titulada “Le Fil du Temps” un intento de restaurar una forma pura -y extremadamente sectaria- de bordiguismo. Es conveniente notar que la interpretación de Dangeville al pasaje de la sumisión formal a la sumisión real reproduce los mismos errores que la de Camatte. Camatte acusó igualmente a Dangeville de plagiar su traducción original
En la primera parte de este artículo [1] hemos rastreado la evolución política de Jacques Camatte desde el ala bordiguista de la Izquierda Comunista hasta el abandono del marxismo y la teoría de la lucha de clases, orientándose por el contra hacia lo que llamamos “modernismo”. En esta parte, analizaremos más de cerca esta “nueva” perspectiva, centrándonos en particular en una de sus obras más conocidas, “Errance de l’humanité” (El deambular de la humanidad), que apareció por primera vez en la revista Invariance (Serie 2, número 3) en 1973.
“El deambular de la humanidad” comienza con la afirmación de que: “Cuando el capital logra una dominación real sobre la sociedad, se convierte en una comunidad material, superando el valor y la ley del valor… El capital, que originalmente dependía de la relación salarial, se convierte en un déspota”. [2]
En efecto, según Camatte, el capitalismo, al “autonomizarse”, al “escaparse”, ha dejado de existir, casi se ha convertido en un nuevo modo de producción. Ha “provocado la desaparición de las clases” y la humanidad en su conjunto es explotada por este extraño fantasma del capital. Camatte explica con más detalle: “Durante su desarrollo, el capital siempre tendió a negar las clases. Esto finalmente se ha logrado mediante la universalización del trabajo asalariado y la formación –como etapa de transición– de lo que se llama la clase universal, una mera colección de hombres y mujeres proletarizados, una colección de esclavos del capital. El capital logró la dominación completa mistificando las demandas del proletariado clásico, dominando al proletario en tanto que trabajador productivo. Pero al lograr la dominación a través de la mediación del trabajo, el capital provocó la desaparición de las clases, ya que, el capitalista como persona fue simultáneamente eliminado (…) [3]. El Estado se convierte en sociedad cuando la relación salarial se transforma en una relación de coacción, en una relación estatista. Al mismo tiempo, el Estado se convierte en una empresa o tinglado que media entre las diferentes bandas del capital.
La sociedad burguesa ha sido destruida y tenemos el despotismo del capital. Los conflictos de clases son reemplazados por luchas entre las organizaciones -pandillas en tanto que diversas modalidades de ser del capital. Como resultado del dominio de la representación, toda organización que quiere oponerse al capital es reabsorbida por él, es fagocitada”.
Y esta incapacidad de oponerse al capital se aplicaría no sólo a las organizaciones políticas, condenadas como vimos en la primera parte de este artículo a terminar como meros fraudes, sino a la clase obrera, al propio proletariado: “El proletariado se ha convertido en un mito; no en términos de su existencia, sino en términos de su papel revolucionario como clase que debía liberar a toda la humanidad y resolver así todas las contradicciones sociales y socioeconómicas”.
Camatte es consciente de que Marx y sus seguidores insistieron en que la clase trabajadora tenía que ir más allá de la lucha por reformas dentro de la sociedad capitalista y cifraron sus esperanzas en las crisis económicas que tarde o temprano resultarían en el declive del sistema. Pero Camatte sostiene que, al superar el valor, el capitalismo también ha superado la tendencia a la crisis: “El momento en que las fuerzas productivas alcanzaran el nivel requerido para la transformación del modo de producción sería el momento en que comenzaría la crisis del capitalismo. Esta crisis iba a exponer la estrechez de este modo de producción y su incapacidad para contener nuevas fuerzas productivas, y así hacer visible el antagonismo entre las fuerzas productivas y las formas capitalistas de producción. Pero el capital se ha escapado; ha absorbido la crisis y ha proporcionado con éxito una reserva social para los proletarios”. Camatte incluso sugiere que Bernstein fue uno de los primeros en captar esta posibilidad, aunque esto desafortunadamente llevó a Bernstein a convertirse en un apologista de “la vieja sociedad burguesa que el capital estaba a punto de destruir”.
¿Y qué perspectivas ofrece entonces el capital déspota a la humanidad? Camatte no descarta la posibilidad de que todo acabe en destrucción. Como señalamos en la primera parte de este artículo, Camatte, siguiendo en particular a Bordiga, era muy consciente de la creciente tendencia del capital a destruir el medio ambiente natural: “Algunos procesos de producción llevados a cabo durante períodos de tiempo conducen a choques con barreras naturales: aumento del número de seres humanos, destrucción del ambiente natural, contaminación”. Sin embargo, Camatte parece considerar que estos problemas pueden de alguna manera superarse, al igual que la propia crisis económica: “Pero estas barreras no pueden considerarse teóricamente como barreras que el capital no pueda superar”.
Podemos entender que en 1973 era menos evidente que la devastación de la naturaleza por parte del capital resultaría ser un problema cada vez más insuperable para el capitalismo –entre otras cosas porque, lejos de someter al mundo a un despotismo global que podría tomar medidas efectivas para contrarrestar la destrucción de la naturaleza, la creciente decadencia del capitalismo sólo ha intensificado la competencia mortal entre unidades nacionales, obligándolas a cada una de ellas a continuar saqueando todos los recursos naturales a su disposición.
La ceguera de Camatte ante la incapacidad del capitalismo para ir más allá de la competencia brutal entre sus diversas unidades también se nota en el hecho de que “El deambular…” no tiene nada que decir sobre la competencia interimperialista que, en forma de rivalidad entre los bloques occidental y oriental, mantuvo una perspectiva muy concreta de destrucción de la humanidad mediante una guerra nuclear. Así que, para Camatte, la destrucción catastrófica de la humanidad parece menos probable que una especie de pesadilla distópica de ciencia ficción. Camatte sostiene que ya estamos presenciando “la transformación de la mente en una computadora que puede ser programada por las leyes del capital”, allanando el camino hacia un futuro fundado en la “producción de un ser perfectamente programable que ha perdido todas las características de la especie homo sapiens”. Estas predicciones anticipan en cierto sentido los avances tecnológicos de los últimos 50 años: el creciente papel de las computadoras personales, los teléfonos móviles e Internet como vehículos de intoxicación ideológica; los inicios de experimentos con microchips insertados en el cuerpo humano; la creciente sofisticación de la Inteligencia Artificial [IA] que ha alarmado a pensadores serios como Steven Hawking (así como a personas como Elon Musk... cuyas fantasías multimillonarias son ciertamente parte del problema que tanto le preocupa[4] y los ha llevado a emitir advertencias sobre la IA que podría apoderarse de la humanidad o incluso destruirla.
Ciertamente, en una sociedad donde el trabajo muerto domina al trabajo vivo, vemos constantemente que los instrumentos creados por la actividad humana se vuelven cada vez más destructivos y peligrosos: el aprovechamiento de la energía atómica es la prueba más clara de ello. Pero la actual aceleración de la descomposición del sistema, el “torbellino” de efectos (guerra, crisis ecológica, pandemias, etc.) que hemos descrito en otro lugar [5], plantean una amenaza mucho más inmediata para la supervivencia de la humanidad que la robotización completa de la especie. En particular, los temores expresados por los “líderes tecnológicos” sobre la posible utilización de la IA como arma son ciertamente reales, pero esto es esencialmente un aspecto de la demencial carrera armamentista impulsada por la competencia imperialista y el creciente caos militar.
Y la actual aceleración de la descomposición capitalista apunta a un significado muy diferente a la idea de que el capital “huye o se escapa” -en resumen, que su loca huida hacia adelante lo está llevando al borde del precipicio, a una caída de la cual no habrá retorno. En la visión de Camatte existe la noción del capital como una entidad todopoderosa que puede deshacerse no sólo de las contradicciones inherentes a las relaciones mercantiles, sino incluso de los seres humanos vivos. En este sentido, tiene cierta semejanza con las visiones de los teóricos de la conspiración, para quienes cada etapa del camino del capital hacia el caos y la autodestrucción se explica como una parte más de un plan maestro global, incluso si los conspiradores se consuelan personalizando este omnipotente poder en forma de lagartos extraterrestres, Illuminatis o judíos, una historia que a su vez reitera una mitología gnóstica más antigua que sostiene que este mundo caído y groseramente material está en las garras inquebrantables de una deidad creadora malévola, de modo que la salvación sólo puede alcanzarse fuera de los confines de la existencia terrenal.
Lo mismo podría decirse de la capacidad del capitalismo para absorber las crisis económicas: en 1973, frente a las elucubraciones de gente como Marcuse, Castoriadis o los situacionistas, nuestra corriente tuvo que argumentar con mucha fuerza para demostrar que el boom de la posguerra había terminado y el capitalismo estaba entrando en una crisis abierta de sobreproducción. Camatte no se equivocó al señalar la creciente tendencia del Estado a absorber a la sociedad civil y a tratar de contener las rivalidades entre diferentes empresas capitalistas (al menos dentro de los confines de la nación). Pero esto es precisamente a lo que se refiere la Izquierda Comunista cuando sostiene que el capitalismo de Estado se ha convertido en una tendencia universal en el período de decadencia capitalista y probablemente sea significativo que Bordiga, de quien Camatte tomó varias ideas, nunca aceptó el concepto de capitalismo de Estado.
Para la mayoría de la Izquierda Comunista, sin embargo, es imposible entender la respuesta de la burguesía a su crisis histórica sin utilizar el concepto de capitalismo de Estado. El aparato estatal se ha convertido en el instrumento irreemplazable para abordar las contradicciones económicas del sistema, pero las últimas décadas han demostrado que cuanto más recurre la clase dominante a medidas estatales para contener el impacto de estas contradicciones, más simplemente las aplaza hasta una fecha posterior, cuando estallan de una manera aún más peligrosa, como ocurrió con la llamada “crisis financiera” de 2008, producto de dos décadas o más de crecimiento impulsado por la deuda. También debemos recordar que fueron precisamente los intentos del modelo estalinista de capitalismo de Estado de “asignar valor” que condujo a su colapso final.
Y esto nos lleva a un defecto más fundamental en la tesis de Camatte: la idea de que el capital ha superado al valor.
En realidad, el capital sin valor no es nada, y lejos de ser algo meramente “asignado por el capital”, es la imperiosa necesidad de expandir el valor lo que ha obligado al capitalismo a ocupar y mercantilizar cada aspecto de la actividad humana y cada parte de la geografía terrestre. El mantenimiento de este impulso ha continuado a lo largo de lo que Camatte llama el período de dominación real, pero que nosotros vemos como la época de decadencia capitalista. La necesidad de expandir el valor sigue siendo la raíz de este proceso, incluso si ha requerido una intervención estatal masiva, niveles astronómicos de deuda y capital ficticio y, por tanto, una interferencia sistemática con el funcionamiento de la propia ley del valor. Camatte ve este impulso universalizador como lo vio Marx, pero mientras que para Camatte el proceso conduce al inexpugnable despotismo del capital a través de la superación del valor, para Marx este mismo impulso contiene las semillas de la desaparición del sistema: “Esta tendencia –que el capital posee, pero que al mismo tiempo, siendo el capital una forma limitada de producción, lo contradice y, por lo tanto, lo conduce a su disolución, distingue al capital de todos los modos de producción anteriores y al mismo tiempo contiene este elemento: el capital se plantea como un mero punto de transición”[6].
Rosa Luxemburgo, en particular, desarrolló más tarde este enfoque para insistir en que el impulso del capitalismo para lograr la dominación total y universal nunca podría lograrse, ya que el solo intento de hacerlo desataría todas las contradicciones subyacentes del sistema: económicas, sociales y políticas, y esto lo hundiría inexorablemente en una era de catástrofe. Frente a esta visión –que en nuestra opinión ha sido confirmada en gran medida por la trayectoria bárbara del capitalismo en los siglos XX y XXI-, “El deambular de la humanidad…” es en parte una polémica contra la noción de decadencia capitalista, en particular la defendida por Révolution Internationale, uno de los grupos que formarían la CCI en 1975.
“No hay y no puede haber decadencia del MPC” (“El deambular de la humanidad…”).
En el artículo “¿Decadencia del modo de producción capitalista o decadencia de la humanidad?” (publicado originalmente en el mismo número de Invariance) Camatte cita un pasaje de los Grundrisse al que hemos tenido ocasión de referirnos. en varias ocasiones[7], principalmente para mostrar que la decadencia del capitalismo no debe equipararse con un cese de la acumulación capitalista o un cese total del desarrollo de las fuerzas productivas: “El desarrollo más elevado de esta base misma (la flor en la que se transforma; pero es siempre esta base, esta planta como flor; por lo tanto, se marchita después de la floración) es el punto en el que ella misma es trabajada, desarrollada, en la forma en que sea compatible con el más alto desarrollo de las fuerzas productivas y, por tanto, también con el más rico desarrollo de los individuos. Tan pronto como se alcanza este punto, el desarrollo ulterior aparece como decadencia, y el nuevo desarrollo comienza a partir de una nueva base”.
Pero ya en 1972, en un artículo de la antigua serie de RI, nº 7, “Voluntarismo y confusión”, se utiliza el mismo pasaje para apoyar la teoría de la decadencia contra varios grupos, en su mayoría de carácter consejista, que negaban la conexión entre revolución y las condiciones históricas objetivas; en resumen, la necesidad de un período de decadencia. Pero según Camatte, que cita el artículo de RI en una nota a pie de página, “hay decadencia porque el desarrollo de los individuos está bloqueado. No es posible utilizar esta frase para apoyar la teoría de la decadencia del modo de producción capitalista”. Según Camatte, “el resto de la digresión de Marx confirma que la decadencia se refiere a los seres humanos”.
El ataque a la teoría de la decadencia también ocupa una parte importante de “El deambular…”, sobre todo en este párrafo: “No tiene sentido proclamar que las fuerzas productivas de la humanidad han dejado de crecer, que el modo de producción capitalista ha comenzado a decaer. Tales puntos de vista revelan la incapacidad de muchos teóricos para reconocer la fuga del capital y, por tanto, para comprender el comunismo y la revolución comunista. Paradójicamente, Marx analizó la descomposición de la sociedad burguesa y las condiciones para el desarrollo del modo de producción capitalista: una sociedad donde las fuerzas productivas pudieran desarrollarse libremente. Lo que él presentó como proyecto del comunismo fue realizado por el capital”.
El rechazo de Camatte a la teoría de la decadencia está bastante explícitamente vinculado a un rechazo del “mito” del proletariado y, en última instancia, a un rechazo de Marx, quien, si bien Camatte admite generosamente que puede proporcionar algún material para comprender la fuga o escapada del capital, nunca lo entendió realmente (o su “dominación real”). “Así, la obra de Marx parece ser en gran medida la auténtica conciencia del modo de producción capitalista” –en gran parte porque desarrolló una dialéctica de las fuerzas productivas, sosteniendo que “la emancipación humana dependía de su máxima expansión. La revolución comunista –por lo tanto, el fin del modo de producción capitalista– iba a tener lugar cuando este modo de producción ya no fuera ‘lo suficientemente grande’ para contener las fuerzas productivas”. Pero como el capital se ha “autonomizado” y puede desarrollarse sin límites, ya ha realizado lo que Marx presentó como el proyecto del comunismo.
No es fácil orientarse en el laberinto de los vagabundeos teóricos de Camatte, pero parece estar diciendo no sólo que Marx se equivocó al argumentar que el conflicto entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas proporciona la base objetiva para la revolución comunista: refutando así no sólo la teoría de la decadencia capitalista, en la que tal conflicto asume un carácter permanente, sino también el enfoque general de Marx sobre la evolución histórica, en el que se basa la teoría del ascenso y la decadencia del capitalismo[8]. Para Camatte, mantener los argumentos de Marx en realidad expresa una perspectiva capitalista que ve el objetivo del comunismo como una sociedad de crecimiento cuantitativo perpetuo, de hecho, de acumulación.
Por supuesto, esto es cierto para la caricatura estalinista del comunismo, pero ignora por completo que, para Marx, el desarrollo de las fuerzas productivas bajo el comunismo tenía un significado completamente diferente, ya que significa sobre todo el florecimiento de las posibilidades creativas de la humanidad, no la producción de cosas en una espiral sin fin. Camatte parece reconocer esto de alguna manera, ya que dice que, para Marx en el tercer volumen de El Capital y en la Crítica del Programa de Gotha, “la discontinuidad (entre capitalismo y comunismo) radica en el hecho de que el objetivo de la producción está invertido… El objetivo ya no es la riqueza, sino los seres humanos”. Y, sin embargo, al mismo tiempo, Camatte insiste en que Marx realmente no vio una discontinuidad porque aboga por una fase de transición, la fase de dictadura del proletariado, que es “un período de reformas, siendo la más importante la reducción de la jornada laboral y el uso del bono laboral”. Aquí, según Camatte, vemos “el reformismo revolucionario de Marx en su mayor amplitud”.
Se puede ver también en la obra de Camatte la auténtica conciencia del punto de vista primitivista que sostiene que el desarrollo de la tecnología (identificado estrechamente con el concepto de desarrollo de las fuerzas productivas) es la causa real de los males de la humanidad y que sería mejor regresar al comunismo de los cazadores-recolectores. Camatte niega que su comunismo sea un simple regreso al pasado, al “nomadismo del tipo practicado por nuestros ancestros lejanos que eran recolectores”, pero no es casualidad que primitivistas de cuño total como el grupo en torno a Fifth Estate (Quinto Poder) en Estados Unidos fuera tan impresionado por las teorías de Camatte.
Pero Camatte sigue hablando de la necesidad de una revolución comunista. Dado que “ya no se puede sostener que existe una clase que represente a la humanidad futura”, dado que el proyecto proletario no es más que un programa para la reforma del capital, ¿quién hará la revolución? A veces parece ser obra de la humanidad en su conjunto, ya que la humanidad como tal es explotada en el período de dominación real: “amenazados en su existencia puramente biológica, los seres humanos comienzan a levantarse contra el capital”. Pero si la humanidad misma está en declive, ¿de dónde vendrá el movimiento hacia el comunismo?
Hay muchas cosas en la descripción que Camatte hace del comunismo en “El deambular…” que podemos aceptar, principalmente porque ya hemos visto en ella la obra de Marx y otros marxistas: su vínculo dialéctico con las Gemeinwesen (comunidades) del pasado, la comunidad humana arcaica que Marx estudió atentamente en sus últimos años[9]; su definición social general: “el comunismo pone fin a las castas, las clases y la división del trabajo”; la relación que restablece entre la humanidad y el resto de la naturaleza: “no es dominación de la naturaleza sino reconciliación y, por tanto, regeneración de la naturaleza”. Y –una visión que parece estar en contradicción con su afirmación de que el comunismo no es un nuevo modo de producción- “los seres humanos en el comunismo no pueden definirse como simples usuarios... los seres humanos son creadores, productores, usuarios. Todo el proceso se reconstituye a un nivel superior y para cada individuo”. En otras palabras, el comunismo significa que los seres humanos produzcan lo que necesitan y desean de una manera cualitativamente nueva, y por eso mismo no deja de representar un “modo de producción”. Camatte también tiene razón al insistir en que “la lucha contra la reducción de la amplitud de la revolución es ya una lucha revolucionaria”, ya que la revolución proletaria, como insistió Marx desde el principio, es la base no sólo para la abolición de la explotación capitalista, sino también para superar todas las demás opresiones, represiones y divisiones que mantienen a la humanidad a raya, para que el comunismo sea el punto de partida para el pleno florecimiento del potencial humano, un potencial del que hasta ahora sólo hemos visto atisbos.
Pero a menos que se vea un “movimiento real” en esta sociedad contra la dominación del capital –que los marxistas consideran el movimiento de la clase trabajadora contra la explotación– las descripciones del futuro comunismo vuelven a caer en el utopismo, como observó Bordiga una vez. Y cuando miramos un poco más de cerca lo que Camatte percibe como signos de un movimiento real dentro del orden existente, vemos emerger un verdadero “reformismo”.
Es cierto que sostiene en “El deambular…”, que “el objetivo no puede alcanzarse mediante el establecimiento de comunidades que, siempre aisladas, nunca sean un obstáculo para el capital, que puedan ser fácilmente rodeadas por el capital... Tampoco puede alcanzarse el objetivo mediante el cultivo del propio ser individual, en el que finalmente se encontraría el verdadero ser humano”. Y, sin embargo, en otros lugares, particularmente en el provocador título “Debemos abandonar este mundo” [10], que ya sugiere la posibilidad de algún tipo de huida mágica fuera de la civilización actual, expresa un gran interés en las posibilidades que tienen las comunas vegetarianas, los regionalistas y... los antivacunas que podrían formar una especie de vanguardia de resistencia contra el capital. Y más recientemente, en la entrevista del Círculo Marx a la que nos referimos en la primera parte de este artículo [11], expresa un interés real por los chalecos amarillos:
“JC: A decir verdad, sé muy poco sobre el movimiento de los chalecos amarillos. No lo he estudiado. Pero lo que me pareció importante al principio fue el hecho de rechazar totalmente el mundo tal como es. Y hay que reconocerlo, es bastante extraordinario, el hecho de que nos pongamos un chaleco amarillo para ser visibles, e ir a las rotondas muestra el problema de ser vistos. Pero no puede abrirse a otra cosa; se mantiene en oposición a los demás”.
¡Todo menos la lucha de clases! El resultado del intento de Camatte de ir más allá de la vieja y pobre lucha de la clase obrera y descubrir la verdadera rebelión de la humanidad se revela como una verdadera regresión a formas de rebelión que, en el mejor de los casos, disuelven a la clase trabajadora en el “pueblo” y, en el peor –como la lucha antivacunas de hoy- han sido recuperados por la extrema derecha del capital (de ahí quizás su disposición a colaborar con los dudosos defensores de la alianza Rojo-Marrón del Círculo Marx).
Pero lo que más claramente delata esta perspectiva no revolucionaria, incluso explícitamente antirrevolucionaria, es cuando, al final de “Debemos dejar este mundo”, advierte contra la idea de derrocar al capital mediante un ataque frontal: “Hay que prever una nueva dinámica, ya que el MPC [12] no desaparecerá tras una lucha frontal de las personas contra su dominación actual, sino mediante una enorme renuncia que implica el rechazo de un camino utilizado durante milenios” – un argumento más avanzado en la entrevista cuando advierte lo siguiente:
“CM: ¿Crees de alguna manera que el capital se ha convertido en una totalidad que ya no tiene una manifestación externa, que ya no tiene un exterior, y que en relación con esta totalidad la lucha de clases es ahora sólo un fenómeno interno al capital, y que la verdadera oposición para usted se convierte en la que existe entre la humanidad y el capital? ¿La verdadera oposición decisiva ya no es entre clases?
JC: Sí, y ahora voy aún más lejos, en el sentido de que no podemos plantear una oposición entre humanos y capital porque cuando estamos en esta dinámica, todavía estamos en la dinámica de la enemistad, y oponerse a algo es reforzarlo... Pero vi que ahora ya no podemos luchar contra el capital. No porque el capital sea demasiado fuerte sino porque eso le hace mantenerse vivo.
CM: La lucha contra el capital acaba inevitablemente reforzándolo.
JC: Absolutamente
CM: Entonces dices que debemos abandonar este mundo irrevocablemente. Si el mundo es el lugar de todos los lugares, si el mundo es ahora evidentemente el del capital convertido en totalidad, ¿cómo podemos abandonar este mundo? ¿Crees que has dejado este mundo?
JC: “Sí. No podemos dejar este mundo materialmente, pero lo dejamos en la medida en que ya no aceptamos lo que nos da. Pero estamos obligados a vivir. Pero por ejemplo yo vivo aquí, no voto, hace 27 años que no voy a votar, pero estoy en buenos términos con el alcalde. Que sea él u otro, da lo mismo. Ese es el mundo. Y vivo afuera, en la medida que puedo, porque es obvio que estoy atrapado por los impuestos, por esto, por aquello. Entonces, con todo mi proceso de pensamiento, con todo mi comportamiento, no siento que reproduzca esta sociedad. Pero aún más que antes, con el proceso de inversión paso a otra cosa”.
De hecho, esta idea de una “salida” individual ya está teorizada en “El deambular…”, precisamente en el pasaje que precede a su aparente rechazo a llegar al comunismo mediante la creación de comunidades anticapitalistas o el cultivo del propio ser individual: “Todos somos esclavos de capital. La liberación comienza con el rechazo a percibirse a uno mismo en términos de las categorías del capital, es decir, como proletario, como miembro de la nueva clase media, como capitalista, etc. Así también dejamos de percibir al otro -en su movimiento hacia la liberación- en términos de esas mismas categorías. En este punto puede comenzar el movimiento de reconocimiento del ser humano”.
En resumen: antes de que puedas cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo. Esta visión individualista e idealista es perfectamente compatible con la noción de desaparición de la clase obrera que ha alcanzado su paroxismo en la fase de descomposición capitalista. Y, según Camatte, el comienzo de la liberación no es que los trabajadores se reconozcan como parte de una clase antagónica al capital, de recuperar su identidad de clase, sino exactamente lo contrario: sumarse a la gran disolución en la que las clases no tienen sustancia. y la lucha de clases simplemente refleja nuestra esclavitud a las categorías del capital.
CDW
Como mostramos en un artículo anterior de esta serie [13], la influencia del modernismo en el renaciente movimiento revolucionario de principios de los años 70 también se sintió en la “pre-CCI” a través de la “tendencia Bérard”. Recordamos que esta influencia se expresó tanto en el rechazo de la lucha obrera por reivindicaciones inmediatas como, a nivel organizativo, en la oposición a los primeros intentos de centralizar el grupo Révolution Internationale a escala nacional. En una reunión del grupo en 1973, centrada en la necesidad de elegir una comisión centralizadora, Bérard advirtió que esta iniciativa conduciría a un Comité Central de tipo trotskista o estalinista, a una fuerza para la burocracia. El camarada Marc Chirik respondió con una advertencia a Bérard: que él y su tendencia se dirigían en la dirección de Barrot y Camatte y, por tanto, hacia el abandono no sólo de la organización revolucionaria sino también de la clase revolucionaria. Bérard rechazó indignado esta advertencia. Poco tiempo después, “Une Tendance Comunista” se salió del marco de la organización publicando su folleto La Revolución será comunista o no será, única expresión pública de este efímero grupo. En él, hay una sección titulada “Por qué Invariance ya no es revolucionario”, que, si bien reconoce que Invariance había hecho algunas contribuciones fructíferas (como en la cuestión de la dominación formal/real), posteriormente entró en el ámbito de la ideología con su visión de una revolución hecha por la “humanidad”, consecuencia de su idea de que el capital se había convertido en una “comunidad material”:
“de ahí su incapacidad para captar las contradicciones reales del período de crisis histórica (la tendencia exacerbada hacia la dominación real del capital que choca con los límites del intercambio, la tendencia hacia la proletarización de toda la humanidad contrarrestada por la incapacidad de la relación salarial para integrar a aquellos que no tienen nada en qué apoyarse (los sin reservas). El capital deviene abstractamente “unificado”, completamente abstracto y va más allá de sí mismo en la comunidad material... El absurdo de un combate de la ‘humanidad’ contra ‘El capital’ se basa obviamente en la idea de que la humanidad ya existe – y aquí tenemos la visión reformista y aclasista en toda su plenitud”.
Y el texto también critica la idea que acompaña a Camatte de que cualquier intento de las minorías comunistas de organizarse sólo puede conducir a un nuevo fraude.
Da la casualidad de que Bérard en este punto estaba más influenciado por Barrot/Dauvé [14] que por Camatte, y por lo tanto pudo conservar referencias al proletariado como sujeto de la revolución. De hecho, era una especie de punto intermedio entre la posición de la Izquierda Comunista que estaba dejando atrás –en resumen, la insistencia de Marx en la necesidad de que la clase trabajadora afirme su autonomía en la lucha contra la explotación capitalista y ejerza su dictadura durante el período de transición hacia el comunismo- y el abierto abandono del proletariado por parte de Camatte. Como mostramos en el artículo sobre la tendencia Bérard, esta postura centrista se basaba en la teoría pseudodialéctica de una afirmación/negación simultánea del proletariado. Muchos de los comunistizadores actuales todavía residen en este punto intermedio, pero la tendencia hacia la negación pura de la lucha de clases de Camatte es muy fuerte en el medio modernista. En el caso de Bérard, su posterior –y muy rápido– abandono de la política de la Izquierda Comunista, de cualquier actividad organizada, y su evolución hacia una especie de primitivismo, confirmaron plenamente la predicción de Marc.
1 Crítica de los llamados “comunistizadores” (II) Del izquierdismo al modernismo: las desventuras de la “tendencia Bérard”. Revista Internacional 169: https://es.internationalism.org/content/5043/critica-los-llamados-comunistizadores-iii-1a-parte-jacques-camatte-del-bordiguismo-la [490]
2 Artículo disponible en Internet en https://archivesautonomies.org/ [491]
3 “Camatte añade una importante nota a pie de página, mostrando que su elección de la palabra “despotismo” no es accidental: “Aquí vemos una convergencia con el modo de producción asiático, en el seno, del cual las clases nunca podrían volverse autónomas; en el modo de producción capitalista son absorbidas”
4 Musk fue cosignatario de una declaración de 1000 “Líderes en tecnología” que pedían una pausa en el desarrollo de la IA hasta que se pueda saber más sobre sus consecuencias, citando “profundos riesgos para la sociedad y la humanidad”. (The New York Times: Elon Musk and Others Call for Pause on A.I., citando “profundos riesgos a la sociedad”). Poco después, uno de los firmantes, Geoffrey Hinton, dimitió de su puesto como líder de Google para centrarse en los riesgos que plantea la IA (Inteligencia Artificial).
5 Ver: Los años 20 del Siglo XXI: La aceleración de la descomposición capitalista plantea abiertamente la cuestión de la destrucción de la humanidad. Revista Internacional 169. https://es.internationalism.org/content/4897/los-anos-20-del-siglo-xxi-la-aceleracion-de-la-descomposicion-capitalista-plantea [432]
6 Grundrisse, capítulo sobre el capital, nuestra traducción.
7 Ver nuestro artículo en World Revolution n° 389: “Crecimiento como declive” https://en.internationalism.org/content/17032/growth-decay [492]
8 En particular, en su “Prefacio a la Introducción a la Crítica de la Economía Política”, reproducido como anexo de la Revista Internacional 134 “Decadencia del capitalismo (II) - Qué método científico debe usarse para comprender el orden social existente...”: https://es.internationalism.org/revista-internacional/200808/2337/decadencia-del-capitalismo-ii-que-metodo-cientifico-debe-usarse-pa [493], que sostiene que la Introducción proporciona el fundamento metodológico de la idea del ascenso y declive de los sucesivos modos de producción desde la disolución del comunismo primitivo.
9 Véase el artículo de nuestra serie sobre el comunismo, “El comunismo no es un bello ideal, sino una necesidad material” en: https://es.internationalism.org/revista-internacional/199507/1824/xi-el-marx-de-la-madurez-comunismo-del-pasado-comunismo-del-futuro [244] Revista Internacional 81.
10 Invariance n° 5, cuarto trimestre 1974.
11 Entrevista con Jacques Camatte (2019), republicada en Libcom en junio de 2021 https://libcom.org/article/interview-jacques-camatte-2019 [486]
12 MPC; “Esta abreviatura significa Modo de Producción Capitalista, que Invariance nunca explica jamás. Ello recuerda a los antiguos hebreos, que mostraban una renuencia similar a la hora de nombrar a su creador” (“Modernismo: del izquierdismo al vacío”, Révolution Internationale, nueva serie n° 3).
13 Crítica de los llamados “comunistizadores” (II) Del izquierdismo al modernismo: las desventuras de la “tendencia Bérard”. Revista Internacional 169 https://es.internationalism.org/content/4929/critica-de-los-llamados-comunistizadores-ii-del-izquierdismo-al-modernismo-las [438]
14 Volveremos a las ideas principales de Barrot/Dauvé en otro artículo.
Atrás quedaron los días en que, a pesar de la realidad de este mundo dominado por un sistema de explotación que lleva a la humanidad cada vez más explícitamente a su perdición, los medios de información se obstinaban en difundir un poco de optimismo para adormecer mejor a los explotados sugiriendo razones para esperar un mundo capitalista mejor. Ahora, la acumulación de catástrofes de todo tipo es tal que hace mucho más difícil entrever otra cosa que el infierno en la Tierra. Adaptándose a esta situación, la intoxicación propagandística tiende cada vez más a encerrar la reflexión en esta atmósfera de fin del mundo y hace todo lo posible por desviar a los explotados de la idea de que, precisamente, otro futuro es a la vez indispensable y posible, que está madurando en las entrañas de la sociedad y que será el resultado de la lucha de clases del proletariado, si logra derrocar al capitalismo.
Por dramática y sobrecogedora que sea la situación del mundo, no es inexorable y puede explicarse de otra manera que por las mentiras de aquellos que tienen un interés en la perpetuación del capitalismo: explotadores de la fuerza de trabajo proletaria, politicastros de todos los pelajes, demócratas de izquierda o derecha, populistas o incluso aquellos de extrema izquierda que son la última línea de defensa del capital.
Más que ningún otro modo de producción anterior, el capitalismo desarrolló las fuerzas productivas que hicieron posible, por primera vez en la historia de la humanidad, la edificación de una sociedad libre de necesidades y sin clases sociales: el comunismo. En este sentido representó una etapa progresiva en la historia de la humanidad. La Primera Guerra Mundial -con sus millones de muertos y sus destrucciones como la historia no había conocido antes- significó la entrada de este sistema en una decadencia irreversible cuya perpetuación amenaza cada vez más la existencia misma de la humanidad. Con dos guerras mundiales en su haber y una sucesión ininterrumpida de guerras locales cada vez más mortíferas, ha entrado desde el hundimiento del bloque del Este en 1990 en una nueva y última etapa de su decadencia, su fase final, la de la descomposición general de la sociedad, de su putrefacción desde las raíces.
Sólo a través del marco materialista e histórico de la descomposición, como fase última de la decadencia del capitalismo, es realmente posible aprehender los fenómenos del “fin del mundo” que invaden la sociedad y combatir su causa: la persistencia de la dominación de las relaciones de producción capitalistas que han quedado obsoletas.
La descomposición invade la sociedad en todos los ámbitos: el desarrollo del cada uno para sí o sálvese quien pueda generalizado, la inestabilidad creciente de las estructuras internacionales de “regulación” y de los aparatos políticos, pero también la explosión del consumo de drogas, la delincuencia, el fanatismo religioso, la depresión, los suicidios, etc.[1] y la destrucción del pensamiento racional. La oleada de populismo es en sí misma un producto de esta descomposición, que afecta cada vez más la capacidad de fracciones de la burguesía para asumir “racionalmente” la gestión del capital. Dos artículos de este número de la Revista Internacional lo ilustran[2] “Cómo se organiza la Burguesía (§ “El auge del populismo”: la expresión más espectacular de la pérdida de control de la burguesía sobre su aparato político”)” y “La izquierda del capital no puede salvar un sistema moribundo”.
Más allá de la irresponsabilidad social de la burguesía, la descomposición contribuye a favorecer la degradación acelerada del medio ambiente y por tanto, a la agravación del cambio climático, por el ánimo del lucro que se obtiene echando mano de los recursos naturales; como atestiguan la frecuencia y la amplitud de las catástrofes climáticas en el mundo.
Evidentemente la descomposición de la sociedad no elimina las contradicciones fundamentales del capitalismo; al contrario, no hace sino agravarlas. La crisis económica mundial, de vuelta desde finales de la década de 1960, se agrava inexorablemente y de forma irreversible, con manifestaciones que serán más profundas y desestabilizadoras que durante la recesión de 2008, y que posiblemente batirán todos los récords de la gran crisis de 1929 y 1930 (Lea en este número de la Revista Internacional, “Esta crisis se convertirá en la más grave de todo el periodo de decadencia”)[3]. Pero al mismo tiempo, aunque infrinja nuevos sufrimientos a la humanidad, en particular un considerable refuerzo de la explotación de la clase obrera, al revelar abiertamente la bancarrota del capitalismo, la crisis económica será el fermento de nuevos desarrollos de la lucha de clases y de la toma de conciencia de la clase obrera.
Por otro lado la barbarie guerrera se extiende por todos los continentes de forma incontrolable y cada vez más dramática. La guerra hace estragos actualmente en Ucrania y en la Franja de Gaza en Medio Oriente; la amenaza de un futuro enfrentamiento entre China y Estados Unidos[4] no cesa... Frente a todas las guerras actuales o en gestación, la clase obrera no debe elegir ningún bando y debe defender con firmeza la bandera del internacionalismo proletario en todas partes. Durante todo un período, la clase obrera no podrá alzarse contra la guerra. Por el contrario, la lucha de clases contra la explotación va a adquirir mayor importancia porque empuja al proletariado a politizar su lucha.
No existe otra perspectiva realista para la humanidad, que no sólo se enfrenta a cada una de las calamidades capitalistas que hemos mencionado -descomposición, crisis, guerra, destrucción del medio ambiente- sino que todas estas lacras se entrecruzan e interactúan entre sí en una especie de “efecto torbellino” con efectos más destructivos que la simple suma de esas lacras consideradas aisladamente unas de otras.
Mientras que el polo de la sociedad que representa la perspectiva de la destrucción de la humanidad ocupa todo el espacio mediático, hay otro polo en juego respecto al cual la burguesía se muestra muy discreta: la reanudación de la lucha de clases a escala mundial, cuyo desarrollo representa el único futuro posible para la humanidad. Así, tras las considerables dificultades encontradas por la lucha de clases consecutivas a la explotación política que la burguesía hizo del hundimiento del bloque del Este, el proletariado vuelve a la escena social. Le fueron necesarias tres décadas, a partir de1990, para digerir la repugnante campaña ideológica que, en todos los tonos posibles y a través de los medios de información de todos los continentes, ha insistido en que el hundimiento de los regímenes estalinistas -falsamente identificados con la futura sociedad comunista que es su antítesis- significaba el fin del proyecto de construcción de una sociedad comunista a escala mundial. Esas campañas llegaron incluso a decretar el fin de la lucha de clases, de la clase obrera y de la propia historia. Incluso si durante esos treinta años la clase obrera intentó levantar cabeza a través de ciertas luchas, éstas se vieron considerablemente limitadas por el hecho de que los trabajadores ya no se reconocían como una clase distinta de la sociedad, la principal clase explotada de la sociedad, con un proyecto histórico que le es propio. Pero fue la recuperación gradual por parte de la clase obrera de su identidad de clase lo que hizo posible el surgimiento de las luchas en el Reino Unido, “El verano de la cólera” de 2022, la mayor oleada de huelgas en ese país desde 1979, y que entraña la recuperación por parte del proletariado de su propio proyecto político, el derrocamiento del capitalismo[5] y la construcción de la sociedad comunista.
Los artículos de la prensa de la CCI han ilustrado, acompañado y comentado las expresiones más llamativas de esta renovación de la lucha de clases. Sólo desde la publicación del número 171 de la Revista Internacional, se han producido importantes luchas en Quebec, Suecia, Finlandia, Alemania, Turquía e Irlanda del Norte. Estas luchas son evidentemente el resultado del rechazo creciente de la clase obrera a sufrir la agravación de la explotación y de las condiciones miserables que la acompañan (el “¡Ya basta!” de los trabajadores en Gran Bretaña). Más allá de la conciencia inmediata que puedan tener los trabajadores en lucha, estos movimientos constituyen el principio de una respuesta al infierno en la tierra al que el capitalismo condena a la humanidad.
Como secreción de la lucha histórica del proletariado mundial, la actividad y la intervención de los revolucionarios son indispensables. Y esto es cierto en todos los periodos de la vida de la sociedad, desde el nacimiento del movimiento obrero hasta nuestros días, tanto en el ascenso del capitalismo y el desarrollo del movimiento de los trabajadores como en la decadencia capitalista. Ya sea estando en la vanguardia de la lucha de la clase obrera para darle orientaciones en los periodos revolucionarios, o resistiendo políticamente y muy minoritariamente en los peores momentos de retroceso para salvar y mantener el legado que hay que transmitir. Pero también en todas las situaciones “intermedias”, como la que vivimos actualmente -en las que no hay posibilidad de influencia extensa real en el seno de la clase trabajadora y en las que la actividad de los revolucionarios no puede ser la de un partido- es sin embargo esencial e indispensable en más de un sentido, sobre todo en lo que se refiere a la preparación de las condiciones para el surgimiento del futuro partido.
De hecho, en cualquier circunstancia, la actividad de los revolucionarios dista mucho de limitarse a la producción de prensa o de octavillas y a su distribución, aunque estas tareas sean efectivamente esenciales y muy exigentes. Así, como condición a la realización de la prensa, la organización debe tener la capacidad de aprehender la evolución de la situación mundial a todos los niveles, lo que significa un esfuerzo colectivo permanente de análisis, que puede requerir una vuelta a los fundamentos, para actualizar y enriquecer el marco de análisis. Porque “no puede haber movimiento revolucionario sin una teoría revolucionaria” (Lenin), y porque el mundo no es estático, los revolucionarios deben dar vida a sus posiciones políticas a la luz de la realidad. Así es como, por ejemplo, Lenin, consciente de que se acercaba el momento favorable a la revolución, se comprometió a escribir “El Estado y la revolución”[6], que constituye una continuación y una clarificación de la teoría marxista sobre la cuestión del Estado. Es el mismo tipo de consideración que, en un contexto completamente diferente, había llevado a nuestra organización a hacer un esfuerzo de análisis para comprender, a finales de los años 80, el significado de la acumulación de fenómenos de descomposición de la sociedad, y poner en evidencia que eso no se trataba en absoluto de algo fortuito o normal en la vida del capitalismo, sino que correspondía a una nueva fase de la decadencia del capitalismo, la de su descomposición.
Es este enfoque el que permite a la CCI comprender la dinámica actual de los conflictos imperialistas, no como un enfrentamiento entre dos bloques imperialistas rivales, como era el caso antes del derrumbe de los bloques, sino ante todo como una expresión del cada uno para sí concerniente a cada país imperialista, la búsqueda de su supervivencia en la arena mundial. Mientras que Estados Unidos lucha por su liderazgo mundial, no ha dudado en empujar a Rusia a invadir Ucrania para que quede considerablemente debilitada e incapaz de apoyar a China frente al mismo Estados Unidos.
También este análisis permite a la CCI comprender y defender que, desde la desaparición de los bloques imperialistas, la alternativa histórica ya no es “Revolución Mundial o Guerra Mundial”, siendo ambos términos mutuamente excluyentes, en particular porque un proletariado no derrotado mundialmente es un obstáculo para su reclutamiento para la guerra. Las dos dinámicas antagónicas de la situación actual no se excluyen mutuamente: por un lado, el hundimiento de la sociedad en la descomposición, con la vía a la desaparición de la sociedad y de toda vida humana sobre la tierra en juego, y por otro, el desarrollo de la lucha de clases mundial hasta la toma del poder por el proletariado. Sin embargo, el resultado de las dos dinámicas es exclusivo de una u otra.
En el medio proletario, y ciertamente entre los que buscan posiciones de clase, existen divergencias o interrogantes sobre la forma de plantear la alternativa histórica en la situación actual. Algunas de estas divergencias tienen que ver con el reconocimiento o no de la actual fase de descomposición del capitalismo. La CCI ha desarrollado una crítica del enfoque “materialista vulgar” que subyace al rechazo de la noción de descomposición del capitalismo (Léase “El método marxista, herramienta indispensable para comprender el mundo actual” en el “Informe sobre la descomposición del 25º Congreso de la CCI” y no podemos sino animar a sus críticos, así como a sus defensores, a entablar un debate sobre esta cuestión. Pero ésta no es la única cuestión que debe aclararse con carácter prioritario. En efecto, el desarrollo de las tensiones guerrera exige la mayor claridad y firmeza concerniente a la actitud e intervención en esta situación.
La defensa del internacionalismo proletario tal como es presentado en el Manifiesto del Partido Comunista es irrevocable: “Los proletarios no tienen patria; Proletarios de todos los países uníos”. Sin embargo, frente a los conflictos actuales, en particular el de la Franja de Gaza, existe una tendencia entre los grupos de la Izquierda Comunista (bordiguistas) pero también en el seno de una parte de elementos que comparte cierta proximidad con las posiciones de clase, a dejar de lado la fórmula “Proletarios de todos los países uníos” en favor de fórmulas dudosas que “olvidan” al proletariado de la Franja de Gaza, disolviéndolo en el “pueblo palestino”. Tales confusiones, que deben ser discutidas y combatidas, son muy perjudiciales en la medida en que abren una brecha en los principios que la clase trabajadora debe defender para poder hacer frente al desarrollo de los conflictos guerreros que van a amplificarse en todo el mundo. Sobre esta cuestión, lea nuestros artículos en este número de la Revista: “Praga‘Semana de acción’ : el activismo es una barrera para la clarificación política” y “La lucha contra la guerra imperialista sólo puede librarse con las posiciones de la Izquierda Comunista”.
Desde que existe, la Izquierda Comunista ha asumido una responsabilidad de primer orden en la lucha contra la guerra en distintos momentos clave de la historia denunciando los dos campos imperialistas presentes: durante la guerra de España de 1936, los republicanos por un lado y los fascistas por otro; durante la Segunda Guerra Mundial: Gran Bretaña, Francia, Rusia y Estados Unidos por un lado y Alemania e Italia por otro, en un momento en que el trotskismo se traicionaba a sí mismo defendiendo el campo democrático en España y luego el de Rusia. Sobre este tema, lea nuestro artículo en este número de la Revista “Manifiesto de la Izquierda Comunista a los Proletarios de Europa (junio de 1944)”. Pero desde entonces, los principales grupos de la Izquierda Comunista han rechazado las diversas peticiones de la CCI para adoptar una posición común ante los diversos conflictos que han ensangrentado el mundo desde finales de los años setenta. Ya sea por sectarismo o por oportunismo, como en el caso de la guerra de Ucrania, donde la TCI, rechazando el enfoque propuesto por la CCI, que se inscribe totalmente en el de la Izquierda Comunista, prefirió un enfoque opuesto, amplio y difuso de la demarcación que debe existir entre la Izquierda Comunista que lucha efectivamente contra la guerra y el conjunto de un medio formado por los que se oponen circunstancialmente a tal o cual guerra (Lea el artículo de este número de la Revista “La lucha contra la guerra imperialista sólo puede librarse con las posiciones de la Izquierda Comunista”. En estas circunstancias, solo un reducido número de grupos de la Izquierda Comunista asumió esta responsabilidad internacionalista. Lea “Dos años después de la declaración común de la Izquierda Comunista sobre la guerra en Ucrania”.
Sylunken (20/07/2024)
[1] Lea nuestras Tesis sobre la Descomposición “La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo”. Revista Internacional 107. TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION: La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [11]
[2] Véase también El auge del populismo es producto de la descomposición del capitalismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [495]
[3] Lea también el siguiente artículo de este número de esta Revista: “Esta crisis está llamada a convertirse en la más grave de todo el período de decadencia”.
[4] Lea el artículo sobre las tensiones imperialistas de este número.
[5] Sobre este tema, léase Tras la ruptura en la lucha de clases, la necesidad de politización de las luchas | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [496]
[6] Sobre este tema, léase nuestro artículo “El Estado y la revolución” (Lenin)- Una brillante confirmación del marxismo (Revista Internacional 91), II - «El Estado y la revolución» (Lenin) - Una brillante confirmación del marxismo | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org) [497]
Con la carrera presidencial en Estados Unidos y las elecciones europeas, las diferentes fracciones burguesas del aparato estatal han desarrollado una vasta campaña ideológica en defensa de la democracia y de sus instituciones “amenazadas” por el ascenso del populismo.
Una campaña así, diseñada para durar, representa un peligro real para la clase obrera: podría debilitar la tendencia que ha existido en su seno durante varias décadas, a alejarse del circo electoral a medida que se hacía cada vez más claro que votar de ninguna manera le permite defender sus condiciones de vida, que son constantemente atacadas por el Estado y la patronal, y que la izquierda defiende y defenderá siempre los intereses del capitalismo.
Explotando el rechazo espontáneo al populismo, su supuesta xenofobia, su discurso abiertamente autoritario... que existe en gran parte de la clase obrera, las fracciones burguesas de izquierda o derecha intentan devolver a los trabajadores al terreno podrido de la democracia mediante el cual la burguesía impone de la manera más solapada su dictadura sobre toda la sociedad. Los discursos que advertían sobre la “democracia amenazada” por el populismo tuvieron cierto efecto en la mente de la gente y la participación aumentó considerablemente durante las elecciones europeas, en particular en Francia (primero en las elecciones europeas, luego en las legislativas).
Seguir a la burguesía en este terreno equivale a defender intereses que no son los de la clase obrera, a elegir la defensa de un campo burgués contra otro, cuando el único campo que la clase obrera debe elegir es el de su lucha autónoma contra el capitalismo en crisis y factor de guerra. Esta advertencia es tanto más necesaria cuanto que el caos y la acción del populismo van a adquirir aún más importancia y, con ellos, las campañas de la burguesía para la defensa de su “democracia”.
El populismo y su pútrida ideología existen desde hace mucho tiempo en Estados Unidos, y durante décadas la burguesía ha podido impedir que tenga demasiada influencia en el aparato estatal. Hoy, su creciente presencia parece inexorable y los intentos de detenerla parecen infructuosos. Aunque las fracciones más responsables de la burguesía siguen trabajando para frenar su ascenso al poder, como hemos visto recientemente en Francia, incluso con la derrota de Trump, el populismo ya es y seguirá siendo un factor en el debilitamiento de los Estados Unidos, tanto dentro del aparato estatal, de la sociedad estadounidense, como a nivel internacional. Por su parte, el desacreditado campo demócrata, al frente de un Estado que ha multiplicado sus ataques e incapaz de descartar rápidamente la candidatura de un Biden debilitado, se acerca a las elecciones con una desventaja innegable. Por tanto, debemos esperar un enfrentamiento despiadado entre demócratas y republicanos para las próximas elecciones estadounidenses.
La campaña electoral es, de hecho, ya más violenta que la anterior, en los discursos pero no sólo en ellos. Así, las hostilidades entre los dos bandos ya han estado marcadas por nada menos que un intento de asesinato contra Trump. El hecho de que Trump haya escapado de él, con una arrogancia increíble, le permite parecer más poderoso que nunca, una situación que no dejará de explotar en su beneficio. Y si, por un corto tiempo, adornándose con el halo del martirio, intentó jugar la carta de la "reconciliación nacional", muy rápidamente la abandonó volviendo a la de la demolición del campo contrario, sin preocuparse por las consecuencias sobre el funcionamiento de las Instituciones del Estado en el futuro. Además, algunos de los obstáculos que el campo demócrata había puesto a su nueva candidatura, especialmente en el plano legal, han sido eliminados recientemente por un sistema judicial, parte del cual está claramente bajo el control de Trump.
El estilo de Trump, basado en mentiras, amenazas y violencia, no es nuevo, ya que ya había tenido un fuerte impacto en campañas electorales anteriores, en las que el presidente saliente cuestionó violentamente su derrota, en particular alentando el asalto al Capitolio por parte de una multitud de sus fanáticos partidarios. Una nueva derrota del campo republicano podría dar lugar a disturbios de alcance aún mayor. En un país donde la población está fuertemente armada, los partidarios de Trump, acalorados durante meses, alimentados con teorías de conspiración, podrían embarcarse en aventuras sediciosas y sembrar el caos en todo el país. La promesa de Trump de vengarse de los funcionarios estatales que considera sus enemigos, reemplazando a 400,000 de ellos si es elegido, también presagia problemas después de las elecciones. Por otro lado, si Trump gana, sus políticas consideradas peligrosas para el capital estadounidense y sus intereses imperialistas serán impugnadas dentro de diferentes organismos estatales como el ejército y los servicios secretos.
Por lo tanto, la única certeza es que, cualquiera que sea el resultado de las elecciones, es probable que se desarrollen tensiones y caos en la principal potencia mundial, aunque sea en formas indudablemente diferentes y a un ritmo diferente dependiendo de si los demócratas o los republicanos ganan las próximas elecciones. Pase lo que pase, tendrá repercusiones catastróficas en todo el mundo. Si bien Biden acabó cediendo el paso a su vicepresidenta Kamala Harris, la alternativa entre republicanos y demócratas no puede ser la de la clase obrera, que tendrá que resistir esta falsa elección en un contexto muy difícil.
Las tensiones entre los Estados de la Unión Europea están aumentando, prometiendo una vez más el desarrollo de la inestabilidad en el corazón histórico del capitalismo. La descomposición del capitalismo exacerba la tendencia al sálvese quien pueda entre los Estados y está también en el origen del fenómeno del ascenso del populismo. Los factores de división pesan cada vez más.
Los trastornos políticos en Estados Unidos están impactando la estrategia de los estados europeos que enfrentan un futuro incierto con respecto a Estados Unidos, particularmente en el contexto de la guerra en Ucrania y una Rusia amenazante. La confrontación entre Estados Unidos y China, en el centro de las tensiones imperialistas globales, exacerba las tensiones dentro de la propia Unión Europea: entre países, como Polonia, que favorecen claramente la opción atlantista, y aquellos, como Francia, que desean afirmar una cierta independencia frente a Estados Unidos, cada país se enfrenta a una serie de intereses contradictorios con respecto a China, tanto a nivel económico como a nivel imperialista.
Como tal, las tensiones también han aumentado desde el inicio de la guerra en Ucrania. Incluso la “pareja franco-alemana”, fuerza impulsora de la Unión Europea, ha demostrado su fragilidad. Alemania, entonces dependiente del suministro energético ruso, sufrió la guerra tanto económica como imperialista por el debilitamiento de su influencia sobre los países del Este.
Mientras las fracciones populistas de la burguesía se imponen cada vez más al frente de los gobiernos, su irresponsabilidad en la gestión de los asuntos estatales amenaza abiertamente la unidad de la Unión Europea.
En un contexto de guerra y crisis, también se han intensificado las tensiones en el plano económico y en el presupuesto "común", en particular en la cuestión energética (que está estrechamente relacionada con la cuestión militar, en particular en lo que respecta a la energía nuclear). Los Estados tienen una tendencia cada vez mayor a favorecer sus propios intereses en detrimento de la unidad europea.
Avefka (30/07/2024)
El capitalismo -el modo de producción que impera en todos los países del planeta- se está muriendo. En declive histórico desde hace más de un siglo, la aceleración de su descomposición ha sido cada vez más visible desde hace tres décadas y sobre todo desde principios de los años 2020, donde sus múltiples crisis -económica, militar, ecológica- se conjugan para crear un torbellino mortal que agrava considerablemente la amenaza de destrucción de la humanidad.
La clase dominante en el capitalismo, la burguesía, no tiene ninguna solución para este escenario de pesadilla. Incapaz de ofrecer ninguna perspectiva a la sociedad, está atrapada en la lógica desesperada de una sociedad en descomposición: ¡la del “cada uno para sí, y que el diablo se lleve al último!” Ésta se ha convertido en la regla dominante en las relaciones internacionales, expresándose en la extensión de guerras bárbaras por todo el planeta. Pero también es la tendencia dominante dentro de cada nación: la clase dominante está cada vez más dividida en camarillas y clanes, cada uno poniendo sus propios intereses por encima de las necesidades del capital nacional; y esta situación está haciendo cada vez más difícil para la burguesía actuar como una clase unificada y mantener el control general de su aparato político. El auge del populismo en la última década es el producto más claro de esta tendencia: los partidos populistas son una encarnación de la irracionalidad y del “no futuro” del capitalismo, con su promulgación de las teorías conspirativas más absurdas y su retórica cada vez más violenta contra los partidos establecidos. Las facciones más “responsables” de la clase dominante están preocupadas por el auge del populismo porque sus actitudes y políticas están directamente en desacuerdo con lo que queda del consenso tradicional de la política burguesa.
Por poner un ejemplo: la estrategia imperialista. Una de las razones por las que hay tanta oposición, dentro de la propia clase dominante estadounidense, al regreso de Trump a la presidencia, es que socavaría los principales ejes de la política estadounidense en cuestiones clave como el fortalecimiento de la OTAN y el apoyo a Ucrania en la guerra contra Rusia, al tiempo que daría vía libre a las facciones más agresivas de la burguesía israelí en Oriente Medio. Al igual que Trump, Le Pen, Farage y otros populistas en Europa también son notoriamente pro-rusos en su visión internacional, que va en contra de las políticas actuales de los estados occidentales más importantes. Con los demócratas estadounidenses algo paralizados sobre si reemplazar o no al envejecido Biden a tiempo para las elecciones de noviembre, un “segundo ascenso” de Donald Trump parece cada vez más probable[[1]], abriendo la perspectiva de una mayor aceleración del caos en las relaciones internacionales.
Más generalmente, el populismo es fruto de una creciente desilusión con la “clase política”. Se alimenta del descontento por la venalidad y la corrupción de los políticos establecidos, por su letanía de promesas incumplidas y su papel en la reducción del nivel de vida de la mayoría de la población. De ahí la pretensión de los populistas de expresar una verdadera rebelión del “pueblo” contra las “élites” y sus exigencias demagógicas de mejorar el nivel de vida de la población “autóctona” mediante chivos expiatorios y la exclusión de inmigrantes y extranjeros.
Los resultados de las elecciones en Gran Bretaña y Francia demuestran que las facciones “responsables” de la clase dominante no están dispuestas a descansar y dejarse derrotar por los populistas.
La burguesía británica tiene desde hace tiempo la reputación de ser la clase dominante más experimentada e inteligente del mundo, una reputación que ha sobrevivido al declive de Gran Bretaña como potencia mundial. En la década de 1980, por ejemplo, las orientaciones políticas y económicas del thatcherismo y la división del trabajo entre la derecha en el poder y la izquierda en la oposición, sirvieron de ejemplo a seguir en todo el bloque occidental, más particularmente en los propios Estados Unidos. Pero los últimos años han sido testigos de cómo el partido Tory, en sus intentos de “contener” el auge del populismo, se ha ido contagiando cada vez más de él, sobre todo gracias al desastre del Brexit y a la incompetencia y la mentira descarada de los sucesivos primeros ministros tories. En el espacio de menos de cinco años, los tories han pasado de la enorme victoria de 2019 a la casi aniquilación en las elecciones de 2024, que ha visto una victoria laborista aplastante y la mayor derrota electoral en la historia Tory. Los conservadores perdieron 251 escaños y esto incluyó a varios ex ministros del gabinete (como Grant Shapps y Jacob Rees-Mogg) e incluso a una ex primera ministra (Liz Truss). En muchos distritos electorales, los tories acabaron en tercer lugar, por debajo de los liberal-demócratas y, más significativamente, detrás de Reform UK de Farage (conocido como el partido del Brexit).
En uno de sus primeros discursos como primer ministro, Keir Starmer proclamó que su Gobierno lucharía para “hacer que vuelvas a creer”. Plenamente consciente del escepticismo cinismo muy extendido entre la población hacia los políticos, el Gobierno laborista vende una visión de gobierno fuerte y estable en contraste con el caos de los últimos años. Habla de “cambio”, pero es extremadamente cauto en las promesas que hace, y aún más cauto a la hora de gastar para salir de los problemas económicos de Gran Bretaña. En política exterior no habrá casi ningún cambio en el apoyo del gobierno anterior a las políticas de EE. UU. y la OTAN hacia Ucrania, Oriente Medio y China.
La capacidad de los laboristas para presentarse como el nuevo partido del orden y del gobierno sensato es una expresión de la inteligencia que le queda a la clase dominante británica; su comprensión de que la política tory de controlar el populismo inyectando toda una serie de temas populistas en su propio cuerpo ha sido un completo fracaso. En este sentido, ha añadido algunos ladrillos a la barrera contra el auge populista. Pero incluso en el Reino Unido, se trata de una barrera muy frágil.
Por un lado, la aplastante victoria laborista se basó en una participación muy baja: sólo votó el 60% del electorado, lo que indica que el cinismo hacia el proceso político sigue estando muy extendido. En segundo lugar, los sondeos muestran claramente que el voto laborista no se basaba en un gran entusiasmo por sus políticas, sino que estaba motivado principalmente por el deseo de librarse de los tories. Y quizás lo más importante, la derrota de los tories, se debió en parte a una deserción a gran escala hacia el Reformismo, impulsada por la decisión de Farage de asumir el liderazgo del partido y presentarse a las elecciones. Aunque Reform UK sólo obtuvo 5 escaños en el Parlamento, obtuvo el 14,3% de los votos, lo que le situó en tercer lugar en cuanto al total de votos emitidos. Farage dejó muy claro que no esperaba ganar muchos escaños y que la lucha contra los laboristas (y el centro) no ha hecho más que empezar.
El sistema bipartidista británico, con su principio de “el primero en pasar”, se ha publicitado durante mucho tiempo como piedra angular de la estabilidad política británica, un método para evitar las turbulencias de la política de coaliciones que impera en los numerosos sistemas parlamentarios basados en la representación proporcional. En este caso, el planteamiento británico ha demostrado ser un bloqueo eficaz para que los partidos más pequeños, como Reform, tengan una presencia significativa en el Parlamento. Pero el sistema bipartidista también depende de la estabilidad de los dos partidos principales, y lo que resultó de las elecciones de 2024 fue una paralización histórica de los conservadores, un golpe del que puede que no se recuperen.
Otro indicio clave de que puede que no estemos ante un largo periodo de gobierno laborista “fuerte y estable” es su actitud ante la lucha de clases. Starmer, Angela Rayner (viceprimera ministra) y otros pueden hacer hincapié en sus orígenes personales de clase trabajadora, pero esto es más una forma de contrarrestar las afirmaciones de los populistas de que “hablan en nombre de la gente ordinaria” que un medio de presentar al Laborismo como un partido de la clase trabajadora, y menos aún como un partido “socialista”. El laborismo de Starmer es en gran medida un refrito del Nuevo Laborismo de Blair, que pretende mantener el terreno del “centroizquierda”, en oposición a los “excesos del ala izquierda” de Jeremy Corbyn que le costaron caro en 2019. Pero entre 2019 y 2024 Gran Bretaña ha visto un importante renacimiento de las luchas de clase que actuaron como faro para la resistencia de los trabajadores en todo el mundo. Estas luchas se han apagado, pero todavía están hirviendo a fuego lento. El actual régimen laborista no estaría bien equipado ideológicamente para responder a un nuevo estallido de movimientos de clase y se encontraría perdiendo rápidamente credibilidad en beneficio de los tories.
En Francia, como en Gran Bretaña, hemos visto que desde dentro del aparato político burgués hay una respuesta bastante inteligente al auge del populismo y al peligro de que la Rassemblement National (RN) de Le Pen gane la mayoría en el parlamento. El Nuevo Frente Popular fue improvisado poco después de que Macron declarara unas elecciones anticipadas en respuesta a los éxitos de RN en las elecciones de la Unión Europea. Reunió a las principales fuerzas de la izquierda: los partidos Socialista y Comunista, La France Insoumise, los Verdes y algunos grupos trotskistas. Tras la victoria de RN en la primera vuelta de las legislativas, llegaron a un acuerdo con el partido de centro de Macron, Renacimiento, para no oponerse mutuamente a sus candidatos en la segunda vuelta si eso suponía perder terreno frente a RN, y la maniobra funcionó: RN no consiguió la mayoría en la Asamblea Nacional.
¿Significa esto que la apuesta de Macron de convocar elecciones anticipadas ha merecido la pena? De hecho, ha creado una situación extremadamente incierta en la política burguesa francesa. Aunque la izquierda y el centro fueron capaces de llegar a un acuerdo contra el RN, Macron se enfrentará a un parlamento dividido, formado por tres grupos principales que a su vez están divididos en varios subgrupos. Por tanto, es probable que esta situación siga dificultando su trabajo mucho más que antes. A diferencia de Gran Bretaña, Francia no tiene un partido de centroizquierda fuerte porque el Partido Socialista quedó totalmente desacreditado tras sus años en el poder, en los que arreciaron los ataques contra la clase trabajadora. El Partido Comunista Francés también es una sombra de lo que fue. La fuerza más dinámica del Nuevo Frente Popular es La France Insoumise, que pregona sus credenciales obreras y socialistas, sus vínculos con las luchas obreras contra las políticas neoliberales de Macron (por ejemplo, pide que se abandone el aumento de la edad de jubilación a los 64 años, una cuestión clave en las recientes huelgas y manifestaciones en Francia, y que se restablezca a los 60 años). La France Insoumise también es muy crítica de la OTAN y de la guerra en Oriente Medio, lo que no le convierte en un partidario fiable de la política exterior de Macron. Todo esto apunta a la conclusión de que la barrera francesa contra el populismo y el caos político es quizás aún más frágil que la británica.
En cierta medida, la incertidumbre a la que se enfrenta el aparato político francés es un reflejo de una debilidad basada más históricamente de la burguesía francesa, que no ha disfrutado de la misma estabilidad política que su homóloga británica y ha estado plagada de divisiones entre intereses particulares durante mucho más tiempo. Una de las razones por las que el Partido Socialista perdió su credibilidad como partido de la clase obrera fue su intempestivo acceso al poder en los años 80, donde se vio obligado a llevar a cabo algunos feroces ataques contra la clase obrera, en lugar de permanecer en la oposición como el Partido Laborista en el Reino Unido. Y esta incapacidad para ajustarse a una estrategia internacional de la clase dominante fue una muestra de esta incoherencia histórica de la clase dominante francesa y de su maquinaria política.
En Francia, había más entusiasmo en las calles por la “derrota” sufrida por RN que por el “triunfo” de los laboristas en el Reino Unido. El bloqueo de RN del gobierno significó que algunas de sus políticas más abiertamente represivas y racistas contra los inmigrantes y los musulmanes no se pondrían en práctica, y esto sin duda se sintió como un alivio para muchos, sobre todo los de origen inmigrante. Pero este entusiasmo encierra peligros reales, sobre todo la idea de que la izquierda está realmente del lado de los trabajadores, y que el capitalismo sólo está representado por la extrema derecha o el neoliberalismo de Macron.
El hecho mismo de que los partidos de izquierda hayan desempeñado un papel tan crucial en el esfuerzo por bloquear la RN es una prueba de la naturaleza burguesa de la izquierda. El populismo es ciertamente un enemigo de la clase obrera, pero no es el único, y combinarse con otros partidos para dar estabilidad al aparato político existente es una acción al servicio del capitalismo y su Estado. Además, como esta acción se lleva a cabo en nombre de la defensa de la democracia contra el fascismo, es un medio de reforzar la ideología fraudulenta de la democracia. No olvidemos el papel que la izquierda ha desempeñado en el pasado para salvar al capitalismo en sus horas de necesidad: desde la Primera Guerra Mundial, cuando los oportunistas de la Socialdemocracia pusieron los intereses de la nación por encima de los intereses de la clase obrera internacional y ayudaron a reclutar a los trabajadores para los frentes de guerra; hasta la Revolución alemana de 1918, cuando el gobierno socialdemócrata actuó como el “sabueso sanguinario” de la contrarrevolución, utilizando al proto fascista Frei Korps para aplastar a los trabajadores insurrectos; y lo que es más revelador, a los años 30, cuando los Frentes Populares “originales” ayudaron a preparar a la clase obrera para la matanza de la Segunda Guerra Mundial, precisamente con el mismo fin de defender la democracia contra el fascismo.
La clase trabajadora no debe hacerse ilusiones de que quienes participan en la maquinaria política burguesa, sean de derechas o de izquierdas, están ahí para proteger a los trabajadores de los ataques a su nivel de vida. Al contrario, la única opción de un gobierno burgués y de los partidos que lo componen, ante un sistema capitalista que se desmorona, es exigir sacrificios a la clase obrera en nombre de la defensa de la economía nacional y de sus intereses imperialistas, hasta sacrificarse en el altar de la guerra. Ya hemos visto esto ampliamente demostrado por el gobierno del Nuevo Laborismo de Blair en Gran Bretaña y el gobierno del Partido Socialista de Mitterand en Francia[[2]]
La defensa de los intereses de los trabajadores no reside en las urnas ni en depositar nuestra confianza en los partidos de la clase enemiga. Sólo puede basarse en las luchas independientes y colectivas de los trabajadores como clase contra todos los ataques a nuestras condiciones de vida y de trabajo, y a nuestras propias vidas, vengan estos ataques del ala derecha o izquierda de la clase dominante.
Amos
[1]En el momento de escribir estas líneas, el expresidente Trump ha sido víctima de un intento de asesinato. Uno de sus partidarios ha perdido la vida. Trump sufrió una herida en la oreja. Por supuesto, los intentos de asesinato no son nada nuevo, y Estados Unidos ha visto su cuota de asesinatos políticos. Pero este ataque, que sigue a varios otros (Bolsonaro en Brasil, Shinzo Abe en Japón, etc.), ilustra el empeoramiento de las tensiones dentro de la burguesía estadounidense y la realidad de la profundización de la inestabilidad política.
[2] Véase, por ejemplo: Blair’s legacy: A trusty servant of capitalism [499], (El legado de Blair: Un fiel servidor del capitalismo), World Revolution 304.
Ante el callejón sin salida en que se encuentra el capitalismo y la quiebra de todos los «remedios» económicos, la burguesía no tiene más remedio que huir hacia delante por medios militaristas. La agravación de las tensiones bélicas en Ucrania, Oriente Medio y África, así como las crecientes amenazas en Asia (Filipinas, Taiwán, etc.) son el principal vector de una situación global en la que la guerra, la crisis económica y el desastre ecológico se agravan y refuerzan mutuamente. El proletariado mundial está pagando las consecuencias en primera línea en Rusia y Ucrania, en Israel y Gaza, en Yemen, el Sahel, etc. Frente a la multiplicación de las medidas de austeridad para financiar la guerra, se profundizan en todas partes la pobreza, la precariedad laboral y el miedo al mañana. Si el proletariado reacciona cada vez más con su lucha a los ataques económicos insoportables, aún queda mucho camino por recorrer antes de que el desarrollo y la politización de sus luchas permitan desafiar la dominación capitalista.
A pesar de que la polarización y la confrontación entre EEUU y China es el eje central de las tensiones imperialistas y de que los diferentes conflictos guerreros encuentran una referencia directa o indirecta a ese enfrentamiento mayor, la dinámica imperialista no es la de alianzas estables que llevan a la formación de bloques imperialistas en la preparación de una Tercera guerra mundial.
Eso no quiere decir sin embargo que la humanidad pueda dormir tranquila; la tendencia actual de caos imperialista incontrolado significa igualmente una amenaza para su supervivencia.
Desde el hundimiento de los bloques, la tentativa de EEUU de mantenerse como primera potencia mundial, y por tanto de imponer el (su) orden imperialista, es una contribución mayor justamente al desorden imperialista que se desarrolla.
Desde la administración Obama, la burguesía norteamericana ha implementado una política que “pivota” hacia Asia, tejiendo una red de alianzas económicas y militares (AUKUS, Quad) para aislar a China, siguiendo el modelo de cerco a la URSS[1] que contribuyó a provocar el hundimiento del bloque del Este. Socavar la alianza entre Rusia y China es un objetivo importante de esa política y por eso EE.UU. ayudó a provocar la guerra de Ucrania para “desangrar” a Rusia[2]. Otra pata de la estrategia del imperialismo USA era la Pax americana en Oriente Medio, con los acuerdos de Abraham (2020), que trataba de neutralizar a Irán y sus milicias proxy en la región y de bloquear la presencia de China a través de la ruta de la seda. El caos que se apoderó de la región tras el
sangriento ataque de Hamás y la respuesta genocida de Israel, que corre el riesgo de incendiar la región, va en contra de los intereses de Estados Unidos, que ha tenido que movilizar considerables recursos militares para evitar una desestabilización que amenaza la estabilidad «garantizada» por los Acuerdos de Abraham.
Además, para mayor confusión, las fracciones populistas de la burguesía norteamericana, no están de acuerdo con la forma de impulsar esas orientaciones de los demócratas, lo que hace aún más imprevisible las perspectivas en el caso de que Trump gane las próximas elecciones:
«Trump oscila entre el deseo de proyectar el poder de EE.UU. en el extranjero y el aislacionismo; recientemente, ha prometido retirarse de la OTAN, poner fin a las importaciones de productos chinos, desplegar el ejército de EE.UU. en las calles estadounidenses para luchar contra la delincuencia y deportar a los inmigrantes, y "expulsar" a los "belicistas" y "globalistas "del gobierno de EE.UU. Otros líderes conservadores -como el gobernador de Florida, Ron de Santis, y el empresario Vvek Ramaswamy- expresan una hostilidad manifiesta hacia el mantenimiento de los compromisos internacionales de Estados Unidos. La mayoría de los candidatos presidenciales del Partido Republicano ofrecieron un apoyo incondicional a Israel tras el ataque de Hamás... En cuanto a Ucrania, los políticos del partido están divididos, y algo más de la mitad de los republicanos de la Cámara de Representantes votaron en septiembre de 2023 a favor de detener la ayuda estadounidense a la defensa de Kiev contra la invasión rusa»[3]
Impasse de la guerra de Ucrania
Después de dos años y medio la guerra parece estancada. La ofensiva ucraniana fue un fracaso y Rusia apenas avanza sus posiciones. Los dos bandos se confrontan a la necesidad de una mayor movilización de la población y de recursos en el frente; mientras se acumulan las ruinas de las ciudades y las víctimas y las carencias de la población.
La causa de este punto muerto no es que se habría subestimado la resistencia de Rusia al “sangrado”, su capacidad de mantenerse como una potencia mundial; al contrario, podría decirse que se han sobreestimado. La verdadera causa es la espiral de caos que ha desatado la guerra de Ucrania.
En primer lugar en Rusia mismo, donde el crecimiento económico es en realidad el resultado de la economía de guerra, que engulle el conjunto de recursos y anuncia “pan para hoy y hambre para mañana”:
«Más de un tercio del crecimiento de Rusia se debe a la guerra, con las industrias relacionadas con la defensa floreciendo a tasas de crecimiento de dos dígitos […] El sector militar está recibiendo una cantidad desproporcionadamente alta de gasto público, y también está desviando mano de obra de la población activa civil, lo que lleva a una tasa de desempleo anormalmente baja del 2,9% [...] La interacción entre el gasto militar, la escasez de mano de obra y el aumento de los salarios ha creado una ilusión de prosperidad que probablemente no durará […] Putin se enfrenta a un trilema imposible. Sus retos son tres: debe financiar su guerra contra Ucrania, mantener el nivel de vida de su población y salvaguardar la estabilidad macroeconómica. Lograr el primer y el segundo objetivo exigirá un mayor gasto, lo que alimentará la inflación e impedirá así la consecución del tercer objetivo»[4]
Ese panorama de inflación, deterioro de los servicios públicos (sanidad, enseñanza) y endeudamiento de las familias, va a cambiar sin duda la forma en que hasta ahora las principales concentraciones obreras en Rusia viven la guerra.
Además, la productividad de la economía rusa y su nivel de tecnología ocupan los últimos lugares del ranking mundial[5] hasta el extremo de que Rusia está teniendo que comprar armas a Corea del Norte. A eso se suma un problema demográfico[6] y una carencia de mano de obra cualificada que se ha agravado con la huida del alistamiento de los jóvenes trabajadores tecnológicos[7].
Sin embargo no son solo los problemas de la economía los que enfrenta Putin. La federación rusa alberga 24 repúblicas (incluyendo los territorios ocupados de Ucrania) a las que el gobierno de Putin retiró (con la excepción de Chechenia), sus prerrogativas de autonomía, no sin una resistencia por su parte (Chechenia, Ingusetia, Daguestan, Asia central –ver reciente atentado de Jorasán en Moscú-). La distribución desigual del esfuerzo de guerra, con el alistamiento selectivo en las regiones periféricas, la retirada de recursos para concentrarlos en Moscú, todo eso aumenta las tensiones, y en el caso de un hundimiento de Rusia, plantearía una situación de posible estallido de la Federación con un panorama de diferentes Señores de la guerra armados con ojivas nucleares, lo que significa una visión de pesadilla que el resto de potencias, incluyendo a EEUU, declaran como algo absolutamente a evitar, pero que en realidad contribuyen a provocar. Otro elemento que tensa la cohesión de la burguesía en Rusia son las pugnas entre sus diferentes fracciones. A pesar de la férrea dictadura de Putin, es evidente que la rebelión de Wagner y la muerte “accidental” de Prigozhin, y la de Navalny, así como los sucesivos relevos en el Alto mando militar, muestran ese mar de fondo de opciones enfrentadas en el seno del Estado.
Geoestratégicamente, de hecho Rusia ha perdido ya su órdago de impedir la extensión de la OTAN hacia el Este, con la integración de Polonia, o los tres países Bálticos. Es más, como consecuencia de la guerra de Ucrania, Finlandia y Suecia han planteado su candidatura. Por otra parte, el aislamiento internacional de Rusia la empuja a una mayor dependencia de China,
No hay ninguna garantía de que en este caos, Putin (o cualquier otro) recurran en una situación desesperada a la utilización de armas de destrucción masiva.
EE.UU. auspició el inicio de la guerra de Ucrania, pero la prolongación de la guerra y el estancamiento en que se encuentra se vuelve contra sus propios intereses. Por una parte porque consume recursos económicos, militares y diplomáticos que podría emplear en reforzar su presencia en el continente asiático.
Por otra parte porque eso refuerza las divisiones en el seno de la burguesía USA. Los Republicanos han estado bloqueando un paquete de 60 mil millones de dólares de apoyo a Ucrania. Trump por su parte ha declarado que si gana las elecciones no continuará apoyando la guerra de Ucrania. En su línea de provocación ha llegado a decir que dejaría que Rusia “hiciera lo que quisiere” para llevar a cabo sus amenazas frente a Europa, si los países europeos no cumplían con el aumento de sus gastos militares, amenazando incluso con la salida de EE.UU. de la OTAN.
La guerra también es una fuente de tensiones con sus aliados europeos, a los que EE.UU. ha impuesto la política de sanciones a Rusia y de aumento del gasto en armamento.
Sin embargo abandonar el apoyo a Ucrania no puede ser una opción para la burguesía USA. Y en primer lugar porque eso debilitaría su credibilidad de padrino imperialista y su capacidad de disuasión. Como ha recordado el ministro de Asuntos Exteriores de Taiwan, «el apoyo a Ucrania es crítico para disuadir a Xi de invadir la isla»[8].
Igual que Rusia, China ( y también India) y la UE, están pendientes de lo que va a hacer EEUU y de lo que puede suponer un nuevo gobierno Trump. Ante el riesgo de que hiciera efectiva la retirada del apoyo militar y financiero a Ucrania, la diplomacia del gobierno Biden ha desarrollado una intensa actividad los últimos meses. Empezando por el proyecto de un Pacto de Seguridad con Ucrania que debería aprobarse en la próxima cumbre de Washington de la OTAN «que no sería del tipo del que obliga a los miembros de la OTAN a una mutua defensa, pero que probablemente reafirmaría un apoyo a largo plazo a Ucrania»[9]. Y que se suma a la decisión de la cumbre del 75 aniversario de la OTAN, en abril pasado, de acelerar el aumento del gasto militar[10] e integrar a Finlandia y Suecia.
Por otra parte, Blinken ha presionado en el mismo sentido a la UE en París, el pasado 2 de abril, a «aumentar su producción de armas y municiones para producir más, más rápido y apoyar a Ucrania frente a Rusia… los desafíos a los que se enfrenta Ucrania no desaparecerán mañana»[11]. La Cámara de Representantes presidida por Mike Johnson (Republicano trumpista) ha aceptado la votación para desbloquear los fondos de ayuda a Ucrania cediendo a las presiones del gobierno Biden.
Mención aparte merece la reciente (15-16 Junio) cumbre de Bürgenstock (Suiza) para la paz en Ucrania. Zelensky ha reunido 100 delegaciones, pero desde la primavera, las delegaciones francesa, alemana, británica y norteamericana, habían redactado un Zero draft que reducía a 4 puntos los 10 que había propuesto inicialmente Ucrania y que particularmente excluía los que se referían a la retirada de tropas y a la integridad territorial de Ucrania, limitándose a señalar el riesgo nuclear y la necesidad de evitar el bloqueo del comercio de alimentos.
Le Monde Diplomatique de Julio publica un artículo basado en un informe de Foreign Affairs, que informa de que recién comenzada la guerra en marzo de 2022, los países occidentales habrían evitado un acuerdo de paz empujando a Ucrania a continuar la guerra hasta la derrota de Rusia. Según este artículo, Putin habría dicho que Boris Johnson (entonces primer ministro británico), «en nombre del mundo anglo-sajón», llamó a los ucranianos «a combatir hasta conquistar la victoria y que Rusia sufra una derrota estratégica»[12]
Washington ha impuesto su disciplina a las potencias europeas con la aplicación de las sanciones a Rusia, la financiación de la guerra de Ucrania y el aumento de los gastos militares de la OTAN; pero los países de la UE tratan de resistirse y el envío de armamento y apoyo a Ucrania llega lento y limitado, lo que no niega sin embargo un esfuerzo armamentístico notable en beneficio de aumentar la potencia militar de cada cual. La primera potencia de la UE, Alemania, es un concentrado explosivo de todas las contradicciones de la situación inédita abierta por la guerra de Ucrania. Amenazada por el caos en el Este, el fin del multilateralismo
afecta a su pujanza económica dependiente de las exportaciones, le obliga a un esfuerzo de gasto militar de rearme y, finalmente, tras haber asestado un duro golpe a sus suministros de gas ruso, se ve obligada a encontrar fuentes alternativas de energía. En la situación actual, Alemania se ve obligada a someterse a la tutela militar americana, por lo que, por el momento
es uno de los principales partidarios de la política imperialista americana.
Pero la guerra ha provocado divisiones en el seno de la UE y de la OTAN, entre los que defienden una política abiertamente Pro-Putin, como Hungría y Eslovaquia, y los que, como Francia, tienen veleidades de una mayor independencia respecto a EE.UU. Las recientes elecciones europeas además han puesto de manifiesto que en diferentes capitales nacionales, las fracciones populistas defienden orientaciones contrarias a las de los intereses del conjunto de la burguesía nacional, como en el caso del RN de Le Pen en Francia, partidario de un mayor entendimiento con Moscú, igual que La Lega de Salvini en Italia.
El imperialismo chino trata de profundizar en esa división, ofreciéndose como apoyo a los disidentes de EEUU, y Xi Jing Pin ha organizado viajes selectivos a Europa, evitando las capitales más proamericanas como Berlín; pero visitando París.
Sea como sea, la guerra de Ucrania impone a las potencias europeas una política de rearme y de austeridad y sacrificios para la clase obrera. En la UE se agita el fantasma de la amenaza de Rusia para hablar de una economía de guerra, Von der Lyden, recién reelegida presidenta de la Comisión europea ha declarado que «aunque la amenaza de guerra no es inminente, debemos prepararnos para ella».
Pero la clase obrera en los países centrales ha mostrado que no está dispuesta a aceptar más sacrificios sin presentar batalla. Como se vio en “el verano del descontento” de 2022 en Gran Bretaña, con la consigna de “enough is enough”, o la lucha contra los recortes de las pensiones en Francia, asistimos a una recuperación de la combatividad que va a ir desarrollándose frente a los ataques a nuestras condiciones de vida.
«El esfuerzo de Biden por lograr un acuerdo de normalización israelo-saudí fue el componente más reciente de una larga campaña estadounidense para reforzar la cooperación entre los actores regionales autodenominados moderados. Las conversaciones de normalización se basaron en el éxito de los Acuerdos de Abraham de 2020, que allanaron el camino para el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Israel y Bahréin, Marruecos, Sudán y los Emiratos Árabes Unidos y abrieron oportunidades sin precedentes para el comercio bilateral, la cooperación militar y el compromiso interpersonal. La apertura con Riad habría impulsado esta tendencia, poniendo a Irán en una situación de desventaja incluso mientras se esforzaba por garantizar su propio acercamiento a Riad»[13].
Esta Pax americana trataba de inmovilizar a Irán y sus milicias proxy[14], así como de implementar una ruta comercial desde India que impediría desplegar el proyecto chino de la ruta de la seda en la región; por las mismas, permitiría desviar recursos militares hacia Asia y los mares de China, donde se juega hoy la partida geoestratégica. Todo el plan se hacía a espaldas del reconocimiento del Estado Palestino que hasta ahora había sido una condición de los países árabes en general y de Arabia Saudí en particular, para establecer relaciones con Israel. De hecho la Autoridad Palestina en Gaza había perdido toda credibilidad a favor de Hamas, y en Cisjordania era impotente para frenar la ocupación de los colonos israelís impulsada por el gobierno de ultraderecha y apoyada por el ejército.
Esa estrategia obviaba la presencia de cualquier fuerza palestina en la región y trataba de neutralizar los intereses de Irán. De hecho el anterior gobierno Trump no tuvo ningún escrúpulo en reconocer la anexión de los Altos del Golán, o en trasladar la embajada americana de Tel-Aviv a Jerusalén, lo que no podía recibirse sino como una provocación. Todo esto no dejaba margen mas que para una reacción a la desesperada del bando iraní/palestino.
El ataque del 7 de Octubre de Hamas, preparado y apoyado por Irán, ha sido un envite a todo eso, que ha puesto patas arriba toda la región
«Varios presidentes de USA esperaban minimizar el rol de Norteamérica en Oriente Medio sin grandes costos –en el caso de Biden para centrarse en el desafío de China y la creciente amenaza de Rusia. Pero Hamas e Irán han traído de vuelta a EEUU»[15]
Y en efecto los grandes portaviones americanos han vuelto a las costas de la región y varias operaciones especiales han castigado selectivamente las milicias proiranís:
«El rápido despliegue por parte de Biden de medios militares estadounidenses en la región, junto con sus gestiones diplomáticas en Líbano y otros actores regionales clave, ayudaron a evitar la guerra más amplia que Hamás podría haber esperado precipitar. Una serie de ataques estadounidenses contra las milicias respaldadas por Irán en Irak, Siria y Yemen degradaron las capacidades de esos grupos y señalaron a los socios de Teherán que pagarían un precio por sus continuas agresiones contra los estadounidenses. Sin embargo, el riesgo de que los estadounidenses cometan errores de cálculo y se confíen aumentará con el tiempo»[16].
Pero lo que Washington no ha podido frenar es la vorágine de venganza de Israel. Hamas ha prendido la mecha de una política de tierra quemada en la región, pero es Israel quien la está llevando a cabo en lo inmediato. El Estado sionista ya hace tiempo que no se limita a acatar las órdenes USA y en realidad este gobierno de ultraderecha no ha hecho sino reforzar esa tendencia a la contestación.
EE.UU. ha apoyado la respuesta del genocidio de Israel en Gaza (más de 38 mil muertos hasta ahora), al mismo tiempo que trataba de contener una escalada de guerra abierta contra Irán. Pero esa situación perjudica su discurso en Ucrania, donde apoya un país invadido por la agresión guerrera de su vecino (Rusia); mientras que en Gaza apoya en la práctica la invasión y el exterminio de palestinos que Israel lleva a cabo; e igualmente debilita su propaganda de líder de la democracia mundial. Además la continuación de la guerra y su extensión en Oriente Medio desanda el camino que EE.UU. había recorrido en la región. Por eso para los expertos asesores de la estrategia imperialista USA, «La tarea más urgente de Washington es terminar la guerra de Gaza»[17]. Otra cosa es si EEUU es capaz de imponer su autoridad en la región, y concretamente de contener el desenfreno belicista de Israel.
El jefe de la diplomacia USA, A. Blinken, ha realizado ya hasta 8 giras por la región desde el inicio de la guerra, con el punto de mira de apoyarse en la alianza con Arabia Saudí. Por primera vez desde el 7 de Octubre EE.UU. no ha vetado en marzo una resolución sobre alto el fuego en la ONU, permitiendo así que se aprobara; aunque con la muletilla de que “no es vinculante”. Por otra parte ha negociado en Quatar y Arabia Saudí un plan para la liberación de prisioneros por parte de Hamas, que ha sido aprobado en el Consejo de Seguridad de la ONU en Junio. Netanyahu ya ha desoído previamente otros llamamientos al alto el fuego, lo que ha provocado en abril la dimisión de Benny Gantz del gabinete de guerra, forzando de hecho su disolución, y su llamamiento a elecciones anticipadas en septiembre.
Frente a las iniciativas de EEUU para tratar de contener las aspiraciones imperialistas independientes de Israel y someterlo a su disciplina de líder mundial, el gobierno sionista abre nuevos frentes de guerra mediante provocaciones como el ataque al consulado de Irán en Damasco que causó la muerte de siete comandantes de la Guardia revolucionaria de Irán, los ataques a Hezbolá en el Sur del Líbano, o recientemente el ataque a Yemen, tratando de forzar el apoyo de Washington a su rol de gendarme de la región; pero al precio de incendiar la región desencadenando una guerra con Irán. De hecho por primera vez el régimen de los Mulás ha lanzado en abril un ataque directo contra Israel.
El gobierno Netanyahu igualmente trata de ganar tiempo esperando la victoria de Trump en las próximas elecciones en EE.UU., quien ha anunciado su apoyo sin fisuras a una guerra de Israel contra Irán. Para el propio Netanyahu, más allá de las pugnas de intereses imperialistas con EE.UU., la continuación de la guerra es además una cuestión personal, de salvar el pellejo frente a las amenazas de ser juzgado por corrupción y a las protestas de la población en su contra.
La víctima de estas maniobras imperialistas es la población de toda la región, exterminada bajo el fuego de la pugna entre bandos imperialistas, en Gaza entre Israel y Hamas, en Yemen entre Irán y Arabia Saudí (y ahora Israel), en Líbano entre Hezbolá e Israel.
El caos imperialista mundial se concreta en África por la intensificación de los conflictos imperialistas , que significa decenas de miles de muertos, millones de refugiados y hambrunas sin precedentes. Los conflictos implican a 31 países y 295 enfrentamientos entre milicias y guerrillas[19] y Washington y las potencias occidentales tienen cada vez más difícil contrarrestar la creciente influencia económica y militar de China y Rusia en el continente. El ejemplo más paradigmático es la pérdida de posiciones de Francia.
África es fundamental para la economía china desde el punto de vista de aprovisionamiento de materias primas básicas para el desarrollo tecnológico y de petróleo; pero más importante aún, a través del proyecto de la Ruta de la Seda, China ha reforzado su presencia militar y geoestratégica en el Norte y el cuerno de África, a pesar de que por el momento únicamente cuenta con una base militar en Yibuti.
Respecto a Rusia, sus tropas mercenarias (Wagner) han participado en los golpes de Mali, Burkina Faso, Niger y recientemente en el conflicto entre el Congo y Rwanda.
Pero el centro de las tensiones imperialistas actualmente es la región del cuerno de África, directamente vinculada al conflicto de Oriente Medio y donde se juega el control del Mar Rojo, por donde trascurre aproximadamente el 15% del comercio mundial. Irán trata de controlar la región a través de los Hutíes, China por su presencia en Yibuti y Rusia por medio de su intervención en Sudán. Precisamente la hambruna en este país (el 3º de África), donde 25 millones de personas (el 15% de la población) precisa asistencia humanitaria y se ha producido un éxodo de más de 7 millones de personas, es una confirmación del efecto torbellino de interacción de la guerra, la crisis y el desastre ecológico.
En EE.UU., las divisiones de la burguesía proporcionan al mismo tiempo un falso terreno de reflexión y oposición a la guerra para los obreros. Trump se presenta como el partisano de la población trabajadora que no quiere inmiscuirse en guerras que no le conciernen y donde mueren sus hijos, en un extraño terreno en que el rechazo a la guerra se mezcla con la defensa de la patria (EEUU), los sacrificios económicos para reconstruir la economía y el rechazo de la inmigración y la xenofobia. Biden y los Demócratas por su parte, se presentan como los defensores de la Paz y la “Solidaridad Internacional” cuando su gobierno es responsable en primer plano del caos actual.
Esa falsa opción conduce al proletariado en EE.UU. al terreno burgués del racismo/antiracismo, los enfrentamientos populistas/antipopulistas y la defensa de la democracia, como lo vimos en el Black Live Matters o en las movilizaciones pro y contra en torno al asalto al Capitolio.
Solo en el terreno de la lucha por sus condiciones de vida, por sus reivindicaciones, como en la huelga de los Big Three (automoción), o las luchas de la educación y la sanidad en California, el proletariado es capaz de luchar al margen de las falsas alternativas que le plantea la burguesía.
Igualmente en Oriente Medio, la guerra impide que pueda expresarse una lucha proletaria internacionalista contra ambos bandos, desviando la solidaridad con las víctimas al terreno del apoyo al bando palestino e iraní.
En cuanto al proletariado de Europa, en la región del conflicto Rusia/Ucrania, no cabe esperar una respuesta masiva del proletariado en su terreno. Incluso en Rusia, aunque la continuación de la guerra significa una mayor implicación de los batallones centrales de esta parte del proletariado. En el futuro, el agravamiento de la crisis económica y financiera creará, más en Rusia que en Ucrania, las condiciones de una movilización del proletariado para defender sus condiciones de vida.
La lucha de los trabajadores en Gran Bretaña con la consigna de “enough is enough” y su continuidad en Otras partes como EEUU o Francia, muestra que el proletariado no está dispuesto a sacrificarse por la guerra, estimulando una reflexión que relaciona crisis y guerra y que concierne al futuro que el capitalismo nos tiene reservado.
El impacto de la guerra en Oriente Medio es, sin embargo, un obstáculo momentáneo para el desarrollo de la lucha de clases. Favorece los planteamientos de elegir uno de los campos imperialistas, tomando partido por la guerra, lo que el proletariado debe rechazar y combatir con la mayor energía.
H.R. (23 julio 2024)
[1]Ver artículos anteriores: La guerra de Ucrania, un paso de gigante hacia la barbarie y el caos generalizado; Significación e impacto de la guerra en Ucrania
[2] En los inicios de la guerra, en marzo de 2022, el ministro de finanzas francés, Bruno Le Maire, había resumido así las declaraciones en ese sentido de Biden y Von der Lyden: «vamos a provocar el hundimiento económico de Rusia»
[3] «The case of Conservative Internationalism» by Kori Schake, miembro del Consejo de Seguridad y del Departamento de Estado con Bush hijo, Catedrático y Director de los estudios de política exterior y Defensa del American Enterprise Institut, Foreign Affairs January/February 2024
[4] «Putin’s Unsustainable Spending Spree», by Alexandra Prokopenko (exasesora del Banco central ruso hasta 2020, actualmente trabaja en el think tank Carnegie Russia Eurasia Centre) ,Foreign Affairs January 8, 2024
[5]«Rusia ocupa casi el último lugar en el mundo en la escala y velocidad de automatización de la producción: su robotización es sólo una fracción microscópica de la media mundial» «The five Futures of Russia», by Stephen Kotkin, (Kleinheinz Senior Fellow at the Hoover Institution at Stanford University), in Foreign Affairs May/Juin 2024
[6] Desde principios del s. XXI hasta hoy hay una pérdida demográfica de la población en edad de trabajar de más de 10 millones y la población entre 20 y 40 años (considerada la franja más productiva en términos de fuerza de trabajo), continuará disminuyendo la próxima década
[7] «los límites de la disminución de la fuerza de trabajo en el país son cada vez más evidentes incluso en ese sector de alta prioridad –la producción de guerra NdR- que cuenta con unos cinco millones de trabajadores cualificados menos de los que necesita», «The five futures of Russia»
[8] «If he (Trump) wins», Time vol 203, nºs 17-18
[9] «Biden is growing bolder on Ukraine», by Ian Bremmer, in Time vol. 203, nºs 21-22, 2024
[10] «La OTAN prevee, según su portavoz y secretario general, Jens Stoltenberg, desbloquear 10.000 millones de euros en 5 años… “Los ministros han discutido sobre el mejor medio de organizar el apoyo de la OTAN a Ucrania para que sea más fuerte y duradero” ha declarado un alto responsable de la Alianza» (Les pays occidentaux envisagent de débloquer 100 milliards d’euros pour soutenir le régime de Kiev; en Diplomatie International nº 5)
[11] Le Secrétaire d’Etat Antony Blinken s’active sur tous les fronts et multiplie les initiatives, Karin Leiffer en Diplomatie International nº5
[12] «La négociation qui aurait pu mettre fin au conflit en Ukraine», versión abreviada de un artículo de Foreign Affairs de Abril 2024, de Samuel Charap (politólogo) y Sergueï RadchenKo (Prof. De Historia de la Universidad Johns-Hopkins), en Le Monde Diplomatique Julio 2024
[13] «Iran’s Order of Chaos», by Suzanne Maloney (Vicepresidenta de Brookings Institution y Directora de su programa de política exterior, en Foreign Affairs May/Juin 2024
[14] Milicias peones de Irán, como Hebollah, los Huties o la propia Hamas
[15] Ver nota 13
[16] Idem
[17] The war that remade the Middle East, by María Fatappie (responsable del Programa para el Mediterraneo, Oriente Medio y Äfrica del Istituto Affari Internazionali de Roma, and Vali Nasr Profesor Majid Khadduri de Asuntos Internacionales y de Oriente Medio de la Escuela de Estudios Internacionales de la John Hopkins University; fue asesor principal del Representante especial de EEUU para Afganistán y Pakistán de 2009 a 2011; en Foreign Affairs Enero/Febrero 2024
[18] Según Zhang Hongming, director adjunto del Instituto de Estudios de Asia occidental y África de la Academia China de ciencias sociales, África es «el eslabón débil del diseño estratégico global de EEUU»
Desde el 7 de octubre de 2023, Medio Oriente se ha vuelto a enfangar en una escalada de violencia bárbara que desafía los límites de toda comprensión. Después de la incursión de cientos de terroristas de Hamás que masacraron y secuestraron a tantas personas como pudieron en territorio israelí y el lanzamiento sincronizado de miles de misiles disparados desde Gaza, la respuesta del ejército israelí fue devastadora, con un bombardeo sistemático y la destrucción de centros de población civil, decenas de miles de muertos, especialmente mujeres y niños, forzando a un nuevo desplazamiento de toda la población de la Franja de Gaza, con familias enteras obligadas a dormir en las calles. La población palestina está siendo rehén, tanto de Hamás como del ejército israelí. Los Estados árabes circundantes (Egipto, Jordania) hacen todo lo posible para evitar que los palestinos, en su huida, lleguen hasta sus propios territorios. Desde Hezbolá en el norte, hasta los hutíes en el Mar Rojo, una extensión progresiva de la guerra, amenaza a toda la región.
Ante toda esta carnicería, la indignación y la ira no son suficientes. Sobre todo, es necesario analizar y comprender el contexto histórico que llevó a estas masacres. Detrás de las reivindicaciones de los demócratas pro sionistas del “sagrado derecho de los judíos a fundar y defender su Estado” o de las consignas de la izquierda pro palestina que abogan por una “Palestina libre, desde el río hasta el mar”[1], se esconde una movilización de la población de la región, y en particular de la clase obrera, con vistas a un aumento de las carnicerías en beneficio de las siniestras maniobras y enfrentamientos imperialistas que han durado ya más de un siglo: “El panorama geopolítico del Medio Oriente contemporáneo es incomprensible si no se conocen los últimos cien años de maniobras imperialistas” (W. Auerbach, 2018).
De hecho, con la entrada en la decadencia del capitalismo, puesta de manifiesto por el estallido de la Primera Guerra Mundial, la formación de nuevos Estados-nación perdió toda función progresista y sólo sirve para justificar la brutal limpieza étnica, el éxodo masivo de poblaciones y la discriminación sistemática de las minorías. Baste recordar cómo prácticamente simultáneamente con la formación del Estado sionista a finales de los años cuarenta –y también como consecuencia del doble juego del imperialismo británico– se produjo un éxodo masivo forzado de musulmanes de la India e hindúes de Pakistán, provocado por horribles pogromos en ambos bandos. Y más recientemente, la desintegración de Yugoslavia ha llevado a sangrientas guerras civiles y masacres de la población. Así, el conflicto palestino-israelí con sus matanzas y refugiados, si bien tiene aspectos específicos, no es un mal de carácter excepcional, sino un producto clásico de la decadencia del capitalismo. En este marco, la posición internacionalista, defendida por la Izquierda Comunista, rechaza todo apoyo a cualquier Estado o proto-Estado capitalista y a las fuerzas imperialistas que los apoyan. Hoy en día, la destrucción de todos los Estados capitalistas está a la orden del día por un solo medio: la revolución proletaria internacional. Cualquier otro objetivo “estratégico” o “táctico” es un apoyo a la lógica asesina de la guerra imperialista.
La historia de la confrontación entre las burguesías judía y árabe en Palestina ilustra cómo los movimientos “nacionales”, tanto el de los judíos como el de los árabes, aunque engendrados por la terrible experiencia de la opresión y la persecución, están inextricablemente entrelazados con la confrontación de imperialismos rivales. Ilustra también cómo ambos movimientos han sido utilizados para eclipsar los intereses de clase comunes de los proletarios árabes y judíos. llevándolos a matarse unos a otros por los intereses de sus explotadores.
Desde finales del siglo XIX y principios del XX, una vez que el globo terráqueo se dividió entre las principales potencias europeas, la naturaleza de los conflictos imperialistas adquirió un carácter cualitativamente nuevo con un enfrentamiento cada vez más abierto y violento entre estas potencias en diferentes partes del mundo: entre Francia e Italia en el norte de África, entre Francia e Inglaterra en Egipto y Sudán, entre Inglaterra y Rusia en Asia Central, entre Rusia y Japón en el Lejano Oriente, entre Japón e Inglaterra en China, entre Estados Unidos y Japón en el Pacífico, entre Alemania y Francia sobre el tema de Marruecos, etcétera. A partir de ese momento, varias potencias, como Alemania, Rusia e Inglaterra, le habían echado el ojo a partes del Imperio Otomano en declive.[2]
El colapso del Imperio Otomano después de la Primera Guerra Mundial no ofreció de ningún modo una oportunidad para la creación de una gran nación industrial, ni en los Balcanes ni en el Medio Oriente, una nación que hubiera podido competir en el mercado mundial. Por el contrario, la presión de la confrontación entre imperialismos llevó a su fragmentación y al surgimiento de estados embrionarios. Del mismo modo que los mini estados de los Balcanes han sido objeto de maquinaciones entre imperialismos hasta el día de hoy, la parte asiática de las ruinas del Imperio Otomano, el Medio Oriente, ha sido y sigue siendo el escenario de conflictos imperialistas permanentes. Ya durante la Primera Guerra Mundial, aprovechando la derrota de Alemania y el alejamiento de Rusia de la escena imperialista (enfrentada al movimiento revolucionario), Francia y Gran Bretaña se repartieron la supervisión de los territorios árabes “abandonados” (acuerdo Sykes-Picot de 1916). Como resultado, en abril de 1920 Inglaterra recibió un “mandato” de la Sociedad de Naciones sobre Palestina, Transjordania, Irán e Irak, mientras que Francia recibió uno sobre Siria y Líbano. Prácticamente todos los conflictos étnico-religiosos persistentes de los que oímos hablar hoy en día en la región –entre judíos y árabes en Israel/Palestina, suníes y chiítas en Yemen, Irak, cristianos y musulmanes en el Líbano, cristianos, suníes y chiítas en Siria, kurdos en el Kurdistán turco, iraní, iraquí y sirio– se remontan a la forma en que se dividió Medio Oriente en torno a 1920. En lo que respecta a Palestina, mientras existió el Imperio Otomano, siempre se le consideró parte de Siria. Pero llegado ese momento, con el Mandato Británico sobre Palestina, las potencias imperialistas estaban creando una nueva “entidad” separada de Siria. Como todas esas nuevas “entidades” creadas durante la decadencia del capitalismo, estaba destinada a convertirse en un teatro permanente de conflicto e intriga entre las potencias imperialistas.
En ninguno de los países o protectorados árabes la burguesía local tenía realmente los medios para instalar estados económica y políticamente sólidos, liberados de las garras de las potencias “protectoras”. La demanda de “liberación nacional” no era en realidad más que una demanda reaccionaria. Mientras que Marx y Engels en el siglo XIX tuvieron razón al apoyar ciertos movimientos nacionales, con la única condición de que la formación de Estados-nación pudiera acelerar el crecimiento de la clase obrera y fortalecerla, para que pudiera actuar como sepulturera del capitalismo, la nueva realidad económica e imperialista en el Medio Oriente mostró que ya no había espacio para la formación de una nueva nación árabe o palestina. Como en todas partes del mundo, una vez que el capitalismo entró en su fase de decadencia, ninguna fracción nacional del capital podía desempeñar ya un papel progresista, confirmando así el análisis realizado por Rosa Luxemburgo durante la Primera Guerra Mundial: “El Estado nacional, la unidad y la independencia nacional, fueron las banderas ideológicas bajo las cuales se constituyeron los grandes Estados burgueses del corazón de Europa en el siglo pasado. […] Antes de extender su red a todo el globo, la economía capitalista buscaba crear un solo territorio unificado dentro de los límites nacionales de un estado. Hoy en día, (el ideal nacional) sólo sirve para enmascarar las aspiraciones imperialistas, a menos que se utilice directamente como grito de guerra en los conflictos imperialistas, se trata del único y definitivo medio ideológico para captar la atención de las masas populares y hacerlas desempeñar el papel de carne de cañón en las guerras imperialistas” (Folleto de Junius).
Durante la Primera Guerra Mundial, las dos potencias Mandatarias habían hecho promesas a los pueblos subyugados que entonces estaban bajo el control del Sultán de Estambul. Gran Bretaña, en particular, había alentado esperanzas de independencia para los árabes, incluso en cuanto a la formación de una gran nación árabe (véase la correspondencia McMahon-Hussein de 1915-1916), y había tenido éxito en fomentar una revuelta de las tribus árabes contra los otomanos (codirigida por T.E. Lawrence, “Lawrence de Arabia”). Pero, por otro lado, para Inglaterra, Palestina representaba una posición estratégica entre el Canal de Suez y la futura Mesopotamia británica, vital para defender su imperio colonial, codiciado por otras potencias. Desde esta perspectiva, la potencia británica no veía con malos ojos que la colonización “importada” de Europa constituyera una especie de fuerza controladora en la región, siguiendo el ejemplo de los bóeres en Sudáfrica o los protestantes en Irlanda. De ahí la Declaración Balfour de 1917, que expresaba el compromiso del gobierno británico con “el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío”. De hecho, una legión judía, el Cuerpo de Mulás de Sión, luchó en el ejército británico durante la Primera Guerra Mundial en Medio Oriente. En resumen, la “pérfida Albión” jugaba en ambos bandos.
Al final de la guerra, la situación de la clase dominante palestina era muy precaria. Separada de sus lazos históricos con Siria, era aún más débil que las burguesías árabes de otras regiones. Al no tener una base industrial significativa ni un capital financiero, debido a su atraso económico, sólo podía contar con una movilización político-militar para defender sus intereses. Ya en 1919, en un primer congreso nacional palestino en Jerusalén, los nacionalistas palestinos pidieron la inclusión de Palestina como país “parte integral... del gobierno árabe independiente de Siria dentro de una Unión Árabe, libre de toda influencia o protección extranjera”[3]. Palestina fue concebida como parte de un Estado sirio independiente, gobernado por Faisal, quien fue nombrado por el Consejo Nacional Sirio en marzo de 1920 como el rey constitucional de Siria-Palestina: “Consideramos que Palestina es parte de la Siria árabe y nunca ha estado separada de ella en ningún momento. Estamos unidos a ella por fronteras nacionales, religiosas, lingüísticas, morales, económicas y geográficas”.[4] Ya en 1919 se organizaron manifestaciones en toda Palestina y en abril de 1920, los disturbios dejaron una docena de muertos y casi 250 heridos en Jerusalén. Sin embargo, el movimiento nacionalista fue rápidamente reprimido por el ejército británico en Palestina, mientras que las fuerzas francesas aplastaron a las fuerzas del Reino Árabe de Siria en julio de 1920, sin dudar en utilizar su fuerza aérea para bombardear a los nacionalistas. Ya en Egipto, en marzo de 1918, las manifestaciones de los nacionalistas egipcios, pero también de los obreros y campesinos que exigían reformas sociales, fueron reprimidas tanto por el ejército británico como por el egipcio, matando a más de 3,000 manifestantes. En 1920, Gran Bretaña aplastó sangrientamente un movimiento de protesta en Mosul, Irak.
Al mismo tiempo, la clase dominante palestina, despreciada por sus homólogos sirios, egipcios y libaneses y que proclamaba su autonomía en un mundo en el que ya no había lugar para un nuevo Estado-nación, se enfrentó a un nuevo “rival” desde el exterior. Como resultado del apoyo de Gran Bretaña al establecimiento de una patria judía en Palestina, el número de inmigrantes judíos aumentó drásticamente, y al principio Gran Bretaña utilizó a los nacionalistas judíos tanto contra su principal rival, Francia, como contra los nacionalistas árabes. Por lo tanto, llevó a los sionistas a proclamar a la Sociedad de Naciones que no querían ni la protección francesa (como parte de la “Gran Siria”) ni la protección internacional en Palestina, sino la protección británica. En la propia Palestina, la financiación de la burguesía judía europea y estadounidense permitió una rápida expansión de los asentamientos, lo que llevó a enfrentamientos cada vez más violentos con las poblaciones palestinas originales de la zona. En 1922, al comienzo del Mandato Británico sobre Palestina, 85,000 habitantes eran judíos de un total de 650,000 habitantes en Palestina, es decir el 12% de la población, en comparación con 560,000 musulmanes o cristianos. Como resultado de la inmigración masiva ligada al creciente antisemitismo en Europa Central y Rusia, como consecuencia de la derrota de la oleada revolucionaria mundial en estas regiones, la población judía se había más que duplicado en 1931 (175,000). Creció en casi 250,000 habitantes entre 1931 y 1936, de modo que ya representaba el 30% de la población en 1939.
El considerable aumento de la inmigración judía a Palestina y la proliferación de asentamientos que compraban tierras árabes y barrios judíos en las ciudades fueron aprovechados por ambos nacionalismos para aumentar las tensiones y empujar a los enfrentamientos entre comunidades. Los campesinos y obreros palestinos, así como los obreros judíos, se enfrentan a la falsa alternativa de tomar partido por una u otra facción de la burguesía (palestina o judía). Esto ya se puso claramente de manifiesto en 1931 en la revista “Bilan”, el órgano de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista: “La expropiación de la tierra, a precios ridículamente bajos, sumió a los proletarios árabes en la miseria más oscura y los empujó a los brazos de los nacionalistas árabes, de los grandes terratenientes y de la burguesía naciente. Es evidente que esta última se está aprovechando de esto para ampliar sus objetivos de explotación de las masas y dirigir el descontento de los fellahs y proletarios contra los trabajadores judíos de la misma manera que los capitalistas sionistas dirigieron el descontento de los trabajadores judíos contra los árabes. De este contraste entre los explotados judíos y árabes, el imperialismo británico y las clases dominantes árabes y judías sólo pueden salir fortalecidos”.[5] De hecho, esta falsa alternativa significaba el alistamiento de los obreros en el terreno de los enfrentamientos armados intercomunitarios únicamente en interés de la burguesía. A lo largo de las décadas de 1920 y 1930, estallaron disturbios antijudíos en toda Palestina, causando muchos muertos y heridos: en 1921 en Jaffa; luego durante las “masacres de 1929” en Jerusalén, Hebrón y Safed, con saqueos e incendios de aldeas judías aisladas, a menudo completamente destruidas, y ataques de represalia contra barrios árabes, que resultaron en la muerte de 133 judíos y 116 árabes.
Después de estos disturbios, los británicos jugaron la carta de la pacificación hacia los árabes a principios de la década de 1930, reduciendo las fuerzas de autodefensa judías, pero las persistentes tensiones y provocaciones entre las comunidades llevaron a una gran revuelta de los nacionalistas palestinos contra las fuerzas británicas y las comunidades judías a finales de 1936, que duró más de tres años (hasta el final del invierno de 1939). Ante este estallido de la revuelta árabe, las autoridades de la comunidad judía impusieron inicialmente una política de no represalia y contención a la Haganá, la milicia judía de autodefensa, para evitar un estallido de violencia. Pero dentro de estas fuerzas de autodefensa, maduran los llamados a las represalias tras los crecientes ataques árabes. Como resultado, el Irgún, organización armada vinculada a la derecha sionista, el “partido revisionista” de V. Jabotinsky, decidió embarcarse en ataques de represalia indiscriminados contra los árabes, que finalmente se convirtieron en una campaña de terror que causaría cientos de muertes entre la población árabe. La revuelta árabe también llevó a los británicos a reforzar las fuerzas paramilitares sionistas (desarrollo de una fuerza policial judía y unidades especiales judías: los “Escuadrones Nocturnos Especiales” de la Haganá y el Comando Fosh).
En 1939, el Irgún se dividió en dos grupos y su franja más radical fundó el Lehi (también conocido como el “Grupo Stern” o la “Banda Stern”), que lanzó una ola de ataques que también tuvo como objetivo a los británicos. Por su parte, a partir de la década de 1930, los insurgentes árabes utilizaron métodos de guerrilla en las zonas rurales y, en las zonas urbanas, métodos terroristas, como bombardeos y asesinatos. Grupos, a menudo de tipo yihadista, destruyeron líneas telefónicas y telegráficas, y luego sabotearon el oleoducto Kirkuk-Haifa, asesinando a soldados, miembros de la administración británica y judíos. Los británicos reaccionaron violentamente, especialmente frente a los actos de terrorismo árabes, y emprendieron acciones antiterroristas, como la destrucción total de aldeas o barrios árabes (como en Jaffa en agosto de 1936).
Al final, la revuelta árabe fue un fracaso militar y condujo al desmantelamiento de las fuerzas paramilitares árabes y al arresto o exilio de sus líderes (incluido el Gran Muftí de Jerusalén Amin al-Husseini). Más de 5,000 árabes, 300 judíos y 262 británicos murieron en los enfrentamientos. La revuelta también desembocó en enfrentamientos internos entre facciones de la burguesía palestina, con Amin al-Husseini atacando a las facciones más moderadas -consideradas “traidoras” porque no eran lo suficientemente nacionalistas para el gusto de los rebeldes y porque vendían tierras a los judíos-, y asesinando a los policías árabes que permanecían leales a los británicos. Estas acciones, a su vez, abrieron un ciclo de venganza, que condujo a la creación de milicias antiterroristas en las aldeas árabes y, a su vez, provocó al menos mil muertes. A principios de 1939, un clima de terror generalizado entre los diferentes clanes reinaba entre la población árabe y continuaría después del final de la revuelta.
Sin embargo, aunque derrotados militarmente, los árabes palestinos obtuvieron importantes concesiones políticas por parte de los británicos (“Libro Blanco” de 1939), que temían que estos recibieran el apoyo de los alemanes. Inglaterra impuso un límite a la inmigración judía y a la transferencia de tierras árabes a los judíos, y prometió la creación de un estado unitario en un plazo de diez años, en el que judíos y árabes compartirían el gobierno. Esta propuesta fue rechazada por la comunidad judía y sus fuerzas paramilitares, que a su vez lanzaron una revuelta general, temporalmente congelada por el estallido de la 2ª Guerra Mundial.
Demasiado débiles para actuar autónomamente y fundar su propio Estado-nación, la burguesía sionista judía, así como la burguesía árabe palestina, tuvieron que buscar el apoyo de los grandes patrocinadores imperialistas, que, con su injerencia, no han hecho más que avivar las llamas de la confrontación.
Las facciones gobernantes palestinas, enfrentadas al aplastamiento británico (y francés) del movimiento nacionalista en favor de una Gran Siria y a la afluencia de colonos judíos de Europa, solo podían recurrir a otras potencias imperialistas para buscar apoyo contra su rival sionista. Así, el muftí de Jerusalén primero buscó el apoyo de la Italia de Mussolini y luego se volvió en la década de 1930 hacia la Alemania nazi, el gran rival de Gran Bretaña. Ya en marzo de 1933, los funcionarios alemanes en Turquía informaron a las autoridades nazis del apoyo del muftí a su “política judía”. Tras el fracaso de la revuelta árabe de 1936-1939 y la ruptura de la burguesía árabe con los más moderados, los líderes nacionalistas más radicales, incluido el Gran Muftí de Jerusalén, se exiliaron y eligieron el bando de la Alemania nazi en vísperas del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Tras su participación en la revuelta iraquí en 1941, fomentada por los alemanes contra los británicos, el muftí acabó refugiándose en Italia y en la Alemania nazi con la esperanza de obtener la independencia de los estados árabes.
En el caso de las facciones gobernantes judías, la situación era más compleja, en la medida en que aparecerían diferencias de política entre las facciones de izquierda y centro, por un lado, y la derecha “revisionista”, por el otro. La Organización Sionista Mundial, dominada por la izquierda en alianza con los centristas, optó por mantener relaciones bastante buenas con los británicos (al menos hasta 1939) y respaldar oficialmente el objetivo de un “Hogar Nacional Judío” sin pronunciarse sobre la cuestión de la independencia o bien la autonomía bajo el mandato británico.[6] La derecha irredentista, representada por el Partido Revisionista y el Irgún, por su parte, exigió inmediatamente la independencia y, por lo tanto, se distanció de los británicos.
En esta lógica, el carismático líder de la derecha ultranacionalista, Vladímir Jabotinski, tuvo, en la segunda mitad de la década de 1930, relaciones cordiales con regímenes dictatoriales o incluso antisemitas, como el polaco o el italiano fascista, para presionar a los británicos. Así, en 1936, el gobierno polaco lanzó una campaña antijudía a gran escala e impulsó la emigración judía. Cuando indicó oficialmente en 1938 que quería “una reducción sustancial del número de judíos en Polonia”[7], Vladimir Jabotinsky decidió entonces comprometer al Partido Revisionista en el apoyo al gobierno autoritario polaco, que no ocultaba su virulento antisemitismo. Su objetivo era tratar de convencer a este último de que canalizara a los judíos expulsados de Polonia a Palestina. Además, la colaboración de los revisionistas con Polonia también tenía un componente militar: se entregaban armas y dinero al Irgún, y los oficiales del Irgún recibían entrenamiento militar y de sabotaje en Polonia. La facción revisionista también tenía un ala abiertamente fascista, encarnada primero en el grupo Birionim (un grupo sionista fascista fundado en 1931 por radicales del partido revisionista) que simpatizaba abiertamente con Mussolini, y después de la destitución de este último en 1943, continuó existiendo a través de ciertos militantes, como Avraham Stern, un líder del Irgún en la segunda mitad de los años treinta y fundador del Lehi, que simpatizaba con los regímenes fascistas europeos y entró en contacto con la Alemania nazi. Para esta ala fascista del revisionismo, Alemania era indudablemente un “adversario”, sin embargo, ¡el ocupante británico era el verdadero “enemigo” que impedía el establecimiento de un Estado judío!
La lógica implacable del imperialismo en el capitalismo decadente estaba destinada a impulsar a las diversas fracciones burguesas de Palestina a buscar el apoyo de las potencias extranjeras y esto no podía más que promover una multiplicación de las intrigas imperialistas. Así, el movimiento sionista se convirtió en un proyecto realista sólo después de recibir el apoyo maquiavélico del imperialismo británico, que esperaba obtener un mayor control sobre la región. Pero Gran Bretaña, al tiempo que apoyaba el proyecto sionista, también estaba jugando un doble juego: debía de tener en cuenta el gran componente árabe-musulmán de su imperio colonial y, por lo tanto, había hecho todo tipo de promesas a la población árabe de Palestina y del resto de la región. En cuanto al movimiento de “liberación árabe”, si bien se oponía al apoyo dado por Gran Bretaña al sionismo, no era en modo alguno antiimperialista, ni lo eran las facciones sionistas que estaban dispuestas a atacar a Gran Bretaña, ya que todas buscaban el apoyo de otras potencias imperialistas, como el triunfante imperialismo estadounidense, la Italia fascista o la Alemania nazi.
En un capitalismo históricamente en decadencia y dominado por la barbarie creciente de los asesinos enfrentamientos imperialistas, la única perspectiva que podían defender los revolucionarios era la que ya había defendido Bilan en 1930-1931: “Para el verdadero revolucionario, por supuesto, no existe la cuestión “palestina”, sino sólo la lucha de todos los explotados en el Medio Oriente, incluidos los árabes y los judíos, lucha que es parte de la lucha más general de todos los explotados en todo el mundo por la revolución comunista”[8]. Para los proletarios árabes y judíos de Palestina, atrapados en las redes de la “liberación de la nación”, las décadas de 1920 y 1930 fueron años siniestros de terror, masacres y miedo permanente bajo los disturbios, ataques, represalias y contra represalias de bandas de bárbaros y terroristas “nacionalistas” de ambos bandos.
Las organizaciones sionistas habían rechazado categóricamente las orientaciones del nuevo plan británico (“Libro Blanco” de 1939), que implicaba una limitación de la inmigración judía y la transferencia de tierras árabes a los judíos, así como la creación de un Estado unitario en un plazo de diez años. Esta oposición llevó a un enfrentamiento frontal con el poder Mandatario después de la Segunda Guerra Mundial. Los británicos establecieron un bloqueo naval de los puertos de Palestina, para impedir que nuevos inmigrantes judíos entraran en el Mandato Palestino, con la esperanza de apaciguar de este modo a la burguesía árabe palestina. Por su parte, los sionistas utilizaron la simpatía y la compasión del mundo por el destino de los miles de refugiados que habían escapado de los campos de concentración nazis para presionar a los británicos y forzar las puertas de Palestina para todos los inmigrantes.
Sin embargo, en 1945, la relación de fuerzas imperialistas había cambiado: Estados Unidos había consolidado sus posiciones a expensas de una Inglaterra que, desangrada por la guerra y al borde de la bancarrota, se había convertido en deudora de los estadounidenses. Así, a partir de 1942, las organizaciones sionistas se dirigieron a Estados Unidos en busca de apoyo para su proyecto de crear una patria judía en Palestina. En noviembre, el Consejo Judío de Emergencia, reunido en Nueva York, rechazó el Libro Blanco británico de 1936 y formuló como su principal demanda la transformación de Palestina en un estado sionista independiente, lo que era directamente contrario a los intereses de Inglaterra. Los principales beneficiarios de la caída del Imperio Otomano después de la Primera Guerra Mundial, Francia y Gran Bretaña, se encontraron ahora flanqueados por el imperialismo estadounidense y soviético, ambos con el objetivo de reducir la influencia colonial de los anteriores peces gordos. Así, la URSS ofreció su apoyo a cualquier movimiento inclinado a debilitar el dominio británico y, como resultado, suministró armas a las guerrillas sionistas a través de Checoslovaquia. Estados Unidos, el principal vencedor de la Segunda Guerra Mundial, también estaba trabajando para reducir la influencia de los países “Mandatarios” en el Medio Oriente y dio armas y dinero a los sionistas mientras estos luchaban contra su aliado de guerra británico.
Tan pronto como se votó en la ONU un plan para la partición de Palestina a finales de noviembre de 1947, se intensificaron los enfrentamientos entre las organizaciones sionistas judías y las árabes-palestinas, mientras que los británicos, que se suponía que debían garantizar la seguridad, organizaron unilateralmente su retirada e intervinieron solo ocasionalmente. En todas las zonas mixtas donde vivían las dos comunidades, en particular en Jerusalén y Haifa, los ataques, las represalias y las contra represalias fueron cada vez más violentas. Tiroteos ocasionales evolucionaron a batallas campales; los ataques contra el tráfico se convierten en emboscadas. Se producen ataques cada vez más sangrientos, que a su vez son respondidos con disturbios, represalias y otros ataques.
Las organizaciones armadas judías lanzaron una nueva campaña intensiva de bombardeos particularmente mortíferos contra los británicos y también contra los árabes. La sucesión de ataques en ambos bandos fue espantosa, el 12 de diciembre de 1947, el Irgún detonó un coche bomba en Jerusalén, causando la muerte de 20 personas. El 4 de enero de 1948, el Lehi hizo estallar un camión frente al Ayuntamiento de Jaffa que albergaba el cuartel general de una milicia paramilitar árabe, matando a 15 personas e hiriendo a 80, 20 de ellas de gravedad. El 18 de febrero, una bomba del Irgún explotó en el mercado de Ramalah, matando a 7 personas e hiriendo a 45. El 22 de febrero, en Jerusalén, los hombres de Amin al-Husseini perpetraron un triple atentado con coche bomba con la ayuda de desertores británicos, contra las oficinas del periódico The Palestine Post, el mercado callejero Ben Yehuda y el patio trasero de las oficinas de la Agencia Judía, matando a 22, 53 y 13 judíos, respectivamente, e hiriendo a cientos. Por último, la matanza de aldeanos en Deir Yassin el 9 de abril, cometida por el Irgún y el Lehi, dejó entre 100 y 120 muertos. El punto culminante de esta campaña tuvo lugar el 17 de septiembre de 1948, en Jerusalén, cuando un comando del Lehi asesinó al conde Folke Bernadotte, mediador de las Naciones Unidas por Palestina, así como al jefe de los observadores militares de la ONU, el coronel francés Sérot. En los dos meses de diciembre de 1947 y enero de 1948, hubo casi mil muertos y dos mil heridos. A finales de marzo, un informe dio la cifra de más de dos mil muertos y cuatro mil heridos.
A partir de enero, bajo la mirada indiferente de los británicos, la guerra civil entre las comunidades derivó en operaciones que tomaron un cariz cada vez más militar. Las milicias armadas árabes entraron en Palestina para apoyar a las milicias palestinas y atacar asentamientos y aldeas judías. Por su parte, la Haganá montó cada vez más operaciones ofensivas destinadas a desarrollar las zonas judías expulsando a las milicias árabes, destruyendo aldeas árabes, masacrando a sus habitantes y provocando la huida de cientos de miles de personas (en total, durante este período y durante la guerra árabe-israelí que siguió a la declaración de la fundación del Estado de Israel, casi 750.000 árabes-palestinos huyeron de sus aldeas). Los países árabes se preparaban entonces para entrar en Palestina para, supuestamente, “defender a sus hermanos palestinos”.
El 15 de mayo de 1948 terminó el Mandato Británico sobre Palestina y el mismo día se proclamó el Estado de Israel en Tel Aviv. Menos de 24 horas después, Egipto, Siria, Jordania e Irak lanzaron una invasión. La guerra, que duró hasta marzo de 1949, costó la vida a más de 6,000 soldados y civiles judíos, 10,000 soldados árabes-palestinos y unos 5,000 soldados de los diversos contingentes militares árabes.
Si bien la burguesía palestina no había sido capaz de crear su propio Estado, en el momento de la desaparición del Imperio Otomano al final de la Primera Guerra Mundial, la proclamación del Estado de Israel por parte de los sionistas implicaba necesariamente que este nuevo Estado sólo podía sobrevivir transformando su economía en una máquina de guerra permanente, estrangulando a sus vecinos, aterrorizando y desplazando a la mayoría de la población palestina y, sobre todo, buscando el apoyo imperialista. Frente a la antigua potencia “protectora”, Gran Bretaña, que inicialmente se opuso a la formación de un Estado israelí para no dañar su posición frente al mundo árabe, el nuevo Estado pudo apoyarse en Estados Unidos, que apoyó inmediatamente la creación del Estado de Israel, así como en la URSS, que esperaba que la formación de un Estado israelí debilitara al imperialismo británico en la región.
Los nacionalistas palestinos, incapaces de enfrentarse solos al recién fundado Estado de Israel, también tuvieron que buscar apoyo entre los enemigos de ese Estado, como las burguesías de los países vecinos de Jordania, Siria, Egipto e Irak, que estaban enviando sus tropas contra Israel. Esta guerra, la primera de media docena de guerras y numerosas operaciones militares contra sus vecinos en las que Israel participaría desde 1948, duró desde mayo de 1948 hasta junio de 1949. Debido al pobre equipamiento de las tropas árabes, las fuerzas israelíes lograron repeler la ofensiva y no solo retener sino incluso ampliar los territorios asignados a los sionistas por los británicos antes de 1947. Más allá de las grandes declaraciones de solidaridad, las burguesías árabes vecinas, “acudiendo en ayuda de sus hermanos palestinos”, jugaron sobre todo sus propias cartas imperialistas. Jordania no sólo ocupó Cisjordania, y Egipto la Franja de Gaza después de la primera guerra árabe-israelí de 1948, sino que los estados árabes también intentarían en los años siguientes poner sus manos sobre las diversas alas de los nacionalistas palestinos. Poco después de su creación en 1964, Arabia Saudita comenzó a financiar a la OLP; Egipto también intentó hacerse con Fatah (el movimiento político de la OLP); Siria creó el grupo As-Saiqa, Irak apoyó al FLA (Frente Árabe de Liberación creado en 1969). A pesar de todos los bellos discursos sobre la “nación árabe unida”, las burguesías de los diferentes países árabes competían ferozmente entre sí y no dudaron en utilizar y, si era necesario, en sacrificar a la población palestina por sus sórdidos intereses.
Desde el día de su fundación, el Estado de Israel no solo ha estado involucrado en conflictos bilaterales permanentes con los árabes-palestinos y sus vecinos árabes, sino que dichos enfrentamientos siempre han sido parte de la dinámica imperialista global, en la medida en que su posición estratégica lo coloca en el centro de las tensiones regionales en el Medio Oriente, pero también y sobre todo en el corazón de los enfrentamientos mundiales entre los grandes tiburones imperialistas. En este sentido, desde finales de la década de 1950, el Estado de Israel desempeñó el papel de gendarme del bloque estadounidense en la región.
El inicio de la Guerra Fría entre el bloque estadounidense y el bloque soviético puso a Oriente Medio en el centro de las rivalidades imperialistas. Después de la Guerra de Corea (1950-53), que fue el primero de los grandes enfrentamientos entre los dos bloques, la Guerra Fría se intensificó y el imperialismo ruso trató de aumentar su influencia en los países del “tercer mundo” y esto dio a Oriente Medio una importancia cada vez mayor para los líderes de ambos bloques. Si al principio, las tensiones en la región permitieron principalmente a Estados Unidos “disciplinar” a sus aliados europeos, impidiéndoles perseguir demasiado intensamente sus propios intereses imperialistas en la región (la operación franco-británica de 1956 en Suez y la guerra israelí-egipcia), el conflicto en Oriente Medio evolucionó luego durante 35 años en el contexto de la confrontación Este-Oeste y Palestina fue un teatro central de confrontación.
La guerra de 1948 fue solo el comienzo de un ciclo interminable de conflictos militares. A partir de la década de 1950, ante la incapacidad de las tropas de la Liga Árabe para derrotar a su mucho más pequeño enemigo, pero mejor organizado y armado, se produjo una carrera armamentista, en la que Israel recibió envíos masivos de armas de los Estados Unidos, y los rivales árabes recurrieron al imperialismo soviético, que intentaría persistentemente atrincherarse en la región apoyando el nacionalismo árabe: Egipto, Siria e Irak, que se unieron temporalmente en una República Árabe Unida, se convirtieron durante un tiempo en aliados del bloque oriental, que también apoyaba a los fedayines palestinos y a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Palestina. En 1968, los diversos movimientos de resistencia palestinos se unieron bajo la égida de Arafat. En el contexto de la Guerra Fría, cuando Israel era un aliado importante de Estados Unidos, la OLP tuvo que recurrir a la URSS y a sus “hermanos árabes”. Sin embargo, detrás de la retórica sobre la “unidad del pueblo árabe”, los Estados árabes volvieron a orientar sus tropas no sólo contra Israel, sino también contra los nacionalistas palestinos, que a menudo actúan como una fuerza disruptiva dentro de esos Estados. Los Estados Árabes nunca han dudado en cometer masacres similares a las de la burguesía israelí contra los refugiados palestinos. Así, en 1970, durante el “Septiembre Negro”, 30,000 palestinos fueron asesinados en Jordania por el ejército jordano. En septiembre de 1982, milicias cristianas libanesas, con el consentimiento tácito de Israel, entraron en dos campamentos palestinos en Sabra y Chatila y masacraron a 10,000 civiles.
Estos intentos del bloque oriental por afianzarse en la región se encontraron con una fuerte oposición por parte de Estados Unidos y del bloque occidental, que convirtieron al Estado de Israel en una de las puntas de lanza de sus políticas. El apoyo de Estados Unidos a Israel ha sido una característica permanente de todos los conflictos en la región, al igual que el apoyo financiero por parte de Alemania[9]. Este apoyo no se debe esencialmente al considerable peso del electorado judío en Estados Unidos ni a la influencia del “lobby sionista” sobre los líderes políticos estadounidenses. Si bien Israel no tiene recursos petroleros significativos u otras materias primas importantes, el país es de gran importancia estratégica para los Estados Unidos sobre todo debido a su posición geográfica. Por otro lado, en su confrontación con una serie de potencias imperialistas locales, Israel es financiera y militarmente totalmente dependiente de los Estados Unidos, por lo que los intereses imperialistas de Israel lo han obligado a buscar la protección del Tío Sam. En resumen, hasta 1989, Estados Unidos siempre pudo contar con Israel como su brazo armado. Además, en la serie de guerras contra sus rivales árabes, la mayoría de los cuales estaban equipados con armas rusas, el ejército israelí era un campo de experimentación para las armas estadounidenses.
A finales de los años setenta y ochenta, el bloque estadounidense se aseguró gradualmente el control global de Oriente Medio y redujo gradualmente la influencia del bloque soviético, a pesar de que la caída del Sha y la “Revolución iraní” en 1979 no sólo privaron al bloque estadounidense de un importante bastión, sino que anunciaron, a través de la llegada al poder del régimen retrógrado de los mulás, la expansión de la descomposición del capitalismo. Esta ofensiva del bloque estadounidense tenía “como objetivo completar el cerco de la URSS, despojar a este país de todas las posiciones que ha podido mantener fuera de su contacto e influencia directa. La prioridad de esta ofensiva era la expulsión definitiva de la URSS de Oriente Medio, poner de rodillas a Irán y la reintegración de este país en el bloque estadounidense como parte importante de su sistema estratégico “[10]. En esta política ofensiva del bloque occidental, Israel jugó un papel esencial a través de las guerras árabe-israelíes de 1967 (“Guerra de los Seis Días”), 1973 (“Guerra de Yom Kippur”), el bombardeo y destrucción de un reactor nuclear en Bagdad en 1981 y la invasión del Líbano en 1982. La acción militar de Israel, combinada con la presión económica y militar del bloque estadounidense, condujo a la derrota de los aliados del bloque oriental en la región, el paso de Egipto y luego de Irak al bloque occidental, y la drástica reducción del control de Siria sobre el Líbano.
Sin embargo, fortalecida por la disminución de las tensiones con Egipto, la burguesía israelí reafirmó en julio de 1980 el traslado de su capital nacional de Tel Aviv a Jerusalén y la incorporación de la Ciudad Antigua de Jerusalén (antes jordana) a territorio israelí. También desde entonces, el gobierno israelí decidió acelerar los asentamientos judíos en Cisjordania. Esto ha exacerbado las tensiones entre las burguesías israelí y palestina y, desde 1987 en particular, la espiral de violencia ha empeorado drásticamente. La señal la dio la primera Intifada (o “levantamiento”) en 1987. En respuesta a la creciente represión del ejército israelí en Cisjordania y Gaza, la intifada dio lugar a una campaña masiva de desobediencia civil, huelgas y manifestaciones. Aclamado por los izquierdistas como un modelo de lucha revolucionaria, siempre ha estado enteramente dentro del marco nacional e imperialista del conflicto árabe-israelí.
Si la primera mitad del siglo XX en Oriente Medio demostró que la liberación nacional se había vuelto imposible y que todas las fracciones de la burguesía local estaban subordinadas a los conflictos globales, librados entre sí por los grandes tiburones imperialistas, la formación del Estado de Israel en 1948 marcó casi cuarenta años de otro período de enfrentamientos sangrientos, parte de la despiadada confrontación entre los bloques del Este y del Oeste. Más de setenta años de conflicto en el Medio Oriente han demostrado irrefutablemente que el sistema capitalista en decadencia no tiene nada que ofrecer más que guerras y masacres y que el proletariado no puede elegir entre un campo imperialista u otro.
Después de la implosión del bloque soviético a finales de 1989, la década de 1990 estuvo marcada por la espectacular expansión de las manifestaciones del período del capitalismo en putrefacción, su descomposición, y en este contexto, el “informe sobre las tensiones imperialistas” del XX Congreso de la CCI ya señaló en 2013: “Oriente Medio es una terrible confirmación de nuestros análisis sobre el callejón sin salida del sistema y la huida hacia el 'sálvese quien pueda'.” Es una ilustración impactante de las características centrales de este período:
En esta dinámica de crecientes enfrentamientos en Oriente Medio, el Estado de Israel ha desempeñado un papel clave. Como primer lugarteniente de los estadounidenses en la región, Tel Aviv estaba llamada a ser la piedra angular de una región pacificada a través de los acuerdos de Oslo y Jericó-Gaza de 1993, uno de los mayores éxitos de la diplomacia estadounidense en la región. Este último concedió a los palestinos los inicios de la autonomía y así los integró en el orden regional diseñado por el Tío Sam. Sin embargo, durante la segunda mitad de la década de 1990, tras el fracaso de la invasión israelí del sur del Líbano, la derecha israelí "dura" llegó al poder (el primer gobierno de Netanyahu de 1996 a 1999) en contra de los deseos del gobierno estadounidense, que apoyaba a Shimon Peres. A partir de entonces, la derecha hizo todo lo posible para sabotear el proceso de paz con los palestinos:
La provocadora visita del líder de la oposición Ariel Sharon al Monte del Templo en septiembre de 2000 provocó una segunda intifada, en la que se produjo un fuerte aumento de los atentados suicidas contra israelíes. En la misma lógica, el desmantelamiento unilateral de los asentamientos en Gaza por parte del gobierno de Sharon en 2004 no fue en absoluto un gesto conciliador, como lo presentó la propaganda israelí, sino al contrario el producto de un cálculo cínico para congelar las negociaciones sobre la solución política del conflicto: el objetivo de la retirada de Gaza “es la congelación del proceso político [y] cuando se congelas el proceso político, impides la creación de un Estado palestino y cualquier discusión sobre los refugiados, sobre las fronteras y sobre Jerusalén”[11]. Además, dado que los islamistas rechazan la existencia de un Estado judío en la tierra del Islam, al igual que los sionistas mesiánicos rechazan un Estado palestino en la tierra de Israel, dado por Dios a los judíos, estas dos facciones son, por lo tanto, aliados objetivos en el sabotaje de la “solución de dos Estados”. Así, las facciones derechistas de la burguesía israelí hicieron todo lo posible para fortalecer la influencia y los medios de Hamás, en la medida en que esta organización era, como ellas, totalmente opuesta a los Acuerdos de Oslo: los primeros ministros Sharon y Olmert prohibieron en 2006 a la Autoridad Palestina desplegar un batallón adicional de policías en Gaza para oponerse a Hamás y permitieron a Hamás presentar candidatos en las elecciones de 2006. Cuando Hamás dio un golpe de Estado en Gaza en 2007 para “eliminar a la Autoridad Palestina” y establecer su poder absoluto, el gobierno israelí se negó a apoyar a la policía palestina. En cuanto a los fondos financieros qataríes que Hamás necesitaba para poder gobernar, el Estado judío permitió que se transfirieran regularmente a Gaza bajo la protección de la policía israelí.
La estrategia israelí era clara: Gaza ofrecida a Hamás, la Autoridad Palestina debilitada, con un poder muy limitado en Cisjordania. El propio Netanyahu promovió abiertamente esta política: “Cualquiera que quiera frustrar la creación de un Estado palestino debe apoyar el fortalecimiento de Hamás y transferir dinero a Hamás. Esto es parte de nuestra estrategia”[12]. El Estado de Israel y Hamás, en diferentes momentos y por diferentes medios, se están hundiendo en una política de lo más completamente irracional, que inevitablemente ha acelerado el ciclo de violencia y contra-violencia y que ha conducido a las atroces masacres de hoy. De hecho, la actual matanza de Gaza es una continuación de una serie de ataques y contraataques llevados a cabo por Hamás y el ejército israelí:
Privada de una estructura estatal clásica y de los medios financieros para establecer un ejército estructurado capaz de competir con el Tsahal (FDI, Fuerzas de Defensa de Israel), la burguesía palestina siempre ha tenido que recurrir a los ataques terroristas, como lo hacían los sionistas antes de la proclamación del Estado de Israel. Desde el principio, la OLP aplicó tácticas terroristas que estaban destinadas a causar el mayor número de víctimas civiles, como secuestros, liquidaciones, secuestros de aviones, ataques a equipos deportivos (masacre del equipo olímpico israelí en los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972). Desde entonces, los atentados suicidas se han multiplicado. Cometidos por jóvenes palestinos desesperados, no tienen como diana objetivos militares, sino que sólo buscan sembrar el terror entre los civiles israelíes, en clubes nocturnos, supermercados y autobuses. Son la expresión de un callejón sin salida total, de la desesperación y el odio. Las masacres del 7 de octubre de 2023 son una continuación de esta política, pero a un nivel aún mayor de brutalidad y destrucción.
La aterradora deriva actual también hay que verla en continuidad con la política irresponsable del populista Trump en la región. En línea con la prioridad dada a la contención de Irán, Trump empujó a una política de apoyo incondicional a la derecha israelí, proporcionando al Estado judío y a sus respectivos líderes promesas de apoyo inquebrantable a todos los niveles: el suministro de equipos militares de última generación, el reconocimiento de Jerusalén-Este como capital y la soberanía israelí sobre los Altos del Golán sirios. Esta orientación apoyaba el abandono de los Acuerdos de Oslo y la solución de “dos Estados” (israelí y palestino) en “Tierra Santa”. El cese de la ayuda estadounidense a los palestinos y a la OLP y la negociación de los “Acuerdos de Abraham”, una propuesta de “un gran acuerdo” que implicaba el abandono de cualquier demanda de creación de un Estado palestino y la anexión por parte de Israel de grandes partes de Palestina a cambio de una “gigantesca” ayuda económica estadounidense, tenía como objetivo esencial facilitar el acercamiento de facto entre los compinches estadounidenses saudíes e israelíes: “Para las monarquías del Golfo, Israel ya no es el enemigo. Esta gran alianza comenzó hace mucho tiempo entre bastidores, pero aún no se ha puesto en escena. La única manera de que los estadounidenses se muevan en la dirección deseada es obtener luz verde del mundo árabe, o más bien de sus nuevos líderes, MBZ (Emiratos) y MBS (Arabia Saudita) que comparten la misma visión estratégica para el Golfo, para quienes Irán y el islam político son las principales amenazas. Según esta cosmovisión, Israel ya no es un enemigo, sino un potencial socio regional con el que será más fácil frustrar la expansión iraní en la región. […] Para Israel, que lleva años tratando de normalizar sus relaciones con los países árabes suníes, la ecuación es sencilla: se trata de buscar una paz árabe-israelí, sin obtener necesariamente la paz con los palestinos. Los países del Golfo, por su parte, han rebajado sus exigencias sobre la cuestión palestina. Este “plan definitivo” […] parece aspirar a establecer una nueva realidad en Oriente Medio. Una realidad basada en la aceptación de la derrota por parte de los palestinos, a cambio de unos pocos miles de millones de dólares, y en la que israelíes y países árabes, principalmente del Golfo, podrían finalmente formar una nueva alianza, apoyada por Estados Unidos, para frustrar la amenaza de expansión de un imperio Persa moderno”[13]. Sin embargo, como ya señalamos en 2019, estos acuerdos, que eran una pura provocación tanto a nivel internacional (abandono de acuerdos internacionales y resoluciones de la ONU) como a nivel regional, solo podían reactivar la irresuelta cuestión palestina, instrumentalizada por todos los imperialismos regionales (Irán, por supuesto, pero también Turquía e incluso Egipto) contra Estados Unidos y sus aliados. Además, sólo podían envalentonar al compinche israelí en sus propios apetitos anexionistas e intensificar los enfrentamientos, por ejemplo, con Irán: “Ni Israel, que es hostil al fortalecimiento de Hezbolá en Líbano y Siria, ni Arabia Saudí pueden tolerar este avance iraní”[14]. Los Acuerdos de Abraham sembraron irreparablemente las semillas de la actual tragedia en Gaza.
La precipitación de las facciones derechistas de la burguesía israelí en el poder –más concretamente de los sucesivos gobiernos de Netanyahu desde 2009 hasta el presente– en la prosecución de sus propias políticas imperialistas se opone cada vez más abiertamente a los intereses de las facciones más responsables de Washington y constituye una caricatura de la gangrena de la descomposición que está carcomiendo el aparato político de las burguesías. Las oposiciones entre las diferentes facciones políticas en Israel sobre la política a seguir, las oposiciones entre Netanyahu y su ministro de Defensa o los jefes de las FDI, la confrontación abierta entre Netanyahu y la actual administración estadounidense sobre la conducción de la guerra inducen una importante dosis de incertidumbre e irracionalidad sobre el resultado de la fase actual del conflicto, más aún porque la sombra de un posible regreso de Trump a la presidencia estadounidense se cierne sobre Oriente Medio, lo que daría carta blanca a las políticas bélicas de Israel y, por tanto, acabaría con cualquier esperanza de que Estados Unidos impusiera algún tipo de estabilidad en la región.
Una vez más, es la clase obrera la que más ha sufrido las consecuencias de la política imperialista de las clases dominantes. Los trabajadores israelíes y palestinos se enfrentan constantemente al terror diario de los ataques terroristas palestinos y las incursiones y ataques aéreos del ejército israelí. Si bien el terror interminable desatado por sus clases dominantes ha creado una profunda angustia entre la mayoría de los trabajadores, el nacionalismo de sus líderes también está envenenando sus mentes. La clase dominante de ambos lados está haciendo todo lo posible para azuzar el nacionalismo y el odio entre unos y otros.
En términos materiales, los trabajadores de ambos lados del conflicto imperialista sufren enormemente el peso aplastante de la militarización. Los trabajadores israelíes son reclutados obligatoriamente por 30 meses (hombres) y 24 meses (mujeres). El peso de la economía de guerra israelí ha aumentado la miseria de los trabajadores israelíes. Los trabajadores palestinos, si acaso tienen la suerte de encontrar un trabajo, reciben salarios muy bajos. Más del 80% de la población vive en la pobreza extrema. La única posibilidad para la mayoría de sus hijos es ser víctimas de las balas y los buldóceres israelíes. Y si protestan contra su destino, la Autoridad Palestina y la policía de Hamás están listos para reprimirlos.
Un siglo de conflicto imperialista sobre Israel ha demostrado que ni los trabajadores israelíes ni los palestinos pueden ganar nada apoyando a su propia burguesía. Mientras que el Estado israelí sólo ha sobrevivido a través del terror y la destrucción, la creación de un Estado palestino “en condiciones” sólo significaría un nuevo cementerio para los trabajadores israelíes y palestinos. Es decir, este llamado a un estado palestino es una consigna totalmente reaccionaria que los comunistas deben rechazar.
Es absolutamente vital que los comunistas sean claros sobre las perspectivas de la clase obrera. Si bien todos los izquierdistas presentaron la intifada de 1987 y las que siguieron como revueltas sociales que podían conducir a la liberación, estas luchas fueron en realidad solo una expresión de desesperación, siendo sus llamas encendidas por los nacionalistas. En todos estos enfrentamientos con el Estado israelí, los trabajadores palestinos no luchan por sus intereses de clase, sino que sólo sirven de carne de cañón para su dirección nacionalista palestina.
En contraste, ha habido algunas reacciones combativas ocasionales de trabajadores palestinos que luchaban por sus intereses de clase: en 2007 y nuevamente en 2015, los trabajadores del sector público en Gaza se declararon en huelga contra la administración de Hamás por salarios no pagados. Lo mismo ocurre en Israel, con un historial de huelgas contra el aumento del coste de la vida, como la de los trabajadores portuarios en 2018 y la de los trabajadores de las guarderías en 2021. En 2011, durante las manifestaciones y asambleas de protesta por la crisis de la vivienda en Israel, hubo incluso tímidos signos de acercamiento entre los trabajadores israelíes y palestinos para discutir sus intereses comunes. Pero una y otra vez, el retorno al conflicto militar ha tendido a sofocar estas expresiones elementales de la lucha de clases.
Los comunistas deben ser claros sobre la naturaleza y el efecto del nacionalismo que llena de violencia la vida cotidiana. Pero, además, hemos visto cómo las campañas de apoyo a uno u otro bando en el reciente conflicto han creado verdaderas divisiones en la clase obrera en los centros neurálgicos del capitalismo. Precisamente en el momento en que la clase obrera está saliendo de años de pasividad y resignación, las calles de las ciudades de los países centrales del sistema han sido ocupadas por manifestaciones por una Palestina libre o “contra el antisemitismo”, que llaman a los trabajadores a abandonar sus intereses de clase y elegir bando en una guerra imperialista.
Si bien la población judía de Europa fue una de las principales víctimas del régimen genocida nazi, la política del Estado israelí demuestra que estos crímenes bárbaros no son una cuestión de raza o afiliación étnica o religiosa. Ninguna facción de la burguesía tiene el monopolio de la limpieza étnica, el desplazamiento forzado de la población, el terror y la aniquilación de grupos étnicos enteros. En realidad, los “mecanismos de defensa” del Estado israelí y los métodos de guerra palestinos son una parte integral de la barbarie sangrienta practicada por todos los regímenes en un capitalismo en putrefacción.
R. Havanais / 15.07.2024
[1] El lema “Palestina libre desde el río hasta el mar” surgió a principios de la década de 1960 y se hizo popular entre los miembros de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) como un llamado a regresar a las fronteras previas a la creación de Israel como Estado judío. La expresión hace referencia al río Jordán (que actualmente separa Jordania de Israel y Cisjordania) y al mar Mediterráneo, límites fronterizos de la extensión de Palestina cuando se constituyó este territorio como Mandato Británico tras la I Guerra Mundial y antes de la existencia del Estado de Israel. En la actualidad este lema ha sido asumido y proclamado por nacionalistas, demócratas, e izquierdistas de todo tipo como apoyo al estado Palestino frente al criminal Estado de Israel.
[2] Cf. Notas sobre la historia de los conflictos imperialistas en Oriente Medio, 1ª parte, Revista Internacional 115, 2003.
[3] “De las guerras a Nakbeh: Acontecimientos en Belén, Palestina, 1917-1949, Adnan A. Musallam” (Archivo del 19 de julio de 2011) (consultado el 29 de mayo de 2012)
[4] Meir Litvak, Memoria colectiva palestina e identidad nacional, Palgrave Macmillan, 2009.
[5] Bilan N.º 31 (junio-julio 36); Cf. “El conflicto judío-árabe: la posición de los internacionalistas en la década de 1930” (Bilan Nos. 30 y 31), Revista Internacional, 110, 2002.
[6] La independencia no fue reclamada oficialmente hasta mayo de 1942, en la Conferencia de Baltimore.
[7] Programa político del OZON, el partido en el poder en Polonia, mayo de 1938, recogido en Marius Schatner, Historia de la derecha israelí, Éditions Complexe, 1991, página 140.
[8] Bilan N.º 31 (junio-julio 36); Cf. “El conflicto judío-árabe: la posición de los internacionalistas en los años treinta” (“Bilan” No 30 y 31), Revista Internacional, 110, 2002.
[9] Poco después de la fundación de Israel, Alemania comenzó a apoyarlo financieramente con un “fondo de compensación” anual de mil millones de marcos alemanes por año.
[10] “Resolución sobre la situación internacional, sexto Congreso de la CCI”, Revista Internacional No 44, 1986.
[11] Dov Weissglas, un asesor cercano al primer ministro Sharon, en el diario Haaretz, 8 de octubre de 2004. Citado en Ch. Enderlin, “El “error estratégico” de Israel”. Le Monde diplomatique, enero de 2024.
[12] Netanyahu a los diputados del Likud el 11 de marzo de 2019, según informó el diario israelí Haaretz del 9 de octubre.
[13] Extracto del diario libanés El Orient-Le Jour, 18 de junio de 2019.
[14] “23 Congreso Internacional de la CCI, Resolución sobre la Situación Internacional”. Revista Internacional No 164, 2019.
Entre el 20 y el 26 de mayo, una "Semana de Acción" en Praga en torno al tema "Juntos contra las guerras capitalistas y la paz capitalista" atrajo a grupos e individuos de varios países, incluyendo Rusia, Ucrania, Bulgaria, Serbia, República Checa, Hungría, Grecia, Bélgica, Alemania, Suiza, España, Italia, Gran Bretaña, Argentina... La mayoría de los grupos invitados eran anarquistas, obreristas o consejistas que han tomado una posición internacionalista contra la guerra Rusia-Ucrania y -a pesar de muchas dudas y confusiones- contra las otras guerras que asolan el planeta[1]. El comité organizador del acto -en el que parecen haber participado dos grupos con sede principalmente en la República Checa, Tridni Valka ("Guerra de clases") y la Iniciativa Antimilitarista-, declaró en una entrevista[2] que no habían invitado deliberadamente a los principales grupos de la Izquierda Comunista, que según ellos no están interesados en el debate, sino sólo en crear un "partido de masas" según las líneas bolcheviques. No obstante, la CCI envió una delegación, al igual que la Tendencia Comunista Internacionalista; también estuvieron presentes camaradas cercanos al grupo bordiguista que publica Programma Comunista. No todos los actos de la semana se limitarían a los invitados formalmente, y por nuestra parte pensamos que el surgimiento de esta oposición a la guerra imperialista es expresión de algo más profundo que está teniendo lugar en la clase obrera, y los comunistas tenemos la clara responsabilidad de participar en el proceso con el objetivo de clarificar sus objetivos y combatir sus ilusiones.
Pero aunque la amplia asistencia de elementos que buscaban posiciones internacionalistas fue ciertamente positiva, y su concentración física en Praga hizo posible desarrollar muchos contactos y debates al margen del acto "oficial", hay que decir de entrada que el acto estuvo muy mal organizado e incluso fue caótico, aunque hubo esfuerzos alentadores por parte de una mayoría de los participantes para tomar el control de los debates.
Uno de los factores de este desorden es la profunda división existente en el seno del movimiento anarquista de la República Checa. El fin de semana de la "Semana de Acción" también se celebró una Feria del Libro Anarquista organizada por la Federación Anarquista Checa, que defiende abiertamente el esfuerzo bélico ucraniano y apoya la formación de unidades anarquistas en el ejército ucraniano. La Feria del Libro emitió un comunicado distanciándose de la Semana de Acción y la Federación Anarquista Checa publicó un folleto denunciando a sus participantes como "anarco putinistas". El comité organizador también sostiene que estos anarquistas pro guerra han llevado a cabo una serie de provocaciones contra los internacionalistas; lo más grave es que sospechan que se pusieron en contacto con las autoridades del lugar donde iba a celebrarse el congreso antiguerra del fin de semana y les comunicaron el verdadero objetivo de la reunión, lo que provocó la cancelación de la reserva y obligó a los organizadores a buscar un nuevo lugar.
Sin embargo, la naturaleza caótica de la "Semana de Acción" no puede achacarse enteramente a las maquinaciones de los anarquistas pro-guerra. La propia concepción de una Semana de Acción y los métodos de sus organizadores ya estaban profundamente viciados.
En nuestra opinión, la necesidad primordial de quienes buscan hoy una práctica internacionalista real es la discusión y la clarificación política en torno a algunas cuestiones muy fundamentales: la base histórica del impulso del capitalismo hacia la guerra y la destrucción; la contratendencia de la lucha de la clase obrera por sus propios intereses contra la crisis económica a pesar de la propaganda a favor de la unidad nacional; la continuación de la tradición internacionalista de la Izquierda de Zimmerwald. Aunque algunas de las reuniones anunciadas como parte de la Semana de Acción contenían temas para la reflexión (como la relación entre la paz capitalista y la guerra capitalista, el significado del derrotismo revolucionario, etc.), toda la idea de una "Semana de Acción" sólo podía fomentar los enfoques inmediatistas y activistas que dominan a gran parte de los participantes. Esto se puso de manifiesto en varios de los temas de debate anunciados, como "cómo podemos ayudar a los desertores", "cómo podemos sabotear el esfuerzo de guerra", etc. Pero las perniciosas consecuencias de este enfoque activista pueden ilustrarse mejor recordando algunos de los principales acontecimientos de la semana.
El viernes se produjo una nueva confusión al anunciarse que el lugar previsto para el "Congreso" del sábado y el domingo, acto culminante de la Semana de Acción, había quedado descartado. Pero el comité organizador "no oficial" consiguió encontrar un lugar adecuado en la zona exterior de una cafetería y pudimos celebrar un debate razonablemente bien organizado durante la tarde y las primeras horas de la noche. La celebración de esta "asamblea auto-organizada" fue un importante paso adelante dado el extremo desorden del evento hasta el momento - un pequeño reflejo de una necesidad más amplia dentro de la clase obrera de tomar las cosas en sus propias manos y crear la posibilidad de debatir y tomar sus propias decisiones. Se elaboró un orden del día y se acordó que era necesario empezar con un debate sobre la situación global a la que se enfrenta la clase obrera. Aquí la CCI señaló la espiral de guerra y destrucción ecológica en todo el planeta, la necesidad de ver todas las guerras en curso como parte de este proceso, la necesidad del mismo nivel de claridad sobre la naturaleza de la guerra en Oriente Medio que sobre la guerra de Ucrania. Habiendo mencionado la noche anterior que uno de los grupos invitados a la semana, el Grupo Comunista Anarquista, había caído en la trampa de apoyar boicots anti-israelíes, señalamos el fiasco de la protesta del lunes para ilustrar el peligro de este tipo de activismo irreflexivo. También repetimos el argumento de que era menos probable que el verdadero movimiento contra la guerra viniera de los proletarios de Israel, Gaza o Ucrania, que habían sufrido una grave derrota, que de los trabajadores de los países capitalistas centrales que ya habían mostrado su rechazo a pagar los efectos indirectos de la guerra (inflación, etc.). Pero la capacidad de la clase obrera en su conjunto para comprender el vínculo entre los ataques a su nivel de vida y el impulso hacia la guerra tardaría tiempo en desarrollarse y no podría acelerarse con la acción sustitucionista de pequeños grupos.
En este debate, y en el que le siguió al día siguiente, se observó una convergencia entre las intervenciones de la CCI y de la TCI, que se reunieron más de una vez para comparar notas sobre la evolución de la discusión[4]. Y dado que las delegaciones de ambos grupos desempeñaban claramente un papel constructivo en los debates y en la organización de las reuniones (incluido el hecho de que un miembro de la TCI había aceptado participar en el comité organizador oficial), no había entre los participantes en estas reuniones ninguna señal de la hostilidad hacia los grupos de la izquierda comunista que había manifestado abiertamente el comité organizador oficial.
Esto no significa en absoluto que toda la asamblea haya adoptado las posiciones de la Izquierda Comunista. A pesar del acuerdo inicial sobre la necesidad de comprender la situación general antes de iniciar una discusión sobre "lo que hay que hacer", el esfuerzo por hacerlo se vio constantemente arrastrado a especulaciones sobre qué medidas podemos tomar mañana para bloquear la campaña bélica -redes de contrainformación, ayuda a los desertores, etc.-.o La cuestión de la lucha de clases como única alternativa a la guerra y la destrucción quedó en suspenso por estas especulaciones. Tampoco se pudo desarrollar ninguna discusión sobre un punto clave del orden del día: qué significa el derrotismo revolucionario en este período - la CCI tiene algunas críticas serias a esta consigna[5] pero tendremos que plantearlas en otras ocasiones.
Y entonces se produjo una nueva perturbación. El viernes por la tarde llegó a la reunión un grupo de personas que decían no ser el comité organizador oficial, pero que hablaban en su nombre, y anunciaron un nuevo lugar para el "Congreso" del sábado y el domingo. Desgraciadamente, sólo tendría capacidad para 25 o 30 personas, aunque la reunión del viernes ya había atraído al doble. Esto significaría sin duda excluir a los no invitados (especialmente los grupos de la Izquierda Comunista o "bolcheviques" que, según un argumento, presumiblemente procedente del comité organizador oficial, se habían apoderado de la asamblea autoorganizada)[6]. Ninguno de los participantes en la reunión del viernes se pronunció a favor de dicha exclusión, mientras que se mostró una considerable desconfianza hacia el comité organizador oficial, que seguía negándose a mostrarse abiertamente. En un comunicado publicado en el sitio web oficial afirmaron que se trataba de un procedimiento de seguridad normal, pero esto no impresionó a los camaradas cuya seguridad ya había quedado expuesta por los desacertados planes del comité durante la semana.
El resultado de todo esto fue una mayor división. El sábado, algunos de los que habían participado en la reunión del viernes decidieron ir a la nueva sede "oficial", pero la mayoría de los "auto organizadores" optaron por permanecer juntos y reunirse de nuevo al día siguiente. Esto supuso buscar de nuevo un local, y el que se encontró no era tan adecuado como el utilizado el viernes. En este momento tenemos poca información sobre lo que ocurrió en el nuevo lugar oficial, aunque la Red Comunista Anarquista ha escrito un artículo sobre la semana en su conjunto que contiene alguna información sobre las discusiones que tuvieron lugar[7].
En cuanto a la posición del comité oficial sobre la seguridad, también debemos señalar que Tridni Valka reivindica una cierta continuidad con el Grupo Comunista Internacionalista, aunque haya habido algunos desacuerdos no declarados entre ellos en el pasado, y el GCI como tal ya no exista. Pero el GCI fue un grupo que tuvo una trayectoria muy peligrosa y destructiva -sobre todo un coqueteo con el terrorismo que supuso un grave peligro para todo el movimiento revolucionario[8]. Esto implicaba una especie de enfoque de capa y espada que Tridni Valka parece haber asumido, y que sin duda contribuyó a la desorganización de la semana y a la desconfianza que muchos de los participantes desarrollaron hacia ellos.
Dada esta letanía de división y desorden, entre los participantes en la "asamblea autoorganizada" existía la sensación de que era necesario obtener algún resultado de los acontecimientos de la semana, aunque sólo fuera la posibilidad de continuar el debate y retomar las numerosas preguntas que no habían recibido respuesta. Así pues, el domingo se celebró una última reunión en un parque para decidir qué hacer a continuación. Para entonces, el cansancio y la división habían reducido el número de asistentes a esta reunión, aunque entre ellos se encontraban algunos de los que habían sido más constructivos en los debates hasta el momento. Ya se había creado un grupo de chat por teléfono móvil que permanecería, pero éste no puede ser un vehículo para desarrollar un debate real, por lo que se tomó la decisión de crear un sitio web que pudiera publicar las contribuciones de todos los elementos implicados (incluidos los que asistieron al congreso "oficial" del fin de semana). Los camaradas cercanos a Programma también propusieron un breve "compromiso con la guerra de clases", que era una declaración muy general de oposición a las guerras imperialistas. La mayoría de los presentes votó a favor[9]. La delegación de la CCI dijo que no podía firmarla, en parte porque contiene formulaciones y consignas con las que no estamos de acuerdo, pero sobre todo porque no creíamos que las discusiones en las reuniones hubieran alcanzado un nivel de homogeneidad suficiente para publicar una declaración conjunta de este tipo. En cambio, éramos partidarios de publicar un informe sobre lo ocurrido durante la semana, así como impresiones y reflexiones de distintos grupos y personas. Además, el sitio podría recopilar y publicar información sobre las guerras actuales, difícil de conseguir en otros lugares. Veremos si este proyecto llega a buen puerto.
A pesar de todas sus debilidades y carencias, fue importante haber participado en este evento. El "movimiento real" contra la guerra se expresa también en las minorías que buscan claridad, y aunque nos oponemos a formar alianzas o frentes prematuros con grupos que aún albergan confusiones de carácter activista o incluso izquierdista, es absolutamente vital que los grupos de la Izquierda Comunista estén presentes en tales encuentros, conservando su independencia política y presionando por una clarificación basada en la lucha histórica del movimiento obrero y en la indispensable lucidez del método marxista.
Amos, junio de 2024
[1] https://actionweek.noblogs.org. [503] La lista completa de grupos invitados puede consultarse en este sitio.
[2] En la revista Transmitter, "Entrevista con el comité organizador de la Semana de Acción".
[3] Según el comité organizador oficial, la marcha se canceló porque el comité necesitaba tiempo para buscar un nuevo lugar para el fin de semana. Pero esta explicación ignora por completo las verdaderas razones de la negativa a acudir a la marcha, basadas en argumentos políticos y de seguridad.
[4] Dadas las posiciones internacionalistas compartidas y las tradiciones de los grupos de la Izquierda Comunista, la CCI ha propuesto durante décadas llamamientos escritos comunes con estos grupos contra la guerra imperialista, incluidos los relativos a la guerra en Ucrania y en Gaza. Desgraciadamente, hasta ahora, la TCI nunca ha aceptado hacer tales declaraciones comunes que reforzarían la defensa del principio de clase fundamental contra la guerra imperialista. Antes de la Semana de Acción, escribimos a la TCI para proponer que nuestros dos grupos trabajaran juntos en la medida de lo posible durante el evento.
[5] Véase, por ejemplo, ¿Nación o clase? - [504]Introducción [504]
[6] La idea original del Congreso era que el sábado fuera un acto público, pero que el domingo estuviera restringido únicamente a los grupos invitados.
[8] Cómo el Groupe Communiste Internationaliste escupe sobre el internacionalismo proletario, [506] CCI Online
[9] La delegación de la TCI no estuvo presente en esta reunión, pero la tarde anterior nos habían comunicado que tampoco la firmarían.
A finales de febrero de 2022, la CCI propuso a los demás grupos de la Izquierda Comunista una declaración internacionalista conjunta contra la guerra imperialista en Ucrania. Estos grupos son los descendientes actuales de la única corriente política proletaria que luchó contra los dos bandos imperialistas, tanto el fascista como el democrático, durante la Segunda Guerra Mundial. Son, por tanto, los únicos que pueden reivindicar una continuidad, en palabras y en hechos, con el internacionalismo proletario.
En los dos años transcurridos desde esta Declaración, la CCI propuso también a esos mismos grupos la realización de un “Llamamiento” similar, esta vez respecto a la guerra en Gaza que estalló a finales de 2023 (para abreviar denominaremos a ambos Declaraciones conjuntas).
¿Qué lecciones podemos aprender de esta iniciativa que puedan guiarnos en un período en el que la carnicería imperialista inevitablemente va a más? expandirá?
De los seis grupos a los que se propuso la declaración conjunta, dos la aprobaron y uno más – el PCI (Corea), cuyos orígenes no están en la izquierda comunista -, la apoyó.
A primera vista, estas iniciativas internacionalistas de la CCI no parecen haber tenido éxito, ya que no condujeron a una respuesta unitaria de todas ni siquiera de la mayoría de las corrientes de la izquierda comunista, una respuesta que habría proporcionado un faro de internacionalismo auténticamente comunista a todos los trabajadores que buscan una alternativa de clase a la masacre imperialista.
La falta de éxito inmediato de estas iniciativas de la CCI convencerá, sin duda, a quienes, burlándose de ella, creen que se dirige únicamente a los “adeptos”, y que piensan más bien que es posible crear un “movimiento contra la guerra” más amplio, que se podría acabar con el imperialismo “haciendo algo ya”, reuniendo al mayor número posible de participantes sin que importen ni sus convicciones políticas, ni su integridad, en un período de desorientación de la clase obrera sobre esta cuestión de la guerra. El fiasco en que terminan estas ilusiones y campañas conduce o conducirá inevitablemente a la pasividad, la confusión y el agotamiento, o peor aún, a la opción por uno u otro campo imperialista, de forma crítica por supuesto.
En realidad, la experiencia de las iniciativas planteadas por la CCI nos permite extraer lecciones importantes a largo plazo, para avanzar en una línea de trabajo político que debe conducir al futuro partido de la clase obrera y al derrocamiento del capitalismo global, la única manera de poner fin a la guerra imperialista. En otras palabras, el éxito o el fracaso se miden en última instancia por la historia y no por las impresiones a corto plazo.
Comparemos estas dos iniciativas de la CCI de los últimos dos años con los llamamientos internacionalistas similares para un trabajo conjunto de la izquierda comunista, y que se remontan a 1979 en el momento de la invasión rusa de Afganistán. En todas las ocasiones anteriores, las propuestas internacionalistas comunes de la CCI jamás pudieron despegar más allá de nuestra propuesta, ya que el principio mismo de hacer una declaración pública unitaria fue rechazado sumariamente o ignorado por los otros grupos.
En cambio, en esta ocasión y por vez primera, la propuesta de una declaración conjunta sobre Ucrania suscitó respuestas positivas de dos grupos. Y cuando uno de esos grupos, el Instituto Onorato Damen (IOD), propuso a la CCI redactar una declaración conjunta de este tipo, ésta fue aceptada, impresa y distribuida por la prensa de los tres grupos en forma de volante.
Este paso adelante, por pequeño que parezca, ha provocado otros avances que no deben pasar desapercibidos:
- Uno de los grupos que rechazó el trabajo conjunto - la Tendencia Comunista Internacional - entabló por primera vez una larga correspondencia con la CCI sobre los motivos de su negativa, que se transformó en una especie de polémica que mereció ser publicada para clarificar ante un mayor número de lectores la responsabilidad de la izquierda comunista en su conjunto frente al desarrollo de la guerra imperialista.
- Los signatarios de las declaraciones conjuntas acordaron elaborar un boletín de discusión en el que se pudieran desarrollar y confrontar las diferencias de análisis entre los cuatro grupos. Hasta ahora se han publicado dos ediciones de estos boletines y se han incluido contribuciones de un grupo relativamente nuevo de la izquierda comunista: Voz Internacionalista.
- Se ha examinado más a fondo la importancia de Zimmerwald y de la llamada izquierda de Zimmerwald durante la Primera Guerra Mundial, así como conexión con el internacionalismo actual.
- Las declaraciones conjuntas resaltaron la naturaleza de una intervención internacionalista basada en principios dirigida hacia individuos y grupos que no forman parte de la Izquierda Comunista pero que, sin embargo, buscan una orientación política clara y una ruptura con el izquierdismo y la confusión.
- El ambiente de solidaridad creado entre quienes nos sumamos a la iniciativa permitió también organizar dos Reuniones Públicas on line, una en italiano y otra en inglés, para discutir y clarificar la necesidad de la Declaración Conjunta y las tareas de los revolucionarios frente a la guerra imperialista y las nuevas condiciones mundiales. Estas reuniones públicas también dieron lugar a un artículo de balance sobre ellas: ver Balance de las reuniones públicas sobre la Declaración conjunta de los grupos de la Izquierda Comunista sobre la guerra en Ucrania [508].
Correspondencia entre la CCI y la TCI
Puede leerse íntegramente – en francés - en el artículo: “La Izquierda Comunista ante la guerra en Ucrania” [463] . Por tanto, bastará resumir los principales argumentos. En primer lugar, la TCI insistió en que las diferencias sobre el análisis de la guerra imperialista (es decir, sobre la explicación marxista de la guerra imperialista y sus perspectivas actuales) entre los grupos eran demasiado importantes para que firmaran la declaración conjunta con la que, por lo demás, estaban de acuerdo. En segundo lugar, cuestionaron la invitación hacia los grupos bordiguistas (PCI - Programa Comunista), PCI (El Comunista - El Proletario), PCI (El Partido Comunista) a la declaración conjunta y, por otro lado, lamentaron la ausencia de ciertos grupos en la lista de invitados. En tercer lugar, pretendían un movimiento más amplio contra la guerra, lamentando que la declaración conjunta se dirigiese tan sólo a la Izquierda Comunista.
La CCI respondió que, en lo que respecta a las diferencias de análisis, que son ciertamente importantes, siguen siendo secundarias respecto al acuerdo fundamental sobre un programa de acción internacionalista común entre los grupos de la izquierda comunista. Hacer de estas diferencias secundarias un obstáculo para tal trabajo común es, por lo tanto, elevar los intereses del propio grupo por encima de las necesidades del movimiento en su conjunto; siendo por lo tanto clásicamente sectario. De hecho, la versión final de la declaración conjunta pudo acomodar una diferencia en el análisis del imperialismo entre el IOD y la CCI para enfatizar la posición de clase esencial. Una diferencia bastante similar a la que la TCI consideró un motivo esencial para no firmar la declaración.
En cuanto al segundo punto, resulta irónico que la TCI se quejara de que cada uno de los grupos bordiguistas invitados se consideraba el único partido comunista internacionalista del mundo. Podría decírseles eso de “¡mira quién fue a hablar! puesto que la TCI, aunque se define a sí misma como una “tendencia”, considera que su principal componente, Battaglia Comunista es también el Partido Comunista Internacionalista y, por tanto, hostil a todos los demás pretendientes al trono.
En cuanto a los grupúsculos parásitos que dicen ser parte de la Izquierda Comunista y que no fueron invitados a firmar la declaración conjunta, era completamente lógico excluirlos ya que, en la práctica, estas diversas camarillas y cenáculos se dedican a vilipendiar todo lo que pueden a la Izquierda Comunista. La TCI, al pretender invitarlos, se abría de forma oportunista a asociarse con calumniadores parásitos e incluso soplones que nada tienen que ver con el internacionalismo en acción. El sectarismo de la TCI hacia el resto de la Izquierda Comunista -sus hermanos bordiguistas y la CCI- ha encontrado así su complemento natural en un oportunismo hacia los que están fuera de la Izquierda Comunista e incluso le son hostiles.
Por lo tanto, el deseo de la TCI de un “movimiento más amplio, más allá de la izquierda comunista” se precipitó enseguida en una exclusión de la mayoría del medio verdaderamente internacionalista que existe hoy, y en el lanzamiento de un “frente” (“No a la guerra, sí a la guerra de clases”, NWBCW por sus siglas en inglés) con criterios de participación más elásticos que los de la declaración conjunta y, por tanto, más accesible a un entorno heterogéneo de anarquistas, parásitos e incluso izquierdistas. Sus reuniones públicas no traspasaron los límites de este entorno. De hecho, dicho sea de paso, las delegaciones de la CCI que hablaron en estas reuniones públicas fueron el componente más importante en ellas. Los NWBCW resultaron ser un farol oportunista cuyo verdadero propósito es servir como correa de transmisión para la TCI en lugar de ampliar el eco del auténtico internacionalismo.
Boletines de debate de la izquierda comunista
La declaración conjunta proporcionó un cuadro de base de unidad internacionalista en acción, parámetros marxistas para discutir y clarificar las diferencias teóricas y analíticas entre los grupos. Los Boletines, por tanto, no son una compilación aleatoria de posiciones e ideas, sino esencialmente un foro para la confrontación de argumentos, es decir polémicas, en el seno de la Izquierda Comunista.
De momento los dos boletines han incluido: la pertinente correspondencia entre los grupos que participamos en la declaración conjunta, tomas de posición de las respectivas organizaciones analizando la situación actual de las guerras imperialistas en Ucrania y Gaza. Y, lo más importante, una controversia en curso sobre cómo las contradicciones del capitalismo se traducen en conflictos imperialistas, y si éstos son el resultado directo de ambiciones económicas -tales como la preservación de la hegemonía del dólar o el control de la producción y la distribución del petróleo- o, en cambio, el producto de una dinámica autodestructiva resultante del impasse en que se encuentra la decadencia capitalista en este momento histórico. Esta controversia es de gran interés e importancia para comprender las perspectivas y condiciones del militarismo actual. Y hay que continuarla.
La relevancia de Zimmerwald
La Izquierda Comunista partiendo de la historia del movimiento revolucionario de la clase obrera ha de analizar, lógicamente, la naturaleza y el significado de la Conferencia de Zimmerwald durante la Primera Guerra Mundial.
¿Acaso Zimmerwald pretendía crear un movimiento contra la guerra lo más amplio posible, como afirma la TCI, una especie de antecedente de los actuales NWBCW? Zimmerwald significó, de hecho, el primer indicio de que la clase obrera se desengañaba de la guerra imperialista y ponía de manifiesto su anhelo de encontrar otra salida. Pero la importancia real y duradera de Zimmerwald reside en el desarrollo de una ala internacionalista intransigente en esa pequeña minoría llamada la Izquierda de Zimmerwald. Esta última comprendió que la Primera Guerra Mundial era sólo el comienzo de todo un período histórico dominado por la guerra imperialista que requeriría un programa máximo para la clase trabajadora: guerra civil, derrocamiento de los regímenes burgueses, dictadura del proletariado con una nueva Internacional Comunista para reemplazar a la fallida Segunda Internacional chovinista.
La mayoría de Zimmerwald, en cambio, se mantuvo en la ambigüedad o se opuso a este programa, considerando que la Primera Guerra Mundial sería, más bien, una aberración temporal y esperando una reconciliación o reconstitución de la Segunda Internacional que se había derrumbado en 1914, pretendiendo la exclusión de los “alborotadores” y “escisionistas” de la izquierda. Finalmente, las fronteras de clase que separan ambas posturas se pusieron en evidencia en 1917 durante la Revolución de Octubre.
La intervención de los internacionalistas en el movimiento contra la guerra hoy
Sólo la gran burguesía y los Estados que defienden sus privilegios sacan partido de la guerra imperialista que es el resultado inevitable del desarrollo capitalista. Para la sociedad en su conjunto, la guerra imperialista tiene un efecto devastador. La clase obrera es quien más sufre el imperialismo pues la apisonadora del militarismo amenaza con dividirla, arrastrarla a una masacre fratricida y llevar su pobreza hasta la indigencia. Pero también una capa intermedia - la pequeña burguesía -, situada entre la burguesía y el proletariado, ve en peligro su estatus, relativamente más seguro, debido a la vorágine imperialista. Por ello esta capa anhela un retorno a la “normalidad” y la paz, pero ve la lucha de la clase obrera como otra amenaza de desaparición de su estatus, otra fuente de perturbaciones y conflictos.
En esta situación es cierto que surgen sentimientos contra la guerra tanto en el proletariado como en esta capa media, pero en esta reacción, aparentemente común al imperialismo, hay ocultos intereses de clase diferentes y antagónicos. Para defender sus intereses, la clase obrera debe luchar por desentenderse de las “soluciones” pacifistas (por muy radicales que aparenten ser como es el caso del antimilitarismo) que están muy extendidas entre las capas intermedias. Debe situarse, por el contrario, en el terreno de su propia lucha de clases que conduzca a los proletarios a una guerra civil contra la burguesía y el capitalismo en su conjunto. La pequeña burguesía, en cambio, carente de una perspectiva histórica que oponer al capitalismo, sólo puede, y eso en el mejor de los casos, reaccionar con impotencia ante la guerra imperialista, quedando atrapada en una permanente ambigüedad. Esta amalgama entre una clase que lucha por la conciencia de sus intereses internacionalistas y una capa intermedia que simplemente reacciona con horror ante la barbarie imperialista, es la base social para el crecimiento de un pantano político entre la Izquierda Comunista y el izquierdismo de hoy, que no pertenece a ninguno de los dos, y que vive en constante contradicción y agitación.
Por tanto, la intervención de los internacionalistas comunistas en este entorno es vital para acelerar el desarrollo de la conciencia de la clase obrera. Por definición, las organizaciones internacionalistas no surgen a partir de ese pantano que, globalmente, representa esencialmente una confusión política en el camino hacia la conciencia de clase. Las organizaciones internacionalistas son, más bien, el producto de una experiencia histórica del movimiento revolucionario que se remonta a la Primera Guerra Mundial y aún antes. La existencia y la intervención de la Izquierda Comunista, su presencia política, son, pues, vitales no sólo para combatir la influencia de la burguesía, sino también para sacar a la luz la diferencia de intereses de clase entre el proletariado y las capas intermedias que, a pesar de su oposición radical a la gran burguesía, son reaccionarias.
Ésta es la importancia de la declaración conjunta que, al definir la posición común de la Izquierda Comunista, comenzó a delimitar, en un ambiente de confusión política, un punto de referencia internacionalista.
Conclusión
Por la experiencia de los dos últimos años y vistas las reacciones a la Declaración Conjunta se constata que la corriente histórica de la Izquierda Comunista continúa estando fragmentada y que muchos de sus grupos no se suman a propuestas internacionalistas unitarias contra la acentuación de la guerra imperialista. Sin embargo, sí se han dado pequeños pasos en esta dirección, como se ha visto. Sólo sobre la base de esta perspectiva política y la clarificación de las diferencias, el proletariado podrá armarse en la eventual transformación de la guerra imperialista en una guerra civil.
Aquí el vínculo para acceder a la Correspondencia sobre la Declaración Conjunta de los grupos de la Izquierda Comunista sobre la guerra en Ucrania [509] (en inglés).
Frente a la perspectiva de una nueva guerra mundial, la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista fue capaz, desde una fase temprana, de poner en guardia al proletariado contra los cantos de sirena de la burguesía que pretendían atraerlo detrás de uno u otro campo imperialista. Recordaron que sus intereses de clase no tienen que ver con una patria, ya fuera “soviética”, fascista o democrática, sino en la defensa del internacionalismo proletario. No cesó en denunciar el rol de “sargento reclutador” que los partidos que ya habían traicionado al proletariado en 1914, los partidos socialistas, y que volvían a hacerlo una vez más, así como los partidos comunistas (a los que denominaban “partidos centristas”), que también traicionan a su vez al campo del proletariado. Todas las posiciones y análisis de la Fracción durante la década de los 30 convergieron hacia esta defensa intransigente de las posiciones proletarias, y éste era también el sentido del Manifiesto que publicó en 1935.
Debilitada organizativa y numéricamente, desorientada por el estallido de la guerra[1], la Izquierda Comunista Italiana se encontró impotente para desarrollar una intervención frente a la misma. Se reorganizó políticamente, no obstante, tuvo que hacer frente a las crecientes dificultades de la guerra. Su intransigente oposición a la guerra y su negativa a apoyar a cualquier bando imperialista la obligaron a pasar a la clandestinidad, lo que provocó la atomización y dispersión de sus militantes. La ocupación de Bélgica y Francia por Alemania, la colaboración entre la policía local y la Gestapo, que a su vez trabajaba mano a mano con la OVRA italiana (policía política) en la caza de refugiados políticos, tuvieron un efecto desintegrador desastroso en las fracciones italiana y belga. Algunos militantes fueron deportados y murieron en campos de concentración. Otros, “más afortunados”, tras una estancia en los campos de trabajo alemanes, fueron entregados a la policía italiana y relegados a las islas, donde las condiciones de detención eran menos duras. No obstante, toda el trabajo de intervención abierto contra la guerra efectuada por la Fracción italiana y el Núcleo francés de la Izquierda Comunista dio lugar al desarrollo numérico de sus fuerzas militantes en Marsella, París y el norte de Francia, conduciendo así al nacimiento de la Fracción Francesa de la Izquierda Comunista[2]. Se pegaron carteles de denunciando a la guerra imperialista en varias ciudades francesas. Las octavillas escritas en alemán, inglés, italiano y francés se lanzaron en los trenes que partían hacia el frente. Tras el desembarco americano del 6 de junio del 44, se hizo un llamamiento a todos los soldados y obreros para que mostraran su solidaridad de clase, más allá de las fronteras; para que cesaran el fuego y bajaran las armas; de unirse todos contra el capitalismo mundial “sobre el frente internacional de clase”, en vistas de transformar la guerra imperialista en guerra civil, por el triunfo de la revolución mundial.
Hace casi cinco años que la guerra imperialista hace estragos en Europa, con todas sus manifestaciones de miseria, masacres y devastación.
En los frentes ruso, francés, italiano, decenas de millones de obreros y de campesinos se degüellan unos a otros por los intereses exclusivos de un capitalismo sórdido y sangriento que no obedece más que a sus leyes: de la ganancia, de la acumulación.
En el transcurso de cinco años de guerra, la última, nos dicen, la de la liberación de todos los pueblos. Muchos programas engañosos e ilusiones falsas han desaparecido, haciendo caer la máscara tras la que se ocultaba el odioso rostro del capitalismo internacional.
En cada país, os han movilizado con ideologías diferentes pero con el mismo objetivo, el mismo resultado: lanzaros a la carnicería de unos contra otros, hermanos contra hermanos en la miseria, obreros contra obreros.
El fascismo y el nacionalsocialismo reivindican un espacio vital para sus masas explotadas, no haciendo más que ocultar su feroz voluntad de salvarse ellos mismos de la crisis profunda que los socava desde su propia base.
El bloque anglo-ruso-americano quería al parecer, liberaros del fascismo para devolveros vuestras libertades, vuestros derechos. Pero estas promesas no eran más que la carnada para haceros participar en la guerra, para eliminar, después de haberlo creado, al otro rival imperialista: el fascismo (…)
La Carta del Atlántico[3], el plan de la nueva Europa, no eran más que las cortinas tras las que se ocultaba el verdadero significado del conflicto: la guerra de bandidaje con su triste cortejo de destrucción y de masacres con la clase obrera sufriendo todas las terribles consecuencias.
Os dicen, y os quisieran hacer creer, que esta guerra no es como las demás. Os engañan. Mientras haya explotadores y explotados, el capitalismo es la guerra, la guerra es el capitalismo.
La Revolución de 1917 en Rusia fue una revolución proletaria. Fue la prueba evidente de la capacidad política del proletariado para erigirse en clase dominante y orientarse hacia la organización de la sociedad comunista. Fue la respuesta de las masas trabajadoras a la guerra imperialista de 1914-18.
Pero los dirigentes del Estado ruso han abandonado desde entonces los principios de esta Revolución, transformaron vuestros Partidos comunistas en partidos nacionalistas, disolvieron la Internacional Comunista, ayudaron al capitalismo internacional a lanzaros a la carnicería.
Si en Rusia nos hubiéramos mantenido fieles al programa de la Revolución y al internacionalismo, si hubiéramos llamado constantemente a las masas proletarias a unificar sus luchas contra el capitalismo, si no hubiéramos participado en la mascarada de la Sociedad de Naciones, habría sido imposible que el imperialismo iniciara la guerra.
Participando en la guerra imperialista a favor de un grupo de potencias capitalistas, el Estado ruso traicionó a los obreros rusos y al proletariado internacional.
Vuestra burguesía os utiliza, emplea vuestro aguante, vuestra fuerza productiva, a fin de hacerse con una posición ventajosa en el enfrentamiento imperialista que le permita dominar la cuenca industrial y agraria de Europa. Después de convertir a Alemania en un cuartel, después de haceros trabajar durante cuatro años a un ritmo frenético para preparar los motores de la guerra, os lanzaron a todos los países de Europa para llevar a todas partes, al igual que en cada conflicto imperialista, la ruina y la destrucción.
El plan de vuestro imperialismo fue desbaratado por las leyes del desarrollo del capitalismo internacional, que desde 1900 había agotado toda posibilidad de expansión de la forma imperialista de dominación y, más aún, de toda expresión nacionalista.
La profunda crisis que mina al mundo y particularmente a Europa, es la crisis mortal e irresoluble de la sociedad capitalista.
Sólo el proletariado, a través de su revolución comunista, será capaz de eliminar las causas de la angustia y la miseria de las masas trabajadoras, de los obreros.
La suerte de vuestra burguesía se está jugando ahora en el terreno de las confrontaciones imperialistas. Pero el capitalismo internacional no puede detener la guerra, puesto que es su última y única posibilidad de supervivencia.
Vuestras tradiciones revolucionarias están profundamente arraigadas en la lucha de clases del pasado. En 1918, mediante la contribución de vuestros líderes proletarios Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, en 1923, a pesar del oportunismo creciente en la IC, grabasteis en la Historia de vuestras experiencias de lucha, la fuerza de voluntad y de la potencia revolucionaria, de la que nos dieron constancia.
El nacionalsocialismo de Hitler y el oportunismo de la Tercera Internacional os hicieron creer que vuestra suerte dependía de la lucha contra el Tratado de Versalles. Esta falsa lucha no podía más que sujetaros al programa de vuestro capitalismo, que se traducía por un espíritu de revancha y la preparación de la guerra actual.
Vuestros intereses de proletarios únicamente están ligados a los intereses de todos los explotados de Europa y del mundo entero.
Vosotros ocupáis un lugar primordial para imponer el fin de la monstruosa matanza. Siguiendo el ejemplo del proletariado italiano, debéis emprender la lucha contra la producción de guerra, debéis negaros a combatir contra vuestros hermanos obreros. Vuestra rebelión debe ser una manifestación de lucha de clases. Debe traducirse en huelgas y en agitaciones de masas. Como en 1918, la suerte de la revolución proletaria depende de vuestra capacidad de romper las cadenas que os atan a la monstruosa máquina del imperialismo alemán.
Os han deportado para haceros construir instrumentos de destrucción. Por cada obrero que llega, un obrero alemán que sale para el frente.
Cualquiera que sea vuestra nacionalidad, vosotros sois explotados. Vuestro único enemigo es el capitalismo alemán e internacional, Vuestros camaradas son los obreros alemanes y los del mundo entero.
Lleváis las tradiciones y experiencias de las luchas de clases de vuestro país y del mundo entero. No sois “extranjeros”.
Vuestras reivindicaciones, vuestros intereses son idénticos a los de vuestros camaradas alemanes. Participando en la lucha de clases en la fábrica, en los lugares de trabajo, contribuiréis eficazmente a romper el curso de la fuerza imperialista.
Durante las huelgas de 1936, todos los partidos han maniobrado para transformar vuestras justas y legitimas reivindicaciones de clase en una manifestación de adhesión a la guerra que se preparaba. La era de prosperidad que los demagogos del Frente Popular os presentaban como un desarrollo pleno, en realidad no era más que la crisis profunda del capitalismo francés.
Vuestras efímeras mejoras de vida y de trabajo no eran la consecuencia de una recuperación económica, sino que estaban dictadas por la necesidad de poner en marcha la industria de guerra.
La invasión de Francia ha sido explotada por todos los responsables del conflicto, de izquierda y de derecha, para mantener en vuestros espíritus una voluntad de revancha y de odio contra el proletariado alemán e italiano, que, como vosotros, no tienen ninguna responsabilidad en el desencadenamiento de la guerra, y como vosotros, sufren las terribles consecuencias de la carnicería consentida y preparada por todos los Estados capitalistas.
El gobierno Pétain-Laval os habla de revolución nacional. Es el engaño más vulgar. El método más reaccionario para haceros sufrir sin reaccionar el peso de la derrota militar en beneficio exclusivo del capitalismo.
El comité de Argel os hace soñar con el retorno a la abundancia y prosperidad de antes de la guerra. Cualquiera que sea el color o la forma del gobierno futuro, las masas trabajadoras de Francia y de los demás países de Europa, tienen que pagar un alto tributo de guerra a los imperialistas anglo-ruso-americano, además de las ruinas y las destrucciones causadas por los dos ejércitos en lucha.
Muchos de vosotros habéis llegado a creer, a esperar el bienestar importado por los ejércitos, sean ingleses, americanos o rusos.
Las intrigas y contrastes que ya están surgiendo en el seno de esta “trinidad” de ladrones por el futuro reparto, nos dan razones para anticipar que las condiciones que se impondrán al proletariado serán duras si no tomáis el camino de la lucha de clases.
Muchos de vosotros os convertís en auxiliares del capitalismo participando en la guerra de los partisanos, expresión del nacionalismo más exacerbado.
Vuestros enemigos no son, ni el soldado alemán, ni el soldado inglés o americano, sino su capitalismo que les empuja a la guerra, a la matanza, a la muerte. Vuestro enemigo es vuestro propio capitalismo, representado por Laval o por De Gaulle. Vuestra libertad no está ligada ni a la suerte ni a las tradiciones de vuestra clase dominante, sino a vuestra independencia en tanto que clase proletaria.
Vosotros sois los hijos de la Comuna de Paris, y solamente inspirándoos en ella y en sus principios llegaréis a romper las cadenas de esclavitud que os atan al aparato caduco de la dominación capitalista: las Tablas de 1789 y las leyes de la Revolución burguesa.
En 1917, con vuestro partido bolchevique y Lenin, derribasteis el régimen capitalista para instaurar la primera República de los Soviets. Vuestra gesta magnifica de clase abrió el periodo histórico de la lucha decisiva entre dos sociedades opuestas: la antigua, la burguesa, destinada a desaparecer bajo el peso de sus contradicciones; y la nueva, erigiéndose el proletariado en clase dominante para dirigirse hacia una sociedad sin clases, el comunismo.
En esa época también, la guerra imperialista estaba en pleno apogeo. Millones de obreros caían en los campos de batalla del capitalismo. Con el ejemplo de vuestra lucha decisiva, en el seno de las masas obreras surgió la voluntad de acabar con la inútil masacre. Rompiendo el curso de la guerra, vuestra Revolución se convirtió en el programa, el estandarte de la lucha de los explotados del mundo. El capitalismo, “corroído” por la crisis económica agravada por la guerra, se estremeció ante el movimiento proletario que se desplegaba por toda Europa.
Cercados por los ejércitos blancos y por el capitalismo internacional, que querían venceros por el hambre, conseguisteis desligaros de la atadura contrarrevolucionaria gracias a la aportación heroica del proletariado europeo e internacional, que, tomando el camino de la lucha de clases, impidió a la burguesía aliada intervenir contra la revolución proletaria.
La enseñanza fue decisiva, a partir de ahora, la lucha de clases se desarrollará en la escena internacional, y el proletariado formará su PC y su Internacional sobre la base del programa consolidado por vuestra Revolución Comunista. La burguesía se volcará en la represión del movimiento obrero y en la corrupción de vuestra revolución y de vuestro poder.
La guerra imperialista actual os encuentra, no con el proletariado, sino contra él. Vuestros aliados ya no son la Constitución soviética de 1917, sino la patria “socialista”. Ya no tenéis camaradas como Lenin y sus compañeros, sino mariscales con botas y rango, como en todos los países capitalistas, emblemas del capitalismo sangriento, asesinos del proletariado.
Se os dice que en vuestro país ya no hay capitalismo, pero vuestra explotación es parecida a la de todos los proletarios, y vuestra fuerza de trabajo desaparece en el abismo de la guerra y en las arcas del capitalismo internacional. Vuestra libertad es la de haceros matar para ayudar al imperialismo a sobrevivir. Vuestro partido de clase ha desaparecido, vuestros soviets están destruidos, vuestros sindicatos son cuarteles, vuestros lazos con el proletariado internacional se han roto.
En vuestro país, igual que en otras partes, el capitalismo ha sembrado la ruina y la miseria. Las masas proletarias de Europa, como vosotros en 1917, esperan el momento favorable para sublevarse contra las espantosas condiciones de existencia impuestas por la guerra. Como vosotros, ellos se volverán contra todos los responsables de esta terrible masacre, sean fascistas, demócratas o rusos. Como vosotros, ellos intentan derribar el sangriento régimen de opresión que es el capitalismo.
Su bandera será vuestra bandera de 1917. Su programa será vuestro programa, el que vuestros dirigentes actuales os han arrebatado: la Revolución comunista.
Vuestro Estado está aliado con las fuerzas de la contrarrevolución capitalista. Sed solidarios, confraternizad con vuestros camaradas de lucha, vuestros hermanos; luchad junto a ellos para restablecer en Rusia y en otros países las condiciones de la victoria de la revolución mundial.
Vuestro imperialismo no hace más que desarrollar su plan de colonización y de esclavismo de todos los pueblos para intentar salvarse de la grave crisis en que está inmersa toda la sociedad.
Ya antes de la guerra, a pesar de la dominación colonial y del enriquecimiento de vuestra burguesía, vosotros sufristeis el paro y la miseria, eran millones los que no tenían empleo.
Contra vuestras huelgas por reivindicaciones legitimas, vuestra burguesía no ha dudado en emplear el método más bárbaro de represión: el gas.
Los obreros de Alemania, Francia, Italia y España tienen que ajustar cuentas con su propia burguesía, tan responsable como la vuestra de la inmunda masacre.
Querrán haceros jugar el papel de gendarme, lanzaros contra las masas proletarias sublevadas.
Negaos a disparar, fraternizad con los soldados y los trabajadores de Europa.
Estas luchas son vuestras luchas de clase.
Estáis cercados por un mundo de enemigos. Todos los partidos, todos los programas se han integrado en la guerra; todos disfrutan de vuestros sufrimientos, todos unidos para salvar de su derrumbamiento a la sociedad capitalista.
Toda la banda de canallas al servicio de las grandes finanzas, desde Hitler hasta Churchill, desde Laval hasta Pétain, de Stalin a Roosevelt, de Mussolini a Bonomi, están en el plan de colaborar con el Estado burgués para predicar el orden, el trabajo, la disciplina y la patria, lo que se traduce en la perpetuación de vuestra esclavitud.
A pesar de la traición de los dirigentes del Estado ruso, los esquemas, las tesis, las previsiones de Marx y de Lenin encuentran en la alta traición de la situación actual su confirmación evidente.
Nunca la división en clases entre explotados y explotadores ha sido tan clara, tan profunda. Nunca la necesidad de acabar con un régimen de miseria y de sangre ha sido tan imperiosa.
Con la matanza en los frentes, con las masacres de la aviación, con los cinco años de restricciones, el hambre hace su aparición. La guerra se despliega sobre el continente, el capitalismo no sabe, no puede finalizar esta guerra.
No es ayudando a uno u otro grupo de las dos formas de dominación capitalista como abreviaréis el combate. Esta vez es el proletariado italiano el que os ha indicado la vía de la lucha, de la sublevación contra la guerra.
Como Lenin lo hizo en 1917, no hay otra alternativa, otro camino distinto a seguir que el de la transformación de la guerra imperialista en guerra civil.[4]
Mientras exista el régimen capitalista, no habrá para el proletariado ni pan, ni paz ni libertad.
Hay muchos partidos, demasiados partidos. Pero todos, hasta los grupúsculos del trotskismo, se han sumergido en la contrarrevolución.
Falta un solo partido: el partido político de la clase proletaria.
Sólo la Izquierda Comunista ha permanecido junto al proletariado, fiel al programa del marxismo, a la Revolución comunista. Es únicamente sobre la base de este programa que será posible devolverle al proletariado sus organizaciones, sus armas adecuadas para poder conducirle a la lucha a la victoria. Estas armas son el nuevo Partido Comunista, la nueva Internacional.
Contra todo el oportunismo, contra todo pacto en el terreno de la lucha de clases, la Fracción os llama a unir vuestro esfuerzo para ayudarle al proletariado a desprenderse de la argolla del capitalismo. Contra las fuerzas colisionadas del capitalismo debe erigirse la fuerza invencible de la clase proletaria.
Sólo a vosotros os corresponde detener la terrible masacre sin precedentes en la historia.
Obreros, detened en todos los países la producción destinada a matar a vuestros hermanos, vuestras mujeres, vuestros hijos.
¡Soldados, cesad el fuego, bajad las armas!
Fraternizar por encima de las fronteras artificiales del capitalismo.
Uníos en el frente internacional de clase.
¡VIVA LA FRATERNIZACION DE TODOS LOS EXPLOTADOS!
¡ABAJO LA GUERRA IMPERIALISTA!
¡VIVA LA REVOLUCION COMUNISTA MUNDIAL!
Junio 1944
[1] Después de que una minoría de sus miembros fuera a apoyar a las milicias en España, , basándose en posiciones influidas por el oportunismo, ya que creía, en total contradicción con el análisis desarrollado durante los años 30, que la guerra no tendría lugar. Este desconcierto se tradujo en el abandono de la publicación de la revista Bilan en favor de la titulada Octobre, lo que suponía mantener la posición errónea de que la clase obrera no tardaría en emerger.
[2] Que publicó l’Etincelle en 45-46 e Internationalisme hasta 1952.
[3] La Carta Atlántica de agosto 1941 fue un pacto elaborado por Churchill y Roosevelt que se presentó como una alianza para defender la paz y la seguridad internacional, rechazando toda política de anexión de territorios. En realidad, sirvió para preparar ideológicamente a la población de los EE.UU. para la movilización militar y su posterior entrada, junto a los Aliados a la 2ª GM.
[4] Esta consigna de transformar la guerra imperialista en guerra civil fue la consigna planteada por los revolucionarios durante la Primera Guerra Mundial. Se basaba en el hecho de que, aunque el proletariado había sido traicionado y engañado ideológicamente por los dirigentes de los partidos de la II Internacional, no había sido derrotado físicamente por la burguesía y conservaba casi intactas todas sus fuerzas vitales. No fue así en 1939, y menos aún en 1944. Este llamamiento de los revolucionarios de la época fue, por tanto, un error, ya que fue un proletariado sin sangre, cuya conciencia de clase y organizaciones habían sido destruidas de arriba abajo, el que emergió de la guerra. Sin embargo, este error de apreciación sobre las capacidades del proletariado de la época no desvirtúa en absoluto el carácter indefectiblemente proletario del manifiesto que hemos publicado más arriba.
La indignación y preocupación de la clase obrera ante la proliferación de guerras imperialistas cada vez más destructivas se expresan en la aparición de pequeñas minorías que buscan una respuesta internacionalista.
Pero, ¿qué es el internacionalismo? En nombre del internacionalismo, grupos izquierdistas -principalmente trotskistas- nos piden que elijamos bando entre los gánsteres imperialistas. Para ellos, ¡elegir Palestina en nombre de la "liberación nacional de los pueblos" sería la respuesta más internacionalista! Nos venden un "internacionalismo" que es lo contrario del internacionalismo proletario, porque el internacionalismo es la lucha contra todos los campos imperialistas, la lucha de clases internacional, la perspectiva de la revolución mundial que es la única que puede poner fin a la guerra.
Hay otras visiones del internacionalismo. Los anarquistas tienden a reducirlo al rechazo: rechazo de los ejércitos, rechazo del servicio militar, rechazo de las guerras en general. Estas visiones no llegan a la raíz del problema, que es la decadencia del capitalismo y su dinámica de destrucción del planeta y de toda la humanidad.
Por lo tanto, primero tenemos que aclarar qué es el internacionalismo, basándonos en la experiencia histórica del proletariado.
La lucha contra la guerra no puede confiarse a hombres de buena voluntad o a políticos sabios y pacíficos... la lucha contra la guerra es una cuestión de clase. Sólo la clase obrera tiene la perspectiva comunista, la fuerza y los intereses para poner fin a la guerra.
Por eso decimos en nuestro Tercer Manifiesto Internacional: "De todas las clases de la sociedad, la más afectada y golpeada por la guerra es el proletariado. La guerra "moderna" es llevada a cabo por una gigantesca máquina industrial que exige una gran intensificación de la explotación del proletariado. El proletariado es una clase internacional que no tiene patria, pero la guerra es el asesinato de los trabajadores por la patria que los explota y oprime. El proletariado es la clase de la conciencia; la guerra es el enfrentamiento irracional, la renuncia a todo pensamiento y reflexión conscientes. Al proletariado le interesa buscar la verdad más clara; en la guerra, la primera víctima es la verdad, encadenada, amordazada, asfixiada por las mentiras de la propaganda imperialista. El proletariado es la clase de la unidad más allá de las barreras de la lengua, la religión, la raza o la nacionalidad; el enfrentamiento mortal de la guerra obliga al desgarramiento, la división, el enfrentamiento entre naciones y pueblos" [[1]].
El internacionalismo es la expresión más coherente de la conciencia y del interés histórico del proletariado.
La piedra angular del internacionalismo se encuentra en los Principios del Comunismo [511] de 1847, donde, en el punto XIX, Friedrich Engels responde a su pregunta: "No. La gran industria, al crear el mercado mundial, ya ha unido tan estrechamente a los pueblos de la tierra, especialmente a los más civilizados, que cada pueblo depende estrechamente de lo que ocurre en los demás. También ha unificado el desarrollo social en todos los países civilizados hasta tal punto que, en todos estos países, la burguesía y el proletariado se han convertido en las dos clases más importantes de la sociedad, y el antagonismo entre estas dos clases se ha convertido ya en el antagonismo fundamental de la sociedad. La revolución comunista, por lo tanto, no será una revolución puramente nacional. Se producirá al mismo tiempo en todos los países civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, América, Francia y Alemania. Se desarrollará más rápida o más lentamente en cada uno de estos países, según que uno u otro posea una industria más desarrollada, una riqueza nacional mayor y una masa de fuerzas productivas más considerable. Por eso será más lento y difícil en Alemania, más rápido y fácil en Inglaterra. También tendrá repercusiones considerables en todos los demás países del globo y transformará por completo su modo de desarrollo. Es una revolución universal; tendrá, por tanto, repercusiones universales”.
El Manifiesto Comunista reafirmó y profundizó este principio al proclamar que "los proletarios no tienen patria; ¡proletarios de todos los países, uníos!
En los años sesenta del siglo XIX, Marx y Engels lucharon contra el paneslavismo, que se oponía a la unidad internacional de la clase obrera, y argumentaron que el apoyo a determinadas guerras nacionales podía acelerar las condiciones para la revolución mundial, pero no en nombre de un supuesto "derecho nacional". Éste fue el caso de la guerra civil estadounidense y de la guerra franco-alemana de 1870. Como dijo Lenin en su folleto "El socialismo y la guerra", escrito justo antes de la Conferencia de Zimmerwald en 1915: "Así, en las guerras revolucionarias de Francia, hubo un elemento de saqueo y conquista de tierras ajenas por los franceses; pero esto no altera el significado histórico esencial de estas guerras que demolían y socavaban el régimen feudal y el absolutismo de toda la vieja Europa, la Europa de la servidumbre"[[2]].
La Segunda Internacional se enfrentó a un claro cambio en las guerras, que adquirían cada vez más un carácter imperialista. Así, en 1900, en el Congreso de París, adoptó la siguiente posición: "Los diputados socialistas en los parlamentos de todos los países deben votar contra todos los gastos militares y navales y contra las expediciones coloniales".
Pero la creciente gravedad de las tensiones imperialistas, que expresaban la entrada del capitalismo en su periodo de decadencia y la necesidad de una revolución proletaria mundial, dio lugar a la necesidad de hacer del internacionalismo no sólo una posición defensiva de rechazo a la guerra -en la que tendía a mantenerse la mayoría de la II Internacional-, sino de hacer de la lucha contra la guerra la lucha por la destrucción del capitalismo, la lucha por la revolución proletaria mundial. Por eso, en el Congreso de Stuttgart (1907), ante la propuesta de resolución sobre la guerra de August Bebel, formalmente correcta pero demasiado tímida y limitada, Lenin, Rosa Luxemburgo y Mártov propusieron una enmienda, que finalmente fue aprobada, insistiendo en la necesidad de "aprovechar por todos los medios la crisis económica y política para agitar a los pueblos y precipitar así la caída de la dominación capitalista".
Del mismo modo, el Congreso Extraordinario de Basilea (1912) denunció una posible guerra europea como "criminal" y "reaccionaria" y declaró que ésta sólo podría "acelerar la caída del capitalismo provocando inevitablemente la revolución proletaria".
Sin embargo, la mayoría de los partidos de la II Internacional "denunciaban la guerra sobre todo por sus horrores y atrocidades, porque el proletariado proporcionaba carne de cañón a la clase dominante". El antimilitarismo de la II Internacional era puramente negativo (...) En particular, la prohibición de votar créditos de guerra no resolvía el problema de la "defensa del país" contra el ataque de una "nación agresora". Fue por esta brecha por donde se precipitó la jauría de social chovinistas y oportunistas"[[3]].
Frente a las limitaciones de la posición mayoritaria de los partidos de la II Internacional, su confusión sobre la cuestión nacional e incluso el colonialismo de Hyndman de la Federación Socialdemócrata de Gran Bretaña, sólo la izquierda de la II Internacional, en particular los bolcheviques y Rosa Luxemburgo, defendieron el internacionalismo contra la guerra imperialista y estuvieron por la revolución proletaria mundial. Dejaron claro que el internacionalismo es la frontera que separa a los comunistas de todos los partidos y organizaciones que defienden la guerra capitalista.
La reacción a la Primera Guerra Mundial estableció una clara distinción entre el internacionalismo de una pequeña minoría de partidos socialdemócratas y el chovinismo de la gran mayoría que había destruido la Segunda Internacional. Los internacionalistas se reunieron en las conferencias de Zimmerwald, que comenzaron en septiembre de 1915.
Pero Zimmerwald era sólo un punto de partida, ya que también expresaba una gran confusión. El movimiento de Zimmerwald era el vástago de los partidos de la moribunda Segunda Internacional, que se había derrumbado en 1914, y por tanto reunía a un grupo de fuerzas totalmente heterogéneas, unidas únicamente por un rechazo general a la guerra, pero carentes de un auténtico programa internacionalista.
Estaban los partidarios de un imposible retorno al capitalismo de antes de la Primera Guerra Mundial, que llamaban a la "paz" y querían confinar la lucha al parlamento, absteniéndose o negándose a votar los créditos de guerra (Ledebour del SPD). Estaban los pacifistas de línea dura, un ala centrista vacilante (Trotsky, espartaquistas) y, por último, la minoría clara y decidida en torno a Lenin y los bolcheviques, la Izquierda de Zimmerwald.
Como dice nuestro artículo en la Revista Internacional 155: "en el contexto de Zimmerwald, la derecha está representada no por los 'social chovinistas', para usar el término de Lenin, sino por Kautsky y consortes -todos los que más tarde formarían el ala derecha del USPD- mientras que la izquierda está constituida por los bolcheviques y el centro por Trotsky y el grupo Spartakus de Rosa Luxemburgo. El proceso que lleva a la revolución en Rusia y Alemania está marcado precisamente por el hecho de que una gran parte del "centro" es ganada por las posiciones bolcheviques" [4]
Desde el principio, sólo los bolcheviques propusieron una respuesta internacionalista auténtica y coherente, defendiendo tres puntos esenciales:
- Sólo la destrucción del capitalismo puede poner fin a la guerra imperialista.
- Sólo la clase proletaria que lucha por la revolución mundial puede llevar a cabo esta tarea.
- No hay vuelta atrás a la Segunda Internacional. Una nueva Internacional, la Tercera Internacional, es necesaria y debe fundarse lo antes posible.
En torno a estos tres puntos que libraron una lucha tenaz e inquebrantable. Eran conscientes de la confusión que reinaba en el "movimiento de Zimmerwald" y de que ese terreno pantanoso del eclecticismo, de la coexistencia del "agua y el fuego", conducía al desarme de la lucha antibelicista y al debilitamiento de la perspectiva revolucionaria que estaba madurando, con los obreros de Rusia a la cabeza.
Es cierto que los bolcheviques firmaron el compromiso del Manifiesto de Zimmerwald en 1915, pero esto no significaba la aceptación de esta confusión, en particular el tono pacifista del Manifiesto, sino el reconocimiento de que podía, al denunciar a los social patriotas al conjunto de la clase obrera, ser un primer paso para adoptar una línea internacionalista intransigente hacia una nueva Internacional. Manteniendo su crítica al centrismo de Zimmerwald, los bolcheviques podían continuar el necesario proceso de decantación. A la vista de los resultados de la conferencia de Zimmerwald, los bolcheviques adoptaron las siguientes decisiones:
- Presentar un proyecto de Manifiesto mucho más claro que el adoptado.
- Crear un órgano de prensa propio que agrupara a la izquierda de Zimmerwald.
- Emprender una polémica intransigente contra los diversos representantes del ala derecha y del ala centrista: Plejánov, Mártov y, sobre todo, el centrismo de Kautsky, que era aún más peligroso que el social chovinismo abierto.
Hoy, la Tendencia Comunista Internacionalista y los parásitos dicen ser seguidores de Zimmerwald. Dan muchos "me gusta" a Zimmerwald. Sin embargo, su significado ha sido deliberadamente oscurecido e incluso invertido por la TCI y los elementos parásitos disfrazados de internacionalistas. Para la TCI, el objetivo de Zimmerwald era supuestamente reunir al mayor número posible de opositores a la guerra como medio práctico de organizar a las masas. "No es el momento de elegir entre los que se oponen a la guerra sobre la base de un programa revolucionario. En primer lugar, como antes de Zimmerwald, vale la pena aunar todas las energías revolucionarias e internacionalistas. Pero más que eso, el ejemplo de Francia es significativo con el Comité para la Reanudación de las Relaciones Internacionales (CRRI), que fue el más activo y el corazón de la oposición obrera a la guerra. Desde el principio, reunió a sindicalistas revolucionarios y a militantes del Partido Socialista, sección de la fracasada Internacional. De hecho, la razón de ser del CRRI era oponerse a la guerra y a la Unión sagrada, y reunir a los distintos opositores a la guerra procedentes del mundo sindicalista, socialista y anarquista"[5]. Está claro que esta distorsión y desprecio de los hechos está diseñada para justificar el oportunismo de la empresa "Not War But the Class War" (NWBCW)[6], en contraste con los bolcheviques que, aunque muy minoritarios, insistieron en rechazar el pacifismo, rechazaron el intento de resucitar la II Internacional y se comprometieron en la lucha por el partido mundial. El principio rector de los bolcheviques era desarrollar una "línea de trabajo" para la clase obrera en la era de las guerras imperialistas, contra el marasmo de la confusión centrista, aunque esto significara, en aquel momento, el aislamiento numérico.
Zimmerwald no era una agrupación de elementos "antibelicistas", como pretenden la TCI y los parásitos, aunque al principio se concibiera todavía como una agrupación en el seno de los partidos socialdemócratas, en un momento en que estos últimos eran todavía la referencia política del proletariado en su conjunto. La orientación adoptada por los bolcheviques fue la lucha por superar esta confusión y avanzar hacia la formación de la III Internacional. Se entendía que Zimmerwald estaba en el terreno de clase. Pero se produjo un proceso de decantación que llevó a los centristas a la contrarrevolución y, por tanto, a apoyar a su propia burguesía nacional, mientras que la izquierda intransigente seguía siendo la única corriente proletaria internacionalista.
La lucha de la Izquierda de Zimmerwald fue validada en la práctica por la revolución proletaria de octubre de 1917, que hizo realidad la consigna internacionalista de "transformar la guerra imperialista en guerra civil". La retirada inmediata del nuevo régimen soviético de la alianza imperialista de la Entente en medio de la Primera Guerra Mundial y la publicación de los tratados secretos -relativos a "quién ganaría qué" en caso de victoria- enviaron ondas de choque a través de la burguesía mundial, mientras que el ascenso revolucionario de la clase obrera europea recibió un tremendo impulso, resultando en el casi éxito de la revolución alemana y la formación de la Internacional Comunista en 1919.
Si el camino hacia el internacionalismo durante la Primera Guerra Mundial estaba en la lucha de la Izquierda contra el oportunismo de los social chovinistas y centristas, la continuidad de este camino en los años 20 y 30 estaba en la lucha de la Izquierda comunista contra la degeneración de la Internacional Comunista en los años 20, y después contra la de la Oposición de Izquierda de Trotsky en los años 30. La Comintern, debido al aislamiento y a la degeneración de la revolución en Rusia, capituló cada vez más ante los social chovinistas de la socialdemocracia, que se había convertido en el enemigo a través de la política de los Frentes Unidos y de los gobiernos obreros. La política de la III Internacional se convirtió cada vez más en una extensión de los intereses del Estado ruso en lugar de las necesidades de la revolución internacional, lo que contribuyó a las derrotas de ésta en Alemania, Gran Bretaña y China. Esta política se consolidó con la adopción en 1928 por la Comintern de la consigna nacionalista "Socialismo en un solo país" y con la capitulación completa del Estado ruso al juego del imperialismo mundial con la entrada de Rusia en la Sociedad de Naciones en 1934.
La Izquierda Comunista fue la primera en oponerse a esta tendencia, en particular la tradición de la Izquierda Comunista Italiana, que acabó siendo excluida del Partido Comunista Italiano y de la Internacional Comunista. Formó una Fracción en el Exilio y más tarde una Fracción Internacional de la Izquierda Comunista.
La derrota de la oleada revolucionaria internacional en 1928 allanó el camino para una nueva guerra imperialista mundial, y sólo la izquierda comunista se mantuvo fiel a la lucha internacionalista del proletariado revolucionario, tanto en el periodo previo a la Segunda Guerra Mundial como durante y después de la guerra misma.
Bilan trazó una clara línea de demarcación contra la Oposición de Izquierda en torno a Trotsky sobre la cuestión clave de la defensa de la URSS, posición que contribuyó a arrastrar a la corriente trotskista al apoyo de la guerra imperialista:
- "Consideramos que en caso de guerra, el proletariado de todos los países, incluida Rusia, tendría el deber de concentrarse para transformar la guerra imperialista en una guerra civil. La participación de la URSS en una guerra de rapiña no alteraría su carácter esencial y el Estado proletario sólo podría hundirse bajo los golpes de las contradicciones sociales que tal participación acarrearía. Los bolcheviques-leninistas abandonan el terreno del marxismo cuando invitan al proletariado a sacrificar su lucha por la revolución mundial a cambio de la defensa de la URSS" (Bilan nº 10, agosto de 1934).
Sin embargo, la prueba de fuego internacionalista para los grupos y fracciones revolucionarios que habían sido expulsados de la degenerada Comintern fue la guerra en España a partir de 1936, donde el conflicto entre las alas republicana y fascista de la burguesía española se convirtió en el terreno de una batalla de poder entre las potencias imperialistas rivales, Gran Bretaña y Francia, Rusia, Alemania e Italia. Sin embargo, los trotskistas, que habían sido excluidos de los partidos comunistas en particular por sus intentos de defender el internacionalismo, defendían ahora, en nombre del antifascismo y de forma “crítica”, al bando republicano y traicionaban así al proletariado, al que incitaban a elegir un bando en este ensayo general interburgués e interimperialista de la Segunda Guerra Mundial.
Bilan tuvo que luchar contra esta tendencia a capitular, que arrastraba consigo a los grupos proletarios. Su lealtad intransigente al internacionalismo le llevó a un aislamiento dramático: sólo pequeños grupos en Bélgica y México se unieron a su lucha.
Sin embargo, la propia izquierda comunista no era inmune a los peligros del oportunismo. Una minoría de la Fracción Italiana rompió con ella y con sus principios internacionalistas y se unió a la lucha antifascista en España.
Y la Segunda Guerra Mundial encontró a la Fracción Italiana desorganizada, con su representante más notable, Vercesi, afirmando que el proletariado había desaparecido y que la lucha política por el internacionalismo ya no era viable. Sólo con extrema dificultad una parte de la Fracción Italiana -atrapada entre la Gestapo y la resistencia- consiguió reagruparse en el sur de Francia y proclamar las posiciones internacionalistas de la Izquierda Comunista, es decir, contra los dos campos imperialistas, ya fueran "fascistas" o "antifascistas".
Mientras tanto, en 1943, el Partito Comunista Internazionalista (PCInt) se formó en el norte de Italia, tras el derrocamiento de Mussolini, y continuó la política internacionalista de la Izquierda Comunista. Sin embargo, haciendo caso omiso de las críticas al oportunismo de la Comintern por parte de la Fracción Italiana en el Exilio, e ignorando el objetivo de aprender las lecciones de un periodo de derrotas para el proletariado, incluida la intransigencia internacionalista ante la guerra en España, el PCInt volvió a la política de "ir hacia las masas" e imaginó que podría transformar a los partisanos en Italia, es decir, a las fuerzas antifascistas que trabajaban en nombre del imperialismo aliado, en auténticos internacionalistas"[[7]].
Mientras que el PCInt abandonó prematuramente el trabajo necesario de una fracción internacional contra esta deriva oportunista, la Gauche Communiste de France (que publicaba Internationalisme) continuó resueltamente el trabajo de la Fracción, elaborando las posiciones que Bilan había comenzado a desarrollar. La GCF denunció claramente la falsa oposición entre fascismo/democracia que había sido la bandera de movilización para la carnicería imperialista, mientras que después de la Segunda Guerra Mundial, y frente a la nueva configuración imperialista (la lucha entre EEUU y la URSS), denunció el medio suplementario de alistamiento para la guerra: la "liberación nacional" de los "pueblos oprimidos" (Vietnam, Palestina, etc.).
Podemos concluir que sólo la Izquierda Comunista ha permanecido fiel al proletariado defendiendo el internacionalismo contra las innumerables masacres militares que han ensangrentado el planeta desde 1914. Por eso, en nuestro Tercer Manifiesto Internacional, decimos:
- “En situaciones históricas graves, como las guerras a gran escala como la de Ucrania, el proletariado puede ver quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigos. Los enemigos no son sólo los grandes dirigentes, como Putin, Zelensky o Biden, sino también los partidos de extrema derecha, de derecha, de izquierda y de extrema izquierda que, con los argumentos más diversos, incluido el pacifismo, apoyan y justifican la guerra y la defensa de un campo imperialista contra el otro”[[8]].
La continuidad histórica crítica de las posiciones comunistas defendidas y desarrolladas a lo largo del último siglo por la Izquierda Comunista es la única capaz de proporcionar un cuerpo de análisis (la naturaleza del capitalismo, la decadencia, el imperialismo, la economía de guerra, la descomposición capitalista, etc.), una continuidad en los debates y en la intervención de clase, una coherencia, que constituyen las armas de la lucha por la revolución comunista mundial contra todas las manifestaciones de la barbarie capitalista y, sobre todo, de la guerra imperialista.
Contra la infame carnicería en Ucrania, la CCI propuso una Declaración Conjunta de la Izquierda Comunista, que fue firmada por otros 3 grupos. Frente a la nueva barbarie imperialista en Gaza, lanzamos un llamamiento[[9]] para "la elaboración de una declaración común contra todas las potencias imperialistas, contra los llamamientos a la defensa nacional detrás de los explotadores, contra los llamamientos hipócritas a la "paz", y por la lucha de clases proletaria que conduzca a la revolución comunista".
Todas las fuerzas de la burguesía (partidos, sindicatos, instituciones como las iglesias, la ONU, etc.) llaman a los proletarios a tomar partido por los bandidos imperialistas, a aceptar los terribles sacrificios que impone la dinámica guerrera del capitalismo, en definitiva, a dejarse atrapar por la maquinaria de guerra y destrucción que conduce a la aniquilación del planeta y de la humanidad en su conjunto. Sólo la voz de la Izquierda Comunista se pronuncia claramente contra este concierto de muertos.
La declaración conjunta y el llamado de la CCI al medio político proletario sectario y oportunista de hoy se inscriben en continuidad con la actitud de los bolcheviques de Zimmerwald frente a los centristas. Los grupos de la Izquierda Comunista son hoy el único terreno de clase mínimo sólido para una perspectiva internacionalista. Pero los grupos de la Izquierda Comunista surgidos del PCInt se negaron a firmar las propuestas comunes. Pero si estos grupos hubieran firmado las declaraciones comunes, esto habría constituido un faro político para las fuerzas revolucionarias emergentes y podría haber abierto un proceso más intenso de decantación política. La declaración común y el llamamiento[[10]] fueron concebidos como un primer paso hacia la necesaria decantación política que requerirá la formación del futuro partido.
La burguesía necesita acallar la voz internacionalista de la Izquierda Comunista. Para ello, libra una guerra secreta y solapada. En esta guerra, no utiliza abiertamente los órganos represivos del Estado ni los grandes medios de comunicación. Dado el pequeño tamaño, la reducida influencia, la división y la dispersión de los grupos de la izquierda comunista, la burguesía utiliza los servicios de los parásitos.
Los parásitos pretenden ser internacionalistas, descalificando a los diversos partidos con declaraciones grandilocuentes, pero todos sus esfuerzos se concentran en denigrar, calumniar y denunciar a los grupos genuinamente internacionalistas como la CCI. Son chivatos y mafiosos como el GIGC que utilizan la verborrea "internacionalista" como pasaporte para atacar a las organizaciones comunistas. Sus métodos son la calumnia, la denuncia, la provocación y las acusaciones de "estalinismo" contra la CCI. Proclaman que nuestra organización está "fuera de la izquierda comunista" y, para "llenar el vacío", adulan descaradamente a la TCI ofreciéndole el trono de "vanguardia de la izquierda comunista". Se trata, pues, de crear la división en el seno de la Izquierda Comunista y de utilizar descaradamente el sectarismo y el oportunismo de la TCI para volverla aún más fuertemente contra la organización más clara y más coherente de la Izquierda comunista, la CCI.
La camarilla parasitaria, una mezcla caótica de grupos y personalidades, utiliza un refrito indigerible de las posiciones de la Izquierda Comunista para atacar a la verdadera Izquierda Comunista, para falsificarla y denigrarla. Este ataque adopta diferentes formas.
Por un lado, está el blog, primero llamado Nuevo curso y luego disfrazado de Comunia, que trata de engañarnos: utiliza las posiciones confusas, debidas a una ruptura incompleta con el trotskismo de un auténtico revolucionario, Munís[[11]], para presentar una falsa izquierda comunista, completamente adulterada y falsificada. Esta empresa de impostura promovida por el aventurero Gaizka[[12]] fue apoyada sin reservas por el parásito GIGC.
Otro frente en la guerra contra la izquierda comunista procede de una farsa de conferencia celebrada en Bruselas, en la que una serie de personalidades y grupúsculos parasitarios tienen “una evidente base común (...) que sin duda prefieren mantener en la sombra: es la convicción de que el marxismo y los logros de las luchas de la izquierda comunista de los últimos cien años son obsoletos y deben ser “completados”, o incluso “superados” recurriendo a diversas teorías radicales anarco-consejistas, modernistas o ecologistas radicales. Por eso se autodenominan “pro-revolucionarios”, considerándose una especie de “amistad para la propagación de la revolución”. Su mensaje es que la clase obrera debe “empezar de cero” y, bajo el estruendo de las guerras, las olas de inflación y miseria, la orgía de destrucción, que debe esperar pacientemente a que estos “pro-revolucionarios” de sillón utilicen sus increíbles cerebros para dar con una idea sobre “cómo luchar contra el capitalismo”[[13]]
La guerra de la burguesía contra el internacionalismo se apoya en la posición sectaria y oportunista de la TCI.
La TCI denuncia la guerra imperialista, rechaza a todas las partes en conflicto y defiende la revolución proletaria como única salida. Pero este internacionalismo corre el riesgo de quedarse en papel mojado porque, por un lado, se niegan a luchar contra la guerra en común con los demás grupos de la Izquierda Comunista (por ejemplo, negándose a participar en la Declaración Conjunta propuesta por la CCI al inicio de la guerra en Ucrania o rechazando también el Llamamiento que lanzamos ante la guerra en Gaza). Del mismo modo, dando al internacionalismo una elasticidad que acaba por romperlo o diluirlo, defienden frentes (por ejemplo, el NWBCW) que pueden corresponder a grupos de izquierda “internacionalistas” frente a un conflicto bélico pero chovinistas frente a otro, o a grupos confusos que tienen una concepción errónea del internacionalismo.
Esta posición sectaria y oportunista no es nueva; tiene una historia de casi 80 años, como vimos anteriormente en relación con los orígenes del PCInt. Desde el resurgimiento histórico del proletariado en 1968, tanto los grupos bordiguistas derivados del PCInt como de la rama damenista, antecesora de la actual TCI. Por un lado, son sectarios en su rechazo a cualquier declaración o acción conjunta contra la guerra imperialista propuesta por la CCI y, por otro, colaboran con grupos confusos o claramente situados en el terreno de la burguesía.
Así la TCI, con el sectarismo y el oportunismo en sus genes, ha rechazado todas las acciones conjuntas de la Izquierda Comunista propuestas por la CCI contra la guerra imperialista - ¡desde la invasión rusa de Afganistán en 1979- hasta las guerras de Ucrania y Gaza!
Al mismo tiempo, ha creado frentes como No War But the Class War con el argumento de que el campo de acción de la Izquierda Comunista es demasiado estrecho y apenas llega a la clase obrera.
La supuesta «estrechez» de la Izquierda Comunista llevó a la TCI a «ampliar el campo del internacionalismo» llamando a grupos anarquistas, semitrotskistas y parásitos, provenientes de un pantano más o menos izquierdista, a unirse a NWBCW. De esta manera, la identidad programática, la tradición histórica y la lucha sin cuartel de más de un siglo llevada a cabo por la Izquierda Comunista son negadas por una «ampliación» que en realidad significa dilución y confusión[[14]] .
Pero, al mismo tiempo, el INTERNACIONALISMO es pisoteado porque estos «internacionalistas» no son internacionalistas en todas las circunstancias. Son internacionalistas contra algunas guerras, mientras que contra otras guardan silencio o las apoyan más o menos abiertamente. Sus argumentos contra la guerra contienen muchas ilusiones sobre el pacifismo, el humanismo y el interclasismo. Esto puede verse en la actitud de la TCI hacia el Grupo Comunista Anarquista de Gran Bretaña (ACG). Acoge con satisfacción la posición de este grupo sobre la guerra en Ucrania, pero al mismo tiempo “lamenta” su posición contraria sobre la guerra en Gaza.
La TCI, en su afán oportunista de “unir” a todos los que dicen “algo contra la guerra”, difumina la demarcación que debe existir entre la Izquierda Comunista que lucha realmente contra la guerra y el conjunto del medio compuesto por:
1. Los que se oponen circunstancialmente a tal o cual guerra (en palabras de Bilan: “El carácter de una guerra no está determinado por la naturaleza específica de cada uno de los Estados que participan en ella, sino que resulta del carácter del conflicto en su conjunto. Este hecho debe incitarnos a adoptar una posición unificada, general y análoga para todos los países, con respecto a la guerra”. Nº 8, junio de 1934).
2. Los que se oponen a la guerra en general. Se niegan a aceptar que “la clase obrera no puede conocer ni exigir más que un solo tipo de guerra: la guerra civil dirigida contra los opresores en cada Estado y que termina con la victoria insurreccional” (Bilan nº 16, marzo de 1935);
La TCI quiere mantener la confusión porque dice: “Lo que no creemos que deban hacer los internacionalistas es atacarse unos a otros. Siempre hemos sido de la opinión de que las viejas polémicas se resolverían o se volverían discutibles con el surgimiento de un nuevo movimiento de clase” (extracto de “Las tareas de los revolucionarios ante el avance del capitalismo hacia la guerra”).
Este enfoque es radicalmente opuesto al de los bolcheviques de Zimmerwald. Lenin consideraba esta reunión de “internacionalistas en general” como un “charco” y libró una lucha intransigente para separar la posición genuinamente internacionalista de este charco de confusión que bloqueaba la lucha coherente contra la guerra.
Lenin y los bolcheviques demostraron que la “mayoría de Zimmerwald” practicaba un “internacionalismo de fachada”; su oposición a la guerra era más una postura hueca que una lucha real. Del mismo modo, debemos advertir contra el internacionalismo actual de la TCI. Por supuesto, la TCI no ha traicionado el internacionalismo, pero su internacionalismo es cada vez más formal y abstracto, tendiendo a convertirse en una cáscara vacía con la que la TCI encubre su sabotaje de la lucha por el partido, su complicidad con el parasitismo, su colaboración con los soplones, su creciente connivencia con el izquierdismo.
Como & C.Mir 22-12-23
[1] Ver en Revista Internacional 169. [365] “El capitalismo conduce a la destrucción de la humanidad... Sólo la revolución mundial del proletariado puede ponerle fin”.
[2] Sin embargo, es necesario subrayar que tras la Comuna de París y la colaboración de las burguesías francesa y prusiana en su represión, Marx llegó a la conclusión de que ésta marcaba el fin de las guerras nacionales progresivas en los países centrales del capitalismo.
[3] Bilan n° 21, agosto de 1936.
[4] Zimmerwald y las corrientes centristas en las organizaciones políticas del proletariado.
[5] En el sitio web de la TCI:NWBCW and the real international bureau of 1915
[6] La Tendance Communiste Internationaliste et linitiative no war but the class war
[7] Leer https://fr.internationalism.org/rinte8/partisan.htm [512], “las ambigüedades sobre los “partisanos” en la constitución del Partido Comunista Internacionalista de Italia”, publicado en la Revista Internacional nº 8.
[8] El capitalismo conduce a la destrucción de la humanidad... Sólo la revolución mundial del proletariado puede acabar con él. [513]
[9] Appel de la gauche communiste. Llamamiento de la Izquierda Comunista: ¡Abajo las masacres, ningún apoyo a ningún bando imperialista! ¡No a las ilusiones pacifistas! ¡Internacionalismo proletario! ¡Ningún apoyo a ningún bando imperialista!
[10] Ídem
[11] Nuevo Curso y la «izquierda comunista española»: ¿Cuáles son los orígenes de la Izquierda Comunista? [23]
[13] Una conferencia del comunismo de izquierdas en Bruselas; una trampa para quienes quieren comprometerse en la lucha revolucionaria. [514]
[14] Por ejemplo, en un artículo titulado “Las tareas de los revolucionarios frente al empuje bélico del capitalismo”, la TCI cita acríticamente esta ambigua declaración de un sindicato, la CNT-AIT en Francia: “Una vez más, los que deciden las guerras no son los que mueren en ellas..... Una vez más, es la población civil la que sufrirá, desde Sderot hasta Gaza. Todas las ideologías utilizadas por los gobiernos, a saber, el nacionalismo y la religión, son los pilares de esta lógica asesina que lleva a los pueblos a matarse unos a otros para mayor beneficio de los gobernantes de este mundo. ¡No a Hamás, no a la colonización! Mientras haya Estados, habrá guerras”.
Como de costumbre, los congresos de la CCI y las reuniones de su Buró Internacional examinan 3 temas principales relativos a la situación internacional y que tienen el mayor impacto en nuestra intervención: las contradicciones económicas del capitalismo, los conflictos imperialistas y la evolución de la lucha de clases. Dicho esto, nunca se debe descuidar el examen de la vida política del enemigo de clase, la burguesía, entre otras cosas porque permite completar nuestro conocimiento de la sociedad contra la que luchamos y también puede aportar claves para comprender los 3 temas principales. Según una visión totalmente reduccionista, y por tanto falsa, del marxismo, el punto de partida es la situación económica del capitalismo, que determinaría los conflictos imperialistas y el nivel de la lucha de clases. Hemos señalado a menudo que la realidad no es tan simple, en particular considerando las citas de Engels sobre el lugar de la economía, en última instancia, en la vida de la sociedad.
Esta necesidad de examinar la vida política de la burguesía está presente en numerosos escritos de Marx y Engels. Uno de los textos más conocidos y notables sobre este tema es “El 18 brumario de Luis Bonaparte”. En este documento, aunque se refiere brevemente a la situación económica de Francia y Europa, Marx se propone dilucidar una especie de enigma: cómo y a través de qué proceso la revolución de 1848 condujo al golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851, que dio plenos poderes a un aventurero, Luis Napoleón Bonaparte. Al hacerlo, Marx nos presenta un cuadro vívido y profundo del funcionamiento político de la sociedad francesa de su época. Por supuesto, sería absurdo trasladar el análisis de Marx a la sociedad actual. En particular, el papel que desempeña hoy el Parlamento no tiene nada que ver con el de mediados del siglo 19º. Dicho esto, es fundamentalmente en el método utilizado por Marx, el materialismo histórico y dialéctico, donde podemos encontrar una fuente de inspiración para analizar la sociedad actual.
La importancia de un examen sistemático de la vida política de la burguesía para la comprensión del mundo actual ha sido verificada en varias ocasiones por la CCI, pero merece la pena destacar un episodio particularmente significativo: el del hundimiento del bloque del Este y de la Unión Soviética en 1989-90. La caída del muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, constituyó una enorme sorpresa para la mayoría de los grupos políticos proletarios y los “especialistas” burgueses que, hasta la víspera de esa fecha, estaban lejos de pensar que las dificultades encontradas por los países del bloque llevarían a su derrumbe brutal y espectacular. Sin embargo, la CCI había previsto este gran acontecimiento dos meses antes, a principios de septiembre de 1989 mientras se redactaban las “Tesis sobre la crisis económica y política en la URSS y Europa del Este”. Éstas son muy claras:
- “…teniendo en cuenta que el factor prácticamente único de cohesión del bloque ruso es la fuerza armada, toda política que tienda a hacer pasar a un segundo plano este factor lleva consigo la fragmentación del bloque. El bloque del Este nos está dando ya la imagen de una dislocación creciente (…). Fenómeno similar es el que se puede observar en las repúblicas periféricas de la URSS (…) Los movimientos nacionalistas que favorecidos por el relajamiento del poder central del partido ruso se desarrollan hoy (…) llevan consigo una dinámica de separación de Rusia. A fin de cuentas, si el poder central de Moscú no reaccionara asistiríamos a un fenómeno de explosión no sólo del bloque ruso sino igualmente de su potencia dominante. En una dinámica así, la burguesía rusa, clase hoy dominante de la segunda potencia mundial, no se encontraría a la cabeza más que de una potencia de segundo orden, mucho más débil que Alemania, por ejemplo.” (Punto 18).
- “Pero cualquiera que sea la evolución futura de la situación en los países del Este, los acontecimientos que hoy los están zarandeando son la confirmación de la crisis histórica, del desmoronamiento definitivo del estalinismo, de esa monstruosidad símbolo de la más terrible contrarrevolución que haya sufrido el proletariado. En esos países se ha abierto un periodo de inestabilidad, de sacudidas, de convulsiones, de caos sin precedentes cuyas implicaciones irán mucho más allá de sus fronteras. En particular el debilitamiento del bloque ruso, que se va a acentuar aún más, abre las puertas a una desestabilización del sistema de relaciones internacionales y de las constelaciones imperialistas que habían surgido de la II Guerra mundial con los acuerdos de Yalta”. (Punto 20).
- “Los acontecimientos que hoy están agitando a los países llamados “socialistas”, la desaparición de hecho del bloque ruso, la bancarrota patente, definitiva, del estalinismo a nivel económico, político e ideológico, constituyen el hecho histórico más importante desde la II Guerra Mundial junto con el resurgimiento internacional del proletariado a finales de los años 60”. (Punto 22).
- Esta capacidad de prever lo que iba a ocurrir en el bloque del Este no era el resultado de un talento particular para leer bolas de cristal, sino de un seguimiento regular y de un análisis en profundidad de la situación y de la naturaleza de los países de este bloque[1]. Es por ello por lo que toda una primera parte de las Tesis recuerda lo que ya habíamos escrito sobre esta cuestión, para situar los acontecimientos de 1989 en el marco de lo que habíamos identificado anteriormente, en particular durante las luchas obreras en Polonia en 1980. En las tesis se citan principalmente 3 artículos publicados en la Revista Internacional en 1980-81:
- “La dimensión internacional de las luchas obreras en Polonia [515]”, Revista Internacional 24[2],
- “Un año de luchas obreras en Polonia [56]”, Revista Internacional 27,
- “Europa del Este: Crisis económica y las armas de la burguesía contra el proletariado [516]”, Revista Internacional 34[3].
No es éste el lugar para reseñar estos escritos, fácilmente accesibles en nuestra página web. Sólo podemos recordar dos ideas importantes que, entre otras, guiaron nuestro análisis del hundimiento del bloque del Este una década más tarde:
- “Al forzarla a una división de tareas a la que la burguesía de Europa del Este es estructuralmente refractaria, las luchas proletarias de Polonia han creado una contradicción viva. Aún es demasiado pronto para predecir cómo se resolverá esta contradicción. Ante una situación históricamente inédita, la tarea de los revolucionarios es ponerse a analizar modestamente los hechos” (Revista Internacional 27).
- “... si el bloque americano puede perfectamente 'gestionar' la 'democratización' de un régimen fascista o militar cuando ello resulta útil (Japón, Alemania, Italia, en la posguerra; Portugal, Grecia, España, en los años 70), la URSS no puede acomodarse a ninguna 'democratización' al seno de su bloque. (…) Un cambio de régimen político en un país 'satélite' conlleva la amenaza directa de que ese país se una al bloque contrario.” (Revista Internacional 34).
Hoy en día, el examen de la vida política de la burguesía conserva toda su importancia. La herramienta metodológica que utilizamos para este examen es, evidentemente, nuestro análisis de la descomposición, más particularmente la cuestión de la pérdida de control por parte de la clase dominante de su juego político, en la que el auge del populismo es una manifestación importante. Este informe desarrollará principalmente esta cuestión del populismo por 2 razones centrales:
- de una parte, este auge del populismo no ha hecho más que intensificarse en los últimos años;
- de otra parte, los análisis que hemos adoptado hasta la fecha sobre esta cuestión no están exentos de debilidades; debilidades que debemos identificar y rectificar.
Es tardíamente, en el XXII Congreso de Révolution Internationale (nuestra sección en Francia) en mayo de 2016, que la CCI empezó a hacer el balance de la importancia del fenómeno populista a escala internacional. En ese mismo Congreso, el debate sobre la resolución relativa a la situación en Francia puso de manifiesto la falta de manejo y claridad sobre esta cuestión. Así, se aprobó una moción en la que se insistía en la necesidad de lanzar un debate en toda la CCI. Un año más tarde, la resolución sobre la lucha de clases internacional adoptada por el 22º Congreso de la CCI decía sobre el fenómeno populista: “El auge actual del populismo ha sido alimentado, por tanto, por estos diversos factores -la crisis económica de 2008, el impacto de la guerra, del terrorismo y de la crisis de refugiados- y aparece como una expresión concentrada de la descomposición del sistema, de la incapacidad de las dos principales clases de la sociedad para ofrecer a la humanidad una perspectiva de futuro.” Si bien esta afirmación contenía un análisis válido, otros puntos de la resolución hacían mayor hincapié en la permeabilidad de la clase trabajadora como factor determinante en el desarrollo del populismo. Además, el fenómeno populista no se evaluaba realmente a la luz de las propias dificultades de la burguesía desde la entrada en la fase de descomposición. Estas ambigüedades expresaban la falta de homogeneidad que se acompañaba por una tendencia en el seno de la CCI a ocultar el marco defendido en las Tesis sobre la Descomposición para comprender la vida política de la burguesía en el período histórico actual. Esta deriva fue particularmente evidente en el texto “Contribución sobre el problema del populismo [38]” y también en el artículo “Brexit, Trump, Contratiempos para la burguesía que en nada son un buen presagio para el proletariado [517]” publicado unos meses antes en la Revista Internacional 157. Formalmente, estos dos textos presentan efectivamente el populismo como una expresión de “la descomposición de la vida política burguesa”: “como tal, es el producto del mundo burgués y de su visión del mundo - pero sobre todo de su descomposición”[4]. Por todo ello, es importante constatar hasta qué punto las Tesis no constituyen el punto de partida del análisis sino sólo un elemento de reflexión entre otros[5]. De hecho, estos dos textos sitúan otro factor en el centro del análisis: “El ascenso del populismo es peligroso para la clase dominante porque amenaza su capacidad para controlar su aparato político y mantener la mistificación democrática que es uno de los pilares de su dominación social. Pero no ofrece nada al proletariado. Al contrario, es precisamente la debilidad del proletariado, su incapacidad para ofrecer otra perspectiva a la amenaza de caos del capitalismo, lo que ha hecho posible el ascenso del populismo. Sólo el proletariado puede ofrecer una salida al callejón sin salida en el que se encuentra la sociedad actual, y no podrá hacerlo si los trabajadores se dejan embaucar por los cantos de sirena de los demagogos populistas que prometen un imposible retorno a un pasado que, en cualquier caso, nunca existió”[6]. Haciendo un paralelismo entre el auge del populismo y el auge del nazismo en los años 30, la contribución concluye: “… si el proletariado es incapaz de presentar su alternativa revolucionaria al capitalismo, la pérdida de confianza en la capacidad de la clase dominante para “hacer su trabajo” conduce en última instancia a una revuelta, una protesta, una explosión de un tipo totalmente diferente, una protesta que no es consciente sino ciega, orientada no hacia el futuro sino hacia el pasado, que no se basa en la confianza sino en el miedo, no en la creatividad sino en la destrucción y el odio.” En otras palabras, el principal factor del desarrollo y auge del populismo en la política burguesa se encontraría en lo que equivale a una derrota política de la clase obrera[7].
De hecho, todos los aspectos que alimentan el “catecismo” populista (el rechazo a los extranjeros, el rechazo a las “élites”, la teoría de la conspiración, la creencia en el hombre fuerte y providencial, la búsqueda de chivos expiatorios, el repliegue sobre la comunidad autóctona... ) son ante todo el producto de los miasmas y la putrefacción ideológica que transmite la falta de perspectiva de la sociedad capitalista (explícita en el punto 8 de las Tesis sobre la descomposición), en la que la clase capitalista es afectada en primer lugar. Pero la irrupción y el desarrollo del populismo en la vida política de la burguesía estuvieron determinados sobre todo por una de las principales manifestaciones de la descomposición de la sociedad capitalista: “la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación en el plano político. La base de este fenómeno es, claro está, que la clase dominante cada día controla menos su aparato económico, infraestructura de la sociedad. (…) La falta de la menor perspectiva (si no es la de ir parcheando la economía) hacia la cual pueda movilizarse como clase, y cuando el proletariado no es todavía una amenaza de su supervivencia, lleva a la clase dominante, y en especial a su aparato político, a una tendencia a una indisciplina cada vez mayor y al sálvese quien pueda”. (Tesis 9).
Es, pues, sobre la base del continuo agravamiento de la crisis económica, así como de la incapacidad de la burguesía de movilizar a la sociedad para la guerra mundial que la desintegración y el desmoronamiento del aparato político encuentran sus principales fuerzas motrices. Este fermento histórico se ha manifestado principalmente en una tendencia creciente a la indisciplina, a la división, al cada uno para sí, y, en última instancia, a la exacerbación de las luchas de camarillas en el seno del aparato político. Este fermento ha proporcionado el terreno fértil para la aparición de facciones burguesas con una retórica cada vez más irracional, capaces de surfear sobre las ideas y los sentimientos más nauseabundos, cuyos líderes se comportan como auténticos jefes de bandas que vandalizan las relaciones políticas, con el objetivo de hacer valer sus propios intereses a toda costa, en detrimento de los intereses del capital nacional.
De este modo, si bien la incapacidad del proletariado para abrir el camino a una perspectiva distinta de la del caos y la barbarie capitalista no puede sino reforzar las manifestaciones de descomposición como el populismo, no significa, sin embargo, que esto constituya el factor activo. Además, los dos últimos años han refutado de forma contundente tal análisis. Por un lado, hemos asistido a una reanudación muy significativa de las luchas obreras, que contiene un desarrollo de la reflexión y la maduración de la conciencia. Por otra parte, bajo el efecto de un agravamiento sin precedentes de la descomposición, el auge del populismo se ha confirmado a pesar de todo plenamente. En definitiva, la tesis presentada en la contribución sobre el populismo está en total contradicción con el análisis de la CCI, que identifica dos polos en la situación histórica actual. Además, equivale también a negar el análisis de la ruptura histórica y/o a pensar que el desarrollo de la lucha obrera puede hacer retroceder las tendencias populistas. Por último, también nos lleva a subestimar el hecho de que la burguesía explotará el populismo contra la clase obrera.
La victoria del Brexit en el Reino Unido en junio de 2016, seguida de la llegada de Trump al poder en Estados Unidos unos meses más tarde, supuso un avance espectacular del populismo en la vida política de la burguesía. Esta tendencia ha continuado desde entonces, haciendo del populismo un factor decisivo e irreversible en la evolución de la sociedad capitalista.
Varios países europeos están ahora gobernados en su totalidad o en parte por facciones populistas (Países Bajos, Eslovaquia, Hungría, Italia, Finlandia, Austria). En el resto de Europa, los partidos populistas o de extrema derecha han seguido subiendo en las encuestas y en los sufragios, sobre todo en Europa Occidental. Según algunos estudios, los partidos populistas podrían imponerse en 9 países de la Unión Europea (UE) en las elecciones europeas de junio de 2024. Pero el alcance del fenómeno se extiende claramente más allá del marco europeo. En Sudamérica, después de Brasil, ahora le toca vivirlo a Argentina con la llegada al poder de Javier Milei. Pero si el populismo es un fenómeno general, es importante para nuestro análisis apreciar sobre todo su irrupción en el seno de los países centrales, ya que tal dinámica no sólo tiene un impacto desestabilizador sobre la situación de los países afectados, sino también sobre el conjunto de la sociedad capitalista. En la actualidad, dos países en particular deben ser objeto de atención: Francia y Estados Unidos.
En Francia, el partido Rassemblement national (RN, Agrupación Nacional) logró un resultado histórico en las elecciones legislativas de junio de 2022, con 89 diputados en los escaños de la Asamblea Nacional. Según un “sondeo secreto” encargado por el partido derechista Les Républicains a finales de 2023, RN podría obtener entre 240 y 305 escaños en caso de elecciones anticipadas tras una eventual disolución de la Asamblea Nacional. Del mismo modo, su victoria en las elecciones presidenciales de 2027 es un escenario cada vez más creíble. Tal situación agravaría sin duda la crisis política a la que se enfrenta la burguesía francesa. Pero, sobre todo, dada la proximidad de RN a la facción de Putin, esto agravaría las divisiones en el seno de la UE y debilitaría su capacidad para aplicar su política pro-ucraniana. Así, a diferencia de la burguesía alemana, que por el momento parece haber encontrado los medios que le permitan contener el riesgo de que la AfD (Alternativa para Alemania) llegue al poder (a pesar del aumento de la influencia de esta formación en el seno del juego político alemán), la burguesía francesa parece ver su margen de maniobra cada vez más limitado debido al fuerte descrédito de la facción Macron, en el poder desde hace 7 años, pero sobre todo debido a la exacerbación de las divisiones en el seno del aparato político[8].
Pero es sobre todo el posible regreso de Trump a la Casa Blanca en las elecciones presidenciales de noviembre de 2024 lo que marcaría una profunda agravación de la situación no sólo en EE. UU. sino en el conjunto de la situación internacional. La acentuación de las fuerzas centrífugas y la tendencia a la pérdida de liderazgo mundial han lastrado durante muchos años la capacidad del Estado norteamericano para dotarse de la facción más adaptada para defender sus intereses, a la imagen de la llegada al poder de los neoconservadores a principios de los años 2000. La era Obama no puso fin a esta tendencia, ya que la llegada de Trump al poder en 2017 no hizo sino exacerbarla. Al día siguiente de su derrota en enero de 2021, Adam Nossiter, el jefe del Buró del New York Times en París aseguraba: “En seis meses, ya no oiremos hablar de él, lejos del poder, será nada”. Es necesario constatar que esta profecía del periodista fue ampliamente desmentida. En los últimos cuatro años, las facciones más responsables de la burguesía estadounidense no han conseguido “ponerle fuera del juego”. A pesar de las numerosas impugnaciones judiciales, campañas de desprestigio e intentos de desestabilizar a sus más allegados, el regreso de Trump a la Casa Blanca en las elecciones presidenciales de noviembre de 2024 constituye un escenario cada vez más probable. Su victoria en las recientes primarias republicanas demostró incluso el fortalecimiento del trumpismo dentro del partido conservador, en detrimento de las facciones más responsables.
En cualquier caso, una victoria de Trump provocaría una verdadera onda de choque sobre la situación internacional, particularmente en el terreno imperialista. Al poner en duda la continuidad del apoyo a Ucrania, o al amenazar con condicionar la protección estadounidense a los países de la OTAN por su solvencia, la línea política estadounidense debilitaría a la UE y comprendería el riesgo de agravar el conflicto ruso-ucraniano. En cuanto a la guerra de Gaza, las últimas declaraciones “críticas” de Trump sobre Netanyahu no parecen cuestionar el apoyo incondicional de la derecha religiosa republicana a la política de tierra quemada aplicada por el gobierno israelí. ¿Cuáles serían las consecuencias de la victoria de Trump en este sentido?
En términos más generales, el regreso del estandarte populista a Washington tendría un gran impacto en la capacidad de la burguesía para hacer frente a las manifestaciones de la descomposición de su propio sistema. Así, la victoria de Trump podría significar:
- Una nueva salida del acuerdo climático de París por parte de la potencia que es segunda mayor emisora de CO2.
- Una política cada vez más aislacionista y agresiva en el plano económico.
- Un agravamiento de la violencia social y de la desintegración del tejido social a través de la cruzada contra las “minorías”.
- Un empeoramiento del caos político alimentado por el espíritu de venganza y la voluntad de ajustar cuentas tanto dentro del partido republicano como, más ampliamente, dentro del aparato político. Como dijo Trump el pasado diciembre en Fox News: “No seré un dictador, ¡salvo el primer día!”.
Sin embargo, debemos ser cautelosos y no pensar que la suerte está echada. Al contrario, el resultado de las elecciones presidenciales es más imprevisible que nunca. Tanto por el grado de desestabilización del aparato político estadounidense como por las profundas y duraderas divisiones de la sociedad norteamericana, acentuadas tanto por la retórica populista como por la campaña anti-Trump de la administración Biden.
A diferencia del ascenso del fascismo en la década de 1930, el populismo no es el resultado de una voluntad deliberada por parte de los sectores dominantes de la burguesía. Así, las facciones más responsables de la burguesía siguen intentando aplicar estrategias para contenerlo. El informe sobre el impacto de la descomposición en la vida política de la burguesía para el 23º Congreso de la CCI en 2019 evaluó estas diferentes estrategias:
- la política anti populista,
- la adaptación o absorción de las ideas populistas,
- la constitución de gobiernos populistas,
- la refundación de la división izquierda/derecha.
¿Qué eficacia han tenido en los últimos cinco años? Como afirma la resolución sobre la situación internacional del 25º Congreso de la CCI, “el auge del populismo, engrasado por la ausencia total de perspectiva ofrecida por él capitalismo y el desarrollo del “cada uno para sí” a nivel internacional, es probablemente la expresión más clara de esta pérdida de control, y esta tendencia ha continuado a pesar de los contra movimientos de otras facciones más “responsables” de la burguesía (por ejemplo, el reemplazo de Trump y el rápido desprendimiento de Truss en el Reino Unido).” En consecuencia, aunque las facciones más responsables no han permanecido inactivas, estas diversas estrategias han demostrado ser cada vez menos eficaces y no pueden constituir una respuesta viable y sostenible.
Como se mencionó anteriormente, la campaña para intentar desacreditar y eliminar a Trump de la carrera presidencial aún no ha dado sus frutos. Al contrario, los diversos procesos que se han intentado contra él han reforzado globalmente su popularidad entre una parte significativa del electorado estadounidense. Al mismo tiempo, la nueva candidatura de Biden, de 81 años, que ha mostrado públicamente claros signos de senilidad, no es evidentemente una ventaja para la burguesía estadounidense. Tanto más cuanto que los ataques económicos del Gobierno han acentuado enormemente su descrédito. Sin embargo, esta elección por defecto (a pesar de los desacuerdos dentro del partido) expresa una crisis de renovación de la dirección del partido, pero, sobre todo, profundas divisiones al seno del aparato político del partido, que repercuten en el electorado. Así, el descontento de la comunidad árabe con la postura de Estados Unidos en la guerra de Gaza hace que exista el riesgo de una derrota en el Estado “oscilante” de Michigan. Del mismo modo, la creciente influencia de la ideología wokista e identitaria, defendida por el ala izquierda del partido, podría provocar un alejamiento de algunas minorías y de los jóvenes, más preocupados por el deterioro de las condiciones de trabajo y de existencia. En particular, las encuestas parecen mostrar que una parte del electorado afroamericano podría dejarse seducir por Trump.
En Francia, aunque la burguesía logró una vez más repeler a RN en las elecciones presidenciales de 2022 mediante la reelección de Macron, esta hazaña no estuvo exenta de efectos colaterales. Los múltiples ataques a la clase obrera desde 2017, así como la falta de experiencia y el amateurismo que se manifiesta regularmente, solo han servido para aumentar el ya muy desarrollado descrédito del ejecutivo. El peligro real de una amplia victoria de RN en las elecciones europeas obligó a Macron a cambiar de gobierno nombrando a un primer ministro joven y leal (G. Attal) que debía dirigir la cruzada contra RN hasta a junio. Sin embargo, este gobierno atraviesa las mismas dificultades que el anterior, a pesar de la intensificación de la retórica contra RN e incluso del intento de la mayoría de recuperar ideas de extrema derecha.
Pero la mayor debilidad reside fundamentalmente en las divisiones y en la actitud de “sálvese quien pueda” que gangrena cada vez más el juego político, incluso dentro de los distintos partidos y, en primer lugar, dentro del bando presidencial. La mayoría relativa obtenida por el partido gubernamental en las elecciones legislativas ha acentuado la tendencia a las fuerzas centrífugas. Ante las dificultades para forjar alianzas estables sobre las reformas clave, el gobierno se ve obligado a recurrir regularmente al artículo 49.3, que le permite prescindir del voto de los diputados de la Asamblea. Del mismo modo, los partidos tradicionales, que la burguesía hundió en gran medida en las elecciones de 2017, siguen más fragmentados que nunca, como es el caso del partido de derecha Les Républicains. Este heredero del partido gaullista, que ha estado en el poder la mayor parte del tiempo desde la fundación de la V República en 1958, cuenta ahora con sólo 62 diputados y está formado por al menos tres tendencias cuyas fracturas son cada vez más marcadas. Así, esta crisis política podría perjudicar seriamente la capacidad de la burguesía para presentar un candidato creíble capaz de defenderse de Marine Le Pen, cuyas posibilidades de victoria en las elecciones de 2027 nunca han sido tan altas. Mientras tanto, la burguesía francesa podría enfrentarse a otros obstáculos. ¿Qué pasaría en caso de una derrota estrepitosa de la lista macronista en las elecciones europeas? Del mismo modo, la derecha amenaza ahora con presentar una moción de censura si el gobierno decide subir los impuestos. Una aventura a la que otros partidos de la oposición, en particular RN, se sumarían. Un resultado así conduciría a elecciones legislativas anticipadas con un escenario imprevisible, sin contar el hecho de que se acentuaría el caos político en el que está inmersa la burguesía francesa.
En cuanto a Alemania, el informe de 2019 concluía: “la situación es compleja y la renuncia de Merkel a la presidencia de la CDU (Unión Demócrata Cristiana de Alemania) -y por tanto en el futuro al cargo de canciller- anuncia una fase de incertidumbre e inestabilidad para la burguesía dominante en Europa”. El estallido de la guerra en Ucrania ha afectado especialmente a la línea política tradicional de la clase dirigente alemana. Internamente, el debilitamiento de los partidos tradicionales (SPD -Partido Socialdemócrata de Alemania- y CDU) ha continuado, lo que ha obligado a formar coaliciones que unen a los tres principales partidos en un momento en que las relaciones son cada vez más conflictivas. Al mismo tiempo, Alemania no está exenta del auge del populismo y la extrema derecha. De hecho, el partido populista AfD se ha convertido en el segundo partido de Alemania en términos electorales. A diferencia de RN en Francia, algunas de cuyas posiciones muestran signos de responsabilidad, las posiciones políticas del AfD (rechazo de la UE, xenofobia, apertura hacia Rusia, etc.) están, por el momento, fuertemente en contradicción con los intereses del capital nacional como para permitirle participar al más alto nivel del gobierno. Sin embargo, su postura contraria a la élite gubernamental y su condena como total opositor a la integridad del Estado federal lo convertirán en un punto de encuentro durante mucho tiempo para los votantes contestatarios.
“El Brexit vino acompañado de la transformación del centenario partido Tory en un caos populista que relegó a la marginalidad a políticos experimentados y encumbró a puestos gubernamentales a mediocres ambiciosos y doctrinarios, que luego perturbaron la competencia de los ministerios que dirigían. La rápida sucesión de primeros ministros conservadores desde 2016 es testimonio de la incertidumbre que reina en el timón político”[9]. Los 44 días de caos político bajo el gobierno de Liz Truss en septiembre-octubre de 2022 fueron una vívida ilustración de ello. Aunque esta elección podría haber representado una ruptura con el populismo, estuvo sobre todo marcada por la defensa de una política radicalmente ultraliberal y el fantasma de una “Gran Bretaña Global” que no correspondía absolutamente a los intereses globales del capital británico. Sin embargo, la llegada de Sunak al poder fue un intento del Estado de preservar su credibilidad democrática y la de las instituciones estatales y gubernamentales: “el gobierno de Sunak, a pesar de la influencia del populismo, modificó ciertos aspectos del Protocolo de Irlanda del Norte para sortear algunas de las contradicciones del Brexit, y se sumó al proyecto europeo Horizon, sin poder superar la huida de la economía. El rey Carlos fue enviado a Francia y Alemania como embajador para mostrar la dignidad que le quedaba a Gran Bretaña. Por último, el despido de Suella Braverman y el nombramiento de Lord Cameron como ministro de Asuntos Exteriores es una expresión más de este intento de limitar el creciente virus populista dentro del partido, pero su futura dirección y estabilidad siguen siendo profundamente inciertas, entre otras cosas porque el mismo virus es una realidad internacional, sobre todo dentro de la clase dirigente estadounidense”.
El informe sobre el impacto de la descomposición en la vida de la burguesía afirmaba: La tercera estrategia prevista, es decir la reanudación de la oposición entre derecha e izquierda para cortar la hierba bajo los pies del populismo, no parece estar siendo realmente aplicada por la burguesía. Por el contrario, los últimos años se han caracterizado por una tendencia irreversible hacia el declive de los partidos socialistas. Esta tendencia se ha confirmado en los últimos años. Si bien esta configuración resiste en algunos países (España y el Reino Unido en particular), el declive irreversible de la socialdemocracia y, más en general, de los partidos gubernamentales tradicionales, así como la dificultad en muchos países europeos para estructurar nuevas formaciones de izquierda (La France Insumise en Francia, Podemos en España, Die Linke en Alemania) debido a las luchas de camarillas que estas formaciones también están experimentando, muestran la tendencia al desarrollo de coaliciones cada vez más frágiles. Es el caso de España, por ejemplo, donde el PSOE se apoya en fuerzas opuestas para mantenerse en el poder: por un lado, la derecha chovinista catalana y, por otro, el partido de extrema izquierda SUMAR, por parte del cual Yolanda Díaz es vicepresidenta segunda del Gobierno. Este gobierno “Frankenstein” refleja la fragilidad del PSOE, que sigue siendo la única fuerza capaz de gestionar las tendencias separatistas dentro del Estado.
La llegada al poder de partidos populistas y de extrema derecha es un escenario que puede convertirse en un elemento importante de la situación política de la burguesía en los próximos años, sin por ello engendrar las mismas consecuencias en todas partes. Mientras que los años de poder de Trump, de Bolsonaro y Salvini han marcado un aumento de la inestabilidad política, se ha constatado una capacidad por parte de otros sectores del aparato estatal para canalizar o frenar sus aspiraciones más irracionales y descabelladas. Así ocurrió, por ejemplo, durante la presidencia de Trump, con la incesante lucha emprendida por una parte de la administración estadounidense para controlar la imprevisibilidad de las decisiones presidenciales. Amplios sectores de la burguesía, en particular dentro de las propias estructuras del Estado, han logrado oponerse a la tentación de un acercamiento o incluso de una alianza con Rusia, asegurando así el triunfo de la opción de las facciones dominantes de la burguesía. O como se constató en el caso de Italia, durante el gobierno de Salvini, también es posible que los populistas acepten “poner agua en su vino” abandonando ciertas medidas o reduciendo el tono de sus promesas, particularmente en el ámbito social. Así lo demostró también recientemente la decisión del líder del PVV (Partido por la Libertad), Geert Wilder, en Holanda, de renunciar a tomar el poder al no poder formar una coalición.
La posibilidad de que partidos populistas lleguen al poder, y la realidad de un hecho como el ocurrido en Italia, pone de relieve que no se pueden identificar populismo y extrema derecha. Este país está gobernado por una alianza entre la derecha tradicional (Forza Italia fundada por Berlusconi), la Lega populista de Salvini y el partido de inspiración neofascista de Meloni, Fratelli d'Italia (Hermanos de Italia), cuyo símbolo sigue siendo la llama tricolor del antiguo MSI (Movimiento Social Italiano), abiertamente mussolinista. Existen, por supuesto, importantes similitudes entre la Lega y el partido de Meloni, en particular la retórica xenófoba contra los inmigrantes, especialmente los musulmanes, lo cual les permite competir en el escenario electoral. Al mismo tiempo, el lema de Fratelli d'Italia (FI), “Dios, Patria y Familia”, revela la inspiración tradicionalista de este partido, que lo distingue de la Lega. Esta última, aunque puede invocar valores tradicionales, es más bien anticlerical y más “antisistema” que los FI. En Francia encontramos esta diferencia entre la extrema derecha populista, representada por RN de Marine Le Pen, y la extrema derecha tradicional representada por el partido Reconquête[10]. No es casualidad, por otra parte, que, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2022, Zemmour quedara segundo (detrás de Macron, que se ha convertido en el político más favorecido por la burguesía) en los “beaux quartiers” (“barrios hermosos”) de París, obteniendo el triple de votos que Marine Le Pen, mientras que esta última aplastó completamente a Zemmour en las localidades “populares”. Y es cierto que los discursos de Le Pen contra la política económica de Macron, como la supresión del Impuesto sobre el Patrimonio y la reforma de las pensiones, caen muy mal entre la burguesía clásica. De hecho, con mayor o menor éxito en los distintos países, estamos asistiendo a un intento de ciertos sectores de la burguesía de capitalizar los temores en torno a las cuestiones de la inmigración, la inseguridad y el terrorismo islámico, que hasta ahora han sido el pilar de la propaganda del populismo, para dar nueva vida a una extrema derecha “presentable” desde el punto de vista de la clase dominante, con un programa más compatible con sus intereses. Es así como Zemmour siempre ha afirmado que su programa económico era el mismo que el de la derecha clásica, representada hasta ahora en Francia por el partido Les Républicains, heredero del partido gaullista. Lo que propuso en el momento de las elecciones presidenciales de 2022 fue una alianza con este partido, argumentando que Marine Le Pen nunca podría ganar las elecciones por sí sola. De momento, esta política de Zemmour ha fracasado, ya que Rassemblement National se ha colocado a la cabeza de las encuestas y podría ganar las elecciones presidenciales de 2027, lo que preocupa mucho a la burguesía. En cambio, es una política que ha tenido éxito en Italia ya que Meloni ha demostrado una notable capacidad para llevar a cabo una política acorde con los intereses burgueses y ha aventajado ampliamente a Salvini.
El populismo no es una corriente política promovida por los sectores más previsores y responsables de la burguesía y ya ha causado daños a los intereses de esta clase (particularmente en el Reino Unido) pero, entre las cartas de las que dispone la clase dominante para intentar limitar estos daños, está precisamente este impulso a una extrema derecha “tradicional” para competir o debilitar al populismo.
Desde finales de los años ochenta, el gansterismo y la delincuencia, alimentados en gran medida por el tráfico de drogas, se han disparado a escala mundial. Este fenómeno, ya destacado en las Tesis sobre la Descomposición, va acompañado de una increíble corrupción en el seno del aparato político: “la violencia y la delincuencia urbana han estallado esparciéndose en numerosos países de América Latina y también en los suburbios de ciertas ciudades europeas, en parte, pero no exclusivamente, en relación con el tráfico de drogas. En cuanto al narcotráfico y al enorme peso que ha adquirido en la sociedad, incluso en términos económicos, puede decirse que corresponde a la existencia de un «mercado» en constante expansión como consecuencia del malestar y la desesperación crecientes que afectan a todos los sectores de la población. En cuanto a la corrupción y todas las manipulaciones que conforman la “delincuencia de cuello blanco”, los últimos años han estado llenos de descubrimientos (como los “Papeles de Panamá”, que no son más que una ínfima punta del iceberg del gangsterismo en el que están cada vez más sumidas las finanzas)” (Informe sobre la descomposición hoy, 2017 [14]).
Es importante poder identificar los principales efectos de este fenómeno en la vida política de la burguesía. La colusión cada vez más evidente entre el crimen y las facciones políticas del aparato estatal tiende a transformar el juego político en verdaderas guerras de bandas, a veces con el telón de fondo de una tendencia al colapso de las instituciones políticas. Se trata sin duda de la forma más aguda y desenfrenada de la tendencia a acentuar las divisiones y la fragmentación del aparato político burgués. La situación política en Haití es sin duda el ejemplo más caricatural. Pero muchos otros países de América Central y del Sur se han visto particularmente afectados por este fenómeno durante décadas. Como la guerra interna que estalló a plena luz del día a principios de enero entre el Estado ecuatoriano y las bandas criminales: “La actual facción burguesa que controla el aparato de Estado está directamente vinculada al grupo agroindustrial exportador e importador más poderoso de Ecuador. Su entrada triunfal al Palacio Carondelet se inició con leyes financieras que beneficiaron directamente a este grupo, con la aprobación del PSC (Partido Social Cristiano) y los correístas del RC5 (Revolución Ciudadana). El resultado fue un país sumido en la miseria y la corrupción endémica en todos los niveles del Estado, penetrado por todos lados por los cárteles mexicanos de la droga (Jalisco Nueva Generación y Sinaloa) asociados con narcotraficantes peruanos y colombianos. Las mafias albanesa, china, rusa e italiana también están muy presentes. Y una sociedad desbordada por el crimen organizado nacional, los organismos de control y gestión de mercancías vinculados a los cárteles mexicanos o a las mafias mencionadas”.
También hay que señalar que la precipitación en los ajustes de cuentas entre facciones tiene consecuencias en el aumento de las tensiones entre Estados nacionales. Por ejemplo, el asalto de la policía ecuatoriana a la embajada mexicana en Quito, el 5 de abril, para extraer al exvicepresidente acusado de corrupción por el gobierno de Noboa, fue un verdadero acto de vandalismo contra las reglas del decoro burgués, y sólo contribuye a la inestabilidad diplomática en esta parte del mundo.
El sistema político en Rusia también está especialmente marcado por la gangsterización de las relaciones políticas. El clientelismo, la corrupción y el nepotismo son los principales engranajes del “sistema Putin”. Es una cuestión a tomar en cuenta concerniente al análisis de los riesgos que pesan en el futuro de la federación de Rusia: “…desde la supervivencia política de Putin hasta la de la Federación de Rusia y el estatus imperialista de esta última, las cuestiones derivadas de la derrota en Ucrania están cargadas de consecuencias: a medida que Rusia se hunde más en los problemas, existe el riesgo de que se produzcan ajustes de cuentas, o incluso enfrentamientos sangrientos entre facciones rivales” (Informe sobre las tensiones imperialistas, 25º Congreso de la CCI [518]). La rebelión del grupo Wagner en junio de 2023, seguida de la liquidación de su líder Prigozhin dos meses después, y la severa represión sufrida por la facción prodemocracia (el asesinato de Navalny) han confirmado plenamente la magnitud de las tensiones internas y la fragilidad de Putin y su círculo íntimo, que no dudan en defender sus intereses por todos los medios, a la manera de un auténtico jefe mafioso. El papel central que ocupa el gansterismo en el sistema político ruso desempeña, por tanto, un papel activo en el riesgo de ruptura de la Federación Rusa. Del mismo modo, los ajustes de cuentas armados en el seno de la antigua nomenklatura soviética contribuyeron a la profunda desestabilización resultante de la implosión del bloque del Este. Pero después de más de tres décadas de descomposición, las consecuencias de esta dinámica podrían desembocar en una situación mucho más caótica. El desmembramiento de la federación en varias mini Rusias y la proliferación de armas nucleares en manos de señores de la guerra incontrolables representarían una verdadera carrera hacia el caos a escala internacional.
Sin embargo, aunque estas manifestaciones de la descomposición ideológica y política de la sociedad están particularmente avanzadas en las zonas periféricas del capitalismo, esta tendencia también es cada vez más evidente en los países centrales:
- En las democracias, si bien los enfrentamientos (a veces violentos) entre facciones rivales no son nada nuevo y se expresan generalmente en el marco de las instituciones y del “respeto al orden”, empiezan a adoptar formas particularmente caóticas y violentas: “El asalto al Capitolio por parte de los partidarios de Trump el 6 de enero puso de relieve el hecho de que las divisiones dentro de la clase dominante, incluso en el país más poderoso del planeta, se están profundizando y corren el riesgo de degenerar en enfrentamientos violentos, incluso en guerras civiles” (“Resolución sobre la situación internacional [519]”, Revista Internacional 170).
- La corrupción y la malversación de fondos asolan ahora todo el cuerpo político, hasta los más altos niveles de los Estados, como han puesto de manifiesto los escándalos de los “Papeles Panamá” y el Qatargate (en los que están implicados eurodiputados, asistentes parlamentarios, representantes de ONG y organizaciones sindicales). Esto no hace sino acentuar el descrédito de las distintas facciones políticas, en particular a las que se presentan como las más íntegras, dando así crédito al discurso populista anti-élites de “todo el mundo está podrido”.
En el siglo 19, Marx señalaba que el país más avanzado de la época, Inglaterra, indicaba la dirección en la que se desarrollarían los demás países europeos. Hoy, es en los países menos desarrollados donde encontramos las manifestaciones más caricaturales del caos que recorre el planeta y que afecta cada vez más a los países más desarrollados. La constatación por Marx en su época era una ilustración del hecho de que el modo de producción capitalista se encontraba aún en su fase ascendente. La constatación que podemos hacer hoy sobre el avance del caos en la sociedad es una ilustración (¡otra más!) del callejón sin salida histórico en el que se encuentra el capitalismo, de su decadencia y de su descomposición.
CCI, diciembre de 2023
[1] Evidentemente, la esencia de este marco de análisis había sido transmitida a la CCI por el camarada MC sobre la base de reflexiones que ya habían tenido lugar en la Izquierda Comunista Francesa, pero también sobre la base de reflexiones que el camarada había llevado a cabo a medida que se desarrollaban los acontecimientos. Ver nuestros artículos: MARC: De la Revolución de Octubre de 1917 a la Segunda Guerra Mundial, Revista Internacional 65 [186]; Marc, parte 2: de la Segunda Guerra Mundial a la actualidad, Revista Internacional 66 [263]
[2] No disponible en español. Ver Revista Internacional 24 en francés o inglés
[3] No disponible en español. Ver Revista Internacional 34 en francés o inglés
[4] “Contribución sobre el problema del populismo”.
[5] El párrafo sobre “populismo y descomposición” sólo aparece en el último tercio de la contribución.
[6] “Brexit, Trump: contratiempos para la burguesía que en nada son un buen presagio para el proletariado”, Revista Internacional 157.
[7] Cabe señalar que este análisis también se reflejó en algunos documentos elaborados y adoptados por la CCI. Por ejemplo, el Informe sobre el impacto de la descomposición en la vida política de la burguesía (Revista Internacional 164) afirma, al hablar del populismo, que su causa determinante es “la incapacidad del proletariado para plantear su propia respuesta, su propia alternativa a la crisis del capitalismo”.
[8] Ídem. Véase el capítulo III del informe.
[9] Resolución sobre la situación en Gran Bretaña, documento interno.
[10] De forma algo paradójica, este partido está dirigido por Éric Zemmour, cuyo nombre indica sus orígenes judíos sefardíes. Para superar esta “desventaja” frente a su clientela tradicionalista, que sigue sintiendo simpatías por el mariscal Pétain, jefe de la colaboración con la Alemania nazi, Zemmour no dudó en declarar que Pétain había salvado vidas judías (lo que contradicen todos los historiadores serios).
Para la CCI, «La crisis que ya se desarrolla desde hace decenios se convertirá en la más grave de todo el período de decadencia y su alcance histórico superará incluso la primera crisis de esta época, la que comenzó en 1929. Después de más de 100 años de decadencia capitalista, con una economía devastada por los gastos militares, debilitada por el impacto de la destrucción del medio ambiente, profundamente alterada en sus mecanismos reproductivos por la deuda y la manipulación estatal, plagada de enfermedades pandémicas, sufriendo cada vez más todos los demás efectos de la decadencia, es ilusorio pensar que, en estas condiciones, habrá alguna recuperación remotamente sostenible de la economía mundial.» (Resolución sobre la situación internacional (2021) [132]; Revista Internacional 167)
El medio político proletario, en cambio, subestima la profundidad de la crisis: para el PCI (Partido Comunista Internacional), que se concentra esencialmente en sus aspectos financieros, la crisis actual no parece más que una repetición de la crisis de 1929. En cuanto a la TCI (Tendencia Comunista Internacional), aunque empíricamente puede ver ciertos fenómenos de su agravamiento, lastrada por su enfoque economicista basado únicamente en la tendencia a la baja de la tasa de ganancia, no alcanza a ver la amplitud de la decadencia del sistema capitalista y la gravedad de la crisis. Al seguir concibiendo la crisis como la secuencia de ciclos que sí eran típicos en la fase ascendente del capitalismo, no comprende las formas que adopta en la decadencia ni realmente sus consecuencias y lo que está en juego para el proletariado. Sobre todo, considera que el Capital «... genera guerras como medio de proseguir el proceso de acumulación y extracción de la plusvalía, base de su existencia».
Este informe, que ahora publicamos, basa su evaluación de la gravedad actual de la crisis económica en las adquisiciones del marxismo y en los elementos de su evolución desde finales de los años 60, tal como se expone en diversas publicaciones de la CCI.
A. El callejón sin salida de la crisis de sobreproducción se basa en que las relaciones sociales capitalistas demasiado son ya estrechas para la acumulación ampliada de capital [1] o en mercados extracapitalistas solventes demasiado limitados.
La crisis que resurgió en 1967 y que sigue haciendo estragos hoy en día es una crisis de sobreproducción. En su raíz se encuentra una causa fundamental, la contradicción principal del capitalismo desde sus orígenes, que se ha convertido en un obstáculo definitivo una vez que las fuerzas productivas han alcanzado un cierto nivel de desarrollo: la producción capitalista no crea automáticamente y a voluntad los mercados necesarios para su crecimiento. El capital produce más mercancías de las que pueden ser absorbidas por las relaciones capitalistas de producción: una parte de la realización de sus beneficios, la destinada a ampliar la reproducción del capital (es decir, no consumida ni por la clase burguesa ni por la clase proletaria) debe realizarse fuera de estas relaciones, en mercados extracapitalistas. Históricamente, el capitalismo encontró las salidas solventes necesarias para su expansión primero entre los campesinos y artesanos de los países capitalistas, luego compensó su incapacidad de crear sus propias salidas extendiendo su mercado a todo el mundo creando el mercado mundial.
«Pero al generalizar sus relaciones a todo el planeta y unificar el mercado mundial, alcanzó un grado crítico de saturación de las mismas salidas que le habían permitido lograr su formidable expansión en el siglo XIX. La creciente dificultad del capital para encontrar mercados para su plusvalía acentúa la presión a la baja ejercida sobre su tasa de ganancia por el aumento constante de la relación entre el valor de los medios de producción y el valor de la fuerza de trabajo. De ser una tendencia, esta caída de la tasa de ganancia se hace cada vez más efectiva, lo que a su vez obstaculiza el proceso de acumulación de capital y, por tanto, el funcionamiento de todos los engranajes del sistema». (Plataforma de la CCI) «Las dos contradicciones señaladas por Marx (la sobreproducción y la tendencia a la caída de la tasa de ganancia) no se excluyen mutuamente, sino que son dos facetas de un proceso global de producción de valor. En última instancia, esto hace que las «dos» teorías sean una y la misma». (Marxismo y teorías de la crisis [520]; Revista Internacional 13).
En un plano más inmediato, la crisis abierta a finales de los años 60 puso fin a dos décadas de prosperidad basadas en la reanudación de la explotación de los mercados extracapitalistas (enlentecida durante y entre las dos guerras mundiales) y en la modernización del aparato productivo (métodos fordistas, introducción de la informática, etc.). El retorno de la crisis abrió de nuevo la vía a la alternativa histórica: o la guerra mundial o bien el enfrentamiento de clases generalizado que desembocaría en la revolución proletaria.
Ante el recrudecimiento de la crisis en los años 70, nuestra organización mantuvo tres criterios para calibrar la gravedad de la crisis: el desarrollo del capitalismo de Estado, el estancamiento creciente de la superproducción y la preparación para la guerra con el desarrollo de la economía de guerra.
Como expresión de la contradicción entre la socialización mundial y la base nacional de las relaciones sociales de producción capitalista, la tendencia universal al fortalecimiento del Estado capitalista en todas las esferas de la vida social refleja fundamentalmente la inadaptación definitiva de las relaciones sociales capitalistas al desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas. El Estado es la única fuerza capaz de:
- frenar los antagonismos en el seno de la clase dominante, con vistas a imponer la unidad indispensable para la defensa de los intereses del capital nacional;
- organizar y desarrollar plenamente a escala nacional la manipulación de la ley del valor, de limitar su campo de aplicación para frenar los efectos disgregadores de las contradicciones insuperables del capitalismo sobre la economía nacional;
- poner la economía al servicio de la guerra y organizar el capital nacional con vistas a preparar la guerra imperialista;
- reforzar, por medio de fuerzas represivas y de una burocracia cada vez más pesada, la cohesión interna de una sociedad amenazada de dislocación por la descomposición creciente de sus bases económicas; imponer, por medio de una violencia omnipresente, el mantenimiento de una estructura social cada vez más incapaz de regir espontáneamente las relaciones humanas y cada vez menos aceptada puesto que e convierte, cada vez más, en un absurdo desde el punto de vista de la supervivencia misma de la sociedad.
La superproducción no tiene solución en el capitalismo. Todas las políticas aplicadas para paliar sus efectos están condenadas al fracaso y el capitalismo se enfrenta constantemente a esta contradicción fundamental insuperable. En esencia, esta contradicción sólo puede eliminarse mediante la abolición del trabajo asalariado y la explotación. A lo sumo, la burguesía sólo puede intentar atenuar la violencia de la crisis ralentizándola:
La «crisis general de superproducción (...) se expresa, en las metrópolis del capitalismo, por una superproducción de mercancías, de capital y de fuerza de trabajo». (Resolución sobre la crisis [521] del 4º Congreso de la CCI, disponible en francés, Revista Internacional 26 - 3er trimestre 1981)
Este callejón sin salida se expresa en el desarrollo de la inflación, alimentada por el peso de los gastos improductivos movilizados por la necesidad de mantener un mínimo de cohesión en una sociedad en desintegración (capitalismo de Estado) y la esterilización del capital representada por la economía de guerra y la producción de armamento. La inflación, alimentada también por la manipulación de la ley del valor (endeudamiento, creación de dinero, etc.), es una característica permanente de la decadencia del capitalismo y adquiere aún más importancia en tiempos de guerra. Una enorme masa de capital, que ya no puede invertirse de forma rentable, alimenta entonces la especulación.
«La crisis de sobreproducción no es sólo la producción de un excedente para el que no hay salida, sino también la destrucción de ese excedente (...) la sobreproducción implica un proceso de autodestrucción. El valor del excedente de producción que no puede acumularse no se fija ni se almacena, sino que debe destruirse. (...) Es este proceso de autodestrucción resultante de la rebelión de las fuerzas productivas contra las relaciones de producción lo que se expresa en el militarismo.» ("Las condiciones de la revolución: crisis de sobreproducción, el capitalismo de Estado y la economía de guerra.” [522], disponible en francés, Revista Internacional 31)
«En la fase decadente del imperialismo, el capitalismo sólo puede dirigir los contrastes de su sistema hacia un resultado: la guerra. La humanidad sólo puede escapar de tal alternativa mediante la revolución proletaria». ("Crisis y ciclos en la economía del capitalismo agonizante - Parte 1; Bilan nº 10, agosto-septiembre de 1934 [523]); Revista Internacional 103). De hecho, a medida que la crisis económica se prolonga y profundiza, intensifica los antagonismos interimperialistas. Para el capital, sólo hay una «solución» a su crisis histórica: la guerra imperialista. Así pues, cuanto más demuestren su inutilidad los diversos paliativos más deliberadamente deberá prepararse cada bloque imperialista para un reparto violento del mercado mundial.
La instauración de una economía de guerra implica el desarrollo de una producción (en particular la producción de armamento) que no puede emplearse para aumentar el valor del capital, es decir, que no puede integrarse en la producción de nuevas mercancías. En este sentido, implica una esterilización del capital, que debe compensarse con un aumento de la plusvalía extraída. Esta compensación se consigue básicamente reforzando la explotación de la clase obrera.
A finales de los años 70 y principios de los 80, el capitalismo llegó a un callejón sin salida: en el bloque occidental la sobreproducción de mercancías se reflejó en la caída de la producción industrial, que alcanzó su punto máximo, sobre todo en Estados Unidos, donde las recesiones hicieron retroceder la producción siderúrgica al nivel de 1967. En el bloque oriental el capital escaseaba, la producción industrial estaba subdesarrollada y atrasada, y el capital era incapaz de competir en el mercado mundial[2]. El mito de que los países llamados «socialistas» podían escapar a la crisis general del sistema se derrumbó definitivamente en los años ochenta. Muchos países del Tercer Mundo ya se habían hundido a mediados de los años setenta.
En el bloque norteamericano, la crisis económica aceleró la tendencia al fortalecimiento del capitalismo de Estado. Al mismo tiempo, éste demuestra su incapacidad para frenar el desarrollo de la crisis: no sólo las medidas keynesianas del calibre de las adoptadas en la crisis de 1929 ya no eran viables, sino que las diversas políticas de relanzamiento también fracasaron. Una recesión siguió a otra, haciéndose cada vez más profundas.
Cada bloque intensificó sus preparativos para un tercer holocausto mundial, en particular mediante un aumento considerable del gasto en armamento para exacerbar la concurrencia interimperialista. Los preparativos de guerra también se intensificaron fortaleciendo políticamente los bloques con vistas a la confrontación imperialista (pero también a la confrontación con la clase obrera).
Pero para El Capital, «la producción de armamento (...) es riqueza, capital destruido, una sangría improductiva para la competitividad de la economía nacional. Los dos cabezas de bloque surgidos de la división de Yalta han visto cómo sus economías se debilitaban y perdían competitividad frente a sus propios aliados. Este es el resultado del gasto para reforzar su poder militar, que es el garante de su posición como líderes imperialistas y la condición última de su poder económico. Aunque han reforzado la supremacía imperialista de EE. UU., los pedidos de armas no han impulsado la industria estadounidense. Todo lo contrario.» (La crisis del capitalismo de Estado: la economía mundial se hunde en el caos [524]; Revista Internacional 61)
A finales de los años ochenta, las dos clases fundamentales y antagónicas de la sociedad se enfrentan sin lograr imponer su propia respuesta decisiva, pero no por ello desaparecen las contradicciones y manifestaciones de la decadencia del capitalismo moribundo que marcan sucesivamente los diferentes momentos de esta decadencia. Es más se mantienen, acumulan y profundizan, culminando en la fase de descomposición generalizada del sistema capitalista que completa y corona tres cuartos de siglo de agonía de un modo de producción condenado por la historia.
La irrupción de la descomposición dará lugar a un fenómeno sin precedentes: el hundimiento de todo un bloque fuera de las condiciones de una guerra mundial o de una revolución proletaria.
«Este hundimiento, en efecto, es globalmente una de las consecuencias de la crisis mundial del capitalismo; tampoco puede analizarse sin tener en cuenta las características específicas que las circunstancias históricas de su aparición confirieron a los regímenes estalinistas (...). Sin embargo, sólo podemos comprender plenamente este hecho histórico considerable y sin precedentes, el hundimiento desde dentro de todo un bloque imperialista en ausencia de una revolución o una guerra mundial, introduciendo en el marco de análisis ese otro elemento inédito que constituye la entrada de la sociedad en una fase de descomposición como la que estamos presenciando hoy. La centralización extrema y el control total de la economía por parte del Estado, la confusión entre el aparato económico y el aparato político, el engaño permanente y a gran escala de la ley del valor, la movilización de todos los recursos económicos hacia la esfera militar, todas estas características propias de los regímenes estalinistas (...) han llegado brutal y radicalmente a su límite cuando la burguesía ha tenido que enfrentarse durante años a la agravación de la crisis económica sin poder desembocar en esta misma guerra imperialista». (TESIS: La descomposición, fase última de la decadencia capitalista [11]: Revista Internacional no. 107)
Tras décadas de políticas capitalistas de Estado aplicadas bajo la disciplina de los bloques imperialistas, el hundimiento del capitalismo de Estado estalinista «constituye efectivamente, desde cierto punto de vista, una victoria del mercado, un reajuste brutal de las rivalidades imperialistas a las realidades económicas. Y, simbólicamente, afirma la impotencia de las medidas del capitalismo de Estado para cortocircuitar ad aeternam las leyes ineludibles del mercado capitalista. Este fracaso, incluso más allá de los estrechos confines del antiguo bloque ruso, muestra la impotencia de la burguesía mundial para hacer frente a la crisis de sobreproducción crónica, la crisis catastrófica del capital. Muestra la creciente ineficacia de las medidas estatales empleadas a una escala cada vez más masiva, a escala de todo el bloque, durante décadas, y presentadas desde los años 30 como una panacea para las contradicciones insuperables del capitalismo, tal como se expresan en su mercado.» (La crisis del capitalismo de Estado: la economía mundial se hunde en el caos [524]; Revista Internacional no. 61).
«La ausencia de una perspectiva (salvo la de «salvar los muebles» de su economía día a día) hacia la que pueda movilizarse como clase, y mientras el proletariado no constituya todavía una amenaza para su supervivencia, determina en el seno de la clase dominante, y en particular de su aparato político, una tendencia creciente a la indisciplina y al sálvese quien pueda. Es este fenómeno, en particular, el que contribuye a explicar el hundimiento del estalinismo y de todo el bloque imperialista del Este». (TESIS: La descomposición, fase última de la decadencia capitalista [11]; Revista Internacional 107). Aunque reconociendo que el modelo de capitalismo de Estado al estilo occidental, que integra el capital privado en una estructura estatal y bajo su control, es mucho más eficaz, flexible, adecuado, con un sentido de la responsabilidad más desarrollado para la gestión de la economía nacional, más mistificador porque está más oculto y, sobre todo, porque controla una economía y un mercado mucho más potentes que los de los países de Europa del Este, la CCI señaló que la quiebra del bloque del Este, después de la del «Tercer Mundo», anunciaba la futura quiebra del capitalismo en sus zonas más desarrolladas. «La debacle general en el seno del propio aparato de Estado, la pérdida de control sobre su propia estrategia política, tal como la vemos hoy en la URSS y sus satélites, es en realidad una caricatura (debido a las características específicas de los regímenes estalinistas) de un fenómeno mucho más general que afecta al conjunto de la burguesía mundial, un fenómeno propio de la fase de descomposición». (TESIS: La descomposición, fase última de la decadencia capitalista [11]: Revista Internacional 107)
En el periodo subsiguiente también se confirmó que vastas partes del mundo, como África, estaban económicamente marginadas en el mercado mundial. Y, aunque se alejara la perspectiva de la Tercera Guerra Mundial, no por ello se relajó el militarismo y los estragos de la guerra y los estragos de la guerra sumieron en el caos a zonas cada vez más extensas por instigación directa de las grandes potencias, encabezadas por Estados Unidos con sus catastróficas intervenciones en Irak (1991 y 2001) y Afganistán.
Sin embargo, en el contexto caótico de esta nueva situación histórica de descomposición y en un mundo capitalista profundamente alterado por los efectos de su decadencia, la desaparición de los bloques ofreció no obstante una oportunidad, aprovechada en particular por las grandes potencias encabezadas por los EE. UU. (única superpotencia restante, tanto económica como militarmente), para prolongar la supervivencia del sistema capitalista.
Los intentos de la llamada “mundialización” para limitar el impacto de la contradicción del capitalismo entre el carácter social y global de la producción y el carácter privado de la apropiación de la plusvalía por las naciones capitalistas competidoras se basan fundamentalmente en:
- la mejor explotación de los mercados ya existentes, debido a la desaparición de sus competidores, barridos por la crisis que estuvo ya en el origen del hundimiento de los países del bloque del Este, aunque estos mercados estuvieran lejos de ser El Dorado que nos vendieron en su momento las campañas burguesas. Y sobre todo, la explotación de los mercados extracapitalistas restantes en el mundo, donde la desaparición de los bloques supuso la desaparición del principal obstáculo que impedía su acceso mientras estuvieran bajo la tutela del enemigo. Sin embargo, no todos los mercados son necesariamente solventes, es decir, capaces de pagar las mercancías disponibles para la venta.
- la acción de los Estados. Ya no es el jefe de bloque quien, en nombre de la necesaria unidad del bloque, impone las medidas a implementar por cada capital nacional, sino que el poder económico y político de los EE. UU. le permitió chantajear a cada Estado para que acepte las nuevas reglas del juego, so pena de verse privado de las ganancias financieras necesarias para sobrevivir en la arena capitalista. Los Estados han sido los principales instrumentos para organizar la globalización, desempeñando un papel decisivo con el establecimiento de normativas que favorecen la máxima rentabilidad, la definición de políticas fiscales atractivas, etc.
- la extensión a escala mundial de las trampas a la ley del valor mediante la generalización a escala planetaria de las medidas y mecanismos que habían comenzado a desarrollarse bajo la égida de los EE. UU. en el marco del bloque occidental en la última década de su existencia. Intentaban así combatir mediante una demanda financiada artificialmente con deuda- las consecuencias de la estrechez de los mercados sobre la rentabilidad del Capital.
La nueva organización internacional de la producción y del comercio impuesta por la primera potencia mundial adoptó esencialmente dos formas: la libre circulación de capitales y la libre circulación de la mano de obra. Estas dos disposiciones están estrechamente vinculadas a la lucha contra la tendencia a la baja de la tasa de ganancia, «poderoso fermento de descomposición de la economía capitalista decadente» en un contexto de escasez de mercados solventes:
- Es esta ley la que proporciona la explicación de la exportación de capitales, que aparece como uno de los rasgos específicos del capitalismo decadente: «La exportación de capitales, dice Marx, “no está causada por la imposibilidad absoluta de ocuparlos en casa, sino por la posibilidad de colocarlos en el extranjero a una tasa de ganancia más elevada”. Lenin confirma esta idea (El Imperialismo) cuando dice que “la necesidad de exportar capitales resulta de la excesiva madurez del capitalismo en ciertos países donde las inversiones ‘ventajosas’ (...) comienzan a fracasar”». (Bilan) Al mismo tiempo, tuvo el efecto de destruir el aparato industrial de los países centrales, cuando existía la posibilidad de trasladarla a otro lugar del mundo, en condiciones más rentables. También se intensificó la carrera por la productividad, destinada a compensar la tendencia a la baja de la tasa de ganancia aumentando la cantidad de beneficios obtenidos.
- La cuestión de la mercancía «fuerza de trabajo» (el trabajo vivo de cuya explotación el capitalismo extrae su plusvalía) ha desempeñado un papel central. La desaparición de los bloques permitió la búsqueda de la fuerza de trabajo disponible que podía ser explotada de forma más rentable y también favoreció la extensión de las relaciones de clase capitalistas a zonas hasta entonces fuera del campo de la producción capitalista. Como resultado de la proletarización de enormes masas de pequeños productores separados de sus medios de producción, el número de asalariados en todo el mundo se elevó a un total de 1900 millones de obreros y empleados en 1980, y superó los 3 000 millones en 1995. La explotación cada vez más drástica de la fuerza de trabajo de la clase obrera (mediante la reducción directa o indirecta de los salarios, la intensificación del trabajo o la prolongación de la jornada laboral) en todas las partes del mundo concurrentes entre si, así como la integración de nuevas fuerzas de trabajo en las relaciones sociales de producción capitalistas, permitió a las grandes potencias, durante un tiempo, lograr una mejor realización de la acumulación mediante la exportación de capital a zonas deslocalizadas: liberado del corsé imperialista que dividía el mundo en bloques, el capitalismo extendió sus relaciones de producción a todo el planeta, hasta sus límites finales.
Por otra parte, la lucha por la supervivencia y el afán desenfrenado por el máximo beneficio también han conducido a una explotación aún más devastadora y destructiva de la otra base de la riqueza capitalista: la naturaleza. El saqueo y la depredación de la naturaleza provocados por la necesidad de hacer bajar el precio de las materias primas han alcanzado tales cotas que la “Gran Aceleración” de la destrucción medioambiental producida por el capitalismo en su fase de decadencia, y especialmente desde la Segunda Guerra Mundial, está cobrando aún más impulso con la entrada del capitalismo en su fase final de descomposición.
Todos los medios para maximizar los beneficios de la clase dominante se han visto, literalmente, puestos en práctica
1) Los mecanismos del capital financiero, se sitúan en posición central, con objeto de drenar una parte cada vez más considerable de la riqueza creada en todo el mundo hacia la clase dominante de los países centrales.
2) La política de expoliación, en particular de las demás clases productoras (pequeña burguesía), fenómeno típico de la decadencia, adquiere una nueva extensión y se generaliza: «la necesidad del capital financiero de buscar el súper beneficio, no a partir de la producción de plusvalía, sino a partir de la expoliación, por una parte, del conjunto de los consumidores elevando el precio de las mercancías por encima de su valor y, por otra, de los pequeños productores apropiándose de una parte o de la totalidad de su trabajo. El beneficio excedente representa, pues, un impuesto indirecto sobre la circulación de mercancías. El capitalismo tiende a volverse parasitario en el sentido absoluto del término. («Crisis y ciclos en la economía del capitalismo agonizante», 2ª parte (Bilan nº 11, octubre-noviembre de 1934 [525]); Revista Internacional no. 103.)
3) La especulación, impulsada por las instituciones oficiales y los gobiernos, adquiere una nueva dimensión y significado: alimenta el endeudamiento a todos los niveles de la economía poniendo en circulación cantidades cada vez más desorbitantes de capital ficticio (que alcanzó, en 2007, un valor 10 veces superior al PIB mundial[3]), concentrado en «burbujas» que, “afortunadamente” permiten hacen desaparecer el endeudamiento de la contabilidad pública y enmascaran la inflación difuminando sus efectos negativos.
4) La gangsterización de la economía, el fraude, el comercio ilegal, el tráfico, la falsificación de moneda, etc. adquieren un alcance y una dimensión sin precedentes con la corrupción de sectores enteros del Estado, o incluso a instigación de los propios Estados (como Serbia, Corea del Norte, etc.).
Fueron las circunstancias inéditas de la desaparición de los bloques imperialistas las que hicieron posible la emergencia de China: «Las etapas del ascenso de China son inseparables de la historia de los bloques imperialistas y de su desaparición en 1989: la posición de la Izquierda Comunista que afirmaba la "imposibilidad de cualquier emergencia de nuevas naciones industrializadas" en el período de decadencia y la condena de los Estados "que no lograron su ‘despegue industrial’" antes de la Primera Guerra Mundial para estancarse en el subdesarrollo, o para superar un atraso crónico en comparación con las potencias dominantes" era perfectamente válida en el período de 1914 a 1989. Fue la camisa de fuerza de la organización del mundo en dos bloques imperialistas opuestos (permanentes entre 1945 y 1989) en preparación para la guerra mundial lo que impidió cualquier ruptura de la jerarquía entre las potencias. El ascenso de China comenzó con la ayuda estadounidense que recompensó su cambio imperialista a los Estados Unidos en 1972. Continuó de manera decisiva después de la desaparición de los bloques en 1989. China parece ser el principal beneficiario de la "globalización" tras su adhesión a la OMC en 2001, cuando se convirtió en el taller mundial y en el receptor de las deslocalizaciones e inversiones occidentales, convirtiéndose finalmente en la segunda potencia económica del mundo. Fueron necesarias las circunstancias sin precedentes del período histórico de descomposición para permitir el ascenso de China, sin las cuales no habría ocurrido.
El poder de China soporta todos los estigmas del capitalismo terminal: se basa en la sobreexplotación de la fuerza de trabajo proletaria, el desarrollo desenfrenado de la economía de guerra del programa nacional de "fusión militar-civil" y va acompañado de la destrucción catastrófica del medio ambiente, mientras que la "cohesión nacional" se basa en el control policial de las masas sometidas a la educación política del Partido Único y en la feroz represión de las poblaciones alófonas del Xinjiang y el Tíbet musulmanes. De hecho, China es sólo una metástasis gigantesca del cáncer militarista generalizado de todo el sistema capitalista: su producción militar se está desarrollando a un ritmo frenético, su presupuesto de defensa se ha multiplicado por seis en 20 años y ocupa el segundo lugar en el mundo desde 2010». (Resolución sobre la situación internacional (2019): conflictos imperialistas, vida de la burguesía, crisis económica [12] - Revista Internacional no. 163)
El período 1989-2008 está marcado por una serie de dificultades que demuestran que la globalización, pese a alterar notablemente la jerarquía entre las potencias económicas, no ha puesto fin a la tendencia a la sobreproducción y al estancamiento del capitalismo, como lo demuestran:
- un crecimiento más débil;
- el subempleo o la destrucción de enormes cantidades de bases productivas;
- la enorme cantidad de mano de obra excedente (estimada entre un tercio y la mitad de la mano de obra total mundial), desempleada o subempleada, que el capitalismo es incapaz de integrar en la producción, condenada a vegetar en el sector informal o en los márgenes de la economía capitalista;
- una gran inestabilidad y la incapacidad de evitar la llegada de nuevas crisis: la crisis del sistema monetario europeo en 1993, la crisis mexicana en 1994, la crisis asiática en 1997-98, la crisis de Argentina en 2001, el estallido de la burbuja de Internet en 2002... con un riesgo permanente y creciente de implosión del sistema financiero internacional (aunque, durante dos décadas, el capitalismo consiguió limitar las crisis a ciertas partes del mundo, a costa de aumentar exorbitantemente los estragos del sistema);
- que el cáncer del militarismo lejos de remitir ha continuado succionando la sangre vital de la producción global, aunque afectando a las principales partes del mundo de diferentes maneras: si bien los países europeos lograron reducir su gasto militar un 50% respecto a los niveles de 1989; si China no participó en conflicto alguno en ese período, concentrando sus energías económicas para emerger como segunda potencia mundial; pero las largas y costosas guerras (Irak, Afganistán, etc.) emprendidas por el imperialismo estadounidense han contribuido a debilitar su economía en relación con sus rivales.
De hecho, este período no fue más que un interludio que permitió al sistema capitalista preservar un poco su economía de los efectos de su descomposición.
Pero el empeoramiento del estado real de la economía y la “revancha” de la ley del valor desembocaron en la crisis financiera de 2008, la más grave desde la Gran Depresión de 1929. Estalló en Estados Unidos, en el corazón del capitalismo global y se extendió al resto del mundo. El debilitamiento de la dinámica de la globalización redujo las posibilidades de realización de la acumulación ampliada, mientras que el peso de los gastos militares y de la intervención imperialista y el estancamiento de la sobreproducción provocaron la implosión y el desmoronamiento de la gigantesca pirámide Ponzi del andamiaje financiero internacional basada en el endeudamiento general ilimitado del Estado americano, en la que la especulación sirve de sustituto del crecimiento mundial para mantener vivo el sistema capitalista.
Los gigantescos planes de rescate sin precedentes puestos en marcha por los bancos centrales de las grandes potencias y el papel impulsor de China, consiguieron estabilizar el sistema y frenar la crisis de liquidez, pero no reactivaron realmente la economía. El año 2008 marca un punto de inflexión en la historia del hundimiento del modo de producción capitalista en su crisis histórica.
Este violento estallido de la crisis puso fin a más de dos décadas de sobreexplotación a escala mundial, alcanzando todas las zonas del mundo, y todos los mercados -incluidos los mercados extracapitalistas-, confirmando así que el sistema capitalista se encuentra completamente atascado en una situación en la que la hegemonía universal de las relaciones de clase hace que la acumulación ampliada sea cada vez más difícil. La mera tendencia hacia ello, constituido ya el mercado mundial y repartido entre las potencias, había significado la entrada del capitalismo en su fase de decadencia, como señaló Rosa Luxembourg. «Así, el capitalismo no cesa de crecer gracias a sus relaciones con las capas sociales y los países no capitalistas, prosiguiendo la acumulación a costa de ellos, pero al mismo tiempo descomponiéndolos y reprimiéndolos para establecerse en su lugar. Pero a medida que aumenta el número de países capitalistas que participan en la captación de los territorios de acumulación y a medida que se reducen los territorios aún disponibles para la expansión capitalista, la lucha del capital por sus territorios de acumulación se hace cada vez más feroz, y sus campañas engendran una serie de catástrofes económicas y políticas en todo el mundo: crisis mundiales, guerras, revoluciones.
A través de este proceso, el capital prepara su propio colapso de dos maneras: por un lado, al expandirse a expensas de las formas de producción no capitalistas, adelanta el momento en que toda la humanidad estará efectivamente formada sólo por capitalistas y proletarios, y en que será imposible una mayor expansión y, por tanto, la acumulación. Por otra parte, a medida que avanza, exaspera los antagonismos de clase y la anarquía económica y política internacional hasta tal punto que provocará contra su dominación la rebelión del proletariado internacional...». (R. Luxembourg, La acumulación del capital, apéndice Una Anticrítica)
Muchos de los fenómenos ya existentes en la decadencia adquieren una dimensión cualitativamente nueva en el período de descomposición, en particular debido a la imposibilidad del capital para ofrecer una perspectiva: «la burguesía se ha visto incapaz de movilizar a los diferentes componentes de la sociedad, incluso en el seno de la clase dominante, en torno a un objetivo común, como no sea el de resistir paso a paso, pero sin esperanza de éxito, el avance de la crisis». «Por eso la situación actual de crisis abierta se presenta en términos radicalmente diferentes a los de la anterior crisis del mismo tipo, la de los años 30». (Tesis sobre la descomposición [11])
Mientras cada nación pudo beneficiarse de la globalización, el capitalismo consiguió, en general, preservar la economía capitalista de los efectos de la descomposición. En particular conteniendo el “cada uno a la suya” y acatando sin rechistar la ley del más fuerte. La situación fue muy diferente después de 2008, cuando se cerraron las «oportunidades» de la globalización: la incapacidad aún más evidente de superar la crisis de su modo de producción condujo a una explosión del “cada uno a la suya”, tanto entre naciones (con el retorno progresivo del proteccionismo y el cuestionamiento unilateral por parte de las dos principales potencias del multilateralismo y de las instituciones de la globalización), como dentro de cada nación.
En la década de 2020, los efectos de la descomposición adquirieron una escala y una importancia nuevas, poderosamente destructivas para la economía capitalista. Inaugurada por la pandemia mundial del covid 19, un producto puro de la descomposición que paralizó la economía mundial, haciendo necesaria una intervención estatal masiva y una espiral de endeudamiento. La pandemia fue seguida poco después por el regreso de la guerra a Europa en Ucrania en 2022, cuya onda expansiva siguen sacudiendo el mundo capitalista. Consagrado por la pandemia, el desarrollo del “cada uno a la suya” a una escala sin precedentes y el abandono de cualquier forma de cooperación entre las naciones están socavando todo el sistema capitalista, contrariando así las lecciones extraídas de la crisis de 1929 sobre la necesidad de una cierta cooperación entre las grandes naciones.
Los efectos de la descomposición no sólo se aceleran y, como un boomerang, se revuelven con mayor fuerza contra el corazón mismo del capitalismo, combinando y acumulando los efectos de la crisis económica, la crisis ecológica climática y la guerra imperialista, interactuando y multiplicando sus efectos unos con otros para producir una espiral devastadora de consecuencias incalculables para el capitalismo, golpeando y desestabilizando cada vez más severamente la economía capitalista y su infraestructura de producción. Aunque cada uno de los factores que alimentan este efecto «torbellino» de descomposición representa en sí mismo y por sí solo un grave factor de riesgo de colapso para los Estados, sus efectos combinados superan con creces la mera suma de cada uno de ellos tomados aisladamente.
La alteración global del ciclo del agua es un ejemplo de ello. Consecuencia del calentamiento global atribuible al sistema capitalista, las sequías extremas y de larga duración son la causa de mega incendios que conducen a la desertificación de zonas enteras del planeta que se vuelven inhabitables -a menudo, además, devastadas por la guerra-, obligando a las poblaciones a emigrar. Estas sequías fueron también una de las causas del colapso de los Estados árabes de Oriente Medio en 2010[4]. La productividad e incluso la práctica de la agricultura se han desestabilizado en Estados Unidos, China y Europa. Las precipitaciones extremas y las inundaciones están arruinando irreparablemente regiones enteras o incluso Estados (Pakistán), destruyendo infraestructuras vitales y perturbando la producción industrial. La subida del nivel del mar amenaza al 10% de la población mundial, así como a las aglomeraciones urbanas y las infraestructuras industriales costeras de los países centrales. El acceso al agua se está convirtiendo en una cuestión estratégica crucial, que provoca tensiones y enfrentamientos entre Estados por su control.
Como demuestra el desencadenamiento del militarismo en Ucrania, la guerra (una decisión deliberada de la clase dominante) es el acelerador decisivo del caos y la crisis económica, entre los diversos factores del «efecto torbellino»: aumento de las hambrunas en todo el mundo, interrupción de las cadenas de suministro, escasez, destrucción de la economía ucraniana, destrucción del medio ambiente, etc.
La descomposición también afecta a la forma en que la clase dominante intenta hacer frente al estancamiento de su sistema.
El estallido de la guerra en Ucrania representa un «cambio de época» para el capitalismo y los países centrales: una guerra con un carácter cada vez más irracional, donde cada bando se arruina y se debilita, ya no es una perspectiva lejana. Está cada vez más cercana a los centros del capitalismo mundial e implica a la mayoría de las grandes potencias. Sigue teniendo profundas repercusiones negativas en la situación económica mundial y está perturbando todas las relaciones entre las naciones capitalistas.
Mientras el caos sigue extendiéndose (con el conflicto entre Israel y Hamás), todos los Estados se preparan ahora para una guerra de «alta intensidad»: cada capital nacional reorganiza su economía nacional para reforzar su industria militar y garantizar su independencia estratégica. Los presupuestos militares aumentan rápidamente en todas partes, alcanzando e incluso superando la proporción de la riqueza nacional dedicada al armamento que se alcanzó en el momento álgido del enfrentamiento entre los bloques.
La agudización general de las tensiones imperialistas, y dentro de ellas el gran conflicto entre China y Estados Unidos, está teniendo profundas repercusiones en la estabilidad económica del sistema capitalista. Se está desarrollando una tendencia a la fragmentación del mercado mundial como resultado del deseo de Estados Unidos de torpedear el poder industrial de China (la base del aumento del poder militar de China y de su deseo de expansión mundial) y de implicar a sus aliados en la desvinculación de las economías occidentales de China, promoviendo en cambio el “comercio entre amigos” (friendshoring). Las decisiones económicas adoptadas por las grandes potencias están cada vez más determinadas por consideraciones estratégicas que siguen las líneas de las fracturas imperialistas y provocan importantes perturbaciones en la oferta y la demanda mundiales.
Los mecanismos del capitalismo de Estado y su eficacia tienden a agarrotarse. La gravedad del “impasse” del capitalismo y la necesidad de construir una economía de guerra alimentan los enfrentamientos en el seno de cada burguesía nacional, mientras que los efectos de la descomposición sobre la burguesía y la sociedad se expresan en la tendencia de la clase dominante a perder el control de su juego político. La tendencia a la inestabilidad y al caos político en el seno de la clase dominante, como muestra el “espectáculo” protagonizado por ejemplo por las burguesías estadounidense y británica, afecta a la coherencia, a la visión a largo plazo y a la continuidad de la defensa de los intereses globales del capital nacional. La llegada al poder de fracciones populistas irresponsables (con programas poco realistas para el capital nacional) debilita la economía y las medidas impuestas por el capitalismo desde 1945 para evitar el contagio incontrolado de la crisis económica.
Si el capitalismo de Estado occidental ha podido sobrevivir a su rival estalinista ha sido como un organismo de una constitución más fuerte que resiste durante más tiempo, pero la misma enfermedad. Incluso aunque la burguesía aún pueda apoyarse en fracciones más responsables y con mayor sentido del Estado, el capitalismo actual muestra tendencias similares a las que provocaron la caída del capitalismo de Estado estalinista. En el caso del capitalismo de Estado chino, marcado por el lastre estalinista estalinista a pesar de la hibridación de su economía con el sector privado y plagado de tensiones en el seno de la clase dominante, el endurecimiento del aparato estatal es un signo de debilidad y la promesa de una futura inestabilidad.
La deuda, principal paliativo de la crisis histórica del capitalismo y usado a todo trapo, no sólo está perdiendo su eficacia, sino que el peso de la deuda está condenando al capitalismo a convulsiones cada vez más devastadoras. Al restringir cada vez más la posibilidad de burlar las leyes del capitalismo, reduce el margen de maniobra de cada capital para apoyar y reactivar la economía nacional. El papel de “pagador de última instancia” asumido por los gobiernos desde 2008 está debilitando las monedas, mientras que el servicio de la deuda restringe gravemente la capacidad de inversión de los gobiernos.
El panorama que dibuja el sistema capitalista confirma las predicciones de Rosa Luxemburgo: el capitalismo no experimentará un colapso puramente económico, sino que se hundirá en el caos y las convulsiones:
- la ausencia casi total de mercados extracapitalistas altera ahora las condiciones en las que los principales estados capitalistas deben lograr una acumulación ampliada. Esta, que es condición misma de su propia supervivencia, sólo puede lograrse a expensas directas de los rivales del mismo rango, debilitando sus economías. La predicción hecha por la CCI en los años 70 de un mundo capitalista que sólo podría sobrevivir reduciéndose a un pequeño número de potencias aún capaces de lograr un mínimo de acumulación se está convirtiendo cada vez más en realidad.
- El grado de impasse alcanzado por la superproducción, combinado con la anarquía inherente a la producción capitalista y la creciente destrucción de los ecosistemas, está empezando a provocar cada vez más escasez o cortes de suministros (medicamentos, agricultura, etc.) debidos a la incapacidad de generar suficientes ganancias para producirlos.
- Como expresión de este callejón sin salida, la inflación, instigada por el retorno de la guerra, está reapareciendo con virulencia, desestabilizando la economía y privándola de la previsibilidad que necesita.
- La búsqueda frenética de nuevos lugares de deslocalización (por ejemplo, en África, Oriente Medio) para explotar una mano de obra más barata tropieza con las condiciones dantescas del caos y el subdesarrollo; un obstáculo para las potencias occidentales como comprueba por ejemplo China en el desmoronamiento de sus Rutas de la Seda.
- La India tampoco representa una alternativa viable a largo plazo que pueda desempeñar un papel equivalente al de China en las décadas de 1990 y 2000. Ya no se dan las circunstancias que permitieron el “milagro de la emergencia de China”, y tal perspectiva es ahora imposible.
- Los enormes costos de abordar la crisis ecológica y descarbonizar la economía superan con creces la capacidad del capital para realizar las inversiones necesarias. Muchos proyectos ecológicos simplemente se están abandonando porque el costo del crédito hace imposible su rentabilidad, tanto en Europa como en Estados Unidos.
- A pesar de la considerable ralentización del desarrollo de las fuerzas productivas, el capitalismo todavía es capaz de realizar algunos avances, por ejemplo, en medicina, biotecnología, Inteligencia Artificial, etc. Pero estos avances, profundamente pervertidos por el uso que de ellos hace el capital, se están volviendo contra la clase obrera y la humanidad. La IA, por ejemplo, aparte del riesgo de destruir miles de puestos de trabajo sin posibilidad de que esa mano de obra encuentre trabajo en otra parte, es vista por los gobiernos como una herramienta para controlar a la población o desestabilizar a sus rivales imperialistas, y sobre todo como un arma de guerra y una herramienta de destrucción. Por ejemplo, Israel, que se jacta de haber librado la primera guerra incorporando la IA, la considera la “clave de la supervivencia moderna”. Algunos de sus diseñadores han advertido de que la IA supone un riesgo de «extinción» para la humanidad, «como otros tantos riesgos para nuestras sociedades, como las pandemias y la guerra nuclear».
- La escasez masiva de mano de obra en muchos países occidentales es el resultado de la anarquía del capitalismo que genera tanto exceso de capacidad como escasez, pero también de tendencias propias de la decadencia capitalista en sus repercusiones demográficas: caída de la renovación de la población que afecta a los países occidentales y a China. El envejecimiento de la población en los países más desarrollados está reduciendo la población en edad de trabajar hasta tal punto que todos los países tienen que recurrir a la inmigración. La escasez masiva de mano de obra también refleja la creciente incapacidad de los sistemas educativos para proporcionar al mercado una mano de obra suficientemente formada para el nivel de cualificación técnica que exige la producción, mientras que muchos sectores están quedando desiertos debido a las condiciones de explotación y remuneración imperantes.
El 24º Congreso de la CCI identificó claramente las implicaciones de esta situación histórica para las principales naciones:
«No sólo la capacidad de cooperación de las principales potencias capitalistas para contener el impacto de la crisis económica ha desaparecido más o menos, sino que, ante el deterioro de su economía y el recrudecimiento de la crisis global, y a fin de preservar su posición como primera potencia mundial, Estados Unidos apunta cada vez más deliberadamente a debilitar a sus competidores. Se trata de una ruptura abierta con gran parte de las normas adoptadas por los Estados desde la crisis de 1929. Esto ha abierto paso a una Terra incógnita cada vez más dominada por el caos y lo impredecible.
Estados Unidos, convencido de que la preservación de su liderazgo frente al ascenso de China depende en gran medida de la pujanza de su economía, a la que la guerra ha colocado en una posición de fortaleza política y militar, también se lanza a la ofensiva contra la economía de sus rivales. Esta ofensiva opera en varias direcciones. Estados Unidos es el gran ganador de la “guerra del gas” lanzada contra Rusia en detrimento de los Estados europeos que se han visto obligados a dejar de importar gas ruso. Habiendo alcanzado la autosuficiencia en petróleo y gas gracias a una política energética a largo plazo iniciada bajo Obama, esta guerra ha confirmado la supremacía estadounidense en la esfera estratégica de la energía. Ha puesto a sus rivales a la defensiva en este nivel: Europa tuvo que aceptar su dependencia del gas natural licuado estadounidense; China, altamente dependiente de las importaciones de hidrocarburos, se ha visto debilitada por el hecho de que Estados Unidos ahora está en condiciones de controlar las rutas de suministro de China. Estados Unidos tiene ahora una capacidad sin precedentes para ejercer presión sobre el resto del mundo a este nivel.
Aprovechando el rol central del dólar en la economía mundial, de ser la primera potencia económica mundial, las diversas iniciativas monetarias, financieras e industriales (desde los planes de estímulo económico de Trump hasta los subsidios masivos de Biden a productos “made in USA”, pasando por la Ley de Reducción de la Inflación, etc.) han aumentado la “resiliencia” de la economía estadounidense, que atrae inversiones de capital y reubicaciones industriales en el territorio estadounidense. Estados Unidos está limitando el impacto de la actual desaceleración mundial en su economía y trasladando los peores efectos de la inflación y la recesión al resto del mundo.
Además, para garantizar su decisiva ventaja tecnológica, Estados Unidos también pretende asegurar la reubicación en Estados Unidos de tecnologías estratégicas (semiconductores) o, al menos, su control internacional, de las que pretende excluir a China, al tiempo que amenaza con sanciones a todos los que rivalizan con su monopolio.
El deseo de Estados Unidos de preservar su poder económico tiene como consecuencia el debilitamiento del sistema capitalista en su conjunto. La exclusión de Rusia del comercio internacional, la ofensiva contra China y el desacoplamiento de sus dos economías, en definitiva, la voluntad declarada de Estados Unidos de reconfigurar en su beneficio las relaciones económicas mundiales, ha marcado un punto de inflexión: Estados Unidos se revela como un factor en la desestabilización del capitalismo mundial y la propagación del caos en el plano económico.
Europa se vio especialmente afectada por la guerra, que la privó de su principal fortaleza: su estabilidad. Los capitalismos europeos están sufriendo una desestabilización sin precedentes de su “modelo económico” y corren un riesgo real de desindustrialización y reubicación en áreas americanas o asiáticas bajo los embates de la “guerra del gas” y el proteccionismo estadounidense.
Alemania en particular es un concentrado explosivo de todas las contradicciones de esta situación sin precedentes. El fin del suministro de gas ruso sitúa a Alemania en una situación de fragilidad económica y estratégica, amenazando su competitividad y toda su industria. El fin del multilateralismo, del que el capital alemán se benefició más que cualquier otra nación (ahorrándole también la carga del gasto militar), afecta más directamente a su poder económico, dependiente de las exportaciones. También corre el riesgo de volverse dependiente de Estados Unidos para su suministro de energía, ya que este último presiona a sus “aliados” para que se unan a la guerra económica-estratégica contra China y renuncien a sus mercados chinos. Dado que se trata de una salida vital para el capital alemán, Alemania se enfrenta a un gran dilema, compartido por otras potencias europeas, en un momento en el que la propia UE se ve amenazada por la tendencia de sus Estados miembros a anteponer sus intereses nacionales a los de la Unión.
En cuanto a China, si bien se presentó hace dos años como el gran ganador de la crisis del Covid, es una de las expresiones más características del efecto “torbellino”. Víctima ya de una desaceleración económica, ahora enfrenta graves turbulencias.
Desde finales de 2019, la pandemia, los repetidos confinamientos y el tsunami de contagios que siguió al abandono de la política “Covid cero” han seguido paralizando la economía china.
China está atrapada en la dinámica global de la crisis, con su sistema financiero amenazado por el estallido de la burbuja inmobiliaria. El declive de su socio ruso y la ruptura de las “rutas de la seda” hacia Europa por los conflictos armados o el caos ambiental están causando daños considerables. La poderosa presión de Estados Unidos aumenta aún más sus dificultades económicas. Y frente a sus problemas económicos, sanitarios, ecológicos y sociales, la debilidad congénita de su estructura estatal estalinista constituye una desventaja mayor.
Lejos de poder jugar el papel de locomotora de la economía mundial, China es una bomba de relojería cuya desestabilización tendría consecuencias imprevisibles para el capitalismo mundial.» («Resolución sobre la situación internacional del 25º Congreso de la CCI [519]»; Revista Internacional 170.).
Rusia parece estar mostrando cierta resiliencia a las sanciones destinadas a «desangrar» su economía. Paradójicamente, ha sabido aprovechar el atraso de su economía (ya evidente antes de 1989 y propio de la decadencia), basada sobre todo en la extracción y exportación de materias primas, especialmente hidrocarburos, y aprovechar la mentalidad del “cada uno a la suya” imperante en las relaciones internacionales, para venderlas a China, o a través de la India, con el fin de paliar algunos de los efectos de las sanciones. Sin embargo, este “éxito” frágil y temporal no podrá resistir ad aeternam el estrangulamiento progresivo de sus capacidades industriales.
Muchos países están al borde de la quiebra, incapaces de hacer frente a sus deudas debido a la subida de los tipos de interés y víctimas de la fuga de capitales hacia Estados Unidos. La ampliación de los BRICS de cinco a once miembros (incluidos Argentina, Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos) representa un intento de emanciparse respecto a Estados Unidos y escapar al estrangulamiento de sus economías. La introducción de una moneda común o el uso de la moneda china como alternativa al dólar es improbable debido a las numerosas diferencias entre estos países, sobre todo en lo que respecta a su relación con el Estado chino.
Las tres partes principales del capitalismo se están hundiendo en la estanflación, sin esperanza de un verdadero repunte de la economía capitalista; con el riesgo de una caída en recesión, de la que la UE y posiblemente China ya están al borde, mientras que Estados Unidos está tratando de escapar a expensas de sus rivales.
«Lo que vemos en conjunto es, por un lado, lo que quizás va a ser la PEOR CRISIS de la historia del capitalismo, y, por otro, la realidad concreta de la PAUPERIZACION ABSOLUTA de la clase obrera en los países centrales confirma totalmente lo acertado de aquella predicción que Marx hizo sobre la perspectiva histórica del capitalismo y de la que tanto se han burlado los economistas y demás ideólogos de la burguesía.» (El capitalismo conduce a la destrucción de la humanidad... Sólo la revolución mundial del proletariado puede ponerle fin [452]; Revista Internacional 169)
Tras décadas de presión a la baja sobre el precio de la fuerza de trabajo, la participación correspondiente al trabajo en la riqueza creada ha caído constantemente en todo el mundo desde finales de la década de 1970. Los salarios reales han retrocedido a los niveles anteriores a 1980. Una gran parte de la clase trabajadora vive ahora por debajo del umbral de la pobreza o al borde del mismo.
La burguesía se jacta de haber conseguido “frenar” la inflación, pero en lo tocante al poder adquisitivo de los trabajadores, cada proletario tiene que pagar mucho más por el combustible, los alimentos, los préstamos, mientras que sus salarios se han recortado con “aumentos” muy por debajo de la tasa de inflación, lo que impide satisfacer las necesidades más básicas.
La extracción de plusvalía relativa va cada vez más de la mano de la extracción de plusvalía absoluta, la intensificación del trabajo va de la mano de la prolongación de la jornada laboral y de la duración del tiempo de explotación en la vida de cada proletario.
Las condiciones de explotación tienden incluso a sobrepasar cada vez más los límites fisiológicos de los proletarios, matando literalmente a los obreros en el trabajo.
Algunos estados norteamericanos han intentado obligar a los empleados a trabajar durante las olas de calor, provocando que las muertes y los accidentes se disparen. En Corea, donde la muerte en el trabajo es un fenómeno generalizado (como en el resto del sudeste asiático), el deseo del Estado de aumentar la semana laboral de 52 a 69 horas se vio frustrado por la respuesta de la clase obrera.
Cada año, los accidentes laborales provocan una hecatombe: oficialmente, casi dos millones de trabajadores mueren en el mundo y 270 millones resultan heridos o mutilados.
En muchos sectores de la producción la mano de obra sobrecargada de trabajo sufre un desgaste nervioso y musculo esquelético tan acelerado que es descartada y pasa a engrosar las cohortes de proletarios inempleables mucho antes de la fecha legal de jubilación.
Por último, son también muy habituales las situaciones de virtual esclavitud de la mano de obra (sobre todo en los sectores agrícolas de los países desarrollados), de servidumbre por deudas o de trabajo forzoso (por ejemplo, en el sector de la pesca industrial en China). Y ello especialmente entre los trabajadores migrantes.
Con la crisis a punto de agravarse, los ataques económicos a las clases obrera con trabajo o en el desempleo, no cesarán.
Pero como gritaban los proletarios británicos «¡ya, basta!»[5]. En los dos últimos años, la clase obrera ha comenzado a responder retomando el camino de la lucha en todos los bastiones de la economía mundial. Este retorno histórico a la lucha de clases, tras varias décadas de pasividad proletaria, confirma la importancia del papel que el marxismo asigna a la crisis y a las luchas reivindicativas contra ella, para el futuro de la lucha obrera: «... los ataques económicos (caída de los salarios reales, despidos, aumento de los ritmos de producción, etc.) resultantes directamente de la crisis afecta de manera específica al proletariado (es decir, a la clase que produce la plusvalía y se enfrenta al capital en este terreno); la crisis económica, a diferencia de la descomposición social que concierne esencialmente a las superestructuras, es un fenómeno que afecta directamente a la infraestructura de la sociedad sobre la que descansan estas superestructuras; en este sentido, pone al desnudo las causas últimas de toda la barbarie que se abate sobre la sociedad, permitiendo así al proletariado tomar conciencia de la necesidad de cambiar radicalmente el sistema y no limitarse a intentar mejorar ciertos aspectos del mismo. » (Tesis sobre la descomposición [11])
CCI, diciembre de 2023
[1] El capitalismo no puede constituir el mercado necesario para vender su producción, por lo que siempre ha tenido que vender el excedente a mercados «extracapitalistas», ya sea dentro de los países dominados por las relaciones de producción capitalistas o fuera de ellos.
[2] Leer «La crisis capitalista en los países del Este» [526], disponible en francés, Revista Internacional 23.
[3] Véase «La Mondialisation» Ed Bréal, p 107 de Carroué, Collet, Ruiz.
[4] Sobre este tema, leer Jean-Michel Valantin, “Géopolitique d'une planète déréglée”, Seuil, 2017, pp.240 a 249, capítulos: Les «primaveras árabes»: crisis política, crisis geofísica ; Acontecimientos climáticos extremos y crisis política ; Clima, crisis agraria y guerra civil: el caso de Siria.
[5] Traducción de la consigna “enough is enough” de las luchas del proletariado inglés en 2022-23. (N de T al español)
«¿Cómo puede una clase, actuando como clase, como es en la sociedad capitalista, llevar a cabo la abolición de las clases y, por tanto, del capitalismo?» Para algunos, sólo hay una solución posible a esta aparente paradoja: «No se trata de que el proletariado triunfe, liberándose a sí mismo, liberando el trabajo, extendiendo su condición... sino de abolir lo que él mismo es»[1]. “La autonegación del proletariado” es el credo de la corriente modernista surgida a finales de los años 60, también conocida como corriente ultraizquierdista. Uno podría estar tentado de decir, con Engels, «lo que les falta a estos señores es dialéctica». ¿Cómo eliminar la fase de afirmación del proletariado durante el período revolucionario y conservar únicamente su fase de negación cuando, como resultado de la acción del propio proletariado, las clases desaparecen en el curso de la transición del capitalismo al comunismo? ¿No forman estas dos fases una unidad y una interrelación? En otras palabras, ¿cómo separar la culminación, la abolición de las clases, de todo el proceso que conduce a ella, en este caso la constitución del proletariado como clase y luego como clase dominante? ¿No hay unidad entre el fin y los medios? Pero no es sólo dialéctica lo que les falta a estos señores, como veremos en esta revisión histórica. Descubriremos que los modernistas rechazan la emancipación del proletariado - «No se trata de que el proletariado se libere»-, que es precisamente el único medio de que dispone la humanidad para liberarse de la embrutecedora sociedad de clases. La ideología modernista es el socialismo burgués, que proclama que la naturaleza de la clase obrera dentro del capitalismo no es revolucionaria. También descubriremos que, en palabras de Marx y Engels, «el socialismo burgués sólo alcanza su expresión adecuada cuando se convierte en una mera figura retórica»[2]. Esta fue la fuente en la que se inspiraron los comunistizadores.
La corriente modernista surgió durante la reanudación histórica de la lucha de clases a finales de los años sesenta. Mayo del 68 en Francia, el Otoño Caliente de 1969 en Italia, las luchas de 1970 en Polonia... en todos los continentes, el proletariado lanzó luchas masivas y se afirmó con fuerza, rompiendo con décadas de apatía marcadas por algunos estallidos efímeros. El periodo inicial de intensas luchas, que abarca los años 1970-1980 tras el flamante movimiento del 68, no puede entenderse sin tener en cuenta una serie de dificultades a las que se enfrentaron el proletariado y sus minorías revolucionarias. En primer lugar, hay que señalar la agitación estudiantil que había comenzado unos años antes del renacimiento obrero y que, de Berkeley a la Sorbona, expresó el peso de la pequeña burguesía en el movimiento. A diferencia de lo que ocurre hoy, los estudiantes procedían entonces en su inmensa mayoría de la burguesía y la pequeña burguesía. Mientras el gigante proletario seguía dormido, los primeros signos de la crisis económica provocaron en la pequeña burguesía una fuerte inquietud por su futuro. La fiebre se extendió a las universidades de todo el mundo, avivada por las masacres de la guerra de Vietnam y una asfixiante sociedad conservadora. En las manifestaciones aparecían retratos del Che Guevara, Fidel Castro, Mao y Ho Chi Min, a pesar de que estas figuras no tenían absolutamente nada que ver con el movimiento obrero[3]. En la pequeña burguesía, clase sin futuro histórico y totalmente atrapada en el presente, hablar de revolución encubría una revuelta pasajera, una actitud contestataria totalmente ajena a la lucha proletaria.
La segunda gran dificultad era la ruptura de la continuidad que hasta entonces había unido a las distintas organizaciones políticas sucesivas en el curso de la historia del movimiento obrero. La contrarrevolución que acababa de terminar había sido tan violenta y tan larga (1923-1968, ¡45 años!) que había conseguido destruir esta continuidad. La Izquierda Comunista Italiana, que en los años 30, a través de las revistas Prometeo, Bilan y Octobre, continuó la labor crítica y militante iniciada en los años 20 contra la degeneración de la IIIª Internacional, entró en crisis y desapareció durante la Segunda Guerra Mundial, a lo que siguió, a principios de los años 50, la desaparición de la Gauche Communiste de France (GCF), que había intentado preservar las enseñanzas y los principios de aquel periodo. La tradición de la militancia comunista parecía haber sido engullida por las arenas del olvido[4].
Por último, la tendencia al capitalismo de Estado, característica de la decadencia del capitalismo, no había conocido tregua desde la Segunda Guerra Mundial y hacía que la democracia burguesa fuera cada vez más totalitaria. Esta tendencia expresaba la necesidad de la burguesía de aumentar la intervención del Estado para hacer frente a la crisis económica permanente y mantener la paz social mientras la clase obrera se enfrentaba a un fuerte aumento de la explotación. La burguesía mantuvo vivas todas las organizaciones proletarias que habían traicionado (sindicatos y partidos) y las puso al servicio del capitalismo en forma de órganos de control proletario. En tal situación, la historia del movimiento obrero se convirtió en sánscrito para la mayoría de los jóvenes que se iniciaban en la vida política. La traición de la socialdemocracia en 1914 (a través de la unión sagrada) o del partido bolchevique en 1924 (con la proclamación del «socialismo en un solo país») no fue vista como el resultado de un lento proceso histórico de penetración del oportunismo en el seno de una organización proletaria, con una lucha sin cuartel de las minorías de izquierda para intentar preservarla, sino como un destino fatal sellado desde el principio para cualquier organización política. En el ambiente de los años 70, cuando las ideas libertarias estaban de moda, cualquiera que defendiera la necesidad de una organización revolucionaria era visto como un aprendiz de burócrata, o incluso como un estalinista.
Estas tres características del periodo y las dificultades que crearon explican por qué el proceso de politización de las luchas obreras no pudo tener éxito durante los años 70 y 80, en un momento en que la clase revolucionaria había reaparecido en escena, volvía a hablar de revolución y trataba de reapropiarse de su historia. El peso de la ideología dominante estaba destinado a afectar a esta nueva generación de proletarios inexpertos, así como a los elementos politizados de diferentes clases, en particular la ideología promovida por los diversos cenáculos izquierdistas (anarquismo oficial, trotskismo, maoísmo) cuya influencia se vio repentinamente incrementada por el apoyo masivo de la pequeña burguesía. Muy impresionados por el despertar del gigante proletario, creyeron en su condición divina, luego se apartaron rápidamente, decepcionados porque no había cumplido su promesa del advenimiento inmediato de un mundo de goce y dicha. El peso deletéreo del obrerismo y del inmediatismo fue la consecuencia.
El Modernismo es un producto típico de este periodo. Mientras maduraban las condiciones para la explosión de Mayo del 68, los artistas de la Internacional Situacionista (IS) (que confundían bohemia con revolución) reclamaban una revolución de la vida cotidiana. Al mismo tiempo, Jacques Camatte y sus amigos abandonaban el Partido Comunista Internacional de Amadeo Bordiga (Programa Comunista, Le Prolétaire), cuya esclerosis parecía simbolizar la impotencia de la Izquierda Comunista y el fracaso del «viejo movimiento obrero», términos que los modernistas tomaron de la corriente consejista. Todos ellos apelaban a una nueva teoría revolucionaria adaptada a la nueva realidad. En resumen: había que ser «modernos». Creían que las luchas obreras contra los efectos de la explotación capitalista eran, o bien la expresión de una integración definitiva en la sociedad burguesa (a la que llamaban «sociedad de consumo»), o bien una revuelta contra el trabajo, y creían en la aparición de un nuevo movimiento obrero: «El fuerte ascenso y, sobre todo, el cambio de contenido de las luchas de clases a finales de los años 60 cerraron el ciclo abierto en 1918-1919 por la victoria de la contrarrevolución en Rusia y Alemania. Al mismo tiempo, este nuevo curso de las luchas puso en crisis la teoría programática del proletariado y toda su problemática. Ya no se trataba de saber si la revolución era asunto de los consejos o del partido, o si el proletariado era capaz o no de emanciparse. Con la multiplicación de las revueltas en los guetos y de las huelgas salvajes, con la revuelta contra el trabajo y la mercancía, el retorno del proletariado al primer plano de la escena histórica marcó paradójicamente el fin de su afirmación»[5]
Nuestra prensa de la época estaba llena de polémicas contra la corriente modernista, en particular para demostrar que, a pesar de la evolución del capitalismo, la clase obrera seguía siendo la clase revolucionaria y que, al centrarse en las manifestaciones más aparentes de la alienación social, los modernistas permanecían ciegos ante las «fuentes que las hacen nacer y las alimentan»[6].
Cabe señalar que varios grupos modernistas, como la Internacional Situacionista (René Riesel) y Le Mouvement Communiste (Gilles Dauvé), participaron a principios de los años 70 en las conferencias organizadas por Informations et Correspondance Ouvrières (ICO), foros esenciales de debate y clarificación política de la época. A las conferencias de ICO asistían también grupos consejistas, elementos del entorno anarquista como Daniel Guérin (OCL) o Daniel Cohn-Bendit (a quien Raymond Marcellin, Ministro del Interior, había expulsado de Francia), Christian Lagant (Noir et Rouge), y elementos de la Izquierda Comunista como Marc Chirik (de Révolution internationale), Paul Mattick (de la Izquierda Comunista Alemana), Cajo Brendel (de la Izquierda Comunista Holandesa). En este ambiente de incesante y apasionada discusión política, un cierto número de modernistas se unieron a la Izquierda Comunista (junto con una mayoría de elementos consejistas), sobre todo porque estaban convencidos por los argumentos sobre la naturaleza proletaria de Octubre de 1917.
De hecho, algunos de los elementos modernistas se reconocían en el medio político proletario. Esto no significa, sin embargo, que la teoría modernista pueda calificarse de comunista, y mucho menos de marxista. Más bien, los diversos grupos e individuos de esta corriente pertenecían al pantano, esa zona intermedia que reúne a todos aquellos que oscilan entre el campo del proletariado y el de la burguesía, que todavía están en camino hacia uno u otro campo. Aquellos elementos modernistas que se unieron a la Izquierda Comunista sólo pudieron hacerlo rompiendo con el modernismo, no gracias a él. De hecho, como hemos demostrado en artículos anteriores de esta serie, la teoría modernista es burguesa por naturaleza y tiene sus raíces en la Escuela de Frankfurt, un grupo de académicos del Instituto de Investigación Social que, en la década de 1950, creyeron haber identificado una crisis en el marxismo y resolvieron el problema enterrándolo. Algunos de ellos, como Marcuse, llegaron a la conclusión de que el proletariado se había integrado definitivamente en la sociedad de consumo, perdiendo así su naturaleza de clase revolucionaria. El Modernismo también tiene sus raíces en el grupo Socialisme ou Barbarie (SouB), que no logró completar su ruptura con el trotskismo y acabó rechazando el marxismo[7].
Gilles Dauvé es un buen ejemplo de la esterilidad del modernismo surgido en los años sesenta. Fuertemente influido por SouB, se dedicó a criticar la tesis que iba a llevar a la perdición a este grupo, que consistía en sustituir la oposición entre la clase dominante y la clase explotada por la oposición entre los dominadores y los dominados, lo que para SouB fue el primer paso hacia el abandono del marxismo. Pero en su crítica de esta tesis, que se basaba en la autogestión y el socialismo de empresa, Dauvé sólo consiguió adoptar el punto de vista opuesto al abogar por la negación inmediata de las relaciones de producción capitalistas. Esto equivalía a permanecer en el mismo terreno que SouB: «Por el contrario, creemos que la destrucción del capitalismo no debe plantearse desde el punto de vista de la gestión únicamente, sino desde el punto de vista de la necesidad/posibilidad de la desaparición del intercambio, de la mercancía, de la ley del valor, del trabajo asalariado. No basta con gestionar la economía, hay que ponerla patas arriba; no basta con gestionarla para ponerla patas arriba.»[8] Responder simplemente con la necesidad de la abolición inmediata del valor era burlarse del mundo, cuando de lo que se trataba era de demostrar que, debido a su lugar en el modo de producción capitalista, el proletariado está impulsado por la necesidad y por su conciencia a transformar sus luchas contra los efectos de la explotación en luchas contra las causas de la explotación, es decir, que es capaz, en el curso del proceso de huelga de masas y de revolución, de transformarse a sí mismo y a la sociedad de arriba abajo.
El nº 84 de Information et Correspondance Ouvrières apareció en agosto de 1969 con un informe y documentos de la Conferencia de ICO celebrada en Bruselas en junio de 1969. Contenía dos textos esenciales: uno fue escrito por Marc Chirik, «Luttes et organisations de classe», y sería reimpreso en Révolution Internationale antigua serie n° 3 (diciembre de 1969) bajo el título «Sur l'organisation». Representa una etapa decisiva en el fortalecimiento de la corriente de la Izquierda Comunista, que desembocará en 1972 en la unificación en Francia de tres grupos bajo el nombre de Révolution Internationale. El otro texto significativo es el de Gilles Dauvé, «Sobre la ideología ultraizquierdista», que emprende una crítica de la corriente modernista que también se había desarrollado durante los acontecimientos de mayo. Contiene este pasaje significativo: «La burocracia bolchevique había tomado el control de la economía: los ultraizquierdistas quieren que las masas lo controlen. Una vez más, la ultraizquierda se mantuvo en el terreno del leninismo, contentándose con dar una respuesta diferente a la misma pregunta»[9].
Esto era señal de que estaba surgiendo una nueva corriente dentro del modernismo. Se mantenía fiel a la auto-negación del proletariado y seguía considerando a Marx un «reformista revolucionario», ya que defendía la reducción de la jornada laboral y el uso de cupones de trabajo. Pero consideraba que Marx había dado un paso decisivo con la noción de dominación real del capital sobre el trabajo que, según Dauvé, explica por qué el proletariado ya no dispone de medios para afirmarse de forma revolucionaria[10]. También retomó de Marx la tendencia irresistible hacia el comunismo. Éste conservó su naturaleza de movimiento dentro del capitalismo, pero para Dauvé perdió su segundo significado como objetivo final de la lucha por la emancipación proletaria. Esta tendencia fue vista únicamente como un proceso de disolución del capitalismo, y adoptó su nombre de bautismo, «la comunistización». En un momento en que la IS acababa de disolverse (1972), esta nueva corriente comenzó a desarrollarse bajo el impulso de Jacques Camatte, Gilles Dauvé, Michel Bérard y Roland Simon (Intervention Communiste y luego Théorie Communiste), que rompieron con los Cahiers du Communisme de Conseils cuando éstos se unieron a Révolution Internationale.
Los comunistizadores o partidarios de la comunistización estaban cortando los últimos hilos que les unían en aquel momento al renacimiento histórico de la lucha de clases. Empezaron utilizando el término «corriente de ultraizquierda». Esta terminología, producto de la confusión de la época, pretendía agrupar a todos los que se alejaban del izquierdismo, pero tenía la ventaja para los comunistizadores de hacer creíble una especie de continuidad/superación de la Izquierda Comunista. Las enseñanzas que sacaron de esta primera etapa del renacimiento histórico de la lucha de clases se centraron en el rechazo del «trabajo»: «La revolución significaba una revolución del trabajo, el socialismo o el comunismo significaban una sociedad del trabajo. Y eso es lo que la crítica del trabajo por parte de una franja minoritaria pero dinámica de proletarios dejó obsoleto en los años 60 y 70»[11].
De hecho, el conflicto de clase entre el proletariado y la burguesía se presenta a menudo, en la historia del movimiento obrero, como un conflicto entre el trabajo y el capital. Lo que a la pequeña burguesía le cuesta entender es que el proletariado es el representante del trabajo, que es a la vez trabajo alienado, la explotación, pero también que desempeñó un papel central en el surgimiento de la humanidad. El proletariado es precisamente la clase del trabajo porque, para emanciparse, no tiene otro medio que abolir el trabajo asalariado, y no puede hacerlo sin transformar radicalmente el trabajo; en otras palabras, pasar de la sociedad de clases a una sociedad sin clases, de sociedades de escasez basadas en la economía a una sociedad de abundancia donde «el libre desarrollo de cada uno es la condición del libre desarrollo de todos» (Manifiesto del Partido Comunista). Los modernistas observan que el proletariado ha tomado al capital como su enemigo y concluyen, a la manera de Proudhon, que si reconoce al capital como tal, se está comprometiendo con él y, por tanto, permaneciendo en la sociedad burguesa, cuya gestión sólo reclama. Tal es la prestidigitación anarquista utilizada por los modernistas.
Los comunistizadores entraron en una nueva fase de desarrollo cuando la corriente modernista inicial entró en crisis a finales de los años ochenta. En aquella época se produjo una dispersión general del movimiento modernista como consecuencia de la desilusión pequeñoburguesa. Algunos optaron por la ecología radical o practicaron el primitivismo, otros se fueron a criar ovejas al Larzac[12] o se presentaron a las elecciones con una candidatura ecologista, mientras que otros, como Raoul Vaneigem[13], estaban convencidos de que el «impulso vital» acabaría con el capitalismo. Hubo quienes (representados por el grupo Krisis y Anselme Jappe en la actualidad) afirmaron que, en El Capital, la lucha de clases sólo era una opción secundaria para Marx y que era el propio capitalismo el que conduciría espontáneamente al comunismo, y otros que se comprometieron con el negacionismo y el apoyo a Faurisson[14], luego se unieron a los chalecos amarillos y ensalzaron sistemáticamente el carácter subversivo de los disturbios.
Los comunistizadores intentaron reaccionar, sobre todo porque Camatte, por su parte, abandonó toda referencia al proletariado e inventó su teoría de la clase universal, que presentaba a la propia humanidad como sujeto revolucionario. Si bien el término comunismo tiene dos significados, el de un nuevo modo de producción libre de clases, fronteras nacionales y Estado, y el de un proceso en marcha dentro del propio capitalismo, «la abolición de las condiciones existentes», que explica el choque cada vez más violento entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, tanto en la esfera económica como en la de la lucha de clases, loscomunistizadores lo mutilaron y reivindicaron su nuevo invento, cojo pero tan moderno, «la comunistización, la abolición del capital sin una fase de transición».
Los comunistizadores trataron entonces de demostrar que era la propia situación histórica la que había cambiado. La dominación real del capital, la globalización y la reestructuración industrial habrían arruinado todo lo que quedaba como posibilidad de afirmación del proletariado. El proletariado seguía siendo «potencialmente» revolucionario, pero era necesario sobre todo insistir en la idea de que esta potencialidad sólo se hacía realidad a través de su autonegación. «Con el objetivo de la liberación del trabajo como reapropiación proletaria de las fuerzas productivas y del movimiento del valor, la idea misma de una naturaleza positivamente revolucionaria del proletariado entró en crisis -y el neoconsejismo situacionista con ella. En efecto, la IS, al mismo tiempo que introducía en las formas del programa un contenido no programático -la abolición sin transición del trabajo asalariado y del intercambio, y por tanto de las clases y del Estado-, conservaba estas formas: las condiciones objetivas y subjetivas de la revolución, el desarrollo de los «medios técnicos» y la búsqueda de la conciencia por parte del proletariado, redefinido como la clase casi universal de todos los desposeídos del uso de sus vidas »[15] Era una cuestión de vida o muerte: para sobrevivir y tratar de desviar a algunos jóvenes en busca de coherencia revolucionaria, había que reafirmar la existencia de un proletariado revolucionario y proclamar alto y claro la necesidad del comunismo, de una revolución que desembocara en una insurrección mundial capaz de destruir el Estado. Así llegamos a la cumbre de la hipocresía de Gilles Dauvé: «Corazón y cuerpo del capitalismo, el proletariado es también el vector posible del comunismo»[16].
La caída del Muro de Berlín y la intensa campaña ideológica de la burguesía sobre la bancarrota del comunismo han dado lugar a un nuevo auge del movimiento de la comunistización. Bajo el impacto de esta campaña, el proletariado sufrió un retroceso en su conciencia y en su espíritu de lucha. No había librado antes una lucha decisiva, por lo que no fue derrotado, pero se enfrentó a la pérdida de su identidad de clase. Para los comunistizadores, esto era la confirmación de sus tesis: el proletariado tenía que abandonar sin remordimientos su identidad de clase, su naturaleza de clase explotada y sus luchas reivindicativas, para sumergirse inmediatamente en la autonegación revolucionaria. El llamado nuevo movimiento obrero tenía que romper con lo que ellos llaman programatismo, término que en realidad designa los medios y el proceso que conducen al objetivo final.
En otras palabras, se trataba de un vertiginoso retroceso, una vuelta a la situación anterior a los trabajos de la Primera Internacional que, contra los anarquistas, había recordado que toda lucha de clases es una lucha política y que la emancipación del proletariado pasa por la toma del poder político a escala internacional, única palanca de que dispone para lograr disolver las categorías económicas del capitalismo. Los comunistizadores podían afirmar sin pudor: «Con la liquidación de la política por el capital, que ha logrado la dominación real de la sociedad, la crítica anarquista de la política puede integrarse en la teoría comunista: la autonegación del proletariado será al mismo tiempo la destrucción de todos los tinglados políticos, unidos en la contrarrevolución capitalista»[17].
El lamentable resultado de todo esto es muy simple. Los comunistizadores sólo tenían una idea en mente, corregir a Marx con la ayuda de Bakunin, que fue el primero en proclamar las virtudes creadoras de la destrucción, y que propugnaba un socialismo sin transición. «Persistiremos, dijo Bakunin, en negarnos a asociarnos a cualquier movimiento político que no tenga como objetivo inmediato y directo la emancipación completa de los trabajadores[18]. ¿Cuál es ese «objetivo inmediato y directo» sino la autonegación del proletariado y el abandono del concepto de transición al comunismo?
Hemos visto que los comunistizadores se inspiran en el nihilismo anarquista; que, como Bakunin en su tiempo, han entrado en guerra contra toda forma de organización revolucionaria, que presentan como un chanchullo; que pretenden destruir toda referencia al programa, a los principios, a las tradiciones, a la continuidad histórica, a la teoría, a la conciencia y a la perspectiva revolucionaria del proletariado. En resumen, contrariamente a la ingenuidad infantil de los modernistas de los años 70, los comunistizadores de hoy son extremadamente peligrosos para la lucha del proletariado. Reflejan la sociedad burguesa en descomposición y viven con ella. Una sociedad en la que, para la clase dominante, lo único que queda es gestionar día a día las situaciones de crisis, agitar el bastón de la violencia de Estado, en la que el pasado y el futuro han desaparecido, en la que el pensamiento da vueltas en círculo, entonando una desconfianza generalizada hacia cualquier planteamiento científico o político. Entre los comunistizadores, el inmediatismo ha sido llevado al límite, hasta la caricatura.
Para estos señores, el comunismo no es «un nuevo modo de producción, sino la producción de la inmediatez de las relaciones entre individuos singulares, la abolición sin transición del capital y de todas sus clases, incluido el proletariado», por lo que hay que rechazar la «realización leninista o consejista de la dictadura del proletariado[19].
En contraste con este galimatías, el rigor del marxismo, como teoría viva del proletariado, es un soplo de aire fresco. Basándose en su profundo conocimiento de las revoluciones burguesas, de la antigüedad griega y romana[20] y del papel histórico del proletariado, Marx forjó el concepto de dictadura del proletariado, que representa un logro teórico fundamental: «..Por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases...[21]».
La formulación propiamente dicha no apareció por primera vez hasta 1850 en La lucha de clases en Francia, pero ya estaba presente como hilo conductor en el Manifiesto del Partido Comunista. Tras un largo periodo en el que el proletariado se había movilizado principalmente en la lucha por reformas, la noción de dictadura del proletariado reapareció allí donde el conflicto de clases se había agudizado más, en Polonia y Rusia, donde la revolución de 1905 anunciaba las grandes luchas revolucionarias de la decadencia capitalista. El IIº Congreso del POSDR aprobó un programa redactado por Plejánov y Lenin que, por primera vez en la historia de los partidos socialdemócratas, incluía este principio.
La dictadura del proletariado no tiene nada que ver con las diversas formas de totalitarismo burgués que existen en Rusia, China, Estados Unidos o Francia. Significa, sobre todo, que es necesario un período de transición entre el capitalismo y el comunismo, por dos razones.
Esta necesidad se deriva principalmente del hecho de que, por primera vez en la historia, la clase revolucionaria es también la clase explotada. A diferencia de la burguesía revolucionaria, el proletariado no tiene poder económico en el que apoyarse para construir gradualmente los elementos de la sociedad comunista dentro del capitalismo. Sólo puede comenzar este trabajo fuera del capitalismo. El acto de tomar el poder político no es por tanto, como para la burguesía, la coronación de un poder económico creciente en el seno de la vieja sociedad, sino el punto de partida para que el proletariado modifique profundamente las formas de organización de la producción social. La insurrección es, pues, la primera etapa, no la última, de la transformación social que el proletariado está llamado a realizar. Primero debe romper el marco político de la vieja sociedad.
La segunda razón fundamental es que la extenuación de las condiciones de la vieja sociedad no significa necesaria y automáticamente la maduración y culminación de las condiciones de la nueva sociedad. Mediante el aumento de la productividad del trabajo, la concentración y centralización del capital y la socialización internacional de la producción, el capitalismo crea las premisas para el comunismo, pero no el comunismo en sí. En otras palabras, el declive de la vieja sociedad no es automáticamente la maduración de la nueva, sino sólo la condición para esa maduración. Citando el Anti-Dühring de Engels, la Izquierda Comunista Italiana escribió en su revista Bilan: «Es evidente que el desarrollo final del capitalismo no corresponde a un “pleno florecimiento de las fuerzas productivas” en el sentido de que éstas serían capaces de satisfacer todas las necesidades humanas, sino a una situación en la que la supervivencia de los antagonismos de clase no sólo detiene todo el desarrollo de la sociedad, sino que conduce a su regresión.[22]».
Sin nada en lo que apoyarse, sin propiedades, el proletariado sólo dispone de la palanca política para transformar el mundo. Como demuestra la experiencia histórica, es capaz de hacerlo gracias a su conciencia y su unidad, dos fuerzas gigantescas materializadas por su organización de masas, los consejos obreros, y su vanguardia, el Partido Comunista Mundial. Pero para crear una sociedad de abundancia, primera condición de la emancipación humana, debe romper no sólo el marco político de la vieja sociedad, sino también las relaciones burguesas de producción que impiden un nuevo auge de las fuerzas productivas liberadas definitivamente de los estragos de la industria capitalista.
- «Como es natural, en primera instancia esto sólo puede ocurrir por medio de intervenciones despóticas en el derecho de propiedad y en las relaciones burguesas de producción, vale decir, en virtud de medidas que parecen económicamente insuficientes e insostenibles, pero que en el curso del movimiento se sobrepasarán a sí mismas y que resultan totalmente inevitables como medios para revolucionar todo el modo de producción»[23]. El principio de la dictadura del proletariado nos recuerda que la única fuerza capaz de llevar a buen término esta obra es una clase histórica homogénea que está en el mismo centro de las contradicciones del capitalismo: la clase del trabajo asalariado. Por su práctica revolucionaria, el proletariado se revela como la última clase explotada de la historia de la humanidad. «Si en la lucha contra la burguesía el proletariado se unifica necesariamente para convertirse en clase, si en virtud de una revolución se convierte en clase dominante y en cuanto clase dominante deroga por la fuerza las antiguas relaciones de producción, abolirá, junto con estas relaciones de producción, las condiciones de existencia del antagonismo de clases, las clases en general y con ello su propia dominación en cuanto clase».
Por otra parte, la dictadura del proletariado es la extensión y culminación de la lucha entre las dos clases fundamentales de la sociedad. Al tomar el poder, el proletariado afirma que no hay otro camino, ningún compromiso posible, para librarse de los antagonismos de clase. Este período revolucionario está marcado por una alternativa franca y brutal: será la dictadura de la burguesía o la dictadura del proletariado. El proletariado no tiene necesidad de ocultar sus objetivos y manifiesta claramente al mundo que «El poder político en su sentido estricto es el poder organizado de una clase para la opresión de otra»[24] y tenía el deber de decirlo alto y claro para conducir a la humanidad entera hacia el dominio de sus propias fuerzas sociales, rompiendo con las fuerzas ciegas del pasado.
La conquista del poder y la dictadura del proletariado siguen siendo el núcleo del programa comunista. Este es el resultado al que llega la teoría científica del marxismo: «Aunque una sociedad haya descubierto la ley natural que preside su propio movimiento –y el objetivo último de esta obra es, en definitiva, sacar a la luz la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna-, no puede saltearse fases naturales de desarrollo ni abolirlas por decreto. Pero puede abreviar y mitigar los dolores del parto»[25].
Cuando la aparición de los consejos obreros ha creado una situación de doble poder, la situación sólo puede resolverse mediante la toma del poder por el proletariado y la demolición del Estado burgués. La insurrección es el momento de este desenlace. La conquista del poder se ha convertido en la prioridad absoluta en la que se concentran todas las fuerzas del proletariado. Intentar controlar u organizar la producción y la distribución sería ilusorio y un peligroso despilfarro de energía mientras este poder no esté en manos del proletariado. También sería catastrófico intentar forzar el proceso llamando prematuramente a la conquista del poder cuando no se han dado las condiciones necesarias. Contra Gramsci, la Izquierda italiana escribía en su órgano Il Soviet en junio de 1919: «No se puede considerar la aplicación práctica del programa socialista sin tener siempre presente la barrera que nos separa claramente en el tiempo: la realización de una condición previa, a saber, la conquista de todo el poder político por la clase obrera; este problema precede al otro, y el proceso de su resolución está aún lejos de ser precisado y definido. El estudio concreto de las conquistas socialistas vitales bien podría llevar a algunos a concebirlas fuera de la atmósfera de dictadura proletaria que las nutre, a creerlas compatibles con las instituciones actuales y a deslizarse así hacia el reformismo»[26].
Todos estos principios resultantes de la experiencia histórica y del trabajo teórico, como hemos visto, no tienen sentido para los comunistizadores. Cada cuestión planteada por la perspectiva revolucionaria se responde metafísicamente. Veamos cómo presentan, por ejemplo, la contradicción entre las necesidades vitales y la transformación de las relaciones sociales: «En 1999-2001, algunos piqueteros argentinos emprendieron producciones cuyo único objetivo no era el producto. Una panadería piquetera comunitaria elaboraba pan, y el acto de producción era también un elemento de transformación de las relaciones interpersonales: ausencia de jerarquía, práctica del consenso, autoformación colectiva... Para cada participante, “el otro como tal [se había] convertido en una necesidad para él” [Marx] »[27] La trampa del interclasismo que estrangulaba entonces a los trabajadores argentinos se vio agravada por la tutela del Estado sobre los desocupados con la ayuda de organizaciones peronistas y de izquierda[28]. La complicidad de los comunistizadores con estos órganos del Estado burgués confirmaba una vez más el carácter burgués de la ideología modernista.
Los dos momentos de la historia en los que el proletariado fue capaz de tomar el poder, la Comuna de París en 1871 y Octubre de 1917 en Rusia, aportaron valiosas lecciones y permitieron corregir y enriquecer el programa revolucionario del proletariado. En primer lugar, confirmaron plenamente lo que la teoría marxista venía desarrollando desde su nacimiento a finales de la década de 1840. El nacimiento de un nuevo modo de producción sólo puede tener lugar mediante la violencia, mediante el enfrentamiento brutal de las clases históricas. En este proceso, la superestructura representada por el poder político y el Estado desempeñan un papel esencial. Son los instrumentos a través de los cuales los pueblos hacen la historia y hacen posible el surgimiento de una nueva sociedad que ha permanecido aprisionada en los flancos de la antigua.
Una vez en el poder, el proletariado se organiza para no perderlo y estimular la agitación revolucionaria en otras partes del mundo. Para ello, comienza por disolver el ejército permanente y la policía y se apodera del monopolio de las armas. Destruye el Estado burgués, cuya burocracia y fuerzas de represión se han vuelto inadecuadas para las tareas revolucionarias. Y cuando en el período revolucionario reaparece un nuevo Estado como fenómeno inevitable porque las clases e intereses antagónicos no han desaparecido, debe tomar el control de este Estado para volverlo contra la antigua clase dominante e intervenir en el terreno económico. En sus notas sobre un texto de Bakunin, Marx describe esta situación revolucionaria: «Esto significa que mientras existan otras clases, y en particular la clase capitalista, el proletariado lucha contra ella (porque sus enemigos y la antigua organización de la sociedad no han desaparecido todavía con su acceso al poder), y debe por tanto emplear medios violentos, es decir, medios de gobierno; si él mismo sigue siendo todavía una clase y si las condiciones económicas en las que se basan la existencia y la lucha de clases no han desaparecido todavía, deben ser abolidas o transformadas por la violencia y el proceso de transformación, acelerado por la violencia»[29].
Mientras no esté asegurado el poder internacional de los Consejos Obreros, es seguro que las primeras medidas económicas, administrativas y jurídicas introducidas por el semi-estado del período transitorio parecerán bastante insuficientes, como ya subraya el Manifiesto del Partido Comunista. La prioridad es bloquear el camino a la contrarrevolución, atraer al movimiento a las clases medias y a los parados de todo el mundo. Es imposible predecir cuánto durará esta etapa de la revolución, pero sí sabemos que impondrá grandes sacrificios al proletariado. Durante todo este tiempo, la necesidad de garantizar el funcionamiento de la sociedad implica inevitablemente la persistencia de relaciones de intercambio con el pequeño campesinado.
Con un notable espíritu de síntesis, Lenin resume toda la trayectoria histórica que hace posible la victoria del proletariado: «Los utopistas se dedicaron a “descubrir” las formas políticas con las que debía producirse la transformación socialista de la sociedad. Los anarquistas se desentendieron del problema de las formas políticas en general. Los oportunistas de la socialdemocracia actual han tomado por límite insuperable las formas políticas burguesas del Estado democrático parlamentario y se ha roto la frente de tanto prosternarse ante este “modelo”, declarando anarquismo toda aspiración a romper estas formas.»[30] Los comunistizadores, por su parte, pulverizan el proceso de transición de una sociedad a otra eludiendo totalmente su origen: la constitución del proletariado como clase dominante capaz tanto de asegurar su poder sobre la sociedad como de salvaguardar su autonomía política y su objetivo comunista.
A pesar de los límites impuestos por la situación de partida, el proletariado sólo puede vencer si dirige la sociedad hacia el comunismo desde el principio. Debe aprovechar todas las oportunidades para atacar la separación entre la ciudad y el campo, entre la industria y la agricultura, para atacar la división capitalista del trabajo y todas las formas mercantiles, y para reorientar toda la producción hacia la satisfacción de las necesidades humanas.
Entre las primeras medidas adoptadas, de las que dependería la dinámica revolucionaria, figuran las siguientes:
«- La socialización inmediata de las grandes concentraciones capitalistas y de los principales centros de actividad productiva.
- Planificación de la producción y la distribución: el criterio de la producción debe ser la máxima satisfacción de las necesidades y ya no la acumulación.
- Reducción masiva de la jornada laboral.
- Aumento sustancial del nivel de vida.
- Intento de abolir la remuneración basada en el salario y en su forma monetaria.
- Socialización del consumo y de la satisfacción de las necesidades (transporte, ocio, alimentos, etc.).
- La relación entre los sectores colectivizados y los sectores de producción que siguen siendo individuales -especialmente en el campo- debe tender a un intercambio colectivo organizado a través de las cooperativas, suprimiendo así el mercado y el intercambio individual.»[31]
Una experiencia tan importante como la de octubre de 1917 no podía dejar de aportar numerosas enseñanzas, tanto positivas como negativas. En particular respecto a la degeneración y el fracaso de la revolución. Ésta se vio asfixiada por el aislamiento internacional, en particular por el fracaso de la revolución en Alemania. Tuvo que aguantar en previsión de nuevos intentos revolucionarios en los países centrales del capitalismo, resistiendo al mismo tiempo los asaltos de los ejércitos blancos y de la coalición de países desarrollados cuyas tropas desembarcaron en territorio ruso. Este aislamiento condujo muy pronto a la degeneración de la Revolución Rusa y al auge del oportunismo en el seno del partido bolchevique. Uno de los factores de la degeneración de la revolución fue la connivencia entre el poder proletario y el nuevo Estado creado por la revolución[32]. Marx, como muestra su Crítica del Programa de Gotha, parecía haber resuelto el problema de una vez por todas: «Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado»[33].
Sin embargo, la teoría marxista del Estado ya había permitido vislumbrar el problema. En su introducción a La guerra civil en Francia, Engels escribió: «En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la república democrática que bajo la monarquía; y en el mejor de los casos, un mal que se transmite hereditariamente al proletriado triunfante en su lucha por la dominación de clase. El proletariado victorioso, lo mismo que hizo la Comuna, no podrá por menos de amputar los lados peores de este mal, entretanto que una generación futura, educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo ese trasto viejo del estado.»[34]
La Revolución Rusa demostró que el Estado, lejos de ser una simple «máquina» que podía cambiar de función cambiando de manos, era ante todo un producto de todas las sociedades de clases del pasado y llevaba en sí todas las formas posibles de opresión. Ninguno de los revolucionarios de la época había imaginado que la contrarrevolución burguesa emergería victoriosa del corazón mismo del Estado, de un Estado que sin embargo se calificaba de proletario, y que sería capaz de reconstituir ex nihilo una nueva clase burguesa rusa apoyándose en la burocracia y en su expresión política, la fracción estalinista.
La Izquierda Comunista Italiana hizo una contribución fundamental a esta cuestión en su valiosísimo trabajo de balance de la década de 1930[35]. La Gauche Communiste de France (GCF) en los años 1940-50, seguida de la Corriente Comunista Internacional, son las únicas que han retomado, dentro de la corriente de la Izquierda Comunista actual, este sólido marco político que nos permitirá afrontar mañana los complejos problemas del periodo de transición. Dejemos que Marc Chirik resuma estos principios: «La sociedad transitoria sigue siendo una sociedad dividida en clases y, como tal, hace surgir necesariamente esa institución propia de todas las sociedades divididas en clases: el Estado.
Con todas las amputaciones y medidas de precaución que se han de imponer a esa institución (funcionarios elegidos y revocables, sueldos iguales a los de los obreros, unificación entre legislativo y ejecutivo, etc.) y que reducen ese Estado a ser un semi-Estado, nunca se ha de perder de vista su carácter histórico anticomunista y por lo tanto antiproletario, esencialmente conservador: el Estado sigue siendo el guardián del statu quo.
Si reconocemos la inevitabilidad de esa institución que el proletariado tendrá que utilizar como un mal necesario, tanto para acabar con la resistencia de la clase capitalista derrocada como para preservar un marco administrativo y político unido a una sociedad que sigue desgarrada por intereses de clases, hemos de rechazar categóricamente la idea de transformar ese Estado en bandera y motor del comunismo. Ese Estado sigue siendo esencialmente un órgano de conservación del statu quo y un freno para el comunismo. No hemos entonces de identificarlo al comunismo ni a la clase que lo lleva en sí, el proletariado. Por definición, el proletariado es la clase más dinámica de la historia puesto que conlleva la desaparición de todas las clases en su lucha por su propia emancipación. Por ello, aun utilizando el Estado, el proletariado expresa su dictadura no a través de él, sino sobre él. Por ello igualmente, el proletariado no ha de reconocer el menor derecho a esa institución de intervenir por la violencia en la clase obrera ni a arbitrar las discusiones de los organismos de la clase, consejos y partido revolucionario.»[36].
Por su parte, los comunistizadores, al haber desvinculado al proletariado de su programa, es decir, de su perspectiva revolucionaria y de su experiencia histórica, son incapaces de extraer lecciones de la historia. No pueden ofrecer ninguna orientación revolucionaria, sólo desilusión, niebla y noche, aventuras desastrosas y, finalmente, la derrota. Al sostener la perspectiva del advenimiento inmediato del comunismo, desempeñan el mismo papel destructor que Bakunin, ese parásito del movimiento obrero: «De la misma manera que los primeros cristianos tomaron como modelo de su organización su paraíso imaginario, de la misma manera, nosotros debernos, según eso, tornar también como modelo nuestro el futuro paraíso social del señor Bakunin, y en vez de luchar, rezar oraciones y tener esperanza. ¡Y esos hombres, que nos predican tales absurdos, se presentan como los únicos revolucionarios auténticos! »[37].
Adeptos del método especulativo, ignoran totalmente el método dialéctico. Son incapaces de plantear correctamente las contradicciones, de comprender cómo se pueden superar, y muy a menudo inventan contradicciones que no tienen nada que ver con la realidad. Por ejemplo, la supuesta contradicción entre la clase obrera y el proletariado, es decir, según los modernistas, entre la clase explotada que contribuye únicamente a la reproducción del capital y la clase revolucionaria producida por su imaginación. He aquí a dónde nos lleva esto en relación con la Revolución alemana de 1918-1919: «El aplastamiento de la Revolución alemana por la socialdemocracia trastoca muchas concepciones [...]. Toda una concepción se derrumbó para estos revolucionarios: era el propio movimiento obrero organizado el que se enfrentaba a ellos como la principal fuerza contrarrevolucionaria, el que sostenía el Estado, el que organizaba los cuerpos francos... Pero es más, en el primer Congreso de los Consejos de Obreros y Soldados alemanes, ¡era el SPD el que tenía la mayoría! »[38].
Aquí podemos ver el estado de ánimo de la pequeña burguesía contestataria de 1968, que creía ver en el PCF un primer paso hacia la conciencia de clase, en lugar de ver en él la expresión del capitalismo de Estado, que permitía a la burguesía penetrar en el proletariado -gracias a los sindicatos, los partidos de izquierda y los izquierdistas- para controlarlo e intentar impedir cualquier despertar de conciencia o cualquier movimiento general; Del mismo modo, la socialdemocracia, que acababa de pasarse al campo burgués al apoyar la guerra imperialista, se presenta aquí como una emanación del proletariado. Pero desde hace 56 años, ha corrido mucha agua bajo los puentes. Tal afirmación se ha convertido ahora en criminal porque perpetúa la confusión entre la clase revolucionaria y el enemigo de clase disfrazado de falso socialismo, confusión de la que tanto le costó desembarazarse al proletariado de la época y que le condujo a las masacres de la Primera Guerra Mundial. Pero los comunistizadores no se detuvieron ahí y participaron también en la gigantesca campaña ideológica de Estado que intentó hacer pasar el estalinismo por comunismo y confundió a Stalin con Lenin. Esta es su pequeña contribución a los esfuerzos de la burguesía por impedir que la clase obrera recupere su identidad de clase y su perspectiva revolucionaria tras el revés de los años noventa.
Al reanudar sus luchas de resistencia por las reivindicaciones inmediatas desde 2022, el proletariado ha contradicho una vez más las expectativas de los comunistizadores. Estas luchas constituyen la base material que permitirá al proletariado redescubrir su identidad de clase, resistir al desencadenamiento de guerras imperialistas regionales, desarrollar su conciencia y redescubrir su perspectiva revolucionaria. Por el contrario, el proletariado que recorre las mentes de los comunistizadores, como ayer recorrió las mentes de los pequeñoburgueses de 1968, es imaginario y fantasioso, y no tiene nada que ver con el proceso histórico real. Gracias a su método y convicciones revolucionarias, Marx ya había denunciado de antemano a estos pretenciosos idealistas y su pomposa retórica: «Ante el primer estallido de la revuelta obrera de Silesia, la única tarea de una mente pensante y amante de la verdad no era juzgar el acontecimiento como un pedante, sino, por el contrario, estudiar su carácter particular. Es cierto que esto requiere un poco de comprensión científica y un poco de amor al ser humano, mientras que para la otra operación, una fraseología hecha, teñida de vano amor propio, es más que suficiente»[39].
Avrom Elberg
[1] Roland Simon, (en francés) Senonevero; Histoire critique de l´ultragauche.pdf [527], Marsella, 2009, p. 19.
[2] Manifiesto del Partido Comunista, capítulo III, Literatura socialista y comunista, 2. Socialismo conservador y burgués.
[3] De estos cuatro discípulos de Stalin, sólo dos, Mao y Ho Chi Minh, pertenecieron al movimiento obrero en su juventud antes de ser arrastrados al oportunismo y la traición bajo la bandera del «socialismo en un solo país».
[4]La izquierda comunista germano-holandesa también desapareció por una degeneración consejista que a menudo desembocó en el izquierdismo. Varios grupos políticos actuales proceden de la izquierda italiana. La mayoría de ellos pertenecen al medio político proletario, pero han cuestionado las principales posiciones adquiridas por la Izquierda Comunista Italiana desde su nacimiento en el Congreso de Bolonia en 1912 hasta la autodisolución de la Fracción Italiana en mayo de 1945.
[5] François Danel, (en francés) prefacio a la antología Rupture dans la théorie de la révolution, Textes 1965-1975, publicada por Éditions Entremonde en 2018, Pág.9.
[6] Véase en particular el artículo contra los situacionistas en Révolution internationale antigua serie nº 2 de febrero de 1969: «Comprender a Mayo». Reimpresa en la Revista Internacional 74 y on line.
[7] Véase: Castoriadis, Munis y el problema de la ruptura con el trotskismo [528] en Revista Internacional nº 160 (2º semestre de 2018) y nº 161 (1º semestre de 2019). Véase también «Crítica a los llamados "comunistizadores" III (1ª parte). Jacques Camatte: del bordiguismo a la negación del proletariado [490] y Crítica a los llamados "comunistizadores" III (2ª parte).: Jacques Camatte: del bordiguismo a la negación del proletariado [529] en CCI on line
[8] Jean Barrot (Gille Dauvé), Communisme et question russe, París, La Tête de Feuilles, 1972, p. 23
[9] Citado en Rupture dans la théorie de la révolution, Op. cit, p. 212.
[10] Este argumento cae lastimosamente en saco roto, ya que la verdadera dominación del capital sobre el trabajo, que Marx explicó, es una revolución en el proceso técnico del trabajo que se generalizó a principios del siglo XIX y que los comunistizadores confunden con la aparición del capitalismo de Estado en 1914 bajo la presión de la guerra imperialista. Pero el objetivo era también echar un velo de confusión sobre la teoría subversiva de la decadencia del capitalismo adoptada por la Internacional Comunista en su primer congreso.
[11] Gilles Dauvé, De la crise à la communisation [530], París, ed. Entremonde, 2017, p. 21.
[12] Este fue el caso de René Riesel, líder situacionista de Mayo del 68, que durante un tiempo dirigió la Confédération paysanne con José Bové.
[13] Vaneigem, también dirigente situacionista de Mayo del 68, no oculta su amistad con Robert Ménard, alcalde ultraderechista de Bézier en Francia. Este último es sin duda el inspirador de esta pieza de bravura: «No condeno (¿y con qué derecho?) el batiburrillo de análisis, debates e informes de expertos que fustigan al capitalismo. Mi indiferencia o mi reserva nacen de una simple constatación: a los críticos del viejo mundo les falta una dimensión esencial, la insurrección del corazón». Raoul Vaneigem, Du Traité de savoir-vivre à l'usage des jeunes générations à la nouvelle insurrection mondiale, (Tratado de buenos modales hacia la nueva insurrección mundial) 2023, p. 13.
[14] A principios de los años 1990, hubo en Francia toda una campaña montada por restos de la «ultraizquierda» en torno a las «revelaciones» de Faurisson sobre la supuesta inexistencia de campos de exterminio nazis, campaña recuperada en gran medida por la extrema derecha. Al volver a poner de moda las tesis trasnochadas del antisemita Faurisson, la «ultraizquierda negacionista» ha servido bien, incluso en su momento y del mismo modo que Le Pen, a la propaganda burguesa de la izquierda destinada a poner a los trabajadores detrás de la defensa del Estado democrático en nombre del «retorno del peligro fascista». Sobre este tema, lee nuestro artículo «El pantano de la “ultraizquierda” al servicio de las campañas de la burguesía» en nuestro folleto «Fascismo y democracia: dos expresiones de la dictadura del capital».
[15] Rupture dans la théorie de la révolution, Op. cit, p. 9.
[16] De la crise à la communisation, op. cit. p. 116.
[17] Rupture dans la théorie de la révolution, op. cit. p. 13.
[18] Citado en B. Nicolaïevski, O. Mænchen-Helfen, La vie de Karl Marx, París, Gallimard, 1970, p. 336.
[19] Rupture dans la théorie de la révolution, Op. cit, pp. 10 y 22.
[20] En la Antigüedad, la república romana, enfrentada a una profunda crisis interna, se dio la opción de confiar temporalmente el poder a un tirano. En virtud de la ley del dictatore creando, el Senado romano podía ceder parcialmente el poder por un período no superior a seis meses.
[22] Se trata de un artículo de Mitchell de la serie “Problemas del periodo de trancisión 3 [532]” publicado en Bilan nº 28 (febrero-marzo de 1936) y reeditado en la Revista Internacional nº 129 (2° trimestre de 2007).
[23] Un próximo artículo de esta serie abordará la cuestión de la política económica aplicada por la dictadura del proletariado para llevar a cabo la disolución de todas las categorías económicas del capitalismo.
[24] Las tres últimas citas proceden del Manifiesto Comunista, capítulo II: «Proletarios y comunistas», pags 66 y 67, Ed CRÍTICA (Grijalbo Mondadori, S.A.) 1998, Barcelona
[25] K. Marx, Prefacio a El Capital, 1867, pag. 8, Ed. Siglo XXI 1978, Madrid
[26] En Programme Communiste n° 72, diciembre de 1976, p. 39.
[27] De la crise à la communisation, op. cit, p. 125.
[28] Véase el artículo de nuestros camaradas, Argentina: la mistificación de los "piqueteros" (NCI) [533], en Revista Internacional n° 119, 4º trimestre de 2004.
[29] K. Marx, Notes critiques à « Étatisme et anarchie », en Marx/Bakounine, Socialisme autoritaire ou libertaire, París, éd. UGE-10/18, 1975, tomo 2, p. 375.
[30] Lenin, El Estado y la revolución, en Obras escogidas en tres tomos, T. 2, pag 333, Ed Progreso, Moscú, 1978
[31] «El comunismo está en el orden del día de la historia: Marc Chirik y el Estado en el período de transición [242]»; Revista Internacional 165
[32] Dejamos aquí de lado otro importante factor de degeneración, el sustitucionismo, es decir, el ejercicio del poder por el partido, que llevó a la destrucción de los consejos obreros rusos.
[33] K. Marx, Crítica del Programa de Gotha (IV) en Marxist internet archives: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/critica-al-programa-de-gotha.htm [534]
[34] Friedrich Engels, Introducción a K. Marx, La Guerra Civil en Francia, en Carlos Marx-Federico Engels, Obras escogidas en dos tomos, Tomo primero, pag 504, AKAL Ed. 1975, Madrid
[35] Véase nuestro libro La Gauche communiste d'Italie.
[36] Marc Chirik, «Problèmas del période de transición», en Revista Internationale nº 1, abril de 1975. https://es.internationalism.org/revista-internacional/197501/955/problemas-del-periodo-de-transicion [535]
[37] Friedrich Engels, El congreso de Sonvillier y la Internacional, https://www.grupgerminal.org/?q=system/files/1872-01-03-sonvillier-engels_0.pdf [536]
[38] Histoire critique de l'ultragauche, op. cit. p. 29.
[39] K. Marx, Glosas críticas al margen del artículo « «El rey de Prusia y la reforma social por un prusiano» [537] MIAléiade III, p. 414.
Enlaces
[1] https://es.internationalism.org/files/es/pdf/rint164.pdf
[2] https://es.internationalism.org/files/es/presentacion_23_congreso.pdf
[3] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198302/2127/estructura-y-funcionamiento-de-la-organizacion-revolucionaria
[4] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198909/2138/la-relacion-entre-fraccion-y-partido-en-la-tradicion-marxista-i-la
[5] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199004/2121/la-relacion-entre-fraccion-y-partido-en-la-tradicion-marxista-ii-l
[6] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199204/1052/la-relacion-entre-fraccion-y-partido-en-la-tradicion-marxista-iii-
[7] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198708/2306/comprender-la-decadencia-del-capitalismo-iii-ascendencia-y-decaden
[8] https://www.leftcom.org/en/articles/2018-12-22/the-fraction-party-question-in-the-italian-left
[9] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4148/la-nocion-de-fraccion-en-la-historia-del-movimiento-obrero-1a-part
[10] https://es.internationalism.org/content/3451/tesis-sobre-la-crisis-economica-y-politica-en-los-paises-del-este
[11] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo
[12] https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida
[13] https://es.internationalism.org/content/4458/informe-sobre-el-impacto-de-la-descomposicion-en-la-vida-politica-de-la-burguesia-2019
[14] https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017
[15] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
[16] https://es.internationalism.org/cci/201211/3550/plataforma-de-la-cci-adoptada-por-el-ier-congreso
[17] https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019
[18] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200
[19] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201111/3264/movimiento-de-indignados-en-espana-grecia-e-israel-de-la-indignaci
[20] https://es.internationalism.org/content/4042/conferencia-internacional-extraordinaria-de-la-cci-la-noticia-de-nuestra-desaparicion
[21] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/lpee72s.htm
[22] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199610/1767/cuestiones-de-organizacion-iii-el-congreso-de-la-haya-en-1872-la-l
[23] https://es.internationalism.org/content/4460/nuevo-curso-y-una-izquierda-comunista-espanola-de-donde-viene-la-izquierda-comunista
[24] https://es.internationalism.org/content/4519/quien-es-quien-en-nuevo-curso
[25] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/resoluciones-de-congresos
[26] https://es.internationalism.org/tag/2/39/la-organizacion-revolucionaria
[27] https://es.internationalism.org/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/corriente-comunista-internacional
[28] https://es.internationalism.org/files/es/resolucion_sit_int_2019.pdf
[29] https://fr.internationalism.org/content/9789/revue-internationale-ndeg161
[30] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200404/167/entender-la-descomposicion-i-las-raices-marxistas-de-la-nocion-de-d
[31] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200712/2114/tras-el-hundimiento-del-bloque-del-este-inestabilidad-y-caos
[32] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion
[33] https://es.internationalism.org/content/4350/analisis-de-la-evolucion-reciente-de-las-tensiones-imperialistas
[34] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200509/118/xvi-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internacional
[35] https://es.internationalism.org/content/3965/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2013
[36] https://es.internationalism.org/tag/3/45/descomposicion
[37] https://es.internationalism.org/files/es/infodescoenvidapoliticaburguesia.pdf
[38] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201610/4178/contribucion-sobre-el-problema-del-populismo-junio-de-2016
[39] https://es.internationalism.org/content/4412/contra-la-revuelta-reaccionaria-de-los-chalecos-amarillos-el-proletariado-debe-afirmar
[40] https://es.internationalism.org/content/4450/brexit-la-burguesia-britanica-esta-perdiendo-el-control-de-su-juego-politico
[41] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201002/2773/el-otono-caliente-italiano-de-1969-i-un-momento-de-la-recuperacion
[42] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201012/3005/el-otono-caliente-italiano-de-1969-ii-un-momento-de-la-reanudacion
[43] https://es.internationalism.org/files/es/informe_sobre_la_descomposicion_hoy.pdf
[44] https://es.internationalism.org/cci-online/201209/3467/crisis-economica-mundial-los-brics-no-flotan
[45] https://es.internationalism.org/cci-online/200509/120/huracan-katrina-el-capitalismo-conduce-la-humanidad-al-desastre
[46] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/201203/3355/fukushima-un-ano-despues
[47] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197810/2134/resolucion-sobre-el-terror-el-terrorismo-y-la-violencia-de-clase
[48] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/234/la-guerra-antiterrorista-siembra-el-terror-y-la-barbarie
[49] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/233/pearl-harbor-1941-torres-gemelas-2001-el-maquiavelismo-de-la-burgue
[50] https://es.internationalism.org/content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza
[51] https://es.internationalism.org/tag/2/25/la-decadencia-del-capitalismo
[52] https://es.internationalism.org/files/es/resol_balance_defuerzas_etre_clases_mayo_2019.pdf
[53] https://es.internationalism.org/series/380
[54] https://es.internationalism.org/content/4344/la-renovacion-de-la-izquierda-comunista-uno-de-los-aportes-clave-de-mayo-68
[55] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197901/948/auge-y-decadencia-de-la-autonomia-obrera
[56] https://es.internationalism.org/content/2318/un-ano-de-luchas-obreras-en-polonia
[57] https://fr.internationalism.org/French/brochure/lutte_infirmieres_1988.htm
[58] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201710/4239/maquiavelismo-consciencia-y-unidad-de-la-burguesia
[59] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200805/2265/la-lucha-del-proletariado-en-el-capitalismo-decadente
[60] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole
[61] https://es.internationalism.org/content/4405/el-capitalismo-amenaza-el-planeta-y-la-supervivencia-de-la-humanidad-solo-la-lucha
[62] https://es.internationalism.org/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado
[63] https://es.internationalism.org/files/es/informe_congreso_identidad.pdf
[64] https://es.internationalism.org/content/4375/movimiento-de-los-chalecos-amarillos-contra-los-ataques-de-la-burguesia-el-proletariado
[65] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1844/intro-hegel.htm
[66] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/sagfamilia/04.htm
[67] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/situacion/situacion.pdf
[68] https://en.internationalism.org/wr/304/chartism-1848
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[73] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200708/2002/historia-del-movimiento-obrero-el-sindicalismo-frustra-la-orientac
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[137] https://es.internationalism.org/tag/2/40/la-conciencia-de-clase
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[142] https://es.internationalism.org/content/4713/informe-sobre-la-pandemia-y-desarrollo-de-la-descomposicion-del-24o-congreso
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[145] https://es.internationalism.org/content/4824/divergencias-con-la-resolucion-sobre-la-situacion-internacional-del-24o-congreso-de-la
[146] https://es.internationalism.org/content/4854/explicacion-de-las-enmiendas-del-companero-steinklopfer-rechazadas-por-el-congreso
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[197] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/201/el-nucleo-comunista-internacional-una-expresion-del-esfuerzo-de-tom
[198] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200602/473/a-proposito-de-la-ficci-toma-de-posicion-de-un-grupo-de-militantes-en-a
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[200] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200602/471/circulo-de-comunistas-internacionalistas-argentina-que-es-y-que-funcion
[201] mailto:[email protected]
[202] mailto:[email protected]
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[211] https://es.internationalism.org/files/es/100_anos_ic_parte_iii.pdf
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[213] https://es.internationalism.org/content/4482/100-anos-tras-la-fundacion-de-la-internacional-comunista-que-lecciones-podemos-extraer
[214] https://es.internationalism.org/content/4435/la-internacional-de-la-accion-revolucionaria-de-la-clase-obrera
[215] https://es.internationalism.org/content/4431/sobre-el-primer-congreso-del-partido-comunista-internacionalista-de-italia
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[382] https://es.internationalism.org/files/es/hoja_internacional_huelgas_gb.pdf
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[394] https://es.internationalism.org/files/es/criticas_a_los_llamados_comunistizadores_parte_i.pdf
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[399] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197705/1880/la-izquierda-comunista-en-rusia-ii-la-izquierda-comunista-y-la-con
[400] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199707/1226/polemica-hacia-los-origenes-de-la-cci-y-del-bipr-i-la-fraccion-ita
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