Attachment | Size |
---|---|
![]() | 185.59 KB |
Hace un siglo soplaban aires de esperanza sobre la humanidad. Primero en Rusia, donde la clase obrera había logrado tomar el poder. En Alemania, Hungría e Italia después, donde luchó valientemente para continuar la labor de los proletarios rusos con una sola consigna: la abolición del modo de producción capitalista cuyas contradicciones habían sumido a la civilización en cuatro años de guerra. Cuatro años de barbarie sin precedentes hasta entonces, trágico testimonio de la entrada del capitalismo en su fase de decadencia.
En esas condiciones, tras constatar la quiebra de la Segunda Internacional, apoyándose en todo el trabajo de reconstrucción de la unidad internacional iniciado en Zimmerwald en septiembre de 1915 y luego en Kiental en abril de 1916, se fundó la Tercera Internacional el 4 de marzo de 1919 en Moscú. Ya en las Tesis de abril de 1917, Lenin llamaba a la fundación de un nuevo partido mundial. La inmadurez del movimiento revolucionario obligó, sin embargo, a posponer su fundación. Para Lenin, el paso decisivo se dio durante los terribles días de enero de 1919 en Alemania, durante los cuales se fundó el Partido Comunista Alemán (KPD). En una "Carta a los Trabajadores de Europa y América" del 26 de enero, Lenin escribió: "Cuando la Liga Espartaco se dio el nombre de Partido Comunista alemán, la fundación de la Tercera Internacional se hizo entonces realidad. Formalmente esta fundación aún no ha sido confirmada, pero en realidad, ahora ya, la Tercera Internacional sí existe". Más allá del excesivo entusiasmo de tal juicio, como veremos más adelante, lo que sí entendieron los revolucionarios de entonces es que forjar el partido ya era algo esencial para la victoria de la revolución a escala mundial. Tras varias semanas de preparación, 51 delegados se reunieron del 2 al 6 de marzo de 1919 para sentar las bases organizativas y programáticas que permitieran al proletariado mundial seguir avanzando en la lucha contra todas las fuerzas burguesas.
La CCI reivindica los aportes de la Internacional Comunista (IC). Es pues este centenario una oportunidad para saludar y destacar la valiosa contribución de la IC en la historia del movimiento revolucionario, pero también para sacar lecciones de esa experiencia y poner de relieve sus debilidades para así armar al proletariado de hoy para las luchas del futuro.
Como dice la "Carta de invitación al Congreso" de Trotski: "Los partidos y organizaciones abajo firmantes consideran urgente la convocatoria del primer congreso de la nueva Internacional revolucionaria. (...) El rápido ascenso de la revolución mundial que acarrea constantemente nuevos problemas, el peligro de asfixia de la revolución por la alianza de los estados capitalistas contra la revolución bajo la hipócrita bandera de la "Sociedad de Naciones", los intentos de los partidos sociales-traidores de unirse y seguir ayudando a sus gobiernos y burguesías a traicionar a la clase obrera tras haberse concedido una mutua "amnistía", por último, la riquísima experiencia revolucionaria ya adquirida y el carácter global de todo el movimiento revolucionario… todas estas circunstancias nos exigen poner al orden del día de la discusión la cuestión de la convocatoria de un congreso internacional de partidos revolucionarios".
A imagen de ese primer llamamiento de los bolcheviques, la fundación de la IC expresó el deseo de reunir a las fuerzas revolucionarias de todo el mundo. Pero también el de la defensa del internacionalismo proletario, pisoteado como lo había sido por la gran mayoría de los partidos socialdemócratas componentes de la II Internacional. Tras cuatro largos años de una guerra atroz que dividió y diezmó a millones de proletarios en los campos de batalla, el surgimiento de un nuevo partido mundial mostró la voluntad de profundizar la labor iniciada por las organizaciones que habían permanecido fieles al internacionalismo. En este sentido, la IC es la expresión de la fuerza política del proletariado que se estaba manifestando por todas partes después del profundo retroceso causado por la guerra, así como la responsabilidad de los revolucionarios de continuar defendiendo los intereses de la clase obrera y la revolución mundial.
Durante el congreso fundador se afirmó repetidamente que la IC era el partido de la acción revolucionaria. Como se afirma en su Manifiesto, la IC nació en un momento en que el capitalismo había mostrado claramente su obsolescencia. La humanidad estaba entrando en la "era de guerras y revoluciones". En otras palabras, la abolición del capitalismo se estaba convirtiendo en una necesidad extrema para el futuro de la civilización. Con esa nueva comprensión de la evolución histórica del capitalismo, la IC defendió incansablemente los consejos obreros y la dictadura del proletariado: "el nuevo aparato de poder debe representar la dictadura de la clase obrera (...) es decir, debe ser el instrumento del derrocamiento sistemático de la clase explotadora y de su expropiación. El poder de los consejos obreros o de las organizaciones de trabajadores es su forma concreta". (Carta de invitación al congreso). Esas orientaciones fueron defendidas durante todo el congreso. Además, las "Tesis sobre la democracia burguesa", escritas por Lenin y adoptadas por el Congreso, acometían la denuncia de las mistificaciones de la democracia, pero sobre todo advertían al proletariado del peligro que representaban en su lucha contra la sociedad burguesa. Desde el principio, la IC se puso resueltamente en el campo proletario defendiendo los principios y métodos de lucha de la clase obrera y denunciando enérgicamente el llamamiento de la corriente centrista a una unidad imposible entre los social-traidores y los comunistas, "la unidad de los obreros comunistas con los asesinos de los líderes comunistas Liebknecht y Luxemburgo", según las propias palabras de la "Resolución del Primer Congreso de la IC sobre la posición respecto a las corrientes socialistas y la Conferencia de Berna"[1]. Como prueba de la defensa inflexible de los principios proletarios, esa resolución, adoptada por unanimidad por el Congreso, fue una reacción a la reciente celebración por la mayoría de los partidos socialdemócratas de la II Internacional de una reunión[2] en la que se adoptaron una serie de orientaciones claramente dirigidas contra la oleada revolucionaria. La resolución terminaba así: “El congreso invita a los obreros de todos los países a entablar la lucha más enérgica contra la internacional amarilla y a preservar a las masas más amplias del proletariado contra esa internacional de la mentira y de la traición”
La fundación de la IC fue un paso vital en la continuación de la lucha histórica del proletariado. Consiguió recoger las mejores aportaciones de la II Internacional rompiendo con ella en posiciones o análisis que ya no correspondían al período histórico que acababa de comenzar.[3] Mientras que el antiguo partido mundial había traicionado el internacionalismo proletario, en nombre de la Unión Sagrada, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, la fundación del nuevo partido hizo posible fortalecer la unidad de la clase obrera y armarla en la feroz lucha que estaba librando en muchos países del mundo por la abolición del modo de producción capitalista. Por lo tanto, a pesar de las circunstancias desfavorables y de los errores cometidos, como veremos, nosotros saludamos y defenderemos aquel empeño. Los revolucionarios de aquella época asumieron su responsabilidad, había que hacerlo ¡y lo hicieron!
El año 1919 fue el punto culminante de la ola revolucionaria. Después de la victoria de la revolución en Rusia en octubre de 1917, la abdicación de Guillermo II y la firma apresurada del armisticio ante los motines y la revuelta de las masas trabajadoras en Alemania, aparecieron insurrecciones obreras, y, en particular, la instauración de la República de Consejos en Baviera y Hungría. También hubo motines en la flota y entre las tropas francesas o las unidades militares británicas, negándose éstas a intervenir contra la Rusia soviética, y se produjo una ola de huelgas, especialmente en los centros de mayor acción revolucionaria (Clyde, Sheffield, Gales del Sur) en el Reino Unido (1919). Pero en marzo de 1919, cuando se creó la IC en Moscú, la mayoría de tales levantamientos ya habían sido reprimidos o estaban a punto de serlo.
No hay duda de que los revolucionarios de entonces se encontraron en una situación de emergencia y se vieron obligados a actuar en pleno ardor de la lucha revolucionaria. Como lo diría más tarde la Fracción Francesa de Izquierda Comunista (FFIC) en 1946: "los revolucionarios intentan salvar la brecha entre la madurez de la situación objetiva y la inmadurez del factor subjetivo (la ausencia del Partido) mediante una amplia unión de grupos y corrientes políticamente heterogéneos, proclamando tal unión como el nuevo Partido"[4].
No se trata aquí de discutir la validez o no de la fundación del nuevo partido, la Internacional. Era una necesidad imperiosa. En cambio lo que sí queremos señalar es una serie de errores en el método con el que se fundó.
Aunque la mayoría de los informes presentados por los diferentes delegados sobre la situación de la lucha de clases en cada país alertan sobre la reacción de la burguesía al avance de la revolución (al final del congreso se vota una resolución sobre el Terror Blanco), es sorprendente notar lo mucho que se subestima ese aspecto durante aquellos cinco días de trabajo. Ya pocos días después de la noticia de la fundación del KPD, que siguió a la fundación de los Partidos Comunistas de Austria (noviembre de 1918) y Polonia (diciembre de 1918), Lenin consideraba que la suerte estaba echada: "Cuando la Liga Espartaco alemana, dirigida por tan ilustres líderes, conocidos en todo el mundo, leales partidarios de la clase obrera como lo son Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, Franz Mehring, rompieron para siempre todos los lazos con los socialistas como Scheidemann, (...)....) cuando la Liga Espartaco se hizo llamar Partido Comunista Alemán, entonces la fundación de la Tercera Internacional, la Internacional Comunista, verdaderamente proletaria, verdaderamente internacional, verdaderamente revolucionaria, se hizo realidad. Formalmente, tal fundación no ha sido aprobada, pero en realidad la Tercera Internacional ya existe."[5] Anécdota significativa: la redacción de ese texto se completó el 21 de enero de 1919, fecha en la que Lenin fue informado del asesinato de K. Liebknecht. Esta inquebrantable certeza estaría presente durante todo el congreso. Ya en el discurso de apertura, Lenin marcó la pauta: "La burguesía podrá dar rienda suelta a sus instintos, podrá seguir matando a millones de obreros, la victoria será nuestra, la victoria de la revolución comunista mundial está asegurada". Posteriormente, todos aquellos que narraron la situación lo hicieron con el mismo optimismo desbordante; como el camarada Albert, miembro del joven KPD, que habló ante el Congreso el 2 de marzo en los siguientes términos: "No creo que sea de un optimismo exagerado decir que los partidos comunistas alemán y ruso continúan la lucha con la firme esperanza de que el proletariado alemán también dirija la revolución hacia la victoria final y que la dictadura del proletariado también pueda establecerse en Alemania, a pesar de todas las asambleas nacionales, a pesar de todos los Scheidemann y a pesar del nacionalismo burgués (...) Esto es lo que me impulsó a aceptar vuestra invitación con alegría, convencido de que en muy poco tiempo lucharemos codo con codo con el proletariado de los demás países, en particular Inglaterra y Francia, para que la revolución mundial también alcance en Alemania sus objetivos."
Pocos días después, entre el 6 y el 9 de marzo, una terrible represión se abatió sobre Berlín matando a 3000 personas el 8 de marzo, incluidos 28 marineros apresados y luego ejecutados con ametralladoras en la más pura tradición versallesca. El 10 de marzo Leo Jogiches fue asesinado; y Heinrich Dorrenbach[6] lo sería el 19 de mayo.
Y, sin embargo, las últimas palabras de Lenin en el discurso de clausura demostraron que el congreso no había cambiado en nada su análisis de la relación de fuerzas. Declaró sin vacilar que "la victoria de la revolución proletaria está asegurada en todo el mundo. La fundación de la República Internacional de Consejos está en marcha."
Amedeo Bordiga apuntó, sin embargo, un año después: "Después de que el proletariado ruso y el proletariado internacional lanzaran la consigna "régimen de sóviets" en el mundo, hemos visto cómo, al principio, se levantaba la ola revolucionaria, tras el fin de la guerra, y cómo se ponía en marcha el proletariado de todo el mundo. Hemos visto en todos los países la selección que se producía en los antiguos partidos socialistas para hacer surgir a partidos comunistas comprometidos en la lucha revolucionaria contra la burguesía. Desafortunadamente, el período siguiente fue un período de interrupción, cuando las revoluciones alemana, bávara y húngara fueron aplastadas por la burguesía".
En realidad, las debilidades significativas de la conciencia en del proletariado eran un obstáculo importante para el desarrollo revolucionario de la situación:
-Una dificultad para que esos movimientos fueran más allá de la lucha contra la guerra y alcanzaran un nivel más alto, el de la revolución proletaria. La ola revolucionaria se había construido sobre todo contra la guerra.
-El desarrollo de huelgas masivas mediante la unificación de reivindicaciones políticas y económicas siguió siendo muy frágil y, por lo tanto, poco capaz de estimular un mayor nivel de conciencia.
-La cima revolucionaria estaba a punto de alcanzarse. El movimiento ya no tenía la misma dinámica después de la derrota de las luchas en Alemania y Europa Central. La ola continuaba, sí, pero ya empezó a perder fuerza entre 1919 y 1920.
- La República de los sóviets en Rusia seguía cruelmente aislada. Seguía siendo el único bastión revolucionario con todo lo que eso podía implicar en regresión de la conciencia, tanto en su interior como en el resto del mundo.
“El movimiento obrero después de la primera guerra imperialista mundial se encuentra en un estado de división extrema. La guerra imperialista rompió la unidad formal de las organizaciones políticas que decían ser proletarias. La crisis del movimiento obrero, que ya existía antes, alcanzó su punto álgido debido a la guerra mundial y a las posiciones que había que adoptar ante ella. Todos los partidos y organizaciones anarquistas, sindicales y marxistas fueron violentamente sacudidas. Las divisiones se multiplicaron. Surgieron nuevos grupos. Se produce una delimitación política. La minoría revolucionaria de la II Internacional representada por los bolcheviques, la izquierda alemana de Luxemburg y los tribunistas holandeses, ya de por sí poco homogénea, no se encuentra ya frente a un bloque oportunista. Entre ella y los oportunistas hay todo un abanico de grupos políticos y tendencias más o menos confusas, más o menos centristas, más o menos revolucionarias, que son el resultado del movimiento general de las masas hacia la ruptura con la guerra, con la unión sagrada, con la traición de los antiguos partidos socialdemócratas. Asistimos al proceso de liquidación de los antiguos partidos cuyo colapso ha dado lugar a una multitud de grupos. Estos grupos no expresan el proceso de formación del nuevo Partido, sino, más bien, el proceso de dislocación, liquidación, muerte del viejo Partido. Esos grupos se componen sin duda de elementos para la constitución del nuevo partido, pero no son ni mucho menos la base de tal constitución. Esas corrientes expresan esencialmente la negación del pasado y no la afirmación positiva del futuro. La base del nuevo Partido de clase sólo se encuentra en la vieja izquierda, en el trabajo crítico y constructivo, en las posiciones teóricas, en los principios programáticos que la izquierda ha desarrollado durante los 20 años de su existencia y de lucha fraccional dentro del viejo Partido"[7].
Así, el medio revolucionario está muy fragmentado, compuesto por grupos que carecen de claridad, inmaduros todavía. Sólo las fracciones de izquierda de la II Internacional (los bolcheviques, los tribunistas y los espartaquistas, sólo en gran parte, pues hay mucha heterogeneidad en ellos cuando no división) son capaces de señalar el rumbo y establecer una base sólida para la fundación del nuevo partido.
Además, muchos militantes carecían de experiencia política. De los 43 delegados al congreso fundador cuyas edades se conocen, 5 tenían entre 20 y 30 años, 24 tenían más de 50 años[8] De los 42 delegados, cuya trayectoria política se puede rastrear, 17 se habían afiliado a los partidos socialdemócratas antes de la revolución rusa de 1905, mientras que 8 se habían hecho socialistas activos sólo después de 1914[9].
A pesar de su entusiasmo y pasión revolucionaria, muchos de ellos carecían de la experiencia necesaria en tales circunstancias.
Como ya decía la FFIC en 1946: "Es innegable que una de las causas históricas de la victoria de la revolución en Rusia y de su derrota en Alemania, Hungría e Italia radica en la existencia del Partido revolucionario en el momento decisivo en aquel país y su ausencia o inexistencia en éstos". La fundación de la Tercera Internacional se pospuso durante mucho tiempo debido a los diversos obstáculos que enfrentó el campo proletario durante el episodio revolucionario. En 1918-1919, consciente de que la ausencia del nuevo partido era una debilidad irreparable para la victoria de la revolución mundial, la vanguardia del proletariado fue unánime sobre la necesidad imperiosa de fundar el nuevo partido. Sin embargo, no todos se pusieron de acuerdo sobre la fecha y, sobre todo, qué método adoptar. Mientras que la gran mayoría de las organizaciones y grupos comunistas estaban a favor de fundarlo lo antes posible, el KPD, y especialmente Rosa Luxemburg y Léo Jogiches, optaron por posponer su fundación, considerando que la situación era prematura, que la conciencia comunista de las masas todavía era débil y que el medio revolucionario tampoco tenía mucha claridad[10]. El delegado del KPD en la conferencia, el camarada Albert, tenía pues el mandato de defender esa posición y no de votar a favor de la fundación inmediata de la Internacional Comunista.
“Cuando se nos dice que el proletariado necesita un centro político en su lucha, podemos decir que ese centro ya existe y que todos aquellos que se basan en el sistema de consejos ya han roto con los elementos de la clase obrera que todavía se inclinan hacia la democracia burguesa: constatamos que la ruptura se está preparando por todas partes y que se está realizando. Pero una Tercera Internacional no sólo debe ser un centro político, una institución en la que los teóricos intercambian calurosos discursos, sino que debe ser la base de un poder organizativo. Si queremos hacer de la Tercera Internacional un instrumento eficaz de lucha, si queremos convertirla en un medio de combate, entonces es necesario que también existan esas condiciones previas. Por lo tanto, en nuestra opinión, la cuestión no debería debatirse y decidirse simplemente desde un punto de vista intelectual, sino que es necesario que nos preguntemos en términos concretos si existen los fundamentos de la organización. Todavía tengo la sensación de que los camaradas que tanto presionan a favor de la fundación se dejan influir enormemente por la evolución de la Segunda Internacional, y que quieren, después de la conferencia de Berna, imponer una empresa en competencia con aquella. Esto nos parece menos importante, y cuando decimos que es necesaria una aclaración, de lo contrario los elementos indecisos se unirán a la Internacional amarilla, digo que la fundación de la Tercera Internacional no retendrá a los elementos que hoy se unen a la Segunda, y que si van allí a pesar de todo, es porque ése es su lugar"[11].
Como se puede ver, el delegado alemán advirtió contra el peligro de fundar un partido transigiendo con los principios y el esclarecimiento organizativo y programático. Aunque los bolcheviques se tomaron muy en serio las reservas de la central del KPD, no hay duda de que ellos también se vieron atrapados en esa carrera contra reloj. De Lenin a Zinóviev, de Trotski a Racovski, todos enfatizan la importancia de conseguir que se adhieran todos los partidos, organizaciones, grupos o individuos que reivindiquen, de cerca o de lejos, el comunismo y los consejos. Como se observa en una biografía de Rosa Luxemburg, "Lenin veía en la Internacional una manera de ayudar a los diversos partidos comunistas a formarse o fortalecerse"[12] por la decantación producida en la lucha contra el centrismo y el oportunismo. Para el KPD, se trataba en primer lugar de formar partidos comunistas "sólidos", con el apoyo de las masas, antes de ratificar la creación del nuevo partido.
La composición del congreso es una ilustración de la precipitación y las dificultades que se imponían a las organizaciones revolucionarias de la época. De los 51 delegados que participaron en los trabajos, habida cuenta de los retrasos, las salidas anticipadas y las ausencias temporales, unos 40 son militantes bolcheviques del partido ruso, pero también de los partidos letón, lituano, bielorruso, armenio y de la Rusia oriental. Además del partido bolchevique, sólo los partidos comunistas alemanes, polacos, austriacos y húngaros tenían existencia propia.
Las demás fuerzas invitadas al congreso eran una multitud de organizaciones, grupos o elementos no abiertamente "comunistas" sino en proceso de decantación en el seno de la socialdemocracia y el sindicalismo. La carta de invitación al Congreso convocaba a todas las fuerzas que, directa o indirectamente, apoyaban la Revolución Rusa y parecían de buena voluntad para laborar por la victoria de la revolución mundial:
“10° Es necesario aliarse con aquellos elementos del movimiento revolucionario que, aunque no hayan pertenecido a los partidos socialistas en el pasado, hoy en día se sitúan globalmente en el terreno de la dictadura del proletariado en su forma de poder de los consejos. Se trata, en primer lugar, de los elementos sindicalistas del movimiento obrero.
- 11° Es necesario, en fin, ganarse a todos los grupos u organizaciones proletarias que, sin haberse unido abiertamente a la corriente revolucionaria, manifiestan, sin embargo, en su evolución una tendencia en ese sentido"[13].
Ese método acarreó varias anomalías que atestiguan la falta de representatividad de una parte del congreso. Por ejemplo, el estadounidense Boris Reinstein no tenía mandato de su partido, el Socialist Labor Party. El holandés S.J. Rutgers representaba una liga para la propaganda socialista. Christian Racovsky[14] debía representar a la Federación Balcánica, al Tesnjaki búlgaro y al PC rumano.[15] Por lo tanto, pese a las apariencias, el congreso fundador fue sobre todo representativo de la insuficiente conciencia en la clase obrera mundial.
Todos esos elementos también muestran que gran parte de la vanguardia revolucionaria dio prioridad a la cantidad en detrimento de la clarificación previa sobre los principios organizativos. Este enfoque dio la espalda a todo el concepto que los bolcheviques habían desarrollado en los quince años anteriores. Esto ya lo puso de relieve la FFIC en 1946: "El método "estrecho" de selección sobre bases con principios más precisos, sin fijarse en los éxitos numéricos inmediatos, permitió a los bolcheviques construir el Partido que, en el momento decisivo, fue capaz de integrar en su seno y asimilar todas las energías revolucionarias y militantes de las demás corrientes y, en última instancia, conducir al proletariado a la victoria; el método "amplio", en cambio, preocupado sobre todo por reunir inmediatamente a la mayor cantidad a expensas de la precisión programática y de principios, iba a conducir a la formación de partidos de masas, verdaderos colosos con pies de barro que se derrumbarían a la primera derrota bajo la dominación del oportunismo. La formación del Partido de clase es infinitamente más difícil en los países capitalistas avanzados -donde la burguesía dispone de mil maneras de corromper la conciencia del proletariado- que en Rusia".
Cegada por la certidumbre de una victoria inminente del proletariado, la vanguardia revolucionaria subestimó en gran medida las dificultades objetivas que tenía ante sí. La euforia la llevó a dejar de lado el método "estrecho" de construcción de la organización que había sido defendida sobre todo por los bolcheviques en Rusia y en parte por los espartaquistas en Alemania. Se consideró que había que dar prioridad a una gran concentración revolucionaria que permitiera además contrarrestar a la "Internacional amarilla" que se había formado en Berna unas semanas antes. El método "amplio" dejó en segundo plano la clarificación de los principios organizativos. Parecían importar poco las confusiones que arrastraban los grupos integrados en el nuevo partido, la lucha se libraría en su seno. Por el momento, se dio prioridad a agrupamiento de la mayor cantidad posible.
Ese método "amplio" acabaría teniendo consecuencias nefastas, pues debilitaba a la IC en la futura lucha organizativa. Y así, la claridad programática del primer congreso acabó pisoteada por el empuje oportunista en un contexto de debilitamiento y degeneración de la oleada revolucionaria. Fue en el seno de la IC donde surgieron las fracciones de izquierda que criticarían la insuficiente ruptura con la II Internacional. Como veremos más adelante, las posiciones defendidas y desarrolladas por esos grupos respondieron a los problemas que se planteaban en la IC ante el nuevo período de decadencia del capitalismo
(Continuará).
Narek, 4 de marzo de 2019.
[2] La conferencia de Berna de febrero de 1919 fue un “intento de resucitar el cadáver de la Segunda Internacional" y a la cual "el Centro" envió a sus representantes.
[3] Para más amplio conocimiento, véase el artículo "Marzo de 1919: fundación de la Internacional Comunista”, Revista Internacional n°57, 2º trimestre de 1989.
[4] Internationalisme, "A propos du Premier Congrès du Parti communiste internationaliste d’Italie" (Sobre el Primer Congreso del Partido comunista internacionalista de Italia), n° 7, enero-febrero de 1946
[5] Lenin, Obras, t. XXVIII.
[6] Comandante de la división de la marina popular en Berlín en 1918. Tras la derrota de enero, se refugió en Brunswick luego en Eisenach. Lo detuvieron y ejecutaron en mayo de 1919.
[7] Internationalisme, "A propos du Premier Congrès du Parti communiste internationaliste d’Italie" (Sobre el Primer Congreso del Partido Comunista Internacionalista de Italia), n° 7, enero-febrero de 1946
[8] Founding the Communist International: The Communist International in Lenin's Time. Proceedings and Documents of the First Congress : March 1919, Editado por John Riddell, Nueva York, 1987, “Introduction”, p. 19
[9] Ibídem.
[10] Ese es el mandato que dieron (en la primera quincena de enero) al delegado del KPD para la convención de fundación. Esto no significa que Rosa Luxemburg, por ejemplo, se opusiera en principio a la fundación de una internacional. Todo lo contrario.
[11] Intervención del delegado alemán el 4 de marzo de 1919, en el Primer Congreso de la Internacional Comunista, textos completos publicados bajo la dirección de Pierre Broué, Etudes et documentation internationales, 1974.
[12] Gilbert Badia, Rosa Luxemburg. Journaliste, polémiste, révolutionnaire, Ediciones sociales, 1975.
[13] "Carta de invitación al congreso", https://www.marxists.org/espanol/comintern/eis/4-Primeros3-Inter-2-edic.pdf [3]
[14] uno de los delegados más influyentes y decididos para una fundación inmediata de la IC.
[15] Pierre Broué, Histoire de l’Internationale Communiste (1919-1943), Fayard, 1997, p 79.
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 120.49 KB |
Hace 100 años, en marzo de 1919, se celebró el primer congreso de la Internacional Comunista (IC), el congreso para la constitución de la Tercera Internacional.
Si no fuese por el deseo de las organizaciones revolucionarias de celebrar este acontecimiento, la fundación de la Internacional quedaría relegada al olvido. La burguesía está más bien interesada en silenciar este acontecimiento, mientras que se ceba con celebraciones como la del centenario del final de la Primera Guerra Mundial. A la clase dominante no le interesa lo más mínimo que la clase obrera recuerde su primera gran experiencia revolucionaria internacional de 1917-1923. La burguesía desearía, por el contrario, poder enterrar definitivamente el espectro de esta oleada revolucionaria que dio origen a la IC y que fue, por cierto, la respuesta que dio el proletariado internacional a la Primera Guerra Mundial, a cuatro años de carnicería y enfrentamientos militares entre estados capitalistas por el reparto del mundo.
Esta ola revolucionaria había comenzado con la victoria de la Revolución Rusa en octubre de 1917. Se puso también de manifiesto en los amotinamientos de soldados en las trincheras y en el levantamiento del proletariado en Alemania en 1918.
Esta primera ola revolucionaria atravesó toda Europa y alcanzó, incluso, a países del continente asiático (especialmente China en 1927). Los países del continente americano, desde Canadá y Estados Unidos hasta América Latina, también se han visto sacudidos por esta ola revolucionaria global[1].
No debemos olvidar que fue precisamente el miedo a la extensión internacional de la revolución rusa lo que obligó a la burguesía de las grandes potencias europeas a firmar el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial.
En este contexto, la fundación de la Internacional Comunista en 1919 representó la culminación de esta primera ola revolucionaria.
La Internacional Comunista fue fundada para dar una orientación política clara a las masas trabajadoras. Se dio como objetivo mostrar al proletariado el camino hacia el derrocamiento del estado burgués y la construcción de un nuevo mundo sin guerras ni explotación. Tal y como afirmaban los Estatutos de la IC (adoptados en su II Congreso en julio de 1920): "La Tercera Internacional Comunista se formó al final de la carnicería imperialista de 1914-1918, durante la cual la burguesía de los distintos países sacrificó 20 millones de vidas.
¡Recuerden la guerra imperialista! Esta es la primera palabra que la Internacional Comunista dirige a cada trabajador, sea cual sea su origen e idioma. ¡Recuerden que, a causa de la existencia del régimen capitalista, un puñado de imperialistas tuvo, durante cuatro largos años, la posibilidad de obligar a los trabajadores de todo el mundo a degollarse unos a otros! ¡Recuerda que la guerra burguesa sumió a Europa y al mundo entero en el hambre y la miseria! Recuerda que, sin el derrocamiento del capitalismo, la repetición de estas guerras criminales no sólo es posible, sino inevitable".
La fundación de la IC expresó, ante todo, la necesidad de que los revolucionarios se unieran para defender el principio del internacionalismo proletario. ¡Un principio básico del movimiento obrero que los revolucionarios tenían que preservar y defender contra viento y marea!
Para comprender toda la importancia de la fundación de la IC, debemos en primer lugar recordar que esta Tercera Internacional se sitúa en continuidad histórica con la Primera Internacional (AIT) y la Segunda Internacional (la Internacional de los partidos socialdemócratas). Por esa razón el Manifiesto de la IC afirmaba que: "nosotros, los comunistas reunidos en la Tercera Internacional, nos consideramos los continuadores directos de los esfuerzos heroicos y el martirio de una larga serie de generaciones revolucionarias, desde Babeuf hasta Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Si la I Internacional fue capaz de prever el desarrollo de la historia y preparar su camino, si la II pudo reunir a millones de proletarios; la III Internacional es la Internacional de la acción directa de masas, de la realización revolucionaria, es la Internacional de la acción".
Queda claro pues que la IC no surgió de la nada. Sus principios y su programa revolucionarios eran la emanación de toda la historia del movimiento obrero, en particular desde la Liga de Comunistas y la publicación del Manifiesto escrito por K. Marx y F. Engels en 1848. En este Manifiesto Comunista figura la célebre consigna del movimiento obrero: "Los proletarios no tienen patria. ¡Trabajadores de todos los países, uníos!"
Para comprender el significado histórico de la fundación de la IC, debemos recordar que la Segunda Internacional murió en 1914. ¿Por qué? Porque los principales partidos de esta II Internacional, los partidos socialistas, habían traicionado el internacionalismo proletario. Los líderes de estos partidos traidores habían votado créditos de guerra en el Parlamento. En cada país, llamaron a la "unión sagrada" de los proletarios con sus explotadores. ¡Los llamaron a matarse unos a otros en la carnicería mundial en nombre de la defensa del país, cuando lo que proclama el Manifiesto Comunista es que “los proletarios no tienen patria!".
Frente al vergonzoso colapso de la II Internacional, sólo unos pocos partidos socialdemócratas pudieron resistir la tormenta, entre ellos los partidos italiano, serbio, búlgaro y ruso. En los otros países, apenas una pequeña minoría de militantes, muy frecuentemente aislados, siguieron fieles al internacionalismo proletario. Denunciaron la sangrienta orgía de la guerra, e intentaron reagruparse. En Europa, esta minoría de revolucionarios internacionalistas es la que representará la Izquierda, en torno a Rosa Luxemburgo en Alemania, a Pannekoek y Gorter en Holanda y, desde luego, a la fracción bolchevique del partido ruso con Lenin.
Dos años antes de la guerra, en 1912, se había celebrado el Congreso de Basilea de la Segunda Internacional. Ante el auge de la amenaza de una guerra en el corazón de Europa, este Congreso aprobó una resolución sobre la cuestión de la guerra y la revolución proletaria. Esta Resolución decía: "Que los gobiernos burgueses no se olviden de que la guerra francoalemana (de 1870) dio lugar a la insurrección revolucionaria de la Comuna de París, y que la guerra ruso-japonesa puso en marcha las fuerzas revolucionarias de Rusia. A los ojos de los proletarios, es un crimen matarse unos a otros en provecho de la ganancia capitalista, la rivalidad dinástica y la proliferación de tratados diplomáticos”.
En el seno de esa misma II Internacional, los teóricos marxistas más consecuentes, y en especial Rosa Luxemburgo y Lenin, fueron capaces de analizar el cambio en el período histórico en la vida del capitalismo. Rosa Luxemburgo y Lenin habían demostrado claramente que el modo de producción capitalista había alcanzado su apogeo a principios del siglo XX. Comprendieron que la guerra imperialista en Europa no podía tener ya más que un único objetivo: el reparto del mundo entre las principales potencias que rivalizaban en la carrera por las colonias. Lenin y Rosa Luxemburgo entendieron que el estallido de la Primera Guerra Mundial marcaba, con una hecatombe, la entrada del capitalismo en su período de declive, de decadencia histórica. Pero ya mucho antes del estallido de la guerra, el ala izquierda de la II Internacional había tenido que combatir con fiereza contra la derecha, contra los reformistas, los centristas y los oportunistas. Estos futuros renegados teorizaban que el capitalismo aún tenía un futuro brillante por delante y que, en definitiva, el proletariado no tenía ninguna necesidad de hacer la revolución y derrocar el poder de la burguesía.
En septiembre de 1915, y por iniciativa de los bolcheviques, se celebró en Suiza la Conferencia Socialista Internacional de Zimmerwald, a la que siguió una segunda conferencia en abril de 1916 en Kienthal, también en Suiza. A pesar de las difíciles condiciones de guerra y represión, participaron en ellas delegados de once países (Alemania, Italia, Rusia, Francia, etc.). Pero la mayoría de los delegados eran pacifistas que se negaban a romper con los socialistas chovinistas que se habían pasado al campo de la burguesía votando créditos de guerra en 1914.
En esa conferencia de Zimmerwald apareció también un ala izquierda en torno a los delegados de la facción bolchevique, Lenin y Zinoviev. Esta "izquierda de Zimmerwald" defendió la necesidad de romper con los partidos socialdemócratas que habían traicionado y la necesidad de construir una nueva Internacional. Contrariamente a lo que planteaban los pacifistas, expuso, en palabras de Lenin, que "la lucha por la paz sin acción revolucionaria es una frase hueca y engañosa". La izquierda de Zimmerwald reivindicó la consigna de Lenin: "transformar la guerra imperialista en guerra civil". Un lema que ya estaba contenido en las resoluciones de la II Internacional votadas en el Congreso de Stuttgart en 1907 y especialmente en el Congreso de Basilea en 1912.
La Izquierda de Zimmerwald constituiría pues el "primer núcleo de la Tercera Internacional en formación", tal y como señaló Zinoviev, el compañero de Lenin, en marzo de 1918.
Los nuevos partidos que se crearon, rompiendo con la socialdemocracia, empezaron entonces a tomar el nombre de "partido comunista". La oleada revolucionaria abierta por la Revolución Rusa de octubre de 1917 dio un poderoso impulso a los militantes revolucionarios para la fundación de la IC. Los revolucionarios comprendieron, en efecto, que era absolutamente indispensable y vital fundar un partido mundial del proletariado para la victoria de la Revolución a escala mundial.
Por ello, y por iniciativa del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia y del Partido Comunista de Alemania (KPD, antes Liga Spartacus) se convocó el Primer Congreso de la Internacional en Moscú, el 2 de marzo de 1919.
La plataforma de la IC se basaba en el programa de los dos principales partidos comunistas, el Partido Bolchevique y el Partido Comunista de Alemania (fundado el 29 de diciembre de 1918).
Esta plataforma de la IC comienza afirmando claramente que "una nueva época ha nacido: la era de la desintegración del capitalismo, de su colapso interno. La época de la revolución comunista del proletariado". Y retomando el discurso sobre el programa fundacional del Partido Comunista Alemán, que pronunciase Rosa Luxemburgo, la Internacional declaraba sin ambigüedad que "el dilema al que se enfrenta la humanidad hoy en día es el siguiente: caer en la barbarie, o la salvación a través del socialismo". En otras palabras, que habíamos entrado en la "era de las guerras y las revoluciones". La única alternativa para la sociedad era ya: revolución proletaria mundial o destrucción de la humanidad; socialismo o barbarie. Esta posición se recogía con total rotundidad en el primer punto de la Carta de Invitación al Primer Congreso de fundación de la Internacional Comunista, que Trotsky había escrito en enero de 1919.
Para la Internacional, la entrada del capitalismo en su período de decadencia significaba que la lucha revolucionaria del proletariado tomaba una nueva forma. Este es el período en que se desarrolla la huelga de masas, el período en que los Consejos Obreros son la forma de la dictadura del proletariado anunciada por el surgimiento de los Soviets en Rusia en 1905 y 1917.
Pero una de las contribuciones fundamentales de la Internacional fue sobre todo la comprensión de que el proletariado debe destruir el Estado burgués para construir una nueva sociedad. A partir de esta cuestión, el primer congreso de la Internacional adoptó las Tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura proletaria (escritas por Lenin). Estas tesis comienzan denunciando la falsa oposición entre democracia y dictadura "pues en ningún país capitalista civilizado, existe una ‘democracia en general’, sino sólo una democracia burguesa".
La Internacional afirmaba así que la defensa de la democracia “pura” en el capitalismo, significa defender, en la práctica, la democracia burguesa, la forma por excelencia de la dictadura del capital. Contra la dictadura del capital, la Internacional defendió que únicamente la dictadura del proletariado a escala mundial puede derrocar al capitalismo, abolir las clases sociales y ofrecer un futuro a la humanidad.
El partido mundial del proletariado debía dar pues una orientación clara a las masas proletarias para que pudieran alcanzar su objetivo final, defendiendo siempre la consigna de los bolcheviques en 1917: "Todo el poder a los Soviets". En eso consistía la “dictadura” del proletariado: en el poder de los Soviets o Consejos Obreros.
Desgraciadamente la Internacional se fundó demasiado tarde, en marzo de 1919, cuando ya la mayoría de los levantamientos revolucionarios del proletariado en Europa habían sido violentamente reprimidos. La IC se funda dos meses después de la sangrienta represión del proletariado alemán en Berlín. El Partido Comunista de Alemania acababa de perder a sus principales dirigentes, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, brutalmente asesinados por el gobierno socialdemócrata durante la sangrienta semana de Berlín en enero de 1919. Por lo tanto, cuando se funda la Internacional ya ha sufrido su primera derrota. El aplastamiento de la revolución en Alemania significaba también y ante todo una derrota terrible para el proletariado internacional.
Hay que reconocer que los revolucionarios de ese momento se encontraban en una situación de emergencia cuando fundaron la Internacional. La Revolución Rusa se encontraba completamente aislada, asfixiada y cercada por toda la burguesía de todos los países (sin mencionar la rapiña contrarrevolucionaria de los Ejércitos Blancos dentro de Rusia). Los revolucionarios estaban con el agua al cuello y había que apresurarse en la construcción del partido mundial. A causa de esta situación de urgencia, los principales partidos que fundaron la Internacional, y, sobre todo, el Partido Bolchevique y el KPD, no pudieron clarificar sus divergencias y confusiones. Esta falta de claridad fue un factor importante en el desarrollo del oportunismo en la Internacional con el retroceso de la ola revolucionaria.
Más adelante, y por esta gangrena del oportunismo, esta nueva Internacional morirá también. Sucumbirá, igualmente, a la traición del principio del internacionalismo por parte del ala derecha de los partidos comunistas. En particular, el principal partido de la Internacional, el Partido Bolchevique, comenzó a defender, tras la muerte de Lenin, la teoría de la "construcción del socialismo en un solo país". Stalin, haciéndose con la dirección del partido bolchevique, ejecutó la represión del proletariado que había hecho la revolución en Rusia, e impuso una feroz dictadura contra los antiguos compañeros de Lenin que luchaban contra la degeneración de la Internacional, y que denunciaban lo que ellos consideraban como el retorno del capitalismo a Rusia.
Posteriormente, ya en la década de 1930, e invocando la defensa de la "patria soviética", los partidos comunistas de todos los países pisotearon la bandera de la Internacional llamando a los proletarios a matarse entre sí, una vez más, en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial. Al igual que la Segunda Internacional en 1914, la IC quebró, también ella víctima de la gangrena del oportunismo y de un largo proceso de degeneración.
Pero, al igual que sucediera en la II Internacional, la IC también segregó una minoría de Izquierda compuesta de militantes que permanecieron fieles al internacionalismo y a la consigna "Los proletarios no tienen patria". Trabajadores de todos los países, uníos". Estas minorías de izquierda (en Alemania, Francia, Italia, Holanda…) llevaron a cabo un combate político en el seno de la Internacional en proceso de degeneración, para intentar salvarla. Pero Stalin acabó excluyendo a estos militantes de la izquierda de la Internacional. Los acosó, los persiguió y los liquidó físicamente (recordemos los juicios de Moscú, el asesinato de Trotsky por agentes de la GPU y también los gulags estalinistas).
Los revolucionarios excluidos de la Tercera Internacional también trataron de reagruparse, a pesar de todas las dificultades de la guerra y la represión. A pesar de su dispersión en diferentes países, estas exiguas minorías de militantes internacionalistas fueron capaces de hacer un balance de la oleada revolucionaria de 1917-1923 y sacar las principales lecciones para el futuro.
Estos revolucionarios que lucharon contra el estalinismo no pretendieron fundar una nueva internacional antes, durante o después de la Segunda Guerra Mundial. Comprendieron que era “medianoche del siglo": que el proletariado había sido aplastado físicamente, reclutado masivamente tras las banderas nacionales de antifascismo y víctima de la contrarrevolución más profunda de la historia. La situación histórica ya no era favorable al surgimiento de una nueva ola revolucionaria contra la Guerra Mundial.
Sin embargo, a lo largo de este largo período de contrarrevolución, las minorías revolucionarias continuaron llevando a cabo una actividad, a menudo en la clandestinidad, oculta, para preparar el futuro manteniendo la confianza en la capacidad del proletariado para levantar la cabeza y, un día, derrocar al capitalismo.
Queremos recordar que la CCI se reivindica de las contribuciones de la Internacional Comunista. Nuestra organización se vincula igualmente a la continuidad política con las fracciones de Izquierda excluidas de la Internacional en las décadas de 1920 y 1930, y en particular la Fracción de Izquierda Comunista Italiana. Así pues, este centenario es una oportunidad para saludar la invaluable contribución de la IC en la historia del movimiento obrero, pero también para aprender de esta experiencia a fin de armar al proletariado para sus futuras luchas revolucionarias.
Insistimos en la necesidad de comprender la importancia de la fundación de la Internacional Comunista como el primer intento de constituir el partido mundial del proletariado. Debemos, sobre todo, subrayar la importancia de la continuidad histórica, del hilo rojo que une a los revolucionarios de hoy con los del pasado, con todos aquellos militantes que, por su fidelidad a los principios del proletariado, fueron perseguidos y salvajemente asesinados por la burguesía y, sobre todo, por sus antiguos compañeros convertidos en traidores: los Kautsky, Noske, Ebert, Scheidemann, Stalin. También debemos rendir homenaje a todos aquellos activistas ejemplares (Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht, Léo Jogiches, Trotsky y muchos otros) que pagaron con su vida su lealtad al internacionalismo.
Para poder construir el futuro partido mundial del proletariado, sin el cual el derrocamiento del capitalismo será imposible, las minorías revolucionarias deben reagruparse, hoy como en el pasado. Deben aclarar sus diferencias a través de la confrontación de ideas y posiciones, la reflexión colectiva y la discusión más amplia posible. Deben ser capaces de aprender del pasado para comprender la situación histórica actual y permitir que las nuevas generaciones abran las puertas al futuro.
Frente a la descomposición de la sociedad capitalista, la barbarie bélica, la explotación y la creciente miseria de los proletarios, hoy la alternativa sigue siendo la que la Internacional Comunista identificó claramente hace 100 años: el socialismo o la barbarie, revolución proletaria mundial o destrucción de la humanidad en un caos cada vez más sangriento.
CCI
[1] Los lectores interesados en un conocimiento y lecciones de esta oleada revolucionaria mundial del proletariado pueden consultar en nuestra Web 1914-23: 10 años que sacudieron el mundo https://es.internationalism.org/go_deeper [8]
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 325.79 KB |
En la primera parte de este artículo pusimos en evidencia la reacción de todas las grandes potencias imperialistas para contener la oleada revolucionaria y evitar que se extendiera a los grandes países industrializados del oeste de Europa. Y si la burguesía de los distintos países europeos se había enfrentado entre sí durante 4 años, ahora hacía causa común contra su enemigo histórico: el proletariado mundial. De las múltiples fuerzas que la clase dominante comprometió para la preservación de su sistema, la Socialdemocracia (cuya dirección unida al ala derecha votó los créditos de guerra en 1914, consagrando así un oportunismo que venía de lejos, y que le llevó finalmente a pasar definitivamente al campo de la burguesía) había de desempeñar un papel determinante en la represión y la mistificación de la revolución mundial. El partido Socialdemócrata alemán (SPD) se sitúo a la vanguardia de esta ofensiva puesto que fue el auténtico verdugo de la revolución alemana en enero de 1919. Como habían presentido Lenin y Rosa Luxemburg[1], la imposibilidad de la extensión de la revolución a los grandes centros industriales de Europa Occidental condujo al aislamiento y la degeneración de la República de los soviets y a la victoria de la contrarrevolución estalinista que aún pesa enormemente en las filas de la clase obrera mundial.
En el curso de la oleada revolucionaria, que alcanzó a Alemania a partir de noviembre de 1918, la Socialdemocracia jugó verdaderamente el papel de cabeza de puente de la burguesía con el fin de aislar a la clase obrera de Rusia.
Cuando la revolución estalló en Alemania, los diplomáticos soviéticos fueron expulsados por Scheidemann (subsecretario de Estado sin cartera en el gabinete de Max de Bade). En ese momento las masas obreras no habían percibido claramente el abandono progresivo del marxismo por parte del SPD. Cientos de miles de obreros en Alemania aún eran miembros de éste en vísperas de la Iª guerra mundial. Pero su insolidaridad con la Revolución rusa confirmó su traición y su paso al campo burgués. Tras el motín de los marinos de Kiel, Haase transmitió por teletipo un mensaje de los comisarios del pueblo al gobierno soviético agradeciéndole el envío de cereales, pero después de una pausa el mensaje continuaba: «Sabiendo que Rusia está oprimida por el hambre, os pedimos que distribuyáis al pueblo ruso hambriento el grano que pretendéis sacrificar por la revolución alemana. El presidente de la República americana, Wilson, nos garantiza el envío de harina y mantequilla que necesita la población alemana para pasar el invierno». Como dijo después Karl Radek, «la mano tendida queda suspendida en el vacío» ¡El gobierno “socialista” prefería la ayuda de una potencia capitalista antes que la de los obreros de Rusia! En efecto, en su lugar el gobierno alemán aceptó la harina y la mantequilla americanas, y enormes cantidades de artículos de lujo y otras mercancías superfluas que dejaron seco el Tesoro alemán. El 14 de noviembre el gobierno hizo llegar un telegrama al presidente americano Wilson: «El gobierno alemán pide al gobierno de Estados Unidos que haga saber por telégrafo al canciller del Reich (Ebert) si puede contar con el suministro de productos alimenticios de parte del gobierno de los Estados Unidos de manera que el gobierno alemán esté en condiciones de garantizar el orden al interior del país y de distribuir equitativamente las provisiones».
En Alemania este telegrama se difundió ampliamente para transmitir a los obreros el mensaje siguiente a los obreros: «¡renunciad a la revolución y a derrocar el capitalismo y tendréis pan y mantequilla!». Pero los americanos no habían impuesto ninguna condición de ese tipo. Así que, no solo la Socialdemocracia hacía chantaje a los obreros, sino que les mentía descaradamente haciéndoles creer que esas condiciones las había impuesto el propio Wilson[2].
En esas condiciones no cabía duda de que la Socialdemocracia alemana se situaba a la vanguardia de la contrarrevolución. El 10 de noviembre de 1918 el consejo de obreros y de soldados de Berlín, el órgano supremo de poder reconocido por el nuevo gobierno tomó la decisión de restablecer inmediatamente las relaciones diplomáticas con el gobierno ruso a la espera de la llegada de sus representantes a Berlín. Esta resolución era una orden que los comisarios del pueblo debían respetar, pero no lo hicieron. Aunque se justificasen en la prensa del USPD, lo cierto es que la traición y la venta de la revolución a las potencias imperialistas fue aceptada por los Independientes (USPD), como lo demuestra el acta de la sesión del Consejo de Comisarios del Pueblo del 19 de noviembre de 1918: «Prosecución de la discusión sobre las relaciones entre Alemania y la República de los Soviets. Haase aconseja adoptar una política dilatoria. (…) Kautsky está de acuerdo con Haase: la decisión debe diferirse. El gobierno soviético no puede sobrevivir mucho tiempo; de aquí a algunas semanas ya no existirá (…)»[3].
Sin embargo, mientras el ala derecha de este partido centrista pasaba progresivamente al bando de la contrarrevolución, el ala izquierda se orientaba más claramente hacia la defensa de los intereses proletarios.
Pero el esmero del gobierno “socialista” no se detuvo ahí. Ante la irritación de la Entente por la lentitud con la que las tropas alemanas se retiraban de los territorios orientales, el gobierno alemán respondió con un despacho diplomático que, aunque enviado después de la expulsión de los socialdemócratas independientes del gobierno, había sido elaborado con ellos. Hete aquí lo que se afirmaba: «La convicción de la Entente de que las tropas alemanas apoyarían el bolchevismo, por propia iniciativa o siguiendo órdenes superiores, directamente o poniendo obstáculos a las medidas antibolcheviques, no corresponde a la realidad. También nosotros, los alemanes, y por tanto también nuestras tropas, seguimos pensando que el bolchevismo representa una amenaza extremadamente grave que hay que alejar por todos los medios»[4]
Si el SPD ilustra de la manera más extrema el paso de la socialdemocracia al bando de la burguesía, particularmente en su lucha abierta contra la revolución rusa, la mayoría de los otros grandes partidos socialistas del mundo no le fueron a la zaga. La táctica del Partido socialista italiano consistió, durante toda la guerra, en frenar la lucha de clases con la coartada de una posición falsamente neutral en el conflicto mundial, ilustrada por la hipócrita consigna “ni sabotear ni participar”, lo que equivalía a pasarse por el forro el principio del internacionalismo proletario. En Francia, aparte de la fracción que pasó en cuerpo y alma al bando burgués cuando se votaron los créditos de guerra, el movimiento socialista quedó gangrenado por el centrismo, que animaba la hostilidad frente a la revolución de octubre y la fracción bolchevique. No obstante, a finales de 1918 y comienzos de 1919 comenzó a formarse una corriente de izquierdas. Aunque la burguesía aprovechaba la ola de la victoria para reforzar el sentimiento patriótico, el proletariado francés pagó sobre todo la ausencia de un verdadero partido marxista. Eso es, por cierto, lo que había señalado Lenin muy lúcidamente: «la transformación del viejo tipo de partido europeo parlamentario, reformista en la práctica y ligeramente coloreado de un barniz revolucionario verdaderamente comunista, es algo extraordinariamente difícil. En Francia es seguramente donde esa dificultad aparece más claramente»[5].
La Socialdemocracia sabotea y torpedea los consejos obreros[6]
En Rusia, como en todos los países donde van a eclosionar los soviets, los partidos socialistas jugaron un doble juego. De un lado hicieron creer que eran favorables al desarrollo de la lucha emancipadora de los obreros a través de los soviets. De otro, hicieron todo lo posible para esterilizar esos órganos de autoorganización de la clase. En Alemania esto fue más evidente. Aparentemente favorables a los Consejos obreros, los socialistas se mostraron en realidad ferozmente hostiles. Y esto, su acción destructiva en el seno de los soviets demuestra que se comportaron como verdaderos perros guardianes de la burguesía. La táctica era simple; se trataba de socavar el movimiento desde dentro para vaciar los consejos de su contenido revolucionario. O sea, de esterilizar los soviets sometiéndolos al Estado burgués, de suerte que se concibieran como órganos transitorios hasta la celebración de las elecciones a la Asamblea Nacional. Los Consejos tenían igualmente que estar abiertos a toda la población, a todas las capas del pueblo. En Alemania, por ejemplo, el SPD creó los “Comités de Salvación Pública”, que acogían a todas las capas sociales, todas con idénticos derechos.
Además, los dirigentes SPD/USPD sabotearon el trabajo de los soviets desde el Consejo de comisarios del pueblo[7], imponiendo instrucciones distintas de las que daba el Consejo Ejecutivo (CE), que sí era una emanación de los Consejos obreros; o arreglándoselas para que éste no tuviera su propia prensa. Cuando el SPD tuvo la mayoría del CE, éste tomó incluso posición contra las huelgas de noviembre y diciembre de 1918. Esta empresa de demolición de la autoorganización de la clase obrera tuvo lugar igualmente en Italia entre 1919 y 1920 en el momento de las grandes huelgas, puesto que el PSI hizo todo lo que pudo para transformar los Consejos en vulgares comités de empresa incorporados al Estado que llamaban a la autogestión de la producción. La izquierda del partido libró entonces un combate contra esa ilusión que solo podía encerrar la lucha de los obreros en el perímetro estrecho de la fábrica: «Querríamos evitar que penetre en las masas obreras la convicción de que basta desarrollar sin más la institución de los Consejos para apropiarse de las fábricas y eliminar a los capitalistas. Eso sería una ilusión extremadamente peligrosa (…) Si no se produce la conquista del poder político, los Guardias Reales, los carabineros se encargarán de disipar cualquier ilusión con todos los mecanismos de opresión, toda la fuerza de la que dispone la burguesía, el aparato político de su poder» (A. Bordiga)[8].
Pero la Socialdemocracia alemana mostró su verdadero nuevo rostro cuando asumió directamente la represión de las huelgas obreras. En efecto, el desarrollo de una intensa campaña ideológica a favor de la República, del sufragio universal, de la unidad del pueblo…, no bastó para destruir la combatividad y la conciencia del proletariado. Así que, ya al servicio del Estado burgués, los traidores del SPD se aliaron con el ejército para reprimir sangrientamente un movimiento de masas que continuaba el que nació en Rusia, y que ponía en peligro una de las potencias imperialistas más desarrolladas del mundo. El comandante en jefe del ejército, el general Groener, que colaboraba día tras día con el SPD y los sindicatos durante la guerra como responsable de los proyectos de armamento, explica: «Nos aliamos para combatir el bolchevismo. La restauración de la monarquía era imposible. (…) Yo había aconsejado al mariscal de campo que no combatiera la revolución por las armas, porque era de temer que, teniendo en cuenta el estado de las tropas, esa vía fracasaría. Le propuse que el Alto Mando militar se aliara con el SPD, visto que no había ningún partido que dispusiera de suficiente influencia en el pueblo y las masas para reconstruir una fuerza gubernamental con el Mando militar. Los partidos de derecha habían desaparecido completamente y estaba excluido trabajar con los extremistas radicales. Se trataba en primer lugar de arrancar el poder de las manos de los Consejos obreros y de soldados de Berlín. Una acción fue prevista con ese fin. Diez divisiones debían entrar en Berlín. Ebert estaba de acuerdo. (…) Elaboramos un programa que contemplaba, después de la entrada de las tropas, la limpieza de Berlín y el desarme de los Espartaquistas. Esto también fue convenido con Ebert, que tiene particularmente mi reconocimiento por su amor absoluto a la patria. (…) Esta alianza fue sellada contra el peligro bolchevique y el sistema de Consejos.» (Zeugenaussage, - Declaración - octubre-noviembre 1925)[9].
El gobierno socialdemócrata tampoco dudó en apelar a la burguesía de Europa Occidental para la operación de mantenimiento del orden durante las jornadas cruciales de enero de 1919. De todas formas, ésta ya había hecho de la ocupación de Berlín en caso de que la revolución triunfara, una cuestión de honor. El 26 de marzo de 1919 el Primer ministro inglés Lloyd George escribía en un memorándum dirigido a Clémenceau y Wilson; «El mayor peligro en la situación actual es, para mí, que Alemania pueda virar hacia el bolchevismo. Si somos listos, ofreceremos a Alemania una paz que, puesto que será justa, será preferible para toda la gente razonable a la alternativa del bolchevismo»[10]. Frente al peligro de “bolchevización de Alemania”, los principales líderes políticos de la burguesía no se apresuraron en desarmar a quien hasta hacía poco era el enemigo. En un debate en el senado sobre este tema en octubre de 1919, Clémenceau no ocultaba en absoluto las razones: «Para empezar, ¿por qué hemos permitido a Alemania contar con esos 288 cañones? (…) Porque Alemania necesita defenderse y por nuestra parte no tenemos ningún interés en tener una segunda Rusia bolchevique en el centro de Europa; ya es bastante con una»[11].
Con el armisticio recién firmado, el gobierno de Ebert-Noske-Scheidemann-Erzberger sellaba la paz con los de Clémenceau, Lloyd George y Wilson con un pacto militar dirigido contra el proletariado alemán. A continuación, la violencia que exhibieron el perro sangriento Noske y sus cuerpos francos durante la “semana sangrienta” del 6 al 13 de enero de 1919 solo es comparable con la que aplicaron los versalleses contra los Comuneros en otra semana sangrienta del 21 al 28 de mayo de 1871. Igual que 38 años antes, el proletariado sufría «el salvajismo sin máscara y la venganza sin ley» (Karl Marx) de la burguesía. Pero el baño de sangre de enero 1919 solo sería el prólogo de un castigo más terrible que cayó después sobre los obreros del Ruhr, de Alemania central, de Baviera…
En los principales países aliados, la victoria sobre las fuerzas de la Triple Alianza no impidió la reacción de la clase obrera frente a la barbarie que había conocido Europa de 1914 a 1918. Pese al sonado eco de Octubre 1917 en el seno del proletariado de Europa occidental, la burguesía de los diferentes países de la Entente supo instrumentalizar la salida de la guerra para encauzar el desarrollo de las luchas del proletariado entre 1917 y 1927. Aunque la guerra imperialista es la expresión de la crisis general del capitalismo, la burguesía consiguió hacer creer que solo era una anomalía de la historia, que era “la última vez” que podía pasar algo así, que la sociedad encontraría una estabilidad y la revolución no tenía sentido de ser. En los países más modernos del capitalismo la burguesía machacaba con que a partir de ahora todas las clases debían participar en la construcción de la democracia. Era la hora, según decían, de la reconciliación y no de los enfrentamientos sociales. Según esa forma de ver, en febrero de 1918 los parlamentarios ingleses adoptaron la Representation of the People Act, que ampliaba el censo electoral y concedía el derecho de voto a las mujeres de más de 30 años. En un contexto en que la mecha de las luchas sociales prendía en Gran Bretaña, la burguesía más experimentada del mundo buscaba hábilmente desviar a la clase obrera de su terreno de clase. Como afirmase entonces Sylvia Pankhurst, esta hábil maniobra venía impuesta en gran parte por la amenaza de una propagación de la revolución de Octubre a los países occidentales: «Los acontecimientos de Rusia han suscitado una respuesta en todo el mundo, no solo entre la minoría favorable a la idea del Comunismo de Consejos, sino también entre las fuerzas de la reacción. Estas últimas eran perfectamente conscientes del crecimiento del sovietismo cuando han decidido jugar la carta de la vieja maquinaria parlamentaria acordando a ciertas mujeres al mismo tiempo el derecho de voto y a ser elegidas» (La amenaza obrera, 15 de diciembre)[12].
Además, la burguesía supo instrumentalizar muy bien la salida de la guerra jugando con la división entre países vencedores y vencidos a fin de romper la dinámica de generalización de las luchas. Por ejemplo, después de la dislocación del imperio austrohúngaro, el proletariado de las diferentes entidades territoriales tuvo que sufrir la propaganda de las luchas de liberación nacional. De la misma forma, en los países vencidos se cultivó un estado de espíritu revanchista entre el proletariado. En los países vencedores, y aunque el proletariado aspirase mayoritariamente a la tranquilidad tras 4 años de guerra, las noticias que llegaban desde Rusia tendían a alentar un nuevo impulso de combatividad sobre todo en Francia o Gran Bretaña. Pero este impulso se canalizó por el dique del chovinismo y la campaña de la victoria de la civilización contra los “sales boches”[13]. Ante la degradación de las condiciones de vida a consecuencia del desarrollo de la crisis a partir de la década de 1920, estallaron sin embargo luchas obreras en Inglaterra, en Francia, en Alemania e incluso en Polonia. Pero estos movimientos, reprimidos violentamente, eran en realidad los últimos sobresaltos de una oleada revolucionaria que tendría sus últimas convulsiones con la represión brutal de los trabajadores de Shangai y Canton en 1927[14]. La burguesía había conseguido finalmente coordinar sus fuerzas para aplastar y reprimir los últimos bastiones de la oleada revolucionaria. Hay que reconocer consecuentemente, como ya hemos puesto de manifiesto, que la guerra no crea las condiciones más favorables para la generalización de la revolución. En efecto, la crisis económica mundial que viene desarrollándose desde los años 60 parece ser una base material mucho más válida para la revolución mundial, puesto que afecta a todos los países sin excepción y, contrariamente a la guerra imperialista, no puede ser detenida. Los partidos socialistas tuvieron un papel central en la promoción de la democracia y del sistema republicano y parlamentario, como si fuesen pasos hacia la revolución. En Italia, desde 1919, el PSI preconizó sin ambigüedad el reconocimiento del régimen democrático, empujando a las masas a ir a votar en las elecciones de 1919. Circunstancia agravante, el éxito electoral subsiguiente fue aprobado por la Internacional Comunista. No obstante, una vez al mando, los socialistas gestionaron el Estado como cualquier otra fracción burguesa. En los años siguientes, las tesis antifascistas propagadas por Gramsci y los Ordinovistas empujaron a la clase obrera italiana ni más ni menos que al interclasismo. Considerando que el fascismo expresaba una deriva y una particularidad de la historia italiana, Gramsci preconizaba la formación de la Asamblea constituyente, etapa intermedia entre el capitalismo italiano y la dictadura del proletariado. Según él, «una clase de naturaleza internacional debe, en cierto sentido, nacionalizarse». El proletariado tenía que aliarse pues con la burguesía en el seno de una Asamblea nacional constituyente, donde los diputados de “todas las clases democráticas del país” elegidos por sufragio universal elaborarían la futura constitución italiana. En el Vº Congreso Mundial de la Internacional Comunista, Bordiga respondió a esos errores, que llevaban al proletariado a abandonar su terreno de clase en nombre de las ilusiones democráticas: «Debemos rechazar la ilusión de que un gobierno de transición podría ser ingenuo a tal punto de permitir que con los medios legales, las maniobras parlamentarias, los apaños más o menos hábiles, asediemos las posiciones de la burguesía, es decir, que nos hagamos legalmente con todo su aparato técnico y militar para distribuir tranquilamente las armas a los proletarios. Eso es una concepción verdaderamente infantil. ¡No es tan fácil hacer una revolución!»[15]
«Paralelamente a la preparación militar de la guerra civil contra la clase obrera, se procedía a la preparación ideológica» (Paul Frölich). En efecto, muy pronto, en las semanas y meses que siguieron a la revolución rusa, la burguesía se esforzó por reducir el acontecimiento a una toma del poder por parte de una minoría que habría distorsionado la voluntad de las masas y llevaría a la sociedad al desorden y al caos. Pero esta intensa campaña de propaganda antibolchevique y antiespartaquista no fue obra de un puñado de individuos obcecados y decididos a hacer de perros guardianes de la clase dominante, sino de una política de todas las fracciones de la gran burguesía pilotada desde las más altas esferas del aparato de Estado. Como desarrollamos en un artículo de la Revista Internacional n.º 155[16], la Primera Guerra mundial fue un momento determinante del proceso por el que el Estado se adueñó por completo de la información, a través de la propaganda y la censura. El objetivo era claro: influir ideológicamente en la población para asegurar la victoria en esta guerra total. Con la apertura del periodo revolucionario el cometido de la propaganda estatal resultaba igualmente nítido: influir a las masas para hacer que se alejaran de las organizaciones del proletariado, y asegurar así la victoria de la contrarrevolución. Los grandes empresarios alemanes se mostraron como los más decididos y no dudaron en romper sus huchas en pro de la “buena causa” del orden burgués. Gracias a la donación de miles de marcos por parte del banquero Helfferich y del político Friedrich Naumann, se fundó una “Secretaría general para el estudio y la lucha contra el bolchevismo” el 1 de diciembre de 1918 en Berlín. El 10 de enero, su fundador, un tal Stadler reunió cerca de 50 empresarios alemanes para exponerles sus puntos de vista. A continuación, Hugo Stinnes, uno de los mayores magnates de la industria alemana, arengó a las tropas del sombrero de copa: «Soy de la opinión de que después de esta exposición, cualquier discusión es superflua. Comparto completamente el punto de vista del orador. Si el mundo de la industria, del comercio y de la banca no tiene la voluntad ni está en disposición de versar una póliza de seguro de 500 millones de marcos para protegernos del peligro que nos acaban de revelar, no merecemos que se nos considere representantes de la economía alemana. Pido que se declare cerrada esta sesión y les ruego señores Mankiewitz, Borsig, Siemens, Deutsch, etc., etc., (cita aproximadamente 8 nombres) que pasen conmigo a la habitación de al lado para que nos pongamos de acuerdo inmediatamente sobre el modo de repartirse esta contribución»[17]
Con esos cientos de millones de marcos de subvenciones, se abrieron varias oficinas para llevar la campaña antirrevolucionaria. La Liga antibolchevique (la antigua asociación del Reich contra la socialdemocracia) fue ciertamente la más activa para escupir su veneno sobre los revolucionarios de Rusia y de Alemania, difundiendo millones de panfletos, de carteles, de folletos, u organizando mítines. Esta primera institución formaba parte de uno de los dos centros contrarrevolucionarios, junto con el Bürgerrat y el hotel Edén donde tenía su sede el cuartel general de la división de fusileros de la caballería de la guardia.
La organización de propaganda “Construir y Devenir, sociedad para la educación del pueblo y la mejora de las fuerzas nacionales del trabajo”, fundada por Karl Erdmann, fue directamente financiada por Ernst Von Borsig y Hugo Stinnes. Este último sufragó tanto la prensa nacionalista como los partidos de extrema derecha para que hicieran propaganda en contra de espartaquistas y bolcheviques.
Pero las más de las veces fue la socialdemocracia quien actúo como maestro de ceremonias de la manipulación de la opinión en el seno de la clase obrera. Como cuenta Paul Frölich: «Comenzó con la difusión de discursos insípidos celebrando la victoria de la revolución de noviembre. Siguieron las promesas, las mentiras, las reprimendas y las amenazas. El Heimatdienst, una institución creada durante la guerra para manipular a la opinión pública difundió cientos de millones de panfletos, opúsculos y carteles, las más de las veces redactados por los socialdemócratas, apoyando la reacción. Deformando sin pudor el significado de las revoluciones precedentes y las enseñanzas de Marx, Kautsky proclamaba su indignación ante la “prolongación de la revolución”. Se hacía del bolchevismo el coco. Este concierto también fue dirigido por los socialdemócratas, esos mismos gentilhombres que durante la guerra habían aclamado en las columnas de sus periódicos a los bolcheviques (descritos como fieles discípulos del pensamiento de Marx), porque entonces pensaban que las luchas revolucionarias rusas ayudarían a Ludendorff y compañía a vencer definitivamente a las potencias occidentales. Ahora, en cambio, difunden terribles historias sobre los bolcheviques, llegando hasta hacer circular falsos “documentos oficiales” según los cuales los revolucionarios rusos habrían compartido sus mujeres»[18]
A partir de entonces, las fuerzas proletarias que defendían el internacionalismo proletario se convirtieron en objeto prioritario de los ataques, sobre todo después de la toma del poder por los obreros de Rusia en Octubre 1917. Conscientes del peligro que podía significar la extensión de la revolución para el capital mundial, los Estados más desarrollados pusieron en marcha una verdadera campaña de calumnias contra los bolcheviques para alejar cualquier sentimiento de simpatía o tentativa de fraternización. Durante las elecciones de 1919, la burguesía francesa aprovechó la ocasión para centrar la campaña sobre el “peligro rojo” alimentando la demonización de la revolución y de los bolcheviques. Georges Clémenceau, uno de los grandes actores de la contrarrevolución, fue particularmente activo, puesto que hizo campaña por el tema de la “Unión nacional” contra la “amenaza del bolchevismo”. Un folleto y un cartel célebres, titulados “¿Cómo luchar contra el bolchevismo?” trazaban un perfil del bolchevique parecido al de una bestia, los cabellos desgreñados y un cuchillo entre los dientes. Todo esto contribuía a asimilar la revolución proletaria a una empresa bárbara y sanguinaria. En el congreso de fundación de la Internacional Comunista, George Sadoul rendía cuenta del alcance de las calumnias esparcidas por la burguesía francesa: «Cuando salí de Francia en septiembre de 1917, es decir algunas semanas antes de la revolución de Octubre, la opinión pública en Francia tomaba al bolchevismo por una grosera caricatura del socialismo. Los líderes del bolchevismo eran considerados como criminales o como locos. El ejército de los bolcheviques era, a sus ojos, una horda compuesta de miles de fanáticos y criminales. (…) He de confesaros con gran vergüenza, que la 9/10 parte de los socialistas, de la mayoría y la minoría, eran de la misma opinión. Podríamos alegar, como circunstancias atenuantes, por un lado, nuestra absoluta ignorancia de los acontecimientos rusos, de otra parte, todas las calumnias y falsos documentos propagados por la prensa de todas las tendencias sobre la crueldad, la felonía y alevosía de los bolcheviques. La toma del poder por esa “banda de forajidos” produjo en Francia un efecto “shock”. La calumnia que nos impedía apreciar la verdadera imagen del comunismo se volvió aún más tupida con la firma de la paz de Brest. La propaganda antibolchevique llegó entonces a un máximo apogeo»
Aunque los gobiernos de la Triple Entente contasen con el viento a favor de la victoria para calmar el descontento en el seno de la clase obrera, trataron igualmente de desviar cualquier veleidad revolucionaria hacia la vía de las urnas. La burguesía mostró su verdadero rostro: ¡vil, manipuladora, mentirosa! El anti-bolchevismo que venían difundiendo la prensa, los medios de comunicación y el mundo universitario desde hacía varias décadas, enraizó rápidamente, durante la oleada revolucionaria, en las más altas esferas de los aparatos de Estado. En efecto, la ofensiva militar en las fronteras rusas, la represión sangrienta de la clase obrera alemana en enero de 1919, debían acompañarse inexorablemente de una intensa campaña de propaganda que intentara truncar el impulso de simpatía hacia la revolución proletaria en las clases explotadas de todo el mundo. En los múltiples carteles de propaganda contrarrevolucionaria elaborados en Francia, en Inglaterra o en Alemania, la principal diana eran las organizaciones políticas del proletariado, a las que se consideraba responsables del paro, de la guerra y del hambre, y eran regularmente acusadas de sembrar el desorden y el crimen[19]. Como lo resumió P. Frölich, «los carteles en la calle representaban el bolchevismo como una bestia con una gran boca abierta, dispuesta a morder».
Desde noviembre 1918 la burguesía alemana hizo de Spartacus el objetivo a batir. Se trataba de neutralizar la influencia de esta organización en las masas. Para hacer esto, fue acusada de todos los males, Spartacus se convirtió en un chivo expiatorio considerado como una verdadera peste para el orden social y el capital alemán. Había que hacerla desaparecer. El cuadro que pinta Paul Frölich diez años después de los acontecimientos es ilustrativo: «Todo delito que se cometiera en las grandes ciudades tenía un único culpable: ¡Spartacus! Los espartaquistas eran acusados de todos los robos. Delincuentes vestidos de uniforme, provisto de documentos oficiales, verdaderos o falsos, aparecían en las viviendas, destrozándolo y robándolo todo: ¡Spartacus los enviaba! Cualquier padecimiento o amenaza solo tenía un origen: ¡Spartacus! Spartacus es la anarquía, Spartacus es el hambre, Spartacus es el terror»[20].
La ignominia de la socialdemocracia y de toda la burguesía alemana fue incluso más lejos, puesto que el Vorwarts[21] organizó una verdadera campaña de denigración y de odio contra Karl Liebknecht, Rosa Luxemburg y otros militantes influyentes de la Liga Spartacus: «Karl Liebknecht, un tal Paul Lévi y la impetuosa Rosa Luxemburg, que no han trabajado nunca en un taller o una obra están a punto de arruinar nuestros sueños y los de nuestros padres (…) Si la banda espartaquista quiere eliminarnos a nosotros y a nuestro porvenir, entonces ¡que Karl Liebknecht y compañía sean también eliminados!».
Al discurso de odio le sucedió la organización de una verdadera cacería de los revolucionarios. La Liga por la lucha contra el bolchevismo ofrecía 10.000 marcos por la captura de Karl Radek o por informaciones que pudieran conducir a su arresto. Pero, sin duda, los objetivos principales eran Liebknecht y Luxemburg. Un manifiesto pegado en las paredes de Berlín en diciembre de 1918 llamaba nada menos que a asesinarlos. Su contenido da la medida del grado de violencia con el que la Socialdemocracia se ensañaba con Spartacus: «¡Trabajador, ciudadano! La patria está al borde de la ruina. ¡Salvadla! La amenaza no viene del exterior, sino del interior: del grupo Spartacus. ¡Atacad a su jefe!¡Matad a Liebknecht! ¡Y tendréis paz, trabajo y pan! Soldados del frente». Un mes antes, el consejo de soldados de Steglitz (una pequeña ciudad de Brandemburgo) había amenazado a Liebknecht y Luxemburg que los soldados dispararían a matar si se presentaban en un cuartel para pronunciar “discursos incendiarios”. La prensa burguesa esparcía realmente un ambiente de verdadero progromo, «loaba los muros salpicados de los sesos de los fusilados. Transformaba la burguesía en una horda sedienta de sangre, ebria de denuncias, que empujaba a los sospechosos (los revolucionarios y otros absolutamente inocentes) delante de los fusiles de los pelotones de ejecución. Y todos estos alaridos culminaban en una sola petición de asesinato: ¡Liebknecht, Luxemburg!»[22]. La palma de la ignominia podría concedérsele al Vorwärts, que el 13 de enero publicó un poema que presentaba a los miembros más destacados de Spartacus como desertores, cobardes que traicionaron al proletariado alemán, y que merecían la muerte:
«Centenas de muertos en un solo recuento-
¡Proletarios!
Karl, Radek, Rosa y compañía-
¡Ninguno de ellos está aquí!
¡Proletarios!»
Todos sabemos que esas calumnias tuvieron desgraciadamente nefastos efectos puesto que el 15 de enero de 1919, Karl y Rosa, esos dos grandes militantes de la causa revolucionaria, fueron asesinados por los cuerpos francos. El relato totalmente fraudulento que hizo el Vorwärts de tales crímenes ilustra por sí solo la mentalidad de la burguesía, esa clase “patética y cobarde” como la describiera ya Karl Marx en el 18 Brumario de Luis Bonaparte. Según los periódicos de la tarde del 16 de enero, Liebknecht habría resultado muerto durante una tentativa de evasión, y Rosa Luxemburg linchada por la multitud. Cuenta Paul Frölich, que el comandante de la división de fusileros de caballería de la guardia, de la que dependían los dos ejecutores de los dos asesinatos, difundió un comunicado que falsificaba totalmente el desarrollo de los acontecimientos y que fue retomado por toda la prensa. Todo ello «dando rienda suelta a una madeja de mentiras, de maniobras de despiste y de violaciones de la ley, que proporcionarán la trama de una vergonzosa serie de comedias interpretadas por la magistratura»[23].
Al precio de un intenso trabajo, todas esas fabulaciones fueron desmentidas por Leo Jogiches que, en colaboración con una comisión de investigación creada por el consejo central y el consejo ejecutivo de Berlín, restableció la verdad exponiendo el desarrollo de esos crímenes y publicando la fotografía del festín de los asesinos tras sus crímenes. ¡Así firmó su propia sentencia de muerte! El 10 de marzo de 1919 fue arrestado y asesinado en la prisión de la prefectura de policía de Berlín. Tuvo lugar un “simulacro de justicia” que permitía adivinar la verdad, a pesar de las intimidaciones y la corrupción. En cuanto a los culpables, apenas sufrieron multas o cortas penas de prisión.
Ayer Rosa Luxemburg era esa bruja roja devoradora de “buenos alemanitos”, hoy es la “buena demócrata”, “la anti-Lenin”, ese “peligroso revolucionario”, “inventor del totalitarismo”. Para la clase dominante esto no le supone contradicción alguna. Las dos caras de su discurso sobre Rosa Luxemburg le cuadran. Supone la enésima demostración de lo que hace la burguesía con la memoria de los grandes personajes que han osado desafiar su mundo «sin corazón y sin alma»: «En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les sometían a constantes persecuciones, acogían sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso y las campañas más desenfrenadas de mentiras y calumnias. Después de su muerte se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para “consolar” y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de la doctrina revolucionaria, mellando el filo revolucionario de ésta y envileciéndola. En semejante apocamiento del marxismo se dan hoy la mano la burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero» (Lenin, El Estado y la Revolución[24])
El aplastamiento sangriento de la revolución en Alemania fue un golpe terrible para el proletariado mundial. Como afirmaban Lenin y Rosa Luxemburg, la supervivencia de la revolución a escala mundial dependía de la capacidad de los obreros de las grandes potencias de hacerse con el poder en sus países. O, dicho de otra forma, que el porvenir de la humanidad dependía de la extensión de la oleada revolucionaria que había comenzado en Rusia. Pero esa progresión no tuvo lugar. Los fracasos del proletariado en Alemania, en Hungría, y en Italia, tocaron a muerto por la revolución en Rusia; una muerte por asfixia, puesto que no quedaba en su seno aliento suficiente para dar ímpetu a los obreros del mundo entero. En esa agonía «interviene precisamente el estalinismo, en total ruptura con la revolución cuando, tras la muerte de Lenin, Stalin se hace con las riendas del poder y desde 1925 planteó su tesis de “la construcción del socialismo en un solo país”, gracias a la cual va a instalarse en todo su horror la contrarrevolución»[25].
Hace décadas que historiadores, periodistas y otros comentaristas de todo género intentan falsificar la historia tratando de encontrar una continuidad entre Lenin y Stalin y alimentando la mentira según la cual el comunismo es igual al estalinismo. Pero en los hechos hay un abismo entre Lenin y los bolcheviques de un lado, y el estalinismo en otro.
El Estado que surgió después de la revolución se le iba cada vez más de las manos a la clase obrera y absorbía progresivamente al partido bolchevique, en el que el peso de los burócratas se hacía preponderante. Stalin era el representante de esta nueva capa de gobernantes, cuyos intereses estaban en total oposición con la salvaguardia de la revolución mundial. La tesis del “socialismo en un solo país” sirvió precisamente para justificar la política de esta nueva clase burguesa en Rusia, que consistía en replegarse en la economía nacional y el Estado, garante del statu quo y del modo de producción capitalista. Lenin no defendió jamás esas posiciones. Al contrario, siempre defendió el internacionalismo proletario, considerando este principio como una brújula que permitía al proletariado no desviarse al terreno de la burguesía. Y, aunque no pudiera anticipar lo que sería el estalinismo, en los últimos años de su vida Lenin fue consciente de ciertos peligros que acechaban a la revolución y particularmente de la dificultad para frenar la atracción conservadora del Estado sobre las fuerzas revolucionarias. Aun cuando no fuera capaz de oponérsele, sí alertó contra la gangrena burocrática, sin que encontrara una solución a un problema de todas formas ineluctable. También Lenin desconfiaba mucho de Stalin y era contrario a que éste obtuviera cargos importantes. En su “testamento” del 4 de enero de 1923, intentó incluso apartarlo del puesto de secretario general del partido, en el que Stalin «iba a concentrar un poder enorme, del que abusa de forma brutal». Una vana tentativa, puesto que Stalin ya controlaba la situación[26].
Como pusimos en evidencia en nuestro folleto El hundimiento del estalinismo: «El estalinismo asentó su dominación sobre los escombros de la revolución de 1917. Gracias a esa negación radical del comunismo que constituía la doctrina monstruosa del “socialismo en un solo país”, totalmente ajena al proletariado y a Lenin, la URSS volvió a ser, no solo un Estado capitalista de arriba abajo, sino también un Estado en que el proletariado fue sometido brutalmente y con más saña que en cualquier otra parte, a los intereses del capital nacional, rebautizados como “intereses de la patria socialista”»[27]
Instalado en el poder, Stalin se afanó en conservarlo. A finales de los años 1920 tenía en sus manos las palancas de mando del aparato de Estado soviético. Por nuestra parte ya explicamos, en uno de los primeros artículos sobre la revolución rusa, el proceso que llevó a la degeneración de la revolución y el surgimiento de una nueva clase dominante, haciendo de este país enteramente un Estado capitalista[28]
¡La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, solo tenía de soviético el nombre!
«No solamente la consigna de todo el periodo revolucionario: “Todo el poder a los soviets” se abandona y se rechaza, sino que la dictadura del proletariado por los consejos obreros, que había sido el motor y el alma de la revolución, y que tanto repugna y aflige a nuestros queridos “demócratas” de hoy (…) es totalmente destruida y se convierte en un caparazón vacío, cediendo el sitio a una implacable dictadura del partido-Estado sobre el proletariado»[29].
Producto de la degeneración de la revolución, el estalinismo no ha pertenecido nunca a otro campo que el de la contrarrevolución. Además, si logró plenamente su asiento en el gran concierto de las naciones burguesas es precisamente por eso. Era una fuerza extraordinaria para engañar a la clase obrera haciéndole creer que el comunismo existía realmente en el Este de Europa, que su progresión estaba ralentizada, y que su victoria total dependía del apoyo de los obreros de todo el mundo a la línea política decidida por Moscú. Esa gran ilusión era evidentemente sostenida por todos los partidos comunistas del mundo entero. A fin de transmitir la mentira a gran escala, Moscú y los PC’s nacionales organizaban especialmente los famosos viajes a la Unión soviética de delegaciones obreras, una estancia durante la cual se mostraban todos los “fastos” del régimen a los “turistas políticos” que después, a su vuelta, se enviaban a predicar la buena nueva en sus fábricas y células. Henri Guilbeaux[30] describía así esta mascarada: «Cuando el obrero va a Rusia es cuidadosamente seleccionado, además solo puede ir en grupo. Se le escoge de entre los miembros del Partido, pero se elige también en los sindicatos y en el partido socialista y elementos llamados “simpatizantes”, muy influenciables, a los que será fácil “comer el coco”. Los delegados “elegidos” así forman una delegación obrera. Llegados a Rusia, los delegados son recibidos oficialmente, adiestrados, mimados, agasajados. Siempre los acompañan guías y traductores. Se les hacen regalos (…) Allá donde vayan se les dice: “esto pertenece a los obreros. Aquí son los obreros los que mandan”. A su regreso, a los delegados obreros que se identifican como más capaces de ensalzar a la URSS, se les da bombo y platillo. Se les invita a contar sus impresiones en reuniones públicas»[31].
Estos viajes de “descerebramiento político” tenían el objetivo principal de mantener el mito del “socialismo en un solo país”; auténtica falsificación del programa defendido por el movimiento revolucionario; puesto que desde sus orígenes éste se presenta como un movimiento internacional en la medida en que, como escribió Engels en 1847, la ofensiva política de la clase obrera contra la clase dominante se efectúa desde el principio a escala internacional: «La revolución comunista (…) no será una revolución puramente nacional; se producirá al mismo tiempo en todos los países civilizados (…) Ejercerá el mismo tiempo una repercusión considerable sobre los otros países del globo y transformará y acelerará completamente el curso de su desarrollo; tendrá por consiguiente un terreno universal»[32].
El socialismo en un solo país significaba la defensa del capital nacional y la participación en el juego imperialista. Eso significaba igualmente la liquidación de la oleada revolucionaria. En esas condiciones, Stalin se convirtió en un hombre respetable a los ojos de las democracias occidentales, preocupadas a partir de ahora de facilitar la inserción de la URSS en el mundo capitalista; mientras que la burguesía mundial no había dudado en establecer un cordón militar alrededor de Rusia en el momento de la revolución. Es decir, cambió radicalmente de política una vez disipado el peligro. Además, después de la crisis de 1929, la URSS se convirtió en una apuesta central y toda la burguesía occidental intentó atraerse los favores de Stalin. Así, la URSS se integró en la Sociedad de Naciones en 1934 y se firmó un pacto de no agresión entre Stalin y Laval, el ministro de asuntos exteriores francés. El comunicado que se publicó a continuación ilustra la política antiobrera de la URSS: «El Sr. Stalin comprende y aprueba plenamente la política de defensa nacional de Francia para mantener sus fuerzas armadas a la altura de sus necesidades de seguridad». Como señalamos en nuestro folleto El hundimiento del estalinismo: «Esa política de alianza con la URSS permitió, en la estela del pacto Laval- Stalin, la formación del “Frente Popular” en Francia, sellando la reconciliación del PCF con la socialdemocracia por las necesidades del capital francés en la arena imperialista Stalin se había pronunciado a favor del armamento de Francia y de rebote el PCF votó por su parte los créditos militares y firmó un acuerdo con los radicales y la SFIO»[33]
Toda la burguesía comprendió que Stalin era el hombre del momento, el que iba a erradicar los últimos vestigios de la revolución de Octubre 1917. Es más, las democracias occidentales se mostraron de lo más indulgentes con él cuando comenzó a aplastar y exterminar la generación de proletarios y revolucionarios que había participado en la revolución de Octubre 1917. La liquidación de la vieja guardia del partido bolchevique dejaba clara la determinación de Stalin para impedir cualquier tipo de conjura en su entorno y consolidar su poder; pero permitió igualmente asestar un golpe a la conciencia del proletariado de todo el mundo arrastrándolo a tomar a cargo la defensa de la URSS contra los pretendidos traidores de la causa revolucionaria.
En tales condiciones, las democracias europeas no dudaron en apoyar esa empresa macabra y participar en ella. Se extasiaban proclamando bellas frases sobre los derechos humanos, pero estaban mucho menos dispuestas a acoger y proteger a los principales miembros de la Oposición obrera, empezando por Trotsky, su principal representante. Tras haber sido expulsado de Rusia en 1928, fue acogido por la Turquía hostil al bolchevismo cuyas autoridades, conchabadas con Stalin, le dejaron entrar en su territorio, pero le privaron de pasaporte y expuesto a las acciones de los residuos de los ejércitos blancos. El antiguo jefe del ejército rojo escapó varias veces de las tentativas de asesinato. Su “vía crucis” continuó después de abandonar Turquía, ya que todos los gobiernos democráticos de Europa occidental, de acuerdo con Stalin, le negaron el derecho de asilo; «perseguido por los asesinos a sueldo de Stalin o los restos de los ejércitos blancos, Trotsky será condenado a errar de un país a otro hasta mediados de la década de 1930. El mundo entero se había convertido para el antiguo jefe del Ejército Rojo en un “planeta sin visado”[34]»[35].
La socialdemocracia se mostró además como la servidora más diligente de Stalin. Entre 1928 y 1936, todos los gobiernos occidentales colaboraron con él y cerraron sus fronteras a Trotsky o, como Noruega, lo pusieron bajo vigilancia prohibiéndole cualquier actividad política y toda crítica de Stalin. Otro ejemplo: en 1927, Christian Rakovski, embajador de la URSS en París, fue llamado a Moscú a petición del gobierno francés que lo consideró como “persona non grata” después de que firmara la plataforma de la Oposición de izquierda. Francia, la “patria de los derechos del hombre y del ciudadano”, lo entregaba de manera innoble a sus verdugos, aportando su grano de arena a las grandes purgas estalinistas. ¡Y hoy esas mismas democracias occidentales y sus intelectuales de pacotilla las denuncian a voz en grito para hacer olvidar que ellos mismos participaron en esos asesinatos!
Para todos los miembros de la Oposición, las “grandes democracias” solo eran las antesalas de los pasillos de la muerte estalinistas o el campo de acción de los agentes del GPU que estaban autorizados a entrar en sus territorios para masacrar a los militantes de la Oposición. Igualmente, la prensa occidental secundaba las campañas de calumnia designando a los acusados como agentes de Hitler, de igual modo que justificó las purgas y las condenas apoyándose, sin ponerlas en duda, en las actas de las sesiones de los procesos. Por supuesto los partidos comunistas, ponían mayor ahínco, si cabe, en la calumnia y la justificación de semejantes simulacros de justicia. Después de la condena de los 16 primeros acusados en el primero de los llamados Procesos de Moscú, el comité central del PCF y las células de muchas fábricas votaron resoluciones para apoyar la ejecución de esos “terroristas trotskistas”. El periódico L’Humanité se distinguió especialmente llamando a la ejecución de los “Hitleriano-trotskistas”. Pero la celebración más inmunda del terror estalinista puede que sea “El himno a la GPU”, ese simulacro de poema escrito por Louis Aragon[36] en 1931 quien, tras haber sido poeta en su juventud, se convirtió en un predicador estalinista que no dejó de cantar alabanzas a Stalin y a la URSS hasta su último aliento.
Trotsky, Kamenev, Zinoviev, Smirnov, Evdokimov, Sokolnikov, Piatakov, Bujarin, Radek, … por no citar más que a los condenados más conocidos, aunque algunos de ellos se comprometieran más o menos con la estalinización, todos esos combatientes del proletariado encarnaban la herencia de Octubre de 1917. Liquidándolos, Stalin asesinaba un poco más la revolución; puesto que tras la farsa de estos procesos se ocultaba la tragedia de la contrarrevolución. Estas grandes purgas, lejos de expresar la depuración de la sociedad para la “construcción del socialismo”, marcaban un nuevo asalto contra la memoria y la transmisión del legado del movimiento revolucionario.
Alentado o desacreditado, el mito del comunismo en la Unión soviética ha sido instrumentalizado siempre por la burguesía contra la conciencia del proletariado. Si se hubiera podido pensar que el estallido del bloque del Este entre 1989 y 1991 iba a arrastrar en su hundimiento esa gran superchería, no fue en absoluto así. Al contrario, la asimilación del estalinismo al comunismo no ha hecho más que reforzarse estos últimos 30 años; aunque en las minorías revolucionarias el estalinismo sea reconocido como el peor producto de la contrarrevolución.
Cien años después de los acontecimientos, el espectro de la Revolución de Octubre de 1917 persigue aún a la burguesía. Y para protegerse frente a un nuevo episodio revolucionario que haría tambalearse su mundo, se afana en enterrar la memoria histórica del proletariado. Pare ello sus intelectuales se dedican incansablemente a reescribir la historia hasta que la mentira tome la apariencia de verdad.
Por eso frente a la propaganda de la clase dominante, el proletariado debe sumergirse en la historia de la clase y esforzarse por sacar las lecciones de los episodios pasados. También tiene que cuestionarse, y esperamos que este artículo proporcione material de reflexión, las razones que llevan a la burguesía a denigrar de forma cada vez más infame, uno de los acontecimientos más gloriosos de la historia de la humanidad, el momento en que la clase obrera ha demostrado que era posible plantear una sociedad que acabara con la explotación del hombre por el hombre.
Narek (27 de enero 2019)
[1] Ver particularmente el folleto de Rosa Luxemburg sobre la revolución rusa https://www.marxists.org/espanol/luxem/11Larevolucionrusa_0.pdf [11]
[2] Ver P. Frölich, R. Lindau, A. Schreiner, J. Walter, Révolution et Contre-révolution en Allemagne (1918-1920) Editions Science Marxiste, 2013
[3] Citado en P. Frölich, Op. Cit. Pag. 25
[4] Citado en P. Frölich Op cit. Pag. 26
[5] Citado en Annie Kriegel, Aux origins du Communisme français, Flammarion 1978. Existe una versión en español: Los comunistas franceses, Ed Villalar 1978
[6] Para un enfoque más completo, ver nuestro folleto sobre la revolución en Alemania (se puede pedir a nuestra dirección: [email protected] [12] ), también la Lista de artículos sobre la tentativa revolucionaria en Alemania 1918-23 https://es.internationalism.org/content/4373/lista-de-articulos-sobre-la-tentativa-revolucionaria-en-alemania-1918-23 [13]
[7] El Consejo de comisarios del pueblo no era otra cosa sino el nombre del nuevo gobierno del 10 de noviembre de 1918, compuesto por Ebert, Scheidemann y consortes. Esa denominación permitía en cierta forma crear la ilusión de que los dirigentes del SPD eran favorables a los Consejos obreros y al desarrollo de la lucha de clases en Alemania.
[8] Citado en Revolución y Contra-revolución en Italia (1919-1922), 1ª parte, Revista Internacional nº 2 https://es.internationalism.org/revista-internacional/197504/1941/revolucion-y-contrarrevolucion-en-italia-i [14]
[9] Citado en “Revolución en Alemania” (II), “Los inicios de la revolución”, Revista Internacional nº 82 https://es.internationalism.org/revista-internacional/199512/1817/ii-los-inicios-de-la-revolucion [15]
[10] Citado Por Gilbert Badía en Les Spartakistes 1918: l’Allemagne en révolution, Ed. Aden 2008, pag. 296. Existe una versión en español en dos tomos: Los Espartaquistas, Ed Mateu Barcelona
[11] Gilbert Badía Op cit. Pag. 298
[12] ver en CCI online: «Campagne idéologique autour des “suffragettes”: droit de vote ou communisme?» (no hay versión es español)
[13] Boches era el término despectivo para referirse a los alemanes. Los “sales boches” quería decir los asquerosos alemanes.
[14] Ver el artículo Lecciones de 1917-23 - La primera oleada revolucionaria del proletariado mundial [16] en Revista Internacional nº 80
[15] Revolución y contrarrevolución en Italia (II): Frente al fascismo. Revista Internacional nº3. https://es.internationalism.org/revista-internacional/197508/2009/revolucion-y-contra-revolucion-en-italia-ii-frente-al-fascismo-el- [17]
[16] La propaganda durante la primera guerra mundial, https://es.internationalism.org/revista-internacional/201509/4114/la-propaganda-durante-la-primera-guerra-mundial [18]
[17] Citado en G. Badia, Op. Cit. Pag 286
[18] Citado por P. Frölich, R. Lindau, A. Schreiner, J. Walcher, Révolution et contre-révolution en Allemagne. 1918-1920. De la fondation du Parti communiste au putsch de Kapp, Editions Science marxiste, 2013
[19] Ver nuestro artículo: “La propaganda en la Iª Guerra mundial”, en la Revista Internacional n.º 155
[20] P. Frölich, R. Lindau, A. Scheiner, J. Walcher, Op. Cit. Pag. 45
[21] El órgano de prensa principal del SPD
[22] P. Frölich, Rosa Kuxemburg, L’Harmattan, 1991, pag 364
[23] P. Frölich, R. Lindau, A. Scheiner, J. Walcher, Op. Cit. Pag. 137
[25] Folleto de la CCI (en francés) El hundimiento del estalinismo [20] (on line)
[26] Folleto de la CCI: El hundimiento del estalinismo (en francés) [20]
[28] La degeneración de la revolución rusa (respuesta a “Revolutionary workers group”) Revista Internacional nº3 https://es.internationalism.org/revista-internacional/197507/998/la-degeneracion-de-la-revolucion-rusa [21]
[30] Henri Guilbeaux fue un político socialista francés. Activo en el Movimiento contra la guerra que se reunió en Zimmerwald durante la Primera Guerra Mundial. Era una figura prominente de un grupo de intelectuales que lucharon en Ginebra contra la guerra (Wikipedia)
[31] Henri Guilbeaux, La fin des soviets, Societé française d’éditions littéraires et techniques, 1937, pag. 86
[32] F Engels: Principios de Comunismo
[33] Folleto de la CCI: El hundimiento del estalinismo (en francés) [20]
[34] En referencia a la novela de Jean Malaquais, traducida al español: “Planeta sin visado”, en la que se describe el ambiente de Marsella en la Francia ocupada de la 2ª guerra mundial, donde perseguidos de todas partes, viven un puñado de militantes de la Izquierda comunista como Marc Chirik, que trataban de escapar de ser exterminados
[35] Del folleto en francés: El hundimiento del estalinismo Op. Cit. [20]
[36] Poeta, novelista y periodista francés. Se afilió al PCF en 1927 y no lo abandonó hasta su muerte. Permaneció fiel a Stalin y al estalinismo toda su vida y aprobó los procesos de Moscú
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 128.33 KB |
Al igual que los dos números anteriores de la Revista, seguimos recordando el centenario de los acontecimientos de importancia histórica que marcaron la ola revolucionaria mundial de 1917-23.
Así, después de la revolución en Rusia en 1917[1] (Revista No. 160), los intentos revolucionarios en Alemania en 1919[2] (Revista No. 161), recordamos en este número el centenario de la fundación de la Internacional Comunista. Todas estas experiencias son piezas esenciales de la herencia política del proletariado mundial, frente a la que la burguesía hace todo lo que está en su poder para asegurar que sean desnaturalizadas (la revolución en Rusia y Alemania) o que sean olvidadas, como es el caso de la fundación de la Internacional Comunista. El proletariado tendrá que reapropiarlas para que, mañana, salga victorioso un nuevo intento revolucionario mundial.
Esto se refiere en particular a las siguientes cuestiones, algunas de las cuales se abordan en el presente número de la Revista:
Esta fundación concreta ante todo la necesidad de revolucionarios que han permanecido fieles al internacionalismo traicionado por la Derecha de los partidos socialdemócratas (la mayoría en la mayoría de estos partidos) a trabajar por la construcción de una nueva internacional. En la vanguardia de este esfuerzo y perspectiva se encuentra en particular la Izquierda de los Partidos Socialdemócratas, agrupada en torno a Rosa Luxemburgo en Alemania, Pannekoek y Gorter en Holanda, y por supuesto la fracción bolchevique del partido ruso en torno a Lenin. Fue por iniciativa del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia y del Partido Comunista de Alemania (KPD, antes Liga Spartacus) que el primer Congreso de la Internacional se convocó en Moscú el 2 de marzo de 1919.
La fundación del nuevo partido, el Partido Mundial de la Revolución, que llegó tarde en un momento en que la mayoría de los levantamientos revolucionarios del proletariado en Europa habían sido reprimidos violentamente, tenía como misión primordial proporcionar una dirección política clara a las masas trabajadoras: el derrocamiento de la burguesía, la destrucción de su estado y la construcción de un nuevo mundo sin guerras ni explotación.
La plataforma de la Internacional Comunista refleja el profundo cambio en el período histórico abierto por la Primera Guerra Mundial: "ha surgido una nueva era: la era de la desintegración del capitalismo, de su colapso interno. La era de la revolución comunista del proletariado", de modo que la única alternativa para la sociedad es ahora: la revolución proletaria mundial o la destrucción de la humanidad; el socialismo o la barbarie.
Todos estos aspectos de la fundación de la Internacional Comunista se desarrollan en los dos artículos de esta revista que dedicamos a esta cuestión, el primero en particular, "Centenario de la fundación de la Internacional Comunista - La Internacional de la Acción Revolucionaria de la Clase Trabajadora". El segundo artículo, "100 años de la fundación de la Internacional Comunista - ¿Qué lecciones se pueden aprender para las luchas del futuro? " desarrolla más particularmente una idea ya abordada en la primera: debido a la situación de emergencia, los principales partidos fundadores de la Internacional Comunista, en particular el Partido Bolchevique y el KPD, fueron incapaces de aclarar sus diferencias y confusión de antemano.
Además, el método utilizado por el nuevo partido para su fundación no iba a armarlo para el futuro. De hecho, gran parte de la vanguardia revolucionaria dio prioridad a la cantidad en términos de afiliados a expensas de la clarificación previa sobre los principios organizativos y programáticos. Tal enfoque le dio la espalda al enfoque desarrollado por los bolcheviques durante su existencia como una fracción dentro de la POSDR[4].
Esta falta de clarificación contribuyó como un factor importante, ante el retroceso de la ola revolucionaria, en el desarrollo del oportunismo en la Internacional. Este será el origen de un proceso de degeneración que llevará a la propia bancarrota de la IC, como fue el caso de la II Internacional. Esta nueva Internacional también sucumbió a la traición del principio del internacionalismo por parte de la derecha de los partidos comunistas. Posteriormente, en la década de 1930, en nombre de la defensa de la "patria soviética", los partidos comunistas de todos los países pisotearon la bandera de la Internacional llamando a los proletarios a matarse de nuevo en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial.
Frente a su degeneración, la IC, al igual que la II Internacional, incubó en su seno minorías de izquierda entre los militantes del partido comunista que se han mantenido fieles al internacionalismo y al lema "Los proletarios no tienen patria. Trabajadores de todos los países, uníos". Una de las fracciones así constituidas, la Izquierda Comunista de Italia, y posteriormente la Fracción Francesa de la Izquierda Comunista, que más tarde se convertiría en la Izquierda Comunista de Francia (GCF), hizo un gran trabajo en la evaluación de la ola revolucionaria. Publicamos los capítulos del artículo del número 7 (enero / febrero de 1946) de la revista Internationalisme, que tratan de la cuestión del papel de las fracciones que emergen del partido degenerado ("La fracción de izquierda"), y su contribución a la formación del futuro partido, en particular el método que debe aplicarse con este fin ("Método de formación de partidos").
Estas minorías revolucionarias, cada vez más reducidas, tuvieron que trabajar en un contexto de profundización de la contrarrevolución, ilustrado en particular por la ausencia de surgimiento revolucionario al final de la Segunda Guerra Mundial, a diferencia de lo que había ocurrido después de la Primera Guerra Mundial. Por lo tanto, este nuevo conflicto mundial había sido una prueba de fuego para las débiles fuerzas que habían permanecido en el terreno de clase mientras que los PC habían traicionado la causa del internacionalismo proletario. Así, la corriente trotskista a su vez traicionó pasando al campo enemigo generando reacciones proletarias dentro de él.
El número 43 (junio / julio 1949) de Internacionalismo incluye un artículo, "Bienvenida a Socialismo o Barbarie" (reeditado en el número 161 de nuestra Revista, en la primera parte del artículo "Castoriadis, Munis y el problema de la ruptura con el trotskismo"[5]) que toma una posición clara sobre la naturaleza del movimiento trotskista, que había abandonado sus referencias proletarias al participar en la Segunda Guerra Imperialista Mundial. Este artículo de Internationalisme es un buen ejemplo del método utilizado por el GCF en sus relaciones con los supervivientes del naufragio del trotskismo tras la Segunda Guerra Mundial. En la segunda parte de "Castoriadis, Munis y el problema de la ruptura con el trotskismo", publicada en este número de la Revista, se destaca lo difícil que es para quienes han crecido en el ambiente corrupto del trotskismo romper profundamente con sus ideas y actitudes fundamentales. Esta realidad queda ilustrada por la trayectoria de dos militantes, Castoriadis y Munis, que, sin duda, hasta finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, fueron militantes de la clase obrera. Munis permaneció así toda su vida, lo que no fue el caso de Castoriadis, que abandonó el movimiento obrero[6].
En cuanto a Munis, se destaca su dificultad para romper con el trotskismo: "Detrás de esta negativa a analizar la dimensión económica de la decadencia del capitalismo se esconde un voluntarismo que no es nuevo, cuyos fundamentos teóricos se remontan a la carta anunciando su ruptura con la organización trotskista en Francia, el Parti Communiste Internationaliste, donde mantiene la noción de Trotsky, presentada en las primeras líneas del Programa de Transición, de que la crisis de la humanidad es la crisis de la dirección revolucionaria". Sobre Castoriadis, se señala que "este "radicalismo" que hizo salivar tanto a los periodistas de alto vuelo fue una hoja de parra que cubría el hecho de que el mensaje de Castoriadis era extremadamente útil para las campañas ideológicas de la burguesía. Así, su afirmación de que el marxismo había sido pulverizado dio un apoyo "radical" a toda la campaña sobre la muerte del comunismo que se desarrolló tras el colapso de los regímenes estalinistas del bloque oriental en 1989. En cierto modo, es uno de los padres fundadores de lo que hemos llamado la corriente "modernista".
En este número de la Revista Internacional, continuamos también la denuncia, realizada en su número 160, de la unión de todas las facciones nacionales y de los partidos de la burguesía mundial contra la revolución rusa, para contener la ola revolucionaria e impedir que se extienda a los principales países industrializados de Europa Occidental. Contra los intentos revolucionarios en Alemania después, donde el SPD desempeñará un papel principal como verdugo de los levantamientos revolucionarios en ese país. Las campañas de calumnias, organizadas en la cúspide del estado para justificar la represión sangrienta, eran repugnantes. Más tarde, el estalinismo se impuso como verdugo de la revolución, asumiendo el ejercicio del terror de estado, la liquidación de la vieja guardia del partido bolchevique. Una vez que la URSS se convirtió en un estado burgués imperialista contra la clase obrera, las grandes democracias fueron cómplices para liquidar física e ideológicamente octubre de 1917. Tal alianza ideológica y política global ha sobrevivido a lo largo de los años y fue revivida, con más fuerza que nunca, en el momento del colapso del bloque oriental y del estalinismo, una forma particular de capitalismo de estado que ha sido presentada como “comunismo” lo que permitió a la campaña ideológica de la burguesía mundial repetir hasta la náusea “la bancarrota del comunismo”.
No hay artículos en esta Revista sobre temas candentes de la situación internacional. Sin embargo, nuestros lectores pueden ir a nuestro sitio donde se publican dichos artículos. Además, en el próximo número de la Revista Internacional se dará la debida importancia a estas cuestiones.
(14/05/2019)
[1] Ver LISTA DE ARTICULOS SOBRE LA REVOLUCION RUSA https://es.internationalism.org/cci-online/200805/2245/lista-de-articulos-sobre-la-revolucion-rusa [24]
[2] Ver Lista de artículos sobre la tentativa revolucionaria en Alemania 1918-23 https://es.internationalism.org/content/4373/lista-de-articulos-sobre-la-tentativa-revolucionaria-en-alemania-1918-23 [13]
[3] En la sección de Textos por Temas de nuestra Web se puede encontrar una colección de artículos sobre la oleada revolucionaria de 1917-23. Ver 1914-23, 10 años que sacudieron al mundo, https://es.internationalism.org/go_deeper [8]
[4] POSDR: Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, fundado en 1898. En 1903 durante el 2º Congreso se produjo la escisión entre mencheviques y bolcheviques.
[6] Ver En memoria de Munis, militante de la clase obrera, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1028/en-memoria-de-munis-militante-de-la-clase-obrera [26]
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 156.33 KB |
Artículo publicado por primera vez en Internationalisme nº 7 - Año 1946 órgano de la Gauche Communiste de France
Para estimular la discusión sobre la formación del futuro partido mundial de la revolución, publicamos a continuación dos capítulos de un artículo de Internationalisme nº 7 de enero de 1946, titulado “À propos du 1er congrès du Parti communiste internationaliste d’Italie’’ (Acerca del primer congreso del Partido Comunista Internacionalista de Italia) La revista Internationalisme era el órgano teórico de la Fracción Francesa de la Izquierda Comunista (FFGC), es decir, el grupo más claro políticamente del período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial. A finales de 1945, la Fracción se transformó en Izquierda Comunista de France (GCF) para evitar confusiones con una escisión formada por militantes franceses que la habían abandonado y que habían tomado el mismo nombre (FFGC- bis).
Este artículo (que publicaremos íntegramente en nuestra página web) desarrolla, a partir de las lecciones de la degeneración de la Tercera Internacional, los criterios que deben regir la constitución de un futuro partido mundial. Los dos capítulos publicados en esta Revista -el primero "La Fracción de Izquierda" y el sexto "Método de formación del Partido" - ofrecen una visión general de los temas políticos que surgieron desde la fundación de la III Internacional con una argumentación coherente. Son como un puente entre el período de la primera posguerra y el de la segunda, basándose en la valoración hecha por la Fracción italiana en los años treinta, mientras que los demás capítulos están más bien dedicados a la polémica con posiciones y corrientes más específicas de los años cuarenta, como el RKD (Revolutionäre Kommunisten Deutschlands, ex-trotskistas austriacos) y Vercesi (esos capítulos son también muy interesantes pero no pueden incluirse en la revista impresa).
Resumiendo, brevemente, los criterios para la fundación del partido son, por un lado, un camino abierto hacia la reanudación de la lucha ofensiva del proletariado y, por otro, la existencia de una base programática sólida para el nuevo partido.
En aquellos años, después de la reunión del primer congreso del Partido Comunista Internacionalista de Italia en Turín a finales de diciembre de 1945, la GCF consideró que se había cumplido la primera condición: un nuevo curso favorable. Por lo tanto, sobre esa base, saluda la transformación de la Fracción de Izquierda italiana "al dar nacimiento al nuevo Partido del Proletariado" (capítulo "La Fracción de Izquierda"). Pero, poco más tarde, en 1946, la GCF se dio cuenta de que el período de la contrarrevolución no había terminado y que, por lo tanto, no se daban las condiciones objetivas para la formación del Partido. Por ello dejó de publicar su revista de agitación L'Étincelle, creyendo que la perspectiva de una reanudación histórica de la lucha de clases no estaba al orden del día. La última publicación de L'Etincelle data de noviembre de 1946.
Además, la GCF critica severamente el método utilizado para formar el partido italiano, mediante la "adición de corrientes y tendencias" sobre una base programática heterogénea (capítulo "Método de formación del partido"), de la misma manera que había criticado (en el mismo capítulo) el método de formación de la IC, al hacer una "amalgama en torno a un programa deliberadamente inacabado” y oportunista[1], que daba así la espalda al método que construcción del partido bolchevique.
El mérito del artículo de Internationalisme es haber insistido en el rigor necesario en el programa, un rigor ausente en el partido recién constituido en Italia. El artículo, escrito unos 25 años después de la fundación de la Comintern, y unas semanas después del congreso de PCInt es sin lugar a duda la crítica más consistente al método del Partido Bolchevique para fundar la Internacional Comunista. Internationalisme fue también la única publicación del movimiento de la Izquierda Comunista de aquel entonces en poner de relieve el método oportunista del PCInt.
La GCF es, en este sentido, un ejemplo de continuidad con el método de Marx y Engels cuando se fundó el Partido Socialdemócrata Alemán en Gotha en 1875 (ver la Crítica al programa de Gotha), un método que rechazaba las bases confusas y oportunistas en las que se fundó el SAPD[2]. Continuidad también con la actitud de Rosa Luxemburg hacia el oportunismo del revisionista Bernstein en la Socialdemocracia alemana 25 años después, pero también continuidad con la de Lenin hacia los mencheviques en lo que a principios organizativos se refiere. Finalmente, continuidad con la actitud de Bilan frente al oportunismo de la corriente trotskista durante los años 30. Fue gracias a esa intransigencia en defensa de las posiciones programáticas y de los principios organizativos que hubo gente procedente de la corriente trotskista (como los RKD) que pudo orientarse hacia la defensa del internacionalismo durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, mantener bien alta la bandera del internacionalismo en contra de los "partisanos", defender la intransigencia contra el oportunismo fue una condición para que las fuerzas internacionalistas encontraran una brújula política.
En esta presentación debemos precisar una formulación sobre la lucha de la Spartakusbund (Liga Espartaquista) durante la Primera Guerra Mundial. El artículo dice en el capítulo 6: "La experiencia de Spartakusbund es esclarecedora al respecto. Su fusión con los Independientes no condujo, como esperaban, a la creación de un partido de clase fuerte, sino que acabó en la asfixia de Spartakusbund por los independientes y el debilitamiento del proletariado alemán. Rosa Luxemburg, antes de ser asesinada, y otros líderes de Spartakusbund parecían haberse dado cuenta de ese error de haberse fusionado con los Independientes y tendían a corregirlo. Pero ese error no sólo fue mantenido por la IC en Alemania, sino que se convirtió en el método practicado, impuesto por la IC, en todos los países para la formación de los partidos comunistas". No es cierto que se hubiera producido una fusión de la Spartakusbund con el USPD. El partido USPD fue fundado por el SAG (Sozialistische Arbeitsgemeinschaft, Grupo de Trabajo Socialista); el grupo "Die Internationale" (Spartakusbund) pasó a formar parte de él. Pero no fue una fusión como tal, pues ésta implicaría la disolución de la organización que se fusiona con la otra. De hecho, los espartaquistas mantuvieron su independencia organizativa y su capacidad de acción al tiempo que se proponían el objetivo de atraer a la izquierda de aquella formación a sus posiciones. Muy diferente fue el método de la IC a través de la fusión de diferentes grupos en un solo partido, "abandonando" la selección necesaria en aras de la "adición", "sacrificando los principios en aras de la cantidad".
Hay que rectificar también un error factual en este artículo. Se dice: "En Inglaterra, la IC obligará a los grupos comunistas a unirse al Partido Laborista Independiente para formar una oposición revolucionaria masiva dentro de ese partido reformista”. En realidad, lo que exigió la IC fue ni más ni menos que la integración pura y simple de los comunistas en el Partido Laborista. Este error de detalle no altera la sustancia del argumento de Internationalisme.
(14 de mayo de 2019)
(Internationalisme 1946)
A finales de 1945 se celebró el primer Congreso del recién formado Partido Comunista Internacionalista de Italia.
Este nuevo Partido del proletariado no surgió espontáneamente de la nada. Es el resultado de un proceso que comienza con la degeneración del antiguo Partido Comunista y de la Internacional Comunista. Esta degeneración oportunista hizo surgir dentro del propio partido la respuesta histórica de la clase: la Fracción de Izquierda.
Como todos los partidos comunistas formados después de la Primera Guerra Mundial, el Partido Comunista de Italia se componía de corrientes oportunistas y de corrientes revolucionarias en el momento de su formación.
La victoria revolucionaria del proletariado ruso y del Partido Bolchevique de Lenin en octubre de 1917, mediante su influencia decisiva en el movimiento obrero internacional, aceleró el proceso completándolo y precipitando la diferenciación y delimitación organizativa y política entre revolucionarios y oportunistas que convivían en los antiguos partidos socialistas de la II Internacional. La guerra de 1914 rompió esa unidad imposible que existía en los viejos partidos.
La Revolución de Octubre tuvo que acelerar la constitución de los nuevos partidos del proletariado. Pero esta influencia positiva de la Revolución de Octubre también contenía elementos negativos.
Al apresurar la formación de nuevos partidos, se impidió que la construcción se llevara a cabo basándose en la claridad de principios y un programa revolucionario. Estos sólo pueden ser elaborados después de una lucha política franca e inflexible para eliminar las corrientes oportunistas y los residuos de la ideología burguesa.
Al no haberse concluido el programa de la revolución, los antiguos Partidos Comunistas, construidos demasiado apresuradamente sobre la base de un apego sentimental a la Revolución de Octubre, ofrecieron demasiadas grietas a la penetración del oportunismo en los nuevos partidos del proletariado.
Además, la IC y los partidos comunistas de los distintos países verán, desde su fundación, cómo vuelve a resurgir la lucha entre revolucionarios y oportunistas. La lucha ideológica (que tenía que haberse hecho de antemano y haber sido la condición para la construcción del partido, que sólo puede protegerse de la gangrena oportunista mediante la formulación de principios y la construcción del programa) no se produjo sino después de la constitución de los partidos. De hecho, los antiguos partidos comunistas no sólo introdujeron la semilla del oportunismo en su seno a causa de su propia constitución, sino que además hicieron más difícil la lucha de las corrientes revolucionarias contra el oportunismo superviviente y camuflado dentro del propio nuevo Partido. Cada derrota del proletariado, al modificar la relación de fuerzas entre clases en contra de éste, promovió inevitablemente el fortalecimiento de las posiciones del oportunismo en el Partido, lo que a su vez se convirtió en un factor adicional de las derrotas posteriores del proletariado.
Si el desarrollo de la lucha entre las corrientes en el Partido alcanzó rápidamente un nivel tan alto de agudeza, ello se debe al período histórico en que vivimos. La Revolución proletaria salió fuera de las esferas de la especulación teórica. De haber sido ayer un ideal lejano se ha convertido hoy en un problema de actividad práctica e inmediata.
El oportunismo ya no se manifiesta en elucubraciones teóricas librescas que actúan como un veneno lento en el cerebro de los proletarios. En el momento actual de aguda lucha de clases, el oportunismo tiene una repercusión inmediata y se paga con millones de vidas de proletarios y de derrotas sangrientas de la Revolución. El oportunismo que surgió y se fortaleció en la IC y sus partidos fue la baza y el auxiliar principal del capitalismo contra la revolución al ser la extensión del enemigo de clase dentro del órgano tan decisivo del proletariado. Los revolucionarios no podían oponerse al Partido sino era consolidando su Fracción y proclamando la lucha abierta y a muerte contra él. La constitución de la Fracción significa que el Partido se convirtió en el teatro donde las expresiones de clases opuestas y antagónicas se enfrentan entre sí.
Significó el grito de guerra de los revolucionarios para salvaguardar al Partido de y para la clase, contra el capitalismo y sus agentes oportunistas y centristas, que tendían a apoderarse de él y convertirlo en un instrumento contra el proletariado.
La lucha entre la Fracción Comunista de Izquierda y las fracciones de centro y derecha por el Partido no es una lucha por la "dirección" del aparato, sino esencialmente programática; es un aspecto de la lucha general entre revolución y contrarrevolución, entre capitalismo y proletariado.
Esta lucha sigue el curso objetivo de las situaciones, los cambios en el equilibrio de poder entre las clases y está condicionada por ellas.
La única alternativa es: o triunfa el programa de la Fracción de Izquierda y queda eliminado el oportunismo, o, si no, es la traición abierta del Partido puesto al servicio del capitalismo. Pero cualquiera que sea el resultado de esa alternativa, el surgimiento de la Fracción significa que la continuidad histórica y política de la clase ha pasado definitivamente del Partido a la fracción y que ésta es la única que, desde entonces, expresa y representa a la clase.
De igual modo que el viejo Partido sólo pudo ser salvarse por el triunfo de la Fracción; de igual modo que la alternativa a la traición del viejo Partido, que remataba así su curso irremediable bajo la dirección del centrismo, el nuevo partido de clase sólo puede formarse sobre las bases programáticas de la Fracción.
La continuidad histórica de la clase se realiza mediante la sucesión Partido-fracción-Partido. Es ésa una de las nociones fundamentales de la Izquierda Comunista Internacional. Esta posición ha sido durante mucho tiempo un postulado teórico. La formación del PCInt de Italia y su Primer Congreso confirman históricamente la exactitud de este postulado.
La Fracción de Izquierda italiana, después de 20 años de lucha contra el centrismo, ha completado su función histórica transformándose y haciendo surgir el nuevo Partido del Proletariado.
Internationalisme nº 7
Si bien es cierto que la constitución del Partido está determinada por condiciones objetivas y no puede ser el resultado de la voluntad individual, el método utilizado para tal constitución ha dependido más directamente de un "subjetivismo" de los grupos y militantes que en él han participado. Son ellos los que sienten la necesidad de la constitución del Partido y la traducen en sus acciones. El elemento subjetivo también se convierte en un factor determinante en el proceso y lo sigue; e imprime una orientación para el desarrollo ulterior del Partido. Sin caer en un fatalismo impotente, sería muy peligroso ignorar las graves consecuencias que se derivan de la forma en que los hombres realizan y llevan a cabo las tareas de cuya necesidad objetiva han tomado conciencia.
La experiencia nos enseña la importancia decisiva del problema del método de constitución del Partido. Sólo los ignorantes o los descerebrados, aquellos para quienes la historia comienza sólo con su propia actividad, pueden darse el lujo de ignorar toda la rica y dolorosa experiencia de la Tercera Internacional. Y no es menos grave que ver a militantes muy jóvenes, que apenas han entrado en el movimiento obrero y en la Izquierda Comunista, no sólo contentarse con su ignorancia y acomodarse a ella, sino que la convierten en la base de su pretenciosa arrogancia.
El movimiento obrero tras la primera guerra imperialista mundial se encuentra en un estado de división extrema. La guerra imperialista rompió la unidad formal de las organizaciones políticas que reivindicaban al proletariado. La crisis del movimiento obrero, que ya existía antes, alcanzó su punto más álgido debido a la guerra mundial y a las posiciones que había que adoptar en respuesta a ella. Todos los partidos y organizaciones anarquistas, sindicales y marxistas se vieron violentamente zarandeadas. Se multiplicaron las divisiones. Surgieron nuevos grupos. Se produjo una delimitación política. La minoría revolucionaria de la II Internacional representada por los bolcheviques, la izquierda alemana de R. Luxemburg y los tribunistas holandeses, ya de por sí poco homogénea, dejó de estar frente a un bloque oportunista, pues entre ella y los oportunistas había un arco iris de grupos políticos y tendencias más o menos confusas, más o menos centristas, más o menos revolucionarias, que representaban un desplazamiento general de las masas que estaban separándose de la guerra, rompiendo con la unión sagrada, con la traición de los antiguos partidos socialdemócratas. Se asistió entonces al proceso de liquidación de los antiguos partidos cuyo desmoronamiento engendró una multitud de grupos. Estos grupos no eran tanto la expresión del proceso de formación del nuevo Partido, sino más bien el proceso de dislocación, liquidación y muerte del viejo Partido. Esos grupos contenían sin duda elementos para la formación del nuevo partido, pero no eran, en modo alguno, la base de tal formación. Aquellas corrientes expresaban esencialmente la negación del pasado y no la afirmación positiva del futuro. La base del nuevo Partido de clase no era sino la de la vieja izquierda y su labor crítica y constructiva, en las posiciones teóricas, en los principios programáticos que había elaborado durante los 20 años de su existencia y de su lucha fraccionaria dentro del antiguo Partido.
La revolución de octubre de 1917 en Rusia enardeció el entusiasmo entre las masas y aceleró el proceso de liquidación de los antiguos partidos, de la traición. Al mismo tiempo, planteó, de manera candente, el problema de la constitución del nuevo Partido y de la nueva Internacional. La antigua izquierda, los bolcheviques, los espartaquistas, se vieron abrumados por el rápido desarrollo de la situación objetiva, por el empuje revolucionario de las masas. Su precipitación en la construcción del nuevo Partido correspondía y era el resultado de la precipitación de acontecimientos revolucionarios en el mundo. Es innegable que una de las causas históricas de la victoria de la revolución en Rusia y su derrota en Alemania, Hungría e Italia radica en la existencia del Partido revolucionario en el momento decisivo en aquel país y en su ausencia o inexistencia en éstos últimos. Por eso, los revolucionarios trataron de cerrar la brecha entre la madurez de la situación objetiva y la inmadurez del factor subjetivo (la ausencia del Partido) mediante una amplia confluencia de grupos y corrientes políticamente heterogéneos, proclamando tal reunión como nuevo Partido.
El método "estrecho" (la selección basada en los principios más precisos, sin fijarse en los éxitos numéricos inmediatos) había permitido a los bolcheviques construir el Partido que, en el momento decisivo, fue capaz de integrar en su seno y asimilar todas las energías y militantes revolucionarios de las demás corrientes y, en última instancia, dirigir al proletariado hacia la victoria. El método "amplio", en cambio, preocupado sobre todo por reunir inmediatamente al mayor número de miembros a expensas de la precisión programática y de principios, debía conducir a la constitución de los Partidos de masas, colosos con pies de barro que acabarían cayendo, ante la primera derrota, en manos del oportunismo. La formación del Partido de clase es infinitamente más difícil en los países capitalistas avanzados -donde la burguesía conoce mil maneras de corromper la conciencia del proletariado- que en Rusia.
La IC creía que podía superar las dificultades utilizando métodos distintos al que había ganado en Rusia. La construcción del partido no es un problema de habilidades, sino esencialmente un problema de solidez programática.
Contra la mayor fuerza ideológica corruptora del capitalismo y sus agentes, lo único que el proletariado puede oponer es una mayor severidad e intransigencia de principios de su programa de clase. Por muy lento que parezca ese camino hacia la construcción del Partido, a los revolucionarios no les queda otro, sino es, como la experiencia ha demostrado, el que conduce a la bancarrota.
La experiencia de Spartakusbund es esclarecedora al respecto. Su fusión con los Independientes no condujo, como esperaban, a la creación de un partido de clase fuerte, sino que acabó en la asfixia de Spartakusbund por los independientes y el debilitamiento del proletariado alemán. Rosa Luxemburg, antes de ser asesinada, y otros líderes de Spartakusbund parecían haberse dado cuenta de ese error de haberse fusionado con los Independientes y tendían a corregirlo. Pero ese error no sólo fue mantenido por la IC en Alemania, sino que se convirtió en el método practicado, impuesto por la IC, en todos los países para la formación de los partidos comunistas.
En Francia, la IC "hará" un Partido Comunista mediante la fusión y unificación impuesta entre grupos de sindicalistas revolucionarios, grupos internacionalistas del Partido Socialista y la tendencia centrista, corrupta y podrida de los parlamentarios, dirigida por Frossard y Cachin.
En Italia, la IC también exigirá a la Fracción Abstencionista de Bordiga fundar una sola organización con las tendencias centristas y oportunistas de Ordine Nuovo y Serrati.
En Inglaterra, la IC obligará a los grupos comunistas a unirse al Partido Laborista Independiente para formar una oposición revolucionaria masiva dentro de ese partido reformista.
En resumen, el método que utilizará la IC para "construir" los partidos comunistas será el contrario al método utilizado y comprobado en la construcción del Partido Bolchevique.
Ya no es la lucha ideológica en torno al programa, la eliminación progresiva de las posiciones oportunistas lo que, mediante el triunfo de la Fracción Revolucionaria coherente, servirá de base para la construcción del Partido, sino la suma de diferentes tendencias, una amalgama en torno a un programa deliberadamente inacabado lo que servirá de base. Se abandonará la selección a favor de la suma, y se sacrificarán los principios en aras de la cantidad.
¿Cómo pudieron los bolcheviques y Lenin tomar el camino que ellos mismos habían condenado y combatido durante 20 años en Rusia? ¿Cómo puede explicarse el cambio en el método de formación del Partido, para los bolcheviques, entre antes y después de 1917? Lenin no se hacía ilusiones sobre los líderes oportunistas y centristas, sobre la conversión de los Frossard y otros Ledebour a la revolución, sobre la valía de los revolucionarios de última hora. Lenin no podía ignorar el peligro que representaba la admisión de toda aquella escoria en los partidos comunistas. Si decidió admitirlos, es porque estaba sometido a la precipitación de los acontecimientos, porque creía que esos elementos, en el desarrollo mismo de los acontecimientos, serían eliminados gradual y definitivamente del Partido. Lo que permitió a Lenin inaugurar el nuevo método es que se basaba en dos nuevos hechos que, en su opinión, ofrecían una garantía suficiente: la preponderancia política del Partido Bolchevique en la IC y el desarrollo objetivo del curso revolucionario. La experiencia ha demostrado desde entonces que Lenin cometió un error colosal al subestimar el peligro de una degeneración oportunista, siempre posible, de un partido revolucionario y tanto más favorecida cuando la formación del Partido no se basa en la eliminación de las tendencias oportunistas sino en camuflarlas, sumarlas, incorporarlas como elementos constitutivos del nuevo Partido.
Contra el método "amplio" de agregar que triunfó en la IC, la izquierda recordó con energía el método de seleccionar que era el de Lenin antes de la Revolución de Octubre. Y es uno de los mayores méritos de Bordiga y su fracción el haber luchado con la mayor energía contra el método de la IC y haber puesto de relieve el error del método de formación del Partido y las graves consecuencias que tuvo para el desarrollo ulterior de los partidos comunistas. Si la fracción de Bordiga finalmente aceptó formar el Partido Comunista de Italia junto con la facción "Ordine Nuovo", lo hizo sometiéndose a la decisión de la IC, después de haber formulado las críticas más severas y haber mantenido sus posiciones, unas posiciones que la fracción mantuvo en espera de hacerlas triunfar en las crisis inevitables dentro del Partido y tras la propia experiencia histórica viva y concreta.
Se puede decir hoy [1946] que de igual modo que la ausencia de partidos comunistas durante la primera ola de la revolución de 1918-20 fue una de las causas de su fracaso, el método de formación de los partidos en 1920-21, fue también una de las causas principales de la degeneración de los PC y la IC.
No es de extrañar que hoy, 23 años después de la discusión entre Bordiga y Lenin, se repita el mismo error en la propia formación del PCInt de Italia. El método de la IC, tan violentamente combatido por la Fracción de Izquierda (de Bordiga) y cuyas consecuencias fueron catastróficas para el proletariado, es hoy asumido por la propia Fracción para la construcción del PCInt de Italia.
Muchos camaradas de la Izquierda Comunista Internacional parecen estar sufriendo de amnesia política. Y, en caso de que recuerden las posiciones críticas de la izquierda sobre la constitución del Partido, quizás ahora crean que pueden saltárselas. Creen que el peligro de ese método está circunscrito y hasta totalmente anulado porque lo aplica la Fracción de Izquierda, es decir, el organismo que fue capaz de resistir a la degeneración oportunista de la IC durante 25 años. Volvemos así a caer en los argumentos de los bolcheviques. Lenin y los bolcheviques también creían que, como eran ellos los que aplicaban tal método, estaba garantizado. La historia demuestra que no hay infalibilidad. Ningún partido, sea cual sea su pasado revolucionario, está inmunizado contra la degeneración oportunista. Los bolcheviques tenían como mínimo tantos títulos revolucionarios que hacer valer como la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista. No sólo habían resistido al oportunismo de la II Internacional, la traición ante la guerra imperialista, no sólo habían formado el Partido, sino que también habían conducido al proletariado a la victoria. Pero todo este glorioso pasado -que ninguna otra fracción tiene todavía en su haber- no inmunizó al Partido Bolchevique. Cada error es una brecha en la armadura del Partido a través del cual se infiltra la influencia del enemigo de clase. Los errores tienen sus consecuencias lógicas.
El Partido Comunista Internacional de Italia se "construye" mediante la fusión, la adhesión de grupos y tendencias tan opuestos políticamente entre sí como lo eran la Fracción Abstencionista de Bordiga y "Ordine Nuovo" cuando se fundó el PC en 1921. En el nuevo Partido ocupan sus lugares, en igualdad de condiciones, la Fracción italiana y la Fracción Vercesi, la cual había sido excluida por su participación en el Comité de Coalición Antifascista. No es ya sólo una repetición del error metodológico de hace 25 años, sino incluso una repetición agravada.
Al formular nuestra crítica al método de creación del PCInt de Italia, nos limitamos a adoptar la posición de la Fracción Italiana, que ahora abandona. Y así como Bordiga seguía a Lenin contra el propio error de Lenin, lo único que hacemos es seguir la política de Lenin y Bordiga ante el abandono de sus posiciones por parte de la Fracción Italiana.
El nuevo partido no es una unidad política, sino un conglomerado, una suma de tendencias que inevitablemente habrán de emerger y chocar entre sí. El armisticio actual será muy temporal. La eliminación de una u otra corriente es inevitable. Tarde o temprano, será necesaria una delimitación política y organizativa. De nuevo, como hace 25 años, el problema es: ¿Quién saldrá vencedor?
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 80.86 KB |
Treinta años después de la caída del Muro de Berlín y del colapso del bloque del Este, el mundo se hunde aceleradamente en la miseria, el caos y la barbarie. Dos acontecimientos de la situación internacional dan fe de ello: una serie de revueltas populares en los países en que más se ha ahondado la crisis económica mundial, y una reciente alteración del equilibrio de fuerzas imperialistas en Siria que anuncia la evolución futura del caos guerrero Estos dos eventos son respectivamente analizados por sendos artículos de nuestra Revista.
El primer artículo: “Ante la agravación de la crisis económica mundial y la miseria, las "revueltas populares" representan un callejón sin salida [30]” informa de movilizaciones, a menudo muy masivas en Chile, Ecuador, Haití, Irak, Argelia, Líbano e Irán, frecuentemente acompañadas de una violencia indiscriminada y una represión sangrienta. Si la clase obrera está presente en estas "revueltas populares", interclasistas, estériles, portadoras de ideología democrática, e incapaces de oponerse a la lógica del capital, nunca es como una clase antagónica al capitalismo sino siempre diluida entre la población. Precisamente, la ausencia del proletariado de la escena social mundial, como consecuencia de su dificultad política para reconocerse a sí mismo como una clase específica dentro de la sociedad es lo que explica la multiplicación de tales movimientos. La participación en ellos sólo puede contribuir a aumentar esta dificultad política de la clase obrera.
El segundo artículo es “Invasión turca del norte de Siria: la cínica barbarie de la clase dominante ". ¿Qué significan la retirada norteamericana de Siria, el abandono de los kurdos que hasta entonces habían formado parte del sistema norteamericano, la invasión turca de Siria y, por último, el aposentamiento en el territorio del gran padrino ruso como "garante" de un equilibrio necesariamente precario? Los Estados Unidos van a delegar la defensa de sus intereses regionales en sus aliados en esa zona (Israel, Arabia Saudí, etc.) y, por qué no, considerará a Putin como un posible baluarte contra el inexorable ascenso de China. Estamos asistiendo a un episodio de la guerra de todos contra todos, un elemento que es central en los conflictos imperialistas desde la desaparición del sistema de bloques y que sigue ilustrando el cinismo de la clase dominante. Esto es evidente no sólo en las masacres que sus aviones, artillería y bombas terroristas están causando a la población civil de Siria, Irak, Afganistán o Gaza, sino también en la forma en que utilizan a quienes se ven forzados a huir de las zonas de masacre.
La guerra de todos contra todos es una consecuencia del desorden mundial resultante del hundimiento del bloque de los países del Este. Volveremos, en futuros artículos de nuestra página web, a analizar el conjunto de consecuencias para el mundo de ese colapso del bloque del Este, y también a desnudar la propaganda falsaria con que la burguesía acompañó este acontecimiento. Según ésta lo que se hundía no era una parte del mundo capitalista la que estaba colapsando, sino el "comunismo", por lo que este acontecimiento auguraba una era de paz y prosperidad.
Más que nunca, la situación mundial requiere que la clase obrera mundial acabe con este sistema para construir una nueva sociedad que, poniendo al servicio de la humanidad el enorme desarrollo de las fuerzas productivas logrado bajo el capitalismo, pueda ser liberada de la explotación, la miseria y las guerras. Pero esto debe hacerse antes de que este sistema, decadente desde hace más de un siglo, conduzca a la destrucción de estas mismas fuerzas productivas, de la naturaleza y de todo lo que permite la vida en la tierra, de tal manera que el daño se vuelva irreversible y el fin de la humanidad inevitable.
Todas las campañas orquestadas por la burguesía en torno a las "movilizaciones por el clima" tienen como objetivo esencial desvincular al capitalismo de la responsabilidad de la catástrofe ecológica, y hacerla recaer en las "viejas generaciones" por haber "vivido egoístamente malgastando los recursos del planeta". Sirven pues también a escamotear que la única solución a la amenaza de destrucción del planeta sólo puede venir de la revolución proletaria. Hemos denunciado ampliamente esta nueva ofensiva ideológica de la burguesía a través de artículos y folletos[1].
Pese a esa urgencia objetiva de la revolución proletaria, la clase obrera no está preparada para lanzarse al asalto del capitalismo. Primero debe recuperarse del terrible golpe a la confianza en su proyecto histórico que causaron las campañas sobre la muerte del comunismo que se prodigaron a partir de 1990 y que han afectado profundamente su capacidad de reconocerse a sí misma como la clase, la única clase, capaz de derrocar al capitalismo y construir la nueva sociedad.
Por otra parte, y como ya demostró la historia de la primera oleada revolucionaria, cualquier nuevo intento revolucionario del proletariado tendrá que poder contar con la presencia del futuro partido revolucionario mundial para poder salir victorioso. La fundación de este último no se decreta, sino que se prepara a través de la actividad de las minorías revolucionarias que, desde el fracaso de esa primera oleada revolucionaria mundial, han emprendido y transmitido la tarea de hacer balance de esta, de sus insuficiencias, así como de los errores y deficiencias de lo que, en aquel entonces, constituía la vanguardia. La Internacional Comunista. Ya en nuestro número anterior de la Revista intervinimos sobre este tema a través de artículos dedicados a las lecciones que debían extraerse de la fundación de la Internacional Comunista en 1919, y una de ellas en particular relacionado con la naturaleza tardía de esta fundación, mientras que la revolución alemana - crucial tanto para la supervivencia del poder soviético en Rusia como para la extensión de la revolución a los principales centros del capitalismo - ya estaba en marcha. Uno de estos artículos, "Cien años después de la fundación de la Internacional Comunista, qué lecciones para las luchas del futuro", insistía en otra importante lección, relativa a la crítica del método que se había utilizado en su fundación, favoreciendo ser más numerosos en lugar de la claridad de las posiciones y principios políticos. Esta debilidad no sólo no había armado al nuevo partido mundial, sino que sobre todo lo había hecho vulnerable al oportunismo que crecía en el seno del movimiento revolucionario. En este número de la Revista, publicamos la segunda parte de este artículo, que pretende destacar el combate político que las fracciones de izquierda emprendieron contra la línea de la IC, que se aferraba a las viejas tácticas del movimiento obrero que quedaron obsoletas con la apertura de la fase decadente del capitalismo.
Desde la primera oleada revolucionaria se han hecho considerables progresos teóricos y programáticos y los grupos proletarios más avanzados han comprendido que es necesario dar los pasos esenciales para la formación de un nuevo partido mundial antes de las confrontaciones decisivas con el sistema capitalista. A pesar de ello, este horizonte parece aún muy lejano. En este sentido, publicamos aquí la primera parte de un artículo, "La difícil evolución del medio político proletario desde mayo del 68", que da cuenta de las principales dificultades que han obstaculizado en su seno las necesarias clarificación organizada y cooperación, esencialmente por el peso del sectarismo. Esta valoración crítica es fundamental por cuanto el medio político proletario constituye necesariamente el crisol indispensable de la clarificación / decantación con vistas a la fundación del futuro partido mundial.
La historia ha demostrado lo difícil que es construir un partido político de vanguardia que esté a la altura de sus responsabilidades, como lo hizo el partido bolchevique en el primer intento revolucionario en 1917. Es ésta una tarea que requiere muchos y diversos esfuerzos. Precisa, ante todo, la máxima claridad sobre las cuestiones programáticas y sobre los principios de funcionamiento de la organización, una claridad que se basa necesariamente en toda la experiencia pasada del movimiento obrero y de sus organizaciones políticas. Hay una herencia común de la Izquierda Comunista y que la distingue de las demás corrientes de izquierda que surgieron de la Internacional Comunista. Por eso es importante definir los contornos históricos de la izquierda comunista y las diferencias que la distinguen de otras corrientes de izquierda, en particular la corriente trotskista, frente a los intentos de introducir confusión a este nivel. Este es el propósito de este artículo escrito para criticar las tentativas de este tipo provenientes de un grupo llamado Nuevo Curso.
Finalmente, como es tradicional en el movimiento obrero, los revolucionarios tienen la responsabilidad de dar a conocer las experiencias de lucha de su clase. Esto es lo que hemos hecho con la publicación de una serie de artículos que representan una contribución a una historia del movimiento obrero en Sudáfrica. Terminamos esta serie aquí con un artículo que destaca cómo la clase obrera, después de enfrentarse al "poder blanco" del apartheid, tuvo que enfrentarse al nuevo "poder negro" del ANC y Mandela después de la elección de este último en 1995. Ha tenido así la dolorosa experiencia de que, aun cuando las "cabezas cambien" al frente del Estado, la explotación y la represión siguen siendo las mismas.
(20/11/2019)
[1] A propósito de esto ver en nuestra web nuestra hoja internacional: “Solo la lucha de clases internacional puede poner fin al curso del capitalismo hacia la destrucción” [31], distribuido sobre todo en las manifestaciones sobre el clima.
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 106.42 KB |
En todo el mundo, los ataques contra la clase obrera se están extendiendo y profundizando[1]. La clase dominante está tratando desesperadamente de frenar los efectos de la decadencia histórica de su propio modo de producción a costa, como siempre, de los trabajadores, a quienes se obliga a pagar el precio de esa agonía. En los países "ricos" se multiplican los planes de despidos, sobre todo en Alemania y el Reino Unido. Algunos de los países calificados de "emergentes" (Brasil, Argentina, Turquía) ya están en recesión, con todo lo que esto implica para la situación de los trabajadores. En cuanto a los proletarios de países que no son ni "ricos" ni "emergentes", su situación es aún más dramática; la población no explotadora también está sumida en un pozo son fondo de miseria.
En particular estos últimos países han sido recientemente escenario de movimientos populares en respuesta a los sacrificios que, una y otra vez, se les exigen por parte del capital, y que son a menudo ejecutados por gobiernos plagados de corrupción, y desacreditados y odiados por la población. Hablamos de los movimientos que hemos visto en Chile, Ecuador[2], Haití, Irak, Argelia, Líbano y, más recientemente, en Irán. Estas movilizaciones, a menudo muy masivas, se han visto acompañadas en algunos países de brotes de violencia y represión sangrienta. También en el masivo movimiento de protesta en Hong Kong, que no ha partido esencialmente en respuesta a la pobreza o la corrupción, sino contra el fortalecimiento del arsenal represivo que haría posible las extradiciones a la China continental, hemos visto recientemente la aparición de un mayor nivel de represión: la policía ha disparado a manifestantes a quemarropa[3].
Si la clase obrera participa en estas "revueltas populares", jamás lo hace como clase antagónica al capitalismo, sino anegada en eso que se llama el “pueblo”. Es más: son precisamente las dificultades que arrostra para reconocer su propia identidad de clase y su ausencia de la escena social mundial lo que explica precisamente la multiplicación de estos movimientos populares estériles que no son capaces de oponerse a la lógica del capital. Más que favorecer la emergencia futura de una respuesta de la clase obrera y, con ella, de la única perspectiva viable - la lucha contra el sistema capitalista -, las revueltas populares, interclasistas, carentes de porvenir, sólo enfoscan esa perspectiva. En realidad, refuerzan aún más las dificultades de la clase obrera para asumir su combate de clase contra las expresiones crecientes de la bancarrota del capitalismo. Estas movilizaciones, en realidad, no pueden impedir el hecho de que las contradicciones de este sistema, que serán cada vez más profundas, empujen más y más fuerte a la clase obrera mundial a afrontar todas las dificultades a las que se enfrenta en la actualidad. El papel de los revolucionarios es decisivo para ello puesto que son los únicos capaces de hacer una crítica inflexible de sus debilidades.
Tras años de repetidos ataques, a menudo es un nuevo ataque, no necesariamente relevante, el que “enciende la mecha”.
En Chile, el aumento del precio del metro en Santiago fue "la gota que colmó el vaso". "En las manifestaciones uno de los lemas que han surgido es: “El problema no son los 30 centavos [de aumento], sino los 30 años [de ataques]". En este país, el salario mensual es inferior a 400 euros, la precariedad es general, los costes de los alimentos y los servicios son desproporcionados, los sistemas públicos de educación y salud son insuficientes, y el sistema de pensiones condena a los jubilados a la miseria.
En Ecuador, el movimiento de protesta vino propiciado por un aumento repentino del precio del transporte que se suma al incremento del coste de todos los productos o servicios básicos, añadido a congelación de los salarios, despidos masivos, y la "donación" obligatoria de una jornada laboral al Estado, la reducción de los permisos y otras medidas que significan mayor deterioro y precariedad de las condiciones de vida.
En Haití, la escasez de combustible golpea a la población como una calamidad adicional que lleva a la parálisis del país más pobre de América Latina, uno de los pocos del planeta en que la tasa de pobreza extrema no cesa de crecer.
Si bien la crisis económica es, por lo general, la causa principal de los ataques a las condiciones de vida, esto se superpone, en algunos países como Líbano e Irak, a las consecuencias traumáticas y dramáticas de las tensiones imperialistas y las guerras sin fin de Oriente Medio.
En el Líbano, la causa de la “revuelta” es la imposición de una tasa a las llamadas por WhatsApp en el país con la mayor deuda per cápita del mundo. Cada año el gobierno añade nuevos impuestos, un tercio de la población está desempleada y las infraestructuras son muy pobres. En Irak, desde el primer día de un movimiento espontáneo que surgió de llamamientos a manifestarse nacidos en las redes sociales, los manifestantes piden empleo y que funcionen los servicios públicos expresando su enojo contra una clase dominante tachada de corrupta.
En Irán, el aumento de los precios de la gasolina se suma a una situación de profunda crisis económica agravada por las sanciones estadounidenses contra el país.
En Chile, los intentos de lucha han sido desviados al terreno de la violencia nihilista sin ninguna perspectiva, característica de la descomposición capitalista. También hemos visto, favorecido por el propio Estado, la aparición del lumpen en actos de violencia irracional y minoritaria. Este clima de violencia ha sido desde luego utilizado por el Estado para justificar la represión e intimidar al proletariado. Según cifras oficiales, se han producido 19 muertes. La tortura ha reaparecido como en los peores momentos de Pinochet. Sin embargo, la burguesía chilena acabó por darse cuenta de que la represión brutal no era suficiente para calmar el descontento. El gobierno de Piñera entonó entonces un mea culpa, adoptó una postura de "humildad", dijo "haber entendido" el "mensaje del pueblo", retirando “provisionalmente” las medidas adoptadas y abriendo la puerta a la "concertación social". Es decir, los ataques se impondrán por "negociación", desde la mesa de "diálogo" donde se sientan los partidos de la oposición, los sindicatos, los empresarios, todos juntos "representando a la nación". ¿Por qué este cambio de táctica? Porque la represión no es eficaz si no va acompañada del engaño democrático, la trampa de la unidad nacional y la disolución del proletariado en la masa amorfa del "pueblo"[4].
En Ecuador, las asociaciones de transporte paralizaron el tráfico y el movimiento indígena, así como otros grupos diversos, se unieron a la movilización. Las protestas de los empresarios del transporte y de otros sectores de pequeños agricultores tienen lugar en un terreno "ciudadano" y, sobre todo, nacionalista. Es en este contexto que las nacientes movilizaciones de los trabajadores contra los ataques -en el sur de Quito, Tulcán y la provincia de Bolívar- constituyen una brújula para la acción y la reflexión frente al estallido de la "movilización" de la pequeña burguesía.
La República de Haití se encuentra en una situación cercana a la parálisis general. Las escuelas están cerradas, las principales carreteras entre la capital y las regiones están bloqueadas por cortes de carreteras y muchas tiendas están cerradas. El movimiento se acompaña de manifestaciones a menudo violentas, mientras que las bandas criminales (entre las 76 bandas armadas registradas en todo el territorio..., al menos tres están a sueldo del gobierno, el resto bajo el control de un exdiputado y senadores de la oposición) cometen abusos, bloquean las carreteras y chantajean a los escasos automovilistas. El domingo 27 de octubre, un guardia de seguridad privada disparó contra los manifestantes, matando a una persona. Luego fue linchado por la multitud y quemado vivo. Un informe no oficial indica que unas 20 personas han muerto en dos meses.
Argelia. Una vez más, una marea humana invadió las calles de Argel en el aniversario del estallido de la guerra contra el colonizador francés. La movilización es similar a la registrada en el apogeo del "Hirak", el movimiento de protesta sin precedentes que tiene lugar en Argelia desde el pasado 22 de febrero. Se opone masivamente a las elecciones presidenciales que el Gobierno pretende celebrar el próximo 12 de diciembre para elegir al sucesor de Bouteflika, considerando que sólo pretende remodelar este "sistema".
Irak. En varias provincias del sur, los manifestantes han atacado instituciones y oficinas de partidos políticos y grupos armados. Funcionarios, sindicatos, estudiantes y escolares se manifestaron y comenzaron las sentadas. Aunque la represión de estas manifestaciones ha causado hasta ahora, según un informe oficial, la muerte de 239 personas - la mayoría de ellas por munición real -, la movilización ha continuado en Bagdad y en el sur del país. Desde el comienzo de la protesta, los manifestantes han declarado repetidamente que rechazan el apoyo político a tal o cual fracción del poder puesto que pretender renovar a toda la clase política. También, dicen, hay que liquidar el complicado sistema de reparto de puestos en función de confesiones religiosas o etnias, que aboca al clientelismo y que siempre mantiene a los jóvenes, aunque sean la mayoría de la población, fuera de juego. En los últimos días, ha habido enormes y eufóricas manifestaciones y piquetes que han paralizado universidades, escuelas y administraciones. Además, se produjeron asaltos nocturnos a sedes de partidos y milicias.
Líbano. La ira popular es generalizada y trasciende a todas las comunidades, religiones y regiones del país. La cancelación del nuevo impuesto sobre las llamadas a través de WhatsApp no impidió que la revuelta se extendiera por todo el país. La renuncia de Saad Hariri no significa más que una mínima parte de las exigencias de la población. Los libaneses exigen la salida de toda la clase política, a las que se tacha de corrupta e incompetente, así como un cambio radical en el sistema.
Irán. Tan pronto como se anunció el aumento del precio de la gasolina se produjeron violentos enfrentamientos con las fuerzas policiales que causaron varias muertes en ambos bandos, en particular en el lado de los manifestantes.
En todas las revueltas populares interclasistas mencionadas anteriormente, y de acuerdo con la información que hemos podido recopilar, la clase obrera sólo muy ocasionalmente ha logrado manifestarse como tal, incluso en situaciones como la de Chile, donde la causa principal de las movilizaciones ha sido claramente la necesidad de defenderse de ataques económicos.
A menudo, la "revuelta" toma como objetivo privilegiado, o incluso único, a quienes detentan el poder, a los que se culpa de todos los males que abruman a la población, pero eluden atacar el sistema al que éstos sirven. Centrar la lucha en reemplazar a los políticos corruptos es obviamente un callejón sin salida porque, cualesquiera que sean los equipos en el poder, cualquiera que sea su nivel de corrupción, sólo actuarán y sólo podrán actuar en defensa de los intereses de la burguesía, ejecutando las políticas que necesite el capitalismo en crisis. Se trata de un callejón sin salida verdaderamente peligroso puesto que viene "legitimado" por las reivindicaciones democráticas, "por un sistema limpio" etc., cuando en realidad la democracia es la forma privilegiada de dominación de la burguesía para mantener su dominio de clase sobre la sociedad y el proletariado. Resulta muy significativo que, en Chile, después de la feroz represión y ante una situación cuya explosividad había sido subestimada por la burguesía, ésta pasó a una nueva etapa en su respuesta a través de un ataque político poniendo en marcha los organismos democráticos de mistificación y encuadramiento, enfocados a la redacción de una “nueva constitución" lo que se presenta como una victoria del movimiento de protesta.
La reivindicación democrática diluye a los proletarios en el conjunto de la población, nubla la conciencia de su lucha histórica, los somete a la lógica de la dominación del capitalismo, los reduce a la impotencia política.
El interclasismo y la democracia son dos métodos que se complementan de forma terriblemente eficaz contra la lucha autónoma de la clase obrera. Y esto es aún más cierto si cabe cuanto que en el período histórico abierto con el colapso del bloque del Este y las engañosas campañas sobre la muerte del comunismo[5], el proyecto histórico del proletariado ha dejado, momentáneamente, de sustentar más o menos consciente su lucha. Cuando esta lucha consigue abrirse paso, lo hace contrarrestando el fenómeno general de la descomposición de la sociedad donde el individualismo, el “cada uno a la suya”, la falta de perspectivas, etc. tienen mayor peso[6].
Los estallidos de violencia que a menudo acompañan a las revueltas populares no son sinónimos de radicalidad. Esto es evidente cuando son obra de los lumpen tanto si actúan por sí mismos o al dictado de la burguesía, con su reguero de vandalismo, saqueos, incendios, violencia irracional y minoritaria. Lo más importante sin embargo es comprender que esa violencia, aunque estos no obedezcan directamente a las instituciones estatales, es destructiva para quienes la practican y se opone radicalmente a la violencia de la clase obrera[7]. Puesto que carecen de una perspectiva de transformación radical de la sociedad para abolir la miseria, las guerras, la creciente inseguridad y otras calamidades del capitalismo en agonía, sólo pueden estar marcadas por todas las taras de la sociedad capitalista en decadencia.
El pudrimiento del movimiento de protesta en Hong Kong representa una clara ilustración de ello, ya que la cada vez más evidente ausencia de perspectivas -de hecho, no podía tener ninguna ya que estaba confinado al campo "democrático" sin cuestionar al capitalismo-, ha derivado en una gigantesca venganza por parte de los manifestantes contra la violencia policial, y luego de los propios policías, a veces espontáneamente, contra los manifestantes que les agreden. Esto lo que constatan algunos órganos de la prensa burguesa: "Nada de lo que Pekín podría haber intentado para frenarlos ha funcionado. Ni la retirada de la ley de extradición, ni la represión policial, ni la prohibición de llevar máscaras en la vía pública. Ahora ya estos jóvenes hongkoneses no se nutren de una esperanza sino por un ansia de separarse, a falta de cualquier otra salida posible"[8].
Algunos creen -o quieren que creamos- que cualquier violencia en esta sociedad, cuando se ejerce contra las fuerzas represivas del Estado, habría de ser apoyada pues sería similar a la necesaria violencia de clase que ejerce el proletariado cuando lucha contra la opresión y explotación capitalista[9]. Esto un profundo malentendido o una gran mistificación. De hecho, la violencia ciega de los movimientos interclasistas no tiene nada que ver con la violencia de clase del proletariado, que es liberadora, para la supresión de la explotación del hombre por el hombre, a diferencia de la del capitalismo, que es opresiva, con el objetivo en particular de defender la sociedad de clases. La violencia de los movimientos interclasistas es desesperada, a imagen de la pequeña burguesía, que carece de un futuro propio y a la que no le queda más que la nada más que alinearse detrás de la burguesía o el proletariado.
Así pues, la trilogía "interclasismo, reivindicación democrática, violencia indiscriminada" es el sello distintivo de las revueltas populares que están emergiendo en todo el mundo en respuesta a la acelerada degradación de todas las condiciones de vida que afectan a la clase obrera, a otros estratos no explotadores y a la pequeña burguesía totalmente empobrecida. El movimiento de “los chalecos amarillos” que apareció en Francia hace un año también pertenece a esta categoría de revueltas populares[10]. Estos movimientos sólo pueden contribuir a oscurecer a los ojos de los proletarios lo que es la verdadera lucha de clases, a reforzar sus dificultades actuales para concebirse a sí mismos como una clase de sociedad, diferente de las demás clases, con su lucha específica contra la explotación y su misión histórica de derrocar al capitalismo.
Por eso, la responsabilidad de los revolucionarios y de las minorías más conscientes de la clase obrera es trabajar para que la clase obrera se apropie de sus propios métodos de lucha, en cuyo centro se encuentra la lucha masiva; la asamblea general como foro de discusión y decisión defendida contra los intentos de sabotaje de los sindicatos, abierta a todos los sectores de la clase obrera; la extensión a otros sectores confrontando las maniobras de aislamiento que propician los sindicatos y la izquierda del capital[11]. Aun cuando estas perspectivas aparezcan hoy distantes, y así sucede hoy en muchas partes del mundo, sobre todo cuando la clase obrera es muy minoritaria y carece de experiencia histórica, constituyen sin embargo en todas partes la única brújula que permitirá que el proletariado no se disuelva y se pierda.
Silvio. (17/11/2019)
[2] Sobre Chile ver Chile: el dilema no es Democracia o Dictadura sino Barbarie Capitalista o Revolución Proletaria Mundial https://es.internationalism.org/content/4486/chile-el-dilema-no-es-democracia-o-dictadura-sino-barbarie-capitalista-o-revolucion [34] Sobre Ecuador: LOS EFECTOS DE LA DESCOMPOSICIÓN CAPITALISTA EN EL ECUADOR, SÓLO EL PROLETARIADO PODRÁ DETENER LA BARBARIE https://es.internationalism.org/content/4490/los-efectos-de-la-descomposicion-capitalista-en-el-ecuador-solo-el-proletariado-podra [35]
[3] Ver Protestas masivas callejeras en Hong Kong: Las ilusiones democráticas son una trampa peligrosa para el proletariado https://es.internationalism.org/content/4453/protestas-masivas-callejeras-en-hong-kong-las-ilusiones-democraticas-son-una-trampa [36] y Manifestaciones en Hong Kong: Cuando el imperialismo alimenta el mito democrático https://es.internationalism.org/content/4467/manifestaciones-en-hong-kong-cuando-el-imperialismo-alimenta-el-mito-democratico [37]
[4] Para más información y análisis sobre la situación en Chile, ver nuestro artículo Movimiento Social en Chile: la dictadura o democracia alternativa es un callejón sin salida [34].
[5] Pronto volveremos en artículos en nuestra prensa a analizar el considerable impacto de estas falsas campañas sobre la lucha de clases y destacaremos cómo el estado del mundo se ha convertido en lo opuesto a la era de paz y prosperidad que anunciaron entonces.
[6] Ver Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [38] e Informe sobre la Descomposición hoy https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017 [39]
[7] Ver la Resolución sobre el terror, el terrorismo y la violencia de clase, https://es.internationalism.org/revista-internacional/197810/2134/resolucion-sobre-el-terror-el-terrorismo-y-la-violencia-de-clase [40]
[8] "Los manifestantes de Hong Kong no están impulsados por la esperanza" en The Atlantic
[9] Desde este punto de vista, es muy esclarecedor comparar las recientes revueltas en Chile con el episodio de la lucha obrera en Argentina conocido como el Cordobazo en 1969, sobre el cual recomendamos leer nuestro artículo "El Cordobazo argentino (mayo de 1969): eslabón en una cadena de movilizaciones obreras en todo el mundo". [41]
[10] Ver nuestro suplemento. Balance del movimiento de los chalecos amarillos. Un movimiento interclasista, un obstáculo a la lucha de clases [42]
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 125.18 KB |
La llamada telefónica de Trump a Erdogan el 6 de octubre fue una especie de luz verde para una importante invasión turca del norte de Siria y una brutal operación de limpieza contra las fuerzas kurdas que hasta ahora habían controlado la zona con el apoyo de Estados Unidos. Ha provocado igualmente una tormenta de indignación tanto entre los "aliados" de los EE.UU. en Europa, como entre gran parte de la clase dirigente militar y política de Washington, sobre todo por parte del propio ex secretario de defensa de Trump, "Mad Dog" – Perro Loco - Mattis. La principal crítica vertida respecto al abandono de los kurdos por parte de Trump ha sido que socavará toda la credibilidad de Estados Unidos como un aliado en el que se puede confiar: en resumen, un desastre a nivel diplomático. Pero también existe la preocupación de que la retirada de los kurdos dé lugar a un resurgimiento de las fuerzas islámicas, cuya contención ha sido casi exclusivamente resultado de la acción de las fuerzas kurdas apoyadas por la potencia aérea estadounidense. Los kurdos han estado custodiando miles de prisioneros de Daesh de los que algunos cientos ya se han escapado de la cárcel.
La acción de Trump ha disparado las alarmas en el seno de la burguesía norteamericana, acrecentando la preocupación causada por su estilo presidencial impredecible y egoísta convertido en un auténtico peligro para Estados Unidos, o incluso que pierda la poca estabilidad mental que le queda bajo la presión que puede significar la actual campaña de destitución en su contra. Es cierto que su comportamiento resulta cada vez más incontrolable, mostrándose no sólo como un ignorante (“los kurdos no nos apoyaron en el desembarco de Normandía”, llegó a afirmar) sino como un vulgar truhan (como en su carta a Erdogan advirtiéndole que no se portase como un bobo o un matón, que el líder turco tiró inmediatamente a la basura, sus amenazas de destruir la economía de Turquía...). Gobierna a golpe de tweet, toma decisiones impulsivas, hace caso omiso de los consejos de las personas de su entorno y luego tiene que dar marcha atrás al minuto siguiente, como se vio en el envío apresurado de Pence y Pompeo a Ankara para preparar un alto el fuego en el norte de Siria.
Pero no nos detengamos demasiado en la personalidad de Trump. En primer lugar, él no es más que una expresión de la descomposición progresiva que afecta a su clase, un proceso que en todas partes da lugar a "hombres fuertes" que incitan a las pasiones más bajas, que se jactan de su desprecio por la verdad y las reglas tradicionales del juego político, desde Duterte a Orban, y desde Modi a Boris Johnson. Por mucho que Trump se haya precipitado con Erdogan, lo cierto es que la política de retirar tropas de Oriente Medio no ha sido un invento de Trump, sino que se remonta a la administración de Obama, que reconoció el fracaso total de la política estadounidense en Oriente Medio desde principios de los años 90, y la consiguiente necesidad de “reorientar” su política imperialista hacia el Lejano Oriente para contrarrestar la creciente amenaza del imperialismo chino.
La última vez que Estados Unidos dio “luz verde” en Oriente Medio fue en 1990, cuando la embajadora estadounidense April Glaspie hizo saber que Estados Unidos no interferiría si Sadam Husein invadía Kuwait. Era una astuta trampa, urdida con la idea de desencadenar una operación masiva de EE.UU. en la zona que obligara a sus socios occidentales a unirse a una gran cruzada. Fue en el momento en que, tras el colapso del bloque ruso en 1989, el bloque occidental ya empezaba a desvanecerse, y Estados Unidos, única superpotencia superviviente, necesitaba hacer valer su autoridad mediante una espectacular demostración de fuerza[1]. Guiada por una ideología "neocon" casi mesiánica, la primera guerra del Golfo fue seguida de otras aventuras militares estadounidenses, en Afganistán en 2001 e Irak en 2003[2]. Pero el creciente desapego a estas operaciones por parte de sus antiguos aliados y, sobre todo, el caos absoluto que provocaron en Oriente Medio, atrapando a las fuerzas estadounidenses en conflictos insostenibles contra las insurgencias locales, pusieron de manifiesto el fuerte declive de la capacidad de Estados Unidos para controlar el mundo. En este sentido, hay una lógica detrás de las acciones impulsivas de Trump, que además respaldan amplios sectores de la burguesía norteamericana. El imperialismo USA ha reconocido que no puede gobernar el Medio Oriente ocupando el terreno ni siquiera a través de su poderío aéreo. Va a apoyarse cada vez más en sus aliados más fiables de la región -Israel y Arabia Saudí- para defender sus intereses mediante una acción militar, en particular contra la creciente potencia de Irán (y, a más largo plazo, contra la potencial presencia de China como competidor serio en la región).
El alto el fuego negociado por Pence y Pompeo -que Trump afirma que salvará "millones de vidas"- no modifica en lo esencial el abandono de los kurdos, ya que su objetivo es permitir que las fuerzas kurdas puedan retirarse mientras el ejército turco afirma su control del norte de Siria. Hay que decir que este tipo de "traición" no es nada nuevo. En 1991, en la guerra contra Saddam Hussein, los EE.UU. bajo Bush padre animaron a los kurdos del norte de Irak a levantarse contra el régimen de Saddam, y a continuación permitieron que Saddam siguiera en el poder aplastando el levantamiento kurdo con el mayor salvajismo. Irán también ha intentado utilizar a los kurdos de Irak contra Sadam. Pero todas las potencias de la región, y las potencias mundiales que las apoyan, siempre se han opuesto a la formación de un Estado unificado del Kurdistán, lo que significaría la ruptura de los acuerdos nacionales existentes en Oriente Medio.
Las fuerzas armadas kurdas, por su parte, nunca han dudado en venderse al mejor postor. Esto es lo que está ocurriendo hoy mismo: la milicia kurda ha buscado inmediatamente acogerse a Rusia y al propio régimen de Assad para que les proteja de la invasión turca.
Este ha sido, por lo demás, el destino de todas las luchas de "liberación nacional" desde al menos la Primera Guerra Mundial: sólo han podido prosperar bajo el ala de una u otra potencia imperialista. Esa misma “lógica” se aplica en todo Oriente Medio en particular: el movimiento nacional palestino buscó el apoyo de Alemania e Italia en los años 30 y 40, de Rusia durante la Guerra Fría, y de diversas potencias regionales en el desorden mundial desatado por el colapso del sistema de bloques. Mientras tanto, la dependencia del sionismo del apoyo imperialista (principalmente, pero no sólo, de los EE.UU.) no necesita demostración, pero no es una excepción a la regla general. Los movimientos de liberación nacional pueden adoptar muchas banderas ideológicas - estalinismo, islamismo, incluso, como en el caso de las fuerzas kurdas en Rojava, una especie de anarquismo[3] - pero sólo pueden atrapar a los explotados y oprimidos en las interminables guerras del capitalismo en su época de decadencia imperialista.
El beneficiario más obvio de la retirada de Estados Unidos de Oriente Medio ha sido Rusia. Durante los años setenta y ochenta, la URSS se vio obligada a renunciar a la mayoría de sus posiciones en Oriente Medio, en particular a su influencia en Egipto y, sobre todo, a sus intentos de controlar Afganistán. Su último puesto de avanzada, y un punto vital de acceso al Mediterráneo, fue Siria y el régimen de Assad, amenazado de colapso por la guerra que arrasó el país después de 2011 y los avances realizados por los rebeldes "prodemocráticos" y, sobre todo, por el Estado islámico. La intervención masiva de Rusia en Siria ha salvado al régimen de Assad y le ha devuelto el control a la mayor parte del país, pero es muy dudoso que esto hubiera sido posible si Estados Unidos, desesperado por verse atascado en otro pantano después de Afganistán e Irak, no hubiera cedido efectivamente el país a los rusos. Esto ha sembrado divisiones en la burguesía norteamericana con algunas de sus facciones, sobre todo las más asentadas en el aparato militar, que todavía se muestran enormemente recelosas de todo lo que los rusos puedan hacer, mientras Trump y sus acólitos ven a Putin como alguien con quien se puede negociar y como un posible baluarte contra el ascenso aparentemente inexorable de China.
El refortalecimiento de Rusia en Siria requiere el desarrollo de una nueva relación con Turquía, que gradualmente se fue distanciando de los EE. UU., sobre todo por el apoyo de éstos a los kurdos en su operación contra el Daesh en el norte de Siria. Pero la cuestión kurda ya está creando dificultades para el acercamiento ruso-turco: ya que una parte de las fuerzas kurdas se dirige ahora a Assad y a los rusos en busca de protección, mientras que militares sirios y rusos ocupan la zona que antes controlaban los combatientes kurdos, por lo que hay un riesgo de confrontación entre Turquía, por un lado, y Siria con su aliado ruso por otro. Por el momento ese riesgo parece diluirse con el acuerdo concluido entre Putin y Erdogan en Sochi el 22 de octubre[4]. Este acuerdo otorga a Turquía el control de una “zona tampón” en el norte de Siria a expensas de los kurdos, confirmando también el papel de Rusia como principal árbitro de la región. Falta por saber si esta componenda podrá superar los antagonismos que hace mucho tiempo enfrentan a Turquía y la Siria de Assad. La guerra de todos contra todos, una característica fundamental de los conflictos imperialistas desde la desaparición del sistema de bloques, en pocos sitios se ilustra más nítidamente que en Siria.
Por el momento, la Turquía de Erdogan también puede felicitarse por su rápida progresión militar en el norte de Siria y por la limpieza de los "nidos terroristas" kurdos. La incursión también ha significado una bendición para Erdogan a nivel interno: después de acumular durante el ultimo años algunos reveses electorales graves para su partido – el AKP -, la ola de histeria nacionalista desatada por la aventura militar ha dividido a la oposición, que está formada por los "demócratas" turcos y el Partido democrático de los pueblos (HDP) kurdo.
Erdogan puede, por el momento, volver a vender el sueño de un nuevo imperio otomano, Turquía recuperaría su antiguo lustre, el protagonismo en la arena imperialista mundial, cuando antes fue el "hombre enfermo de Europa" a principios del siglo XX. Pero encaminarse hacia una acción que ya resulta enormemente caótica puede significar fácilmente una trampa peligrosa para los turcos a largo plazo. Y, sobre todo, esta nueva escalada del conflicto sirio aumentará considerablemente su ya gigantesco coste humano. Más de 100.000 civiles ya se han visto desplazados, lo que aumenta grandemente la pesadilla de los refugiados que están dentro de Siria, mientras que un objetivo secundario de la invasión es reenviar a los cerca de 3 millones de refugiados sirios, que actualmente viven en condiciones extremas en campamentos turcos, en el norte de Siria, en gran medida a expensas de la población local kurda.
El cinismo de la clase dominante se revela no sólo en el asesinato en masa causados por su aviación, su artillería o sus bombas terroristas que llueven sobre la población civil de Siria, Irak, Afganistán o Gaza; sino también por la forma en que utiliza a quienes se ven obligados a huir de las zonas de masacre. La UE, ese supuesto modelo de virtud democrática, confió hace ya años a Erdogan el papel de carcelero de los refugiados sirios bajo su "protección", impidiéndoles que se sumen a las olas que se dirigen hacia Europa. Ahora Erdogan ve en la limpieza étnica del norte de Siria una solución a esta carga y amenaza -si la UE critica sus acciones- con empujar una nueva oleada de refugiados hacia Europa.
Los seres humanos sólo son útiles para el capital si pueden ser explotados o empleados como carne de cañón. La barbarie descarnada de la guerra en Siria es sólo un anticipo de lo que el capitalismo tiene reservado para toda la humanidad si perdurase. Pero las principales víctimas de este sistema, todos aquellos a quienes explota y oprime, no son objetos pasivos, En el último año transcurrido hemos podido vislumbrar la posibilidad de reacciones masivas contra la pobreza y la corrupción de la clase dominante en las revueltas sociales de Jordania, Irán, Irak y, más recientemente, en Líbano. Estos movimientos tienden a ser muy confusos, infectados por el veneno de las ilusiones nacionalistas, y necesitan una afirmación neta por parte de la clase obrera actuando en su propio terreno de clase. Esta es una responsabilidad vital no sólo para los obreros de Oriente Medio, sino también para todos los trabajadores del mundo entero, y sobre todo para los obreros de los países centrales del capitalismo, donde la tradición política autónoma del proletariado nació y tiene sus raíces más profundas.
Amos, 23.10.19
[1] Ver GUERRA DEL GOLFO: Masacres y caos capitalistas https://es.internationalism.org/revista-internacional/200902/2489/guerra-del-golfo-masacres-y-caos-capitalistas [47]
[2] Ver La guerra 'antiterrorista' siembra el terror y la barbarie https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/234/la-guerra-antiterrorista-siembra-el-terror-y-la-barbarie [48] y Guerra en Irak: La confrontación entre las grandes potencias agudiza el caos y la barbarie capitalista https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200512/349/guerra-en-irakla-confrontacion-entre-las-grandes-potencias-agudiza-el-c [49]
[3] Ver en nuestra web “Los anarquistas y el imperialismo kurdo” [50]. Un análisis más en profundidad del nacionalismo Kurdo puede verse (en inglés) en https://en.internationalism.org/icconline/201712/14574/kurdish-nationalism-another-pawn-imperialist-conflicts [51]
[4] Aunque posteriormente tuvieron lugar enfrentamientos sangrientos entre fuerzas militares turcas y sirias el 29 de octubre (Nota de la traducción)
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 180.63 KB |
En la primera parte de este artículo recordábamos las circunstancias en las que se fundó la Tercera Internacional (la Internacional Comunista). La existencia del partido mundial dependía sobre todo de la extensión de la revolución a escala mundial, y su capacidad para asumir sus responsabilidades ante la clase dependía del modo en el que afrontaría el reagrupamiento de revolucionarios del que surgió, en primer lugar. Sin embargo, como dijimos, el método que se adoptó en la fundación de la Internacional Comunista (IC), favoreciendo la cantidad numérica por encima de la clarificación de posiciones y principios políticos, no dio las armas adecuadas al nuevo partido mundial. Y lo que es peor, lo hizo vulnerable al surgimiento de un oportunismo rampante en el seno del movimiento revolucionario. En esta segunda parte, queremos destacar el contenido de la lucha llevada a cabo por las fracciones de izquierda contra la línea de la IC que se empeñaba en mantener viejas tácticas, obsoletas por la entrada del capitalismo en su fase de decadencia.
Esta nueva fase en la vida del capitalismo requería una redefinición de ciertas posiciones programáticas y organizacionales, para permitir que el partido mundial orientara adecuadamente al proletariado en su propio terreno de clase.
Como señalábamos en la primera parte del artículo, el Primer Congreso de la Internacional Comunista destacó que la destrucción de la sociedad burguesa formaba ya parte, plenamente, de la agenda histórica. Efectivamente, el periodo de 1918-1919 fue testigo de una verdadera movilización del proletariado mundial en su conjunto[1], empezando por Europa:
La oleada revolucionaria se extendió entonces al continente americano:
Y también por África y Asia:
Bajo estas condiciones, los revolucionarios de la época tenían buenas razones para decir que ''la victoria de la revolución proletaria a escala mundial está asegurada. La fundación de una República Soviética Internacional está en camino''[2]. Hasta entonces, la extensión de la oleada revolucionaria por Europa y por todo el mundo confirmaba las tesis del Primer Congreso:
"1) El periodo actual es el periodo de la desintegración y colapso de todo el sistema capitalista mundial, que arrastrará a toda la civilización europea consigo si el capitalismo, con sus contradicciones insolubles, no es destruido.
2) La tarea actual del proletariado es tomar el poder estatal inmediatamente. Este asalto del poder estatal significa la destrucción del aparato estatal de la burguesía y la organización de un nuevo aparato de poder proletario"[3].
La nueva época que se abría, de guerras y revoluciones, enfrentaba al proletariado mundial y su partido con problemas nuevos. La entrada del capitalismo en su fase de decadencia equivalía, directamente, a la necesidad de la revolución, y modificaba en cierta manera la forma en la que la lucha de clases se iba a desarrollar.
La oleada revolucionaria consagró la forma, finalmente hallada, de la dictadura del proletariado: los soviets. Pero también mostró que los métodos y formas de lucha heredados del siglo XIX, como los sindicatos y el parlamentarismo, se habían agotado.
``En el nuevo periodo, fue la práctica de los obreros mismos la que puso en cuestión las viejas tácticas sindicalistas y parlamentaristas. El proletariado ruso disolvió el parlamento tras tomar el poder y, en Alemania, una significativa masa de trabajadores se pronunció a favor de boicotear las elecciones de diciembre de 1918. En Rusia como en Alemania, la organización de consejos apareció como la única forma de lucha revolucionaria, reemplazando al sindicato. Por añadidura, la lucha de clases en Alemania puso al descubierto el antagonismo entre el proletariado y los sindicatos´´[4].
Las corrientes de izquierda de la Internacional se organizaron sobre unas claras bases políticas: la entrada del capitalismo en su fase decadente imponía un único camino a seguir; el de la revolución proletaria y la destrucción del Estado burgués, con la mira puesta en la abolición de las clases sociales y la construcción de una sociedad comunista. Desde entonces en adelante, la lucha por reformas y la propaganda revolucionaria en los parlamentos burgueses carecían ya de sentido. En muchos países, el rechazo a las elecciones supuso para las fracciones de izquierda la posición que una auténtica organización comunista debía adoptar:
Para todos estos grupos, el rechazo del parlamentarismo se convirtió en una cuestión de principios: la conclusión práctica de los análisis y posiciones adoptados en el Primer Congreso de la IC. Sin embargo, la mayoría de la IC no lo veía así, empezando por los bolcheviques; incluso si no había ambigüedades en torno al carácter reaccionario de los sindicatos y la democracia burguesa, la lucha en su interior no debía ser abandonada. El Comité Ejecutivo de la IC envió una circular el 1 de septiembre de 1919 apoyando este paso atrás, que volvía a la vieja concepción socialdemócrata de ver el parlamento como una colina que conquistar para la revolución: ''[los militantes] van al parlamento para apropiarse de su maquinaria, y ayudar a las masas que están tras sus muros a volarlo por los aires''[6].
Los primeros pasos de la oleada revolucionaria, citados arriba, mostraron claramente que los sindicatos eran órganos de lucha obsoletos; aún peor, se habían situado ya contra la clase obrera[7]. Pero fue en Alemania, incluso más que en ningún otro sitio, donde este problema se manifestó de la forma más crucial, y fue aquí donde los revolucionarios pudieron entender de forma más clara la necesidad de romper con los sindicatos y el sindicalismo. Para Rosa Luxemburgo, los sindicatos habían dejado de ser ''organizaciones obreras, sino los protectores más fuertes del Estado y la sociedad burguesa. Por tanto, huelga decir que la lucha por el socialismo no puede llevarse a cabo sin la lucha por la liquidación de los sindicatos''[8].
Los líderes de la IC no lo tenían tan claro. Aunque denunciaban a los sindicatos controlados por la socialdemocracia, seguían conservando la ilusión de poder reorientarlos por el camino proletario:
``¿Qué pasará ahora con los sindicatos?¿Qué camino van a seguir? Los viejos líderes sindicales intentarán empujarlos hacia el camino de la burguesía […] ¿Seguirán los sindicatos la vieja vía del reformismo? […] Estamos decididamente convencidos de que la respuesta es no. Un viento nuevo sopla a través de las mohosas oficinas sindicales. […] Creemos que se está formando un nuevo movimiento sindical´´[9].
Fue por esta razón que, en sus primeros días de vida, la IC aceptó en sus filas a sindicatos de oficio e industria nacionales y regionales. En este caso destaca el ejemplo de los elementos del sindicalismo revolucionario, como los de la IWW. Si bien éstos rechazaban tanto el parlamentarismo como la actividad en los viejos sindicatos, eran hostiles a la actividad política y, por tanto, a la necesidad de un partido político del proletariado. Esto solo podía reforzar la confusión existente en la IC sobre la cuestión organizacional, ya que estaba aceptando a grupos que eran claramente ''anti- organización''.
El grupo más lúcido al respecto de la cuestión sindical fue sin duda el ala izquierda del KPD, mayoría en el partido, que fue expulsada del mismo por sus dirigentes Levi y Brandler. Eran hostiles no solo a los sindicatos que estaban en manos de socialdemócratas, sino a cualquier otra forma de sindicalismo, como el sindicalismo revolucionario anti- político y el anarcosindicalismo. Fue esta mayoría la que fundó el KAPD en abril de 1920, cuyo programa declaraba abiertamente:
"Junto al parlamentarismo burgués, los sindicatos forman el principal obstáculo contra el desarrollo de la revolución proletaria en Alemania. Su actitud durante la guerra mundial es bien conocida […] Han mantenido su actitud contrarrevolucionaria hasta hoy, durante todo el periodo de la revolución alemana".
Viendo la posición centrista de Lenin y los líderes de la IC, el KAPD replicó:
"Revolucionar los sindicatos no es una cuestión de individuos: el carácter contrarrevolucionario de estas organizaciones yace en su estructura y su modo específico de funcionar. De aquí fluye lógicamente el hecho de que sólo la destrucción de los sindicatos puede despejar el camino hacia la revolución social en Alemania"[10].
Cierto es que estas dos importantes cuestiones no podían resolverse de la noche a la mañana. Pero la resistencia al rechazo del parlamentarismo y el sindicalismo pusieron al descubierto las dificultades que tenía la IC a la hora de comprender todo lo que implicaba la decadencia del capitalismo para el programa comunista. La expulsión de la mayoría del KPD y el posterior acercamiento con los Independientes (USPD), que controlaban la oposición en los sindicatos oficiales, fue un signo añadido del ascenso del oportunismo programático y organizacional en el seno del partido mundial.
Al comienzo de 1920, la IC empieza a defender la formación de partidos de masas: ya por la fusión de grupos comunistas con corrientes centristas, como por ejemplo en Alemania entre el KPD y el USPD; ya por la entrada de grupos comunistas en partidos de la Segunda Internacional, como por ejemplo en Gran Bretaña, donde la IC pide la entrada del Partido Comunista en el Partido Laborista. Esta nueva orientación vuelve la espalda completamente al trabajo del Primer Congreso, que había declarado la bancarrota de la socialdemocracia. Se trató de justificar esta maniobra oportunista por la convicción de que la victoria de la revolución podía ser inexorable gracias a la ingente cantidad de trabajadores organizados, posición que combatió el Buró de Ámsterdam, compuesto por la izquierda de la IC[11].
El Segundo Congreso, que se celebró del 19 de julio al 7 de agosto de 1920, anticipó la enconada batalla entre la mayoría de la IC, liderada por los bolcheviques, y las corrientes de izquierda, en torno a cuestiones tácticas y también principios organizativos. El congreso se celebró en plena ''guerra revolucionaria''[12], en la que el Ejército Rojo marchó sobre Polonia con la creencia de poder unirse a la revolución en Alemania. A pesar de que el Segundo Congreso seguía siendo consciente del peligro del oportunismo, y que tenía en cuenta que el partido estaba aún amenazado por ``el peligro de dilución por elementos inestables e irresolutos, que todavía no han abandonado completamente la ideología de la Segunda Internacional´´[13], este Segundo Congreso empezó a hacer concesiones, sobre todo comparado con los análisis del Primer Congreso, aceptando la integración parcial de algunos partidos social-demócratas, aun profundamente marcados por las concepciones de la Segunda Internacional[14].
Para prepararse frente a ese peligro, se escribieron las 21 condiciones de admisión en la IC contra elementos centristas y derechistas, pero también contra la izquierda. Durante la discusión de las 21 condiciones, Bordiga se distinguió por su determinación en la defensa del programa comunista, y advirtió a todo el partido del peligro de las concesiones en los términos de admisión:
"La fundación de la Internacional Comunista en Rusia nos llevó de vuelta al marxismo. El movimiento revolucionario que salvamos de las ruinas de la Segunda Internacional se dio a conocer con programa propio, y el trabajo que comenzó entonces llevó a la formación de un nuevo órgano estatal sobre la base de una constitución oficial. Creo que nos encontramos en una situación que no ha nacido por accidente, sino que muy al contrario ha sido determinada por el curso de la historia. Creo que estamos bajo amenaza por el peligro que supone la penetración en nuestro medio de elementos derechistas y centristas[15].[...] Estaríamos sin duda en gran peligro si cometiéramos el error de aceptar a esta gente en nuestras filas. […] Los elementos de derecha aceptan nuestras tesis, pero de forma insatisfactoria y con reservas. Nosotros los comunistas debemos exigir que esta aceptación sea completa y sin restricciones de cara al futuro. […] Pienso que, tras el Congreso, se debe conceder un tiempo al Comité Ejecutivo para comprobar si se están cumpliendo todas las obligaciones que se han acordado imponer a los partidos de la Internacional Comunista. Y una vez hecho esto y cumplido este, llamémoslo así, periodo de organización, se deben cerrar las puertas. […] El oportunismo debe combatirse en todas partes. Y, sin embargo, esta tarea se hará muy difícil si, en los mismos momentos en los que tomamos medidas para purgar la Internacional Comunista, se les abren las puertas a esos elementos, que están deseando entrar. He hablado en nombre de la delegación italiana. Nos hemos comprometido a combatir a los oportunistas en Italia. Pero lo que no queremos es ver cómo, tras expulsarlos, son recibidos en la Internacional Comunista de nuevo. Desde aquí os decimos, tras haber trabajado con vosotros, que queremos volver a nuestro país a formar un frente contra todos los enemigos de la revolución comunista"[16].
Ciertamente, las 21 condiciones hicieron de espantapájaros frente a elementos oportunistas que llamaban a la puerta del partido. Pero incluso si Lenin podía decir que la corriente de izquierda era ``un millar de veces menos peligrosa y menos grave que el error representado por el doctrinarismo de derecha´´, los muchos pasos atrás que se dieron en cuestiones tácticas debilitaron gravemente a la Internacional, especialmente en el periodo que seguiría, caracterizado por la retirada y el aislamiento que contradijeron las predicciones de los líderes de la IC. Inevitablemente, estas garantías no aseguraron la resistencia de la IC frente a la presión del oportunismo. En 1921, el Tercer Congreso sucumbe finalmente al espejismo de los números adoptando las ''Tesis sobre la Táctica'' de Lenin, que defendían el trabajo parlamentario y sindical y la formación de partidos de masas. Con este giro de 180 grados, el partido tiraba por la ventana el programa de 1918 del KPD, una de las dos bases fundadoras de la IC.
El KAPD nace en abril de 1920, fruto de la oposición a la política oportunista del KPD. Aunque en su programa hay una mayor influencia de las tesis de la izquierda holandesa que de las de la IC, exigió su admisión inmediata en la Tercera Internacional.
Cuando Jan Appel y Franz Jung[18] llegaron a Moscú, Lenin les pasó el manuscrito de lo que se acabaría convirtiendo en La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, escrito para el Segundo Congreso con el objetivo de exponer su posición sobre las debilidades de las corrientes de izquierda.
La delegación holandesa tuvo la oportunidad de tomar notas del panfleto de Lenin durante el Congreso. Se le encargó a Herman Gorter redactar una respuesta al mismo, que apareció en julio de 1920 (Carta abierta al camarada Lenin). Gorter se apoyó mucho en el texto que había publicado Pannekoek unos meses antes con el título Revolución mundial y táctica comunista, aunque no podemos profundizar en los detalles de esta polémica aquí[19]. Sin embargo, debemos señalar que las diferentes cuestiones que se trataron se acababan haciendo eco de un punto fundamental: ¿en qué grado imponía nuevos principios al movimiento revolucionario la entrada en la era de guerras y revoluciones? ¿Todavía eran posibles los ''compromisos''?
Para Lenin, el ''doctrinarismo'' de izquierda era una ''enfermedad infantil''; ''los comunistas jóvenes'', aún ''inexperimentados'', habían cedido a la impaciencia y al ''infantilismo intelectual'' en lugar de defender ''seriamente las tácticas de una clase revolucionaria'' según la ''particularidad de cada país'', teniendo en cuenta el movimiento general de la clase obrera.
Para Lenin, rechazar el trabajo en sindicatos y parlamentos y oponerse a alianzas entre partidos comunistas y socialdemócratas no tenía ningún sentido. La adhesión de las masas al comunismo no dependía exclusivamente de la propaganda revolucionaria; Lenin consideraba que las masas tenían que desarrollar ''su propia experiencia política''. Para ello, era esencial que la amplia mayoría de las grandes masas se alistase en las organizaciones revolucionarias, cualquiera que fuese su nivel de claridad política. Las condiciones objetivas habían madurado, el camino a la revolución estaba claro...
No obstante, como señaló Gorter en su respuesta, la victoria de la revolución mundial dependía sobre todo de las condiciones subjetivas, es decir, de la capacidad de la clase obrera mundial para extender y profundizar en su conciencia de clase. La debilidad de esta conciencia de clase, en general, la ilustraba la práctica ausencia de una vanguardia proletaria verdadera en Europa occidental, como destacó Gorter. Por tanto, el error de los bolcheviques y de la IC era "intentar compensar este retraso con recetas tácticas que expresan una visión oportunista, en la que la claridad y el proceso orgánico de desarrollo son sacrificados en aras de un crecimiento numérico artificial y a toda costa"[20].
Esta estrategia, basada en la búsqueda de éxitos inmediatos, se fundamentó en la opinión de que la revolución no se desarrollaba lo suficientemente rápido, de que a la clase le estaba costando demasiado extender la lucha y de que, enfrentados a esta lentitud, había que hacer ''concesiones'' aceptando el trabajo en sindicatos y parlamentos.
Mientras la IC veía la revolución como una especie de fenómeno inevitable, las corrientes de izquierda concluían que ``la revolución en Europa occidental [sería] un proceso larguísimo´´ (Pannekoek), plagado de retrocesos y derrotas, empleando la expresión de Rosa Luxemburgo. La historia respaldó las posiciones de las corrientes de izquierda de la IC. El izquierdismo no fue por tanto una ''enfermedad infantil'' del movimiento comunista sino, muy al contrario, el debido tratamiento contra la infección oportunista que se extendió en las filas del partido mundial.
¿Qué lecciones nos da la creación de la Internacional Comunista? Si el Primer Congreso había demostrado la capacidad del movimiento revolucionario para romper con la Segunda Internacional, los congresos que seguirían demostraron hasta qué punto se acabó retrocediendo. De hecho, mientras que el congreso fundacional reconoció el paso de la socialdemocracia al campo de la burguesía, el Tercer Congreso la rehabilitó, optando por la táctica de la alianza en un ''frente único''. Este cambio de dirección confirmó que la IC era incapaz de responder a los nuevos problemas que suponía el periodo de decadencia. Los años que siguieron a su fundación estuvieron marcados por la retirada y la derrota de la oleada revolucionaria internacional y, por tanto, el creciente aislamiento del proletariado en Rusia. Este aislamiento fue la razón fundamental de la degeneración de la revolución. Bajo estas condiciones y con pocas armas a su disposición, la IC fue incapaz de resistir la presión del oportunismo. También ella habría de despojarse de su contenido revolucionario y convertirse en un órgano de la contrarrevolución que defendiera únicamente los intereses del Estado soviético.
Fue en el corazón mismo de la IC donde las fracciones de izquierda hicieron acto de presencia para luchar contra su degeneración. Excluidas una tras otra durante los años 20, continuaron con su lucha política para asegurar la continuidad entre la IC en degeneración y el partido del futuro, aprendiendo de las lecciones del fracaso de la oleada revolucionaria. Las posiciones que elaboraron y defendieron estos grupos respondían a los problemas que surgieron en la IC con el periodo de decadencia. En torno a las cuestiones programáticas, las izquierdas estaban de acuerdo en que el partido debía ''mantenerse duro como el acero y claro como el cristal'' (Gorter), lo que implicaba una selección rigurosa de militantes y no el agrupamiento de grandes masas a expensas de diluir los principios. Esto es exactamente lo que los bolcheviques dejaron atrás en 1919, tras la creación de la Internacional Comunista. Los compromisos como método de construcción de la organización se convertirían en un factor activo de la degeneración de la IC. Como señaló Internationalisme en 1946: "Se puede decir hoy que de igual modo que la ausencia de partidos comunistas durante la primera ola de la revolución de 1918-20 fue una de las causas de su fracaso, el método de formación de los partidos en 1920-21, fue también una de las causas principales de la degeneración de los PC y la IC"[21]. Al favorecer la cantidad por encima de la calidad, los bolcheviques pusieron en cuestión la lucha que llevaron a cabo en 1903, en el Segundo Congreso del POSDR. Para la izquierda, que luchaba por la claridad programática y organizativo como prerrequisito para ser miembro de la IC, el número reducido de militantes no constituía una virtud eterna sino un paso indispensable: ``si tenemos el deber de confinarnos temporalmente en números reducidos no es porque sintamos especial predilección por una situación así, sino porque tenemos que dar ese paso para fortalecernos´´ (Gorter).
La IC nació en plena tormenta de los combates revolucionarios. En estas condiciones, era imposible aclarar de un día para otro todos los problemas que tuvo que afrontar. El partido del futuro no debe caer en la misma trampa: debe fundarse antes de que comience la oleada revolucionaria, confiando en una sólida base programática e, igualmente, en principios de funcionamiento previamente clarificados. No fue este el caso de la IC en aquel periodo.
Narek
8 de julio de 2019
[1]Ver nuestro artículo ''Lecciones de 1917-23 - La primera oleada revolucionaria del proletariado mundial [16]
'', Revista Internacional nº80, 1995
[2]Lenin, en su discurso de clausura del Primer Congreso de la Internacional Comunista, J. Degras (de.), ''La Internacional Comunista 1919-1943, Documentos'', Cass, 1971, p. 2
[3]''Invitación al Primer Congreso de la Internacional Comunista'', J. Degras (de.), ''La Internacional Comunista 1919-1943, Documentos'', Cass, 1971, p. 2
[4]La izquierda comunista germano-holandesa, CCI, p. 136
[5]La Izquierda Comunista italiana, ,CCI, p. 18
[6]La Izquierda Comunista germano-holandesa, CCI, p. 137
[8]Citado por A. Proudhommeaux, Spartacus et la Commune de Berlin 1918-1919, Ed. Spartacus, p. 55 (en francés)
[9]Carta del Comité Ejecutivo de la IC a los sindicatos de todo el mundo, Degras, op. cit., p. 88
[11]En otoño de 1919, la IC formó un secretariado temporal con base en Alemania, compuesto por el ala derecha del KPD, y otro buró temporal en Holanda que reunió a comunistas de izquierda hostiles al giro derechista del KPD
[12]Esta ''guerra revolucionaria'' fue una catastrófica decisión política que la burguesía polaca aprovechó para movilizar a parte de la clase obrera polaca contra la República de los Soviets
[13]Preámbulo a ''Condiciones de admisión en la IC´´, Degras, op. cit., p. 168
[14]Esto es lo que decía al respecto el Punto 14 de las ''Tareas Básicas de la Internacional Comunista'': ``El grado en el que el proletariado de los países más importantes, desde el punto de vista de la economía y política mundiales, está preparado para llevar a cabo su dictadura, lo ha dejado claro con la mayor objetividad y precisión posibles la ruptura de los partidos más influyentes de la Segunda Internacional – el Partido Socialista Francés, el Partido Social-demócrata Independiente de Alemania, el Partido Laborista Independiente inglés y el Partido Socialista de América – con la Internacional amarilla, así como su decisión de adherirse condicionalmente a la Internacional Comunista. […] El quid de la cuestión ahora es cómo hacer para que este cambio sea completo y consolidar lo que se ha conseguido en una forma organizada duradera, para que ese avance pueda extenderse a toda su línea sin más vacilaciones´´. (Degras, op. cit., p. 124)
[15]Respectivamente, los social-patriotas y los social-demócratas: ``estos partidarios de la Segudna Internacional que creen que es posible alcanzar la liberación del proletariado sin lucha de clases armada, sin la necesidad de levantar la dictadura del proletariado tras la victoria, en el momento de la insurrección´´ (ver nota 16)
[16]Discurso de Bordiga sobre las condiciones de admisión en la IC, Segundo Congreso de la Internacional Comunista, Volumen 1, 1977, p. 221-224
[17]Este término corresponde a la corriente comunista de izquierda que apareció en la IC y que se opuso al centrismo y oportunismo que crecían en el seno del partido. No tiene nada que ver con el término que se da a las organizaciones que pertenecen a la izquierda del capital
[18]Son los dos delegados que mandó el KAPD al 2º Congreso de la IC para presentar un esbozo del programa de su partido
[19]Para más detalles consultar La izquierda comunista germano-holandesa, Cap. 4: La izquierda holandesa en la Tercera Internacional
[20]Íbid., p. 50
[21] Sobre el Primer Congreso del Partido Comunista Internacionalista de Italia https://es.internationalism.org/content/4431/sobre-el-primer-congreso-del-partido-comunista-internacionalista-de-italia [56]
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 206.59 KB |
En la primera parte de este artículo, examinamos algunos de los hechos más importantes acaecidos en el medio proletario internacional después de los acontecimientos de Mayo del 68 en Francia. Comprobábamos que, aunque el resurgir de la lucha de clases dio un ímpetu significativo a la reactivación del movimiento político proletario y, por lo tanto, al agrupamiento de sus fuerzas, esta dinámica empezó a encontrar dificultades desde principios de la década de los 80. Retomamos la historia a partir de esta fecha. Esta "historia" no pretende ser exhaustiva y no vamos a disculparnos porque se haga desde la perspectiva "partidista" de la CCI. Podrá completarse en el futuro con contribuciones de compañeros con experiencias y perspectivas diferentes.
La huelga de masas en Polonia en 1980 demostró la capacidad de la clase obrera para organizarse independientemente del Estado capitalista, para unificar sus luchas en todo un país, para unir sus reivindicaciones económicas y políticas. Pero como dijimos en su momento: al igual que en Rusia en 1917, el problema pudo plantearse en Polonia, pero sólo podría resolverse a nivel internacional[1]. La clase obrera de Europa occidental, en particular, se vio ante un reto: el empeoramiento irreversible de la crisis capitalista exigía alcanzar las mismas cotas de autoorganización y unificación de sus luchas, pero al mismo tiempo ir más allá del movimiento en Polonia en cuanto a politización. Los obreros polacos, al luchar contra un régimen brutal que afirmaba que los sacrificios que exigía eran otras tantas etapas hacia un futuro comunista, no pudieron, en lo político, rechazar toda una serie de mistificaciones políticas, en especial la de que sus condiciones podían mejorar con un régimen democrático que permitiera a "sindicatos libres" organizar a la clase obrera. La tarea específica de los obreros de Occidente, conocedores durante muchos años de la amarga experiencia del fraude de la democracia parlamentaria y el papel de sabotaje de los sindicatos formalmente separados del Estado capitalista, era desarrollar una perspectiva verdaderamente proletaria: la huelga masiva que avanzaba hacia la confrontación directa con el sistema capitalista, lo cual es el objetivo de una sociedad verdaderamente comunista.
No cabe la menor duda de que los trabajadores occidentales estuvieron a la altura del reto luchando contra una nueva serie de ataques a su nivel de vida, ataques llevados a cabo por regímenes de derechas en el poder, dispuestos a imponer niveles masivos de desempleo para "reducir" el inflado aparato económico heredado del período keynesiano de la posguerra. En Bélgica, en 1983, los trabajadores dieron pasos importantes hacia la extensión de la lucha, no basándose en deliberaciones de dirigentes sindicales, sino enviando delegaciones masivas a otros sectores para invitarlos a unirse al movimiento. En los dos años siguientes, las huelgas de los trabajadores del automóvil, del acero, de la imprenta y especialmente de la minería en Reino Unido fueron la respuesta del proletariado al nuevo régimen "thatcheriano".
Aquellas huelgas llevaban en sí un potencial real de unificación, siempre que se deshicieran de la rancia idea sindical de que el enemigo capitalista podría ser derrotado resistiendo el mayor tiempo posible encerrado en un sector. En otros lugares de Europa -entre los ferroviarios y los sanitarios en Francia, o los de la educación en Italia-, los trabajadores fueron más lejos al intentar romper el control paralizante de los sindicatos, organizándose en asambleas generales con comités de huelga elegidos y revocables, y haciendo tímidos esfuerzos por coordinar esos comités.
Como hemos dicho en la primera parte de este artículo, era absolutamente necesario que las pequeñas organizaciones revolucionarias que existían en aquel entonces, incluso con sus medios limitados, participaran en esas luchas, hicieran oír su voz mediante prensa, volantes, intervenciones, en manifestaciones, piquetes y asambleas generales, hicieran propuestas concretas para extender y autoorganizar la lucha, desempeñaran un papel en la formación de grupos de obreros combativos que trataran de estimular la lucha y sacar las lecciones más importantes. La CCI dedicó gran parte de sus recursos en la década de 1980 a esas tareas, y entablamos una serie de polémicas con otras organizaciones proletarias que, en nuestra opinión, no habían captado suficientemente el potencial de aquellas luchas, especialmente porque carecían de una visión general e histórica de la "marcha" del movimiento de la clase[2].
Y sin embargo, como también hemos reconocido en otros lugares[3], nos ha faltado también a nosotros claridad sobre las dificultades crecientes de la lucha. Tuvimos tendencia a subestimar la importancia de las duras derrotas sufridas por sectores emblemáticos como el de los mineros del Reino Unido, a no calibrar bien la reticencia de la clase hacia los métodos y la ideología sindicales: incluso cuando había una fuerte tendencia a organizarse fuera de los sindicatos, la extrema izquierda de la burguesía creó sindicatos postizos, o incluso "coordinaciones" extra-sindicales para mantener la lucha dentro de los límites de la defensa de los intereses sectoriales y, en última instancia, del sindicalismo. Y sobre todo, a pesar de la determinación y la combatividad de aquellas luchas, no hubo muchos avances en el desarrollo de una perspectiva revolucionaria. La politización del movimiento permaneció, en el mejor de los casos, embrionaria.
Desde finales de los años 80, hemos defendido que tal situación -la de una clase obrera lo bastante fuerte como para resistir el empuje hacia otra guerra mundial, pero incapaz de ofrecer a la humanidad la perspectiva de una nueva forma de organización social- era una especie de callejón sin salida social que daba paso libre a lo que denominamos fase de descomposición social[4]. El desmoronamiento del bloque del Este en 1989, que marcó la entrada definitiva en esa nueva fase de la decadencia del capitalismo, fue como una alarma que nos hizo reflexionar profundamente sobre el porvenir del movimiento de clase internacional que se había manifestado en oleadas sucesivas desde 1968. Empezamos a comprender que el nuevo período plantearía dificultades considerables para la clase obrera, especialmente (pero no sólo) debido a la poderosa campaña ideológica desencadenada por la burguesía que proclamó la muerte del comunismo y la refutación final del marxismo[5].
En la primera parte de este artículo, observamos que, ya a principios de los años ochenta, el medio político proletario había pasado por una crisis importante, marcada por el fracaso de las Conferencias Internacionales de la Izquierda Comunista, las escisiones dentro de la CCI y la implosión del Partido Comunista Internacional bordiguista (Programme Communiste). Las principales organizaciones políticas de la clase obrera entraron así en ese nuevo e incierto período en un estado de debilitamiento y desunión. El fracaso general de la clase para politizar sus luchas también significó que el crecimiento muy significativo del medio político proletario a fines de los años sesenta y setenta había comenzado a desacelerarse o estancarse. Además, desde nuestro punto de vista, ninguna de las organizaciones existentes, excepto la CCI, disponía del marco teórico para comprender las características de la nueva fase de decadencia: algunos de ellos, como los bordiguistas, rechazaban más o menos totalmente el concepto de decadencia, mientras que otros, como Battaglia Comunista y la CWO –Communist Workers Organisation- ahora agrupados en el BIPR (Buró Internacional para el Partido Revolucionario), usaban un concepto de decadencia pero no estaban interesados en evaluar la relación de fuerzas histórica entre las clases (a lo que nosotros llamábamos la cuestión del "curso histórico"). De ahí que la idea de un impasse social no tuviera sentido para ellos.
El peligro principal de la descomposición para la clase obrera es que gradualmente socava la base misma de su naturaleza revolucionaria, o sea su capacidad, en realidad necesidad fundamental, de asociación. La tendencia a "sálvese quien pueda" es inherente al modo de producción capitalista, pero adquiere una nueva intensidad, incluso una nueva cualidad, en esta fase final de la decadencia capitalista. Esta tendencia puede ser resultado de factores materiales e ideológicos - por la dispersión física de las concentraciones proletarias resultante de despidos y deslocalizaciones masivas, y por el esfuerzo deliberado de dividir a los obreros (por cuestiones nacionales, raciales, religiosas, etc.); por la competencia por el empleo o los beneficios sociales y por las campañas ideológicas sobre lo bueno que es el consumo o la democracia. Su efecto global es socavar la capacidad del proletariado de considerarse a sí mismo como una clase con intereses específicos, de unirse como clase contra el capital. Esto está estrechamente vinculado a la disminución de las luchas de la clase obrera en las últimas tres décadas.
La minoría revolucionaria, como parte de la clase, no se libra de la presión de un sistema social cuya ausencia de futuro es una evidencia patente. Para los revolucionarios, el principio de asociación se expresa en la formación de organizaciones revolucionarias y la participación en actividades militantes organizadas. La tendencia opuesta es la huida hacia soluciones individuales, la pérdida de confianza en la actividad colectiva, la desconfianza en las organizaciones revolucionarias y la desesperanza ante el futuro. Cuando se derrumbó el bloque del Este y comenzó a surgir la perspectiva de un profundo declive de la lucha de clases, nuestro camarada Marc Chirik, que había experimentado toda la dureza del período contrarrevolucionario y había resistido a su impacto mediante una actividad militante en las fracciones de la Izquierda Comunista, dijo en cierta ocasión: "Ahora se verá quiénes son los militantes de verdad". Por desgracia, Marc, que murió en 1990, ya no está aquí para ayudarnos a adaptarnos a unas condiciones en las que a menudo nadamos contra la corriente, aunque sí que hizo todo lo que pudo para transmitirnos los principios organizativos que son la mejor defensa contra futuras tempestades.
En la primera parte de este artículo ya hemos explicado que las crisis son un producto inevitable de la situación de las organizaciones revolucionarias en la sociedad capitalista, del bombardeo incesante de la ideología burguesa en sus diversas formas. La CCI siempre ha sido favorable a dar cuenta de sus propias dificultades y divergencias internas, aunque su objetivo sea presentarlas de manera coherente y no simplemente "poniéndolo todo encima de la mesa". También subrayamos que las crisis siempre deben obligar a la organización a aprender de ellas y, por lo tanto, a fortalecer su propio arsenal político.
La progresiva descomposición de la sociedad capitalista tiende a hacer que tales crisis sean más frecuentes y peligrosas. Así fue sin duda el caso en la CCI en los años noventa y a principios de este siglo. Entre 1993 y 1995, nos vimos en la necesidad de enfrentarnos a las actividades de un clan que tenía profundas raíces en el órgano central internacional de la CCI, una "organización dentro de la organización" que tenía un extraño parecido con la fraternidad internacional de los bakuninistas de la Primera Internacional, incluyendo el papel principal desempeñado por un aventurero político, JJ, impregnado de las prácticas manipuladoras de la francmasonería. Tal predilección por lo oculto era ya una expresión de la poderosa marea de irracionalidad que tiende a inundar la sociedad actual. Al mismo tiempo, la formación de clanes dentro de una organización revolucionaria, independientemente de su ideología específica, se relaciona con esa búsqueda de comunidades ilusorias y postizas, que es una característica social muy profunda de este período[6].
La respuesta de la CCI a esos fenómenos fue primero sacarlos a la luz y profundizar sus conocimientos sobre cómo se había defendido el movimiento marxista históricamente contra ellos. Por eso elaboramos un texto de orientación sobre el funcionamiento, un texto que se arraiga en las batallas organizativas de la Primera Internacional y del POSDR, el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia[7], y una serie de artículos sobre la lucha histórica contra el sectarismo, el aventurerismo, la masonería, el parasitismo político[8]. En particular, estos artículos identifican a Bakunin como un ejemplo de aventurero desclasado que utiliza el movimiento obrero como trampolín para sus propias ambiciones personales, y a la Fraternidad Internacional como ejemplo temprano de parasitismo político: una forma de actividad política que, mientras en la superficie parece obrar por la causa revolucionaria, está, en realidad, llevando a cabo un trabajo de denigración y destrucción que sólo puede servir al enemigo de clase.
El propósito de esos textos no sólo era armar a la CCI contra los riesgos de infección por una moral y unos métodos de clase ajenos al proletariado, sino también estimular un debate en todo el medio proletario sobre esos temas. Desafortunadamente, recibimos poca o ninguna respuesta a esas contribuciones de grupos serios del medio, como el BIPR, que tendía a considerarlas sólo como extraños caballos de batalla de la CCI. Aquellos que ya eran abiertamente hostiles a la CCI -como los restos del Communist Bulletin Group (CBG)- las tomaron como prueba final de que la CCI había degenerado en una secta extravagante que había que evitar a toda costa[9]. Nuestros esfuerzos por dar un marco claro para comprender el creciente fenómeno del parasitismo político -las tesis sobre el parasitismo publicadas en 1998[10]- acarrearon el mismo tipo de reacción. Y muy rápidamente, la falta de comprensión de esos problemas por parte del medio no sólo se plasmó en una actitud de neutralidad hacia elementos que el único papel que desempeñan es el de destructores del movimiento revolucionario. Como veremos, todo eso llevó desde la "neutralidad" hasta la tolerancia, para acabar en cooperación activa con esos individuos.
A principios de los 2000, la CCI se enfrentó de nuevo a una grave crisis interna. Varios militantes de la organización, miembros también esta vez del órgano central internacional, que habían desempeñado un papel activo en la denuncia de las actividades del clan JJ, formaron un nuevo clan que retomó algunos de los temas del anterior, entre los cuales, el de atacar a los camaradas que habían defendido con más firmeza los principios organizativos, difundiendo incluso rumores de que uno de ellos sería un agente estatal que manipulaba a los demás.
La llamada "Fracción Interna de la Corriente Comunista Internacional" (FICCI) ha demostrado ampliamente desde entonces que a menudo existe una línea muy fina entre la actividad de un clan dentro de la organización y la de una organización parasita en toda regla. Los elementos que formaron la FICCI fueron excluidos de la CCI por actos indignos de un militante comunista, incluyendo el robo de fondos de la organización y la publicación de información interna sensible que podría haber puesto a nuestros militantes en peligro ante la policía. Desde entonces, este grupo, que más tarde cambió su nombre por el de Grupo Internacional de la Izquierda Comunista, ha dado nuevas pruebas de que encarna una forma tan feroz de parasitismo que es imposible distinguirlo de las actividades de una policía política. En 2014, nos vimos obligados a denunciar públicamente a este grupo que una vez más había logrado robar material interno de la CCI y que buscaba utilizarlo para denigrar a nuestra organización y a sus militantes[11].
Está claro que un grupo que se comporta de tal manera es un peligro para todos los revolucionarios, independientemente de las posiciones políticas formalmente correctas que defienda. La respuesta de un medio comunista que comprendiera la necesidad de solidaridad entre sus organizaciones sería excluir del campo proletario tales prácticas y a quienes las propagan; como mínimo habría que retomar las tradiciones del movimiento obrero en las que ese tipo de comportamiento, o las acusaciones contra la integridad de una organización militante o revolucionaria, requerían la formación de un "Jurado de Honor" para establecer la verdad sobre tales conductas o acusaciones[12]. Y en 2004 una serie de acontecimientos a los que llamamos el caso "Círculo" mostraron hasta qué punto el movimiento político proletario actual se ha alejado de esas tradiciones.
En 2003, la CCI entró en contacto con un nuevo grupo en Argentina, el Núcleo Comunista Internacionalista (NCI). Tras intensas conversaciones con la CCI, se produjo un acercamiento innegable a las posiciones de nuestra organización y se planteó la cuestión de la posible formación de una sección de la CCI en Argentina. Ocurría, sin embargo, que un miembro de este grupo, al que llamamos "B", poseía el monopolio del equipo informático disponible para los camaradas y, por lo tanto, de la comunicación con otros grupos e individuos, y durante nuestras conversaciones quedó claro que ese individuo se veía como una especie de gurú político que había asumido la tarea de representar al NCI en su conjunto. Durante la visita de la delegación de la CCI en 2004, “B” solicitó que el grupo se integrara inmediatamente en la CCI. Respondimos que estábamos interesados principalmente en la claridad política y no en la creación de “franquicias” y que se necesitaba mucha más discusión antes de que se pudiera dar ese paso. Al quedar así frustrada su ambición de utilizar a la CCI como trampolín para su prestigio personal, B dio un giro repentino: sin que lo supieran los demás miembros del NCI, se puso en contacto con la FICCI y, con el apoyo de ésta, declaró de buenas a primeras que el NCI había roto con la CCI debido a sus métodos estalinistas y había formado un nuevo grupo, el Círculo de Comunistas Internacionalistas. Gran alegría de la FICCI al publicar esa gran noticia en su boletín. Pero lo peor fue que el BIPR [que también se había puesto en contacto con la FICCI, sin duda halagado por la afirmación de ésta de que, ahora que la CCI había degenerado por completo, el BIPR se había convertido en el verdadero polo de agrupamiento de los revolucionarios] también publicó la declaración del Círculo en su sitio web en tres idiomas.
La respuesta de la CCI a ese lamentable caso fue muy detallada. Después de establecer los hechos -que el nuevo grupo era de hecho un puro invento de B, y que los demás miembros del NCI no sabían nada sobre la supuesta escisión con la CCI- escribimos una serie de artículos denunciando el comportamiento aventurero de B, la actividad parasitaria de la FICCI - y el oportunismo del BIPR, que estaba dispuesto a tragarse un montón de calumnias contra la CCI, sin el menor intento de investigación, y con la idea de demostrar que "algo se está moviendo en Argentina", lejos de la CCI y sí en dirección del BIPR. Cuando la CCI demostró formalmente que B era un impostor político, y cuando los propios camaradas del NCI negaron haber roto con la CCI, entonces el BIPR eliminó discretamente los documentos del Círculo de su sitio web, sin dar ninguna explicación y menos todavía haciendo alguna forma de autocrítica. Una actitud igualmente ambigua surgió más o menos al mismo tiempo cuando se hizo evidente que el BIPR había utilizado una lista de direcciones robadas por la FICCI cuando ésta había sido expulsada de la CCI para anunciar una reunión pública del BIPR en París[13].
Este caso demuestra que el problema del parasitismo político no es, ni mucho menos, un invento de la CCI, y menos todavía un medio para silenciar a quienes se oponen a nuestros análisis, como algunos han dicho. Es un peligro real para la salud del medio proletario y un serio obstáculo para la formación del futuro partido de clase. Esto es lo que concluyen nuestras tesis sobre el parasitismo:
- “Lo que era válido en tiempos de la AIT, lo sigue siendo hoy. La lucha contra el parasitismo es una de las responsabilidades esenciales de la Izquierda Comunista. Se entronca plenamente con la tradición de sus empecinados combates contra el oportunismo. Es hoy uno de los componentes básicos en la preparación del partido de mañana y por ello mismo condiciona, en parte, tanto el momento en que podrá surgir como su capacidad para desempeñar su función en las luchas decisivas del proletariado.”
La función de los grupos parásitos es sembrar la división en el campo proletario difundiendo rumores y calumnias, introduciendo prácticas ajenas a la moral proletaria, como el robo y las maniobras entre bastidores. El hecho de que su principal objetivo haya sido construir un muro alrededor de la CCI, aislarla de otros grupos comunistas y evitar que elementos emergentes se impliquen con nosotros, no significa que estén perjudicando únicamente a la CCI; su actividad debilita a todo el medio y su capacidad de cooperación para formar el partido del futuro. Además, dado que sus actitudes nihilistas y destructivas son un reflejo directo del creciente peso de la descomposición social, cabe suponer que estén cada día más presentes en los tiempos venideros, especialmente si el medio proletario sigue abierto al peligro que representan.
El artículo sobre nuestra experiencia con el NCI trata sobre la reactivación de la lucha de clases y el surgimiento de nuevas fuerzas políticas. La CCI había observado signos de esta recuperación en 2003, pero la prueba más clara de que algo estaba cambiando fue la lucha de los estudiantes contra la ley del Contrato de Primer Empleo (CPE) en Francia en 2006, un movimiento que demostró una capacidad real de autoorganización en asambleas y amenazó con extenderse a sectores asalariados, obligando así al gobierno francés a anular el CPE[14]. Ese mismo año, los siderúrgicos de Vigo, en España, adoptaron la forma asamblearia, mostrando además una voluntad real de integrar a otros a sectores en el movimiento[15]. Y tras el crac financiero de 2008, en 2010, fuimos testigos de una gran lucha por parte de los estudiantes universitarios y de secundaria sobre los gastos por matrícula y las becas en Reino Unido, y de un movimiento contra las "reformas" de las pensiones en Francia. Al año siguiente, 2011, irrumpió la "Primavera Árabe", una ola de revueltas sociales en las que la influencia del proletariado variaba de un país a otro, pero que, en Egipto, Israel y en otros lugares, dio al mundo el ejemplo de ocupar espacios públicos y celebrar asambleas regulares -un ejemplo tomado por el movimiento Occupy en Estados Unidos, por las asambleas de Grecia y, lo que fue más importante todavía, por el movimiento de los Indignados en España. Éste, en particular, sentó las bases para cierto nivel de politización mediante debates animados sobre la obsolescencia del capitalismo y la necesidad de una nueva forma de sociedad[16].
Aquella politización, a un nivel más general, vino acompañada por la aparición de nuevas fuerzas en busca de respuestas revolucionarias al estancamiento del orden social. Algunas de aquellas fuerzas se orientaron hacia las posiciones y las organizaciones de la Izquierda Comunista. Dos grupos diferentes de Corea del Sur fueron invitados a los congresos de la CCI durante ese período, así como el grupo EKS de Turquía y nuevos contactos de Estados Unidos. Y se iniciaron discusiones con grupos o círculos de discusión de Sudamérica, los Balcanes y Australia; algunos de estos grupos y círculos acabaron siendo nuevas secciones de la CCI (Turquía, Filipinas, Ecuador y Perú). La TCI también ha ganado nuevas fuerzas desde entonces.
También hubo un desarrollo significativo de una corriente internacionalista en el anarquismo, que se manifestó, por ejemplo, en discusiones en el foro de internet libcom, y en el crecimiento de nuevos grupos anarcosindicalistas críticos del sindicalismo "institucionalizado" de organizaciones como la CNT.
La CCI reaccionó lo más ampliamente posible ante esos hechos, algo absolutamente necesario: si no se transmite el legado de la Izquierda Comunista a una nueva generación, no habrá la menor esperanza de que surja un movimiento hacia el partido del futuro.
Pero hubo debilidades significativas en nuestra intervención. Cuando decimos que el oportunismo y el sectarismo son enfermedades del movimiento obrero, resultado de la presión constante de la ideología de otras clases sobre el proletariado y sus organizaciones políticas, no sólo criticamos a otras organizaciones, sino que también esa crítica nos sirve para evaluar nuestra propia capacidad de resistir a esa presión y mantener los métodos y las adquisiciones de la clase obrera en todas las dimensiones de nuestra actividad.
La sección turca de la CCI, integrada en 2009, dejó la CCI en 2015 para formar un grupo de corta duración, Pale Blue Jadal. En nuestro intento de hacer balance de este fracaso, hemos puesto de relieve nuestros propios errores oportunistas en el proceso de su integración:
- “Nuestra integración del grupo EKS como sección turca de la CCI ha sido un proceso infectado de oportunismo. No vamos a precisar aquí las razones de tal situación: baste decir que intentamos forzar el ritmo de la historia, y esa es una receta clásica del oportunismo.
Forzar el ritmo, por supuesto, lo decidimos nosotros; significó principalmente decidir acelerar las discusiones con el grupo EKS, que se convertiría en nuestra sección en Turquía. En particular, decidimos:
- 1. Reducir drásticamente el tiempo dedicado a las discusiones organizativas con los miembros de EKS antes de su integración, sobre la base de que el arte de construir una organización se aprende esencialmente con la experiencia.
- 2. Integrar al EKS como grupo y no como individuos. Aunque nuestros estatutos lo prevén, existe el peligro de que los nuevos militantes se vean a sí mismos, no ante todo como militantes individuales de una organización internacional, sino como miembros de su grupo de origen"[17].
Como argumentábamos en la primera parte de este artículo, el oportunismo y el sectarismo van a menudo de la mano. Y, retrospectivamente, algunos elementos de nuestra respuesta en el asunto del Círculo pueden ciertamente considerarse sectarios. Ante el surgimiento de nuevas fuerzas políticas, por una parte, y ante las últimas pruebas de la dificultad del BIPR para comportarse según principios claros y el sectarismo rígido e inalterable de los bordiguistas, la CCI tenía cierta tendencia a concluir que el "viejo medio" ya estaba agotado y que nuestras esperanzas para el futuro debían basarse en las nuevas fuerzas con las que estábamos empezando a encontrarnos.
Ese fue el aspecto sectario de nuestra reacción. Pero una vez más, también tenía un cariz oportunista. Para convencer al nuevo medio de que no éramos sectarios, en 2012 hicimos nuevas aperturas hacia la TCI, abogando por la reanudación de las discusiones y el trabajo conjunto que se habían interrumpido desde el fracaso de las Conferencias Internacionales a principios de la década de los 80. Esto era correcto en sí mismo y era la continuación de una política que habíamos seguido, sin mucho éxito, durante las décadas de 1980 y 1990[18]. Pero para iniciar ese proceso, aceptamos sin más la explicación dada por la TCI sobre su conducta en el caso del Círculo: que era esencialmente obra de un camarada que había fallecido después. Aparte de la cuestionable moral de semejante explicación por parte de la TCI, no aportó la menor aclaración sobre su voluntad de renunciar a formar una alianza con elementos que realmente no tenían su lugar en el medio proletario. Y al final, las discusiones que iniciamos con la TCI se empantanaron rápidamente al discutir sobre el parasitismo, foso hasta hoy infranqueable, o sea saber qué grupos y elementos pueden considerarse como componentes legítimos de la Izquierda Comunista. Y ése no fue el único ejemplo de una tendencia de la CCI a dejar de lado esa cuestión vital al ser ésta claramente impopular en el medio proletario. También está el ejemplo de la integración del EKS, que nunca estuvo de acuerdo con nosotros sobre el tema del parasitismo, y ciertos acercamientos a grupos que nosotros mismos consideramos parasitarios, como el CBG (acercamientos que no llevan a ninguna parte).
Los artículos de la CCI de este período muestran un comprensible optimismo sobre el potencial de las nuevas fuerzas (ver por ejemplo el artículo sobre nuestro XVIII Congreso[19]). Pero al mismo tiempo se subestimaban muchas de las dificultades de los nuevos elementos que habían aparecido en esta fase de descomposición.
Como ya hemos dicho, de ese incremento de movimientos surgió cierta cantidad de personas que se inclinaron hacia la Izquierda Comunista, integrándose algunas en sus principales organizaciones. Al mismo tiempo, muchas de ellas no sobrevivieron por mucho tiempo - no sólo la sección turca de la CCI, sino también el NCI o el grupo de discusión formado en Australia[20] y una serie de contactos que surgieron en Estados Unidos. De manera más general, la influencia del anarquismo en esta nueva ola de elementos “en búsqueda” fue omnipresente, lo cual, en cierto modo, plasmaba el hecho de que el traumatismo del estalinismo y su impacto en la noción de organización política revolucionaria, seguía siendo un factor activo en la segunda década tras el desmoronamiento del bloque ruso.
El desarrollo del medio anarquista en aquella época no fue del todo negativo. Por ejemplo, el foro de Internet libcom, que fue objeto de numerosos debates políticos internacionales durante su primera década de existencia, estaba dirigido por un colectivo que tendía a rechazar el izquierdismo y los estilos de vida anarquistas y a defender algunos de los fundamentos del internacionalismo. Algunos de ellos provenían del activismo superficial del medio "anticapitalista" de los años noventa y habían empezado a ver a la clase obrera como la fuerza del cambio social. Pero esta búsqueda quedó bloqueada en gran medida por el desarrollo del anarcosindicalismo, que reduce el reconocimiento válido del papel revolucionario de la clase obrera a una perspectiva económica incapaz de integrar la dimensión política de la lucha de clases, y sustituye el activismo limitado a la calle por el activismo en el trabajo (la noción de formación de "organizadores" y "sindicatos revolucionarios"). Por paradójico que parezca, este entorno también se ha visto influido por las teorías de la "comunistización", que es una expresión muy explícita de la pérdida de la convicción de que el comunismo sólo puede lograrse mediante la lucha de la clase obrera. Pero la paradoja es más aparente que real, ya que el sindicalismo y la “comunistización” reflejan un intento de eludir la realidad de que una lucha revolucionaria es también una lucha por el poder político, y requiere la formación de una organización política proletaria. Más recientemente, libcom y otras expresiones del movimiento anarquista han sido aspiradas por diversas formas de esa política “identitaria”, o sea un todavía mayor distanciamiento del enfoque proletario[21]. Mientras tanto, otros sectores del movimiento anarquista han sido completamente absorbidos por las pretensiones del nacionalismo kurdo de haber establecido una especie de comuna revolucionaria en Rojava[22].
También hay que decir que el nuevo medio –al igual que los grupos revolucionarios establecidos- tenía pocas defensas contra la atmósfera deletérea moral de la descomposición y, en particular, contra la agresión verbal y las actitudes que a menudo infestan las redes sociales. En libcom, por ejemplo, los miembros y partidarios de los grupos de la Izquierda Comunista, y de la CCI en particular, tuvieron que luchar duro para romper el muro de hostilidad en el que se consideraban como algo evidente las calumnias de grupos parasitarios como el CBG. Y mientras que en los primeros años de libcom parecía haber algún progreso en la cultura del debate, la atmósfera se deterioró significativamente como resultado de la implicación del "colectivo libcom" en el escándalo del "Aufhebengate". En esta ocasión, la mayoría del colectivo adoptó una actitud de camarilla defendiendo a uno de sus amigos del grupo Aufheben, que había afirmado claramente haber cooperado con las estrategias policiales contra las manifestaciones callejeras[23].
Otros ejemplos de este tipo de decadencia moral que pueden darse entre quienes defienden la causa del comunismo, y uno de los más evidentes, es el de un miembro del grupo de “comunistizadores” griego Blaumachen, que se convirtió en ministro del gobierno de SYRIZA[24]. Pero los grupos de la Izquierda Comunista tampoco se han librado de esas dificultades: ya hemos mencionado las cuestionables alianzas que el BIPR ha establecido con algunos grupos parásitos. Y más recientemente, el BIPR se vio obligado a disolver su sección en Canadá, que había adoptado una actitud apologética hacia uno de sus miembros que había cometido abusos sexuales, mientras que un grupo de simpatizantes griegos adoptó de repente el nacionalismo más feroz ante la crisis de la inmigración[25]. Y el propio CCI experimentó lo que llamamos una "crisis moral e intelectual" cuando una de nuestras compañeras, entre las más decididas en su oposición a las políticas oportunistas que habíamos adoptado en algunas de nuestras actividades (y que anteriormente había sido blanco de clanes en la década de 1990), fue sometida a una campaña de la que fue "chivo expiatorio"[26]. Un "Jurado de Honor" formado en la organización consideró nulos todos los cargos en su contra.
Esos hechos demuestran que la cuestión del comportamiento, la ética y la moral ha sido siempre un elemento clave en la construcción de una organización revolucionaria digna de ese nombre. El movimiento revolucionario no podrá superar sus divisiones sin enfrentar este problema.
Las señales de un renacimiento de la lucha de clases que surgieron en 2006-2011 fueron eclipsadas en gran medida por una ola reaccionaria que hizo surgir al populismo y la instauración de una serie de regímenes autoritarios, en particular en un país como Egipto, que fue central en la "primavera árabe". El resurgir del chauvinismo y la xenofobia ha afectado a algunos de los mismos lugares en los que, en 2011, surgieron los primeros signos de un nuevo florecer internacionalista: así ha sido con la oleada de nacionalismo en Cataluña, allí donde antes había latido con fuerza el movimiento de los Indignados. Y si bien el auge del nacionalismo pone de relieve el peligro de conflictos imperialistas sangrientos en el período venidero, también pone de relieve la incapacidad total del sistema existente, desgarrado por la rivalidad y la competencia, para hacer frente a la creciente amenaza de la destrucción del medio ambiente. Todo esto contribuye a crear un clima generalizado de ceguera ante el futuro apocalíptico que nos depara el capitalismo, o, si no, de nihilismo y desesperanza.
En resumen, el sombrío clima social y político no parece propicio para el desarrollo de un nuevo movimiento revolucionario, que sólo puede preverse con la convicción de que es posible un futuro alternativo.
Y una vez más, se ha avanzado poco en la mejora de las relaciones entre los grupos comunistas existentes, donde parece que un paso adelante va seguido de dos pasos atrás: por ejemplo, mientras que en noviembre de 2017 la CWO aceptó la invitación de la CCI de hacer una presentación en nuestro jornada de discusión sobre la Revolución de Octubre, ha rechazado desde entonces sistemáticamente cualquier otra iniciativa de este tipo.
¿Significa esto, como dijo recientemente un miembro de la CWO, que la CCI está desmoralizada y es pesimista sobre el futuro de la lucha de clases y el potencial para la formación del partido del mañana?[27]
Cierto es que no le vemos ningún sentido a negar las dificultades muy reales que enfrenta la clase obrera y las de desarrollar una presencia comunista en su seno. Una clase que ha perdido cada vez más el sentido de su propia existencia como clase no aceptará fácilmente los argumentos de quienes, en contra de todas las expectativas, siguen insistiendo en que el proletariado no sólo existe sino que tiene la clave para la supervivencia de la humanidad.
Y sin embargo, a pesar de los peligros muy tangibles de esta última fase de decadencia capitalista, no creemos que la clase obrera haya dicho su última palabra. Todavía hay una serie de elementos que indican una posible restauración de la identidad y la conciencia de clase entre las nuevas generaciones del proletariado, como afirmamos en nuestro 22º Congreso en la “Resolución sobre la lucha de clases internacional”[28].
También estamos siendo testigos de un nuevo proceso de politización comunista dentro de una pequeña pero significativa minoría de la nueva generación, que a menudo entra en relación directa con la Izquierda Comunista. En Estados Unidos en particular, pero también en Australia, Gran Bretaña, Sudamérica, etc., han aparecido personas en busca de esclarecimientos, así como nuevos grupos y círculos. Es un verdadero testimonio de la capacidad del "viejo topo" del que hablaba Marx para seguir avanzando bajo la superficie de los acontecimientos.
Al igual que los nuevos elementos que surgieron hace unos diez años, este nuevo medio afronta muchos peligros, incluida la ofensiva “diplomática” de ciertos grupos parasitarios y la condescendencia de organizaciones proletarias como el BIPR hacia ellos. Resulta difícil para muchos de estos jóvenes camaradas comprender la naturaleza necesariamente a largo plazo del compromiso revolucionario y la necesidad de evitar la impaciencia y la precipitación. Su aparición expresa un potencial que sigue existiendo en las entrañas de la clase obrera, es vital para ellos reconocer que sus debates y actividades actuales sólo tienen sentido en el contexto de trabajo dirigido hacia el futuro. Volveremos sobre este tema en futuros artículos.
Las organizaciones de Izquierda Comunista existentes tienen un papel clave en la lucha por el futuro a largo plazo de esos nuevos camaradas. Éstos no son inmunes a los peligros, como ya hemos dicho sobre la ola precedente de "elementos en búsqueda". Deben evitar la búsqueda de una popularidad fácil realizada a base de esquivar temas difíciles o diluir sus posiciones con el fin de "ganar una audiencia más amplia".
Una tarea central de las organizaciones comunistas existentes es básicamente la misma que la de las Fracciones que se separaron de la Internacional Comunista en degeneración para sentar las bases de un nuevo partido cuando lo pongan al orden del día los factores objetivos y sobre todo los subjetivos de la situación: una lucha inflexible contra el oportunismo en todas sus formas, y por el máximo rigor en el proceso de clarificación política.
Amos
[1] Ver Un año de luchas obreras en Polonia /content/2318/un-ano-de-luchas-obreras-en-polonia [58]
[2] Ver por ejemplo en la Revista Internacional n° 55, « Decantación del medio político proletario y oscilaciones del BIPR », Revista internacional n° 56 (1989): "El medio político desde 1968 III". https://es.internationalism.org/revista-internacional/200902/2486/el-med... [59]
[3] Ver, por ejemplo, “Resolución sobre la situación internacional 2016” en la Revista Internacional 156, https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4151/resolu... [60]
[4] Ver "TESIS SOBRE LA DESCOMPOSICION [38]".
[5] Ver Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole [61]
[6] Ver XIº Congreso de la CCI - El combate por la defensa y la construcción de la organización https://es.internationalism.org/revista-internacional/199510/1815/xi-congreso-de-la-cci-el-combate-por-la-defensa-y-la-construccion- [62]
[7] Revista internacional n° 109, “Documentos de la vida de la CCI - La cuestión del funcionamiento organizativo en la CCI” https://es.internationalism.org/revista-internacional/200204/3283/documentos-de-la-vida-de-la-cci-la-cuestion-del-funcionamiento-org [63]
[8] Publicado en los números 84, 85, 87, 88 de la Revista Internacional: https://es.internationalism.org/revista-internacional/199603/1780/cuestiones-de-organizacion-i-la-primera-internacional-y-la-lucha-c [64] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/199607/1774/cuestiones-de-organizacion-ii-la-lucha-de-la-i-internacional-contr [65] , https://es.internationalism.org/revista-internacional/199610/1767/cuestiones-de-organizacion-iii-el-congreso-de-la-haya-en-1872-la-l [66] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/199701/1234/cuestiones-de-organizacion-iv-la-lucha-del-marxismo-contra-el-aven [67]
[9] Revista Internacional n° 83, (1995) ‘‘Parasitismo político: el ‘C.B.G’ hace la faena de la burguesía”. https://es.internationalism.org/revista-internacional/200703/1788/parasitismo-politico-el-cbg-hace-la-faena-de-la-burguesia [68]
[10] Revista Internacional n° 94 (1998), “Tesis sobre el parasitismo”, https://es.internationalism.org/revista-internacional/199807/1196/construccion-de-la-organizacion-revolucionaria-tesis-sobre-el-para [69] .
[11] Comunicado a nuestros lectores (2014) “La CCI atacada por une nueva oficina del Estado burgués”, https://es.internationalism.org/content/4021/la-cci-atacada-por-une-nueva-oficina-del-estado-burgues [70]
[12] “The Jury of Honour: a weapon for the defence of revolutionary organisations (Part 1 and 2)” (2005), https://en.internationalism.org/icconline/jury_of_honour_01 [71] y https://en.internationalism.org/icconline/jury_of_honour_02 [72],
[13] Sobre lo de Circulo, puede leerse, por ejemplo, en la Revista internacional n°120 (2005), “El Núcleo Comunista Internacional, una expresión del esfuerzo de toma de conciencia del proletariado”, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/201/el-nucl... [73] la Revista Internacional n° 121 (2005), “Polémica con el BIPR: una política oportunista de agrupamiento que no lleva más que a "abortos", https://es.internationalism.org/revista-internacional/200504/69/polemica... [74]
[14] Ver Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [75]
[15] Ver Huelga del metal de Vigo: Los métodos proletarios de lucha /content/910/huelga-del-metal-de-vigo-los-metodos-proletarios-de-lucha [76]
[16] Ver nuestra hoja internacional 2011: de la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [77]
[17] Respuesta a los ex-miembros de nuestra sección en Turquía. https://es.internationalism.org/cci-online/201602/4138/respuesta-a-los-ex-miembros-de-nuestra-seccion-en-turquia [78]
[18] Por ejemplo, los llamamientos al medio proletario que hacíamos en nuestros congresos de 1983, 1991 y 1999; en estos dos últimos los acompañábamos de una propuesta de intervención conjunta contra las guerras en el Golfo y en los Balcanes ; y una reunión común sobre la Revolución rusa en 1997, etc.
[19] Revista Internacional n° 138: “XVIIIº congreso internacional de la CCI” (Hacia el agrupamiento de las fuerzas internacionalistas), https://es.internationalism.org/revista-internacional/200907/2630/xviii-... [79]
[20] Una voz internacionalista en Australia (2010), https://es.internationalism.org/cci-online/201004/2839/una-voz-internaci... [80]
[21] Léase en inglés On recent attacks on the ICC on libcom [81]
[22] Ver Los anarquistas y el imperialismo kurdo /content/4160/los-anarquistas-y-el-imperialismo-kurdo [50]
[23] Léase en inglés Aufhebengate [82]
[24] En inglés: "Dialectical delinquents".
[25] En inglés ICT Statement on the Dissolution of the GIO [83]
[26] Revista Internacional n° 154 (2015) “Conferencia internacional extraordinaria de la CCI: la "noticia" de nuestra desaparición es un tanto exagerada”, https://es.internationalism.org/content/4042/conferencia-internacional-e... [84]
[27] "¿Y cuál es la situación actual de la CCI? ¿Es el vestigio desmoralizado y derrotado de una organización otrora más grande, construida sobre la ilusión de que la revolución estaba a la vuelta de la esquina? Hoy, se consuela hablando de caos y descomposición (lo cual es cierto, pero es el resultado del empeoramiento de la crisis capitalista y no de una parálisis de la lucha de clases como argumenta la CCI). Cuando la CCI dice que hoy son sólo una "fracción" (¡y miente abiertamente cuando dice que siempre ha sido sólo una fracción!), lo que dice es que no hay nada que hacer más que escribir polémicas estúpidas contra otras organizaciones (pero ese ha sido el método de la CCI desde 1975)". Artículo firmado por la redactora jefe del foro, Cleishbotham, en el foro del BIPR tras una discusión sobre la relación de fuerzas entre las clases con un simpatizante de la CCI: The Party, Fractions and Periodisation [85].
[28] Revista Internacional n° 159, "22º Congreso de la CCI: Resolución sobre la situación internacional”, https://es.internationalism.org/revista-internacional/201711/4256/22-con... [86]
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 296.53 KB |
Introducción
NOTA INICIAL: el blog Nuevo Curso ha cambiado de nombre, sin dar ninguna explicación, por el de Comunia.
La revolución comunista sólo puede ser victoriosa si el proletariado se dota de un partido político de vanguardia acorde con sus responsabilidades, como hizo el partido bolchevique en el primer intento revolucionario de 1917. La historia ha demostrado lo difícil que es construir un partido así, una tarea que requiere muchos y variados esfuerzos. Por encima de todo, requiere la mayor claridad sobre las cuestiones programáticas y sobre los principios de funcionamiento de la organización, una claridad que necesariamente se basa en toda la experiencia pasada del movimiento obrero y sus organizaciones políticas.
En cada etapa de la historia del movimiento, ciertas corrientes se han distinguido como los mejores representantes de esta claridad, como aquellos que han hecho una contribución decisiva al futuro de la lucha. Este fue el caso de la corriente marxista ya en 1848, cuando gran parte del proletariado todavía estaba influenciada por teorías que pagaban un alto precio a las concepciones pequeñoburguesas, a las que se oponen enérgicamente en el capítulo 3 del Manifiesto Comunista, "Literatura socialista y comunista". Este era el caso, más aún, dentro de la Asociación Internacional de Trabajadores fundada en 1864: "esta Asociación, que había sido creada con un propósito específico - fusionar las fuerzas combativas del proletariado de Europa y América en un solo todo - no podía proclamar inmediatamente los principios establecidos en el Manifiesto. El programa de la Internacional tenía que ser lo suficientemente amplio para ser aceptado tanto por los sindicatos ingleses como por los seguidores de Proudhon en Francia, Bélgica, Italia y España, y por los lasalianos en Alemania. Marx, que redactó este programa de tal manera que satisficiera a todos estos partidos, se apoyó enteramente en el desarrollo intelectual de la clase obrera, que sin duda iba a ser el resultado de la acción y la discusión conjunta. (...) Y Marx tenía razón. Cuando, en 1876, la Internacional dejó de existir, los trabajadores ya no eran los mismos que cuando se fundó en 1864. (...) Para ser honestos, los principios del Manifiesto habían tenido un amplio desarrollo entre los trabajadores de todos los países". (Engels, Prefacio a la edición inglesa de 1888 del Manifiesto Comunista)
Finalmente, fue en el seno de la II Internacional, fundada en 1889, donde la corriente marxista se hizo hegemónica, gracias en particular a su influencia en el Partido Socialdemócrata de Alemania. Y fue en nombre del marxismo como se lanzó la lucha contra el oportunismo, en particular por Rosa Luxemburgo, que, desde finales del siglo XIX, afectaba a este partido y a toda la Internacional. Fue también en su nombre como los internacionalistas condujeron la lucha durante la Primera Guerra Mundial contra la traición de la mayoría de los partidos socialistas y que fundaron en 1919, bajo el impulso de los bolcheviques, la Tercera Internacional, la Internacional Comunista. Y cuando, tras el fracaso de la revolución mundial y el aislamiento de la revolución en Rusia, fue la corriente marxista de la izquierda comunista -representada en particular por las izquierdas italiana y germano-holandesa- la que inició la lucha contra esta degeneración. Como la mayoría de los partidos de la II Internacional, los de la III Internacional finalmente, con el triunfo del estalinismo, cayeron en el campo del enemigo capitalista. Esta traición, la sumisión de los partidos comunistas a la diplomacia imperialista de la URSS, provocó, además de la de la izquierda comunista, muchas reacciones. Algunas de ellas llevaron a un simple retorno "crítico" al seno de la socialdemocracia. Otras mostraron la voluntad de permanecer en el campo del proletariado y la revolución comunista, como fue el caso, a partir de 1926, de la Oposición de Izquierda dirigida por Trotsky, uno de los grandes nombres de la Revolución de Octubre de 1917 y la fundación de la Internacional Comunista.
El Partido Comunista Mundial, que estará a la vanguardia de la revolución proletaria del mañana, tendrá que basarse en la experiencia y la reflexión de las corrientes de izquierda que surgieron de la Internacional Comunista durante su degeneración. Cada una de estas corrientes ha aprendido sus propias lecciones de esta experiencia histórica. Y estas enseñanzas no son equivalentes. Así, existen profundas diferencias entre los análisis y las políticas de las corrientes de la izquierda comunista que surgieron a principios de los años veinte y la corriente "trotskista" que surgió mucho más tarde y que, aunque estaba situada en terreno proletario, estaba, desde sus orígenes, fuertemente marcada por el oportunismo. Obviamente no es una coincidencia que la mayoría de la corriente trotskista se uniera al campo burgués durante la prueba de la verdad de la Segunda Guerra Mundial, mientras que las corrientes de la Izquierda Comunista permanecieron fieles al internacionalismo.
Por lo tanto, el futuro partido mundial de la revolución comunista, para que pueda contribuir realmente a ella, no podrá asumir el legado de la Oposición de Izquierda. Tendrá que basar necesariamente su programa y sus métodos de acción en la experiencia de la izquierda comunista. Existen diferencias entre los grupos actuales que han surgido de esta tradición, y es su responsabilidad seguir afrontando estas diferencias políticas, especialmente para que las generaciones más jóvenes que se acercan puedan comprender mejor su origen y su alcance actual. Este es el sentido de las controversias que ya hemos publicado y seguiremos publicando con la Tendencia Comunista Internacionalista y los grupos bordigistas. Sin embargo, más allá de estas diferencias, hay una herencia común de la izquierda comunista que la distingue de las otras corrientes de izquierda que han surgido de la Internacional Comunista. Por lo tanto, cualquiera que afirme pertenecer a la Izquierda Comunista tiene la responsabilidad de esforzarse por conocer y dar a conocer la historia de este componente del movimiento obrero, sus orígenes en reacción a la degeneración de los partidos de la Internacional Comunista, los diferentes grupos que están vinculados a esta tradición por haber participado en su lucha, las diferentes ramas políticas que la componen (la Izquierda Italiana, la Izquierda Holandesa-Alemana, etc.). En particular, es importante aclarar los contornos históricos de la izquierda comunista y las diferencias que la distinguen de otras corrientes de izquierda, en particular la trotskista. Este es el propósito de este artículo.
En el blog Nuevo Curso leemos un artículo que pretende explicar cuál es el origen de la Izquierda Comunista[1]: “Llamamos Izquierda Comunista al movimiento internacionalista que comenzará luchando contra la degeneración de la IIIª Internacional, buscando corregir los errores heredados del pasado reflejados en su programa, para a partir de 1928 enfrentar el triunfo del Termidor[2] en Rusia y el papel contrarrevolucionario de la Internacional y los partidos estalinistas”
¿Qué se quiere decir exactamente? ¿Qué la Izquierda Comunista comenzó su combate en 1928? Si eso es lo que piensa Nuevo Curso, se equivoca puesto que la Izquierda Comunista se levantó contra la degeneración de la Internacional Comunista ya en la temprana fecha de 1920-21, en los Segundo y Tercer Congreso de la Internacional. En ese agitado periodo donde se estaban jugando las ultimas posibilidades de la revolución proletaria mundial, grupos, núcleos, de Izquierda Comunista en Italia, Holanda, Alemania, Bulgaria, la propia Rusia y posteriormente en Francia y otros países, llevaron un combate contra el oportunismo que estaba corroyendo hasta la raíz el cuerpo revolucionario de la Tercera Internacional[3]. Dos de las expresiones de esta Izquierda Comunista se manifiestan con claridad en el Tercer Congreso de la IC (1921) realizando una crítica severa pero fraternal de las posiciones adoptadas por la Internacional:
“Es así como, en el 3º Congreso de la IC, los que Lenin llamó “izquierdistas”, reagrupados en el seno del KAPD, se elevan contra el retorno al parlamentarismo, al sindicalismo, y muestran cómo estas posiciones van en contra de las adoptadas en el primer congreso que intentaban sacar las implicaciones para la lucha del proletariado del nuevo periodo abierto por la primera guerra mundial. Es también en ese congreso donde la Izquierda Italiana que dirige el Partido Comunista de Italia reacciona vivamente -aunque en desacuerdo profundo con el KAPD- contra la política sin principios de alianza con los “centristas” y la desnaturalización de los PC por la entrada en masa de fracciones salidas de la socialdemocracia”[4]. En el propio Partido Bolchevique “desde 1918, el “Komunist” de Bujarin y Ossinsky, ponen en guardia al partido contra el peligro de asumir una política de capitalismo de Estado. Tres años más tarde, después de haber sido excluido del partido bolchevique, el “Grupo Obrero” de Miasnikov lleva la lucha en la clandestinidad en estrecha relación con el KAPD y el PCO de Bulgaria hasta 1924 en que desaparece bajo los golpes repetidos de la represión de que es objeto. Este grupo critica al partido bolchevique por sacrificar los intereses de la revolución mundial en provecho de la defensa del Estado ruso, reafirmando que sólo la revolución mundial puede permitir a la revolución mantenerse en Rusia” (ídem.)
Así pues, sobre bases programáticas profundas -bien que todavía en proceso de elaboración- una alternativa clara se dibuja frente a la degeneración de la Internacional Comunista en 1920-21. Sin embargo, para Nuevo Curso “se puede decir que el tiempo histórico de la Izquierda Comunista concluye en la década entre 1943 y 1953 cuando las principales corrientes que han mantenido una praxis internacionalista en el seno de la IVª Internacional denuncian la traición al internacionalismo de ésta y configuran una nueva plataforma que parte de la denuncia de la Rusia estalinista como capitalismo de estado imperialista”
Este pasaje nos dice, por un lado, que la IVª Internacional habría sido el hogar de grupos con “una praxis internacionalista”, y, por otra parte, que después de 1953 “se habría agotado el tiempo histórico de la Izquierda Comunista”. Examinemos estos asertos.
La IVª Internacional se constituye en 1938 a partir de la Oposición de Izquierdas cuyo primer origen radica en Rusia con el Manifiesto de los 46 en octubre de 1923 al que se sumaría Trotski y, a nivel internacional, con la aparición de grupos, individualidades y tendencias que desde 1925-26 intentan oponerse al triunfo cada vez más aplastante del estalinismo en los partidos comunistas.
Estas oposiciones expresan una indudable reacción proletaria. Sin embargo, esta reacción es confusa, débil y muy contradictoria. Expresa más bien un rechazo epidérmico y superficial del ascenso del estalinismo. La Oposición en la URSS, pese a sus combates heroicos, “se muestra incapaz de comprender la naturaleza real del “fenómeno estalinista” y “burocrático”, prisionera como está de sus ilusiones sobre la naturaleza del Estado ruso. Se hace también el adalid del capitalismo de Estado que quiere impulsar más adelante mediante una industrialización acelerada. Cuando lucha contra la teoría del socialismo en un sólo país no llega a romper con las ambigüedades del partido bolchevique sobre la defensa de la “Patria soviética”. Y sus miembros, Trotski a la cabeza, se presentan como los mejores partidarios de la defensa “revolucionaria” de la “patria socialista”. Se concibe, a sí misma no como una fracción revolucionaria buscando salvaguardar teórica y organizativamente las grandes lecciones de la Revolución de Octubre, sino solo una oposición leal al Partido Comunista Ruso”, lo que la lleva a “alianzas sin principios (es así que Trotski buscará el apoyo de Zinoviev y Kamenev quienes no cesan de calumniarlo desde 1923[5])” (ídem.).
En cuanto, a la Oposición de Izquierdas Internacional “se reclama de los cuatro primeros congresos de la IC. Por otra parte, perpetúa el maniobrerismo que caracterizaba ya a la Oposición de Izquierda en Rusia. En gran medida esta oposición es un reagrupamiento sin principios que se limita a hacer una crítica de “izquierda” del estalinismo. Se prohíbe toda verdadera clarificación política en su seno y deja a Trotski, a quien ve el símbolo mismo de la Revolución de Octubre la tarea de hacerse vocero y “teórico” (idem.).
Con estos cimientos tan frágiles, la Oposición de Izquierdas fundará en 1938 una “IVª Internacional” que nace muerta para la clase obrera. Ya en los años 30, la Oposición había sido incapaz de “resistir a los efectos de la contrarrevolución que se desarrolla a escala mundial sobre la base de la derrota del proletariado internacional” (idem.) pues a lo largo de las diferentes guerras localizadas que van preparando el holocausto de la Segunda Guerra Mundial, la Oposición desarrolló una “perspectiva táctica” de. “ apoyo a un campo imperialista contra otro (sin admitirlo abiertamente): apoyo a la “resistencia colonial” en Etiopía, China y México, apoyo a la España republicana, etc. El apoyo del trotskismo a los preparativos de guerra del imperialismo ruso fue igualmente muy claro durante todo este periodo (Polonia, Finlandia 1939) disimulado tras la consigna de “defensa de la patria soviética”[6]. Esto, junto al entrismo en los partidos socialistas (decidido en 1934), hará que “el programa político adoptado en el congreso de fundación de la IV Internacional, redactado por Trotski mismo, retoma y agrava las orientaciones que han precedido ese congreso (defensa de la URSS, frente único obrero, análisis erróneo del periodo ...) pero además tiene como eje una repetición del programa mínimo de tipo socialdemócrata (reivindicaciones “transitorias”), programa vuelto caduco por la imposibilidad de reformas desde la entrada del capitalismo en su fase de decadencia, de declive histórico” (op cit nota 4). La IVª Internacional defiende “la participación en los sindicatos, el apoyo crítico a los partidos llamados “obreros”, a los “frentes únicos” y a los “frentes antifascistas”, a los gobiernos “obreros y campesinos”, a las medidas capitalistas de Estado (prisionero de la experiencia en la URSS) mediante la “expropiación de los bancos privados”, “la estatización del sistema de crédito”, “la expropiación de ciertas ramas de la industria” (…) la defensa del Estado obrero degenerado ruso. Y a nivel político, prevé la revolución democrática y burguesa en las naciones oprimidas debiendo pasar por las “luchas de liberación nacional”, este programa clamorosamente oportunista preparó la traición de los partidos trotskistas quienes, en 1939-41, corrieron a defender sus respectivos Estados nacionales[7]. Solo algunos individuos y pequeños círculos, ¡en manera alguna “corrientes con una praxis internacionalista” como afirma Nuevo Curso!, trataron de oponer una resistencia a este vendaval reaccionario. Entre ellos, Natalia Sedova, la viuda de Trotsky, que rompió en 1951, y especialmente Munís, del que vamos a hablar a continuación[8]
Es pues necesario comprender que el combate por darse un marco programático que sirva al desarrollo de la conciencia proletaria y prepare las premisas de la formación de su partido mundial, no es una tarea de personalidades y círculos inconexos, sino el fruto de una lucha colectiva organizada que se inscribe en la continuidad histórica crítica de las organizaciones comunistas, Esa continuidad pasa, como afirmamos en nuestras Posiciones Básicas, por “los aportes sucesivos de la Liga de los Comunistas de Marx y Engels (1847-52), de las tres Internacionales (la Asociación Internacional de los Trabajadores, 1864-72, la Internacional Socialista, 1889-1914, la Internacional Comunista, 1919-28), de las Fracciones de Izquierda que se fueron separando en los años 1920-30 de la Tercera Internacional (la Internacional Comunista) en su proceso de degeneración, y más particularmente de las Izquierdas alemana, holandesa e italiana” [9].
Ya hemos visto que tanto la Oposición de Izquierdas como la IVª Internacional, se apartaban claramente de esa continuidad[10]. Solo las Izquierdas Comunistas podían hacerlo. Pero según Nuevo Curso, el “tiempo histórico de la Izquierda Comunista termina en 1943-53”. No da ninguna explicación, ahora bien, en su artículo añade otra frase: “Las izquierdas comunistas que quedaron al margen del reagrupamiento internacional -italianos y sus derivados franceses- llegarán, aunque no todos, no completamente y no siempre sobre posiciones coherentes, a un cuadro similar en el mismo periodo”
Este pasaje contiene numerosos “enigmas”. Para empezar ¿Cuáles son esas Izquierdas Comunistas que quedaron al margen del “reagrupamiento internacional”? ¿A qué reagrupamiento internacional se refiere? Desde luego, Bilan y las otras corrientes de Izquierda Comunista rechazaron el engendro de “ir hacia una IVª Internacional”[11] ; sin embargo, desde 1929 hicieron todo lo posible para discutir con la Oposición de Izquierda, reconociendo que era una corriente proletaria, aunque gangrenada por el oportunismo. Sin embargo, Trotski rechazó obstinadamente todo debate[12], solamente, algunas corrientes como la Liga de Comunistas Internacionalistas de Bélgica o el Grupo Marxista de México aceptaron el debate llevando una evolución que los condujo a la ruptura con el trotskismo[13].
Además, Nuevo Curso nos dice que esos grupos que quedaron “al margen del reagrupamiento internacional” “llegarán, aunque no todos, no completamente y no siempre sobre posiciones coherentes, a un cuadro similar en el mismo periodo”. ¿Qué les “faltaba”? ¿Qué tenían “incoherente”? Nuevo Curso no aclara nada. Vamos a demostrar, recuperando un cuadro que hicimos en un artículo titulado ¿Cuáles son las diferencias entre la Izquierda Comunista y la Cuarta Internacional?[14]:, que esos grupos tenían posiciones coherentes con la fidelidad al programa del proletariado y que en nada eran “similares” al lodazal oportunista de la Oposición y de los grupos de pretendida “praxis internacionalista” de la IVª Internacional:
IZQUIERDA COMUNISTA |
OPOSICION DE IZQUIERDAS |
Se basa en el primer congreso de la IC y considera críticamente las aportaciones del 2º. Rechaza globalmente la mayoría de los acuerdos del tercer y cuarto congreso |
Se basa en los 4 primeros congresos sin análisis crítico |
Analiza críticamente lo que pasa en Rusia y llegará a la conclusión de que no se debe apoyar la URSS pues ha caído en manos del capitalismo mundial |
Ve Rusia como un Estado obrero degenerado que debe ser apoyado a pesar de todo |
La Izquierda Germano Holandesa rechaza trabajar en los sindicatos, mientras que la Izquierda Comunista Italiana llegará con Internationalisme (Izquierda Comunista de Francia) a la misma conclusión asentada sobre bases teóricas e históricas más firmes |
Preconiza los sindicatos como órganos obreros y considera necesario trabajar dentro de ellos |
La Izquierda Comunista Germano Holandesa, Bilan e Internationalisme denuncian claramente la “liberación nacional” |
Apoya la liberación nacional |
Denuncia el parlamentarismo y la participación en las elecciones |
Apoya la participación en las elecciones y el “parlamentarismo revolucionario” |
Acomete un trabajo de Fracción para sacar lecciones de la derrota y poner las bases de una futura reconstitución del Partido Mundial del proletariado |
Concibe un trabajo de “oposición” que puede llegar hasta el entrismo en los partidos socialdemócratas |
Ya en los años 30 y especialmente a través de BILAN considera que la marcha del mundo es hacia la 2ª Guerra Mundial y que no se puede constituir el partido en tales condiciones, sino que hay que sacar lecciones y preparar el futuro. Por eso BILAN dirá: “La consigna de la hora es no traicionar” |
En plena contrarrevolución Trotski cree que están reunidas las condiciones para formar el partido y en 1938 se constituye la IV Internacional |
Denuncia la 2ª Guerra Mundial; condena a ambos bandos en conflicto y preconiza la revolución proletaria mundial |
Llama a elegir bando entre los contendientes de la 2ª Guerra Mundial abandonando el internacionalismo |
Añadimos al cuadro anterior un punto que nos parece muy importante cara a contribuir realmente a la lucha proletaria y a avanzar hacia el partido mundial de la revolución: mientras la Izquierda Comunista realizaba un trabajo organizado, colectivo y centralizado, basado en la fidelidad a los principios organizativos del proletariado y en la continuidad histórica de sus posiciones de clase, la Oposición de Izquierda se veía como una aglomeración de personalidades, círculos y grupos heterogéneos, unidos solamente por el carisma de Trotski en cuyas manos se dejaba “la elaboración política”.
Para colmo, Nuevo Curso coloca en el mismo saco a la Izquierda Comunista y a los comunistizadores (un movimiento modernista radicalmente ajeno al marxismo): “El llamado «comunismo de izquierda» («left communism») es un concepto que engloba a la Izquierda Comunista -sobre todo a las corrientes italiana y germano-holandesa-, a los grupos y tendencias que le dan continuidad (desde el «consejismo» al «bordiguismo») y a los pensadores de la «comunización»”. Habría que preguntarse ¿a qué responde esa amalgama? Amalgama que se remata colocando una foto de Amadeo Bordiga[15] en medio de la denuncia que hace de los “comunistizadores”, lo que daría a entender que la izquierda comunista estaría ligada a ellos o compartiría posiciones con ellos.
Así pues, según Nuevo Curso, los revolucionarios actuales no tendrían que buscar las bases de su actividad en los grupos de la Izquierda Comunista (la TCI, la CCI etc.) sino en lo que pudiera haber salido del programa de capitulación ante el capitalismo que elaboró la IVª Internacional y concretamente, como vamos a ver a continuación, de la obra del revolucionario Munis. Sin embargo, de forma confusa y enrevesada, Nuevo Curso da a entender, sin afirmarlo claramente, que Munis sería el eslabón más importante de una supuesta “Izquierda Comunista Española”, corriente que según Nuevo Curso “funda el Partido Comunista Español en 1920 y crea el grupo español de la Oposición de Izquierda al estalinismo en 1930 luego Izquierda Comunista Española, participando de la fundación de la Oposición Internacional y sirviendo además de semilla y referencia a las izquierdas comunistas en Argentina (1933-43) y Uruguay (1937-43). Toma la posición revolucionaria ante la insurrección obrera del 19 de julio de 1936 y es la única tendencia marxista que toma parte en la insurrección revolucionaria de 1937 en Barcelona. Se convierte en sección española de la IVª Internacional en 1938 y desde 1943 batalla contra el centrismo en ella; denuncia su traición al internacionalismo y su consecuente salida del terreno de clase en su segundo congreso (1948) liderando la ruptura de los últimos elementos internacionalistas y la formación de la «Unión Obrera Internacional» con los escindidos
Antes de pasar a analizar el aporte de Munis, analicemos esa “continuidad” entre 1920 y 1948.
No podemos entrar ahora en un análisis de los orígenes del Partido Comunista en España. Desde 1918 se fueron formando pequeños núcleos interesados en las posiciones de Gorter y Pannehoek, que acabaron discutiendo con el Buró de Ámsterdam de la Tercera Internacional que agrupaba a grupos de Izquierda dentro de ésta. De esos núcleos nace el primer Partido Comunista en España, pero fueron obligados por la IC a fusionarse con el ala centrista del PSOE, partidaria de adherir a la Tercera Internacional. En cuanto nos sea posible haremos un estudio de los orígenes del PCE, pero lo que está claro es que, más allá de algunas ideas y de la indudable combatividad, estos núcleos no constituyeron un órgano real de Izquierda Comunista y no tuvieron ninguna continuidad. A mediados de los años 20 surgieron grupos de Oposición de Izquierda que tomaron el nombre efectivamente de “Izquierda Comunista de España”, dirigidos por Nin. Este grupo se dividió entre los partidarios de fusionarse con el Bloc Obrer i Camperol (un grupo nacionalista catalán vinculado a la Oposición de derechas al estalinismo, tendencia que en Rusia encabezaba Bujarin) y los que preconizaban el entrismo en el PSOE, seducidos por la radicalización de Largo Caballero (antiguo consejero de Estado del dictador Primo de Rivera) que se hacía pasar por el “Lenin español”. Munis estuvo entre estos últimos, mientras que la mayoría, encabezados por Nin, se fusionaría con el Bloc para formar el POUM. Así pues de “Izquierda Comunista” no tenían más que el nombre que se dieron para ser “originales”, pero el contenido de sus posiciones y de su actuación no se distingue en nada de la tendencia oportunista reinante en la Oposición de Izquierdas.
En cuanto a la existencia de una Izquierda Comunista en Uruguay y Argentina hemos estudiado los artículos que Nuevo Curso publica para justificar su existencia. En lo que concierne a Uruguay se trata de la Liga Bolchevique Leninista que es uno de los raros grupos que dentro del trotskismo toma una posición internacionalista contra la Segunda Guerra Mundial. Esto tiene mucho mérito y lo saludamos calurosamente como expresión de un esfuerzo proletario, pero la lectura del artículo de Nuevo Curso muestra que dicho grupo apenas pudo llevar una actividad organizada y se movía en un entorno político dominado por el APRA peruano, un partido burgués de los pies a la cabeza que coqueteó con la Internacional Comunista ya degenerada: “Sabemos que la Liga se reunirá con los «antidefensistas» en Lima en 1942 en casa del fundador del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre, solo para constatar las profundas diferencias que los separaban. (…) Tras el fracaso de su contacto «antidefensista» sufren de lleno la caza de brujas organizada contra «los trotskistas» por el gobierno y el Partido Comunista. Sin referentes internacionales -la IVª solo les deja opción de abjurar de su crítica de la «defensa incondicional de la URSS»- el grupo se desbanda”.[16]
Lo que Nuevo Curso llama Izquierda Comunista Argentina son dos grupos que se fusionarán para formar la Liga Comunista Internacionalista y se mantendrá en activo hasta 1937 para ser finalmente laminada por la acción de los partidarios de Trotski en Argentina. Es cierto que la Liga rechaza el socialismo en un solo país y se reclama de la revolución socialista frente a la “liberación nacional”, sin embargo, sus argumentos, aun reconociendo el mérito de su combate, son muy endebles. En Nuevo Curso encontramos citas de uno de los miembros más caracterizados del grupo, Gallo que afirma:
¿Qué significa la lucha por la liberación nacional? ¿Acaso el proletariado como tal no representa los intereses históricos de la Nación en el sentido que tiende a liberar a todas las clases sociales por su acción y a superarlas por su desaparición? Pero para ello necesita, precisamente, no confundirse con los intereses nacionales (que son los de la burguesía pues ésta es la clase dominante) que en el terreno interior y exterior se contradicen agudamente. De manera que esa consigna es rotundamente falsa (…) afirmándose nuestro criterio de que solo la revolución socialista puede ser la etapa que corresponde a los países coloniales y semicoloniales. Prisionero de los dogmas de la Oposición sobre la liberación nacional e incapaz de salir de ellos, el grupo afirma “La IV Internacional no admite ninguna consigna de «liberación nacional» que tienda a subordinar al proletariado a las clases dominantes y, por el contrario, asegura que el primer paso de la liberación nacional proletaria es la lucha contra las mismas”[17]. La confusión es terrible, ¡el proletariado debería hacer una “liberación nacional” proletaria!, es decir, el proletariado debería ejecutar una tarea propia de la burguesía.
De forma muy tardía, ¡en 1948!, del tronco podrido de la IVª Internacional surgirán dos tendencias prometedoras (las últimas en el movimiento trotskista)[18]: la de Munís y la de Castoriadis. En el artículo Castoriadis, Munis y el problema de la ruptura con el trotskismo[19] dejamos bien clara la diferencia entre Castoriadis que acabó siendo un propagandista acérrimo del capitalismo occidental y Munís que siempre fue fiel al proletariado[20].
Esta fidelidad es admirable y forma parte de los numerosos esfuerzos que han surgido para avanzar hacia una conciencia comunista. Sin embargo, eso es una cosa y otra muy distinta es que alrededor de la obra de Munis, una obra más individual que ligada a una auténtica corriente proletaria organizada, se pueda encontrar una base teórica, programática y organizativa para continuar en la actualidad la tarea histórica de las organizaciones comunistas. Munís está lastrado, como hemos mostrado en numerosos artículos, por sus orígenes trotskistas, de los que nunca logró deshacerse[21].
En un artículo escrito en 1958, Munís hace un análisis muy claro denunciando a los líderes norteamericanos e ingleses de la IVª Internacional que renegaron vergonzosamente del internacionalismo, concluyendo correctamente que “la IVª Internacional no tiene ninguna razón histórica de existencia; es superflua, hay que considerar su fundación misma como un error, y su única tarea consiste en ir coleando tras el estalinismo, más o menos críticamente. A eso está limitada, de hecho, desde hace años, bordón y escupidera del estalinismo, según conveniencia de éste”[22]. Sin embargo, estima que en algo puede servir al proletariado, pues resultaría que: “le queda un papel posible que desempeñar. en los países dominados por el estalinismo, principalmente en Rusia. Allí el prestigio del trotskismo sigue siento enorme. Los procesos de Moscú, la propaganda gigantesca llevada a cabo durante casi quince años en nombre de la lucha contra él, la calumnia incesante de la que fue objeto bajo Stalin y que sus sucesores mantienen, todo contribuye a hacer del trotskismo una tendencia latente de millones de hombres. Si mañana -acontecimiento bien posible- la contrarrevolución cediese ante un ataque frontal del proletariado, la IVª Internacional podría surgir rápidamente en Rusia como una organización potentísima”.
Munís repite respecto al trotskismo, el mismo argumento que éste emplea frente al estalinismo y la socialdemocracia: que A PESAR DE TODO PUEDE SERVIR AL PROLETARIADO. ¿Por qué? Porque el estalinismo lo ha designado el “enemigo público número uno”, de la misma forma que los partidos de derecha hacen de “socialdemócratas y comunistas” unos “peligrosos socialistas”. Añade otro argumento, igualmente típico del trotskismo respecto a socialdemócratas y estalinistas: “habría muchos obreros que serían seguidores de estos partidos”.
Que los partidos de izquierda sean rivales de la derecha y sean denostados por ésta no los hace “favorables al proletariado”, de la misma forma que su influencia entre los obreros no justifica el apoyarlos. Al contrario, hay que denunciarlos por la función que cumplen al servicio del capitalismo. Decir que el trotskismo abandonó el internacionalismo y añadir inmediatamente que “aún le quedaría un papel posible que desempeñar en favor del proletariado” es una incoherencia muy peligrosa que dificulta la necesaria labor de distinguir entre los auténticos revolucionarios y los lobos capitalistas que se ponen la piel de cordero “comunista” o “socialista”. El tercer capítulo del Manifiesto Comunista, titulado “Literatura socialista y comunista”, establece claramente la frontera infranqueable que existe entre, por un lado, el “socialismo reaccionario” y el “socialismo burgués” que sitúa como enemigos, y, por otro lado, las corrientes del “socialismo crítico utópico” que aprecia en el campo proletario.
La huella trotskista se halla igualmente en Munís cuando propone “reivindicaciones de transición” a la imagen del famoso Programa de Transición que Trotski planteó en 1938. Como criticamos en nuestro artículo ¿Adónde va el FOR?:
“En su 'Por un Segundo Manifiesto Comunista', el FOR consideró correcto plantear todo tipo de reivindicaciones transitorias, en ausencia de movimientos revolucionarios del proletariado. Estas van desde la semana de 30 horas, la supresión del trabajo por piezas y el cronometraje en las fábricas a la “demanda de trabajo para todos, desempleados y jóvenes” en el terreno económico. En el plano político, el FOR exige a la burguesía ‘derechos’ y ‘libertades’ democráticos. “libertad de expresión, de prensa, de reunión y derecho de los trabajadores a elegir delegados permanentes de taller, de fábrica o de oficio”, “sin ninguna formalidad judicial o sindical” (Pro Segundo Manifiesto pág. 65-71). Todo esto está dentro de la ‘lógica’ trotskista, según la cual basta seleccionar bien las reivindicaciones para llegar gradualmente a la revolución. Para los trotskistas, todo el truco es saber cómo ser un pedagogo para los trabajadores, que no sabrían que reivindicar; poner ante ellos las zanahorias más apetitosas para empujar a los trabajadores hacia su ‘partido’”
Vemos aquí una visión gradualista donde “el partido líder” iría administrando sus pócimas milagrosas para llevar a las masas a la “victoria final”, lo que se hace al precio de sembrar peligrosas ilusiones reformistas en los obreros y de embellecer el Estado capitalista ocultando que sus “libertades democráticas” son medios de dividir, engañar y desviar las luchas obreras. Los comunistas no son una fuerza exterior al proletariado que mediante sus “artes de dirección revolucionaria” lo llevan “por el buen camino”, ya en 1843, Marx rechazó esta visión de “profetas redentores”: “No nos enfrentamos al mundo en actitud doctrinaria con un nuevo principio: ¡Esta es la verdad, arrodíllense ante ella! Desarrollamos nuevos principios para el mundo sobre la base de los propios principios del mundo. No le decimos al mundo: «Termina con tus luchas, pues son estúpidas; te daremos la verdadera consigna de lucha». Nos limitamos a mostrarle al mundo por qué está luchando en verdad, y la conciencia es algo que tiene que adquirir, aunque no quiera”[23].
El trabajo como Fracción que la Oposición de Izquierdas fue incapaz de concebir permite a los revolucionarios comprender en qué momento estamos en la relación de fuerzas entre burguesía y proletariado, saber si estamos en una dinámica que permite avanzar hacia la formación del partido mundial de clase o, por el contrario, estamos en una situación donde la burguesía puede imponer su férula a la sociedad, encaminándola a la guerra y la barbarie.
Huérfano de esa brújula, Trotski creía que todo se reducía a la habilidad para reunir una gran masa de afiliados con los cuales introducir en la clase “una dirección revolucionaria”. Así, cuando la sociedad mundial iba hacia las matanzas de la Segunda Guerra Mundial jalonada por las masacres de Abisinia, la guerra española, la guerra chino – japonesa etc., Trotski creyó ver en las huelgas de Francia de julio 1936 y la valiente respuesta inicial de los obreros españoles al golpe de Franco, “el principio de la revolución” .
Incapaz de romper con este voluntarismo, Munís repite el mismo error. Como analiza nuestro artículo antes mencionado” Detrás de esta negativa [de Munís] a analizar la dimensión económica de la decadencia del capitalismo, se encuentra un voluntarismo no superado, cuyos fundamentos teóricos se remontan a la carta en que anunció su ruptura con la organización trotskista en Francia, el Partido Comunista Internacionalista, donde sostenía, tozudamente, la concepción de Trotsky según la cual la crisis de la humanidad es la crisis del liderazgo revolucionario”. Así Munís proclama “la crisis de la humanidad -repetimos esto miles de veces junto con L.D. Trotsky- es una crisis de liderazgo revolucionario. Todas las explicaciones que tratan de emplazar la responsabilidad del fracaso de la revolución en las condiciones objetivas, en el desnivel ideológico o las ilusiones de las masas en el poder del estalinismo, o el atractivo ilusorio del ‘Estado obrero degenerado’, son erróneas y sólo sirven para excusar a los responsables, para distraer la atención del verdadero problema y dificultar su solución. Un auténtico liderazgo revolucionario, dado el nivel actual de las condiciones objetivas para la toma del poder, debe superar todos los obstáculos, superar todas las dificultades, triunfar sobre todos sus adversarios”[24]
Así pues, bastaría un “auténtico liderazgo revolucionario” para barrer de un plumazo todos los obstáculos, todos los adversarios. El proletariado no tendría que confiar en su unidad, solidaridad y conciencia de clase sino confiarse a las bondades de un “liderazgo revolucionario”. Este mesianismo lleva a Munís a una conclusión delirante: “La guerra última ofrecía más oportunidades revolucionarias que la de 1914-18[25]. Durante meses, todos los estados europeos, Rusia incluida, aparecieron maltrechos y desprestigiados, susceptibles de ser vencidos por una ofensiva proletaria. Millones de hombres armados aspiraban confusamente a una solución revolucionaria (…) el proletariado, revolucionariamente organizado hubiera podido poner-a la obra una insurrección común a varios países. Susceptible de extensión continental. Los bolcheviques en 1917 no gozaron, ni con mucho, de posibilidades tan vastas”[26].
A diferencia de la Primera Guerra Mundial, la burguesía había preparado concienzudamente la derrota del proletariado antes de la Segunda Guerra Mundial: masacrado en Alemania y Rusia, alistado bajo la bandera del “antifascismo” en las potencias democráticas, el proletariado opuso una débil resistencia a la masacre. Hubo el gran sobresalto proletario en el norte de Italia en 1943 que los aliados democráticos dejaron que los nazis lo aplastarán sangrientamente[27], algunas huelgas y deserciones en Alemania (1943-44) que los aliados ahogaron en la raíz con los terribles bombardeos de Hamburgo, Dresde etc., sin ningún objetivo militar sino únicamente de aterrorizar a la población civil. También la Comuna de Varsovia (1944) que el ejército ruso dejó que los nazis la machacaran.
Es abandonarse al ilusionismo más suicida pensar que al final de la Segunda Guerra Mundial el proletariado, revolucionariamente organizado hubiera podido poner-a la obra una insurrección común a varios países. Con estas fantasías poco se puede contribuir a la formación de una organización proletaria.
Un pilar fundamental de la organización revolucionaria es la apertura y voluntad de discusión con las demás corrientes proletarias. Ya vimos como el Manifiesto Comunista considera con respeto y espíritu de debate las aportaciones de Babeuf, Blanqui y del socialismo utópico. Por ello, en la Resolución sobre los grupos políticos proletarios adoptada por nuestro 2º Congreso Internacional señalamos que “la caracterización de las diversas organizaciones que afirman defender el socialismo y la clase obrera es de la mayor importancia para la CCI. Esto no es, ni mucho menos, algo abstracto o puramente teórico; es, al contrario, orientador en la actitud que la Corriente mantiene hacia esas organizaciones, y, por consiguiente, de su actividad respecto a ellas: ya sea denunciándolas como órganos o productos del capital; ya sea polemizando y discutiendo con ellas para ayudarlas a alcanzar una mayor claridad y rigor programático; ya sea impulsando la aparición de tendencias en su seno que busquen tal claridad”[28].
Contrariamente a esta postura, Trotski, como vimos antes, rechazó el debate con Bilan y, en cambio, se abrió de par en par a una pretendida “izquierda de la socialdemocracia”. Munís se vio igualmente afectado por el sectarismo. Nuestro artículo de homenaje a Munís reconoce con aprecio que “En 1967, junto con compañeros del grupo venezolano Internacionalismo, participó en los esfuerzos para restablecer contactos con el medio revolucionario en Italia. Así, a finales de los años 60, con el resurgir de la clase obrera en el escenario de la historia, estará en la brecha junto a las débiles fuerzas revolucionarias existentes en aquel momento, incluyendo a quienes formarían Revolution Internationale en Francia. Pero, a principios de los años 70, lamentablemente permaneció fuera de las discusiones y los intentos de reagrupamiento que se tradujeron en particular en la constitución de la CCI en 1975”.
Este esfuerzo no tuvo continuidad y como decimos en el artículo antes mencionado (Castoriadis, Munis y el problema de la ruptura con el trotskismo, ver nota 21) “el grupo [se refiere al FOR] padeció una tendencia hacia el sectarismo que debilitó aún más su capacidad para sobrevivir. El ejemplo de esta actitud que mencionamos en el homenaje fue el estrepitoso abandono por parte de Munis y su grupo de la segunda Conferencia de la Izquierda Comunista, alegando su desacuerdo con los demás grupos acerca del problema de la crisis económica”.
Por importante que sea, un desacuerdo sobre el análisis de la crisis económica no puede motivar el abandono del debate entre revolucionarios. Este debe hacerse con la mayor tenacidad, con la actitud de “convencer o ser convencidos”, pero nunca dar un portazo a las primeras de cambio sin haber agotado todas las posibilidades de discusión. Nuestro artículo señala justamente que tal actitud afecta a algo vital: la construcción de una organización sólida y capaz de mantener una continuidad. FOR no resistió la muerte de Munís y desapareció definitivamente en 1993, como indica el artículo “Hoy el FOR ya no existe. Siempre fue altamente dependiente del carisma personal de Munis, quien no fue capaz de transmitir una tradición sólida de organización a la nueva generación de militantes que se reunieron alrededor de él, y que habría podido servir como base para continuar el funcionamiento del grupo tras la muerte de Munis”.
Del mismo modo el peso negativo de la herencia trotskista impide a Munís contribuir a la construcción de la organización, la actividad de los revolucionarios no es la de una suma de individuos, menos aún la de líderes carismáticos, se basa en un esfuerzo colectivo organizado. Como decimos en La Función de la Organización Revolucionaria, ésta “deja de aparecer como organización de jefes dirigentes de la masa de militantes. Se acabó el período de jefes ilustres y de grandes teóricos. La elaboración teórica se ha vuelto tarea verdaderamente colectiva. A imagen de millones de combatientes proletarios "anónimos", la conciencia de la organización se desarrolla con la integración y la superación de las conciencias individuales en una misma conciencia colectiva”[29]. De forma más profunda, por importantes que sean “la clase obrera no hace surgir militantes revolucionarios sino organizaciones revolucionarias: no existen relaciones directas entre los militantes y la clase. Los militantes participan del combate de la clase en tanto se convierten en miembros y toman a su cargo las tareas de la organización”[30]
Como afirmamos en el artículo que publicamos a su muerte en 1989[31]: “a pesar de los serios errores que pudo haber cometido, Munis permaneció hasta el fin como un militante que fue profundamente leal al combate de la clase trabajadora. Él fue uno de esos muy raros militantes que permanecieron de pie ante las presiones de la más terrible contrarrevolución que el proletariado haya conocido jamás, cuando muchos desertaron o incluso traicionaron la lucha militante, él permaneció una vez más allí, al lado de la clase en el histórico resurgir de sus luchas a finales de los años 60”.
Lenin decía que, a los revolucionarios, “después de su muerte se les intenta convertir en íconos inofensivos, para canonizarlos, es decir, para consagrar sus nombres para el “consuelo” de las clases oprimidas, con el objeto de engañarlas”. ¿Por qué Nuevo Curso llena su blog de fotos de Munis, publica sin el menor asomo crítico algunos de sus textos etc.? ¿Por qué lo eleva a icono de una “nueva escuela”?
Quizá pudiera tratarse de un culto sentimental a un antiguo combatiente obrero. Si ese es el caso debemos decir que el resultado será una mayor confusión, pues sus tesis, convertidas en dogmas, no harán sino destilar lo peor de sus errores. Recordemos el análisis certero del Manifiesto Comunista respecto a los socialistas utópicos y quienes pretendieron posteriormente reivindicarlos: “aunque algunos de los autores de estos sistemas socialistas fueran en muchos respectos verdaderos revolucionarios, sus discípulos forman hoy día sectas indiscutiblemente reaccionarias, que tremolan y mantienen impertérritas las viejas ideas de sus maestros frente a los nuevos derroteros históricos del proletariado”.
Otra explicación posible es que se pretenda combatir la auténtica Izquierda Comunista con una “doctrina” spam construida de la noche a la mañana utilizando los materiales de aquel gran revolucionario. Si tal es el caso es obligación de los revolucionarios combatir con la máxima energía semejante impostura.
C.Mir 17-8-19
[1] nuevocurso.org/la-izquierda-comunista-no-fue-comunista-de-izquierda
[2] En un artículo de la Serie sobre el Comunismo (IX - 1924-28: el Termidor del capitalismo de Estado estalinista, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200007/770/ix-1924-28-el-thermidor-del-capitalismo-de-estado-estalinista [89] ) hemos criticado el uso del término “Termidor”, muy típico del trotskismo, para caracterizar el ascenso y desarrollo del estalinismo. El Termidor de la revolución francesa (28 de julio de 1794) no fue propiamente una “contrarrevolución” sino un paso necesario en la consolidación del poder burgués que, más allá de una serie de concesiones, no volvería jamás al orden feudal. En cambio, el ascenso del estalinismo desde 1924 significó el establecimiento definitivo de la restauración del orden capitalista y no representó, como erróneamente pensó siempre Trotski, un “terreno socialista” donde quedarían “algunas conquistas de octubre”. Se trata de una diferencia fundamental que ya recogió Marx en El 18 de Brumario de Luis Bonaparte (https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm [90] ), cuando señaló que “Las revoluciones burguesas, como la del siglo XVIII, avanzan arrolladoramente de éxito en éxito, sus efectos dramáticos se atropellan, los hombres y las cosas parecen iluminados por fuegos de artificio, el éxtasis es el espíritu de cada día; pero estas revoluciones son de corta vida, llegan en seguida a su apogeo y una larga depresión se apodera de la sociedad, antes de haber aprendido a asimilarse serenamente los resultados de su período impetuoso y agresivo” (el Termidor fue precisamente uno de esos momento de “asimilación” de las conquistas políticas de la burguesía, dando cabida a las fracciones más moderadas de esta clase y más proclives a pactar con las fuerzas feudales, todavía poderosas).
[3] Los lectores pueden visitar en nuestra Web la sección acerca de la Izquierda Comunista donde encontrarán una abundante documentación sobre la misma. Ver https://es.internationalism.org/go_deeper?page=1 [91]
[4] El trotskismo hijo de la contrarrevolución, https://es.internationalism.org/cci/200605/914/el-trotskismo-hijo-de-la-contrarrevolucion [92]
[5] En 1926 se constituyó la Oposición Unificada entre los grupos procedentes del Manifiesto de los 46 con los de Zinoviev y Kamenev, estos últimos de corte profundamente burocrático y maniobrero.
[6] El trotskismo defensor de la guerra imperialista, https://es.internationalism.org/cci/200605/917/el-trotskismo-defensor-de-la-guerra-imperialista [93]
[7] Todo esto está ampliamente documentado en El trotskismo defensor de la guerra imperialista, https://es.internationalism.org/cci/200605/917/el-trotskismo-defensor-de-la-guerra-imperialista [93]
[8] Entre los individuos y pequeños grupos que se opusieron a la traición de las organizaciones de la IV ª Internacional habría que agregar también los RKD de Austria (hablamos más adelante) y el revolucionario griego Stinas que fue fiel al proletariado y denunció el nacionalismo y la barbarie guerrera. Ver Documento - Nacionalismo y antifascismo en https://es.internationalism.org/revista-internacional/199304/1993/documento-nacionalismo-y-antifascismo [94]
[9] Ver, entre otros documentos, La izquierda comunista y la continuidad del marxismo https://es.internationalism.org/cci/200510/156/la-izquierda-comunista-y-la-continuidad-del-marxismo [95] Apuntes para una historia de la Izquierda Comunista, https://es.internationalism.org/revista-internacional/197704/2051/apuntes-para-una-historia-de-la-izquierda-comunista [96] ,
[10] Como señala INTERNATIONALISME órgano de la Izquierda Comunista de Francia en su artículo ““el trotskismo, en lugar de favorecer la formación de un pensamiento revolucionario partiendo de los organismos (fracciones y tendencias) que así lo expresan, es el medio orgánico de su pudrimiento. Eso significa que el trotskismo no segrega en su interior ningún fermento revolucionario. Al contrario, lo aniquila. El fermento revolucionario esta pues condicionado en su existencia y desarrollo a situarse fuera de los marcos organizacionales e ideológicos del trotskismo”
[11] Ver, por ejemplo, en BILAN nº 1, 1933, órgano de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista, el artículo ¿Hacia una Internacional Dos y Tres Cuartos?, donde critica la perspectiva trazada por Trotski de ir hacia una “Cuarta Internacional”
[12] Ver al respecto, Trotsky y la Izquierda italiana (Textos de la Izquierda comunista de los años 30 sobre el trotskismo) https://es.internationalism.org/cci/200605/919/anexo-trotsky-y-la-izquierda-italiana-textos-de-la-izquierda-comunista-de-los-anos-30 [97]
[13] Ver Textos de la Izquierda Comunista en México, https://es.internationalism.org/revista-internacional/197706/2064/textos-de-la-izquierda-mexicana-1937-38 [98]
[14] https://es.internationalism.org/cci-online/200706/1935/cuales-son-las-diferencias-entre-la-izquierda-comunista-y-la-iv-internacional [99] .
[15] Nacido en 1889 y muerto en 1970 fue fundador del Partido Comunista de Italia y contribuyó de forma importante a las posiciones de la Izquierda Comunista, especialmente hasta 1926.
[16] nuevocurso.org/hubo-izquierda-comunista-en-uruguay-y-chile
[17] nuevocurso.org/la-izquierda-comunista-argentina-y-el-internacionalismo
[18] Habría que agregar una tercera tendencia: los RKD austriacos desprendidos del trotskismo en 1945. Internationalisme discutió con ellos, sin embargo, derivaron finalmente hacia el anarquismo.
[19] Ver Castoriadis, Munis y el problema de la ruptura con el trotskismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/201804/4300/el-comunismo-esta-al-orden-del-dia-en-la-historia-castoriadis-muni [100] y /content/4363/castoriadis-munis-y-el-problema-de-la-ruptura-con-el-trotskismo-ii [25]
[20] En 1948-49, Munís discutió ampliamente con el camarada MC, miembro de Internationalisme, en ese periodo donde maduró su ruptura organizativa con el trotskismo.
[21] Ver En memoria de Munis, militante de la clase obrera, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1028/en-memoria-de-munis-militante-de-la-clase-obrera [26] ; Polémica: ¿Adónde va el F.O.R.? https://es.internationalism.org/content/4393/polemica-adonde-va-el [101] , Crítica del libro JALONES DE DERROTA PROMESAS DE VICTORIA, https://es.internationalism.org/cci/200602/753/1critica-del-libro-jalones-de-derrota-promesas-de-victoria [102] , Las confusiones del FOR sobre Octubre 1917 y España 1936, https://es.internationalism.org/content/4388/las-confusiones-del-sobre-octubre-1917-y-espana-1936 [103]
[22] marxismo.school/ICE/1959%20La%20IV%C2%AA%20Internacional.html.
[23] Carta a Arnold Ruge, https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/m09-43.htm [104]
[24] https://www.marxists.org/espanol/peret/1947_carta_pci.htm [105] . Habría que añadir, como ejemplo de ese voluntarismo ciego y en el fondo desmovilizador, la propia trágica experiencia de Munis. En 1951 estalló un boicot de tranvías en Barcelona, era una manifestación muy combativa de los obreros en la noche negra de la dictadura franquista. Munís se trasladó allí con la esperanza de “impulsar la revolución”, sin comprender la relación de fuerzas entre las clases. Internationalisme y MC le desaconsejaron esa aventura. Sin embargo, se empeñó en ello y fue detenido pasando 7 años en las cárceles franquistas. Apreciamos la combatividad del militante y somos solidarios con él, sin embargo, la lucha revolucionaria requiere un análisis consciente y no un simple voluntarismo o, peor aún, un mesianismo, creyendo que por estar “presentes” en ella se va a reunir a las masas para llevarlas a la “Nueva Jerusalén”.
[25] Nota del redactor: se refiere a la Segunda Guerra Mundial
[26] Tomado del artículo de Munis La IVª Internacional que se puede encontrar en marxismo.school/archivo/1959%20La%20IV%c2%aa%20Internacional.html.
[27] Ver La lucha de clases contra la guerra imperialista - Las luchas obreras en Italia 1943, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200704/1863/la-lucha-de-clases-contra-la-guerra-imperialista-las-luchas-obrera [106]
[28] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201510/4120/resolucion-sobre-los-grupos-politicos-proletarios-1977 [107]
[29] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198204/135/informe-sobre-la-funcion-de-la-organizacion-revolucionaria [108]
[30] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198302/2127/estructura-y-funcionamiento-de-la-organizacion-revolucionaria [109]
[31] Ver En memoria de Munis, militante de la clase obrera, https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1028/en-memoria-de-munis-militante-de-la-clase-obrera [26]
Attachment | Size |
---|---|
![]() | 317.29 KB |
En la introducción del artículo anterior[1], insistíamos ya en la importancia de unos temas que tratábamos así: “Si ante movimientos sociales nuevos, la burguesía sudafricana hubiera seguido utilizando sus armas tradicionales más brutales, o sea sus fuerzas militares y policiacas, cuando la dinámica del enfrentamiento entre les clases contenía aspectos inéditos en ese país, pues la clase obrera nunca antes había demostrado tal combatividad y desarrollo de su conciencia; tampoco antes la burguesía había usado maniobras tan sofisticadas, en particular la de recurrir al arma del sindicalismo de base, animado par la extrema izquierda del capital. En ese enfrentamiento entre las dos verdaderas clases históricas, la determinación del proletariado irá hasta provocar objetivamente el desmantelamiento del sistema de apartheid lo que se plasmó en la reunificación de todas las fracciones de la burguesía para hacer frente a la marea de luchas de la clase obrera.”
Y luego pudimos mostrar en detalle el alcance de la combatividad y el desarrollo de la conciencia de clase del proletariado sudafricano, expresada, por ejemplo, en la toma de control de sus luchas mediante los llamados comités "CIVICS" (Community Based Organisations) que se formaron por centenares. También ilustrábamos cómo la burguesía pudo acabar finalmente con la magnífica combatividad de la clase obrera sudafricana apoyándose en sus pilares principales, a saber, el "poder blanco" (bajo el apartheid), el ANC (African National Congress) y el sindicalismo radical. De hecho, la evaluación general de esta lucha entre la clase obrera y la burguesía muestra el papel dirigente desempeñado por el sindicalismo de base para desviar las luchas verdaderamente proletarias hacia el terreno burgués[2]:
Hablando de sindicalismo radical, decíamos: “Y su contribución principal fue sin duda el haber conseguido construir a sabiendas la trampa «democrática/unidad nacional» en la que la burguesía pudo hacer caer a la clase obrera. Y, aprovechándose de ese ambiente de «euforia democrática», debido, en gran parte a la liberación de Mandela y sus compañeros en 1990, el poder central tuvo que apoyarse en su «nuevo muro sindical» formado por el COSATU y su «ala izquierda» para desviar sistemáticamente los movimientos de lucha hacia reivindicaciones de tipo «democrático», de «derechos cívicos», «igualdad racial», etc.(…) De hecho, entre 1990 y 1993 cuando se formó precisamente un gobierno de «unión nacional de transición», las huelgas y las manifestaciones eran escasas y sólo encontraron oídos sordos en el nuevo poder. (…) Ese era el objetivo central del proyecto de la burguesía cuando decidió iniciar el proceso que llevó al desmantelamiento del apartheid y a la «reconciliación nacional» entre todas sus fracciones que se andaban a matar bajo el apartheid.
Ese proyecto será fielmente instaurado por Mandela y el ANC entre 1994 y 2014, incluso matando, si hacía falta, a muchos obreros que resistían a la explotación y la represión.”
En este artículo, intentaremos mostrar cómo los sucesivos líderes del ANC implantaron metódicamente su proyecto, empezando por Nelson Mandela. Mostraremos, claro está, en qué medida fue capaz la clase obrera sudafricana de enfrentarse al nuevo "poder negro" después de haber luchado contra el antiguo "poder blanco", porque como veremos más adelante, el proletariado sudafricano no perdió su combatividad, aunque, eso sí, se enfrentara a muchas y grandes dificultades. Así, además de su lucha diaria por mejorar sus condiciones de vida, también tuvo y sigue teniendo que enfrentarse a enfermedades como el SIDA con sus terribles estragos, a la corrupción del poder gobernante, a las múltiples violencias sociales ligadas a la descomposición del sistema capitalista, en forma de asesinatos, pogromos, etc. Por otro lado, como antes de Mandela, sigue enfrentándose a un poder represivo y mortífero, ese poder que, entre otras cosas, mató a muchos mineros en Marikana en 2012. Eso no quita de que el proletariado sudafricano ya haya demostrado su capacidad para desempeñar un papel importante como fracción del proletariado mundial para la revolución comunista.
Al final del período de "gobierno de transición", se celebraron elecciones generales en 1994, que fueron ganadas triunfalmente por el ANC, que de este modo accedió a todas las palancas de poder para gobernar el país siguiendo las orientaciones del capital nacional sudafricano con el apoyo, o la benevolencia, de los principales líderes blancos sudafricanos que habían luchado contra ese partido.
A partir de entonces, empezaron las cosas serias para Mandela, o sea la recuperación de la economía nacional, que se había visto gravemente afectada por la crisis económica de aquel entonces, pero también a causa de la resistencia de los trabajadores a la explotación. De hecho, en su primer año de funcionamiento en 1995, el gobierno de Mandela decidió una serie de medidas de austeridad, incluyendo un recorte del 6% en los salarios de los funcionarios públicos y del 10% en el presupuesto de Sanidad. A partir de ahí, se planteaba saber cómo iba a reaccionar la clase obrera ante los ataques del nuevo poder.
Contra todo pronóstico y aunque aturdida por la propaganda en torno a la "unidad nacional" o la "nueva era democrática", la clase obrera no podía permitir que un ataque tan agresivo pasara sin reacción. Asistimos así al estallido de los primeros movimientos de huelga bajo el gobierno de Mandela en el transporte y en la administración pública sobre todo. Por su parte, como era de esperar, la nueva burguesía dominante pronto mostró su verdadero rostro como clase dominante reprimiendo violentamente a los huelguistas, de los cuales mil fueron arrestados, sin mencionar el número de heridos por mordiscos de perros policías. Además, paralelamente a la represión policial del gobierno, el Partido Comunista Sudafricano y el Congreso de Sindicatos de Sudáfrica (COSATU[3]), miembros ambos del gobierno, incapaces de evitar el estallido de huelgas, comenzaron a denunciar violentamente a los huelguistas acusándolos de sabotear las políticas de "recuperación" económica y "reconciliación" del país. Es importante señalar a este respecto que mientras los dirigentes sindicales de COSATU y el gobierno denunciaban y reprimían a los huelguistas, los sindicalistas de base seguían "pegados" a los trabajadores, alegando que los defendían contra la represión que se les estaba imponiendo. Es ésa una habilidad cierta del nuevo poder porque, al asociar a COSATU a la gestión de los asuntos del capital, no olvidaba la importancia de contar con un instrumento sólido para regular las luchas de los trabajadores, a saber, el "sindicalismo de base", del que muchos de los gobernantes habían tenido experiencia práctica[4].
A la vez que seguía aplicando sus medidas de austeridad, el nuevo equipo de gobierno emprendió maniobras ideológicas para que se aceptaran mejor esas medidas mediante la creación de estructuras con las que dar legitimidad a su orientación económica y política. Así, bajo la cobertura de la Comisión Verdad y Reconciliación (CVR), el gobierno de Mandela presentó un programa llamado "reconstrucción, negociación y reconciliación" en 1996, y otro al año siguiente llamado “Growth, Employment and Redistribution” (crecimiento, empleo y redistribución). De hecho, detrás de estos artilugios, había la misma orientación económica inicial cuya aplicación no podía sino empeorar las condiciones de vida de la clase obrera. Por lo tanto, para el poder gobernante, la cuestión era cómo hacer tragar la píldora a las masas obreras, algunas de las cuales acababan de expresar enérgicamente su rechazo a tales medidas de austeridad. Así, ante el temor de una reacción obrera contra el plan del gobierno, se asistió primero a la expresión abierta de divergencias (tácticas) en el seno del ANC:
“(...) ¿Sigue estando la línea política del ANC realmente al servicio de sus antiguos partidarios, al servicio del mayor número de personas, especialmente de los más desfavorecidos, como lo reivindica el ANC? La COSATU y el SACP (Partido Comunista Sudafricano) lo cuestionan cada vez más a menudo, aunque no lo digan directamente. Critican al ANC por no representar los intereses de los más pobres, especialmente de los obreros, por dejar de lado la creación de empleo y por no prestar suficiente atención en garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a condiciones de vida decentes. (...) Esta crítica ha sido ampliamente difundida por intelectuales de izquierda y a menudo de manera virulenta. (...) Sin embargo, esas divergencias suscitan preguntas y debates. ¿Es necesario un partido obrero que represente en exclusiva los intereses de los trabajadores? El SACP (Partido Comunista Sudafricano) evocó durante un tiempo la perspectiva de una candidatura autónoma en las elecciones y algunos de los miembros de COSATU incluso esbozaron un proyecto de partido obrero.” [5]
En esa cita puede apreciarse cómo el gobierno expone en plaza pública sus divisiones. Pero se trata sobre todo de una maniobra o, más convencionalmente, de un reparto de trabajo entre derecha e izquierda en la cúspide del poder, cuyo objetivo principal era hacer frente a las posibles reacciones de obreras[6]. En otras palabras, las amenazas de escisión para crear un "partido obrero que represente los intereses de los trabajadores" eran sobre todo cinismo político engañoso destinado a desviar la reflexión y la combatividad de la clase obrera.
Sea como fuere, el caso es que el gobierno de Mandela decidió continuar con su política de austeridad adoptando enérgicamente todas las medidas necesarias para reactivar la economía sudafricana. En otras palabras, se dejaba atrás la “lucha de liberación nacional", y sobre todo de "defensa de los intereses de los más pobres" que planteaba con la mayor hipocresía la izquierda del ANC. Inicialmente, esa política de austeridad económica, de represión e intimidación por parte del "nuevo poder popular" tuvo un impacto en la clase obrera acarreando gran desilusión y amargura en sus filas. Esto fue seguido por un período de relativa parálisis de la clase obrera frente a los persistentes ataques económicos del gobierno del ANC. Por un lado, una gran parte de los trabajadores africanos, que esperaban acceder rápidamente a los mismos derechos/ventajas que sus camaradas blancos, se cansaban de esperar. Por otro lado, éstos, con sus sindicatos racistas (muy minoritarios eso sí), amenazaron con tomar las armas en defensa de sus "adquisiciones" (algunos privilegios concedidos bajo el apartheid).
Tal situación no podía promover objetivamente la lucha y menos aún la unidad de la clase obrera. Afortunadamente, ese período duró poco, porque tres años después de su primera reacción contra las primeras medidas de austeridad del gobierno del ANC bajo Mandela, la clase obrera finalmente reaccionó de nuevo reanudando la lucha, e incluso mucho más masivamente que antes.
Animado por la forma con que había controlado la situación ante el primer movimiento de huelga de su presidencia contra las primeras medidas de austeridad, el gobierno del ANC añadió nuevas medidas más duras todavía. Y así, lo que logró fue crear las condiciones para una respuesta obrera más amplia[7]:
- “(…) En 1998, se estima que se perdieron casi 2.825.709 de jornadas laborables desde principios de enero hasta finales de octubre. Las huelgas son principalmente por reivindicaciones económicas, pero también reflejan el descontento político de los huelguistas con el gobierno. De hecho, lejos de vivir mejor, muchos trabajadores sudafricanos vieron cómo se deterioraba su situación económica, contrariamente a los compromisos del RDP (Programa de Reconstrucción y Desarrollo). En cuanto a los desempleados, cuya cantidad no cesaba de aumentar, debido a la falta de creación de nuevos puestos de trabajo y a que muchas industrias (en particular la textil y la minera) cerraban o se deslocalizaban, su situación era cada vez más crítica. Por lo tanto, se puede suponer que, además de las demandas económicas expresadas por los sindicatos, las huelgas también fueron los primeros signos de una disminución del entusiasmo nacional por la política gubernamental.
El movimiento es amplio, ya que las huelgas afectan a sectores tan diversos como el textil, el químico, la industria automotriz, las universidades o las empresas de seguridad y comercio, son a menudo largas, de dos a cinco semanas de media, y a veces marcadas por la violencia policial[8] (una docena de huelguistas muertos) y por graves incidentes, y en casi todas ellas se exigen aumentos salariales. (...) Frente a las huelgas, los empleadores adoptaron inicialmente una "línea dura" y amenazaron con reducir su mano de obra o sustituir a los huelguistas por otros trabajadores, pero en la mayoría de los casos se vieron obligados a cumplir las demandas de los huelguistas. (Judith Hayem, ibíd.)
Como podemos ver, la clase obrera sudafricana no esperó mucho tiempo para reanudar sus luchas contra el poder del ANC, como lo hizo en el momento en que se había opuesto a los ataques del anterior régimen de apartheid. Esto es tanto más notable cuanto que el gobierno de Mandela procedió de la misma manera que su predecesor disparando a matar contra un gran número de huelguistas con el único objetivo (por supuesto no admitido) de defender los intereses del capital nacional sudafricano. Y esto sin provocar ninguna protesta pública por parte de los "humanistas demócratas". De hecho, es significativo notar que pocos medios de comunicación (como tampoco investigadores) comentaron, o simplemente mencionaron, los crímenes cometidos por el gobierno de Mandela entre los huelguistas. Claramente, para el gran mundo burgués y mediático, Mandela era a la vez "icono" y "profeta intocable", incluso cuando su gobierno mataba a trabajadores.
Por su parte, el proletariado sudafricano demostró su realidad de clase explotada luchando valientemente contra su explotador sin importarle el color de su piel. Y, con su combatividad, logró a menudo hacer retroceder a su enemigo, y a una patronal obligada a ceder a las reivindicaciones. En resumen, es la expresión de una clase internacionalista cuya lucha es una desmitificación patente de la mentira de que los intereses de los trabajadores negros se fusionarían con los de su propia burguesía negra, en este caso la camarilla del ANC.
Precisamente, al reunir al ANC, al PC y a la central sindical COSATU en un mismo gobierno, la burguesía sudafricana quería, por un lado, convencer a los trabajadores (negros) de que tenían sus propios "representantes" en el poder para servirles, mientras que al mismo tiempo planeaba dejar a la base sindical COSATU en la oposición si fuera necesario para controlar las luchas. O sea que el gobierno del ANC pensaba que había hecho todo lo posible para protegerse contra cualquier reacción significativa de la clase obrera. Pero al final, Mandela y sus colegas tuvieron que constatar que se habían topado con lo contrario.
Ese año, tras las elecciones presidenciales ganadas por el ANC, Mandela deja el sitio a su "cachorro" Thabo Mbeki, el cual decide continuar y ampliar la misma política de austeridad iniciada por su predecesor. Para empezar, forma su gobierno con los mismos de antes, a saber, el ANC, el PC y la central sindical COSATU. Y tan pronto como se formó su gobierno, decretó un paquete de medidas de austeridad que golpeó con toda su fuerza a los principales sectores económicos del país, plasmándose en recortes salariales y deterioro de las condiciones de vida de la clase obrera. Pero también entonces, como con Mandela, al día siguiente, cientos de miles de trabajadores se pusieron en la huelga echándose a las calles en gran número y, como en la época del apartheid, el gobierno del ANC envió a su policía para reprimir violentamente a los huelguistas, matando a mucha gente. Pero sobre todo, es notable ver con qué rapidez la clase obrera sudafricana se da cuenta de la naturaleza capitalista y anti -obrera de los ataques que le asesta el equipo gobernante del ANC. Lo más significativo de la réplica obrera es que, en varios sectores industriales, los trabajadores decidieron hacerse cargo de sus propias luchas sin esperar a los sindicatos o, ya de entrada, contra ellos:
- “(...) la huelga en Autofirst, que comenzó fuera del sindicato y a su pesar, es un buen ejemplo; lejos de ser un caso aislado, este tipo de huelga ha tendido a generalizarse desde 1999, incluso en grandes fábricas donde los trabajadores se declaran en huelga a pesar de la opinión desfavorable del sindicato e incluso de su oposición formal al conflicto.” (Judith Hayem, Ídem.)
¡Demostración manifiesta del retorno de la combatividad!, acompañada además de un intento de toma de control de las luchas que la clase obrera ya había experimentado bajo el régimen del apartheid. Como resultado, el ANC tuvo que reaccionar reajustando su discurso y su método.
Para contrarrestar una combatividad obrera tendente a desbordar a los sindicatos, el gobierno de Mbeki y el ANC decidieron utilizar las viejas artimañas ideológicas heredadas de la "lucha de liberación nacional", utilizando (entre otras cosas) el discurso "antiblanco" de la época:
- “El retorno de la cuestión del color en una forma renovada en el discurso político del gobierno, en particular en una serie de declaraciones críticas hacia los blancos -noción que debe ser examinada para ver si sirve (y en este caso cómo) de marcador racial, social, histórico o de otro tipo, y si también es operativa en la forma de pensar de la gente.
Como corolario de esta nueva política presidencial, las tensiones dentro de la triple alianza (ANC, COSATU, SACP - Partido Comunista Sudafricano), que sigue en pie después de numerosas amenazas de escisión, especialmente en vísperas de las elecciones de 2004, son cada vez más evidentes y agudas. Demuestran la dificultad del ANC, un antiguo partido de liberación nacional, para mantener su legitimidad popular una vez llegado al poder y a cargo de gobernar en beneficio, no sólo de los oprimidos de antaño, sino de todos los habitantes del país". (Judith Hayem, ibíd.)
Pero ¿por qué el gobierno "arco iris", "garante de la unidad nacional", que tiene todas las palancas del poder, se ve de repente obligado a recurrir a una de las viejas recetas del ANC de antaño, o sea fustigar el "poder blanco" (¿que impediría el poder negro?) El autor de la cita nos parece muy indulgente con los líderes del ANC, cuando intenta saber sobre esa "noción que debe ser examinada para determinar si actúa como un marcador racial, social, histórico o de otro tipo...". En realidad, esta "noción", detrás de la cual se esconde la idea de que "los blancos todavía tienen el poder en detrimento de los negros", fue utilizada por el ANC entonces en un enésimo intento de dividir a la clase obrera. En otras palabras, al hacerlo, el gobierno esperaba desviar las reivindicaciones para mejorar las condiciones de vida hacia cuestiones raciales.
Y, de hecho, una parte de la clase obrera, particularmente la base militante del ANC, no puede evitar sentirse "sensibilizada" por ese discurso anti-blanco, incluso "anti-extranjero". Sabemos también que el actual presidente Zuma, con su tono populista, usa con frecuencia la "cuestión racial", sobre todo cuando se encuentra en dificultades ante el descontento social.
Para hacer frente al malestar social y a la erosión de su credibilidad, el ANC decidió en 2002 organizar una Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible en Johannesburgo (el "Durban Social Forum"), en la que participó toda la galaxia altermundista del planeta[9] y varias asociaciones sudafricanas, incluidas las calificadas de "radicales", como la TAC (Traitement Action Campaign) y el Landless People’s Movement (Movimiento de los Sin Tierra), muy activas en las huelgas de la década de 2000. O sea que fue en un contexto de radicalización de las luchas obreras en el que el aparato del ANC buscó la contribución ideológica del movimiento antiglobalización:
- “Además, se produjeron huelgas fuera del marco sindical, como la de Volkswagen en Port Elizabeth en 2002 o la de Engen en Durban en 2001. Algunas de estas acciones, como las de la TAC, logran regularmente victorias sobre la política del gobierno. Sin embargo, por un lado, ningún partido de la oposición sirve, por ahora, de trasmisor verdadero de esas opiniones en el ámbito parlamentario; por otro lado, la capacidad de esas organizaciones para influir en las decisiones estatales de manera sostenible sigue siendo frágil, apoyándose en sus propias fuerzas (sin institucionalizarse ni entrar en el gobierno)". (Judith Hayem, ibíd.)
Ahí se ve un problema doble para el gobierno del ANC: por un lado, ¿cómo prevenir o desviar huelgas que tienden a escapar al control de los sindicatos que le son cercanos? Y, por otro, ¿cómo encontrar una oposición parlamentaria "creíble" en su supuesta capacidad de "influir" en las decisiones del Estado de manera duradera? Con respecto a este último aspecto, veremos más adelante que el problema no se ha resuelto en el momento de escribir este artículo. Por otro lado, para el primer problema, el ANC, pudo confiar hábilmente en la ideología antiglobalización bien encarnada por algunos de los grupos que impulsan la radicalización de las luchas, en particular la TAC y el "Movimiento de los Sin Tierra".
En efecto, la ideología "altermundialista" llegó en el momento oportuno para el gobierno del ANC en busca de un nuevo "aliento ideológico", sobre todo porque ese medio estaba en alza en los medios de comunicación de todo el mundo. Cabe señalar también que, en el mismo contexto (en 2002), el ANC estaba haciendo campaña para la reelección de sus dirigentes, para quienes era de lo más oportuno mostrar su proximidad con el movimiento altermundialista. Pero esto no fue suficiente para restaurar la credibilidad de los líderes del ANC ante las masas sudafricanas. Y por una buena razón...
La corrupción, la otra "enfermedad suprema" del capitalismo, es una característica ampliamente compartida entre los líderes del ANC. Ciertamente, el mundo capitalista es muy rico en ejemplos de corrupción, así que uno podría pensar que es inútil añadir éste. Es, en realidad muy útil pues sigue habiendo muchos "creyentes" en el "valor simbólico ejemplar" y en la "probidad" de los antiguos héroes de la lucha de liberación nacional, o sea los dirigentes del ANC.
Para introducir el tema, son de lo más elocuente los siguientes pasajes de un artículo titulado "Sistema de ‘corrupción legalizada’" de un diario burgués, a saber Le Monde diplomatique, uno de los más importantes y antiguos partidarios del ANC:
-“Desde la presidencia del Sr. Thabo Mbeki (1999-2008), la colusión entre el mundo de los negocios y la clase dominante negra ha sido evidente. Ese compadrazgo tiene su emblema en la persona de Cyril Ramaphosa, de 60 años, designado sucesor de Zuma, elegido Vicepresidente del Congreso Nacional Africano (African National Congress, ANC) en diciembre de 2012. En vísperas de la masacre de Marikana (...), el Sr. Ramaphosa envió un correo electrónico a la dirección de Lonmin, aconsejándoles que resistiera a la presión ejercida por los huelguistas, a quienes calificó de "criminales".
Propietario de McDonald's Sudáfrica y presidente de la empresa de telecomunicaciones MTN, entre otras, Ramaphosa es también ex Secretario General del ANC (1991-1997) y del Sindicato Nacional de Mineros (NUM-, 1982-1991). Actor central en las negociaciones sobre la transición democrática, entre 1991 y 1993, fue desalojado por Mbeki de la carrera para suceder al Nelson Mandela. En 1994, ahí lo tenemos reciclado en los negocios, propietario de New African Investment (NAIL), primera empresa negra cotizada en la Bolsa de Johannesburgo, y luego primer multimillonario negro en la "nueva" Sudáfrica. Ahora dirige su propia empresa, Shanduka, activa en minería, agroalimentación, seguros e inmobiliarias.
Entre sus cuñados están Jeffrey Radebe, Ministro de Justicia, y Patrice Motsepe, magnate minero, jefe de African Rainbow Minerals (ARM). Éste aprovechó el Black Economic Empowerment (BEE, Potenciación Económica Negra) organismo instalado por el ANC supuestamente para favorecer a las masas "históricamente desfavorecidas", según la fraseología del ANC, tal proceso de esa "potenciación económica negra" (BEE) en realidad ayudó a consolidar a una burguesía próxima al poder. Moeletsi Mbeki, hermano menor del ex jefe de Estado, profesor y director de la productora audiovisual Endemol en Sudáfrica, denuncia un sistema de "corrupción generalizada". Subraya los efectos perversos de la BEE: promoción "cosmética" de los gerentes negros (fronting) en grandes grupos blancos, altos salarios por capacidades limitadas, sentimiento de injusticia entre los profesionales blancos, algunos de los cuales prefieren emigrar.
La adopción de un reglamento BEE en el sector minero en 2002 puso el 26% en manos negras, pero sobre todo también colocó a muchos barones del ANC en importantes puestos de gestión. Así, al Sr. Mann Dipico, ex Gobernador de la Provincia del Cabo-Norte, lo han puesto de Vicepresidente de Operaciones Sudafricanas del grupo diamantista De Beers. El BEE también ha favorecido a los excombatientes antiapartheid, que han fortalecido su influencia en el poder. El Sr. Mosima ("Tokio") Sexwale, jefe del grupo minero Mvelaphanda, asumió la gestión del Ministerio de “‘human settlements” (Asentamientos Humanos) en 2009.
El Sr. Patrice Motsepe, por su parte, destaca en el ranking de Forbes 2012 como cuarta fortuna de Sudáfrica (2.700 millones de dólares). Hizo un gran servicio al ANC al anunciar el 30 de enero que donaría la mitad de su patrimonio familiar (unos 100 millones de euros) a una fundación que lleva su nombre, para ayudar a los pobres. Aunque no cunda su ejemplo, ya se no podrá echar en cara a la élite negra que no comparte su dinero…"[10].
Descripción feroz ésa de un sistema de corrupción introducido por los líderes del ANC en cuanto llegaron a la cima del poder sudafricano después del apartheid. Son como los gánsteres, se trata para ellos de compartir "ganancias" y "botines" de sus antiguos rivales blancos bajo el antiguo régimen, distribuyendo las posiciones de acuerdo con la relación de fuerzas y las alianzas dentro del ANC. De modo que pronto se olvidó aquello de la lucha por el "poder del pueblo negro", ahora toca echar a correr por los puestos que conducen al "paraíso capitalista", enriqueciéndose más y más hasta convertirse en multimillonarios en pocos años, como ese antiguo gran líder sindical y destacado miembro del ANC, el señor Ramaphosa.
-“La burguesía negra vive lejos de los ‘townships’, donde no reparte nada –o poco- de su riqueza. Sus gustos lujosos y su opulencia irrumpieron bajo la presidencia del Mbeki (1999-2008), gracias al crecimiento de la década de 2000. Pero desde que Zuma llegó al poder en 2009, el Arzobispo Desmond Tutu y el Consejo Sudafricano de las Iglesias han denunciado sistemáticamente un "deterioro moral" mucho más grave que los precios astronómicos de las gafas de sol de aquellos a los que se apoda de ‘revolucionarios Gucci’. Las relaciones pueden establecerse de un modo abiertamente venal, sonríe un abogado de negocios negro que prefiere guardar en el anonimato. Se habla de sexo a la mesa, ¡y no sólo de nuestro presidente polígamo! La corrupción se extiende… Tanto es así que cuando un ex ejecutivo de De Beer es acusado de corrupción por la prensa, dice: ‘You get nothing for mahala’… (No sacas nada sin nada)”. (íbid, Le Monde diplomatique)
Impresiona lo que dice esa cita, en especial la implicación de los presidentes sucesores de Mandela en el montaje del sistema de corrupción bajo sus respectivas presidencias. Pero también hay que señalar que la corrupción en el ANC existe a todos los niveles y en todos los lugares, dando lugar a luchas turbias y violentas como las que hay en los grupos mafiosos. Así, Mbeki utilizó su presidencia del aparato estatal y del ANC para eliminar a su antiguo rival Cyril Ramaphosa en 1990 con "golpes bajos" y luego echó a Zuma, su vicepresidente, al cual procesaron por violación y corrupción. Obviamente, estos dos últimos, a la vez que luchaban entre sí, replicaron con represalias tan violentas como arteras contra su rival común. En particular, Zuma, que no cesó en hacerse pasar por víctima de la enésima conspiración urdida por su predecesor Mbeki "conocido por sus intrigas" (Le Monde, ibíd.). Además, cabe mencionar un acto de violencia característico que ocurrió en diciembre de 2012 en el Parlamento, donde, en plena preparación de su congreso, los miembros del ANC acabaron a puñetazos y sillazos para imponer a sus respectivos candidatos
Y mientras tanto, el "pueblo liberado" del apartheid sigue inmerso en la pobreza: uno de cada cuatro sudafricanos no tiene suficiente para comer y curarse. "Mientras tanto, el nivel de desesperación se observa a simple vista. En Khayelitsha, el dolor se ahoga en el gospel, una música popular que suena por todas partes, pero también en la dagga (cannabis), el mandrax o el tik (metanfetamina), una droga que está estragando el ‘township’."(Le Monde diplomatique, ibíd.)
¡Qué siniestra inmersión en el horror de un sistema económico moribundo que empuja así a sus diferentes poblaciones a abismos sin salida!
Entre mediados de los 90 y principios de 2000, la clase obrera no sólo luchó contra la miseria económica, sino que también tuvo que enfrentarse a la epidemia del SIDA. Y encima, el entonces jefe de Gobierno, Thabo Mbeki, se dedicó a negar durante mucho tiempo la realidad de esa enfermedad, llegando incluso a negarse cínicamente a comprometerse realmente contra su desarrollo.
- “Otro elemento importante de la situación en Sudáfrica desde el año 2000 es precisamente el despliegue probado y devastador de la epidemia del VIH/SIDA, que finalmente ha sido reconocido públicamente. Sudáfrica tiene ahora el triste récord de país más contaminado del mundo. En diciembre de 2006, el informe de ONUSIDA/OMS indicaba que se calcula que 5,5 millones de personas vivían con el VIH en Sudáfrica, el 18,8% entre los adultos de 15 a 49 años y el 35% entre las mujeres - son las más afectadas- que acuden a las clínicas prenatales. La mortalidad total en el país por todas las causas aumentó en un 79% entre 1997 y 2004, debido principalmente al impacto de la epidemia.
(...) Más allá de ese desastroso balance sanitario, el SIDA se ha convertido en uno de los principales problemas del país. Diezma a la población, dejando huérfanos en generaciones enteras de niños, pero su impacto es tal que también amenaza la productividad y el equilibrio social del país. De hecho, la población activa es la franja más afectada por la enfermedad y la falta de ingresos generados por la incapacidad de un adulto para trabajar, incluso de manera informal, a veces sume a familias enteras en la pobreza, cuando la supervivencia depende únicamente de esos ingresos. En la actualidad, el Estado presta asistencia social a las familias afectadas por la enfermedad, pero sigue siendo insuficiente. (...) El SIDA ha invadido todas las esferas de la vida social y la vida cotidiana de todos: uno está infectado con la enfermedad y/o afectado por la muerte de un ser querido, un vecino, un colega….
(...) Me parece que el cierre de la secuencia de negociaciones que ya estaba tomando forma en 1999, con la publicación del GEAR (Growth Employement and Redistribution Program: Programa de Crecimiento, Empleo y Redistribución), fue confirmado por la negación por parte de Thabo Mbeki del vínculo entre VIH y SIDA en abril de 2000. No tanto por la inmensa controversia que esta declaración generó en el país y en todo el mundo, sino por la epidemia misma, que sin embargo era un gran desafío para la construcción del país y su unidad, marcando así que, a su juicio [de Mbeki], ya no debería ser la principal preocupación del Estado". (Judith Hayem, ibíd.,)
Como ilustra esa cita, por un lado, la epidemia de SIDA estaba (y sigue) causando estragos en las filas del proletariado sudafricano y en las poblaciones (especialmente los pobres) en general, mientras que, por otro lado, a los responsables del gobierno les importaba un bledo el destino de las víctimas, a pesar de que los informes oficiales (de la ONU) ilustraban ampliamente la presencia masiva del virus en el país. En realidad, el gobierno de Mbeki lo negaba todo al no querer ver que el SIDA había invadido todas las esferas de la vida social, incluyendo la vida diaria de las fuerzas productivas del país, en especial de la clase obrera. Pero la más cínica de este asunto fue la entonces Ministra de Sanidad:
- “Fiel al entonces Presidente Thabo Mbeki, le Ministra de Sanidad Manto Tshabalalala-Msimang (...) no tiene la menor intención de organizar la distribución de ARV [antirretrovíricos] en el sector público de salud. Ella argumenta que los ARV son tóxicos, o que puede uno curarse adoptando una dieta nutritiva basada en aceite de oliva, ajo y limón. El conflicto terminó en 2002 ante el Tribunal Constitucional: ¿se autoriza al hospital público administrar una pastilla de nevirapina a las madres seropositivas, lo que reduce drásticamente el riesgo de que el niño se infecte durante el parto? El gobierno fue condenado. Habrá otros juicios, que impondrán el inicio de una estrategia nacional de tratamiento en 2004". (Manière de voir, noviembre de 2015, suplemento de Le Monde Diplomatique).
Esa es la actitud abyecta de un gobierno irresponsable hacia los millones de víctimas del SIDA abandonados a su suerte y donde sólo después de la intervención del Tribunal Supremo se detuvo la locura criminal de los líderes del ANC y del gobierno de Mbeki ante el rápido desarrollo del SIDA, que contribuyó en gran medida a la caída de la esperanza de vida, que pasó de 48 años en el año 2000 a 44 años en el 2008 (en el que las personas infectadas morían por centenares cada día).
Los lectores de la prensa de la CCI saben que nuestra organización trata con regularidad las consecuencias de la descomposición, la fase final de la decadencia del capitalismo en todos los aspectos de la vida de la sociedad[11]. Estos son más evidentes en algunas áreas, particularmente en el que antaño se llamaba "Tercer Mundo", al que pertenecía Sudáfrica.
A pesar de su condición de primera potencia industrial del continente con un desarrollo económico relativo, Sudáfrica es uno de los países del mundo donde la gente muere más "fácilmente" por homicidio; los ataques violentos de todo tipo forman parte de la vida cotidiana y, por supuesto, de la clase obrera. Por ejemplo, en 2008 Sudáfrica hubo 18.148 asesinatos, una tasa de 36,8 por cada 100.000 habitantes, lo que coloca a ese país en el segundo lugar detrás de Honduras (con una tasa de 61 por cada 100.000 habitantes). En 2009, un estudio realizado por el Consejo Sudafricano de Investigaciones Médicas reveló que la tasa de homicidios de mujeres cometidos por hombres era cinco veces superior a la media mundial.
Los asesinatos se cometen en cualquier lugar, de día o de noche, en casa, en la calle o en el transporte, en terrazas de bares, en lugares de ocio (campos de deportes).
Además de los homicidios, hay una explosión de otras formas de violencia: la violencia sexual contra las mujeres y los niños ascendió a 50.265 en 2008.
Quizás lo más sórdido de esta situación es que el gobierno sudafricano es, en el mejor de los casos, impotente, y en el peor, indiferente o cómplice cuando se sabe que miembros de su propia policía están implicados en esa violencia. De hecho, en Sudáfrica, la policía es tan corrupta como las demás instituciones del país y por ello muchos policías están involucrados en asesinatos atroces. Cuando la policía no está directamente involucrada en los asesinatos, se comporta como las bandas que extorsionan y aporrean a la gente. Por eso quienes sufren diariamente la violencia no tienen la menor confianza en que las fuerzas del orden los proteja. En la gran burguesía, por su parte, muchos de sus miembros prefieren protegerse (en sus casas bien equipadas) por vigilantes y demás "agentes de seguridad” superarmados. Hay estadísticas que indican que su número supera con creces el de la policía nacional.
Pogromo: otro aspecto sanguinario de la violencia social. Ocurre episódicamente en Sudáfrica como así ha sido recientemente, en 2017. Esto es tanto más grave por cuanto es la clase obrera sudafricana, muy mezclada durante varias generaciones, la afectada directamente. Los medios de comunicación describen a los pogromistas como "excluidos", "delincuentes/traficantes", "precarios/desempleados...". En resumen, una mezcla de "desclasados", "nihilistas" y simples frustrados, sin esperanza y sin la menor conciencia proletaria. Como ejemplo, referimos aquí un hecho ocurrido en 2008. En junio de ese año, casi 100 trabajadores inmigrantes murieron de resultas de pogromos perpetrados por bandas armadas en los barrios pobres de Johannesburgo. Grupos armados con cuchillos y armas de fuego irrumpen por la noche en barrios destartalados en busca del "extranjero" y comienzan a golpear, matar, incluso quemar vivos a los vecinos y perseguir a miles más.
Las primeras masacres ocurrieron en Alexandra, en un enorme barrio marginal (township) situado al pie del distrito comercial de Johannesburgo, la capital financiera de Sudáfrica. Los ataques xenófobos se fueron extendiendo gradualmente a otras zonas afectadas de la región con una indiferencia total por parte de las autoridades del país. El gobierno del presidente Mbeki tardó 15 días en decidirse a actuar con cínica lentitud enviando a las fuerzas del orden a algunas localidades mientras permitía que las masacres continuaran en otros lugares. La mayoría de las víctimas proceden de países vecinos (Zimbabue, Mozambique, Congo, etc.). Hay casi 8 millones de inmigrantes en Sudáfrica, entre los cuales 5 millones de zimbabuenses que trabajan (o buscan trabajo), especialmente en oficios penosos como la minería. Otros son precarios y malviven del mercadeo de supervivencia. Lo más terriblemente inhumano de estos pogromos es que muchas de las víctimas estaban allí porque se morían de hambre en sus países de origen, como un zimbabuense (superviviente) citado por el semanario Courrier international del 29 de mayo de 2008: "Nos estamos muriendo de hambre y nuestros vecinos son nuestra única esperanza. (...) No tiene sentido trabajar en Zimbabue. Ni siquiera ganamos lo suficiente para vivir en los peores suburbios de Harare (la capital). (...) Estamos dispuestos a correr riesgos en Sudáfrica; es nuestra vida ahora. (...) Pero si no lo hacemos, moriremos. Hoy en día, el pan cuesta 400 millones de dólares zimbabuenses (0,44 euros) y un kilo de carne 2.000 millones (2,21 euros). Ya ni gachas de maíz hay en las tiendas, y la gente que trabaja ya no puede ganarse la vida con su salario".
Ese es el infierno en el que los políticos de Zimbabue y Sudáfrica han hundido a sus respectivas poblaciones, ésos, "panafricanistas" y antiguos campeones de "la lucha por la liberación nacional" y "la defensa de los pueblos oprimidos". De hecho, no sólo dejaron que los pogromos se desataran mucho antes de intervenir, sino que la intervención del gobierno del ANC consistió en expulsar masivamente a los "trabajadores ilegales" hacia sus países de origen, en particular a Zimbabue, donde son objeto de represión y víctimas de hambruna.
Estos episodios ilustran la destrucción de los lazos sociales y la solidaridad de clase entre los proletarios, característica de la descomposición del capitalismo. No hemos oído hablar de ninguna manifestación de solidaridad por parte de la clase obrera sudafricana hacia sus hermanos de clase que son víctimas de pogromos.
El gobierno sudafricano estaba sin duda con la vista puesta en la situación económica, y lo único que podía reconocer era su incapacidad para salir de la crisis, a pesar de sus múltiples y sucesivos planes de austeridad.
- “Sería un error pensar que esta explosión de xenofobia es simplemente una reacción frente a una inmigración incontrolada. También es el resultado de la subida de los precios de los alimentos, de la caída del nivel de vida, de una tasa de desempleo superior al 30% y de un gobierno que parece ciego ante la situación de los más pobres”. (Jeune Afrique, 25/05/2008)$
Fue en ese contexto, en el que los efectos de la crisis estaban causando estragos entre los trabajadores y la población sudafricana más pobre, en el que surgieron esas acciones de pogromos cometidas por gente embebida de odio al “extranjero”, incapaz en su ceguera de encontrar otra solución a su angustia moral y material sino la violencia indiscriminada contra chivos expiatorios.
Y, para empezar, ¿cómo se puede describir la situación económica del país vecino, Zimbabue? ¿Una simple crisis "económica" pasajera o la precursora del futuro de un sistema en vías de descomposición avanzada? Lo difícilmente descriptible de lo que ocurría en ese país en los años 2000 supera lo imaginable: ¡para comprar una barra de pan había que llenar una carretilla de billetes para conseguirla! Aunque la "hiperinflación" ha desaparecido, la pobreza está más presente que nunca. Como muestra el informe económico anual de 2017 del diario francés Le Monde: "Casi las tres cuartas partes de los zimbabuenses viven actualmente por debajo del umbral de la pobreza y el 90 por ciento de la población activa no tiene un empleo formal. Un tercio de los niños tienen un retraso de crecimiento. El SIDA afecta al 14,7% de la población, una cifra que, sin embargo, está disminuyendo".
En otras palabras, es un infierno para las poblaciones, la clase obrera en particular, ese infierno que ya dura desde hace décadas en un país totalmente arruinado.
Otra causa importante de la ruina de Zimbabue es el compromiso de sus dirigentes en la guerra de influencia a la que se libran las potencias imperialistas.
Porque el otro factor que afecta los presupuestos de esos dos Estados (Sudáfrica y Zimbabue) son las pretensiones de influencia imperialista por parte de sus dirigentes. Si nos referimos a la "cuestión imperialista" aquí, es sobre todo porque tiene un impacto en las relaciones entre las clases, puesto que la burguesía hace caer el peso de la economía de guerra sobre la clase obrera en el interior y en el exterior con sus masacres. Los gobiernos de Sudáfrica y Zimbabue han estado compitiendo con potencias imperialistas (grandes y pequeñas) que intentan controlar las regiones del sur de África y de los Grandes Lagos, autoproclamándose "gendarmes locales". Así, esos dos países se vieron inmersos en las guerras que asolaron esas regiones en los años 90 y 2000 y que causaron más de 8 millones de muertos. Con esa idea, el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, se embarcó en la guerra que duró años en la República Democrática del Congo, adonde envió a unos 15.000 hombres con un coste exorbitante estimado en un millón de dólares diarios (lo que representa el 5,5% del PIB en un año). Esa desastrosa aventura militar fue, sin duda, un factor acelerador de la ruina total de la economía de Zimbabue, y eso que se consideraba a este país hasta la década de 1990 como el "granero" del África austral. Además, entre las causas del deterioro de la situación económica de Zimbabue está también el embargo total impuesto por las potencias imperialistas occidentales contra el "régimen dictatorial" de Robert Mugabe. Éste se negó a ajustarse al "modelo occidental de gobernanza democrática" al haber hecho todo lo posible por aferrarse al poder del país que dirigió durante 37 años, hasta los 93 años, entre 1980 y finales de 2017, cuando se vio obligado a dimitir[12]. De hecho, el régimen de Mugabe sólo tenía a China (y en menor medida a Sudáfrica) de socio determinante, que los abastecía de todo y lo protegía militar y políticamente sin "interferir" en sus asuntos internos.
Con respecto al papel específico de Sudáfrica en las guerras imperialistas en África, nos remitimos a los números 155 y 157 de la Revista Internacional. Cabe recordar que, incluso antes de llegar al poder, Mandela y sus compañeros estaban plenamente involucrados en prácticas imperialistas. Luego continuaron, llegando, por ejemplo, incluso a cuestionar la influencia de Francia en la República Centroafricana y en la región de los Grandes Lagos en la década de 1990/2000.
Una de las principales características de Sudáfrica desde la época del apartheid es que, incluso en ausencia de huelgas, la tensión social conduce a manifestaciones u otros tipos de enfrentamientos violentos. Por ejemplo, según datos de la policía, el país experimentó tres disturbios por día (de promedio) entre 2009 y 2012. Según un investigador sudafricano citado por Le Monde diplomatique, eso representa un aumento del 40% con relación al período 2004-2009. Esta situación está indudablemente ligada a la violencia de las relaciones que ya existían entre los imperios coloniales y las poblaciones del país, y esto mucho antes del establecimiento oficial del apartheid, donde los sucesivos dirigentes a la cabeza del Estado sudafricano siempre recurrieron a la violencia para imponer su orden, el orden burgués por supuesto[13]. Esto se refleja ampliamente en la historia de la lucha de clases en Sudáfrica en la era del capitalismo industrial. De hecho, la clase obrera sufrió sus primeras muertes (4 mineros de origen británico) cuando lanzó su primera huelga en Kimberley, la "capital del diamante", en 1884.
Por su parte, la población, en este caso la parte negra muy mayoritaria de la clase obrera siempre ha sido forzada a la violencia, particularmente durante el apartheid, cuando su dignidad humana era simplemente negada por los repugnantes prejuicios heredados de las relaciones de esclavitud según los cuales pertenecería a una "raza inferior". Como resultado, en vista de todos estos factores, podemos hablar de una "cultura de la violencia" como elemento constitutivo de la relación entre la burguesía y la clase obrera en Sudáfrica. Y el fenómeno persiste y está creciendo hoy en día, es decir, bajo el dominio del ANC.
Ese movimiento vino precedido por otras huelgas más o menos importantes, como la de 2010, en la que participaron los trabajadores de la construcción de los estadios para el Mundial de Fútbol. Los sindicatos del sector lanzaron un movimiento de huelga, amenazando con no terminar el trabajo antes del inicio oficial de las competiciones. Mediante ese "chantaje sindical", los trabajadores en huelga pudieron obtener aumentos salariales sustanciales (del 13% al 16%). Había una fuerte insatisfacción en todo el país por el deterioro de las condiciones de vida de la población y fue en ese contexto, dos años después del pitido final de la Copa del Mundo, cuando estalló la huelga en Marikana[14]. En efecto, desde el 10 de agosto de 2012, los mineros de fondo del pozo de Marikana se pusieron en huelga para apoyar a los menos pagados de entre ellos, exigiendo que el salario mínimo se elevara a 1250 euros. Esta reclamación fue rechazada por los empleadores mineros y por la NUM (el mayor de los sindicatos afiliados a Cosatu).
- "La tensión social es palpable desde que la policía mató a 34 mineros (y herido a 78) en una huelga en Marikana, una mina de platino cerca de Johannesburgo, el 16 de agosto de 2012. Para la población, ¡qué símbolo! Las fuerzas de un Estado democrático y multirracial, encabezadas desde 1994 por el Congreso Nacional Africano (ANC), disparaban a los manifestantes, como en los días del apartheid; a los trabajadores que constituían su base electoral, la abrumadora mayoría negra y pobre de Sudáfrica. En este país industrializado, el único mercado emergente al sur del Sáhara, los hogares pobres, 62% negros y 33% mestizos, representan más de 25 millones de personas, o la mitad de la población del país, según las cifras publicadas por las instituciones nacionales a finales de noviembre.
La onda expansiva es comparable a la de la masacre de Sharpeville, cuyo recuerdo fue reavivado por los acontecimientos de Marikana. El 21 de marzo de 1960, la policía del régimen del apartheid (1948-1991) mató a 69 manifestantes negros que protestaban en un municipio contra el "pase" exigido a los “no blancos” para ir a la ciudad. Cuando la noticia de la tragedia llegó a Ciudad del Cabo, la población de Langa, un municipio negro, redujo a cenizas los edificios públicos.
Las mismas reacciones en cadena están ocurriendo hoy. Tras lo de Marikana, los empleados de los sectores de la minería, el transporte y la agricultura están multiplicando las huelgas salvajes. (...) Resultado: viñedos quemados, tiendas saqueadas y enfrentamientos con la policía. Todo esto con el telón de fondo del despido de los huelguistas. (...) En Lonmin, después de seis semanas de acción, los mineros recibieron un aumento del 22% y una prima de 190 euros.
(...) Hoy, los sindicatos negros, con más de dos millones de miembros, exigen al gobierno una verdadera política social y mejores condiciones de trabajo para todos. Pero, una característica particular de Sudáfrica resulta que los sindicatos están... en el poder. Junto con el Partido Comunista Sudafricano y el ANC, han formado una alianza tripartita "revolucionaria" desde 1990 para trabajar por la transformación de la sociedad. Los comunistas y sindicalistas representan el ala izquierda del ANC, a la que este partido trata de controlar dándoles poder. Los líderes comunistas ocupan regularmente cargos ministeriales, mientras que los de Cosatu forman parte del comité ejecutivo nacional del ANC. Su puesta en entredicho de la gestión liberal de la economía por parte del ANC resulta así poco creíble.
(...) Por primera vez, en Marikana, el Sindicato Nacional de Mineros (NUM), afiliado a Cosatu y uno de los más grandes del país, se vio desbordado por un conflicto social[15]. (Según un empresario), "la politización de los conflictos sociales, que lleva al cuestionamiento del ANC o de sus dirigentes, asusta a los grandes grupos mineros”. (Le Monde diplomatique, ibíd.)
Es ése un relato implacable de los trágicos acontecimientos de Marikana. En esa huelga, fuimos testigos, una vez más, de una verdadera confrontación de clases entre la nueva burguesía dominante y la clase obrera sudafricana. De hecho, ya, sin hacer mucho ruido, durante un movimiento de huelga en 1998-99, el propio gobierno de Mandela había masacrado a una docena de trabajadores. Pero esta vez la tragedia de Marikana es de una escala sin precedentes y rica en lecciones de las que no podemos extraerlas todas en el marco de este artículo. Lo que queremos decir de entrada es que los mineros que murieron o resultaron heridos al levantarse contra la miseria impuesta por su enemigo de clase merecen el homenaje y el saludo más fraterno de sus hermanos de clase. Además, ninguno de los responsables de tal masacre fue condenado y el presidente del ANC, Jacob Zuma, se limitó a nombrar una comisión de investigación que esperó dos años para emitir su informe, proponiendo simple y cínicamente: "Una encuesta criminal bajo la dirección de la fiscalía contra la policía que demuestra las responsabilidades de Lonmin. En cambio, exonera a los responsables políticos de entonces”. (Manière de voir, suplemento de Le Monde Diplomatique)
Este conflicto nos muestra el anclaje profundo y definitivo del ANC en el capital nacional sudafricano, no sólo a nivel del aparato estatal, sino también de sus miembros individuales. Como ya lo demostramos arriba (véase el capítulo sobre la "corrupción"), muchos líderes del ANC estaban a la cabeza de grandes fortunas o empresas prósperas. Durante el movimiento Marikana, los mineros tuvieron que enfrentarse a los intereses de grandes empresarios, entre ellos Doduzane Zuma (hijo del actual jefe de Estado sudafricano), a la cabeza de los JLC Mining Services, muy presentes en ese sector. Por lo tanto, es más fácil entender por qué este jefe y su empresa rechazaron categóricamente admitir la validez de las reivindicaciones de los huelguistas, centrándose primero en la represión policial y en la labor de zapa por parte de los sindicatos cercanos al ANC para poner fin a la huelga. De hecho, en este conflicto, hemos visto el comportamiento abyecto y totalmente hipócrita de Cosatu y el Partido Comunista, pretendiendo "apoyar" el movimiento de huelga, mientras el gobierno del que son miembros decisivos estaba lanzando sus perros sanguinarios contra los huelguistas. La izquierda gubernamental, en realidad, estaba sobre todo preocupada por la aparición de una minoría radicalizada de su base sindical en el movimiento en un intento de escapar a su control.
“El presidente Jacob Zuma no viajó hasta unos días después de los hechos. Y no se encontró con los mineros, sino con la dirección de Lonmin. Su enemigo político, Julius Malema, de 31 años, ex presidente de la Liga Juvenil del ANC, expulsado del partido en abril por "indisciplina", aprovechó la oportunidad para ocupar el terreno. Como portavoz de la decepcionada base, se puso del lado de los huelguistas. Los acompañó ante los tribunales, donde fueron acusados por primera vez de asesinato en virtud de una antigua ley antidisturbios de la época del apartheid. Esta ley permitía acusar de asesinato a simples manifestantes, acusándolos de haber provocado a las fuerzas de seguridad. Ante las protestas que eso provocó, se retiró finalmente la acusación contra doscientos setenta mineros y se nombró una comisión de investigación. Malema aprovechó esa oportunidad para hacer un nuevo llamamiento a la nacionalización de las minas y denunciar la colusión entre el poder, la burguesía negra, los sindicatos y el "gran capital". (Le Monde diplomatique, ibíd.)
En otras palabras, por un lado, vemos al presidente Zuma sin piedad contra los huelguistas e incluso evitando reunirse con ellos, por otro lado, vemos al joven Malema[16] aprovecharse de su exclusión del ANC para radicalizarse a fondo con el único objetivo de recuperar a los obreros escandalizados y soliviantados por la actitud de las fuerzas gubernamentales en el conflicto. Para ello, impulsó la creación del nuevo sindicato minero (AMCU) en oposición radical al NUM (vinculado al gobierno). Esto explica la actitud tan maniobrera y acrobática del ala izquierda del ANC, que al mismo tiempo quería asumir sus responsabilidades gubernamentales y preservar su "credibilidad" ante los huelguistas sindicados, en particular su base militante. Esencialmente se trata de una "división del trabajo" entre líderes del ANC para quebrar el movimiento en caso de que los muertos no fueran suficientes.
Y ¿qué decir de lo que representa esa matanza? Como se ha señalado en la cita anterior, ¡qué símbolo para la población! ¡Las fuerzas de un Estado democrático y multirracial disparando contra los manifestantes como durante el apartheid! Pues, como lo muestra un testigo (obviamente un sobreviviente de la carnicería): “Recuerdo a uno de nuestros muchachos diciéndonos: ‘Rindámonos’ poniendo manos arriba, dice un testigo. Una bala le dio en dos dedos. Cayó al suelo. Luego se levantó y repitió: ‘Señores, rindámonos’. Una segunda vez, la policía le golpeó en el pecho y cayó de rodillas. Intentó levantarse de nuevo, y una tercera bala le dio en el costado. Entonces se desplomó, pero todavía intentaba moverse... El hombre que estaba detrás de él, que también quería rendirse, recibió un balazo en la cabeza y se derrumbó al lado del otro". (Manière de Voir-Le Monde diplomatique)
Así es la policía del ANC, frente a la clase obrera en lucha, usando los mismos métodos, la misma crueldad que el régimen del apartheid.
Para nosotros, revolucionarios marxistas, lo que el comportamiento de los actuales dirigentes sudafricanos en esta carnicería demuestra es que antes de ser de un color u otro, los opresores de los huelguistas son ante todo feroces capitalistas que defienden los intereses de la clase dominante, razón por la cual Mandela y sus amigos fueron puestos a la cabeza del Estado sudafricano por todos los representantes del gran capital del país. Este trágico acontecimiento para la clase obrera también puede verse como otro aspecto mucho más simbólico (en este antiguo país del apartheid): el hecho de que el jefe de policía que dirigió las sangrientas operaciones contra los huelguistas era una mujer negra. Esto nos muestra, una vez más, que la verdadera brecha no es ni racial ni de género, sino de clase, entre la clase obrera (de todos los colores) y la clase burguesa. Y eso les guste o no a aquellos que afirmaban (o todavía creen) que los líderes del ANC (incluyendo Mandela) tendrían y defenderían los mismos intereses que la clase obrera sudafricana negra.
La clase obrera, negra o blanca, debe saber que antes y después de la tragedia de Marikana, tiene y tendrá en su camino ante ella al mismo enemigo, o sea, la clase burguesa que la explota, la golpea y no duda en asesinarla si es necesario. Eso es lo que están haciendo los actuales líderes del ANC y eso es lo que hizo Nelson Mandela cuando él mismo gobernaba el país. Aunque este último falleció en 2014, su legado está bien asegurado y es asumido por sus sucesores. En otras palabras, hasta su muerte, Mandela fue la referencia y la autoridad política y "moral" de los líderes del ANC. También fue el icono de todos los regímenes capitalistas del planeta, que lo honraron y premiaron concediéndole el "Premio Nobel de la Paz", además de otros títulos como "héroe de la lucha contra el apartheid y hombre de paz y reconciliación para los pueblos de Sudáfrica". En consecuencia, fue todo este gran mundo capitalista (desde el representante de Corea del Norte hasta el presidente norteamericano Obama y pasando por el Vaticano) el que estuvo presente en su funeral para rendirle un último homenaje por "servicios prestados".
Al final de este artículo, pero también de la serie de cuatro, se trata ahora de concluir lo que queríamos que fuera una "contribución a una historia del movimiento obrero".
Dada la amplitud de lo planteado y abordado en esta serie, se necesitaría al menos un artículo adicional para extraer todas las lecciones necesarias. Nos limitaremos aquí a presentar brevemente sólo algunos elementos del balance, tratando de destacar los más importantes.
La pregunta inicial era: ¿hay una historia de lucha de clases en Sudáfrica?
Creemos que así lo hemos evidenciado profundizando en la historia del capitalismo en general y del capitalismo sudafricano en particular. Para ello, utilizamos de entrada las ideas de la revolucionaria marxista Rosa Luxemburgo sobre las condiciones de nacimiento del capitalismo sudafricano (cf. La acumulación de capital, volumen 2), y luego nos apoyamos en varias fuentes de investigadores cuyo trabajo nos pareció coherente y creíble. El capitalismo ya existía en Sudáfrica en el siglo XIX creando así dos clases históricas, la burguesía y la clase obrera, que nunca han dejado de enfrentarse durante más de un siglo. El segundo problema era que nunca se oía hablar de luchas de clases, sobre todo a causa del monstruoso sistema de apartheid al que Nelson Mandela y sus compañeros se opusieron en nombre de la "lucha por la liberación nacional". Y esto escribíamos en el primer artículo de la serie[17]: “La imagen mediática de Mandela oculta todo lo demás hasta el punto de que la historia y los combates de la clase obrera sudafricana de antes y durante el apartheid son totalmente ignorados o deformados al ser catalogados sistemáticamente en la rúbrica "luchas anti-apartheid" o "luchas de liberación nacional"”
Los lectores que hayan leído toda esta serie habrán podido constatar la evidencia de unas verdaderas luchas de clase, numerosos combates victoriosos o memorables de la clase obrera en Sudáfrica. Queremos destacar en particular dos momentos principales de la lucha de clases realizada por el proletariado sudafricano: por un lado, durante y contra la Primera Guerra Mundial y, por otro, sus batallas decisivas en el momento de la reanudación internacional de la lucha de clases en los años sesenta y setenta tras el largo período contrarrevolucionario.
En aquel, una minoría de la clase obrera demostró, nada más estallar la guerra de 1914-18, su espíritu internacionalista y su actividad al llamar a aponerse a aquella carnicería imperialista[18]. "En 1917, apareció un cartel por los muros de Johannesburgo, convocando a una reunión para el 19 de julio: ‘Venid a discutir puntos de interés común entre obreros blancos e indígenas’. Este texto lo publicó la International Socialist League (ISL), una organización sindicalista revolucionaria influida por los IWW norteamericanos (…) y formada en 1915 en oposición a la Primera Guerra mundial y a las políticas racistas y conservadoras del Partido Laborista sudafricano y de los sindicatos de oficio”. Fue un acto ejemplar de solidaridad de clase frente a la primera hecatombe mundial. Aquel gesto proletario e internacionalista fue tanto más importante porque se sabe que aquella misma minoría fue el origen de la creación del Partido Comunista Sudafricano, un partido verdaderamente internacionalista antes de ser definitivamente "estalinizado" a finales de la década de 1920.
El segundo ejemplo es el de las luchas masivas de los años setenta y ochenta que lograron zarandear el sistema del apartheid, con su punto culminante: el movimiento de Soweto de 1976[19]. “Los sucesos de Soweto, de junio de 1976, iban a confirmar el cambio político en curso en el país. La revuelta de los jóvenes de Transvaal se añadió al renacimiento del movimiento obrero negro desembocando en los grandes movimientos sociales y políticos de los años ochenta. Tras las huelgas de 1973, los enfrentamientos de 1976 cierran así el periodo de la derrota».
Fue un momento en el que el nivel de combatividad y de conciencia de los trabajadores empezó a mover las líneas de la relación de fuerzas entre las dos clases históricas. Y la burguesía tomó nota de ello cuando decidió desmantelar el sistema del apartheid, plasmándose en una reunificación de todas las fracciones del capital para hacer frente a la embestida de la lucha de la clase obrera. Muy concretamente, para alcanzar esa etapa de desarrollo de su combatividad y de su conciencia de clase, la clase obrera tuvo que apoderarse de sus propias luchas dotándose, por ejemplo, de comités de lucha (los tumultuosos CIVICS) por centenas en los que su unidad de clase y solidaridad se expresaron durante la lucha superando, de facto y en gran medida, la "cuestión racial" en su seno. Estos CIVIC, alta expresión del movimiento de Soweto, fueron el resultado de un proceso de maduración que se inició a raíz de las luchas masivas de 1973-74.
Para enfrentar esta extraordinaria lucha obrera, la burguesía pudo contar, en particular, con la temible arma del "sindicalismo de base", sin olvidar nunca su arsenal represivo.
Aunque geográficamente lejos de los batallones más experimentados y concentrados del proletariado mundial en los antiguos países capitalistas, el proletariado sudafricano ha demostrado, en la práctica, su capacidad para asumir un papel muy importante en el camino que conduce al derrocamiento del capitalismo y al establecimiento del comunismo. Ciertamente, sabemos que el camino será largo y caótico y que las dificultades serán enormes. Pero no hay otro.
Lassou (finales de 2017)
[1] Revista Internacional n° 158, ‘‘Lucha de clases en Sudáfrica (III): Del movimiento de Soweto [1976] a la subida al poder de la ANC [1993]”, https://es.internationalism.org/revista-internacional/201705/4209/lucha-de-clases-en-sudafrica-iii-del-movimiento-de-soweto-a-la-sub [112]
[2] Ídem.
[3] Congress of South African Trade Unions, ver la Revista Internacional nº 158
[4] Entre ellos se encuentran dirigentes o miembros de COSATU procedentes de la Federación Sudafricana de Sindicatos (FOSATU), como ya explicábamos en la Revista Internacional Nº 158: “En efecto, la FOSATU usó su «ingenio» perniciosamente eficaz hasta el punto de hacerse oír a la vez por el explotado y el explotador consiguiendo así «gestionar» arteramente los conflictos entre los dos verdaderos protagonistas, pero al servicio, en última instancia, de la burguesía. (…) ‘Esa corriente sindical ha desarrollado a principios de los años 80 un proyecto sindical original y ello sobre la base de un concepto de independencia explícita respecto a las principales fuerzas políticas; se formó a partir de redes de intelectuales y universitarios’ (…) esa corriente sindical se propulsó queriendo ser a la vez «izquierda sindical» e «izquierda política» y en el que muchos de sus dirigentes fueron influidos por la ideología crítica trotskista y estalinista»
[5] Judith Hayem, La figure ouvrière en Afrique du Sud, Ediciones Karthala, 2008, París. Según su editor, Judith Hayem es antropóloga, profesora de la Universidad de Lille (Francia) y miembro del Centro de Investigaciones Científicas (CNRS). Especialista en cuestiones laborales, ha realizado estudios en fábricas en Sudáfrica, pero también en Inglaterra, Estados Unidos y Francia. Entre otras cosas ha hecho investigaciones en Sudáfrica sobre las movilizaciones en favor de la atención sobre el VIH/SIDA en las minas.
[6] De hecho, 10 años después de ese episodio, los diferentes componentes del ANC siguen juntos a la cabeza del gobierno sudafricano, al menos cuando escribíamos estas líneas en otoño de 2017.
[7] Judith Hayem, Ídem.
[8] Es en una nota a pie de página donde la autora citada especifica así el número de víctimas: "Se estima que entre 11 y 12 personas perdieron la vida, y que muchos otros, huelguistas o no huelguistas, y mano de obra de sustitución resultaron heridos". Y todo eso sin más comentarios, como si tratara de minimizar la importancia de la masacre o de preservar la imagen del jefe del ejecutivo Mandela, "icono de los demócratas".
[9] Para una denuncia del movimiento altermundialista ver El altermundialismo - una trampa ideológica para el proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/200704/1872/el-altermundialismo-una-trampa-ideologica-para-el-proletariado [113]
[10] Le Monde diplomatique, marzo de 2013
[11] Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [38]
[12] Hoy todavía (principios de agosto de 2018), en el momento de su publicación y, por lo tanto, después de la redacción de este artículo, durante las elecciones parlamentarias, Zimbabue se encuentra sometido a un nuevo estallido de violencia y de represión mortífera por parte del ejército contra manifestaciones de oponentes a los “dignos” sucesores del régimen sanguinario de Mugabe.
[13] Véase el primer artículo de esta serie en la Revista Internacional, Nº 154, (/content/4080/del-nacimiento-del-capitalismo-la-vispera-de-la-segunda-guerra-mundial [114]) que muestra (entre otros ejemplos) que para acabar con las huelgas mineras en 1922, el gobierno sudafricano promulgó la ley marcial y reunió a unos 60.000 hombres equipados con ametralladoras, armas, tanques e incluso aviones. Durante la represión de esta huelga, 200 trabajadores fueron asesinados y miles más fueron heridos o encarcelados.
[14] Véase los números artículos que hicimos sobre esta y otras luchas en Sudáfrica: Después de la masacre de Marikana, Sudáfrica ha sido sacudida por huelgas masivas https://es.internationalism.org/cci-online/201211/3555/despues-de-la-masacre-de-marikana-sudafrica-ha-sido-sacudida-por-huelgas-masi [115] ; Lecciones de la experiencia sudafricana https://es.internationalism.org/cci-online/201209/3468/lecciones-de-la-experiencia-sudafricana [116] ; Matanza en Sudáfrica: la burguesía lanza a sus sindicatos y su policía contra la clase obrera https://es.internationalism.org/cci-online/201209/3453/matanza-en-sudafrica-la-burguesia-lanza-a-sus-sindicatos-y-su-policia-contra- [117] ; Debate sobre la huelga “salvaje” (o de masas) sudafricana y el camino a seguir para resolver proletariamente esta crisis capitalista /content/3547/debate-sobre-la-huelga-salvaje-o-de-masas-sudafricana-y-el-camino-seguir-para-resolver [118]
[15] El NUM se vio desbordado por una nueva organización independiente, La AMCU (Association of Mineworkers and Construction Union (Asociación del sindicato de Mineros y obreros de la Construcción), creada por un tal Malema, un sindicato de base que tomó la iniciativa de la huelga en oposición frontal al NUM y al gobierno del ANC y demostró ser muy combativo, incluso en enfrentamientos armados con la policía. Al principio, era un grupo de trabajadores que no sólo ya no podía tolerar el deterioro de sus condiciones de trabajo, sino tampoco y sobre todo la complicidad entre la NUM y la patronal minera y, al hacerlo, fueron seguidos masivamente por sus compañeros mineros, incluso por miembros del sindicato oficial.
[16] Ese mismo Julius Malema ha creado desde entonces su propio movimiento político llamado "Fighters for Economic Freedom" (Combatientes por la Libertad Económica), una mezcla de populismo radical, nacionalismo (negro) y "socialismo" (estalinista) que plantea nacionalizar la economía en "beneficio de los pobres". A menudo está a la cabeza de las manifestaciones contra el gobierno de Zuma, como la celebrada el 12 de abril de 2017 en Pretoria, que reunió a más de 100.000 personas (según la prensa), "una gran multitud dominada por gente negra vestida de rojo, el color de la EFF".
[17] “Del nacimiento del capitalismo a la víspera de la Segunda Guerra Mundial”Revista internacional nº 154.
[18] Íbid., Revista internacional n° 154.
[19] “La lucha de clases en Sudáfrica (III): “Del movimiento de Soweto a la subida al poder del ANC”, Revista Internacional n° 158. https://es.internationalism.org/revista-internacional/201705/4209/lucha-de-clases-en-sudafrica-iii-del-movimiento-de-soweto-a-la-sub [112]
Links
[1] https://es.internationalism.org/files/es/pdf/revista_internacional_162_3.pdf
[2] https://es.internationalism.org/files/es/162-centenario-fundacion-ic.pdf
[3] https://www.marxists.org/espanol/comintern/eis/4-Primeros3-Inter-2-edic.pdf
[4] https://es.internationalism.org/en/tag/2/39/la-organizacion-revolucionaria
[5] https://es.internationalism.org/en/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/tercera-internacional
[6] https://es.internationalism.org/en/tag/3/51/partido-y-fraccion
[7] https://es.internationalism.org/files/es/accion_revolucionaria_162.pdf
[8] https://es.internationalism.org/go_deeper
[9] https://es.internationalism.org/en/tag/corrientes-politicas-y-referencias/izquierda-comunista
[10] https://es.internationalism.org/files/es/traduccion_articulo_rint_162_la_burguesia_contra_la_revolucionii.pdf
[11] https://www.marxists.org/espanol/luxem/11Larevolucionrusa_0.pdf
[12] mailto:[email protected]
[13] https://es.internationalism.org/content/4373/lista-de-articulos-sobre-la-tentativa-revolucionaria-en-alemania-1918-23
[14] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197504/1941/revolucion-y-contrarrevolucion-en-italia-i
[15] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199512/1817/ii-los-inicios-de-la-revolucion
[16] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200704/1829/lecciones-de-1917-23-la-primera-oleada-revolucionaria-del-proletar
[17] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197508/2009/revolucion-y-contra-revolucion-en-italia-ii-frente-al-fascismo-el-
[18] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201509/4114/la-propaganda-durante-la-primera-guerra-mundial
[19] https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe3/lenin-obras-2-3.pdf
[20] https://fr.internationalism.org/brochure/stalinisme
[21] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197507/998/la-degeneracion-de-la-revolucion-rusa
[22] https://es.internationalism.org/en/tag/2/37/la-oleada-revolucionaria-de-1917-1923
[23] https://es.internationalism.org/files/es/presentacion_revista_internacional_no_162.pdf
[24] https://es.internationalism.org/cci-online/200805/2245/lista-de-articulos-sobre-la-revolucion-rusa
[25] https://es.internationalism.org/content/4363/castoriadis-munis-y-el-problema-de-la-ruptura-con-el-trotskismo-ii
[26] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1028/en-memoria-de-munis-militante-de-la-clase-obrera
[27] https://es.internationalism.org/files/es/162-internationalisme_no7-esp.pdf
[28] https://es.internationalism.org/files/es/pdf/revista_internacional_163_2.pdf
[29] https://es.internationalism.org/files/es/presentacion_rint_163.pdf
[30] https://es.internationalism.org/content/4495/ante-la-agravacion-de-la-crisis-economica-mundial-y-la-miseria-las-revueltas-populares
[31] https://es.internationalism.org/Ante%20la%20agravación%20de%20la%20crisis%20económica%20mundial%20y%20la%20miseria,%20las%20%22revueltas%20populares%22%20representan%20un%20callejón%20sin%20salida
[32] https://es.internationalism.org/files/es/revueltas_populares.pdf
[33] https://es.internationalism.org/content/4471/una-nueva-recesion-el-capital-exige-mas-sacrificios-al-proletariado
[34] https://es.internationalism.org/content/4486/chile-el-dilema-no-es-democracia-o-dictadura-sino-barbarie-capitalista-o-revolucion
[35] https://es.internationalism.org/content/4490/los-efectos-de-la-descomposicion-capitalista-en-el-ecuador-solo-el-proletariado-podra
[36] https://es.internationalism.org/content/4453/protestas-masivas-callejeras-en-hong-kong-las-ilusiones-democraticas-son-una-trampa
[37] https://es.internationalism.org/content/4467/manifestaciones-en-hong-kong-cuando-el-imperialismo-alimenta-el-mito-democratico
[38] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo
[39] https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017
[40] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197810/2134/resolucion-sobre-el-terror-el-terrorismo-y-la-violencia-de-clase
[41] https://es.internationalism.org/content/4462/el-cordobazo-argentino-mayo-1969-eslabon-de-una-cadena-de-movilizaciones-obreras-por-el
[42] https://es.internationalism.org/content/4484/balance-del-movimiento-de-los-chalecos-amarillos-un-movimiento-interclasista-un
[43] https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019
[44] https://es.internationalism.org/en/tag/2/32/el-frente-unido
[45] https://es.internationalism.org/en/tag/3/45/descomposicion
[46] https://es.internationalism.org/files/es/kurdistan.pdf
[47] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200902/2489/guerra-del-golfo-masacres-y-caos-capitalistas
[48] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/234/la-guerra-antiterrorista-siembra-el-terror-y-la-barbarie
[49] https://es.internationalism.org/accion-proletaria/200512/349/guerra-en-irakla-confrontacion-entre-las-grandes-potencias-agudiza-el-c
[50] https://es.internationalism.org/content/4160/los-anarquistas-y-el-imperialismo-kurdo
[51] https://en.internationalism.org/icconline/201712/14574/kurdish-nationalism-another-pawn-imperialist-conflicts
[52] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/oriente-medio
[53] https://es.internationalism.org/en/tag/3/47/guerra
[54] https://es.internationalism.org/files/es/100_anos_ic_ii.pdf
[55] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199904/1169/vii-1920-el-programa-del-kapd
[56] https://es.internationalism.org/content/4431/sobre-el-primer-congreso-del-partido-comunista-internacionalista-de-italia
[57] https://es.internationalism.org/files/es/162-medio-trasmayo-esp.pdf
[58] https://es.internationalism.org/content/2318/un-ano-de-luchas-obreras-en-polonia
[59] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200902/2486/el-medio-politico-desde-1968-iii
[60] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4151/resolucion-sobre-la-situacion-internacional
[61] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole
[62] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199510/1815/xi-congreso-de-la-cci-el-combate-por-la-defensa-y-la-construccion-
[63] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200204/3283/documentos-de-la-vida-de-la-cci-la-cuestion-del-funcionamiento-org
[64] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199603/1780/cuestiones-de-organizacion-i-la-primera-internacional-y-la-lucha-c
[65] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199607/1774/cuestiones-de-organizacion-ii-la-lucha-de-la-i-internacional-contr
[66] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199610/1767/cuestiones-de-organizacion-iii-el-congreso-de-la-haya-en-1872-la-l
[67] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199701/1234/cuestiones-de-organizacion-iv-la-lucha-del-marxismo-contra-el-aven
[68] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200703/1788/parasitismo-politico-el-cbg-hace-la-faena-de-la-burguesia
[69] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199807/1196/construccion-de-la-organizacion-revolucionaria-tesis-sobre-el-para
[70] https://es.internationalism.org/content/4021/la-cci-atacada-por-une-nueva-oficina-del-estado-burgues
[71] https://en.internationalism.org/icconline/jury_of_honour_01
[72] https://en.internationalism.org/icconline/jury_of_honour_02
[73] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/201/el-nucleo-comunista-internacional-una-expresion-del-esfuerzo-de-tom;
[74] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200504/69/polemica-con-el-bipr-una-politica-oportunista-de-agrupamiento-que-no
[75] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200
[76] https://es.internationalism.org/content/910/huelga-del-metal-de-vigo-los-metodos-proletarios-de-lucha
[77] https://es.internationalism.org/content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza
[78] https://es.internationalism.org/cci-online/201602/4138/respuesta-a-los-ex-miembros-de-nuestra-seccion-en-turquia
[79] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200907/2630/xviii-congreso-internacional-de-la-cci
[80] https://es.internationalism.org/cci-online/201004/2839/una-voz-internacionalista-en-australia
[81] https://en.internationalism.org/icconline/201802/14928/recent-attacks-icc-libcom
[82] https://en.internationalism.org/icconline/201305/7746/aufhebengate
[83] https://www.leftcom.org/en/articles/2017-01-06/ict-statement-on-the-dissolution-of-the-gio-canada
[84] https://es.internationalism.org/content/4042/conferencia-internacional-extraordinaria-de-la-cci-la-noticia-de-nuestra-desaparicion
[85] https://www.leftcom.org/en/forum/2019-01-21/the-party-fractions-and-periodisation
[86] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201711/4256/22-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internacional
[87] https://es.internationalism.org/en/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/corriente-comunista-internacional
[88] https://es.internationalism.org/files/es/los_origenes_de_la_izquierda_comunista_0.pdf
[89] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200007/770/ix-1924-28-el-thermidor-del-capitalismo-de-estado-estalinista
[90] https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm
[91] https://es.internationalism.org/go_deeper?page=1
[92] https://es.internationalism.org/cci/200605/914/el-trotskismo-hijo-de-la-contrarrevolucion
[93] https://es.internationalism.org/cci/200605/917/el-trotskismo-defensor-de-la-guerra-imperialista
[94] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199304/1993/documento-nacionalismo-y-antifascismo
[95] https://es.internationalism.org/cci/200510/156/la-izquierda-comunista-y-la-continuidad-del-marxismo
[96] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197704/2051/apuntes-para-una-historia-de-la-izquierda-comunista
[97] https://es.internationalism.org/cci/200605/919/anexo-trotsky-y-la-izquierda-italiana-textos-de-la-izquierda-comunista-de-los-anos-30
[98] https://es.internationalism.org/revista-internacional/197706/2064/textos-de-la-izquierda-mexicana-1937-38
[99] https://es.internationalism.org/cci-online/200706/1935/cuales-son-las-diferencias-entre-la-izquierda-comunista-y-la-iv-internacional
[100] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201804/4300/el-comunismo-esta-al-orden-del-dia-en-la-historia-castoriadis-muni
[101] https://es.internationalism.org/content/4393/polemica-adonde-va-el
[102] https://es.internationalism.org/cci/200602/753/1critica-del-libro-jalones-de-derrota-promesas-de-victoria
[103] https://es.internationalism.org/content/4388/las-confusiones-del-sobre-octubre-1917-y-espana-1936
[104] https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/m09-43.htm
[105] https://www.marxists.org/espanol/peret/1947_carta_pci.htm
[106] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200704/1863/la-lucha-de-clases-contra-la-guerra-imperialista-las-luchas-obrera
[107] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201510/4120/resolucion-sobre-los-grupos-politicos-proletarios-1977
[108] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198204/135/informe-sobre-la-funcion-de-la-organizacion-revolucionaria
[109] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198302/2127/estructura-y-funcionamiento-de-la-organizacion-revolucionaria
[110] https://es.internationalism.org/en/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/la-oposicion-de-izquierdas
[111] https://es.internationalism.org/files/es/163-africa-iv.pdf
[112] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201705/4209/lucha-de-clases-en-sudafrica-iii-del-movimiento-de-soweto-a-la-sub
[113] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200704/1872/el-altermundialismo-una-trampa-ideologica-para-el-proletariado
[114] https://es.internationalism.org/content/4080/del-nacimiento-del-capitalismo-la-vispera-de-la-segunda-guerra-mundial
[115] https://es.internationalism.org/cci-online/201211/3555/despues-de-la-masacre-de-marikana-sudafrica-ha-sido-sacudida-por-huelgas-masi
[116] https://es.internationalism.org/cci-online/201209/3468/lecciones-de-la-experiencia-sudafricana
[117] https://es.internationalism.org/cci-online/201209/3453/matanza-en-sudafrica-la-burguesia-lanza-a-sus-sindicatos-y-su-policia-contra-
[118] https://es.internationalism.org/content/3547/debate-sobre-la-huelga-salvaje-o-de-masas-sudafricana-y-el-camino-seguir-para-resolver
[119] https://es.internationalism.org/en/tag/geografia/sudafrica
[120] https://es.internationalism.org/en/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado