A pesar de las dificultades derivadas de la pandemia, la CCI ha celebrado su 24º Congreso Internacional y podemos hacer un balance positivo del mismo. Como siempre hemos hecho, y de conformidad con la práctica del movimiento obrero, ofrecemos una visión general de sus trabajos a través de este artículo y de una serie de documentos que orientarán nuestra actividad e intervención en los dos años venideros, informes y resoluciones que están en nuestra página web desde hace varios meses1. El Congreso se celebró con el pleno reconocimiento de la gravedad de la situación histórica actual, caracterizada por una de las pandemias más peligrosas de la historia, que está lejos de haber sido superada.
Lo peor sería subestimar esta situación en un momento en el que los gobiernos proclaman que "todo está bajo control" y que "volvemos a la normalidad", mientras que al mismo tiempo una horda de negacionistas de Covid y antivacunas (la otra cara, igualmente mentirosa, de las mentiras gubernamentales) que minimizan la realidad con su discurso de "conspiraciones" y "maniobras oscuras"; que utilizan un hecho real -el fortalecimiento del control totalitario del Estado- para llevar las cosas a niveles absurdos en nombre de la "defensa de las libertades democráticas", negando así los peligros muy reales para la vida humana que conlleva la pandemia.
Lo más grave de la pandemia ha sido cómo han respondido todos los estados: de forma totalmente irresponsable, tomando medidas contradictorias y caóticas, sin el más mínimo plan, sin ninguna coordinación, jugando más cínicamente que nunca con la vida de millones de personas2. Y esto no ha ocurrido en los estados habitualmente etiquetados como "estados canallas", sino en Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y Francia, los países "más avanzados", donde supuestamente hay "civilización y progreso". La pandemia ha puesto de manifiesto la decadencia y la descomposición del capitalismo, la podredumbre de sus estructuras sociales e ideológicas, el desorden y el caos que emanan de sus mismas relaciones de producción, el "no futuro" de un modo de producción atenazado por contradicciones cada vez más violentas que no puede superar.
Peor aún: la pandemia es el presagio de nuevas y más profundas convulsiones en todos los países, tensiones imperialistas, destrucción ecológica, crisis económica... El proletariado mundial no puede dejarse engañar por vagas promesas de "vuelta a la normalidad". Necesita mirar la realidad a la cara, comprender que el rostro de la barbarie ha sido claramente delineado por la pandemia y se definirá con mayor virulencia en los tiempos venideros.
El 24º Congreso de la CCI se desarrolló, como los congresos de las organizaciones revolucionarias a lo largo de la historia, en un marco de fraternidad y de debate profundo. Tenía la responsabilidad de confirmar el marco de análisis de la descomposición del capitalismo, rectificando posibles errores o apreciaciones insuficientemente elaboradas. El Congreso debía responder a una serie de preguntas necesarias:
¿La noción de descomposición y su elaboración progresiva concuerdan plenamente con el método del marxismo?
¿Cómo se manifiestan los efectos de la descomposición, su aceleración e intensificación y su interferencia en otros planos de la vida social, principalmente en la economía?
¿Cómo afecta la descomposición a la lucha de clases y cuál es la perspectiva de su desarrollo futuro?
Por último, ¿cuál es el papel de la organización en esta situación? ¿Cómo se prepara para el futuro ante estos retos?
Este Congreso confirmó que el análisis de la descomposición está en continuidad con el marxismo. En 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, los marxistas identificaron la entrada del capitalismo en su época de decadencia, análisis confirmado en 1919 por la plataforma de la Internacional Comunista, que hablaba de "época de descomposición del capital, de su desintegración interna". Fiel a este planteamiento, la CCI identificó hace más de tres décadas una fase específica y terminal de la decadencia del capitalismo: su descomposición. Esta fase de descomposición es la acumulación de una serie de contradicciones que la sociedad capitalista no ha podido resolver, como se describe en el punto 3 de las Tesis de Descomposición3:
"En la medida en que las contradicciones y expresiones del capitalismo decadente que marcan sus fases sucesivas no desaparecen con el tiempo, sino que continúan y se profundizan, la fase de descomposición aparece como el resultado de una acumulación de todas las características de un sistema moribundo, completando la agonía de 75 años de un modo de producción históricamente condenado. Concretamente, el carácter imperialista de todos los Estados, la amenaza de guerra mundial, la absorción de la sociedad civil por el Moloch estatal y la crisis permanente de la economía capitalista no sólo continúan durante la fase de descomposición, sino que llegan a una síntesis y a una conclusión final dentro de ella".
Este análisis, desarrollado por primera vez hace 30 años, se ha confirmado poderosamente en toda su gravedad, llevándonos a concluir en la Resolución sobre la Situación Internacional del 24º Congreso de la CCI que "la mayoría de los acontecimientos importantes de las últimas tres décadas han confirmado la validez de este marco, como lo atestigua la exacerbación del sálvese quien pueda a nivel internacional, el "rebote" de los fenómenos de descomposición a las áreas centrales del capitalismo mundial a través del crecimiento del terrorismo y la crisis de los refugiados, el aumento del populismo y la pérdida del control político por parte de la clase dominante, la creciente putrefacción de la ideología a través de la difusión de los chivos expiatorios, el fundamentalismo religioso y las teorías de la conspiración... La actual pandemia de Covid-19 es una destilación de todas las manifestaciones clave de la descomposición, y un factor activo en su aceleración"4.
Desde que nuestro Congreso finalizó sus trabajos, los acontecimientos se han sucedido con una virulencia sin precedentes, confirmando claramente nuestro análisis: guerras imperialistas en Etiopía, Ucrania, Yemen, Siria; intensificación del enfrentamiento entre Estados Unidos y China; enorme impronta de la crisis ecológica en todo el mundo, en particular mediante la multiplicación de inundaciones e incendios forestales catastróficos. Hoy, la pandemia asiste a una nueva oleada de infecciones y a la amenaza muy peligrosa de la variante Omicron; al mismo tiempo, la crisis económica se agrava... La defensa del marco marxista de la descomposición es hoy más necesaria que nunca frente a la ceguera de otros grupos de la izquierda comunista y la infiltración en el medio revolucionario de todo tipo de posiciones modernistas, escépticas, nihilistas, que cierran los ojos a la realidad de la situación. En este momento, vemos desarrollarse en varios países luchas obreras combativas que necesitan más que nunca la fuerza y la lucidez de este marco de análisis.
El 24º Congreso pudo identificar la aceleración de la descomposición capitalista al examinar en profundidad las raíces y las consecuencias de la pandemia, "la primera de tal envergadura desde el brote de gripe española de 1918... el momento más importante de la evolución de la descomposición capitalista desde que se abrió definitivamente el periodo en 1989". La incapacidad de la clase dominante para evitar la mortandad resultante, de entre 7 y 12 millones, confirma que el sistema mundial capitalista, abandonado a su suerte, arrastra a la humanidad hacia el abismo de la barbarie, hacia su destrucción; y que sólo la revolución proletaria mundial puede detener este deslizamiento y conducir a la humanidad hacia un futuro diferente. La pandemia ha demostrado y confirmado las siguientes realidades:
Si bien el capitalismo es el primer sistema de la historia cuyas relaciones de producción se han extendido y son dominantes a escala planetaria, no es menos cierto que su dominio es eminentemente caótico porque se basa en una competencia mortal por el dominio del mercado mundial entre los Estados capitalistas. El carácter mundial del capitalismo no le permite lograr una acción organizada y coordinada a escala mundial -que sería la única respuesta racional y eficaz a fenómenos como la pandemia de Covid- porque no está unificado ni centralizado a escala mundial. Por el contrario, la mortífera competencia por los mercados y por el control imperialista del globo ha llevado a formas de comportamiento cada vez más aberrantes y peligrosas por parte de los Estados, que han dejado a las poblaciones indefensas ante la pandemia e incluso la han agravado dramáticamente. China guardó silencio sobre el origen inicial de la pandemia en Wuhan; después, grandes países como Estados Unidos, por miedo a que sus economías se paralizaran, tardaron en reaccionar, lo que agravó los riesgos de la pandemia y les obligó a tomar medidas precipitadas, extremas y desorganizadas, como los confinamientos.
Los estados capitalistas, sin excepción, actuaron de la misma manera contra la clase obrera: restricciones sin ningún tipo de planificación y basadas esencialmente en la represión; cierre de centros de abastecimiento sin preocuparse por las condiciones económicas de los trabajadores; mantenimiento de los sectores de producción y servicios sin preocuparse por la vida de los trabajadores, como ocurrió con los trabajadores de la sanidad en todos los países (según Amnistía Internacional, 17000 trabajadores de este sector han muerto a causa del Covid y sólo en América se infectaron 5700005).
Después de la Segunda Guerra Mundial, se fundó la OMS (Organización Mundial de la Salud), que permitió una cierta coordinación entre los estados para luchar contra las epidemias; sin embargo, ante la pandemia, la OMS ha sido ignorada, cada estado ha ido por su cuenta, lo que ha aumentado los contagios y las muertes y ha impedido cualquier acción organizada. Esto es una clara expresión del avance de la descomposición capitalista6.
Las disputas por la producción y distribución de la vacuna expresan el caos y la podredumbre de la burguesía. Ante la crisis económica, este tipo de conflictos de intereses en el seno de la clase dominante serán cada vez más cruentos7.
El 24º Congreso concluyó que la pandemia no puede reducirse a una "calamidad" ni verse sólo como una crisis sanitaria (al estilo de las que se producían periódicamente en los modos de producción precapitalistas y en el propio capitalismo durante el siglo XIX). Es una crisis global, que se manifiesta a muchos niveles: sanitario, económico, social y político, así como moral e ideológico. Es una crisis de descomposición capitalista: producto de la acumulación de contradicciones del sistema de los últimos 30 años, como se expresó en nuestro Informe sobre Pandemia y Descomposición para el 24º Congreso8. Concretamente, la pandemia es el resultado
del progresivo desmantelamiento del sistema sanitario en todos los países del mundo. Desde principios del siglo XXI los estados capitalistas conocen la proliferación de epidemias como el EBOLA, el SARS, etc. Sin embargo, los presupuestos han disminuido en los servicios sanitarios y en la investigación científica. Esto contrasta con el aumento exorbitante de los presupuestos de armamento y del reforzamiento de las fuerzas represivas.
Las enfermedades virales, como el Covid-19, son también el resultado de las condiciones de vida de grandes sectores de la clase obrera en todos los países, obligados a vivir en condiciones de hacinamiento e insalubridad.
La irracionalidad de la producción capitalista, que privilegia exclusivamente el beneficio, devasta los bosques, los ríos y los océanos. En particular, la destrucción de los bosques altera peligrosamente los "vínculos biológicos" entre los animales, las plantas y los seres humanos, con consecuencias imprevisibles... La mayoría de los científicos atribuyen a este factor la aparición del Covid.
"La CCI está más o menos sola en la defensa de la teoría de la descomposición. Otros grupos de la izquierda comunista la rechazan por completo, ya sea, como en el caso de los bordiguistas, porque no aceptan que el capitalismo sea un sistema en decadencia (o, en el mejor de los casos, son incoherentes y ambiguos en este punto); o, en el caso de la Tendencia Comunista Internacionalista, porque hablar de una fase "final" del capitalismo suena demasiado apocalíptico, o porque definir la descomposición como un descenso al caos es una desviación del materialismo, que, en su opinión, busca las raíces de todo fenómeno en la economía y, sobre todo, en la tendencia a la baja de la tasa de ganancia" (Resolución sobre la situación internacional, 24º Congreso). La Resolución de Actividades del 24º Congreso subrayó que "la pandemia de Covid que comenzó a principios de 2020 confirmó de manera sorprendente la aceleración del impacto del periodo de descomposición social del capitalismo".
La crisis pandémica ha demostrado que la descomposición ha ido más allá:
1) ha golpeado con especial fuerza a los países centrales, sobre todo a los Estados Unidos;
2) existe una combinación y concomitancia entre los diferentes efectos de la descomposición, lo que es diferente a los periodos anteriores en los que se contenían localmente y no se influían mutuamente.
Lo que esta crisis anuncia son convulsiones cada vez más violentas, una agudización de las tendencias a la pérdida de control de la sociedad por parte del Estado. La década que se avecina aparece llena de graves incertidumbres, de catástrofes más frecuentes e interrelacionadas. El deslizamiento del capitalismo hacia la barbarie tendrá un rostro cada vez más aterrador.
Las perspectivas para el proletariado deben analizarse también en el marco de la descomposición capitalista. La Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases adoptada por nuestro anterior Congreso9 puso de relieve las dificultades y debilidades de la clase obrera en los últimos 30 años. Con el colapso del bloque del Este, la CCI identificó la apertura de la fase de descomposición y sus consecuencias para el proletariado en términos de dificultades crecientes para el desarrollo de sus luchas, dificultades que se agravarían aún más con las campañas sobre la "muerte del comunismo" y la "desaparición de la clase obrera". Sin embargo, en su 24º Congreso, la CCI sostuvo, al igual que en sus Congresos anteriores, que la clase obrera no está derrotada:
"A pesar de los enormes problemas a los que se enfrenta el proletariado, rechazamos la idea de que la clase ya haya sido derrotada a escala mundial, o que esté a punto de sufrir una derrota de este tipo comparable a la del período de la contrarrevolución, una derrota de la que posiblemente el proletariado ya no podría recuperarse. El proletariado, como clase explotada, no puede evitar pasar por la escuela de las derrotas, pero la cuestión central es si el proletariado ha sido ya tan abrumado por el avance implacable de la descomposición que su potencial revolucionario ha sido efectivamente socavado. Medir tal derrota en la fase de descomposición es una tarea mucho más compleja que en el período anterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando el proletariado se había levantado abiertamente contra el capitalismo y había sido aplastado por una serie de derrotas frontales." (Resolución sobre la situación internacional)
Evidentemente, tenemos que agudizar nuestra capacidad de análisis para detectar este "punto de no retorno" porque, "la fase de descomposición contiene, en efecto, el peligro de que el proletariado simplemente no responda y sea aplastado durante un largo período - una "muerte por mil cortes" en lugar de una confrontación de clase frontal" (ibid).
Sin embargo, el Congreso afirmó que "todavía hay pruebas suficientes para demostrar que, a pesar del indudable "progreso" de la descomposición, a pesar de que el tiempo ya no está del lado de la clase obrera, el potencial para un profundo resurgimiento proletario -que lleve a una reunificación entre las dimensiones económica y política de la lucha de clases- no se ha desvanecido".
El Congreso también señaló "los pequeños pero significativos signos de una maduración subterránea de la conciencia, que se manifiesta en los esfuerzos hacia una reflexión global sobre el fracaso del capitalismo y la necesidad de otra sociedad en algunos movimientos (particularmente los Indignados en 201110), pero también a través de la aparición de elementos jóvenes que buscan posiciones de clase y se vuelven hacia la herencia de la izquierda comunista".
También debemos tener en cuenta que la situación a la que se enfrenta la clase obrera no es la misma que la que se produjo tras el colapso del bloque ruso y la confirmación de la fase de descomposición en 1989. En aquel momento, la burguesía pudo presentar estos acontecimientos como la prueba de la muerte del comunismo, la victoria del capitalismo y el comienzo de un futuro brillante para la humanidad. Treinta años de descomposición han socavado seriamente este fraude ideológico, y la pandemia en particular ha puesto de manifiesto la irresponsabilidad y la negligencia de todos los gobiernos capitalistas, la realidad de una sociedad plagada de profundas divisiones económicas en la que no estamos en absoluto "todos juntos". Por el contrario, la pandemia y los confinamientos han revelado las condiciones de la clase trabajadora, tanto como la principal víctima de la crisis sanitaria como la fuente de todo el trabajo y toda la producción material y, en particular, como la fuerza cuyo trabajo satisface las necesidades humanas básicas. Esta puede ser la base para una futura recuperación de la identidad de clase. Y, junto con la creciente toma de conciencia de que el capitalismo es un modo de producción totalmente obsoleto, esto ha sido ya un elemento para la aparición de minorías politizadas cuya motivación ha sido, sobre todo, comprender la dramática situación a la que se enfrenta la humanidad.
A pesar de la atomización social que propicia la descomposición, a pesar de los intentos deliberados de fragmentar la fuerza de trabajo a través de estratagemas como la economía verde, o de las campañas ideológicas que pretenden presentar a los sectores más educados del proletariado como "clase media" y fomentar el individualismo, los trabajadores siguen siendo una clase que en los últimos años ha aumentado y está globalmente interconectada; pero con el avance de la descomposición, también es cierto que se intensifica la atomización y el aislamiento social. Es un factor que dificulta que la clase obrera, por el momento, experimente su propia identidad de clase. Sólo a través de las luchas de la clase obrera en su propio terreno de clase podrá desarrollar la fuerza colectiva que el proletariado necesitará a escala mundial para derrocar al capitalismo.
Los trabajadores son reunidos por el capital en el proceso de producción; su trabajo asociado se realiza bajo coacción, pero el carácter revolucionario del proletariado significa invertir dialécticamente estas condiciones en una lucha colectiva. La explotación del trabajo común se transforma en la lucha contra la explotación y por la liberación del carácter social del trabajo, por una sociedad que sepa utilizar conscientemente todo el potencial de la actividad asociada. Esa sociedad por la que tendrá que luchar el proletariado mundial es la sociedad comunista.
"Contrariamente a la visión bordiguista, la organización de los revolucionarios no puede ser "monolítica". La existencia de divergencias en su seno es la manifestación de que se trata de un órgano vivo que no tiene respuestas prefabricadas para dar de inmediato a los problemas que surgen en la clase. El marxismo no es un dogma ni un catecismo (...) Como toda reflexión humana, la que preside el desarrollo de la conciencia proletaria no es un proceso lineal y mecánico, sino contradictorio y crítico, que plantea necesariamente la discusión y la confrontación de argumentos"11.
Desde antes del 23º Congreso Internacional se han expresado divergencias sobre diferentes cuestiones: ¿las tensiones imperialistas conducirán a una nueva guerra mundial? ¿Está ya derrotado el proletariado? ¿Cuál es la tarea del momento para la organización? Esto lleva a la cuestión de qué significa el trabajo como fracción en la fase actual de descomposición12.
Las divergencias sobre el análisis de la situación internacional tuvieron una primera expresión pública en el documento "Divergencias con la Resolución sobre la situación internacional en el 23º Congreso de la CCI"13. La Resolución de Actividades de nuestro reciente Congreso subraya que "la organización se ha esforzado a todos los niveles - en los Congresos, reuniones de los órganos centrales, reuniones de las secciones junto con unas 45 contribuciones individuales en los boletines internos durante los últimos cuatro años - para responder a las divergencias de los camaradas y también ha comenzado a expresar el debate externamente. ...El esfuerzo de la organización para afrontar las divergencias durante este periodo expresa una voluntad positiva de reforzar la defensa polémica de sus posiciones y análisis."
Las divergencias se precisaron en el 24º Congreso:
¿La polarización de las tensiones imperialistas, principalmente entre EEUU y China, no está preparando el camino para una Tercera Guerra Mundial?
¿Las medidas brutales adoptadas por los Estados de confinamiento, etc., no serían un medio encubierto de preparar a las poblaciones para la guerra imperialista?
¿Es la pandemia un fenómeno "socio-natural" que los estados pueden aprovechar para controlar a la población o expresa y acelera, sobre todo, la descomposición general del capitalismo?
¿Cómo puede el proletariado hacer frente a esta grave situación histórica? ¿Necesita primero una conciencia de sí mismo y el desarrollo de su perspectiva histórica? ¿O requiere el desarrollo de una lucha en su propio terreno de clase, la maduración de su conciencia y el fortalecimiento de la capacidad de intervención de sus organizaciones comunistas?
Estas y otras cuestiones se han abordado en el Congreso y, con el fin de alcanzar la mayor claridad posible en su expresión, se presentarán públicamente en documentos de debate. Se trata de una práctica del movimiento obrero que la CCI se ha tomado muy en serio, como señala el citado texto Estructura y Funcionamiento de la organización revolucionaria: "En la medida en que los debates en curso en la organización conciernen al conjunto del proletariado, es conveniente que la organización los presente al exterior, respetando las siguientes condiciones
que los debates se refieran a cuestiones políticas generales que hayan alcanzado la suficiente madurez para que su publicación sea una verdadera contribución a la conciencia de la clase obrera;
que el lugar de los debates no comprometa el equilibrio general de las publicaciones
que sea la organización en su conjunto la que decida y se haga cargo de la publicación según los criterios que guían la publicación de cualquier artículo en la prensa: claridad y forma editorial, el interés que presentan para el conjunto de la clase obrera".
El Congreso hizo un balance positivo de la actividad de la organización en los dos últimos años, en particular la solidaridad con todos los compañeros afectados por la pandemia o por las graves consecuencias económicas del encierro (un buen número de compañeros perdieron los medios para ganarse la vida).
Este balance positivo no debe hacernos bajar la guardia. La organización comunista está sometida a múltiples presiones, y las adquisiciones -que cuesta mucho ganar- pueden perderse rápidamente. Como señala la Resolución de Actividades adoptada por el Congreso "La aceleración de la descomposición plantea importantes problemas a nivel de la militancia, de la teoría y del tejido organizativo".
Estos problemas no son nuevos, son una expresión del impacto de la descomposición en el funcionamiento y la militancia de las organizaciones comunistas ya que:
" la acción colectiva, la solidaridad, encuentran frente a ellas la atomización, el "sálvese quien pueda", el "arreglárselas por su cuenta" ;
la necesidad de organización choca contra la descomposición social, la dislocación de las relaciones en que se basa cualquier vida en sociedad;
la confianza en el porvenir y en sus propias fuerzas se ve minada constantemente por la desesperanza general que invade la sociedad, el nihilismo, el "no future" ;
la conciencia, la clarividencia, la coherencia y unidad de pensamiento, el gusto por la teoría, deben abrirse un difícil camino en medio de la huida hacia quimeras, drogas, sectas, misticismos, rechazo de la reflexión y destrucción del pensamiento que están definiendo a nuestra época”. (Tesis 13 de las Tesis sobre la descomposición).
Estos peligros demuestran claramente que nuestro trabajo consiste sobre todo en preparar el futuro. El objetivo fundamental de la CCI de construir un puente hacia el futuro partido comunista mundial del proletariado se ha planteado desde su Congreso de fundación en 1975, y fue reafirmado en el 23º Congreso; pero esto se ha puesto aún más de relieve en los últimos años por varios factores; la aceleración de la descomposición y las dificultades crecientes de las luchas del proletariado intensifican los desafíos para la organización de los revolucionarios; el envejecimiento de los camaradas y, al mismo tiempo, la aparición de nuevos militantes que se incorporan a la organización en el contexto de la descomposición; los ataques crecientes del parasitismo contra la organización; el peso del oportunismo y del sectarismo en los grupos procedentes de la izquierda comunista.
El 24º Congreso de la CCI se propuso identificar las perspectivas, las dificultades y los peligros a los que debemos enfrentarnos para llevar a cabo esta función de transmisión. Sin embargo, frente a esta situación, la preparación del futuro debe entenderse claramente como ir a contracorriente.
Históricamente, el movimiento marxista sólo ha podido desarrollarse enfrentándose con éxito a acontecimientos trascendentales y, por lo tanto, siempre se ha basado en un espíritu de lucha, en el deseo de superar todos los obstáculos que la sociedad burguesa pone en su camino. La experiencia de la CCI no es diferente en este sentido. Las organizaciones a las que la historia exige un papel de transmisión han tenido que probarse a sí mismas a través de verdaderas pruebas de fuego: la corriente marxista de mediados del siglo XIX, a pesar de los encarcelamientos, el exilio y la gran pobreza de sus militantes tras las derrotas de 1848, sirvió de trampolín para la creación de la 1ª Internacional en la década de 1860. Bilan y el Gauche Communiste de France atravesaron las pruebas de la contrarrevolución estalinista de los años 30, 40 y 50, del fascismo y del antifascismo, de la Segunda Guerra Mundial, para mantener viva la llama revolucionaria para las generaciones futuras. Está claro que el período de descomposición es la propia prueba de fuego de la CCI.
La capacidad de análisis de la situación mundial e histórica es uno de los pilares de nuestras perspectivas inmediatas; el método marxista del materialismo histórico y la referencia constante a la herencia de las adquisiciones anteriores, así como la confrontación de las divergencias, forman parte de la preparación para el futuro. Nuestra actividad en los ámbitos de la intervención, de la profundización teórica, de la defensa de la organización, se fundan en la transmisión y el desarrollo de las adquisiciones históricas de un siglo de la Izquierda Comunista y sólo sobre esta sólida base se puede preparar el futuro partido comunista mundial del proletariado.
Como parte de la preparación para el futuro, está también la lucha intransigente contra el parasitismo. El esfuerzo de los últimos años muestra la necesidad de continuar la lucha contra el parasitismo, denunciándolo como lo ha hecho la CCI ante la clase obrera, nuestros contactos y ante el medio de la Izquierda Comunista.
La lucha contra el oportunismo en el seno de las organizaciones de la Izquierda Comunista, ligada a la lucha contra el parasitismo14, va a ser importante en el próximo período; existe un gran peligro de que el potencial de la futura unidad de los revolucionarios se pierda y se atrofie. La experiencia de los dos últimos años de defensa de la organización contra los ataques del parasitismo y para romper el cordón sanitario que trata de erigir alrededor de la CCI muestra que la lucha contra el oportunismo y el sectarismo es sinónimo de conocimiento y defensa de nuestra historia.
En el próximo período, la CCI se propone mejorar su prensa. En las últimas décadas, la preocupación por polemizar con el medio político proletario de nuestras filas ha disminuido. En el próximo período, la organización tiene la intención de invertir esta situación. Nuestro trabajo como fracción, pasa también por preparar el futuro ampliando las polémicas, inspiradas en las de la primera fase de Iskra o en los primeros números de Internationalisme dedicados a la polémica contra Vercesi y su deriva oportunista. Frente a la putrefacción de la ideología burguesa, frente a las mistificaciones oscurantistas, la prensa debe actuar como punto de referencia contra la intoxicación que emana de la descomposición ideológica del capitalismo y ofrecer a la clase obrera una perspectiva racional y concreta para el derrocamiento del capitalismo; por ello, debemos reforzar la difusión de nuestra prensa digital e impresa.
El objetivo central del 24º Congreso fue la preparación del futuro mediante la extracción de las lecciones de los errores del pasado, la lucha implacable contra el parasitismo y el oportunismo, la comprensión lo más rápida posible de los desarrollos constantes de la evolución histórica, la defensa de la organización y de su funcionamiento unido, fraternal y centralizado. Esto significa basarse firme y críticamente en la continuidad histórica de las organizaciones comunistas, tal y como decía la Resolución de Actividades del Congreso:
"En la tormentosa transición hacia el futuro de "guerras y revoluciones", Rosa Luxemburgo declaró en el congreso de fundación del Partido Comunista Alemán en 1919 que "volvían bajo la bandera del marxismo". Cuando la clase obrera en Rusia se preparaba por primera vez en la historia para derrocar al Estado burgués, Lenin recordó las adquisiciones sobre la cuestión del Estado de Marx y Engels en Estado y Revolución...”
“La CCI, al prepararse para la inestabilidad e imprevisibilidad sin precedentes de la putrefacción del capitalismo mundial, debe recuperar la herencia, el ejemplo militante y la experiencia organizativa de MC15, treinta años después de su muerte. Es decir, volver a la tradición y al método de la izquierda comunista que la CCI heredó...
Esta tradición sigue viva y debe ser reapropiada críticamente, de hecho, es la única que puede guiar a la CCI y a la clase obrera en la prueba de fuego que está por venir".
CCI, diciembre de 2021
1 Hemos juzgado necesario añadir a estos documentos un informe sobre la situación de las tensiones imperialistas que hemos adoptado recientemente. Para consultar los informes y resoluciones del congreso ver: https://es.internationalism.org/content/4709/informe-sobre-la-crisis-economica-del-24o-congreso-internacional-de-la-cci-2021 [3] , https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021 [4] , https://es.internationalism.org/content/4719/informe-sobre-la-lucha-de-clases-internacional-para-el-24o-congreso-de-la-cci-2021 [5] y https://es.internationalism.org/content/4713/informe-sobre-la-pandemia-y-desarrollo-de-la-descomposicion-del-24o-congreso [6]
2 Todos los modos de explotación que han precedido al capitalismo (esclavismo, feudalismo, despotismo asiático) han jugado criminalmente con la vida de miles de personas, pero el capitalismo ha llevado esta barbarie a sus expresiones más extremas. ¿Qué es la guerra imperialista? Millones de seres humanos utilizados como carne de cañón, como juguetes, para los sórdidos intereses económicos e imperialistas de las naciones, los estados, los capitalistas. Por eso no es nada nuevo que la gestión de la pandemia haya sido concebida por los gobiernos como un juego irresponsable con la vida de millones de personas.
3 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [7]
4 https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021 [4]
5 "COVID-19: Health worker deaths rise to at least 17,000 as organizations call for rapid distribution of vaccines - Amnesty International (amnesty.org) [8].
6 El capitalismo se basa, como hemos señalado antes, en la competencia mortal entre Estados y entre capitalistas. Por eso el "sálvese quien pueda" y el “cada cual a la suya” están inscritos en su ADN, pero se han agudizado hasta extremos nunca vistos con la fase de descomposición capitalista.
7 Ver La irrupción de la descomposición en el terreno económico: Informe sobre la crisis económica https://es.internationalism.org/content/4629/la-irrupcion-de-la-descompo... [9]
8 https://es.internationalism.org/content/4713/informe-sobre-la-pandemia-y-desarrollo-de-la-descomposicion-del-24o-congreso [6]
9 https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019 [10]
10 Ver 2011: De la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [11]
11 Estructura y funcionamiento de la organización revolucionaria https://es.internationalism.org/revista-internacional/198302/2127/estructura-y-funcionamiento-de-la-organizacion-revolucionaria [12]
12 Ver La noción de Fracción en la historia del movimiento obrero – 1a parte https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4148/la-nocion-de-fraccion-en-la-historia-del-movimiento-obrero-1a-part [13]
13 https://es.internationalism.org/content/4658/divergencias-con-la-resolucion-sobre-la-situacion-internacional-en-el-23o-congreso-de [14]
14 Ver Tesis sobre el parasitismo https://es.internationalism.org/revista-internacional/199807/1196/construccion-de-la-organizacion-revolucionaria-tesis-sobre-el-para [15]
15 Ver nuestra serie sobre la vida de Marc Chiric: https://es.internationalism.org/content/4663/marc-parte-2-de-la-segunda-guerra-mundial-la-actualidad [16] y https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1053/marc-de-la-revolucion-de-octubre-1917-a-la-ii-guerra-mundial [17]
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Esta resolución está en continuidad con el informe sobre la descomposición del XXII Congreso de la CCI, la resolución sobre la situación internacional al XXIII Congreso y el informe sobre la pandemia y la descomposición del XXIV Congreso1. Se basa en la idea de que la decadencia del capitalismo no sólo pasa por diferentes etapas o fases, sino que desde finales de los años ochenta hemos llegado a su última fase, la fase de descomposición2; además, que la propia descomposición tiene una historia, y un objetivo central de estos textos es "probar" el marco teórico de la descomposición frente a la evolución de la situación mundial. Han demostrado que la mayoría de los acontecimientos importantes de las últimas tres décadas han confirmado la validez de este marco, como lo atestigua la exacerbación del sálvese quien pueda a nivel internacional, el "rebote" de los fenómenos de descomposición a las zonas centrales del capitalismo mundial a través del crecimiento del terrorismo y la crisis de los refugiados, el auge del populismo y la pérdida de control político por parte de la clase dominante, la putrefacción creciente de la ideología a través de la difusión de la búsqueda de un chivo expiatorio, el fundamentalismo religioso y las teorías de la conspiración. Y así como la fase de descomposición es la expresión concentrada de todas las contradicciones del capital, sobre todo en su época de decadencia, la actual pandemia de Covid-19 es una destilación de todas las manifestaciones clave de la descomposición, y un factor activo de su aceleración.
1.- La pandemia del Covid-19, la primera de tal envergadura desde el brote de la gripe española en 1918 es el momento más importante de la evolución de la descomposición capitalista desde que se abrió definitivamente el periodo en 1989. La incapacidad de la clase dominante para evitar la mortandad resultante, de entre 7 y 12 millones, confirma que el sistema mundial capitalista, abandonado a su suerte, arrastra a la humanidad hacia el abismo de la barbarie, hacia su destrucción; y que sólo la revolución proletaria mundial puede detener este deslizamiento y conducir a la humanidad hacia un futuro diferente.
2. La CCI está prácticamente sola en la defensa de la teoría de la descomposición. Otros grupos de la izquierda comunista la rechazan por completo, ya sea, como en el caso de los bordiguistas, porque no aceptan que el capitalismo sea un sistema en decadencia (o, en el mejor de los casos, son incoherentes y ambiguos en este punto); o, en el caso de la Tendencia Comunista Internacionalista, porque hablar de una fase "final" del capitalismo suena demasiado apocalíptico, o porque definir la descomposición como un descenso al caos es una desviación del materialismo, que, en su opinión, busca las raíces de todo fenómeno en la economía y, sobre todo, en la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. Todas estas corrientes parecen ignorar que nuestro análisis está en continuidad con la plataforma de la Internacional Comunista de 1919, que no sólo insistía en que la guerra imperialista mundial de 1914-18 anunciaba la entrada del capitalismo en la "época de la descomposición del capital, de su desintegración interna, la época de la revolución comunista del proletariado", sino que también subrayaba que "El viejo 'orden' capitalista ha dejado de funcionar; su existencia ulterior está fuera de toda duda. El resultado final del modo de producción capitalista es el caos. Este caos sólo puede ser superado por la clase productiva y más numerosa: la clase obrera. El proletariado tiene que establecer un orden real, un orden comunista". Así, el drama al que se enfrentaba la humanidad se planteaba efectivamente en términos de orden contra caos. Y la amenaza de ruptura caótica estaba vinculada a "la anarquía del modo de producción capitalista", es decir, a un elemento fundamental del propio sistema.
-Según el marxismo, el sistema capitalista, en un nivel cualitativamente superior a cualquier modo de producción anterior, implica que los productos del trabajo humano se conviertan en un poder ajeno que se sitúa por encima y en contra de sus creadores. Esta decadencia del sistema, con sus contradicciones insolubles, está marcada por una nueva espiral en esta pérdida de control. Y como explica la Plataforma de la IC, la necesidad de intentar superar la anarquía capitalista dentro de cada Estado-nación -a través del monopolio y sobre todo de la intervención del Estado- no hace sino empujarla a nuevas cotas a escala global, culminando en la guerra mundial imperialista. Así, si bien el capitalismo puede, en ciertos niveles y durante ciertas fases, contener su tendencia innata al caos (por ejemplo, a través de la movilización para la guerra en los años 30 o el período de auge económico que siguió a la guerra), la tendencia más profunda es hacia la "desintegración interna" que, para la IC, caracterizaba a la nueva época.
3. Mientras que el Manifiesto de la IC hablaba del comienzo de una nueva "época", hubo tendencias dentro de la Internacional a ver la situación catastrófica del mundo de posguerra como una crisis final en sentido inmediato y no como toda una época de catástrofes que podría durar muchas décadas. Y este es un error en el que los revolucionarios han caído muchas veces, no sólo por errores en sus análisis, sino también porque no es posible predecir con certeza el momento preciso en que se producirá un cambio importante a nivel histórico. Tales errores se produjeron, por ejemplo, en 1848, cuando el Manifiesto Comunista ya proclamaba que la envoltura del del capital se había vuelto demasiado estrecha para contener las fuerzas productivas que había puesto en marcha; en 1919-20 con la teoría del colapso inminente del capital, desarrollada en particular por la izquierda comunista alemana; o de nuevo, en 1938, con la noción de Trotsky de que las fuerzas productivas habían dejado de crecer. La propia CCI también ha subestimado la capacidad del capitalismo para expandirse y desarrollarse a su manera, incluso en un contexto general de avance de la decadencia, especialmente en el caso de la China estalinista tras el colapso del bloque ruso. Sin embargo, estos errores son producto de una interpretación inmediata de la crisis capitalista, no un fallo inherente a la teoría de la decadencia en sí, que ve al capitalismo en este periodo como un freno creciente a las fuerzas productivas, más que como una barrera absoluta. Pero el capitalismo lleva más de un siglo en decadencia, y reconocer que estamos llegando a los límites del sistema es totalmente coherente con la comprensión de que la crisis económica, a pesar de los altibajos, se ha vuelto esencialmente permanente; que los medios de destrucción no sólo han alcanzado un nivel tal que podrían destruir toda la vida del planeta, sino que están en manos de un "orden" mundial cada vez más inestable; que el capitalismo ha provocado un desastre ecológico planetario sin precedentes en la historia de la humanidad. En resumen, el reconocimiento de que nos encontramos en la última etapa de la decadencia capitalista se basa en una evaluación sobria de la realidad. Una vez más, esto debe verse en una escala de tiempo histórica, no cotidiana. Pero significa que esta fase final es irreversible y no puede haber otra salida que el comunismo o la destrucción de la humanidad. Esta es la alternativa histórica de nuestra época.
4. La pandemia de Covid-19, en contra de las opiniones propagadas por la clase dominante, no es un acontecimiento puramente "natural", sino que resulta de una combinación de factores naturales, sociales y políticos, todos ellos vinculados al funcionamiento del sistema capitalista en descomposición. El elemento "económico" es efectivamente crucial aquí, y de nuevo en más de un nivel. Es la crisis económica, la búsqueda desesperada de beneficios, lo que ha llevado al capital a invadir toda la superficie del planeta, a apoderarse de lo que Adam Smith llamaba el "don gratuito" de la naturaleza, destruyendo los santuarios que quedan para la vida salvaje y aumentando enormemente el riesgo de enfermedades zoonóticas. A su vez, el crack financiero de 2008 condujo a una brutal reducción de las inversiones en investigación de nuevas enfermedades, en equipos médicos y en tratamientos, lo que aumentó exponencialmente el impacto mortal del coronavirus, situación que se vio agravada por los ataques masivos a los sistemas sanitarios (reducción del número de camas y de cuidadores, etc.) que estaban desbordados en el momento de la pandemia. Y la intensificación de la competencia del "sálvese quien pueda" entre empresas y naciones a nivel mundial ha retrasado gravemente el suministro de material de seguridad y de vacunas. Y en contra también de las esperanzas utópicas de ciertos sectores de la clase dirigente, la pandemia no dará lugar a un orden mundial más armonioso una vez que se haya mantenido a raya. No sólo porque esta pandemia es probablemente sólo una señal de advertencia de pandemias peores por venir, dado que las condiciones fundamentales que la generaron no pueden ser abordadas por la burguesía, sino también porque la pandemia ha empeorado considerablemente una recesión económica mundial que ya se vislumbraba antes de que la pandemia golpeara. El resultado será lo contrario de la armonía, ya que las economías nacionales intentarán cortarse el cuello unas a otras en la lucha por los menguantes mercados y recursos. Esta mayor competencia se expresará sin duda en el plano militar. Y la "vuelta a la normalidad" de la competencia capitalista hará recaer nuevas cargas sobre las espaldas de los explotados del mundo, que soportarán el peso principal de los esfuerzos del capitalismo por recuperar una parte de las gigantescas deudas que ha contraído en sus intentos de gestionar la crisis.
5. Ningún Estado puede pretender ser un modelo de gestión de la pandemia. Si algunos Estados asiáticos consiguieron inicialmente hacer frente a la situación de forma más eficaz (aunque países como China se dedicaron a falsear las cifras y la realidad de la epidemia), es por su experiencia en la confrontación de pandemias a nivel social y cultural, ya que este continente ha sido históricamente el caldo de cultivo para la aparición de nuevas enfermedades, y sobre todo porque estos Estados han conservado los medios, las instituciones y los procedimientos de coordinación puestos en marcha durante la epidemia de SARS en 2003. La propagación global del virus, la generación internacional de nuevas variantes, plantea el problema desde el principio en el nivel en el que la impotencia de la burguesía queda más claramente expuesta, en particular su incapacidad para adoptar un enfoque unificado y coordinado (como demuestra el reciente fracaso de la propuesta de firmar un tratado para luchar contra las pandemias) y para garantizar que toda la humanidad esté protegida por las vacunas.
6. La pandemia, como producto de la descomposición del sistema, está demostrando ser una fuerza formidable para acelerar aún más esa descomposición. Además, su impacto en la nación más poderosa del planeta, Estados Unidos, confirma lo que ya se señaló en el informe del XXII Congreso: la tendencia a que los efectos de la descomposición vuelvan con más fuerza al corazón mismo del sistema capitalista mundial. De hecho, Estados Unidos está ahora en el "centro" del proceso de descomposición mundial. La catastrófica gestión de la crisis del Covid por parte de la administración populista de Trump ha jugado sin duda un papel importante en que Estados Unidos tenga las tasas de mortalidad más altas del mundo por esta enfermedad. Al mismo tiempo, el alcance de las divisiones en el seno de la clase dirigente estadounidense quedó al descubierto con las disputadas elecciones de noviembre de 2020 y, sobre todo, con el asalto al Capitolio por parte de los partidarios de Trump el 6 de enero de 20213, empujados por éste y su entorno. Este último acontecimiento demuestra que las divisiones internas de Estados Unidos atraviesan toda la sociedad. Aunque Trump ha sido desalojado del gobierno, el trumpismo sigue siendo una fuerza poderosa y fuertemente armada, que se expresa tanto en las calles como en las urnas. Y con todo, el ala izquierda del Capital reuniéndose detrás de la bandera del antifascismo, hay un peligro real de que la clase obrera en los EEUU se vea atrapada en conflictos violentos entre facciones rivales de la burguesía.
7. Los acontecimientos en EEUU también ponen de manifiesto el avance de la descomposición de las estructuras ideológicas del capitalismo, donde de nuevo EEUU "lidera el camino". La llegada de la administración populista de Trump, la poderosa influencia del fundamentalismo religioso, la creciente desconfianza en la ciencia, tienen sus raíces en factores particulares de la historia del capitalismo estadounidense, pero el desarrollo de la descomposición y, en particular, el estallido de la pandemia ha impregnado todo tipo de ideas irracionales a la corriente principal de la vida política, reflejando con precisión la completa falta de perspectiva para el futuro que ofrece la sociedad existente. En particular, EEUU se ha convertido en el punto nodal para la irradiación de la "teoría de la conspiración" en todo el mundo capitalista avanzado, sobre todo a través de Internet y los medios sociales, que han proporcionado los medios tecnológicos para socavar aún más los fundamentos de cualquier idea de verdad objetiva en un grado que el estalinismo y el nazismo sólo podrían haber soñado. La teoría de la conspiración, que se presenta en diferentes formas, tiene ciertos rasgos comunes: la visión personalizada de las élites secretas que dirigen la sociedad desde la sombra, el rechazo del método científico y una profunda desconfianza hacia todo discurso oficial. A diferencia de la ideología dominante de la burguesía, que presenta la democracia y el poder estatal existente como verdaderos representantes de la sociedad, la teoría de la conspiración tiene su centro de gravedad en el odio a las élites establecidas, un odio que dirige contra el capital financiero y la clásica fachada democrática del totalitarismo capitalista de Estado. Esto llevó a los representantes del movimiento obrero en el pasado a llamar a este enfoque el "socialismo de los tontos" (August Bebel, en referencia al antisemitismo), un error todavía comprensible antes de la Primera Guerra Mundial, pero que sería peligroso hoy en día. El populismo de la teoría de la conspiración no es un intento retorcido de acercarse al socialismo ni a nada que se parezca a la conciencia de clase proletaria. Una de sus principales fuentes es la propia burguesía: esa parte de la burguesía que se resiente de ser excluida precisamente de los círculos internos elitistas de su propia clase, respaldada por otras partes de la burguesía que han perdido o están perdiendo su posición central anterior. Las masas que este tipo de populismo atrae tras de sí, lejos de estar animadas por cualquier voluntad de desafiar a la clase dominante, al identificarse con la lucha por el poder de aquellos a los que apoyan, esperan compartir de alguna manera ese poder, o al menos verse favorecidos por él a expensas de otros.
8. Aunque el avance de la descomposición capitalista, junto con la agudización caótica de las rivalidades imperialistas, adopta principalmente la forma de fragmentación política y de pérdida de control por parte de la clase dominante, esto no significa que la burguesía no pueda seguir recurriendo al totalitarismo estatal en sus esfuerzos por mantener unida la sociedad. Por el contrario, cuanto más tiende a desintegrarse la sociedad, más desesperada se vuelve la confianza de la burguesía en el poder estatal centralizador, que es el principal instrumento de esta clase dominante, la más maquiavélica de todas. La reacción al ascenso del populismo, de las facciones de la clase dominante más conscientes de los intereses generales del capital nacional y de su Estado, es un ejemplo de ello. La elección de Biden, apoyada por una enorme movilización de los medios de comunicación, de partes del aparato político e incluso de los militares y de los servicios de seguridad, expresan esta contra tendencia real frente al peligro de desintegración social y política encarnado más claramente por el trumpismo. A corto plazo, estos "éxitos" pueden funcionar como un freno al creciente caos social. Frente a la crisis del Covid-19, los cierres sin precedentes, último recurso para contener la propagación desenfrenada de la enfermedad, el recurso masivo al endeudamiento estatal para preservar un mínimo de nivel de vida en los países avanzados, la movilización de recursos científicos para encontrar una vacuna, demuestran la necesidad de la burguesía de preservar la imagen del Estado como protector de la población, tratando de no perder credibilidad y autoridad frente a la pandemia. Pero a largo plazo, este recurso al totalitarismo estatal tiende a exacerbar aún más las contradicciones del sistema. La semiparalización de la economía y la escalada de la deuda no pueden tener otro resultado que acelerar la crisis económica mundial, mientras que, en el plano social, el aumento masivo de las fuerzas policiales y de la vigilancia del Estado introducidos para aplicar las leyes de bloqueo -e inevitablemente utilizados para justificar todas las formas de protesta y disidencia- están agravando visiblemente la desconfianza en el poder político, expresada principalmente en el terreno anti proletario de los “derechos ciudadanos”.
9. El carácter evidente de la descomposición política e ideológica en la primera potencia mundial no significa que los demás centros del capitalismo mundial puedan constituir fortalezas alternativas de estabilidad. Una vez más, esto es más claro en el caso de Gran Bretaña, que ha sido golpeada simultáneamente por las tasas de mortalidad de Covid más altas de Europa y los primeros síntomas de la herida autoinfligida del Brexit, y que se enfrenta a una posibilidad real de ruptura en sus "naciones" constituyentes. Las actuales e indecorosas disputas entre Gran Bretaña y la UE sobre la viabilidad y la distribución de las vacunas ofrecen una prueba más de que la principal tendencia de la política burguesa mundial actual es hacia una creciente fragmentación, no hacia la unidad frente a un "enemigo común". La propia Europa no se ha librado de estas tendencias centrífugas, no sólo en torno a la gestión de la pandemia, sino también en torno a la cuestión de los "derechos humanos" y la democracia en países como Polonia y Hungría. Resulta sorprendente que incluso países centrales como Alemania, que antes se consideraba un relativo "refugio seguro" de estabilidad política y que pudo aprovechar su fortaleza económica, se vea ahora afectada por un creciente caos político. La aceleración de la descomposición en el centro histórico del capitalismo se caracteriza tanto por la pérdida de control como por las crecientes dificultades para generar homogeneidad política. Tras la pérdida de su segunda economía más importante, aunque la UE no corre el peligro inmediato de sufrir grandes escisiones, estas amenazas siguen planeando sobre el sueño de una Europa unida. Y mientras la propaganda estatal china destaca la creciente desunión e incoherencia de las "democracias", presentándose como un baluarte de la estabilidad mundial, el creciente recurso de Pekín a la represión interna, como contra el "movimiento democrático" de Hong Kong y los musulmanes uigures, es en realidad una prueba de que China es una bomba de relojería. El extraordinario crecimiento de China es en sí mismo un producto de la descomposición. La apertura económica durante el periodo de Deng en la década de 1980 movilizó enormes inversiones, especialmente de Estados Unidos, Europa y Japón. La masacre de Tiananmen en 1989 puso de manifiesto que esta apertura económica estaba siendo aplicada por un aparato político inflexible que sólo ha podido evitar el destino del estalinismo en el bloque ruso mediante una combinación de terror de Estado, una explotación despiadada de la fuerza de trabajo que somete a cientos de millones de trabajadores a un estatus de trabajadores migrantes permanentes, y un crecimiento económico frenético cuyos cimientos parecen ahora cada vez más tambaleantes. El control totalitario sobre todo el cuerpo social, el endurecimiento represivo de la facción estalinista de Xi Jinping, no es una expresión de fuerza, sino una manifestación de la debilidad del Estado, cuya cohesión está en peligro por la existencia de fuerzas centrífugas en el seno de la sociedad e importantes luchas entre camarillas dentro de la clase dirigente.
10. A diferencia de una situación en la que la burguesía es capaz de movilizar a la sociedad para la guerra, como en los años 30, el ritmo y las formas exactas de la marcha del capitalismo en descomposición hacia la destrucción de la humanidad son más difíciles de predecir porque es el producto de una convergencia de diferentes factores, algunos de los cuales pueden estar parcialmente ocultos a la vista. El resultado final, como insisten las Tesis de Descomposición, es el mismo: "Abandonado a su suerte, (el capitalismo) llevará a la humanidad al mismo destino que la guerra mundial. Al final, es lo mismo si somos aniquilados por una lluvia de bombas termonucleares, o por la contaminación, la radiactividad de las centrales nucleares, el hambre, las epidemias y las masacres de innumerables guerras pequeñas (en las que también podrían utilizarse armas nucleares). La única diferencia entre estas dos formas de aniquilación radica en que una es rápida, mientras que la otra sería más lenta y, en consecuencia, provocaría aún más sufrimiento". Sin embargo, hoy en día, los contornos de esta tendencia a la aniquilación son cada vez más nítidos. Las consecuencias de la destrucción de la naturaleza por parte del capitalismo son cada vez más imposibles de negar, al igual que el fracaso de la burguesía mundial, con todas sus conferencias mundiales y promesas de avanzar hacia una "economía verde", para detener un proceso que está inextricablemente ligado a la necesidad del capitalismo de penetrar hasta el último rincón del planeta en su búsqueda competitiva del proceso de acumulación. La pandemia de COVID es probablemente la expresión más significativa hasta ahora de este profundo desequilibrio entre la humanidad y la naturaleza, pero también se multiplican otras señales de alarma, desde el deshielo de los polos hasta los devastadores incendios de Australia y California y la contaminación de los océanos por los detritus de la producción capitalista.
11. Al mismo tiempo, también proliferan las "masacres de innumerables guerras pequeñas" a medida que el capitalismo, en su fase final, se sumerge en un "cada uno para sí" imperialista cada vez más irracional. La agonía de diez años en Siria, un país ahora totalmente arruinado por un conflicto en el que participan al menos cinco bandos rivales, es quizás la expresión más elocuente de esta aterradora "cesta de víboras", pero estamos viendo manifestaciones similares en Libia, el Cuerno de África y Yemen, guerras que han sido acompañadas y agravadas por la aparición de potencias regionales como Irán, Turquía y Arabia Saudita, ninguna de las cuales puede aceptar la disciplina de las principales potencias mundiales: estas potencias de segundo o tercer nivel pueden forjar alianzas contingentes con los estados más poderosos sólo para encontrarse en bandos opuestos en otras situaciones (como en el caso de Turquía y Rusia en la guerra de Libia). Los recurrentes enfrentamientos militares en Israel/Palestina son también testimonio de la naturaleza intratable de muchos de estos conflictos, y en este caso la matanza de civiles se ha visto exacerbada por el desarrollo de una atmósfera de pogromos dentro del propio Israel, lo que muestra el impacto de la descomposición tanto a nivel militar como social. Al mismo tiempo, asistimos a una agudización del conflicto entre las potencias mundiales. La exacerbación de las rivalidades entre Estados Unidos y China ya era evidente bajo Trump, pero la administración Biden continuará en la misma dirección, aunque bajo pretextos ideológicos diferentes, como los abusos de los derechos humanos por parte de China; al mismo tiempo, la nueva administración ha anunciado que ya no se dejará “envolver” ante Rusia, que ahora ha perdido su punto de apoyo en la Casa Blanca. Y aunque Biden ha prometido reinsertar a Estados Unidos en una serie de instituciones y acuerdos internacionales (sobre el cambio climático, el programa nuclear iraní, la OTAN...), esto no significa que Estados Unidos vaya a renunciar a su capacidad de actuar en solitario en defensa de sus intereses. El ataque militar contra las milicias proiraníes en Siria por parte de la administración Biden sólo semanas después de las elecciones fue una clara declaración en este sentido. La búsqueda del sálvese quien pueda hará cada vez más difícil, si no imposible, que Estados Unidos imponga su liderazgo, una ilustración de cada uno contra todos en la aceleración de la descomposición.
12. Dentro de este caótico panorama, no cabe duda de que el creciente enfrentamiento entre Estados Unidos y China tiende a ocupar el centro del escenario. La nueva administración ha demostrado así su compromiso con la "inclinación hacia el este" (ahora apoyada por el gobierno tory en Gran Bretaña) que ya era un eje central de la política exterior de Obama. Esto se ha concretado en el desarrollo de la "Cuadrilateral", una alianza explícitamente anti-China entre EEUU, Japón, India y Australia. Sin embargo, esto no significa que nos dirijamos a la formación de bloques estables y a una guerra mundial generalizada. La marcha hacia la guerra mundial está todavía obstruida por la poderosa tendencia a la indisciplina, al sálvese quien pueda y al caos a nivel imperialista, mientras que en los países capitalistas centrales el capitalismo no dispone todavía de los elementos políticos e ideológicos -incluyendo en particular una derrota política del proletariado- que podrían unificar la sociedad y allanar el camino hacia la guerra mundial. El hecho de que seguimos viviendo en un mundo esencialmente multipolar se pone de manifiesto, en particular, en la relación entre Rusia y China. Aunque Rusia se ha mostrado muy dispuesta a aliarse con China en cuestiones concretas, generalmente en oposición a EEUU, no es menos consciente del peligro de subordinarse a su vecino oriental, y es uno de los principales opositores a la "Nueva Ruta de la Seda" de China hacia la hegemonía imperialista4.
13. Esto no significa que estemos viviendo una época de mayor seguridad que en el período de la Guerra Fría, acechado como estaba por la amenaza de un Armagedón nuclear. Por el contrario, si la fase de descomposición está marcada por una creciente pérdida de control por parte de la burguesía, esto también se aplica a los vastos medios de destrucción -nucleares, convencionales, biológicos y químicos- que ha acumulado la clase dominante, y que ahora están más ampliamente distribuidos en un número mucho mayor de Estados nación que en el período anterior. Aunque no asistimos a una marcha controlada hacia la guerra dirigida por bloques militares disciplinados, no podemos descartar el peligro de estallidos militares unilaterales o incluso de accidentes espantosos que marcarían una nueva aceleración del deslizamiento hacia la barbarie.
14. Por primera vez en la historia del capitalismo, fuera de una situación de guerra mundial, la economía se ha visto directa y profundamente afectada por un fenómeno -la pandemia del COVID 19- que no está directamente relacionado con las contradicciones de la economía capitalista. La magnitud e importancia del impacto de la pandemia, como producto de un sistema completamente obsoleto y en plena descomposición, ilustra el hecho inédito de que el fenómeno de la descomposición capitalista está afectando ahora también, de forma masiva y a escala mundial, a toda la economía capitalista5.
Esta irrupción de los efectos de la descomposición en la esfera económica está afectando directamente a la evolución de la nueva fase de crisis abierta, dando paso a una situación completamente inédita en la historia del capitalismo. Los efectos de la descomposición, al alterar profundamente los mecanismos del capitalismo de Estado que hasta ahora se habían establecido para "acompañar" y limitar el impacto de la crisis, están introduciendo un factor de inestabilidad y fragilidad, de incertidumbre creciente.
El caos que se apodera de la economía capitalista confirma la opinión de Rosa Luxemburgo de que el capitalismo no sufrirá un colapso puramente económico. "Cuanto más despiadadamente el capital emprende la destrucción de los estratos no capitalistas, en el país y en el mundo exterior, cuanto más baja el nivel de vida del conjunto de los trabajadores, mayor es también el cambio en la historia cotidiana del capital. Se convierte en una cadena de catástrofes y convulsiones políticas y sociales, y en estas condiciones, -acompañada por catástrofes o crisis económicas periódicas, la acumulación no puede continuar. Pero incluso antes de que se llegue a este impasse económico natural de la propia creación del capital, se hace necesario que la clase obrera internacional se rebele contra el dominio del capital". (La Acumulación del Capital, capítulo 32)
15. Golpeando a un sistema capitalista que desde principios de 2018 ya había entrado en una clara desaceleración, la pandemia concretó rápidamente la predicción del XXIII Congreso de la CCI de que nos dirigíamos a una nueva inmersión en la crisis. La violenta aceleración de la crisis económica -y los temores de la burguesía- puede medirse por la altura del enorme muro de la deuda, levantado apresuradamente para preservar el aparato de producción de la quiebra y mantener un mínimo de cohesión social.
Una de las manifestaciones más importantes de la gravedad de la crisis actual, a diferencia de las situaciones pasadas de crisis económica abierta, y a diferencia de la crisis de 2008, reside en el hecho de que los países centrales (Alemania, China y Estados Unidos) han sido golpeados simultáneamente y están entre los más afectados por la recesión. En China esto ha supuesto una fuerte caída del ritmo de crecimiento en 2020. Los Estados más débiles están viendo sus economías estranguladas por la inflación, la caída del valor de su moneda y el empobrecimiento.
Tras cuatro décadas de recurrir al crédito y al endeudamiento para contrarrestar la creciente tendencia a la sobreproducción, salpicadas por recesiones cada vez más profundas y recuperaciones cada vez más limitadas, la crisis de 2007-9 marcó ya un paso más en el descenso del capitalismo hacia una crisis irreversible. Aunque la intervención masiva del Estado pudo salvar al sistema bancario de la ruina total, empujando la deuda a niveles aún más asombrosos, las causas de la crisis de 2007-09 no fueron superadas. Las contradicciones subyacentes a la crisis se trasladaron a un nivel superior con un peso aplastante de la deuda sobre los propios Estados. Los intentos de relanzar las economías no condujeron a una verdadera recuperación: un elemento sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial fue que, aparte de Estados Unidos, China y, en menor medida, Alemania, los niveles de producción en todos los demás países principales se estancaron o incluso cayeron entre 2013 y 2018. La extrema fragilidad de esta "recuperación", al amontonar todas las condiciones para un nuevo deterioro significativo de la economía mundial, ya presagiaba la situación actual.
A pesar de la envergadura histórica de los planes de recuperación, y debido a que el relanzamiento de la economía se está produciendo de una manera tan caótica, todavía no se puede predecir cómo -y hasta qué punto- la burguesía logrará estabilizar la situación, ya que se caracteriza por todo tipo de incertidumbres, sobre todo acerca de la evolución de la propia pandemia.
A diferencia de lo que la burguesía fue capaz de hacer en 2008, cuando reunió al G7 y al G20, formados por los principales Estados, y pudo acordar una respuesta coordinada a la crisis crediticia, hoy cada capital nacional reacciona de forma dispersa, sin otra preocupación que la de reactivar su propia maquinaria económica y su supervivencia en el mercado mundial, sin concertación entre los principales componentes del sistema capitalista. El sálvese quien pueda se ha convertido en un predominio decisivo.
La aparente excepción, el plan de recuperación europeo, que incluye la mutualización de las deudas entre los países de la UE, es producto de la conciencia de los dos principales Estados de la UE de la necesidad de un mínimo de cooperación entre ellos como condición previa para evitar una desestabilización importante de la UE para hacer frente a sus principales rivales China y Estados Unidos, so pena de arriesgarse a una degradación acelerada de su posición en el escenario mundial.
La contradicción entre la necesidad de contener la pandemia y de evitar la parálisis de la producción condujo a la "guerra de las máscaras" y a la "guerra de las vacunas". La actual guerra de las vacunas, la forma en que se fabrican y distribuyen, es un espejo del desorden que afecta a la economía mundial.
Tras el hundimiento del bloque del Este, la burguesía hizo todo lo posible para mantener una cierta colaboración entre los Estados, en particular apoyándose en los órganos de regulación internacional heredados del período de los bloques imperialistas. Este marco de "globalización" permitió limitar el impacto de la fase de descomposición a nivel de la economía, llevando a su extremo la posibilidad de "asociar" a las naciones en los diferentes niveles de la economía - financiero, productivo, etc.
Con el agravamiento de la crisis y las rivalidades imperialistas, estas instituciones y mecanismos multilaterales ya estaban siendo puestos a prueba por el hecho de que las principales potencias desarrollaban cada vez más sus propias políticas, en particular China, construyendo su vasta red paralela, la Nueva Ruta de la Seda, y Estados Unidos, que tendía a dar la espalda a estas instituciones por la creciente incapacidad de estos organismos para mantener su posición dominante. El populismo se presentaba ya como un factor que agravaba la deteriorada situación económica al introducir un elemento de incertidumbre frente a los tormentos de la crisis. Su llegada al poder en diferentes países aceleró el deterioro de los medios impuestos por el capitalismo desde 1945 para evitar cualquier deriva hacia un repliegue detrás de las fronteras nacionales, que sólo puede conducir a un contagio incontrolado de la crisis económica.
El sálvese quien pueda se deriva de la contradicción existente en el capitalismo entre la escala cada vez más global de la producción y la estructura nacional del capital, contradicción exacerbada por la crisis. Al provocar un caos creciente en el seno de la economía mundial (con la tendencia a la fragmentación de las cadenas de producción y a la ruptura del mercado mundial en zonas regionales, al refuerzo del proteccionismo y a la multiplicación de las medidas unilaterales), este movimiento totalmente irracional de cada nación hacia la salvación de sí misma a costa de todos los demás es contraproducente para cada capital nacional y un desastre a nivel mundial, un factor decisivo de empeoramiento de toda la economía mundial.
Esta carrera de las facciones burguesas más "responsables" hacia una gestión cada vez más irracional y caótica del sistema y, sobre todo, el avance sin precedentes de esta tendencia al sálvese quien pueda, revela una creciente pérdida de control de su propio sistema por parte de la clase dominante.
16. Única nación con una tasa de crecimiento positiva en 2020 (2%), China no ha salido triunfante ni fortalecida de la crisis pandémica, aunque haya ganado terreno momentáneamente a costa de sus rivales. Al contrario. El continuo deterioro del crecimiento de su economía, que es la más endeudada del mundo, y que además tiene una baja tasa de utilización de las capacidades y una proporción de "empresas zombis" de más del 30%, es testimonio de la incapacidad de China a partir de ahora para desempeñar el papel que tuvo en 2008-11 en el relanzamiento de la economía mundial.
China se enfrenta a la reducción de los mercados en todo el mundo, al deseo de numerosos Estados de liberarse de la dependencia de la producción china y al riesgo de insolvencia al que se enfrentan varios de los países que participan en el proyecto de la Ruta de la Seda y que son los más afectados por las consecuencias económicas de la pandemia. Por ello, el gobierno chino sigue una orientación hacia el desarrollo económico interno del plan "Made in China 2025", y del modelo de "doble circulación", que también pretende compensar la pérdida de la demanda externa estimulando la demanda interna. Este cambio de política no representa, sin embargo, un "giro hacia adentro"; el imperialismo chino no quiere ni puede dar la espalda al mundo. Por el contrario, el objetivo de este cambio es ganar autarquía nacional a nivel de tecnologías clave para poder ganar más terreno más allá de sus propias fronteras. Representa una nueva etapa en el desarrollo de su economía de guerra. Todo ello está provocando fuertes conflictos en el seno de la clase dirigente, entre los partidarios de la dirección de la economía por el Partido Comunista Chino y los vinculados a la economía de mercado y al sector privado, entre los "planificadores" del poder central y las autoridades locales que quieren orientar ellas mismas las inversiones. Tanto en Estados Unidos (en relación con los gigantes tecnológicos "GAFA" de Silicon Valley) como -de forma aún más decidida- en China (en relación con Ant International, Alibaba, etc.) hay un fuerte movimiento del aparato central del Estado hacia la reducción del tamaño de las empresas que se vuelven demasiado grandes (y poderosas) para controlarlas.
17. Las consecuencias de la destrucción frenética del medio ambiente por el capitalismo en descomposición, los fenómenos derivados de las perturbaciones climáticas y la destrucción de la biodiversidad conducen en primer lugar a una mayor pauperización de las partes más desfavorecidas de la población mundial (África subsahariana y Asia meridional) o de las presas de los conflictos militares. Pero cada vez afectan más a todas las economías, con los países desarrollados a la cabeza.
Actualmente asistimos a la multiplicación de fenómenos meteorológicos extremos, lluvias e inundaciones extremadamente violentas, grandes incendios que provocan enormes pérdidas económicas en la ciudad y el campo por la destrucción de infraestructuras vitales (ciudades, carreteras, instalaciones fluviales). Estos fenómenos perturban el funcionamiento del aparato productivo industrial y debilitan también la capacidad productiva de la agricultura. La crisis climática mundial y la consiguiente desorganización del mercado mundial de productos agrícolas amenazan la seguridad alimentaria de muchos Estados.
El capitalismo en descomposición no posee los medios para luchar realmente contra el calentamiento global y la devastación ecológica. Éstos ya tienen un impacto cada vez más negativo en la reproducción del capital y sólo pueden actuar como un obstáculo para la vuelta al crecimiento económico.
Motivada por la necesidad de sustituir las industrias pesadas y los combustibles fósiles obsoletos, la "economía verde" no representa una salida para el capital, ni en el plano ecológico ni en el económico. Sus redes de producción no son más verdes ni menos contaminantes. El sistema capitalista no tiene la capacidad de emprender una "revolución verde". Las acciones de la clase dominante en este ámbito también agudizan inevitablemente la competencia económica destructiva y las rivalidades imperialistas. La aparición de sectores nuevos y potencialmente rentables, como la producción de vehículos eléctricos, podría, en el mejor de los casos, beneficiar a ciertas partes de las economías más fuertes, pero dados los límites de los mercados solventes y los crecientes problemas que plantea el uso cada vez más masivo de la creación de dinero y de la deuda, no podrán actuar como locomotora de la economía en su conjunto. La "economía verde" es también un vehículo privilegiado para poderosas mistificaciones ideológicas sobre la posibilidad de reformar el capitalismo, y un arma privilegiada contra la clase obrera para justificar los cierres de plantas y los despidos.
18. En respuesta a las crecientes tensiones imperialistas, todos los Estados están aumentando su esfuerzo militar, tanto en volumen como en duración. La esfera militar se extiende a cada vez más "zonas de conflicto", como la ciberseguridad y la creciente militarización del espacio. Todas las potencias nucleares están relanzando discretamente sus programas atómicos. Todos los Estados están modernizando y adaptando sus fuerzas armadas.
Esta demencial carrera armamentística, a la que todos los Estados están irremediablemente condenados por las exigencias de la competencia Inter imperialista, es tanto más irracional cuanto que el peso creciente de la economía de guerra y de la producción de armas absorbe una parte considerable de la riqueza nacional: esta gigantesca masa de gastos militares a escala mundial, aunque constituya una fuente de beneficios para los comerciantes de armas, representa una esterilización y una destrucción del capital mundial. Las inversiones realizadas en la producción y venta de armas y equipos militares no constituyen en absoluto un punto de partida ni la fuente de acumulación de nuevos beneficios: una vez producidas o adquiridas, las armas sólo sirven para sembrar la muerte y la destrucción o permanecen inactivas en los silos hasta que quedan obsoletas y deben ser sustituidas. “El impacto económico de estos gastos completamente improductivos será desastroso para el capital. Ante unos déficits presupuestarios ya inmanejables, el aumento masivo de los gastos militares, que el crecimiento de los antagonismos Inter imperialistas hace necesario, es una carga económica que sólo acelerará el descenso del capitalismo al abismo" ("Informe sobre la situación internacional", Revista Internacional 35).
19. Después de décadas de deudas gigantescas, la inyección masiva de liquidez contenida en los planes de apoyo económico más recientes supera ampliamente el volumen de las intervenciones anteriores. Los miles de millones de dólares liberados por los planes estadounidenses, europeos y chinos han llevado la deuda mundial a un récord del 365% del PIB mundial.
La deuda, que ha sido utilizada una y otra vez por el capitalismo a lo largo de su época de decadencia como paliativo de la crisis de sobreproducción, es una forma de aplazar las cosas para el futuro a costa de convulsiones aún más graves. Ahora se ha disparado a niveles sin precedentes. Desde la Gran Depresión, la burguesía ha mostrado su determinación de mantener vivo un sistema cada vez más amenazado por la sobreproducción, por la disminución de la disponibilidad de los mercados, a través de medios cada vez más sofisticados de intervención estatal, destinados a ejercer un control global sobre su economía. Pero no tiene forma de enfrentarse a las verdaderas causas de la crisis. Aunque no exista un límite fijo y predeterminado a la huida hacia la deuda, punto en el que ésta se haría imposible, esta política no puede prolongarse indefinidamente sin graves repercusiones en la estabilidad del sistema, como lo demuestra el carácter cada vez más frecuente y extendido de las crisis de la última década. Además, esta política ha demostrado ser, al menos en las últimas cuatro décadas, cada vez menos eficaz para reactivar la economía mundial.
El peso de la deuda no sólo condena al sistema capitalista a convulsiones cada vez más devastadoras (quiebra de empresas e incluso de Estados, crisis financieras y monetarias, etc.) sino que, al restringir cada vez más la capacidad de los Estados para burlar las leyes del capitalismo, no hace sino obstaculizar su capacidad para relanzar sus respectivas economías nacionales.
La crisis que ya se está desarrollando desde hace décadas va a convertirse en la más grave de todo el período de decadencia, y su importancia histórica superará incluso la primera crisis de esta época, la que se inició en 1929. Madurando después de más de 100 años de decadencia capitalista, con una economía asolada por el sector militar, debilitada por el impacto de la destrucción del medio ambiente, profundamente alterada en sus mecanismos de reproducción por la deuda y la manipulación estatal, presa de la pandemia, sufriendo cada vez más todos los demás efectos de la descomposición, es una ilusión pensar que en estas condiciones habrá una recuperación fácil o duradera de la economía mundial.
20. Al mismo tiempo, los revolucionarios no deben caer en la tentación de una visión "catastrofista" de una economía mundial al borde del colapso final. La burguesía seguirá luchando a muerte por la supervivencia de su sistema, ya sea por medios directamente económicos (como la explotación de los recursos no explotados y de los nuevos mercados potenciales, tipificados por el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda de China) o políticos, sobre todo a través de la manipulación del crédito y el engaño a la ley del valor. Esto significa que todavía puede haber fases de estabilización entre las convulsiones económicas con consecuencias cada vez más profundas.
21. El retorno de una especie de "neokeynesianismo" iniciado por los enormes compromisos de gasto de la administración Biden, y las iniciativas de aumento de los impuestos a las empresas -aunque también motivadas por la necesidad de mantener unida a la sociedad burguesa, y por la necesidad igualmente apremiante de hacer frente a la agudización de las tensiones imperialistas- muestra la voluntad de la clase dominante de experimentar con diferentes formas de gestión económica, sobre todo porque las deficiencias de las políticas neoliberales lanzadas en los años de Thatcher-Reagan han quedado gravemente expuestas bajo el resplandor de la crisis pandémica. Sin embargo, estos cambios de política no pueden rescatar a la economía mundial de oscilar entre los peligros gemelos de la inflación y la deflación, las nuevas crisis crediticias y las crisis monetarias, que conducen a recesiones brutales.
22. La clase obrera está pagando un duro tributo a la crisis. En primer lugar, porque es la más directamente expuesta a la pandemia y es la principal víctima de la propagación de la infección, y en segundo lugar porque la caída en picado de la economía está desencadenando los ataques más graves desde la Gran Depresión, en todos los niveles de las condiciones de trabajo y de vida, aunque no todos los sectores de la clase se verán afectados de la misma manera.
La destrucción de puestos de trabajo fue cuatro veces mayor en 2020 que en 2009, pero aún no se ha revelado toda la magnitud del enorme aumento del desempleo masivo que se avecina. Aunque los subsidios públicos que se entregan en algunos países a quienes están parcialmente desempleados tienen como objetivo mitigar el choque social (en Estados Unidos, por ejemplo, durante el primer año de la pandemia, los ingresos medios de los asalariados, según las estadísticas oficiales, en realidad aumentaron - por primera vez, durante una recesión, en la historia del capitalismo) millones de puestos de trabajo van a desaparecer muy pronto.
El aumento exponencial de la precariedad laboral y la bajada generalizada de los salarios provocarán un aumento gigantesco del empobrecimiento, que ya está afectando a muchos trabajadores. El número de víctimas del hambre en el mundo se ha multiplicado por dos y el hambre está reapareciendo en los países occidentales. Para los que conservan un empleo, la carga de trabajo y el ritmo de explotación empeorarán.
La clase obrera no puede esperar nada de los esfuerzos de la burguesía por "normalizar" la situación económica, salvo despidos y recortes salariales, estrés y miedo añadidos, aumento drástico de las medidas de austeridad a todos los niveles, tanto en la educación como en las pensiones sanitarias y las prestaciones sociales. En resumen, asistiremos a una degradación de las condiciones de vida y de trabajo a un nivel que ninguna de las generaciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial ha experimentado hasta ahora.
23. Desde que el modo de producción capitalista entró en su período de decadencia, la presión para combatir esta decadencia con medidas capitalistas de Estado ha crecido constantemente. Sin embargo, la tendencia a fortalecer los órganos y las formas capitalistas de Estado no es en absoluto un fortalecimiento del capitalismo; al contrario, expresan las crecientes contradicciones en el terreno económico y político. Con la aceleración de la descomposición a raíz de la pandemia, asistimos también a un fuerte aumento de las medidas capitalistas de Estado. Éstas no son una expresión de un mayor control estatal sobre la sociedad, sino una expresión de las crecientes dificultades para organizar la sociedad en su conjunto y evitar su creciente tendencia a la fragmentación.
24. La CCI reconoció a principios de los años 90 que el derrumbe del bloque del Este y la apertura definitiva de la fase de descomposición crearían dificultades crecientes para el proletariado6: la falta de perspectiva política, la incapacidad de asumir su perspectiva política e histórica que ya había sido un elemento central de las dificultades del movimiento de clase en los años 80, se vería seriamente agravada por las ensordecedoras campañas sobre la muerte del comunismo; en relación con esto, el sentido de identidad de clase del proletariado se vería gravemente debilitado en el nuevo período, tanto por los efectos atomizadores y divisorios de la descomposición social, como por los esfuerzos conscientes de la clase dominante para exacerbar estos efectos a través de campañas ideológicas (el "fin de la clase obrera") y los cambios "materiales" provocados por la política de globalización (desarticulación de los centros tradicionales de la lucha de clases, traslado de las industrias a regiones del mundo donde la clase obrera no tenía el mismo grado de experiencia histórica, etc.).
25. La CCI ha tendido a subestimar la profundidad y la duración de este retroceso en la lucha de clases, viendo a menudo señales de que el reflujo estaba a punto de ser superado y que veríamos en un período relativamente corto de tiempo nuevas oleadas internacionales de lucha como en el período posterior a 1968. En 2003, basándose en las nuevas luchas en Francia, Austria y otros lugares, la CCI predijo un renacimiento de las luchas por parte de una nueva generación de proletarios que habían sido menos influenciados por las campañas anticomunistas y que se enfrentarían a un futuro cada vez más incierto. En gran medida, estas predicciones fueron confirmadas por los acontecimientos de 2006-2007, en particular la lucha contra el CPE en Francia, y de 2010-2011, en particular el movimiento de los Indignados en España. Estos movimientos mostraron importantes avances a nivel de la solidaridad entre generaciones, la autoorganización a través de asambleas, la cultura del debate, la preocupación real por el futuro que enfrenta la clase trabajadora y la humanidad en su conjunto. En este sentido, mostraron el potencial de una unificación de las dimensiones económica y política de la lucha de clases. Sin embargo, tardamos en comprender las inmensas dificultades a las que se enfrentaba esta nueva generación, "criada" en las condiciones de la descomposición, dificultades que impedirían al proletariado revertir el retroceso posterior al 89 durante este periodo.
26. Un elemento clave en estas dificultades fue la continua erosión de la identidad de clase. ¡Esto ya había sido evidente en las luchas de 2010-11, en particular el movimiento en España; a pesar de los importantes avances realizados al nivel de la conciencia y organización, la mayoría de los Indignados se veían a sí mismos como «ciudadanos» en lugar de verse como parte de una clase, ¡dejándolos vulnerables a las ilusiones democráticas ofrecidas como las de Democracia Real Ya! (el futuro Podemos), y más tarde al veneno del nacionalismo catalán y español. En los años siguientes, el reflujo que siguió a la estela de estos movimientos se vio profundizado por el rápido ascenso del populismo, que creó nuevas divisiones en la clase obrera internacional -divisiones que explotaron las diferencias nacionales y étnicas, y alimentadas por las actitudes pogromistas de la derecha populista, pero también divisiones políticas entre el populismo y el antipopulismo. En todo el mundo crecían la ira y el descontento, basados en graves privaciones materiales y en ansiedades reales sobre el futuro; Pero en ausencia de una respuesta proletaria, gran parte de esto se canalizó en revueltas interclasistas como los Chalecos Amarillos en Francia, en campañas de un solo tema en un terreno burgués como las marchas por el clima, en movimientos por la democracia contra la dictadura (Hong Kong, Bielorrusia, Myanmar, etc.) o en la inextricable maraña de políticas de identidad racial y sexual que sirven para ocultar aún más la cuestión crucial de la identidad de clase proletaria como la única base para una auténtica respuesta a la crisis del modo de producción capitalista. La proliferación de estos movimientos -ya sea que aparezcan como revueltas interclasistas o como movilizaciones abiertamente burguesas- ha aumentado las ya considerables dificultades no sólo para la clase obrera en su conjunto sino para la propia izquierda comunista, para las organizaciones que tienen la responsabilidad de definir y defender el terreno de clase. Un claro ejemplo de ello fue la incapacidad de los bordiguistas y de la TCI para reconocer que la ira provocada por el asesinato policial de George Floyd en mayo de 2020 se había desviado inmediatamente hacia canales burgueses7. Pero la CCI también se ha encontrado con importantes problemas frente a este conjunto de movimientos, a menudo desconcertante, y, como parte de su revisión crítica de los últimos 20 años, tendrá que examinar seriamente la naturaleza y el alcance de los errores que cometió en el período que va desde la primavera árabe de 2011, pasando por las llamadas protestas de las velas en Corea del Sur, hasta estas revueltas y movilizaciones más recientes.
27. La pandemia, en particular, ha creado dificultades considerables para la clase obrera:
La mayoría de los trabajadores reconocen la realidad de esta enfermedad y los verdaderos peligros que supone reunirse en gran número, inhibiendo la posibilidad de realizar asambleas generales y manifestaciones obreras; el proletariado se enfrenta, no sólo a la burguesía, sino también, y en un sentido más inmediato, al virus. En general, las situaciones en las que las catástrofes naturales desempeñan un papel primordial no favorecen el desarrollo de la lucha de clases. La indignación de Voltaire contra la naturaleza por el terremoto de Lisboa no se generalizó. A diferencia del "terremoto social" de la huelga de masas de 1905 en Rusia, el terremoto de 1906 en San Francisco no hizo avanzar la causa del proletariado, como tampoco el de 1923 en Tokio; como siempre, la burguesía no duda en utilizar los efectos de la descomposición contra la clase obrera. Aunque los cierres han sido motivados principalmente por la comprensión de la burguesía de que no tenía otro recurso para evitar la propagación de la enfermedad, sin duda aprovechará la situación para imponer la atomización y la explotación de la clase obrera, en particular a través del nuevo modelo de "trabajo desde casa”. Este nuevo paso en la atomización de la población trabajadora ha sido una fuente de creciente sufrimiento psicológico, especialmente entre los jóvenes, hasta el punto de aumentar los casos de suicidio;
Por otra parte, la clase dominante ha aprovechado las condiciones de la pandemia para reforzar sus sistemas de vigilancia masiva e introducir nuevas leyes represivas que restringen las protestas y manifestaciones, junto con una violencia policial cada vez más abierta contra todas las expresiones de descontento social;
El aumento masivo del desempleo resultante del cierre no será, en esta situación y a corto plazo, un factor de unificación de las luchas obreras, sino que tenderá a reforzar aún más la atomización;
Aunque el cierre ha provocado un gran descontento social, cuando éste se ha expresado abiertamente, como en España en febrero y en Alemania en abril de 2021, ha tomado abrumadoramente la forma de protestas "por la libertad individual" que son un callejón sin salida para la clase obrera;
De manera más general, el período de la pandemia ha visto un nuevo auge de la "política de la identidad", en la que la insatisfacción con la vida bajo el sistema actual se fragmenta en una vorágine de identidades enfrentadas basadas en la raza, el género, la cultura, etc., y que constituyen una gran amenaza para la recuperación de la única identidad capaz de unificar y liberar a toda la humanidad detrás de ella: la identidad de clase proletaria. Además, detrás de este caos de identidades en pugna que penetra en toda la población, se encuentra la competencia entre diferentes facciones burguesas de derecha e izquierda, lo que conlleva el peligro de arrastrar a la clase obrera a nuevas formas de "luchas culturales" reaccionarias e incluso a una violenta guerra civil.
28. A pesar de los enormes problemas a los que se enfrenta el proletariado, rechazamos la idea de que la clase ya haya sido derrotada a escala mundial, o que esté a punto de sufrir una derrota de este tipo comparable a la del período de la contrarrevolución, una derrota de la que posiblemente el proletariado ya no podría recuperarse. El proletariado, como clase explotada, no puede evitar pasar por la escuela de las derrotas, pero la cuestión central es si el proletariado ha sido ya tan abrumado por el avance implacable de la descomposición que su potencial revolucionario ha sido efectivamente socavado. Medir tal derrota en la fase de descomposición es una tarea mucho más compleja que en el período anterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando el proletariado se había levantado abiertamente contra el capitalismo y había sido aplastado por una serie de derrotas frontales, o en el período posterior a 1968, cuando el principal obstáculo al impulso de la burguesía hacia una nueva guerra mundial fue el resurgimiento de las luchas de una nueva e invicta generación de proletarios. Como ya hemos recordado, la fase de descomposición encierra, en efecto, el peligro de que el proletariado simplemente no responda y sea aplastado durante un largo período, una "muerte por mil cortes" más que una confrontación de clase frontal. Sin embargo, afirmamos que todavía hay suficientes evidencias para mostrar que, a pesar del indudable "progreso" de la descomposición, a pesar de que el tiempo ya no está del lado de la clase obrera, el potencial para un profundo resurgimiento proletario -que lleve a una reunificación entre las dimensiones económica y política de la lucha de clases- no se ha desvanecido, como lo atestigua:
la persistencia de importantes movimientos proletarios que han aparecido en la fase de descomposición (2006-7, 2010-11, etc.)8
el hecho de que, justo antes de la pandemia, vimos varios signos embrionarios y muy frágiles de una reaparición de la lucha de clases, especialmente en Francia en 20199. E incluso si esta dinámica fue entonces en gran medida bloqueada por la pandemia y los cierres, hubo protestas de los trabajadores en varios países incluso durante la pandemia, en particular en torno a cuestiones de salud y seguridad en el trabajo10;
Los pequeños pero significativos signos de una maduración subterránea de la conciencia, que se manifiesta en los esfuerzos hacia una reflexión global sobre el fracaso del capitalismo y la necesidad de otra sociedad en algunos movimientos (particularmente los Indignados en 2011), pero también a través de la aparición de elementos jóvenes que buscan posiciones de clase y se vuelven hacia la herencia de la izquierda comunista;
Y lo que es más importante, la situación a la que se enfrenta la clase obrera no es la misma que tras el colapso del bloque del Este y la apertura de la fase de descomposición en 1989. En aquel momento, era posible presentar estos acontecimientos como la prueba de la muerte del comunismo y de la victoria del capitalismo y el comienzo de un futuro brillante para la humanidad. Treinta años de descomposición han socavado gravemente este fraude ideológico de un futuro más brillante, y la pandemia, en particular, ha puesto al descubierto la irresponsabilidad y la negligencia de todos los gobiernos capitalistas y la realidad de una sociedad desgarrada por profundas divisiones económicas en la que no estamos en absoluto "todos juntos". Por el contrario, la pandemia y el bloqueo han tendido a revelar la condición de la clase obrera como principal víctima de la crisis sanitaria, pero también como fuente de todo el trabajo "esencial" y de toda la producción material, y en particular de las necesidades básicas. Esta puede ser una de las bases para una futura recuperación de la identidad de clase. Y, junto con la creciente comprensión de que el capitalismo es un modo de producción totalmente obsoleto, esto ya ha sido un elemento en la aparición de las minorías politizadas cuya motivación ha sido, sobre todo, comprender la dramática situación a la que se enfrenta la humanidad;
Por último, en un plano histórico más amplio, el proceso de descomposición no ha eliminado el carácter asociado del trabajo bajo el capitalismo. Este sigue siendo el caso a pesar de la atomización social engendrada por la descomposición, a pesar de los intentos deliberados de fragmentar la fuerza de trabajo a través de estratagemas como la "economía gig", a pesar de las campañas ideológicas que pretenden presentar a los sectores más educados del proletariado como "clase media". El capital moviliza cada vez más trabajadores en todo el mundo, el proceso de proletarización y, por lo tanto, la explotación del trabajo vivo continúa sin cesar. La clase obrera es hoy más grande y está más interconectada que nunca, pero con el avance de la descomposición se intensifican la atomización y el aislamiento social. Esto se expresa también en las dificultades de la clase obrera para experimentar su propia identidad de clase. Sólo a través de las luchas de la clase obrera en su propio terreno de clase es capaz de crear su poder "asociativo" que expresa una anticipación del trabajo asociado del comunismo. Los trabajadores son reunidos por el capital en el proceso de producción, donde la combinación del trabajo se realiza bajo coacción, pero el carácter revolucionario del proletariado significa invertir dialécticamente estas condiciones en una lucha colectiva. La explotación del trabajo común se invierte en la lucha contra la explotación y por la liberación del carácter social del trabajo, por una sociedad que sepa utilizar conscientemente todo el potencial del trabajo asociado.
Así, la lucha defensiva de la clase obrera contiene el germen de las relaciones sociales cualitativamente más elevadas que son el objetivo final de la lucha de clases: lo que Marx llamó los "productores libremente asociados". A través de la asociación, de la unión de todos sus componentes, capacidades y experiencias, el proletariado puede hacerse poderoso, puede convertirse en el combatiente cada vez más consciente y unido por una humanidad liberada y en su precursor.
29. A pesar de la tendencia del proceso de descomposición a accionar sobre la crisis económica, ésta sigue siendo el "aliado del proletariado" en esta fase. Como dicen las Tesis sobre la descomposición:
"La inexorable agravación de la crisis capitalista constituye el estimulante esencial de la lucha de clases y del desarrollo de la conciencia, la condición previa para su capacidad de resistir el veneno que destila la podredumbre social. Porque si bien no hay base para la unificación de la clase en las luchas parciales contra los efectos de la descomposición, sin embargo, su lucha contra los efectos directos de la crisis constituye la base para el desarrollo de su fuerza y unidad de clase. Esto es así porque:
mientras que los efectos de la descomposición (por ejemplo, la contaminación, las drogas, la inseguridad) golpean de forma muy parecida a las distintas capas de la sociedad y constituyen un terreno fértil para las campañas y mistificaciones aclasistas (ecología, movimientos antinucleares, movilizaciones antirracistas, etc.), los ataques económicos (caída de los salarios reales, despidos, aumento de la productividad, etc.) resultantes directamente de la crisis golpean directa y específicamente al proletariado (es decir, a la clase que produce plusvalía y se enfrenta al capitalismo en este terreno);
a diferencia de la descomposición social que afecta esencialmente a la superestructura, la crisis económica ataca directamente los cimientos sobre los que se asienta esta superestructura; en este sentido, pone al descubierto toda la barbarie que se abate sobre la sociedad, permitiendo así que el proletariado tome conciencia de la necesidad de cambiar radicalmente el sistema, en lugar de intentar mejorar ciertos aspectos del mismo". (Tesis 17)
30. En consecuencia, debemos rechazar cualquier tendencia a restar importancia a las luchas económicas "defensivas" de la clase, lo que es una expresión típica de la concepción modernista que sólo ve a la clase como una categoría explotada y no igualmente como una fuerza histórica y revolucionaria. Por supuesto, es cierto que la lucha económica por sí sola no puede frenar la marea de la descomposición: como dicen las Tesis, "la resistencia de los trabajadores a los efectos de la crisis ya no es suficiente: sólo la revolución comunista puede poner fin a la amenaza de la descomposición". Pero es un profundo error perder de vista la interacción constante y dialéctica entre los aspectos económicos y políticos de la lucha, como subrayó Rosa Luxemburgo en su trabajo sobre la huelga de masas de 1905; y de nuevo, al calor de la revolución alemana de 1918-19, cuando la dimensión "política" estaba a la vista, insistió en que el proletariado seguía necesitando desarrollar sus luchas económicas como única base para organizarse y unificarse como clase. Será la combinación de una lucha defensiva renovada en un terreno de clase, enfrentándose a los límites objetivos de la sociedad burguesa en descomposición, y fecundada por la intervención de la minoría revolucionaria, la que permitirá a la clase obrera recuperar su perspectiva revolucionaria, para avanzar hacia la politización plenamente proletaria que la armará para sacar a la humanidad de la pesadilla del capitalismo en descomposición.
31. En un primer momento, el redescubrimiento de la identidad y la combatividad de clase constituirá una forma de resistencia contra los efectos corrosivos de la descomposición capitalista, un baluarte para evitar que la clase obrera se fragmente y se divida aún más contra sí misma. Sin el desarrollo de la lucha de clases, fenómenos como la destrucción del medio ambiente y la proliferación del caos militar tienden a reforzar los sentimientos de impotencia y el recurso a falsas soluciones como el ecologismo y el pacifismo. Pero en una etapa más desarrollada de la lucha, en el contexto de una situación revolucionaria, la realidad de estas amenazas a la supervivencia de la especie puede convertirse en un factor para comprender que el capitalismo ha llegado efectivamente a la fase terminal de su declive y que la revolución es la única salida. En particular, el impulso bélico del capitalismo -sobre todo cuando involucra directa o indirectamente a las grandes potencias- puede ser un factor importante en la politización de la lucha de clases, ya que trae consigo tanto un aumento muy concreto de la explotación y el peligro físico, como una confirmación más de que la sociedad se enfrenta a la trascendental elección entre el socialismo y la barbarie. A partir de factores de desmovilización y desesperación, estas amenazas pueden reforzar la determinación del proletariado de acabar con este sistema moribundo.
"Del mismo modo, en el período que viene, el proletariado no puede esperar beneficiarse del debilitamiento que la descomposición provoca en el seno de la propia burguesía. Durante este período, debe aspirar a resistir los efectos nocivos de la descomposición en sus propias filas, contando sólo con su propia fuerza y con su capacidad de lucha colectiva y solidaria para defender sus intereses como clase explotada (aunque la propaganda revolucionaria debe subrayar constantemente los peligros de la descomposición social). Sólo en el período revolucionario, cuando el proletariado esté a la ofensiva, cuando haya tomado directa y abiertamente las armas por su propia perspectiva histórica, podrá utilizar ciertos efectos de la descomposición, en particular de la ideología burguesa y de las fuerzas del poder capitalista, como palanca, y volverlos contra el capital" (Tesis sobre la descomposición).
1 Se pueden encontrar respectivamente en: https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017 [22] , https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida [23] y https://es.internationalism.org/content/4713/informe-sobre-la-pandemia-y-desarrollo-de-la-descomposicion-del-24o-congreso [6]
2 Ver nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-desc... [7]
3 Ver Asalto del Capitolio en Washington: Los Estados Unidos en el centro de la descomposición mundial del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4635/asalto-del-capitolio-en-washington-los-estados-unidos-en-el-centro-de-la-descomposicion [24]
4 Ver La Ruta de la Seda china hacia la dominación imperialista https://es.internationalism.org/content/4366/la-ruta-china-de-la-seda-hacia-la-dominacion-imperialista [25]
5 Ver La irrupción de la descomposición en el terreno económico: Informe sobre la crisis económica https://es.internationalism.org/content/4629/la-irrupcion-de-la-descomposicion-en-el-terreno-economico-informe-sobre-la-crisis [9]
6 Ver Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole [26]
7 Ver Los grupos de la Izquierda Comunista ante el movimiento Black Lives Matter: una incapacidad para identificar el terreno de la clase obrera https://es.internationalism.org/content/4605/los-grupos-de-la-izquierda-comunista-ante-el-movimiento-black-lives-matter-una [27]
8 Ver Tesis sobre el movimiento de los estudiantes de la primavera de 2006 en Francia https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200 [28] y 2011: de la indignación a la esperanza /content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza [11]
9 Ver Balance de las luchas en Francia contra la "reforma" de las pensiones https://es.internationalism.org/content/4524/balance-de-las-luchas-en-francia-contra-la-reforma-de-las-pensiones [29]
10 Ver Covid-19: a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases trata de forjar su futuro https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [30]
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En cierto modo, “la Izquierda comunista se encuentra hoy en una situación similar a la de Bilan de los años 1930, en el sentido de que se ve obligada a comprender una situación histórica nueva y sin precedentes”1.
Esta constatación, más adecuada que nunca, requeriría intensos debates entre organizaciones del medio proletario para analizar el significado de la crisis del Covid-19 en la historia del capitalismo y las consecuencias que se derivan de ella. Sin embargo, ante la fulgurante extensión de los acontecimientos, los grupos del medio político proletario parecen totalmente desamparados y desarmados: en lugar asirse al método marxista como una teoría viva, lo reducen a un dogma invariante en el que la lucha de clases se ve como una repetición inmutable de esquemas eternamente válidos sin poder mostrar no sólo lo que persiste sino también lo que ha cambiado. Así, los grupos bordiguistas o consejistas ignoran obstinadamente la entrada del sistema en su fase de decadencia. Por otro lado, la Tendencia Comunista Internacional (TCI) rechaza la descomposición como una visión cataclísmica y limita sus explicaciones a la obviedad según la cual la ganancia económica es responsable de la pandemia, y a la ilusoria idea de que esta última es sólo un evento anecdótico, un paréntesis, en los ataques de la burguesía para maximizar sus ganancias. Esos grupos del medio político proletario se conforman con recitar los esquemas del pasado sin analizar las circunstancias específicas, el momento y el impacto de la crisis sanitaria. En consecuencia, su contribución a la evaluación de la relación de fuerzas entre las dos clases antagónicas de la sociedad, de los peligros u oportunidades que se presentan a la clase y a sus minorías, es irrisoria.
Un enfoque marxista firme es tanto más necesario cuanto la desconfianza hacia el discurso oficial engendra actualmente la emergencia de numerosas "explicaciones alternativas" falsas y fantasiosas de los acontecimientos. Surgen teorías "conspirativas"2 cada cual más extravagante, y son compartidas por millones de adeptos: la pandemia y la vacunación masiva de hoy serían una maquinación de los chinos para asegurar su supremacía, un complot de la burguesía mundial para preparar la guerra o reestructurar la economía mundial, una toma del poder por parte de una internacional secreta de virólogos o incluso una nebulosa conspiración mundial de las élites (bajo la dirección de Soros o Gates), ... Este ambiente general provoca también una desorientación del medio político, un verdadero "Corona blues".
Para la CCI, el marxismo es "un pensamiento vivo para el que cada acontecimiento histórico importante es la oportunidad de un enriquecimiento". (...). Corresponde a las organizaciones y a los militantes revolucionarios la responsabilidad específica y fundamental de llevar a cabo este esfuerzo de reflexión cuidando, al igual que hicieron nuestros mayores -como Lenin, Rosa Luxemburgo, la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista Internacional (Bilan), la Izquierda Comunista de Francia, etc.- avanzar a la vez con prudencia y audacia:
apoyándose firmemente en las aportaciones de base del marxismo;
examinando la realidad sin anteojeras y desarrollando el pensamiento sin "ninguna prohibición ni ningún ostracismo" (Bilan).
En particular, ante tales acontecimientos históricos, es importante que los revolucionarios sean capaces de distinguir claramente entre los análisis que han quedado obsoletos y los que siguen siendo válidos, para evitar un doble escollo: ya sea encerrarse en la esclerosis o "tirar el niño con el agua de la bañera"3.
Por tanto, la crisis del Covid-19 ha obligado a la CCI a confrontar los elementos más destacados de este importante acontecimiento en el marco de la descomposición que la organización lleva planteando desde hace más de 30 años para entender la evolución del capitalismo. Este marco se recuerda claramente en la Resolución sobre la situación internacional del 23º Congreso Internacional de la CCI (2019)4: "Hace 30 años, la CCI puso en evidencia que el sistema capitalista había entrado en la última fase de su período de decadencia y de su existencia, el de la descomposición. Este análisis se basaba en una serie de hechos empíricos, pero al mismo tiempo proporcionaba un marco para entenderlos: "En una situación como ésta, en la que las dos clases fundamentales y antagónicas de la sociedad se enfrentan sin poder imponer su propia respuesta decisiva, la historia no puede detenerse. Menos aún que para los otros modos de producción que le precedieron, no puede existir para el capitalismo "congelación", ni "estancamiento" de la vida social. Mientras las contradicciones del capitalismo en crisis no hacen más que agravarse, la incapacidad de la burguesía de ofrecer la más mínima perspectiva para el conjunto de la sociedad y la incapacidad del proletariado de afirmar abiertamente la suya en el futuro inmediato sólo pueden desembocar en un fenómeno de descomposición generalizada, de putrefacción de la sociedad desde su base." 5 Nuestro análisis se ocupó de precisar los dos significados del término "descomposición"; por un lado, se aplica a un fenómeno que afecta a la sociedad, particularmente en el período de decadencia del capitalismo, y, por otro lado, designa una fase histórica particular de éste último, su fase última : "... es indispensable destacar la diferencia fundamental que opone los elementos de descomposición que han afectado al capitalismo desde principios de siglo (el siglo 20º) y la descomposición generalizada en la que este sistema se hunde actualmente y que no podrá sino agravarse. También aquí, más allá del aspecto estrictamente cuantitativo, el fenómeno de la descomposición social alcanza hoy tal profundidad y extensión que adquiere una cualidad nueva y singular que manifiesta la entrada del capitalismo decadente en una fase específica -la fase última- de su historia, aquella en la que la descomposición se convierte en un factor, si no en el factor decisivo, de la evolución de la sociedad". (Ibid., Tesis 2).
Es principalmente este último punto, el hecho que la descomposición tiende a convertirse en el factor decisivo de la evolución de la sociedad y, por lo tanto, del conjunto de componentes de la situación mundial -una idea que de ninguna manera es compartida por los otros grupos de la Izquierda comunista- el que constituye el eje principal de la presente resolución”.
En este contexto, el objetivo de este informe es evaluar el impacto de la crisis del Covid-19 en la profundización de las contradicciones en el seno del sistema capitalista y las implicaciones de ésta en la profundización de la fase de descomposición.
La pandemia hace estragos en el corazón del capitalismo: una primera, luego una segunda, incluso una tercera oleada de infecciones está arrasando al mundo y en particular a los países industrializados; sus sistemas hospitalarios están al borde del colapso y se ven obligados a imponer repetidamente confinamientos más o menos drásticos. Después de un año de pandemia, las cifras oficiales, en gran parte subvaluadas en muchos países, contabilizan más de 500,000 muertes en Estados Unidos y más de 650,000 en la Unión Europea y América Latina6.
Durante los últimos doce meses, en este modo de producción con ilimitadas capacidades científicas y tecnológicas, las burguesías, no sólo de los países periféricos sino especialmente de los principales países industrializados, se han mostrado incapaces de:
impedir la propagación de la pandemia, luego su reanudación a través de una segunda, tercera, .... oleada;
evitar la saturación de los sistemas hospitalarios, como en Italia, en España, pero también en Gran Bretaña o Estados Unidos;
poner en práctica técnicas e instrumentos para controlar y contener las diversas oleadas;
coordinar y centralizar la búsqueda de una vacuna y poner en marcha una política de producción, distribución y vacunación planificada y pensada para todo el planeta.
Por el contrario, rivalizaron en la toma de medidas inconsistentes y caóticas y recurrieron, desesperados, a medidas que se remontan a épocas remotas de la historia que se suponía ya superadas, como el encierro, la cuarentena o el toque de queda. Han condenado a muerte a cientos de miles de personas seleccionando los enfermos de Covid ingresados en hospitales abarrotados o posponiendo a una fecha lejana el tratamiento de otras patologías graves.
El desarrollo catastrófico de la crisis pandémica está fundamentalmente ligado a la implacable presión de la crisis histórica del modo de producción capitalista. El impacto de las medidas de austeridad, aún más acentuadas desde la recesión de 2007-2011, la competencia económica despiadada entre los Estados y la prioridad dada, en particular en los países industrializados, al mantenimiento de las capacidades de producción en detrimento de la salud de las poblaciones en nombre de la primacía de la economía, ha favorecido la amplitud de la crisis sanitaria y constituye un obstáculo permanente para su contención. Esta inmensa catástrofe que constituye la pandemia no es producto de la fatalidad ni de la insuficiencia de conocimientos científicos o de herramientas sanitarias (como era el caso en anteriores modos de producción); ésta no llegó como un trueno en un cielo sereno, ni constituye un paréntesis pasajero. Ésta expresa la impotencia fundamental del modo de producción capitalista declinante, que va más allá de la irresponsabilidad de tal o cual gobierno, más bien, por el contrario, revela el bloqueo y pudrimiento desde su base de la sociedad burguesa. Y, sobre todo, revela el alcance de esta fase de descomposición, que se ha ido profundizando durante 30 años.
La crisis del Covid-19 no surge de la nada; es tanto la expresión como el resultado de 30 años de la fase de descomposición del capitalismo que marcó una tendencia a la multiplicación, a la profundización y a una convergencia cada vez más clara de las diversas manifestaciones de la pudrición del sistema en la raíz.
a) La importancia y el significado de la dinámica de descomposición fueron aprehendidos por la CCI desde finales de los años 80: “Mientras la burguesía no tenga las manos libres para imponer su "solución": la guerra imperialista generalizada, y la lucha de clases aún no está lo suficientemente desarrollada para permitirle que presente su perspectiva revolucionaria, el capitalismo se ve arrastrado en una dinámica de descomposición, de pudrimiento en la raíz que se manifiesta en todos los planos de su existencia:
degradación de las relaciones internacionales entre Estados manifestada por el desarrollo del terrorismo;
catástrofes tecnológicas y la repetición de las denominadas catástrofes naturales;
destrucción de la esfera ecológica;
hambrunas, epidemias, expresiones de la pauperización absoluta que se generaliza;
explosión de "nacionalismos";
vida de la sociedad marcada por el desarrollo de la criminalidad, la delincuencia, los suicidios, la locura, la atomización individual;
descomposición ideológica marcada, entre otras cosas, por el desarrollo del misticismo, el nihilismo, la ideología del "cada uno para sí", etc.”7.
b) La implosión del bloque soviético marca una aceleración espectacular del proceso a pesar de las campañas para encubrirlo. El derrumbe desde el interior de uno de los dos bloques imperialistas que se enfrentaban, sin que esto sea producto ni de una guerra mundial entre los bloques, ni de la ofensiva del proletariado, sólo puede entenderse como la expresión mayor de la entrada en la fase de descomposición. Sin embargo, las tendencias a la pérdida de control y a la exacerbación del cada uno para sí que esta implosión manifiesta, fueron en gran parte disimuladas y contrarrestadas: al principio, por la recuperación del prestigio de la "democracia" y del hecho de su “victoria sobre el comunismo” (campañas sobre la muerte del comunismo y la superioridad del modo democrático de gobierno); luego por la primera guerra del Golfo (1991) -desatada en nombre de las Naciones Unidas contra Saddam Husein- que permite a Bush padre imponer una "coalición internacional de Estados" bajo la dirección de los Estados Unidos y así frenar en un primer momento, la tendencia al cada uno para sí de los buitres imperialista; finalmente, por el hecho de que el colapso económico resultante de la implosión del bloque del Este sólo afecta a los antiguos países del bloque ruso, una parte particularmente atrasada del capitalismo, y perdona en gran medida a los países industrializados.
c) A comienzos del siglo 21º, la expansión de la descomposición se manifiesta sobre todo en la explosión del cada uno para sí y del caos en el plano imperialista. El ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono por parte de Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001 y la respuesta militar unilateral de la administración Bush, abre de par en par la "caja de Pandora" de la descomposición: con el ataque y la invasión de Irak en 2003, desafiando las convenciones u organizaciones internacionales y sin tener en cuenta la opinión de sus principales "aliados", la primera potencia mundial pasa del status de gendarme del orden mundial a la de agente principal del cada uno para sí y del caos. La ocupación de Irak, seguida de la guerra civil en Siria (2011) potenció el cada uno para sí imperialista no sólo en el Medio Oriente sino en todo el planeta. También acentúan la tendencia a la baja del liderazgo estadounidense, a medida que Rusia vuelve al primer plano -en particular a través de un papel imperialista “perturbador” en Siria- y que China está ganando fuerza rápidamente como potencia que reta a la superpotencia estadounidense.
d) En las dos primeras décadas del siglo 21º, el crecimiento cuantitativo y cualitativo del terrorismo, favorecido por la expansión del caos y la barbarie guerrera en el mundo, ocupa un lugar central en la vida de la sociedad como instrumento de guerra entre Estados. Esto llevó a la constitución de un nuevo Estado, “el Estado Islámico” (Daesh), con su ejército, su policía, su administración, sus escuelas, de las cuales el terrorismo es el arma preferida y que desató una oleada de atentados suicidas en el Oriente Medio y en las metrópolis de los países industrializados. “La constitución de Daesh en 2013-14 y los atentados en Francia en 2015-16, en Bélgica y en Alemania en 2016, representan otra etapa importante de primer plano de este proceso”8. Esta expansión de este terrorismo ‘kamikaze’ va de la mano con el aumento del radicalismo religioso irracional y fanático por todo el mundo, desde Oriente Medio hasta Brasil, desde Estados Unidos hasta la India.
e) En 2016-17 el referéndum del Brexit en Gran Bretaña y el ascenso de Trump en los EE. UU. revelan el tsunami populista que constituye una nueva manifestación particularmente destacada de la profundización de la descomposición. “El auge del populismo es una expresión, en las circunstancias actuales, de la creciente pérdida de control por parte de la burguesía, del funcionamiento de la sociedad resultante fundamentalmente de lo que está en el centro de su descomposición: la incapacidad de ambas clases fundamentales de la sociedad para dar respuesta a la insoluble crisis en la que se hunde la economía capitalista. En otras palabras, la descomposición resulta fundamentalmente de la impotencia de la clase dominante, de una impotencia que tiene su origen en su incapacidad para superar esta crisis de su modo de producción y que tiende cada vez más a afectar su aparato político. Entre las causas actuales de la oleada populista se encuentran las principales manifestaciones de la descomposición social: el auge de la desesperación, del nihilismo, de la violencia, de la xenofobia, asociada a un creciente rechazo a las "élites" (los "ricos", los políticos, los tecnócratas) y en una situación en la que la clase obrera es incapaz de presentar, ni siquiera en forma embrionaria, una alternativa”9. Si esta oleada populista afecta particularmente a las burguesías de los países industrializados, también se encuentra en otras regiones del mundo en la forma de la llegada al poder de líderes fuertes y “carismáticos” (Orban, Bolsonaro, Erdogan, Modi, Duterte, ...) a menudo con el apoyo de sectas o movimientos extremistas de inspiración religiosa (iglesias evangélicas en América Latina o África, Hermanos Musulmanes en Turquía, movimientos racistas identitarios hindúes en el caso de Modi).
La fase de descomposición tiene ya 30 años de historia y el breve repaso de esta última muestra cómo el pudrimiento del capitalismo se ha extendido y profundizado a través de fenómenos que han ido afectando progresivamente cada vez más aspectos de la sociedad, y que constituyen los ingredientes que provocaron el carácter explosivo de la crisis planetaria del Covid-19. Ciertamente, durante estos 30 años, la progresión de los fenómenos fue discontinua, pero se desarrolló en diferentes niveles (crisis ecológica, cada uno para sí imperialista, fragmentación de Estados, terrorismo, revueltas sociales, pérdida de control del aparato político, pudrimiento ideológico), socavando cada vez más los intentos del capitalismo de Estado de contrarrestar su avance y de mantener un cierto marco compartido. Por tanto, si los diversos fenómenos alcanzaron un nivel apreciable de intensidad, aparecieron hasta entonces como “una proliferación de síntomas sin aparente interconexión, a diferencia de los períodos anteriores de la decadencia del capitalismo que fueron definidos y dominados por hitos tan evidentes como la guerra mundial o la revolución proletaria”10. Este es precisamente el significado de la crisis del Covid-19, ser -como la implosión del bloque del Este- altamente emblemática de la fase de descomposición al acumular los factores de putrefacción del sistema.
Al igual que las diversas manifestaciones de la decadencia (guerras mundiales, crisis económicas generalizadas, militarismo, fascismo y estalinismo, …), también hay una acumulación de manifestaciones de la fase de descomposición. La magnitud del impacto de la crisis del Covid-19 se explica no sólo por esta acumulación, sino también por la interacción de las expresiones ecológicas, sanitarias, sociales, políticas, económicas e ideológicas de la descomposición en una especie de espiral nunca observada hasta entonces, que ha conducido a una tendencia a la pérdida de control de cada vez más aspectos de la sociedad y al estallido de ideologías irracionales, extremadamente peligrosas para el futuro de la humanidad.
a) Covid-19 y destrucción de la naturaleza
La pandemia es claramente una expresión de la ruptura de la relación entre la humanidad y la naturaleza, que ha alcanzado una intensidad y una dimensión planetaria incomparables, con la decadencia del sistema y, en particular, con la última fase de esta decadencia, la de la descomposición, más específicamente a través del crecimiento y la concentración urbanos descontrolados (proliferación de barrios marginales superpoblados) en las regiones periféricas del capitalismo, la deforestación y el cambio climático. Así, en el caso del Covid-19, un estudio reciente de investigadores de las universidades de Cambridge, Hawái y del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (en la revista Science of the Total Environment) indicaría que los cambios climáticos en China del Sur a lo largo del siglo pasado habrían favorecido la concentración en la región de especies de murciélagos, que portan miles de coronavirus, y permite la transmisión del SARS-CoV-2, probablemente a través del pangolín, a los humanos11
Durante décadas, la destrucción irremediable del mundo natural ha generado un peligro creciente de catástrofes ambientales, pero también de salud, como ya lo han mostrado las epidemias de SARS, H1N1 o Ébola, que, por suerte, no se han convertido en pandemias. Por tanto, aunque el capitalismo tiene las fuerzas tecnológicas que son capaces de enviar hombres a la Luna, de producir armas monstruosas capaces de destruir el planeta decenas de veces, no ha podido adquirir los medios necesarios para remediar los problemas ecológicos y de salud, lo que condujo al desencadenamiento de la pandemia del Covid-19. El hombre está cada vez más separado de su "cuerpo orgánico" (Marx) y la descomposición social acentúa esta tendencia.
b) Covid-19 y recesión económica
Al mismo tiempo, las medidas de austeridad y de reestructuración en las investigaciones y en los sistemas de salud, que se han intensificado aún más desde la recesión de 2007-2011, han reducido la disponibilidad de hospitales y ralentizado, si no detenido, la investigación sobre los virus de la familia de los Covid, mientras que diferentes epidemias habían advertido de la peligrosidad de estos. Por otro lado, durante la pandemia, el objetivo primordial de los países industrializados siempre ha sido mantener intactas las capacidades de producción el mayor tiempo posible (y, en su extensión, guarderías, jardines de niños y educación primaria y secundaria para que los padres puedan ir a trabajar) sabiendo que las empresas y las escuelas constituyen importantes fuentes de contagio, a pesar de las medidas tomadas (llevar cubrebocas, mantener la debida distancia, etc.). En particular, durante el desconfinamiento del verano de 2020, la burguesía jugó cínicamente con la salud de las poblaciones en nombre de la primacía de la economía, que siempre ha prevalecido, aunque esto contribuyera al surgimiento de una nueva oleada de la pandemia, a la repetición de los confinamientos y al aumento del número de hospitalizaciones y de muertes.
c) Covid-19 y el cada uno para sí imperialista
La acentuación del cada uno para sí entre los Estados ha constituido desde el inicio un poderoso estímulo para la propagación de la pandemia e incluso ha incitado a su explotación con fines hegemónicos. Primero, los intentos iniciales de China para encubrir el brote del virus y su negativa a proporcionar información a la OMS favorecieron en gran medida la expansión inicial de la pandemia. Luego, la persistencia de la pandemia y sus diversas oleadas, así como el número de víctimas, se han visto favorecidos por el rechazo de varios países a "compartir" sus existencias de material sanitario con sus vecinos, debido al creciente caos en la cooperación entre los distintos países, incluida -y sobre todo- dentro de la UE, con miras a armonizar las políticas de control de la contaminación o las políticas de elaboración y compra de vacunas, y también a través de la "carrera de vacunas" entre los gigantes farmacéuticos competidores (con jugosas ganancias para los ganadores), en lugar de reunir al conjunto de conocedores disponibles en medicina y farmacología. Finalmente, la "guerra de las vacunas" se está librando entre los Estados: así, la Comisión Europea inicialmente se negó a reservar 5 millones de dosis adicionales de la vacuna propuestas por Pfizer-BioNTech bajo la presión de Francia, que exigía un pedido adicional equivalente para la empresa francesa Sanofi; la vacuna AstraZeneca / Universidad de Oxford está reservada en prioridad para Inglaterra en detrimento de los pedidos de la UE; además, las vacunas chinas (Sinovac), rusas (Sputnik V), indias (BBV152) o americanas (Moderna) son ampliamente utilizadas por estos Estados como instrumentos de la política imperialista. La competencia entre Estados y la explosión del cada uno para sí han acentuado el caos aterrador en la gestión de la crisis pandémica.
d) Covid-19 y la pérdida de control de la burguesía sobre su aparato político
La pérdida de control sobre el aparato político era ya una de las características que marcaron la implosión del bloque del Este, pero apareció entonces como una especificidad ligada al carácter particular de los regímenes estalinistas. La crisis de refugiados (2015-16), la emergencia de las revueltas sociales contra la corrupción de las élites y, sobre todo, el maremoto populista (2016), todo ello manifestaciones que ciertamente ya estaban presentes, pero con menos protagonismo en décadas pasadas, pondrán de manifiesto, a partir de la segunda mitad de la década 2010-2020, la importancia de este fenómeno como expresión de la progresión de la descomposición. Esta dimensión jugará un papel determinante en la extensión de la crisis de Covid-19. El populismo y, en particular, los dirigentes populistas como Bolsonaro, Johnson o Trump han favorecido la expansión y el impacto letal de la pandemia a través de su política "vandálica": han banalizado el Covid-19 como una simple gripe, han favorecido la aplicación incoherente de una política de limitación de los contagios, expresando abiertamente su escepticismo hacia ella, y han saboteado cualquier colaboración internacional. Así, Trump transgredió abiertamente las medidas sanitarias recomendadas, acusó abiertamente a China (el "virus chino") y rechazó cualquier cooperación con la OMS.
Este "vandalismo" expresa de forma emblemática la pérdida de control por parte de la burguesía de su aparato político: tras mostrarse inicialmente incapaces de limitar la propagación de la pandemia, las distintas burguesías nacionales no lograron coordinar sus acciones y establecer un amplio sistema de "pruebas" y "seguimiento y localización" para controlar y limitar nuevas oleadas de contagio de Covid-19. Por último, el lento y caótico despliegue de la campaña de vacunación vuelve a poner de manifiesto las dificultades del Estado para gestionar adecuadamente la pandemia. La sucesión de medidas contradictorias e ineficaces ha alimentado el escepticismo y la desconfianza crecientes de la población hacia las directivas gubernamentales: "Es evidente que, en comparación con la primera oleada, los ciudadanos tienen más dificultades para adherirse a las recomendaciones" (D. Le Guludec, Presidente de la Alta Autoridad Sanitaria francesa, LMD 800, noviembre de 2020). Esta preocupación está muy presente al seno de los gobiernos de los países industrializados (desde Macron hasta Biden), instando a la población a seguir las recomendaciones y directrices de las autoridades.
e) Covid-19 y rechazo a las élites, las ideologías irracionales o la creciente desesperación
Los movimientos populistas no sólo se oponen a las élites, sino que también favorecen el desarrollo de las ideologías nihilistas y los sectarismos religiosos más retrógrados, ya reforzados por la profundización de la fase de descomposición. La crisis del Covid-19 ha provocado una explosión sin precedentes de visiones conspirativas y anticientíficas, que alimentan la impugnación de las políticas sanitarias de los Estados. Las teorías de la conspiración abundan y difunden concepciones totalmente fantasiosas sobre el virus y la pandemia. Además, dirigentes populistas como Bolsonaro y Trump han expresado abiertamente su desprecio por la ciencia. La propagación exponencial del pensamiento irracional y el cuestionamiento de la racionalidad científica durante la pandemia es una ilustración sorprendente de la aceleración de la descomposición.
El rechazo populista a las élites junto con las ideologías irracionales ha exacerbado una impugnación cada vez más violenta sobre un terreno puramente burgués de las medidas gubernamentales, como los toques de queda y los confinamientos. Esta rabia anti-élite y anti-Estado ha estimulado el surgimiento de grandes mítines (Dinamarca, Italia, Alemania) o de disturbios "vandálicos", nihilistas y anti-Estado contra las restricciones (al grito de "¡Libertad!", "por nuestros derechos y nuestra vida"), contra la "dictadura del confinamiento" o aún contra el "engaño de un virus que no existe", como los que estallaron en enero en Israel, Líbano, España y sobre todo en muchas ciudades de los Países Bajos.
Los efectos de la fase de descomposición afectaron primero a las zonas periféricas del sistema: países del Este con la implosión del bloque soviético y la antigua Yugoslavia, guerras en Oriente Medio, tensiones bélicas en Asia (Afganistán, Corea, conflicto fronterizo chino-indio), hambrunas, guerras civiles, caos en África. Esto cambia con la crisis de los refugiados, que ha provocado un flujo masivo de solicitantes de asilo hacia Europa, o con el éxodo de poblaciones desesperadas de México y Centroamérica hacia Estados Unidos. A esto le siguieron los atentados yihadistas en Estados Unidos y en el corazón de Europa y, finalmente, el tsunami populista de 2016. En la segunda década del siglo 21, el centro de los países industrializados se ve cada vez más afectado y esta tendencia se confirma dramáticamente con la crisis del Covid-19.
La pandemia está golpeando con fuerza el corazón del capitalismo, especialmente en Estados Unidos. En comparación con la crisis de 1989, la implosión del bloque del Este, que abrió la fase de descomposición, una diferencia crucial hoy es precisamente que la crisis del Covid-19 no afecta a una parte particularmente atrasada del modo de producción capitalista, que no puede por tanto presentarse como una victoria del "capitalismo democrático", ya que impacta, por el contrario, el centro del sistema capitalista a través de las democracias de Europa y los Estados Unidos. Como un bumerán, los peores efectos de la descomposición, que el capitalismo había empujado durante años a la periferia del sistema, regresan ahora a golpear con fuerza a los países industrializados, que se encuentran actualmente en el centro de la tormenta y están lejos de librarse de todos sus efectos. Este impacto en los países industrializados centrales ya había sido subrayado por la CCI en términos de control del juego político, en particular a partir de 2017, pero hoy, las burguesías americana, inglesa y alemana (y tras ellas las de los demás países industrializados) se encuentran en el centro del huracán pandémico y de sus consecuencias a nivel sanitario, económico, político, social e ideológico.
Entre los países centrales, es el más poderoso de ellos, la superpotencia estadounidense, el que más está sufriendo el impacto de la crisis de Covid19: el mayor número absoluto de infecciones y muertes del mundo, una situación sanitaria deplorable, una administración presidencial "vandálica" que ha gestionado la pandemia de forma catastrófica y que -en el plano internacional- ha aislado al país con relación a sus aliados anteriores, una economía en dificultades; un presidente que ha desacreditado las elecciones, ha convocado una marcha hacia el parlamento, ha profundizado las divisiones dentro del país y ha alimentado la desconfianza hacia la ciencia y los datos racionales, calificados fake news. Hoy, Estados Unidos constituye el epicentro de la descomposición.
¿Cómo se explica que la pandemia parezca afectar menos a la "periferia" del sistema esta vez (número de infecciones, número de muertes), y en particular a Asia y África? Por supuesto, hay una serie de razones circunstanciales: el clima, la densidad de población o el aislamiento geográfico (como muestran los casos de Nueva Zelanda, Australia o Finlandia en Europa), pero también la relativa fiabilidad de los datos: por ejemplo, la cifra de muertes por Covid-19 en 2020 en Rusia resulta ser tres veces superior a la oficial (185,000 en lugar de 55,000), según una de las viceprimeras ministras Tatjana Golikova, basándose en el exceso de mortalidad (De Morgen, 29.12.2020).
Más fundamentalmente, el hecho que Asia y África tengan experiencia previa en la gestión de pandemias (N1N1, Ébola) ha jugado sin duda a su favor. En segundo lugar, existen diversas explicaciones de carácter económico (la densidad más o menos elevada de los intercambios y contactos internacionales, la elección de un confinamiento limitado que permite continuar la actividad económica), social (una población de edad avanzada "aparcada" por centenares en "residencias de ancianos"), médica (una esperanza de vida media más o menos elevada: ver Francia: 82,4/ Vietnam: 76/ China: 76,1/ Egipto: 70,9/ Filipinas: 68,5/ Congo: 64,7 y una resiliencia más o menos elevada a las enfermedades). Además, los países de África, Asia y América Latina sufren y sufrirán un fuerte impacto indirecto de la pandemia a través de los retrasos en la vacunación en la periferia, los efectos económicos de la crisis de Covid-19 y la ralentización del comercio mundial, como indica el actual peligro de hambrunas en América Central debido a la recesión económica. Por último, el hecho que los países europeos y Estados Unidos eviten en lo posible imponer confinamientos y controles drásticos y brutales, como los decretados en China, está sin duda también relacionado con la prudencia de la burguesía ante una clase obrera, desorientada pero no vencida, que no está dispuesta a dejarse "encerrar" por el Estado. La pérdida de control de su aparato político y la cólera en el seno de una población enfrentada al colapso de los servicios de salud y al fracaso de las políticas sanitarias, le imponen aún más, actuar con circunspección.
Frente a un medio político proletario que, tras negar las pasadas expresiones de la descomposición, considera la crisis pandémica como un episodio transitorio, la CCI debe subrayar, por el contrario, que la magnitud de la crisis de Covid-19 y sus consecuencias implica que no habrá "vuelta a la normalidad". Aunque la profundización de la descomposición, como fue el caso para la decadencia, no es lineal, aunque la salida del populista Trump y la llegada al poder de Biden en la primera potencia mundial puedan presentar, inicialmente, la imagen de una estabilización ilusoria, hay que ser conscientes de que diferentes tendencias surgidas durante la crisis del Covid-19 marcan una aceleración del proceso de putrefacción en la raíz y de destrucción del sistema.
En 2007, nuestro análisis aún concluía que "Paradójicamente, la situación económica del capitalismo es el aspecto de esta sociedad que menos se ve afectado por la descomposición. Esto se debe principalmente a que es precisamente esta situación económica la que determina en última instancia los demás aspectos de la vida de este sistema, incluidos los que son objeto de descomposición. (...). Hoy en día, a pesar de todos los discursos sobre el "triunfo del liberalismo", sobre el "libre ejercicio de las leyes del mercado", los Estados no han renunciado ni a la intervención en la economía de sus respectivos países, ni a la utilización de estructuras encargadas de regular las relaciones entre ellos en cierta medida, creando incluso otras nuevas, como la Organización Mundial del Comercio"12. Hasta entonces, la crisis económica y la descomposición estaban separadas por la acción de los Estados, y la primera no parecía verse afectada por la segunda.
De hecho, los mecanismos internacionales del capitalismo de Estado, desplegados en el marco de los bloques imperialistas (1945-89), se habían mantenido a partir de los años 1990 por iniciativa de los países industrializados como paliativo a la crisis y como escudo protector contra los efectos de la descomposición. La CCI había entendido los mecanismos multilaterales de cooperación económica y una cierta coordinación de las políticas económicas no como una unificación del capital a nivel mundial, ni como una tendencia al super-imperialismo, sino como una colaboración entre las burguesías a nivel internacional para regular y organizar el mercado y la producción mundial, para enlentecer y reducir el peso del hundimiento en la crisis, para evitar el impacto de los efectos de la descomposición en el terreno neurálgico de la economía y, finalmente, para proteger el corazón del capitalismo (Estados Unidos, Alemania, ...). Sin embargo, este mecanismo de resistencia contra la crisis y la descomposición tendía a erosionarse cada vez más. Desde 2015, varios fenómenos han comenzado a expresar esa erosión: una tendencia a un considerable debilitamiento de la coordinación entre países, en particular en lo que respecta a la recuperación económica (y que contrasta claramente con la respuesta coordinada puesta en marcha ante la crisis de 2008-2011); una fragmentación de las relaciones entre los Estados y al seno de ellos. Desde 2016, el voto a favor del Brexit y la presidencia de Trump han aumentado la parálisis y el riesgo de fragmentación de la Unión Europea y han intensificado la guerra comercial entre Estados Unidos y China, así como las tensiones económicas entre Estados Unidos y Alemania.
Una de las principales consecuencias de la crisis del Covid-19 es el hecho que los efectos de la descomposición, la acentuación del cada uno para sí y la pérdida de control, que hasta entonces habían afectado principalmente a la superestructura del sistema capitalista, tienden ahora a impactar directamente a la base económica del sistema, a su capacidad de gestionar las sacudidas económicas en el hundimiento de su crisis histórica. "Cuando desarrollamos nuestro análisis de la descomposición, consideramos que este fenómeno afectaba a la forma de los conflictos imperialistas (véase "Militarismo y descomposición Revista Internacional 64) y también a la toma de conciencia del proletariado. Por el contrario, habíamos considerado que no tenía ningún impacto real en la evolución de la crisis del capitalismo. Si el actual auge del populismo debía desembocar en la llegada al poder de esta corriente en algunos de los principales países de Europa, podríamos ver cómo se desarrolla ese impacto de la descomposición" (Informe sobre la descomposición hoy, 22º Congreso de la CCI, 2017). En efecto, la perspectiva planteada en 2017 se ha materializado rápidamente y ahora debemos considerar que la crisis económica y la descomposición interactúan y se influyen mutuamente cada vez más.
Así, las restricciones presupuestarias en las políticas de salud y en la atención hospitalaria han favorecido la expansión de la pandemia, lo que a su vez ha provocado un colapso del comercio mundial, y de las economías, especialmente de los países industrializados (los PIB de los principales países industrializados en 2020 presentan tasas negativas jamás vistos desde la Segunda Guerra Mundial). La recesión económica será a su vez un estímulo a la profundización del pudrimiento de la superestructura. Por otra parte, la acentuación del cada uno para sí y la pérdida de control que marcaron globalmente la crisis del Covid-19 contagian ahora también a la economía. Es sorprendente la falta de concertación internacional entre los países centrales en el plano económico (ninguna reunión del G7, G8 o G20 en 2020) y también es evidente la falta de coordinación de las políticas económicas y sanitarias entre los países de la UE. Ante la presión de las contradicciones económicas en el seno de los propios países centrales del capitalismo, ante las vacilaciones de China sobre su política (seguir abriéndose al mundo o iniciar un repliegue nacionalista estratégico hacia Asia), los choques a nivel de la base económica tenderán a ser cada vez más fuertes y caóticos.
En los años anteriores, hemos asistido a una exacerbación de las tensiones al seno de las burguesías y entre ellas. En particular, con la llegada al poder de Trump y la puesta en marcha del Brexit, esto se ha manifestado intensamente a nivel de las burguesías estadounidense e inglesa, consideradas hasta entonces como las más estables y experimentadas del mundo: las consecuencias de la crisis del Covid-19 sólo pueden agudizar aún más estas tensiones:
La burguesía inglesa se adentra en la niebla post-Brexit habiendo perdido el apoyo del gran hermano americano por la derrota de Trump mientras sufre todas las consecuencias de la pandemia. En cuanto al Brexit, el descontento con el difuso acuerdo con la UE aparece tanto entre los que no lo querían (los escoceses, los norirlandeses) como entre los que querían un Brexit duro (los pescadores), mientras que no hay (¿todavía?) acuerdo con la UE en materia de servicios (el 80% del comercio) y las tensiones entre la UE y el Reino Unido aumentan (sobre las vacunas, por ejemplo). En cuanto a la crisis del Covid-19, Inglaterra ha tenido que reconfigurarse a toda prisa; ha superado la barrera de los 120,000 muertos y está sometida a una terrible presión en sus servicios sanitarios. Mientras tanto, la situación es deletérea dentro de sus principales partidos políticos, los Tories y los laboristas, ambos sumidos en una grave crisis interna.
La exacerbación de las tensiones entre Estados Unidos y otros Estados fue evidente bajo la administración Trump: "El vandalismo de un Trump que puede denunciar los compromisos internacionales estadounidenses de la noche a la mañana, desafiando las reglas establecidas, representa un nuevo factor de incertidumbre y de impulso al cada uno para sí. Este es una indicación más de la nueva etapa que inicia el sistema capitalista al hundirse en la barbarie y el abismo del militarismo extremo” (Resolución sobre la situación internacional punto 13, 23er Congreso de la CCI). Pero dentro de la propia burguesía estadounidense, las tensiones también son altas. Esto ya se había manifestado con respecto a la estrategia a adoptar para asegurar el mantenimiento de su supremacía durante la catastrófica aventura iraquí de Bush Junior: "El ascenso en 2001 a jefe del Estado estadounidense de los "neoconservadores" representó una verdadera catástrofe para la burguesía estadounidense. (...). De hecho, la llegada del equipo Cheney, Rumsfeld y compañía a las riendas del Estado no fue simplemente el resultado de un monumental "error de presentación" por parte de esta clase. Si esta agravó considerablemente la situación de los Estados Unidos sobre el plano imperialista, ya era la manifestación del estancamiento en el que se encontraba este país enfrentado a una creciente pérdida de su liderazgo, y más en general al desarrollo del "cada uno para sí" en las relaciones internacionales que caracterizan la fase de descomposición" (Resolución sobre la situación internacional 17º Congreso de la CCI, Revista Internacional 130, 2007). Pero con la política "vandálica" de Trump y la crisis del Covid-19, las oposiciones dentro de la burguesía estadounidense se han mostrado mucho más amplias (inmigración, economía) y, sobre todo, la capacidad del aparato político para mantener la cohesión de una sociedad fragmentada parece haber sido socavada. De hecho, “la unidad” y “la identidad” nacional presentan debilidades congénitas que las hacen vulnerables a la descomposición. Por lo tanto, la existencia de grandes comunidades étnicas y migrantes que sufren una discriminación racial desde los orígenes de los Estados Unidos -algunas de las cuales están excluidas de la vida "oficial"-, el peso de las iglesias y sectas propagando el pensamiento irracional y anticientífico, la gran autonomía de gestión de los Estados de la "Unión Americana" con relación al gobierno federal --(por ejemplo, hay un movimiento independentista en Texas), la oposición cada vez más fuerte entre los Estados de las costas Este y Oeste (California, Oregón, Washington, Nueva York, Massachusetts, ...) aprovechan plenamente la "globalización" y los Estados del Sur (Tennessee, Luisiana, ...) del cinturón de óxido (Indiana, Ohio, ...) y el centro profundo (Oklahoma, Kansas, ...), mucho más favorables a un enfoque más proteccionista-- tienden a favorecer una fragmentación de la sociedad estadounidense, a pesar de que el Estado federal todavía está lejos de perder el control de la situación. Sin embargo, el vodevil del desafío al proceso y los resultados de las últimas elecciones presidenciales, así como el "asalto" del Capitolio por parte de los partidarios de Trump a la vista del mundo entero, como en cualquier república bananera, confirma la acentuación de esta tendencia a la fragmentación13.
En cuanto a la futura exacerbación de las tensiones dentro y entre burguesías, merecen ser aclarados dos puntos:
El advenimiento de la administración Biden no significa la reducción de las tensiones intra e interburguesas, y en particular el fin de la impronta sobre la política interior y exterior del populismo trumpiano: por un lado, cuatro años de imprevisibilidad y vandalismo de Trump, recientemente todavía con respecto a la gestión catastrófica de la pandemia, marcan profundamente la situación interna de los Estados Unidos, la fragmentación de la sociedad estadounidense, así como su posicionamiento internacional. Además, Trump habrá hecho todo durante el último período de su presidencia para hacer la situación aún más caótica para su sucesor (véase la carta de los últimos 10 ministros de Defensa instando a Trump a no involucrar a los militares al desafiar los resultados de las elecciones en diciembre de 2020, y en la ocupación del Congreso por sus partidarios). En segundo lugar, el resultado obtenido por Trump durante las elecciones muestra que aproximadamente la mitad de la población comparte sus ideas y en particular su aversión a las élites políticas. Finalmente, el control de Trump y sus puntos de vista sobre gran parte del Partido Republicano anuncia una gestión difícil para la poco popular (fuera de las élites políticas) administración Biden. Su victoria se debe más a la polarización anti-Trump que al entusiasmo por el programa del nuevo presidente.
Además, si a nivel de la forma y en algunas áreas -como la política, la climática o la inmigración- la administración Biden tenderá a romper con la política de Trump, su política interna de "venganza" contra las élites de ambas costas, contra la "América profunda" (los temas de los combustibles fósiles y del "muro" están precisamente relacionados con esto) y su política externa, marcada por el mantenimiento de la política de Trump en el Medio Oriente y por un fortalecimiento de la confrontación con China (ver la actitud dura de Biden hacia Xi en su primera entrevista telefónica y la petición de Estados Unidos a la UE de revisar su tratado comercial con China) sólo puede conducir eventualmente a una mayor inestabilidad dentro de la burguesía estadounidense y entre las burguesías.
Oficialmente, China se presenta como el "país que ha vencido la pandemia". ¿Cuál es su situación en realidad? En respuesta, se trata de evaluar el impacto a corto y largo plazo (control efectivo de la pandemia) y el impacto a mediano plazo de la crisis del Covid-19.
China tiene una responsabilidad abrumadora a nivel del surgimiento y la expansión de la pandemia. Tras la epidemia del SARS en 2003, se han establecido protocolos para que las autoridades locales notifiquen a las autoridades centrales; ya con la epidemia de peste porcina en 2019, ha quedado claro que esto no estaba funcionando porque en el capitalismo de Estado estalinista los responsables locales temían por sus carreras/promociones si anunciaban las malas noticias. Lo mismo a principios del Covid-19 en Wuhan. Fueron las "oposiciones ciudadanas democráticas" las que finalmente pasaron la información y, en consecuencia, con retraso, llevaron la información al nivel central. El "nivel central" brilló inicialmente por su ausencia: no notificó a la OMS y durante 3 semanas, Xi estuvo ausente: tres semanas preciosas perdidas. Desde entonces, China ha seguido negándose a proporcionar a la OMS datos verificables sobre el desarrollo de la pandemia en su territorio.
El impacto a corto plazo es sobre todo indirecto. A nivel directo, las cifras oficiales de contaminación y muertes no son fiables (estas últimas oscilan entre 30,000 y varios millones) y, según el New York Times podría ser que el propio gobierno chino ignore la extensión de la epidemia ya que las autoridades locales mienten sobre el número de infecciones, pruebas y muertes por temor a represalias provenientes del gobierno central. Sin embargo, la imposición de confinamientos despiadados y bárbaros a regiones enteras, encerrando literalmente a millones de personas en sus hogares durante semanas (nuevamente impuestos regularmente en los últimos meses), paralizaron totalmente la economía china durante varias semanas, lo que llevó a un desempleo masivo (205 millones en mayo de 2020) y a consecuencias desastrosas en términos de cultivos (en combinación con sequías, inundaciones e invasiones de saltamontes). Para 2020, el crecimiento de su PIB había disminuido en más de un 4% en comparación con 2019 (de +6,1% hasta el +1,9%); el consumo interno se mantuvo mediante una liberación total de créditos por parte del Estado.
A largo plazo, la economía china se enfrenta a la deslocalización de industrias estratégicas por parte de Estados Unidos y los países europeos, y a las dificultades de la "Nueva ruta de la seda" debido a los problemas financieros vinculados a la crisis económica, y exacerbados por la crisis del Covid-19 (financiación china pero sobre todo niveles de deuda de países "socios" como Sri Lanka, Bangladesh, Pakistán, Nepal...) pero también por la creciente desconfianza por parte de muchos países y la presión anti-China de los Estados Unidos. Además, no es de extrañar que en 2020 se haya producido un desplome del valor financiero de las inversiones inyectadas en el proyecto de la “Nueva ruta de la seda” (-64%).
La crisis del Covid-19 y los obstáculos encontrados por la "Nueva ruta de la seda" también han exacerbado las tensiones cada vez más manifiestas en la cabeza del Estado chino, entre la facción "economista", que se centra principalmente en la globalización económica y el "multilateralismo" para continuar la expansión capitalista de China, y la facción "nacionalista" que exige una política más musculosa y que enfatiza la fuerza ("China que derrotó al Covid") frente a las amenazas internas (uigures, Hong Kong, Taiwán) y externas (tensiones con Estados Unidos, India y Japón). En la perspectiva del próximo Congreso Popular en 2022, que deberá nombrar al nuevo (o confirmar al viejo) presidente, la situación en China, por lo tanto, también es particularmente inestable.
"Como señaló la Izquierda Comunista de Francia en su órgano de prensa Internationalisme en 1952, el capitalismo de Estado no es una solución a las contradicciones del capitalismo, incluso si puede retrasar sus efectos, sino es su expresión. Por lo tanto, la capacidad del Estado para mantener la cohesión de una sociedad en declive, por muy generalizada que sea, está destinada a debilitarse con el tiempo y, en última instancia, a convertirse en un factor agravante de las mismas contradicciones que intenta contener. La descomposición del capitalismo es el período durante el cual una creciente pérdida de control de la clase dominante y de su Estado se convierte en la tendencia dominante de la evolución social, lo que el Covid revela tan dramáticamente" (Informe sobre la pandemia Covid-19 y el período de descomposición capitalista (julio de 2020). Con la crisis pandémica, se expresa de una manera particularmente aguda la contradicción entre la necesidad de un intervencionismo masivo del capitalismo de Estado -para tratar de limitar los efectos de la crisis- y una tendencia opuesta a la pérdida de control y la fragmentación -exacerbada por estos intentos del Estado de mantener su control.
En particular, la crisis del Covid-19 marcó una aceleración en la pérdida de credibilidad de los aparatos estatales. Mientras que el capitalismo de Estado ha intervenido masivamente para hacer frente a los efectos de la crisis pandémica (medidas sanitarias, confinamientos, vacunación masiva, compensación financiera generalizada para amortiguar el impacto económico, ...), las medidas adoptadas en diferentes planos, a menudo han resultado ineficaces o han provocado nuevas contradicciones (la vacunación exacerba la oposición anti-Estado de los "antivacunas"; las compensaciones económicas para un sector suscita el descontento de otros). Por lo tanto, si el Estado es presentado para representar al conjunto de la sociedad y mantener su cohesión, esto es cada vez menos visto así por la sociedad: ante la apatía y la creciente irresponsabilidad de la burguesía, cada vez más evidentes también en los países centrales, la tendencia es ver al Estado como una estructura al servicio de las élites corruptas, también como una fuerza de represión. Como resultado, hay cada vez más dificultades para imponer reglas: en muchos países europeos, como por ejemplo en Italia, Francia o Polonia, y también en los Estados Unidos, se han producido manifestaciones contra las medidas gubernamentales de cierre de comercios o de confinamiento. En todas partes, especialmente entre los jóvenes, las campañas en las redes sociales parecen oponerse a estas reglas, como el hashtag "Ya no quiero jugar el juego" en Holanda.
La incapacidad de los Estados para hacer frente a la situación está simbolizada y afectada a la vez por el impacto del "vandalismo" populista. La perturbación del juego político de la burguesía en los países industrializados se manifestó prominentemente a principios del siglo XXI con los movimientos y partidos populistas, a menudo cercanos a la extrema derecha. Reveladores son así, el sorpresivo ascenso de Le Pen "en la final" de las elecciones presidenciales de 2002 en Francia, el fulgurante y espectacular avance de la "lista Pim Fortuyn" en los Países Bajos en 2001-2002, el gobierno de Berlusconi con el apoyo de la extrema derecha en Italia, el ascenso de Jorg Haider y el FPO en Austria, o el ascenso del Tea Party en Estados Unidos. En ese momento, la CCI tendía a vincular el fenómeno con la debilidad de la burguesía: "Dependen de la fuerza o de la debilidad de la burguesía nacional. En Italia, las debilidades y divisiones internas de la burguesía, incluso desde un punto de vista imperialista, tienden a traer de vuelta a una importante derecha populista. En Gran Bretaña, por el contrario, la casi inexistencia de un partido específico de extrema derecha está vinculada a la experiencia y al control superior del juego político por parte de la burguesía inglesa [¡sic!]”14. Si bien la tendencia a la pérdida de control es mundial y ha marcado a la periferia (países como Brasil, Venezuela, Perú en América Latina, Filipinas o India en Asia), ahora está afectando fuertemente a los países industrializados; a las burguesías históricamente más fuertes (Gran Bretaña) y hoy especialmente a Estados Unidos. Mientras que la oleada populista se deslizaba en el desafío del establishment, la llegada al poder de los populistas desacredita y desestabiliza aún más las estructuras estatales a través de su política "vandálica" (ver Trump, Bolsonaro, pero también el "gobierno populista" M5S y Lega en Italia), hasta el punto de que no están dispuestos, ni son capaces de hacerse cargo de los asuntos del Estado de manera responsable.
Estas observaciones van al encuentro de la tesis según la cual la burguesía, a través de estas medidas, está movilizando y sometiendo a la población para una marcha hacia una guerra generalizada. Las políticas sanitarias caóticas y la ineptitud de los Estados para afrontar la situación expresan, por el contrario, la dificultad de las burguesías de los países centrales para imponer su control a la sociedad. El desarrollo de esta tendencia puede dañar la credibilidad de las instituciones democráticas (sin que esto implique, en el contexto actual, el más mínimo refuerzo del terreno de la clase trabajadora) o por el contrario ver el desarrollo de campañas para la defensa de las mismas, incluso para el restablecimiento de una "verdadera democracia": así, durante el asalto al Capitolio, se opusieron aquellos que querían recuperar la democracia "tomada como rehén por las élites" ("el Capitolio es nuestro hogar") y aquellos que defendían la democracia contra un golpe populista.
El hecho de que la burguesía sea cada vez menos capaz de presentar una perspectiva para el conjunto de la sociedad también genera una aterradora expansión de ideologías alternativas irracionales y un creciente desprecio por un enfoque científico y razonado. Ciertamente, la descomposición de los valores de la clase dominante no es nueva. Apareció ya a finales de la década de 1960, pero el hundimiento cada vez más profundo en la descomposición, el caos y la barbarie fomentó el aumento del odio y de la violencia de ideologías nihilistas y de los sectarismos religiosos más retrógrados. La crisis del Covid-19 estimuló la expansión a gran escala de estos. Movimientos como QAnon, Wolverine Watchmen, Proud Boys o el movimiento Boogaloo en Estados Unidos, sectas evangélicas en Brasil, América Latina o África, sectas musulmanas sunitas o chiítas, pero también sectas hinduistas o budistas difunden teorías conspirativas y difunden concepciones totalmente fantasiosas sobre el virus, la pandemia, el origen (creacionismo) o el futuro de la sociedad. La extensión exponencial del pensamiento irracional y el rechazo de las contribuciones de la ciencia tenderán a acelerarse.
Las explosiones de revueltas populares contra la miseria y la barbarie guerrera estuvieron presentes desde el comienzo de la fase de descomposición y se están acentuando en el siglo XXI: Argentina (2001-2002), los suburbios franceses en 2005, Irán en 2009, Londres y otras ciudades inglesas en 2011, el estallido de disturbios en el Magreb y Oriente Medio en 2011-12 (la "Primavera Árabe"). Una nueva oleada de disturbios sociales estalla en Chile, Ecuador o Colombia (2019), Irán (en 2017-18 y nuevamente en 2019-20), en Irak, en el Líbano (2019-2020), pero también en Rumanía (2017) en Bulgaria (2013 y 2019-2020) o en Francia con el movimiento de los "chalecos amarillos" (2018-2019) y, con características específicas, en Ferguson (2014) y Baltimore (2016) en los Estados Unidos. Estas revueltas muestran la creciente desesperación de las poblaciones que sufren la desestructuración de las relaciones sociales, sometidas a las consecuencias traumáticas y dramáticas de la pauperización vinculada al colapso económico o a las guerras interminables. Estas también están cada vez más dirigidas a la corrupción de las fracciones gobernantes y, en términos más generales, a las élites políticas.
A raíz de la prolongación de la crisis del Covid-19, tales estallidos de ira se multiplican, tomando la forma de manifestaciones e incluso revueltas. Tienden a cristalizarse alrededor de tres polos:
a) movimientos interclasistas, expresando una revuelta contra las consecuencias económicas y sociales de la crisis del Covid-19 (ejemplo de los "chalecos amarillos");
b) movimientos identitarios, de orígenes populistas (MAGA) o parcelarios, que tienden a exacerbar las tensiones entre los componentes de la población (como las revueltas raciales (BLM), pero también los movimientos de inspiración religiosa (en la India, por ejemplo), etc.);
c) movimientos anti-establishment y anti-Estado en nombre de la "libertad individual", de tipo nihilista, sin verdaderas "alternativas", como los movimientos "anti-vacunas" o movimientos conspiradores ("recuperar mis instituciones de las manos de las élites").
Estos tipos de movimientos a menudo conducen a disturbios y saqueos, sirviendo como una salida para las pandillas de jóvenes de los barrios minados por la descomposición. Si bien estos movimientos ponen en evidencia la importante pérdida de credibilidad de las estructuras políticas de la burguesía, ninguno de ellos ofrece, de ninguna manera, una perspectiva para la clase trabajadora. Cualquier revuelta contra el Estado no siempre es un terreno adecuado para el proletariado: por el contrario, lo desvían de su terreno de clase para encerrarlo en un campo que no es el suyo.
La pandemia ilustra el dramático empeoramiento de la degradación del medio ambiente, que está alcanzando niveles alarmantes según los hallazgos y pronósticos que ahora son unánimes en la comunidad científica y que la mayoría de los propios sectores burgueses de todos los países han retomado a su cuenta (Acuerdo de París, 2015): contaminación del aire de las ciudades y el agua oceánica, cambio climático con fenómenos meteorológicos cada vez más violentos, avance de la desertificación, aceleración de la desaparición de especies vegetales y animales que amenaza cada vez más el equilibrio biológico de nuestro planeta. "Todas estas calamidades económicas y sociales que, si bien revelan en general la decadencia misma, explican, por su acumulación y amplitud, el hundimiento en un completo estancamiento de un sistema que no tiene ningún futuro que ofrecer a la mayor parte de la población mundial, sino el de una barbarie creciente más allá de la imaginación. Un sistema cuyas políticas económicas, investigaciones e inversiones se llevan a cabo sistemáticamente en detrimento del futuro de la humanidad y, por lo tanto, en detrimento del futuro de este propio sistema" (Punto 7 de las Tesis sobre la descomposición).
La clase dominante es incapaz de aplicar las medidas necesarias debido a las mismas leyes del capitalismo y más específicamente debido a la exacerbación de las contradicciones causadas por el hundimiento en la descomposición; por lo tanto, la crisis ecológica sólo puede empeorar y conducir a nuevas catástrofes en el futuro. Sin embargo, en las últimas décadas, la burguesía ha recuperado la dimensión ecológica en un intento de poner de relieve la perspectiva de "reformas dentro del sistema". En particular, las burguesías de los países industrializados sitúan la "transición ecológica" y la "economía verde" en el centro de sus campañas actuales para hacer aceptar una perspectiva de austeridad draconiana en el marco de sus políticas económicas “posteriores al Covid” destinadas a reestructurar y fortalecer la posición competitiva de los países industrializados. Por lo tanto, están en el centro de los "planes de recuperación" de la Comisión Europea para los países de la UE y las medidas de estímulo de la administración Biden en Estados Unidos. Por lo tanto, la ecología será más que nunca una gran mistificación a ser combatida por los revolucionarios en los próximos años.
Este informe mostró que la pandemia no abre un nuevo período, sino que es en primer lugar un indicador del nivel de pudrimiento alcanzado durante los 30 años de fase de descomposición del capitalismo, un nivel a menudo subestimado hasta ahora. Al mismo tiempo, la crisis pandémica también anuncia una aceleración significativa de varios efectos de la descomposición en el próximo período, que se ilustra en particular por el impacto de la crisis del Covid-19 en la gestión de la economía por parte de los Estados y por sus efectos devastadores en los países industriales centrales, y en particular en la superpotencia estadounidense. Existen oportunidades para las contra tendencias puntuales, que pueden imponer una pausa o incluso una cierta reanudación del control por parte del capitalismo de Estado, pero estos acontecimientos específicos no significarán de ninguna manera que la dinámica histórica de hundimiento en la fase de descomposición, destacada en este informe, sea cuestionada.
Si la perspectiva no es a la guerra mundial generalizada (entre bloques imperialistas), el hundimiento actual en el cada uno para sí y la fragmentación trae, sin embargo, la siniestra promesa de una multiplicación de conflictos guerreros mortales, revueltas sin perspectivas ahogadas en sangre o catástrofes para la humanidad. "El curso de la historia es irreversible: la descomposición conduce, como su nombre indica, a la dislocación y putrefacción de la sociedad, a la nada. Dejada a su propia lógica, a sus últimas consecuencias, conduce a la humanidad al mismo resultado que la guerra mundial. Ser brutalmente aniquilada por una lluvia de bombas termonucleares en una guerra generalizada o por la contaminación, la radiactividad de las centrales nucleares, el hambre, las epidemias y las masacres de múltiples conflictos bélicos (donde también se podían utilizar armas atómicas), todo esto llega, en última instancia, a lo mismo. La única diferencia entre estas dos formas de aniquilación es que la primera es más rápida, mientras que la segunda es más lenta y causaría aún más sufrimiento" (Punto 11 de las Tesis sobre la Descomposición)
La continuación de la fase de descomposición también puede conducir a una disminución de la capacidad del proletariado para llevar a cabo su acción revolucionaria. Por lo tanto, este último está inmerso en una carrera contra reloj de frente al hundimiento de la sociedad en la barbarie de un sistema históricamente obsoleto. Por supuesto, las luchas de los trabajadores no pueden impedir el desarrollo de la descomposición, pero pueden detener los efectos de la descomposición, del cada uno para sí. Como recordatorio, "la decadencia del capitalismo era necesaria para que el proletariado estuviera en la medida de derrocar este sistema; por el contrario, el surgimiento del fenómeno histórico de la descomposición, resultado de la prolongación de la decadencia, en ausencia de la revolución proletaria, no constituye de ninguna manera una etapa necesaria para el proletariado en el camino de su emancipación" (Punto 12 de las Tesis sobre la Descomposición).
Por lo tanto, la crisis del Covid-19 crea una situación aún más impredecible y confusa. Las tensiones en diferentes niveles (salud, socioeconómico, militar, político, ideológico) generarán grandes choques sociales, revueltas populares masivas, disturbios destructivos, intensas campañas ideológicas, como la que rodea a la ecología. Sin marco para una sólida aprehensión de los acontecimientos, los revolucionarios no podrán desempeñar su papel de vanguardia política de la clase, sino que contribuirán, por el contrario, a su confusión, al declive de su capacidad para llevar a cabo su acción revolucionaria.
1 XIIIº Congreso de la CCI - Resolución sobre la situación internacional https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1167/xiii-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internaciona [33]
2 Ver Las teorías conspiranoicas una expresión de la descomposición ideológica del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4590/las-teorias-conspiranoicas-una-expresion-de-la-descomposicion-ideologica-del [34]
3 Militarismo y Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [35]
4 https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida [23]
5 Tesis 4 de nuestras Tesis sobre la Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [7]
6 Según la Universidad John Hopkins a 6 de septiembre 2021 había 4.567.431 muertos en el mundo, más de 640000 en USA, más de 1250000 en Europa etc.
7 Resolución sobre la situación internacional del 8º Congreso de la CCI (1989) Revista Internacional nº 59 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200801/2143/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-viii-congreso-de-la-cc [36]
8 Ver Informe sobre la descomposición hoy (mayo de 2017) https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017 [22]
9 Resolución sobre la situación internacional del 23º Congreso de la CCI, punto 3, Revista Internacional nº 164. https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida [23]
10 Informe sobre la pandemia de Covid-19 y el periodo de descomposición capitalista https://es.internationalism.org/content/4630/informe-sobre-la-pandemia-de-covid-19-y-el-periodo-de-descomposicion-capitalista [37]
11 Este texto fue redactado en julio de 2020, y no podía tener en cuenta información reciente que considera plausible la tesis de que la epidemia tuvo su origen en un accidente de laboratorio en Wuhan, China (véase al respecto el siguiente artículo: Origines du Covid-19 : l’hypothèse d’un accident à l’Institut de virologie de Wuhan relancée après la divulgation de travaux inédits (lemonde.fr) [38] Dicho esto, esta hipótesis, si se verifica, no disminuiría en absoluto nuestro análisis según el cual la Pandemia es un producto de la descomposición del capitalismo. Por el contrario, ilustraría que esto no escatima la investigación científica en un país cuyo crecimiento meteórico en las últimas décadas lleva el sello de la descomposición
12 XVIIº Congreso internacional - Resolución sobre la situación internacional Revista Internacional nº 130 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200708/2004/xvii-congreso-internacional-resolucion-sobre-la-situacion-internac [39]
13 Ver Asalto del Capitolio en Washington: Los Estados Unidos en el centro de la descomposición mundial del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4635/asalto-del-capitolio-en-washington-los-estados-unidos-en-el-centro-de-la-descomposicion [24]
14 Alza de la extrema derecha en Europa: ¿Existe hoy un peligro fascista? https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/241/alza-de-la-extrema-derecha-en-europa-existe-hoy-un-peligro-fascista [40]
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En su 23º Congreso Internacional, la CCI dejó claro que hay que distinguir entre el concepto de relaciones de fuerza entre las clases y el concepto de curso histórico. El primero se aplica a todas las fases de la lucha de clases, tanto en el periodo ascendente como en decadencia, mientras que el segundo se aplica sólo a la decadencia, y sólo en el período comprendido entre la antesala de la Primera Guerra Mundial y el colapso del bloque del Este en 1989. La idea de un curso histórico sólo tiene sentido en aquellas fases en las que es posible prever el movimiento general de la sociedad capitalista hacia la guerra mundial o hacia enfrentamientos de clase decisivos. Así, en los años 30, la Izquierda italiana fue capaz de reconocer que la derrota previa del proletariado mundial en los años 20 había allanado el camino para la Segunda Guerra Mundial, mientras que después de 1968 la CCI tenía razón al argumentar que, sin una derrota frontal de una clase obrera resurgente, el capitalismo no podría reclutar al proletariado para una Tercera Guerra Mundial. Por otra parte, en la fase de descomposición, producto de un impass histórico entre las clases, aunque la guerra mundial no esté al orden del día en un futuro previsible por la desintegración del sistema de bloques, el sistema puede deslizarse hacia otras formas de barbarie irreversible sin una confrontación frontal con la clase obrera.
En tal situación, resulta mucho más difícil reconocer cuándo se ha alcanzado un "punto de no retorno" y se ha enterrado definitivamente la posibilidad de la revolución proletaria.
Pero la "imprevisibilidad" de la descomposición no significa que los revolucionarios ya no se preocupen por evaluar la relación de fuerzas entre las clases. Este punto es obviamente afirmado por el título de la resolución del 23º Congreso sobre la lucha de clases: «Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases». Hay dos elementos clave de esta resolución que debemos destacar aquí:
- «en la relación de fuerza entre la burguesía y el proletariado, es siempre la clase dominante la que está a la ofensiva, excepto en una situación revolucionaria» (punto 11). A veces, las luchas defensivas de la clase obrera pueden rechazar los ataques de la burguesía, pero en la decadencia, la tendencia es que esas victorias sean cada vez más limitadas y efímeras: este es un factor central que hace que la revolución proletaria sea una necesidad además de una posibilidad en esta época;
- La primera forma de "medir" la relación de fuerzas es observar la tendencia de la clase obrera a desarrollar su autonomía de clase y a presentar su propia solución a la crisis histórica del sistema. En resumen, la tendencia a la politización -el desarrollo de la conciencia de clase hasta el punto en que la clase obrera comprende la necesidad de enfrentarse y derrocar el aparato político de la clase dominante y sustituirlo por su propia dictadura de clase.
Estos temas forman el "hilo rojo" de la resolución, como anuncia la primera parte:
- «A finales de la década de 1960, con el agotamiento del boom económico de la posguerra, la clase obrera había reaparecido en la escena social ante el empeoramiento de las condiciones de vida. Las luchas obreras que estallaron a escala internacional pusieron así fin al período de contrarrevolución más largo de la historia. Habían abierto un nuevo curso histórico hacia los enfrentamientos de clase, impidiendo así que la clase dominante aportara su propia respuesta a la aguda crisis del capitalismo: una 3ª guerra mundial. Este nuevo curso histórico estuvo marcado por la aparición de luchas masivas, especialmente en los países centrales de Europa Occidental con el movimiento de mayo de 1968 en Francia, seguido por el movimiento del "otoño caliente" en Italia en 1969 y muchos otros como en Argentina en la primavera de 1969 y en Polonia en el invierno de 1970-71. En estos movimientos masivos, amplios sectores de la nueva generación que no habían vivido la guerra volvieron a plantear la perspectiva del comunismo como una posibilidad.
En relación con este movimiento general de la clase obrera a finales de los años sesenta y principios de los setenta, hay que subrayar también el despertar internacional, a escala muy pequeña pero no menos significativa, de la izquierda comunista organizada, la tradición que se mantuvo fiel a la bandera de la revolución proletaria mundial durante la larga noche de la contrarrevolución. En este despertar, la constitución de la CCI significó una renovación y un impulso importante de la izquierda comunista en su conjunto1.
Frente a una dinámica basada en la tendencia a politizar las luchas obreras, la burguesía (que se había visto sorprendida por el movimiento de mayo del 68) desarrolló inmediatamente una contraofensiva a gran escala y a largo plazo para impedir que la clase obrera diera su propia respuesta a la crisis histórica de la economía capitalista: la revolución proletaria»2
A continuación la resolución expone a grandes rasgos cómo la burguesía, la clase maquiavélica por excelencia, ha utilizado todos los medios a su alcance para bloquear esta dinámica:
- «En un primer período, ofreciendo a la clase obrera una alternativa política puramente burguesa. A finales de los años sesenta y principios de los setenta, desviando sus aspiraciones hacia la falsa perspectiva de gobiernos de izquierda capaces de humanizar el capitalismo e incluso de instaurar una sociedad socialista, y a partir de finales de los años setenta, mediante la división del trabajo entre una derecha dura en el poder que lleva a cabo los brutales recortes del nivel de vida de la clase obrera exigidos por la crisis económica, y una "izquierda en la oposición" mejor situada para absorber la amenaza que suponen las oleadas de lucha que caracterizan este periodo;
- La utilización masiva de la extrema izquierda del capital (maoístas, trotskistas, etc.) para recuperar la creciente búsqueda de respuestas políticas por parte de una importante minoría de la nueva generación;
- El uso del sindicalismo radical e incluso de formas de organización "extra sindical" manipuladas por la extrema izquierda para vencer el creciente desencanto de los trabajadores con los sindicatos y el peligro de que los trabajadores lleguen a comprender políticamente el papel de los sindicatos en la era de la decadencia;
- El uso de la ideología corporativista y nacionalista para aislar las luchas obreras importantes y, si es necesario, aplastarlas mediante la represión estatal directa (véase la huelga de los mineros en Gran Bretaña y, a una escala mucho mayor, la huelga de masas en Polonia en 1980).
- La reorganización consciente de la producción y el comercio mundiales que se puso en marcha a partir de la década de 1980: la política de "globalización", si bien estaba determinada fundamentalmente por la necesidad de responder a la crisis económica, también contenía un elemento directamente anti obrero en la medida en que pretendía romper los centros tradicionales de combatividad proletaria y socavar la identidad de clase;
- Volviendo la propia descomposición de la sociedad capitalista contra la clase obrera. Así, la al "sálvese quien pueda", amplificada en esta nueva fase, se utilizó para reforzar la atomización social y las divisiones corporativistas. Sobre todo, el colapso del "socialismo realmente existente" en el bloque del Este fue la plataforma de lanzamiento de una gigantesca campaña en torno a la muerte del comunismo, que profundizó y amplió las dificultades de la clase obrera para desarrollar su propia perspectiva revolucionaria.»
Si bien estas dificultades ya se habían incrementado en los años 80 -y estaban en el origen del impass entre las clases-, los acontecimientos de 1989 no sólo abrieron definitivamente la fase de descomposición, sino que provocaron un profundo retroceso de la clase a todos los niveles: en su combatividad, en su conciencia, en su capacidad misma de reconocerse como clase específica en la sociedad burguesa3. Además, esto aceleró todas las tendencias negativas de la descomposición social que ya habían empezado a hacer acto de presencia en el periodo anterior: el crecimiento tumoral del egoísmo, el nihilismo y la irracionalidad que son los productos naturales de un orden social que ya no puede ofrecer a la humanidad ninguna perspectiva de futuro4. La resolución del 23º congreso cabe señalar, también reafirma que, a pesar de que todos los factores negativos de la fase de descomposición pesan en la balanza, todavía hay signos de una contra tendencia proletaria. En particular, el movimiento estudiantil contra el CPE en Francia en 2006, y el movimiento de los "Indignados" en España en 2011, así como la reaparición de nuevos elementos en busca de posiciones auténticamente comunistas, proporcionan pruebas concretas de que el fenómeno de la maduración subterránea de la conciencia, el empuje del "Viejo Topo", sigue operando en la nueva fase. La búsqueda de una nueva generación de proletarios para comprender el impasse de la sociedad capitalista, el renacimiento del interés por los movimientos anteriores que habían planteado la posibilidad de una alternativa revolucionaria (1917-23, mayo del 68, etc.) confirmaron que la perspectiva de una futura politización no se había anegado en el fango de la descomposición. Pero antes de avanzar hacia una mejor comprensión de la relación de fuerzas entre las clases los últimos diez años, y especialmente tras la pandemia de Covid, es necesario profundizar en la comprensión de lo que queremos decir exactamente con el término politización.
A lo largo de su historia, la vanguardia marxista del movimiento obrero ha luchado por aclarar la interrelación entre los diferentes aspectos de la lucha de clases: económico y político, práctico y teórico, defensivo y ofensivo. La profunda conexión entre las dimensiones económica y política fue subrayada por Marx en su primera polémica con Proudhon:
«No digáis que el movimiento social excluye al movimiento político. Nunca hay un movimiento político que no sea al mismo tiempo social.
Sólo en un orden de cosas en el que ya no haya clases ni antagonismos de clase, las evoluciones sociales dejarán de ser revoluciones políticas»5. Esta polémica continuó en la época de la Primera Internacional en la lucha contra las doctrinas de Bakunin. En aquella época, la necesidad de afirmar la dimensión política de la lucha de clases estaba vinculada principalmente a la lucha por las reformas y, por tanto, a la intervención en el ámbito parlamentario de la burguesía. Pero el conflicto con los anarquistas, así como la experiencia práctica de la clase obrera, también plantearon cuestiones sobre la fase ofensiva de la lucha, especialmente los acontecimientos de la Comuna de París, el primer ejemplo de poder político de la clase obrera.
Durante el período de la Segunda Internacional, especialmente en su fase de degeneración, se inició una nueva batalla: la lucha de las corrientes de izquierda contra la creciente tendencia a separar rigurosamente la dimensión económica, considerada como la especialidad de los sindicatos, y la dimensión política, cada vez más reducida a los esfuerzos del partido por ganar escaños en los parlamentos burgueses y en los municipios locales.
En los albores de la era decadente del capitalismo, la espectacular aparición de la huelga de masas en 1905 en Rusia, y el surgimiento de los soviets, reafirmaron la unidad esencial de las dimensiones económica y política, y la necesidad de órganos de clase independientes que combinen ambos aspectos. Como decía Luxemburgo en su panfleto sobre la huelga de masas, que era esencialmente una polémica contra las concepciones anticuadas de la derecha y el centro socialdemócratas:
«No hay dos luchas de clase diferentes de la clase obrera, una económica y otra política, sino una sola lucha de clase, que tiene como objetivo tanto la limitación de la explotación capitalista dentro de la sociedad burguesa como la abolición de la explotación junto con la propia sociedad burguesa»6Sin embargo, es necesario recordar que estas dos dimensiones, aunque forman parte de una unidad, no son idénticas, y su unidad a menudo no es captada por los trabajadores comprometidos en las luchas reales. Así, incluso cuando una huelga en torno a reivindicaciones económicas puede enfrentarse rápidamente a la oposición activa de los órganos del Estado burgués (gobierno, policía, sindicatos, etc.), el contexto político "objetivo" de la lucha puede ser visible sólo para una minoría combativa de los trabajadores implicados.
Además, esto subraya que en el movimiento de toma de conciencia de lo que está en juego políticamente en la lucha, hay dos dinámicas diferentes: por un lado, lo que podríamos llamar la politización de las luchas, y, por otro lado, la aparición de minorías politizadas que pueden o no estar vinculadas al ascenso inmediato de la lucha abierta.
Y de nuevo, en el primer caso, estamos ante un proceso que pasa por diferentes fases. En la decadencia, si ya no puede haber intervención proletaria en la esfera política burguesa, todavía puede haber reivindicaciones políticas defensivas y debates que no plantean todavía la cuestión del poder político o de una nueva sociedad, como, por ejemplo, cuando los proletarios discuten cómo responder a la violencia policial, como durante las huelgas de masas en Polonia en 1980 o el movimiento "anti-CPE" en 2006. Sólo en una fase muy avanzada de la lucha los trabajadores pueden contemplar la toma del poder político como un objetivo real de su movimiento. Sin embargo, lo que generalmente caracteriza a la politización de las luchas es el estallido de una cultura de debate masivo, donde el lugar de trabajo, la esquina de la calle, la plaza pública, las universidades y las escuelas son el escenario de apasionadas discusiones sobre cómo llevar adelante la lucha, sobre los enemigos de la lucha, sobre sus métodos de organización y sus objetivos generales, como describieron Trotsky y John Reed en sus libros sobre la revolución rusa de 1917, y que fueron quizás la principal "señal de alarma" para la burguesía sobre los peligros que planteaban los acontecimientos de mayo-junio de 1968 en Francia.
Para el marxismo, la minoría comunista es una emanación de la clase obrera como fuerza histórica en la sociedad burguesa; la minoría comunista no es un producto mecánico de sus luchas inmediatas. Ciertamente, la experiencia de un amargo conflicto de clase puede empujar a los trabajadores individuales a conclusiones revolucionarias, pero los comunistas también pueden ser "formados" por la reflexión sobre las condiciones generales del proletariado y del capitalismo en general, y también pueden tener sus orígenes sociológicos en capas externas al proletariado. Así lo expresa Marx en La Ideología Alemana:
- «En el desarrollo de las fuerzas productivas se produce la aparición de una clase que tiene que soportar todas las cargas de la sociedad sin ningún beneficio, que, excluida de la sociedad, se ve obligada a entrar en el más decidido antagonismo con todas las demás clases; una clase que forma la mayoría de todos los miembros de la sociedad y de la que emana la conciencia de la necesidad de una revolución fundamental, la conciencia comunista, que, naturalmente, puede surgir también entre las demás clases a través de la contemplación de la situación de esta clase».
Evidentemente, la convergencia de las dos dinámicas -la politización de las luchas y el desarrollo de la minoría revolucionaria- es esencial para que surja una situación revolucionaria; e incluso podemos decir que dicha convergencia, como se señala el principio de la resolución en relación con el Mayo del 68 en Francia, puede ser también la expresión de un cambio en el curso de la historia hacia grandes enfrentamientos de clase. Del mismo modo, los avances en la lucha general de la clase obrera y la aparición de minorías politizadas son ambos básicamente productos de la maduración subterránea de la conciencia, que puede continuar incluso cuando la lucha abierta ha desaparecido de la vista. Pero mezclar las dos dinámicas también puede llevar a conclusiones erróneas, notablemente a una sobreestimación del potencial inmediato de la lucha de clases. Como dice el refrán, "una golondrina no hace primavera".
La Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases (punto 6) también nos advierte de las considerables dificultades que impiden a la clase obrera darse cuenta de que es "revolucionaria o nada". Habla de la naturaleza de la clase obrera como clase explotada sometida a todas las presiones de la ideología dominante, de modo que «la conciencia de clase no puede progresar de victoria en victoria, sino que sólo puede desarrollarse de forma desigual a través de una serie de derrotas». También señala que la clase se enfrenta a dificultades adicionales en la decadencia, por ejemplo, la no permanencia de organizaciones de masas en las que los trabajadores puedan mantener y desarrollar una cultura política; la inexistencia de un programa mínimo, lo que hace que la lucha de clases tenga que alcanzar las vertiginosas alturas del programa máximo; la utilización de las viejas herramientas de las organizaciones de la clase obrera contra la lucha de clases, que -en el caso del estalinismo en particular- han contribuido a crear una brecha entre las auténticas organizaciones comunistas y la masa de la clase obrera. En otro lugar, la resolución, haciéndose eco de nuestras Tesis sobre la Descomposición, destaca las nuevas dificultades impuestas por las condiciones particulares de la fase final de la decadencia capitalista.
Una de estas dificultades se discute ampliamente en la resolución: el peligro que suponen las luchas interclasistas como la de los Chalecos Amarillos en Francia o las revueltas populares provocadas por el creciente empobrecimiento de las masas en los países menos "desarrollados". En todos estos movimientos, en una situación en la que la clase obrera tiene un nivel muy bajo de identidad de clase, y aún está lejos de reunir sus fuerzas hasta el punto de poder dar una perspectiva a la ira y el descontento que se acumula en toda la sociedad, los proletarios participan no como una fuerza social y política independiente, sino como una masa de individuos. En algunos casos, estos movimientos no son simplemente interclasistas, mezclando las demandas proletarias con las aspiraciones de otros estratos sociales (como en el caso de los Chalecos Amarillos), sino que abrazan objetivos abiertamente burgueses, como las protestas por la democracia en Hong Kong, o la ilusión de un desarrollo sostenible o la igualdad racial dentro del capitalismo, como en el caso de las Marchas Juveniles por el Clima (YFC -Young For Climate) y las protestas del "Black Lives Matter". La resolución no es del todo clara en cuanto a la distinción que debe hacerse aquí, lo que refleja problemas más amplios en los análisis de la CCI sobre estos hechos: de ahí la necesidad de una sección específica de este informe para aclarar estas cuestiones.
«Debido a la gran dificultad que tiene actualmente la clase obrera para desarrollar sus luchas, a su incapacidad por el momento de recuperar su identidad de clase y de abrir una perspectiva para el conjunto de la sociedad, el terreno social tiende a ser ocupado por luchas interclasistas particularmente marcadas por la pequeña burguesía... Estos movimientos interclasistas son producto de la ausencia de cualquier perspectiva que afecte al conjunto de la sociedad, incluida una parte importante de la propia clase dominante... La lucha por la autonomía de clase del proletariado es crucial en esta situación impuesta por el agravamiento de la descomposición del capitalismo:
- contra las luchas interclasistas;
- contra las luchas parciales planteadas por todo tipo de categorías sociales que dan la falsa ilusión de una "comunidad protectora";
- contra las movilizaciones en el terreno podrido del nacionalismo, el pacifismo, la reforma "ecológica", etc.» (Resolución sobre la relación de fuerzas entre clases, 23º Congreso de la CCI)
Las luchas interclasistas y las luchas parciales son obstáculos para el desarrollo de la lucha obrera. Últimamente hemos visto dificultades en la CCI para dominar los matices del análisis de estas dos cuestiones:
- En el caso de los Chalecos Amarillos, al principio se consideró que el movimiento tenía elementos positivos para la lucha de clases (a través de la cuestión del rechazo a los sindicatos).
- En el movimiento juvenil en torno a la cuestión del clima, que es una lucha parcial, la movilización de los jóvenes se vio como algo positivo, olvidando el punto 12 de la plataforma.
- Sobre las movilizaciones por el asesinato de George Floyd, hubo tendencias a considerarlo como un movimiento interclasista, mientras que la indignación que provocó llevó a una movilización en un terreno directamente burgués, exigiendo un sistema policial y judicial más democrático.
La valoración de los movimientos de Oriente Medio: una cuestión a dilucidar
En la presentación sobre la lucha de clases del 23º Congreso se recordó que el análisis de los movimientos de la Primavera Árabe no se había incluido en el balance crítico que hemos emprendido desde el 21º Congreso, a pesar de la existencia de divergencias no resueltas, particularmente sobre «deslices oportunistas que hemos hecho en el pasado respecto al análisis por ejemplo de los movimientos interclasistas de la Primavera Árabe y otros»7.
Volvamos a nuestro análisis de los movimientos de 2011.
Si bien la organización, en su intervención, no utilizó el término "interclasista" para calificar estos movimientos, los describió de una manera que desarrollaba todas las características de un movimiento interclasista, mostrando así que no ignoraba totalmente su naturaleza: «La clase obrera nunca se ha presentado como una fuerza autónoma capaz de asumir la dirección de las luchas que a menudo han tomado la forma de una revuelta del conjunto de las clases no explotadoras, desde el campesinado arruinado hasta las clases medias en proceso de proletarización.»8
- La posición desarrollada - «En general, la clase obrera no ha estado a la cabeza de estas revueltas, pero ciertamente ha tenido una presencia e influencia considerables que pueden verse tanto en los métodos y formas de organización adoptadas por el movimiento como, en algunos casos, por el desarrollo específico de luchas obreras, como las huelgas en Argelia y, sobre todo, la gran oleada de huelgas en Egipto»9 - no logró situar con precisión el terreno de clase en el que se desarrollaron esos movimientos, ni identificar la dinámica del componente obrero que podía encontrarse en estos movimientos; nuestro análisis se basaba en un enfoque empírico: la comparación con Irán en 1979, aunque inspiradora, se utilizó sin encajarla en la nueva situación, sin contextualizarla con ayuda de nuestro marco de posiciones: «Al tratar de entender la naturaleza de clase de estas revueltas, debemos por tanto evitar dos errores simétricos: por un lado, una identificación general de todas las masas en lucha con el proletariado (la posición más característica de este punto de vista es la del Grupo Comunista Internacionalista), y por otro lado, un rechazo de lo que puede ser positivo en las revueltas que no son explícitamente las de la clase obrera»[ídem.]. La segunda parte de la cita hace concesiones a un enfoque que considera los aspectos "positivos" y los "negativos" sin basarse en su naturaleza de clase.
Una sobrevaloración de estos movimientos: «Todas estas experiencias son verdaderos trampolines para el desarrollo de una conciencia verdaderamente revolucionaria. Pero el camino en esta dirección es todavía largo, está sembrado de muchas ilusiones innegables y de debilidades ideológicas» [ídem.]; «El conjunto de estas revueltas constituye una formidable experiencia en el camino hacia la conciencia revolucionaria»10.
Olvidar el marco de la crítica del "eslabón más débil"
Si bien la organización tenía razón al señalar que el movimiento de los "Indignados" y los levantamientos de las clases explotadas, especialmente la clase obrera de Oriente Medio, tienen un origen común en los efectos de la crisis económica mundial, lo hizo equiparando, o metiendo en el mismo saco, a todos los movimientos, fueran de países centrales o periféricos. Es decir, sin situarlos en el marco de la Crítica de la teoría del "eslabón más débil"11, esto puede verse en un pasaje de la Resolución sobre la situación internacional del XXº Congreso)12.
La CCI ha definido el movimiento de los Indignados13 como un movimiento de la clase obrera marcado:
- Por una pérdida de identidad de clase: «Esto explica en parte que la participación del proletariado como clase no fuera dominante, sino que estuviera presente a través de la participación de individuos de la clase trabajadora (asalariados, parados, estudiantes, pensionistas...) que intentan aclararse, implicarse según su instinto, pero que carecen de la fuerza, la cohesión y la claridad que supone asumirse colectivamente como clase.»
- Por una «fuerte presencia de sectores sociales no proletarios, en particular una capa media en proceso de proletarización». «Aunque el movimiento parezca impreciso y mal definido, esto no puede poner en duda su carácter de clase, sobre todo si consideramos las cosas en su dinámica, en la perspectiva del futuro... La presencia del proletariado no es visible como fuerza dirigente del movimiento ni a través de una movilización desde los centros de trabajo. Reside en la dinámica de la búsqueda, la clarificación, la preparación del terreno social, del reconocimiento de la lucha que se prepara. Ahí radica toda su importancia, a pesar de que sólo se trata de un pequeño y extremadamente frágil paso adelante».
Nuestros textos de este periodo no distinguen entre el movimiento de los Indignados en España y las revueltas en los países árabes. Sin embargo, hay diferencias muy importantes: en España, aunque el ala proletaria no dominó el movimiento de los Indignados, luchó por su propia autonomía frente a los esfuerzos de "Democracia Real Ya" por destruirla. En los países árabes, el proletariado, en el mejor de los casos, no fue capaz de mantenerse en su propio terreno, ni de utilizar sus propios métodos de lucha para desarrollar su conciencia, dejándose movilizar detrás de las facciones nacionalistas y democráticas14.
Ausencia del marco de descomposición
Sin negar nunca su existencia ni el peso de las profundas dificultades de estos movimientos, subrayando los "aspectos positivos" de las revueltas sociales15, el análisis de estos movimientos en los países árabes no se situó en el marco de la descomposición16. Esto hizo que se debilitara la denuncia firme del veneno democrático y nacionalista tan potente en estos países, y el peligro que representaba especialmente en estas partes del mundo, pero también y sobre todo frente a la propaganda de las burguesías occidentales hacia el proletariado europeo, subrayando la necesidad de la democracia en los países árabes.
Debilidades más generales en la organización que determinan sus análisis y posiciones
La impaciencia por ver en todas partes y rápidamente una salida del repliegue post-1989 tras la reactivación de las luchas en 2003 fue una pesada carga: «La actual oleada internacional de revueltas contra la austeridad capitalista abre la puerta a una solución completamente diferente: la solidaridad de todos los explotados más allá de las divisiones religiosas o nacionales; la lucha de clases en todos los países con el objetivo final de una revolución mundial que será la negación de las fronteras y los estados nacionales. Hace uno o dos años, esta perspectiva habría parecido completamente utópica para la mayoría de la gente. Hoy en día, cada vez más personas ven la revolución mundial como una alternativa realista al orden del capital mundial que se está derrumbando»17.
La posición de la CCI estaba marcada no sólo por una sobreestimación general de la situación, sino también por una sobreestimación de la importancia de los movimientos en los países árabes para el desarrollo de una perspectiva proletaria. Asimismo, la tendencia a descuidar la importancia del debate en el medio político proletario también ha influido negativamente: si bien la contribución del NCI al análisis del movimiento piquetero en 2002-4 fue muy importante, la CCI no fue capaz de tener en cuenta las críticas que le hizo posteriormente, en 2011, Internationalist Voice.
¿Hemos cometido errores oportunistas en el análisis de los movimientos árabes?
Podemos concluir de los elementos anteriores que la CCI, sobre la cuestión del análisis de los movimientos en los países árabes en 2011, donde su carácter masivo, su simultaneidad con otros movimientos en los países occidentales, las formas adoptadas por estos movimientos (asambleas, etc), la presencia de la clase obrera (frente al carácter caótico de algunas revueltas interclasistas o dominadas por grupos izquierdistas como los piqueteros, por ejemplo) fueron examinadas sin tomar distancia y sin tener una visión lúcida de lo que realmente representaban, en un contexto en el que las partes más experimentadas del proletariado mundial no estaban en condiciones de aportar una perspectiva y una dirección. Este enfoque se ajusta al inmediatismo.
En el contexto general que favoreció la impaciencia y la precipitación que existían en la organización, imaginando que el proletariado mundial ya estaba superando masivamente el retroceso post-89, este inmediatismo fue ciertamente la antesala del oportunismo, el punto de partida para un deslizamiento hacia el oportunismo y el abandono de las posiciones de clase, como se puede ver en las diversas formas en que se manifestó este inmediatismo:
- El carácter mayormente contradictorio de nuestras posiciones sobre las revueltas en Oriente Medio;
- La ausencia de coherencia y articulación de las posiciones cardinales de la organización que sustentan nuestros análisis políticos, o incluso su olvido o abandono (por ejemplo, sustituyendo el concepto de luchas interclasistas por el de revueltas sociales, y sin explicar realmente qué entendemos por "revueltas sociales").
- El enfoque más bien empírico y superficial que tendía a quedarse en la superficie de las cosas y que tendía a sustituir a nuestro marco político;
- El papel principal que jugó nuestra visión de la indignación como factor unilateralmente positivo para el desarrollo de la conciencia proletaria (o incluso como índice del carácter positivo de un movimiento, aplicado a todo tipo de movimientos);
- La tendencia a ver elementos positivos allí donde la situación estaba dominada por los mayores peligros para la clase, lo que llevó a debilitar la denuncia de la ideología burguesa por parte de la organización.
Si todos estos elementos combinados crean las condiciones para posiciones abiertamente oportunistas -si la claridad proletaria y la defensa de las posiciones de clase por parte de la CCI no constituyen una barrera a estas tendencias deletéreas-, hay que subrayar que la CCI no adoptó posiciones que contradijeran directamente su plataforma y sus posiciones de clase. Es necesario situar estas dificultades en el nivel de lo que realmente representaron (lo que no significa relativizar su importancia y sus peligros). El análisis y la intervención de la CCI se vieron debilitados por el inmediatismo (con todo lo que ello implica en términos de ambigüedad, superficialidad, falta de rigor, olvido de la defensa de nuestro marco político y de nuestras posiciones, y una dinámica que abre la puerta al oportunismo), pero no podemos concluir que adoptara posiciones directamente oportunistas (como fue el caso ante el movimiento juvenil en torno a la ecología).
La deriva en el caso del movimiento juvenil contra la destrucción ecológica ha mostrado un olvido del punto 12 de nuestra plataforma: «La cuestión ecológica, al igual que todas las cuestiones sociales (ya sea la educación, las relaciones familiares y sexuales u otras) están llamadas a desempeñar un enorme papel en cualquier toma de conciencia en el futuro y en toda lucha comunista. El proletariado, y sólo el proletariado, tiene la capacidad de integrar estas cuestiones en su propia conciencia revolucionaria. Al hacerlo, ampliará y profundizará esta conciencia. Podrá así dirigir todas las "luchas parciales" y darles una perspectiva. La revolución proletaria tendrá que afrontar muy concretamente todos estos problemas en la lucha por el comunismo. Pero no pueden ser el punto de partida para el desarrollo de una perspectiva de clase revolucionaria. En ausencia del proletariado, son, en el peor de los casos, el punto de partida de nuevos ciclos de barbarie. La hoja y el artículo de la CCI en Bélgica son ejemplos flagrantes de oportunismo. Esta vez no se trata de oportunismo en materia de organización, sino de oportunismo en relación con las posiciones de clase recogidas en nuestra plataforma» (Camarada S. Boletín interno internacional 2019).
Podemos decir que el informe sobre la lucha de clases del 23º Congreso tenía ambigüedades en este sentido. Adoptó una posición ambigua sobre la naturaleza de estos movimientos y dejó la puerta abierta a la idea de que podían desempeñar un papel positivo en el desarrollo de la conciencia18.
Nos ha resultado difícil ver qué distingue a estos dos tipos de movimientos, con una tendencia a amalgamarlos, a ponerlos en el mismo nivel. Entonces, ¿qué distingue las luchas interclasistas de las parciales? En los movimientos interclasistas, las reivindicaciones obreras se diluyen y se mezclan con las reivindicaciones pequeñoburguesas (por ej. los Chalecos Amarillos). No es el caso de las luchas parciales, que se manifiestan esencialmente a nivel de las superestructuras, sus reivindicaciones se centran en temas que dejan de lado los fundamentos de la sociedad capitalista, aunque puedan señalar al capitalismo como responsable, como con la cuestión climática, o con la opresión de las mujeres que se achaca al patriarcado capitalista. También son factores de división de la clase trabajadora, divisiones con los trabajadores empleados en el sector de la energía en el primer caso, o reforzando las divisiones de género. Los trabajadores pueden ser arrastrados a luchas parciales, pero esto no las convierte en interclasistas. Se trata de aclarar la diferencia entre las luchas parciales y las interclasistas, y lo que pueden tener en común.
En la década de 2010, la CCI reconoció la indignación como un componente importante de la lucha de clases del proletariado y un factor de concienciación. Sin embargo, la CCI ha tendido a definir su importancia "en sí misma", de forma un tanto metafísica. Una de las raíces de nuestras dificultades radica en el uso inapropiado y unilateral del concepto de indignación como algo necesariamente positivo, una indicación del reflejo e incluso del desarrollo de la conciencia de clase, sin tener en cuenta la naturaleza de clase de su origen, o el terreno de clase en el que se expresa. A medida que la caída en la descomposición continúe, habrá muchos movimientos impulsados por la indignación, el asco, la ira en amplios sectores de la sociedad contra los fenómenos de este período.
El informe sobre la lucha de clases del 23º Congreso de la CCI trata de la extensión de la indignación social contra el carácter destructivo de la sociedad capitalista (por ejemplo, en reacción contra los asesinatos de población negra, la cuestión climática o el acoso a las mujeres). Al afirmar que estos movimientos basados en la cólera pueden recuperarse cuando el proletariado reencuentre su identidad de clase y luche en su propio terreno, se introduce una ambigüedad sobre el hecho de que el proletariado, luchando en su propio terreno, puede recuperar toda esta cólera. Esto contradice lo que se dice en el punto 12 de la plataforma: «La lucha contra los fundamentos económicos de la sociedad capitalista contiene la lucha contra sus aspectos superestructurales (forma de vida, costumbres, ideología…) pero lo recíproco es falso». Además, esas luchas parciales tienden a obstaculizar la lucha de la clase obrera, su autonomía, y por eso la burguesía sabe muy bien cómo recuperarlas para preservar el orden capitalista. En este sentido, la indignación no es en sí misma un factor de desarrollo de la conciencia de clase: todo depende del terreno en el que se exprese. Esta reacción emocional que puede provenir de diferentes clases no conduce automáticamente a una reflexión que pueda contribuir al desarrollo de la conciencia de clase.
Al afirmar que la rabia expresada por estos movimientos puede ser recuperada por el proletariado cuando éste recupere su identidad de clase y luche en su propio terreno, se introduce la falsa idea de que el proletariado podría "asumir" la dirección de tales movimientos en su forma actual. En realidad, estos movimientos tendrían que "disolverse" antes de que los elementos que participan en ellos pudieran unirse a la lucha proletaria.
La organización debe aclarar cuáles serían las condiciones, a escala histórica, para que un movimiento proletario autónomo diera una orientación y una dirección totalmente nuevas a todos los diferentes agravios y opresiones que impone la sociedad capitalista y que hoy, en ausencia de una dirección proletaria, encuentran su única salida en el terreno de las movilizaciones interclasistas o burguesas.
El impacto de la crisis capitalista en el conjunto de la sociedad plantea otra cuestión a dilucidar: cuál es la relación de la lucha del proletariado con las demás clases, capas intermedias o no explotadas, que todavía existen en el capitalismo y son capaces de desarrollar sus propias movilizaciones contra la política del Estado (como los movimientos campesinos).
Ha pasado casi una década desde el movimiento de los Indignados. Por muy importante que fuera, no supuso en absoluto una vuelta atrás respecto al retroceso de 1989. También sabemos que la burguesía -especialmente en Francia, donde el peligro de contagio era más evidente- tomó contramedidas para evitar que estallara un movimiento similar o más avanzado en la tradicional "cuna" de las revoluciones.
En muchos sentidos, el retroceso de clase se acentuó tras el colapso de los movimientos de 2011. Las ilusiones que prevalecieron en la Primavera Árabe, dada la incapacidad de la clase obrera de proporcionar un liderazgo a las diversas revueltas, fueron ahogadas por la barbarie, la guerra, el terrorismo y la feroz represión. En Europa y Estados Unidos, la marea populista, alimentada en parte por la barbarie de los acontecimientos en África y Oriente Medio que han precipitado la crisis de los refugiados y el retorno del terrorismo islámico con fuerza, ha afectado a una parte de la clase trabajadora. En el llamado "tercer mundo", el aumento de la miseria económica ha tendido a provocar revueltas populares en las que la clase obrera ha vuelto a ser incapaz de manifestarse en su propio terreno; aún más significativo es que la tendencia del descontento social a adoptar un carácter interclasista se expresó claramente en un país central como Francia, con las protestas de los Chalecos Amarillos que persistieron durante todo un año. A partir de 2016, con la llegada de Trump al poder y el voto del Brexit en el Reino Unido, el auge del populismo alcanzó niveles dramáticos, atrayendo a una parte de la clase trabajadora a sus campañas contra las "élites". Y en 2020, todo este proceso de descomposición se ha acelerado aún más dramáticamente con la pandemia. El clima de miedo generado por la pandemia, y el bloqueo resultante, aumentó aún más la atomización de la clase trabajadora y creó profundas dificultades para una respuesta de clase a las devastadoras consecuencias económicas de la crisis del Covid-19.
Y, sin embargo, poco antes de que se produjera la pandemia, estábamos asistiendo a un nuevo desarrollo de los movimientos de clase: las huelgas de los profesores y de los trabajadores de la industria automovilística de GM en Estados Unidos; las huelgas generalizadas en Irán en 2018, que plantearon la cuestión de la autoorganización, aunque, en contra de las exageraciones de algunos en el Medio político proletario, todavía estaban lejos de la formación de soviets. Estas últimas huelgas han planteado notablemente la cuestión de la solidaridad de clase frente a la represión del Estado.
Sobre todo, vimos las luchas en Francia a finales de 2019, donde los batallones clave de la clase obrera estaban en las calles en torno a las reivindicaciones de clase, dejando de lado el movimiento de los Chalecos Amarillos que se redujo a una presencia simbólica en la parte trasera de las manifestaciones.
Otras expresiones de combatividad tuvieron lugar en otros países, por ejemplo, en Finlandia. Pero la pandemia golpeó el corazón de Europa, paralizando en gran medida la posibilidad de que las luchas en Francia adquirieran una dimensión internacional. Sin embargo, en varios lugares del mundo se produjeron huelgas de trabajadores en defensa de sus condiciones laborales frente a las medidas sanitarias totalmente inadecuadas adoptadas por el Estado y los empresarios19. Estos movimientos no pudieron desarrollarse más debido a las condiciones restrictivas del primer confinamiento, aunque el papel central de la clase obrera para permitir la continuidad de la vida en la sociedad fue destacado por aquellos sectores que no tuvieron más remedio que seguir trabajando durante el confinamiento: sanidad, transporte, alimentación, etc. La clase dominante hizo grandes esfuerzos para presentar a estos trabajadores como héroes al servicio de la nación, pero la hipocresía de los gobiernos -y por tanto la base de clase de los "sacrificios" de estos trabajadores- era evidente para muchos. En Gran Bretaña, por ejemplo, los trabajadores sanitarios demostraron su cólera cuando quedó claro que su "heroísmo" no merecía un aumento de sueldo20.
Además de la pandemia, la clase obrera se enfrentó rápidamente a otros obstáculos al desarrollo de la conciencia de clase, especialmente en Estados Unidos, donde las protestas del Black Lives Matter se polarizaron en torno a una movilización fragmentaria en torno al racismo, seguida rápidamente por la enorme campaña electoral que dio un nuevo impulso a las ilusiones democráticas. Ambas campañas tuvieron una gran repercusión internacional. En Estados Unidos, en particular, el peligro de que la clase trabajadora se vea arrastrada, a través de las políticas identitarias de derecha e izquierda, a enfrentamientos violentos detrás de facciones burguesas concurrentes, sigue siendo muy real: el dramático asalto al Capitolio por parte de los partidarios de Trump demuestra que, incluso si éste ha sido apartado del gobierno, el trumpismo sigue siendo una fuerza poderosa a nivel de la calle21. Por último, los trabajadores se enfrentan ahora a una segunda oleada de la pandemia y a una nueva serie de restricciones, que no sólo renuevan la atomización de la clase por parte del Estado, sino que también han provocado estallidos de frustración contra las restricciones que han llevado a algunas partes de la clase a protestas reaccionarias alimentadas por las teorías de la conspiración y la ideología del "individuo soberano".
Por el momento, la combinación de todas estas cuestiones, pero sobre todo las condiciones impuestas por la pandemia han actuado como un importante freno a la frágil reactivación de la lucha de clases entre 2018 y 2020. Es difícil predecir cuánto tiempo persistirá esta situación y, por lo tanto, no podemos ofrecer perspectivas concretas para el desarrollo de la lucha en el próximo período. Lo que sí podemos decir es que la clase obrera se enfrentará a ataques brutales contra sus condiciones de vida. Esto ya ha comenzado en varios sectores en los que los empresarios han reducido drásticamente sus plantillas. Los gobiernos de los países centrales del capitalismo siguen mostrando cierta cautela hacia la clase, subvencionando a las empresas para que puedan mantener a sus empleados, "subvencionando el paro" a los obreros que no pueden trabajar en casa para evitar que se hundan inmediatamente en el empobrecimiento, tomando medidas para evitar los desahucios de los inquilinos que no pueden pagar sus alquileres, etc. Estas medidas son muy costosas para los gobiernos y aumentan considerablemente la carga de la deuda. Sabemos que tarde o temprano los trabajadores tendrán que pagar por ello.
La dramática evolución de la situación mundial desde el último Congreso de la CCI ha provocado inevitablemente debates tanto en el seno de la organización como entre nuestros contactos y simpatizantes. Estos debates se han centrado en la magnitud de la pandemia y la aceleración de la descomposición, pero también han planteado nuevas cuestiones sobre la relación de fuerzas entre las clases. En el Congreso de RI del verano de 2020, se criticó el informe de Lucha de Clases, en particular su evaluación del movimiento contra la reforma de las pensiones en Francia a principios de 2019. Una contribución en el boletín interno internacional (2021, Camarada M) en particular argumentó -creemos que con razón- que el informe afirmaba que el movimiento había alcanzado un cierto nivel de politización sin proporcionar pruebas suficientes; al mismo tiempo, que había una falta de claridad con respecto a la distinción entre la politización de las luchas, y la politización de las minorías -una distinción que este informe ha tratado de dilucidar. Esta contribución advierte del peligro de sobrestimar el nivel actual de la lucha de clases (un error que hemos cometido a menudo en el pasado - véase el informe del 21º Congreso):
- «La tendencia a la politización de las luchas no se manifestó en absoluto en el movimiento contra la reforma de las pensiones en Francia. No había espacio para el debate proletario, ni asambleas generales. La politización de la clase obrera en su propio terreno de clase será inseparable de su salida del profundo retroceso que ha sufrido desde 1989. El proletariado en Francia, como en todos los países, aún no ha encontrado el camino de su perspectiva revolucionaria, camino bloqueado por el colapso del bloque del Este. Con el agravamiento de la crisis y los ataques a sus condiciones de vida, es evidente que la clase obrera es cada vez más consciente de que el capitalismo no tiene ningún futuro que ofrecerle. Busca una perspectiva, pero aún no sabe que es en sus manos y en sus luchas donde se esconde y se encuentra esta perspectiva. Esta conciencia de la monstruosa realidad del mundo actual no significa una politización en su propio terreno de clase, es decir, fuera del marco de la democracia burguesa. A pesar de su enorme potencial de combatividad (que no se ha agotado con la irrupción de la pandemia), el proletariado en Francia no se plantea todavía la cuestión de la revolución proletaria. Aunque la palabra "revolución" haya vuelto a aparecer en algunas pancartas, ¿qué contenido tiene? No creo que sea una cuestión de revolución "proletaria". La clase obrera en Francia aún no ha recuperado su identidad de clase (que todavía era muy embrionaria en el movimiento contra la reforma de las pensiones). Todavía existe en su seno un rechazo o al menos una desconfianza muy profunda hacia la palabra 'comunismo'».
Además, se subraya que esta sobrevaloración de la tendencia a la politización puede abrir la puerta a una visión consejista: "La politización de las luchas sólo puede verificarse cuando la vanguardia revolucionaria empieza a tener cierta influencia en las luchas obreras (especialmente en las asambleas generales). Este no es el caso hoy en día. El informe del congreso de la RI abre pues la puerta a una visión consejista al afirmar que ya existen "los indicios de una politización de la lucha".
El peligro de una visión consejista se plantea también en las divergencias expresadas por el camarada S. durante y después del 23º Congreso, pero no desde el mismo punto de partida. Estas diferencias se han profundizado desde entonces y han dado lugar a un debate público22 que, a su vez, ha tenido cierta repercusión en algunas de nuestros contactos. En la medida en que se refieren al problema de la relación de fuerza entre las clases, estas diferencias tocan tres cuestiones esenciales:
- El potencial y los límites de las luchas económicas
- La cuestión de la maduración subterránea
- La cuestión de las "derrotas políticas". En este sentido, la publicación de la primera ronda del debate sobre las divergencias llevó a algunos de nuestros contactos a preguntarse sobre lo que ocurrió en los años ochenta.
En su respuesta a nuestra respuesta (Boletín Interno Internacional 2021), el camarada S. dice que está de acuerdo con la CCI sobre la necesidad de la lucha económica: porque los trabajadores deben defender su existencia física contra la explotación capitalista; porque los trabajadores deben luchar por "tener una vida" más allá de la jornada laboral para tener acceso a la cultura, a los debates políticos, etc.; y porque, como decía Marx, una clase que no puede luchar por sus intereses a este nivel no puede ciertamente presentarse como una fuerza capaz de transformar la sociedad. Pero al mismo tiempo, dice, en las condiciones de descomposición, especialmente debido al debilitamiento de la perspectiva de una revolución social por el impacto del colapso del bloque del Este, los vínculos históricos entre las dimensiones económica y política de la lucha se han roto hasta el punto de que esta unidad no puede ser restaurada por un desarrollo de las luchas económicas solamente. Y aquí cita a Rosa Luxemburgo en Reforma o Revolución para advertir a la CCI contra cualquier recaída en una visión consejista en la que los "propios trabajadores", sin el papel indispensable de la organización revolucionaria, puedan recuperar su perspectiva revolucionaria: «El socialismo no es en absoluto una tendencia inherente a las luchas cotidianas de la clase obrera. Sólo es inherente al agravamiento de las contradicciones objetivas de la economía capitalista, por un lado, y a la comprensión subjetiva de la necesidad de superarlas mediante una transformación socialista, por otro.»
S. concluye que el principal peligro al que se enfrenta la CCI es una desviación consejista en la que la organización deja que el resurgimiento de las luchas económicas se politice "espontáneamente", y por tanto ignora lo que debería ser su tarea principal: llevar a cabo la necesaria profundización teórica que permita a la clase recuperar la confianza en el marxismo y en la posibilidad de una sociedad comunista.
Hemos visto que no se puede descartar el peligro del consejismo a la hora de entender el proceso de politización: hemos aprendido por las malas que el peligro de entusiasmarse demasiado con las posibilidades y la profundidad de las luchas inmediatas está siempre presente. También estamos de acuerdo con Luxemburgo -y con Lenin- en que la conciencia socialista no es el producto mecánico de la lucha diaria, sino que es el producto del movimiento histórico de la clase, que ciertamente incluye la elaboración teórica y la intervención de la organización revolucionaria. Pero lo que falta en el argumento de S. es una explicación del proceso real por el que la teoría revolucionaria puede volver a "captar a las masas". En nuestra opinión, esto está relacionado con un desacuerdo sobre la cuestión de la maduración subterránea.
En su texto, el camarada dice: «La Respuesta de la organización pregunta si considero que la situación actual es peor que la de los años 30 (cuando grupos como Bilan contribuyeron a una "maduración subterránea" política y teórica de la conciencia a pesar de la derrota de la clase), mientras que niego la existencia de tal maduración en la actualidad. Sí, a nivel de maduración subterránea, la situación es efectivamente peor que en los años 30, porque hoy la tendencia entre los revolucionarios es más bien hacia la regresión política y teórica.»
Para responder a esto, es necesario volver a nuestro debate inicial sobre la cuestión de la maduración subterránea, a la lucha contra la visión consejista de que la conciencia de clase sólo se desarrolla en fases de lucha abierta.
Así, el argumento del camarada MC23 en «Sobre la maduración subterránea» (Boletín interno internacional1983) era que el rechazo de la maduración subterránea subestimaba profundamente el papel de la organización revolucionaria en el desarrollo de la conciencia de clase: «La lucha de clases del proletariado conoce altibajos, pero no es el caso de la conciencia de clase: la idea de una regresión de la conciencia con el retroceso de la lucha de clases se contradice con toda la historia del movimiento obrero, una historia en la que la elaboración y profundización de la teoría continúa en un período de retroceso. Es cierto que el campo, la extensión de su acción se está reduciendo, pero no su elaboración en profundidad».
Es evidente que S. no niega el papel de la organización revolucionaria en la elaboración de la teoría. Así, cuando habla de "regresión subterránea", quiere decir que la vanguardia política comunista (y, por tanto, la CCI) no realiza el trabajo teórico necesario para restaurar la confianza de la clase obrera en su perspectiva revolucionaria, que retrocede teórica y políticamente.
Pero recordemos que el texto de MC no limita la maduración clandestina al trabajo de la organización revolucionaria:
- «El trabajo de reflexión continúa en la cabeza de los trabajadores y se manifestará en el recrudecimiento de nuevas luchas. Hay una memoria colectiva de la clase, y esta memoria también contribuye al desarrollo de la conciencia y a su extensión en la clase". O también: "Este proceso de desarrollo de la conciencia no está reservado únicamente a los comunistas por la sencilla razón de que la organización comunista no es la única sede de la conciencia. Este proceso es también el producto de otros elementos de la clase que se mantienen firmemente en el terreno de la clase o tienden en esa dirección".
Este punto es importante porque S. parece restringir la maduración subterránea precisamente a la organización revolucionaria. Si le entendemos bien, dado que la CCI tiende a la regresión teórica y política, esto sería una prueba de la "regresión subterránea" de la que habla. Por supuesto, no estamos de acuerdo con esta valoración de la situación actual de la CCI, pero esa es otra discusión. El punto en el que hay que centrarse aquí es que la organización comunista y el medio político proletario son sólo la punta del iceberg de un proceso más profundo que se desarrolla en la clase:
En una polémica con la CWO en la Revista Internacional nº 43 sobre el problema de la maduración subterránea, definimos este proceso de la siguiente manera:
- "en el nivel más bajo de conciencia, así como en los estratos más amplios de la clase, esta (maduración subterránea) toma la forma de una contradicción creciente entre el ser histórico, las necesidades reales de la clase, y la adhesión superficial de los trabajadores a las ideas burguesas. Este choque puede permanecer en gran medida sin reconocer, enterrado o reprimido durante mucho tiempo, o puede comenzar a emerger en forma de desilusión y desvinculación con los temas principales de la ideología burguesa;
- en un sector más pequeño de la clase, entre los trabajadores que se mantienen básicamente en el terreno proletario, toma la forma de reflexión sobre las luchas pasadas; discusiones más o menos formales sobre las luchas futuras, el surgimiento de núcleos combativos en las fábricas y entre los desempleados. Recientemente, la manifestación más espectacular de este aspecto del fenómeno de la maduración clandestina la dieron las huelgas de masas en Polonia en 1980, en las que los métodos de lucha utilizados por los trabajadores demostraron que se había producido una verdadera asimilación de muchas de las lecciones de las luchas de 1956, 70 y 76 ......
- en una fracción de la clase, aún más limitada en tamaño, pero destinada a crecer con el avance de la lucha, esto toma la forma de una defensa explícita del programa comunista, y por lo tanto de un reagrupamiento en una vanguardia marxista organizada. La aparición de organizaciones comunistas, lejos de ser una refutación de la noción de maduración clandestina, es a la vez un producto y un factor activo de la misma»24.
Lo que falta en este modelo es otra capa constituida por aquellos elementos que a menudo no son productos directos de los movimientos de clase, pero que están en busca de posiciones comunistas; ellos constituyen el "pantano" (o una parte de él que es producto de un avance político, aunque confuso, y no aquellos elementos que expresan una regresión desde un nivel superior de claridad y que serían otra parte), y también aquellos que se mueven más explícitamente hacia las organizaciones revolucionarias.
La aparición de esta capa no es el único indicio de maduración subterránea, pero sin duda es el más evidente. S. sostiene que la aparición de esta capa puede explicarse simplemente por referencia a la naturaleza revolucionaria de la clase obrera. Dado que entendemos la clase no como una fuerza estática, sino como una fuerza dinámica, es más preciso ver esta capa como el producto de un movimiento hacia la conciencia dentro de la clase. Y, sin duda, es necesario estudiar el movimiento dentro del movimiento: entender si se está produciendo un proceso de maduración en esta capa, es decir, si el propio entorno de los elementos en búsqueda muestra signos de desarrollo. Y si comparamos las dos "oleadas" de minorías politizadas que han surgido desde aproximadamente 2003, hay indicios de que esa evolución se ha producido.
La primera oleada tuvo lugar a mediados de la década de 2000 y coincidió con lo que hemos llamado una nueva generación de la clase obrera, que se manifestó en el movimiento "anti-CPE" y los "Indignados". Una pequeña parte de este medio gravitó hacia la izquierda comunista e incluso se afilió a la CCI, lo que dio lugar a la esperanza de que nos encontráramos con una nueva generación de revolucionarios (véase el texto de orientación sobre la cultura del debate25). En realidad, se trataba de un "movimiento" ampliamente presente en el pantano y que resultó ser muy permeable a la influencia del anarquismo, el modernismo y el parasitismo. Uno de los rasgos distintivos de este movimiento fue, junto a la desconfianza en la organización política, una profunda resistencia al concepto de decadencia y, por tanto, a los grupos de la izquierda comunista, percibidos como sectarios y apocalípticos, especialmente la CCI. Algunos de los elementos de este brote habían participado en el ultra activismo del movimiento anticapitalista en los años 90, y aunque dieron un primer paso al ver la centralidad de la clase obrera en el derrocamiento del capitalismo, conservaron sus inclinaciones activistas, que empujaron a algunos de ellos (por ejemplo, a la mayoría del colectivo organizador de Libcom) hacia un anarcosindicalismo renaciente, hacia ideas de "organización" en el lugar de trabajo, que se alimentan de la posibilidad de ganar pequeñas victorias y se alejan de cualquier noción de que el desarrollo objetivo e histórico de la crisis es en sí mismo un factor de desarrollo de la lucha de clases.
La segunda oleada de elementos en búsqueda, de la que nos hemos dado cuenta en los últimos años, aunque tal vez de menor escala que la primera, se sitúa ciertamente en un nivel más profundo: tiende a dar por evidencia la decadencia e incluso la descomposición; a menudo pasa por alto el anarquismo, al que considera carente de las herramientas teóricas para entender el período actual, y tiene menos miedo de contactar directamente con los grupos de la izquierda comunista. A menudo muy jóvenes y sin experiencia directa de la lucha de clases, su primera preocupación es profundizar en la comprensión del mundo caótico al que se enfrentan asimilando el método marxista. En nuestra opinión, se trata de una clara concreción de la conciencia comunista resultante, en palabras de Rosa Luxemburgo, de «la agudeza de las contradicciones objetivas de la economía capitalista, por un lado, (y) la comprensión subjetiva de la indispensabilidad de su superación mediante una transformación socialista, por otro».
En lo que respecta a esta capa emergente de elementos politizados, la CCI tiene una doble responsabilidad como organización de tipo "fracción". Por un lado, por supuesto, la vital elaboración teórica necesaria para proporcionar un análisis claro de una situación mundial siempre cambiante y para enriquecer la perspectiva comunista26. Pero también se trata de un paciente trabajo de construcción de la organización: trabajo de "formación de cuadros", como decía la GCF (Izquierda Comunista de Francia, por sus siglas en francés Gauche Communiste de France) después de la Segunda Guerra Mundial, de desarrollo de nuevos militantes que mantengan el rumbo; de defensa contra las incursiones de la ideología burguesa, las calumnias del parasitismo, etc. Este trabajo de construcción organizativa no aparece en absoluto en la respuesta de S. y, sin embargo, es sin duda uno de los principales elementos de la lucha real contra el consejismo.
Además, si este proceso de maduración subterránea es real, si es la punta del iceberg de los desarrollos que tienen lugar en capas mucho más amplias de la clase, la CCI tiene razón al prever la posibilidad de una futura reconexión entre las luchas defensivas y el creciente reconocimiento de que el capitalismo no tiene ningún futuro que ofrecer a la humanidad. En otras palabras, anuncia el potencial intacto de la politización de las luchas y su convergencia con la aparición de nuevas minorías revolucionarias y el impacto creciente de la organización comunista.
La publicación de una primera ronda de debate sobre la relación de fuerzas entre las clases ha revelado diversas divergencias en nuestro entorno de simpatizantes cercanos. En el foro de la CCI, en particular en el tema "Debate interno en la CCI sobre la situación internacional | Corriente Comunista Internacional (internationalism.org)", en un intercambio de contribuciones con MH; Debate sobre la relación de fuerzas entre las clases (Debate on the balance of class force | International Communist Current (internationalism.org)), en nuestras reuniones de contactos, y en el propio blog de MH. El camarada MH, en particular, se ha vuelto cada vez más crítico con nuestra opinión de que fue esencialmente el colapso del bloque del Este en 1989 lo que precipitó el largo retroceso de la clase de la que aún no hemos salido. Para MH, fue en gran medida una ofensiva política/económica de la clase dominante después de 1980, dirigida por la burguesía británica en particular, la que acabó con la tercera ola de luchas (más bien: la estranguló al nacer). Desde este punto de vista, fue la derrota de la huelga de los mineros en 1985 en el Reino Unido lo que marcó la derrota de las luchas de los años 80. Esta conclusión lleva actualmente a MH a reevaluar nuestra visión de las luchas después de 1968 e incluso a cuestionar la noción de descomposición, aunque sus divergencias parecen implicar a veces que "la descomposición ha ganado", y que estamos ante la realidad de una grave derrota histórica de la clase obrera. El camarada Baboon coincide en gran medida con MH en la importancia clave de la derrota de la huelga de los mineros, pero no le ha seguido hasta el punto de cuestionar la descomposición, ni de concluir que el retroceso de la clase obrera puede haber dado un paso cualitativo hacia algún tipo de derrota histórica27.
Sin embargo, el camarada S. parece ser cada vez más explícito en este sentido. Como dijo en una carta reciente al órgano central:
- "¿Existe o no una divergencia fundamental sobre la relación de fuerzas entre las clases?
La posición de la organización es que la clase obrera está invicta. En nuestras filas también existe la posición contraria, es decir, que la clase obrera en los últimos cinco años ha sufrido una derrota política, cuyo principal síntoma es la explosión del identitarismo de todo tipo, que resulta sobre todo de la incapacidad de la clase para recuperar su propia identidad de clase. La posición de la organización es que la situación de la clase es mejor que en los años 90 bajo el shock de la "muerte del comunismo", mientras que la otra posición dice que la situación de la clase hoy es peor que en los años 90, que el proletariado mundial está hoy al borde de una derrota política de tal magnitud que puede tardar una generación en recuperarse.
Como señalamos al principio de este informe, el reconocimiento por parte de la CCI de que el concepto de curso histórico ya no se aplica en la fase de descomposición significa que se hace mucho más difícil evaluar la dinámica general de los acontecimientos y, en particular, llegar a la conclusión de que la puerta a un futuro revolucionario está definitivamente cerrada, ya que la descomposición puede sumergir al proletariado en un proceso gradual, sin que la burguesía tenga que derrotarlo directamente, en una lucha cara a cara, como lo hizo en el período de la oleada revolucionaria. Por lo tanto, es difícil saber a qué se refiere S. con una "derrota política de tal magnitud que puede tardar una generación en recuperarse". Si el proletariado aún no se ha enfrentado al enemigo de clase en una lucha política abierta, como lo hizo en 1917-23, ¿qué criterios utilizamos para juzgar que el retroceso de la lucha de clases en las últimas tres décadas ha llegado a tal punto; y además, dado que tal derrota probablemente sería seguida por una gran aceleración de la barbarie, y -según S. - una guerra mundial, o al menos un holocausto nuclear "limitado", ¿qué posibilidades de "recuperación" tendría la siguiente generación?
Un último punto: S. afirma que consideramos que la situación actual de la clase es "mejor" de lo que era después del colapso de los bloques. Esto no es correcto. Ciertamente, hemos dicho que las condiciones para los futuros enfrentamientos de clase están madurando inevitablemente y, como señaló el informe sobre la lucha de clases al Congreso de RI, esto se da en un contexto muy diferente al de la situación al comienzo de la fase de descomposición:
- Mientras que 1989 podía presentarse como la derrota del comunismo y la victoria del capitalismo, la pandemia no puede presentarse como una justificación de la superioridad del sistema actual. Por el contrario, a pesar de todas las mistificaciones que rodean los orígenes y la naturaleza de la pandemia, ésta proporciona una prueba más de que el sistema capitalista se ha convertido en un peligro para la humanidad, aunque por el momento sólo una pequeña minoría lo haya entendido claramente;
- Si bien los acontecimientos de 1989 fueron un golpe para la combatividad y la conciencia de clase, y el desarrollo de la descomposición ha tendido a agravar la pérdida de identidad de clase, la pandemia se ha producido en el contexto de un cierto renacimiento de la lucha de clases: la voluntad de la burguesía de sacrificar la salud y la vida en aras del beneficio, así como su caótica gestión de la pandemia, tiende a provocar la conciencia de que no estamos "todos juntos en esto", que la clase obrera y los pobres son las principales víctimas de la pandemia y de la negligencia criminal de la clase dominante.
Pero todos estos "pluses" se suman a 30 años de descomposición, un periodo en el que el tiempo ya no está del lado del proletariado, que sigue sufriendo las heridas acumuladas infligidas por una sociedad que se pudre. En algunos aspectos, estaríamos de acuerdo en que la situación es "peor" que en los años 80. Pero fracasaríamos en nuestra tarea como minoría revolucionaria si ignoráramos las señales que indican un renacimiento de la lucha de clases, de un movimiento proletario que contiene la posibilidad de evitar que la sociedad se hunda definitivamente en el abismo.
1 ´Ver La renovación de la Izquierda Comunista: uno de los aportes clave de Mayo 68 https://es.internationalism.org/content/4344/la-renovacion-de-la-izquierda-comunista-uno-de-los-aportes-clave-de-mayo-68 [43]
2 Resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases (2019) Revista Internacional nº 164 https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019 [10]
3 Ver Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole [26]
4 En su primer artículo en el que expone sus desacuerdos con las resoluciones del 23º Congreso sobre la situación internacional, el camarada S. sostiene que la resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases muestra que la CCI abandona su punto de vista de que la incapacidad del proletariado para desarrollar su perspectiva revolucionaria en el período 1968-89 fue una causa principal de la fase de descomposición. En nuestra respuesta ya hemos subrayado lo que repetimos en este informe: la resolución sobre la relación de fuerzas entre las clases sitúa la cuestión de la politización -es decir, el desarrollo de una alternativa proletaria para el futuro de la sociedad- en el centro mismo de su comprensión del actual impasse entre las dos grandes clases. Es cierto que la resolución podría haber sido más explícita sobre el hecho de que el estancamiento es producto no sólo de la incapacidad de la burguesía para movilizar a la sociedad para la guerra mundial, sino también de la incapacidad de la clase obrera -especialmente de sus batallones centrales tras la huelga de masas polaca- para comprender y asumir los objetivos políticos de su lucha. Creemos que este punto -que es simplemente el elemento básico de nuestro análisis de la descomposición- fue aclarado en nuestra respuesta publicada a S. Ver Divergencias con la Resolución sobre la situación internacional en el 23º Congreso de la CCI https://es.internationalism.org/content/4658/divergencias-con-la-resolucion-sobre-la-situacion-internacional-en-el-23o-congreso-de [14]
5 Miseria de la filosofía, 1847
6 Huelga de masas, partido y sindicatos, 1906
7 Contribución (J.) en el boletín interno internacional en 2011
8 "Revueltas sociales en África del Norte y Oriente Medio, desastre nuclear en Japón, guerra en Libia: sólo la revolución proletaria puede salvar a la humanidad del desastre del capitalismo", Revista Internacional nº 145 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3089/revueltas-sociales-en-el-magreb-y-oriente-medio-catastrofe-nuclear [44] . La resolución del 21º Congreso sigue teniendo un enfoque ambiguo en cuanto a los movimientos en Oriente Medio como "marcados por el interclasismo"
9 "¿Qué está pasando en Oriente Medio?", Revista Internacional 145 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3088/que-esta-pasando-en-el-magreb-y-oriente-medio [45]
10 Ídem. Citado en nota 8
11 Ver El proletariado de Europa Occidental en una posición central de la generalización de la lucha de clases https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/855/el-proletariado-de-europa-occidental-en-una-posicion-central-de-la- [46]
12"La metáfora de los 5 cursos:
- 1. los movimientos sociales de la juventud precaria, desempleada o todavía estudiante, empezando por la lucha contra el CPE en Francia en 2006, continuando con las revueltas juveniles en Grecia en 2008 y culminando con los movimientos de los Indignados y Occupy en 2011 ;
- 2. movimientos masivos pero muy bien supervisados por la burguesía que había preparado el terreno de antemano, como en Francia en 2007, en Francia y en Gran Bretaña en 2010, en Grecia en 2010-2012, etc;
- 3. movimientos bajo el peso del interclasismo como en Túnez y Egipto en 2011;
- 4. las semillas de huelgas masivas en Egipto en 2007, Vigo (España) en 2006, China en 2009;
- 5. la continuación de movimientos en fábricas o sectores industriales localizados pero que contienen semillas prometedoras como Lindsay en 2009, Teckel en 2010, electricistas en Gran Bretaña en 2011.
Estos 5 cursos pertenecen a la clase obrera porque a pesar de sus diferencias, cada uno expresa a su nivel el esfuerzo del proletariado por encontrarse a sí mismo a pesar de las dificultades y los obstáculos sembrados por la burguesía; cada uno a su nivel ha llevado una dinámica de investigación, de clarificación, de preparación del terreno social. A diferentes niveles, forman parte de la búsqueda de "la palabra que nos llevará al socialismo" (como escribió Rosa Luxemburgo al hablar de los consejos obreros) mediante asambleas generales. (Resolución sobre la situación internacional, 20º Congreso de la CCI, Revista Internacional 152 https://es.internationalism.org/content/3965/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2013 [47] ).
13"Movimiento de los indignados en España, Grecia e Israel: de la indignación a la preparación de las luchas de clase", Revista Internacional 147 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201111/3264/movimiento-de-indignados-en-espana-grecia-e-israel-de-la-indignaci [48]
14 Como indica el título del artículo de la RI 147, los movimientos en Grecia e Israel en 2011 (pero también las protestas en Turquía y Brasil en 2013) han sido analizados de forma muy similar a los Indignados en España. Por lo tanto, es necesario hacer una revisión crítica de todos nuestros artículos de este periodo
15 Una cuestión que hay que reexaminar es también la existencia de ambigüedades y confusiones sobre el impacto positivo de las revueltas del hambre en el desarrollo de la conciencia de clase (cf. Crisis alimentaria, revueltas del hambre - Sólo la lucha de clases del proletariado...; Revista International No. 134 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200808/2340/crisis-alimentaria-revueltas-del-hambre-solo-la-lucha-de-clases-de [49] ).
16 El capítulo "Luchas contra la economía de guerra en Oriente Medio" del informe sobre la lucha de clases del 23º Congreso de la CCI (ver Informe sobre la lucha de clases: Formación, pérdida y reconquista de la identidad de clase proletaria 2019 https://es.internationalism.org/content/4452/informe-sobre-la-lucha-de-clases-formacion-perdida-y-reconquista-de-la-identidad-de [50] ) no ha sido discutido en profundidad. El informe habla de la existencia de movimientos proletarios en varios países, y es necesario reevaluar estos movimientos sobre una base más sólida y profunda, tratando de situar el análisis de estos movimientos en el marco de la crítica del eslabón más débil, así como en el contexto de la descomposición (lo que el informe no parece hacer explícitamente, adoptando el enfoque aplicado a los movimientos de 2011) para examinar la naturaleza de estos movimientos y sus fortalezas y debilidades.
17 Ver Protestas en Israel: “¡Mubarak, Assad, Netanyahu son lo mismo!” https://es.internationalism.org/cci-online/201108/3185/protestas-en-israel-mubarak-assad-netanyahu-son-lo-mismo [51] . El pasaje es citado en el artículo antes comentado de la Revista Internacional 137
18 "El hecho de que no sean movimientos específicamente proletarios los hace ciertamente vulnerables a las mistificaciones en torno a la política de identidad y al reformismo, y a la manipulación directa por parte de las facciones democráticas y de izquierda burguesas”.
19Covid-19: A pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases forja su futuro https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro [30]
20 Gran Bretaña: Las protestas en el sector sanitario ponen en duda la unidad nacional https://es.internationalism.org/content/4613/gran-bretana-las-protestas-en-el-sector-sanitario-ponen-en-duda-la-unidad-nacional [52]
21 Ver Asalto del Capitolio en Washington: Los Estados Unidos en el centro de la descomposición mundial del capitalismo https://es.internationalism.org/content/4635/asalto-del-capitolio-en-washington-los-estados-unidos-en-el-centro-de-la-descomposicion [24]
22 Ver Divergencias con la Resolución sobre la situación internacional en el 23º Congreso de la CCI https://es.internationalism.org/content/4658/divergencias-con-la-resolucion-sobre-la-situacion-internacional-en-el-23o-congreso-de [14]
23 Para la historia de nuestro camarada, antiguo miembro del Bilan y de la Gauche Communiste de France, miembro fundador de la CCI fallecido en 1990, véanse nuestros artículos "MARC: de la revolución de octubre de 1917 a la segunda guerra mundial" (https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1053/marc-de-la-revolucion-de-octubre-1917-a-la-ii-guerra-mundial [17] ) y "MARC: II - de la segunda guerra mundial a la época actual" (https://es.internationalism.org/content/4663/marc-parte-2-de-la-segunda-guerra-mundial-la-actualidad [16] ) en los números 65 y 66 de la Revista Internacional
24 "Respuesta a la CWO: Sobre la maduración subterránea de la conciencia de clase"; Revista Internacional nº 43
25 La cultura del debate: un arma de la lucha de clases https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2088/la-cultura-del-debate-un-arma-de-la-lucha-de-la-clase [53]
26 Como se señaló en un debate en una reunión del órgano central de la CCI en 2021, no se puede acusar a la CCI de descuidar el esfuerzo por profundizar en el programa comunista. La existencia de treinta años de publicaciones sobre el comunismo demuestra que no partimos de cero...
27No entraremos aquí en estas discusiones, salvo para decir que parecen basarse en una subestimación tanto de las importantes luchas que tuvieron lugar después de 1985, donde el desafío a los sindicatos en países como Francia e Italia obligó a la clase dominante a radicalizar su aparato sindical, como, sobre todo, una subestimación del impacto del colapso del bloque del Este en la combatividad y la conciencia de clase
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Este informe se sitúa en continuidad con el informe aprobado por el 24º Congreso de la Revolución Internacional1. En este informe se tratan adecuadamente varios aspectos, especialmente las medidas adoptadas en el ámbito económico frente a la pandemia, la violenta incursión de la descomposición en la esfera económica, el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores que se está convirtiendo en una auténtica pesadilla. No profundizaremos en estos elementos, sino que nos centraremos en la perspectiva: ¿hacia dónde se dirige la economía mundial tras el gran cataclismo que se ha desatado con la pandemia?
El informe sobre la crisis económica aprobado por el 23º Congreso decíamos: "Debemos considerar la posibilidad de que se produzcan importantes perturbaciones en la economía mundial para 2019-2020. Los factores negativos se acumulan: una deuda cada vez más incontrolable; la escalada de la guerra comercial; las fuertes devaluaciones de los activos financieros sobrevalorados; la economía alemana se contrajo un -0,1% en el tercer trimestre de 2018; la economía china ha caído a su ritmo más lento en una década”.
Para 2020, el Banco Mundial ha registrado un descenso global de la producción del 5,2%, un 7% para las 23 mayores economías del mundo y un 2,5% para las "economías en desarrollo". Según el Banco Mundial, el descenso de la producción es el peor desde 1945 y "por primera vez desde 1870, un número sin precedentes de países experimentará un descenso de la producción per cápita"2[2]. Un fenómeno muy importante es la caída del comercio mundial. Un indicador es el descenso del comercio marítimo mundial, que cayó un 10% en 2020. Pero, paradójicamente, "los precios de los contenedores se han cuadruplicado de media en los dos últimos meses. Desde unos 1.500 dólares hasta casi 5.000 dólares. Y en algunos casos, ha llegado incluso a los 12.000 dólares. Esto se debe a que países como China están utilizando sus barcos y contenedores para su propio uso, sacándolos del tráfico mundial”3.
Para 2021 se espera un repunte de la economía mundial, siempre que la pandemia sea derrotada antes de junio de 2021, de lo contrario las previsiones son mucho más pesimistas. Habrá aumentos febriles del crecimiento, pero más allá de eso, las previsiones más serias apuntan a una estabilización de la economía mundial a partir de 2023. La experiencia de la recuperación posterior a 2008 es que ha tardado en afianzarse (a partir de 2013), ha sido bastante anémica y en 2018 ha dado muestras de agotamiento. Como veremos a lo largo de este informe, las condiciones actuales de la economía mundial son mucho peores que las de 2008 y, más que hacer predicciones, lo importante es comprender este importante deterioro.
En primer lugar, los "expertos" dan una imagen engañosa de los efectos de la crisis pandémica en la economía. Suponen que dicha crisis no tendrá efectos irreversibles en el sistema económico y que la economía se recuperará hasta un nivel superior al del periodo anterior. Tal suposición subestima el importante y prolongado deterioro del tejido productivo, financiero y comercial, que la crisis pandémica está provocando y que es bastante profundo. Se calcula que el 30% de las empresas podrían desaparecer definitivamente en los países de la OCDE. Estamos ante más de 100 años de decadencia capitalista, con una economía distorsionada por la economía de guerra y los efectos de la destrucción del medio ambiente, profundamente alterada en sus mecanismos de reproducción por la deuda y la manipulación estatal, erosionada por las pandemias y cada vez más afectada por los efectos de la decadencia. En estas condiciones, es ilusorio pensar que la economía se recuperará sin sobresaltos.
En segundo lugar, la profunda debilidad de la proclamada "recuperación" de 2013 - 2018 ya presagiaba la situación actual. Aparte de Estados Unidos, China y, en menor medida, Alemania, la producción de todos los principales países del mundo se ha estancado o ha disminuido (según las estimaciones del Banco Mundial), algo que no ocurría desde la Segunda Guerra Mundial.
Ya en el 22º Congreso4 constatamos el creciente impacto de los efectos de la descomposición en el terreno económico y, en particular, en la gestión capitalista estatal de la crisis. Fuimos conscientes de esta tendencia en el informe sobre la crisis económica adoptado por el 23º Congreso que señalaba esta irrupción de la descomposición como uno de los principales factores de la evolución de la situación económica y, finalmente, el informe sobre la crisis adoptado por el 24º Congreso de "Revolución Internacional" profundizó en este análisis de la pandemia como resultado de la descomposición y también del agravamiento de la crisis económica pero, al mismo tiempo, como un poderoso factor de aceleración de la misma.
Es importante subrayar nuestro planteamiento de la cuestión: una de las características de la decadencia es que el sistema capitalista intenta extender todas las posibilidades contenidas en sus relaciones de producción hasta sus límites extremos, incluso a riesgo de violar sus propias leyes económicas. Así, "una de las principales contradicciones del capitalismo es la que surge del conflicto entre el carácter cada vez más global de la producción y la estructura necesariamente nacional del capital. Al llevar al límite las posibilidades de "asociación" de las naciones en el plano económico, financiero y productivo, el capitalismo ha obtenido un importante "soplo de aire fresco" en su lucha contra la crisis que lo corroe, pero al mismo tiempo se ha puesto en una situación de riesgo" (Informe del 23º Congreso). Esta "situación de riesgo" ha demostrado sus graves consecuencias ligadas al impacto de la descomposición en el terreno económico, especialmente durante los últimos cinco años de la década de 2010.
La pandemia representa una aceleración de la decadencia y, al mismo tiempo, una profundización de esta. El informe sobre la crisis económica se centra en esta realidad fundamental. La resolución sobre la situación en Francia destaca este eje central: "En 2008, durante la "crisis de las subprime", la burguesía fue capaz de reaccionar de forma coordinada a escala internacional. Los famosos G7, G8, G20 simbolizan esta capacidad de los Estados para ponerse de acuerdo como mínimo para intentar responder a la "crisis de la deuda". Doce años después, la división, la "guerra de las máscaras" y luego la "guerra de las vacunas", la cacofonía en las decisiones de cierre de fronteras contra la propagación del Covid-19, la ausencia de una acción concertada a escala internacional (aparte de Europa, que se esfuerza por protegerse de sus competidores) para limitar el colapso económico, todo ello apunta al avance del "sálvese quien pueda" y a la inmersión de las más altas esferas políticas del capitalismo en una gestión cada vez más irracional del sistema. Esta tendencia es particularmente fuerte en Estados Unidos, donde una larga tendencia al declive económico se combina con una profundización sin precedentes de la descomposición de su aparato político y su tejido social.
De todas formas, sería un error pensar que esta tendencia se limita a Estados Unidos. En Europa, Alemania parece haber reaccionado, pero las tensiones en el seno de la UE son cada vez más evidentes y la conmoción del Brexit tendrá consecuencias que aún no son visibles. La "estabilidad" de China es más aparente que real.
Por lo tanto, podemos decir que los efectos de la ruptura en la esfera económica y en la gestión estatal de la economía están destinados a durar y tendrán una influencia cada vez más fuerte en la evolución económica. Es cierto que la burguesía pondrá en marcha contra tendencias (por ejemplo, los acuerdos de la UE sobre mutualización parcial de la deuda o la anulación por parte de Biden de algunas de las medidas adoptadas por Trump). Sin embargo, más allá de los frenos o retrocesos, el peso de la descomposición en la economía y en la gestión estatal de ésta aumentará con consecuencias difíciles de predecir en este momento. Más que intentar hacer predicciones, debemos seguir de cerca la evolución de los acontecimientos y sacar conclusiones dentro del marco general que hemos establecido.
Con la respuesta que el capital de la mayoría de los países se ha visto obligado a dar a la pandemia (los confinamientos que aún no han terminado), se ha producido una de las peores recesiones de la historia.
Para evitar un colapso generalizado, la burguesía se vio obligada a inyectar miles de millones. Esto le permitió "capear el temporal"5. ¿Y cómo se llevará a cabo esta complicada operación?
Podemos decir que será mucho peor que en 2008, que implicará una violenta dosis de austeridad y que la economía mundial estará en un estado mucho peor, con menos capacidad de recuperación, caos y grandes convulsiones.
Cinco factores expresan y a la vez agravan, este contexto económico mundial muy desfavorable:
- El creciente peso de la decadencia en la economía y el capitalismo de Estado;
- China ya no podrá actuar como locomotora, ofreciendo un salvavidas, como hizo en respuesta a 2008;
- La catástrofe medioambiental;
- El peso de la economía de guerra;
- El peso aplastante de la deuda.
Con la pandemia, hemos asistido a una respuesta caótica e irracional por parte de los Estados, empezando por los más grandes y poderosos. La OMS fue ignorada por todos los Estados, impidiendo una necesaria estrategia internacional basada al máximo en criterios científicos. Cada Estado trató de cerrar su economía lo más tarde posible para no perder sus ventajas competitivas e imperialistas sobre sus rivales; Las economías que se reabrieron para obtener una ventaja sobre los rivales, y los cierres provocados por el agravamiento de la pandemia, se vieron atrapados por la contradicción entre la necesidad de mantener y aumentar la producción frente a los rivales, por un lado, y la necesidad de evitar que el aparato productivo y la cohesión social se vieran afectados por nuevas oleadas de contagio, por otro.
La guerra de las mascarillas fue un espectáculo degradante6: Estados considerados "serios", como Francia o Alemania, robaban abiertamente los envíos de máscaras destinados a otros países. Lo mismo ocurría con equipos médicos, como los aparatos de respiración, el oxígeno, el equipo de protección personal, etc.
En el contexto de la actual guerra de las vacunas, su fabricación, distribución y las propias vacunas son indicadores del creciente desorden de la economía mundial.
En el campo de la investigación y la fabricación de vacunas, hemos asistido a una caótica carrera entre estados que compiten ferozmente. Gran Bretaña, China, Rusia, Estados Unidos... han corrido contra reloj para ser los primeros en tener la vacuna. No hubo coordinación internacional. Las vacunas se probaron en un tiempo récord, sin ninguna garantía real de eficacia.
La distribución es igualmente caótica. El conflicto entre la UE y la empresa británica Astra Zeneca es un ejemplo de ello. Los países más ricos han dejado desprotegidos a los más pobres. Israel ha vacunado a sus ciudadanos mientras ha descuidado a los palestinos. Rusia utiliza una propaganda engañosa para presentar su vacuna como la mejor. Esto es una prueba de que la vacuna está siendo utilizada como un instrumento de influencia imperialista. Rusia y China no lo ocultan y proclaman abiertamente que ofrecerán precios más bajos a los países que cumplan con sus exigencias económicas, políticas y militares.
Por último, la forma de vacunar a la población es realmente inquietante por su desorganización e indisciplina. En Francia, Alemania, España, Italia, por citar sólo algunos países, hay un desabastecimiento constante, retrasos en la vacunación incluso en los grupos identificados como prioritarios (personal sanitario, personas mayores de 65 años). Los planes de vacunación se han retrasado repetidamente. A menudo se administra la primera dosis y la segunda se retrasa indefinidamente, anulando la eficacia de la vacuna. Dirigentes, políticos, empresarios, militares, etc., se han saltado la lista de grupos prioritarios y se han vacunado primero.
Este espectáculo degradante en torno a las vacunas7 nos muestra una tendencia creciente del capitalismo a socavar la capacidad de "cooperación internacional" que había logrado mitigar la crisis económica en el período 1990-2008. El capitalismo se basa en la competencia a muerte -y este rasgo constitutivo del capitalismo no desapareció en el apogeo de la "globalización"-, pero lo que vemos hoy es una competencia exacerbada, que toma como campo de acción algo tan sensible como la salud y las epidemias. Si en el período ascendente del capitalismo, la competencia entre capitales y entre naciones era un factor de expansión y desarrollo del sistema, en la decadencia es, en cambio, un factor de destrucción y caos: destrucción con la barbarie de la guerra imperialista; caos (que incluye también la destrucción y las guerras) especialmente con la irrupción de los efectos de la descomposición en el campo económico y su gestión estatal. Este caos afectará cada vez más a las cadenas de producción y suministro mundiales, a la planificación de la producción y a la capacidad de combatir fenómenos "inesperados" como las pandemias u otras catástrofes.
La repatriación de la producción al país de origen por parte de las multinacionales ya estaba en marcha desde 2017, pero parece haberse acelerado con la pandemia: "Un estudio publicado esta semana por Bank of America sobre 3.000 empresas con una capitalización bursátil total de 22 billones de dólares y ubicadas en 12 grandes sectores mundiales indica que el 80% de estas compañías tienen planes de deslocalización para repatriar parte de su producción del extranjero. Este es el primer punto de inflexión en una tendencia que dura décadas. En los últimos tres años, unas 153 empresas han vuelto a Estados Unidos, mientras que 208 lo han hecho en la UE"8.
¿Son estas medidas irreversibles? ¿Estamos asistiendo al final de la fase de "globalización", es decir, de la producción mundial, altamente interconectada con una división internacional del trabajo, con cadenas de producción, transporte y logística organizadas a escala mundial?
La primera consideración es que la pandemia está durando más de lo previsto. El 28 de septiembre de 2020 se alcanzó la cifra de un millón de muertos; el 15 de enero, menos de tres meses después, se había llegado a los dos millones. Aunque la vacunación está en marcha, la directora científica de la OMS, Soumya Swaminathan, predice que habrá que esperar hasta 2022 para lograr una inmunización razonable de la población en Europa9. Es probable que las perturbaciones e interrupciones de la producción continúen a lo largo de 2021.
En segundo lugar, si nos fijamos en la experiencia histórica, podemos ver que las medidas del capitalismo de Estado que se tomaron en respuesta a la Primera Guerra Mundial no desaparecieron por completo tras el final de la guerra, y 10 años después, con la crisis de 1929, dieron un salto gigantesco, confirmando la correcta predicción del Primer Congreso de la Internacional Comunista: "Todas estas cuestiones fundamentales de la vida económica del mundo ya no están reguladas por la libre competencia, ni siquiera por combinaciones de trusts o consorcios nacionales e internacionales. Han caído bajo el yugo de la tiranía militar para servir de salvaguarda a partir de ahora. Si el sometimiento absoluto del poder político al capital financiero ha llevado a la humanidad a la carnicería imperialista, esta carnicería ha permitido al capital financiero no sólo militarizar al máximo el Estado, sino militarizarse a sí mismo, de modo que sólo puede cumplir sus funciones económicas esenciales a hierro y sangre”10.
Del mismo modo, es probable que se mantengan las medidas adoptadas en respuesta a la pandemia en el frente económico, aunque se produzcan retrocesos parciales.
Lo confirma el hecho de que, desde 2015, como se señala en el informe del 23º Congreso, China, Alemania y Estados Unidos se han movido en esta dirección. Las medidas adoptadas durante la pandemia no hacen sino acentuar una dirección que ya estaba presente en la década de 2010.
Esto queda ilustrado por el hecho de que las principales potencias aún no han coordinado sus respuestas financieras y económicas ante el peligro de quiebra. Mientras que durante la crisis de 2008 hubo muchas reuniones del G8, del G20, etc., hoy en día es evidente que esas reuniones están ausentes11.
Sin embargo, la estructura globalizada de la producción mundial ofrece grandes ventajas a las economías más poderosas, y éstas tomarán medidas para corregir las principales perturbaciones descritas anteriormente. Un ejemplo muy claro: el plan de mutualización de la deuda en la UE beneficia especialmente a Alemania, que consolidará sus exportaciones a España, Italia, etc. Estos países, presentados como "los grandes beneficiarios", serán a la postre los grandes perdedores, ya que su tejido industrial se verá debilitado por la abrumadora competencia de las exportaciones alemanas. De hecho, la mutualización de las deudas ayudará a Alemania a contrarrestar la presencia china en los países del sur de Europa, que se ha fortalecido desde 2013. No asistimos a un desmantelamiento de la globalización, sino a su creciente desarticulación -por ejemplo, a través de la tendencia a la fragmentación en zonas regionales-, a la creciente importancia de las tendencias proteccionistas, a la deslocalización de las zonas de producción, a la multiplicación de las medidas que cada país toma por su cuenta, violando los acuerdos internacionales. En resumen, hay un caos creciente en el funcionamiento de la economía mundial.
Durante el período 2009-2015, China desempeñó un papel fundamental, a través de sus compras e inversiones, en la débil recuperación de la economía mundial tras las graves turbulencias de 2008. Dada la situación actual, ¿puede China volver a desempeñar el papel de locomotora de la economía mundial?
Creemos que esta posibilidad es altamente improbable por al menos 4 razones:
1ª) La situación actual de China es mucho más frágil que entonces: el crecimiento de la producción sigue disminuyendo de forma lenta pero segura; según el FMI, China experimentará su peor crecimiento en 35 años: sólo un 1,2%. Para el PCI - Le Prolétaire "en China, la tasa de paro oficial era del 6% a finales de abril; pero un estudio de una organización china estimaba en la misma fecha que el paro real era del 20,5% (es decir, 70 millones de parados); el estudio fue retirado y la dirección de la organización castigada por las autoridades, pero los economistas occidentales presentan cifras del mismo orden". El nivel de deuda de China es enorme (300% del PIB en 2019); la situación de muchas de sus empresas es muy frágil. Por ejemplo, en China hay un 30% de empresas zombis12, que es el porcentaje más alto del mundo (en Alemania y Francia se estima que es el 10%). Además, las empresas estatales siguen teniendo una gran parte de la economía y estas empresas son las más endeudadas.
2ª) El proyecto de la Ruta de la Seda -un plan de expansión comercial, económica e imperialista en el que participan 60 países13- pretende definir una zona económica global exclusiva de China, con la consiguiente disminución del papel que puede desempeñar en el estímulo del comercio mundial. Los rivales de China, especialmente Estados Unidos, han respondido con una guerra comercial y, en Asia-Oceanía, con el Acuerdo de Asociación Transpacífico que une a 12 países de la zona. Y entre los países que han tenido que endeudarse con China como parte de su participación en el proyecto de la Ruta de la Seda, algunos se han visto más afectados por las consecuencias económicas de la pandemia del Covid-19, lo que ha puesto en peligro su solvencia.
3ª Estos "acuerdos" demuestran que la dinámica que dominará los próximos años -a menos que se produzca un cambio de tendencia, lo que es muy poco probable- no es la de la "cooperación", sino la de una gran fragmentación de la producción mundial en zonas reservadas, bajo control chino, estadounidense o alemán.
4ª La acumulación de deuda, que sirvió para "alimentar" el motor chino después de 2008, ha permitido un crecimiento de dos dígitos en China y también ha creado mercados más grandes en la propia China para muchos exportadores de Estados Unidos, Asia Oriental y Europa. Pero no se dan las condiciones para que se repita. Todos los países se han vuelto más proteccionistas. Además, la mano de obra china, que solía recibir algunos de los salarios más bajos, ha recibido sueldos más altos, lo que ha provocado grandes transferencias de puestos de trabajo de China a otros países cada vez más baratos (Sudeste Asiático, África).
El proceso de destrucción ecológica (devastación y contaminación del medio ambiente y los recursos naturales) no es nuevo. La guerra imperialista y la economía de guerra han contribuido en gran medida a este proceso. Sin embargo, la cuestión es hasta qué punto este proceso ha influido negativamente en la economía capitalista al dificultar la acumulación.
En el marco de este informe, no podemos dar una respuesta elaborada. Sin embargo, es probable que, a consecuencia de las crecientes dificultades de colaboración entre países, las maniobras nacionalistas de cada estado etc., ... la destrucción ecológica tenga un impacto cada vez más negativo en la reproducción del capital y contribuya a que los momentos de recuperación económica en el próximo período sean mucho más débiles e inestables que en el pasado.
Se calcula que la contaminación atmosférica mata a 7 millones de personas cada año y que el consumo de agua contaminada provoca 485.000 muertes al año14.
Durante el siglo XX, 260 millones de personas murieron a causa de la contaminación del aire interior en el Tercer Mundo, aproximadamente el doble del número de víctimas de todas las guerras del siglo. Esta cifra es más de 4 veces superior al número de muertes por contaminación del aire exterior15.
Los fenómenos meteorológicos extremos, la extinción masiva de especies, la disminución de los rendimientos agrícolas y el aire y el agua tóxicos ya están perjudicando a la economía mundial, y sólo la contaminación cuesta 4,6 billones de dólares al año16.
Incluso la protección de las ciudades a lo largo de la costa costará tanto, si no más, que todos los planes de rescate que hubo que adoptar para la pandemia del Covid-19. Las implicaciones económicas de este caos son reales. El impacto de este proceso autodestructivo es asombroso. Se calcula que, si el cambio climático aumenta la temperatura en 4ºC, el PIB mundial caerá un 30% respecto a los niveles de 2010, ya que la caída durante la depresión de los años 30 fue del 26,7% (la caída actual será permanente). Podrían perderse 1.200 millones de empleos. Estas cifras no tienen en cuenta el agravamiento de la crisis económica ni el impacto del COVID.
Todos estos daños se ven considerablemente agravados por la crisis de la COVID, aunque habrá que esperar para evaluar su impacto. En efecto, la crisis ilustra claramente las consecuencias económicas de la destrucción ecológica: "La colonización de los espacios naturales y el contacto del hombre con los animales reservorios de virus y agentes patógenos es el primer eslabón de la cadena que explica las pandemias. La destrucción de los hábitats forestales en los trópicos permite la transmisión a los humanos de muchos patógenos que antes estaban confinados en zonas inaccesibles. Las personas se encuentran con especies con las que antes no estaban relacionadas, lo que aumenta el riesgo de contagio de enfermedades transmitidas por animales. Los mercados de animales, el transporte y la globalización los difunden"17.
Instituciones como el Banco Mundial advierten claramente de las consecuencias de la destrucción ecológica, por ejemplo, en lo que respecta a la expansión de la pobreza: "Según nuevas estimaciones, el cambio climático podría empujar a la pobreza a entre 68 y 135 millones de personas en 2030. Supone una amenaza especialmente grave para los países del África subsahariana y el sur de Asia, donde se concentra la mayor parte de los pobres del mundo. En varios países, como Nepal, Camerún, Liberia y la República Centroafricana, una gran proporción de los pobres vive en zonas afectadas por conflictos y muy propensas a las inundaciones”18.
El colapso de la cooperación internacional en torno a la pandemia del COVID es un anticipo de la actitud de sálvese quien pueda que prevalecerá ante el cambio climático. La mayor competencia entre países resultante de la COVID no puede sino acelerar esta dinámica. La capacidad del capitalismo para limitar el aumento de la temperatura global se está debilitando.
- “Juntos, una acción rápida contra el aumento de las temperaturas y un compromiso renovado con la globalización permitirían a la economía mundial alcanzar una producción de 185 billones de dólares en 2050. Si se retrasan las medidas para reducir las emisiones de carbono y se permite que se debiliten los vínculos transfronterizos, podría llegar a los 149 billones de dólares, lo que equivaldría a decir adiós a todo el PIB de Estados Unidos y China el año pasado”19.
La contradicción entre los intereses de la nación capitalista, y del sistema capitalista en su conjunto, y el futuro de la humanidad no puede ser más clara. Si se toman medidas suficientes contra el cambio climático, las tensiones imperialistas y económicas se intensificarán cualitativamente con el ascenso de China como la mayor economía del mundo. Si no se toman medidas, la economía mundial se contraerá un 30% con todas las consecuencias que ello conlleva.
Esto sólo puede aumentar exponencialmente la destrucción del medio ambiente por parte del capitalismo y preparar el terreno para nuevas pandemias a medida que se desarrollen las condiciones para ello, como muestran varias contribuciones en nuestros boletines internos internacionales20.
La economía de guerra, como nos recuerda Internationalisme (Gauche Communiste de France), es un peso muerto para la economía mundial21. A pesar de la clara posición de nuestro texto de orientación Militarismo y Descomposición22, algunos camaradas han tendido a pensar que con la descomposición el gasto en armamento tendería a reducirse y no tendría el enorme impacto que tuvo en la época de la Guerra Fría (1945-89). Esta opinión es errónea, como señala el informe aprobado por el 23º Congreso. "El gasto militar mundial experimentó -en 2019- su mayor aumento en una década. Durante 2019, el gasto militar alcanzó los 1,9 billones de dólares (1,8 billones de euros) en todo el mundo, un aumento del 3,6% en un año, el mayor desde 2010. "El gasto militar ha alcanzado su nivel más alto desde el final de la Guerra Fría", dijo Nan Tian, investigador del SIPRI"23.
La necesidad de hacer frente a la COVID no ha frenado el rearme. El presupuesto de la Bundeswehr se incrementa en un 2,85% para 2021, España aumenta su gasto militar en un 4,7%, Francia en un 4,5%, mientras que el Reino Unido lo hace en otros 18.500 millones de euros24.
En Estados Unidos, avivando la histeria anti china, el Senado aprobó un aumento astronómico del gasto militar hasta los 740.000 millones de dólares en 2021. En Japón, "el primer ministro Yoshihide Suga aprobó el lunes el noveno aumento consecutivo del presupuesto militar, estableciendo un nuevo máximo histórico de 5,34 billones de yenes (unos 51.700 millones de dólares), un aumento del 1,1% respecto al presupuesto del año anterior”25.
"Las guerras de Estados Unidos en Afganistán, Irak, Siria y Pakistán han costado a los contribuyentes estadounidenses 6,4 billones de dólares desde que comenzaron en 2001. Este total es 2 billones de dólares más que todo el gasto del gobierno federal en el año fiscal que acaba de terminar”26.
No hay datos disponibles sobre China para 2021, pero el gasto militar aparentemente aumentó menos en 2020 que en 2019. Sin embargo, "el Ejército Popular de Liberación logró dos grandes hitos, al presentar su primer portaaviones 100% autóctono y su primer misil balístico intercontinental capaz de llegar a Estados Unidos. China también construyó su primera base militar en el extranjero en Yibuti en 2017. Pekín también está diseñando una nueva generación de destructores y misiles para reforzar su capacidad de disuasión frente a sus vecinos asiáticos y a la marina estadounidense"27.
Rusia ha aumentado drásticamente su gasto militar en el trienio 2018-2021, Australia "ha puesto en marcha un ambicioso programa naval en los últimos dos años para crear una armada de doce nuevos submarinos que construirá el astillero francés DCNS, nueve fragatas, dos buques logísticos y doce patrulleras; también recibirá 72 aviones de combate F-35 estadounidenses de Lockheed Martin para 2020. Las autoridades australianas prevén incluso duplicar su presupuesto en una década hasta alcanzar los 21.000 millones de dólares anuales (...) [Los países escandinavos] ven cada vez menos ficticias las amenazas rusas a su espacio aéreo y en el Ártico, y en el caso de Suecia se ha anunciado la reintroducción del servicio militar obligatorio y un aumento significativo del presupuesto de defensa"28.
Este repaso a la sangrienta jungla del gasto militar muestra que la economía de guerra y el armamento, más allá del impulso inicial que puedan dar, acabarán siendo una carga cada vez más pesada para el conjunto de la economía mundial, y es de esperar que contribuyan a la tendencia a hacer más frágil y convulsa la recuperación económica que el capitalismo busca para el periodo post-COVID29.
En 1948, el Plan Marshall supuso un total de 8.000 millones de dólares en préstamos; el Plan Brady para rescatar las economías sudamericanas en 1985 supuso 50.000 millones de dólares; el gasto para salir del atolladero de 2008 alcanzó la asombrosa cifra de 750.000 millones de dólares.
Las cifras actuales convierten en calderilla esas anteriores inyecciones en la economía. La UE ha programado préstamos por 750.000 millones de euros. En Alemania, "el gobierno está desplegando el mayor paquete de ayudas de la historia de la República Federal. Para financiar este programa, la Federación contraerá nuevos préstamos por un total de unos 156.000 millones de euros"30. Biden propuso al Congreso un paquete de apoyo y estímulo económico de 1,9 billones de dólares. Se calcula que el estímulo total que fluirá en la economía estadounidense en 2020 será de 4 billones de dólares.
La deuda mundial en el tercer trimestre de 2020 era de 229 billones de euros, o el 365% del PIB mundial (un récord histórico). Esta deuda alcanza el 382% en los países industrializados. Según el Instituto de Finanzas Internacionales, esta escalada se ha acelerado desde 2016 con un incremento en los últimos 4 años de 44 billones de euros. Es en este contexto donde debemos abordar las consecuencias de la actual escalada de la deuda mundial.
La acumulación de capital (la reproducción ampliada definida por Marx) tiene como base de desarrollo los mercados extra capitalistas y las zonas aún no integradas plenamente en el capitalismo. Si ambos se reducen, la única salida para el capital, organizado por el Estado, es el endeudamiento, que consiste en arrojar sumas cada vez mayores a la economía como anticipo de la producción esperada de los años venideros.
Si este recurso al endeudamiento no provoca -hasta ahora- choques inflacionistas en las principales economías es por tres razones:
- 1ª La tendencia deflacionaria que afecta a la economía mundial desde 2008.
- 2ª La sobrevaloración de los activos de las empresas e incluso de los gobiernos se ha hecho crónica y ha degradado las cifras económicas que han dejado de ser fiables durante décadas.
- 3ª Tipos de interés cero o incluso negativos.
Uno de los factores que permitió al capital global amortiguar los efectos inflacionarios y desestabilizadores de la deuda fue la coordinación internacional de las políticas monetarias, un cierto grado de coordinación y organización de las transacciones financieras a escala mundial. Si este factor empieza a fallar y prevalece el "sálvese quien pueda", ¿qué consecuencias podríamos esperar?
El capitalismo tiene deudas equivalentes a tres años y medio de producción mundial. ¿Es una cifra insignificante que podría estirarse hasta el infinito? No, en absoluto. Esta gigantesca gangrena es el caldo de cultivo no sólo de los disparatados arrebatos especulativos que se han institucionalizado en el indescifrable laberinto de las transacciones financieras, sino también de las crisis monetarias, de las gigantescas quiebras empresariales y bancarias, e incluso de la quiebra de grandes Estados. Lógicamente, este proceso implica que el mercado interior de capitales no puede crecer infinitamente, aunque no exista un límite fijo para ello. Es en este contexto donde la crisis de sobreproducción en su fase actual de desarrollo plantea un problema de rentabilidad para el capitalismo. Se estima que alrededor del 20% de las fuerzas productivas del mundo están sin utilizar. La sobreproducción de medios de producción es especialmente visible y afecta a Europa, Estados Unidos, India, Japón, etc.31.
Desde 1985, cuando Estados Unidos abandonó su posición de acreedor y se convirtió en uno de los mayores deudores, la economía mundial sufre una situación aberrante: prácticamente todos los países están endeudados, los mayores acreedores son a su vez los mayores deudores, y todo el mundo lo sabe. Ahora, tras décadas de enormes deudas, estos recientes rescates han superado todas las intervenciones anteriores. Sin embargo, debido al actual nivel de endeudamiento de todos los grandes actores, el riesgo de "detonaciones"/avalanchas de la deuda está aumentando. La actual situación de "tipos de interés cero" sigue facilitando la política de aumento de la carga de la deuda, pero -dejando de lado todos los demás factores- si los tipos de interés suben, las consecuencias, por ejemplo, a nivel de la inflación, pueden ser graves.
El repentino cese de la producción tiene consecuencias. En primer lugar, China y Alemania, así como otros grandes países productores, se quedarán con un enorme exceso de capacidad de producción que no podrá ser compensado inmediatamente. En general, el sector de la maquinaria, la electrónica, la informática, el suministro de materias primas, el transporte, etc., se quedarán con enormes existencias y la recuperación de la demanda será lenta.
Aunque sin duda habrá momentos de recuperación de la producción (que serán aplaudidos con entusiasmo por la propaganda capitalista) y aunque habrá contra tendencias que activarán los sectores más inteligentes del capital, lo que es indiscutible es que la economía mundial se verá sacudida y debilitada durante la próxima década.
A lo largo del último medio siglo, el capitalismo ha demostrado su capacidad para "seguir adelante" frente a las numerosas convulsiones que ha sufrido (1975, 1987, 1998, 2008). Sin embargo, las condiciones globales que acabamos de analizar nos permiten argumentar que esta capacidad se ha debilitado considerablemente. No habrá -como esperan los consejistas y los bordiguistas- un Gran Colapso Final pero, al ser el núcleo de la economía mundial el que está fuertemente desestabilizado -en particular Estados Unidos y cada vez más también partes de Europa-, será más difícil coordinar una respuesta a la crisis a nivel internacional, lo que, junto con el peso aplastante de la deuda, proporciona una clara confirmación de la perspectiva esbozada por el informe del 23º Congreso sobre la crisis: "El peso desestabilizador de la deuda sin control; la saturación creciente de los mercados; las dificultades crecientes de la "gestión globalizadora" de la economía mundial provocadas por la irrupción del populismo, pero también la agudización de la competencia y el peso de las enormes inversiones que exige la carrera armamentística; por último, un factor que no hay que descuidar, los efectos cada vez más negativos de la destrucción galopante del medio ambiente y la alteración incontrolada de los equilibrios "naturales" del planeta"
Una de las políticas que los Estados pondrán en marcha para animar la economía son los llamados planes de "economía verde". Estos son impulsados por la necesidad de sustituir la antigua industria pesada y los combustibles fósiles por la electrónica, la informática, la Inteligencia Artificial, los materiales ligeros y las nuevas fuentes de energía que permiten una mayor productividad, menores costes y ahorro de mano de obra. Durante un tiempo, las grandes inversiones necesarias para esa reactivación económica -que también incluirá la producción de armas- podrán impulsar las economías de los países mejor situados en el proceso, pero el fantasma de la sobreproducción seguirá acechando permanentemente a la economía mundial.
El deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores fue muy gradual durante el periodo 1967-80.
Comenzó a acelerarse en la década de 1980, cuando se empezaron a reducir las prestaciones sociales, se produjeron despidos masivos y la precariedad laboral comenzó a imponerse.
En el periodo 1990-2008, el deterioro continuó: los despidos se hicieron regulares y sistemáticos, ningún sector se libró de ello, incluidos los más rentables. También comenzó una crisis de la vivienda. La migración masiva presionó a la baja los salarios y produjo un deterioro de las condiciones de trabajo en los países centrales. Sin embargo, el deterioro de las condiciones de vida en los países centrales siguió siendo gradual y limitado. Hubo algo perverso que enmascaró el declive de las condiciones de vida: el desarrollo del crédito masivo en los hogares de la clase trabajadora.
En el informe aprobado por el 23º Congreso, mostramos la enorme degradación del nivel de vida del proletariado en los países centrales, los grandes recortes en las pensiones, la sanidad, la educación, los servicios sociales, las prestaciones sociales, etc., el aumento del desempleo y, sobre todo, el espectacular desarrollo de la precariedad laboral. En la década de 2010 se ha producido una gran escalada en la degradación de la vida laboral en los países centrales. Los ataques graduales que presenciamos entre 1970 y 2008 comenzaron a acelerarse en la década 2010-2020.
La crisis pandémica ha intensificado los ataques a las condiciones de vida de los trabajadores. En primer lugar, en todos los países, los trabajadores fueron enviados al matadero porque se les obligó a viajar al trabajo en un transporte público abarrotado y se les dejó sin equipo de protección en sus lugares de trabajo (hubo muchas protestas en fábricas, almacenes, etc. al comienzo del cierre por este motivo). No obstante, cabe señalar que los trabajadores sanitarios y los de las residencias de ancianos sufrieron un elevado número de infecciones y muertes. Los trabajadores de la industria alimentaria también se han visto muy afectados32, al igual que los trabajadores agrícolas, la mayoría de los cuales son inmigrantes33.
Los ataques a la clase trabajadora en todos los países, pero especialmente en los países centrales, están claramente en la agenda. El informe de la OIT "COVID-19 y el mundo del trabajo" no se anda con rodeos: "COVID-19 ha creado la crisis más grave jamás registrada por el mundo del trabajo desde la Gran Depresión de los años treinta".
Desempleo. El exceso de capacidad de la industria y la lenta y débil recuperación de la demanda estimularán fuertemente los despidos masivos. Durante el periodo de confinamiento estricto, los enormes subsidios estatales a los parados a tiempo parcial enmascararon la gravedad de la situación de muchos trabajadores que sufrían una drástica reducción de sus ingresos. Sin embargo, una "normalización" gradual del funcionamiento económico conducirá a un mayor deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores, que en muchos casos será irreversible. Según la OIT, las estimaciones mundiales para 2021 oscilan entre una pérdida de 36 millones de puestos de trabajo en el mejor de los casos y 130 millones en el peor34.
Podemos ilustrarlo con un análisis de las sombrías perspectivas de la industria automovilística: "Un experto de la industria automovilística alemana ofreció el siguiente panorama, pronosticando que todos los principales mercados automovilísticos experimentarán una contracción porcentual de dos dígitos. Francia e Italia serán los más afectados, con un descenso del 25% cada uno, España con un 22%, y Alemania, Estados Unidos y México con un 20% cada uno. Para el mayor mercado automovilístico del mundo, China, Dudenhöffer prevé una caída de las ventas de alrededor del 15%. En las fábricas alemanas, de repente hay un exceso de capacidad de 1,3 a 1,7 millones de vehículos. La jornada reducida sólo puede abarcar períodos cortos. Ninguna empresa podría mantener su capacidad de producción ociosa durante años. Por lo tanto, 100.000 de los actuales 830.000 puestos de trabajo en los fabricantes y proveedores de automóviles en Alemania están en riesgo, "bajo supuestos optimistas", escribe Dudenhöffer"35.
Precariedad. La OIT llama a la precariedad "empleo infrautilizado" y calcula que hay 473 millones de trabajadores en todo el mundo en esta condición (2020). El trabajo informal es igualmente importante: "más de 2.000 millones de trabajadores se dedican a actividades económicas que están insuficientemente cubiertas o no están cubiertas en absoluto por las disposiciones formales de la ley o la práctica". Según la OIT, "más de 630 millones de trabajadores en todo el mundo no ganan lo suficiente para salir de la pobreza, ni ellos ni sus familias"36.
Los salarios. La OIT ha calculado que el descenso global de los salarios en todo el mundo será del 8,3% de aquí a 2020. A pesar de las medidas de apoyo de los gobiernos, en 2020 los salarios han caído (según datos de la OIT) un 56,2% en Perú, un 21,3% en Brasil, un 6,9% en Vietnam, un 4,0% en Italia, un 2,9% en el Reino Unido y un 9,3% en Estados Unidos.
El citado informe de la OIT advierte que "la crisis ha tenido efectos especialmente devastadores en muchos grupos y sectores vulnerables de todo el mundo. Los jóvenes, las mujeres, los mal pagados y los poco cualificados tienen menos posibilidades de impulsar la recuperación económica y los riesgos de estigmatización a largo plazo y desplazamiento del mercado laboral son reales para ellos".
El increíble nivel de endeudamiento nacional no puede mantenerse indefinidamente; en algún momento conducirá necesariamente a medidas drásticas de austeridad que afectarán a la educación, la sanidad, las pensiones, los subsidios, las prestaciones sociales, etc.
No se puede esperar nada de la "gestión inteligente" del capitalismo de Estado, sólo austeridad, miseria, caos y ningún futuro. El futuro de la humanidad está en manos del proletariado, su resistencia contra la brutal austeridad, y la politización de esta resistencia será la clave del próximo período.
1 https://es.internationalism.org/content/4629/la-irrupcion-de-la-descomposicion-en-el-terreno-economico-informe-sobre-la-crisis [9]
2 La pandémie de COVID-19 plonge l’économie planétaire dans sa pire récession depuis la Seconde Guerre [56] mondiale
4 Celebrado en 2017. Ver la Resolución sobre la situación internacional que dicho congreso adoptó https://es.internationalism.org/revista-internacional/201711/4256/22-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internacional [58]
5 Las cifras y el análisis de este enorme despliegue de inyecciones monetarias figuran en el informe sobre la crisis económica aprobado por el 24º Congreso de la RI (ver nota 1), por lo que no las repetiremos aquí
6 Ver "Guerra de las mascarillas": la burguesía es una clase de matones https://es.internationalism.org/content/4560/guerra-de-las-mascarillas-la-burguesia-es-una-clase-de-matones [59]
7 Ver Guerra de vacunas: para el capitalismo, la salud es sólo una mercancía https://es.internationalism.org/content/4651/guerra-de-vacunas-para-el-capitalismo-la-salud-es-solo-una-mercancia [60]
9 Al publicar el informe (agosto 2021) la cifra de muertos por COVID es de cuatro millones y medio (Fuente: Universidad Johns Hopkins Baltimore, EE.UU., última actualización de cifras 27 de agosto de 2021) y la OMS ha retrasado la inmunidad de grupo en los países centrales a 2023.
10 https://www.marxists.org/espanol/tematica/internacionales/comintern/4-Primeros3-Inter-2-edic.pdf [62]
11 Biden propuso celebrar una reunión del G10 no para coordinar la economía, sino para aislar a China. La reciente cumbre del G7 propuesta por Gran Bretaña ha tenido un objetivo bélico, la crisis de Afganistán.
12 Se considera una empresa zombi (muerto viviente) aquella cuyos beneficios de explotación no alcanzan a cubrir los intereses generados por sus deudas.
13 Ver La ruta china de la seda hacia la dominación imperialista https://es.internationalism.org/content/4366/la-ruta-china-de-la-seda-hacia-la-dominacion-imperialista [25]
14 Fuente: Britannica [63]
15 Fuente : assessment paper AIR POLLUTION [64]
17 Fuente : LAVANGUARDIA [66] Rapport de l'Agence européenne pour l'environnement
18 LA BANQUE MONDIALE [67]
19 Bloomberg Businessweek [68]
20 "La conquista temeraria por parte del capital de territorios 'salvajes', como ya hemos visto con el ébola [que] tiene que ver con la sed de tierras del sistema capitalista, es decir, con la operación de la renta. La creciente urbanización, la explotación de cada centímetro cuadrado del planeta (...) conduce a una convivencia forzada entre especies. (D.). "En efecto, se tiende a subestimar la medida en que la pandemia es un producto de la dimensión ecológica, otra característica fundamental de la decadencia. La cita de El hilo rojo es interesante: cómo la tendencia a las pandemias está vinculada al intercambio metabólico con la naturaleza (Marx) - que ha alcanzado proporciones distorsionadas a través del desarrollo del capitalismo en la decadencia y la descomposición. La idea de que es casi una catástrofe natural - lleva a las raíces sociales que se han dejado de lado". (B.)
21 Ver Las verdaderas causas de la Segunda Guerra Mundial https://es.internationalism.org/revista-internacional/198910/2140/internationalisme-1945-las-verdaderas-causas-de-la-segunda-guerra- [69]
22 https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [35]
23 Informe del SIPRI 27-4-2020
27 Fuente : EL COMERCIO [73] (Lima)
28 Fuente: ABC Internacional [74]
29 La economía de guerra puede estimular inicialmente la economía. Pero esta estimulación es engañosa, y podemos verlo si miramos a largo plazo. Está el ejemplo de Rusia. Más recientemente, tenemos el caso de Turquía que, tras un espectacular despegue, se encuentra cada vez más debilitada por el peso asfixiante del esfuerzo bélico. Del mismo modo, las economías de Irán y Arabia Saudí, sumidas en una rivalidad extrema, están cada vez más debilitadas
30 Citado en un comunicado de nuestra sección en Alemania, aparecido en nuestro boletín interno internacional.
31 Informe sobre la crisis económica, ver nota 1
32 "La situación en la industria de la carne reveló un panorama similar al de los mataderos de Chicago de hace más de un siglo. De repente, se conocieron las altas tasas de infección entre los trabajadores de los mataderos. Se supo que se trataba de modernos talleres de explotación en Alemania, con mano de obra muy barata procedente de Europa del Este, que vivía en barracones o pisos especialmente deteriorados y hacinados, alquilados por los subcontratistas de los mataderos. Cientos de ellos se infectaron, debido a sus condiciones de trabajo y de vida hacinadas" (comunicado de prensa de Welt-D, nuestra sección en Alemania, en el boletín interno internacional del año 2020).
33 En España, en abril de 2020, los recolectores de fresas, en su mayoría trabajadores de Marruecos y África, intentaron hacer una huelga contra el terrible hacinamiento en sus barracones y el gobierno de coalición de izquierdas envió inmediatamente a la Guardia Civil.
34 Observatoire de l’OIT [75] Le COVID‑19 et le monde du travail. Septième édition
35 Ver nota 32
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Este informe está en consonancia con la resolución sobre la situación internacional adoptada por el 24º Congreso de la CCI1, y más concretamente con los siguientes puntos (subrayado nuestro):
"8. Aunque la progresión de la descomposición capitalista, junto con la agudización caótica de las rivalidades imperialistas, adopta la forma principalmente de fragmentación política y pérdida de control por parte de la clase dominante, esto no significa que la burguesía no pueda seguir recurriendo al totalitarismo estatal en sus esfuerzos por mantener unida la sociedad. (...) La elección de Biden, apoyada por una enorme movilización de los medios de comunicación, de parte del aparato político e incluso de los servicios militares y de seguridad, expresa esta verdadera contra tendencia frente al peligro de desintegración social y política muy claramente encarnada por el trumpismo. A corto plazo, estos "éxitos" pueden funcionar como un freno al creciente caos social. (...)
9. La obviedad de la descomposición política e ideológica de la primera potencia mundial no significa que los demás centros del capitalismo global sean capaces de constituir fortalezas alternativas de estabilidad. (...)
12. En este caótico panorama, no cabe duda de que el creciente enfrentamiento entre Estados Unidos y China tiende a ocupar el centro del escenario. La nueva administración ha demostrado así su compromiso con la "inclinación hacia el Este".”
En este contexto, pretendemos comprender los acontecimientos de los últimos meses para contribuir a la reflexión sobre las tres cuestiones siguientes:
1. ¿En qué punto nos encontramos con respecto al declive de la hegemonía estadounidense?
2. ¿Se ha beneficiado China de los acontecimientos de este periodo?
3. ¿Cuál es la tendencia dominante en los enfrentamientos imperialistas actuales?
"Confirmado como la única superpotencia restante, EE.UU. haría todo lo posible para evitar que cualquier otra superpotencia -de hecho, cualquier otro bloque imperialista- desafíe su "nuevo orden mundial". (Resolución sobre la situación internacional, punto 4, 15º Congreso de la CCI, 2003). La historia de los últimos 30 años se caracteriza por un declive sistemático del liderazgo de Estados Unidos, a pesar de una política persistente para mantener su posición hegemónica en el mundo.
Varias etapas caracterizan los esfuerzos de Estados Unidos por mantener su liderazgo ante la evolución de las amenazas contra su dominio. También están marcadas por las disensiones internas de la burguesía estadounidense sobre la política a seguir y las cuales se acentuarán aún más.
a) El "Nuevo Orden Mundial" bajo el liderazgo de EEUU (Bush padre y Clinton: 1990-2001)
El presidente Bush padre aprovechó la invasión de Kuwait por parte de las fuerzas iraquíes para movilizar una gran coalición militar internacional en torno a Estados Unidos para "castigar" a Saddam Hussein. La primera guerra del Golfo pretendía dar un "ejemplo": ante un mundo cada vez más sumido en el caos y el "sálvese quien pueda", se trataba de imponer un mínimo de orden y disciplina, en primer lugar a los países más importantes del antiguo bloque occidental. La única superpotencia que queda quiere imponer un "nuevo orden mundial" bajo su égida a la "comunidad internacional", porque es la única que tiene los medios para hacerlo, pero también porque es el país que más tiene que perder en el desorden mundial.
Sin embargo, sólo podrá desempeñar este papel encerrando cada vez más al mundo entero en el corsé de acero del militarismo y la barbarie bélica2, como ocurrió en la sangrienta guerra civil de la ex Yugoslavia, donde tendrá que contrarrestar los apetitos imperialistas de los países europeos (Alemania, Gran Bretaña y Francia) imponiendo la "pax americana" en la región bajo su autoridad (Acuerdo de Dayton, diciembre de 1995).
b) Estados Unidos como "sheriff mundial/policía global" (Bush hijo: 2001-2008)
Los atentados de Al Qaeda del 11 de septiembre de 2001 llevaron al presidente Bush hijo a lanzar una "guerra contra el terror" contra Afganistán y, sobre todo, contra Irak en 2003. A pesar de todas las presiones y del uso de "fake news" para movilizar a la "comunidad internacional" detrás de Estados Unidos contra el "eje del mal", Estados Unidos no logró movilizar a los demás imperialismos contra el "estado canalla" de Saddam e invadió Irak casi en solitario con la Inglaterra de Tony Blair como único aliado significativo.
El fracaso de estas intervenciones, subrayado por la retirada de Irak (2011) y Afganistán (2021), ha puesto de manifiesto la incapacidad de Estados Unidos para hacer de "sheriff global" e imponer "su orden" en el mundo. Por el contrario, esta "guerra contra el terror" ha abierto plenamente la caja de Pandora de la descomposición en estas regiones, exacerbando la expansión del sálvese quien pueda que se ha manifestado en particular en la multiplicación sin límites de las ambiciones imperialistas de potencias como China y Rusia, por supuesto Irán, pero también Turquía, Arabia Saudí e incluso los Emiratos del Golfo o Qatar. El creciente estancamiento de la política estadounidense y la aberrante huida hacia la barbarie bélica han puesto de manifiesto el claro debilitamiento de su liderazgo mundial.
El gobierno de Obama ha tratado de reducir el impacto de la catastrófica política de Bush (la ejecución de Bin Laden en 2011 subrayó la absoluta superioridad tecnológica y militar de EEUU) y ha señalado cada vez más claramente el ascenso de China como el principal peligro para la hegemonía estadounidense, lo que ha desencadenado intensos debates en el seno de la burguesía y su aparato estatal.
c) La política "America First" (Trump, básicamente continuada por Biden: 2017)
La política "America First" a nivel imperialista, implementada por Trump a partir de 2017, es de hecho el reconocimiento oficial del fracaso de la política imperialista de EEUU en los últimos 25 años: "La oficialización por parte de la administración Trump de hacer prevalecer sobre cualquier otro principio la defensa de sus propios intereses como Estado nacional y la imposición de relaciones de poder provechosas para Estados Unidos como base principal de las relaciones con otros Estados, ratifica y dibuja las implicaciones del fracaso de la política de los últimos 25 años de lucha contra el sálvese quien pueda como policía del mundo y la defensa del orden mundial heredado de 1945" (23º Congreso de la CCI, Resolución sobre la situación internacional, Revista Internacional nº 1643).
Si ello implica una limitación máxima de las operaciones con "botas sobre el terreno" ante la falta de alistamiento de las masas trabajadoras en relación con los compromisos masivos y las consiguientes pérdidas que implicaría un despliegue masivo de militares en el mundo (cf. ya la dificultad de reclutamiento de Bush II para la guerra de Irak), va especialmente de la mano de una polarización creciente y una agresividad acentuada hacia China, que tiende a ser identificada cada vez más como el principal peligro. Si esta posición sigue siendo debatida en el seno de la administración Obama y si todavía aparecen tensiones en el seno de la administración Trump entre los partidarios de la lucha contra los "estados canallas", como Irán (Pompeo, Kushner), y los partidarios del "gran peligro de China" (servicios secretos y ejército), la polarización sobre esta última opción es sin duda el eje central de la política exterior de Biden. Se trata de una opción estratégica de Estados Unidos de concentrar sus fuerzas en la competencia militar y tecnológica con China, para mantener e incluso acentuar su supremacía, para defender su posición de "Padrino" del clan dominante frente a los clanes competidores (China y accesoriamente Rusia) que amenazan más directamente su hegemonía. Ya como policía mundial, Estados Unidos exacerbó la violencia bélica, el caos y el sálvese quien pueda; su política actual no es menos destructiva, sino todo lo contrario.
La polarización de Estados Unidos hacia China y el consiguiente redespliegue de fuerzas, iniciado por la administración Trump, ha sido asumido plenamente por la administración Biden. Este último no sólo ha mantenido las agresivas medidas económicas contra China aplicadas por Trump, sino que sobre todo ha aumentado la presión mediante una política agresiva:
en el plano político: defensa de los derechos de los uigures y de Hong Kong, acercamiento diplomático y comercial con Taiwán, acusaciones de piratería informática contra China;
a nivel militar en el Mar de China, mediante acciones bastante explícitas y espectaculares en los últimos meses: El aumento de las maniobras militares de EE.UU. y de las flotas aliadas en el Mar de China Meridional, los informes alarmistas sobre la amenaza inminente de una intervención china en Taiwán, la presencia en Taiwán de las fuerzas especiales de EE.UU. para orientar a las unidades de élite taiwanesas, la conclusión de un nuevo acuerdo de defensa, el AUKUS, entre EE.UU., Australia y Gran Bretaña, que establece una coordinación militar explícitamente dirigida contra China, la promesa de Biden de apoyar a Taiwán en caso de agresión china.
Taiwán siempre ha desempeñado un papel importante en la estrategia estadounidense hacia China. Durante la Guerra Fría fue una pieza importante en la contención del llamado bloque “comunista”, pero en los años 90 y principios de los 2000 fue el escaparate de la sociedad capitalista globalizada en la que se integró China. Ahora bien, el ascenso de China ha hecho cambiar la perspectiva y Taiwán vuelve a desempeñar un papel geoestratégico al bloquear el acceso de la marina china al Pacífico occidental. Además, a nivel estratégico, "las fábricas de la isla producen la mayor parte de los semiconductores de última generación, componentes esenciales para la economía digital global (smartphones, objetos conectados, inteligencia artificial, etc.)" (Le Monde diplomatique, octubre de 2021).
China, por su parte, ha reaccionado con furia a estas presiones políticas y militares, en particular las relativas a Taiwán: organización de masivas y amenazantes maniobras navales y aéreas en torno a la isla, publicación de estudios alarmistas que indican un riesgo de guerra "que nunca ha sido tan alto" con Taiwán o planes para un ataque sorpresa contra Taiwán, que llevaría a una derrota total de las fuerzas armadas de la isla.
Así, las advertencias, amenazas e intimidaciones se han sucedido en el Mar de China en los últimos meses. Ello subraya la creciente presión ejercida por Estados Unidos sobre China. En este contexto, Estados Unidos ha hecho todo lo posible para que le apoyen otros países asiáticos, preocupados por las ambiciones expansionistas de Pekín, por ejemplo, intentando crear una especie de OTAN asiática, el QUAD, que reúna a Estados Unidos, Japón, Australia e India y en la que participa Corea del Sur. Por otra parte, y en el mismo sentido, Biden quería reactivar la OTAN para implicar a los países europeos en su política de presión contra China. Paradójicamente, la formación de la AUKUS indica los límites de reunir a otras naciones detrás de Estados Unidos. En primer lugar, el AUKUS es una bofetada a Francia y aniquila las bonitas palabras de Biden sobre la "asociación" dentro de la OTAN. Por otro lado, también confirma la reticencia de países como India, con sus propias ambiciones imperialistas, y especialmente de Corea del Sur y Japón, atrapados entre el temor a la escalada militar de China y sus considerables vínculos industriales y comerciales con este país.
Tras el hundimiento de Irak y Siria en el caos y la barbarie sangrienta, los acontecimientos de septiembre de 2021 en Afganistán confirman plenamente las tendencias más destacadas del periodo: el declive del liderazgo estadounidense y el auge del caos y el sálvese quien pueda.
El colapso total del régimen y el ejército afganos, el avance relámpago de los talibanes, a pesar de los 20 años de intervención militar estadounidense en el país y de los cientos de miles de millones de dólares invertidos en la "construcción de la nación" y la evacuación en pánico de los ciudadanos y colaboradores estadounidenses son la confirmación contundente de que Estados Unidos ya no es capaz de cumplir el papel de "policía mundial". Más concretamente, la dramática y caótica retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán ha supuesto una derrota interna y externa para la administración Biden.
(a) En el exterior, la debacle ha socavado la fiabilidad de EE.UU. ante sus "aliados".
Hasta el punto de que incluso el secretario de la OTAN, J. Stoltenberg, tuvo que reconocer que Estados Unidos ya no podía garantizar la defensa de los aliados europeos contra sus enemigos, toda la operación de encanto de Biden hacia la OTAN y los aliados se deshizo. La total falta de consulta en el seno de la OTAN y el absoluto actuar de "llanero solitario" de Estados Unidos provocaron reacciones de indignación en Londres, Berlín y París. En cuanto a los colaboradores de los estadounidenses en Afganistán (como los kurdos en Siria, traicionados por Trump), temen con razón por sus vidas: he aquí una primera potencia mundial incapaz de garantizar la vida de sus colaboradores y el apoyo de sus aliados. Un país así, no merece "confianza" (¡como señaló sarcásticamente Xi Jinping!).
(b) a nivel nacional ha erosionado la credibilidad de la administración Biden
La resolución sobre la situación internacional del 24º Congreso de la CCI señala que "La elección de Biden, apoyada por una enorme movilización de los medios de comunicación, de partes del aparato político e incluso de los servicios militares y de seguridad, expresa esta verdadera contra tendencia al peligro de desintegración social y política encarnada muy claramente por el trumpismo. A corto plazo, estos "éxitos" pueden funcionar como un freno al creciente caos social" (punto 8)4. Sin embargo, la debacle afgana no sólo ha puesto de manifiesto la falta de fiabilidad de Estados Unidos hacia sus aliados, sino que acentúa las tensiones en el seno de la burguesía estadounidense y abre un bulevar a todas las fuerzas opositoras (republicanos y populistas) que condenan esta retirada precipitada y humillante de una administración que "deshonra a Estados Unidos en el plano internacional". Y esto en un momento en el que la política de recuperación industrial y de grandes obras, propugnada por el gobierno de Biden y que se supone que debe contener los estragos causados por el populismo, se encuentra con la férrea oposición de los republicanos del Capitolio y de Trump, y en el que, ante el estancamiento de la política de vacunación contra el Covid-19, se ha visto obligado a tomar medidas restrictivas hacia la población.
La falta de centralización del poder talibán, la miríada de corrientes y grupos con las más diversas aspiraciones que conforman el movimiento y los acuerdos alcanzados con los señores de la guerra locales para hacerse rápidamente con el control de todo el país, hacen que el caos y la imprevisibilidad caractericen la situación, como demuestran los recientes atentados contra la minoría Hazara. Esto sólo puede intensificar la voluntad de intervención de los distintos imperialismos, pero también la imprevisibilidad de la situación y, por tanto, también el caos ambiente.
Irán está vinculado a las minorías hazaras a lo largo de sus fronteras y pretende mantener su influencia en esta región. A Pakistán le preocupa que la victoria de los talibanes (a los que financia a través de sus servicios secretos) pueda provocar un movimiento independentista de las poblaciones pastunes dentro de sus propias fronteras. India, que financió en gran medida el régimen derrumbado, se enfrenta ahora a una intensificación de la guerrilla musulmana en la Cachemira india. Rusia ha reforzado sus tropas en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia para contrarrestar cualquier inclinación a apoyar los movimientos yihadistas locales.
¿Y se beneficia China en particular de la retirada de Estados Unidos de Afganistán? Lo contrario es cierto. El caos en Afganistán hace que cualquier política coherente a largo plazo en el país sea incierta. Además, la presencia de los talibanes en las fronteras de China constituye un grave peligro potencial de infiltración islamista en China (los uigures), sobre todo porque los "hermanos" pakistaníes de los talibanes (el TTP, primos del ISK) están inmersos en una campaña de atentados contra las obras de la "Nueva Ruta de la Seda", que ya ha provocado la muerte de una docena de "cooperadores" chinos.
China intenta contrarrestar el peligro en Afganistán estableciéndose en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central (Turkmenistán, Tayikistán y Uzbekistán). Pero estas repúblicas forman parte tradicionalmente de la esfera de influencia rusa, lo que aumenta el peligro de enfrentamiento con este "aliado estratégico", al que en cualquier caso se oponen fundamentalmente sus intereses a largo plazo (la "Nueva Ruta de la Seda") (véase el punto 4.2. sobre la alianza chino-rusa).
China ha experimentado un ascenso meteórico en términos económicos e imperialistas en las últimas décadas, lo que la convierte en el más importante retador de los Estados Unidos. Sin embargo, como ya ilustran los sucesos de septiembre de 2021 en Afganistán, no ha sabido aprovechar ni el continuo declive estadounidense ni la crisis de Covid-19 y sus consecuencias para reforzar sus posiciones en cuanto a las relaciones imperialistas, sino todo lo contrario. Examinamos las dificultades a las que se enfrenta la burguesía china a la hora de hacerse cargo del Covid, de la gestión de la economía, de las relaciones imperialistas y las tensiones en su seno.
China apuesta por la inmunidad colectiva antes de abrir el país, pero la estricta política de cierre que está aplicando mientras tanto en ciudades y regiones enteras cada vez que se identifican infecciones está pesando mucho en las actividades económicas y comerciales: por ejemplo, el cierre del puerto de Yantian, el tercer puerto de contenedores del mundo, en mayo provocó el bloqueo de miles de contenedores y cientos de barcos durante meses, perturbando totalmente el tráfico marítimo mundial.
Esta búsqueda de la inmunidad colectiva también está empujando a algunas provincias y ciudades chinas a imponer sanciones económicas a los rezagados. Ante las críticas generalizadas en las redes sociales chinas, el gobierno central bloqueó estas medidas que tienden a "poner en peligro la cohesión nacional".
Por último, lo más grave es, sin duda, la convergencia de datos sobre la escasa eficacia de las vacunas chinas, comunicados por varios países que las utilizan: "En general, la campaña de vacunación chilena -importante con un 62% de la población actualmente vacunada- no parece tener un impacto notable en la proporción de muertes" (H. Testard, "Covid-19: La vacunación despega en Asia, pero crecen las dudas sobre las vacunas chinas ", Asialyst, 21.07.21). Los funcionarios chinos están incluso considerando acuerdos para importar Pfizer o Moderna para compensar la ineficacia de sus propias vacunas.
Más allá de la innegable responsabilidad de China en el estallido de la pandemia, la ineficaz gestión de la crisis de Covid por parte de Pekín pesa sobre la política general del capitalismo de Estado chino.
Los cuarenta años de fuerte crecimiento de China -aunque estas cifras ya estaban disminuyendo en la última década- parecen estar llegando a su fin. Los expertos esperan que el PIB de China crezca menos del 6% en 2021, frente a una media del 7% en la última década y más del 10% en la anterior. Hay otros factores que acentúan las dificultades actuales de la economía china:
a) El peligro de que estalle la burbuja inmobiliaria china: Evergrande, la segunda empresa inmobiliaria de China está ahora aplastada por unos 300.000 millones de euros de deuda, es decir, el 2% del PIB del país, que ya no puede manejar. Otros promotores se han visto contaminados, como Fantasia Holdings y Sinic Holdings, que han estado a punto de incumplir los pagos a sus acreedores. En general, el sector inmobiliario, que representa el 25% de la economía china, ha generado una colosal deuda pública y privada que asciende a miles de miles de millones de dólares. La quiebra de Evergrande es, de hecho, sólo la primera secuencia de un colapso global de este sector que está por llegar. Hoy en día hay tantas viviendas vacías que podrían albergar a 90 millones de personas. Por supuesto, el colapso inmediato del sector se evitará en la medida en que las autoridades chinas no tienen más remedio que limitar los daños del naufragio a riesgo de un impacto muy severo en el sector financiero: "(...) no habrá un efecto de bola de nieve como en 2008 [en Estados Unidos], porque el gobierno chino puede parar la máquina", afirma Andy Xie, economista independiente y ex de Morgan Stanley en China, citado por Le Monde. “Creo que con Anbang [grupo asegurador, nota del editor] y HNA [Hainan Airlines] tenemos buenos ejemplos de lo que puede ocurrir: habrá un comité que reúna en torno a una mesa a la empresa, los acreedores y las autoridades, que decidirá qué activos vender, cuáles reestructurar y, al final, cuánto dinero queda y quién puede perder fondos. (P.-A. Donnet, La caída de Evergrande en China: el fin del dinero fácil, Asianyst, 25.09.21).
Sin embargo, si la industria inmobiliaria china basa su modelo económico en un enorme endeudamiento, muchos otros sectores están en números rojos: a finales de 2020, la deuda global de las empresas chinas representaba el 160% del PIB del país, frente al 80% aproximadamente de las empresas estadounidenses, y las inversiones "tóxicas" de los gobiernos locales representarían hoy, según los analistas de Goldman Sachs, 53 billones de yuanes solamente, una suma que representa el 52% del PIB chino. Así, el estallido de la burbuja inmobiliaria corre el riesgo no sólo de contaminar otros sectores de la economía, sino también de generar inestabilidad social (casi 3 millones de empleos directos e indirectos vinculados a Evergrande), el gran temor del PCC.
b) Cortes de electricidad: son consecuencia de la insuficiencia de suministros de carbón causada, entre otras cosas, por las inundaciones récord en la provincia de Shaanxi, que produce por sí sola el 30% del combustible del país, y también del endurecimiento de la normativa anticontaminación por parte de Xi. La escasez ya está afectando a la actividad industrial en varias regiones: los sectores del acero, el aluminio y el cemento están sufriendo la limitación del suministro eléctrico. Esto ha reducido la capacidad de producción de aluminio en alrededor de un 7% y la de cemento en un 29% (cifras de Morgan Stanley) y el papel y el vidrio podrían ser los próximos sectores en verse afectados. Estos recortes están frenando el crecimiento económico en todo el país. Pero la situación es aún más grave de lo que parece a primera vista. "La escasez de energía se está extendiendo al mercado residencial en algunas partes del noreste. La provincia de Liaoning ha extendido los cortes de electricidad del sector industrial a las redes residenciales" (P.-A. Donnet, China: cómo la grave escasez de electricidad amenaza la economía, Asialyst, 30.09.21).
c) Interrupciones en las cadenas de producción y suministro. Están relacionados con la crisis energética, pero también con los cierres provocados por las infecciones de Covid (véase el punto anterior). Afectan a la producción de las industrias de varias regiones y aumentan el riesgo de interrupción de las ya tensas cadenas de suministro nacionales y mundiales, especialmente porque algunos fabricantes se enfrentan a una aguda escasez de semiconductores.
La "Nueva Ruta de la Seda" es cada vez más difícil de realizar, debido a los problemas financieros relacionados con la crisis de Covid y las dificultades de la economía china, pero también a la reticencia de los socios:
Por un lado, el nivel de endeudamiento de los países "socios" se ha visto incrementado por la crisis de Covid y se ven incapaces de pagar los intereses de los préstamos chinos. Países como Sri Lanka, Bangladesh, Kirguistán, Pakistán, Montenegro y varios países africanos han pedido a China que reestructure, retrase o cancele los pagos de las deudas que vencen este año.
Por otro lado, existe una creciente desconfianza hacia las acciones de China por parte de muchos países (la Unión Europea, Camboya, Filipinas, Indonesia), combinada con la presión anti china de Estados Unidos (como en América Latina), y también están las consecuencias del caos producido por la descomposición, desestabilizando algunos de los países clave de la "nueva ruta", como Etiopía.
En definitiva, no es de extrañar que en 2020 se haya producido un desplome del valor financiero de las inversiones inyectadas en el proyecto de la "Nueva Ruta de la Seda" (-64%), a pesar de que China ha prestado más de 461.000 millones de dólares desde 2013.
Bajo el mandato de Deng Xiao Ping, el capitalismo de Estado chino de corte estalinista, con el pretexto de una política de "crear ricos para compartir su riqueza", estableció zonas "libres" (Hong Kong, Macao, etc.) para desarrollar un capitalismo de Estado. Con el colapso del bloque del Este y la "globalización" de la economía en los años 90, el sector capitalista privado ha crecido exponencialmente, aunque el sector público bajo control directo del Estado sigue representando el 30% de la economía. ¿Cómo gestionó la estructura rígida y represiva del Estado estalinista y el partido único esta "apertura" al capitalismo privado? A partir de los años 90, el partido se transformó integrando masivamente a los empresarios y a los líderes de la empresa privada. "A principios de la década de 2000, el entonces presidente, el Sr. Jiang Zemin, levantó la prohibición de contratar a empresarios del sector privado, que antes se consideraban enemigos de clase (...). Los empresarios así seleccionados se convierten en miembros de la élite política, lo que garantiza que sus negocios estén, al menos parcialmente, protegidos de los gestores depredadores" (¿Qué queda del comunismo en China? Le monde diplomatique n°68, julio de 2021). En la actualidad, los profesionales y directivos con estudios superiores constituyen el 50% de los miembros del PCC.
Por lo tanto, las oposiciones entre las diferentes fracciones se expresarán no sólo dentro de las estructuras del Estado, sino dentro del propio PCC. Desde hace varios años (véase ya el Informe sobre las tensiones imperialistas del 20º Congreso de la CCI, 20135), las tensiones han ido creciendo entre las diferentes fracciones de la burguesía china, en particular entre las más vinculadas a los sectores capitalistas privados, dependientes del comercio y la inversión internacional, y las vinculadas a las estructuras estatales y al control financiero a nivel regional o nacional, las que abogan por una apertura al comercio mundial y las que avanzan una política más nacionalista. En particular, el "giro a la izquierda" de la facción que respalda al presidente Xi, que significa menos pragmatismo económico y más ideología nacionalista, ha intensificado las tensiones y la inestabilidad política en los últimos años: son testigos "las continuas tensiones entre el primer ministro Li Keqiang y el presidente Xi Jinping sobre la recuperación económica, así como la "nueva posición" de China en la escena internacional". (China: en Beidaihe, la "universidad de verano" del Partido, tensiones internas a flor de piel", A. Payette, Asialyst, 06.09. 20), la "política bélica" de la diplomacia china hacia Taiwán, pero al mismo tiempo la dramática declaración de Xi de que China quiere lograr la neutralidad del carbono para su economía en 2060, las críticas explícitas a Xi que surgen regularmente (la más reciente es el ensayo de "alerta viral" publicado por un renombrado profesor de derecho constitucional de la Universidad Qinghua de Pekín que predice la desaparición de Xi), tensiones entre Xi y los generales que dirigen el Ejército Popular, intervenciones del aparato estatal contra empresarios demasiado "extravagantes" y críticos con el control del Estado (Jack Ma y Ant Financial, Alibaba). Algunas quiebras (HNA, Evergrande) también podrían estar relacionadas con las luchas entre camarillas dentro del partido, como parte de la cínica campaña para "proteger a los ciudadanos de los excesos de la 'clase capitalista'".
En resumen, lejos de beneficiarse de la situación actual, la burguesía china, al igual que otras burguesías, se enfrenta al peso de la crisis, al caos de la descomposición y a las tensiones internas, que intenta contener por todos los medios dentro de sus caducas estructuras capitalistas de Estado.
Los datos analizados en los puntos anteriores muestran ciertamente que las tensiones entre EEUU y China tienden a ocupar un lugar preponderante en la situación imperialista, sin por ello inducir una tendencia a la formación de bloques imperialistas. En efecto, más allá de algunas alianzas limitadas, como la AUKUS, la principal potencia del planeta, Estados Unidos, no sólo no consigue movilizar a las demás potencias detrás de su línea política (contra Irak o Irán antes, contra China hoy), sino que tampoco es capaz de defender a sus propios aliados ni de darse a sí mismo la postura de "líder de un bloque". Este declive del liderazgo estadounidense está provocando un aumento del caos que afecta cada vez más a las políticas de todos los imperialismos dominantes, incluida China, que tampoco es capaz de imponer su liderazgo a otros países de forma sostenible.
El hecho de que los talibanes hayan "vencido" a los estadounidenses envalentonará a todos esos pequeños tiburones que no dudarán en mover sus piezas en ausencia de alguien que "imponga reglas". Estamos entrando en una aceleración del imperio sin ley y en el mayor caos de la historia. El sálvese quien pueda se está convirtiendo en el factor central de las relaciones imperialistas y la barbarie bélica amenaza zonas enteras del planeta.
(a) Asia Central, Oriente Medio y África:
Además de la barbarie de la guerra civil en Irak, Siria, Libia o Yemen y de la sumersión de Afganistán en el horror, las tensiones son altas entre Armenia y Azerbaiyán, estimuladas por Turquía que provoca a Rusia, la guerra civil ha estallado en Etiopía (apoyada por Eritrea) contra la "provincia rebelde" de Tigray (apoyada por Sudán y Egipto); finalmente, las tensiones crecen entre Argelia y Marruecos. La "somalización" de los Estados y la zona de inestabilidad y "anarquía" (véase ya el Informe del 20º Congreso de la CCI, 2013-nota 5) han seguido ampliándose: el caos reina ahora de Kabul a Addis Abeba, de Saná a Ereván, de Damasco a Trípoli, de Bagdad a Bamako.
(b) América Central y del Sur:
El Covid está golpeando con fuerza al subcontinente (1/3 de las muertes en 2020 para 1/8 de la población mundial) y lo está sumiendo en su peor recesión en 120 años: una contracción del 7,7% del PIB y un aumento de la pobreza de casi el 10% en 2020 (Le Monde Diplomatique, octubre de 2021). El caos crece, como en Haití, sumido en un desesperado y sangriento dominio de las bandas y en una horrible miseria, y la situación es también catastrófica en Centroamérica, con cientos de miles de personas desesperadas que huyen de la miseria y el caos y amenazan con inundar la frontera sur de Estados Unidos. La región experimenta cada vez más convulsiones relacionadas con la descomposición: revueltas sociales en Colombia y Chile, confusión populista en Brasil. México intenta jugar sus propias cartas (proponiendo una nueva OEA, etc.), pero depende demasiado de Estados Unidos para hacer valer sus propias aspiraciones. EEUU no ha podido derrocar a Maduro en Venezuela, a la que los chinos y los rusos e incluso Irán siguen prestando apoyo "humanitario", al igual que con Cuba. China se ha infiltrado en la economía de la región especialmente desde 2008 y se ha convertido en uno de los principales acreedores de muchos Estados latinoamericanos, pero la contraofensiva de Estados Unidos está ejerciendo una fuerte presión sobre algunos Estados (Panamá, Ecuador, Chile) para que se distancien de la "actividad económica depredadora" de Pekín.
(c) Europa:
Las tensiones entre la OTAN y Rusia se han intensificado en los últimos meses: Tras el incidente del vuelo de Ryanair secuestrado e interceptado por Bielorrusia para detener a un disidente que se había refugiado en Lituania, se produjeron unas maniobras de la OTAN en el Mar Negro frente a las costas de Ucrania en junio, donde se produjo un enfrentamiento entre una fragata británica y barcos rusos, y, en septiembre, unas maniobras conjuntas entre los ejércitos ruso y bielorruso en las fronteras de Polonia y los Estados bálticos ante las maniobras de la OTAN en territorio ucraniano, una auténtica provocación a ojos de Putin.
El caos creciente también aumenta las tensiones en el seno de las burguesías y refuerza la imprevisibilidad de su posicionamiento imperialista: es el caso de países como Brasil, donde la catastrófica situación sanitaria y la irresponsable gestión del gobierno de Bolsonaro está llevando a una crisis política cada vez más intensa, y de otros países latinoamericanos (inestabilidad política en Ecuador, Perú, Colombia o Argentina). En Oriente Próximo y Medio, las tensiones entre los clanes y tribus que gobiernan Arabia Saudí pueden desestabilizar el país, mientras que Israel está marcado por la oposición de gran parte de las fracciones políticas, desde la derecha hasta la izquierda, contra Netanyahu y contra los partidos religiosos, pero también por los pogromos dentro del país contra los árabes "israelíes". Por último, está Turquía que busca la solución a sus dificultades políticas y económicas en una huida suicida hacia las aventuras imperialistas (desde Libia hasta Azerbaiyán).
En Europa, la debacle de Afganistán y el "asunto de los submarinos", así como el periodo post-Brexit, acentúan la desestabilización de las organizaciones emanadas del periodo de bloques, como la OTAN o la UE. Dentro de la OTAN, los países europeos dudan cada vez más de la fiabilidad de Estados Unidos. Por ejemplo, Alemania no ha cedido a las presiones de EE.UU. sobre el oleoducto del Mar Báltico con Rusia y Francia no está digiriendo la afrenta de EE.UU. sobre el acuerdo de submarinos con Australia, mientras que otros países europeos siguen viendo a EE.UU. como su principal protector. El tema de las relaciones con el Reino Unido para aplicar los acuerdos del Brexit (Irlanda del Norte y cuotas de pesca) divide a los países de la UE y las tensiones son altas entre Francia e Inglaterra. Dentro de la propia UE los flujos de refugiados siguen enfrentando a los Estados entre sí, mientras que países como Hungría y Polonia cuestionan cada vez más abiertamente los "poderes supranacionales" definidos por los tratados europeos, y la hidra del populismo amenaza a Francia en las elecciones de la primavera de 2022.
El caos y la acentuación del sálvese quien pueda también tienden a obstaculizar la continuidad de la acción de los grandes imperialismos: Estados Unidos se ve obligado a mantener la presión con bombardeos aéreos regulares sobre las milicias chiítas que acosan a sus fuerzas restantes en Irak; los rusos tienen que "hacer de bomberos" en el enfrentamiento armado entre Armenia y Azerbaiyán, instigado por el interés imperialista de Turquía; la extensión del caos en el Cuerno de África a través de la guerra civil en Etiopía, con Sudán y Egipto apoyando a la región de Tigray y Eritrea respaldando al gobierno central etíope, perturba especialmente los planes chinos de utilizar Etiopía, pregonada como polo de estabilidad y "nuevo taller del mundo", como base de su "proyecto Ruta de la Seda" en el noreste de África, y para ello han instalado una base militar en Yibuti. El impacto continuo de las medidas e incertidumbres ligadas a la pandemia es también un factor de desestabilización de la política imperialista de los diferentes Estados: estancamiento de la vacunación en los Estados Unidos después de un fuerte comienzo, nuevos confinamientos masivos de regiones enteras y evidente falta de eficacia de las vacunas en China, explosión de las contaminaciones y exceso de mortalidad (660.000), desconfianza de la población hacia las vacunas en Rusia (tasa de vacunación de poco más del 30%)
Esta inestabilidad también caracteriza a las alianzas como la de China y Rusia. Si estos países desarrollan una "cooperación estratégica" (comunicado chino-ruso del 28.06. 21) contra Estados Unidos y en relación con Oriente Medio, Irán o Corea del Norte incluso organizan ejercicios conjuntos de sus ejércitos y armadas, sus ambiciones políticas son radicalmente diferentes: el imperialismo ruso tiene como objetivo sobre todo la desestabilización de las regiones y puede apuntar poco más que a los "conflictos congelados" (Siria, Libia, Ucrania, Georgia, ...), mientras que China despliega una política económica e imperialista a largo plazo, la "nueva ruta de la seda". Además, Rusia es perfectamente consciente de que las rutas de la Ruta de la Seda por tierra y a través de la zona del Ártico se oponen directamente a sus intereses en la medida en que amenazan claramente las zonas de influencia rusas en Asia Central y Siberia y que, en términos de capacidad industrial, no es rival para la segunda economía del mundo, pues apenas alcanza un PNB igual al de Italia.
"La economía de guerra (...) no es una política económica que pueda resolver las contradicciones del capitalismo o crear las bases para una nueva etapa de desarrollo capitalista. (...). La única función de la economía de guerra es... ¡la guerra! Su razón de ser es la destrucción efectiva y sistemática de los medios de producción y de las fuerzas productivas y la producción de los medios de destrucción: la verdadera lógica de la barbarie capitalista" (De la crisis a la economía de guerra, Revista Internacional nº 11, 1977). El hecho de que la perspectiva no sea la constitución de grandes alianzas estables, de "bloques" imperialistas que se enfrenten a nivel mundial y que no se plantee actualmente una guerra mundial, no quita que la economía de guerra se acentúe en la actualidad. El sometimiento de la economía a las necesidades militares pesa sobre la economía, pero esta irracionalidad no es una elección: es el producto del estancamiento del capital que acelera la descomposición social.
La carrera armamentística engulle cantidades fenomenales de dinero, en el caso de EE.UU., que sigue teniendo una importante ventaja en este sentido, pero también en el de China, que ha aumentado considerablemente su gasto militar en las dos últimas décadas. "El aumento del 2,6% en el gasto militar mundial se produce en un año en el que el producto interior bruto (PIB) mundial ha disminuido un 4,4% (proyección del Fondo Monetario Internacional, octubre de 2020), debido principalmente a las repercusiones económicas de la pandemia de Covid-19. Como resultado, el gasto militar como porcentaje del PIB -la llamada carga militar- ha alcanzado una media mundial del 2,4% en 2020, frente al 2,2% de 2019. Se trata del mayor aumento anual de dicho gasto desde la crisis económica y financiera mundial de 2009" (Comunicado de prensa de Sipri, abril de 2021). Esta carrera no sólo tiene que ver con las armas convencionales y nucleares, sino también con una mayor militarización de los programas espaciales y con la extensión de la carrera militarista a zonas hasta ahora vírgenes, como las regiones del Ártico.
Ante la aterradora expansión del sálvese quien pueda imperialista, la carrera armamentística no se limita a los grandes imperialismos, sino que afecta a todos los Estados, especialmente en el continente asiático que experimenta un importante aumento del gasto militar: la inversión del peso respectivo de Asia y Europa entre 2000 y 2018 es espectacular: en 2000, Europa y Asia representaban el 27% y el 18%, respectivamente, del gasto mundial en defensa. En 2018, estas proporciones se invierten, ya que Asia representa el 28% y Europa el 20% (datos del Sipri).
Esta militarización también se expresa hoy en día en un impresionante desarrollo de las actividades cibernéticas de los Estados (ataques de hackers, a menudo vinculados directa o indirectamente a los Estados, como el ciberataque de Israel contra los sitios nucleares iraníes), así como la inteligencia artificial y la robótica militar (robots, drones), que desempeñan un papel cada vez más importante en las actividades de inteligencia o en las operaciones militares.
Sin embargo, "la verdadera clave de la constitución de la economía de guerra (...) [es] la sumisión física y/o ideológica del proletariado al Estado, [el] grado de control que el Estado tiene sobre la clase obrera" (Id., Revista Internacional nº 11, 1977). Pero este aspecto está lejos de ser adquirido. Esto explica por qué la aceleración de la carrera armamentística va hoy en día acompañada de una fuerte reticencia de las grandes potencias imperialistas (Estados Unidos, China, Rusia, Gran Bretaña o Francia) al compromiso masivo de soldados sobre el terreno ("boots on the ground", “botas sobre el terreno”) por temor al impacto de un retorno masivo de "bolsas de cadáveres" sobre la población y, en particular, sobre la clase obrera. Así, cabe destacar el uso de empresas militares privadas (la organización Wagner por parte de los rusos, Blackwater/Academi por parte de Estados Unidos, ...) o la contratación de milicias locales para llevar a cabo acciones: utilización de milicias suníes sirias por parte de Turquía en Libia y Azerbaiyán, de milicias kurdas por parte de Estados Unidos en Siria e Irak, de milicias chiíes de Hezbolá o Irak por parte de Irán en Siria, de milicias sudanesas por parte de Arabia Saudí en Yemen, de una fuerza regional (Chad, Mauritania, Malí, Níger, Burkina Faso) "entrenada" por Francia y la UE en la región de Liptako, ...
La perspectiva es, por tanto, la multiplicación de conflictos bárbaros y sangrientos:
- "10. Al mismo tiempo, también proliferan las "masacres de innumerables pequeñas guerras", mientras que el capitalismo, en su fase final, se sumerge en un imperialismo cada vez más irracional de sálvese quien pueda.
13. Esto no significa que vivamos en una época de mayor seguridad que la de la Guerra Fría, acechada por la amenaza del Armagedón nuclear. Por el contrario, si la fase de descomposición está marcada por una creciente pérdida de control por parte de la burguesía, esto también se aplica a los vastos medios de destrucción -nucleares, convencionales, biológicos y químicos- que han sido acumulados por la clase dominante, y que ahora están más ampliamente distribuidos en un número mucho mayor de Estados-nación que en el período anterior." (Resolución sobre la situación internacional del 24 Congreso Internacional de la CCI, ver nota 4)
En la medida en que sabemos que la burguesía es capaz de volver los peores efectos de la descomposición contra el proletariado, debemos ser conscientes de que este contexto de barbarie asesina no facilitará en absoluto la lucha de los trabajadores:
La aceleración de la descomposición conducirá a guerras interminables en todo el mundo, a más masacres y miseria, a millones de refugiados vagando sin rumbo, a un caos social indescriptible y a la destrucción del medio ambiente, y todo ello acentuará el sentimiento de miedo y desmoralización en las filas del proletariado.
Los distintos conflictos armados servirán para desencadenar intensas campañas en defensa de la democracia, los derechos humanos y los derechos de las mujeres, como es el caso de Afganistán, Etiopía, Siria e Irak.
En consecuencia, nuestra intervención debe denunciar la progresión de la barbarie y el carácter insidioso de la situación, debe advertir constantemente al proletariado para que no subestime los peligros que genera la situación de multiplicidad caótica de conflictos en el contexto del sálvese quien pueda como dinámica dominante:
"Abandonada a su propia lógica, a sus últimas consecuencias, [la descomposición] lleva a la humanidad al mismo resultado que la guerra mundial. Ser brutalmente aniquilado por una lluvia de bombas termonucleares en una guerra generalizada o por la contaminación, la radiactividad de las centrales nucleares, la hambruna, las epidemias y las masacres en los conflictos bélicos múltiples (en los que también se podrían utilizar armas atómicas), todo ello equivale, al final, a lo mismo. La única diferencia entre estas dos formas de aniquilación es que la primera es más rápida, mientras que la segunda es más lenta y causaría tanto más sufrimiento" (Tesis sobre la descomposición, tesis 116).
23.10.2021
1 https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021 [4]
2 Ver nuestro texto de orientación Militarismo y Descomposición https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion [35]
3 https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida [23]
4 https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021 [4]
5 https://es.internationalism.org/content/3985/informe-sobre-tensiones-imperialistas [79]
6 https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo [7]
Enlaces
[1] https://es.internationalism.org/files/es/pdf/revista_internacional_167.pdf
[2] https://es.internationalism.org/files/es/balance_del_24o_congreso_internacional_de_la_cci_2021_comprender_la_situacion_historica_y_preparar_el_futuro.pdf
[3] https://es.internationalism.org/content/4709/informe-sobre-la-crisis-economica-del-24o-congreso-internacional-de-la-cci-2021
[4] https://es.internationalism.org/content/4720/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-xxiv-congreso-de-la-cci-2021
[5] https://es.internationalism.org/content/4719/informe-sobre-la-lucha-de-clases-internacional-para-el-24o-congreso-de-la-cci-2021
[6] https://es.internationalism.org/content/4713/informe-sobre-la-pandemia-y-desarrollo-de-la-descomposicion-del-24o-congreso
[7] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/223/la-descomposicion-fase-ultima-de-la-decadencia-del-capitalismo
[8] https://www.amnesty.org/es/latest/news/2021/03/covid19-health-worker-death-toll-rises-to-at-least-17000-as-organizations-call-for-rapid-vaccine-rollout/
[9] https://es.internationalism.org/content/4629/la-irrupcion-de-la-descomposicion-en-el-terreno-economico-informe-sobre-la-crisis
[10] https://es.internationalism.org/content/4444/resolucion-sobre-la-relacion-de-fuerzas-entre-las-clases-2019
[11] https://es.internationalism.org/content/3349/2011-de-la-indignacion-la-esperanza
[12] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198302/2127/estructura-y-funcionamiento-de-la-organizacion-revolucionaria
[13] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201603/4148/la-nocion-de-fraccion-en-la-historia-del-movimiento-obrero-1a-part
[14] https://es.internationalism.org/content/4658/divergencias-con-la-resolucion-sobre-la-situacion-internacional-en-el-23o-congreso-de
[15] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199807/1196/construccion-de-la-organizacion-revolucionaria-tesis-sobre-el-para
[16] https://es.internationalism.org/content/4663/marc-parte-2-de-la-segunda-guerra-mundial-la-actualidad
[17] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200608/1053/marc-de-la-revolucion-de-octubre-1917-a-la-ii-guerra-mundial
[18] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/congresos-de-la-cci
[19] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/documentos-de-los-congresos-y-conferencias
[20] https://es.internationalism.org/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/corriente-comunista-internacional
[21] https://es.internationalism.org/files/es/resolucion_sobre_la_situacion_internacional_xxiv_congreso_de_la_cci_2021_0.pdf
[22] https://es.internationalism.org/content/4454/informe-sobre-la-descomposicion-hoy-mayo-de-2017
[23] https://es.internationalism.org/content/4447/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2019-los-conflictos-imperialistas-la-vida
[24] https://es.internationalism.org/content/4635/asalto-del-capitolio-en-washington-los-estados-unidos-en-el-centro-de-la-descomposicion
[25] https://es.internationalism.org/content/4366/la-ruta-china-de-la-seda-hacia-la-dominacion-imperialista
[26] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199001/3502/derrumbe-del-bloque-del-este-dificultades-en-aumento-para-el-prole
[27] https://es.internationalism.org/content/4605/los-grupos-de-la-izquierda-comunista-ante-el-movimiento-black-lives-matter-una
[28] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200606/964/tesis-sobre-el-movimiento-de-los-estudiantes-de-la-primavera-de-200
[29] https://es.internationalism.org/content/4524/balance-de-las-luchas-en-francia-contra-la-reforma-de-las-pensiones
[30] https://es.internationalism.org/content/4569/covid-19-pesar-de-todos-los-obstaculos-la-lucha-de-clases-trata-de-forjar-su-futuro
[31] https://es.internationalism.org/tag/vida-de-la-cci/resoluciones-de-congresos
[32] https://es.internationalism.org/files/es/informe_sobre_la_pandemia_y_desarrollo_de_la_descomposicion_del_24o_congreso_internacional_de_la_cci.pdf
[33] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1167/xiii-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internaciona
[34] https://es.internationalism.org/content/4590/las-teorias-conspiranoicas-una-expresion-de-la-descomposicion-ideologica-del
[35] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201410/4046/militarismo-y-descomposicion
[36] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200801/2143/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-viii-congreso-de-la-cc
[37] https://es.internationalism.org/content/4630/informe-sobre-la-pandemia-de-covid-19-y-el-periodo-de-descomposicion-capitalista
[38] https://www.lemonde.fr/planete/article/2021/05/14/origines-du-covid-19-la-divulgation-de-travaux-inedits-menes-depuis-2014-a-l-institut-de-virologie-de-wuhan-alimente-le-trouble_6080154_3244.html
[39] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200708/2004/xvii-congreso-internacional-resolucion-sobre-la-situacion-internac
[40] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200510/241/alza-de-la-extrema-derecha-en-europa-existe-hoy-un-peligro-fascista
[41] https://es.internationalism.org/tag/3/45/descomposicion
[42] https://es.internationalism.org/files/es/informe_sobre_la_lucha_de_clases_internacional_para_el_24o_congreso_de_la_cci.pdf
[43] https://es.internationalism.org/content/4344/la-renovacion-de-la-izquierda-comunista-uno-de-los-aportes-clave-de-mayo-68
[44] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3089/revueltas-sociales-en-el-magreb-y-oriente-medio-catastrofe-nuclear
[45] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201104/3088/que-esta-pasando-en-el-magreb-y-oriente-medio
[46] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200604/855/el-proletariado-de-europa-occidental-en-una-posicion-central-de-la-
[47] https://es.internationalism.org/content/3965/resolucion-sobre-la-situacion-internacional-2013
[48] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201111/3264/movimiento-de-indignados-en-espana-grecia-e-israel-de-la-indignaci
[49] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200808/2340/crisis-alimentaria-revueltas-del-hambre-solo-la-lucha-de-clases-de
[50] https://es.internationalism.org/content/4452/informe-sobre-la-lucha-de-clases-formacion-perdida-y-reconquista-de-la-identidad-de
[51] https://es.internationalism.org/cci-online/201108/3185/protestas-en-israel-mubarak-assad-netanyahu-son-lo-mismo
[52] https://es.internationalism.org/content/4613/gran-bretana-las-protestas-en-el-sector-sanitario-ponen-en-duda-la-unidad-nacional
[53] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2088/la-cultura-del-debate-un-arma-de-la-lucha-de-la-clase
[54] https://es.internationalism.org/tag/2/29/la-lucha-del-proletariado
[55] https://es.internationalism.org/files/es/informe_sobre_la_crisis_economica_del_24o_congreso_internacional_de_la_cci_2021.pdf
[56] https://www.banquemondiale.org/fr/news/press-release/2020/06/08/covid-19-to-plunge-global-economy-into-worst-recession-since-world-war-ii
[57] https://www.lavanguardia.com/economia/20210207/6228774/precios-comercio-maritimo-mundial-cuadruplican-covid.html?utm_term=botones_sociales_app&utm_source=social-otros&utm_medium=social
[58] https://es.internationalism.org/revista-internacional/201711/4256/22-congreso-de-la-cci-resolucion-sobre-la-situacion-internacional
[59] https://es.internationalism.org/content/4560/guerra-de-las-mascarillas-la-burguesia-es-una-clase-de-matones
[60] https://es.internationalism.org/content/4651/guerra-de-vacunas-para-el-capitalismo-la-salud-es-solo-una-mercancia
[61] https://www.aeutransmer.com/2020/03/02/el-80-de-las-multinacionales-tiene-planes-para-repatriar-su-produccion/
[62] https://www.marxists.org/espanol/tematica/internacionales/comintern/4-Primeros3-Inter-2-edic.pdf
[63] https://www.britannica.com/science/pollution-environment
[64] https://copenhagenconsensus.com/sites/default/files/air_pollution.pdf
[65] https://www.greeneconomycoalition.org/news-and-resources/the-economics-of-mass-extinction
[66] https://www.lavanguardia.com/natural/20200908/483359329249/degradacion-ambiental-catapulta-pandemias.html
[67] https://www.banquemondiale.org/fr/topic/poverty/overview
[68] https://www.bloomberg.com/graphics/2020-global-economic-and-climate-change-forecast-2050/
[69] https://es.internationalism.org/revista-internacional/198910/2140/internationalisme-1945-las-verdaderas-causas-de-la-segunda-guerra-
[70] https://www.infodefensa.com/mundo/2020/12/01/noticia-alemania-incrementa-millones-presupuesto-defensa.html
[71] https://www.aviacionline.com/2020/12/japon-aprueba-presupuesto-militar-record-para-el-2021/
[72] https://www.cnbc.com/2019/11/20/us-spent-6point4-trillion-on-middle-east-wars-since-2001-study.html
[73] https://www.elcomercio.com/actualidad/china-gasto-militar-economia-pandemia.html
[74] https://www.abc.es/internacional/abci-china-y-rusia-doblan-gasto-militar-decada-201711121042_noticia.html
[75] https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/---dgreports/---dcomm/documents/briefingnote/wcms_767223.pdf
[76] https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/---dgreports/---dcomm/---publ/documents/publication/wcms_757159.pdf
[77] https://es.internationalism.org/tag/2/25/la-decadencia-del-capitalismo
[78] https://es.internationalism.org/files/es/informe_de_noviembre_de_2021_sobre_los_conflictos_imperialistas.pdf
[79] https://es.internationalism.org/content/3985/informe-sobre-tensiones-imperialistas
[80] https://es.internationalism.org/tag/3/48/imperialismo